BIOGRAFIA DE EPIFANIO MENDEZ FLEITAS (*)

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BIOGRAFIA DE EPIFANIO MENDEZ FLEITAS (*) Powered By Docstoc
					BIOGRAFIA DE

     EPIFANIO

      MENDEZ

   FLEITAS (*)

7 – IV – 1917 *** 22 – XI – 1985
                            INDICE


SU ORIGEN                                                  4
ADOLESCENCIA Y SOCIALIZACIÓN                               5
INGRESO A LA POLÍTICA                                      7
DOCENCIA Y PASOS POR LA FUNCIÓN PÚBLICA                    8
MATRIMONIO E HIJOS                                         9
IDEALES EN ACCIÓN                                         10
DECISIVO PROTAGONISMO EN LA LLANURA                       11
POSICIÓN LEGITIMISTA Y BATALLAS POR EL PODER              12
HACIA EL PODER: EL MOVIMIENTO DEL 26 DE FEBRERO DE 1949
Y SU RELACIONAMIENTO CON ALFREDO STROESSNER.              13
JEFATURA DE POLICÍA DE LA CAPITAL, 1949/ 1952             15
LIBERTAD PARA LOS PRESOS DEL 47                           16
LA NUEVA POLICÍA                                          17
CREACIÓN DE LA ESCUELA DE POLICÍA                         18
POLICLÍNICO “RIGOBERTO CABALLERO”                         19
OBRAS, EQUIPAMIENTO Y DIGNIFICACIÓN                       20
“DIQUE A LA INJUSTICIA”                                   21
SUSTANCIAL DIFERENCIA                                     22
PACIFICACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL                            24
TIEMPO DE CREADORES Y MÚSICA                              25
LEY DE PROTECCIÓN INTELECTUAL Y ARTÍSTICA                 26
EPIFANIO, EL CULTOR POPULAR                               27
EL APOYO A GIGANTES DE NUESTRA CULTURA NACIONAL           28
SU COMPROMISO CON NUESTROS ARTISTAS                       29
EL “TRÍO LOS PARAGUAYOS”                                  30
CONFEDERACIÓN PARAGUAYA DE TRABAJADORES (CPT)             32
LA CRISIS DE 1952                                         33
EN MARCHA LA SEGUNDA ETAPA                                34
EN EL BANCO CENTRAL                                       36
CONVENIO DE UNIÓN ECONÓMICA PARAGUAYO – ARGENTINO         38
EXITOSA MEDIACIÓN                                         42
EL “MENSAJE DE ACERO”                                     43
PROLEGÓMENO A LA CRISIS DE ENERO DEL 54                   45
SIGNIFICATIVAS LÁGRIMAS                                   48
GOLPE DE MAYO DE 1954                                     49
ARBITRO DE LA SITUACIÓN                                   50
UNA ETAPA ANGUSTIOSA                                      53
MEDIADOR DIPLOMÁTICO                                      54
EL REENCUENTRO PARTIDARIO                                 55
BATALLA FINAL                                             58
CON DESTINO MARCADO                                       60
EL “PUTSCH” DEL 21 DE DICIEMBRE DE 1955                   61
HACIA EL DOLOROSO EXILIO                                  62
LO QUE SIGUIÓ                                             64
EN URUGUAY, DESDE 1956 A 1973                             65
PARADIGMÁTICA PERSECUCIÓN                                 68
SU VIAJE AL INFINITO                                      70


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SU LEGADO MUSICAL                                        71
SUS OBRAS LITERARIAS                                     74
VIGOROSA ACTIVIDAD PERIODÍSTICA                          77
PRINCIPALES OBRAS REALIZADAS POR SU INICIATIVA Y/O CON
SU PROTAGONISMO DURANTE EL QUINQUENIO COLORADO           78
ACTO JUSTICIERO: LA REPATRIACIÓN DELILUSTRE CIUDADANO
PARAGUAYO                                                81




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                                        SU ORIGEN
       El 7 de abril de 1917 nació Epifanio Méndez Fleitas, en el hogar de Doña Rosa
Catalina Fleitas y Don Prudencio Méndez, en San Solano, compañía de San Pedro del
Paraná, Itapúa. Teleológicamente marcado su destino por su origen y ascendencia, es un
caso paradigmático muy singular en nuestro país.

        Don Prudencio Méndez, oriundo de Yuty, descendiente directo de D. Francisco
de Paula López, hermano mayor de Don Carlos, había emigrado tras el amor de Rosa
Catalina para establecerse en aquella isla de tierra roja anclada en medio de la selva
itapuense. Doña Rosa Catalina era una joven viuda, hija de D. Justo Roa, un
combatiente y sobreviviente de la guerra grande, hermano del Gral. Roa, aquel leal y
veterano lugarteniente del Mariscal. Ella ya era madre de cuatro niños (Isladeo, Rubén,
Elida y Justiniano), y con D. Prudencio agregó seis más a su descendencia (Epifanio,
Benefrida, Bernardo, Maximina, Apolinario y Juana).

        Don Prudencio era un perito en cuestión de maderas. Por sus cualidades fue
contratado por la Compañía Pons Hnos., para clasificar y formar haces de balancines
que se exportaban al Uruguay. Esta empresa operaba en San Solano hacía tiempo y era
centro laboral de toda la comunidad y alrededores. Como el trabajo en la Empresa, no
le ocupaba más que un par de días a la semana, el resto del tiempo lo dedicaba, con su
familia, a las tareas agrícolas. Era un agricultor muy singular. Su doble cualidad de
campesino libre y miembro de una comunidad proletaria, constituyeron razones de su
alta conciencia de clase. “Taitá - repetía Epifanio Méndez, refiriéndose a su padre- era
un maestro natural en materia social y política, de espíritu libertario era un republicano
ortodoxo y socialista democrático”.




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                   ADOLESCENCIA Y SOCIALIZACIÓN
        “Posiblemente fueron los primeros movimientos de organización sindical en el
país – dice Epifanio Méndez-, los que he visto concretarse en asambleas obreras bajo el
techo paterno”. Es evidente que aquellas reuniones sindicales “bajo el techo paterno”,
también había germinado en él su conciencia social y política. Tenía 15 años cuando
una de las asambleas le designó Secretario del Sindicato de Empleados y Obreros de
San Solano. Alternaba sus actividades gremiales con la caminata diaria de una legua ida
y otra de vuelta para asistir a la Escuela de San Pedro del Paraná, donde completó el
ciclo primario. Otra dualidad vivencial, de aquel niño-hombre, que forjó en él una
prematura madurez conciencial. La Guerra del Chaco también apuró sus pasos en la
vida y con entusiasmo patriótico acompañó a sus tres hermanos mayores al mismo
frente de batalla. La superioridad le sorprendió al niño grande atrevido, pero niño al fin,
trasladándolo de inmediato al Servicio de Sanidad de la Armada donde completó su
conscripción.

        De sus escritos, cuentos, leyendas, poesías , ensayos literarios y sociológicos y
de los coloquios compartidos en que muchas veces se le escuchó relatos dramáticos
sobre la vida obrajera de aquel tiempo, en aquellos montes, refiriéndose, también, a la
realidad de los agricultores, nos atrevemos a deducir que, el total desamparo social de
los campesinos y de aquellos compañeros hacheros, obrajeros y carreros del sindicato a
quien Epifanio Méndez Fleitas sirvió de adolescente, fue la fuente principal de
inspiración para su acción política e intelectual en toda su vida. “¿Cómo hacer algo por
mi gente?”, se repetía de joven Y así le surgió la respuesta: “Únicamente la política
puede responder con soluciones”. Y fue, indudablemente, la necesidad de superación y
esa voluntad de acero, de alzarse desde el abismo social a la cumbre de la conducción
política, en un país estamentalmente clasista, los elementos componentes para la
combustión de esa carrera vital, el sostén de su testaruda actitud para profundizar al
máximo su estudio de la realidad nacional y su exploración intermitente del vasto
universo intelectual. Todo a fin de aplicar a la estrategia de sus ideales: el desarrollo
global del Paraguay, o al decir de él mismo: la “Emancipación Nacional”.

       Tras haber cumplido con sus obligaciones militares, con ayuda de hermanos y
amigos que veían en Epifanio una promesa intelectual, pudo ingresar a los estudios
secundarios en Villarrica. Cotidianeidad de pobre: transitaba a diario turnando sus
horas entre trabajo y estudios. “Media jornada como guarda-hilos en horas de la tarde y
media por la noche como telefonista (luego, desde las 8 de la noche a las 6 de la
mañana, exclusivamente como telefonista en la entonces Compañía Internacional de
Teléfonos)”. En el Colegio Nacional de Villarrica cursó su secundaria meteóricamente,
en dos años, gracias al Plan de Exámenes extraordinarios para ex - combatientes,
graduándose en Bachiller en Ciencias y Letras. Sus horas de estudios formales, de lector
ávido de conocimientos políticos, sociológicos y de otras disciplinas humanísticas
parecían multiplicarse mágicamente para poder desarrollar, además, su espíritu de
poeta. Los primeros albores de los días le sorprendían con algún libro en mano en los
espacios de minutos tranquilos de su trabajo o con el lápiz y papel completando alguna
de sus primeras obras literarias. En aquella ilustre ciudad guaireña nacieron sus dos
primeros retoños escritos: “Sueños de Adolescente” y “Bajo la Verde Arboleda”, ambos
de contenido poético, cuentos y leyendas, reminiscencias y sentimientos de vivencias
campesinas. Tampoco pudo en ese tiempo contener a su genio de gremialista. Militante


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estudiantil fue premiado por sus pares con la Presidencia del Centro “Unión
Estudiantil”. Ya emergía su carisma y se notaba el desarrollo de su natural vocación de
servicio.




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                          INGRESO A LA POLÍTICA
       En 1938 arriba a la Capital. Ingresa en la Facultad de Derecho y Ciencias
Sociales, pero su ajetreada militancia política a la que se empeñó desde el instante que
pisó Asunción al enrolarse en la Asociación Nacional Republicana, no le permitió
concluir su carrera universitaria. Sufre su primer exilio al poco tiempo de ser colorado.
A su retorno, en 1941 ya es connotado protagonista del novel Comité Central de la
Juventud ocupando el cargo de Vice-Presidente del mismo.

         El 14 de noviembre de 1942, ante el inminente peligro que acechaba la vida
normal del Partido Colorado, se reúnen los miembros de su Junta de Gobierno “ bajo la
presidencia de su titular, Dr. Juan León Mallorquín, a propuesta del mismo resuelven
constituir un Comité Ejecutivo de Emergencia de la Asociación Nacional Republicana,
organismo que entrará a regir la vida partidaria con la plena autoridad que confieren los
estatutos a la Junta de Gobierno, en el caso eventual de que esta autoridad partidaria
quede acéfala, o en caso de ausencia forzosa de la mayoría de sus miembros...El Comité
Ejecutivo de Emergencia estará constituido por los siguientes correligionarios, señores:
Don Atanasio González, Ing. Don Tomás Romero Pereyra, Don Rigoberto Caballero,
Don Bonifacio Caballero, Don Manuel Talavera y, como miembro secretario del
organismo, Don Epifanio Méndez Fleitas, miembro de la Juventud Colorada”. Así, en
los momentos más difíciles del Partido, él fue uno de los principales activistas para
persistir en la lucha por el poder nacional. Sus méritos y aguda percepción de los
problemas sociales y políticos rápidamente lo elevó a la Junta de Gobierno, pedestal que
mantuvo hasta su salida al exilio definitivo, siendo miembro constante de su Comité
Político.




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         DOCENCIA Y PASOS POR LA FUNCIÓN PÚBLICA
       Entre 1938 y 1947, Epifanio Méndez Fleitas hizo su pasantía por la función
pública, en especial como educador, vocación que lo ejerció hasta el final de sus días.

        Al poco tiempo de llegar a Asunción ya era empleado en “Tierras y Colonias”
(antecesora del Instituto de Reforma Agraria y del IBR), bajo la señera Dirección del
Dr. Carlos Pastore. Este, intelectual del liberalismo paraguayo, lo cuenta (en su obra
“La tierra en el Paraguay”) como un eficaz colaborador en la Institución a su cargo, en
ese gran esfuerzo que, desde aquellos tiempos hasta 1955, el Estado realizaba para la
recuperación de tierras fiscales como patrimonio sagrado de la Nación paraguaya.

       Más tarde el joven Méndez, en su calidad de Bachiller y Universitario a más de
su destacada autodidaxia, fue habilitado para ejercer varias cátedras en el Colegio
Nacional de la Capital y en otras instituciones educativas, ejercicio que hasta hoy bulle
como buenos recuerdos en la memoria de muchos de sus ex - alumnos. Por esa época,
años de la Segunda Guerra Mundial, se interviene el Colegio Goethe y es nombrado
Director de tal prestigiosa institución.

       Más adelante, durante el gobierno de coalición, ejerció la Secretaría del
Ministerio de Hacienda a cargo de Don Natalicio González y, posteriormente, la del
Ministerio de Defensa, bajo la titularidad de Don Víctor Morínigo.




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                           MATRIMONIO E HIJOS
       El 6 de agosto de 1944, un día tormentoso de lluvia que le augurara la suerte de
una buena familia, Epifanio Méndez Fleitas se casa con Fredesvinda Vall, una
lambareña de 21 años de edad, entonces estudiante de odontología. Fredes es hija de
don José Gabriel Vall y de doña Victoria González. Don José era uno de los dos hijos
varones de una pareja que había emigrado de Cataluña, España; fue en Lambaré un
pionero del transporte público de pasajeros; peleó en la Guerra del Chaco
desempeñándose como uno de los chóferes gloriosos de esa epopeya; era
orgullosamente un ciudadano liberal pero no dudó para ser notable compañero de la
Causa Social de su batallador yerno colorado. Doña Victoria había transcurrido su vida
joven como trabajadora del mercado a donde concurría con su leal burrito lambareño.
También ella acompañó siempre, en las buenas y en las malas, la vida de su hija Fredes
y sus nietos queridos. Don José Vall tenía cuatro hermanas: Crecencia, Rosalina,
Asunción y Rosita, matronas que formaron y cuidaron a la sobrina Fredes hasta el
mismo día de su casamiento.

       En 1945 nace la primogénita del matrimonio Méndez-Vall: Teresa Catalina, en
1947 nace Juan Bernardino, en el 51 llega Prudencio, en 1953: Epifanio, en el 55: María
de la Cruz y, el último: José Liberto que fue concebido en el exilio montevideano, pero
enviado al Paraguay para ver la luz en 1957.




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                             IDEALES EN ACCIÓN
         Ideológicamente formado en el Coloradismo social de Blas Garay e Ignacio
Pane, en el del nacionalismo cultural de Manuel Domínguez y Natalicio González y en
la tesis democrática y ética de Juan León Mallorquín y Guillermo Enciso Velloso,
Epifanio Méndez Fleitas fue un defensor intransigente del Estado Social de Derecho
Democrático oponiéndose, siempre, a todo estilo o brote totalitario y a los sectarismos
dogmáticos que tanto daño hiciera a nuestro pueblo. Así se enfrentó enérgicamente a la
corriente nazifascista, de decidida influencia entre los años 1940 a 1947, desde las
páginas de la Revista “Cultura”, órgano del Centro de Cultura Paraguaya “General
Bernardino Caballero”, del que fuera Director durante un buen período. Su
intransigencia contra la prepotencia autoritaria del poder lo demostró en todo tiempo. Su
voz republicana se escuchó fuerte en protesta contra la disolución del Partido Liberal,
decretada por el Gobierno de Higinio Morínigo. “Cuando el país se debatió dentro de
una aguda crisis institucional, se le conoció como uno de los más positivos escritores
doctrinarios del Coloradismo”. El testimonio del Dr. Guillermo Enciso Velloso en su
prólogo a “Batallas por la Democracia” (1949) es, al respecto, elocuente: “...Epifanio
Méndez se ha conquistado merecidamente la persecución y el odio de los enemigos del
Coloradismo y del orden jurídico-democrático. Epifanio Méndez es quizá, en el
Paraguay, el hombre más odiado por todas las tendencias y grupos oligárquicos,
políticos, económico-financieros, que pugnan todavía por reimplantar en el país el
funesto régimen del gobierno contra el pueblo y el de la explotación de las masas
trabajadoras del agro y del taller. Indudablemente su lucha no ha terminado, como no ha
terminado aún la lucha del Coloradismo por la restauración de la soberanía popular y de
las instituciones republicanas.”.

        “En este sentido –prosigue Enciso Velloso- , la obra escrita y la vida de Epifanio
Méndez constituyen una etapa de la lucha del pueblo contra las oligarquías que le
oprimen y humillan a través del dinero, del poder político y de la inteligencia sometida
a la voluntad de aquellos. En todos sus escritos, sus preocupaciones políticas o
científicas, sus discursos académicos o populares, en castellano o en guaraní, bulle y
hierve la pasión y la energía, valiente, por defender a las clases desheredadas de la
fortuna y de la cultura, contra la explotación de las minorías políticas y financieras”.
Pero el Dr. Enciso, certeramente da en el blanco de las razones que hicieron de Epifanio
un paradigma de los perseguidos por la oligarquía “mediopelo” del neo-colonialismo,
cuando asevera: “Epifanio Méndez, en este orden, constituye la representación viva de
la IRRUPCIÓN del campo sobre la Capital, la rebelión de las masas e intereses
campesinos contra el monopolio de la ciudad y de las oligarquías capitalinas” y esto sí
era y, hasta hoy es, intolerable. Podría, en nuestro Paraguay actual, ser aceptado un
líder de “las masas e intereses campesinos” siempre y cuando se moldee al
“pragmatismo” de los dominantes, pero de ninguna manera quien pretenda ser coherente
con su origen y los intereses de la clase popular.




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            DECISIVO PROTAGONISMO EN LA LLANURA
         En la lucha ideológica, por la que se caracterizó ese largo período del 40 al 49,
fue sobresaliente y eficaz la acción doctrinaria de Epifanio Méndez Fleitas. A sus
columnas por él publicadas en la Revista “Cultura” se agregan los editoriales del Diario
“La Razón”, órgano oficial del Partido Colorado que lo tuvo por Director durante la
Guerra Civil de 1947 y que, también, la editorializaba con otros brillantes jóvenes de su
tiempo: Bacón Duarte Prado, Osvaldo Chávez y Virgilio Cataldi. De esa época,
precisamente, data la edición de sus libros: “El valor social de la historia”, “El orden
para la libertad” y “Batallas por la Democracia”, obras que exhiben con nitidez su
filosofía política y social. Su actividad periodística no le impedía desempeñarse en la
militancia, sea en la Junta de Gobierno o junto a sus jóvenes correligionarios del Comité
Central. Tal es así que en la fundación de una gran parte de las seccionales capitalinas y
campesinas figura en las actas correspondientes como delegado del Partido a tal efecto,
casi siempre junto a Evaristo Méndez Paiva, Roberto L. Petit, ya sea con Virgilio
Cataldi, Bernardo García o Persio Da Silva. Don Víctor Morínigo, principal dirigente de
la reacción civil del coloradismo ante la decisión de la cúpula militar ( en reuniones del
9 al 11 de enero de 1947) para desplazar al Partido del co-gobierno, testimonia cuanto
sigue: “ Epifanio Méndez llegó a eso de las 22 ( del 12 de enero de 1947, en plena
crisis), acompañado de otro ( que resultó Alfirio Canata), y se quedó a esperarlo debajo
del pino que se levantaba frente a casa, en el patio delantero. Epifanio me repitió, por
enésima vez ese día, el mismo clamor de todos: me dijo que estábamos a tiempo para
reaccionar, y si qué hacían los jefes partidarios. Que él contaba con 500 correligionarios
y que los ponía a mi disposición. Le pregunté si esos quinientos correligionarios
disponían de armamentos y me contestó que no. Entonces repliqué que hombres nos
sobraban pero que eran las armas las que faltaban, despidiéndole con dichas palabras.

       “Bajaba la escalinata hacia la calle y como ya eran las 22 y 30 horas, mas o
menos, le llamé y le dije: -Con toda reserva y la mayor celeridad, reúna 25 hombres
jóvenes, enérgicos y correctos, y a las 24 horas llévelos a la Policía, para ponerlos a
disposición del Cnel. Rogelio Benítez.

       “La faz de Epifanio se iluminó, y sin requerir mayores detalles se volvió como
una saeta hacia la calle, seguido al trote por su compañero. Los hombre reunidos por
Epifanio fueron los que colaboraron con la Policía para proceder al apresamiento de los
elementos adversos al Coloradismo en la madrugada del 13 de enero...” Con el
pensamiento, la acción y el coraje se hacían la política superior de pleno idealismo. A
esa estirpe y a ese tiempo correspondió coherentemente la militancia ciudadana de
Epifanio Méndez Fleitas.




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     POSICIÓN LEGITIMISTA Y BATALLAS POR EL PODER
         La escisión partidaria, tras el atraco a la Convención de noviembre de 1947,
traumatizó al Partido y al país, tal fue el golpe que sus consecuencias aún no han sido
totalmente superadas y el devenir de los acontecimientos posteriores nos deparó una
larga era de infortunios. Para el joven Epifanio, en particular, aquello constituyó una
profunda sacudida a sus sentimientos, pues al optar por la legitimidad acompañó la
tesis del sector denominado democrático, abandonando a dos de sus progenitores y
maestros políticos: Natalicio González y Don Víctor Morínigo. A partir de ahí el
enfrentamiento de ambos grupos fue muy doloroso. El natalicismo oficialista copado
por el “guionismo radical” generó un proceso de violencia con la correspondiente
reacción de intermitentes conspiraciones. “Las respuestas se sucedieron sin solución de
continuidad –relata Epifanio Méndez-; los intentos (frustrados) del 12 de marzo, 20 de
abril, 25 de octubre (1948); el primero, fallido por delación, el segundo, reprimido con
fusilamientos y cárceles y el tercero, que por un pelo no lo llevó al cadalso al Gral.
Carlos Montanaro, a la sazón coronel, pero sí le costó la cárcel junto con unos 100
oficiales y líderes políticos. Stroessner logró asilarse en la Embajada del Brasil”.
Durante ese período, como integrante del Comité Político de la Junta Legítima, se
desempeñaba como nexo obligado con los militares “demócratas”. Así ocurrió que el
golpe triunfante del 26 de febrero de 1949, le sitúa como uno de los principales autores
civiles.




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HACIA EL PODER: EL MOVIMIENTO DEL 26 DE FEBRERO DE
1949 Y SU RELACIONAMIENTO CON ALFREDO STROESSNER.
        Respondiendo a un cuestionario que le enviara el escritor norteamericano Paúl
Lewis (autor de “Paraguay bajo Stroessner”), Epifanio Méndez relata pormenores del
golpe del 26 de febrero, su responsabilidad en él, así también sus primeros contactos
con Alfredo Stroessner, testimonio ampliamente constatado por protagonistas de esa
historia.

