Estado, mercado y sociedad civil: Sobre los usos del concepto by Ng3k4rwd

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Estado, mercado y sociedad civil: Sobre los usos actuales del concepto sociedad civil y
                              la “pérdida de centralidad del trabajo”


Ficha Técnica de la Autora:
Sandra López Dietz. Licenciada en Comunicación Social, Universidad Nacional de La
Plata, Argentina. Diplomada en “Género y Políticas Públicas” Universidad de La Frontera.
Alumna del Doctorado “Procesos Políticos y Sociales en América Latina” Universidad
Arcis. Docente de la Universidad Mayor de Temuco. Miembro del Centro de las Mujeres
de Temuco. Expositora invitada en diversos foros referidos a temáticas de género (2004,
2005, 2006)


Resumen
El objeto de este trabajo es analizar dentro de la triada estado/mercado/sociedad civil, la
relación entre estos dos últimos conceptos. El mercado desde el punto de vista de las
transformaciones de la relación capital-trabajo -la llamada “metamorfosis del trabajo”- y
cómo se vincula esta “pérdida de centralidad del trabajo” y por lo tanto de la clase
trabajadora como sujeto social1, con los usos actuales del concepto sociedad civil.
Dentro de los usos del concepto sociedad civil se hará eje en su relación con el concepto de
clase, debido a las profundas transformaciones que el neoliberalismo ha generado en el
llamado “mundo del trabajo” y el cambio del rol del Estado frente a éste; lo que dejó en
aparente “desuso” el concepto clase social por el más “pluralista” sociedad civil,
complejizando y tensionando tal relación, que busca ser pensada en este trabajo en el
contexto actual.


Palabras claves: reconfiguración del trabajo-pérdida de centralidad del trabajo-usos de la
sociedad civil-neoliberalismo.


Índice:

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  En el sentido la clase obrera como un sujeto capaz de realizar una transformación social de la sociedad. Una
clase con proyecto histórico, cargada de una subjetividad conciente con un proyecto de sociedad basado en su
lugar objetivo en el modo de producción capitalista.


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Introducción
1.-Una introducción desde el estado (como marco)
2.-El mercado y el trabajo: la pérdida de centralidad del trabajo
 - Trabajo productivo e improductivo y la extensión del área “servicios”
 - La precarización laboral
 - Los excluidos
3.-Entonces: ¿como pensar la relación sociedad civil y trabajo en la actualidad?.Sobre
los usos actuales del concepto “sociedad civil”
 - Los Usos del concepto Sociedad civil
Conclusiones


Estado, mercado y sociedad civil: Sobre los usos actuales del concepto sociedad civil y
                          la “pérdida de centralidad del trabajo”


                                                                  “Toyotismo y supervivencia del trabajo humano.
                                                No podemos concordar, por lo tanto, con la tesis del fin del trabajo,
                                                         y mucho menos con la del fin de la revolución del trabajo.
                                                            La emancipación en nuestros días significa, sobre todo,
                                                           una revolución en el trabajo, del trabajo y por el trabajo.
                                                 Pero es un emprendimiento social más difícil que en otras épocas,
                                             ya que no resulta fácil rescatar hoy el sentido de pertenencia de clase,
                        algo que el capital y sus formas de dominación (incluyendo la decisiva esfera de la cultura)
                                                                                    procuran enmascarar y nublar.”
                                                                             Ricardo Atunes “¿Adiós al trabajo?
                                                Los nuevos proletarios del mundo en el cambio de siglo” (2000)



Introducción
La denominada “globalización” ha producido transformaciones sustantivas tanto de la
economía mundial, el sistema de estados-nación y de las relaciones entre las clases y capas
sociales,   cuyo   significado,      alcances       y    perspectivas         aun      son      debatidas.        La
trasnacionalización de la economía, informatización de las operaciones comerciales y
aumento en intensidad del comercio mundial dan un salto cualitativo, planteando un marco
diferente para la soberanía y control de los recursos naturales de los estados-nación.




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En términos generales, partiendo de definir al capitalismo como una totalidad mundial
interdependiente, hoy la llamada “globalización” de la economía se caracteriza por la
existencia de cadenas de producción integradas internacionalmente, con países cuyo
principal rol es el de aportar plantas ensambladoras de productos realizados en otros
estados y regiones.
En este sentido la globalización más que una internacionalización (en tanto interrelación
entre sujetos autónomos en primer lugar el Estado) es diferente de la “globalización” en
tanto ésta sobrepasa las relaciones entre Estados para hacer prevalecer libres relaciones
entre sujetos que no son los Estados, sino entidades económicas, centralmente
trasnacionales.
Es el fin de los acuerdos de Bretton Woods, el hito que impone y delimita un nuevo sistema
de liberalización de los mercados monetarios y financieros Las transformaciones que
operan en el gran capital productivo internacional (articulado al financiero), esencialmente
a partir del accionar de las trasnacionales, operan integrando el proceso productivo en
diferentes espacios nacionales. (Collado, 2005); se vuelve así “necesaria” la transformación
de los estados-nación con el fin de “destrabar” regulaciones al capital internacional.
En síntesis los cambios producidos en la globalización son: los grandes monopolios y
corporaciones aumentaron considerablemente su poder en los últimos treinta años,
poniendo bajo su control directo áreas de la economía que en la posguerra estuvieron bajo
el control estatal; conquistando nuevos mercados territoriales y poniendo nuevas esferas de
actividad humana bajo su dominio.
Junto con la complejización de la valorización e intercambio mercantil, se impusieron
nuevas condiciones de explotación a la fuerza de trabajo a nivel mundial, prevaleciendo
cada vez más la precarización y el desempleo; aumentando los asalariados en diversos
sectores de las actividades catalogadas como “servicios” en proporción mayor y en
desmedro de la industria, generando importantes cambios en la composición de la clase
trabajadora; como la feminización del trabajo y el crecimiento en importancia de la fuerza
de trabajo “intelectualizada”. Por otro lado la inmigración masiva en los países centrales
está produciendo cambios importantes en su composición étnica, generando una crisis
creciente de “integración” de la nueva fuerza de trabajo inmigrante.




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En este marco general, este trabajo abordará esencialmente –de la triada estado/
mercado/sociedad civil -la relación existente entre uno de los aspectos centrales de la
transformación del mercado (las nuevas formas de explotación del trabajo o la llamada
“metamorfosis o mutación” del trabajo y la consecuente perdida de centralidad de éste) con
la discusión de la sociedad civil actual, es decir, que relación guarda este concepto con el
lugar de los trabajadores/ras en esta nueva realidad. Es decir se pondrá en relación la
cuestión del trabajo en el mercado y el trabajador/ra en la sociedad civil, mencionando al
Estado como marco de esta reflexión.
En definitiva se reflexionará sobre las repercusiones de las transformaciones producidas en
la economía y la política, en tanto la llamada “metamorfosis” del trabajo, trajo aparejada
una discusión respecto a los cambios históricos y consecuencias políticas que esta mutación
implica, y que hasta fines de los años 70, inicios de los 80 dio forma política al sujeto
“proletariado”, junto al “pueblo”; mientras que hoy junto a la mutación del trabajo
desaparece el sujeto político “proletariado” y“pueblo” y es el concepto “sociedad civil” el
que predomina2 .


1.-Una introducción desde el Estado (como marco)
Sin ser el eje de este trabajo, es posible señalar que en la triada estado/ mercado/sociedad
civil, el Estado o estado-nación se ha visto fuertemente tensionado y transformado en la
globalización.
Aún así tampoco es posible señalar que el Estado ha desaparecido o que exista un mundo
plenamente globalizado, donde el territorio al que se pertenezca ya no tenga importancia.
La presión del mercado capitalista mundial sobre los mercados locales es hoy mucho mayor
que en momento alguno del siglo XX. Hoy la producción que traspone las fronteras
nacionales representa el 20% del producto mundial, contribuyendo las filiales de las
empresas transnacionales con alrededor de un 10% del producto y acumulación de capitales
del mundo.
El dominio logrado por el capital en regiones que le habían sido vedadas durante la segunda
mitad del siglo XX, incluyendo la monumental China, tiene un alcance enorme. El


2
 Ya que también aparece el concepto “multitud” en autores como Antonio Negri (pero con menos impacto el
América Latina).


