La Biblia y la familia

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					                             La Biblia y la Familia
       Aportes para un acercamiento a la iluminación bíblica sobre la familia

                                                                     P. Toribio Tapia Bahena
                                                       Comisión Episcopal de Pastoral Bíblica
                                                            Tlaxcala, a 18 de octubre de 2005


        Introducción
        Es indiscutible la importancia de la relación entre familia y Biblia; sin embargo,
esto de ningún modo indica que sea fácil. El rastreo de un tema, en este caso la familia,
tiene sus dificultades. Se corre el riesgo de rastrear un término equivalente en la lengua
pero diferente en sus contenidos y significados. Por ejemplo, la palabra “esclavo” se
puede localizar en la Biblia pero su significado tiene poco que ver con el tipo de
esclavitud de la que generalmente hablamos. En el caso de la familia tenemos la
dificultad que nuestro modelo mental de “familia” no coincide con el de la antigüedad,
concretamente con el del tiempo de los primeros cristianos.
        Otra dificultad es que, por el hecho de que los textos que analizamos sean
bíblicos, pensemos que siempre son ejemplos a seguir. La Biblia por ser Palabra de
Dios siempre edifica; pero por ser palabra humana no siempre edifica con ejemplos a
seguir, en muchas ocasiones lo hace con ejemplos a evitar.
        Esta doble dificultad pide que nos acerquemos a lo que dice la Biblia sobre la
familia con mucha cautela; además, que tomemos en cuenta otros elementos aparte de
los bíblicos.
        El objetivo general del encuentro es “estudiar el papel de la familia como
transmisora privilegiada de la fe y los retos que se le plantean hoy”; y el objetivo
específico en el que se ubica nuestro momento es “contemplar a la familia en el
contexto actual y desde su dimensión bíblico-teológica”1.
        Para acercarnos, aunque sea modestamente a este par de objetivos, propongo que
dividamos nuestra exposición en tres momentos: en primer lugar, pondremos atención
en el concepto de familia/casa del mundo mediterráneo y de los primeros cristianos; en
segundo lugar, abordaremos la familia y el seguimiento de Jesús; por último,
retomaremos algunos elementos de las iglesias domésticas en el cristianismo primitivo.




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          Además, el planteamiento que hagamos desde el área bíblica tiene una fuerte relación con la
profundización de la familia como iglesia doméstica.


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        1. La familia en la casa en tiempos de los primeros cristianos
        a) La casa
        Es imposible pretender hablar de la familia en el Nuevo Testamento y no tocar el
tema de la casa. Y cuando nos decimos “casa”, estamos al mismo tiempo, hablando del
espacio y de la gente que la habita. De hecho el término bayit se refiere al mismo
tiempo que al edificio o habitación, también a la familia del padre, a los parientes o a
todo lo que comprende la casa, incluidos los esclavos y ganados.
        En la antigüedad la mayor parte de la vida transcurría en las casas 2; además, la
casa necesariamente hace referencia a la estructura básica de la sociedad greco-romana:
la familia. Lo que la casa era para la ciudad, la familia era para el Estado.
        Mencionemos de entrada que había tres tipos de casas romanas en las ciudades:
la domus (casa propiamente dicha), la insulae (manzanas o cuadras) y la tabernae
(especie de locales ubicados en toda clase de edificios o residencias) 3. Ahora, prestemos
atención sobre todo a quienes vivían en la casa, a la familia.

        b) Las relaciones familiares en la casa
        La familia patriarcal era una estructura social muy arraigada entre los romanos;
ésta manera de comprender y vivir la familia se veía reforzada –entre algunos de los
primeros cristianos- por la tradición semítica que también era patriarcal.
        La familia estaba formada por el matrimonio, los hijos, los parientes próximos,
los criados y esclavos; también pertenecían a la familia, más allá del sentido de
parentesco, afinidad y antigua servidumbre (los libertos) los deudores, beneficiarios y
hasta los amigos tradicionales4.
        La unidad familiar tenía un carácter sagrado que alcanzaba a reflejarse en el
culto doméstico5. La familia era algo sagrado en sí misma; la lealtad a la familia era una
virtud especialmente cultivada en aquella sociedad. Cualquier comportamiento que
dañara la lealtad o la honra de la familia era algo aborrecible. Vivir solo, sin familia, era
vergonzoso, extraño y hasta denigrante6.
        La figura clave era el padre (paterfamilias), con una autoridad casi absoluta,
dueño de la casa, a la que daba su nombre7. El padre era como el jefe de estado pero en
la familia, se desempeñaba como juez, único propietario; además era el sacerdote del
culto familiar. Con mucha seguridad por esta razón el ideal y la obligación moral de
cualquier persona era convertirse en un paterfamilias.
        Los hijos estaba sometidos a la autoridad del padre, aunque estuvieran casados
(as); cuando moría el padre podían apartarse. Sin embargo, mientras vivieran en la casa
de su padre no tenían voz ni voto, ni disponían de los bienes familiares, excepto un
dinero personal, como los esclavos.


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           Esto es más significativo porque había espacios de esparcimientos como el foro, las termas, etc.
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           Para una excelente explicación véase: J. González, Los Hechos de los Apóstoles y el mundo
romano (Estella: Verbo Divino 2002) 146-149.
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           Era lo que los romanos llamaban clientela.
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           Cada familia tenía a los dioses de sus antepasados a quienes encomendaban sus difuntos (los
Manes); además tenían los dioses del hogar que tenían una pequeña capilla en casa (los Lares); y una
especie de variante de los anteriores vinculados especialmente a los alimentos (los Penates). A los
pertenecientes a las dos últimas categorías se les ofrecían simbólicamente comida y flores.
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           Los grupos que exaltaban a los personajes que vivían al margen de la casa familiar eran muy
mal vistos y, por eso, considerados subversivos.
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           Este carácter absoluto de la autoridad del paterfamilias le daba derecho de desheredar a sus
hijos y hasta de condenarlos a muerte (aunque esto último era poco común).


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        Esta manera de comprender a la familia como célula del estado y al padre de
familia como su representante con una gran –casi absoluta- autoridad, donde se exalta la
obediencia y la disciplina domésticas inculcando que los hijos se sometan a sus padres
será una de las principales claves para comprender a la naciente iglesia.
        Además del padre la otra figura clave en la familia romana era la señora de la
casa (matrona, domina). A diferencia de las mujeres griegas que hasta tenían un
departamento retirado para ellas, las romanas llevaban bastante vida social y hasta
asistían a los espectáculos públicos. Su opinión era tomada en cuenta e influían en la
vida política; las mujeres de las clases altas eran cultas y estudiaban con los mismos
instructores de sus hermanos. Sin embargo, al no ser considerada la mujer un verdadero
ciudadano no podía participar directamente en la vida política ni aspirar a un cargo
oficial8.
        Las mujeres solteras, por el contrario, estaban bajo la jurisdicción de su padre;
cuando se casaban pasaban a la del suegro. Sin embargo, el vínculo con la casa paterna
no desaparecía pudiendo volver en caso de divorcio9. Ahora bien, aunque la mujer podía
casarse por segunda vez, no se veía bien en la sociedad y el mejor motivo de orgullo
para una mujer era ser la mujer de un solo varón. Por su parte, la mujer divorciada
recuperaba la dote y, en caso de que fuera huérfana de padre, se convertía en una mujer
rica.