        “Por primera vez los traté personalmente a Stroessner durante la revolución de
1947, en casa del entonces Capitán Toranzos, después Coronel, hoy fallecido. Eran
amigos – sigue el relato de Méndez Fleitas- y se preparó el encuentro. Según Toranzos,
Stroessner tendía hacia los “demócratas”. Sin embargo, a primera vista, se mostró más
encarnizado contra Enrique Giménez que encariñado con nosotros. Tácticamente, él
apuntaba bien, porque Giménez era ligeramente pro-guión. Fue lo único que suscitó en
mí cierta reserva, porque yo estaba en antecedentes de que él le debía a Giménez su
permanencia en el Ejército. En todo lo demás, me cayó bien. Cuando más tarde se
produjo el Atraco a la Convención partidaria, en noviembre de 1947, Stroessner se
solidarizó (no públicamente, claro) con la Junta legítima, sustituida de facto por otra
guionista....”

        Tras el fallido alzamiento del 25 de octubre del 48 liderado por el Gral. Carlos
Montanaro desde el Colegio Militar, Stroessner, que estaba comprometido para tal
efecto, abandonó la conducción de la Artillería huyendo hacia el exilio. Según los
militares que sufrieron la derrota y las cárceles, tras el fallido intento, aquél se había
acobardado y no cumplió con su palabra. Para Méndez Fleitas que estaba en la
conducción política del fracasado evento, otra fue, sin embargo, la razón de aquella
huída.

         “Inútil decirle –explica Epifanio a Lewis- que en esa época, yo no sólo tenía de
Stroessner la mejor impresión sino lo consideraba digno de los más altos honores.
Después del 25 de octubre de 1948, su reputación militar quedó muy mellada. No había
quién no hiciera leña de su nombre; en los bares se pedía jocosamente: “un bife
Stroessner” (sin huevos), o “un bife Montanaro” (con tres huevos). Sobre el gracejo
ridiculizador, se le imputaban títulos a cuales más zahirientes: “Traidor”, “¡Vendido!”,
“¡Cobarde!”. Pero yo, que lo vi deponer las armas cuando ya se había perdido la batalla
(porque participé de su derrota), no toleraba (nunca toleré) que lo escarnecieran
injustamente. Fue así que en el lapso más crítico de su vida (octubre de 1948/ febrero de
1949), Stroessner no tuvo otro hombro amigo en el que apoyarse, en todo el Partido
Colorado –y quizás en todo el país- para lograr alzarse de nuevo del cieno del desprecio
universal a la consideración pública. No se lo he reclamado nunca –resalta Méndez
Fleitas-, no permita Dios se lo haga jamás; no se lo he recordado ni cuando necesitaba
asistir en su agonía a mi mejor amigo, mi padre. Lo he reservado, exclusivamente, para
la historia.

       “Por lo demás, pienso que esa conducta mía era la única lógica congruente para
esa época. Esa fue la razón por la cual, escudado en algunos Oficiales comprometidos –
que también creían en él, como yo- hice valer mi posición privilegiada en la trama de la
conjura para FORZAR su participación en el movimiento del 26 de febrero de 1949.


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Ninguno de los otros líderes del golpe lo tragaban: ni el Dr. José Zacarías Arza, ni el Dr.
Felipe Molas López, ni los prisioneros del 25 de octubre de 1948. Lo cual, ciertamente,
no es un timbre de honor para mí, ni motivo de envanecimiento; al contrario, es tal vez
un episodio karmático, venido de mis pecados, o de los del Partido, o de los del propio
grupo complotado. Pero el hecho fue que no me tomé descanso hasta prender de nuevo
una luz en su camino, en su noche triste.”

        “También cabe consignar –continúa su respuesta a Lewis- que su falta de
abnegación estuvo a punto de echar por tierra aquel esfuerzo salpicado de milagro a
favor suyo. (El Comandante Ortega dejó documentado (en “Por las huellas de una
hiena”), cómo a instancias mías, logró dar con él, por teléfono, en Posadas –desde
Corrientes- , haciendo realidad la metáfora de “hallar una aguja en un pajar”). A último
momento se empacó en Bouvier. Superada la resistencia inicial del Dr. Zacarías, éste
fue al fin a buscarlo personalmente. Lo hizo a pedido mío, invocándole una gran razón.
Fuese acompañado de su propia esposa, una mujer de oro, y lo hizo inútilmente.
Regresó sin él. Nuevo enturbamiento. “¡Nunca he visto gente más cobarde!”, me dijo.
Hice lo posible para apaciguarlo y lograr su consentimiento para un segundo intento,
esta vez acompañándole yo al Dr. Molas López, a quien tomé por mi cuenta y le vendí
la historia de que “el Gral. Díaz de Vivar y el Cnel. Stroessner, que están en Bouvier,
desearían un encuentro, previo a la entrada al país, con el candidato a la Presidencia de
la República”. Molas López ni titubeó. “¡Cómo no!”, repuso. Y otra vez, remando hacia
Bouvier (Argentina). Esta tentativa fructificó: Stroessner entró. Pero ¡maldita la
inspiración de haberme aferrado a él! Yo le hacía compañía en los refugios que, con
terribles riesgos, nos los prodigaban los amigos, entre ellos el Dr. José Zacarías. A la
semana no más de discurrir en la clandestinidad, le vino tal desesperación por volver a
salir del país, que parecía un niño malcriado: lloriqueaba porque sí y porque no.
Naturalmente, no lo hacía con llanto, peor que peor: se plagueaba. Lidié con él hasta el
cansancio, que a mi vez se lo hice notar. Hasta que al filo de la hora H, me emplazó
tajantemente que, si dentro de ocho días no se producía el golpe, él tornaba a la
Argentina. “Rolón tiene que estar enterado de que abandoné Posadas, y no pensará otra
cosa que estoy por aquí”, me repetía. ¡Qué julepe! Afortunadamente para él, la
revolución estalló esa semana: el 26 de febrero de 1949”.




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        JEFATURA DE POLICÍA DE LA CAPITAL, 1949/ 1952
        A partir de 1949, Epifanio Méndez Fleitas pasa a ocupar cargos públicos de
conducción, aunque no de primer o segundo escalafón jerárquicos dentro del Estado, sin
embargo, con su influencia intelectual y solvencia moral en la conducción partidaria,
ejerce una gran autoridad que le permite realizar obras o ser mentor de acciones que lo
convierten en un protagonista constructivo de primer nivel político hasta el “putsch”
stroessnista del 21 diciembre de 1955 y su posterior exilio, desde principios de 1956.

        El gobierno presidido por el Dr. Felipe Molas López, instalado tras el golpe del
26 de febrero del 49, lo designa Jefe de Policía de la Capital, cargo que asumió el 19 de
marzo de 1949. El compromiso inherente a esa jefatura era enorme en aquel momento
histórico. Un largo régimen dictatorial antecedía y de inmediato una guerra civil que fue
sucedido por un gobierno surgido del atraco y que se desempeñó en un permanente
estado de violencia. Era de prever que la Policía, una de las instituciones estatales más
sensibles al clima social, debía haberse habituado a la prepotencia, contagiado de otros
malos hábitos de aquellos días y sumido en cierta anarquía disciplinaria, por los
vaivenes en las que había intervenido y los cambios continuos, bruscos, de su dirección
política.

         No se podría comprender en su cabal dimensión las medidas adoptadas por el
nuevo jefe policial sin antes concienciar las finalidades fundamentales del régimen que
nacía. El Coloradismo, en 1949, desde su conducción intelectual, se estableció metas
específicas en un Plan Decenal (por establecer una aproximación de tiempo ya que
estaba previsto para 1958 las elecciones libres y democráticas), un programa de acción
gubernativa que contemplaba tres etapas bien definidas: 1º. Pacificación Nacional; 2º.
Estabilización y Fomento Económicos y 3º. Institucionalización Democrática del País.
Con vista a esa estrategia, el organismo total del Estado debía organizarse y planificar
su rumbo. En realidad se asumía la rectoría nacional con la convicción de que se debía
transitar revolucionariamente pero en base al método doctrinario del Partido: pacífica,
evolutiva y progresivamente.




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                 LIBERTAD PARA LOS PRESOS DEL 47
         Coherente con el Plan consensuado por la cúpula partidaria, el nuevo Jefe de
Policía se erguía como palanca importante para el cumplimiento de la primera etapa: la
Pacificación Nacional. Estaba consciente de su gran responsabilidad en el proceso.
“Sabía – refiere- que de eso dependía gran parte del éxito de la obra gubernativa. Porque
como decía Alberdi, “la seguridad, y no el clima, es lo que hace rico a un país”. Pero a
la seguridad antecede, precisamente, un ambiente político y social pacífico, amónico, y
a tal fin debía conquistarse la confianza pública de todos los sectores ciudadanos. Eran
razones suficientes para que Epifanio Méndez Fleitas proponga, como paso inicial, la
liberación de todos los presos que teníamos como consecuencia de la Guerra Civil del
47. El Gobierno y el Partido debía demostrar su decidida predisposición para la paz
social y política; viabilizando, con medidas ejemplares, la deposición gradual de los
odios y sectarismos que sobrevivían del pasado, como llagas inflamadas, en toda
nuestra sociedad. Acordado esta primera táctica con el joven Ministro del Interior, Dr.
Mario Mallorquín, de inmediato se consultó con el Presidente de la República, Dr.
Felipe Molas López, quien no opuso resistencia pero condicionaba que los comunistas
no sean incluidos entre los liberados. “- Señor Presidente – expuso Méndez Fleitas-
ellos también son paraguayos y el Partido propone la Paz para todos los paraguayos”.
Sin mayor retaceo, el Presidente cedió ante tan fuerte alegato pero exigió que los
principales dirigentes comunistas debían abandonar temporalmente nuestro territorio y
agregó, por derecho, que debía hacerse el pedido a la Corte Suprema en vista de que
aquellos presos estaban procesados por delitos comunes. Allá marcharon el Ministro del
Interior y el Jefe de Policía, ante el Presidente de la Corte, Dr. Juan Manuel Frutos.
Exponiéndoles, ambos, el motivo especial de la visita, el Titular de la Corte Suprema
aceptó con gusto el pedido ad referéndum de los demás miembros. A los pocos días,
cerca de cuatro centenares de prisioneros de la Contienda del 47 salieron en libertad.
Los principales líderes comunistas tuvieron que abandonar el país. Por segunda vez, en
toda nuestra historia, el Paraguay no tenía presos políticos. El pueblo saludó con
optimismo y confianza aquel primer paso del Gobierno de la Revolución Colorada. Se
había iniciado el trayecto hacia la Pacificación.




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                              LA NUEVA POLICÍA
        Ahora era necesario que la sociedad recuperara la confianza en sus agentes de la
seguridad interior. Había que transformar mental y orgánicamente aquel adefesio
institucional que se heredaba del viejo régimen. El desafío para Don Epifanio era
cambiar la Vieja Policía por una Nueva. “La idea de lo nuevo –describe en uno de sus
discursos de la época- puede denotar dos hechos relativamente diferentes. Uno, y es que
lo nuevo constituye algo que no existía o que se desconocía con anterioridad. Otro, y es
que lo nuevo significa la transformación de algo existente pero que en virtud de
determinados aportes a su estructura, o a su expresión conceptual, adquiere forma de
creación.

        “La Nueva Policía debe entenderse en este último sentido. En efecto, la Policía
existió siempre; pero no obsta distinguir la Nueva de la Vieja Policía.

       “La Vieja Policía puede definirse como el sistema de la gendarmería para el
mantenimiento del orden, sin más técnica ni medios de acción que la fuerza material de
que podía disponer. A eso se debe que su influencia haya sido, por muchos años,
meramente pasiva, en el mejor de los casos y, sencillamente terrorista, allí donde fuera
necesaria su presencia activa...”.

         “… La División de Investigaciones - en otro momento del mismo discurso
continuaba diciendo- ofrecía el espectáculo de una promiscuidad irreductible. Los
funcionarios eran allí mitad civiles y mitad policías; es decir, elementos civiles con
mentes absolutamente ajenas al orden disciplinario, que, sin plan ni concierto,
alternaban unos con otros, inclusive con sus jefes, en términos de compañerismo
escolar, sin una regla elemental del mando que asegure la unidad de acción y afirme el
espíritu de cuerpo, condiciones éstas básicas, primordiales, en instituciones así como la
Policía”.




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               CREACIÓN DE LA ESCUELA DE POLICÍA
       Con dicho panorama, la cirugía se hacía imprescindible. La mentalidad y vicios
establecidos debían ser inmediatamente purgadas. Principio elemental es que nada
nuevo puede construirse con materiales anacrónicos, con material inadecuado o
escombros. La purga fue enorme, no había otro remedio. Más de 900 efectivos fueron
dados de baja, prácticamente ¾ del total. Se sustituyeron por gente elegida, estudiantes
mayores, en su mayoría, y de inmediato se procedió a crear la Escuela de Policía. “Sin
la Escuela de Policía no hubiera sido viable, ni en mínima escala, la ejecución del Plan
que nos habíamos propuesto” añadía Don Epifanio. “En efecto, la Escuela fue creada
casi de inmediato después que se hubo reorganizado el personal de jefes, oficiales y
funcionarios administrativos de la Policía. Inevitablemente los hechos confirmaron
aquello de “nuevos hombres para nuevos tiempos”, y la Policía tuvo que soportar –
seguía explicando en su discurso el nuevo Jefe- en el primer momento las dificultades
inherentes a una institución que se rehacía de los pies a la cabeza”.

        La Escuela de Policía “Gral. José Eduvigis Díaz”, creada por Epifanio Méndez
Fleitas se constituyó en la fuente de jerarcas de seguridad con formación profesional de
primer orden porque sus instructores y profesores eran de alto nivel. Al poco tiempo
tuvimos los primeros egresados y universitarios que dieron brillo y dignidad a una
institución trascendental para el desarrollo integral de la Nación. La Argentina, que en
aquella época ostentaba una de las mejores fuerzas policiales del mundo, nos enviaba a
sus maestros para enseñar técnicas de avanzada y asesorar en la organización de la
Nueva Policía paraguaya. “Es a dicha Escuela, sin duda, que debemos primordialmente
la capacitación       universalizada del personal de Orden Público, Tránsito e
Investigaciones, y que, en una sucesión de esfuerzos cumplidos en cursos de aplicación,
de instructores, de agentes de tránsito, primero, y para post-graduados de jefes, después,
hubo de transformarse en un inmenso laboratorio que funcionaba sin descanso, mañana,
tarde y noche, al mismo tiempo de ir levantando, piedra sobre piedra, su propio edificio
material” rendía cuentas Don Epifanio Méndez de la labor cumplida. Con un crédito de
Gs 250.000 obtenido del Banco del Paraguay se adquirió el predio en el que se
construyó el moderno local educativo que se ubicaba en lo que hoy es la Plaza de las
Américas, Av. Mcal. López Esq. Av. San Martín. Ese crédito fue totalmente honrado
con los ingresos del Gabinete Fotográfico Policial. El edificio fue construido por los
cadetes de la institución y algunos constructores que fueron asimilados como Sub-
Oficiales y los materiales fueron donados por diversos olerías, madereras y
comerciantes que ansiaban tener una buena seguridad pública. Así se trabajaba por el
país sin erogaciones presupuestarias del Estado y mucho menos hipotecando su destino
con préstamos extranjeros.




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              POLICLÍNICO “RIGOBERTO CABALLERO”
        La dignificación policial se debía traducir no sólo en mejor formación
profesional de su oficialidad, sino en un trato decoroso de la sociedad y de sus
superiores para cada uno de los agentes y, en especial, brindándoles de seguridad social,
que hasta entonces no tenían, y dotándoles de cómodos locales para el trabajo y
mejores instrumentos para la efectividad de sus tareas. Cumplir con esos objetivos fue
la consigna que marcó el compás en la batuta policial de Méndez Fleitas. Fue de un
ritmo acelerado con efectividad casi única en los registros de nuestra historia dentro de
una institución pública. Por eso, enseguida, y por su iniciativa, con recursos humanos y
materiales propios , con alguna solidaridad privada e ínfimo aporte del Ministerio de
Obras Públicas, se alzó el más imponente edificio de la época, posiblemente sólo
superado por los Clásicos: Palacio de López y Banco del Paraguay (actual Banco de
Fomento): el Policlínico Rigoberto Caballero. Una estructura edilicia al servicio de la
salud de nuestros guardianes, una construcción adecuada, de tal calidad que hasta hoy se
mantiene casi intacta, con mínimas refacciones posteriores. Es de justicia señalar que
nada podía concretarse sin la férrea voluntad de cambio que capeaba en el Gobierno y
en el Partido de Gobierno y, en especial, en el espíritu de los colaboradores fantásticos
con que contaba Don Epifanio Méndez Fleitas. El recuerdo de ellos estuvo presente
muchas veces en sus discursos y escritos, porque si algo le caracterizaba, a este señor,
era la gratitud y lealtad a los amigos de veras, a los compañeros de Causa. De su boca
escuchamos repetidamente: “La ingratitud es uno de los más aberrantes pecados”. En
oportunidad de la inauguración del Policlínico Rigoberto Caballero expresó: “
Ciertamente que este edificio no se ha construido con partes policiales, pero sí aquí se
han derrochado sacrificios y abnegaciones infinitos, al par que se ponía a prueba la
enorme capacidad y voluntad irreductibles de unos modestos obreros como el Inspector
Galli, el Sub-Comisario Muñoz, el Secretario Aparicio Rojas, el Constructor
Montanaro; todos de humilde apariencia, pero honrados y meritorios; cien o ciento
cincuenta agentes contratados; y una veintena de albañiles asimilados a grados
policiales que son los que, en definitiva, vinieron a quemar aquí, durante tres años, toda
su energía y capacidad de trabajo...” Y en otro pasaje lo recordó a quien fuera su
principal colaborador y Jefe de Investigaciones, Don Juan Manuel Santander, como
“uno de los policías más puros, uno de los caracteres mejor templado para la amistad,
para el trabajo y para solidaridad con el pueblo...” recordando su “gesto de la donación
del primer pabellón de la Escuela de Policía, sin permitir, por modestia, que los cadetes
de aquel tiempo lo bautizaran con su nombre”. Lógicamente que ninguna gran obra
puede realizarlo alguien solitario. Epifanio Méndez era el mentor intelectual de esas
realizaciones y el primero en el trabajo, pero su sabiduría le ayudó para rodearse de un
elenco capaz de actuar a su ritmo, en armonía a la estrategia de su Jefatura.




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             OBRAS, EQUIPAMIENTO Y DIGNIFICACIÓN
        En una entrevista radial por “Caritas”, a más de 40 años de distancia, el ex - Jefe
de Investigaciones de aquel período, Don Juan Manuel Santander recordaba, que
cuando asumieron el mando policial en el 49, la motorizada contaba con una sola
unidad de motocicleta. Ya para fin de año se habían importado una flota de las “Harley
Davidson” y, en seguida, otra de “BMW” que eran joyas tecnológicas del momento.
Para las diversas construcciones que se emprendieron a fin de modernizar la institución
y cumplir con el fin de dignificación se adquirió “primero un camión de cinco
toneladas, luego otro de siete; más tarde tres o cuatro de los dos tipos anteriores; luego
un camión y una camioneta para la Escuela de Policía; después tres camionetas para la
Policía Central; una para el Batallón 40, otra para la patrulla celular, y una tercera para
Investigaciones”. Se adquirió el Primer Equipo Moderno de Bomberos. A más del
Hospital, se fundó el Servicio Odontológico, la Farmacia y se creó la prestigiosa
Cooperativa Policial, fundamental para la economía familiar de esa comunidad.

        “Entretanto –señalaba Don Epifanio en su discurso de inauguración del
Policlínico en 1955, se construía el Departamento de Talleres, Transportes y
Combustibles (400 metros cubiertos para depósito de maquinarias, equipos y repuestos),
con un salón de lo más cómodo, amplio y seguro para después del trabajo...”

        “Y el personal que por tal modo comenzaba a sentirse dignificado, protegido,
humanizado, con qué gusto le tocó mover todo eso, en una forma que la mente ni la
palabra no pueden reproducir, haciendo que los camiones trabajaran las 24 Hs. del día,
con tres o cuatro turnos de mecánicos, choferes y operarios, para al cabo levantarse o
reconstruirse, unas tras otras, las Comisarías Seccionales Cuarta, Segunda, Tercera,
Sexta, Quinta, Octava; las Sub-Comisarías de Barrio Obrero, de San Lorenzo, de Itá
Enramada, la Escuela de Policía, la Ladrillera Policial, la Dirección de
Identificaciones...y por último venir aquí, en este sitio, centrar la acción de todo el
equipo de trabajo; volcar, en suma, las mayores fuerzas y acción de la Policía, para
acometer de una vez la realización de este Hospital”.

       El cambio espiritual, la activa autogestión, la superación de la autoestima y la
capacitación intelectual, transformaron la mentalidad y el ánimo de los agentes del
orden. Todo fue en beneficio de la ciudadanía: la Nueva Policía constituyó el pedestal
fundamental de seguridad que ganó la confianza pública para disipar, paulatinamente,
las brumas que oscurecieron nuestro territorio con los hechos traumáticos del pasado,
en especial después del 47. Había cobrado feliz realidad la frase del Presidente Don
Federico Chávez: “La pacificación espiritual del pueblo”.




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                         “DIQUE A LA INJUSTICIA”
       “La escuela hizo en mi –expresa Méndez Fleitas- un prosélito de toda firmeza
que, para muestra, voy a consignar una anécdota ilustrativa, entre cientos:
        “Nicolás Scorza Fuster, ex – Jefe de Investigaciones del régimen natalicista,
había regresado hacía un tiempo al país fiado de la seguridad que el Gobierno y, en
especial la Policía, no cesaban en exaltar en su prédica diaria.

       “Cuando este señor se hallaba a cargo de sus funciones inquisitoriales, y yo
entraba y salía clandestinamente al y del país, le había expresado su despecho contra mí
al Dr. Evaristo Méndez Paiva, prometiéndole tomarme en una de esas, raparme el
cabello y exponerme con la cabeza descubierta por la calle Palma. De modo que mal
podía pensarse que fuera mi amigo o protegido personal. Pero ocurría que su conducta
testimoniaba dar crédito a la palabra oficial. Obtuvo del Banco del Paraguay un
préstamo de Gs. 50.000 y fuese a Aregua a producir ladrillos.

        “Estando allí ocupado en su industria –por supuesto que la Policía le seguía sus
pasos y estaba al tanto de sus actividades- , una noche llamó a la Jefatura el Presidente
Chávez y me ordenó lisa y llanamente su detención. Busqué la mejor forma de
explicarle lo innecesario de la medida, por cuanto le teníamos totalmente controlado,
pisándole los talones donde quiera que vaya. El Presidente insistió; le acusó de ser “un
perseguidor de colorados”, y que no merecía la consideración de que gozaba. –“Señor
Presidente –volví a interceder-, si hemos de apresar a todos los perseguidores de
colorados, no habría sitio bastante para ellos en la cárcel. Además, éste es uno de los
que creen en nosotros, por eso ha vuelto. Ahora está trabajando sin peligrar a nadie.
Resulta que su Gobierno proclama “seguridad para TODOS, y en ese concepto TODOS,
está también comprendido el señor Scorza Fuster. El Presidente ya no atendió, parece, a
mis palabras, sino que montando en ira me dijo enérgicamente: “Mire Jefe (no me llamó
ya por mi nombre), yo soy el Presidente de la República, y como tal se lo ordeno”.
Tampoco intenté persuadirle, sino que a mi vez le contesté, suave pero firmemente: “-
Si Señor Presidente; se cumplirá su orden. Pero para medida de esta naturaleza, debe
usted nombrar otro Jefe de Policía”. En conclusión: ni Scorza Fuster fue apresado, ni yo
fui destituido”.

