EL MILAGRO DE LAS BOMBAS DEL PILAR DE ZARAGOZA

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					    EL MILAGRO DE LAS BOMBAS DEL PILAR DE ZARAGOZA

    Año: 1936
    Mes: Agosto

     Testimonio de Mariano Hernández San Román, con DNI. 06473481-Q, nacido en el
pueblo de Navalmoral de la Sierra, provincia de Ávila, el 26 de agosto de 1915, hijo de
Julián y Emilia, cuyo matrimonio tuvo tres hijos, Mariano fue el segundo.
     Recién estalla la guerra incivil en 1936, de todos es bien sabido, aparecieron por los
pueblos de la provincia un grupo de adoctrinadores falangistas de la CEDA         de     Gil
Robles, llamados también Japistas. Estos avisados por el secretario del pueblo, Andrés
Alonso, un ultra-fundamentalista. Culpable de la muerte por fusilamiento en el famoso
paseo de las cunetas, de todos aquellos que le caían mal o se habían significado con la
defensa de la República, en este paseo murió el alcalde del pueblo de entonces.
     A la mañana siguiente de la exhibición, se presentaron al apoyo voluntaria, una
veintena de mozos del pueblo, a la hora y lugar convenidos en la capital, Avila, acudieron
a la cita unos cien voluntarios de los pueblos cercanos y como no cabían en el local
improvisaron el mitin en las puertas de la calle, del sindicato del crimen.
     Mariano Hernández y José Alonso, los dos del mismo pueblo, les enviaron a
Zaragoza. Como el frente de Madrid estaba cortado por Guadarrama, tuvieron que ir
dando la vuelta hasta pasar por Miranda de Ebro y llegar a Zaragoza.
     Ya en el cuartel de Intendencia –cree que se llamaba San Jose- y acreditados,
estaban paseando al día siguiente por el patio del cuartel con dirección a la Cantina, por si
podían encontrarse con el grupo de paisanos que les habían dicho. Al pasar enfrente a la
puerta de la armería, les hace una indicación el maestro armero llamado Isais Fernández,
a ver tú Japista, el más pequeño de los dos, dime como te llamas, ¿Sabes leer y escribir?,
le contesta Mariano, si señor; púes vas hacer una cosa, hay enfrente esta la armería,
empujas la puerta, verás una pizarra con tizas, en ella pones tu nombre y los dos apellidos
y esperas, que ya recibirás noticias mías.
     Antes de tocar silencio, apareció el cabo cuartel y en voz alta llama a Mariano
Hernández y le dice, cóje todas tus pertenencias y te vas a la armería que te esta
esperando el maestro. Isaías, le indica cual es la habitación de Mariano, aquí tienes la
cama con sabanas limpias, esta será tu habitación, mientras yo no este tu serás el
responsable ante cualquier oficial que te venga a pedir algo, todo mediante el
correspondiente vale firmado y sellado por el oficial de turno. Mañana te daré las demás
instrucciones restantes como mi ayudante.
     La ciudad había sido tomada por las huestes de Queipo de Llano y sus secuaces. La
aviación golpista lanzaba octavillas a la población para mantener la moral.
     El avión que lanzaba octavillas, practicaba ejercicios de vuelo rasante y se cree que
lanzaba un tipo de pelotas o paquetes de papel. El avión estuvo unos tres días o cuatro
seguidos haciéndolo, como si fueran ejercicios rutinarios. Pasaron otros tres o cuatro días
y el mismo avión ya pintado de la zona republicana, lanza las dos bombas sobre el Pilar
y, que casualidad que van a caer en el patio del templo, incrustándose en el suelo hasta la
mitad.
      Llamaron al cuartel de intendencia al maestro armero y al de artillería también a su
maestro armero, para que juntos inspeccionaran los proyectiles. Se presentaron por
intendencia, Isaías Fernández y su ayudante Mariano Hernández; por el de artillería, el
maestro armero y dos ayudantes (cuyos nombres se desconocen). Los primeros en llegar
fueron los de intendencia que tuvieron que esperar hasta juntarse los cinco, una vez
dispuesto ha examinar y ver el porque no habían podido explotar. Isaías es el primero en
observar y decir: como iban a explotar si les falta la espoleta. Observadas por los dos
maestros, se retiran y le dice al de artillería, avisa a los tuyos a que vengan a retirarlas.
Tardaron un tiempo en ponerlas decentes y colocarlas en el Pilar en la capilla de la
virgen, donde han estado hasta hace unos años que las han sacado fuera y colocadas en la
pared del pabellón principal de la basílica. (Hoy, los guías de turismo que enseñan y
explican a los visitantes, comienzan a poner las correspondientes dudas sobre la
veracidad del milagro).
      El milagro ya estaba hecho, radiado y por los altavoces militares se lo hicieron saber
a la población, dándoles la nueva buena de la virgen que con su manto desvío las bombas.
      Hasta aquí el testimonio de Mariano Hernández, a sus 94 años, está lucido y se
acuerda prácticamente de todo, puede dar fe de ello.

