PONTIFICIA UNIVERSIDAD
CATOLICA DE CHILE
CURSO DE ANTROPOLOGIA TEOLOGICA
Profesor: Anneliese Meis, S.Sp.S.
Ayudante: Humberto Palma, C.R.S.P.
Segundo Semestre 2001
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 2
INTRODUCCION
Aproximación a la verdad del hombre desde el Espíritu Santo
I. Delimitación del problema.
En nuestro estudio nos preguntamos por el hombre "desde Dios".
1) La pregunta.
La pregunta nos pone en contacto con un problema, pero no se queda en él sino que intenta
una solución; y en este sentido preguntarse es caminar, pero un caminar metódico. Sin embargo, para
el cristiano ¿quién es el camino por antonomasia? El camino es Cristo. Esto significa que el método se
traduce en seguimiento. Por lo tanto, nuestra pregunta ¿qué es el hombre? se relaciona con una
persona, con un Alguien que se nos presenta como el hombre verdadero; y de este modo el qué se
transforma en un ¿cómo?
A) El hombre, como espíritu
Afirmar que el hombre es "espíritu" significa hacernos cargo de un problema: el problema de
conceptualizar, de comprender al hombre como "espíritu". Porque "espíritu" (Nous, pneuma, psyche y
el parentesco con "kharis") es una realidad compleja que, a su vez, se relaciona con los complejos
fenómenos de la vida. Como "espíritu" el hombre se autocomprende al mismo tiempo que trasciende
hacia el "otro", pero un otro que no nos resulta totalmente extraño, porque es a partir de ese otro que
nos autocomprendemos.
Sin embargo, lo que permite al hombre entrar en relación con el otro es su realidad corpórea.
En otras palabras, puede comunicarse porque es un "espíritu encarnado". No obstante, la corporeidad
1
también le limita, por eso necesita de la mediación . Y aquí cabe la pregunta por la libertad. Un ser
2
como el hombre, que choca con sus límites, ¿cómo puede ser libre?
B) Ser libre
Si hemos dicho que somos a partir de otro, ser libre comporta un "yo" libre a partir de un Tú
también libre. Ser libre significa poseerse a sí mismo gracias a otro, al mismo tiempo significa
"automoverse", tender hacia, lo cual nuevamente compromete a otro. En este sentido ser libre significa
darse, según nos dice Ricardo de San Víctor (persona es "existentia ex communicatione). Es la
afirmación practicamente contraria a la de Boecio: Persona es "individuo de naturaleza racional").
C) El Misterio
La pregunta por la libertad nos pone, pues, en contacto con otro cuestionamiento: ¿a dónde va
todo?; ¿qué sentido tiene todo? ¿hay algo en definitivo? Esta pregunta cruza de punta a cabo la
existencia humana.
El "hacia dónde" se adentra en el "misterio" del ser o del "mal", en forma ascendente. Pero
previo a tal movimiento existe otro que desciende del misterio, de Dios, de la Trinidad. Por tanto
nuestra pregunta se hace doble: ¿cómo llega el hombre a ser "espíritu libre", a Dios; ¿cómo Dios ha
llegado al hombre? Y de aquí un nuevo desafío, el desafío de pensar a Dios como el absoluto ("maius
cogitari non posset", San Anselmo).
1
Cf. FERNANDEZ S., La salvación sin mediaciones según Marción y la respuesta de Tertuliano; Teología y Vida 1-2 (2001) 50-73;
FERRANDO M., Salvación y encarnación. Las mediaciones humanas de la salvación, Teología y Vida 1-2 (2001) 74-88.
2
Cf. JIMENEZ J. P., Determinismo, libertad y responsabilidad en Freud (otro ejercicio de diálogo entre psicoanálisis y teología, Teología y
Vida 1-2 (1999) 5-24.
APUNTES DE CLASE 3
2) El pensar
Nuestro intento de preguntar por la verdad del hombre nos introduce en la dinámica misma del
"espíritu libre" que piensa dicha verdad a partir del misterio de Dios. Esto significa preguntarnos por la
racionalidad propia de nuestro estudio y el alcance de la comprensión la razón humana.
A) Racionalidad propia
"Razón" es sinónimo de "lógos" y acontece en el ser humano porque éste participa en el logos
de Dios. En este sentido se trata de una "capacidad de pensar" que nos afecta ónticamente,
esencialmente y no accidentalmente ("kata-physin" y no "para-physin").
B) La percepción
De lo anterior se desprende que la racionalidad es la apertura de la interioridad del hombre a la
verdad que se percibe. Se trata de un dinamismo en el cual uno se abandona a lo que se acerca, se
integra con aquello que ya se ha pensado respecto al hombre para repensar lo que nos asombra y
desconcierta. Esto requiere el esfuerzo por tender, cada vez más, hacia aquello que acontece.
C) Un proceso generativo
Este re-pensar significa para nuestro estudio no sólo una relectura, sino un "pensar con" y
como tal un acontecimiento "intersubjetivo"; porque la verdad se asoma y toma cuerpo en el diálogo, es
decir, se genera a partir de otro, se comunica. Esto significa que al pensar juntos la verdad del hombre
quedamos afectados por ella. Para este pensar se hace, pues, indispensable el "texto", es decir, el
cuerpo de lo que los otros han pensado con anterioridad.
Este "pensar" tan propio del ser humano está, según la etimología, en el mismo término
"anthropos". El hombre es un ser, cercano a la tierra -humus- pero que es capaz de "pensar" -
"theorein"-. ¿Cómo se ha desarrollado esta verdad etimológica a lo largo de la historia?, es decir
¿cómo se ha hecho antropología?
3) La Antropología
"Antropología" es la palabra que el hombre dice sobre sí mismo ("anthropos-lógos"). Es el
"intento reflejo del hombre para llegar a su autocomprensión" (K. Rahner, H. Vorgrimmler, D.T., 34ss).
La "Antropología" como ciencia comienza en el siglo XVI-XVII, cuando el término se desprende
de su significado "teológico" y la autocomprensión del hombre se constituye en una disciplina filosófica
propia. Esta disciplina emancipada de la Metafísica (entonces de orientación teológica) debe buscar
un nuevo punto de referencia y apoyo; lo encuentra en el concepto "natura". Kant sustituye el "natura"
por "libertad", que a su vez se concreta en el "hacer" y "devenir". Se dan, así, dos líneas de
autocomprensión del hombre que marchan casi paralelas hasta desembocar en una tercera, la cual
comprende al hombre a partir de la "cultura".
a) Natura
Esta línea de reflexión se concentra en lo que "ha nacido", lo estable, sólido, lo que es y
pertenece a la tierra como espacio fijado, connatural. El problema para esta corriente de pensamiento
surge cuando Shelling se fija en "lo que la naturaleza hace del hombre", es decir, cuando el mismo
concepto "natura" empieza a cambiar. Finalmente la noción "estructura" reemplaza a la
"substancia", concepto fundamental para pensar la naturaleza del hombre como superior al animal en
cuanto espíritu.
b) Libertad
Con este concepto acuñado por Kant la Antropología piensa en lo que el mismo hombre hace
de su ser o puede o debe hacer. Según Dilthey es la vida misma lo que dice lo que el hombre es.
c) Cultura
Pensar al hombre desde la cultura comporta la opción por centrarse en la "estructura humana"
más que en la historia del hombre. De este modo, la antropología actual resulta ser integradora para
las ciencias en cuanto ella es el centro, la clave para todo problema. Desde ella parten y en ella
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 4
corvergen la sociología y la psicología, las ciencias humanas y las exactas, la filosofía y la teología.
¿En qué medida esta antropología es "teológica"?
4) La Antropología teológica
La antropología es "teológica" en la medida en que se expone la Palabra de Dios sobre el
hombre, contenida en las fuentes de la Revelación. En la teología católica esta antropología aún no es
elaborada como unidad original, pero sí ha existido un antiguo tratado "De homine", reelaborado
posteriormente en el tratado neoescolástico "De Deo creante et elevante".
En la actualidad la "antropología teológica" posee un sentido nuevo gracias al aporte del
Vaticano II. Hoy la visión del hombre cruza toda la verdad de fe, tornándose la antropología "lugar
teológico" por eminencia.
a) La perspectiva postconciliar
Pero hoy a 25 años de distancia del Vaticano II se hace notar un significativo desplazamiento
de acentos, a la luz del cual la afirmación "la pregunta por Dios es en último término la pregunta por el
hombre" produce risa y parecen adquirir cada vez más peso teológico autores que están pensando la
verdad del hombre "sub ratione Dei". Esta perspectiva ya fue asumida por Santo Tomás al pensar las
procesiones intratrinitarias como "causa" et "ratio" del hombre.
b) La perspectiva pluralista-católica
En un contexto en que la ciencia y filosofía moderna piensa todo "desde el sujeto" la
Antropología Teológica al pensar al hombre "desde Dios" podría parecer a-científica. Pero no,
precisamente ahí se encuentra su posibilidad de un discurso original y científico, al tiempo que
conserva su libertad frente a los marcos estrechos de las ciencias particulares. Esto significa que la
Antropología Teológica puede no sólo servirse de otras ciencias, sino también dar su aporte hacia una
mayor radicalidad a partir de la totalidad, atestiguando así una capacidad "pluralista", profundamente
"católica".
c) Las dimensiones existenciales de gracia y pecado
Esta opción de pensamiento "católico" asume las dos dimensiones existenciales centrales de
toda persona humana, a saber: gracia y pecado. Ambas serán estudiadas en sus fundamentos
bíblicos, patrísticos y dogmáticos, así como también su ubicación en el origen protohistórico, creación y
el fin escatológico.
d) "In Christo"
Nuestro pensar la verdad del hombre no es sencillo; sin embargo, circula en un único espacio:
en Cristo. De este modo la gracia es siempre "gracia de Cristo", al tiempo que al contemplar la cruz
comprendemos cuánto peso tiene el pecado.
En síntesis: para introducirnos en el estudio de la "Antropología Teológica" nos hemos
hubicado en la situación originaria de la pregunta. Pero somos nosotros quienes pensamos y
preguntamos "desde nuestra situación concreta". Sabemos hoy que este "desde dónde" es más
importante que nunca para comprender la verdad del hombre como ya pensado. Esto nos lleva a
plantearnos el problema del "contexto" como un "desde dónde", distinto del "horizonte" entendido como
el "hacia dónde".
5) El Contexto
Es un tejido en el cual se articulan variados elementos: un sujeto que habla, su intención, su
expresión literaria, su relación con el lector, su capacidad de pensar y hablar, sus sentimientos, su
experiencia. Así, el texto viene a ser un conjunto de elementos que "crecieron juntos", un algo concreto
que contiene también momentos que no siempre se toma en cuenta, cosas que se deben decodificar
cuidadosa, científica y exhautivamente. Por eso la verdadera comprensión es la que toma en cuenta el
con-texto (lo que va con el texto indisociablemente).
Sin embargo, un texto puede pasar de un contexto a otro y, al pasar a otro contexto comienza a
APUNTES DE CLASE 5
hablar nuevamente.
a) Rasgos constantes y variables del ser humano
En el ser humano se dan, por un lado, rasgos variables y, por otro, rasgos invariables.
Los rasgos invariables son:
1. Existimos en medio de otros hombres, de la sociedad, no en forma aislada, sino en relación
con otros hombres con quienes nos comunicamos por el lenguaje;
2. No existimos siempre; nuestra vida se extiende entre nacimiento y muerte; estamos tendidos
sobre la nada.
3. Nos preguntamos ¿por qué? y suponemos que esta pregunta tiene sentido y que este
sentido se da. Este preguntar recae también en el hombre mismo; el hombre se cuestiona, acontece
como problema. Pero el hombre no está en condiciones de responder qué es él mismo. En este caso
el por qué aparece como contexto para un posible texto de respuesta. La pregunta puede ser
respondida por alguien que no es mera pregunta sino respuesta definitiva, o bien terminar en el vacío.
Los rasgos contingentes:
El hombre sólo existe en un aquí y en un ahora. A esto llamamos contingencia, causalidad.
La contingencia no influye tangencialmente en el hombre sino que lo define concretamente, lo
condiciona, le proporciona el espacio para desarrollarse, etc.
Los acontecimientos contingentes ofrecen al hombre una doble cara:
1. Hay acotecimientos normales, que se dan con cierta regularidad: día y noche, etc. Son
acontecimientos circulares: el hombre se ve introducido en círculos mayores: del devenir y perecer,
sintiéndose así parte de un proceso que llamamos "naturaleza".
2. Dentro de estos sucesos "naturales" también hay algunos dirigidos por el hombre. El
hombre interviene en la naturaleza, transformándola.
Por otro, lado nos encontramos con el trabajo humano no circular, sino lineal, es decir,
acontecimientos que se suceden entre un comienzo y un fin. Todo este conjunto hace que el hombre
se perciba como un ser determinado por el tiempo y el espacio que en parte le son dados y en parte
son también dirigidos y causados por él. De ahí que experimentar-se implica que el hombre es capaz
de reconocerse como tal ser que reflexiona. Y en este "experimentarse" el contexto está dado por la
experiencia de "muchas culturas" y un mundo.
La sociología nos ayuda enormemente a plantearnos, asumir y situarnos en un contexto, pero
también es posible que el contexto se revista de una dimensión cualitativamente distinta como contexto
"desde Dios".
b) Contexto constituido "desde Dios"
Según Balthasar es Dios quien constituye el contexto del quehacer teológico. Por eso nuestro
preguntar por la verdad del hombre debe partir del "fuego" que en ella enciende la Palabra de Dios.
Esta constituye el "contexto vertical". Junto a él va el "contexto horizontal" que se refleja en las
"bienaventuranzas y en los derechos humanos". Pero ¿cómo pensar la dimensión cualitativamente
distinta, lo "otro", la verdad, por qué ésta no tiene cabida en el mundo? Aquí nos encontramos con una
asimetría total del "contexto", porque previamente a lo "tejido" en el texto, en la palabra se da, de
hecho, lo sin-palabra: la gloria (el kabod de Ex 3).
Este contexto "desde Dios" y así formulado nos sitúa ante otro problema, que de algún modo
ya hemos venido tocando, el de la experiencia.
6) La Experiencia
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 6
El concepto "experiencia" nos remite a que el hombre recibe impresiones que le producen
sensaciones. Pero también es posible que busquemos situaciones que nos provoquen impresiones.
Entonces "experiencia" es un concepto complejo que implica problemas como la recepción y la
búsqueda de experiencias, la experiencia como percepción y conclusión abstracta, la suma concresión
y singularidad. En cualquier caso la experiencia es ambigua y sólo admite una definición parcial.
a) El concepto
Si queremos un concepto aproximativo de experiencia podemos decir: "la experiencia es una
forma de conocimiento que se refiere a unos hechos y contenidos dados y los representa como
pertenecientes a un conjunto, a partir del cual aparecen (objetivamente). Se basa en una percepción
sensible (conocimiento inmediato) pero no se limita a ella, sino que saca conclusiones, deduce leyes,
se remonta a causas e interpreta unos datos que previamente han sido objeto de otras
3
interpretaciones" .
Importa también el carácter personal, individual de la experiencia. Pero, además, podemos
observar un proceso interactivo entre la experiencia como hecho personalísimo y concretísimo y como
realidad general.
b) Posibilidad de la experiencia religiosa
En la gran gama de experiencias existen algunas que llamamos "básicas"; éstas se definen por
su intensidad, es decir, porque abarcan la totalidad y profundidad de la existencia humana. Y es en
este contexto donde se inscribe la experiencia religiosa como integradora de todo lo humano. Además,
la experiencia religiosa, al igual que cualquier experiencia básica, puede ser definida "desde arriba".
Esto significa que no es dominable ni previsible y por tanto no es realizable "desde abajo", de modo tal
que deviene experiencia de "gracia".
7) La experiencia de la gracia y del pecado
En su realización el hombre como ser-en-el-mundo tiende hacia el "misterio". La presencia del
Tú Absoluto, a quien experimenta, nos hace:
a) Detenernos
Ciertamente en nuestras vidas hay algo inalcanzable, sin embargo esto no ancla nuestro
espíritu, porque lo que llena al hombre no es tanto lo controlable-ordinario como lo "extraordinario",
gratuito, don inmerecido. La sorpresa siempre fascina.
Frente al Tú Absoluto el hombre se siente totalmente desarmado, impotente para alcanzar su
salvación. Esta impotencia y la ansiedad que la acompaña prepara y posibilita la Gran Sorpresa, la
"Buena Noticia", con la consecuente intensificación de plenitud de ser.
¿De dónde le viene a lo extraordinario el que produzca tales efectos positivos? Le viene del
hecho que lo extraordinario emana de una libre y original decisión del Tú que nos da el don
extraordinario. Lo extraordinario nos provoca alegría, gozo, plenitud; esto lo descubrimos en las
experiencias diarias cargadas de gratuidad y espontaneidad como son: un saludo, la amistad, el amor,
etc. Todo nos muestra que la realización más grande para nosotros será aquella en que el Tú divino
librememnte sale a nuestro encuentro y nos sorprende con su luz y misterio inalcanzable, pidiéndonos
una respuesta igualmente libre y misteriosa. Esto es lo que el Nuevo Testamento llama "kharis", gracia,
encanto, agrado, atractivo, belleza, hechizo de la belleza, alegría, placer, favor, estima, distinción
concedida, benevolencia, concesión, gratuidad, reconocimiento.
b) El mal-estar
Junto con la experiencia de kharis en el hombre acontece una experiencia del pecado (Ur-
Worte).
Etimológicamente pecado tiene que ver con la raíz amart y designa "un no alcanzar una meta
determinada", sea esto por equivocación o por culpa.
3
Cf. D. MIETH, Hacia una definición de la experiencia, Concilium 133 (1978) 354-371.
APUNTES DE CLASE 7
El término hebreo más frecuente es hata. Se encuentra traducido por "amartanein" 238 veces
en los LXX. Los dos términos designan originalmente faltar, pero a menudo en el contexto se
transforman en "violar", faltar contra alguien, contra Dios; en suma, "obrar lo indebido". En la misma
línea awah es injusticia, cuya culpa se reconoce y cuyo peso se carga. Finalmente pasa indica la
rebeldía y ofensa de Dios personal.
4
El vocablo latino peccatum expresa la "perversión" aversión. ¿De dónde viene tanto mal?
Esta es la pregunta por el origen.
c) La dimensión latinoamericana, chilena de esta experiencia
La experiencia latinoamericana se caracteriza actualmente como experiencia radical de
"indigencia" y "pobreza". Esta experiencia radicaliza en una cultura del estar más que del ser
(Scannone); un estar que deriva en un "nosotros" concretado en la solidaridad y la fiesta. En este
contexto pensamos la verdad sobre el hombre desde Dios como un ser necesitado de liberación y
5
redención .
8) Aproximación sistemática a la realidad de la gracia y pecado
Entendemos gracia y pecado en latinoamerica. Este tema y perspectiva topa con un serio
problema, a saber: el de la posibilidad y necesidad del método sistemático en la teología dogmática
actual. Ésta recibe en el presente muchas voces procedentes de distintos locutores. Entonces se hace
más urgente un método sistemático propio que integre todos estos aportes pero, a la vez, los
trascienda, en analogía con la convicción de Hegel de que la auténtica forma en que existe la verdad es
el "sistema". Esta convicción ha adquirido como tres grandes articulaciones:
1. Un cierto modo abstracto de enfrentar problemas teológicos, a modo de la neoescolástica.
2. Se presta atención al contexto y las categorías vigentes allí para pensar verdades teológicas
en un tipo de sistema bastante cerrado (Ejs. Teología Trascendental de Rahner; Teología de la
liberación).
3. Se evita ambos extremos y se propone más bien establecer un nexo abierto con el contexto
"desde abajo" o "desde arriba", en un tipo de síntesis (W. Kasper; H.Urs von Balthasar).
En nuestro estudio no seguimos ninguna de estas tendencioas particulares sino más bien un
pensar según la totalidad, es decir, católico. Este modo de pensar indica el camino de una coherencia
interna que requiere indudablemente un método sistemático, aunque en forma a-simétrica, ya que la
cruz rompe todo sistema.
Este peculiar estilo de pensar teológico integra, pues, los elementos constitutivos del dogma
"gracia-pecado" a partir del contexto latinoamericano. Esto es posible gracias al dinamismo propio de
Logos que estructura armoniosamente los elementos de la experiencia "gracia-pecado" en forma
abierta, crítica, de tal manera que tiene sentido hablar de la gracia hoy en A. Latina, como "gracia
concreta".
Cuando hablamos de "gracia" entendemos la "autodonación de Dios al hombre a lo largo de la
historia"; el "pecado", por su parte, lo entendemos sobre todo, desde su relación con el "origen", en la
doble dimensión del pecado original originante y originado, y concretamente como esa privación de
gracia en que nace cada hombre a causa del pecado del primer hombre, Adán.
Existen estudios de la gracia y pecado desde latinoamerica que pueden sernos prototípicos,
aunque no nos dejamos determinar por ellos.
4
Cf. SESBOÜÉ B., Creer. Invitación a la fe católica para las mujeres y los hombres del siglo XXI, Madrid 2000, pp. 225-245..
5
Cf. ZAÑARTU S., Documento de la Comisión Teológica Internacional sobre la redención. Presentación con algunos comentarios; Teología y
Vida 1-2 (2001) 20-49.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 8
a) L. Boff, Gracia y Liberación
Este autor analiza la experiencia de la gracia en el mundo concreto. Ayudado por la "teoría de
la dependencia" descubre que la experiencia de la gracia a veces es tornada por las estructuras
sociales en "desgracia". Al mismo tiempo descubre la experiencia del Espíritu Santo como fuerza
escondida, liberadora. Luego se indentifica esta experiencia mundana de la gracia con la experiencia
del Espíritu Santo. El problema de Boff es yuxtaponer mundo y gracia. Perfectamente podemos
preguntarle cómo piensa el concepto "experiencia" en la relación con el hombre como ser-en-el mundo.
6
Boff también presenta un estudio sobre el pecado original . Ubica la realidad del pecado
original en la trama histórico salvífica del designio eterno del Padre, concentrado en la persona de
Cristo, pero rechazado por el pecado del hombre. Importa el Bautismo. El pecado afecta a todos los
hombres en su interioridad y exterioridad en cuanto a su triple relación con el mundo (como señor), con
el otro (como hermano) y con Dios (como hijo). En esta triple relación el "pecado original" deviene
fuerza perturbadora "in crescendo" hasta desembocar en la "incurvatio" del hombre "erectus", con lo
que se produce esa situación generalizada de decadencia, que en A. Latina adquiere sus dimensiones
propias, sobre todo, a nivel social estructural. Empero, en esta realidad ya está actuando la fuerza de
la resurrección. Este estudio es ciertamente novedoso, sin embargo débil respecto del "peccato
originale originans".
b) L. Weimer, Gracia como delectación
La originalidad de este autor estriba en la pregunta-cómo planteada a la doctrina tradicional de
la gracia, pregunta que el autor toma de las ciencias exactas. Con esta pregunta Weimer logra integrar
e interpretar la experiencia de la gracia como experiencia del "totus ab utroque" de Calcedonia. Esta
experiencia se verifica en la comunidad eclesial en el mundo. Esto permite al autor pensar la gracia
7
como delectación ; pero también se plantea ¿cómo se interrelaciona esta delectación con la libertad?
Además aparece el problema de la predestinación, porque Weimer sostiene que la libertad significa
para el hombre libre hacer la voluntad de Dios. Lo positivo de este esbozo sistemático es su
interrelación "mundo" y "gracia". En la pregunta -cómo- se insiste en la mediación eclesial. Sin
embargo, queda abierta la cuestión de ¿qué tiene que ver esta experiencia eclesial con la historia del
mundo?
c) P. Hunermann, Gracia como libertad
Piensa la verdad del hombre a partir del contexto de la filosofía moderna. Y concretamente la
gracia es comprendida aquí en continuidad discontinua con el concepto moderno de "libertad" en
cuanto autoconstitución a partir de otro, dimensión ya implícita en Kant. La gracia se caracteriza, así,
por el aspecto relacional como núcleo de la Antropología Teológica e interrelacionada desde dentro con
la dimensión soteriológica, cristológica y pneumatológica.
La gran genialidad de este autor es su replanteo del "pecado original". Lo entiende a partir de
la libertad, pero como intento de autoconstituirse a partir de sí misma (autónoma: Kant, Heidegger) y,
en este sentido, "culpable", ya que se ubica por delante de la realización de sí misma (recordemos que
para nosotros la libertad es "libertad creada", que se constituye a partir de otro). Hunermann se
pregunta si esta libertad puede ser entendida como pecado original. Esto podría responderse
afirmativamente en el sentido que el pecado original es aquel acto trascendental histórico de libertad en
que el hombre afirma su propia libertad como una libertad meramente humana, absoluta.
P. Hunermann toma en serio el contexto moderno de libertad y su importancia. Pero siempre
queda abierto el problema del fundamento último de la autoconstitución a partir de otro. Respecto del
"pecado original" el autor lo piensa dentro del giro copernicano, dado a partir de Kant, según el cual la
historia es entendida como "ascenso" del hombre; en él la ética se impone a la metafísica, la praxis a la
teoría, lo que permite una autorrealización libre, no determinada por la idea de na caída inicial. Hegel
6
Discussao antiga e moderna e pistas de equacionamento, Grand Sinal 29 (1975) 109-133.
7
Cf.Infra: "Delectatio victrix" de San Agustín
APUNTES DE CLASE 9
abre camino, luego, a la comprensión social de esta visión fundamental que, por su parte, adquiere
perspectivas nuevas en la fenomenología de Husserl. Bajo el influjo de esta filosofía trascendental
surgen a partir de los años 1970 en la teología católica unos significativos intentos de reformular el
dogma del pecado original, entre los cuales se destacan los de M. Flick / Z. Alzeghy y K.H.Weger
como "teorías evolutivo-personalistas". Recientemente ha ido adquiriendo importancia el análisis
semiótico para replantear y rescatar el significado profundo del "dogma del pecado original".
9) La Pneumatología, principio estructurante de la Antroplogía Teológica
El principio que estructura desde dentro toda la problemática de la Antropología Teológica en
forma coherente y abierta a las preguntas e inquietudes planteadas es la pneumatología. El Espíritu
Santo es quien posibilita en el hombre el "plus" de la sobreabundancia que llamamos gracia. Y esto
desde nuestro contexto latinoamericano significa radicalizar el concepto "libertad", como
autoconstitución a partir de otro, hacia su último origen en Dios mismo, donde el Espíritu Santo
acontece como Don por excelencia. Gracias al Espíritu se establece una relación por naturaleza a-
simétrica entre Dios y el hombre, como Calcedonia piensa el "totus ab utroque".
A continuación examinamos algunos aspectos de este "principio estructurante".
a) El apriori pneumatológico
La "Antropología Teológica tiene su punto de arranque en la experiencia del Espíritu Santo a
partir de la Resurrección; y en cuanto tal se constituye en un apriori. Es el Espíritu quien hace posible
conocer la verdad del hombre en Cristo,pues "nadie conoce al hombre, sino el Espíritu" (2Cor.2,10). El
Espíritu hace ver.
b) El "esse in pneumati"
La pneumatología ilumina, luego, un aspecto vital de la Teología d la gracia, a saber: el "ser en
el Espíritu". Ser en el Espíritu significa que el hombre es penetrado en su espíritu por el Espíritu Santo,
de modo tal que lo inflama con amor ardiente de Dios y lo transforma para que le devuelva al Creador
el amor que a Él se le debe (Ricardo de San Victor). La "pérdida" de este Espíritu Santo es
precisamente lo que permite definir el pecado original.
c) La "pericorésis in pneumati" y el tiempo
La autoconstitución del hombre como ser libre a partir de otro, permite pensar al otro "dentro de
nosotros mismos", al modo como el Padre y el Hijo son en el Espíritu Santo (Jn 17). Este modo de
vivir las relaciones humanas acontece toda vez que el hombre entrega su futuro a otro, pues desde el
futuro uno mismo se recupera y también recupera su pasado. El pecado viene a significar la negación
a dicha entrega. Por el contrario, la gracia es el encuentro con Dios que experimenta el hombre al
abandonarse de sí mismo y recibirse a la vez. Pero es recién en Cristo, en su muerte "una vez por
todos", que cada situación temporal se constituye para los demás en espacio para una libertad
incondicional. La tensión entre la fundación de la gracia y su consumación se hace presente en el
Espíritu Santo, "in pneumati".
d) La "kenosis" del Espíritu Santo
Desde el "misterio pascual" es posible la entrega de uno mismo a los hombres, es decir, la total
autorrealización en la completa entrega a otro. Sin embargo, en esta dinámica el otro también crece,
disminuyéndose uno mismo. Esto es el significado profundo de la común-unión, Iglesia. En esta
comunidad tiene lugar el envío del Espíritu por el Resucitado, envío que deviene kénosis del "amor
debitus". Por otro lado, el envío permite ver la distinción de las personas divinas entre sí y, además,
que la autosuficiencia del hombre, su incapacidad de recibir y su aspiración de ser él mismo "Dios" es
contrarestado anticipadamente. Es interesante, por el contario, darse cuenta cómo la verdad de la
autosuficiencia en cuanto pecado original se ha secularizado en un pensamiento como el de Th.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 10
Adorno, quien lo analiza como contenido central de la experiencia humana. Llega a concluir:
1. La creciente imposibilidad de la formación de un "yo" autónomo y
2. En consecuencia con lo anterior, la imposibilidad de la formación de una sociedad con una
total coherencia de funciones, a causa de una historia que sigue al principio del poder como lo absoluto.
e) El "más" del Espíritu Santo
Este "más" recién ofrece la intelección definitiva de la verdad del hombre. Pneuma siempre
guarda relación con "vida". De ahí que su relación con la gracia se manifiesta en una peculiar manera
de vivir a partir de un cada vez más, una praxis según el Espíritu Santo, caracterizada por los ideales
de pobreza, solidaridad y sabiduría a su máxima radicalización. Hablando de praxis también cabe
hablar de pecado original, baste tomar conciencia que el modelo pelagiano es más afin a nuestro sentir
actual que el modelo agustiniano, aunque es este último, presente en el texto del Concilio de Trento, el
que saca a la luz la falta más profunda de la libertad. De ahí la importancia de pensar la gracia a partir
del Espíritu Santo como lo hace San Agustín.
En suma, el "más" del Espíritu Santo significa que es el Espíritu quien permite comprender
definitivamente la verdad del hombre. Por que si Espíritu es vida, entonces se puede comprender la
existencia humana como una praxis a partir del Espíritu Santo, caracterizada por los ideales
evangélicos de pobreza, solidaridad y sabiduría.
PARTE I: BIBLICA
APUNTES DE CLASE 11
I. LA GRACIA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
1. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
De cara al Antiguo Testamento existe diversidad de aproximaciones en relación con la realidad
de la gracia y pecado, lo cual no nos debe sorprender, ya que no sólo hay una progresiva comprensión
de parte el hombre, sino también la misma autodonación de Dios (gracia) adquiere formas cada vez
nuevas. Sin embargo, esto no nos excusa frente a los continuos intentos por presentar una teología
veterotestamentaria más o menos coherente, al contrario, también nosotros nos preguntamos ¿cuál es
la lógica interna que nos permite entender el A.T.?, pero no nos quedamos en el mero cuestionamiento
sino que intentamos una respuesta.
a. Diferentes aproximaciones
8
Para el método histórico crítico es una serie de datos inconexos . Otros autores se restringen a
un simple panorama terminológico. Para otros el eje articulador estriba en la autodonación de Dios a lo
9
largo de la historia de salvación, el amor de Dios para con el hombre o la delectación en Dios.
Nosotros, en cambio, el nexo lo descubrimos a partir de Cristo, él es el centro abierto que nos permite
entender el A.T.
b. Lógica estructurante de nuestro curso
Sin la concentración en Cristo los diversos elementos señalados pueden aparecer sólo como
8
Cf. H.Gross, Gracia en el AT, MS IV/2.
9
A. GANOCZY, De su plenitud todos hemos recibido. La doctrina de la gracia, Barcelona 1991.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 12
una sucesión de diferentes maneras de creer, sin interrelación, esto es, como proceso de adaptación
del pueblo de Dios a las determinadas evoluciones culturales de los pueblos de su medio ambiente. A
partir de Cristo, empero, comprendemos esta historia como comunicación entre Yahweh y su Pueblo,
es decir, como un camino, una pedagogía divina hacia Cristo que encuentra su razón última en la
10
afirmación siguiente: en Cristo, Dios se ha revelado a sí mismo de modo definitivo . Hay, pues, un
punto culminante que es preparado, pero al mismo tiempo este punto omega tiene una peculiaridad
innegable e indestructible. En otras palabras, observamos continuidad pero también ruptura. Ahora
bien, si el A.T. es preparación y Cristo es el gran mediador, importa ver cómo se da la mediación y
dónde se da la ruptura.
Otro problema es que la autocomunicación de Dios en al A.T. es historia de amor que llega al
hombre "desde fuera", pero que, sin embargo, interpela la libertad humana. No obstante, nos
preguntamos ¿en qué medida?
Por otro lado, hay etapas, procesos en los cuales va aconteciendo la realidad de la gracia. Esto
significa que no es una autodonación de Dios des-encarnada, sino inserta en un contexto. ¿Qué
importancia tiene, pues, el contexto en la comprensión de la gracia?
2. LA TERMINOLOGIA
En el A.T. no existe un término unívoco para designar la relación gratuita entre Dios y el
hombre, como sucede en el N.T., donde el vocablo "kharis" (gracia) designa un contenido teológico
determinado. "Gracia es,pues, una palabra específicamente cristiana. Sin embargo, en el A.T. existe
toda una gama de vocablos que contienen en sí el significado del concepto "gracia" neotestamentario,
es decir, que hablan de la autocomunicación de Dios al hombre. Estos vocablos tratan de la
11
autodonación de Yahweh a su pueblo y contrastan con la realidad del pecado, cuya terminología es
12
todavía más variada . No obstante la gran riqueza terminológica, el carácter anticipatorio respecto de
Cristo recién se puede mostrar a la luz de la fe en Jesucristo. De ahí se plantea el difícil problema de la
13
relación abismal entre el A.T. y N.T.
a. Gracia
En una visión sinóptica presentamos a continuación los términos veterotestamentarios sobre el
significado gracia y en paréntesis sus correspondiente neotestamentario: hen (kharis), benevolencia;
hesed (eleos), benignidad, misericordia, fidelidad; sedeq (dikaiosyne), justicia; rahamin (oiktirmos),
14
ternura, misericordia; y emet (pistis), confianza, seguridad, fidelidad . También cabe señalar "mispat"
en cuanto derecho, que se impone como salvación; y "shalom" como pacificación perteneciente al
15
dominio salvífico .
10
Cf. 1 Jn 1,1ss; Heb 1,1ss
11
Cf. H.J. STOEBE, Hen, Ser compasivo, en Diccionario Teológico Manual del Antiguo Testamento I, Madrid 1978, 815-829.
12
Cf. A. MORENO, Pecado y conversión en el A.T. (Anales,33) 1982,33-62.
13
H.Urs von BALTHASAR, Gloria. v.6. El Antiguo Testamento, Madrid 1987.
14
Excepto sedeq, todos estos términos aparecen en Ex 34,6-7
15
El Pueblo de Israel comprendió el futuro mesiánico precisamente como un tiempo de Shalom, traído y actuado por el Mesías.
APUNTES DE CLASE 13
Hen: Ex 33, 12-17; ser compasivo, favor, benevolencia, consideración, afecto. Este término
encierra una actitud, la del grande que se inclina bondadoso para ponerse a la altura del pequeño que
16
se acerca a él . Comparativamente pocas veces, y en las capas finales del A.T., significa hen una
17 18 19 20
cualidad del que es acogido: belleza o encanto , renombre o estima , benignidad , agrado . De este
modo, la palabra, que comenzó significando la actitud de quien acoge, terminó significando lo que en el
21
acogido es causa de la buena acogida: la belleza y la bondad .
Entonces podemos sostener que Hen para el A.T. es el favor de Dios, su incomprensible
benevolencia, que se inclina sobre la pequeñez del hombre, su actitud de preferencia por los pobres y
humildes. Esta actitud se encarna y exterioriza en obras objetivas de gracia, acontecimientos
salvadores. Esta gracia se derrama sobre toda la creación: hombres, animales y plantas (Jon.4,10-11;
22
Sal 104,24). Pero se dirige de un modo especial a los elegidos por pura gratuidad . Esta gracia se va
realizando a través de la historia del pueblo, lo cual reclama una respuesta fiel a esta gracia.
Hesed: Ex 20,5ss Es una palabra de imposible traducción: misericordia, amor, bondad, piedad
(en el sentido de pietas de los latinos: el sentimiento propio que reina entre los miembros de una
familia), solidaridad. Es la actitud que se impone entre personas unidas por un vínculo cualquiera,
23
sancionado o no por un pacto, vínculo de familia, amistad o alianza . Es una actitud duradera y
estable, que comporta una solidaridad en los sentimientos y la acción. Es una relación de deberes y
derechos, un comportamiento complejo, hecho de respeto por el otro, benevolencia, bondad,
generosidad, fidelidad. Sobre la hesed reposa la vida en la comunidad, ella da la indispensable base
de lealtad y confianza mutua.
Sedeq: Jc.5,11. Este texto muestra que sedeq no significa una justicia distributiva, sino la
fidelidad, la justicia con que Yahweh está detrás de sus promesas. La justicia es lo que caracteriza al
Dios de la alianza. El hombre se sabe incapaz de justificarse ante Dios, por otra parte, el juicio de Dios
consiste en la mayoría de los casos en la liberación de los oprimidos. De ahí que la justicia de Dios
llegue a significar salvación, que Él da, y la actitud hecha de piedad, amor y fidelidad gratuita de la que
24
brota. Paralelamente, ser justificado significa alcanzar la salvación . Esta justicia salvadora es una
16
El uso de este término se inició probablemente en la corte para designar la buena acogida del Rey (libros de Samuel, Reyes, Ester). Pero un
tercio de los textos, en que aparece hen, se refiere a Dios. Se halla gracia ante Él: Abraham –Gn 18,3; Moisés –Ex 33,12; 17; 34,19; Núm
11,11; 15; el pueblo- Ex 33,16; Jer 31,2;- y David-2 Sam 15,25. Dios da su favor: Sal 84,12; Prov 3,34.
17
Neh 3,4; Prov 1,9; 4,9.
18
Prov 22,1.
19
Zac 12,10; Ecc9,11
20
Ecc 1,10-12.
21
El adjetivo benevolente, derivado de hen, se usa sólo para Dios y tradicionalmente siempre en dependencia del relato de la revelación de
Yahweh a Moisés: Ex 34,6; Joel 2,13; Jon 4,2; Sal 86,15.
22
Cabe recordar que un pecado siempre latente para Israel será el paso de la conciencia de haber sido preferido a otros pueblos a la actitud
soberbia de considerarse preferible a otros. Considero que este "paso" es también una permanente tentación para el hombre de hoy, sobre todo en
un mundo en el cual el concepto y el significado de "Gracia" encuentra difícil acogida.
23
Cf. Gn 20,13; 21,23; 24,12; 2 Sam.9,2-3; 1Rey 2,7; 3,6; Rut 1,8; 2,20; 3,10.
24
Cf. Is 41,2; 59,17; 61,10.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 14
realidad eminentemente escatológica. Cabe recordar al respecto que la historia de Israel está hecha de
avances y retrocesos en la relación con Dios, de continuas esperanzas en mediadores intrahistóricos
que, una tras otra, van terminando en la aporía, hasta llegar a la gran aporía del tiempo de los
Macabeos, en que Dios simplemente parece haber enmudecido mientras el pueblo marcha
desorientado como comunidad acéfala, "sin príncipe, ni jefe ni profeta". Esto hace que la esperanza en
la justicia salvadora se vaya trasladando, paulatinamente, hacia el futuro escatológico, hacia el tiempo
en que "va a venir un Mesías".
Rahamin: Ex 33,12-23. Este concepto nos sitúa frente a un aspecto esencial de la
autocomunicación de Dios para con su pueblo. Rahamin es la forma plural de rahum, que designa el
útero materno, y por tanto la ternura maternal, el amor visceral de la madre por el fruto de sus entrañas.
Luego designa toda ternura por alguien con quien se tiene relaciones de naturaleza , pero siempre con
un matiz de conmoción, que parte de lo fisiológico. Al igual que hesed no es un mero sentimiento:
impone acciones efectivas de misericordia.
Emet: Ex 34.5ss. El concepto global de emet y emuna no es menos plástico y adaptable que
los anteriores. Expresa que las cosas son realmente lo que son, que puede uno arriesgarse a dar su
adhesión, se puede uno fiar y puede contar con ello, lo cual tiene una importancia fundamental en un
pacto, en que gran parte es pura promesa.
sintetizando podemos decir que con hen y hesed se designa tanto relaciones interpersonales
en el nivel humano como también la relación salvífica de Dios con el pueblo de Israel. El individuo
participa en esta relación para con Dios en la medida en que pertenece al pueblo de Israel. Lo que se
expresa con hen hesed no es algo obvio, natural, no designa simplemente la naturaleza física de
25
Yahweh, sino su autodonación libre, irreductible, incalculable, propia de la amistad . Por último, es
importante comprender los términos señalados sobre todo a la luz de la alianza.
b. Pecado
La autodonación de Dios contrasta con su ira, juicio y condenación. Sin embargo, no es una ira
26
"modo humano" sino justa , es decir, tiene como trasfondo la justicia de Dios y su fidelidad a la alianza.
Pero, y aquí se observa lo divino de la justicia y fidelidad, perdona los pecados de su pueblo (Sal 51).
Entre la gran variedad de términos que en el A.T. indican la realidad del pecado, existen tres
que designan el ámbito de aquellas acciones que más tarde se llama "pecado": hata, pasa y awah.
Hata: 2 Sam12,13; Sal 41,5; 51,6; Jer 3,25; 14,7; 20; Mi 7,9; Dn 9,5; 8; 11; 15. El significado
fundamental de este vocablo es equivocarse, errar. Tiene como objeto propio una norma objetiva de la
comunidad.
Pasa: Sal 51,5; 103,12; Jer 5,6; Ez 33,10; 37,23. Significa romper una comunión. Destaca
especialmente el querer consciente y la intensidad subjetiva. En este sentido su significado es
particularmente cercano al uso cristiano de pecado.
Awah: Lev.16,21; 26,40; Sal 32,5; 65,3ss; Jer 14,20. Indica la acción de encorvarse, dar la
espalda.
25
Hay que tener en cuenta la amistad que el Señor manifiesta por ejemplo a los primeros padres: Gn 2-3
26
Cf. Jer 11,20; 11,21-23; Dt 28,1ss; 28,15.
APUNTES DE CLASE 15
Los tres términos comportan un sentido profano básico a partir del cual deviene su significado
teológico. Es difícil delimitar los tres términos. Llama la atención que ni el sentido de los tres términos,
ni su uso neotestamentario acentúa la responsabilidad subjetiva del sujeto. Los tres términos se
refieren a la culpa objetiva en relación con una determinada acción, en la cual está incluido el sujeto.
Las características fundamentales del pecado siempre tienen que ver con la comunidad: no se puede
separar la comunión de los hombres de la comunión con Dios. En este sentido, los términos no
designan una conducta culpable, sino califican o descalifican un comportamiento determinado. La
27
fuente del conocimiento del pecado es el juicio o el perdón de Yahweh .
Toda la gama de términos existentes en relación con la gracia y el pecado, algunos de los
cuales hemos analizado aquí, no se comprende en sí, sino sólo sobre el trasfondo amplio de la
autocomunicación de Dios a su pueblo a lo largo de la historia. Lo mismo podemos afirmar respecto
del N.T. cuando sostenemos que la fuerza del amor de Dios al mundo y el pecado se comprende desde
la contemplación del Verbo Encarnado pendiente de la Cruz.
3. FORMAS HISTORICO SALVIFICAS
DE LA AUTOCOMUNICACION DE DIOS
Los datos veterotestamentarios señalados hasta aquí no representan más que un marco
formal: Israel se comprende desde el comienzo de su existencia como un pueblo que debe su
existencia a la autodonación de Dios.
a) La elección del pueblo
El "berit" (alianza) nos hace pensar en un compromiso bilateral entre Yahweh y su pueblo,
mientras que el concepto "revelación", en cuanto autocomunicación de Dios a los hombres, nos pone
más bien en contacto con la imagen de una iniciativa unilateral de la libertad de la gracia. Pero esto no
significa que la alianza no hunda sus raíces en Dios. En efecto, parte de Dios hacia el hombre, le
alcanza en su historia concreta y es invitado a tomar parte activa en esa alianza, es decir, a decidirse
por Dios o por "los dioses". En este sentido el protagonismo divino se mantiene siempre, a tal punto
que el acontecimiento capital en el que se basa la relación vital entre Yahweh e Israel no tiene
28
analogías : Moisés se presenta como el servidor de un sujeto absoluto, que con extraordinaria
majestad -kabod- obra y decide libremente. Pero el "modus operandi" de este yo divino indica dos
cosas: 1. el que este Dios viviente entre en relación con un grupo de hombres de un modo especial y
característico, es un hecho elemental y gratuito, sin que haya necesidad de recordarlo expresamente.
2. el hecho mismo de que Dios quiere entablar una relación vital excepcional con este grupo, comporta
el que éste quede implicado de un modo total e incondicional: no se trata simplemente de "interioridad",
de "ética", de elementos cultuales, sino también, y al mismo tiempo, de toda la existencia exterior
"jurídica" y política del grupo.
El contenido de los datos señalados ofrece una gran posibilidad de variaciones. La relación
Yahweh-Pueblo puede quedarse en lo meramente externo, pero también puede transformarse en gran
intimidad, una intimidad que funde, incluso, la fisonomía que el pueblo esboce de sí mismo. Porque si
uno piensa que el pueblo de Israel acontece como fruto de la libre autodonación de Dios, entonces su
autocomprensión se interrelaciona con lo que Yahweh es para su pueblo. Si la relación se ubica a nivel
solamente exterior, surge una autocomprensión muy exteriorizada e indiferenciada del pueblo y una
27
Cf. J. AUER, El mundo, Creación de Dios, 561-641.
28
Una alianza de este tipo, con tales características, no se encuentra en ninguna otra religión más que en la judía.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 16
correspondiente imagen de Dios y de las relaciones mutuas. Por el contrario, si la autodonación-
recepción alcanza un nivel cualitativamente distinto, entonces, cambia también la autocomprensión del
pueblo, esto es, la relación salvífica recibe otro contenido. Así, por ejemplo, la promesa de herencia,
expresa en la historia de Israel una imagen de Dios y una autocomprensión diferente a la expectación
apocalíptica de un nuevo eon.
b) La constitución del pueblo
El pueblo será admitido en el ámbito propio de Dios en la medida en que esté dispuesto a
asumir la "ley de santidad": "sed, pues, santos para mí, porque yo, Yaweh, soy santo, y os he separado
de entre los pueblos, para que seáis míos" (Lev.20,26). Se trata de una pertenencia cuyo fundamento
consiste en algo mucho más profundo que un tratado, pero que precisamente por esto, es también
superior al carácter vinculante y al rigor de las sanciones de un tratado cualquiera. Dt descompone la
paradoja de la comunión de vida que se ha instituido (este es, en definitiva, el sentido de berit) en sus
dos factores complementarios: la unilateralidad absoluta de la gracia fundante de Dios y la bilateralidad
absoluta, que se funda en ella: palabra y respuesta, amor y correspondencia de amor, mandamiento y
obediencia. Ambas realidades salen a la luz a la vez: la elección gratuita de este único pueblo (7,6-7),
sin ningún mérito suyo (8,17), sólo por amor (7,9; 10,15); a este amor sólo se puede responder con un
29
amor ilimitado (6,5; 11,1.13) , de modo que el que ama "no sólo vive de pan, sino que el hombre vive
de todo lo que sale de la boca de Yahweh" (8,3), de todos sus mandamientos.
La relación yo-tú, directa y absoluta, que existe entre Dios y el pueblo, exige y justifica la idea
del celo divino. El amor entre Dios y su pueblo está llamado a tal altura que cualquier interés por otros
dioses u otros amores resulta una violación de la alianza o, en términos del profeta Oseas, adulterio,
prostitución. Empero, el exclusivismo en el amor no significa esclavitud, por el contrario, la alianza abre
a Israel un espacio inmenso de libertad en Dios, con la condición de que Israel le sirva con fidelidad; si
Israel busca otra libertad fuera de ésta, si busca una libertad autónoma, quedará prisionero de la más
dura de las esclavitudes.
c) Desarrollo histórico
En el desarrollo histórico de la relación de Yahweh con su pueblo se pueden distinguir
claramente cuatro formas: Exodo, Monarquía, Exilio Apocalíptica.
c.1) Exodo
En esta primera forma histórica de autocomunicación de Dios al Pueblo, Yahweh aparace
como guerrero (Ex 15,3) que pacta con el pueblo la alianza. De ahí que tome parte activa en las
guerras y defienda al pueblo. Esta comprensión de Dios como un guerrero se da en período que va
desde el Exodo hasta el tiempo de los jueces y se prolonga hasta el siglo XIII. Esta comprensión de
Dios plasma en la concepción de gracia que asume el pueblo: la autodonación de Dios es vista en el
hecho de que Dios libera a Israel de Egipto (1Sam.7,8ss; 7,2). Gracia es, pues, victoria en la guerra; es
algo externo.
En estas "guerras" resalta como factor decisivo la intervención del ruah de Yahweh: Ex 15. En
esta poesía antiquísima Israel canta las maravillas de Yahweh, su Dios. Dios destruye personalmente
con su brazo extendido a los enemigos de su pueblo, desatando su furor contra ellos. Los vv.8-10
30
atribuyen al ruah los actos de Yahweh, que deciden todo el acontecimiento de salvación .
29
"La medida del amor es el amor sin medida" (San Agustín).
30
Cf. A.MEIS, La fórmula de fe "Creo en el Espíritu Santo" en el sigo II. Su formulación y significado (Anales,29) 1978.
APUNTES DE CLASE 17
Importa,también, la figura de Moisés como mediador, pues a pesar de toda la cercanía de
Yahweh a su pueblo, sigue existiendo un abismo entre ambos. En esta diferencia tiene lugar el
liderazgo carismático y las restantes mediaciones. Moisés aparace, además, como portador del
espíritu.
La razón que explica la mediación nos la aproxima Nm 16,3ss. En este texto se expone, en
primer lugar, como argumentación principal en contra del liderazgo de Moisés el que "toda la
comunidad ha sido elegida por Dios"; el hombre no puede dominar sobre el hombre; el pueblo es un
pueblo de libres, santos. Pero, en segundo lugar, se describe a Moisés como aquel que desea servir a
Dios, y como tal intercede por su pueblo. Dios confirma el ministerio de Moisés con un juicio, con el
cual se indica que a pesar de toda la cercanía de Yahweh con respecto a su pueblo, el abismo entre
ambos se mantiene.
c.2) Monarquía
Israel adopta una nueva forma de autodonación de Yahweh, en que cambia la imagen de Dios
y la autocomprensión del Pueblo. 1Sam.8-10 nos dice cómo Israel asimila ciertamente el sistema
monárquico del medio ambiente. Aunque el nuevo sistema es querido por Yahweh, no se llega a una
identificación entre gracia y destino nacional que se personifica en la figura del monarca. Y esto está
condicionado por la predicación profética, que estriba en anuncios de juicio y salvación. En efecto, los
profetas en nombre de Yahweh increpan al rey y al pueblo (Am.7,11; 1Rey.17,18), lo cual pone en
evidencia que por encima del equilibrio institucional está la justicia (Am.5,7ss). Esto significa que la
victoria bélica ya no es más signo de bendición y gracia, sino que ésta se refiere a las raíces de la
libertad del hombre y se fundamenta en la lógica del amor de Dios (Os.11,1ss). Lo que importa es la
fidelidad interna del rey a Yahweh. También se habla de una mayor toma de conciencia del pecado y
de la compasión de Dios: "¿Cómo voy a dejarte, Efraím, cómo entregarte, Israel? ¿Voy a dejarte como
a Admá, y hacerte semejante a Seboyim? Mi corazón está en mí trastornado, y a la vez se estremecen
mis entrañas. No daré curso al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraím, porque soy Dios, no
hombre; en medio de ti soy el Santo, y no vendré con ira" (Os.11,8-9). Yahweh condena al rey, juzga y
expulsa a Israel; pero, al mismo tiempo queda inclinado hacia el pueblo "desde dentro": el amor de su
corazón sobrepasa el juicio.
De lo anterior se infiere que la gracia se entiende, ahora, de un modo nuevo: ya no sólo
liberación de los enemigos, sino que a Yahweh le interesa una relación "desde dentro" con Él, que
reclama que el pueblo se convierta de corazón. No obstante el amor de Dios, que alcanza hasta el celo
divino, Israel persevera en su pecado, de tal manera que sobreviene el gran juicio. Es Jeremías quien
anuncia este juicio en su última fase, no dejando una esperanza para Israel. A pesar del sufrimiento de
Jeremías al respecto (Jer 12,1-6), el profeta sigue aferrándose a Yahweh y a su relación con Israel –Jer
29,1-23: Yahweh estará con ellos. La respuesta a cómo sucederá esto, recién la dan los profetas del
exilio y del postexilio.
En esta etapa de la monarquía, el ruah tiene mucha importancia, sobre todo en relación con la
persona de mismo mediador. Con el Ungido está el ruah de Yahweh. Pero, en la medida en que los
reyes temporales-presentes no dan respuesta a las expectativas soteriológicas del pueblo, la
esperanza salvífica se va trasladando hacia la figura de un rey ideal: el siervo de Yahweh.
c.3) Exilio
En las profecías del exilio no se aspira a la restauración de la monarquía, sino un éxodo hacia
algo totalmente nuevo: Israel es transformada desde dentro, lo cual le capacita para cumplir la ley en
plenitud, anidada en sus corazones, y crecer en el amor a Yahweh (Ez 36,22-28).
A causa de su misericordia soberana Yahweh promete a Israel un futuro nuevo, que trasciende
la constitución pecaminosa del pueblo. Una promesa muy parecida se encuentra en el círculo
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 18
postexílico de Jeremías (Jer 31,31ss). Finalmente aparece la promesa de un reino universal de paz y
justicia en los profetas postexílicos (Cf. Is.60,1-22; 65,16-25). Todos los pueblos van a Jerusalén.
Is.63,10-14 nos revela que es el ruah quien lleva a cabo la nueva alianza.
En este estadio de la historia israelita de la autocomunicación de Dios, observamos cómo la
gracia se va interiorizando cada vez más, a la vez que adquiere trascendencia universal.
c.4) La apocalíptica
Israel vive como comunidad en el Exilio. El presente ha demostrado que no se puede vivir la
pertenencia a Yahweh, al menos en plenitud. Entonces surge la proyección escatológica, donde la
respuesta apocalíptica es la confesión de que Yahweh creará un eón totalmente nuevo y los pueblos
circundantes serán condenados en su maldad (Daniel, Libro de Enoc y Literatura intertestamentaria).
En este período Israel entra en una profunda crisis de identidad, careciendo de sus mediadores
propiamente tales. La efusión del Espíritu es anunciada en toda su plenitud para la era mesiánica (Joel
3,1-5). Este Espíritu invadirá a todo el pueblo de Dios de la misma manera como se apoderó de los
antiguos extáticos privilegiados.
En síntesis: Israel, gracias a la elección de Yahweh es conducido paso a paso por las
circunstancias históricas cambiantes hacia una cercanía mayor a Dios obteniendo así la certeza de que
la autodonación de Yahweh no significa algo, una cosa, sino Yahweh mismo se autodona
incondicionalmente al hombre. El A.T. es así el "manual histórico" en el cual la humanidad aprende a
31
comprenderse como humanidad de Dios . La soberanía de la misericordia de Dios se independiza de
la nación israelita.
Visión sintética de la gracia en las cuatro etapas analizadas:
a) En la primera etapa, Exodo, la gracia es expresión solamente externa: Yahweh guerrero.
b) En la segunda etapa, Monarquía, aparece la interioridad.
c) En la tercera etapa, Exilio, nos encontramos con la amplitud universal de la gracia.
d) En la cuarta etapa, apocalíptica, la gracia se traduce en la confianza en que Dios va a
cumplir sus promesas.
31
La mirada al A.T. desde esta óptica nos ayuda a comprender la historia humana concreta como historia imbuída por la donación misma de
Dios mismo, que en Cristo tiene su antecedente escatológico, porque en él la historia humana ha sido asumida en el seno mismo de la Trinidad
Inmanente, de modo tal que la historia trinitaria en Cristo Encarnado es también historia nuestra.
APUNTES DE CLASE 19
32
4. LA PREGUNTA POR EL ORIGEN
Junto con la experiencia de gracia aparece siempre la experiencia del dolor para Israel. Esto
33
motiva la pregunta por el origen: ¿de dónde viene tanto dolor y sin sentido? . La respuesta nos
remonta a los primeros capítulos de Génesis, pero subyace en todos los estratos bíblicos.
a) El relato del paraíso: Gn 2,4b-25
Antes de seguir adentrándonos en este tema cabe preguntarse ¿es o no histórico el relato de
los orígenes?, ¿no estamos ante una mera fantasía?, ¿ante un mito?
Ciertamente se trata de un relato histórico, pero no en sentido historiográfico. Para
comprender lo histórico del relato de los orígenes debemos distinguir entre pre-historia y protohistoria.
La prehistoria es mito, pero la protohistoria es comienzo fundante, y en cuanto tal inherente al pasado,
34
presente y futuro. Esto significa que el relato de Gn es una etiología sapiencial que explica el origen
del camino recorrido por la humanidad, dentro de la trama histórico salvífica de la alianza.
El sentido teológico de este relato se concentra en la descripción del ser íntegro del hombre
que está en paz con Dios, consigo mismo, con el otro, y con el mundo circundante. El hombre
experimenta la bondad de Dios y goza de su vida, de la cercanía, sin distancia ni temor. Se trata de
algo que no se puede describir, porque tiene como contenido la relación espiritual, sin sombras, de Dios
para con el hombre, en la gracia. Este relato está totalmente al servicio de la explicación siguiente de
pecado. Éste aparece a partir de ahí como un acto en contra de la bondad de Dios y no como una
simple perturbación externa de la relación del hombre con Dios.
35
b) El relato de la caída: Gn 3
Se trata aquí de la gran "hamartiología" del A.T. El autor sagrado intenta responder al cómo ha
entrado el pecado, el dolor, la muerte en el mundo, mundo que, sin embargo, es y sigue siendo la
creación de un Dios bueno.
32
Cf. RUIZ DE LA PEÑA, El don de Dios. Antropología Teológica especial, España 1991.
33
Actualmente, esta pregunta es uno de los obstáculos en torno al discurso sobre el Dios Creador. Por un lado tenemos la respuesta del
ateísmo: existe mal en el mundo, por tanto, Dios no puede existir. Y, por otro lado, las corrientes dualistas actuales dan respuesta al mal
proponiendo dos principios: uno causante del bien (Dios bueno) y otro causante del mal (dios malo, el antiguo demiurgo embustero, etc.). Cabe
decir que esta respuesta resulta ser muy tentadora por la coherencia de su argumentación y la convicción de su lógica. De ahí que sea uno de los
grandes desafíos a los cuales la Iglesia debe, y ha debido, combatir. Para darnos mejor cuenta de la actualidad de este problema baste tomar
conciencia que el satanismo contemporáneo no es más que una variante del ancestral dualismo, que por lo demás, se lo encuentra presente en
todos los tiempos y culturas.
Aparte de las posturas mencionadas, la Teodicea responde en modo tal al problema del mal que, aparece siempre como una defensa
lógica de la bondad e inocencia de Dios ante el mal existente en el mundo.
De lo anterior se desprende como desafío pastoral el intento por dar una respuesta "desde Cristo" a la situación de sufrimiento en la
que se encuentran miles de personas hoy en día. Esa respuesta debería, al menos, tomar en cuenta que cuando hablamos de mal nos encontramos
inmersos en el "misterium iniquitatis" (misterio de iniquidad). Y, además, que frente a tal misterio es mejor callar que decir un discurso lógico
que pretenda salvar la bondad del Creador. Pero un callar que no es pasivo, sino activo, es decir, la respuesta debe ser dada desde la praxis de
Jesucristo, porque él nos enseñó el modo cómo es posible creer en medio del dolor, la angustia y el abandono absoluto. Entonces la pregunta por
el mal se traduce en un ¿cómo se comportó Cristo frente al "misterium iniquitatis" .
34
L. ALONSO SCHOEKEL, Motivos sapienciales y de Alianza en Gn 2-3, Bíblica 43 (1962) 296-315.
35
En ésto sigo substancialmente a RUIZ DE LA PEÑA, op.cit., 63-68.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 20
Un análisis somero del texto permite descubrir algunos aspecto que son importantes para la
comprensión del pecado en el A.T.
El capítulo 3 se abre con el episodio de la tentación. Los protagonistas son la mujer y la
serpiente. Los exégetas han visto en el uso de esta figura (serpiente) por el autor J una postura crítica,
polémica, frente a los cultos cananeos de fertilidad, para los cuales la serpiente era simbólica, que en
un tiempo sedujeron a Israel (2Rey.18,4). Otros autores, en cambio, ven en la serpiente la encarnación
de la tendencia pecaminosa presente en la estructura misma del ser humano, con lo cual el autor J
estaría acentuando el carácter enigmático del origen del mal, porque ¿cómo es posible que el mal
proceda de una criatura de Yahweh?
En todo caso, sostiene Juan Luis Ruiz de la Peña, del texto no se puede seguir la identificación
de la serpiente con Satán, ésta es una reflexión perteneciente a un estadio posterior (Cf.Sab.2,24;
Apoc.12,9; 20,2). Y, además, lo nuclear del relato es lo que la serpiente dice, y no lo que hace. En
efecto, el v.5 nos sitúa frente a la posibilidad del hombre de autofundarse, es decir, de una autonomía
espaldas a Dios y en lugar de Dios. Por tanto, la tentación estriba fundamentalmente en la invitación a
"ser como Dios".
Tras la tentación subyace una antropología teológica que comprende al hombre como un ser
limitado, pero llamado a superar tal limitación, es decir, un ser infinito hambriento de infinitud, de "ganas
de lo divino". El problema, empero, no radica en este deseo omnipotente, sino en el cómo se resuelve
tal anhelo existencial. De facto, el hombre puede optar por recibir la existencia cualitativamente distinta
como don, gracia de Dios que se recibe en obediencia; o bien, puede elegir el camino de la
autodivinización. El problema de esta segunda opción es que el hombre no reconoce su limitación, es
decir, se engaña y traiciona a así mismo.
Esto es lo que está en juego tras las propuestas de la serpiente del v.6. Lo que importa es que
la mujer sucumbe a la tentación, y de ser la "carne de mi carne" de Adán deviene tentadora. Sin
embargo, es inútil toda discusión acerca de quién es el culpable, si Eva o Adán; lo esencial del relato es
que ambos pecaron, es decir, el pecado humano se consuma cuando hombre y mujer sucumben a la
tentación, porque son "una sola carne".
Este pecado involucra una opción fundamental en contra de Dios, y por tanto, deviene
estructura esencial de todo pecado a este nivel, esto es, como "opción decisoria de la libertad del
hombre frente a Dios". El relato nos pone en contacto con una concepción muy vigente en la cultura
moderna, procedente ya de la filosofía nietzscheana, a saber: para que el hombre viva es necesario
matar a Dios. El ser humano (Adán y Eva) se pone en lugar de Dios para "poder ser por naturaleza lo
que sólo podía ser por gracia".
Las consecuencias que se siguen son, cuando menos, defraudantes: obedecieron a la
serpiente para conocer todo, sin embargo, lo único que conocen es su desnudez (v.7), es decir, su
"degradación, indignidad e envilecimiento, con la consiguiente pérdida de autoridad y auto-estima: Gn
9,21; 2 Sam 6,20-22; Ez 16,35-40; Os 25; etc.".
El v.8 nos pone en contacto con el resultado más radical de la opción tomada en contra de
Dios. Cuando Yahweh se aproxima, el hombre huye, no soporta su cercanía, la relación amical que les
caracterizaba se ha vuelto imposible; el pánico y la vergüenza ocupa el lugar de la confianza y del
respeto amoroso. El hombre intenta desesperadamente eludir su responsabilidad frente a Dios, quien
se le presenta, ahora, como un espejo que le muestra insoslayablemente el estado en que se
encuentra. No obstante, la convocación y el juicio no se hacen esperar. Es un juicio fundado en la
capacidad humana fundamental de asumirse como ser responsable. "El que había sido creado como
ser responsable, tiene que dar razón de sí".
La sucesión de acusaciones e intentos de evadir responsabilidades (vv.12-13) nos sitúa frente
a otros dos rasgos típicos del pecado: su carácter disgregador en el seno mismo de toda comunión
fundada a partir de Dios y, algo propio de una conciencia culpable: no reconocimiento de la culpa. El
APUNTES DE CLASE 21
hombre imputa la culpa a la mujer, y ésta a la serpiente (realidad impersonal). Empero, precisa Ruiz de
la Peña, la serpiente no es llamada a declarar porque el animal no es sujeto responsable, ni capaz de
comunión con Dios.
Los vv.14ss presentan la sentencia como un conjunto de penas que no son extrañas a la
esencia de la realidad humana. Sin embargo, el gran "castigo" estriba en que, ahora, toda esa realidad
naturalmente humana queda afectada por la anormalidad. Sobre toda la esfera de la experiencia
humana pesa "una sobretasa de penalidad", sin que ninguna dimensión quede exenta de ello.
En consecuencia, la relación de pareja es vivida como dominación de uno sobre otro. La mujer
ya no es vista como compañera, sino como un ser capaz de llevar al hombre a situaciones difíciles de
definir. Además, sufre la afectación en lo que más la realiza como persona: su maternidad. De facto,
ahora vive su ser madre en medio de la angustia y del temor al sufrimiento (v.16a). Las relaciones
hombre-mundo también son afectadas: la naturaleza ya no da al hombre los frutos para vivir, sino que
éste debe "robárselos" a costa de duro esfuerzo, al interior de una lucha que a veces se torna
esclavizante tanto para la naturaleza como para el hombre (vv.17-19). Por último, "la fragilidad
inherente al ser humano provoca la angustia ante la muerte" (v.19b).
En este oscuro trasfondo de dolor y angustia de la humanidad, surge, empero, una luz de
esperanza: v.15. Es el llamado Protoevangelio. En él el autor J deja en claro que esta historia humana
no está irremediablemente trastornada por el pecado, que el proyecto de Dios sigue en pie, y que es
posible comprender el devenir de la humanidad como historia salvífica en la cual Dios toma la iniciativa;
sale en búsqueda de aquel que marchó al exilio tentado por la posibilidad de ser sí mismo, para
mostrarle, nuevamente, que en él se encuentra como don gratuito aquello que desesperadamente
anhela: ser como Dios. En otras palabras, la Trinidad Inmanente "abandona su Trono" para ser
Trinidad en el tiempo, Trinidad Económica, Trinidad para el hombre. Y el hombre es invitado a
"abandonar el tiempo", a sumergirse en la Inmanencia de Dios, en la infinitud del ser sin renunciar a su
finitud; a ser como Dios, pero con, por y en Dios.
c) El pecado original
En el contexto antes descrito se plantea la pregunta ¿en Gn 2-3 aparecen elementos que
hacen pensar en una consecuencia universal del pecado de Adán para todos los hombres en el sentido
de lo que la teología posterior llama pecado original? Los exégetas no están de acuerdo, mientras
algunos lo niegan, otros como W. Eichrodt afirman que toda la comprensión del relato tiende hacia la
idea del "pecado original". Una precisión al respecto ofrece J. Scharbert cuando insiste que no hay que
36
buscar en el Gn el concepto teológico posterior de "pecado original" . Pero el J quería realmente
describir el origen verdadero y la historia catastrófica de las consecuencias de la caída de Adán desde
la perspectiva de su teología de la historia de la salvación a partir de la elección y promesa. Bajo estas
condiciones el autor puede declarar: si se pregunta ¿el J expresa en su obra la fe en el pecado
original? hay que contestar decididamente que sí, por lo menos si se comprende "pecado original"
como un encadenamiento de actos pecaminosos individuales y consecuencias de los pecados a partir
de Adán.
La misma concepción yavista del pecado original se encuentra contenida en textos como Os
9,10; Ex 32,3; Dt 1-4; especialmente el Sal 51,7; Ecc 25,24; Sap 2,23ss.
Pero ¿desde dónde es posible afirmar que el pecado de Adán tiene repercusiones
universales?, ¿desde qué categoría? Ciertamente el J no piensa en la categoría de "herencia"
(Erbsunde). Pero hay que dejar en claro, según L. Scheffzcyk, que la "transmisión de modo biológico
36
A. MORENO,Apuntes de Pentateuco, Santiago 1972.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 22
37
no pertenece a la afirmación del dogma" .
El enunciado esencial del dogma es la conexión interna del género humano con Adán, su
cabeza. El J usa una expresión equivalente a la de "herencia" en la idea de la personalidad corporativa.
Se trata de un modelo explicativo frecuentemente usado en la Biblia. Según este concepto los
miembros de una familia, tribu o nación se incorporan en el jefe de grupo. Lo que él hiciese recaía en
forma de bendición o de maldición sobre todos los miembros del grupo. Según esta concepción la
causa de los males que aflige a toda la humanidad, debe encontrarse en su cabeza, es decir, en los
primeros padres. Sobre estas bases deberá fundarse la reflexión del teólogo, especialmente, en lo que
se refiere al dogma del pecado original.