        Epifanio Méndez Fleitas fue Jefe de Policía desde el 19 de marzo de 1949 hasta
el 2 de noviembre de 1952. A partir de su jefatura, se recuerda que cada 30 de agosto
amanecía, en todo el territorio, el pueblo festejando el día de su agente policial.
Realmente la Policía constituyó una institución respetable y querida, prestigio que
mantuvo con sus sucesores: Cnel. Esteban López Martínez, Dr. Roberto L. Petit y
Comandante Dr. Mario B. Ortega. Era una Policía al servicio de la gente, hasta que
nació la Tiranía. Esta le impuso sistemáticamente su sello usándola para perseguir,
torturar y matar. Le otorgó licencia para rapiñar y saquear como premio a sus miembros
incondicionales. La fue corrompiendo a la par que iba corrompiendo las estructuras
sociales de nuestro país. De aquella Nueva Policía ni el recuerdo quedó, porque
inclusive la memoria del país fue borrada a decretazos durante esa “Segunda
Reconstrucción”. La “Nueva Policía” fue sustituida por una abyecta al nuevo régimen,
creada a su semejanza: una “Policía Corrupta y Terrorista”. Y aquellos cientos de
oficiales y agentes que no se “aggiornaron” al nuevo estilo, fueron también víctimas
perseguidas o marginadas.


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                         SUSTANCIAL DIFERENCIA
        “Cierta vez, cuando la Jefatura de Policía estaba a mi cargo (de “Lo Histórico y
lo Antihistórico en el Paraguay”, Pág. 340/41), la cúpula del PC (Partido Comunista)
me solicitó una audiencia, para plantear sus problemas. No hacía mucho tiempo yo
había tramitado con éxito la liberación de unos trescientos y tantos presos políticos,
entre ellos medio centenar de comunistas, motivo por el cual la policía era tenida por
amistosa con todos. Yo se la accedí en mi domicilio privado (frente a la Escuela
General Díaz), por motivo de no poder dársela oficialmente a “una organización ilegal”.
A la hora exacta, estaba en casa el PC en pleno, con su vigilancia propia en cada
bocacalle. Pero tampoco los vigilantes de facción eran simples agentes, sino empleados
del servicio secreto uniformados. Lo mismo, el personal de guardia domiciliario. Y
hasta los “transeúntes”, que se cruzaban de vez en cuando a la espera de “acompañar a
distancia” a los visitantes. La conferencia duró el tiempo que los peticionantes
consideraron necesario. Al retirarse les dije, entre bromas y veras: “Les deseo buena
suerte; que no sean sorprendidos por la policía”. Se rieron y despidieron...”

        “Apuesto cien contra uno – más adelante continúa la de reflexión del autor- ,
que el día que este libro caiga en manos de Juan Manuel Santander, o de Rogelio
González Medina, formidables capitanes de la inteligencia policial de aquel tiempo –
ciertamente, sin que le cueste un pelo a los comunistas, ni a los guiones, ni a los
liberales, ni a los febreristas, ni a nadie-, renovarán sus carcajadas ante tales “praxis.
Pero también -¡seguro!- con profundo desprecio por la metodología no menos
trasnochada de los Thierry, Stroessner e Insfrán, que no son sino unos cebados asesinos.
Aquellos mantenían a raya a los comunistas, sin privarlos siquiera de su libertad. La
única vez que un accidente ensombreció su tarea –la muerte de Mariano Roque Alonso,
pariente de Alonso Ramírez, mientras se pasaba a máquina su declaración, porque se lo
había tomado con un fajo de panfletos bolches-, intervino de inmediato el ministro del
interior, Don Rigoberto Caballero, concurriendo personalmente al lugar del hecho, la
Jefatura de Policía, con su asesor jurídico, Dr. Raúl Brugada, y su consejero privado en
asuntos difíciles, Dr. Domingo Montanaro, un profesional médico. El cadáver no se
movió de su sitio sino después de la intervención de Juez competente, quien dispuso su
traslado al Hospital de Clínicas a objeto de serle practicado la autopsia. Esta operación
estuvo a cargo de los profesores Dres. Boggino y Michel, asistidos de un centenar de
estudiantes de medicina. Nada de inventar farsas como en el caso de Víctor Miranda, ni
colgarlo de algún arbusto como se hizo con el cadete Anastasio Benítez, ni tirarlo por la
azotea, como lo “suicidaron” a Fariña, el vendedor de helados, y a Prette, un conscripto.
Nada de desafiar al destino ni a los Karmas. El Juez Dr. Miranda, famoso por su
rectitud, procesó al personal de Investigaciones implicado, sin que jamás se intentara
pesar ante él ningún tipo de influencia. La mañana del último festejo del Día del Agente
de Policía que me iba a tocar presidir, recibí un oficio judicial que contenía - ¡nada
menos!- la sentencia del Juez por la cual se sobreseía la Causa de la Policía en la
muerte de Mariano Roque Alonso. El país entero la conoció en el acto, porque se
difundió por radio y la prensa escrita. ¿Apreciáis, hermanos míos, las normas de la
civilización aplicadas en aquellos tiempos, así como la barbarie desatada sobre el país
por el stroessnismo, desde hace veinte años?”.

      Y si queréis apreciar con destaque las dos caras de la moneda, recordareis que en
1949 el Gobierno del Presidente Chávez, cumpliendo un deseo nacional y popular,


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ofreció al insigne maestro José Asunción Flores la “Orden Nacional al Mérito”; en
tanto, posteriormente, el Gobierno del Presidente Stroessner      ,    cumpliendo un
deseo de su metrópolis, le “honró” con el título de “traidor a la patria”. Dos hechos
contrapuestos en los dos quinquenios: la del Coloradismo y la del Stroessnismo.




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                  PACIFICACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL
        Para 1951, después de años de prepotencia armada, el naciente clima social de
“pacificación espiritual del pueblo” era una concreción revolucionaria, “equivalía a todo
un programa de Gobierno”. Se había restaurado el orden jurídico. Si bien aquél no se
jactaba de ser un régimen constitucional legítimo, era sí legal y legalista, los poderes
republicanos funcionaban armónica e independientemente. “Se restauró el orden
jurídico, la independencia y dignidad del Poder Judicial, la seguridad de las personas y
el respeto a los derechos; se mejoró la Administración, se intensificó la enseñaza
pública, se reimpatriaron 10.000 familias (los barcos fletados para su transporte eran
desbordados por tanto contingente); y se activó de reflejo la economía”.




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                   TIEMPO DE CREADORES Y MÚSICA
         Ese nuevo estado de cosas era reflejado por un renacimiento del arte nacional,
particularmente en el auge creativo de los trabajadores del espíritu. Epifanio Méndez
Fleitas siempre fue uno más entre ellos. Su tiempo libre lo llenaba con sus compañeros
músicos y poetas y hasta se dio el orgullo de organizar la “Orquesta y Conjunto San
Solano”, una reunión de grandes intérpretes de nuestra canción popular (entre ellos los
maestros Cesar Medina, Aniceto Vera Ibarrola, Mauricio Cardozo Ocampo, Bacón
Duarte Prado, José Bragato, Oscar Torales, Cesar Villalba, Cesar Vallejos, los arpistas
Nicolás Barrios , Pedro Gamarra, Velazquez Ruiz Díaz y Rubén Sanabria, las voces del
Dúo Barrios-Espínola, Dúo Rivero-Echagüe, solistas vocales tales como Antonio
Barrios, Luis Alberto del Paraná, Reynaldo Meza, Pura Agüero Vera y Roberto
Barboza; también grabaron con el Conjunto San Solano el maestro Damasio Esquivel,
el ritmo de las guitarras de Demetrio Ortiz, de Samuel Aguayo y las primeras guitarras
del Dúo Castro-Noguera). La Orquesta San Solano era una especie de sinfónica de
instrumentos y música popular en el que Don Epifanio invertía sus ahorros para dejar
grabados hacia la inmortalidad cerca de medio centenar de composiciones suyas y de
otros creadores nacionales.

        Cumpliendo un viejo sueño de darle jerarquía universal a la interpretación de
nuestra música, Méndez Fleitas logró, -gracias a la mediación del Maestro Italo-
Argentino José Bragato (Chelista que ama nuestra música)-, que por primera vez un
grupo sinfónico: la Orquesta de Cámara del Teatro Colón de Buenos Aires, acompañado
por el Coro “Evita” de La Plata (Argentina), pusieran magistralmente en el surco
permanente seis temas musicales del Paraguay. Al respecto, cuando el Padre Ignacio
Sudupe, Director de Radio Caritas recibió de regalo las mencionadas grabaciones le
escribió unas líneas al remitente expresando, entre otros conceptos laudativos, lo
siguiente: “Siempre hablábamos de música chica en contraposición de la música grande
o de la alta música, manteniéndonos eternamente acomplejados. Por eso hoy, esta
misma mañana, cuando me entregaron el obsequio, a los pocos minutos, me lancé a la
Emisora, con rabia, con esa especie de estado de ánimo de una persona que ha hallado
por fin el argumento aplastante contra todo posible adversario, como diciendo: “Ahí lo
tienen ustedes” y desde ahora dejemos de hablar de música chica cuando encaremos
nuestro gran arte nativo. Y como una reivindicación lancé todo el disco en la sección de
música selecta.”. “Tengo la seguridad, querido Epifanio, de que con esta hazaña ha
colocado un hito trascendental en el movimiento artístico de nuestra tierra, que le
reconocerán quienes tengan sentido de responsabilidad en las cosas de nuestro arte...”.

        En Sociología suele indicarse como un parámetro importante para establecer el
grado de desarrollo o la expansión o recesión social en un lugar determinado: su
ambiente cultural. Las dictaduras o regímenes totalitarios exhiben bajo nivel cultural y,
fundamentalmente, nítidos síntomas de avasallamiento de la creatividad popular. Sin
embargo, cualquier régimen de libertades que cuente con la confianza de la gente o
muestre una inclinación palpable hacia el desarrollo y estabilidad sociales, incentiva el
movimiento cultural y, en especial, la de su arte nativo. Esta última realidad se vivía en
el primer quinquenio de la década 1959/60. Como simple demostración, hoy a 50 años
de distancia, enciéndase el radiorreceptor y sintonícese un programa musical folclórico
y la belleza dominante en melodías y poesías provendrán, en alto porcentaje, de un
repertorio nacido por aquella época.


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       LEY DE PROTECCIÓN INTELECTUAL Y ARTÍSTICA
       Epifanio Méndez Fleitas formó parte de aquel universo fantástico de creadores
que hasta hoy nos deleitan con sus exhalaciones espirituales. Pero como hombre público
influyente, él cumplió otro rol importante en pro de nuestra cultura. Fue un constante
mentor e impulsor de constructivas iniciativas. En 1951 entendió la necesidad de que
los creadores debían estar protegidos por la ley y ser remunerados justamente por sus
creaciones e inventos. Ese año fue electo Diputado Nacional en representación de la
ANR. Si bien estaba de permiso por cumplir otra función política (Jefe de Policía),
elevó al Parlamento el Proyecto de la “Ley de Propiedad Intelectual y Artística” la que
fue sancionada en el Congreso y promulgada por el Presidente Chávez. Como
consecuencia nace Autores Paraguayos Asociados (APA). Cuando, él mismo, asume la
Presidencia del Banco Central gestiona el crédito que se le concedió a esa entidad a fin
de tener local propio, el que actualmente posee. Paradójicamente, el padre ideológico de
APA fue negado en sus derechos autorales, durante 22 años de su exilio, por “orden
superior” del régimen, acatada por sus segundones de la Entidad.




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                    EPIFANIO, EL CULTOR POPULAR
        Su preocupación dirigida hacia la música, los músicos y poetas populares era
casi una obsesión. Posiblemente derivaba, también, de su propio origen humilde porque
el arte nativo tiene su cuna principal y abrigo esencial en ese estamento de la sociedad.
La cultura popular, como la clase pobre, en un país neo-colonizado, sufre del olvido
Oficial y de una desprotección crónica. Epifanio Méndez había concientizado
tempranamente esa realidad y, por coherencia, sentía la obligación de revertirla en la
medida que le era posible. Cuentan, quienes presenciaron la escena, que un día de
ensayo con la Orquesta San Solano en un Estudio Radial, Don Epifanio reflexionó en
voz alta: “¡Cómo puede ser que nuestros intérpretes no tengan un Estudio de
Grabaciones aquí en su tierra! ¡No deberían peregrinar a Buenos Aires cada vez que
tengan que grabar!”. Los presentes afinaron sus oídos para prestar atención sobre lo que
“Epí” decía. De pronto siguió con una pregunta: “¿Alguno de ustedes estaría dispuesto a
transformarse en empresario fonográfico?”. La reacción del operador de mesa, “Coco”
Urdapilleta, fue al instante: “Yo, Don Epifanio”. Y así, al poco tiempo, merced a la
intermediación financiera del Banco Central, el Paraguay contó con su primer Estudio
Profesional de Grabaciones, con tecnología de punta, la más avanzada de la época
(equipos “RCA Víctor”, “Ampex”, “Revox”,etc.), empresa que su propietario don
Jorge Urdapilleta la llamó “Guarania”: primer sello editorial y primera grabadora
nacional.




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 EL APOYO A GIGANTES DE NUESTRA CULTURA NACIONAL
        El poder político que ejerció en su época fue destinado, exclusivamente, para
cumplir lo mejor posible con la estrategia revolucionaria del Coloradismo. Don
Epifanio, con su caracterizada modestia y sinceridad, insistía frecuentemente que su
accionar a favor de la cultura y la clase popular del país, hubiese sido imposible sin
contar con la grandeza de los Presidentes Molas López y Federico Chávez y la
sensibilidad social del equipo político del Partido Colorado de aquel entonces. El
integraba medularmente el alma y los músculos de un cuerpo estatal decidido para el
cambio de las estructuras oligárquicas. Así como arremetió contra los privilegios
desmedidos de sectores de la sociedad para viabilizar una mejor distribución de la renta
y riqueza nacional que posibilitara el desarrollo del país, con medidas crediticias y
financieras desde el Banco Central, no dudó tampoco en posibilitar los recursos
necesarios para promover nuestra cultura.

        A más de 50 Años, recién podemos valorar la visión del estadista que, a pesar de
su juventud, intuyó ya en 1953, los gratos beneficios que recibiría la Patria con la
promoción de sus valores intelectuales y artísticos. Propuso al Poder Ejecutivo financiar
el lanzamiento al mundo del espíritu paraguayo con sus mejores exponentes. La moción
fue aceptada gratamente. Sabían que nuestros artistas eran los idóneos diplomáticos con
capacidad de abrirnos las puertas del universo, y presentarnos ante el mundo para que
éste, pudiera virar su esquiva vista hacia nosotros. Era imprescindible y urgente intentar
la apertura a nuestro encierro geográfico y económico. En la mitad del siglo XIX, el
régimen de Don Carlos lanzó a los mares a la Flota Mercante con la misma estrategia.
Ahora en la mitad del siglo XX, el régimen revolucionario del Coloradismo lo emulaba,
enviando ahora, a su avanzada artística con el mismo objetivo.

        El 25 de junio de 1953 , por Decreto No. 18529 el Gobierno de Don Federico
con “el propósito de estimular la difusión del folklore y el arte nacional” autoriza al
Banco Central respaldar la gira artístico-cultural por varios países de América y Europa
de Don Sila Godoy y Don Augusto Roa Bastos. Por Resolución No. 188 del 26 de Junio
de 1953, el Directorio del Banco Central resuelve concederles “la suma de US$ 4.000
al tipo de cambio de Gs. 30 a los referidos señores”.

        Este empujón histórico fue siempre valorado por estos dos gigantes del arte
nacional. Y es digno mencionar la leal amistad que ambos mantuvieron hasta el fin con
el viejo amigo, con el paraguayo de “tierra adentro”, que en los instantes de decisiones a
favor de la Patria, nunca hizo discriminaciones partidarias ni sectarias. Ni Roa Bastos,
ni Sila Godoy eran del Partido amado por Epifanio Méndez. En 1953 Augusto Roa
Bastos publicó en Buenos Aires su primera obra novelística: “Hijo de Hombre”. A
partir del mismo año, el maestro Cayo Sila Godoy recoge el aplauso internacional en
conciertos que ofrece en los más exigentes escenarios y, simultáneamente, se convierte
en el principal artífice para que el Maestro Agustín Barrios, nuestro gran Mangoré,
cobre la dimensión universal que merecía. Fue el Maestro Sila Godoy el difusor
fundamental de las obras de aquel mago de las seis cuerdas.

        Ambos, D. Augusto Roa Bastos y D. Cayo Sila Godoy, representan hoy,
legítimamente, orgullos de la cultura paraguaya ante el público mundial. La política
constructiva de un tiempo, que debemos recordar y emular, los hizo posible.


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            SU COMPROMISO CON NUESTROS ARTISTAS
         Su hogar y sus oficinas de trabajo estaban abiertas en todo momento para recibir,
apoyar o mitigar los dramas de quienes él, Caraí Epí, los consideraba hermanos: los
artistas o como él llamaba: los cultores del alma nacional. Para él, aquellos eran sus
amigos de siempre. El conocerlos personalmente o compartir momentos no era
necesario para considerarlos como tales., pues compartían desde siempre, los mismos
afanes, ideales y calidad espiritual. Bastaba ser músico, cantante, actor, escritor,
escultor, guitarrero o poeta para el espontáneo afecto y trato amistoso. Era parte esencial
de su filosofía de vida el concebir a la expresión cultural como el vocabulario popular
más puro y por ende lo más representativo del Paraguay para el universo. En ese marco
ideológico fundamentó su accionar político. El lenguaje artístico sería entonces la
mejor representación diplomática con la que el Paraguay podría abrir puertas en el
mundo. En ese espacio, del relacionamiento internacional, tan competitivo, todo podría
facilitarse con la expresión de nuestro acervo cultural.

        El Paraguay estaba, sumamente, aislada de las naciones del norte y del Asia.
Podríamos valorizar mejor nuestros productos en aquellos mercados. Debíamos
hacernos conocer y necesitábamos intercambios diversos para pretender el impulso
hacia el desarrollo necesario.

        Todas las citadas “coincidencias” y valores pesaron para que Epifanio Méndez
Fleitas se empeñara afanosamente, en el círculo gubernamental, en promover el subsidio
para algunos especiales “embajadores” itinerantes. En esa inteligencia, como se
señalara, partieron Roa Bastos y Sila Godoy e, inmediatamente, otros dos magníficos
conjuntos musicales: “Los Indios” y el “Trío Los Paraguayos”.

        Han transcurrido más de 50 años de aquel esfuerzo político, que se puede
recordar como un quinquenio de oro en nuestro devenir histórico contemporáneo, pero
que lamentablemente fue truncado por la Tiranía y el Neocolonialismo que hasta hoy
agobia a nuestro país. Sin embargo hay aspectos y ejemplos que se deben rescatar para
la memoria colectiva, también valores, que a pesar del embate hedónico no pudieron
destruir, como la gratitud del artista:

        Roa Bastos, Sila Godoy, “Los Indios” y “Los Paraguayos” nunca negaron su
amistad para el hermano perseguido. “Los Paraguayos” (Paraná, Barboza y García)
enviaban sus grabaciones y cartas desde cualquier punto del planeta. “Los Indios”
fueron los primeros en poner una plaqueta de agradecimiento en el Panteón de la
Recoleta donde yacen los restos mortales de su benefactor y amigo. Augusto Roa
Bastos y Sila Godoy nunca temieron a las represalias del ingrato y terrible Tirano y
visitaban, asiduamente, a D. Epifanio Méndez Fleitas en el exilio, ya sea en Uruguay,
Argentina o EEUU. El valor de la solidaridad en el arte y en los ideales del espíritu,
evidentemente, siguen indelebles en nuestra cultura paraguaya.




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                       EL “TRÍO LOS PARAGUAYOS”
        Una de sus trascendentales acciones políticas, porque trascendió con buena fama
las fronteras nacionales, ha sido la integración del “Trío Los Paraguayos”. “Yo lo
considero a Don Epifanio Méndez como el arquitecto del Trío Los Paraguayos” afirma
don Agustín Barboza. El juntó a los tres, cuando cada uno (Paraná, Digno García y
Barboza) tenían sus respectivos grupos o su propia carrera. Fue en 1952, cuando el Gral.
Perón, visitó por primera vez el Paraguay. “Me gustaría que ustedes tres hagan algunas
presentaciones”, relata Barboza sobre la propuesta de Don Epifanio, y agrega: “...así se
formó el Trío Los Paraguayos oficialmente”. “Después de pasadas las fiestas
conmemorativas, con la visita de la delegación argentina, un día nos llama por teléfono
y nos dice: “Vengan a cenar esta noche en casa...frente al Hospital Barrio Obrero”. Nos
fuimos y nos dice: “Tengo una noticia para Uds. El Gobierno Nacional ha considerado
la actuación de Uds. y en recompensa van a ser enviados a Europa como embajadores
de la cultura y del arte paraguayo, para difundir nuestra música”. Así fue... De manera
que para mí - sigue testimoniando Agustín Barboza-, esa fue la mayor o una de las
mayores satisfacciones de mi carrera porque fuimos enviados por él, desde luego, él
organizó todo. Me parece que fue una obra muy patriótica e importante culturalmente,
porque fuimos y conseguimos el objetivo que nos había encomendado. Conseguimos
que el Paraguay sea el país latinoamericano más nombrado en toda Europa a través de
las comunicaciones. Y bueno, por eso yo lo considero a él uno de los grandes patriotas
en todas estas cuestiones. De manera que yo estoy muy feliz de contar estas cosas
necesarias de saberse: la obra de él, de habernos enviado, al Trío Los Paraguayos, a
Europa y por el mundo, luego. Fue cuando recién el Paraguay empezaba a conocerse a
través de la música”

       Una vez más fructificó la iniciativa de Méndez Fleitas. El Gobierno, por decreto
1.136 del 24 de Noviembre de 1953, dispuso el apoyo financiero para la gira
internacional de Luis Osmer Meza, Agustín Barboza y Digno García (“Los
Paraguayos”) y, bajo tal mandato, el Banco Central resolvió, “concederle la suma de
US$ 1.200 a cada uno, al tipo de cambio de Gs. 30 por cada dólar a los referidos
señores”.

        Con crítica visión retrospectiva, hoy se puede afirmar, que el viaje del “Trío Los
Paraguayos” ha sido la mejor inversión que gobierno nacional alguno haya hecho. Tres
pasajes, US$ 1.200 de viático y tres pasaportes diplomáticos fueron devueltos al país
con inconmensurable ganancia. Al referirse sobre el tema, Don Epifanio comentaba que
“la música era el rompehielos que necesitábamos en Europa y el mundo”, subrayando
que era muy difícil que los grandes se fijaran en un país tan “chico y lejano como el
nuestro”. Detrás de aquellos “adelantados de nuestra cultura”, de inmediato
conseguimos un horizonte más amplio de mercado para nuestros productos típicos.
Como dijo Don Agustín Barboza: “el Paraguay dejó atrás su anonimato después de esa
embajada; y aumentó el comercio; y se acrecentaron las remesas por derechos autorales
y se abrieron los horizontes mundiales para cientos de otros artistas paraguayos.” Para
completar la verdad: se abrieron esas puertas no tan solo para nuestros compatriotas
artistas, sino y, principalmente, para muchísimos otros de Latinoamérica. Los
escenarios europeos para nuestra música latinoamericana saben de un antes y un
después de “Los Paraguayos”. Sin desmerecer las altas cualidades artísticas y personales
de cada uno de “Los Paraguayos”, siempre será de justicia que nuestro pueblo conozca


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la decisión generadora del conjunto y su misión, que tuvo como artífice a un estadista
visionario y popular con alma de poeta.