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crecimiento del comercio mundial está concentrado entre los países del G7 y algunos otros
estados selectos, como China, los NIC’s, India, Brasil y Sudáfrica. Las finanzas también
han logrado un peso impresionante dentro de los negocios capitalistas, siendo éste el sector
más globalizado de la economía a partir del uso privilegiado de los avances informáticos.
Este crecimiento de los negocios especulativos del capital se explica porque es allí donde es
más fácil encontrar beneficios extraordinarios, en detrimento de las dificultades que
muestra la valorización capitalista en las ramas industriales tradicionales, producto del
incremento de la composición orgánica del capital3.
Desde el punto de vista del Estado, autores como Lechner (1997) y Cavarozzi (1997)
señalan que las transformaciones neoliberales han producido un cambio o desarticulación
en lo que denominan la matriz estadocéntrica4 existente en los años previos en varios de
los países latinoamericanos, produciendo una verdadera desestastización.
Sin embargo, este antiestatismo es contradictorio, ya que en realidad se produce lo que
Lechner denomina la paradoja neoliberal: para llevar adelante las reformas neoliberales, se
requiere un Estado decidido que coordine y conduzca este proceso, fortaleciendo al Poder
Ejecutivo o, en términos de Osorio (2004), una soberanía débil frente a un poder político
fuerte. “Una estrategia destinada explícitamente a imponer una economía capitalista de
mercado, desmantelando al estado, sólo tiene éxito en cuanto se apoya sobre una fuerte
intervención estatal” (Lechner, 1997: 33-34). La revalorización del Estado para que sea el
impulsor de las reformas neoliberales no excluye que éste se transforme.
Desde el punto de vista de la soberanía del Estado, ésta si bien no desaparece en términos
políticos, se vio fuertemente cuestionada en términos económicos, materializada en la
pérdida de control y posesión de los recursos estratégicos5. Así, siguiendo a Salvadori, la
soberanía6 de un país se basa en la posesión de sus recursos estratégicos; en el actual


3
  Castillo y Albamonte, 2004:6-7.
4
  Las sociedades estado-céntricas latinoamericana se encontraban organizadas en torno a la intervención y regulación del Estado. A
principios del siglo XX las demandas de reforma democrática generaron un proceso de transformaciones, el Estado perdió el carácter
excluyente del período oligárquico y tendió a universalizarse, la política se organizó a través de una fuerte intervención y regulación del
Estado, incorporándose a los sectores medios y populares (especialmente a los urbanos) a la vida política. El Estado apareció como
mediador de una extensa red de relaciones entre los distintos actores sociales. Económicamente, el Estado buscaba evitar el conflicto,
políticamente se tendía a la polarización entre grandes discursos ideológicos antagónicos (fascismo/liberalismo, socialismo/capitalismo,
populismo/ideologías nacional–populares). El colapso de la Matriz Estado Céntrica estuvo asociado a procesos de desorganización
económica y crisis fiscal. En la década del ´70 se producen fuertes estallidos en Chile y Argentina como consecuencia de la exacerbación
de los conflictos, crisis que se extendió por toda Latinoamérica, las democracias al no poder controlar la situación no logran consolidarse,
sobreviniendo goles de estado que con diversos ritmos comenzaron a poner fin a este período.
5
  Definidos como “aquellos recursos específicamente puestos a disposición por los desarrollos del proceso de modernización económico-
social.” (Salvadori, 1997:12)
6
  Entendida como plena autodeterminación en el ámbito de sus confines.



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mundo globalizado ésta se ve fuertemente cuestionada, produciendo una crisis de la
soberanía sustancial de los Estados, en tanto no tienen o pierden la capacidad de controlar
los grandes centros de poder económico, estando los Estados actuales cada vez más
controlados por las finanzas y la economía globalizadas, asumiendo el poder financiero y
económico una “naturaleza orgánicamente supraestatal hasta volverse un factor decisivo,
como nunca antes, de la estabilidad de los sistemas políticos estatales” (Salvadori,
1997:24.). Para el autor es más propio hablar en la actualidad de soberanías restringidas de
los estados latinoamericanos. En otros término, un Estado fuerte y un Estado-nación débil
como dos caras del Estado.
Para Lechner, la centralidad del mercado no elimina la existencia de Estados nacionales, ya
que los mercados tienen un anclaje territorial, obligando al Estado a transformarse,
interviniendo de manera distinta a la etapa anterior, como garante de la competitividad del
país, organizando tanto los factores como los actores productivos.
Esto implica que el Estado no desaparece- como postulan algunos autores - y si bien se
debilita, esta debilidad es en tanto se desprende de sectores claves del manejo de la
economía, de recursos naturales y de servicios (salud, educación, seguridad social),
pasando a constituirse en un Estado que garantiza y da marcos institucionales y jurídicos a
los negocios de las trasnacionales y los privados, y permite y legitima incluso jurídicamente
la precariedad laboral, el desmantelamiento de los servicios sociales facilitando un marco
jurídico a la nueva relación capital-trabajo. Esto tiene consecuencias sobre el aspecto que
nos interesa trabajar en este trabajo.


2.-El mercado y el trabajo: la pérdida de centralidad del trabajo
Para partir del marco general en el que se inserta la cuestión de la perdida de centralidad
del trabajo, es posible señalar que una de las características centrales de las
transformaciones de la economía neoliberal es que los monopolios y trasnacionales
aprovechan a partir de la “internacionalización” de la economía -y como forma de aumentar
sus beneficios-, las ventajas de cada sector de la economía internacionalizada, dentro de las
que se cuentan nuevas formas de planificación y coordinación del trabajo en otros tiempos
impensadas, utilizando las herramientas brindadas por la revolución informática.




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Sin embargo, y contradictoriamente esta internacionalización de la economía no actúa
como una producción internacionalmente “coordinada” (o al menos lo es solo parcialmente
en función de las “leyes del mercado”), realizándose por tanto con rasgos fuertemente
anárquicos, aumentando la desigualdad entre un grupo de países privilegiados y una
mayoría de países luchando por entrar al “primer mundo”.
Pero al nivel del trabajo, esta contradicción se muestra en que al mismo tiempo en este
mundo “globalizado” se combinan la intelectualización de una fracción de la fuerza de
trabajo con formas de explotación del trabajo asalariado propias de los albores del
capitalismo.
El marco histórico de la metamorfosis o reconfiguración del trabajo -generando su
deterioro en relación a las condiciones de trabajo anteriores -puede situarse en lo que varios
autores/ras delimitan alrededor a la crisis del capitalismo que se produce desde fines de los
’60 y comienzos de los años ’70 y que -en términos de Collado (2005)-se puede sintetizar
como el “fin del capitalismo de posguerra”.
De esta manera “hacia fines de la década de 1960 y principios de la de 1970, comienza a
modificarse estructuralmente la dinámica de acumulación capitalista a escala internacional.
La caída de las tasas de ganancia7 de los conglomerados productivos más importantes, los
menores niveles de productividad, el aumento de la inflación y el creciente déficit de los
sectores públicos son los signos más destacados del panorama internacional que se abre en
esos años” (Rofman, 2000; citado por Collado 2005).
Como respuestas a esta crisis se avanza sobre una mayor “internacionalización” de la
economía mundial8 donde grandes monopolios y corporaciones trasnacionales ponen bajo


7
  Esto implica que desde fines de la década del 60 y principios de la década del 70, se vive lo que se ha
denominado una “crisis de acumulación del capital” que se relaciona con las dificultades en el proceso de
valorización del mismo provocadas por la combinación de factores económicos, como el aumento de la
composición orgánica del capital y la consecuente caída de la tasa de ganancia, con factores políticos como
una intensificación de la lucha de clases (ascenso de las luchas políticas y sociales en el mundo durante le
periodo que tiene como hitos la Primavera de Praga y Mayo Francés del 68; pasando por los procesos
convulsivos de los 70 en América Latina; hasta la revolución portuguesa de “los claveles” del 74)
8
  Esta tendencia y sus características principales son descritas por Ernest Mandel -antes del peno despliegue
del neoliberalismo peor ya marcando claramente su despliegue- de la siguiente forma: “Con la creciente
internacionalización del capital, y el surgimiento de las compañías transnacionales como forma típica de
organización de la gran producción capitalista, el mercado mundial se convierte en la arena en que se lleva a
cabo la verdadera socialización del trabajo. El valor de las mercancías, no solamente el de las materias primas
sino también el de los productos de la industria manufacturera, comienza cada vez más a determinarse en el
mercado mundial y ya no en el mercado nacional de los países capitalistas. Esto quiere decir que en función
de un progreso cualitativo de la debilidad internacional de los capitales, se evoluciona poco a poco hacia


