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APOCALIPSIS

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APOCALIPSIS
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Apocalipsis – El Origen Juan Bautista Martínez

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APOCALIPSIS



EL ORIGEN

El último libro del Nuevo Testamento el cual forma parte de la Biblia cristiana es

el Apocalipsis palabra que significa REVELACIÓN: literalmente, desde lo oculto, del verbo

griego kalypto: cubrir, velar, ocultar; y la preposición apó, intraducible con exactitud en castella-

no: como si dijéramos desenvelar, así lo tradujo el excelente intérprete de este libro Leonardo

Castellani.



El Apocalipsis no solo revela los acontecimientos a suceder durante los últimos tiempos, sino

que también es una visión de toda la historia de la Iglesia desde su creación hasta el Juicio Final

y la consecuente implantación del Reino de Dios en todo el universo.

Para asumir que existe un final, es necesario partir de un principio que lo explica y que da res-

puestas a muchos de los interrogantes que el hombre se plantea en cuanto a la existencia de Dios

y en su relación con EL.



La clave de todo es el libre albedrío.

Si admitimos que el universo es obra de un creador, Dios, y dentro

del universo existe un ser racional, su existencia solo tiene sentido

si su relación con Dios es producto del ejercicio de la libertad y no

de un condicionamiento previamente impreso. El ser racional debe

necesariamente, para reflejar su imagen y semejanza con el creador,

relacionarse con este a través de una elección absolutamente libre y

personal.



La lucha por la libertad cruza la historia humana a lo ancho y a lo largo, es el don máximo que

Dios puede dar y es lo que da sentido al hombre y su existencia. La Libertad es un don, la Fe, el

Amor y la Esperanza son opciones.



Para explicarnos nuestra existencia así como es, con sus dolores, sus alegrías, sus fracasos, sus

sinrazones, y no como deseamos que sea, debemos entender el origen de la misma; pero vaya-

mos por partes: si admitimos la existencia de los ángeles, seres puramente espirituales que habi-

tan en la presencia de Dios, y aceptamos también la rebelión y caída de un grupo de los mismos

por desobediencia al Creador, estamos frente a la primera y más importante contradicción en las

respuestas de Dios a una misma falta, a los ángeles caídos no les envió un redentor, a los hom-

bres sí. El hombre a juicio de Dios merece ser perdonado, los ángeles rebeldes no.

La respuesta que explica esta diferencia, la encontramos en el origen del hombre.



La Tradición nos enseña que el ser originalmente creado por Dios para señorearse en el universo

material, que en adelante llamaremos El Creado, tenía cualidades: naturales, preternaturales y

sobrenaturales; era inmortal, no sufría enfermedades ni dolores y con toda seguridad su naturale-

za material, que le permitía relacionarse con el universo y su naturaleza espiritual, que lo rela-

cionaba con Dios, estaban en perfecta y total unidad y armonía, en él no había contradicción al-

guna. Tratemos entonces de explicarnos que le sucedió.

Aparece de nuevo el libre albedrío, alguien escribió una frase muy inteligente: “ el libre albedrío

es un don, el amor es una opción “; es el don por excelencia, un don no puede rechazarse y me-

nos aun aquel que hace semejante a Dios, pero también se debe asumir en toda su dimensión la





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Apocalipsis – El Origen Juan Bautista Martínez

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responsabilidad de su ejercicio. El Creado como los ángeles caídos se consideró igual a Dios y

fue castigado con su desaparición, la falta es imperdonable y en este caso tampoco hay redención

o redentor posible.



Miremos ahora la realidad humana, es evidente que en cada hombre hay algo más que la natura-

leza propia de una especie puramente animal, algo que nos distingue.

El animal obra esencialmente por su instinto, el hombre tiene la capacidad de ir más allá del ins-

tinto, hay en él una naturaleza diferente, la espiritual, pero es evidente que existe una dicotomía

entre ambas naturalezas, el hombre no se entiende plenamente a sí mismo, existen regiones oscu-

ras de su ser a las que no tiene prácticamente acceso en el ámbito consciente, su obrar es una

permanente lucha entre lo que su instinto le manda y su espíritu le sugiere. La doctrina cristiana

enseña que el hombre dispone de una conciencia moral que le dice lo que está bien y lo que está

mal, así encontramos que existe un continuo enfrentamiento interior entre su instinto podríamos

decir racionalizado y la conciencia moral impresa por Dios y que le hace decir a San Pablo en la

epístola a los Romanos 7,15 “ Realmente, mi proceder no lo comprendo: pues no hago lo que

quiero, sino que hago lo que aborrezco “.