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  CONFEDERACIÓN PARAGUAYA DE TRABAJADORES (CPT)
        Una de las características sobresalientes de la personalidad de Don Epifanio, fue
su conducta coherente con sus hermanos de clase: en la vida cotidiana que transcurrió,
siempre, con humildad y sencillez, en sus actividades musicales que compartía con
todos sus colegas sin ningún tipo de discriminación y en su carrera política que la
dedicó plenamente a los intereses nacionales y, particularmente a los humildes.
Inmensamente solidario cuando notaba que alguien lo merecía o lo necesitaba. Casi
intermitentemente, su techo hogareño era abrigo cariñoso para alguien, sea pariente,
amigo o compueblano que precisaban llegar a la Capital por razones de salud o
estudios. El era un intelectual de altísimo rango, entre los grandes que tuvimos, pero
nunca se apeó de los rasgos del paraguayo campesino y de su alma de poeta.
Posiblemente en eso radicaba su fortaleza espiritual y haya sido, también, la fuente de
su carisma, elementos sustanciales de su personalidad hasta la muerte.

        Por eso, cuando el Dr. Guillermo Enciso Velloso, entonces Ministro de Justicia
y Trabajo propulsó, en 1951, la organización de la Confederación Paraguaya de
Trabajadores (CPT) como central única democrática e integradora, dejando atrás a la
Organización Republicana Obrera (ORO) de integración facciosa, tuvo en el Jefe de
Policía a un compañero activo en esa tarea, a alguien que desde casi niño se sintió
consustanciado con la clase trabajadora. El mismo narra este reencuentro con la gente
de su clase: “Egresado en 1938 me trasladé a la Capital, retirándome de la Empresa para
no volver a tomar contacto con mis compañeros trabajadores sino al cabo de 11 años, al
entrar a desempeñar la Jefatura de Policía, ya en función partidaria y gubernativa”. “Es
innecesario destacar que ese reencuentro con los de mi clase –en circunstancias en que
en algo podía servirles, siquiera con la sola prescindencia de intervenir en contra, en
cuanto ello no fuera absolutamente inevitable-, ha sido una de las gratitudes, entre
muchas, que adeudo a la política.

        “Cuando tres años después pasé al Banco, la afinidad de mi nuevo cometido con
los problemas sociales, por su estrecha vinculación con el proceso económico, hizo que
el camino de la comprensión para con sus intereses –hasta donde la índole técnica del
cargo me lo permitía-, quedara aún más expedito. Debo encarecer que a pesar de la
naturaleza, a menudo paradójica de la conducción económica, o sea, que las medidas de
objetivos populares no siempre son las de más fácil asimilación, precisamente por
quienes habrían de ser sus beneficiarios, nunca he sido mejor interpretado por ningún
sector, del país ni del Partido, que por la clase trabajadora.

        “Fue así que, cuando en 1956 el régimen de Stroessner me cerró la puerta del
país, privándome de asistir a mi padre en sus últimos momentos, la Confederación
Paraguaya de Trabajadores (CPT), me cursó una emotiva nota en la que me expresaba
su solidaridad y “la esperanza de que pronto podamos volver a trabajar unidos por la
libertad y el engrandecimiento de nuestro pueblo”.

       Aquella histórica CPT fue pionera en la lucha contra la Tiranía naciente a la que
enfrentó con coraje en la Huelga General del 27 de agosto de 1958. Tras esa gesta, la
mayoría de sus líderes fueron perseguidos implacablemente. Los que lograron
abandonar el país, reorganizaron a sus fuerzas dispersas en la CPT en el Exilio. Ella
también tuvo en Epifanio Méndez Fleitas un leal asesor y compañero hasta el final.


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                                LA CRISIS DE 1952
        Como todo nuevo régimen, aquel tuvo su momento crítico que se agudizó en
1952, causando una desazón generalizada en la gente. Era palpable que la política
económica no seguía el ritmo marcado por los estrategas de la conducción política. Un
desorden anárquico, fruto de un liberalismo económico sin control, llevó a una situación
insoportable. “El Gobierno –leemos en “Diagnosis Paraguaya”, Pág.305- se empeñaba
por complacer a todo el mundo –agricultores, asalariados, ganaderos, industriales,
comerciantes, etc.-, pero no daba al traste con la crisis que se venía. Control de precios,
amenazas, multas: inútil, a la bolsa negra comercial se añadió el “facturismo”, venta de
documentación falsa para la legalización del contrabando y la especulación”. “...el
comercio exterior era dominado por el pillaje”. “Política de tolerancia, de respeto, de
ayuda al correligionario: paradoja, todo el mundo descontento, sublevado,
desconsiderado. El nuevo concepto de las garantías públicas, del respeto al hombre y de
obsecuencia a la ley, imperante en la Policía, le inhibía a ésta de preservar el orden por
la vía de hechos”.

        En otro de sus libros (“Desatino y Calumnias al Descubierto”, Pág. 26) recuerda
que: “Habría sido, posiblemente, hacia la segunda quincena de marzo (1952). El
Consejo de Ministros estaba reunido en pleno, para conjurar una de las tantas amenazas,
de las que nunca estuvieron totalmente a cubierto ni el Gobierno, ni el Partido. Yo,
entonces, estaba en la Policía. Asistí a la reunión para informar sobre lo que tuviera
relación con el cargo que desempeñaba. Pues, fíjese: por ahí comenzó este asunto.
Cuando después –a requerimiento del Presidente- me tocó hablar, pedí excusas por si
me explayara más allá de mi competencia...”. “La Policía – expresé finalmente- no
puede contrarrestar, por la simple vía punitiva, esto que, por sobre todo, es un problema
de índole económico-financiero. El remedio no es de acción de fuerza, sino de
inteligencia”.

        En “Diagnosis Paraguaya”, posiblemente el trabajo, escrito, cumbre de Méndez
Fleitas, el autor ratifica su testimonio sobre la difícil situación social por la que se
atravesaba a fines del 51 y comienzos de 1952: “Yo estaba al frente de la Policía y
pulsaba de cerca la opinión pública. En este punto coincidíamos generalmente con el
Dr. Enciso, con la diferencia de su más refinada perceptibilidad, sea debido a su mayor
especialización social o por la índole de su función gubernativa, que le ponía
directamente en contacto con el proletariado”. En aquel entonces él era Ministro de
Justicia y Trabajo.

       La crisis económica del 52 apuró el proceso, obligando al Gobierno a virar
radicalmente su política socio-económica para iniciar, de inmediato, la segunda etapa
previsto en su plan estratégico.




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                   EN MARCHA LA SEGUNDA ETAPA
        En octubre de 1952, Don Federico reorganizó su gabinete ministerial,
trasladándolo a Guillermo Enciso Velloso de Justicia y Trabajo a la titularidad del
Ministerio de Hacienda. La afinidad ideológica del Dr. Enciso con Epifanio Méndez
Fleitas era inmensa. Ambos estaban consustanciados con el pensamiento social y
democrático del Coloradismo Histórico, inicialmente personalizado por Blas Garay e
Ignacio A. Pane. Guillermo Enciso Velloso y Epifanio Méndez Fleitas compartían la
teoría del Dr. Blas Garay de que “la intervención del Estado es necesaria. La requerimos
– decía aquel brillante republico- si no como absolutamente necesaria, como sumamente
conveniente. El “laiser faire” no debe ponerse en práctica en países nuevos, que
empiezan a desenvolverse, tropezando a menudo en obstáculos, para vencer los cuales
no basta la acción natural y libre de los intereses empeñados en vencerlos. Es necesario
que el Estado, con los poderosos medios de que dispone, concurra a allanar el camino y
a hacer más fácil la evolución”.

        Méndez Fleitas, por medio de sus publicaciones había expresado sus ideas
económicas y financieras y se delató como un estudioso de esos temas en un ensayo que
publicó en esos días con el título: “El Banco Central...”. Según él era imprescindible
que el Estado contara con una institución que ejerza la administración monetaria, la
representación del Gobierno como agente financiero del Estado con la potestad de
actuar como instrumento específico del intervencionismo estatal en la esfera económica.
Estos argumentos, a más de la caótica situación que exigía urgentes correcciones
económicas y financieras, convencieron al Gobierno para crear el Banco Central del
Paraguay en 1952.

        Al asumir el Dr. Guillermo Enciso Velloso la conducción en la cartera de
Hacienda, le invita a Epifanio Méndez para secundarlo desde la Presidencia de la nueva
institución rectora de la Banca nacional. Este acepta la responsabilidad y la asume el 2
de noviembre de 1952.

        “El año 1953 – se constata en “Diagnosis Paraguaya”, Pág. 307- se inició con la
adopción por el Gobierno del primer “Plan de Estabilización y Fomento
Económicos” en cuya elaboración, por instrucciones del Presidente Chávez, hacía
meses veníamos trabajando con el Dr. Richard Berhendt, experto de Naciones Unidas,
el Dr. Enciso y yo. Por la misma disposición se creaba la Comisión de Planeamiento
Económico dependiente del Consejo Nacional de Coordinación Económica”. Estaba en
marcha el primer ensayo de planificación económica instituido en el Paraguay. En la
apertura de un ciclo de audiciones radiales, el 13 de enero de 1953, organizado a
efectos de ilustrar a la ciudadanía sobre dicho Plan, el propio Presidente Chávez
significaba que era “un esfuerzo ordenado y sistematizado de preparar las bases para el
desenvolvimiento más amplio y fecundo posible a todas las fuerzas vivas...Significa la
firme intención del Gobierno de tomar medidas, técnicamente elaboradas y no
improvisadas, y de hacer que estas medidas sean realizadas en forma bien coordinada, y
no parcial, por todas las entidades del Estado...”. “No prometemos –agregaba el
Presidente- la solución de todos nuestros problemas de la noche a la mañana. Serán
necesarios ajustes y sacrificios para salvar este período de transición...”.




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        A la semana siguiente, Don Epifanio clausura el ciclo radial y en esa emisión
señala, entre otros conceptos: “Es difícil pensar que nadie pueda venir a romper, de la
noche a la mañana, una tradición casi centenaria de administrar el país a la birlonga, sin
plan ni concierto...” “De que sea difícil romper dicha tradición, nadie duda. Pero hay
que ver las condiciones en que tal cosa pueda o no ser realizable. Es el nuestro un
régimen revolucionario –recalcaba siguiendo su alocución radial- , un proceso de
cambio del que no debe prescindirse en la estimación de sus elementos constitutivos.
Confrontamos las contingencias de un nuevo estado político, lo cual significa, dentro de
nuestros hábitos dominantes, una total revisión de la estructura y el esquema del poder
público. Esto es, la fijación de nuevos rumbos, de orientaciones nuevas, y el
relevamiento en masa del personal directivo del Gobierno”.




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                            EN EL BANCO CENTRAL
         El 20 de febrero, el nuevo Presidente del Banco Central convocó al
funcionariado de la institución para instarles asumieran, cada uno, su cuota-parte en la
responsabilidad de la ejecución del Plan, que el Gobierno le delegara a ese órgano
estatal. “Resumí –relata Don Epifanio- en cuatro puntos las directivas inmediatas: 1- El
principio de autoridad; 2- El Banco Central del Paraguay; 3- Lo que hay que hacer; y 4-
Trabajo y técnica”.

         Algunos pasajes de aquella exposición merecen ser subrayadas porque pintan la
filosofía de trabajo, lineamientos doctrinarios y carácter de autoridad de Epifanio
Méndez. “El concepto de autoridad –expresó- no es un capricho de quien retiene la
función directiva, sino un instrumento de trabajo por medio del cual se coordina la
función de conjunto de la Institución. Pero es indispensable que los jefes y directores se
mantengan en estrecha vigilancia respecto de su propio comportamiento, de su propia
conducta; pues, nunca se insistirá bastante de que el principio de autoridad no tiene
sentido cuando las normas de la Institución no están sólidamente protegidas desde la
cúspide hasta la base”. Sobre la existencia esencial del Banco Central insistió en que
“éste es un organismo administrativo del Estado para el control técnico-financiero de las
actividades económicas del país”. En otro pasaje advirtió que “el Banco Central tiene
medios y oportunidades innumerables para dispensar privilegios. Ese atributo hay que
suprimirle; los privilegios administrados por las instituciones deben alcanzar al mayor
número posible de hombres y mujeres de la Nación. ¿Qué debe hacerse entonces? Una
cosa muy simple: refundir esos privilegios y convertirlos en uno solo, de carácter
nacional, trascendente, que ha de prodigarse, siquiera sea en forma indirecta, a todo el
país”. En su parte final, se explayó sobre generalidades interesantes que, como era su
estilo, la reunión fue convertida en una clase magistral sobre economía. Habló sobre la
política de subsidio, la importancia del dinero, la inflación, deflación, devaluación,
antecedentes históricos, el régimen de cambios, las fuentes de divisas del Banco, los
fondos de revalorización, la crisis mundial y el desequilibrio monetario y, finalmente,
sobre lo que el Banco Central llevaba realizado en su corto plazo de existencia. Tras el
jugoso mensaje, el funcionariado quedó notificado que estaban bajo una autoridad para
ejecutar el Plan de Estabilización y Fomento Económicos. “Y todos a una nos pusimos a
trabajar día y noche” señala satisfecho Don Epifanio pasado muchos años de aquel
momento, con la seguridad de haber cumplido con la misión que su país le encomendó,
porque los números y la realidad avalaron, posteriormente, aquel esfuerzo realizado
para despegarnos de nuestra vieja postración.

        A más de los fundamentos técnicos para la existencia del Banco Central, Don
Epifanio Méndez siempre pensó que esa entidad, con sus funciones originales,
constituía la herramienta exacta para lograr la soberanía financiera y económica del
país. Lamentablemente, esas funciones, fueron trastocadas, con severidad, nomás se
instauró la autocracia tiránica. Este nuevo régimen, mandadero del Fondo Monetario
Internacional (FMI) y al servicio de una oligarquía rapaz, liberalizó la banca, los
créditos, permitió que nuestras finanzas estuviesen, indirectamente, regladas por la
usura , la especulación y el dinero mal habido y dejó a los agricultores a merced de los
tiburones agroexportadores, sustituyendo además las estructuras productivas por las
industrias “sin chimeneas”(contrabando, licitaciones amañadas, “coimisiones”,
contratos leoninos, narcotráfico, rollo tráficos, autotráficos, etc., etc., etc.) Pero durante


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los pocos años que permaneció vigente la actividad del Banco Central original (
centralizando los depósitos fiscales, atendiendo los servicios internos e internacionales,
monopolizando la emisión monetaria, dictando la política crediticia, ejerciendo su
potestad de contralor de cambios y del sistema cambiario, supervisando las operaciones
bancarias y de seguros y actuando como instrumento del intervencionismo estatal en la
esfera económica, con un brazo comercial en expansión: el Banco del Paraguay, entidad
pública que garantizaba los precios de los frutos del país y servía, efectivamente, a los
productores ), la economía nacional vivió una transformación positiva que, inclusive, se
extendió, por inercia sistémica, hasta los años 60.

       El Plan de Estabilización y Fomento Económicos del régimen colorado ( de
“Diagnosis Paraguaya”, Págs.424/25 ), levantó el Producto Interno Bruto (PIB) del país,
de 8.121 guaraníes de 1956, o sea 87, 96 dólares per cápita en 1952, a 10.675 guaraníes
equivalentes a 115,62 dólares per cápita en 1955 ( + 31% ).

        Epifanio Méndez Fleitas documentó, en varios trabajos editados, el gran
esfuerzo material y espiritual que el Gobierno del Coloradismo Histórico, junto con el
pueblo, realizara en aquel quinquenio (1949/1955) de transición revolucionaria, pacífica
y progresiva. Aquel proceso y sus resultados podemos estudiarlos con lujo de detalles
en las siguientes publicaciones bibliográficas de su autoría: “De la crisis de escasez
hacia una economía de abundancia” (1954),“Ordenamiento Económico y
Monetario”(1955), “A tres años del Plan de Estabilización y Fomento Económicos o el
“Delito” de Epifanio Méndez” (1956), “Desatinos y Calumnias al Descubierto”
(1957), “Diagnosis Paraguaya” (1965) y en “Psicología del Colonialismo:
Imperialismo Yanqui-Brasilero en el Paraguay” (1971).

       Aún después de transcurrido más de medio siglo, muchísimas personas
recuerdan al “Epí” atento, generoso y siempre activo, cuando mantenía abierta la
entrada de su oficina, ya sea de la Policía o del Banco, para TODOS (sin
discriminaciones humillantes) y los atendía, con mucha atención, a cada uno y por
riguroso turno, en presencia de los demás, con transparencia absoluta, bajo el concepto
de que “el problema de cada ciudadano era de interés público”.




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        CONVENIO DE UNIÓN ECONÓMICA PARAGUAYO -
                       ARGENTINO
       El 20 de diciembre de 1949 se había firmado un Convenio Comercial con
Argentina. Entre otros puntos del mismo se preveía un sistema de intercambio de
productos, según el cual, Paraguay debía exportar previamente por el valor total de sus
importaciones para que éstas pudieran realizarse. El Banco Central Argentino actuaba
así de depositario de los fondos del Paraguay, y nada más; no había reciprocidad
posible. El Paraguay no podía hacer compras en la Argentina si no contaba con HABER
en su cuenta; si se le terminaba ese HABER, el crédito se le cerraba.

        Argentina, en cambio, sí podía operar ilimitadamente en el Paraguay. En la
práctica, pues, aquel Convenio establecía de hecho y por derecho, en este punto, un
patronazgo comercial del Banco Central Argentino sobre el Paraguay. Otros aspectos
de carácter monetario como la unidad de cuenta que se estipuló en base al peso
argentino y no al dólar, constituían, finalmente, un tratado injusto para nuestros
intereses.

       El tema explosionó en marzo de 1953, cuando el Ministro de Industria y
Comercio, Dr. Bernardino Gorostiaga, informó al Consejo de Importación que la
existencia de harina en el mercado se estaba agotando y su abastecimiento al
consumidor solo estaba asegurado hasta los primeros días de abril. Teníamos a la fecha
un contrato de compra de trigo, con la Argentina por 60.000 toneladas, con opción a
80.000. Pero, a pesar del contrato, la adquisición no pudo realizarse por falta de
disponibilidades en nuestra Cuenta en aquel país.

        Nuestro Banco Central, bajo la presidencia de Epifanio Méndez, tomó cartas en
el asunto y, por telegramas (dos sucesivamente) hizo planteamientos al CENTRALBAN
– BAIRES con ruegos de urgente respuesta. El Banco Central Argentino parecía no
entender las propuestas lo que retrasaba la solución a nuestro acucioso drama. Ante tal
dilación se decidió adquirir del Uruguay un cargamento de 20.000 toneladas de harina
con lo que se salvó, temporalmente, el suministro a la población de este producto de
primerísima necesidad.

         La contrariedad comercial con Argentina era un asunto pendiente necesario de
solucionar. Ese vecino era el principal mercado de nuestros productos, por tanto urgía
una conversación formal para revertir nuestra injusta posición en el intercambio
comercial. Ellos habían hecho ciertas modificaciones legales, monetarias y tributarias, y
que no estaban previstas en el Convenio del 49, los que nos llevó a esa desventajosa
relación. Durante los tres años que siguieron a las modificaciones mencionadas,
experimentamos grandes pérdidas. La remuneración por nuestros productos bajaron
ostensiblemente, mientras que las manufacturas argentinas aumentaban en precios en la
misma proporción que bajaban las exportaciones de ambos lados. Lógicamente, los más
perjudicados éramos nosotros en todo eso. Esa anacrónica realidad debíamos cambiar,
aunque pareciera, entonces, una estrategia casi utópica debido a los fuertes intereses
vigentes en el gran vecino, quienes, por razones obvias, se constituirían en una valla
difícil de batir.




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       Sobre una delegación para conversar sobre un nuevo Convenio, “el Presidente
Chávez, un poco incrédulo, un poco escéptico, o tal vez sin ánimo de autorizar ni dejar
de hacerlo, había hecho pasar mucho tiempo sin que tomara cartas en el asunto. Era por
eso que, cuando un día, ante el apremio para la importación del trigo, resolvió
encomendarnos la Misión – recuerda el entonces Presidente del Banco Central-, lo
único que no podíamos hacer era justamente negarnos a cumplirla”.

        “Nuestros amigos temían a la Misión –rememora Méndez- como se teme a un
accidente desgraciado. El fracaso de la Misión significaría, según ellos, una derrota
política, más que diplomática, de la que difícilmente podría uno reponerse”.

        “Los que pueden vivir sin ocuparse del país, centrando sus esfuerzos para su
exclusivo sostenimiento, no podrán comprender jamás la militancia ardorosamente
pasional con que algunos encaramos estos problemas. Sin embargo –sigue discurriendo,
Méndez Fleitas, en su filosofía de vida política-, aún cuando no tuvieran que modificar
su temperamento, es indispensable se informen de estas cosas, al igual que todos, ya que
en última instancia nadie está exento, de gozar o de sufrir, con la suerte o la desdicha de
la Patria. Lo único inadmisible es que haya quienes hagan mofas por el esfuerzo de los
otros para la felicidad común.

       “Este criterio lo hemos sustentado siempre, sin que jamás nos haya conducido al
arrepentimiento. Con él fuimos a la política, con él servimos en la Administración
Pública y con él fuimos a la Argentina”.

        “Así pues, con la mente fija en Dios y en la Patria, sin más bagaje que nuestras
ilusiones y esperanzas juveniles, tomamos pasaje para Buenos Aires, con la asistencia
de un solo secretario, el Sr. Eugenio R. Gómez, el 5 de mayo de 1953. Poco más tarde
se nos unieron los doctores Pedro R. Chamorro y Rodolfo F. Núñez”.

       “El 6 de mayo amanecimos en Buenos Aires, y el 7, a las 7 horas, el Presidente
Perón nos recibía en su despacho en compañía de sus principales colaboradores.
Nosotros habíamos llegado al Palacio de Gobierno juntamente con el Embajador
Méndez Paiva y el Secretario Gómez. La entrevista duró 40 minutos, estrictamente lo
indispensable para imponer al Presidente Perón de la Misión que el Gobierno paraguayo
nos confiara ante el suyo”.

         Posteriormente las reuniones -con el equipo económico del Gobierno Argentino-
, se sucedieron, con intensidad, para discutir el tema. En la primera reunión del día 8 de
mayo, presidida por el propio Perón, se notó la diferencia “que había entre el pequeño
Consejo del día antes y el que nos estaba escuchando –refiere Méndez Fleitas-. Se sentía
la frialdad casi polar con que muchos de los miembros del Consejo recibían el mensaje
del cual éramos portadores en nombre de nuestro país”. Era evidente que la Misión
paraguaya con sus planteamientos pisaba terreno pantanoso.