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su control directo áreas de la economía antes bajo el control estatal -conquistando nuevos
mercados territoriales- y sobre la puesta de nuevas esferas de actividad humana bajo su
dominio es una de las centrales y con más implicancias en la perdida de la centralidad del
trabajo.
Esto implica aspectos como el desmantelamiento de lo que Collado (2005) describe como
“instrumentos keynesianos y bismarckianos” previos, que actuaban como barreras a la
liberalización del capital y a la flexibilización del trabajo; o en otro términos el
debilitamiento de la protección social antes brindada por el llamado “Estado de bienestar”;
o también podemos describirlo como la pérdida de conquistas sociales logradas por el
“movimiento obrero” hasta los 70.
Otro de los aspectos centrales en relación a la organización del trabajo es el paso a la forma
de organización del trabajo llamada “toyotista”9, consistente en la introducción de la
rotación de tareas como eje de la flexibilidad laboral con el trabajador multiespecializado,
la informatización de la producción y la administración, así como los conceptos de
"círculos de calidad" y los "equipos de trabajo" asociados, con el objetivo de aumentar la
productividad mediante el control y el disciplinamiento entre los propios trabajadores -“un
obrero el trabajo de dos” es el slogan-, en función de aumentar la intensidad del trabajo y el
control sobre el mismo. La médula de esta transformación es la intensificación de los
ritmos de trabajo y aumento de la explotación que ha llevado su aplicación.
Comos señala Collado, la necesidad de transformar las formas de organización del trabajo
se debe a que la forma anterior de organizar el trabajo taylorista-fordista, tenía dos
problemas: un límite técnico-económico (disminución de la productividad y la
imposibilidad de aumentar la misma bajo el parámetro del fordismo); y lo que denomina un
“límite social” (las luchas salariales y las huelgas masivas por mejorar las condiciones de



precios de producción internacionales para un número creciente de mercancías, o sea hacia una perecuación
internacional de la tasa de ganancia. Los precios mundiales son cada vez menos derivados de los precios
nacionales. Por el contrario, son los precios en el mercado nacional los que se apartan cada vez más o menos
del eje constituído por los precios a nivel mundial... Se trata por supuesto de una tendencia, que tan sólo
comienza a imponerse paulatinamente...y no de una regla ya difundida” (Mandel,1980:252)
9
  El toyotismo nace en Japón, que gracias a la implementación en sus inicios en la fábrica automotriz Toyota
y su extensión al resto de la industria japonesa, logró conformar un verdadero “modelo” japonés que le
permite un verdadero avance en la productividad y competitividad. El “modelo” se basa en la alta rotación de
los puestos de los trabajadores; la flexibilidad laboral; con una perversa identificación “transclase” entre jefe-
subalterno.


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trabajo, resistencia a la disciplina fordista, pugna por la homogeinización salarial, crisis en
el reclutamiento de nueva mano de obra), ambos en mutua interrelación.
Es así entonces que para comprender la reconfiguración del trabajo hay que primero
analizar “la relevancia en la configuración de la crisis del capital como momento decisivo
para la reconfiguración del trabajo….esta crisis del capitalismo puso en juego y tensión
ambas relaciones en él inscriptas: la competencia entre los Estados Capitalistas y las
nuevas formas de extracción del plusvalor (de disciplinamiento de la clase obrera).”
(Collado, 2005)
A partir de estas transformaciones es que se desprende un intenso debate sobre lo que
algunos autores comenzaron a denominar el “fin del trabajo”. Andre Gorz y Jeremy Rifkin,
por ejemplo, señalaron las consecuencias estructurales y subjetivas de este cambio,
mientras que recientemente y desde otra perspectiva autores como Antonio Negri o Michael
Hardt señalan incluso que la ley de la medida del valor ya no está vigente, debido a la
generalización de lo que llama       “trabajo inmaterial”, lo que desde el punto de vista
subjetivo convertiría en el nuevo sujeto político ya no a la clase obrera sino a la “multitud”.
En el trasfondo del debate está la concepción de que el capitalismo vive desde principios de
los ‘70 una nueva “revolución científico-técnica” en gran escala que habría producido
alteraciones fundamentales en el funcionamiento de la sociedad y el modo de producción
capitalista -lo que es innegable-, sin embargo el punto es ¿hasta donde hay una
transformación tan cualitativa del capitalismo que este deja de fundamentarse en la
explotación asalariada como fuente de valorización y logra valorizarse de formas
totalmente nuevas que lo convierte en una nueva fase capitalista diferente cualitativamente
de la anterior? ¿hasta donde la reconfiguración del trabajo efectivamente ha producido la
perdida de centralidad del trabajo de tal modo que el trabajo asalariado se vuelve casi un
“detalle” en el modo de producción capitalista?
Desde la postura que sostengo, esta tendencia potente del capitalismo actual globalizado
tiende a unilateralizarse demasiado; a tal punto que una cosa es reconocer transformaciones
profundas en el modo de producción capitalista actual (neoliberal) y otra muy diferente es
decir que estamos en otra fase diferente del capitalismo donde la relación capital-trabajo no
tiene casi incidencia en su valoración. La persistencia en la década de los ‘90 del desempleo
masivo en numerosos países, ha reavivando la idea de que estamos viviendo en una etapa



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del capitalismo post-industrial, con la emergencia de esta nueva forma de capitalismo, el
“capitalismo cognitivo”.
Esta concepción, plantea centralmente que los cambios y desarrollos tecnológicos habrían
producido un salto tal en la productividad de bienes materiales que el reemplazo progresivo
de “trabajo vivo” por “trabajo muerto”, asalariados por máquinas (robots y ordenadores), es
una tendencia irreversible y en crecimiento geométrico.
Así esta unilaterización de una tendencia del capitalismo actual tiene como consecuencia
una reflexión teórica que ve en “La aplicación de métodos “toyotistas” en la organización
del trabajo… que redundaron en el crecimiento de las funciones de control y gestión del
trabajador en detrimento de la producción. … en esta nueva situación del capitalismo (que a
veces denominan como “pos-capitalista”) la actividad cognitiva deviene el factor esencial
de creación de valor, calculándose éste en gran parte por fuera de los lugares y el tiempo de
trabajo. El conocimiento se habría transformado en “un factor de producción necesario
tanto como el trabajo y el capital y la valorización de este factor intermediario obedece a
leyes muy particulares, a tal punto que el capitalismo cognitivo funciona de manera
diferente del capitalismo a secas”, con la consecuencia que la teoría del valor no podría dar
cuenta de la transformación del conocimiento en valor. El trabajador ya no necesitaría más
“de los instrumentos de trabajo (es decir, capital fijo) que son puestos a su disposición por
el capital. El capital fijo más importante, aquél que determina las diferencias de
productividad, se encuentra en el cerebro de los seres que trabajan: es la máquina útil que
cada uno de nosotros lleva en sí. Es esta la novedad absolutamente esencial de la vida
productiva de hoy” (Castillo, 2001:57)
El argumento de Gorz (1980) radica en que –con un lapidario “adiós al trabajo”o “adiós al
proletariado”- el cambio estructural de la situación de la clase obrera implica el fin de la
“utopía” de su rol subjetivo emancipador.
La metamorfosis del trabajo según Gorz, ha producido que el actual proletariado sea
proveedor puro de trabajo general abstracto; esto implica que todo lo que consume es
comprado y lo que produce vendido, así la falta de vínculo visible entre consumo y
producción tiene como consecuencia necesaria la indiferencia respecto del trabajo concreto,
convirtiéndose el trabajador en espectador de un trabajo que ya no se efectúa.




