Rito Matrimonio by Oe1IGha

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									                              RITOS INICIALES




                             Oración colecta
Elija una de las siguientes fórmulas que usará el sacerdote o diácono para la
oración Colecta.
                                         1
Escucha, Señor, nuestras súplicas y protege bondadosamente la institución del
Matrimonio, a la que tú le asignaste la propagación del género humano, para
que, lo que tú has unido, con tu ayuda se conserve. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo" en la unidad del Espíritu Santo y
es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

                                       2
Dios nuestro, que al crear el género humano quisiste establecer la unión entre
el hombre y la mujer, une en la fidelidad del amor a estos hijos tuyos [N. y
N.J, que van a contraer Matrimonio, para que siempre den testimonio con su
vida del amor divino que hoy los trae a tu altar. Por nuestro Señor Jesucristo,
tu Hijo, que vve y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por
los siglos de los siglos. Amén.

                                       3
Escucha, Señor, nuestras súplicas
y derrama tu gracia sobre estos hijos tuyos [N. y N.] que hoy se unen ante tu
altar, para que se mantengan firmes en el amor que se profesan. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu
Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

                                        4
Señor, tú que con un designio maravilloso consagraste la unión conyugal para
prefigurar en ella la unión de Cristo con su Iglesia, concede a estos hijos tuyos
que realicen en su vida de esposos este designio que conocen por la fe. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

                                        5
Concede, Dios todopoderoso, a estos hijos tuyos que hoy van a unirse por el
sacramento del Matrimonio, crecer siempre en la fe que profesan y enriquecer
con sus hijos la familia fiel de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los
siglos de los siglos. Amén.
                                       6
Dios y Padre nuestro, que desde el principio del mundo has bendecido la
procreación del género humano, escucha nuestras súplicas y derrama la
abundancia de tu bendición sobre estos hijos tuyos [N. y N.] para que en su
vida matrimonial se identifiquen en el amor, tiendan al mismo fin y se ayuden
mutuamente a crecer en santidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que
vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de
los siglos. Amén.


                          LITURGIA DE LA PALABRA

La “Liturgia de la Palabra” es la segunda parte del sacramento del Matrimonio.
Está constituida, por lo general, de: PRIMERA LECTURA, SALMO
RESPONSORIAL, SEGUNDA LECTURA Y EVANGELIO.

PRIMERA LECTURA: suele tomarse del Antiguo Testamento. SEGUNDA
LECTURA: se toma siempre del Nuevo Testamento menos de los cuatro
evangelios. SALMO: se toma del libro de los Salmos del Antiguo Testamento o de
algún cántico de la Biblia. EVANGELIO: siempre se toma de cualquiera de los
cuatro evangelios: Mateo, Marcos, Lucas o Juan.

    A continuación ofrecemos un elenco de lecturas, salmos y
                          evangelios.


              LECTURAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

                                       11
Hombre y mujer los creó.
Del libro del Génesis 1, 26-28. 31

Dijo Dios: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine a los
peces del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal
que se arrastra sobre la tierra".

Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen suya lo creó; hombre y mujer los
creó.

Y los bendijo Dios y les dijo: "Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y
sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser
viviente que se mueve sobre la tierra".
Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno. Palabra de Dios.

                                      12
Serán los dos una sola carne.
Del libro del Génesis 2, 18-24

En aquel día, dijo el Señor Dios: "No es bueno que el hombre esté solo. Vaya
hacerle a alguien como él, para que lo ayude". Entonces el Señor Dios formó de
la tierra todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo, y los llevó
ante Adán para que les pusiera nombre y así todo ser viviente tuviera el
nombre puesto por Adán.

Así, pues, Adán les puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros
del cielo y a las bestias del campo; pero no hubo ningún ser semejante a Adán
para ayudarlo.

Entonces el Señor Dios hizo caer al hombre en un profundo sueño, y mientras
dormía, le sacó una costilla y cerró la carne sobre el lugar vacío. Y de la
costilla que le había sacado al hombre, Dios formó una mujer. Se la llevó al
hombre y éste exclamó:

"Ésta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne.
Ésta será llamada mujer, porque ha sido formada del hombre".

Por eso el hombre abandonará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y
serán los dos una sola carne.
Palabra de Dios.

                                      13
Con el amor de Rebeca, Isaac se consoló de la muerte de su madre.
Del libro del Génesis 24, 48-51. 58-67
En aquellos días, Eliezer, el siervo de Abraham, le dijo a Labán, hermano de
Rebeca, y a Betuel, el padre de ella:
"Bendigo al Señor, Dios de mi amo Abraham, que me ha traído por buen camino
para tomar a la hija de su hermano y llevársela al hijo de mi amo. Díganme,
pues, si por amor y lealtad a mi amo, aceptan o no, para que yo pueda actuar en
consecuencia".

Labán y Betuelle contestaron: "Todo esto lo ha dispuesto el Señor; nosotros no
podemos oponernos. Ahí está Rebeca: tómala y vete, para que sea la mujer del
hijo de tu amo, como lo ha dispuesto el Señor". Llamaron, entonces, a Rebeca y
le preguntaron si quería irse con ese hombre, y ella respondió que sí.
Así pues, despidieron a Rebeca y a su nodriza, al criado de Abraham y a sus
compañeros. Y bendijeron a Rebeca con estas palabras: "Hermana nuestra, que
tus descendientes se cuenten por millares y que conquisten las ciudades ene-
migas". Rebeca y sus compañeras montaron en los camellos y se fueron con el
criado de Abraham, encargado de llevar a Rebeca.

Isaac acababa de regresar del pozo de Lajay-Roí, pues vivía en las tierras del
sur. Una tarde Isaac andaba paseando por el campo, y al levantar la vista, vio
venir unos camellos. Cuando Rebeca lo vio, se bajó del camello y le preguntó al
criado: "¿Quién es aquel hombre que viene por el campo hacia nosotros?" El
criado le respondió: "Es mi señor". Entonces ella tomó su velo y se cubrió el
rostro.

El criado le contó a Isaac todo lo que había hecho. Isaac llevó a Rebeca a la
tienda que había sido de Sara, su madre, y la tomó por esposa y con su amor se
consoló de la muerte de su madre.
Palabra de Dios.


                                      14
Que el Señor del cielo los acompañe, tenga misericordia de ustedes y les
conceda su paz.
Del libro de Tobías 7, 6-14
En aquellos días, Ragüel besó a Tobías y entre lágrimas le dijo: "¡Que Dios te
bendiga, porque eres hijo de un padre verdaderamente bueno e irreprochable!
¡Qué gran desgracia que un hombre justo y que hacía tantas limosnas se haya
quedado ciego!" Y llorando, estrechó entre sus brazos a Tobías, hijo de su
hermano. También Edna, su esposa, y Sara, su hija, rompieron a llorar. Ragüel
los acogió cordialmente y mandó matar un carnero de su rebaño.

Después, se lavaron, se purificaron y se sentaron a la mesa. Entonces Tobías le
dijo a Rafael: "Azarías, hermano, dile a Ragüel que me dé la mano de mi
hermana Sara". Ragüel alcanzó a escucharlo y le dijo a Tobías: "Come y bebe y
descansa tranquilamente esta noche. Nadie tiene más derecho que tú,
hermano, para casarse con mi hija Sara y a nadie se la puedo yo dar sino a ti,
porque tú eres mi pariente más cercano. Pero tengo que decirte una cosa, hijo.
Se la he entregado a siete parientes nuestros y todos murieron antes de tener
relaciones con ella. Por eso, hijo, come y bebe y el Señor cuidará de ustedes".

Tobías replicó: "No comeré ni beberé, hasta que no hayas tomado una decisión
acerca de lo que te he pedido". Ragüel le contestó: "Está bien. Según la ley de
Moisés a ti se te debe dar. El cielo mismo lo ha decretado. Cásate, pues, con tu
hermana; desde ahora tú eres su hermano, y ella, tu hermana. Desde hoy y
para siempre será tu esposa. Hijo, que el Señor del cielo los acompañe durante
esta noche, tenga misericordia de ustedes y les conceda su paz".

