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									HABLA NUESTRO PÁRROCO




          Al comenzar este Adviento te digo: Confía y espera.

         Al comenzar este Adviento te invito: Aprovecha las ofertas que nos mantienen “en
estado de misión”: Escuela de Oración, Vigilia de la Inmaculada, Celebración Penitencial,
Asambleas,...
            Al comenzar este Adviento te animo: sigue adelante, aportando lo mejor de ti mismo,
para ir haciendo realidad el sueño de Padre Dios sobre nuestra parroquia:
                         COMUNIÓN de comunidades para la MISIÓN,
                 al servicio y desde la perspectiva de los pobres y excluidos
                   LOS CUATRO PREFACIOS DEL ADVIENTO
                                Guía de teología y espiritualidad

                                                                                                   J. ALDAZÁBAL


      El tiempo de Adviento está dividido en dos partes bastante definidas. La primera, hasta el 16 de diciembre, y la
      segunda, del 17 al 24 de diciembre.
      Hasta el día 16 la perspectiva es más bien escatológica: los textos miran más allá de la Navidad, hacia la última
      manifestación del Señor, al final de los tiempos. Del 17 al 24, en la llamada “semana santa de la Navidad”, nos
      centramos en la preparación próxima de la celebración festiva de la Navidad .


Esta división se nota también en los prefacios:
– los prefacios I y III se van alternando en la primera parte del Adviento, hasta el día 16;
– los prefacios II y IV son propios de los días preparatorios de la Navidad, a partir del día 17 de diciembre.


Los prefacios de la primera parte del Adviento
Los dos prefacios de la primera parte del Adviento nos resumen muy bien el sentido de este tiempo y la actitud
espiritual con la que somos invitados a vivirlo.


El I nos hace ver la diferencia entre las dos Venidas de Cristo: la histórica hace dos mil años y la escatológica al
final de los siglos. El III también se centra en la venida última de Cristo, en un día que será terrible y glorioso a
la vez.


Prefacio I: las dos venidas de Cristo
      … por Cristo nuestro Señor.
      Quien al venir por vez primera
      en la humildad de nuestra carne,
      realizó el plan de redención trazado desde antiguo
      y nos abrió el camino de la salvación.
      Para que cuando venga de nuevo,
      en la majestad de su gloria,
      revelando así la plenitud de su obra,
      podamos recibir los bienes prometidos
      que ahora, en vigilante espera,
      confiamos alcanzar.
      Por eso con los ángeles…
Este prefacio dirige nuestra atención a la última venida de Cristo, comparándola con la histórica de hace dos mil
años.
La primer venida de Cristo, en Belén, fue “en la humildad de nuestra carne”. La segunda será “en la majestad de
su gloria”.
En la primera, Cristo “realizó el plan de redención trazado desde antiguo”. En la segunda, revelará ya “la
plenitud de su obra”.
En la primera “nos abrió el camino de la salvación”. En la segunda podremos “recibir los bienes prometidos”.
Las antítesis son literariamente hermosas y poderosas en contenido. Se trata de dos momentos fuertes de una
única Historia de Salvación. El elemento común es la “venida”: “al venir por vez primera”, “cuando venga de
nuevo”. O sea, el “adviento”, el “advenimiento”. En el tiempo intermedio hay un proceso de crecimiento y
maduración. Lo que empezó en la primera venida llegará a su plenitud en la segunda.
¿Y cuál es la actitud cristiana para estas semanas? La “vigilante espera”. “Esperanza”, porque estamos seguros
de que lo que empezó se llevará a término (“confiamos alcanzar”). Y “vigilancia”, porque no sabemos cuándo se
manifestará Cristo y porque es urgente realizar esta tarea de crecimiento y maduración que él nos ha
encomendado.
La Eucaristía es la condensación de toda la Historia de la Salvación: en ella está siempre presente la tensión
entre la primera y la segunda venida de Cristo. Recordamos y realizamos lo que él nos encomendó (“haced esto
en memoria mía”), “mientras esperamos la gloriosa venida de Nuestro Señor Jesucristo”, y clamamos “ven,
Señor Jesús”. Así, la misa es una celebración diaria del Adviento.

Prefacio III: Cristo, Señor y Juez de la historia
      … Padre todopoderoso,
      principio y fin de todo lo creado.
      Tú nos has ocultado el día y la hora
      en que Cristo, tu Hijo,
      Señor y Juez de la historia,
      aparecerá, revestido de poder y de gloria,
      sobre las nubes del cielo.
      En aquel día terrible y glorioso
      pasará la figura de este mundo
      y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva.
      El mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria
      viene ahora a nuestro encuentro
      en cada hombre y en cada acontecimiento,
      para que lo recibamos en la fe
      y por el amor demos testimonio
      de la espera dichosa de su reino…
También este prefacio nos hace elevar la mirada al día de la manifestación final de Cristo.



Dios Padre es el Señor de la historia, principio y fin de todo. Él es el que ha establecido el tiempo de la plenitud
en que vino su Hijo a nuestra familia humana, y el que también ha pensado cuándo será la vuelta gloriosa del
mismo Jesús como Juez de vivos y muertos.
El día final será a la vez “terrible y glorioso”. El que ahora viene humilde en Belén, vendrá entonces en gloria. Y
“pasará la figura de este mundo”, para dejar paso a “los cielos nuevos y la tierra nueva”.
Pero entre el ayer de Belén y el mañana de la parusía está el hoy de nuestra vida de cada día. Y aquí también
“viene” Cristo Jesús a nosotros: “viene a nuestro encuentro en cada hombre (¿hubiera sido mejor traducir “en
cada persona”?) y en cada acontecimiento”. Nuestra acogida de su venida en este Adviento debe ser de fe y
amor: “para que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio”. El mejor testimonio de que creemos
verdaderamente en el Enviado de Dios es que vivamos en la caridad y en esperanza gozosa.

Los prefacios de la segunda parte del Adviento
En la segunda parte del Adviento, a partir del 17 de diciembre, son los prefacios II y IV los que –junto con las
lecturas y las demás oraciones– nos ayudan a celebrar con las actitudes justas la cercanía de la Navidad.

Prefacio II: la doble expectación de Cristo
       …por Cristo nuestro Señor.
       A quien todos los profetas anunciaron,
       la Virgen esperó con inefable amor de Madre,
       Juan lo proclamó ya próximo
       y señaló después entre los hombres.
       El mismo Señor nos concede ahora
       prepararnos con alegría
       al misterio de su nacimiento,
       para encontrarnos así, cuando llegue,
       velando en oración y cantando su alabanza.
       Por eso con los ángeles…
El prefacio II nos ayuda a prepararnos más próximamente a la fiesta de la Navidad, presentándonos los tres
personajes que más intensamente vivieron la espera de la Venida: Isaías, el Bautista y la Virgen María.
El tema fundamental de estos últimos días del Adviento –también en las lecturas– es la preparación a la Navidad.
Así, el prefacio se centra en la venida histórica y su “misterio”, que celebraremos gozosamente en la Navidad.


Esos tres personajes concretan toda la espera y la acogida del Señor:
– los profetas, en especial Isaías, que “anunciaron” su venida. En las lecturas proclamamos de nuevo su
  anuncio. Ciertamente es todavía actual todo el mensaje de confianza, renovación y estímulo que vibra en sus
  páginas, porque todavía no se ha cumplido del todo el programa de salvación que proponían;
–    la Virgen María, que le “esperó con inefable amor de Madre”. Es el mejor modelo del Adviento. La mejor
    maestra de la espera. Además de la fiesta de la Inmaculada, hacia el inicio del Adviento, hay un tono
    claramente mariano en los últimos días antes de la Navidad;
– y por fin Juan el Bautista, que “lo proclamó ya próximo y señaló después entre los hombres”. La voz del
  Precursor invitando urgentemente a la conversión, al cambio de mentalidad, se hace oír repetidas veces en
  estos días. Y nos convoca a todos, también ahora, a la tarea de preparar los caminos del Señor.


Además de las actitudes sugeridas por estos tres personajes típicos del Adviento, este prefacio señala otras ideas
muy sustanciosas:
– es el mismo Señor el que “nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento”, de modo
  que no somos nosotros los que nos ponemos en marcha, sino que aún en nuestra preparación, la iniciativa la
  tiene el mismo Señor;
– la Natividad es el “misterio de su nacimiento” que se hace presente. No nos preparamos a una cosa pasada,
  sino a su “misterio”, a la actualización sacramental de la venida de Cristo, “para encontrarnos, cuando
    llegue…”;
– la postura espiritual del cristiano en Adviento se completa con otros aspectos: si el primer prefacio había
  señalado la “vigilante espera” como la actitud justa, ahora se habla de “prepararnos con alegría”, “velando en
  oración”, “cantando su alabanza”. Así aparecen con fuerza las diversas dimensiones del espíritu del Adviento:
  una espera de la Navidad y su misterio, llena de alegría pero también de vigilancia atenta, comprometida en
  una preparación activa, a la vez que ambientada en la oración y en la alabanza de Dios.
El Adviento sigue siendo escuela de esperanza, una virtud fundamental para los cristianos. Como dijo el
liturgista Odo Casel, “la forma de ser cristiana es el Adviento”.



Prefacio IV: María, nueva Eva
       Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos
       por el misterio de la Virgen Madre.
       Porque, si del antiguo adversario nos vino la ruina,
       en el seno virginal de la hija de Sión ha germinado
       aquel que nos nutre con el pan de los ángeles,
       y ha brotado para todo el género humano
       la salvación y la paz.
       La gracia que Eva nos arrebató
       nos ha sido devuelta en María.
       En ella, madre de todos los hombres,
       la maternidad, redimida del pecado y de la muerte,
       se abre al don de una vida nueva.
       Así, donde había crecido el pecado,
       se ha desbordado tu misericordia
       en Cristo, nuestro Salvador.
       Por eso nosotros, mientras esperamos la venida de Cristo,
       unidos a los ángeles y a los santos,
       cantamos el himno de tu gloria.

La alabanza a Dios se centra en la figura de María, la Madre del Mesías.
La antítesis entre Eva y María nos ayuda a entender mejor la gracia que Dios nos hace y nuestra respuesta en
esta próxima Navidad:
–    al principio fue la ruina, por culpa del “antiguo adversario”, el demonio; ahora nace del seno de María, “la
    hija de Sión”, el que nos salva y nos trae la paz, el que nos nutre con el pan de los ángeles;
– Eva nos arrebató la gracia, faltando al mandato de Dios, y María nos la devuelve, porque ha sabido responder
  con su “sí”, en nombre de toda la humanidad, al don de Dios: “hágase en mí según tu palabra”;
– donde la maternidad empezó envuelta en pecado y muerte, ahora es redimida y se abre al don de una vida
  nueva;
– y si creció el pecado, ahora se ha desbordado la misericordia de Dios, que nos envía a su Hijo, nuestro
  Salvador.
Retrato del Adviento y de la actitud de acogida
Los cuatro prefacios nos hacen una especie de retrato, tanto de lo que celebramos como de las actitudes con que
lo hacemos:
– celebramos la venida de Cristo Jesús: la que ya es historia, porque vino a Belén hace dos mil años; la que
  sucederá al final de los tiempos; la que sucede diariamente “en cada persona y en cada acontecimiento”;
– ese Cristo Jesús que vino humilde volverá en poder y gloria; el que nos abrió el camino a la esperanza, nos
  llenará de plenitud;
– y así, la historia va caminando, en un perpetuo Adviento, hacia el final de los siglos, cuando pasará la figura
  de este mundo y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva, que con la venida histórica de Jesús sólo
  quedaron inaugurados e iniciados;
– tenemos unos buenos modelos para la espera y la acogida de ese Cristo Jesús: ante todo, su Madre, María; el
  profeta Isaías, representante de todos los demás, y Juan, el precursor, señalándolo e invitando a seguirlo;
– también quedan apuntadas las actitudes con las que deberíamos vivir el Adviento: la vigilante espera, la
  alegría, la fe y el amor, velando en oración y cantando la alabanza de Dios.
                             ADVIENTO, TIEMPO MARIANO
                                                                                                       PABLO VI
                                                                                             (Marialis Cultus, 3-4)
Durante el tiempo de Adviento, recordamos frecuentemente en la liturgia a la Santísima Virgen.
Aparte de la solemnidad del día 8 de diciembre –en que se celebran conjuntamente la Inmaculada Concepción de
María, la preparación radical a la venida del Salvador y el feliz comienzo de la Iglesia, hermosa, sin mancha ni
arruga, la tenemos presente sobre todo en los días feriales desde el 17 al 24 de diciembre, y singularmente el
domingo anterior a la Navidad, en que se leen las antiguas voces proféticas sobre la Virgen María y el Mesías,
así como los relatos evangélicos referentes al nacimiento inminente de Cristo y del precursor.
De este modo, los fieles, que trasladan de la liturgia a la vida el espíritu del Adviento, al considerar el inefable
amor con que la Virgen Madre esperó al Hijo, se sienten animados a tomarla como modelo y a prepararse,
vigilantes en la oración y jubilosos en la alabanza, para salir al encuentro del Salvador que viene.
Queremos, además, señalar cómo la liturgia del Adviento, uniendo la espera mesiánica y la espera del glorioso
retorno de Cristo al admirable recuerdo de la Madre, presenta un feliz equilibrio a la hora de expresar el culto.
Equilibrio que puede ser tomado como norma para impedir todo aquello que tiende a separar, como sucede en
algunas formas de piedad popular, el culto a la Virgen de su necesario centro de referencia, Cristo.
Resulta así que este período, como han observado los especialistas en liturgia, puede ser considerado como un
tiempo particularmente apto para rendir culto a la Madre del Señor: orientación que confirmamos y deseamos
ver acogida y seguida en todas partes.




                             SUGERENCIAS Y PROPUESTAS
                                 PARA EL ADVIENTO

                                                                                                    J. LLIGADAS

El Adviento es un tiempo especialmente agradable. Después del largo período del tiempo ordinario, gusta
encontrarse con la novedad de empezar algo diferente, y experimentar el empuje espiritual que esta novedad
aporta.
Pero también es agradable por más motivos. Lo que significa el Adviento y la espiritualidad que invita a vivir
están en un nivel muy cercano a la realidad humana, a la vida de cada día: son, en el fondo, una invitación a vivir
nuestra realidad (la de cada uno de nosotros y la del mundo entero) de una manera atenta, intensa, con objetivos.
El Adviento nos dice: eso que vivimos, y eso que viven nuestros hermanos, hombres y mujeres de todas partes,
no es sólo lo que nosotros vemos, o hacemos, o deseamos; es, también y sobre todo, lo que vive, y hace, y desea,
Dios mismo. Porque Dios viene a esta historia y se implica en ella, la vive con nosotros, y le pone delante, como
objetivos, sus mismos objetivos. Y ya sabemos cuáles son los objetivos de Dios: la luz para todo el mundo, el
amor para todo el mundo, la vida para todo el mundo.


TRES PREVIAS
Primera previa: El Adviento es un tiempo que necesita ser saboreado, que debe impregnar el alma. Es un
tiempo que no puede ser seco, que ha de contener una punta viva de emoción y de sentimiento. Sacerdotes,
diáconos, monitores, lectores, cantores, equipos de liturgia... necesitan muy especialmente tener espacios
(individuales o colectivos) para gustar las lecturas de la misa (dominicales y diarias), o la liturgia de las horas, o
un libro adecuado... para ejercer bien su misión.

Segunda previa: Desde el primer domingo de Adviento, e incluso antes, el ambiente navideño se respira por
todas partes: la televisión, las tiendas, las calles... ponen en marcha el frenesí navideño. En este contexto, de
poco sirve ponerse en plan fustigador; más bien lo útil será ayudar a discernir. Y valorar todos los buenos
elementos que hay detrás de todo esto, recordar la llamada de Jesús, alegrarse de esta llamada, invitar a vivir el
ambiente con signos cristianos (por ejemplo, enviando felicitaciones o llevando regalos a aquellos que no los
tendrían, o promoviendo algún proyecto solidario mediante aportaciones de muchos...). E invitando a luchar para
no dejarse atrapar (y, aquellos que tienen hijos pequeños, ayudándoles a que no queden excesivamente
atrapados) por todo lo que de perverso hay en este ambiente. Y, finalmente, combatir el falso “espíritu navideño”
consistente en simular que no hay conflictos ni en casa ni en el mundo (ver página 107).

Tercera previa: La venida del Señor es la respuesta que Dios da a la situación de este nuestro mundo. El Señor
nos invita a dirigir la mirada hacia él, y a prepararle el camino. Porque la venida del Señor no es una
transformación mágica: él viene para estar con nosotros, para hacer que caminemos hacia él y para hacer
caminar a la humanidad hacia él. Deberemos hablar de la salvación de Dios que viene a nosotros mirando muy
de cerca a nuestro mundo, y sintiendo como propias las angustias que en él se viven (la vida dura para muchos
en nuestro país, la vida durísima para muchos en el Tercer Mundo) y también las esperanzas que avanzan
(promovidas por cristianos o por quienes no lo son: ¡son todas presencia del Señor!). Él viene, y su presencia se
nota en todo amor que actúa, y su presencia es llamada a la plenitud que tan sólo Él puede dar.


EN CONCRETO
1. La ambientación de la Iglesia. Que, al entrar, todo el mundo note que iniciamos un tiempo nuevo. Eso, como
dice el refrán, “vale más que mil palabras”. Un póster grande y visible con una frase alusiva (“¡Ven, Señor
Jesús!” u otra semejante), austeridad en las flores (mejor una ornamentación de sólo plantas) y en las luces, un
gran paño morado (o verde, por la esperanza) colgado del techo, una música que al entrar invite ya a la oración
(el gregoriano es ideal para este tiempo)...

2. Los cantos. Un elemento clave para dar el tono de las celebraciones es el tipo de cantos que se escogen. Cada
tiempo litúrgico tiene sus cantos propios, que el solo hecho de cantarlos hace penetrar ya en la sintonía del
tiempo. De modo que habría que procurar cantar cantos muy propios de Adviento. De un modo especial, eso
vale para el canto de entrada: un canto de entrada largo, que se repita los cuatro domingos, ayudará mucho a
situar la celebración desde el principio; en este sentido, sería deseable aprender el canto de entrada de Adviento
(“A ti, Señor, levanto mi alma”) propuesto por la Comisión de la Liturgia de la Conferencia Episcopal Española;
pero, naturalmente, si no se sabe este, se puede cantar cualquier otro canto significativo de este tiempo.
Recordemos también que en el Adviento se suprime el Gloria. Y que sí se canta el Aleluya, aunque, si
disponemos de dos melodías, bueno será guardar la más vibrante para la Navidad y utilizar ahora la más sencilla.

3. La corona de Adviento. Este rito, importado del norte de Europa, se ha ido introduciendo en nuestras
celebraciones con buen acierto y contribuye a resaltar la peculiaridad de este tiempo. Se trata, como se sabe, de
una corona con ramas verdes que se sitúa junto al ambón o en otro lugar adecuado, y en el que se fijan cuatro
velas vistosas. También puede utilizarse la imaginación y crear algún otro tipo de soporte para las velas, siempre
que sea digno y agradable. Al empezar la misa, se enciende el número de velas correspondiente a aquel domingo
(el primero una, el segundo dos...). Pueden hacerlo cada domingo personas distintas: un matrimonio, un niño,
una religiosa, el celebrante... (Ver página 81).

4. La homilía. El Adviento es esperanza, agradecimiento, oración confiada, alegría ante el Señor que se acerca a
nosotros. Es, también, reconocimiento de que necesitamos su salvación porque nosotros somos débiles y porque
el mundo es también débil, con mucho dolor e injusticia. Y es, finalmente, cambio en el corazón y en las
actitudes ante la vida, para que el Señor nos encuentre preparados para recibir su salvación y para colaborar con
él en su obra salvadora. La predicación será, por tanto, intensa, convencida, vital... y, muy especialmente,
amable.

5. Un salmo después de comulgar. Para ayudar al clima de oración propio de este tiempo, puede introducirse la
práctica de rezar, después del silencio de la comunión y antes de la poscomunión, un salmo, entero o en parte.
Puede recitarlo un lector (sin introducción, sin que la asamblea se una con ninguna antífona, y sin gloria final: la
asamblea se une con su silencio), o puede recitarlo toda la asamblea. Publicamos algunos en la página 48, y se
encuentran más en el librito de la colección “Celebrar” titulado Oraciones para después de comulgar.
6. Repartir algún recuerdo-plegaria. Para marcar el primer domingo de Adviento, se podría distribuir una
estampa sencilla (media cuartilla hecha con fotocopia), con una frase que diga “Adviento 2001” (o el año que
sea) y el texto de la primera lectura de este día, que en los tres ciclos es siempre un texto de mucha fuerza.
7. La Virgen María y san Juan Bautista. El Adviento es un tiempo mariano, sobre todo en la segunda parte
(desde el día 17). El domingo cuarto de Adviento conviene que haya en el presbiterio, convenientemente
resaltada, una imagen de María madre; también podría estar colocada todos los domingos. E igualmente, los
domingos segundo y tercero podría destacarse una imagen o un póster de Juan Bautista.
8. La misa diaria. La misa diaria, con su tono más pacífico, puede ayudar a saborear más este tiempo: el saludo,
las invocaciones del acto penitencial, la oración de los fieles tendrían que escogerse adecuadamente; una breve
homilía ayudará a ir viviendo lo que este tiempo significa; rezar un salmo después de la comunión...

9. El rezo de Laudes o Vísperas. Una forma de destacar el clima de oración puede ser introducir en este tiempo
el rezo de Laudes o Vísperas, en la forma que resulte más adecuada: los domingos o los días laborables, como
una celebración independiente o unidos a la misa, en una misa o en todas... En cada lugar se verá lo más
conveniente. En la antes mencionada colección “Celebrar” se encuentran libritos para facilitar este rezo en
común.

10. Un encuentro de oración. Puede ser una buena oferta invitar a un encuentro de oración durante este tiempo.
Se podría realizar de dos maneras. Una, como el inicio de un encuentro períodico todo el año: por ejemplo,
fijarlo definitivamente el primer y tercer miércoles de cada mes. Otra, como una invitación más intensiva sólo
para este tiempo, por ejemplo una vez a la semana. En todos los casos hay que avisar la hora de empezar pero
también la de acabar (media hora puede ser una buena duración), y ser fiel a ello. La plegaria puede consistir en
algún salmo, alguna lectura bíblica, algún texto de reflexión, espacios de silencio, algún canto si se puede...
Aunque venga poca gente, será útil.

11. Una catequesis sobre Isaías. El tiempo de Adviento es el tiempo de los oráculos mesiánicos, sobre todo de
Isaías. Los leemos cada domingo y también los días laborables. Por eso, se podría pensar en convocar (mejor
diversas parroquias juntas) algunos encuentros de catequesis sencilla repasando estos oráculos. Estaría bien leer
los textos (más extensamente de como figuran en el leccionario), comentar la época (de los tres autores de Isaías)
y el sentido primitivo, ver el sentido mesiánico y el sentido cristiano, hacer alguna aplicación... No hace falta una
exposición de especialista, basta con una presentación hecha por alguien que se lo haya preparado leyendo
alguna introducción (por ejemplo, Adviento y Navidad en Isaías, de la colección Emaús), o incluso las notas
exegéticas de la revista Misa Dominical de los tres ciclos.

12. Retiros y encuentros de reflexión. Otra posibilidad: organizar un retiro de una tarde o una mañana. Y otra,
un encuentro de reflexión sobre las angustias y esperanzas de nuestro mundo, u otro tema similar.

13. Resaltar la segunda parte del Adviento. El 17 de diciembre comienza la segunda parte del Adviento, “la
semana santa que prepara la Navidad”. Se puede resaltar de distintas maneras según los lugares, las posibilidades
y las cos-tumbres. En las páginas 58-69 se ofrecen varias posibilidades en este sentido.

14. La colecta para los pobres. La colecta que se acostumbra a hacer a finales de Adviento para los pobres (y
que puede tomar distintas formas según los lugares) es una de las grandes tradiciones de este tiempo, y conviene
darle relieve. Porque esta es una de las mejores maneras de recibir al Señor, que se manifiesta en el rostro de los
abandonados de este mundo.

15. Y en casa. Habría que sugerir, en las celebraciones litúrgicas, la importancia de que en casa se note también
el tiempo de Adviento. Colocar la corona de Adviento en casa y encender las sucesivas velas mientras se reza
una oración o se canta un canto (adecuándolo en función de si hay niños pequeños o no) es una práctica
encomiable (ver página 81). También, bendecir la mesa. Y, en la última semana, preparar el belén (ver página
89).




