Embed
Email

HTA RESISTENTE

Document Sample
HTA RESISTENTE
Shared by: HC111211033859
Categories
Tags
Stats
views:
0
posted:
12/10/2011
language:
pages:
14
Hipertensión resistente

Alberto Villamil

Felipe Ramos

Introducción

Diversos estudios en todo el mundo señalan un número muy escaso de hipertensos

tratados y controlados, y, en consecuencia una elevada prevalencia (entre el 70-90%) de

pacientes tratados con valores de presión arterial por encima de 140/90 mm Hg de presión

arterial sistólica y diastólica respectivamente (1). Esto obedece a un sinnúmero de causas, y

podríamos decir -en sentido amplio-, que la hipertensión resistente al tratamiento es la regla

en la práctica cotidiana si consideramos como nivel de corte 140/90. Es pertinente comentar

que dicho objetivo tampoco coincide con la presión arterial considerada óptima (por debajo

de 120/80)(2), y que esta parece ser la razón más importante que explica una mayor

mortalidad de la población con hipertensión a pesar del tratamiento (3).

En gran parte de esta población tratada pero no controlada, la utilización de los

recursos terapéuticos en forma apropiada, como puede demostrarse en manos de los

especialistas (4), y en múltiples ensayos clínicos como el estudio HOT (5), o el estudio

INSIGHT (6), reduce estos guarismos a un 10-50%, según hablemos de presión diastólica o

sistólica respectivamente. El definir de antemano una meta terapéutica y procurarla en

forma insistente, más el uso sistemático de combinaciones de agentes antihipertensivos,

constituyen la estrategia esencial que permite obtener estos resultados.

En algunos pacientes el médico resigna el objetivo buscado y acepta una respuesta

parcial por una serie de razones válidas: aparición de efectos adversos severos,

interacciones farmacológicas o contraindicaciones que impiden el uso de determinados

fármacos, falta de accesibilidad del paciente al tratamiento. Quedan todavía otros en los

que, a pesar de implementar el tratamiento no se puede alcanzar el objetivo terapéutico, y

de ellos se ocupa esta actualización.

Definición

Se considera hipertensión resistente o refractaria a la imposibilidad de descender

la presión arterial por debajo de 140/90 mm Hg con un tratamiento que incluye cambios

en el estilo de vida y la utilización de tres o más drogas en las dosis máximas toleradas

incluyendo un diurético, en combinación adecuada, y luego de un período de tiempo

razonable.

En la hipertensión arterial severa con daño en los vasos de resistencia y órganos

diana, la respuesta terapéutica óptima puede requerir una mejoría de las anormalidades

estructurales y funcionales que sólo se consigue luego de un tiempo prolongado de

tratamiento. Ello también explica porqué a veces después de meses o años de tratamiento se

alcanzan valores cada vez más bajos de presión arterial que obligan incluso a disminuir la

dosis o a suspender alguno de los fármacos.

Es obvio que no se deben incluir en esta definición pacientes en los cuales no se

cumple el uso de fármacos explicitado, no importa la causa, que representarán sólo un

grupo de pacientes con hipertensión arterial con tratamiento insuficiente.

Esta definición responde a los conceptos actuales acerca de las metas terapéuticas

recomendadas en las guías internacionales disponibles (2, 7, 8), lo que debe ser adecuado al

manejo práctico con una buena dosis de sentido común. En muchos pacientes que pueden





1

ser encuadrados en esta definición, tanto el médico como el paciente se declararán

satisfechos con la respuesta terapéutica en función de una significativa reducción del riesgo

por un gran descenso de la presión arterial desde los valores pretratamiento, la regresión del

daño de órgano blanco, o la mejoría de la capacidad funcional (por ejemplo el control de la

insuficiencia cardíaca). Esto igualmente no debe hacer cesar al médico en la búsqueda del

objetivo ideal, sobre todo considerando que muchas causas de hipertensión resistente son

corregibles, y que puede además obtenerse un objetivo adicional como la corrección de

otros factores de riesgo o patologías asociadas.

