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DOC009 Teologia del Exito

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DOC009 Teologia del Exito
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República Bolivariana de Venezuela

Instituto Bíblico Teológico



“Dios Es Amor”

Registrado en el Ministerio del Poder Popular Para la Educación

Nº R00390201

Inscrito en el Ministerio del Poder Popular

Para Relaciones Interiores y Justicia de la Dirección de Culto Nº 7755

Rif: J- 30950119-4

Telf: (0414) 894-8097 / (0416) 680 46 91

www.ministeriodiosesamor.net.ve Correo: ministeriodiosesamor@hotmail.com

Facultad de Pasantías









Teología del Éxito



Banco de Venezuela Cuenta Corriente

N° 0102-0418-65-0000025221

a Nombre de Carlos Belizario



Email.: ministeriodiosesamor@hotmail.com Cel.: (0414)-894.80.97

(0416)-293.40.72; (0281)-418.60.66





Calle libertad # 54-A, El Espejo, al lado del Talle Bruno,

Barcelona Estado Anzoátegui – Venezuela

APÓSTOLES DR. CALOR Y ROSA DE BELIZARIO

DIRECTORES GENERALES









Código 009.

1

INTRODUCCIÓN:



A primera vista parece absurdo abordar una temática sobre dos teologías tan distantes

en el tiempo y tan diferentes en sus presupuestos teológicos. Quizás, se ha de reconocer

primero que la importancia del tema está precisamente en las grandes diferencias que

ambas teologías muestran. Es comprensible también la objeción de alguien que discrepe

con un estudio de la teología de la prosperidad de cara a la teología de la gracia, y no de las

teologías contextuales y de liberación, que tanto cuestionaron la inoperancia histórica de la

teología cristiana clásica, con todo su eje central de la gracia.





El contexto en el que se elige este tema, -teología de la gracia-teología de la

prosperidad-, demanda acentuar no tanto corrientes teológicas, por nuevas o antiguas que

sean, sino la ausencia de la gracia en tiempos cuando todo adquiere un significado material.

La teología de la gracia, y la teología clásica en general, se ha devaluado tanto que han

perdido su significancia original y en consecuencia, su relevancia actual. Claro está que

hablar de crisis en la teología, cualquiera que sea, no equivale a afirmar la “crisis de Dios”

o de la gracia de Dios. La crisis y muerte de las teologías presupone más bien una gran

oportunidad para redescubrir a Dios.





La teología de la prosperidad, con su gran atractivo para los pobres, exalta la crisis de

la teología tradicional y de conceptos bíblicos tan ricos como la gracia. Esta crisis, sin

embargo, no sale a flote con la aparición de una nueva teología, más popular que

académica, sino que ha estado presente a través de la historia de la iglesia, principalmente,

después del reconocimiento oficial que le dio Constantino. Este trabajo destaca el desafío

que para las teologías oficiales y académicas representan las creencias populares de la fe

cristiana, como es el caso de las ideas religiosas provenientes de la teología de la

prosperidad.









2

TEOLOGÍA DEL EXITO



Teología de la gracia

El desconocimiento del contexto que provocó el interés en esta temática,

especialmente la ubicación en un mismo plano de la teología de la gracia y de la teología de

la prosperidad, podría prestarse a malos entendidos. Desde un plano teológico puede que

surjan cuestionamientos y preguntas válidas como las siguientes: ¿cómo se relaciona la

gracia, tan central en la teología cristiana clásica con un pensamiento religioso propio de

una nueva religiosidad popular protestante? ¿Qué sentido tiene comparar la teología de la

gracia, que evoca a figuras tan emblemáticas como Agustín, Tomás de Aquino, Lutero,

Calvino, Bonhoeffer y Barth, con la teología de la prosperidad? No se puede dejar de

reconocer que el tema de la gracia en la teología clásica está condicionado biográficamente

por el peso de las figuras emblemáticas ya mencionadas que trazaron el camino, en

Occidente, de la reflexión sobre la gracia.1 Pero, los grandes méritos de estas figuras no

bastaron para ganar la autoridad y prestigio que gozaron en vida; sus ideas no siempre

ganaron terreno por vía de la persuasión, sino por la fuerza del poder civil y de estructuras

represivas.





La teología de la prosperidad también tiene un gran peso biográfico, aunque diferente

de la otra teología. No se niega la fuerza e influencia que tienen algunos de sus líderes

como K. Hagin. K. Copeland, B. Hinn, J.Wimber, E. Paulk, P. Wagner, entre otros. Desde

Kenyon2, quien es parte de la prehistoria de este movimiento en los años de 1940 y Hagin,

se marcó la autoridad de personas fuertes en la teología de la prosperidad. Sus críticos del

sector evangélico consideran incluso que su autoridad los ha puesto “sobre un pedestal de

infalibilidad”3, desde el cual amenazan a sus críticos, ya no inspirados por el poder

político, como lo hicieran Agustín y los reformadores protestantes, sino en sus “poderes

espirituales”.





La comparación de ambas teologías y las preguntas que levantan evoca la realidad, a

veces ignorada, de la tensión que siempre marcó la historia de la Iglesia cristiana entre una







3

teología oficial, defendida por las jerarquías eclesiásticas, su clero y sus teólogos, y el

pensamiento religioso que nutre las prácticas religiosas y la devoción del creyente común.





Es un hecho consumado que, en el cristianismo, siempre han operado dos, o más,

iglesias y dos, o más, teologías paralelas, las cuales mutuamente se han ignorado y

excluido. La teología oficial, administrada por las jerarquías, ha buscado por todos los

medios controlar, y hasta deshacerse, de las creencias religiosas populares. En la actualidad

una de las diferencias de esta tensión con respecto al pasado, radica en que la teología de la

prosperidad surge en un momento de gran confusión cultural, además de la crisis que afecta

a la teología tradicional.





Históricamente, la teología académica4 se ha resistido a valorar con seriedad la

religiosidad popular y reconocer los desafíos que plantea al conocimiento teológico. Esto

ha ayudado para que las instituciones de educación teológica, independientemente de sus

énfasis teológicos, tengan hoy tantas dificultades para reclutar estudiantes, en contraste con

el gran atractivo que al parecer poseen las escuelas e institutos teológicos de algunas

iglesias que promueven la teología de la prosperidad. Por lo tanto, habla bien una Comisión

Teológica que asume el estudio de un factor de la religiosidad popular, como es la llamada

teología de la prosperidad. Pero, atender esta preocupación no tiene mayor mérito que el

marcado por el sentido común de una organización de iglesias protestantes que entiende

como una sus tareas principales servir a sus afiliadas, en este caso en la exposición e

interpretación de las diferentes corrientes del escenario religioso contemporáneo.





Originalidad de la gracia

La teología cristiana ha girado alrededor del término gracia, cuya acepción es única.

El origen del concepto “gracia” no viene del griego profano, sino de la versión de los

Setenta, de la traducción ordinaria de hen, de la raíz hanan cuyo significado es mirar

inclinándose, inclinar la mirada. La idea de hen parece ser la de favor, con un matiz

particular de gratitud (Ex.23.21, 11.3, 33.12-17). Se añade que Pablo menciona más de cien

veces el término gracia (charis) siempre en forma singular para significar,

fundamentalmente, el amor misericordioso del Padre que es en Cristo. Hablar de gracia es





4

referirse a la esencia y sinónimo del evangelio de Jesucristo, en tanto el cristianismo es por

encima de todo una dispensa de gracia. Tan central es la gracia en la tradición cristiana que

casi no hay aspecto de la doctrina que pueda ser tratado sin relación con ella.6 Pero la

verdad de perogrullo que para los cristianos es la idea del cristianismo como una religión de

gracia no puede pasar por alto la originalidad de la gracia. El término charis, al igual que el

de ágape, expresa una noción de bondad que era desconocida por la teología y la ética

grecorromana.





Karl Barth definió la gracia como el movimiento divino con base en la idea de que el

hombre pertenece a Dios y Dios a los hombres.8 En América Latina teólogos no tienen

reparos en identificar estrechamente la gracia con la esencia de Dios. Se dice que Dios es

todo gracia y no tanto de que Dios tenga o muestre gracia.9 Otros anotan que la gracia

apunta a una nueva concepción humana en todas sus dimensiones, desde la relación entre

sexos hasta la que establecen razas y naciones.10





Devaluación de la gracia

Tan pronto como aparece la teología cristiana y su subsecuente supremacía sobre

otras tradiciones religiosas, la iglesia comienza a definir sus armas contra la disidencia. La

seguridad que le dio Constantino consolidó la naturaleza exclusivista del cristianismo, y por

consiguiente, el rechazo a las interpretaciones del legado cristiano que no concordaran con

la visión de las autoridades eclesiásticas. Las consecuencias fueron obvias: la gracia, que en

la versión paulina identifica la absoluta bondad y misericordia de Dios con quienes no lo

merecen, se convirtió en una dogmática que nadie podía cuestionar, y en la que el clero y

los grandes teólogos fueron parte de una clase defensora del orden religioso y civil. Las

tensiones teológicas ayudaron a definir un tratado de la gracia que sirvió para excluir: el

contexto antijansenista y la controversia entre dominicos y jesuitas, expresada en el De

Auxilis, alrededor de la gracia eficiente y la predestinación, provocó la formulación de un

tratado de la gracia que definía lo que se podía o no se podía hacer sin ella.12 De ahí que la

proclamación de la misericordia de Dios en la experiencia humana se equiparó con “un

conglomerado de proposiciones esotéricas, elaboradas más para condenar errores que para

traducir y animar la experiencia de los cristianos”.





