Bego�a P�rez Calle T� del monopolio

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Bego�a P�rez Calle T� del monopolio Powered By Docstoc
					Aportaciones al desarrollo de la teoría del monopolio: las visiones corporativistas
italianas.


Begoña Pérez Calle
Universidad de Zaragoza.


Introducción
Si bien el fascismo en sus principios no fue una doctrina, sí podemos observar contribuciones a
la teoría económica a través de elementos añadidos por el corporativismo, cuya esencia
entendieron los economistas como nueva economía política. Mussolini, autoetiquetado como
alumno de Pareto, promovió esta reforma de la ciencia económica, cuyas críticas a la economía
liberal incluyeron una “evolución natural” de los grandes maestros.
A la hora de concebir la ciencia económica como corporativa, convivirían obras y posturas que
se esforzaban por dar un trasfondo teórico a esta nueva ciencia económica con otras puramente
retóricas. En el terreno de las teorías sobre el monopolio este hecho se manifiesta especialmente,
puesto que durante el corporativismo, la concentración de empresas y los modelos no
competitivos de producción y organización fueron ampliamente estudiados. En el origen y
evolución de estas posturas encontramos un encuadre particular de la teoría, que tras Cournot
había pasado por el brillante marginalismo italiano, desde posiciones tan radicales como la de
Ugo Spirito hasta autores como Luigi Amoroso, verdaderamente relevantes en la teoría sobre el
monopolio, donde, paralelamente a brillantes desarrollos analíticos empleando los instrumentos
de la economía ortodoxa, el tema se presenta envuelto en la retórica fascista.
Las posiciones más habituales fueron las que trataron de conciliar economía pura y corporativa
y éstas a su vez discurrieron en dos direcciones: las partidarias de utilizar la economía
matemática como apoyo y forma de estudio de la economía política corporativa, aunque
admitiendo su incapacidad de adaptación total a la realidad por fundamentarse en el homo
oeconomicus y las que prefirieron llevar la economía al terreno de las ciencias políticas. Las
primeras, algunas en conexión con la alta teoría que se desarrollaba paralelamente, partirán de la
escuela Walras-Pareto y serán pioneras en “rescatar” a Cournot en el análisis del monopolio,
viniendo añadida la retórica corporativista para completar el estudio formando un solo cuerpo.
Las segundas, de naturaleza variada presentarán bien posturas independientes con ocasional uso
del material analítico, bien rechazos manifiestos al análisis matemático.


La consolidación del corporativismo y la cartelización de la economía.
Tras la consolidación de la dictadura en 1925, Italia entró en una nueva fase con el
advenimiento del Estado Corporativo, el propio Mussolini expone como: “después de la Marcha
sobre Roma los primeros ensayos corporativistas fueron el encuentro del Palacio Chigi y el
pacto de Palacio Vidoni. Vino luego la ley del 8 de abril de 1926 seguida por la reglamentación
del primero de julio de 1926 y por la Carta del Lavoro del 21 de abril de 1927. La primera Ley
sobre Corporaciones es de marzo de 1930” (Mussolini, 1938, p. 39)
El Corporativismo se presentó como una respuesta y una alternativa al capitalismo
fundamentada en la crítica al individualismo y hedonismo de la economía liberal, así como al
laissez faire, revalidando la función económica del Estado y predicando una política de
pacificación entre las clases. Para el pensamiento corporativista el liberalismo no es sino “un
engaño permanente, con un gran contraste entre la igualdad jurídica, vana y aparente, de los
ciudadanos y la desigualdad social, profunda y dolorosa, creada por las diferencias de fortuna”
donde se pone de relieve “la inexistencia jurídica de los órganos más poderosos del mecanismo
constitucional liberal: los partidos políticos” (Manoilesco, 1938, pp. 27-28) y como sistema es
calificado “ de actuación imposible porque, para ser llevado a cabo, los individuos deberían ser
homini oeconomici; por el contrario, puesto que son hombres de carne y hueso, cometen
necesariamente errores en sus cálculos y elecciones; estos errores, en vez de evitarse como se
dice en la teoría del sistema, se suman a la realidad efectiva, con lo que el sistema o se resigna a
ser una teoría pura (…) o bien apenas tiende a realizarse, se devora a sí mismo. Si esto es cierto
-como nosotros los corporativistas decimos que es- necesita ser sustituido, no mediante
correctivos, sino mediante otro sistema” (Carli, 1934, p. 477).
Los corporativistas consideraban que cuando la subsistencia colectiva se convierte en un
problema de estado, el liberalismo ya no es válido como régimen político, teniendo que ceder su
puesto el principio de libertad al principio de organización, siendo en el terreno de la justicia
social donde pueden realizarse nuevas conquistas. Entre la organización y el lucro individual del
empresario hay una relación de antítesis, de esta forma, cuanto más organizada esté una
sociedad, menos procede basar la actividad económica en el lucro individual del empresario
(Manoilesco, 1938, pp. 41-45).
Además, el Corporativismo también se presentó como una firme y devastadora crítica del
Socialismo. Al considerar fracasado el liberalismo, el partidismo irresponsable, cambiante e
incierto dejaba un gran vacío y las soluciones propuestas por los partidos socialistas eran vistas
como simples respuestas a ese liberalismo fracaso1.
La economía nacional se estructuraría en las corporaciones que, representadas en órganos
políticos o de dirección económica, serían los auténticos actores sociales, aunque cada una de
ellas, en realidad, estuviese dirigida férreamente por miembros del partido gobernante
subordinados al líder supremo. El espíritu de ellas obedecía a una política de pacificación entre
las clases mediante la transformación de los representantes de los capitalistas y trabajadores en
organismos estatales, que tomarían las decisiones económicas y decidirían la política general a
seguir, trazando planes económicos e interviniendo en muchos asuntos cotidianos,
convirtiéndose en órganos del Estado de casi ilimitado poder, organizándose mediante consejos
generales que dictarían normas de cumplimiento obligatorio para todas las cámaras afiliadas. De
esta forma se creaba un sistema de economía intervenida: fijando precios y cantidades a
producir, determinando los salarios y las normas de trabajo, interviniendo sobre las decisiones
de inversión, regulando las ganancias y controlando toda la actividad productiva. La propiedad
privada de las empresas se mantendría, pero sin riesgo empresarial ni posibilidad alguna de
competencia.
La fijación de precios en la época corporativista viene descrita en el artículo 10 del Texto de la
Ley de Corporaciones: “En la rama que es de su competencia, la Corporación tiene facultad
para establecer (…) las tarifas que han de aplicarse en prestaciones y servicios económicos y las
que deben regir en los precios de los artículos de consumo que se ofrecen al público en
condiciones de privilegio”. Esta forma se ajusta a un claro marco de competencia imperfecta por
parte de la oferta, con el efecto real de cartelizar la economía e intervenirla, basta para ello con
estudiar la estructura de las 22 corporaciones en el cuadro a continuación, donde están indicadas
para cada una de ellas el número total de representantes. Podemos observar además que tan
apenas existía representación de la demanda.




1
  “simples antítesis parlamentarias de los partidos burgueses, que se hunden hoy en todos los países
juntamente con estos. Han vivido tan solo como una reacción contra la burguesía, se han hundido el día
en que la misma burguesía comenzó a cuartearse. La antítesis pierde su razón de ser al mismo tiempo que
la tesis (…) el partido fascista de Italia y el Nacional Socialista en Alemania tienden a representar la
nación entera y se esfuerzan en realizar la idea socialista dentro de un ambiente de orden y de autoridad y
con métodos completamente diferentes de los de la social-democracia. Manoilesco, 1935, pp. 134-135.
Corporación      Representantes   Representantes   Representantes   Representantes   Representantes
                 del Partido      de los           trabajadores     de los           de los
                 Nacional         empresarios                       profesionales    consumidores
                 Fascista                                           Libres           o minoristas


Cereales         3                15               15               2                1
Horto-floro-     3                13               13               1                1
fruticultura
Viti-vinícola    3                13               13               2                1
Aceite           3                10               10               2                0
Remolacha y      3                4                4                2                0
azúcar
Zootecnia y      3                18               18               3                0
pesca
Madera           3                13               13               4                0
Textiles         3                24               24               7                0
Construcciones   3                11               11               4                1
edilicias
Metalurgia y     3                30               30               4                0
mecánica
Indumentaria     3                21               21               4                0
Vidrio y         3                13               13               4                0
cerámica
Química          3                31               31               1                2
Papel e          3                11               11               1                4
Imprenta
Industrias       3                10               10               1                1
mineras
Agua, gas y      3                10               10               1                1
electricidad
Profesiones y    3                2                2                30               0
artes
Comunicaciones   3                22               22               3                0
internas
Mar y aire       3                10               10               1                0
Hospedaje        3                8                8                1                0
Pensión y        3                20               19               6                0
crédito
Espectáculo      3                11               11               9                0


Ante este peligro de posible abuso de mercado por una posible fijación de precios monopolistas,
el Estado se reservaba su posible intervención “con derechos soberanos, pues representa la masa
de consumidores, que al no estar encuadrada en organizaciones especiales, tiene que ser
amparada por él” (Mussolini, 1938, p. 52). De hecho, las tarifas quedaban sometidas a la
aprobación de la Asamblea General del Consejo Nacional de las Corporaciones.


