GUIÓN Nº 4: LA RUSIA REVOLUCIONARIA HASTA EL GOLPE BOLCHEVIQUE (1905-1917)
[BLOQUE I] A comienzos del Siglo XIX Rusia es un país de gran extensión, presa de una
monarquía absoluta, apoyada en una aristocracia terrateniente y militar, una burocracia omnipotente
y un clero numeroso y adicto que promueve fervientemente la leyenda de que el zar es un padre
bueno, que desea el bienestar de su pueblo. Debajo de la línea de poder se encuentra una población
fundamentalmente campesina, compuesta por aproximadamente setenta y cinco millones de
habitantes iletrados y postrados ante el zar. Económicamente Rusia se encuentra en un estado de
feudalidad agraria, el comercio y la industria vegetan, mientras que el 95 % de la población vive de
la agricultura. Pero la tierra es propiedad del Estado y de los terratenientes o pomieschiki quienes
tenían derecho sobre la vida y muerte de sus siervos.
En aquel tiempo la educación era privilegio de la clase superior que gozaba de una instrucción
bastante elevada, por ello es que los primeros en ser concientes del horror en que estaba sumida la
población y se rebelan contra el poder del zar suelen ser nobles ya que eran los únicos que tenían la
posibilidad de comparación con la situación social de los países vecinos de occidente.
Durante gran parte del siglo XIX los campesinos se sublevaron contra sus amos inmediatos
por los maltratos, pero de ninguna manera se plantearon poner en jaque el sistema zarista,
convencidos de que el zar era su protector y que los señores nobles, funcionarios y policía lo tenían
engañado para no permitir una comunicación directa con su pueblo. Además pensaban que en
cuanto el zar se enterar de esta situación iba a interceder para defenderlos de sus amos más crueles.
Las rebeliones campesinas rusas tenían más de dos siglos de historia, aunque sin franquear la
estructura de poder, y reemplazarla por otra más justa.
El primer movimiento francamente revolucionario, fue el de los decembristas, en 1825,
dirigido directamente contra el régimen, y su propaganda iba hasta la abolición de la servidumbre
en lo social, y la instauración de una república en lo político. Este movimiento estuvo encabezado
por nobles, y se produjo cuando el zar Alejandro I muere sin dejar heredero. Fracasada esta
rebelión, el nuevo zar, Nicolás I, lleva hasta la crueldad la represión contra los rebeldes con el
ánimo de que sea ejemplar. Así comienza un reinado de terror, extremando el régimen despótico y
policial del estado Ruso, por lo que recibe el nombre de Nicolás garrote.
Toda tentativa de sustraerse al férreo puño policial era despiadadamente reprimida, sin
embargo, una irritación sorda, pero cada vez más viva se dejaba sentir entre los campesinos, los
actos de rebelión contra los señores y las autoridades locales aumentaban precipitadamente. La
represión se mostraba inútil.
En este contexto es que se muestra la magnífica evolución de la juventud intelectual, entre
los que se consideraba inadmisible la servidumbre de los campesinos. El estudio de la cultura
occidental, el nacimiento de las ciencias naturales y el surgimiento del materialismo los marcó
profundamente, dando origen a la corriente de los nihilistas, quienes despreciaban las costumbres, la
belleza, la estética, el arte de vestir, el amor sentimental, el deseo de agradar y las artes por
considerarlas herramientas idealistas de represión de una clase sobre otra, además negaban la
religión y todo aquello que esté fuera de la razón pura, de la prueba positiva de las realidades
materiales o de los valores inmediatos útiles . Esta corriente tuvo esencialmente un carácter
filosófico y moral, aunque su influencia nunca pasó del intelectualismo y su actitud fue siempre
personal y pacífica, no hubo impedimento para estar animada de un gran aliento de rebelión
individual, consiguió la emancipación de la mujer a finales del Siglo XIX, y fue la corriente
portadora del germen de concepciones sociales que culminarían en un verdadero despertar
revolucionario político y social.
A pesar de todas las debilidades y trabas, en esta época, el país consiguió rápidos y
considerables progresos técnicos y culturales. Por una serie de necesidades económicas imperiosas
nació una industria nacional y por consiguiente la clase del proletariado, que conservaba estrechas
relaciones con el campo, ya que no dejaban de ser campesinos propiedad de los señores feudales
utilizados para nuevas labores, por ello no se podía hablar todavía de un proletariado organizado.
