eurisko n1 by 7301F5n

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									                                                Año 1
                                              Número 1
                                             Abril - Mayo
                                                2003



                                       En este número
                           Editorial (María Cecilia Esteve)
                             Literatura (Julio Cortázar)
                              Poesía (Jacques Prévert)
                                    Cine (Mafalda)
                               Música (David Gilmour)
                                  Jardín de los Niños
                          Textos On-Line (Graciela Giraldi)
                   Psicoanálisis, juego y niñez (Vicente Palomera)
                         Lectura de Archivo (Jacques Lacan)
                                         FIBCF
                                    Próximo Tema
                                          Staff


Editorial
La propuesta para este año, en el espacio que se ha denominado EURISKO, boletín electrónico de la
B.E.R., es la apertura de un espacio para el abordaje de diferentes temáticas, las que se tratarán desde
diversas: escrituras, ficciones, saberes, y disciplinas.
Los temas que irán haciendo serie, serán los que estén relacionados con: el arte, la creación, la época, la
ciudad, los sufrimientos y problemáticas que aquejan al sujeto, al ser hablante, en la modernidad tardía, y
que rasgos particularizan al sujeto de nuestra comunidad.
Temas que involucren a diversos profesionales a los que hoy les toca llevar adelante su práctica,
pareciéndonos oportuno el tratamiento de aquellas cuestiones que tengan que ver con: su formación, su
práctica: los obstáculos, avances, logros, equívocos, dificultades, imposibles, encuentros, desencuentros,
límites, configurando la dialéctica que existe entre una y la otra.
Mensualmente, Eurisko se renovará de acuerdo a estas diversas temáticas, las que se anunciarán con
anticipación, para que el que se sienta causado en la búsqueda de material teórico, o relatándonos su
propia experiencia, como así también aportando: sugerencias, ideas, y críticas, contribuyan al
mejoramiento, enriquecimiento, y actualización de nuestro boletín.
En el mes de Marzo los temas que hemos elegido para iniciar esta serie de publicaciones, (que como toda
serie esperamos sea cosa seria, en el sentido de rigurosidad, responsabilidad, y compromiso) son los que
se relacionan con el juego, y la niñez.
Las narrativas que han ido configurando Eurisko orientados según estos temas, son: desde la literatura:
“Final del Juego” de Julio Cortázar; desde la poesía “En clase” de Jacques Prévert; desde el cine con la
singular, inolvidable e increíblemente actual, “Mafalda, de Quino; desde el psicoanálisis con el
importante aporte, y aprovecho esta oportunidad para agradecer la colaboración de: Graciela Giraldi.
Desde nuestra ciudad, con la presentación del programa “El Jardín de los niños”. También nos pareció
oportuno la selección de dos textos que desde el psicoanálisis abordan las temáticas de este número como
es el caso de Vicente Palomera, "Las madres de Barbie" y del actualísimo Jacques Lacan "Discurso de
clausura de las Jornadas sobre la psicosis en el niño".
Como todo nuevo emprendimiento esperamos sean sorprendidos, impulse nuevos movimientos, colabore
con el entusiasmo, despierte interrogantes, propicie la invención, y produzca inquietud para la continuidad
de la formación de cada uno de nosotros, los practicantes del psicoanálisis.


                                                                            María Cecilia ESTEVE
                                                                          Responsable de la Edición


Literatura


“Final del Juego”
(Extracto del cuento)
JULIO CORTAZAR

“Cuando íbamos a dormirnos esa noche, Holanda me dijo: “Vas a ver que desde mañana se acaba el
juego.” Pero se equivocaba aunque no por mucho, y al otro día Leticia nos hizo la seña convenida en el
momento del postre. Nos fuimos a lavar la loza bastante asombradas y con un poco de rabia, porque eso
era una desvergüenza de Leticia y no estaba bien. Ella nos esperaba en la puerta y casi nos morimos de
miedo cuando al llegar a los sauces vimos que sacaba del bolsillo el collar de perlas de mamá y todos los
anillos, hasta el grande con rubí de tía Ruth. Si las de Loza espiaban y nos veían con las alhajas, seguro
que mamá iba a saberlo enseguida y que nos mataría, enanas asquerosas. Pero Leticia no estaba asustada
y dijo que si algo sucedía ella era la única responsable.
“Quisiera que me dejaran hoy a mí”, agregó sin mirarnos. Nosotras sacamos enseguida los ornamentos, de
golpe queríamos ser tan buenas con Leticia, darle todos los gustos y eso que en el fondo nos quedaba un
poco de encono. Como el juego marcaba estatua, le elegimos cosas preciosas que iban bien con las
alhajas, muchas plumas de pavo real para sujetar en el pelo, una piel que de lejos parecía zorro plateado, y
un velo rosa que ella se puso como un turbante. La vimos que pensaba, ensayando la estatua pero sin
moverse, y cuando el tren apareció en la curva fue a ponerse al pie del talud con todas las alhajas que
brillaban al sol. Levantó los brazos como si en vez de una estatua fuera una actitud, y con las manos
señaló el cielo mientras echaba la cabeza hacia atrás (que era lo único que podía hacer, pobre) y doblaba
el cuerpo hasta darnos miedo. Nos pareció maravillosa, la estatua más regia que había hecho nunca, y
entonces vimos a Ariel que la miraba, salido de la ventanilla la miraba solamente a ella, girando la cabeza
y mirándola sin vernos a nosotras hasta que el tren se lo llevó de golpe. No sé por qué las dos corrimos al
mismo tiempo a sostener a Leticia que estaba con los ojos cerrados y grandes lagrimones por toda la cara.
Nos rechazó sin enojo, pero la ayudamos a esconder las alhajas en el bolsillo, y se fue sola a casa mientras
guardábamos por última vez los ornamentos en su caja. Casi sabíamos lo que iba a suceder, pero lo
mismo al otro día fuimos las dos a los sauces, después que tía Ruth nos exigió silencio absoluto para no
molestar a Leticia que estaba dolorida y quería dormir. Cuando llegó el tren vimos sin ninguna sorpresa la
tercera ventanilla vacía, y mientras nos sonreíamos entre aliviadas y furiosas, imaginamos a Ariel
viajando al otro lado del coche, quieto en su asiento, mirando hacia el río con sus ojos grises.”
Poesía

En clase
Jacques Prévert
Palabras, Editorial Lumen, 1995
Traducción de Federico Gorbea

Dos más dos son cuatro
Cuatro y cuatro ocho
Ocho y ocho dieciséis...
¡Repetid! Dice el maestro
Dos más dos son cuatro
Cuatro y cuatro ocho
Ocho y ocho dieciséis.
De pronto el pájaro lira
Pasa por el cielo
El niño lo ve
El niño lo oye
El niño lo llama:
¿Sálvame
juega conmigo
pajarillo!
Entonces el pájaro baja
Y recita con el niño
Dos más dos cuatro...
¡Repetid! Dice el maestro
y el niño juega
el pájaro juega con él...
Cuatro y cuatro ocho
Ocho y ocho dieciséis
¿y dieciséis más dieciséis?
Dieciséis más dieciséis no son nada
Y mucho menos treinta y dos
Sea como sea
Los dos se van.
El niño ha escondido el pájaro
En su pupitre
Y todos los niños
Oyen su canto
Y todos los niños
Oyen la música
Y ocho más ocho se van a su vez
Y cuatro más cuatro y dos más dos
Se largan también
Y uno más uno no es a la una ni a las dos
Uno a uno se van a su vez.
Y el pájaro lira toca
Y el niño canta
Y el profesor grita:
¡Cuándo acabaréis con esas bufonadas!
Pero todos los otros niños
Escuchan la música
Y las paredes de la clase
Se desmoronan tranquilamente.
Y los vidrios vuelven a ser arena
La tinta vuelve a ser agua
Los pupitres vuelven a ser árboles
La tiza vuelve a ser acantilado
El portaplumas vuelve a ser pájaro.


Cine

Mafalda

Título: Mafalda, la película (Mafalda, the movie)
Estudio: Suevia Films (España)
DVD de Zona: Zona 2
Nivel de Película: A
Idiomas: Español Estéreo
Subtítulos: Inglés; Español
Características:
1982. 1 hora 15 minutos. Apta para todo público. Pal-B. Color. Full Screen 4 x 3. Selección de Escenas
(12 capítulos). Menús estáticos y sonoros. Dual layer, lado único (cambio de capa inexistente). Caja
plástica negra Cervic con impresos de buena calidad. El disco tiene una buena calidad de impresión.
Hecha en España por Suevia Films.