5

La vivencia protestante no fue diferente a la católicarromana. Tan pronto como los

reformadores Lutero, Calvino, Zuinglio definieron la ruta de la gracia frente a los poderes

de la ley, las reflexiones filosóficas y teológicas de sus seguidores, en su mayoría

intelectuales, tradujeron el lenguaje que otrora fuera tan vivo y real, en un conjunto de

doctrinas de poca significancia práctica para los creyentes. Se abrió así el camino a los

tiempos modernos, que redujeron el lenguaje religioso y de la fe a un “lenguaje de ghetto”.





Ante tal vaciamiento semántico, la respuesta del mundo, como lo señaló un teólogo,

no pudo ser más que un bostezo. La responsabilidad de la muerte de un lenguaje teológico

tan rico como el de la gracia no puede recaer solamente en quienes lo redescubrieron, sino

en las generaciones teológicas sucesivas. Más bien Aquino, Calvino, Lutero, Barth, Tillich,

y otros “fueron conocidos tanto por sus sistemas de pensamiento como por su habilidad de

darle vida a sus ideas. Por más que se quiera hablar del carácter abstracto de la doctrina

cristiana, la teología posterior contribuyó mucho a desligar la gracia de Dios de las

preguntas existenciales, y con ello a la devaluación e irrelevancia del concepto y mensaje

de la gracia.





En el medio europeo, donde nace y se desarrolla la teología cristiana, en la actualidad,

la gracia, según Packer, es, prácticamente, menos importante que la calefacción de la

iglesia o el balance contable del año: “No es de sorprender, por lo tanto, que la fe en la

gracia sea algo raro en el día de hoy. Lo expresado antes marca, en parte, la poca identidad

histórica y teológica de la tradición cristiana y del cristianismo latinoamericano. Si para los

protestantes esta falencia es preocupante, a pesar de que lo histórico no fue un aspecto

central para pioneros protestantes, para la Iglesia Católica la situación puede ser un poco

diferente, dada la importancia que ella le concede a la tradición histórica. Aquí se oyen

voces que advierten la pérdida de la identidad histórica en sectores del clero. F. Martínez

menciona el problema de la poca “ascesis y voluntad” de estudiantes de teología para

entender los debates históricos que definieron la teología cristiana. Para este teólogo

católico superar esta deficiencia requiere algo más que la ayuda ofrecida por los recursos

didácticos (lúdicos) de la docencia, los cuales impiden que los estudiantes se adentren “en

el meollo de las ciencias”. Concordar con esta percepción no es difícil, si se tiene en cuenta





6

el abuso al que se ha sometido la educación popular con la creación de una camada de

“facilitadores” que es eficaz, no tanto para la promoción de una reflexión seria, como si

para la producción de un ambiente de opiniones. De hecho Pablo Freire se sacudió de los

críticos que quisieron atribuirle a su modelo educativo de este tipo de pedagogía.





Gracia y desgracia

La atención de esta temática por la Comisión de Teología del CLAI, como dice uno

de sus documentos recientes, se basa en que es una preocupación creciente en las iglesias.

Ello no significa que el interés de las iglesias sea el estudio de la teología por la teología

misma, o en el estudio teórico de la gracia como eje central de la teología cristiana. El

interés en el tema de la gracia se ve, más bien, animado por una atmósfera de antigracia que

domina hoy el mundo, en la cual un sistema económico único produce e impone una

realidad de anti-gracia, y desgracia.20: “la elección del tema tiene que ver también con la

lectura del kairos, el tiempo actual de actual de Dios en América Latina. Primero porque en

el mundo la cultura prevaleciente se ha hecho muy dura, nada graciosa o gratuita; parecería

que somos, existimos, si estamos en el proceso productivo. Grandes sectores de la

población, millones de seres humanos son marginados por nuestro sistema actual,

competitivo, porque no pueden sobrevivir con reglas de juego que están cargadas en su

contra”. La reflexión sobre la gracia en nuestro medio, más que revivir las discusiones

clásicas sobre la “teología de la gracia”, exige entonces un análisis de lo que impide o

promueve la manifestación de la gracia de Dios en el mundo actual. Hablar de la gracia

demanda, entonces, una conciencia de la experiencia de la des-gracia.22 De ahí la

importancia de reconocer que, el escenario de una teología de “éxito”, como la teología de

la prosperidad, está marcado por grados de sufrimiento,23 a pesar de que su mensaje, según

algunos de sus críticos, es muy diferente al amor altruista (ágape) y a la gracia que se

refiere el Nuevo Testamento.





No se trata entonces de hablar de la gracia en términos abstractos, sino de su realidad

y de los factores que la promueven y la niegan, en una coyuntura donde el éxito material y

la realización individual se convierten en la meta y propósito de la existencia humana. Y lo

más preocupante, como se reconoció en Corea en un debate sobre la teología de la





7

prosperidad, es la obsesión materialista de los mismos cristianos. Evadir esta presión no es

nada fácil, dada la fuerza, como dice Brueggemann, del totalitarismo de una liturgia de la

productividad que “sólo valora aquellos que participan en los logros de producción y

consumo del consumismo, el cual es gobernado por la triada constituida por dinero, poder y

sexo. Las liturgias que sostienen esa ideología son las de los deportes y de la industria de

entretenimiento, que se especializa en temas de poder, éxito, riqueza y placer en formas

ilimitadas…No es necesario añadir que esta ideología esconde, y de esa manera la niega, la

existencia de aquellos que no son productivos”.





Teología de la prosperidad

El nombre de teología de la prosperidad alude básicamente a un énfasis en el

bienestar material como bendición de Dios más que a una escuela de pensamiento religioso.

Los predicadores de estas doctrinas comienzan intencionalmente a identificarse dentro de

un esquema teológico que sus críticos llamaron primero “teología de prosperidad”.





En principio habría que reconocer que esta teología es parte de un paquete religioso

neopentecostal, que tomó fuerza en América Latina a partir de los 1980s. Incluye un

conjunto de doctrinas que van desde la guerra espiritual, el ministerio quíntuple, el

discipulado de los doce, hasta la restauración del culto y un programa agresivo de

crecimiento de las iglesias. Escritores que aprueban el movimiento lo presentan como parte

de una “tercera ola” neopentecostal que se manifiesta en todas las denominaciones; la

primera ola es el pentecostalismo clásico, y la segunda el movimiento carismático

católicorromano.





Actualmente se está hablando tanto de la teología de la prosperidad que su

descripción y definición peligran ser una caricatura. También el incremento de la literatura

que la cuestiona puede aumentar la subjetividad de su estudio. Los defensores de este

movimiento opinan que el dibujo hecho por la crítica está saturada de exageraciones y

falacias. Personas que han llegado a estudiarla con cierta preconcepción de lo negativo,

confiesan haber encontrado algo muy diferente, no sólo a nivel de las ideas teológicas, sino

también en cuanto a las figuras emblemáticas de esta teología.





8

La corriente religiosa de la prosperidad se enmarca dentro de la enseñanza de los

“hijos de rey”, por medio de la cual se sostiene que el seguimiento y aplicación de las

ordenanzas reales divinas es suficiente para una vida materialmente próspera: Los hijos del

Rey tienen derecho a recibir un tratamiento especial porque gozan de una relación especial

viva de primera mano con su Padre celestial, que hizo todas las cosas y sigue siendo dueño

de las mismas.





Como el deseo de Dios es dar prosperidad material, Gloria Hagin, (esposa de Kenneth

Hagin) afirma que es también Su voluntad el que la Iglesia cristiana eventualmente se

apodere de todo el dinero del mundo.31 Schuller dirá que solo la insensatez puede hacer

que la gente, por motivos de humildad, decida escoger la pobreza en vez de la prosperidad,

los pequeños logros en vez de los grandes éxitos. Más que humildad, “es algo tonto”

concluye este autor. Muchas son las personas que dentro de esta teología están seguros que

la prosperidad material es lo que Dios ofrece hoy. En América Latina han escrito

directamente de las bondades de esta corriente, entre otros, el peruano Juan R. Capurro,

actualmente fuera por escándalos morales33 y el costarricense Yamil Jiménez.





