Los estudios sobre seguimiento de egresados en los procesos
de mejora continua de la actividad universitaria
Monterrey, México (16 de marzo de 2005)
Carlos Mario Lopera Palacio, Director General de Extensión
de la UNIVERSIDAD CATÓLICA DE COLOMBIA, en el marco
del Seminario para Funcionarios Universitarios y Gubernamentales sobre
Seguimiento de Egresados, de la RED GRADUAD2
Referentes de la presentación: Las consideraciones que aquí se presentan
parten de la experiencia de la Universidad Católica de Colombia, institución
privada, de naturaleza laica, con 26 mil egresados en ocho programas de
pregrado y posgrado en 35 años de existencia. El análisis sobre la manera como
el trabajo con egresados debe incidir en la mejora continua de la actividad
universitaria y de la misma universidad, recoge la experiencia de su programa de
seguimiento de egresados sumada a la del sistema colombiano de educación
superior, mayoritariamente privado (70% de instituciones y de matrícula), sin
patrocinio –subsidio- alguno de parte del Estado, y que en la última década ha
venido demandando exigentes procesos de autoevaluación y acreditación de alta
calidad, en los cuales el tema de egresados ha pasado a constituirse en un
referente obligado de calidad.
La presentación está organizada en cuatro apartes. Inicialmente se hace una
reflexión sobre la naturaleza del compromiso de la Universidad con sus egresados
y la relación con los estudios de seguimiento de egresados. La segunda parte
pretende mostrar acciones y mecanismos de participación de los egresados dentro
de la Universidad. La tercera sección analiza la relación entre la Universidad y el
mercado laboral y buscar comprender erróneas interpretaciones creadas en torno
de este pretendido matrimonio. Finalmente, se termina con consideraciones sobre
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algunos de los aportes que, en aras de la mejora institucional de nuestras
universidades, podemos buscar en los estudios de seguimiento de egresados que
tan diestramente han mostrado aquí mis compañeros de exposición.
I. EL COMPROMISO DE LA UNIVERSIDAD CON SUS EGRESADOS
Cuando en un escenario como éste hablamos sobre la importancia de los estudios
de seguimiento de egresados, tendemos a tratar el tema como una respuesta de
la Universidad para saber en dónde están sus exalumnos, cuál es el nivel de
relación entre el entorno académico y social en el que se mueven y en los que
fueron formados, de qué manera las universidades pueden contribuir al enganche
laboral de los egresados, y por qué no, a buscar ingresos adicionales a través de
nuevas matrículas para posgrados y cursos de formación permanente, entre otros.
Esta presentación se ubica en otro plano de la responsabilidad del trabajo con los
egresados: Más desde la óptica de la Universidad que la del egresado. Aquí las
preguntas cambian: No es quiénes son, en dónde están, en qué laboran nuestros
egresados y qué podemos hacer por ellos, sino ¿cómo puede la universidad sacar
mejor provecho de sus egresados para mejorar internamente, para replantear la
efectividad de su misión, la coherencia de su discurso formativo, la orientación de
sus planes de estudio, y su comprensión real del medio social en que actúa?. En
otras palabras, cómo puede la Universidad llevar la identidad que le significa su
misión y la especificidad de su acto educativo a la vida viva de la sociedad?
Para ello se parte de una sencilla premisa que podría ser paradójica: Los
egresados no son la Universidad, pero la Universidad sí son sus egresados, o no
puede existir sin sus egresados.
Pretender que los egresados sean la Universidad representa una visión
incompleta y no es justo responsabilizarlos a ellos con el peso de la institución
universitaria, porque ellos tan sólo vivieron un momento de la historia de la
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Universidad, y porque más allá de su título carecen de la suficiente experiencia
para hablar o defender a una institución que apenas les representó una etapa de
sus vidas. En cambio, dentro de este pensar es más significativo y también
comprometedor, considerar que la Universidad sí son sus egresados porque,
quiérase o no, e incluso para algunos pueda parecer inapropiado el término, los
egresados son el “único producto”, o realidad, medible, concreta y real del obrar
de la Universidad. Si bien un solo egresado no representa toda la Universidad, un
grupo de egresados sí refleja el espíritu y el estilo de la institución en que se
formaron. La ceremonia de graduación, como acto simbólico, transmite toda una
carga emotiva, social y académica que representa la entrega a la sociedad de
nuevos profesionales avalados plenamente por la Universidad. Aquí la historia se
olvida, las calificaciones también. Detrás del calificativo de Egresado está el
nombre de una institución que dice públicamente que ese egresado cumple con
los referentes básicos de calidad exigidos por dicha universidad.
