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INFORME SOBRE EL SEGUIMIENTO DEL TRATAMIENTO ANTICOAGULANTE

ORAL EN ATENCION PRIMARIA

Grupo Clínico Asesor de Atención Primaria del Instituto Madrileño de la Salud

Marzo, 2003





Elaboración : Rafael Alonso Roca





INDICE:





1. Características del tratamiento anticoagulante.

2. Problemática actual en la gestión del tratamiento anticoagulante.

3. Modelos de gestión del tratamiento anticoagulante.

4. Determinación del INR en sangre capilar.

5. Propuesta de gestión del tratamiento anticoagulante desde AP.

- Ventajas.

- Problemas a resolver.









1. CARACTERÍSTICAS DEL TRATAMIENTO ANTICOAGULANTE





Los pacientes en tratamiento anticoagulante oral (TAO) pueden considerarse

pacientes con una “enfermedad” crónica, ya que presentan un déficit de coagulación

que puede provocar complicaciones graves si no se realiza un seguimiento adecuado,

y en la mayoría de ocasiones por tiempo indefinido. Estos pacientes crónicos han sido

controlados durante años en servicios hospitalarios (casi siempre en las Unidades de

Anticoagulación de los Servicios de Hematología), debido a una serie de

características especiales que presenta este tratamiento:





- Gran variabilidad individual en la respuesta al TAO, debida a diferencias en la

absorción, en el aclaramiento metabólico, y en la respuesta hemostática a las

concentraciones del fármaco.

- Frecuentes interacciones: medicamentosas (mediante diferentes mecanismos, como

inducción e inhibición enzimáticas, modificación de la flora intestinal y competición por

la unión a proteínas plasmáticas), con factores relativos a los hábitos de vida, como la

dieta (alimentos ricos en vitamina K: coles, judías verdes...), el alcohol y el tabaco, o

con procesos intercurrentes (fiebre, diarrea, vómitos).

- La escasa separación entre dosis insuficiente y excesiva.

- La existencia de indicaciones muy concretas, casi siempre indicadas por los

especialistas.

- La necesidad de controles analíticos periódicos, con la necesidad de tener el

resultado el mismo día de la extracción.

- La frecuencia y gravedad de sus efectos indeseables, fundamentalmente las

hemorragias por sobredosificación y las complicaciones trombóticas por dosis

insuficiente, a veces incluso en pacientes con aparente buen control.





Todo ello hizo que fuera necesario un profesional con amplia experiencia en su

manejo y un servicio con la capacidad técnica suficiente, por lo que las consultas de

Hematología de los hospitales se constituyeron como las más adecuadas para llevar

a cabo este servicio. Sin embargo, este modelo asistencial también produjo que el

resto de profesionales responsables de los pacientes (cardiólogos, internistas,

médicos de familia) tuvieran una formación escasa sobre el manejo y dosificación de

la anticoagulación (hasta con los pacientes ingresados en las diferentes plantas de los

hospitales son los hematólogos los que tienen que asumir este manejo), lo que

producía dificultades en el tratamiento de procesos intercurrentes (no es infrecuente

que acudieran a estas unidades para solucionar problemas banales), convirtiendo a

los hematólogos en los “médicos de cabecera” de estos pacientes.









2. PROBLEMATICA ACTUAL EN LA GESTIÓN DEL TRATAMIENTO

ANTICOAGULANTE





En los últimos años se han producido una serie de circunstancias que han

hecho replantearse el modelo organizativo existente:

- El aumento de las indicaciones, y por tanto de pacientes, con la consiguiente

sobrecarga de muchos servicios hospitalarios.

- El cambio del perfil del paciente anticoagulado: antes eran predominantemente

personas relativamente jóvenes con prótesis valvulares o valvulopatías, muy

concienciadas en la necesidad de cumplir estrictamente el tratamiento; actualmente la

mayoría son personas ancianas, con mayor dificultad para los desplazamientos y

menor grado de cumplimiento. Este cambio es debido tanto a los últimos ensayos

clínicos sobre fibrilación auricular sin valvulopatía como al propio envejecimiento de

los pacientes tratados hasta ahora.

- El desarrollo de la atención primaria (AP) y la capacitación clínica de sus

profesionales.

- La estandarización de la medición del tiempo de protrombina para el TAO, mediante

la razón normalizada internacional (INR), que ha permitido obtener resultados

consistentes aún realizando la prueba en diferentes laboratorios, mejorar la fiabilidad

del instrumento de medida en los ensayos clínicos sobre TAO y, sobre todo, ha

disminuido la posibilidad de complicaciones.

- La disminución de los niveles de anticoagulación recomendados con la consiguiente

disminución de la frecuencia de hemorragias.