Hay que dejar en claro que el J no es historiador, sino en primer lugar, teólogo. A la historia de
Israel como historia salvífica precede la protohistoria que abre la mirada retrospectiva hacia la
humanidad entera. Gn 3 es el punto culminante de la protohistoria. Además está condicionado por la
tradición de Alianza. Esto significa que Dios es el único actor en la historia de los hombres: el hombre
es co-actor. El pueblo entiende que han sido elegidos por Dios, creados como pueblo "desde de la
nada", que Yahweh les da todo, y que ellos están llamados a corresponder al amor divino al haberse
comprometido en la Alianza. Sin embargo, también son conscientes de sus continuas rupturas en la
relación con Dios. Este mismo esquema es aplicado por el autor J al relato de la caída: el hombre
creado "desde la nada", es introducido en el paraíso, vive la relación con Dios, pero finalmente rompe
con esa armonía. Este esquema permite al yavista comprender el origen del mal en la desobediencia
del hombre a Dios; confía más en la serpiente; el acto libre le hace culpable. Así, en J, previo a los
pecados actuales y concretizantes, cuya esencia está en los actos individuales externos o internos,
existe un pecado que precede a todos los actos individuales. En otras palabras, existe un pecado
original originante y un pecado original originado. El primero explica la situación en la cual nos
encontramos todos. El segundo es más obvio: es esa situación actual de miseria y limitación que nos
afecta a todos por igual. El problema surge a partir del original originante, y aquí se encuentra la pareja
humana. El método histórico crítico piensa en el hombre en totalidad, no en una pareja. En todo caso,
Cristo, el segundo Adán, ilumina lo que pasó con el primer Adán. Pero ¿cómo pensar el nexo
originante-originado?
d) El término "Erbsunde": la raíz erb significa herencia; y "sunde" significa pecado. Esto,
tomado literalmente, puede dar pie para una comprensión del pecado como transmisión de la herencia
pecaminosa en modo biológico. Otros piensan la relación originante-originado en términos de
estructuras pecaminosas, pero siempre queda la puerta abierta hacia una mayor profundización.
Nosotros, en cambio, pensamos dicha relación en términos de personalidad corporativa: el hombre es
parte óntica de una comunidad.
En suma, el relato de Gén, nos aclara el pecado original en términos ónticos, bíblicos. Lo
mismo hará Trento en sus categorías.
e) Otros textos del A.T. que iluminan el pecado:
Gn 2-3 aparece mejor descrito en la literatura intertestamentaria, pero sin aporte teológico. Es
mera descripción fabulosa.
Ez 28,1-19: describe la caída de Tiro. Tiene paralelo con Gn 2-3:
Imagen de Yahweh como soberano.
Ezequiel recuerda al rey que la creación es perfecta. Esta idea tiene su paralelo en el
relato de Gn en que el hombre es creado bueno.
37
L. SCHEFFZCYK, Urstand, Fall und Erbsunde. Von der Schrift bis Augustinus (HDG II/3a) Freiburg- Basel- Wien 1981,12.
APUNTES DE CLASE 23
Todo acontece en un monte santo // Jardín de Dios.
Traslado del rey al monte de Dios // Hombre puesto en el paraíso.
El rey pretende para sí la dignidad de Dios // El hombre quiere se como Dios.
El rey es expulsado del monte santo // Expulsión del hombre del paraíso.
En ambos relatos tiene lugar la protección de querubines.
Ezequiel reinterpreta Gn en vista a su propio "Sitz Im Leben": tentación de recurrir a Egipto. Si
se confía en el hombre sólo se espera la caída.
Gn 6,11-13: Violencia entre los hombres. Es la situación del género humano: uno va contra
otro. La violencia es el pecado típico.
Nm13,25-33: Se describe el pecado de los líderes políticos frente a la tierra prometida como
origen de los males de Israel.
Nm 20,1-13: Moisés y Aarón dudan de la bondad de Dios frente al agua y tierra prometida.
Hacen dudar al pueblo de que Dios esté con su pueblo. Por eso son castigados Moisés y Aarón.
II. LA GRACIA EN EL NUEVO TESTAMENTO
1. OBSERVACIONES PREVIAS
a) Acercamiento al problema
El A.T. es una introducción teológica del N.T. incapaz de determinar en lo más mínimo la forma
del cumplimiento, que toda su estructura pedía. Sólo a partir de Cristo, en una visión retrospectiva,
caemos en la cuenta que no cabía ninguna otra forma de cumplimiento, que ésta corresponde a sus
posibilidades y, que habría sido imposible determinarla por completo desde los fragmentos disponibles
en el A.T. En otras palabras, es como si todo el A.T. fuese comprendido gracias a una síntesis final, la
cual es obra de Dios, porque es gracia, porque es Cristo. Sin embargo, estaba de tal modo presente
en los fragmentos que, una vez manifestado en plenitud, el hombre pudiese reconocerle como Don.
b) Relación del N.T. con el A.T.
El elemento decisivo en esta relación es que la "dimensión cumplimiento" pasa a ser algo
absolutamente secundario, en cuanto Dios ya no habla, ya no hay más profetas, no más oráculos, sino
silencio de Dios. Este silencio es la muerte de Cristo. Pero es un silencio paradójico, porque esa
muerte es la plenitud del Dios que habla, que promete y vive. Pero... ¿por qué plenitud? Porque la
muerte culmina en la vida, en la resurrección. Esto significa que entre el A.T. y el N.T. existe una
continuidad-discontinua. Todas las imágenes del A.T. tienen, en cuanto imágenes, una forma. Empero,
la forma en la cual converge es la negación de toda forma: la muerte de Cristo.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 24
La voz de Dios, al final de una larga serie de modulaciones, es capaz de mostrar que había de
escoger lo más espantoso de las cosas espantosas: la muerte humana. "Era ya cerca de la hora sexta
cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. El velo del
Santuario se rasgó por medio Jesús, dando un fuerte grito, dijo: "Padre, en tus manos pongo mi
espíritu", y, dicho esto, expiró." (Lc 23,44-46). En ese grito desgarrador la palabra alcanza su culmen,
al tiempo que la muerte hace su ingreso en Dios. Lo indecible aparece en Cristo, en su muerte, palabra
de Dios para nosotros, la síntesis perfecta de la elocuencia divina. Síntesis que es don, y este carácter
de amor dado gratuitamente emerge cada vez más claramente en la reflexión de la Iglesia, en la
medida en que el punto en torno al cual todo cristaliza se confirma cada vez más como el correcto.
La novedad absoluta que nace de la Síntesis no puede ser jamás explicada ni encerrada por
los métodos de la exégesis; sta supone la intuición de la fe que capta la unidad entre el Cristo
crucificado y el resucitado. "Al venir el mismo, que había sido anunciado, trajo consigo toda novedad"
(Ireneo). El resultado es el surgimiento de una imagen de Dios completamente nueva, cuyo antiguo
resplandor de Gloria era también sólo un "resplandor" de ese futuro que, aunque susceptible de ser
imaginado, es siempre roto por lo sobreabundante que es la realidad.
c) El sujeto portador
La Palabra acontece en la Iglesia, ella es este sujeto portador, porque es la Esposa del
Cordero, la Inmaculada. Esto significa que el sujeto receptor de la Plabra no puede ser nunca un lector,
un investigador o contemplativo aislado; la "llave de la ciencia" es entregada al que representa a la
Iglesia. Inserto en ella , en el Espíritu, también el individuo concreto adquiere como tal su significado.
d) Sobre la forma de la teología
Si se experimenta el peso de la gloria y del amor divino en la reciprocidad de Cristo y de la
Iglesia, y si se reflexiona esta experiencia como teología entonces, el kabod, en su última comprensión
neotestamentaria, se traslada, incluso metodológicamente, al centro de la teología. Una teología que
se concibe a sí misma a partir de este centro, se distingue de un puro fundamentalismo, de una
existencialmente liberal. La teología, por tanto, se realiza fundamentalmente en un discurso, que
transfiere hacia sí el peso de este amor de Dios a la Iglesia, que trata de corresponder con la existencia
y la respuesta que comprende. Esto significa que la mejor manera de hacer teología es adorar, porque
al adorar el hombre reconoce que no se encuentra ante un ídolo frente al cual puede sostenerse en pie,
sino ante Dios, ante la Palabra con la cual choca todo discurso humano, ante el misterio indecible que,
sin embargo, debe ser transmitido a los demás hombres en lenguaje humano, traducido a cada
generación en una dinámica comunicacional que tenga en cuenta la asunción de la conciencia histórica
que caracteriza al hombre moderno.
e) Aproximación a la gracia y al pecado
En los escrtios del N.T. se da un dato estadístico que llama la atención: del total de 155 usos
de la palabra "kharis" en el N.T., la gran mayoría pertenece al corpus paulinum. Mc no usa ni "kharis"
ni "éleos". Mt utiliza tres veces "éleos", pero nunca kharis. Jn usa sólo cuatro veces kharis, y las cuatro
en el prólogo; tampoco aparece kharis en las cartas. En Lc aparece el término kharis ocho veces, y
éleos siete veces en el evangelio; sin embargo, sólo éleos tiene un sentido teológico. En las cartas
1Tes. y Flp. sólo aparece en las fórmulas de saludo. En el corpus paulinum de las 100 veces, 60
aparecen en las cartas del mismo Pablo. En los restantes escritos neotestamentarios el uso de kharis
vuelve a ser escaso: Heb: 7 veces; St: 1 vez; 1 Ped: 7 veces; 2 Ped: 1 vez; Jd: 1 vez; Apoc: 2 veces.
Además, según los datos de la exégesis crítica, Jesús mismo nunca usó la palabra "gracia", a
no ser en el sentido de agradecimiento en un contexto del uso social (Lc 6,32; 17,9).
APUNTES DE CLASE 25
¿Qué significa todo lo anterior? ¿Se trata entonces de un invento paulino en el uso
neotestamentario de kharis debido a la teología propia del Apóstol? ¿La gracia designaría una
dimensión ausente en las restantes teologías neotestamentarias y, en el mismo mensaje de Jesús?
Para responder a estas interrogantes es preciso distinguir entre el concepto y la realidad significada por
dicho concepto. Entonces el concepto kharis, trabajado por San Pablo, es sólo un concepto específico
al interior de la reflexión sobre la estructura del acontecimiento salvífico.
Pero si, de hecho, kharis designa la estructura del acontecimiento histórico salvífico, entonces
hay que partir del testimonio neotestamentario, con la vida, muerte y resurrección de Jesús y el envío
del Espíritu Santo, en una reflexión respecto del testimonio neotestamentario de la gracia de Dios, y no
limitarse a una reflexión sobre la teología paulina de la gracia, es decir, a un concepto de kharis en San
Pablo. Hay que tomar tomar en cuenta también la teología la gracia de los Sinópticos y del evangelio
38
de San Juan, como también la teología prepaulina .
2. DESARROLLO HISTORICO
a) La gracia en los Sinópticos.
El contenido de la predicación de Jesús es la cercanía del Reino de Dios, que se hace presente
en su propia persona: Mc 1,15: "El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y
creed en la Buena Nueva". El Reino está, pero no plenamen
39 40
pero escondida . Es importante que este Reino acontece en Jesús, el portador del Espíritu Santo .
El Reino de Dios tiene, empero, un significado original que lo diferencia del uso
veterotestamentario (reino futuro), del significado apocalíptico (reino trascendente), del uso farisaico
(reino de la ley) y del zelote (reino de soberanía nacional). El Reino de Dios es obra suya que irrumpe
en la acción de Jesús. El Reino de Dios es un acontecimiento que ya está y exige decisión aquí y
ahora; es un acontecimiento en que Yahweh realmente reina como Aquel que determina todo. Es el
acontecimiento de su presencia, que supera todo y de lo cual hablaron los profetas en numerosas
imágenes. Es toda aquella realidad que buscó Israel en las formas postexílicas de su devoción y de la
espectación mesiánica.
Frente a la presencia oculta del Reino de Dios, el hombre tiene que tomar una decisión, como
lo atestiguan sobre todo las parábolas de la perla y del tesoro, lo que implica una urgencia y un riesgo a
la vez. Pero, anterior a esta decisión está el ofrecimiento de Dios, quien se ada, se ofrece como un
plus que supera todo. El Reino es don de Dios. La gratuidad es, por eso, la piedra angular sobre la
41
cual se construye lo demás , lo que se puede señalar brevemente como cinco aspectos del contenido
38
Cf. F. MÜSSNER,La gracia en el Nuevo Testamento, MS IV/2, 590-607.
39
Cf. R. SCHNACKENBURG, Reino y Reinado de Dios, Madrid 1970.
40
Cf. J. JEREMIAS, La promesa de Jesús para los paganos (Actualidad bíblica, 5) Madrid 1974, 61-64.
41
Personalmente pienso que este es uno de los desafíos que la cultura moderna propone a la fe. En un contexto donde, por un lado, el hombre
es educado a la competitividad y, por otro, donde existe un énfasis exacerbado en la práctica de costumbres morales, de mandamientos y leyes
naturales, se hace urgente rescatar la dimensión gratuita de la salvación. Parece que el gran caudillo de la gracia, San Pablo, hubiese sido
prontamente olvidado y relegado a las aulas, sin que aún se saque a relucir toda la riqueza y profundidad de su pensamiento. Por el contrario, el
acentuado interés católico en la ley
conduce a que innumerables cristianos estén plenamente concvencidos que la salvación es el premio dado "a los que se portan bien"; de donde,
piensan, la salvación depende solamente del hombre. Cabe preguntarse ¿se ha comprendido bien el sacrificio de Cristo?, ¿dónde queda la
primacía de la gracia?, ¿dónde el don?
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 26
del Reino:
1. La acción de Dios llega a escena antes que la acción del hombre empiece. Dios pone el
primer paso. Sobre este primer paso libre, gratuito se basa lo demás. La acción del hombre siempre
es un acoger lo que Dios ofrece gratuitamente. Esto es lo más específico y escandaloso -el secreto del
Reino-: aceptar la vida como don. De ahí que la acción del hombre, por indispensable, que sea se
empequeñece. Lo importante es lo que Dios hace: "Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie
conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se
lo quiera revelar" (Mt 11,27. Cf. Lc 10,20). Dios se autodona en su Reino. De ahí que el corazón del
hombre queda como impregnado por el amor de Dios.
2. El Reino cercano se hace asequible a la plegaria. Por eso la oración no es un deber, sino
una maravillosa posibilidad siempre abierta de estar en Dios mismo, es decir, de ser asumido en el
seno mismo de la Trinidad. A propósito de la oración dice Bruno Forte que los cristianos sabemos,
42
comunmente, rezar a Dios, pero no en Dios . Además, la posibilidad de una súplica hace cambiar la
actitud del hombre. Dios cambia su plan y hace lo que se le pide. Claro que esto no se de confundir
con un automatismo divino.
3. En el Reino Dios manifiesta una libertad excesiva, vinculada con la crecanía. Es la
inmediatez del presente al lado nuestro. El perdón va en esta línea. Se da la posibilidad de un
43
comienzo nuevo, absoluto. Dios está cerca ahora, en este instante; Dios llama al hombre . La actitud
que cabe frente a esta liberalidad de Dios se manifiesta en tres tipos de personas: los fariseos y
publicanos, el hijo pródigo y los obreros de la viña.
¿Cómo se descubre el Reino? -como un tesoro escondido- Esto requiere renuncia absoluta
que produce gozo.
4. El Reino es el regalo de Dios que sobrepasa todo lo esperado. La única actitud que cabe
aquí es: aceptarlo como inmerecido. Para este Reino no se posee méritos. Por eso la mejor forma de
acoger el Reino es la actitud del niño: ellos reciben las cosas que se les dan, son despreciados, no se
los toma en cuenta. Surge aquí la,paradoja, la ironía de Dios: todos están igualmente cerca, todos
necesitan el don del Reino; para todos el Reino es posible; ninguna condición social les cierra el Reino.
Sin embargo, los que se encuentran aparentemente más lejos se encuentran más cerca. Una posible
explicación es esta aparente contradicción es que el pobre no tiene ningún derecho, y esto le hace más
44
fácil y les pisibilita la entrada en el Reino de Dios .
5. El núcleo del Reino es el Abba Padre. La paternidad se da, tan sólo, en la esfera del reinado
de Dios. Según la capa más antigua, Dios es Padre porque se compadece –Lc 6,36; perdona –Mt
11,25 y concede la gloria –Lc 12,32. Solamente El tiene derecho al nombre de Padre. Si Dios es
Padre, los discípulos son sus hijos. Y esto hace que la filiación sea la característica por excelencia del
Reino –Mt 18,3. Esta filiación confiere la certidumbre que se es partícipe de la salvación futura, al
mismo tiempo les confiere seguiridad en medio de la vida cotidiana. Y esto infunde valor para
someterse a la voluntad de Dios aun en las circunstancias más imprevisibles.
A propósito de lo anterior cito un breve pasaje de un artículo de los autores Tommaso Ricci y Gianni Valente: "San Pablo todavía está
pagando el precio de su lucha contra el legalismo hebreo. En esta época de racionalismo, justamente cuando la norma prima sobre la moralidad,
su "locura" mística parece anacrónica e incomprensible. Esa es una de las razones por las que el Apóstol ha perdido terreno en la conciencia de
los católicos de hoy.
Pero el Papa Pablo VI demostró que la Iglesia desea recuperarlo". En: Por qué los católicos se olvidan hoy de San Pablo, La Epoca,
Domingo 27 de junio 1993, pp.22-23.
42
B. FORTE, Trinidad como historia, Salamanca 1988, p.15.
43
Lc 15,4-7; 8-10; 7,41-43; 11,5-8; 12,6-9; 15,11ss; Mt 20,1-16.
44
Cf. H.Urs von BALTHASAR, Las "Bienaventuranzas" y los derechos humanos, COMMUNIO (Madrid) 3 (1981)591-603.
APUNTES DE CLASE 27
El Reino es así la manifestación de Dios en Jesús que comporta la salvación presente y futura
a la vez. Como tal tiene tres notas fundamentales:
1. Incondicionalidad: la manera como Dios se acerca a los hombres en Jesús es incondicional.
Esto se hace especialmente nítido en la manera cómo Jesús se relaciona con los pecadores. El
pecado es perdonado sin la exigencia de prerequisitos: "Jesús le dijo: "Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te
ha condenado?" Ella respondió: "nadie, Señor". Jesús le dijo: "Tampoco yo te condeno. Vete, y en
adelante no peques más" (Jn 8, 10-11).
2. Universalidad: la donación de Dios en Jesús es universal, no excluye a nadie de Israel y
tampoco a los paganos (Mt 8,11).
3. Totalidad: El Reino de Dios que se ofrece en Jesús no es algo que se refiere a una parte del
hombre, a una parcela en la realidad toda, no se reduce a un reino espiritual, ni tampoco a uno de
soberanía nacional, sino que infiere y atañe a toda la realidad del hombre (Mt 6,33; 13,45).
Todo lo dicho hasta ahora se cncentra en la gran verdad que es Dios mismo quien se da a los
45
hombres. Esta dimensión es puesta de relieve especialmente en la muerte de Jesús .
a1) La muerte de Jesús:
Misión y ser de Jesús se encuentran absolutamente determinados por el designio del Padre.
Cumplir la voluntad del Padre no es algo ajeno, sino que es lo constitutivo de su misma libertad (La
voluntad divina es una).
Todas las fúrmulas de la fe cristiana dejan aparecer al Espíritu Santo como activo en la
Encarnación, mientras el Hijo pasivamente deja disponer de sí. Esto significa que la obediencia del Hijo
ya comienza en la encarnación. El abandonarse a la voluntad del Padre no singnifica pasividad, sino
una forma de acción que exige más compromiso que la realización de autoproyectos. Pero en este
abandonarse el Hijo, como Encarnado, se constituye en todo sentido en producto del Espíritu Santo,
quien lo produce de María Virgen, aunque el Espíritu es intratrinitariamente el producto de la espiarción
común del Padre y del Hijo. La obediencia del Hijo tiene una importancia impensable, mucho más allá
de un mero paradigma de espiritualidad, porque eternamente obediente al Padre debe, empero,
46
aprender, como hombre, la obediencia en reemplazo por el pecador para redimir la obediencia . El
Espíritu en, sobre él es aquel que hace posiblie esta obediencia, porque comunica al Hijo la voluntad
del Padre. Por lo tanto, media entre el Padre y el Hijo.
La muerte de jesús no acontece como un hecho casual, es decir, como el resultado de una
serie de circunstancias fortuitas. La muerte de Jesús es más bien la plenificación de su cercanía con el
47
Padre y con los pecadores , tal como la mostró durante su vida; muestra del Reino como realidad
objetiva, universal y total, que se anuncia y ofrece a todos y todo el hombre. Por Jesús y en él Dios
acepta al pecador en forma incondicional. Él es la víctima expiatoria que abre una nueva posibilidad, un
nuevo espacio de vida.
En suma, desde el principio todo conduce a la meta de la cruz, meta que es un misterio al cual
nos debemos acercar teniendo en cuenta el gran peso del llamado "mysterium iniquitatis". La muerte
45
"Podría decirse que no hay un lugar en el que Dios esté más lejos del mundo que la cruz del Hijo solidario con los pecadores; y que no hay
lugar en el que Dios esté más cerca -Dios con nosotros, Dios con los sin-Dios- que la misma cruz" (B. FORTE, op.cit. p.52).
46
Heb 5,8
47
Cf. Nota 41.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 28
de Jesús puede ser leída en clave trinitaria, que por lo demás es la única clave de lectura correcta, en
cuanto el Hijo es entregado por el loco amor del Padre, el Hijo se deja entregar y entrega el Espíritu al
Padre: abandono total, lejanía absoluta, amor infinito, misericordia inestimable e inexpresable, cercanía
total. Sólo nos queda callar y adorar ante la contemplación de todo el peso de la maldición del pecado
que cae sobre el único que lo lleva.
La solidaridad de Cristo con los pecadores hasta su situación última, este cara a cara entre el
"desnudo Dios" y el "desnudo pecado", muestra que la solidaridad de Jesús, incluso con la perdición
total de los pecadores, presupone la singularidad irrepetible de su estado: la inclusión de su ser entre
los muertos se basa en una exclusión, que sólo a él le concierne. Nicolás de Cusa concluye: Jesús,
como nadie, sufrió hasta el fondo por todos la perfecta "poena damni", del mismo modo que como
nadie expió en la cruz todo el pecado; y como ya en la cruz el abandono escatológico de Dios pasa en
el sin tiempo, así, en el sábado santo este abandono se hace definitivamente sin tiempo en el auténtico
estado de muerte, en la pérdida de toda luz espiritual de fe, esperanza y amor.
a2) La resurrección de Jesús:
El Padre resucita a Jesús, y en esto se muestra la consumación de la entrega del Hijo al Padre
y a los hombres (el Hijo se deja resucitar).
A la resurrección sigue la abundancia de testimonios, que se pueden agrupar en fórmulas
personales que destacan los "títulos de Jesús" y, en fórmulas histórico salvíficas en que se confiesa la
48
misión de Jesucristo, su muerte y resurrección .
En los testimonios se enuncia que Jesús es aquel que lleva a cabo de modo perfecto la
autocomunicación de Dios. Jesús participa en todo, le corresponde toda la gloria y el honor, es decir, el
señorío y la potestad de Dios. Se acentúa más fuerte que en los títulos la identidad del Jesús terreno
con el resucitado. Importa darse cuenta que todos estos son enunciados escatológicos, que se fundó
la esperanza definitiva y la reconciliación, de una vez para siempre, de los hombres con Dios y entre sí,
el comienzo de la consumación de la creación.
Este acontecimiento salvífico se hace presente históricamente para los hombres en el
testimonio de los testigos del Resucitado. La mediación continúa, ahora, en los discípulos de Jesús.
Éstos son hombres que aceptaron y acogieron en su libertad el hecho desconcertante de la muerte y
resurrección del Maestro. Esto hizo posible que el acontecimiento salvífico de Jesucristo fuese puesto
al descubierto en su verdad. Sin embargo, la aceptación de los creyentes fue obra del Espíritu de
Jesucristo, que suscitó la fe en ellos y les reveló aquello que aún no podían comprender. Vale decir, sin
envío del Espíritu no existiría ningún testimonio de fe. Por otro lado, si esa comunidad de creyentes es
Iglesia, entonces la revelación de Dios en Jesucristo no existe sin Iglesia.
Con esto hemos obtenido una primera mirada respecto de la estructura del acontecimiento de
la gracia en y por Jesucristo. Vida, muerte y resurrección de Jesucristo son aquellos acontecimientos
en que se realiza la autodonación escatológica de Dios al hombre. Cada hombre es invitado en y por
Jesucristo a participar en esta autodonación. La autodonación escatológica de Dios al hombre en
Jesucristo toma forma en la comunidad de aquellos que creen en Jesús como el Cristo, en la Iglesia.
Por la fe en Jesucristo, producida por el Espíritu, los hombres son introducidos en la comunión divina
entre el Padre y el Hijo; llegan a realizarse en su ser más propio, es decir, son hijos de Dios.
a3) La pregunta por el origen
En el N.T. la pregunta por el origen no tiene la misma fuerza ni la importancia que en el A.T. Y
48
Cf. Rom 8,11
APUNTES DE CLASE 29
esto se debe a que la gran preocupación de los Sinópticos se concentra en el ahora histórico salvífico
de la venida de Jesús y su predicación del Reino. Sin embargo, está presente, diríamos,
implícitamente en la "idea de paraíso" y en la pregunta por el "pecado original".
La doxa del origen: El N.T. parece no tomar muy en serio la verdad del estado original,
paradisíaco, no obstante su acentuación histórico salvífica y la convicción de un poder pecaminoso
universal. El gran ejemplo de esta "despreocupación" se ha visto en San Pablo: el Apóstol de los
gentiles no reflexiona sobre el tiempo previo a la caída de Adán. Y esto vale, hasta cierto punto, de
49
todo el N.T. Aunque se conoce el relato de Gn , no se lo desarrolla temáticamente. El contenido y el
concepto del "Paraíso" aparece de vez en cuando en forma indirecta.
El paraíso protohistórico jamás aparace en el N.T. con el término griego "paradeisos" (paraíso),
50
aunque hay referencias a dicho relato . En los tres textos neotestamentarios en que aparece el
51 52
término "paraíso" designa o el paraíso entre los tiempos ahora escondido o la meta final, lugar de
53
los justos donde ellos deben comer del árbol de la vida . Por otro lado, aparece una concentración del
término como estado de gracia. Pero este estado se expresa usando otros conceptos, y no
"paradeisos". Así, el estado perfecto actual oculto se caracteriza como una "comunión de mesa" con
54 55 56
Abrahan , como un "habitar" en la casa del Padre , como un "estar con el Señor" , como un "ser con
57 58 59
Cristo" , como "reino celestial" y, como la "Jerusalén celestial" . Para la idea escatológica de la
consumación final que se interrelaciona estrechamente con el estado actual oculto se dan las
60
designaciones de la "Jerusalén celestial" y del "Jardín de Dios" con los árboles de la vida .
El interés por el pecado (interés hamartiológico) siempre se orienta al tiempo protohistórico,
61
presente bajo otros conceptos. Es importante la escena de la tentación . El único versículo que
resume este acontecimiento, mencionando el serviico de los ángeles, apunta al Adán paradisíaco,
expulsado por los ángeles: Cristo aparace aquí claramente como el restaurador del estado
protohistórico de perfección cuando en la reacción del pueblo es designado como aquel que "todo lo ha
62
hecho bien" .
49
Cf. Rom 5,12-19; 7,7-13.
50
Cf.Mc 1,13; Mt 19,8; Rom 3,23; 5,12ss
51
Cf. Lc 23,43; 2 Co.12,4; Apoc 2,7.
52
Cf. Lc 23,43; 2 Co 12,4
53
Cf. Apoc 2,7
54
Lc 16,23
55
Jn 14,22
56
2 Co 5,8
57
Flp 1,23
58
2 Tm 4,18
59
Heb 12,22
60
Apoc 22,1-5.
61
Mc 1,12-13.
62
Gen 1,31; Mc 7,37.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 30
63
El discurso de Jesús acerca de la indisolubilidad del matrimonio trae una referencia al paraíso
como "estado íntegro" que se hace presente precisamente por él. Jesús fundamenta aquí la
64
prohibición del divorcio con la indicación "al comienzo de la creación", cuando Dios los creó hombre y
65
mujer . Evoca así como decisiva la voluntad paradisíaca de Dios. Finalmente, Jesús mismo interpreta
66
su propia obra como restauración del origen pradisíaco , relacionando sus actos con las
67
promesas que precisamente describen el paraíso. De esta manera, el N.T. acepta la verdad del
paraíso protohistórico en su núcleo teológico, pero Jesús personaliza esta verdad (en Jesús acontece
el paraíso).
La irrupción del poder universal del pecado y de la muerte. La salvación protohistórica, como
hemos visto, se concentra, en el N.T., cristológicamente; y esto tiene sus repercusiones en la
comprensión de la caída, el pecado y sus consecuencias. De hecho, se puede observar en el N.T. una
comprensión nueva del pecado, en contraste con la salvación: el pecado es el lado oscuro de la
salvación. Pero no se debe interpretar de inmediato como paso en dirección a un pecado "hereditario".
Este no debe buscarse en el N.T.. Lo que sí es un hecho que merece atención es la universalidad del
pecado.
Los Sinópticos se orientan por la salvación manifestada en Cristo, pero junto con este
acontecimiento objetivo en la redención aparece también con bastante claridad el lado oscuro de esta
redención. Pero, en los relatos de la predicación de Jesús respecto a la conversión y salvación no se
encuentra una interrelación originaria de los pecados (plural) con un "pecado originario". Según esto, el
relato de la caída no adquiere importancia, tampoco se dan indicaciones respecto a una distinción entre
pecados personales y un pecado inherente a la naturaleza del hombre.
Los pocos indicios que ofrecen una explicación del origen del pecado tienen un carácter
68
claramente individual psicológico , y no pueden ser considerados como respuesta a un problema del
origen del pecado. Esto vale también de aquellas indicaciones de los evangelios donde se afirma una
69
conexión entre el pecado y el poder seductor del diablo . En suma, jamás se llega a la idea de un
pecado que se transmite, aunque esté la idea de un estado originario perdido a causa del pecado (por
ejemplo en los discurso del Jesús acerca del matrimonio).
La hamartiología de los Sinópticos, por otro lado, no excluye positivamente la idea de una
situación de desgracia proveniente del origen. Ni el concepto personal de la metanoia, ni el trato de
simpatía especial de Jesús para con los niños son argumentos en contra de la existencia del pecado
original. El por qué de este fenómeno ya lo hemos explicado: se trata de la preocupación sinóptica por
el -ahora- histórico salvífico.
Jesús trata también la verdad de la creación, sobre todo, en su importancia actual, sus efectos
63
Mc 10,1-12.
64
Mc 10,9
65
Mc 10,6
66
Mt 11,5; Lc 7,22.
67
Is 35,5ss
68
Mc 7,21: Si bien hay aquí un "desde dónde", no es un desde dónde original originante, sino individual psicológico.
69
Mt 13,19; 39; Lc 22,3; Jn 8,44
APUNTES DE CLASE 31
70
y su compromiso para con el hombre ; pero no la fundamenta. Para comprender la salvación en Cristo
no es tan importante conocer la causa del pecado como entender que el poder del pecado ha sido
71
destruído de una vez para siempre y que, por eso los pecadores son llamados a entrar en el Reino .
b) La gracia según San Pablo
b1) Observaciones previas.
a) Pablo experimenta la gracia como don de Dios, es decir, gratuidad pura. En dicha
experiencia acontece la "conversión" del Apóstol. Pero convertirse es paso paulatino, esforzado, de una
vida de pecado a una vida según Dios. También San Pablo considera su vida anterior a Damasco
72
como indigna por haber perseguido a la Iglesia de Dios . Sin embargo, el Apóstol llevaba una vida
ejemplar desde el punto de vista de la ley judía. Esta doble realidad presente en San Pablo nos obliga
a hacernos cargo de la pregunta por su conversión.
¿En qué consiste esta conversión? Pablo era perteneciente a al grupo de los fariseos. Esto
significa no una negatividad apriori, sino la convicción que la salvación es posible mediante el
cumplimiento de las obras de la ley, lo cual conduce a un cierto orgullo. El énfasis de la "parte humana"
en la salvación condujo a una casuística exacerbada según la cual toda observancia de un precepto
significa mérito y, toda transgresión del mismo, castigo. De esta manera el circunciso puede
justificarse, y Dios está obligado a absolverlo. Esta es la "espiritualidad" que, fervorosamente, vivió San
Pablo.
Ahora puede uno hacerse una idea de lo que significó para Pablo el encuentro con Jesús, con
Aquél a quien él perseguía. Fruto de esa singular experiencia camino de Damasco el Apóstol
73
comprendió que el hombre no se justifica por las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo . Para
expresar esto Pablo recurrió al término "kharis".
b) Testimonios prepaulinos de la gracia de Dios. La exégesis más reciente ha mostrado que en
la teología paulina existen elementos anteriores a él. Esto se verifica de modo especial en el tema de
la gracia. A esta capa prepaulina pertenecen una serie de textos que hablan de la gracia de Dios.
Entre ellos cabe destacar: 1 Co 1, 29-31; 1 Co 6,9ss; 2 Co 5,21. En éstos se describe el
acontecimiento de Jesús como la entrega completa y perfecta de Jesús por los pecadores. Ahora bien,
es precisamente esta dinámica de Dios que se manifiesta en Jesucristo lo que San Pablo llama
"kharis".
b2) La justificación
70
Mc 8,38
71
Mt 18,12ss; Mc 2,17
72
1 Cor 15,9-11
73
Gál 2,21.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 32
La teología de la gracia específicamente paulina tiene dos presupuestos respecto de la
situación del hombre en el mundo, a partir de los cuales la argumentación paulina se concentra en la
74
justificación, tema central de la teología paulina de la gracia .
1. La situación del hombre en el mundo. El primer presupuesto consiste en la afirmación de la
75
dependencia total de todo lo creado de Dios .
El segundo es que el hombre se encuentra en una situación de alienación, sometido a fuerzas
76
que lo esclavizan. Entre estas fuerzas el pecado constituye una central .
El pecado acontece como "impiedad" e "injusticia". "Impiedad" significa el no reconocimiento
de Dios como tal; "injusticia" es la divinización de la creación. Ahora bien, el pecado se expresa tanto
en los paganos como en los judíos. En los judíos porque no sólo transgreden la ley que se les ha dado,
sino porque en base a la ley se establecen en jueces de los demás y caen en una actitud de
77
autojustificación que los aleja de Dios . En los no judíos, porque no reconocen a Dios, sino se fabrican
78
ídolos, es decir, divinizan lo creado . En suma, todos están bajo la cólera de Dios. Por otro lado, en el
Evangelio se revela la "justicia de Dios", como lo anuncia a modo de tesis Rom 1,16-17.
2. La justicia de Dios: Rom 1,16-17.
Los vv.16-17 son el lema de Rom.
v:16: estamos ante una especie de introducción en la cual Pablo dice que no se avergüenza
del Evangelio. El Evangelio es para él "fuerza de Dios" para la salvación de todo el que cree". De
manera tal que la predicación -anuncio del Evangelio- pertenece al misterio salvífico, y así lo enseñará
constantemente el Apóstol. Importa que esta "fuerza de Dios" es acogida en la fe ("para salvación de
todo el que cree"). Estamos situados en el núcleo mismo de Romanos: salvación y fe. ¿Cómo se
unen ambos términos? La fe asegura la justicia, y ésta lleva a la salvación.
v.17: nos da razón de cómo el Evangelio es fuerza de salvación para todo el cree: en el
Evangelio se revela la justicia de Dios. La aceptación en la fe de esta justicia de Dios nos justifica, es
decir, nos hace justos, nos salva. En el Evangelio se revela (=se muestra, entra en escena) la justicia.
Si comparamos este versículo con el 18 observamos un notorio contraste, aquí se revela la "cólera
divina". Entonces, hay dos realidades divinas en el mundo: la cólera y la justicia salvífica de Dios.
Ambas se muestran. La última es escatológica. De la justicia divina no se dice nada, sino que ella
misma entra en escena, irrumpe como don.
3. La fe para San Pablo. Entre las expresiones controvertidas en la teología paulina se
encuentra esta del v.17: "de fe a fe". ¿Qué significa? Para algunos significa que "todo es cuestión de
fe" (C.H. DODD). Por su parte, Lagrange señala que es un proceso, es algo progresivo que parte de
79
una fe menor a otra mayor . Sin embargo, más que lo anterior, la fe es la actitud como se acoge la
gracia, y aquí no cabe la gradualidad; todo se juega en un "to be or not to be". Además, Lagrange no
toma en cuenta 2Cor.2,16.
74
B. VILLEGAS, Una visión de la gracia: La justificación en Romanos, Teología y Vida 28 (1987) 277-305.
75
Rom 11,36; 1 Co 8,6. Cf. S.SILVA, Apuntes de Clases , PUC Santiago de Chile 1987.
76
Rom 5,1ss
77
Rom 2,1ss
78
Ibid
79
Lagrange evoca a este fin el Sal 84
APUNTES DE CLASE 33
Pero ahondemos más en el texto y preguntémonos ¿de qué fe se trata? Algunos han
interpretados que "de fe a fe" indica una fe que va de unos creyentes a otros. Sin embargo, parece ser
que la interpretación correcta es que "de fe" significa la fidelidad de Dios que se revela "a (la) fe". En
favor de esta segunda argumentación citamos en Sal 98: Yahweh ha dado a conocer su salvación, ha
revelado su justicia, se ha acordado de su fidelidad. Obviamente, este pasaje es la base del versículo
17.
4. La justificación como proceso. Según Rom 3,21-26 la justicia de Dios se revela en favor de
los que creen en Cristo. Esta justicia de Dios, que entra en escena como justicia viva y activa -v-21- y
que tiene una destinación universal como enriquecimiento de la fe -vv.22-23-, se desarrolla como
proceso en Cristo. Así lo hace ver un breve análisis de los determinados versículos.
a. El "ahora" del v.21 es una "ahora" apocalíptico: ha llegado el tiempo de la revelación de Dios
"independientemente de la ley". La justicia de Dios se ha manifestado y se manifiesta todavía, como lo
indica el verbo perfecto pasivo.
b. Esta "justicia de Dios" queda determinada como justicia de Dios por la fe en Jesucristo para
todos los que creen -v.22-. Destaca aquí la universalidad del régimen de la fe. El único camino posible
para que todos alcancen la salvación es la fe. El v.23 no sitúa frente a la indigencia universal: todos
están despojados de..., necesitados de... Esto permite ver con mayor claridad la fuerza que adquiere la
fe como la única actitud en que el hombre puede y debe acoger la gracia.
c. El v.24 comienza a describir el proceso de la justificación, que se compone de factores
objetivos y uno subjetivo. Los objetivos son la gracia de Dios y la redención de Cristo. Esto significa
que el factor objetivo es don. El factor subjetivo es la gracia de Dios en Cristo, recibida por el hombre
en la fe.
d. Los vv.25-26 describe cómo Dios actuó en la justificación del hombre, señalando qué hizo
Dios -v.25a- y por qué lo hizo -v.25b-26- ¿Qué hizo Dios?... "a quien Dios exhibió como instrumento de
propiciación -v.25a-. La "propiciación" tiene dos sentidos: "expiar" o la "ofrenda por el pecado". En el
A.T. se realiza el rito de la expiación a través de la sangre, en que está el alma, que se derrama. Cristo
es "instrumento de propiciación", y en este sentido es el sacerdote y la víctima, y como tal, instrumento
de propiciación por su propia sangre; y esto "mediante la fe". Es importante tomar en cuenta la forma
brusca de la frase: toda la eficacia de la muerte de Cristo se da a través de la fe. No puede haber un
perdón de los pecados en forma mágica, sino que debe ser acogido en la fe.
¿Por qué lo hizo Dios: "para mostrar su justicia": v.25b. Dios al exponer a Cristo como
sacrificio propiciatorio manifiesta su acción salvífica. Así lo sintetiza el v.26: "habiendo pasado por alto
los pecados cometidos anteriormente" -v.25b-. El pasar por alto los pecados expresa un cuasi-perdón,
una especie de no imputación que no tenía sentido más que orden al perdón definitivo, que es la
destrucción total del pecado por la justificación del hombre.
e. Este proceso de la justificación implica también factores subjetivos como los resaltan los
vv.27-31, que como corolario de lo precedente tratan el papel de la ley. ¿Dónde está, entonces, el
derecho a gloriarse? La ley de las obras es sustituida, ahora, por la ley de la fe.
b3) La ley
Conviene ahora detenernos en el tema de la ley y su nexo con el pecado, el cual, según San
80
Pablo, es clave para una recta interpretación de la teología de la gracia . En Pablo encontramos dos
80
S. LYONNET, Libertad y ley del Espíritu según San Pablo, en I.de LA POTTEIRE, S. LYONNET, La vida según el Espíritu, Salamanca
1967, 175-203.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 34
tipos de juicios respecto a la ley que a primera vista resultan contradictorios. La primera consideración
81
ve la ley como la ley de vida que da Dios al hombre y que éste debe cumplir a través de su vida . Esta
82 83 84
ley tiene como vértice el amor que lleva a la vida , es "santa" justa y buena" . Pero, por otro lado, la
85
ley es presentada como una realidad que no conduce a le justicia . Aún más, la ley sólo conduce al
86 87
pecado. No sólo hace manifiesto el pecado , sino que lo multiplica . Es ley de pecado que lleva a la
muerte. ¿Cómo se concilian estas dos líneas de afirmaciones tan diversas?
88
Según R. BULTMANN -interpretando a San Pablo- la ley fue dada por Dios para ser cumplida.
Que ella lleve a la muerte y no justifique al hombre no significa que no comporte un carácter vinculante
procedente de Dios (Cf.Gál 3,19; Rom 7,7). San Pablo dice que la ley no ha dejado de ser ley para la
vida (Cf.Rom 2,13). Pero... ¿por qué el hombre no puede ser justificado por las obras de la ley? Por la
simple razón que no puede cumplir toda la ley; más aún: es transgresor de la ley, es culpable ante
89
Dios . Además, piensa San Pablo que el hombre no sólo no puede salvarse por la ley, sino que no
debe buscar allí su salvación, porque esto significaría romper con la gracia que nos llega por Cristo. En
la historia de la salvación la ley ha sido el "pedagogo" que nos lleva a Cristo, pero llegado el régimen de
la justificación por la fe en el Hijo de Dios ya no necesitamos más del pedagogo (Cf.Gál 3,21-25), que
más que todo nos conducía al pecado e indirectamente a la fe, puesto que el pecador al ser encontrado
por la gracia puede entender los opuestos "obras de la ley" o "gracia". El pecado no estriba en el
cumplimiento de las obras de la ley en cuanto tal, sino en pretender la justificación por tales obras.
Por último, el sentido de la ley es llevar al hombre a la muerte a fin de que Dios aparezca como
Dios. Mata al hombre haciéndole creer que en ella alcanza la vida. Es entonces cuando Dios aparece
como el único capaz de dar la vida, por medio de la fe en EL.
En otras palabras, la ley saca a la luz la flaqueza del hombre. La única respuesta es gracias a
Cristo me salvo
b4) La vida según el Espíritu
El cristiano puede ser salvado si se dan las condiciones necesarias que señalan los capítulos 5,
6 y 7 de la carta a los Romanos, esto es: la liberación del pecado, de la muerte, de la carne y de la ley.
Todas estas liberaciones sucesivas han sido logradas en Cristo y solamente en EL. Así se explica
que Rom 8,1 comience con un grito de victoria: "Por consiguiente ninguna condenación pesa ya sobre
los que están en Cristo Jesús". Luego San Pablo expresa el por qué: "porque la ley del Espíritu que da
vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte". De esta manera el hombre ha sido
liberado de la ley que fue instrumento del pecado y de la muerte por algo que San Pablo, y de modo
90
sorprendente, llama igualmente ley: la ley del Espíritu que da vida .
81
Rom 2,13; 10,5; Gál 3,12.
82
Rom 3,10
83
Rom 7,10
84
Rom 7,12
85
Gál 2,12; 2,16; 3,11; 3,21; Rom 3,20; 3,28; 4,1ss
86
Rom 5,13
87
Rom 5,20
88
R. BULTMANN, Teología del Nuevo Testamento, Salamanca 1981.
89
Aunque Bultmann no lo diga expresamente, podemos descubrir aquí la presencia del "pecado original"
90
Rom 8,2
APUNTES DE CLASE 35
1) La ley del Espíritu
91
¿Qué significa esto? Santo Tomás , en su comentario a la carta a los romanos, explica que
"La ley del Espíritu es lo que llamamos la ley nueva. Ahora bien, la ley nueva se identifica, ya con la
persona del Espíritu Santo, ya con la actividad del mismo Espíritu en nosotros". Esta ley nueva la
92
compara con la ley antigua, recordando que el apóstol había dicho que era espiritual , es decir, "dado
por el Espíritu". La ley del Espíritu difiere, por eso, radicalmente de otras leyes por su misma
naturaleza. No es un código más de leyes "dado por el Espíritu Santo", sino una "ley consumada en
nosotros por el Espíritu". No es una simple norma de acción exterior, sino un principio de acción, un
dinamismo nuevo e interior, lo que ninguna legislación en cuanto tal puede llegar a ser.
En otras palabras, San Pablo usa aquí el término "ley" para designar este dinamismo espiritual,
93
en vez de recurrir, como otras veces, al de "gracia" . La base de este uso paulino la encontramos en
Jer 31,3, que anunciaba la nueva alianza.
El Espíritu Santo perfecciona interiormente nuestro espíritu comunicándole un dinamismo
nuevo, de tal modo que, ahora, el hombre puede rechazar el mal como si se lo mandase la ley divina.
Y esto hace al hombre libre, no porque esté sometido a ley divina, sino porque el dinamismo interior le
inclina a hacer suyo lo que es la ley divina, es decir, a optar libremente por el bien. La libertad, según la
94
entiende San Pablo es esclavitud, pero una esclavitud de amor , fruto del Espíritu y, por tanto, libertad
suprema. "Haceos esclavos los unos a los otros por amor", esto es la "kénosis del Espíritu Santo".
2) La estructura trinitaria de la vida según el Espíritu
Por el proceso de la justificación el hombre ha entrado en relaciones nuevas con Dios. Estas
relaciones son nuevas porque está ante un Dios nuevo. El Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Se trata de una relación definitiva para con Dios como lo enuncian los textos: 8,9-11; 8,15-17; 8,26-27;
8,29.
Rom 8, 9-11. Dios se manifiesta actuando como el Padre resucitador, el Hijo resucitado y el espíritu
resucitante. El Padre resucitó al Hijo y también "a nosotros nos resucitará" -v.11- por su Espíritu que
habita en nosotros". La resurrección de los cristianos se halla en estrecha dependencia de la de Cristo,
dejándose así en claro que las relaciones mutuas entre Padre, Hijo y Espíritu Santo son las mismas
que para con nosotros.
Rom 8,15-17: Según este texto central para la Antropología Teológica, todos los que son guiados por el
Espíritu de Dios, es decir, aquellos que tienen este "nuevo principio de acción", son hijos de Dios.
Padre, Hijo y Espíritu Santo aparecen aquí distintos entre sí por las relaciones que tienen con nosotros:
"del" Padre somos hijos: ABBA, Padre; "con" Cristo somos hijos por adopción, herederos y co-
herederos; "en" el Espíritu Santo gritamos ABBA, Padre.
Rom 8,26-27: Tratan del papel del Espíritu en la oración. Clamamos en el Espíritu: ABBA Padre.
Rom 8,29: Nos habla del Hijo y nuestra filiación. Con esto llegamos al punto central de la vida en el
Espíritu: la participación en la filiación del Hijo.
91
S.th.,1-2,q.106,a.1
92
Rom 7,14
93
Rom 6,14
94
Cf. Gál 5,13
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 36
3) La dimensión cósmica
Esta dimensión, decisiva para comprender plenamente lo que es la gracia para San Pablo se
encuentra desarrollada en Rom 8,19-22. Según el v.19, versículo eje, "la gloria de los hijos de Dios" es
tan grande que toda la creación está en espera de que se manifieste en ellos. Los vv.20-22 justifican
o desarrollan esta idea. Tienen por objeto mostrar que se está esperando la revelación de los hijos de
Dios. Esto significa que en la creatura hay una actitud de esperanza. "En la esperanza" la creación fue
sometida dentro de un régimen de esperanza, según el sentido causal, porque la misma creación será
liberada. Conviene destacar los siguientes elementos:
95
1) La creación está sometida forzosamente a la vanidad ;
2) A la esclavitud de la corrupción;
3) Pero hay un estado de esperanza para la creación que significa liberación de la servidumbre
de la corrupción y participación en la gloria de los hijos de Dios. La creación está esperando: se trata
96
de una expectación ansiosa que se expresa en gemidos . ¿Quién es esta creación? Según la opinión
común, es el contexto del hombre, en cuanto destino de él, la creación irracional excluido el hombre.
4) La predestinación: Rom 8,28-30
El texto nos muestra tres etapas de un acontecimiento. Se trata, además, de un hecho
colectivo. Las tres zonas son temporales: pasado, presente y futuro. Dios llama, justifica y glorifica.
San Pablo no ofrece en el texto una solución al problema predestinación y libertad, sino insiste en la
esperanza en la gloria y, para eso recuerda que somos justificados y seremos glorificados. Importa el
"pasivo divino": es una acción que tiene a Dios por autor.
Estamos en una teología de elección que viene de Isaías (Cf.41,4.8-10; 42,6; 45,12-25) y
alcanza en Ef.1,3-14 un desarrollo amplio, pero agrega dos cosas: recapitulación de todas las cosas.
Luego la meta y centralidad trinitaria. Todo termina en la alabanza de su gloria.
c) La pregunta por el origen
El hecho de que los sinópticos acepten la verdad del paraíso protohistórico en su núcleo
teológico que Jesús personaliza, se encuentra reforzado en San Pablo por el conocido paralelo
Cristo/Adán. En Rom 5, 12-21 queda clara la universalidad del amor y de la gracia de toda la obra
redentora, y la tipología empleada sirve para caracterizar la vuelta escatológica iniciada con Cristo y la
expulsión de las fuerzas del mal por Cristo. Además se pone de manifiesto elementos esenciales
respecto de la caída de Adán, que a su vez no se comprende sin un cierto conocimiento del "estado
originario".
c1) La doxa del origen
95
Es "Dios", no el hombre pecador, ni Adán, quien ha sometido la creación a esta vanidad.
96
Cf.Is.65,17; 66,22; Apoc.21,1
APUNTES DE CLASE 37
La mención de Adán en Rom 5,12-21 no permite reconocer su posición real y su modo de ser
casi angelical como lo afirma la apocalíptica judía tardía. La afirmaciones directas se concentran en su
97 98
pecado y en el poderío de la muerte . Más claro todavía aparece la figura de Adán en 1 Co15 como
"hombre terreno"; el relato de la caída, que se encuentra en el trasfondo, se concentra en los elementos
teológicos esenciales. A la luz del antitipo Cristo y en vista a su función como restaurador, superior a
Adán, debe atribuirse al Adán protohistórico todo lo que éste perdió por la caída: el ser libre de pecado,
la vida y la gracia de Dios.
Una tal comprensión del "estado originario" de Adán no sólo se puede deducir de Rom 5,12s.
Afirma Rom 3,23: "todos han pecado y se encuentran privados de la gloria de Dios", la doxa del origen.
Más explícitamente nos habló Rom 8,20: la creación está sometida a la corrupción y se encuentra en la
espera de la doxa. No se presenta a Adán como portador de la doxa en una descripción precisa, sino
se lo comprende como clave para el misterio de Dios que se revela. Adán es una expresión de la
relación misteriosa con Dios como el primer hombre. La concentración cristológica de la idea de
paraíso llegó a su punto culminante. El motivo del jardín protohistórico ha perdido todo su adorno,
mirado a partir de Cristo y referido a El. Esta idea ahora ya no está simplemente al servicio de la
teodicea y ejemplificación de las consecuencias catastrofales del pecado. Recibe desde Cristo una
importancia permanente histórica que va más allá del presente y apunta al tiempo escatológico: la
99
gloria festiva .
c2) El poder universal del pecado y de la muerte
Hemos encontrado en los Sinópticos elementos esenciales que no excluyen una
pecaminosidad proveniente del origen, sin afirmarlo expresamente. El conocimiento formal del pecado
original, con efectos universales, recién puede darse allí donde se comprende la obra salvadora en
todas sus dimensiones. Esta reflexión teológica más profunda de la obra salvadora de Cristo recién la
logra San Pablo quien, como primero y único entre los autores neotestamentarios, se preocupó por el
"de dónde", es decir, el origen histórico del pecado.
Pablo, como teólogo formado en la teología rabínica, debe haberse sentido afectado más a
fondo por la cuestión del origen del pecado que, por ejemplo, la comunidad primitiva con su fe más
sencilla. Además, su propia vida lo llevó a una reflexión más profundo respecto de la interrelación
histórico salvífica entre ley y evangelio, judaísmo y acontecimiento de Cristo, pecado y gracia. Es así
como llega a la concepción de pecado como una situación universal supra individual. Con esto se
supera el elementos del poder autosuficiente del hombre y la libre decisión, en la polémica contra la ley
y en la comprensión del pecado. Resulta, así la situación universal que trasciende la individual en la
cual se encuentra cada pecador. Para que esta comprensión no desemboque en ideas gnósticas o
meramente rabínicas se debía conservar y destacar el carácter histórico del poder pecaminoso en los
orígenes del mundo. Para desarrollar esta idea importante Pablo se podría servir de la comprensión
judeo veterotestamentaria del relato de la caída, de los elementos provenientes de la teología rabínica,
para así formular el contenido de modo nuevo y definitivo.
Esta reformulación Pablo la lleva a cabo dentro del contexto más amplio de Rom 5-8, capítulos
en que estadísticamente el concepto "pecado" aparece con mayor frecuencia. En Rom 5,12-21 Pablo
ofrece una reflexión nueva de la historia de salvación como contraste entre Adán y Cristo y los dos tipos
de géneros humanos, representados por ellos. Desarrolla el Apóstol aquí una respuesta relativamente
muy explícita. De tal manera que este texto ha sido considerado frecuentemente como "lugar clásico"
de la doctrina posterior del "pecado original". Pablo parte aquí de la seguridad de la perfección de la
salvación por alcanzar, con la idea judía de que por la acción infeliz de Adán entró la muerte en el
mundo. Luego, Pablo destaca a Cristo en forma paralela como el portador de la vida nueva y de la
97
Rom 5,12
98
Rom 5,19
99
1 Co 15,43.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 38
salvación. Hay que tomar en cuenta el punto de partida formal: el tema propiamente tal es el origen de
la muerte y no del pecado. De ahí esta insistencia en el tema de la vida. La muerte es comprendida
como consecuencia, como castigo del pecado. Por eso, Pablo habla necesariamente del pecado de
Adán por el cual entró la muerte universal en el mundo. Piensa, sin duda, el apóstol aquí en el pecado
personal de Adán, pero no sólo en este sentido, pues comprende el pecado como un poder malo
todavía eficaz. Adán le posibilitó la entrada en el mundo a este poder, y desde aquel entonces éste
está desplegándose en su fuerza irresistible en el mundo. Se trata de una eficacia no sólo presente en
el mundo de los hombres, sino también en todo el cosmos.
Para comprender la verdad del pecado original a la luz de los dicho, el rol de Adán es decisivo.
Representa el lado oscuro del paralelismo. El v.12 afirma, en primer lugar, que a partir de Adán el
poder del pecado y de la muerte alcanzó a todos los hombres. La frase del v.12c representa un
problema de interpretación, pues aparecen en el contexto también los pecados personales de los
hombres, lo que algunos exégetas consideran una interrupción del argumento hasta superflua. Pero
¿cómo entender el "Eph'hó" ? (se lee "efoo", y significa "porque, mediante el hecho que, en base a la
cual muerte, en quien [Adán] todos pecaron). La importancia de todo el v.12 y, sobre todo, de esta
partícula remonta al uso que de él hizo San Agustín en la polémica antipelagiana. Debemos señalar
que en dicho uso el Obispo de Hipona tradujo, basado en un error exegético, el "eph'hó" por in quo (en
100
el cual todos pecaron). Desde entonces las interpretaciones que se han dado han sido variadas .
101
¿Cómo entenderlo? . Este eph'hó ¿es una preposición (epì) más el pronombre relativo, o se trata de
una expresión conjuncional?; caso de ser relativo -se pregunta Ruiz de la Peña- ¿cuál es su
antecedente: Adán o la muerte? (que en griego es sustantivo masculino); el pecado no puede serlo,
pues se trata de un sustantivo femenino); caso de ser conjunción, ¿es causal o condicional? La
interpretación de San Agustín (in quo) hace que la lectura resultante sea la siguiente:
"(..) Por un solo hombre (Adán) entró el pecado (su acción pecaminosa) en el mundo y así el
102
pecado pasó a todos: en Adán todos pecaron (todos contrajeron pecado)" .
No obstante el "eph'hó" no puede ser un relativo con Adán como antecedente; éste queda
demasiado lejos. La gran mayoría de los exégetas ven en el eph'hô una conjunción causal; con este
103
sentido aparece en 2Cor.5,4 y en Flp.3,12 . Agrega RUIZ DE LA PEÑA que el verbo "pecaron" del
v.12c no puede traducirse por "todos contrajeron pecado" (sentido pasivo), porque su sentido es activo.
Según lo anterior la traducción correcta del v.12 sería la siguiente:
"(...) Por un solo hombre (Adán) entró el Pecado (la potencia maléfica) en el mundo y por el
pecado la muerte (espiritual) y así la muerte (espiritual) alcanzó a todos los hombres porque (o
mediante el hecho que) todos pecaron (cometieron pecados)". Esto significa que una acción humana
ha introducido en la historia la dinámica del Pecado, que a su vez crea una atmósfera de muerte
espiritual, que afecta en principio a toda la humanidad y que se manifiesta y surte efecto a través de los
pecados personales.
Luego, Pablo elabora, en los vv.15-17, la diferencia entre las situaciones de perdición y
salvación, y destaca que la gracia de Cristo siempre sobreabunda, siendo más eficaz que el pecado y la
muerte. Luego, en los vv.18-19, el Apóstol da la idea central de su argumentación, cuya formulación ya
le preocupa en el v.12, sin lograr una expresión clara. Es decisiva la afirmación: "En efecto, así como
100
Debemos recordar que Trento no condenó a quienes nieguen que el verso hable del pecado original, razón por la cual fue citado en sus
canones después del "anatema sit" (sea anatema): Ds. 1512-1514= D789-791.
101
En esto sigo fundamentalmente a JUAN L.RUIZ DE LA PENA,Op.cit..p.95ss
102
Según RUIZ DE LA PEÑA el pecado original estaría enseñado, formal y explícitamente en 12d.
103
En cambio Lyonnet la entiende como conjunción condicional: "cumplida la condición de que" o "mediante el hecho que..."
APUNTES DE CLASE 39
por la desobediencia de un solo hombre todos fueron constituidos pecadoreq así también por la
obediencia de uno solo todos serán constituidos justos" Aquí se explica que no sólo la muerte se
transmitió por el pecado de Adán a la humanidad, sino que el pecado mismo afectó a la humanidad.
Aunque se puede interpretar "los pecadores" de diversas maneras, dentro del marco del paralelismo,
sólo se entiende "pecadores" en oposición a los "justos". Este "ser pecador" significa una condición
humana: la de no-justo desde y por Adán. No se habla de una participación personal en el pecado de
Adán, por sus propios pecados como tampoco de una participación en la obra salvífica de Cristo. Con
esto resalta toda la vivencia de los tipos Adán/Cristo para el acto de perdición y salvación y su
causalidad para la situación posterior de la humanidad. No se puede dudar que Pablo ve a todos los
hombres alcanzados por el poder del pecado y de la muerte, causado por Adán. Sin usar la imagen de
"herencia" ni para el pecado ni para la muerte aparece aquí la idea de que todos los hombres se
constituyen en pecadores a causa de Adán.
Recordemos que, según el v.12, para Pablo existe un poder de pecado anterior a los pecados
personales, que se expresa en los pecados individuales. Empero, no informa sobre un modo causal
racional de transmitir este pecado. Una explicación posible se da o por la "personalidad corporativa", o
104
por la idea de la "imagen" ; los hombres llevan la imagen (eikon) de Adán, esto es, la forma en que se
expresa su ser.
c3) Análisis e interpretación de Rom 5,12-21
No existe un contexto polémico en el cual se podría haber desenvuelto la reflexión paulina, sino
se trata de una reflexión original. La integración del material tradicional se ve aquí en la terminología de
la justificación, la interpretación de la obra redentora de Jesús como acto de obediencia (Flp.2), la
interpretación de la afirmación expiatoria (Rom 3,25; 4,25) constituye el horizonte del paralelismo
Adán/Cristo.
c3.1) La estructura del texto y el motivo "periseia" (sobreabundancia):
Dos partes: 5,12-17; 18-21; con tres secciones:12-14; 15-17; 18-21; cada sección se subdivide:
12/13; 15/16;; 18ss/20.
Se trata aquí de un texto argumentativo. Esto resulta del estudio de los términos, los nomina y
substantivos, que reciben mayor énfasis en relación con los verbos, menos frecuentes.
Al clasificar las substancias según sus categorías semánticas se puede distinguir tres grupos:
1)designaciones que se refieren al mundo de los hombres; 2) el concepto de Dios; 3) designaciones
para los poderes, que trascienden el mundo de los hombres.
Nombres propios: Adán, Moisés, Jesucristo: dos tipos complementarios. Nombres de acciones:
transgresión, desobediencia, justificación, obediencia. Nombres resultado de una acción: delitos,
condenación; caris, carisma; dorea, dorema(=don).
Acción del hombre: ambivalente; designa algo que afecta profundamente a los hombres; pero
presupone la acción de Dios, gracias a la estructura teológica.
Verbos de acción: pocos designan un estado. El marco de referencia no es un espacio
abstracto sino la historia no deducible que da que pensar. Pero el lenguaje formal, que carece de toda
plasticidad, demuestra que Pablo no se preocupa de la historia universal, sino que apunta a la
convicción de los oyentes. Por eso, tiene la lógica de un texto argumentativo. Pablo usa las formas de
la conclusión Qal-Wachomer = Si se refiere la premisa a un acontecimiento conocido en la S.E. y la
104
1 Co 15,49
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 40
tradición, la conclusión muestra la realización de un acontecimiento análogo.
c3.1.1.) El lugar de la "Periseia" en la estructura superficial y profunda
La estructura profunda del texto resulta del modelo del paralelismo Adán/Cristo. La estructura
superficial está determinada por la realización lingüística de este modelo = argumentación lógica.
¿Qué lugar ocupa la periseia en la argumentación lineal de Pablo y qué papel empeña en la realización
de la tipología como tal? La "abundancia", el "más" no se encuentra en la tensión del paralelismo
Adán/Cristo, sino recién posibilita su realización.
¿Cuál es la intención que Pablo relaciona con el paralelismo entre salvación y desgracia, que
sirve a todas las partes, menos v.13, como esquema fundamental? Generalmente se responde que
Pablo intenta una comparación entre el acontecimiento de salvación y de perdición. Sin embargo, esto
es cuestionable.
Las dos figuras no se excluyen, sino se incluyen: permite descubrir sobre el trasfondo de la
situación pecaminosa adamítica la evidencia interior de la salvación. La afirmación que los dos lados
se pueden comparar representan sólo el presupuesto de la afirmación, no su meta = conclusión de
analogía: se concluye a partir de la semejanza de todas las situaciones. Para el v.18ss/21 esto
significa: se presupone que Adán y Cristo se encuentran en el ,origen de una situación de la humanidad
y fundamentan así relaciones, que se pueden comparar: si Adán representó a la humanidad (1
Co15,22) de la misma manera Cristo está a la cabeza de la nueva humanidad (2 Co 5,17).
PRESUPUESTO de la argumentación es, entonces, la fe en el carácter escatológico de la obra
salvífica de Cristo, con el que se pone un origen, que en su radicalidad sólo es comparable con el
origen de la humanidad en Adán.
META de la argumentación: esclarecer a partir de la realidad adamítica, con ayuda de la
analogía, las relaciones, situaciones del orden salvífico fundado en Cristo para acrecentar su evidencia
Con esto se dan dos direcciones en la argumentación:
1.- la que realiza el oyente: progreso lineal de la argumentación de la protasis a la apodosis:
parte de la experiencia, presente en el hombre de la desgracia: del pecado y de la muerte, para
dilucidar sobre este trasfondo oscuro la situación de la salvación.
2.- a la dirección superficial precede la experiencia de la fe, que no se refiere sólo al
acontecimiento aparente parcial de Jesucristo, sino también enseña a ver la realidad de la desgracia
con ojos nuevos. Implícitamente la experiencia y articulación de las desgracia dependen del lado
cristológico. La situación de Cristo, no marca sólo la articulación de la desgracia, sino posibilita recién
la experiencia de "pecado" y "muerte" en toda su radicalidad.
Las dos direcciones forman un "círculo", que teológicamente se puede concebir como camino
de la fe que busca intelección (fides quaerens Intellectum). No se debe separar los dos lados. Pablo
trasciende aquí la lógica interna del acontecimiento salvífico hacia la totalidad de la realidad, en que se
verifica la salvación.
La sobreabundancia, el "plus", no surge de una comparación con otras medidas, por grandes
que sean, sino se mide por la resistencia. Un poder determinado aparece con más resplandor, peso,
en cuanto el,pode opositor es más fuerte (v.20). El poder del pecado ofrece a la gracia sólo la ocasión
para que aparezca su ser en toda su plenitud.
La ley de la resistencia no determina sólo la mutua relación de los conceptos dominantes
"pecado" y "gracia", ya que con su ayuda se compara el lado de Adán y de Cristo, explicitándose su
relación antitética, que determina Rom 5,12-21. Con esto aparece otro medio estructural de la tipología
Adán/Cristo. Los dos lados del contraste no sólo se encuentran yuxtapuestos uno al aldo del otro en
APUNTES DE CLASE 41
un paralelismo y analogía, más bien, el acontecimiento de Cristo alcanza la realidad adamítica y se
realiza en ella: es la misma humanidad, que proviene de Adán y que es redimido por Jesucristo del
pecado y de la muerte.
Este "in-esse" (uno en el otro) de los dos lados se fundamenta por la coordinación de pecado y
gracia. Confirma la tesis que para Pablo la experiencia de la desgracia tiene un valor cognoscitivo para
la salvación: la medida sobremanera grande del pecado saca a la luz la sobreabundancia de la gracia.
c3.2.) El camino de la argumentación
c3.2.1) Primera sección
1.- La realidad adamítica como lugar de gracia (Rom 5,12). Dos indicaciones hermenéuticas:
1) Pablo lleva al oyente, partiendo del lado de Adán a una comprensión más profunda del lado de Cristo
(=camino de la protasis a la apodosis); 2) pregunta en qué medida la experiencia de la fe (=lado de
Cristo) ha influenciado la configuración del lado de Adán.
Aunque Pablo en el v.12 interrumpe la conclusión de su argumentación la forma de la protasis
indica donde quiere llegar. EL tema no es el pecado, sino la muerte: los enunciados que tratan del
pecado marcan las condiciones para la auténtica comprensión de la muerte; la muerte es fruto del
pecado, y por eso es más que el fin natural de la vida. Significa un morir que es siempre "morir en
absoluta lejanía" con respecto a Dios.
Si el v.12 apunta al v.12b entonces Pablo habla del origen del pecado y de la muerte en el acto
de Adán sólo para explicar la tiranía presente de la muerte sobre el mundo de los hombres. Con este
discurso etiológico Pablo quiere decir: toda la humanidad tiene una sola carne, es decir, la de Adán.
Toda existencia humana, sea como sea que se la viva en el ámbito judío o pagano, viene de este único
pasado. Adán representa al hombre como su origen que el hombre encuentra siempre dado, y como
tal es su tarea. Por eso, también es la dimensión en que se mueven los hombres como hombres y que
ellos nunca pueden trascender "a partir de sí mismos", en la medida en que son hombres. El recurso al
único Adán es expresión para el hecho que la existencia adamítica es la única posible para el hombre
bajo el pecado y la muerte.
En la primera parte la perspectiva invoca un hombre sobre el cual la muerte recibe su dominio.
En la segunda parte se muestra el nexo de esta realidad con todos los hombres: a todos los hombres
alcanzó el destino de la muerte, en cuanto todos pecaron. Pablo dice que los hombres realizan su
destino, que les es dado previamente, en la realización de su vida y lo ratifican con sus pecados. Con
esto se destaca, aunque sorprende, el momento de la responsabilidad como rasgo fundamental del ser
adamítico.
INCLUSION: Pablo parte con la descripción de la existencia adamítica, para hablar luego,
dentro de este marco dado, de la responsabilidad del hombre. Es importante que Pablo no indica dos
causas separadas para el destino de muerte, sino que insiste en la inclusión de los dos lados: el poder
del pecado domina al hombre en la medida en que éstos se ponen a disposición de él como
"esclavos". Rom 6,16. Esta inclusión impide una reducción: no se puede pasar encima de la
responsabilidad del hombre en favor del carácter poderoso del pecado, tampoco se debería exagerar la
libertad del hombre en menoscabo del poder del pecado. Pablo piensa las dos cosas untas: la muerte
es 1º: poder que trasciende el poder del hombre y, 2º: resultado de la realización propia de la vida. El
juicio "todos pecaron" no resulta a partir de una interpretación pesimista del mundo, sino se encuentra
implícito en la confesión cristológica: Cristo murió por todos. La implicación necesaria del "solo Cristo"
es el juicio escatológico sobre la perdición del mundo en el pecado. Esta confesión explica la
radicalidad de la compresión de la muerte. Muerte es para Pablo el símbolo real para la lejanía de
Dios. La realidad adamítica es el lugar de la gracia, es decir, que la sobreabundancia de la gracia se
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 42
manifiesta en la abundancia del pecado.
c3.2.2) Segunda sección: vv.15-17
Aquí juega un rol importante el motivo de la abundancia.
c3.2.2.1) La superación de la transgresión por la gracia: el aspecto parenético-
escatológico-5,15.
La tesis: 5,15a: la identidad en 5,14b entre el primer y segundo Adán es negada en 15a con un
"pero" (allá): con el don -carisma- no sucede como con el delito (acción): el don de Cristo, delito de
Adán, no se yuxtaponen, sino se interrelacionan. El don de Cristo es como superación del delito de
Adán, la respuesta de Dios a la realidad adamítica. En ésta se realiza el don de Cristo, lo que es el
primer indicio de la desigualdad de ambos lados.
La fundamentación: 5,15b. La primera frase parte de la verdad evidente para todo hombre: la
realidad de la muerte, pero la enfoca desde el ángulo de la fe: "por el delito de uno solo mueren todos".
Pablo se refiere al morir de los muchos desde la fe como una muerte en la lejanía de Dios. Con esto la
realidad adamítica aparece como "realidad pasada y superada". La muerte es reconocida en su
eficacia universal, pero ya como "superada" desde el ángulo de la fe. Pablo afirma la determinación de
todos los hombres por su único representante, pero hay un sobrepeso por el lado de la salvación.
