Embed
Email

FIESTA DE JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE

Document Sample
FIESTA DE JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE
Shared by: HC1112100572
Categories
Tags
Stats
views:
9
posted:
12/9/2011
language:
pages:
13
FIESTA DE JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE

(Jueves después de Pentecostés – 31 mayo 2007)



TEMA DE REFLEXIÓN

Tema: Discípulos y misioneros de Jesucristo Sacerdote.

Lema: Para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida.

DINÁMICA:

El animador/a organiza el material según el tiempo de que disponga. Puede hacer

las tres partes de que consta esta dinámica o tomar solo dos.



1. En asamblea. Presentación de la V CELAM, el tema y su significado en la

Iglesia, en la Iglesia latinoamericana, especialmente en México y para la

Familia de la Cruz. Para esto tiene el Power Point y el texto que viene en

esta primera parte.



2. Trabajo personal, por binas o en grupos. Para llenar la ficha propiamente

dicha con la lectura y las hojas de trabajo. En esta parte se pone el acento

en el discipulado y el sacerdocio común del cristiano.

a) Trabajo personal: Lectura de los números del documento de

participación de la V CELAM y llenado de la ficha 1.

b) Trabajo en binas para llenar la ficha 2.

c) Encuentro en pequeños grupos para llenar la ficha 3.



3. En asamblea. El discipulado y el sacerdocio se viven en, para la Iglesia y el

mundo. Se hace un resumen de lo trabajado, lo cual introducirá la

connotación comunitaria del discipulado y del sacerdocio real. Concluye con

la lectura de Jn 14,21 y las preguntas que siguen al texto. Estas pueden ser

respondidas por todos en dialogo. Se termina con la oración del Padre

nuestro y la oración ahí propuesta.



DESARROLLO:

1. En asamblea



Oración:

“Padre, te damos gracias por el llamado que nos has hecho para seguir a tu Hijo

Jesucristo. Queremos pedirte que nos enseñes a descubrirlo presente en nuestra

vida, en especial, en la Palabra, en la Eucaristía y en el rostro de los más pobres.

Te pedimos también, que sigamos formándonos y capacitándonos en el proyecto

de anunciar tu Reino. Y muéstranos tus caminos, por donde tú quieres que

andemos, en esta hora de nuestra historia y de nuestra Iglesia.” Te lo pedimos por

Jesucristo Nuestro Señor...



Presentación de la V CELAM

(Se puede proyectar en este momento el Power Point de la V CELAM)

La Iglesia latinoamericana estará concluyendo, el jueves 31 de mayo del presente,

la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (V

CELAM), en la ciudad de Aparecida en Brasil. El tema de la Conferencia:

Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos, en Él,

tengan vida” (“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, Jn 14,6).

Este lema resume aspectos fundamentales que queremos asumir y motivar en la

vida de la Iglesia en nuestro continente, a saber:



1.1 Ser discípulo y misionero son elementos esenciales en la naturaleza propia del

cristiano. Se es cristiano porque, a través del bautismo y de la fe se sigue a Jesús, el

Señor (Mt 9,9). El creyente vive en y con la Iglesia, en una creciente configuración con

Cristo, como el apóstol pude decir: Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí

(Gal 2,20). Por esto el creyente da testimonio y anuncia a Cristo con la vida, las obras y

las palabras en un mundo que rechaza, cada vez más, una sólida referencia a la

trascendencia, a lo eterno y a la verdad.



1.2 Constatamos como en nuestro continente, una gran cantidad de hermanos y

hermanas bautizados viven y actúan al margen de Cristo, sin que el Evangelio marque su

vida, su pensamiento y su actuar. Igualmente, comprobamos el distanciamiento de

muchos hijos de la Iglesia de la vida íntima eclesial, sin experimentar una participación

efectiva de los sacramentos, sin valorar, practicar o realizar la justicia como virtud

cristiana, tal y como nos advierte el Evangelio: La luz brilló en las tinieblas, y las tinieblas

no la comprendieron. (Jn 1,5.9-11) y sin vivir el mandamiento supremo del amor como nos

lo recuerda el Santo Padre Benedicto XVI: El amor al prójimo enraizado en el amor a Dios

es ante todo una tarea para cada fiel... (Deus Caritas Est, 20).