        2. El rompimiento con la familia y el seguimiento de Jesús
        a) Dejar el trabajo y al padre para seguir a Jesús (Mc 1,16-20; Mt 4,18-22; Lc
5,10-11).
        La ocupación de los primeros discípulos nos ofrece ya un marco de referencia
importante sobre el estrato social al que pertenecían sus familias. Eran trabajadores
manuales; un estado intermedio entre el grupo de los gobernantes-funcionarios y
aquellos que tenían que mendigar para vivir. Los pescadores pertenecían al mismo nivel
social que los campesinos; ahora bien, el mismo evangelio de Mc 1,16-20 evidencia tres
tipos de pescadores: los que tenían barca y redes, los que sólo poseían redes y quienes,
al no poseer nada, eran jornaleros. Al primer grupo pertenecían la familia de Santiago y
Juan. No sabemos si estaban casados cuando Jesús los llamó, pero lo estuvieran o no, lo
más probable es que vivieran en la casa de su padre, formando una familia múltiple.
        Pedro y su hermano Andrés pertenecían al segundo grupo.
        Dejar el trabajo era dejar la seguridad familiar pues la familia representaba una
unidad de producción; además, dejar el oficio que con mucha seguridad había enseñado
el padre al hijo, era algo más que un abandono laboral; constituía un desprecio familiar.
Además, abandonar al grupo familiar era mal visto y se consideraba una deshonra.
        Por eso quizás, entre los evangelios, Lucas (junto con Hechos) remarcar que no
es suficiente con renunciar al grupo familiar hay que preguntarse para qué (véase Lc
11,33ss).




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            Ahora bien, estas restricciones no le impedían disfrutar del derecho a la propiedad; podía ser
rica y estar al frente de negocios importantes con todos los derechos y responsabilidades.
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            El emperador Augusto como gran reformador quiso abolir el divorcio pero le fue prácticamente
imposible. No obstante hizo intentos por fomentar la morar pública; se rodeó de escritores que apoyaran
decididamente las buenas costumbres exaltando las viejas tradiciones como Virgilio; desterró a otros
considerados libertinos como Ovidio. Decretó leyes que ayudaran a valorar la vida familiar, el aumento
de la natalidad, la moral pública y la piedad religiosa.


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        b) La nueva familia de los discípulos de Jesús (Mc 10,28-30; Mt 19,27-29; Lc
18,28-30)
        Para ubicar mejor estos textos debemos tomar en cuenta, en primer lugar, que la
casa, los familiares y los campos no eran elementos desconectados entre sí, sino
elementos básicos de la casa/familia; se mencionan todos los elementos de la familia
patriarcal extensa.
        En segundo lugar, recordemos que los discípulos a los que se dirigieron estas
palabras habían abandonada la “casa” patriarcal, es decir, la institución central en la
sociedad greco-romana. No había modo, recordemos, de participar en la sociedad más
que a través de la casa; a través de ella se adquiría prestigio social, se podía sobrevivir
dignamente, incluso, por pertenecer a una familia se garantizaba el acceso a Dios. Más
aún, en la familia se encontraba también la ayuda y la solidaridad de los demás
parientes.
        Abandonar la familia tiene como recompensa otra nueva familia, o mejor dicho,
nuevas “casas” con todos sus ingredientes: casa, familiares y campos. La enumeración
de familiares indica ya que no se trata de una familia como la que dejan; no encontrarán
nuevos padres porque el padre de esta nueva familia será solo uno: Dios (véase también
Mc 3,33-35). Esta nueva familia está unida, no por lazos de sangre o descendencia legal,
sino por cumplir la voluntad del Padre.
        Con mucha seguridad en los primeros años estas palabras animaban a los que
recién se convertían al cristianismo; hasta podríamos pensar que algunos de los
elementos que presentan estos evangelios debieron animar mucho a los cristianos que
vivían lejos de su tierra, en la diáspora.
        Posteriormente los evangelistas y sus comunidades pudieron ver en este mensaje
un aliento para los misioneros.

        c) Entregados por los familiares a la muerte (Mc 13,12; Mt 10,21; Lc 21,16)
        Para comprender mejor estos textos debemos preguntarnos qué significa
entonces la desintegración de la casa y poner atención en las resonancias para los
destinatarios de los evangelios.
        Para los destinatarios originales de estos textos lo más llamativo no eran las
tensiones sino lo que esto significaba: la desintegración de la casa. Así, pues tenemos en
primer lugar que se menciona la relación padre-hijo, que era el eje fundamental de la
familia en todos los niveles sociales. En segundo lugar, se habla de la relación entre
hermanos que era muy importante en las familias extensas.
        Captamos mejor lo significativo de esta ruptura si reconocemos la cantidad de
obligaciones, ritos y ceremonias que existían y que tenían como principal objetivo
conservar y restablecer la unidad de la casa y las buenas relaciones entre sus miembros.
La armonía entre los miembros de la familia era en aquella época una cuestión de
capital importancia, pues de ella dependía el funcionamiento adecuado de la casa, su
honor y su continuidad. A tal grado era significativa la estabilidad familiar que el
enfrentamiento entre los miembros de una familia era signo de que todo estaba acabado.
        Este texto refleja sin duda la situación adversa que vivieron muchos miembros
de las comunidades cristiana. La pública profesión de su fe en Jesús les acarreaba una
oposición encarnizada por parte de sus propios parientes, llegando incluso a la denuncia
ante los tribunales y a la muerte. La ruptura con la familia no era para ellos una
exigencia del discipulado sino una consecuencia. No era una ruptura “para” sino una
ruptura “por causa de”; no eran ellos los que rompían con sus familias sino su familia la
que rompía con ellos.



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        d) “Odiar” a los familiares por causa de Jesús (Lc 14,26; Mt 10,37)
        Para comprender mejor estos textos es de capital importancia comprender el
significado de “odiar”.
        Lo hemos colocado entre comillas para indicar que el significado que le damos
este verbo no siempre corresponde con el que tenía en aquella cultura y tiempo. Para
nosotros el odio, lo mismo que el amor, pertenece al campo de la psicología individual,
de los sentimientos personales. En aquella cultura, sin embargo, el amor y el odio no
estaban necesariamente unidos a sentimientos personales, tampoco se situaban en el
ámbito de lo psicológico; eran actitudes que pertenecían a la esfera de los valores del
grupo, y estaban relacionados con la adhesión a la fidelidad (amor) o la ruptura y la
infidelidad (odio) (véase también Lc 16,13).
        También debemos tener presente que para que la casa, la familia, pudiera
desempeñarse bien era necesario que la fidelidad y la solidaridad entre sus miembros se
colocara por encima de cualquier otra obligación. Sólo así era posible la ayuda y el
apoyo entre sus miembros, la protección de los mismos, la venganza por las ofensas
recibidas, la defensa del honor común. Esta fidelidad se expresaba sobre todo en la
obediencia al padre de familia (paterfamilias) cuya autoridad era el pilar más firme en la
casa patriarcal10.
        Con mucha probabilidad los evangelistas y sus comunidades estaban concientes
de la importancia del valor de la familia pero también la actitud crítica ante cualquier
oposición –directa o de actitudes- al proyecto de Jesús. Nada está por encima de Jesús
pero todo adquiere su justo valor a partir de Él.