El contraste de la tipología Adán/Cristo no contrapone dos órdenes, sino Dios alcanza la
realidad adamítica en la obra de Cristo. Hay un "ser-en" más que una yuxtaposición del aspecto
teológico y cristológico. El "mucho más" se basa en el presupuesto que en el segundo Adán Dios está
actuando: gracia de Dios, lo que en los conceptos teológicamente estructurados es pensado
implícitamente. El "plus" se basa en la "gracia". Este sobrepeso de la gracia no es la conclusión a que
apunta la argumentación, sino éste pertenece a la premisa. Este "plus" de la gracia no es una identidad
irracional. Si la gracia se abrió en la historia, entonces, ella es asequible a la comprensión de los
creyentes. Su sobrepeso se puede entender, Según Pablo, a la luz de la realidad del pecado que no se
puede pensar en forma más radical. Esta realidad muestra qué grande debe ser la fuerza de la gracia
que la supera. Se trata aquí de la fe de Pablo en el poder de la gracia de Dios que se revela en lo que
ella supera: el poder de la negación revela el sobrepeso de la gracia.
Pablo no quiere demostrar el "plus" de la gracia, sino bajo este presupuesto del plus de la
gracia muestra el efecto de la gracia: "se ha desbordado en todos". "desbordar" expresa que la
realidad de la gracia supera toda medida y comparación. Este momento no significa simplemente un
acrecimiento, superación, sino la manifestación de lo inagotable de una dimensión cualitativamente
distinta, nueva = plenitud escatológica. El futuro de Adán no es compensación del primero y de aquello
que éste trajo, sino es incomparablemente más. No es restauración, sino superavit, excedente. El
punto culminante de la afirmación se alcanza recién cuando se la relaciona con la pregunta que está
detrás de Rom 5.12-21: ¿abre realmente la justicia de Dios ya dada al creyente, la plenitud de la vida
futura; o no hace inverosímil esta afirmación la existencia del sufrimiento? Pablo todavía no determina,
en qué consiste la plenitud, pero pone el fundamento para entender el v.17. La "sobreabundancia" no
es una lógica abstracta, sino es poder de la vida que se revela en el Crucificado. En el fondo, es la cruz
la que permite descubrir la situación de muerte y hablar de la sobreabundancia de la gracia.
c.3.2.2.2.) La plenitud de la gracia: su aspecto futuro-escatológico (5,16c).
Tesis: 5,16a. En 5,15 Pablo compara el origen de los dos órdenes. El v.16 no es simplemente
una comparación de los efectos, sino que ahora se establece explícitamente la relación de la gracia de
Dios con los delitos de los muchos.
APUNTES DE CLASE 43
Fundamentación: 5,16b. Hay que partir del contraste "uno/muchos" delitos. En uno
comienzan los efectos de la desgracia y alcanza a todos los hombres; la gracia parte de estos muchos
= todos. La gracia se encuentra basada en forma más amplia. Concluye Pablo "partiendo de muchos
delitos, se resuelve en justificación". A partir de los delitos, que excluye todo intento de autoliberación,
se revela el poder de la gracia, por el cual se supera todo delito.
c3.2.2.3) 5,17: conclusión Qal-Wachomer
Si el pecado de Adán produjo la muerte, entonces, cuanto más engendra la plenitud de la
gracia y justicia: la vida eterna. Importante es el futuro de la plenitud de la gracia como superación de
los delitos, de donde se sigue la destrucción definitiva de la muerte al final de los tiempos: hay una
certeza del reino en el futuro.
Comparación final de la 2ª sección:
v.15 muerte vida
activo pasivo =aspecto: ya ahora
(sujeto:hombre) (sujeto: la gracia)
v.17 pasivo activo
(sujeto:muerte) (sujeto: hombre) = aspecto futuroescatológico del
todavía no"
Hay "sobreabundancia", pero no se rompe la analogía "in-existencia" de los dos lados, que es
la que recién posibilita el paralelismo del acontecimiento de Cristo y de Adán.
c3.3.) Tercera sección: doble realización de la analogía,v.18ss
Pablo no pretende hacer ahora una "comparación" después que insistió en lo incomparable del
lado de Cristo, sino que pretende mostrar que, a base de la identidad estructural de los órdenes, se
revela la evidencia interna y la validez del acontecimiento salvífico.
v.18. La analogía: "como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación,
así también la obra de justicia de uno solo procura toda la justificación, que da la vida". ¿Cómo se
estructura la analogía? Se basa en la coordinación antitética de los dos lados y su identidad
estructural. El lado de la gracia y de desgracia tienen la misma estructura lógica de causa y efecto. La
sucesión del acontecimiento parte de la obra de "Uno" y apunta a "todos los hombres". El lado de
Cristo y de Adán se interrelacionan de modo vertical más allá de la analogía: son os mismos hombres
que a causa de Adán son condenados a muerte y que gracias a Cristo reciben la vida.
1. ¿En qué consiste el momento conclusivo del período? La obra de la justicia: Cristo es la
causa que abre la salvación para todos los hombres; su obediencia en la cruz se opone a la
desobediencia de Adán. Se contraponen los dos representantes de la humanidad, pero de la realidad
adamítica son responsables los hombres, mientras que en la obra de Cristo, el Dios misericordioso se
pone de su parte. Jesús en sí no es nada, se vacía, pero es El Dios que actúa. La obra de Cristo no se
pone como ejemplo al lado de la de Adán, pues or ella se supera la obra de Adán y su consecuencia
para la humanidad. Esta idea Pablo ya la desarrolla en el v.16b y presupone el v.15 y v.17. Conclusión:
la obra de justicia de Jesús abre de hecho la justificación que conduce a la vida, abre la salvación
plena. Frente a la desgracia, que se piensa como universal y que no se puede pensar más
radicalmente, se manifiesta la certeza de la gracia victoriosa que abre para todos la vida.
v.19: La analogía. No es simple variación del v.18. Pablo fundamenta y profundiza aquélla.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 44
El v.19, hace volver su perspectiva englobante, orientada hacia la vida futura, a su punto de partida de
la justificación. 1.avance: como los muchos por Adán se presentan como "pecadores", por Cristo se
presentan como "justos". Pablo no piensa que los muchos" son mirados como justos o "declarados
justos", sino "llegan a ser justos" de la misma manera como los pecadores adamíticos "por Adán" no
son declarados pecadores, sino se constituyen pecadores; el lado de desgracia sirve
paradigmáticamente como fuente de conocimiento para la salvación. 2.Para el avance no es
constitutivo, pero significativo, que el v.19 habla de la obediencia/desobediencia y no de la "obra de
justicia"/delito como en el v.18. La obra de Cristo supera ampliamente el acto de Adán: obediencia en
la cruz (Flp.2,8) = obediencia extrema, hasta la entrega en la muerte. Esta obediencia no es algo
meramente pasado, también los justificados están bajo esta obediencia. En la medida en que se
comprenden desde Cristo, se ven integrados en su obediencia, y or El se liberan para el culto
verdadero. No hay lago intermedio entre obediencia y desobediencia.
v.20ss: la realización conclusiva de la analogía. Se concluye el anacoluto abierto desde el
v.12. La ley en el v.20 es el primer marco donde sobreabundó la gracia. No es simplemente
"así/como", sino relación incluyente: lo mismo que el pecado reina en la muerte, así también reina la
gracia. La gracia no actúa sólo en analogía al pecado, sino en el ámbito más propio del pecado, en la
humanidad poseída por el pecado, allí interviene y actúa. Los dos lados no se comportan como
"comparativo y superlativo". El pecado alcanzó su medida plena y no puede acrecentar más. Si Pablo
usa el "sobreabundó", entonces indica que el "poder de la gracia" no se puede comparar con el,poder
del pecado, porque los dos pertenecen a otro orden cualitativo; a la tiranía del pecado se opone la
gratuidad de la plenitud de la gracia.
Pablo no funcionaliza el pecado; en efecto, no dice: el pecado se hizo potente para que la
gracia se muestre sobreabundantemente. La ley acentúa lo que hay en el hombre; manifiesta la
esclavitud del hombre de la cual puede salvarse sólo por gracia, por Cristo. Entonces, para Pablo, la
ley es una entidad teológica, que prepara la revelación de la gracia. Con esto la realidad del pecado,
determinado por la abundancia del pecado, se constituye en base cognoscitiva para el lado de Cristo.
La plenitud de la gracia, la base real del lado de Cristo, se encuentra en el amor sin fondo de Dios hacia
los pecadores.
v.21: la sobreabundancia de la gracia se constituye en punto de partida para el segundo marco,
que desemboca en la vida eterna=convicción que el creyente, en el reino de la muerte, puede estar
seguro del poder de la gracia=experiencia de la vida eterna.
d) La gracia en San Juan
San Juan usa solamente tres veces el término "kharis", y las tres en el prólogo: 1,14.16.17.
Esto hace que muchos autores no incorporen la doctrina joánica de la gracia en sus escritos. Sin
embargo, dicha exclusión acusa una falta de profundidad y cientificidad que amerita ser corregida,
como lo hace, por ejemplo, Juan Luis Ruiz de la Peña. Aunque el autor del Cuarto Evangelio no use
más que tres veces kharis, el contenido del concepto está muy bien trabajado. De hecho, San Juan
identifica kharis con el acontecimiento histórico salvífico, pero emplea otras categorías, a saber: vida,
verdad, amor, luz.
Un problema que surge en su doctrina sobre la gracia es la oposición entre kharis y Ley (cf. Jn
1,17). Según algunos Juan opone al A.T. la gracia del N.T: la ley pasó. El "gracia por gracia" del v.16
debería entenderse aquí como plenitud. Interesa que algunos autores insisten en que se trata de un
comentario a Ex 34,6. Otros, en cambio, lo niegan, pero el problema se mantiene: ¿cómo relaciona
Juan Antiguo y Nuevo Testamento?
APUNTES DE CLASE 45
105
Según Ruíz de la Peña , el texto clave para comprender la gracia en San Juan es 3,16:
"Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no
perezca, sino que tenga vida eterna". En verdad este texto resulta ser estructurante, porque para
San Juan la fuente de toda la autocomunicación divina es el amor de Dios (1 Jn 4,8-16; Jn 5,16). Amor
significa que es comunión que se comunica a las criaturas.
Si recordamos a San Pablo él partía de la muerte y resurrección de Jesucristo (Gál 2,19-20;
Rom 3,21-26; 1 Co 15,1-20) para elaborar su teología de la justificación y la gracia. San Juan, en
cambio, se remonta al hecho de la encarnación. La gracia de Dios se hipostatiza y acontece en el
Verbo encranado (Jn 3,16); de tal modo que Cristo no es intermediario entre Dios y los hombres, sino el
amor de Dios en persona: "Si conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice: "Dame de
beber", tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva" (Jn 4,10). En otras apalabras, los
conceptos "luz", "verdad", "vida" y "amor", grandes universales en los cuales el hombre ha cifrado
siempre su salvación, son concretos en Jesús, vale decir, el Lógos encarnado es esos universales.
La respuesta frente al ofrecimiento del amor divino es la fe, y en esto San Jaun no se distancia
de San Pablo: "El que cree, tiene (-ya ahora-, puntualiza Ruiz de la Peña) vida" (Jn 3,3-7.15.16.36;
6,40-47). La respuesta de la fe se traduce en amor fraterno. Y esto no es una consecuencia lógica a
partir de la premisa "Dios es amor", sino la única forma cristiana de vivir la fe: "Si alguno dice: "Amo a
Dios", y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve,
no puede amar a Dios a quien no ve" (1 Jn 4,20).
Por otro lado, la fe es don y tarea. Don del Padre: "nadie puede venir a mí si el Padre que me
ha enviado no lo atrae" (Jn 6,44); elección del Hijo, y por tanto don del Hijo: "No me habéis elegido
vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros" (Jn 15,16). Pero también es tarea, en cuanto
respuesta libre del hombre. Y en este sentido podemos afirmar que es don del Espíritu Santo, porque
es él quien hace posible la respuesta. En suma, en el don/tarea se muestra la dimensión trinitaria de la
fe.
De los verbos usados por San Juan importa "permanecer" (ménein), porque nos remite a una
relación pericorética de Cristo con los cristianos, cuyo antecedente es la Trinidad Inmanente, al tiempo
que su meta.
También es destacable "Vida", en cuanto transcripcion joánica del concepto sinóptico "reino".
La vida es don divino "porque es el ser mismo del Padre dándose al Hijo desde toda la eternidad y,
106
mediante el Hijo, llegando a nosotros para asumirnos en el circuito vital de la Trinidad" .
En síntesis, el portador de vida y amor se identifica con lo que trae: Jesús es la gracia. Ningún
esfuerzo moral asegura la salvación que Cristo da sobreabundantemente: la vida nos viene por la fe. El
Paráclito introduce en la autocomunicación de Dios al hombre. En relación con el bautismo da la vida
nueva. Por el bautismo el cristiano entra en relaciones nuevas con Dios y con el hermano, con la
comunidad, a tal punto que deviene manantial de agua viva (cf. Jn 7,37).
En cuanto al origen Juan no trata de explicar etiológicamente el estado original, es decir, no
trata del pecado ni del estado original específicamente. Pero sí "todos estamos en pecado". El mal
tiene un carácter diabólico, y a veces el autor del mal es el demonio. Es también absoluta la necesidad
de la expiación para superar el pecado.
105
Op.cit., p.260-265.
106
Ruiz de la Peña, op.cit.,p.263
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 46
APUNTES DE CLASE 47
PARTE II: PATRISTICA
LA TEOLOGIA DE LA GRACIA EN LA PATRISTICA
107
I. Planteamiento del problema
107
Cf. MS IV 611-618; Th. TORRANCE, The doctrine of Grace in the Apostolic Fathers, Edimburgo 1948, 1-35.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 48
Los grandes temas de la patrística son los problemas de la Trinidad y Cristología. Dentro del
marco de la doctrina trinitaria la Pneumatología juega un rol importante. En la explicación de estos
problemas se hace presente la soteriología en su dinámica fundamental. Aparece así la determinación
del ser redimido del hombre en todos estos problemas: pero tan sólo de modo inclusivo, ya que se
habla en primer lugar de la obra de Dios y de su mediación por Jesucristo y el Espíritu Santo. En este
sentido Juan de Damaso, en su De fide ortodoxa, no ofrece ningún capítulo que trate del problema del
hombre redimido, y que como tal correspondería a una teología de la gracia, desarrollada en Occidente
a partir de Agustín.
De hecho, en un comienzo los Padres griegos continúan destacando aspectos bíblicos, sobre
todo, tomados de la teología paulina y joánica de la gracia, pues nadie podía escaparse de la fuerza de
Rom 3,4,24; 11,6; etc. Así que la teología oriental eligió como principal el de kharis entre las múltiple
expresiones del AT Y NT. La función teológica de este concepto principal no puede separarse, -igual
como sucedió en el NT-, de la fe en la iniciativa que procede del Padre por medio de su Imagen, en
virtud del Espíritu del Padre. Como tal kharis se interrelaciona con el concepto de "economía". En la
economía el acento está, sin duda, en la redención realizada por Cristo en medio de la Iglesia en el
Espíritu Santo enviado por el Señor Resucitado. Hay ciertamente también otros conceptos importantes:
imitación y semejanza es el tema central de la creación y vocación divina; y luego divinización y
divinidad, con sus respectivos compuestos.
Estos términos, como también los otros anteriormente señalados, confirman el aparente
silencio de los Padres griegos respecto a los problemas posteriores del tratado de la gracia. Al mismo
tiempo resalta la importancia de la tarea evangelizadora, pues la patrística se enfrenta con el problema
cómo mediar la fe con las formas culturales existentes en el medio ambiente. Se intenta una
interpretación filosófica del mundo siendo al mismo tiempo fiel a la revelación de Dios en Jesucristo e
impulsado por el Espíritu Santo.
La filosofía antigua, con que el cristianismo se encuentra, es una conceptualización de la
autocomprensión del hombre, de la comprensión de lo divino, y del mundo, que surgió de raíces
paganas. Se comprende el mundo como cosmos divino y el hombre como reflejo de los dioses, pero
mortal. A esto se opone la "sabiduría cristiana" como una nueva comprensión de la realidad. Dentro
de este marco de una comprensión global se interpreta también, de modo nuevo, a Dios, Jesucristo y al
Espíritu Santo. Dios se caracteriza como aquel que se autocomunica, en oposición a la imagen de lo
divino del pensar griego. Este Dios se relaciona libremente con el mundo. Jesús es comprendido
como el verdadero Logos hecho carne y el Espíritu de la Iglesia, y como tal es comprendido
simplemente como el Espíritu divino. Surge así una intelección opuesta a la filosofía griega de Dios, del
mundo y del hombre.
Dentro de este marco de la Sabiduría Cristiana que se estructura esencialmente en forma
trinitaria y cristológica. aparece también lo que llamamos teología de la gracia. Esto se sintetiza en el
conocido axioma, que ya conoce Ignacio de Antioquía, luego Ireneo, y que Atanasio formula con
profundidad y amplitud: "lo que no es asumido, no es redimido". Hay así una conciencia fuerte respecto
al ser redimido del hombre y su necesidad de ser redimido más todavía, pero se reflexiona esto a la luz
de la definición de Dios en su doble relación con Jesucristo y el Espíritu. Recién allí, donde el proceso
de esclarecimiento al respecto llega a su término se puede plantear la problemática propiamente
antropológica que nos ocupa: la libertad del hombre y su relación con la gracia. ¿Se logra reflexionar
sobre esta libertad como autoposesión a partir de otro? ¿Y esto gracias al Espíritu Santo? Desde
Ireneo hasta Juan Damasceno vale: "Dios se ha hecho hombre para que el hombre se haga Dios".
II. Los presupuestos de la teología de la gracia
Para entender adecuadamente el planteamiento de la patrística referente a la gracia es preciso
hacer presente los presupuestos fundamentales que la marcan, es decir, aquellos presupuestos
APUNTES DE CLASE 49
principalmente antropológicos que dentro de una determinada cultura se admiten espontánea y
universalmente.
El presupuesto antropológico fundamental del antiguo pensamiento cristiano es que el
verdadero destino del hombre es Dios, y precisamente Dios tal como EL existe en realidad, esto es:
como Dios trino. La dimensión fundamental del hombre es espontáneamente concebida como
dinámica vertical. Los Padres de la Iglesia, sobre todo, los de Oriente poseían un agudo sentido de la
trascendencia divina, de ahí que su teología sea apofática: "sólo conocemos a Dios en lo que El no
es". El dilema que se plantea al teólogo griego consiste en superar este abismo infranqueable entre
Creador y creatura. El distanciamiento siempre más grande entre la naturaleza divina y la humana se
hará todavía más evidente en las más grandes semejanzas (in tanta similitudine) del hacerse carne del
108
ser divino en el hombre . El único camino abierto para superar este abismo no es otro que la
divinización del hombre. Pero es absurdo pretender atribuir a la palabra "divinización" un sentido que
menoscabe la absoluta primacía y trascendencia de Dios en la obra creadora y redentora realizada por
109
el Espíritu Santo .
III. Los antecedentes
Los Padres al describir la acción y el designio de Dios sobre el hombre como divinización no
aparecen de la nada, sino que se hacen eco y recogen dos fuentes fundamentales de pensamiento:
a) Platonismo, neoplatonismo, estoicismo
Tenemos un antecedente a la doctrina patrística en la doctrina de la deificación tal como ésta
aparece en el platonismo y en el neoplatonismo. Caracteriza a este tipo de pensamiento un dualismo
metafísico fundamental que distingue y separa la realidad mutable, corporal y la realidad eterna,
espiritual. En la primera esfera domina la materia, que es el fundamento metafísico del mal y, en la
segunda, empero, las ideas. Correlativamente se postula un dualismo antropológico básico. El hombre
está compuesto de dos principios totalmente diversos y contradictorios. El principio inmaterial y
espiritual del alma, que es eterno e inmutable, y el principio material del cuerpo que es la cárcel del
alma.
El alma habita primitivamente en la esfera espiritual, pero de allí cayó a la esfera material, en la
cual se encuentra esclavizada. Desde aquí el alma ansía su liberación, es decir, recuperar su lugar
originario en la esfera espiritual. En el platonismo juega un rol importante la idea de la semejanza a lo
divino. La relación de lo divino con el hombre se describe como relación luz-sombra. EL hombre para
alcanzar la verdad divina, debe convertirse a la luz divina y hacerse luz cada vez más, es decir, dar
cada vez más cabida a la luz.
A pesar de la semejanza, en la doctrina de los Padres griegos hay diferencias con Platón, el
neoplatonismo y el estoicismo. La diferencia decisiva consiste en que en la patrística todo el
acontecimiento de la deificación se encuentra relacionado con el acontecimiento concreto de
Jesucristo. No en la aversión a lo sensible y la conversión a la luz, luz que ilumina la razón del hombre,
sino precisamente en la esfera de la carne aparece el mismo Logos en los abismos de la esfera de la
historia fáctica; Dios se comunicó. En el pensar platónico el asemejarse a lo divino se describe como
una estructura óntica de ser espiritual del hombre. En la patrística la semejanza con Dios es pensada
como posible gracias al Lógos encarnado. De ahí resulta una perspectiva totalmente contraria a la
filosofía platónica. El principio estructurante es distinto. El proceso de la deificación es desplazado al
108
H. Urs von BALTHASAR,MS,II,35
109
MS IV/2,612
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 50
nivel de la facticidad histórica.
Además se expresa, en la patrística, de modo muy distinto el elemento de la libertad humana,
con respecto a la filosofía platónica y estoica; pues en la patrística griega se piensa la relación de Dios
con la creación de antemano como una relación libre, y así también se lo consta respecto a la
redención. La relación de Dios con el hombre no se da simplemente como la del "Bien divino" que
ilumina la "nous" (razón) humana sin interrupción. Con esto el concepto de Dios también llega a ser
totalmente otro que en la filosofía platónica. Lo divino, en la filosofía platónica, es pensado por Platón
como neutro que se manifiesta en las realidades finitas, contingentes, sobre todo, en el alma. Lo
divino, el Bien, es la causa de todo lo que existe. De ahí es imposible en el pensamiento platónico que
el hombre sea comprendido como el totalmente alejado de Dios. En el concepto patrístico de la
deificación se supone de antemano un concepto de Dios libre. Dios no es el bien abstracto, la
respuesta a todo lo que existe, sino es el origen libre, personal, del mundo y del hombre. Su relación
libre con el mundo y el hombre, sin embargo, es cuestionado por el hombre a causa del pecado. Si en
la patrística se habla de la divinización del hombre con la mirada puesta en Jesucristo se trata de otro
nivel respecto a la relación entre Dios y el hombre, como en el pensamiento platónico. La nueva
concepción de Dios y del hombre se da en la patrística a base de la confesión de fe cristiana. De ahí
que cabe señalar un último antecedente, pues la divinización no es mero fruto del esfuerzo, sino el
resultado de la gracia que opera y transforma la libertad del hombre.
b) El hombre, imagen y semejanza de Dios
Ya en el Génesis se habla del hombre como imagen y semejanza. El tema reaparece en el
110 111
libro de la Sabiduría y Santiago . Pablo retoma este tema en 1 Cor 11,7. Es conocido, además, el
lugar que ocupa en su teología el tema de los dos Adanes. Cristo, el segundo Adán, es la cabeza de
una humanidad renovada (2Cor.5,17-19), el que establece una nueva vida (1 Cor 15,21-22). En la
nueva creación establecida por Jesucristo se trata de "conformarse" según la imagen del Hijo (Rom
8,29). Entre Jesucristo y el creyente se establece una dinámica de identificación (Flp.2,5). Se
establece un "nuevo hombre" (Ef.2,16). El cristiano participa en Cristo de la "plenitud de la divinidad"
(Col.2,9). Pablo reconoce en sí mismo a Cristo (Gál 2,20). A través de Cristo, el hombre se encuentra
reconciliado con Dios (Rom 5,10), los hombres son hijos de Dios (Gál 3,26), herederos de Dios (Rom
8,17), santificados por el Espíritu de Dios (Ef. 2,22) en él; es decir, en Pablo, vive el Espíritu de Dios (1
Co 3,16). La plenitud futura consiste en "estar con el Señor" (1Tes.4,17), en ver a Dios cara a cara (1
Cor 13,12), en que "Dios sea todo en todos" (1 Co 15,28).
De la misma manera en Juan encontramos los temas de la vida, de la luz, con los cuales se
describe la obra de Jesucristo (Jn 1,3ss) y, además, en él se le atribuye a la encarnación del Lógos un
lugar central (Jn 3,15,16). En el creyente habita la Trinidad (Jn 14,15-23), es hijo de Dios.
Es preciso recordar, por último, 2Ped.1,4, en el cual la promesa de Dios hecha en Jesucristo se
describe como "para que a través de éso llegues a ser partícipes de la naturaleza divina". Este texto
tendrá gran importancia.
IV. Los elementos constitutivos del proceso de deificación
Divinización no significa un proceso mecánico que deriva de la creación o es producido
mágicamente por la encarnación del Logos, sino que concierne tanto a la libertad de Dios, en cuanto
regalo y don, como a la libertad del hombre.
110
2,23
111
3,9
APUNTES DE CLASE 51
a) La libertad de Dios y la libertad del hombre
Muestra Ireneo, en su lucha contra el determinismo gnóstico, que el Creador del mundo es el
único Dios verdadero, subsitente e incognoscible en sí, que ha dispuesto y creado todo libremente , sin
tener necesidad de nadie para introducir todo -a través del desarrollo de la economía de su amor- en
la participación de su propia plenitud fuera de la cual no hay nada. De ahí que el verdadero Dios es
para el hombre "Aquel que está para ser visto". Para esta visión el hombre ha sido puesto en este
mundo, es su destino y meta –Gn 1,26ss. Esto significa que el ser humano no ha sido arrojado
ciegamente al mundo, ni que esté siempre ahí, sino que debe su existencia a la solicitud inmerecida del
mismo Creador, quien lo ha creado "a imagen y semejanza suya". Sobre esta "mixis" (mezcla) inicial
de cuerpo - alma y Espíritu Santo se desarrolla la formación continua de lo terreno hacia el hombre
propiamente tal, el hombre perfecto, espiritual. Este desarrollo a lo largo de la historia está orientado
por la "imagen" según la cual el hombre fue creado: la forma del Verbo en cuanto Cristo glorificado. La
similitud con esta imagen es la meta de la "semejanza", es una dinámica vital empujada por el mismo
Espíritu de Dios. Muestra así Ireneo que el hombre necesita de Dios. Si carece de él, deja de existir.
Sin embargo, no está obligado a acoger la dinámica del Espíritu en su vida. Puede resistirlo como lo
hizo Adán. Pero en la medida en que la acoge libremente aprende a responder al amor inmerecido de
Dios. Y amando a Dios, Vivo y Verdadero, lo conocerá de manera nueva, lo verá. Esta visión de Dios
ya no es por providencia, sino según dilección, está condicionada a una nueva iniciativa de Dios
alcanzable para el hombre sólo a través de la progresiva realización de su historicidad.
Orígenes comprende el ser humano como un ser libre que se auposee, automueve "desde
dentro" como un "ser racional". Como tal es capaz de juzgar, lo que significa "moverse desde sí
mismo" y a sí mismo, por propia cuenta. Este "estar en nuestro poder" lo concibe Orígenes como "libre
albedrío". Las circunstancias pueden ser de mucho peso, pero siempre el hombre puede resistir. El
ser libre no significa ausencia de toda influencia adversa. Lo adverso es para ser aprobado. Siempre
el cambio es posible, como lo muestra la pedagogía; así el hombre deviene, su naturaleza no tiene
fronteras. Más allá de este "ser racional" se constituye por la participación en el logos de Dios. Esto
supone el ser creado a imagen y semejanza de Dios. La imagen es comprendida como situada en la
parte superior de la "psyche", el logos que al unirse con el "soma" (=cuerpo) entra en una situación
óntica compleja, situación que cabe al hombre asimilar a través del transcurso de la vida para obtener
de esta manera la semejanza en el Espíritu. Con esto, el libre albedrío, sin duda el núcleo de la
personalidad, se proyecta como proveniente de un momento del cual no puede disponer: su origen,
hasta llegar a la consumación irrevocable e irrepetible de su existencia, el fin. Hay así una dinámica
que se gesta a partir de la "imagen" recibida para conquistar la "semejanza" por la participación libre en
el logos de Dios. La dimensión propia del "libre albedrío" se trasunta así en la dinámica teológica de
una existencia verdaderamente libre ante Dios, quien se anticipa a esta misma dinámica. Pero este
ser libre fue creado según la imagen del Logos de Dios. El Logos, a su vez, es la Imagen del Padre, y
como tal se encarnó asumiendo la situación del hombre en su origen deshecho. Este origen lo restaura
en su muerte y resurrección el Logos encarnado para que al fin Dios sea todo en todos.
Atanasio y los padres Capadocios insisten fuertemente en el aspecto de la divinización.
Afirma Basilio que los cristianos son "dioses según la gracia", y que ellos "han sido divinizados a partir
de la gracia del Señor". Para alcanzar la salvación el hombre necesita de la gracia, que se le
manifiesta experimentalmente en la gracia del Espíritu santo. En este proceso el cristiano participa
actualmente en forma activa; la gracia no sustituye sus fuerzas, sino motiva la voluntad para el bien.
Al final de la patrística griega se acentúa más todavía el aspecto de la libertad. Máximo el
Confesor afirma: "Son divinizados por gracia los que hacen esfuerzos espirituales; no está en nuestras
fuerzas realizar la divinización, sino que es la demostración de la omnipotencia del Creador que los
que aman el bien devengan lo que EL es". El hombre tiene dos alas, la libertad y la gracia. Para
Máximo el Confesor el hacerse semejante con Dios está mediado por Jesucristo. Partiendo del
principio que nuestra libertad no estaría redimida si el Logos no hubiese asumido la libertad humana, la
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 52
"autexousía", Máximo acentúa que la redención se realizó precisamente por la obediencia de
Jesucristo, el cual perseveró en las tentaciones y la angustia, la entrega personal en la cruz.
El camino del hombre, en la redención queda doblemente determinado por Máximo: se trata de
un asemejarse a Dios; aquí se dan enunciados tradicionales: una superación de los problemas carnales
por una vida virtuosa y los eslabones de ascenso, que son hechos posibles desde Dios, por su gracia.
Al mismo tiempo, y casi en forma paralela, Máximo describe la semejanza como co-realización e
imitación del camino de vida y pasión de Jesucristo. Así Máximo demuestra explícitamente como se
repite en la vida del cristiano la "passio Christi" con sus tentaciones. El cristiano sólo puede seguir este
camino en la fuerza del Espíritu, en la unión con Cristo. En Máximo se acentúa así el momento de la
libertad. Pero la deificación y el hacerse semejante a Jesucristo no se encuentran mediados
especialmente.
b) El Espíritu Santo
La divinización es la obra fundamental del Espíritu Santo. La encarnación del Logos pone, por
así decirlo, el fundamento de la divinización.
Para Ireneo el hombre espiritual puede ver a Dios de modo perfecto. Esta experiencia está
condicionada al dinamismo del Espíritu Santo. Es EL, el Espíritu del Padre, entregado a los hombres
por el Hijo a raíz de su resurrección quien introduce al hombre espiritual en la visión de Dios,
enseñándole a creer en Dios de una manera y ofreciéndole un culto espiritual. Gracias a su fuerza el
hombre puede dirigirse confiadamente al Padre exclamando "Abba". Este clamor filial es posible sólo
en la medida en que el Espíritu es para el hombre comunión con el Hijo. Se trata de una comunión
inacabada, nupcial, que significa participación y posesión plena. Destaca aquí una profunda pasividad
en el ser humano que representa al mismo tiempo máxima libertad y acción creatural. El hombre
perfecto es conducido por el Espíritu al Hijo, a la unión de vida y destino con el Señor, a quien cree, a
quien ama. Siempre de nuevo vuelve San Ireneo sobre esta dinámica que establece y robustece el
Espíritu para afirmar de inmediato que es dentro de esta comunión con el Hijo donde se ilumina para el
hombre el rostro del Padre, haciéndose visible el Invisible. De esta manera el hombre es llevado por el
Hijo al Padre. San Ireneo concibe esta llegada al Padre como un encuentro de amor bondadoso y
misericordioso, una visión de máxima gratuidad y plenitud, pues es el Padre quien ofrecerá al hombre
la incorruptibilidad, la participación plena en su gloria. Esta plenitud futura ya irrumpe en el momento
presente aquí en la tierra, sometiendo la vida del hombre espiritual a una tensión salvífica que aspira a
lo definitivo.
Orígenes. La noción "Pneuma" es una noción clave para este autor. Orígenes trata de
precisar el sentido del Pneuma divino para descubrir la naturaleza del pneuma participación participado.
En Co.XIII 21-24 explica a Jn 4,24 señalando una influencia especial que ejerce el Espíritu en la
comunicación de la vida divina. La situación del hombre en el mundo es el resultado de la caída. La
situación presente del hombre se define en función del Pneuma como una situación comprometida en
el mundo, donde las circunstancias han cambiado; constituyen al hombre terrestre dinámicamente a
partir de diversos elementos; el pneuma es el núcleo de la historia, marcada por una doble tensión: el
antagonismo de la carne y del pneuma y la dialéctica de cuerpo y pneuma. El pneuma humano es
intrínsecamente santo porque participa en el Espíritu que es Santo. El pneuma es el mejor elemento
en el hombre porque es participación en el Espíritu divino. Al Espíritu le es propio la acción santificante
al interior de la vida trinitaria. Por su presencia en nosotros el pneuma humano deviene santo, porque
es el efecto producido por la acción santificante del Espíritu divino en el hombre. La acción santificadora
del Espíritu divino Orígenes la expresa por la idea de la vida. El Padre se llama Pneuma en cuanto
comunica la vida divina. El Espíritu Santo es vivificador. Participando del Espíritu Santo vivimos la
"vida pneumática". Privado del espíritu el hombre se torna terrestre. La renovación del hombre interior
consiste en recibir el Espíritu Santo. Este Espíritu Santo habita en las almas como en una mansión. La
participación en el Espíritu supone afinidad de naturaleza. El efecto de la santificación es exterior e
interior, creado por el Espíritu, pero no se trata sólo de efectos: el pneuma humano como tal participa
del Pneuma divino. Nosotros vivimos la vida pneumática y somos santos por nuestro espíritu. Este
APUNTES DE CLASE 53
pneuma nuestro subsiste como participación del Pneuma divino, y así deviene santo. Nuestro pneuma
es discípulo del Espiritu Santo, que es el Maestro. El Espíritu Santo nos toma de la mano. La
participación en Dios se constituye por un movimiento descendente en orden a las personas; el
ascendente se da en el Espíritu hacia el Hijo, y termina en el Padre. La participación en el Padre o en
el Hijo es imposible sin el Espíritu Santo. El Espíritu Santo guarda su rol: como punto de llegada
deviene en punto de partida del ascenso. La participación en el Pneuma se encuentra en el núcleo de
la vida divina, a la cual Dios nos llama. Resumiendo: el penuma humano es parte del hombre
completo, es intrínsecamente santo y de modo necesario. Sin embargo, la santidad del hombre queda
sujeta al libre albedrío. El pneuma es la facultad del ardor espiritual; su rol es activo y el alma es
pasiva, ella recibe.
Orígenes ofrece luego una interpretación peculiar de Mt 18,1-6: el niño que Jesús pone en
medio de los discípulos como ejemplo de cómo recibir el Reino; este niño es el Espiritu Santo, quien se
humilla al bajar de las alturas; al creyente le cabe imitar al Espíritu Santo en su "kénosis"
(=abajamiento) a causa de la salvación del hombre. Ciertamente no todos reciben al Espíritu Santo de
la misma manera, pues los "carismas" son distintos.
Escribe Dídimo el Ciego: "Con Dios Padre y su Hijo nos restablece de nuevo el Espíritu, según
la imagen primitiva por medio de su presencia El es la causa de que nosotros lleguemos a ser hijos y
dioses. Ninguna otra creatura puede hacernos hijos y Dios como El". La acción divinizante del Espíritu
es un argumento central en las discusiones pneumatológicas, por medio de ella se fundamenta la
divinidad del mismo Espíritu Santo. Atanasio: "El Espíritu glorifica al Logos en la creación, en la
medida que la diviniza y adopta, la lleva al Padre. Lo que une a la creación con el Logos no puede ser
algo creatural... por lo tanto el Espíritu tampoco pertenece a lo creado, sino que tiene su origen en la
divinidad del Padre. En él divinizó el Logos lo creado. En aquello en lo cual es divinizada la creación,
eso no puede estar fuera de la divinidad del Padre". Gregorio Nacianceno se pregunta en el mismo
sentido: "Si el Espíritu hubiese sido creado conmigo, cómo podría entonces hacerme Dios, como podría
tocar la divinidad?" En fin, el Espíritu es la "cinta mística" que une el cuerpo místico de Cristo, que une
al Señor con su cuerpo, que transforma los creyentes en Cristo, que funda la Iglesia. Pentecostés es el
segundo momento de una misma dinámica, es la culminación de la encarnación. Es el Espíritu que
reestablece la semejanza divina en los hombres. Así la actividad carismática se centra y remite
esencialmente al Espíritu. "El hombre no sólo es originario y naturalmente "pneumatóforo", sino que
incluso después del pecado permanece, como dirán los místicos bizantinos, participante en potencia
del Espíritu".
c) La pedagogía divina
Los Padres griegos ciertamente no reflexionan su teología de la gracia en un esquema
ahistórico y atemporal, de naturalezas abstractas, sino prestan mucha atención a la economía. Para el
griego clásico "Paideia" significa llevar al hombre al desarrollo de su auténtico ser. Los Padres griegos
van a situar y entender toda la divinización como un proceso de la pedagogía divina, proceso que va de
la imagen a la semejanza. A diferencia del platonismo y estoicismo la Paideia de que aquí se trata es
una que se centra históricamente, lo que significa no evadirse de la historia material y perecedera, del
sombrío acontecer para refugiarse en la luz de las ideas. La paideia divina de la que hablan los Padres
griegos se centra en el hecho histórico de Jesucristo. Significa que todo lo que sucede en la historia
tiene una función pedagógica. Este hecho establece una dinámica absolutamente contraria a la que se
da en el platonismo y en el neoplatonismo. La pedagogía divina lleva a la divinización, pero no por
medio de las ideas, sino a través de la historia, por medio de la carne.
Según la visión de Melitón de Sardes el tiempo de la Iglesia es un tiempo de gracia, relacionado
con la tipología paulina: la obra se revela como gracia de Dios, como orden universal nuevo definitivo,
de salvación. Este reemplaza la ley. Son sobre todo Ireneo, Tertuliano y Orígenes que desarrollan esta
idea de la pedagogía divina. Es interesante el aporte de la Carta de Diogneto: la gracia es un concepto
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 54
central para describir la realidad nueva, dada por la Encarnación de Jesucristo. En estrecha
interrelación con la doctrina paulina de la justificación este autor describe la existencia cristiana en el
mundo como vida a partir de la bondad y misericordia de Dios.
La interpretación histórico salvífica del concepto "gracia" lo presenta Ireneo como teología de la
historia y soteriología; el concepto central de "economía" corresponde al concepto de "oikonomía". La
salvación comunicada por la Encarnación de Jesucristo significa un progreso de la humanidad en la
gracia con respecto al AT; el cristiano recibe el don de la vida nueva y del Espíritu Santo en el bautismo
112 113
como gracia , y se orienta hacia la plena realización en la consumación escatológica . Como
creatura el hombre se caracteriza por el hecho que él recibe su existencia de Dios y está llamado a la
114
comunión con Dios . Pero por propia cuenta no puede alcanzar este destino (Ireneo toma en serio el
peso que tiene la "caída" y la privación del Espíritu Santo), sino por misericordia en Jesucristo -
115
personificación de la gracia- . Cristo le entrega nuevamente el Espíritu Santo.
Orígenes apunta a una armonía entre la gracia divina y la libertad humana. Dios es bondad
que se autodona y se revela en el proceso de la historia de la humanidad caída como providencia y
pedagogía, para hacer volver al hombre a la comunión con Dios. De esta bondad resulta la revelación
en Jesucristo como también la donación en el Espíritu Santo, que ambos juntos son la máxima
expresión de esta bondad y gracia.
Atanasio continúa la visión histórico salvífica que corresponde a la de Ireneo, como también se
inspira en la cristología de Nicea. De ahí que su doctrina de la gracia adquiere un acento más
soteriológico. Cristo como mediador en la creación y redención y como verdadera Imagen de Dios
representa la unidad de naturaleza y gracia que el hombre perdió por el pecado. Para que la creación
tan imperfecta adquiera su meta es necesario una nueva comunión de la gracia.
En resumen, la divinización no es un proceso que pasa al lado de la historia, sino que es en la
historia y de la historia; es razón histórica en cuanto pedagogía.
V) La pregunta por el origen
a) Los autores del siglo II
Los autores de la primera mitad del siglo II, dedicados en su mayoría a problemas eclesiales
internos, no plantean la pregunta por el origen. Se refieren ciertamente al hecho que la muerte
apareció en el mundo por el pecado de Adán; a la caída de los primeros padres; y exhortan a la
comunión eclesial evocando la condición en la cual el hombre aparece en el mundo. También
destacan la conexión entre el pecado original y el género humano.
Cuando, luego, en la segunda mitad del siglo II la teología se abre más "ad extra", a la cultura
helénica, la pregunta por el origen debía conformarse con los planteos y soluciones filosóficas y
gnósticas del problema del mal que llevó a los Padres Apologistas a concentrase en el "pecado
personal" para salvaguardar la libertad, sin poder tomar en cuenta suficientemente un "poder
112
Adv. Haer. III 17,3.
113
Ib.110,1; V 8,1
114
Ib. IV 11,2
115
Ib.III 20,3
APUNTES DE CLASE 55
pecaminoso" previo a la decisión libre del hombre. Justino describe el estado originario ciertamente por
116
la capacidad de razonar y hacer el bien . Los primeros Padres han sido creados "a imagen de Dios";
libres de sufrimiento y muerte.
Mientras que los datos hamartiológicos dependen mucho de especulaciones helenísticas, sin
tomar en cuenta suficientemente las fuentes bíblicas , hasta el momento, la teología a fines del siglo II
integra efectivamente estas fuentes y muestra un interés peculiar por la historia de salvación. En esta
perspectiva más bien soteriológica Teófilo de Antioquía, en su primer comentario al Génesis, ofrece
una comprensión histórico-salvífica del "paraíso" ciertamente como lugar eminente, en que el hombre
posee dones especiales como la ausencia de sufrimiento, paz, etc., pero no de modo perfecto. Por el
contrario, el estado paradisíaco de los primeros padres es un estado de niño (II,25) que se orienta por
un progreso espiritual hacia la perfección. El hombre posee desde un comienzo la inmortalidad
(prerrogativa divina), y no sólo el alma. Haciéndola suya, el hombre se autorrealiza ciertamente no por
un esfuerzo propio, sino con ayuda de la gracia de Dios, quien regala al hombre que obedece la
inmortalidad como "don de amor y misericordia" (II,27). Así, el paraíso es comienzo de vida eterna y es
concebido en vista al segundo paraíso, el que sigue a la resurrección y juicio final.
El hombre, según Teófilo, perdió este estado por el pecado de la desobediencia, que tiene
consecuencias fatales como la miseria, el dolor y la muerte (ii,25). Demuestra con esto Teófilo que
piensa la solidaridad del género humano en el pecado original como lo hace Rom 5,12ss, sin citar
explícitamente este texto. El autor explica tan sólo una situación de desgracia proveniente de Adán
(II,26) como una "especie de exilio".
En el discurso a Diogneto se trasluce una cercanía al pensamiento paulino. El paraíso es una
entidad actual que lleva consigo la imagen del paraíso protohistórico, es decir, la verdadera vida en el
conocimiento real - c.12- Esta vida verdadera la devolvió Cristo a la humanidad después de un tiempo
de pecado sin salida -c.9-, que es como "un río de pecados" personales que provienen del tiempo de la
injusticia -c.9,1-, un estado de perdición universal en que se encuentran todos los hombres. Pero es,
sobre todo, Melitón de Sardes quien en su "Homilía de la Pascua", presenta una visión plenamente
histórico-salvífica del planteo de la pregunta por el origen. "Paraíso" y "caída" son comprendidos a
partir del paralelismo Adán-Eva/Cristo. Pero el autor aporta una fórmula nueva al designar las
consecuencias del acto pecaminoso de Adán como herencia -"kleonomía"- de impureza,
corruptibilidad, difamia, muerte y perdición que el primer padre dejó a sus hijos. Sin explicar
mayormente la herencia como conexión entre la desgracia del primer padre y de la humanidad, el autor
permite apreciar la idea aristotélica de la causa eficiente. La solidaridad se da a nivel de las
consecuencias del pecado, no en lo que se refiere al mismo pecado de Adán. Esto significa que el
pecado no entra en el hombre, sino que el hombre se integra en la perdición dejada por Adán. La
herencia consiste, por consiguiente, en un estado de desgracia, una condenación, una situación
personificada del pecado que determina la situación del hombre. Melitón presta atención, luego
también a los pecados personales de los hijos de Adán.
Finalmente Ireneo ocupa un lugar en la evolución del dogma del pecado original, llevando a una
primera síntesis final ciertos "gérmenes" anteriores, a base de su comprensión de la creación y
salvación en la unidad de una economía única. Esta visión unitaria, la recapitulación, demuestra su
fuerza estructurante en el planteo de la pregunta por el origen. Ireneo habla del "paraíso" generalmente
como del "carácter pasado" del hombre. Comprende este estado, sobriamente descrito, a la luz de
Adán como niño, lo que significa que los primeros padres poseían una índole e inteligencia infantiles,
como corresponde a individuos recién nacidos a la existencia y llamados a crecer y hacerse hombres
perfectos. Esta "infancia" no se coloca, según Orbe, en el organismo recién formado, sino en el juicio
inexperto, pero suficiente para obedecer con mérito a Dios y para desobedecer, cometiendo una
verdadera transgresión. Estos niños en edad, después de haber alcanzado la perfección mental
deberían ir creciendo en orden a la divina perfección a "imagen y semejanza de Dios". Tanto el hombre
como el género humano como tal serán perfectos cuando reviste en cuerpo y alma la incorrupción del
Espíritu, "a imagen y semejanza de Cristo glorioso".
116
Apol. I 28,3
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 56
El primer Adán como "typos del futuro" vivió en una inocencia infantil que no tenía la vida
posterior "llena de tristeza, penuria y gemidos". A este estado originario corresponde una componente
mística, pues "el Verbo de Dios conversó con el hombre y habló con él sobre el futuro y le instruyó
sobre lo que debía vivir". También poseyó el Espíritu Santo, pues el primer Adán confiesa que perdió el
"vestido de la santidad" que recibió por el Espíritu. El primer hombre fue formado, luego recibió el alma
y finalmente entró en comunión con el Espíritu Santo. A lo mismo apunta la afirmación que Adán
después de la caída perdió la vida, pero si se covirtiese, recibiría el Espíritu vivificante, reencontrando
así la vida. Resalta la necesidad de la evolución. Lo perfecto del hombre no resulta ser para el hombre
algo futuro en el sentido absoluto e inalcanzable, sino en el sentido que lo que no puede recibir en la
infancia original, lo recibirá a través de la evolución posterior gracias a la encarnación del Logos.
Según Ireneo, el camino del hombre a la perfección sufre una interrupción brusca por el pecado de los
primeros padres. Dentro de su teoría del niño, el autor juzga menos grave este pecado. Sin embargo,
señala claramente las consecuencias graves que tiene este pecado para los primeros padres. Adán y
Eva perdieron la "Stola sanctitatis" y la semejanza con Dios.
La verdadera dimensión del pecado sale a la luz con la obra redentora de Cristo. Para esto
Ireneo usa Rom: todos se constituyen pecadores... "No se toma en cuenta los pecados personales,
sino se presta toda atención a la relación Adán-género humano. En lugar de la personalidad
corporativa -San Pablo- Ireneo usa la unidad adamítica de la humanidad como argumento básico.
Ireneo abre aquí el camino de una concepción salvífica del pecado de Adán que la tradición
griega sigue, sin cambiar mayormente su ruta.
b) La tradición romano-africana. Tertuliano/Cipriano
En occidente las ideas provenientes de Pablo e Ireneo encontraron condiciones más favorables
que en Alejandría, llegando así a una formulación más concreta de la idea de pecado, debido a la
influencia romana que es marcadamente pragmática. Es significativo que no en la misma Roma, sino
en la Africa pro-consularis, Cartago, se desarrolla una conciencia eclesial propia que lograría dar
formas nuevas a los datos de la Tradición. En Tertuliano encontramos fórmulas decisivas que desde
Agustín determinan y caracterizan la doctrina eclesial del pecado original como "vitium originins",
"corrupta naturae", "tradux peccati". Más importante son, sin embargo, los siguientes factores a) La
coherencia interna de la misma doctrina del pecado original claramente destacada por Tertuliano b) La
orientación unilateral por un modelo determinado, fácilmente comprensible.
1.- Tertuliano orienta su teología por la historia de salvación, pero también presta mucha
atención en lo doctrinal jurídico, según lo cual, bajo la influencia estoica, se comienza a concebir la
realización de la naturaleza orientada por el bien. El primer hombre no sólo fue "imago et similitudo
Dei" (imagen y semejanza de Dios), sino también fue bendecido de modo especial por una "gratia
paradisi" (gracia del paraíso) que muy probablemente no es el Espíritu santo, sino un resplandor. La
naturaleza humana no tocada por el pecado tiene la capacidad de alcanzar su fin hacia una semejanza
con Dios. El estado originario es íntegro, libre de concupiscencia y también es un "novum" (nuevo)
para la vida actual y la meta del futuro. El elemento más importante es la inmortalidad del hombre, no
tocada por el pecado. La muerte no pertenece a la naturaleza del hombre, sino a la "otra naturaleza",
posterior, que crea el diablo. Tertuliano se encamina hacia el desarrollo posterior de los "dones
naturales" (la gratia paradisi).
2.- La comprensión del estado originario es histórico real, así también la explicación del pecado
a base de la unidad del género humano en Adán. La solidaridad de los hombres en Adán por el pecado
remonta a la interrelación generacional. Tertuliano habla de una contaminación física por el pecado,
debido a la generación. Hay un interés por una comprensión real objetiva de la naturaleza histórica del
género humano en sus diversas etapas. Concibe el autor la caída de Adán como decisión libre bajo la
seducción del diablo; esto es el delito primordial. Para todos los hombres tenía este pecado las
mismas consecuencias que para los primeros padres: pérdida de la inmortalidad, gracia del paraíso,
APUNTES DE CLASE 57
trato familiar con Dios, muerte. Adán es "fons matrix omnium" (origen de todos). Hay una inclusión de
Adán en el género humano.
Tertuliano, sin embargo, no anticipa el "dogma posterior" como se puede apreciar cuando nos
fijamos en lo que el autor entiende por el mal propagado. Este es una carencia que se da con
anterioridad a la existencia del alma individual, no tiene su causa en la unión matrimonial. La cuestión
decisiva es saber si Tertuliano entiende bajo "lo transmitido" el mismo pecado de Adán. Fórmulas
como "naevus peccati", "alma peccatrix" parecen indicar esto. Pero "pecado" es aquí sinónimo de
impureza: la pecaminosidad es consecuencia de impureza del alma que la derrama sobre la carne. Por
su orientación estoica Tertuliano está convencido de la bondad original del hombre; por eso sostiene
que la luz de la razón y el libre albedrío no se pierden nunca. De ahí que la restauración del ser
humano es posible. El mal no es una sustancia en el hombre, pero sí es comprendido como una
realidad psíquico física que, mirada más de cerca, resulta ser más que el mismo pecado, la
consecuencia de él. Tertuliano ve necesario el bautismo de niños, pero por razones pastorales prefiere
una edad más avanzada.
3.- Cipriano: subraya más que Tertuliano la idea del "pecado hereditario", describiendo el
estado original como gracia. Su desarrollo menos teológico que práctico se detiene en las
consecuencias del pecado de Adán para insistir en la necesidad del bautismo de los niños.
Un aporte propio de Cipriano se da en la caracterización de la "herencia" como "peccata", no
propia sino aliena". No se trata de las meras consecuencias del pecado original, sino el plural
"peccata" es equivalente a la pecaminosidad interna; los niños se encuentran privados de gracia y en
pecado, de modo distinto que los adultos con sus pecados personales. Bajo "peccata aliena" Cipriano
entiende una pecaminosidad formal a partir de Adán.
El sínodo de Cartago insiste en la necesidad del bautismo de niños como testimonio implícito
para la verdad de una pecaminosidad interna que se debe al hecho que el hombre se ubica en la
sucesión generacional. Es notorio que la Iglesia de Africa obtuvo este progreso con mucha anticipación
a la controversia pelagiana. El ejemplo de Cipriano demuestra que no sólo constelaciones externas,
sino más bien, fuerzas internas, provenientes de la fe y de la praxis aportan para una profundización de
la comprensión de la verdad de la fe.
c) La consolidación de la comprensión del pecado original en la patrística latina anterior
a la controversia pelagiana.
Durante el siglo IV la reflexión teológica en torno a la pecaminosidad universal del género
humano en Adán entra en un contexto nuevo, con condicionamientos espirituales distintos. A partir de
los cambios producidos desde Constantino la teología -más que contra adversarios externos- tiene que
enfrentarse "ad intra" con errores y herejías, lo que lleva a una profundización dogmática a partir de los
propios orígenes paulinos (Rom 5,12). La verdad del pecado original se comprende en interrelación
con otras cuestiones más amplias de la verdad de la redención. Para estas tareas la teología
occidental fue capacitada por una serie de factores que puede llamarse "mentalidad romana": la
tendencia a equilibrar la autoridad magisterial ya existente con la "razón inteligente"; una comprensión
objetiva de cuestiones doctrinales; una delimitación al pensamiento jurídico y la praxis eclesial,
especialmente en lo que se refiere al bautismo de los niños. Esta evolución desemboca en San
Agustín, quien se basa en la simbiosis de dos corrientes, la latina y la oriental hecha por Ambrosio.
La evolución relativamente independiente en Occidente contiene aporías, retrocesos y desvíos,
en la reducción filosófica de Lactancio y Mario Victorino, -desviaciones típicas de una fase de
transición-, sin efectos históricos. La evolución hacia un "agustinismo previo a Agustín" se abre, luego,
a las influencias griegas en Hilario de Portier, el "Atanasio del Occidente. Este autor ofrece datos
sólidos respecto a la doctrina del "estado original", de la unidad entre Adán y el género humano, de la
transmisión del pecado original. Es, luego, Ambrosiaster quien comenta a San Pablo en una
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 58
constitución de conceptos en torno a San Pablo.
d) El desarrollo de la doctrina de la privación universal de la gracia en la teología griega.
La teología griega no toca directamente la problemática del pecado original. Esto llevó a
muchos estudiosos a afirmar que la teología griega desconoce un tipo de pecado original como se lo
conoce en Occidente. Pero no sólo hay que fijarse en los conceptos desarrollados sino en el
pensamiento de fondo. De ahí que la pregunta por el origen aparece en la síntesis soteriológica de
Atanasio y de los alejandrinos a la luz de su cristología y soteriología. Esta no remonta al pecado sino
al plan de salvación preconcebido antes de la creación y que luego es re-creado en Cristo. En Cirilo de
Alejandría la pneumatología desarrollada permite captar el contraste con el hombre caído. Con su
desobediencia Adán perdió no sólo el Espíritu Santo y su relación al Hijo, sino también la inmortalidad y
domino sobre sus impulsos.
Los Padres Capadocios acentuaron luego la idea de la solidaridad, siguiendo la línea de Ireneo
y Atanasio; sobre todo Gregorio de Nissa aporta elementos más precisos. La escuela antioquena
ofrece una integración racional del pecado original, a partir de la exégesis literal.
La preparación inmediata de la síntesis de Agustín se da en Ambrosio y Jerónimo. Se opone la
comprensión cristiana de culpa y salvación al poder cósmico del pecado. El carácter personal del
pecado, fuertemente acentuado, no permite un escape a un destino cósmico.
LA GRACIA EN SAN AGUSTIN
La reflexión de Agustín sobre la gracia comporta una interpretación nueva de los datos
tradicionales que llevan a desechar la postura de su oponente, Pelagio, aparentemente también
ortodoxo. En otras palabras, este autor, de algún modo, influyó en la reflexión agustiniana, al menos
como desafío. Esto hace necesario conocer a Pelagio y el concilio de Cartago antes de dialogar con el
"Obispo de Hipona".
1) PELAGIO
En la interpretación de la teología de Pelagio surgieron en el último tiempo
diferentes posturas. G. Greshake trata de diferenciar con más precisión entre Pelagio y sus seguidores,
sobre todo, Celestio. Muestra que éstos fueron más unilaterales que su maestro. Por otro lado, se
trata de captar las razones que subyacen al planteamiento pelagiano; se pone en duda la objetividad
de la recepción que Agustín hizo de la obra de Pelagio; se piensa que Agustín deforma el
planteamiento pelagiano. En fondo, Pelagio representa en gran parte el tipo oriental de la doctrina de
la gracia. Tratemos de entender las líneas fundamentales de la doctrina de Pelagio sobre la libertad del
hombre y de la gracia de Dios.
Pelagio apunta fundamentalmente en contra del arrianismo, defendiendo fuertemente la
doctrina ortodoxa de la divinidad de Jesucristo. Por el otro lado, va contra el maniqueísmo. La base de
su teología se encuentra en la concepción que tiene de la creación: el hombre fue creado a imagen de
Dios. Este ser imagen de Dios es comprendido dinámicamente. Esto significa que el hombre debe ser
justo, santo y veraz como Dios. El ser (ya) imagen de Dios significa, entonces, que tiene un "posse"
que le hace capaz de vivir la justicia, la santidad y la verdad. Este posse se caracteriza, según Pelagio,
como libertad; pues sólo como ser libre el hombre puede asemejarse a Dios. Esta libertad es la
naturaleza del hombre, el don que Dios le ha regalado. Tal naturaleza no se destruye jamás, el posse
permanece siempre. Pero, al mismo tiempo, es don de Dios, gracia: Dios le da al hombre la fuerza de
asemejarse a él. Pero a esta libertad pertenece, ahora, como momento necesario también la
posibilidad de pecar: dar la espalda a Dios. Pero ¿por qué como momento necesario? Porque Dios
quiere que cumplamos su voluntad voluntariamente. Y esto sólo es posible a una criatura que puede
APUNTES DE CLASE 59
inclinarse al mal. Vale decir: Dios nos entregó la capacidad para el mal para que cumplamos su
voluntad voluntariamente.
En vista a la realización actual de la gracia Pelagio enseña que, por un lado, ésta orienta la
dinámica interna de la libertad del hombre hacia Dios. Por otro, se agrega desde fuera la cura, la
providencia de Dios con sus ayudas actuales, la gracia actual. Por esta providencia de Dios se alivia al
hombre el caminar hacia el Creador. Importante es aquí la fundamentación antropológica del
optimismo cognoscitivo de Pelagio: "Si el hombre reconoce, de cuya imagen es él, tiende a semejarse a
él en la medida en que lo debe y puede. El conocimiento es para Pelagio ya el comienzo de la libre
vuelta a Dios.
¿Cómo se integra en esta visión fundamental la comprensión del pecado y de la economía de
salvación? Adán, el primer hombre, pecó culpablemente contra Dios. Tenía esta posibilidad a causa
de su libertad. Introdujo, así, una imagen nueva en la historia. Pelagio comprende esta imagen como
una fuerza que impide el obrar bien. No se cambia el "posse" fundamental del hombre por el pecado
de Adán, sino sólo su situación como hombre. La nueva imagen del hombre pecador que aparece en
Adán provoca y lleva a los descendientes a pecar. El ejemplo de Adán no es, por eso, causa de su
pecaminosidad. Aquí no hay eficiencia causal. El ejemplo de Adán es más bien una ocasión que se
integra en la decisión personal del hombre. De la costumbre de pecar resulta, por así decirlo, una
"cuasi naturaleza" del hombre. Hay que dejar en claro que esta cuasi-naturaleza caracteriza la
situación del hombre, no su naturaleza fundamental; ésta no es tocada por el pecado. En este sentido
interpreta Pelagio Rom 7,15: "Lo que hago no comprendo. Pues no hago lo que quiero, sino lo que
odio, esto hago". En contra de este pecado que se extiende fácticamente,pero que no alcanza a todos,
Dios pone la ley veterotestamentaria. Esta ley presenta al hombre la imagen, que le fue dada con su
naturaleza, pero que el hombre, debido a la costumbre de pecar no la puede ver bien. El hombre debe
redescubrirse a sí mismo en la ley, cuyos muchos preceptos se sintetizan en el mandamiento del amor
a Dios y al hombre. Al mismo tiempo esta ley tiene una fuerza relativa frente al ejemplo de Adán. La
ley es, por decirlo así, el espejo del alma, la bondad de Dios, la forma de su gracia. Pero como la ley
en cuanto auxilio de la gracia fue rechazada, porque no se impuso contra la costumbre del pecado, sino
más bien el pecado sobreabundó, el Padre envió a su Hijo.
Pero no existe un contraste, es decir, una discontinuidad entre el envío del Hijo y la ley; pues la
manera como Pelagio comprende la redención por Jesucristo se mueve en el mismo nivel con las
orientaciones de la ley. Jesucristo es, en cuanto a su divinidad, imagen originaria del hombre, proto-
imagen, pero así su humanidad es imagen verdadera del hombre, pues su humanidad se une
plenamente con la divinidad, de tal modo que aparece la verdadera imagen de Dios en Jesucristo
histórico. Lo que se revela en Jesucristo es, por así decirlo, una intensificación máxima de aquello que
acontece en la economía veterostestamentaria por la ley. El efecto redentor de Jesucristo o describe
Pelagio de doble manera. Por un lado, Jesucristo perdona al hombre el pecado y lo libera, así, del peso
de su pasado. este perdón de los pecados se relaciona, según Pelagio, con el Bautismo. Por otro
lado, Jesús actúa por su humanidad como Nuevo Ejemplo, que atrae al hombre para que le siga, y así
lo comienza a conformar. El perdón de los pecados se refiere al pasado, para el futuro el hombre se
orienta ahora por la imagen verdadera del hombre, Jesucristo. A partir de su libertad, a partir de posse,
en el fondo intacto, el hombre debe iniciar su camino en el presente hacia el futuro. Cabe aclarar que el
nuevo ejemplo (Cristo) sólo lo es para los pecadores, no para os justos. Por lo tanto, Cristo no murió
por todos, porque algunos son justos, no lo necesitan.
El primer momento de la gracia de Dios, el perdón de los pecados que entrega Jesucristo con
don, es aceptado por la fe. La fe representa el momento de la libertad de la voluntad. Pelagio habla, en
su interpretación de San Pablo, de la "ocasio fidei a Deo donata" (ocasión de la fe donada por Dios).
Esta decisión voluntaria libre del hombre Pelagio la caracteriza como algo por lo cual el hombre desiste
de su propia falsa voluntad y pone su corazón en "las manos de Dios". Con esta remisión del pecado
es puesto el fundamento, a partir del cual puede actuar eficazmente la gracia de Cristo como doctrina e
instrucción, como ejemplo, como mensaje de esperanza.
En relación al bautismo de niños Pelagio afirma que los niños no necesitan ser bautizados para
recibir la remisión de los pecados, sino para ser santificados en Cristo. Hasta aquí lo que enseña
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 60
Pelagio de la primera justificación por el bautismo y la fe en el perdón de los pecados.
Para la historia de los redimidos vale luego: "Cristo perdona al que cree en EL, en primer lugar,
todos os pecados por el bautismo, luego los incita a una santidad perfecta por el seguimiento. Este
"imitar" se realiza por la doctrina y sabiduría de Jesucristo. En este sentido, para Pelagio la gracia de
Cristo es también la ley, porque no hay diferencia . Finalmente, Jesucristo entregó un mensaje de
esperanza; El mismo es el ejemplo también para el futuro por su resurrección. La promesa de la
resurrección es para nosotros otra exigencia más, una incitación, para el hombre.
En la medida en que Jesucristo devuelve al hombre, por su ejemplo y su mensaje, la imagen
normativa como un ideal que incita al hombre. EL trae la salvación. El sufrimiento expiatorio Pelagio lo
menciona sólo ocasionalmente y como fórmula. La Pasión es presentada como ejemplo para los que
creen. En este sentido, la soteriología de Pelagio está estrechamente emparentada con la cristología
de Nestorio. Pues también en Nestorio se encuentra una cierta yuxtaposición de la humanidad de
Jesucristo y de su divinidad; la humanidad y divinidad no se reflexiona suficientemente como unión
hipostática. No es, pues, casual que en Efeso, donde se condena a Nestorio, también se condena el
pelagianismo.
En lo que se refiere a la mediación de la gracia por la historia, Pelagio insiste que la Iglesia es
llamada como tal al seguimiento de Jesucristo. Ella debe comunicar la gracia de Jesucristo, por la
predicación y educación. Se habla, en este sentido y con razón, de una sobrevaloración peligrosa de la
mediación eclesial de la gracia, porque no se reflexiona sobre la pecaminosidad permanente de la
Iglesia histórica, como lo hace San Agustín en su distinción entre la Iglesia de los Sacramentos y la
Iglesia de los santos. Llama la atención que Pelagio evita nombrar al Espíritu Santo en su exégesis de
las cartas paulinas, y traduce "Espíritu" generalmente con el adjetivo "espiritual", por ejemplo en el
contexto de los "dones espirituales".
Si tratamos de abarcar estos enunciados múltiples de Pelagio descubrimos una estructura
conceptual fundamental. La libertad humana es don de Dios por el cual el hombre se encuentra
relacionado con Dios, referido a EL de tal manera que esta relación representa al mismo tiempo su ser
propio. En esta subsistencia y libertad del hombre, el pecado como acto libre del hombre permanece
algo exterior, no toca la libertad como tal. Los actos de la libertad se piensan más bien como algo
diverso del posse fundamental; el posse no puede ser determinado de modo inmediato.
De la misma manera se concibe también la redención: Dios perdona los pecados por
Jesucristo. El camino siguiente se realiza luego de tal manera que la imagen de la ley, esto es, el
ejemplo de Jesucristo, constituye cada vez la "ocasión" que llega desde fuera a la libertad, que así el
hombre puede actuar según la voluntad divina. El posse fundamental del hombre no se determina
internamente por el pecado de Adán. Aquí está el punto decisivo, un punto, en que Pelagio se
diferencia de la teología oriental. Pues la teología oriental no reflexiona de modo tan extremo sobre la
libertad del hombre. Aquí está lo "novedoso" en la concepción de la libertad y del pecado de parte de
Pelagio. El concepto de libertad y gracia de Pelagio no se puede juzgar como ortodoxo. Si G.
Greshake considera a Pelagio como "ortodoxo" en su concepción de la gracia y libertad, esto se debe
al hecho que el mismo Greshake no reflexiona a fondo sobre la estructura fundamental conceptual de
la libertad según Pelagio.
En síntesis: según Pelagio la libertad humana en sí es la naturaleza del hombre como don de
Dios. El pecado como acto no toca la libertad como capacidad para el bien. El pecado de Adán pone
un ejemplo malo, que orienta al hombre llevándolo al mal. Dios contrapone a este ejemplo malo otro: la
ley veterotestamentaria. Luego, después del fracaso de esta ley, aparece Jesucristo como ejemplo del
hombre verdadero, perdonándole los pecados (bautismo).
2) LA DOCTRINA DEL CONCILIO DE CARTAGO (418)
APUNTES DE CLASE 61
Los canones del Concilio de Cartago se dividen en dos partes. La primera parte trata del
pecado original de Adán y las consecuencias que de ahí derivan. La segunda parte trata de la
naturaleza de la gracia, del estado redimido de los fieles y de la necesidad de la gracia de Dios,
también para los santos.
Can.1 (Dz.101): Pelagio y Celestio interpretan Rom 5,12, que habla del hecho que la muerte
entró en el hombre por el pecado, de tal manera que afirman que el hombre en sí es mortal. Según
ellos San Pablo habla en Rom 5,12 sólo de la muerte interna espiritual, la muerte del alma, ya que el
hombre por naturaleza es mortal. En contra de esta afirmación los obispos africanos en Cartago
destacaron que la muerte fáctico-histórica del hombre es una consecuencia del pecado; no se trata
simplemente de la muerte biológica del hombre, sino de la muerte del hombre tal como apareció
históricamente. El concilio de Cartago no niega que la mortalidad pertenece a la naturaleza humana.
Pero la mortalidad que pertenece al hombre como ser creado es suspendida, porque el hombre fue
creado para la comunión con Dios. Se nota de inmediato la diferencia con la posición de Pelagio y
Celestio. Ellos definen al hombre a partir de sí mismo. Es creado ciertamente por Dios y a él
pertenece la mortalidad. Pero el hombre lleva en sí mismo el "posse" que perfecciona su libertad. En
contra de esto, el Concilio de Cartago define al hombre a partir de su comunión con Dios, que Dios le
abre en la autodonación. Con esto se ve claro, lo que significa la doctrina de la gracia: comprender al
hombre a partir de la autodonación de Dios, de la comunión y no separado de esta comunión.
Can.2 (Dz.102): El canon se dirige contra aquellos que niegan la necesidad del bautismo de
niños; también contra aquellos que admiten la fórmula para la remisión de los pecados para los niños,
pero la privan de su contenido. Este segundo paso toca tanto a Pelagio como a Celestio. Según ellos
los niños necesitan sólo la sanación, no el perdón de los pecados. De una remisión de los pecados se
puede hablar tan sólo en vista a los pecados futuros. Para fundamentar el bautismo de niños para el
perdón de los pecados, -no sólo de la santificación o remisión de los pecados futuros-, los obispos se
refieren a Rom 5,12, afirmando de modo cauteloso que los niños contraen algo del pecado de Adán.
Los niños contraen algo del pecado de Adán y reciben la muerte como consecuencia del pecado de
Adán. Con esto no se sanciona formalmente la doctrina agustiniana del pecado original. Se afirma tan
sólo, como el canon 1, que el pecado de Adán alcanza la constitución total histórica del género humano
y está determinado de tal manera que también los niños recién nacidos son alcanzados por él. No se
enseña formalmente la doctrina de Agustín, de la transmisión del pecado original por la generación. El
trasfondo del canon 2 es la comprensión de la comunión del hombre con Dios, destruida; ruptura que
también alcanza a los niños.
