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									Primer Congreso Nacional de Pastoral y Estudios Bíblicos
“La Palabra de Dios en la Vida de Colombia”
En los cuarenta años de la Constitución Dei Verbum
Conferencia Episcopal de Colombia
Sección de Pastoral Bíblica
Julio 11-14 de 2005




                              “LA PARROQUIA Y LA PASTORAL BÍBLICA”

                                                                      P. Alberto Camargo Cortés.
                                                                     Vicario Episcopal de Pastoral
                                                                             Diócesis de Engativá.

    1. Pórtico: El tema me ha sido propuesto para ofrecer esta reflexión, como el mismo
       título de la ponencia lo indica. No obstante, me inclino más a enunciarlo como la
       parroquia en pastoral bíblica. Así lo pienso y así lo propongo. Quiero disertar sobre
       aspectos que a mi juicio, pueden ser considerados en este planteamiento, en el sentido
       de entrever su aporte a una reflexión que nace y se abre paso constituyéndose también
       en alternativa.

         Por otro lado, pensar en pastoral bíblica en el contexto colombiano, ante el reto que la
         sociedad civil le plantea hoy a la pastoral de la Iglesia, es un imperativo ético. Esta
         certeza pone su fundamento en que la Palabra de Dios es la luz que ilumina a todo
         hombre (Jn 1,9). Por tanto, grande es nuestra responsabilidad al hacer una lectura
         teológica de la realidad del país, identificando en ella lo que es fundamental en nuestro
         trabajo pastoral, para no apartarnos de la misión profética que nos ha encomendado el
         Señor, de ser “sal y luz” en la tierra (Mt 5,13), lo cual sólo es posible mediante el
         ejercicio diario de hacer vida su Palabra.

         Por estas razones, lo que expreso aquí tiene un doble matiz. Planteo en primer lugar, la
         pastoral bíblica como una visión nueva de toda la pastoral, puesta como fundamento de
         todas las acciones eclesiales, como columna vertebral de la acción pastoral de la Iglesia.
         Y en segundo lugar, la pastoral bíblica como camino, como estilo de vida de una Iglesia
         llamada ser coherente en el seguimiento discipular de su Señor, en orden a hacer visible
         proféticamente la responsabilidad social de su fe, en un esfuerzo por anunciar el Reino
         de Dios en el país, lo que equivale en términos pastorales, al anuncio y la defensa de la
         vida, y a la denuncia de las prácticas de muerte que se oponen a la instauración de este
         Reino.

    2. La Espiritualidad como punto de partida: Si hablamos de pastoral, vayamos primero
       a la espiritualidad. Si no hay espiritualidad no hay pastoral. Antes que nada se da el
       seguimiento discipular del Señor Jesús. Nos hacemos aprendices humildes de su
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          “escuela discipular”, emprendemos el camino con Él, nos dejamos tocar el corazón por
          su pedagogía plena de humanidad. Nos sucede lo que vivieron los discípulos después de
          la Resurrección: somos alimentados por la fuerza y la luz de su Espíritu para continuar
          el seguimiento y dejarnos formar por el Maestro interior (Jn 16,7). Entonces por la
          espiritualidad, que es el seguimiento del Señor según su Espíritu, amamos su estilo de
          vida y es nuestro compromiso actuar como él actuó, tener por prioridad lo que Él
          priorizó, amar desde el fondo del ser, recuperando la humanidad de los que la han
          perdido (Lc 6,6. 7,36-50); he aquí la pastoral. Este es su talante. Por esto, pastoral es la
          irrenunciable misión de seguir humanizando, recuperando a las personas, levantándolas
          samaritanamente o ejerciendo con ellas la praxis de la misericordia al estilo de Jesús, el
          Maestro de la Galilea (Lc 10, 25-37). Este sentido de la pastoral, esta identidad
          discipular con Jesús el Señor, solamente se aprende, se adquiere, se hace fundición con
          todo el ser, en el conocimiento y en el amor de la Palabra. Esto se da incluso desde la
          ciencia bíblica misma, quien conoce la Palabra de Dios, termina amándola, y amándola,
          es imposible no hacerla vida de la propia vida.

