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					                                            Vicente González Romá                                            1


   TEMA 3. INTRODUCCION A LOS METODOS DE ESCALAMIENTO.

1. APROXIMACION HISTORICA Y CONCEPTUAL.

      1.1. La Psicofísica y su papel en el desarrollo del escalamiento psicológico.

      1.2. El escalamiento psicológico. Métodos de escalamiento unidimensional.

2. CRITERIOS Y CLASIFICACION DE METODOS.




1. APROXIMACION HISTORICA Y CONCEPTUAL.

1.1. La Psicofísica y su papel en el desarrollo del escalamiento psicológico.

        El origen de los desarrollos en el área de los métodos de escalamiento es generalmente ligado a la
figura de Theodor Gustav Fechner y sus "Elemente der Psychophysik" de 1860. Fechner definió la Psicofísica
como una ciencia exacta acerca de las relaciones funcionales de dependencia entre el cuerpo y la mente
(Gulliksen, 1958). Esas relaciones se concretaron en las relaciones existentes entre los estímulos y las
sensaciones que producen (Psicofísica externa), lo cual llevó a la Psicofísica de Fechner a ocuparse de la
medida de estímulos sensoriales, de la medida de las sensaciones de los sujetos, y de las relaciones entre
continuos psicológicos (sensaciones) y contínuos físicos (estímulos). El interés de Fechner por estudiar la
relación entre estímulos y sensaciones fue producto de una imposibilidad de su tiempo: la de estudiar la
relación entre actividad cerebral y sensación (Psicofísica interna).

        Parece que fue el 22 de Octubre de 1850 cuando Fechner dio forma a su conocida ley logarítmica
(Gescheider, 1988). Según esta ley, acuñada con el nombre de Ley de Fechner, la sensación (S) es una función
lineal del logaritmo del nivel de estimulación (E) (S = C ln(E) + K; o S= K logE, donde C y K son dos
constantes); de modo que, sobrepasado un umbral absoluto, incrementos aritméticos en el nivel de sensación
son consecuencia de incrementos geométricos en el nivel de estimulación. Para desarrollar esta ley, Fechner
asumió como supuesto la Ley de Weber que afirma que la cantidad de estimulación necesaria para que se
advierta un cambio en el continuo de la sensación es proporcional al nivel de estimulación ya alcanzado (∆E =
K E).

        La Ley de Fechner fue ampliamente aceptada durante unos cien años, y su influencia trascendió los
dominios de la Psicología dejándose notar en disciplinas como la neurofisiología y la ingeniería (Gescheider,
1988). Sin embargo, no ha estado exenta de críticas, algunas de las cuales permiten formular funciones de
relación alternativas (Ponsoda, 1986). Eso fue lo que hizo Stevens casi un siglo después de la publicación de
los "Elemente der Psychophysik" de Fechner (Stevens, 1953, 1954, 1955).

        Las diferencias entre las funciones de relación que propusieron ambos investigadores tienen su base
en los procedimientos experimentales empleados. Así, mientras que Fechner obtenía datos acerca de la
discriminabilidad de los estímulos y elaboraba la escala de sensación a partir de las diferencias apenas
perceptibles, Stevens preguntaba directamente a los sujetos por el valor de su sensación, admitiendo sus
respuestas como su verdadero nivel de sensación, obteniendo así datos acerca de la estimación de la
magnitud de los estímulos. Con ello, la "nueva Psicofísica" de Stevens se ocupa de la relación entre los niveles
de estimulación y las respuestas que evoca en los sujetos (Stevens, 1966), reflejando así la influencia del
conductismo y el operacionalismo dominante en la época.

       Tras obtener información en diversos continuos estimulares, Stevens y sus colaboradores
concluyeron que la función que mejor se ajustaba a las relaciones observadas entre estímulos (E) y respuestas
                                            Vicente González Romá                                           2


(R) era una función potencial. Esa función [R = k E c; o ln(R)= ln(K) + c ln(E)] expresa la conocida Ley de
Stevens, e indica que razones iguales entre estímulos producen razones subjetivas iguales (Stevens, 1975).

