EL USO DE LA ESCRITURA

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					EL USO DE LA ESCRITURA: ORALIDAD, LITERACIDAD Y LITERATURA

                                                                      Miguel Ángel HUAMÁN
                                                                    Universidad de San Marcos

       Al leer estas palabras, estimados oyentes, están participando de una de las maravillas del mundo.
       Porque ustedes y yo pertenecemos a una especie con una extraordinaria capacidad: podemos
       suscitar acontecimientos en los cerebros de los demás con una precisión exquisita. Ello es
       posible por una capacidad especial: la del lenguaje. Simplemente con traducir marcas gráficas en
       sonido o al emitir ruidos con la boca, podemos, con seguridad, hacer que surjan nuevas y
       precisas combinaciones de ideas en la mente de los demás. Esta capacidad se da de manera tan
       natural que tendemos a olvidar lo milagroso que es (Pinker, 1995).

Para algunos investigadores de la neurociencia, el lenguaje es una respuesta evolutiva
de nuestra especie, que le permitió imponerse por selección natural a su entorno hasta
lograr adaptarlo a sus necesidades. Fue un salto extraordinario el realizado por el ser
humano, e implicó una radical transformación del proceso seguido previamente en la
naturaleza. El homo sapiens no modificó su biología para optimizar su desempeño en el
medio, sino que adaptó ciertas funciones fisiológicas que, al permitirle incrementar
cualitativamente su memoria, le posibilitaron anticipar los cambios del entorno y por
ende aprovecharlos en su beneficio. El lenguaje, como memoria no genética, amplió
radicalmente sus posibilidades de sobrevivencia y se hizo consustancial a su propia
existencia. El extraño y misterioso mecanismo que le dio origen, arraigado en su ADN,
simplemente por reiteración y éxito, se volvió familiar, cotidiano, invisible.

El objetivo de esta exposición es compartir una reflexión en torno al papel del uso de la
escritura por los individuos en formaciones sociales como la nuestra. Como muchos
lingüistas, biólogos, paleontólogos y psicólogos, que aceptan de manera unánime que el
lenguaje forma parte del arsenal genético del ser humano del que cada una de las
lenguas es una realización, consideramos que su aparición, a pesar de permitir un salto
evolutivo, implicó la atrofia de otras respuestas latentes en el ser humano. Formas de
comunicación emocional, de inteligencia afectiva o de intuición trascendente que se
truncaron como posibilidad, pero que subyacen de modo larvario en nuestra estructura
cognitiva.

Evidentemente, esta idea no impide reconocer que el lenguaje articulado permite al ser
humano no sólo ampliar su memoria no genética y construir instrumentos inimaginables
para transformar su entorno, sino la posibilidad de la creatividad interactiva y el
gregarismo activo. De hecho, la humanidad parece definida precisamente por dicha
facultad.

               “[Sin embargo] si su naturaleza hace del ser humano un hablante, ella
               no lo convierte inmediatamente en un escritor o en un lector. La
               escritura es una invención, un producto del intelecto humano, un logro
               civilizatorio que se adquiere mediante un entrenamiento específico:
               ningún niño aprende a escribir del mismo modo que aprende a hablar. El
               lenguaje (y su realización en una lengua natural) es primero,
               filogenética y ontogenéticamente, mientras que la escritura es una
               tecnología” (Pérez: 2004, 146).
En tal sentido, a despecho de su doble familiaridad e invisibilidad, la escritura
constituye una segunda gran revolución para la humanidad. Nos interesa indagar sobre
su naturaleza como tecnología y su incidencia en la cultura humana, más aún cuando
vivimos, de la mano de la informática y la digitalización, un cambio radical en ella.
Dada la complejidad del objeto de nuestro interés y la ingente información existente en
diversas áreas disciplinarias, hemos optado por hacer una cala y analizar a través de
breves textos algunos aspectos de este problema en el marco de nuestra sociedad
peruana y latinoamericana. Nos parece fundamental, frente al incremento de la
violencia, a la crisis de la educación, a la ausencia de valores y a la transformación
acelerada de nuestros modos de vida, el interrogarnos críticamente sobre la manera
como los sistemas de escritura logran sus fines de comunicación.