117
Can.2a (Dz.102a) : Este texto no se encuentra en una serie de manuscritos, especialmente
allí donde posteriormente se rechazó la doctrina de la predestinación de Agustín. Pelagio no defendió
lo que aquí se expone. Afirma explícitamente que no se sabe de la suerte de los niños muertos sin ser
bautizados. Pero algunos discípulos de Pelagio divulgan este documento del canon 3. La
argumentación de los obispos en el concilio, de que no existe un lugar intermedio, se encuentra en una
serie de escritos agustinianos. La interpretación aquí resulta de la única obra salvadora de Jesucristo y
a partir de la necesidad de la redención para todos los hombres. Para los niños se excluye la
posibilidad del bautismo de deseo, de tal manera que aquí restan sólo el bautismo de agua o de
sangre. La doctrina de un lugar intermedio para los niños muertos sin bautismo resulta como una
consecuencia de la doctrina pelagiana de la libertad autónoma del hombre, no tocada por el pecado.
Este tercer lugar lo excluye el Concilio de Cartago. Esto es lo decisivo. Pues con esto se subraya la
universalidad de la obra redentora de Jesucristo, pero no se puede negar las dificultades que surgieron
en torno a la suerte de los niños no bautizados.
Los tres primeros canones se refieren todos a la determinación del hombre desde Adán. Los
canones siguientes trata del hombre ya bautizado que se encamina hacia Dios. En los canones 3-6 se
117
Te recuerdo que este canon aparece, en el Dz.castellano, en nota a pie de página, indicada inmediatamente al terminar el canon 2.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 62
trata de subrayar el significado de la gracia de Dios en relación al actuar libre del hombre. La gracia no
es sólo perdón de los pecados, también es necesaria para el camino que el hombre inicia cuando cree.
Can.3 (Dz.103): Agustín afirma siempre de nuevo contra Pelagio que el justificado todavía es
peregrino; está en camino, por eso comete siempre de nuevo pecados y necesita de la gracia de Dios.
La buena voluntad del justificado no es suficiente para evitar el pecado. Pelagio afirma generalmente
que el hombre real puede vivir sin pecado. Kant afirma en su Metafísica de la libertad: Tú puedes, tú
debes. La ley no manda nada imposible. Muy semejante es la postura de Pelagio. Porque la libertad
del hombre no se corrompió por el pecado de Adán, por eso el hombre puede vivir sin pecado. La
diferencia entre Kant y Pelagio se encuentra en el hecho que Kant pone a Dios en paréntesis al
argumentar a partir del mero imperativo categórico. El segundo argumento de Pelagio es la influencia
de Jesucristo como ejemplo sobre el actuar del justificado. Pero esto no corresponde a lo que piensan
los obispos de este concilio, pues entienden la ayuda de Dios al hombre, no como una ayuda externa
en el sentido de un ejemplo, sino como don de la misma realización de la libertad.
Can.4 (Dz.104): Completa el canon anterior. Se dirige contra una comprensión errónea de la
ayuda divina de la gracia, que siempre se necesita, porque el hombre debe hacer el bien. Este canon
representa la corrección decisiva de la doctrina pelagiana de la naturaleza y gracia porque suprime un
en-frente abstracto de la libertad humana y de la autodonación divina. La gracia de Dios no es sólo
"ocasión" que el hombre asume en su capacidad humana de la libertad. El actuar libre del hombre en
su realización es también, una vez más, don de Dios. En este sentido la gracia no se puede identificar
simplemente con la instrucción de Jesucristo, su doctrina. El actuar libre del hombre es "dado" por
Dios, regalado como gracia. Con esto, el Concilio de Cartago, caracteriza la acción humana
simultáneamente como una obra humana (automovimiento) y como un don de gracia de parte de Dios;
es decir, como un "acontecimiento-nosotros", mientras que el pecado es mero "acontecimiento-yo". En
relación al canon 4 la posición de Pelagio resalta como especialmente herética. Pelagio afirma: "En
primer lugar ponemos el poder, en el segundo, el querer, y en el tercero, el ser. Colocamos el poder en
la naturaleza, el querer, en el albedrío, y el ser en la ejecución. El primero, es decir, el poder pertenece
a Dios, que lo concedió a su criatura, pero los dos restantes, esto es, el querer y el ser, se han de
atribuir al hombre porque proceden de la fuente del albedrío". El canon 4 afirma la mediación universal
y única de Jesucristo, mientras Pelagio sostiene la posibilidad, que los paganos se puedan salvar por la
ley natural, como los justos del AT se salvan por la ley mosaica.
Can.5 (Dz.105): Este canon profundiza y radicaliza una vez más los enunciados de los canones
precedentes. No se trata de lo fácil ni de lo difícil, sino de poder el bien, en general. La capacitación
para esto sólo es dado por Jesucristo. Un más "fácil" está en la comprensión de Pelagio en el hecho
que según él, Jesucristo como ejemplo muestra el camino para actuar bien.
Dz.106;108; Los canones 6, 7 y 8 se encuentran muy bien interrelacionados en su contenido.
La argumentación gira en torno a la pregunta si los cristianos, especialmente los santos, deben rezar en
el estado peregrino para obtener el perdón de los pecados. Celestio citó 1 Jn 3,9 para demostrar que
los cristianos, especialmente los santos, en el estado peregrino, no tienen pecado o no pueden tener
pecado. Agustín insistió frente a esta afirmación que los cristianos son salvados "in spe" (en
esperanza), pero todavía se encuentran alcanzados por el pecado. En los presentes canones (6, 7 y 8)
se subraya, además, que el hombre que cree se encuentra en el camino de la fe y no es simplemente
santo como Jesucristo, sino que peca hasta que se encuentra en la eternidad con Dios definitivamente,
y por eso debe pedir por la remisión de los pecados.
En esta interpretación de los canones del Concilio de Cartago se observa que este concilio no
enseña ni la doctrina del pecado original de San Agustín, ni la predestinación. Insiste, el Concilio, más
bien en la pecaminosidad radical y universal del hombre, en la necesidad de la gracia para la
realización verdadera de su libertad, según Dios.
APUNTES DE CLASE 63
La Epístola Tractoria (Dz.109a) tampoco enseña formalmente una tal doctrina del pecado
original de Agustín. De este documento se puede inferir que la Iglesia condena las siguientes
afirmaciones de Pelagio:
a) Adán fue creado como mortal, de tal modo que hubiese muerto también si no hubiese
pecado.
b) El pecado de Adán sólo hirió a él, pero no a los descendientes.
c) Los niños se encuentran en aquel estado en que se encontró Adán antes de pecar.
d) Los niños que mueren sin ser bautizados tienen la vida eterna.
e) Por la muerte de Adán no muere el género humano, porque tampoco por la resurrección
de Cristo resucitó simplemente todo el género humano.
En estos fragmentos se puede ver que se enseñó que todos los hombres se encuentran en una
relación culpable con Adán y que la gracia efectiva por el bautismo es el único remedio de salvación
para el hombre. Además, se puede apreciar que para todos los actos, pensamientos y acciones del
hombre es necesario el auxilio divino. Estas verdades se fundamentan con Rom 7,24; 1 Co 15,10.
Para concluir, cabe reflexionar brevemente sobre el resultado del Concilio de Cartago. Este
concilio define las bases de la teología occidental de la gracia y de la libertad. Es conocido en la Edad
Media, donde determina el quehacer teológico, pero juega también un rol importante en el Concilio de
Trento. El Concilio de Cartago, debido a Pelagio, se plantea la pregunta por la interrelación entre la
autonomía y libertad del hombre y la gracia de Dios; se entrega una primera respuesta global. Con esto
no se explica el "cómo". Pero aparecen muchas perspectivas que luego se precisan en la elaboración
del concepto de la libertad en la historia de la teología occidental; el concepto de redención se relativiza
y se pregunta por una posibilidad de la salvación para el hombre fuera de Cristo. La respuesta a esta
problemática planteada por Pelagio es la verdad, aparentemente paradojal, que el hombre posee su
autonomía y libertad precisamente en y por la autodonación libre divina. El concilio ciertamente no da
mayores explicaciones al respecto. Encontramos aquí una estructura de los enunciados de fe, que se
dan de modo muy semejante en Nicea y Calcedonia. Allí se afirma: engendrado antes del tiempo por el
Padre, nació en el tiempo de la Virgen María; nació como Hijo de Dios y nació como hijo del hombre.
De la misma manera se yuxtapone, en Cartago, la obra divina libre y el actuar humano, pero también
las dos dimensiones se encuentran una en la otra. Pero no se lleva a cabo una mediación conceptual.
Lo que en definitivo se afirma en estos concilios es el hecho que lo divino y lo humano pertenecen
juntos de modo inseparable, pero en niveles distintos.
3) SAN AGUSTIN, RASGOS FUNDAMENTALES DE LA TEOLOGIA DE LA GRACIA
En un comienzo, Agustín recién convertido, cree y enseñanza lo que ha aprendido de la Iglesia
respecto de la gracia: fe, obras, oración, todo ha sido dado por Dios. Luego el santo estudia y cae en un
error, que después reaparece en sus adversarios, los "semipelagianos": el don de la gracia encuentra
su apoyo sobre una primera iniciativa de parte del hombre. El hombre puede comenzar de por sí la
obra de su salvación por la fe y la oración; la gracia recompensa luego este mérito inicial. Agustín llega
a esto a partir de una reflexión sobre la idea de la elección divina -Jacob y Esaú- que requiere un mérito
distintivo. La lectura atenta de la Escritura abre los ojos a Agustín: Dios se presenta en la obra de la
salvación como Aquel que comienza, prosigue y lleva todo a buen término. Pues afirma San pablo en 1
Co 4,7: "¿Qué tienes que no hayas recibido?" Así Agustín llega a la plena convicción de la necesidad
universal de la gracia antes que se inicie la controversia pelagiana.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 64
a) El auxilium gratie (auxilio de la gracia): la libertad
La colisión de Agustín con Pelagio se inicio históricamente cuando Pelagio escuchó citar a un
obispo la frase de San Agustín: "Da quod jubes et jube quod vis" (= Da lo que pides y pide lo que
quieras), y protestó contra una doctrina que consideró destructora de la libertad humana. Según el
sínodo de Cartago en 411 parece que el punto conflictivo fue la negación del pecado original de parte
de Pelagio y su comprensión del bautismo de los niños. Pero lo que realmente llevó a este conflicto fue
la importancia de una transformación interna óntica del hombre, transformación que Ireneo, Clemente
Alejandrino y los teólogos del siglo IV han tematizado pneumatológicamente. A la comprensión
pelagiana de la gracia como referida meramente al acto, se opone una comprensión "habitual" -un
estado de gracia- que San Agustín conceptualizó con precisión. Así culminó la controversia pelagiana
en los años 412-415 en la discusión sobre "la ley y el Evangelio", "la naturaleza y la gracia".
San Agustín desarrolla su posición en forma clásica en los escritos antipelagianos, sobre todo
en "De Spiritu et Littera" (412). Lo lleva a cabo como una exégesis de San Pablo: el hombre no puede
encaminarse hacia Dios por propia fuerza, y ya la fe inicial es efecto de la gracia de Dios, porque el
hombre se caracteriza por una reciprocidad. Pero el hombre no es meramente pasivo, sino participa
activamente por su voluntad. Según San Agustín la fuerza de la voluntad del hombre recién se
construye por la voluntad amorosa de Dios. El llamado de la gracia que despierta al creyente recién
constituye la libertad del hombre.
Agustín comprende esta obra de la gracia de Dios, que posibilita una vida según la voluntad de
Dios, en el sentido de Rom 5,5, texto clásico para el concepto pneumatológico de la gracia: "El amor de
Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado". La gracia
es efecto de la in fusión del amor de Dios por el Espíritu Santo. Precisa San Agustín que no se trata del
"amor que Dios nos tiene, sino del amor que nos hace "amantes suyo" -dilectores-. La gracia es por
eso "un don interior de luz y fuerza que nos hace cumplir el bien en una delectación de amor". Así no
se puede reducir la gracia a la doctrina o al mandamiento, porque la doctrina instruye o exhorta, no
sana; ordena, no ayuda. Una ley, aunque divina, dirigida a una voluntad esclavizada por el pecado es
une letra ineficaz. La ley cristiana es distinta a la antigua ley, porque al don del mandato se une un don
superior, el don del Espíritu Santo. Este desciende sobre el hombre, le abre su "estar-encerrado-en sí"
y le da la fuerza para cumplir la ley. ¿Cómo?..., pues "haciendo amar". Todo amor es origen de gozo,
de delectación. El Espíritu Santo hace, así, atrayente y suave lo que no nos gustaba antes. De ahí que
el hombre sin gracia interior no puede participar los mandamientos y vivir sin pecado, aun después de
ser justificado, sin ser ayudado por el Espíritu Santo.
En síntesis, al hombre, encerrado en el "amor sui", volcado sobre sí mismo, le viene al
encuentro la voluntad de Dios como algo exterior (littera) y por eso produce el rechazo o la indiferencia.
Esto lo muestra la historia de la pecaminosidad humana, bajo la ley. Dios no sólo es necesario, sino
también ayuda, como Aquel que da la gracia no como recompensa sino por misericordia. Esto se lleva
a cabo por la Encarnación de Jesucristo (=gracia de Cristo) y en relación con ella, por el don del
Espíritu Santo. De esta manera la voluntad de Dios como "lex fidei" (ley de la fe) se acerca "desde
dentro" del hombre. Los mandamientos externos sirven para alcanzar el fin: introducir al hombre en la
comunión con Dios. Ahora, sin embargo, es al revés, Dios establece esta comunión desde sí mismo.
El interior del hombre cambia y surge una nueva manera de vivir en la comunión entre Dios el hombre,
una comunión entre el espíritu del hombre y el Espíritu de Dios a partir de una nueva motivación, la
"caridad". Esto se expresa en los "frutos del Espíritu" y se concretiza en el cumplimiento de la "lex
fidei". Con esto queda restaurada la naturaleza original en su semejanza con Dios, gracias a la obra
redentora de Jesucristo por la gracia, que es "gracia de Cristo".
La gracia de Cristo es una gracia todopoderosa en el sentido que no sólo nos da la inclinación y
la fuerza, sino también el acto para hacer el bien. La Sagrada Escritura conoce ciertamente la gracia
como invitación a la cual tenemos que responder. Pero hay también palabras más misteriosas. Dios
es el maestro absoluto de nuestros pensamientos y acciones. Dios nos hace querer el bien
infaliblemente. La gracia es victoriosa. Nos conduce necesariamente al acto al cual nos inclina por la
"suasio" (persuasión, exhortación) y la "persuasio" (acción de persuadir). Dios nos hace querer el bien
APUNTES DE CLASE 65
118
dándonos conocimiento y un amor tal que estos nos llevan infaliblemente a la adhesión . Esta
soberanía de la gracia no destruye la actividad del hombre y del libre albedrío, porque los hijos de Dios
son movidos por el Espíritu Santo. Agustín nunca discutió la libertad de elección. Ser libre para el
santo es amar bien; complacerse y delectarse en la justicia, ordena todas sus acciones a la obtención
de la vida eterna; es tener el poder de amar a Dios sobre todas las cosas, prefiriéndole a todas las
cosas.
La forma antipelagiana de la teología agustiniana de la gracia es el resultado de la
interpretación del concepto "gracia". Para agustín gracia y Espíritu Santo se interrelacionan
estrechamente, pero se distinguen, porque el Espíritu es el Spiritus gratiae (Espíritu de la gracia). La
gracia es entonces el efecto y el don más noble del Espíritu Santo. La gracia y el Espíritu Santo son
considerados idénticos, porque ambos son donum Dei (don de Dios). La gratuidad de la gracia hace
imposible comprenderla como una fuerza independiente. Gracia es, en oposición a los "méritos", el
hecho que la fe en Cristo significa estar determinado por el Espíritu.
b) La gracia santificante
Según la gracia justifica interiormente al pecador en el bautismo, el hombre recibe una
justicia interior real, la participación en la santidad de Dios. La acción divina libera progresivamente al
hombre de la concupiscencia carnal para instaurar en él el reino de la caridad. La caridad le da al
hombre la delectación victoriosa -la delectatio victrix-. Mientras la delectación carnal pasa sobre la
voluntad desde fuera, la arrastra y la distrae en la búsqueda de los bienes perecederos, la delectación
celestial es inmanente al querer y lo re-crea, es decir, le da el amor espiritual que salva del egoísmo y la
hace recobrar su verdadera naturaleza. Por consiguiente la gracia que justifica al hombre es la
delectación en el bien espiritual.
La justicia reside, en definitivo, dentro de la caridad. Una caridad incipiente es una justicia
incipiente, una caridad que rece es una justicia que crece, una caridad grande es una justicia grande,
una caridad perfecta es una justicia perfecta. Cuando se quiere saber algo de la calidad de una
persona, no se le exige que crea, ni que espere, sino que ame.
La caridad transforma la voluntad en una voluntad nueva, capaz de ejecutar acciones
verdaderamente buenas. Este amor tiene su fuente en Cristo, al cual el hombre debe incorporarse.
Pero Agustín sostiene, contra Pelagio, que la gracia de Dios no es ni la naturaleza ni la ley, sino el
Espíritu Vivificante. La relación de la gracia con la Encarnación la determina el santo más bien a partir
del don y del efecto de este hecho, porque está interesado en comprender a Cristo no sólo como una
persona importante del pasado que tiene una repercusión en el presente como maestro, sino en cuanto
Cristo es Dios actuando en el presente. Dios se autodona al hombre en el Espíritu como el donum Dei
por antonomasia. Por eso, la relación entre la cristología y la teología de la gracia se da, según
Agustín, como mediada por la pneumatología. Reaparece también en San Agustín el tema de la
"Imagen" y "Semejanza". Afirma el santo que "Dios se ha hecho hombre en Cristo para que nosotros
podamos hacernos Dios" (Teología del intercambio; muy propia de los Padres Griegos).
Llegamos, así, a ser hijos de Dios por la caridad mediada cristológica y pneumatológicamente;
y la santidad de Dios habita en nosotros. Por consiguiente, la justificación conduce a la filiación y a la
inhabitación de la Santísima Trinidad. Cabe rescatar tres aspectos de esta verdad:
1) Para San Agustín la inhabitación de Dios en las almas justas es otra que la presencia
universal de Dios en su creatura. Dios está presente en todos los seres, pero no habita en todos.
2) Esta inhabitación divina, en nosotros, aunque la Escritura frecuentemente la presenta como
inhabitación del Espíritu Santo es en realidad una inhabitación de las tres personas divinas. San
Agustín es extremadamente atento a precisar este punto, señalando la inseparabilidad de las tres
118
In Joh Trat 26, n.45
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 66
personas divinas en la posesión de las almas regeneradas.
3) La presencia de la Santísima Trinidad dentro de las almas en gracia llega a ser en ellas una
cierta experiencia de Dios escondido. El justificado llega a entender las cosas divinas de modo más
elevado que or la simple fe. Bajo la atracción de una cierta dulzura interior recibe una percepción real
aunque oscura y fugitiva de lo inefable.
La vida de unión con Dios trasciende infinitamente las fuerzas naturales del conocer, amar, etc.
El hombre recibe un nuevo principio de vida. Este principio no puede ser el mismo Espíritu de Dios,
tampoco es una substancia que se une a nuestro ser. Es un "habitus".
c) Historia, mediación eclesial y predestinación
Para San Agustín la Iglesia es el lugar donde Dios comunica su gracia concretamente, ya que
el Espíritu Santo actúa por medios externos, la Sagrada Escritura, la predicación, los Sacramentos, el
ministerio. Como Dios no actúa sin mediación humana y su Espíritu produce el amor y la comunión, el
cristiano puede recibir la gracia sólo en el grupo de los "predestinados", la comunión de los santos, que
se congrega dentro de la "Iglesia Católica".
Según el "De Civitate Dei", el hombre está llamado junto con toda la creación a la comunión de
vida con Dios. Por eso pertenece de antemano a la "civitas Dei" (ciudad de Dios), que es su espacio de
119
vida propiamente tal . Por la caída del hombre y de los ángeles aparece el mal en el mundo, que se
acrecienta por la tentación. La gracia de Dios redimió al hombre de su pecaminosidad interna, que
proviene del pecado original. Esta gracia es omnipotente, victoriosa. Surge, así, la problemática: ¿Dios
no regala esta gracia victoriosa a aquellos que no se justifican? Si la gracia actúa en forma irresistible,
entonces, esto parece ser la consecuencia lógica. Con este problema se relaciona otro, a saber: el de
la predestinación de los santos. ¡Dios predestina! Esta determinación consiste en el hecho que en los
predestinados la gracia se realiza plenamente. Nunca San Agustín habla de una "predestinación al
mal". Pero para asegurar la gratuidad de la gracia el santo tiene que recurrir a la predestinación.
Aquí aparecen las limitaciones de la argumentación agustiniana, que no piensa la libertad
desde el hombre como Pelagio. El Santo no explica los elementos de una metafísica de la libertad que
podrían dar razón a la gracia como fundamento trascendental de la libertad del hombre.
4) LA PREGUNTA POR EL ORIGEN
Agustín, ciertamente, crea la fórmula "pecado original". Pero no inventó su contenido, pues
las ideas fundamentales al respecto existen mucho tiempo antes de que se iniciara la controversia en la
tradición católica. A esta tradición Agustín quiere ser fiel. El Santo profundizó esta verdad por la
lectura intensiva de la Sagrada Escritura y una mejor comprensión de la gracia. El punto culminante de
la evolución previa a la controversia pelagiana constituye el "De diversis quaestionibus ad
Sempliciarum".
a) El estado original del hombre
Agustín comprende el paraíso como estado de gracia que se pierde con el pecado. Opone el
"hombre espiritual" al "animal", rescatando el paralelismo Adán/Cristo. Adán no poseyó el "non posse
mori" (=no puede morir),pero sí el "non mori", es decir, la inmortalidad, integridad, y libertad de
119
Cf. De Civit. Dei XI
APUNTES DE CLASE 67
120
sufrimiento . Este estado se caracteriza por la ausencia de la concupiscencia. Significa la vida que
proviene del Espíritu de Dios. Es el estado de justicia original, que posee el auxilio "sine que non", es
decir, la gracia actual como capacidad para perseverar, y que como tal se diferencia del "auditorium
(auxilio) quo", eficaz en el hombre caído, pero justificado y predestinado. Muestra San Agustín
frecuentemente a los pelagianos que la naturaleza es otra que la original. Agustín también conoce la
idea de la semejanza de Dios.
Toda la doctrina del "estado original" tan explícitamente desarrollada y basada en una relación
interna peculiar del hombre espiritual con Dios, lleva consigo un realismo que no tiene un significado en
sí, constituye tan sólo el trasfondo para la comprensión de la caída y de sus consecuencias.
b) La caída
La caída se debe a la "persuasión de la serpiente", sin que San Agustín atribuya mucho peso al
poder diabólico de la serpiente,pues la caída proviene, en último término, del libre arbitrio. Dicha caída
produce un cambio radical de la voluntad, como un acto malo del espíritu. Se trata de un pecado de
mucho más peso que los pecados posteriores, y es comparable al pecado de los ángeles. Consiste en
la desobediencia, la soberbia y aversión libre a Dios.
El estado subsiguiente al pecado de Adán, Agustín lo describe como antítesis exacta al "estado
original", tanto en sus detalles (dolores, vicios, etc. ) como en su visión global. La consecuencia más
radical es la muerte. Para Agustín hay una primera muerte, que es modelo y origen de las restantes
maneras de morir: la separación espiritual del alma de la vida divina. La muerte es consecuencia del
pecado. Aparace la concupiscencia, que surge de la desobediencia frente a Dios y se apodera del libre
arbitrio.
c) La fundamentación del "peccatum originale" en la controversia pelagiana
La doctrina del pecado original surge a partir de factores teológicos como la experiencia del
sufrimiento; la pregunta por la justicia de Dios; la convicción de la necesidad de la gracia para cada
hombre; sea cual sea su edad, su estado de vida; la universalidad de la salvación; la necesidad
universal de la redención por Cristo; la necesidad del bautismo. Agustín no elabora un tratado propio
sobre el pecado original, sino responde simplemente al desafío pelagiano para salvar la verdad
fundamental de la redención universal. No se puede hablar de una evolución de la doctrina del pecado
original en Agustín, sino sólo de un "despliegue".
La fundamentación de la existencia del pecado original se da a partir de los siguientes
datos:
1) El argumento tomado de la "lex orandi", el bautismo de los niños que es para la remisión
de los pecados y requerido para la universalidad de la salvación;
2) La referencia al "lugar clásico": Rom 5,12ss: todos los hombres han pecado en el primer
hombre, porque todos se encontraron en él cuando pecó;
3) la concupiscencia como "lex peccati" (ley del pecado) en cuanto medio y función;
4) El argumento formal de la Tradición.
La transmisión del pecado de Adán: este elemento experimenta un mayor desarrollo
durante la controversia, en relación con las cuestiones apremiantes de la "justicia de Dios", la
valoración del matrimonio, el crecimiento o generacionismo; el papel de la concupiscencia. El "modelo
hereditario" no es tan unívoco como se piensa. hay diversas explicaciones en Agustín:
120
Entiéndase "no sufrir"
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 68
1) La explicación expuesta como hipótesis a partir de la unidad del alma en todos los
hombres en Adán que resulta evidente a la luz del generacionismo, por el cual Agustín
nunca se decidió, como tampoco por el creacionismo;
2) Rom 5,12 complementa la idea anterior;
3) El modelo "herencia" en categorías jurídicas del derecho familiar. Este aspecto suaviza el
concepto biológico-físico y destaca la dimensión moral. En último término, Agustín no
quiere explicar una realidad cuyo carácter es esencialmente un misterio. De ahí que cabe
suponer que en el trasfondo de todo el esfuerzo por explicar el pecado original está el
paralelismo Adán/Cristo, y con esto el plan de Dios en la historia.
La concupiscencia y el pecado original: Las dos realidades no se identifican, por las
siguientes razones: efecto del bautismo, la concupiscencia es pecado en sentido análogo, como
instrumento y medio, la doctrina del matrimonio. ¿Por qué Agustín interrelaciona estos dos conceptos,
si fácilmente pueden ser identificados? Debido a su comprensión de la realidad como totalidad en que
interrelaciona algo espiritual con la expresión corporal-anímica. De ahí que la concupiscencia es signo
de la soberbia. Hay una diferencia en cómo Agustín comprende la concupiscencia "antes" y "después"
del Bautismo.
La naturaleza del pecado original: es la privación espiritual de la gracia, la "muerte del alma",
ruptura con Dios, pérdida del Espíritu Santo.
El aporte positivo de Agustín al dogma del pecado original consiste en que Agustín se
fundamenta en la Tradición de la Iglesia. Nadie como él acogió tanto esta Tradición en sus escritos
exegéticos, apologéticos y dogmáticos. Agustín elabora la verdad del pecado original con profundidad
sobre el trasfondo de su antropología de la persona y su doctrina de la gracia. Esta verdad del pecado
original abarca para Agustín todo lo que pertenece a una comprensión integral de ella, es decir, la
interpretación realista del estado original, la catástrofe del pecado, sus diversas consecuencias, la
renovación en Cristo y la felicidad eterna.
5) LOS SEMI-PELAGIANOS Y EL CONCILIO DE ORANGE
El Sínodo de Cartago en 418 no puso fin a las discusiones sobre la doctrina agustiniana de la
gracia. Julian Eclana pone resistencia, y terminará por pedir asilo en Constantinopla. Fue luego
condenado junto a los nestorianos en Efeso. Tenemos una reacción suscitada principalmente y que se
da sin relación ni pretende continuar el planteo pelagiano. No sin razón se ha dicho que más que
semipelagianismo se trata de un semiagustinismo. El término "semipelagiano" sólo comienza a usarse
en el siglo XVII. Hasta entonces se hablaba más bien de "marsilienses" (de Marsella).
San Agustín mismo se ve requerido a escribir y responder a las inquietudes de los monjes de
Hadrumetum en el norte de Africa. Estos no encontraban la manera de conciliar la doctrina agustiniana
de la gracia y de la predestinación con el ejercicio ascético al que los sometía su vida monacal. Agustín
contesta en el "De corruptione et gratia". Para semejantes inquietudes de los monjes del sur de Francia
escribía "De praedestinatione sanctorum" y "De dono perseverantiae". En este contexto es donde
Agustín lleva la doctrina de la predestinación a su mayor radicalidad. Con posterioridad a la muerte de
Agustín prosiguen su doctrina, con más rigidez y menos capacidad autocrítica, Próspero de Aquitania,
Fulgencio de Ruspe y Cesáreo de Arles. Por el lado de la corriente semipelagiana destacan Juan
Casiano, Vicente Lerin y Fausto de Riez.
Juan Casiano es un monje que ha propagado la disciplina del monacato oriental en el sur de
Francia. Afirma que la gracia es el fundamento de toda salvación y distingue entre la gracia externa (el
APUNTES DE CLASE 69
envío de Cristo) y la gracia interna, que es aquella que transforma e ilumina al hombre. Sin ellas nada
puede el hombre. Sin embargo, en lo que respecta al "initium fidei" (comienzo de la fe), el el hombre
puede ser el protagonista. Afirma que la gracia no es indefectible, y que la doctrina de una
predestinación al bien, limitada sólo a algunos hombres, constituye simplemente un sacrilegio.
Vicente de Lerin es su famoso "Commonitorium" de 434 avala la posición semipelagiana con
el "principio de la tradición", es decir, sólo es doctrina eclesial lo que ha sido creído en la Iglesia y en
todas partes.
Fausto de Riez, que muere el año 500, fue abad y luego obispo de Lerin. En su escrito "De
gratia Dei et humanae meritis liberos arbitrio" rechaza tanto la doctrina de Pelagio como la doctrina
agustiniana de la predestinación. A su juicio, libertad y gracia son elementos que actúan paralelamente.
Dios quiere la salvación de todos y todos tienen la necesidad de la gracia. Con respecto al "initium
fidei" Fausto afirma que la decisión del hombre es definitiva.
Contra Vicente de Lerin, Próspero de Aquitania escribe el llamado "indiculus Coelestini" (D
239-249), en el cual se recopilan textos pontificios que apoyan la posición agustiniana. Contra Fausto
reacciona Fulgencio de Ruspe, un obispo del norte de Africa que se había refugiado en Sicilia.
En el año 529 se celebra el Sínodo de Valence, el cual decide en sentido semipelagiano sobre
esta disputa. Cesáreo de Arles escribe a Roma, al Papa Felix III, y le envía ocho canones y otros 17
que Próspero de Aquitania había redactado con anterioridad en base a textos de Agustín. Cesáreo
recibe una respuesta aprobatoria de Roma, y aprovecha la consagración de la Basílica de Orange (529)
para proponerles a los 14 obispos y laicos, que se habían reunido para esta ocasión, que firmen
aquellos canones. No hay discusión, y tanto obispos como laicos firman el documento propuesto por
Cesáreo. Otros Obispos no presentes allí protestan. Cesáreo escribe nuevamente a Roma, y el 26 de
enero del 531 recibe la confirmación de este sínodo por parte del Papa Bonifacio II. Así como el sínodo
de Valence significaba el fin de la doctrina de la gracia, Orange constituye la recepción del agustinismo.
El concilio de Orange o arausicano consta de: un Proemio (D 370), 8 canones del Syllabus
de treveris (D 371-78), canones de las "Sententiae" (D 379-95) y una conclusión de Cesáreo de Arles
(D 395-97). Además se adjunta la carta confirmatoria de Bonifacio II (D 394-400).
Orange no sólo confirma al concilio de Cartago, en su hamartiología, sino que insiste en la
gracia como primer fundamento de cualquier acto salvífico (can.3-8). En lo que respecta a la doctrina
de la gracia, la novedad reside en que se explicita la incondicionalidad de la gracia también en lo que
respecta al "initium fidei" (can.4-6).
No se asume ni la doctrina de la concupiscencia ni de la predestinación agustiniana, sino que a
diferencia de Fulgencio, Cesareo matiza y explícitamente se opone a una predestinación al mal (D
397).
La carta confirmatoria de Bonifacio II da una buena síntesis sobre toda la cuestion (D 399).
Destaca tres aspectos:
1) La fe es de modo radical un don de Dios. No proviene del poder de la naturaleza humana.
Lo mismo vale de los verdaderos bienes que para el hombre realmente son salvíficos.
2) Nadie puede iniciar un bien conforme a Dios, iniciar, obrar o consumar sin la gracia de Dios
(D 400).
3) La naturaleza humana ha sufrido empeoramiento con el pecado de Adán, y está privada de
su santidad originaria.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 70
CONCLUSION
La teología occidental de la gracia -San Agustín y Orange- rompe los marcos de la doctrina
oriental de la redención y del ser redimido del hombre. ¿Qué es lo decisivamente nuevo? Lo nuevo es
una experiencia profundizada del hombre mismo a la luz de la fe y de la Tradición, del Evangelio, la
experiencia del hombre se caracteriza como conocimiento del mal en relación a la voluntad y la libertad
del hombre. El ser malo, por ejemplo en las Confesiones de San Agustín, no es simplemente un acto
individual, una transgresión de los mandamientos de Dios; no se trata de un comportamiento
inadecuado para con Dios. El pecado es esencialmente la división interna del hombre respecto de sí
mismo. Allí donde el hombre está con Dios, está también consigo. Con esto no se identifica a Dios y el
hombre. Pero formalmente se sabe que el hombre está consigo al estar libremente con Dios. El
pecado es la ruptura de la relación de libertad a libertad entre Dios y el hombre. La diferencia, que
surge en el hombre, a causa del pecado, su vacilar, su mandarse a sí mismo, su actuar a medias, todo
esto es un indicio para el querer autofundarse en sí mismo y no en Dios, quien es el fundamento de la
vida del hombre. Lo que aquí se afirma de la experiencia y determinación del pecado, se puede
observar en múltiples otras perspectivas y dimensiones, lo que ciertamente no es posible aquí.
A partir de esta caracterización del hombre, -una comprensión que surge de la fe-, resulta
también una nueva comprensión de la gracia. La gracia no pertenece, como Pelagio, a la naturaleza, o
como sucede en la teología occidental que habla de una "naturaleza debilitada". La expresión
"naturaleza debilitada" muestra la falta de precisión conceptual que hay todavía al respecto. La gracia
se comprende ahora, en correspondencia con el concepto profundizado de pecado, como una gracia
que alcanza el actuar del hombre y precede a todo acto del pecador. Esto es el significado teológico de
la controversia respecto al "initium fidei".
Surge otra consecuencia a partir de una visión del hombre: la determinación del pecado de
Adán y sus efectos para el género humano. Si el pecado es una determinación del ser del hombre, y si
en los primeros padres el género humano se encuentra, por decirlo así, concentrado, se califica
entonces la vida humana histórica a partir de este pecado transmitido. Se transmite "un ser uno mismo
en ruptura", un ser que está dividido consigo mismo desde sus raíces más profundas. San Agustín
distingue entre aquello que reciben los descendientes de Adán y aquello que acontece en los orígenes
en Adán. "Peccatum originale" significa, en el lenguaje de Agustín, aquel pecado que cometió Adán. Lo
que reciben los descendientes de Adán Agustín no lo llamó "pecado" en el sentido de un pecado
personal, libre. Esto lo rechaza el santo especialmente en vista a los niños recién nacidos. Lo que
reciben de Adán es algo "tercero", esto es, un pecado que al mismo tiempo es castigo de pecado.
¿Qué comprende entonces Agustín bajo esto? El pecado original es precisamente aquella constitución
formal de la división interna de nuestra libertad que se manifiesta en todo aquel que llega al uso de la
libertad y razón.
El "peccatum originale" se encuentra como castigo del pecado interrelacionado con la
concupiscencia, pero sin ser idéntica con ella. Agustín entiende bajo concupiscencia precisamente
aquella disociación de la unidad interna del hombre, que se manifiesta en el hecho que los impulsos
corporales buenos no obedecen simplemente a la voluntad humana, sino que desarrollan su dinámica
propia, impulsando al hombre en direcciones muy diversas. A la concupiscencia pertenece también la
disociación interna de las inclinaciones más íntimas del hombre y la desintegración global de la
existencia humana, que da mucho trabajo al hombre. Esta desintegración se manifiesta, en primer
lugar, en la voluntad. La concupiscencia es, así, una consecuencia del pecado, y puede ser al mismo
tiempo su máxima expresión como castigo del pecado proveniente de Adán.
LA GRACIA EN SANTO TOMAS
APUNTES DE CLASE 71
I. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
El planteamiento de Santo Tomás resulta incomprensible si no se considera el antecedente
aristotélico, que establece la gran diferencia con un enfoque como el de Agustín. La teología de Tomás
se caracteriza como la teología medieval, debido a:
1) Introducción del concepto de "substancia" en la teología, el cual es ahora aplicado al
hombre. Ya Pedro Lombardo expresó la doctrina de la Trinidad en el concepto de substancia . El
Concilio de Letrán IV, siguiendo a este autor, habla de comunicatio substantialis. Esto significa que
el Hijo recibe del Padre, por la generación, plena subsistencia, de tal manera que de El procede el
Espíritu (DS 803ss). En forma correspondiente se comprende al hombre como subtantia creata, que
tiene subsistencia, que lo distingue de la substancia divina. Importa que Dios ha destinado esta
substancia humana, más allá de su capacidad, para la participación en la gracia con la Santísima
Trinidad. La natura hominis tiene su fin último en Dios, en la visión beatífica de Dios.
2) El segundo concepto que ahora aparece es el de la operatio. La substancia es definida por
Santo Tomás como aquello que subsiste en sí, sub-stare. A la substancia pertenece la operatio
(=operación). Toda substancia se desarrolla y tiene un ordo (=orden) y una inclinación a la propia
operación, de este modo llega a su perfección. La operatio para Santo Tomás es una perfección
segunda y la substancia una perfección primera. La perfección primera está dotada de un operari (una
actividad). El operari específico pertence a la substancia.
3) Pero más que de la mera introducción de conceptos filosóficos en la teología, se trata de una
nueva experiencia posibilitada por el redescubrimiento de Aristóteles y de la autonomía de la realidad,
de las creaturas y del hombre. Tomás se muestra especialmente sensible a esta autonomía, debido a
su "curriculum vitae", pero también a partir del mismo contexto.
4) Como teólogo, Santo Tomás usa un concepto de gracia bien fundado:
a) El primer significado que puede tener gracia es el siguiente: un rey puede mostrar
benevolencia a sus soldados: aquellos poseen su favor, su gracia.
b) "Este favor te lo muestro": aquí la gracia, el favor designa el regalo, el don que alguien
recibe.
c) La respuesta a tal signo de amor, de favor, es el agradecer: gratiarum actio. Este significado
tiene una relación fundante: al comienzo está el favor, en el sentido de amor, cariño; éste
produce un efecto en el agraciado. Este efecto se traduce luego en respuesta del agraciado, un
acto por el cual todo vuelve al origen del don recibido. A partir de aquí Tomás define la gracia
como "amicitia Dei" (amistad de Dios). La amistad de Dios es, por consiguiente, el concepto
fundamental de la gracia. Dios quiere ser bueno para con el hombre. quiere ser El mismo la
felicidad del hombre. Por eso se autodona.
El gran problema de Santo Tomás es el cómo mediar, -sin negar o anularlos-, el mundo de las
naturalezas definidas y autónomas, de origen aristotélico, con el mundo totalmente distinto de la gracia.
II. EL FIN ULTIMO DEL HOMBRE
a) Autonomía de lo creado y el fin sobrenatural:
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 72
Santo Tomás está convencido que la autonomía de lo creado y del hombre no empequeñecen
a Dios. El ser y acción propia de la creatura no entran en conficto, sino que se integran en un
movimiento que procede de Dios y vuelve a Dios. Esto lo expresa en fórmulas como: "principio y fin",
"salida y regreso" (exitus et reditus), "egreso y regreso", "procesión de Dios". Moción hacia Dios: ser
creatura significa estar siempre en camino a Dios. Pero para el hombre Dios quiere ser fin de una
manera que trasciende radicalmente las fuerzas naturales del hombre: la visión beatífica, cara a cara,
amistad que se basa en una comunión de vida y bienaventuranza eterna por gracia.
Santo Tomás logra aquí explicitar muy bien la autonomía del mundo y de Dios. El mundo es un
ordo con fines propios, pero en relación con el Fin Ultimo no son absolutos, sino se subordinan
dinámicamente a éste. La consecuencia es que, por un lado, el hombre tiene fines legítimos; pero, por
otro, no es pleno hombre si no alcanza a Dios.
Si se corta el orden al Fin Ultimo se produce el siguiente esquema:
GRACIA
///////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////
NATURALEZA
... sin que haya real comunicación entre uno y otro piso, es decir, entre naturaleza y gracia.
b) Cristo, el Camino:
El ordo naturalis (orden natural) que descubre Aristóteles, se integra para Santo Tomás en el
ordo chistianus como en un parámetro más amplio que lo completa, pero no lo niega. Ahora bien, por
otra parte, Tomás distingue camino y fin en el movimiento que se establece entre el hombre y Dios.
Cristo es el camino , incluso de aquellos que no lo conocen, pero que de facto hacen el camino que es
Cristo. Cristo, sin embargo, no es la meta. La estructura de la Suma es: "desde Dios a través del
mundo hacia Dios en Cristo". Ahí pues se da la posibilidad de una consideración del movimiento de
"exitus et reditus".
c) El origen intratrinitario:
La procesión del hombre se remonta a la procesión intratrinitaria: "El Padre no solamente ama
al Hijo por el Espíritu Santo, sino también a sí mismo y a nosotros", porque, como ya dijimos, "amar",
como nocional, no sólo implica producción de la persona divina, sino también la persona procedente
por modo de amor, la cual dice relación a lo amado. Por tanto, así como el Padre se dice a sí mismo y
a todas las criaturas por el Verbo que engendró, por cuanto el Verbo engendrado representa
suficientemente al Padre y a toda la creación, así también se ama a sí mismo y a toda creatura por el
Espíritu Santo, en cuanto el Espíritu Santo procede como amor de la Bondad Suprema, según la cual el
Padre se ama así mismo y a todas las creaturas. Por donde, además, se comprende que la referencia
a la criatura que dicen el Verbo y el amor procedente es como secundaria, en cuanto la verdad y la
bondad divina son principios de entender y amar a todas las creaturas" (S.Th., q.37,a.2).
Santo Tomás comprende la vida intratrinitaria como proceso de máximo amor y bondad, que se
desborda y da existencia al hombre y a la gracia. O sea, el hombre y la creación se hallan integrados
en la vida intratrinitaria. De donde el hombre sólo se realiza en la participación de la vida divina misma.
APUNTES DE CLASE 73
III. NECESIDAD, ESENCIA Y DIVISION DE LA GRACIA:
S.Th. 1-2, qq.109-114
a) La q.109: trata de la tesis fundamental: sin gracia el hombre no sólo es incompleto, es decir,
no alcanza su fin sobrenatural, sino se encuentra perdido.
1) La distinción entre la gracia como forma o habito infuso y gracia como auxilium (a.9.10).
Como forma y auxilio la gracia es requerida para la salvación, amar a Dios, merecer la vida eterna y
evitar el pecado. Sólo como auxilio es necesaria para prepararse a recibirla (a.6), para evitar, despúes
de haberla recibido, el pecado (a.8) y perseverar en ella (a.10).
2) La diferencia entre natura integra y natura corrupta. La natura íntegra primigenia
corresponde a un período histórico concreto, el estado armónico de Adán corresponde a un ser creado
en gracia. El pecado no sólo significa la pérdida de un don sobre añadido, sino que comporta el
desorden de las facultades naturales. De allí, pues, que según Santo Tomás la gracia no es algo
consecuente al pecado, sino un designio primordial que Dios vuelve a reafirmar y reestablecer en
Jesucristo.
b) La q.110: La esencia de la gracia
a.1: La definición de la gracia. En el amor de Dios a las criaturas se distingue entre una dilectio
Dei ad creaturam communis (amor de Dios a las creaturas comunes) y specialis (especiales;
por "especiales" se entiende la creatura racional, es decir, el hombre). Este amor con que Dios
se autodona al hombre es el significado fundamental de la garcia.
a.2: De esta autodonación de Dios resulta en el hombre un doble efecto: 1) el alma es movida
por Dios; 2) la infusión de la gracia como "qualitas" (cualidad; un don habitual infundido por
Dios en el alma).
a.3: Santo Tomás argumenta así: Dios mueve a las creaturas hacia sus fines respectivos, de
tal manera que les da una forma interna que las deja aspirar estos fines connaturales. Les
entrega formas, es decir, cualidades sobrenaturales, por las cuales el hombre es orientado
hacia el bien eterno. La gracia comprendida así como don participado de Dios, trasciende la
naturaleza del hombre. Esta naturaleza del hombre es substancia. Lo que recibe la naturaleza
del hombre en la gracia es algo accidental. Agrega Santo Tomás algo importante: lo que en
Dios es substancial -la vida divina misma- es accidental en el alma del hombre que participa en
la bondad de Dios. Como tal participación en la substancia divina, la gracia, sin embargo, es
más noble que la naturaleza del alma humana, aunque tan sólo sea accidentalmente
a.4: Santo Tomás define ahora más precisamente la distinción entre la gracia como
movimiento del alma y como cualidad en el alma: la gracia como participación en la naturaleza
divina tiene su lugar en la esencia del alma como su sujeto. La gracia es el principio del
movimiento humano hacia Dios, como virtud dada por Dios y capacitación para conocer
sobrenaturalmente a Dios, de la fe, de la fuerza del amor que trasciende la voluntad humana, y
de la esperanza, forma que impregna la capacidad del hombre de conocer y esperar. Así la
gracia está descrita 1) como el amor de Dios, donado por Dios mismo; 2) como el efecto de
esta autodonación en el hombre, es decir, el hombre queda impregnado, formado en su ser y
en sus capacidades fundamentales por esta gracia de Dios, en el fondo de su alma por la
gracia santificante como participación en la naturaleza divina, en sus capacidades por las
virtudes teologales infusas como principio del movimiento hacia Dios.
En resumen, tenemos pues que la gracia es a la vez dilección, amor simple de Dios y realidad
presente y fundamental del hombre. Son dos aspectos que no pueden separarse, dos dimensiones de
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 74
una misma realidad. La doctrina de Tomás no significa una cosificación de la gracia como algo en el
hombre, sino que desea insistir en la radicalidad con que el amor y don de Dios transforma lo más
íntimo del hombre. Gracia es la llegada creadora del amor de Dios en el centro del yo. Mal entienden y
parcializan a Tomás quienes ven aquí una perversión del evangelio en aristotelismo. Aristóteles está
aquí al servicio de una inteligencia de la gracia, que es lo que pretende.
c) q.11: la división de la gracia
Se trata de distinguir los efectos de la gracia en el hombre.
a.1: Tomás distingue entre la gracia de Dios en el sentido en que 1) justifica al pecador, le toca
personalmente y 2) en la medida en que la gracia le es dado al hombre en vista al otro. Así, la
gratia gratum faciens (primer sentido) es la gracia santificante y, la gracia gratis data (segundo
sentido) es la gracia libremente dada, los carismas, para ayudar a otros a llegar a la
justificación por Dios.
Gratia gratis dada: aquí es posible observar que Santo Tomás no se fija sólo en aquello que
Dios obra en nosotros. La obra de Dios se encuentra mediada por la interrelación humana, el
contacto y encuentro de uno con otro. Esto es un aspecto importante de la doctrina de la
gracia de Santo Tomás. Reconoce el Santo que el hombre necesita para la mediación de la
amistad de Dios algo que pertenece esencialmente a la Iglesia, y esto lo llama carisma. Los
carismas representan una capacitación para poder ayudar a otro a encontrar a Dios y que éste
se transforme en amigo de Dios. Tomás fundamenta la gracia gratis dada de doble manera: 1)
desde la amistad de Dios como un acontecimiento fundante; 2) también desde la dignidad de la
libertad humana. Dios quiere que seamos introducidos en su autodonación por otros. El
hombre es un ser creado para la comunidad, su autonomía y libertad necesitan del otro, de la
intersubjetividad. A partir de ahí le conviene al hombre que sea elevado con su capacidad para
la comunión, la cual puede desplegar como hijo de Dios.
Por la gracia gratis dada el hombre no puede comunicar a otro la amistad misma de Dios, pero
le puede ayudar en disponerse. Por esta gracia el hombre no es introducido en la vida divina misma.
Gracias a la mediación de la vida divina por el hombre tan sólo puede darse una disposición, porque el
hombre mismo debe decir su sí a Dios libremente. De este modo los carismas están al servicio de la
libertad y dignidad del otro.
a.2; a.3: Las distinciones posteriores como "gratia operans y cooperans" (operante y
cooperante); "gratia proveniens y subsequens" (preveniente y subsecuente) son disntinciones
que remontan al mismo Agustín.
d) q.112: La causa de la gracia
Se trata de una cuestión muy importante. Se plantea la pregunta central en el a.1: si sólo Dios
es causa de la gracia. Es decisivo el adjetivo "sólo". Respuesta: es imposible que una criatura cause la
gracia, y por lo tanto, es necesario que sólo Dios deifique, comunicando la unión con la naturaleza
divina por una cierta participación de semejanza. Sólo Dios deifica: no es una mera abstracción, sino
aquí se puede captar el misterio de Cristo y de la Iglesia.
Sólo Dios es causa de la gracia, pues en ella se trata del amor divino libremente dado. El
autor de este amor es Dios. Jesucristo es causa de gracia debido a su divinidad, en su humanidad él
es tan sólo instrumento conjunto para la gracia. Que Dios sea la única cuasa de la gracia excluye todo
tipo de co-causa de parte del hombre. Si Santo Tomás es tan excluyente surge la pregunta: ¿hay de
parte del hombre por lo menos una preparación o disposición para la gracia = initium fidei (el inicio de la
fe). La respuesta está en los artículos 2, 3 y 4 que tratan de la preparación de la gracia. Si se habla de
la gracia en cuanto esta mueve al hombre a Dios, la preparación no es ni necesaria ni posible, ya que
todo acto de voluntad es movido por Dios. Si se habla del "habituale donum Dei" (don de Dios
APUNTES DE CLASE 75
habitual), es necesario una disposición y preparación, pero llevada a cabo por la gracia misma. El a.3
habla de la indefectibilidad del actuar de Dios. En todo caso el tema de la preparación a la gracia se
articula en vista de la libertad del hombre de acuerdo a la relación entre forma y materia dispuesta, no
se da cabida a una gracia que se dé contra la conciencia del hombre. El a.4 trata de la diversidad de la
gracia por parte del sujeto, en cuanto que uno es adornado con los resplandores de la gracia con más
perfección que otro. Esta diversidad no reside ni depende, en primer término del hombre, sino de Dios
mismo, que dispensa de diversas maneras los dones de su gracia para que, por la diversidad de
grados, resplandezcan la belleza y perfección de la Iglesia, como también puso diversos grados de
seres para que resultara la perfección del universo.
a.5: La pregunta decisiva es: si el hombre puede saber que está en gracia. Según el principio
que reza que para conocer algo es preciso captar su principio , y de que el principio de la
gracia y su objeto es el mismo Dios que por su excelencia nos es desconocido se niega un
conocimiento con certeza y se afirma uno excepcional (por revelación) y otro a modo de
conjetura, mediante algunos signos.
IV. LA JUSTIFICACION DEL PECADOR: qq. 113/114
Santo Tomás comienza la descripción de la justificación con una definición de la misma, y
explica la doble manera como la justificación implica una cierta "rectitud de orden".
1) Implica un orden recto en el mismo acto del hombre. La justicia es una virtud que ordena el
acto del hombre rectamente en relación a otro hombre particular.
2) Se distingue del concepto común señalando una cierta rectitud de orden en la misma
disposición interior del hombre en cuanto que lo más digno del hombre se somete a Dios y las
fuerzas inferiores del hombre se someten a la suprema, es decir, a la razón.
Esta última manera de comprender la justicia puede entenderse de dos maneras: la justicia
puede darse en aquel que no está en pecado, v.gr., se habla de la justicia original de Adán. La
segunda manera de entender la justicia implica para el pecador la posibilidad de una transmutación del
estado de injusticia al estado de justicia. Aquí la justificación equivale a la remisión de los pecados. El
pecado es, para Santo Tomás como para San Agustín la "aversio a Deo" (aversión a Dios) y "conversio
ad creaturas" (conversión a las creaturas); es decir, el hombre no se orienta a Dios en forma recta. Se
encuentra subordinado a las fuerzas inferiores. La justificación significa la restauración de la recta
relación con Dios -rectitudo ordinis.
En los cuatro artículos siguientes: 2,3,4,5,6 Santo Tomás reseña cuatro elementos que
comportan la transmutación justificante: la infusión de la gracia (a.2), la libertad del hombre (a.3), la
conversión a Dios (a.4), la libertad del hombre en cuanto aversión del pecado (a.5) y la remisión de los
pecados (a.6).
Santo Tomás distingue en la justificación del pecador cuatro momentos:
1) La infusión de la gracia;
2) La conversión a Dios;
3) La aversión al pecado y
4) La remisión de los pecados.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 76
La infusión de la gracia da al pecador la paz. Esta paz consiste en el amor de Dios a nosotros.
El efecto de este amor es la infusión de la gracia, su favor. Con esto comienza la justificación del
pecador. La "conversio" y la "aversio" son aquellos actos humanos que se hacen posible por la infusión
de la gracia. La justificación del pecador es, pues, no sólo un acontecimiento desde la libertad de Dios,
sino también del hombre. La remisión de los pecados es el momento final de los tres momentos
anteriores. La justificación acontece en forma instantánea, -in instanti-. No hay un traslado lento entre
el estado de pecado y de justificado.
a.9: es uno de los párrafos más excelentes y digno de ser tomado en cuenta en la S.Th. Santo
Tomás plantea: si la justificación del impío es o no la obra máxima de Dios. Respuesta: por
parte del modo de obrar lo es ciertamente la creación; pero, a partir de la suma magnificencia
de la obra hecha lo es la justificación. Luego pregunta ¿el don de la gloria es mayor que la
justificación? No, pues la obra más grande es la misericordia. En la cruz está el punto
culminante de la economía, en torno a la cual giran la creación y la consumación de los
tiempos (el eschaton).
V. EL MERITO: q.114
Mérito en el sentido estricto de pago no existe en la relación entre Dios y el hombre. Porque
entre ambos existe máxima desigualdad. En la relación Dios/hombre puede hablarse sólo en modo
análogo, según el orden dado por Dios, de mérito. Después de esta introducción Tomás demuestra
que el hombre no puede merecer sin gracia la vida eterna. Por sus meras fuerzas naturales no lo
podrá nunca. En el estado de pecado la idea de mérito resulta, de todo modos, absurda.
El hombre justificado: q.114, a.3: "Si hablamos de la obra meritoria en cuanto que procede de
121
la gracia del Espíritu Santo, entonces se merece "de condigno" la vida eterna. De aquí se deduce
que el valor de mérito se mide por el poder del Espíritu Santo, que nos mueve a la vida eterna. La
fuerza del Espíritu Santo, por la cual el hombre participa en la naturaleza divina da dignidad para la
"beatitudo beatifica". Pero si se mira el mérito del hombre, como procedente de su libre voluntad, se
puede hablar de un mérito de la vida eterna sólo "ex congruo", es decir, el obrar humano, que procede
del hombre, se encuentra siempre en una desigualdad muy grande con respecto a Dios. Tomás
argumenta de modo muy semejante con respecto al crecimiento de la gracia y la perseverancia.
Acentúa fuertemente el carácter de don; aunque es un verdadero don de Dios al hombre, que es eficaz
en nosotros, el hombre se autorrealiza.
En síntesis: Dios se comunica al hombre, se entrega con todo su amor, pero de tal manera
que la libertad del hombre no se extingue. Surge más bien una respuesta verdaderamente creatural.
De tal manera que el resultado de la mutua comunicación, la vida eterna del hombre, es también
resultado de su conversión a Dios. En todos estos actos, el hombre, empero, se funda plenamente en
la autodonación de Dios y es sostenido por ésta.
121
En términos generales, hay dos clases de méritos: el de "condigno", que se funda en razones de justicia, y el de "congruo", que no se funda
en razones de justicia ni tampoco en pura gratuidad, sino en cierta conveniencia por parte de la obra y en cierta liberalidad por parte del que
recompensa (S. Th. I-II, q. 114). Y así, v.gr., el obrero tiene estricto derecho (de condigno) al jornal que ha merecido con su trabajo; y la persona
que nos ha hecho un favor se hace acreedora (de congruo) a nuestra recompensa agradecida.
APUNTES DE CLASE 77
VI. LA PREGUNTA POR EL ORIGEN
Santo Tomás trata varias veces la doctrina del estado originario y del pecado original, por
ejemplo, en la Suma Contra Gentiles, la Suma Teológica y el Compendium Theologicae. Empero, la
explicitación más detenida se encuentra en la Quaestio disputata De malo.
La razón última y decisiva para Santo Tomás de aceptar con Agustín, y contra los pelagianos,
el pecado original en que todos los hombres están implicados es la fe en la redención universal del
hombre por Jesucristo. Santo Tomás cita en este contexto a Rom 5. Explica el nexo pecaminoso entre
Adán y el género humano de la siguiente manera: Adán no pecó simplemente como persona privada,
individual, sino como representante del género humano. Por consiguiente, lo que recibe cada hombre,
como descendiente de Adán no toca al hombre simplemente, sino en cuanto miembro de la naturaleza
humana total. El pecado original es visto esencialmente a partir de la naturaleza del hombre.
a) ¿Qué produce el pecado de Adán? Según la concepción teológica de Santo Tomás, Adán
se encontró en comunión con Dios Esta comunión abarca dos momentos:
1) el hombre según su alma, su capacidad adamítica, es decir, razón y voluntad se
encuentran ordenadas inmediatamente a Dios;
2) las fuerzas inferiores del hombre, corporales, se encuentran sometidas a la razón
ordenada hacia Dios, participan en la orientación del hombre a Dios.
Este "ordo" global recibe el nombre de "justicia original". Se trata del ordo en el cual fue puesto
el hombre por la creación y autodonación de Dios. La justicia original es un don de gracia, pues en vista
al alma del hombre y sus facultades, razón y voluntad, significa una vocación inmediata a la comunión
con Dios. En vista al cuerpo del hombre y sus fuerzas corporales significa que, a causa de la
comunión del hombre con Dios, posee dones que trascienden la naturaleza, los "dones
preternaturales": inmortalidad, ausencia del sufrimiento, etc. La comunión del hombre interior con Dios
la designa Santo Tomás como "don sobrenatural".
b) Precisamente este estado suprime Adán con el pecado original. Por este pecado se llega a
la privación de la justicia original. Se destruye el ordo original recto del hombre. En el pecado original
Adán da la espalda a Dios, quien lo ama, y se convierte a los bienes perecederos. Con esto, Adán
pierde la parte superior del alma, la recta orientación a Dios, el don sobrenatural. Por otro lado, las
fuerzas físicas subordinadas no se coordinan con el alma y su capacidad, la razón y la voluntad. Se
mueven, en este "estado de corrupción", según sus propios impulsos. Mientras que la facultad racional
del alma pierde el "don sobrenatural", el hombre, visto en su constitución corporal, pierde los dones
preternaturales. Esto significa que el cuerpo, todos los impulsos del hombre, manifiestan ahora una
cierta decadencia correspondiente al hecho que el cuerpo del hombre está compuesto de muchos
elementos.
Santo Tomás designa esta doble situación de privación como aquello que todos reciben de
Adán, a saber: el pecado original. La concupiscencia es el término clave para designar la estructura
de los impulsos del hombre, ya no integrados en las facultades superiores del alma. Los impulsos se
hacen valer individualmente, por propia cuenta. Esto se debe a la privación de la justicia original. Esto
es el segundo elemento en el concepto del pecado original de Santo Tomás: la ausente ordenación de
la razón y de la voluntad a Dios, es decir, la relación del alma humana con el "Sumo Bien". La pérdida
de la justicia original, la privación del don sobrenatural es el elemento formal en el concepto del pecado
original, y la concupiscencia es, por decirlo así, el elemento material.
Esto significa que el hombre se encuentra siempre, cuando se plantea la pregunta por ésta o
aquélla decisión particular, en la situación donde se manifiesta que su libertad y su voluntad no están
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 78
perfectamente decididas por Dios. El pecado actual es cada vez más la ratificación y sanción de esta
constitución pecaminosa a partir del pecado original. Tomás parte del concepto de substancia del
hombre y de sus operaciones fundamentales. Con esto acentúa, frente a Agustín, de modo muy
explícito la autonomía y autosuficiencia del hombre. Pero Tomás todavía no puede comprender la
substancia común como "ser en sí", realización en sí. He aquí el límite de la doctrina del pecado
original de Santo Tomás: la constitución pecaminosa del hombre a partir del pecado original no se
piensa expresamente como en San Agustín como una determinación de la libertad, sino como una
determinación de "naturaleza". Si Santo Tomás hubiese pensado la pérdida del "donum supernaturale"
(don sobrenatural) como determinación de la libertad, tendría que haber dado una definición más
consecuente de la constitución pecaminosa del hombre.
Para Santo Tomás, la transmisión del pecado original se da, al igual que para San Agustín, por
la generación, entendiendo la procreación en conceptos medievales.
En la justificación del pecador es restaurado el orden interno en el hombre. Este se ordena
nuevamente a Dios. Pero la concupiscencia permanece. Tal concupiscencia comporta dos cosas:
permanece siempre "fomes peccati" -incentivo al pecado-, pero está dada como "probación". El
hombre se redime en Cristo, quien le devuelve su comunión con Dios. A base de esta justificación y
santificación, el ser humano tiene que integrar su existencia corpórea, desde este centro interno
santificado, en su existencia redimida concreta. Este es el camino de los fieles. El Santo tiene un
concepto de la economía de la salvación muy histórico, en el sentido que Dios no simplemente restaura
el pasado perdido, sino que toma en serio la libertad del hombre, lo que el hombre produce a partir de
sí mismo, también en el pecado. Dios no redime al hombre, poniéndole simplemente al comienzo
de su camino, sino que se inclina en su amor sobre el pecador y por este amor que es más
fuerte que el pecado y la muerte, Dios conduce al hombre a la conversión y salvación desde
dentro. De tal manera que este ser humano, tocado por Dios, puede salir él mismo del pecado.
CONCLUSION
Comparando con una mirada retrospectiva la doctrina del estado original del hombre, la caída y
la justificación de San Agustín con la de Santo Tomás se ve una diferencia notoria entre ambos:
San Agustín: ubica el ser hombre en la libertad y descubre que lo constitutivo para el hombre
es la voluntad.
Santo Tomás: continúa esta idea y la profundiza hacia la autonomía más global. Introduce el
concepto de "substancia". Respecto a la voluntad como parte espiritual del hombre que abarca junto
con la razón, Tomás distingue entre naturaleza y acto. La naturaleza de la ratio voluntas del hombre no
se concibe estáticamente como un elemento en sí mismo, sino que se encuentra situado en la
comunión con Dios mismo a partir del origen creatural, y con esto se encuentra referido a un orden
recto. Así Tomás rescata los dos indiferenciados de Agustín, quien diagnosticó por su parte la
constitución pecaminosa en la disociación de la voluntad no obediente. Esto lo puede expresar con su
doctrina de la "substancia del hombre" y su ordenación a Dios. Por otro lado, Santo Tomás tiene la
posibilidad de interpretar mejor que Agustín las fuerzas propias del hombre y su naturaleza finita como
algo natural, gracias a su doctrina de la substancia humana. No aísla, sin embargo, estos fenómenos
humanos naturales de la integración en la relación con Dios: la gracia y constitución pecaminosa.
Otra distinción surge entre Agustín y Santo Tomás respecto a la relación libertad y gracia:
San Agustín: Dios se manifiesta interiormente al hombre y a su libertad, y comienza así a
APUNTES DE CLASE 79
ordenar la voluntad al Sumo Bien.
Santo Tomás: Determina esta relación entre gracia divina y libertad humana según el principio
de "causa prima" y "causa secunda". Así, lo querido procede totalmente de la voluntad humana, pero al
mismo tiempo vale que la causa segunda proviene, de modo más profundo, de la causa primera, como
causa total, fundante. Aquí no se habla de una "complementación" de la voluntad en el sentido que el
Bien Supremo en oposición a los bienes temporales fascina al hombre. A partir de Santo Tomás se
hace cuestionable la colaboración entre voluntad humana y divina; predestinación y reprobación.
Queda, pues, un problema abierto.
Resumiendo: Con esta doctrina del hombre como "substancia", capaz para la autonomía y
llamada a la comunicación con Dios, se dan las bases sobre las cuales se desarrolla la
autocomprensión moderna del hombre y las grandes controversias de la auténtica comprensión
creyente de la subjetividad humana.
Por otro lado, Santo Tomás es más nítido que San Agustín. En cuanto a la comprensión del
hombre, San Agustín destaca la libertad. Para Santo Tomás el hombre es substancia, pero aquí
descubre la relación.
Para Aristóteles la naturaleza es algo bien determinado. Santo Tomás lo aplica al hombre;
ergo: el hombre está "programado" en su ser desde el principio, pero no puede ser una natura cerrada
en sí, puede tener mucho de su pasado, pero abierto. Esto lo explica al decir que la naturaleza humana
tiene como fin último a Dios; en este sentido hay ruptura de esquemas. El fin es desproporcionado para
las posibilidades humanas, pero Dios capacita para alcanzarlo. Entonces es don de Dios tanto la
naturaleza como la capacitación.
Esta apertura del hombre a Dios es connatural. A tal apertura Santo Tomás la llama
"desiderium naturale in visionem beatificam" (deseo natural de la visión beatífica). Lo que significa que
al hombre pertenece un anhelo que no es propio de él, sin embargo, lo abre. De ahí que el hombre es
pura potencialidad de acoger a Dios; el hombre tiene una potencia obediencial de escuchar a Dios.
Pero en esto es pura pasividad, receptividad que transforma en actividad, en gozo de Dios. Por tanto,
"la gracia supone la naturaleza y la perfecciona".
Queda claro que Santo Tomás, a pesar de su autonomía en el mundo, piensa al hombre
"desde Dios"; la naturaleza no tiene sentido "per se" (en sí misma).
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 80
PARTE III:
EL RENACIMIENTO Y
LA REFORMA PROTESTANTE
APUNTES DE CLASE 81
I. ¿QUE ES LA GRACIA SEGUN LUTERO?
Al intentar comprender los rasgos fundamentales de la antropología teológica de Lutero no nos
ubiquemos en una postura netamente condenatoria, la cual ha sido, por lo demás, superada a nivel
ecuménico desde los estudios de J. Lotz y otros. Por otro lado, tampoco quisiéramos caer en una
nivelación fácil de todo lo que el Reformador enseña. Tal aprobación tampoco sirve a un mayor
encuentro entre las confesiones en los precisos momentos en que el esfuerzo ecuménico parece haber
"llegado a los límites de lo humanamente posible", y Chile fenoménicamente deviene un país de "dos
religiones". Intentemos, más bien, comprender a Lutero desde sus propios escritos, sobre todo, el
122
comentario de la Carta a los Romanos . Allí nos encontramos con la "signatura" del pensamiento
luterano en sus diversas articulaciones: "el hombre justo y pecador a la vez", es decir, el "simul iustus et
123
peccator" . Esta fórmula no sólo nos permite verificar la distancia de Lutero con respecto a San
124 125
Agustín y Santo Tomás , sino también nos hace descubrir la influencia de Ockkam , del
126 127
neoplatonismo y todo lo que implica este peculiar pensar dialécticamente "el alegre trueque" .
Analizaremos los siguientes cinco puntos:
a) La dialéctica del "intrinsece-extrinsece"
b) El "peccator in re", "iustus in spe"
c) El "simul peccator et iustus"
d) La seguridad y el temor
e) El ser impulsado hacia el fin.
122
CF. TEOLOGIA Y VIDA 24(1983) 287-303.
123
Se trata de una fórmula muy analizada, que también se puede entender católicamente, como lo demuestra K. Rahner y H. Urs von
Balthasar.
124
En el comentario a los Romanos Lutero cita De spiritu et littera con significativos desplazamientos que intentan "magnificar el pecado en
desmedro de la gracia". Cf. Rom 1,16ss: Lutero cita el texto agustiniano (7,12): Paulus Apostolus multum contra superbos et arrogantes ac de
suis operibus praesumentis dimicat; suprime la fórmula: pro commendanda ista Dei ratia; lo mismo vale de la frase agustiniana: Deinde ad
Romanos ipsa quaestio paene sola versatur tam pugnaciter, tam multipliciter ut fatiget, quidem legentis intetionem, sed tamen fatigatione utili et
salubri, suprimiendo la afirmación: ut interioris hominis magis exerceat menbraquam frangat".
125
No se trata de una corriente nominalista, sino de varias, como lo demuestra Th. Beer.
126
Esta influencia recién la ha sacado a luz Th. Beer en su estudio minucioso.
127
El tema patrístico del "intercambio" sufre un desplazamiento de acentos que sólo se comprende a la luz de toda la teología de Lutero.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 82
a) La dialéctica del "intrinsece-extrinsece"
Lutero inicia la interpretación de Rom 4,7 con la oposición de los "bienaventurados", lo santos,
a los hipócritas, la gente autosuficiente a sus propios ojos, escribas, judíos, religiosos y teólogos; los
"santos" son aquellos que son siempre pecadores intrínsecamente y justos extrínsecamente, mientras
los hipócritas son justos intrínsecamente y pecadores extrínsecamente. Intrinsece se refiere a lo que
somos para nosotros, a nuestros ojos, en nuestra estima; extrinsece designa los que somos para Dios
y según su reputación. Esto significa que lo intrinsece se refiere a la situación global, propia del
hombre, que es suya a partir de sí mismo y de lo que a él le place, mientras lo extrinsece apunta a una
realidad fuera del hombre, que se proyecta desde el exterior sobre el ser humano, también en forma
global. El extrinsece, ser mirado desde Dios, es una reputación que no está a nuestro alcance, en
nuestro poder. El intrinsece, intra-nos, queda marcado como perdición, somos pecadores
intrínsecamente a causa de la pertenencia al género humano. Esto le permite afirmar que si sólo
somos justos gracias a la reputación de Dios, no lo somos realmente en nuestra vida, porque
intrínsecamente siempre somos impíos. Se da, por consiguiente, una superación óntica en esta
primera articulación del "simul iustus et peccator", es decir, "peccator" se ve superado por el "iustus",
pero "extrinsece".
b) El "peccator in re", "iustus in spe"
Insiste Lutero, a la luz del Salmo 68,36, que los santos son a la vez justos e injustos; y los
hipócritas a la vez injustos y justos. En este "a la vez" Lutero acentúa el hecho que los santos tienen
siempre delante de sí sus pecados, pero a causa de esto, imploran a Dios justicia según su
misericordia. Por eso, son reputados como justos por Dios, gracias a su promesa. El "ser peccator in
re" (que es como decir "en realidad", "actualmente"), se proyecta así como ser justo "in spe" (en
esperanza), en la esperanza del cumplimiento de la promesa. Esta proyección del "in re" hacia el "in
spe" ya no se articula en un "simil" (a la vez) superpuesto, sino como un mivimiento que surge a partir
de un "ahora", toma conciencia del "antes" y se orienta por el "después". "Ser pecador in re" no es lo
mismo que ser pecador en el tiempo, pues la "justicia in spe" ya lo califica desde el futuro, gracias a la
promesa de la misericordia de Dios. Analiza el ejemplo del estar enfermo y sano.
c) El "simul iustus et peccator"
En un tercer momento Lutero se opone abiertamente a los teólogos escolásticos que, en
continuidad con Aristóteles por la categoría "substancia", echan a perder la teología: resulta ininteligible
la idea de que el pecado original sea totalmente borrado a la manera del pecado actual. Esto
contradice, según Lutero, a la Escritura. Los Padres de la Iglesia y la experiencia personal que tiene el
bautizado de este pecado en la concupiscencia, muestran lo contrario. El pecado original idéntico con
la concupiscencia determina, entonces, la existencia del hombre desde el primer momento en forma
decisiva, sin que sea borrado por el bautismo. Hay una interrelación entre el pecado original y el actual
que abre camino a la comprensión de la justicia como una cualidad del alma proveniente de los hábitos,
adquiridos por el ejercicio y la costumbre de los actos buenos determinados, o un hábito infuso. La
justicia depende de la imputación de Dios, del juicio desde fuera sobre la realidad del hombre, que
sigue siendo pecador e injusto. La justicia de Dios que el hombre obtiene por la fe, que le hace ser
"rostro" delante de Dios, le hace persona. Gracias a la fe, la "virtus Dei" se introduce en la realidad del
hombre totalmente pecador, carente de méritos. Por los méritos de Cristo, Dios cubre los pecados del
128
hombre y no los imputa . ¿Cómo conocer la justicia verdadera, en qué parte de la psyché humana se
ubica? No se da en la esencia del alma ni en las potencias de ésta, que permiten al hombre tomar
128
Este aspecto resalta a la luz de la interpretación que Lutero hace del Sal 32,1-2, usado por Pablo en Rom 4,7.
