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Dar�o Witt, su canto y su lucha contra la violencia familiar

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Dar�o Witt, su canto y su lucha contra la violencia familiar
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Darío Witt, su canto y su lucha contra la violencia familiar

LA FORMA DE LA GUITARRA

Las situaciones de violencia familiar llevan a la ruptura de miles de hogares. En muchos

casos, son el paso previo al abandono de los hijos. Un grupo de militantes sostiene en La

Plata un refugio para albergar a mujeres golpeadas que no saben cómo hacer para tener,

ellas y sus hijos, una vida mejor. Dario Witt es uno de ellos y, además, músico y cantante.

“Aprender a Dar” y “Adentros”, son sus dos primeros CD. El tercero tendrá la voz y las

canciones de Carlos Cajade.



Por Carlos Fanjul



Los más antiguos educadores de la Obra de Carlos Cajade entendieron antes que nadie la

visión totalizadora que tenía el cura para analizar los problemas sociales. Para darse cuenta

de que los máximos esfuerzos de la sociedad no debían estar en la ayuda a los pibes

abandonados, que él criaba, sino en la lucha cotidiana por evitar que se llegue a esa

situación. Por darse cuenta de que existe un sistema injusto y que hay que cambiarlo.

Aquella idea de que el día más feliz de la vida será cuando pueda cerrarse el Hogar de los

pibes, flota hoy como símbolo en los actuales integrantes de la Obra y, seguramente, rondó

en la cabeza de un grupo de militantes que hace casi una década pensaron en atacar uno de

los tantos eslabones previos al abandono: las situaciones de violencia que llevan a la

desintegración de una familia.

Dario Witt es uno de esos educadores y, junto a un grupo de militantes sociales, es el

sostenedor de la Casa Abierta “Maria Pueblo”, que cobija a madres e hijos víctimas de la

violencia familiar.

Hoy abogado, antes vendedor callejero, Witt es además músico y cantante. Y por estos o

por aquellos aspectos de su personalidad –o por todos juntos- fue uno de los acompañantes

más estrechos de aquellos primeros pasos de Carlitos: “En el 90 el menemismo empezó a

mostrar la cara y eso hizo que varios que militábamos en la Juventud Peronista

buscáramos otros rumbos para trabajar en lo social, para desarrollar nuestra necesidad

de estar con la gente. Arrancamos recorriendo... Estuvimos con los pobres más pobres y

ahí me terminé de acercar a Carlos Cajade. Yo ya lo conocía porque era vendedor

ambulante; durante mucho tiempo vendí café, y muchos pibes de la calle no paraban de

hablarme de Carlitos. Yo era amigo de varios. Esa chacarera en la que hablo de ‘los

sordos que oyen y los ciegos que ven’, tiene relación con esa época, ya que conocía a

varios pibes que ‘trabajaban’ de sordos o de ciegos, a manera de rebusques para poder

comer algo a la noche. Esas fueron las estrategias de la calle a las que llevó el

menemismo. La calle te endurece, pero también te hace medio anómico, a vivir sin reglas

claras, o a vivir con otras reglas, con las que te dejan. Tal vez haya sido eso que me llevó a

estudiar Derecho. Yo ya lo estaba haciendo cuando lo conocí a Carlitos y en uno de esos

bautismos populares que hacía en las villas, sentí que era un cura siempre dispuesto a

llevar la Iglesia a los barrios. Sentí también que yo debía hacer lo mismo desde mi

actividad. Además, él tocaba la guitarra y yo también lo hacía, así que la identificación fue

doble. Yo aportaba mis equipos de sonido, y cantábamos juntos. La música está metida en

todas las actividades. Carlitos tenía esa forma tan particular de hablar, desde el llano,

desde la igualdad. Uno venía tan desencantado en lo político y social, y lo veía a Cajade

más parecido a lo que uno creía del peronismo, así que el acercamiento fue totalmente

rápido y natural. Entendí que era más peronista que el peronismo. Yo también estaba

renegado con la Iglesia, pero su forma de actuar, cuerpo a cuerpo con la gente,

respaldando con el cuero lo que decía con su boca, a muchos nos devolvió la fe. Encontré

un lugar junto a él, porque, además, me impactaba la alegría que transmitía en cada gesto.