Así, no es el egresado el que pasa por la universidad, es la universidad la que
pasa por el egresado. En los egresados está impreso el talante institucional, y son
ellos quienes pueden afirmar si nuestras decoradas declaraciones de misión y
visión son apropiadas; ellos son jueces de la Universidad. En su diario acontecer
laboral y profesional, dan un veredicto sobre si la opción curricular, o énfasis
disciplinar de su profesión, es coherente con la realidad, y si la cultura académica,
el bienestar, el compartir con compañeros y docentes les ayudaron a armonizar un
proyecto de vida personal, familiar, social, espiritual y económico, a partir de la
toma de posición sobre una visión del mundo, la estima personal y la planeación
de vida que les inculcaron en la Universidad.
Este razonamiento nos conduce a otro: El compromiso de la universidad es con el
estudiante, más que con el egresado. Parece un juego de palabras, pero si la
Universidad considera a todo aquel que pasa por sus aulas como estudiante, por
toda la vida, si su plan de formación es coherente en todos los aspectos, si hay
preocupación real por formar en lo humano, en lo académico, en lo familiar, en lo
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espiritual, en lo social, en lo económico y en lo empresarial, sencillamente el
egresado es alguien que hace una pausa en su proceso formativo en tanto
regresa, nuevamente como estudiante, profesor, padre de familia o patrocinador, a
su “madre nutricia” o Alma Máter, porque aprecia que la institución le ha entregado
calidad, le ha mostrado que puede regresar allí a continuar su formación
permanente y, lo más importante, le ha señalado que tiene un compromiso con la
comunidad que puede manifestar retornando a la sociedad, a través de su
universidad, la confianza que ésta (la sociedad) depositó en él. Según las “teorías
del capital humano, el egresado ha pasado de ser el profesional con
conocimientos técnicos, a ser una persona en medio de relaciones sociales y de
intereses. Por tanto, un egresado tendrá que responder no sólo por el desempeño
de sus tareas profesionales, sino que –al reconocerse como parte de una
sociedad- deberá responder por sus intereses políticos, sociales o de estatus y
hacerlos coherentes con las decisiones de política y de desarrollo”1.
En últimas, el “negocio” de nuestras instituciones, si se me permite el término, es
perfilar personas que demandan un conocimiento para vivir en el mundo externo, y
no estructurar procesos de seguimiento y alianzas con egresados que, a partir del
momento de su graduación, salvo afectos especiales, dejan de estar bajo la
protección de sus maestros.
No obstante, desde esta óptica aparece otra premisa también de carácter
paradójico: El trabajo con los egresados comienza desde mucho antes del grado…
porque el egresado, es de por sí un producto, y pretencioso es querer mejorar un
regalo únicamente en su empaque. Cuando el estudiante recibe calidad, es muy
probable que su regreso como egresado se dé por cuenta propia y no atraído por
programas promocionales y ganchos publicitarios. El egresado es una persona
con suficiente criterio para calificar la comunidad y la formación que recibió
1
La referencia es tomada del estudio Los egresados y la calidad de la Universidad
EAFIT, (Medellín – Colombia) realizado en 2002, por la Oficina de Planeación Integral. La
alusión a las teorías del Capital Humano son tomadas de Gary Becker (1964) A theoretical
and empirical analisys with special reference to education, y Acemoglu (1996) A
microfundation for social incresing returnos in human capital accumulation
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durante varios años. Es un promotor de la Universidad, pero también su juez. El
retorno del egresado a la Universidad se da por afecto, agradecimiento o
convencimiento real de la calidad recibida, no más. En la óptica de hoy, excepto
que los beneficios o ganchos publicitarios que emplee la institución sean lo
suficientemente llamativos (como por ejemplo, descuentos significativos en
matrículas de posgrados u otros pregrados, o en nuestro entorno las alianzas
comerciales que intermedia la Universidad, o sus asociaciones de egresados, para
trasladar descuentos en adquisición de bienes y servicios), el egresado
difícilmente responderá las encuestas y llamados de su Universidad.