La necesidad de mano de obra especializada le dio un impulso inesperado a la educación. A la
muerte de Nicolás I lo sucedió su primogénito en 1855, que asumió como Alejandro II en un clima
de descontento general y grandes presiones de la intelectualidad. Para evitar sublevaciones
campesinas, los círculos reaccionarios se vieron obligados a tomar el camino de las reformas
poniendo término al régimen burocrático y arbitrario absoluto de los poderes administrativos, se
modificó el sistema judicial, y se suprimió en teoría el estado de servidumbre. Aunque en el país se
respiraba mejor, estas modificaciones sólo fueron una fachada, pensadas para no lesionar los
privilegios de los nobles, y finalmente fueron reformas tímidas e incompletas, para las verdaderas
necesidades de país, como el mismo Alejandro II afirmaba: “...más vale otorgar la libertad desde
arriba que esperar a que la vengan a tomar desde abajo”.
En esta época (1880), ante el descontento de la juventud intelectual por la insuficiencia de las
reformas nace un nuevo movimiento de jóvenes intelectuales influenciados por la propaganda del
socialismo y del marxismo: la Naródnaia Volia o Voluntad del Pueblo. Este grupo se abocó
fundamentalmente a la propaganda de las ideas avanzadas de occidente y a actividades de
terrorismo. Luego del asesinato de algunos altos funcionarios del régimen y ante la desesperación
de ver que el movimiento se estaba frustrando, emprenden la tarea inmediata del asesinato del Zar,
que con sus pretendidas reformas se burlaba del pueblo. Pensaban mostrar con este hecho ante el
pueblo el engaño, llamando su atención y demostrando la vulnerabilidad, la fragilidad y el carácter
fortuito del régimen esperando así asestar un golpe definitivo a la leyenda del Zar. El atentado se
consumó el 1º de Marzo de 1881 con todo éxito, pero no fue comprendido por las masas, los
campesinos permanecían fieles a sus creencias. Por esto fue que acusaron del asesinato a la nobleza
argumentando que se oponían a la abolición de la servidumbre y que tenían esperanza de
restaurarla. El Zar fue muerto, pero su leyenda permaneció viva, sólo 24 años después la historia se
encargaría de destruirla.
El primogénito del emperador asesinado ascendió al trono como Alejandro III, quien además
de encontrar y ejecutar a los miembros de la Naródnaia Volia, incrementó las medidas persecutorias
y represivas para luego dar marcha atrás con las reformas encaradas por su padre, retomando las
medidas apenas abandonadas de la reacción integral, sin entender que el atentado había sido
producto de la ineficacia de reformas tan parciales e insignificantes en comparación con el reclamo
real del pueblo.
A pesar de las persecuciones, las ideas socialistas de Lassalle, el marxismo, y sus primeros
resultados concretos, fueron conocidos, estudiados y puestos en práctica en Rusia. Reaparecieron
las famosas revistas donde se trataban los problemas sociales y se difundía la doctrina socialista y
los medios para realizarlas, así fue como la ideología marxista vino a reemplazar las aspiraciones
frustradas de los círculos conspiradores de años anteriores.
Por otro lado, el crecimiento industrial trajo consigo el aumento de la población obrera y la
evolución de la clase proletaria, clase que proporcionaría los contingentes revolucionarios. La
necesidad de mano de obra calificada requirió del aumento de escuelas, universidades y otros
centros de formación, disminuyendo considerablemente la tasa de analfabetismo. Éste crecimiento
se realizaba al margen, e incluso en contra del régimen monárquico que se veía impotente, a pesar
de la cruel represión que ejercía, de evitar la propagación de las ideas socialistas y revolucionarias
hasta en las mismas instituciones educativas.
[BLOQUE II] A fin del siglo XIX, dos fuerzas claramente caracterizadas se lanzaban la una
contra la otra irreconciliables. Por un lado, la vieja reacción, que incluía a las clases privilegiadas:
nobleza, clero, burocracia, terratenientes, militares y burguesía naciente; y por el otro, la clase de la
joven revolución, representada entre 1890 y 1900 mayormente por estudiantes, pero extendiéndose
entre la juventud obrera de las ciudades y regiones industriales.
