SACERDOTE DE BARRO, BENDICI�N PARA EL PUEBLO by j5ngSu

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									  Peregrino del mundo
   es tu vida de siervo,
  que penetra la aurora
    en su místico velo,
 que escudriña los soles
    lacerantes y bellos
  y descifra la sombra
   a la luz del misterio.




  Al pisar las infancias
   recibiste el destello
  de cruzar horizontes
que estremecen de miedo,
 de subir a las cumbres
  que reciben del cielo
    la pureza de luna
  y el cantar del lucero.
 Peregrino es el siervo
que ha dejado su techo
   y repite los pasos
  del Divino Viajero.



  En las duras jornadas
 has probado el flagelo
que se hunde en tu barro
  como llamas de fuego
  y se empaña la vista...
y se ofusca el recuerdo...



  Cuando así solitario
has cruzado el desierto,
sin la miel de las flores
y el cantar del jilguero,
peregrino has quedado
 injertado en el Siervo.
  Has llegado al inicio
  del enorme sendero,
donde el canto y la espina
 mezclarán tu ser nuevo
   de tabores amados
  y tristezas de huerto.



  Hoy tu puño de barro,
 frágil, pobre y sediento
  se ha vestido de gala
 con ropajes de invierno.



 ¡Sacerdocio de Cristo
   florecido en el cielo!
  ¡Sacerdocio de barro
bendición para el pueblo!
    Que transido de luz
    del Espíritu Eterno,
     des color y belleza
  a lo grande y pequeño.



   Pon en alto tu antorcha
    de servicio fraterno,
   sembrador de palabra
    con amor misionero;
   para guiar al hermano
 sigue siempre el sendero
   que conduce a la vida,
   con manjares de cielo.
   Cuando bogue tu barca
  por los mares sin puerto,
 cuando veas que tu huella
se ha esfumado en el viento,
                              sentirás que la fuerza
                             de tu eterno ser nuevo,
                              a los seres de polvo,
                             les devuelve el aliento;
                            sentirás que aunque seas
                               un perenne romero,
                               llevarás en tu arcilla
                             las victorias del Verbo.




                         Pbro. Rafael González Reynoso
                            Roma, It. Enero de 1978.




Música de fondo: La última cena.
                 Mario Ramos Palomino.

								
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