IES Jovellanos Teoría del Conocimiento
Sujetos del Conocimiento y el Conocer
UNO
Naturaleza del conocer
1. Saber y Conocer
Conocemos mas cosas de lo que decimos, sabemos mas cosas de lo que
pensamos o creemos saber. Pero, ¿qué significa “conocer” o “saber”?. Examinaremos
la posibilidad de ofrecer un significado tal que nos permita “saber” que queremos decir
cuando afirmamos “conocer” algo. Usamos esas palabras en modo sustantivo y también
de forma verbal; es decir, como cosa y como acción. Veamos algunos ejemplos: “yo se
esquiar”; “Pablo sabe que el cuadrado de la hipotenusa es igual al suma de los
cuadrados de los catetos”; “mi padre sabe jugar al ajedrez”; “sé que algún día seré
pintor”; “conozco a la novia de mi hermano”; “Pepe conoce Gijón como la palma de su
mano”.Da la impresión de que usamos “conocer” y “saber” de la misma forma y en los
mismos casos, por lo que su significado parece ser el mismo. Pero las cosas se
complican cuando tratamos de analizar qué tienen en común los distintos usos de
“saber” y “conocer” en los ejemplos mencionados.
1.1 Conocimiento Directo (Saber quien, saber qué)
“Conozco a la novia de mi hermano” y “Pepe conoce Gijón como la palma de su
mano” parecen mostrar que hay o ha existido una relación directa entre el sujeto
conocedor y el objeto de su conocimiento. No es común que digamos que alguien
conoce una ciudad como la palma de su mano si nunca la ha recorrido sus calles y
apenas es capaz de señalarla en un mapa; aunque pudiera ser que su saber le venga de
múltiples y detalladas lecturas, de escuchar hablar de ello a quien sí ha estado o ver
documentales.
1.2 Habilidad (Saber cómo)
Las afirmaciones: “Se esquiar” y “mi padre sabe jugar al ajedrez” tienen algo en
común que las distingue de los demás ejemplos. Estas proposiciones parecen indicar
que alguien posee cierta capacidad: en la primera de ellas afirmo, que, puesto sobre un
par de esquís, soy capaz de deslizarme por la nieve sin enterrarme en ella de cabeza ni
quedar con mis piernas quebradas. La palabra “saber”, pues, indica aquí una habilidad,
como escribir a máquina, hablar francés o cocinar una carne al vino tinto. En tales casos
no es común, en español, el uso del verbo “conocer”; pero, si alguien nos dijera que
“conoce mecanografía”, o que “conoce a fondo como cocinar” lo entenderíamos igual.
1.3 Saber preposicional (relación entre elementos)
“Pablo sabe que el cuadrado de la hipotenusa es igual al suma de los cuadrados
de los catetos” no parece indicar conocimiento directo ni habilidad especial alguna.
Podría decirse que, en este caso, el objeto de conocimiento es simplemente la
proposición que describe la tesis del teorema de Pitágoras. A este tipo de saber lo
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denominamos saber preposicional. Ahora bien, este tipo de conocimiento no es solo un
saber las proposiciones, sino saber que estas proposiciones son verdaderas o falsas.
Sabemos, por ejemplo, que el sol sale por el este o que la imprenta fue inventada por
Gutemberg. También sabemos que “no por mucho madrugar amanece más temprano” y
que no es verdad que la Tierra sea plana aunque las apariencias digan lo contrario. Se
trata, entonces, de un saber que, a través de proposiciones descriptivas, se refiere a los
hechos (estados de cosas), y permite distinguir las descripciones verdaderas de las
falsas. Éste es el tipo de saber del que están compuestas las ciencias y al cual
volveremos más adelante.
2. Conocimiento y Criterios de Verdad.
Constantemente nosotros declaramos saber la verdad de algunas proposiciones,
ahora bien: ¿Qué entendemos cuando decimos que algo es verdadero?