La idea de que cuando se milita socialmente y se tiene un compromiso con la vida, tenés

que tener cara de sufrimiento, es una tontera. Y Carlitos demostraba lo contrario a cada

paso”.

-¿Ahí ya volcaste tu trabajo hacia los temas de violencia familiar?

-No, fue un poco después. En aquel momento, me encolumné detrás de Cajade en la

construcción de su Obra. Lo acompañé en eso. Cuando nos decidimos, junto al gran

protagonismo de Olgui Cáceres, la otra coordinadora y fundadora, a crear la Casa Abierta

Maria Pueblo, Cajade tuvo que ver en todo: nos alentó y nos dijo que o lo hiciéramos a

fondo y con total seriedad, o no lo hiciéramos. Era como otro costado de su trabajo. Un

eslabón anterior a su tarea con los pibes abandonados. En la Casa de los Bebes y en la de

los Niños, habíamos conocido a un montón de mujeres, con hijos y con muchos problemas

de violencia familiar. No tenían dónde ir y, con esa practicidad que tienen las mujeres para

pensar las cosas, Olgui propone alquilar una casa y empezar con esa tarea. Era el ’97 y

empezó siendo eso: una casa para que paren las mamás y sus pibes, que son las principales

víctimas de la violencia, y con la marcha fuimos viendo lo complejo de la cuestión. Cuando

la policía se dio cuenta de que había un lugar donde mandarlos, empezó a crecer y,

también, a complicarse. Como todo, arrancás con gran voluntarismo y poca organización, y

hasta con un toque de omnipotencia. Como que todo lo vas a poder hacer bien, que todo lo

sabés. Y no es así. Después la realidad, te baja esos humos de una patada, pero por suerte,

nunca las ganas. Fuimos aprendiendo sobre la marcha. Fuimos haciendo una metodología

de trabajo, para ser más útiles. Fuimos dándonos cuenta de muchas cosas simples, que

creíamos saber, pero que en realidad no sabíamos. Por ejemplo, la casa que es abierta debía

ser más secreta y oculta que todas. No debía saberse su dirección o que la policía te

mandara gente como si nada, porque atrás venía el marido golpeador y le volvía a pegar a

esa mujer y a las demás personas. Ahí tuvimos que aprender otras cuestiones y ver que una

cosa es el refugio, la residencia para las mujeres y sus hijos, su nuevo hogar reservado, y

otra cosa debía ser un domicilio legal y público, para que los nuevos casos se acerquen. Eso

hubo que armarlo, aprender a que nadie derive directamente, sino que haya un contacto

telefónico previo. Darnos cuenta de que esto no es un hogar de menores, sino de personas

mayores con sus hijos menores. Y eso lleva a una problemática distinta, con una decisión a

adoptar, si así lo decide, de tomar la Patria Potestad de sus chicos, de volver a pensar que

tiene una vida por vivir, junto a su hijo. Una persona violentada está asustada y nunca

puede tomar decisiones. Hay que esperarla, acompañarla, bajar el dramatismo, saber

escucharla. El refugio no es el lugar ideal, tiene que entender que es el último lugar para

llegar, luego de agotar otras instancias y que, una vez adentro, es sólo un sitio de paso antes

de iniciar otra vida. Cuando empezamos, casi todos los casos terminaban con la mujer y su

hijo adentro, y ahora sólo los menos. En esos instantes te transmiten mucha angustia, y

nuestra tarea es bajarla, sacar la indignación y la desesperación del medio. Escuchar mucho

a la persona y no llevarla a hacer más de lo que en ese momento puede. Una mujer

golpeada no hace lo que quiere, sólo hace lo que puede y nuestra primer tarea es respetarla.

-¿Cómo está hoy Maria Pueblo?