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          Esta relativización de los lazos familiares se dio por motivos religiosos tanto entre los griegos
y romanos como entre los judíos.


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       3. Las iglesias domésticas
       Al ser la casa/familia la estructura básica de la sociedad del siglo I también se
convirtió en la estructura elemental del cristianismo primitivo. De hecho los griegos y
los romanos entendían el Estado a modo de la casa11.
       En el Nuevo Testamento se habla de la conversión de “casas” enteras (Jn 4,453;
Hech 11,14; 16,15.31-34; Hech 18,8; 1Cor 1,16); hasta existe la posibilidad de que la
casa sea la forma básica de organización del cristianismo de los inicios (Rom 16,5; 1Cor
16,19; Col 4,15; Fil 1-2).

        Los Hechos de los Apóstoles nos narran que los apóstoles con algunas mujeres,
con María la madre de Jesús y los hermanos de éste, se reunían en el piso superior de
una casa de la ciudad que estaba ubicada a un camino de sábado (aproximadamente
1250 m) del monte de los Olivos (Hech 1,12-14). En las casas orientales el piso alto
suele ser el mejor (Mc 14,15; Hech 9,37). También se nos dice que muchos se reunían
para orar en la casa de María la madre de Juan Marcos (12,12) a donde se dirigió Pedro
después de estar en la cárcel. Al describirse a la comunidad de Jerusalén se dice que
frecuentaban el templo y anunciaban la Buena Noticia y partían el pan “en casas”, “por
las casas” (Hech 2,46; 5,42). Al hablar de la primera persecución contra la Iglesia se
dice que Saulo “entraba por las casas y se llevaba por la fuerza a hombres y mujeres...”
(8,3). Hasta podría entenderse que irrumpía en las celebraciones domésticas de las
comunidades. Cuando los judíos se amotinan en Tesalónica contra Pablo y Silas los
buscan en casa de Jasón (Hech 17,5) que parece ser conocida como el lugar de reunión
de los cristianos. Pablo en el resumen de su ministerio (20,20) dice que “predicaba y
enseñaba en público y por las casas”.
        Además de estas indicaciones existe también la fórmula “fulano y (toda) su
casa”; un buen ejemplo de esto es el caso de Cornelio y su casa (Hech 10); en Filipo
recibe el bautismo, una rica negociante en púrpura, y su casa (16,15). Esta vinculación
está subrayada en el caso del carcelero que cuidaba a Pablo y a Silas en Filipo; se
promete la salvación a él y a su casa, le anuncian la Palabra con todos los de su casa,
recibieron el bautismo él y los suyos (16,31-34).
        Por su parte, Pablo no es indiferente a este tema. Desde Éfeso envía a los
corintios saludos de parte de Aquila y Prisca “con la iglesia de su casa” (1Cor 16,19).
No se refiere a los que viven con él sino, con mucha seguridad, a quienes se reúnen
ahí12.
        Pablo ha estado en Corinto y bautizado en las casas de Crispo, Gayo yt
Estéfanos que eran tres personas de relevancia social y buena posición económica.
Parece que Corinto estaba formada por varias iglesias domésticas y que en ocasiones
determinadas se reunían (1Cor 14,23). Algunos especialistas han pensado que detrás de
        11
            Filón de Alejandría dice, por ejemplo: “el futuro hombre de Estado tiene que estar antes
entrenado en el gobierno de su casa. Si una casa es una ciudad en pequeño y si el gobierno de la casa se
relaciona con la política, se puede decir que una ciudad es una casa grande...” (De Josepho 38-39).
         12
            Llama la atención que, las seis veces que se menciona a este matrimonio, en cuatro aparezca
en primer lugar el nombre de la mujer (Rom 16,3; Hech 18,18-26; 2Ti 4,16; cf. 11Cor 16,19; Hech 18,2).
Además, en el epílogo de la carta a los Romanos se menciona a varias mujeres. Febe es diaconisa de la
iglesia de Cencreas en Corinto y es designada como protectora o patrona de la iglesia (Rom 16,1). Se
saluda a María (v. 6), Pérsida, Trifena y Trifosa (v. 12) de las que se dice que han trabajado con dureza
(término utilizado por san Pablo para describir su propia actividad (1Cor 15,10; Gal 4,11; Fil 2,16; Col
1,29) o de quienes presiden la comunidad (1Cor 16,16; 1Tes 5,12). En Rom 16,7 se habla de Junia a
quien algunos comentaristas consideran varón (sin embargo, esta postura es muy cuestionable pues la
terminación no está suficientemente clara). Además, en Fil 4,2 Pablo exhorta a la reconciliación a dos
mujeres destacadas por su trabajo, en favor del evangelio. En Col 4,15 saluda a otra mujer, Ninfas y “a la
iglesia de su casa”. En resumen, en las iglesias domésticas desempeñaban un papel relevante las mujeres.


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las divisiones que manifiesta 1Cor 1,11-12 estarían estas iglesias domésticas que
derivaron en grupos particularistas13.
       Ahora bien, parece que en las Cartas Pastorales se observa una separación entre
la casa y la comunidad cristiana. Se habla de la casa del obispo (1Tim 3,4s) y de los
diáconos (1Tim 3,12); se insiste también en los deberes de solidaridad con la propia
casa (1Tim 5,4-8), en el buen gobierno (1Tim 3,12) pero sin perturbar la casa de los
demás (1Tim 5,13); son recomendaciones iglesias familiares no a iglesias domésticas.
Estamos ante otro momento de la organización eclesiásticas14.




        a) Evangelios



        b) Importancia de las iglesias domésticas en el cristianismo primitivo
        + La reunión en las casas les permitieron a los primeros cristianos conciencia de
su identidad y de su diferencia con el judaísmo (Hech2,46). Pero sobre todo es
importante que el cristianismo comenzó afirmándose socialmente en un espacio no-
sagrado sino en la vida cotidiana, en la ordinariedad. Además, eran comunidades
relativamente pequeñas pues, de acuerdo a las dimensiones de las viviendas no podían
concurrir más de 30 ó 40 personas.

        + Las iglesias domésticas eran un espacio de encuentro para gente e diversas
situaciones y rangos sociales. Se intentaba promover unas nuevas relaciones humanas
en las que se superaran barreras de sexo, grupo étnico y diferencias sociales (Gal 3,28;
cf. 1Cor 12,13).Con mucha seguridad, en una sociedad en la que se procuraba reunirse
pero con los “mismos” de tu clase o grupo, la propuesta del cristianismo fue muy
novedosa.