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Para Gorz el progreso técnico alcanzado en las últimas décadas no conformó un
proletariado masivamente calificado, sino que llevó a nuevas diferenciaciones y
polarizaciones constituyendo más bien una nueva masa de no calificados. Para el autor las
mutaciones del proletariado debido a su segmentación, precarización, descalificación
implican una verdadera desintegración de la clase, que lejos de acceder masivamente a los
avances exigidos por la técnica, ésta se vuelve accesible solo para una minoría privilegiada
de ella.
De esta manera la perdida de sustancia material del trabajo no permite la “reapropiación
productiva de su creatividad confiscada”. Así al perder centralidad el trabajo, éste ya no es
la fuente principal de identidad social y pertenencia de clase.
En el caso de Negri y Lazzarato (2001) es el aspecto del “trabajo inmaterial” el que es
destacado como prevaleciente tras las mutaciones en el trabajo posterior a los 70; para los
autores “veinte años de reestructuración de las grandes fábricas han llevado a una extraña
paradoja. En efecto, es a la vez sobre la derrota del obrero fordista y sobre el
reconocimiento de la centralidad del trabajo vivo más y más intelectualizado en la
producción, que se han constituído las variantes del modelo pos-fordista. En la gran
empresa reestructurada, el trabajo del obrero es un trabajo que implica más y más, a niveles
diferentes, la capacidad de elegir entre diversas alternativas y, por lo tanto, la
responsabilidad de algunas decisiones. El concepto de “interfaz” utilizado por los
sociólogos de la comunicación da bien cuenta de esta actividad del obrero. Interfaz entre las
diferentes funciones, entre los diferentes equipos, entre los niveles de jerarquías, etc. Como
lo prescribe el nuevo management, hoy ‘es el alma del obrero la que debe descender en el
taller’. Es su personalidad, su subjetividad la que debe ser organizada y dirigida. Cualidad y
cantidad de trabajo son reorganizadas alrededor de su inmaterialidad. Esta transformación
del trabajo obrero en trabajo de control, de gestión de información de capacidad de decisión
que requieren la inversión de la subjetividad, toca a los obreros de manera diferente según
sus funciones en la jerarquía de la fábrica, pero ella se presenta de ahora en más como un
proceso irreversible” (Negri y Lazzarato, 2001:11)
Destacando el aspecto de la subjetividad, y la existencia de este trabajo inmaterial, los
autores acentúan las características autónomas de este nuevo trabajador/ra, con capacidades
creativas mucho más amplias que el trabajador fordista anterior.



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Incluso transitando mucho más allá, Negri postula la tesis de la desaparición de la medida
temporal del valor, “…la situación actual nos permite verificar de manera irrefutable que la
ley de la medida temporal del valor (como los Grundrisse lo habían previsto) ya no está
vigente….El razonamiento es aquí delicado: es necesario, en efecto, entender lo que
significa la ley del valor. Para mí y para algunos otros (desde los economistas clásicos), la
ley del valor significa la medida del valor.” (Negri, 2000 citado por Bach, 2001:71)
Es decir el trabajo al volverse “inmaterial” ya no permite o desvanece la posibilidad de
medirlo físicamente, temporalmente.
Así planteadas las cosas, la discusión sobre cómo el mercado en los marcos de su
transformación neoliberal modificó profunda y, cualitativamente el trabajo, implica
también señalar que las perspectivas políticas del sujeto político/histórico “movimiento
obrero” (llamado a ser el emancipador y productor de una nueva sociedad socialista o
colectivita predominante en casi todo el siglo XX), ha desaparecido, como es el “sentido
común” existente en la actualidad tanto en el mundo de la academia como en el de la
política y la sociedad.
Pero ¿es efectivo este fin de trabajo? ¿esta perdida de la centralidad del trabajador/ra? , y
¿cómo se relaciona esto con la reactualziación del concepto sociedad civil? ¿cómo se
articulan uno y otro? ¿quién conforman hoy esa “sociedad civil” y en que lugar se ubican
los actuales sin-trabajo, precarios y flexibilizados?
Sobre el primer aspecto postulo –sin pretender ser original- que hay una unilaterización de
las tendencias reales descritas por los autores antes señalados, ya que si bien se han
transformado profundamente las relaciones capital-trabajo, no se ha producido un cambio
cualitativo en la centralidad del trabajo; vale decir el paso a una sociedad o un capitalismo
de nuevo tipo basado en otra formas de valorización del capital.
Las mutaciones en el trabajo (toyotismo) han tenido como efecto un aumento de la
competitividad de las empresas, han precarizado las condiciones de trabajo, han cambiado
la composición de los trabajadores/ras (de la industria a los servicios por ejemplo), han
debilitado las organizaciones sindicales y conquistas sociales (derechos sociales); pero más
allá de la alta significancia de todo esto -innegable- no implica que como consecuencia
haya desaparecido la clase trabajadora y perdido ésta su centralidad.




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El segundo aspecto, vale decir la relación actual que puede establecerse entre
trabajadores/ras y sociedad civil será desarrollado en un segundo momento.
Entonces:
En primer lugar, lejos de estar prevaleciendo el “trabajo inmaterial” y por lo tanto el “fin
del trabajo” como característica de esta época, lo que predomina y sobresale a primera
vista son niveles impresionantes de intensificación del tiempo y ritmo de trabajo. Es decir,
mientras y al mismo tiempo que aumenta el ritmo de trabajo (éste se intensifica), la jornada
laboral puede incluso reducirse10. ¿Eso implica que se anula el trabajo como tal? ¿o lo que
aumenta es la explotación en base a una nueva forma de organizar el trabajo? , pero siendo
justamente esta nueva forma de organizar el trabajo la base de la valorización del capital
¿lo que desaparece es el trabajo o en realidad lo que ha cambiado es la forma de explotar el
trabajo pero siendo aun el trabajo flexible y precarizado la forma principal en la que se
valoriza hoy el capital?
Es decir aumento en la explotación, pues lo que persiste en nuestra época es una realidad en
que conviven por un lado una superexplotación intensiva y extensiva del trabajo 11 (tercer
mundo); con sectores hipertecnologizados de punta.
Como señala Antunes “Y es exactamente eso lo que viene ocurriendo en todas partes: una
mayor intensidad del ritmo de trabajo; un mayor grado de explotación de la fuerza humana
que trabaja. En el otro extremo del proceso de trabajo, en las unidades productivas de punta
-que son evidentemente minoritarias respecto de la totalidad del trabajo- se dan, por cierto,
formas de trabajo más "intelectualizadas" … formas inmateriales de trabajo. Pero este
escenario sigue siendo muy diferente del que correspondería a la tesis del fin del trabajo. Es
muy visible hoy la vigencia de lo que Marx llamó "trabajo social combinado". Escribió

10
   La relación es desigual en diferentes los países, mientras que en países como Francia la ley de las 35 horas
de trabajo semanal (año 2000), significó cambiar las 35 horas por una mayor flexibilidad y una mayor
amplitud de horario. Mientras en los países de Europa y Estados Unidos ha disminuido la jornada laboral, en
Chile el promedio de horas trabajadas es de 48 a la semana. Incluso hay sectores como el comercio, en el que
las jornadas pueden ser de 10 horas, 6 días a la semana, vale decir 60 horas semanales.
11
   “Este proletariado de tiempo parcial es el que llamé "subproletariado", ya que se caracteriza por la
precariedad de sus condiciones de trabajo y la carencia de los derechos laborales mínimos. Se trata de la
versión "moderna" del proletariado del siglo XIX. Si bien en algunos sectores (minoritarios, por cierto)
podemos encontrar un proletariado más "calificado" e "intelectualizado" (en el sentido de las funciones
asignadas por el capital), lo predominante es la expansión, en todo el mundo, de un tipo de operario en
condiciones de precariedad, como las empleadas de Nike en Indonesia, que trabajan cerca de 60 horas por
semana a cambio de 38 dólares mensuales. Mujeres-trabajadoras que están ocupadas 240 horas por mes
produciendo millares de zapatillas para obtener un salario que no les permite adquirir siquiera un par (los 38
dólares que reciben a fin de mes no alcanzan, obviamente, para comprar un par de Nike).” (Antunes, 200:1)