      3. Hay que tener como referente las comunidades fundantes: Es como trasladarse en el
         tiempo a la experiencia vital de las comunidades intérpretes a partir de la Resurrección.
         Ellas fueron capaces de vivirlo primero y después ponerlo por escrito, característica
         propia de la cultura semita. Ellas captaron lo fundamental, lo que el mismo Señor
         Resucitado, de quien hacen memoria viva (Lc 24,13-35), les enseñó, abriéndoles los
         ojos. Ellas, por el ejercicio hermenéutico apoyado en la fuerza de la tradición oral,
         testimoniaron la Pascua de Cristo, gritaron a la historia y consignaron en la letra que,
         por la misericordia de Dios, primero fue el paso de la esclavitud a la liberación (Éxodo)
         y en la plenitud de los tiempos, el paso de la muerte a la vida (Testimonio apostólico).

          Esta es la experiencia que hay que tocar con el sentir colectivo de las comunidades de
          hoy. Por ello, hay que colocar en sus manos y en su corazón la Palabra de Dios. Las
          sabias orientaciones del Concilio Vaticano II nos lo enseñan.1 La sentencia del
          Deuteronomio no puede ser más apropiada: “La Palabra está bien cerca de ti, está en tu
          boca y en tu corazón para que la pongas en práctica”. Tal es el propósito de toda pastoral
          bíblica (Dt 30,14).

          En este sentido, es conveniente afirmar que la pastoral bíblica es “aquella acción eclesial
          que de una manera particular ayuda al pueblo de Dios a hacer vida la Palabra. Colocar la
          Palabra en la boca y en el corazón a fin de ponerla en práctica es lo que constituye el fin,
          la pasión y el vigor de la pastoral bíblica. Su trabajo es, a la manera del sembrador de la
          parábola, preparar y cuidar la “tierra buena” en la ciudad que produce el “treinta, el
          sesenta y el ciento por uno”, es decir, animar, acompañar y fortalecer a aquellos y
          aquellas que escuchando la Palabra y fortalecidos por el Espíritu Santo, procuran

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       acogerla y ponerla en práctica (Mc 4,1-20) hoy, a través de las pequeñas comunidades
       eclesiales servidoras de la Buena Nueva del Reino de Dios”2.
       Por esta acción entramos en el dato histórico-bíblico que nos entregan las comunidades
       que conformaron la experiencia de fe de la Iglesia naciente. Entrar en su contacto, ir a su
       texto y a su contexto, para escudriñarlo, para comprenderlo con los ojos del sujeto
       intérprete de hoy, no es tarea ajena a la formación bíblica y pastoral de los animadores y
       animadoras bíblicos de nuestras comunidades. Las diferentes metodologías de
       aproximación al texto de la Escritura han tendido puentes de valor excepcional que, por
       medio de un trabajo planificado y constante, pueden beneficiar el apostolado de muchos
       de nuestros agentes de pastoral.

       Gracias a estas ayudas exegéticas y hermenéuticas, la pastoral bíblica puede ayudar al
       pueblo de Dios a leer e interpretar con el mismo espíritu con que fue puesta por escrito
       la Palabra3. De esta manera, se entiende como principal propósito de la interpretación,
       no solamente el estudiar, conocer o saber muchas cosas de la Biblia, sino ante todo, el
       hacer mejor la vida de las personas. De ahí que, se pueda pensar en fortalecer la lectura
       orante y comunitaria de la Biblia.

    4. Comunidades Discípulas de la Palabra: Ser discípulos y discípulas es nuestra
       identidad. El discipulado se expresa por la disponibilidad delante de la voluntad del
       Señor. Se es discípulo y discípula en el sentido pleno del término, cuando esa voluntad
       es nuestro alimento, cuando tenemos la actitud de hijos e hijas de Dios, y hermanas y
       hermanos de los demás. En el sentido de las Bienaventuranzas, es hacerse pobres de
       espíritu (Mt5,3), en la disposición por crecer y formar la comunidad. Este referente se
       coloca en la base de la pastoral bíblica que revitaliza la parroquia y la convierte en
       mediación fundamental, en el camino de formación de las comunidades.

       De este modo, la pastoral bíblica es un discipulado de la Palabra. Esta actitud discipular
       hace posible que se conozca el desarrollo del proceso narrativo en las comunidades
       fundantes y se traiga hasta hoy, para alimentar la misma búsqueda, hacer realidad el
       mismo sueño, para legitimar el derecho a pensar que “otra forma de vida es posible”.
       Esto es, que se puede ser mejor ser humano, buen hermano, mejores ciudadanos, que se
       puede dar razón de la esperanza, como condición de posibilidad para seguir siendo
       aprendices y trabajadores del Reino y su Proyecto de Vida.