La evolución de la ciencia económica desde el marginalismo hacia el corporativismo. La
economía corporativa como concepción general de la nueva economía.
Como afirma Wolfgang-Dieter Classen, en líneas generales, no se puede hablar de
contribuciones originales a la teoría económica por parte del Fascismo, salvo algunos elementos
en la teoría del Corporativismo añadidos por los fascistas italianos (Palgrave, p. 293). Los
elementos corporativistas habían estado presentes en el nacionalismo y sindicalismo
revolucionario hacia 1910, los primeros ensalzaron la máxima potencia nacional, los segundos
proclamaban la lucha sindical en un momento voluntario (no determinista). Ambos predicaron
la conveniencia de ciertas formas de competencia imperfecta, proclamando la unión de los
productivos (capitalistas y trabajadores).
Mussolini, aparece deseoso de promover la reforma de las concepciones de la economía
política2, partiendo del hecho de que el homo oeconomicus, principal sujeto económico del
análisis vigente en el momento debía desaparecer para dar paso al homo corporativo : “Los
mismos economistas que lo crearon han puesto en un ataúd los restos del homo oeconomicus:
puro y vivo ha permanecido solamente el hombre integral, mientras que el económico ha
adquirido siempre más el aspecto de fenómeno social en un complejo histórico determinado”
(Faucci, 2000, p. 298). En esta línea, la mayor parte de los economistas comenzaron a
interrogarse sobre la esencia del corporativismo entendido como una nueva economía política,
eligiendo el camino de llamar corporativa la propia concepción de la economía.
Arrigo Serpieri daría una definición de ciencia económica adaptada al corporativismo en línea
con la de Lionel Robbins, imperante en el momento: “relaciones entre las formas del proceso
económico y las formas de satisfacción de las necesidades, tal como se desenvuelven en un
sistema corporativo, y en particular, entre las disciplinas corporativas y las formas de
satisfacción de las necesidades (...) en este sentido, a juicio mío, ha de entenderse la adición
oficial de la palabra “corporativa” a la tradicional denominación de economía política” (Serpieri,
1940, p. 39). Para Gino Arias la economía política corporativa sería la correcta concepción de la
ciencia pues “la adhesión por deber de los individuos a los fines éticos, políticos y económicos
garantizados por el estado corporativo, sustituye el contrapunto egoísta, antisocial y por tanto
antieconómico, y puede tomar el nombre, como ya hemos dicho de conciencia corporativa”
(Arias, 1937, p. 220).
Al presentar el corporativismo como un correcto destino para la ciencia económica, las
enseñanzas de Pareto y Pantaleoni, fueron capturadas por la nueva economía así desarrollada.
La aceptación de Pareto no fue acompañada de demasiado convencimiento, teniendo en cuenta
su innegable individualismo, siendo la de Pantaleoni mucho más fácil (naturalmente, no el
Pantaleoni de la Economia pura, hedonista y utilitarista, sino el de Massimi edonistici
individuali e colectivi3). Su espíritu antidemocrático y darwiniano-social (el emprendedor
representado como el superhombre de Nietzche y por otro lado el trabajador como parásito, o la
mayoría como una masa amorfa para ser comandada), le da un papel fundamental en la
incubación del fascismo entendido como doctrina autoritaria. Es menos plausible incluirlo como
pionero del corporativismo, no solo por el liberalismo de la economía de mercado, sino porque
la selección social vía competencia entraba en conflicto con la disciplina publicista del régimen
corporativo (Faucci, 2000, pp. 299-300).
2
  A Mussolini le gustaba declararse alumno de Pareto, cuyas lecciones parece que siguió en mientras vivía
en Suiza, años más tarde, en 1937, la Universidad de Lausana le concedió una licenciatura Honoris
Causa, gracias a Pasquale Boninsegni.
3
  que afirmaba como los partidos políticos y las clases sociales son portadores de más restricciones que el
colectivo estatal y el de los fuertes y débiles y las posiciones iniciales y finales, que promulgaba la
selección social no a través de una competición-concurso, sino de una lucha con asimetría en fuerza y
conocimiento entre las partes
La generación de economistas italianos del periodo entre 1915 y 1945, hubo de convivir con el
Fascismo, profesando muchos de ellos gran simpatía por él como movimiento. La adhesión al
corporativismo no tendría para este gremio un significado uniforme. En realidad, y dada la
importancia de la materia, no es sorprendente encontrar teóricos muy variados del
corporativismo, coexistiendo posturas como la de Ugo Spirito, de alto contenido subversivo,
que incluso proponía eliminar la propiedad privada, con otras como la de Carlo Emilio Ferri,
quien consideraba como modelo corporativo la economía mercantilista del antiguo régimen, así
como las que intentaban conciliar economía pura y corporativa dando a esta última la facultad
de fijar los objetivos pudiendo emplear instrumentos de la economía ortodoxa para realizar el
análisis de las elecciones. Esta última posición gozó de la aceptación de la mayoría.
En 1930 la sociedad para el progreso de las ciencias celebró un congreso de Economía, cuyas
conclusiones sobre corporativismo, muy genéricas, se publicaron en el Giornale degli
economista, siendo la tesis común de varios autores que el corporativismo habría de integrar a la
ciencia económica y no sustituirla o contradecirla. Hasta mitad de los años 30 fue posible
mantener una relativa independencia y dignidad intelectual (Faucci, 2000, p. 269),
restringiéndose los espacios de libertad a partir de entonces cada vez más. En esa época se asiste
a un cierto debate, apagado con la realización del Consiglio Nazionale delle Corporazione de
1934, a partir del cual existirá un obligado conformismo. Los últimos cinco años fascistas
fueron conformistas y pobres culturalmente. Desde 1938 por efecto de leyes raciales, la
universidad pierde a Fanno, Del Vecchio, Mortara, Arias, Bachi, Fubini, Cabiati, Pugliese, Foa
y otros. Las discusiones ideológicas sobre el corporativismo desaparecen, ocupando a partir de
entonces y durante la guerra el primer puesto los problemas de la autarquía y del ordine nuovo.


