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IGLESIA DE LA SANGRE

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					IGLESIA DE LA SANGRE.

Cuando Jaime I creó el reino cristiano de Valencia, los problemas a los que tuvo que
hacer cara son evidentes. Uno de los más inmediatos y urgentes fue establecer los
criterios que tenían que regir las relaciones del estado y la iglesia con el arte. En primer
lugar, la nueva organización política y religiosa requería una serie de edificios de
características diferentes. Los pobladores cristianos que comienzan a colonizar las
tierras acabadas de conquistar, no encuentran allí una tradición constructiva religiosa
útil para sus necesidades. Los templos legados por la población musulmana no solo
eran detestables desde el punto de vista espiritual porque contradecían convicciones
cristianas fundamentales, sino que también se adaptaban mal a las necesidades del
nuevo culto. Los responsables políticos y religiosos se vieron en la necesidad de
importar modelos conocidos desde el lugar de origen de los conquistadores.




Las nuevas iglesias tienen un origen común con el último románico de Lleida y con las
adaptaciones de la orden del Cister realizadas en el siglo XIII por dominicanos y
franciscanos. En las constituciones de estas órdenes se recordaba repetidamente que
las iglesias no podían ser cubiertas con bóvedas de piedra, o en todo caso se cubriría
solo de esta manera el ábside. Esta normativa provoca la adopción de un sistema de
cubiertas mucho más sencillo, fácil de construir, económico y funcional. Consistía en
sostener una techumbre de madera de dos vertientes mediante una serie de arcos
apuntados que se suceden al largo de la nave y que se han llamado diafragmáticos.
Estos arcos nacen directamente de tierra o bien arrancan de una pequeña imposta. De
esta manera se podían prescindir de los capiteles, que eran difíciles de tallar para un
artesano no instruido.




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 Esta solución ya se había utilizado en los monasterios cistercienses para dependencias
domésticas, como dormitorios y refectorios. Ahora se adaptaba a las necesidades del
culto. Así se mantenía la continuidad de unos sistemas constructivos sencillos y
baratos, adaptándolo a las nuevas necesidades. Cuando este sistema constructivo se
introduce en Valencia, se mantiene a lo largo de todo el siglo XIV, pero no sólo por
imposición religiosa sino por pragmáticas razones de economía y porque su simplicidad
permitía la utilización de mano de obra no especializada. La eficacia utilitaria de esta
tipología explica que, una vez asimilada, se mantenga a veces en la arquitectura
religiosa rural hasta el siglo XVII. Incluso alguna cosa de la preocupación por la
sobriedad y la sencillez introducidas en Valencia con las primeras construcciones
religiosas, perdura todavía en la imagen de villas y pueblos hasta el siglo XX.




El origen de este sistema de producción de espacios cubiertos es intemporal. Su
aparición y persistencia en muy diversas arquitecturas vernáculas así lo indica. No
obstante, el área de dispersión del sistema se ciñe, casi exclusivamente, a los países
ribereños del Mediterráneo. Estos territorios tienen un bosque débil, pobre, de poca
altura y en regresión. El sistema es particularmente adecuado para esta zona en la que
la buena madera se ha reservado tradicionalmente para construir barcos.
La arquitectura romana utilizó en ocasiones el sistema de arcos de diafragma. Existe de
ello amplia constancia arqueológica. El sistema no desapareció de la cultura popular ya
que se siguió utilizando en la construcción de viviendas en el Mediterráneo Oriental.
Todavía hoy pueden encontrarse numerosos ejemplos fosilizados en Rodas y Creta. A
finales del siglo XII el sistema reapareció en la arquitectura culta, utilizado con pleno
sentido estructural, en los monasterios cistercienses del occidente mediterráneo. Al
comienzo su empleo se limitó a la construcción de algunas dependencias de estos


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monasterios. El sistema de arcos de diafragma conocería, a lo largo de la Edad Media,
una notable fortuna. El sistema se utilizó, indistintamente, para la construcción de
edificios de uso industrial, civil o religioso. La construcción de iglesias con arcos de
diafragma y techumbre leñosa está documentada desde mediados del siglo XIII1


En la ciudad de Valencia, no se conserva este tipo de iglesia, a causa de posteriores
mejoras y ampliaciones. Pero podemos conocerlo por iglesias conservadas fuera de la
ciudad como esta que nos ocupa, la iglesia de La Sangre de Llíria2.