Es necesario entonces plantearse el interrogante: ¿ Dios realmente creó a su imagen y semejanza

el ser llamado hombre? Frente al contraste entre la realidad del hombre y el concepto que tene-

mos de Dios, infinitamente: justo, bondadoso y misericordioso, una respuesta afirmativa pone en

serias dificultades dicho concepto y si a ello le agregamos la existencia de un castigo bíblico

impuesto a todo hombre aún antes de su nacimiento, consecuencia de un pecado llamado original

del que no es responsable, es su justicia la que debe cuestionarse.

Para la persona de Fe, Dios realmente existe y tanto su justicia como su amor son infinitos, de

manera de que el interrogante anterior debe contestarse por la negativa.

A esta altura entonces se deben analizar seriamente las explicaciones científicas y religiosas de la

existencia de la raza humana.



La ciencia presenta la evolución de las especies como explicación de la existencia del hombre y

los adelantos científicos en el campo de la antropología lo avalan. Para el caso no corresponde

analizar dicha teoría porque esta fuera de lo pretendido en esta obra.

La Biblia en el primer libro del Pentateuco, el Génesis, da la versión judeocristiana de la crea-

ción y de la existencia del hombre. El creyente acepta que La Biblia es un libro, no escrito, pero

inspirado por Dios a los hombres que lo redactaron a lo largo de los siglos, de manera que lo que

en el se escribió no son meras fábulas más o menos morales, sino la verdadera historia de la rela-

ción e interacción de Dios con el hombre.



Defendido a ultranza en el pasado como un libro con un sentido literal, la confrontación que en

el transcurso del tiempo se planteó con las ciencias, llevó a los comentaristas bíblicos a exagerar

en darle sentido simbólico a la mayoría de los relatos, especialmente: los de mayor antigüedad,

los que colisionan con la ciencia y los de carácter profético. Sin embargo y aun admitiendo que

La Biblia no es un libro de historia, es acertado aplicar para su interpretación el criterio de que

todo aquello que puede ser explicado literalmente así debe serlo, dejando para el resto el sentido

simbólico.



Pasemos así a analizar que dice el Génesis sobre la creación del hombre, es decir sobre el princi-

pio de la raza humana.









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Apocalipsis – El Origen Juan Bautista Martínez

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CAPÍTULO 1



LA SEMANA DE LA CREACIÓN



1].En el principio, cuando Dios creó los cielos y la tierra, [2].todo era confusión y no había

nada en la tierra. Las tinieblas cubrían los abismos mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre

la superficie de las aguas............

[25].Dios hizo las distintas clases de animales salvajes según su especie, los animales del campo

según su especie, y todos los reptiles de la tierra según su especie. Y vio Dios que todo esto era

bueno.

[26].Dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que tenga autoridad so-

bre los peces del mar y sobre las aves del cielo, sobre los animales del campo, las fieras salvajes

y los reptiles que se arrastran por el suelo.»

[27].Y creó Dios al hombre a su imagen.

A imagen de Dios lo creó...........









CAPÍTULO 2



[7].Entonces Yahvé Dios formó al hombre con polvo de la tierra; luego sopló en sus narices un

aliento de vida, y existió el hombre con aliento y vida. [8].Yahvé Dios plantó un jardín en un

lugar del Oriente llamado Edén, y colocó allí al hombre que había formado........[16]Y Dios le

dio esta orden al hombre: “Puedes comer de cualquier árbol que haya en el jardín, menos del

árbol de la Ciencia del bien y del mal; porque el día que comas de él, morirás sin remedio”.



En el capítulo 1 se nos presenta el acto creador de Dios para con el universo, específicamente la

tierra, hay evidentemente un salto en calidad: donde no había nada crea el universo material,

luego produce otro salto en calidad donde no estaba la vida, la crea. Aquí es necesario reflexio-

nar que es tan acto de fe el pensar que la vida aparece por casualidad al cabo de miles de millo-

nes de años, cuando se dieron condiciones apropiadas; como el de creer que Dios puso la vida

cuando llegó el tiempo establecido por El. El ateísmo científico puede considerar que la apari-

ción de la primer molécula de vida se originó en virtud de la ley de probabilidades de que en un

tiempo y lugar se dieran las condiciones necesarias, con lo cual queda dentro del terreno de la

casualidad o deberá admitir que no tiene explicación alguna.