Ragüel mandó llamar a su hija Sara, ella vino, y tomándola de la mano, se la
entregó a Tobías, diciéndole: "Recíbela, pues, según lo prescrito en la ley de
Moisés. A ti se te da como esposa. Tómala y llévala con bien a la casa de tu
padre. Y que . el Señor del cielo les conceda a ustedes un buen viaje y les dé su
paz".

Entonces Ragüel llamó a la madre de Sara y le pidió que trajera papel para
escribir el acta de matrimonio, en que constara que su hija había sido
entregada por esposa a Tobías, de acuerdo con lo establecido en la ley de
Moisés. La esposa de Ragüel trajo el papel. Y él escribió y firmó. y después se
sentaron a cenar.
Palabra de Dios.

                                       15
Haz que los dos juntos vivamos felices hasta la vejez.
Del libro de Tobías 8,4-8
La noche de su boda, Tobías se levantó y le dijo a Sara: "¡Levántate, hermana!
Supliquemos al Señor, nuestro Dios, que tenga misericordia de nosotros y nos
proteja". Se levantó Sara y comenzaron a suplicar al Señor que los protegiera,
diciendo: "Bendito seas, Dios de nuestros padres y bendito sea tu nombre por
los siglos de los siglos. Que te bendigan los cielos y todas tus creaturas por los
siglos de los siglos. Tú creaste a Adán y le diste a Eva como ayuda y apoyo, y
de ambos procede todo el género humano. Tú dijiste: 'No es bueno que el
hombre esté solo. Voy a hacer a alguien como él, para que lo ayude' ".
"Ahora, Señor, si yo tomo por esposa a esta hermana mía, no es por satisfacer
mis pasiones, sino por un fin honesto. Compadécete, Señor, de ella y de mí y
haz que los dos juntos vivamos felices hasta la vejez".
Y los dos dijeron: "Amén, amén".
Palabra de Dios.

                                       16
La mujer que teme al Señor merece alabanza.
Del libro de los Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31
Dichoso el hombre que encuentra una mujer hacendosa: muy superior a las
perlas es su valor.

Su marido confía en ella
y, con su ayuda, él se enriquecerá; todos los días de su vida le procurará bienes
y no males.

Adquiere lana y lino
y los trabaja con sus hábiles manos.

Sabe manejar la rueca y con sus dedos mueve el huso: abre sus manos al pobre
y las tiende al desvalido.

Son engañosos los encantos y vana la hermosura; merece alabanza la mujer que
teme al Señor.

Es digna de gozar del fruto de sus trabajos y de ser alabada por todos.
Palabra de Dios.

                                       17
El amor es fuerte como la muerte.
Del libro del Cantar de los Cantares 2, 8-10. 14. 16; 8, 6-7
Aquí viene mi amado saltando por los montes, retozando por las colinas.
Mi amado es como una gacela, es como un venadito, que se detiene detrás de
nuestra tapia, espía por las ventanas y mira a través del enrejado.

Mi amado me habla así:
"Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven.
Paloma mía, que anidas en las hendiduras de las rocas, en las grietas de las
peñas escarpadas, déjame ver tu rostro y hazme oír tu voz,
porque tu voz es dulce y tu rostro encantador".
Mi amado es para mí y yo para mi amado.

Grábame como un sello en tu brazo, como un sello en tu corazón, porque es
fuerte el amor como la muerte, es cruel la pasión como el abismo;
es centella de fuego, llamarada divina;
las aguas torrenciales no podrán apagar el amor ni anegarlo los ríos.
Palabra de Dios.


                                       18
Grábame como un sello en tu corazón.
Del libro del Cantar de los Cantares 8,6-7
Grábame como un sello en tu brazo, como un sello en tu corazón, porque es
fuerte el amor como la muerte, es cruel la pasión como el abismo;
es centella de fuego, llamarada divina;
las aguas torrenciales no podrán apagar el amor ni anegarlo los ríos.

Si alguien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, sólo
conseguiría desprecio.
Palabra de Dios.

                                        19
Como el sol que brilla en el cielo del Señor, así es la mujer bella en su casa bien
arreglada.
Del libro del Eclesiástico (Sirácide) 26, 1-4. 16-21
Dichoso el marido de una mujer buena: se doblarán los años de su vida.
La mujer hacendosa es la alegría de su marido, y él vivirá su vida en paz.
La mujer buena es un tesoro: lo encuentran los que temen al Señor; sean ricos
o pobres, estarán contentos y siempre vivirán con alegría.
La mujer servicial alegra a su marido; la que es cuidadosa le causa bienestar.
La mujer discreta es un don del Señor; y la bien educada no tiene precio.
La mujer modesta duplica su encanto
y la que es dueña de sí supera toda alabanza.

Como el sol que brilla en el cielo del Señor,
así es la mujer bella en su casa bien arreglada.
Palabra de Dios.

                                        20
Cásense y engendren hijos; casen a sus hijos y a sus hijas.
Del libro del profeta Jeremías 29, 5-7

Así dice el Señor: "Edifiquen casas y habítenlas, planten huertos y coman sus
frutos; cásense y engendren hijos; casen a sus hijas, para que tengan
descendencia; crezcan en. número, no disminuyan. Trabajen para hacer
próspera la ciudad adonde yo los he desterrado y rueguen por ella al Señor,
porque su bien será también el de ustedes".
Palabra de Dios.

                                        21
Haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva.
Del libro del profeta Jeremías 31, 31-32. 33-34
"Se acerca el tiempo, dice el Señor, en que haré con la casa de Israel
y la casa de Judá una alianza nueva.
No será como la alianza que hice con los padres de ustedes, cuando los tomé de
la mano para sacarlos de Egipto.
Ésta será la alianza nueva
que voy a hacer con la casa de Israel:
Voy a poner mi ley en lo más profundo de su mente y voy a grabarla en sus
corazones. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
Ya nadie tendrá que instruir a su prójimo ni a su hermano, diciéndole: 'Conoce
al Señor', porque todos me van a conocer,
desde el más pequeño hasta el mayor de todos".
Palabra de Dios.

                                      22
Yo te desposaré conmigo para siempre.
Del libro del profeta Oseas 2, 16. 17. 21-22

Esto dice el Señor:
''Yo conduciré a Israel, mi esposa infiel, al desierto y le hablaré al corazón.
Ella me responderá allá,
como cuando era joven,
como el día en que salió de Egipto.
Israel, yo te desposaré conmigo para siempre. Nos uniremos en la justicia y la
rectitud,
en el amor constante y la ternura;
yo te desposaré en la fidelidad,
y entonces tú conocerás al Señor".
Palabra de Dios.


            LECTURAS DEL NUEVO TESTAMENTO
                                      23
Perseveraban unánimes en la oración, junto con María, la madre de e Jesús.
Del libro de los Hechos de los Apóstoles 1. 12-14

Después de la ascensión de Jesús a los cielos, los apóstoles regresaron a
Jerusalén desde el monte de los Olivos, que dista de la ciudad lo que se
permite caminar en sábado. Cuando llegaron a la ciudad, subieron al piso alto
de la casa donde
e alojaban, Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y
Mateo, Santiago (el hijo de Alfeo), Simón el cananeo y Judas, el hijo de
Santiago. Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con María, la
madre de Je ús, con los parientes de Jesús y algunas mujeres.
Palabra de Dios.
                                     24
Vivían en comunión fraterna y celebraban la fracción del pan.
Del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 2-47

En los primeros días de la Iglesia, todos los que habían sido bautizados eran
constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la comunión fraterna,
en la fracción del pan y en las oraciones. Toda la gente estaba llena de
asombro y de temor al ver los milagros y prodigios que los apóstoles hacían en
Jerusalén.



Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Los que eran
dueños de bienes o propiedades los vendían, y el producto era distribuido
entre todos, según las necesidades de cada uno. Diariamente se reunían en el
templo, y en las casas partían el pan y comían juntos, con alegría y sencillez de
corazón. Alababan a Dios y toda la gente los estimaba. Y el Señor aumentaba
cada día el número de los que habían de salvarse.
Palabra de Dios.