En algunos subgrupos la definición actual es en realidad insuficiente, ya que hay

evidencias en diabéticos y en pacientes con proteinuria que el objetivo de presión arterial

debe ser menor para reducir el riesgo cardiovascular y la progresión a la insuficiencia renal:

menor a 130/80, y a 120/75 respectivamente (2, 7, 8)

La prevalencia de hipertensión resistente luego de aplicar correctamente la

definición y excluir aquellos pacientes en los cuales no es aplicable, es extremadamente

baja (particularmente si consideramos sólo la presión diastólica), lo que indica como

corolario que un tratamiento con combinaciones racionales de fármacos (ver luego),

permiten controlar a la gran mayoría de los pacientes hipertensos (9).

Clasificaciones

La clasificación más conocida, en la Tabla 1, describe una lista de causas. Es

necesario subrayar que en la práctica suele haber una suma de causas, por lo cual todas

deberán ser exploradas y descartadas cuidadosamente. Otro enfoque (8), también en la tabla

1, está orientado a la solución del problema: problema 1: adherencia al régimen terapéutico

(pacientes resistentes al tratamiento); problema 2: dificultad diagnóstica o terapéutica

verdadera (hipertensión resistente al tratamiento); y problema 3: falla en el diagnóstico o en

la implementación del tratamiento (hipertensión resistente al médico).









2

Tabla 1: causas de la hipertensión resistente orientadas al problema

Paciente Hipertensión Médico

resistente resistente resistente

Pseudoresistencia

Efecto de guardapolvo blanco

Pseudohipertensión

Error por uso de manguito inadecuado

Hipertensión por inflado de manguito

Tratamiento farmacológico inadecuado

Tratamiento insuficiente

Combinación incorrecta

Diurético incorrecto o no uso

Interacciones con otras drogas

Mala adherencia

Falta de cumplimiento del paciente

Consumo elevado de sodio

Efectos adversos

Fallas en la monitorización

Fallas en la información o comprensión

Costo elevado del tratamiento

Polimedicación

Condiciones asociadas

Obesidad o aumento de peso

Tabaquismo

Alcoholismo

Síndrome de resistencia a la insulina

Apnea de sueño

Deterioro progresivo de la función renal

Dolor crónico, estrés, ataque de pánico

Hipertensión secundaria

Nefropatía

Hipertensión renovascular

Aldosteronismo primario

Feocromocitoma

Cushing

Otros (arteritis, enf. tiroidea,

hiperparatiroidismo, etc.)





Pseudoresistencia

Pseudohipertensión

Es el registro de presiones elevadas cuando la presión intraarterial está normal, o

elevada pero muy por debajo de los valores registrados por la esfigmomanometría. De

prevalencia poco estudiada, más importante en poblaciones de ancianos, puede sospecharse

por una discrepancia notoria entre los valores registrados y las evidencias de daño en

órganos blanco, presencia de síntomas hipotensivos bajo el tratamiento con presiones

elevadas, y calcificación de la pared arterial en arterias musculares evidenciable

radilógicamente. Las mediciones oscilométricas de la presión arterial y el uso de la

maniobra de Osler (palpación persistente de la arteria humeral o radial luego de inflar el

manguito a presiones suprasistólicas), han sido recomendadas para ponerla en evidencia

pero carecen de la sensibilidad y especificidad adecuadas (10).

Efecto de guardapolvo blanco

Es la causa más común de pseudoresistencia, y ello se revela en especial en

pacientes asistidos en servicios especializados, en los que se usa más el monitoreo





3

ambulatorio de presión arterial y las mediciones domiciliarias. En pacientes tratados las

diferencias promedio entre los valores de consultorio y las mediciones ambulatorias son

mayores a 20/10 mm Hg (sistólica y diastólica respectivamente), en el 73% de los pacientes

(11), lo que implica que en pacientes con hipertensión estadio I bajo tratamiento más de la

mitad de los pacientes están controlados. Esta es la población en la cual encontramos más

pacientes con posibilidad de tener resistencia o pseudoresistencia, de allí la gran utilidad de

las mediciones alternativas para una adecuada toma de decisiones (12). Los valores

considerados normales para la presión ambulatoria ( 50/hora). La obesidad, el tabaquismo, el abuso de

psicofármacos, el hipotiroidismo y el consumo excesivo de alcohol son factores de riesgo

para la apnea de sueño, que debe sospecharse en pacientes roncadores con somnolencia

diurna. La severidad de las hipoxemias nocturnas durante las apneas produce un importante

estímulo adrenérgico que facilita la aparición de arritmias, hipertensión arterial,

hipertensión pulmonar e insuficiencia cardíaca. En hipertensos puede observarse pérdida

del descenso nocturno de la presión arterial y resistencia al tratamiento, que puede mejorar

sólo luego de la corrección de las hipoxemias nocturnas.