Otra de las figuras que defendió mucho esta teología fue el creador y director del

desaparecido programa de PTL, Jim Bakker, quien también por escándalos morales fue

aislado del movimiento.





Hoy las iglesias protestantes, casi sin distingo de denominación, tienen algo que ver

con esta teología. Una consulta en Bolivia que analizó el impacto de esta teología destacó la

popularidad del “evangelio de la prosperidad” en los últimos años en América Latina. En

Corea, en un evento similar, se reconoció la importancia de este movimiento y la

polarización que estaba generando en círculos eclesiales: “Las últimas décadas de la

comunidad cristiana han estado envueltas en la controversia sobre la llamada teología de la

prosperidad que es considerada como una nueva enseñanza por algunos. La iglesia ha sido

agudamente dividida entre los seguidores ardientes de la teología de la prosperidad y

aquellos que la desaprueban fuertemente”.







9

A todo ello se suma el interés que los estudiantes y profesores de teología han puesto

en esta corriente religiosa. La cosecha latinoamericana en cuanto al análisis de la teología

de la prosperidad ha sido abundante, especialmente en tesis de grado en los seminarios

teológicos. La calidad de algunos de estos trabajos ha merecido incluso su publicación.





Esta teología es todo un movimiento religioso que en su forma más visible está

dominado y conducido por “hombres fuertes”, por profetas y apóstoles de nuevo cuño. El

énfasis en la prosperidad es la punta de un iceberg, el lado más visible y exitoso que, según

esta teología, Dios está dispuesto a dar a todos los cristianos. Es un movimiento que

algunos llaman también “evangelio de riqueza, salud y felicidad”. El sustrato ideológico de

esta teología se liga con el idealismo y optimismo filosófico estadounidense del siglo XIX,

aunque su origen formal se desarrolla, más que todo, en los Estados Unidos, principalmente

en los 1950s. En este tiempo fueron vitales las enseñanzas y liderazgo de W. Kenyon,

popularizadas pronto por Kenneth Hagin. De hecho Hagin es, en la actualidad, una de las

figuras más respetadas del movimiento y uno de los mayores forjadores de promotores de la

teología de la prosperidad a través de su centro de entrenamiento bíblico, Rhema, con sede

en Oklahoma.





Las raíces de esta teología se relacionan con el marco incomparable del boom

económico después de la Segunda Guerra Mundial, Posterior a los años 1960s, las ideas del

psicólogo Norman Vincent Peale, en especial su libro “El poder del pensamiento tenaz”,

será de gran influencia en personalidades destacadas de esta teología. Un ejemplo es Robert

Schuller, gestor del llamado “pensamiento posibilista”, para quien el progreso material

individual depende de una actitud mental positiva. En este aspecto el discurso de la teología

de la prosperidad poco se diferencia de los escritores de la Nueva Era como Deepak

Chopra. La historia temprana de la teología de la prosperidad en los Estados Unidos tiene

tres pilares en el movimiento de Lluvia Tardía de los años 1940s: William Branham, Oral

Roberts y Gordon Lindsay. Mucho de la fuerza de los grupos de este movimiento se basa

en el uso y la adquisición de medios de comunicación radiales y televisivos, así como en la

importancia que se le da a la música en los eventos religiosos. Decir entonces que la

teología de la prosperidad es un fenómeno eminentemente “massmediático” no está lejos de





10

la realidad. Sus críticos señalan este aspecto en su afán de conseguir suficientes emisoras

cristianas de televisión, programas y satélites que saturen las ondas, como condición para

conquistar el mundo…”.





Toda teología es hija de su tiempo, no sólo porque existen condiciones objetivas que

la hacen atractiva, sino también por la manera, directa o indirecta como se aborda el poder.

El énfasis directo de este discurso religioso consigue que fácilmente, se le entienda como

un producto de una cultura altamente individualista y egocéntrica del capitalismo de fines

del siglo XX. En América Latina la influencia mayor de esta teología viene de Benny Hinn,

otra de las figuras más emblemáticas de la teología de la prosperidad a nivel mundial. Entre

los predicadores más conocidos que recorren este continente propagando la visión de esta

teología están Claudio Freidzon, de Argentina y Cash Luna, de Guatemala. Además tienen

representantes en cada país, cuya autoridad está incluso, en unos países más que en otros,

por encima de las alianzas o confederaciones evangélicas.





Diferencias coreanas y estadounidenses

La teología de la prosperidad tiene dos zonas de influencia muy definidas. Una es la

representada por los predicadores estadounidenses, y la otra proviene de Corea del Sur. De

la nación asiática se distingue David Yonggi Cho, fundador en Corea, de la iglesia local

más grande del mundo, con más 700.000 miembros. Cho creó una filosofía de la

prosperidad basada en leyes cuya aplicación comprobada creyó haber demostrado: ley del

diezmo, la ley de la siembre y cosecha, la ley del eco. Dentro de su esquema no cabe la

indigencia de muchos cristianos, quienes, para él, son “mendigos perpetuos”. Se debe

considerar que también hay una fuerte experiencia africana y latinoamericana de la teología

de la prosperidad, aunque en ambas regiones se nota una dependencia de la línea

estadounidense. Uno de los estudiantes más distinguidos de K. Hagin, en Sur Africa, es

Ray McCauley, quien fundó la congregación local más grande del continente africano -

Iglesia Rhema- con más de 9000 miembros. Los coreanos, no obstante, pretenden ser

originales y distintos a la vez de la teología de la prosperidad de origen anglosajón. Se

afirma, por ejemplo, que las enseñanzas de Cho, aunque son bastante idénticas a las de

Hagin y Schuller, son mucho más balanceadas.47 Teólogos cercanos al pastor Cho, señalan





11

que su perspectiva del éxito material les diferencia de los estadounidenses. Los

estadounidenses, según estos coreanos, omiten la enseñanza de que la prosperidad debe ser

usada para construir el reino de Dios, y no como muchos cristianos la perciben, es decir

para obtener un carro lujoso, una casa grande y tener una vida suntuosa.48 Kee Wang,

coreano y también defensor del movimiento, se justifica de los comentarios críticos de

Gasque, aclarando que los asuntos cuestionados corresponden más con la versión

estadounidense:





“El Dr. Gasque entiende “prosperidad” principalmente en términos de éxito

financiero. Asumo que esta comprensión se deriva del punto de vista estadounidense, que

es diferente del coreano. De acuerdo al sistema de valores cristianos, el término

“prosperidad” implica no solamente éxito financiero y salud física, sino también el logro de

un status social incluyendo aún el bienestar de los hijos, que incluye fama, ascenso, y éxito

académico. Por eso es que su comprensión del término de TP no se aplica propiamente a las

iglesias coreanas”. Para los coreanos, las deficiencias estadounidenses quedaron claramente

manifiestas en los escándalos y caída de los teleevangelistas promotores de la teología de la

prosperidad: Jim Bakker y Jimmy Swaggart .50 Es interesante cómo recientes

declaraciones de Bakker parecen darle la razón a los coreanos: “engañé a millones de

personas que buscaban ganancias materiales, mientras yo había perdido la verdad de Dios

en mi propia vida”. Bakker también reconoce que su mensaje religioso fue una especie de

“evangelio de Disneylandia”: “Por lo menos hasta la mitad de mi ministerio, yo presenté un

evangelio de disneylandia, en el cual la gente buena siempre se hace rica, los malos son

derrotados, y después todos viven una vida feliz. Yo viví e intenté promover una tierra de

fantasía espiritual en donde la gente de Dios era siempre bendecida física y, por supuesto,

materialmente”. Otro de los grandes activistas de esta teología, Pedro Wagner, confirmaría

también la tesis coreana de los abusos estadounidenses, al reconocer que en un momento la

“línea entre la prosperidad dada por Dios y la codicia desenfrenada se había desvanecido un

tanto”.





Rescate del término “prosperidad”







12

Por más análisis críticos que se escriban sobre la teología de la prosperidad, y por

más debates que se realicen entre los sectores protestantes, algunos teólogos le reconocen a

esta corriente como un aspecto positivo, el haber puesto de manifiesto que la prosperidad

material en la tierra es una realidad bíblica que merece ser estudiada cuidadosamente. La

declaración final del debate sobre la teología de prosperidad en Corea lo puso en estos

términos:





“Hay que hacer una distinción entre “teología de la prosperidad” y la enseñanza

bíblica sobre la prosperidad. La primera se refiere a una enseñanza teológica

contemporánea la cual enfatiza que Dios siempre bendice materialmente su pueblo, con

riqueza y salud así como espiritualmente, cuando se tiene una fe positiva y una fe

obediente”. Desde esta óptica aparecen afirmaciones como la de W. H. Cook de que la

teología de la prosperidad ha permitido encontrar en la Biblia lo que nos era desconocido.