                                        25
¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo?
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 8, 31-35. 37-39

Hermanos: Si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará en contra nuestra? El
que no nos escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros,
¿cómo no va a estar dispuesto a dárnoslo todo, junto con su Hijo? ¿Quién
acusará a los elegidos de Dios? Si Dios mismo es quien los perdona, ¿quién será
el que los condene? ¿Acaso Jesucristo, que murió, resucitó y está a la derecha
de Dios para interceder por nosotros?
¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las
tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez?
¿El peligro? ¿La espada?
Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos
ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni
los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni
lo alto ni lo bajo, ni creatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha
manifestado Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Palabra de Dios.

                                   26
Ofrézcanse ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios.
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 12, 1-2. 9-18

Hermanos: Por la misericordia que Dios les ha manifestado, los exhorto a que
se ofrezcan ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios,
porque en esto consiste el verdadero culto. No se dejen transformar por los
criterios de este mundo, sino dejen que una nueva manera de pensar los
transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de
Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.
Que el amor de ustedes sea sincero. Aborrezcan el mal y practiquen el bien;
ámense cordialmente los unos a los otros, como buenos hermanos; que cada uno
estime a los otros más que a sí mismo. En el cumplimiento de su deber, no sean
negligentes y mantengan un espíritu fervoroso al servicio del Señor. Que la
esperanza los mantenga alegres; sean constantes en la tribulación y
perseverantes en la oración. Ayuden a los hermanos en sus necesidades y
esmérense en la hospitalidad.
Bendigan a los que los persiguen; bendíganlos, no los maldigan. Alégrense con
los que se alegran; lloren con los que lloran. Que reine la concordia entre
ustedes. No sean, pues, altivos; más bien pónganse al nivel de los humildes.
A nadie devuelvan mal por mal. Esfuércense en hacer el bien delante de todos
los hombres. En cuanto de ustedes depende, hagan lo posible por vivir en paz
con todo el mundo.
Palabra de Dios.

o bien: Forma breve
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 12, 1-2. 9-13

Hermanos: Por la misericordia que Dios les ha manifestado, los exhorto a que
se ofrezcan ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios,
porque en esto consiste el verdadero culto. No se dejen transformar por los
criterios de este mundo, sino dejen que una nueva manera de pensar los
transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de
Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.
Que el amor de ustedes sea sincero. Aborrezcan el mal y practiquen el bien;
ámense cordialmente los unos a los otros, como buenos hermanos; que cada uno
estime a los otros más que a sí mismo. En el cumplimiento de su deber, no sean
negligentes y mantengan un espíritu fervoroso al servicio del Señor. Que la
esperanza los mantenga alegres; sean constantes en la tribulación y
perseverantes en la oración. Ayuden a los hermanos en sus necesidades y
esmérense en la hospitalidad.
Palabra de Dios.

                                    27
Acéptense unos a otros, como también Cristo los aceptó.
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 15, 1-3. 5-7. 13
Hermanos: Nosotros no debemos buscar agradarnos a nosotros mismos. Que
cada uno de nosotros trate de agradar al prójimo, buscando su bien y su
crecimiento en la fe. Pues tampoco Cristo buscó complacerse a sí mismo.

Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, les conceda a ustedes vivir en
perfecta armonía unos con otros, conforme al espíritu de Cristo Jesús, para
que, con un solo corazón y una sola voz alaben a Dios, Padre de nuestro Señor
Jesucristo.

Por lo tanto, acéptense unos a otros, como también Cristo los aceptó para
gloria de Dios.

y que Dios, de quien procede la esperanza, llene de alegría y de paz su fe; y que
el Espíritu Santo, con su fuerza, los colme de esperanza.
Palabra de Dios.

                                      28
Su cuerpo es templo del Espíritu Santo.
De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios 6, 13-15. 17-20

Hermanos: El cuerpo no es para fornicar, sino para servir al Señor; y el Señor,
para santificar el cuerpo. Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a
nosotros con su poder.


¿N o saben ustedes que sus cuerpos son miembros de Cristo? Y el que se une al
Señor, se hace un solo espíritu con él. Huyan, por lo tanto, de la fornicación.
Cualquier otro pecado que cometa una persona, queda fuera de su cuerpo; pero
el que fornica, peca contra su propio cuerpo.

¿O es que no saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que
han recibido de Dios y habita en ustedes? No son ustedes sus propios dueños,
porque Dios los ha comprado a un precio muy caro. Glorifiquen, pues, a Dios con
el cuerpo.
Palabra de Dios.


                                      29
Que la mujer no se separe del marido; que tampoco el marido se divorcie de su
mujer.
De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios 7, 10-14
Hermanos: No soy yo sino el Señor quien ordena a los casados que la mujer no
se separe del marido. En caso de separación, que no se vuelva a casar o que se
reconcilie con su marido. Y que tampoco el marido se divorcie de su mujer. A
los demás les digo yo, no el Señor, que si un cristiano está casado con una
mujer no creyente y ella acepta vivir con él, no se divorcie de ella. Y si una
mujer cristiana tiene un marido no creyente y él acepta vivir con ella, no se
divorcie de él. Pues el marido no creyente queda consagrado a Dios por la
mujer, y la mujer no creyente por el marido cristiano. De este modo, sus hijos
pertenecerán a Dios, mientras que de otra forma no pertenecerían.
Palabra de Dios.

                                         30
Si no tengo amor, nada me sirve.
De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios 12, 31-13, 8

Hermanos: Aspiren a los dones de Dios más excelentes. Voy a mostrarles el
camino mejor de todos. Aunque yo hablara las lenguas de los hombres y de los
ángeles, si no tengo amor, no soy más que una campana que resuena o unos
platillos que aturden. Aunque yo tuviera el don de profecía y penetrara todos
los misterios, aunque yo poseyera en grado sublime el don de ciencia y mi fe
fuera tan grande como para cambiar de sitio las montañas, si no tengo amor,
nada soy. Aunque yo repartiera en limosnas todos mis bienes y. aunque me
dejara quemar vivo, si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no es
presumido ni se envanece; no es grosero ni egoísta; no se irrita ni guarda
rencor; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. El amor
disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, soporta sin límites. El
amor dura por siempre.

Palabra de Dios.

                                        31
Un solo cuerpo y un solo Espíritu.
De la carta del apóstol san Pablo a los efesios 4, 1-6

Hermanos: Yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor, los exhorto a que lleven
una vida digna del llamamiento que han recibido. Sean siempre humildes y
amables; sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor; esfuércense
en mantenerse unidos en el Espíritu con el vínculo de la paz.

Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu, como es también sólo
una la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. Un solo Señor, una
sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos,
actúa a través de todos y vive en todos.
Palabra de Dios.

                                        32
Éste es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.
De la carta del apóstol san Pablo a los efesios 5, 2. 21-33
Hermanos: Vivan amando, como Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros.

Respétense unos a otros, por reverencia a Cristo: que las mujeres respeten a
sus maridos, como si se tratara del Señor, porque el marido es cabeza de la
mujer, como Cristo es cabeza y salvador de la Iglesia, que es su cuerpo. Por lo
tanto, así como la Iglesia es dócil a Cristo, así también las mujeres sean dóciles
a sus maridos en todo.

Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella
para santificarla, purificándola con el agua y la palabra, pues él quería
presentársela a sí mismo toda resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa
semejante, sino santa e inmaculada.

Así los maridos deben amar a sus esposas, como cuerpos suyos que son. El que
ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie jamás ha odiado a su propio
cuerpo, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque
somos miembros de su cuerpo.

Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y
serán los dos una sola carne. Éste es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y
a la Iglesia.

En una palabra, que cada uno de ustedes ame a su mujer como a sí mismo, y que
la mujer respete a su marido.
Palabra de Dios.

o bien: Forma breve
De la carta del apóstol san Pablo a los efesios 5,2.25-32

Hermanos: Vivan amando, como Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros.

Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella
para santificarla, purificándola con el agua y la palabra, pues él quería
presentársela a sí mismo toda resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa
semejante, sino santa e inmaculada.
Así los maridos deben amar a sus esposas, como cuerpos suyos que son. El que
ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie jamás ha odiado a su propio
cuerpo, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque
somos miembros de su cuerpo.
Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y
serán los dos una sola carne. Éste es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo
y a la Iglesia.
Palabra de Dios.