                           Un poco de historia
                             Mafalda llega al mundo en 1963 de la mano de Joaquín Salvador Lavado
                             “Quino”. El proyecto se hizo en conjunto con una agencia de publicidad, por
                             motivos esencialmente publicitarios: Mafalda iba a entrar de manera encubierta
                             al mercado para publicitar los electrodomésticos Mansfield®, producidos por
                             Siam Di Tella. El efecto publicitario marcaba una pauta bien clara, en las tiras
                             no se debía hacer mención de la marca, pero debían aparecer algunos aparatos
                             y algunos nombres debían comenzar con la letra "M". De ahí vienen Mafalda,
Manolito y Miguelito, tres de los personajes entrañables de esta tira cómica que el 29 de Setiembre de
1964 debuta en la revista "Primera Plana". La primera misión era justamente hacer un comercial
encubierto y así fue que Mafalda no llegaría a nada debido a que muchos diarios de ese momento
descubrieron la verdadera intención de las tiras. Los primeros personajes en ver la luz fueron Mafalda, de
6 años de edad, sus padres y, el 19 de Enero de 1965, apareció ese niño tímido, soñador y despistado que
se llamaría Felipe. El 15 de Marzo de ese mismo año Mafalda pasa al diario "El Mundo" y debido a la
exigencia de nuevos personajes nacieron Manolito (Manuel Goreiro), Susanita (Susana Beatriz Chirusi) y
el reflexivo, fantasioso e idealista Miguelito (Miguel Pitti).

El 22 de Diciembre de 1967 se publicó la última tira en dicho diario, que cerraría sus
puertas para siempre. Recién el 2 de Junio de 1968 aparecerá Guille, el hermano de
Mafalda. Logramos conocerlo gracias a la revista "Siete días" ya que la historieta
continuó saliendo por dicho semanario. Finalmente Libertad se incorporara al Staff de
esta increíble historia.
En Mayo de 1963 los personajes saludaban a los lectores anticipando el final, ya que el 25 de Junio Quino
dijo basta, agotado y con temor a que la fórmula comience a repetirse. Ya situados en 1970, Ediciones de
la Flor editó durante 10 años 10 libros con un formato que aún hoy en día se utiliza.
En 1993 salió la gloria para los amantes de este hermoso personaje: "Toda Mafalda", libro de 650 páginas
con todo lo que a Mafalda se refiere. Cabe decir que las tiras de Mafalda se publicaron en Israel, Francia,
Alemania, Dinamarca, Noruega, Suecia, Austria, España, Italia, Australia, Nueva Zelanda, Latinoamérica
y algunas ediciones piratas en China. Ha sido traducida en 26 idiomas y sólo en Argentina se han vendido
más de 20 millones de ejemplares.

                          Mafalda ilustró la campaña mundial de difusión de la declaración de los
                          derechos del niño en 1977 bajo el pedido de UNICEF. En 1971 se comenzaron
                          a construir los cortometrajes para televisión y recién en 1973 a emitirse por la
                          misma. Inicialmente el proyecto iba a ser en blanco y negro, luego se pensó en
                          color, pero debido a los altos costos el producto no podía hacerse en Argentina.
                          El 2 de Abril de 1973, Canal 11 comenzó a transmitir la tira en dos ediciones
                          diarias. Cada cortito de 90 segundos significaban 2 meses de trabajo con un
                          costo de 2000 dólares. El audio para estos cortos se dividió en dos, uno con la
                          banda de sonido (para todo el mundo) y otro con las voces. Dicho sistema
                          posibilitaba la grabación de doblajes en el idioma que se desee.
                          En Argentina y en Latinoamérica no tuvieron el éxito esperado, sólo en Italia
                          fue un furor cuando la RAI los sacó al aire. Luego de tanto trabajo se decidió
                          llevar a Mafalda al cine y es este el caso de la película que hoy comentamos. El
                          largometraje Mafalda se estrenó el 3 de diciembre de 1982. Este compilado de
                          cortos abarcaba un año de vida de esta niña. Se trató de dejar de lado un poco
                          la parte contestataria para atraer más al público infantil.
En la película aparecen el padre de Manolito y la mamá de Felipe, pero quedaron afuera Libertad y
Guille. En las imágenes podemos encontrar muchas coincidencias con lo escrito en las tiras y se notan los
cortes de cada gag, ya que las escenas no tienen continuidad entre sí. La película fue editada en Argentina
por Record Video Home.

La película en sí
Técnicamente la película no es buena; si bien las animaciones son correctas hay
carencia de la tecnología que hoy en día se utiliza mucho para este tipo de animación.
Lo bueno de este material es el contenido, muchas veces me han escuchado decir que
una película tiene todo el potencial tecnológico puesto en efectos pero la historia
prácticamente no existe. Aquí no hay una historia en sí, pero cada chiste es
francamente increíble e inteligente a la vez.
Tiene 30 años y es actual, incluso en muchas tiras escritas por los 60's pueden verse opiniones de esa
actualidad que pueden aplicarse hoy en día. Cada personaje tiene una característica bien definida y única.

                        Mafalda es una niña extremadamente inteligente, preguntona y segura de sí
                        misma. Tiene opiniones complicadas para una niña de su edad pero se juega a
                        decir cosas en base a sus conocimientos y a sus ganas de aprender. Se pueden
                        escuchar frases hacia su madre, quién no para de limpiar, diciéndole: “Mamá,
                        ¿qué te gustaría ser si vivieras?". Ahh, me olvidaba, Mafalda detesta la sopa,
                        como todos los niños.
                        Felipe es inocente, despistado y bastante tímido. Es muy soñador pero nunca le
                        pone el pecho a nada y anda tirado tratando de pasar el rato. Fíjense en esta frase
que para mí lo define, en un momento dice: "He decidido enfrentar la realidad, asi que, apenas se ponga
linda me avisan, eh" Marca un poco la pereza que tiene y sus ganas de no esforzarse demasiado.
Manolito es para mí el personaje más tierno y esto tal vez sea porque a él la felicidad
le pasó de largo. Trabaja en el almacén de su padre quien, ni haciendo un esfuerzo
supremo, le brinda cariño. Uno de los chistes más oscuros que leí sobre este
personaje se da cuando todo el mundo sale de vacaciones, las imágenes nos muestran
a todos en la playa, en la montaña, en las enormes piletas y Manolito estaba sentado
en el lavatorio tratando de zafar del calor. Triste, pero muy efectivo Gallego hasta la
médula dice frases como: "Eso de las vacaciones es para los afeminados", marcando
su notable esfuerzo por ayudar a su padre en el almacén, soñando algún día con tener una cadena de
supermercados.
Susanita es la más pudiente de la barra. Siempre con su muñeca que marca desde chiquita los sueños de
ser madre, con ideologías tan raras como divertidas y con diálogos increíbles como cuando le plantea a
Mafalda que ella no tiene nada contra los pobres, que cree que ellos no lo hacen por maldad. A lo que
Mafalda responde: "¡Pero qué maldad Susanita, habría que darles trabajo y ayuda a los pobres!". El
remate de Susanita dice así: "Para que tanto, bastaría con esconderlos" Cualquier comentario similar a los
escuchados en estos tiempos, es pura coincidencia.

                            Miguelito es ingenioso, soñador, delirante y muy idealista. Para todo tiene
                            una pregunta y casi nunca una respuesta, aunque él mismo deba ingeniárselas
                            para responderla. Tiene frases célebres como esta: "Yo diría que nos
                            pusiéramos todos contentos sin preguntarnos por qué.". Se nota un planteo
                            bien directo e inteligente, este personaje es sin dudas uno de los más
                            completos. O esta otra que dice: "¿Cómo hará el tiempo para dar vuelta la
                            esquina en los relojes cuadrados?".
                            Hay muchos otros personajes, creo que sin dudas el que no haya descubierto
                            aún a Mafalda se está perdiendo algo muy interesante. Fíjense que cada
                            personaje es diferente y la combinación entre ellos es perfecta. Tal vez sea
por eso que esta obra tuvo éxito en varias partes del mundo, las vivencias se pueden comparar con
cualquiera de las nuestras y dejando de lado las diferencias culturales que existen entre países,
seguramente algún personaje entra dentro de nuestras propias vidas.
Mafalda merece un análisis más profundo, sin dudas, por mi parte sólo los invito a meterse dentro de su
obra que es magnífica, no se van a arrepentir.