Por razones de tiempo, nuestra presentación tendrá la apariencia de un comentario de
textos más que un análisis del discurso propiamente dicho. En realidad cada caso nos
servirá de pretexto para ofrecer a manera de glosa no sólo una evaluación crítica de
diversos usos de la escritura, sino para ofrecer sintéticamente, a través de glosas de
diversos especialistas, un somero panorama del estado de la cuestión sobre el tema,
cuya exposición sistemática y exhaustiva resulta teórica y prácticamente imposible
dentro de los límites temporales y espaciales de un certamen académico como este.

A lo largo de la historia de la humanidad, ciertos periodos de inestabilidad o transición
en nuestro universo de sentido o semiosfera han alterado nuestra apreciación del
lenguaje como un fenómeno comunicativo familiar. Entonces, los seres humanos hemos
cuestionado la naturalidad o espontaneidad con que consideramos o conceptuamos
nuestra lengua e indagado en su enigmática estructura. En diversas narrativas sociales,
se acumuló un vasto corpus de reflexiones en torno a la palabra articulada y, cuando la
escritura como tecnología se impuso, su tradición cultural permitió el análisis y la
discusión sobre dichas reflexiones. Surge así el conocimiento del fenómeno verbal
como disciplina o las llamadas ciencias del lenguaje.

La lingüística tradicional se limitó al descubrimiento del código de la comunicación de
una determinada comunidad hablante, pero dejó de lado una serie de aspectos que
atañen a las situaciones culturales y sociales que pueden definir el carácter, la identidad,
del cuerpo social que usa esa lengua. Desde hace varias décadas, han surgido nuevas
disciplinas y enfoques interdisciplinarios que se vuelcan hacia el rico laboratorio de
lenguas y situaciones sociales apenas estudiadas. Varias de ellas asumen como objeto de
investigación y estudio aquello que constituye el ámbito de la escritura.

Los estudios sociales y humanísticos, y dentro de ellos específicamente los literarios,
han trasladado el énfasis puesto en los medios y modos de producción para explicar la
historia humana a los medios y modos de comunicación. En ese contexto, destaca la
problemática de la interrelación entre lo oral y lo escrito. El vínculo entre las fuerzas
socio-económicas y las fuerzas alfabético-tecnológicas ha precisado un innovador
espacio transdisciplinario de reflexión crítica, en torno a los efectos de la escritura en la
organización de la sociedad.

Sin embargo, estas investigaciones han surgido desde el proceso de expansión y
hegemonía de la cultura moderna occidental y poco, o casi nada, se ha estudiado el
proceso en formaciones sociales como la peruana. De manera que sus aspectos
diferenciales y peculiaridades están todavía por descubrirse. Con dicha intención,
veamos el primer texto tomado de un informe sobre la educación rural en el Perú
(Fundación Inca Kola/Ins. Apoyo: 2005):

       Coento

       Danel patea perro estanmoriento perro
       estan potato al mayagueato
       cometo gallinaso
       papá saento mote al mata venado
       conmo chipal este crate venado
       esta pinito en so casa chepato primo
       pamo ayotal venado crate venado

Se trata de un texto redactado por un niño de la comunidad Chayahuita, del distrito de
Balsa Puerto, en el Departamento de Loreto. El niño cursaba el sexto grado de primaria
y había sido educado durante toda su vida en el idioma castellano. Entregó dicha
composición, convencido del éxito de sus líneas, a una investigadora del Ministerio de
Educación de visita por un trabajo de campo por esa zona. Al principio, la investigadora
y su equipo pensaron que estaba escrito en el idioma nativo del niño pero fue grande su
sorpresa cuando lo analizaron y descubrieron que ese era el castellano que el pequeño
había “aprendido” a lo largo de los seis años que había asistido a la escuela.

