SAMUEL
(Entre tierno y vandálico)
Prólogo
Ser humano, implica asumir la vida. En el día a día. Inmerso en la complejidad que la recrea. Es
estar en contacto consigo mismo, en la perspectiva de dilucidar la razón de ser. El ir y venir en
esa búsqueda, adquieren significado, sólo cuando reclamamos ser nosotros mismos.
El problema, entonces, bordea abismos. Ya que estamos en constante lucha; porque somos
cautivos de los orígenes. Es historia que nos cruza de manera transversal. Condicionando los
pasos. Ensayamos los sesgos. Esos que, a cada momento, nos vemos obligados a andar. En la
intención de salir. Un laberinto en el cual conocemos la entrada pero no la salida. Ahí,
quisiéramos acercarnos a Ariadna. Quisiéramos identificarla; para que nos guíe. ¿Pero adonde?
Pregunta que no encuentra respuesta. Ni ahora, ni nunca. Porque estamos obnubilados. Esos
rezagos que arrastramos. Inclusive, viviendo las contradicciones entre lo individual y lo colectivo.
Samuel es ese ser individual. Interactúa con los demás, a manera de exteriorizar. Pero no
puede zafarse. Una contradicción entre el querer ser y el ser. Este último deambula. Los
territorios que pisa ya estaban creados. Antes de ser él. Atavismo centrado en esos símbolos
que no podemos desechar. Que nos persiguen. Entonces, Samuel, puede ser él o puede ser
otro. Lo único que ansía es dirimir la querella. Porque, siendo él como sujeto enrevesado,
remitido de manera constante al pasado. Pero, también, en búsqueda de una condición de
sujeto libre. Pero los demás están ahí; acechándolo.
Viene, en consecuencia, el desvarío. Ese que parece no tener límites. Bordea el abismo. Siendo,
aquí, abismo el contexto. La sociedad que lo requiere y trata de asimilarlo. Pero Samuel no se
deja asimilar. Unas veces es uno, cercano a la ternura y al compromiso con la asertividad.
Amando, pulsando la vida; en una perspectiva de ilusiones; construyendo escenarios de
compromiso. Siendo herético, pero inmerso en actuaciones hacia una calidad de vida soportada
en la pasión a la que convoca la condición de amante. Un ejercicio en el que las mujeres son
sujetas de acción, autónomas. Seres inmensos que coadyuvan a la construcción de esa calidad
de vida. Pero, otras veces, Samuel es sujeto pérfido. Que recrea escenarios de vulneración. Ha
protagonizado un desvío que lo conduce a la condición de sujeto vesánico. Aquel que va
tejiendo la venganza. Con una sociedad que le es adversa. Porque él la desconoce. Tanto en
sus rituales y esquemas moralizantes; con sus exigencias de equilibrar individualidad y colectivo.
Pero no a la manera simple del Contrato Social de J.C. Rousseau. Es más bien en la figura de
compensación entre nihilismo y la Razón kantiana. Entre el universo de actuaciones soportadas
en ese pulso individual y el pulso colectivo. Individuo y sociedad que se contradicen. Pero que,
al mismo tiempo, sitúan zonas de no agresión.
Samuel, entonces, puedo ser yo o cualquier otro. Con una asimilación de lo edípico, por la vía
nefanda. Como sujeto agresor que convierte su incapacidad para asimilar los derechos de los y
las demás, en ofensiva hiriente, avasalladora, vulneradora. En donde todo se vale. Por esto, su
ética de lo posible lo acompaña. Porque se enajena. Considera que todo está permitido.
Reivindicando una autonomía absoluta de cada ser. Siendo él el que otea el horizonte y
conduce sus impulsos. Siendo estos insumos que deben ser respetados y acatados. Es,
entonces, la individualidad sobre los derechos de los demás. Es único. Individuo que vierte
miserias. Que se regocija con ello. Que conduce su ser de conformidad con sus intereses. Todos
y todas tienen que claudicar. Es él, el centro, el orientador. Se siente sujeto de acciones no
transitorias, sino perennes.
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Mientras dure la vida hay que vivirla. El tránsito hacia otra expresión de vida, es lineal. Porque,
vuelve a retomar la contradicción y la convierte en otro derrotero que guía su quehacer. Otra
vida. Otras vidas. Cada una más perdularia que la anterior.
Una perversión más. En un acumulado cada vez mayor. Un acumulado de vulneraciones. Cada
vez más atrabiliario. Siendo, en consecuencia, Samuel sujeto portador de repetidas laceraciones.
Un misógino inveterado. Odia a las mujeres, porque antes odió a su madre. Ese odio primero lo
condiciona. Y el se deja condicionar, no quiere salir del foso pútrido. Quiere estar en él; hacerlo
vida; cosiéndolo a su pasado. Justificando, desde allí, sus actuaciones perversas. Que son tal,
en razón al significado que él le adjudica a la vida. Es su vida. No les está permitido a los otros
o a las otras colocarle límites. Esa lógica soportada en que lo colectivo prima sobre lo individual,
no es lo suyo. Es al contrario.
Pero vuelve el desvarío. La esquizofrenia constante. Él se aniquila y vuelve a nacer. Vuelve a
empezar. Vuelve a vulnerar. Cada vez con más ímpetu. Acciones viciadas desde el comienzo.
Porque, es uno y otro. Una confrontación que se profundiza con el paso del tiempo. Siendo
Samuel el sujeto constante. Que deviene en dos. Que se ubica como portador de un estigma.
Lacerante. Bandido absoluto.
Y es que, esos orígenes, lo persiguen. Lo atosigan. Es, en consecuencia, elemental su extravío.
Su desmoronamiento. Quiere ejercer ternura; pero no puede. No es lo suyo. Por lo mismo llega
a odiar a Isolina, a Demetrio; a Pedro y a Juliana. Porque ellos y ellas no son como él. Vuelve y
juega lo ignominioso. Él avasalla a los demás. Si no son como él, estos y estas deben
desparecer, ser aniquilados.
Y los instrumentos para hacerlo, están ahí. Pánfilo, Maritza, Martha, Susana, Sinisterra, Adrián,
Verdaguer. Ellos y ellas son ejecutores de muerte. En pasivo o en activo. Todo cuenta. Al final,
Samuel, se sumerge en el mundo de los lapidarios; de los verdugos. En una sociedad que se ha
venido descomponiendo y él ha estado allí. Como testigo y como actor. Portador de la virulencia
y la satrapía. Por fin es uno solo. El sujeto perdulario que descifró la partición espiritual y se
quedó del lado agresor. Es su muerte definitiva. Al menos esa es la sensación que queda. Ser
testigo de su propia muerte. Sentir que ya no puede más. No habrá más caminos. Ya los ha
recorrido todos. Como queriendo no volver a levantarse. ¿Para qué, si ya todo está vivido?
Eso somos. El significado que adquiere volver, no es otra cosa que añorar el regreso. Para ver
si terminamos, de una vez por todas, el libreto. Ese que no alcanzamos a memorizar, a recrear;
a transferir. Como si la vida que continúa, no pudiera serlo si no estamos. Creemos que
tenemos un rol que trasciende al tiempo. Ya sea hoy, o en 2025, como Isolina. La mujer de la
esperanza. Ella recapitula la historia de sí misma. En ese contexto agresor que la expulsa.
Porque no conviene su presencia. Porque si ella sigue viviendo, se desmorona el escenario que
han construido los que dominan. Desde ahí. Desde su poder, hasta una actuación con mil
tentáculos que asfixian y matan. Son sus aurigas y corifeos. Los que todo lo justifican. Como
dice Susana. Como lo dicen Adrián y Pánfilo. Como los recopila Samuel. El tránsito de la
esperanza no puede prosperar. Porque de hacerlo, desaparecerían los objetivos ya trazados.
Objetivos vinculados a la dominación
En fin, pues, Samuel ha nacido, ha muerto…Ha nacido y ha vuelto a morir. Pero vendrán otros
como él. Verdugos de los trasgresores del orden… Esos y esas que estuvieron con Samuel. Pero
que, con su traición, han desaparecido, han muerto. ¿Será que sus huellas, no tendrán
intérpretes mañana? Samuel quiso eso. Ver y auspiciar la muerte de la esperanza, a través de
su poder. Poder heredado, transmitido. Como si, al nacer, lo llevara en sus genes. Como si al
morir él, quedara flotando. Para que otros, después de él, lo aspiren y lo extiendan a futuro.
Ese futuro que es cierto para los agresores. Incierto y angustioso para los trasgresores.
Entonces, de ser así, ya no veremos a Isolina; ni a Demetrio; ni a Juliana y Pedro. Ellos y ellas
no podrán volver. Porque lo impiden los mandarines. Los que vendrán después del ciudadano A.
Más vesánicos que él mismo. Porque han aprendido de él su concepto de democracia. Una sola:
la que convoca a la eliminación de los contrarios. Ya Isolina no está, Demetrio tampoco. Pero lo
que nos duele a quienes seguimos creyendo en la esperanza y en la liberación; es que pase el
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tiempo sin acceder al universo de opciones no codificadas; no lapidadas. Seres como yo o como
usted, diferentes de Samuel, de Pánfilo, del ciudadano A; de Adrián, de Maritza; de Sinisterra;
de Susana de…
Ese es el reto para quienes vendrán. Aquellos y aquellas que enjuiciarán nuestro derrotero.
Porque fuimos inferiores al canto de la ilusión. Porque nunca entendimos que para posesionar a
la humanidad en su rol más trascendente.; aquel que nos llevará al bienestar y a la equidad;
tendríamos que haber derrotado a los agresores. Tal vez, quienes vengan después de nosotros
lo hagan. Por ahora estamos en deuda.
CAPITULO I
Presente, saturado de reminiscencias. La mayoría de ellas no gratas. Como aquellas que lo
incitan a establecer una expresión sesgada; desde la infancia hasta hoy. Una urdimbre
construida, a partir de no reconocerse, como sujeto derivado de una infancia de momentos
vividos en lucha consigo mismo. En ese cuadro familiar que, aún hoy, se erige como referente.
Un ícono de trascendencia tal, en su recorrido de vida, que no le ha permitido buscar una
opción autónoma. Por lo menos en términos de ensayar una perspectiva soportada en la
reconsideración de conceptos.
Su hermana Silvia, siempre, le propone un regreso. Hasta ese borde en el tiempo. A manera de
frontera entre nacer de nuevo o repetir los hechos de una manera en la cual las secuencias,
aparezcan como reiteración, con soporte en una constante. Siendo esta un ejercicio parecido a
retorcer la esperanza; asfixiándola a cada momento.
Daniel ha sido, para Samuel, una figura opaca. Como quiera que éste ha estado en una
posición de catalepsia conceptual. El solo hecho de tenerlo a su lado, ha significado como
colateral, una contradicción que ha crecido en el tiempo.
Porque Daniel se ha mantenido centrado en las propiedades o postulados básicos que lo han
atraído. Ha sido como satélite, víctima de la imantación moralista. Aquella que elimina, de por sí,
la búsqueda de opciones de libertad individual. Esto para no hablar de su concepto acerca de lo
colectivo. El lo entiende como simple sumatoria, desde el origen y de las réplicas, avaladas por
los gestores de vida, aplanada, sin la sinuosidad propia de los avatares históricos.
Este sábado promete ser, para mi, tan lineal como los otros días. El recuerdo de los hechos del
viernes anterior, me sitúan en una laguna mental; en la cual la cual aparece la necesidad de
recomponer mi relación con Susana. Recomponer, sin que ello implique la reconsideración.
Porque ella, ha tenido y tiene una noción vertical de la vida. A manera de ejemplo. La ha
entendido como recortar los momentos históricos del crecimiento de los rituales a que convoca
el entorno social.
Es y ha sido, algo así como sujeta nihilista, que valida, incluso la posibilidad de ejercer una
opción en la cual los más fuertes deben dominar, de manera inequívoca. Reivindicando el
quehacer sin ataduras. Tal vez por esto, su amor ha sido para mí un continuo hacer y deshacer
valores y principios. Para mí, lo mejor de Susana, actualmente, es su capacidad para convocar a
un orgasmo pletórico en escenas, en las cuales, sentir y otorgar una desinhibición plena. Con
ella, la imaginación erótica es una vivencia absoluta. Un placer sin límites.
Lo del viernes, entonces, fue un ejercicio espiritual y físico, que nos permitió acceder al más
bello de los cansancios. Terminar y volver a empezar…así, hasta desfallecer. Pero, hoy, apenas
seis horas, de nuestro ritual; regreso a la indefinición.
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Un sábado, en que he sido conminado a la reiteración. Porque, el retorno a lo que soy, en
ausencia de ella. Habiéndose extinguido las secuelas de la entrega; supone volver al sitio de
siempre. Daniel permanece ahí, expectante, como dispuesto a proponer su interpretación de la
vida. Así mismo, Silvia, me ausculta con su mirada, sin matices. Transmitiéndome ese hilo
conductor de siempre. Presa de escenarios pasados. Como tutora perenne. Como imagen de
madre extraviada en el tiempo.
Corría el mes primero, de mi nacimiento. Desde ese momento, sentí la atadura. Veía a mi
madre, la sentía, la percibía como mujer con un ensimismamiento tatuado. Por los rigores del
sometimiento. Mi padre ejercía sobre ella una dominación absoluta. Su sexo era, para él, un
receptáculo para su violencia. La penetraba de manera sistemática. Ella sin querer. Con su
imaginación restringida, casi inexistente. Con un rol de simple asimilación. Yo me sentía
producto de las vulneraciones. No se porque mi madre resistía. Fuimos siete productos. En esa
etapa de infancia temprana, escuchaba las palabras incisivas de mi padre. Su respiración
acelerada y el final. Un comienzo y un final unilateral. Una condensación que mezclaba el dolor
físico y espiritual de ella, con la satisfacción del macho hegemónico. Simplemente, un coito
brutal.
Yo deseaba no estar allí, en la misma cama. Deseaba estar lejos…muy lejos. Pero sentía la
yunta de la impotencia para fugarme. Para escoger sitio y entorno.
Cierto día, percibí la dureza del pezón. Mis labios y mi lengua succionaban una sequedad no
grata. No recreaba mi mente, como otras veces. No sentía el placer de mi madre. Más bien era,
para ella, una continuación del dolor físico. La sentía sollozando. Como desencantada. Como
víctima de una vulneración más. Creo que veía en mí una extensión de la infamia de mi padre.