         Con la formulación de la Ley de Stevens en la década de los cincuenta se reanimó la investigación de
carácter psicofísico, y con ella aparecieron las críticas a la mencionada ley y a los procedimientos empleados
por su autor. Así, se cuestionó la fiabilidad de los sujetos como instrumentos de medida, ya que "sus
mediciones dependen de varios factores no relacionados con la sensibilidad del observador" (Ponsoda, 1986,
p. 25). Además, se obtuvieron datos empíricos que no se ajustaban a la función potencial.

        Por otra parte, como fruto de la actividad investigadora despertada por Stevens, a principios de los
sesenta aparecieron una serie de trabajos que en cierta manera reconciliaban las leyes de Fechner y Stevens.
Helm, Messick y Tucker (1961) y Galanter y Messick (1961) derivaron una relación exponencial entre las
escalas de estimación de magnitudes empleadas por Stevens y las escalas de discriminación utilizadas por
Fechner (Tucker, 1963). Como señala el citado autor, "una consecuencia de esta relación es que tanto Stevens
como Fechner podrían estar en lo cierto. Las escalas de estimación de magnitudes, tal como defendía Stevens,
podrían tener una relación potencial con la magnitud física, mientras que las escalas de discriminación
podrían tener una relación logarítmica con la magnitud física" (Tucker, 1963, p. 351).

        Este breve repaso por los hitos de la historia de la Psicofísica permite vislumbrar que uno de los
problemas fundamentales que tuvo que afrontar la Psicofísica desde sus inicios fue la medida de la sensación
(Gesheider, 1988). Para ello se idearon diversas tareas y métodos que posteriormente serían utilizados por
Thurstone para medir atributos psicológicos de estímulos que no tenían un correlato físico medible
(Gulliksen, 1958), dando lugar así a los métodos de escalamiento psicológico. Puede afirmarse que ésta es la
importante aportación de la Psicofísica a la Psicometría, en general, y a una de sus áreas -el escalamiento- en
particular. Así, podemos afirmar que "el escalamiento fue primero escalamiento psicofísico, y después,
psicológico" (Meliá, 1990a, p. 89). Además, la Psicofísica tuvo una notable influencia en el nacimiento de la
Psicología Experimental (Ponsoda, 1986), fue pionera en la formulación matemática de los modelos teóricos,
y sus métodos han sido aplicados a otras áreas de la Psicología (Stevens, 1975).


1.2. El escalamiento psicológico. Métodos de escalamiento unidimensional.

         Como sugerimos en el apartado anterior, con Louis Leon Thurstone se inicia el escalamiento
psicológico propiamente dicho. Thurstone advirtió que ciertos métodos empleados en la investigación
psicofísica podían ser utilizados para medir atributos psicológicos con precisión si se desarrollaba un modelo
teórico apropiado (Gulliksen, 1958). En 1927, Thurstone presentó su modelo bajo la denominación de Ley del
Juicio Comparativo. Esta es un conjunto de ecuaciones que relaciona: 1. la proporción de veces que un
estímulo es juzgado mayor que otro respecto a un atributo o continuo psicológico concreto, con 2. los valores
escalares y las dispersiones discriminativas de los dos estímulos. Un supuesto básico de esta ley es que el
grado en que dos estímulos cualesquiera pueden ser discriminados es una función directa de la diferencia de
su posición respecto al atributo en cuestión (McIver y Carmines, 1981; p. 18). A partir de aquí, y usando el
método de las comparaciones apareadas -un método elaborado por Fechner-, Thurstone fue capaz de ubicar a
los estímulos en un continuo unidimensional, asignándoles valores escalares.

