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ESTUDIOS B�BLICOS DE DISCIPULADO

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ESTUDIOS B�BLICOS DE DISCIPULADO
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ESTUDIOS BÍBLICOS DE DISCIPULADO



(Primer curso)



Puesto que la vida espiritual de cada creyente necesita alimentarse y crecer

continuamente a través de la Palabra de Dios, es conveniente conocer a

fondo las escrituras para lograr dicho objetivo. Debe por lo menos estudiarse

aquella enseñanza básica la cual es útil para un sano desarrollo espiritual.



Por lo anterior, a continuación se presenta una serie de estudios los cuales

parten de cuestionamientos básicos en la vida del creyente, y que en sus

respuestas, el creyente recibirá “luz” y dirección en su caminar diario con

Cristo.







TEMA I: VIDA NUEVA EN CRISTO







EL SIGNIFICADO DE SER CRISTIANO







¿Por qué soy cristiano?



Siempre que se nos hace esta pregunta respondemos una infinidad de

razones; ya sea que digamos: “soy cristiano porque si no me voy al

infierno”; o “es que el pastor me dijo que pasara al altar y yo pasé”; o

“porque voy a la iglesia todos los domingos y me gusta”.



No hay peores razones que estas de responder a una pregunta tan

importante como esta, dado que no solo es el hecho de responder, sino lo

que encierra y significa en nuestras vidas ser cristiano.



La respuesta acertada, es que somos cristianos porque Cristo nuestro Señor

hizo un cambio tan radical en nuestra vida, y nos dio una manera tan

diferente de vivir que, lo que mas deseamos es seguirle, servirle y obedecer

a su palabra, mostrándole al mundo el poder de Dios y su misericordia a

través de nuestra vida. Esta es la razón por la cual soy cristiano, es decir,

soy un seguidor de Cristo.



¿Por qué Dios se interesa en el humano?



La respuesta es porque somos creación suya, hechos a su semejanza (Gen.

1:26-27), y aun cuando el hombre se apartó de él por voluntad propia, Dios

ha buscado siempre la manera de restaurar al hombre en su comunión con

él.



¿Cómo debe vivir un cristiano?



Debemos vivir santamente, lo cual significa dejar de hacer todo aquello que

no sea de alabanza para Dios, que no sea de bendición a otros y que no nos

edifique. (2ª Cor. 7:1)



¿Cómo puedo servir a Dios y a los demás?



Siendo obedientes a Dios y siendo bondadosos con el necesitado, es la mejor

manera de servir en todo tiempo, ya que si amamos a Dios, sentiremos amor

por nuestro prójimo, y si somos bondadosos con los demás, estamos

sirviendo a Dios.



¿QUÉ ENEMIGOS TIENE EL CRISTIANO?







El principal enemigo es el diablo.



La Biblia nos alerta de este ser espiritual, y nos dice: “Sed sobrios y velad;

porque vuestro adversario el diablo como león rugiente, anda buscando a

quien devorar”. (1ª Pedro 5:8). Y en otro pasaje: “Someteos pues a Dios;

resistan al diablo y huirá de ustedes”. (Santiago 4:7).



Los placeres que el Mundo ofrece.



También la Palabra habla al respecto: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que

la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera pues, que quiera

ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”. (Santiago 4:4).



También menciona: “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre

es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y

guardarse sin mancha del mundo”. (Santiago 1:26).



Las falsas doctrinas.



El Señor Jesús mencionó lo siguiente: “Guardaos de los falsos profetas, que

se visten con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”. (Mateo

7:15).



La desobediencia y rebeldía a Dios.



Mateo 7:21 dice: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino

de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”.

La religiosidad.



Jesús se indignó con la gente religiosa de su época: “¡Ay de vosotros escribas

y fariseos hipócritas! Porque cerráis el reino de los cielos delante de los

hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están

entrando”. (Mateo 23:13).



Nuestra propia “carne” (atracción por el pecado).