Sin odio, pero tampoco con felicidad. Me decía: no me maltrates Samuelito. No reiteres ni
profundices mi tristeza. Márchate; antes de que yo naufrague. Eres como tu padre. Frío y
dominante. Así fueron tus hermanas. Sobre todo Silvia. Cuando ella tenía tu edad, respaldaba a
tu padre. Reía cuando el accedía al orgasmo, por la vía de una penetración violenta; cuando él
explotaba en frases entrecortadas, expresando su punto de llegada. Momento de su
satisfacción. No se porque considero, ahora, que ella deseaba ser yo.
Al volver, el lunes, al trabajo; sentí un desasosiego inmenso. Susana no había llegado aun. Su
sitio la esperaba. Con una soledad tan inmensa como la mía. Dependientes, el sitio y yo, de su
calor. Sentí que volaba hacia esos territorios en lo cuales he soñado. El mar, el llano, la
montaña.
El domingo anterior estuve, todo el día, dándole vueltas a mi posición de sujeto dependiente de
Susana. De su capacidad para inducir al placer. Me aterró pensar en que no fuera el único
depositario de su imaginación, Ya, antes, había sentido el mismo miedo. Porque, Susana,
reivindica la no sujeción. Proclama la explosión de los orgasmos. Diferenciándolos. Ella dice que
hay diferencias. Cada sujeto hombre debe ser avasallado en los sitios en los cuales siente más
placer. Sin homogeneidades. Es, el placer, una capacidad para identificar el tipo de necesidades
de cada quien. Hombre o mujer. Lo de ella es una sumatoria creativa de los lugares de mayor
vulnerabilidad. Así, entonces, se trata de identificarlos y de explotarlos.
Olga y Santiago son muy cercanos a Susana. Siempre he tenido la sospecha de que él y ella
gozan de la fortaleza de Susana. De su capacidad para inducir y sentir el placer absoluto. Como
ese de sentir que su clítoris constituye punto de partida y de llegada a la satisfacción plena.
Uno y una. Sin particiones. Cada quien coincide, ahí, con ella. Es un momento no unilateral, ni
único. Es de todos y de todas .Independientemente del número de libertarios; de partícipes del
ejercicio que no reconoce límites.
Jesús Sinisterra es un jefe soportado en las necesidades de la empresa. Asume su rol, como
sujeto perdulario. En él se encuentra el equilibrio mágico entre las necesidades de la empresa y
su opción de vida. Ya, Susana, me había comentado el año pasado, que Sinisterra, le había
insinuado su deseo de poseerla. Como extensión de su poder. No solo en lo que implica a sus
exigencias de rendimiento sino también en lo que hace con sus necesidades de sexo furtivo.
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Manteniendo el esquema. Fundamentado en su condición de macho que combina el sexo
formal con su dominada y la informalidad con una amante.
Yo siento por él un odio visceral. Tanto como gendarme empresarial, como por su capacidad
para utilizar su poder, como garante de su búsqueda de sexo. Una figura lasciva. Oportunista.
Yo me hacía a la idea de que Susana no claudicaría nunca ante la vergüenza que suponía
acceder a los requerimientos de Sinisterra. Sin embargo, me obnubilaba la duda. Porque,
conocía los ímpetus de Susana. De su manera de otorgar y sentir placer. Para Susana toda
oportunidad es válida. Ella dice: el placer es un elemento indispensable para vivir; no importa
con quien o quienes se construya y se sienta. Este es independiente de la raza o posición social.
Para mí lo fundamental es el placer en si mismo.
El 31 de agosto fue mi primer aniversario. Ese día sentí que había poseído a mi madre. En una
suplantación imaginaria. La veía desnuda, bañándose. Veía todas sus formas al vestirse. Era
invitado obligado, porque demandaba cuidado. Y quien más que mi madre para satisfacerlo.
Cierto es, también, que solo recuerdo a Silvia. Aún, hoy, no tengo certeza de haber conocido a
mis rivales. Solo ella, Silvia, estuvo y está a mi lado. Adrián y Pitágoras, se marcharon. Se
cansaron de mi obsesión por mi madre. Olga, Maritza y Martha, viajaron con mi padre. Por
imaginarios caminos. Supe, últimamente, que habían traspasado la frontera entre la fantasía y
la realidad. Como dueñas de mi padre y enemigas de mi madre.
Veo pasar niños y niñas. Saltando, eludiendo caminos áridos. Buscando la felicidad en territorios
disímiles. El parque cercano, el país lejano. En construcciones efímeras. Cuando vuela, la
imaginación, no reconoce límites. Están al lado de la madre. Una bifurcación truncada. Ellos y
ellas, saturados de nostalgias, de tristezas. Yendo al encuentro de la alegría que no viene. Que
se queda allá, en el lejano horizonte quimérico. Ellos y ellas son yo, son Silvia. Porque he
limitado mi visual. Ni Olga, ni Maritza, ni Martha. Ellas se han ido, con el padre. Yo no se si lo
siguen por pasión de hijas; o por alucinaciones de amantes.
Es el día 543, después de mi instalación como empleado en la empresa. Llegué como noria. Sin
tener un rol definido. Localicé a Susana, por su mirada. Ya la había visto antes. Cuando poseía
a mi madre, vía pezones duros: Desde que odié a mi padre por vulnerar su sexo; induciéndola
al orgasmo ilegítimo. O cuando, me vi., en el vientre, creciendo, como elemento extraño.
Originado en una juntura nefanda. Entre él y ella. Entre su sexo y el de ella. En una violencia
reinventada. En una sensación de tristeza. Siendo yo el promotor de la misma. Creciendo en
ella. Ella con la disposición de las esclavas. Que murmuran su inconformidad. Pero una
murmuración que no explota. Que se adormece, al ritmo de la tradición y de la moralidad.
En fin…, sea lo que sea, Susana estaba allí, con su mirada. Dominándome desde ese comienzo.
Ella aferrada a la máquina que tuerce el fruto. Sea de café, o de cacao o de ilusiones. Ella
magnífica. Exhibiendo sus botones a través de su blusa a rayas, transparente e insinuando, a
través de su jeans, ese triángulo hermoso que insinúa su sexo potente. Capaz de avasallar;
sexo que transfiere pasión, deseo. Sinisterra estaba ahí. Mirábamos el mismo trofeo. Él con su
poder ya adquirido. Yo con un toque de inocencia, parecida a la partitura de un bolero. El son
de los amantes. Furtivos y abiertos. Recatados, como deslealtad conmigo mismo. Pretendiendo
esconder el deseo de fornicar, desde ya, con ella. Ese suplicio constituido en la partición del yo.
Entre el respeto y la ansiedad por poseerla. Era, ella, el horizonte. De Sinisterra y el mío. Ya ella
lo sabía y jugaba con las ilusiones. Abominable una. Perversa la otra. Porque mi arrebato,
pretendía ocultarlo. Disfrazarlo de pasión sublime.
Yo había soñado, al décimo año, sintiendo celos con respecto a mi padre, que viajaba con Olga,
Maritza y Martha. Sentía deseos de gritar; de llamarlas. De arrebatárselas. De proponer un
convenio. De un lado ellas al lado mío y al lado de Silvia. Del otro mi madre con él. Necesitaba
liberarme de ella. No quería seguir relacionándola con mi horizonte. Porque la amaba. Siempre
la amé. Desde ese día en que sentí odio por mi padre, por vulnerarla. Por estar encima de ella,
jadeando, como macho perverso.
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El 20 de abril, del año trece, yo estaba en el colegio. Corría el tercer periodo, del grado sexto.
Juliana, profesora de castellano, se esforzaba por convencernos acerca de la viabilidad de la
verdad, transmitida por las palabras. Los verbos. Los sufijos, los adjetivos y los sustantivos. Ella
es una mujer que induce a la pasión. Un cuerpo absolutamente bien formado. Con una mirada
cautivante. Se decía que el profesor de religión, Pedro, la poseía. Yo, sin prestar atención a sus
lecturas, me imaginaba en su vientre. Como el de mi madre. Siendo sujeto derivado de la
vulneración. Con la diferencia de que, aquí, yo era el vulnerador, al mismo tiempo que el fruto
no deseado. Para mí, era la reiteración de mi relación con la madre. Siendo feto indeseado.
Pero, siendo poseedor a la fuerza. La desvestía con la mirada. Sentía una erección prematura.
Sentía a Juliana. Sí, a Juliana. No a la profesora Juliana. Me preparaba para retar a Pedro. Ese
era mi rival. Ya no era el padre. Era él. Y lo veía como objeto de mi odio. Sentía deseos de
retarlo. A campo abierto. Él y yo. El hombre adulto y el niño…al final de la jornada, me sentía
triunfante. Aniquilando a Pedro.
El día, aniversario de la independencia, madrugué, más de lo acostumbrado. Tenía una cita con
la celebración patriótica. Una formalidad. Como tantas otras que inducen a mirar, en retrovisor,
los acontecimientos. Desde hacía mucho tiempo, a pesar de mi corta edad, había arribado a
una noción en la cual la libertad se asocia con la sinceridad. Me consideraba un sujeto libre.
Ante todo, desde el día aquel, en que le dije a mi madre que la amaba y que la defendería de
las acciones vulneradoras de mi padre. En ese entonces, ya había cumplido dos meses. Ya
había recorrido su cuerpo. Ya sabía que tenía pezones erectos, en los cuales no se reflejaban el
afán y la violencia de mi padre. Permanecían como recién hechos. Ese día, dispuse que la
liberaría. Que me iría con ella a territorios lejanos. Que sería su amante absoluto y perpetuo.
Ella dormía, cansada de soportar ese aliento aciago y ordinario del padre. Descansaba de otro
ejercicio unilateral. Mi padre yacía dormido, satisfecho. Yo sentía deseos de matarlo, reclamar
para mí su trofeo.
Ese mismo día conocí a la hermana de Susana. Tenía, como ella, una mirada punzante,
dominadora. Era alumna del Liceo María Auxiliadora. Colegio elitista. Tanto así que no permitía
el más mínimo contacto con los hacedores de herejías. Es decir de las familias cuyos hijos e
hijas, no estuvieran matriculados en el misterio trinitario. Sin embargo, Betsabé, era iconoclasta.
Lo digo porque, cierto día, la vi., en el parque revolcándose con Eliseo. Hombre, este, duro,
pétreo. Parecido a mi padre.
Burbano era un muchacho delgado, pero lleno de fibra. Había llegado al barrio, procedente de
Bahía Solano. Desde su arribo, había cortejado a Silvia. Recuerdo el día en que, al subir las
escaleras, sentí un calor abrazador. Silvia era poseída por Burbano. Era una lucha intensa,
violenta, pero sublime. Burbano expelía fuego. Su falo era como un asta, habilitada para
soportar vientos y miles de banderas. Silvia sollozaba, gritaba, en un forcejeo en el cual
Burbano era el orientador y la autoridad. Apenas sí le permitía a Silvia momentos de descanso.
Una acción reiterativa. Una repetición infinita. Consumieron cuatro horas. Yo me inmovilicé. En
uno de los descansos se percataron de mi presencia. Silvia aparentó una sonrisa cándida,
inocente. Maté a Burbano, de la misma manera como había soñado que mataba a Santiago, mi
padre.
Todo, porque Silvia es la suplantación de mi madre. Como la conocí aquel día en que se
entregó a Francisco Peñuela, su primer amante. Sucedió 10 años antes de conocer a su
segundo amante, Santiago. Quien creyera que yo ya estaba ahí. Como una especie de proyecto
futuro. Yo estaba con ella, incluso, desde el mismo día de su nacimiento. Ella y yo, fuimos
cómplices. Yo callé, cuando Peñuela la hizo suya. La vi. y la sentí apartando sus piernas, para
dar entrada a un falo inmenso. Un entrar y salir casi infinito. Porque ninguno de los dos se
rendía. Recuerdo, también, que maté a Peñuela. Corté su inmenso instrumento de placer y lo
coloqué a la entrada del barrio.
La pregunta que ahora me hago es: ¿por qué no hice lo mismo con Santiago? En lo de Peñuela
hubo, al menos placer. Mi conclusión derivó del jadeo común y del cansancio sublime común.
Santiago, por el contrario, no tiene ni falo espléndido, ni hacía gritar a mi madre, como Peñuela
Estar ahí, seguir…hasta el infinito.
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A veces he creído que soy hijo de Peñuela y no de Santiago. Porque, en esa plenitud de
posesión, en la que mi madre sucumbía con gusto a la fortaleza de Francisco, a su violencia
fálica, valía la pena ser resultado. No como en el caso de Santiago y mi madre. En donde lo
prevaleciente era la violencia ignominiosa del macho sin ningún agregado de deleite, de
fascinación, de éxtasis.
José Luis Fandiño es hermano de mi madre. Su condición de pariente cercano, lo indujo a
reclamar un sitio en la familia. Como yo, aborrecía a mi padre. Tal vez, porque encontraba en él
la réplica de su padre. Recuerdo como miró a Silvia, a sus ocho años, cuando ella se divertía en
el baño desnuda. La atraía hacia él. Acariciaba su aberturita clitórica Por más que ella
denunciaba, ni padre, ni madre se daban por aludido y aludida. La aberturita de Silvia
enrojecía y yo veía crecer el falo del tío, queriendo reventar la protección de sus pantalones.
Hasta cierto punto, asumí una posición diferente, cuando Burbano penetraba la insondable y
plena abertura clitórica de Silvia, hasta el cansancio sublime. No se si ella recuerda lo del tío.
Tampoco, si lo asocia con la acción de Burbano. Lo cierto es que yo quisiera ser él. Porque
Silvia, siempre me ha atraído. Sobre todo, desde el día en que me enseñó su sexo. Yo tenía
escasos cinco años. Un color rosado hermoso. Una estrechez casi divina. Lo digo, porque al
dejar conducir mi mano, por ella, hacia su cuerpo, palpé ese orificio bello, bordeado por
escasos vellos.
Ya Susana había comenzado su actividad. Yo la veía ir y venir. Dando órdenes.
Comprometiendo sus conocimientos en las pruebas cotidianas que demanda la realidad. Yo, por
el contrario, permanecía inmóvil. Como una estatua, creada por Pigmalión, indescifrable; sin
saber que hacer. Cuando Sinisterra me habló yo estaba abstraído. Todavía miraba a Susana.
Sinisterra me ordenó bajar al primer piso, para recibir una mercancía que venía desde Somalia.