La difusión de la ciencia económica: estructura académica y publicaciones.
A lo largo de este periodo la estructura académica del estudio de la ciencia económica en Italia
aumentó considerablemente, tanto en número de titulares en materias económicas como en
número de centros y escuelas, podemos apuntar que de 1922 a 1943 aumentó el número de
dichos titulares de 60 a 80, y añadiendo los no titulares podríamos hablar de aproximadamente
un centenar de docentes, repartidos en las siguientes asignaturas: economía política corporativa,
política económica, ciencias de las finanzas y derecho financiero, estadística, geografía
económica, economía agraria, economía del transporte, historia económica e historia de las
doctrinas económicas. La enseñanza de dichas materias se desarrolló de manera destacable
según la tabla expuesta a continuación4:




4
    Datos proporcionados por Faucci, 2000, p. 418
    Ciudad/Sede                                                Docentes destacados
    Milán5: Politécnica                               Giuseppe Colombo, Ulisse Gobbi
    Milán: Católica                                   Angelo Mauri, Francesco Vito
    Milán: Bocconi                                    Luigi Einaudi6, Giovanni Demaria
    Milán: Estatal                                    Giorgio Mortara
    Venecia                                           Alfonso De Pietri-Tonelli, Agostino
                                                      Lanzillo,     ambos      ex      sindicalistas
    (presidida por la escuela de Pareto)
                                                      revolucionarios adheridos al fascismo
    Fuerte presencia de Pisa7                         Filippo Carli
    los      economistas
                         Florencia                    Arrigo Serpieri, Jacopo Mazzei, Alberto
    corporativistas
                                                      Bertolino
                             Perugia                  Roberto Michels
           8
    Roma                                              Luigi Amoroso, Gino Arias9, Corrado Gini,
                                                      Alberto De’Stefani, Giacomo Acerbo.
    Nápoles                                           Antifascistas como Alberto Breglia y
                                                      Epicarmo Corbino convivirían con fascistas
                                                      como Celestino Arena10 y Rafaello
                                                      Gangemi.
    Pavía (especializada en ciencias financieras)     Carlo Emilio Ferri


Asímismo se experimenta cierta expansión en la iniciativa editorial y las publicaciones
difundiéndose textos económicos en revistas y colecciones como : Revista bancaria; Annali di
economia; Giornale degli economista; Revista di diritto finanziario e scienza delle finanze;
Revista di politica economica; Revista internazionale di scienze sociali; Studi economici,
finanziari e corporativi; Rassegna economica; Industria; Rassegna numismatica; Rassegna
monetaria, Revista italiana di statistica, economia e finanza (después denominada Revista
italiana di scienze economiche); Economia; Nuovi studi di politica, economia e diritto; Nuovi
problema di politica, storia ed economia; Archivio di studi corporativi; Lo Stato; Gerarchia;
Civiltà fascista; Nuova collana di economista stranieri e italiani; Problema contemporani;
Collezioni di scrittti inediti o rari; Collezioni di opere scientifiche di economia e finanza,
Biblioteca di cultura economica.


La concepción corporativa del monopolio y la competencia imperfecta
En ambos casos y en cuanto a la parte Normativa de la Economía Política nos encontramos ante
un rechazo frecuente al monopolio privado, entendido éste como última consecuencia de la libre
competencia y la formación de un mundo de monopolios, en palabras del mismo Mussolini
5
  Turín había cedido Milán el priorato del norte.
6
  En 1943 fue nombrado rector de la Universidad de Turín, pero ese mismo año tuvo que exiliarse en
Suiza.
7
  Donde en 1930 el Estado fascista creó la Scuola Superiore de Scienze corporative
8
   Roma merece consideración aparte, desaparecen de ella Pantaleoni y Barone ( fallecieron ambos en
1924) y también Viti De Marco con el fin de evitar prestar juramento al régimen fascista, al igual que
Piero Sraffa (Faucci, p. 418)
9
  Anteriormente profesor en Florencia.
10
   Quien también había destacado en Pisa.
refiriéndose a los cárteles, trusts, sindicatos y consorcios: “pusieron fin a la libre competencia.
Habiéndose restringido las ganancias, las empresas capitalistas juzgan que, en lugar de luchar,
más vale ponerse de acuerdo, aliarse, reunirse para dividirse los mercados y repartirse las
utilidades. La misma ley de la demanda y la oferta ya no es un dogma, pues por medio de los
cárteles y los trusts tanto se puede influenciar a la demanda como a la oferta” (Mussolini, 1933,
p. 18). La situación de monopolio privado debe ser, en principio, evitada, como afirma
Manoilesco: “las grandes naciones industriales deben darse cuenta de que no pueden edificar
sólidamente una situación en el mundo sobre una situación de monopolio. El monopolio no es
nunca duradero, y, además, perder la potencia exclusiva no quiere siempre decir que se pierda
algo substancial y real (…) la Historia nos demuestra que los grandes países de origen industrial
del Occidente de Europa han perdido en el transcurso del tiempo muchos monopolios y que su
suerte no ha empeorado por eso, sino al contrario” (Manoilesco, 1943, p. 284).
En el mismo sentido, los monopolios de hecho deben ser rotos por medio de la
descentralización industrial y el proteccionismo, y así puede llegarse a suprimir y modificar el
desequilibrio general de los precios11. Será preciso el control estatal de la competencia
imperfecta para lograr el desarrollo económico y social. Si bien, y como dice la VII Directriz de
la Carta del Lavoro, la iniciativa privada es considerada en el Estado Corporativo como el
instrumento más eficaz y más útil para los intereses de la Nación, habrá sectores como los
servicios públicos, que deberán ser suministrados únicamente por el Estado, quien deberá
asumir las responsabilidades concretas y particulares de cada servicio, lo que pasará a ser una
función permanente del partido, ya que la única garantía de que los servicios del Estado
marchen por el camino del régimen consiste en ponerlos en manos de los hombres del régimen
(Manoilesco, 1938, pp. 95-96). Así, la IX Directriz de la Carta del Lavoro contempla la
intervención estatal en la producción si faltase, resultase insuficiente la iniciativa privada o
pudiesen hallarse comprometidos los intereses políticos del Estado, pudiendo tomar dicha
intervención la forma del controlador, de la ayuda o de la gestión directa (en base a esto el
Decreto del 28 de abril de 1937 n.523 encomendó a las corporaciones la vigilancia de los
precios)
La visión radical de Ugo Spirito
La posición de Ugo Spirito (1896-1979) no puede ser obviada, dada la originalidad de sus
aportaciones, especialmente radicales. Para Spirito era necesario superar los principios
ideológicos fundamentales de la ciencia económica tradicional, presentando una nueva
orientación y resolviendo sus problemas esenciales, bajo el principio de identidad individuo-
estado, premisa necesaria para construir la nueva economía, cuyo concepto fundamental y
sistemático es la estatalidad de todos los fenómenos económicos. Esta posición perdió adeptos,
especialmente entre los economistas, pues Spirito le dio un contenido subversivo, al decir que
para derrotar al individualismo liberal debería suprimirse la propiedad privada, sustituyéndose
por la “corporación propietaria”. Manoilesco lo describiría así en 1938: “el gran pensador Ugo
Spirito, que tiene concepciones políticas más bien de izquierda, porque preconiza la entrega en
propiedad de los medios de producción a cada una de las corporaciones” (Manoilesco, 1938, p.
30).
Para Spirito el monopolio puro no existe como tal y si existiese iría en contra del principio
supremo de la supeditación del hombre al Estado, por lo que ni siquiera merece la pena ser
estudiado. Puesto que la economía individual y la estatal son fenómenos absolutamente
idénticos “el binomio de libre concurrencia y monopolio no tiene significado y los dos términos
se resuelven en uno solo, aquel de la unidad organizada de la vida económica, en que la propia
concurrencia viene disciplinada” (Spirito, 1936, p. 7). Si la sociedad se constituye con el fin de

11
   Este argumento de Manoilesco viene a cuenta de que Cassel, en la Conferencia Internacional de
Ginebra desarrolló la tesis de que la crisis económica mundial residía en el hecho de que los productos
industriales se han encarecideo y que los países agrícolas no están en situación de pagarlos, añadiendo
que la tendencia de los artículos industriales e hacia su relativa carestía, lo que constituye el desequilibrio
general de precios. (Manoilesco, 1943, p. 272).
colaborar, es de sentido común el repudiar la libre concurrencia como antisocial. El monopolio,
caso opuesto que según la interpretación habitual representaría la antítesis de la libre
concurrencia, es lo mismo, puesto que solo se diferencian por la multiplicidad de los
concurrentes, luego un fenómeno que tampoco responde al fin de la vida social y por lo tanto,
junto con la libre concurrencia “casos límite, patológicos y absurdos” (Spirito, 1936, p. 90), a
ello añade como se puede constatar la imposibilidad de su realización integral: el monopolio
siempre se verá amenazado por la concurrencia potencial, limitado por las leyes o la presión de
la opinión pública y a menudo evitado por vías colaterales, pues la realidad se vuelve contra esta
deformación y lucha contra ella. Ambos fenómenos (libre concurrencia y monopolio) son
representativos de la anarquía y la tiranía y no pueden representar en ningún momento la
libertad económica.
Unido a esto, juzga innecesarias las explicaciones matemáticas que han hecho los economistas
sobre ambos fenómenos y por lo tanto deberán ser vistas únicamente como hipótesis científicas,
como esquemas irreales y abstractos, nada más. La ciencia económica debería abandonar estos
tipos de análisis sobre los conceptos irreales y negativos de libre concurrencia y monopolio y
centrarse en el de la colaboración.
Con respecto al estatalismo, Spirito hace constar que si bien es la situación ideal, habrá que
evitar que degenere en el particularismo de la clase dominante, es decir, el peligro de que el
monopolio o acción económica del Estado esté inspirado en una voluntad que trasciende a la de
los ciudadanos cuando el Estado se diferencia de la nación y se vuelva burocracia u oligarquía
(Spirito, 1936, p. 92).