Es un Monumento nacional. Edificio gótico primitivo construido entre 1236 y 1238;
como hemos dicho, consta de una sola nave de forma rectangular de seis tramos de
amplitud con arcos diafragmáticos y techumbre pintada. Entre los apoyos de estos
arcos y su prolongación en contrafuertes existen capillas laterales. Coro sobre la
entrada, a los pies de la nave; torre en el ángulo posterior izquierdo, de dos cuerpos.




La portada del templo es de tradición románica; está construida por cuatro arquivoltas
baquetonadas cuyo perfil es de medio punto. Los apoyos son tres pares de columnillas
de fustes muy finos y capiteles de decoración más gótica que románica. El diseño de
todos estos portales manifiesta una tardía difusión de cierta tradición románica a las
tierras del nuevo reino. Coincidiendo con los primeros tiempos, segunda mitad del
siglo XIII, se dan algunas muestras muy puntuales de una arquitectura de tradición
románica catalana. La presencia de artesanos y obradores catalanes y la iniciativa
constructiva de templos y hospitales en el nuevo reino, explican la llegada de esta
tradición.
Este tipo de tradición románica, que muere con estos ejemplos, dejará una brecha
residual en muchas puertas de iglesias, hasta llegar a conformar un modelo típico,
favorecido sin duda por la sencillez de construcción y por la escasa obra de piedra
necesaria, en un momento en que la mano de obra especializada era limitada y era
difícil encontrar buenos picapedreros. Y si relacionamos estilísticamente los primeros

1
    ZARAGOZÁ CATALÁN, Arturo. Jaime I (1208-2008). Arquitectura año cero, 2008. Pág. 14-15
2
    GRACIA, Carmen. Història de l’art valencià, Edicions Alfons el Magnànim, 1998. Pág. 30-33

                                                     3
edificios, conformando aquello que la historiografía a menudo ha llamado modelo de
reconquista, también lo hemos de hacer con las puertas.
Nos encontramos, delante de un edificio que inicialmente fue proyectado y construido
con solo una puerta de acceso. Situación por otro lado, bien normal en las iglesias de
este modelo.
Si aceptamos la teoría que la obra de las iglesias góticas comenzaba por la cabecera en
adelante, por la necesidad y la urgencia de sacralizar rápidamente la construcción,
parece estar justificada y explicada la ubicación de la puerta al lateral; esto permitía
que mientras las obras avanzaban hacia el pie, el espacio ya construido se hiciera servir
para celebrar. Las puertas al lateral permitían también que, en combinación con la
estructura de arcos de diafragma, en un futuro el edificio pudiera crecer con el marco
de nuevas crujías.
Si el portal gótico a los pies del templo ha sido uno de los rasgos más característicos de
la iglesia de Llíria, sin duda, el entramado de madera y sobretodo la policromía que
presenta ha sido uno de los elementos definitorios y ha servido para que muchas veces
la iglesia tenga mención en la bibliografía como uno de los ejemplos típicos de la
arquitectura de arcos de diafragma3.
Sin duda, uno de los capítulos más desconocidos e interesantes de la arquitectura
medieval valenciana, que comienza con la conquista cristiana, es el de los techos de
madera pintados. Aunque la noticia de la existencia de estas piezas es antigua, sólo
muy recientemente ha podido conocerse su auténtico valor. Se han realizado una serie
ininterrumpida de restauraciones, realizadas casi siempre por la Generalitat
Valenciana, entre las que citamos esta que nos ocupa.




El hecho de que a la construcción de estos templos se incorporan alarifes musulmanes
lo manifiesta patentamente el intradós de su cubierta, tan afín de otro lado, desde el
punto de vista iconográfico, a la cerámica bicolor de Paterna. Así, podemos ver el
esquematismo figurativo con que aparecen trazadas imágenes aisladas o formando
grupos, de acuerdo, a veces, con modelos extraídos del mundo de la fábula oriental;
con un mismo gusto por un cromatismo sensual y rotundo, similar al empleado en
tejidos árabes y sasánidas, que subraya el evidente substrato islamizante de esa
3
 LLIBRER ESCRIG, Josep Antoni. El finestral gòtic. L’ església i el poble de Llíria als segles medievals.
Ajuntament de Llíria, 2003. Pág. 341