Los estudios de seguimiento de egresados, además de costosos, de impacto
momentáneo, urgente aplicación e inmediata desactualización, representan un
verdadero activismo si no están relacionados con programas concretos y
respuestas efectivas de todas las instancias de la Universidad que intervienen en
el proceso formativo. Cuando estos estudios están aislados del proyecto educativo
y de la planeación institucional, cuando están a cargo únicamente de una
dependencia, generalmente de carácter central y ajena al programa de egreso de
los estudiantes, cuando están aislados del proceso de selección, reconocimiento y
acompañamiento del estudiante durante su avance académico, cuando son vistos
únicamente como una estrategia de mercadeo para reactivar la demanda, o se
ordenan como respuesta a un requerimiento legal estatal, terminan convirtiéndose
en un desarrollo improductivo y de difícil control, en bases de datos
desactualizadas y en la creación de una falsa expectativa ante egresados que con
estos cuestionarios, entrevistas y sondeos esperan o se ilusionan con algo más de
su universidad. Independientemente de la naturaleza académica y autonomía, la
figura del Egresado debe estar considerado desde la propia misión y génesis
educativa de la institución.
En este orden de ideas, internamente los estudios de seguimiento de egresados
pierden su sentido cuando en la Universidad hay indefinición sobre qué puede
ofrecer, qué espera de sus egresados y cómo desea que sus egresados se
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muestren ante la sociedad. No tener claridad en el mensaje, ni capacidad de
respuesta inmediata a las preguntas del egresado, alimenta las inquietudes de
ellos y desaprovecha, incluso publicitariamente, el corto instante de contacto entre
la Universidad y el egresado.
La naturaleza del trabajo con egresados debe beneficiar tanto a la Universidad
como a los egresados y, por qué no, su familia. Como diría Steven Covey, debe
ser una relación gana-gana. Es lesivo cuando el egresado se siente utilizado,
cuando su nombre es promocionado sin haber sido consultado, cuando no
encuentra respuesta a sus observaciones o cuando se ve utilizado para diligenciar
extensos cuestionarios sobre los que no ve utilidad directa para él. La relación
debe basarse en la constante comunicación soportada en la confianza. Cuando el
egresado ve acercamiento y confianza desde y hacia su universidad, comprenderá
que, más allá de los errores, la institución en la que se formó es una comunidad
humana que espera su aporte en la búsqueda de soluciones, porque puede
continuar opinando como egresado, porque puede retornar a formarse a su casa
de estudios, y porque su familia puede encontrar allí la formación deseada.
Es el egresado quien mayoritariamente recomienda nuevos estudiantes (según
estudios de las mismas universidades, en nuestro país el principal motivo que
determina la selección de una universidad y un programa por parte de los
aspirantes –en más del 50%- lo constituye la recomendación de los mismos
egresados; en nuestro caso es el 74%); es el egresado quien laboralmente
primero piensa en su universidad cuando tiene oportunidad de contratar
capacitación, consultoría o investigación, y es el egresado el primer llamado a
dinamizar con su práctica profesional, la fundamentación teórica de la disciplina a
través de la docencia y la investigación. Por esto, porque oxigena la academia,
porque alimenta la imagen y la opinión pública de la Universidad y porque
contribuye con las finanzas de la institución, vía matrículas, alianzas o donaciones,
el trabajo con egresados en la educación superior no puede ser un formalismo en
la Universidad.
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II. LOS EGRESADOS DENTRO DE LA UNIVERSIDAD
Estos planteamientos nos dan paso a la reflexión práctica sobre cómo puede la
Universidad obtener mejor provecho de la experiencia de sus egresados en sus
procesos de mejora institucional, tal y como ha sido identificada esta ponencia. Y
como el término “mejora institucional” cubre todo el ámbito universitario, bien vale
decir que el aporte de los egresados es indispensable para la actualización y
mejora de las funciones sustantivas de la Docencia, la Investigación y la
Extensión, así como el fortalecimiento del Gobierno y la Gestión de una institución
que, por naturaleza e historia, es de carácter colegiado. Mejor pudiéramos decir
que no habría campo de la vida universitaria vedado para la participación de sus
egresados.
Son los egresados de todo orden: los conformes e inconformes, los recientes y
antiguos, los de diversos planes de estudio y generaciones, y ojalá los no
vinculados como docentes o funcionarios administrativos de la Universidad,
quienes desde fuera, pueden dar una luz a profesores, decanos y directivos. No es
fácil reconocer esto en nuestras universidades, en donde las culturas académicas
son tan reacias al cambio y la aceptación de versiones diferentes a las
académicas. Es claro también que los egresados, por derecho propio, deberían
participar en la vida de su universidad, pero esto no significa que cualquiera lo
pueda hacer. La Vida Universitaria es exigente, demanda actualización, habilidad
para interactuar con otras visiones del mundo, vocación y servicio desinteresado, y
estas son condiciones que no reúnen todos los egresados.
Los egresados dentro de la Universidad deben contribuir a:
a) Reflexionar si la Institución hace realidad su ideología formativa o PEI
b) Asegurar que la opción curricular de los planes de estudio sea pertinente, y
que las reformas de estos efectivamente correspondan o den respuesta a los
avances del conocimiento y las deficiencias y necesidades del entorno.