APUNTES DE CLASE 83
conciencia del ser justo en su interior, la justicia de Dios no está a nuestro alcance. Por eso Lutero
129
cuestionaba la posibilidad de "las obras" .
d) La seguridad y el temor
Lutero radicaliza su oposición a la teología escolástica en la medida en que ésta, a su modo de
ver, hace depender el "ser justo" y el "ser pecador" de las obras, al igual que Aristóteles. Es un delirio
decir que el hombre puede amar a Dios sobre todas las cosas por su propias fuerzas como si ejercitara
su "naturaleza": se trata de una opinión sacrílega que lleva a una seguridad peligrosa, pues el Apóstol
dice que la ley produce la ira y no puede ser cumplida sin la gracia. Así lo confirma la experiencia.
Esta experiencia está marcada por la concupiscencia: desarmonía global en el hombre que le hace
imposible realizar alguna obra buena con todas sus fuerzas, la seguridad que producen las obras es la
madre de los mentirosos. Dios nos deja en el pecado para mantenernos, así, despiertos en Su temor y
en la humildad. De esta manera nos refugiamos en su gracia.
Para Lutero, la idea del papel vicario de Cristo es el núcleo sistemático de la comprensión de la
gracia en lo que se refiere a la justificación. La gracia es la síntesis de la misericordia divina que no
imputa el pecado a causa de la obra de Cristo. En este paso de transposición la gracia no llega a ser,
como en Agustín y Tomás, una fuerza interna del hombre, sino que queda fuera como "virtus Dei". La
existencia cristiana se basa en el extra que da la obra redentora de Cristo; por eso se acepta la Palabra
de Dios como Evangelio de Cristo. "Sola gratia": Dios aceptó, a causa de Cristo, al creyente. La "sola
fide" no ha de entenderse en el sentido que la fe es una cualidad interna, sino que es sola fide en
cuanto ésta agarra a Cristo.
La idea de la soberanía absoluta y única causalidad de Dios es el contenido del principio
reformador: sola gratia, cuyo perfil, en diferencia a la concepciones escolásticas, no se acepta sin la
relación constitutiva a los principios: solo Christus, solo Verbo, sola fide, y que se reconoce muy bien en
el axioma "simul iustus et peccator". Esto no está de acuerdo con la doctrina agustiniana ni escolástica,
que pone en lugar del "simul" un "partim" (=en parte), porque no apunta a un estado habitual, sino al
juicio de Dios.
La gracia es, conjuntamente con ser misericordia, favor y bondad, un tributo de Dios dado al
hombre desde fuera en el acto del perdón, pero que no se comunica interiormente, de tal manera que
el hombre no podría participar en ella. No existe para Lutero una gracia creada, ni habitual. Se habla
de la gracia en el corazón, pues es la llegada de la Palabra por la fuerza del Espíritu Santo que se
identifica con la gracia de Dios. Por este acontecimiento toda la existencia del hombre se cambia. El
núcleo de la gracia, según Lutero, es el Dios misericordioso, no un concepto. Como este Dios se
comunica en Cristo, la comprensión de Lutero respecto a la gracia es cristocéntrica.
El antiguo problema de la relación gracia/libertad se plantea de nuevo en Lutero a partir de sus
conceptos personalistas. La salvación no significa que el hombre se decide por Dios, sino que Dios se
decide por el hombre. Como la voluntad del hombre está siempre "ocupada", está dominada por el
pecado o por Dios, no hay libertad, libre albedrío, en el sentido teológico. Esta ruptura radical con toda
la tradición de la teología occidental demuestra lo totalmente nuevo en la comprensión luterana de la
gracia. Estas consecuencias para la antropología y la doctrina de Dios lo tematiza Lutero
explícitamente contra Erasmo en "De servo Arbitro" (1525).
En suma, Lutero subraya una imposibilidad radical en el hombre para obrar bien. Debe esperar
todo de Dios y disponerse en el temor humilde a la misericordia de Dios para recibir su acción. Esto no
significa ni mera pasividad ni un concentrarse sobre sí mismo, sino que la vida cristiana se orienta en
este mundo por una continua "militia".
129
Lutero se opone aquí tajantemente a la "gracia habitual" y la acción del Espíritu Santo, interrelacionada con dicha gracia.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 84
e) El ser impulsado hacia el fin
Lutero trata de dejar muy en claro que mientras el pecado no imputado por la misericordia de
Dios no sea totalmente borrado y el amor perfecto a Dios no sea donado, los creyentes se encuentran
impulsados hacia el fin. La vida en este mundo es, por consiguiente, una vida de curación del pecado,
sin que termine aquí y sea lograda. Es necesario mirar hacia el futuro, que implica lucha continua,
"militia". Esta lucha apunta en contra del pecado, pero no como un esfuerzo a través de obras
humanas, sino como un gemir por la liberación, implorando a Dios la remisión de los pecados. El lugar
más apropiado para "querer la justicia" es la Iglesia. Ella es la "enfermería" para quienes deben
sanarse. El cielo es el espacio de los sanos y de los justos. El hombre a la vez justo y pecador se
encuentra en esta vida en un proceso de perfeccionamiento inacabado.
f) Conclusión
130
Según H.D. Hauschild Lutero se opone a la comprensión ontológica sacramental de la gracia
y parte de su nueva doctrina de la justificación por la sola fe, radicalizando así la tradición escotista y
nominalista, en un acentuado personalismo.
En lugar del marco pneumatológico, desde Agustín constitutivo para la teología de la gracia, se
ocupa ahora un marco exclusivamente cristológico. No se tematiza el problema cómo el ser inacabado,
contingente, necesitado del hombre puede cambiarse en forma habitual bajo la influencia de la gracia
divina, sino que se ofrece una definición nueva de la situación del hombre delante de Dios, tal como
éste se reveló en Cristo: gracia llega a ser un concepto de relación. Cristo es la gracia de Dios en
persona, y la fe en él, que se realiza en el escuchar la palabra, es la nueva existencia. Se trata ya no
de una cualidad nueva, sino de una situación nueva, fundada fuera del cristiano.
Tanto por el lado católico como por el protestante hay una necesidad de mediaciones notorias.
Pero surgen divergencias grandes en cómo pensarlas. De tal manera que difícilmente se llega aquí a
un consenso.
II. LA RESPUESTA DE TRENTO
a) DELIMITACION DEL PROBLEMA
Los decretos del Concilio de Trento tienen una expresa intención pastoral; prestan un esbozo
131
doctrinal para que los predicadores y catequistas sepan a qué atenerse .
Con Harnack, Brunner, Hauschild, de parte de los teólogos protestantes; Volk, Pesch, de parte
de la teología católica, se puede afirmar que existe un consenso profundo en los enunciados
fundamentales sobre la gracia y justificación entre Lutero y Trento, pero hay que fijarse bien lo que los
130
Cf. H.D. HAUSCHILD TRE, XIII, 490-91. Presentamos estas conclusiones de un autor protestante para asegurar mayor objetividad e
imparcialidad.
131
MS IV, 666-697; A. gaudel; DTC XII, 275-606; J. MARTIN-PALMA, Gnade Lehre Von der Reformarion bis zur Genenwart, HDG III,
5b, 1980; H. KOSTER, Urstand, Fall und Erbsunde Von de Reformation bis zur Genenwart, HDG II 3c, 1982; Th. BEER, Der frohliche
Wechsel und Streit Grubzuge der Theologie Martin Luthers, Einsiedeln 1980.
APUNTES DE CLASE 85
132
textos dicen y en las divergencias existentes .
Los Padres conciliares ciertamente no conocían a fondo las ideas totales del luteranismo, pero
no se los puede acusar, como lo hace Pesch, de que no se hayan esforzado en buscar una
coincidencia con Lutero. Lutero no es un sistemático, y la última explicación está, sin duda, en la
133
personalidad .
Expresamente los Padres no han querido tomar partido en las cuestiones discutidas por las
escuelas teológicas -agustinianas, tomistas y nominalistas-, lo que a veces se ha pagado al precio de
134
perder precisión conceptual en las afirmaciones .
b) EL DECRETO DEL PECADO ORIGINAL (DS 1510-1516; Dz 787-792)
Este decreto se dirige en contra de las tesis de Lutero respecto al pecado original y la
concupiscencia, contra los anabaptistas y Erasmo de Rotterdam (con sus comprensión de la
propagación del pecado original por "imitación"), y también contra Alberto Pighius, que enseña que el
pecado original no es un pecado propio, personal, de cada descendiente de Adán, sino que resulta de
la imputación de la culpa del único pecado de Adán a todos sus descendientes.
b1) La preparación del decreto y su estructura
135
Hay varias redacciones del texto . Para comprender el Decreto es importante que éste no
tiene la intención de decidir sobre opiniones doctrinales, sino defender la verdad contra el error.
Can. 1-3: Son una condenación adaptada al tiempo del pelagianismo. Canon 3 apunta contra
la doctrina de Pighio respecto a la unidad numérica del Pecado Original.
Can. 4: Presenta la doctrina sobre la necesidad del bautismo de niños, que excluye la doctrina
de los anabaptistas.
Can. 5: Sigue a la "Bulla Exurge" (DS 1451-1491; Dz.741-781) y toma posición en contra de la
doctrina de Lutero sobre la pecaminosidad de la concupiscencia después del bautismo. Esta doctrina
de la concupiscencia del canon 5 se constituye en base del Decreto de la justificación. El agregado
mariológico trata de impedir que el decreto del pecado original se interprete en contra de la doctrina de
la Inmaculada Concepción; pero el Concilio no pretende ofrecer una decisión magisterial en esta
controversia.
b2) Análisis del Decreto del Pecado Original
El Prólogo (DS 1510; Dz 787): señala la ocasión, el núcleo y el objetivo. La ocasión consiste en
132
H.D. HAUSCHILD, TRE Gnade, XIII, 490
133
P. HUNERMANN, Gnadenlehre, Tubingen 1985.
134
A GAUDEL, Op.cit., 275ss.
135
Cf. A. GAUDEL, Op.cit. 518-27
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 86
el hecho que sobre el pecado original se suscitan no sólo nuevas, sino también viejas disensiones; el
objetivo pretende aclarar la doctrina original y su remedio; el núcleo del texto expone que no se trata de
meras cuestiones de escuelas libremente discutidas, sino se quiere llamar nuevamente a los "errantes
y confirmar a los vacilantes en la fe católica". Se apoya en la declaración sobre los órganos e
intérpretes auténticos de la revelación. Escritura, Padres y Concilios aprueban los juicios y manifiestan
el consentimiento de la Iglesia misma. Trento se considera un concilio ecuménico reunido bajo la
dirección del Papa presente por sus delegados.
Canon 1 (DS 1521; Dz 788): Ofrece un ordenamiento más estricto de los elementos en
cuestión: habla sólo de Adán; llama la atención sobre el estado de Adán previo al pecado; insiste en el
estado de santidad y justicia, lo cual indica el carácter sobrenatural de este estado constituido, no
creado (Santo Tomás y San Buenaventura). La fórmula "pérdida de santidad y justicia" sustituye la
declaración del Sínodo de Orange sobre la pérdida de la libertad (DS 371). Se precisa tal declaración
en el sentido que no sólo la muerte corporal es consecuencia del pecado para Adán, sino también "la
esclavitud bajo el poder del demonio". El estado "in deterius conmutatem" (conmutado en deterioro,
empeorado), en cuerpo y alma, en todo su ser; pérdida de justicia y santidad; cólera e indignación de
136
Dios; muerte y esclavitud .
Canon 2 (DS 1511; Dz 789): Este segundo canon amplió lo dicho sobre Adán haciéndolo
extensivo a sus descendientes: Adán perdió para el género humano la santidad y la justicia antes
mencionadas y lo llevó a un estado de muerte y pecado. El Concilio de Trento reproduce literalmente el
canon 2 de Orange, cita Rom 5,12: "in quo", contra Erasmo, pero no se consagra la fórmula. Cabe
entender consecuencias generales del pecado original como el capítulo I del Decreto de la justificación
(DS 1521; Dz 793); importancia de la naturaleza y de la ley, aunque el libre albedrío no fue extinguido.
El canon 5 del Decreto de la justificación (DS 1155; Dz 8159) completa esto. En contra de Lutero y su
afirmación de la corrupción total de la naturaleza caída y particularmente de su libre albedrío, el Concilio
afirma el resto de voluntad para colaborar con la gracia.
Canon 3 (DS 1513; Dz 790): Se expone los rasgos característicos del pecado original. Es un
pecado transmitido por vía de propagación hereditaria y no por un acto de imitación; es un pecado
inmanente y propio de cada uno ("omnibus inest unicuique propium"). No puede ser borrado por otro
medio, sino por los méritos de Cristo. Elementos nuevos en este canon con respecto a los dos
precedentes son : 1) relación original con la propagación y 2) la existencia del pecado original en cada
uno de nosotros. En contra de Pighio (Pecado original: nihil esse ein iun unoquoque nostrum sed esse,
dumtaxat ipsam Adae prevaricationem quae revera nobis non insist, sed soli Adae) es afirmado la
inmanencia del pecado original en cada uno, no por un acto personal que imita la prevaricación de
Adán, sino porque el pecado original es transmitido por propagación hereditaria. "Sólo los méritos de
Cristo pueden borrar este pecado", ya es una verdad que Orange presentó en sus diversos aspectos y
de aquí se subraya por textos escriturísticos.
Canon 4 (DS 1514; Dz 791): Necesidad del Bautismo como remedio del pecado original: se
trata de una reproducción del canon 2 de Cartago sobre el bautismo de niños. Se añaden precisiones
más concretas: aún los niños nacidos de Padres Cristianos están afectados por el Pecado Original; el
bautismo es necesario no sólo para alcanzar el reino de Dios, sino también para conseguir la vida
eterna. Además de Rom 5,12 se cita a Jn 3,5, y se fundamenta el bautismo de los niños en una
tradición apostólica.
Canon 5 (DS 1515; 792): La eficacia del bautismo y la persistencia de la concupiscencia
después del bautismo. El concilio se opone aquí al error fundamental sobre la identificación de la
concupiscencia con el pecado original. La verdad católica es la destrucción total del pecado original por
137
el bautismo; la concupiscencia permanece en el bautizado como prueba para la salvación , y es
pecado porque procede del pecado e inclina al pecado.
136
Cabe insistir en la importancia que el Concilio atribuye a la libertad humana.
137
Cf. K. RAHNER, sobre el concepto teológico de concupiscencia, Escritos Teológicos I, 379-416.
APUNTES DE CLASE 87
b3) Conclusión
La estructura de las ideas es histórico-salvífica y toca cuatro complejos problemas:
1) El más importante es ciertamente el contenido cristológico, la obra redentora de Cristo.
2) Luego es importante el aspecto eclesiológico sacramental: el bautismo es un medio,
confiado a la Iglesia, de los méritos de Cristo que produce el perdón de los pecados.
3) Resalta la dimensión antropológica, la situación del hombre redimido, el encontrarse bajo
la ira de Dios, la esclavitud del diablo, el pecado, el sufrimiento y la muerte.
4) La dimensión etiológica, la explicación de este estado por la mirada retrospectiva a Gn 2-3.
c) EL DECRETO DE LA JUSTIFICACION (DS 1520-1583; Dz 792a-843)
La doctrina sobre el decreto de la justificación constituye una de las páginas más bellas de la
138
historia de los dogmas (H. Rnodet). El decreto es fruto de largas deliberaciones .
c1) El esquema del Decreto
1: Acerca de la justificación: Cp.1-4: bases doctrinales; Cp.5-6: necesidad y modo de
la preparación a la justificación; Cp.7: naturaleza de la justificación; Cp.8: contra la comprensión
luterana de la justificación; Cp.9: acerca de la certeza de la propia justificación, contra Lutero.
2: Sobre el desarrollo de la justificación: Cp.10: posibilidad del desarrollo; Cp.11: se
logra desarrollarla mediante el cumplimiento de los mandamientos; Cp.12-13: predestinación y
perseverancia final.
3: Sobre la recuperación de la justificación: Cp.14: penitencia; Cp.15: contra la
concepción protestante de la penitencia.
4: Acerca del mérito: Cp.16: se acoge algo central de la reforma; la justificación es el
centro de la doctrina de la salvación, la gracia es el medio para ella. Se ancla la justificación en Cristo,
ubicándola en la historia de la salvación que Dios hace.
c2) Análisis del Decreto
El prólogo (DS 1520; Dz 792a): subraya la intención del decreto, se propone la
verdadera y sana doctrina de la justificación que Jesucristo enseñó, que los Apóstoles enseñaron y la
Iglesia conservó siempre con el auxilio del Espíritu Santo.
138
Cf. MEIS A., El problema de la salvación y sus mediaciones, en el contexto de la Declaración Conjunta católica luterana sobre la doctrina
de la justificación, Teología y Vida 1-2 (2001) 89-121.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 88
1: Los capítulos 1-4 hablan de la doble intención de la justificación, es decir, el
presupuesto negativo y positivo.
Presupuesto negativo: Cp.1 (DS 1521; 793): resume el Decreto sobre el pecado
original. El hombre desde el pecado de Adán se encuentra bajo el domino del pecado y no puede
liberarse de éste ni por sus propias fuerzas ni por la ley, en todo caso, el hombre no ha perdido su libre
albedrío (Cf.Can.1 y 5: DS 1551; Dz 811).
Presupuesto positivo: Cp.2 (DS 1522; Dz 794): habla del misterio de la salvación de
Jesucristo, que toma su origen del Padre de toda misericordia, que fue anunciado por los profetas y se
cumplió en la plenitud de los tiempos. Fin de la misión de Jesucristo es la justificación tanto de los
139
judíos como de los paganos; y se expresa la filiación adoptiva (Cf. Can.1: DS 1551; Dz.811) .
Capítulo 3: en el centro de este capítulo está la palabra "comunicarse" (DS 1523; Dz
795). Mientras la situación pecaminosa es una situación, un contexto en el cual el hombre se
encuentra desde su nacimiento, la gracia justificante de Jesucristo le debe ser donada por el
renacimiento. Cf.Can.2 (DS 1552; 812); Can.10 (DS 1560; Dz 820).
Capítulo 4: ofrece una primera definición de la justificación (DS 1524; Dz 796) como
"translatio ab eo statu", o sea, el paso de aquel estado en que el hombre nace hijo de Dios (Rom 8,15)
por el segundo Adán, Jesucristo, Salvador Nuestro. El hombre es puesto bajo el dominio de Jesucristo,
introducido en el estado de gracia como adopción filial. Esto se realiza por el bautismo después de la
proclamación del evangelio. Con esto se dice expresamente que en el tiempo de la economía
veterotestamentaria el bautismo no era necesario.
Capítulo 5: necesidad de la preparación para la justificación en los adultos (DS 1552;
798). En el comienzo está la "gracia preveniente" de Jesucristo, el llamado que procede de El. Por él,
el hombre, sin ningún mérito es despertado y movido por la gracia ayudante hacia la conversión libre en
dirección a la justificación. Este toque del corazón, la iluminación por el actuar del Espíritu, mueve al
hombre de tal manera que éste co-realiza libremente estos movimientos. También puede resistir. Se
destaca aquí la confluencia de la gracia de Dios y la libertad del hombre. La gracia es preveniente, es
140
inicial, de ella procede el llamado; además, mueve y ayuda a la conversión . Cf. Can.4 (DS 1554; Dz
814); Can.5 (DS 1555; Dz 815); Can.3 (DS 1553; Dz 813).
Capítulo 6: describe el "modus praeparationis" (DS 1526; Dz 798): analiza los
momentos objetivos y subjetivos de la conversión. En el comienzo está el escuchar lo que Dios reveló,
sobre todo que Dios justifica al pecador por la redención de Jesucristo. Luego señala el reconocerse
pecador, "peccatores se esse inteligentes"; el temor frente a la justicia divina y la conversión a la
misericordia divina. Finalmente surge de ahí el principio de la esperanza, la fe que confía y el amor, la
aversión de los pecados y el propósito de recibir el bautismo; el comienzo de la vida nueva y la
observancia de los mandamientos divinos. Cf. Can.7 (DS 1557; Dz 817); Can.8 (DS 1558); Dz 818);
Can.9 (DS 1559; Dz 819); Can.12 (DS 1562; Dz 822); Can.13 (DS 1563; Dz 823); Can.13 (DS 1563; Dz
823); Can.14 (DS 1564; Dz 824).
Capítulo 7: es uno de los más importantes del decreto de la justificación y uno de los
más discutidos en cuanto "pieza maestra del decreto". Trata de la naturaleza de la justificación, de sus
causas (DS 1528-31; Dz 799-800). Se define la justificación como "non est sola peccatorum remissio,
141
sed et sanctificatio et renovatio interioris hominis per voluntariam susceptionem gratiae" . Luego se
enuncia como causas de la justificación la causa final: la gloria de Dios y la vida eterna; la causa
139
El Concilio está igualmente alejado del neoplatonismo de los humanistas que del pesimismo de los reformadores.
140
Indica S. SILVA, Apuntes, que los teólogos posteriores se basaron en esto para desarrollar la idea de la "gracia actual".
141
"No es sólo remisión de los pecados, sino santificación y renovación interior del hombre por voluntaria recepción de la gracia".
APUNTES DE CLASE 89
eficiente: Dios misericordioso; la causa meritoria: Jesucristo; la causa instrumental: el bautismo; la
causa formal: la única justicia de Dios por medio de la cual nos hace justos y somos, en el espíritu de
nuestra mente, renovados; no somos reputados, sino que somos llamados y realmente somos
142
justos . Can.10, 11: quea in cordibus eorum per Spiritum Sanctum difunditur etque ellos inhaeret (que
143
es inherente y difundida en sus corazones por el Espíritu Santo) . Se insiste en la dimensión
cristológica de la justificación y luego en la interrelación entre fe, esperanza y caridad.
Capítulo 8: Explica cómo se entiende que el pecador es justificado "gratis",
gratuitamente por la fe (DS 1532; Dz 801). Se remonta al concepto paulino de la fe (Rom 3,22-24; 1,16;
Heb 11,6). Resalta así el carácter absolutamente gratuito de la justificación.
Capítulo 9: igual como el Cap. 8, hace precisiones negativas con respecto a la fe de
Lutero como "fiducia". En la teología medieval hay una certeza en la esperanza/fe.
2: Los capítulos 10-14 tratan de la justificación en su desarrollo histórico. La vida en
la justificación significa un crecimiento en la gracia recibida de Jesucristo.
Capítulo 10: el camino de los justificados se caracteriza por los siguientes momentos:
1) abnegación de la carne y usar las armas de la justicia; 2) los justificados tienen que observar los
mandamientos de Dios y de la Iglesia y realizar otras buenas obras a partir de la fe; 3) finalmente deben
rezar y pedir el crecimiento de la justicia.
Capítulo 11: Dios no exige nada imposible en los mandamientos, ayuda en la
realización con su gracia. La observación de los mandamientos y la ayuda de la gracia no son nada
exterior; son más bien momentos de amor con que los hijos de Dios aman al Padre en Jesucristo; a
pesar de esta ayuda y esta orientación se mantiene incólume el deber de imitar a Cristo en su
obediencia, es decir, de trabajar, de modo tal que los cristianos sufren con Cristo para ser glorificados
con él; se rechaza la opinión que el justo en sus buenas obras peca venialmente o merece el castigo
eterno. Cf. Can.20; 18; 22 (DS 1536; 1537; 1538; 1539; Dz 804).
Capítulo 12: se pronuncia contra la presunción que uno puede saber si está
predestinado. Nadie puede saber que el hombre ha sido elegido por Dios, salvo por una revelación
especial (DS 1540; Dz 805). Cf. Can.15; 23; 16.
Capítulo 13: trata del don de la perseverancia como gracia (DS 1541; Dz 806).
3: Los capítulos 14 y 15 tratan de la posibilidad de recuperar la justicia.
Capítulo 14:DS 1542; 1543; Dz 807. Por el sacramento de la Penitencia la vuelta a la
gracia se hará por un proceso análogo al que ha sido descrito más arriba respecto del bautismo. Surge
como diferencia el hecho que el bautismo perdona la culpa y la pena eterna y temporal; la penitencia,
en cambio, perdona la culpa y la pena eterna, pero no siempre toda la pena temporal. Y de ahí la
necesidad de la satisfacción.
Capítulo 15:DS 1544; Dz 808: el pecado mortal significa la pérdida de la gracia, no de
la fe.
142
La fórmula "unica formalis causa" rechaza la idea que los teólogos agustinianos expusieron en el Concilio respecto a la opinión de una
"duplex causa formalis", es decir, 1) la justicia que el hombre recibe y 2) la justicia de Cristo que al final de los siglos llega a su pleno desarrollo.
143
La palabra "inhaeret" no pretende definir la gracia como "qualitas" o habito, sino indica más bien que la justicia permanece en el hombre
como principio permanente.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 90
4: Acerca del mérito trata el Capítulo 16
Capítulo 16: DS 1545-1550; Dz 809-810. Este capítulo es importante, se considera
un compendio de todo el decreto de la justificación. Habla de aquella meta hacia donde conduce la
justificación. Esta fe, la glorificación de Dios por la glorificación del hombre, es reflexionada aquí bajo el
punto de vista de la gracia y del mérito en una perspectiva sistemática. Se refleja en este lugar toda la
comprensión fundamental de la gracia de los Padres conciliares. El Cp.16 es rico en citas bíblicas,
palabras de Jesús, del Corpus Paulinum y de Jn 15. Se explica más de cerca el concepto "merces",
"meritum", recurriendo a la exhortaciones del NT de no cansarse en el obrar el bien y confiar en la
recompensa divina. Si el cristiano espera una recompensa en la eternidad es sólo a base de la
promesa misericordiosa de Dios que interrelaciona esta recompensa con su promesa y las obras
buenas. Se aclara así que se trata de un "tamquam merces" (como salario o recompensa) y no de un
mérito en sentido estricto. Se funda cristológicamente el sentido de la doctrina del mérito por la "vida" y
se insiste en los frutos, la fecundidad. El párrafo es un compendio de todo el capítulo (DS 1547), una
consecuencia de lo anterior. ("Itaque ne que propia nostra iustitia"). Si la perfección es don esencial de
Dios, al mismo tiempo la recibe el hombre, a causa de su buena vida, entonces se trata de la justicia
propia del hombre tan sólo en la medida en que el hombre la recibe fundamentalmente desde Dios.
Ningún hombre puede así confiar en sí mismo ni debe buscar honor. La confianza del hombre está en
la bondad de Dios, que es tan grande que permite que sus propios dones a los hombres se transformen
en méritos de éstos. En este sentido tiene razón el hablar de mérito, es decir, el discurso sobre el
mérito se integra en un contexto fundamental de gracia. Se destaca "mérito" como realidad
antecedente y desplegada de la gracia. El mérito es don de amor de Dios que se funda en su fidelidad,
en el dinamismo escatológico del designio divino: "quiso que fuesen méritos lo que de suyo son dones".
El misterio de la gracia no se adecúa a nuestra impecabilidad, sino a la misericordia del Señor.
c3) En síntesis
La justificación se piensa en Trento como "traslado del pecador a un nuevo "status".
Se comprende al hombre a partir de la relación de la alianza. La introducción del hombre en este
"estado" de gracia se comprende como un acto creador de Dios. Esta creación al hombre como sujeto,
como nueva persona, es de tal manera que su vida personal adquiere una forma nueva. Esta forma
nueva de vida es la "justicia de Dios", por la cual el hombre en lo más íntimo de su ser es renovado
mediante el Espíritu Santo, se justifica y recibe la vida eterna. El hombre es sujeto por esencia, pero
frente a la iniciativa de Dios es mera receptividad. En la teología medieval y temprana modernidad el
hombre es caracterizado por "potentia oboedientialis" (potencia obediencial), que en sí misma es un
principio activo, pero en vista a la gracia de Dios no es una capacidad activa, sino sólo capacidad como
receptividad frente a Dios, quien actúa en su amor desbordante. En este sentido, los teólogos hablan
de una "potentia oboediendi Deo": lo que el hombre puede hacer para prepararse para la conversión es
un actuar que por su parte es impulsado por la gracia de Dios y no proviene sólo del hombre.
La verdadera comunicación de la "justicia de Dios" nos hace justos, es decir, nos
capacita para observar los mandamientos de Dios en vista al fin último. Este actuar no es
simplememte dado al hombre del tal manera que el hombre podrá disponer de él, ni tampoco como
certeza o confianza incondicional; es un acontecimiento en el cual el hombre siempre depende de la
autodonación de Dios. En esta manera de comprender la doctrina de la justificación, ésta se
caracteriza como acontecimiento de parte de Dios, y la libertad humana resulta ser abstracta: se
subraya lo que es necesario para que el hombre entre en el "estado" de la justificación a partir de la
constitución óntica por la gracia de Cristo. Pero no se reflexiona sobre el "in esse" de la libertad divina y
de la libertad humana en el proceso de la justificación. Tampoco se tematiza la tensión de la libertad
humana con respecto a otras libertades humanas, es decir, en relación con la comunidad y sociedad.
De ahí que la dimensión eclesial queda enunciada en los puntos de partida, pero no explicitada. Aquí,
sin duda, Trento se distingue de Lutero quien ignora por completo la perspectiva eclesiológica de la
justificación.
APUNTES DE CLASE 91
CONCLUSION GENERAL
Existe "consenso" entre el Concilio de Trento y Lutero, pero también "diferencias".
Respecto del consenso hay que destacar lo siguiente:
1) Es importante el concepto luterano de "persona". Esta definición nueva de la
existencia humana es aceptada por el Concilio de Trento en continuidad con la doctrina agustiniana y
tomista de la gracia y justificación. El hombre se caracteriza de esta manera sólo como aquel que
recibe la justicia original por la comunicación divina; la justificación como pecador y la glorificación
definitiva de su existencia. La libertad del hombre, la posibilidad y realidad de su autorrealización se
basa en aquella autodonación de Dios misericordioso en que el hombre cree y pone su fe para ser
verdaderamente él mismo. El decreto de la justificación afirma que la libertad y autonomía del hombre
tiene su condición trascendental en la autocomunicación de Dios. Esta verdadera dimensión existencial
se abre para el hombre por la cruz y resurrección de Jesucristo. Así se caracteriza la situación del
hombre como a partir de su situación histórica, proveniente del encadenamiento generacional, como de
una situación pecaminosa, según el decreto del pecado original. Aquí se dan en Lutero y Trento los
mismo rasgos del concepto moderno de persona.
2) Los enunciados sobre la realización humana auténtica de la existencia del hombre
no son enunciados empíricos, sino de fe: atañen al ser del hombre que se articula en la historia y llega
a través de la historia por Jesucristo a la autorrealización. Algo semejante se da con respecto a los
enunciados que se refieren a la constitución pecaminosa del hombre. Tanto para Lutero como para
Trento, Adán y su pecado son un hecho empírico histórico y al mismo tiempo más que esto, es decir,
se trata de una entidad meta-histórica, protohistórica. Pues, en Adán se ve incluido todo el género
humano: la naturaleza humana como tal. En el pecado de Adán acontece algo que atañe a todos los
hombres, se determina la disposición interna y la constitución de la libertad, que precede a todo acto
histórico de la libertad en el sentido de un acto particular y se revela como determinante.
Las diferencias entre Lutero y Trento surgen a partir de la misma persona de Lutero, de su
convicción, que I. Congar llama "trágica". Ésta le impide atribuir algo al hombre para no disminuir la
grandeza de Dios. A la luz de tal convicción la interpretación del "simul iustus et peccator" por Lutero
resulta una simplificación en lo que la fórmula tiene propiamente de católico
1) Para la teología católica, el hombre también existe en este mundo indudablemente
como pecador y justo a la vez. Lo que el hombre es a partir de sí mismo, intrínsecamente, lleva
consigo la impronta de la "vanidad", la falta de "rostro", si Dios no le previene "desde fuera",
extrínsecamente, para darle consistencia en Su Palabra, un "rostro justo". Pero más allá de esta
paradoja cabe insistir, con la Sagrada Escritura, en la otra paradoja, la que afirma categóricamente que
el cristiano en este mundo ya está libre en realidad del pecado y participa en la vida eterna. De ahí que
no se encuentra bajo ninguna presión para seguir pecando, una vez que ha sido "puesto en libertad".
Con esto no se debilita la paradoja, es fuerte el choque entre el indicativo e imperativo paulino, se evita
la mera contradicción dialéctica como solución de desesperación.
2) Resulta, por tanto, obvio que el cristiano sigue siendo pecador hasta su muerte, y
que la redención definitiva se da "in spe". Pero con Pablo, la teología católica insiste en que el "in spe",
incluso del ser pecador en este mundo, suprime el "in re" inherente al ser justo, a partir de un "ya"
escatológico. Se da ciertamente importancia a la necesidad de descubrirse pecador, pero más allá de
esta disposición subjetiva para el católico, la justicia proviene de la objetividad de la obra redentora,
realizada en la historia de la salvación gracias a los méritos de Cristo ya introducidos realmente en la
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 92
vida del hombre bautizado.
3) es verdad que "el ser pecador" y el "ser justo" a la vez no pueden comprenderse
meramente a partir de categorías metafísicas. Desde Dios y Su juicio, el hombre se experimenta
profundamente pecador delante de Dios, y por la revelación de la justicia de Dios este mismo pecador
es declarado justo gratuitamente. A esta perspectiva válidamente "forense" la visión católica, sin
embargo, une otra, no descuidada por Lutero, pero demasiado poco acentuada: la de la santificación
efectiva interna como participación real en los méritos de Cristo. Esta participación, pues, no significa
un mero recibir pasivo, sino también un poder colaborar activamente; no sólo ser iluminado, sino
también un llegar a ser luz con Cristo. Recibimos, de hecho, el don de la gracia en nuestro interior
como algo propio nuestro, sintiéndonos no sólo amados por Dios, sino también, como dice San
Agustín: "amantes suyos".
4) En este "misterio de amor" ciertamente paradójico, el cristiano se expone siempre de
nuevo al peligro de buscar seguridad en sus propias obras. Pero en la medida en que profundiza su fe,
tomará también cada vez más conciencia de una transposición vertiginosa que acontece en el interior
de esta vivencia de la gracia. Es Jesús, nuestro abogado ante el Padre, quien comprende e integra
nuestras miserables y hasta humanamente equivocadas obras a la luz de la gracia y del amor que El
nos tiene, presentándolas así al Padre. Esta transposición ya se hace necesaria en el nivel de la
relación general entre criatura y Creador: Adán en el estado original necesita ya de la gracia para ser
socio de Dios, que en la realidad pecadora se radicaliza ad absurdum. Pues en la medida en que el
cristiano experimenta la gracia le invade siempre el sentimiento del temor de los santos.
5) Es indudable que el cristiano como ser en el mundo, se siente siempre como
impulsado hacia el fin, la salvación definitiva. Pero es el justo por la gracia y sólo él quien conocerá lo
que la Escritura llama "mundo". Aquí no se trata de pecados personales delimitados, sino del dominio
de la "hamartía" (pecado), el ámbito de la concupiscencia, esta raíz de donde brota el pecado como
potencia real, pero igualmente reales son los traspasos y los contextos de ambos. En la medida en que
no se saca la raíz no sólo brotan siempre nuevos pecados, sino también se "mancha" lo bueno. ¿Qué
obra, pues, es tan buena, que no tenga motivaciones menos valiosas? Hay así un nivel intermedio
entre la expresión psicológica y lo no experimentable en la fe, donde se patentiza lo que es el mundo
como desarmonía e impureza de corazón. En esta zona los santos se desesperan de sí mismos y
desean separarse de su propio cadáver, una experiencia que para la teología católica es posible sobre
la base de una experiencia real de la gracia en la santificación auténtica interna, óntica. Sólo así la
realidad del "mundo" se desvela.
6) Esta luego se profundiza cuando en la experiencia del mundo se confunde la
distinción entre mi pecado y el tuyo en el misterio de la solidaridad del pecado. Todo pecado significa
pecar contra la comunidad y como tal es co-causado por la comunidad por lo que no se hace menos
sino más grave, por la mayor responsabilidad que le incumbe. En este punto la paradoja católica va
más lejos que la interpretación luterana. En la medida, pues, en que el cristiano participa más en la
santidad del Redentor, toma parte más activa en la culpa ajena. Nunca podré distinguir lo que tengo
que sufrir por los propios pecados y por los pecados ajenos, como Cristo, que en la cruz sufrió por
todos. Desde Cristo es imposible al cristiano ponerse sólo por el lado de Cristo, pues debe
comprenderse siempre como alguien que causó la cruz de Cristo.
7) Esta experiencia adquiere su expresión plena en la "tentación" cuando se abre el
abismo entre el ser y el deber ser desde la visión de la justicia divina y el juicio: una visión que es
verdad también cuando el abismo queda cubierto por la gracia y el amor transformador. No se trata
sólo de una distancia permanente y de falta de superación, sino también de una perversión sin la
esperanza de todas nuestras obras, de toda la perdición de lo humano delante de Dios cuando la gracia
con que el pecador no puede contar, ni se bebe exigir, no se da. Nadie que se encuentra en esta
tentación podrá salvar alguna obra del fuego del juicio. Es una visión de la posibilidad real de que Dios
podrá ejercer Su justicia.
8) Esta "experiencia" encuentra su expresión dogmática en el hecho de que la
redención del mundo acontece en aquel momento en que el pecado alcanza su punto culminante: el
APUNTES DE CLASE 93
asesinato de Dios en la cruz. En este asesinato participa cada pecador activa y actualmente, al mismo
tiempo que su pecado, por grave que sea, es allí redimido y justificado. La experiencia personal es sólo
un eco de lo que acontece como ley de salvación, es decir, la gracia de Dios se da en forma de un
juicio sobre los pecadores que se encuentran representados por Cristo en la cruz. Cristo es el único
que en el sentido verdadero es justo y pecador a la vez. Ahí donde abundó el pecado sobreabundó la
gracia. La última palabra que se puede decir en esta problemática del "simul" es una palabra
cristocéntrica. Y esta palabra es la que nos une hoy.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 94
PARTE IV:
BREVE TRATADO DE
ALGUNAS TENDENCIAS
QUE EXIGIERON CLARIFICACION
DOGMATICA
INTRODUCCION
El problema se plantea a partir de la autonomía moderna y la gracia.
Los tres siglos de reflexión postridentina significan un período de sombras, pese al resplandor
de la contrarreforma y la época barroca, lleno de malos entendidos, de discusiones frecuentemente
bizantinas, parciales y apasionadas.
a) La reflexión teológica más que elaborar una respuesta e iluminar el surgir de la racionalidad
moderna se adecúa (sin pretenderlo explícitamente, sino más bien polemizando contra dicha
APUNTES DE CLASE 95
racionalidad) y asume en lo que respecta al tema de la gracia una perspectiva antropocéntrica que se
caracteriza por su racionalismo como por su moralismo.
b) La recepción de la enseñanza del decreto de la justificación del Concilio de Trento fue muy
parcial y unilateral. Con ello se fomenta -con la prohibición de Pío IV en 1564 que impedía cualquier
comentario de los textos conciliares- una utilización hasta juridicista de los textos tridentinos que
todavía perdura en ciertos medios. Se unilateralizó el mensaje de Trento como una simple y primitiva
afirmación de la "gracia creada" que potencializa la libertad del hombre y que deja en la penumbra la
dimensión increada de la gracia, es un esquema que paraliza las libertades de Dios y del hombre y que
establece una especie de competencia que trata de precisarse lo más nítidamente posible. Se impone
la hegemonía de una escolástica abstracta y racionalista que reduce el tema de la gracia a conciliarla
con la libertad humana como si se tratara de mediar entre dos cifras abstractas.
c) El agustinismo postridentino se opone a la escolástica (Bayo y Jansenio) y pretende remitirse
a la Escritura y a San Agustín.
d) Los problemas que trascienden el Concilio de Trento y Lutero requieren de una
profundización y aclaración también en sus repercusiones sociales. Se muestra cómo la doctrina de
Calvino (M. Weber) influyó en la formación del sistema económico moderno. La sociedad moderna, tan
determinada por la revolución francesa, recibió influencias profundas del jansenismo.
e) El nuevo concepto de "natura".
f) El retorno a los Padres Griegos.
I. M. BAYO (1513-1589)
Fue profesor de teología de Lovaina, un baluarte de la contrarreforma. En su afán
ortodoxozante y contrarreformador, trató de recuperar la doctrina agustiniana, pero de una manera
bastante arcaica, cuyo resultado fue el que su planteamiento de hiciese sumamente vulnerable.
a) Idea central de su sistema
En la base de la concepción antropológica de Bayo se encuentra la idea errónea de que "la
justicia original fue natural al hombre"; Adán necesita de Dios y del don del Espíritu Santo, pero los
dones pertenecen a la integridad de su naturaleza. El Espíritu Santo, la gracia se transforma así en un
elemento necesario de la creación.
El autor pretendió un retorno a la Escritura y San Agustín. Tanto para Bayo como para Agustín
"el hombre está hecho de tal manera que en cualquier hipótesis tiene necesidad de socorro exterior de
Dios". Sin embargo, para Agustín todo se explica como "misterio de Amor"; para Bayo, en cambio, el
hombre exige, merece, reclama. De ahí que H. De LUBAC muestra la asombrosa semejanza de Bayo
con Pelagio.
En sintonía con esta inspiración agustiniana, nuestro teólogo distingue entre la "libertas a
servitute" y la "libertas a necessitate". La primera se conquista cuando la caridad desplaza a la
concupiscencia. La segunda, en cambio, es inasequible. Esto significa que en el estado actual el
hombre estará siempre necesitado (Dz. 1938, 1966). La libertad no es la exención de toda necesidad
interior, sino la capacidad de hacer algo espontánea o voluntariamente (Dz. 1039).
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 96
De lo anterior se sigue que todo lo que el hombre no justificado haga, lo hace bajo el impulso
de la concupiscencia y, por tanto, es pecado (Dz. 1025, 1035, 1040, 1050, 1051)
b) Conceptos aclaratorios
la gracia no es un estado o un hábito permanente sino una sucesión de actos de
obediencia a los mandamientos (Dz. 1042, 1069). A ella se le llama "justicia de las obras"
(iustitia operum).
según Lutero el hombre puede hacer obras buenas porque está justificado por la fe; para
Bayo, en cambio, está justificado porque hace buenas obras. En otras palabras, no somos
justificados ni por la sola fe (posición protestante) ni por el don permanente e inherente de
la gracia (posición católica), sino por las obras.
dado que la justificación no es un estado ni un hábito estable, sino una secuencia
discontinua de actos puntuales, la caridad puede coexistir con la no remisión de los
pecados.
c) Los estados del hombre
En el estado original, la armonía, los dones preternaturales, el don del Espíritu Santo son
exigidos por vocación natural, no son gratuitos, ni sobrenaturales. Bayo naturaliza lo sobrenatural.
Saca de ahí la consecuencia que el primer hombre -igual como los ángeles-, que permanecían en el
bien, podía merecer la vida eterna en el sentido estricto de sus buenas obras. Aquí se desarrolla una
idea de méritos que es estrictamente la de un pago proporcional.
En el estado caído, el hombre al perder la justicia original pierde su rectitud natural. El género
humano está totalmente corrompido; esta corrupción es la concupiscencia o el pecado original, un
estado habitual que se actualiza desde que se despierta la conciencia.
En el estado redimido, la integridad del hombre destruido por el pecado, es reparada por Cristo,
es decir, se restaura la integridad natural. En el orden de la redención el don de la caridad y del Espíritu
Santo es una gracia, una gracia sanante y no una gracia elevante. La concupiscencia permanece "in
actu" como el pecado original con que se identifica. Pero después del bautismo no es ya imputada. La
gracia de la redención no es tampoco más que una condición extrínseca de la moralidad. Si bien hay
un don habitual de gracia Bayo lo restringe al perdón de los pecados. Admite -a diferencia de los
protestantes- una gracia interior, pero no tiene otra función sino producir la acción moral. Todos los
actos que están privados de la fe y de la caridad están intrínsecamente corrompidos. El mérito: con
ayuda del Espíritu Santo el hombre de nuevo -como el hombre paradisíaco- puede cumplir la ley y los
mandamientos de Dios. Pues el elemento formal del acto humano consiste en la obediencia frente a la
ley. Esto remonta únicamente al hombre. Por este cumplimiento de la ley, que ahora es posible para
el hombre, éste se merece como pago la gloria celestial. En síntesis, se puede ver que a este planteo
subyace un concepto autonomizado y moderno de lo que es la naturaleza humana.
d) La Bula "ex omnibus afflictionibus" (DS 1901-1980; Dz 1001-1080)
Primero en 1565 las universidades de Alcalá y Salamanca condenaron 28 afirmaciones de
Bayo. Este apeló a Roma, pero el papa Pío V en 1567 edita la Bula condenatoria.
Estado original: proposiciones: 21 (DS 1921); 26 (1926); 55 (1955); 78 (1978).
Estado caído: proposiciones: 27 (DS 1927); 28 (1926); 29 (1929); 30 (1930); 35 (1935); 37
(1937); 40 (1940), y también la célebre proposición 25 (1925).
APUNTES DE CLASE 97
La condenación de Bayo por esta Bula de Pío V significa un progreso respecto de Trento, en la
medida en que integra aspectos teológicos importantes; condena el optimismo radical de Bayo con la
distinción entre lo natural y lo sobrenatural (propos.21 y 24); mantiene el carácter voluntario en la
determinación del mismo pecado original; éste no puede confundirse con la concupiscencia, con las
tendencias malas (propos.50,51 y 75) que representan una confirmación de Trento; la Bula desaprueba
el pesimismo radical de Bayo respecto a las consecuencias del pecado original en los infieles y en los
bautizados, acentuando nuevamente ciertas fuerzas del libre albedrío (propos.25,29,30, 37, 34, 36, 38).
El documento papal no significa una ruptura con la Tradición agustiniana, como se piensa, sino que
está en perfecta continuidad con la enseñanza del Magisterio.
En síntesis: tenemos en Bayo una perspectiva teológica ajustada al hombre autónomo de la
modernidad, que necesita de medios para poder caminar su camino, pero quien dispone
soberanamente de estos medios. Es al mismo tiempo sujeto jurídico absoluto y recibe el pago de su
vida como consecuencia del trabajo realizado. Llamó la atención en Bayo su obra "De meritis operum",
porque ya no sigue el autor aquí a la tradición escolástica.
II. C. JANSENIO (1585-1638)
Fue también profesor de teología y, además, de exégesis en Lovaina. Su obra más importante
fue publicada después de su muerte, en 1640, y se titula "Augustinus". Ella desatará una inmediata
condena de los jesuitas lovainensis, y así se inicia una disputa que se prologará por casi 100 años y
que será especialmente intensa en Francia (Arnauld, Pascal y Quesnel, por un lado, y los jesuitas por el
otro). Jansenio se opone a la escolástica y pretende remitirse a la Escritura y san Agustín.
a) La idea central
En el sistema jansenista se encuentra el mismo error inicial que en Bayo: el estado original de
la criatura racional se identifica con el estado de Adán previo a su pecado. Hay aquí una oposición
entre la gracia del estado original y la gracia del estado de naturaleza caída, basada en una
interrelación particular de los capítulos 10-13 del "De corruptione et gratia" de San Agustín: la justicia
original es debida al hombre inocente. Este optimismo lleva a un pesimismo consecuente: la gracia de
Dios actúa sobre las ruinas de la naturaleza; el pecado original se identifica con la concupiscencia; la
naturaleza es corrompida hasta sus raíces más profundas.
b) La distinción entre el "adjutorium sine quae non" y el "adjutorium quo"
Esta distinción permite aclarar la doctrina acerca de la gracia. El primero lo tenía Adán y lo
dejaba en la posibilidad de un uso adecuado de su libertad. Esta ayuda era requerida no por la
grandeza de la meta sino por la ligazón a la nada de la creatura "ex origine suo" (desde su origen). La
gracia de Adán funcionaliza el uso de la libertad y se adecúa a las posibilidades de ésta.
En la situación del hombre caído la gracia se requiere como "adjutorium quo": por el pecado el
hombre se encuentra sometido a la concupiscencia que se expresa en la libido.
El pensamiento de Jansenio reitera algunas de las tesis de Bayo, entre las cuales se encuentra
la referente a la libertad: Jesucristo da la gracia a los elegidos, una "delectatio", un tipo de determinismo
psicológico, ya que Jansenio piensa que para que haya libertad basta que sea una "Libertas a
coactione", pero no se precisa una "libertas a necesitate". Así como para Adán la gracia no es más que
un instrumento de la libertad, así también para el hombre caído es un poder avasallador de Dios que lo
determina psicológicamente. A la predestinación corresponde como signo una vida muy austera y
medida.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 98
Lo anterior significa que la gracia para Jansenio es siempre eficaz, pero se otorga a pocos. La
inmensa mayoría de la humanidad se condenará, incluso los niños muertos sin el Bautismo. Este
"elitismo" de la gracia obedece precisamente a su carácter "gracioso", es decir, si se diese
universalmente ya no sería un don digno de ser llamado gracia. Cristo ha muerto sólo por la minoría
predestinada.
c) Bula de Inocencio X "Cum occasione" de 1653 (DS 2001-2007)
Se condenan cinco proposiciones de Jansenio. No apuntan a la doctrina del pecado original en
sí, sino a las consecuencias exageradas de la "enfermedad de la naturaleza caída". El jansenismo
recibe posteriormente una nueva condenación en la persona de P. Quesnel (Cf. Bula Unigenitus 1731
(DS 2400-2502; especialmente las propos.35, 38, 39, 41, 44, 59) y la constitución "Auctorem Fidei" en
que Pío VI en 1794 condena el Sínodo de Pistoia celebrado en 1766, que representaba la culminación
del jansenismo italiano (DS 2618ss), especialmente las proposiciones 16 (DS 2616; 17 (2617); 18
(2618); 23 (2633); 26 (2626); 24 (2624).
En resumen: la estructura subyacente a los planteos de Bayo y Jansenio refleja un
presupuesto antropológico moderno de autonomía. La gracia no es más considerada como
presupuesto y fundamento de la libertad como sucede en una perspectiva teocéntrica sino como
instrumento que le permite volver al hombre sobre sí mismo. Se da una instrumentalización de la
gracia, una radicalización en las pretensiones y posibilidades de la libertad como realidad autonómica.
Tanto en Bayo como en jansenio hay una tácita asunción de un presupuesto que plantea el problema
de la gracia en una óptica diversa, la del espíritu moderno autonomizado.
Esta nueva manera de plantearse el tema de la gracia se grafica de modo especialmente nítido
si se considera el nuevo sentido que adquiere natura y naturaleza como una dimensión que ya no se
entiende más teonómicamente sino antropocéntricamente, como una realidad autárquica cerrada en sí
misma.
APUNTES DE CLASE 99
PARTE V:
LA GRACIA EN LA ESCOLASTICA BARROCA
Desde el siglo XVI al XVIII se realiza la disputa "De Auxiliis", que se polariza entre dominicos y
Jesuitas. Estos trataron de conciliar en sistemas diversos la gracia y la libertad del hombre. El dominico
Bañez, por una parte, y el Jesuita L. Molina, por otra, son los principales representantes de esta
cuestión en que se llegó a sutilezas ya exageradas. Los Papas trataron inútilmente de poner fin a ellas.
a) Es importante, sin embargo, un concepto previo y fundamental que se consolida en esta
disputa, el cual tendrá profunda repercusión en la historia de la reflexión teológica posterior sobre la
gracia: el concepto de natura pura o status naturae purae (=estado de naturaleza pura). Este concepto
tiene un antecedente en el humanismo que introdujo la idea de una religio naturalis (religión natural), es
decir una religión articulada racionalmente y sin otro recurso a no ser a la humanitas.
b) Un primer planteo de la idea de naturaleza pura la encontramos en Dionisius el Cartujo, un
amigo de Nicolás de Cusa que murió en 1474, y que afirmaba que el hombre con su naturaleza
humana tiene un fin natural diverso al fin sobrenatural: "desiderium naturalem in naturalem finem tendit"
(deseo natural que tiende a un fin natural). Se establece aquí una correlación estricta entre deseo
natural y capacidad del hombre. Queda, así, manifiesta la diferencia con el planteo de Santo Tomás de
Aquino y su desiderium naturale in visionem beatificam (deseo natural hacia la visión beatífica).
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 100
c) Cayetano de Vío (1469-1534) presenta la misma idea que Dionisio pero con el agregado
que la presenta como si fuese la de Tomás de Aquino. Dicha hipótesis es la que se generaliza
rápidamente entre los teólogos, alcanzando su más acabada representación en Francisco de Suarez
(1548-1617). Suarez publica en 1592 "De ultimo fine hominis" (Acerca del fin último del hombre), en
cuya obra afirma que cada substancia tiene su propio fin natural, el cual es buscado por medio del
"appetitus naturae" (apetito natural) al que corresponde una capacidad determinada en la naturaleza
para realizarla. Es precisamente por lo anterior que Suarez niega la posibilidad de un "desiderium
naturale in visionem beatificam", como el postulado por Santo Tomás. Dos son las consecuencias que
derivan de las premisas suarecianas, que entonces se imponen como opinión teológica común:
1) 1.- Con respecto al fin sobrenatural del hombre, la naturaleza de éste se establece
como una mera potentia obedientialis (potencia obediencial). Este fin, por su
parte, se delimita como exterioridad con respecto a la naturaleza.
2) 2.- Adán, con el pecado, termina con los dones sobrenaturales, pero la natura
hominis (naturaleza del hombre) permanece intocada, así también la capacidad de
un amor natural a Dios. Es precisamente por lo anterior que se explicaría que no
todas las obras de los paganos son pecado.
Este planteo de Suarez, que originalmente pretende salvaguardar la gratuidad de la gracia,
para lo cual insiste en la sobrenaturalidad de ésta diferenciándola con nitidez de la naturaleza, se
pervierte, en el hecho, como una sustanciación de una dicotomía entre natura y supernatura, lo cual
tendrá graves consecuencias posteriores no sólo en cuanto consolida las pretenciones de un
secularismo autárquico y reduce así la dimensión de la fe a un determinado terreno, sino en la medida
en que se hace predominante entre los teólogos no logra responder a las preguntas, sino más bien se
desliga de las pretenciones y preguntas de la racionalidad moderna. Al interior de la Iglesia se favorece
una ruptura entre teología y experiencia de fe. En la teología católica éste será el enfoque
predominante hasta el Concilio Vaticano II, pero en que se intenta ya replanteamientos significativos,
hechos por discípulos de Santo Tomás, como Scheeben y Rahner.
PARTE VI:
APUNTES DE CLASE 101
INTENTOS DE REPLANTEAR
LA REALIDAD DE LA GRACIA
Si miramos atrás en la historia de la teología de la gracia constatamos que los problemas
sobresalientes son los de Agustín: gracia y libertad; gracia y mérito; justificación y predestinación. Todo
el desarrollo del dogma queda marcado por estos temas que unilateralmente dejan de lado una
doctrina que constituye el centro del pensamiento católico, a saber: la inhabitación del Espíritu Santo.
Hemos visto cómo desde fines de la edad media se establece una escisión entre el tratado de la
Stma.Trinidad, donde se habla de la misión del Espíritu Santo, y el tratado de la Gracia. La gracia
creada ha pasado al primer plano; pero en la medida en que se va acentuando el concepto de
"naturaleza pura", el don del Espíritu Santo se afirma cada vez con menor énfasis.
1. RESCATE DEL DON DEL ESPIRITU SANTO
a) Como protesta en contra del error mencionado hay que comprender la famosa tentativa de
Petavio, el Padre de la historia del dogma. Escribe en plena controversia jansenista, sin mayor interés
por estas herejías que rechaza, sobre la presencia de Dios en el hombre tal como la presenta la
Sagrada Escritura y los Padres de la Iglesia. Estudió los textos patrísticos, especialmente de Cirilo de
Alejandría sobre la misión del Espíritu Santo. En el alma de los justos no solamente hay una gracia
creada, sino el mismo Espíritu Santo: somos su templo, su morada. Sin renunciar a la gracia creada
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 102
sostiene que lo que debe ocupar el primer lugar es el don de Dios. Petavio lo recuerda citando textos
de los santos Padres en que éstos prueban la divinidad del Espíritu Santo a partir de la divinización del
cristiano. En una teoría propia se opone a las opiniones de la escolástica. Comúnmente se enseña
que la presencia de Dios y la unión que resulta de ella es propio de las tres personas, y no es atribuido
al Espíritu Santo más que una especie de acomodación. Pero no debemos contentarnos con atribuir la
santificación en nuestra alma al Espíritu Santo como la Encarnación al Hijo. Las tres personas divinas
han operado la Encarnación, pero todo cristiano debe admitir que sólo el Verbo se ha encarnado. Lo
mismo sucede, según Petavio, en nuestra santificación: hay algo que es personal al Espíritu Santo y
que sólo pertenece a EL. El Espíritu Santo está en nosotros como el Verbo está en la santa humanidad
de Cristo. En la humanidad de Cristo están presentes el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, pero el Hijo
está allí de una manera que sólo le pertenece a EL, como principio, como forma substancial que hace
que este hombre sea Dios. Así ocurre con el Espíritu Santo en nosotros. Pero Petavio sabe que no es
igual la unión de la santa humanidad de Cristo con el Verbo que la del justo con el Espíritu Santo. Esta
última no es una unión física ni hipostática, no somos dioses por naturaleza, sino solamente por gracia.
Cristo es Dios, no sólo un ser divino. El Espíritu Santo, aunque haciendo en nosotros la función de
forma, no hace de nosotros "espíritus", sino solamente seres espirituales. Petavio no sabe explicar
mejor este hecho.
b) El problema propuesto del Espíritu Santo como causa formal de nuestra santificación es
recogido por un teólogo alemán: M. J. Scheeben, buen conocedor, como Petavio, del pensamiento de
Cirilo de Alejandría y también ferviente discípulo de Santo Tomás. Su teología de la Santísima Trinidad
dirige efectivamente su teología de la gracia. Muestra Scheeben, con Santo Tomás, cómo se opera la
misión invisible del Espíritu Santo. El Espíritu Santo en nosotros enciende una llama, un amor análogo
al amor substancial que es EL mismo. Pero nosotros poseemos el Espíritu Santo sólo por gracia. El
mismo Verbo nos es dado y engendrado en nosotros, y nos convertimos en imágenes vivientes del
Padre, reflejos de su resplandor. Las tres personas están en nosotros substancialmente,
personalmente, y esto no solamente en el sentido de que Dios está en toda creatura, porque los tres
nos marcan con su huella como el sello marca la cara. La marca del sello permanece, es verdad,
cuando éste se retira, pero la marca de las personas divinas no dura más que cuando ellos están
presentes. Las tres personas, dice Scheeben, con Santo Tomás, nos son dadas como en aras de la
vida eterna, a fin de que ya aquí abajo podamos gozar de su presencia. Dios no está lejos, sino muy
cerca.
La presencia de Dios es, pues, una presencia ontológica. ¿Es personal hipostática? ¿Vienen
las personas divinas a nosotros con su índole personal? ¿Cada uno con lo que le es propio? ¿En tanto
que el Hijo procede del Padre, que el Espíritu les une por el amor?. Sí, el Espíritu Santo está en
nosotros formalmente por lo mismo que le constituye persona: como una efusión y una garantía del
amor del Padre por el cual el Padre nos ama en su Hijo como hijos adoptivos. El Espíritu Santo viene a
nosotros como la flor de la ternura y la amabilidad divina, en una palabra -como el beso del Padre y del
Hijo que nosotros recibimos en lo interior del alma. Pero de nuestra parte, en la medida en que
tomamos conciencia de esta presencia del Espíritu Santo, de cuya posesión gozamos, devolvemos al
Padre su beso y gozamos de su inefable dulzura. En El y por El llegamos al Padre y al Hijo. En El y
por El nos elevamos por el conocimiento y el amor hasta el gozo de las otras dos personas, de quienes
nos viene el Espíritu Santo-. Mientras estamos en la tierra, estas realidades inefables están envueltas
en el Misterio, pero nos serán reveladas en el cielo. Si la presencia del Espíritu Santo nos es aquí
abajo más manifiesta es porque aquí abajo el amor lo arrastró más allá del conocimiento. Hasta aquí
Scheeben no hace apenas más que valorar las afirmaciones tradicionales. Pero también propone,
como Petavio, una teoría propia.
El Espíritu Santo, nos dice la Escritura, está en nosotros como en su templo. Este templo
consagrado por la presencia divina es una posesión del Espíritu Santo. ¿No hay más que una manera
de hablar de ellos? ¿No será el Espíritu Santo más que por apropiación, el alma que es templo de Dios
y por ello de las tres personas? Scheeben no lo cree así y por ello enuncia la tesis de que el Espíritu
Santo nos posee de una manera especial, al modo como el Verbo posee la humanidad de Cristo, por El
y en El posee nuestra alma las otras dos personas como un templo y su morada. La posesión no es
exclusiva, pero es personal. Por eso, la liturgia, eco de la Tradición y de la Escritura, celebra al Espíritu
APUNTES DE CLASE 103
Santo como "dulcis hospes animae" ("Dulce huésped del alma").
Dos consecuencias se desprenden de esta doctrina:
1) La primera concierne a la santificación: el Espíritu Santo no es solamente con las
otras dos personas causa eficiente de nuestra santificación, sino la causa formal
de ella. No suplanta la gracia creada, ésta es a la vez un efecto de su presencia y
una disposición para recibirla, pero lo primero es el don del Espíritu Santo, no la
gracia creada.
2) La segunda concierne a la filiación adoptiva. Si somos hijos adoptivos es ante
todo gracias al Espíritu Santo que nos ha sido dado. El es en nosotros el principio
de unidad, el lazo de amor que nos une al Padre y al Hijo como también al Padre y
al Hijo. El alma santificada por el Espíritu Santo es hijo del Padre, esposa del Hijo.
Y de este modo por el don de la presencia del Espíritu Santo se consuma entre
Dios y su criatura la unión de amor que explica San Juan.
c) El padre De Regnon quiere completar las teorías de Petavio y Scheeben, renunciando al
exclusivismo de una unión especial con el Espíritu Santo.
2. RESCATE DEL CONCEPTO DE "NATURALEZA" A PARTIR DE LA GRACIA
Hay tres intentos significativos que influyen efectivamente en el Vaticano II: uno filosófico de J.
Marechal, y dos teológicos: de H. de Lubac y de K. Rahner.
a) J. Marechal es el fundador de escuela en la medida en que por primera vez conoce y exige
una relación positiva entre Santo Tomás y el Idealismo alemán. Y como viene de Kant (e
indudablemente de Fichte, Hegel) introduce una metódica concisa y una sistemática firme, en el edificio
del pensamiento tomista. Con esto se encamina hacia aquel punto sistemático que conocemos en
Schleirmacher y reencontramos en K. Barth.
Este punto se caracteriza de doble manera:
1.- Construye el espíritu finito a partir de la identidad inalcanzable del intellectus
archetypus (intelecto arquetípico) divino. De esta manera concibe a este espíritu como dinamismo que
desde su ser más profundo se mueve hacia lo absoluto: la visio Dei inmediata (visión de Dios
inmediata) que le es por esencia trascendente.
2.- Está dividido en sus intereses entre los ámbitos de la mística y de la metafísica. El
sentimiento de la presencia es una experiencia de la totalidad de la cual procede todo pensar
conceptual y que en la alta mística se despliega como aquella situación que, inasequible al sólo
esfuerzo de la inteligencia, prolonga el momento inicial. Este punto de identidad inalcanzable a la
naturaleza y dado sólo en la gracia y en el cual Dios se hace presente inmediatamente al espíritu, es el
objeto propiamente tal de la mística, pero también de la metafísica, porque es para ella el "desde
dónde" y el "hacia dónde" de toda la estructura del Espíritu hasta en sus actos más concretos, más
mundanos.
La Metafísica es la ciencia de lo absoluto, que como tal puede ser también tan sólo lo absoluto
que existe: Dios. Toda abstracción viene de lo más concreto. La actividad trascendental, expresión de
una unidad objetiva del Espíritu, desciende desde el ser ilimitado a las esencias limitadas. Según
Marechal, una Metafísica inductiva medio eremítica, que asciende desde los sentidos hacia lo espiritual
haciendo conclusiones lógicas respecto de lo divino, es imposible.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 104
Ahora bien, para Marechal este punto absoluto, a partir de lo cual hay que comenzar a pensar,
es consiguientemente no un alcanzar lo absoluto, sino un ser alcanzado por el que es un principio de
vida. Y esto es tan cierto que Marechal piensa desde el -punto absoluto- (la visión de Dios a lo místico)
e intenta interpretar todo el espíritu humano como ordenamiento hacia este punto. Por consiguiente,
hay que concebir al espíritu humano, más allá de la abstracción e intuición, como aquella capacidad en
la cual razón y voluntad constituyen una unidad que, en vista a una intuición no alcanzable por propia
fuerza, está construida de tal manera que tiene que tender hacia ella con toda su naturaleza y poseer
como naturaleza la intuición relativa del ser absoluto. Para Marechal este punto de unión entre la
mística y metafísica es inadecuado y, por eso, toda su obra queda como partida en dos partes: es un
teólogo escondido.
b) Henri De Lubac. La teología se ocupa, luego, del problema que Marechal sacó a la luz.
Muestra De Lubac -Surnaturel, 1946- que la problemática del desiderium naturale visionis, esto es, la
naturaleza humana supuesta, es una problemática que surgió del concepto concreto de la naturaleza
en la patrística y escolástica, y como tal se deja justificar.
Esta teoría parte del presupuesto de la revelación y de la gracia como dato, por consiguiente,
se ubica en la "fides quaerens intellectum" (la fe que busca comprender). Resulta un disparate
histórico la naturaleza pura del siglo XVI. De Lubac saca así a la luz el apriori escondido de Marcehal:
el punto de identidad, que no es el punto meramente filosófico, sino teológico: la visio beatífica. Frente
a la unicidad de este fin concreto -fin en vista del cual se ha realizado toda la obra de la creación- no
cabe hablar de una meta meramente "natural". Pensar a partir de este apriori significa poner como
punto clave de toda la argumentación teológica la autocomunicación de Dios en su misma apertura en
Jesucristo "ad intra". Más allá de este punto no se puede remontar. Con esto desaparece la solución
intermedia de una naturaleza que en su ser más profundo apunta a la Visio, pero que este
ordenamiento sólo se concibe como vellitas, un desiderium condicionado (deseo condicionado).
H. De Lubac, sin embargo, da a Marechal la siguiente concesión: el espíritu se caracteriza
como naturaleza por este dinamismo o se debe renunciar al término "naturaleza". Se reconoce en el
espíritu aquella criatura paradojal que se ubica en el límite entre la naturaleza y lo sobrenatural,
pertenece en la creación concreta a los dos órdenes. Pero en este caso ¿no coinciden caóticamente
de nuevo los dos órdenes que la teología católica distinguió con tanto esfuerzo? No, es la respuesta.
Aunque la creación a su manera es gratuita, y con esto, gracia, la elevación a la filiación adoptiva se
comprende como una segunda obra creadora más grande (Santo Tomás) y esto no en relación a la
primera obra, con respecto a la cual resulta ser como un "sobrenaturale late dictum" (sobrenatural en
sentido lato), sino a partir de su propio ser de comunicación personal de la vida intratrinitaria, que para
cualquier creatura resulta ser perfectamente libre e indebido. La finalidad del dinamismo de la
naturaleza y la gratuidad de la gracia no se excluyen mutuamente. Lo sobrenatural no tiene que ser
definido con respecto a una infraestructura que la soporta y sin la cual no podría existir.
Toda la argumentación de De LUBAC parte en forma más radical que Marechal del apriori,
pero invierte las perspectivas. No piensa sólo como Marechal a partir del acto realizado hacia la
condición trascendental, sino piensa desde lo histórico fáctico (es decir, del fin sobrenatural como
gracia pura) hacia lo natural objetivo. El fin es lo que en todas las cosas determina el funcionamiento
ontológico de los atributos de un ser. La mayoría de las críticas a esta postura de H. De LUBAC tiene
su razón en la costumbre de partir desde la criatura (en cambio él parte desde Dios).
Respecto de la concepción de H. De LUBAC puede hacerse observaciones:
1.- Se trata de una teoría audaz, casi aristocrática. Se considera lo más importante de Dios
como lo más importante del hombre. H. De LUBAC piensa desde arriba hacia abajo. Determina el
valor de lo de arriba, no por su distancia con respecto a lo de abajo, sino lo toma en sí. No teme hacer
de lo evidente una función de lo oculto y esotérico. Se da aquí la radicalidad de lo santos, que
considera estrecho y sin sentido todo lo que no sintoniza con el nombre de Jesucristo: todo recibe de El
APUNTES DE CLASE 105
la luz. Se trata de un pensar, una manera de pensar que une máxima confianza con respeto
grandísimo, porque comprende las aspiraciones más profundas de la naturaleza del hombre como
obediencia de la gracia ya dada.