                                                                 Material extraído de DVDargentina.com

                             Música
                             David Gilmour


                              Título: David Gilmour In Concert
                              DVD de Zona: Zona 1
                              Idiomas: Inglés Dolby Digital 5.1 y PCM 24 bits
                              Subtítulos: Ninguno
                              Características técnicas: Tiempo total de 130 minutos. Show de 90
                              minutos. Extras de 40 minutos. Anamórfico Widescreen 1:85.1. Color,
                              Single Side/Dual Layer, 5.1 dolby digital
                              Lista de temas musicales: Shine On You Crazy Diamond parts 1-5
(10.38), Terrapin (3.37), Fat Old Sun (4.08), Coming Back To Life (5.23), High Hopes (8.32), Je Crois
Entendre Encore (4.30), Smile (4.02), Wish You Were Here (4.54), Comfortably Numb (8.07), Dimming
Of The Day (4.06), Shine On You Crazy Diamond parts 6-8 (8.27), A Great Day For Freedom Hushabye
Mountain (6.52), Dominoes (5.05) Breakthrough (8.23), Comfortably Numb (8.17)
Categoría: 

Un poco de historia...
Nacido en Cambridge Inglaterra, el 6 de Marzo de 1946, David Jon Gilmour es hijo único de una familia
de sólida formación académica, siendo su madre editora de películas y su padre profesor de genética. En
plena época del Rock´n Roll con 10 años de edad, atraído por esta música, adquirió el disco, “Rock
Around the Clock” de Bill Halley junto con “Jailhouse Rock” de Elvis. David descubrió estar más
interesado en el blues y en el folk.
Más adelante, conocería a Syd Barret, con quien se dedicaría a aprender a tocar la guitarra, declarando
luego haberse hecho su amigo y después elegir tocar juntos. Para 1965 David forma un grupo llamado
The Joker's Wild integrado por Ricky Wills en el bajo y Willie Wilson en batería más David en guitarras
–quienes años más tarde colaborarían en la grabación de su primer álbum solista. Según sus
declaraciones, en ese año, David recuerda ir a tocar en una fiesta en Cambridge donde aquella noche
actuaban un grupo llamado The Pink Floyd Sound y un cantante americano de gira por los círculos Folk
de Gran Bretaña: Paul Simon.
La banda The Jockers Wild graba un álbum cuando ese mismo año Dave se dirige a Francia a diferencia
de sus padres que marchaban haca Estados Unidos.
Luego de un tiempo, David regresa y llama a Syd, quien lo invita a su estudio el día que estaban grabando
“See Emily Play", más tarde pieza germinal de la discografía de Pink Floyd. Luego, en Diciembre de ese
año -a los 21 años de edad- es llamado por Roger Waters para sustituir a Syd Barret en voz y guitarras. A
posteriori es que dejan a Syd de lado después de 5 o 6 presentaciones. Al comienzo David reconoce que el
estilo que tenía, no encajaba con Pink Floyd en ese momento, que realmente, "no sabía que hacer". De
esta unión resultó el álbum “A Saucerful of Secrets” y en febrero de 1968 estando Syd gravemente
enfermo -por razones diversas que aparecen en la letra de “Shine On, You Crazy Diamond”-, Dave se
convirtió en el único guitarrista de la banda.
A partir de allí, muchos comenzaron a compararlo desfavorablemente acusándolo de ser más "comercial"
y de copiar el estilo de Barret. David declararía: "... Como adolescentes nosotros pasamos bastante tiempo
juntos escuchando la misma música, nuestras influencias son casi las mismas... Quiero decir que por allí
hay gente diciendo que yo copié su estilo, cuando nuestros orígenes son tan similares... Lo cierto es que
yo usaba cajas de eco mucho antes que Syd, también usaba una guitarra slide(...)Gradualmente y con los
años mi estilo cambió para ajustarse a Pink Floyd y Pink Floyd cambió para ajustarse a mi estilo"
David había demostrado que era un excelente guitarrista, pero el grupo haría que explorara en él una
faceta que nunca había intentado: la de compositor.
En Pink Floyd, David Gilmour no sólo tocaría la guitarra, sino que durante las grabaciones también el
bajo e irónicamente declararía después que Roger Waters solía decirle en tono jocoso de vez en cuando
"Muchas gracias" por ganar para las encuestas como mejor bajista.
A partir de aquí, todo es historia conocida. Momento en que genera en el 2001 y 2002 esta serie de
conciertos, despojado de las luces deslumbrantes de los diferentes shows, más allá de cualquier otra
intención que no sea la de presentarse como músico, y no como estrella de rock.
El estilo de David Gilmour siempre se ha basado en la parte del feeling por el blues, no tanto de la técnica
a ultranza. Sus orígenes encajan perfectamente en esta descripción y el perpetuo uso de la Stratocaster no
hace más que demostrar dónde y con que se siente cómodo. Su técnica del bending -estiramiento de las
cuerdas- con vibrato nos trae a la mente a veces a Eric Clapton.
Como él, sus notas ocurren en el momento justo o inesperado que lo hacen destacarse por sobre las
escalas cromáticas ejecutadas a la alta velocidad de los modernos guitarristas de la década del 90 o del
2000.
Su apoyatura pausada, brinda a su ejecución matices muy difíciles de imitar, haciendo que reconozcamos
el “sonido Gilmour” sea donde fuere que lo escuchemos.
Este David Gilmour in Concert consta de 16 temas musicales ejecutados por él en una sesión semi-
acústica llevada a cabo en el marco del Meltdown Festival en el Royal Festival Hall de Londres, el 21 de
Junio del 2001 a sala llena. Hay, además, material extra de los tres conciertos que Gilmour dio en enero
del 2002.
Aparecen como invitados especiales Rick Wright -tecladista de Pink Floyd-, Robert Wyatt -mentor de los
shows y ex cantante y baterista de la banda compañera de giras del Floyd psicodélicode los 70 y,
finalmente, Bob Geldof, cantante y actor principal del aclamado film dirigido por Alan Parker, The Wall.
Un coro gospel de 9 miembros completa el cuadro de la banda formada por el magistral Michael Kamen
en piano y el colombiano Chucho Merchan en contrabajo; además de la cellista Caroline Dale, Dick Parry
en saxo, Neill MacColl en segunda guitarra y Nic France en percusión y batería.
Esta particular característica de la presentación en vivo brinda mucha más soltura textural y no la tan
conocida pero también excelente rigidez típica de Pink Floyd.


Jardín de los Niños
                                En Noviembre del 2001 volvió a nacer un “Jardín”.
                                En ese mismo lugar, en el conocido “Parque Independencia”, pero en el
                                año 1915 nació el primer Jardín de niños “Juana Elena Blanco”.
                                Entonces, rescatando parte de la historia de nuestra ciudad, un grupo de
                                personas se dispusieron a renovar dicho lugar; en donde el paisaje, las
                                arboledas, la topografía, las singulares construcciones como “El edificio
                                semienterrado”, las enormes máquinas, las edificaciones recicladas, junto
                                a los senderos y zonas de descanso conforman un interesante, desconocido
y sorprendente nuevo lugar.
Me estoy refiriendo al actual “Jardín de niños, Juana Elena Blanco”, - la máquina de imaginar.-
La propuesta de la “máquina de imaginar” es la de recuperar este paseo público, invitando al juego,
propiciando la imaginación, la creación; apelando a las operaciones lógicas, y posibilidades corporales
tanto de los niños, la familia y las escuelas.

El Jardín presenta “Tres territorios de aventuras”:

El territorio de las preguntas: Poética de lo mítico.
La montañita encantada. La invitación es realizar un viaje orientado por
preguntas sobre la naturaleza, la vida, lo mítico, la sociedad, la muerte, el
futuro, el amor.
El territorio de la Invención: Poética de la mecánica.
Instalación “Leonardo, el inventor” y máquinas de volar, trepar y sonar.
El territorio de la Innovación: Poética de las vanguardias del siglo XX.
Calle de los sucesos y muestra “Tiempos modernos”.
Un recorrido por las transformaciones, rupturas y búsquedas del mundo moderno.

                       Durante el año 2002 el Jardín abrió sus puertas a la comunidad con el fin de que
                       cada visitante, tuviera una primera aproximación a sus misterios, sorpresas,
                       innovaciones, y pudiera experimentar distintas situaciones, invitando a la
                       imaginación, el pensamiento, la creación, la invención, la producción, el cuerpo, y
                       los sentidos.
                       Este año, la propuesta a la comunidad y más específicamente a las escuelas de
                       Rosario y de ciudades vecinas, es poder utilizar al jardín para actividades que
                       permitan la articulación con las diferentes áreas curriculares.
Las actividades que se pueden desarrollar en los distintos territorios,
son coordinadas por estudiantes de diversas carreras terciarias como:
Profesorado en Educación Física, Licenciatura en Bellas Artes,
Escuela Superior de Diseño gráfico y de indumentaria, y Escuela de
Música de la U.N.R.