        Además de importar de la Psicofísica el método de las comparaciones apareadas, Thurstone ideó
otros métodos, como el de los intervalos aparentemente iguales y el de los intervalos sucesivos. Si bien sus
aportaciones representan una de las contribuciones más importantes a la medida de atributos psicológicos,
no están exentas de algunas limitaciones y problemas. Entre ellos cabe destacar que los métodos de
Thurstone presumen la unidimensionalidad de la escala, pero no ofrecen ninguna evidencia al respecto; y
que la construcción de escalas mediante sus métodos requiere por lo general mucho tiempo y trabajo.

       El método de escalamiento propuesto por Likert (1932) superaría la primera y cuarta limitaciones
señaladas anteriormente. Tras reconocer la importancia de las aportaciones de Thurstone en el terreno de la
medición de las actitudes, Likert (1932) se preguntó si la construcción de escalas de medida mediante
procedimientos más sencillos daría resultados tan buenos como los obtenidos por Thurstone en cuanto a la
                                            Vicente González Romá                                             3


fiabilidad y validez de las medidas, y si sería posible construir escalas evitando asumir supuestos estadísticos
innecesarios.

        El método de medición de Likert consiste básicamente en la presentación a los sujetos de una serie de
items ante los que tienen que expresar su posición escogiendo una alternativa de respuesta entre las
ofrecidas. La puntuación del sujeto se determina sumando o promediando los valores de las alternativas de
respuesta escogidas ante cada ítem (Likert, 1932). El modelo aditivo de Likert asume que los items que se
presentan a los sujetos miden un único atributo bajo investigación, y que cada uno de esos items está
monotónicamente relacionado con el continuo del atributo subyacente.

        Una diferencia fundamental respecto a los métodos propuestos por Thurstone para la medición de
actitudes reside en que no se necesita que los items o enunciados sean calibrados previamente, lo cual supone
un ahorro de tiempo y trabajo considerable.

        Likert (1932) comparó distintos procedimientos de puntuación de las respuestas dadas a los items,
comprobando que el procedimiento más sencillo, consistente en asignar valores de 1 a 5 a cada una de las
cinco alternativas de respuesta ofrecidas (entre "Muy de acuerdo" y "Muy en desacuerdo"), ofrecía unos
niveles de fiabilidad tan buenos como otros procedimientos más complejos. Asimismo, comprobó que las
escalas construidas con su método presentaban niveles de fiabilidad incluso superiores a escalas similares
elaboradas mediante los métodos ideados por Thurstone, mostrando a su vez una buena validez (Likert,
1932). A estas propiedades hay que añadir que para la construcción de escalas siguiendo el método propuesto
por Likert no era necesario recurrir a jueces, evitando así los inconvenientes asociados.

         Todo ello contribuyó a que el uso del método de escalamiento de Likert se extendiera rápidamente.
Pero este método también presenta ciertas limitaciones. Una de ellas hace referencia a la interpretación de las
puntuaciones de los sujetos en la escala. El método de Likert no ofrece como resultado "la ubicación de los
items individuales en un continuo actitudinal subyacente. Consecuentemente, no se puede ofrecer una
interpretación absoluta de la puntuación de un sujeto en términos de ese continuo" (McIver y Carmines, 1981,
p. 27). Por todo ello, la interpretación de la puntuación de un sujeto en una escala sumativa de Likert depende
de la distribución de las puntuaciones del grupo de sujetos al que pertenece el sujeto. Otras críticas recibidas
por el método de Likert aluden a los procedimientos empleados para garantizar la unidimensionalidad de la
escala, basados en el análisis de la homogeneidad de los items (McIver y Carmines, 1981). A pesar de estas
limitaciones, y debido principalmente a su sencillez, el método de escalamiento de sujetos propuesto por
Likert es hoy el más extendido en el campo de la medición de actitudes.

        A partir de 1941 Louis Guttman publica una serie de trabajos en los que presenta su aproximación
innovadora al escalamiento. Su método, conocido por los nombres de escalamiento acumulativo y análisis de
escalograma, permite escalar items y sujetos sobre una dimensión acumulativa subyacente. En el caso ideal,
la puntuación total en una escala Guttman permite reproducir las respuestas dadas ante cada uno de los
items que configuran la escala.