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c) Orientar las estrategias de acercamiento a otros egresados, así como el diseño
de posgrados y programas de formación permanente
d) Ayudar a abrir las puertas de la empresa y del sector productivo a los
desarrollos de ciencia y tecnología de la Universidad
e) Participar activamente en los órganos de gobierno
Llegamos a otra paradoja: Los egresados no son un pasado en la Institución; más
que los mismos estudiantes, reflejan la realidad y el presente de la Universidad.
Son la Universidad afuera. Esta antinomia enfrenta a la Universidad a un nuevo
reto: generar espacios de vida académica más allá de las aulas, y garantizar la
actualización permanente de sus egresados, pues es en la confrontación y
evaluación crítica de la formación de sus egresados en donde la Universidad
encuentra un sólido proceso de autoevaluación institucional2.
Allí está un camino explícito para la mejora institucional. En Colombia, desde hace
ya tres años, han tomado forma y carácter obligatorio para los alumnos de último
año, la aplicación de los ECAES o Exámenes de Calidad de la Educación Superior
(similares a los EGEL o Exámenes Generales para el Egreso de la Licenciatura,
en México), que buscan medir la calidad de los egresados de todos los programas.
Los resultados de estos exámenes, públicos y comparables, están creando una
nueva dinámica en la responsabilidad de la Universidad con sus egresados, y del
trato que la institución le dé a esta depende en gran parte la amistad posterior
entre los egresados y su universidad. Una exitosa asociación o red de egresados
2
“Un ejemplo interesante de la voluntad de cambiar y adaptarse al cambio de forma
consistente lo da la Universidad de Florida del Sur en Tampa, una de las universidades
públicas relativamente jóvenes en los EE.UU. El Departamento de Ingeniería ofrece a sus
graduados una garantía por cinco años tal y como lo ofrecería una tienda a cualquier
producto manufacturado. Si en cualquier momento durante los cinco años inmediatos a la
graduación, el egresado requiere aplicar habilidades o conocimientos en su trabajo en los
cuales no fue capacitado o entrenado durante sus estudios en la universidad, puede
matricularse sin costo alguno para recibir la capacitación requerida”. Salmi, Jamil.
Enfrentando los Retos del Siglo XXI
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debe ser juez y confrontar rigurosamente la calidad que recibieron y que ahora
pueden comparar con criterios objetivos.
Porque son los egresados quienes de una manera honesta y en confianza pueden
indicarle a su universidad los puntos débiles del programa y la institución. En
Colombia tenemos un refrán en el sentido de que los egresados no patean la
“lonchera”, para referirse a que los profesionales no hablan mal de su universidad,
porque hacerlo les conlleva a desacreditarse a sí mismos. Esta situación debe
considerarla la Universidad, para que sea en su interior en donde hable el
egresado, pero no sólo el egresado que labora en la misma Institución o está muy
agradecido con ella. Las universidades debemos recoger aquel principio del
entorno empresarial, heredado en los programas de servicio al cliente, según el
cual una queja que nos transmiten adecuadamente y a tiempo es un regalo. Por lo
mismo, debemos darle suficiente confianza a todos los egresados para que se
manifiesten, y mejor aún si son aquellos egresados que nunca responden
encuestas porque “no quieren saber más de su universidad”. El egresado tiene
pleno derecho a estar informado sobre indicadores de logro de su programa, que
le permitan sentirse orgulloso de su institución. Una Universidad que no refleje
avances en cantidad, impacto y calidad de sus programas, difícilmente logrará el
retorno de sus egresados y, por el contrario, tenderá a desvanecerse socialmente.
La Universidad no puede desentenderse de la actualización, pertinencia y
competencias de sus egresados. De la solvencia profesional de los egresados
depende la imagen propia y la de la universidad. “Cuando la calidad es alta, el
mercado profesional comenzará a demandar más servicios y más productos
(egresados) de la universidad; las empresas entregarán parte de los beneficios,
que obtienen por contratar empleados con buena formación, a la universidad, bajo
la forma de reconocimiento, demandando egresados de la universidad con
calidad… porque se ha constatado una alta correlación entre el ranking del
programa académico y la aceptación laboral de los egresados; en estudios sobre
el tema, Barbezat (1992), McMillen y Singell (1994), hallaron que los candidatos
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provenientes de los programas mejor calificados, tenían mayor probabilidad de
encontrar un empleo”3. En ese orden de ideas, egresados atraen nuevos
estudiantes: egresados sobresalientes convocan estudiantes meritorios para
primer curso, en tanto que egresados de bajo perfil atraen estudiantes de bajo
nivel.