En el lenguaje cotidiano usamos la palabra”verdad” o sus derivados en distintos
contextos y con diferentes significados. Si decimos por ejemplo: “Pedro es un hombre
de verdad” o “el Koh-i-noor es un diamante verdadero” estamos usando la palabra para
mencionar una propiedad de personas y cosas: queremos significar, por ejemplo, que
Ricardo tiene ciertas características que nos parecen relevantes para incluirlo en el
concepto de hombre, así como por otra parte afirmamos que cierto guijarro para
adornar cierta corona es un cristal y no un fondo de botella tallado. La verdad, en el
sentido anteriormente expuesto, es entendida como una propiedad o característica de las
proposiciones. Pero, si la verdad es una propiedad o característica de las proposiciones,
una característica tal que nos permite clasificar las proposiciones en verdaderas o
falsas, tendremos que tener algún criterio para atribuir estas propiedades, algún medio
para reconocerlas y distinguirlas entre si. Existen muchas proposiciones cuya verdad o
falsedad ignoramos; pero, si hay algunas de las que sabemos positivamente que son
verdaderas.
Entonces, ¿en qué consiste por ejemplo la verdad de que “Luis usa barba”?
2.1 Criterios de verdad
a) Criterio de la Correspondencia o relación entre sujeto y objeto: La primera
respuesta que se nos ocurre es bastante obvia: “Luis usa barba” es verdadera cuando
Luis usa barba (y falsa cuando no usa), es decir, la afirmación es verdadera cuando
existe un estado de correspondencia entre la proposición (lo que afirmo) y el estado de
cosas que ella describe. Hasta aquí parece algo muy simple, pero ¿cuál es el tipo de
correspondencia entre la proposición y el estado de cosas? Si numeramos
correlativamente las letras del alfabeto, habrá entre el alfabeto y los números cierta
“correspondencia”, por ejemplo, c con 3 o h con 8. Por otra parte el retrato se
“corresponde” con su modelo por ciertas semejanzas en las formas. Ahora bien, una
proposición se expresa en oraciones compuestas por palabras, y las palabras se
manifiestan mediante ruidos (la voz) o manchas (las letras). ¿De qué modo estas
manchas o letras pueden "corresponderse" con otros hechos?
Otra dificultad que se nos presenta cuando intentamos mostrar que lo que
sostenemos es verdad, por ejemplo que “Rodrigo usa barba”, es que esta proposición no
se presenta sola, ni puede comprenderse aisladamente. Supone un cierto acuerdo entre
emisor y receptor sobre identidad de la persona a quien llamamos Rodrigo, sobre los
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límites más o menos imprecisos de lo que llamamos bigote y sobre la temporalidad del
verbo usar. Al mismo tiempo nuestro enunciado de inserta en todo un sistema, formado
por una multitud de otros enunciados que se refieren a las condiciones en las que
aceptamos un hecho como real. Este sistema también conlleva una serie de acuerdos,
explícitos y/o implícitos, sobre los modos de adquirir conocimiento (por ejemplo el
rechazo o la aceptación de la existencia de bigotes invisibles). Si con lo anterior hemos
quedados al menos un poco dubitativos, estamos maduros par examinar la siguiente
teoría.
b) Criterio de la coherencia o lógica: Tal criterio vale, sin duda, cuando se trata de
enunciados que en su mayoría no se refieren a la realidad (caso de la lógica y las
matemáticas). En estos casos se llama “verdadero” a aquel enunciado que se deriva
correctamente de los principios o axiomas establecidos y que, por tanto, no esta en
contradicción con el conjunto de enunciados del sistema. Ejemplo de lo anterior seria la
derivación lógica del teorema “en todo triangulo un lado cualquiera es menor que la
suma de los otros dos y mayor que su diferencia” a partir de la definición de punto,
línea, lado, triangulo y superficie. Pero tal criterio puede valer para enunciados acerca
de la realidad. Así, en la física se puede considerar “verdadero” aquel enunciado que
esta de acuerdo con el conjunto de enunciados ya aceptados como fiables. Volviendo a
nuestro ejemplo, si fuera una verdad probada que todos los filósofos usan barba y
Rodrigo fuese un filosofo, entonces podríamos deducir la verdad del enunciado:
“Rodrigo usa barba”.