Era como raro el negocio. Porque el emblema de las cajas, hablaba de etnias suprimidas,
ignoradas. Que se vendían como recordatorios para los turistas en Cartagena. Con el correr de
los años, creo haber identificado el destino de las cajas. No se porque se me asemejan a
Bazurto, a la periferia de la ciudad. En ese drama de ser la otra cara. Aquella que se
desenvuelve en la marginalidad absoluta. Dueña sólo de su miseria.
Carmen María Arregoces, madre de Daniel, fue la segunda amante de Estanislao Verdún, su
padre. Daniel siempre fue cercano al concepto aquel que define al varón como ejemplo a seguir,
como autoridad que hay que reconocer, por encima de la autoridad de la madre. Tal vez por
eso, Daniel creció en un maremágnum conceptual. De un lado la figura paterna de Estanislao
remarcando a diario acerca de la necesidad de construir un gran varón, a como diera lugar. De
otro, la imagen lejana de su madre, otorgadora de sensibilidad y de ternura. Por esto Daniel es
un híbrido. Navegando entre la sensibilidad de Carmen María y la pragmática e indolente
política del padre. Es mi contrario. Yo he amado y poseído a mi madre. El ama al padre,
entendido como vertiente de masculinidad, de fortaleza y de capacidad. Su lejanía, con
respecto a la madre, ha sido absoluta. Hasta el punto que Carmen María no reconoce en él
ningún agregado suyo.
El día en que Juan Carlos Urrutia llegó a nuestra casa; yo cumplía 15 años. Un hombre gris. Un
tanto como Teseo suplantado. Con un fuerte olor a mar. Clásico, sin aristas centrípetas. Venía
de Asia. Entendí, en un comienzo, que procedía de Pakistán. Había recorrido más de medio
planeta, buscando tranquilidad. Así, conoció a mi madre. Yo estaba en ella, pero a cinco lustros
de emerger como sujeto independiente. Aprendí a conocer y distinguir sus olores. Mi madre,
con apenas 15 años, tenía la costumbre de desear la aventura. Como si en ella estuviera el
placer de vivir la vida. Un día cualquiera, Urrutia la avasalló. Yo percibí, como en el caso de
Peñuela, un desahogo. La vi., otra vez, sucumbir ante la fortaleza del falo. Lo que no entendí en
ese entonces, ni ahora, es el porqué de su insistencia en ser recorrida, paso a paso. Su
exigencia era esa. Distinta a la posesión de Santiago. Creo que m i madre odiaba la tosquedad,
que le importaba la capacidad para la imaginación erótica. Creo que ella, siempre buscó un
equilibrio entre el placer físico, así fuera violento, y la ternura. Mi padre no poseía ni uno ni otra.
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Cuando bajé al primer piso, por orden de Sinisterra, me encontré con un arrume de cajas
inmenso. El problema no estaba tanto en subirlas; como en identificarlas y darles un sitio
dependiendo de esa identificación. Mi hice acompañar de Jerónimo, un chico más tímido que yo.
Con el trabajo unificado, logramos avanzar en la identificación étnica. Lo de Somalia era una
especie de logotipo común. Lo verdadero tenía que ver con la guía interna. La autorización para
importar somalíes, congoleños, nigerianos, sudafricanos, entre otras.
Al terminar la selección, elaboramos un informe sucinto. Un inventario de voces y
comportamientos étnicos que, después serían utilizados como prototipo de sociedades en
perspectiva de consolidar. Una figura parecida a la torre excretora de culturas y de lenguas.
Sinisterra no se inmutó. Para él, daba lo mismo una que otra. Su retraso cultural, humanístico
era tal, que podía confundir un dialecto originario de la India, con uno originado en Senegal. Lo
suyo no era, en absoluto, la cotejación lingüística. Lo suyo, era la lascivia, la aproximación a las
mujeres, soñar con ellas sometidas a su falo, a sus burdas caricias. Susana estaba en su mira.
Otra vez sábado. 9:40 a.m. A no ser por mis fantasiosas expresiones, hubiera creído que era
otro día. Diferente. Tráfico pesado,
en este territorio. Desde Calígula hasta Epitecto. Sus horizontes son los mismos: ¡la nada¡
Everardo y Patricia, camino abajo. Como si la vida se erigiera en referente de Centauros y
Lapitas. Un orgasmo fugaz. Un ovillo como el de Teseo. Una búsqueda perenne.
Todo está, más o menos, definido. No se porqué, aún ahora, recuerdo lo mucho que he amado
ese tipo de acciones. Ensayar y competir con lo que no ha sido mío. Mi ―ética de lo posible‖.
Desde Uribe Uribe, hasta Samper. Un sesgo en las verdades. Un acumulado de sensaciones que
remiten a que el tiempo, para nosotros, se ha detenido.
Desde Gaitán, hasta Galán. Un nudo gordiano. La ecuación asimétrica. La fuerza de la gravedad
invertida. Lo de abajo, arriba. Lo de arriba, abajo.
De todas maneras Sinisterra ha asumido destrezas:…hubo, una vez, un hombre valiente. Sin
ataduras. Sin tristezas. Macho de pocas palabras…para qué palabras. Se decía, a si mismo. Era
tanto como pedirle cuentas al viento, siendo llama eterna. Sus argucias eran conocidas por
todos. Desde el mar hasta la sierra. Siendo, aquí, mar una dualidad y sierra, asentamientos
equívocos, pero dominantes. Tanto lo uno como lo otro. En esto, Sinisterra se parece a
Santiago, mi padre. Fundamentalmente en sus actitudes malvadas, a la hora de relacionarse
con las m mujeres.
La muerte es objeto de controversia, a partir de reivindicar la verdad de los detractores, con
ejercicios cíclicos; calculados vía distribución de Gauss, como probabilidad que ejerce, como
favor otorgado en una réplica perversa de los Cangaceiros.
Jueves 31: Otra vez la versión de que el territorio de lo sublime no existe. Es efímero.
Entre tierno y vandálico. Voz a voz, conocí el dolor de la madre de mi madre. En esto Raquel
España es experta. En transmitir verdades y mentiras. Es ella quien define, comunica, acerca de
objetos, personas y principios.
Sigo añorando la verdad. Trato de no confundir el tiempo, ni los espacios. Sigue siendo mi
―ética de lo posible‖. Me veo actuar como Aquiles y como Sísifo. Es mi mensaje. En este tiempo,
percibo lo troyano, como acercamiento a la vida, desde la muerte.
El asunto es que regresé de mi viaje al pasado. Sentí como si hubiese asumido un itinerario
cargado de vicisitudes. No más, al partir, enfrenté el dilema asociado a la significación que
adquiere la ilusión, Susana. Cuando se pretende recuperar la memoria con respecto a los
hechos idos. Mi madre y Santiago. Silvia y Burbano. Aquellos que según la ortodoxia inherente
a la lógica, no pueden ser recuperados; a no ser que se descifre el código vinculado a la
libertad para trasgredir las consecuencias de la relación, espacio tiempo.
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Sin embargo, a pesar de mi capacidad para percibir y concretar el sentido que tiene la
asociación de conceptos, había sido vulnerada mi vida, desde la época de mi primer encuentro
con mi madre. En ese lejano día en que ella no había nacido aún. Y que yo ya estaba ahí,
esperándola. Hasta el día en que conocí a Santiago, violando el sexo de mi madre. Agrediéndola.
Ahora recuerdo que siempre he estado atado a un condicionante en el cual la vida es
reinventada, como lo es la realidad. Un devenir constante. Hechos y acciones sin nexo con la
certeza. Nunca he podido entender la dinámica concreta, del ser y haber sido. Esto supone la
existencia de un requisito básico: reconocerse a si mismo. De no ser así, los entornos y las
vivencias, no son otra cosa que representaciones autos construidos, a partir del hilo conductor
invisible que soporta el tránsito de un lugar a otro, sin horizonte. Esto es lo mismo que la
ausencia de identidad.
De todas maneras, mi viaje al pasado estuvo precedido por aquel momento en el cual conocí a
Susana. Aunque recuerdo donde, es como si no conociera el sitio. Por lo tanto nunca he podido
discernir acerca de los límites entre la interacción con mi yo y el contacto con los personajes
que he ido creando. En un ejercicio de iteración, en el cual cada personaje me propone una
interpretación de los referentes y de los conceptos. Siendo así, entonces, amar, odiar, vulnerar,
ser vulnerado, y vivir, siguen siendo para mí fantasmas que me acechan, como simples
agregados, sumatorias inconcientes.
Lo cierto es que, Susana ha adquirido forma. Según los códigos biológicos. He deseado palpar
su vientre. Sería una estrategia para recorrerla. Pero no en la misma forma que lo hizo mi padre
con mi mujer-madre. He sentido la necesidad de penetrar esa zona estrecha y punzante,
mimetizada en sedosos vellos y que ella llegue al éxtasis, y oírla susurrar metáforas. Susurros y
metáforas que no escuché a mi madre, cuando Santiago la avasallaba a la fuerza.
Sentirme invadido e invasor. Navegar en ese mar corporal inmenso, tierno, insinuante.
Imaginando la cúpula de templos oscuros; como territorios ofertantes de ilusiones y creencias,
para todos los seres como yo. Ávidos de espacios para la alucinación; necesitado de significados
para la vida.
Al regresar de ese viaje, me encontré con el sábado siguiente. Absolutamente solo. Como al
principio de mi periplo por los lugares en que esperé a mi madre…buscando, de manera
constante, equilibrios a bordo de mi itinerario. Con la certeza de mi desencuentro
Hilvanar acontecimientos, es una prueba soportada en la lógica. El hecho de conocer el oficio
de la autoridad, de la cual Sinisterra es intermediario. Supone, asimismo, distanciamiento en
relación con mi rol inmediato. Susana no es así. Ella ejerce su labor, como sintiendo una
felicidad absoluta. Una abstracción que no le permite ver a las etnias comercializadas. Mucho
menos, las consecuencias de ese comercio. Tal vez por esto está más cercana a Sinisterra que
a mí. Lo de ella es una complicidad matizada por el exceso de egolatría. Porque, ella, es su
cuerpo. Una transversalidad, en la cual no importa sino la capacidad para cautivar. Ya lo he
dicho. Ya lo he insinuado. Su anarquía conceptual y práctica es el camino para no
comprometerse en disquisiciones.
Ese día, en que conocí a su hermana, Susana vestía un gris liviano. Casi todas las cosas tocadas
por ella, tienen la misma connotación. De su blanco o negro discursivo, desprendía un quehacer
exterior, en donde no existe lugar para la controversia. Siempre se ha comprometido en
acciones de radicalidad, sin que medie ninguna discusión. La más visible, sin duda, es su
ímpetu al momento de descifrar los códigos sexuales. Sin necesidad de preguntar, ni de
reflexionar, convoca a quienes la observamos, a una excitación casi alucinada.
El padre de Susana ha transitado por varios países. Un aventurero absoluto. Conoció a Batista
en su breve paso por Cuba. Se convirtió en su asesor e interprete de ideas y convicciones. Por
esto, no es de extrañar su versión en torno a Martí. Lo llamó pigmeo intelectual. Aduciendo que
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la única expresión posible es el control del poder; independientemente de sus consecuencias.
Ha heredado de su padre, el talante de corsario perverso. A sus veinticinco años, originó una
disputa por el poder en Guatemala. Propuso convertir a Miguel Ángel Asturias en reo continuo,
traidor a la patria. Por esto, tal vez, Susana avaló la invasión de la Empajada de España, por
parte de los gendarmes. Aún hoy, Susana insiste en que, a veces, es necesario extirpar de raíz,
aquello que puede derivar en un cuestionamiento a la legitimidad del poder, no importa a que
intereses sirve. Es de la idea de que todo poder es legítimo, en la medida en que satisfaga las
necesidades de quien o quienes lo detenten. En esto se parece al ciudadano A.
Hasta cierto punto, la opción nietzscheana y wagneriana, asumida por Hitler, ha sido lo mejor
que pudo haber pasado para la humanidad. Porque los arios deben conducir al mundo. No
importando los campos de concentración y el genocidio. En esto, Susana, propone una
interpretación en la cual Mussolini y Franco son hijos bastardos del antisemitismo y de la
perspectiva de los arios.
Es un ser extraño, Susana. Heredera de unas convicciones estereotipadas del poder. Por eso lo
ejerce de esa manera. Su convocatoria perenne es a la cautivación, a partir de su sexo. Lo
cierto es que no hay ni habrá ninguno como el suyo. Con solo mirarla, fluyen imaginarios
heréticos. Sueños en que se prolongan, de manera infinita, el deseo por poseerla. Sueños que
esclavizan. Es una sujeta aria. Lucha de manera tenaz por lograr los propósitos de extensión del
dominio de lo sexual, por encima de principios. Es una doctrina sacralizada.
Precisamente, el primero de enero de 1959, el padre de Susana, huyó de la Habana. Estuvo
viajando por todo el Caribe. Desde Haití, en donde se entrevistó con Duvalier, hasta Nicaragua,
en la que compartió con Somoza, en Managua. Aprendió, también, de su padre, el don de la
adulación.
Transcurría mi aniversario 14. Mi madre, se enamoró de Alejandro Verdaguer. Un ciudadano
Uruguayo, anodino. Lo único que lo destacaba era haber sido mercenario en Paraguay, en
época de Alfredo Stroessner. Entre otras cosas, se distinguió por su capacidad de servicio como
auriga del dictador. Al momento de conocerlo, tenía 42 años. Desde el comienzo yo le hice
saber, con mi mirada, que era un varón celoso. Y que mi madre era mía y no de él.
Sin embargo, se cuenta de él, que había estado 40 años tratando de establecer, con alguna
exactitud, el número real de puntos brillantes a espacio abierto. El problema no residía en la
condición de abajo o arriba, en eso de mirarlos para contar.
Aún hoy, no se ha podido descifrar su pasión por este oficio. En una aproximación, hace tres
años, le hizo a su madre el siguiente comentario: en uno de mis sueños, cuatro años atrás,
Prometeo habló conmigo. Un mensaje claro. Tanto como dibujar en palabras unos ojos
inmensos instalados en la cara oculta de la luna. La posibilidad de contemplar la belleza
azabache de los mismos, tiene como prerrequisito el recorrido por ese inmenso vacío azul, que
es tal, en razón a la refracción de luz solar en la línea de protección adyacente a la Tierra. Su
color negro, emerge a partir de la pérdida de luminosidad. Algo así como quiera que es
condición indispensable para que confluyan estos momentos la validación de la posibilidad de
identificar el brillo desde Uruguay.