El creyente hace profesión de fe y manifiesta que la vida es creación de Dios. Lo cierto que la

aparición de la vida es un salto en calidad tan importante que no parece explicarse como fruto de

la casualidad sino como una expresión de causalidad.

A partir de allí no hay dificultad alguna de fe para aceptar que las especies se originan como la

realización de un proceso evolutivo.



La aparición del ser que es imagen y semejanza de Dios, el hombre como lo llama El Génesis o

El Creado como lo designamos anteriormente, es si se me permite usar el dicho, harina de otro

costal. Este nuevo ser no puede de ninguna manera ser confundido con un simple animal, hay en

este un nuevo salto en calidad producto de que se reconoce vivo y se cuestiona, es racional.

Aceptar que este salto en calidad es producto de la evolución de las especies nos coloca de nuevo

en el campo de la casualidad y frente a un nuevo acto de fe. O aceptamos que por un hecho des-





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Apocalipsis – El Origen Juan Bautista Martínez

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conocido y misterioso un animal antropoide paso de irracional a racional, o debemos nuevamen-

te aceptar la causalidad y la intervención de Dios.

Para poder intentar establecer un perfil del ser creado por Dios a su imagen, podemos apoyarnos

en algunas pistas que nos dan las Sagradas Escrituras, la Tradición de la Iglesia y nuestra propia

percepción de lo que Dios con su amor, su bondad y su justicia, debió crear.



El libro del Génesis nos dice que Dios tomó barro y lo modeló formando un ser a su imagen y

semejanza, luego sopló sobre este modelo insuflándole su Espíritu. El barro nos indica que el ser

en cuestión es material y al darle el espíritu, lo conformó material y espiritual.

Es entonces claro que debemos diferenciar a este ser de toda evolución natural, fue sin duda

creado tal como debía desde su comienzo.

El Creado fue una unidad de espíritu y materia, en él no había ninguna dicotomía entre sus dos

naturalezas y así se conocía completamente a sí mismo y al no tener contradicciones podía utili-

zar todo su potencial.



La Tradición de la Iglesia nos enseña que estos seres estaban dotados de dones naturales, preter-

naturales y sobrenaturales. Debemos inferir entonces que disponían de poderes extraordinarios

que sin duda nos sorprenderían. Para viajar desde un lugar a otro es probable que lo hiciesen con

el poder del espíritu, que podían pasar a través de la materia, consideremos que lo que vemos

como materia sólida es en realidad un conglomerado de átomos con enormes espacios vacíos, y

para alimentarse no sería aventurado suponer que absorbían los elementos necesarios para su

metabolismo del medio ambiente sin alterar para nada su equilibrio, de más está decir que no

generaban ningún tipo de residuos.



Para adecuarse al medio ambiente ajustaban su cuerpo al mismo, pudiendo así vivir en cualquier

condición exterior sin utilizar medios artificiales. En definitiva no les era necesario desarrollar

ningún tipo de tecnología o industria. Dominaban sin duda todo el conocimiento científico y no

necesitaban medios externos para comunicarse o para guardar información.

Si Dios es como decimos puro amor, bondad infinita y absoluta justicia, no podemos suponer

que creó a su imagen y semejanza un ser imperfecto, la enfermedad, el dolor, la muerte no atri-

bulaban a este ser.



Si consideramos que Jesucristo resucitado es el modelo de lo que nosotros mismos seremos lue-

go del juicio final y la resurrección, de su capacidad de aparecerse en medio de los Apóstoles

estando las puertas cerradas, de su cambio de imagen física, los discípulos de Emaús no lo reco-

nocieron, y de su capacidad de desplazarse casi al instante, podemos tener una idea de lo expues-

to.



Estos primeros seres, Los Creados, tenían la capacidad de reproducirse y constituían familias

estables, lo que explica el pasaje del evangelio de San Mateo 19:3,8 en el cual Jesús se refiere a

la creación original y como Dios los constituyó una sola carne. En el versículo 8 es evidente que

cuando Jesús manifiesta “ pero al principio no fue así “ no puede referirse de ninguna manera a

la raza humana, es claro que la historia de la humanidad no confirma la indisolubilidad del ma-

trimonio desde el principio.