       Esta praxis pastoral es particularmente muy diciente entre “aquellos que, en su
       desamparo y privación de recursos humanos, son llevados a poner su única esperanza en
       Dios y su justicia, tienen una capacidad de escuchar e interpretar la Palabra de Dios, que
       debe ser tomada en cuenta por el conjunto de la Iglesia y exige también una respuesta a


2
“Asomos de Pastoral Bíblica”,p.23. Comisión Bíblica, Parroquia San Carlos Borromeo. Bogotá, 2002.
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Constitución Dei Verbum. No. 12
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        nivel social”4. Esta práctica genera actitudes discipulares que son resultado de la
        confrontación de la vida de las personas y de las comunidades con el texto. También se
        pueden llamar claves discipulares, pues indican el crecimiento personal y comunitario de
        quienes se han puesto en la tarea de declararse en discipulado constante. Así, se puede
        entrar en la comprensión de por qué y cómo, el texto narrado indica que el contexto se
        ha hecho texto, verdad profética de las comunidades que empeñaron sus vidas en el
        Anuncio del Evangelio de Jesucristo, como otra manera de ver su historia y de
        transformarla a la luz de su Señor.

        De ahí la convicción del texto de las Bienaventuranzas en Mateo y en Lucas; la claridad
        simple de las parábolas del Reino en Mateo 13, por ejemplo. ¿Qué se nos quiere decir
        con ser felices en medio de las adversidades, o el acto de venta de lo que se tiene para
        comprar el terreno donde está el tesoro encontrado, o la adquisición de la perla fina?.
        Esta es la esperanza de la vida, porque hay otra mirada, porque hay fuerza de resistencia
        ante lo que persigue y deshumaniza, porque la Buena Noticia es liberación, porque su
        núcleo ético es la vida abundante para todas y todos (Jn 10,10).

        Propiciar esta mirada en quienes conforman la parroquia, se constituye en la elemental
        transparencia de una acción pastoral legitimada por la praxis misma del Maestro y
        Señor, que entregó Palabra y Pan, en la multiplicación de los panes (Mc 6,30-44) a
        quienes le buscaban con hambre discipular. Su actitud compasiva para con ellos y ellas,
        les cambió sus vidas, les mostró otra manera de ser y de trabajar por lo que dignifica, de
        transformar sus contextos, de jugársela por la praxis del Reino que subvierte el orden
        establecido y crea oportunidades de vida nueva, mediante la praxis radical de la
        solidaridad. Sólo así se puede hablar y actuar con autoridad, se puede anunciar la
        justicia y ejercitarse, con su pedagogía, por conseguir la paz. Este mismo sentido se ve
        cuando la comunidad discipular de hoy, haciendo entrañable su lectura y su
        interpretación, coloca su vida después del texto y se pregunta ¿qué cambios ha obrado en
        su práctica de fe tal mensaje?, ¿con qué actitudes comunitarias respalda el testimonio de
        hacer mejor su vida, de hacerla profética, acción esperanzadora hacia otro mundo
        posible?. Este ejercicio es de intercontextualidad, para el cual es indispensable la
        pregunta por ¿quién es el sujeto lector o el sujeto intérprete de hoy?, ¿dónde vive?,
        ¿cuáles son sus angustias y alegrías?. Así ingresamos pastoralmente en el aporte de las
        mediaciones utilizadas por la ciencia bíblica y en el diálogo entre éstas, la pastoral y la
        espiritualidad bíblica.

        Estas son algunas pinceladas muy elementales de lo que puede constituirse como
        preocupación central de una pastoral bíblica en una parroquia que se piensa a sí misma,
        como exigida a renovarse, diría mejor a transformarse, de cara a los desafíos de las
        culturas actuales, de las economías de mercado, del desconocimiento de los derechos
4
 Pontificia Comisión Bíblica, “La Interpretación de la Biblia en la Iglesia”,Cáp. IV,pág.89. En la Revista “La Palabra Hoy”.
Vol.XX. Nos. 77-78.1995.
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   humanos, de la abominable desigualdad social, de la trasgresión de la naturaleza. Se
   preguntarán ustedes y ¿cómo se concreta un proyecto de pastoral bíblica a partir de esta
   intuición?. Veamos cuáles pueden ser los acentos con mayor fuerza.