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decoración, una prueba más de la tolerancia que presidió durante las décadas
siguientes a la Reconquista de las tierras valencianas la natural convivencia entre
cristianos, musulmanes y judíos, a quienes corresponden señaladas aportaciones en el
campo de la orfebrería y del esmalte, del mismo modo que a artesanos musulmanes
cabe atribuir una especialización en trabajos de carpintería, yesería y cerámica.
La techumbre de la iglesia de la Sangre de Llíria es, en cualquier caso, uno de los
conjuntos iconográficos y decorativos más importantes de la Baja Edad Media, por
ofrecerse en él toda una compleja y a veces no poco enigmática cosmovisión del
mundo medieval coetáneo4.
Con la reconquista de nuestras tierras por Jaime I de Aragón, aparece unido a la
arquitectura gótica este movimiento artístico llamado “mudéjar”, que le acompañará
para dejar huellas de su paso en la mitad norte del recién creado Reino de Valencia y
un foco al sur, en Játiva.
En carpintería el fermento mudéjar es notabilísimo, apreciándose restos de policromía
historiada y decorativa en los maderos de la armadura y en clara conexión con muchos
techos de otras regiones.
Desde el afincamiento en la villa de Llíria de los primeros cristianos viejos tras el
“Repartiment” del rey D. Jaime, 1248-1249, hasta la donación a la cartuja de Porta
Coeli en la figura de Fr. Bernardo HOM DE DEU, su prior, y frailes de la misma orden,
de la Vicaría perpetua de Llíria en 6 de marzo de 1273, transcurrieron veinticuatro o
veinticinco años; durante dicho período debió construirse nuestra iglesia de Santa
María, pues así se denominan todas las iglesias recién construidas.
La cubierta de madera está sobre cinco arcos transversales, distantes 4’42m. La
construcción corresponde al típico intradós angular o, como gráficamente se expresa
en nuestra lengua, de “pastera”.




Se ha intentado estudiar y concretar la fecha de la elaboración y decoración del
artesonado y se ha llegado a la conclusión de que la labor decorativa o trabajo de
policromía debió realizarse antes de la construcción de las capillas. Sobre la
construcción de las mismas, ya que no fueron construidas al mismo tiempo, las noticias

4
 CIVERA MARQUINO, Amadeo. Techumbre gótico-mudéjar en la Iglesia de Santa María o de la Sangre
en Llíria. Ayuntamiento de Llíria, 1989. Pág. 9-10

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más antiguas se remontan al año 1234 en que se funda el Beneficio de Corpus Christi,
que es el primero que detentó capilla.
Una de las causas que más han contribuido al deterioro de tan vistoso artesonado han
sido las continuas desmejoras del tejado, tramos que habían comenzado a ceder,
rompiéndose algunas vigas, dislocándose las tejas y filtrándose el agua, con la
consiguiente destrucción de la policromía.
Repetidas veces la cofradía de la Sangre y la devoción y cariño de particulares
atendieron al reparo de los desperfectos.
Se trata de una estructura resistente, construcción mixta de fábrica y madera.
La cubierta de armadura de madera a dos vertientes o a dos aguas, pues se trata de
una techumbre angular, no es otra cosa sino el doblamiento de un techo plano, que
tuvo un uso muy frecuente en la arquitectura gótica, formando tres planos o paños,
estructura trapezoidal.
La madera se adoptó al gótico por sus numerosas cualidades: economía, rapidez de
ejecución, ligereza, sometimiento a las leyes constructivas de fuerzas y resistencias,
concebidas con una finalidad artística, obtención de una mejor acústica y aislamiento
térmico…, en la que fue preciso adornarla con tallas y dibujos que dulcificasen en parte
su sequedad.
Apoyada sobre cinco arcos diafragmas se origina el apuntamiento de la techumbre y
que forman seis crujías.
En toda la techumbre se observa gran meticulosidad en el trabajo y una precisión de
ajuste realmente admirable.
Está compuesta por grandes vigas, dispuestas en el sentido del eje del templo, bien
trabajadas y empotradas en los arcos de piedra, sobre las cuales descansan
numerosos listones transversales los largueros o parecillos, formando un
encasetonado y unión de amplios tableros que sostienen las tejas. Como los arcos
establecen la trabazón en los muros, no son necesarios los tirantes.
Hemos de señalar que los envigados, además de elementos de cubrimientos
constituyen un soporte ideal para ser decorados pictóricamente. Decorándose a
pincel, esta decoración era encomendada muy frecuentemente a los autores de la
carpintería, casi siempre mudéjares.
La primera impresión es de armonía, aunque predominen ciertos elementos
decorativos.
Se da una mezcla entre los temas de los dominados, motivos claramente musulmanes,
que nada podían decir de su religión: animales, composiciones lineales,
ornamentaciones florales; en cambio, para los dominadores, motivos finamente
estilizados alusivos a la vida cortesana: asuntos caballerescos y religiosos. Temas todos
que sufrirían las alteraciones materiales interpretativas a causa de ser obras realizadas
por gente del pueblo o poco erudita.
La decoración limpiamente mudéjar está realizada sobre las mismas correas que
soportan el tejado, completado por un entablamiento en fondo de artesa. La



