UN ANALISIS RELACIONAL DE LA PARTICIPACI�N DEL VAR�N EN LA by 2eV8w9

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									Mogensen, Cristina. Un análisis relacional de la participación del varón en la atención
prenatal: el caso de las embarazadas adolescentes que se atienden en los servicios
públicos de salud de la ciudad de mar del Plata. En libro: Jornadas Gino Germani. IIFCS,
Instituto de Investigaciones Gino Germani, Buenos Aires, Argentina. 2000. p. 11.
Disponible en la World Wide Web:
http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/argentina/germani/mogen.rtf

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                 UN ANALISIS RELACIONAL DE LA PARTICIPACIÓN DEL
                        VARÓN EN LA ATENCIÓN PRENATAL:
         EL CASO DE LAS EMBARAZADAS ADOLESCENTES QUE SE ATIENDEN EN LOS
             SERVICIOS PÚBLICOS DE SALUD DE LA CIUDAD DE MAR DEL PLATA


                                                                      Cristina Mogensen 


Introducción
        El presente trabajo se derivó de otra investigación en la que nos ocupábamos de
analizar la “toma de decisiones” en el ámbito de la atención prenatal de las adolescentes
embarazadas que se atienden los servicios públicos de salud de la ciudad de Mar del
Plata. Esto nos abrió la posibilidad de interrogarnos más específicamente acerca de
cómo se da la participación del varón, pareja o padre de la criatura, en el proceso de
atención y cuáles son las representaciones y prácticas puestas en juego por los varones
y los equipos de salud.
        Tanto desde las investigaciones del campo médico como desde las del campo
social, la figura del varón no ha recibido mucha atención, de hecho encontramos extensa
bibliografía sobre la “maternidad adolescente”, pero son escasas las referencias a la
“paternidad adolescente”. De la misma forma, las políticas y acciones de intervención
de las instituciones de salud suelen estar dirigidas hacia la madre, aportando de esta
forma a la construcción de la invisibilidad del varón.
        El embarazo de las mujeres adolescentes recibe especial atención en los
programas de los organismos nacionales e internacionales de todas las áreas i . En
general, no es definido como un problema en sí mismo pero las preocupaciones se
orientan a resaltar las desventajas de un embarazo temprano para el desarrollo de las
potencialidades de la joven, especialmente en relación con la permanencia en el sistema
de educación formal y, condicionado por esto, las posibilidades de mejorar su inserción
en la estructura productiva. (OMS, 1994)
       A su vez, en nuestro país la tasa de fecundidad adolescente es significativamente
alta en comparación con la de las mujeres adultas (Torrado, 1993; Pantelides, 1995,


  Antropóloga, Docente Investigadora de la Univ. Nac. de Mar del Plata. Este trabajo se derivó a
partir de los hallazgos de la Tesis de Maestría de FLACSO, dirigida por la Dra. Ana Domínguez
Mon, La Atención Prenatal De Las Adolescentes Embarazadas: Aspectos Socioculturales De
La “Toma De Decisiones” (2000) y en el marco del UBACYT S0933 del Instituto
Interdisciplinario de Estudios de Género.



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INDEC, 1993). Si bien en la ciudad de Mar del Plata el fenómeno no tiene el mismo
alcance que algunas provincias, aproximadamente de los 200 partos mensuales que
ocurren en el Hospital Interzonal Especializado Materno Infantil (HIEMI), en el que se
centraliza la atención de los nacimientos del sistema público de la ciudad y la zona, el
15%ii corresponden a mujeres de 18 años o menos.
        Tanto en el ámbito de las políticas públicas como de las prácticas en las
instituciones de salud, los controles del embarazo son considerados de suma
importancia para garantizar la salud de la madre y el niño. En el caso de las
adolescentes esto adquiere ciertas particularidades por tratarse de menores ante la ley, lo
que significa que jurídicamente son consideradas “incapaces”, por lo tanto no se les
reconoce la posibilidad de decidir. Desde los enunciados el que decide es el adulto a
cargo, pero en la práctica esto no se da tan así. Entonces, la atención médica del
embarazo de las jóvenes se constituye en un espacio interesante para observar, describir
y analizar la interacción de las adolescentes y el equipo de salud.
       Resumiendo, en la investigación central nos ocupamos de analizar las diversas
maneras de participación de las adolescentes en la toma de decisiones durante su
atención prenatal, las que, si bien varían significativamente, dieron lugar a
coincidencias que nos permitieron delinear tres estilos diferentes en la “toma de
decisiones” durante los controles prenatales.
       Concluimos, además, de esa investigación que, en general, las decisiones son
más la consecuencia de cómo se vive la maternidad, dependiendo de las condiciones de
vida y de la organización de la rutina, antes que decisiones racionalmente tomadas.