Para la misa



                                   EL ACTO PENITENCIAL
                                                                                                      P. FARNÉS
LUNES
Somos pecadores, hemos abandonado al Señor; purifiquémonos, pues, de nuestras malas acciones
y quedaremos blancos como la nieve.
– Oh Sabiduría que brotaste de los labios del Altísimo y vienes a mostrarnos el camino de la
  salvación. SEÑOR, TEN PIEDAD
– Oh Pastor de la casa de Israel, que vienes a librarnos con el poder de tu brazo.   CRISTO, TEN PIEDAD

– Oh renuevo del tronco de Jesé que vienes a salvar a todas las naciones. SEÑOR, TEN PIEDAD


MARTES
Arrepentidos de nuestros pecados, pidamos al Señor que renueve la vida de su pueblo para que con
su venida nos llenemos de gozo y de paz.
– Tú que descendiste del cielo para traernos el perdón del Padre, SEÑOR, TEN PIEDAD
– Tú que vienes a visitarnos, para que en tu presencia encontremos la paz, CRISTO, TEN PIEDAD
– Tú que volverás con gloria al fin de los tiempos para pedirnos cuenta del trabajo que nos
  encomendaste,SEÑOR, TEN PIEDAD.
MIÉRCOLES
Vendrá el Señor, iluminará lo que esconden nuestras tinieblas y perdonará lo que merecían nuestros
pecados; con espíritu humillado y contrito pidamos perdón.
– Gran profeta que vienes a renovar Jerusalén. SEÑOR, TEN PIEDAD
– Resplandor de la luz eterna, que vienes a iluminar a todos los hombres. CRISTO, TEN PIEDAD
– Deseado de las naciones, que vienes a salvar a los que están perdidos, SEÑOR, TEN PIEDAD


JUEVES
Humillémonos, hermanos, bajo la poderosa mano de Dios que él, en el día de su venida, nos
levantará y nos perdonará:
– Tú que vienes con gran poder, SEÑOR, TEN PIEDAD
– Tú que purificas el mundo con el fuego de tu Espíritu, ¿Cristo, ten piedad! R/. Cristo...
– Tú que vienes para crear un cielo nuevo y una tierra nueva, SEÑOR, TEN PIEDAD


VIERNES
“No temas, pueblo mío, que vengo a redimirte; con amor tierno te amé y por eso quiero prolongar mi
misericordia contigo; conviértete, pues, a mi de todo corazón”, dice el Señor. En silencio,
acerquémonos a él.
– Luz del mundo, que vienes a iluminar a los que viven en las tinieblas del pecado, SEÑOR, TEN PIEDAD
– Buen Pastor, que vienes a guiar a tu rebaño por las sendas de la verdad y de la justicia. CRISTO, TEN
  PIEDAD

– Deseado de las naciones, que vienes a salvar el hombre que tú mismo formaste del fango, SEÑOR,
  TEN PIEDAD

SÁBADO
Convirtámonos, hermanos, y llevemos una vida honrada y religiosa, mientras esperamos la aparición
gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro.
– Enviado del Padre para anunciar la Buena Noticia a los pobres, SEÑOR, TEN PIEDAD
– Mensajero de la paz, Luz del mundo, Deseado de las naciones, CRISTO, TEN PIEDAD
– Hijo de David, que volverás un día para dar cumplimiento a las promesas del Padre,                           SEÑOR, TEN
   PIEDAD




                    EL LECCIONARIO FERIAL DE ADVIENTO
                                                                                                                 P. TENA

      El leccionario ferial de Adviento es una de las secciones del Ordo Lectionum Missae en las que se advierte un
      mayor deseo de sistematización catequética. Su confección no tuvo, como en el caso de la Cuaresma, un leccionario
      ferial precedente. Tampoco, como en el caso de la Cincuentena pascual, tuvo posibilidad de elegir dos libros
      típicamente propios del tiempo, como son los Hechos de los Apóstoles y el evangelio de Juan. De ahí que la
      realización concreta del leccionario de Adviento depende, en gran parte, de una sistematización previa. Este hecho
      justifica el interés de un análisis interno de los textos de estas cuatro semanas, a fin de poder preparar con una
      visión de conjunto coherente las homilías feriales de este período (en el cual la homilía cotidiana está especialmente
      recomendada; cf. Ordenación General del Misal Romano, n. 42).


La estructura básica del Adviento
Una de las peculiaridades del tiempo de Adviento, como estructura litúrgica, es la mezcla que se produce entre la
organización del ritmo semanal y la celebración de la Navidad en día fijo. Esto tiene como consecuencia que la
duración del tiempo de Adviento puede oscilar entre tres y cuatro semanas completas (según que el día 25 de
diciembre coincida con un lunes o con un domingo). Esta flexibilidad incide directamente en la utilización del
leccionario ferial; las perícopas de la tercera semana de Adviento raramente son leídas en su totalidad.
Otra pecularidad del tiempo de Adviento es su doble carácter de celebración de la Venida (adventus) del Señor:
la Venida como realidad presente y en trance de plenitud, y la Venida como realidad histórica que tuvo su
comienzo en el nacimiento de Jesús. Estas dos dimensiones se entrelazan continuamente en los textos de
Adviento (especialmente en la parte eucológica y en los cantos; de ahí la importancia de atender también a estos
textos y no sólo a las perícopas bíblicas, para captar el sentido de estas celebraciones en conjunto). Sin embargo,
existe un tiempo claramente dedicado a preparar la Navidad: son los días que van del 17 al 24 de diciembre por
la mañana. Es una especie de “santa semana” a nivel de Navidad, donde todo queda concentrado en el tema del
nacimiento de Jesús. Estos ocho días forman un conjunto muy definido dentro de la misa y de la liturgia de las
horas; de ahí que, en el momento de examinar el leccionario haya que hablar claramente de dos partes: desde el
primer domingo de Adviento hasta el día 16 de diciembre, y del 17 al 24.
Esta brevísima sínstesis del tema de la Venida-Presencia de Dios entre los hombres, centrada históricamente en
la Encarnación-Misterio pascual de Cristo, es suficiente aquí y ahora para dar un elemento de unidad a toda la
multiforme variedad de los aspectos que aparecen en la liturgia del Adviento: la esperanza, la resonancia de la
historia de Israel, la alegría profunda y contenida, las figuras de la historia de Jesús, los anuncios apocalípticos
de victoria... En un lenguaje más elaborado, diremos que todo el sentido escatológico de la fe cristiana –
enraizada en lo que ya es realidad, y tensa hacia lo que ha de ser la plenitud–, todo lo que es esfuerzo legítimo y
profundamente humano en favor de un cielo nuevo y una tierra nueva, que, no obstante, han de ser el don de
Dios (2Pe 3,13), tienen en el tiempo de Adviento su momento propio de expresión, de vibración y de
potenciación.


Primera etapa del leccionario ferial: Isaías
Bajo este título, y simplificando el proceso, incluímos los días que van desde el lunes de la primera semana hasta
el miércoles de la segunda. El motivo de poner en primer plano al profeta Isaías es el hecho de que, sin duda, la
lectura de Isaías es la lectura determinante durante estos días en cada celebración. Es éste un caso único
prácticamente en la liturgia; las perícopas evangélicas son escogidas claramente en función de la primera lectura.
Y para esta se escogen una serie de textos de las primeras secciones del libro de Isaías (no es una lectura
continua, ni propiamente semicontinua, sino más bien una lectura por temas). Es bien conocida la atención
preferente que merece Isaías en la liturgia de Adviento, en cuanto profeta del Emmanuel, del Apocalipsis, del
retorno al pueblo por nuevos caminos, de la gloria de la nueva Jerusalén... No es extraño, pues, que se le dé este
lugar preferente en la celebración ferial –como lo tiene en la dominical, y en las lecturas del oficio–-. El
movimiento interno de las dos perícopas en cada celebración de esta primera etapa es la siguiente: Isaías propone
el tema mesiánico; este es comentado por el salmo, y el evangelio nos da la realización, en Jesucristo, del
anuncio profético.
Esquematizando un poco, y cediendo a la sistematización, podemos decir que los tres primeros días de Adviento
son como la presentación de las tres grandes realidades mesiánicas: el pueblo mesiánico, el Mesías, y los signos
mesiánicos. La clave escatológica está clara.
La segunda parte de la semana continúa con la misma dinámica pero la inflexión de los temas se hace ahora en
relación con las actitudes de los hombres. Continuando la sistematización, podemos agrupar las tres ferias
alrededor del tema de la fe: ¿cuáles son las actitudes y las motivaciones del hombre que espera y acepta la
Venida del Señor?
Los tres primeros días de la segunda semana de Adviento prosiguen con la misma tónica. Se advierte también un
mismo tema: la Presencia de Dios entre los hombres.


Segunda etapa del leccionario ferial: Juan el Bautista
A partir de las lecturas del jueves de la segunda semana, el esquema vigente hasta este momento desaparece. La
lectura que marcará el ritmo temático será ahora la evangélica, y todas las que se leerán hasta el día 16 de
diciembre serán escogidas en función de su referencia del Bautista. Si tenemos en cuenta que los evangelios
dominicales del segundo y tercer domingo del Adviento se refieren, en todos los ciclos, a la persona y a la
predicación del Bautista, podremos llegar a la conclusión de que estamos en un verdadero “tiempo’ del Bautista.
Las lecturas proféticas continúan procediendo mayoritariamente de Isaías, aunque se leen también otros libros.
En algunos casos, la primera lectura parece haber sido escogida en función del evangelio correspondiente.
Pedagógicamente, la predicación ferial debería centrarse durante estos días en la perícopa evangélica.
Quizá convenga tener en cuenta una observación general para la predicación de este ciclo de Juan: se trata de
una predicación de contraste; esto es, de una predicación en la que constantemente se plantea a la vez el valor de
Juan y la superioridad de Jesús. Por parte de las actitudes de los hombres ante ellos, en cambio, hay una
identidad. Situados en la perspectiva del Adviento, esto supone una predicación que plantea el sentido de todo lo
que son preparaciones a la Venida del Señor –la predicación y el testimonio, la actividad liberadora en favor de
los hombres, etcétera– en función del único que salva en verdad que es Cristo; igualmente, supone una
exhortación a la vigilancia para captar los signos de la Venida, a la esperanza a causa de la promesa, a la alegría
por la Presencia, a la sencillez de espíritu para mantenerse disponible a las intervenciones de Dios.

Tercera etapa del leccionario ferial: preparación de Navidad
Con el día 17 de diciembre empieza la segunda parte del Adviento. Como he indicado antes, se trata de ocho días
en los que todos los textos litúrgicos están centrados en la preparación de Navidad. El elemento profético-
histórico es el núcleo de esta liturgia. La Venida histórica de Dios entre nosotros, en Jesucristo, ha sido la
respuesta definitiva a una larga esperanza; la cual, por otra parte, va afirmándose en el presente tiempo de la
Iglesia con el gozo y la vivencia de lo que ya es, a la vez que con la tensión hacia aquello que está todavía por
ser del todo.
Durante esos días, tanto en la misa como en la liturgia de las horas, se despliegan una serie de textos, llenos de
riqueza bíblica y de lirismo poético que acompañan a los fieles y les preparan para conmemorar de nuevo el
hecho del nacimiento de Jesús, plenitud de la historia de la salvación. Sería aconsejable que los fieles, durante
esta semana, prestaran una peculiar atención a los textos litúrgicos. He aquí algunas de las características más
destacadas:
En el leccionario de la misa, desde el día 17 hasta el 24, se leen en forma paralela textos del Antiguo y del
Nuevo Testamento referentes al nacimiento de Jesús. El itinerario se hace a partir de las dos secciones de
evangelios de la infancia que nos ofrecen respectivamente san Mateo y san Lucas (es sabido que, en los demás
evangelios, no se habla de la infancia de Jesús). Primero es san Mateo –días 17 y 18– con la lectura de su
capítulo 1: el origen de Jesús, en el proceso de las generaciones de Israel, y el hecho maravilloso realizado en
María. Los textos del Antiguo Testamento son las profecías del Génesis sobre el poder de Judá entre las tribus, y
el anuncio profético de Jeremías: “El Señor-nuestra-justicia”. Luego empiezan las entrañables escenas del
evangelista san Lucas, con su buscado paralelismo entre Juan y Jesús: anuncio de Juan, recibido con recelo por
su padre (día 19) y anuncio de Jesús recibido con fidelidad por su madre (día 20); encuentro misterioso y
salvífico entre Juan y Jesús, en la visitación de María (día 21); cántico de María (día 22); nacimiento de Juan
(día 23), con el cántico de Zacarías (día 24). Los textos del Antiguo Testamento son particularmente expresivos:
anuncios de Sansón, del Emmanuel (“Dios-con-nosotros”), el mensajero-Elías... Leyendo estos textos se revive
espiritualmente el camino de la historia santa, al tiempo que se contempla –en el peculiar lenguaje de los
evangelios de la infancia– el sentido del cumplimiento de toda ella que tiene el nacimiento de Jesús.
Y, aunque será ir más allá del comentario del leccionario, podemos señalar también que en estos días, en la
liturgia de las horas, el elemento más destacado son las conocidas antífonas del Magníficat que empiezan todas
con la invocación de uno de los títulos de Cristo: Oh Sabiduría, Oh Adonai, Oh llave de David y Cetro de Israel,
Oh Sol que naces de lo alto..., Oh Emmanuel. Son unas magníficas plegarias para destacar en la persona de Jesús
las características familiares al hombre de la Biblia. Otro elemento, en la liturgia de las horas, son algunas
antífonas significativas del cántico de Zacarías, especialmente la del día 23: “Se ha cumplido ya todo lo que el
ángel dijo de la Virgen María”. ¡La Navidad está aquí!
                                ORACIÓN UNIVERSAL

                                                                                       J. LLIGADAS


                                     Hasta el 16 de diciembre


LUNES
Mientras esperamos la venida definitiva del Señor, cuando acogerá en su Reino a toda la humanidad
redimida, oremos para que su amor, su paz, su luz, transformen ya ahora nuestras vidas y las de
todos nuestros hermanos. Oremos diciendo: VEN, SEÑOR JESÚS.
1. Para que llegue un día en que todos los hombres y mujeres de toda la tierra, puedan vivir en paz,
   con esperanza, confiados ante el futuro. OREMOS:
2. Para que la luz y la fuerza del Evangelio haga desaparecer el egoismo, la dureza de corazón, la
   mentira. OREMOS:
3. Para que los gobernantes, los políticos, los que tienen el poder económico o militar, trabajen
   sinceramente por el bienestar de todos, y especialmente de los más pobres y débiles. OREMOS:
4. Para que el pueblo de Israel, que recibió desde muy antiguo la llamada del Señor, se esfuerce en
   buscar la paz y muestre ante el mundo el rostro amoroso de Dios. OREMOS:
5. Para que la Iglesia entera, y cada uno de nosotros, vivamos con alegría nuestra fe y la vida nueva
   que hemos recibido. OREMOS:
Señor Jesús, escucha nuestra oración. Ven y renuévanos, a nosotros, a toda la Iglesia, y a la
humanidad entera. Tú que vives y reinas por los siglos de los sigles.


MARTES
En este tiempo de preparación de la venida del Señor, oremos para que el amor de Dios se derrame
en nuestro mundo. Oremos diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS.
1. Por la Iglesia y por cada uno de los cristianos. Que seamos siempre portadores de esperanza, de
   amor, de misericordia. OREMOS:
2. Por todos los pueblos de la tierra. Que ningún pueblo alce ya más la espada contra otro, y se
   terminen las guerras y las violencias. OREMOS:
3. Por los que son víctimas de la violencia y de cualquier opresión. Que encuentren el apoyo que
   merecen, para poder liberarse de esa injusticia. OREMOS:
4. Por los niños. Que con nuestro ejemplo y nuestra palabra sepamos educarlos en la generosidad, la
   sencillez, y el amor a Jesús. OREMOS:
5. Por nosotros. Que en esta celebración de la Eucaristía vivamos con mucha fe la venida del Señor
  a nuestras vidas. OREMOS:
Escucha, Padre, estas peticiones, y envíanos a tu Hijo, el salvador del mundo. Él que vive y reina
contigo por los siglos de los siglos.


MIÉRCOLES
A Jesús, la luz del mundo, el Príncipe de la paz, orémosle diciendo: VEN, SEÑOR JESÚS.
1. Por el papa, por nuestro obispo, por los sacerdotes y los diáconos, por los religiosos y religiosas,
   por todos los que tienen responsabilidades en la comunidad cristiana. OREMOS:
2. Por todos los hombres y mujeres que se esfuerzan trabajando al servicio de los demás.   OREMOS:

3. Por los que sólo piensan en sí mismos, por los que tienen el corazón cerrado a la compasión, por
   los que buscan por encima de todo ser ricos y poderosos. OREMOS:
4. Por las familias rotas, por los ancianos abandonados, por los niños que no conocen el cariño de
   unos padres. OREMOS:
5. Por nosotros y por todos los cristianos, que queremos abrir un camino al Señor en nuestras vidas y
   preparar la llegada de su Reino. OREMOS:
Ven, Señor Jesús. Ven en medio de nosotros y da tu consuelo a los afligidos, tu fortaleza a los que te
queremos seguir, tu luz a los que no te conocen, y un corazón nuevo a los que viven encerrados en el
egoismo. Tú, nuestro hermano y nuestro Señor, que vives y reinas por los siglos de los siglos.


JUEVES
Presentemos a Dios, el Padre, nuestros anhelos y deseos para el bien de nuestros hermanos
cristianos y de todos los hombres y mujeres del mundo entero. Oremos diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS.
1. Para que este tiempo de Adviento sea un estímulo de renovación para la Iglesia, a fin de que con
   sus palabras y sus obras transmita alegría y esperanza a toda la humanidad. OREMOS:
2. Para que el Señor, con su venida, nos dé ánimo para hacer realidad las grandes aspiraciones
   humanas de un mundo más justo, más libre, más fraterno. OREMOS:
3. Para que todos los que se sienten tristes y desanimados encuentren fortaleza en Dios, y una mano
   amiga que les ayude a superar sus angustias y dolores. OREMOS:
4. Para que los terroristas y todos los que actúan con violencia, se conviertan y aprendan a amar a
   los demás como Jesús nos ama a todos. OREMOS:
5. Para que todos nosotros tengamos viva conciencia de nuestra debilidad, y sintamos la necesidad
   de que el Señor venga a salvarnos del pecado. OREMOS:
Escucha, Padre, nuestra oración. Transforma nuestros corazones para que preparemos la venida de
tu Hijo. Y haz que, cuando vuelva al final de los tiempos, podamos oir de él aquellas palabras que nos
llenarán de alegría: «Venid, benditos de mi Padre; heredad el Reino preparado para vosotros, porque
tuve hambre y me disteis de comer, estuve necesitado y me acogisteis». Dios, Padre nuestro,
ayúdanos a vivir ahora como Jesús nos enseñó a vivir. Para que, cuando llegue aquel día definitivo,
podamos experimentar la gran alegría de tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.


VIERNES
A Jesús, que vino por primera vez en Belén, hecho hombre como nosotros, y que vendrá de manera
definitiva en la plenitud de los tiempos para cumplir todas las esperanzas, pidámosle que venga ahora
entre nosotros a transformar nuestras vidas y la vida de la humanidad entera. Oremos diciendo: VEN,
SEÑOR JESÚS.
1. Por la Iglesia, por cada uno de los cristianos. Que demos ejemplo de comprensión y acogida hacia
   los inmigrantes que vienen a nuestro país buscando una vida digna. OREMOS:
2. Por los que no comparten la fe de Jesucristo pero tienen el corazón abierto al amor y al servicio a
   los demás. Que Dios venga a sus vidas, y puedan encontrar un día la alegría y la luz del
   Evangelio. OREMOS:
3. Por los que vivimos en los países ricos. Que estemos dispuestos a rebajar nuestro nivel de vida,
   para que los países pobres puedan salir de su pobreza. OREMOS:
4. Por los más necesitados, por los que no tienen trabajo, por los enfermos. Que a nadie le falte el
   apoyo y la ayuda necesaria. OREMOS:
5. Por nosotros, que celebramos la Eucaristía en este tiempo de espera de la venida del Señor. Que
   renovemos nuestra fe en la vida definitiva que Dios nos ofrece más allá de este mundo. OREMOS:
Escucha, Señor, nuestra oración, y haz que sepamos descubrirte y esperarte en todos los
acontecimientos de la vida. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.


SÁBADO
En este tiempo de Adviento experimentamos de un modo especial el amor y la ternura de Dios para
con nosotros. Él nos ama y nos envía a su Hijo, para que nos acompañe en nuestro camino y nos dé
fuerza y esperanza. Por eso podemos acercarnos a él y presentarle nuestras peticiones. Así pues,
oremos diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS.
1. Por nuestra parroquia, y por todos los que en ella dedican tiempo y esfuerzo al servicio de la
   comunidad cristiana. OREMOS:
2. Por los distintos movimientos cristianos, de jóvenes y de adultos. OREMOS:
3. Por los que se preparan para el sacerdocio y para la vida religiosa, y por sus responsables y
   formadores. OREMOS:
4. Por los enfermos, por los que más fuertemente experimentan la debilidad y el dolor. OREMOS:
5. Por los que no tienen trabajo, o tienen trabajos precarios que les hacen vivir en la inseguridad y la
   angustia. OREMOS:
6. Por nuestros familiares y amigos difuntos. OREMOS:
Escucha, Padre, nuestra oración, y haz que, como María, tengamos el corazón bien dispuesto para
recibir a tu Hijo Jesús. Que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.



                                      Del 17 al 24 de diciembre
DÍA 17
Cuando están ya muy cerca las fiestas de Navidad, oremos con fe para que la venida del Señor
renueve a la Iglesia y a toda la humanidad. Oremos diciendo: VEN, SEÑOR JESÚS.
1. Por la Iglesia, por todos los cristianos. Que seamos siempre portadores de amor y de esperanza.
  OREMOS:

2. Por el pueblo de Israel, el pueblo del que nació Jesús. Que quiera caminar siempre a la luz del
   Dios salvador y misericordioso. OREMOS:
3. Por los gobernantes de nuestro mundo. Que tengan como objetivo hacer posible una justa
   distribución de la riqueza. OREMOS:
4. Por los que trabajan en entidades y asociaciones al servicio de la justicia, la paz y la igualdad. Que
   Dios les bendiga, y encuentren el apoyo que necesitan a su labor. OREMOS:
5. Por nosotros. Que vivamos con mucha fe las fiestas de Navidad.     OREMOS:

Señor Jesús, ven entre nosotros, y renuévanos con tu luz. Tú, el Hijo de Dios, nuestro hermano, que
vives y reinas por los siglos de los siglos.


DÍA 18
Con mucha fe y mucha esperanza, oremos diciendo: VEN, SEÑOR JESÚS
1. Para que, como san José, todos los cristianos estemos abiertos a escuchar las llamadas que Dios
   nos dirige. OREMOS:
2. Para que los que se preparan para el sacerdocio o la vida religiosa vivan muy unidos a Jesús para
   poder dar testimonio de él en nuestro mundo. OREMOS:
3. Para que, en nuestro país y en todos los países, reinen la justicia y el derecho. OREMOS:
4. Para que las familias que sufren divisiones y rupturas, se esfuercen con buena voluntad para
   superar los rencores y los agravios mutuos. OREMOS:
5. Para que los que hoy nos hemos reunido en esta Eucaristía, nos preparemos de todo corazón para
   las fiestas que se acercan. OREMOS:
Señor Jesús, Dios con nosotros, que vienes a salvar a tu pueblo de los pecados, escúchanos y danos
tu amor y tu gracia. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.


DÍA 19
Llenos de alegría porque el Señor está cerca, oremos diciendo: VEN, SEÑOR JESÚS.
1. Para que la Iglesia, como Juan Bautista, anuncie la salvación de Dios y dé testimonio de fe y de
   esperanza en el Señor que viene a nuestras vidas. OREMOS:
2. Para que no falten en nuestro mundo profetas capaces de hacer que crezcan en todos los
   corazones sentimientos de generosidad, de justicia y de fraternidad.OREMOS:
3. Para que los pobres sean protegidos y salvados de su dolor, y toda persona tenga lo necesario
   para vivir. OREMOS:
4. Para que los matrimonios que no pueden tener hijos vivan con paz y confianza ese dolor.     OREMOS:

5. Para que nuestra comunidad llegue a ser un pueblo bien dispuesto para recibir al Señor.     OREMOS:

Ven, Señor Jesús. Ven en medio de nosotros y da tu consuelo a los afligidos, tu fortaleza a los que te
queremos seguir, tu luz a los que no te conocen, y un corazón nuevo a los que viven encerrados en el
egoismo. Tú, nuestro hermano y nuestro Señor, que vives y reinas por los siglos de los siglos.


DÍA 20
A Jesús, el Emmanuel, el Dios con nosotros, el hijo de María, orémosle diciendo:   VEN, SEÑOR JESÚS.

1. Por la Iglesia, por cada uno de los cristianos. Para que seamos portadores de paz en los conflictos,
   y nos esforcemos en la búsqueda de soluciones cuando se planteen tensiones y problemas.
  OREMOS:

2. Por todos los pueblos de la tierra. Para que las fiestas de Navidad hagan crecer la justicia, la
   libertad, la paz. OREMOS:
3. Por las madres y los padres que esperan el nacimiento de un hijo. Para que lo puedan vivir con
  mucha felicidad, y el niño crezca sano de cuerpo y de espíritu. OREMOS:
4. Por los pobres y por todos los que vivirán estas fiestas en el dolor y la tristeza. Para que
   reconozcamos en ellos la presencia del Dios hecho hombre, y les demos toda nuestra ayuda.
  OREMOS:

5. Por nosotros. Para que vivamos estos días de espera del nacimiento de Jesús con un gran espíritu
   de fe y de oración. OREMOS:
Señor Jesús: A nosotros, que por el anuncio del ángel hemos conocido tu encarnación, condúcenos,
por tu pasión y tu cruz, a la gloria de la resurrección. Tú, que vives y reinas por los siglos de los
siglos.


DÍA 21
El Señor está cerca. Con fe, con esperanza, orémosle diciendo: VEN, SEÑOR JESÚS.
1. Por los obispos, por los sacerdotes, por los diáconos. Que, como María, que trajo la alegría a la
   casa de Isabel, sean fuente de alegría para todo el pueblo cristiano. OREMOS:
2. Por los que dudan y los que desfallecen en la fe. Que estas fiestas de Navidad les ayuden a
   encontrar al Dios que se ha hecho nuestro hermano. OREMOS:
3. Por los que trabajan en los servicios sociales y la atención a los pobres, tanto en instituciones
   civiles como en instituciones de Iglesia. Que Dios les dé la fortaleza y el amor que necesitan para
   llevar a cabo su labor. OREMOS:
4. Por los que sufren hambre y miseria, en nuestro país y en los países del Tercer Mundo. Que
   reciban la ayuda y la solidaridad que necesitan, por parte nuestra y de todas las personas de
   buena voluntad. OREMOS:
5. Por los que nos hemos reunido a celebrar la Eucaristía, en estos últimos días del tiempo de
   Adviento. Que estemos siempre bien dispuestos para recibir al Señor que viene a nuestras vidas.
  OREMOS:

Escúchanos, Señor, y ven a salvarnos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.



DÍA 22
Unidos con María, que canta la alegría de la salvación, y dispuestos, como ella, a llevar a Jesús a
nuestros hermanos, oremos diciendo: VEN, SEÑOR JESÚS.
1. Por la Iglesia. Que esté siempre a favor de los pobres y los débiles, y se oponga a los opresores.
  OREMOS:

2. Por los creyentes de las religiones no cristianas: judíos, musulmanes, budistas, hinduistas. Que
   Dios les ilumine en la búsqueda del bien y del amor. OREMOS:
3. Por todos los que, en cualquier lugar del mundo, trabajan al servicio de la justicia y la igualdad
   entre los hombres. Que sus esfuerzos sean eficaces, y den fruto para el bien de todos. OREMOS:
4. Por los maestros y los educadores. Que con su labor ayuden a construir un mundo de hombres y
   mujeres libres, conscientes y generosos. OREMOS:
5. Por nosotros. Que sepamos reconocer agradecidos las maravillas que el Señor obra en nuestras
vidas. OREMOS:
Ven, Señor Jesús, y danos tu amor inagotable. Tú, el Hijo de Dios, nuestro hermano, que vives y
reinas por los siglos de los siglos.
DÍA 23
A las puertas ya de la Navidad, cuando está a punto de nacer entre nosotros aquel que nos muestra
la bondad de Dios y su amor a todos los hombres y mujeres del mundo entero, orémosle diciendo:
VEN, SEÑOR JESÚS.