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policromía de la techumbre de madera no se diferencia mucho de los techos
considerados en la vecina región de Aragón y Cataluña.
La ornamentación es muy buena, los temas en ella desarrollados son vigas, jácenas,
largueros y plafones se llenan de entrelazados geométricos, estrellas, flores, fauna
estilizada, escudos y figuras. Figuras femeninas de cortesanas, sirenas o juglaresas,
realizadas por artistas mudéjares habituados a formas y conceptos no cristianos o
quizás por cristianos de poca erudición que ampliaron las labores de los miniaturistas.
El policromado ostentaba una profusa variedad de dibujos o motivos de estilo mudéjar
y gótico; brillantez en el color y muy variados, predominando los colores dorado
“aureum-rojo”, rojo, azul, blanco, negro y amarillo; todos ellos brillantemente
armonizados, pero dominando el bermellón.
La vistosidad de esta cubierta se acentúa por el uso del dorado, motivos esculpidos e
intercalación de escudos “firma” del cliente. Lo que indica que posiblemente se
recurriese a un maestro pintor reconocido y no a un simple artesano local, para una
mayor calidad artística.
Con el siglo XIII se llega al dominio de Valencia por los cristianos, con su vida cortesana,
sin freno en su desbordamiento licencioso, de publicidad tan escandalosa, que el
comentario crítico y burlón llega hasta los artistas que trazan los originales, para ser
plasmados en los frisos de la decoración de techumbres y artesonados y más tarde
serían copiados en las piezas cerámicas.
Son años en los que adquieren enorme difusión dos de los varios instintos del hombre,
refrenados por los mandamientos religiosos: la usurpación de bienes y la lujuria.
Virtudes y vicios, que fueron los asuntos preferidos en las representaciones de orden
moral. Estos temas, más o menos transformados debido a errores de interpretación,
entraron en Valencia y allí, en manos de los musulmanes, fueron plasmados dichos
asuntos.
De las representaciones simbólicas, el tipo preferido para la lujuria fue la sirena en el
románico y la cortesana en el gótico, siendo la corona uno de sus atributos.
La usurpación de bienes se admira, como glorificación de la ley del más fuerte, con la
figura del jinete pertrechado de todas las armas; la lujuria regocija los sentidos,
presentando las escenas sin tener en cuenta el carácter del edificio ya sea religioso o
civil.


Tanto el viguerío, entrecalles como el entablillado, tienen interesantes labores de talla
y policromado; los escasos frisos permiten ver escenas de reinas coronadas, cortesanas
con escenas atrevidas y sus castigos, jinetes sobre corceles engualdrapados, caballeros
combatiendo, jinete armado con lanza, figuras de reyes, juglares, luchas heroicas con
figuras legendarias; animales fantásticos: grifos, águilas, leones; combinaciones
geométricas y hasta decoraciones florales derivadas de la estilización de la alafia.
El pintor, donde hay más espacio para ello, se entrega a verdaderas composiciones, en
las que juntamente con la tradición musulmana, absorbente en los motivos
ornamentales, se combinan asuntos y estilos venidos de Italia o Francia.