Por eso es que David Sang Bok Kim, teólogo coreano crítico de esta teología, lamenta que

este tema se haya dejado “en las manos indisciplinadas de predicadores de la prosperidad”.

En su concepto, las interpretaciones erróneas e imprecisas de las Escrituras, muestran la

seriedad con que debe abordarse esta temática: “¡Es hora de que los teólogos profesionales

se comprometan con un estudio sistemático de las bendiciones terrenales prometidas en la

Biblia!”.55 Los coreanos avanzan un paso más cuando reconocen que la perspectiva bíblica

de la prosperidad requiere que la riqueza sea asociada con el alivio del pobre y del débil.56

También algunos de estos teólogos entienden que el reino de Dios, predicado por Jesús,

busca la restauración total de la humanidad y su medio ecológico: “Hemos ya dicho que el

poder salvador del Reino de Dios que Jesús trajo, se manifiesta concretamente en la

restauración del hombre total, en el shalom social y en la salud ecológica, dado que el

pueblo vive la ética del reino. Es fácil ver como el pueblo de Dios, que vive en obediencia

al doble mandato de Jesús de amar a Dios y al prójimo, podría promover una justa

distribución de la riqueza impidiendo el sufrimiento de la deshumanización materialista de

la riqueza, así como del sufrimiento del hambriento o del pobre, y como eso llevaría a la

justicia social, a la libertad y la paz, conduciendo ello a un uso apropiado de los recursos

ecológicos. Todo esto, por supuesto, promovería también una salud física. Entonces, la

salvación del reino de Dios es real aquí y ahora en su sentido amplio, no sólo en confortar





13

nuestras “almas” para nuestra eventual salvación en un mundo venidero, sino en la

remoción de nuestro sufrimiento existencial. La salvación del reino de Dios que Jesús trajo

entonces significa también liberación de la pobreza, de la enfermedad y de la opresión. Es

interesante cuestionarse cómo estos teólogos asumen en la realidad de Corea, más allá de la

teoría, las contradicciones sociales que dividieron la nación en dos Coreas, y cómo

responden al permanente estado de huelga social de los trabajadores en Corea del Sur. Las

mismas interrogantes se levantan para los teólogos de la prosperidad en los Estados Unidos

que reconocen que su teología no se funda en un conservadurismo político. Earl Paulk lo

ejemplifica en el apoyo que dice haberle dado a Martin Luther King Jr y al movimiento que

lideraran a favor de la justicia para los negros.58 Habría que analizar que posibilidad

depara el futuro para que una teología popular entienda los poderes estructurales en su

manifestación concreta, tanto en sus implicaciones individuales como en la creación de

condiciones de vida indignas para una inmensa mayoría de la población mundial. Por ahora

resulta interesante que Pedro Wagner reconozca la validez, a pesar de sus dudas, de las

preocupaciones de Walter Wink sobre el origen estructural de la injusticia social.60





El cristianismo tradicional desde la teología de la prosperidad

La similitud en la liturgia y el origen pentecostal de la mayoría de sus líderes, hacen

que algunos identifiquen la teología de la prosperidad con algún subgrupo pentecostal61, lo

cual podría aplicarse si se entiende por pentecostal una manera de celebrar el culto. Pero si

se está hablando de agrupaciones pentecostales, es totalmente otro asunto. Las

denominaciones pentecostales clásicas son quizás las que más han sufrido con la

competencia neopentecostal de la teología de la prosperidad. Se sabe también de la

confrontación entre sectores del pentecostalismo clásico y esta nueva tradición

neopentecostal en sus mismos orígenes. En los Estados Unidos, las Asambleas de Dios se

pronunciaron, en 1949, contra el movimiento de Lluvia Tardía desde sus inicios. Se

sostiene incluso que esta y otras denuncias de diferentes iglesias pentecostales ayudaron al

declinamiento del movimiento.62 Entre los errores señalados en esa ocasión están los

siguientes:

a. Un sobreénfasis en los dones espirituales impartidos por imposición de manos y

profecía





14

b. La enseñanza de que la iglesia está construida sobre el fundamento de los apóstoles

y profetas de la actualidad.

c. La enseñanza extrema con respecto a la confesión de pecados a hombres y la

liberación, que da méritos al esfuerzo humano, de lo que solo pertenece a Cristo.

d. La enseñanza del don de lenguas como instrumento especial para el trabajo

misionero.

Esta posición de los pentecostales estadounidenses, que incluso hoy, se mantiene a

nivel de las dirigencias, provocó que el liderazgo del Movimiento de la Lluvia Tardía

denunciara lo que llamó la apostasía de las demás denominaciones. Se entiende que algunos

de ellos soñaran con un movimiento fresco que viniera a sustituir el “pentecostalismo

apóstata”.64 Otro de los pioneros del neopentecostalismo, en su versión de “lluvia tardía”,

denunciaba el rechazo de Dios a denominaciones por su fundamento babilónico. La crítica

al pentecostalismo clásico no supone un reconocimiento de otras tradiciones protestantes,

sino a un tipo de iglesias carismáticas de corte independiente. En ese contexto se explica el

vaticinio de Deiros y Mraida referente a que el cristianismo que predominará en el futuro

será de corte pentecostal-carismático.66 Para estos líderes, de trasfondo bautista, que han

entrado de lleno al mundo de la teología de la prosperidad, la crisis que afecta las

denominaciones tradicionales se resolverá con la carismatización de las estructuras: “los de

la tercera ola se están transformando en verdaderos polos de atracción para muchos

creyentes insatisfechos con la frialdad espiritual y falta de compromiso de sus iglesias

tradicionales”. Tal percepción de las demás iglesias lo comparten otros representantes de la

teología de la prosperidad, como Earl Paulk, quien se reconoce a sí mismo como un guía de

“ovejas sin pastor”, un pastor de tanta gente herida por las tradiciones religiosas” Paulk no

oculta su apreciación negativa de las demás iglesias: “En el redil de Dios, hay personas que

están hambrientas de la verdad y de la palabra de Dios. Sin embargo, ¡cuántas

congregaciones duermen todos los domingos por falta de verdadera revelación de Dios!

¿Cuántos seminarios han dejado de producir resultados para el Reino de Dios por no

habérseles suministrado la verdad.





La evaluación que los representantes más famosos de esta teología hacen de la

tradición cristiana y de la historia de la teología es bastante negativa. No se puede esperar





15

algo diferente, si se toma en cuenta que su lectura del cristianismo tiene muy poca conexión

con el cristianismo que se ha conocido hasta ahora. Para uno de sus críticos no hay duda al

respecto, por cuanto considera que la teología de la prosperidad es un movimiento cuyas

enseñanzas no se encuentran antes de 1950.





La crítica de las demás iglesias, por parte de un liderazgo de la teología de la

prosperidad, se afianza cuando éstos evalúan sus los logros recientes y los comparan con

los del protestantismo tradicional. Los éxitos en materia de crecimiento numérico de las

iglesias de este corte ha generado tal arrogancia extrema, que figuras religiosas como Bob

Jones y Hill Cain, llegan hasta pensar que tanto Elías como Pedro, y el mismo Pablo, no

experimentaron tal satisfacción. En este particular es evidente también el optimismo de otro

de los énfasis de esta teología: la guerra espiritual. En este campo, sus exponentes, creen

estar fundando una nueva ciencia, una “ciencia espíritu”, un área inexplorada, y, por mucho

tiempo, según ellos, ignorada por los misionólogos: El manejo de esquemas hace que se

constituya una regla más completa del ámbito espiritual…Como los científicos tenemos

que experimentar para desarrollar teorías.