Estos pasantes son seleccionados, capacitados y evaluados
periódicamente por profesionales dentro de estas disciplinas.
Esta dinámica de trabajo propicia así, el encuentro e intercambio de estas dos modalidades de la
educación, a saber: la formal y la no -formal.
Quedan invitados todos aquellos a los que les interese pasar una agradable y enriquecedora jornada.

                        PARA INFORMACION SOBRE “EL JARDIN DE LOS NIÑOS” JUANA
                        ELENA BLANCO. LA MAQUINA DE IMAGINAR DIRIGIRSE AL PARQUE
                        DE LA INDEPENDENCIA (ex zoológico) - Teléfono (0341) 4802421/4802611.

                        HORARIOS DE VISITAS: sábados, domingo y feriados: de 11:00hs. a 18:00hs.
                        Miércoles, Jueves y Viernes: a partir del 12.03.03 de 8:30hs. a 12:00hs. y de
                        14:00hs. a 17:30hs.
                        LAS ESCUELAS DEBEN PEDIR TURNOS CON ANTICIPACION LOS DIAS
                        LUNES Y MARTES DE 8:30 HS. A 12:00 HS. Y DE 13:00 HS A 17:00 HS.


                                                                              María Cecilia Esteve


Textos On-Line
Acerca del juego en los niños y su interpretación en el psicoanálisis
Por Graciela Giraldi

En Rosario, por los años ´70, comenzaban a escucharse los ecos de la enseñanza de Lacan, a través de
versiones traídas por el lado de los filósofos, epistemólogos, literatos y algunos psicoanalistas que
estudiaban con Massota.
Quienes nos iniciábamos en la práctica clínica y nos agrupábamos bajo el mote de “analistas de niños”,
considerábamos –por ese entonces- que sólo era válida la experiencia clínica con niños, y la enseñanza de
Lacan era leída bajo el sesgo de cierta moda intelectual. En esa vía, compartíamos el entusiasmo de
formar grupos de estudio sobre los Escritos de Lacan, porque había que estar enterado de las nuevas
corrientes del psicoanálisis. La quiebra de tal ilusión se fue dando –más tarde- en nuestro paso por las
instituciones analíticas que comenzaban a servirse de la Enseñanza de Lacan; cuestión que nos conducía a
tener que recorrer un trabajo sostenido con otros, preocupados por la clínica y la formación del analista.
Así mismo, otros llamados al despertar los recibíamos desde cada experiencia analizante, y al exponernos
ante los colegas con nuestra clínica. Por otro lado, la especificidad que nos otorgábamos quienes
aplicábamos el psicoanálisis a los niños, ya no se podía sostener.
Lacan, en su Informe en Roma, nos orientaba diciendo que: “No es el niño el que crea problemas al
psicoanálisis, sino las consecuencias que sacan sus practicantes de su acción con él.”
Desde los comienzos de su Enseñanza, Lacan presentó una preocupación central por las desviaciones que
venían sufriendo los conceptos fundamentales freudianos, e invitó a los psicoanalistas a reconquistar la
experiencia freudiana. Nociones como las del objeto parcial y los estadios del desarrollo introducidas por
Abraham, o la pasión por las formas imaginarias del fantasma hacia donde apuntaba el interés kleiniano,
habían sido introducidas en la clínica con niños de manera tal que se confundía el acto analítico con la
técnica, desperdiciándose el trabajo de la transferencia.
La famosa caja de juegos (con parejitas de animalitos, muñequitos, etc) encerraba de antemano una
concepción del niño en proceso de maduración o pasando por etapas del desarrollo, lo que indicaba –para
la dirección de la cura- cierto ideal del niño en vías hacia lo genital, la buena proporción. Así, las
problemáticas de los niños eran leídas desde un modelo biológico, con fijaciones a estadios edípicos o
regresiones a lo pre-edípico.
Las cuestiones de técnica y transferencia atormentaban al clínico, en la medida en que ambas eran puestas
en la misma bolsa. El cómo interpretar el juego en los niños eran las preocupaciones llevadas a los
controles, alimentadas por el Ideal del analista sábelotodo.
Pero el verdadero problema fue para los practicantes del psicoanálisis con niños que viniendo de una
formación ortodoxa, apostamos al psicoanálisis de orientación lacaniano, porque si bien fuimos
despertados por el cuestionamiento de Lacan sobre la técnica del juego (Klein), extendimos –en un primer
momento- la crítica al juego como tal.
Y si Lacan resaltó la importancia del juego de palabras tomando como ejemplo al Fort-da del nieto de
Freud, se entiende la predilección de los niños por apoyarse en la actividad lúdica y gráfica para construir
sus ficciones en la cura, en tanto, a través de sus dichos, cada analizante pone en juego sus propias
interpretaciones, las que apuntan a dar sentido a aquello que de lo real se le presenta como trauma. Esta
consideración va al contrario de proveer al analizante de juguetes, o de confundir la cura con una sala de
juegos.
Entonces, en la cura, ¿la interpretación del analista agregará más sentido a la manera del pedagogo, o bien
hará operar la interpretación en contra del sentido, en tanto corte y escansión a nivel del dicho, para
despertar al analizante de sus gozosas ensoñaciones?.

(*) Fragmento de la cura de un niño de 8 años
(Este caso fue presentado por Patrick Monribot (Francia), en calidad de AE, en las primeras Jornadas
de la nueva ELP en Valencia (España) - 12, 13 de mayo 2001 -, para testimoniar de una práctica de
psicoanálisis aplicado a la terapéutica, después del pase).
"Después del tiempo de los secretos, el tiempo de la transferencia. Un sueño viene a señalarlo: "Está en la
escuela, el maestro (amo) se calla, no responde a sus preguntas... Felizmente tiene un libro al alcance de
la mano, con todas las respuestas."
Dice que no comprende nada de este escenario. Sólo le evoca mi biblioteca que examina con atención,
curioso de los libros que yo habría escrito... De mis libros imaginados, índice del supuesto saber, su
interés se desliza a mi persona, luego a mi vida privada, finalmente preocupado por saber si amaba a mis
niños. Curioso pero educado, se mantiene prudente dice: "No estás obligado a responderme". Le señalo
que es precisamente lo que pasa en el sueño: el Otro, bajo la figura del maestro, no responde.
La demanda y la declaración de amor no tardan en acompañarse de su reverso: un cortejo de afectos
odiosos que recién comienzan y me llevan a un error de estrategia. Este es el detalle de lo sucedido.
Fabrica en papel sierras eléctricas destinadas a matarme de una manera particularmente sádica: " Te
corto, te meto en un frasco, con tu mujer, y el frasco en el congelador... Así, los guardo!"
Error de estrategia, en efecto, porque he dejado decir y dejado hacer. Haciéndome el muerto -
justamente- tomaba el lugar del maestro silencioso designado en el sueño, igual que un padre que más
allá de los actings, no dice nunca nada, no sabe nada, no ve nada -ya veremos por qué- y duerme en la
sala de espera de mi consultorio. Lo que había hecho era repetir la inconsistencia del padre, dejándome
captar por el significante amo/maestro de su sueño, el maestro que no responde.
Resultado: algunas semanas después, la cura patinaba, era un disco rayado y todas las sesiones
consagradas a jugar, es decir a gozar, de esa masacre con la sierra eléctrica.
Aquí fue el control -tema de actualidad en nuestra Escuela- que me resucitó!. O más bien, el control
encargado de señalar la resistencia, siempre del lado del analista.
En efecto, planteando el diagnóstico de neurosis obsesiva -lo que posteriormente se confirmó- ¿podía
dejarlo instalarse en un goce " (tan poco) ignorado por él" ?, ¿me podía dejar atrapar en las redes de su
astucia precavida, donde lo esencial consistía en asegurarme y recordarme, con una sonrisa en los
labios, que todo eso -la masacre- no era más que juego, hacer semblante, o "como si", es decir,
significante y que en el fondo con el significante se puede decir todo y hacer todo?. En realidad, me
demuestra que puede gozar sin riesgo con las palabras!...A la desfachatez de este contrabando en la
transferencia, en principio es esperado el acto analítico.
Ante la dirección de la cura finalmente rectificada y el analista reanimado, la sesión siguiente es más que
breve!. Al primer intento de sierra eléctrica lo llevo a la puerta y suspendo la sesión.