Jesús también nos dice: “Velad y orad para que no entréis en tentación; el

espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. (Mateo 26:41).



Y cualquier otra cosa que pretenda apartarnos de Cristo se considera

enemigo del cristiano.







¿CUÁLES “ARMAS” TIENE EL CRISTIANO?



En primer lugar, contamos con la protección de aquel que nos puede dar la

victoria a diario en nuestra vida:



“Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de

nuestro Señor Jesucristo”. (1ª Cor. 15:57).



El Señor Jesús es nuestro mejor y principal aliado, ya que a través de él, es

como nos mantenemos de pie cada día bajo el ataque del diablo.



Aparte de tener a Cristo en nuestra vida, contamos con su Palabra, la Biblia:



“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. (Lc.

21:33).



“Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y mas cortante que toda

espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las

coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las

intenciones del corazón”. (Heb. 4:12).



La obediencia a Dios es algo ampliamente necesario en la vida del creyente,

ya que es la manera de alejar al diablo de nosotros:



“Someteos pues a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”. (Stg.

4:7).



La oración, es un arma muy poderosa para mantenernos de victoria en

victoria, ya que a través de ella, recibimos dirección, revelación y poder de

Dios:

“Velad y orad para que no entréis en tentación…” (Mt. 26:41).



Finalmente, tenemos la descripción de las armas que describe el apóstol

Pablo en Efesios 6:10-20 :



“Por lo demás hermanos míos, fortaleceos en el Señor y en el poder

de su fuerza”. (Efe. 6:10).



Con esta introducción comienza Pablo la descripción de lo que él consideraba

la armadura de Dios; donde se nos habla del cinturón, simbolizando la

verdad; la coraza, que significa justicia; el calzado que nos dice que debemos

llevar el evangelio a los demás; el escudo que significa la fe; el yelmo

(casco) que es el que protege la cabeza, ya que representa la salvación; y

finalmente tenemos la espada del Espíritu, que obviamente es la Palabra de

Dios.



Todo lo anterior nos ayuda a mantenernos firmes cuando los enemigos del

cristiano atacan, y nos ayuda a vencerlos en todo tiempo.



¿QUÉ SON LAS PRUEBAS Y LAS LUCHAS?



El Señor Jesús nos advierte en Juan 16:33 sobre la aflicción que tendríamos

en el mundo, pero también nos dice que confiemos en él, ya que Jesús

venció al mundo.



Las pruebas que a veces padecemos, son enviadas por Dios a manera de

“examen”, y esto con el fin de hacernos ver dónde nos falta reforzar la

comunión con Dios para no apartarnos de él. Aun cuando padecemos mucho

en algunas ocasiones debido al periodo de prueba, esta nos ayuda a

acercarnos más a Dios cada día:



“..para que sometida a prueba vuestra fe, mucho mas preciosa que el

oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en

alabanza, gloria y honra, cuando sea manifestado Jesucristo…”



(1ª Pedro 1:7).



Las luchas, por otro lado, vienen de parte del diablo con el único fin de

destruir la obra de Dios:



“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra

principados, contra potestades, contra los gobernadores de las

tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las

regiones celestes.

Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir

en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”. (Efe.

6:12,13).







TEMA II : EL PODER DE LA ORACIÒN









¿CUÁL ES EL ALIMENTO DIARIO PARA MANTENERNOS EN EL SEÑOR?



No cabe duda que la respuesta es: LA ORACIÓN.



La oración es muy importante porque es la comunicación del hombre con

Dios. Por medio de esta, el hombre expresa sus sentimientos, emociones,

necesidades y anhelos a Dios, siendo también un medio para adorarle.



A través de ella se intercede por los que no conocen a Dios (1ª Tim. 2:1-

4).



Nos ayuda en medio de la aflicción y enfermedad (Stg. 5:13-16).



Tenemos autoridad sobre cualquier cosa (Stg. 5:17,18).



Obtenemos poder de Dios (Hch. 4:23-31).