1.3 Esta porción del rebaño de Cristo, desespiritualizado y sin los fundamentos básicos de

la doctrina cristiana, ha renunciado a incidir cristianamente de forma significativa en las

estructuras sociales, actuando a favor de la fraternidad, de la justicia, de la paz y en

contra de todas las dominaciones, esclavitudes, discriminaciones, violencias, atentados a

la libertad religiosa, agresiones contra el ser humano y cuanto atenta contra nuestra

dignidad en los distintos ambientes humanos, familiares, educativos, laborales, públicos y

privados. Ha renunciado a vivir el evangelio: Brille su luz entre los hombres, de modo que,

al ver sus buenas obras, glorifiquen a su Padre del cielo (Mt 5,16).



1.4 La V Conferencia del Episcopado Latinoamericano pretende llamar absolutamente a

todos los hijos de la Iglesia en este continente de la esperanza, a recapacitar y volver su

mirada a Cristo, por tanto, a testimoniar con alegría el único mensaje de salvación,

antiguo y siempre nuevo, del Evangelio de la vida y de la luz, de la esperanza y del amor.

(Cf. Juan Pablo II. Ángelus 5 enero 2003, 2). Hemos, pues, de volver la mirada a Cristo.

La vida cristiana no puede ser otra cosa sino seguimiento de Cristo pues, la fidelidad al

Señor garantiza la eficacia de nuestro testimonio personal y eclesial: no serán ustedes los

que hablen, sino el Espíritu de su Padre es el que hablará por ustedes (Mt 10,20).



1.5 En el contexto de esta V Conferencia, la Familia de la Cruz estamos celebrando la

fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote con el mismo lema: Discípulos y misioneros

de Jesucristo, con la connotación de Jesucristo Sacerdote. Así pues, desde Jesucristo

Sacerdote y nuestra incorporación al Él por nuestro sacerdocio bautismal queremos

celebrar esta fiesta en cada una de nuestras Iglesias particulares, no como una pequeña

comunidad aislada de las otras, sino plenamente injertados en el Cuerpo de Cristo. Como

discípulos y misioneros sabemos que sólo somos unos «pobres siervos» (Cf. Lc 17,10),

pero nuestro mayor gozo es servir al Señor y colaborar orgánica y fielmente dentro de la

misión encomendada por Cristo a su Iglesia (Cf. Ad gentes divinitus, 6).

2. Trabajo personal, en binas, o en pequeños grupos



HACERSE DISCÍPULAS Y DISCÍPULOS DE JESUCRISTO.





Objetivo: “Valorar nuestra vocación al discipulado -a la cual el Señor nos ha

llamado- y, comprometernos a vivir el seguimiento de Jesús, en clave misionera y

solidaria, a favor de nuestras comunidades”.



2.1 Lectura del Documento de Participación de la V CELAM:



41. En la Exhortación Apostólica Ecclesia in America el Papa Juan Pablo II

nos señaló que “el encuentro con Jesucristo vivo” (I) es el punto de partida de toda

acción pastoral. En el hoy de nuestra América (II), Él ilumina nuestra vida y todo

trabajo evangelizador.

Es así como la preparación a la V Conferencia General es una ocasión propicia

para hacer un profundo discernimiento acerca de la calidad de nuestra vida, de las

celebraciones litúrgicas, del trabajo catequético, de la acción social y solidaria,

preguntándonos si ellas conducen al encuentro vivo con Jesús, si lo celebran, si lo

prolongan y lo anuncian a quienes están lejos de Él o no lo conocen. Podremos

repasar nuestra vida personal y comunitaria a la luz de los encuentros con el

Señor en el Nuevo Testamento (n. 8s), que se prolongan en el tiempo de la Iglesia

(n. 10).

Recurramos a la riqueza mariana de nuestros pueblos, para encontrar a Jesús (n.

11) y descubramos los lugares de encuentro con Cristo (n. 12), conscientes de

buscarlo para convertirnos en discípulos y seguidores suyos.