Bibliografía consultada
Sigmund Freud
“El poeta y los sueños diurnos”. (1907-8) Obras compl., Amorrortu.
“Más allá del principio del placer” (1919-20).
Jacques Lacan
“Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”. (1964). Ed. Barral.
Jacques-Alain Miller
Del Curso“Síntoma y fantasma” (primera clase)
(*) Patrick Monribot
“Exigir el síntoma”. Publicado en la Rev. de la Causa Freudiana, Nº 49.
Graciela Giraldi
“El niño en la ventana” (temas sobre el juego, 5 y 6) Editorial Homo Sapiens.
Ana Ruth Najles
“El niño globalizado”, Plural editores.


Psicoanálisis, juego y niñez
Las madres de Barbie

Dos circunstancias llevan a dar actualidad a la muñeca Barbie. En primer lugar, la publicación de un
interesante ensayo, el libro de Erica Rand Barbie’s queer accesories y, en otro registro bien distinto, la
difusión en lo medios de comunicación del fatal crimen cometido sobre la niña JonBenet Ramsey.

Por vías distintas, estos dos hechos se entrecruzan y dan pie a que los comentemos y analicemos a la luz
de ciertos estragos que pertenecen al malestar en nuestra civilización. Pero ¿a qué estrago nos estamos
refiriendo?

Justamente al que Freud acentuó y sobre el que, como vamos a ver, edificó una construcción. Y también
Lacan, por su parte, recordaba en una de las conferencias de 1975 en la Universidad de Yale, los estragos
que puede producir la relación madre/hija. Se trata del estrago para la hija de lo imposible en la relación
con su madre o de aquel amor hacia la hija que llega a enloquecer a la madre.

La noticia de prensa a la que aludía más arriba se refiere a la niña JonBenet Ramsey, que fue cruelmente
violada y asesinada en E.E.U.U. Un aspecto central de los titulares de prensa requirió nuestra atención:
“la madre hizo de JonBenet una Barbie de carne y hueso”. Por lo que sabemos, JonBenet esa hija de un
millonario de Colorado y de una ex miss de Virginia Occidental en 1977. Según parece, esta niña de seis
años había ganado todos los concurso de belleza infantiles en E.E.U.U: su madre la había convertido en
una muñeca, con los rubios bucles ondulados y permanentados, las cejas, los ojos y el rostro maquillados
como para una velada de Las Vegas, los labios pintados de un rojo intenso, con trajes cortos, ajustados y
zapatos de tacón. La madre había hecho de ella una inquietante doble de sí misma, una doble narcisista.
La niña fue encontrada atada y estrangulada en el sótano de la inmensa mansión familiar. Al intrínseco
horror del crimen y a los muchos enigmas que lo acompañaron, las notas de prensa en Time y Newsweek
añadían además que, para millones de norteamericanos, este hecho produjo un repentino acceso a la
realidad del glamouroso y siniestro mundo de los concursos de belleza infantiles. “Incurablemente
nostálgica de su propio pasado –escribía el reportero del diario El País.
Patricia Ramsey, su madre, moldeó a JonBenet a su imagen y semejanza. JonBent, verdadera muñeca
Barbie de carne y hueso, sabía vestirse, maquillarse, peinarse, posar, caminar, bailar, seducir...."

                          De Lilli Marlene a Barbie
                          El libro de Erica Rand sostiene la importancia de los recursos y reminiscencias
                          de las muñecas Barbie en las mujeres adultas, ya que ha pasado a ocupar un
                          lugar relevante en la historia privada “de las cosas amadas y odiadas”. Además,
                          Fiona MacCarthy en su artículo sobre este libro en The Times Literary
                          Supplement, subrayó los efectos de la muñeca Barbie en nuestra cultura y dio el
                          marco simbólico que permite la lectura de la significativa actualidad del caso de
                          JonBenet Ramsey.

                          Entre los detalles de la historia de la muñeca Barbie sobresale el hecho de que la
                          compañía americana Mattel sacó al mercado a Barbie como un modelo del ideal
                          americano de feminidad: blanca, rubia, delgada, sexualmente definida, y
                          compartiendo los sueños de un consumidor ávido de vestidos complicados y
                          extravagantes. Rand relata la leyenda del nacimiento de Barbie: el día que Ruth
                          Handler, al darse cuento de lo mucho que su hija disfrutaba jugando con
                          muñecas de papel, se le ocurrió complacerla confeccionando una muñeca en tres
                          dimensiones.

                          No obstante, la muñeca Barbie tenía una predecesora menos pura e inocente, la
                          playgirl Lilli, provocadora heroína de una tira cómica del diario alemán Das
                          Bild. Y sabemos que la compañía Mattel trató de eliminar –en nombre de los
                          ideales de esas buenas madres como Ruth Handler- cualquier mención a esa
                          predecesora.

Representante directo de Lili Marlene, Lilli había sido adaptada para el consumo sexual de hombres
adultos que podían adquirirla en bares y estancos. En los años inmediatamente posteriores a la segunda
guerra, Mattel compró todos los derechos sobre Lilli, adquirió algunos componentes para la construcción
de la muñeca a la empresa alemana Hauser, y también compró los derechos sobre las tiras del cómic, para
ponerlas fuera de circulación. Esta operación sirvió para preparar el lanzamiento en la Feria del Juguete
de Nueva York, en 1959, de la muñeca Barbie que conocemos hoy.

Narcisismo
Pero todo esto no hace más que trasladarnos aun terreno más interesante, y que encontramos a faltar en el
libro de Erica Rand, a saber: el papel del narcisismo en el juego infantil, en la relación de la niña con su
muñeca, y una explicación de los estragos de la relación madre-niña. Como Freud había enfatizado,
ambos aspectos se resumen en que la preferencia de la niña por el juego con muñecas suele concebirse
como un signo temprano de feminidad. Sin embargo, no debemos pasar por alto que, en el tema que nos
ocupa, se exterioriza un tipo de predilección que atestigua más bien el carácter exclusivo de la ligazón con
la madre, prescindiendo totalmente del padre. Volveremos después sobre este punto cuando tratemos de la
naturaleza del lazo entre Patricia Ramsey y su hija.

Hay un texto de Freud que nos permite introducirnos en el análisis de la relación madre e hija, y que nos
puede servir también para pensar la historia de JonBenet y madre. Se trata de "Introducción al
narcisismo", de 1914, donde Freud se interroga sobre el lugar que tiene el niño en el deseo de la madre,
presenta un panorama sobre el amor y el narcisismo, y trata los distintos modos de elección de objeto de
amor.

¿Cómo se situarían los casos de esas mujeres que desean al niño como representante de una imagen de
completud? En el texto citado, Freud escribe un párrafo muy interesante: “Aún para las mujeres
narcisistas, las que permanecen frías hacia el hombre, hay un camino que lleva al pleno amor de objeto.
En el hijo que dan a luz se les enfrenta una parte de su cuerpo como un objeto extraño al que ahora
pueden brindar, desde el narcisismo, el pleno amor de objeto”. Y justamente, en este tipo de amor Freud
introduce el caso de la hija que aparece como doble narcisista de la madre, como objeto de su
complacencia, es decir que vendría a ser el doble de su propia imagen.
Para el caso que estamos discutiendo, podemos conjeturar que si JonBenet era el objeto de la
complacencia de su madre, entonces ésta esperaba que la hija realizase su aspiración de completud, su
propia imagen fálica.

Mascarada
La madre que hizo de su hija una muñeca Barbie, tenía que velar para que completara la falta en ser
materna. Inevitablemente, el correlato de esta vertiente –de este estrago- es una rivalidad sin salida, propia
de la dialéctica imaginaria, tal como Lacan la analizó. En esta relación imaginaria, tanto JonBenet como
su madre se hallaban forzosamente en el mismo sitio: ambas estaban en la posición de ser el falo, y en
esta dialéctica sólo hay cabida para los celos y el malestar, justamente lo que no tiene salida para la niña
ni tampoco para esa mujer que es su madre.

Pero hay un aspecto aún más notable. En la dialéctica del deseo de una “madre Barbie” como Patricia
Ramsey, podemos inferir que su deseo permanece en una posición infantil que atestigua del carácter
exclusivo de una ligazón con la madre que excluye al padre, en la que el deseo de tener un hijo no se
puede realizar desde el anclaje en la metáfora edípica, que implica el paso por el amor del padre. Patricia
Ramsey jugaba a hacer madre como una niña que juega con la muñeca.