En realidad, lo que el niño creyó haber escrito era lo siguiente:

       Cuento

       Daniel patea al perro (porque el perro lo está
       mordiendo). Están botando al….(¿mayagueato?)
       que está comiendo a su gallinazo.
       El papá está saliendo al monte a matar venado.
       Cómo chapar ese venado grande.
       Ha ido a su casa y ha llamado:
       primo, vamos allá está el venado, un venado grande.

Es frecuente oír comentarios en torno a la crisis de la educación nacional. Los reclamos
insisten en la necesidad de ampliar la cobertura de la enseñanza escolar, en mejorar la
infraestructura, en capacitar al maestro y en otros aspectos que, sin duda, requieren una
pronta atención. Sin embargo, pocas opiniones críticas inciden en la deficiente calidad
de la enseñanza que se imparte o en el hecho grave de que muchos niños fracasan en su
intento de adquirir competencias básicas en la escuela.

Evidentemente, este primer texto nos permite deducir que el maestro en ese colegio de
la selva les enseña a los niños el castellano que él conoce y maneja. Un dialecto que
fonéticamente pronuncia los fonemas del español en conformidad con su lengua nativa
y que le sirve para el contacto o la interacción básica con las personas occidentales que
esporádicamente pasan por su comunidad. Asimismo, cumple su labor de alfabetización
al instruirlos para que escriban dicho castellano. De este modo, el aprendizaje de la
escritura para los niños deviene una operación mecánica que no altera su relación de
identidad con su lengua materna, la que sigue siendo ágrafa en la medida de que no es
reconocida como pasible de ser escrita.
Nos damos cuenta de que, en general, el profesor de castellano no enseña gramática ni
sintaxis, mucho menos la escritura como tecnología comunicativa aplicable a una
lengua nativa y entorno socio-cultural. El docente del sistema educativo instruye en
prácticas discursivas de la cultura hegemónica que difieren sustantivamente de las
prácticas y valores de identidad de la comunidad marginal. Por ende, es un instrumento
de visiones del mundo de grupos sociales o culturales ajenos, un promotor de la
dominación y de la pérdida de identidades o de la eliminación de la diversidad cultural.
La enseñanza de la escritura se asume como parte del protocolo de la dominación y
convive sin alterar la matriz oral de las culturas nativas.

Este caso nos presenta una escritura que se convierte en terreno para la manifestación de
una oralidad actuante propia de una cultura oral. Es lo que podríamos llamar una
oralidad que ingresa a la escritura y se manifiesta como tal en ese nuevo terreno; es
decir, nos encontramos ante un caso de oralidad escrita. A pesar de asistir a la escuela,
el niño manifiesta un analfabetismo funcional o una condición de sujeto marginalmente
letrado. Este uso de la oralidad en el terreno de la escritura nos permite extraer una
primera y contundente conclusión: escribir es poder. La lengua dominante pretende
lograr la homogeneidad del cuerpo social a través de la escritura, esta niega las
diferencias y se propone como la única vía de acceso al poder. Las comunidades
subordinadas cultural o socialmente enfrentan la imposición del castellano y la escritura
como un nuevo protocolo que deben cumplir, ajeno a sus necesidades comunicativas
endógenas.

Si la historia de la invasión española se inició con el signo de la incomunicación, el caso
muestra que esta continúa y que la gran deuda por la imposición diglósica del castellano
(minoritario) sobre lenguas nativas (mayoritarias) no sólo aún persiste, sino que se ha
agravado al imponer una tecnología comunicativa ajena a una realidad socio-cultural
esencialmente oral. La ciudad letrada extiende su control y dominación a los espacios
más apartados del territorio nacional a través de la escritura. Las campañas de
alfabetización enmascaran una política de exclusión y dominación. Esta apreciación es
confirmada por el Informe Comisión de la Verdad y Reconciliación, que precisa que el
mayor porcentaje de las víctimas de la violencia terrorista de Sendero y el Estado han
sido quechua-hablantes; es decir, sujetos de culturas de tradición oral y ajenas a las
escritura o ágrafas.

Resulta evidente que el aprendizaje de la lectura y la escritura no supone un proceso
neutro, técnico y sencillo, sino todo lo contrario. La palabra escrita está asociada a
aspectos políticos, históricos y culturales, y se imbrica con relaciones de poder y
prácticas de dominación.