       Discusiones, “horas de indagaciones, verificaciones, comparaciones y
comprobaciones que, en definitiva nos conducía siempre a lo mismo. La posición
paraguaya era exacta, justa e inobjetable” y el argumento que se les exponía a aquel
equipo económico, era contundente: la “situación, a la larga, va destruyendo
simultáneamente el mercado vendedor y el mercado comprador del Paraguay, para el
comercio y la industria argentinos”.


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       La espera, días y días, de una respuesta a los requerimientos de la Misión
presuponía un posible fracaso. Don Epifanio y sus compañeros sufrían las horas de
espera en un verdadero confinamiento en el “Hotel Continental”. “Días de encierro –
cuenta-, de impaciencia y de expectativa; con el oído presto al teléfono, con los ojos
devoradores que saltaban sobre la prensa diaria, con una tensión mental y espiritual sólo
comparable a la de los días más álgidos de las grandes crisis...”

       “Lo que ahora vamos a revelar – confiesa Méndez Fleitas- se lo brindamos al
Pueblo de la Nación, para que tenga una idea, la más aproximada posible, de la
psicología dominante en la Misión en aquellas circunstancias.

        “Pues bien, a la media noche del 10 al 11 de junio, redactamos una carta
personal para el Presidente Perón, en la que por encima de los protocolos, le hicimos
saber cuanto tenía entre manos la Misión Paraguaya ante su Gobierno, acompañándole,
además, una carpeta que contenía la documentación completa de las cuestiones
promovidas hasta ese momento. (Antes habíamos contado con la colaboración de tres
esclarecidos amigos de nuestro país –dos de ellos coroneles de Ejército, uno argentino y
otro paraguayo; y el tercero, un abogado liberal sin mezcla de sangre extraña- para la
entrega confidencial del mensaje) “. “Me asisten – leemos en un pasaje de la carta- en
efecto, fundados motivos para pensar que sin la decidida intervención de V.E. poco o
ningún optimismo podría abrigar para una posible solución de los asuntos que me
trajeron a este gran país”.

       “Pasaron luego -de aquella misiva confidencial- apenas tres días, cuando ya en
todos los ámbitos de la opinión pública argentina, tanto en los círculos oficiales como
en las esferas privadas, se tenía la impresión cierta de que las tratativas paraguayo-
argentinas iban a llegar a una feliz concreción. Mas, ¿a qué podía responder este auge
formidable, que tanto se había hecho esperar, sino a una manifiesta buena voluntad
personal del Presidente?

        “Y porque esos días que precedieron a esta determinación, eran días de niebla y
frío y de lloviznas intermitentes, que prolongaban aún más la espera, la inacción y la
angustia; -porque no sabíamos a qué atenernos, si persistir o regresar- habíamos estado
dibujando sobre las cuerdas unos ritmos y giros melódicos que fluían desde el alma por
la honda añoranza de la Patria y la pasión de su destino. Ya que éramos impotentes para
servirla cuánto quisiéramos, se la brindábamos al menos nuestra evocación empapada
de frío y de lloviznas.

        “Y porque es la verdad, que Perón fue el único que nos comprendió entero –sin
desmerecer ni el interés ni la buena voluntad de ninguno de sus colaboradores, todos
retratados a imagen de su líder- esa canción (Amanguy yavé) la hemos llevado a rodar
por el mundo en su homenaje”.

       Consecuentemente, tras dos meses de trabajo minucioso para la redacción final,
el 14 de Agosto de 1953, a las 11 y 30 horas, se firmaba en el Salón Blanco de la Casa
Rosada, el Convenio de Unión Económica Paraguayo-Argentino; bajo el patrocinio del
propio Presidente de la Nación Argentina, Gral. Juan Perón, y con la asistencia de los
más altos dignatarios civiles y militares de aquel país.



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       En los dos años siguientes de vigencia del Convenio, el beneficio logrado por
nuestro país fue extraordinario, a más de ascender del 30 al 50% nuestras exportaciones
hacia la Argentina, aportó más de 15 millones de dólares de ganancia a nuestros
productores. Como un simple ejemplo destacamos que en el precio del trigo argentino,
“por virtud del Convenio de Unión Económica, se obtuvo una rebaja de US$ 13 por
toneladas, habiendo sido el precio originalmente contratado de US$ 125; con lo que se
redujo a US$ 112 por tonelada”. Con agregar, que desde ese momento, la carne
paraguaya se exportaba al mundo vía argentina, como si fuera producción de ella, con el
mismo precio que, naturalmente era el mejor de la época.

       Las vicisitudes de la larga espera y el atrevimiento patriótico de una Misión
original, porque nunca fue precedida de previas tratativas, dieron sus ricos frutos a favor
de nuestros intereses nacionales. Y las premisas estipuladas en aquel Convenio,
actualmente sirven de antecedentes imprescindibles en todas las iniciativas de
integración regional. Es imperioso, hoy más que nunca, que nuestros hombres públicos
se contagien del espíritu y la pasión nacionalista que en aquellos tiempos regían a
nuestros políticos.

       Lamentablemente, tras setiembre del 55, con los militares en el Gobierno
argentino, el Convenio fue desechado unilateralmente y retrocedimos en nuestra
relación con Argentina al sistema de “comercio libre”, régimen que siempre favorece a
los más fuertes porque en él ellos imponen sus reglas de juego.




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                            EXITOSA MEDIACIÓN
       Durante las tratativas para la concreción del Convenio de Unión Económica
Paraguaya-Argentina y de los acuerdos económicos que se firmaron con la República
Oriental del Uruguay, Méndez Fleitas se granjeó la simpatía de los Presidentes Juan
Domingo Perón y del uruguayo Luis Batlle Berres. Tal fue la confianza que ellos
pidieron por él al Gobierno Paraguayo para que mediara en el diferendo político por la
que atravesaban, en ese momento, ambos países rioplatenses. La intervención
diplomática de D. Epifanio fue rápida y exitosa. El Presidente Perón le otorgó la
máxima condecoración de su Gobierno: la “Medalla del Leal Amigo” (la misma que le
entregara al Pdte. Federico Chávez en el acto de la devolución de los trofeos de la
Guerra del 70). Por su parte el Presidente Luis Batlle Berres le regaló a Méndez Fleitas
una guitarra, obra del gran “lutier” uruguayo Carlos Santurión...




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                          EL “MENSAJE DE ACERO”
        El Plan de Fomento y Estabilización Económicos contemplaba a la industria, a la
agricultura y a la ganadería como principales actividades a ser incentivadas.

       “En brevísimo tiempo –refiere Méndez sobre la actividad ganadera- fue objeto
de innumeras atenciones, tanto en materia de créditos como en otros órdenes.
Indudablemente, era lo que correspondía; se trataba de uno de los renglones más
importante de nuestra producción.

        “Pero ello tenía su límite; no se le podía conceder el monopolio del privilegio.
En dos años se había elevado el precio de la hacienda vacuna de G. 0,40 a G. 0,80 el
kilo vivo, llegando a Gs. 2,20 a mediados de 1953. En ese entonces el precio de la carne
estaba sujeto a control oficial; cualquier alteración o modificación había que autorizarla
el Gobierno.

        “De ahí que la gestión iniciada por la Asociación Rural, primero ante la
CoPaCar y luego ante la Comisión de Planeamiento Económico, proponiendo la
fijación de un nuevo precio para la hacienda vacuna a razón de G. 5,20 el kilo vivo,
1.200 % de aumento en menos de tres años. Ningún índice había repuntado tan alto; era
una exageración.

       “La Comisión de Planeamiento Económico, tras agotar el estudio de la petición
y excederse en concesiones, acordó aconsejar al Gobierno la fijación de Gs. 3,50 el kilo
vivo.

       “La Asociación Rural respondió convocando a Asamblea Extraordinaria a sus
asociados, la cual tuvo lugar el 30 de agosto, 1953. Asistimos al acto - prosigue el relato
de Méndez -, especialmente invitados, el Ministro de Agricultura Dr. Florentín Peña y
yo.

      La lucha de la oligarquía tradicional, por proteger sus antiguos privilegios, había
comenzado con los ganaderos arreciando contra la política del Coloradismo.

        Desde el inicio de aquella Asamblea se notó las intenciones conspiraticias de los
convocantes. Tras escuchar a varios de ellos, Epifanio Méndez decidió enfrentarles. “Lo
hice –recuerda- a conciencia del alboroto que iba a producir. No me he equivocado.
Hasta ahora –tampoco se me escapaba- todo ha ido en mi daño; tiempo más, tiempo
menos, aunque sea después de mí, ello redundará en pródiga cosecha para el pueblo. Así
que me levanté y les dije: “La política del Gobierno, por restablecer el equilibrio
económico en un gran esfuerzo patriótico, me colocó en cierta ocasión contra la
pretensión de los obreros y, brusca y abiertamente, les manifesté que tales pretensiones
no eran correctas. ¿De qué les vale aumentar las cifras, les dije, cuando están
destruyendo la moneda, la savia de la economía? Y se les obligó, se les impuso, a
contener sus demandas al 30%, que representa, como les digo, la totalidad del poder
adquisitivo de su trabajo, y el cual no les deja sino descansar unas pocas horas, para
echarse en el lecho, agobiado por las fatigas del día. En cambio la gente que constituye
la clase dirigente del país, se presenta a pedir un aumento del 100%”.



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       “El Gobierno, el Banco, les darán maquinarias, créditos, para mejorar sus
estancias; si quieren importar reproductores para el cruzamiento de su hacienda;
alambres para cercar sus establecimientos; maquinarias para construir tajamares;
productos veterinarios para atender sus planteles; para todas esas demandas estaremos
allí donde sea necesario, para apoyarles; ya sea en el Directorio del Banco, o en el
Consejo de Coordinación. Pero no se puede alentar una pretensión que crearía tanta
diferencia entre la pobre gente y los que poseen casi todo. La inmensa mayoría de los
habitantes de la República, en ese aspecto, trabaja para abaratar los costos y aumentar la
producción...”

        Para concluir su alocución, Epifanio Méndez Fleitas les instó a reflexionar en los
siguientes términos recordado como el “Mensaje de Acero”: “¿ Qué va a hacer el
Estado desenvolviéndose dentro de este círculo vicioso sin nombre, sin desarrollar
nada en el aspecto social y económico, mientras al obrero se le sigue constriñendo?.
Yo se que ustedes son hombres de larga experiencia; pero vale la pena que este hijo
del campo les haya hablado así, como un ciudadano que tiene tanta obligación como
ustedes para tocar la campana de alarma. Y así como el Sr. Torreani Viera pide se
publiquen en un folleto los discursos y actuaciones de esta asamblea, yo no pido eso;
les dejo este mensaje de acero, con sonoridad de tierra adentro, de gente que no tiene
pelos en la lengua, para que esta noche, sobre sus almohadas, cerca de sus esposas,
sus hijos y alrededor de sus familiares, piensen si es posible pedir tanto en este país
donde hay todavía niños que mueren de frío en las carretas”.

       Tan solo cuatro meses después de aquella asamblea, sobrevino la crisis del 4 de
enero de 1954, primer paso exitoso de la reacción contra aquel proceso revolucionario
protagonizado por el Coloradismo Histórico con todo el pueblo paraguayo.




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          PROLEGÓMENO A LA CRISIS DE ENERO DEL 54
       Todo el incidente comenzó durante la campaña de pro “reelección” de Don
Federico Chávez, en Luque, donde dos bandos irreconciliables pugnaban por el dominio
local. Los sectores estaban encabezados por Rosa Agustín González y Pedro Pablo
Gómez, respectivamente. Ellos “se prodigaban recíprocamente toda clase de
imputaciones, entre la que no faltaba, naturalmente, la de “epifanismo”. Yo estaba
prescindente de todo - aclara Don Epifanio - como lo estuve siempre desde la época en
que me tocó ejercer la Jefatura de Policía. Mi inhibición era cada vez mayor al notar el
celo absurdo que conciliaba mi natural afinidad con las masas populares.
Deliberadamente no concurría ni a la asamblea de mi barrio; menos aún tenía que ver
con Luque.

        “Claro está, no por eso me desinteresaba del Partido en su conjunto. Cuantas
veces he creído necesario no he rehusado intervenir hasta allí donde no estaba invitado a
hacerlo. Para mí siempre ha sido vital la normalidad interna partidaria, quizá porque soy
incompatible con la arbitrariedad. Ello es que ningún principio de desborde ha podido
tolerar mi presencia hasta ahora; debo estar necesariamente ausente para que los
correligionarios (inclusive cualquier persona), puedan ser pasto de abusos.

        “Véase cómo se dio pábulo a mi presunto interés en el pleito luqueño. Cuando se
produjo el conocido atentado criminal de las huestes de Rosa Agustín González, que
tirotearon contra una pacífica reunión de los partidarios de Pedro Pablo Gómez, resultó
herido de bala un honorable vecino y correligionario de apellido Caló, además de otros
contusos. El Dr. Enciso y yo denunciamos formalmente el hecho en una sesión plenaria
de la Junta de Gobierno, a la que concurrió, especialmente invitado, el Presidente
Chávez. Expuesta por nosotros la denuncia, éste tomó la palabra y llevó un ataque
furibundo a las víctimas, haciendo al mismo tiempo una vibrante defensa de los
agresores. Terminado de hablar se levantó para retirarse.

        “En ese momento pedí la palabra a objeto de rogarle participara de las
deliberaciones, porque posiblemente hubiera discrepancia en la Junta con su punto de
vista acerca del caso de Luque. El Presidente no transigió arguyendo que su ausencia no
era óbice para que la Junta deliberara sobre el particular y que no iba a ser la primera
vez que procediera en esa forma...”. “Sin más excusas, se retiró. La Junta pasó a otro
punto del orden del día, y todos nos lavamos las manos, como Pilatos, ante la sangre de
Caló.

       “La noche me pasé sin poder conciliar el sueño - prosigue el testimonio de
Méndez -, no estaba seguro de que hubiera sido correcta la omisión hecha por la Junta.
       “A la mañana siguiente le visité en su despacho al Presidente, necesitaba hacerle
mi descargo de conciencia. Lo hallé en compañía del Arq. Tomás Romero Pereira y del
Dr. Enciso. Tras los saludos y cortesía de rigor, fui derecho al grano:

    Vengo - le dije - a confesarme a usted. Muy mala noche me pasé por el discurso
     suyo de ayer en la Junta de Gobierno. Alguna familiaridad tengo con los hechos
     históricos de nuestro país y me consta que jamás el delito político ha quedado
     impune. No sabe usted cuánto daño me causó escucharle al Jefe de mi Partido,
     Presidente de mi país, haciendo la apología del crimen en la Junta de Gobierno.


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    ¡No es cierto!-me gritó, dando un fuerte puñetazo a la mesa.

    Es cierto, señor Presidente –intervino serenamente el Dr. Enciso-; usted hizo
     ayer la apología de los criminales en menoscabo de las víctimas. Lo que pasa es
     que estuvo muy pasional, y es posible que lo haya olvidado.

       Esta intervención lo calmó, y pude completarle mi pensamiento.

    Mi preocupación - prosiguió Méndez - está sobre todo lo que esto puede
     depararnos; nada es más temible, señor Presidente, que la sangre del prójimo
     injustamente derramada. Por otra parte, he venido a hacerle saber que estoy al
     tanto de toda la confabulación que se viene tejiendo contra mí, y que también
     usted conoce. Ignoro cuál es su opinión, pero sí, quiero adelantarle que yo no
     levantaré un dedo por que eso cambie para bien o para mal. Sobrellevaré las
     cosas como vengan. El único interés que ahora me trae ante usted es que se
     informe por mí de que nada de ello me es ajeno.
   
     “Terminado de hablar, me levanté y me despedí de los tres.

       “Habría transcurrido de esto uno o dos meses cuando, en una fiesta colorada en
casa de Don Julio Gómez Sánchez, me declaraba todavía – posiblemente con sinceridad
piensa Don Epifanio- su “hijo dilecto”.

       De ese último encuentro no pasó dos semanas para la crisis del 4 de enero,
cuando el Presidente hizo renunciar al Arq. Romero Pereira de la titularidad del
Ministerio de Obras Públicas, al Dr. Enciso Velloso de la de Hacienda, al Cnel. Esteban
López Martínez de la Jefatura de Policía, a D. Juan Manuel Santander, de la Jefatura de
Investigaciones y, como consecuencia lógica de todo, también Epifanio Méndez Fleitas
presentó su renuncia indeclinable a la Presidencia del Banco Central.

        El micro clima “isabelino” (sambenito aplicado a la claque que rodeaba a la
Señora Isabel Vda. de Vallejos, la “amiga” del viudo Presidente) conformado por civiles
y militares que conspiraban contra la política de cambios (que se practicaba sin tapujos
ni concesiones a los tradicionales grupos privilegiados), había asestado su golpe sobre la
propia cúpula partidaria y otros artífices del proceso.

        Epifanio Méndez estaba enterado, como lo estaban los más altos dirigentes del
Partido, sobre las influencias que presionaban sobre el ya anciano Presidente de la
República. En especial en contra del Dr. Enciso, que, indudablemente, era el genio
intelectual de las transformaciones sociales y económicas de justicia que se practicaban.

        Hacía unos meses que Don Federico le había ofrecido a Don Epifanio la cartera
de Hacienda, oferta que fue gentilmente rechazada. El Presidente le había argumentado
que “el Dr. Enciso debería darse un descanso porque andaba enfermo y muy nervioso” y
“así no se interrumpirá la continuidad de su grandiosa obra en Hacienda”. Este que
conocía el estilo del Presidente y su “literatura sacramental para la defenestración
política” concluyó íntimamente que las intenciones golpistas contra el Proceso estaban
avanzadas y tenían, como primer paso, deshacerse de su principal mentor intelectual y
ético.


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        El Dr. Guillermo Enciso Velloso que era, según quienes lo conocieron, “la
paradoja viviente entre la apariencia de su acritud y la delicadeza exquisita de su
sensibilidad, franco, recio y sincero” le había advertido, en varios momentos, a Epifanio
Méndez “–Mire que Ud. y yo somos apenas tolerados por la oligarquía partidaria”.

        Después de muchos años, en su “Diagnosis Paraguaya”, Epifanio Méndez
Fleitas revela públicamente el secreto del porqué de su renuncia en enero de 1954.
Cuenta que tras aquel diálogo con Don Federico, él fue a la casa del Dr. Enciso y sin
darle ninguna explicación le dijo: “-Hoy he venido solamente para hacerle saber que el
día que Ud. se retire del Ministerio, ese día yo abandonaré el Banco”. “El ha muerto –
se lee en “Diagnosis Paraguaya” (1965)- sin que supiera porqué le había llevado ese
mensaje. La crisis de enero no era más que el cumplimiento tardío de aquel pronóstico.
Era ese compromiso íntimo –completa Don Epifanio- el que me inhibía aceptarle nada
al Presidente Chávez”.




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                       SIGNIFICATIVAS LÁGRIMAS
        La entrega de su renuncia fue en propias manos al Presidente Chávez. Esos
instantes, Don Epifanio, los dejó tallado entre sus más emotivos recuerdos: “Hasta el
último momento hubo completa serenidad en el dialogado. Al levantarme de mi asiento,
hizo otro tanto el Presidente; avanzó hacia mí con los brazos en alto diciendo: “¡Ave
María Santísima, qué será de nosotros!”. Y me estrechó en un fuerte abrazo, más que
nunca lo hiciera antes. Así me retuvo por lo menos durante un minuto, llorando a
lágrimas vivas. Yo, posiblemente más endeble, le correspondí con creces, pagando
ambos en generoso llanto, aquel prematuro intento de levantar el país de su postración”.

       La Historia hará su parte fundamental para decantar lo positivo y negativo de
todo aquel proceso que se estaba agotando. Pero, indiscutiblemente, ningún cambio o
esfuerzo a favor del país hubiese sido posible si no hubiésemos contado con
personalidades como Don Federico Chávez, Dr. Felipe Molas López o el Dr. Enciso
Velloso en la dirección de la República. Con sus naturales altibajos, a ellos,
especialmente, les corresponde las virtudes de la Era Constructiva del Coloradismo.

        Epifanio Méndez Fleitas reconoce que su personalidad y acciones públicas pudo
desarrollarlas, solamente, merced al carácter patriótico y ético de aquellos liderazgos.
Ante varias actitudes temperamentales o de independencia suyas, significa Epifanio
Méndez: “El Dr. Chávez podía tirarme a la calle de un plumazo – en esa época mucho
más- sin que ello le resintiera su inmenso poder político y partidario. Solo él sabe
porqué no lo hizo. Pienso que habrá recapacitado y considerado correcta mi
observación. Se necesitaba justamente la grandeza suya, auténtica, inconmovible, para
tolerar semejante independencia, sin riesgo de mermar su autoridad”.

       “...Tal vez sea incluso, aplicable a su Gobierno la sentencia de Confucio: “Si la
persona del que manda a los demás, o que los gobierna, es dirigida según la rectitud y
la equidad, no tiene necesidad de ordenar el bien para que se la practique; si la
persona no es dirigida por la rectitud y equidad, aún cuando ordenara el bien no sería
obedecida””. “Así pues –observa Don Epifanio-, cuando el Presidente Chávez decía:
Demos la espalda a la ciudad; Miremos hacia el campo, no tuvo necesidad de insistir
para que su Gobierno en pleno pusiera manos a la obra”.

       Las lágrimas derramadas en aquella despedida fueron significativamente
precogniticias, más que de sentimientos mutuos, que también lo fueron, sin dudas. La
personalidad y vida política de Epifanio Méndez, desde aquel instante, no tuvo la
capacidad fructífera como en el quinquenio regido por aquellos grandes que se iban.




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                         GOLPE DE MAYO DE 1954
        Tras su alejamiento del Banco Central (7 de enero de 1954) vuelve al campo, a
su lar de San Pedro del Paraná, donde se refugia en el trabajo literario y musical;
también, con pretensiones de desarrollar tareas agropecuarias. Este intervalo en su vida
política fue muy corto porque una nueva crisis político-militar lo interrumpiría; en
mayo, los acontecimientos exigieron su vuelta a la Capital.

       Después de la crisis de Enero, el Gobierno quedó tambaleante, muy debilitado.
Don Federico, rodeado de un grupo de prebendarios –isabelinos chavistas- que lo
alejaban cada vez más, de la conducción partidaria, había quedado, prácticamente,
huérfano de fuerzas de valor. “Para marzo, la confusión política iba en aumento y el
panorama partidario no tenía timón que lo encauzara por un rumbo fijo y favorable”
señala Don Saturnino Ferreira en su entrevista que le hiciera Alfredo Seifferheld. “En
semejante caldo de cultivo, pululaban las conspiraciones –escribe el Tte. (SR) Pedro
Pablo Peris Busto en “El Coloradismo enterrará al Stroessnismo”-. En primer lugar, la
del propio Jefe de Estado, juntamente con el Cnel. Néstor Ferreira, Cmdte. De la
Primera División de Caballería; en segundo lugar, la de los Generales Quintín Parini,
Ceferino Vega Gaona y el Contralmirante Gabriel Patiño; y por último la del Gral.
Stroessner con Epifanio Méndez Fleitas y sus amigos de la oficialidad joven.
Desconozco si hubo alguna más”, concluye Peris Busto.