Objetivos
        En ese marco de trabajo extendimos nuestros objetivos para indagar más
puntualmente la participación del varón en la atención prenatal de la adolescente y las
representaciones que se ponen en juego en el ámbito de la atención médica, analizando
la perspectiva de los jóvenes padres, de los equipos de salud y el espacio que otorgan las
instituciones para la inclusión del varón.
        Si bien nuestra investigación no partía de una perspectiva de género, creímos
enriquecedor incorporar esta visión, pues consideramos que esa categoría está presente
en relación a la definición de los riesgos y protecciones que establecen los actores frente
a diversos procesos de salud/enfermedad, a la percepción que tienen de los síntomas y a
la organización y desarrollo del proceso de atención por parte de las instituciones. Sin
embargo hacemos la salvedad de que no la consideramos como una variable aislada del
resto de los factores socioculturales que entran en juego en el proceso
salud/enfermedad/atención y que, además, veremos que se encuentra particularmente
atravesada por la desigualdad y el grupo de edad.


Metodología
        Definimos nuestro trabajo como exploratorio porque consideramos que una
investigación exploratoria permite ir detectando los aspectos relevantes de un fenómeno
y aportar a la formulación de problemas más precisos.




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       El abordaje privilegiado fue el etnográfico, que nos permitió acercarnos de una
manera holística a nuestro objeto de investigación. Confiamos en la riqueza que puede
aportar la mirada antropológica a través de un abordaje etnográfico, porque el mismo
nos permite conocer los puntos de vista de las personas acerca de los problemas que
deseamos abordar y comprender las distintas perspectivas de los actores intervinientes
en los procesos sociales. Esto es lo que trascendió como “perspectiva del actor” o
“punto de vista nativo” (Geertz,1995; Malinowki, 1973).
       Trabajamos mediante observación participante en dos servicios públicos
representativosiii de atención de la adolescente embarazada y sobre los cincuenta y un
casos de adolescentes embarazadas de la investigación central, entrevistamos a quince
padres jóvenes (entre diecisiete y veintiséis años). La permanencia en los consultorios
durante ocho meses nos dio la posibilidad de participar en varios encuentros con los
mismos jóvenes, dado que los controles se reiteran cada mes; hubo casos de varones con
quienes compartimos la consulta en tres oportunidades, incluso con posterioridad al
nacimiento.
        Se hace indispensable hablar un poco en cuanto al tipo de muestra que es
pertinente al diseño. Por las características cualitativas de investigación no se determina
un número prefijado de grupos o entrevistados, sino que el límite surgirá cuando
alcancemos la “saturación de los datos”. Esto es cuando las entrevistas siguientes ya no
aporten nuevos aspectos y las respuestas encajen en modelos familiares. Esta es la
esencia del “muestreo teórico” que se hace con la intención de descubrir las categorías
y sus propiedades pertinentes y para poder sugerir sus interrelaciones.
        La investigación se organizó a partir del relevamiento etnográfico del proceso de
atención en las dos instituciones elegidas. Si bien los objetivos apuntaban a indagar
especialmente sobre el espacio relacional que transcurre en la consulta, el seguimiento
del recorrido institucional de las jóvenes y sus acompañantes nos permitió ordenar el
trabajo de campo, relevar la interacción entre los miembros del equipo y los jóvenes y
analizar comparativamente las respuestas institucionales.
       Consecuentemente con el abordaje propuesto los datos para el análisis han
surgido a partir de la permanente articulación de los ejes temáticos de las entrevistas y
las observaciones que mostraron clara correlación a lo largo de todo el trabajo de
campo.
        Trabajamos por un lado en la sistematización de las observaciones y por el otro
en el análisis de las entrevistas en forma longitudinal y transversal. En el análisis
transversal buscamos similitudes y diferencias entre los jóvenes y en las formas en que
viven y dan sentido a su paternidad y a su participación en el proceso de atención. El
análisis longitudinal estuvo orientado a captar las distintas trayectorias sociales de los
jóvenes que permitieran ubicarlos en un continuo de situaciones, en la búsqueda de la
conformación de ciertos estilos de participación en el proceso de atención del embarazo.