Posturas puramente corporativistas sin trasfondo teórico: La subordinación de la
economía a la política.
Varios teóricos fascistas subordinaron la economía a la política y a la ética a la hora de valorar
al considerar el análisis económico demasiado lleno de ingredientes matemáticos que alejan a la
economía de la realidad corporativa. Las formas de análisis económico del monopolio
anteriores, todas ellas abstractas, han de ser desechadas (Arias, 1937, p. 113). La nueva ciencia
económica debería consentir, en primer lugar, el justificar, a través de la tesis del retorno de la
economía a la familia de las ciencias políticas, la superioridad de la política sobre la economía y
por tanto del Estado dirigista sobre el libre y espontáneo movimiento de las variables
económicas (Carli, 1930, p. 96). Esto es bien visible cuando se realiza un estudio sobre las
teorías del monopolio expuestas. Utilizando textos universitarios de economistas corporativistas
y fascistas como Filippo Carli12, Arrigo Serpieri13, Celestino Arena14 y Gino Arias15, hemos
observado varias posturas en común:




12
    (1876-1939), profesor de sociología en la Universidad de Padua, y de economía política en la
Universidad de Pisa, definido por Eugenio Zagari como un “corporativista integral” (Zagari, 1982, p. 27).
13
    (1877-1960), experto en economía agraria, impartió clases en Perugia, Milán y finalmente en la
Facultad de Economía de la Universidad de Florencia donde ostentó en cargo de Rector desde 1937 hasta
1942. A pesar de pertenecer al Partido Nacional Fascista, en ocasiones sus posiciones sobre economía y
política agrícola se acercaban al socialismo, no obstante, fue subsecretario del Ministerio de Agricultura
durante la veintena fascista.
14
   (1890-1967), economista muy estrechamente ligado al régimen fascista, fue profesor de Ciencias de las
Finanzas en Pisa, Nápoles y Roma, Director del Trattato italiano di economia, y de la Nuova Collana di
economista (Turín 1932-1937) y Secretario general del Istituto di Finanza Corporativa de1940 a 194514.
15
   (1879-1940), jurista y economista católico, enseñó economía política en Génova, Florencia y Roma,
donde fue Catedrático y director de la Revista de Economía. Durante el régimen fascista fue colaborador
de revistas como Gerarchia y Critica Fascista y miembro de varias comisiones de estudio, pero a causa
de las leyes racionales, al ser descendiente de judíos hubo de marchar a Argentina incorporándose a la
Universidad de Córdoba hasta su fallecimiento.
          Rechazo expreso al trasfondo teórico de la economía. Arias incluso realiza un ataque
           demoledor del análisis monopolístico de Cournot, valorando así la forma cournotiana de
           obtener el precio al emplear la función de demanda: “esta pseudo-metafísica
           materialística está fuera del mundo y contradice abiertamente a los más asentados
           criterios de valoración de la psicología individual” (Arias, 1937, p. 93). Los precios han
           de ser fijados por el Estado en función del fin que persiga. Solo Serpieri acepta el precio
           de Cournot en casos concretos.
          El punto de partida es la identificación del sujeto económico como un individuo capaz
           en cada momento de asimilar sus propios fines a los corporativos y por tanto nacionales.
           Carli incluso reivindica la legitimidad de una teoría pura de la economía nacional en la
           que exista el postulado del equilibrio corporativo, que será realmente una función del
           conjunto de las condiciones del sistema denominada “sinergia nacional” (Carli, 1931, p.
           403).
          Rechazo al monopolio, incompatible con el estado corporativo y el sentimiento de
           justicia social. El fascismo debe abolir las posiciones monopolistas, como se aprecia en
           los textos de todos estos economistas. Arias se posicionó en un rechazo radical a los
           cárteles unido a la defensa de la cartelización intervenida. Carli presentó a los
           monopolios parciales como contrarios al principio fundamental del corporativismo, el
           de contractualidad. Por respetar este principio sí que se acepta el monopolio bilateral al
           contraponerse “dos voluntades unitarias”, las cuales como explica Serpieri, entre un
           mínimo y un máximo del precio pueden llegar a un acuerdo (Serpieri, 1940, pp. 163-
           164).
          El monopolio es el resultado final de la competencia y la concentración16, especialmente
           se observa una identificación de la concurrencia desenfrenada como camino
           unidireccional hacia el inevitable monopolio, claramente expuesto por Carli, Arena y
           Arias. Arias incluso la hace responsable de las formas más dañinas y a menudo odiosas
           de monopolio y atribuye a Marx el mérito de haber anticipado con su pensamiento la
           fase actual de la economía contemporánea en cuanto a la concentración empresarial
          Identificación de las imperfecciones del mercado y de los casos intermedios
           competencia-monopolio. Los términos monopolio y libre concurrencia, son categorías
           mentales dentro de las cuales no se puede construir la realidad; “en la realidad la vida de
           los intercambios presenta muchas situaciones intermedias” (Serpieri, 1940, p. 121), toda
           una gama de tendencias monopolísticas, claramente descrito por Carli, Serpieri y Arias.
           Carli además apuntó la idea de que en el mundo real la competencia es imperfecta a
           causa de las fricciones existentes en los mercados causadas a su vez por las rarezas de
           los consumidores.


Los “cuasicorporativistas”: La hábil defensa de la “competencia imperfecta conveniente”
En el mismo marco que los declaradamente fascistas, otros economistas, como los de las
Universidades Bocconi y Católica de Milán fueron de alguna forma heterodoxos y conciliadores
a la hora de dar espacio en sus escritos al corporativismo, con el que aparentemente
simpatizaron. El fin no era otro que conciliar la economía corporativa con sus posiciones, en
ocasiones no demasiado afines a las del régimen. Conforme avanzaba la época fascista algunos
mostrarían disidencias y finalizada ésta se refugiarían en sus posturas originales. Al igual que
los economistas corporativistas anteriores, sus teorías sobre el monopolio estaban
fundamentadas políticamente y apartadas del análisis con empleo de instrumental analítico, pero
se aprecian en sus obras juicios de valor diferentes a los de estos últimos.
Con respecto a la teoría del monopolio, los economistas pertenecientes a estas universidades
consideraron alguna postura de alguna manera inaceptable en un estado corporativo: la

