01930002 noviazgoymatr presentaciones 3 sacramentos

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					  Signos sensibles que              Ritos, ceremonias
 confieren la gracia que          sagradas (que incluyen
       significan.                  palabra y acción),
    (Nuevo CATIC,                     instituidos por
        n. 1127)                        Jesucristo.



                  Los Sacramentos son:
    Recibidos con buenas
   disposiciones, dan vida        Fundamentalmente
sobrenatural al alma, nos dan
                                  acciones de Cristo
    la gracia santificante
                                   (Nuevo CATIC,
       (Nuevo CATIC,                  n. 1128).
          n. 1131);
o nos la aumentan cuando ya
     estamos en gracia.
                                             Confirmación
                 Bautismo
                               Eucaristía


                       Son siete:
                                              Unción de los
Reconciliación                                 enfermos
 o Confesión



                  Matrimonio       Orden Sagrado
  San Agustín afirma que "cuando Pedro bautiza, es Cristo
      quien bautiza" (Tractatus in Ioannis Evangelium, 6, 7. MIGNE:
                           Patrología Latina, 35, 1428).



 El P. Royo Marín, O.P. nos dice que, para recibir los sacramentos
  de manera que sea válida y lícita, es necesario estar bautizado,
-obviamente, excepto para recibir el Bautismo- y en gracia de Dios
-excepto para recibir la absolución- (extraído de: "La fe de la Iglesia", 2a, IX,
                              266. Ed. BAC. Madrid).


     ES OBLIGATORIO RECIBIR EL BAUTISMO, LA
   CONFESIÓN Y LA CONFIRMACIÓN; PERO, ADEMÁS,
  DEBEN RECIBIR EL MATRIMONIO LOS QUE QUIEREN
 CASARSE, Y TODOS LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS EN
              LA HORA DE LA MUERTE.
El sacramento del Orden Sagrado es sólo para los que quieran ser
                              sacerdotes.
     Nos dice Eugen Walter que: "Junto con el sacramento del
   matrimonio son sacramentos de estado. Lo cual significa que
  ambos sacramentos no se reciben tanto con vistas a la salvación
 individual, como para ocupar un determinado estado dentro de la
 Iglesia, para, dentro de ella, servir a la comunidad. De modo que,
 a estos sacramentos los recibe el individuo, menos para sí mismo,
    que para los demás: los esposos deberían partir siempre del
supuesto de que cada uno consigue las gracias necesarias más bien
              para el otro cónyuge que para sí mismo",
      (desde "Fuentes de santificación", VII, 6. Ed. Herder. Barcelona).
   Todo Sacramento cuenta con cuatro
              elementos:

1. Materia o cosa sensible: son los elementos materiales que
                 se utilizan -agua, óleo, etc.-

2. Forma o palabras que utiliza el ministro con la intención
    de hacer lo que hace la Iglesia, es decir, administrar el
      sacramento de acuerdo con la voluntad de Cristo.

           3. Ministro o persona que lo ejecuta.

             4. Sujeto o persona que lo recibe.
Bautismo, Confirmación y Orden Sagrado:
son los tres sacramentos que imprimen “carácter”, es decir, que
        imprimen un sello espiritual indeleble en el alma,

    Por esto no se pueden repetir; el mismo Nuevo CATIC,
 n. 1121, expresa claramente que sólo se pueden recibir una
                             vez.
     La expresión latina "ex opere operato" indica que <<la
   gracia sacramental no depende de la santidad del ministro,
          sino de CRISTO que actúa por medio de él>>;
                   (Magisterio de la Iglesia, DENZINGER: n. 849).


La expresión latina "ex opere operantis", a diferencia de ex opere
  operato, indica que <<el provecho espiritual SÍ depende de la
 disposición del que lo recibe>>; así lo señala el P. Pinard de la
      Boullaye, S.I. ("Jesús, viviente en la Iglesia", IV, 34. Ed. FAX. Madrid).