La atención prenatal
       Hablar de la forma de referirse a la atención médica programada durante la
gestación daría pie a una investigación en sí misma. En nuestro medio, desde la
perspectiva biomédica se la denomina “controles del embarazo”, podemos ver
claramente el concepto cargado de significación si lo comparamos con el término sajón



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que refiere a “cuidados prenatales”, es por eso que nosotros preferimos nombrarlo
genéricamente como “proceso de atención prenatal o del embarazo”.
        Desde la perspectiva antropológica, el período prenatal interesa particularmente
porque permite vislumbrar un extraordinario proceso de medicalización en acción
(Browner y Press, 1996). Ese espacio de interrelaciones que ofrece la atención médica
durante el embarazo en las mujeres adolescentes es muy propicio para indagar el
desarrollo de un proceso a través del cual examinar el rol que juegan los legos en la
construcción del campo del “conocimiento autorizado”iv. Nos podemos preguntar, por
ejemplo, cómo participan las mujeres y sus parejas en ese proceso de expansión de la
medicalización que mencionábamos y, también, indagar cómo juega la tecnología en la
construcción del conocimiento “autorizado” y cómo, en los hechos, ella ayuda a
conducir ese proceso de medicalización, a lo largo del cual los actores toman
constantemente decisiones, negocian significados y establecen acuerdos sobre la validez
y la legitimidad de las prácticas y los discursos.


La población
        Tanto en la investigación central como en el presente trabajo, para captar las
desigualdades socioeconómicas y culturales del grupo elegimos seguir a Torrado v
(1993), en la delimitación empírica de las Categorías Socio-Ocupacionales (CSO). De
esa forma encontramos que en toda la población, tomando en cuenta el grupo familiar
de origen de las jóvenes y el grupo familiar de origen de sus parejas, predomina un alto
componente de “trabajo informal”vi. Esto, está claramente presente en los dos grupos
relevados, el que se atiende en el hospital vii y en el del centro de salud viii ; aunque
adquiere, en cada uno, configuraciones distintas por las características institucionales y
por la localización geográfica.
        En el caso del Centro de Salud municipal, localizado en la zona portuaria, gran
parte de la población de todos los estratos se encuentra vinculada a la actividad
pesquera, tanto en su faz extractiva como a la de procesamiento industrial, en forma
directa o indirecta.ix Al tratarse de una actividad estacional ya de por sí, la organización
del trabajo (tanto asalariado como autónomo) está condicionada por altibajos habituales
en el nivel de empleo. Esta situación se potencia con períodos de mayor o menor
incidencia de la “informalidad”, vinculada sobre todo al procesamiento en
establecimientos clandestinos que trabajan con personal en negro y que, por lo tanto, no
tienen cobertura social. En los períodos de trabajo asalariado pueden acceder a los
servicios de las obras sociales pero, según lo que hemos podido registrar, la
inestabilidad de la cobertura hace que las adolescentes prefieran, por ejemplo en el caso
de la atención del embarazo, asistir al centro de salud. Pero, si les es posible, esas
mismas mujeres prefieren atenderse el parto a través de la obra social, para lo cual es
necesario permanecer todavía a cargo de alguno de sus padres. Esto se pone en
evidencia, entre los quince varones entrevistados, de manera tal que, sólo uno, de veinte
años y trabajo asalariado en una fábrica tenía la posibilidad de proveer de obra social a
su pareja, pero, al no estar casados, la joven no podía acceder al beneficio.
       Tomando en cuenta las parejas, cuarenta y cinco, de las cincuenta y una
adolescentes de la investigación centralx, indagamos que aproximadamente el 60 % de
esos jóvenes mantenían relaciones ocupacionales con familiares. Esto actúa facilitando
el ingreso de las generaciones más jóvenes a la Población Económicamente Activa