1. Para que pronto llegue la unidad de todos los cristianos bajo la guía del único pastor, Jesús, el Hijo
   de Dios. OREMOS:
2. Para que en el corazón de todas las personas crezcan sentimientos de amor, de generosidad, de
   perdón. OREMOS:
3. Para que todos los niños y niñas tengan casa, escuela, y una familia que les quiera. OREMOS:
4. Para que aquellos que viven pensando sólo en sí mismos, se conviertan y aprendan a amar.
   OREMOS:

5. Para que todos nosotros nos preparemos para la celebración de la Navidad mediante la oración y
   el amor sincero. OREMOS:
Señor Jesús, a veces parece que en estas fiestas sea obligatorio que todo vaya perfecto, y que todos
seamos perfectos. Y sabemos que no es así. En todo el mundo, y también junto a nosotros, o en
nuestra misma casa, hay cosas que no van bien. Señor Jesús, ayúdanos a vivir estos días con los
ojos muy abiertos a nuestro alrededor, sin escondernos de los problemas, y con ganas de poner en
ellos todo el amor de que seamos capaces. Te lo pedimos a ti, hombre como nosotros, que vives y
reinas por los siglos de los siglos.




DÍA 24
Ya se cumple el tiempo en el que Dios envió a su Hijo a la tierra. Con fe, le decimos:   VEN SEÑOR JESÚS.

1. Por todos los pueblos de la tierra. Que la luz del Evangelio siembre en ellos semillas de esperanza,
   de fe y de amor. OREMOS:
2. Por los países que sufren la tragedia de la guerra. Que la venida del Príncipe de la paz transforme
   los corazones y sea posible alcanzar soluciones de justicia y de concordia. OREMOS:
3. Por los pobres y por todos los que vivirán estas fiestas en el dolor y la tristeza. Que reconozcamos
   en ellos la presencia del Dios hecho hombre, y les demos toda nuestra ayuda. OREMOS:
4. Por la Iglesia. Que sea siempre testimonio transparente del amor y la bondad de Dios que hemos
   conocido en Jesús, el Niño de Belén. OREMOS:
5. Y por todos nosotros. Que la alegría de la Navidad transforme nuestros corazones. Que, como
   María, la Madre de Dios, vivamos estas fiestas poniendo a nuestro alrededor todo el amor de que
   seamos capaces.OREMOS:
Ven, Señor Jesús, y no tardes, para que tu venida consuele y fortalezca a los que esperan todo de tu
amor. Tú, la Palabra hecha carne, el Hijo de Dios, nuestro hermano, que vives y reinas por los siglos
de los siglos.
                                 UN SALMO PARA DESPUÉS
                                     DE LA COMUNIÓN


     Para ayudar al clima de oración propio de este tiempo, puede ser interesante introducir la práctica de rezar,
     durante del silencio de la comunión y antes de la poscomunión, un salmo, o un cántico evangélico (enteros o en
     parte). Lo puede recitar un lector (sin ninguna introducción, sin que la asamblea se una con ninguna antífona, y sin
     gloria final: la asamblea se une con su silencio), o bien puede recitarlo entero toda la asamblea (mejor todos a la
     vez, y no a dos coros). Si se hace de la segunda forma, se puede imprimir una hoja con los salmos y repartirlo y
     recogerlo en cada misa.
     Aquí ofrecemos una selección de tres salmos y dos cánticos evangélicos (algunos con estrofas seleccionadas),
     especialmente adecuados para el tiempo de Adviento.



Salmo 24
     Señor, enséñame tus caminos,
     instrúyeme en tus sendas:
     haz que camine con lealtad;
     enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,
     y todo el día te estoy esperando.
     El Señor es bueno y es recto,
     y enseña el camino a los pecadores;
     hace caminar a los humildes con rectitud,
     enseña su camino a los humildes.
     Las sendas del Señor son misericordia y lealtad
     para los que guardan su alianza y sus mandatos.
     El Señor se confía con sus fieles
     y les da a conocer su alianza.

Salmo 84
    Señor, has sido bueno con tu tierra,
    has restaurado la suerte de Jacob,
    has perdonado la culpa de tu pueblo,
    has sepultado todos sus pecados.
    Muéstranos, Señor, tu misericordia
    y danos tu salvación.
     Voy a escuchar lo que dice el Señor:
     “Dios anuncia la paz
     a su pueblo y a sus amigos
     y a los que se convierten de corazón”.
     La salvación está ya cerca de sus fieles,
     y la gloria habitará en nuestra tierra;
     la misericordia y la fidelidad se encuentran,
     la justicia y la paz se besan;
     la fidelidad brota de la tierra,
     y la justicia mira desde el cielo;
     el Señor nos dará la lluvia,
     y nuestra tierra dará su fruto.

Salmo 102
     Bendice, alma mía, al Señor,
     y todo mi ser a su santo nombre.
     Bendice, alma mía, al Señor,
     y no olvides sus beneficios.
     Él perdona todas tus culpas
     y cura todas tus enfermedades;
     él rescata tu vida de la fosa
     y te colma de gracia y de ternura.
     Como se levanta el cielo sobre la tierra,
     se levanta su bondad sobre sus fieles;
     como dista el oriente del ocaso,
     así aleja de nosotros nuestros delitos.
     Como un padre siente ternura por sus hijos,
     siente el Señor ternura por sus fieles;
     porque él conoce nuestra masa,
     se acuerda de que somos barro.
     La misericordia del Señor dura siempre,
     su justicia pasa de hijos a nietos:
     para los que guardan la alianza
     y recitan y cumplen sus mandatos.


Cántico de María
     Proclama mi alma la grandeza del Señor,
     se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
     porque ha mirado la humillación de su esclava.
     Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
     porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
     su nombre es santo,
     y su misericordia llega a sus fieles
     de generación en generación.
     Él hace proezas con su brazo:
     dispersa a los soberbios de corazón,
     derriba del trono a los poderosos
     y enaltece a los humildes,
     a los hambrientos los colma de bienes
     y a los ricos los despide vacíos.
    Auxilia a Israel, su siervo,
    acordándose de la misericordia,
    como lo había prometido a nuestros padres,
    en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.




Cántico de Zacarías
    Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
    porque ha visitado y redimido a su pueblo,
    suscitándonos una fuerza de salvación
    en la casa de David, su siervo,
    según lo había predicho desde antiguo
    por boca de sus santos profetas.
    Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
    y de la mano de todos los que nos odian;
    realizando la misericordia
    que tuvo con nuestros padres,
    recordando su santa alianza
    y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
    Para concedernos que, libres de temor,
    arrancados de la mano de los enemigos,
    le sirvamos con santidad y justicia,
    en su presencia, todos nuestros días.
    Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
    nos visitará el sol que nace de lo alto,
    para iluminar a los que viven en tinieblas
    y en sombra de muerte,
    para guiar nuestros pasos
    por el camino de la paz.
Otras celebraciones



                               CELEBRACIÓN
                         DE APERTURA DEL ADVIENTO

                                                                                   J. ALDAZÁBAL

1. Nuestras esperanzas y miedos
(ambiente: poca luz; silencio)
Voz 1:   Señor, ¿por qué me has convocado esta tarde?
         ¿no tienes ojos para ver ni oídos para oír?
         ¿no oyes los lamentos de los que son golpeados por la vida y gritan: nuestros huesos están
         secos y nuestra esperanza muerta?
         Hay muchos que dicen: el Señor no hace nada, ni el bien ni el mal (So 1,12)

Voz 2:   Señor, ¿por qué me has convocado esta tarde?
         ¿no tienes ojos para ver ni oídos para oír?
         ¿no ves que nuestras palabras se estrellan contra un muro?
         Hay muchos que dicen con el salmista:
                ya no hay ningún profeta,
                y nadie sabe hasta cuándo durará esto (Sl 74,9).

Voz 3:   Señor, ¿por qué me has convocado esta tarde?
         ¿no tienes ojos para ver ni oídos por oír?
         ¿no ves la confusión y el desánimo de tu pueblo?
         ¿no ves nuestras filas desordenadas,
         las reformas frenadas
         y las estructuras que ahogan tu evangelio?
         Hay muchos que dicen dudosos:
         sobrevivirá un pequeño resto?

Canto (todos): ¡Cuando vendrás, Señor, cuando vendrás!
         (Aquí se puede tener un momento de reflexión personal: ¿cuáles son nuestras ilusiones,
         nuestras esperanzas, nuestros miedos? y también, si se quiere, una breve comunicación de
         las mismas).

2. Proclamación del mensaje de Adviento
Voz 4.   Escuchad, vosotros, los sordos.
         Mirad y ved, vosotros los ciegos
         ¿quién es ese ciego, sino mi siervo
         y quién es ese sordo, sino el que yo he enviado?
         Has visto muchas cosas, pero sin atención.
         Has oído demasiadas cosas, pero sin entenderlas.
         ¿Hay alguien entre vosotros que escuche?
         ¿quién presta atención para comprender el futuro? (Is 42).

Voz 5.   Insensatos y lentos de corazón,
         para creer lo que los profetas anunciaron.

Voz 6.   Ya no recordáis lo que sucedió antes,
         ya no prestáis atención a lo pasado.
         Mirad, he aquí que yo hago nuevas todas las cosas,
         ya está brotando, ¿no lo notáis? (Is 43).

Voz 4.   Siempre he callado, he estado en silencio,
         me he contenido.
         Pero ahora voy a gritar como mujer parturienta,
         soplaré y me desahogaré de repente (Is 42,14).

Voz 5.   Huesos secos, escuchad la Palabra del Viviente.
         Así habla el Señor, el viviente, a los huesos:
         he aquí que haré penetrar el espíritu en vosotros y viviréis.
         Os daré nervios y haré crecer la carne en vosotros.
         Os haré salir la piel y os daré mi espíritu y viviréis.
         Así descubriréis que yo soy el Viviente.
         Así habla el Señor: ven, Espíritu, de los cuatro vientos,
         sopla sobre estos muertos para que vivan.
         He aquí que voy a abrir vuestras tumbas
         y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío.
         Os infundiré mi espíritu y viviréis (Ez 37).
Voz 6.   No temas, pueblo mío,
         no dejes caer tus brazos.
         Tu Dios está en medio de ti como guerrero vencedor.
         Él rebosará de júbilo por ti
         y te renovará con su amor.
         Bailará por ti con gritos de alegría
         como en los días solemnes de fiesta (So 3).
         Levántate y resplandece,
         porque viene tu luz
         y sobre ti se alza la gloria del Viviente (Is 60).

Canto (todos): Hija de Sión, alégrate; o bien: Cristo, nuestro Salvador (al comenzar el canto,
        encender todas las luces).
Presidente: homilía (momentos de reflexión)


3. Oración
Invitación: El Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que escucha repite: Ven. Quien tenga sed, venga.
         Quien quiera, tome gratuitamente el agua de la vida. Ven, Señor Jesús.
Canto (todos): Ven, Salvador (sólo el estribillo)
Invocaciones:
Uno.     Vienes de noche
         pero en nuestro corazón es siempre de noche,
         por eso ven siempre, Señor.
         Vienes en silencio,
         pero nosotros nunca sabemos qué decirte,
         por eso ven siempre, Señor.

Todos. Ven, Salvador...

Uno.     Vienes en la soledad,
         pero nosotros siempre estamos solos,
         por eso ven siempre, Señor.
         Vienes como hijo de la paz,
         pero nosotros no sabemos qué es paz,
         por eso ven siempre, Señor.

Todos. Ven, Salvador...

Uno.     Vienes a liberarnos,
         y nosotros nos sentimos esclavos,
         por eso ven siempre, Señor.
         Vienes a consolarnos,
         y nosotros estamos siempre tristes,
         por eso ven siempre, Señor.
         Vienes a buscarnos,
         y nosotros siempre estamos perdidos,
         por eso ven siempre, Señor.

Todos. Ven, Salvador...
       (Aquí se podría encender, si se quiere, la primera de las velas o lámparas de la “corona de
        Adviento”).

Uno.    Ven, luz que ahuyentas la oscuridad del corazón,
        brilla en medio de nosotros y disipa la tiniebla del egoísmo.
        Ven, paz serena, que anima al desilusionado,
        cura nuestras heridas y desengaños.
        Ven a socorrer a los que tiene miedo del mañana,
        porque sin tu ayuda no podemos emprender el vuelo.
        Ven amigo siempre fiel,
        y danos tu mano a pesar de nuestra infidelidad.
        Ven tú que moriste y resucitase para que nosotros vivamos.
        Vuelve a liberarnos de nuestras esclavitudes.

Todos. Ven, Salvador...

Presidente: A cuantos esperan la vuelta de tu Hijo,
        concédeles, Padre de todos los vivientes,
        que sepan discernir en el tiempo
        los signos de tu incesante venida,
        en cada árbol seco
        la savia antigua que volverá a brotar;
        la caña torcida no será cortada, sino que se revestirá de vida;
        la luz tambaleante no será apagada,
        sino que brillará con nueva fuerza;
        los problemas de nuestra vida se superarán
        con la esperanza que procede de ti y conduce a ti,
        ahora y por siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Canto final: Cristo nuestro Salvador; Vamos a preparar el camino.

                                                   (Inspirado en “Spas” 54 y en “Paroisse et Liturgie”).
                                  LA “SEMANA SANTA”
                                QUE PREPARA LA NAVIDAD

                                                                                                       J. LLIGADAS
      El 17 de diciembre empieza la segunda parte del Adviento, las “ferias privilegiadas” que nos acercan con
      intensidad a la celebración de la Navidad. Los textos de la misa y de la Liturgia de las Horas tienen un color muy
      propio, que vale la pena saborear. Pero también pueden ayudar otros elementos que aquí sugerimos:


1. En la misa diaria
Cada día, después de la comunión y después de un breve silencio, permaneciendo todos sentados o de pie (según
se crea oportuno) se hace lo siguiente:
– Un lector lee la antífona del Magníficat propia del día (la “antífona de la O”) como figura en la Liturgia de las
  Horas. El día 24 (que no hay “antífona de la O”) se lee la antífona del Benedictus, de Laudes.
– Todos recitan a la vez el Magníficat (hay que repartirlo copiado en una hoja).
Después, el celebrante dice la poscomunión y la misa termina como de costumbre.

2. En algún acto de piedad habitual
Si es costumbre rezar cada día el rosario o algún otro ejercicio piadoso, se puede añadir, al terminar, lo siguiente:
– Se lee el evangelio del día ( si es domingo, se lee el que correspondía al día del mes, no el del domingo).
– Se hace un breve silencio.
– Un lector lee la antífona del Magníficat propia del día.
– Todos recitan a la vez el Magníficat (el día 22, en el evangelio se lee ya el Magníficat, pero no pasa nada por
  escucharlo primero y recitarlo después).
– Se puede terminar con la oración del día o con un canto de Adviento o de la Virgen.


3. En un acto de plegaria específico
Se puede programar, para estos últimos días del Adviento, un encuentro de oración diario, a una hora adecuada.
En cada lugar se verá lo que conviene hacer, según la imaginación, las posibilidades y las tradiciones. Si en el
lugar donde se realiza el encuentro está la corona de Adviento, se pueden tener encendidas las velas que
correspondan, o encenderlas todos los días durante el canto inicial o el saludo. También puede estar el belén e ir
añadiendo cada día una figura.
Aquí ofrecemos tres modelos posibles para ese encuentro de oración:

* Esquema primero: Siguiendo el evangelio del día
– Canto de Adviento
– Oración de la misa del día
– Salmo responsorial de la misa del día, leído por un lector, sin respuesta de la asamblea o alternando con el
  canto de una antífona.
– Lectura del evangelio del día
– Breve silencio o breve comentario
– Un lector lee la antífona del Magníficat propia del día
– Todos recitan a la vez el Magníficat
– Padrenuestro
– Canto final de la Virgen.


* Esquema segundo: Oración a María
El tiempo de Adviento, como recordaba el papa Pablo VI en la exhortación apostólica Marialis cultus, “puede
ser considerado como un tiempo especialmente apto para rendir culto a la Madre del Señor”. Es,
verdaderamente, el auténtico “mes de María”. Por ello tiene mucho sentido organizar, en estos últimos días de
Adviento, un encuentro de oración centrado en contemplar su figura como modelo y estímulo de preparación de
la venida del Señor.
Para ello, se puede encontrar todo el material necesario en el libro de la colección “Celebrar” titulado Mes de
María (que no presenta sólo celebraciones para el mes de mayo, sino también para este tiempo final de
Adviento).


* Esquema tercero: “Novena de Navidad”
Ver este esquema desarrollado en las páginas 61-69.



4. En un día de celebración preparatoria de la Navidad
La última de las posibilidades de preparación de la Navidad que aquí proponemos, consiste en convocar, una de
los días de la última semana, un encuentro que incluya una oración (con las lecturas de la misa de uno de
aquellos días, por ejemplo), un ensayo de cantos navideños (litúrgicos y no litúrgicos) y un piscolabis pre-
navideño. Pero también se podría pensar en un encuentro de oración más extenso: en la página 132 presentamos
un modelo ya desarrollado, pensado directamente como vigilia preparatoria de la misa del gallo, pero que
también ofrece la forma de adaptarla para otro día pre-navideño.




                                 NOVENA DE NAVIDAD

                                                                                                  P. FARNÉS


                                      ORDINARIO DE LA NOVENA
1. Introducción
Si los fieles son capaces de cantar algún canto de Adviento se empieza por este canto (v.gr. Deiss:
Cielos, lloved vuestra justicia; Espinosa: Un pueblo que camina por el mundo).
Si no puede haber canto puede empezarse diciendo:
V/. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
R/. Amén.
V/. El Señor está cerca, venid, adorémosle.
R/. El Señor está cerca, venid, adorémosle.

2. Oración inicial
La propia de cada día (págs. 63-69).


3. Lectura bíblica
La propia de cada día (págs. 63-69).


4. Antífona
La propia de cada día (págs. 63-69).

5. Invocaciones litánicas
Estas invocaciones litánicas pueden rezarse íntegramente cada día de la novena o bien alternar las
dos secciones usando los días impares la primera parte y los pares la segunda.

                                                    I
Jesús, luz del mundo                      Ten piedad de nosotros.
Jesús, sol de justicia                    Ten piedad de nosotros.
Jesús, lucero brillante de la mañana      Ten piedad de nosotros.
Jesús, camino que nos conduces al Padre Ten piedad de nosotros
Jesús, vida nuestra                       Ten piedad de nosotros
Jesús, verdad nuestra                     Ten piedad de nosotros
Jesús, sacerdote de la nueva alianza      Ten piedad de nosotros
Jesús, compasivo y fiel                   Ten piedad de nosotros
Jesús, mediador entre Dios y los hombres Ten piedad de nosotros
Jesús, buen pastor                        Ten piedad de nosotros
Jesús, puerta de las ovejas               Ten piedad de nosotros
Jesús, profeta que has surgido entre nosotros
                                                                                 Ten piedad de nosotros
Jesús, maestro nuestro                      Ten piedad de nosotros
Jesús, sencillo y humilde de corazón        Ten piedad de nosotros


                                                   II
Jesús, nuestra paz                        Ten piedad de nosotros
Jesús, nuestro redentor                   Ten piedad de nosotros
Jesús, víctima de expiación por nuestros pecados
                                          Ten piedad de nosotros
Jesús, luz de la vida                     Ten piedad de nosotros
Jesús, pan bajado del cielo               Ten piedad de nosotros
Jesús manantial de agua viva que saltas hasta la vida eterna
                                          Ten piedad de nosotros
Jesús, imagen del Dios invisible          Ten piedad de nosotros
Jesús, reflejo de la gloria del Padre     Ten piedad de nosotros
Jesús, vid verdadera de la que nosotros somos sarmientos
                                          Ten piedad de nosotros
Jesús, engendrado antes que toda criatura Ten piedad de nosotros
Jesús, cabeza del cuerpo de la Iglesia    Ten piedad de nosotros
Jesús, el primero y el último             Ten piedad de nosotros
Jesús, el alfa y la omega                 Ten piedad de nosotros
Jesús, el principio y el fin              Ten piedad de nosotros


6. Padrenuestro
Pidamos con las mismas palabras que nos enseñó Jesús, que venga nosotros y a todo el mundo el
reino de Dios: Padre nuestro.

7. Conclusión
El Señor nos bendiga,
nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.




                                PARTES PROPIAS PARA CADA DIA

                                            16 de diciembre
Oración inicial
       Atiende, Dios todopoderoso y eterno,
       los deseos de tu pueblo
       y, por la fuerza de la venida de tu Hijo
       en nuestra carne mortal,
       sálvanos de nuestras debilidades.
       Por Jesucristo, nuestro Señor.


Lectura bíblica
Cant 2, 8-14: El Verbo de Dios, el esposo de Sión, viene para desposarse con la humanidad.


Antífona
       Oh Sabiduria,
       que brotaste de los labios del Altísimo,
       abarcando del uno al otro confín
       y ordenándolo todo con firmeza y suavidad,
       ven y muéstranos el camino de la salvación.


                                            17 de diciembre
Oración inicial
       Dios todopoderoso y eterno
       que nos mandas preparar el camino a Cristo, el Señor,
       atiende a tu pueblo suplicante
       y haz que nos dispongamos a celebrar dignamente
       las próximas fiestas de Navidad.
       Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectura bíblica
Eclo 24, 1-9: La fe nos invita a contemplar a Jesucristo, el Hijo eterno de Dios, actuando en la
creación del mundo y en la historia y poniendo su morada en la Iglesia, nuevo «tabernáculo de
Jacob».

Antífona
       Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel,
       que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente
       y en el Sinaí le diste tu ley,
       ven a librarnos con el poder de tu brazo.


                                          18 de diciembre
Oración inicial
       Acoge, Padre misericordioso,
       los deseos de tu pueblo,
       que espera anhelante las fiestas del nacimiento de tu Hijo,
       que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

Lectura bíblica
Ex 3, 1-15: La zarza ardiendo reveló y al mismo tiempo escondió a Moisés la presencia del Señor; así
también la encarnación del Verbo nos revela a nosotros, de una manera aún oscura, al Dios
escondido que contemplaremos un día cara a cara.


Antífona
       Oh Renuevo del tronco de Jesé,
       que te alzas como un signo para los pueblos,
       ante quien los reyes enmudecen
       y cuyo auxilio imploran las naciones,
       ven a librarnos, no tardes más.


                                          19 de diciembre
Oración inicial
       Concédenos, Señor,
       los bienes que deseamos y pedimos
       y haz que nos dispongamos
       a celebrar debidamente las fiestas de Navidad.
       Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectura bíblica
Is 1, 1-11: Cristo, brota de la raíz de Israel, como el Mesías anunciado por los profetas.

Antífona
       Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel,
       que abres y nadie puede cerrar,
       cierras y nadie puede abrir,
       ven y libra a los cautivos
       que viven en tinieblas y en sombra de muerte.



                                            20 de diciembre
Oración inicial
       Señor Jesucristo,
       que has venido a reunir a todos los hombres
       para formar con ellos una sola familia,
       atiende los deseos de tu Iglesia
       y haz que podamos celebrar dignamente
       las próximas fiestas de Navidad.
       Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Lectura bíblica
Ap 5, 1-9: Cristo es el único que abre el libro cerrado, es decir el que nos da a comprender el sentido
de nuestra historia humana, llena de pobreza, de sufrimientos, de muerte, males cuya presencia no
sabemos compaginar con el amor que Dios nos tiene; la presencia de Cristo, pobre y sufriente a
pesar de ser el Hijo amado, es la clave de esta historia: la pobreza, el sufrimiento e incluso la misma
muerte son camino que lleva a la felicidad y a la resurrección.



Antífona
Oh Sol que naces de lo alto,
Resplandor de la luz eterna,
Sol de justicia,
ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte.



                                            21 de diciembre
Oración inicial
       Atiende, Señor Jesús, nuestros deseos
       y haz que los que confesamos
       que tu reino está en medio de nosotros
       sepamos anunciar a nuestros hermanos
       la buena nueva de tu Evangelio salvador.
       Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Lectura bíblica
Baruc 4, 30.36-5,9: Jesús, resplandor de la luz eterna, viene a visitar a la humanidad como aquel sol
que se levanta anunciado por Baruc. Él nos libra de nuestro destierro y nos conduce a la libertad de la
Jerusalén reconstruida, la Iglesia santa.

Antífona
       Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos,
       Piedra angular de la Iglesia,
       que haces de dos pueblos uno solo,
       ven y salva al hombre que formaste del barro y la tierra.



                                           22 de diciembre
Oración inicial
       Señor Jesús, Salvador nuestro,
       que cada año animas nuestras esperanzas
       con la celebración de las fiestas de tu nacimiento,
       escucha las oraciones de tu pueblo
       y haz que sepamos acoger con alegría
       los dones de tu bondad.
       Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.


Lectura bíblica
1 Pe 2,4-8: Cuando en Belén nace el Hijo de Dios como hombre comienza la edificación de aquel
templo definitivo del que todos los fieles somos piedras vivas y en el que Dios es reverenciado.


Antífona
       Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro,
       esperanza de las naciones y salvador de los pueblos,
       ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.



                                          23 de diciembre
Oración inicial
      Señor Jesús, que con tu nacimiento
      vienes a sanar nuestros corazones,
      escucha la oración de tu pueblo
      y concédenos bondadosamente lo que te hemos pedido
      Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.


Lectura bíblica
Is 7, 10-15: El Emmanuel, Dios-con-nosotros, es la nueva y definitiva tienda del encuentro de Dios
con la humanidad. En el niño de Belén habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad (Col 2,
9).
Antífona
Se ha cumplido ya todo lo que el ángel dijo de la Virgen María.



                                                 24 de diciembre
Oración inicial
       Acoge, Señor Jesús, las oraciones de tu pueblo
       que espera anhelante las fiestas de Navidad,
       y, con la fuerza de tu nacimiento,
       hazlo capaz de recibir tus dones y de anunciar, con valentía,
       tu presencia salvadora en el mundo.
       Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Lectura bíblica
Is 60, 1.13-20: El nacimiento de Cristo tranformará la situación de la humanidad. La Iglesia, nueva
Jerusalén, aportará a los hombres la luz que los iluminará, el Evangelio de Jesús, y la humanidad
entera verá resplandecer la salvación.

Antífona
Ven, Jesús, aurora resplandeciente, esposo de la humanidad, y, con tu nacimiento, ilumina las
tinieblas de todos los hombres.




                       CELEBRACIONES DE LA PENITENCIA


                                                                                                            J. GOMIS

     Los dos esquemas de celebración que presentamos están especialmente pensadas para los últimos días de Adviento,
     en el umbral de la Navidad.