Entre la vieja reacción y la juventud revolucionaria se ubicaba tímidamente un tercer
elemento más dirigido hacia la reforma, y conformado por profesores universitarios, abogados,
escritores, médicos, etc, que veían la necesidad de un cambio, pero a su vez estaban interesados en
conservar su lugar de privilegio. Sólo los campesinos permanecían aún fuera de todo tipo de
fermentación.
En 1898, la corriente revolucionaria de tendencia marxista forma el partido socialdemócrata
ruso.
Alejandro III muere en 1894 dejando el lugar a su hijo Nicolás II, el último de los Románov,
que aunque la leyenda le atribuya ideas liberales, la historia lo devela como una afirmación más del
absolutismo y la reacción a despecho de la evolución general del país.
Con Nicolás II las cosas no fueron muy diferentes, la monarquía buscando mantenerse por
cualquier medio, suprimiendo todo movimiento revolucionario y toda manifestación opositora. En
su afán de desviar el creciente descontento popular, Nicolás II inició una fuerte propaganda
antisemita y organizó las matanzas de judíos o pogromi.
Mientras tanto, la industria y el progreso técnico dan un salto prodigioso entre 1900 y 1905, y
con ello el aumento desmesurado de la población obrera otrora campesina. Se producen rápidos
progresos, a pesar del discurso oficial que aún hoy sostiene que antes del bolchevismo Rusia no
poseía ninguna industria y que ésta ha sido enteramente creada por el gobierno bolchevique.
Al mismo tiempo continuaba el crecimiento cultural, se multiplicaban la universidades y
escuelas superiores para ambos sexos, que, desde las reformas de Alejandro II, mantenían una
tendencia liberal de autonomía bastante pronunciada a pesar de los esfuerzos de Alejandro III y
Nicolás II por reducir esta independencia. Los conferenciantes de las Universidades populares y los
maestros de las escuelas primarias procedían frecuentemente de los círculos revolucionarios.
La censura se mostraba impotente ante el entusiasmo educador y la propagación de ideas
revolucionarias. El rápido crecimiento cultural se complementaba con una excepcional evolución
ética, la juventud se emancipaba de todos los prejuicios religiosos, nacionales, sexuales, y otros. El
principio de igualdad de razas, naciones y sexos, la unión libre, la negación de la religión, fueron
verdades admitidas y practicadas desde los nihilistas a pesar de la influencia opuesta ejercida por el
sistema zarista de enseñanza secundaria. El papel del clero era fundamental para el sostenimiento
del sistema decadente, además de alimentar la leyenda del zar, el obispo, en la entrega de diplomas
del secundario, gritaba ante los jóvenes: “No vayáis a la universidad, la universidad es un antro de
sediciosos...”
A pesar de todo, la inmensa población laboriosa permanecía en un estado de total indefensión,
expuestos a la explotación creciente del Estado y de la burguesía, sin derecho a unirse, organizarse,
declararse en huelga, los obreros continuaban sumidos en la esclavitud. En el campo, las mujeres y
niños eran considerados ganado humano, la pauperización del campesino crecía, y, aunque habían
sido abolidos por ley, los castigos corporales existieron hasta 1904.
Desde 1900, a pesar de los esfuerzos de las autoridades, el campo revolucionario se amplió
considerablemente, los motines universitarios y obreros fueron pronto hechos corrientes, se
realizaban ruidosas manifestaciones en las plazas públicas principales, que eran despejadas a
latigazos por destacamentos de policías y cosacos.
A partir del 1901 la actividad revolucionaria se enriqueció con nuevos elementos, al lado del
partido socialdemócrata (del cual surgiría luego el bolchevismo), nació el partido social
revolucionario, tres puntos importantes diferenciaban a ambos: 1- A diferencia del partido
socialdemócrata, el partido socialista revolucionario no seguía la doctrina marxista. 2- Además de
su antimarxismo, el partido social revolucionario proponía para el problema campesino, el problema
más importante en Rusia, la socialización inmediata y completa del suelo, mientras que el partido
socialdemócrata sólo se ocupaba de los obreros industriales, y para los campesinos sólo proponía
insignificantes reformas. 3- el partido socialdemócrata rechazaba todo acto de terrorismo, mientras
que los socialistas revolucionarios atribuían cierta utilidad a los atentados contra altos funcionarios
zaristas demasiados activos y crueles.
Aparte de estas diferencias, el programa político y social mínimo de ambos partidos era el
mismo: una república democrática burguesa que supuestamente preparase la evolución hacia el
socialismo.