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(PEA). Así también, en la muestra de quince jóvenes entrevistados en profundidad
predomina un porcentaje similar. Pero, los que tienen esa posibilidad, de contar con el
elemento facilitador de la familia para el ingreso a cualquier actividad productiva, sólo
lo pueden hacer a partir de los niveles más bajos, lo que implica remuneraciones que no
alcanzan para la subsistencia totalmente independiente.
               En relación directa con esta situación económica estructural, está el
fenómeno relativamente nuevo que en el lenguaje común se conoce como “pareja con
cama afuera”, y en términos más técnicos “pareja no conviviente”. Este fenómeno, que
se enmarca en las nuevas formas de familia, en la actualidad se presenta en parejas de
todas las edades y niveles sociales, pero en nuestra población tiene directa relación con
los recursos económicos y más específicamente los habitacionales. Aproximadamente
un cuarto del total (cuarenta y cinco) de los jóvenes que manifiestan estar en pareja se
hallan en parejas en las que cada uno de ellos continúa viviendo con sus respectivas
familias, esto se plantea como una estrategia para distribuir los gastos y para evitar los
costos de la constitución de un nuevo hogar. La tendencia observada es que, si la pareja
permanece, el nacimiento del hijo representa un estímulo para llegar a la convivencia,
pero esa convivencia cuando se concreta es, en general, con algún familiar, es decir, en
situación dependencia.
                Se hace imprescindible aclarar que el grupo de adolescentes
embarazadas que pueden definirse como de alta vulnerabilidad social xi se encuentra
poco representado pues son las que llegan muy tardíamente a la consulta, generalmente
cuando falta muy poco para el parto y sin haber hecho ninguna consulta previa de
atención del embarazo. La mayoría refiere saber que “para tener el bebé hay que ir al
hospital” y no a la salita. No hay conocimiento ni demanda de las prácticas rutinarias o
menores durante el embarazo, como por ejemplo la vacunación. Representan un
pequeño grupo en la muestra, por más que hay alta incidencia de embarazo adolescente
entre ellas. Basándonos en los casos que hemos podido seguir en la investigación
central, se puede decir que la ausencia del varón es casi una constante y es, a la vez, uno
de los factores que ayuda a construir la situación de vulnerabilidad socialxii.


Principales resultados
En función de lo expuesto en último término se entiende por qué los varones
entrevistados que estuvieron presentes durante la atención prenatal no pertenecen al
sector más marginal. Esto, además, guarda consistencia con la apreciación que realizan
ginecólogos, obstetras y pediatras: la participación del varón en el ámbito de la consulta
médica aumenta con el estrato social y el nivel educativo. Todos los profesionales del
equipo de saludxiii de las instituciones donde trabajamos coinciden en que, en la práctica
privada de las clínicas o consultorios particulares, la presencia y participación del varón
es mucho más acentuada y ya está incorporada a las rutinas de atención.
       Otros hallazgos nos hablan de la coexistencia entre los varones de distintas
representaciones que podrían ordenarse en un continuo, desde los que consideran que el
embarazo y su atención son exclusivos del ámbito de lo femenino hasta quienes
discuten el lugar secundario otorgado que se les otorga en el seguimiento de la
gestación. Entre los primeros, sólo uno de los quince jóvenes entrevistados (de
veinticuatro años) definió al embarazo como algo primordialmente femenino, pero no