-Con el tiempo se ha transformado en una de las instituciones más valoradas del país.

Hemos atendido ya miles de casos, y hoy recibimos contactos de los más variados lugares.

El teléfono suena y hay casos que atendemos no sólo en La Plata, Berisso o Ensenada, sino

también de Capital, Brandsen, Cañuelas o Chascomús, o de Benito Juárez, Bahía Blanca o

Mar del Plata. Insisto, atendemos a todas las mujeres y todas bajo dos premisas: una, que

muy pocas terminarán ingresando a vivir en el refugio; la otra, que si ingresa lo hace para

irse pronto. Cuida su vida y la de su hijo, carga pilas, aprende su nueva situación y empieza

nuevamente a vivir.

-¿Trabajan en la prevención?

-Es el otro gran eje de nuestra tarea. Hay que romper con esa idea de sociedad patriarcal,

que lleva a que te digan cuándo intervenís: “¿Quién es Ud. para meterse en mi vida

privada?”. Ahí todos debemos entender que en cada casa uno puede hacer lo que quiera,

mientras el otro esté de acuerdo, sino ya está violando una ley y el tema pasa a ser público.

Maria Pueblo tiene un equipo de prevención que recorre lugares y habla con la gente, en

especial con los jóvenes. Este es un tema a trabajar en el largo plazo. Hay que cambiar esas

pautas culturales que al hombre lo llevan a creerse el dueño de su familia. En los talleres,

con los pibes, se dan cosas curiosas, porque ellos dicen lo que piensan, lo que traen de sus

familias. El otro día preguntamos “¿qué pasa si en la escuela un pibe le pega a la novia?” y

uno dijo que “estaba pésimo porque ni siquiera se habían casado”. ¡Clarito. Ahí estaba el

concepto de propiedad que se ve en el matrimonio! Eso hay que modificarlo. Esa es una

tarea fundamental. Otra: no metemos con el modelo hombre-mujer, y la mayoría de las

chicas propone para las mujeres tareas hogareñas o referidas a la atención del marido.

Todos esos modelos, de unos y otras, pueden llevar luego a la violencia familiar, al

concepto de sometimiento. Ahí hay que trabajar para el futuro. Hoy, socorriendo a las

mujeres violentadas, mañana tratando de construir otra sociedad.

-¿Cómo se mezcla la música en todo esto?

-Siempre está el canto y la guitarra. Y el compartir. Es que se trata de sentir alegría por

estar haciendo algo bueno. Uno no sabe si va a lograr lo que busca, pero sabe que lo estás

haciendo, estás yendo… Estás haciendo algo por los demás, pero también por vos. Ahí

notás que los seres humanos somos algo, porque está el otro al lado. Si no fuera así no

habría razón de ser. La verdad aparece cuando notás al otro. Y cuando lo hacés en medio de

situaciones dolorosas y podés darle una mano, no podés menos que festejar, que reír, que

cantar. Carlitos contaba siempre que la gente le decía “estás bárbaro, siempre sonriente, no

te pasan los años”, como si esperara encontrarlo hecho un desastre por convivir tanto con el

sufrimiento. Y él les decía: “Es que yo soy muy feliz por lo que hago”... Siempre lo hacía

sentir después de cada larga jornada y siempre aparecía un momento para estar juntos y

cantar algo. Yo ya venía tocando la guitarra y cantando, pero creo que en esos tiempos

terminé de incluirla en cada día. Surgía todo naturalmente. Por ejemplo, la Marcha de los

Chicos del Pueblo era una canción que a mí no me gustaba demasiado y que hacía como

ocho meses que la tenía por ahí. Una noche, en una guitarreada que se armó en el Hogar,

me decidí a mostrarla y Cajade me cortó en el medio, gritando que esa debía ser la marcha

de todo el movimiento. Me pidió que la grabara y lo hice poco después con Cachito Machi.