A la crítica evangélica que los enmarca en un mundo de posibilidades esotéricas,

simplemente le responden que los asuntos “no se abordan como antes”.73 En cuanto al

señalamiento de que sus prácticas bordean las fronteras del animismo, se anticipa la

necesidad de perder el miedo hasta para aceptar que los animistas, en ocasiones, entienden

mejor ciertas cosas de los espíritus.74 En este sentido se aplica el criterio de Paulk de que la

Biblia, como libro, es un canon cerrado, pero no las revelaciones a las que se refiere.75 En

la incursión en el mundo espiritual se apela fuertemente a una práctica muy particular de la

profecía.:





“La profecía nos abre la puerta a una nueva relación y dimensión divina. La profecía

abre caminos que no habían sido abiertos anteriormente…El profeta es el único método de

Dios para informar a esta generación de una nueva y gran revelación”. Con lo dicho se

problematizan los criterios de fidelidad bíblica e identidad u ortodoxia histórica como

rasgos de una sana teología. Los defensores de la teología de la prosperidad se enorgullecen





16

de que sus ideas tienen un sobrado fundamento bíblico, aunque reconocen que aplican una

lectura innovadora de la Biblia. Uno de los escritores de esta teología le advierte a sus

lectores de su enfoque novedoso “Usted debe prepararse para algunas sorpresas. Al estudiar

los principios bíblicos se dará cuenta de que muchos de sus pensamientos, que siempre le

habían parecido sensatos y correctos, son totalmente erróneos desde la perspectiva de

Dios”.77 Desde esa óptica, es también comprensible su crítica a algunas doctrinas

pentecostales, usualmente incuestionables. Es el caso, por ejemplo, del “rapto de la iglesia”

una doctrina que Earl Paulk, hijo de pastor pentecostal y otrora pastor en esta tradición,

descalifica directamente como “ una herejía moderna que se acepta como verdad aunque

Satanás la haya introducido en las mentes de la gente para adormecerlos. El criterio de

identidad histórica tampoco es problema para la teología de la prosperidad, porque algunos

alegan aceptar el legado de Martín Lutero, Juan Wesley, y el pentecostalismo en sus

orígenes. Pero se aclara que el movimiento carismático que representan, cruza las líneas

divisorias que permiten que el Espíritu de Dios sea parte de toda la Iglesia y no solamente

de unos pocos. Asimismo, admiten que sus ideas y prácticas no estuvieron ausentes en

padres protestantes como Juan Wesley y Jonathan Edwards. Deiros incluso, en su calidad

de historiador de la iglesia, ha tratado de mostrar que algunos de los énfasis de este

movimiento estuvieron presentes en el cristianismo de los primeros quinientos años.

La fuerza de todo movimiento religioso, radica, en gran medida, en su capacidad de

entusiasmar y de atraer gente a sus filas. En este particular, los predicadores del mensaje de

prosperidad han logrado indudablemente mucho, toda vez que sus mayores exponentes

tienen iglesias locales muy grandes, lo que es muy significativo en este movimiento. Esta

incorporación de adeptos ha sobrevalorado la autoestima de sus líderes, haciéndoles pensar

que el cristianismo nunca antes se había extendido como ahora.82. Su optimismo por

alcanzar la evangelización del mundo en su generación, revive el mismo sueño del gran

misionólogo protestante de las primeras décadas de ese siglo, John R. Mott. La conciencia

de estar rompiendo las marcas en todas las áreas de la fe cristiana, se expresa claramente en

el subtítulo del libro de Deiros y Mraida: “Historia y creencias del movimiento religioso

más impresionante de todos los tiempos”.84 (énfasis mío) Los logros en sus iglesias locales

y la creación de una red internacional de megaiglesias también les ha convencido de una

transformación espiritual que estaba por venir a nivel continental:





17

“hay indicios ciertos que tal avivamiento está a punto de ocurrir y que América

Latina se transformará en uno de los ejes de la cristiandad mundial antes de fines de

siglo”.85 Entre sus logros se menciona la predicación del evangelio en zonas

tradicionalmente adversas. Aquí se exalta, por ejemplo, la caída del comunismo y la Unión

Soviética, como respuesta divina a un plan de siete años de oración que se propuso el

director de Puertas Abiertas en 1984. Estas experiencias les animan sus aspiraciones de

conquista espiritual del Islam, del budismo, del hinduismo, la Nueva Era y de la apatía

materialista del occidente.86 Otros en este movimiento se atreven a hablar de de la

posibilidad de alcanzar un cometido mayor: el establecimiento del reino de Dios en la

tierra: “Tenemos el poder para completar el plan de Dios para restaurar la tierra…El futuro

del impío es negro, pero el de los hijos de Dios es brillante. La hora ha llegado para que la

iglesia entre al pacto con Dios y le ayude a completar su trabajo en el planeta tierra.

Nuestro llamamiento es claro. Dios nos ha dado el Espíritu Santo y nos ha empoderado para

hacer su trabajo. Ahora nuestro desafío es avanzar valientemente hacia adelante en el poder

de Dios para lograr la tarea más grande que se le ha dado a la humanidad –el

establecimiento del reino de Dios en la tierra”.





Es obvio que sus críticos evangélicos no se impresionan ni por las cifras de

crecimiento ni por los alcances optimistas de este movimiento. Para ellos no es más que un

acontecer religioso ficticio y engañoso que apunta a la crisis más grave que el cristianismo

ha afrontado en toda su historia: una serie de poderosos y crecientes engaños que están

sutilmente cambiando interpretaciones bíblicas y minando la fe de millones de personas”.

Hanegraaff no tiene duda de que este movimiento ha hundido al cristianismo “en una crisis

de proporciones sin paralelo”.





La crítica de la prosperidad al conformismo material

Uno de los cuestionamientos que permanentemente se le hace a la teología de la

prosperidad es la ambición de sus promotores por el dinero. La objeción tiene asidero, en

gran medida, por el énfasis en los pactos económicos que identifican las maratónicas en sus

emisoras de radio y televisión, y que se retratan de cuerpo entero en las que Enlace lleva a







18

cabo periódicamente desde Costa Rica. Sus críticos evangélicos les atribuyen una

dependencia en los “bienes de este mundo” y un descuido de la vida “espiritual”:





“El cristianismo está en crisis porque los cristianos han puesto sus miradas en las

pasajeras fantasías terrenales, en lugar de agarrarse de los eternos tesoros celestiales. Esta

no es nuestra morada definitiva; nosotros simplemente somos peregrinos en nuestro camino

hacia el otro reino”. La teología de la prosperidad rechaza esta objeción, aduciendo que la

iglesia necesita recuperar el enfoque bíblico sobre las bendiciones materiales que Dios

promete a sus hijos aquí en la tierra. Atribuyen, por otro lado, la ignorancia en este campo a

la mala influencia de una religión que sólo puede ofrecer bienes más allá de la muerte y de

la tierra: “Dios no lo destinó a usted a la miseria, la escasez y la necesidad, dice uno de los

promotores de esta teología, Él lo llamó para bendecirlo. Usted debe saber esto. Es

imprescindible que lo sepa”.91 El interés por el bienestar aquí en la tierra, lejos de ser un

asunto que avergüence o moleste estos predicadores, es un hecho aceptado con entera

honestidad. No se esconde la opción por “una enseñanza teológica que pone gran énfasis en

la prosperidad en la vida presente, más que en la vida que está por venir”. La preocupación

que liga el cristianismo con los problemas concretos de la vida, obliga a esta teología a

reinterpretar todas las doctrinas básicas de la fe cristiana. La expiación, que siempre se ha

leído como la derrota del pecado en términos espirituales, es presentada por esta teología

como un hecho que garantiza sanidad divina, buena salud y riquezas en este mundo.93 La

salvación que Dios ofrece por medio de Cristo, dice otro de sus teólogos, tiene muchos

aportes a los problemas de la vida:





“La pobreza y la opresión son sufrimientos reales, reales para millones de gente en el

mundo. ¿Tiene la salvación que Jesús ha traído a este mundo algo que ver con la liberación

de estas formas de sufrimiento? ¿O es que esto tiene que ver sólo con “el alma en el más

allá”, como algunas teologías cristianas han enseñado sobre la base de una mezcla de un

dualismo judío escatológico y un dualismo helénico ontológico”. La teología de la

prosperidad, desde este enfoque, se distancia del rechazo pentecostal del mundo y plantea

la posibilidad de la instauración del Reino de Dios en la tierra. También con ello se escribe

una nueva página sobre la relación del cristianismo con el mundo, una página muy muy





19

diferente, según Youngg Hoon Lee, a la de los pentecostales: “los pentecostales rechazaron

la sociedad porque creían que era corrupta, malvada, hostil, mientras que la sociedad

rechazó los pentecostales porque los creía insanos y fanáticos y emocionalmente inestables.





La teología clásica, que ha dominado el pensamiento cristiano y la vida de las iglesias

tanto en su lugar de origen Europa como en los demás continentes, viene desde hace varias

décadas siendo cuestionada por su intrascendencia en las inquietudes y preguntas

existenciales. La aparición de las teologías contextuales y de liberación está estrechamente

relacionada con esa incapacidad de la teología tradicional de soltarse de las amarras de la

defensa y repetición de la doctrina. La precisión y claridad teórica de las doctrinas

cristianas ha retardado la reinvención del cristianismo para las nuevas generaciones. En este

sentido la teología de la prosperidad parece superar el patrón de culpa y perdón espiritual

que tanto marcaron la teología de la gracia y que poca relación tiene con la realidad

concreta de la humanidad.