Reconocimiento por parte de Dios (Hch. 10:1-4).



Obtenemos revelación (Hch. 11:4-12).



Derramamos nuestro espíritu a Dios (1º Sam. 1:1-17).



Alabamos a Dios (1º Sam. 2:1-10).



Confesamos nuestro pecado ante Dios (Dan. 9:3-5).



Ahora bien, ¿cómo debo orar?



La Biblia habla de una manera completa sobre este tema, y nos insta a orar a

Dios de las siguientes maneras:



En confianza (Mt. 7:7-8; Filp. 4:6)



Con sabiduría (Stg. 4:3)



Con temor a Dios (Jn. 9:31)

En el nombre de Jesús (Jn. 16:24)



Conforme a la voluntad de Dios (1ª Jn. 5:14)



Sin hipocresía (Mt. 6:5-8)



Con alabanza y humildad (Mt. 6:9-13)



Con gratitud (Dan. 2:23; 6:10)



Con insistencia (1ª Tes. 3:10; 5:17)



En santidad (1ª Tim. 2:8)



Con un propósito definido (2ª Tes. 3:1; Rom. 15:30,31; Col. 4:3)



Pidiendo bendición para otros (Ef. 1:16,17; 3:14-19)



En todo tiempo (Ef. 6:18; Sal. 55:17)



Como pudimos ver en estas citas (le recomiendo que las busque si no lo

hizo), la oración es más que “palabrerías”, ya que está llena de poder, de

unción, revelación, y bendición para nosotros y para los demás, incluso

aquellos que no conocen a Dios.







EFECTOS DE LA ORACIÒN.



Mueve el corazón de Dios.



Mencionaré solo cuatro casos de los muchos que hay en la palabra de Dios,

ya que son más que suficientes:



1º Cuando el profeta Jonás desobedeció a Dios, tuvo que pagar la

consecuencia de su acción; esto lo llevó a parar al vientre de un animal

marino en el cual estuvo tres días, y en ese lugar y en esa condición, Jonás

consideró y elevó una oración a Dios de la siguiente manera:



“Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez, y dijo:



Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé,

y mi voz oíste.



Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, y me rodeó la corriente;

todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí.

Entonces dije: desechado soy de delante de tus ojos; mas aun veré tu santo

templo.



Las aguas me rodearon hasta el alma, me rodeó el abismo; el alga se enredó

a mi cabeza. Descendí a los cimientos de los montes; la tierra echó sus

cerrojos sobre mí para siempre; mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh

Jehová Dios mío.



Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, y mi oración llegó

hasta ti en tu santo templo.



Los que siguen vanidades ilusorias, su misericordia abandonan. Mas yo con

voz de alabanza te ofreceré sacrificios; pagaré lo que prometí. La salvación

es de Jehová.



Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra”. (Jonás 2:1-10).



2º El tercer rey de Israel, Salomón, hace también una oración con motivo de

la dedicación del templo que él le había construido a Dios, mencionando lo

siguiente:



“Con todo, tú atenderás a la oración de tu siervo, y a su plegaria, oh Jehová

Dios mío, oyendo el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti;

que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este

lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí; y que oigas la oración que tu

siervo haga en este lugar.



Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este

lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y

perdona”. (1º Reyes 8:28-30).



3º Este pasaje habla también de cómo la oración puede mover el corazón de

Dios:



“…si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren,

y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo

oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”. (2º Cròn.

7:14).



4º El rey Ezequías experimentó en carne propia el efecto de la oración que

tuvo lugar cuando Dios había determinado quitarle la vida:



“En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte.



Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena

tu casa, porque morirás, y no vivirás.

Entonces él volvió su rostro a la pared, y oró a Jehová y dijo:



Te ruego, oh Jehová, te ruego que hagas memoria de que he andado delante

de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te

agradan. Y lloró Ezequías con gran lloro.