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Marx: "no importa si es un obrero más intelectualizado, si es un obrero manual directo, si
está en el centro, en el núcleo del proceso o si está más en una franja de él, lo importante es
que participa del proceso de la creación de valores, de la valorización del capital y esta
creación resulta de un trabajo colectivo, de un trabajo social combinado". (Antunes,
2000:5)
He aquí uno de los argumentos centrales de la discusión ¿dónde es que se valoriza el capital
actualmente? A pesar de las profundas mutaciones del trabajo realizadas por el capitalismo
debido a la caída de la tasa de ganancia, la baja productividad y por ende la baja de
competitividad que lo agobiaba para los 70, es aún la explotación del trabajo humano –en
el sentido que lo desnudó Marx en los albores del capitalismo- donde el capital aun se
valoriza en base al “trabajo social combinado”, justamente se valoriza a partir de
precarizar y superexplotar el trabajo de unos y desplazar a la desocupación y exclusión a
grandes masas de trabajadores/ras. Ambos aspectos combinados le permiten al capital
valorizarse.
Antunes-quien ha cuestionado esta tesis de adiós al trabajo- señala que más allá de que es
una realidad la existencia de una masa de desocupados y de la evidente precarización
laboral, lo que se ha producido es una “nueva morfología” o la “nueva polisemia del
trabajo”, consistente en que junto al trabajo asalariado tradicional –superviviente de las
décadas pasadas- se viene ampliando de manera veloz el contingente de trabajadores
tercerizados, subcontratados, part-time, con trabajos temporales, todas formas de
“informatización” del trabajo.
La hipótesis del autor, es que a pesar de esta verdadera “dualidad” o “contradicción”
existente en el mundo del trabajo, éste aun es central para la creación de valor. Justamente
para Antunes esta forma actual que adquiere la explotación del trabajo la forma en que el
capital crea valor, superexplotando a partir del trabajo de los precarizados, flexibilizados,
temporarios, mientras mantiene el enorme ejército reserva de desocupados.
Así en la relación de explotación del conjunto de trabajadores/ras precarizados,
desocupados y eventuales, es que el capital logra valorizarse debido a que los desocupados
o lo que Collado denomina “el mundo del trabajo sin empleo” , contribuyen a la valoración
del capital en tanto actúan como un verdadero muro de contención frente a la
desvalorización del capital, ya que son una presión permanente para los ocupados y



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precarios que de esta manera deben “negociar” permanentemente peores condiciones de
explotación a costa de mantener el trabajo.
Entonces los hoy llamados “excluidos” si bien no son “directamente explotados” y estando
fuera de la producción, son parte de la valorización del capital, “en tanto la exclusión se
conforma como una herramienta que permite la fuga del capital-mercancía hacia el capital-
dinero, y funciona como resguardo del propio capital en crisis. Es necesario, entonces,
contener a los excluidos bajo la categoría general y abstracta de trabajo, puesto que no
solo se constituyen como trabajadores en cuanto necesitan vender(se) como mercancías,
sino en tanto la imposibilidad de ‘venta’ de la misma proporciona al capital la ‘ventaja’ de
detener la crisis (momentáneamente), bajo la forma de valorización financiera, cuya
materialidad, por otra parte, se asienta en la mayor productividad del trabajo presente y
pasado expropiado por el capital.” (Collado, 2005)
La mirada entonces es desde la relación capital-trabajo en tanto régimen social de
acumulación, donde la masa de excluidos sigue siendo considerada como parte de la masa
de trabajadores/ras, ya que su no/producción (en términos de Collado en tanto población
sobrante, potencia y capacidad en estado ‘virtual’) forman parte de la valorización del
capital ya que el régimen de acumulación es eminentemente social.
Más que una mutación del trabajo, la clave está en la mutación que debió realizar el capital
en su necesidad de volver a hacer subir la tasa de ganancia, es producto de este proceso y
como su consecuencia que muta el trabajo (recordemos además que el ataque contra las
condiciones de trabajo y beneficios sociales no fue “pacifico” sino que con procesos de
resistencia)
“Asumir la mudanza del capital es asumir su crisis”, dice Collado (2005). Sin embargo la
discusión de los años 80 y 90 se centró no tanto en la crisis del capital sino en “la crisis del
trabajo o de la sociedad salarial”. Para la autora hay una operación ideológica en la
discusión en torno al fin del trabajo ya que tras la caída del muro de Berlín y por ende del
llamado “socialismo real” junto a la crisis del Estado (benefactor) impuso estas tesis, donde
el capitalismo aparece una vez más, como una “entelequia ahistórica”, como el propio ‘fin
de la historia”. Este punto es muy importante ya que permite reflexionar sobre el marco
histórico e ideológico en el que el planteo del “fin del trabajo” se desarrolla.




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Trabajo productivo e improductivo y al extensión del área “ servicios”
Otra cuestión de la reconfiguracion productiva del capitalismo: el desarrollo del sector
servicios. Este desplazamiento es en desmedro de la antigua economía basada en el sector
industrial (obrero fondista). En el neoliberalismo el capital se desplaza hacia el sector
“servicios”, un tipo de mercancía que podríamos denominar “inmaterial” porque ¿Qué
bienes materiales produce el sector servicios? El desarrollo de este sector ha dado pie para
fundamentar también que vivimos un salto cualitativo del capitalismo que ha hecho
desaparecer aquellas bases de sí mismo (el desarrollo de la industria) para casi negarse a si
mismo desarrollando el área servicios y la financierizacion de la economía: un capitalismo
que no produce bienes sino servicios.
Esto nos lleva a la discusión de los conceptos trabajo “productivo” e “improductivo”. Es
decir si el sector servicios es productivo o improductivo, desde el punto de vista del capital.
La mercancía del sector servicios” no es material, física, sino precisamente brindar
“servicios” como mercancía.
Y aquí hay un aspecto interesante, porque Marx escribió sobre la cuestión de la
productividad del sector “servicios” de la época (incomparablemente menos extendido que
hoy), pero esto aparece en el capitulo VI inédito de El capital, que hoy sirve de fundamento
a diferentes autores/ras para reflexionar sobre este punto.
El trabajo de Bach (2005) analiza pro ejemplo “El carácter productivo del trabajo en estas
elaboraciones de Marx está asociado no a su resultado final, es decir a su producto, sino a la
capacidad o no de ese trabajo de generar plusvalía (es decir, trabajo nuevo no pago
susceptible de ser acumulado como capital). En el capítulo VI inédito señala que “Es
productivo el trabajador que ejecuta un trabajo productivo, y es productivo el trabajo que
genera directamente plusvalía, esto es, que valoriza al capital”. (Bach:2005:106)
La autora se apoya en dos citas claves de Marx de ese capítulo, una donde Marx discute
contra esa “manía de definir el trabajo productivo y el improductivo con arreglo a su
contenido material”, definiendo Marx categóricamente que “El proceso capitalista de
producción no es meramente producción de mercancías. Es un proceso que absorbe trabajo
impago, que torna a los medios de producción en medios para succionar trabajo impago. De
lo que precede resulta que ser trabajo productivo es una determinación de aquel trabajo
que en sí y para sí no tiene absolutamente nada que ver con el contenido determinado del



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trabajo, con su utilidad particular o el valor de uso peculiar en el que se manifiesta. Por
ende un trabajo de idéntico contenido puede ser productivo e improductivo “ (citado por
Bach:2005:106)
Ambas citas de Marx nos permiten reflexionar sobre esta definición del trabajador del
sector servicios. Entonces si el trabajo productivo (relación de explotación) no tiene que ver
con el bien que produce (material o inmaterial), sino con la característica de ser el lugar
donde se valoriza el capital (hay apropiación de plusvalía) por más que se haya extendido
el sector “servicios” en la actualidad, no ha desaparecido el hecho de que el capital hoy al
igual que en la época de Marx se valoriza sobre la base de la explotación del trabajador/ra.
En términos de Bach la definición de trabajo productivo está asociada a la producción de
plusvalía independientemente de la cualidad o de la forma) en la que ese trabajo se
exprese.
Tomado también el mismo Capítulo VI Inédito de Marx, Antunes señala que trabajo
productivo es, aquel subsumido realmente al capital, que participa directamente del
proceso de valorización de este mismo capital.
Y eso si lo profundizamos nos lleva a las conclusiones que destaca el trabajo de Bach, ya
que si bien el trabajo de servicios tiene características distintivas –la imposibilidad de
separar el momento de la producción del momento de la circulación- también encuentra
grandes dificultades para separar al trabajador del producto de su trabajo.
Por lo tanto se produce una paradoja: el sector “servicios” demuestra que la producción
capitalista de conjunto se vuelve cada vez más social, ya que toda la producción capitalista
actual esta íntimamente ligada a la circulación, siendo ella misma una “mercancía” central.
Entonces la paralización de la producción es paralización de la circulación, y viceversa, una
paralización de la circulación implicaría una paralización de la producción, mostrando una
cada vez mayor interdependencia de ambos sectores.
Esto significa que lejos de una perdida de centralidad del trabajo y el trabajador/ra, la
interdependencia íntima de cada sector, muestra la centralidad del trabajo, que es de
conjunto explotado independientemente de si es productivo o improdutivo, como partes aun
más interrelacionadas que en anteriores etapas del capitalismo. Como reflexiona Bach, esta
mayor socialización del trabajo afecta, temporal y territorialmente (esfera del transporte o
de las comunicaciones) a toda la producción capitalista.