La rápida extensión de la actividad revolucionaria y la simpatía que despertaba en la clase
obrera alcanzada a partir de 1900 preocupaba bastante al gobierno ya que veía la ineficiencia de la
represión, la vigilancia, el espionaje, la cárcel y las matanzas, por ello es que el zar decide crear una
organización proletaria legal, autorizada, cuya orientación y dirección dependería naturalmente de
sus dictados. Su intención era seducir y engañar a los obreros para eclipsar a los partidos otorgando
algunas concesiones, y así evitar la revolución. Para llevar a cabo su plan, necesitaba hombres de su
absoluta confianza, decidiéndose por dos agentes de la policía política secreta, la Ojrana: uno fue
Zubátov por Moscú, quien pronto fue desenmascarado y no prosperó, y el otro, sacerdote y capellán
de una de las prisiones de San Petersburgo, el Pop Gapon, que prosperó organizando las llamadas
Secciones Obreras.
La tesis del gobierno era: ...”Trabajadores: podéis mejorar vuestra situación aplicando
metódicamente y dentro de las formas legales las directivas de las secciones sindicales, y para ello
no es necesaria vuestra participación en política. Ocupaos de vuestros intereses personales
concretos, inmediatos, y muy pronto tendréis una existencia más feliz. Las luchas políticas son
las recetas propuestas por los malos pastores, los socialistas y revolucionarios no os conducirán a
nada bueno...”
En su doble juego, Gapon, debía conservar a cualquier precio las simpatías ganadas, para
manejar a las masas según el plan trazado. Pero la agitación sobrepasó los límites alcanzando un
ritmo imprevisto.
La presión popular obligó a Gapon a una huelga, que sorpresivamente adquirió un carácter
general. De las reuniones de las Secciones surgió la idea de redactar un petitorio para el Zar. Gapon
fue el encargado de la redacción que al principio fue tímida y excesivamente respetuosa, pero al
verla, los obreros decidieron cambiar el tono, llegando prácticamente a la exigencia de que el Zar
autorizara, y aún que realizara una revolución fundamental que suprimiría su poder.
Con tal de conservar las simpatías de la masa trabajadora, a Gapon no le quedó otra que ceder
a las demandas. Una vez terminado el petitorio, decidieron llevarlo en multitudinaria movilización
hasta el Palacio de Invierno, a las manos del Zar. El 9 de enero de 1905, una masa inmensa de
obreros con sus familias comenzaron a marchar al Palacio de Invierno con Gapon a la cabeza
llevando el petitorio. Por todas partes se tropezaron con barreras de tropas y policías que abrían
fuego indiscriminadamente, pero la presión de la masa compacta no les permitía retroceder.
Millares de hombres invadieron la plaza. La gran muchedumbre fue barrida a tiros en el llamado
Baño de Sangre, Gapon logró escapar y refugiarse en el extranjero.
El mismo Zar acababa de terminar con la leyenda que lo colocaba como el protector del
pueblo.
Los acontecimientos del 9 de enero repercutieron en todo el país, en todos los rincones la
gente se indignaba al enterarse de que el pueblo pacíficamente reunido para llevar un petitorio había
sido masacrado fríamente por orden de “su padrecito, el Zar”.
El lunes 10 de enero no trabajó ninguna fábrica ni taller. Una sorda rebeldía crecía. La
primera gran huelga revolucionaria de los trabajadores rusos fue un hecho consumado. Y es en el
transcurso de esta gran huelga, que se sucede uno de los hechos más importantes y desfigurados de
la revolución Rusa: el surgimiento de los Soviet.
Tanto socialdemócratas como bolcheviques se han esforzado por pretender haber sido los
promotores en el nacimiento de los Soviet, pero la verdad es que ningún partido, ni organización, ni
conductor inspiró su creación, sino todo lo contrario, su creación se produjo durante la gran huelga
posterior al 10 de enero, cuando los huelguistas se encontraban totalmente desamparados e
impotentes, los partidos políticos no daban señales de vida y se hacía sentir la necesidad de un
organismo que coordinara la acción. El primer Soviet surgió como consecuencia de un acuerdo
colectivo de obreros de San Petersburgo, que buscaban una forma de organización, un organismo
que coordinara el vínculo entre los obreros, les informara la situación, y, llegado el caso, pudieran
reunir en torno a él, las fuerzas obreras revolucionarias.