16
     Argumento marxista, tomado de Sismondi y desarrollado por Lenin.
aceptación de los monopolios, las agrupaciones de empresas y los cárteles, como políticas
conducentes a lograr plantas de tamaño óptimo, que aprovechasen las economías de escala y
buscaron formas para lograr que la realidad representada por la competencia imperfecta fuese
consistente con el desarrollo económico y el bienestar social (Llosas, 2005, p. 1). Las
soluciones, corporativistas, residen en propiciar la creación de controles, sugiriendo la creación
de órganos de control con representación de los empresarios, trabajadores y consumidores. Por
otra parte, ideas plasmadas por Demaria como el argumento de monopolio gestionado o en
poder del estado, así como de la supresión de la competencia para evitar el monopolio que a su
vez resultaría de la concentración, forman parte de una retórica que llegó a España con gran
empuje en la época del corporativismo nacionalista y en el franquismo, a pesar de que
habitualmente se señale la influencia marxista o la versión católica de la idea (Fraile, 1998, p.
111).
En otras palabras, asistimos a la admisión de la “competencia imperfecta conveniente”.
A pesar de contar con una privilegiada formación analítica, Francesco Vito17 trato de fijar los
puntos fundamentales para la construcción de la ciencia económica corporativa usando la vía
teórica y no la práctica, para él la teoría económica tradicional necesitaba ser reemplazada al no
ser útil para explicar la realidad, unido esto a la realidad económica del momento, se introduce
en el estudio de cárteles, sindicatos industriales y grupos empresariales, realizando aportes al
pensamiento económico corporativo.
Tras la Segunda Guerra Mundial y la desacreditación del corporativismo, Vito actualiza su
pensamiento económico para hacerlo consistente con los desarrollos políticos que se estaban
produciendo, reteniendo con el título de “economía dirigida” muchos de los elementos
económicos, filosóficos, sociales y políticos que había utilizado para justificar la economía
corporativa, pero recurriendo a la Doctrina social de la Iglesia como sustento de sus propuestas,
fundamentos filosóficos, morales y políticos que en su época anterior había atribuido al Estado
corporativo sin analizar la posible relación entre el corporativismo y los principios generales del
catolicismo (Llosas, 2005, p. 9).
Expuso la teoría de la concentración y de las agrupaciones de empresas como fruto del
desarrollo de la técnica productiva del momento y particularmente del predominio de los costes
fijos en algunas ramas de actividad. Si bien en el pasado tenían por objeto limitar la
competencia y obtener beneficios monopólicos, su propósito fundamental había evolucionado a
lograr una dimensión óptima, con el fin de bajar los costes de producción y reducir riesgos, lo
que produce ciertos benéficos sociales como menores precios, mayores salarios y mayor
estabilidad macroeconómica.
Los gobiernos, para evitar las consecuencias dañosas de la concurrencia, favorecen la formación
de estas agrupaciones, de forma que pueden considerarse instrumentos de control y disciplina
así como un fenómeno esencialmente moderno.
Con respecto a la regulación corporativa de los consorcios y los grupos Vito opinaba que a
diferencia de épocas anteriores “el agnosticismo estatal respecto a la vida económica, inspirado
en las concepciones liberales del siglo pasado, ha cedido el puesto ante una visión orgánica de la
sociedad, que a su vez ha devuelto al Estado la conciencia de su propia tarea de dirigir
positivamente la vida económica hacia la consecución de los fines sociales que se resumen en la
justicia social. Como consecuencia de esto la actitud del Estado moderno frente a las alianzas
monopolísticas ha cambiado radicalmente. Hoy ya no existe un solo país en el mundo que las
prohíba (…) Sin embargo, en consideración a los abusos de que pueden hacerse culpables, (…),
están sujetas en todas partes a formas de control específico por parte del Estado.” (Vito, 1941, p.


17
  (1902-1968), había realizado estudios de postgrado en Estados Unidos cuando vuelve a Italia en 1932,
en un momento de régimen político y económico corporativo, ocupando la cátedra de Economía Política
en la Universidad Católica de Milán, permaneciendo allí el resto de su vida, a la vez que dirigía el
Instituto de Ciencias Económicas de dicha Universidad.
188). El fundamento teórico del control reside en justificar el intervencionismo por la misión de
promover el bienestar social que incumbe al Estado.
Giovanni Demaria18 si bien a partir de 1942 comenzó a apelar a la libertad económica (Faucci,
2000, p. 304), en un principio admitió el corporativismo señalando la política corporativa como
constrictora de la libertad de los individuos y los grupos bajo el control del Estado, aunque
única forma de garantizar el funcionamiento de la vida social y económica. Las corporaciones,
creadas con el fin de desarrollar la riqueza, la potencia política y el bienestar del pueblo italiano
son una forma de cartelizar la economía, sin embargo, Demaria advierte que la amplia esfera de
acción de estas corporaciones no puede significar autogobierno por parte de las industrias allí
representadas, es decir, monopolio a favor de los productores integrantes, sino que es un órgano
del Estado cuyos intereses deben trascender a las generaciones presentes. Gracias a la disciplina
corporativa en la producción que trata de ajustar la misma al consumo y eliminar las luchas
debidas a la concurrencia excesiva se alcanzará un fin del corporativismo: el aumento de la
renta nacional; para ello es necesario un conocimiento total y absoluto del mercado y de las
condiciones de las industrias, evitando los monopolios y la trustificación de la sociedad.
Para Demaria la economía corporativa “hace pensar en un mundo de asociaciones monopolistas,
en parte creadas ad hoc por el Estado, en parte formadas espontáneamente, pero que el Estado
controla, (…), mediante la acción colectiva, realizar a la vez los fines superiores del Estado y
los intereses principales de carácter colectivo propios de las clases sociales y las categorías
económicas organizadas en tales asociaciones. Gigantesco mundo de asociaciones económicas
es por tanto el corporativo, asociaciones subordinadas a la autoridad central del Estado y con
una voluntad de potencia y expansión económica moral y militar bastante diferente de aquella
primordialmente económica propia del Imperialismo de los pueblos opulentos, los cuales hacen
del provecho económico la base principal de su sistema político”(Demaria, 1969, p. 149). Una
de las críticas que realiza al sistema liberal es que su política económica se basa en un gran
número de empresas en concurrencia, sin darse cuenta que el desenlace es la concentración de la
propiedad y el control, llegando así a un capitalismo de monopolios (Demaria, 1969, p. 58)
El Estado debe crear entes de regulación dotados de fuertes medios coercitivos, los cuales en
esencia son entes monopolísticos creados por el Estado para defender la categoría económica
cuyos intereses estén en peligro, y si el peligro entrañado por el liberalismo no es otro que la
tendencia al monopolio privado vemos aquí el conocido argumento monopolio estatal y justo,
basado en el altruismo del Estado para evitar el monopolio privado e injusto19.
La política de precios es sencilla: no hay, evidentemente, maximización de beneficios, los
precios de los productos se fijarán en función de la utilidad social de las producciones varias y
la autodisciplina de las categorías suplirá al control de la oferta y la demanda.
Si bien a piori los monopolios serían dañinos según un criterio de productividad, los admite
como ventajosos atendiendo al bienestar colectivo y a la fuerza de cohesión del grupo social,
basándose en la no necesidad de igualdad de los distintos agentes del mercado, pero tiene en
cuenta que una desventaja de la competencia limitada es el hecho de que quien permanece en el
mercado no tiene porque ser el mejor empresario, sino quien más satisfactoriamente haya
llevado la guerra a cuchillo o el que posea mayor fuerza financiera. De hecho, en el monopolio,

18
   (1899-1998), catedrático de la Universidad Bocconi de Milán, publicó en 1937 I Grandi sistemi
coercitivi, uno de los más destacados textos universitarios que dan espacio al corporativismo, destinado a
los estudiantes matriculados en los cursos de Política económica y financiera, impartidos por Demaria
desde 1935 hasta 1938. Calificada por Schumpeter (1995, pp. 1.252-1.253) como un trabajo que no revela
demasiada constricción en la Italia fascista, se elabora en un periodo en que Demaria inserta la lógica
económica en un sistema general vinculado otras ciencias sociales (1937-1950), destacando su notable
independencia a la hora de emitir ciertos juicios en los momentos en que escribe, puesto que no ignora la
originalidad moderna y la productividad no solo empírica del sistema coercitivo soviético.
19
  Lo que nos recuerda a la teoría de la anti-competencia anti-monopolista, o ACAM (Fraile, 1998, p.
111)
el control tiende a permanecer a largo plazo en las mismas manos, o en la misma familia durante
generaciones por lo que el sistema no selecciona necesariamente a los individuos más capaces,
estando en contraposición con el principio del triunfo del más fuerte.
Ante ciertos peligros monopolísticos, el Estado podrá sustituir a la iniciativa privada haciendo a
la Administración gestionar directamente determinadas industrias o dirigiendo todas a la vez,
incluyendo la conveniencia del monopolio estatal para evitar el monopolio privado.