A simple vista, la teología de la prosperidad parece hacer suyas todas las críticas de la

teología tradicional planteadas por teólogos contextuales y de la liberación. Sus mentores

no tendrían problema en compartir la impresión de Barth referente a que los cristianos han

sido llamados a vivir en el poder de su gracia.96 Tampoco encontrarían dificultad en

asumir el criterio de este teólogo con respecto a que quienes se acogen a la gracia de Dios

están libres de la maldición del pecado.97 O con quienes en la teología clásica piensan que

la gracia de Dios es ante todo “una liberación de los poderes del mal”





Por otra parte, estarían al lado de los teólogos de la liberación, aunque ignoren, por

supuesto, el compromiso de éstos con la justicia social y el interés en un sistema político

que proteja a los más desfavorecidos de la sociedad. Esta nueva corriente acepta que el

mensaje de la gracia predicado por la Iglesia no incide en la cotidianeidad de la gente y de

los pueblos. La crítica de esta teología de la prosperidad a la teología tradicional no se

diferencia, al menos en teoría, de la impresión de Comblin, de que cuando la gracia produce

resignación no puede ser la gracia del Dios de la vida. 99 O con Barth, cuando afirma que







20

“el dios que obligamos a castigar y compensar en un más allá “mejor” es no-dios, es el dios

de este mundo, hecho a imagen del hombre.





La similitud teórica de criterios en ambos discursos religiosos ha logrado que algunos

evangélicos vean ciertas posiciones de la teología de la prosperidad como una teología de la

liberación de derecha. Pero, lo cierto es que existe mucha similitud entre algunos de los

presupuestos teológicos de esta corriente con los de la teología liberal y no de la teología de

la liberación. Tal apreciación es comprensible porque la crítica a la teología tradicional es

devastadora, aunque se haga sin ningún horizonte histórico sistémico, o sin el interés de

cuestionar las condiciones estructurales económicas injustas. De ahí que cuando se habla

del empoderamiento que da la gracia de Dios sobre la victoria de la muerte y la maldición,

la teología de la prosperidad lo asume, pero con sus implicaciones en el aquí y el ahora,

aunque en un nivel estrictamente individual.





Por su parte simpatizantes y representantes del pensamiento teológico contextual y de

liberación se han sumado a las voces conservadoras que ven en la teología de la

prosperidad una seria desviación de los mejores principios bíblicos. Obviamente, este

acuerdo no es intencional, toda vez que el conservadurismo teológico en el pasado esgrimió

casi la misma argumentación para deshacerse de quienes trabajaron por una sociedad más

equitativa desde el punto de vista de la distribución de la riqueza y del poder político.





Asumir que la teología de la prosperidad estuvo teóricamente a la altura de la teología

contemporánea en lo que respecta al cuestionamiento de la herencia cristiana, no impide

también reconocer que ella ha estado a la altura de los criterios centrales que dominaron la

teología clásica. Entre ellos están las concepciones de Dios y Cristo, que para Barth son

vitales en el planteamiento de una teología bíblicamente sana. Para que la teología sea

verdaderamente cristiana, diría Barth, debe llevarse adelante y completarse la exposición de

Dios. Por más que se concuerde con la crítica hecha contra la teología clásica, la teología de

la prosperidad reduce la gracia de Dios a logros, más materiales que humanos, de quienes

buscan de Dios. De ahí que Dios pierde autonomía y libertad ante una conciencia religiosa

que le dice cómo y cuándo debe ser fiel a sus promesas. En palabras de Barth, la catástrofe





21

de la religión impide que Dios diga el Sí y el No definitivos. Por otra parte, la antropología,

que sustenta a estos predicadores, ayuda a oscurecer la persona misma de Dios y de

Jesucristo. Pero el problema cristológico también fue una debilidad de la teología clásica.

La efectividad de la obra de Cristo se estancó en una doctrina de la expiación que, aunque

ha sido central en la fe cristiana, su lenguaje - resurrección, redención, sacrificio,

satisfacción- no se libra del cautiverio estrictamente religioso. La riqueza del Jesús de los

evangelios, y la narración bíblica en general, fue sustituida por la fuerza de doctrinas de

significado y lenguaje metafísico. Después de Constantino, y con la ayuda de influencias

teológicas como la de Anselmo, este último con el esquema de culpa, condenación y

perdón, la iglesia elaboró un mensaje de salvación de mirada retrospectiva hacia el Gólgota,

hacia una cruz espiritualizada interpretada de tal manera que Jesús y su obra aparecen como

piezas de museo. Por eso, es que la doctrina de la expiación, tan esencial en el cristianismo,

fue reducida por los manuales de teología, sin más a la perfecta obediencia de Cristo.104

La resurrección, desde esta óptica, se queda en una utilidad espiritual, cuasi gnóstica, en la

cual no se contemplan sus implicaciones en la derrota de la muerte en todos los terrenos de

la vida, y no sólo en la vida y el pecado espiritual. Teólogos contemporáneos han venido

señalando estas deficiencias de una interpretación insuficiente de la fe:





“Por demasiado tiempo ya, los cristianos han interpretado la cruz de manera

unilateral, a la manera de Anselmo, de modo que sólo ven en ella la doctrina de la

satisfacción. Vemos a ese hombre Jesús, y a los que fueron crucificados con él, como

marionetas controladas por un Dios vengativo que escogió la cruz para su propia

satisfacción divina…”





El problema anterior lo marcó Bonhoeffer al hacer la distinción entre la redención

como mito y la esperanza de la redención: “El mito presenta la resurrección de una manera

mitológica, que solo alcanza un significado real después de la muerte…La redención

significa la salvación del alma de una persona de la angustia, los temores, el pecado y la

muerte, pero sólo se muestra después de la tumba”. La debilidad cristológica está, también

en la teología de la prosperidad. Jesús no es entendido el principio y fin de toda reflexión

teológica, como lo reclama Barth: “La teología debe comenzar con Jesucristo y no con





22

principios generales...La teología debe terminar con El y no en conclusiones generales”.

Finalmente, partiendo del pensamiento de Barth, se puede decir que la teología de la

prosperidad evade las demandas éticas de la reflexión teológica, aunque este ha sido

también un problema de toda la teología tradicional y del cristianismo latinoamericano. La

ética que debe caracterizar toda teología no superó en el caso del protestantismo los

factores morales individuales (microética) o las alternativas de las élites liberales, que no

vieron necesario preguntarse por el origen y la legitimidad del poder económico de las

minorías. El asunto es que la gracia, a pesar de que en la teología clásica ofreció respuestas

a inquietudes existenciales, se fue quedando, con el tiempo, en un asunto teórico, muy

distante de la realidad humana y de los grupos humanos que, en estos momentos, la

teología de prosperidad está ganando. A la iglesia le ha costado evitar el error de “apresar la

gracia en los moldes del lenguaje teológico”. Esto ha hecho que la teología se limite “a

administrar un pensamiento ya elaborado, explícito, estructurado y oficialmente

aprobado”.108 La autenticidad de la gracia termina entonces corrompiéndose, y

ocasionando, que el cristianismo, en la práctica, deje de existir.109 Aquí viene al caso la

advertencia de Bonhoeffer cuando señala el peligro de seguir una doctrina de la gracia, sin

ser miembros de una Iglesia que sigue a Jesucristo: Dichosos los que, habiendo reconocido

esta gracia, pueden vivir en el mundo sin perderse en él; aquellos que, en el seguimiento de

Jesucristo, están tan seguros de la patria celeste que se sienten realmente libres para vivir en

el mundo. Dichosos aquellos para los que seguir a Jesucristo no es más que vivir de la

gracia, y para los que la gracia no consiste más que en el seguimiento. Dichosos los que se

han hecho cristianos en este sentido, los que han experimentado la misericordia de la

palabra de la gracia.





Crítica contra la teología de la prosperidad

Todo movimiento está sujeto a la evaluación y crítica de quienes consideran que tiene

serias debilidades, ya sea en sus fundamentos bíblicos teológicos como en los métodos de

divulgación de las ideas. En el marco ideológico de sistema único que se vive hoy se

lamenta el cierre cada vez mayor de los espacios de diálogo en los cuales se pueda

concordar y discrepar con inteligencia y respeto. Las universidades estatales que solían ser

la conciencia del pueblo y la vanguardia de las nuevas ideas, están hoy invadidas por la





23

indiferencia ideológica y social. Pero el desarrollo de un cristianismo maduro requiere de

una crítica seria que evalúe desde diferentes ópticas las ofertas religiosas, además de que la

búsqueda de la “verdad” no debe temerle a la discusión y al enfrentamiento sano de las

ideas. La crítica, sin embargo, tendrá que ser constructiva y, en este caso, ofrecer también

alternativas a los muchos seguidores de teologías nuevas que buscan en ellas respuestas a

preguntas muy existenciales.