                                        33

El Dios de la paz estará con ustedes.
De la carta del apóstol san Pablo a los filipenses 4,4-9

Hermanos míos: Alégrense siempre en el Señor; se lo repito: ¡alégrense! Que la
benevolencia de ustedes sea conocida por todos. El Señor está cerca. No se
inquieten por nada; más bien presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios
en la oración y la súplica, llenos de gratitud. Y que la paz de Dios, que
sobrepasa toda inteligencia, custodie sus corazones y sus pensamientos en
Cristo Jesús.

Por lo demás, hermanos, aprecien todo lo que es verdadero y noble, cuanto hay
de justo y puro, todo lo que es amable y honroso, todo lo que sea virtud y
merezca elogio. Pongan por obra cuanto han aprendido y recibido de mí, todo lo
que yo he dicho y me han visto hacer; y el Dios de la paz estará con ustedes.
Palabra de Dios.

                                      34
Sobre todo, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión.
De la carta del apóstol san Pablo a los colosenses 3, 12-17

Hermanos: Puesto que Dios los ha elegido a ustedes, los ha consagrado a él y
les ha dado su amor, sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y
pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra
otro, como el Señor los ha perdonado a ustedes. Y sobre todas estas virtudes,
tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión.
Que en sus corazones reine la paz de Cristo, esa paz a la que han sido
llamados, como miembros de un solo cuerpo. Finalmente, sean agradecidos.
Que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza. Enséñense y
aconséjense unos a otros lo mejor que sepan. Con el corazón lleno de gratitud,
alaben a Dios con salmos, himnos y cánticos espirituales; y todo lo que digan y
todo lo que hagan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dándole gracias a
Dios Padre, por medio de Cristo.
Palabra de Dios.

                                    35
Que todos tengan gran respeto al matrimonio.
De la carta a los hebreos 13, 1-4. 5-6

Hermanos: Conserven entre ustedes el amor fraterno y no se olviden de
practicar la hospitalidad, ya que por ella, algunos han hospedado ángeles sin
saberlo. Acuérdense de los que están presos, como si ustedes mismos
estuvieran también con ellos en la cárcel. Piensen en los que son maltratados,
pues también ustedes tienen un cuerpo que puede sufrir.
Que todos tengan gran respeto al matrimonio y lleven una vida conyugal
irreprochable.
Que no haya entre ustedes avidez de riquezas, sino que cada quien se contente
con lo que tiene. Dios ha dicho: Nunca te dejaré ni te abandonaré; por lo tanto,
nosotros podemos decir con plena confianza: El Señor cuida de mí, ¿por qué les
he de tener miedo a los hombres?
Palabra de Dios.

                                     36
Vivan en armonía, sean compasivos, ámense como hermanos.
De la primera carta del apóstol san Pedro 3,1-9

Ustedes, mujeres, sean respetuosas con sus maridos, para que, incluso si
algunos de ellos se resisten a creer en la palabra de salvación, sean ganados no
por palabras, sino por la conducta intachable y recatada de ustedes.
No se preocupen tanto del adorno exterior: los peinados, las joyas y los
vestidos, sino de adornar interiormente el corazón con la belleza inalterable
de un espíritu apacible y sereno. Esto es lo que vale a los ojos de Dios.
Así se engalanaban en otro tiempo las santas mujeres, que tenían puesta su
esperanza en Dios y eran dóciles con sus maridos, como Sara, que obedecía a
Abraham y lo llamaba su señor. Pues, si ustedes hacen el bien y no se dejan
intimidar por nada, serán dignas hijas de ella.
En cuanto a ustedes, maridos, vivan la vida matrimonial en un clima de
comprensión y respeto, teniendo en cuenta que la mujer es una persona más
delicada y que, junto con ella, ustedes participan de la vida de la gracia. Así,
tendrán asegurado el fruto de sus oraciones.
Finalmente, vivan todos en armonía, sean compasivos, ámense como hermanos,
sean bondadosos y humildes. No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; al
contrario, pídanle a Dios cosas buenas para todos, pues han sido llamados por
él a poseer como herencia los bienes del cielo.
Palabra de Dios.
                                      37
Amemos de verdad y con las obras.
De la primera carta del apóstol san Juan 3, 18-24

Hijos míos: No amemos solamente de palabra, amemos de verdad y con las
obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y delante de Dios
tranquilizaremos nuestra conciencia de cualquier cosa que ella nos reprochare,
porque Dios es más grande que nuestra conciencia y todo lo conoce. Si nuestra
conciencia no nos remuerde, entonces, hermanos míos, nuestra confianza en
Dios es total,
Puesto que cumplimos los mandamientos de Dios y hacemos lo que le agrada,
ciertamente obtendremos de él todo lo que le pidamos. Ahora bien, éste es su
mandamiento: que creamos en la persona de Jesucristo, su Hijo, y nos amemos
los unos a los otros, conforme al precepto que nos dio.
Quien cumple sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. En esto
conocemos, por el Espíritu que él nos ha dado, que él permanece en nosotros.
Palabra de Dios.

                                      38
Dios es amor.
De la primera carta del apóstol san Juan 4, 7-12

Queridos hijos: Amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y
todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no conoce a
Dios, porque Dios es amor. El amor que Dios nos tiene se ha manifestado en
que envió al mundo a su Hijo unigénito, para que vivamos por él.
El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en
que él nos amó primero y nos envió a su Hijo, como víctima de expiación por
nuestros pecados.
Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los
otros. A Dios nadie lo ha visto nunca; pero si nos amamos los unos a los otros,
Dios permanece en nosotros y su amor en nosotros es perfecto.
Palabra de Dios.

                                        39
Con ellos has constituido un reino de sacerdotes que servirán a nuestro Dios.
Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan 5,8-10

Los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante el
Cordero, con sus cítaras y sus copas de oro llenas de incienso, que significaban
las oraciones de los santos. Y se pusieron a cantar un cántico nuevo, diciendo:
"Tú eres digno de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque fuiste
sacrificado y con tu sangre compraste para Dios hombres de todas las razas y
lenguas, de todos los pueblos y naciones, y con ellos has constituido un reino de
sacerdotes, que servirán a nuestro Dios y reinarán sobre la tierra".
Palabra de Dios.

                                        40
¡Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero!
Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan 19, 1. 5-9

Yo, Juan, oí algo parecido a la voz potente de una gran muchedumbre, que
decía en el cielo: "¡Aleluya! Nuestro Dios es un Dios salvador, lleno de gloria y
de poder".
y del trono de Dios salió una voz que decía: "Alaben a nuestro Dios, todos sus
siervos, los que lo temen, pequeños y grandes".
Oí entonces algo como el rumor de una muchedumbre inmensa, como el
estruendo de un río caudaloso y el retumbar imponente de los truenos. Decían:
"¡Aleluya! El Señor, Dios nuestro, todopoderoso, ha establecido su reinado.
Llenémonos de gozo y alegría y alabemos la grandeza del Señor, porque ha
llegado el tiempo de las bodas del Cordero, y su esposa ya está preparada. Dios
le ha concedido vestirse de lino finísimo y deslumbrante". El lino representa
las obras buenas de los santos.
Entonces un ángel me dijo: "Escribe: 'Dichosos los invitados al banquete de
bodas del Cordero' ".
Palabra de Dios.

                                        41
Engalanada como una novia que va a desposarse con su prometido.
Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan 21, 1-5

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la
primera tierra habían desaparecido y el mar ya no existía.
También vi que descendía del cielo, desde donde está Dios, la ciudad santa, la
nueva Jerusalén, engalanada como una novia, que va a desposarse con su
prometido. Oí una gran voz, que venía del cielo, que decía:
"Ésta es la morada de Dios con los hombres; vivirá con ellos como su Dios
y ellos serán su pueblo.
Dios les enjugará todas sus lágrimas y ya no habrá muerte ni duelo,
ni penas ni llantos,
porque ya todo lo antiguo terminó".
Entonces el que estaba sentado en el trono, dijo: "Ahora yo vaya hacer nuevas
todas las cosas".
Palabra de Dios.