44. Mientras mantenemos las grandes metas de las Conferencias Generales

anteriores con relación a la Nueva Evangelización, vemos necesario dar un paso

más y llegar con profundidad a la persona que se encuentra con el Señor, llegar

al sujeto que responderá a los grandes desafíos de nuestro tiempo. El

término discípulo, de gran riqueza bíblica, nos abre el camino evangélico y eclesial

para llegar a ese sujeto que se encuentra con Jesucristo vivo.



46. No es el discípulo quien escoge al Maestro. Siempre ha sido Jesús el que ha

llamado al discípulo y lo ha invitado a seguirle (cf. Mc 3, 13-19). La primera

experiencia del discípulo consiste en el llamado personal que le hace Jesús, y

en la voluntad de seguirle que nace en él y que lo mueve a dar su respuesta

creyente y amorosa, que lo lleva a configurarse con Él. Esta respuesta lo

vincula inmediatamente a una comunidad de fieles, en la que discierne luego

cuál es su misión en la Iglesia y en la Sociedad.



47. En efecto, Jesucristo es el que elige y llama (cf. Lc 6, 12-13). El discípulo

experimenta que la elección manifiesta gratuitamente el amor de predilección de

Dios. “Él nos amó primero” (1 Jn 4, 19). Esta elección amorosa da fuerzas al

discípulo para que pueda seguir a Cristo, conformar su vida con Él y ponerse a su

servicio para la misión.

48. La invitación de Jesús es personal: “Ven y sígueme” (Lc 18, 22). A los

suyos siempre los llama por su nombre (cf. Jn 10, 4). Algunas veces ocurre de

manera casi inmediata y se manifiesta con evidencia, pero la mayoría de las veces

acontece a través de las mediaciones eclesiales y de diversos acontecimientos de

la vida, contemplados a la luz de la fe.



49. La elección y llamada de Cristo pide oídos de discípulo (cf. Is 50, 4), es

decir, oídos atentos para escuchar y prontos para obedecer. En una sociedad

como la nuestra, donde las consignas más ruidosas van en una dirección opuesta

a escuchar y obedecer, el llamado de Cristo es una invitación a centrar toda

nuestra atención en Él, y a pedirle de corazón al Señor como Samuel “Habla, que

tu siervo escucha” (1 S 3,10), para percibir en lo profundo de nuestros corazones

la llamada que nos invita a seguirlo.



50. A la elección y llamada de Jesucristo el discípulo responde con toda su vida.

Se trata de una respuesta de amor a una llamada de amor. Estamos

“llamados… a la perfección de la caridad” (LG 40). Por eso la respuesta está lejos

de ser meramente intelectual. A la elección amorosa de Jesús, el discípulo

responde, por gracia de Dios, con la fidelidad hasta la cruz y el testimonio de la

Resurrección, al grado de estar dispuesto a dar la vida por los demás. Por eso, el

seguimiento y el testimonio hasta dar la vida son dos aspectos esenciales de la

respuesta del discípulo.



51. El discípulo entra en comunión de vida y de misión con Jesucristo. Es

una relación tan personal y estrecha, que Cristo la compara con la unión de los

sarmientos a la vid (cf. Jn 15, 1-17). Jesús llamó a los apóstoles “para que

estuvieran con Él” (Mc 3, 14); para que así “todos sean uno lo mismo que lo

somos tú y yo, Padre. Y que también ellos vivan unidos a nosotros” (Jn 17, 21).

Justamente en el amor de unos a otros se les reconocería como discípulos de

Cristo (cf. Jn 13, 35). Además declara su amistad con ellos: “Ustedes son mis

amigos” (Jn 15, 14). Con esta profunda amistad de vida, Jesús también implica a

“sus amigos” en su propia misión (cf. Jn 17, 18) y los envía a anunciar el Evangelio

a todos los pueblos.



52. Para que esa comunión con Él fuera cada vez más plena, Jesucristo se

entregó a sus discípulos como el Pan de vida eterna y los invitó en la Eucaristía a

participar de su Pascua. “Como el Padre que me envió posee la vida y yo vivo por

Él, así también, el que me coma vivirá por mí” (Jn 6, 57). Estas palabras se

constituyeron en una prueba para sus discípulos. Unos lo abandonaron (cf. Jn 6,

66). Pero, los que creyeron en Él permanecieron como discípulos suyos (cf. Jn 6,

68). Para sus discípulos Jesucristo es el Pan de vida. Las primeras

comunidades, fieles al mandato del Señor, se caracterizaban precisamente porque

“participaban en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2, 42).