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excluyó su responsabilidad en él, sino que definía su papel como: “yo la tengo que
cuidar a ella, para que haga sus cosas” .
        Al profundizar la entrevista, pudimos captar que en este joven estaba muy
presente la imagen del padre tradicional como proveedor, pero desentendido de las
cuestiones operativas del embarazo y la crianza, que eran identificadas como de la
órbita de la mujer.
       Resulta ilustrativo en este punto detenernos un momento a explicar las distintas
formas de ingreso del varón a la consulta, por ejemplo en el caso que relatamos antes,
cuando el médico interroga a la adolescente acerca de cómo vino, ella menciona que su
pareja la acompañó y está afuera, ante esto el profesional con total espontaneidad
exclama “¡pero!!!!…..decile que pase, él es el padre”.
        Hay unanimidad total en los equipos de salud con los que trabajamos en facilitar
la introducción del varón en la consulta, cuando esta no se concreta pudimos ver que se
debe más a situaciones que tienen que ver con las prácticas y con lo operativo xiv y no
con las creencias que sostienen los profesionales.
        Entonces, el ingreso espontáneo del varón acompañando a la adolescente ya nos
da un indicio acerca de su posición respecto de la atención. Indagando sobre esto, nueve
de los varones manifestaron que no dudaron en que les correspondía entrar, cinco
expresaron que aunque querían hacerlo y consideraban que era adecuado, tenían miedo
que no se correspondiera con las normas de la institución (en especial en el caso del
hospital) por lo tanto sólo entraron cuando fueron llamados. Sólo el varón del ejemplo
refirió que creía que la consulta no era un ámbito para el hombre: “…..por si la tiene
que revisar y todo eso……”
        Podríamos asociar las formas más directas y activas de participación con los
nueve padres que entraron espontáneamente y luego con los otros cinco que, después de
la introducción de la primera vez, ingresaban directamente al consultorio. Consideramos
significativos la realización de comentarios y preguntas a lo largo de la consulta, como
así también la fluidez en el trato y la posibilidad de explayarse en otros temas, se trate
tanto del campo de la salud como de otros tópicos.
        En relación con esto, resultó demostrativa para la construcción del conocimiento
autorizado la posición de los varones que, en casi todos los casos tendían mediante su
participación a reafirmar y legitimar el saber médico. Esto se ponía particularmente en
evidencia cuando en el espacio de la consulta aparecían referencias a saberes y prácticas
acerca de la salud y, en particular sobre el embarazo, que no pertenecen al modelo
médico y que generalmente se vehiculizan a través de las mujeres mayores de la
comunidad, como son las madres, suegras, abuelas y tías.
       Si aparecían confrontaciones entre
       “…mi mamá me dijo que me lavara con malva…”
       el varón que decía
       “….yo le dije que no anduviera haciendo esas cosas, que aunque sea
viniera a preguntarle….”




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        era el médico quien terciaba a favor de la inclusión o corrección diplomática de
alguna práctica errónea con el claro objetivo de no aparecer como beligerante o
descalificador hacia los saberes considerados populares.
        De esta forma los profesionales de los equipos de salud con los que nos tocó
trabajar promueven continuamente prácticas de inclusión que no cuentan con el apoyo
institucional, sino más bien, contradicen las políticas institucionales. Un punto en el
que esto se hace visible, y nos atrevemos a decir, que adquiere su máxima expresión, es
la cuestión de las ecografías y los monitoreos.
       En la práctica médica privada el gran espacio de inclusión del varón se realiza
alrededor de las ecografías, lo que nos habla, además, del profundo impacto de la
tecnología sobre los aspectos relacionales.        Los relatos de todos los actores
(profesionales o pacientes) coinciden en asignar un importante peso simbólico a “….ver
al bebé…”.
        Al consultorio privado suelen asistir maridos, abuelas e hijos menores y para el
resto de los familiares y amigos se cuenta con el video que se repite en casa cuantas
veces sea necesario. Podemos anticipar que se están constituyendo rituales alrededor de
estas prácticas, sin embargo en el caso de la atención pública no se cuenta con equipos
de última generación y en general no los tiene el obstetra y/o ginecólogo en su
consultorio sino que se debe sacar un turno aparte, que siempre se demora y que
depende de un servicio más general de diagnóstico por imágenes, que no se mueve al
ritmo de la atención prenatal sino al del resto de las patologías.
        En ese contexto los varones suelen negociar con los médicos los turnos para las
ecografías y/o monitoreos de modo tal de poder estar presentes. De las cuarenta y cinco
parejas, treinta y nueve estuvieron presentes por lo menos en una ecografía, de los
quince trabajados en profundidad sólo dos no pudieron asistir a ninguna porque tenían
estrictas limitaciones laborales.
       Las razones para querer estar durante las ecografías se centran todas en el bebé,
sólo en forma muy secundaria algunos mencionan el acompañamiento a la madre, un
joven de 17 años nos dijo con seguridad: “….quiero conocer a mi hijo…”
       La generalidad de las respuestas apuntaban a rescatar el momento de la primera
ecografía como el momento en que el hijo se corporiza, nos arriesgamos a decir que se
trata de una suerte de “bautismo social”o de “nacimiento virtual”, momento que
muchos de los jóvenes señalan como del verdadero reconocimiento de su paternidad
       “…yo lo miraba y decía eso es mío, … tiene deditos…”
      “…la mujer lo siente desde el primer momento, hasta que la panza crece no te
das mucha cuenta, pero cuando lo ves tan clarito, y ahí sí …”
       Nos comentaba una médica de otra sala municipal, de un barrio más periférico
que el que nosotros investigamos, que se considera afortunada porque cuenta con un
ecógrafo en su consultorio, en relación con esto nos decía:
      “….especialmente con las adolescentes, se me vienen todos a ver la
ecografía, parece una romería, vienen los tíos, que a veces tienen 15 años
como ellas…..el otro día tuve ocho en el consultorio….”