c) Criterio pragmático o de la utilidad: quienes participan de este punto de vista
sostienen que un enunciado es verdadero si, y solo si, tiene efectos prácticos para quien
lo sostiene. Por efecto práctico debe entenderse todo lo que tiene importancia respecto
de la supervivencia y la prosperidad de cada individuo. En el caso de las afirmaciones
hechas por la ciencia, su importancia reside en que es posible usarlas para predecir
conocimientos, y así evitar acontecimientos indeseados o disminuir sus efectos
perjudiciales. En esta línea de pensamiento, la verdad de una proposición dependerá de
la utilidad que reporte, y tal utilidad, cuando es reconocida, tiende a incrementar el
ámbito de creencia en la proposición de que se trate. Así, cuando la creencia es estable y
generalizada, se puede decir que la proposición es verdadera.
Así expuesta este criterio resulta de difícil credibilidad ya que resulta muy
extraño al uso cotidiano de la palabra “verdad”. Podría objetarse también que resulta
muy difícil saber cuáles serán las consecuencias practicas de una creencia, y más difícil
aun averiguar si serán favorables o desfavorables, o si será realmente compartida por el
resto de los investigadores. Aparte de lo anterior, cuando aceptamos este criterio
podríamos enfrentarnos a afirmaciones como esta: “Verdad es lo que le conviene al
partido”, afirmación que difícilmente podría discutirse con quien la estipule.
¿Qué es la verdad?
Hemos visto que el problema de determinar la verdad de una proposición resulta
más difícil de lo que parecía (de eso se trataba). Podríamos afirmar entonces que no hay
algo así como la verdad sino simplemente hechos, estados de cosas. La verdad es una
característica de las proposiciones con las que, de alguna manera, buscamos referirnos
a aquella realidad que pretendemos conocer. Las proposiciones, o los enunciados que
las expresan, son instrumentos del ser humano creados y usados por éste dentro de
cierto método para comunicarse y describir los hechos. También podemos decir que no
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existe una única manera de ver las cosas, que hay verdades. Entonces: ¿qué tiene de
estable o permanente la verdad?
DOS
Sujetos del conocimiento y fuentes del conocimiento
1. Creer y Saber
Hasta ahora hemos nos hemos referido al conocimiento como algo externo a
nosotros y hemos intentado mostrar las problemas que aparecen cuando afirmamos algo
tan simple como yo conozco algo. Pero si ponemos atención al enunciado “yo se algo”
podemos darnos cuanta de la existencia una relación tripartita entre: lo que conozco, es
decir, el objeto de mi conocimiento; al acto de saber o conocer y finalmente el sujeto
que conoce. Somos nosotros quienes sabemos (si es que sabemos) de modo que ya es
hora de encarar el elemento subjetivo del conocimiento, el estado de conciencia que nos
hace poseedores del saber. Tal estado de conciencia es la creencia.
Ahora bien, el significado de la palabra creencia es ambiguo. “Yo creo en Dios”
significa que estoy persuadido de que Dios existe. Pero “yo creo en el candidato x “no
quiere decir que pienso que tal candidato existe (lo que es obvio), sino que confío en su
honestidad, o que cumplirá sus promesas, o que ganará en sus elecciones. Sin embargo,
estos significados pueden unificarse. En efecto, “Dios existe” y el “candidato x es
honesto” son proposiciones, y en cada uno de los ejemplos citados se expresa la
creencia en al verdad de alguna proposición. Entenderemos la creencia, pues, como la
creencia de que determina proposición es verdadera.
Es muy importante señalar que la más alta intensidad de nuestra creencia no es
por sí misma garantía para la verdad de la proposición creída, para esto hay varios
casos de la historia de la ciencia y de nuestra propia vida.