Los economistas matemáticos y la economía corporativa
Algunos autores intentaron conciliar la economía pura y la corporativa haciendo un esfuerzo
para dar un trasfondo teórico a esta última, empleando para ello instrumental analítico ortodoxo.
La postura habitual es continuar por el camino de la escuela Walras-Pareto, haciéndola
desembocar en el corporativismo. Asistimos aquí a la captura también de Cournot para el
corporativismo, en primer lugar dado el hecho de que en cuanto al desarrollo de la teoría del
monopolio, Cournot y su ingreso marginal fueron, por así decirlo, reintroducidos en textos
italianos antes que en la llamada “revolución de la competencia imperfecta”, por otra parte, se
intentó presentar el pensamiento de Cournot como un punto de auxilio para resolver los
problemas de la economía corporativa.
Luigi Amoroso. Fusión entre alta teoría y apología del fascismo.
El papel de Luigi Amoroso (1886-1965) es fundamental en nuestro estudio. Amoroso, definido
por A. J. Nichol como “el más ardiente seguidor de Cournot” (Nichol, 1935, p. 51, n.p), anticipó
las teorías de Joan Robinson y Abba Lerner sobre la relación entre el precio e ingreso marginal
en el monopolio. En sus escritos, siempre intentó que los problemas económicos asumiesen
connotaciones matemáticas rigurosas, acompañándolos de desarrollos analíticos encuadrados en
un altísimo nivel teórico, mientras los vinculaba con su visión fascista y corporativa de los
hechos económicos que presentaba como la forma ideal ya que impedía el desarrollo del
capitalismo, calificado de injusto y liberticida, y también del marxismo, al que definió como
monstruoso. La economía corporativa asegura la producción, evita las grandes concentraciones
industriales y los monopolios privados, permite el paso desde el sistema liberal sin matar a la
iniciativa privada, sobre cuya fuerza espontánea está fundado todo el sistema económico, pero
intentando evitar las desigualdades en la riqueza, de esta forma “la disciplina corporativa
potencia la organización jerárquica de la industria, dando a ésta, a través de la dignidad de la
función pública, una conciencia y un fin elevado (…) la economía corporativa es al mismo
tiempo conservadora y revolucionaria (...) revolucionaria en cuanto a que intenta renovar hechos
consumados al soplo de una gran idea: la realización, a través de la justicia social, de potenciar
y valorar los recursos económicos de la nación”(Amoroso, 1938, pp. 326-327).
Schumpeter, quien lo señaló como perteneciente al núcleo de la escuela de Pareto, destacó sus
Lezioni di economía matemática publicadas en 1921 (Schumpeter, 1995, p. 938), al igual que
Edgeworth en 1922, quien, desde su púlpito del Economic Journal, comentó las Lezioni y
consideró que “la alta reputación ganada por la escuela italiana de economía matemática será
realzada con esta publicación” (Edgeworth, 1922, p. 400). Schneider (1932, Prefacio) le
agradecería sus valiosas referencias a la hora de estudiar el monopolio.
Las Lezioni di economia matematica muestran el esfuerzo de Amoroso por dar un papel
fundamental a la Economía matemática, de la cual nos presenta a Cournot como uno de los
grandes precursores ya que estabilizó sobre sólida base los principios de la teoría del
monopolio, así como avanzar en la investigación, lo cual afirma viene sugerido por el mundo
económico, sobre todo en relación al reforzamiento de la tendencia monopolista y sindical
(Amoroso, 1921, pp. VIII-XII)
El estudio del monopolio puro, en el que según Edgeworth “el encanto de la lucidez, en efecto,
impregna el trabajo de nuestro autor” (Edgeworth, 1922, p. 401) lo realiza bajo el título
“Determinación analítica del punto de monopolio de Cournot”. Siguiendo la línea trazada en las
Recherches, obtiene el máximo beneficio con la condición x ' ( x)   ( x)   ' ( x) cuya
solución denomina punto de Cournot y en la que podemos observar que su primer miembro es
el Ingreso Marginal (Amoroso, 1921, pp. 204-208). Sin embargo, serían los economistas
anglosajones Chamberlin y Robinson quienes pasarían a la historia como los que reintrodujeron
el ingreso marginal de Cournot.
De la misma forma opera en el análisis del problema de n monopolistas (análisis del oligopolio)
(Amoroso, 1921, pp. 254-263): cada productor fabrica una determinada cantidad (y, z, t,…),
siendo el precio de venta función de la suma de todas ellas: De esta manera, si cada empresario
maximiza su beneficio individual obtendríamos un sistema de n ecuaciones del tipo:
 y ' ( y, z, t ,...)  ( y, z, t ,...)   ' ( y) (caso del empresario que produce y), sistema determinado
que conduce al punto de Cournot, solución para cada uno de los empresarios. Por otro lado,
como el beneficio global sería una función decreciente de las variables y, z, t, …, si estos
oligopolistas se configurasen como un sindicato y limitasen su producción con el fin de
maximizar             el        beneficio            conjunto,       el        sistema           obtenido    sería:
                     
 ( y  z  t  ...) ' ( y, z, t ,...)  ( y  z  t  ...)   ' ( y)   ' ( z )   ' (t )  ... .     Si    los
monopolistas diesen un paso más llegando a la fusión de las empresas el comportamiento
correspondería al caso del monopolista individual. El estudio de la situación de n monopolios,
lo analiza en la misma línea que el anterior, calificando ambos casos de simétricos.
Vinculando el análisis puro con los juicios de valor, una vez finalizado dicho análisis, Amoroso
señala todo este tipo de acuerdos como dañinos y describe las condiciones generales del
equilibrio en la economía monopolística, como una situación teórica con la que identifica el
Sindicalismo. Según Amoroso, al liberalismo “… que triunfó con la revolución francesa se
contrapone hoy un movimiento en sentido contrario, que adopta el nombre de Sindicalismo y
uno de cuyos caracteres dominantes es el reconstruir bajo otra forma las barreras y los
obstáculos que existían antes, y que obstaculizaban el libre juego de las fuerzas económicas.
Capitalistas, industriales, comerciantes, empleados del Estado, ferroviarios, todos constituyen
categorías sociales que tienden cada día más a forma castas cerradas, cada una de las cuales
cuida de los intereses de la clase en contraposición a los intereses de las otras. No se desea
discutir en estas líneas el fenómeno del Sindicalismo, fenómeno político a la vez que
económico, pero, limitándose al campo restringido de la economía matemática, limitarse a
observar que la configuración arriba indicada alcanza su plena expresión en una configuración
económica en la que todas las mercancías son producidas en condiciones de monopolio, de
manera que cada mercancía viene producida por un único monopolista y cada individuo sea el
productor (en condiciones de monopolio) de una y de una sola mercancía”(Amoroso, 1921, pp.
418-419).
En 1930, Luigi Amoroso publicó el artículo “La curva statica de oferta”20, este artículo es de
gran importancia en la trayectoria de Amoroso, ya que en él anticipó la famosa relación entre el
                                                                                               1
ingreso marginal de Cournot y la elasticidad de la demanda: IMa  p (1  ) , es decir, la
                                                                                               e
conocida “fórmula de Amoroso-Robinson”21. Indicaba, además, como los resultados implícitos
en los principios de la teoría clásica pero no explícitamente considerados, al menos en la forma
que él desearía expresarlos, iluminan puntos oscuros en la teoría de la curva de oferta y han
formado objeto de estudios particulares en la literatura económica del momento, especialmente
en la anglosajona.
Veamos ahora una aportación de gran trascendencia en el tema que nos ocupa (Amoroso, 1930,
pp. 8-11): parte del argumento según el cual en la teoría clásica, el beneficio se maximizaba
cuando el precio se igualaba al coste marginal, lo que califica como insuficiente para representar