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La temática podemos clasificarla en las siguientes series o temas: geométrica, fauna
exótica, flora o motivos florales de claro orientalismo, heráldica cristiana (escudos
nobiliarios), y figuras humanas; tratando de plasmar sus formas de vida y costumbres,
exponiendo o censurando dichos aspectos.
Todos estos asuntos descansaban preferentemente en las plasmaciones pictóricas.
   1. Geométrica. Los artistas musulmanes sobresalieron en el dominio de la
      geometría, “repetición del mismo tema”. Tendencia que decora las viguillas a
      base de cenefas de motivos vegetales en el techo central, entrelazado o lacería
      de trenza, o en las laterales con yuxtaposición de bandas dentadas (zig-zag)
      dispuestas verticalmente, jugando los colores rojo, blanco y negro.
      La sucesión de puntos espaciados crea otra cenefa llamada de “perlas”,
      utilizándose sobre todo para enmarcar escenas –característica del románico-,
      circunferencias negras sobre fondo blanco. Las perlas van acompañadas de
      líneas paralelas que limitan la cenefa.
      La combinación de motivos geométricos entrecruzados origina nuevas formas:
      la superposición de dos triángulos equiláteros forma una estrella de seis
      puntas, la de dos cuadrados la de ocho puntas. Elipses de distinto tamaño
      unidas en forma de ocho o corazones; rosetas…

   2. Fauna exótica o fantástica. También aquí la variedad es grande y que
      encontramos descrita en los bestiarios medievales contemporáneos de la
      época, siendo el tipo más frecuente el monstruo alado, cuerpo de ave y cola de
      reptil (unión de águila y león), cabeza barbuda o no, orejas sinuosas dirigidas
      hacia atrás, ojos gruesos, en posición rampeante.
      Fauna mitológica: centauros, grifos y dragones.
      Fauna animal: jabalí, perro, pájaro, peces, aves…

   3. Flora o motivos florales de claro orientalismo, ofreciendo mayor variedad:
      árboles y arbustos, hojas de acanto, palmetas, hojas lobuladas, flor de lis típica
      del románico…
   4. Heráldica cristiana. Como motivo heráldico generalizado por todas las vigas y
      frisos de entrecalles, un escudo conteniendo la flor de lis o lirio.
   5. Figuras humanas, temas antropomorfos. Se reducen a mujeres y hombres
      jóvenes, con predominio de las figuras femeninas, ellas como damas de cierta
      alcurnia o status social elevado, ellos como guerreros, juglares y, en una
      pequeña proporción, personajes religiosos.
      Este tipo de representaciones solamente se da en las techumbres más ricas, ya
      que exigen mayor habilidad por parte del artista. Algunos motivos religiosos
      con abundancia de profanos, incluso grotescos y obscenos, haciendo referencia
      a la moral de la época; puramente decorativos, respondiendo a un cambio de
      mentalidad por la aparición de una nueva clase social: la burguesía; tratando de
      plasmar sus formas de vida, costumbres, motivos caballerescos, mundo
      cortesano, juglares; exponiendo o censurando dichos aspectos, aceptándose
      todo ello debido al cambio de mentalidad de la propia Iglesia.
      Estudiándose además determinadas características del ropaje medieval, en
      simbolismos religiosos o en luchas entre guerreros, cacerías, pajes y


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        trovadores, damas…; motivos finamente estilizados, siluetas alargadas y
        expresivas que recuerdan las diminutas y graciosas de los libros de horas,
        sirviendo de complemento o adorno los motivos geométricos y florales así
        como otros adornos múltiples e incorrectos5.

        En el presbiterio de la iglesia, hay un fresco que recubre toda la pared del
        testero con flores como motivo principal, de gusto neoclásico, datado en el
        siglo XIX, e imágenes de Jesús y dos ángeles formando como tres puertas, una
        de las cuales accede a la sacristía. Hay un crucifijo y una imagen de piedra de la
        Divina Pastora, grande.

        La torre de las campanas, colocada al lado izquierdo de la fachada principal,
        corresponde al primitivo tipo de esta clase de fábricas en el reino de Valencia,
        esto es, planta cuadrada, sin adorno ni resalte alguno en sus muros y
        terminadas por arcos de medio punto para la colocación de las campanas,
        coronándola un adarbe, el “arquitrador” valenciano, de carácter defensivo;
        elemento muy en armonía con el servicio que prestaban estas torres,
        verdaderas atalayas para la vigilancia del campo y refugio de los moradores en
        el probable y frecuente caso de un imprevisto ataque de la hueste enemiga.

        Los materiales constructivos corresponden, como los caracteres
        arquitectónicos, a la falta de recursos disponibles por los primitivos pobladores
        de Liria y a una marcada sencillez en todos los elementos de la fábrica. Los
        muros de argamasa, formados por fuerte hormigón de arena y cal, conforme al
        sistema más en uso en la región valenciana, no obstante la abundancia de
        piedra en las cercanías de Liria.