Prometeo me advirtió, eso sí, que debía descontar de la suma adquirida, los planetas atrapados
por el Sol, con su imantación. De todas maneras, el resultado final no podía ser igual al
obtenido en una operación divisoria de 0 sobre 0.
Cuentan que, Federica Maidana, novia perenne de Alejandro, ese mismo día de marzo en que
Prometeo hizo la revelación; adjuntó una observación, así: la única posibilidad de descanso, en
el interregno de la tarea impuesta, tiene relación con los noventa minutos en que Peñarol y
Nacional, diriman superioridad y que coincidan con el primer eclipse entre 2025 y 2034,
sumados a los que Talleres de Córdoba ( en la vecina Argentina), asuma con el Nantes francés,
al día siguiente de esta interacción Sol y Luna.
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También cuentan que, en octubre 31, en 2035, Francesca Gavilán, madre paraguaya de
Federica, insinuó que su hija y su yerno escamotearon la celebración, a raíz de sus expresiones
visionarias enfermizas. Mirando hacia arriba (desde Paraguay y Uruguay), contando puntos
luminosos.
Se dice que, el Prometeo de Alejandro, el mismo que reveló el secreto aprendido de Zeus, en
su encadenamiento infinito y en su dolor visceral, originado en el asedio continuo del ave
enviada por el Padre, transfirió al pueblo paraguayo, parte de su castigo. Y que, por esto, se
justificaba la vigencia de los generales, liderados por Stroessner
Un día, en septiembre, tuve que atender un requisitorio del colegio. Un viaje de reconocimiento
de los coleópteros, concretamente, de su reproducción en libertad, en la Macarena. Alejandro
Verdaguer, ofreció a mi madre la posibilidad de viajar a Montevideo. Ante las dudas de ella, en
términos de que yo quedaba en situación de soledad; él le planteó ¡o soy yo; o es él.¡
Obviamente mi madre accedió a su petición. Entre otras razones, porque mi madre me
consideraba un sujeto amargado. Al cual lo persigue la sombra de Santiago, como fantasma
violador. Ya, desde mi encuentro con ella, antes de nacer, me consideraba un advenedizo.
Como suplicante. Como individuo que reclama para sí, el trofeo vinculado a palpar su orgasmo.
El cual, a decir verdad, no ha tenido, de manera plena, en abundancia.
En Montevideo, Rosa (ese es el nombre de mi madre), estuvo escoltando a Verdaguer. Ese es
el nombre de su oficio. Algo así como llamarla amante vergonzante. Así, estuvo tres años.
Cuando ella regresó, yo estaba con Silvia; quien me había brindado apoyo, para matizar su
soledad y la mía. Ya no era lo mismo. A decir verdad, yo la odiaba. Un odio que se transformó
de latente a real; a partir de su preferencia por su amante.
Nos contó de sus aventuras; de su búsqueda de amor, al lado de quien ya, antes que a ella,
tenía una amante de nombre Federica. Ella era, para Verdaguer, un objeto de consumo rápido.
Su verdadera ilusión, estaba del lado de Federica. Mujer casi mágica, en lo que la magia tiene
de posibilidad para construir sueños patéticos. Tanto así que, que se le endilga el hecho de
haber producido la pócima que utilizaron Stroessner, en Paraguay, J.C. Galtieri en Argentina y
Humberto Castelo Branco en Brasil, cuando este derrocó a Joao Goulart.
La madre de Juliana, había llegado desde Méjico. Conoció a Ernesto Gardeazabal, se enamoró
de él. El matrimonio fue un tanto acelerado, a raíz de su preñez. Los Gardeazabal, tenían un
universo de anécdotas que los hacía célebres. Tal vez la más cautivante, se relaciona con haber
establecido una singular amistad con el Sol. Se decía que se les había anunciado de un viaje
alrededor del mismo, casi en sus fronteras. Toda la familia se preparó para el evento. Hasta
compraron trajes en asbesto, para cualquier eventualidad.
…Su desilusión surgió, a raíz de un pequeño detalle. Quien les había prometido que los llevaría
a las cercanías de Sol, hizo la aclaración, en el sentido de que para él, Sol era el nombre de un
caño adyacente a un lugar desconocido en la provincia de Córdoba en Argentina. Inclusive, se
dice que, aún así, el viaje no era posible, ya que la invitación fue producto de una secuela a raíz
de una noche de insomnio de Ricardo Valbuena; hombre perdulario que se pasaba los días y las
noches, horadando el espacio, con su vara de pescar. Inclusive, intentó tumbar una estrella con
esa misma vara.
Transcurridos seis meses, después del matrimonio, nació Juliana. Desde su temprana infancia,
alucinó de manera continua. Cada evento alucinante estuvo relacionado con su posición como
oferente. Su destinatario fue siempre Valbuena; al que conoció, cuando ella estaba aún en
vientre de Mariana, su madre. Un hecho bastante incómodo. Porque inducía a pensar que ese
perdulario, la visitaba en ausencia de Ernesto. Juliana, siempre mantuvo la sensación de haber
visto a Valbuena, al lado de Mariana, sobre ella, aturdiéndola con sus groseros susurros de
amante saciado.
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Nunca trató de hablar con su padre al respecto. Mantuvo esa alucinación en secreto. Habiendo
crecido, ya como graduada en pedagogía aplicada, supo de mis desvaríos, como subyugado por
mi madre, aún antes de que ella naciera. Siendo así, me convocaba a que le relatara mí
recorrido por esos caminos, a veces áridos, otras veces pletóricos de pasión por ella. Una
pasión inconfesada, hasta ese instante.
Con sus pretensiones de mujer en capacidad de analizar cualquier acción humana y proponer
alternativas; me hablaba. En una perorata inacabada. Yo la escuchaba, no con interés en lo que
decía. Más bien, por saberme cerca de su cuerpo insinuante, perfecto. En esto competía, sin
saberlo, con Susana. Las dos, mujeres perfectas. La una (Susana), conciente de su poder
sexual; Juliana, conciente de su capacidad para arropar con su cuerpo, al hombre que llegara a
amarla, con la convicción de alcanzar el equilibrio entre sexo y un rol activo, intelectual, en
capacidad para transformar el mundo.
Al despedirme de Juliana, volví a casa. Me sentía todavía obnubilado. Como sujeto que aspira a
ser amado por una diosa que transfiere pasión en cada uno de sus movimientos…hasta que
quedaba dormido, abrazando la almohada que le había robado a mi madre; que todavía
conserva su olor a mujer. Ese olor que no termina, inconfundible. Porque es el olor a mujer en
sublime celo. Yo amaba esa almohada, la rescaté antes de que Verdaguer le impregnara ese
olor amargo y nefando que poseía y al que he odiado.
Cuando Francesca Gavilán, conoció a Susana, esta estaba tratando descifrar cierta lectura
asociada con el caso del Prometeo Verdagueriano. Había conocido la leyenda, un día en que,
estando al lado de su máquina podadora de etnias y al lado de Sinisterra, recibió una llamada
de su padre. Andaba por Paraguay, buscando asilo perenne. No tanto asilo físico, lo de el era
una constante sensación de estar perdido espiritualmente. Susana le dijo, padre, no recuerdo el
camino, pero me ingeniaré la manera de llegar. Nos vemos en Asunción. No te preocupes por
mí, tengo la posibilidad de algún dinero. En este negocio, la empresa tiene perspectivas
halagadoras. La etnias son como corolarios a lo cuales se arriba, simplemente fingiendo
preocupación por lo ancestral. Tanto es así que hemos negociado con los norteños, una
transferencia cultural, incluida la patente. Ante todo, con las posibilidades que otorga el
Amazonas. Desde Brasil, hasta Perú.
Mientras hablaba con Atanasio, Sinisterra deslizaba sus manos por las piernas de Susana. Ya no
resistía. Habían encontrado los conceptos comunes. Una y otro, se sabían poseedores de un
extraño poder. Un magnetismo viciado que atraía. Habían progresado, ya conocían de los
huitotos; de su religión, de sus mitos, de sus sueños. Desatando las cajas que contenían los
acumulados históricos de las etnias, habían encontrado un escrito: ―Hablando así, buscó en la
casa, en las ollas, debajo de los tiestos. Pero no había. Por esa razón Uikiegi desató una
tempestad desde los confines del mundo. La tempestad sacudía la casa. Mientras ellos
buscaban en los zarzos, el viento sacudía la casa y levantaba las crisnejas. Entonces vieron a
Magieza; la vieron muy claramente allí donde el viento había levantado las crisnejas, estaba
acostada en una hamaca en lo alto de la casa.
Oye, madre, dijiste que tú misma habías cogido los frutos de achiote. ¿Quién es la que está allí
arriba? ¿Por qué ocultaste a la famosa Magieza? Ella cogió el ramillete de achiote. ¡Ve a traerla!
¡Bájala para devorarla, ya que cogió el ramillete de achiote!. Timada ¡bájala para devorarla! –
Dijo Uikiegi y el jaguar Timada fue por una viga, sacó a Magieza de la hamaca y la lanzó
abajo...‖
Este y otros textos llegaron desde Manaos, fueron robados. Los exhibieron como trofeo, se
quedaron con ellos y los subastaron de manera subrepticia. Eran fruto de la investigación
realizada por Konrad Theodor Preuss. Tal vez, el más valioso dice: ―...al llegar a la superficie de
la tierra, saliendo del hueco del que vinimos nosotros, se topó con Gaimi quien venía por entre
los árboles iguyina, que estaban al borde de ese hueco. Jidiroma disparó contra Gaimi porque
era bonito, pero no dio en el blanco. Gaimi se había transformado en una gota de rocío y
dormía. Colgaba en forma de mico churuco y dormía...‖
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Susana acordó con Atanasio, verse en las afueras de Asunción, en casa de Francesca Gavilán,
un día después de haber sido preñada por Sinisterra.
Al despertar, ese sábado de abril, encontré a Susana a mi lado…solo entonces comprendí que
había soñado cosas muy extrañas. Antes de despertar había visto a Susana ondeando una
bandera teñida en la sangre de su primogénito, el hijo de Sinisterra.
Me quedó la sensación amarga a que conduce toda dicotomía. Lo mío era algo así como un
perfil esquizofrénico, que se adhiere al espíritu. Que te acompaña
He estado deambulando todo el tiempo. Desde que me he negado a reconocer
y aceptar la realidad; no percibo señales de vida. Algo así me había sucedido antes. Por
ejemplo, en mi infancia, los sueños desbordaban mi entorno. Era algo así como un sujeto
inmóvil. Inmerso en situaciones determinadas por un imaginario perturbado. Tanto así que, a
cada momento, ejercía como referente. Ese que, cuando requería de espacio para asumir la
vida; de motivaciones ancladas en la felicidad, no tan distante o efímera. Me zambullía en un
mar de nostalgias absolutas. Creo que estuvo conmigo desde el vientre.
Lo cierto es que, hoy, no veo diferencia. Esos sueños amarrados a escenarios difusos,
permeados por una sensación de contra ternura; se han reiterado en el tiempo. Es un
desasosiego innato. Sigo sin percibir la realidad como momento válido para desplegar mi vida.
Es una saturación de expresiones inocuas. Al menos eso creo. Porque vivir la vida no es
simplemente asumir como sujeto con movimiento. Supongo que es algo más trascendente.
Como, por ejemplo, amar y sentirse amado. Lo mío es una postura ecléctica. Es un ejercicio, en
el cual se asfixia la lucidez. En el cual no existen ni recuerdos, ni horizontes de esperanza.
En mí, la esperanza, está hecha de una lucha constante. Contra la lógica que soporta al
quehacer diario. Es un abismo. Una sima sin refugios ni momentáneos, ni duraderos. Es decir,
una existencia estática. Sin la ilusión como fundamento primero de la imaginación válida,
oferente de acciones no saturadas de angustias. Ni de desequilibrios tan continuos.
La realidad, entonces, me conmueve. De tal manera que, a cada paso, navego sin brújula. En
donde la rosa de los vientos no señala ninguna opción, distinta a iniciativas recortadas. Como
esas en las que me veo restringiendo tu cuerpo y tu vida, al mínimo posible. Como aspirando a
andar sin ti. A sentir una innovación diferente al ejercicio de sujeto sin ilusiones
No se porque, al regresar de cada sueño, percibo la reiteración de mi infancia. Porque, cada
sueño, era y es, ahora, una continuidad áspera, árida. Tal vez sea, porque nunca he tenido
verdaderas certezas. Con respecto a la vida. Incluida tú; desde el momento en que te conocí;
ejerciendo como imantación discontinua, dicotómica. Como bifurcación fría. Como caminos
recorridos y por recorrer. Tal vez sea porque no he tenido la sensación de libertad, distinta a la
libertad de la cometa, dirigida, atada a tus manos. Muchas veces invisibles. Otras veces con la
visibilidad agrietada; más hostil que esos recuerdos, en los cuales aparezco como sujeto atávico.
…Será porque nunca he sentido tu cuerpo y tu ser completo, convocándome a ser feliz, sin
restricciones; sin sentime consecuencia esquizofrénica. Sin tocar la irrealidad como lastre. Todo
esto le expresé a Susana, mientras ella dormía.
Ese mismo día asumí el reto de no volver a alucinar. Porque me estaba convirtiendo en esclavo
de mi pasado. Salí del cuarto, necesitaba respirar un aire diferente. Sin las convulsiones
inherentes a esos momentos enfermizos. Estuve en todos los lugares que había conocido.
Tratando de modificar el futuro que hoy me acompaña. Como si quisiera mover al menos unos
elementos que permitieran una continuidad en el tiempo, diferente. Sin ese acoso hacia mi
madre, sin Santiago, sin Verdaguer, sin los exorcismos de Juliana, sin las erosiones sistemáticas
que me sitúan al borde del abismo. Ese abismo parecido al hueco de los huitotos.
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Al terminar el día, me encontré con Daniel. No se porqué me alegró verlo; a pesar de mis
profundas contradicciones con él. Con su manera de ver y vivir la vida. Tal vez fue porque, al
encontrarlo, me había sumergido en la soledad. Verlo, entonces, suponía que alguien más que
yo existía en el mundo.
Daniel, como siempre, me indagó acerca de todo. Como tratando de localizar mi yo, en sus
preguntas y en mis respuestas. Un tipo de indagación, como variante perversa de las
indagaciones de Juliana.