20
   donde reproduce las partes de las conferencias de economía matemática que impartió en 1929 en la
Scuola di Scienze Statistiche Attuariale de la Universidad de Roma.
21
   difundida con esta denominación por Erich Schneider en 1954 (Schneider, 1971, p. 417).
la correlación precio-coste marginal en la industria moderna, ya que “la industria moderna
tiende a la concentración en las formas diversas de sindicatos, trusts, cárteles, consorcios” y va
convirtiéndose en algo normal el caso de que, en cada campo, una o pocas empresas controlen
toda la producción, por ello considera la fórmula de Ricardo “inadecuada para representar los
hechos de la moderna concentración industrial”, ante esto Amoroso propone modificar el
esquema ricardiano eliminando la hipótesis de que la cantidad lanzada al mercado no influya
sobre el precio, posibilidad mucho más real con respecto a la gran empresa moderna y que ya
había incluido en sus Lezioni de 1921, así, considerando que P   (x) llega nuevamente a la
                  dP                                p   ' ( x)    x
condición P  x        ' ( x) , a partir de donde                  (siendo X= x+y+z+…); si
                  dx                                    p          X
estuviéramos    ante    una   sola    empresa    x=X     y   por       lo   tanto   obtendríamos      que
 p   ' ( x) 1       1
               p(1  )   ' ( x) 22, expresión que define como “sustancialmente dada por
     p               
                                                                                1
Cournot”. Además como el coste marginal coincide con el ingreso marginal: p (1  )  ingreso
                                                                                            
marginal, que es la fórmula presentada por Joan Robinson en 1933 (Robinson, 1946, p. 64).
Para Amoroso, el monopolio puede ser una realidad, pero la competencia ilimitada siempre una
abstracción a la que la realidad se avecina más o menos aproximadamente. Los casos
intermedios, a la hora de ser clasificados, obedecerán a este criterio: el monopolio se
caracterizará por el hecho de que el número de empresas operantes es fijo, independiente del
precio. En la concurrencia el número varía al variar el precio. En casos de uno y dos
monopolistas el problema se resolverá según el modelo de Cournot, es decir, mediante la
            p   ' ( x) 1
condición                , se obtendrán el precio y la cantidad producida, equilibrio que es el
                p        
punto de Cournot.
Entre 1937 y 1938 el interés de Amoroso discurrió en torno a que la planificación económica
asumiese connotaciones analíticas. Puesto que la idea de la planificación no cuestionaba el
principio hedonístico, considerado el auténtico motor de la actividad económica, Amoroso
intentó reconciliar su fidelidad a los esquemas neoclásicos con los requerimientos políticos de
las economías planificadas nacionales siendo sus Principii di economia corporativa, publicados
en 1938, una muestra de esa fusión entre una gran nivel analítico y apología del fascismo.
Al estudiar la concentración industrial, como denomina a cualquier posición intermedia
monopolio-concurrencia, sostiene que los movimientos ascendentes en el precio provocan
aumentos de la oferta de la concurrencia, que a su vez hacen disminuir el precio, y así
sucesivamente, creándose un escenario de acciones y reacciones. Para ello define la siguiente
fórmula general:
pm        x
                  Esta ecuación determina la cantidad que ofrece la empresa monopolista
 p   x  y(1  )
en función del precio, de la cantidad de la competencia (y), de la elasticidad inversa y de la
reacción de la competencia (  ), variables que, si las consideramos conocidas, nos permitirían
obtener el equilibrio de la empresa en régimen de concentración industrial. La fórmula por un
lado liga con lógica el monopolio y la concurrencia como dos casos extremos de un mismo
esquema teórico, y por otro permite graduar el caso intermedio, pues a partir del segundo




22
   Si la concurrencia fuese perfecta x/X tendería a 0 y obtendríamos    p   ' ( x) , que es la fórmula de
Ricardo.
                                                                                   x
miembro de la fórmula Amoroso va a obtener el siguiente índice: I                          , que mide
                                                                             x  y (1   )
el grado de dominio ejercido por la empresa sobre el mercado, y al cual llama “potencia de la
empresa” (Amoroso, 1938, p. 174). Si este índice fuese nulo (I=0) estaríamos ante el caso de la
competencia perfecta, mientras que si fuese igual a la unidad (I=1), ante el monopolio total.
En su mundo de economía planificada, una vez identificado el grado de concentración industrial
entra en juego la intervención del Estado, quien tiene la obligación de vigilar a las empresas,
pues no se puede admitir “l’imperium que deriva de las concentraciones industriales y bancarias
y que lleva a las prepotencias de la plutocracia: no el derecho al ocio que oprime el pobre y
enriquece al rico” (Amoroso, 1938, pp. 298-300), dicho intervencionismo habrá de realizarse
vía gestión directa, indirecta o control eficiente, incluso existiendo la posibilidad de crear
consorcios mixtos empresa-Estado, de forma que estas industrias trasciendan la economía
privada y entren en el campo de la economía estatal o paraestatal, pues la producción ha de tener
un único comprador: el Estado. El proceso deberá llevarse a cabo con calma y prudencia, pues
no se trata de reducir a un monopolio de Estado toda la economía de la nación.


Arrigo Bordin y el apoyo del corporativismo en el pensamiento de Cournot.
Siguiendo en la línea corporativista de “adoptar” a los grandes maestros, destacamos el caso de
Arrigo Bordin, de gran similitud con Luigi Amoroso en la manera de trabajar y que también
integra los instrumentos económicos de Cournot, Edgeworth y Pareto en el discurso
corporativista, extendiendo esta forma de estudio de la economía política al Cantón suizo del
Tesino23.
En el plano de la teoría económica y siguiendo líneas paretianas, comienza atendiendo al
análisis del monopolio únicamente desde el punto de vista del intercambio, dando al
monopolista las opciones de: fijar el precio que le de el máximo placer, fijar el precio que le de
el máximo rendimiento monetario, fijar el precio que le dé la máxima utilidad monetaria en base
al precio de coste del bien monopolizado. Este tipo de intercambios, que se resolverán mediante
curvas de contrato, va limitado a un monopolista que negocia el intercambio con un solo agente,
pero el estudio puede extenderse a la posibilidad de más concurrentes libres, pudiendo en este
caso el monopolista discriminar o no desarrollando también un estudio donde demuestra la
conveniencia de la discriminación con el fin lograr la máxima ofemilidad o el máximo
rendimiento total y su conveniencia para maximizar la utilidad monetaria en base al precio de
coste del bien (Bordin, 1928, parte I, pp. 79-93).
Desde el punto de vista de la producción, Bordin obtiene el equilibrio del monopolio en el punto
de Cournot (Bordin, 1928, parte II, p. 45), al igual que Amoroso en las Lezioni de 1921, incluso
con similar nomenclatura: xf ' ( x)  f ( x)   ' ( x) , lo que también hará con el caso de los
oligopolistas y el mercado de n monopolios (Bordin, 1928, parte II, pp. 75-83). Concilia el
análisis de Cournot y el de Pareto al indicar que “el problema puede ser determinado, sin la
ecuación de la demanda, sustituyéndola por las condiciones de intercambio” ( Bordin, 1928,
parte II, p. 48).
Todo este trasfondo teórico tieneaplicabilidad directa a la realidad: “reclamamos todo lo que
hemos escrito a propósito de las diversas formas de organización de las ventas en el intercambio
en régimen de monopolio”, así, expone como, a partir de una situación de competencia, se

23
   mientras impartía clases en la Scuola Cantonale Superiore di Comercio de Bellinzona, ciudad donde
en 1928 publicó sus Appunti di economia politica: statica economica, donde recoge las lecciones
impartidas desde 1925, recibiendo por dichos apuntes grandes elogios por parte del destacado fascista y
economista matemático Alfonso de Pietri Tonelli en una carta que Bordin adjunta al prefacio. En 1938, ya
como docente en la universidad de Turín, publicó sus Appunti di economia politica corporativa, donde
integró la obra anterior.
generará un apetito por el acuerdo y la colusión con el fin de elevar los beneficios, surgiendo los
cárteles, que corresponden a su tratamiento de n monopolistas/oligopolistas; los trust,
tremendamente dañinos, que corresponden al análisis del monopolio único teórico. El sistema
dumping, de precios múltiples, cuando pueda operar en condiciones monopolistas, podrá
analizarse mediante el estudio de la discriminación de precios (Bordin, 1928, parte II, pp. 88-
103).
En el caso del monopolio gestionado por el Estado, el propósito será conseguir la máxima
utilidad total a pesar de sus distintos objetivos. Sean de la naturaleza que sean, se traducirán
cuando sea posible bajo forma cuantitativa en una relación entre el precio y la cantidad
producida y vendida, de la cual damos la expresión general: F(x,p)=0, y con la ecuación de la
demanda que subsiste siempre, el problema estará determinado. Puede en particular el Estado
proponerse obtener la máxima producción con la condición de que el precio de venta cubra el
coste unitario, así px   ( x)  p   ' ( x) , que coincide con la condición de libre
concurrencia para industrias con costes decrecientes. (Bordin, 1928, parte II, pp. 104-105).
En su artículo de 1939 “La teoría económica de Cournot y el Ordenamiento Corporativo”
Bordin entiende ocuparse de “ciertos aspectos de la economía corporativa y de algunos
problemas de orden teórico sugeridos de su organización, cuya preparación y solución misma
encuentran un válido auxilio en el pensamiento de Cournot, del cual hoy todavía asoman, en
nuestros estudios, la rica fecundidad, la actualidad de los temas tratados, la claridad de la
dirección seguida” (Bordin, 1939, p. 183).
A partir de instrumentos ortodoxos de la economía Bordin crea instrumentos análogos, como es
el caso de las curvas de indiferencia adaptadas a la economía corporativa. Las teorías de Pareto
son para él básicas al considerar que sin ellas no se pueden preparar las teorías de una economía
controlada o programada, ni acceder a la solución del monopolio bilateral y polilateral, cuyo
esquema juega un importante papel en la teoría económica corporativa24. Las decisiones, una
vez tomadas, serán llevadas a cabo directamente por el Estado, por entes paraestatales o por
entes públicos autárquicos, a los que el primero da potestad para llevar a cabo la actividad
económica directa, definiendo el campo de acción y las normas según las cuales desarrollan su
actividad monopolista, cayendo genéricamente bajo el régimen tipo III de Pareto. El resto de
actividad es regulado por las Corporaciones y sus organismo de enlace y coordinación, donde
los productores y compradores de factores productivos se encuentran en un contrato que
determina la cantidad y el precio, determinación para la cual se presentan negociaciones de
monopolio bilateral y polilateral con algunas restricciones. Concretamente, la regulación del
salario se lleva a cabo en régimen de monopolio bilateral25.
La solución en este tipo de monopolio será posible si: los dos contrayentes tienen en común la
unidad de medida, dándose a priori la relación entre las fuerzas hedonísticas de los contrayentes
igualmente medidas por sus efectos, lo que es la ventaja conseguida en el contrato. Si estas
condiciones no se verificasen el problema del monopolio bilateral tendría una solución arbitral
por lo que se trataría de maximizar los índices de utilidad colectiva según los lugares de
indiferencia del árbitro. Para las indeterminaciones en el contrato, la Carta del Lavoro prevé la
solución creando órganos específicos de arbitrio.