        Los ángulos exteriores están reforzados por sillarejos, empleándose la piedra
        de talla en las pilastras y arcos de la nave, sin adorno alguno de molduras.




5
 CIVERA MARQUINO, Amadeo. Techumbre gótico-mudéjar en la iglesia de Santa Maria o de la Sangre
en Llíria. Ayuntamiento de Lliria 1989, pág. 29-32

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De las doce capillas de que consta la iglesia, la mejor conservada es la primera
de la derecha. Subsiste el antiguo retablo, pintado hacia el año 1390 por un
artista valenciano, y debió ser costeado por la familia que tenía el patronato de
la capilla, como lo justifican dos urnas cinerarias colocadas en los tercios a
ambos muros laterales. El mal estado de los escudos heráldicos que se ven en
estas urnas y en la clave del arco, no permiten señalar la familia a que
pertenecieron, pero, sin duda, fue de las más principales de la villa.

El 29 de septiembre de 1919 la iglesia de la Sangre fue declarada Monumento
Nacional mediante Real Orden y publicada en la Gaceta de Madrid el día 5 de
octubre de ese mismo año, siendo el primer edificio religioso de la Comunidad
Valenciana en recibir tal distinción.
Para tal declaración se tuvieron en cuenta sendos informes emitidos por la Real
Academia de la Historia y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en
los cuales, y aunque sucintamente, se menciona a la Cofradía de la Sangre.
Actualmente la normativa referente a monumentos históricos y artísticos se
halla recogida en la Ley 16/1985, de 25 de junio del Patrimonio Histórico
Español y, más recientemente, en la Ley 4/1998, de la Generalitat Valenciana,
del Patrimonio Cultural Valenciano. Es por ello que la iglesia de la Sangre tiene
la consideración de Bien de interés Cultural dentro de la categoría de
Monumento.

En 1238, el rey D. Jaime I conquistaba la región valenciana, cayendo en su
poder, por lo tanto, la Edeta de los edetanos, Laura de los romanos y Liria de
los árabes. En el repartimento formado por el conquistador consta la donación
hecha al Obispo de Valencia, fray Andrés Albalat, de varias casas, entre cuyos
límites se hallaba la mezquita. Sobre ella se elevó la iglesia de que se trata.
Estaba ya construida en 1273, de cuyo año es la sucesión, que el Obispo hace a
los cartujos de Porta-Coelí, a cambio del sostenimiento de un Vicario. La cita

                                   10
otro documento de 1279, nombrándola “eclesiam ville Lirie”. Y siguió sirviendo
de única parroquia a la población, hasta que en 1627 su crecimiento impuso
elevar otra, lo que se hizo con los favores de la casa señorial de Liria y ducal de
Alba. Desde entonces, perdida su categoría, la iglesia de la Sangre quedó
relegada a segundo término, como domicilio religioso de la Cofradía de la
Sangre, creada a raíz de la reconquista para catequizar moros y judíos.

Como arte, el monumento es un ejemplar extraordinariamente típico de la
arquitectura gótica, con arcaísmos romanos, característica de la región
valenciana.

Resulta de todo lo expuesto que la iglesia de la Sangre en Liria es un
“documento” de la formación de la sociedad valenciana en los años sucesivos a
la Reconquista de D. Jaime I.

Una reforma general experimentó la iglesia de la Sangre hacia la mitad del siglo
XIV. Los espacios entre los pilares interiores de la planta primitiva se
transformaron en capillas cubiertas de bóvedas de aristas, con sus
correspondientes arcos de ingreso. En los muros laterales de estas capillas,
especialmente en las del lado de la Epístola, se abrieron sencillos ojos de buey,
algunos transflorados por ojivas.
A semejanza de otras iglesias del mismo tipo, carece de ábside. La actual
sacristía, adosada a la fachada posterior es un aditamento de época reciente y
destinado al solo objeto que hoy tiene.

Desde el siglo XVII el templo se tuvo en abandono, en que fue relegado a la
categoría de simple iglesia y destinada exclusivamente a los cultos sufragados
por la Cofradía de la Sangre. Hasta que como ya hemos dicho, fue declarada
Monumento Nacional procediéndose así a su conservación.




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