Éste fue el nacimiento del primer soviet, como iniciativa colectiva, aunque luego el partido
socialdemócrata terminó por infiltrarse y apoderarse de los puestos más importantes. El
socialdemócrata Trotsky, futuro comisario bolchevique, intervino este primer Soviet haciéndose
nombrar secretario, luego, cuando Jrustáliev-Nosar, presidente de éste primer Soviet, es arrestado,
Trotsky tomó la presidencia. El soviet de San Petersburgo, al reafirmarse la reacción en 1905, es
suprimido por el Zar, hasta que renace en la plena efervescencia de 1917.
La guerra Ruso-Japonesa, iniciada con el ánimo de desviar la mirada popular de la revolución
social y encender los ánimos patrióticos, nacionales y monarquistas en el 1904, para la primavera
del 1905 ya estaba perdida y la opinión pública culpaba abiertamente a la incapacidad de las
autoridades y la podredumbre del régimen. Aprovechando esta situación, tanto liberales como
revolucionarios, emprendieron una violenta campaña contra el régimen. Sin pedir autorización la
prensa y las palabras se hicieron libres en una verdadera conquista de las libertades políticas.
El gobierno, impotente, se vio obligado a tolerarlo todo, la derrota militar había socavado la
moral del régimen y el estado estaba en bancarrota para combatir la revolución. El Zar debió
reconocer hipócritamente y post factum ciertas libertades ya conquistadas, y tratando de calmar los
ánimos y recuperar la confianza extranjera para pedir crédito, decidió convocar a una Asamblea
Nacional Representativa o Duma. Con esta calma lograda, aunque sólo en apariencia, la reacción se
reafirmó y se contuvo la revolución.
Con la convocatoria a la Duma, ya era imposible la censura de los partidos políticos, todos
proponían a sus mesiánicos candidatos políticos, reaccionarios, liberales y marxistas; la leyenda del
Zar protector había sido suplantada por la del partido político protector. Aunque también dentro de
las corrientes de ideas comenzaba a crecer otro grupo que no formaba un partido político por negar
su utilidad, y que proponía no sólo la supresión del estado burgués sino de todo estado en general en
tanto institución política, y luchaba por la realización total del programa máximo, es decir, del
socialismo integral sobre base apolítica. Esta corriente se denominó Maximalismo, y se aproximó
mucho al Anarquismo en sus postulados.
Como todas las concepciones desacordes al bolchevismo, el Maximalismo fue perseguido y
suprimido en su totalidad por el partido bolchevique luego de 1917.
Lamentablemente los acontecimientos de 1905 no pudieron crear un organismo obrero de
clase, ni sindicalista, ni meramente profesional. El derecho de organización no fue conquistado por
los trabajadores, que quedaron desunidos y predispuestos a convertirse en el elemento inconsciente
de disputa de los partidos políticos, de sus nefastas rivalidades y de su abominable lucha por el
poder, en la que el pueblo no tenía nada que ganar y sí mucho que perder. El efecto de esta
manipulación habrá de ser fatal para la revolución de 1917 y terminará por destruirla.
Los doce años que separan la verdadera revolución de 1917 de su bosquejo de 1905, fueron
prácticamente intrascendentes desde el punto de vista revolucionario, excepto algunas huelgas
ruidosas y una tentativa de revuelta en Crondstadt salvajemente reprimida. Aunque la ausencia de
hechos revolucionarios no significaba en absoluto la paralización del proceso ya que éste
continuaba trabajando intensamente en las conciencias, y cada vez se hacía más inevitable una
revolución violenta y decisiva.
Desde el punto de vista parlamentario, comienza a sesionar la primera Duma, aunque no llega
a ser tomada en serio por el gobierno, quien la suprime en 1906 y aprovecha para reformular la ley
electoral recurriendo impunemente a medidas preventivas. La segunda Duma, mucho más mediocre
y moderada que la primera, también es disuelta, así se llegó a una tercera, y después a una cuarta
Duma, de esta forma el parlamento estaba más preocupado en subsistir que en los temas que
realmente eran de su competencia.
[BLOQUE III] A pesar de la inutilidad de los diputados y de los partidos políticos, se llega a
1917 con un Zarismo totalmente descompuesto y con una conciencia de masas bastante
evolucionada.