Son variadas y ya tradicionales las formas de participación de los egresados
dentro de la Universidad.
Egresados como docentes
Egresados como investigadores
Egresados en programas de extensión o servicio
Egresados en la administración de la universidad
Egresados en los órganos colegiados
Otras formas de participación
Muchas instituciones erróneamente buscan minimizar esta participación,
probablemente para evitar testigos u otros protagonistas en su toma de
decisiones, en tanto que otras se exceden en abrir las puertas de la academia a
sus egresados. Ambos extremos deslegitiman esta participación.
1) Egresados como docentes: Como en una carrera de relevos, los egresados de
la misma Universidad en la docencia reciben el listón con la herencia
pedagógica de sus maestros y el reto de continuar el proyecto de formación.
No obstante comprendan la idiosincrasia de la Universidad y el nivel de
exigencia de la misma, en algunos casos, representan para la institución
docencia de bajo costo, especialmente cuando es labor desarrollada
3
Los egresados y la calidad de la Universidad EAFIT, (Medellín – Colombia) realizado en
2002, por la Oficina de Planeación Integral. La alusión a las teorías del Capital Humano
son tomadas de Stock, Wendy y Alston, Richard, Effect of Graduated Program Rank on
Succes in the Job Market. Journal of Economic Education. Pg. 389. 2.000
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egresados de recién graduación. Para evitar la endogamia4 y, por qué no, la
mediocridad, esta docencia debe ser desarrollada por egresados con
experiencia profesional en el área de enseñanza y formación pedagógica.
2) Egresados como investigadores: Representan un contrasentido cuando la
vocación misional de la universidad no es explíctamente la investigación. Lo
mínimo que se demanda para estos egresados es formación posgradual en
maestría antes de ser identificados como investigadores.
3) Egresados en programas de extensión o servicio: La extensión representa una
interesante salida no sólo para la consecución de nuevos recursos, sino
también para incentivar nuevas líneas académicas con el aporte de los
egresados. Aquí se requiere identificar la pertinencia, calidad y hoja de vida de
los mejores egresados para ofertar servicios y trabajar en equipo con los
profesores.
4) Egresados en la administración de la universidad: Sin quererlo, esta es una de
las principales causales de la reactividad y estacionamiento de la gestión
universitaria. Ante la ausencia de rigor y programas de formación para
directivos universitarios, los propios egresados que ascienden a estos niveles
difícilmente mejoran la administración y, ante su inexperiencia y referentes
universitarios externos, generan un ambiente de “más de lo mismo”.
5) Egresados en los órganos colegiados: En la más pura esencia de la
Universidad, es deseable y necesaria la participación de los egresados en los
Consejos o Comités de Facultad o Programa, y en los Consejos Académico y
Directivo o Superior. Al respecto se presentan consideraciones sobre cómo
debe darse esta participación:
4
Al respecto, véase. “El análisis de la Educacìón Superior en México mediante la teoría del
caos”, de Alvaro Marín Marín, en http://fuentes.csh.udg.mx/CUCSH/Sincronia/caos.htm
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a) que el egresado que participe en los cuerpos colegiados tenga real
autonomía e independencia para opinar y actuar, por lo que no es
recomendable que esta dignidad sea ocupada por un profesor,
administrativo u otro egresado que tenga algún vínculo –especialmente
laboral- con el programa o la universidad;
b) que sea elegido dentro de un verdadero proceso participativo, en donde
haya una significativa representación de generaciones y promociones de
egresados y, ojalá, sean consultados aquellos egresados que
tradicionalmente muestran apatía. Esto significa también que no sea un
egresado “elegido a dedo” por los decanos o rectores;
c) que tenga convocatoria y representatividad; el egresado no tiene que ser
popular, mas sí reconocido por un significativo número de egresados,
quienes deberían conocer de su labor profesional, sus reales intenciones en
el cuerpo colegiado, sus aportes propuestos para la Universidad y su
interés académico y afectivo, más que personal o laboral, para estar en
dicha posición.
d) Que reciba una inducción sobre gobierno y gestión de la Universidad:
generalmente, el egresado que tiene asiento en un Consejo Directivo tiene
como referente lo que él quisiera que fuera la Universidad en la que
estudió, o que se administrara como se gerencian las empresas
comerciales que él conoce. Pero la realidad cultural y política de las
instituciones de educación superior es totalmente diferente, y la dinámica
del cambio, los procesos de toma y oficialización de decisiones, la
capacidad de respuesta y los núcleos de poder que giran en torno de la
universidad como “anarquía organizada”, u organizaciones flojamente
acopladas, son más determinantes que los mismos rigurosos procesos
técnicos y las políticas de administración.