Hipertensión secundaria

La hipertensión severa y la hipertensión resistente son indicaciones de estudio de

causas secundarias de hipertensión arterial. El comienzo de la hipertensión en la

adolescencia o después de los 55 años en forma documentada (normotensión previa

confirmada), el progreso brusco en la severidad de la hipertensión, el daño de órgano

blanco severo o las enfermedades cardiovasculares clínicas establecidas y el antecedente de

emergencia hipertensiva deben hacer sospechar este diagnóstico (tabla 4). Requieren un

comentario por su relativa frecuencia tres patologías, frecuentemente subdiagnosticadas.

Aldosteronismo primario

Según algunos autores (18), el aldosteronismo primario podría explicar hasta un

10% de la etiología de la hipertensión asociada a renina baja, aun sin evidencias de

hipokalemia. Una buena respuesta al tratamiento con espironolactona sugiere

aldosteronismo primario. El paso diagnóstico inicial debe ser medir la actividad de renina

plasmática (ARP) junto al sodio en orina de 24 horas (aún bajo tratamiento) y la

aldosterona plasmática. Si la ARP es menor a 1 ng/ml/h, y la aldosterona es mayor a 50

ng/ml, ello permitirá continuar con el proceso diagnóstico convencional.

Enfermedad renovascular







8

La enfermedad renovascular puede causar hipertensión resistente por daño renal

(nefropatía isquémica), o a través de una hipertensión renovascular. Es extraordinariamente

prevalente en pacientes con enfermedad ateroesclerótica difusa (30%, en pacientes

coronarios con enf. de tres vasos, 40%, en pacientes con claudicación intermitente severa).

Debe ser sospechada en pacientes con insuficiencia renal de causa no aclarada, pacientes

con edema agudo de pulmón recurrente hipertensivo, en pacientes cuya función renal

empeora luego de la administración de inhibidores de enzima de conversión y en aquellos

cuya hipertensión previamente controlada empeora bruscamente. El método diagnóstico de

elección en manos experimentadas es el doppler color de arterias renales, y el tratamiento la

revascularización, de ser posible en primera instancia por angioplastia (fibrodisplasia), más

colocación de stent (enf. renovascular ateroesclerótica).

Nefropatías con compromiso de la función renal

En un paciente hipertenso la alteración de la función renal puede ser primaria

(nefropatías médicas o isquémicas), o secundaria a la hipertensión (nefropatía hipertensiva),

y siempre tiene alguna participación en la hipertensión arterial. El deterioro de la función

renal es además un elemento de gran valor pronóstico y se asocia frecuentemente con

resistencia al tratamiento, aún con alteraciones funcionales leves. En presencia de

proteinuria o alteración del filtrado glomerular una meta más baja de presión arterial está

indicada para preservar la función renal o atenuar la pendiente de deterioro progresivo de

función renal (2). Los mecanismos de resistencia al tratamiento obedecen a una mayor

sensibilidad a la sobrecarga de sodio e hipervolemia acompañante (excepto en la

hipertensión maligna que puede estar asociada a hipovolemia), y también a una activación

intensa del sistema renina-angiotensina-aldosterona.



Tabla 4: Hipertensión secundaria como causa de hipertensión resistente. Claves y

estudios diagnósticos (8).

Etiología Claves clínicas Estudios

Coartación de aorta Déficit de pulsos en miembros inferiores Rx tórax, tomografía computada

Cushing Biotipo, diabetes Cortisol, prueba de dexametasona

Enf. tiroideas Sospecha, rutina de detección TSH, T4

Poliquistosis renal Historia familiar de HTA e insuficiencia renal Ecografía

Feocromocitoma Diaforesis, palpitaciones y cefalea AVM y catecolaminas en orina

Aldosteronismo primario Hipokalemia, debilidad muscular Cociente aldosterona/renina, TAC

Nefropatías médicas Proteinuria Ecografía, depuración de creatinina,

biopsia renal

Hipertensión renovascular Enfermedad ateroesclerótica generalizada, Ecodoppler color de arterias

insuficiencia renal sin explicación, renales, radiorenograma post-

empeoramiento brusco hipertensión, o de la captopril, arteriografía renal.

función renal post IECA, edema agudo de

pulmón hipertensivo recurrente, asimetría

renal.