       + La estrategia apostólica de Pablo incluía la búsqueda de que en cada localidad
se convirtiera un cabeza o padre de familia que les proporcionara una casa adecuada
como localización de la comunidad y plataforma misionera (quizás a esto haga
referencia Lc 19,5-7).

       + Las iglesias domésticas eran un espacio privilegiado para el encuentro y el
intercambio de personas diferentes, incluso desiguales, que buscaban en el contacto e
intercambio a partir de la misma fe en Jesucristo, construir una verdadera comunidad.
Cada vez es más aceptado que en las primeras comunidades cristianas si bien había
gente muy necesitada también existían miembros de buena situación15.


        13
             Con mucha seguridad el conflicto de Antioquía también puede tener relación con un la
diversidad de iglesias domésticas.
          14
             2Tim 1,16 y 4,19 habla de la casa de Onesíforo; es la familia de un personaje no una iglesia
doméstica; se alaba exageradamente. Se pone en guardia (2Tim 3,6) contra los propagadores de doctrinas
falsas y, después en Tit 1,11 se pone en guardia contra los que transtornan casas enteras. A la búsqueda
que había hecho el cristianismo por introducirse en las casas correspondía ahora una injerencia de parte
de gente extraña y hasta con intenciones malévolas.
15
   Por ejemplo, en Corinto Erasto era el tesorero de la ciudad (Rom 16,25), Crispo era el jefe de la
sinagoga (Hech 18,8; 1Cor 1,14), Gayo poseía una casa amplia (Rom 16,23); Priscila y Aquila tenían, con


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        + De acuerdo a un proceso natural que se sigue en la formación de los grupos
humanos el que hospedaba a la iglesia en su casa se constituía en su líder. Por ejemplo,
el caso de Filemón (“colaborador” v. 1), Febe (“diaconisa”, “protectora”, Rom 16,1-2),
Priscila y Aquila (“colaboradores” Rom 16,3), Estéfano (1Cor 16,15-16). En este último
caso se dice expresamente que es el primer convertido y se le reconoce su función de
liderazgo en la comunidad pues “se ha consagrado al servicio de los santos...” Es
posible que a partir de estos líderes se hayan desarrollado posteriormente los jefes de las
comunidades. Incluso, aunque no podamos verlo con amplitud, debemos dejar claro que
muchas mujeres tuvieron un papel relevante y digno en las iglesias domésticas; algunas
de ellas pudieron ser y desempeñar la función de líderes en sus comunidades.

        + La importancia de la casa como un espacio de encuentro se hace más evidente
cuando recordamos que en el mundo grecorromano había dos tipos tradicionales de
entrar en contacto con la sociedad: la vida pública y la casa en la que se había nacido.
No obstante había quienes no podían participar como los esclavos, las mujeres, etc.
Además, es muy probable que en el siglo I al aumentar la concentración de poder en la
élite aristocrática los espacios de encuentro (o de socialización) se redujeran o se
hicieran privilegio de unos cuantos. Por eso surgieron con tanto auge y atracción las
comunidades que promovían la comunión .
        Ahora bien, aunque el cristianismo se desarrolla en la casa no debe reducirse a
un culto doméstico y privado. Las comunidades en la casa tenían un horizonte universal,
abierto. En esto se asemejan a las comunidades judías pero se distinguen de éstas
porque para los primeros cristianos no existían límites étnicos (por grupo o pueblo de
pertenencia).
        Las comunidades cristianas respondían a tres aspiraciones muy sentidas en
aquella sociedad: el carácter voluntario, a tal grado que cualquiera podía participar
libremente; la base doméstica que proporcionaba un espacio sólido de relación
interpersonal; la aspiración a una fraternidad universal que cautivaba a mucha gente de
su tiempo.
        + Debemos ser concientes de un proceso. En una primera etapa los seguidores de
Jesús subrayaron el rompimiento con la casa, con el grupo familiar para poder ser
discípulo del Maestro. La conversión y el seguimiento de Jesús llevaban a serias
separaciones internas en la familia generando incluso persecución. Se afirma con
claridad que tener fe en Jesús y seguirlo está por encima de la fidelidad al clan o al
grupo familiar. Como recompensa encontraban a otra familia que les ofrecía un espacio
equivalente o hasta más amplio y mejorado.
        En una segunda etapa, sobre todo Pablo, procurará hacer de las casas cristianas
la base de las comunidades, las iglesias domésticas.

        + Pablo escogió la estructura básica del mundo en que vivió para desde ahí
construir el reino. Un poco después las cartas de la cautividad y primera de Pedro (Col
3,18-4,1; Ef 5,22-6,9; 1Pe 2,18-3, 7) promueven la aceptación del orden establecido en
las casas. Hasta pude haber un interés apologético pues acusaban a los cristianos de
estar en contra del orden social.
        Además, las cartas pastorales reflejan que la iglesia ha crecido y tiene pocas
bases en las casas. El buen gobierno de la propia casa se convierte en criterio
fundamental para que alguien sea guía de la comunidad (obispo). Muy pronto la imagen

mucha probabilidad, negocios ne varias ciudades; Lidia se dedicaba a comercializar la púrpura entre
Grecia y Asia menor; Filemón tenía al menso un esclavo...


                                                                                                 8
de la iglesia como casa se metaforiza y termina, quizás, perdiendo cierto contenido
(1Tim 3,15).

       + El desarrollo de la iglesia en las casas toca los puntos fundamentales de la
comunidad: la cercanía, la interrelación, la solidaridad, la comunión en la diversidad, la
comunión de fe, la participación efectiva… La institución inicial en el cristianismo
primitivo no se dio al margen de estos aspectos constructores de la comunidad.

       + La pluralidad hacia el interior de la comunidad prepara sin duda para el
universalismo. No hay apertura convincente hacia el exterior de la comunidad si no hay
una actitud básica evangélica hacia el interior.

       4. Elementos del evangelio que pueden ayudar a la construcción de nuestras
familias

       a) Una religión en la familia exigente pero no inhumana (Mt 11,25-30)

                   Lee cuidadosamente Mt 11,25-30. Ahora, pregúntate: ¿por qué bendice Jesús
              a su Padre? Lee 11-16-24 ¿a quién juzga Jesús? ¿por qué? ¿por qué se queja de la
              gente de Corazaín, Betsaida y Cafarnaún? ¿qué relación podría tener esto con
              nuestro texto?
                   ¿A quiénes llama Jesús para que se le acerquen? ¿por qué?