                                       42
El Espíritu y la Esposa dicen: "¡Ven!"
Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan 22, 12. 16-17. 20-21

Yo, Juan, escuché una voz que me decía: Yo, Jesús, he enviado a mi ángel para
que dé testimonio ante ustedes de todas estas cosas en sus asambleas. Yo soy
el retoño de la estirpe de David, el brillante lucero de la mañana".
El Espíritu y la Esposa dicen: "¡Ven!" El que oiga, diga: "¡Ven!" El que tenga sed,
que venga; y el que quiera, que venga a beber gratis del agua de la vida.
Quien da fe de todo esto asegura: "Volveré pronto". Amén. ¡Ven, Señor Jesús!
Que la gracia de Jesús, el Señor, esté con todos. Amén. Palabra de Dios.
Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Los que eran
dueños de bienes o propiedades los vendían, y el producto era distribuido
entre todos, según las necesidades de cada uno. Diariamente se reunían en el
templo, y en las casas partían el pan y comían juntos, con alegría y sencillez de
corazón. Alababan a Dios y toda la gente los estimaba. Y el Señor aumentaba
cada día el número de los que habían de salvarse.
Palabra de Dios.




                    SALM0S RESPONSORIALES
                                         43
Del salmo 22
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará. (T.P. Aleluya.)

El Señor es mi pastor, nada me falta;
en verdes praderas me hace reposar
y hacia fuentes tranquilas me conduce
para reparar mis fuerzas.
Por ser un Dios fiel a sus promesas, .
me guía por el sendero recto. R.

Así, aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú estás conmigo.
Tu vara y tu cayado me dan seguridad. R.

Tú mismo me preparas la mesa,
a despecho de mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume
y llenas mi copa hasta los bordes. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañarán
todos los días de mi vida;
y viviré en la casa del Señor
por años sin término. R.

                                        44
Del salmo 32
R. La tierra llena está de tus bondades. (T.P. Aleluya.)

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor; dichoso el pueblo que él eligió por
suyo. Cuida el Señor de aquellos que lo temen y en su bondad confían. R.
En el Señor está nuestra esperanza,
pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo; en el Señor el corazón se alegra
y en él hemos confiado. R.
Muéstrate bondadoso con nosotros, Señor, como esperamos. R.

                                        45
Del salmo 33
R. Bendigamos al Señor a todas horas. (T.P. Aleluya.)
O bien:
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. (T.P. Aleluya.)

Bendeciré al Señor a todas horas,
no cesará mi boca de alabarlo.
Yo me siento orgulloso del Señor;
que se alegre su pueblo al escucharlo. R.

Proclamemos qué grande es el Señor
y alabemos su nombre.
Cuando acudí al Señor, me hizo caso
y me libró de todos mis temores. R.

Vuélvanse a él y quedarán radiantes,
jamás se sentirán decepcionados.
El Señor siempre escucha al afligido,
de su tribulación lo pone a salvo. R.

A quien teme al Señor,
el ángel del Señor lo salva y cuida.
¡Prueben! Verán qué bueno es el Señor;
dichoso quien en él confía. R.

Que amen al Señor todos sus fieles,
pues nada faltará a quienes lo aman.
El rico empobrece y pasa hambre;
a quien busca al Señor nada le falta. R.

Del salmo 44
¡Ya llega el esposo! ¡Salgan a recibir a Cristo, el Señor! (T.P. Aleluya)

Escúchame, hija mía, y presta oído,
olvida tu nación y tu familia:
prendado está el rey de tu hermosura,
ante él, que es tu Señor, la frente inclina. R.

Revestida de oro y de brocados,
majestuosa penetra la princesa; l
a llevan ante el rey
y un grupo de doncellas va tras ella. R.

En gozoso cortejo
del palacio del rey cruzan las puertas.
A cambio de tus padres tendrás hijos
que príncipes harás sobre la tierra. R.

                                      46
Del salmo 99
R. El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo. (T.P. Aleluya.)

Alabemos a Dios todos los hombres,
sirvamos al Señor con alegría
y con júbilo entremos en su templo. R.

Reconozcamos que el Señor es Dios,
que él fue quien nos hizo y somos suyos,
que somos su pueblo y su rebaño. R.

Entremos por sus puertas dando gracias,
crucemos por sus atrios entre himnos,
alabando al Señor y bendiciéndolo. R.

Porque el Señor es bueno, bendigámoslo,
porque es eterna su misericordia
y su fidelidad nunca se acaba. R.

                                           47
Del salmo 102
R. El Señor es compasivo y misericordioso. (T.P. Aleluya.)
O bien:
R. La misericordia del Señor dura por siempre. (T.P. Aleluya.)

Bendice al Señor, alma mía,
y todo lo que soy, su santo nombre.
Bendice al Señor, alma mía,
y no eches al olvido sus favores. R.

El Señor es clemente y bondadoso,
lento al enojo, pronto a la indulgencia;
como un padre amoroso con su hijo,
así es tierno el Señor con quien lo quiere. R.

El amor del Señor
por siempre permanece,
y su justicia llega hasta los hijos
y a la generación siguiente
de los hombres que cumplen con su alianza
y sus leyes recitan y obedecen. R.

                                      48
Del salmo 111
R. Dichosos los que aman de corazón los mandamientos del Señor (T.P. Aleluya.)
O bien:
R. Aleluya.

Dichosos los que temen al Señor
y aman de corazón sus mandamientos;
poderosos serán sus descendientes,
Dios bendice a los hijos de los buenos. R.

Fortuna y bienestar habrá en su casa,
siempre actuarán conforme a la justicia.
Quien es justo, clemente y compasivo,
como una luz en las tinieblas brilla. R.

Quienes, compadecidos, prestan
y llevan sus negocios rectamente,
jamás se desviarán,
vivirá su recuerdo para siempre. R.

No temerán malas noticias,
puesto que en el Señor viven confiados.
Firme está y sin temor su corazón,
pues vencidos verán a sus contrarios. R.

Al pobre dan limosna,
obran siempre conforme a la justicia;
su frente se alzará llena de gloria. R.


                                          49
Del salmo 127
R. Dichoso el que pone su confianza en el Señor. (T.P. Aleluya.)
O bien:
El Señor bendecirá al hombre que lo teme y lo respeta. (T.P. Aleluya.)

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos:
comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R.

Tu mujer, como vid fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor:
"Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida;
que veas a los hijos de tus hijos". R.


                                          50
Del salmo 144
R. El Señor es bueno con todos. (T.P. Aleluya.)

El Señor es clemente y bondadoso,
lento al enojo y lleno de ternura;
bueno es el Señor para con todos,
cariñoso con todas sus creaturas. R.

Que te alaben, Señor, todas tus obras,
y que todos tus fieles te bendigan.
Todos vuelven sus ojos hacia ti
y les das, a su tiempo, la comida. R.

Siempre es justo el Señor en sus designios
y están llenas de amor todas sus obras.
N o está lejos de aquellos que lo buscan,
muy cerca está el Señor de quien lo invoca. R.

                                        51
Del salmo 148
R. Que todos alaben al Señor. (T.P. Aleluya.)
O bien:
R. Aleluya.
Alaben al Señor en las alturas,
alábenlo en el cielo;
que alaben al Señor todos sus ángeles,
celestiales ejércitos. R.

Que alaben al Señor el sol, la luna
y todos los luceros.
Que lo alabe la bóveda celeste
y las aguas que cuelgan de los cielos. R.

Montes y sierras todas,
plantas de ornato y árboles frutales,
animales domésticos y fieras,
reptiles y volátiles. R.

Reyes y. pueblos todos de la tierra,
gobernantes y jueces de este mundo;
jóvenes y doncellas,
niños y ancianos juntos,
el nombre del Señor alaben todos. R.

Su gloria sobrepasa cielo y tierra
y ha hecho fuerte a su pueblo. R.

                               EVANGELIOS
                                        52
Ustedes son la luz del mundo.
 Del santo Evangelio según san Mateo 5, 13-16 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la tierra. Si
la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para
nada y se tira a la calle para que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo
alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una
olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la
casa.
Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo
las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los
cielos".
Palabra del Señor.

                                      53
No se preocupen por el día de mañana.
 Del santo Evangelio según san Mateo 6, 25-34
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No se preocupen por su vida,
pensando qué comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el
alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que ni
siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre
celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de
ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un
momento?
¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo,
que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en el
esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la
hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará
mucho más por ustedes, hombres de poca fe?
No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué
nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas;
pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por con-
siguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas
se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el
día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus
propios problemas".
Palabra del Señor.