53. Sus discípulos con frecuencia llaman Maestro al Señor. Le tienen una

profunda admiración, porque no les enseña como los fariseos, sino con sabiduría y

autoridad. Arde su corazón cuando les explica las profecías y las parábolas.

Además les enseña a vivir conforme a la voluntad del Padre con confianza filial,

encaminada a “participar así en la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rm 8,

21). De Él aprenden las bienaventuranzas, el camino de la Pascua y, en todo, la

sabiduría del Espíritu.

54. Como Sacerdote y Buen Pastor Jesús precede a sus discípulos y los

incorpora a su camino. Ser discípulo será entonces “ir detrás de” Jesús, para

aprender su nuevo estilo de vivir y de trabajar, de amar y de servir, y para adoptar

su manera de pensar, de sentir y de actuar, al punto de experimentar que “no soy

yo sino que es Cristo que vive en mí”. Este seguimiento incluye necesariamente el

camino de la cruz: “El que no carga con su cruz y viene detrás de mí, no puede ser

mi discípulo” (Lc 14, 27). Por eso, discípulo no es sinónimo de alumno. Discípulo

dice relación a una persona, en nuestro caso, a la persona de Jesucristo, cuyos

pasos el discípulo sigue sin reserva, por amor, asimilándose a su estilo de vida y a

su proyecto. Éste es el fundamento de la moral del discípulo.



55. Por lo tanto, la formación del discípulo de Jesucristo debe tener como

meta la identificación con Él hasta llegar a tener “los sentimientos que

corresponden a quienes están unidos a Cristo Jesús” (Flp 2, 5), como dice san

Pablo. Al interior de esta progresiva y honda identificación, el discípulo llega a un

conocimiento y una experiencia cada vez más profunda de su persona, y queda

sobrecogido por el amor y la misión de Jesús, que hace suya. Experimentando la

estrecha amistad de Cristo y con la ayuda de su gracia, el discípulo avanza por su

camino de santidad, por el cual madura su identidad y su misión. Así el discípulo

realiza “la plenitud de la vida cristiana y la perfección del amor” (LG 40). Lo hace

con la conciencia cierta de ser un peregrino, un ciudadano del cielo (cf. Flp 3, 20;

cf. Ef 2, 19), que anhelante busca gozar para siempre de “un cielo nuevo y una

nueva tierra” (Ap 21, 1).

Ficha 1

Trabajo personal





Reflexión:

En el contexto de la celebración de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote ser

discípulos de Cristo significa ser concientes de nuestra participación en su

sacerdocio por nuestro bautismo.





¿Qué es lo que me llama la atención de los textos leidos?









2. ¿Qué significa par mi ser discípulo/a? ¿Qué importancia tiene la llamada y

la respuesta?









3. ¿Cómo se va haciendo el discipulado?









4. ¿Qué significa, para ti, estar en comunión de vida y misión con Jesús?









5. En nuestras comunidades, ¿hay conciencia clara de lo que significa el

discipulado y la participación en el sacerdocio de Jesucristo que tenemos por

el bautismo?

Ficha 2

Trabajo en binas



Celebrar a Cristo Sumo y Eterno Sacerdote es un acontecimiento eclesial y por lo

tanto enmarcado en el proceso histórico de la Iglesia Latinoamericana y

diocesana.





1. ¿Qué esperan nuestras comunidades eclesiales de la V CELAM?









2. En nuestras comunidades, ¿se vive el discipulado como participación al

sacerdocio de Cristo? ¿O más bien, se viven prácticas religiosas?









3. ¿Cuáles son las principales fortalezas y debilidades de la vida cristiana en la

Iglesia?









4. ¿Qué comentarios o añadidos podemos hacerle, a los textos que hemos

leído, anteriormente?









5. ¿Cómo bautizados/as qué aportaremos a este movimiento eclesial, después

de la V CELAM?

Ficha 3

Trabajo en pequeños grupos



Compromiso:



El compromiso cristiano es personal, pero tiene su vivencia comunitaria. En

grupos busquemos cuál será nuestro compromiso comunitario y eclesial.