[3].Se le acercaron unos fariseos, y lo pusieron a prueba con esta pregunta: «¿Está permitido a

un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?»

[4].Jesús respondió: «¿No han leído que el Creador al principio los hizo hombre y mujer [5].y

dijo: El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá con su mujer, y serán los dos una sola

carne? [6].De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido,

no lo separe el hombre.»



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Apocalipsis – El Origen Juan Bautista Martínez

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[7].Los fariseos le preguntaron: «Entonces, ¿por qué Moisés ordenó que se firme un certificado

en el caso de divorciarse?» [8].Jesús contestó: «Moisés vio lo tercos que eran ustedes, y por eso

les permitió despedir a sus mujeres, pero al principio no fue así.



Este ser a quien se dio autoridad sobre todo la creación, por lo escrito en 2,7 se puede compren-

der que fue creado directamente en un acto único e irrepetible de Dios, que nada tiene que ver

con la evolución de las especies y que como se indico de naturaleza material y espiritual, aliento

y vida. El Creado era libre “ puedes comer de cualquier árbol que haya en el jardín “, pero su

libre albedrío tenía como es lógico límites, el único ser absolutamente libre es Dios, expresados

de manera simbólica en la prohibición de comer del fruto del árbol del bien y del mal. Es a mi

entender obvio que dicho ser no era de ninguna manera el hombre, cuya constitución material es

producto de la evolución de las especies.





CAPÍTULO 3



LA TENTACIÓN Y LA CAÍDA



[1].La serpiente era el más astuto

de todos los animales del campo que

Yahvé Dios había hecho. Dijo a la

mujer: «¿Es cierto que Dios les ha

dicho: No coman de ninguno de los

árboles del jardín?» [2].La mujer

respondió a la serpiente: «Podemos

comer de los frutos de los árboles

del jardín, [3].pero no de ese árbol

que está en medio del jardín, pues

Dios nos ha dicho: No coman de él

ni lo prueban siquiera, porque si lo

hacen morirán.»

[4].La serpiente dijo a la mujer:

«No es cierto que morirán. [5].Es

que Dios sabe muy bien que el día

en que coman de él, se les abrirán a ustedes los ojos; entonces ustedes serán como dioses y co-

nocerán lo que es bueno y lo que no lo es.»

[6].A la mujer le gustó ese árbol que atraía la vista y que era tan excelente para alcanzar el

conocimiento. Tomó de su fruto y se lo comió y le dio también a su marido que andaba con ella,

quien también lo comió. [7].Entonces se les abrieron los ojos y ambos se dieron cuenta de que

estaban desnudos. Cosieron, pues, unas hojas de higuera, y se hicieron unos taparrabos.

[8].Oyeron después la voz de Yahvé Dios que se paseaba por el jardín, a la hora de la brisa de

la tarde. El hombre y su mujer se escondieron entre los árboles del jardín para que Yahvé Dios

no los viera.

[9].Yahvé Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?» [10].Este contestó: «He oído tu voz

en el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo; por eso me escondí.»

Yahvé Dios replicó: [11].«¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso

del árbol que te prohibí?» [12].El hombre respondió: «La mujer que pusiste a mi lado me dio

del árbol y comí.» [13].Yahvé dijo a la mujer: «¿Qué has hecho?» La mujer respondió: «La

serpiente me engañó y he comido.»







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Apocalipsis – El Origen Juan Bautista Martínez

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EL DEMONIO



Debemos por otra parte tratar de conocer quien es este personaje que El Génesis llama la

serpiente y no es otro que el conocido como Satanás o Demonio. En primer término debe quedar

en claro que es un ser real y no podemos darle un sentido simbólico a su existencia. Cristo mis-

mo cuando se dirige a los demonios al expulsarlos de alguien poseído así lo da a entender, lee-

mos en el Evangelio según San Lucas:

en el capítulo 4:



[33].Se hallaba en la sinagoga un hombre endemoniado, y empezó a gritar: [34].«¿Qué quieres

de nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres: Tú eres el Santo de

Dios.» [35].Jesús amenazó al demonio, ordenándole: «Cállate y sal de ese hombre.» El demonio

lo arrojó al suelo, pero luego salió de él sin hacerle daño alguno.