                                       54
Edificó su casa sobre roca.
 Del santo Evangelio según san Mateo 7,21. 24-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No todo el que me diga: '[Señor,
Señor!', entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi
Padre, que está en los cielos.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un
hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las
crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se
cayó, porque estaba construida sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un
hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las
crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron
completamente".
Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina,
porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Palabra del Señor.


                                       55
Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.
Del santo Evangelio según san Mateo 19,3-6

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y, para ponerle una
trampa, le preguntaron: "¿Le está permitido al hombre divorciarse de su
esposa por cualquier motivo?"
Jesús les respondió: "¿No han leído que el Creador, desde un principio los hizo
hombre y mujer, y dijo: <Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre,
para unirse a su mujer, y serán los dos una sola carne'? De modo que ya no son
dos, sino una sola carne. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el
hombre".
Palabra del Señor.

                                    56
Éste es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es
semejante a éste.
 Del santo Evangelio según san Mateo 22, 35-40

En aquel tiempo, uno de los fariseos, que era doctor de la ley, le preguntó a
Jesús para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande
de la ley?"
Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda
tu alma y con toda tu mente. Éste es el más grande y el primero de los
mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a
ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas".
Palabra del Señor.
                                     57
Ya no son dos, sino una sola carne.
 Del santo Evangelio según san Marcos 10,6-9
En aquel tiempo, Jesús dijo: "Desde el principio, al crearlos, Dios los hizo
hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a
su esposa y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una
sola carne. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre".
Palabra del Señor.
                                         58
Esto que Jesús hizo en Caná de Galilea fue el primero de sus signos.
Del santo Evangelio según san Juan 2,1-11

En aquel tiempo, hubo una boda en Caná de Galilea, a la cual asistió la madre de
Jesús. Éste y sus discípulos también fueron invitados. Como llegara a faltar el
vino, María le dijo a Jesús: ''Ya no tienen vino". Jesús le contestó: "Mujer,
¿qué podemos hacer tú y yo? Todavía no llega mi hora". Pero ella dijo a los que
servían: "Hagan lo que él les diga".
Había allí seis tinajas de piedra, de unos cien litros cada una, que servían para
las purificaciones de los judíos. Jesús dijo a los que servían: "Llenen de agua
esas tinajas". y las llenaron hasta el borde. Entonces les dijo: "Saquen ahora un
poco y llévenselo al encargado de la fiesta". Así lo hicieron, y en cuanto el
encargado de la fiesta probó el agua convertida en vino, sin saber su
procedencia, porque sólo los sirvientes la sabían, llamó al novio y le dijo: "Todo
el mundo sirve primero el vino mejor, y cuando los invitados ya han bebido
bastante, se sirve el corriente. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor
hasta ahora".
Esto que hizo Jesús en Caná de Galilea fue el primero de sus signos. Así
manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.
Palabra del Señor.

                                       59
Permanezcan en mi amor.
 Del santo Evangelio según san Juan 15,9-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Como el Padre me ama, así los
amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen
en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y
permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes
y su alegría sea plena.
Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he
amado".
Palabra del Señor.

                                    60
Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros.
 Del santo Evangelio según san Juan 15, 12-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Éste es mi mandamiento: que se
amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a
sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo
que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace
su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le
he oído a mi Padre.
No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha
destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el
Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre".
Palabra del Señor.

                                       61
Que su unidad sea perfecta.
 Del santo Evangelio según san Juan 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: "Padre, no sólo te pido
por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de
ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin
de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros
somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el
mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí.
Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado,
para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde
antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han
conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo
seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo
también en ellos".
Palabra del Señor.




                    Fórmulas de Consentimiento
La fórmula de consentimiento, también conocida en en argot popular como
“votos” va introducida con una fórmula fija. Luego se ofrecen tres opciones de
consentimiento. De la siguiente manera

La comunidad se pone de pie.
El sacerdote invita a los novios a expresar su consentimiento:
Así, pues, ya que quieren establecer entre ustedes la alianza santa del
Matrimonio, unan sus manos, y expresen su consentimiento delante de Dios y
de su Iglesia.

Existen tres en forma de diálogo entre los novios:

                                         62
El novio: Yo, N., te acepto a ti, N., como mi esposa
y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas,
en la salud y en la enfermedad,
y amarte y respetarte todos los días de mi vida.

La novia: Yo, N., te acepto a ti, N., corno mi esposo
y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas,
en la salud y en la enfermedad,
y amarte y respetarte todos los días de mi vida.

                                       63
El novio:   N., ¿quieres ser mi esposa?
La novia:   Sí, quiero.

La novia:   N., ¿quieres ser mi esposo?
El novio:   Sí, quiero.

El novio:   N., yo te acepto como esposa
            y prometo amarte fielmente durante toda mi vida.

La novia:   N., yo te acepto como esposo
            y prometo amarte fielmente durante toda mi vida.

                                         64
El novio:   Yo, N., te acepto a ti, N., como esposa
            y me entrego a ti como tu legítimo esposo,
            según lo manda la santa Madre Iglesia católica.

La novia:   Yo, N., te acepto a ti, N., como esposo
            y me entrego a ti como tu legítima esposa,
            según lo manda la santa Madre Iglesia católica.

                                    65
Existen una en forma de interrogatorio que hace el sacerdote o diácono a los
novios:
En primer lugar interroga al novio
N., ¿aceptas a N. como esposa,
y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas,
en la salud y en la enfermedad,
y amarla y respetarla todos los días de tu vida?

El novio responde:
Sí, la acepto.

A continuación el sacerdote interroga a la novia:
N., ¿aceptas a N. como esposo,
y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas,
en la salud y en la enfermedad,
y amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?

La novia responde:
Sí, lo acepto.

ENTREGA DE ANILLOS
Novio: Recibe este anillo como signo de amor y fidelidad a ti.
Novia: Recibe este anillo como signo de amor y fidelidad a ti.

ENTREGA DE ARRAS
Novio: Recibe estas arras como signo de que velaré para que no nos falte nada
para vivir.
Novia: Yo las recibo con alegría y junto contigo velaré para que no nos falte
nada para vivir.

                            Oración universal
Esta parte sigue al consentimiento y es conocida coloquialmente como
“peticiones”
                                      66
Hermanos: Invoquemos ahora confiadamente a Dios Padre y pidámosle que
escuche nuestra oración por los nuevos esposos N. y N., por la Iglesia universal
y por toda la familia humana.
Después de cada petición responderemos: Te rogamos, óyenos.
Para que Dios les conceda a N. y N. salud y paz, trabajo y alegría, roguemos al
Señor. R.
Para que, apoyados en la fuerza divina, hagan de su casa un hogar acogedor,
verdadera Iglesia doméstica, roguemos al Señor. R.
Para que, viviendo la intimidad de su hogar, no sean insensibles a las
necesidades y sufrimientos de la gran familia humana, roguemos al Señor. R.
Para que sean padres responsables y sepan educar a sus hijos en la rectitud de
carácter y en la integridad de la fe, roguemos al Señor. R.
Para que los papás de N. y N. se alegren al contemplar el Matrimonio de sus
hijos y vean en él el coronamiento de sus esfuerzos por educarlos, roguemos al
Señor. R.
Para que todos los familiares y amigos de los nuevos esposos, que los han
precedido ya en la morada eterna, gocen de la felicidad sin fin en compañía de
los santos, roguemos al Señor. R.
Para que toda la familia humana sea cada día con mayor intensidad lugar de
convivencia pacífica y cordial, y para que la Iglesia de Jesucristo sea cada vez
más comunidad de fe, de oración y de caridad fraterna, roguemos al Señor. R.
Señor Dios todopoderoso, que desde el principio del mundo santificaste la
unión matrimonial, escucha nuestra oración y haz que los nuevos esposos N. y
N. consigan con abundancia los bienes que para ellos te hemos pedido. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

                                       67
Oremos, hermanos, a Dios Padre y pidámosle que llene con sus dones a estos
nuevos esposos y mire con bondad a toda la familia humana.
Después de cada petición responderemos:
Te rogamos, óyenos.
Para que la unión de N. y N. llegue a ser para todos signo vivo del amor de
Jesús por su Iglesia, roguemos al Señor. R.
Para que vivan siempre en la fidelidad que hoy se han prometido y su amor no
decaiga nunca, roguemos al Señor. R.
Para que su Matrimonio se vea enriquecido con una descendencia feliz que sea
alegría para el mundo y gozo para su hogar, roguemos al Señor. R.
Para que los familiares y amigos de los nuevos esposos participen de su alegría,
aquí en la tierra, y los difuntos que ellos amaban gocen de la felicidad del
Reino de Dios, roguemos al Señor. R.
Para que el Señor, en su gran misericordia, bendiga a su Iglesia, santifique a
sus ministros, sea ayuda de los que sufren y llene el mundo entero con sus
dones, roguemos al Señor. R.
Escucha, Señor, nuestras oraciones y concede con abundancia a los nuevos
esposos N. y N. los bienes que para ellos te hemos pedido. Por Jesucristo,
nuestro Señor. Amén.