Manejo práctico del paciente con hipertensión resistente

La hipertensión resistente plantea principalmente un problema de diagnóstico, y por

ende su tratamiento depende estrechamente de las condiciones presentes en cada paciente.

Con frecuencia existe una combinación de causas, que deben ser exploradas en forma

sistemática (Figura 1)









9

SI Figura 1: Algoritmo de manejo de la hipertensión resistente





¿Descartó pseudoresistencia? NO Manguito ancho, MAPA o presión

domiciliaria

¿El paciente cumple TNF? Evalúe peso, Na en orina



¿El paciente es adherente? Evalúe ef. adversos y adherencia



¿El régimen terapéutico es adecuado? Evalúe dosis, clases de fármacos y

combinaciones

¿Descartó interacciones farmacológicas? Investigue uso de drogas prescriptas, de

venta libre, y/o ilegales

¿Descartó condiciones asociadas? Alcoholismo, obesidad, apnea de sueño,

expansión de volumen

¿Descartó hipertensión 2aria? Estudios específicos





Cambie o agregue fármacos PA no controlada





PA controlada Internación para reestudio y evaluar

tratamiento vía oral y/o EV



Una vez descartada la pseudoresistencia, puede comenzarse a evaluar el cumplimiento

de los cambios en el estilo de vida ya que:

-Disminuyen la presión sanguínea en el paciente individual.

-Reducen la necesidad de drogas antihipertensivas y aumentan su eficacia.

-Son parte del tratamiento de otros factores de riesgo presentes.

Existe una franca asociación entre el peso corporal y las cifras de presión arterial. El

descenso de peso intensifica el efecto antihipertensivo de las drogas en los pacientes

hipertensos, y tiene un efecto benéfico en los factores de riesgo asociados (insulino-

resistencia, diabetes, hiperlipidemia, e hipertrofia ventricular izquierda). No se

recomiendan los agentes anorexígenos, especialmente los que incluyen agentes hormonales

o derivados de las anfetaminas, dado que pueden incrementar el riesgo de valvulopatías e

hipertensión pulmonar.

La respuesta a la ingestión de sodio varía ampliamente en la población de

hipertensos. En general, los ancianos, los negros, los diabéticos y los denominados “no

moduladores” son más sensibles al incremento de la presión arterial ante el consumo de sal

que el resto de los pacientes. Muchos pacientes con hipertensión resistente son “sal-

sensibles”, y este efecto se acrecienta con una dieta que contenga escasa ingesta de potasio.

Un consumo limitado a 75-100 mEq. diarios de sodio (17,1 mEq Na = 1 gr ClNa),

desciende significativamente la presión arterial. Dada la dificultad de mantener dietas muy

bajas en sal, y el potencial aumento del riesgo inducido por ellas (por activación del sistema

renina-angiotensina-aldosterona, y aumento de actividad simpática), se utilizan regímenes

que incluyan 2-4 g de sodio diarios. A excepción de los calcioantagonistas, un elevado

consumo de sodio reduce el efecto de los fármacos antihipertensivos (8). Es conveniente

contar con el auxilio de personal calificado en nutrición y realizar controles periódicos de la









10

excreción de sodio en orina de 24 hs. El uso de sal modificada, con bajo contenido de sodio

y suplemento de potasio puede ser de utilidad en pacientes resistentes.

La actividad física de tipo aeróbico practicada regularmente (30-45 minutos al

menos 3-4 veces por semana) reduce 6 a 7 mm Hg tanto la lpresión sistólica como la

diastólica. Los ejercicios isométricos tales como el levantamiento de pesas pueden tener un

efecto presor y deben ser evitados.

El tabaco es un tóxico y un potente factor de riesgo cardiovascular. Cada cigarrillo

que se fuma produce un incremento agudo de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca

que dura aproximadamente 15 minutos. Todos los fumadores activos o pasivos deben ser

urgidos a suprimir el hábito. Las terapias de reemplazo con nicotina pueden ser útiles.

El consumo de alcohol excesivo (>30ml etanol/día) guarda relación lineal con el

incremento de presión arterial y puede provocar resistencia al tratamiento antihipertensivo.

En mujeres y en personas delgadas esta cantidad debe reducirse en un 50%. El alcoholismo,

muchas veces negado por los pacientes, es una de las formas más frecuentes de

hipertensión arterial secundaria “hábito dependiente”.