24
   De hecho, el monopolio bilateral fue entendido como organización económica corporativa. En este
sentido sería interesante realizar una investigación sobre las aportaciones de Giuseppe Bruguier Pacini
(1892-1955), correspondiente de Einaudi, traductor de Myrdal y Eucken y sobre quien faltan muchos
estudios, donde aparecen interesantes contraposiciones entre los “intereses colectivos de asociaciones
que responden al monopolio bilateral estudiado en teoría económica”..
25
   En el caso del mercado de trabajo, clara muestra de esto, la Carta del Lavoro dejará encomendada la
determinación del salario al acuerdo de las partes en los contratos colectivos, aclarando que debe
corresponder a tres necesidades: las exigencias normales de la existencia, las posibilidades de la
producción y el rendimiento del trabajo llegándose a instituir asignaciones familiares que integran los
salarios de los obreros según el número de personas que componían sus familias (caso Decreto Ley de
17/junio/1937, n.1048)
La diferencia entre Cournot y las concepciones modernas la sitúa Bordin “precisamente en el
distinto valor concedido a la misma construcción teórica cuyas soluciones son para nosotros
simplemente llevables a cabo mientras que para los escritores clásicos y post-clásicos se
deberían haber realizado con certeza o con el máximo grado de probabilidad” (Bordin, 1939, p.
195). Analizando la concepción de Cournot, y con respecto al campo de posibilidad ofrecido al
monopolista para conseguir su utilidad máxima -demanda de los consumidores-, Bordin señala
que el problema es hablar de realidades concretas. En este sentido, Cournot, al elaborar las
funciones genéricas solo conocía algunas características y no sus sucesiones numéricas, un
problema que se afrontó a posteriori con éxito no demasiado brillante, tras que Walras y sus
sucesores descubrieran que esas funciones sufren variabilidad y sus expresiones analíticas y sus
constantes son mutables en el tiempo (Bordin, 1939, p. 201). Por ello, la economía cournotiana,
a diferencia de ciertas orientaciones posteriores, no deja lugar a las desviaciones sobre las
perspectivas derivadas del grado de conocimiento efectivo de las situaciones del mercado y crea
por tanto un mundo ideal distinto aunque no necesariamente contrario al efectivo.
A pesar de la limitación señalada, Bordin manifiesta que la economía debe volver a Cournot y a
sus continuadores como Walras y Pareto, y a los esquemas estáticos, pero acogiendo en los
datos del problema elementos que luego se prevé sean encontrados en el camino. La fusión de
elementos conocidos e hipotéticos ha de estar identificada también en las definiciones de los
regímenes de monopolio, de concurrencia y de casos intermedios. Las previsiones subjetivas
deben ser, por tanto, el resultado de una probabilidad definida empíricamente e investigadora de
futuros e inciertos eventos, llamada más correctamente coeficiente empírico de previsión
variable entre 0 y 1, donde incluye el grado subjetivo  x de predominio monopolístico (poder
de monopolio), que aclara es una norma de conducta del actuante, totalmente distinta al grado
                                   p   ' ( x)
objetivo de Abba Lerner  x                    . Utilizando las dos fórmulas se obtiene la relación
                                       p
             p' x
 x  x x        , siendo p el precio y x la cantidad producida y vendida.
              p
En particular los problemas de la economía corporativa son de este tipo, pues el Estado se
realiza y define teniendo en cuenta las generaciones de hoy y del futuro. Así, concluye Bordin
“en cuanto me ha sido posible he sacado a la luz la utilidad de la posición de Cournot también
para un régimen económico tan lejano y distinto de aquel en cual “el grande” volcó sus
meditaciones” (Bordin, 1939, p. 214).


Conclusiones
Como describía Serpieri: “la tarea que hoy se les plantea a los economistas italianos es, por lo
tanto, la de someter al análisis el sistema económico-corporativo, igual que hicieron en el paso
con el individualista-liberal”(Serpieri, 1940, p. 39). En este sentido, la misión de los
economistas estaba clara: la ciencia económica renacía, y renacía como corporativa. Ante eso
los economistas debían trabajar y vestirla de todo el rigor y la seriedad con la que se había
vestido a la ciencia económica hasta entonces. Si brillante había sido el marginalismo italiano,
brillante debía ser la versión corporativa posterior.
Al margen de posturas radicales, otras que conciliaban economía pura y corporativa no
emplearon la economía matemática, los instrumentos matemáticos ortodoxos debían ser
alejados de la economía al considerarlos vinculados al homo oeconomicus e inservibles para una
sociedad compuesta por homini corporativi y con ellos las teorías de Cournot sobre el
monopolio, los argumentos debían ser llevados al terreno de la política y supeditar a ésta la
economía: es la economía corporativa aparcada en las ciencias políticas. La teoría sobre el
monopolio se perfilará básicamente política, llevando a una fijación de precios de la misma
naturaleza en base a la teoría del valor que obedecía a las necesidades del estado corporativo.
Sin embargo de opinión contraria fueron otros autores que compartían credo político con los
anteriores. El uso del instrumental analítico para teorízar el corporativismo matematizando los
argumentos le otorgaba un carácter científico: se modeliza y se pone a la altura del liberalismo y
el socialismo. Analizar la economía política en su concepción corporativa es la fase siguiente
del brillante marginalismo italiano. La evolución de la teoría económica corporativa discurre
paralelamente en las líneas de la alta teoría, los modelos que se crean a partir de la realidad de la
sociedad corporativa se describen con instrumentos analíticos ortodoxos y la maximización del
beneficio se admite controlada y planificada, por eso estos instrumentos y los economistas que
los crearon deben ser captados por el fascismo y presentados casi como propios al igual que lo
fueron del marginalismo. Así se recupera el análisis marginal de Cournot, al igual que harán los
anglosajones en la década de los treinta, pero conciliado con una cruda realidad fascista.
A pesar de los brillantes resultados de esta teoría económica sobre el monopolio, no se observó
a posteriori (salvo excepciones) un especial reconocimiento, posiblemente a causa de la
hegemonía anglosajona unida al lógico carácter de non grato que acompañaría a cualquier
economista que unía desarrollos de tan alto nivel con apología del fascismo. Sea como sea,
hemos de reconocer su puesto a los economistas matemáticos del corporativismo italiano en la
alta teoría sobre la competencia imperfecta.


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