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e) Que rinda cuentas; ¿a quién rinde cuentas el egresado que habla a nombre
de todo el colectivo en un cuerpo colegiado? ¿la Universidad facilita medios
y mecanismos de difusión de la gestión del representante de los egresados
para con sus representados? ¿con base en qué se evalúa su gestión como
representante de los egresados? En la medida en que la comunidad de
egresados se sienta participada y consultada al respecto, la universidad
hallará menos obstáculos en la comunicación con sus egresados5.
6) Otras formas de participación: Las que a continuación se enumeran no reflejan
la diversidad de las empleadas por los aquí presentes para incentivar el
regreso a casa de los egresados, pero cabe destacar:
a) Grupos deportivos y culturales de egresados, que incentiven la sana
competencia con estudiantes, profesores y administrativos
b) Conferencias y páneles con egresados, que permitan intercambiar ideas
con estudiantes
c) Promoción entre la comunidad académica de los premios, logros y
reconocimientos que obtienen los egresados distinguidos de la
Universidad, previa consulta a ellos sobre esta publicidad. Al respecto, la
Institución cuidar de no aprovecharse del prestigio profesional de sus
egresados, más aún cuando los logros de ellos no siempre están
fundamentados en la formación recibida en la universidad sino por
experiencias distintas o formación complementaria de pregrado o posgrado
en otra institución.
5
VÍCTOR MANUEL GÓMEZ, en Gobierno y gobernabilidad en las universidades
públicas”. Universidad Nacional de Colombia, 2004, reflexiona al respecto: “¿A quiénes
realmente ‘representan’ los representantes de egresados y exrectores? ¿Conforman los
egresados un grupo orgánico, organizado, coherente, con visión holística y de futuro sobre la
universidad, y con derecho legítimo de participación en el máximo órgano de gobierno? ¿No
debería su función ser, más bien, consultiva y propositiva en lugar de decisoria? ¿Cómo se
eligen los ‘representantes’ de este cuerpo o grupo; tal vez inorgánico, difuso y no
representativo? ¿Estos supuestos representantes, a quién representan? ¿A quién le rinden
cuentas de su gestion? ¿Ante quién son responsables? ¿Quién los evalúa y controla?
¿Existen mecanismos de evaluación y/o revocatoria de su gestión?”
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d) Actividades sociales y lúdicas con egresados
e) Fomento de las asociaciones de egresados como mecanismo de
comunicación entre la universidad y ellos, mas no como fin en sí mismas.
La responsabilidad de la Universidad con sus egresados no puede
delegarse en las asociaciones de egresados.
f) Programas de patrocinio, donaciones y retribución económica y social de
los egresados a su medio social y universidad: Esto es, y especialmente en
las universidades públicas, programas de becas y de apadrinamiento de
estudiantes de clases necesitadas que demandan el subsidio económico
del Estado y que los egresados pueden apoyar financieramente, retornan
así a la sociedad parte de la inversión que ella hizo en su formación.
III. UNIVERSIDAD Y EMPLEO
De otro lado, es comprensible que no todos los egresados están interesados en
regresar a la universidad; es más para algunos graduados ni siquiera es su
universidad, por la naturaleza misma del momento en que se formaron y la
experiencia vivida, inclusive no desean recordarla (por algunos de sus
compañeros, profesores, reglamento…), pero –eso sí- todos desean que la
Universidad de la que egresaron tenga prestigio, mismo que no necesariamente
es calidad– aunque internamente reconozcan que hay fallos de calidad-.
Ser egresado de una Universidad es una marca indeleble, que por mucho se
podrá ocultar mas nunca dejará de estar ahí. Es una realidad ineludible afianzada
en dos principios contradictorios: Por un lado está la realidad de una Universidad
que sedujo o enamoró estudiantes para ofrecerles un proyecto de vida amparado
en un programa académico, y de otro, la realidad de un egresado que, como
estudiante, se matriculó en la Universidad para obtener un título y emplearse, más
que para vivir el espíritu universitario. “Cuando un egresado ingresa al mercado
laboral, lleva consigo no sólo una impronta, que lo define como persona y como
profesional, sino que -como producto lleva una marca y es ésta la que será
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demandada o no por las empresas y organizaciones. Las posibilidades laborales
están condicionadas según el grado de aceptación y posicionamiento (hablando
en términos de mercadeo), de esa marca; con ella, el egresado no sólo ofrece su
capacidad de trabajo, sino todo un testimonio institucional de calidad y de imagen
en el mercado laboral6”. Tasas de desempleo de egresados por encima del
promedio, escasa demanda laboral de los egresados, o egresados ubicados
laboralmente en trabajos radicalmente opuestos a aquellas áreas en las que se
prepararon, se convierten en una Espada de Damocles para la Universidad y en
una seria advertencia sobre la calidad de su programa.