     NOTA ACLARATORIA:
      Me llamo Arsenio Sopeña Martín con DNI. 51306292-P, mi teléfono es el 91 681
70 73, pertenezco a la agrupación socialista de Getafe, con Pedro Castro, y mi número de
carnet del partido es, 28-065-0503.
      Hace cuarenta y tres años que conozco a Mariano, mi suegro. A los pocos años de
casarme con su hija en el año 1973, me empezó a contar la historia de su mili y de las
bombas del Pilar. Él, durante la guerra había estado en el bando franquista.
      En aquel tiempo, a penas preste atención al testimonio, a medida que fueron
pasando los años y después de la muerte del dictador, me fui ilustrando de lo que no me
pudieron contar mis padres. La parte de mi familia estuvimos muy controlados por la
guardia civil, ya que, mi abuelo fue secretario del ayuntamiento con la República, se
salvo por lo pelos, como se dice, del paseíllo por las cunetas.
     He estado pregonando este testimonio de las bombas del Pilar por toda la
agrupación, mis amigos, vecinos y a cualquiera con el que la conversación diera
oportunidad.
     En el libro de la guerra civil española, escrito por Thomas Hugh, en la página 301
del primer tomo, editado por el periódico Diario 16, en fascículos semanales dice lo
siguiente en el párrafo; un bombardero republicano solitario lanzo una bomba que cayo
sobre la famosa efigie de la virgen del Pilar de Zaragoza, pero no exploto.
      No fue una, sino que fueron dos, las lanzadas por ellos mismos.
     En la página 304 del mismo tomo, y sobre un cartel con la virgen del Pilar, las torres
del pilar con el puente del Ebro delante y sobrevolando un avión, que dice lo siguiente:
     Probablemente, el bombardeo de Zaragoza del día 3 de agosto, hubiera pasado
inadvertido sin el hábil aprovechamiento del suceso por la propaganda que trataba de
apuntalar la moral de los habitantes.
     Hoy tenemos los testimonios vivos; el trabajo del famoso escritor e historiador
inglés, no contrastó la versión de los hechos milagrosos.
     En los años cuarenta, estuvo un hermano de mi madre que se llama Virgilio Martín
Elgueta, que vive en Uceda, provincia de Guadalaraja, haciendo el servicio militar en
Zaragoza, y esta historia se la he comentado varias veces, y mi tío me ha dicho siempre,
que a él ya se lo dijeron en Zaragoza. Uno de los días primeros de estar en la ciudad,
sentados en un banco contemplando el Pilar con otros compañeros al comentar entre
ellos, menos mal que no explotaron las bombas, unas personas mayores que estaban en la
otra punta del banco, le dijeron dirigiéndose a Virgilio que fue el que lo pronuncio, “oye
galán” las bombas las tiraron estos y no los otros como nos hicieron creer al principio.
     Este testimonio, me permito enviároslo, gracias al díctico que nos encontramos en
los asientos del mitin del Presidente el domingo pasado 22 de noviembre.
     Es posible que esta historia se le pueda dar la publicidad debida. Yo ya no se a
quién contársela.
     Deseo que este testimonio, pueda aclarar parte de la historia de la incivil guerra, que
nunca debió existir.

    Atentamente.

    Arsenio Sopeña Martín.

				
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posted:2/26/2012
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