     En muchos lugares era una arraigada costumbre: “confesarse” antes de Navidad. En la realidad actual, estas
     celebraciones penitenciales pueden ser, además, como un resumen/culminación de lo vivido durante el Adviento,
     abriéndonos a la “gracia” de la Navidad (que es mucho más don sorprendente de Dios que esfuerzo nuestro).
     En algunos ambientes, con alto nivel de práctica –por ejemplo, comunidades religiosas, asistentes a la misa diaria–,
     quizá podría organizarse esta celebración penitencial de Adviento en dos partes: una invitatoria, inicial, en la
     primera semana, dejando espacio para la conversión/renovación personal durante las siguientes semanas, y la otra,
     conclusiva, más centrada en el don/perdón de Dios, convocada en los últimos días prenavideños.
     En el Dossier CPL 74, Celebraciones comunitarias de la Penitencia, pueden hallarse tres proyectos centrados en
     cada uno de los tres ciclos del leccionario, A, B y C. También se encuentran otros proyectos en el Dossier CPL 88,
     Confirmación y Primera Comunión, Penitencia y Unción.
                                         Esquema primero
                   ANHELAMOS Y PEDIMOS LA VENIDA DEL REINO DE DIOS

1. Ambientación (bueno será ambientar la celebración con alguna música de fondo –¡no navideña!–
que acoja a los que van llegando. Y colocar en la entrada y en el presbiterio algún cartel/póster con
una frase que sintetice lo que venimos a pedir).

2. Saludo. Hermanas y hermanos: estamos al final de estas semanas esperanzadas de Adviento, en
el umbral de la celebración gozosa y agradecida de Navidad. Venimos para pedir el perdón renovador
de nuestro Padre Dios. Con mucha esperanza en él, y también algo de buena voluntad por nuestra
parte. Por eso, permitid que os reciba y salude con estas palabras (pausa): La gracia, el perdón y la
paz renovadora de Dios, Padre de todos nosotros, y de su hijo Jesús, el que siempre viene a nuestras
vidas, esté con todos vosotros.

3. Canto. Como introducción a esta celebración, cantemos juntos (y que el canto exprese nuestro
anhelo de renovación, de conversión): Ven, ven, Señor, no tardes (MD 634 (34) / CLN 9).

4. Diálogo introductorio (leído, pausadamente, por dos asistentes; bueno será adaptarlo a cada
lugar):
– El tiempo de Adviento ha sido un constante y repetido anuncio: El Señor vendrá. Pero, ¿nos
  abrimos nosotros a esta venida del Señor?
– La alegre celebración de la Navidad será un estallido de aquella afirmación tantas veces repetida:
  “El Señor está con nosotros”. Pero, ¿nosotros estamos con el Señor?
– Jesús vino para anunciarnos la Buena Noticia: “El Reino de Dios está entre vosotros”. Pero
  nosotros, ¿vivimos del Reino de Dios, lo anhelamos, trabajamos por su venida, caminamos hacia
  él?
– El Reino de Dios es toda verdad, toda justicia, todo amor, toda belleza, toda bondad que hay o
  podría haber entre nosotros. Nosotros, ¿nos damos cuenta de que celebrar la venida del Señor
  significa descubrir más el Reino que ya tenemos ahora, significa anhelar y luchar para que venga
  más a nosotros y a todos los hombres?
– Pero también nos hemos reunido para orar confiadamente al Padre, repitiendo una vez más
  aquellas palabras del Padrenuestro: “Venga a nosotros tu Reino”. Por eso y en primer lugar,
  escucharemos su Palabra para que reafirme nuestra esperanza. Muy de verdad, muy hondamente.

5. Oración
Oremos unidos.
Padre santo: Nos queremos preparar para celebrar de nuevo la constante venida de tu Hijo Jesucristo
a nuestra vida.
Queremos abrirnos más a tu Reino, anhelarlo más, empeñarnos más para que venga a nosotros.
Pero sabemos y reconocemos que hay en todos nosotros demasiados obstáculos, mucho miedo y
egoísmo; reconocemos que necesitamos que nos fecunde tu verdad, tu esperanza, tu amor.
Por eso te pedimos que nos ayudes a renovarnos: que venga a nosotros tu Reino. Te lo pedimos muy
confiadamente por Jesucristo, nuestro Señor.
6. Primera lectura: Isaías 11,1-10 (es la primera lectura del domingo 2 de Adviento del ciclo A).

7. Salmo 22: El Señor es mi pastor
Se encuentra en el cuarto domingo de Cuaresma del mismo ciclo A (convendría recitarse
alternándolo con la antífona “El Señor es mi pastor, nada me falta”, CLN D 25 y 504 / MD 806, u otra
semejante).

8. Evangelio: Marcos 4,26-32 (es el evangelio del domingo 11 del tiempo ordinario del ciclo B).


9. Sugerencias para la homilía
En la primera lectura hemos escuchado el gran anuncio del Señor que viene a nosotros para
comunicarnos su Reino. Su Reino que está ya entre nosotros, pero quiere crecer hasta llegar a su
plenitud. Esta es nuestra fe, esta es nuestra esperanza. El Reino –el amor, la vida– de Dios se nos
ofrecen para que los acojamos y los comuniquemos.
Pero, ¿vivimos nosotros del Reino de Dios? ¿lo sabemos descubrir presente en nuestra vida, lo
valoramos? ¿lo deseamos, lo pedimos? ¿nos abrimos a él, luchamos por superar todo mal que en
nosotros y en nuestra sociedad se le opone? De nada serviría celebrar la venida de Jesucristo, si nos
olvidamos de que él viene a anunciar y trabajar por el Reino de amor, bondad y vida.
Lo que sucede es que quizá no creemos bastante en el Reino como don de Dios. Como gracia
renovadora y fortalecedora en nosotros. El Reino es más que lo que nosotros hacemos (o
quisiéramos hacer). Creer en el Reino significa abrirnos al don siempre constante de Dios que viene,
que se nos da, que está en nosotros. Que nos fecunda y transforma. Por ello Jesucristo habla del
Reino como de una semilla que germina y va creciendo sin que sepa nadie cómo.
Si ahora deseamos reconocer unos ante otros, y todos ante Dios, nuestro pecado que nos aleja del
Reino, es necesario que reconozcamos que en nosotros está también la gracia, el don de Dios: su
Reino, semilla que germina y crece.


10. Silencio. Sin prisas. Mejor con música de fondo. Y, quizá, con la iglesia en cierta penumbra.



11. Confesión general
Confesemos ahora, juntos, que por nuestra falta de fe, de esperanza y de amor, vivimos poco del
Reino de Jesucristo. Y pidamos perdón diciendo: VEN, SEÑOR JESÚS.
– Porque creemos poco en la fecundidad de tu Palabra; porque no nos dejamos guiar por tu
  Evangelio; porque no buscamos siempre la verdad, ni la defendemos bastante, porque no la
  comunicamos; por nuestras mentiras y trampas... humildemente te pedimos todos juntos: VEN,
  SEÑOR JESÚS.

– Porque tenemos una esperanza muy débil; porque no valoramos gozosamente todo lo que de
  bueno nos das y no sabemos darte gracias por ello; porque nos resignamos fácilmente a aquello
  que hay de mal en el mundo; porque no luchamos para que aumente la justicia y la libertad; por
  nuestro miedo y nuestra pereza... humildemente te pedimos todos juntos: VEN, SEÑOR JESÚS.
– Porque nos cuesta dejarnos transformar por tu amor; porque lo empequeñecemos y lo
  traicionamos; porque hay en nosotros dureza, egoísmo, indiferencia; porque utilizamos a los
  demás para descargar nuestro malhumor; porque no buscamos sinceramente en tu Palabra y en tu
  Eucaristía la luz y la fuerza que necesitamos para amar más y mejor... humildemente te pedimos
  todos juntos: VEN, SEÑOR JESÚS.
12. Padrenuestro
Hermanas y hermanos: como Cristo nos enseñó, pidamos al Padre que venga a nosotros su Reino de
verdad, de amor y de esperanza. Digamos (cantemos): Padre nuestro...

13. Oración presidencial
Dios todopoderoso en tu amor y eterno en tu perdón: en vísperas de la celebración del Nacimiento de
tu Hijo y hermano nuestro Jesús, te pedimos que, con la misma generosidad sin límite con que
enviaste al Señor Jesús a compartir su vida con nosotros hasta entregarla hasta la muerte, renueves
nuestro camino. Que en la noche, surja la luz. Que la tibieza se convierta en decisión. Perdona
nuestro pecado, nuestra mediocridad, nuestras ambigüedades. Para poder acoger la venida del Niño
que es salvador, guía, fuerza renovadora.
Y así, juntos, con todos los cristianos del mundo y con todas las mujeres y los hombres de buena
voluntad, disponernos mucho más a trabajar por tu Reino aquí y ahora. Con la esperanza de llegar a
la inmensa alegría de la plenitud de tu Reino, después, en la fiesta del cielo.
Te lo pedimos con sencillez, pero con toda confianza, por y con Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

14. Confesión y absolución (según el Ritual)

15. Satisfacción penitencial. (Como signo de la voluntad de conversión, se puede proponer que
cada uno ofrezca alguna limosna o ayuda a los necesitados en los próximos días de Navidad).
16. Gesto de paz. Compartiendo la alegría del perdón que hemos recibido, hermanas y hermanos,
démonos fraternalmente la paz.
17. Canto de alabanza
Y demos juntos gracias a Dios, con las palabras del cántico de María. Porque el Señor ha hecho
maravillas (CLN 314 y 321 / MD 981 (381) y 994 (394)).

18. Oración final
Dios y Padre nuestro, tú perdonas nuestros pecados y nos das la paz; haz que también nosotros,
gracias a la luz de tu Hijo hecho hombre, seamos comunicadores de perdón y de paz a todos
nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

19. Bendición y despedida (sin canto final)



                                                 Esquema segundo
                              CONVERTIRSE/ARREPENTIRSE ES ALEGRARSE

(Este esquema de celebración penitencial, para el final del Adviento, está ya muy centrado en el mensaje de Navidad. Al fin
y al cabo, buena parte de quienes acuden en estas fechas a la celebración penitencial, lo hace ya muy pensando en la
Navidad. El esquema y los contenidos son sencillos: en cada lugar convendrá adaptarlos y, quizá, completarlos).

1. Inicio (ya con el presidente y sus ayudantes –si los hay– sentados en sus sitios, convendría
esperar pacientemente que los asistentes retardados vayan llegando. Con una adecuada y suave
música de fondo que acoja. Luego el presidente –o, si es posible, dos de los asistentes,
dialogalmente–, explican el sentido de la celebración):
– Hemos acudido aquí para prepararnos a la celebración de la Navidad de Jesús. La Navidad de
  Jesús que, de algún modo, es también la nuestra. Porque por gracia de Dios se nos ofrece la
  posibilidad –a todos– de renacer. Es decir, de que irrumpa en nosotros una nueva fuerza y
  esperanza de vida.
– Pero, para ello, es preciso no evadirnos de nuestra realidad personal. Reconocerla y enmendarla.
  El Señor Jesús, enviado del Padre, y ahora con la fuerza del Espíritu Santo, viene a todos nosotros
  para ayudarnos. Pero, ¿cómo puede ayudarnos si nosotros no sentimos, muy de verdad, la
  necesidad de su ayuda?
– Dicho claramente: si nosotros no reconocemos y confesamos que casi cada día, o muy
  frecuentemente, no somos fieles a su Evangelios, nos apartamos de aquello que pedimos en el
  Padrenuestro: “venga tu Reino, hágase tu voluntad, perdona como también nosotros perdonamos”.
– El Niño Jesús nació inocentemente, ilusionadamente –como cualquier niño– en Belén, hace ya dos
  mil y pico de años. Inocentemente, ilusionadamente. Pero, luego, la vida le enseñó que poco podía
  hacer, que poco podía dar, a los hombres y mujeres que ya pensaban que todo lo hacían bien, que
  ellos no eran pecadores (los otros sí, ellos no). Y por eso, como nos lo explican los evangelios,
  prefería, se acercaba y bendecía, a las mujeres y los hombres que con sencillez, con verdad, se
  reconocían no santos, no buenos, sino simples y cotidianos pecadores. Es decir, necesitados del
  perdón y del amor renovador de Dios. (Espacio de silencio. Ayudaría un fondo musical).

2. Oración (puestos de pie). Dios y Padre nuestro: en vísperas de la celebración del Nacimiento de tu
Hijo y hermano nuestro Jesús, pedimos tu bendición de amor, tu perdón, tu gracia de renovación.
Y, muy especialmente, alcanzar a compartir tu don de la alegría. Alegría por tu amor, alegría por
conocer y seguir a Jesús, alegría por reconocer que siendo como somos pecadores, deseamos
convertirnos, mejorar, progresar por el sorprendente camino de vida, de amor, de verdad, justicia y
libertad que nos enseñó y compartió Jesús.
Todos los que hoy aquí nos hemos reunido, con sinceridad te lo pedimos: danos tu perdón, danos tu
fuerza, ayúdanos a seguir el evangelio de Jesús. En resumen y como conclusión: que, por favor,
podamos vivir y compartir y comunicar el gran don de tu alegría. Te lo pedimos con Jesús, y unidos a
tu Espíritu Santo, con una gran confianza, con una gran esperanza, por los siglos de los siglos. Amén.

3. Canto. (Quizá, antes de iniciar las lecturas, como cierto descanso de la asamblea, sería oportuno
compartir un canto conocido).

4. 1ª lectura: Filipenses 4,4-7 (2ª lectura del domingo 3 de Adviento, ciclo C). Estad alegres. El Señor
está cerca.

5. Salmo: El Señor es mi pastor (salmo 22: MD 806)

6. Lectura evangélica (proponemos dos posibilidades, a escoger):
A – Mateo 1,18-24 (domingo 4 de Adviento, ciclo A). José, que era bueno, hizo lo que le había
mandado el ángel)
B – Lucas 1,39-45 (domingo 4 de Adviento, ciclo C). María se puso en camino... “Dichosa tú que has
creído”.

7. Orientaciones para la homilía (breve).
– El Señor, Dios, nuestro entrañable Padre, nos espera y nos sorprende. Porque siempre anhela
  más de nosotros y porque confía realmente en nosotros. Quizá seamos nosotros quienes
  desconfiemos, quienes dudemos y pensemos que nada –o poco– podemos mejorar.
– Después de estas semanas de Adviento, de esperanza, de pedir una y otra vez “Ven, Señor
  Jesús”, haríamos trampa si nos limitáramos en esta celebración a un simple pedir perdón y punto.
  Es decir, si no somos capaces –atrevidos, esperanzados– para abrirnos al abrazo de Dios Padre,
  su perdón que es semilla de mejora. Si, en el umbral de la celebración de la Navidad, no pedimos
  y anhelamos seguir mucho más de cerca, mucho más fielmente, la Buena Nueva renovadora de
  Jesús. No es fácil pero tampoco es imposible: todos conocemos mujeres y hombres, cercanos a
  nosotros, que lo han hecho, que lo hacen.
– Decía la lectura de san Pablo: “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres”.
  Quizá es lo que nos falta, en esa sociedad complicada y compleja en que vivimos: saber abrirnos a
  la alegría como gran don de Dios. Dios no es padre de amarguras y tristezas, sino de alegría que
  se expande y ayuda. ¿Qué anunciaron los ángeles en aquella noche de Navidad?: “No temáis, os
  traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo”.
– (Si se ha escogido el evangelio de Mateo): Tenemos un ejemplo sencillo y cercano en aquella
  excelente persona que fue José (“era bueno”, dice el evangelio). Apenas entiende nada de lo que
  sucede, pero apuesta sin calcular los riesgos por la confianza, sin atreverse a juzgar a la joven
  María. Ojalá, todos nosotros, fuéramos capaces de seguir su ejemplo: no juzgar, confiar, apostar
  por el amor sin condiciones. ¿Qué ganó aquel buen hombre, buen esposo, buen padre, llamado
  José? Porqué apostó sin saber qué pasaría, tuvo la mejor esposa, el mejor hijo, y la mejor alegría.
– (Si se ha escogido el evangelio de Lucas): De María, la madre del Hijo de Dios, solemos decir y
  cantar muchas alabanzas. Pero, quizá, nos olvidamos de lo que más subrayan los evangelios y
  bueno será recordarlo en vigilias de las fiestas de Navidad. Los evangelios nos la presentan, sobre
  todo, como una joven, una mujer, dispuesta. A punto de servicio. Se nos habla de un ángel que le
  hace un sorprendente anuncio, y ella, sin entender demasiado, responde: Sí. Luego, se le
  comunica que una lejana y madura parienta está a punto de dar a luz, y ella, sin miedo ni reservas,
  corre a darle compañía (y, en aquel tiempo, ir de un sitio a otro, no era fácil). Es la sencilla y
  entrañable lección que nos da María en el umbral de la Navidad: lo primero, lo decisivo, es servir,
  ayudar, dar compañía. María fue Madre del Hijo de Dios, pero antes fue servidora y acompañante
  de quien necesitaba de su servicio y compañía. Es decir, dio alegría, dio amor y servicio. Lo que
  nosotros, cada uno desde su circunstancia, hoy pedimos y anhelamos.

8. Silencio. (Quizá podría repetirse el canto del salmo El Señor es mi pastor. O de otro canto
adecuado)

9. Confesión y absolución (según lo previsto en el Ritual. Sea cual se la opción escogida,
convendrá realizarla sin prisas, con esmerada atención a los penitentes).

10. Al final de las confesiones:
Dios Padre de amor sin límites, tenga misericordia de todos nosotros, perdone nuestro pecado y nos
conduzca hacia el Reino eterno. Amén.

11. Propuesta de satisfacción (penitencia) común: Cada uno de nosotros sabe su pecado y la
necesidad que tiene de convertirse. Pero, como comunidad cristiana aquí reunida, permitid que os
proponga una penitencia común, buena para todos. En vigilias de la alegría de Navidad, ¿qué
podemos hacer para comunicarla a quienes más la necesitan? Digo y propongo: ¿no podríamos
visitar y acompañar a algún enfermo o anciano necesitado de cariño?. O, quizá, ¿decidirnos a
reconciliarnos, sencillamente, con familiares, vecinos, compañeros de trabajo, con quienes estemos
enemistados? Y, aún, más a fondo, con quienes compartimos el día a día de nuestra vida, en nuestra
familia, en la que nos ayudamos pero también nos enfadamos y quizá nos alejamos, ¿no sería la
mejor gracia de Navidad no sólo brindar con champán sino sabernos perdonar sin ningún rencor,
abrirnos a la ayuda, al servicio, a la alegría compartida? Son propuestas para que cada uno de
nosotros concrete.
12. Padrenuestro y Magnificat
Podríamos terminar esta celebración penitencial primero con la oración que Jesús quiso confiarnos
(con aquella petición comprometida de que Dios nos perdone como nosotros conseguimos
perdonarnos). Y luego cantaremos aquel admirable canto de María que conocemos como el
“Magnificat”, pero que posiblemente mejor sería denominar el canto explosivo de la alegría de la
muchacha de Nazaret que intuyó como nadie qué es el amor, el perdón, la vida de nuestro Padre
Dios.
– Padrenuestro
– Magnificat (como canto final)

13. Bendición y despedida
La bendición – la alegría y el perdón– de Dios Padre, de su Hijo Jesús, del Espíritu Santo, esté
siempre con todos vosotros.
Id en paz y que todos tengamos y sepamos compartir una muy feliz Navidad.



Signos de Adviento



                             LA CORONA DE ADVIENTO
                         EN LA IGLESIA, EN LA CATEQUESIS,
                                     EN CASA


      El rito de la corona de Adviento se ha ido introduciendo acertadamente en los distintos ámbitos de la vida cristiana,
      contribuyendo a resaltar la peculiaridad de este tiempo. Se trata, como se sabe, de una corona de ramas verdes (sin
      flores, que serán más propias de la Navidad), en la que se fijan cuatro velas vistosas. También podemos emplear la
      imaginación y crear algún otro tipo de soporte, siempre que resulte digno y agradable. Y cada semana se realiza el
      rito de encender las velas correspondientes: el primer domingo de Adviento una, el segundo dos, el tercero tres, el
      cuarto y último las cuatro.
      Este itinerario, acompañado de alguna oración o canto, nos marcará los pasos que nos acercan hasta la fiesta de la
      Navidad, y nos ayudará a tener más presente el tiempo en que nos encontramos.


1. LA CORONA EN LA IGLESIA
En la iglesia, la corona se puede poner sobre una mesilla, o sobre un tronco de árbol, o colgada del techo con una
cinta elegante; no se pone encima del altar, sino junto al ambón o en otro lugar adecuado.
El rito de encendido de la corona se hace en todas las misas dominicales (incluyendo la vespertina del sábado).
En las comunidades religiosas, en cambio, será mejor hacerlo en la celebración que inaugure cada semana:
primeras vísperas, laudes o Eucaristía.
En la Eucaristía, se pueden encender las velas sencillamente durante el canto de entrada, o bien con mayor
relieve después del saludo y de una breve monición. En este segundo caso, el mismo celebrante, o bien distintas
personas de la asamblea (una semana un niño, otra una religiosa, otra un matrimonio...) encienden la vela o velas
correspondientes. Y entretanto se canta alguna otra estrofa del canto de entrada, o se dicen las invocaciones del
acto penitencial, o se dicen las oraciones siguientes (que puede recitar la asamblea conjuntamente, en una hoja
previamente repartida).

Primer domingo
      Encendemos, Señor, esta luz,
      como aquél que enciende su lámpara
      para salir, en la noche,
      al encuentro del amigo que ya viene.
      En esta primera semana del Adviento
      queremos levantarnos para esperarte preparados,
      para recibirte con alegría.
      Muchas sombras nos envuelven.
      Muchos halagos nos adormecen.
      Queremos estar despiertos y vigilantes,
      porque tú nos traes la luz más clara,
      la paz más profunda y la alegría mas verdadera.
      ¡Ven, Señor Jesús. Ven, Señor Jesús!

Segundo domingo
    Los profetas mantenían encendida
    la esperanza de Israel.
    Nosotros, como un símbolo,
    encendemos estas dos velas.
    El viejo tronco está rebrotando,
    florece el desierto.
    La humanidad entera se estremece
    porque Dios se ha sembrado en nuestra carne.
    Que cada uno de nosotros, Señor,
    te abra su vida para que brotes,
    para que florezcas, para que nazcas
    y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza.
    ¡Ven pronto, Señor. Ven, Salvador!

Tercer domingo
      En las tinieblas se encendió una luz,
      en el desierto clamó una voz.
      Se anuncia la buena noticia: el Señor va a llegar.
      Preparad sus caminos, porque ya se acerca.
      Aclamad vuestra alma
      como una novia se engalana el día de su boda.
      Ya llega el mensajero.
      Juan Bautista no es la luz,
      sino el que nos anuncia la luz.
      Cuando encendemos estas tres velas
      cada uno de nosotros quiere ser
      antorcha tuya para que brilles,
      llama para que calientes.
      ¡Ven, Señor, a salvarnos,
      envuélvenos en tu luz, caliéntanos en tu amor!
Cuarto domingo
      Al encender estas cuatro velas, en el último domingo,
      pensamos en ella, la Virgen,
      tu madre y nuestra madre.
      nadie te esperó con más ansia,
      con más ternura, con más amor.
      Nadie te recibió con más alegría.
      te sembraste en ella
      como el grano de trigo se siembra en el surco.
      En sus brazos encontraste la cuna más hermosa.
      También nosotros queremos prepararnos así:
      en la fe, en el amor y en el trabajo de cada día.
      ¡Ven pronto, Señor. Ven a salvarnos!

2. LA CORONA EN CASA
En casa, la corona se pone sobre una mesilla, o colgada del techo, o en algún otro lugar destacado. También se
puede poner a los pies de una imagen de la Virgen.
El primer domingo de Adviento es el domingo que cae entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre (o sea,
cuatro domingos antes de la Navidad). Ese día, antes de comer (o el sábado anterior por la noche, o en cualquier
otro momento que resulte adecuado), se enciende una vela de la corona; el segundo domingo dos; el tercero tres;
y el cuarto, las cuatro.
Este rito se acompaña de una oración, como la que aquí indicamos a continuación; también se puede cantar un
canto y la oración; o la oración, el padrenuestro y el avemaría. También se puede leer la primera lectura de la
misa de aquel domingo, o el texto de reflexión que ofrecemos también aquí, o las oraciones propuestas para el
encendido en la iglesia.
Si hay niños en casa, el rito de la corona les puede ayudar a vivir más cristianamente la preparación de la
Navidad. Y si no los hay, también será una buena ocasión para la oración familiar adulta: o bien los esposos
solos, o bien los esposos con los hijos mayores u otros miembros de la familia.

Oración
   Ven, Jesús,
   hermano, Señor.
   Queremos preparar tu venida.
   Queremos recibirte.
   Te esperamos,
   para que transformes nuestras vidas
   y nos des tu luz,
   tu paz, tu amor. Amén.



Texto de reflexión
Desde muy antiguo, el profeta Isaías anunciaba:
       – Vendrá el Señor,
         y juzgará a los pobres con justícia,
         y nunca más alzará la espada pueblo contra pueblo,
         porque los corazones estarán llenos
         del conocimiento del Señor.
Allí en el Jordán, el último profeta, Juan el Bautista, proclamaba:
         – Preparad el camino del Señor,
             allanad sus senderos.
             Convertíos,
             porque esté cerca el Reino de los cielos.

Y en Nazaret empezó todo:
       – Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
          No temas, María:
          concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo,
          y le pondrás por nombre Jesús.

Esta es la historia del amor de Dios. Y nosotros cada año, cada Adviento, la recordamos y la
renovamos.
– Como Isaías, deseamos un mundo nuevo, transformado, lleno de Dios, en el que no haya mal, ni
  dolor, ni injusticia, ni pobreza, ni corazones cerrados;
– siguiendo la llamada de Juan Bautista, queremos preparar el camino del Señor: queremos
  transformar nuestro corazón y queremos transformar nuestro mundo;
– y como María, con toda la confianza, con todo el amor, con un hondo espíritu de fe y de oración,
  esperamos el nacimiento de aquel niño que renovará nuestras vidas; aquel niño que nace en
  Belén y que nos llama a compartir un día su vida para siempre.