     Puede ayudar a comprender mejor el texto anterior que tengamos claro lo que era el
yugo. Generalmente el yugo se identifica como un instrumento de control de los
animales. Era una rústica barra de madera atada a través de los cuellos de un par de
animales y sostenida en su lugar por dos palos verticales que descendían a cada lado del
cuello y que se ataban por debajo. Sin embargo, existen testimonios de que también fue
usado como un instrumento de control, disciplina y dominio con los prisioneros
reflejando una relación de propietario-poseído, amo-esclavo, señor-siervo. También se
le llamaba yugo a una pieza de madera que se disponía sobre los hombres y de la cual
se podían colgar cargas16. De cualquier modo, el yugo tiene relación con la pesadez, la
dificultad para llevar algo pesado, dominio y control.
     Además es importante poner atención en el significado de “estar fatigados y
sobrecargados”. “Estar fatigado” tiene que ver con estar rendido, desalentado,
desanimado por un esfuerzo excesivo, emocionalmente desmoralizado y debilitado (Mt
6,28; Lc 5,5; 1Cor 15,10). Por su parte, “estar sobrecargado” se refiere a estar rendido a
causa de ciertos problemas y apuros; es algo que también indica observancias legales
pesadas, quizás injustas. Ambas situaciones se relacionan con el legalismo que
imponían los fariseos y algunos otros grupos al pueblo; existía la frase “cargar el yugo”
como una expresión corriente entre los rabinos para referirse al yugo de la ley. Por eso,
con las palabras “yo soy manso y humilde de corazón”, es decir, porque su yugo es
diferente al legalismo de los fariseos y porque es manso y humilde (es decir, amable,
benigno, considerado, sin pretensiones) vale la pena acercarse a Jesús.
     Por último, no olvidemos que Jesús ha bendecido al Padre porque ha ocultado “estas
cosas a sabios e inteligentes y las ha manifestado a los pequeños”. Para comprender
mejor esto debemos considerar, por un lado, que Jesús se ha quejado de los de su
generación por incrédulos e indiferentes (Mt 11,16-19) y de las ciudades en las que
había realizado milagros y tampoco se habían convertido (vv. 20-24); por otro lado, que

       16
            Como los aguadores o lecheros de nuestros pueblos.


                                                                                                 9
el término “pequeños” tiene que ver con los niños, los bebés; contrapuesto a los sabios e
inteligentes podría entenderse que se refiere a la gente sencilla. De este modo,
podríamos pensar que con mucha probabilidad la alegría de Jesús está en que la Buena
Noticia del Reino se les ha dado a conocer a quienes además de estar en mejor
disposición para recibirla tienen menos riesgos de hacerla a su antojo, de manipularla17.
Y es que antes se ha quejado de la gente de su generación precisamente porque nada ni
nadie se acomoda a sus gustos.
     A partir de lo anterior podemos remarcar, en primer lugar, que la Buena Noticia no
está exenta de posibles manipulaciones. La alegría de Jesús es más que justificada;
bendice a Dios porque las cosas del Reino han sido reveladas a los pequeños, a los
sencillos. La abundancia de conocimientos no es mala, al contrario es indispensable
para profundizar más y mejor los contenidos de nuestra fe. Sin embargo, son
insuficientes si no hay una actitud de apertura y disponibilidad para aceptar las
exigencias de la Buena Noticia de Jesús. Por eso, la sencillez, la modestia y la apertura
serán siempre características indispensables de todo discípulo para evitar la
manipulación o el acomodo de las exigencias de Jesús y su Buena Noticia a nuestro
antojo.
     En segundo lugar, el evangelio afronta un tema profundamente complicado al
mismo tiempo que esperanzador que puede reflejarse en las preguntas: ¿qué función
tiene la religión en la comunidad humana? ¿la propuesta de Jesús por ser exigente
necesariamente es inhumana? Jesús no elimina la exigencia sino el legalismo inhumano
de los fariseos. De hecho, el legalismo es, en el fondo, menos exigente que la propuesta
de amor y compromiso de Jesús. Cualquiera puede cumplir con ciertos principios
legales pero no cualquier está en disposición de amar como Jesús. La propuesta de Jesús
es exigente pero no quita la esperanza de vivir; es exigente pero no humilla ni rebaja en
su dignidad a las personas.
     Por último, este evangelio resalta un rasgo de Jesús que a veces hemos descuidado:
su amabilidad y consideración. Es sorprendente y hasta conmovedora la actitud que
tuvo Jesús con las personas. Su exigencia no era inhumana, tampoco grosera o
prepotente; su cercanía era bien intencionada. En este rasgo de la pedagogía de Jesús
tenemos algunas (o quizás muchas) cosas pendientes como Iglesia.

            Reflexionemos ¿Hemos tenido la tentación de manipular o hacer a nuestro antojo el
        mensaje de Jesús con tal de evitar sus exigencias?
            ¿Tendría sentido una religión sin exigencias ni principios serios? ¿De qué modo y
        con qué principios debemos asumir y presentar lo que creemos para que no sea una carga
        que lastima y humilla a nuestra familia sino, por el contrario, son unas exigencias que
        abren a la esperanza y a las ganas de vivir?




                      b) El Reino de Dios, un banquete para todos (Mateo 22,1-14)

                  Leamos primeramente los vv. 1-10.
                  ¿A quién dirige Jesús esta nueva parábola? (Lea Mt 21, 23. 45)
                  ¿Con qué se compara el Reino de los Cielos? (v. 2) ¿Quiénes son los llamados a
             la boda y qué actitud toman? ¿cuántas ocasiones les insiste? ¿cómo se describe el
             banquete organizado por el rey? (v. 4). ¿Cómo se comportan los invitados con los
             servidores del rey? (vv. 5-6) ¿cuál es la reacción del rey? (v. 7) ¿De qué manera se


        17
            El evangelio de ningún modo dice que unos sean malos por ser sabios e inteligentes y que
otros, por el contrario, sean buenos por ser pequeños.


                                                                                                    10
           expresa el rey acerca de los invitados? (v. 8) ¿A dónde fueron y a quiénes invitaron
           los servidores del rey? (vv. 9-10).
                Ahora leamos los vv. 11-14.
                ¿Qué observa el rey en uno de los comensales y qué le dice? (vv. 11-12) ¿Cuál
           es la reacción del comensal? ¿Qué les ordena el rey a sus servidores? (v. 13)
                Si tiene un poco más de tiempo lea Lc 14,15-24, compare lo que dicen ambos
           evangelistas ¿qué elementos originales presenta Mateo?