Luego se debe revisar y corregir problemas relacionados con la adherencia al

tratamiento, el régimen antihipertensivo, el tratamiento de las condiciones asociadas y

descartar causas secundarias de hipertensión. Finalmente, en aquellos casos en los cuales no

se pueda alcanzar un control satisfactorio, se debe recordar que el descenso aún parcial de

la presión arterial, reduce el riesgo cardiovascular. En estas situaciones, debe ser

considerada la derivación a un especialista.

Cuando luego de haber realizado todas las posibles intervenciones terapéuticas en

forma ambulatoria, el paciente persista resistente al tratamiento, se deberá considerar su

internación a fin de:

1. documentar que recibe la medicación indicada

2. asegurar un adecuado régimen higiénico-dietético

3. reestudiar al paciente para descartar formas secundarias de hipertensión arterial o bien

condiciones clínicas asociadas que expliquen su resistencia

4. eventual administración de tratamiento parenteral



Reduciendo el riesgo cardiovascular global:

Definimos la hipertensión resistente como la incapacidad de disminuir la presión

arterial. Es conveniente recordar que los pacientes hipertensos asocian múltiples factores de

riesgo y enfermedades derivadas de los mismos que requieren también de un control

óptimo para reducir el riesgo global.

La reducción del colesterol reduce el riesgo de enfermedad coronaria en pacientes

con altos niveles de colesterol o con historia de enfermedad cardiovascular. Una reducción

de 40 a 60 mg%, por dieta y/o medicación, reduce el riesgo de eventos coronarios entre un

quinto y un tercio.

La diabetes tipo I o tipo II resulta de importancia habida cuenta de las

complicaciones macro y microvasculares que la misma conlleva, y aunque los resultados

del estudio UKPDS (19) indican que el tratamiento antihipertensivo produce reducciones

más definidas de la enfermedad macrovascular en pacientes diabéticos, sigue siendo

importante el buen control de la glucemia. La obesidad y la insulino-resistencia provocan

hipertrofia del músculo liso vascular e inducen incremento de la resistencia periférica.

El uso de aspirina y otros antiagregantes plaquetarios reduce el riesgo de eventos

coronarios fatales y no fatales, de accidente cerebrovascular y de muerte cardiovascular en





11

pacientes con enfermedad coronaria o cerebrovascular. El estudio HOT (5) demostró una

reducción de un tercio en el riesgo de eventos coronarios, con 75 mg/día de aspirina en

pacientes hipertensos. En este estudio y otros, se observó que la aspirina aumentó al doble

el riesgo de sangrado no cerebral, sin aumento del riesgo de hemorragia cerebral. Estos

resultados se lograron en pacientes mayores de 50 años con presión arterial bien controlada,

por lo cual la indicación de antiagregantes plaquetarios debe ser cuidadosamente evaluada

en pacientes con hipertensión resistente.



Caso clínico 1

Paciente de sexo masculino, 54 años de edad, derivado por hipertensión severa

resistente bajo tratamiento con enalapril 15 mg/día, amlodipina 5 mg/día, doxasozina 2

mg/día. Asocia sobrepeso, sedentarismo, es fumador y no cumple las medidas higiénico

dietéticas indicadas. Al examen índice de masa corporal 29 kg/m2, segundo ruido intenso,

presión arterial (promedio de 5 registros) 178/112 mm Hg. Presión domiciliaria promedio

(varias mediciones) 160/100 mm Hg. Fondo de ojo grado II, ECG ritmo sinusal, 94 lpm,

hipertrofia y sobrecarga ventricular izquierda. Lab. reciente (datos positivos) glucemia 116

mg/dl, colesterol 244 mg/dl, HDL 31 mg/dl, Triglicéridos 256 mg/dl, ac. úrico 7.9 mg/dl,

GOT 80 U/L.