3. LA CORONA EN LA CATEQUESIS O EN LA ESCUELA
Preparar la corona de Adviento en la catequesis o, si resulta oportuno, en la escuela, también será una buena
forma de señalar los pasos de preparación de la Navidad. El inconveniente está en que difícilmente se podrán
encender las velas el domingo (como máximo, en la catequesis, el sábado por la tarde, si las reuniones son en ese
día; en la escuela podría hacerse el viernes). Habrá que adaptar, por tanto, el rito a las posibilidades.
Y al mismo tiempo, habrá que procurar que el rito que se haga cree un clima de oración que ayude a interiorizar,
en medio de la dispersión del ambiente pre-navideño, lo que significa preparar la venida del Hijo de Dios entre
nosotros.
Los distintos materiales y propuestas que hemos presentado para celebrar este rito en casa o en la iglesia, pueden
fácilmente adaptarse para la celebración en la escuela.
                            EL CALENDARIO DE ADVIENTO

                                                                                                          P. TENA

Va extendiéndose entre nosotros una práctica de Adviento, originaria de los países norte y centro-europeos, que
puede tener una buena influencia pedagógica: el calendario de Adviento. Se trata de un cuadro más o menos
vistoso de imágenes navideñas, en el que se han marcado 25 aberturas, con una distribución irregular; cada día
de diciembre los niños buscan el número correspondiente a la jornada, abren la pequeña ventana, y aparece un
dibujo navideño. Cuando se abre la del día 25 aparece una imagen del Niño Jesús. El aire de juego y de sorpresa
que tiene el calendario de Adviento lo convierte en un buen instrumento de preparación progresiva para la fiesta
de Navidad, y, sobre todo, ofrece una buena oportunidad a los padres y educadores para ir explicando, al ritmo
pacífico de cada jornada, diversos aspectos de la fiesta que se aproxima.
El significado que podría darse a esta apertura progresiva de las ventanas del calendario sería el de preparar
todas las cosas y las personas para que entre de par en par la luz de Jesús (comparación con las ventanas de la
casa, que se abren para que entre luz y el aire); también se podría proponer el significado de la búsqueda:
abrimos las puertas para hallar lo que buscamos, hasta que lo encontramos; y otros...
Pero quizás esta escena infantil de abrir la ventana del calendario, durante el Adviento, podría también dar
ocasión a una breve oración familiar; o situarla en el contexto de la oración familiar. Así, por ejemplo, se podría
hacer una breve lectura del profeta (la lectura ferial, o un fragmento de la lectura primera del domingo anterior),
una frase sálmica de entre las clásicas de Adviento (p.e.: “Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus
sendas”, o bien: “Muéstranos, Señor, tu misericordia, y danos tu salvación”), y la recitación del Avemaría. Todo
ello un poco explicado y motivado, para que sea acogido con fruto.
Un problema que presentan los calendarios de Adviento que existen en el mercado es que, en general, mezclan
las imágenes bíblicas navideñas con imágenes de la literatura infantil: caperucita, blancanieves, etc...
Desgraciadamente, esto no es exclusivo de los calendarios de Adviento. A nivel comercial, las imágenes
navideñas se van asociando cada vez más a las imágenes de los cuentos y de la imaginación: los libros para
niños, los discos, las figuritas, etc. Habría que estar muy alerta a esta asimilación, aparentemente inocente, pero a
la larga absolutamente antieducativa para la fe de los niños. Si la Navidad es como la blancanieves... un cuento,
una leyenda, un relato de la tradición infantil... ¿qué puede significar para la fe cristiana y para la vida de los
hombres? Pienso, por tanto, que si no se pueden ofrecer calendarios de Adviento en los que se explicita la
referencia bíblica, es preferible no introducir a los niños en esta práctica.
                                                EL BELÉN

                                                                                                    J. LLIGADAS


El belén es un tema propio de la Navidad (y por eso hablamos de él más extensamente en la página 139), pero es
también un tema de Adviento. En el sentido de que uno de los signos de preparación de la venida del Señor es el
dedicar un tiempo los días anteriores a la Navidad a esa tradición tan arraigada y que conviene cultivar,
promover y potenciar.
Bien está adornar la casa con bolas y cintas de colores. Tampoco está mal el árbol de Navidad, aunque en este
caso cada vez aparecen más dudas, por razones ecológicas. Pero en cualquier caso, lo que de ninguna manera
puede faltar en ninguna casa es el belén.
Será pequeño o será grande, será más artístico o menos. Pero merece la pena que el belén ocupe un lugar
relevante en todos los hogares, para tener muy presente lo que celebramos: que el Hijo de Dios viene a vivir
nuestra vida, acompañado de sus padres María y José, visitado por los pastores con su sencillez, adorado por los
magos venidos de tierras lejanas, cantado gozosamente por los ángeles... El Hijo de Dios hecho hombre, un niño
pequeño y débil que es la Luz para la humanidad entera.
El belén habrá que hacerlo pocos días antes de la Navidad (porque las semanas de Adviento quedan significadas
sobre todo por la corona de Adviento: el belén es propio de la inmediatez del nacimiento de Jesús). Y lo
podemos quitar el domingo después de Reyes, en la fiesta del Bautismo del Señor.
Conviene que, a medida que se acerca el final del Adviento, se recuerde la importancia del belén y, desde los
distintos lugares (misas dominicales, catequesis...) se invite a todo el mundo a colocarlo en su casa. Para recordar
mejor cuál es, para los creyentes, el verdadero sentido de la Navidad.
NAVIDAD
Vivir la Navidad
                                     NAVIDAD - EPIFANÍA
                                                                                              J. ALDAZÁBAL

Lo mejor del Adviento es la Navidad. Desde el Adviento a la Epifanía y el Bautismo del Señor, hay un único
movimiento: la celebración de la venida del Señor, que se prepara en la espera del Adviento, se celebra en su
inauguración de Navidad y en sus primeras manifestaciones o epifanías, y se intenta siempre vivir en nuestra
existencia cristiana, camino de la manifestación definitiva del final de los tiempos.
Navidad y Epifanía celebran el mismo misterio. La Navidad acentúa sobre todo el nacimiento: Dios se ha hecho
hermano nuestro. La Epifanía pone más énfasis en la manifestación de su divinidad, sobre todo a los magos de
Oriente, acontecimiento que la liturgia une al del Bautismo de Jesús en el Jordán y las bodas de Caná con su
primer milagro.


El sacramento de la Navidad
Lo que celebramos los cristianos en estas dos o tres semanas del tiempo de Navidad es el misterio de Cristo que
se nos comunica sacramentalmente.
Cuando afirmamos que la Navidad es un sacramento queremos significar que la gracia del Nacimiento del Hijo
de Dios se nos hace presente y se nos comunica en la celebración de esta fiesta. No se trata sólo de un recuerdo
pedagógico, aleccionador, del acontecimiento de Belén, entrañable por demás.
En estos días oímos muchas veces –en las oraciones, prefacios y antífonas de la celebración– la palabra hoy:
«hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor»; «hoy una gran luz ha bajado a la tierra»; «hoy ha nacido
Jesucristo, hoy ha aparecido el Salvador, hoy en la tierra cantan los ángeles, hoy saltan de alegría los justos».
Lo mismo sucede en la fiesta de la Epifanía, en la que también se recuerda el Bautismo de Jesús y las bodas de
Caná: «hoy has revelado en Cristo, para luz de los pueblos, el verdadero misterio de nuestra salvación»; «hoy la
estrella condujo a los magos, hoy el agua se convirtió en vino, hoy Cristo fue bautizado»; «hoy la Iglesia se ha
unido a su celestial Esposo».
No es sólo un aniversario. Es actualización y nueva presencia del misterio salvador de un Dios que se ha hecho
de nuestra familia. De alguna manera nos hacemos contemporáneos del nacimiento de Cristo y de su
manifestación. El Señor Resucitado ha roto las barreras del tiempo y actualiza la gracia de su Encarnación para
nosotros.
Entre el ayer de Belén y el mañana de la parusía está el hoy de cada Navidad, el Dios-con-nosotros que nos
quiere comunicar su vida, su luz, su alegría.
En concreto, la gracia de la Navidad aparece descrita repetidas veces como «nacer de Dios», ser sus hijos. Más
aún, es la gracia de compartir con Jesús su divinidad, ya que él ha querido compartir nuestra humanidad: «que
renazca tu pueblo, Señor, al conmemorar el nacimiento de tu Hijo»; «a los que le recibieron les dio el poder de
hacerse hijos de Dios»; «concédenos compartir la vida divina de aquél que hoy se ha dignado compartir con el
hombre la condición humana»

Los prefacios de la Navidad
Durante el tiempo de la Navidad y Epifanía, se proclaman unos prefacios que nos ayudan a centrar nuestra
gratitud en el misterio de ese Dios que ha querido venir a nuestra historia.

Prefacio I de Navidad: Cristo, luz del mundo.
La Navidad es la fiesta de la luz, como lo es también la Epifanía. Por eso se centra la acción de gracias en esta
luz verdadera que Dios nos ha enviado.
En las lecturas del Adviento, el profeta Isaías ya nos había anunciado al futuro Salvador como la luz que iba a
iluminar a todos los pueblos. Ahora, en Cristo, agradecemos a Dios que nos haya dado la luz definitiva. En la
noche de la Navidad le decimos a Dios: «has iluminado esta noche santa con el nacimiento de Cristo, la luz
verdadera».
La luz de Dios ya estaba entre nosotros, por la creación. Pero ahora, «por el misterio de la Palabra hecha carne»,
esta luz brilla ante nuestros ojos «con nuevo resplandor».
En la noche de Pascua, en la solemne Vigilia, volveremos a cantar a Cristo como luz, simbolizado por el cirio
pascual. La Navidad y la Pascua celebran el único misterio de Cristo, Luz del mundo.


Prefacio II de Navidad: La restauración del universo en la Encarnación.
Es densa la teología de esta oración. Está construida a base de binomios antitéticos, que ayudan a entender el
misterio de la Encarnación: el que ya existía antes, como Dios, se nos hace presente como hombre; el que era
invisible, ahora se nos hace visible y cercano; el que es eterno, ha querido entrar en nuestra historia.
La finalidad de esta Encarnación se dice que es: para asumir en sí todo lo creado; para reconstruir y restaurar lo
caído; para llamar al pecador de nuevo al reino de los cielos.
Alabamos a Dios por la reconciliación y la paz, por la restauración cósmica y humana que ha realizado de modo
admirable en la venida de Cristo en la Navidad y en la plenitud de su Pascua.
Una de las bendiciones del formulario solemne de la Navidad, desea que “el que por la encarnación de su Hijo
reconcilió lo humano y lo divino, os conceda la paz a vosotros, amados de Dios”.


Prefacio III de Navidad: El intercambio realizado en la Encarnación del Verbo
El intercambio que sucede en la Navidad –hoy, en esta Navidad– es en verdad admirable, y plenamente
favorable a nosotros. Dios se hace hombre (“el Verbo se hizo carne”) y el hombre es hecho partícipe de la
divinidad (“a los que le recibieron les dio el ser hijos de Dios”).
Cristo Jesús asume nuestra debilidad, nuestra frágil condición, y así nos da una dignidad divina y eterna.
Tenemos motivos para dar gracias a Dios por el ministerio de esta Navidad.

Las lecturas de la Navidad
Las lecturas de estas semanas quieren conducirnos a descubrir a Dios en ese niño nacido en Belén y manifestado
progresivamente a los hombres. Y a la vez, que descubramos el valor del hombre, nuestro hermano, dado que
Dios se ha querido hacer de nuestra familia. El admirable intercambio de la Navidad.
Los aspectos fundamentales de este misterio se leen en las fiestas y domingos: la Navidad, la Epifanía, el 1 de
enero con la fiesta de Santa María, la Sagrada Familia, el segundo domingo, el Bautismo de Jesús. Son los temas
centrales como el Nacimiento, la luz, la manifestació a los magos, la circuncisión, el episodio del niño perdido y
hallado en el Templo, las diversas reacciones de las personas (María y José, los pastores, los magos, las
autoridades y sabios de Jerusalén).
Las lecturas de las ferias, son un complemento de las festivas, para que lleguemos a profundizar gradualmente
en el don de ese Hijo de Dios que se ha hecho hermano nuestro, y sepamos asumir las consecuencias que este
acontecimiento comporta para nuestras vidas.

La primera carta de Juan
Durante el tiempo de la Navidad, desde el 27 de diciembre hasta el 12 de enero (aunque los últimos días a veces
se omitan, porque el domingo del Bautismo del Señor cae antes de esa fecha), leemos en lectura prácticamente
continuada la primera carta de Juan.
Es un escrito de fines del siglo primero, una carta de reflexión teológica y espiritual, que denuncia las corrientes
gnósticas que no han sabido ver en toda su profundidad el misterio de Jesús. Hay falsos doctores que se creen
sabios, pero no han captado la seriedad del amor de Dios encarnado en Jesús, ni sus consecuencias vivenciales
para nosotros: la comunión de vida con Dios y el amor a los hermanos.

Los evangelios
En el tiempo de Navidad los evangelios tienen dos temas: la infancia de Jesús y el inicio de su ministerio. O sea,
sus progresivas manifestaciones como Mesías. Naturalmente, las escenas principales las leemos en las fiestas:
Navidad, Sagrada Familia, Epifanía, Inocentes.
En la octava de la Navidad, además de los evangelios que se refieren a san Esteban y san Juan, escuchamos
relatos de la infancia de Jesús, la presentación en el Templo, con el testimonio de Simeón y de Ana, y la vuelta a
Nazaret.
A continuación, y empezando por el día 31 de diciembre con su prólogo (y así terminamos el año civil con este
magnífico resumen de todo el misterio de Cristo y de nuestra fe), se nos proclama antes de la Epifanía el primer
capítulo del evangelio de Juan, con el testimonio del Bautista y la llamada de los primeros discípulos por parte
de Jesús.
En las ferias después de la Epifanía, del 7 al 12 de enero, escuchamos las primeras manifestaciones del Mesías
en el inicio de su ministerio: multiplicación de panes, calma de la tempestad, etc. Y así nos damos cuenta de que
no sólo celebramos en estos días el nacimiento de un niño, sino el inicio de un camino de Buena Nueva.


El tiempo mariano por excelencia
Si ya en el Adviento, sobre todo en sus últimos días, nuestra oración tenía muy presente a la Virgen María,
durante el tiempo de la Navidad es todavía más intensa esta acentuación.
La que podemos llamar «Santa María de la esperanza», la maestra de la espera del Adviento, es sobre todo la
Madre del Mesías, la que le dio a luz y lo manifestó al mundo en la persona de los pastores y de los magos: la
Maestra, por tanto, de la Navidad y de la Epifanía, la que le acogió y la que mejor evangelizó al mundo
mostrándole al Salvador.




                                     LA FIESTA DE NAVIDAD
                                                                                                            G. MORA

La Navidad es la fiesta con mayor resonancia de toda la liturgia cristiana. Lo cual comporta muchas cosas.
Subrayemos algunas:
 El clima social es una mezcla de cosas positivas y de otras que no lo son tanto. Positiva es la valoración de
un recién nacido, de la familia, del amor, la paz y la alegría, de la sencillez...; no lo es tanto la frivolización y la
sentimentalización de todo, el ambiente consumista, el trajín precipitado de estos días, la estética y la música
ramplonas... Tal clima influye, sin duda, en nuestros cristianos y entra en la iglesia.
Todo está y ha de estar en función de un misterio: el amor salvador de Dios manifestado en la venida de
Jesús, el Hijo de Dios y hermano nuestro, nacido en Belén. Se hace necesario un verdadero esfuerzo pedagógico
por parte de la Iglesia para acompañar a la vivencia y a la celebración del misterio, y en función de esto discernir
elementos, tanto nuevos como tradicionales: belén, representaciones navideñas, villancicos, pósters, decoración,
fiestas adheridas, música, tono general. Sin duda, no conviene abusar de la crítica al clima social y menos reñir a
los asistentes; tampoco lo es usar acríticamente cualquier elemento con pretensiones navideñas tan sólo porque
forma parte del ambiente (por ejemplo, lucecitas que se encienden y se apagan), porque pueden banalizar la
celebración o incluso alejar del sentido de la vida y de la palabra de Jesús.
Pueden estar presentes cristianos habitualmente alejados, especialmente en la misa del gallo y el día de
Navidad. Hemos de tener en cuenta lo que tantas veces hemos reflexionado sobre “la pastoral de los alejados”.
Espíritu de acogida, partir de la situación espiritual en que se encuentran, lenguaje comprensible, acompañar
hacia el núcleo de la experiencia cristiana, el kérygma. Por supuesto no con fórmulas difíciles de captar o que
suenen estereotipadas, sino con interés de que entiendan y aprecien el mensaje evangélico.
 También, naturalmente, se han de tener en cuenta a los cristianos que siguen la vida litúrgica. Y los cambios
en la asamblea a causa de la movilidad social de estos días. Todo lleva a medir con cuidado lo que se dice y lo
que se hace, evitando discursos rutinarios o sentimentales, poniendo de relieve lo central del misterio cristiano.
 Se tendrá que sopesar, según las necesidades de los asistentes (y si no el día de Navidad sí algún otro), la
conveniencia de aclarar algunas cosas que a veces se resaltan en los medios de comunicación. Uno: que la
Iglesia no cree que Jesús naciera el 25 de diciembre a las 12 de la noche. Lo que celebramos es el nacimiento,
pero no sabemos qué día fue. Otro: tampoco se “apropió” de una fiesta pagana, sino que el clima cristiano del
momento fue cambiando el sentido de la antigua fiesta del Natalis Solis Invicti (como sucede hoy día en muchas
fiestas mayores de ciudades grandes, donde cada vez pesa más lo popular y muy pocos recuerdan al patrón: es un
cambio de sentido a la inversa). Y, finalmente, que muchos elementos populares navideños no constan en los
evangelios, sino que deben proceder de los apócrifos o de tradiciones de cada pueblo.




                           NAVIDAD: LA TERNURA DE DIOS
                                 (Y DEL HOMBRE)

                                                                                                        J. GOMIS
El gran novelista alemán Heinrich Böll, al intentar explicar sus más íntimas convicciones creyentes que se
reflejan en su obra, hablaba del peligro que acecha a todo ser humano: la pendiente que lleva al aislamiento, a la
desesperanza. Böll se preguntaba cómo curar a las personas a quienes las circunstancias, la sociedad, su historia
personal lleva a estas situaciones. Y decía: “En el Nuevo Testamento hay una teología de la ternura (me atrevo
con la palabra) que siempre es curativa: con palabras, con manos, que también puede llamarse caricia, con besos,
una comida en común... No con dogmas, no con principios, y –lo que es más importante– sin herir”.
La Navidad es, sin duda, la mayor expresión –la más comunicativa– de esta ternura de Dios. Todo el esfuerzo
celebrativo debe encaminarse a facilitar este encuentro con la ternura de Dios, del Dios a quien Jesús dará el
tierno nombre de abbá. Una ternura que suele estar ausente de nuestras celebraciones quizá porque la
confundimos con una superficial sensiblería.


LA DIFÍCIL FACILIDAD DE LA CELEBRACIÓN
La celebración litúrgica del ciclo navideño no parece difícil (especialmente si lo comparamos con otros tiempos
litúrgicos). Suele haber una sintonía entre liturgia y religiosidad popular. Y a la objeción de que las distintas
celebraciones de este ciclo parecen todas muy semejantes, cabe responder que lo importante no es intentar
distinguir lo propio de cada una de ellas sino que todas actúen por impregnación. Lo que decíamos antes: la
impregnación en la ternura de Dios.
Quizás el peligro esté en esta “facilidad” del ciclo navideño. Que ello pueda llevar a preparar poco estas
celebraciones y sus homilías. De cuidarlas, no a base de abarrocarlas sino de valorar su sencillez, dependerá que
a través de ellas cada participante pueda sentir –como los Magos– “una inmensa alegría”.


RESPETAR LA LITURGIA (LOS EVANGELIOS, LOS CANTOS)
Recordaré siempre una misa de Navidad en una parroquia de Barcelona en la que habitualmente las
celebraciones son de calidad. Pero aquel año, el equipo responsable debió pensar que convenía cambiar para no
repetir: cantos nuevos, lectura de un extenso texto previo, homilía muy “original”... Todo tuvo calidad, pero uno
se sentía como engañado y el sopor de la asamblea indicaba que era un sentimiento común: no se nos ofrecía la
celebración que esperábamos (que teníamos derecho a esperar).
Los evangelios de estas fechas tienen suficiente fuerza, y gracia, y ternura, como para que sean una de las
cumbres de la celebración y las homilías puedan ser sobre todo buenas glosas. Los cantos navideños son la
expresión a la que la asamblea tiene derecho para comulgar con la alegría con que cielo y tierra se abrazan.
“Cada año es lo mismo”: no es una objeción sino una gracia.


ALGUNA CONCRECIÓN
“Sin herir”, escribía Böll. En muchos ambientes las fiestas de Navidad son una mezcla de aspectos positivos y
otros negativos (por ejemplo, un exceso de consumismo). Pero la norma evangélica que repetía Juan XXIII debe
ser la nuestra: insistir más en el sí que en el no, valorar más lo positivo que reprender lo negativo. Y, sobre todo,
respetar la alegría de los pobres.
Veneración del Niño. La procesión para besar la imagen del Niño –donde sea costumbre– será preferible
hacerla al final de la misa. En el ofertorio tiene el riesgo de descompensar toda la celebración. Al final, es el
mejor momento y allí es donde caben todo tipo de villancicos.
Tiempo familiar. Lo es, gracias a Dios, el tiempo de Navidad. Y el subrayado –en la predicación, en la fiesta de
la Sagrada Familia– convendría que fuera ayudar a vivirlo también como un “sacramento” de la ternura de Dios.
La familia como lugar de acompañamiento, de ayuda, de amor y de humor. Pero también aquí no se trata de
aleccionar sino de valorar.
Los niños. Tienen –por derecho, por voluntad de Dios– un especial protagonismo en estos días. Convendría que
se notara en la celebración litúrgica. Y también invitar a los padres a que valoren la gracia de este tiempo para
sembrar en los niños semillas cristianas (ante el belén, en la visita a algún familiar o amigo enfermo o
anciano...). Pero también viceversa: para los adultos. ¿No es la Navidad la mejor ocasión de “hacerse como
niños” para entrar en el Reino?




                                      NAVIDAD:
                                ALGUNAS OBSERVACIONES

                                                                                                  J. LLIGADAS

1. Preparar la misa del gallo
La preparación de la misa del gallo es una buena ocasión para reunir y hacer intervenir a gente diversa de la
parroquia. No se trata, desde luego, de reunirse como si todo tuviera que ser inventado de nuevo, sino que la
preparación incluirá un primer momento explicativo que ayude a los asistentes a conocer mejor cómo se
configura la celebración. Esto facilitará que todos entiendan el sentido de lo que celebramos, y les dará pie a
sugerir detalles y aspectos que acercarán la misa a la vida de la comunidad que la celebra. También se concretará
lo que se hará, se distribuirán servicios, se detallarán horarios para preparar las cosas, etc.
Donde sea apropiado, puede realzar la fiesta alguna vigilia breve introductoria de la misa: puede ser el Oficio de
Lectura, puede ser una vigilia ya preparada (ver páginas 129 y 132), u otra creada por los miembros de la
parroquia. E incluso algo más sencillo: un canto y una poesía que acompañen la colocación del Niño Jesús antes
de la entrada del celebrante y los ministros.
También habría que potenciar la ornamentación de la Iglesia a partir de diversas posibilidades: dibujo de un
póster navideño, montar el belén, adornar el presbiterio... e incluso organizar una brigada extraordinaria de
voluntarios para hacer una limpieza general especial.
Después, claro está, está la propia celebración, que merece todas las atenciones. En este día se han de poner en
juego todas las posibilidades y capacidades: ministros suficientes para acompañar al presidente, cantos
abundantes y conocidos, homilía bien pensada y transmisora de la Buena Noticia... También la proclamación de
la Calenda (que publicamos en la página 137). Y al acabar, la adoración del Niño Jesús con villancicos.


2. Potenciar el canto litúrgico y el canto popular
Un aspecto importante a tener en cuenta en la preparación de las celebraciones es el tipo de cantos que se van a
utilizar. En el tiempo de Navidad, ello implica saber distinguir entre los cantos de contenido adecuado para la
Eucaristía y las canciones populares navideñas, o sea los villancicos. Y tener, por tanto, el suficiente y adecuado
repertorio de cantos para la Eucaristía, que ayuden a entrar en el sentido del misterio de la Navidad: cantos que
sean conocidos, y que ya de entrada y sin mucha dificultad ayuden, año tras año, a revivir los sentimientos de fe
y de amor con los que recibimos la venida entre nosotros del Dios hecho hombre. Sin temor a repetir cada año
esos mismos cantos, y al mismo tiempo con ganas de ampliar, cuando sea necesario, el repertorio.
Pero ello no quita que también sean muy importantes los villancicos. Porque ocurre que, como actualmente
tenemos tanta música por todas partes, cada vez cantamos menos nosotros. Y, durante estos días, la cabeza se
nos llena de canciones más o menos navideñas pero desnaturalizadas a través de la televisión o de los altavoces
de los grandes almacenes. O sea que sería muy conveniente promover en la parroquia o comunidad el canto de
los villancicos de siempre, e invitar también a cantarlos en las familias, en la escuela, etc. Se puede editar una
hoja con las letras y repartirla, y cantar villancicos al terminar las misas, y aprenderlos en las catequesis, e
incluso convocar, uno de los días del tiempo de Navidad, un encuentro festivo para tomar algo juntos y cantar.


3. Después del día de Navidad
Es una constatación casi universal que las celebraciones cristianas del tiempo de Navidad parece que se agoten el
mismo día 25 de diciembre. Allí se orientan todos los esfuerzos y capacidades de celebración del nacimiento del
Hijo de Dios. Y después, en la quincena de Navidad-Epifanía se nota muchísimo como baja el tono.
Los motivos son varios. Uno, que el protagonismo se lo llevan las diversas celebraciones “civiles”: la fiesta
familiar de Navidad y los encuentros navideños de grupos diversos, el Año Nuevo, los juguetes de Reyes...
demasiadas cosas llaman la atención y hacen difícil estar atentos a las celebraciones cristianas. Otro, el ambiente
de vacaciones (aunque mucha gente no haga), que invita a la dispersión. Y otro, aún, la sensación de “objetivo
cumplido” que se tiene el día de Navidad, después de la preparación del Adviento.
Eso no quiere decir, no obstante, que las celebraciones de estos días queden abandonadas: no quedan
abandonadas, sino que se mantiene la ornamentación festiva, los cantos navideños, la comunicación amable del
misterio que celebramos... aunque, por ejemplo, no se sepa con seguridad si vendrá el monitor o el director de
cantos.
Las celebraciones no quedan abandonadas, pero sí se tiene la sensación de que tienen poca vida. Y esa
sensación, aunque es justificada, no debe obsesionarnos. Hay que seguir ofreciendo unas celebraciones dignas,
intentando organizar que en la medida de lo posible no falten monitores, lectores y cantores, transmitiendo un
tono de contemplación gozosa y agradecida del Hijo de Dios hecho hombre para llevar a la máxima dignidad a
toda la famiia humana...
Y también se podrían, quizá, imaginar algunas actividades concretas, como por ejemplo:
* Una convocatoria festiva, durante la quincena de Navidad. Puede consistir en una plegaria sencilla y después
un piscolabis con villancicos.
* Una vigilia de oración de final de año. El día 31 a las 10 de la noche, por ejemplo (para que la gente pueda
después ir a celebrar “civilmente” el cambio de año; a no ser que la parroquia organice también una celebración
“civil”). También se podría pensar en hacerla otro día (¿con piscolabis a continuación?). Pueden utilizarse los
modelos que publicamos en las páginas 142 y 145; si no, se pueden leer algunas lecturas navideñas, y recordar
hechos (cercanos o lejanos) para dar gracias, para pedir la ayuda de Dios, para pedir perdón... La celebración, de
todo modos, no debería ser demasiado larga.
* Sugerir que en las celebraciones familiares de Año Nuevo, un poco antes de la hora de las uvas, se haga una
breve oración de acción de gracias y petición (el padrenuestro y un canto, por ejemplo; ver página 153).
* Una “misa mayor” de Epifanía. No estaría mal intentar, el día de la Epifanía, concentrar todos los esfuerzos en
una misa, haciéndola más solemne y más preparada, invitando a todos a asistir a ella. ¿Podría ser una buena hora
la misa vespertina del día 6, cuando ya se han repartido todos los juguetes (los padres con hijos pequeños estarán
ocupados, pero el resto ya no)?