Son realidades diferentes –la académica y la laboral-, que deben articularse pero
no confundirse. Debe insistirse que no es función primaria de la Universidad ubicar
laboralmente al egresado. Sujetar los programas de seguimiento de egresados a
esta expectativa es desvirtuar la naturaleza de ambas realidades. Casos valiosos
como los de Alma Laurea, en Italia, aún son de difícil concreción en nuestro
contexto.
UNIVERSIDAD Y MERCADO LABORAL: ¿POR QUÉ CAMINOS DIFERENTES?
Entre las razones que fundamentan la división de responsabilidades y la necesaria
clarificación de los límites entre la Universidad como formadora y el mercado
laboral como contratante de mano de obra y de recurso intelectual, se pueden
señalar:
a) La Universidad forma para la vida, la familia, el conocimiento, la ciencia,
la producción, la sociedad, la reflexión y la convivencia; el mundo laboral
se fundamenta básicamente en la producción. No siempre el egresado
de la Universidad se forma para el trabajo, como no siempre el mercado
laboral busca sus trabajadores en la Universidad. Los mexicanos Gabriel
Corral, Noé Esquivel, Sergio Archundia y Juan María Parente, en su
6
Ibid, EAFIT
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escrito “¿Qué es la Universidad¨?” (Universidad Nacional Autónoma del
Estado de México 1999) afirman que “si la finalidad de una Universidad
es única y exclusivamente formar profesionistas que se relacionen única
y exclusivamente con el mercado de trabajo, entonces la vida
universitaria estará por ahora en entredicho”. El sentido primario de la
formación universitaria no es conseguir una colocación en el ámbito
laboral, sino un puesto, una ubicación como persona, en el mundo.
b) La formación universitaria tiene como referente, mas no como
fundamento, el mercado laboral. Bien señala Magdalena Fresán Orozco,
en el texto publicado por ANUIES, en México, sobre “Esquema Básico
para Estudios de Egresados en Educación Superior”, que “las
instituciones de educación superior, en cumplimiento de las funciones
que les son propias, tienen que estar abiertas y ser sensibles a todos los
sectores de la sociedad, incluyendo el sector productivo; sin embargo no
pueden ser dependientes de la dinámica propia de este sector. Las
instituciones educativas no debieran dar una respuesta automática
porque las transformaciones del mercado pueden, en ocasiones, tener
un carácter coyuntural”.
c) La naturaleza de los retornos de la inversión y externalidades en
formación superior universitaria son de índole social, en tanto que los
retornos y externalidades del mercado laboral son fundamentalmente
privados.
d) Ni la Universidad, ni el mercado laboral pueden definir conjuntamente
necesidades de recurso humano para el contexto social y nacional.
Ninguno de los dos tiene ni puede tener control de todas las variables
sociales.
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e) No existe una relación directa entre los niveles de formación, la
experiencia, la expectativa y los salarios en el mercado laboral. En este
tema la logica no opera: mayor titulación no es asimilable a mejor
remuneración. En complemento de esto, vale citar la investigación del
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, CONICET 7,
de Argentina, según el cual –en ese país, y creo que en la mayoría de
nuestros países- viene en aumento el desgaste de los graduados y
posgraduados bajo las condiciones que impone el mercado, y refuerza
la Teoría del Burnout, o síndrome de desgaste profesional (“estar
quemado)”, vinculado históricamente a los trabajadores de la salud y la
educación, y que se ha extendido a otras profesiones, y se manifiesta en
estados disfuncionales de la persona relacionados con el trabajo, por un
salario insuficiente y falta de reconocimiento en relación con las
expectativas.
f) La vivencia académica es meritocrática, la vivencia laboral es inducida.
En el mismo estudio referenciado de la ANUIES, Marco Aurelio Navarro
Leal, hace referencia a Raymond Lyons cuando afirmó que: “Los
economistas se habían hecho conscientes del hecho de que las
relaciones entre la educación y el empleo eran más complejas y que
cuando se trataba de encontrar un trabajo acorde con la preparación
académica, no sólo influía en ello una mejor educación, sino también
otros factores como la condición social y las relaciones familiares, entre
otros8”
7
El trabajo "Desgaste y posicionamiento laboral. Un estudio en graduados y posgraduados
argentinos (1987-2002)" fue publicado por Atenea, la revista académica de la Universidad
de la Marina Mercante (www.udemm.edu.ar).