Este es un paciente con hipertensión en nivel III y perteneciente al grupo de alto

riesgo (asocia factores de riesgo y daño de órgano blanco), es portador de un sindrome

metabólico (intolerancia a la glucosa, dislipidemia combinada e hiperuricemia), quien en

primer lugar no cumple medidas higiénico dietéticas y cuyo tratamiento farmacológico es

inadecuado. Se comenzó enfatizando la importancia de las medidas no farmacológicas e

informando al paciente de la suma de factores de riesgo y su trascendencia clínica. Fue

derivado a un programa integral de vida sana para él y su familia con apoyo de un equipo

multidisciplinario que incluye nutricionista, deportólogo y un curso de prevención

cardiovascular. Paralelamente se modificó el tratamiento en forma paulatina ya que las

dosis iniciales eran bajas, y no se habían indicado diuréticos. Se aumentó el enalapril a 20

mg (en dos tomas de 10), y se agregó hidroclorotiacida 25 mg inicialmente. Luego se

incrementó la amlodipina a 10 mg y se reemplazó la doxasozina por atenolol 50 mg (en dos

tomas de 25) por taquicardia. Como la respuesta fue subóptima luego de estas

modificaciones (PA 154/96 mm Hg), se reevaluaron posibles causas de resistencia. Dado el

antecedente de elevación de la GOT se investigó el consumo de alcohol en una consulta

con su cónyugue, que confirmó un consumo elevado de bebidas blancas. Inició un

tratamiento específico grupal que permitió el abandono del hábito, y un mejor

cumplimiento de las medidas de cambio de estilo de vida. Con ello, y sin necesitar dosis

máximas de los agentes prescriptos se obtuvo una normalización de la presión arterial, y

asimismo de los parámetros de laboratorio.

Caso clínico 2

Paciente de sexo femenino, 68 años de edad. Diabetes II hace 12 años. Retinopatía

diabética. Edemas bimaleolares hace meses. Parestesias en miembros inferiores. Consulta

por hipertensión arterial detectada hace 2 años, y no controlada bajo tratamiento. En los

últimos meses presión arterial muy variable, con cifras de hasta 230/120 mm Hg.

Autocontroles de glucemia con valores menores a 150 mg/dl. En tratamiento con

glibenclamida, metformina, carvedilol y candesartan, no toleró calcioantagonistas

dihidropiridínicos (edemas). El nefrólogo indicó eritropoyetina para control de anemia





12

recientemente. Estudios realizados: nódulo suprarrenal derecho de 2x3 cm, leve atrofia

cortical renal bilateral, Lab: Na/K 141/4.8 meq/L, Creatinina 1.4 mg/dl, urea 80 mg/dl,

Hematocrito 33%. ECG hipertrofia de vedntrículo izquierdo. Presión arterial acostada:

240/108 mm Hg, frecuencia cardíaca 78 lpm, de pie: 150/75 mm Hg, 76 lpm

relslpectivamente. Se agregaron diuréticos al tratamiento (furosemida e hidroclorotiacida),

verapamilo, y se indicó un MAPA que mostró en 24 horas una presión arterial promedio de

161/87 mm Hg, con pérdida del ritmo circadiano de la presión arterial. El ac. vainillín

mandélico y las catecolaminas urinarias en forma repetida fueron normales, al igual que la

aldosterona. Presentaba una renina baja (1 ng/ml/h).

En esta paciente diabética, con insuficiencia renal, polineuropatía y disautonomía

(hipotensión ortostática, pérdida del ritmo circadiano), una hipertensión endócrina fue

razonablemente descartada, y el hallazgo en la tomografía sugiere un incidentaloma.

El MAPA descartó una pseudohipertensión, y la ausencia del descenso nocturno se

debe a la disautonomía que se asocia también con la gran variabilidad de la presión arterial

y el ortostatismo sin variaciones significativas de la frecuencia cardíaca. En este escenario,

en el cual es difícil mejorar el tratamiento sin empeorar la hipotensión ortostática. La

presencia de insuficiencia renal obliga a descartar una enfermedad renovascular (asociada a

la nefropatía diabética que ya está instalada si hay retinopatía y proteinuria). También hay

que intensificar el tratamiento con diuréticos y lograr un mayor bloqueo del sistema renina-

angiotensina controlando la evolución de la función renal. A posteriori un estudio doppler

de arterias renales descartó la enfermedad renovascular, y la interrupción del tratamiento

con eritropoyetina mejoró el control de la presión arterial.



Referencias

1. Berlowitz DR, Ash AS, Hickey EC, Friedman RH, Glickman M, Kader B, Moskowitz MA: Inadequate

Management of Blood Pressure in a Hypertensive Population. N Engl J Med 1998;339:1957-63.

2. Joint national Committee on Prevention, Detection, Evaluation and Treatment of High Blood Pressure.

The Sixth Report of the Joint National Committee on Prevention, Detection, Evaluation, and Treatment of

High Blood Pressure. Arch Intern Med 1997;157:2413-2446.