La amenaza que la teología de la prosperidad le representa a los sectores teológicos

tradicionales ha sido un factor determinante en la publicación de una serie de materiales

que la cuestionan. En los Estados Unidos, este movimiento, ha estado bajo una crítica

severa de quienes creen que alienta una buena dosis de herejía y apostasía. La obra de

Moriarty “los nuevos carismáticos” (1992) y la de Hanegraaff “el avivamiento falso”

(1994) son parte de los trabajos críticos que más se han reconocido en círculos

anglosajones. Lamentablemente, ninguno de estos trabajos se han traducido al español,

aunque en América Latina circuló mucho el “cristianismo en crisis” (1993) de

Hanegraaff.111 De los Estados Unidos también nos viene la traducción de obras críticas

como “La seducción de la cristiandad” de Hunt y MacMahon(1988) y “Más allá de la

seducción” también de Hunt (1994). La teología de la prosperidad representa, quizás sin

proponérselo sus promotores, una lectura, para muchas innovadoras y escandalosa, de las

doctrinas más importantes del cristianismo. Son muchas las reacciones que provoca una

relectura teológica desde nociones no tradicionales de la persona de Dios, de Cristo y de la

iglesia, así como del pecado y del ser humano (antropología):





“En los años recientes multitudes que nombran el nombre de Cristo han adoptado una

percepción ampliamente distorsionada de lo que verdaderamente significa ser un cristiano.

Quizás aún más alarmante, millones más han sido alejados de considerar seriamente las

demandas de Cristo porque perciben el cristianismo como un fraude y los líderes cristianos

como artistas del fraude”. Este mismo escritor ve la teología de la prosperidad como un

“evangelio de avaricias” que está engañando multitudes y corrompiendo la Biblia: “Las

verdades eternas de la Palabra están siendo pervertidas, convirtiéndolas en una mitología

perversa” El teólogo Gasque también la entiende como un engaño para los sectores





24

humildes de la sociedad que buscan salir de sus miserias materiales: “muchos de los pobres

que componen las audiencias de estos predicadores, están lamentablemente recibiendo

falsas esperanzas, así como muchos con limitaciones físicas están recibiendo falsas

esperanzas de una salud perfecta”.





El cuestionamiento de Hanegraaff es todavía más hondo al comparar este movimiento

con un cáncer provocado por una dieta o “cristianismo de comidas rápidas”; un

cristianismo de agradable apariencia, pero sin sustancia, aunque con fuerza para

expandirse: “Los proveedores de esta dieta carcinógena han utilizado el poder de las ondas

etéreas, tanto como una plétora de libros y casetes atractivamente presentados para inducir

a sus víctimas a comer…” Estos grupos, según este autor, están en capacidad de invertir

grandes sumas de dinero con tal de lograr sus objetivos:

“Quienes están impulsando este cáncer ocupan muchas de las más poderosas tribunas

dentro del cristianismo. Controlan vastos recursos y están dispuestos a gastar millones de

dólares si fueren confrontados. Los intereses son tan grandes que los que están precipitando

el cristianismo a esta crisis parecen estar dispuestos a hacer y a decir virtualmente lo que

sea necesario para acallar la oposición y silenciar las demostraciones públicas”. Tom Stipe,

un pastor que después de participar activamente en este movimiento termina decepcionado,

compara la gravedad con la crisis de fin del medioevo que dio a luz la Reforma Protestante:

“La urgencia de una corrección bíblica nunca se ha hecho tan urgente como hoy. Tiempo

atrás, en 1517, un enorme contingente de la iglesia había caído bajo el ardid de un monje

carnal: Johann Tetzel. El embaucó a los creyentes de la época para que compraran

indulgencias que les garantizara escapar del purgatorio. Un escandalizado Martín Lutero

clavó sus 95 Tesis, desafiando la explotación de las inseguridades espirituales y el

analfabetismo de las gentes. Quizás nosotros hemos regresado a esa misma época oscura

con la aparición de un falso avivamiento”.





Las críticas que han provocado los debates alrededor de la teología de la prosperidad

tienen en muchas ocasiones un alto grado de indignación, que puede estar bien o mal

fundamentado. Aquí, es propio destacar que una indignación, como ha señalado un teólogo

católico, puede ser consecuencia de una acción positiva de crecimiento moral y de sentido





25

de responsabilidad y justicia.118 Pero está también el peligro de que sea una indignación

alterofóbica, una actitud negativa de quien no puede respetar las opiniones de los demás por

considerarlas exóticas y extrañas:





“Puede ser que se nos esté agotando la paciencia, esa virtud tan importante para

caminar juntos y para buscar juntos. Puede ser que ya no nos toleremos, que no toleramos

al otro, que no toleremos la diferencia. Esta indignación es peligrosa, pues se traduce en

intolerancia”





La respuesta crítica a este movimiento viene de frentes teológicos que raramente han

estado de acuerdo en su comprensión de la fe cristiana. Por un lado de quienes les preocupa

un uso populista de la religión que termina por adormecer y enajenar la gente de la

problemática social que los aqueja. Desde esta óptica es todo un sacrificio intelectual

aceptar un discurso que presenta a la pobreza, no como un problema social sino como una

maldición de origen espiritual. Cualquier uso de la Biblia que apuntala este argumento

siempre será insuficiente. Se pueden reconocer comportamientos individuales que a nivel

moral traen pobreza, pero es muy diferente ignorar las realidades sociales de injusticia que

han destinado a miseria y pobreza grandes grupos de la población mundial. De ahí la

dificultad para entender expresiones de teólogos de la prosperidad como la siguiente:





“Si Dios se moviera por la necesidad del hombre no habría millones muriendo de

hambre en la India, Somalia, Bangladesh y muchas ciudades en América Latina. Si Dios se

moviera por la necesidad del hombre no habría sequías en Etiopía, Ruanda y muchas otras

regiones del planeta”.





No obstante, pedir una conciencia social de este tipo puede ser muy ambicioso en una

cosmovisión que, lejos de ser histórica y personal, es sobre todo metafísica. Claro está,

reducir la pobreza de las naciones a fuerzas externas de las naciones y de los individuos es

también limitada. Otra percepción habría de algunos de sus críticos, si esta teología tuviera

una comprensión más real de la problemática social.







26

Por otro lado está la crítica de quienes se basan en una comprensión limitada de la

“sana doctrina y la tradición” que sin, quererlo a veces, terminan creyéndose representantes

exclusivos de una visión teológica. El problema, que plantea la crítica de esta trinchera, es

el dogmatismo y la alterofobia (el odio y descalificación del otro), es decir, la intolerancia

que cataloga de hereje y apóstata a las personas e ideas que no encajan en los esquemas

heredados de reflexión y celebración de la fe. También, desde esta óptica, ha habido

históricamente un rechazo a todo lo que huele a religiosidad popular, sin antes analizar lo

bueno y rescatable. La diferencia de perspectiva de ambas respuestas es clara y, de hecho,

ambos enfoques se distancian el uno del otro.





Como es evidente, las condiciones que operaron ayer para adversar las teologías

contextuales y de liberación, no funcionan hoy contra la teología de la prosperidad. Por un

lado, porque la oposición a las primeras corrientes teológicas se vio alimentada por el

ambiente de la Guerra Fría y las posiciones de la seguridad nacional que coadyuvaron con

el freno de opciones ideológicas, políticas o religiosas que cuestionaban el orden

establecido. En este aspecto no hay problema porque la cosmovisión religiosa,

especialmente su visión de la riqueza y del poder, de la teología de la prosperidad es

completamente inofensiva y acrítica a la propuesta neoliberal que está dominando el mundo

actual. Por otra parte, la realidad ideológica de hoy no permite que los “ganadores” del

sector religioso en los 1970s y 1980s (si es que se puede hablar de estos términos) repitan

las mismas tácticas para contrarrestar la teología de la prosperidad. Hoy se tendrá que

trabajar mucho más fuerte a nivel de argumentos y de conocimiento.





Las condiciones que ayer permitieron la exclusión de los disidentes religiosos, por

intereses diversos, no son las mismas del mundo religioso que hoy está bajo la influencia de

la teología de la prosperidad. A ello se debe añadir que quienes dominaron los círculos

religiosos en décadas pasadas no gozan hoy del mismo privilegio. En este nuevo siglo se

sospecha de las personas que, tradicionalmente, han estado en contra de las ideas que

parecen presentar alguna amenaza con los enfoques religiosos oficiales: el diálogo con la

Iglesia Católica, la aceptación de los pentecostales, la apertura al movimiento carismático,

las teologías de la liberación y, hoy, la teología de la prosperidad.





27

Surge entonces la pregunta sobre la calidad de la contribución de quienes piensan

igual al líder de una denominación que una vez dijera: “En mi vida he visto miles de

cambios, y yo he estado en contra de cada uno de ellos”.121 Las evidencias muestran que

las posiciones de estos sectores a la espera de nuevos enfoques para satanizarlos, son, entre

los protestantes, cada vez menos comprendidos, por no decir aceptados. Hoy se muestra un

cansancio y resistencia, aunque más tácita que abiertamente, hacia los líderes evangélicos

que en el pasado, se animaban a decir cuál movimiento era falso o verdadero y, por ende,

cuál debía ser aceptado o rechazado. Los líderes, que ayer fácilmente ejercieron el poder

para excluir, deberán hoy valorar la oportunidad de aprender cuándo se es minoría.