        Sectores y figuras del Partido, preocupados y conscientes que la situación no
daba para más, buscaban afanosos el sustituto de Don Federico Chávez. “Los amigos
del Dr. José Zacarías Arza se reunían diariamente en la casa de Don Aricio Zacarías. El
Dr. Roberto L. Petit con sus amigos realizaba frecuentes reuniones en la Policía, cuya
jefatura ejercía”, relata Saturnino Ferreira agregando:”Los que no estábamos en contra
de los eliminados el 7 de enero, buscamos la dirección de don Rigoberto Caballero, de
don Tomás Romero Pereira y de los militares amigos que anhelaban una solución firme
y realista para bien del Partido y del país”. Candidatos habían muchos. Hasta los más
cercanos a Don Federico le habrían ofrecido la Presidencia al Dr. Angel Florentín Peña,
quien lo habría rechazado por ser muy amigo de aquel. Cuentan que el Dr. Petit se
inclinaba por la candidatura del Gral. Francisco Caballero Alvarez, quien en tiempos
ido, precisamente terminada la guerra civil del 47 ya había declinado una oferta igual
por manifestarse sin condiciones para la política. Y algunos, como declara el propio
“Nanino” Ferreira Pérez, eran partidario de una transición bajo la Presidencia del Gral.
Alfredo Stroessner. Inclusive varios sectores de la Juventud del Partido, del
Sindicalismo Obrero y Seccionales se apersonaron, tras el Golpe de Mayo, a Don
Epifanio, para pedirle asuma esa magna responsabilidad. Como era de esperar, éste se
excusó bajo el fundamento de que aún no estaba en condiciones constitucionales, pues
no tenía edad que lo habilitara.

       El cambio presidencial llegó por la propia acción de Gobierno. El 3 de mayo se
intenta el segundo autogolpe oficialista (tras el golpe civil de enero). Esta vez de
carácter militar. El Comandante de la Primera División de Caballería apresa, a espaldas
del Comandante en Jefe, a varios Jefes y Oficiales, entre ellos al Comandante del RC3
“Cnel. Mongelós” Mayor Virgilio Candia. El Gral. Stroessner denuncia ante el
Presidente de la República la acción inconsulta del Cnel. “Necho” Ferreira. Este,
finalmente, se presenta ante el Comandante en Jefe y queda arrestado, con lo cual se


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aborta el autogolpe y se acciona el derrocamiento de Chávez, quien al recurrir al
Colegio Militar, en vez de encontrar apoyo, es apresado.

        El hecho más lamentable en este “golpe y contragolpe” fue la pérdida de vidas
en la toma del local central de la Policía por parte del Batallón 40. Un grupo de
efectivos policiales, con otros guardia-cárcel, pretendió recuperar el local que ya estaba
en manos del grupo de asalto del Batallón 40. Desde la Plaza intentaron la retoma y en
la balacera cae herido, en el patio interior del local, el Sub Jefe, Comisario Caballero
Zavala. El Dr. Petit que ya estaba abandonando la sede, a pesar del ruego del
compañero herido para que no se le acercara, intenta ayudar al mismo y es impactado,
en la axila derecha, por un balazo de fusil. Se le avisa al Cmdte. Ortega sobre el penoso
hecho, y éste corre, las dos cuadras que lo distanciaba del teatro de operaciones, para
auxiliar a su amigo. Hacía un rato nomás le había advertido por teléfono que tenía
órdenes para tomar la Jefatura Central. Petit le había respondido que estaba esperando
indicaciones de parte del Ministro de Defensa Gral. Caballero Alvarez.
Lamentablemente el intento por salvar al Dr. Roberto L. Petit fue en vano. Falleció
desangrado al llegar a Primeros Auxilios. Con él perdimos uno de los brillantes valores
jóvenes por quien la Justicia Social apostaba en pleno. Un “karma” más de nuestra
sociedad paraguaya en su largo trajinar hacia su Institucionalidad.




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                        ARBITRO DE LA SITUACIÓN
        El martes 4 de mayo la situación institucional del país quedó a oscuras total.
Nadie sabía nada pero el gobierno se encontraba acéfalo. Inclusive la Junta de Gobierno
del Partido desconocía lo que estaba ocurriendo. El Golpe sorprendió a todos, también a
sus ideólogos, porque éstos no contaban con los sucesos del 3 de mayo. Si bien el grupo
encabezado por Méndez y Stroessner estaban preparándolo, el autogolpe oficial
adelantó la fecha y, como el nexo con la Junta (Don Epifanio Méndez) estaba ausente y
en desconocimiento de los sucesos del 3 y 4, el golpe no tenía conducción política. En
esas condiciones, el único factor de poder era el Comandante en Jefe de las Fuerzas
Armadas: Gral. Alfredo Stroessner. Si bien hay versiones que éste había dejado en
manos de la Junta de Gobierno la solución política, los hechos demuestran que hubo un
forcejeo entre ambas autoridades por retener la Presidencia. Tal es así que, el 5 de
mayo, el Presidente de la Junta, Romero Pereira, envía una delegación en busca de
Epifanio Méndez Fleitas. “El es el Jefe Civil de este Movimiento” había aseverado Don
Tomás. La verdad es que éste sabía que el Golpe debía ser simplemente rectificatorio, es
decir para que el Poder vuelva al Partido y, a tal efecto Epifanio era el único que podía
tener ascendencia para conducirlo hacia ese fin.

         Méndez constata que Stroessner pretendía reemplazar de inmediato a Don
Federico. “–La Presidencia de la República no es un botín de guerra, Alfredo”, le
señala. “– El Partido es la autoridad política que debe nombrar al candidato “, le añade.
Los fundamentos esgrimidos por Méndez eran legítimos, pero la fuerza en manos de
quienes, recién, habían efectivizado un derrocamiento presidencial era un argumento
dificilísimo de rebatir. Por eso el negociador debió potenciar su talento y ejercer
hábilmente su autoridad moral para convencer que ceda quien en ese momento era
dueño absoluto de la fuerza. “- Trataré – le dijo Epifanio a Stroessner- de disuadir a los
miembros del Comité Político para que te hagan nombrar candidato presidencial a fin
de completar el período de Don Federico”. Ese fue el único compromiso. El acuerdo
tácito estaba comprendido: el Partido Colorado era el soberano para nombrar al sucesor
presidencial.

        El día 7 se reunió el Comité Político del Partido. Asistieron los miembros don
Rigoberto Caballero, Dr. Fabio Da Silva, Arq. Tomás Romero Pereira, don Pastor
Filártiga, Dr. Enrique Zacarías Arza y don Epifanio Méndez Fleitas. En primera
instancia aceptaron la renuncia de Don Federico Chávez para luego debatir sobre su
posible sucesor. Ellos debían consensuar el nombre del candidato para elevarlo como
sugerencia a la Junta de Gobierno.

        Al ponerse sobre el tapete el punto, Don Rigoberto, con su guaraní
característico, expresó que no había mucho que discutir, que el cargo le correspondía a
quien estaba ejerciendo la Presidencia del Partido, a don Tomás Romero Pereira. Al
darse por aludido, éste respondió que mientras esté vivo un hijo del Gral. Caballero él
no podía aceptar dicho cargo. “– Nuestro candidato debe ser don Rigoberto Caballero”,
aseveró Don Tomás. Don Rigoberto, luego de una alegre carcajada, contestó: “Che nicó,
los amigos, a permitima vaecué pe yapó che jhegüí la Ministro tavy, pero la Presidente
tavy nda pe yapó moai che jhegüí la che juicio pe; jha che nicó la che juicio ne'îra a
perdé”. Era una expresión de humildad inmensa que fue tomada, como se merecía, muy
en serio. Luego de unos segundos de silencio tomó la palabra el Dr. Da Silva y expresó:


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“Si don Tomás y Don Rigoberto no aceptan, el único que resta es el Dr. José Zacarías
Arza”. Estaba en camino al consenso la propuesta del Dr. Da Silva cuando pidió la
palabra Epifanio Méndez. Este sabía que el Gral. Stroessner no era “tragado” por
ninguno de los miembros ahí presentes, además del acuerdo tácito de la dirigencia
partidaria, de que nunca más un militar como Presidente. Pero Méndez Fleitas también
era consciente que aquellos líderes partidarios no estaban pisando la candente realidad
surgida, hacía un par de días, a causa de las acciones militares. Con su versatilidad
habitual, con su carismático don, con toda una artillería de argumentos políticos que
pasaban por la necesidad de apaciguar a los sectarismos internos hasta el de dar a los
militares una satisfacción momentánea y premiarlos por la lealtad al Partido que han
mantenido durante todo el pasado proceso, él cumplió con el compromiso que había
asumido para zanjar la crisis.

       A sus palabras siguió un largo silencio. Los fundamentos expuestos, pero,
fundamentalmente esa realidad que Méndez expusiera, eran ya indiscutibles y sin decir
nada, el consenso fue tácito para el Gral. Alfredo Stroessner.

        A las 15 horas fue reunida la Junta de Gobierno en sesión extraordinaria. Allí se
trató la propuesta del Comité Político. Discutido el tema se resolvió “proponer la
candidatura del correligionario Gral. Alfredo Stroessner a la Convención Partidaria que
será convocada para el próximo mes de julio. La Presidencia Provisional será ejercida
por el Presidente del Partido Arq. Tomás Romero Pereira hasta el 15 de agosto del año
en curso”. Así el Partido Colorado mantuvo indemne su principio de autoridad,
adjudicándose la dirección política de la Nación. El Comandante en Jefe, que centraba
todo el poder hasta ese momento, tuvo que aceptar gobernar con el Partido para cumplir
el período que le correspondía a Don Federico

       Así fue superada la crisis que duró del 3 al 8 de mayo; este día asumió la
Presidencia de la República, en carácter transitorio, don Tomás Romero Pereira.

        Una vez más la intervención de la personalidad y autoridad políticas de Epifanio
Méndez Fleitas sirvieron para la superación de una intrincada coyuntura. El 2 de julio
de 1954, él volvió a la Presidencia del Banco Central del Paraguay, responsabilidad que
lo ejerció hasta el 21 de diciembre de 1955.




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                          UNA ETAPA ANGUSTIOSA
        “En la situación creada tras la crisis del 3/8 de Mayo de 1954, me cupo defender
– escribe Méndez Fleitas- poco menos que solo, políticamente, los valores constructivos
del régimen anterior, entre ellos el Plan de Estabilización y Fomento Económicos. Los
sustentáculos originarios se hallaban dispersos; Dr. Enciso, defenestrado; Don
Rigoberto Caballero, retirado a la vida privada; Dr. Pettit, muerto; Don Federico
Chávez, derrocado y enconado”.

        Fue perceptible, desde un primer segundo del Gobierno del Gral. Stroessner, la
diferencia abismal entre una conducción sólida, en política y economía, de sus
predecesores y la iniciada por él. Si bien esa Presidencia fue necesaria para “salir de un
atolladero”, su conducción fue llevando al país a otro de insuperable envergadura. Una
vez más se verificó la sabiduría del gran Confucio. Proseguir con el Plan del
Coloradismo Histórico, bajo este nuevo régimen, era “remar contra la corriente”. A
pesar de todo, se intentó.

        “El lapso de año y meses transcurrido desde esa fecha (Méndez Fleitas se refiere
al 15 de agosto de 1954, cuando asumió Stroessner) al 20 de diciembre de 1955, fue
para mí de tal lentitud, que se me representa de duración incalculable. Si tuviera que
hacer la historia de las contrariedades políticas y de la violencia moral sufridas en ese
período –por causa no imputables a personas ni grupos determinados, sino a la
desarticulación completa del Partido, cuyos dirigentes no acusaban el mínimo de
cohesión ni conciencia histórica indispensables para hacer frente al caos que
amenazaba- precisaría escribir un libro...”. “...estábamos ya a mediados de diciembre,
sin que ningún cambio auspicioso proviniera del Gobierno. Sentí redoblarme el peso del
cansancio. Le confirmé al Arq. Romero Pereira mi determinación, que ya se la había
anticipado, de que me relevaran del cargo para fin de año. Los acontecimientos no me
dieron tiempo”.




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                       MEDIADOR DIPLOMÁTICO
       Las relaciones comerciales con el Uruguay eran muy buenas y activas. Epifanio
Méndez había concluido, en nombre de su gobierno, un tratado comercial y aduanero
con las autoridades de aquella hermana nación, granjeándose la amistad y confianza de
sus autoridades políticas. Tal fue, que en oportunidad de una crisis en el
relacionamiento Uruguayo-Argentino (1955), el Presidente Luis Batlle Berres pidió al
gobierno paraguayo por Epifanio Méndez Fleitas como intermediador en tal conflicto.
Con la anuencia debida, éste asumió la delicada misión, logrando absoluto éxito. El
Presidente Batlle, con amistosa deferencia le obsequió, como recuerdo, una guitarra
autografiada del famoso luthier uruguayo, Carlos Santurión y el Gobierno del General
Perón le confirió su máxima condecoración: la del “Leal Amigo”.




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                     EL REENCUENTRO PARTIDARIO
        Alfredo M. Seiferheld en el Prólogo de “El Asilo a Perón y la Caída de
Epifanio Méndez”, una visión documental norteamericana, trabajo realizado con José
Luis De Tone, destaca: “Los papeles aquí reproducidos, previa traducción, pertenecen al
año 1955 y unos pocos a comienzos de 1956. En este tiempo se produjeron tres
acontecimientos que habrían de tener honda repercusión en el Paraguay: el
derrocamiento, y posterior asilo, en septiembre, del ex – Presidente argentino, Teniente
General Juan Domingo Perón; la precipitada unificación del Partido Colorado al mes
siguiente y, finalmente, la caída, en diciembre de 1955 del Presidente del Banco Central
del Paraguay y ex – Jefe de Policía de la Capital, Epifanio Méndez Fleitas, el último de
los civiles colorados con influencia en el Ejército paraguayo, varios de cuyos amigos
militares también fueron, en consecuencia, radiados, trasladados o dados de baja”.

       La relación, de esos tres acontecimientos, expuesta por el investigador Alfredo
Seiferheld tiene sus fundamentos geopolíticos e ideológicos, respaldados por el
contenido de los documentos diplomáticos fotocopiados del Archivo del Departamento
de Estado Norteamericano y por fidedignos testimonios de la época en que ocurrieron
los hechos.

       En el folleto “El Reencuentro Partidario”, versión taquigráfica transcripta de la
Sesión Ordinaria de la Junta de Gobierno del Partido Colorado, del día miércoles, 19 de
octubre de 1955, en el prólogo, Epifanio Méndez refiere: “a pocos días de mi regreso de
Europa, en la segunda quincena de Octubre (1955), invité a un almuerzo en casa, al
Presidente de la República, Gral. Stroessner; al Presidente del Partido, Arq. Tomás
Romero Pereira; al actual Vicepresidente en Ejercicio, Dr. Da Silva; al 2º.
Vicepresidente, D. Rigoberto Caballero; al miembro de esta Junta, Gral. Parini; al Jefe
de Policía, Tcnl. Ortega; y al entonces Jefe de la Caballería, Mayor Candia. La fecha
exacta el 17 de Octubre, lunes.

        “En esa oportunidad no sólo se habló de las relaciones paraguayo-argentinas,
con motivo de la nueva política instaurada por el Gobierno Revolucionario argentino,
problema candente por ese entonces, sino que también se abordaron temas de orden
institucional, así como lo atingente al Partido, para la reincorporación total de sus
miembros...”

         El dueño de casa, había abierto el diálogo con un introito que contenía su visión
de los acontecimientos recientes en la Argentina y las incidencias, que la destitución del
Presidente Perón, podría acarrear a nuestra situación política y en las relaciones
bilaterales con aquel vecino. Puso a consideración de los presentes su renuncia a la
Presidencia del Banco Central, para facilitar el nuevo relacionamiento diplomático y
disminuir cualquier presión de las nuevas autoridades argentinas, ya que él era visto
como amigo personal y afín a los lineamientos sociales del derrocado Presidente. Ese
ofrecimiento fue rechazado unánimemente. Entonces encaró la cuestión de la
reunificación partidaria como estrategia para solidificar la situación institucional, paso
previo indispensable para acometer, con relativa urgencia, la tercera etapa del viejo
Plan del Coloradismo: la Institucionalización Democrática del país




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       “Sin jactancia ninguna – relata Don Epifanio-, me tocó plantear la disyuntiva, en
términos simples: o el Partido encara resueltamente la democratización del país,
adelantándose a las presiones que tarde o temprano se iban a sentir; o el Partido
sigue haciéndose llevar por la sola acción de la inercia para, a corto plazo, verse
superado por los acontecimientos”.

       La iniciativa del Reencuentro Partidario, previa a la definitiva reunificación
había quedado planteada.

      Al día siguiente, martes 18, sesionó el Comité Político: Arq. Romero Pereira, D.
Rigoberto Caballero, el Dr. Fabio Da Silva, D. Pastor Filártiga, el Gral. Marcial
Samaniego y Epifanio Méndez.

Puesta a consideración el problema partidario y el proyecto del Reencuentro, tras las
consideraciones pertinentes, el mismo fue consensuado. “Lógicamente –comenta Don
Epifanio- , con todo lo que se había preparado el clima de antemano, ya por buenas o
malas maneras, la idea fue apoyada sin objeción”. “Se resolvió, por tanto, pasar
inmediatamente el asunto al seno de la Junta. Entonces, el Presidente del Comité
Político –a la sazón D. Pastor Filártiga- lo resumió en breves palabras, con el agregado:
“...a consideración de la Junta la moción del señor Méndez...etc.”. Ante esa definición
pedí la palabra, y aclaré: “Yo sugiero, Sr. Presidente, que la moción sea del Comité
Político, impersonal”. Así quedó”. En la Sesión Ordinaria de la Junta de Gobierno que
empezó el 19 y concluyó, tras cuarto intermedio, el 20 de Octubre de 1955 se resolvió el
“Reencuentro Partidario” concretado una semana después, el día 27 de octubre de 1955.

        Lamentablemente, las marginaciones ejecutadas por el régimen de Stroessner a
partir del 21 de diciembre de 1955, llevó a la Convención Partidaria de Marzo de 1956 a
ratificar una “Unidad Coja” porque de ella ya había sido excluido, precisamente, el
sector liderado por Méndez Fleitas, uno de los principales mentores de la frustrada
“Unidad Global del Coloradismo”. Como consecuencia lógica del proceso truncado, la
Institucionalización Democrática del Paraguay sufrió una postergación “sine die”.

        Transcurrido el tiempo de aquellos avatares políticos, varios testimonios echaron
nuevas luces sobre las causas ocultas que frustraron la “Unidad Global”. El Dr. Mario
Mallorquín, ya en el exilio solía contar que don Federico Chávez, personalmente, le
había dicho haber pactado con Stroessner y que Méndez Fleitas, su único soporte
político, sería defenestrado a corto plazo, con lo que Stroessner quedaría en el aire.
(¡Qué ingenuidad! Lo que es juzgar equivocado, sin tener en cuenta los factores
geopolíticos y, en especial, el poder imperial).

        Otro aporte significativo y esclarecedor lo hizo el Dr. Hipólito Sánchez Quell, ex
– canciller de Stroessner, en reportaje de ABC Color, Revista, del 30 de mayo de 1982.
En la ocasión declaró: “Cuando regresé de Nueva York para ejercer el cargo de
Canciller, mi primera visita fue para el Presidente caído, D. Federico Chávez. El Partido
estaba dividido en chavistas, stronistas y guioneros. Yo deseaba fervientemente la unión
partidaria. Un tiempo después, mientras me dirigía a mi despacho, Doña Concepción de
Chávez me pasó subrepticiamente una esquela. Decía: “Federico desea conversar con el
Presidente”. Inmediatamente le comuniqué al General Stroessner. No era prudente que
la reunión fuese en el Palacio de Gobierno, ni en la residencia presidencial. Entonces
ofrecí mi casa. Yo vivía en ese tiempo en Brasil y Coronel Bogado. La cita fue


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concertada, y mientras el ex – presidente entraba por la puerta de Brasil, el Presidente
Stroessner entraba por la de Coronel Bogado. Esa tarde se gestó la unificación. Otros,
entretanto, gestionaban la fusión con los guioneros”.

       La versión del Dr. Sánchez Quell completa la del Dr. Mallorquín; y el mismo
don Federico nos da su testimonio de su pacto con Stroessner al aceptar ser embajador
durante el período que debió corresponder a su propio gobierno.

        Con esas referencias calificadas, se puede colegir que mientras la Junta de
Gobierno ratificaba el Reencuentro Partidario, en otros sitios y a oscuras se estaba
tramando los pactos Chávez – Stroessner y Guión- Stroessner, que fueron, en realidad
los ratificados por la Convención de Marzo del 56, como supuesta Unidad del
Coloradismo. He ahí uno de los típicos productos de nuestra anti-histórica politiquería:
la artera puñalada por la espalda a la “Unidad del Coloradismo” que hubiese sido el
peldaño previo a la Institucionalización Democrática del Paraguay.

        La exclusión, del evento partidario de Marzo del 56, de Epifanio Méndez Fleitas
y el sector por él liderado no fue un asunto personal como algunos sugieren, sino la
eliminación de quienes impedirían: la solidificación del régimen autocrático y tiránico,
la puesta en vigencia de la Ley de Inversiones Norteamericana de neto corte
imperialista, la abdicación ante la estrategia brasilerista, la aceptación de las “recetas
pauperizantes y neocoloniales del Fondo Monetario”, el retorno omnipotente del
tradicional dominio oligárquico y la estructuración de nuestro país a favor de los
intereses gangsteriles internacionales y mafias criollas.




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                                BATALLA FINAL
        Observando retrospectivamente nuestra situación particular de aquel tiempo:
arrinconada en una Latinoamérica           que estaba siendo arreciada por fuerzas
reaccionarias, representadas por el militarismo cipayo; presionada por las influencias
ideológicas de las potencias mundiales que polarizaban la guerra fría; y con el
debilitamiento -por bajas, marginaciones y deserciones- que sufriera la conducción del
Coloradismo (la que había planificado la transición de cambios después del 47), hoy se
puede afirmar, sin ninguna duda, que era imposible seguir sosteniendo a la línea
nacionalista y social como rectora en el Poder del Estado paraguayo.

        La estrategia de Méndez Fleitas y demás líderes para solidificar al Partido en el
Gobierno y sostenerlo en su conducta coherente hacia el fin de la construcción de la
Democracia Social, fue un intento encomiable, pero, lamentablemente, condenado a ser
un manotazo de ahogado. Las cartas estaban jugadas. El ensayo socio-político
semejante que constituyera el Aprismo en Perú ya había sido liquidado. Lo mismo
sufrió Bolivia con el derrocamiento de Paz Estensoro y su Revolución. El mismo
destino fue para Arbenz, en Guatemala. En Brasil, el Presidente Getulio Vargas,
agobiado por las presiones y ante la impotencia de concretar sus sueños
emancipacionistas en función Gobierno, tomó la extrema medida del suicidio. Idéntico,
o parecido, fenómeno reaccionario avanzó incontenible por el suelo continental hasta
que arrastró en su marcha, nada menos, que al más popular y poderoso: al régimen del
Gral. Juan Domingo Perón. ¿Qué ángel especial podía protegernos a nosotros?