Y antes que Isaías saliese hasta la mitad del patio, vino palabra de Jehová a

Isaías, diciendo: Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice

Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus

lágrimas; he aquí que yo te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová.



Y añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de la mano

del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor de mi mismo, y por amor

a David mi siervo”. (2º Reyes 20:1-6).



¡Qué grande es la misericordia de Dios! A través de estas oraciones la

bondad de Dios nuestro Señor y su amor por el hombre se hacen presentes,

no dejando al ser humano en su angustia, sino más bien, le rescata en medio

de la prueba y de la aflicción.



Tiene efectos en el hombre.



Cuando hacemos una petición a Dios, no dudando nada, Dios responde de

una manera sorprendente; tal es el caso de Nehemías en el siguiente pasaje:



“Me dijo el rey: ¿qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, y

dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de

ti, envíame a Judà, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la

reedificaré.



Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los

gobernadores al otro lado del rió, para que pueda pasar hasta llegar

a Judà; Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios

sobre mí”.



(Nehemìas 2:4-8).



Este pasaje nos muestra cómo Nehemìas puso en oración la petición que iba

a hacerle al rey, ya que pensaba que el rey no le iba a permitir que fuera tan

lejos, y menos a reedificar un templo que la misma gente del rey había

destruido.



Nehemìas confiaba en que la oración tendría efecto sobre el rey…y

efectivamente lo tuvo.



La oración no tan solo actúa en situaciones presentes, sino también a futuro:

“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de

creer en mí por la palabra de ellos…” (Jn. 17:20).



En el texto anterior, Jesús está orando por sus discípulos para que tuvieran

poder, dirección de Dios, y otras bendiciones más; sin embargo, no tan solo

oró por ellos, sino que también por los que habríamos de creer en él en las

siguientes generaciones. ¡Gracias Jesús por haber orado por mí!







¿Responde Dios siempre a la oración?



En ocasiones Dios responde “sí” o “no” a nuestras peticiones. A veces, queda

en silencio, y cuando esto último sucede es porque hay pecado en nuestra

vida y eso bloquea nuestra comunión con Dios.



A continuación veremos algunos pasajes para aclarar lo anterior:



“Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni por

sueños, ni por Urim, ni por profetas”. (1º Sam. 28:6).



Mas adelante, en este mismo pasaje se menciona:



“Como tú no obedeciste a la voz de Jehová, ni cumpliste el ardor de

su ira contra Amalec, por eso Jehová te ha hecho esto hoy”. (1º

Sam. 28:18).



Cuando Saúl desobedeció a Dios y empezó a apartarse de él, entonces Dios

ya no le siguió dando más instrucciones, por eso menciona la escritura que

Dios guardó silencio y ya no le habló más.



Otro ejemplo de esto lo encontramos en los escritos de Salomón:



“Entonces me llamarán, y no responderé; me buscarán de mañana, y

no me hallarán.



Por cuanto aborrecieron la sabiduría, y no escogieron el temor de

Jehová, ni quisieron mi consejo, y menospreciaron toda reprensión

mía…”



(Proverbios 1:28-30).



Los ejemplos anteriores hablan de cómo Dios en ocasiones permanece en

silencio a causa de nuestro pecado, pero a veces responde con una negativa:



“..me fue dado un aguijón en mi carne…respecto a lo cual tres veces

he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi

gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. (2ª Cor.

12:7-9).



“Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por

el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia,

intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió”. (Hch.

16:6,7).



A veces creemos que estamos haciendo o pidiendo lo correcto, y de hecho

puede ser que así sea, sin embargo, aun cuando lo que pidamos sea bueno,

debemos recordar que Dios nos ofrece cosas mejores que las que le

pedimos.



Cuando Dios responde a la oración, suceden cosas como las siguientes:



“Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová entregó al

amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo: Sol, detente en

Gabaòn; y tú, luna, en el valle de Ajalòn. Y el sol se detuvo y la luna

se paró, hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos.



Y no hubo día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo

atendido Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por

Israel”.