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La precarización laboral
Claro entonces se puede argumentar que visto lo antes dicho, la valorización del capital se
produce aun hoy explotando trabajo humano, independiente de que este se encuentre en el
sector “productivo” o “improductivo”, el trabajo sigue siendo central, e incluso cada rama
de la economía es más interdependiente aun de las otra.
Pero está la cuestión de que ese trabajo es precario y flexible, lo que hace que roten los
trabajadores/ras cada vez más. Como dice Antunes, esto significa que la clase trabajadora
actual, está cada vez más explotada y más fragmentada y resulta más heterogénea y
diversificada también en lo que se refiere a su actividad productiva.
E incluso más: “se trata de trabajadores que carecen de derechos y que realizan un trabajo
despojado de todo sentido, en conformidad con el carácter destructivo del capital, según el
cual las relaciones metabólicas bajo su control degradan no sólo la naturaleza, llevando el
mundo al borde de la catástrofe ambiental, sino que además reducen a condiciones de
extrema precariedad a la fuerza humana de trabajo, desempleándola, subempleándola, o
intensificando sus niveles de explotación.(Antunes, 2000:5)
La otra cara de este fenómeno es la relación entre el “trabajo vivo” y el “trabajo muerto”.El
reemplazo del “trabajo vivo” por nuevas tecnologías que permiten el avance del “trabajo
muerto”-en términos de Marx- es justamente el avance de la precarización laboral.
Esta nueva “morfología del trabajo”; amplía también para el capital las formas y
mecanismos de generación de valor al “apropiarse” de la dimensión cognitiva del trabajo
(su dimensión intelectual), aumentando de esta manera las formas de control y de
subordinación de los sujetos del trabajo
“En su mutación, el capital -con el fin de obtener cada vez mayor ganancia- aumenta la
explotación del trabajo vivo, al mismo tiempo que revoluciona permanentemente los
medios de producción con vistas a hacer más productiva a la fuerza de trabajo. Más
explotación, mayor jornada; más extorsión del trabajo, mayor "trabajo muerto". El trabajo
no pierde su centralidad, pero esta centralidad está en función de la necesidad de
realización y reproducción del capital” (Collado, 2005)
Aquí se da una relación “paradojal” como mostraba Lechner respecto al Estado (éste debe
hacerse fuerte para audebilitarse en pos de los privados y garantizarles el funcionamiento



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del mercado), es decir que el capital para valorizarse debe avanzar por sobre el trabajo para
sacar aun más plusvalía de él, depende de él para valorizarse, y en esa apropiación de
mayor plusvalía tiende a fragmentarlo y desconfigurarlo para obtener de él cada vez más
valor.
Antunes da cuenta de esta contradicción al señalar que a pesar de la “monumental
reestructuración productiva” y las transformaciones tecnológicas de las que dimos cuenta
más arriba, “La expansión ilimitada de esa lógica microcósmica a la totalidad de las
empresas a escala mundial, termina por generar una monumental sociedad de descartables,
dado que la lógica de la reestructuración y de la productividad, conducida por el ideario y la
pragmática del capital, acarrea la creciente reducción del trabajo vivo y su sustitución por el
trabajo muerto, para usar los términos de Marx….(Pero aun así) el capital no puede
eliminar completamente el trabajo vivo del proceso de las mercancías. Puede incrementar al
máximo el trabajo muerto corporizado en la maquinaria tecno-científica, aumentando de
ese modo la productividad del trabajo a fin de intensificar las formas de extracción del
plustrabajo en tiempo cada vez mas breves, dado que tiempo y espacio se transformaron en
esta fase de los capitales globales y destructivos. Una nueva modalidad de la forma del
valor aparece para mostrar los límites y equívocos de aquellos que habían decretado el fin
de la teoría del valor-trabajo.” (Antunes, 2006:2)


Los excluidos
Pero está también la cuestión de excluidos, es decir que junto a extenderse el sector
servicios, a fragmentarse y precarizarse la mano de obra, además hay un ejercito de lo que
hoy se llama “excluidos” que son los que están fuera del trabajo, el no-trabajo, para quienes
éste se ha convertido en casi una utopía. Y estar fuera del trabajo es estar fuera de los
bienes que brinda la sociedad de consumo, y de acceder a cuestiones básicas como salud,
educación o vivienda.
Así “su desarraigo se expresa …a través de explosiones esporádicas contra los espejismos
del consumo, símbolos simultáneamente de sus aspiraciones frustradas y de las jerarquías
de valores reinante. Esta revuelta echa raíces en lo más profundo de la relación de
explotación, que hace de tiempo de trabajo social la medida de toda riqueza y expulsa
periódicamente a los(as) “perdores(as)” (Bensaid, 2003:246)



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La cuestión entonces de la perdida de centralidad del trabajo se plantea también desde este
punto de vista: la masa de excluidos tiende a ser cada vez más amplia haciendo precaria la
vida de cada uno. Es cada vez más frágil la línea que separa el estar “incluido” del estar
“excluido”. ¿Es entonces el excluido central hoy más que el trabajo?
Para Bensaid (2003) la cuestión de los excluidos no suplanta la explotación, para el autor la
exclusión es “su consecuencia y su reverso”; y al estar efectivamente fuera del proceso
productivo, los priva de una posible reapropiación de los medios y finalidades de la
producción.
En la misma lógica se puede señalar que el rol de los excluidos desde el punto de vista del
capital es presionar a la baja los salarios y condiciones de trabajo de los “incluidos” (en
tanto tiene trabajo). Aunque no directamente explotados, y fuera de la producción, son
parte de la valorización del capital, en tanto la exclusión se conforma como una
herramienta que permite la fuga del capital-mercancía hacia el capital-dinero, y funciona
como resguardo del propio capital en crisis. (Collado, 2005)
Lleno aún mas lejos, la autora señala que es necesario contener a los excluidos bajo la
categoría general y abstracta de trabajo –a diferencia de las corrientes predominantes en el
mundo académico que ponen al excluido casi como opuesta y por fuera del trabajo- ya que
“no solo se constituyen como trabajadores en cuanto necesitan vender(se) como
mercancías, sino en tanto la imposibilidad de ‘venta’ de la misma proporciona al capital la
‘ventaja’ de detener la crisis (momentáneamente), bajo la forma de valorización financiera,
cuya materialidad, por otra parte, se asienta en la mayor productividad del trabajo presente
y pasado expropiado por el capital.”


3.-Entonces: ¿como pensar la relación sociedad civil y trabajo en la actualidad? Sobre
los usos actuales del concepto “sociedad civil”
Como parece ser la tónica en varios de los autores/ras que trabajan el tema de la sociedad
civil (aunque no en todos) pareciera siempre partirse de una “sospecha” o desconfianza
sobre este concepto que –sin pretensiones de ser original- todos definen como ambiguo,
polisémico, demasiado amplio e indeterminado.
El concepto el de sociedad civil despierta la sospecha de ser usado para definir muchas
cosas muy diferentes, lo que implica entonces tener necesariamente que desarrollar este



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trabajo en base a “los usos” del concepto sociedad civil, que en su divergencia señalan que
efectivamente es un concepto poco “liviano”y nada de neutro.
Por otro lado su relación con el concepto de clase –caído en desgracia tras la caída de los
“socialismos reales” y la fragmentación y transformación del trabajo en el neoliberalismo-
plantea la necesidad de observar y reflexionar sobre la relaciones sociedad civil-clase social
(trabajo explotado) y cómo pensarla en la actualidad.