5. Hacer de la pastoral una Escuela Bíblica: El Discipulado de la Palabra se alimenta en
   comunidades discípulas y condiscípulas, intérpretes y misioneras. Esta es la triple
   condición de una opción pastoral que haría menos compleja y más eficaz la acción
   evangelizadora de las parroquias. Pero es necesario irradiar con la luz de la relación
   profunda entre Palabra y Eucaristía, todas las demás riquezas de la vida de la Iglesia que
   se concretan en la pastoral y en la liturgia. En efecto, la Biblia se orienta y nos conduce
   a la Eucaristía, memoria eficaz de la Pascua de Cristo, realmente presente y operante en
   todo momento de la historia humana; del mismo modo, la Eucaristía se apoya en la
   Biblia para expresar el compendio maravilloso del amor entrañable de Dios que se
   entregó hasta el extremo. Eucaristía y Palabra, son entonces, expresión suprema de la
   Misericordia. La Iglesia reconoce a su Maestro y Señor al partir el pan y ha llegado a tal
   comprensión, experimentando el ardor del corazón al escuchar la Palabra de Vida. Este
   es el punto de partida de su coraje misionero (Lc 24,13-35). Esto es lo que hay que
   traducir pastoralmente. Este es el talante kerigmático de una Iglesia que pastoralmente
   se hace diakonía y koinonía. La Escuela Bíblica es para hacer vida la Palabra, para hacer
   arder el corazón, para hacer memoria eficaz y reconocerle en la fracción del Pan y para
   extender esta verdad bajo el impulso del Espíritu, lo cual hace a la Iglesia signo de
   Misericordia. De otra manera no puede ser, estaría fallando a lo entrañable de su ser y su
   misión.

6. Mediaciones al servicio de la Pastoral Bíblica: Si el anterior es el compendio de la
   Escuela Bíblica, o la pastoral bíblica que alimenta todo el quehacer eclesial y misionero,
   habría que pensar por lo menos en los siguientes puntos de apoyo:

     Acercar la academia a la pastoral: Que la academia se haga también discípula.
      Que el acto hermenéutico tenga por objeto de estudio no sólo lo teórico sino la
      pastoral misma.
     Opción por las comunidades intérpretes y discípulas: Lograr la unión entre el
      sujeto intérprete académico y sujeto intérprete litúrgico-magisterial, a favor de la
      creación del sujeto intérprete comunitario. Es decir, las comunidades que reciben el
      aporte de la ciencia bíblica y de la enseñanza del Magisterio, que les es entregada
      con actitud discipular por parte de estos sujetos. Que prime allí, sostenida por la
      espiritualidad bíblica, la sentencia de Jesús: “Te alabo y te bendigo Padre, porque
      has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes y se las has revelado a los
      sencillos y pequeños” (Mt 11,25). Todos y todas nos hacemos discípulos y
      discípulas, abrazamos la fraternidad, praxis nuclear en el Evangelio.
     Animar Proyectos de Pastoral Bíblica: El punto de inicio, buscando la
      identificación experiencial con las comunidades fundantes, lo propongo a partir de
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  dos lugares: la vivencia del discípulo amado y autor del Evangelio, apoyados en su
  afirmación de horizonte “Ella,-la Palabra-, estaba en el principio con Dios. Todo se
  hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe” (Jn 1, 2-3). Y desde el
  Sermón de la Montaña, como núcleo ético del Evangelio. (Mt 5-7). En efecto, la
  teología bíblica nos sugiere para la pastoral la concreción, una cierta lógica
  epistemológica que mida hoy, en términos de interpretación el alcance de nuestra
  incidencia por fidelidad, en el contexto en el que forcejean la vida y la muerte, la
  luz y las tinieblas, la verdad y la mentira, la gracia y el pecado. ¿Cuál es en
  consecuencia, nuestra postura?, ¿la acción pastoral que adelantamos es contundente
  en la clarificación de esta dialéctica?, ¿no será que a veces vamos demasiado por
  las ramas y no atinamos a lo fundamental, ejerciendo una pastoral carente de
  audacia para interpretar los signos de los tiempos?. Esto implica un esfuerzo
  teológico y pastoral conjunto, al servicio de un proyecto macro que elija la pastoral
  bíblica como LA PASTORAL. Es decir, que ella sea el eje articulador de todas las
  demás pastorales. La riqueza sería enorme, pues aunaríamos esfuerzos y
  pondríamos claves hermenéuticas dirigidas a profundizar en hermenéuticas
  específicas que, a su vez, nos ayudarían a ingresar con nuevo ardor, en los
  contextos interculturales o en las nuevas realidades que marcan hoy la acelerada
  transformación del país a causa de la compleja situación política, social y
  económica, cuyos mayores signos no han dejado de ser la violencia, la impunidad y
  el empobrecimiento. Allí es esperada la misión profética de nuestra Iglesia. En
  verdad, la pastoral bíblica tiene como último cometido el dar vida.
 Pastoral Bíblica y Pastoral Urbana: Son hoy, para nuestra Iglesia el gran reto. La
  pastoral bíblica tiene en su haber, por el avance de las ciencias bíblicas, la
  posibilidad de renovar toda la pastoral, sobre todo, en materia de inserción cultural
  y de praxeología social, es decir, el asumir a la mujer y al hombre de hoy, desde el
  compromiso de humanizarles y de generar a partir de ellos, una sociedad nueva,
  digna, justa y fraterna, esto es, misericordiosa. La pastoral urbana es el llamado que
  se nos hace a ingresar en otra forma de evangelizar, creando nuevos paradigmas
  pastorales que revitalicen la perenne Buena Noticia que anunciamos, no de espaldas
  a una realidad desafiante, cuyo sujeto interlocutor para nuestra pastoral, es el
  mundo urbano. El mundo urbano en nuestros contextos no sólo es la ciudad. La
  ruralidad colombiana está urbanizada. Los Medios han influido en esto. El mundo
  rural no está distante. Nuestra simbólica urbana está ligada a lo rural. La
  ancestralidad urbana de la que dependemos es campesina. Un complejo cultural de
  este corte requiere una hermenéutica bíblica y teológica al nivel de lo que él
  produce. Nuestras tradicionales parroquias están en el ojo de este huracán. ¿No será
  la hora de emprender una decidida misión urbana, cuyo eje sea una audaz pastoral
  bíblica que una esfuerzos, integre visiones y nos ayude a fortalecer nuestra
  identidad eclesial?. ¿No sería también este el momento de indagar el por qué de la
  adhesión creciente de fieles católicos a las propuestas bíblicas de otras iglesias
  cristianas, o más aún, el por qué del interés por estas plurirreligiosidades?. ¿No es
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                la ocasión de generar una alternativa real a la violencia, si desde la tradición bíblica
                y sus hermenéuticas contextualizadas, trabajamos un discipulado urbano que
                abogue por las redes fraternas de comunidades apoyando la integración de
                parroquias solidarias con estas causas de humanización como respuesta a la
                degradación de la vida de las personas?.