(Jos. 10:12-14).



Espero que el tema de la oración haya sido suficientemente claro y de interés

para usted. Espero en Dios que ponga por obra lo que este estudio le haya

dejado.



Recuerde que la oración es un arma poderosa en cualquier circunstancia.







TEMA III : HUMILDAD



¿Cuál es el principio para no apartarnos de Dios?



La respuesta es: La humildad ante Dios y los hombres.



Dentro de los muchos principios de la Palabra de Dios, tales como de

santidad, amor al prójimo, obediencia, etc., existe también el de humildad.

Este último principio, no es más importante que los demás, pero sí es

ampliamente necesario en la vida de cada creyente para poder seguir en

comunión tanto con Dios, como con el hombre.

Lo anterior está probado una y otra vez en las narraciones bíblicas,

mostrándonos la importancia y la repercusión de tener la humildad o la falta

de ella en nuestra vida diaria.



Jesús mismo hace mención en el siguiente pasaje acerca de este principio:



“Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se

humilla, será enaltecido”. (Lc. 14:11).



Esta aseveración tal vez no sea comprensible del todo, por lo tanto,

necesitamos conocer algo más al respecto:



“Ser humilde significa tener un concepto de sí mismo acorde a la

realidad, sin alterar la autoestima; teniendo en claro los límites que

tenemos como seres humanos y aun como hijos de Dios”.



Veamos lo que dice el apóstol Pablo en el siguiente pasaje:



“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre

vosotros, que no tenga mas alto concepto de sí que el que debe

tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe

que Dios repartió a cada uno”. (Rom. 12:3).



Conforme a lo que acabamos de ver, nos damos cuenta de lo que significa

ser humilde y de la importancia que esto representa. A continuación,

veremos cómo ser humildes ante Dios.



Reconocer la grandeza de Dios.



El salmo 8:3,4 menciona: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna

y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de

él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites?”.



El salmista reconoce la bajeza del humano y su insignificancia al comparar

las obras de Dios con él. Declara que el humano no es digno de ser visitado

por Dios, y se hace estas interrogantes mostrando la humildad del humano

ante su creador.



Buscar a Dios en medio de la aflicción.



“Entonces Josué rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro

delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los ancianos de Israel; y

echaron polvo sobre sus cabezas”. (Jos. 7:6).



No podemos salir por nuestras propias fuerzas de los problemas que nos

afectan, por lo tanto debemos voltear siempre a Dios buscando su favor.

Venciendo el orgullo.



“Pero David respondió a Saúl: ¿Quién soy yo, o qué es mi vida, o la familia

de mi padre en Israel, para que yo sea yerno del rey?”. (1º Sam. 18:18).



David recibió una oferta del rey Saúl, la cual era la mano de una de sus hijas

y así convertirse en un príncipe de Israel, sin embargo, David no se llenó de

orgullo ni de vanidad, por el contrario mostró una humildad genuina y

rechazó la oferta.



Siendo obediente.



“Él entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la

palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y

quedó limpio”. (2º reyes 5:14).



Un general sirio llamado Naamàn estaba enfermo de lepra, y acudió a un

profeta de Israel para ser sanado. El profeta le dijo que se zambullera en un

río el cual estaba “lamoso” y el general se rehusó, sin embargo sus siervos lo

hacen cambiar de parecer y él finalmente accede. En esta actitud, el general

dejó de lado su orgullo y accedió a lo que el profeta de Dios le decía,

practicando así la humildad a través de la obediencia.



Reconociendo limitaciones.



“Espera, oh Israel, en Jehová, desde ahora y para siempre”. (Sal. 138:3).



Alejarse de la soberbia.



“Ciertamente la soberbia concebirá contienda...”. (Prov. 13:10).



Ser como niños ante Dios.