Veamos un segundo texto:

       hl:
       Stoy n ksa. Dwn en mi hab. En kma x pdo
       Kte? Tad. Dnd nos vmos? fin d smn.
       A q hr qdmos? Cntsta mi msj o yamm

       tqm
Esta escritura requiere, nuevamente, de una versión normalizada para su comprensión.
Esta es la siguiente:

       Hola:

       Estoy en casa, deprimido en mi habitación. En cama por la borrachera.
       ¿Qué tal estás? Te amo demasiado. ¿Dónde nos vemos el fin de semana?
       ¿A qué hora quedamos? Contesta mi mensaje o llámame.

       Te quiero mucho.

Se trata de un texto escrito por un joven en MNS o Messenger (programa de mensajería
de textos en Internet). Apreciamos una oralidad que viene de la escritura. Las exigencias
de velocidad implican cambios en lo escrito acordes con restricciones de espacio y
tiempo. Se trata de una escritura oral porque los jóvenes que usan internet son letrados
pero el chat los hace interactuar oralmente. Este caso en realidad se define como de uso
de la literacidad, término que explicaremos a continuación.

Con el término literacidad se hace referencia a la capacidad de leer y escribir, es decir,
de hacer uso de la palabra escrita para expresarse, comunicarse, obtener y producir
información. Proviene del campo de los Nuevos Estudios de Escritura (New Literacy
Studies) y cuyo vocablo inglés (literacy) que le da origen literalmente se puede traducir
como “alfabetización”, pero dicha acepción está demasiado asociada a la enseñanza
formal de la lengua dominante como para expresar el choque cultural que subyace en
países o experiencias de frontera en el uso de la escritura. El término alfabetización,
también usado para traducirlo, restringe su significado al aspecto mecánico y técnico de
la manipulación del código, mientras que lo que se pretende resaltar es una práctica
social o un uso de la escritura por los sujetos en diversos contextos socioculturales. En
tal sentido el término literacidad recoge dicho sentido de uso de la escritura como
conocimiento de una tecnología comunicativa extraña o ajena a una cultura o práctica
oral.

De inmediato, nos percatamos que el texto reseñado y el término literacidad usado para
describirlo nos ubican ante nuevas interrogantes y reflexiones: ¿cuál es esa cultura a la
que está ajena el joven que usa Internet?, ¿a qué oralidad se alude?, ¿se trata de una
forma de resistencia social?

La aparición de la escritura fue una revolución tecnológica. Permitió reiterar mensaje
cuantas veces fuera necesario, y por tanto analizar su estructura y separar sus
componentes, con lo que se precisó su teleología, lo que dio origen a la separación
sujeto/objeto y al desarrollo metacognitivo. Por supuesto que también significó cierta
atrofia: pérdida del simultaneísmo de la cultura icónica, abandono de las rupturas
creativas propias de la transmisión oral, reducción de la multiplicidad de visiones en
favor del que escribe, pues éste impone un punto de vista.

El lenguaje escrito está más integrado sintácticamente que el habla y fomenta un
distanciamiento; por ello, se le atribuyen destrezas mentales superiores como el
pensamiento analítico, abstracto o lógico. Sin embargo, hay que entender el habla y la
escritura como un continuo, porque hay usos del lenguaje hablado y escrito que no se
encuadran exactamente en esta dicotomía. Entre ellos, podemos mencionar a las
conferencias, las cartas, la literatura y los relatos sociales o chistes. En cada uno de estos
casos se pone en evidencia que, más que una postura irreductible entre ambos polos,
existe una infinidad de posiciones intermedias que responde a las inevitables relaciones
que la oralidad establece con la escritura en el seno de las prácticas de interacción
comunicativa de una formación social.

