CONOCER LA COMARCA 28

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					                             CONOCER LA COMARCA


       Siguiendo en nuestro empeño de acercar a todos, un poquito más, la historia,
costumbres y características de otros pueblos vecinos, nos acercamos en este número a
Castellar de la Muela y Castilnuevo.

       CASTELLAR DE LA MUELA
        Siguiendo la Nacional 211 desde Molina, camino de Monreal, nos encontramos
con el pueblo de Castellar de la Muela, perteneciente a la Sexma del Pedregal y
limítrofe con las localidades de Molina de Aragón, Campillo de Dueñas, Hombrados,
Morenilla y Prados Redondos que lo circundan. Es Castellar un pueblo de carretera,
situado sobre una muela de piedra oscura, de ahí su nombre. Se encuentra a 157
kilómetros de Guadalajara, a una altitud de 1.214 metros. Tiene una población de
derecho de 40 habitantes y una extensión de 21,4 km2. Su alcalde es D. Manuel
Mingote Torres.

        Las referencias históricas de Castellar se retrotraen como casi todos los pueblos
de la zona a la época de la Reconquista, allá por el siglo XII, siendo repoblado por
gentes venidas en su mayoría del norte de Castilla. Allí, en las proximidades del
pueblo, en lo que hoy se conoce como despoblado de Alcalá, parece que tenía su
localización un castillo o torreón vigía, construidos por los señores de Molina para
defender su territorio, germen y origen de esta población, que ya aparece mencionada en
el testamento de Dª Blanca de Molina que cede este lugar a un caballero de su corte
llamado D. Lorenzo Saez. Su mayor apogeo tiene lugar durante los siglos XVI y XVII,
etapa de su mayor auge económico y cultural, produciéndose su decadencia durante los
siglos XIX y XX a causa de la emigración masiva y del despoblamiento.

        Sus características económicas no difieren mucho de la mayoría de los pueblos
de la zona, siendo esencialmente agrícola y ganadero. Hoy la falta de población activa
en el pueblo - todos, o casi todos son jubilados - ha hecho que las tierras sean llevadas
en arriendo por gentes de otros pueblos o se dejan sin cultivar. En cuanto a la ganadería,
quedan muy pocas vacas y algunos animales domésticos, pero nada más.

        Si paseamos por las calles de Castellar, nos daremos cuenta que es un pueblo
dividido por la carretera y con casi todas sus calles en cuesta. Su difícil acceso, al lado
derecho de la carretera, consistente en una pronunciada cuesta puede acabar, si no se va
con tiento o con todoterreno, con los bajos del nuestro vehículo. Dentro de su casco
urbano destacan algunos edificios: su iglesia parroquial, el Ayuntamiento y la casa
curato, representativa construcción de las típicas casonas molinesas, con escudo en su
portada.

        La iglesia parroquial, según dicen sus gentes, se encuentra construida con las
piedras de un castillo que se encontraba situado en todo lo alto de la muela, y que poco
a poco se fueron bajando, para elaborar sus muros. Es piedra arenisca labrada, de color
rojizo y blanco, de aspecto exterior sencillo, construida en el siglo XVI. Pero lo más
interesante de este edificio se encuentra en su interior, donde destaca su retablo mayor
presidido por una imagen de la Inmaculada Concepción de estilo barroco popular.
Detrás del altar mayor destacan las imágenes de San Fabián y San Sebastián, a los que
el pueblo llama “los martires”. Es un templo de una sola nave con un crucero poco
acentuado en el que destacan dos retablos, también barrocos presididos por las imágenes
de San Isidro, patrón del pueblo, y la Virgen de la Carrasca. Toda su techumbre está
decorada con pinturas representativas de la vida de la virgen, de la vida de algunos
santos y de los evangelistas, en un muy buen estado de conservación.

        Los edificios del ayuntamiento y de la casa curato, se encuentran situados en la
plaza. El primero de ellos con puerta en semicírculo y una alegoría esculpida en piedra
de gran tamaño. Estos edificios, y alguna que otra casona más, se encuentran
construidos con piedra arenisca procedente de las canteras de la zona, destacando sus
escudos solariegos y su trabajo de cantería en las esquinas, ventanas y portadas.
Tradición esta de la cantería que se conserva actualmente, pues la rehabilitación de
muchas de sus casas se esta realizando con esta técnica. También destacan en sus calles
varias fuentes, alguna recientemente rehabilitada, y unos bonitos palomares al otro lado
de la carretera.