                        LA NAVIDAD TAMBIÉN ES LA CRUZ

                                                                                                  J. LLIGADAS


Aunque más o menos todos nos hayamos ido acostumbrando a pensarlo y decirlo así, quizá ha llegado ya el
momento de constatar que el principal problema de la forma de vivir la Navidad en nuestra sociedad no es el
consumismo: el problema principal de nuestra Navidad es que parece una obligación para todo el mundo estar
bien, no sufrir, vivir en un mundo perfecto. Como si el que vive situaciones de cruz no pudiera experimentar la
felicidad de la Navidad.
El consumo excesivo sin duda debe ser criticado, en este mundo nuestro que cada vez crea más pobres y en el
que parece que todo vaya dirigido a hacernos creer que quien más gasta más es. Pero consumir, gastar de forma
razonable, de por sí constituye una sana expansión festiva: baste recordar la actitud de Jesús en las bodas de
Caná, o la historia de María ungiéndole los pies en Betania...
El problema más grave está en otra parte. Está en el hecho de que en buena parte de los mensajes navideños que
nos llegan (por ejemplo, en algunos “calendarios de Adviento”, o en las muchas películas norteamericanas que
aparecen por la televisión en estos días) desaparece completamente cualquier referencia a Jesús nacido en Belén,
y todo se convierte en una fiesta de papás noeles y árboles nevados. Y, unido a ello (y ahí está la tragedia), se
transmite un supuesto “espíritu navideño” consistente en decir que todos estamos muy bien, y todos los
problemas desaparecen, y los conflictos se resuelven con facilidad, y nos hacemos regalos magníficos que son la
certificación de nuestra felicidad.
Ahí está el drama. Podría sabernos mal que desaparezcan las referencias a Jesús, pero eso sólo sería un síntoma
más de nuestra sociedad laica. Pero lo que no se puede aceptar, lo que hay que combatir, es la idea de que “vivir
el espíritu de la Navidad” consiste en vivir sin conflictos ni dolores. O dicho al revés: que los conflictos y los
dolores son signo de “falta de espíritu navideño”.
Porque esto, por una parte, crea unas actitudes profundamente insolidarias: no nos podemos permitir pensar en
las situaciones de sufrimiento de nuestro mundo, porque eso estropearía el susodicho espíritu navideño...
tenemos que concentrarnos en vivir una vida de familia y de amistades en la que no haya ni sombra de
problema... Y por otra parte, hace que nosotros mismos seamos más incapaces de hacer frente a los conflictos
que tenemos en casa, o en el trabajo, o en las relaciones de amistad, o dentro de nosotros mismos; y si llegamos a
la Navidad con alguna situación conflictiva, la situación conflictiva se hace más trágica porque “no cuadra” con
este supuesto (y falso) espíritu navideño de los papás noeles y los árboles nevados. No es dramatismo inútil,
recordar que esta mistificación ha provocado más de un suicidio...
La Navidad de Jesús fue una Navidad de conflictos. Lo dijo Simeón en la presentación del Niño en el templo, y
lo vivieron Jesús, María y José en su propia piel huyendo de la crueldad de Herodes. El espíritu de la Navidad no
es la inexistencia de conflictos. El espíritu de la Navidad es vivir los conflictos (los nuestros, y los de nuestros
familiares y amigos, y los del mundo entero) con mucha confianza en el Padre e intentando poner en ellos todo
el amor posible. O sea, la Navidad es la cruz y es la resurrección. Y bueno será recordarlo.




Para la misa




                                     OCTAVA DE NAVIDAD:
                       SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA

                                                                                       J. LLIGADAS


Día 26: San Esteban, protomártir
– El día siguiente del nacimiento del Hijo de Dios, celebramos la muerte del primer mártir. Y es que
  este Niño que nace es aquel que, por fidelidad al camino de Dios, llegará hasta la cruz; y como él,
  sus seguidores son llamados a ser testigos (“mártires”) de la Buena Noticia con la totalidad de su
  vida.
– Este martirio, no obstante, lo celebramos como una fiesta gozosa: la muerte de Esteban es su
  “nuevo nacimiento”, es la participación de la Pascua de Jesús.
– Recordamos hoy también quién fue Esteban y por qué lo mataron: él es el hombre abierto que
  comprende que la Buena Noticia de la fe cristiana significa apertura a todo el mundo, rompiendo el
  círculo de normas y leyes del judaísmo. Y eso, los “fundamentalistas” de su tiempo no se lo podían
  tolerar.
– Y Esteban destaca también porque personalmente creía y vivía totalmente el mensaje de Jesús:
  él, como Jesús, hace aquello tan difícil de amar a los enemigos (la oración nos hace pedir que
  también nosotros lo sepamos hacer).


Día 27: San Juan, apóstol y evangelista
– El evangelio nos presenta lo que es fundamental de los apóstoles: seguidores de Jesús, testigos
  de la resurrección, creyentes en Jesús resucitado y en todo su camino. Hoy, mientras
  contemplamos al Niño de Belén, somos invitados a vivir esta misma fe plena.
– Juan (1. lectura) es testigo de lo que Jesús vivió e hizo, y nos invita a reconocer en Jesús la
  Palabra del Padre. Y escribe su evangelio “para que creamos y tengamos vida”. Vale la pena que
  valoremos la presencia de Jesús entre nosotros, a través de la Escritura. Y también todas las
  demás presencias. Y que así tengamos alegría.
– Juan, en sus escritos, nos habla del amor-comunión de Dios con nosotros, y del amor que hemos
  de tener a los hermanos. Que la fiesta de hoy nos ayude a revivirlo.


Día 28: Los santos Inocentes, mártires
– Como el día de san Esteban, nuevamente hoy contemplamos la dureza del camino de Jesús. La
  fuerza de mal que hay en el mundo envuelve a Jesús desde el comienzo de su vida, y acabará
  clavándolo en la cruz.
– La actuación de Herodes muestra el daño que puede hacer la defensa del propio poder sin pensar
  en nada más, y las tragedias que eso provoca en los que están a merced de la voluntad
  incontrolada de los poderosos: “¡Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes!”.
– Pero lo que más destaca en la fiesta de hoy es la fuerza del Dios que es más fuerte que todo el
  mal que los hombres podamos hacer: los Inocentes, sin saberlo, han compartido la muerte de
  Jesucristo y ahora comparten por siempre su gloria. En Dios, todo es gracia. Y al final del camino
  humano está su vida.
Día 29: Día quinto dentro de la octava
– El evangelio nos trae ecos nuevamente de la Navidad. Jesús nos aparece plenamente encarnado
  en la condición humana: es un niño que tiene que ser llevado en brazos como cualquier otro niño,
  y su familia ha de someterse a la Ley como toda familia. Y es pobre: hace la ofrenda de los pobres.
– En esta condición humana normal, somos llamados a reconocer, como Simeón, al Salvador de
  todos los pueblos. Eso quiere decir que Jesús es la luz de nuestra vida, y que vale la pena creer
  en él; que el camino de la salvación está en el Evangelio, en lo que Jesús dirá y hará; y que vale la
  pena hacer conocer esta luz a todo el mundo.
– La 1. lectura reafirma uno de estos aspectos: allí donde se verifica si conocemos y amamos a
  Jesucristo, es en el caso que hacemos de lo que él ha dicho y hecho: es decir, si amamos a los
  hermanos; si no, todo es comedia.


Día 30: Día sexto dentro de la octava
– La figura de Ana, que parece no tener relevancia alguna, nos puede hacer pensar en la dedicación
  callada a Dios, en el espíritu atento a sus llamadas y manifestaciones, en la alegría de la salvación
  que siempre se nos muestra. Y también en lo que todos podemos aprender de los ancianos.
– El final del evangelio nos hace mirar a Jesús que va creciendo y aprendiendo. Los largos años de
  Nazaret son años de camino oculto: aprendiendo de sus padres y maestros, yendo a la sinagoga,
  llenándose de Dios. Es una vida normal como la nuestra, que vale la pena vivir como él la vivió.
– La 1. lectura invita a revisar nuestros criterios en la vida normal: vencer al Maligno, conocer al
  Padre, guiarse por aquello que viene del Padre y no por lo que viene del mundo.



Día 31: Día séptimo dentro de la octava
– El final del año resuena en nuestra celebración. El nacimiento de Jesús es “el principio y la plenitud
  de toda religión”, dice la oración colecta; y el evangelio nos muestra a Jesús como punto de
  referencia único de la historia. Hoy podemos hablar de que todo nuestro tiempo, en la vida humana
  y en la fe, tiene un único centro y criterio: Jesús.
– El evangelio nos invita a contemplar a ese Jesús: en él está toda la gracia y el amor de Dios; y
  esta gracia y amor los hemos visto en su hacerse hombre, en su “carne”. Sólo en la vida concreta
  de Jesús podemos encontrar la gloria de Dios, el sentido de todo.
– Podemos dar gracias por el año que acaba, por la salvación que Dios nos ha continuado dando; y
  pedir perdón por lo que hay de “anticristo” en nosotros (1. lectura): somos anticristos cuando
  tenemos criterios de “mentira”, criterios que no son los de Jesús.
                                    ORACIÓN UNIVERSAL

                                                                                                       J. URDEIX


     Para las fiestas de los días 26, 27 y 28 de diciembre, se encuentran otros modelos de oración universal y otros
     materiales complementarios en el libro de esta misma colección Las fiestas de los santos. Materiales para la
     celebración.



26 DE DICIEMBRE. SAN ESTEBAN
Oremos, hermanos, por las necesidades de la Iglesia y del mundo, confiando en que san Esteban,
que en su martirio vio el cielo abierto, lleve nuestras súplicas hasta la presencia de Dios. Oremos
diciendo: TE ROGAMOS, ÓYENOS
1. Por la Iglesia. Que, guiada por la luz de la mirada de Cristo y con las armas de la caridad, avive la
   llama de la fe en toda la tierra. OREMOS:
2. Por los pastores del pueblo de Dios. Que el Espíritu Santo ponga en toda ocasión en sus labios las
   palabras adecuadas para anunciar a Cristo Redentor. OREMOS:
3. Por los pueblos de toda la tierra. Que en todos haya paz, y en todos se pueda predicar con libertad
   el mensaje del Evangelio. OREMOS:
4. Por todos los que sufren. Que Cristo, que ha asumido nuestra debilidad, mire su dolor y sea su
   roca salvadora. OREMOS:
5. Por nosotros. Que nuestra vida responda de verdad a nuestro nombre de cristianos, y que nuestras
   obras alaben a aquel que nos hace dignos de llevarlo. OREMOS:
Oh Dios, escucha la oración de tu Iglesia que en el mártir san Esteban te hizo ofrenda de las primicias
de la fe. Y, por su intercesión, concede a tu pueblo tu constante protección. Por Jesucristo nuestro
Señor.
27 DE DICIEMBRE. SAN JUAN EVANGELISTA
Oremos, hermanos, al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su Hijo nos concede gracia
tras gracia, y digamos: TE ROGAMOS, ÓYENOS.
1. Por la Iglesia. Que, por la unidad y la comunión entre todos sus hijos, dé testimonio de la vida que
   Cristo ha traído al mundo. OREMOS:
2. Por los que gobiernan las naciones. Que se esfuercen por alcanzar, en la paz y la justicia, el
   progreso de los hombres y de los pueblos. OREMOS:
3. Por los que no tienen lo necesario para vivir. Que Cristo, que ha abierto nuestros ojos a la luz de la
   fe, abra nuestro corazón a las necesidades de los hermanos.OREMOS:
4. Por nosotros. Que vivamos la alegría de saber correr hacia donde Cristo, en la humildad de Belén
   o en el silencio de un sepulcro vacío, se nos da a conocer como salvador. OREMOS:
Dios y Padre nuestro, escucha las súplicas de los que veneramos la memoria de aquel apóstol que
reclinó su cabeza en el pecho de Jesús; y concédenos, por su intercesión, vivir siempre seguros en el
seno de tu Iglesia. Por Jesucristo nuestro Señor.




28 DE DICIEMBRE. LOS SANTOS INOCENTES
Hermanos: invoquemos la ayuda del Señor, que en su Hijo Jesucristo nos ha iluminado con la luz de
su mirada. Oremos diciendo: TE ROGAMOS, ÓYENOS.
1. Para que la Iglesia, en medio de las dificultades de su peregrinar en este mundo, experimente la
   constante protección de Dios. OREMOS:
2. Para que los que gobiernan las naciones realicen la tarea que tienen encomendada, de manera
   que el mundo avance por los caminos de la voluntad de Dios. OREMOS:
3. Para que los niños cristianos, con la bendición de Dios, crezcan hasta alcanzar la madurez de la
   fe. OREMOS:
4. Para que todos los niños que, en cualquier lugar del mundo, sufren por las guerras, el hambre o
   las injusticias, sean liberados de su dolor. OREMOS:
5. Para que todos nosotros caminemos siempre a la luz de la fe que profesamos. OREMOS:
Escucha, Señor, la oración de tu Iglesia, que se alegra del triunfo, en el martirio, de los santos niños
de Belén; y a nosotros, que invocamos tu nombre, haznos experimentar el don de tu misericordia,
para que, a pesar de nuestra fragilidad humana, nos mantengamos firmes y confiados en la
misericordia divina. Por Jesucristo nuestro Señor.


29 DE DICIEMBRE
Hermanos: con la alegría en el alma, porque el cielo y la tierra se alegran del nacimiento del Salvador,
oremos a Dios por la Iglesia y por todos los hombres. Oremos diciendo: TE ROGAMOS, ÓYENOS.
1. Por la Iglesia. Que en toda ocasión bendiga a Dios por el salvador que le ha sido dado, y lo
   presente a todas las naciones como luz verdadera. OREMOS:


2. Por los pueblos de toda la tierra. Que encuentren, en Cristo, la paz que es el anhelo de toda la
   familia humana. OREMOS:
3. Por los ancianos. Que puedan vivir su ancianidad rodeados del afecto de los suyos y con la alegría
   de tener los ojos puestos en el Señor. OREMOS:
4. Por todos nosotros. Que, siguiendo el ejemplo de la caridad de Cristo, sepamos amar de corazón a
   nuestros hermanos, para no andar nunca en la oscuridad. OREMOS:
Oh Dios, tú quisiste que Cristo, nacido en Belén, se manifestase como luz de las naciones.
Concédenos caminar siempre a la luz de tu Hijo y dar testimonio de él ante el mundo. Por Jesucristo
nuestro Señor.



30 DE DICIEMBRE
Hermanos, oremos a Dios para que la abundancia de su gracia dé fruto en la Iglesia y en el mundo de
nuestros días. Oremos dicendo: TE ROGAMOS, ÓYENOS.
1. Por la Iglesia. Que, dando gracias a Dios por el don de la redención, anuncie al mundo entero la
   venida del Salvador. OREMOS:
2. Por todos los pueblos de la tierra. Que sus habitantes progresen en la paz y la justicia y se sientan
   movidos a reconocer la grandeza de Dios y a venerar su nombre. OREMOS:
3. Por los pobres y los desvalidos. Que nuestro amor fraterno nos lleve a ayudarlos, y a hacerlo con
   toda sencillez. OREMOS:
4. Por todos nosotros. Que la Palabra de Dios habite en nuestros corazones y por ella aprendamos a
   cumplir la voluntad del Padre, para tener vida para siempre. OREMOS:
Dios omnipotente y eterno, escucha nuestras súplicas. Tú nos has concedido que tu Hijo, nacido de la
Virgen María, participase de nuestra condición humana; concédenos también participar de su
divinidad en el reino de la gracia. Por Jesucristo nuestro Señor.


Cuando el día 30 de diciembre se celebra la fiesta de la Sagrada Familia, la oración universal es la siguiente:
Hermanos, oremos a Dios y supliquémosle que derrame los dones de su amor sobre los hijos de la
Iglesia y sobre todos los que forman la gran familia humana. Oremos diciendo: TE ROGAMOS, ÓYENOS.
1. Por la Iglesia, la familia de los hijos de Dios. Que el Señor la bendiga y acoja con amor sus
   súplicas. OREMOS:
2. Por toda la familia humana. Que Dios le conceda el don de la paz que Jesús ha venido a traer al
   mundo. OREMOS:
3. Por las familias cristianas y por todas las familias del mundo. Que, siguiendo el ejemplo de la santa
   familia de Nazaret, progresen en el amor que todo lo une y perfecciona. OREMOS:
4. Por las familias que se encuentran lejos de su tierra, por las que no tienen casa y por las que
   pasan necesidad. Que reciban la ayuda fraterna y solidaria que necesitan. OREMOS:
5. Por los difuntos de nuestras familias. Que, como la Virgen María y los justos de todos los tiempos,
   puedan contemplar, en la casa del cielo, la luz de la gloria de Dios. OREMOS:
Oh Dios, que como buen Padre cuidas de todos nosotros; escucha nuestras súplicas y haz que, por
tu gracia, todos los hombres, ya que tenemos el mismo origen, formemos una sola familia en la paz y
vivamos unidos por el amor fraterno. Por Jesucristo nuestro Señor.



31 DE DICIEMBRE
Hermanos: oremos por el bien de la Iglesia y del mundo que el Hijo de Dios ha venido ha iluminar con
la claridad de su luz, diciendo: TE ROGAMOS ÓYENOS.
1. Por la Iglesia. Que anuncie fielmente, día tras día, que la salvación se encuentra sólo en
   Jesucristo. OREMOS:


2. Por la paz y la concordia en todos los pueblos. Que, en el nuevo año que estamos a punto de
   empezar, los hombres y mujeres del mundo entero se sientan movidos a trabajar por el bien
   común más que por sus propios intereses. OREMOS:
3. Por los que viven angustiados por las tribulaciones del mundo presente. Que encuentren, en la luz
   de Cristo, el norte que les guíe en su camino y les dé la fortaleza que necesitan. OREMOS:
4. Por todos nosotros. Que la contemplación de la gloria de Cristo, que ha puesto entre nosotros su
   morada, nos haga vivir con el corazón levantado hacia el Señor nuestro Dios.OREMOS:
Escucha, Señor, la oración de tu pueblo. Protégelo y llénalo de la abundancia de tu gracia durante
todo el año que nos disponemos a empezar; para que el consuelo de contemplar tu presencia visible
entre nosotros, nos lleve a amarte con todo nuestro corazón. Por Jesucristo nuestro Señor.


2 DE ENERO
Hermanos, oremos a Dios, en este principio de año, para que su nombre sea alabado en toda la tierra
por la salvación que ha derramado con el nacimiento de Jesús. Oremos diciendo: TE ROGAMOS, ÓYENOS.
1. Por la Iglesia. Que dé a conocer a todos los pueblos la promesa de vida eterna que ha recibido de
   Jesucristo. OREMOS:
2. Por los que viven consagrados a Dios en la vida monástica. Que, siguiendo el ejemplo de san
   Basilio y san Gregorio, dediquen su corazón a la virtud y a vivir según la esperanza futura. OREMOS:
3. Por los que gobiernan las naciones. Que lo hagan con espíritu de servicio, por el bien de su propio
   pueblo y de todos los pueblos. OREMOS:
4. Por los que no tienen trabajo y por los que sufren a causa de la pobreza. Que encuentren la ayuda
   que necesitan, tanto de las personas que tienen a su alrededor como de las instituciones. OREMOS:


5. Por los que estamos aquí reunidos celebrando la Eucaristía. Que la fuerza de este sacramento nos
   mantenga siempre unidos a Cristo y fieles al Espíritu que de él hemos recibido. OREMOS:
Mira, Señor, al pueblo que te suplica confiado en tu amor de Padre. Concédele los dones que de ti
espera y haz que, bajo tu guía, te complazca en todo. Por Jesucristo nuestro Señor.



3 DE ENERO
Hermanos, oremos a Dios, que en Jesucristo nos ha dado prueba de su amor, y presentémosle
nuestras necesidades y las de todos los hombres. Oremos diciendo: TE ROGAMOS, ÓYENOS.
1. Para que la Iglesia muestre a Cristo, en nuestros días, como el Cordero de Dios que toma sobre sí
   el pecado del mundo. OREMOS:
2. Para que en todo el mundo se progrese en la colaboración entre las naciones y se vaya borrando
   la diferencia entre los países ricos y los países pobres. OREMOS:
3. Porque los que sufren a causa de las injusticias humanas se vean liberados de su situación.
  OREMOS:
4. Para que todos nosotros manifestemos nuestra esperanza en Jesucristo, viviendo una vida digna
   del Evangelio. OREMOS:
Señor y Dios nuestro, por el misterio de la encarnación de tu Hijo, sé clemente con nosotros,
escucha nuestras súplicas, y enséñanos a pedirte lo que es agradable a tus ojos. Por Jesucristo
nuestro Señor.




4 DE ENERO
Hermanos, con la confianza que nos da nuestra condición de hijos de Dios, pidamos por el bien de la
Iglesia y por la salvación de todos. Oremos diciendo: TE ROGAMOS, ÓYENOS.
1. Para que la Iglesia siembre sin cesar en el mundo la buena semilla del Evangelio. OREMOS:
2. Para que el bienestar de los pueblos se fundamente cada vez más en la paz y la concordia entre
   todos los hombres y mujeres del mundo entero. OREMOS:
3. Para que los que sufren en la soledad o se sienten desamparados, experimenten la protección
   divina. OREMOS:
4. Para que todos nosotros, conservando la semilla de la fe plantada en nuestro corazón, vivamos
   siempre atentos a las enseñanzas de Cristo y practiquemos las buenas obras propias de los hijos
   de Dios. OREMOS:
Dios y Padre nuestro, escucha misericordioso nuestras súplicas. Y así como por el Salvador del
mundo nos has concedido el don de la filiación divina, concédenos también por él la gracia de la
inmortalidad. Por Jesucristo nuestro Señor.



5 DE ENERO
Hermanos, oremos a Dios, que en su Hijo nos ha mostrado el verdadero amor, y confiémosle a su
bondad de Padre las necesidades de todos los hombres. Oremos diciendo: TE ROGAMOS, ÓYENOS.
1. Para que la Iglesia dé testimonio del amor de Dios, anunciando la entrega de su HIjo por nosotros.
  OREMOS:

2. Para que el amor, la paz, la justicia y la verdad fundamenten el progreso de los pueblos de toda la
   tierra. OREMOS:
3. Para que todos los que tienen lo suficiente para vivir sean sensibles para ayudar generosamente a
   los que pasan necesidad. OREMOS:
4. Para que todos los niños puedan vivir con ilusión y alegría la fiesta de Reyes; y puedan participar
   también de la bendición que Jesús da a todos los que se le acercan con corazón sincero. OREMOS:
5. Para que la sinceridad de nuestra vida cristiana sea una llamada que acerque a los hombres a
   Jesús, y puedan reconocerlo como Hijo de Dios y Salvador. OREMOS:
Dios todopoderoso, mira misericordioso a tu pueblo y escucha nuestras súplicas. Que la luz que ha
resplandecido en el mundo con la venida de tu Hijo aleje de nosotros la tiniebla del pecado y llene
nuestros corazones de la verdad salvadora. Por Jesucristo, nuestro Señor.


7 DE ENERO
Hermanos, elevemos nuestras súplicas a Dios, que quiere que todos los hombres se salven y
compartan la misma herencia de Jesucristo. Oremos diciendo: TE ROGAMOS, ÓYENOS.
1. Por la santa Iglesia de Dios. Que guíe a todas las naciones hacia la luz de Cristo, y reúna a todos
   los pueblos en su paz. OREMOS:
2. Por los que aún no han recibido la luz de la fe. Que también ellos lleguen a reconocer a Jesucristo
   y lo adoren como Dios verdadero. OREMOS:
3. Por los enfermos y por los que sufren. Que el Señor les acompañe, alivie su dolor, y les haga
   experimentar el gozo de su bondad. OREMOS:
4. Por nosotros, y por todos los que creen en Cristo. Que, iluminados por la fe, corramos hacia la
   meta de la perfección cristiana. OREMOS:
Oh Dios, tú, por medio de tu Hijo, has iluminado a todas las naciones con tu luz eterna. Escucha
nuestras súplicas y concede a tu pueblo reconocer la gloria de su Redentor y llegar, por su gracia, a
la luz que nunca se apaga. Por Jesucristo, nuestro Señor.



8 DE ENERO
Oremos, hermanos, para que Dios, que tanto nos ama, llene con la abundancia de sus dones a la
Iglesia y a toda la familia humana. Oremos diciendo: TE ROGAMOS, ÓYENOS.
1. Por la Iglesia. Que ofrezca amorosamente a toda la humanidad los tesoros de gracia que el Señor
   le ha confiado. OREMOS:
2. Por todos los pueblos de la tierra. Que Cristo, luz de las naciones, haga florecer en toda la tierra la
   paz y el bienestar. OREMOS:
3. Por los que sufren en el cuerpo o en el espíritu. Que sus necesidades sean atendidas por nuestra
   caridad fraterna. OREMOS::
4. Por nosotros. Que todo el mundo nos reconozca como discípulos de Cristo por nuestro amor
   mutuo. OREMOS:
Dios y Señor nuestro, que nos has iluminado con la claridad de tu Hijo, pastor de nuestras almas;
escucha nuestras súplicas y haz que, alimentados con los dones de su gracia, tengamos vida en su
nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor.