                                       68
Invoquemos, hermanos, confiadamente a Dios, nuestro Padre, autor de todos
los bienes, y pidámosle por los nuevos esposos N. y N. Y por las necesidades de
todos los hombres.
Después de cada petición responderemos:
Te rogamos, óyenos.
Para que N. y N., que acaban de celebrar con gozo su Matrimonio, se
mantengan siempre firmes en la fidelidad y constantes en el amor mutuo,
roguemos al Señor. R.
Para que sepan amarse como Cristo ama a su Iglesia y estén siempre
dispuestos a ayudarse y honrarse mutuamente, roguemos al Señor. R.
Para que el Señor les conceda acierto en la educación de sus hijos, y sabiduría
para administrar su hogar, roguemos al Señor. R.
Para que el Señor bendiga a la Iglesia, sea fuerza y consuelo de las familias
que sufren a causa de las enfermedades o desavenencias y acoja en su Reino a
los que ya han abandonado este mundo, roguemos al Señor. R.
Escucha, Señor, nuestras oraciones y derrama con abundancia tus dones sobre
los esposos N. y N.; aparta de ellos todo mal y haz que vivan felices bajo tu
protección. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

                                       69
Oremos, hermanos, por las necesidades de la santa Iglesia y de todo el mundo,
y encomendemos especialmente a nuestros hermanos N. y N., que acaban de
celebrar con gozo su Matrimonio.
Después de cada petición responderemos:
Te rogamos, óyenos.
Por la santa Iglesia, para que Dios le conceda ser siempre la esposa fiel de
Jesucristo, roguemos al Señor. R.
Por los nuevos esposos N. y N., para que el Espíritu Santo los llene con su
gracia y haga de su unión un signo vivo del amor de Jesucristo a su Iglesia,
roguemos al Señor. R.
Por nuestro hermano N., para que sea siempre fiel al Señor como Abraham y
admirable por su piedad y honradez como Tobías, roguemos al Señor. R.
Por nuestra hermana N., para que sea siempre irreprensible en su conducta,
brille por su dulzura y pureza, humildad y prudencia, roguemos al Señor. R.
Por todos los Matrimonios, para que, en el amor mutuo y en la fidelidad
constante, sean en nuestra sociedad fermento de paz y unidad, roguemos al
Señor. R.
Por los miembros de nuestras familias que han muerto en la esperanza de la
resurrección, para que Cristo los acoja en su Reino y los revista de gloria y de
inmortalidad, roguemos al Señor. R.
Padre santo, concede a estos hijos tuyos que en ti confían, los dones de tu
Santo Espíritu, para que sean fieles en su mutuo amor y vivan en paz todos los
días de su vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

                                      70
(Esta oración de los fieles suele usarse cuando se ha elegido el evangelio de
san Juan 2,1-11 que narra las Bodas de Caná de Galilea: número 42)
Oremos, hermanos, a Dios Padre, de quien viene toda bendición, para que colme
de gozo y paz a los nuevos esposos, a cuantos estamos aquí reunidos, a la
Iglesia universal y a todos los hombres de la tierra.
Después de cada petición responderemos:
Te rogamos, óyenos.
Para que todo el pueblo cristiano progrese en santidad, roguemos al Señor. R.
Para que nuestros hermanos N. y N., que se han unido en Matrimonio, vivan con
salud y prosperidad, roguemos al Señor. R.
Para que su Matrimonio sea santificado como el de Caná de Galilea, roguemos
al Señor. R.
Para que Dios les dé hijos que sean siempre su gozo y su corona, roguemos al
Señor. R.
Para que tengan un amor perfecto y una paz y felicidad estables, roguemos al
Señor. R.
Para que todos los que se preparan al Matrimonio tengan conciencia de las
exigencias de la fidelidad y del amor, roguemos al Señor. R.
Para que todos los Matrimonios, en el amor mutuo y en la fidelidad constante,
sean en nuestra sociedad fermento de paz y unidad, roguemos al Señor. R.
Dios todopoderoso, mira propicio a estos hijos tuyos, consérvalos unidos en tu
amor, concédeles los dones de tu gracia, a fin de que, después de esta vida,
merezcan llegar [en compañía de sus hijos] al lugar de la eterna felicidad. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

                                        71
Oremos, hermanos, a Dios, nuestro Padre, y, llenos de confianza, pidámosle que
derrame sobre los nuevos esposos N. y N. los dones de su bondad y conceda al
mundo su ayuda.
Después de cada petición responderemos:
Te rogamos, óyenos.
Para que el Señor, con su amorosa presencia, santifique constantemente el
nuevo hogar de los esposos N. y N., tal como bendijo las bodas de Caná de
Galilea, roguemos al Señor. R.
Para que nuestros hermanos que acaban de celebrar su Matrimonio gocen de
una felicidad abundante y estable, y encuentren en el Evangelio la norma de su
nueva vida, roguemos al Señor. R.
Para que Dios haga que su unión sea siempre un símbolo claro y constante del
amor de Cristo por su Iglesia, roguemos al Señor. R.
Para que el Señor conceda a los papás de los nuevos esposos ver en el
Matrimonio de sus hijos el coronamiento de sus esfuerzos por educarlos,
roguemos al Señor. R.
Para que el Señor conceda a los [abuelos, papás] familiares y amigos de los
nuevos esposos, que los han precedido en las moradas eternas, gozar de la
felicidad sin fin, roguemos al Señor. R.
Para que Dios conceda a los ministros de la Iglesia anunciar con valentía el
mensaje de salvación y conceda a toda la familia humana abundancia de paz y
bienestar, roguemos al Señor. R.
Escucha, Señor, nuestras oraciones y concede a los nuevos esposos, que sólo en
ti confían, compartir una vida larga y feliz, ser siempre fieles el uno al otro,
conservar el amor en la unidad y llegar, después de esta vida, a la felicidad
eterna de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

                                         72
Oremos, hermanos, a Dios, Padre nuestro, de quien toma nombre toda
paternidad en el cielo y en la tierra.
Después de cada petición responderemos:
Te rogamos, óyenos.
Para que los nuevos esposos N. y N. vivan siempre en la mutua fidelidad, tal
como hoy se han prometido ante Dios y ante la Iglesia, roguemos al Señor. R.
Para que el Creador de todas las cosas bendiga su amor con el brote de nuevas
vidas que sean la alegría de su hogar, roguemos al Señor. R.
Para que su amor no se debilite con el egoísmo, sino que sea irradiación de
verdadera caridad hacia todos, roguemos al Señor. R.
Para que los [papás,] familiares y amigos de los nuevos esposos participen de su
felicidad aquí en la tierra y con ellos sean admitidos en las nupcias celestiales,
roguemos al Señor. R.
Terminemos nuestra oración acordándonos de los pobres, los enfermos, los que
se sienten solos, de las familias con problemas y de todos los que sufren, para
que Dios remedie sus necesidades, roguemos al Señor. R.
Escucha, Padre, nuestra oración y concede a los nuevos esposos N. y N. los
bienes que desean y que para ellos te hemos pedido. Por Jesucristo, nuestro
Señor. Amén.