         Una de las características del modelo de Guttman es que se trata de un modelo determinista: las
respuestas de los sujetos a los items están determinadas por la situación de los sujetos y los items en el
continuo del rasgo subyacente que se pretende medir. Por ejemplo, desde este modelo se espera que un sujeto
que tenga un nivel de aptitud numérica igual o superior al que exige un problema aritmético, siempre dará
con la solución correcta. Sin embargo, la práctica nos muestra que éste no es siempre el caso, y que a veces el
sujeto fallará. Mokken (1971) desarrolló una versión probabilística del modelo de Guttman. En este modelo es
la probabilidad de dar una determinada respuesta la que depende de la situación de los sujetos y los items en
el continuo del rasgo subyacente que se pretende medir.
                                             Vicente González Romá                                               4


2. CRITERIOS Y CLASIFICACION DE METODOS.

        Son diversos los criterios que se han propuesto para clasificar los distintos métodos de escalamiento
existentes (ver Torgerson, 1958; López Feal, 1986). Sin embargo, uno de los criterios todavía hoy más
utilizados (p. ej., McIver y Carmines, 1981) fue propuesto hace ya más de cuatro décadas por Torgerson
(1958). Tal criterio alude a la atribución de la variabilidad de las respuestas que dan los sujetos frente a los
estímulos. En base a ese criterio, Torgerson distinguió tres tipos de métodos:

             1. Métodos centrados en el sujeto: La variabilidad de las respuestas es atribuida a las diferencias
             entre los sujetos. Estos métodos pretenden medir personas. (Por ejemplo, el método de Likert).

             2. Métodos centrados en el estímulo o métodos de juicio: La variabilidad de las respuestas es atribuída
             a las diferencias que presentan los estímulos en relación a un determinado atributo. El propósito
             inmediato de estos métodos es escalar estímulos. (Por ejemplo, el método de las comparaciones
             aparedas de Thurstone).

             3. Métodos de respuesta: La variabilidad de las respuestas es atribuida tanto a las diferencias
             individuales como a las estimulares. Estos métodos permiten escalar tanto sujetos como
             estímulos. (Por ejemplo, el método de Guttman).

         Torgerson (1958) clasifica los métodos de juicio en base a los procedimientos empleados para obtener la
unidad de medida de la escala resultante. Así distingue entre los métodos de juicio cuantitativo y los métodos
basados en la variabilidad de los juicios. En los primeros, la unidad de medida se obtiene directamente a partir
de los juicios cuantitativos acerca de los estímulos (por ejemplo, métodos de estimación subjetiva, métodos de
fraccionamiento, métodos de equisección). En los segundos, la unidad de medida se obtiene a partir de la
variabilidad de los juicios ofrecidos ante los estímulos (métodos de sensibilidad diferencial, métodos
thurstonianos).

        Para clasificar los métodos de respuesta, Torgerson (1958) propone tres criterios:

             1. Consideración de la varianza de error o no sistemática. Este criterio permite distinguir entre
             métodos o modelos determinísticos y probabilísticos. Los primeros no consideran la varianza de
             error, y asumen que las respuestas están totalmente determinadas por los parámetros asociados
             al sujeto y al estímulo. Los probabilísticos sí consideran la varianza de error, y, en este caso, los
             parámetros asociados al sujeto y al estímulo determinan la probabilidad de que el sujeto dé una
             determinada respuesta.

             2. Datos que se requieren de los sujetos. Aquí Torgerson distingue entre métodos aplicables a
             respuestas categóricas y métodos aplicables a respuestas comparativas. Y por último,

             3. Número de dimensiones sobre las que se miden los estímulos y los sujetos. Este criterio permite
             diferenciar los métodos unidimensionales y los métodos multidimensionales.

        Hay que hacer notar que Torgerson (1958) no propone ninguna clasificación de los métodos
centrados en el sujeto, lo que justifica señalando que esta aproximación "no ha llevado, en gran medida, al
desarrollo de los modelos de escalamiento" (Torgerson, 1958, p. 47).

				
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