- La aparición de coagulómetros para medir el INR en sangre capilar.









3. MODELOS DE GESTIÓN DEL TRATAMIENTO ANTICOAGULANTE





Ante estas circunstancias, las respuestas organizativas que se han producido,

tanto en las diferentes Areas de la Comunidad de Madrid como en el resto del estado

español, han sido muy variables. Esta variabilidad puede justificarse por las diferentes

características geográficas (dispersión, dificultad de accesibilidad), pero también y

sobre todo por las distintas actitudes de los servicios de hematología frente a la

atención primaria y el grado de coordinación entre niveles, la propia respuesta de los

profesionales de AP frente al problema, así como la escasa voluntad de decisión de

los diferentes niveles de gestión (división entre primaria y especializada, ausencia de

presupuesto en AP para esta actividad).

Los diferentes modelos de gestión que se han producido como respuesta al

problema son:

- Potenciación de las Unidades de Anticoagulación de los hospitales, para que

puedan absorber el exceso de demanda producido por el aumento de pacientes.

Esta solución, sin poner en duda la capacidad técnica de estas unidades,

presenta el problema de la accesibilidad (sólo sería justificable en zonas de alta

densidad de población) y de la dificultad para un manejo integral del paciente,

adoptando sólo responsabilidad sobre un aspecto parcial de la atención sanitaria.

- Creación de unidades de anticoagulación en los centros periféricos de

especialidades: este modelo, adoptado sobre todo en grandes hospitales desde

hace varios años (donde primero apareció el problema de la masificación de

pacientes anticoagulados), es llevado a cabo en la mayoría de los casos por

especialistas en análisis clínicos, ya que no hay hematólogos en estos centros

periféricos. En algunos casos son los propios especialistas que han indicado el

tratamiento (cardiólogos, neurólogos, cirujanos) los que se hacen cargo de la

dosificación. Aunque mejora algo, pero sólo parcialmente, el problema de la

accesibilidad, continúa presentando el problema de la parcialidad de la atención.

- Descentralización a AP de la extracción de muestras: este modelo traspasa

todo el proceso de contacto con el paciente, extracción de sangre para la

determinación del INR y comunicación del resultado, a los centros de AP, pero el

hematólogo del hospital se reserva la decisión sobre la dosificación, que transmite

al centro de AP en función del resultado del INR. Se soluciona así el problema de

la accesibilidad (aunque no del todo, porque el paciente debe acudir en dos

ocasiones al centro de salud, para la extracción y para la comunicación de

resultados y dosis), pero plantea grandes dudas sobre la capacidad de proponer

dosis sin hablar con el paciente (si el paciente ha olvidado una dosis o ha

presentado un proceso intercurrente autolimitado o ha tomado algún fármaco, la

actitud será diferente) y continúa el problema de la dificultad para el manejo

integral del paciente. La sobrecarga para AP es igual o mayor que la

descentralización total y la complejidad del sistema organizativo es notable.

- Descentralización total a AP del proceso asistencial: este modelo corresponde

a la organización habitual del sistema sanitario frente a problemas prevalentes.

Los centros de AP se hacen cargo de la atención a los pacientes anticoagulados,

manteniendo la coordinación con hematología para el manejo y derivación de

problemas y pacientes concretos, al igual que sucede con los pacientes

diabéticos, con insuficiencia cardiaca, cardiopatía isquémica, etc..., existiendo un

nivel de responsabilidad para cada nivel asistencial. Así, el médico de familia

tomará las decisiones en el manejo integral del paciente, incluyendo la dosificación

de los anticoagulantes, manteniendo al hematólogo como especialista de segundo

nivel. Se soluciona así tanto la accesibilidad como el manejo integral del paciente,

ya que las decisiones clínicas ante cualquier problema son más sencillas cuando

se realiza el control del TAO. Los problemas fundamentales de este modelo son la

formación de los médicos de familia, la motivación para asumir una tarea ante la

actual sobrecarga asistencial en AP y la desconfianza de los hematólogos.

Contrariamente a la opinión generalizada de que se trata de una actividad que

no se realiza en AP, existe experiencia internacional del seguimiento de estos

pacientes en AP, fundamentalmente en el Reino Unido y países escandinavos. En un

estudio realizado en centros de salud del estado español en 1998, un 23% de ellos

realizaban el seguimiento del TAO, y hasta un 28% cuando se trataba de centros

rurales. Actualmente algunas Comunidades Autónomas (Euskadi, Navarra, Aragón,

Galicia, algunas zonas de Andalucía y Castilla León) están impulsando el control del

TAO en AP, por lo que probablemente estas cifras hayan aumentado en estos últimos

años.