[36].La gente quedó aterrada y se decían unos a otros: «¿Qué significa esto? ¿Con qué autori-

dad y poder manda a los demonios? ¡Y miren cómo se van!»

y en el capítulo 8:

[26].Llegaron a la tierra de los gerasenos, que se halla al otro lado del lago, frente a Galilea.

[27].Acababa Jesús de desembarcar, cuando vino a su encuentro un hombre de la ciudad que

estaba poseído por demonios. Desde hacía mucho tiempo no se vestía ni vivía en casa alguna,

sino que habitaba en las tumbas. [28].Al ver a Jesús se puso a gritar y se echó a sus pies. Le

decía a voces: «¿Qué quieres conmigo, Jesús, hijo del Dios Altísimo? Te lo ruego, no me ator-

mentes.»

[29].Es que Jesús ordenaba al espíritu malo que saliera de aquel hombre. En muchas ocasiones

el espíritu se había apoderado de él y lo había llevado al desierto. En esos momentos, por más

que lo ataran con cadenas y grillos para someterlo, rompía las ataduras.

[30].Jesús le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?» Y él contestó: «Multitud.» Porque muchos de-

monios habían entrado en él; [31].y rogaban a Jesús que no les ordenara volver al abismo.

[32].Había en ese lugar un gran número de cerdos comiendo en el cerro. Los demonios suplica-

ron a Jesús que les permitiera entrar en los cerdos, y él se lo permitió. [33].Salieron, pues, del

hombre para entrar en los cerdos, y toda la piara se precipitó de lo alto del acantilado, ahogán-

dose en el lago.

[34].Al ver los cuidadores lo que había ocurrido, huyeron y llevaron la noticia a la ciudad y a

los campos. [35].La gente salió a ver qué había pasado y llegaron a donde estaba Jesús. En-

contraron junto a él al hombre del que habían salido los demonios, sentado a sus pies, vestido y

en su sano juicio.



Los demonios son tratados por Jesús como seres de existencia real y se dirige a ellos como a

individuos, es claro entonces que no es posible negar la existencia del Demonio sin violentar la

mismísima palabra de Dios.



Es posible que el Demonio y la legión de ángeles bajo su control fuesen los encargados de cuidar

la creación durante su desarrollo hasta la aparición del Creado y que al ver la predilección de

Dios hacia este tuvieron celos y planearon para enemistarlo con El.



Así tentaron al Creado apelando a la soberbia convenciéndolo de que podía ser como Dios, al

concretarse la tentación en acto, el castigo fue para ambos, ángeles y creados.

La razón por la cual Dios permite al Demonio tener todavía influencia sobre el hombre y el

mundo obedece a dos motivos:



Cristo debía pasar para redimirnos por la prueba de la tentación y nosotros debemos justificar

nuestro derecho a la redención pasando con el auxilio de Cristo por la misma prueba.



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Apocalipsis – El Origen Juan Bautista Martínez

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Finalmente el Demonio será arrojado al lugar donde morará para siempre fuera de la presencia

de Dios, junto con los condenados que le sirvieron en este mundo.



El mayor triunfo del Demonio en nuestra época es haber conseguido que se niegue su existencia,

es realmente notable el empecinamiento de muchos teólogos actuales tanto en el campo católico

como protestante, en tratar de negar su realidad y buscarle explicaciones simbólicas. Justamente

desde las sombras es que su actividad es más efectiva y lo que hoy sucede en el mundo lo corro-

bora, pero esto será tratado mejor cuando hablemos del fin de los tiempos.







EL PECADO



La tentación de los Creados fue creer que podían ser como Dios, curiosamente es la tentación del

hombre actual, con el Demonio de por medio incitándolos pretendieron crear un ser a su propia

imagen, dotado de materia y espíritu.

En el camino evolutivo de la creación se había llegado a la aparición de una especie animal mas

adaptada a la naturaleza que las otras, erguida en su marcha, con manos prensiles y lista para ser

dominante.

Los Creados posiblemente utilizaron las hembras de esta especie y les hicieron procrear nuevos

seres modificados por sus propios genes y dotados así de una chispa de su espíritu.

Dios frente a este acto de soberbia castiga al Creado y seguramente en forma paralela consideró

la desaparición de esa nueva criatura fruto de la desobediencia.



Es el momento de la intervención del propio Hijo de Dios que intercede ante el Padre por esas

criaturas en cierto sentido inocentes siendo que eran el resultado de un acto que no los tuvo como

partícipes. Cristo frente a la ira del Padre se ofreció en sacrificio para ganarles el derecho a ser al

menos hijos adoptivos del Padre.