3. Andersson OK, Almgren T, Persson B, Samuelsson O, Hedner T, Wilhelmsen L: Survival in treated

hypertension: follow up study after two decades. BMJ 1998;317:167-171.

4. Rodríguez P, Kuznicki S, Contreras V, Zilberman J, Reisin P, Villamil A.: Blood Pressure Control in

Patients Asssisted in Hypertension Clinics. (Abs), Tenth European Meeting on Hypertension, 2000.

5. Hansson L, Zanchetti A, Carruthers SG, Dahlof B, Elmfeldt D, Julius S, Menard J, Rahn KH, Wedel H,

Westerling S: Effects of intensive blood-pressure lowering and low-dose aspirin in patients with

hypertension: principal results of the Hypertension Optimal Treatment (HOT) randomised trial. HOT

Study Group. Lancet 1998 Jun 13;351(9118):1755-62.

6. Brown MJ, Palmer CR, Castaigne A, de Leeuw P, Mancia G, Rosenthal T, Ruilope LM: Morbidity and

mortality in patients randomized to double-blind treatment with a long-acting calcium-channel blocker or

diuretic in the Internationa Nifedipine GITS study6: Intervention as a Goal in Hypertension Treatment.

Lancet 2000;356:366-372.

7. Guidelines Subcommittee. 1999 World Health Organization-International Society of Hypertension

Guidelines for the Management of Hypertension. J Hypertens 1999;17:151-183.

8. Consenso Latinoamericano sobre Hipertensión Arterial. J of Hypertens (esp) 2001;6:83-110.

9. Yakovlevitch M, Black HR. Resistant hypertension in a tertiary care clinic. Arch Intern Med, 1991;

151:1786-1792.

10. Zweifler AJ; Shahab ST: Pseudohypertension: a new assessment [editorial]. J Hypertens 1993;11(1):1-6.

11. Myers MG and Reeves RA: White coat phenomenon in patients receiving antihypertensive therapy. Am J

Hypertens 1991;4(10 Pt1):844-849.









13

12. Ramos F, Sánchez R, Plotquin Y, Arnolt M, Rodríguez P, Díaz M, Villamil A y Baglivo H. El monitoreo

ambulatorio de presión arterial (MAPA) y la toma de decisiones clínicas. Revista Argentina de

Cardiología 1996;64 (Suplemento I):55-63.

13. Ramos F, Editor, El Monitoreo Ambulatorio de Presión Arterial y otras técnicas de medición de la presión

arterial en clínica e investigación. 1999 American Marketing and Communication, Buenos Aires.

14. Parati G, Pomidossi G, Albina F, Malaspina D, Mancia G: Relationship of 24-hour blood pressure mean

and variability to severity of target-organ damage in hypertension. J Hypertens 1987, 5:93-98.

15. Klein LE: Compliance and blood pressure control. Hypertension 1988;11:61-64.

16. Groppelli A, Giorgi DM, Omboni S, Parati G, Mancia G: Persistent blood pressure increase induced by

heavy smoking. J Hypertens 1992;10(5):495-499.

17. Sleep Disorders, in Clinics in Chest Medicine, vol 19, number 1, march 1998.

18. Gordon RD, Klemm SA, Tunny TJ, Stowaser M: Primary aldosteronism: hypertension with a genetic

basis. Lancet 1992;340:159-161.

19. Tight blood pressure control and risk of macrovascular and microvascular complications in type 2

diabetes: UKPDS 38. UK Prospective Diabetes Study Group. BMJ 1998 Sep 12;317(7160):703-713.

1-









14


Related docs
Other docs by HC111211033859
ADOLESCENTES QUE SE AUTO LESIONAN
Views: 0  |  Downloads: 0
Mi Cumplea�os
Views: 1  |  Downloads: 0
Apresenta��o do PowerPoint
Views: 0  |  Downloads: 0
Factores de Riesgo Cardiovascular
Views: 9  |  Downloads: 0
Boletim de Economia
Views: 0  |  Downloads: 0
Sheet1
Views: 38  |  Downloads: 0
PROGRAMA DE PREPARACI�N 2006
Views: 0  |  Downloads: 0
INTRODUCCI�N
Views: 3  |  Downloads: 0
By registering with docstoc.com you agree to our
privacy policy

You are almost ready to download!

You are almost ready to download!