El Señor Jesús en repetidas ocasiones mencionó a los niños como modelos de

vida a seguir, y esto no significaba que debiéramos tener conductas

infantiles, sino más bien, que viviéramos como viven ellos, es decir, de una

manera inocente ante lo malo, ser totalmente dependientes a sus padres (en

este caso nosotros ante Dios como nuestro Padre) y sin afanes ni conflictos

de ninguna índole.



Veamos lo que dice Jesús en el siguiente pasaje:



“En aquél tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿quién es

el mayor en el reino de los cielos?



Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De

cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no

entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille

como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos”. (Mt. 18:1-

4).



Queda claro en este pasaje que la humildad está presente en los niños de

una manera natural, y como dijo Jesús, debemos ser como ellos.



Reconocer el poder de Dios en nuestra vida.



El apóstol Pablo reconoció que lo que él era y lo que había logrado, era

porque Dios lo había permitido, y no por sus propios medios.



Al igual que Pablo, debemos reconocer a Dios como el autor material e

intelectual de todo lo que tenemos, somos y lleguemos a ser.



“Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser

llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.



Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano

para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la

gracia de Dios conmigo”. (1ª Cor. 15:9,10).



Sirviendo a los demás desinteresadamente y sin egoísmo.



“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad,

estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando

cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.



Haya pues en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”. (Fil.

2:3-5).



El salmo 138:6 menciona:



“Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de

lejos”.



Queda claro entonces que Dios demanda humildad en nuestro diario vivir, en

cualquier parte en que nos encontremos y bajo cualquier circunstancia.



Si usted quiere que Dios atienda sus peticiones, aprenda a ser humilde



¿Es lo mismo humillarse y ser humillado?



No. Aunque parece lo mismo existen grandes diferencias al respecto.



La Biblia nos habla acerca del tema mostrando la respuesta a esta pregunta.

Presentaré algunos ejemplos de personajes que fueron humillados de una

manera vergonzosa a consecuencia de sus actos, y que de ningún modo

practicaron la humildad. Estos personajes son:



Sansón.



“Y le dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y luego que despertó él de su sueño,

se dijo: Esta vez saldré como las otras y me escaparé. Pero él no sabía que

Jehová ya se había apartado de él.



Mas los filisteos le echaron mano, y le sacaron los ojos, y le llevaron a Gaza;

y le ataron con cadenas para que moliese en la cárcel”. (Jue. 16:20,21).



El pueblo de Israel.



“Traeré, por tanto, los más perversos de las naciones, los cuales poseerán las

casas de ellos; y haré cesar la soberbia de los poderosos, y sus santuarios

serán profanados”. (Eze. 7:24).



El rey Nabucodonosor.



“Habló el rey y dijo: ¿no esta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real

con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?



Aun estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti

se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti; y de entre los

hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como

a los bueyes te apacentarán; y siete años pasarán sobre ti, hasta que

reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo

da a quien él quiere”. (Dan. 4:30-32).



Y los ejemplos podrían seguir, sin embargo, considero que ha sido bastante

claro el mensaje.



Por otro lado, hubo otros personajes que decidieron humillarse de una

manera totalmente diferente. Estos fueron enaltecidos cuando se sometieron

a Dios.



Abel.



“Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de

ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y su ofrenda”. (Gen. 4:4).



Noe.



“Pero Noe halló gracia ante los ojos de Jehová”. (Gen. 6:8).

Abraham.



“ Y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho

esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y

multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que

está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus

enemigos”. (Gen. 22:16,17).



También aquí la lista podría continuar, dado que hay muchos otros

personajes que se sometieron a Dios y disfrutaron de los beneficios que esto

traía.



Pues bien, hasta aquí el tema de la humildad. Espero en Dios que tengamos

la sabiduría para vivir de una manera humilde siempre en nuestra vida

diaria.



No se le olvide los ejemplos anteriores; usted decide si quiere “ser

humillado” por su pecado, o “humillarse ante Dios” para ser enaltecido por

él. Porque:



“Cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será

enaltecido”. ( Lc. 14:11).



Dios le bendiga.


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