Silvia, me dijo, está en el país del invierno. Acostumbraba, Daniel, utilizar un lenguaje figurado,
achatado, sin imaginación. Eso del país del invierno, traducía la casa de mi madre, con los
rastros de Verdaguer. Un significado del invierno, en el cual emergía, en silencio, de nuevo, mi
pasado. Ese que estuve tratando de modificar, desde el principio, para ubicarme en este
presente de una manera diferente. Al menos en contacto con cuadros alegres, con sitios y con
personas sin ningún asomo de actitudes que duelen y que me convocan permanentemente a
sentirme sujeto sin oficio distinto a cargar con la culpa de haber conocido, amado y poseído a
mi madre aún antes de que ella naciera. Asumiendo, sin quererlo, el perfil de Santiago, de
Verdaguer de…
Corría el mes de enero de un año más de aniversario. Ya había perdido la cuenta. Creo que era
el número treinta. Encontré, después de tanto tiempo, a Martha. Tiene, ella, unos ojos
cansados de mirar lo cotidiano, en gris. Supe que se había separado del lado de Santiago.
Había rodado por ahí, por donde los sitios son, a la vez nuevos y repetidos. Me dijo, he estado
buscándote. Desde que nos separamos he pensado siempre en ti. Sigues siendo, para mí, un
ícono que retrotrae los caminos andados. Te he visto en mis sueños; jugando con las palabras,
como a los acertijos. Siempre te has distinguido por la capacidad para hilvanar los hechos, de
manera tal que estos aparezcan unidos a tus recuerdos, a tus dolores, a tu vida. Una vida que
siempre pretendes explicar, a partir de ese rol tuyo. Incierto, pero tan real como los avatares
de la humanidad. Has sido y sigues siendo digno representante de las angustias que exhibe la
humanidad entera. Sin conocer la razón de ser de la felicidad. Creyendo que esta es sinónimo
de la tristeza al revés y no como un agente autónomo, válido por si mismo.
Al escucharla, recordé lo del sábado aquel, en que salí dispuesto a no alucinar, buscando el
pasado para deshacer este presente y recomponer mi futuro. Sus palabras fueron duras,
laceraban de tal forma que sentí deseos de ahogarla con la almohada de mi madre, la que me
acompañaba todas las noches. O de montarla y cabalgarla, hasta que hubiera derramado hasta
la última gota de mi riqueza líquida, amarillenta, de varón bandido que ha sido desnudado de
sus principios, por aquellas palabras expresadas de manera vehemente. Recuerdo que, algo así,
sentí el día en que mi madre me conminó a no seguir siendo su centinela. Cuando, marchó con
Verdaguer. Esa noche, en sueños, la cabalgué, la horadé, hasta que me deshice de ese
acumulado de nostalgias, por la vía que siempre lo he hecho, por la vía edípica, en su versión
más cruel.
Después de despedir a Martha, dormí en profundo. Volví a ver a Susana, a Atanasio, a
Sinisterra; como máquinas depredadoras de las etnias. Volví a escuchar las palabras de los
mitos huitotos. Esta vez, estaba en un sitio cercano a la antigua Biafra. Una localización
ambigua. Porque, al mismo tiempo, veía los paisajes abrumados de Inglaterra, de Italia, de
Portugal. Un ir y venir tatuado. Con los negros, niños, niñas, mujeres, hombres, clamando por
su libertad. Demandando justicia ante el arrasamiento racial. Vi a Lumumba, en el antiguo
Congo; vi. a Idi Amín, recorriendo desiertos a lomo de su pueblo. Vi. a los Nazis, otra vez, a la
ofensiva, matando a todo que no fuera ario. En esta parte del sueño, recordé las posturas de
Susana y de Atanasio. Vi a los reyes Fernando de Aragón e Isabel de Castilla reconquistando a
Granada, subyugando a judíos y a musulmanes, aniquilando sus culturas, sus religiones, hasta
lograr un equilibrio cultural, bajo su hegemonía. Vi a Colón y a sus piratas, entrando a América,
avasallando, aniquilando. Recordé mi lectura de Las Venas Abiertas.
14
Desperté, como casi siempre, desmoronado, lleno de estigmas, como las de los enfermizos
visionarios católicos. No pude levantarme. Deseaba no hacerlo, quería morir ahí, en ese silencio
cómplice.
Al no morir ese día, continué mi rutina. Estuve en la empresa, hablé con Susana, profundicé mi
odio hacia Sinisterra. Este estaba vociferando. Increpaba a los empleados y a las empleadas.
Palabras sueltas, incoherentes, pero de una dureza grosera. Como todo lo que se relacionaba
con su ser y con sus actuaciones.
Invité a Susana a almorzar. A decir verdad, nunca lo había hecho. Nos dirigimos al ―sinrazón‖,
un restaurante cercano a la empresa. Se distinguía por sus menús extraños. Un poco como la
cocina de nuestro pacífico. Pero saturada de pimienta y ají. Una sazón parecida a la de los
mejicanos. Pedimos, según la carta, lo del día.
Lo nuestro seguía igual. Mientras comíamos, nos mirábamos, como seres adportas de deshacer
lo andado. Tantos vericuetos; tantos laberintos. Nos transmitíamos ausencia de vida real.
Proponíamos interpretaciones que nos alejaran de nosotros mismos. Ella veía en mí, un sujeto
acabado, sin energía, sin compromiso consigo mismo. Yo veía en ella, el cuerpo absoluto, tanto
como el de Juliana. No veía en ella sino su imagen desnuda. Con su triángulo pélvico, con sus
pezones erectos, con sus piernas que terminaban en ese lugar de inacabada oferta de placer
para ser saciado; una propuesta perenne, para mí y para cualquiera que deseara amarla.
Dejamos la mesa y despedimos ese encuentro. Ella, creo yo, con la convicción de que yo no era
otra cosa que una sumatoria de tristezas. Un hombre lleno de nostalgias. Sin más presente que
la interdicción con respecto a la vida. Yo, con la sensación de haber perdido la posibilidad de
atraerla, de motivarla. Porque, en mi opinión, el amor es eso, una lucha constante por convocar
imágenes y acciones lúdicas y una pasión que bordea todos los lugares cercanos y lejanos. Al
lado de quien amamos. Yendo al pasado, convirtiéndolo en presagio de un presente sin
erosiones espirituales. Y un futuro, a partir de ahí, soportado en esos momentos, en los cuales
la ilusión se transforma en posibilidad de ser felices. Una felicidad no saturada de repeticiones.
Más bien, creando imágenes y lugares siempre nuevos. Siempre autónomos. Sin permitir que el
entorno, como inmediata exterioridad dominada por las voces, nuestras voces, secretas y
abiertas, nos absorba como inmediatez inocua. Convocando al mundo a que nos mire y sienta
esa felicidad con nosotros.
Juliana estaba sentada, analizando los reportes escolares. El trabajo, para ella, es un reto
constante. Lo asume, no como rutina. No es lineal. Cada hecho y cada acción suyos,
constituyen un universo de sensaciones siempre nuevas. Lo pedagógico asumido como
motivación a investigar y a construir. No como inexpresivas admoniciones académicas formales.
La escuela, como escenario para ofrecer nuevas interpretaciones; para ejercer una relación de
continua interacción. Yo veía en ella, a pesar de lo hablado ese día en que cuestioné sus
métodos, un referente siempre válido. No solo por su cuerpo; sino con agregados expansivos,
con un crecimiento exponencial. Algo así como entender su condición de mujer oferente,
libertaria
Le hablé. No con palabras prefabricadas. Porque, la vi. Inmersa en su tarea. Y no se porqué, la
compare con Susana. En ese tipo de comparación que pretende ser motivación para deshacer
una relación y comenzar otra, diferente, nueva. Ya antes me había pasado, cuando observaba a
mi madre. Cuando la veía en mis alucinaciones. La veía en esa interpretación de lo real, como
multiplicación de opciones. A veces como guerrera situada en territorios dominados y
avasallados. Guerrera enérgica, incendiando su entorno con gritos de libertad. Otras veces,
como mujer asfixiada por los rigores del sometimiento. Otras veces como diosa maravillosa.
Proponiéndole a Sísifo una solución al ejercicio continuo, en cumplimiento de su castigo.
Mis palabras, produjeron un efecto no preciso. Juliana respondió con frases asimiladas a una
sensación de fatiga. Un tanto híbrida. Como queriendo expresar satisfacción por verme. Pero, al
mismo tiempo, como tratando de enfatizar acerca de la molestia por verse interrumpida.
15
Hablamos poco. Se decidió a proponerme asistir con ella a una conferencia acerca de ―El
proceso‖ de J. Kafka. Concretamente a una conferencia ofrecida en el auditorio del colegio de
abogados, y en la cual se abordaría una interpretación jurídica de la obra. Hasta cierto punto
me pareció paradójica la invitación. Porque la entendí como convocatoria para acceder a un
personaje tan complejo como el escritor, justo en el momento en que sentía la necesidad de
atravesar ese límite entre mi patología nostálgica y la tranquilidad, a manera de equilibrio entre
el estar ahí, viviendo y aspirar a la felicidad.
El día de la conferencia, Juliana me llamó por teléfono para recordarme el compromiso
adquirido. Va ser una jornada importadísima, me dijo. Un encuentro con la complejidad que
adquiere la vida, me reiteró.
Nos encontramos a la entrada del auditorio, llevaba un traje completo, de color negro. Un traje
estrecho, que realzaba sus formas. Yo la miré extasiado. Nunca la había visto tan bella y tan
insinuante.
El expositor, un profesor joven y sonriente. Con gestos que transmitían seguridad y convicción
en lo que hacía. Sus actitudes transmitían cierta sensación de compromiso. vi., en él, una
réplica creativa de Juliana.
Antes de empezar su intervención, nos obsequió una copia escrita del contenido. Juliana y yo
nos sentamos juntos. Le tomé la mano, como queriendo que me transmitiera ese interés que
reflejaba en sus ojos. Pero, al mismo tiempo, esperanza. Así habló el profesor Pedro Arenas.
Interpretación jurídica del proceso de Joseph K.
―El hombre no puede vivir sin una confianza duradera de algo indestructible en sí; si bien
pueden quedarle permanentemente ocultos, tanto lo indestructible, como la confianza.
Otra de las posibilidades de manifestación de este permanecer oculto, es la fe en un dios
personal‖1
1. A manera de marco conceptual.
Considero necesario proponer una línea de interpretación. En términos de la teoría acerca de lo
jurídico. Particularmente en lo que hace referencia a su soporte conceptual. En razón de la
complejidad inherente al texto escrito por Franz Kafka. Ahí, se presentan diversos aspectos
relacionados con la condición humana. Un escenario en donde confluyen su situación personal,
como quiera que la obra la empezó a escribir en 1914, en momentos en los cuales se cernía
sobre Europa la posibilidad efectiva de la Primera Guerra Mundial.
Pero, también, en razón a su formación jurídica. Ya, en 1906 se había doctorado en derecho.
Asimismo, su compleja personalidad, remite a auscultar el sentido que adquieren sus escritos.
Ahora bien, como quiera que este escrito se sitúa en la opción de aislar de la totalidad de la
obra, su aspecto vinculado con la teoría jurídica; es apenas obvio un grado de dificultad. Por lo
mismo que lo kafkiano, se entiende como una construcción literaria que refleja lo humano, no
1
F. Kafka, citado por profesor Manuel Ángel Vázquez Medel, Seminario Tendencias y métodos del
compatismo literario (El proceso de Kafka como crítica de la modernidad. Tomado de página web
16
como simple sumatoria de opciones de vida, sino que esas opciones de vida se reflejan de
manera tal que adquieren un perfil, a veces absurdo. Pero, de todas maneras, enfatizando
sobre un lenguaje que traduce que puede ser interpretado a partir de las herramientas que
brinda la semiología, en lo que esta tiene de posibilidad para entender mensajes, a partir de un
contenido como el kafkiano.
Por esto mismo, aislar lo jurídico en ―El proceso‖, es tan difícil como aislar lo psíquico en el
contexto de ―La metamorfosis‖. A lo que remito, entonces, es a establecer un punto de
comienzo, a partir del significado que adquiere la teoría del derecho, como derivación de la
noción de poder y de sujeción a unos determinados principios filosóficos.
―…En su Sociología de la religión, Max Weber, expone la estrecha relación que existió en el
antiguo Israel entre el sacerdote y este Dios legislador. En realidad, la fe se ha alimentado de
esta posición del sacerdote como intérprete de la ley.
Con menos frecuencia se ha observado cuán extraordinariamente poderosa ha sido la influencia
de estos conceptos religiosos sobre el concepto occidental del derecho, y en cuán gran medida
siguen conformándolo...‖2
Lo del señor K, convoca a una reflexión de largo aliento. Ya había dicho arriba que toda
interpretación está vinculada con su compleja personalidad. Además, desde una perspectiva
totalizadora, podríamos decir que Kafka, utilizó en ―El Proceso‖, un acumulado de
conocimientos. De análisis acerca del comportamiento humano y de su propio quehacer como
sujeto.
En suma, propongo una expresión teórica y conceptual así. Lo jurídico, constituye un logro
instrumental, en el proceso de desarrollo de la humanidad. Un logro, derivado de la noción de
sociedad. Ya, en los rituales relacionados con el poder; en los cuales se define un tipo de
subyugación del sujeto individual.
La indagación, soportada en un método que involucra a la lógica y a la capacidad de reflexión
teóricas, permite avanzar en la búsqueda de opciones para interpretar aspectos relacionados
con nuestro rol, como humanos, en el contexto de la Historia. Tanto en lo que hace referencia a
los contenidos filosóficos, religiosos y sociales; como también en lo que concierne a la
construcción de referentes que nos sitúen en condiciones de ejercer como sujetos con identidad
y valores.
En los escritos de Hesiodo, aparece un hilo conductor en esta perspectiva. Su Teogonía, a
manera de ejemplo, se erige como un instrumento teórico que expresa la intención de
encontrar explicación a la constante necesidad de la humanidad por trascender; por superar la
soledad y su efecto colateral de angustia, que la recorre individual y colectivamente.
En Justicia, trabajo y días, Hesiodo indaga por el significado que tiene la relación de los
humanos con los dioses, en términos de su que hacer diario. En ese afán y esa exigencia que le
depara su nexo con el mundo inmediato, con la naturaleza, son la subsistencia; que no es otra
cosa que la posibilidad de su prolongación y su permanencia como especie. Al mismo tiempo,
trata de entender el sentido que adquiere la transferencia relativa de poder que efectúan los
dioses. Algo así como la percepción plena de la necesidad que tenemos los humanos de contar
con herramientas que nos permitan desarrollar una vida social, sin perder la individualidad:
Pero, al mismo tiempo, asumiendo como indispensable el requerimiento que subyace a la vida
social. Esto es: la existencia de unos valores que puedan y deban ser aceptados como
indiscutidos al momento de ejercer determinadas acciones vinculadas con ese que hacer
cotidiano que, en fin de cuentas, es el que hace inteligible su presencia en la tierra.