    Para comprender mejor lo que hemos leído pongamos atención, en primer lugar, en
la grandiosidad del banquete: es un banquete extraordinario pues se hace una gran
matanza de animales; además, es especial pues es con motivo de la boda del hijo del
rey. De ahí que el desprecio del banquete de bodas sea, en el fondo, un desaire a la
persona del rey. Sin embargo, la grandiosidad del banquete contrasta con el desprecio
de los invitados.
    En segundo lugar, concentremos nuestra atención en los súbditos. La respuesta de
los invitados está llena de contrastes y contradicciones: los pretextos que ponen para no
asistir (ir al campo y a su negocio) son insignificantes en comparación con el banquete
de la boda del hijo del rey; más aún, a la invitación del rey algunos de ellos
corresponden con crueldad y hasta matando a los enviados. Por eso, el evangelio insiste
en que no fueron dignos porque concientemente no fueron a la fiesta; más aún, no sólo
no quisieron participar de la fiesta, sino que sin ningún motivo atentaron contra los
enviados del rey18. La insistencia del rey para que asistan a la fiesta que está a punto de
comenzar contrasta con la ligereza de los súbditos para no asistir.
    En tercer lugar, no se suspende la fiesta por falta de invitados; la fiesta debe
realizarse. Los siervos salen a los cruces de los caminos; el evangelio insiste en que
llevaron a malos y buenos y con ellos se llenó el salón de la fiesta 19. Los cruces de los
caminos se refieren a los lugares que están más allá de los límites de la ciudad; más allá
de los límites del pueblo de Israel20.
    Además, podemos señalar en cuarto lugar, algo que a diferencia de Lucas (14,16-24)
Mateo ha introducido: la entrada del rey al salón de la fiesta. Da la impresión como si
Mateo percibiera el riesgo de que, el hecho de que todos puedan entrar a la fiesta, pueda
provocar una falsa confianza al grado que se llegue a pensar que la participación en el
banquete no exige absolutamente nada. El evangelio deja suficientemente claro, en este
sentido, que el hecho de ser llamado debe provocar un comportamiento de escogido.
    Por último, se indica con suficiente claridad que aquellos invitados no fueron
dignos. Eran gente cercana; la costumbre corriente en aquel tiempo y en aquella cultura
era invitar a las comidas sólo a los más cercanos, a los del propio grupo. Comer con
gente extraña era uno de los modos más fáciles de perder el honor y de ser avergonzado.
Por esto precisamente llama aún más la atención que, mientras los cercanos y amigos,
han despreciado la invitación, unos desconocidos (malos y buenos) son recibidos en el


    18
        En la antigüedad los súbditos del rey tenían la obligación de ir a los eventos de la familia real; por
eso sorprende que no vayan y que sean invitados con insistencia en dos ocasiones.
     19
        Llama la atención que el evangelio de Mateo diga que los siervos reunieron a malos y buenos
(21,10) mientras que en Lucas se diga que, por encargo del señor que hizo el banquete, se les obligue para
que entren en la casa (14,23).
     20
        Recordemos el texto de la curación del Centurión en el que Mateo (8,5-15) a diferencia de Lucas
(7,1-10; puede verse también Jn 4,46-53) adelanta esta apertura más allá del pueblo de Israel: “les aseguro
que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y les digo que vendrán muchos de oriente y
occidente y se pondrá a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos, mientras que los
hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes” (vv. 10-
12).


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banquete para participar de la fiesta21. Eso sí, la apertura para que todos entren al nuevo
banquete exige responsabilidad, llevar el traje de fiesta adecuado22.

    Los cristianos tenemos el grave peligro de pensar que porque somos llamados ya
somos escogidos. No. La llamada de Dios es para todos, sin excepción. La respuesta
conciente y comprometida a la gracia de Dios nos convierte en escogidos, es decir en
gente que responde adecuadamente a la llamada del Señor. En este sentido, una cosa es
que nos sintamos llamados y, otra, comportarnos de manera adecuada. La llamada de
Dios no genera privilegios sino responsabilidad de dar testimonio con nuestra vida.
    Ahora bien, todos –buenos y malos- estamos en posibilidades de acercarnos a Dios,
a la comunidad. Pero esta acogida de parte de Dios y de los demás exige la
disponibilidad para responder adecuadamente; no es posible desear que nos ame Dios y
la comunidad sin un mínimo de disposición para corresponder a esta doble acogida. De
acuerdo al evangelio de Mateo quien no esté dispuesto a esta correspondencia merece
estar solo, en su propia desesperación23.
    Por último, cuando no respondemos al llamado de Dios, los únicos y más afectados
somos nosotros mismos, y con nosotros, la gente con la que nos encontramos a diario.
Con o sin nosotros Dios seguirá manifestándose, amando a quienes estén dispuestos a
participar de su gracia, de su vida. Con nuestro rechazo a Dios no lo hacemos sufrir a Él
sino, nosotros mismos, entramos en un deterioro humano y cristiano que daña y afecta
gravemente nuestra convivencia y relación con quienes nos rodean.

               Al sentirnos llamados por Dios ¿nos comportamos como privilegiados o como
           responsables de vivir más adecuadamente?
               ¿Qué podría (o podríamos) hacer para corresponder adecuadamente al amor
           de Dios y de la comunidad (iglesia, grupo, familia...) a la que pertenecemos?
               ¿En qué he resultado afectado y cómo han sido dañadas las personas que me
           rodean cuando me he retirado de Dios?



                              c) Frutos a tiempo... (Mateo 21,33-43)

                Para ubicar mejor nuestro evangelio preguntémonos: Si el texto inicia diciendo
           “escuchen otra parábola” ¿qué versículos debemos tener en cuenta para comprender
           mejor la parábola de los viñadores homicidas? ¿En qué lugar está ubicado Jesús?
           (leer Mt 21,23)
                Señala las tres cosas que hizo el propietario con su viña ¿A quién se la arrendó?
           ¿En qué tiempo envía a sus servidores y para qué? ¿qué hicieron los labradores con
           los primeros y segundos siervos que envió el dueño de la viña? ¿qué pensaba el
           propietario de la viña cuando envió a su hijo? ¿qué pensaron, por el contrario, los
           labradores? ¿por qué y para qué quieren matar los labradores al hijo del propietario?
           ¿en qué lugar matan al hijo heredero?


    21
        A Mateo le interesa dejar claro que Dios acoge a buenos y malos, indistintamente. Por su parte,
Lucas (14,21-23) insiste en los marginados sociales (pobres y lisiados, ciegos y cojos).
     22
        Recordemos además que Mateo está hablando en un tono polémico pues de igual modo que las
dos parábolas anteriores (Mt 21,28-46) se está dirigiendo a los jefes judíos y, con ellos a ciertos miembros
del pueblo de Israel que han rechazado a Jesucristo. Además, no podemos descartar la posibilidad de que
algunos miembros de la comunidad de cristianos que escuchaban o leían este evangelio tuvieran el peligro
de rechazar al Señor o de pensar que una vez dentro de la comunidad podían participar sin
responsabilizarse.
     23
        Es posible que los evangelios, sobre todo Mateo, con la expresión “el llanto y rechinar de dientes”
(8,12; 13,42.50; 22,13; 24,51) esté indicando la soledad y la desesperación por no poder comunicarse; son
las consecuencias de haber sido incapaces de amar a Dios y a los hermanos.


                                                                                                        12
                Para comprender a quiénes se está dirigiendo Jesús lee los vv. 23.45 ¿qué
           pregunta les hace Jesús (v. 41)? ¿qué responden? De acuerdo a los vv. 43-44 ¿cuál
           es la sentencia de Jesús? ¿Por qué no se animan a detener a Jesús los sumos
           sacerdotes y los fariseos?
                Por último, leamos al profeta Isaías (5,1-7) ¿qué esperaba el propietario de sus
           plantas? (vv. 2.4) ¿Qué hará con la viña? (vv. 5-6) ¿Quiénes son la viña? (v. 7) ¿Qué
           se esperaba de Israel y los hombres de Judá (v. 7)?

