FORTALEZA INTERIOR
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FORTALEZA INTERIOR INTRODUCCIÓN La doctora Maria del Rosario Michelsen, psicóloga directora del programa de desarrollo infantil Creciendo Juntos, expone la importancia y la necesidad de preparar a nuestros hijos para enfrentar los cambios y las adversidades que se les puedan presentar en la vida. La mayoría de los padres nos preocupamos por el futuro de nuestros hijos. Nos preguntamos cómo enseñarles a ser responsables frente a las oportunidades que tienen y a ser fuertes frente a la presión por el consumo de drogas y alcohol, al suicidio y a la “necesidad” creada de tener grandes comodidades, bienes materiales y a ser los mejores en TODO. Como no podemos controlar todos los estímulos ambientales y las situaciones que van a enfrentar nuestros hijos, la solución es fortalecerlos interiormente. COMO PODEMOS LOGRAR QUE LOS NIÑOS DESARROLLEN LA FORTALEZA INTERIOR PARA ENFRENTARSE Y SUPERAR LAS DIFICULTADES Amarlos incondicionalmente Sentirse querido significa para cualquier niño sentirse aceptado y valorado. Los niños necesitan del amor incondicional, aquel que perdura sin exigencias, que no depende de su comportamiento, que no se da como premio cuando el niño se somete a las exigencias del adulto, ni se retira como castigo cuando no cumple sus normas ni llena sus expectativas. El amor sin exigencias ni condiciones le muestra al niño que él vale por sí mismo, con sus capacidades y sus limitaciones. Es una fuente de tranquilidad, seguridad y de autoestima. Desarrollar el sentimiento de confianza básica El sentimiento de confianza básica se desarrolla desde bebé, cuando reconocemos y atendemos sus necesidades en un tiempo prudencial. Así va aprendiendo a confiar en los cuidados y afecto que le damos. Cuando las necesidades del niño no son resueltas o atendidas en el tiempo prudencial, porque quien lo cuida no ha identificado o comprendido lo que le sucede, surgen sentimientos de desconfianza, malestar y frustración. Estas experiencias opuestas se alternan en la vida cotidiana del bebé y se prolongan durante su infancia. Ambas son necesarias e inevitables. Lo importante es que predominen las del primer tipo de manera que se vaya generando una sensación de confianza básica en las personas que lo rodean y tolerancia a la frustración. A medida que el niño va creciendo recibe apoyo de los adultos para superar los errores que hacen parte de su aprendizaje. Esto le confirma sus posibilidades de alcanzar nuevos logros y confiar en sí mismo. La confianza en sí mismo le permite tolerar frustraciones y poder así aceptar los límites y las prohibiciones que le impone el medio externo. Validarles sus sentimientos Enseñémosles a los niños a nombrar e identificar los sentimientos para que puedan expresarlos correctamente y sean capaces de reconocer algunos sentimientos en otros. Digámosles: “Entiendo como te sientes, cuando yo era niña también me sentía así cuando...” No sobreprotegerlos Uno de los grandes errores de hoy es sobreproteger. Casi todos los niños son sobreprotegidos, muchos padres les solucionan a sus hijos todos sus problemas. Los recién nacidos son totalmente dependientes de sus padres, el proceso de crecer es el de aprender a satisfacer todas las necesidades sin ayuda de otros. Nuestra gran función como padres es lograr que nuestros hijos desarrollen las habilidades y capacidades que les permitan ser adultos autónomos. Solucionarle al niño las situaciones para no afectar sus sentimientos o para que no se tengan que enfrentar a ninguna frustración o “peligro” es otro error común que cometemos los padres. “No te preocupes, si no te gusta esa clase con esa profesora yo llamo al colegio para que te la cambien…” La vida tiene dificultades y un niño debe aprender a sortearlas y soportarlas desde pequeño para hacerlo por sí solo cuando sea mayor. Darles lo que realmente necesitan Muchos padres trabajan intensamente y dedican gran parte de su tiempo en darle a sus hijos todo cuanto desean, exijan y lo que la sociedad nos “haga creer” como oportunidades necesarias para lograr su felicidad. Esta exagerada dedicación lleva a los niños a pedir más y más (juegos, dinero, diversión, atención, oportunidades) y que nada sea suficiente. Es común oír a niños que tienen todo tipo de juguetes y toman clases extracurriculares de cuanto se les antoja o practican deportes y actividades que están de moda, quejarse de que están aburridos, que no tienen nada que hacer. Adicionalmente, al darles a los niños demasiados gustos estamos creando en ellos la idea equivocada de que el dinero y el poseer cosas es un valor clave para ser seres humanos valiosos. La función de los padres es dar a sus hijos lo que realmente necesitan: amor, disciplina y valores. Desarrollar la responsabilidad Todos los padres deseamos que nuestros hijos desarrollen un alto sentido de responsabilidad. Frecuentemente confundimos la responsabilidad con la obediencia, decimos que el niño es responsable porque hace sus tareas o se lava los dientes cuando se lo recordamos. Realmente estos comportamientos son los de un niño obediente, los de un niño a quien siempre se le tiene que decir que debe y que no debe hacer y por lo tanto tiene pocas oportunidades de tomar decisiones, de evaluar opciones y desarrollar su propio criterio. La responsabilidad se va desarrollando poco a poco y con mucha práctica en la medida en que, de acuerdo con la edad y sus capacidades, le demos la oportunidad de escoger cómo actuar frente a varias opciones, de tomar decisiones y de responder por las consecuencias de sus elecciones. Así llegarán a ser personas no solamente obedientes sino realmente responsables. Desarrollar el optimismo Hablemos de las cosas buenas, de nuestros logros, de las fallas que nos han llevado a aprendizajes. Modelemos comportamientos optimistas. También promovamos el sentido del humor, el humor significa tener la habilidad de lograr alivio al reírse de los propios problemas y encontrar maneras diferentes de mirar las cosas buscándoles el lado gracioso y positivo. Ayudarlos a ver sus fallas No les digamos a todo lo que hacen que está muy bien, enseñémosles a reconocer y reflexionar sobre sus debilidades, sus conductas inapropiadas, sus errores y enseñémosles que se pueden superar. Es decir, permitámosles ver sus errores como lecciones. Lo mejor que les podemos dejar a nuestros hijos es la certeza de que los amamos por encima de todo y que como muestra de ese gran amor los preparamos para ser personas independientes y capaces de enfrentar las adversidades de la vida con optimismo y con mayores probabilidades de éxito.
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