2
C.J., Friedrich, “La filosofía del derecho”. Colección Fondo de Cultura Económica, páginas 21-22
17
En Hesiodo, la intención por explicar y justificar esa transferencia relativa efectuada por los
dioses, adquiere una connotación asociada con la construcción de un entendido de moral. Es
por esto que, sus disquisiciones en torno a esa explicación y justificación, van delineando el
esfuerzo que requiere presentar esa transferencia, como algo que ha sido discutido en los
escenarios de las divinidades. Es tanto como entender que ese tipo de transferencias no es
producto de una decisión exenta de conflictos y de desconfianza. Inclusive, la referencia al
concepto de venganza y castigo en Zeus, es expresado por Hesiodo como inherente a ese
concepto de desconfianza. Veamos esto, en la alusión a la posición de Zeus con respecto a la
humanidad, a partir de la actitud de Prometeo que, aquí, ejerce como sujeto perverso de
intermediación entre los dioses y los humanos.
―…Y es que los dioses mantienen oculto para los hombres el medio de vida, pues de otra manera
fácilmente trabajarías en un día de manera que tuvieras para un año aun estando inactivo; al punto
podrías colocar el gobernalle sobre el humo y cesarían las faenas de los bueyes y de los
infatigables mulos.
Pero Zeus, irritado en su corazón, lo ocultó porque el astuto Prometeo le hizo objeto de burlas.
Por ello maquinó penosos males para los hombres y ocultó el fuego. A su vez, el buen hijo de
Japeto, en hueca férula, lo robó para los hombres al prudente Zeus, pasándole inadvertido a
Zeus, que lanza el rayo.
Estando irritado díjole Zeus, amontonador de nubes: ‗Japetónida, conocedor de los designios de
sobre todas las cosas, te regocijas tras robarme el fuego y engañar mi mente, gran pena habrá
para ti mismo y para los hombres venideros. A éstos, en lugar del fuego, les daré un mal con el
que todos se regocijen en su corazón al acariciar el mal…‖ 3
Y es que, Hesiodo, no cesa en su empeño por armar una estructura conceptual sólida e integral.
Lo asumió como un reto al cual fue convocado por las musas; tal y como lo expresa en su
Teogonía. La integralidad, en él, está vinculada con la certeza que lo acompaña, en el sentido
de obrar como transferidor de las verdades. Como intermediario. Como sujeto que sabe
interpretar el oficio que le ha sido conferido. Esta integralidad permite inferir un contexto único
fundamental; derivado de otros contextos, si se quiere, primarios. Es como una sumatoria.
Como armar un rompecabezas en donde cada pieza debe encajar de manera perfecta, para
poder acceder al contexto fundamental, como estructura.
Entonces, aparece la noción del bien y del mal; de la justicia y del castigo; de la subsistencia y
de los insumos para obtenerla y asumirla.
Este tipo de alusión, efectuada por Hesiodo, en el sentido de que los humanos dependemos de
la voluntad de los dioses y de que somos sujetos condicionados por sus designios; está
presente en otras opciones vinculadas con la necesidad de trascendernos y de encontrar
referentes de moralidad, justicia y de temor ante las circunstancias que nos rodean y que
pueden incitarnos a realizar acciones en contra de la prolongación de la vida, reflejada en los
humanos. Tal es el caso de la opción Cristina Católica, la cual comparto. Para precisar mi
construcción lógico-conceptual relacionada con este texto; cito la palabra de Dios en el Génesis.
―…Vuelto a la mujer le dijo: ‗Multiplicaré los trabajos de tus preñeces. Con todo dolor parirás tus hijos y,
no obstante, tu deseo te arrastrará hacia tu marido, que te dominará ‗.
Al hombre le dijo: ‗Porque has seguido la voz de tu mujer y porque has comido del árbol del que te había
prohibido comer, maldita se la tierra por tu culpa. Con trabajo sacarás de ella tu alimento todo el tiempo
de tu vida. Ella de dará espinas y cardos y comerás la hierba de los campos. Con el sudor de tu frente
comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste tomado, ya que polvo eres y en polvo te
has de convertir…‖4
3
Hesiodo, “Trabajos y días”, páginas 76-77
4
La Santa Biblia, Ediciones Paulinas, diciembre 12 de 1984, Génesis 3, 10; página 12.
18
Las coincidencias en los textos, nos remiten a entender una dinámica interior que convoca a los
humanos a relativizar su presencia y su existencia física en la Tierra. En el caso particular de lo
expuesto por Hesiodo, estas coincidencias conducen a precisar la razón de ser de su indagación,
de su búsqueda. Con las limitaciones y diferencias propias de la diferenciación en las opciones;
es posible establecer nexos, más allá del origen y expresión de esas opciones.
De lo que se trata, en consecuencia, es de precisar en esas coincidencias la tipificación de un
hilo conductor en el camino hacia esa necesidad de trascenderse y de referirse a una divinidad,
por fuera de la existencia física y, a partir de allí, construir un escenario de integralidad que
domine y oriente nuestro comportamiento individual y social.
Conviene, en este contexto, remitir a una expresión de Hesiodo en esta obra analizada.
―…Antes vivían sobre la tierra las tribus de los hombres sin males, sin arduo trabajo y sin dolorosas
enfermedades que dieron destrucción a los hombres que, al punto en la maldad los mortales envejecen.
Pero la mujer, quitando con las manos la gran tapa de la jarra, los esparció y ocasionó penosas
preocupaciones a los hombres. Sola allí permaneció la esperanza, en la infrangible prisión bajo los bordes
de la jarra, y no voló hacia la puerta, pues antes se cerró la tapa de la jarra, por decisión del portador de
la Égida, amontonador de nubes. Y otras infinitas penalidades estaban revoloteando sobre los hombres,
pues llena de males estaba la tierra y lleno el mar; las enfermedades, unas de día, otras de noche, a su
capricho van y vienen llevando males para los mortales en silencio, pues el providente Zeus les quitó la
voz; de esta manera ni siquiera es posible esquivar la voluntad de Zeus...‖5
Queda claro, entonces, en mi opinión, una línea de interpretación que refiere a la angustia que
ha recorrido a la humanidad. Su presencia en la Tierra, ha estado cruzada por vicisitudes
asociadas a su sentimiento de culpa. Culpa originada en la incapacidad de percibir los alcances
de sus acciones en relación con la divinidad. Con un ser supremo que lo trasciende. Pero que,
al mismo tiempo, puede ser su guía en el camino hacia la superación de esa angustia.
Otro de los retos asumidos por Hesiodo, en esta obra, está relacionado con la interpretación de
la diferenciación entre los hombres. Esto, en la perspectiva de entender y construir una opción
para identificar el origen de la diversidad. Aquí, también, se pueden identificar coincidencias; si
se mira desde la visión inherente (en el caso de mi opción religiosa) a lo sucedido a partir de
Babel.
Porque, siendo como es la humanidad heterogénea. Diversa en sus expresiones físicas y, si se
quiere por extensión, en sus motivaciones y opciones cotidianas. Se hace necesario encontrar
una explicación en cuanto al origen de esa diferenciación.
Ya no es la búsqueda, en términos del origen y la explicación que permita trascender y superar
la soledad y la angustia. Ahora se trata de interpretar la dinámica en que transcurre el que
hacer humano; en un escenario que incluye la diversidad. Entender esto supone remitirse al
origen de la misma. Si bien, en la misma perspectiva básica vinculada con el nexo entre los
humanos y el Ser o los seres trascendentes; incluyendo ya la connotación que adquiere la
tipificación de diversidad como diferenciación racial. Y aquí entra a desempeñar un rol especial,
aspectos como si esa diversidad involucra a la existencia de una división entre los seres
humanos. En términos de seres mejor dotados y seres menos dotados.
Veamos lo anterior, en la expresión presentada por Hesiodo en ―Mito de las razas‖, incluido en
el texto que he venido analizando.
―…Si quieres ahora, con todo detalle te contaré otro relato y tú grábate en tu mente, como dioses y
hombres han llegado a ser del mismo origen.
En un primer momento los inmortales que habitaban las moradas olímpicas crearon una raza áurea de
hombres mortales. Estos existían en época de Crono, cuando él reinaba sobre el Cielo, y vivían como
dioses con un corazón si preocupaciones, sin trabajo y miseria, ni siquiera la terrible vejez estaba presente,
5
Hesiodo, obra citada, páginas 79-80.
19
sino que siempre del mismo aspecto en pies y manos se regocijaban en los banquetes lejos de todo mal, y
morían encadenados por un sueño; tenían toda clase de bienes y la tierra de ricas entrañas
espontáneamente producía mucho y abundante fruto; ellos tranquilos y contentos compartían sus trabajos
con muchos deleites.
Después que la tierra sepultó esta raza, ellos, por decisión del gran Zeus, son démones, favorables,
terrenales, guardianes de los hombres mortales. Ellos vigilan las sentencias y las funestas acciones, yendo
y viniendo por todas las partes en la tierra, envueltos en la bruma, dispensadores de riqueza, pues
también obtuvieron ese don real.
…El padre Zeus creó otra tercera raza de hombres mortales, de bronce, en nada semejante a la de plata,
nacida de los fresnos, terrible y vigorosa; a éstos les preocupaban las funestas acciones de Ares y los
actos de violencia; no se alimentaban de pan, pues tenían valeroso corazón de acero. Rudos, de gran
fuerza y terribles manos nacían de sus hombros sobre robustos miembros…‖ 6
Es toda una construcción lineal, pero contradictoria; al menos en términos del sentido que
adquiere el tránsito de cada raza por la Tierra. Es ahí, en mi opinión, en donde reside la fuerza
del relato de Hesiodo, al momento de sustentar su visión de integralidad en el quehacer de la
humanidad y de su relación con los dioses.
Es la explicación de los avatares en que se ha encontrado la humanidad; desde el momento
mismo de su presencia física en la Tierra. En la obra, entonces, Hesiodo, traza un camino
tortuoso. La esperanza está situada en la expectativa de cierta forma de redención o de
reconciliación. Entre la humanidad misma y entre esta con los dioses.
Por lo tanto, Justicia, trabajos y días, constituye una expresión de la ansiedad humana por
alcanzar un punto de estabilidad. Algo parecido a un punto de equilibrio que le permita acceder
a una interpretación plena del sentido de su existencia. Para lograrlo, debe conducirse con
arreglo a determinados cánones o reglamentas. Debe entender que la posibilidad de redimirse
está atada al cumplimiento de roles que incluyen la noción de trabajo como instrumento para
subsistir; del tiempo como expresión de la continuidad de la vida, cifrada en momentos y de
justicia; entendida como la sujeción a principios y valores que otorgan la posibilidad, a su vez,
de construir la ética, la moralidad y la interacción social.
la justicia es la libertad del hombre pero de el ha yacido la maldad de poseer riqueza absoluta
para hacerse poseedores de bienes ajenos que causan vergüenza unida a miseria al igual la
arrogancia a la riqueza. Quisiera hacer pertinente un fragmento de Hesiodo al hablar sobre la
maldad del mundo: ―un hombre, maquinando males para otros, los maquina para si mismo, y
una decisión es malísima para quien la toma ―.7
Al adentrarme en esta definición sobre la maldad que algunos seres han establecido para la
ganancia de sobre salir en busca de sus intereses de proporcionar a manera de envidia por
despreciar, acabar, terminar y abusar nacen de la propia voluntad de querer activar su plan de
rebelarse contra su odio y repudio desahogándolo hacia al otro sin tener justificación de hacer
la maquinación. Esto es lo que sucede entre el conjunto social, cada individuo si desea su
corazón activa lo que al ser siempre ha tendido por su condición natural de maquinar males
para proceder a la venganza. Esto es lo que al mundo agobia a la problemática y al ideal
popularista de hacer mal por mal y no cooperar para la adjudicación lo que al mundo mas mata
es la tiranía de extensión universal los hombres como lo describe Aristóteles es un ser animal
qué actúa en cierta circunstancias no con la razón si no inclinados a los sentimientos anti-éticos
con la estructura de los principios que rigen al hombre . Jesús en una de sus palabras también a
definido al hombre frente al mal que suscita en él: no todo lo que nace del hombre nace de la
boca hacia fuera sino de su interior hacia a fuera‖.
6
Hesiodo, Ibíd., páginas 81-82-83.
7
Hesiodo, Ibíd., Pág. 88
20
2. El debido proceso como reivindicación de derechos
La situación del señor K., desde una perspectiva de los derechos inalienables de un sujeto ante
la justicia; tiene que cotejarse con respecto a un determinado referente. Esto supone la
existencia de un hilo conductor no universal. Porque, en el caso de las construcciones jurídicas
y constitucionales, los códigos y reglamentaciones se erigen como atados a conceptos diversos.
Pero, de todas maneras, la promulgación de los Derechos Humanos, constituye un esfuerzo por
alcanzar una textura universal que debe ser acogida por los diferentes regímenes;
independientemente de las particularidades instrumentales asumidas para ala aplicación de
justicia.
En este caso, mi referente puede ser la Constitución Política que nos rige y las
reglamentaciones subsidiarias, como el Código Penal y el Código de Procedimiento Penal en
nuestro país.
Siendo así, entonces, en comparación con lo establecido en el artículo 29 de nuestra
Constitución, al señor K., se le vulneraron sus derechos, en lo que hace referencia a la
presunción de inocencia, de instrucción, de la precisión del o los delitos que se le imputan; de la
carga de la prueba y del derecho a la defensa. Pretendiendo lograr una precisión, en términos
comparativos, transcribo, en su totalidad el artículo 29.
―El debido proceso se aplicará a toda clase de actuaciones judiciales y administrativas.
Nadie podrá ser juzgado sino conforme a leyes preexistentes al acto que se le imputa, ante juez
o tribunal competente y con observancia de la plenitud de las formas propias de cada juicio.
En materia penal, le ley permisiva, aun cuando sea posterior, se aplicará de preferencia a la
restrictiva o desfavorable.
Toda persona se presume inocente mientras no se le haya declarado judicialmente culpable.
Quien sea sindicado tiene derecho a la defensa y a la asistencia de un abogado escogido por él,
o de oficio, durante la investigación y el juzgamiento; a un debido proceso público sin dilaciones
injustificadas; a presentar pruebas y a controvertir las que se alleguen en su contra; a
impugnar la sentencia condenatoria, y a no ser juzgado dos veces por el mismo hecho.