No se puede desconocer que se da aquí el mismo paso de Marechal a H. De LUBAC, que el
que se da desde Schliermacher a K. Barth, es decir, desde un pensar filosófico natural a un pensar
teológico histórico y así desde el desiderium a aquella respuesta a la gracia que en el hombre se llama
fe. Aquí es posible dialogar sobre el término naturaleza-gracia, sin que uno de los participantes tendría
que ceder en su posición. La cuestión es, si esta teoría en su intención sin duda profundamente
católica, puede seguir siéndolo en sus consecuencias. De ahí las críticas por el lado católico, por
teólogos que entienden mal el punto de partida.
c) Karl Rahner. Casi es el único teólogo que propone una crítica constructiva. Este autor
aprueba ampliamente todas las proposiciones de H. De LUBAC. Pero considera falso el extrinsecismo,
que hace de la gracia un accidente casual para una naturaleza ya constituida. Falso también, hasta
peligroso, es el presupuesto de poder separar en el orden concreto entre orden de naturaleza y de
gracia, mientras que en la autoexperiencia del espíritu concreto (si se encuentra en el estado de gracia
o no), se da, de hecho, el existencial sobrenatural.
Cuando Dios da a la creación, y sobre todo al hombre, un fin sobrenatural, y este fin es lo
primero "in intentione", entonces el mundo, el hombre es, siempre y en todas partes, interiormente otro
en su estructura de lo que fuera si no hubiese alcanzado su fin. Así, es legítimo construir el ser
concreto del hombre desde este punto de partida.
En esto tiene razón H. De Lubac cuando entiende el dinamismo del Espíritu no sólo como
veleidad, porque de esta manera la naturaleza tendría de nuevo la posibilidad de cerrarse sobre sí
misma.
Finalmente, es correcto que se comprenda la gracia a partir de sí misma, como
autocomunicación personal del ser divino y no sólo como opuesta a la naturaleza. Las últimas
consecuencias, sin embargo, que H. De Lubac saca de estas premisas, Rahner las quisiera evitar. K.
Rahner pregunta ¿este ordenamiento interno del hombre a la gracia, es de tal manera un constitutivo
de su "naturaleza" y que, por consiguiente, el concepto "natura pura es imposible? En este caso, la
gracia es todavía gratuita? Rahner ve en esta interrelación entre naturaleza que sólo por la gracia
alcanza su perfección y la gracia misma una nivelación de los dos órdenes: la gratuidad de la creación y
la gracia, que a pesar del presupuesto de la creación, sigue siendo gratuita como autorrevelación de la
vida interior de Dios. Piensa Rahner que Dios no puede poner un dinamismo incondicional en la
naturaleza sin llenarlo. A partir del ser mismo de la gracia se concluye, más bien, la imposibilidad de
una capacidad para la gracia, que pertenece a la naturaleza del hombre o se concluye que una tal
capacidad -en el caso de ser necesario- pertenece ella misma al orden sobrenatural. Naturalmente el
fin del hombre es lo primero que Dios quiere y a partir de ahí concibe el ser concreto del hombre. De
ahí, la conclusión: si Dios quiere un fin sobrenatural y gratuito y si El lo quiere de tal manera que el ser
creado necesita una capacidad positiva e incondicional, entonces Dios tiene que darle esta capacidad
para este fin. No se sigue de aquí que esta capacidad tiene que pertenecer a su naturaleza. De lo
contrario crearía una creatura que en su totalidad fuese libre, con esta capacidad natural, y en este
sentido gratuita, pero no una creatura para la cual la gracia fuese gratuita. Si alguien dijese: al fin y al
cabo se necesitaría una "capacidad" para esta capacidad sobrenatural en la creatura, y esta capacidad
habría que pensarla como un elemento constitutivo natural del ser del hombre, entonces habría que
contestar: ¿pero quién demuestra que esta capacidad natural no habría que pensarla de tal manera
que, por un lado, es idéntica con la naturaleza del espíritu del hombre y, por otro lado ¿tendría todavía
su sentido y significado, si no queda colmada por la capacidad interna y sobrenatural para la gracia?
Esta naturaleza sobrenatural tiene que ser así que posee una apertura para existencial sobrenatural,
sin exigirlo de por sí como incondicionado. Por eso hay que distinguir, -aunque de modo abstracto pero
necesario- un doble dinamismo en nuestro espíritu:
1. Uno que constituye nuestra naturaleza espiritual y que no debemos identificar a posteriori
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 106
con él;
2. El que experimentamos en la aventura de nuestra existencia concreta.
Rahner piensa que recurrir, para recuperar la naturaleza del concepto gracia, a una operación
difícil del pensamiento: el existencial sobrenatural para la gracia, que es lo primero y lo último, por eso
el sentido de los planes de Dios, es lo más íntimo y lo más propio para el hombre, el centro y la raíz de
todo lo que es. Pero para obtener el concepto de "naturaleza" no hay que hacerlo a partir de este
centro como opuesto a la gracia. "Naturaleza", en el sentido teológico, es un concepto restante
(Restbegriff), es decir, lo que resta si se abstrae el centro interno del ser concreto. Este resto sería la
naturaleza pura, y como tal no se puede mostrar en forma sensible.
La crítica a la oposición de Rahner debe afirmar: el concepto de naturaleza pura como
concepto restante es posible en teología, hasta inevitable como opuesto correlativo a la gracia, lo
mismo que el concepto formal de naturaleza. Pero justamente en lo que Rahner presupone, y H. De
Lubac admite, se manifiestan los límites de esta operación. ¿Es posible afirmar al mismo tiempo que el
sentido de toda la creación consiste en el hecho que Dios quiere dar su gracia al hombre y abstraer el
centro más íntimo de este ser? ¿Cómo identificar este producto restante con la naturaleza espiritual
del hombre? Rahner intentó así completar el concepto "gratuidad desde arriba" -H. De Lubac- por
"gratuidad desde abajo".
El hombre debe ser definido como el ser del misterio, de tal suerte que este misterio constituye
la relación entre Dios y el hombre y al mismo tiempo la consumación de su ordenación al misterio
permanente. Para Rahner hay una realidad que es conocida, sin estar objetivada, que el sujeto hace
de su trascendencia. Esta realidad que es el término al cual remite esta trascendencia se nos da
solamente a modo de lejanía y ausencia, como el horizonte de la comprensión humana de la que es
imposible disponer y que se sustrae por sí misma a toda tentativa que quisiera apresarla. Esta realidad
es al mismo tiempo el misterio sagrado al que el hombre -y aquí está su rango distintivo- está
orientado. La gracia es, entonces, gracia de la proximidad de la comunicación de sí del misterio
permanente, del cual el hombre no puede disponer y cuya estructura escapa a toda apropiación. En
este sentido, la Trinidad económica, conocida por nosotros porque revelada, es ya la Inmanente. La
encarnación y la misión del Espíritu tan sólo son elementos determinados por la historia de la salvación,
de la única comunicación que Dios hace gratuitamente de sí mismo. En virtud de este "giro
trascendental" de la teología, que supone un cambio radical en ella, quedan implicadas en el misterio
de la gracia la Encarnación y la Trinidad, si bien la gracia no pertenece solamente al núcleo de la
revelación y de la salvación, sino que es este núcleo. De allí se sigue, evidentemente, que para la
doctrina de la gracia lo central es la llamada "gracia increada".
APUNTES DE CLASE 107
PARTE VII:
SISTEMATICA
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 108
I. NATURALEZA Y GRACIA
1. Planteamiento del problema
¿Cómo es posible comprender el ser del hombre si éste se comprende desde su relación con
el mundo?
2. Desarrollo del problema en la historia de la teología
El hombre se ubica en el mundo como un ser abierto. Esta ubicación, que es fundamental para
la autocomprensión del hombre desde Dios, ha sido abordada con la problemática "naturaleza y gracia"
en el tratado tradicional "De gratia". Dicha problemática remonta, sin duda, a la misma Biblia, que
distingue entre el orden de la creación y redención, al mismo tiempo que los interrelaciona desde
dentro. Pues cuando Pablo -1 Co 11,7- dice que "el hombre es reflejo de Dios" esta expresión supone
implícitamente una afirmación sobre la naturaleza del hombre tal como Dios la quiere. La ordenación
de la naturaleza humana a la "gloria futura" ilumina a su vez la vocación de toda la creación a partir de
la "gloria de los hijos de Dios" de que habla Rom 8,18-21 y hace aparecer el fin propuesto incluso a la
creatura racional.
El concepto "naturaleza" se relaciona, así, con el de "elección", "plan salvífico". En el A.T. se
atestigua el fracaso de la historia humana, el comienzo nuevo por medio de un pueblo con su papel
vicario. En Gn 18,17-19 se relata la unidad del orden de la creación y salvación desde la perspectiva de
Dios: el mundo pagano necesita al Pueblo de Dios, ejemplar en el cumplimiento de la alianza. La
mediación es el camino a la salvación. Los Padres de la Iglesia -Gregorio de Nisa- entienden bajo
"naturaleza" todo el género humano que Dios desea atraer hacia sí mismo y reconciliar gracias al papel
de la Iglesia Católica. La Iglesia llega a ser el eje de la historia del mundo y de las religiones como
portadora de la gracia, debido a su papel mediador, vicario.
En la Edad Media y luego en la Moderna, "la naturaleza" se individualiza y se comienza a hablar
de dos fines a partir del estrechamiento del marco de referencia al alma espiritual y la "visión beatifica".
El hombre es quien es constituido en potencial apertura, para que Dios le regale tal gracia, que no sólo
colma sus deseos más íntimos, sino también capacita al hombre para recorrer el camino hacia este fin.
APUNTES DE CLASE 109
Todos los fines secundarios del hombre se subordinan, por consiguiente al único:
Esta bella síntesis entre lo natural y lo sobrenatural lograda por Santo Tomás entró pronto, a
partir de Cayetano, en una profunda crisis, por dos razones:
1) a causa de un concepto nuevo de "natura" y;
2) frente al humanismo, renacimiento e Ilustración la teología intenta destacar la impotencia e
indigencia del hombre -Bayo-: la gracia se naturaliza. Frente a la segunda postura, el Magisterio en
los siglos XVI-XVII rescata lo indebido de la gracia, su gratuidad y libertad. La primera postura continúa
desarrollándose en torno al concepto natura pura.
Un primer planteo de la idea de naturaleza pura la encontramos en Dionisius el Cartujo, un
amigo de Nicolás de Cusa, que murió en 1474. Afirmaba que el hombre con su naturaleza humana
tiene un fin natural diverso al fin sobrenatural: desiderium naturale in naturalem finem tendit. Se
establece aquí una correlación estricta entre deseo natural y capacidad del hombre. "Se difunde la
idea, estrechamente coordinada, de la bienaventuranza que corresponde a la "naturaleza" del hombre y
que es por tanto puramente "natural", que dobla a la bienaventuranza sobrenatural, superior a la
naturaleza del hombre y a la que el hombre está destinado sólo por gracia. Queda claramente de
manifiesto la diferencia con el planteo de Tomás de Aquino y su desiderium naturale in visionem
beatificam.
CAYETANO DE VIO (1469-1534) presenta la misma idea que Dionisio pero con el agregado
que la presenta como si fuese la de Tomás de Aquino. Dicha hipótesis es la que se generaliza
rápidamente entre los teólogos y tendrá su más acabada representación en FRANCISCO DE SUAREZ
(1548-1617). Suárez publica en 1592 "De último fines hominis", en el cual afirma que cada substancia
tiene su propio fin natural, el que es buscado por medio del "appetitus naturae", al que corresponde una
capacidad determinada en la naturaleza para realizarla. Es precisamente por lo anterior, que Suárez
niega la posibilidad de un desiderium naturale in visionem beatificam como lo postulado por Santo
Tomás. Dos son las consecuencia que derivan de las premisas suarecianas que entonces se imponen
como opinión teológica común:
1) con respecto al fin sobrenatural del hombre, la naturaleza de éste se establece como una
mera potentia obedientialis. Este fin, por su parte, se delimita como exterioridad con respecto a la
naturaleza.
2) Adán pierde, con el pecado, los dones sobrenaturales, pero la natura hominis permanece
intocada, y así la capacidad de un amor natural de Dios. Es precisamente por lo anterior que se
explicaría que no todas las obras de los paganos son pecado.
El planteo de Suárez, que originalmente pretende salvaguardar la gratuidad de la gracia y que
para ello insiste en la sobrenaturalidad de ésta diferenciándola con nitidez de la naturaleza, se pervierte
en el hecho como una sustanciación de una dicotomía entre natura y supernatura, lo cual tendrá graves
consecuencias posteriores. No sólo en cuanto consolida las pretensiones de un secularismo absoluto y
reduce así la dimensión de la fe a un determinado terreno, sino que en la medida en que se hace
predominante entre los teólogos no logra responder a las preguntas, sino que más bien se desliga de
las pretensiones y preguntas de la racionalidad moderna. Al interior de la Iglesia se favorece una
ruptura entre teología y experiencia de fe.
En la teología católica éste será el enfoque predominante hasta el Concilio Vaticano II,
reflejándose de modo especial en el Vaticano I. Pero se intentan ya replanteamientos significativos,
hechos por discípulos de Santo Tomás, como Scheeben, Rahner.
Es cuestionado y superado por H. De LUBAC y Rahner. En la misma línea, el Vaticano II,
Puebla, etc..., evitan hablar de la naturaleza y la gracia, sino que insisten en el hombre concreto
llamado a la vida divina.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 110
3. Fundamentación del Magisterio
El Magisterio insiste en la gratuidad y el carácter sobrenatural de la gracia.
a) Gratuitas
La gratuidad de que se trata se resume en la afirmación según la cual el hombre es
absolutamente incapaz, por sus meras fuerzas naturales de disponerse a la gracia.
Esto ya era claro -como vimos en la parte bíblica- para San Pablo en su encarnizada lucha
contra el fariseísmo (Cf. Act 20,24; Rom 3,21-26; 11,5ss; Ef 2,1.4-10; 2 Tim.1,9ss).
En su debido momento, la Iglesia defiende esta verdad frente a las teorías de Pelagio y las
consecuencias que de ellas se siguieron.
El Concilio de Orange sanciona la gratuidad de la gracia al afirmar que en el hombre caído no
existe mérito de ninguna especie en relación con ella (DS 373, 388, 392, 397; Dz.176, 191, 195, 200).
Tampoco existe en el hombre una disposición positiva que exija la gracia (Indiculus, DS 243, 244;
Dz.134, 135).
Durante la edad media Santo Tomás defendió la gratuidad de la gracia al sostener que ésta
eleva al hombre a un orden que supera infinitamente todas sus fuerzas y posibilidades (cf. supra).
Por su parte, el Concilio de Trento enseña que nos disponemos a la conversión en virtud de la
misma gracia (D.S. 1525, 1526; Dz. 797, 798. Ver además: D.S.1553; Dz.813 [cf. D.S. 1677-1678; Dz.
898]).
Además de lo visto conviene tener presente, respecto de este tema, lo siguiente:
la gracia de Cristo es don de Dios: D.S. 226; Dz. 104; D.S. 245; Dz. 136; D.S 248; Dz. 141;
D.S. 379; Dz. 182; D.S. 382; Dz. 185; D.S. 395; Dz. 198; D.S.397; Dz.200; D.S. 400; 1 Co
4,7; D.S.623; Dz. 318; D.S.626; Dz. 321; D.S. 1541; Dz. 806; D.S. 1566; Dz. 826; D.S.
3014; Humani Generis de Pío XII (D.S.3891): ordo supernaturalis est gratuitus (el orden
sobrenatural es gratuito).
la gracia previene a todas las disposiciones del alma y a los méritos: D.S. 248; Dz. 141;
D.S. 396-400; Dz. 199, 200, 200a, 200b; D.S. 1525; Dz. 797; D.S. 1532; Dz. 801; D.S.
1553; Dz. 813.
el hombre no puede obtener la gracia por la oración: D.S. 376; Dz. 179; D.S. 373; Dz.176.
la bondad de Dios quiere que nuestros méritos sean sus propios dones: D.S. 248; Dz. 141;
D.S. 1548; Dz. 810.
b) Supernaturalitas
La sobrenaturalidad de la gracia se explica experiencialmente a partir de la paradójica relación
que el hombre vive con Dios, relación que Rahner -acertadamente- ha nominado potentia
oboedientialis, de tal modo que la gracia aparece para el hombre necesaria y gratuita a la vez. Este
carácter gratuito y necesario de se explica, en último término, por la sobrenaturalidad de la gracia.
Por sobrenatural aquí ha de entenderse un bien que sobrepasa las fuerzas y exigencias de la
naturaleza creada, es decir, se trata de un bien gratuito y sobreañadido a una naturaleza creada.
En contra de esta sobrenaturalidad han surgido varias teorías a lo largo de la historia, entre las
cuales se cuenta a Bayo y Jansenio (la gracia es debida al hombre antes de la caída. Cf. supra), sin
APUNTES DE CLASE 111
olvidar a Lutero (forma incluso parte de la naturaleza. Cf. supra).
Las definiciones Magisteriales
Concilio de Viena (D.S. 895; Dz.475).
Condenación de Bayo (D.S. 1921; Dz.1021. El término "sobrenatural" se encuentra aquí por
primera vez en un documento oficial (Cf. D.S. 1923, 1924; 1001; 1003; 1007). Condenación de
Quesnel (D.S. 2435; Dz.1385); Sínodo de Pistoya (D.S.2616; Dz. 1516); de Frohschammer
(D.S.2851, 2856, 2854; Dz. 1669, 1673, 1671). Vaticano I (D.S. 3005, 3008, 3010; Dz.1786, 1808,
1789, 1791). En los esquemas del Concilio estaba prevista la definición de la sobrenaturalidad de la
gracia, que está " por encima de todas las fuerzas de la naturaleza creada"; la encíclica Pascendi (Dz.
2103); la encíclica Humani Generis, al enseñar que Dios "puede crear seres dotados de inteligencia
sin llamarlos ni ordenarlos a la visión beatífica", supone la noción escolástica de sobrenaturalidad (D.S.
3891; Dz. 2318).
4. Replanteamiento
1. J. Marechal. Cf Apuntes del período Postridentino.
2. Henri de LUBAC. Cf. Ib
3. Karl Rahner. Cf. Ib.
En síntesis, KARL RAHNER afirma que la relación naturaleza y gracia debe replantearse en
términos substancialmente invertidos respecto a los de la teología de la naturaleza pura. En particular,
contra el "reductivismo extrinsecista" de esta teología, que tiende a confinar a la gracia fuera de la
naturaleza y a concebirla como la excepción respecto de la naturaleza a la que correlativamente se le
asegura la función de "norma". Rahner subraya como característica del orden histórico actualmente
existente la "interioridad de la gracia" respecto de la naturaleza, y por tanto, su carácter universal
intrascendible. "La naturaleza efectiva no es nunca "pura naturaleza", sino una naturaleza en el orden
sobrenatural, del que el hombre (incluso como incrédulo y pecador) no puede salir, y una naturaleza
que está continuamente rodeada (lo cual no significa "justificada") por la gracia sobrenatural salvífica"
que Rahner desarrollará incansablemente en toda su obra como elemento básico de su antropología
teológica: lo sobrenatural tiene que considerarse como un apriori trascendental del actual orden
histórico. En cuanto tal, está siempre coherentemente implicado y operante en toda existencia humana
concreta, antes de toda toma de conciencia y tematización que, por otra parte, no siempre es
necesario.
Rahner distingue entre naturaleza -la base biológica, anímica- y persona -el centro libre del ser
humano.
HANS URS VON BALTHASAR se mantiene sustancialmente en esta misma posición, que ya
no se modificó posteriormente. Este teólogo suizo llegó a estas conclusiones en cierta confrontación
con la Dogmática de Karl Barth. Propiamente intentó liberar de ella su Planteamiento cristocéntrico
porque, al no ser "específica" del protestantismo, la considera también asumible por la teología católica.
Para esta operación es necesario replantear la cuestión de lo sobrenatural, puesto que la teología
católica parece estar bloqueada en la noción de "naturaleza", mientras que, por otra parte, Barth había
sostenido de la forma más radical la no pertenencia y hasta la negatividad de la naturaleza para la
comprensión del cristianismo.
Las conclusiones de Balthasar. Siguiendo a De Lubac -persona como vocación- puede afirmar
que la "teología natural", objeto de la polémica de Barth -directamente contra Schleiermecher-, puede
expresar la Denkform (= manera, forma, estructura de pensar)del neotomismo, pero no la de Santo
Tomás. En particular, la noción teológica de "naturaleza" puede ser sólo el resultado de una
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 112
abstracción -propiamente sustracción- realizada sobre el orden creado, que en realidad es el de la
gracia. Por tanto, es una abstracción lógica, necesaria a pesar de su problematicidad -y esta
problematicidad es más acentuada en von Balthasar que en Rahner- para expresar el orden de la
revelación y de la gracia. Se deja caer las categorías ficisistas de naturaleza, y se concibe al hombre
como espíritu y libertad.
W. KASPER piensa que lo cuestionable del problema naturaleza y gracia es el marco de
referencia en cuanto cultura e inculturización. Toda semejanza remite a mayor desemejanza. Y sólo
en la medida en que el mundo sigue una realidad relativa el hombre es interiormente libre. La gracia
como comunión personal con Dios presupone la persona del hombre: es comunión personal a base de
la decisión libre de la fe. La formulación más unívoca, según KASPER, es: gratia supponit persona. La
persona anhela por esencia el reconocimiento y aceptación en amor. Ahora bien, amor nunca puede
ser exigido, sino sólo regalado, une y pone a la vez en libertad. Así, se integra positivamente el
humanismo moderno y se lo preserva de su destrucción por sí mismo, gracias a una perspectiva
cristológica.
SINTESIS: la teología contemporánea sale de la autocrítica tanto a la teología de la naturaleza
como a la de la gracia con una indicación concreta y obligada, la de partir de Jesucristo. El sentido
profundo de esta nueva visión está en la inversión de perspectiva, la que la lleva a la teología de la
gracia. Si la teología, a partir de la lucha pelagiana, había intentado comprender el misterio de la gracia
partiendo del hombre, de su condición primigenia de pecado (teología agustiniana) y de su naturaleza
(teología escolástica), la teología actual, partiendo del don del Espíritu Santo, se ve llevada a buscar el
principio directivo para comprender la gracia en el Espíritu Santo y, por tanto, en último análisis, en la
predestinación de Cristo.
G. COLOMBO. La nueva Antropología Teológica no tiene dificultades en asumir el "giro
antropocéntrico", que caracteriza la cultura moderna en sus vicisitudes progresivas. Jesucristo en su
singularidad es concebido por la fe, pero no por la cultura. Tenemos, por tanto, una inversión de
perspectiva en cuanto que se le atribuye al dato de fe la función de principio de unidad de medida,
desposeyendo de él a la naturaleza. Según COLOMBO, es la "singularidad" de Cristo el principio y la
medida para la comprensión del hombre, no la "naturaleza" hombre. En realidad, este principio brota
no sin dificultades en la reflexión teológica. Por otra parte, la misma referencia a Jesucristo, a la que
objetivamente tendía, no apareció en seguida de forma explícita y coherente en la nueva perspectiva
antropológica que salió de la superación de la antropología "natural". Evidentemente esto requiere una
buena cristología. Por eso, resulta necesario precisar la referencia a Jesucristo, y esta precisión parece
que tiene que recaer necesariamente sobre la "singularidad" de Jesucristo en cuanto razón de su
mediación, que ha de entenderse, sin embargo, en un sentido distinto del "intermediario" ontológico-
cósmico o puramente funcional.
Efectivamente, la singularidad de Cristo que caracteriza a Jesús de Nazaret frente a Dios y
frente a los hombres no se agota en él, sino que es el principio de la historia real, y marca por lo tanto a
todos los hombres, pues, por un lado, Jesucristo es el creador de los hombres y su imagen perfecta y,
por otro lado, consiguientemente el destino del hombre es la comunión y configuración con Jesucristo.
En una palabra, el hombre es definido por Jesucristo, pero Jesucristo trasciende al hombre en el
sentido que nada de lo que es simplemente común a todos los hombres -la humanidad- adecúa a
Jesucristo.
En esta perspectiva lo que "explica al hombre en primer plano es lo "propio" de Jesucristo, que
en su referencia inmediatia a Dios -según la concepción bíblico-dogmática del Hijo de Dios- es la
afirmación de la trascendencia e irreductibilidad absoluta, y no sólo relativa, respecto a toda posible
actuación del hombre "fuera" de Jesucristo. Por eso, la antropología teológica se reestructura sobre
Jesucristo, en cuanto absoluto singular. Su centro no es ya la "naturaleza" humana, considerada en su
esencia, sino Jesucristo considerado en su singularidad. Consiguientemente, la antropología se
precisa en la identificación de la relación Jesucristo-hombres, pero no el sentido de concebir los dos
términos como constituidos antes de la relación, ya que por un lado la singularidad de Cristo se define
precisamente en la relación, y en la relación con Jesucristo.
APUNTES DE CLASE 113
L. WEIMER. Finalmente cabe resaltar el replanteamiento que lleva a cabo este autor desde
una perspectiva postconciliar a la luz de GS. Gaudium et Spes no señala límites precisos entre la
creación y la redención, la Iglesia y el mundo, a modo del esquema de "dos pisos", según el cual a la
realidad de la gracia se antepone el ámbito natural en cuanto autónomo en sí. El texto conciliar abre
más bien la comprensión rahneriana, todavía individualista, a la dimensión social; de tal manera que la
Iglesia aparece como mediación indispensable para que la humanidad, en cada uno de sus miembros
alcance su fin último en la consumación escatológica, al mismo tiempo que la Iglesia es mediada por
las concresiones del mundo en un proceso dramático de comunicación a partir de la corporeidad.
Sabemos que la comprensión actual del hombre se da a partir de su corporeidad, su vitalidad
biogenética, mocional, su solidaridad, apertura, ubicación en el mundo, en la sociedad, cultura y
política. El hombre es, por consiguiente, un "ente social", capax societatis, y como tal, anticipado por el
designio de Dios, que es un proyecto de comunión.
Si hoy queremos repensar la relación naturaleza y gracia, debemos tomar en cuenta esta
amplia base natural, que en la cultura chilena se articula como solidaridad, expresada en la acogida,
convivencia y fiesta, pero cuya realización peligra constantemente a causa de las fuerzas antagónicas
existentes. Por eso, la base natural se da en el hombre como "caído", es decir, se trata de una
naturaleza ordenada internamente a la voluntad y gracia de Dios, ordenación dada con la creación,
pero que actualmente se encuentra en la dialéctica de desear esta gracia (desiderium naturalis) pero no
la puede alcanzar todavía (potentia obedientialis). En este sentido, el axioma "gratia praesupponit
naturam" revela un aspecto decisivo: la gracia presupone la búsqueda de una sociedad lograda,
perfecta:
a) La unidad sobrenatural del cuerpo de Cristo, la Iglesia, supone una unidad neutral de la
humanidad. Cristo asume todo el género humano en la Encarnación y reconcilia la humanidad dividida.
Esto significa que la sociedad en que se logra la unión y comunión anhela lo que la Iglesia le puede
entregar -papel de los laicos-.
b) La doctrina patrística del "lógos spermatikós" -las virtudes de los paganos- deberemos
ampliarla más allá de la búsqueda de una idea purificada de Dios, hacia una búsqueda de una polis
ideal a partir de Dios Uno y Trino. Esto pertenece a la naturaleza del hombre y requiere la
evangelización de la cultura.
c) En este sentido, la Iglesia acoge, purifica, catoliza todo lo que recibe de los pueblos: la
"sabiduría del pueblo", "la religiosidad popular".
d) La Iglesia es, así, el eje del género humano y el cumplimiento de los deseos más íntimos del
hombre, porque propone, ofrece al mundo su sentido en Cristo, gozosa por el don recibido, pero
temblorosa a causa de su propia flaqueza.
En esta "potentia oboedientialis" para la gracia hay que distinguir entre la sociedad política y la
comunidad de vida personal. El punto de partida para la gracia no constituye la inclinación política,
social del hombre, sino la relación de persona a persona, la solidaridad. El hombre es un ser social que
desea comunicarse por el lenguaje y la amistad. El problema principal de las teorías políticas es la
mediación entre el individuo y la sociedad -"el rostro concreto". La base natural del "ordo ecclesiae" se
puede expresar a modo de nuestra paradoja:la persona individual alcanza su realización en la
realización del otro.
Todo lo dicho remonta, en último término, al misterio trinitario y, sobre todo, al Espíritu como el
"Tercero". Una analogia relationis-caritatis permite captar la semejanza en una desemejanza cada
vez mayor del comportamiento social con respecto a las relaciones intratrinitarias -Jn 17,21ss- "como" -
de origen tripolar-, es decir, de una con-vivencia a partir de la relación. La relación se da como muy
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 114
simple en vista a la situación concreta, pero es muy fecunda, partiendo de la voluntad salvífica de Dios,
la economía trinitaria "totus ab utroque" (el todo a partir de las partes), como comunión que
precisamente no se logra construir a partir de sí misma, y que sólo se puede recibir desde Otro, y
gracias a El. En suma, aquí importan los conceptos "persona/singularidad/relación".
CONCLUSION
Los enfoques atropocéntrico y teocéntrico en la relación "naturaleza" y "gracia" no se oponen
cuando el hombre es comprendido como un ser personal y social de trascendencia absoluta hacia Dios,
mediada por la dimensión eclesial a partir de su experiencia concreta.
II. LIBERTAD Y GRACIA
1. Planteamiento del Problema
¿Quién puede liberar a la persona y a la sociedad, ya que ella misma (la persona) no es libre e
introduce así la propia falta de libertad en la libertad del mundo? Preguntas personales.
2. Desarrollo histórico
La visión teológica del hombre insiste desde siempre en que el hombre es un ser libre por
esencia. En cuanto tal, el ser humano responde a la oferta que Dios le hace a lo largo de la historia de
la salvación. Así lo atestigua la misma terminología "hesed" y "hen", que designa la realidad de la
gracia como comportamiento de Dios para con un ser solicitado en su libertad y, como tal, responsable
de su pecado -Gn 3,1ss: La descripción del hombre como "imagen de Dios" -Gn 1,26- condensa esta
verdad ampliamente desarrollada en el AT.
En el NT, lo específico de la teología de la gracia es que toda acción de Dios apunta a liberar al
hombre en Cristo en el doble sentido de libertad: libertad del pasado pecaminoso y libertad para la
consumación definitiva. Pues "para ser libres nos liberó Cristo" -Gál 5,1ss.
Lo que hemos planteado permite comprender que un cristiano, es decir, un hombre animado
por el Espíritu Santo, pueda simultáneamente estar libre de toda ley exterior, no estar bajo la ley, y
llevar, empero, una vida perfectamente moral y virtuosa. Así lo explica San Pablo después de reducir
toda la ley al amor: "Dejaos llevar por el Espíritu y no deis satisfacción a la concupiscencia de la
144 145
carne" . Los frutos que se producen son los del Espíritu , que no son, para San Pablo, sino diversas
146
expresiones de la caridad . Por lo tanto, sin necesidad de una ley que le obligue desde fuera, el
cristiano, animado por el Espíritu, cumple toda la ley en la plena libertad de los hijos de Dios.
Sin desconocer el peso de lo que acabamos de afirmar, el cristiano mientras habite "aquí
147
abajo" no posee más que las arras . Mientras viva nunca estará libre de pecado y de la carne, es
148
decir, libre de caer en cualquier momento bajo su dominio . Hasta que el cristiano no adquiera la
144
Gál 5,16
145
Gál 5,22
146
1 Co 13,4-7
147
Rom 8,23; 2 Co 1,22
148
Rom 6,12
APUNTES DE CLASE 115
plena espiritualización, su libertad será imperfecta, inicial; y junto al elemento espiritual, la gracia, la
única que justifica, habrá un elemento espiritual secundario, normas exteriores. Pero esta ley no puede
ser otra cosa que la expresión de la misma ley interior.
En estas condiciones, el cristiano es libre, porque "donde está el Espíritu del Señor, allí está la
149
libertad" . Para Santo Tomás, el hombre libre es aquel que es "causa sui"; esclavo, aquel que es
"causa domini". El obra por sí mismo libremente; pero el que obra el movimiento de otro, no obra
libremente. El que evita un mal, no porque es un mal, sino en virtud de un precepto del Señor, no es
libre. Por el contrario, el que evita un mal porque es un mal, ése es libre. Esta es la obra del Espíritu
Santo, que perfecciona interiormente nuestro espíritu comunicándole un dinamismo nuevo, de modo
que huya del mal como si le mandase la ley divina. De este modo, es libre no porque no esté sometido
a la ley divina, sino porque el dinamismo interior le inclina a hacer lo que prescribe la ley divina.
San Pablo resume con una palabra significativa el misterio de la libertad: "hermanos, habéis
sido llamados a la libertad; pero cuidado con tomar la libertad como pretexto para servir a la carne,
150
antes serviros unos a otros por la caridad" . La expresión es fuerte, la más fuerte que puede
pensarse: "haceos esclavos los unos a los otros". Entonces, ¿la vida cristiana es una esclavitud? Sí,
pero una esclavitud de amor, fruto del Espíritu y, por tanto, libertad suprema. "Haceos esclavos los
unos de los otros por amor" esto es la "kénosis del Espíritu Santo".
Luego, los Padres griegos desarrollan ampliamente la verdad del hombre hecho a "imagen y
semejanza de Dios" como definición fundamental del ser libre del hombre, sin elaborar una teología de
la gracia propiamente tal. Más bien, ubican al hombre en el amplio plan de la Economía de Dios. El
hombre adquiere en el Espíritu la "semejanza" con Cristo glorioso, que como "imagen" orienta todo el
proceso de maduración, hasta la plena divinización, la vida eterna. El sujeto de este proceso con sus
profundas implicaciones históricas es Dios, el Padre, quien solicita la libertad humana, que debe dar su
sí, dejándose conducir suavemente por el Espíritu (Ireneo).
La teología latina, por su parte, no se preocupa de este proceso de liberación. Desde San
Agustín se detiene más bien en la libertad del hombre individual, desde una praxis orientada por la
superación del pecado. Agustín, en su lucha contra una libertad absolutizada por el pelagianismo,
insiste en la necesidad de la gracia, el "auxilium gratiae", que libera la libertad del hombre. Con esto, la
gracia de Dios y la libertad humana comienzan a ser causas concurrentes. Sin embargo,
posteriormente este concurso de gracia y libertad llega a ser contrario: a mayor gracia menor libertad y
viceversa.
En contra de un agustinismo exagerado, el semipelagianismo intenta rescatar la iniciativa del
hombre. Surge el problema del "initium Fidei": el hombre puede pedir ayuda previa a la iniciativa de
Dios. La relación libertad y gracia se conecta, luego, con el problema de la predestinación y
desemboca en las controversias -"De Auxiliis"- en una aporía, cuando se comienza a distinguir dos
tipos de gracia: la suficiente y la eficaz. A través de esta evolución, que significa una pérdida
progresiva de la dimensión histórico social, se va articulando el dilema implícito o explícito que no tiene
solución hasta el día de hoy: o Dios o el hombre.
La recepción de la enseñanza del Decreto de la Justificación del Concilio de Trento fue muy
parcial y unilateral. Con ello se fomenta -con la prohibición de Pío IV en 1564, que prohibía cualquier
comentario de los textos conciliares- una utilización hasta juridicista de los textos tridentinos que
perdura hasta hoy en ciertos medios. Se unilateralizó el mensaje de Trento como una simple y primitiva
afirmación de la "gracia creada" que potencializa la libertad del hombre y que deja en la penumbra la
dimensión increada de la gracia. Es un esquema que paraliza las libertades de Dios y del hombre,
estableciendo una especie de competencia que trata de precisarse lo más nítidamente posible. Se
149
2 Co 3,17
150
Gál 5,13
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 116
impone la hegemonía de una escolástica abstracta y racionalista, que reduce el tema de la gracia a
conciliarla con la libertad humana como si se tratase de mediar entre dos cifras abstractas.
No faltan intentos muy fascinantes se superar actualmente este dilema, buscando una solución
a la luz de la relación "Dios y hombre". Por eso, se replantea la relación libertad y gracia a la luz de la
modernidad, basándose en un concepto de libertad como una "libertad concreta", es decir, la libertad
de un sujeto ubicado en el mundo, de tal forma que la gracia queda mediada por las situaciones
históricas y sociales respectivas. Estos intentos, inspirados en gran parte por las ciencias humanas
(escuela de Frankfort, Fenomenología, etc...), rescatan ciertamente una libertad propia del ser en el
mundo, pero lo que resulta difícil es ver la interrelación ortodoxa con la gracia.
Resulta importante, también, en este contexto, la comprensión teológica de los "derechos
humanos" en los documentos pontificios. La negación de los derechos humanos representa, a la luz de
la fe, un pecado, porque no reconoce, por lo menos implícitamente, que la gracia de Dios alcanzó
previamente al hombre. Por eso, tiene un sentido teológico hablar de una estructura pecaminosa de
aquella sociedad que no asegura el reconocimiento de los derechos humanos. Al mismo tiempo que la
Iglesia insiste en que esta sociedad, constituida por hombres, necesita de la salvación. A la inversa,
vale también que el reconocimiento público de los derechos humanos en una sociedad no es un indicio
de que allí reine la moraliad. La Iglesia debe asumirse como la gran defensora de la libertad humana,
pero libertad en sentido holístico. La pregunta decisiva se refiere a la delimitación de los espacios de
libertad en la misma Iglesia. ¿Se vive la libertad al interior de la Iglesia, en qué medida?
3. Fundamentación del Magisterio
El don de Dios no anula el libre albedrío, sino que lo libera.
a) El libre albedrío: Dios obra en nosotros mediante y en la gracia. Esto significa que el
concurso divino a todo acto humano es previo a ese acto (DS 248; Dz 141, 135). Sin embargo, este
actuar de Dios se articula de tal modo que no es suprimido en nosotros el libre arbitrio, sino, muy por el
contrario, es necesario su colaboración (DS 243, Dz 134; DS 2420, Dz 1370).
Los protestantes se opusieron a esto, arguyendo que por el pecado original el hombre perdió
toda libertad en el ámbito religioso y moral.
Bayo, entendiendo libertad como el hacer espontáneo, sostuvo que "lo que se hace
voluntariamente, aunque se haga por necesidad, se hace, sin embargo, libremente" (DS 1939, Dz
1039).
Jansenio, distinguiendo entre el "adiutorium sine que non" (la gracia de Adán), y el "adiutorium
quo" (la gracia de la redención), cayó en un marcado determinismo psicológico (Cf. Supra).
Quesnel, por su parte, sostuvo que la gracia creada, victoriosa, es reemplazada por la voluntad
omnipotente de Dios que suscita irresistiblemente en nosotros los actos buenos.
Estas posturas que niegan el libre arbitrio en relación con la gracia fueron condenadas por:
Orange: los bautizados pueden y deben operar su salvación eterna; no existe predestinación al
mal (DS 397, Dz 200).
Trento: los hombres asienten libremente al llamado de la gracia, cooperan y pueden rechazarla
(DS 1525, Dz 797; cf.también: DS 1521, 1526; Dz 793, 798). El libre arbitrio no se encuentra
extinguido, coopera a la gracia y puede no consentir (DS 1554-55; Dz 814-15).
En contra de Bayo se sostiene la no identidad entre libertad y voluntariedad (DS 1939; Dz
1039). Contra Jansenio: es posible resistir a la gracia; para merecer o desmerecer se necesita de la
APUNTES DE CLASE 117
libertad "a necessitate", y no sólo la de "coactione" (DS 2002-4; Dz 1093-95). Contra Quesnel: la gracia
no es la omnipotencia irresistible de Dios (DS 2409-2425; Dz 1359-1375).
Vaticano I: por el acto de fe el hombre obedece libremente a la gracia, pero puede también
resistir (DS 3010; Dz 1791).
b) La eficacia de la gracia:
* la gracia requiere de la libre cooperación, Indiculus (DS 243-45; 248). Cf. 330; 339; 397.
Trento (DS 525; 1529). Cf. Dz 134-138; 160aI; 160aII; 200; 797.
* el libre albedrío es movido por la gracia de Dios (DS 1554; Dz 814).
* condenación de Molina (DS 2201-2217; Dz 1221-1237).
* la gracia no suprime el libre arbitrio: el hombre puede resistir: Indiculus (DS 685). Trento
(DS1525). Contra Molina (DS 2202; 2204). Contra Quesnel (DS 2401-2425). Vaticano I (DS 3010).
Vaticano II (GS 17: la libertad humana herida por el pecado, para dar la máxima eficacia a esta
ordenación a Dios, ha de apoyarse necesariamente en la gracia de Dios). Cf. los números respectivos
en Dz 348, 797, 1222-1224, 1351-1375, 1791.
c) Libertad y pecado: Orange (DS 383; Dz 186). De la reparación de libre albedrío. Permanece
el libre albedrío: DS 1939; Dz 1039. No sirve sólo para pecar (Bayo: DS 1927-1930; Dz 1027-1030)
2438-2440; Dz 1388-1390; se define el valor del libre albedrío: Trento (DS 1555; 3245ss; cf. Dz 815);
Vaticano II (GS 17; 78): libertad y voluntad herida; Puebla; Santo Domingo.
4. Replanteamiento
Para el replanteamiento de la relación libertad y gracia en el contexto latinoamericano, es
sintomático el esbozo de L. Boff en "Gracia y liberación del hombre". Aquí se yuxtapone un análisis del
contexto social a la luz de la teoría de la dependencia con fórmulas tradicionales del tratado "De
Gratia". Instrucción sobre la realidad. Todos los tratados difieren ciertamente de modo profundo en
cuanto a la comprensión de la realidad a pesar de su insistencia en que sea "concreta". Sin embargo,
sus replanteamiento convergen en puntos esenciales. La relación de la gracia con la libertad concreta
histórica se piensa en términos de cómo hacer posible la libertad. La libertad en el sentido teológico
antropológico como mediada históricamente se realiza en la vida concreta. La historia de la humanidad
es una historia progresiva de la toma de conciencia de la libertad. La libertad concreta se basa en la
Escritura. Esta libertad compromete lo más central de las expectativas del hombre de hoy.
Los replanteamientos así realizados tocan preguntas muy fundamentales, como las expone
Greshake al final de sus estudios. Se trata de preguntas que permanecen, según dicho autor, abiertas:
¿cómo puede producirse una transformación del hombre y de su libertad bajo las condiciones de la
esclavitud? ¿Cómo es posible el amor, el servicio mutuo en medio del odio y de la prepotencia?
¿Quién puede liberar a la persona y a la sociedad, ya que el mismo no es libre e introduce así la propia
falta de libertad en el mundo? Y finalmente: ¿cómo es posible un comienzo cualitativamente nuevo?
a) Libertad concreta
El concepto "libertad concreta" viene de Hegel, y designa la unidad mediada de lo individual
particular con lo universal social. Kant: la libertad sólo llega a ser ella misma por el reconocimiento de
la libertad de los otros, lo que la fe radicaliza para la "libertad liberada". La libertad del individuo sólo se
hace concreta si se integra en las estructuras aparentemente abstractas de la realidad social y los
asume con el espíritu de libertad; no se abstrae en lo privado, sino que se realiza en la integración
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 118
social hacia una formulación cada vez mayor. La teología puede usar este concepto de "libertad
concreta" sólo:
1. si lo entiende no como autoliberación, sino como "libertad liberada", con lo que no se
suprime la razón, sino se le exige "dejarse liberar".
2. si no se deja conceptualizar, sino conserva la irreductibilidad del amor que le permite
actuar de modo creador, constituyente (Gál 5,13).
Si se admite la desemejanza cada vez mayor en el concepto de libertad, se puede hablar de la
correspondencia, reciprocidad análoga entre la Iglesia y "libertad concreta". "Libertad concreta"
significa, en el ámbito de la fe, la forma objetivante, social, de la libertad liberada. Esto es, el hecho que
el creyente particular se deja incorporar con su libertad liberada por Cristo en la estructura
objetivamente dada de la fe (bautismo, confesión de fe). Como este creyente lleva una vida universal,
su libertad llega a ser concreta y expresión de una identidad social del sujeto creyente. También vale
que la comunidad de los creyentes encuentra su identidad concreta social por la integración subjetiva
de la libertad, como estructura social de la libertad liberada. Las dos perspectivas se identifican en la
mediación y en el reconocerse lugar de la libertad liberada: la Iglesia en los fieles particulares y los
fieles particulares como Iglesia: communio sanctorum. No se trata de una dedicación simple armónica,
sino de una tensión: distancia. La Iglesia es una instancia abierta en el Espíritu.
b) El Espíritu Santo y la Iglesia
La estructura social de la Iglesia es libertad concreta de la fe. Como tal, es sacramento del
Espíritu. La fuerza liberadora procede del Espíritu Santo: el Espíritu de Cristo, muerto y resucitado (2
Co 3,16), nos entrega la filiación, lo que no acontece meramente en forma privada, sino también en la
mediación eclesial. La Iglesia es el lugar irreductible de una libertad liberada por el Espíritu (Gál 4,16-
28; 5,13): bautismo (Rom 6,1-23), Eucaristía (Co 10,16; 11,20ss). El actuar liberador del Espíritu Santo
en la estructura de la Iglesia institucional significa que:
1. el Espíritu Santo integra en la identidad de la Iglesia de la fe;
2. el Espíritu Santo amplía una comunidad hacia la universalidad: Eucaristía, invocación del
Espíritu Santo previa a la Consagración para que la Palabra tenga fuerza, se realiza después
invocación del Espíritu para que El una a los fieles en la comunión del Cuerpo de Cristo.
Un rasgo típico de la comprensión neotestamentaria del Espíritu consiste en que el Espíritu
Santo une la comunidad eclesial con la persona e historia de Jesús crucificado y resucitado, y la
introduce en esta verdad cada vez más profundamente. En contra de todas las tendencias entusiastas,
Pablo y el NT insisten en que el Espíritu del Resucitado no hace salir fuera de la historia. El verdadero
Espíritu de Cristo redime y libera la historia al poner al hombre en el camino del amor crucificado. Esto
se realiza concretamente por el ministerio de la Iglesia: predicación de la Palabra de la Cruz (1 Co
1,23), bautismo, Eucaristía, vida según el Espíritu.
Esta doble relación del Espíritu con la historia y la unidad de la Iglesia se revela ya en el origen
de la Iglesia como fuerza concretizante del Espíritu Santo en un doble sentido:
1. la comunidad de los creyentes encuentra su identidad histórica sólo como comunidad del
Señor Crucificado y,
2. el seguimiento del Señor Crucificado representó la mayor unidad de la Iglesia por el dejarse
integrar, incorporar en ella (Rom 14,7; 15,15). Esta obra identificante y universalizante del Espíritu se
encuentra mediada a lo largo de la historia de la Iglesia, sobre todo, por el servicio que prestan las
formas más o menos institucionales de la Iglesia como comunidad de fe: Tradición, Canon.
c) La Iglesia, Sacramento del Espíritu Santo
APUNTES DE CLASE 119
No es suficiente que la Iglesia en sí concretiza la libertad. Ella cumple su misión sólo como
"Sacramento del Espíritu". Comienza también haciéndola para todos los hombres. La Iglesia no "crea"
esta libertad concreta como libertad liberada en el Espíritu en la sociedad (la realidad social) a partir de
sí misma. Esta concretización de la libertad es únicamente obra de Cristo presente y actuante en el
Espíritu.
Esta verdad llega al extremo en el don de Dios, su autocomunicación. "El no perdonó a su
propio Hijo, antes bien, le entregó por todos. ¿Cómo no nos dará con él graciosamente todas las
cosas? (Rom 8,32). En esta entrega se produce una distancia entre Jesús y el Padre, un abandono
total, en que el Crucificado vive las últimas consecuencias del pecado habiéndose hecho pecado sin
tenerlo. El Padre confirma a su Hijo, el Siervo fiel hasta el extremo, y lo constituye en su gloria. En
este acontecimiento, y gracias a él, el Resucitado se constituye "una vez por todos" en fuente del
Espíritu Santo. Con esto se comienza a poner de manifiesto la kénosis del Espíritu Santo. Orígenes:
"Quién recibe a este niño a mí me recibe". La "humildad" propia del Espíritu Santo le hace desaparecer
detrás de la obra del Hijo a quien revela, cuya misión prolonga como el "allende el Verbo", que no
hablará por propia cuenta, sino recibe de lo mío, lo que va a anunciar, sin reserva se desvive para otro.
Allí donde la Trinidad inmanente pasa a la Económica se origina la "institución" como
"mediación" indispensable. Esta institución surge como expresión connatural del ser humano que "se
institucionaliza", se expresa, se expropia en relación a otro, libera para el reconocimiento del otro (von
Balthasar).
La institución es una ayuda congénita para que el hombre se autoconstituya a partir de otro, en
la situación presente, pecaminosa, de opresión por el poder, de dominio de uno sobre el otro. El ideal
de la institución no puede realizarse en el hombre pecador, pues la libertad humana nunca libera
plenamente para la entrega y expropiación total. Pero es el Espíritu Santo, ligado desde la
Resurrección a la institución eclesial y recibido en el bautismo, quien libera para la misma obediencia
profunda que Jesús en su vida terrena realizó bajo la dirección del Espíritu Santo en su relación con el
Padre (autoridad = amor). Gracias al Espíritu es posible "hacerse esclavos unos de otros" (Gál 5,13),
es decir, gracias al Espíritu la "institución" libera para el reconocimiento del otro (Kasper).
El "ser así libre" para amar, para el darse sin medida al deber de amar, es lo novedoso que el
bautizado aprende por la kénosis de Dios (cf. el ejemplo de María). En la Economía trinitaria se puede
distinguir la participación de las tres personas en la obra redentora: el Padre quiere (beneplácito), el
Hijo actúa y el Espíritu Santo colabora, aunque los tres actúan como un solo principio de acción. Junto
con esto hay una acción propia del Espíritu Santo en la Iglesia: une los diversos hombres como
miembros de un todo, pero sin mezcla (totus ab utroque). Esta unificación tiene carácter de "perijóresis
o circumincesión" (términos usados en Trinidad para designar la inhabitación de una Persona en otra,
v. gr., el Padre en el Hijo): un miembro es parte del todo: Iglesia local/universal, sacerdocio
universal/común, Primado/Colegio episcopal. Esta unificación acontece sobre todo por el misterio del
Obispo y en la Eucaristía.
Lo específico del modelo eucarístico está en la paradoja que para Cristo, el Salvador y Esposo,
la Iglesia existe y no existe: todavía existe en la celebración y es liberada por el Espíritu Santo, pero en
esta liberación comienza propiamente a existir. Para la encarnación plena de Cristo, la libertad humana
debe despertarse por un llamado a la realidad, aunque la entrega recién se aclara a partir de Cristo. La
acción de Cristo en la Iglesia anticipa y, sin embargo, es conforme a lo humano. En este sentido, la
entrega eucarística es una entrega pasiva, un dejar disponer de sí que apunta a la pasión y crucifixión.
Todo lo pasivo, sin embargo, en la pasión es expresión de la voluntad del Hijo de entregarse al Padre.
Dios se anticipa entregando lo más precioso para encarnarse: el Espíritu Santo es su subjetividad-
objetiva, a quien Jesús obedece. La humanidad de Jesús es desde la encarnación "eucarística": don
de Dios entregado "por nosotros". Este gesto eucarístico de entrega es definitivo, escatológico e
irreversible.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 120
III. LA JUSTIFICACION
a) Planteamiento del problema
¿Cómo se interrelaciona la justificación ya iniciada en el hombre con las expectativas
mundanas del hombre? Preguntas personales
b) Desarrollo histórico del problema
La gracia, en sentido propio y primero, es el mismo Dios, quien se auto-entrega como Padre en
el Hijo por el Espíritu Santo a un ser creado a imagen suya y como tal ubicado en el mundo. Es Dios
mismo quien después del pecado ofrece al hombre la posibilidad de un comienzo nuevo de vida y
comunión con El. Por eso, el Padre entrega a su Hijo como instrumento de propiciación en el Espíritu
Santo al hombre, quien recibe esta donación por la fe. Esta realidad ha sido anunciada ya en el AT: Jr
31,31. San Pablo la aborda en toda su complejidad con el tema de la justificación en Rom 3,21ss. El
núcleo de esta realidad es la inhabitación de las tres personas divinas: el hombre se hace hijo del
Padre en el Hijo, gracias al Espíritu Santo. La inhabitación compromete al hombre en relaciones
totales, pero diferentes con cada una de las tres personas divinas, ya que la gracia es por esencia una
realidad relacional y no cosificante (Rom 8,1ss). Los Padres griegos desarrollaron esta verdad en toda
su profundidad con el tema de la "divinización".
Esta verdad de la inhabitación y participación divina se vuelve problemática cuando, en la edad
media, Pedro Lombardo identifica al Espíritu Santo con la gracia. Pues, así, Dios se amaría sólo a sí
mismo en el hombre. Al suprimir la participación del hombre, éste no se libera de verdad. Evitando el
peligro, en el fondo panteísta, la Teología Escolástica distingue conceptualmente entre "gracia
increada", que es Dios mismo, y "gracia creada", que es el efecto de la presencia de Dios en el hombre.
La centralidad se encuentra en la gracia increada; la gracia creada es relativa a aquélla. La
gracia creada, que también se designa "gracia santificante", responde en último término a la pregunta
¿cómo llega a ser realidad la gracia en nuestra vida? Para explicar esto, la teología recurre al concepto
de "habitus" como estado permanente, raíz que capacita al hombre para acciones nuevas. Se puede
ejemplificar lo que está en juego aquí a la luz de la dimensión del "entre" del fenómeno del amor
fraterno: el amor del amante no queda externo, sino determina la libertad de la amada.
El Concilio de Trento insiste primordialmente en la gracia creada, sin negar la increada, para
destacar que la gracia llega verdaderamente al hombre y lo transforma. La gracia queda inherente. El
Concilio logra rescatar que en el proceso de salvación, el hombre no es un mero instrumento pasivo,
sino que la gracia libera al hombre para que colabore en la propia liberación.
Posteriormente, esta profunda verdad de la gracia creada, la gracia santificante, ya no se
comprende bien al cosificarse cada vez más. Se produce un desplazamiento de acentos bajo la
influencia de un agustinismo arcaico, racionalista y moralista. Esto lleva a plantear la pregunta por la
gracia casi exclusivamente en forma antropocéntrica. Ya no importa tanto lo que Dios hace, sino lo que
el hombre puede y realiza. La libertad del hombre se coordina con la "fuerza" de la gracia. Los temas
centrales de la inhabitación y adopción filial pasan a ser apéndices de la gracia creada, que con esto
también se desconecta de su dimensión histórico-eclesial. De ahí la angustiante pregunta: ¿si no tengo
la gracia santificante...Dios me ama?
Los replanteamientos de H. de Lubac y K. Rahner logran ciertamente rescatar la centralidad de
la gracia increada, influyendo así en forma decisiva en el replanteamiento del tratado "Trinidad". Sin
APUNTES DE CLASE 121
embargo, actualmente, según K. Lehmann, uno tiene la sensación de que estos replanteamientos en el
nivel de la justificación no han servido para nada: la teología actual presta toda la atención a la gracia
creada y a ésta en gran parte tan sólo como "sanante". Este dato asombroso, pero muy explicable,
tiene para Lehmann su causa en una deficiencia pneumatológica, originada por la ruptura entre gracia
creada y la teología del Espíritu Santo. Las consecuencias de esta ruptura no deben exagerarse, ya
que de hecho se logró una serie de intuiciones fundamentales, antropológicas para la existencia
redimida del hombre, pero que desgraciadamente se encuentran formuladas en una ontología de la
gracia no siempre asequible hoy. El reciente interés por la pneumatología requiere precisamente un no
pasar por encima de estas verdades para refugiarse en una teología del Espíritu Santo casi pre-
teológica.
El Espíritu Santo tiene una serie de funciones fundamentales que permiten replantear la
doctrina de la gracia, abarca la tensión entre el inicio y la consumación de la salvación. Permite una
verdadera presencia de la salvación sin negar la consumación del todavía no, acrecienta la historicidad
de la gracia y al mismo tiempo evita una fijación histórica. El Espíritu Santo desestabiliza; requiere la
mediación de la gracia por la acción humano-histórica. El Espíritu Santo capacita al hombre para una
acción libre, creativa y autónoma, siempre mediada cristológicamente; experiencia eclesial-communio
sanctorum.
c) Fundamentación del Magisterio
La justificación es tanto "justitia Dei" (justicia de Dios) como también justicia nuestra: Trento
151
(DS 1529 ; 1547). La gracia de la justificación no es sólo un favor externo de Dios, sino una
transformación inherente. Trento (DS 1530; 1547; 1561). Se ha reprobado la afirmación según la cual
los hombres sin justicia de Cristo o por la justicia de Cristo son justificados formalmente (Trento DS
1560) o que la justificación consiste en la obediencia a los mandamientos: Bayo (DS 1942; 1969s).
Los efectos de la gracia de la justificación son: la destrucción del pecado: Cartago (DS 225),
Indiculus (DS 245), Trento (DS 1515; 1528). Se reprobó también que el "reato del pecado" sólo está,
pero no se lo imputa: Trento (DS 1515). Pero la justificación no consiste sólo en la remisión de los
pecados (DS 1528; 1561). Transforma a los enemigos en amigos de Dios: Trento (DS 1528; 1535),
Juan XXIII: Pacem in terris (DS 3957). Produce el renacimiento, la regeneración, la renovación.
Valence (DS 632), Trento (DS 1523; 1528s). Contra Bayo (DS 1942). El hombre llega a ser hijo
adoptivo de Dios: Trento (DS 1535); heredero de Dios y de su gloria: Trento (DS 1515; 1528), Juan
XXIII (DS 3957); se inserta en Cristo (Trento, DS 1530). Produce la santificación interna del hombre
(DS 1528); contra Bayo (DS 1942). Infunde al hombre las virtudes de fe, esperanza y caridad: Trento
(DS 1530S; 1561). El hombre justificado entra en el cielo: Trento (DS 1515).
Los dones de la justificación: la gracia santificante es principio permanente de la vida
sobrenatural: Pío XI (DS 3714). La inhabitación divina en el alma del justo es como en un templo, León
XIII (DS 3330s). Esta es distinta en cuanto al estado como a la presencia de toda la Trinidad: León XIII
(DS 3331), Pío XII (DS 3814s). Se afirma también la presencia peculiar del Espíritu Santo: Símbolo
Epifanio (DS 44), Atanasio (DS 46), contra Bayo (DS 1963), León XIII (DS 3329-3331), Pío XII (DS
3814s). El Espíritu Santo es el don altísimo para los justificados: Trento (DS 1522, 1529s, 1561, 1690),
León XII (DS 3330). El Espíritu Santo está operando en los santos, purifica (DS 60), vivifica )DS 62,
150).
Vat II: LG 55: libera del pecado; 40: justificados son hechos hijos de Dios, participan de la
naturaleza divina, santos; 32: dignidad de los miembros que deriva de su regeneración en Cristo, gracia
151
NOTA: de aquí en adelante se citan los canones del Denzinger Schönmetzer (edición latina). Ruego confrontar en esta misma edición los
canones correspondientes a la Edición castellana (Dz), para ello recuerda que los números de los márgenes exteriores son los de la edición latina
y los de los márgenes interiores indican los canones correspondientes a la edición castellana. Ej: el canon 501 del DS tiene enfrente (margen
interno) el número 254, ese número (254) indica el lugar donde aparece el mismo contenido del canon 501 en la edición castellana.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 122
de filiación; 39: santidad: frutos de gracia, que el Espíritu Santo produce en los fieles; 13: renovación
interior por Cristo; ; 36: elevado desde dentro por la gracia de Cristo -gratia Christi intrinsecus valide
conferant.
Virtudes infusas: en la justificación se infunde al hombre la fe, esperanza y caridad: Trento (DS
1530); el incremento de las virtudes se puede obtener por las buenas obras (contra Bayo: DS 1944); la
fe es una virtud sobrenatural: Vat I (DS 3008; 3032); la fe es un don de gracia: Vat I (DS 3010); 3055);
la fe es el comienzo de la salvación, el fundamento y la raíz de la justificación: Trento (DS 1532), Vat I
(DS 3008).
d) Replanteamiento
152
Hoy se da un hecho curioso, que por el lado católico casi no se habla de la justificación . Se
ha producido un nuevo contexto de comprensión en que se habla de la justificación sin usar el término.
Se habla más bien de esta realidad en enunciados nuevos:
1. Se habla más de "gracia increada" que de "gracia creada": autodonación de Dios al
hombre.
2. Existe preferencia por referirse a la persona en lugar de una cosa, lo que significa hablar
de acontecimiento entre personas antes que una realidad producida por Dios.
3. Se habla de la historia en lugar de la metafísica; se ve la naturaleza del hombre a base de
su creación a la luz del designio sobrenatural y su vocación por la libertad creadora de
Dios. Consecuencia: gracia no significa liberación del mundo, sino para el mundo; regala
fuerza para la justicia y el amor, por el cual se puede cambiar la convivencia humana. Se
presta mayor atención a la dimensión futura de la gracia: la esperanza. Todo esto no es el
resultado del diálogo ecuménico. La gracia increada no es idéntica a la justificación en el
sentido luterano.
Lo indiscutible por ambos lados (católico y protestante) es:
1. Dios solo produce la justificación;
2. Esta justificación es regalo inmerecido de Dios.
Además, hoy se ve con claridad por qué se llegó la controversia. La razón son los diferentes
modelos de comprensión:
católico: acontecimiento en que tiene lugar la transformación por la gracia. Punto de vista
cualitativo = habitus infusus. El peligro consiste en separar la gracia de Dios en la "gracia creada".
De los reformadores: contra la gracia creada afirman: sólo Dios declara justo al hombre, no se
ve un estado interno del hombre. La justicia no llega a ser propia del hombre = modelo relacional en el
que se escapa la visión cualitativa. Peligro: la justificación no acontece siempre; no tiene efectos en las
condiciones de nuestro mundo.
El mensaje de la cruz se puede comprender en diferentes niveles: justicia para los judíos;
sabiduría para los paganos. Fuente y estructura profunda es la cruz.
Por el lado protestante sigue siendo clave la justificación. Por otro lado no hay consenso al
respecto, pues con el punto de vista bíblico original se da la transformación neoprotestante.
152
Cf. H. DORLING, Rechtfertigung; en: Cath 37(1983) 36-70; A. PETERS, Rechtfertigung, 2d. Gutersloh 1990.
APUNTES DE CLASE 123
La controversia se da al interior de las confesiones. Los puntos críticos son:
1. Hoy se reemplaza la pregunta de Lutero ¿cómo encontrar un Dios misericordioso? por la
pregunta ¿Dios existe?
2. El concepto jurídico de "justicia" produce rechazo; mejor es emplear "amor".
3. La insistencia en el pecado acrecienta la falta de identidad actual del hombre.
4. La justificación sólo por la gracia desacredita la praxis.
5. Poco interés por la justicia de Dios, mejor la justicia del hombre.
¿Dónde se manifiesta en la vida y la historia la justicia de Dios? Frente a la autoafirmación del
hombre, éste cuestiona la necesidad de una justicia de Dios si es él quien enjuicia a Dios y le pide
justificación. Los intentos más conocidos de actualización son de F. GOGARTEN, Rechtfertigunslehre
im Weltaspeky, filiación en un mundo secularizado = relación nueva para con el mundo y con Dios;
reconocimiento de la creación a partir de Dios. Ser hijo en el sentido bíblico, no griego. Nueva libertad.
G. EBELING, Rechtfertigunslehre als nichtreligiose, interpretación del Wirklichkeit: situación
fundamental: la palabra = cuestionabilidad, ausencia de Dios, experiencia del mundo = ausencia de
Dios = aspecto ateísta del mundo = revelación de Dios como es = Teología del Dios muerto; ley y
evangelio; negativa y positiva = polaridad. La libertad necesita un nuevo contexto; diferencia teológica
impide mezcla del hablar teológico y mundano. P. TILLICH, Eine radikalisierte Rechtfertigungslehre:
ausencia de Dios está en Dios mismo; es obra del mismo Espíritu de Dios-kairós = esperanza. La
doctrina de la justificación es más que una mera parte doctrinal, "búsqueda de Dios más allá de lo que
comúnmente llamamos Dios, como razón fundante" = base para una reinterpretación en contra del
supranaturalismo y del teísmo. La justificación ofrece al hombre la comprensión de sus límites;
situación de ser expuesto = nuevo ser en Cristo; tensión a la dimensión del pensar =paradoja: quien
niega seriamente a Dios, lo afirma; confluencia entre doctrina de la justificación y ontología teológica.
En estos intentos protestantes permanece el núcleo estructurante de la fe, pero este núcleo
sufre una notable reinterpretación y adaptación; intentos de liberarse del individualismo: se integra la
dimensión política, gracia para el mundo. Hay malentendidos peligrosos, dualistas, individualistas, de
abstracción teológica.
Conclusión: la doctrina de la justificación sigue siendo central; para el diálogo ecuménico es
importante 1) la revisión continua de los mal-entendidos pasados; 2) de reformularla en vista a la
situación contextual nueva; 3) buscar más allá de lo común los principios más profundos de
comprensión y de las diferencias = pregunta por la soteriología -con Cristo y por Cristo. La justificación
no es una doctrina entre otras, sino la estructura fundamental de la fe.
Deum justificare: la doctrina de la justificación, en la teología católica, lleva una vida en la
sombra. Por otro lado, está en todos los enunciados de la cristología. La verdadera humanidad se
debe repensar a la luz de esta justificación = dar razón a Dios = Deum justificare.
Análisis situacional: el complejo de Dios. Problema: cómo hablar del mensaje salvífico de
gracia y obras en las situaciones del mundo actual de modo nuevo; relación entre justificación y
antropología; manipulación de la realidad, pérdida de Dios y autosuficiencia del hombre. El hombre se
transforma él mismo en imagen de Dios (Marx y Freud); desesperación; pánico. ¿Cómo puede salir
nuestra civilización de los horribles contrarios? ¿Cómo se supera la polaridad en un poder hacer todo
de la técnica -sin sufrimiento- y el sufrimiento impotente?; pérdida de humanidad. Justicia de Dios: dar
razón a Dios. Identidad Dios-amor. Reconocer la justicia de Dios significa dejar ser la prioridad del
amor. Tal reconocimiento del primado del amor de Dios respecto al nuestro significa fe-poder del
amor- impotencia-Trinidad-aprender a amar. Prioridad de la posibilidad respecto de la realidad.
Aristóteles: realidad previa a la posibilidad, aquí se estancó la teología cristiana; hay que pensar las
implicaciones más profundamente; la diferencia entre Dios y el mundo no consiste en que al mundo
pertenece lo posible y a Dios lo imposible. La distinción entre los posibles y los imposibles pertenece
más bien a Dios. Contenido antropológico de la fe en la justificación = la nueva libertad; el hombre
nuevo. La comunión de los que dan razón a Dios, lo que le debemos.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 124
Replanteamiento de KARL RAHNER
El proceso y los efectos de la justificación consisten en la realización y aceptación libre de las
tres virtudes teologales infusas: fe, esperanza y caridad. Trento deja como respuesta abierta: si la
gracia justificante y las tres virtudes teologales son idénticas, o si se encuentran tan sólo
interrelacionadas inseparablemente. Afirma que las tres virtudes son dadas conjuntamente: en la fides,
spes et caritate formata. No se da una diferencia temporal, sino unidad de una única realización de la
existencia humana bajo tres aspectos. En la historia de la teología predomina una vez, por ejemplo, el
enfoque a partir de los tres, otra vez desde la unidad de la existencia, o bajo un aspecto: hoy, por
ejemplo, la esperanza es la clave.
Estas tres virtudes, posibilitadas por Dios en su modo de oferta a la libertad humana, no
constituyen un acontecimiento puntual geográfico, sino un existencial dado por Dios que condiciona la
existencia e historia del hombre también fuera de la Iglesia.
Las tres virtudes implican, según la comprensión católica, una inmediatez del hombre con
Dios, que no se da sin ellas, dadas como gracia. Esta inmediatez aceptada libremente en la
justificación, comporta también una relación determinada con el mundo. Pues no se trata en la
justificación simplemente de la restauración de la relación con el Creador, tampoco sólo del perdón de
los pecados, sino de una purificación de la relación eterna con Dios. La relación definitiva con Dios,
posibilitada por Dios y como tal exigida por El, es "sobrenatural", gracia libre de Dios. Como tal es la
máxima realización del ser hombre en cuanto hombre, y no sólo como pecador. Esta "supernaturalitas"
significa una relación de inmediatez radical del hombre con Dios, la cual no es sólo existencial, sino
también relación ontológica. Dios no es sólo origen de la creación, sino que se autocomunica real y
propiamente en su realidad absoluta a la criatura espiritual, de tal manera que ésta se mueve hacia
Dios. Vale la expresión "finitum capax infiniti" (el finito capaz de infinito). Esto está dado con la doctrina
de la gracia increada: la comunicación de Dios como Espíritu Santo, la visión beatífica en la vida eterna,
que ya no será mediada por la realidad creada.
Las tres virtudes, en las cuales se da la autocomunicación de Dios mismo, se distinguen de las
virtudes morales, relacionadas con la creación. Sólo las tres virtudes teologales tienen que ver con
Dios mismo. Dios no es sólo meta, sino condición trascendental, momento íntimo constitutivo de la
ordenación espiritual de la creatura a Dios. En la fe el creyente escucha a Dios mismo, no sólo una
palabra sobre El.
Si existe una tal inmediatez a Dios en Dios, sea en el modo de oferta o de aceptación,
entonces, se da aquella libertad de los poderes del mundo, de la cual habla la Escritura, y que
representa la esencia propiamente tal del hombre justificado. El justificado no se aleja del mundo y de
las tareas temporales. Está en el mundo, pero no es del mundo, pues participa en la autocomunicación
de Dios al mundo. Pero el justificado no es simplemente parte del mundo, -esclavo-, es libre, porque
no es del mundo. Tanto colectivamente como individualmente realiza su relación con el mundo -acción
sufrimiento- a partir de Dios, quien tampoco es parte del mundo (= doctrina espiritual de la
"indiferencia"). Una relación con el mundo dada a partir de las tres virtudes teologales no es
simplemente un ideal, ni es mito, sino la única forma radical, real, pues el mundo se relativiza. La
realización de la tarea en el mundo de parte del hombre es también la realización de la inmediatez a
Dios en las tres virtudes teologales: amor a Dios y al prójimo -Mt 25-, gracia externa.