Entonces, ¿habría diferencia entre la niña y la muñeca? Aquí Freud observaría que en el juego de la niña a
hacer de madre, juego que reproduce la relación madre-hijo y en el que la muñeca es ella misma, la niña
rinde culto a su imagen de muñeca. Justamente esa muñeca, cuya imagen cultiva y embellece, es ella
misma en plena aspiración fálica, tal como en la mascarada femenina las mujeres tratan de hacerse
deseables para los hombres.

Creo que esto es lo que podría explicar, retroactivamente, el curioso trueque llevado a cabo por la
compañía Mattel: el de la playgilrl-Lilli por la muñeca Barbie. Así, la primera, “reprimida” por la
segunda, encarnaría la verdad de esa mascarada.


                                                                                    Vicente Palomera
                                                                       Psicólogo - Psicoanalista (Barcelona)
                                                                                   Revista “El Niño” Nro. 6


Lectura de Archivo
JACQUES LACAN
Discurso de clausura de las Jornadas sobre las psicosis en el niño
Amigos:
Antes que nada quisiera darle las gracias a Maud Mannoni, a quien le debemos la reunión de estos dos
días, y por tanto todo lo que se haya podido desprender de ella.' Ha tenido éxito en lo que tenía ganas de
hacer, gracias a esa extraordinaria generosidad, característica de su persona, y que le ha hecho pagarle a
cada cual su esfuerzo con un privilegio: el de traer desde todos los horizontes a cualquiera que pudiese
darle respuesta a una cuestión que ella ha hecho suya. Después de lo cual, borrándose ante el objeto,
convertía esas cuestiones en preguntas admisibles.
Para partir de ese objeto, y pues está ya bien centrado, quisiera hacerles sentir cuál es su unidad a partir de
algunas frases que pronuncié hace unos veinte años, en una reunión convocada por nuestro amigo Henri
Ey, del que ya saben ustedes que fue, en el campo psiquiátrico francés, lo que llamaremos un civilizador.
Planteó la cuestión de lo que sería la enfermedad mental de una manera que podemos decir que al menos
despertó el cuerpo de la psiquiatría a la pregunta, más seria, de lo que ese mismo cuerpo representaba.
Para devolver todo eso a su término más justo, tenía que contradecir el organodinamismo del que Ey se
había hecho promotor. Así, sobre el hombre en su ser, me expresé en los términos siguientes: Lejos de
que la locura sea el hecho contingente de las fragilidades de su organismo, es la virtualidad permanente de
una falla abierta en su esencia. Lejos de que la locura sea un insulto para la libertad, como lo enuncia.
Henri Ey, es su más fiel compañera, sigue su movimiento como una sombra. Y el ser del hombre no sólo
no puede ser comprendido sin la locura, sino que no sería el ser del hombre si no llevase en él la locura
como límite de la libertad.
A partir de ahí no puede parecerles extraño que en nuestra reunión hayan convergido las cuestiones
referidas al niño, a la psicosis, a la institución. Debe parecerles natural que en ninguna otra parte más que
en estos tres temas sea evocada con mayor constancia la libertad.
Si la psicosis es en efecto la verdad de todo lo que verbalmente se agita bajo esa bandera, bajo esa
ideología -actualmente la única de la que se arma el hombre de la civilización- vemos mejor entonces el
sentido de lo que, para dar testimonio de ella, hacen nuestros amigos y colegas ingleses en la psicosis.
Vemos precisamente que se meten en ese campo, y que lo hacen precisamente con esos compañeros, para
instaurar unos modos, unos métodos, en los cuales el sujeto es invitado a proferirse en lo que ellos
piensan como manifestaciones de su libertad.
Pero, ¿no es esa perspectiva algo corta? Quiero decir, la libertad suscitada, sugerida por cierta práctica
dirigida a esos sujetos, ¿no lleva en sí misma su límite y su señuelo?
Por lo que se refiere al niño, al niño psicótico, eso desemboca en unas leyes, unas leyes de orden
dialéctico, que de algún modo se resumen en la pertinente observación que ha hecho el doctor Cooper,
esto es, que para obtener un niño psicótico hace falta al menos el trabajo de dos generaciones. El propio
niño es el fruto de ese trabajo en la tercera generación.
Y si finalmente se plantea el problema de una institución que guarde relaciones propias con ese campo de
la psicosis, lo que se demuestra es que siempre, en algún punto que varía según los casos, es prevalente
una fundamentada relación de adecuación con la libertad.
¿Qué quiere decir eso?
Lo que es seguro es que así no entiendo que de ningún modo los problemas queden cerrados; tampoco
abrirlos, como se dice, o dejarlos abiertos. Se trata de situarlos y de captar unos puntos de referencia
desde los cuales podamos tratarlos sin quedar nosotros mismos atrapados en un cierto tipo de señuelo.
Para ello hay que dar cuenta de la distancia en la que se aloja la correlación de la que somos presa
nosotros mismos.
El factor del que se trata es el problema más candente en nuestra época, en la medida en que es la primera
que ha de sentir en sí misma que, a causa del progreso de la ciencia, se hayan puesto en cuestión todas las
estructuras sociales. Aquello con lo que, no solamente en nuestro propio dominio como psiquiatras que
somos, sino tan lejos como se extienda nuestro universo, tendremos que tener tratos, una y otra vez, y
siempre más acuciante, es: la segregación.
Los hombres se adentran en una época a la que llamamos planetaria, en la que se formarán según ese algo
que surge de la destrucción de un antiguo orden social que simbolizaré con el Imperio, tal y como se ha
seguido perfilando durante largo tiempo su sombra en una gran civilización, para qué sea sustituido por
algo bien distinto y que no tiene en absoluto el mismo sentido: los imperialismos. La cuestión que se
formula es la siguiente: ¿cómo arreglárselas para que masas humanas, destinadas a compartir un mismo
espacio, no solamente geográfico, sino familiar llegado el caso, permanezcan separadas?
El problema, en el nivel en que Oury lo ha articulado hace un momento con el término justo de
segregación, es sólo un punto local, un pequeño modelo de aquello que se trata dé saber en el modo en
que nosotros, quiero decir los psicoanalistas, vamos a responder: la segregación puesta en el orden del día
por una subversión sin precedentes. Aquí no hay que desatender la perspectiva desde la cual Oury pudo
formular hace un rato que, en el interior de la colectividad, el psicótico se presenta esencialmente como el
signo, signo que no conduce a ninguna parte, de aquello que legitima la referencia a la libertad.
El mayor pecado, nos dice Dante, es la tristeza.
Tenemos que preguntarnos de qué modo nosotros, metidos en ese campo cuyo contorno acabo de
delinear, podemos con todo mantenernos fuera de él.
Todo el mundo sabe que soy alegre, dicen incluso que hago chiquilladas. Sí, me divierto. Me sucede sin
parar, en mis textos, que me dedico a hacer bromas que a los universitarios no les gustan nada. Es verdad,
no soy triste. O más exactamente, sólo tengo una tristeza, en el curso de la vida tal como me ha sido
trazado: es que cada vez hay menos personas a las que les pueda decir las razones de mi alegría, cuando
las tengo.
Vayamos al grano. Si podemos planteas las cuestiones como lo hemos hecho aquí desde hace unos días,
es porque en el lugar del x que debería hacerse cargo de ellas, y que durante mucho tiempo fue el
alienista, y luego el psiquiatra, alguien más dijo lo que tenía que decir. Se llama el psicoanalista, figura
nacida de la obra de Freud.
¿Qué es esa obra?
Como saben, fue para hacer frente a las carencias de cierto grupo por lo que me vi llevado a ese lugar que
de ningún modo ambicionaba: el de tener que ponerme a hacer preguntas, junto con los que podían
escucharme, sobre lo que hacíamos de modo consecuente con esa obra, y para eso volver sobre ella.
Justo antes de los puntos eminentes del camino que instauré merced a su lectura, antes de abordar la
transferencia, luego la identificación, luego la angustia, no es ninguna casualidad, ni tampoco se le
ocurriría a nadie, que el año que hace cuatro antes de que. mi seminario llegase a su fin en el Hospital de
Sainte Anne, creyese deber afianzarnos en la ética del psicoanálisis.
Parece en efecto que corramos el riesgo de olvidar, en el campo de nuestra función, que en su principio
está una ética, y que a partir de ahí, digan lo que digan, incluso sin mi consentimiento, sobre el fin del
hombre, nuestro principal tormento está en una formación que se pueda calificar de humana.
Toda formación humana tiene como esencia y no como accidente, la de refrenar el goce. La cosa se nos
aparece así de desnuda, y no ya bajo esos prismas o lentes que se llaman religión, filosofía, o incluso
hedonismo, pues el principio del placer es precisamente el freno del goce.
Es un hecho que a fines del siglo XIX, y no sin que fuese en cierto modo antinómico con la seguridad que
había de dar la ética utilitarista, Freud devolvió la ética a su lugar, al lugar central. Hizo falta esto para
apreciar todo lo que podemos ver a lo largo de la historia dando testimonio de ser una moral. ¿Cuántas
cosas ha habido que remover, quiero decir en las bases, para que vuelva a emerger ese abismo al cual
echamos como pasto -¿dos veces por noche?, ¿dos veces al mes?- nuestra relación copulativa con algún
cónyuge sexual?
No es menos sorprendente que nada haya sido más escaso en lo que hemos dicho durante estos dos días,
que el recurso a alguno de esos términos que podemos llamar: la relación sexual (para dejar de lado el
acto, el inconsciente, el goce.
Eso no quiere decir que su presencia no nos rigiese, invisible - pero también palpable en alguna
gesticulación detrás del micro.
Aunque nunca articulada teóricamente.
Lo que se comprende, de manera inexacta, de lo que Heidegger nos propone sobre el fundamento que hay
que tomar en el ser-para-la-muerte, se presta a ese eco que hace resonar por los siglos, y por los siglos de
oro: el del penitente como alguien puesto en el corazón de la vida espiritual. No desconocer del todo en
los antecedentes de la meditación de Pascal el apoyo que tenía en el franqueamiento del amor y de la
ambición, no nos asegura sino más todavía lo común que hasta su tiempo era el lugar de retiro en el que
se consuma el enfrentamiento con el ser-para-la-muerte. Esta constatación tiene su valor en el hecho de
que Pascal, a base de transformar esa ascesis en apuesta, de hecho la cierra.
Y, sin embargo, ¿estamos a la altura de lo que por obra de la subversión freudiana, parece que estemos
llamados a llevar, a saber, el ser-para-el-sexo?
No parece que pongamos mucho ánimo en sostener esa posición.
Tampoco parece que nos ponga muy alegres. Lo cual prueba, por lo que pienso, que no estamos en ella
del todo.
Y no lo estamos en razón de lo que los psicoanalistas dicen demasiado bien como para soportar saberlo, y
que designan, gracias a Freud, como la castración. Este es el ser-para-el-sexo.