9 DE ENERO
Hermanos: unidos por la fe en Cristo y movidos por el amor, oremos a Dios por nosotros y por todos
los hombres. Oremos diciendo: TE ROGAMOS, ÓYENOS.
1. Para que la Iglesia, con maternal sabiduría, ayude a todos los cristianos a comprender
   profundamente las palabras y los hechos de Jesús. OREMOS:
2. Para que el Evangelio de Cristo sea proclamado a todos los pueblos y traiga la paz a toda la
   humanidad. OREMOS:
3. Para que Dios, en su misrericordia, tenga piedad de los pobres y de los débiles. OREMOS:
4. Para que el Espíritu Santo que hemos recibido fortalezca en nosotros la comunión con Dios y con
   los hermanos. OREMOS:
Dios y Padre nuestro, escucha las súplicas de los que creemos que tu Hijo es el Salvador del mundo,
y concédenos dar siempre testimonio de él por la integridad de nuestra fe y nuestra caridad sincera.
Por Jesucristo nuestro Señor.
10 DE ENERO
Hermanos: oremos a Dios, que en su Hijo nos ha manifestado el amor verdadero, y confiemos a su
bondad de Padre las necesidades de todos los hombres. Oremos diciendo: TE ROGAMOS, ÓYENOS.
1. Por los obispos, los sacerdotes y los diáconos. Que, como Jesús, y llenos del Espíritu del Señor,
   lleven la Buena Noticia a los pobres y anuncien la gracia de Dios para todos. OREMOS:
2. Por todos los que trabajan y sufren por la paz, por la reconciliación y por los derechos humanos.
   Que su esfuerzo no sea en vano, sino que puedan lograr los frutos que desean. OREMOS:
3. Por los que son marginados por nuestra sociedad. Que, por nuestra caridad, se vean atendidos y
   socorridos en sus necesidades. OREMOS:
4. Por los que estamos aquí reunidos celebrando la Eucaristía. Que la fuerza de este sacramento
   nos mantenga siempre unidos a Cristo y fieles al Espíritu que de él hemos recibido. OREMOS:
Mira, Señor, al pueblo que te suplica confiado en tu amor de Padre. Concédele los dones que de ti
espera y haz que, bajo tu guía, te complazca en todo. Por Jesucristo nuestro Señor.


11 DE ENERO
Oremos, hermanos, a Dios nuestro Padre, y pidámosle que bendiga abundantemente a su Iglesia y
muestre su salvación a todos los pueblos. Oremos diciendo: TE ROGAMOS, ÓYENOS.
1. Por la Iglesia. Que se afane en dar a conocer a todos los pueblos la salvación de Dios, para que su
   nombre sea venerado en toda la tierra. OREMOS:
2. Por la paz del mundo. Que el esfuerzo por eliminar las causas de la pobreza, que oscurecen
   nuestra sociedad, ayude a la edificación de una paz verdadera en todos los pueblos y naciones.
  OREMOS:

3. Por los enfermos, por los ancianos, por los que están solos y por todos los que sufren. Que
   encuentren, en nuestra ayuda y en nuestra caridad, el consuelo que esperan recibir en sus
   necesidades. OREMOS:
4. Por todos nosotros. Que seamos capaces de manifestar a todos la nueva luz que Cristo ha
   encendido en nuestras vidas. OREMOS:
Dios omnipotente, escucha nuestras súplicas y haz que nuestro Salvador nazca en nuestros
corazones y los renueve constantemente. Por Jesucristo nuestro Señor.



12 DE ENERO
Hermanos, oremos a Dios, que quiere salvar a todos los hombres, y supliquémosle que derrame
sobre nosotros y sobre toda la tierra los dones de su gracia. Oremos dicendo: TE ROGAMOS, ÓYENOS.
1. Por la Iglesia, el pueblo de los bautizados. Que, bajo la guía del Espíritu, dé siempre testimonio de
   la vida nueva que ha recibido de Jesucristo. OREMOS:
2. Por todos los pueblos de la tierra. Que el Señor les conceda vivir en paz y concordia, y los ilumine
   con el Evangelio de la salvación. OREMOS:
3. Por los que sufren a causa de las injusticias humanas. Que Dios les muestre su misericordia y
   mueva nuestros corazones en su ayuda. OREMOS:
4. Por nosotros. Que, a través de nuestro amor a Dios y a los hermanos, sepamos corresponder al
   don de la fe que hemos recibido. OREMOS:
Oh Dios, tú quisiste que Cristo, nacido en Belén, se manifestase como luz de las naciones.
Concédenos caminar siempre a la luz de tu Hijo y dar testimonio de él ante el mundo. Por Jesucristo
nuestro Señor.




                                    LA ORACIÓN DE LA PAZ


     Para introducir y motivar el gesto de la paz, cabe glosar la oración clásica (“Señor Jesucristo, que dijiste a tus
     apóstoles...”) con oportunas alusiones al tiempo litúrgico o la fiesta que se celebra. Así lo hizo siempre la liturgia
     hispánica antigua, con gran variedad de fórmulas. Así lo ha hecho también en algunos casos el Misal Alemán.
     Proponemos aquí varias alternativas de esta oración para el tiempo navideño .


I. Cuando nació Jesús,
   los ángeles anunciaron gozosos
   la paz sobre la tierra.
   Por eso hoy te pedimos:
   Señor Jesús, Dios y Salvador nuestro,
   Príncipe de la Paz,
   no mires nuestros pecados sino la fe de tu Iglesia,
   y conforme a tu palabra
   concédele la paz y la unidad.
   Tú que vives y reinas
  por los siglos de los siglos.
                              (Misal alemán)

II. Señor Jesús,
    Dios excelso y a la vez hombre verdadero.
    Te pedimos que la paz que trajiste a este mundo,
    al nacer en Belén,

  y que deseaste a tus discípulos
  después de tu Resurrección,
  nos la des también a nosotros
  y nos la conserves siempre.
  Para que como tus ángeles
  seamos también nosotros pregoneros de tu paz
  para todos los hombres de buena voluntad.
  Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
                      (Liturgia hispánica)

III. Señor Jesucristo,
     que con tu nacimiento trajiste la paz a la tierra
     y te manifestaste como Redentor de todos
     y Príncipe de la Paz.
     Mira con bondad a los que hoy te celebramos gozosos
     y queremos participar de tu Cuerpo y de tu Sangre.
     Y concédenos crecer en la fraternidad y en la paz.
     Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
                                (Liturgia hispánica)

IV. Señor Jesús: aquella noche de Navidad, los ángeles anunciaron tu nacimiento a los pastores
   proclamando la paz para todos los hombres, amados de Dios.
   Haz descender hoy sobre nosotros tu paz. Que descienda sobre nuestras familias, sobre nuestra
   ciudad (nuestro pueblo), sobre nuestro país, sobre el mundo entero.
   Que descienda muy especialmente, Señor Jesús, sobre todos aquellos que viven bajo el peso de
   conflictos y tensiones, y sobre los que viven en medio de los terrenos de las guerras.
   A ti te lo pedimos, Príncipe de la paz, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Otras celebraciones y materiales




                       OFICIO DE LECTURA PARA ANTES
                         DE LA MISA DE MEDIANOCHE


   Una de las posibilidades para dar relieve a la fiesta de Navidad es la de empezar la misa de medianoche rezando el
   Oficio de Lectura (también puede hacerse al anochecer, sin unirlo a la misa). Para rezarlo habrá que copiar los tres
   salmos para que todos los asistentes los tengan y avisar antes de comenzar que se rezarán a dos coros (hay que
   decir cuál es el que empieza), y que al final de cada salmo el Gloria lo dirán todos a la vez. En cuanto a las
   antífonas, lo mejor será cantar una conocida, como las que propondremos aquí, y no decir las de la Liturgia de las
   Horas. Asimismo será mejor no recitar los responsorios, sino que un lector los lea y la asamblea se una con una
   antífona. Habrá que procurar que la celebración del Oficio sea ágil, aunque sin prisas. El orden de la celebración
   puede ser el siguiente:
1. Todos se ponen de pie, mientras suena el órgano o alguna música de Navidad, y salen los
   ministros, con la misma solemnidad como si fuera a comenzar la misa. Durante esta entrada, no
   hay ningún canto.
2. Celebrante: Señor, ábreme los labios. R/ Y mi boca proclamará tu alabanza. (Es mejor que ambas
   frases las diga bien dichas el celebrante solo, dado que normalmente la gente no sabe la
   respuesta).
3. Un cantor entona: Hoy nos ha nacido un Salvador..., CLN 10 / MD 121 (721). Todos repiten la
   antífona. Un lector recita las estrofas del salmo 99, que se alterna con el canto de la antífona . (Es
   uno de los salmos invitatorios: es mejor que los fieles no lo tengan escrito, sino que lo escuchen).
4. Ahora se canta el himno: los que se encuentran en la Liturgia de las Horas u otro adecuado.
5. Todos se sientan. Monición al salmo 2: El primer salmo que rezaremos esta noche de fiesta es una
   proclamación gozosa de la victoria sobre todos los poderes que pueden oprimir al hombre. El Niño
   débil que nace en Belén, el Hijo de Dios, con su amor, será más fuerte que todo el mal, que toda
   opresión, que todo dominio.
6. Antífona: Anunciaremos tu reino, CLN 402 / MD 9(609). Se recita el salmo a dos coros y al final se
   repite la antífona.
7. Monición al salmo 18A: Hoy, en mitad de la noche, oímos una llamada. En Belén, los ángeles
   anuncian la gloria de Dios que es la paz y la vida para todos los hombres. Es la Buena Nueva del
   Evangelio, la Buena Nueva de Dios que viene a caminar a nuestro lado. El es el sol que nace de lo
   alto para iluminarnos.
8. Antífona: Servid al Señor con alegría, MD 142(742) o Cantaré eternamente, CLN D9 / MD 153(753)
   y CLN 512 /MD 243(843).
9. Monición al salmo 44: Con las palabras con que el pueblo de Israel cantaba a su rey, nosotros
   cantaremos ahora a Jesús, nuestro Mesías, el que guía nuestro camino. Él es el escogido de Dios,
   aquel a quien vale la pena seguir. Nosotros, la comunidad de sus seguidores, nos sentimos como
   la esposa que el rey ha escogido: merecerá la pena dejarlo todo, olvidarnos de todo, para ir con él.
10. Antífona: Vamos cantando al Señor, CLN A1 / MD 75(675) o Todos cantamos a ti, CLN 521 / MD
   231(831) o No fijéis los ojos, MD 96(696). Se recita el salmo a dos coros y al final se repite la
   antífona.
11. Monición a la lectura bíblica: Después de haber orado con los salmos, escuchemos ahora la
   Palabra de Dios. Será una lectura viva, sugerente, llena de fuerza. El profeta Isaías, hace ya
   muchos siglos, anunciaba a su pueblo que vendría alguien capaz de transformar el mundo. Es el
   proyecto de mundo del Evangelio, el proyecto de mundo que Jesús viene a inaugurar, el proyecto
   de mundo que nosotros también anhelamos y por el cual esta noche, más que nunca, hemos de
   estar dispuestos a trabajar.
12. Un lector lee la lectura. Al final, no se dice Palabra de Dios.
13. Como respuesta se puede cantar Hoy nos ha nacido un salvador, CLN D 10 / MD 121(721),
   alternado con las frases del responsorio que va leyendo un lector.
14. Monición a la lectura patrística: Esta noche nos hará bien oír cómo entendía y sentía la Navidad
   un cristiano de hace muchos siglos. En el siglo quinto, el papa León invitaba a su gente a vivir con
   mucha intensidad la novedad decisiva del Dios hecho hombre. Es un acontecimiento que nos ha
   cambiado la vida, que nos ha transformado, que ha levantado nuestra débil condición humana
   hasta llenarla de la grandeza de Dios.
15. Como respuesta, se puede hacer igual que al final de la lectura bíblica (n. 13).
16. Terminado el Oficio de lectura, convendría aumentar en la iglesia el tono de fiesta. Todos se
   ponen de pie, suena la música, se podría cantar quizá algún villancico y llevar la imagen del Niño
  Jesús al lugar donde permanecerá durante todos estos días. Entonces se proclama a la Calenda
  (ver pág . 137) y seguidamente se canta el Gloria. Durante el canto, se inciensa el altar y la misa
  continúa como de costumbre.
  Si el Oficio no se celebra unido a la misa, se puede terminar también con el canto del Gloria y la
  oración final.




                                  VIGILIA PARA ANTES
                              DE LA MISA DE MEDIANOCHE
                                      (o para algún día antes de Navidad)


     Habrá que tener dispuesto en lugar visible el belén sin el niño, o simplemente la cuna. Y repartir a los asistentes
     algún elemento para ornamentarlo (ramas pequeñas, piedrecitas, papeles de colores) que se utilizarán cuando se
     indique. También habrá que repartir una hoja con los cantos y el texto del Magnificat.
     Desde el principio estarán encendidas las cuatro velas de la corona de Adviento.

1. Ven, ven, Señor, no tardes. Ven, ven, que te esperamos.
   Ven, ven, Señor, no tardes. Ven pronto, Señor.
  El mundo muere de frío, el alma perdió el calor,
  los hombres no son hermanos, el mundo no tiene amor.
  Envuelto en sombría noche, el mundo, sin paz, no ve;
  buscando va una esperanza; buscando, Señor, tu fe.
  Al mundo le falta vida, al mundo le falta luz;
  al mundo le falta el cielo, al mundo le faltas tú. MD 34 (634) / CLN 9.

2. Lector 1: Desde muchos siglos atrás, desde el fondo de los tiempos, la llama de una esperanza ha
   guiado el camino de la humanidad. Una llama encendida en el corazón de hombres y mujeres de
   todo tiempo y lugar. Los hombres y mujeres de Israel, que habían conocido al Dios liberador y
   habían creído en él, y los hombres y mujeres que, guiados en el silencio de su corazón por el
   mismo Espíritu de Dios, habían sabido descubrir también que hay un amor más fuerte que todo el
   mal y el dolor y el pecado, un amor capaz de renovarlo todo y llenarlo todo de vida.
  Lector 2: Desde muchos siglos atrás, desde el fondo de los tiempos, la llama de una esperanza ha
  guiado el camino de la humanidad. Y ahora, en la plenitud de los tiempos, esa llama se ha hecho
  carne humana, carne nuestra, en el vientre de una muchacha, allí en Nazaret, un pueblo lejano,
  casi desconocido.
  Lector 1: Dios se ha hecho carne humana, carne nuestra, y todo ha cambiado. Dios se ha hecho
  carne débil, carne pobre, y todo ha cambiado. Por eso nosotros hoy, preparándonos para celebrar
  con toda la alegría el nacimiento del Dios hecho hombre, nos unimos a María, la muchacha de
  Nazaret, y alabamos la fuerza y la gracia del Dios que viene en medio de nosotros. Digamos todos
  unidos:
     Proclama mi alma la grandeza del Señor,
     se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
     porque ha mirado la humillación de su esclava.
     Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
     porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
     su nombre es santo,
     y su misericordia llega a sus fieles
     de generación en generación.
     Él hace proezas con su brazo:
     dispersa a los soberbios de corazón,
     derriba del trono a los poderosos
     y enaltece a los humildes,
     a los hambrientos los colma de bienes
     y a los ricos los despide vacíos.
     Auxilia a Israel, su siervo,
     acordándose de la misericordia,
     como lo había prometido a nuestros padres,
     en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

3. Lector 1. Las palabras de María son nuestras palabras. Todos los grandes anhelos, todos los
   buenos anhelos, tienen ahora una nueva fuerza, una fuerza distinta: ahora son los anhelos de
   Dios, porque Dios mira la debilidad, Dios muestra su misericordia, Dios dispersa a los soberbios,
   Dios colma de bienes a los pobres, Dios protege a su pueblo.
  Las palabras de María son nuestras palabras. Y hoy, cuando nos disponemos a celebrar la
  Navidad, son una invitación a mirar a nuestro alrededor y a comprometernos como el propio Dios
  se ha comprometido.
  Lector 2: En silencio, recordemos nuestro mundo, nuestro país, nuestro (pueblo, barrio, ciudad).
  Ahí nace nuestro Dios. Recordémoslo y renovemos nuestra voluntad de contribuir a que haya
  mejor convivencia, más justicia, más paz, más esperanza, más fe, más amor.
           Silencio, con música suave de fondo.

4. Lector 1. Dice el profeta Isaías: “Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y sobre él se
   posará el espíritu del Señor. Juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados.
   Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito. Nadie hará daño, nadie hará
   mal, porque el país estará lleno de conocimiento del Señor, como las aguas colman el mar” (11,1-
   9).
           Toda la tierra espera el Salvador:
           viene a traer a los hombres la verdad,
           a sembrar por el mundo semillas de amor.
           A todos los pobres su brazo salvará.
           Dice el profeta al pueblo de Israel:
           Pronto la luz del Mesías brillará,
           Dios se acerca a nosotros: su nombre, Emmanuel;
           germine la tierra amor y libertad. MD 306 (906).
  Lector 1. Ese es Jesús, el Hijo de María. Él es el Emmanuel, el Dios con nosotros. Con él la
  esperanza, el deseo de vida nueva, el esfuerzo al servicio del amor, se hacen fuertes, vivos,
  plenos. Y todo se llena de alegría.
  Lector 2. Nosotros queremos que la Navidad sea una fiesta verdadera, auténtica. Queremos vivir
  la alegría de Jesús. Y queremos que eso se note en todas nuestras actuaciones: en la amabilidad,
  en el servicio, en la ayuda a los pobres, en todo. Y queremos, muy especialmente, agradecerle a
  Jesús la fortaleza que nos da, el amor que nos da, la salvación que nos trae.
  Lector 1: Para significar esa voluntad vamos a hacer ahora un pequeño signo. Nos acercaremos a
  la cuna del niño Jesús aún vacía y dejaremos junto a ella la rama, la piedrecita, el papel de colores
  que todos tenemos, como para darle ya desde ahora nuestra bienvenida agradecida.
     Durante la procesión se puede poner música navideña (mejor sin texto, sólo instrumental).

5. Terminada la procesión, si el acto tiene lugar inmediatamente antes de la misa del gallo, se puede
   leer algún poema navideño (o varios). Si es otro día, se lee un relato evangélico escogido entre los
   de las ferias de la última semana de Adviento (por ejemplo Mateo 1,18-24; Lucas 1,26-38; Lucas
   1,39-45) y se puede hacer una breve homilía.

6. Invoquemos ahora a Jesús que nace entre nosotros. Responderemos a cada grupo de
   invocaciones cantando: “Venid y adoremos, venid y adoremos, venid y adoremos al Salvador”. MD
   322 (922).
  – Jesús, luz del mundo; Jesús, sol de justicia; Jesús, estrella de la mañana.
  – Jesús, camino hacia el Padre; Jesús, nuestra vida; Jesús, nuestra verdad.
  – Jesús, buen pastor; Jesús, puerta de las ovejas; Jesús, que nos conoce y nos ama
    personalmente.
  – Jesús, nuestra paz; Jesús, nuestra alegría; Jesus, nuestra esperanza.
  – Jesús, imagen del Dios invisible; Jesús, reflejo de la gloria del Padre; Jesús, Palabra hecha
    carne.
  – Jesús, el primero y el último, el que vive para siempre; Jesús, alfa y omega; Jesús, principio y
    fin.
  – Jesús, hermano; Jesús, amigo; Jesús, compañero.
  – Jesús, Cordero de Dios; Jesús, Hijo de Dios; Jesús, Dios con nosotros.
        Venid, fieles todos, entonando himnos;
        venid, una estrella brilló en Belén.
        Hoy ha nacido el Rey de los cielos.
        Venid y adoremos, venid y adoremos,
        venid y adoremos al Salvador. MD 322 (922)

     Si la vigília tiene lugar inmediatamente antes de la misa del gallo, ahora puede haber un
     espacio de música mientras se encienden los cirios del altar, y seguidamente empieza la
     celebración con el canto de entrada y la salida de los ministros. En cambio, si tiene lugar algún
     día antes de la Nochebuena, al terminar se podría compartir un pequeño piscolabis.
                                        LA CALENDA:
                                   EL PREGÓN DE NAVIDAD

      Un buen elemento para la solemnización de la Navidad es la proclamación en todas las misas (de la noche y del día)
      de este pregón, que proviene de la antigua liturgia romana. En las comunidades religiosas, la Calenda puede tener
      su lugar propio en las primeras vísperas.
      Este pregón se puede proclamar de distintas maneras. Por ejemplo esta: 1) entrada de los ministros con un canto de
      entrada largo y vivo; 2) saludo del celebrante; 3) sube un lector y crea un breve silencio expectante; 4) el lector
      proclama, con la solemnidad adecuada, el pregón. Y la misa prosigue con el Gloria, sin ninguna monición inicial
      del celebrante (suficiente monición es ya el pregón...).En las misas en las que sea difícil encontrar un lector
      adecuado, será mejor que lo lea el mismo celebrante.


Os anunciamos, hermanos, una buena noticia,
una gran alegría para todo el pueblo;
escuchadla con corazón gozoso.
Habían pasado miles y miles de años
desde que, al principio, Dios creó el cielo y la tierra
e hizo al hombre a su imagen y semejanza;
y miles y miles de años desde que cesó el diluvio
y el Altísimo hizo resplandecer el arco iris,
signo de alianza y de paz;
en el año 752 de la fundación de Roma;
en el año 42 del imperio de Octavio Augusto,
mientras sobre toda la tierra reinaba la paz,
en la sexta edad del mundo,
hace ........ años,
en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel,
ocupado entonces por los romanos,
en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada,
de María virgen, esposa de José,
de la casa y familia de David,
nació Jesús,
Dios eterno,
Hijo del eterno Padre y hombre verdadero,
llamado Mesías y Cristo,
que es el Salvador que los hombres esperaban.
                                            ANTE EL BELÉN

                                                                                                       J. LLIGADAS

      Como ya se explica en la página 89 de este libro, el belén no debería faltar en nngún hogar. Pequeño o grande, más
      artístico o más elemental, el belén es el signo más visible de las fiestas del nacimiento del Hijo de Dios.
      El solo hecho de tener el belén en casa ya es mucho, pero si además rezamos alguna vez ante él, mucho mejor. Aquí
      ofrecemos algunos modelos y posibilidades, según las distintas situaciones.


                                         INAUGURACIÓN DEL BELÉN
Se puede hacer el mismo día en que lo hayamos puesto, o bien en la Nochebuena. Aquí proponemos leer una
lectura, decir una oración y cantar algún villancico. (Y si alguien de la casa no tiene ganas de participar en esa
inauguración, no pasa nada...).


Lectura del evangelio según san Lucas
En aquel tiempo, José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en
Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse en el censo con su
esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaba allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su
hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la
posada (2,4-7).
Oremos (breve pausa de silencio).
       Dios, Padre nuestro: tanto amaste al mundo que nos has entregado a tu único Hijo Jesús,
       nacido de la Virgen María, para salvarnos y llevarnos a ti.
       Te pedimos que con tu bendición estas imágenes del nacimiento nos ayuden a celebrar la
       Navidad con alegría y a ver a Cristo presente en todos los que necesitan nuestro amor.
       Te lo pedimos en nombre de Jesús, tu Hijo amado, que vive y reina por los siglos de los siglos.
       Amén.


Para terminar se canta un villancico (o varios). Y todos pueden acercarse a dar un beso al niño Jesús.


                                           LA ORACIÓN DE LOS NIÑOS
El belén da pie a ayudar a los niños a conocer más a Jesús. De todos modos, al explicar lo que el belén significa, hay que
procurar no mezclar historias fantásticas o ramplonas, que desfigurarían la fe y podrían llevar al niño a dejarla de lado en
cuanto creciera. Hay que resaltar lo básico, adaptándolo a su capacidad de comprensión: a nuestro Dios lo reconocemos
en un niño que nace pobre, sus padres María y José son grandes ejemplos de fe y de amor, los primeros que lo adoran son
una gente sencilla (los pastores), luego vienen unos sabios de países lejanos que representan a todos los pueblos de la
tierra (los magos)...
El belén también ofrece una ocasión para rezar. Por ejemplo, todas las noches, antes de ir a dormir, se puede decir esta
oración y darle un beso al niño Jesús. De vez en cuando, cantarle algún villancico. Y otras posibilidades que la
imaginación sugiera.
              Jesús, tú has venido a vivir aquí, con nosotros;
              tú nos quieres mucho.
              Tú estás aquí, muy cerca de nosotros,
              con tus padres, con María y con José.
              Yo también te quiero,
              y quiero amarte más,
              y quiero aprender a ser como tú. Amén.


                                        LA ORACIÓN DE LOS ADULTOS
No sólo para los niños: también para los adultos el belén ofrece una buena ocasión para rezar. Individualmente, o en
pareja, o toda la familia, o cuando un grupo se reúne por el motivo que sea.
Puede rezarse la oración que publicamos aquí, y se puede además leer un texto del evangelio (de los dos primeros capítulos
de Mateo o Lucas), cantar algún villancico, etc.
   La luz de la Navidad nos llama también a nosotros,
   Jesús, hermano, hijo de María, Hijo de Dios.
   Nos llama como llamó a los pastores desconcertados,
   y como llamó a los magos
   para hacerles emprender aquel largo camino.
   Porque en Belén,
   en tu carne tan débil,
   en tu rostro de niño que aún no ha aprendido a mirar al mundo,
   nosotros vemos reflejado todo el amor de Dios.
   En tu carne,
   está aquel amor, aquella ternura, aquella esperanza confiada
   que sólo Dios es capaz de dar.
   En tu carne,
   Dios se ha hecho uno de los nuestros,
   y eso es lo más grande que nadie
   haya podido nunca llegar a soñar.
   Contemplándote aquí, acostado en el pesebre,
   acompañado del amor de María y José,
   queremos poner en tus manos
   nuestras ilusiones y nuestros temores,
   nuestro deseo de fidelidad y también nuestro mal.
   Y queremos poner también al mundo entero:
   a los que más queremos y a los que no conocemos,
   a los de cerca y a los de lejos;
   y sobre todo, a lo que más sufren.
   Jesús, hermano, hijo de María, Hijo de Dios,
   danos el calor de tu amor,
   llena el mundo entero con el calor de tu amor.




                            CELEBRACIÓN DEL FIN DE AÑO


                                                                                                   J. ALDAZÁBAL

      En torno al 31 de diciembre y 1 de enero, muchas comunidades organizan una celebración en la que se reflexiona a
      la luz de Cristo sobre el año que empieza. Y su reflexión se convierte en oración.
      Un esquema posible podría ser el que aquí ofrecemos. A rellenar –evidentemente– con los datos concretos de cada
      año y de cada comunidad.
      El énfasis debería ponerse en la acción de gracias y en la esperanza cara al nuevo año. Todos necesitamos ánimos,
      visión optimista de la historia.
      Esta celebración quiere compartir la esperanza cristiana, con una visión cristiana del correr del tiempo y de la
      tarea que a todos nos toca en la historia.