La terminamos de grabar pocas horas antes de un Encuentro Nacional de Educadores

Populares en el estadio Mundialista de Mar del Plata; le di los casetes a Cajade en la

entrada; a los pocos minutos ya estaba en los altoparlantes y miles de personas, llegadas

desde Ushuaia hasta La Quiaca, se pararon y empezaron a corearla. Una canción los estaba

juntando a todos. Fue muy representativo de lo que significa la música. Para mi fue una de

las sensaciones más fuertes que tuve en la vida, me fui a caminar hasta el estacionamiento,

me puse a llorar solo... Me trajo a la realidad un milico que me quería llevar en cana porque

pensaba que me estaba robando algún auto. ¡Qué querés que le explique, que estaba

llorando porque todos cantaban mi canción!

-“Adentros” es tu último CD. ¿Cuánto tiene de Carlitos?

-Salió poco antes de la enfermedad y Cajade fue el primero que lo escuchó, porque le quise

mostrar lo que habíamos armado con un grupo de amigos, como Jorge Leguizamón, Martín

Raninqueo, Oscar Simiani y el propio Machi. Yo creo que el que sí está totalmente

impregnado por la militancia junto a Carlitos es “Aprender a Dar”, que fue el primero y que

lo hicimos a mediados de 2003. Allí está la Marcha y también “La Vida se hace Fruto”, que

es una letra hecha por él y en la que participa de la grabación cantando conmigo. Esa es la

que hoy ponemos en todos los actos. Aquel CD cobró un enorme auge, con miles de copias,

precisamente por su relación con lo social. La marchita terminó con versiones en Brasil,

Cuba y otros muchos países del continente, para luego terminar en España. Son esas cosas

misteriosas que tiene la música. Es como que adquiere vida propia, más allá del autor o del

intérprete. Miles de personas la hacen suya y ni siquiera saben quién la escribió. Camina

más allá de uno. Vas al Sur, vas al Norte y la cantan. En aquella fenomenal marcha de La

Quiaca a Buenos Aires, más de 15 personas la cantaron en el cierre en Plaza de Mayo…

Pero, volviendo a “Adentros”, hay una persona que es fundamental en todo esto de que

ahora haya miles de placas recorriendo Europa: Manuel Zaguirre, el Manolo que figura en

una canción: es un gallego militante de la vida, presidente de la Unión Sindical Obrera de

España, un tipo sensible, honesto, que nos viene dando una mano bárbara. “Adentros” es un

trabajo que se hizo para representar a la Argentina en el décimo aniversario de

SOTERMUN (Solidaridad con los Trabajadores del Tercer Mundo), que es una

organización mundial que respalda a emprendimiento sociales en países empobrecidos. A

través del contacto, lo conoció a Carlitos y aún hoy no para de colaborar con la Obra.

-¿Ahora sí hay un proyecto musical puramente para Cajade?

-Sí, estoy trabajando en eso. Es más que un homenaje... Es estar otra vez juntos a través de

la música. La idea es darle forma musical a muchas letras que escribió Carlitos. Él escribía

mucho, de todo tipo de cosas, y hay textos que quiero hacerlos canción. Hay cosas sociales,

políticas, religiosas, de todo. Y además, hay muchas grabaciones con su palabra, con su

voz. Y en todas ellas, Carlitos es muy claro en las cosas que dice. Muy profundo. En

especial en la última etapa de su vida, fue más claro, más sencillo y más profundo todavía.

Él, por ejemplo decía, poniendo a la Negri como bandera: “Todos los que tomen decisiones

que le hagan bien a la Negri, son mis amigos, y todos los otros serán mis enemigos”.

Bueno, de líneas así de pensamiento hay mucho, escrito y grabado. La idea es poder armar

ese tipo de cosas, mezclando música y canciones. Escuchar su voz, su mensaje, su idea.