La justificación ofrece al hombre, capacitado para la verdadera libertad, una perspectiva no del
mundo, sino a partir de Dios. A partir de esta posición, el cristiano lleva a cabo su tarea en el mundo.
Esta tarea mundana es, hasta en su profundidad, mediación para la aceptación libre de la inmediatez a
Dios, que le es dado al hombre en la gracia; ofrecida o aceptada la gracia siempre tiene carácter
encarnatorio, desciende al mundo, no es desmundanizada, sino da al mundo la inmediatez con Dios, en
APUNTES DE CLASE 125
la cual el mundo acepta a Dios como su consumación. Importancia de la dimensión social de la
esperanza; búsqueda concreta de la voluntad de Dios, discernimiento de los espíritus. Teología de la
cruz.
La experiencia humana de la existencia se caracteriza siempre porque en todo momento se vio
mortificada, pero esa experiencia entra ahora en una concurrencia inquietante y nunca hasta ahora
conocida, con la posibilidad de una progresiva manipulación del entorno humano e incluso del hombre
mismo. Precisamente esta comprensión técnica del mundo está exigiendo una teología de la cruz
sobria y practicable en la que se muestre que el cristiano no es en primera línea "encarnacionismo",
arraigamiento en el mundo mundano, sino, por paradoja, la muerte de este mundo, para poderlo
reintegrar a sí mismo.
Conclusión: a partir de la justificación el hombre se relaciona con el mundo, no siendo del
mundo.
IV. EXPERIENCIA Y GRACIA
a) Planteamiento del problema
¿Cómo se interrelacionan las expectativas mundanas con el Reino escatológico de Dios, que
ya se inició y que, sin embargo, debe crecer?
153
La experiencia es uno de los conceptos más enigmáticos de la filosofía . Generalmente se
presenta como fuente o forma especial de nuestro conocimiento, la cual, a diferencia del pensamiento
discursivo, a diferencia de lo meramente pensado, de lo aceptado por autoridad (dogma) y de lo
transmitido históricamente, brota de la recepción inmediata de lo dado o de una impresión. La
presencia que lo experimentado se da a sí mismo constituye una forma peculiar de suprema certeza e
irresistible evidencia. Puesto que el espíritu finito del hombre en su origen es potencial, y así necesita
del conocimiento visual y receptivo, el conocer y el experimentar humanos son en gran medida
idénticos. Podemos hablar de las siguientes clases de experiencias:
1. experiencia trascendental: el hombre recibe su realidad, anteriormente a todas las
maneras concretas de comportarse, del horizonte espiritual iluminado, el cual es entendido, por
ejemplo, indeterminadamente como apertura ilimitada, intuitiva o abstractamente como ser (G.
Siewerth); o bien, como sentido del mundo y de la verdad que acontece históricamente.
2. la experiencia a posteriori está ligada esencialmente a la percepción psicológico-sensitiva
o bien a la autopresencia psicológica del alma.
3. experiencia externa, relativa a los objetos corpóreos.
4. experiencia interna, esto es, la conciencia de sí mismo en forma refleja.
5. experiencia extrasensorial que es el objeto hipotético de la parasicología.
153
Cf. K. LEHMANN, SM III, 72-73.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 126
6. experiencia significa también el conocimiento adquirido por el trato inmediato y el
sentido de la realidad, a diferencia de un externo "saber de los libros". Esa experiencia puede lograrse
por un esfuerzo intencionado; un poder orientado a disponer en el futuro por un dominio hábil de
diversos sectores de la vida; otras veces se trata de una intuición recibida más casualmente (la vivencia
de algo que nos sucede). Precisamente aquí, a pesar de toda posibilidad de disponer, aparece clara la
apertura de toda experiencia a lo imprevisto y nuevo, aunque no totalmente inesperado. La experiencia,
en lo relativo al contenido inmediato que ella atestigua por sí misma, no puede transmitirse o
representarse externamente.
En síntesis, la experiencia, en cuanto tipo de conocimiento inmediato, es de una certeza
154
peculiar e irresistible evidencia y como tal distinto del discurso . Hoy es importante, además, tener en
cuenta el hecho de que las experiencias son estructuralmente distintas según el ámbito a que
pertenecen. El sentido básico del vocablo "experiencia" parece aludir a que el hombre recibe unas
impresiones que le producen sensaciones. Esta forma de experiencia pre-racional puede ser
importante para la forma subyacente al vocablo: cuando hacemos un viaje recibimos una serie de
impresiones. Pero también es posible adoptar una postura activa y buscar situaciones que nos
provoquen impresiones. Se trata de un concepto complejo que implica problemas, como la recepción y
búsqueda de experiencias, la experiencia como percepción y conclusión abstracta, la suma concresión
y singularidad junto a la máxima generalidad. Pero la experiencia es ambigua y sólo admite una
155
definición parcial .
La raíz indogermánica del término "experiencia" que está detrás de los matices germánicos y
románicos de "experimentar" (erfahren, experiri), "explorar viajando y apropiarse experimentando,
experimentalmente". Conlleva el peligro, indica que el hecho de la experiencia no se da
independientemente de la persona. Según la versión románica, el experto (expertus) es el que, a
través de intentos, pruebas, fallos y aciertos ha reunido unos conocimientos haciéndolos carne de su
carne. Para la versión germánica el experto (erfahren) es el "hombre que ha viajado", que conoce el
mundo no simplemente de oídas, sino porque ha estado presente, ha vivido, padecido y actuado en él.
La experiencia, en este sentido, no es transferible sin más: no se transmite comunicando unos datos en
forma "objetiva", sino con-viviendo. La transición de experiencias vividas exige convivencias. La
vivencia en su dimensión social es el elemento central de la "experiencia". Para evitar el subjetivismo y
pragmatismo se insiste en la experiencia "empírica". Otro intento de "objetivar" la experiencia lleva a
explicarla en el ámbito hermenéutico. Es un fenómeno discursivo: se han agotado todas las
posibilidades de un determinado campo; y de encuentro: un acontecimiento puntual, de impresión
irrepetible, de contacto inmediato, de captación intuitiva. Se contraponen la experiencia como
particularidad, como algo concretísimo y la experiencia como suma, resumen, denominador común.
Tal contraposición mantiene la experiencia en movimiento, es un proceso, como lo muestra por ejemplo
la conversión de San Pablo, y sin embargo los Hechos sintetizan esta conversión en un acto, es decir,
se trata de una transformación radical operada por la novedad del encuentro con Cristo. Otro ejemplo
es el amor. Este nace mediante la integración de distintas experiencias concretas y puede ser resultado
de un proceso paulatino, que al principio pasa desapercibido para el interesado. Pero también se habla
de un comienzo instantáneo, o "flechazo". Se trata de la sorpresa, que supone para la persona el
sentirse transformada "de repente" a una situación nueva. La experiencia está sujeta a mediaciones
del lenguaje y de las sociedades, pero tal mediación no elimina la espontaneidad de la experiencia, y no
le quitan su carácter mistérico -el amor no se puede producir.
La experiencia como extensión, es la experiencia como base del juicio fáctico fundado
empíricamente (ciencias exactas). No sucede lo mismo en las ciencias humanas (psicoanálisis). La
154
"La experiencia es una forma de conocimiento que se refiere a unos hechos y contenidos dados y los representan como pertenecientes a un
conjunto, a partir del cual aparecen (objetivamente). Se basa en una percepción sensible (conocimiento inmediato), pero no se limita a ella, sino
que saca conclusiones, deduce leyes, se remonta a causas e interpreta unos datos que previamente han sido objeto de otras interpretaciones": D.
MIETH, Hacia una definición de la experiencia, Concilium 133 (1978) 354-371.
155
Ib, 354ss
APUNTES DE CLASE 127
intensidad de una experiencia aislada, su fuerza configuradora, desempeña para ellas un papel mayor
que su repetición, extensión, duración. Pero ¿qué es lo que se busca en la intensidad de la
experiencia: algo concretísimo o una totalidad? Las experiencias básicas resultan significativas en el
sentido de que abarcan la totalidad y la profundidad de la existencia humana. Al parecer, la experiencia
básica tiene la particularidad de que representa una especie de generalidad concreta: puede
entenderse como una realidad humana irrepetible concreta a la vez que general, por ejemplo, el amor,
confianza, fe. Existe una especie de potencialidad general para la experiencia de la confianza que ha
sido denominada también "desconfianza". Pero al confianza no se en todos los hombres de manera
evidente y explícita, como tampoco son evidentes la libertad, la aceptación de sí y la responsabilidad.
La confianza siempre se basa en la confianza y cuanto más se ensancha su campo por medio de
actuaciones tanto más se hace posible la confianza concreta, irrepetible. El encuentro concreto único,
irrepetible en el amor y la confianza, es lo que hallamos también en la irrepetibilidad histórica y personal
de Jesucristo como fundamento de la fe. ¿La experiencia religiosa es una experiencia que integra todo
lo humano o que lo niega? ¿ Es una elevación o una superación?
Una experiencia básica debe ser capaz de interpretar coherentemente la totalidad del mundo y
a la vez de afirmarse frente a ella, amor, confianza. Los encuentros pueden llamarse también
experiencias de contraste. e nos muestran cuando aparecen y desaparecen. El carácter del encuentro
puede presentar la experiencia básica como una experiencia "desde arriba". No es dominable ni
previsible y por tanto no es realizable "desde abajo". Desde el punto de vista estructural este
conocimiento vale para todas las experiencias básicas, las cuales vienen a ser así experiencias de
"gracia".
¿Quiere decir esto que la experiencia básica debe entenderse sobre todo a partir de su no-
identidad con el resto de la realidad experiencial? Este aspecto negativo no basta. Una experiencia
puede ser transparente para otros, implicarlos o afectarlos. Pero ala integración y la negación de la
experiencia básica no son plenamente armonizables. Cabe pensar más bien en una analogía racional:
entonces es posible entender el carácter integrativo de las experiencias básicas sin allanar las
diferencias.
Las experiencia son históricas en un doble sentido: en que su origen está vinculado a un kairós,
y en que perduran en la historia. Para que la transmisión viva de la experiencia tenga continuidad es
tan importante el olvido como el recuerdo, pues sólo la unión de ambos da plasticidad a la experiencia
histórica. Sin embargo en el recuerdo y en el olvido subyacen unos intereses prácticos. La praxis
implica la reflexión propia de la experiencia histórica. Lo decisivo es cómo hace el hombre que los
incentivos actúen sobre él y qué hace de ellos cuando le sobrevienen. Se debe evitar la tecnificación.
El hecho que las experiencias básicas no son producibles no contradice su carácter práctico: en la
praxis remite una dimensión de distancia entre lo que se hace y lo que nace, se puede obtener. Esta
dimensión, que no existe sin la praxis porque nace del carácter referencial, que es más de lo que la
praxis puede alcanzar, disponer, y que sin la praxis se convierte en pragmatismo, constituye lo que
llamamos metapraxis. La experiencia como forma de sabiduría nunca se agota.
156
El hombre es esencialmente una totalidad sensible espiritual . Como tal, el ser humano
experimenta con su cuerpo y alma al mundo y a Dios. Dios va al encuentro del hombre como
Encarnado. Es clave el sentir de la persona de Cristo, Verbo Encarnado, en su "vaciamiento". Los
sentidos perciben la humanidad de Dios, con que Dios se deja experimentar en la gracia.
"Pare": hay algo inalcanzable en nuestra vida. ¿Esta desigualdad es paralelamente
paralizante? No, la experiencia demuestra lo contrario: lo que enriquece, llena al hombre, no es lo
ordinario, alcanzado por propia cuenta, manipulación, trabajo; sino lo "extraordinario", lo inalcanzable,
gratuito, don libre, inmerecido. Este despierta interés, la sorpresa atrae, por su novedad, sus
posibilidades fascinan, -también hay sorpresas desagradables-, alegría inesperada es mayor que los
gozos cotidianos. Lo extraordinario, por consiguiente, pertenece, más que lo ordinario, a la estructura
del hombre, es más conforme a la medida -desmedida- del hombre.
156
H. URS von BALTHASAR, Gloria, v.1 Percepción de la forma, 323-75.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 128
Frente al Tú absoluto, inefable, el hombre se siente totalmente desarmado e impotente de
lograr su salvación: el hombre es nadie para dictarle reglas y alcanzarlo. Esta impotencia y la ansiedad
que la acompaña prepara y posibilita la Gran Sorpresa, la "Buena noticia" con la consecuente
intensificación de plenitud de ser.
¿De dónde le vine a lo extraordinario el que produzca en nosotros tales efectos positivos? Le
viene del hecho de que lo extraordinario emana de una libre y original decisión del Tú que nos da el don
extraordinario. En la vida diaria nos encanta el contacto con la naturaleza, el trato con los niños: ¿por
qué nos resulta encantador y refrescante? En ellos encontramos una originalidad más allá de todo
plan y cálculo, y esto nos maravilla. ¿Por qué preferimos los saludos, la amistad y los favores
espontáneos a los que se hacen por protocolo? ¿Por qué nos alegran más y nos llenan más? ¿Por
qué decimos que la verdadera amistad ha de ser gratuita? Porque sólo la amistad gratuita tiene un
incomparable poder para cambiar y renovar o hacer feliz a otra persona más que todas las exigencias y
derechos.
Todas estas experiencias nos muestran que para nosotros desde el fondo de nuestro ser
humano, el don libre del Tú divino es lo que más responde a nuestra estructura. La realización más
grande para nosotros será aquella en que el Tú divino libremente sale a nuestro encuentro y nos
sorprende con su luz y misterio inalcanzable, pidiéndonos una respuesta también libre e igualmente
misteriosa. Esto es lo que el Nuevo Testamento llama Kanaris, gracia.
Junto con esta experiencia de la gratuidad, hay una experiencia innegable en el hombre: algo
no anda bien en su vida. Este sentimiento de mal-estar lleva a la completa desesperación; un mal que
no se puede comprender como mera enfermedad, un mal que postula un poder supradivino para poder
"reparar"; designa una palabra originaria -Ur- Wort (pecado).
b) Desarrollo histórico
La experiencia de la gracia es vital para el hombre, que como tal se ubica en el mundo, pues la
experiencia de la realidad cambia. Dicha experiencia se interrelaciona con la posibilidad de conocer a
Dios y hablar de El hoy, y de tener certeza de la salvación, de crecer en la gracia y de obtener méritos.
No se trata de meras experiencias emocionales.
b1) El "gustar de Dios" en el Pueblo de Dios , tanto en el antiguo como en el Nuevo
Testamento
El AT no sólo opera con una idea unitaria de la existencia, que hace que la experiencia como el
conocer a Dios" sea una realidad que lo implica enteramente y no sólo a su intelecto. El mismo ser de
Dios queda mediado y se determina por la experiencia que el hombre hace de Su promesa, ya sean
buenas o malas: "Entonces sabréis que soy Yahweh" (Is 60,16; Ez 6,7; 14,14; 16,23). Luego es
conocido el gozo del Pueblo de Dios por su liberación y existencia en un lugar concreto. En Israel una
existencia humana realizada sólo en una vida llena de gloria de Dios. Israel no necesita imágenes, es
imagen y, por eso, hermoso. Te adorné y te hiciste cada vez más hermosa (Ez 16,11-13).
El NT habla de un "gustar a Dios" (1 Pd 2,3; Heb 6,4), un ser "consolado por Dios" (2 Co 1,5; Jn
14,16). La teología paulina no se cansa en explicitar la "nueva existencia como un caminar según el
Espíritu" (Rom 8,1ss) y de los "ojos del corazón" que se ilumina. Para Juan el "ver" y "conocer" nada
tienen que ver con las capacidades meramente teóricas (1 Jn 1,1-3). el "nuevo Pueblo de Dios" se
caracteriza por el principio de una existencia familiar de comunión y el entusiasmo del cumplimiento de
las promesas. Desfiguración de la imagen: Cristo, el más hermoso en la cruz... La Iglesia bella,
hermosa, fascinante en su pobreza, su ser injuriada".
APUNTES DE CLASE 129
b2) La pedagogía divina y la experiencia interna en la Iglesia Antigua y medieval
En la Iglesia Antigua, los Padres griegos, sobre todo Ireneo, explicitan la experiencia de Dios en
interrelación con la pedagogía divina, en la cual la experiencia individual es mediada por situaciones
concretas (Orígenes). Con San Agustín la experiencia sufre un cambio de horizontes: la realidad se
interpreta desde el fondo del alma. Así, la experiencia de la gracia se interioriza hasta desconectarse
de su relación con el mundo. Pero Agustín expresa muy bien la dimensión eclesial de esta exeriencia
cuando describe bajo la imagen de la civitas celeste la alegría que ya le mueve ahora: socialiter
gaudentes (Conf. x, 39), lo que Beda repite cando habla del "gaudium fraterae societatis". En la
teología posterior el tema de la experiencia encuentra su punto culminante en la teología monástica de
la Edad Media. Para San Anselmo "el que no cree no experimentará y el que no experimenta no
conocerá". San Bernardo se refere a la "sapientia", la sabiduría que gusta por medio de la experiencia.
El amor es la condición para conocer a Dios, conocimiento que adelanta en esta tierra la visión
celestial. Por medio de la fe viva, de la experiencia de la presencia del Espíritu de Dios se da el paso
de la regio dissimilitudinis a la patria celestial. En esta teología medieval se llama la Iglesia un "hortus
deliciarum" y la define como "felicisma" societas supernorum civium communiter viventium".
Recordamos a Santo Tomás (CG IV, 50): "Es el fin último de la creatra racional alcanzar la
bienaventuranza que sólo pudee consistir en el Reino de Dios, que por su parte no es otra cosa que la
sociedad ordenada de aquellos que gozan de la visión de Dios".
Esta experiencia del "gustar de Dios" y de sus asuntos no es sentimentalismo, sino brota del
seguimiento del Señor crucificado. Mechtilde de Magdeburg: "La gracia descrita en este libro me la dio
el Señor de triple manera: como ternura, como familiaridad íntima, confidencial y, ahora, por los
grandes sufrimientos. En etos últimos prefiere permanecer más que en los otros dos tipos de
experiencia. La experiencia de dios se da en la "unidad de la voluntad de Dios con la humana. Esta
unión -el matrimonio espiritual- (Santa Teresa) tiene lugar en el fondo del corazón. Se trata de un
intento de interpretar la unión de hombre con Dios y su transformación, del egreso y regreso de la
criatura según el camino bíblico del "cumplir delante del rostro de Dios", su voluntad: anima quarens
verbum. Si esta "punta del alma" es interpretado como lugar para la gracia esto presupone que el ser
humano se concentra en ella con todas sus capacidades y deseos. Este centro de decisión, de unión
entre el intelecto y voluntad lo designa la Biblia: el corazón. La "iluminatio cordia" recibe un valor
fundamental, porque reproduce el libre "inesse" de gracia y libertad humana; otras fórmulas dicen lo
mismo: Vox dilecti mei pulsantis. La voz del amado que llama -Cant 5,2-. La presencia del Espíritu en
el corazón puede expresar al mismo tiempo la actio y la eficacia de Dios y la colaboración y libertad
humana. No se trata de meros afectos. La afectividad por importante que sea conserva su
ambivalencia. Pero el gozo del Espíritu Santo como gozo escatológico (Gál 5,22) pertenece a la gracia
eficaz y la libertad . El toque= San Juan de la Cruz.
c) Separación entre dogmática y mística en torno a Trento y en el período postridentino
En la teología posterior la experiencia pasa de la teología dogmática a la mística, paso que
lleva a consecuencias casi fatales, por ejemplo en los místicos alemanes que bordean el panteísmo y
en los movimientos entusiastas con sus desvíos de todo tipo. Por otra parte, los manuales dogmáticos
se dedicaban a precisar cada vez más la gracia actual como un auxilio dado inmediatamente para un
acto determinado y para él solo, en la medida en que a todas las dimensiones del hombre corresponde
un aspecto de la gracia, llegando a divisiones ontológicas inasequibles a la experiencia humana.
A causa de los efectos negativos de la mística e influenciado por el racionalismo, la Iglesia, en
su magisterio, comienza, a partir del siglo XVII, a adoptar una postura reservada y más bien negativa
frente a la pregunta por la posibilidad de la experiencia. Con la distinción entre lo natural y lo
sobrenatural se tendió a desplaczar del campo de la conciencia todo lo que hacía referencia a la
vivencia de la gracia. Trento insiste en la incertidumbre respecto de la salvación. Además, para el
hombre moderno la relación directa con Dios se ha hecho problemática, porque requiere experiencias
mediadas "desde fuera" -la gracia externa. Sin embargo, J. Mohler habla del gozo por la Iglesia a
causa del cumplimiento de los deseos fundamentales del hombre.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 130
Los actuales intentos por rescatar la experiencia en sus diversas dimensiones de la gracia
sobreabundan hasta tal punto que se llegó a una inflación del término "experiencia" en la teología. K.
Rahner hace ver que lo que acredita la experiencia de la gracia son los "frutos", estos cambios
inadvertidos, pero transformadores, que se condensan en el amor fraterno (cf. Mt 25). Este criterio
recibe mucha atención en los estudios atentos a la "gracia externa". Entre los ensayos dedicados a
rescatar la "experiencia mundana de la gracia" destaca indudablemente el de L. Boff. La dificultad en el
estudio de Boff y en los otros mencionado hasta el momento radica en la deficiencia del concepto
mismo de "experiencia", que se aplica en forma positivista -acrítica. La experiencia no es simplemente
vivencia, ni "estar ahí", sino, según Kant, es esencialmente "información elaborada".
d) Fundamentación del Magisterio
d1) Certeza
Nadie puede saber con certeza de fe que ha obtenido la gracia: Trento (DS 1534). Ningún
peregrino sin revelación especial puede saber que es elegido: Trento (DS 1540; 1565-66). Nadie puede
saber con absoluta certeza que no caerá, que presevará, una vez restablecido, el estado de gracia:
Trento (DS 1541; 1566; 1572). No es verdad que el justificado o no puede pecar más o si pecare debe
prometerse arrepentimiento cierto: Trento (DS 1540).
d2) La gracia actual
Dios opera por la gracia en nosotros: Indiculus (DS 244; 248); precede a la cooperación de la
libre voluntad: Indiculus (DS 243). esta gracia no consiste sólo en la inteligencia de los mandatos, sino
también en la fuerza con que amamos y hacemos lo conocido: Cartago (DS 226); Indiculus (DS 245).
La gracia ilumina, inspira, mueve la voluntad: Indiculus (DS 243); Orange (DS 375-77); Trento (DS
1525; 1553); Vat I (DS 3010). La gracia antecede (prevé), acompaña, sigue (perfeccionando) a los
actos saludables: Cartago (DS 243; 245S; 248); Orange (DS 375-77); Orange (Bonifacio II) [DS 399-
400]; León XI (DS 685; Trento (DS 1525S; 1546).
d3) La necesidad de la gracia actual
La gracia es necesaria para la salvación (sobrenatural) en general: Orange (DS 376-95); Trento
(DS 1691); para superar el pecado original: Indiculus (DS 239); para usar bien el libre albedrío:
Indiculus (DS 242; 246; 248); para todos los actos saludables, sean prevenientes, acompañantes,
subsiguientes para preparar la justificación: Trento (DS 1525s; 1551; 1553); para el deseo de gracia
que ilumina y exita: Trento (DS 1525; 1553); para creer "ad initium fidei": Orange (DS 375; 378; 396S),
Trento (DS 1553), Vat I (DS 3010, 3035); para la oración (DS 373, 376); para la purificación y la
penitencia: Orange (DS 374), Trento (DS 1553); para esperar: Trento (DS 1553); para amar: Trento (DS
1553); para cumplir los mandamientos de Dios: Cartago (DS 226; 227), Indiculus (DS 245, 239-48),
Trento (DS 1552). Con la gracia de Dios el hombre puede observar los mandamientos, abstenerse de
pecados y escapar a faltas leves con un auxilio especial: Trento (DS 1536, 1537, 1544, 1568). La
gracia es necesaria para resistir a las persecusiones del diablo, a la concupiscencia: Quesnel (DS
2400), Trento (DS 1515); para adquirir méritos. Indiculus (DS 243; 246; 248), Trento (DS 1546); para
perseverar hasta el fin. Indiculus (DS 241; 246), Orange (DS 380), Trento (DS 1541; 1566; 1572), Bayo
(DS 1911), Vat I (DS 3014), Vat II (DV 5; GS 25, 37; LG 16,42; AG 5).
APUNTES DE CLASE 131
d4) Crecimiento de la gracia
La gracia de la justicia puede conservarse y aumentar por las buenas obras: Trento (DS 1535;
1545-47; 1574); las buenas obras son fruto y señal de la justificación: Vat II (LG 39: frutos de gracia que
el Espíritu Santo produce en los fieles).
d5 El mérito
Las buenas obras del hombre justificado son dones de Dios y también del mismo justificado:
Indiculus (DS 243, 248), Trento (DS 1546, 1548, 1582); se merece verdaderamente por las buenas
obras: Trento (DS 1545, 1574, 1582).
e) Replanteamiento
La legitimidad y la dignidad teológicas del concepto de experiencia no dejan lugar a dudas.
Resaltamos, en primer lugar, algunos aspectos claves:
1º/ la importancia salvífica de una verdad teológica sólo se puede mostrar suficientemente
preguntando por la receptividad del hombre para ella: La verdad de Dios es también la verdad del
sentido de nuestra existencia, de modo que en medio del scandalum crucis (escándalo de la cruz) de
mensaje cristiano puede y debe esclarecerse la relación interna entre el misterio de la revelación y el de
nuestra existencia humana;
2º/ la esencia plena de lo religioso y de la fe, teológicamente, no puede fundarse sólo en la
experiencia y en su certeza, pues la realidad de la fe, ofrecida y dada gratuitamente, como acción de
Dios en el hombre es más profunda y amplia que la esfera refleja de la experiencia concreta: La
experiencia por su esencia es limitada;
3º/ la radicación de todo enunciado inmediato o científico de fe en la experiencia religiosa y en
el ámbito de lo santo de cara a un mundo que se ha hecho profano, debe mostrarse siempre con una
hermenéutica propia, para conservar la peculiaridad inconfundible de la fe como tal y, para oponerse al
abuso de la ideología y de las tendencias críticas frente a éste. El uso teológico del concepto de
experiencia requiere todavía importantes investigaciones.
Sin "communio ecclesiae" y sin "memoria ecclesia" (memoria eclesial) no hay experiencia de
gracia, pues la "experiencia" siempre es experiencia interpretada, lo que se debe al hecho fundamental
que el sentido de la verdad acontece hsitóricamente. De ahí que la experiencia acontece en el tiempo y
tiene tiempo. Postulamos, así, como espacio de interpretación la "existencia a partir de otro" en la
Iglesia. Allí no todos los momentos vividos son significativos, sino sólo los "kairoi" (por ejemplo, el
Misterio Pascual), comprendidos con criterios eclesiales: la comunidad eclesial experimenta al Señor
Resucitado, en este sentido "toda experiencia es un ver-con", "mirar-junto" es:
1º/ Experiencia con la experiencia
Esta "experiencia con la experiencia" no es algo que nos sucede casualmente, lo cual sería
vivencia, sino que se trata de una búsqueda sin anticipación, a la que corresponde un solo hallar.
Dicha experiencia no se constituye por su sujeto y tampoco a partir de los entes, sino que abre el
camino hacia una realidad que como tal se revela en esta experiencia; estamos ante una forma peculiar
de suprema certeza e irresistible coincidencia. Pero como la verdad de Dios es también la verdad del
sentido de nuestra exsistencia, la experiencia eclesial puede y debe esclarecer la relación íntima entre
el misterio dela revelación y el de nuestra existencia. A causa de la revelación de Dios comprendemos
las experiencias humanas y mundanas en una nueva luz. La fe abre así una nueva dimensión de
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 132
experiencia al enseñar a ver de modo nuevo las experiencias cotidianas desde la revelación de Dios en
cristo. Se trata de una "experiencia con la experiencia", porque la experiencia ya hecha llega a ser
objeto de una experiencia nueva. La fe acontece así como experiencia de Dios en que hacemos una
experiencia nueva con nuestras experiencias cotidianas que no simplemente brotan de esta
experiencia, sino que es experiencia con la experiencia que, a su vez, tiene que legitimarse en
nuestras experiencias cotidianas.
2º/ Las experiencias naturales como criterio importante
La nueva visión de la realidad que se abre en la fe de Cristo, a través de la Iglesia, tienen en las
experiencias naturales un criterio que permite probar su importancia para el hombre: Dios, en su
autodonación, se compromete con el hombre en la medida en que interviene en su realidad, llevando a
cabo un proceso de mutación, de cambio -en Cristo-, quien, así, aparece como primicia de la praxis.
Conocemos a Dios a base de experiencias nuevas que hacemos con él. Esta experiencia que brota a
partir del abandonarse a la revelación de Dios en Cristo, cuestiona las experiencias "naturales" en su
carácter natural-obvio. Lo "obvio" aparece en una nueva luz: se presenta o como no mtan obvio, o
demasiado obvio, o recién obvio en el futuro. De ahí que la revelación de Dios es un comparativo
crítico, porque lo que hasta ahora era obvio entra en crisis: Dios se revela como el "más evidente".
3º/ El comparativo crítico y su plus específico
Los nuevos aspectos de la existencia a la luz de la experiencia de Dios son ambivalentes:
pueden ser motivo de esperanza y confianza, angustia y desesperación. Esta ambivalencia no se
puede superar por la razón, pues el plus específico, tan decisivo en la fe, la gracia como autodonación
de Dios, no se puede formular de otra manera. Toda la ganancia de la cual se alegra la experiencia de
la gracia está concentrada en el nombre de Jesús, a través del Espíritu; no hay otro nombre. Por eso
se puede decir que la fe cristiana, en los aspectos señalados, responde mejor a la realidad. Y esto
porque sólo en la fe los aspectos ambivalentes de la existencia pierden su inseguridad y sus
perspectivas angustiantes, de tal manera que la fe libera para una comprensión más humana de la
realidad.
De ahí que por la "experiencia con la experiencia" se revelan en el hombre aspectos de su ser
desconocidos hasta ahora. Pero no se puede obligar a la razón a aceptar la oferta de la fe: el testigo
neotestamentario atestigua la verdad, pero no puede producir, según la peculiaridad de su testimonio,
ni evidencia ni última seguridad. De aí también que la experiencia no es sólo "revelación", sino también
"ocultamiento" -sufrimiento a nivel eclesial.
V. LA PREDESTINACION
a) Planteamiento del problema
La predestinación es, indudablemente, la dimensión más crítica del "De gratia". Involucra las
demás dimensiones en forma decisiva desde sus orígenes. El enfoque bíblico, destacadamente
colectivo, identifica la predestinación con la elección gratuita del amor inefable de Dios en Cristo para
con los hombres que avanzan por la historia como el Pueblo de Dios. Dicho enfoque, luego, se
APUNTES DE CLASE 133
individualiza bajo factores socioculturales muy diversos, bordeando siempre la explicación antibíblica de
la doble predestinación: o para la vida o para la muerte eternas. La crisis, propia de la comprensión de
la predestinación, no le viene tanto del constante peligro del determinismo, sino de su verdad profunda,
que consiste en el hecho de que la predesinación salva la libertad humana.
La predestinación tiene, de hecho, su fundamento en Dios, pero, de tal manera, que no se
identifica simplemente con la voluntad salvífica universal de Dios, sino con la verdad que de la gracia
en su eficacia no depende de la libertad del hombre. Este es el problema que efectivamente ha
hecho de la predestinación el tema más requerido en profundidad por la reflexión teológica actual.
Como tal cuenta, sorpresivamente, con planteamientos novedosos, en cuanto misterio de amor, tal
como lo expone G. Kraus en su visión de síntesis reciente. La crisis de la gracia alcanza su verdad en
sentido pleno a fines del siglo XX, a partir de una interrelación profundizada de la predestinación de
Cristo con la del hombre.
El problema clave consiste en cómo de interrelaciona el actuar con el esperar.
b) Desarrollo histórico
b1) La dimensión histórica: La predestinación es una dimensión importante en la
teología de la gracia. Ya en la Sagrada Escritura se hace presente en la vida del hombre ubicado en el
mundo y en la historia: el amor inefable de Dios al cual remonta toda la obra salvífica del Padre por
Cristo en el Espíritu Santo -Rom 8,28-29. Este amor se revela como un encadenamiento de acciones
salvíficas de Dios, quien actúa en bien del hombre en una zona prototemporal -la elección- que se
proyecta hacia una consumación definitiva en el Espíritu Santo, iniciado ya en el presente con la
filiación adoptiva. En esta teología de etapas de salvación, que conoce también el AT, el individuo se
ubica en un amplio plan de salvación para mayor gloria del Padre -Ef 1,3-14-. La teología patrística
griega conserva ciertamente la amplia y profunda visión del mysterion bíblico, pero ya se hace notar un
cierto desplazamiento desde una comprensión objetiva universal del tiempo hacia la componente
subjetiva (Tertuliano).
b2) El estrechamiento individualista problemático: En San Agustín, luego, comienza a
hablar el Yo para explicitar la temporalidad en una profundidad desconocida hasta el momento y sólo
comparable a lo que posteriormente logró Husserl. Surge así el problema de ¿por qué Dios no obra en
cada hombre?, ¿por queé elige a algunos y les regala su gracia, mientras que otros siguen en sus
pecados? Si Dios tiene la iniciativa absoluta, ¿por qué la salvación no es universal? Con esto la
predestinación, por primera vez, se constituye en problema, dentro del marco general de la teología
agustiniana.
En la lucha antipelagiana las posturas se endurecen, pues Pelagio -según Greshake- sigue un
esquema cosmológico griego en el cual la historia con sus situaciones concretas se integra en forma
constitutiva en el proceso de la gracia, por eso llega tarde con una respuesta conservadora al problema
de la predestinación y de la gracia en general. Agustín, en cambio, orientará toda la historia posterior
de la teología de la gracia en torno al problema de la predestinación. Dicha teología de la gracia se
ocupó durante siglos de la pregunta por la predestinación, vacilando entre soluciones extremas:
doble predestinación: una para la vida eterna y otra para la muerte eterna;
visión ortodoxa: admitida por el mismo Agustín, sostiene tan sólo una predestinación para
la vida eterna, la gloria.
En la edad media y moderna la gracia es considerada bajo el principio "gratia est inchoatio vitae
aeternae" (la gracia es incoación de la vida eterna). Los Concilios de Quercy, Valence y Trento ofrecen
una visión equilibrada. Sin embargo, la problemática de la predestinación lleva consigo una pérdida
creciente de la auténtica dimensión temporal de la salvación. Está fuera de cualquier controversia que
todos los hombres reciben la gracia suficiente para salvarse (gratia sufficiens) -sin esta afirmación no
se podría explicar por qué la condenación es consecuencia de la culpa humana-; en cambio, la gracia
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 134
eficaz está en conexión interna con la predestinación a la salvación, que se concede al hombre. Al
respecto se destacad sobre todo la gratuidad del donum perseverantiae. Se excluye, además,
rechazando la fe fiducial de los reformadores que, sin especial revelación, el hombre puede tener una
seguridad de fe acerca de su condición de elegido.
A los molinistas les preocupa principalmente salvaguardar la voluntad salvífica universal de
Dios y la libertad de la voluntad humana. Desde este punto de partida intentan explicar la cuestión del
modo siguiente: Dios sabe, mediante la llamada "scientia media" cómo se comportará la voluntad
humana en tal o cual situación, si acepatará o rechazará la gracia que se le ofrece. Dios determina un
orden del salvación, en el cual prevé que algunos se salvarán, mientra que otros no alcanzarán la
salvación. Los que consiguen la salvación en virtud de esta previsión son predestinados a la gloria,
mientras que los otros -siempre en virtud de esta previsión- son excluidos de ella. En este sentido, la
predestinación es posterior en el orden lógico a la previsión de los méritos. En el molinismo, en último
término, depende del hombre si la gracia suficiente se convierte en eficaz.
La escuela bañeciano-tomista propone un explicación diferente. Las cosas deberían
representarse lógicamente del modo siguiente: con su voluntad salvífica universal, Dios quiere que toda
criatura dotada de libertad llegue a la salvación y, consecuentemente, da a toda la gracia suficiente. A
los que ama de manera especial los predestina absolutamente a la gloria eterna; a los que no
predestina a tal fin no impide que no alcancen la meta). Quien está predestinado recibe la gracia
eficaz, con la que adquiere aquellos méritos que están en conexión interna con la salvación eterna.
Esta posición salvaguarda mejor la primacía absoluta de la gracia divina en la predestinación. El
criterio último de la elección radica evidentemente en Dios y no en el hombre.
b3) Un nuevo equilibrio del problema de la predestinación: el descubrimiento actual del
tiempo como cuarta dimensión de nuestra existencia ha hecho ineludible una reflexión sobre la
dimensión profunda de la predestinación. De esta manera, los documentos del Vaticano II y Puebla
vuelven a los datos bíblicos del designio amoroso de Dios para con el hombre, quien acoge la iniciativa
del Padre en la historia, que se concentra en el Hijo y se consuma en el Espíritu Santo desde una
tensión presente en todos los documentos: la del "ya, pero todavía no". La dinámica de la gracia, que
determina nuestra vida terrena, se apoya así en la presencia anticipada de la Trinidad en nuestro
tiempo.
b4) El problema: lo que en estos documentos oficiales del Magisterio se trata de
rescatar frente a una polarización de elementos abstractos de la problemática de la predestinación, en
la teología postconciliar no se puede presentar siempre con el mismo equilibrio y la misma profundidad
en lo que se refiere a la teología de la gracia. Por el contario, parece que estamos frente a un nuevo
dualismo que intenta instalar al hombre, declarado adulto, en una inmanencia que no debe romperse
con un orden sobrenatural. En la predestinación de agudiza el problema gracia y libertad de la
siguiente manera: ¿cómo se puede pensar que al mismo tiempo se conserva la libertad humana y el
éxito infalible de la gracia? Se tematiza la libertad de Dios, su poder, que pueden alcanzar en el
hombre lo que El quiere. Se busca un punto de convergencia entre la voluntad del hombre y el querer
de Dios. Esto implica dos aspectos:
1. ¿qué es lo común que Dios puede provocar en forma eficaz? y;
2. ¿por qué esto no resulta en todos los hombres? Problema del número de los
predestinados.
El dilema se produce tan pronto como se intenta el "simultáneo" y "sin mezcla" de las dos
libertades no sólo formalmente, sino según su contenido. El hombre se transforma en el co-actor
seducido y aparentemente libre. La buena decisión se encuentra preplanificada, de tal manera que el
hombre es conducido por la gracia: irresistible -imperativo- sin resistencia. La mediación mundana del
"infalibiliter" de la gracia se soluciona generalmenre por la pre-ciencia tomista, agustiniana, molinista.
Pero la antigua forma conserva su verdad, si se queda con el siguiente contenido: la presencia
abstracta, pero determinante, es el bine salvífico concreto, previsto para el hombre que tiene como
calidad la fuerza de arrastrar al hombre.
APUNTES DE CLASE 135
C) Fundamentación del Magisterio
c1) La voluntad salvífico universal
Dios quiere que todos los hombres se salven: Valence (DS 623), que nadie se pierda: Arelat.
(DS 340; 780). Cristo fue enviado para que todos lleguen a la adopción de los hijos de Dios: Trento
(DS 1522), murió por todos los hombres: Arela. (DS 332; 340), Quercy (DS 624), Valence (DS 630),
Trento (DS 1522s), Jansenio (DS 2005). De esto no se siguen que todos los hombres se salvan:
Quercy (DS 623), Valence (DS 630; 1362). Cristo da también su gracia a los que se pierden: Arel. (DS
340) no por voluntad de Dios, sino por propia culpa: Arel. (DS 333; 340), Quercy (DS 623), Valence (DS
630; 626s). La gracia se da también fuera de la Iglesia (DS 2305): Quesnel (DS 2429), Vat I (DS 3014);
Dios no abandona a los que una vez justificó con su gracia, si antes no es por ellos abandonado: Trento
(DS 1537; 1546).
c2) La predestinación
Dios elige según la presciencia a los hombres que predestina a la vida: Quercy (DS 621); Dios
predestina sólo al bien: León IX (DS 685); no hay predestinación a los malos para su malicia: Arel (DS
335), Orange (Bonifacio: DS 397; Hadrian: DS 596); Quercy (DS 621); Valence (DS 628); Trento (DS
1567). La predestinación no se hace para el "malum faciendum", sino para el castigo (poenam): Quercy
(DS 621); Valence (DS 628). Dios sólo prevé, no predestina a los malos: Valence (DS 6280); León IX
(DS 685). La presciencia no hace que el mal se realice necesariamente: Arel. (DS 333); Valence (DS
627); el Magisterio ha reprobado la idea que algunos son predestinados para la muerte y otros para la
vida: Arel. (DS 335); Trento (DS 1567).
c3) El Vaticano II
Los seguidores de Cristo son llamados por Dios no en razón de sus obras, sino en virtud del
designio y gracias a Dios (LG 40). La economía de la gracia (LG 62): todos los hombres en gerneral,
por la gracia de Dios, son llamados a la salvación.
d) Replanteamiento
De hecho, el grandioso esbozo de K. Barth en su "Dogmatik IV", permitió redescubrir la
predestinación como condición básica de todo quehacer teológico y de la vida cristiana eclesial. Este
redescubrimiento se preparó ya en los primeros estudios barthnianos, sobre todo en el comentario a los
Romanos II, a la luz del problema de la teología de la crisis, tal como lo destaca recientemente M.
Beintker en su breve, pero sugerente estudio. El centro del descubrimiento es Cristo: de aquí la
irradiación viva de esta verdad para los que siguen a K. Barth en su innovación, tal como lo atestigua,
sobre todo, la cuarta edición del comentario de E. Jungel a esta temática barthniana, en 1986.
K. Schwarzwaller, por el lado luterano ofrece, luego, un ensayo parecido en que replantea la
actualidad de la predestinación, replanteamiento que se sitúa ecuménicamente entre K. Barth y M.
Lohrer.
M. Lohrer, de hecho, explicita en el MS un sugerente esbozo nítidamente católico al ofrecer una
solución más bien eclesial al problema. Los replanteamientos aquí señalados atestiguan, entonces,
una crisis en el sentido profundo de su verdad, que tiene repercusiones destacadamente ecuménicas:
se busca equilibrar la salvación con la reprobación como dos dimensiones inseparables de un mismo
amor a Dios al hombre en la historia.
Una intelección crística eclesial se puede vislumbrar desde un enfoque epistemológico
lingüístico. Se destacan más recientemente los ensayos que elaboran los teólogos italianos a partir de
un análisis sistemático semiótico, tal como se puede apreciar en el breve estudio de C. Laudazi: "La
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 136
dimensión crística dell'Uomo", donde el autor va más allá de K. Barth en su cristocentrismo.
Pero, sin duda, L. Weimer, quien logra de nuevo tratar el problema profundamente, cuando
ancla el nexo de la gratia eficax con la libertad humana, y lo hace no sólo en el tema tradicional de la
delectatio victrix, sino que lo reflexiona a partir de la libido freudiana dentro de la "experiencia eclesial".
Esto demuestra que la predestinación tan sólo se transforma en un problema indisoluble allí donde se
lo reduce a categorías abstractas y poco nítidas, como sucede, por ejemplo, en el planteamiento de L.
Boff.
La inspiración profundamente agustiniana se transforma, a la luz de la teología de la liberación
en la siguiente perspectiva fundamental: la gracia es respuesta al anhelo del mundo por la liberación y
felicidad. Cabe entenderla como categoría totalitaria, simultáneamente con aquella de la colaboración
humana. Pero el autor no interrelaciona internamente el "gusto por Dios" con la Iglesia, sino de modo
crítico y por razones externas e históricas. Combina dos tesis fundamentales a la luz de la teoría de la
dependencia y de la de Lubac y Rahner:
1. se comprende la gracia fundamentalmente como gracia mundana; la Iglesia no
representa el eje suyo, sino sólo "su conciencia", según el modelo "reflejo-irreflejo";
2. cada hombre tiene una "opción fundamental"" y cada cultura un "proyecto
fundamental", este desiderium (deseo) se identifica con la gracia.
Ciertamente Boff trata de mostrar la gracia como crisis en el proceso de la liberación, pero no
presta atención al nexo íntimo entre la teoría de la liberación y la teología trascendental de la gracia;
deja los mundos yuxtapuestos, como incompartibles. El paralelismo de debe al hecho que el concepto
de la Iglesia está cargado de afectos, pero es insuficiente.
Lo interesante en el enfoque de Boff es la reformulación del agustinismo por la intercalación de
la delectatio victrix y la liberación del pueblo, del mundo. Boff ve en el gozar del hombre, que es
esencialmente social, que como unidad de cuerpo y alma anhela una liberación en el sentido pleno, y
esto en la dirección que primero debe producirse una revolución estructural en el mundo que posibilita
la conversión del núcleo de la persona: el medio victorioso de la gracia. Para Boff este gozo es
siempre, aunque bajo muchos títulos, la "opción fundamental". Ahora bien, en la interrelación del
proyecto global de la cultura y del proyecto personal también está dado el proyecto de Dios, que se
llama "plan de Dios" y que se hace eficaz en la realización de los proyectos humanos. La gracia
habitual se transforma en la fidelidad a la opción fundamental, y la gracia actual en fidelidad a actos
particulares que llevan a la realización de la opción fundamental.
Por otro lado, hay aquí un intento positivo del "desiderium naturale" (deseo natural) como grito
de liberación del pobre como manera eficaz de actuar la gracia universal. Pero se termina con una
nivelación del orden creación y gracia, se nivela por la interpretación de la presencia cósmica de Cristo.
La Iglesia es simplemente una comunidad, pero no el eje de la creación.
Empero, la predestinación adquiere su nitidez y transparencia vital dentro de la visión
comunitaria recuperada por la intelección eclesial, en cuanto "esperanza" de salvación para todos. Es,
en definitiva, la obra de Hans Urs von Balthasar la que ofrece finalmente el tratamiento teológico de
mayor criticidad respecto del problema de la predestinación. El autor se ubica en la tradición tomista al
elaborar su inclusión de la historia en la vida de Cristo, de tal manera que Cristo aparece como la
norma de la historia, es decir, como el universale concretum. Von Balthasar toma muy en serio así el
juicio de Dios que pende sobre el hombre pecador, pero cree también vivamente en amor cada vez
mayor de Dios Padre, quien carga sobre su Hijo la condena del hombre de tal forma que la cruz está al
otro lado del infierno. Esta racionalización del pro nobis en su sentido profundamente católico,
aproxima la solución de K. Barth al mismo tiempo que se distingue de ella. A Balthasar le urge, pues,
volver cada vez más sobre la esperanza típicamente cristiana, que no sólo "permite", sino que "debe"
confiar efectivamente que "todos los hombres se salven".
Resalta así una dimensión crítica de la gracia muy en la línea de joánica: el amor, pues, es
crisis en la medida en que es la verdad; tiene en sí la justicia, por lo cual Jesús, en las controversias
APUNTES DE CLASE 137
con los que no aman, puede decir que El, como amor, no juzga, empero como verdad juzga. Juzga,
pues, tan sólo en la medida en que el que permanece en la oscuridad su autojuzga frente a la
respuesta de amor divino. La crisis traspasa así la historia de la conversión, de tal manera, que la
teología de la crisis es también, en un sentido peculiar, teología de la gracia y de soberanía de Dios.
En suma, se puede decir que el temido tema de la predestinación permite apreciar mejor que
otros temas en qué sentido la gracia, como verdad teológica, está en crisis en el sentido profundo.
Como en ningún otro problema del tratado de la gracia, se hace presente aquí la dimensión forense del
juicio, origen propio de la crisis en su sentido bíblico. Al mismo tiempo resalta la dimensión más
profunda de la gracia en cuanto misterio del amor insondable de Dios, amor que quiere que todos los
hombres se salven por la libre acogida de este amor en sus vidas, al optar sin presión alguna por lo que
Dios desde toda eternidad ha dispuesto en bien suyo.
d1) La elección del pueblo de Dios.
Detrás de la abstracción de los predestinados se esconde como muy concreta la realidad del
"Pueblo de Dios". El escándalo de -algunos elegidos- es resuelto de tal modo que Dios no se
transforma en impotente, pues vale aquí el texto de Jos 24 más una frase, proveniente de Orígenes,
pero propia de Máximo el Confesor: "no es que Dios solo eligió a Israel, sino que Israel solo se
decidió de seguir a Dios", lo cual es reputado como servicio.
La doctrina de la predestinación quiere afirmar con la "efficax gratie" la omnipotencia de la
libertad de Dios. Si la gracia se transformara en gratia efficax cuando la voluntad del hombre hace caso
a la gracia, y si permaneciera gratia sufficiens cuando no lo hace, entonces no se daría el problema de
la predestinación, sino tan sólo, una voluntad salvífica universal de Dios y una dependencia del hombre
respecto de su amor. El problema se produce porque existe una gracia eficaz infaliblemente, y es esto
lo que reclama ser penetrado con la razón. No se toca la posibilidad que el hombre tiene de decir no.
La eficacia infalible de la gracia es comprendida como algo interno, que consiste en la unión
voluntaria de dos libertades, de tal modo que la gracia preexistente produce esto y lo es: que el hombre
desde su ser más íntimo dice sí a la voluntad ajena (Scheeben = tactus cordis). Pero esta voluntad de
Dios debe ser comprendida como inmanipulable. Es ella la que mueve y dispone de todo en el hombre,
pero sin violencia. Lo específico de su eficacia corresponde a la debilidad del hombre. Sus costumbres
e inclinaciones al mal no son vencidas de una vez y para siempre por la conversión y el bautismo, sino
que necesita de una permanente superación (donum perseverantia). Por eso la posibilidad de la
fidelidad humana se entiende a partir de la fidelidad de Dios, que pone el comienzo y la lleva adelante
"usque ad finem", en una "creatio continua". Queda, pues, al descubierto una antropología realista,
pero ante todo optimista.
Si para la debilidad de la condición humana se requiere de parte de Dios la fuerza correspondiente a la
gratia efficax, para poder explicar el enigma de que determinados hombres superan su debilidad por
aquella fuerza, hay que fijarse en lo siguiente: la naturaleza humana tiende a un fin, que no puede
alcanzar por sí sola, precisamente por esta debilidad específica. Hay una diferencia entre el deseo y el
poder, entre ordenamiento fundamental y cumplimiento, y tal diferencia es la puerta para la fuerza de la
gracia. En otras palabras, aceptando la enfermedad puede entrar el médico. Por eso la teología
sostiene en el beneplácito de Dios, su gusto por los hombres, la idea de la gracia como decisión de
elegir y formar un pueblo.
La doctrina de la predestinación no se sostiene sobre la idea de un Dios arbitrario, sino por el
afán de conservar la libertad del hombre, y esto de diferentes maneras. No todos los hombres deben
decir sí; Dios parte relacionándose con el hombre a partir de sus propios deseos y anhelos. La relación
de Dios para con el hombre y su participación en la historia son dones inconmensurables y, por eso,
tampoco esclavizan.
En este debate de la gracia no se considera, a veces, la importancia de la pregunta para qué
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 138
libertad a sido liberado el hombre. La Tradición ofrece aquí un aporte fundamental a la revelación
judeocristiana: la máxima realización y desarrollo de la libertad consiste en su "estructura communio".
Esto significa que es la comunión con el Absoluto lo que posibilita la comunión de los hombres entre sí.
Servirse unos a otros y alegrarse mutuamente es el culmen en el gozo en Dios-vida eterna.
El hecho de que hombres puedan formar un pueblo de esta índole, recibió en la idea de la
predestinación una expresión: el cumplimiento de los sueños humanos por Dios. "Elegidos" significa
reproducir, mediante una vida en la existencia pro-kenótica, el comportamiento de Dios con el hombre,
inclinarse hacia el otro de la misma manera como Dios se preocupa del mundo.
En esta teología cristiana de la predestinación está el acento en el hecho que la libertad es un
presupuesto, un don de gracia. A partir de aquí aparece el problema insoluble de una armonización de
la libertad y la gracia victrix (como co-existir), como la consecuencia de un abrir geológicamente una
zanja, una nivelación de diversos niveles. El verdadero problema debe formularse en el marco de la
relación: esclavitud-liberación-cumplimiento, donde esclavitud significa incapacidad para construir un
pueblo bajo la ley del amor.
d2). El enviado.
Recién el estrechamiento de la idea veterotestamentaria de la elección de un pueblo y la
elección para este pueblo hacia la salvación individual cierra, a partir de la perspectiva de una
comprensión de la libertad autónoma, la mirada para el hecho que también el concepto de
predestinación debe concebirse necesariamente como categoría de mediación de la revelación. Quiere
mostrar que Dios actúa a través de hombres, detrás de los cuales, en cuanto enviados, está totalmente
su voluntad, y que por su parte están plenamente detrás de la voluntad de Dios.
Es de especial importancia que la verdadera solución de Dios para el mundo, en la historia de
las religiones, se cristalizó a través de determinados hombres en un proceso de crítica; de tal forma que
predestinación significa que hay hombres que Dios encontró, que realizan su Plan, y que Dios descubre
en ello plenamente su querer originario sin reducciones.
La consecuencia íntima de esta idea conduce a la idea del número pequeño de los elegidos.
La intención no se centra, pues, en lo numérico. Este aspecto podría estar referido al hombre en su
proclamación del juicio (llamado) a la conversión, y entonces apunta a un número grande; o bien puede
referirse a la elección de Dios (por qué justamente yo, que no sirvo), y entonces apunta a la bondad de
Dios. la elección no debe identificarse con casualidad, destino o circunstancia. No es casual haber
nacido en una familia católica. Lo difícil no es que un hombre crea y actúe épicamente, sino que una
mayoría entre los hombres realiza el servicio de una unanimidad eclesial comunitaria.
En la idea paulina de la predestinación se encuentra el aspecto de la koinonía (Flp 2,13). Dios
contexto del ágape comunitario: ada uno debe preocuparse del otro y servir como Jesús. La
comunidad de Filipos debe renunciar a la sociedad malvada. Pablo interrelaciona la koinonía
pneumatos (2, 1) en la comunidad con el término clave: alegría (5 veces) y con la eudoxia de Dios,
exhortando a la comunidad en su totalidad para que resulte (2, 13-16). Aquí se interrelacionan los
términos de la gracia victoriosa, el gustar de los asuntos de Dios y la confianza interna, la expresión de
un compromiso total, la colaboración y la caracterización llamativa de la comunidad como comunidad
atrayente hacia el encuentro con Dios.
d3) María "modelo".
En la medida en que se ve más claro la predestinación como un hacer posible lo imposible -la
congregación del Pueblo de Dios-, más resalta el aspecto de lo victorioso de la gracia victoriosa, en
contraste con la libertad delbilitada. Esto es expresión para el hecho que el hombre es demasiado débil
APUNTES DE CLASE 139
para formar comunidad, aunque lo desea, se encuentra posibilitado de confiar, servir, incorporarse e
integrarse en una historia ajena. Esta gracia y libertad que forman comunidad deducen su eficacia del
nexo correspondiente entre un sueño humano y la economía divina. Por eso colabora la debilidad de
la libertad con la gracia y permite su victoria. Sólo si no se comprende la Iglesia demasiado estrecha,
sino como grupo en el mundo, de tal forma que la predicación aparece en su función para la creación,
se puede encontrar aquí una solución peculiar al problema de la compatibilidad entre gracia infalible y
libertad, tal como se da en María de modo ejemplar.
VI . LA PREGUNTA POR EL ORIGEN
a) Reflexiones previas
La revelación de la gracia, tal como la hemos estudiado recién, nos hace percatarnos de la
presencia del pecado y sus reales dimensiones, que designa la teología como "pecado original";
157
término no del todo feliz, pero irreemplazable . Luego de un esfuerzo casi fanático de "despedir el
158
pecado original", esta verdad se encuentra actualmente en un momento de abierta "consolidación" .
El "pecado original quiere decir que la situación universal que determina a cada uno
interiormente contradice de hecho a la originaria voluntad de salvación por parte de Dios, que todo lo
creó en vistas a Cristo y quiere colmarlo todo en él. Quiere decir que la salvación que Dios ha pensado
para el hombre como hombre no se le da de hecho por su origen de manera que existe una
contradicción entre su ordenación a Cristo y su determinación por la pecaminosidad general. Aquí
159
radica la razón más profunda de la ruptura del hombre con el mundo" . En esta ruptura el hombre se
encuentra a la vez "actor y víctima".
a1) Aproximación fenomenológica a la experiencia humana.
160
Hay una experiencia innegable en el hombre, algo no anda bien en su vida . El escritor
161
contemporáneo Th Eliot describe con gran nitidez una tal situación de malestar en una de sus obras .
Una joven descubre de golpe que su relación con un hombre casado, que le había llenado hasta el
momento, se disuelve en nada y más todavía, ella comprende que no ha sido nada desde el
162
comienzo . Asustada busca la ayuda del médico. Llega confesarle que no sabe hacer otra cosa sino
recurrir a un vocablo anticuado, olvidado, para expresar lo que siente, "pecado. Describe luego el
"sentimiento de pecado" como un mal-estar que lleva a la completa desesperación, un mal que no se
puede comprender como mera enfermedad, un tal que postula un poder supradivino para poder
163
"reparar" . Sucesos así y muchos otros re-velan el significado de la palabra originaria (Ur-wort),
157
Así lo hace ver K. Rahner. Cf. GS 13.
158
J.L. DE LA PEÑA, op. cit., 183.
159
W. KASPER, Jesús, el Cristo, Salamanca 1982, pp. 250-251.
160
Cf. L BOFF, "Pecado original, Discussao antiga e moderna e Pistas de Eguacionamento", Grande Sinal 29 (1975) 109-133. Es una
experiencia conflictiva, "agonal", según H. Urs von Balthasar, Theodramatik III, Einsiedeln 1980, pp. 125-186. Es importante el espacio de
"experiencia". Cf. M. FLICK/Z. ALZEGHY, Il Creatore, 377s.
161
El dato ha sido analizado en J. PIEPER, Über den begriff der Sünde, München 1977.
162
Es llamativo el carácter de "velado" de la realidad del pecado, ya muy presente en la S. Escritura. Cf. el mensaje profético.
163
Piensa J. Pieper que tal vez no aplicamos fácilmente el término "pecado" porque sentimos que este vocablo dsigna algo muy íntimo en la
persona humana. Pero es distinto si el silencio proviene del hablar común o del lenguaje específico de la reflxión crítica, que niega o ignora la
existencia real de esta realidad. Se busca así en los diccionarios filosóficos en vano, aunque filósofos como N. Hartmann y M. Heidegger
conocen bien el concepto tradicional como "culpa delante de Dios".
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 140
164
"pecado" .
Esta experiencia, transmitida en una obra dramática, se puede ubicar a todo nivel tanto en la
poesía chilena como extranjera. "la entera obra de Ernesto Sábato constituye una impresionante, densa
y lúcida exploración del misterio del mal y de la culpa: la tareacentral de la novelística de hoy -escribe-
es la indagación del hombre, lo que equivale a decir que es la indagación del mal. El hombre real existe
165
desde la caída. No existe sin el demonio; Dios no basta" . Lo mismo confirman tanto psicólogos
como filósofos, tales como Kolakowski, quien "califica el rechazo de la doctrina del pecado original
166
como "peligroso" . Para M. Horkheimer "la doctrina más grandiosa de las dos religiones, judía y
cristiana, es… la doctrina del pecado original. Esta ha determinado la historia hasta ahora y determina
167
aún el pensamiento del mundo" .
168
Cabe precisar el alcance etimológico del término "pecado" . En el griego clásico el concepto
169
pecado, tal como lo conoce el cristianismo, no existe . Lo que tiene que ver con la raíz
(pecado) designa un no alcanzar una meta determinada, sea esto por equivocación o por
culpa. La gama de significados es amplia, encierra todo: desde un crimen hasta una falta leve. Es el
concepto negativo de en el sentido de altura, dirección o rectitud . Hay que recurrir a otros
170
conceptos para encontrar la idea de culpa propiamente tal, como son
partir de los siglos VII y VI el sentimiento de culpa aparece en el pensamiento griego. La expresión
más profunda de tal sentimiento se da en la Tragedia griega, donde se interrelaciona con la idea del
171
sufrimiento y la ceguera del destino .
El término hebreo más frecuente es hàtà. Este se encuentra traducido por
veces en los LXX. Los dos términos designan originalmente "faltar", pero a menudo en el contexto se
transforman en "violar", faltar contra alguien, faltar contra Dios. La idea latente es la de equivocar el
camino, contravenir, transgredir o también cometer un delito. En el pensamiento oriental "el camino" es
un orden sagrado; el pecado significa, por ello, un tropiezo contra ese orden santo, un "obrar lo
indebido" (awah) como injusticia, cuya culpa se reconoce y cuyo peso se carga. Que el pecado en una
línea más honda sea una rebeldía y una ofensa al Dios persona se expresa ante todo con el verbo
"pasa". El vocablo latino "peccatum" es toda acción que no está bien, sea que ésta pertenezca al orden
172
natural, artístico o ético .
En síntesis se puede decir que es fundamental el hecho de no alcanzar una meta y la no-
observancia de ciertas normas para alcanzar dicha meta. Se trata de una acción equivocada; pero no
cualquier equivocación se llama pecado. Debe ser "voluntario", es decir, libremente aspirada. Además
173
está en juego la misma persona humana . Pecado significa, en primer lugar, un acto del hombre; no
es implemente una falta de…, sino que se trata de un acto que carece de la ordenación correcta hacia
su fin último. Es también la infracción de una norma de comportamiento que apunta a ese fin. El
pecado afecta al núcleo de la existencia del hombre. Ninguna otra acción puede hacer al hombre
culpable sino sólo el pecado. De ahí la responsabilidad del hombre. El pecado es un acto contra Dios,
que consiste según Santo Tomás en la aversión voluntaria a Dios (aversio). El pecado sólo es posible
porque el hombre es libre. Según Santo Tomás, poder es signo de libertad.
Cabe analizar brevemente el alcance propio de este vocablo y su dimensión estructural,
164
Cf. L. SCHEFFCYK, Adams Sündefall. Die Erbschuld als Problem glaubigen Fankens heute, WuW 20 (1965) 761-776.
165
El escritor y sus fantasmas, Buenos Aires 1963.
166
HK 31 (1977) 501 ss.
167
VV.AA., La búsqueda de sentido, Salamanca 1976, p. 108.
168
TWNT I, 267-320; MS 655 ss. W. Günter, Theologisches Begriffslexikon zum NT II/2 1195; G. MENSCHING, RGG VI, 476-78; LTK IX
1169-1177; J. Auer, op.cit., 563 ss; J. PIEPER, op. cit., 17ss.
169
Cf. STAHLIN, GRUNDMANN, TWNT I 299-305. J. Pieper considera esta afirmación "históricamente no demostrada".
170
Cf. STAHLIN/GRUNDAMANN, op.cit., 299ss.
171
Cf. W. GÜNTER, op.cit, 1195.
172
Así lo hace ver J. Pieper, basando su análisis en la visión tomista.
173
Algo puede realizarse en forma perfecta, bien lograda -como el torpe que mató a Martín Luther King-, y sin embargo, es un crimen.
APUNTES DE CLASE 141
174
social . Este término refleja una compleja experiencia fundamental en la vida humana. Sin embargo,
ni el pensamiento griego ni el latino han hecho reflexiones al respecto en forma explícita. En un
comienzo tanto
175
.
Significaban más bien "perteneciente al pueblo", vale decir, el hombre libre de la polis. La terminología
es compleja y sólo inteligible a partir de otros términos como "sua sponte", "auctoritas", "in nostra
potestate", "eligere", "electio", "arbitrium (liberum)", "deliberarse (conilium)", "velle", "voluntas", etc.… y
las formaciones griegas con "auto". De ahí que libertad significa: 1) auto-posesión, =
disponer de sí; 2) automovimiento, "liberum est, quod sui causa est" (Santo
Tomás). El aporte cristiano profundiza esta comprensión, pero agregando un nuevo elemento, la
176
"libertad infinita" que funda la "libertad finita", es decir, la libertad del hombre es don .
La autorrealización de la libertad humana conduce indudablemente a una elección (Blondel
=opción). Esta no es mera decisión frente a dos alternativas. Sólo se comprende como libertad en la
medida en que se comprende como "donada" y "debida a". Este acto supremo de la libertad significa
177
que la libertad no debe definirse esencialmente como "liberum arbitrium" . La elección involucra la
situación del hombre en el mundo. Es ahí don de la libertad se interrelaciona con el mal.
Por experiencia, el hombre sabe que el mal en el mundo viene de la libertad que usa el poder,
cuando la libertad finita se autonomiza en algo absoluto. Esto significa:
1. la libertad finita se apropia de la dinámica fundamental que se orienta hacia la libertad
infinita. El poder ya no integra la dimensión del don. Llega a una autonomía absoluta, una
voluntad de poder, que excluye al otro y termina en la no-solidaridad.
2. La contradicción que comienza a vivir el hombre en esta identidad absoluta, del ser "no
debido a"… debe ocultarse, se da entonces la falsificación propia del poder, la mentira…
3. El "poder apropiado" está en sí mismo, no puede trascender. De ahí el significado clave
178
de la fórmula "incurvatio in se ipsum" = mono-polio .
Ahora bien, el hombre realiza su libertad en una situación que está siempre históricamente
condicionada y ubicada en un contexto de relaciones interhumanas. En esta situación existe
determinación interna que entra en la decisión de libertad como tal. La libertad asume forzosamente la
situación como un momento interno constitutivo y co-determinado originariamente por ella misma. La
corporalidad y las objetivaciones de la decisión originaria conducen a una inevitable ambigüedad en lo
que se refiere a la bondad o maldad originaria de la decisión de la libertad. De ahí que haya
objetivaciones de la culpa ajena, que codetermina la decisión originaria de la libertad personal. Se trata
de una cuasi determinación general, permanente e insuperable, de la situación de la libertad de cada
uno y por ende también de cada sociedad. Esto requiere que se trate de una situación originaria, es
decir, implantada en el origen de la historia. La universalidad y el carácter insuperable de la
determinación de la situación de la libertad por la culpa en la historia de la humanidad implica un
179
"pecado original" .
Cabe concluir que la realidad del "pecado original" y del pecado en general se escapa de una
última explicación de su por qué, su importancia, su origen. Se trata de algo inefable, el "mysterium
iniquitatis" (2 Tes 2, 7). La conocida frase de Anselmo "¿quanti ponderis est peccatum?" tiene una
sola posibilidad de comprensión cabal, Jesucristo, Dios hecho hombre y muerto en la cruz. Explica H.
Urs von Balthasar "la cruz es ate todo el cumplimiento del juicio de Dios sobre el pecador, recapitulado,
desenmascarado y sufrido en el Hijo (2 Cor 5, 21). El Hijo fue enviado a la carne pecadora" para poder
180
condenar al pecado en su Carne (Rom 8, 3)" .
174
Cf. H. URS von BALTHASAR, Theodramatik II/1, Einsideln 1976, pp. 186-219.
175
Cf. J. NOEMI, "Los fundamentos de una teología de la libertad", Teología y Vida 22 (1981) 3-15.
176
Esta dinámica se halla en el fondo de la argumentación del "De spiritu et littera", que distingue entre "liberum arbitrium" y libertad, como
fruto de "liberación". La libertad se da como rspuesta que recién lleva a la autoposesión, la autorrealización.
177
Cf. H, URS von BALTHASAR, Theodramatik III, 137.
178
Cf. H. URS von BALTHASAR, Theodramatik III, Einsiedeln 1980, pp. 125-186. Se trata de la tentación fundamental del hombre "ser como
Dios", tener plena autonomía. Esto significa hoy una incapacidad llamativa de "recibir".
179
En esta situación de culpa particpamos incluso en beneficio propio. ¿Dónde termina y dónde comienza la responsabilidad personal por el
aprovchamiento de tal situación determinada por la culpa. Estas son preguntas difíciles y oscuras. Cf. LTK, 1053ss. Según J, Auer, op.cit., p.
613, cabe distinguir entre pecado personal y pecaminosidad general del hombre queno se designa con el término "culpa originaria".
180
Cf. MS III/2, 218.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 142
b) Terminología del "pecado original" y datos fundamentales del Magisterio al
181
respecto .
b1) Significado del término
La expresión "pecado original tiene dos sentidos inseparables:
1. Significa el estado, la situación o condición pecadora presente, en la que todo hombre
viene al mundo. El hombre entra por el nacimiento de una humanidad pecadora y a causa
de esta pertenencia comienza a existir "privado de la gracia" e "inclinado al mal". San
Agustín designó este pecado "peccatum originale". Posteriormente se habló de "peccatum
originale originatum", es decir el pecado originado, pues es "habitual" y está en nosotros
182
por generación o propagación, y no por imitación (Trento DS1513) .
2. Designa el pecado actual de Adán en el comienzo de la historia de la humanidad, que es la
causa remota de pecado originado. Es el "peccatum originale originans" (Trento DS
183
1511) .
En estas afirmaciones hay al menos tres verdades de fe obligatorias:
a. La verdad de que todo hombre en cuanto tal, es decir, desde el primer instante de su
existencia es pecador, incluso antes de que con sus pecados personales engrose las filas
de los pecadores.
b. Esta condición de pecador supone una culpabilidad que en consecuencia sólo puede ser
eliminada exclusivamente por la redención de Jesucristo.
c. La conexión entre la "esclavitud del individuo en el pecado y la pecaminosidad de la
humanidad" se explica, al menos desde Rom 5, 12-21, por la comunión de vida con Adán
(o con Cristo respectivamente), concepción comunitaria que por lo menos desde el siglo II
se ha entendido como "comunidad de herencia", no en el sentido biológico, sino histórico.
Cabe dejar bien en claro lo que el pecado original no es:
a. Un principio malo o maleficio en el hombre, como afirman los maniqueos, los priscilianistas
y también Flacio Ilirico (DS 461).
b. Un pecado personal de las almas preexistentes, como lo había dicho Orígenes (DS 403,
456).
c. Un pecado personal del hombre en el mundo, puesto que los niños ya están cargados con
él.
d. Concupiscencia que persiste aún después del bautismo, como lo pensó Flacio Ilirico, o
sólo se debilita (Lutero: DS 1452).
e. Una simple secuela del pecado (poena), sino culpabilidad (culpa) como se puso de relieve
contra Abelardo (DS 728) y Zwinglio (DS 1512).
f. Una mera imputación externa (forense) del pecado personal de Adán, según lo que se
decretó contra Alberto Pighio (DS 1515).
g. Un mal cósmico, una mera carencia de…, como piensa Tielhard de Chardin, ni es la mera
situación del individuo en la humanidad como comunidad de pecadores.