    Con la finalidad de comprender mejor lo leído proponemos, en primer lugar,
recordar que debido a la importancia que tenía el vino, la uva y la vid, en la vida del
pueblo de Israel se utilizaba esta imagen en el lenguaje religioso para referirse al
pueblo. Así, por ejemplo, Israel es una vid que Yahvé trasplantó de Egipto a Canaán y
que extiende sus sarmientos en todas direcciones (Sal 80,9-12); es una viña plantada y
cuidada por el mismo Yahvé (Is 5,1-4). Además, como ya lo pudimos constatar, es
posible que la parábola de los viñadores homicidas que presenta Mateo tenga detrás un
canto popular que registra Isaías 5. El evangelista presenta una imagen que, con
seguridad, quienes lo escuchaban inmediatamente la identificaban con el pueblo de
Israel.
    En segundo lugar, hay que tomar en cuenta que Mateo se refiere a un doble
problema: por una parte, la de quienes cuidan la viña; por otra, la de los miembros de la
comunidad (vv. 41 y 43 respectivamente)24. Los labradores, que en el texto representan
a los dirigentes judíos, se han adueñado de los frutos (de los resultados) y pretenden
quedarse con la viña (para eso matan al heredero). El afán de apoderamiento de los
dirigentes está suficientemente claro25. El pueblo no ha dado los frutos requeridos a su
tiempo.
    Por último, vale la pena identificar algunos de los aspectos originales de Mateo al
presentar esta parábola. Mateo remarca que la viña se dará a otros que entreguen los
frutos a tiempo (v. 41)26. De este modo deja claro que no es suficiente con producir
frutos, hay que hacerlo a tiempo. Además, enfatiza la culpabilidad de los cuidadores de
la viña, al señalar que lo vieron, se confabularon entre ellos... No hubo confusión ni
error; había culpabilidad. Aquellos viñadores mataron al hijo del dueño no sólo
sabiendo quién era sino con la clara finalidad de apoderarse de lo que le correspondía
como heredero y sacándolo de la viña (¿para evitar evidencias?)27. Para terminar, Mateo
es el único que presenta a los viñadores respondiendo lo que el dueño de la viña hará
con aquellos labradores: “a esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la
viña a otros labradores que le paguen los frutos a su tiempo” (v. 41).

    Anteriormente, con la parábola de los dos hijos, el evangelio respondía quién
realmente era bueno y hacía la voluntad del Padre; contraponía la actitud de quienes
pensaban que a fuerza de aparentar eran buenos (sumos sacerdotes y ancianos) con la de
los publicanos y prostitutas que realmente se habían arrepentido y creído (Mt 21,28-32).


    24
        En el fondo de las dos actitudes que refiere el evangelio está la parábola de los dos hijos (Mt
21,28-32) en la que el tema fundamental es quien realmente hace la voluntad de Dios, es decir, quién es
realmente bueno.
     25
        Por eso también, no es casualidad que la parábola aparezca ubicada en el área del Templo;
recordemos que el Templo era el espacio que representaba el centro de la vida religiosa del pueblo de
Israel; más aún, era el lugar que representaba que Israel era el pueblo elegido.
     26
        Diferente a Mc 12,9 y Lc 20,16.
     27
        Mateo, como Lucas (20,15) señalan que lo sacaron de la viña y lo mataron, quizás para reflejar la
saña y la premeditación con que los viñadores mataron al heredero; quizás puedan también estarse
refiriendo a la muerte de Jesús fuera de Jerusalén, lejos del pueblo.


                                                                                                      13
     En esta ocasión a través de la parábola de los labradores (o viñadores) homicidas el
evangelio remarca, en continuidad con el tema anterior, lo siguiente:
     Los dirigentes no son dueños de la comunidad. El problema fundamental que aborda
el evangelio es precisamente el apoderamiento de la viña y de sus frutos por parte de los
labradores. Con mucha seguridad quiere remarcar que nadie, absolutamente nadie, es
dueño de la comunidad. Cuando quien debería ser servidor y responsable de una
comunidad se siente su dueño y señor es capaz de todo, hasta de apropiarse de lo que
hacen los demás, de los frutos ajenos. La comunidad no es algo para beneficio personal.
Más aún, la incapacidad e indisposición de un dirigente para hacer la voluntad Dios
hace que no se merezca esa responsabilidad. No es posible decir que se sirve a nombre
de Dios y contradecirlo en el comportamiento con la gente que le ha sido confiada.
     Además, el evangelio remarca siguiendo la parábola de los dos hijos, que la
producción de frutos es la condición indispensable para ser la verdadera viña del Señor.
Todos los seres humanos, sin excepción, deseamos ser considerados como buenos y
desgastamos gran parte de nuestra vida y energías por aparentar. Sin embargo, las
apariencias pronto se descubren, resquebrajan a la comunidad y nos hacen vivir en una
permanente tensión inútil. Por eso, el evangelio termina con una fuerte invitación a la
autenticidad e insiste en que si no damos frutos no somos la comunidad del Señor. Pero
estos frutos no sólo deben ser buenos sino también deben ser producidos y entregados a
tiempo. De este modo, a la producción de obras buenas se le agrega la oportunidad, en
el tiempo adecuado. En el lenguaje bíblico dar fruto a tiempo tiene relación también con
ofrecer el tipo de frutos que se están necesitando; la oportunidad se refiere al tiempo y a
la realidad.

    En resumen, la parábola es una insistente llamada de atención a los que tenemos el
servicio de dirigir, coordinar y animar a una comunidad. No somos sus sueños. Además,
es una invitación a que retomemos conciencia de que somos la comunidad de
seguidores de Jesús en la medida que producimos los frutos correspondientes y los
ofrecemos a su debido tiempo.

              ¿Cómo nos comportamos con las comunidades a las que servimos? ¿como sus
         dueños o como sus servidores? ¿Hemos tenido comportamientos de apoderamiento
         de la comunidad? ¿nos orientamos por intereses o por la voluntad del Señor de la
         comunidad (Dios)?
              Recordemos algunos compromisos que tenemos como comunidad eclesial ¿qué
         tipo de frutos hemos conseguido? ¿han sido oportunos? ¿son los que realmente está
         pidiendo la realidad en la que vivimos? ¿Hemos caído en el juego de aparentar que
         somos una comunidad de gente buena sin querer realmente vivir haciendo el bien?




                                                                                             14
                d) Los juicios definitivos son peligrosos (Mateo 13,24-43)

            Lee en tres partes el evangelio: vv. 24-30; vv. 31-35; 36-43 ¿de qué trata, en general,
       cada una de estas partes?
            ¿Con qué compara Jesús el Reino de los Cielos? ¿quién y cuándo siembra la cizaña?
       ¿en qué tiempo aparece la cizaña? ¿qué le recomiendan hacer los siervos a su señor? ¿qué
       responde el señor? ¿qué temporada les recomienda para que corten la cizaña?
            Observa con detenimiento los vv. 31-35 ¿qué parábolas han sido introducidas entre
       la parábola de la cizaña y la explicación de los vv. 36-43? Compara los vv. 34-35 con los
       vv. 10-15 ¿en que se diferencian?
            Lee con atención los vv. 36-43; fíjate en todas las comparaciones, especialmente,
       responde ¿quiénes son los segadores, los que cosechan (v. 39)? ¿A quién enviará el Hijo
       del Hombre? ¿A dónde serán arrojados los obradores de iniquidad y que habrá en ese
       “lugar”?