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       Aquí también, como ocurrió en la investigación central respecto de las
adolescentes y la toma de decisiones, la forma que toma la participación del varón en la
atención prenatal está condicionada por las representaciones que tengan acerca de la
paternidad.
        Aun al interior del grupo de quince padres, (recordemos que sus edades eran
entre diecisiete y veintiséis años), pudimos establecer diferencias entre los grupos de
edad. Los más jóvenes, de diecisiete y dieciocho años ponían en evidencia en los
distintos momentos de la consulta actitudes que podrían ser consideradas más
“femeninas” o maternales, es decir que se alejan del modelo tradicional de paternidad.
       En varios de los casos investigados estuvimos presentes en la consulta posterior
al parto, en donde se revisan los puntos de la episiotomía y se indica generalmente
anticoncepción oral, los varones entonces son los encargados de llevar al bebé en los
“repollitos” mientras el médico revisa a la madre; observamos en casi todos los casos
que ellos prodigan mimos y besos al bebé y lo muestran a las asistentes y enfermeras
del consultorio las que legitiman con sus elogios la actitud paternal del joven. En este
juego de interrelaciones se construye una nueva forma de paternidad que cuestiona los
modelos tradicionales vigentes.



Conclusiones
        Más allá de los hallazgos específicos, nos interesa resaltar la evidencia de
diferencias significativas al interior del género y de la clase de edad, lo que cuestiona
los estereotipos vigentes, por ejemplo, los que refieren a los adolescentes, tanto varones
como mujeres, como sujetos irresponsables, inmaduros e incapaces de hacerse cargo del
cuidado de su hijo y permite ratificar que es válida la implementación de la perspectiva
del actor siempre y cuando consideremos un enfoque relacional que pueda dar cuenta de
las condiciones de desigualdad y diferencia que se expresan no sólo a través de los
diferentes actores sino, sobre todo a través de las relaciones construidas entre los
mismos.
        Así también, los modelos institucionales que rigen la atención no dan lugar
fácilmente a la inclusión del varón en las prácticas que tienen que ver con la atención
del embarazo y que se continúan con el parto. Queda librado al voluntarismo de los
miembros del equipo de salud el hacer visible la presencia del varón, desde el momento
mismo de completar la historia clínica hasta la culminación del seguimiento. Con esto
queremos decir que más allá de la disposición positiva a participar registrada en los
varones, la última palabra que efectiviza la inclusión sigue estando en poder del equipo,
particularmente el médico y su asistente, esto es evidencia de la asimetría que todavía
permanece al interior del modelo médico y que a su vez se ratifica en la continua
necesidad de negociación de espacios de decisión que deben llevar adelante los
adolescentes en las instituciones públicas de atención de la salud.