El pecado original no puede ser un pecado actual y personal, aunque a veces se le denomina
con cierta inexactitud "peccatum naturae" (del ser humano histórico, no del hombre) o "peccatum
habitual" (como estado de pecaminosidad desde el comienzo de la existencia. Según J. Auer, tal vez
sería preferible la expresión "peccatum essentiale personae", entendida la persona en su
181
Cf. Concilio de Cartago (418), DS 222-223; Concilio de Orange (529) DS 372; Concilio de Trento DS 1510-1516; 1521; 1523. El Vaticano
II habla 68 veces del pecado, el texto más importante es GS 13. Se recomienda el estudio de los siguientes manuales: LOTT, Manual de Teología
Dogmática, pp. 180-191; J, AUER, El mundo creación de Dios, pp. 612-641; C. BAUMCARTNER, El pecado original. Resumen de la doctrina
católica del pecado original; M. SCHMAUS, Teología dogmática II, pp. 392-507; M. FLICK/Z. ALZEGHY, Il Creatore, pp. 351-507; K.
RAHNER, Diccionario Teológico, 537-41.
182
C. BAUMCARTNER, op.cit., p. 14, habla del pecado original en nosotros. No se debe confundir dicho estado con un verdadero pecado
personal libremente cometido. Sin embargo, implica cierta voluntariedad.
183
Cf. C. BAUMCARTNER, op.cit., p. 14, habla de "pecado de los orígenes", designación que también usa J. Auer.
APUNTES DE CLASE 143
184
historicidad .
b2) Verdades obligatorias del Magisterio
Pecado personal de Adán
Pecado original originante: Adán pecó usando mal el libre albedrío, cuyas consecuencias
para Adán son: (DS 621) el debilitamiento de laimagen del noble origen (DS 496); pérdida
de la santidad y la justicia (DS 1511); cambió para mal el alma y el cuerpo (DS 371, 385,
1511); cayó bajo la esclavitud del diablo (DS 1511); debilitamiento del libre albedrío (DS
383); debe aceptar la muerte y el castigo del pecado (DS 222, 231, 413, 1511, GS 13).
Pecado original originado
Se afirma la existencia del pecado transmitido de Adán 8DS 223, 329, 341, 361, 371 SS,
470, 621SS, 1073, 1521, 1865, 2538); la esencia: el pecado original es uno en su origen
(DS 1513); los hombres contraen la injusticia propia de su prevaricación por propagación
por Adán, cuando son concebidos (DS 1523); lo contraen sin consenso (DS 780); es uno y
propio "inest unicuique propium" (DS 1513); se realiza por propagación, no por imtación,
sino por generación de Adán (DS 223, 231, 1513, 1523, 3705); el pecado original de ahí se
propaga a todos los hombres, también a los niños (DS 223, 231, 239, 1514). No sólo
Cristo, también María es libre del pecado original (DS 1973).
Consecuencias: status naturae lapsae: Adán perdió para sus descendientes la santidad, la
inocencia, la justicia (DS 329, 1521); la naturaleza buena se pervirtió (DS 400); el hombre, según alma
u cuerpo, cambió para lo peor (DS 371); el hombre está sujeto al poder del diablo (DS 2756, 2853,
3875). La observación de la ley divina se ha hecho más difícil: el libre albedrío se debilitó en sus
fuerzas (DS 339, 378, 383, 396, 622, 633, 1521); el fomes peccati, o sea, la concupiscencia, inclina al
pecado (DS 1515).
El hombre no perdió todas las fuerzas, de tal manera que le sea imposible la vida moral:
permanece la libertad del albedrío, la libertad de la necesidad, que no sólo sirve para pecar (DS 1927-
1030, 1965, 2444-2448). La concupiscencia no puede dañar al hombre si éste no consiente. Es
rechazada la afirmación sobre la pecaminosidad de la concupiscencia o el fomes peccati (DS 1515). La
suerte del hombre es la muerte del cuerpo y del alma (DS 222, 231, 1521); la carencia de la visión de
Dios (DS 780). Luego, el pecado original no se borra por las fuerzas humanas, sino por el mérito (la
intercessio) de Cristo (DS 341, 1541). En el AT, por la circuncisión (DS 780); en el NT, por al bautismo.
b3) Consecuencias y definición
El pecado original es un "peccatum unicuique propium", como se concluyó de la necesidad del
bautismo para cada hombre. Entonces, el bautismo tiene tres efectos:
1. remisión de los pecados;
2. la santidad por la gracia;
3. la incorporación a la comunidad viva de Cristo.
En cuanto a su contenido, el pecado original implica auto-suficiencia, auto-nomía, auto-justicia.
Tres perturbaciones en las relaciones fundamentales del hombre con Dios, consigo mismo y con el
mundo, tal como sintetiza GS 13. Según Trento, se trata de la "muerte del alma" que afecta
interiormente a todos los seres humanos, que es superable sólo en virtud de la gracia de Cristo y se
185
remonta a una acción histórica pecaminosa .
184
Cf. op.cit., pp. 628ss.
185
Cf. J. L. RUIZ DE LA PEÑA, op.cit., p. 158.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 144
Los elementos señalados se pueden "definir" de diferentes maneras, como atestiguan las
definiciones existentes, por ejemplo, K. Rahner: la noción dogmática del pecado original la componen:
"una situación universal de condenación, qe abarca a todos los hombres con anterioridad a su propia
186
decisión personal libre y que, sin embargo, es histórica y no constitutivo esencial de la naturaleza" .Y
también Koster: "una situación negativa ante Dios de todos los hombres, derivada de una acción ajena,
anterior a la propia decisión, y fundada en la pertenencia de todos a la única humanidad concreta e
187
histórica" .
Para H. Von Balthasar la "caída originaria de hombre constituye "uno de los misterios nunca del
todo clarificados de la revelación bíblica… La decisión de un individuo contra Dios, y precisamente no
de un individuo cualquiera, sino del fundador de la familia humana, que ha hecho precipitar a toda la
familia humana no en un pecado personal, sino en un déficit de gracia -Manko an Gnade-, con todas
188
las consecuencias por lo que respecta a la constitución de su naturaleza" . Este "déficit de gracia",
"esta parálisis del centro libre de la persona" causado por el pecado original no es "sólo la fuente
original de los innumerables pecados personales de los individuos, sino la causa originaria de la
incapacidad de todos para alcanzar eficazmente su meta final junto a Dios con las energías restantes".
Por esta carencia, consecuencia del pecado original, el hombre no puede por sí sólo llegar a ser él
mismo.
Estos datos fundamentales han sido recogidos y explicados en la teología católica en el tratado
"De peccato originali".
189
c) El tratado "De peccato originali" y su cuestionamiento actual
La pregunta por el lugar teológico que corresponde a la "hamartiología" en la dogmática no se
190
ha tratado de modo reflejo a nivel teórico científico (wissenschaftstheoretisch) . La cuestión del
191
pecado está presente en toda la teología en tanto que ésta trata de una religión de redención . La
temática del pecado ya surge en la Teología Fundamental. Reaparece en la doctrina del "estado
originario" (Teología del Mundo I) y es tratado luego en relación con el "pecado original". Pero la
doctrina tradicional del pecado original se concentra mucho en el pecado de Adán y la privación de la
gracia. Resalta mucho el aspecto histórico y la dimensión colectiva del pecado, pero sin que éste tenga
una ubicación precisa en la dogmática católica a lo largo de la historia del dogma. Sto. Tomás, por
ejemplo, tarta del pecado en diversos lugares de su "Summa" y lo interrelaciona con el pecado original
concretamente en el tratado de las virtudes y los vicios, en S Th I-II, q. 71-89, es decir, en I-II, q. 81-
192
83 .
No aparece así muy clara la ubicación de la temática de la "hamartiología", lo que tiene como
consecuencia un enfoque abstracto de la soteriología como tal, y que la hamartiología en gran parte se
193
torna tarea de la moral . En los manuales más recientes se puede encontrar una ubicación de la
194
hamartiología a nivel dogmático en correspondencia con una trama más bien histórico salvífica . El
tratado del "pecado original" se encuentra ubicado en un lugar adecuado, previo al tratado de la
redención, aunque sigue siendo verdad que al hombre la revelación de la ira de Dios sólo le llega a
195
partir de la revelación de la gracia
186
Sobre el concepto teológico de concupiscencia, ET I pp. 379-416.
187
Urstand, Fall und Erbsünde. Von der Reformation bis zur Gegenwart, HDG II/3c 147.
188
Theodramatik III, p. 168.
189
Cf. K. RAHNER, LTK IX, 1179-81.
190
Cf. K. RAHNER, op.cit., 1179ss.
191
Ibid.
192
A. VANNESTE, ETL 1980, 146, considera suficiente la solución que ofrece Santo Tomás al estudiar el pecado dentro del cuadro "De vitiis et
peccatis", pues demuestra que lo ha comprendido y lo ha tratado como un aspcto y una dimensión de larealidad del pecado en el hombre y en el
mundo.
193
Cf. K. RAHNER, op.cit., 1179. Cabe destacar que M. Scheeben, en su Dogmática IV, hace una excepción significativa al respecto.
194
Cf. Tratado "De Deo creante et elevante". Cf. M. FLICK/Z. ALZEGHY, Il reatore: MS II/2.
195
Cf. K. RAHNER, op.cit., 1180. A. VANNESTE, ELT 1980, sostiene que no es tan necesario un tratado "especial" del pecado original, pero sí
su ubicación como "dogma".
APUNTES DE CLASE 145
196
El tratado "De peccato originali" lleva consigo calificaciones teológicas muy altas . Sin
197
embargo, el contenido dogmático de esta verdad de fe ha sido cuestionado como pocos , y esto ya en
el ámbito de las presentaciones clásicas que pueden clasificarse en cuatro rúbricas: a) la objeción
moral (cómo puede ser pecado algo en lo que no está comprometida la reponsabilidad personal); b) la
objeción física (cómo puede el pecado del primer hombre deteriorar la naturaleza humana de forma
que dicho deterioro se propague a todos por vía de generación); c) la objeción biológiaca (no es
admisible que la entera humanidad proceda de una sola pareja); d) la objeción epistemológica (cómo
ha podido llegar hasta nosotros la noticia de una caída primordial, acaecida en un remotísimo
198
pasado) .
199
La crítica más reciente vino por el lado protestante , pero en los últimos años, a partir de la
200
encíclica Humani Generis, también por muchos teólogos católicos . Son tres los principales factores
que han sacudido esta verdad de fe, los cuales se interrelacionan también con otros factores culturales
como el naturalismo, espiritualismo, individualismo y el postulado de la dominación y manipulación de la
201
realidad :
Mientras los teólogos protestantes ya habían abandonado la interpretación histórica de Gn 2-
202 203
3 , en la teología católica la discusión al respecto se inicia a partir de Humani Generis . El texto
propone dos problemas que se discuten largamente a partir de 1950:
la historicidad de Gn 2-3, y en forma concreta la historicidad de Adán..
el problema de distinguir nítidamente lo que en aquella narración pertenece a la sustancia
de la fe, necesaria para la salvación y lo que es mera adherencia cultural irrelevante para
el creyente de hoy.
Son principalmente dos los textos clásicos del Antiguo Nuevo Testamento, cuya interpretación
se pone en duda: Gn 2-3 y Rom 5, 12-21.
Para darse cuenta de la situación en que se encontraba esta cuestión por los años 1950, tal
204
vez el mejor testimonio de conjunto sea la obra de A. M Durbarle . Al final de la década de 1960
205
aparece el estudio de H. Renckens . Aquí la búsqueda de una nueva interpretación se abre camino
con toda decisión.
206
En los años 1960-1970 cabe destacar el estudio de L. Alonso Schökel . Este acepta en
calificar la narración de Gn 2-3 como etiología histórica con motivos sapienciales. Sobre este carácter
196
Cf. L. OTT, Manual de Teología Dogmática, pp. 182-191.
197
Cf. A. VILLALMONTE, El pecado original, Salamanca 1978, recoge una enorme cantidad de material bibliográfico al respecto. (no se
comparten en nuestro curso las conclusiones a las que llegó el autor por cuenta personal, pero el valor informativo del libro es considerable.
198
Cf. J. L. RUIZ DE LA PEÑA, op.cit., p. 44.
199
Cf. A. VILLALMONTE, op.cit., pp. 209-232; L. SCHEFFZYK, Die Erschuld zwischen Naturalismus und Existetialismus (Zur Frage nach
der Anpassung des Erbsündendogmas an das moderne Denken, MTZ 15 (1964) 17-57; Z. ALZEGHY, Il peccato originale nelle prof. di fe
luterana, Gr. 47 (1966) 86-100.
200
Para Humani Generis cf. G. WEIGEL, The historical background of the Encyclical Humani Generis, TS 12 (1951) 208-230; Idem, TS (1951)
520-549.
201
R. RASPERMANN, Uber einige Schwierrigkeiten mit der Erbsundenlehre, en: CH SCHONBORN, u.a. Zur kirchlichen Ernsundenlehre.
Stellungnahmen zu einer brennenden Frage. Einsideln 1991, 39-66.
202
Cf. A. VILLALMONTE, op.cit., 209-232. E. Schlink mantiene una cierta historicidad de Gn 2-3. P. Althaus piensaque la afirmación del
"Urstand" viene exigida para mantener la libertad y responsabilidad del hombre que perdió tal estado.
203
Cf. DS 3896
204
Le pechè originel dans l'ecriture, París 1967; Trad. Esp. Madrid 1971.
205
Creación, paraíso y pecado original, Madrid 1969.
206
Motivos sapienciales y de alianza en Gn 2-3, Bíblica 43 (1962) 295-315.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 146
207
etiológico de Gn 2-3 merece tenerse en cuenta las precisiones de N. Lohfink : al hagiógrafo le
interesa la creencia teológica que quiere inculcar, utilizando recursos que tenía a mano (mitos, etc.). J.
208
Scharbert publica por estos años un libro sobre la pregunta si se contiene el dogma del pecado
original en el AT, y propone como kerygma del AT que "todos los hombres desde el primer instante de
su vida son pecadores en el sentido que no pueden liberarse por sí mismos". El puesto más avanzado
en marcha hacia la negación del pecado original lo ocupa, entre los exégetas católicos de la década de
209
los 60, H. Haag . Este autor postula una inversión de método entre dogma y exégesis, es decir, el
210
dogma se debe interpretar a la luz de la Biblia. Finalmente C. Westermann , cuyo gran comentario
surge a partir de 1970, no encuentra el pecado original en Gn 3.
211
Por estos años llamaron la atención de los estudiosos varios trabajos de S. Lyonnet sobre la
cuestión ¿cómo se contiene el dogma del pecado original en Rom 5, 12-21? Especialmente se
pregunta por el sentido del "in omnes peccave
que Lyonnet cuestiona la interpretación que favorece la traducción de la Vulgata, L. Cerfaux todavía le
212 213
da la razón en estos años . Exégetas como Lyonnet y O. Kuss encuentran la enseñanza del
pecado original en forma explícita y virtual en el texto, virtualidad a partir de la universal necesidad de la
redención de Cristo y la universal y honda pecaminosidad de los hombres, pecaminosidad que Pablo ve
en dependencia de la conducta pecadora de Adán. La nueva exégesis tiende a partir de 1960 hacia la
214
negación de le presencia del pecado original en Rom 5, 12-21. L. Schelkle piensa que no se puede
hablar del pecado original en Rom 5, 12-21, pero sí de las bases para la posterior enseñanza tradicional
eclesial al respecto. H. Haag, por lo que se refiere al NT, are camino a los que niegan taxativamente la
presencia del pecado original en Rom 5, 12-21. Entre los teólogos sistemáticos de los últimos años, a
215 216
partir de 1970, se destacan los estudios de U. Baumann y D. Fernández . En resumen se puede
constatar una cierta tendencia a interpretar Rom 5, 12ss. De una manera nueva como también ya lo
217
había intentado K. Barth .
la relación entre el pecado original y evolución es indirecta y mediata, pero ciertamente
importante. Las primeras tensiones entre las doctrinas evolucionista y los teólogos surgieron a raíz de
dos cuestiones.
1. el problema del origen primero del hombre;
2. la cuestión del estado en que se encontraron los primeros representantes de la
218
humanidad
La enseñanza sobre el pecado original no era afectada sino en forma indirecta y lejana por la
hipótesis del poligenismo, propuesta como complemento a la del simple evolucionismo
antropológico. En cambio, las afirmaciones sobre el estado de la humanidad primera afecta a
la enseñanza tradicional de pecado original. Este no podía ser afirmado ni explicado sino
207
Die Erzählung vom Sündefall, en "Das Siegeslied am Schilfmeer, 2 ed. Frankfurt 1964, 81-101.
208
Prolegomena eines Altestamentlers zur Ersünderlehre, Freiburg 1966. Este estudio ha sido my discutido. H. Urs von Balthasar, Blick auf die
Erbsünde, en Theodramatik II, 170ss., destaca todo su valor.
209
El pecado original en la Biblia y en la doctrina de la Iglesia, Madrid 1969.
210
Génesis I (Biblische Kommentar AT I/1) Nuerkirchen 1974; Schöpfung Stuttgart-Berlín 1971, 127-75.
211
Le sens de efó en Rom 5,12 et l'exégése des péres grecs, Bíblica 36 (1955) 436-56; Le péché originel et le exégese de Rom 5, 12-21 RSR
44(1956) 63-84. De peccato originali. Quaestiones disputatae in epistolam ad Rom I, Romae 1955.
212
Jesucristo en San Pablo, Bilbao 1955.
213
Der Römerrbrief, Regensburg 1957ss
214
Teología del Nuevo Testamento, I, Creación, Barcelona 1975.
215
L'histoire du dogme du peché originele, ETL 38 (1962 895-903.
216
El pecado original, ¿mito o realidad?, Valencia 1973; cf. Brian Mc Dermontt, TS 1977, 502-505.
217
El primer intento representa el "Römerbrief". Se propone una antropología centrada en Cristo, así como el misterio de Adán convergente en
cristo; en ambos se nos revela la esencia del hombre. Hay que comprender a Adán en Cristo. A esta interpretación de Barth que corre el peligro
de volver al mito gnóstico del "Ermensch", se opone R. Bultmann comprendiendo a Adán y Cristo como dos situaciones en la historia de
salvación, muerte y vida. Hay que fijarse en la función que ambos desempeñan en la historia de salvación.
218
Cf. lo visto en Teología del Mundo I.
APUNTES DE CLASE 147
como efecto del pecado original originante de la humanidad primordial, ni éste sin la creencia
en el "estado de justicia y santidad" en que se encontraba real o históricamente Adán.
Poligenismo antropológico y el pecado original
¿Es posible seguir manteniendo la creencia en el pecado original ante un probable origen
219
poligenista del género humano? Esto ha sido el gran tema polémico de la época 1950-1960 . La
cuestión se planteó expresamente; se vieron las dificultades con nitidez, pero no se llegó a una solución
satisfactoria. Sin embargo, estaba presente también la opinión que es posible una conciliación viable o
220
al menos razonable que, de hecho, se lograría más tarde con teólogos como K. Rahner , W.
221 222
Simonis , J. Salguero .
223
K. Rahner, muy seguro del monogenismo en los años cincuenta , da un cambio visible.
Afirma que el pecado original consiste en la “carencia de gracia”. Es aquella situación de pecado en
que uno se encuentra antes de su decisión personal como efecto del pecado cometido por la
224
“humanidad originaria” . Esta pecó y constituyó pecadores a todos los hombres. La universalidad del
pecado y de la redención y la solidaridad de todos en Cristo y de los hombres entre sí son los principios
de la teología del pecado. El pecado no podría ser rigurosamente universal si no se admite un pecado
prepersonal por el cual uno es constituido pecador antes de su libre decisión personal contra Dios.
Rahner da un paso más, “la humanidad originante” ¿estaba constituida por una sola pareja
(monogenismo) o por varias o por una población (poligenismo)? Lo importante es salvar la unidad ,
225
incluso físico-biológica de la especie humana. De hecho, el poligenismo no la pone en peligro .
Unicamente el polifylitismo la haría problemática.
Antropogénesis y pecado original
La cuestión del origen y formación del hombre implica un doble proceso:
1. el de la hominización, la antropogénesis en el sentido estricto que designa el proceso de la
aparición del hombre como ser psicosomático de formas animales anteriores;
2. el de la humanización, la antropogénesis en un sentido amplio que se refiere al hecho de la
ulterior perfección progresiva de lo humano ya logrado para hacerse más ampliamente
hombre por el despliegue de sus virtualidades.
Bajo ambos puntos de vista surgió un largo conflicto entre la ciencia y la teología. El choque
más directo se produjo a causa del segundo proceso, es decir, del adán paradisíaco, perfectísimo.
Dentro de estas dificultades influyó, en los años 1961-1970, el enfoque de Teilhard de Chardin en
varios teólogos que trabajan por renovar la teología del pecado original. Veamos algunos planteos.
226
P. Smulders parte de lo que él considera una doble deficiencia de las teorías tradicionales, la
autonomía de la doctrina del pecado original ajena a las fuentes y la falta de integración del tema
pecado original en la temática general del pecado. Postula que hay que sustituir la visión por una más
dinámica, en concepción evolutivo-histórica del mundo. Esboza, así, un “esquema de una doctrina
dinámica del pecado original”. La humanidad ha sido creada por el Padre en vistas al hombre. El
hombre es el objeto de la historia humana, su fin y su consumación. Toda actividad del hombre
colabora, directa o indirectamente, a la realización de este designio divino. Dicha colaboración
presenta un carácter paradójico. El hombre, ser espiritual, debe realizarse a sí mismo contribuyendo al
219
Cf. C. ELORRIAGA PLANES, op.cit., 265ss.
220
Pecado original y evolución, Concilium 3 (1978) 400-414; cf. SM VI, 328-341.
221
Erbsünde und Monogenismus, Catholica 20 (1966) 281-301.
222
Pecado original y poligenismus, Guadalajara 1970.
223
Consideraciones teológicas sobre el monogenismo, ET I, Madrid 1967, 253-326.
224
Se trata aquí de un concepto clave en Rahner.
225
Es interesante consultar al respecto de un posible monogenismo genético a A. DYRBALE, La chromosomes, Adán et eve, Un nouveau
concordismo, RSPR (1077) 428-436.
226
La visión de Teilhard de Chardin, París 1965.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 148
plan de Dios. Y esto sólo puede lograrlo dejándose realizar por El gratuitamente. Contra esto ha
pecado el hombre desde su origen, quiere ser autónomo. El pecado originante está constituido no sólo
únicamente por la falta de los protoparentes, sino también por los pecados personales. El pecado
original es de una magnitud creciente, no estática. El autor no minimiza la responsabilidad y el influjo
determinante del primer pecado.
Otros autores que buscan una nueva interpretación del pecado original a la luz de Teilhard de
227 228
Chardin son, sobre todo, A. Hulsboch y J.L. Segundo .
Los resultados del influjo de estos factores sobre el dogma del pecado original han cristalizado
229
en un sinnúmero de intentos de “re-comprender” y “re-formular” este dogma o simplemente
230
“despedirlo” . Sin embargo, desde hace pocos años uno puede tener la impresión de que la
231
“avalancha de publicaciones” sobre el tema del pecado original se ha parado casi de modo brusco . E
1982 ya surge un estudio en una revista tan crítica como la de la Universidad de Tubinga, que reclama
232
la necesidad y el sentido profundo del dogma del pecado original” . Cabe detenerse brevemente en
los datos más importantes de lo sucedido en los últimos años a causa del triple impacto de los factores
señalados sobre el dogma del pecado original que se cuestiona conjuntamente con el Dogma en
233
general .
La nueva visión antropológica trascendental y el pecado original
El “giro copernicano” realizado a partir de M. Kant por la Ilustración pone fin a una antropología
234
metafísica descendente . Kant rechaza un estado de perfección inicial del ser humano tal y como lo
supone la “caída” del primer hombre. El pecado original se reduce al mito del progreso, fábula que
235
describe el tránsito de lo animal a lo personal . Con esto se da comienzo a una nueva visión
especulativa de la historia como “ascensio” del hombre, en que la ética se impone a la metafísica, la
praxis a la teoría. Esto es lo que permite una autorrealización libre no determinada por la idea de una
236
caída inicial . Hegel abre camino a una compresión social de esta visión fundamental, que por su
parte adquiere perspectivas nuevas en la Fenomenología de Husserl. Bajo el influjo de esta filosofía
tarscendental surgen, a partir de los años ’70 en la teología católica, unos significativos intentos de
237
reformular el dogma del pecado original. Cabe destacar los trabajos de M. Flick/ Z. Alzeghy , K. H.
227
Die Schöpfung Gottes. Schöpfung, Sünde und Erlösung im evolutionistischen, Wien 1965. Cf. J. L. RUIZ DE LA PEÑA, El pecado original.
Panorama de un decenio crítico, Lumen 18 (1969) 413.
228
Teología abierta para el laico culto V, Evolución y culpa, Buenos Aires 1972; cf. A. Villalmonte, op.cit., 362-363; Brian Mc Dermott, Ts
(1977) 498-502.
229
Este esfuerzo de reformulación debe ser comprendido a la luz de la teología del Vaticano II.
230
A. VILLALMONTE considera esta tendencia como preponderante. Estudios que sobresalen en este esfuerzo son: J. GROSS,
Entstehungsgeschichte des Erbsündedogmas, 4 Vol…., München/Basel 1960; U. BAUMANN, Erbsünde, Traditionells Verstandnis in der Krise
heutiger Theologie (Ökumenische Forschungen, 2) Freiburg-Basel_Wien 1970.
231
ELORRIAGA PLANES, Problemas de la Teología del pecado original. En torno a las controvesias habidas en los últimos años, ANALES
VALENTINOS 3 (1977) 263-98.
232
Cf. S. WIEDENHOFER, Erbsünde-eine universales Erbschuld. Zum theologischen sinn des Erbsündendogmas, TQ 162 (1982) 30-44. Como
último estudio, que ofrece un serio contrapeso a la obra de J. Ross puede considerarse el manual de L. SCHEFFCZYK, Urstand, Fall und
Erbsünde, Von der Schrift bis Augustinus (Handbuch der Dogmengeschichte II/3ª) Freiburg, Basel, Wien 1981. El autor no sólo orece una visión
amplia y profunda, bien documentada de la historia del dogma del pecado original, sino que señala como criterio para la comprensión del sentido
teológico de dicho dogma “el nexo entre los misterios del Dogma”.
233
Cf. L. SCHEFFCZYK, op.cit., 5. En el caso del pecado original no es olamente un “sentimiento moderno” el que conduce a los autores al
rechazo de este dogma, sino, como ellos creen, “una tradición equivocada, que tiene su inicio en Agustín” Cf. H. HAAG, en su “Geleitbrief a U.
BAUMANN, Erbsünde.
234
Cf. J. BARREIROI GOMEZ, El pecado original según Manuel Kant, XXXIX Semana Española de Teología, Madird 1970, 325-343; P.
HENRICI, Los filósofos y el pecado original, COMMUNIO 13 (1991) 497-507.
235
Cf. J. L. RUIZ DE LA PEÑA, op.cit., Lumen, 419.
236
A partir de la Ilustración se observó un cambio decisivo en la teología protstante, paso de un concepto estático-naturalista auna visión
personalista-existencialista que predomina hoy en autores como P: Tillich, E. Brunner, entre otros.
237
El pecado original, Barcelona 1961; Il poligenismo eil peccato originale, Gr 38 (1957) 299-309.
APUNTES DE CLASE 149
Weger; P. Schooenberg y, L. Boff.
M. Flick/Z. Alzeghy. Ambos autores han clasificado su teoría como “evolutivo-personalista”.
Sintetizan su visión de la siguiente manera: “La miseria innata de la condición humana llamada en la
terminología escolástica “pecado original originado” puede definirse como la alienación dialogal
respecto de Dios y los demás hombres, determinada por la participación fallida de la vida divina, que a
su vez es producida por una libre iniciativa humana anterior a toda toma de posición de cada uno de los
miembros de la humanidad actual”. Resalta a aquí el aspecto personal, la alienación dialogal; la
dimensión óntica del esatdo de pecado original, la privación de la perfección óntica; el aspecto
comunitario; miembros de la humanidad actual. El ensayo fue diversamente valorado por los teólogos.
238
Algunos opinan que los autores dejan insegura la universalidad del pecado original .
K. H. Weger. Bajo la influencia de la filosofía personalista existencial, el Autor toma muy en
serio la libertad humana, profundamente condicionada y cargada de historia, y la dimensión negativa de
la vida del hombre. Distingue entre la oferta trascendental de gracia que Dios hace al género humano y
la mediación categórica de esta oferta por medio de otros seres humanos. El pecado original es la
privación de la gracia divina, contraria a la voluntad del Creador que desea autocomunicarse a cada
persona, sin poderlo históricamente debido a la pecaminosidad de otros. Esta privación de la gracia
santificante es verdadera culpa y no mera ausencia de gracia, porque la privación de la santidad propia
de Dios en la criatura no se puede comparar con un bien finito. Como la realidad no-finita pertenece al
orden neutro hasta que ha sido apropiada por la libertad humana, apta para santificar una persona
previamente al ejercicio de la libertad. De esta manera, la privación del Espíritu Santo contraria a la
libertad es una calificación moral religiosa de la libertad del hombre. Es culpa real, pero análoga. La
relación entre el pecado personal y original la explica Weger por el hecho de que no se transmite la
pecaminosidad actual de otros, sino una determinación negativa de la situación individual como
persona, la privación histórica de aquello hacia lo cual el hombre se encuentra orientado
“trascendentalmente” en lo más profundo de su ser, es decir, “la privación del existencial sobrenatural”.
El pecado original crece en la medida en que crece nuestra participación en el crecimiento personal de
la humanidad. Esta situación se relativiza por la obra redentora de Cristo. La relación entre el pecado
personal y original es explicada por Weger como un ligarse con su propio existencial negativo, de tal
manera que esta “privación de la gracia” llega a ser “herencia querida” por sí misma. Para este autor la
concupiscencia tiene dos significados. Designa la tensión existente en el hombre como criatura corporal
de espíritu y materia, persona y naturaleza, libertad y determinación. Luego expresa también la
condición de esta criatura compleja en la medida en que le es propia la no-identificación de la persona.
239
P. Schoonenberg El Autor empieza por presentar una teología del “pecado del mundo”, que
desarrolla independientemente de la doctrina del pecado original. Distingue dos elementos: las
acciones que constituyen el “pecado del mundo” y; el ser-situado, la puesta en situación que resulta de
aquellas.
Las acciones pecadoras de los hombres constituyen juntas el pecado del mundo. Pero el
pecado de una comunidad de personas y de la humanidad es algo más que la suma de los
pecados de los pecados individuales. Un vínculo de naturaleza intrínseca une los pecados
de una persona a los de otras generaciones sucesivas en el tiempo y coexistentes en el
espacio. Este vínculo entre los pecados actuales de las personas humanas constituye el
“ser situado” de estas personas, su puesta en acción. El “pecado del mundo” se desarrolla
y acrecienta en la historia, alcanza su punto culminante, y manifiesta su verdadera
naturaleza, en la crucifixión y obra de Cristo.
La puesta en situación de la persona. La situación es un conjunto de circunstancias en las
que una persona o una cosa se encuentra colocada en un momento determinado. Se
encuentra, en primer lugar, fuera de la persona; adviene sobre ella desde el exterior. Pero
también existe una determinación intrínseca de la persona, en situación. Entonces ya no
se trata de la situación, sino del ser-situado de la persona, de su puesta en situación. En
238
Cf. J. L. RUIZ DE LA PEÑA, op.cit., Lumen, 417.
239
Cf. MS II, 684-694.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 150
muchas personas esta realidad llega a ser además una libre decisión pecadora, una
actitud. Un ejercicio de la libertad. Esta puesta en situación puede ser existencial fáctica y
estructurante, en el sentido de preceder a la existencia y ser al mismo tiempo englobadora.
El pecado tiene una influencia privativa de gracia sobre el prójimo y lo pone en una
situación en que le falta la gracia de Dios, que hubiera debido llegarle por medio de otro.
El autor llega así al pecado original, que entiende como una puesta en situación actual de
cada persona humana a causa del pecado del mundo.
La crítica que se debe hacer a Schoonenberg, y a otros teólogos de estas tendencias, es la
siguiente: el pecado del mundo tiende a eliminar el pecado de Adán, el cual no tiene ya ningún
significado particular. La teología clásica tal vez separaba el pecado de Adán de todo el pecado del
mundo. Ahora “del mundo” es separado de su origen histórico (desconocimiento de la importancia y el
significado del origen histórico). Pone también en tela de juicio la universalidad del pecado original
antes de la muerte de Cristo en la cruz y de la institución del bautismo.
240
L Boff . Ubica la realidad del pecado original en la trama histórico-salvífica del designio
eterno del Padre, concentrado en la persona de Cristo, pero rechazado por el pecado del hombre; e
insiste luego en la necesidad del bautismo. El autor presenta el pecado como una realidad que afecta a
todos los hombres en su interioridad y exterioridad en cuanto a su triple relación con el mundo como
señor, con el otro como hermano y con Dios como hijo. Es en esta triple dimensión en que el pecado
original se introduce lentamente como fuerza de desequilibrio, perturbación y separación. El “proceso
del pecado original” que va creciendo hasta la crucifixión desemboca en la incurvatio del hombre
erectus, produciendo aquella situación generalizada de decadencia, que en el AT adquiere sus
expresiones propias, sobre todo, a nivel socio-estructural. Sin embargo, ya en esta misma situación
está actuando la fuerza liberadora de la resurrección. Este esbozo logra ciertamente integrar muchos
elementos tradicionales del dogma del pecado original y de la reflexión más actual, trascendental, pero
patentiza una debilidad respecto del “peccato originales originans”.
En conclusión, se puede decir que en todos los esbozos de reformulación o despedida del
pecado original, en conformidad con los avances de una nueva imagen del hombre y del mundo, entran
241
en juego una serie de factores que no se pueden analizar en este curso como tal . Pero, y por su
importancia medular, cabe fijarse en uno solo de ellos, a saber, el aspecto hermenéutico.
d) Implicancias hermenéuticas
La “hermenéutica” se define aquí como “teoría de comprender”, es decir, la disciplina que trata
242
de fijar el fin y las reglas de la comprensión de un texto . Esta “comprensión” no se identifica con la
explicación de alguna cosa externa a la subjetividad de quien interpreta el texto, sino que envuelve
243
interiormente al sujeto interpretante . El punto de partida de tal comprensión es la “aporía” que, como
244
“falta inicial de camino”, hace posteriormente encontrar la verdad . Tal tipo de comprensión remonta
a W. Dilthey, quien basándose en la hermenéutica de Schleiermacher busca una distinción fundamental
245
en el plano metodológico entre las ciencias exactas y las humanas . Es luego M. Heidegger quien
ofrece un punto de partida radicalmente nuevo para la hermenéutica, en cuanto ésta se realiza como
246
“fenomenología de la existencia”. Este punto de partida, acogido especialmente por Gadamer, se
240
Cf. Pecado original. Discusao antiga e moderna e pustas de aguacionamiento, Grande Sinal 29 (1975) 109-133.
241
Sería materia para un curso optativo.
242
La bibliografía al respecto es amplísima. Cf. N. HENRICHS, Bibliographie der Hermeneutik. Anwendungsbereiche seit Schleiermacher,
Dusseldorf 1972.
243
Cf. K. LEMMANN, Hermeneutik, SM II, 677.
244
Este aspecto es desarrollado muy bien por R. SCHAEFFLER, Glaubensreflektion und Wissenschftslehre. Thesen zur Wissebschafttheoriel.
Grundlagen und Wissenschaftsgeschichte der Theologie, Freiburg-Basel-Wien, 1980.
245
Este aspecto adquiere mucha relevancia para nuestro tema.
246
Cf. Sein und Zeit, Tübingen 1960, pp. 29-34.
APUNTES DE CLASE 151
articula en las grandes corrientes actuales, localizadas en los diversos ambientes culturales, pero
247
entrando en profunda crisis .
El encuentro de la teología con este mundo complejo de la hermenéutica ha sido ciertamente
248
problemático y no del todo resuelto . Para los teólogos protestantes, -cabe señalar a Bultmann,
Fuchs, Ebeling, Pannenberg-, es decisivo volver a la “experiencia” que está en el origen tanto del
discurso hermenéutico filosófico como en el teológico (G. Ebeling), experiencia que según Pannenberg
249
debe abrirse al contexto de la única historia universal . En el campo de la teología católica se
sostiene que es necesario enfrentarse críticamente con los esfuerzos hermenéuticos existentes, pero
dejando en claro que la comprensión de un texto no se puede dar exclusivamente a la luz de la
250
interpretación de la existencia . El texto tiene un contenido por encima del cual no se puede pasar.
Además la rehabilitación y recepción de la autoridad tiene validez y junto con esto una revalorización de
251
la Tradición. Esto asegura la existencia de la verdad como previa a toda comprensión . De ahí que
quepa discutir los “cuestionamientos” anteriormente señalados en cuanto a su pre-comprensión para
esbozar luego brevemente unos intentos de comprensión actual del pecado original desde la
perspectiva hermenéutica y un planteo reciente de la relación entre el dogma y la exégesis crítica.
d1) La pre-comprensión de los ensayos señalados.
Sorprende una actitud poco explícita al respecto, bastante a-crítica e ingenua, sobre todo en lo
que se refiere a los propios presupuestos, los a priori metodológicos. Con facilidad los autores se
declaran o se consideran imparciales en cuanto a los condicionamientos confesionales (J. Gross) o
respecto a las diversas corrientes presentadas (Villalmonte). Esta “imparcialidad”, sin embargo,
desemboca en casi la totalidad de los estudios realizados en una agresividad infundada y polémica, que
se traduce concretamente en el esfuerzo por destruir el dogma, transformando el estudio científico en
un verdadero “escrito belicoso” (Kampfschrif), como lo afirma L. Schffczyk con razón respecto a la obra
252
de mayor envergadura para la historia del dogma del pecado original de J. Gross . Cabe además
observar una absolutización de los resultados exegéticos con respecto al dogma. La exégesis crítica
253
parece ser considerada por ciertos autores como “autárquica” y dirigiéndose “heteronómicamente” .
Conscientes de las implicaciones hermenéuticas, se han dado unos interesantes intentos de
comprensión del dogma del pecado original desde este ángulo.
d2) La “comprensión” del dogma del pecado original
El filósofo P. Ricoeur considera el pecado original como la expresión de un concepto que no
tiene contenido propio (tal vez mitológico), pero que como símbolo racional tiene una función positiva
254
en la tradición eclesial . Esta se revela cuando el símbolo es interpretado analíticamente, es decir, en
correspondencia con su génesis. Ricoeur indica tres momentos que deben regir una elaboración
adecuada del dato kerygmático:
una consistencia propia, cuando en sí mismo no es sino un mito racionalizado. Explicita el mito
adamítico como éste explicitaba la experiencia penitencial de Israel. Siempre es preciso reconsiderar
la confesión de los pecados de la Iglesia.
247
Cf. J. GREISCH, La crise de l’hermenéutique. Reflexions méta-critique sur débat actuel; en: “La crise contemporaine du modernisme a la
crise des her hermeneutiques (Theologie historique, 24 Paris 1973).
248
Cf. K. DEHMANN, op.cit., 677ss.
249
Cf. Hermeneutik und Universalgeschichte, ZTK 60 (1963) 90-121.
250
Cf. K. LEHNMANN, op.cit., 677ss.
251
Ib.
252
Cf. Op.cit.
253
Cf. J. NOEMI, Exégesis y dogma, a propósito del pecado original; en: Teología y Vida 19 (1978) 299ss.
254
Cf. Le “péché original” étude de signification; en: Les conflict des Interpretation, Paris 1969, 266.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 152
nosotros no causamos, ciertamente
allí reside el misterio último del pecado. Comenzamos el mal; debido a nosotros entra el mal en el
mundo. Sin embargo, nosotros no iniciamos el mal sino a partir de un mal ya existente del cual nuestro
nacimiento es símbolo impenetrable.
el mal que encontramos, sin hacer referencia a la historia de la salvación. El pecado original no es sino
un anti-tipo. Ahora bien, tipo y anti-tipo no son meros paralelos, sino que hay un movimiento del uno
hacia el otro (Rom 5, 20).
P. Ricoeur postula que hay que desmitologizar el símbolo racional del pecado original
elaborado por Agustín, el cual se debería a la gnosis. El autor destruye el concepto en el proceso
descrito, pero conserva su sentido abriéndolo hacia la experiencia fundamental de la fe.
Frente a este ensayo cabe señalar, como positivo, la perspectiva histórico-salvífica y la
destacada dependencia del concepto respecto de la experiencia que lo hace posible. Pero cabe
preguntar ¿cómo se hace asequible a la racionalidad del hombre contemporáneo la verdad que
encierra la doctrina del pecado original? ¿Se evalúa suficientemente el logro teórico de Agustín, si se
lo concibe como un proceso histórico sistemático, pero en último término “mal logrado”? ¿Se toma
suficientemente en serio la pretensión de verdad de parte del Dogma si se lo considera un caso
“fronterizo” -Grenzfall- de un enunciado dogmático, cuyo sentido sólo surge a partir de la destrucción de
255
su concepto?
256
S. WIEDENHOFER . Las preguntas señaladas conducen a este autor a elaborar una
solución que se sirve de categorías semióticas lingüísticas analíticas, que sintetiza en dos tesis:
io porque y en la medida en que
es “meta-dogma”,
) el concepto del pecado original tiene sentido teológicamente porque y en la medida en que
es aplicado en su función sintáctica o programática. Pierde su significado tan pronto como es
usado en la función semántica.
Respecto de la primera tesis, el Autor explica que la expresión meta-dogma corresponde a la
distinción en la lógica lingüística, es decir, la distinción entre el lenguaje objetivo que habla de cosas y el
metalenguaje que habla sobre este lenguaje. Así, a nivel dogmático, el dogma de la infalibilidad es
considerado (no en el sentido de Küng) un meta-dogma. El dogma del pecado original constituye un
meta-dogma en la medida en que no pretende un contenido para la culpa hereditaria, sino que salva
dos enunciados dogmáticos necesarios en la comprensión cristiana del hombre, que no deben ser
separados ni aislados, a saber:
que el pecado delante de Dios proviene de la libertad humana;
que el pecado delante de Dios es un poder terrestre histórico que precede a la conciencia
de la voluntad, situación de la cual el hombre sólo puede ser salvado por Dios.
Respecto de la segunda tesis, el Autor precisa que se sirve de categorías semánticas, que
afirman que el signo se determina por una triple relación:
a. a otros signos (relación sintáctica)
b. a lo significado (relación semántica)
c. al receptor (relación pragmática).
El génesis histórico del concepto teológico del pecado original demuestra que la función
principal del concepto en el sistema teológico no fue la función semántica. El esfuerzo principal de
Agustín apunta a la ilustración de dos experiencias frente a un doble adversario: la culpabilidad del
255
Siguiendo el método de Ricoeur, M. Háring ha desarrollado la realidad del mal en Agustín, sin dar una respuesta satisfactoria. Cf. Die Macht
des Bösen. Das Erbe Augustins (Ökumensche Theologie, 3) Eionsiedeln 1979.
256
Cf. ¿Erbsünde-eine universale Erbschulde? TQ 162 (1982) 30-44.
APUNTES DE CLASE 153
pecado a causa de la respuesta propia del hombre y, su existencia previa a causa del poder
demoníaco.
El Autor reprocha a la mayoría de los ensayos más recientes el hecho de comprender el dogma
del pecado original a partir de su función semántica creándose así mismo sus propias dificultades, que
necesariamente desembocan en un sin-sentido del pecado original. La función sintáctica salva el
carácter individual, voluntario, del pecado y la universalidad histórica, solidaria, y al concepto del pecado
original todo su sentido necesario.
Como ventaja de esta solución puede señalarse lo siguiente: se puede demostrar la
continuidad del dogma del pecado original al interior de la Biblia, es decir, en la relación entre el AT Y
NT; resalta luego la relevancia eclesial y práctica de este dogma hasta la integración de una
experiencia fundamental de fe y una coherencia mejor entre dogma y anuncio de la fe (problemática de
los niños no bautizados). Concluye el autor con una advertencia de tomar más en serio la función
polifacética del lenguaje en el dogma.
A la luz de estas consideraciones hermenéuticas surge ahora la necesidad de precisar el
método que vamos a seguir en este curso en cuanto curso dogmático, que se lleva adelante en un
determinado proceso hermenéutico. Cabe destacar sólo algunos aspectos fundamentales.
e) Aproximación metodológica
257
El dogma del pecado original es la expresión de un misterio fundamental de la fe católica . Lo
que buscamos a través de nuestro método teológico es el “esclarecimiento y la explicación metódica de
la revelación de Dios dada y recibida en la fe, cuya finalidad es un anuncio capaz de dar razones de
esta misma fe en el pecado original. La preocupación fundamental de este esfuerzo metodológico se
258
orienta por la “ortodoxia” . Esta preocupación implica un continuo bordear la tergiversación de la fe
auténtica (la herejía) y ausencia de ella. La distinción entre la comprensión falsa y verdadera de la fe
259
nunca ha sido un mero problema teórico, sino igualmente práctico . El teólogo media entre fe y
ciencia, representando la ciencia a los que creen y la fe a los científicos. Esta mediación se encuentra
enraizada en la dimensión eclesial concreta, ligada al proceso de transmisión de las fuentes
escriturísticas y magisteriales, concretado en la preocupación por salvaguardar la integridad de misterio
260
de Dios a través de un procedimiento adecuado a la “inteligencia de la fe” . Cabe entonces explicitar
el punto de partida de nuestro esfuerzo metodológico, la estrecha ligazón entre Sagrada Escritura,
Tradición, Magisterio, el nexo íntimo entre los diversos “misterios” y el procedimiento de la analogia
fidei.
e1) El punto de partida
261
Nuestro punto de partida es teológico-dogmático . Esto significa tener como base de estudio
unos datos ya elaborados por la comunidad eclesial como respuesta teológica a una experiencia
262
fundamental de fe en momentos determinados y, como tales, vigentes para hoy día . No nos
263
incumbe, por consiguiente, elaborar datos, sino “comprenderlos” . Esta comprensión implica una
257
Cf. K. RAHNER, SM V, 331; C. ELORRIAGA PLANES, op.cit., 286. Este aspecto ya lo ha elaborado muy M. Scheeben.
258
Cf. R. SCHAEFFLER, op.cit., 15ss.
259
Cf. Ib.
260
Para laimportanbcia de “fides quaerens intellectum” respecto de nuestra temática cf. L. SCHEFFZYK, op.cit., p. 9.
261
Cf. Ib., pp. 5-10. Cabe recordar los estudios de W. Kasper, K. Becker, etc. Respecto a la terminología del “dogma”.
262
Para el alcance católico de la historicidad de la transmisión de la verdad cf. K. RAHNER-K. LEHMANN, MS I, 794-855, sobre todo, nos
interesa recordar las páginas 835-845. Cf. J. HAMMANS, Visión católica del probelam de la evolución del dogma en los últimos años,
Concilium 21 (1967) 108-128.
263
Cabe subrayar con L. SCHEFFZYK, op.cit., que el estudio de la historia del Dogma no puede tener por fin la aniquilación del dogma, sino
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 154
experiencia inicial de “aporía” que permite tomar conciencia de la pre-comprensión y plantear nuestras
preguntas de fondo. Estas, a su vez, permiten escuchar lo que el dogma dice, posibilitándose así la
264
comprensión de aquel sentido profundo que el dogma del pecado original tiene para nosotros . Este
265
sentido no resalta en forma arbitraria, sino que es el fruto de la “edición del Paráclito” en un esfuerzo
trabajoso de restituir el contexto histórico de la declaración magisterial respecto del contenido
266
escriturístico del dogma como “desenvolvimiento progresivo del misterio” .
267
e2) La ligazón entre Sagrada Escritura, Tradición y Magisterio
Un dogma surge con la pretensión de ser actualización de la verdad evangélica de la Escritura
268
en un momento determinado . Para descifrar su real significado debemos situar las definiciones
269
magisteriales en su contextualidad, su “sitz im leben” . Así se logra captar la intención del texto a la
270
historia . El criterio fundamental puede expresarse de esta forma: hay que admitir como verdadero lo
271
que el autor quiso comunicar como verdadero .
Sin embargo, una interpretación puramente histórica no es suficiente. Se amplía por el sólo
hecho de ser introducido en la teología dogmática. Necesita un encuentro con los sistemas racionales.
El uso legítimo de la filosofía para construir una antropología teológica dispone de categorías y
técnicas filosóficas, entre las cuales destacan actualmente el concepto de persona y las categorías de
272
historicidad y sociabilidad . Pese al progreso logrado en la Antropología Teológica no estamos aún
seguros de un método sólido para estudiar el dogma del pecado original. Cabe tomar en cuenta los
273
demás postulados provenientes del interior mismo del dogma .
e3) El nexo íntimo entre los diversos dogmas
274
Los diversos dogmas en la teología expresan, en el fondo, un único misterio . El uso plural
de este término designa precisamente las diversas facetas de la misma realidad. Al tratar un dogma,
en nuestro caso el de pecado original, cabe fijarse con mucha atención en su interrelación con los
275
restantes dogmas, por ejemplo cristológicos, de la gracia, eclesiológicos . Difícilmente se comprende
276
toda la profundidad de un dogma tratándolo aisladamente ; por el contrario, con facilidad se llega a
todo tipo de reducción. Este aspecto señalado por L. Scheffczyk permite captar el sentido más
profundo del dogma del pecado original. Tomado en cuenta este alcance global desde dentro cabe
señalar finalmente un último factor de nuestro método, frecuentemente aplicado y de especial
importancia para la comprensión del dogma del pecado original.
sólo la comprensión histórica de su evolución.
264
Cf. M. FLICK/Z. ALZEGHY, Antropología Teológica, pp. 25ss. La primera exigencia será la de darse cuenta de la estructura de la pregunta
a la que intenta dar respuesta. La metodología moderna se muestra particularmente sensible a este postulado. Tambiuén en Teología resulta
indispensable darse cuenta de los supuestos.
265
La acción del Paráclito no es siempre tomada en cuenta por los estudiosos en relación a la evolución del dogma, auqnue es tan básica. K.
RAHNER-K. LEHMANN, op.cit., pp. 804-839, destacan su importancia. Lo mismo vale decir de H. HAMMANS e IVES CONGAR. Hoy es
opinión casi unánime de los exégetas que cuando se habla de que el Espíritu “hace recordar todo cuanto Jesús ha dicho”, en este recuerdo no se
trata de refrescar la memoria sobre hechos pasados, sino que este recuerdo provocado por el Espíritu significa actualización, interpretación y
experiencia. Esta experiecnia, este recuerdo joánico es en realidad un conocimiento nuevo, verdadero. Cf. C. MICHEL, TWNT, IV, 681.
266
Cabe destacar con L. SCHEFFCZYK que el estudio (católico) de la evolución del dogma es una disciplina teológica e histórico-positivo. El
esfuerzo de un estudio ya destaca en Agustín, en De doctrina cristiana, pro 1.
267
Cf. MS I, 839-40.
268
Cf. Ib.
269
Cf. PABLO VI, Discurso a los teólogos participantes en el Sympisium sobre el pecado original, Ecclsia 26 (1966) 2003-2005. Insiste K.
Rahner, en Schriften zu Theologie, XIII, 33, que la hermenéutica dogmática debe ser igual a la hermenéutica bíblica en lo que se refiere al género
literario, etc.
270
Cf. L. SCHEFFCZYK, op.cit., pp. 8ss.
271
Cf. M. FLICK/Z. ALZEGHY, Antropología Teológica, pp. 40ss. Habla de la intención comunicativa.
272
Cf. MS I, 832.
273
Cf. L. SHEFFCZYK, op.cit., p. 10.
274
Cf. MS I, 837, se da una unidad definitivamente indisoluble (conexus mysterium). Así tambien lo destaca Pablo VI en su discurso.
275
Cf. C. ELORRIAGA PLANES, op.cit., 264-268. El autor insiste especialmente en las implicaciones soteriológicas.
276
L. Scheffczyk afirma que esto sucedió, por ejemplo, con el estudio del pecado original a base del término “herencia”, base ciertamente
demasiado estrecha.
APUNTES DE CLASE 155
277
e4) La analogia fidei
Los esfuerzos de la Teología católica siempre han tratado de mostrar que el pecado original es
un pecado verdadero, pero en un sentido análogo. La analogía, sin embargo, no comienza con una
noción pura, existencial, de la libertad que está en la base del pecado personal original. La experiencia
del pecado y su poder, iluminado por la profunda presencia de la cruz de Cristo, conduce a la
inteligencia reflexiva, al reconocimiento de que hay un elemento previo al pecado personal y que se
encuentra tanto en el corazón de la persona como fuera de ella. El pecado personal y original no se
oponen simplemente como lo voluntario a lo involuntario, aunque la distinción sea verdadera. Hay un
nexo entre ambos que se expresa mejor en la convicción de que la autoesclavitud, que es el pecado
personal, se basa tanto en la libertad propia como en un elemento negativo involuntario. Esto es, en
último término, el oscuro componente de una analogia fidei, que está preñado por la esperanza en que
el Señor nos salva pero no sin nosotros. Yo no soy el único origen del pecado, pero tampoco tengo en
278
mis manos la posible liberación .
279
f) Replanteamiento
Cabe partir de la experiencia concreta del mal en el mundo a través de sus expresiones más
diversas. Trataremos de comprender el pecado original a la luz de esta experiencia. Entre la creación
de cada ser humano y su existencia concreta algo ha tenido que intervenir, que permite darse cuenta
de estas dos verdades. Dios no crea pecadores; el hombre nace pecador. Es algo que llamamos
pecado originante.
f1) El pecado original propio de cada uno
iniciamos nuestra reflexión sobre este fenómeno a partir del concepto libertad tal como lo
elabora Kant, y lo profundiza Heidegger al considerar al hombre libre como un culpable. La culpa de la
libertad consiste en el hecho que esta libertad no se puede realizar en forma originaria, de tal manera
que el hombre se encuentra siempre como en una tensión frente a la tarea de realizarse a sí mismo.
Esta libertad culpable, el teólogo la puede pensar como libertad creada. Si se entiende la libertad
autónoma como libertad creada surge la pregunta ¿cómo mediar con tal comprensión de libertad la
doctrina teológica de la constitución pecaminosa del hombre? El hombre se comprende como aquel
que se encuentra delante de su tarea existencial de realizarse. No es normal que esta tarea esté
inacabada. Hay una distancia en la libertad misma, que constituye para la reflexión teológica el punto
280
de partida del pecado original . Ya Agustín considera la disociación de la libertad como signo e indicio
del pecado original. Una “libertad buena”, pues, no necesita ser exhortada para realizarse, sino que
vive en la decisión para el bien. Surge aquí la pregunta crítica. Aquí no se designa un estado
comprendido filosóficamente como “pecaminoso”, siendo el concepto “pecado” un concepto
exclusivamente teológico. ¿No se identifica la estructura de la libertad humana con la constitución
pecaminosa? ¿No se pervierte aquí la fe en la creación? Esta aporía nos lleva a otro problema.
277
Según K. RAHNER, Schriften XIII, 28, el recurso a la analogia fidei significa un recurso a un acontecimiento originario.
278
Cf. BRIAN Mc DERMONTT, op.cit., p. 512.
279
S. WIEDENHOFER, Pincipales formas de la teología actual sobre el pecado original, Communio 13 (1991) 528-542.
280
La libertad es hoy una de las notas más recurrentes al hablar de persona. Nadie pone en duda que quien se precie de tal debe ser alguien libre.
Sin embargo, respecto del significado mismo de libertad ha corrido mucha tinta desde el tiempo de los filósofos griegos hasta nuestros días, y
desde el ateísmo al cristianismo, y también de oriente a occidente. Y es que nadie que piense en serio al hombre en su ser persona puede
desentenderse de la libertad. El problema nuclear al hablar de libertad estriba en que quien reflexiona, el sujeto hombre, es un ser que padece en
sí mismo la tensión de la libertad-esclavitud, y no sólo en su cuerpo o como una tensión venida desde fuera, sino vivida muchas veces
dramáticamente en su mismo espíritu. Pedir al hombre que exponga su libertad es pedirle que exponga su propia existencia, pues el hombre es
libre únicamente cuando existe o, en otras palabras, existiendo experimenta su libertad, pero al momento de intentar definirla o contarla se
encuentra con la angustia de la limitaciones. De ahí que libertad siempre se defina por contraposición a esclavitud. Pero ¿qué es la libertad?
Intentar responder es lo mismo que responder a la pregunta ¿qué soy?, tan complejo como eso. Lo único que podemos decir de ella es que es la
entera posesión de sí mismo intentando responder existencialmente a la esencia que nos es propia. Vale decir, ser libre es actuar con la
responsabilidad, conciencia y autonomía que me viene dada por el hecho de ser persona. Por eso, la libertad no tiene que ver nada con el poder
hacer lo que se me antoje, sino con hacer lo que debo hacer.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 156
Si la libertad está siempre delante de su tarea y esto es pecaminoso, entonces la libertad tan
sólo puede ser una libertad que no proviene de sí misma, de su procedencia humana. La libertad
existe a partir de otra libertad que la afirma, que le precede y la posibilita profundamente. La libertad
humana vive de la gracia de Dios. El pecado es la autoconstitución del hombre a partir de sí mismo, de
281
su libertad absoluta . Según Kant, la libertad sólo llega a ser ella misma por el reconocimiento de la
libertad de otros. La fe exige al hombre realizar su libertad como una libertad liberada gracias a Cristo.
La economía salvífica es un acontecimiento histórico, no empírico, sino trascendental, y por eso
también histórico-fáctico, en el cual el hombre fue creado para la comunión con Dios. En el
reconocimiento y la aceptación de la gracia el hombre realiza su propio ser, transformando el deber ser
en una eucaristía. El pecado, en cambio, es libertad a partir de sí mismo. Donde el hombre se
comprende a partir de sí mismo se manifiesta siempre distante de su propio ser, niega su constitución
óntica. Para la filosofía no es pecado, pero se revela lo que es: un estado, que a partir del testimonio
de la gracia de Dios, es reconocido como estado pecaminoso. La filosofía pone al descubierto las
estructuras esenciales de este estado, pero no puede enjuiciarlo como pecado.
¿Es posible pensar a partir de la comprensión creyente de la libertad humana, como libertad a
partir de la gracia, el carácter individual y universal del “peccatum originale”? De hecho es posible a
partir del rechazo trascendental histórico del hombre, que sólo existe a partir de la comprensión e
interpretación del origen que siempre es origen de la humanidad, no sólo pasado, sino presente hoy y
puesto a descubierto desde el futuro.
Concluyendo este primer paso, decimos que el pecado original es un verdadero pecado propio
de cada uno, no en el sentido actual, ni habitual, sino que lo es a partir de la consecuencia en cuanto
rechazo de la gracia, no estrictamente querido, sino pasivamente sufrido (libertad delante de su
realización, por hacerse). La privación de la gracia no proviene de un pecado actual del sujeto que la
contrae, sino que desemboca en el pecado actual inevitablemente y a través de ellos, que ratifican el
pecado original (Rom 5, 12ss). De ahí el aspecto análogo del pecado original, propio y voluntario en
cada uno.
f2) El carácter universal del pecado original
Para comprender este aspecto es importante el hecho que la unidad y solidaridad del género
humano son irreductibles a la suma de elementos y, al mismo tiempo, inteligible sólo desde Dios en
cuanto totalidad. Reflexionemos este dato a partir del diálogo con la filosofía del Th. Adorno, que parte
de las experiencias dadas a partir de una interdependencia funcional completa de estructuras, y lo que
no cabe dentro de éstas se destruye (campo de concentración). Se dan así dos contenidos centrales
de la experiencia a nivel social:
281
La cultura capitalista proclama y defiende la libertad como liberalismo. Y esto quiere decir poder ilimitado. El objetivo que valida esta
libertad es el libre mercado. Pero se trata aquí de una libertad que esclaviza, que antepone el valor del capital por sobre cualquier validación
humana. Nos hemos transformado en defensores de la libertad, pero de aquella que es sólo mía, de aquella que se traduce como solipsismo
mercantil. Preocuparse por los demás resulta hoy un pésimo negocio, por eso la solidaridad resulta amenazante para muchos de nuestros
contemporáneos. Lo único que importa es el éxito, pero el éxito personal. La libertad se ha transformado en un fetiche, en nuestra bandera de
lucha para sostener en pie cualquier egoísmo. Ahora volvemos a afirmar la confusión que negara Calcedonia, pero ya no al modo como lo hizo
Eutiques. No se trata de un afán por comprender la unión de las naturalezas, sino del afán de hacernos nosotros Dios. Cuando Eutiques piensa
en la unión de dos seres actuantes, termina negando la humanidad. A nosotros nos ocurre algo semejante, pero a la inversa: nos importa la
confusión, no la comunión, porque ésta nos permite usurpar el lugar de Dios, hacernos omnipotentes ante nuestros hermanos, considerar que los
demás son las criaturas que están a nuestros pies para servirnos. Ya no es el Logos quien reemplaza el alma humana; hoy es el "espíritu del
capital" quien reemplaza al Logos. Estamos ante una nueva forma de panteísmo, al cual no le interesa decir que el mundo es Dios, sino que el
hombre -la criatura- es Dios. ¿Cómo hablar de libertad en medio de una cultura que entiende por libertad poder hacer lo que quiero?, ¿cómo
hablar de justa autonomía a un hombre que busca desesperadamente estar por "encima de", negar su condición creatural? Este es nuestro futuro
desafío como creyentes. Será necesario recordar al mundo, a este mundo, que libertad no es poder determinar, sino autodeterminarse; no es poder
elegir, sino autoelegirse para el servicio, para compartir este mundo con los demás. Y esto será posible solamente en la medida en que los
creyentes logremos hacer una buena hermenéutica del primer adverbio calcedonense. En Cristo, la divinidad y la humanidad se han unido; pero
para que el hombre siga siendo hombre libre y autónomo ante Dios, ante sí mismo y ante los demás hombres, Dios debe seguir siendo Dios.
APUNTES DE CLASE 157
la creciente imposibilidad de llegar a ser un “yo” autónomo, libre, independiente y;
como consecuencia de lo anterior, la imposibilidad de llegar a una sociedad con una total
coherencia de funciones.
Esto es la consecuencia de una historia dominada por el principio del poder, puesto absoluto en
sí misma. En esta idea secularizada de la doctrina del pecado original hay coincidencias explícitas: 1)
la interpretación desde el origen de la historia (catástrofe irracional en el origen/Adán), 2) la humanidad
constituye una unidad desde su origen; 3) principio interno determinante: el poder absoluto, que
teológicamente revela las estructuras del pecado –su poder tiranizante, que en el hombre bajo el
pecado no encuentra resistencia (Pablo), sino que tiene como consecuencia un progresivo
enceguecimiento por la experiencia. Lo específicamente teológico del pecado original consiste en el
nexo de culpa que abarca a todos los hombres, culpa en el sentido de un rechazo de la oferta amorosa
de Dios a la comunión con él. El hombre se constituye en centro, porque da la espalda a Dios, esto es
el pecado ante Dios. Estos datos no pueden ser simplemente expresión de un fideísmo, sino que hay
que verificarlos a la luz de la experiencia, con esa experiencia que permite descubrir la realidad de una
luz nueva. La expresión teológica del pecado original está en la concentración radical de la salvación
que viene de Cristo; es regalo, vida verdadera, que el hombre no se puede procurar por propia cuenta.
Esto resalta, sobre todo, a la luz del punto de ambivalencia en la filosofía de Adorno: la muerte, que
pierde simplemente su poder angustiante, es considerada por el autor una solución frágil. Para la
teología, Cristo supera el poder de la muerte, la cruz es el lugar del amor de Dios en el mundo del
pecado, y la iglesia es la célula de una unidad cualitativamente nueva, el otro y el Otro, superación
definitiva del pecado y su poder en la escatología (Apoc 21, 3ss). Por eso, “la verdad es lo que no tiene
cabida en el mundo” (M. Knarp).
En conclusión, la universalidad del pecado original se comprende en su interrelación con el
carácter individual sólo a partir de Adán, cuyo pecado tiene como consecuencia la “naturaleza
defectuosa”, la capacidad de pecar, en todo hombre. Este sólo se comprende en profundidad a la luz
de una auténtica teología de la historia, que surge a partir de la libertad, que transforma el tiempo. Lo
incomprensible es cómo nosotros los hombres somos a la vez ejemplares de una especie y persona.
La especie, el género, no es una unidad abstracta. Todos somos formados de la misma masa
(personalidad corporativa).
En palabras de K. Rahner, la existencia de una situación universal contraria a la voluntad
divina, en cuanto es “un estado que no debiera darse” presupone que ha sido causada por una culpa;
en efecto, “sólo la culpa personal puede fundar el no-ser de algo que, según el querer de Dios, debiera
282
ser .
f3) Privación del Espíritu Santo
El Concilio de Trento no define en qué consiste el pecado original. Pero a lo largo del
Magisterio resalta que se manifiesta en la ruptura de las tres relaciones esenciales del hombre con
Dios, consigo mismo y con el mundo. Como el estado originario (paraíso) es sobrenatural, el pecado
original implica una pérdida de santidad, de justicia original, pero sobre todo, del espíritu Santo. Así lo
elabora Orígenes: el Pneuma se interrelaciona con el pneuma del espíritu finito. La ausencia del
Espíritu Santo se hace notoria en el hombre bajo el poder del pecado (San Pablo), el imperio de la
carne, al cual sólo el Espíritu de Cristo puede poner resistencia. Su ausencia se manifiesta en la
incapacidad, la impotencia para hacer el bien, privación, algo que debería poseer el hombre en su
estructura tricotómica. Ahora el hombre está esclavizado a la concupiscencia, dividido internamente,
de tal modo que se rompe la comunión consigo mismo y con el otro. Esto significa la muerte del alma.
La concupiscencia no es ubicada en la oposición espíritu-materia, alma-cuerpo, sino en la peculiar
dialéctica persona-naturaleza, en virtud de la cual la opción personal no logra eliminar la resistencia de
la realidad natural que preexiste a la acción de la libertad. El ser humano nunca es lo que quiere ser,
nunca consigue el ajuste perfecto entre el proyecto y la realización de su propia identidad; el hombre
282
Pecado Original, SM V, 335.
ANTROPOLOGIA TEOLOGICA 158
adolece de un cierto estado de desintegración interior, que dificulta la consecución de su mismidad
personal.
¿Puede ser considerada pecaminosa esta privación? Sí, por un doble motivo:
1. porque se trata de una situación irregular, que no se ajusta al designio de Dios, sino que
contradice su voluntad. La ausencia indebida de santidad precedente a la decisión moral
(el no estar dotado de Pneuma santo de Dios) funda un estado o situación de no-santidad,
y en este sentido puede ser llamada pecado. Con tal apelativo se hace patente que quien
está aquejado de este déficit versa en una situación de separación de la vida de Dios, de
no-salvación (en suma, de perdición). Debe advertirse, empero, que la privación de gracia
que llamamos pecado responde comúnmente a un acto de la voluntad propia, acto que en
nuestro caso no se da. Por ello, el término sólo puede aplicarse aquí bajo una concepción
analógica de dicho término.
2. La índole pecaminosa del estado de que tratamos se va a poner en evidencia cuando
llegue el momento de hacer una opción personal, es decir, una apropiación responsable de
la nativa privación de gracia. El hombre por sí solo es incapaz de hacer el bien. Lo que en
un primer momento se ha descrito como privación se muestra, en un segundo momento,
como algo más que una mera ausencia; implica un germen nocivo, una virtualidad
negativa, en que late el ingrediente dinámico de la propensión irresistible al pecado
personal. Todo lo cual significa que la situación inicial de la relación hombre Dios está
alterada para mal, es una situación degradada ya en su mismo punto de partida.
f4) Superación del Pecado Original por el “cuánto más” de la gracia
Un análisis estructural del Decreto de Trento resalta como núcleo del texto el canon 3: modelo
Cristo/Adán, en el sentido agustiniano paulino. Este modelo representa un correctivo a la visión
pelagiana, más afín al sentir actual, y saca a la luz la falta más profunda de la libertad. De ahí la
importancia del “más” de la gracia como “plus” crítico (Rom 5, 12ss). Resalta, así, a la luz del pecado
la necesidad universal de la redención por Cristo, que lleva consigo la filiación adoptiva y se manifiesta
en los frutos del Espíritu Santo. Hay un cuánto más en la relación del hombre con Dios al cual el
hombre aspira y al que sólo Dios responde, es el cuánto más inaudito del futuro escatológico, que
comienza en la asunción de este mundo y se proyecta en la Trinidad, que nos da alcance en la cruz y
nos espera desde la Parusía. Sólo en el reconocimiento de este absoluto misterio de amor el hombre
es plenamente hombre, pues acepta vivir la comunión aunque ello signifique no ver nunca la patria
definitiva, pero al mismo tiempo significa peregrinar en la convicción de ser “conducido hacia”, de
moverse con sentido, pero un sentido que le viene dado interiormente como don gratuito, pues es el
Espíritu quien nos mueve.
CONCLUSION
A lo largo de este recorrido hemos visto como datos fundamentales, lo siguiente:
a. La experiencia del mal, del pecado, está en la base de toda teología del pecado y su
respectiva terminología.
b. El dogma del pecado original contiene las siguientes verdades: pecaminosidad universal y
prepersonal de todos los hombres, necesidad de redención por Cristo.
APUNTES DE CLASE 159
c. El cuestionamiento actual de este dogma se debe a factores múltiples entre los cuales
destacan las implicancias hermenéuticas.
d. El desafío planteado por los estudiosos que sostienen que el dogma del pecado original
representa “una tradición aparentemente desviada” requiere una peculiar atención al
estudio de esta tradición, para llegar a comprender el significado profundo de este dogma.
e. El esfuerzo metodológico del curso se encontrará en los datos de la evolución del dogma,
que se trata de esclarecer desde una perspectiva teológica.
“Pero nada se opone a que la naturaleza humana haya sido elevada a un fin más alto después
del pecado: dios permite los males para sacar un bien mayor. Por eso dice San Pablo. “Donde
abundó el pecado, sobreabundó la gracia”. Y en la bendición del cirio pascual se dice: “Oh feliz
culpa, que mereció tener tan gran Redentor” (S. Th. III, q. 1, a. 3 ad 3).