Es nula, de pleno derecho, la prueba obtenida con violación al debido proceso…‖ 8
Como quiera que al señor K., se encuentra, de súbito, con un procedimiento en el cual los
agentes de la justicia lo someten a una especie de indagación preliminar, en circunstancias que
le invaden su domicilio y su privacidad; se produce en él un estupor asociado al
desconocimiento del porqué el procedimiento. Así queda planteado desde el capitulo primero: ‖
K., es detenido. Conversación con la señora Grubach y con la señora Burstner‖. 9
Desde ese primer momento se ve inmerso en una situación que no comprende. Algo que será
lugar común durante todas las gestiones inherentes a ese hecho inicial. Porque, en el
transcurso del tiempo y en relación con el mismo, nunca pudo entender. Para el señor K., todo
se desenvuelve de tal manera que le es incoherente. Nunca supo de la tipificación de la
acusación en su contra. Como un ovillo imposible de desatar. Sus preguntas y sus
averiguaciones quedaban ancladas en el desconocimiento. Porque la imagen de la justicia era
algo así como la abstracción absoluta. No veía con claridad los recursos del sistema. Lo judicial
era, así expresado, una figura imposible de descifrar.
8
Constitución Política de Colombia. Edición Escuela Superior de Administración Pública. Tercera
Edición, 1992. Página 9.
9
“El proceso”, Pentágono editores, Bogotá D.C., sin fecha, página 7
21
Veámoslo en términos de Camus, citado por el profesor Manuel Ángel Vázquez, en la obra
citada antes:
―…En el proceso Joseph K., es acusado, pero no sabe de qué. Quiere, sin duda defenderse,
pero ignora por quien.
Los abogados encuentran difícil su causa. Entre tanto, no deja de de amar, de alimentarse o de
leer su diario. Luego le juzgan; pero la sala del tribunal está muy oscura. Y no comprende gran
cosa. Supone, únicamente que lo condenan, pero apenas se pregunta a qué. A veces duda de
ello y también sigue viviendo. Mucho tiempo después, dos señores, bien vestidos y corteses van
a buscarlo y le invitan a que los siga, con la mayor cortesía, le llevan a un arrabal desesperado,
le ponen la cabeza sobre una piedra y lo degüellan. Antes de morir, el condenado, dice: ¡como
un perro!...‖10
Lo suyo (señor K.) es un periplo que muestra, a cada momento, expresiones de desconcierto.
La justicia se parece a una opción etérea en la vida. No conoce ni a sus acusadores, ni los
elementos d prueba. Por lo mismo que no conoce la acusación. Un discurrir que lo lleva de
escenario en escenario. A veces real; otras veces como simple elucubración, a partir de su
entendido de sociedad y de vida cotidiana.
El principio de la ilustración y del tipo de incoación vinculados con su caso, lo lleva a cierta
desesperación e incredulidad. Él no tiene (y no tiene porque tenerla) una noción precisa de las
circunstancia que rodean su caso. Al menos desde el punto de vista de la aplicación de las
normas.
En su diario personal, el señor K., escribe:‖…Estaba cogido como un delincuente. Si me
hubieran sentado en un rincón, con cadenas de verdad y hubieran puesto guardianes ante mí y
hubieran dejado que me viera únicamente de esa forma, no habría sido peor y así era mi
compromiso…‖11
Una desolación que transmite incomprensión. Un no saber que sucede. Una manera de verse a
merced de un aparato abstracto, oculto, casi irreal. Su ir y venir no es otra cosa que asumir la
posición de un desesperado que indaga, pero que no encuentra respuesta.
Isabel Hernández, citada por el profesor Miguel Ángel Vázquez en el trabajo ya citado, dice‖..‖El
proceso, nos representa un mundo que es absurdo, pero terriblemente real. Este mundo se
asemeja muy poco a la existencia ordinaria, pero está hecho de elementos de la vida
cotidiana...‖12
Todo, en la situación de K., nos conduce a un universo de hechos inverosímiles. Es la justicia
expresada en un blanco y negro que no se corresponde con los cánones de un poder que debe
ser transparente. El acusado sigue siendo un sujeto no interviniente. Ante todo, porque su
discurrir por los escenarios de éste poder, constituye un devenir cada vez más incomprensible.
El profesor Manuel Ángel Vázquez, lo plantea de la siguiente manera:
―… En el proceso incoado al señor K. se observa, desde su inicio, una nítida inversión de lo que
en lenguaje jurídico se denomina Carga de la Prueba. En el proceso penal, la culpabilidad es la
que tiene que demostrada, no la inocencia, que se presume ¡uris tantum.
Del procedimiento al que se encuentra sometido K., es imposible salir indemne (sufrir un
proceso, así, es casi haberlo perdido). La culpabilidad está preestablecida para K. La protección
al acusado es inexistente y la contradicción con respecto al debido proceso es total. Todo
10
Ángel V., Manuel Obra citada
11
Citado por Miguel Ángel Vázquez, Ibíd..
12
Ángel, V. Manuel, Ibíd..
22
hombre, nos recuerda Ángel Latorre, es inocente mientras no se pruebe su culpabilidad y sea
condenado por un tribunal legal, después de un juicio imparcial, justo y en el que se observen
todas las garantís preestablecida...‖13
Queda claro, en ese laberinto que asume K., que la realidad se pervierte. Él lo entiende así.
Pero es sometido por esa misma perversión. Un galimatías que se profundiza en la medida en
que avanza el procedimiento. Este es aplicado al revés. La acusación (sin saber cual), se asume
como instrumento válido para la condena, sin otorgarle al acusado ninguna posibilidad de
controvertir, por si mismo y/o por apoderado.
Quiero terminar este escrito, con la siguiente expresión:
―..Kafka muestra en ―El Proceso‖ una estructura jurisdiccional con insoslayable semejanzas a
cualquier estructura judicial (un acusado, un abogado, un tribunal). Pero lo que viene a
caracterizar este entramado judicial no es precisamente la analogía mencionada sino, más bien,
las profundas disimilitudes que podrían establecerse entre el aparato judicial kafkiano y las
instituciones propias de un Estado de Derecho…‖ 14
Una vez terminada la conferencia, Juliana abordó al profesor Arenas. Yo veía en ella, unos ojos
escrutadores hacia él. Ojos que trasmitían admiración. Sentí que me había abandonado. Era,
para mí, un estar con ella, sin estar. Como falso acompañante. Le dijo, profesor, nunca había
asistido a un evento como este. Usted estuvo maravilloso. Quisiera, algún día, estar con usted y
que me dedicara un momento, para expresarle algunas dudas que tengo, respecto a las
consideraciones filosóficas del derecho penal. Siempre me ha apasionado ese hecho de mirar, la
nomenclatura del análisis jurídico, en el cual los y las sujetos, nos vemos inmersos en la
necesidad del castigo, porque vulneramos las normas que rigen la interacción social. Hablar con
usted de ese ejercicio del poder y de la coacción que hacen posible el equilibrio. Mirar con usted
esa interpretación del nexo entre el poder y la religión, como usted lo expresó en su
conferencia.
-Mire, profesora Juliana, el día en que usted asistió al coloquio sobre los derechos de las
mujeres, quedé impresionado por su manera de interpretar la revolución cultural y de valores
que se han derivado del proceso relacionado con la lucha de las mujeres por su emancipación.
Inclusive, tuve la intención de hablar con usted. Sin embargo no lo pude hacer, ya que debía
estar en el aeropuerto, para viajar a Brasilia. Trataré de concretar un encuentro. Puede ser, la
próxima semana. De todas maneras yo la llamo para precisar día y hora.
Yo era un asistente pasivo a ese diálogo. Sentí una indignación profunda. Una mezcla de
impotencia y celos. Siempre me ocurre lo mismo, cuando me siento insignificante. Cuando se
reitera mi ignorancia ante los procesos trascendentales, colectivos. Como quiera que soy un
sujeto que interiorizo los entornos, a partir de códigos preestablecidos. Códigos que no son otra
cosa que el resultado de mi incapacidad. Porque, soy sujeto aprisionado, atado a la yunta de un
pasado lleno de momentos que he vivido. Momentos de insatisfacción espiritual. Una aridez,
convertida en angustia, en nostalgias mías, en los cuales mi relación con los otros y las otras,
no es más que sumatoria de soledades y de interpretaciones, en las cuales confundo mis
sueños con la realidad. Vinculado a mi madre, en sus acciones que transmiten la imposibilidad
para encontrarse. En su concepto de amor de amantes. En sus continuos rechazos a mi
exigencias.
Acompañé a Juliana hasta el colegio. Al despedirnos, sentí que mis deseos furtivos, por
acercarme a ella y poseerla, estaban absolutamente distantes de concretarse. Porque, queda
claro que lo de ella es una condición de amante latente, solo para quienes podían asumir, con
13
Ángel V., Manuel ibídem
14
Ángel V., Manuel, ibídem
23
ella, la vida en todo lo que esta tiente de pasión y de entrega. Pedro Arenas era su ícono
referente.
Cuando Isolina Girardot despertó, el día primero de abril de 2025, recordó lo sucedido el día
anterior .Estuvo con Isabel Pamplona, en Anápolis, ciudad siempre acogedora. Uno de los
aspectos más importantes, hacía referencia a la manera de abordar la doctrina de la libertad.
Doctrina inmersa en vacíos conceptuales. Algo así como entender su dinámica, anclada a la
teoría de ―vista atrás‖.
Es decir, una reiteración en torno al hilo conductor: por más que avancemos en el discurso
libertario, navegamos en el remolino de la repetición. Significa desandar, por lo menos en la
noción de asumir los hechos, en un contexto de cotidianidad, agresivo.
Ya Isabel le había advertido a Isolina sobre las consecuencias relacionadas con la depravación
vigente. Los malos tratos recibidos avanzaban exponencialmente. Inclusive, Isabel, hizo
referencia a la cantidad de momentos vividos bajo el énfasis de los textos producidos. Textos
que relacionan la libertad con esquemas discursivos. Unos esquemas de fulgurantes palabras
huecas. De hechos formales.
Inclusive le recordó lo sucedido el 8 de marzo de 2024. Cuando enfrentaron la fatiga de los
escenarios y de las intervenciones alusivas a la mujer. Como ícono, en constante crecimiento.
Una forma de respaldar la interpretación de los aportes, en términos de epopeyas vinculadas
con la defensa de si mismas en la ciudad, en el campo, en el hogar; utilizando un lenguaje
impúdico. Una reflexión atada a la globalización. Un contexto en el cual se vulneraba la
emancipación, por la vía de utilizar ese referente, como doctrina soportada en la superficialidad;
cuando no con una variante perversa del homenaje a las madres, de por si degradado,
absorbido por la literatura y las prácticas inveteradas. Como aquella de hacer coincidir afecto y
respeto, con la oferta de mercancías.
No obstante, en esa referencia, Isabel postuló la posibilidad de rehacer el concepto de libertad
de las mujeres. Tal vez, volver al origen de la declaración primera. Esa derivada de las obreras
y las mujeres libertarias, cuando erigieron la lucha autonómica, soportada en la dignidad,
contra los atropellos, contra la asimilación de sus reivindicaciones, a simples acciones cautivas
de la lógica de una sociedad absolutamente centrada en la opción de la ternura como la
implicación de las mujeres en el proceso orientado por el rotulo: nacieron para ser madres. Esa
huelga de las mujeres obreras en una empresa de Estados Unidos, en 1910, constituye
referente obligado, al momento de valorar la celebración del 8 de marzo, como el Día
Internacional de las Mujeres.
Asimismo, Isabel, hizo alusión a la variante de transformar esa degradación absoluta, por la vía
de otorgarles el derecho, inmóvil, pasivo y condicionado, a la expresión. En eventos y
celebraciones. Es obvio, decía Isabel, que no ha habido traslado de lo allí expresado, a una
generalización real, en el día a día.
Para Isolina, ese día de abril de 2025, fue la reafirmación de su autonomía. Pues decidió su
ruptura con Adrián, su gendarme y tutor en casa. Aquel que siempre reivindicó en público su
condición de amante libertario que compartía con ella la opción de vida vinculada con el
concepto de autonomía plena. Un desdoblamiento que ella no soportó más.
Yo no tenía certeza, si Isolina había estado conmigo en la caminata que hice en compañía de
Susana y Juliana. Lo único claro, para mí, fue su recuerdo, al quedarme dormido, una vez en
casa, después de despedirme de Juliana.
Isolina fue compañera de Martha y de Maritza en los primeros grados de escuela. Había
conocido a Adrián, mi hermano, en una fiesta, realizada en celebración de los cuarenta años de
Liceo Nietzsche, en el cual trabajaba Juliana. Morena, esbelta, un cabello crespo, pegado al
cráneo. Nunca pretendió alisárselo. Se sentía feliz con esa prueba de su afro descendencia. Fue
mi confidente en los momentos de angustia causados por el quehacer perverso de la empresa.
24
De ella aprendí el amor por nuestras raíces. Siempre me ha acompañado su recuerdo. Mujer
abierta, sincera y de una fortaleza impresionante para enfrentar los rigores asociados a la lucha
por los derechos de las etnias. Cercana a todo el proceso reivindicatorio de la equidad y
solidaridad de género. Acompañante de las mujeres de la Ruta del Pacífico. Conocedora de los
crímenes de lesa humanidad en el país. Y, por lo mismo, tejedora de posibilidades libertarias de
las negras y los negros. De nuestros nativos Wayu, de los Paeces; de los de la Sierra Nevada.
El día que se conoció de la tragedia provocada en Bojayá y en la cual murieron más de 100
negros y negras, mujeres, niños, niñas, adultos; Isolina promovió un clamor social, un repudio
al hecho y de solidaridad. Asimismo ocurrió, cuando en Barrancabermeja, fueron asesinados y
asesinadas personas, civiles; trabajadores y trabajadoras
De todas maneras, ese día, al despertar tenía la esperanza de encontrarla, de que lo soñado
era realidad. Quería que me repitiera esas imágenes escritas que leí en el sueño. Pero no.
Isolina no estaba. En su lugar estaba esa sombra de la soledad. Esa que me acompaña a cada
momento. Pensé en Juliana, en su mirada hacia el profesor Arenas. Pensé en Susana, en la cita
que tuvimos y que nos distanció más. Pensé en Sinisterra en su pérfida pasión por el
enriquecimiento, en su malvada tendencia a engañar y a fornicar, con consentimiento o sin el.