Como hemos señalado en otro trabajo anterior, la aparición de lo informático y digital
constituye, en este terreno, un cambio cultural. Las nuevas formas de comunicación, que
la tecnología impulsa aceleradamente, permite el acceder información antes impensable,
desterritorializar la práctica de escritura, el manejo de una diversidad de lenguajes y el
priorizar el contacto interactivo. Todo ello conduce a atrofias peligrosas sostenidas en la
actitud pasiva y receptiva del usuario: la pérdida de la capacidad crítica, el
adormecimiento de la creatividad e innovación, el abandono de la solidaridad frente al
lenguaje y su uso.

Este uso de la literacidad, que el texto nos permite apreciar, deviene funcional a las
necesidades de la cultura dominante de crear en simultáneo escribientes acríticos y
sectores o élites pensantes. La capacidad de escribir no necesariamente conduce a un
dominio del pensamiento abstracto o analítico. Esto lo ha señalado atinadamente uno de
los más importantes investigadores del fenómeno: “La especialización de los escribas se
asocia con la autonomía relativa de la tradición escrita para potenciar la autonomía
estructural de las grandes organizaciones que tienden a desarrollar su propio corpus
literario y sus propios ámbitos de conocimiento especializado” (Goody: 1990, 208).

Veamos un tercer texto:

               Sara sarracena
               Sara puro seno
               cielo siciliano
               Sara Sara siria
               ¿Qué sino bebo en el Sena?
               ¡Qué cielo vivo en el Sahara!
               El Sara Sara sí, cima cincelada por mí
               Sara necesaria, Sara de Cesáreo
               Ciruela en zarzuela sigue y sube
               Sube sube hasta el ciprés
               Estrella ciempiés
               Tú sabes, siria
               Sigo tu signo, Sara; silbo tu salva
               Salto en tu selva, cieno amarillo
               Mi pajarillo
               Mi venadillo
               Sara Sara Sara
               Sara sarracena
               Sara puro seno.

El caso corresponde a un poema del escritor peruano Cesáreo Martínez. Los evidentes
rasgos orales de su registro poético obedecen a la intención manifiesta de construir un
juego verbal o fonológico como sustento del poema. Juego de palabras o verbal propio
del acto de habla y que se incorpora a la escritura con una intención evidentemente de
ruptura frente a una tradición poética en donde lo narrativo aparece como dominante. El
retornar a lo fonológico le otorga al texto su novedad y efecto crítico.

Martínez es un escritor de estirpe popular pero que innegablemente ha asumido la
escritura en forma canónica, como lo atestiguan sus diversos poemarios. Sin embargo,
hace uso de la oralidad dentro de la escritura poética para conseguir determinado
resultado o efecto en el lector. Esto nos permite afirmar que se trata de un caso
diferente: una escritura que usa la oralidad. Es decir, nos encontramos frente a la
escritura literaria y, en el marco de los ejemplos de uso del lenguaje, lo podemos
calificar atinadamente como de uso de la literatura que constituye un muy peculiar uso
de la escritura.

Es en el terreno de la escritura literaria donde se hace más evidente las múltiples
interrelaciones entre la oralidad y la escritura. La tradición literaria surge como un
espacio para el estudio del sistema de representaciones o ideología de la escritura
alfabética con el que los individuos y las instituciones de la escritura o de la cultura del
libro se relacionan con el discurso oral y los individuos e instituciones de la tradición
oral.

De conformidad con los más recientes estudios e investigaciones en este campo,
podemos concluir que las relaciones entre escritura y oralidad no son simplemente un
intercambio de características textuales o una dinámica de influencias culturales entre
dos sujetos que se excluyen y complementan, sino también una construcción cultural del
ámbito de la palabra hablada con la que la institución literaria (incluyendo la crítica
literaria y los estudios literarios académicos) ha querido representarse a sí misma a
partir de esta conceptualización. (Marcone: 1997, 24)

Veamos el siguiente texto:

       Hola: Raul estube esperando tu respuesta creo que estavas ocupado otal ves
       haya otras cosa, para mi es muy importante que conversemos yaque el proyecto
       en lo cual voy a necesitar tu ayuda se esta retrazando no se si me pudieras
       confirmar si haz recibido los correos para poder ir a visitar en San Marcos
       disculpa por la molestia pero espero que entiendas te estare muy agradecido
       Buena suerte y nos estamos comunicando