El desastre de la guerra contra Alemania, los rumores sobre la traición de la corte, la
incapacidad e impopularidad del Zar se sumaron al enorme desorden y desorganización completa de
la vida económica.
Ante la total bancarrota del zarismo, que en su podredumbre estaba arrastrando a toda Rusia,
aparecieron elementos perfectamente capaces de reemplazar esta administración, como lo fueron los
comités y las uniones libres, que aseguraban la producción, transporte, almacenamiento, llegada y
distribución de los víveres y municiones.
A pesar de todos los esfuerzos, a finales de febrero de 1917, era absoluta y definitivamente
imposible, tanto moral como materialmente, continuar la guerra. La población laboriosa carecía de
los más indispensables víveres para su subsistencia. El 24 de febrero comienzan las manifestaciones
y el 25 se recrudecen, los obreros con sus mujeres e hijos llenaban las calles y gritaban: ...Pan!
...Pan!... No tenemos qué comer! Entonces el gobierno imprudente envió a la policía a reprimir,
pero sumado a las pocas tropas que quedaban en Petrogrado, los soldados se movían prudentemente
entre los obreros sin usar sus armas y hasta a veces confraternizando con ellos sin escuchar las
órdenes de sus oficiales quienes tampoco insistían. El 26 de febrero, el gobierno decretó la
disolución de la Duma, esto fue como la señal esperada por el pueblo para la acción decisiva, las
manifestaciones transformaron revolucionariamente su: ...Queremos pan! En: ...Abajo el zarismo!
...Abajo la guerra! ...Viva la revolución!. Se comenzó a atacar a la policía zarista y a los edificios
administrativos, se armaron barricadas, entonces el Zar mandó al grueso de las tropas que no
estaban en el frente y a la policía a reprimir con ametralladoras, la lucha fue encarnizada todo el 26.
La acción decisiva fue el 27 de febrero. Los regimientos de soldados, ya unidos al
movimiento revolucionario, ocuparon puntos estratégicos y se enfrentaron con la policía zarista. Al
ser quebrada la última resistencia de la policía, se ocuparon todos los puntos vitales de la ciudad y
los regimientos marcharon hacia donde sesionaba la cuarta Duma para ponerse a su disposición. La
población estaba libre, la revolución avanzaba, se constituyó un gobierno provisorio con miembros
influyentes de la Duma que fue frenéticamente aclamado por el pueblo.
El Zar es interceptado por miembros de la Duma y militares plegados a la revolución y
obligado a firmar la abdicación al trono por él y por su hijo el 2 de marzo. El zarismo había caído y
el gobierno provisorio se constituía en autoridad oficial “reconocida y responsable”.
Es de destacar que la acción de masas fue espontánea y victoriosa tras un largo período de
experiencias vividas y de preparación moral. Esta acción no fue organizada ni guiada por ningún
partido político, sólo triunfó apoyada por el pueblo en armas.
El nuevo gobierno conformado por la Duma era esencialmente burgués y conservador, para
ellos una vez vencido el absolutismo, la revolución estaba terminada, pero la revolución no hacía
más que comenzar.
El gobierno provisorio, burgués y nacionalista, insistía en mantener la máquina y la guerra,
herencia del régimen caído, pero se encontraba cada vez más impotente para imponer su voluntad
guerrera y se hacía cada vez más impopular. Con respecto al problema agrario, el gobierno
permanecía desentendido, por lo que los campesinos lo resolvieron por propia iniciativa
expropiando tierras y dispuestos a sostener con las armas esta medida de acción directa.
En realidad, el gobierno provisorio buscaba dilatar al máximo la convocatoria a la Asamblea
Constituyente, ya que buscaba un golpe de suerte para poder instaurar una Monarquía
Constitucional y así no perjudicar sus intereses burgueses, pero los problemas urgían y era necesaria
la recuperación inmediata de un país económicamente arruinado, era necesario organizar
nuevamente la producción, transportes, comercio. En este panorama, y ante la enorme diferencia de
intereses entre el gobierno provisorio y las masas laboriosas, resurgen los Soviet y las
organizaciones obreras. Así fue que el primer gobierno provisorio quedó reducido impotente a una
figura ridícula y mortal haciendo lo posible por mantenerse vivo.