    Dice la Conferencia Episcopal Española: "Al celebrar un
  sacramento, el ministro ha de tener la intención de realizar la
acción sacramental que Cristo confió a su Iglesia. Sin embargo, el
poder santificador de los sacramentos no depende ni de la fe, ni de
  la santidad de los ministros, porque cuando alguien bautiza o
      perdona, es el mismo Cristo quien bautiza o perdona";
                 ("Ésta es nuestra fe", 2a, II, 1. EDICE. Madrid, 1986)
           Unción de los Enfermos
Se la llama también “Extremaunción” dado que es el último
 sacramento que recibe el cristiano antes de partir hacia la
                                Casa del Padre.
    Con este sacramento, el enfermo, recibe un aumento de
 gracia para superar victoriosamente la última batalla de la
    vida. Por la unción con óleo bendecido y la oración del
    sacerdote, se confiere a los fieles que tienen aún uso de
  razón y están arrepentidos de sus pecados -al menos con
 atrición- la salud del alma (Nuevo CATIC, n. 1520) y la del cuerpo,
si les conviene (Concilio de Trento: DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, n. 909.
   Ed. Herder. Barcelona). En caso de necesidad, podrá emplearse
 cualquier otro óleo, pero el apropiado es el aceite de oliva
                         (Acta Apostolicae Sedis 65/1973/5-9).
Cuando el enfermo o el anciano está en peligro de muerte, es el momento
  de llamar a algún sacerdote para que le dé los auxilios espirituales
propios de estos momentos, es decir, para que se confiese, le dé el Santo
                  Viático y la Unción de los Enfermos
                           (Nuevo CATIC, n. 2299).


                          El Magisterio nos recomienda no esperar a
                          que el enfermo esté demasiado grave (Nuevo
                          CATIC, n. 1514). Sería muy importante que a la
                           llegada del sacerdote, el paciente tuviera
                        lucidez para poder hacer una buena confesión.
                           Son muchas las personas que fallecen en
                            pecado por haber llamado al sacerdote
                          demasiado tarde. Este sacramento también
                               debe recibirse en estado de gracia
                          (DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, n. 315. Ed. Herder.
                                                Barcelona).
                 Más para mencionar:
    El peligro de muerte debe estar presente en el interior del cuerpo de la
   persona, por esto no podrá administrarse la extremaunción a un criminal
           antes de ser ejecutado, ni a soldados antes de una batalla
             (Leo J. Trese; “La fe explicada” 3°, XXIII. Ed. Rialp. Madrid, 1981).


 Podrá, en caso de necesidad, administrarse el mencionado sacramento a los
recién fallecidos, dado que la muerte es la separación del alma y del cuerpo, y
   es difícil señalar el momento preciso de dicha separación. No siempre la
  muerte aparente coincide con la muerte real. Explica el P. Royo Marín O.P.
que “La muerte no viene de repente. Es un proceso gradual de la vida actual a
 la muerte aparente, y de ésta a la muerte real” (“Teología de la Salvación”, 3ª, I, n.
   188. Ed. BAC. Madrid). Se conocen casos de vuelta a la vida después de una
 muerte clínica, sin que haya habido milagro alguno. La única señal clara de
  muerte es el estado de putrefacción del cadáver (Michel: “Los misterios del más
                           allá”, II, 33. Ed. Dinor, San Sebastián).
Advierte el P. Antonio Royo Marín O.P. que puede
  ser que muchos se condenen por un amor mal
entendido de sus familiares (“Teología de la salvación”, 3ª, I,
                 n° 179. Ed. BAC, Madrid).


Suele existir el temor a que el enfermo se asuste al
recibir los auxilios espirituales, pero no temen que
 se presente ante el juicio de Dios con el alma en
pecado. Es absurdo, sería como no querer avisar a
    los vecinos que están durmiendo, que se les
      incendia la casa, por temor a asustarlos.
Para recibir la unción, el enfermo debe estar grave,
  pero no es necesario que el peligro sea de muerte
inminente, explica el P. Royo Marín O.P. (“Teología de la
      salvación” 3ª, I, n. 181. Ed. BAC. Madrid) ; basta que la
  enfermedad presente sea amenaza de peligro real
       (Nuevo CATIC, n. 1515) por enfermedad o vejez
(Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium: Constitución sobre la Sagrada
                              Liturgia, n. 73).
     Inclusive, podrá administrarse nuevamente el
      sacramento de la Unción de los Enfermos si
       “recobrada la salud, vuelve la gravedad”
                   (Nuevo CATIC, n. 1004,2).
    A los muy ancianos se les puede
administrar la extremaunción aunque no
estén enfermos, ya que la vejez es de por
      sí una enfermedad incurable
(P. Royo Marín O.P., “Teología Moral para Seglares” 2°, 2ª, V, n° 400, 4°, c. Ed.

                                BAC, Madrid)   .

				
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