Este caso es un extracto o fragmento de un mensaje de Internet, cuya versión literal se
ha trascrito de un correo electrónico. Nos encontramos frente a una oralidad que usa la
escritura para sus fines comunicativos propios de la red. Los errores ortográficos y la
ausencia de signos de puntuación y acentuación nos hablan de una escritura usada como
técnica o mecanismo descontextualizado, es decir, una escritura acrítica que
precisamente se encuentra muy lejos de propiciar el pensamiento abstracto, analítico o
lógico. Este uso de la escritura nos pone ante la evidencia de que no todo lo letrado
conduce a una postura consciente y activa en la cultura dominante.

Asimismo, la idea misma de que existe una forma de intercambio e influencia entre
escritura y oralidad, y el subyacente presupuesto de que se encuentran en una relación
de oposición que cierta escritura habría perpetuado pero que otra estaría superando,
constituye el corazón de esta conceptualización y es parcialmente la base de la
reivindicación moderna y postmoderna de la oralidad. Operación de rescate o defensa
de un ámbito oral hecho desde la escritura. Falsa recuperación de un espacio al que se
ha injuriado, calumniado y marginado sólo para apropiarse de su posibilidad crítica.

No se puede negar que algunas personas logran beneficios individuales y sociales con la
adquisición de la escritura. Sin embargo, muchos estudios demuestran que las clases
oprimidas y los grupos étnicos marginales son aún más oprimidos y dominados por
efecto del aprendizaje de la escritura. Es decir, el tener acceso a la escritura y ser
parcialmente letrados no significa una variación radical de su condición de explotación
y dominación. Un mayor uso de la escritura no se relaciona directamente con una mayor
equidad y una mayor democracia ni con mejores condiciones de vida. La educación y la
alfabetización tiene por lo mismo dos caras: puede servir para liberar al hombre pero
también para perpetuar su control y dominación.

Veamos el siguiente texto:

       Siete años en barriadas, trabajando a veces, comiendo basura a veces. Nunca
       llorando. Tú, joven Hidalgo, has cambiado a tu Dios; aquí, con Él nos echan
       látigo; comunistas diciendo, a inocente matan. Ahí está San Pedro. Periódico de
       Lima estará diciendo “comunista quema iglesia, comunista mata ingeniero
       Cabrejos”. Comunista van decir de don Fermín.

Nos encontramos ante un fragmento de la novela Todas las sangres de José María
Arguedas. Corresponde al parlamento de un personaje central de dicha obra: Rendón
Willka. Éste representa en su habla a los sectores andinos que migran hacia la lengua
española para expresar en dicho terreno sus propias reivindicaciones. Se trata de una
escritura de la oralidad; es decir, del uso del uso de la oralidad que le permite a una
escritura crítica como la estético-literaria indagar sobre la naturaleza conflictiva de las
relaciones entre escritura y oralidad en el seno de nuestra formación social.

Este caso nos permite apreciar la capacidad del discurso literario para proyectar
imaginariamente el devenir de las prácticas comunicativas de una formación social. Ese
uso del uso de la oralidad que la ficción propone anticipa en varias décadas las prácticas
de escritura de los sectores populares. Los documentos escritos de diversos sujetos
subordinados explicitan dicha escritura a través de volantes, boletines, revistas,
propagandas para fiestas o actividades. Todo ese caudal del desempeño comunicativo de
dichas prácticas socio-culturales se ha movilizado sobre la escritura promovida en la
escuela y la educación.

En tal sentido, la escritura ha resultado un espacio de afirmación de prácticas
alternativas y no una simple tecnología de aplicación mecánica. Estudiarla como un
fenómeno complejo y plural, afincado en la actividad de los diversos sujetos que
conforman nuestra colectividad, es una de las tareas pendientes para las ciencias
sociales y humanas. Nuestra intervención en este certamen sólo ha pretendido despertar
el interés al respecto e invitar a otros investigadores al estudio de esta problemática.
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