1. ¿Cómo podemos fortalecer la formación del discipulado – sacerdocio

común, en nuestras comunidades?









2. ¿Cuál es la misión que hoy debemos asumir y realizar los discípulos y

discípulas de Jesús?









Oración:



“Padre, agradecemos de nuevo la llamada que nos has hecho para ser discípulas

y discípulos de tu Hijo, para vivir en comunión con él, en comunión de vida y

misión. Somos conscientes de que aún nos falta mucho para llegar a ser lo que tú

esperas de nosotras/os y de nuestras comunidades. Y por eso, danos tu gracia

para saber responder a esa llamada y así, disponernos a vivir todo un proceso de

formación, que nos capacite para estar con tu pueblo y para realizar, junto con

ellos, la misión del anuncio del Reino”. Te lo pedimos Jesucristo Nuestro Señor.

Amén.

3. En asamblea



EL DISCIPULADO Y EL SACERDOCIO SE VIVEN EN Y PARA LA IGLESIA Y EL MUNDO



Cuando Jesucristo llama y elige a sus discípulos crea entre ellos la comunión

fraterna, una comunidad unida en Él. Sobre este cimiento crecen las piedras vivas,

que son los discípulos de Cristo y construyen la Iglesia, Cuerpo de Cristo,

sacerdocio común.

La comunión de vida del discípulo con Cristo, por el bautismo, lo hace miembro de

la Iglesia y partícipe de su sacerdocio. Esta comunión tiene su fuente y cumbre en

la Eucaristía. Por eso, es algo distintivo de los discípulos no poder vivir sin el

Domingo, sin la participación activa en la Misa dominical, en la que sienten la

necesidad de alimentarse de la Palabra y del Cuerpo y Sangre del Señor.

Por esta pertenencia, el discípulo, asume desde su sacerdocio real o ministerial la

edificación del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, para que ella crezca en el

mundo como “casa y escuela de comunión”, sabiendo que peregrina hacia el cielo,

y para que llegue a la madurez del Amor en Cristo, hasta que Él vuelva. Esta

vocación y misión del discípulo a la comunión es un don que se construye a través

de la diversidad y pluralidad de naciones, lenguas, razas, costumbres. Para el

discípulo las diferencias no dividen sino que enriquecen la unidad.

Es indispensable, por lo tanto, que el discípulo de Jesucristo se forme y participe

activamente en la vida de la comunidad parroquial y diocesana, según su propia

identidad, que viva su sacerdocio real, con un compromiso de vida y una

formación sólida y diferenciada, y que profundice en el misterio de comunión y

misión de la Iglesia.



Jn 17,21

Que todos sean uno.

Como tú, Padre, en mí y yo en ti,

que ellos también sean uno en nosotros,

para que el mundo crea que tú me has enviado.



Diálogo:

¿A qué nos llama Jesús?

¿Cómo es la relación de Jesús con su Padre?

¿Cómo se entrelazan el envío y la unidad?



Oración:

Con cuánta ternura, Jesús,

llamaste a tu comunidad: “Mi pequeño rebaño”.

Tú nos soñaste, como comunidad fraterna

que reconoce a tu Padre como también “nuestro”

al enviar a tus misioneros de dos en dos,

pensabas en un testimonio comunitario.

Tus primeras comunidades sorprendieron al mundo

por su equidad, su solidaridad, su alegría y su perdón.

Te pedimos Jesús, que podamos seguir siempre esas huellas,

muy unidos como Iglesia, en comunión profunda entre nosotros,

anticipando el gran amor de la eternidad.

Amén


Related docs
Other docs by HC1112100572
Evaluation
Views: 0  |  Downloads: 0
Formato
Views: 13  |  Downloads: 0
INSC
Views: 0  |  Downloads: 0
SECTION SF 30 BLOCK 14 CONTINUATION PAGE
Views: 0  |  Downloads: 0
Indiana Memory
Views: 0  |  Downloads: 0
KOD
Views: 444  |  Downloads: 0
ABSTRACT
Views: 26  |  Downloads: 0
To: Joseph M
Views: 0  |  Downloads: 0
By registering with docstoc.com you agree to our
privacy policy

You are almost ready to download!

You are almost ready to download!