Creer, pues, no es lo mismo que saber. Pero, aunque se puede creer sin saber, no
es posible saber sin creer. Si la verdad fuera el elemento objetivo del conocimiento, la
creencia es su factor subjetivo. La creencia es una condición del conocimiento; pero no
es una condición causal (por mucho que lo creamos, no haremos verdadero lo falso),
sino una mera característica definitoria: “conocer” implica creer, aunque no a la
inversa.
2. ¿Cómo sabemos?
Hasta ahora hemos aislado dos condiciones del conocimiento: la verdad y la
creencia. Para que digamos que conocemos la verdad de una proposición es preciso que
esa proposición sea verdadera y que creamos que lo es. Así, quienes suponían que la
tierra era plana no sabían que era plana (porque su creencia era falsa) y tampoco sabían
que era redonda (porque no lo creían). Simplemente creían saber que era plana, lo que
no igual. Del mismo modo, nosotros creemos saber hoy muchas cosas: más adelante
tendremos tal vez que rectificar algunas de esas creencias, en tanto otras permanecerán
hasta que algún nuevo elemento de juicio obligue a desecharlas.
Ahora nos toca reflexionar sobre la tercera característica que define al
conocimiento. Para afirmar que conocemos algo “x” es necesario:
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a. Que creamos en “p”
b. Que “p” sea verdadero
c. Que justifiquemos nuestra creencia en “p”.
Importante destacar que esta no es una formula de tipo matemático que podamos
aplicar a todas las instancias en las cuales hablamos de conocimiento, sino una guía o
modelo para entender mejor el problema del conocimiento, su verdad y justificación.
Ahora cabe preguntarse ¿qué tipo de pruebas debemos tener?, ¿cuántas o cuáles
pruebas serán suficientes para justificar una creencia y convertirla en conocimiento?
3. Fuentes del Conocimiento.
En el punto anterior afirmamos que “conocer” consiste en creer lo verdadero de
manera justificada. En este apartado intentaré responder: ¿de dónde obtenemos estos
elementos que nos permiten enjuiciar nuestras creencias para así llegar a obtener
conocimiento? Veamos algunas de estas fuentes:
3.1. PERCEPCIÓN: Lo he visto o sentido. El remitirse a la experiencia sensorial es
uno de los modos de contrastar la verdad de nuestra proposición. Por ejemplo cuando
afirmo que la camisa de Pedro es verde, puedo justificar la verdad de mi creencia a
partir de los datos que me ofrece mi vista. Es cierto que yo podría contra-argumentar
desde la perspectiva de un daltónico, pero es en estos casos donde debemos saber
cuando detenernos o aplicar otros criterios de justificación de la verdad.
3.2 MEMORIA E IMAGINACIÓN: No lo he visto, pero estuve en situaciones
semejantes, y en todas ellas ocurrió lo que ahora afirmo. Nuestro interlocutor no
conoce aquí por experiencia la verdad de la proposición que enuncia, pero si conoce
por experiencia la verdad de otras proposiciones referidas a casos semejantes. En este
caso la verdad del enunciado no se prueba “directamente” en la experiencia, sino que se
obtiene por un proceso inferencial llamado razonamiento. En este caso también se apela
a la experiencia pero de manera “indirecta” por vía del razonamiento.
3.3 LÓGICA O RAZONAMIENTO: Es el resultado de mis cálculos y puedo
demostrarlo. Esta respuesta es apropiada para enunciados tales como “la raíz cuadrada
de 1521 es 39” o “la suma de los ángulos interiores de un triángulo equivale a ciento
ochenta grados”. Otra vez nos hallamos frente a un razonamiento aunque de base no
empírica: la geometría y la aritmética manejan conceptos abstractos que, como tales, no
pueden verse ni tocarse. Sin embargo, estos conceptos se hallan integrados en sistemas,
dentro de los cuales las proposiciones en que ellos participan pueden demostrarse
mediante cálculos, a partir de otras proposiciones. Así, los axiomas (lo evidente e
indemostrable) y los postulados (lo indemostrable pero no evidente) me hacen derivar a
través de teoremas y demostraciones de lo general a lo particular o a la inversa.