Asimismo, se debe considerar que estos movimientos nuevos, que resultan tan

atractivos a la gente, pueden ser vistos tanto como una enfermedad o síntoma. Sus críticos

sólo la ven como una enfermedad, en el tanto la entienden que afecta y altera los mejores

principios del evangelio de Jesucristo. Pero, se pasa por alto que este movimiento es todo

un síntoma de una iglesia que no ha sabido responder a las preguntas y necesidades

inmediatas la gente y los cristianos se plantean ya desde varias décadas. En este sentido, es

difícil evitar la tentación de relacionar el éxito de estos nuevos grupos con el agotamiento

de un modelo religioso que poco responde a las generaciones actuales.





Una de las limitaciones de los análisis críticos de esta teología o evangelio de

prosperidad, como lo denominan otros, es que, prácticamente, son monólógicos. No logran

interesar a los aludidos, y, lo peor, algunos de los estudios exhiben bastante ignorancia de

las fuentes de la corriente que cuestionan.122 La primera debilidad fue advertida en el

Congreso que analizó la teología de la prosperidad en Bolivia en 1999, en donde se

reconoció que la ausencia de la parte objetada produce solo objetivos parciales: “con pesar

reconocemos que evidentemente esta ausencia limitó el diálogo y empobreció las

contribuciones sobre este tema”.123 Es obvio, que se debe escuchar y leer más a quienes

promueven esta óptica, aunque sin duda, el liderazgo de este movimiento tiene suficientes

razones para no responder las críticas de de sus adversarios, y sobre todo para no acudir a

las citas donde se debate el tema.







28

No se puede dejar de mencionar grandes excepciones cuando críticos y defensores de

la teología de la prosperidad aceptan discutir sus posiciones. Destaca, por ejemplo, el

diálogo que convocó, en 1994, la Alianza Evangélica Mundial en Corea, bajo el tema de

“teología de la prosperidad y la teología del sufrimiento”.124 Otro encuentro similar se da

en los Estados Unidos invitado por la Sociedad Evangélica Misionológica, sobre el tema el

“poder espiritual y las misiones”.125 En el primero se dieron cita cincuenta teólogos,

además de críticos de la teología de la prosperidad, estuvieron representantes del

movimiento liderado por David Yonggi Cho, uno de los símbolos de este movimiento.

Entre las ponencias interesantes se distingue la de Young Hoon Lee “En defensa de la

teología de la prosperidad”.





En el diálogo en Corea uno de los participantes pidió que, además de la crítica de una

teología mala, se tratara de construir una teología de la prosperidad y del sufrimiento que

pudiera guiar a los cristianos en su vida cotidiana.126 En el fondo de esta observación está

el llamado a trascender el marco de la crítica y tratar de responder a las aspiraciones que la

gente tiene, aquí y ahora, de una vida digna. Obviamente, se reconoce que, a veces,

tenemos más capacidad de criticar que de construir, pero no significa desvalorizar las

evaluaciones críticas, sobre todo serias, de un movimiento que levanta muchas preguntas.





Finalmente, no se puede dejar de reconocer que la crítica a la teología de la

prosperidad, tanto en los Estados Unidos como en América Latina, tiene las desventajas o

ventajas propias de una reflexión indignada: Porque las reflexiones indignadas tienen todas

las ventajas de lo espontáneo y pasional, y todos los inconvenientes también de lo

espontáneo y pasional. Las ventajas son el lenguaje directo, la sinceración sin tapujos, el

atrevimiento para decir las cosas sin cálculos de ningún tipo…Las desventajas son la

parcialidad, la exageración, la pérdida del sentido de proporción y de la totalidad, las

visiones subjetivistas…y la total ausencia del sentido del humor, tan importante en la

vida.127









29

CONCLUSIÓN



Las notas presentadas nos permiten resumir a manera de conclusión algunas de las

premisas que nos han guiado. Es innegable que esta teología de la prosperidad es altamente

popular en una población importante de varios sectores sociales. Sin embargo, es ilusorio

creer que los pobres reciban las respuestas a sus problemas siguiendo “las leyes de la

prosperidad” ofrecidas por este movimiento.





La religión en este tema no podría ir más allá de lo que siempre ha planteado, a saber,

que un cambio de actitud religiosa demanda una serie de patrones de orden moral que, a la

postre, incide en un mejoramiento de la vida material. Los protestantes siempre han dicho,

como otras religiones, que el abandono de vicios que dañan la salud y consumen recursos

económicos (licor, drogas, infidelidad matrimonial) facilitan el bienestar personal y

familiar. Sin embargo, la teología de la prosperidad va más allá de ese marco microético, al

plantear la superación de la pobreza y la enfermedad por vías espirituales. No se discute

que una religiosidad sana fomenta una vida sana, pero lo que se puede cuestionar es la

tendencia a resolver de manera metafísica y esotérica problemas materiales que requieren

soluciones materiales.





Advertir multitudes detrás de un movimiento religiosos o político, no garantiza la

autenticidad de los fines que se persiguen. De ahí, la sospecha de quienes ven en la teología

de la prosperidad un método más de burla y engaño de los pobres. Por supuesto, que un

análisis crítico de un movimiento religioso tan popular en todas las iglesias, deberá

plantearse una diferencia entre las multitudes que buscan respuestas a sus problemas

concretos, y un sector del liderazgo que ofrece, a cambio de sacrificios económicos de los

mismos pobres, una solución fácil de todos los problemas existenciales, especialmente, la

pobreza y la enfermedad. Se hace difícil, por otra parte, que en estos tiempos se pueda

asimilar la idea de que más allá de la educación, que ha llegado a ser una línea divisora

importante entre la pobreza humillante y una vida relativamente digna, existan métodos

espirituales que pretendan resolver los problemas, cuyo origen está en las desigualdades

sociales.



30

Por otra parte, está claro que la mayor crítica hacia la teología de la prosperidad viene

de sectores evangélicos, especialmente en los Estados Unidos. En América Latina parece

que todavía no hay un consenso negativo entre las alianzas y federaciones de iglesias y

pastores evangélicos con respecto a esta teología. Varios de los líderes de este movimiento

son más bien, en algunos países, el rostro visible de estos nuevos grupos religiosos.





Otra idea central es la inefectividad de toda intolerancia para contrarrestar la teología

de la prosperidad. La aplicación de medidas alterofóbicas para limitar la influencia de la

teología de la prosperidad y cualquier otra nueva disidencia religiosa no será más un

recurso viable. El diálogo, y no las prácticas persecutorias, que se aplicaron contra las

teologías contextuales y de liberación, es lo que hará la diferencia. Los procesos

inquisitoriales, dirigidos por jerarquías “ungidas” no tienen hoy el atractivo de ayer. En

consecuencia, la persuasión y el diálogo, fundado en una argumentación bíblico teológica

seria, serán factores determinantes en el debate sobre la integridad o no de la teología de la

prosperidad.





Finalmente, toda teología tiene sus deficiencias, y no se podrá eliminar a una, por más

mala que se crea, con base en las bondades de otra. Los grandes teólogos de la gracia,

católicos y protestantes, incurrieron en grandes errores que les llevaron a desoír y marginar

a quienes no pensaron como ellos. La historia de la iglesia cristiana ha sido un testigo de las

apariciones permanentes de los “arrios” que incomodaron a Atanasio, los “pelagios” que

fastidiaron a Agustín, los “muntzers” que molestaron a Lutero y de los “servets” que

desesperaron a Calvino.128 Hoy, a diferencia de ayer, los disidentes tendrán que ser

reconocidos y valorados como parte del pueblo de Dios, aunque esto implique debatir con

pasión los fundamentos de sus presupuestos bíblicos y teológicos.









31

BIBLIOGRAFIA



Arturo Piedra

Universidad Bíblica Latinoamericana

San José, Costa Rica, Enero del 2004





Un ejemplo de ello es el trabajo de Rodolfo Gaede Neto, Laude Erandi Brandeburg y

Evandro Jair Meurer,





Teologia da Prosperidad e Nova Era. Instituto Ecuménico de Posgrado, San Leopoldo,

1998. Esta





Monografía carece de fuentes directas tanto de la Teología de la Prosperidad como del

movimiento de Nueva Era. Benables, Op. Cit. p.9.





Las discusiones se recogieron en la revista Evangelical Review of Theology , Vol. 20,

No.1, Enero de 1996.





Las ponencias se publicaron en Evangelical Missiological Society Series, No.3, 1995.





Bon Rin Ro, In the Midst of Suffering is Prosperity Theology Scriptural? En Evangelical

Review ofTheology, Op. Cit. p.3.









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