En la Comunidad de Madrid, según una encuesta realizada en las Gerencias

de AP en 2003, en 7 de las 11 Areas algún centro de AP realiza el seguimiento del

TAO (63,6%), en 3 de las cuales el 100% de los EAP lo hacen (I, II y VI), 2 en su

mayoría (la X en 78% de sus EAP, la V en el 64%), y 2 en una minoría (VII en 43% y

IV en 3%, un solo EAP). En las Areas III, VIII, IX y XI no se realiza en ningún EAP. En

total 126 EAP (43 %) de la Comunidad de Madrid realizan el seguimiento del TAO. De

ellos, en 52 (41,3 %) utilizan coagulómetros portátiles.









4. DETERMINACIÓN DEL INR EN SANGRE CAPILAR





Desde hace varios años se dispone de diferentes métodos y aparatos para

medir el INR en sangre capilar. Estos aparatos proporcionan al paciente

anticoagulado un aumento en su calidad de vida (independientemente de dónde se

realice el seguimiento), al sustituir la punción venosa por un pequeño pinchazo en el

pulpejo del dedo. Esto es especialmente beneficioso para ellos, ya que al presentar

un déficit en la coagulación es mucho más frecuente que se produzcan hematomas

ante una mala técnica de punción venosa; además, la necesidad de frecuentes

controles (como mínimo una vez cada 4 o 5 semanas) contribuye a esta dificultad en

la extracción.

Existen aparatos que requieren ciertas técnicas de laboratorio y en los que hay

que realizar varios análisis simultáneos, lo cual los hace adecuados y eficientes para

el hospital, pero poco útiles para AP y domicilios. En estas últimas situaciones son

más adecuados los coagulómetros portátiles mediante tiras reactivas, aunque el coste

por análisis es algo mayor. Las mejoras en la organización de los centros de AP que

suponen estos aparatos son claras: disminución de la carga de trabajo en

extracciones, mayor accesibilidad (se puede realizar a cualquier hora), resolución del

control en una sola visita y menor burocracia (no es necesario rellenar volantes).

Además, para la punción venosa se necesita un periodo de tiempo no superior a 2

horas entre la extracción y el procesamiento de la muestra, lo cual no siempre se

puede cumplir. En cuanto a la fiabilidad, existen estudios e informes de Servicios

Sanitarios Públicos (Navarra y País Vasco) que recomiendan el uso de coagulómetros

portátiles para el control del TAO en AP.

Otra posibilidad organizativa que surge con la utilización de los coagulómetros

portátiles es el autocontrol por parte del paciente, al igual que en la diabetes, aunque

requiere un cierto nivel de aprendizaje, además de aparatos para cada paciente y

probablemente un mayor gasto de tiras reactivas.









5. PROPUESTA DE GESTIÓN DEL TRATAMIENTO ANTICOAGULANTE EN AP





El modelo que nos parece más adecuado para el control del TAO es la

descentralización progresiva de los pacientes a sus centros de AP utilizando

coagulómetros portátiles para la realización de las pruebas analíticas, garantizando

una formación adecuada de los médicos de familia.

El control en AP ofrece una serie de ventajas:

- Mayor accesibilidad, al poder realizar la consulta con su médico de familia y/o

enfermera en el centro o en el domicilio, así como la determinación analítica.

- Atención integral al paciente, englobando en el proceso de atención todos los

procesos intercurrentes agudos o crónicos, el conocimiento personal del

paciente y su familia, y el manejo del resto de medicación.

- Facilidad para realizar la educación sanitaria, con la consulta de enfermería como

soporte básico.

- Mejor situación para valorar la indicación en los pacientes ancianos con fibrilación

auricular (conocimiento de su entorno sociofamiliar, riesgo de traumatismos,

tratamientos simultáneos, cumplimiento).

- Integración del control del TAO en la actividad asistencial normal, sin necesidad

de crear consultas específicas ni personal adicional.

- Resolución del control en una sola visita, mayor flexibilidad de horarios (muy

importante en los controles en domicilio), disminución de las extracciones

generales del centro, resultados inmediatos y no dependientes del envío desde

el hospital.





También esta propuesta presenta una serie de problemas que es necesario

contemplar y resolver antes de ponerlo en marcha:





- Formación de los médicos de familia y enfermeras de AP: a pesar de la ausencia

de formación específica en los programas de formación tanto pregraduada como

postgraduada, la experiencia en el Area 10 de Madrid, así como en otras Areas de

Madrid, actividades formativas de sociedades científicas de AP, etc,...,

demuestran que actividades docentes de corta duración (4 horas) a personal

seleccionado de los centros junto con sesiones posteriores en cada centro de

salud por parte de ese personal (podría complementarse con rotaciones cortas por

las Unidades de Anticoagulación) , es suficiente para realizar la actividad.