3.4 APRENDIZAJE: Me lo dijeron o lo leí. En este caso nuestro interlocutor apela al
argumento de autoridad ya que él mismo no ha elaborado el conocimiento que dice
tener, sino que lo ha recibido de un tercero. El hecho mismo de haberlo oído o leído es
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un hecho que el hablante conoce por su propia realidad, pero el valor de esta experiencia
depende absolutamente del valor del conocimiento del otro. De modo que el argumento
de autoridad no hace más que trasladar el problema: si yo se algo porque mi vecino me
lo contó, ¿cómo lo supo mi vecino?
3.5 EMOCIÓN E INTUICIÓN: No podría explicarlo, pero es algo que siento de mí
con la fuerza de una certeza. Se trata aquí del recurso a la intuición, entendida esta
como certidumbre que aparece en nuestra mente cuando contemplamos la realidad; una
certidumbre que va más allá de esa realidad y que nos revela ciertas propiedades ideales
que no pueden aprehenderse con los sentidos. En resumen, la intuición es una
percepción íntima e instantánea de una idea o una verdad que aparece como evidente a
quien la tiene.
3.6 CREENCIA: Mira, es cuestión de fe y yo la tengo. Si se pregunta a un creyente
por el fundamento de su creencia su respuesta contendrá un recurso a la fe como fuente
de conocimiento de ciertas verdades.
La fe, aun para los que la consideran un don divino es siempre un estado mental:
consiste en una firme creencia en la verdad de ciertas proposiciones. Pero si la fe es
idéntica a la creencia, no puede constituirse en prueba de si misma. Que esta creencia
sea justificada depende de las pruebas que tengamos sobre la verdad objeto de nuestra
fe. Si tenemos pruebas suficientes (se entiende, intersubjetivamente suficientes),
empezamos a decir que sabemos en vez de que tenemos fe.
3.7 REVELACIÓN: De repente, no sé como, he tenido una experiencia mística. Se
trata de algo parecido a la intuición, pero esa experiencia arrebatadora, religiosa,
omnipresente, reveladora, se percibe como una fuerza de la que es imposible
sustraerse...por esa apariencia divina.
4. Afirmaciones, Razones y Justificaciones del conocimiento.
AFIRMACIONES RAZONES o JUSTIFICACIONES
1. Conozco que el cielo es azul porque Percepción (Sentidos)
puedo verlo (o lo veo así).
2. Conozco que 1+1=2 Lógica
3. Sé que es cruel matar a una persona Juicio de valor
4. Sé que tengo miedo a las arañas Instinto (¿11?)
5. Sé que ayer salí a correr Memoria
6. Sé que las mujeres son más Intuición
emocionales que los hombres
7. Sé que lo que dice el doctor es verdad Autoridad
8. Sé exactamente lo que Dios espera de Revelación
mí
9. Sé que quiero alcanzar la felicidad Auto-conciencia
10. Conozco que una afición es más Sentido común
apetecible que un trabajo obligado
11. Sé que amo a mi hermano Hecho (¿4?)
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¿Qué tipos de conocimiento hay?
Habría que distinguir entre Conocimiento de Hechos, cuando algo permite que una
respuesta sea correcta o falsa (equivocada) independientemente del sujeto; y
Conocimiento de Opiniones, cuando a cualquiera se le permite dar su versión y por lo
tanto no puede decidirse si esto o eso es lo correcto.
En el primero de los casos importa más el objeto y en el segundo el sujeto; así podría
hablarse también de conocimiento objetivo y conocimiento subjetivo.
Hay tres clases de preguntas o cuestiones, en este sentido:
a) las que tienen una respuesta correcta o más o menos precisa, concreta y admitida
fácilmente de modo general.
b) las que tienen una posible respuesta o solución pero que requieren justificación y
juicios razonados, para que el otro lo vea y se convenza.
c) Las que no tienen una respuesta correcta o precisa pero dependen totalmente de una
persona o autoridad (expertos) que responda la cuestión y podamos así admitirlo o
fiarnos de ello.
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