    En primer lugar debemos tener en cuenta que la cizaña es una planta casi idéntica al
trigo; antes de que sus granos maduren se parece mucho al trigo, al punto de que incluso
un agricultor experimentado puede confundir ambas plantas. Este peligro de confusión
desaparece cuando los granos de la cizaña maduran pues entonces la planta adquiere un
color negro en lugar del amarillo. Además, es conveniente saber que los granos de la
cizaña son amargos, provocan náuseas y hasta envenenamiento si se comen.
    En segundo lugar, parece que el centro de la parábola es el diálogo que tiene el
señor del campo y sus sirvientes. La sorpresa de los trabajadores cuando se dan cuenta
de la presencia de la cizaña contrasta con la del dueño del campo que reconoce con
cierta naturalidad que algún enemigo ha hecho aquello. Los sirvientes estaban listos
para ir a recogerla; sin embargo, el señor el dueño del campo no les permite hacerlo. La
razón que pone es lo más importante: “no sea que, al recoger la cizaña, arranquen a la
vez el trigo”; podían confundirse y, en el afán de recoger la cizaña, también había el
peligro que arrancaran el trigo, a causa también de la abundancia de la primera y de las
raíces débiles del segundo. La negativa del dueño del campo todavía es más
sorprendente porque, en tiempos de Jesús, era muy común arrancar en varias ocasiones
la cizaña para que el trigo se desarrollara mejor.
    Por último, debemos tomar en cuenta el tiempo para separar la cizaña del trigo.
Según el dueño del campo el momento oportuno para hacer la separación es el de la
cosecha; es el tiempo de los frutos cuando se distinguirán mejor el trigo de la cizaña.
Sorprende además, según la interpretación de la parábola que hará el mismo evangelista
(vv. 36-43) que no sean los seres humanos los que hacen tal separación sino los ángeles.
    La pregunta por la existencia del mal es algo que inquieta a todos los seres
humanos. Cuando se resuelve con simpleza inmediatamente se localizan los malos y los
buenos, los puros y los impuros, los santos y los pecadores. Sin embargo, parece que no
siempre es la solución adecuada pues hay un gran margen de error. Esto no significa que
tengamos que ser ingenuos ante el mal que percibimos en nosotros mismos y en nuestro
entorno.
    El evangelio aborda este tema con mucho cuidado pero con bastante claridad.
Aunque se deja claro que el mal existe porque alguien hace cosas malas y que la cizaña
no apareció por casualidad, el problema queda abierto, pues el asunto del pecado en el
mundo es algo muy complejo para entenderlo suficientemente.
    Ante el problema del mal existe el peligro de querer separar buenos y malos como si
el asunto fuera tan sencillo. Es cierto que a veces aparece con bastante claridad quiénes
son buenos y quiénes no. Sin embargo, ante el peligro que tiene el ser humano de
equivocarse al hacer sus juicios, el evangelio propone que no nos apresuremos y que
esperemos el tiempo de los frutos. No es correcto pues hacer juicios demasiado


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apresurados y sin tomar en cuenta el comportamiento. La razón es obvia: el margen de
error es grande y podemos equivocarnos. Ahora bien, los límites muchas veces no son
suficientemente claros. A veces se considera que, si alguien piensa del mismo modo que
nosotros, si pertenece a nuestro grupo, si es de nuestro mismo color de piel o
costumbres... entonces sí es bueno; todos “los demás” son malos. El evangelio de
ningún modo quiere decir que todo se valga y que dé lo mismo ser de un modo que de
otro; lo que quiere dejar bien claro es que el asunto de quién es bueno y quién no, es
difícil de solucionar y debemos ser muy cuidadosos en el momento de plantearnos tales
preguntas28. Siempre será mejor no apresurarnos en nuestros juicios y tener claro que,
donde realmente se nota si alguien es bueno o no, es en los frutos.
     Al ser humano le toca distinguir lo bueno de lo malo, los buenos de los malos, hasta
cierto grado; el juicio definitivo corresponde a Dios. Esto no debe provocar que seamos
ingenuos o miedosos para descubrir el mal. Hay que analizar y juzgar la realidad,
incluso a veces descubrir grupos o personas responsables, pero sabiendo que estamos
ante un problema serio que pide que analicemos las cosas con mucho cuidado y respeto.
Para esto, los frutos son un elemento importante que no debemos olvidar29. Además,
debemos ser concientes de que no nos corresponde el juicio definitivo; Dios tiene la
última palabra.
     Por último, el evangelio alcanza a retratar el destino, presente y eterno, de quienes
no quieran (o queramos) dar frutos buenos; lo expresa a través de dos figuras muy
sencillas pero profundas: el llanto y el rechinar de dientes. Se está de acuerdo en
interpretar estas dos imágenes como signo de la soledad y la desesperación. Quien obra
mal, tarde o temprano aunque haga el esfuerzo de aparentar, termina en una profunda
soledad y desesperación pues no sólo el cielo rechaza a los malos sino también, en
tierra, una sociedad suficientemente madura, vomita a los que insisten en aprovecharse
de los demás. La maldad y la aparente felicidad de los que son (o somos malos) no son
eternas.

                 ¿Qué elementos o criterios tenemos para juzgar el mal que vemos y
             experimentamos a nuestro alrededor y en nosotros mismos?
                 ¿En qué situaciones es especialmente difícil distinguir lo bueno de lo malo, lo
             puro de lo impuro?
                 En el juicio sobre lo malo y lo bueno ¿qué nos corresponde a nosotros? ¿qué
             corresponde a Dios?
                      ¿Qué podríamos hacer para no pecar de ingenuos en nuestros juicios sobre
             lo malo? ¿qué podríamos hacer para no pecar de injustos y atrevidos?




        28
            Incluso el evangelio deja entrever que ni siquiera a veces el bien se descubre con claridad.
Ante el peligro de pensar que lo bueno siempre es algo aparatoso y grande se compara el Reino de los
Cielos (todo lo bueno) con un grano de mostaza y la levadura de una mujer (Mt 13,31-33); dos cosas
pequeñas y modestas.
         29
            En la interpretación que hace el mismo evangelista identifica a la cizaña con los “obradores de
iniquidad” (v. 41), los que tienen un comportamiento que afecta la adecuada convivencia entre los seres
humanos. Se insiste en los frutos pero con relación a la construcción de la comunidad.


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Bibliografía
       R. Aguirre, Del movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana. Ensayo de exégesis
sociológica del cristianismo primitivo (Estella: Verbo Divino 1998).
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discipulado y de la misión en la tradición sinóptica (Salamanca: Universidad Pontificia
1998).
       B. J. Malina, Windows on the World of Jesus. Time Travel to Ancient Judea
(Lousville: Westminster John Knox Press 1993)
       C. Osiek-D. L. Balch, Families in the New Testament World. Households and
House Churches (Lousville: Westminster John Knox Press 1997).




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