- Coordinación con el Servicio de Hematología de referencia: además de su papel

en la formación del personal de AP, las Unidades de Anticoagulación mantendrán

un papel en el seguimiento de pacientes seleccionados, que pueden ser: inicio de

la anticoagulación (hasta 2-3 meses dentro de rango), control previo a

intervenciones, pacientes de difícil control derivados desde AP a juicio de su

médico de familia, control de calidad de las determinaciones. Es muy importante

que estas unidades den a los pacientes un mensaje de confianza en el médico de

familia en el momento de derivar los pacientes a AP. También debe existir un

sistema de comunicación rápido (teléfono, fax, internet) para la resolución de

dudas urgentes.

- Elaboración de un protocolo o guía clínica conjuntamente entre atención primaria y

especializada: el protocolo o guía conjunta debe incluir al menos: indicaciones de

TAO, pautas de derivación entre niveles, pautas de dosificación, contenidos

educativos y preferiblemente sistemas de evaluación de la calidad de la atención.

- Elaboración de material para entregar al paciente: se trata tanto de material

educativo que se entrega al paciente durante la educación sanitaria, así como la

información que debe llevar consigo el paciente donde se indican los resultados

y la dosis. Puede ser la clásica tarjeta que se utilizaba en los hospitales hasta

hace poco tiempo, o actualmente programas informáticos que incluyen las hojas

de dosificación al paciente, y que permiten en muchos casos la evaluación

automática de la calidad, e incluso orientan al médico en la decisión terapéutica.

- Motivación y evaluación de cargas de trabajo de AP: Cada médico de AP debe

atender a los pacientes anticoagulados asignados a su cupo. Este número

puede estar entre 10 y 30, estimando la prevalencia de fibrilación auricular en un

1% de la población >14 años y siendo mayor el número cuanto más anciana es

la población. La carga de trabajo es totalmente asumible (una vista cada 3

semanas de media por paciente), lo que supone una media de una visita/día,

que probablemente se realizaría igualmente para tratar otros problemas de

salud. El MF no puede sentir la realización de este servicio como una imposición,

sino como un acto médico clínico de gran importancia para sus pacientes, que

además les está evitando desplazamientos mensuales. Las Sociedades

Científicas de Medicina de Familia/General han incluido en sus Congresos de los

últimos años actividades de formación en seguimiento del TAO, lo que apoya la

pertinencia de esta actividad. La inclusión en la Cartera de Servicios de AP

puede ser una motivación adicional. La consulta de enfermería puede asumir sin

problemas la realización de las pruebas analíticas mediante coagulómetros con

mucha mayor facilidad que las extracciones mediante punción venosa,

incluyéndola en una visita programada junto con la actividad de educación

sanitaria, fundamental en estos pacientes.

- Evaluación de costes y presupuesto específico para las Gerencias de AP:

existen estudios de coste donde se apoya la pertinencia del seguimiento en AP

con coagulómetros portátiles, tanto en cuanto a costes indirectos (se evitan

desplazamientos tanto de los pacientes como de sus familiares al hospital, con

el ahorro consiguiente en transporte privado y en pérdida de jornadas laborales)

como directos (el mayor coste de las tiras reactivas frente al análisis tradicional

se compensa con el ahorro en transporte de muestras, gasto de personal de

hematología, laboratorio y de enfermería, ambulancias), disminución de lista de

espera para extracciones, menor carga burocrática y menor número de visitas.

Las mejoras se producen en el servicio, la calidad, el tiempo y los costes.

Probablemente haya que afrontar inicialmente un mayor número de análisis en

AP debido a la falta de experiencia. Es por tanto necesario que haya una

partida presupuestaria en AP para la adquisición de coagulómetros y el consumo

de tiras reactivas en los centros de salud, en función de la población atendida,

de forma que asumir este servicio no suponga una penalización económica para

las Gerencias.





En los próximos años van a aparecer nuevos fármacos anticoagulantes orales,

algunos de los cuales tendrán la ventaja de no necesitar un seguimiento analítico. El

coste de estos nuevos fármacos será muy elevado (el coste de un anticoagulante oral

y la tira reactiva mensual no supera los 8 euros), y su introducción dependerá

posiblemente de la buena o mala gestión organizativa que se esté realizando en cada

Area. Actualmente existe una tendencia de crecimiento de un 10% anual de pacientes

anticoagulados, lo que apoya la necesidad de tener un modelo asistencial bien

organizado e implantado en nuestro territorio.

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