                La misión urbana es hoy el gran desafío para la Iglesia. A esto se suma el
                inaplazable diálogo Biblia-Ciudad. Surge también otro encuentro urgente: Misión
                urbana de la Iglesia-Grandes cuestionamientos de la Antropología Social. El debate
                histórico-social del cual adolece el país en su conjunto, ya es una realidad en
                muchas mentes que están dispuestas a re-pensar la sociedad colombiana, a
                contribuir en la creación de un nuevo contrato social que marque la pauta para
                redefinir el rumbo de la nación.5

                En este escenario es indispensable la misión profética de una Iglesia que también
                re-piensa su pastoral. Hermenéutica bíblica y pastoral urbana es el punto fontal
                para este diálogo. Con exactitud, una hermenéutica urbana que abra el camino de
                ingreso a una pastoral urbana construida, por inspiración del Espíritu, para un
                tiempo de pluralidad cultural, como lo fue el contexto original de las iglesias
                cristianas de los comienzos.

                 Desde esta perspectiva, La parroquia urbana redefinida en su misión, ha de ser un
                estilo aportante a la construcción de una nueva civilidad, para nosotros, el
                testimonio de una Ciudadanía del Reino en interacción pastoral con el dato
                antropológico social y cultural, la sicología social, la configuración del ethos social
                que opte por la justicia y la paz, la instauración de una pastoral educativa
                académica que ingrese en los lenguajes del encuentro ciencia y fe, al asumir la
                complejidad ética del país como un problema educativo; la formulación de una
                ecopedagogía teológica que reivindique la convivencia ciudad-ecosistema, desde la
                contextualización de una teología de la creación para nuestro tiempo. Esto es, una
                Ciudad más Humana y Fraterna.

                Tales son los nuevos referentes pastorales que hay que abordar. Una pastoral
                policéntrica está a la espera de este desarrollo hermenéutico urbano originado en el
                aporte de una teología bíblica en esta misma dimensión. El paso hacia la vivencia
                de una solicitada espiritualidad urbana también estaría dado, en la medida en que en
                estas líneas se apoye un laicado protagónico, una vida religiosa revalorada en su
                testimonio evangélico y una jerarquía ante todo discípula, atenta a la escucha y el
                seguimiento del Maestro.


5
    Garay,Luis Jorge,”Repensar a Colombia”,Alfaomega Colombiana S.A.pág.7
8

								
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