LA SENTENCIA DE DIOS



[14].Entonces Yahvé Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todas

las bestias y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás tie-

rra por todos los días de tu vida. [15].Haré que haya enemistad entre ti y la mujer, entre tu des-

cendencia y la suya. Ella te pisará la cabeza mientras tú herirás su talón.» [16].A la mujer le

dijo: «Multiplicaré tus sufrimientos en los embarazos y darás a luz a tus hijos con dolor. Siem-

pre te hará falta un hombre, y él te dominará."

[17].Al hombre le dijo: «Por haber escuchado a tu mujer y haber comido del árbol del que Yo

te había prohibido comer, maldita sea la tierra por tu causa. Con fatiga sacarás de ella el ali-

mento por todos los días de tu vida. [18].Espinas y cardos te dará, mientras le pides las hortali-

zas que comes. [19].Con el sudor de tu frente comerás tu pan hasta que vuelvas a la tierra, pues

de ella fuiste sacado. Sepas que eres polvo y al polvo volverás.»



Este pasaje mezcla la sentencia de Dios a ambos seres: El Creado y la consecuencia de la des-

obediencia de este, el hombre. También se manifiesta la condena al Demonio y su continuidad en

el mundo en una lucha permanente con los hombres para condenarlos.



Cristo había intercedido por nosotros y el Padre en lugar de destruirnos nos promete aunque de

manera velada un redentor, 3,15, y en 3,16 determina que debemos conocer y dominar el mundo

a través del trabajo y el sufrimiento. Al Creado le quita sus dones especiales entre ellos la inmor-

talidad y lo condena a desaparecer como si nunca hubiera existido, es polvo y al polvo volverá.



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Apocalipsis – El Origen Juan Bautista Martínez

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Cual habrá sido el destino del alma de estos seres, no lo sabemos, pero debemos asumir que el

acto redentor de Cristo no los alcanza.



CAPÍTULO 6



HIJOS DE DIOS E HIJAS DE LOS HOMBRES



[1].Cuando los hombres empezaron a multiplicarse sobre la tierra y les nacieron hijas, [2].los

hijos de Dios se dieron cuenta de que las hijas de los hombres eran hermosas, y tomaron por

esposas aquellas que les gustaron. [3].Entonces dijo Yahvé: «No permanecerá para siempre mi

espíritu en el hombre, porque no es más que carne. Que su vida no pase los ciento veinte años.»



Como se mencionó los Creados luego de su caída pierden los dones preternaturales y sobrenatu-

rales y quedan solamente con los dones naturales, es decir que deben valerse de su esfuerzo para

subsistir y menciona El Génesis que tomaron como mujeres a las hijas de los hombres y tuvieron

descendencia, de esta manera se mezclaron con los hombres y puede que así se expliquen las

diferentes razas.







RECAPITULACION

Dios creó el universo material y le permitió evolucionar hasta que estuvo maduro para insertar en

él la vida, esta evolucionó a su vez permitiendo la aparición de las diferentes especies. En su

debido momento creó a seres compuestos de espíritu y materia para que dominaran y disfrutaran

de la creación.



Esos seres modelados del barro de la tierra e insuflados del espíritu que da vida, dotados de po-

deres naturales, preternaturales y sobrenaturales, debían conocer y comprender la creación, no

fueron producto de la evolución, sino creados directamente por Dios.

Aparece nuevamente el libre albedrío como la clave del fin de estos primeros seres; creados co-

mo lo eran a imagen y semejanza de Dios, quisieron ser como Dios. En un acto puro de soberbia

tentados por los ángeles caídos, pretendieron crear a partir de una especie animal existente, la

más evolucionada, una vida similar a la de ellos mismos. Desconozco el medio empleado, pero

es claro que disponían del conocimiento para hacerlo, esta acción está expresada en el simbolis-

mo de la manzana ofrecida por Eva a Adán, cuya narración encontramos en el libro del Génesis

y que llamamos el pecado original.



A estos seres creados a su imagen y semejanza Dios los castiga de manera irreversible por su

soberbia, no los destruye sino que les quita la inmortalidad y los devuelve a su estado original, al

polvo; dice el libro del Génesis 3,19 “polvo eres y en polvo te convertirás”, de ellos desapareció

todo rastro.