Estaría bueno que en cada casa siga estando Cajade a través de la música. Como dijimos,

estas cosas formaban parte de su vida y nos deben seguir acompañando a todos. La música

y la alegría de su militancia…



MARCHA DE LOS CHICOS DEL PUEBLO

(Letra y música: Darío Witt)

(comienza con palabras de Evita)

“…yo sé que Uds. recogerán mi nombre

Y lo llevarán como bandera a la victoria…”



Llegan…llegan cantando

Llegan…llegan soñando

Son chicos del pueblo…

Quieren vivir…



Llegan…llegan cantando

Llegan…van despertando

Son chicos del pueblo…

Quieren vivir…



Defender la alegría

Defender el amor

Les cuesta la vida

Sí, señor…



Llegan…llegan cantando

Llegan…llegan luchando

Son chicos del pueblo…

Quieren vivir…



Llegan…llegan cantando

Llegan…te están llamando

Son chicos del pueblo…

Quieren vivir…



Los pibes son la vida

Son los ojos de Dios

Son la mano tendida

Al amor…



Llegan…llegan marchando

Llegan…se van sumando

Son chicos del pueblo…

Quieren vivir…



Son chicos del pueblo…

Queremos vivir…



Son chicos del pueblo…

Queremos vivir…

Somos chicos del pueblo

Queremos vivir…

“¡Queremos un país más justo!..¡Che, queremos vivir!” (gritan los pibes)



(La canción “Marcha de los Chicos del Pueblo” tiene versiones en Argentina, Uruguay,

Brasil, Cuba y Francia. Además fue la música original de dos película filmadas en nuestro

país)

LA VIDA SE HACE FRUTO

(Letra: Carlos Cajade. Música: Darío Witt)

(comienza hablando Carlitos Cajade y luego la cantan juntos)

“La vida es un milagro de amor. El amor es siempre un misterio. Muchas cosas me

motivaron para hacer esta canción: una es el agradecimiento a la vida y la otra fue

preocupación para que todos los seres humanos puedan llegar a disfrutar de la vida. Igual,

más allá de los problemas, las tormentas y las desilusiones, sabemos que la vida es un

misterio de amor)



A veces primavera, a punto de estallar

En flores y en racimos, en verde y manantial

A veces es invierno y duro temporal

La savia va por dentro

Circula en soledad



La vida es un misterio

De sol y oscuridad

La vida se hace fruto

Cuando la regalás



La vida es un misterio

De sol y oscuridad

La vida se hace fruto

Si la das…



A veces es un canto

Muy tierno a la amistad

Estalla en emociones

Y abrazo fraternal



A veces te lastima

Con la desilusión

Siempre una mano amiga

Te sana el corazón



La vida es un misterio

De amor y de amistad

La vida se hace fruto

Cuando la regalás



La vida es un misterio

De amor y de amistad

La vida se hace fruto

Si la das…



La vida es generosa

Y nos regala el pan

En frutos abundantes

Para la humanidad



Cuando por hambre un niño

No puede ver la luz

El cosmos se conmueve

Lo mismo que Jesús



La vida es un misterio

Que clama dignidad

La vida se hace fruto

Cuando la regalás



La vida es un misterio

Que clama Navidad

La vida se hace fruto

Si la das…



La vida se hace fruto

Si la das…



Bien público, pero muy reservado

Aunque suene a contradictorio, “Maria Pueblo” es un a organización que necesita estar muy

difundida, pero, al mismo tiempo, no en demasía para poder seguir actuando de manera

reservada. Casi secreta. Las mujeres sometidas a situaciones de violencia familiar, deben

saber que es un sitio en el que las están esperando y que el problema personal que están

dispuesta a confesar no saldrá de cuatro paredes. Como forma de contactarse sólo aparecen

cuatro números telefónicos:

451-8544

452-2264

453-5050

453-4718

Por otra parte, esos números también deben ser consignados por todas aquellas personas

dispuestas a dar una mano. ¿Cómo? Donando aquellos elementos útiles para quienes, al

salir del refugio, necesitan armar una casa nueva, para una vida nueva: materiales de

construcción, muebles, colchones, sábanas, vajilla, ropas para bebés, cunas, cochecitos,

útiles escolares...


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