1. Saludo del presidente. Motivación. Invitación.

2. Canto de entrada: “Marcha de la Iglesia”, “Juntos para soñar”, “Juntos como hermanos” (un largo caminar),
“Exodo y liberación” (peregrino, ¿a dónde vas?), “Iglesia peregrina de Dios”, “Hacia ti, morada santa”... Si se
quiere dar un tono mariano a la celebración: “Santa María del camino” (ven con nosotros al caminar...), “Santa
María de la esperanza” (mantén el ritmo...).

3. Profecía o pregón de año nuevo. Por ejemplo, el que publicamos en la página 151.
4. Lectura bíblica: elegir una que refleje la marcha de la historia, la plenitud que ésta adquiere en Cristo, o la
confianza en Dios, conductor de la vida y del tiempo... Proponemos éstas:
– Ef 1,3-14 (nos ha bendecido... antes de la creación... el designio que ha decidido realizar en la plenitud de los
  tiempos...).
– Col 1,13-20 (Cristo, la imagen perfecta del Padre, plenitud de toda la historia...).
– Mt 5,1-12 (las bienaventuranzas).
– Mt 6,25-34 (fe en la providencia; no andar preocupados por el mañana...).
– Lc 12,16-48 (parábola del hombre rico y sus sueños... recomendación de confiar en la providencia... parábola
  de los siervos vigilantes... parábola del administrador infiel...).
– Eclo 18,1-14 (Dios dirige el universo... los días del hombre son contados... el Señor comprende, tiene
  paciencia...).
– 2 Pe 3,1-18 (la historia y la promesa de la vuelta; nuevos cielos y nueva tierra... vivir en la paz).

5. Pausa de silencio y meditación. Posible canto de respuesta, si parece oportuno: Salmo 64 (Oh Dios, tú
mereces un himno en Sión...), Salmo 89 (Señor tú has sido nuestro refugio... los siembras año por año...). Si se
elige el salmo 64, mejor alternar las estrofas cantadas con otras leídas o proclamadas: por ej. “coronas el año con
tus bienes...”.

6. Aspectos esperanzadores del año que termina. Entre dos, enumerar brevemente los acontecimientos y las
direcciones más optimistas de la historia de este año:
            a nivel mundial
            a nivel nacional
            a nivel de Iglesia
            a nivel de la propia comunidad



7. Canto de acción de gracias. Salmo 135: Porque su amor no tiene fin... O bien el “Magníficat”.

8. Aspectos deficientes del año que termina, en clima de petición de perdón: todos somos solidarios de la culpa.
Entre dos, enumerar brevemente los acontecimientos y las direcciones más lamentables del año, a los mismos
niveles que los positivos de antes.

9. Canto de petición de perdón. Salmo 50: Perdón, Señor, perdón.

10. Reflexión personal: balance de la vida de cada uno en el año que termina: aspectos positivos y negativos.
¿En silencio? ¿en diálogo de comunicación?

11. Oración final
– litánica, con intervenciones libres,
– oración presidencial (con o sin Padrenuestro)
– terminar con la bendición solemne del Misal Romano para el comienzo del año.
                                   VIGILIA DE FIN DE AÑO
                                                                                                      J. LLIGADAS

     Esta vigília probablemente lo mejor sea convocarla a las 9 o las 10 de la noche del día 31, de modo que después
     pueda ir cada uno a celebrar la fiesta popular de fin de año (o incluso, si hay ambiente, organizar esta fiesta
     popular en la parroquia). La vigilia la que puede presidir un sacerdote o diácono, o también celebrarse sin
     presidencia. No indicamos aquí cuando hay que estar de pie o sentados: en cada lugar se verá lo más conveniente, y
     se indicará en su momento (durante los silencios y las lecturas, será mejor estar sentados).


1. Canto
     Juntos como hermanos, CLN 403/MD 35 (635); Hoy Señor te damos gracias, CLN 604/MD 80
     (680); Victoria canta nuestra fe CLN 704/MD 29 (629); Te ofrecemos, Señor, nuestra juventud
     CLN H 2/MD 48 (648).

2. Introducción: Estamos terminando este año.............. Un año que ha marcado, como todos los
años, tanto la vida social como la vida de cada uno de nosotros. Un año en el que hemos podido
descubrir luces y oscuridades, alegrías y tristezas. Cada uno de nosotros hemos caminado por el
camino de nuestra vida, hemos trabajado y hemos descansado, hemos sido felices y hemos sufrido,
nos hemos esforzado en el seguimiento de Jesucristo y hemos caído también en la desidia y la
infidelidad.
Y a nuestro alrededor, también, hemos visto caminar a nuestros hermanos, a todos los hombres y
mujeres: desde los más cercanos, los de nuestra familia, nuestros amigos, hasta los más lejanos.
Todos ellos, todos, forman parte de nuestra vida. Y hoy, al terminar el año, es bueno recordarlos. De
todos hemos podido aprender, todos han sido para nosotros, de un modo u otro, estímulos para
nuestra vida. Recordemos, de todos ellos, las pequeñas y grandes felicidades vividas, y también las
tristezas y dolores. Y de un modo especial, porque de ninguna manera podríamos olvidarlos,
recordemos los rostros de dolor de nuestros hermanos que sufren por la guerra, por el hambre, por
todas las crueldades que los hombres sembramos o permitimos en este mundo.
Ahora, en silencio, oremos y pidamos perdón por todo lo que nosotros hemos contribuido, a lo largo
de este año, por acción o por omisión, a hacer más dolorosa la vida de los demás.

3. Silencio un poco largo

4. Petición de perdón
Oremos ahora juntos, reconociendo nuestro pecado y pidiendo perdón. (Se dice el “Yo confieso” o se
canta un canto de perdón).

5. Oración
Padre, en esta noche del último día del año estamos aquí, ante ti. Queremos compartir un rato de
paz, un encuentro de familia contigo. Somos tus hijos, y nos da felicidad tenerte a ti como Padre. Te
queremos agradecer este año que hoy termina, con todo lo que hemos vivido, lo bueno y lo malo,
porque en todo podemos experimentar la llamada de tu amor. Y te queremos agradecer también todo
lo que tenemos ante nosotros, nuestro futuro en este mundo y nuestro futuro en el Reino que tú nos
prometes.
Padre, al terminar este año de..............., y disponiéndonos a empezar un nuevo año, te queremos
pedir que estés siempre con nosotros y con todos nuestros familiares y amigos. Y te queremos pedir,
muy especialmente, que muestres tu rostro lleno de ternura a todos los que sufren por la guerra o por
el hambre, por la falta de justicia o de libertad; y a todos aquellos que viven hundidos en el dolor o en
el mal. Libéralos, Padre, y haznos a nosotros colaboradores de esta liberación. Te lo pedimos por
Jesucristo, nuestro hermano, tu Hijo, que vive y reina contigo por los siglos. Amén.

6. Salmo 84
     (Se recita a dos coros, habiendo repartido previamente el texto a todos: el salmo se encuentra
     en los laudes del martes de la tercera semana o, fragmentariamente, en la pág. 49 de este
     libro).

7. Lectura de Isaías 9,1-6
Escuchemos ahora la palabra de los profetas. Es el anuncio de un niño que abrirá un camino nuevo
en la vida de los hombres. Es el anuncio de Jesús, el Mesías. (El texto es la primera lectura de la
misa de la noche de Navidad).

8. Salmo 71 ó 102
     El salmo que se escoja podría hacerse cantado. Se encuentran, respectivamente, en CLN
     511/MD 223 (823) y CLN 518/MD 234 (834). Puede cantar las estrofas un solista y la asamblea
     responder con la antífona, o cantarlo todos todo. También puede leer las estrofas un lector,
     según el texto del cantoral, e ir intercalando la asamblea el canto de la antífona.

9. Lectura de 1Juan 1,1–2,3
Escuchemos ahora la palabra de los apóstoles. Juan, el apóstol que Jesús más quería, nos da su
testimonio: ahí, en nuestra vida de hombres y mujeres débiles, se ha hecho presente alguien que nos
ha transformado. Alguien que no es un sueño ni una idea, sino una persona como nosotros. Alguien
que nos llama a reconocer nuestra situación marcada por el mal y el pecado, pero que al mismo
tiempo nos empuja a seguir en el camino de la fidelidad a su Evangelio. (El texto es la lectura del
Oficio de Lectura del 27 de diciembre).


10. Lectura actual
     Ahora se podría leer un texto actual que parezca adecuado. Entre los textos del magisterio
     referidos a la paz y la justicia indicaríamos los siguientes, que pueden acortarse según se vea
     conveniente: de la Gaudium et Spes, n. 39, que se encuentra en el Oficio de Lectura del
     domingo 21 per annum; nn. 82-83, en el Oficio de Lectura del lunes 31 per annum; nn. 88-89,
     en el Oficio de Lectura del martes 31 per annum; de la encíclica Pacem in terris, nn. 157-166;
     nn. 7-22; de la encíclica Rico en misericordia, n. 3; de la encíclica Centesimus annus, nn. 57-58.
     Pero desde luego pueden buscarse también textos de otros autores.

11. Canto
     Cuando el pobre nada tiene, CLN 725/MD 45 (645); El Señor es mi fuerza, CLN 717/MD 47
     (647); Danos un corazón CLN 718/MD 59 (659).

12. Introducción al silencio
Vamos a hacer ahora un tiempo de silencio. Será un tiempo de oración personal en el que podemos
repasar dentro de nosotros este año que estamos acabando, y poner ante Dios el camino que hemos
recorrido, las personas con las que hemos compartido la vida, los acontecimientos que nos han
marcado, y dar gracias por todo ello. Y, al mismo tiempo, pedir su bondad y su amor para el nuevo
año. Para nosotros, y para toda la gente que conocemos, y para todos los que sufren.

13. Silencio, a ser posible con música de fondo

14. Plegarias. (Respuesta cantada: “Ven, Señor, ven a salvarnos”, CLN D 7/MD 114 (714); o bien:
“Señor, ten piedad”)
– Por cada uno de nosotros, por nuestras familias, por nuestros amigos.
– Por nuestro crecimiento en la fe y en la fidelidad al Evangelio.
– Por nuestros compañeros de trabajo y de estudio, por todos aquellos con quienes compartimos
  nuestra vida.
– Por nuestra ciudad (pueblo, barrio) y por todos los que aquí vivimos.
– Por los pobres, los tristes, los abandonados que hay entre nosotros.
– Por nuestra parroquia, por nuestra diócesis, por la Iglesia entera.
– Por todos los hombres y mujeres, por todos los ancianos, los niños, los jóvenes; por todos los
  pueblos de la tierra.
– Por todos los que, en cualquier lugar del mundo, sufren la guerra o la violencia.
– Por todos los que, en cualquier lugar del mundo, sufren la tragedia del hambre.
– Para que la paz y el amor de Dios transformen nuestro mundo.

15. Padrenuestro
Como hijos de Dios, como hermanos de todos los hombres, oremos como Jesucristo nos enseñó:
Padre nuestro...

16. Gesto de paz
Con los mejores deseos para el año que comienza, hermanos, démonos fraternalmente la paz.

17. Cántico de María
     Se canta según alguna de las versiones conocidas, o se recita todos a la vez; en este segundo
     caso, habrá que haber repartido previamente el texto, que se encuentra en la página 50 de este
     libro.


18. Despedida
     Si preside un sacerdote o diácono, desea a todos un feliz año nuevo y da la bendición solemne
     de Año Nuevo, que se encuentra en la pág. 558 del Misal. Si no, el que haya dirigido la vigilia
     desea a todos un feliz año nuevo.
19. Canto final
     Anunciaremos tu Reino, Señor, CLN 402/MD 9 (609).




                                   PREGÓN DE AÑO NUEVO


     Este pregón puede utilizarse en celebraciones y encuentros con motivo del año nuevo. Aquí lo presentamos para ser
     alternado entre un lector y la asamblea (para lo que habrá que repartir previamente el texto). Pero también puede
     hacerse simplemente entre dos lectores (uno lee la parte del “Lector” y otra la de “Todos”), o incluso proclamarlo
     entero un único lector. El texto es una adaptación de un material publicado por la Revista de Litúrgia de São Paulo.


Lector: Que todos los pueblos alaben al Señor, que le cante el universo entero. Firme es su
        misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre. Venid, oremos y supliquemos por
        todos los hombres y mujeres de la tierra.
Todos: Haya paz para todos, desaparezca el dolor, la tristeza, el hambre y la guerra. Y que nosotros
       seamos mensajeros y trabajadores de esta paz.
Lector: Bendito seas, Dios de la vida, porque iluminas al mundo con la luz de Cristo resucitado y
        guías nuestros pasos por el camino de la paz.
Todos: Para ti, Señor, la noche es clara como el día. Tú eres la luz en nuestra oscuridad. Tu Palabra
       renueva la creación entera.
Lector: Alabemos al Señor, hermanos y hermanas.
Todos: Jesús es nuestra paz, Jesús está en medio de nosotros. El guía nuestro camino y el de la
       humanidad entera. Al comenzar el año......... nos reunimos aquí para alabarle y para rezarle.
Lector: El Hijo de Dios, hace ya dos mil años, plantó su tienda entre nosotros y vino a vivir nuestra
        misma vida. De su plenitud hemos recibido gracia tras gracia; todos nosotros hemos recibido
        las bendiciones de su Espíritu.
Todos: Y ahora, de nuevo, una vez más, ese Espíritu nos envía a anunciar la Buena Noticia a los
       pobres, la liberación para los cautivos, la luz para los ciegos. Nos envía a proclamar el año
       de gracia del Señor.
Lector: Que nadie haga daño ni explote a su hermano. Que se perdonen las deudas, que se reparta
        la tierra. Que no se fabriquen más armas, y que se produzca pan para todos.
Todos: Que las Iglesias caminen hacia la unidad, y los creyentes trabajen unidos por el bien de
       todos.
Lector: Que todo el mundo luche para que termine el dolor y la tristeza y para que en los ojos de
        todos pueda brillar la luz de la esperanza.
Todos: Que se transformen nuestros corazones y se vuelvan hacia Dios, nuestro Padre.
Lector: Que él nos dé su perdón, su misericordia, su gracia infinita.
Todos: Y que la alegría habite en nuestra tierra, porque esa es la voluntad de Dios.




                                             NOCHE VIEJA
                                              AÑO NUEVO
                                   Celebración cristiana en familia
                                                                                                   J. ALDAZÁBAL
     La despedida del año viejo y la entrada en el nuevo suele ser un acontecimiento muy emotivo en una familia, en un
     grupo o una comunidad.
     Se crea un ambiente entrañable. Evitando el lujo y la ostentación, y también el tono un tanto chabacano al que a
     veces nos parece invitar el ambiente, es muy bueno que este clima de alegría humana y familiar sea en verdad
     comunicativo y feliz, tanto para los mayores como para los jóvenes y niños.
     Pero para una familia o comunidad cristiana, el paso al Año Nuevo es bueno que tenga además un color claramente
     cristiano. Aparte de que se pueda participar en esa tarde/noche en las Vísperas o en la Eucaristía (algunos grupos
     organizan esta noche una hora de Adoración al Señor Eucarístico), aquí ofrecemos para el ambiente de familia un
     esquema que se puede realizar en poco más de cinco minutos.
     Se trata de un momento sencillo de oración, que en el clima familiar y en un momento tan significativo puede
     resultar muy expresivo de nuestra fe. Ya el hecho de vivir esta fiesta en familia es un sano valor de auténtica
     “ecología humana”. Pero todavía puede tener más sentido si se celebra en cristiano.


1. Acción de gracias por el año que acaba
Monición (dicha por el padre o la madre)
Señor nuestro, Padre que estás en el cielo. Nos hemos reunido aquí, momentos antes de terminar
este año y empezar el nuevo. Queremos darte gracias por tantas cosas buenas que han sucedido
este año: para la humanidad, para la Iglesia, para nuestro país, para nuestra familia, para cada uno
de nosotros. Sabemos que estamos en tus manos de Padre y te lo agradecemos (se pueden
enumerar algunos de estos acontecimientos del año).

Canto de acción de gracias (las estrofas las podrían cantar los más jóvenes o los niños).
Por ejemplo: “Hoy, Señor, te damos gracias”, “Alabemos al Señor”, “Por tantas cosas”. Allí donde se
haga en euskera, el más popular viene siendo “Eskerrik asko, Jauna”. Dependerá de las tradiciones
del lugar... y de la familia.

2. Petición de ayuda para el Año Nuevo
Monición hecha por un miembro de la familia
También, Padre, te queremos pedir que el año entrante nos sigas ayudando. Que bendigas a toda la
humanidad, y en concreto a nuestra familia.
Para que todos vivamos en paz y sepamos progresar en los aspectos materiales y en los espirituales,
viviendo según tu voluntad.
Todos rezan despacio el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria al Padre.

3. Las doce uvas, no faltaría más, puntualmente y sin atragantarse.

4. La copa de champán, con el oportuno brindis.

5. El abrazo y el beso con todos los presentes, para empezar el año con un compromiso de
fraternidad y, si hace falta, de perdón. Con un voto de confianza a todos. Olvidando lo desagradable
del año viejo y empezando “de cero”.
6. Y luego, seguir la fiesta. Dichosa la familia que sabe divertirse a sí misma, y no necesita que se lo
haga la TV.




                   ANUNCIO DE LAS FIESTAS DEL AÑO



     El día de la Epifanía, después del evangelio, se puede proclamar el anuncio de las fiestas del año que
     aquí publicamos. En algunos lugares, además, se acostumbra a colgar este anuncio en la puerta de la
     iglesia desde Año Nuevo hasta el domingo anterior a la Cuaresma.

La gloria del Señor se ha manifestado en Belén
y seguirá manifestándose entre nosotros,
hasta el día de su retorno glorioso.
Por eso os anuncio con gozo, hermanos y hermanas,
que así como nos hemos alegrado en estas fiestas
de la Navidad de nuestro Señor Jesucristo,
nos alegraremos también en la gran celebración pascual
de la Resurrección de nuestro Salvador.
Así, pues, recordemos que este año
la ejercitación de la Cuaresma,
que nos prepara para la Pascua,
comenzará el día .... de...., miércoles de Ceniza,
y del .... al.... de ..... celebraremos con fe
la muerte, sepultura y resurrección del Señor Jesús,
en el Triduo Pascual.
Al cabo de cincuenta días,
al término de la gran fiesta de la cincuentena pascual,
el domingo .... de ....,
celebraremos la solemnidad de Pentecostés,
el don que Jesús resucitado hace a su Iglesia:
su Espíritu Santo.
Cada domingo nos reuniremos para celebrar la Eucaristía
conmemorando la Pascua del Señor,
y veneraremos también la memoria de la Virgen en sus fiestas,
y de tantos hermanos santos y santas
que nos acompañana en nuestro camino.
Y ya la finalizar el año,
el día ... de ....,
iniciaremos un nuevo año litúrgico
con la celebración del domingo primero
del Adviento de nuestro Señor Jesucristo.
A él todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.
                                  Otras publicaciones
                            del Centre de Pastoral Litúrgica
                             PARA ADVIENTO Y NAVIDAD

En esta misma colección “Dossiers CPL”
     Celebrar la venida del Señor: Adviento-Navidad-Epifanía. Un buen complemento del
      presente libro, con artículos de reflexión, orientaciones y algunos materiales.
     Enséñame tus caminos. Adviento y Navidad día tras día. Por José Aldazábal.
      Comentarios al leccionario ferial, para la reflexión personal y la homilía.

En la colección “Emaús”
    
     Adviento: el Señor viene. Por Josep Lligadas. Una reflexión sencilla y profunda sobre el
     sentido del Adviento.
     Navidad, Dios con nosotros. Por Josep Lligadas. También para la Navidad, una
      presentación y reflexión al alcance de todo cristiano interesado.
     Adviento y Navidad en Isaías. Por Josep Lligadas. Para captar el sentido y la actualidad
      de los textos proféticos que resuenan en la liturgia de estos días.

En la colección “Celebrar”
  Navidad en familia. Por Joan Llopis. Para prepararla y celebrarla, con textos, cantos,
    sugerencias.

En la colección “Liturgia Básica”
  Qué es el Adviento. Por Josep Lligadas. Lo más básico del Adviento, en un libro breve
    que inicia una nueva colección.




                                        CÓMO USAR EL DISQUETE
Esta edición de Dossiers CPL, n. 92, Adviento y Navidad. Sugerencias y materiales, incluye un disquete de
3.5” que contiene todo el material del libro.

Para facilitar el uso de este material, se pueden seguir los siguientes pasos:
1. Grabar el contenido del disquete en el disco duro. Siempre es mejor trabajar con copias. Así, se puede
   disponer siempre del original en el disquete.
2. Dentro del disquete hay cuatro documentos. El contenido de los llamados “Documento 1”, “Documento
   2” y “Documento 3” es el mismo. Pero hemos querido ofrecer el material en tres formatos diferentes; así se
      puede usar el que funcione mejor. A saber:
      –Documento 1: se abre con el programa Adobe Acrobat 3.0 (y superiores). Este formato es compatible con
      Windows 95 (y superiores) y con Macintosh (versión 7.5 del sistema y superiores).
      –Documento 2: se abre con el programa Microsoft Word (versión 2.x para Windows, y versión 4.x para
      Macintosh). Formato compatible con dos sistemas.
      –Documento 3: se abre con el programa Word Perfect 5.1 para Windows (y versiones superiores). Formato
      no compatible con Macintosh.
      –”Léame”: este documento contiene esta página que usted está leyendo.
  3. Los cuatro documentos se abren de la siguiente manera:
     –Documento 1: se debe disponer del programa Adobe Acrobat 3.0 (y versiones superiores). Tan sólo se
     debe hacer doble clic sobre el icono del documento.
     –Documento 2: los usuarios de Windows deben hacer doble clic sobre el icono del documento. Los usuarios
     de Macintosh deben hacer igualmente doble clic sobre el icono del documento. Se abrirá el programa
     Microsoft Word. Aparecerá la ventana “Convertir archivos”. En la ventana hay un menú con diferentes tipos de
     archivo. Si no lo está por defecto, se deberá seleccionar “Formato RTF”. Se hace clic en el botón “Aceptar”.
     En breves segundos se habrá abierto el documento.
     –Documento 3: quien trabaje con el programa Word Perfect 5.1 (o superiores), tan sólo debe hacer doble clic
     sobre el icono del documento y se abrirá fácilmente.
     –”Léame”: se puede abrir haciendo doble clic sobre el icono del documento.
  4. Una vez abierto el documento:
     –quien abra el archivo Documento 1, puede imprimir el material directamente. Y también puede copiarlo y
     pegarlo en cualquier procesador de texto (Microsoft Word, Word Perfect).
     –tanto para el Documento 2 como para el Documento 3, se puede copiar lo que interese, pasarlo a otro
     archivo cómo se hace normalmente y arreglarlo cómo se quiera. Así se mantiene intacto el primer archivo.
                                        DOSSIERS CPL DISPONIBLES

 2.   Adviento*
 3.   El arte de la homilía
 4.   La cincuentena pascual*
 5.   Navidad y Epifanía*
 9.   Antiguo Testamento. Guía para su lectura*
12.   Claves para la oración
15.   Penitencia – Reconciliación
16.   La misa dominical, paso a paso*
17.   Claves para la Eucaristía
20.   Celebrar la Eucaristía con niños*
21.   La misa diaria. Material*
22.   22 salmos para vivir*
23.   El bautismo de los niños*
26.   El sabor de las fiestas
27.   Canto y música
28.   Celebrar las fiestas de María*
30.   Homilías para el matrimonio*
31.   Homilías para las exequias*
32.   Nuevas homilías para el bautismo*
33.   Vía Crucis*
34.   El domingo cristiano
35.   Ministerios de laicos
36.   Liturgia de las Horas. 20 siglos de historia
37.   La mesa de la Palabra
38.   La música en la liturgia
39.   La comunidad celebrante
40.   Gestos y símbolos
41.   Como no decir la misa
42.   Principios y normas de la Liturgia de las Horas*
43.   Orar los salmos en cristiano
44.   Celebrar la venida del Señor: Adviento-Navidad-Epifanía
46.   La alabanza de las horas. Espiri-tualidad y pastoral
47.   Oración mariana a lo largo del año*
48. Lectura de la Biblia en el año litúrgico
49. Pastoral de la Eucaristía
50. El leccionario de Lucas. Guía*
51.Catequesis y celebración de la primera comunión*
52. Pascua/Pentecostés
53. Orar con la Iglesia: Laudes/Vísperas de una semana*
54. La oración en la escuela de Jesús
55. La celebración de la penitencia*
56. Oración ante los iconos
57. Celebrar la Cuaresma*
58. Modelos bíblicos de oración
59. La celebración de las exequias
60. Pastoral de la salud
61. La celebración de la Semana Santa
62. Las fiestas de los santos*
63. La misa, sencillamente*
64. Religiosidad popular y santuarios*
65. Las aclamaciones de la comunidad
66. Matrimonio: preparación y celebración
67. Enséñame tus caminos (1). Adviento / Navidad día tras día
68. Enséñame tus caminos (3). Tiempo pascual, día tras día
69. La asamblea litúrgica y su presidencia
70. Celebrar la Liturgia de la Palabra
71. El culto a la Eucaristía
72. Enséñame tus caminos (4). Tiempo ordinario: Semanas 1-9
73. Enséñame tus caminos (2). Cuaresma
74. Celebraciones comunitarias de la Penitencia*
75. Enséñame tus caminos (5). Tiempo ordinario: Semanas 10-21
76. Enséñame tus caminos (6). Tiempo ordinario: Semanas 22-34
77. Parroquia, comunidad orante
78. Los sacramentos. Principio y práctica litúrgica
79. La confirmación
80. Enséñame tus caminos (7). Los santos con lecturas propias
81. Hacia una fe adulta
82.     Los salmos nos enseñan a rezar
83. El santoral del calendario *
84.     Vigilias y reuniones de oración *
85. La comunión en la misa
86. Lecturas breves, escuela de sabiduría
87. Bautismo, matrimonio, exequias *
88. Confirmación y Primera Comunión, Penitencia y Unción*
89. Los enfermos terminales. La unción de enfermos
90. Vademécum. Actitudes espirituales para la celebración.
91. Conocer y celebrar la Eucaristía
92. Adviento y Navidad. Sugerencias y materiales *
                                     (*) Editados también en catalán

								
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