8
Raymond Lyons en “Economía de la Educación” en Revista Educación, No. 40. Vol. III, 4a.
época. Consejo Nacional Técnico de la Educación. México, Abril-Junio de 1982.
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g) La universidad puede influir mas no afectar directamente el mercado
laboral; en tanto que éste sí puede afectar la imagen de la Universidad.
h) La reflexión académica y objeto de estudio disciplinar propio de la
Universidad supera la consideración básicamente práctica de la
empresa. La epistemología, el método, el impacto, la
interdisciplinariedad y la conciencia social trabajada en la academia no
parecen “útiles” en el mercado laboral, pero son la puerta para la
aparición de nuevas opciones de productividad.
Cuando el egresado considera que ha recibido de su Universidad una adecuada
formación, tiene claro que su Universidad no es una bolsa de empleo, aunque ésta
le ofrezca oportunidades laborales, porque ha comprendido que es él y no la
Universidad quien tiene como referencia el mercado laboral 9; pero sí debe
encontrar en su universidad un espacio para el diálogo, para la comprensión del
mercado laboral y la problemática de empleabilidad, para la reflexión académica,
la responsabilidad social y las opciones de actualización profesional.
Por ello es importante que la universidad se presente frente a sus alumnos como
una comunidad humana que, por lo mismo, es imperfecta pero perfectible y que
son los mismos estudiantes y egresados quienes pueden contribuir a su mejora.
IV. APORTE DE LOS ESTUDIOS DE EGRESADOS A LA MEJORA
INSTITUCIONAL
El egresado lleva sobre sí la explícita manifestación del grado de coherencia
formativa de la Universidad, auncuando la coherencia es un término absoluto. Por
lo mismo, hay efectividad institucional cuando el egresado regresa a formarse en
9
Villa Arcila, Leonardo. Curso de Economía de la Educación: Con énfasis en Educación
Superior Universidad de los Andes -Magíster en Dirección Universitaria- Bogotá, noviembre
del 2000
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otras actividades, recomienda los programas de la Institución, contrata sus
servicios y matricula a sus hijos.
Para contribuir a la mejora institucional, los estudios de seguimiento de egresados
deben permitir evaluar el aporte e impacto real de la Universidad en la sociedad;
además de la identificación, ubicación laboral y demás variables ya por todos
ustedes conocidas y tan bien presentadas aquí, también debe ayudar a apreciar
aspectos de la efectividad de la institución, como:
Si laboral y profesionalmente los egresados se desempeñan en el campo
de acción propio de la opción curricular del programa en que se formaron
(Potencialidades y restricciones)
De qué manera incide en el contexto social y laboral ser egresado de
determinada Universidad y Programa
Grado real de satisfacción de los egresados con su Universidad y con la
formación recibida. Al respecto, vale mencionar la experiencia de la
Universidad Católica de Colombia en donde tenemos un programa
denominado HELP (Habilidades Estratégicas para la Labor Profesional),
que la Universidad ofrece sin costo alguno para todos sus estudiantes de
último año, y el cual busca brindarle competencias para la búsqueda de
empleo. En dicho programa preguntamos de manera anónima a los
próximos graduandos aspectos como:
o Si con la experiencia y conocimiento adquirido en estos años, tuviera
oportunidad de volver a matricularse en el mismo programa en esta
Universidad, ¿lo haría?
o Si tuviera un hijo en edad de ingresar a Universidad, ¿lo matricularía
en esta Universidad?
o Con respecto a la formación recibida, Usted considera que el valor
de la matrícula que pagó en esta Universidad (privada), ¿es
favorable o desfavorable?
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o Con respecto a los egresados del mismo programa de otras
universidades, ¿cómo evalúa la formación recibida en esta
Universidad?
***
En síntesis, la pregunta es qué tanto escucha la universidad a sus egresados. ¿Es
este un diálogo sincero, un diálogo de sordos o un diálogo fingido?, porque, y aquí
una cruda conclusión de esta presentación, si la Universidad no está dispuesta a
escuchar a sus egresados, a implementar reformas académicas derivadas de su
experiencia, a brindarles asiento en los órganos consultivos, entonces la
Universidad como Institución social está en riesgo, y no tienen justificación los
estudios de seguimiento de egresados.
Muchas gracias,
Carlos Mario Lopera Palacio
cmlopera@ucatolica.edu.co
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