        Es Catellar un pueblo con unos alrededores muy interesantes. Dentro de su
término existen varios núcleos de ruinas de pueblos abandonados, despoblados y
algunos castros. Destacan el despoblado de los Villares y las ruinas del torreón de
Alcalá, junto a los que se ubica la ermita de Nuestra Señora de la Carrasca, edificio de
estilo románico del siglo XII que pudo ser iglesia parroquial de algún poblado ya
desaparecido. Esta ermita posee en su interior un artesonado de madera de época
medieval y una pila bautismal románica. Se encuentra aproximadamente a un kilómetro
del pueblo, en una explanada y a ella acuden todos los años, en el segundo domingo de
mayo, las gentes de Castellar y de otros pueblos vecinos, en romería.

        Entre sus tradiciones y fiestas destaca la de la “Hermandad de los Santos
Mártires”, creada en el siglo XVII, en honor a los Santos San Fabián y San Sebastián, y
en la que los cofrades se comprometían a prestar ayuda a todas las viudas y huérfanos
de la localidad, en situaciones de dificultad. La celebración principal que se producía
una vez al año, consistía en una comida, entre los cofrades y la familia del hermano que
cada año presidía la Cofradía. Esta tradición ha venido celebrándose hasta nuestros días,
pero desde 1995 ya no se celebra, debido a que ya no queda en el pueblo gente joven
que quiera seguir organizándola.

       Otra fiesta de indiscutible importancia es su fiesta patronal en honor a San Isidro
que se celebra el 15 de mayo.


       CASTILNUEVO
       A este pueblecito, situado muy cerca de Molina, a unos 5 km., se llega siguiendo
contracorriente las aguas del Río Gallo. Lo separan 144 kilómetros de la capital de la
provincia, su altitud es de 1.080 metros sobre el nivel del mar y su término municipal se
extiende hasta los 19,54 km2. Encontrándose enclavado entre los municipios vecinos
de Molina de Aragón, Corduente, Tierzo y Prados Redondos con los que tiene frontera
común. Su población de derecho es de 9 habitantes, de los cuales ninguno reside de
manera continua en el pueblo. Su alcalde es D. Francisco Oter Abánades.
        Este lugar se encuentra mencionado en las crónicas aragonesas al ser ocupado
por D. Alfonso I de Aragón, desde donde acechó y cercó la vecina Molina. Su interés
estratégico fue confirmado posteriormente por los señores molineses, que protegieron y
cuidaron al máximo este enclave, que junto con Molina y el Castillo de Zafra estuvieron
siempre, y a partir de 1.154, aproximadamente, en poder de los Lara y después de los
Reyes de Castilla. Hasta que D. Pedro I el Cruel donó este enclave a D. Iñigo López
nde Orozco, dueños de grandes terrenos en lo que hoy es la provincia de Guadalajara y
tras muchas vicisitudes testamentarias acabó en poder de los Hurtado de Mendoza, en
concreto en poder de D. Iñigo Hurtado de Mendoza, pasando posteriormente a su
descendencia.

        Hay quienes aseguran que en este lugar fijo Miguel de Cervantes la ubicación de
la Insula Barataria de El Quijote, lugar que gobernó Sancho Panza, y donde se sitúan
algunas de las peripecias narradas en esta novela.

        Cuando se llega a Castilnuevo, lo primero que sorprende a la vista del que lo
visita es la mole impresionante de su castillo, hoy desfigurado por sucesivas reformas
poco acordes con su antigua estructura, conservándose algunos muros, un torreón y su
torre mayor, de estructura cuadrada. El castillo se encuentra rodeado por varios caseríos
de arquitectura popular, viviendas con fachadas decoradas con signos geométricos.
Junto a todo ello destaca la Iglesia parroquial, construida durante la reconquista, con
una sola nave y torre espadaña, recubierta en parte por plantas trepadoras que con la
humedad del Río le dan un aspecto verde y bucólico, sin que sea destacable ningún
detalle de su interior.

        En su término municipal, aparte del Río Gallo, que baja mansamente por estos
lares y donde antiguamente era habitual la pesca del cangrejo, destaca el manantial del
Burbullón, cuyas aguas multiplican por dos el cauce del Río al entrar en Molina.

        A día de hoy, Castilnuevo es un pueblo fantasma, convertido en destino de
excursionistas provenientes de Molina, que aprovenchan los días de sol para acercarse
hasta este bonito enclave con sus bicicletas.

       (*) Y sus fiestas patronales…. Intentaré enterarme…


                                                                  C.H.Reyes

				
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