A los 60 días de su instalación, el gobierno provisorio debió ceder su puesto, sin dar ninguna
lucha, a un gobierno de coalición con participación socialista tan impotente como el primero, y que
corrió la misma suerte cediendo su lugar dos meses después a un tercero, y luego a un cuarto, pero
la guerra, el caos económico, y el apoyo del gobierno en la burguesía y en el régimen capitalista
continuaban con todos los gobiernos.
El descontento del pueblo crecía, y aprovechándose de esto, el partido político encabezado
por Lenin, el partido bolchevique (escisión del anterior partido socialdemócrata de centro
izquierda), comenzó una inmensa campaña proponiendo una inmediata convocatoria a una
Asamblea Constituyente, además del fin de la guerra y la continuación de la revolución, todo esto a
condición de que les fuera otorgado el poder. En realidad no hacían más que prometer todo aquello
que el pueblo pedía a gritos, y que el gobierno provisorio no se animaba a realizar.
[BLOQUE IV] En resumen, todos los gobiernos conservadores o moderados desde febrero de
1917 probaron su impotencia para resolver los problemas graves que la revolución había planteado,
era lógico que después de la caída de todos los partidos políticos y gobiernos moderados, el pueblo
se volviera hacia el partido bolchevique, el último existente, y que además prometía, a condición de
llegar al poder, la solución rápida y feliz de todos los problemas.
El partido bolchevique, al apoderarse de la acción en lugar de simplemente prestar apoyo a los
trabajadores en sus esfuerzos por completar la revolución y emanciparse, se ocupó de encumbrarse,
y una vez en el poder se instaló como dueño absoluto, se organizó como casta privilegiada y por
consiguiente destruyó y subyugó a la clase obrera para explotarla en su provecho bajo nuevas
formas. De hecho, toda la revolución fue falseada y desviada, y cuando el pueblo comprendió el
error y el peligro, ya fue demasiado tarde. Después de una lucha dura y desigual contra los nuevos
amos, sólidamente organizados administrativa, militar y policialmente, que duró unos tres años y
fue casi ignorada fuera de Rusia, el pueblo sucumbió, la revolución social fue, una vez más,
sofocada por los mismos “revolucionarios”.
De esta forma, el partido bolchevique, apoyado en el pueblo y en las fuerzas armadas,
conforma una lista eventual del nuevo gobierno bolchevique con Lenin a la cabeza y Trotsky en un
puesto destacado, y se prepara para asestar el golpe final al gobierno provisorio.
El 25 de octubre de 1917 tropas bolcheviques marcharon hacia el palacio, no hubo combates
en las calles ni se levantaron barricadas, todo sucedió de una manera simple y rápida, el gobierno
provisorio, abandonado por todo el mundo, no opuso prácticamente resistencia. En otras ciudades la
lucha fue más intensa, en el campo, la gente permaneció indiferente, demasiado ocupada en resolver
por sí sola el problema agrario, ya sin temor a los señores feudales, no esperaban nada malo de los
bolcheviques, ya que se decía que ellos querían terminar la guerra y eso les parecía justo.
La manera de cómo se produjo el golpe de estado bolchevique ilustra perfectamente la
inutilidad de la lucha por el poder político. Si éste es sostenido por todo un pueblo, y, sobre todo,
por el ejército, es muy difícil abatirlo, pero si es abandonado por la mayoría y por el ejército, que es
lo que pasa en una verdadera revolución, no sólo carece de sentido sino sobre todo de legitimidad, y
no vale la pena dedicarse a él especialmente. Ante el pueblo armado, el poder político se derrumba
solo.
En muchas regiones la victoria de los bolcheviques no fue completa, hubo movimientos
contrarrevolucionarios de los resabios aún existentes de la monarquía para hacerse con el poder.
A pesar del golpe de estado bolchevique, la revolución no logró apagarse, durante tres años
aproximadamente después de 1917, hubo movimientos francamente revolucionarios dentro de la
dictadura bolchevique, movimientos borrados de la historia por el oficialismo marxista, que
siguieron luchando por la verdadera revolución social al darse cuenta de las intenciones del nuevo
amo.
Sebastián Lombardo – La Hidra de Mil Cabezas
BIBLIOGRAFIA
Alexandre BERKMAN, La Revolución rusa y el Partido Comunista.
Alexandre BERKMAN, La tragedia rusa.
Luiggi FABBRI, Dictadura y revolución.
Emma GOLDMAN, Los bolcheviques y la Revolución rusa.
Daniel GUÈRIN, El anarquismo.
VOLIN, La revolución desconocida.