El asunto se esclarece gracias a lo que Freud dijo en forma de historietas, que tenemos que poner en
evidencia, y es que, cuando somos dos, el ser-para-la-muerte, crean lo que crean los que la cultivan, deja
ver en el más mínimo lapsus que se trata de la muerte del otro. Esto explica las esperanzas puestas en el
serpara-el-sexo. Pero contrasta con esto lo que la experiencia psicoanalítica demuestra, y es que cuando
somos dos, la castración que el sujeto descubre, sólo puede tratarse de la suya. Lo que, para las esperanzas
puestas en el ser-para-el-sexo, desempeña el papel del segundo término en el nombre de los Pecci-Blunt:
el de cerrar las puertas que previamente se habían abierto de par en par.
El penitente pierde pues mucho si hace alianza con el psicoanalista. En los tiempos en que llevaba la voz
cantante, el penitente dejaba libre, mucho más que desde el advenimiento del psicoanalista, el campo de
los retozos sexuales. No son pocos los documentos que lo atestiguan, bajo la forma de memorias,
epístolas, dictámenes y sátiras. Para decirlo de algún modo: si bien es difícil juzgar justamente si la vida
sexual era más desahogada en los siglos XVII o XVIII que en el nuestro, el hecho en cambio de que los
juicios referidos a la vida sexual fuesen en esa época más libres, decide con toda justicia en nuestro favor.
No es ciertamente un abuso referir esa degradación a la "presencia del psicoanalista", entendida según la
única acepción en la cual el uso de este término no sea impúdico, es decir, en su efecto de influencia
teórica, marcado precisamente por el defecto de teoría. Puesto que se reducen a su presencia, los
psicoanalistas merecen que nos demos cuenta de que no juzgan ni mejor ni peor las cosas de la vida
sexual que la época que les hace un lugar, y que en su vida de pareja no son dos más a menudo de lo que
sucede en otras partes, cosa que no molesta para nada su profesión, puesto que un par así no tiene nada
que hacer en el acto analítico.
Claro que la castración no tiene figura más que al término de ese acto, pero está cubierta por esto: que en
ese momento el partenaire se reduce a lo que llamo el objeto a. Esto quiere decir, como habría de ser, que
el ser-para-el-sexo tiene que irse a otra parte a hacer la prueba. Y se dirige entonces a la confusión
creciente que le aporta al tema la difusión misma del psicoanálisis, o de lo que toma este título.
Dicho de otro modo: lo que instituye la entrada en el psicoanálisis proviene de la dificultad del ser-para-
el-sexo. Pero la salida de él -si leemos a los psicoanalistas de hoy- no sería ni más ni menos que una
reforma de la ética en la cual se constituye el sujeto. No soy yo, Jacques Lacan, quien sólo se fía de la
operación sobre el sujeto en tanto que pasión del lenguaje, sino precisamente aquellos que lo absuelven
por el hecho de que obtienen de él la emisión de bellas palabras.
Es cuando uno se queda en esa ficción sin entender nada de la estructura en la que se realiza, que no
piensa más que en fingirla real, y que cae en la invención.
El valor que tiene el psicoanálisis es el de operar sobre el fantasma. El grado de su éxito ha demostrado
que ése es el lugar donde se juega la forma que sujeta como neurosis, perversión o psicosis.
Desde donde se plantea, con atenerse sólo a eso, que el fantasma hace su marco según realidad. ¡Evidente
ahí!
Y tan imposible de mover como eso; a no ser el margen dejado por la posibilidad de exteriorización del
objeto a.
Se nos dirá que es precisamente de lo que se habla bajo el término de objeto parcial. Pero precisamente,
presentándolo bajo este término, se habla de él ya demasiado como para decir sobre ese objeto algo
admisible. Si fuese tan fácil hablar de él, lo llamaríamos de otro modo, y no objeto a.
Un objeto que requiere que se vuelva a tomar todo el discurso sobre la causa, no se puede asignar a
discreción, ni siquiera teóricamente.
Si aquí tocamos esos confines es sólo para explicar de qué modo en el psicoanálisis se vuelve con tanta
brevedad a la realidad, cuando no se tiene una visión de su contorno.
Observemos que aquí no evocamos lo real, que en una experiencia de palabra sólo aparece como
virtualidad, y que en el edificio lógico se define como imposible.
Se necesitan ya no pocos estragos ejercidos por el significante para que se trate de realidad. Estos estragos
hay que captarlos bien atemperados en el estatuto del fantasma, a falta de lo cual el criterio que se toma, y
que consiste en la adaptación a las instituciones humanas, no es otra cosa que pedagogía. Por impotencia
a la hora de plantear ese estatuto del fantasma en el ser-para-el-sexo (el cual queda velado en la idea
engañosa de la "elección" subjetiva entre neurosis, perversión o psicosis), el psicoanalista hace deprisa y
corriendo con algo de folklore un fantasma artificial: el de la armonía que se aloja en el hábitat materno.
Allí no habría modo de que se produjesen ni incomodidad ni incompatibilidad; y la anorexia mental queda
relegada como una cosa rara.
No podríamos estimar hasta qué punto ese mito obstruye el abordaje de esos momentos -tantos fueron
evocados aquí- que hay que explorar. Como el del lenguaje abordado bajo el signo de la desgracia.
Fíjense en el premio a la consistencia que se espera obtener a base de atrapar como preverbal ese
momento justo antes de la articulación patente, y de hacerlo con aquello alrededor de lo cual parecía
doblegarse la voz misma del presentador, entre la gage y la gáche, la prenda y la chapuza. He tardado un
poquito en reconocer la palabra de la que se trataba: langage, lenguaje.
Pero lo que le pregunto a quien haya escuchado la comunicación que pongo en cuestión es, dígame sí o
no: si un niño que se tapa las orejas, como nos dicen -y La qué?: a algo que se está hablando- no está ya
en lo postverbal, puesto que del verbo se protege.
Y en lo que se refiere a una pretendida construcción del espacio que al parecer se capta ahí en estado
naciente, más me parece hallar el momento que da testimonio de una relación ya establecida con el "aquí"
y el "allá", que son estructuras de lenguaje.
¿Hay que recordar que, si se desproveyese del recurso lingüístico, el observador no podría hacer otra cosa
que desacertar sobre la incidencia eventual de las oposiciones características en cada lengua para connotar
la distancia, aún cuando hubiese que entrar con ello en los nudos que más de una de ellas nos incita a
situar entre el "aquí" y el «allá?" En una palabra, la construcción del espacio tiene algo de lingüístico.
Tanta ignorancia, en el sentido activo, como ahí se encierra, no permite evocar demasiado la diferencia
tan bien marcada en latín entre el taceo y el silet.
El silet apunta ya, sin que causen asombro, a falta del contexto de "los espacios infinitos", a la
configuración de los astros. ¿No nos hace notar esto que el espacio apela al lenguaje en una dimensión
bien distinta de aquella en la que del mutismo brota una palabra más primordial que ningún mom-mom?
Lo que conviene indicar aquí es, con todo, el prejuicio irreductible con el que se grava la referencia al
cuerpo, mientras no se levanta el mito que cubre la relación del niño con la madre.
Se produce una elisión que sólo puede anotarse como objeto a, cuando es precisamente ese objeto lo que
esa elisión sustrae de cualquier modo exacto de comprenderla.
Digamos, pues, que no se la comprende si no es oponiéndose a que sea el cuerpo del niño lo que responde
al objeto a. Es algo muy delicado, allí donde no aparece a la luz del día ninguna pretensión semejante;
pretensión que sólo se animaría con alguna sospecha de la existencia del objeto a.
La animaría precisamente el hecho de que el objeto a funciona como inanimado, pues es como causa que
aparece en el fantasma. Como causa en vistas a lo que es el deseo, cuyo montaje es el fantasma.
Pero tanto como eso, causa en relación con el sujeto que se hiende en el fantasma, al fijarse en una
alternancia. Armazón que hace posible que, aún siendo como es, el deseo no sufra ninguna vuelta atrás.
Una fisiología más justa de los mamíferos con placenta, o simplemente darle un mejor lugar a la
experiencia del partero -de la que podemos sorprendernos que se contente, en lo que se refiere a la
psicosomática, con la cháchara del parto sin dolor sería el mejor antídoto para un pernicioso espejismo.
Recordemos que, para culminar, nos sirven el narcisismo primario como función de atracción intercelular
postulada por los tejidos.
Fui el primero en situar exactamente la importancia teórica del objeto llamado transicional, aislado como
rasgo clínico por Winnicott.
El propio Winnicott se mantiene -con todo mi aprecio- en un registro de desarrollo. Su delicadeza
extremada se extenúa cuando ordena su hallazgo como una paradoja, cuando no puede registrarlo de
ningún modo como no sea la frustración, en la cual haría de necesidad lógica virtud biológica, por si
acaso le hiciese falta a la Providencia.
Lo importante sin embargo no es que el objeto transicional preserve la autonomía del niño, sino que el
niño sirva o no de objeto transicional para la madre.
Lo que queda ahí en suspenso no hace entrega de sus razones hasta que el objeto hace entrega de su
estructura. A saber, la de un condensador para el goce, en la medida en que, por la regulación del placer,
le es sustraído al cuerpo.
Veamos aquí si es posible indicar de un salto que si huimos de estas avenidas de la teoría, no va a
aparecer nada de los problemas que se plantearon en aquella época, como no sean los callejones sin
salida.
Problemas: el del derecho a nacer por una parte. Pero también en la línea de: "tuyo es tu cuerpo", en el
cual se vulgariza a comienzos de siglo un adagio del liberalismo. La cuestión está en saber si, por el
hecho de la ignorancia en la cual es mantenido ese cuerpo por el sujeto de la ciencia, habrá derecho luego
a, ese cuerpo, hacerlo pedazos para el intercambio.
¿No se discierne, en lo que he dicho hoy, adónde converge? ¿Vamos a atrapar la consecuencia de esto con
el término de: el niño generalizado?
Ciertas Antimemorias están hoy de actualidad. Pero, ¿por qué son "anti", esas memorias? Si es porque no
son confesiones, como se nos advierte, ¿no es desde siempre ésa la diferencia de las memorias? Como
fuere. El autor las abre con una confidencia que tiene extrañas resonancias, y con la que un religioso le
dijo adiós: "Lo que he llegado a creer, fíjese, en ese ocaso de mi vida, le dijo, es que no hay personas
mayores".
Esto es algo que rubrica la entrada de un inmenso gentío en el camino de la segregación.
¿No es precisamente por el hecho de que se requiera darle a eso una respuesta por lo que Freud sin duda
sintió que debía volver a introducir nuestra medida en la ética, por medio del goce? No intento actuar con
ustedes de otro modo que con aquellos para quienes a partir de ahí esa es la ley, al dejarles con una
pregunta: ¿Qué alegría hallamos en aquello de lo que está hecho nuestro trabajo?