        “Desde la revolución de septiembre en Argentina, que desconoció
unilateralmente las estipulaciones del Convenio de Unión Económica, la Asociación de
Madereros del Paraguay entró en negociación directa con el Banco Central Argentino,
por un lado, y por otro, con Stroessner. Este sugirió una reunión con la Asociación de
Madereros, que se realizó en el Banco Central, con asistencia del Dr. Carlos Velilla y el
Cnel. César Barrientos, Ministro de Hacienda y de Industria y Comercio,
respectivamente. Concurrieron al acto unas cuarenta personas, entre madereros y
directores y altos funcionarios del Banco. Expliqué –relata Epifanio Méndez- larga y
detalladamente los inconvenientes de orden técnico para la satisfacción global de la
demanda del gremio. El Dr. Carlos Velilla, que era la honestidad y mansedumbre en
persona, adhirió públicamente a la posición del Banco; su recuerdo me quedó asociado
a ese gesto.

       “Una mañana tuve que suspender la elaboración de mi Resumen Anual, que lo
estaba preparando, para recibir a la Asociación de Madereros del Paraguay, unas quince
personas. Habló en representación de la entidad el Dr. Carlos Zuccolillo, excelente
amigo, hoy desaparecido. Con refinado tacto e inteligencia, insistió en el planteamiento.

        “Les hablé de nuevo dos horas seguidas, tal vez más, para tratar de disuadirles, o
siquiera sea aplazar su pretensión. Fue inútil. La solución buscada ya la tenían entre
manos; Stroessner se la había prometido.

       “Con sincero y hondo interés por mi suerte, retomó la palabra el Dr. Zuccolillo: -
Nosotros somos sus amigos –me recalcó, recuerda Don Epifanio-, y si venimos a verle
en corporación, es por la estima...


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        “No le dejé terminar. El pobre sabía, naturalmente, que la suerte estaba echada y
quiso tal vez, por algún modo, ponerme sobre aviso. Conservo de él un grato recuerdo.
Pero aquella vez me levanté de mi asiento y le corté el discurso: - Les agradezco. No se
me escapa la noble intención que, como dicen, les trajo junto a mí. Pero les confieso
definitivamente que, si es a precio de romper el precario equilibrio económico del país a
que con tanto esfuerzo se ha llegado, prefiero no merecer la amistad de ustedes.

       “Yo sabía tanto como ellos de lo que se trataba. Les abrí la puerta y los vi salir
uno a uno, enmudecidos por mi “ex abrupto”.

        No pasaron dos semanas para el golpe Stroessnista del 21 de diciembre: la
remoción de los Jefes y Oficiales que respondían lealmente al Coloradismo, para ser
sustituidos por incondicionales del “mandamás”, marcó el comienzo real de la
autocracia que rigió nuestros destinos durante 34 años, dejando las estructuras injustas
y corruptas que siguen vigentes.




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                         CON DESTINO MARCADO
        Los enemigos del cambio eran, son y serán poderosos porque son intereses
enraizados estructuralmente. En el tiempo referido también, empezando por la clásica
oligarquía partidaria que “apenas toleraban al Dr. Enciso y a Méndez Fleitas” o la
tradicional oligarquía económica que reinaba en nuestra sociedad desde hacía casi un
siglo. Además, facilitada ese dominio por la mentalidad neo-colonial maniqueísta a la
que nos alienaron después de la Guerra Grande. Si, específicamente, les adjuntamos, a
todo eso, las batallas concretas y permanentes que se tuvieron que librar contra los
sectores de los antiguos privilegios (ganaderos, madereros, latifundistas y los grandes
acopiadores), el enfrentamiento abierto a los mandatos del Fondo Monetario
Internacional, luego la oposición a la Ley de Inversiones Norteamericana, el
atrevimiento de mantener un comercio internacional independiente sin fronteras
ideológicas, será conclusión lógica de que la línea política del Coloradismo Histórico,
representado por Epifanio Méndez Fleitas y un puñado de líderes nacionales, tenía el
destino marcado.




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            EL “PUTSCH” DEL 21 DE DICIEMBRE DE 1955
        La consolidación de la autocracia y la restauración oligárquica se hacían
imposibles con la presencia de Epifanio Méndez Fleitas y con unas Fuerzas Armadas
leales a la estrategia político-social en marcha. Inteligentemente, el Presidente
Stroessner, movió sus piezas en el tablero de las intrigas partidarias y militares. Los
acuerdos Chávez-Stroessner y Guión-Stroessner se pusieron en funciones el 21 de
diciembre de 1955. Ese amanecer sorprendió a Méndez Fleitas haciendo música en su
casa en compañía de Edgar Ynsfrán y otros amigos cuando “me llamó el Comandante
Ortega -recuerda Méndez- y me informó que el Capitán Cuba se había sublevado contra
su Jefe divisionario, Mayor Candia, solidarizándose con él los Mayores Duré Franco y
Rodríguez. Stroessner y la Junta de Gobierno del Partido, contra todo principio legal e
institucional, respaldaron la subversión, premiando a sus autores con la deposición del
Mayor Candia y el relevamiento en masa de los oficiales que acataron su autoridad”.

        Las relaciones de la mayoría de aquellos militares defenestrados con Don
Epifanio quedaron golpeadas y, alguna de ellas, como la del Mayor Virgilio Candia,
prácticamente rotas. Ellos le culpaban de haber permitido el Golpe del 21 de Diciembre
por no autorizarles una reacción en el momento. Sánchez Quell en una entrevista
periodística acusa a Méndez de haber sido él, el conspirador fracasado aquel día.
“..contaba con el R. I. 14, la Policía y parte de la D.C. 1” declaró pero se “dirigió
eficazmente la contraofensiva”. Esta afirmación cae por su propio peso, porque si
contaba con toda esa fuerza, más el Batallón 40 y la Artillería comandada por el Capitán
Geraldo Osta que era un leal compañero, ¿quienes podían oponérseles?

        La verdad siempre ha sido de público conocimiento: ante la sublevación del
Capitán Cuba y Mayores Andrés Rodríguez y Duré Franco, cuando éstos iban a ser
apresados, se presentó en la División de Caballería el Presidente del Partido Arq. Tomás
Romero Pereira con acompañantes a exigirle al Mayor Candia entregara el mando
divisionario. De inmediato el Mayor Virgilio Candia llamó telefónicamente a Méndez
Fleitas poniéndole al tanto de la situación, éste le respondió: - Jhaé ningo la ñande
Presidente partidario, emeé catu chupe la oyerureva (El pues es nuestro Presidente
partidario. Entrégale lo que pide). A lo que el Mayor Candia respondió enérgica y
proféticamente: - Nde rejhechá cuaai picó: pe “gringo” oityta la ñande Partidope, jha
ñande perseguita ya cacá pevé. Ejheyana cheve ta arregla chupecuera la cuenta. Lo
mitá oimbá ñanendivé. (Pero no te das cuenta que el “gringo” va a echar a nuestro
Partido y nos va a perseguir sañudamente. Permitime proceder, les daré lo que
merecen. Los muchachos están con nosotros.) – ¡Ejheyante! –le respondió el líder-
¡jhetaitereíma ñañorairó!. (Dejá nomás, demasiado ya nos hemos peleado).

        Epifanio Méndez distingue con suma claridad, en “Diagnosis Paraguaya”, 543
páginas de argumentos, las dos partes diferentes de la década 1950/60 que “está hecha
como de intento por el destino: los primeros cinco años –distingue- corresponden a la
política del Coloradismo, y los cinco siguientes a la de la Tiranía. Llamo “Política del
Coloradismo” a la época en que la Junta de Gobierno del Partido tenía intervención
decisiva en los más graves asuntos de Estado: la última de esas intervenciones fue la de
su auto-inhabilitación decretada el 21 de diciembre de 1955, por obra de su entonces
Presidente Arq. Tomás Romero Pereira. Llamo “Política de la Tiranía” a la que se inició
con ese acto, dando lugar al discrecionalismo de Stroessner”.


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        Después del 21 de diciembre: “El primer día hábil –cuenta Méndez-, concurrí al
Banco y procedí exactamente igual que en Enero de 1954. En cinco minutos me hallaba
nuevamente desvinculado del cargo. Le llamé por teléfono al Ministro Dr. Velilla y me
despedí de él con expresiones de gratitud por su amplio y sostenido apoyo al Banco, así
como por su particular consideración hacia mi persona. “-Pero no puede ser”, repuso.
“Si, señor Ministro, como lo oyó”, se lo confirmé. Luego entré en detalle: “Yo le estoy
hablando como simple particular. Mi renuncia le llegará por intermedio del Ing.
Mayor, a quien se lo entregué”. Su cordial despedida dejó en mí la misma afectuosa y
cálida simpatía que le guardo al Dr. Enciso”, concluye Epifanio Méndez Fleitas.




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                      HACIA EL DOLOROSO EXILIO
       También, como en enero de 1954, enfiló hacia su terruño acompañado, por su
esposa e hijos y demás fundamentales amigos: libros, guitarra y máquina de escribir.
Tampoco desterró la probabilidad de dedicarse a tareas agropecuarias, actividades
añoradas permanentemente que nunca pudieron emigrar de su mente y corazón.

         Nuevamente sus días de campo fueron interrumpidos por una sorpresiva visita.
“Un día fue llegando a casa, allá en San Pedro del Paraná, en el establecimiento que yo
tenía, -refiere Méndez en 1983 al periodista de ABC Color, Edwin Britez en un
reportaje nunca publicado-, don Rigoberto Caballero, para pedirme viniese a Asunción a
verlo al General Stroessner, quien desearía que yo saliese del país por un tiempo para
facilitarle la solución de algunos problemas pendientes. Yo le acompañé a este amigo,
que era un gran amigo, con quien me unían y me unen muchas cosas. (Cuando murió mi
padre, fue uno de los pocos amigos que me hicieron llegar sus condolencias). Bueno -
prosigue diciendo Epifanio -, junto con don Rigoberto fuimos a casa del Presidente
Stroessner, y éste me planteó la salida del país proponiéndome una “Misión Cultural”
en España. Después –yo no se la acepté en un primer momento-, fuimos a casa de don
Rigoberto y allí hablamos largamente. En conclusión, le dije que si es a título de una
colaboración, como no, con mucho gusto me iría, pero que no querría permanecer
mucho tiempo fuera, porque mi padre se hallaba enfermo y tendría interés en volver
cuanto antes”

        La estadía en España duró dos meses. La noticia del grave estado de salud de
Don Prudencio Méndez, decidió el regreso inmediato de Don Epifanio y familia. En
escala en Río de Janeiro esperó en vano la repuesta positiva del Gobierno paraguayo
para su entrada a nuestro territorio. Su esposa e hijos siguieron viaje hacia Asunción
para pasar a San Pedro del Paraná y él se trasladó al Uruguay “donde siguió esperando.
Esperó hasta el final de sus días”. El 17 de junio de 1956 fallece don Prudencio
Méndez. En esa circunstancia, se le permite entrar por 24 horas para despedir a su padre
en su última morada. Fue la última vez que Epifanio Méndez Fleitas pudo pisar su tierra
amada. El 8 de octubre de 1957 deja de existir doña Rosa Catalina Fleitas, su madre, a
quien él ya no pudo acompañar, ni siquiera, al cementerio. En 1967, el 24 de julio
exactamente, asesinan a su hermano mayor Isladeo Fleitas, otro inmenso dolor que
debió rumiar en la soledad del destierro. Ese crimen tuvo la característica de un
asesinato con padrinazgo político, cubriéndole el manto de la impunidad hasta el
presente.




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                                 LO QUE SIGUIÓ
       “Y el “epifanismo” se convirtió en mala palabra en todo el país. Sólo los que
ocupaban cargos, sean ministeriales o en la Junta de Gobierno y que habían renunciado
a la amistad con Epifanio, estaban a salvo de cualquier intriga. Aquella palabra se usó,
pues, como argumento para perseguir a los sospechosos de relación o ex relación con
Méndez, sin distingos entre militares y civiles. El fantasma de Méndez Fleitas sólo
terminó de alentarse con su muerte” es el testimonio de Alfredo M. Seiferheld.

        Muchos de los que especularon que la caída de Méndez Fleitas significaría el
debilitamiento del régimen de Stroessner, despertaron pronto en las mazmorras de
investigaciones o camino al destierro. El 21 de diciembre del 55, con el relevamiento de
la oficialidad militar del Coloradismo Histórico y la redada contra el “mendezfleitismo”
o “epifanismo” empezó la articulación sistemática del régimen de la Tiranía. “No nos
dimos cuenta que la caída de Epifanio era el comienzo de la caída del Coloradismo”,
expresó el Dr. Mario Mallorquín en una disertación pública en Quilmes, Buenos Aires,
1986, treinta años después, admitiendo con gallardía un error histórico de la dirigencia
ética del Coloradismo.

       Luego del “putsch” militar del 55 y la marginación a Don Epifanio, siguió el
proceso de copamiento partidario por parte del nuevo régimen. A la disolución del
Comité Central de la Juventud Colorada en el 57 siguió la disolución de la Comisión de
Damas del Partido y de muchas seccionales campesinas. En 1958, fue aplastada la
huelga general del obrerismo paraguayo organizada por la Confederación Paraguaya de
Trabajadores, con conducción mayoritaria colorada, siendo apresados más de un
centenar de dirigentes de los cuales, los más destacados, tuvieron que asilarse en
embajadas extranjeras o huir subrepticiamente hacia el destierro.

        El 12 de marzo de 1959 la resistencia del Coloradismo exige a la Junta de
Gobierno tomar las riendas de la rectificación gubernativa para la “normalización
institucional del país” por medio de la históricamente conocida como “Nota de los 17”,
manifiesto firmado por distinguidos líderes partidarios. A fines de Mayo del 59, el
estudiantado paraguayo plantea batalla al régimen con la Huelga General de tres días,
con manifestaciones multitudinarias que son reprimidas con violencia. El Parlamento
exige interpelar a los responsables policiales de la barbarie cometida contra los jóvenes
y como respuesta el Ejecutivo lo disuelve, persiguiendo a los mejores que restaban
dentro del Coloradismo.

        Con los líderes obreros perseguidos, con los dirigentes estudiantiles que tuvieron
que refugiarse en el exilio y con los cientos de personalidades del coloradismo histórico
(“epifanistas”, “zacariistas”, “chavistas”, “verticalistas” e independientes del 55 y del
59) se integró la Resistencia en el Movimiento Popular Colorado (Mo.Po.Co.) a partir
de Octubre de 1959. Epifanio Méndez Fleitas fue uno de los principales de esta
vanguardia anti-dictatorial.




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                     EN URUGUAY, DESDE 1956 A 1973
        En Montevideo, desde 1956 a 1959, con sus compañeros de primera hora, editó
y dirigió el periódico de combate “Firmeza”. En ese periodo hizo otras publicaciones:
“Desatinos y Calumnias al Descubierto” y “Dos Años de Batallas por los Derechos
Humanos”.

       Tras tres años de espera y protesta solitaria y acontecida la dispersión partidaria
del 59, resuelve trasladar a su familia con él, al Uruguay. Se habían agotado las
esperanzas inmediatistas y, era evidente, que la lucha se prolongaría por tiempo
indeterminado.

        A fin de solventar su exilio y sus publicaciones, liquidó como podía sus
pertenencias privadas      que quedaron en Paraguay. En realidad lo único que era
totalmente suyo estaba constituido por un campo de poca monta y unas doscientas
cabezas de vacunos, porque su casa de Barrio Jara lo estaba pagando en cuotas
mensuales; parte de propiedad que también vendió. Un lote en San Lorenzo que había
adquirido en el año 1951 y que en realidad no valía mucho en aquel tiempo, nadie quiso
comprarle. Hoy que tiene cierto valor, está en manos de usurpadores gracias a la
“Justicia Stroessnista”. Eran todos los bienes que pudo “capitalizar” en el trayecto de su
vida pública.

        Con un resto efectivo de aquellos bienes, adquirió una Despensa (“La Flor del
Cordón”) que junto a su familia lo atendía como medio de vida. Esa actividad
comercial, más la venta de algunos trabajos intelectuales a periódicos locales y otros
extranjeros y el trabajo de sus hijos les posibilitaron la sobrevivencia durante el largo
exilio, como de costumbre: en forma sencilla pero honrada. En su vida pública y privada
nunca hubo mayores secretos. El adquirió, en su trajinar, el hábito de rendir cuentas
públicamente de su vida, en sus publicaciones, que constituyen, al mismo tiempo:
verdaderas actas vivénciales y tratados científicos multidisciplinarios.

        Desde 1959, con la ayuda permanente de sus compañeros mejores posicionados
en materia financiera, hace una activa militancia en el MoPoCo, con giras permanentes
por Argentina, en especial Buenos Aires y la frontera. Publicita la Causa de la
Emancipación Paraguaya en entrevistas radiales y publicaciones periodísticas de toda
América Latina, en conferencias públicas y, fundamentalmente, en forma casi religiosa
se dedica a capacitar en formación política a sus compañeros: obreros, campesinos y de
la Juventud. Los domingos de tarde eran consagradas a reuniones conducidas por él para
analizar la realidad paraguaya y estudiar las doctrinas y metodologías de las ciencias
políticas que podrían ser aplicadas a ella.

       Su primera publicación periodística en el exilio fue “Firmeza”, vocero del
Coloradismo perseguido que co-dirigió con su compañero de Causa: Miguel Angel
Silvero. Luego de 1959, se publica “Patria Libre”, vocero del MoPoCo y asume su
dirección. En Montevideo edita “El Desterrado”. Tras tres años de laborioso trabajo
publica en 1965 su “Diagnosis Paraguaya”. A su autoría intelectual se debe gran parte
de los manifiestos que emitiera el Movimiento Popular Colorado desde 1959 hasta
1973, año en que dicha agrupación se escinde y Epifanio Méndez Fleitas con Osvaldo



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Chávez, junto a la mayoría popular de las Regionales del MoPoCo, resuelven conformar
la Junta de Gobierno del Exilio y la Resistencia, más conocida como ANR-ER.




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                     PARADIGMÁTICA PERSECUCIÓN
         En 1973, Epifanio Méndez Fleitas fue apresado en Uruguay a pedido del
Gobierno de Stroessner. También había sido detenido su hijo Prudencio y amenazado
formalmente Bernardino, quien era dirigente gremial estudiantil. Se había instaurado en
aquel país la Dictadura Militar que se inscribió, también, en la Doctrina de Seguridad
Nacional dictada por los EEUU en su “guerra contra el comunismo”            Precisamente
un cable fechado en Washington, Julio 13/78 (AFP) refrendó de que “Las policías
secretas de los regímenes militares del Cono Sur cooperan estrechamente desde hace
años y el hecho fue comprobado por el FBI, afirmó hoy el vespertino Washington Star (
... ) Las cuatro policías políticas cuya cooperación se reveló, según el vespertino, son las
de Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay” (ABC Color, Asunción 14 de julio de 1978).
Claro es que no sólo fueron adheridas a la vigente Doctrina solamente las policías
respectivas, sino todas las fuerzas de seguridad de esos países.

         Uruguay, tradicional refugio de los perseguidos políticos del resto de
Latinoamérica, sufrió entonces un cambio radical y el veterano líder paraguayo y su
familia se consagraron, nuevamente, como parte de sus primeras víctimas. Epifanio
Méndez Fleitas conminado a permanecer sin salir de su domicilio o a abandonar el
territorio, optó por el segundo camino.

        Hacia la Argentina con los bártulos a cuesta. No todo era oscuro en ese momento
en el Río de la Plata. En esa orilla habían regresado los antiguos amigos: primero la
Presidencia del Dr. Cámpora y enseguida la del propio Gral. Perón que fueron garantías
de un refugio seguro para el Coloradismo Perseguido. Lamentablemente la muerte del
viejo líder argentino reestableció al sector cavernario y mafioso del peronismo y,
nuevamente, la persecución.

        El 1 de Julio falleció el Presidente Perón. Le sucedió la viuda, en virtud de ser la
Vice-Presidente, pero en realidad el poder lo ejercía el “Brujo” López Rega, amigo de la
mafia y, por ende, del stroessnismo. El 21 de julio de 1974 ya fue atracada la
Convención del Comité Central de la Juventud Colorada del Exilio y la Resistencia, por
efectivos policiales argentinos y paraguayos (Comisario Sapriza, “Cururú piré” Benítez
y un fotógrafo), yendo a parar a la cárcel de Villa Devoto más de medio centenar de
dirigentes de ese órgano partidario. Aún no le tocaban directamente a Méndez Fleitas
pero seguía la persecución a sus lugartenientes. En octubre del 74, seis integrantes de la
ANR-ER: Eladio Sotelo ( quien generosamente tuvo como huéspedes a toda la familia
Méndez-Vall durante su permanencia en Argentina), Cancio Ayala Cantero (Vice-
Presidente de la ANR-ER), Alcibiades Fernández ( Miembro Titular de la Junta de
Gobierno de la ANR-ER), Victorino Velázquez (Miembro de la Junta de Gobierno de la
ANR-ER), Bernardino Méndez Vall (Secretario de Organización de la Juventud
Colorada) y Adolfo Adamow (Paraguayo por accidente pero Portero del Edificio donde
los demás fueron apresados) fueron a inaugurar en la Cárcel de Villa Devoto el primer
pabellón de presos políticos a cargo del Poder Ejecutivo. A éstos les costó 100 días de
prisión stroessnista (transfronteras), “gracias” nuevamente al apogeo de la Doctrina de
Seguridad Nacional.

      El régimen “isabelista” no se animó a perseguir directamente al condecorado con
la “Medalla del Leal Amigo”. Esa distinción que entregó Perón a sólo dos paraguayos:


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Federico Chávez y Epifanio Méndez Fleitas. Pero desde marzo de 1976, con la asunción
al poder de los militares “gorilas”, se inició el calvario del “desterrado yo’á”.
Apresamientos sucesivos para amedrentarlo y obligarle a que abandone Argentina, no
dieron efecto. Fue entonces que planearon su secuestro que se produjo el 7 de octubre
de 1977. Su desaparición, junto a su hijo homónimo, hubiese sido un hecho si amigos
argentinos de alto rango militar (el ex – Presidente Gral. Roberto Marcelo Levingston
principalmente) no hubiesen intermediado de inmediato. La intervención inteligente de
familiares y amigos, más los pedidos misericordiosos de gobierno, autoridades y
personalidades extranjeras y las hendiduras de los enfrentamientos sectoriales entre
militares argentinos, aprovechadas inteligentemente, salvaron en esa ocasión, las vidas
de Epifanio padre y de Epifanio hijo, lográndose el 13 de noviembre del 77 la liberación
de ambos en la ciudad de Resistencia (Chaco/Argentina).

       “Cualquiera pensaría -reflexiona Don Epifanio- que con este nuevo fiasco, el
régimen de Stroessner cancelaría definitivamente sus instancias represivas contra mí, a
fuerza de convertir a la Argentina en agencia de su despotismo. Pero no ocurrió así”.