Los Usos del concepto Sociedad civil
En primer lugar toda mención al término sociedad civil nos remite automáticamente a
Gramsci, pero cuando uno analiza el concepto desarrollado pro Gramsci éste resulta
bastante diferente a muchos de los usos actuales del concepto, a pesar de partir de este
autor como fundamento.
Así y en primer lugar tomando el comentario de Ancada (2000) este “retorno” a la idea de
sociedad civil está vinculado a los procesos y cambios producidos en el mundo a fines de
los 70 (es decir, justamente todo lo que descritos más arriba), y es por tanto un concepto
“forjado en la contienda política”.
Olvera (1999:15) destaca el carácter “polivalente” del término debido a un verdadero
“abuso” del concepto, perdiendo así relevancia simbólica y consistencia analítica. No deja
de ser sugerente la idea señalada por el autor de que el uso actual de “sociedad civil”, viene
a reemplazar (a ser un sustituto dice Olvera) de lo que antes se llamaba “pueblo”. Y en esta
operación de sustitución es explicable precisamente por el contexto histórico en que se da:
la derrota del “movimiento obrero” en los 70 tras las dictaduras militares; la imposición de
los planes neoliberales. Olvera señala esta paradoja: la emergencia del concepto “sociedad
civil” precisamente tras la derrota de los movimientos sociales “populares” de los 70 y 80,
perdiendo su antigua centralidad. Para el autor es la emergencia de nuevas identidades y
actores la que da base a la reemergencia del concepto sociedad civil.
Dentro de los usos actuales del concepto “sociedad civil”12 podemos hacer referencia a:


12
   Viveros (1998:164) señala mas extensamente los siguientes usos actuales: el grado o nivel de sociabilidad
voluntaria secundaria existente en la sociedad; la vida corporativa y los intereses corporativos existente en la
sociedad ; nuevas formas u opciones de participación en diferentes esferas de la sociedad contribuye a su
democratización; desarrollote más de una o más clases; conjunto de organizaciones económicas populares
alternativas al sistema capitalista y con potencial de trasformación de las relaciones sociales; conjunto de
organizaciones y movimientos sociales y populares por oposición a la tradicional de los partidos; el mundo


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- Sociedad civil relacionado antiautoritarismo. Este se relaciona con al recuperación del
concepto a partir de las luchas antiautoritarias en Europa del Este (contra regímenes
autoritarios de tipo soviético); contra las dictaduras del Cono Sur y la lucha por mayor
democratización en los países centrales (Olvera:1999:27)
-Sociedad civil asociado al campo de las organizaciones no gubernamental y de grupos
ciudadanos que luchan o por más democracia, o por profundizar “los derechos ciudadanos”,
o contra los abusos de las empresas y el Estado.13
-Sociedad civil vinculada a nuevos movimientos sociales (feminista, ecologista, pacifista,
jóvenes) que buscar nuevas forma de democratización dentro de la misma sociedad ya
democrática (países centrales en sus inicios).
- Sociedad civil homogenizando “lo que de suyo es diverso”-la sociedad misma-, entonces
sociedad civil se concebiría como un “entre colectivo y de carácter popular, como un
macrosujeto” (Olvera, 1999:14).
-Sociedad civil como todo grupo organizado de personas o la ciudadanía en general
(Olvera, 1999:15)
Pero también como señala Lechner, frente al avance del neoliberalismo y la desintegración
social que éste genera, el uso de sociedad civil actual se puede vincular también a la
defensa de la comunidad frente a la desintegración; con el peligro de que nuestras
sociedades actuales están pensionadas por el individualismo y privatización de la vida (que
sería el ámbito de la sociedad civil).
Lo que cambia en esta concepción es la visión de la relación Estado y política; donde la
acción política pasa a la esfera de la sociedad misma, mientras el Estado ya no es visto
como “eje de toda acción modernizante” buscando la sociedad más bien acotarlo y
controlarlo.
Olvera (1999:16) destaca que esto implica una nueva autopercepción de la sociedad que
“dirige el sentido de su acción colectiva” desde los principios de autonomía y




de las instancias descentralizadas de decisión, participación y control por oposición de los órganos
centralizados de poder; en general, toda referencia genérica a “lo social”, como ámbito de resistencia frente a
los procesos o intentos de penetración e intervención del estado en cualquiera de su manifestaciones.
13
   Acertadamente Olivera señala que esta acotación del concepto de “sociedad civil” a estos nuevos actores,
muestran la centralidad que han adquirido actualmente tras el “retiro” del Estado de sectores importantes de la
esfera pública.


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autolimitación. Lo que implica asumir su pluralidad interna y la igualdad con los otros;
siendo la extensión de los derechos de ciudadanía el eje de la “convivencia colectiva”.
Y he aquí la clave que me interesa destacar para poner en relación con la primer parte de
este trabajo respecto a los usos actuales del “sociedad civil”: ya no se trata de que un actor
social convierta a otro en una sola causa o programa (Olvera:1999:16), ni de anular al
Estado o de hacer desaparecer la institución del mercado. Su programa- nos dice el autor-
apunta en “acotar” el poder del Estado y el mercado. Así la recuperación del concepto
sociedad civil desde la vertiente post-marxista o de los teóricos de la transición, es una
recuperación “posrevolucionaria” ya que no plantean la perspectiva de la toma del poder
del estado o la anulación del mercado.
“Esta doble vertiente de las teorías de la sociedad civil se funda en al idea de que existe una
tercera esfera de la sociedad, además del mercado y el estado, en la cual puede fincarse la
democracia a través de una libre asociación y sobre la base sociológica de la interacción
social” (Olvera, 1999:20) Esta democratización consistiría entonces en el fortalecimiento
de la organización de los actores sociales y el control progresivo del Estado y el mercado
por parte de la sociedad.14
Entonces cuando retomamos la discusión desde los vínculos o relación entre trabajo o clase
social (en el sentido de la reconfiguración del trabajo y la clase actual) y sociedad civil; la
cuestión puede problematizarse de la siguiente manera:
Como analizamos en el capítulo anterior, la desaparición del obrero fondista a partir de
fines de los 70, la pérdida de centralidad de la industria reduciendo los trabajadores de ese
sector; la diferenciación creciente el mercado de trabajo produjo una enorme
heterogeneidad productiva, con diversificación de categorías ocupacionales y empleo
precario, informal y por cuenta propia, junto a el subempleo y desempleo crónico (Viveros,
1998:194-195).
Entonces frente a estas transformaciones estructurales de las relaciones laborales -
metamorfosis o reconfiguración del trabajo- se “problematiza” la existencia de un actor
colectivo único dotado de percepciones, intereses y demandas comunes. “En su lugar,


14
  Así la sociedad civil tendría dos componentes principales: por un lado el conjunto de las instituciones que
definen y defienden los derechos individuales políticos y sociales de los ciudadanos, planteándose entre otras
cosas la defensa frente a la acción del mercado y el Estado. Por otra los movimientos sociales que plantean
nuevos valores y demandas relacionadas a los beneficios del estado de bienestar.