Nota de Jacques Lacan de fecha 26 de setiembre de 1968
Esto no es un texto, sino una alocución improvisada. Puesto que no había ningún compromiso que
pudiese justificar desde mi punto de vista su transcripción, que considero fútil, palabra por palabra, tengo
pues que excusarla.
Antes que nada por su pretexto: el de hacer como si se concluyese. La falta de conclusión, algo corriente
en los Congresos, no excluye que sean una buena obra, como lo fue aquí el caso.
Me presté a eso para homenajear a Maud Mannoni, esto es, a aquella que, por la virtud infrecuente de su
presencia, había sabido coger a todo el mundo allí reunido en las redes de su pregunta.
La función de la presencia, en este campo como en todos, ha de ser juzgada según su pertinencia.
Ha de ser excluida ciertamente, excepto por falta notoria de pudor, de la operación psicoanalítica.
Por lo que hace al cuestionamiento del psicoanálisis, o incluso del propio psicoanalista (tomado en su
esencia) esa presencia desempeña su papel a la hora de suplir la falta de apoyo teórico.
Le doy curso en mis escritos como polémica, hace de intermedio en lugares de intersticio, cuando no
tengo otro recurso contra la obtusion que desafía a cualquier discurso.
Claro está que es siempre sensible en el discurso naciente, pero es una presencia que sólo vale cuando al
fin se borra, como se ve en la matemática.
Y sin embargo en el psicoanálisis hay una presencia que se suelda con la teoría: es la presencia del sexo
como tal, entiéndase en el sentido en que el ser hablante lo presenta como femenino.
¿Qué quiere la mujer? Esta es, como se sabe, la ignorancia en la cual Freud se queda hasta el término,
acerca de la cosa que trajo al mundo.
Lo que la mujer quiere, puesto que sigue estando en el centro ciego del discurso psicoanalítico, comporta
como consecuencia que la mujer sea psicoanalista nata (de eso uno se da cuenta en el hecho de que
regenten el análisis las menos analizadas entre las mujeres.
Nada de todo eso tiene que ver con el caso presente, puesto que se trata de terapia, y de un concierto que
sólo se ordena según el psicoanálisis si lo tomamos como teoría.
Aquí es donde he tenido que suplir a todos los que no son los que me oyen, con una presencia que debo
decir justamente que es un abuso...
Puesto que va desde la tristeza que tiene su motivación en una alegría contenida, hasta la apelación al
sentimiento de incompletud allí donde habría que situarla en pura lógica.
Una presencia como ésa resultó, por lo que parece, agradable y recreativa. Quede pues aquí rastro de lo
que porta como palabra, allí donde está excluido el acuerdo: el aforismo, la ponfidencia, la persuasión,
incluso el sarcasmo.
Una vez más, como se habrá visto, tuve la ventaja de que sea evidente un lenguaje allí donde alguien se
obstina en figurar lo preverbal.
¿Cuándo se verá que lo que prefiero es un discurso sin palabras?

                                                                             Traducción de Antoni Vicens

NOTA DEL TRADUCTOR

1. Las "Jornadas de estudios sobre las psicosis en el niño" de las que aquí se trata, se realizaron en París,
los días 21 y 22 de octubre de 1967. La cita de Lacan es de "Acerca de la causalidad psíquica", Escritos,
p. 166. Al citarse a sí mismo, Lacan dijo "la falla contingente" en lugar de "el hecho contingente".
Pecci-Blunt es una marca comercial de resortes para el cierre automático de las puertas. El juego de
palabras con la gáche alude, claro está, a Daniel Lagache, citado por uno de los ponentes. Las
Antimemorias son de André Malraux. Un proverbio francés dice: Ce que lemme veut, Dieu le 1 veu t, "Lo
que la mujer quiere, lo quiere Dios".
El "Discurso de clausura" de Jacques Lacan se publicó por primera vez en Recherches, 1968.


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