        Dos intentos más de secuestro y la advertencia del Ministerio de Relaciones
sobre el pedido reiterado del régimen paraguayo para que lo expulsaran, no sirvieron
para amilanar el ya curtido cuerpo y espíritu del viejo luchador. Al final, el Gobierno
Militar argentino, cumpliendo con el “Pacto del Cono Sur” (Doctrina de Seguridad
Nacional) detuvo al tozudo líder paraguayo. De la Comisaría 7º. “a Migraciones -cuenta
su itinerario el preso Méndez Fleitas -, luego a Coordinación Federal, otra vez a
Migraciones, hasta que, allá a las cansadas, se me destinó al Depósito de Contraventores
de la Prefectura Marítima, donde permanecí 23 días, comunicado y rodeado de máximas
consideraciones. Se me honró, inclusive, de llevárseme ante el Prefecto General de
Puertos, Almirante Santamaría, para escuchar de sus labios expresivas excusas. Un
condenado a destierro perpetuo (aunque sin causa legítima), no puede pedir más.

       “Finalmente -sigue su relato Méndez- Migraciones dispuso mi libertad, a
condición de abandonar cuanto antes el país argentino”. Cabe consignar, que en
conocimiento de su situación, la Embajada Norteamericana en Argentina comisionó a su
primer Secretario en el lugar de reclusión de Don Epifanio (en la Prefectura), para
ofrecerle el refugio político. ¡Vaya paradoja! Perseguido a perpetuidad por consignas
del norte, transformado ahora en protegido político en la propia metrópolis.
Evidentemente, los tiempos habían comenzado a cambiar con el Presidente Carter.

       Expulsado de la Argentina, en agosto de 1978 viaja a los EEUU, en calidad de
refugiado político y reside en San José – California con su eterna compañera Fredes y
su hijo Prudencio. En todo el tiempo que le cupo residir allí, publicó su periódico
“Desterrado Yo’á” y editó su última obra literaria que integran dos ensayos
sociológicos: “Marxismo Teórico y Utópico” y “Estructura del Neocolonialismo en el
Paraguay”.

        En 1983 viaja al Brasil, con visa por 90 días, a fin de encontrarse con los
compañeros de Causa y demás hijos, residentes en Buenos Aires, que estarían allí para
el encuentro. Como no podía pisar Paraguay, ni Uruguay, ni Argentina no cabía otra que
realizar la cita en la República Federativa del Brasil. A las 48 horas de haber arribado a
Curitiba, recibe una notificación oficial de que debe abandonar el territorio brasilero, de
inmediato. La mano larga del régimen stroessnista volvió a hacerse sentir, ahora nada


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menos que, en su propia metrópolis sub-colonial. “Se constataba así, una vez más, que
inclusive las prostitutas imponen condiciones a sus explotadores para continuar el
ejercicio de sus menesteres”.

       Con el advenimiento del Gobierno Democrático del Dr. Raúl Alfonsín se
levantan las medidas de expulsión de Don Epifanio y la de sus hijos Juan Bernardino y
Prudencio. La familia Méndez Vall regresa a la Argentina al inicio del año 1985.




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                            SU VIAJE AL INFINITO
       A fines de 1983, Epifanio Méndez Fleitas había sido intervenido
quirúrgicamente en San José-California para extraérsele un tumor maligno. Aquella
operación, evidentemente, no había resultado en solución definitiva para el mal. Este se
reavivó a mediado de 1985, logrando finalmente su rendición física, objetivo con el cual
nunca pudieron los muchos intentos de los que fuera víctima.

       Epifanio Méndez Fleitas falleció en Buenos Aires, el 22 de noviembre de 1985.
Precisamente era el Día de la Música, como si él hubiese elegido esa significativa fecha
para descansar definitivamente y devolver el espíritu de poeta que le otorgara el
Creador.

        Sus restos mortales fueron inhumados en el Cementerio de la Chacarita, Capital
Federal, Argentina, el domingo 24, tras dos noches de ser velados por cientos de
compatriotas, amigos y familiares, muchos de ellos llegados de lejanas distancias. Lo
despidieron dignos representantes de todos los sectores políticos paraguayos y del
ámbito cultural; y fue acompañado a su destino final por la música de su tierra que tanto
amó. Las cintas grabadas en aquel emotivo y último episodio de Don Epifanio rumbo a
su morada final, registran el canto de un corochiré que acompañó al cortejo fúnebre,
desde la entrada al Cementerio de la Chacarita hasta el instante en que se lo depositó en
su tumba. Quizás esa presencia haya sido un postrer mensaje espiritual de quien, con su
ejemplo de vida, sacrificios de luchas y creaciones inmortales, nos sigue acompañando
en la tarea de la redención nacional.




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                          SU LEGADO MUSICAL
       Epi, como le llamaban cariñosamente algunos amigos, era un buen estilista en la
      interpretación de la guitarra. Verdadero amante de la música de su pueblo;
      todos sus momentos libres le dedicaba con pasión. Su instrumento musical era
      un compañero inseparable, inclusive cuando viajaba en misiones al extranjero.
      Consideraba que la música era un regalo del corazón para los seres queridos y
      las ocasiones importantes. Se recuerda, que en oportunidad de la firma del
      Convenio de Unión Económica, como prueba de reconocimiento a la
      comprensiva posición de las autoridades de la hermana República, la “Orquesta
      San Solano” realizó un concierto en Buenos Aires en homenaje al Gral. Perón y
      al pueblo argentino.

               Con su propia expresiva voz, Epifanio Méndez Fleitas había grabado su
      pensamiento sobre el valor cultural al que dedicó una parte importante de su
      vida: “El mensaje musical es como una carta abierta al corazón de los hombres
      y mujeres escrita en claves vibratorias sobre las experiencias más profundas del
      alma. Así ocurre, naturalmente, con mis canciones, que por sobre sus acentos
      líricos, trasuntan los mismos substratos espirituales que campean en mis libros
      y publicaciones. Porque todas ellas fueron y son imágenes sublimadas en la
      atmósfera incandescente de la refriega contra los padecimientos y desventuras
      nacionales. Por eso, aún las efusiones románticas colindan con el misterio y
      buscan herir con flechas de oro la sensibilidad de los que aman sin fortuna, de
      los que padecen nostalgias irremediables o acarician sueños divinos. Las
      páginas que siguen las dejo libradas a mejores tiempos...”


       LETRA Y MÚSICA DE EPIFANIO MÉNDEZ FLEITAS
Nde pucavy che corazome
Serenata
Cocué yara purajhei
Canto de peregrino
Mandu’á etaité
26 de Febrero
Querella del corazón
Romance de dos destinos
Estrella mía
Che mboracjhú yara                 (inédita)
Invicta                            (inédita)
La voz de mi guitarra              (Inédita)
Entre rejas                        (inédita)


                COMPOSICIONES INSTRUMENTALES
Amanguy yavé
Tory ara
Fiesta campestre


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Yavy’á icôé Paraguai rêtâme
Royumí yevyma                   (inédita)
Ocarayguá mbaé mbyasy           (inédita)
Gratitud
Yvyá tumbaé
Oyupé guarante


   MUSICALIZACIÓN DE POESÍAS DE TEODORO SALVADOR
                     MONGELÓS

Acó ñane ynambu-mí
Co’é pyajhú yavé
20 de Abril
Che mbo’é jharepe
Musiqueadape
Nendivente
Che jazmín
Che caarú nda vyai
Nde puke che mbaracá            (inédita)
Paraguay yeguácârâ
Farra syryry (Fiesta corrida)


   LETRAS DE EPIFANIO MÉNDEZ F. MUSICALIZADAS POR
                OTROS COMPOSITORES
Têtâ marangatú                         con José Bragato
Paraguay                               con José Bragato
San Solano                             con Cesar Medina y Mauricio Cardozo
                                       Ocampo
San Pedro del Paraná                   versión en castellano de Augusto Roa
                                       Bastos
                                       Música de Cesar Medina y Epifanio
                                       Méndez F.
Resedá poty                            con Aniceto Vera Ibarrola y César Medina
Quién sabe                             con Cesar Medina y Luis Alberto del
                                       Paraná – nueva versión con Alberto de
                                       Luque
Reencuentro                            con Mauricio Cardozo Ocampo
Despertar paraguayo                    en co-autoría con Carlos Agustín Bedoya,
                                       música de José Bragato
Canciones                              con Gregorio Cabrera




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      LETRAS DE OTROS AUTORES MUSICALIZADOS POR
               EPIFANIO MÉNDEZ FLEITAS
Tesarai mboyvé                           letra de Augusto Roa Bastos (*)
Canto a Julio Correa                     letra de Augusto Roa Bastos
Mujer                                    letra de Augusto Roa Bastos
Noche lunaria (Vengo niña hermosa)       letra de Emiliano R. Fernández
Jhecoviá techagaú                        letra de Mauricio Cardozo Ocampo
La canción del demócrata                 letra de Mauricio Cardozo Ocampo
Ñembokí asayé                            letra de Lincoln Silva
Noches de nostalgia                      letra de Carlos Caballero Ferreira
Mariscal ykere                           letra de José Doroteo Portillo
La tarde de nuestro amor                 letra de Carlos Federico Abente
Princesa de mi tierra                    letra de J. Bernardino Méndez
Patria liberada                           (inédita) letra de J. Bernardino Méndez

(*) Poesía registrada por error a nombre de A. Roa Bastos. En rigor a la honestidad
intelectual “Tesarai mboyvé” pertenece en letra al Dr. Carlos Federico Abente.




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                           SUS OBRAS LITERARIAS
               En entrevista publicada por ABC Color (22/IV/2002) el bibliógrafo
compatriota Juan José Seall responde a la pregunta de Hugo Ruiz Olazar: “- ¿Algún
escritor prolífico de la mitad del siglo? Juan José Seall: “- Natalicio González y
Méndez Fleitas”.

        Al contabilizar la producción literaria de Epifanio Méndez Fleitas, se constata lo
que afirmara el bibliógrafo Juan José Seall. Evidentemente que se inscribe su nombre
entre los más fecundos escritores paraguayos.

        Pero lo que más ha llamado la atención de estudiosos, intelectuales,
investigadores sociales y bibliófilos, es la policromía temática que abarcaron sus obras.
El amplio espectro humanístico tratado con profundidad magistral por Epifanio Méndez
Fleitas, lo revela como uno de los genios de la literatura. Abarcó la poesía, la narrativa,
el cuento, la historia, las ciencias políticas y sociales, la economía, el derecho, la
sociología, la teología, la mitología, la psicología, la filosofía. En la literatura
testimonial, polémica y combativa fue un maestro sobresaliente en el Paraguay. Un
extraordinario aporte suyo, para nuestro país, fue su incursión profunda en el estudio de
la Sociología de la Dependencia.

       He aquí un compendio de su producción:


               PUBLICACIONES EN SU ETAPA JUVENIL
Sueños de adolescente - poemario

Bajo la verde arboleda - poemas, cuentos y leyendas


       EDITADAS EN LA ETAPA DE LUCHA POR EL PODER
El valor social de la historia (1946) -      ensayo histórico-sociológico

Batallas por la Democracia (I Parte) -       compilación de los editoriales doctrinarios
                                             del Diario “La Razón” (1947), escritos por
                                             Epifanio Méndez Fleitas y Osvaldo Chávez.

El orden para la libertad (1946)             ensayo histórico-sociológico

El Coloradismo no será destruido (1947) ensayo doctrinario


            OBRAS ESCRITAS EN ACCIÓN DE GOBIERNO
El Banco Central, los Problemas Económicos y el Desequilibrio Financiero (1952)
- fundamentos para la creación de dicha entidad pública.



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Lo que está ocurriendo en el Coloradismo - folleto que contiene la conferencia
dictada a la Juventud Republicana en 1953.

De la crisis de escasez hacia una economía de abundancia (1954) - justificación de la
política dirigista y análisis de los cambios en nuestra economía a partir del
funcionamiento del Banco Central del Paraguay.

El Convenio de Unión Económica Paraguayo-Argentino (1954) - La razón
geográfica en el Convenio.

El “Mensaje de Acero” y la batalla de la carne.

Ordenamiento económico y financiero (1955)- aspectos de la administración
bancaria, monetaria y de créditos, y su relación con la política nacional.

A tres años de estabilización y fomento económicos (1955) - pormenorizada
rendición de cuentas y análisis de todo lo actuado desde el establecimiento del Plan
(1953) hasta finales de 1955.


  TRABAJOS BIBLIOGRÁFICOS PRODUCIDOS EN EL EXILIO
Desatinos y calumnias al descubierto (1957) - cartas polémicas. Defensa
fundamentada de su conducción económica-financiera en el Banco Central del
Paraguay.

Dos años de Batallas en Defensa de los Derechos Humanos (1957) - resumen de las
persecuciones perpetradas por la Tiranía durante los años 1956 y 1957.

Diagnosis Paraguaya (1965) - el trabajo literario de mayor envergadura de Don
Epifanio. Compendio del proceso histórico nacional, además: enjundioso alegato en
contra de la Tiranía y en defensa del quinquenio colorado.

Psicología del Colonialismo (1971) - disertación sobre “Política Económica para la
Emancipación” realizada en el “Instituto Paraguayo de Cultura “Ignacio Pane-Blas
Garay”. Desenmascaramiento del Imperialismo Yanqui-Brasilero en el Paraguay.

Ideología de Dependencia y Segunda Emancipación (1973) - conferencia dictada en
la Facultad de Derecho de la Universidad de Córdoba (Argentina). Análisis sociológico
de la política neo-colonial;

El Gral. Charles De Gaulle y la Francia Milenaria (1974), ensayo histórico-político
escrito a pedido del Instituto “Charles De Gaulle” de París –Francia que fuera traducido
al francés y publicado en Europa. Epifanio Méndez era miembro honorario de dicha
entidad cultural

Lo Histórico y lo Anti-Histórico en el Paraguay (1976) – Carta a los Colorados.
Ensayo revisionista de nuestra historia política.




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Con todo, nada es imposible - alegato en respuesta a un discurso del Dr. Leandro
Prieto Yegros.

Carta los Liberales (1979) - libro escrito en respuesta a una larga carta del diputado
liberal Aurelio Ramón Insfrán, en el que éste discute ciertas ponencias de Méndez
Fleitas expuestas en “Lo Histórico y lo Anti-Histórico en el Paraguay”.

Carta a un Compañero (1980) – Análisis de la situación geopolítica que en aquel
entonces sitiaba ya al régimen de Stroessner. La publicación se basa en una carta
dirigida por el autor, al compañero Ing. Leopoldo Ostertag.

Marxismo Teórico y Utópico y Estructura del Neocolonialismo en el Paraguay
(1983) – Dos obras en una sola edición. Ultimos trabajos intelectuales de Epifanio
Méndez Fleitas en el que expone su postura doctrinaria respecto a teorías y prácticas
socio-políticas.




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             VIGOROSA ACTIVIDAD PERIODÍSTICA
-   Articulista de opinión e historia en la Revista “Cultura”, órgano del Centro de
    Cultura Paraguaya “Gral. Bernardino Caballero”, fundada por el Dr. Guillermo
    Enciso Velloso;

-   Director de la Revista “Cultura” , período 1944/1945;

-   Director y editorialista del Diario “La Razón”, vocero de la Asociación Nacional
    Republicana durante la campaña ideológica que preparó el ambiente para el
    ascenso de la A.N.R. al Poder. Ejerció la Dirección del Diario durante la
    conflagración de 1947;

-   Director del Diario Patria en su reaparición, en 1954;

-   Fundador y Co-Director, con Miguel Angel Silvero, del periódico de combate
    “Firmeza”, vocero del Coloradismo Perseguido, publicado en Montevideo
    (Uruguay) entre 1957 y 1959.

-   Director de la primera época del órgano oficial del MoPoCo: “Patria Libre”.

-   Director y Fundador de “El Desterrado”, órgano de la Regional Montevideo del
    MoPoCo.

-   Fundador y Director de “Emancipación Paraguaya”, periódico oficial de la
    Junta de Gobierno del Exilio y la Resistencia (ANR-ER).

-   Fundador y Director de “Desterrado Yo’á”, publicación personal de aparición
    mensual editado en San José (California-USA) desde 1978 hasta 1985.

-   Columnista sobre temas políticos, históricos y económicos en varias
    publicaciones del Río de la Plata y de América Latina.




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    PRINCIPALES OBRAS REALIZADAS POR SU
INICIATIVA Y/O CON SU PROTAGONISMO DURANTE
          EL QUINQUENIO COLORADO

                   EN LA POLICÍA DE LA CAPITAL
 -   Refacción completa del frente del Departamento Central de la Policía en 1949;

 -   Policlínico “Rigoberto Caballero” iniciado el 7 de Mayo de 1951. Inaugurado el
     15 de Noviembre de 1954;

 -   Adquisición de moderno equipo de ambulancia “Mercedes Benz”;

 -   Dotación de un Servicio Odontológico ;

 -   Inauguración de la Farmacia Policial;

 -   Creación y construcción de la Escuela de Policía “Gral. José Eduvigis Díaz”
     Inauguraciones en 1949, 1950, 1951 y 1952;

 -   Alcaldía Policial de San Lorenzo. Inaugurado el 30 de Agosto de 1954;

 -   Reconstrucción completa de la Comisaría 2ª;

 -   Local de la Comisaría 3º.Reconstrucción total inaugurado en 1951;

 -   Local de la Comisaría 4ª;

 -   Local de la Comisaría 5ª;

 -   Local de la Comisaría 6ª;

 -   Local de la Comisaría 8ª;

 -   Local Policial de Itá Enramada;

 -   Local de Sub-Comisaría de Barrio obrero (hoy Comisaría 21ª)

 -   Local de la Dirección de Identificaciones

 -   Creación de la Ladrillería Policial;

 -   Creación del Gabinete Fotográfico Policial, de cuyas recaudaciones salió el
     importe total para el pago del terreno adquirido en donde se construyó la Escuela
     de Policía;

 -   Equipos de Fotocopias para la División de Investigaciones;


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   -   Creación del Departamento de Construcciones;

   -   Adquisición de 7 camiones (por etapas), para equipar al Departamento de
       Construcciones porque el intenso trabajo y la economía lo exigieron;

   -   Creación del Departamento de Talleres, Transportes y Combustibles;

   -   Adquisición de la primera flota de motocicletas “Harley Davidson” y una
       segunda partida de “BMW” para equipamiento de la motorizada;

   -   Adquisición de una camioneta para transportar al profesorado de la Escuela de
       Policía;

   -   Adquisición de tres camionetas: una para el Batallón 40, la segunda para la
       Patrulla Celular y la tercera para Investigaciones;

   -   Importación del equipo moderno de Bomberos;

   -   Fundación de la Cooperativa Policial.



                       EN SAN PEDRO DEL PARANÁ
   -   Construcción de la Alcaldía Policial inaugurado en 1951;

   -   Club Social “Elisa Alicia Lynch”;

   -   Palacete Municipal, Oficinas y Salón de Actos;

   -   Oficina de Telégrafos y Correos;

   -   Oficina del Juzgado de Paz;

   -   Local del Banco del Paraguay;

   -   Frontispicio de la Iglesia local, torre, tejado, piso y plazoleta fueron construidos,
       refaccionados, modernizados e inaugurados en 1951;

   -   Los dos grandes pabellones de la Escuela de San Pedro del Paraná;

   -   Centro de Salud.

    El amor de Epifanio Méndez Fleitas a su pueblo natal, a sus compueblanos, nunca
fue parte de su retórica pública ni sólo objeto de su recordación poética. Cuando ejerció
el poder, tampoco se perdió en discursos de deseos, de promesas o alabanzas sino lo
ejercitó con la máxima energía y pasión al servicio de la comunidad nacional,
dejándolas plasmada en obras, con resultados que alcanzaron privilegiadamente a la
comunidad de sus amores.


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    Un ilustre sampedrano, poeta, calificado héroe y mutilado de la Guerra del Chaco,
ciudadano febrerista: don Ladislao Bustamante recuerda: “Fui Presidente de la
Asociación Pro Caminera de San Pedro del Paraná, Artigas, Pueblo, San Solano, todo
mandé hacer con mucha maquinaria a pedido de él. También con él hice el Centro
Social y se lo entregamos al pueblo. Siempre he pensado: “antes de morir he de hacer
levantar monumentos a dos personas: a Epifanio Méndez y al Cnel. Cabrera”.

    La marginación del escenario político de Epifanio Méndez Fleitas significó una
condena a muerte treintenaria para San Pedro del Paraná. Fue uno de los fenómenos
originales de la creatividad terrorista del régimen tiránico. Por el sólo hecho de ser
sampedrano debía ser radiado de la Policía, del Ejército, del Banco, de la función
pública en general y muchos, de todo el territorio. La ciudad fue, totalmente,
abandonada a su suerte, adquiriendo poco a poco el aspecto de un pueblo fantasma, en
peligro de extinción. Sus habitantes fueron emigrando para ser sustituidos por los
arribeños de otros lares que ocupaban parte del espacio vacío. No se recuerda un
fenómeno parecido en los anales de historia alguna. La paranoia anti-Epifanio llegó a
ese extremo. No sólo para él se decretó el exilio perpetuo, sino por extensión: a todo
aquél parecido, o relacionado, o más simplemente al que casualmente haya nacido en el
mismo distrito geográfico. Es uno de los hechos fantásticos acaecido bajo el imperio del
tiranosaurio, digno de figurar en el museo universal de rarezas monstruosas de la cultura
humana.




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       ACTO JUSTICIERO: LA REPATRIACIÓN DEL ILUSTRE
                 CIUDADANO PARAGUAYO
       El 24 de Mayo de 1994, el Congreso Nacional de la República del Paraguay
sancionó la Ley No. 347, por la que autoriza al Poder Ejecutivo a realizar las gestiones
pertinentes para la repatriación de los restos mortales del Ilustre Ciudadano Epifanio
Méndez Fleitas. El 8 de Junio del mismo año, el Poder Ejecutivo la promulga
convirtiéndola en Ley vigente para la República.

       El 27 de Agosto del año 2004, el Presidente de la República Dr. Nicanor Duarte
Frutos firma el Decreto 3090, por la que reconoce la Comisión Coordinadora de
Homenaje y Repatriación integrada por los siguientes honorables ciudadanos:

       Por el Poder Legislativo:              Senador Carlos Mateo Balmelli
                                              Senador Blas N. Riquelme
       Por el Viceministerio de Cultura:      Don Bruno Barrios
       Por las organizaciones civiles:        Don Augusto Roa Bastos
                                              Don Cayo Sila Godoy
                                              Monseñor Mario Melanio Medina
                                              Don Florentín Gimenez
                                              Don Antonio Salum Flecha
                                              Don Raúl Amaral
                                              Don Carlos Federico Abente
                                              Don Luis Alfonso Resk
                                              Doña Ligia Prieto de Centurión
                                              Don Aníbal Benítez Navarro
                                              Doña Gladys Vigo
                                              Don Augusto Gallego
                                              Don Miguel Angel Romero Belotto
                                              Don Victorino Velazquez Alemán
                                              Don Juan Manuel Santander
                                              Don Cesar Benítez
                                              Don Oscar Montiel Galván
                                              Don José Bragato
                                              Don Juan Manuel Peralta

       La Comisión Nacional para la Repatriación, ha resuelto, con acuerdo de la
familia de Epifanio Méndez Fleitas, concretar la misión que se le ha impuesto,
concluyéndola con la inhumación de sus restos mortales en suelo patrio el día 22 de
noviembre del 2004. El regreso de este insigne ciudadano constituirá un acto de
reparación histórica por los 48 años de injusto destierro, cerrando con él un ciclo
doloroso de la vida política nacional.



                     * Investigación y redacción:      J. Bernardino Méndez Vall




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