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emergen sujetos plurales y fragmentarios que poseen múltiples identidades” (Viveros,
1998:195). La proliferación de estos “nuevos sujetos sociales” es también resultado de las
luchas de esos mismos sectores por ser reconocidos como sujetos específicos de derechos.
“Lo social, antes disciplinado por la acción homogénea de la clase trabajadora ante el
capital, no deja de existir, pero experimenta una “explosión”, se encuentra fragmentado y
segmentado por una multiplicidad de intereses diversos, unido por solidaridades acotadas,
particulares y localizadas”(Viveros, 1998:195)
El autor señala la paradoja (otra más) de que la incapacidad del modelo económico
neoliberal de combinar crecimiento económico con redistribución social de la riqueza, ha
estimulado el ascenso de la sociedad civil.
Pero, si en términos de Viveros (1998:166) el denominador común de la sociedad civil es
ser todo lo que no es Estado; la sociedad civil participa de las dimensiones públicas y
privadas; incluyendo entonces al mundo de los agentes económicos en el mercado y
quienes buscan su utilidad particular así como a aquellas organizaciones que buscan
finalidades supraindividuales y no económicas. 15
Es decir la relación entre sociedad civil y mercado es difusa. Lechner (1997) hace una
discusión interesante respecto a la sociedad civil hoy, otra paradoja relacionada con que la
demanda por hacer crecer la sociedad civil, se levanta en nombre de la “ciudadanización”
de la política –convertirla en cercana al “ciudadano”- no siendo éste lugar el Estado; pero
entonces el ámbito de la sociedad civil es un ámbito considerado normalmente como no-
político. En América Latina se conjugan dos variantes de sociedad civil, una en
contraposición al Estado y otra la sociedad civil en referencia a la sociedad de mercado.
Para Lechner la crítica al autoritarismo estatal, plantea una demanda de democratización,
“pero me parece problemático trasladar esa solución a la sociedad civil. En la demanda
confluyen dos tendencias opuestas. Por una parte, el redescubrimiento de la “sociedad
burguesa” se nutre del antiestatismo neoliberal… En este caso, el fortalecimiento de la
15
   Incluso resulta muy realista y cuestionadora la visión de que “en la “sociedad civil” anida también la
crueldad, la violencia, la intolerancia, la explotación de unos hombres por otros, el racismo, las desigualdades,
las opresiones y coacciones cotidianas y más o menos ‘anónimas’, etc. Además, las instituciones de la
sociedad civil tienen asimismo un cometido ideológico, adoctrinador, generador de “sentido común” -ahora
llamado “cultura social”- como vulgarización/interiorización de esa ‘ideología dominante’ que se cifra
precisamente en el democratismo. Es significativo el silencio de los “teóricos de la sociedad civil” ante este
aspecto, omisión basada en el olvido estratégico de la perspectiva gramsciana” García Olivo. P. (2006). El
mito de la “sociedad civil” . Publicado en sitio La Haine http://lahaine.org/index.php?p=16496



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sociedad civil remite al mercado como principio de un orden auto-organziado…La
saludable toma de conciencia ciudadana se revela como un obstáculo a la democratización
cuando defiende de modo ingenuo…al individuo; fácilmente el elogio del ciudadano
abstracto desemboca en la apología del libre mercado” (Lechner,1997:45).
Para el autor el fortalecimiento de la sociedad civil en esta última concepcion no significa
otra cosa que el fortalecimiento de la sociedad de mercado, ya que la libertad del
“ciudadano” se funda en la libertad de mercado. Así se despolitiza la vida social ya que la
idea de “sociedad ciudadana” corresponde a la sociedad de mercado concebida como un
orden social autorregulado.
Olvera (1998:39) lo plantea desde el siguiente cuestionamiento: las corrientes que sostienen
esta noción han dejado atrás la alternativa “reforma o revolución”; donde el eje pasa a ser
una reforma radical, a partir de la reforma de la cultura de la propia sociedad. Una
revolución “autolimitante”; así se produce una antinomia generada a partir de que no está
clara la relación entre sociedad civil y mercado.
En otras palabras esta emergencia de nuevos actores sociales, nuevas”arenas de lucha”, la
no búsqueda de tomar el control del Estado implica asumir la imposibilidad de cambiar “la
lógica del sistema económico” .
Atilio Borón (2000) tomando la argumentación de Ellen Meikins Wood, señala que el
capitalismo (neoliberalismo) puede admitir y promover el “fortalecimiento de la sociedad
civil” y las expresiones de “diferencias” (pluralismo); pero hay una desigualdad que es un
tabú intocable y que no se puede atacar: la desigualdad de clases. Es decir, el capitalismo
podría llegar admitir una absoluta igualdad social en materia de raza, lengua, religión o
género, pero no puede hacer lo mismo con las clases sociales. La igualdad de clases
significaría el fin de la sociedad de clases. Borón señala que en nuestras sociedades
capitalistas, la desigualdad de clase tiene un predominio indiscutible sobre cualquier otra
desigualdad.
Como dice Meikins Wood (2000:281) la concepción de Gramsci de “sociedad civil” tenía
por objeto construir un “arma” contra el capitalismo, no una adaptación a este, ya que el
uso actual del concepto ha perdido su cara intención anticapitalista. Así la
reconceptualización actual de “sociedad civil” tiene el efecto de desconceptualizar el
problema del capitalismo, al dividir la sociedad en fragmentos, sin una estructura de poder



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que lo abarque todo, sin coerciones sistémicas “en otras palabras, sin un sistema
capitalista”.
Para la autora la estrategia de disolver el capitalismo en una pluralidad “sin estructuración
e indiferenciada de instituciones y relaciones sociales no puede sino debilitar la fuerza…de
la “sociedad civil”…Las teorías actuales bloquean el sentido distintivo de “sociedad civil”
como una forma social específica del capitalismo” (Meikins Wood, 2000:287)
Así el empleo de la noción "sociedad civil" tiene la tendencia de esconder las diferencias
dentro de la sociedad realmente existente: desaparecen las clases sociales, los grupos de
poder económico, los monopolios, el capital transnacional y aparecen "actores" que en
principio tienen iguales derechos y oportunidades de participar en el juego político.
(Meschkat, 1999). De esta manera el uso mayoritario de sociedad civil hoy se ha
emancipado de sus orígenes en un mundo de luchas sociales entrando –en palabras del
autor-en el mundo de los ejercicios intelectuales sobre procesos políticos supuestamente
separados de los procesos de producción y distribución. En este sentido el uso actual
mayoritario del termino "sociedad civil" tiene una fuerte tendencia de fortalecer la
ideología dominante.


Conclusiones
En primer lugar, lejos de la disminución de la relevancia del valor-trabajo, lo que hay es
una alteración cualitativa y ampliación de las formas y mecanismos de extracción de
trabajo. Logrando el capital a partir de su transformación neoliberal, ampliar mundialmente
las esferas del trabajo asalariado y de la explotación del trabajo según las diversas
modalidades de precarización, subempleo, trabajo part time, etc. Es decir no ha perdido el
trabajo su centralidad, sino que en su reconfiguración está por el contrario la base de la
valoración del capital actualmente.
Entonces ¿porque los usos actuales de sociedad civil tienden a apoyarse en este aspecto
para señalar la reconfiguración del sujeto social guardando silencio sobre la cuestión de la
explotación de clase hoy y su relación con el mercado?
Resulta extraño que frente a este tremendo salto del rol del mercado como articulador de
las relaciones sociales –subordinando e instrumentalizando al Estado-, así como invadiendo
todos los aspectos de la vida social destruyendo las relaciones sociales y volviendo cada



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vez más insegura la vida misma, el concepto sociedad civil pareciera ignorar este tremendo
salto en la explotación del trabajo.
Por el contrario, es evidente que es necesario pensar la sociedad civil hoy en función de
esta reconfiguración del trabajo en tanto se hace éste -tanto el con-trabajo, como el sub-
trabajo y el no trabajo- son globalmente parte de la valorización del capital, y por ende esta
es una cuestión constitutiva de las relaciones sociales actuales. Por otro lado no es posible
hoy pensar solo en un control o limitación del mercado cuando lo que está en juego es la
subsistencia misma de la vida social en tanto humana. Pareciera ser que aquel “viejo”
concepto de “alienación” de Marx, se hace visible hoy más que nunca. Por lo tanto pensar
la sociedad civil sólo como a la vera del camino del mercado, sin articular estas nuevas
formas de trabajo con la necesidad de cuestionar profundamente estas relaciones sociales
resulta demasiado mínima y tranquilizadora.
Resulta mucho más realista la visión de Antunes (2006) de que esta reestructuración del
trabajo -sin negar y asumiendo la complejidad de las relaciones laborales actuales- aun
constituye y contiene elementos de centralidad, y “lazos de sociabilidad”, a pesar de estar
dominado por el “extrañamiento y alienación”. Esto abre la posibilidad de replantearse en
términos actuales el cambio social sin invisibilizar la cuestión de la clase social explotada.


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