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Notas

i
  OPS, OMS, UNICEF, UNESCO, BM, CEPAL, etc.
ii
    Estimación sobre los datos proporcionados por el Servicio de Estadística del Hospital
Interzonal Especializado Materno Infantil (HIEMI), Centro de Cómputos. Aclaramos
que el Programa estadístico con que se maneja la institución tiene como objetivo
recoger los datos de atención del servicio, no los de la población; por lo tanto la división
de la población en grupos etarios de 10 a 14 y 15 a 24 años dificulta el análisis que nos
hubiera interesado.
iii
     Consultorio de Ginecología Infanto Juvenil del Hospital Interzonal Especializado
Materno Infantil (HIEMI) y un consultorio de ginecología de un Centro de Salud
Municipal ubicado en la zona portuaria. La elección del hospital no admite discusiones,
pues es el que canaliza toda la atención de las embarazadas del sector público en el
momento del parto, en la ciudad de Mar del Plata y sus alrededores
iv
    Jordan (1977) mostró a través del análisis de los cuidados perinatales y el parto en
cuatro culturas, el proceso a través del cual la autoridad biomédica sobre el campo
reproductivo es socialmente construida, puesta en juego y reforzada. Para este propósito
acuña el concepto de “conocimiento autorizado” el que define como las reglas que
alcanzan más peso que otras “ya sea porque explican mejor el estado del mundo para los
fines inmediatos (eficacia) o porque están asociados con fuertes poderes estructurales
(superioridad estructural), y a veces por ambas razones”. Jordan plantea que en
escenarios no jerárquicos los individuos eligen entre diversos grupos de reglas
igualmente legitimadas o formas de conocimiento. En situaciones de desigualdad
estructural, sin embargo, un juego de reglas o formas de conocimiento a menudo
adquiere autoridad, devaluando y deslegitimando otras.
v
    Seguimos a Torrado en la forma de agrupar las diversas CSO para constituir un
“estrato social” porque tiene en cuenta aspectos simbólicos de dichos colectivos en
nuestra cultura, sin dejar de lado una sólida validación empírica, aun en las diferencias
dentro de cada clase social como son los estratos “autónomo” y “asalariado”.
vi
     Se consideran posiciones ocupacionales “informales” aquellas que ocupan los
asalariados precarios y los trabajadores marginales.
vii
     Estrato Medio 14%; Obrero Cal. 51%; Obrero No Cal. 15%; Trabj. Marg. 20%.
viii
     Estrato Medio 16%; Obrero Cal. 60%; Obrero No Cal. 13%; Trabj. Marg. 11.
ix
    Encontramos toda una serie de actividades técnicas que necesitan de menor o mayor
calificación según los casos, y que también dependen de la pesca directa o
indirectamente, por ejemplo: soldadura, pintura, reparación de artes de pesca, mecánica
diesel, frigoríficos, etc., en la que se desempeñan en general pequeños cuentapropistas.
x
    Sólo seis no tenían pareja.
xi
    En la investigación central, Mogensen (2000) las caracterizamos como el grupo de
“indefensión aprendida” retomando un concepto de Seligman.
xii
     Todos los casos pertenecen al sector marginal y no completaron el EGB 2, todas las
que se identificaron como analfabetas o que sólo saben leer y escribir pertenecen a este
grupo, en muchos de los casos, además, está presente el desamparo o abuso. En general
residen en los barrios más pobres de la ciudad, son migrantes recientes o hijas de
migrantes. Es el grupo más desfavorecido en la distribución del capital material y
cultural. La trayectoria de todas estas jóvenes está marcada por la fractura de los
vínculos primarios (sea por sesión, abandono o abuso) que suele concluir en la
institucionalización. Esta historia condiciona a su vez una relación casi inexistente con



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las formas institucionalizadas de atención de la salud, la mayoría no recuerda cuando
recibió atención médica antes del embarazo y si la recibió se debió a algún episodio
agudo, que en sí mismo no aportó a la construcción del conocimiento incorporado sobre
el cuidado de la salud.
xiii
     Psicólogas, terapistas ocupacionales, trabajadoras sociales, fonoaudiólogas, etc.,
aclaramos que nos referimos en género femenino porque en ambas instituciones, casi la
totalidad de los miembros del equipo no médico está compuesto por mujeres.
xiv
     Excesiva lista de pacientes, alguna embarazada descompuesta en el consultorio
contiguo, presencia de los visitadores médicos o algunas intromisión ocasional que
perturba el hilo de la consulta.




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