Pero quedaba en el mundo una nueva raza, seres imperfectos en su conformación material pero

dotados del espíritu de vida, seres en definitiva con la semilla de Dios y podríamos decir por lo

tanto semejantes a Él. Este ser es el hombre.



El hombre entró así en el mundo y su ser está en pugna consigo mismo, sus instintos animales

chocan con su espíritu marcado por la impronta de Dios. Mientras que el espíritu le susurra las

leyes morales naturales y le permite conocer a Dios a través de la creación, sus instintos animales

pugnan por hacerlo actuar según sus inclinaciones, solo que ahora el instinto es más amplio que



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Apocalipsis – El Origen Juan Bautista Martínez

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su mera naturaleza y se puede desbocar en acciones que se apartan de lo natural y que pueden

contraponerse a las inclinaciones del espíritu y aun cambiar las mismas.



La ciencia debió introducir la sicología y al subconsciente para explicar esta dicotomía del ser.

Por otra parte está la imperfección de nuestra constitución animal, la columna vertebral no apta

para caminar erguidos en dos patas, restos de una cola recuerdo de una etapa evolutiva, limita-

ciones, enfermedades, etc. ¿Es posible atribuirle a Dios una creación semejante? No podemos

negar que esta pregunta se nos plantea en ocasiones.



La respuesta consiste en comprender que no somos creación directa de Dios, sino el fruto de la

soberbia de aquellos que fueron llamados a ser verdaderamente hijos de Dios.

Es entonces vana la búsqueda del eslabón perdido, no existe; aquellos humanoides que se nos

parecían se transformaron en hombres por la combinación genética con una raza totalmente dis-

tinta, hubo un salto en calidad en la vida, de irracional pasó a ser racional, cambiando también en

parte su constitución física.



Es evidente que Dios estaba dispuesto a destruir este nuevo ser producto del pecado del Creado y

aparece entonces su Hijo que nos amó desde el principio ofreciéndole al Padre volverse como

nosotros y asumiendo nuestra naturaleza, entregarse en sacrificio para volvernos agradables y

transformarnos en hijos adoptivos. Dios detuvo su mano y aceptó el ofrecimiento de su Hijo.

Dios Padre permitió que la nueva criatura se desarrollara y a medida que lo consideró oportuno

se nos fue manifestando y constituyó un pueblo elegido al cual le anunció su plan para el hom-

bre; en la plenitud de los tiempos, cuando la mujer cuya raza debía destruir al Demonio, ver

Génesis 3,15, aceptó por libre elección ser la madre de Dios, Cristo se hizo hombre y tomó nues-

tra naturaleza haciéndose en todo semejante a nosotros menos en el pecado.



Lo que llamamos Pecado Original es la expresión de nuestra debilidad del ser que pugna en con-

ciliar la carne y el espíritu, luchar entre hacer el bien o no y que debe a lo largo de su existencia

dar la apropiada respuesta de vida. Cristo viene a redimirnos con su sacrificio pero también a

mostrarle al Padre que si fuéramos una unidad en el ser, tal como Cristo hombre nacido sin pe-

cado lo es, podemos en libertad obrar según los designios de Dios y hacer el bien. Cristo al tomar

nuestra naturaleza sin el estigma del pecado que aquellos seres primigenios nos transmitieron, le

mostró al Padre con su absoluta obediencia, que el hombre disponiendo de unidad interior puede

y es digno de ser tomado como hijo adoptivo.



Podemos obrando en libertad y aún con nuestra dicotomía, por medio del sacrificio redentor de

Cristo que borra nuestras inevitables faltas, acercarnos tanto al bien como para que el Padre nos

acepte y renueve en nosotros su creación.



Cristo en la resurrección muestra el nuevo ser al que hemos sido llamados, la nueva naturaleza

prometida es totalmente distinta a la actual, pensemos en que luego de la resurrección Cristo no

es reconocido por sus amigos más íntimos; además de mostrar propiedades desconocidas para

nosotros como pasar a través de la materia, recordar el episodio cuando se aparece a los Apósto-

les reunidos en el Cenáculo con todas las puertas cerradas.



Dios Padre en la resurrección final nos devolverá las cualidades que le quitó a aquellos de quie-

nes descendemos, y permitirá que en nosotros se cumpla su voluntad de conocer y dominar toda

la creación.



www.apokalipsis.com

apocalipsis@apokalipsis.com



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