                                       73
Oremos, hermanos, a Dios, nuestro Padre, y pidámosle que, en su gran bondad,
conceda sus bienes a los nuevos esposos N. y N. Y llene a toda la familia
humana con sus dones.
Después de cada petición responderemos:
Te rogamos, óyenos.
Para que el Señor fortalezca constantemente el amor de los nuevos esposos N.
y N. Y les conceda vivir siempre unidos en el gozo y en el dolor, roguemos al
Señor. R.
Para que les conceda acierto en la formación de sus hijos y para que los sepan
educar en la salud del cuerpo, en la rectitud humana y en la integridad de la fe,
roguemos al Señor. R.
Para que su hogar dé testimonio perseverante de la fe cristiana y sea para el
mundo reflejo luminoso del amor de Dios, roguemos al Señor. R.
Para que, en medio de las dificultades y tentaciones que los rodearán,
mantengan segura la esperanza, firme la fe y viva la caridad, roguemos al
Señor. R.
Para que Dios conceda a toda la familia humana la paz y el bienestar, y conceda
a la Iglesia poder anunciar sin dificultades el Evangelio a los pueblos, roguemos
al Señor. R.
Dios nuestro, que desde el comienzo del mundo santificaste el Matrimonio,
escucha las oraciones de tu pueblo y concede a los nuevos esposos N. y N. vivir
siempre unidos en el amor y firmes en la fidelidad. Por Jesucristo, nuestro
Señor. Amén.

                                       74
Oremos a Dios Padre, de quien procede toda paternidad, para que bendiga el
amor de estos nuevos esposos y llene con sus dones a toda la familia humana.
Después de cada petición responderemos:
Te rogamos, óyenos.
Para que los nuevos esposos N. y N. guarden inquebrantable la fidelidad que se
han prometido ante el altar, roguemos al Señor. R.
Para que su amor se vea enriquecido con una descendencia feliz, roguemos al
Señor. R.
Para que su hogar resplandezca por la caridad y sea ante el mundo un
testimonio de la bondad de Dios, roguemos al Señor. R.
Para que a través de las dificultades de esta vida, mantengan segura la
esperanza, firme la fe y ferviente la caridad, roguemos al Señor. R.
Para que todos los presentes, y especialmente los familiares y amigos de estos
nuevos esposos, participemos aquí en su felicidad y seamos admitidos con ellos
a la dicha eterna, roguemos al Señor. R.
Para que la santa Iglesia de Dios sea rica en frutos del Espíritu Santo,
conserve siempre el gozo, la paz y el amor y manifieste así al mundo la
presencia en ella de Cristo, roguemos al Señor. R.
Para que, los que carecen de bienes para el cuerpo o de amor para su espíritu y
los que padecen discordias familiares encuentren en Dios su ayuda y consuelo,
roguemos al Señor. R.
Escucha, Padre de bondad, nuestra oración y derrama tu gracia sobre estos
esposos: aparta de ellos todo mal y todo pecado, alégralos con la abundancia de
tus bendiciones y haz que vivan siempre felices en el tiempo y en la eternidad.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




                            Bendición nupcial
   1. Bendición
                                        75
Dios nuestro, tú que con tu poder lo hiciste todo de la nada y, desde los
principios de la creación, modelaste al hombre y a la mujer a tu imagen y
semejanza, y constituiste a cada uno como ayuda y compañía inseparable del
otro, de modo que no fueran dos seres sino uno solo, enseñándonos que nunca
es lícito separar lo que tú quisiste unir; Dios nuestro, tú que con un designio
maravilloso consagraste la unión conyugal para prefigurar en ella la unión de
Cristo y de la Iglesia; Dios nuestro, tú que has querido la unión del hombre y la
mujer y has bendecido esta comunidad, establecida desde el principio, con la
única bendición que no fue abolida ni por la pena del pecado original, ni por el
castigo del diluvio; mira con bondad a estos hijos tuyos que, unidos en
Matrimonio, quieren que tu bendición los acompañe. Envía sobre ellos la gracia
del Espíritu Santo para que tu amor, derramado en sus corazones, los haga
permanecer fieles a su alianza conyugal. Concede a tu hija N. el don del amor y
de la paz y que siga siempre el ejemplo de las santas mujeres, cuya alabanza
proclama la Escritura. Que confíe en ella el corazón de su esposo y que,
reconociéndola éste como compañera de igual dignidad y coheredera de la vida
de la gracia, la respete debidamente y la ame siempre con el amor con que
Cristo amó a su Iglesia. y ahora, Señor, te suplicamos que estos hijos tuyos
permanezcan ligados a la fe y a tus mandamientos y que, fieles a un solo amor,
sean ejemplares por la integridad de sus costumbres; que, fortalecidos con el
Evangelio, sean testigos de Cristo delante de todos; [sean fecundos en hijos,
padres intachables, vean ambos a los hijos de sus hijos] y, transcurrida una
ancianidad feliz, alcancen la felicidad de los justos en el Reino de los cielos.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

                                      76
Padre santo, que hiciste a los hombres a imagen tuya y los creaste varón y
mujer para que, unidos en la carne y en el espíritu, fueran colaboradores de tu
creación. Señor, tú que para revelarnos el designio de tu amor, quisiste
dejarnos en el amor de los esposos un bosquejo de la alianza que hiciste con tu
pueblo, a fin de que, completado con el sacramento, en la unión conyugal de tus
fieles quedara patente el misterio nupcial de Cristo y de la Iglesia. Extiende
sobre estos hijos tuyos N. y N. tu mano amorosa e infunde en sus corazones la
fuerza del Espíritu Santo. Concédeles, Señor, que en la comunidad sacramental
que hoy inician, se comuniquen los dones de tu amor y, siendo el uno para el
otro signo de tu presencia, sean un solo corazón y un solo espíritu. Concédeles
también que sepan conservar y proteger su nuevo hogar [y formen a sus hijos
según el Evangelio, para que, así, puedan éstos algún día incorporarse para
siempre a tu familia celestial]. Colma de bendiciones a tu hija N., para que
pueda cumplir sus deberes de esposa [y madre]. Dé calor a su hogar con un
amor puro y con su afabilidad lo adorne. Bendice también a tu hijo N., para que
cumpla dignamente su misión de esposo fiel [y de padre providente]. Concede,
Padre santo, a estos hijos tuyos que han unido sus vidas ante ti [y quieren
ahora, por primera vez como esposos, acercarse a tu mesa,] participar algún
día alegremente, del banquete celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

                                       77
Padre santo, autor de todo el universo, que creaste a tu imagen al hombre y a
la mujer y colmaste de bendición su unión conyugal; te pedimos por estos hijos
tuyos que hoy se unen por el sacramento del Matrimonio.
Que descienda, Señor, sobre esta esposa N. y el compañero de su vida N. la
abundancia de tu bendición, y que la fuerza de tu Espíritu Santo inflame sus
corazones [para que al gozo de su vida matrimonial añadan el encanto de los
hijos] y enriquezcan [con ellos] a tu Iglesia. Que te alaben, Señor, en sus
alegrías; que te busquen en sus tristezas; que en sus trabajos encuentren el
gozo de tu ayuda y, en la necesidad, sientan cercano tu consuelo; que te
invoquen en las reuniones sagradas; que den testimonio de ti entre los hombres
y, después de una ancianidad feliz, lleguen al Reino de los cielos, acompañados
de quienes hoy comparten su alegría. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


                 Oración después de la Comunión
                                       78
Dios y Padre nuestro, por medio de este sacrificio de salvación, protege con tu
providencia a la nueva familia que has instituido y unifica en un mismo corazón
a los que uniste en una santa alianza [y has alimentado con un mismo pan y un
mismo cáliz]. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

                                     79
Tú que nos has permitido participar de tu mesa, concede, Señor, a N. y N., que
acaban de unir sus vidas por el sacramento del Matrimonio, permanecer
siempre fieles a ti y dar testimonio de tu amor ante los hombres. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

                                      80
Concédenos, Dios todopoderoso, que la gracia del sacramento del Matrimonio
actúe de día en día en la vida de estos esposos, y que la Eucaristía que hemos
ofrecido y recibido, nos haga vivir a todos como hermanos. Por Jesucristo,
nuestro Señor. Amén.

								
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