Maritza estaba sentada en el vergel. Una casa inmensa. Había conocido a un hombre con el
poder que otorga el hecho de tener dinero en abundancia. Su nombre era Pánfilo. Individuo de
malas mañas. Con extensiones de tierra, casi infinitas. Conocedor del negocio que alucina
Controlador de procesos de envíos, de siembras, de crímenes ligados a esos procesos.
Demasiado rico. Demasiado hacedor de poderes y macropoderes. Tanto que, en 2002, auxilió a
campañas políticas hacia los instrumentos de poder. Año aciago ese. Cuando se conoció de un
discurso ampuloso vinculado con la seguridad y la paz. Cuando, la asunción al poder ejecutivo,
constituyó un pulso entre la libertad y la ignominia la presencia de una versión bastarda de la
libertad. Una extensión de poderes y macropoderes, en todos los ámbitos. Una manera de
proponer la interpretación de la lógica. Una manera de poner de revés la búsqueda de la
libertad. Un tanto como el fascismo de Mussolini, anclado en la denominada voz del pueblo. En
la expresión no cierta de que éste nunca se equivoca. La voz del pueblo es la voz de Dios, en
crecimiento exponencial. En donde todo es sensato y posible, por la vía de la teoría de que el
fin justificaba los medios.
Pánfilo Castaño, era un hombre pragmático. Así se había hecho rico. Así había comprado su
posibilidad de crecer en un entorno de corrupción. Lleno de expresiones que conducen a validar
el poder, por la vía de construir un equilibrio entre el delito y los crímenes, con el ejercicio de
un poder ejecutivo vertical, supuestamente democrático.
Al llegar, saludé a Maritza. Ella permaneció inmóvil, en silencio. Se creía sujeto de alto vuelo.
Por lo mismo, significaba el hecho de que sus circundantes le reverenciaran. Un hacer la vida,
por la vía del control. En donde el dinero permite ascender de estrato y de controlar poderes y
micropóderes.
Por fin atendió mi expresión. Me dijo, Samuel, tú eres incorregible. Sigues pegado al recuerdo
de nuestra madre. Por el contrario, yo aprendí la lógica de lo cotidiano, de lo real. De aquello
que, siendo real, permite la manipulación. Es un empoderarse de los ofrecimientos que otorga
la vida. En el cual los valores no existen, en el cual, lo que vale es sentirse pleno, sin afugias.
Yo, seguía diciendo Maritza, estoy aquí, porque he podido interpretar la magia de ese equilibrio.
En eso, apareció Pánfilo, con su esotérica presencia, saludando en la distancia. Asumiendo que
yo, también, era sujeto controlado.
Me dijo: estoy aquí, no por tu hermana que parece una zorra; sino por la fascinación que ofrece
el poder y el logro del equilibrio. Como si de antemano supieras que no existe barrera para el
poder del dinero.
25
Yo, me resistí a la veleidad de Pánfilo. A su peculiar manera de entender la vida como simples
sumas y restas. En el cual, lo humano se traduce en simple expectación
Una vez terminada la conversación con Maritza, me dirigí al Teatro España, en donde se
realizaba una conferencia, titulada,‖ Estado, poder, educación y bienestar‖. El conferencista era
el mismo profesor Pedro Arenas. Había conocido de la misma, por una llamada que me hizo
Juliana y me invitó.
Más tarde comprendí que, Juliana, había concretado con el profesor Arenas, una reunión, o
para ser más preciso, un estar, después de la disertación. La denominación de la intervención,
hablaba de la noción de poder educación y de bienestar social en América Latina. Antes de
empezar, el profesor Arenas, pidió, al auditorio, un reconocimiento hacia la labor realizada por
Juliana en El colegio Federico Nietzsche. Luego empezó su disertación, así:
El ser individual es, de por sí, complejo. En cuanto logra, aún en su condición de individuo (a)
primario (a), construir su propia visión de la exterioridad. Este proceso está asociado a los
sentidos biológicos. La percepción, como ejercicio inicial que permite acceder a insumos
externos, ejerce como instrumento para recolectar esos datos y procesarlos. Ya ahí, la
diferenciación se establece por la vía del seguimiento y continuidad, originados en la capacidad
para retener la información e interpretarla. No es una memoria simbólica ni formal, como la de
los otros animales. Esa memoria trasciende a la repetición simple de lo aprendido, a manera de
expresión espontánea y/o de respuesta instintiva a motivaciones externas. Por el contrario, es
una memoria en constante actividad y que actúa como recurso pleno e intencional, cuando se
hace necesario recordar lo visto antes, lo vivido; a partir de experiencias individuales y
colectivas. Así y solo así se puede entender la capacidad que adquiere cada sujeto (a), para
proponer y desarrollar opciones dirigidas al proceso de transformación de la exterioridad. Pero
también, para entender la construcción de una simbología para sí; de tal manera que ejerza
como instrumento fundamental, a la hora de definir sus propias perspectivas; en cuanto
expectativas originadas en su propia pulsación con respecto a los (as) ) otros (as). Entonces, la
esperanza, la ilusión, los afectos, el placer como elaboración suya; constituyen referentes en los
cuales se cruzan la individualidad y lo colectivo. No como derogación de lo primero en función
de lo segundo; sino como interacción que el (la) sujeto (a) individual acepta, e incluso propone,
en el camino hacia la obtención de un determinado fin. Ya, en esta expresión, es pertinente
entrever la influencia (...en esa memoria individual, como acumulado constante) de las
tradiciones aprehendidas por la vía de la imposición y/o de la experiencia directa, que
adquieren determinadas instancias simbólicas; construidas a partir de procesos individuales y
colectivos. Así entonces, a manera de ejemplo, cabe analizar en ese espectro; el rol de la
religión, de los códigos y paradigmas que ejercen como limitaciones al desarrollo pleno de la
individualidad, en cuanto adquieren una significación que trasciende a cada sujeto (a) y lo (a)
obliga a un acatamiento; so pena de quedar por fuera de esa figura de concertación colectiva
que lo (a) compromete. No reconocer la concertación (a la manera de equilibrio); tuvo siempre
(...y tiene ahora) para cada sujeto (a) repercusiones profundas. Inclusive, de su aceptación o
no, depende en muchos casos la existencia suya como sujeto (a) individual vivo, como actor
válido.
En este contexto cabe una expresión relacionada con la incidencia que adquieren las opciones
propuestas, por parte de los (a) sujetos (as) individuales; en lo que hace referencia a la
interpretación de las pautas, paradigmas y condiciones vigentes en un determinado período
histórico. En sí esas pautas y condiciones, no son otra cosa que construcciones colectivas que
trasciendan a cada individuo (a). Podría aseverarse inclusive que, en las mismas; cada sujeto se
subsume, como quiera que no le esté permitido transgredirlas. Está obligado, en consecuencia,
a asumir una interpretación similar a la que realizan los (as) otros (as). Si su decisión es hacer
trasgresión, bien sea por la vía de proponer una interpretación diferente y/o de asumir la
opción directa de cuestionarlas y trabajar por su destrucción; se entiende que asume las
consecuencias a que esto conlleva…Entonces se configura, a partir de esa intervención
26
individual, una confrontación con la simbología e iconografías colectivas. Aquí, en esa
confrontación, se enfrenta la construcción individual con la construcción colectiva. Esto es válido,
como decíamos arriba, tanto para los paradigmas colectivos asociados a la religión; como para
aquellos paradigmas asociados a la noción de ordenamiento y de jerarquización. Queda claro,
asimismo, que estas construcciones colectivas, son posteriores a la apropiación primigenia de la
exterioridad, a la internalización primera realizada por cada sujeto (a) en su contacto inicial con
la naturaleza. Es decir, son elaboraciones, desarrolladas en el tiempo y en el espacio; como
acciones concientes o inconcientes (...o mediante una interacción entre los dos estados) en
donde se aplica el conocimiento acumulado, a manera de ordenamiento de las percepciones
recibidas y almacenadas en la memoria. Pasa a ser, por esta vía, una memoria de todos y todas.
Una memoria colectiva que se construye a través de la comunicación y de la instauración de
códigos e íconos que dan fe de la concertación.
Toda herejía, en principio, es una acción individual. Compromete a quien realiza una
interpretación diferente y se decide a proponerla como opción. Bien sea como modificación
parcial de las pautas, paradigmas y condiciones instaurados como referentes colectivos; o como
alternativa que conlleva a una modifi9cación total, radical. Algo así como o son esas pautas y
paradigmas o son estas pautas y paradigmas alternativos. Ya ahí, en esa acción de proponer
una alternativa, se configura un distanciamiento con respecto al ordenamiento vigente.
Adquiere ese hecho un significado asimilado a la ruptura. En el proceso de enfrentar esa opción
(...u opciones) con las existentes; el (la) sujeto (a) que ejerce como cuestionados (a),
desemboca en una posición herética. A partir de ahí, se trata de definir las condiciones y el tipo
de acciones a realizar, el proceso de difusión de la opción u opciones nuevas. Aquí, condiciones,
tienen que ver con los insumos recaudados para sustentar la nueva opción. Tipo de acciones,
tiene que ver con realizar una confrontación individual absoluta. O la adquisición, mediante el
proceso de persuasión o imposición, de una aceptación de los (as) otros (as). De tal manera
que pueda presentarse y desarrollar como opción u opciones colectivas. Esto no es otra cosa
que el comienzo de una sumatoria de acciones diferenciadas; en procura de lograr la
aceptación y acatamiento, bien sea de la modificación parcial o de la erradicación de las
anteriores pautas y paradigmas y, en su reemplazo, erigir las nuevas.
De todas maneras, bien sea que se actúe en uno u otro sentido, es evidente la necesidad de
cierta subyugación hacia los otros y las otras. Algo así como entender y aceptar el principio
básico relacionado con el ordenamiento y el equilibrio por la vía de la imposición de pautas y
paradigmas: siempre existan referentes establecidos como condición para el ordenamiento y el
equilibrio; habrá unos códigos y obligaciones que ejercen como limitación a la libertad individual.
Alcanzar unos nuevos referentes, unos nuevos códigos y nuevas obligaciones; supone la
realización de acciones que controvierten lo anterior.
Ahora se trata de establecer los términos de referencia, a partir de los cuales se configura la
presencia y las acciones del colectivo; como sujeto pleno que trasciende a la individualidad pero
no la puede subsumir.
Desde una interpretación etimológica, sujeto colectivo se entiende como figura plural. Es decir,
se asume su configuración como sumatoria, simple o compleja, de individualidades con
presencia en un determinado escenario, ámbito o territorio. También involucra un concepto
adjunto, que da cuenta de una posición asimilada a la conciencia y a su significado. Algo así
como entender al sujeto colectivo en condición vinculante con respecto a una visión (o visiones)
y a una interpretación de la exterioridad que lo circunda. El problema radica en la posibilidad
efectiva para precisar el nexo entre esa figura colectiva y la individualidad, sin que implique la
disolución. Porque, a partir de una interpretación centrada en el estricto comportamiento
mecánico; podría pensarse en una dicotomía elemental, en donde la conciencia colectiva es una
expresión que traduce los acumulados históricos, en cuanto vivencias, como información
procesada que induce a una definición desde la perspectiva cultural.
De todas maneras, la interpretación de lo colectivo, supone un imaginario. Este, a su vez, debe
estar asociado al concepto de espacio físico. Algo así como establecer una dinámica en la cual
aparece la interrelación entre los (as) sujetos (as) individuales, asociados e integrados con
27
respecto a determinados códigos reconocidos como válidos. Ya decíamos antes, en esta misma
línea de reflexión: los referentes, entendidos como códigos, pueden ejercer como punto de
equilibrio; a través del cual se expresan las coincidencias. Ahora bien, la complejidad en la
interpretación del significado y alcance de este equilibrio, está dado por el análisis del recorrido
previo para acceder al mismo. Tal parece que se presentan dos opciones en la interpretación.
Una de ellas tiene que ver la identidad pasiva que realiza cada sujeto individual con los códigos
o referentes generales que inducen al equilibrio. La otra tiene que ver con la coacción, con la
imposición, por la vía de acciones ejercidas por parte de quien o quienes se erijan como centro
y/o como intérpretes únicos de esos códigos.
La primera opción supone un tránsito no traumático, mediante el cual cada sujeto asume la
identificación con los códigos (conciente o inconciente). Es de suponer que, ya ahí en ese
tránsito hacia la identificación o reconocimiento, se configura una ruptura con respecto al yo
absoluto. Se traslada parte de la identidad personal, a la identidad colectiva; como condición
indispensable para acceder al equilibrio. Se entiende y acepta esa necesidad, en una
perspectiva grupal, plural. Ahora bien, los códigos pueden adquirir características religiosas, o
de simples premisas para el trabajo asociado; o de compromisos para establecer una figura
colectiva relacionada con el ordenamiento global de obligaciones; o una sumatoria compleja de
todas estas las anteriores. Lo cierto es que la aceptación se expresa como actitud soportada en
la libertad para definir.
La segunda opción supone la presencia de posiciones previas; en las cuales es evidente una
diferenciación en términos no solo de interpretación y elaboración con respecto a la exterioridad;
sino también en términos de apropiación unilateral de los acumulados históricos de las vivencias
entendidas como insumos para la construcción de los códigos, referentes..o paradigmas. Aquí,
entonces, se configura un recorrido traumático; por cuanto supone la restricción impuesta a las
posibilidades individuales. No es ya la aceptación en libertad; es por el contrario la imposición a
reconocer, tanto los referentes en sí, como también a quien o quienes los representan y los
imponen.
Ahora es pertinente desarrollar algunos conceptos en relación al comportamiento del sujeto
colectivo; a partir de su separación con respecto a los (as) sujetos (as) individualmente
considerados. Supone, entonces, la aceptación de su existencia con expresión propia; regida
por pautas que, a su vez, pueden ejercer como referentes generales. El problema tiene que ver
con precisar las condiciones y/o prerrequisitos necesarios para consolidar la figura de la
instancia abstracta; aquella que se desprende del sujeto colectivo y se rige como referente que
debe ser acatado; no solo por los (as) sujetos (as) individuales; sino también por la colectividad
que se construye y se hace plena en razón a la interacción constante entre los (as) sujetos (as).
Ya, aquí, puede hablarse de una prefiguración territorial y de unos vínculos que hace posible
esa interacción. Supone la aceptación de la identidad individual propia de cada sujeto (a); pero
también la existencia de los (as) otros (as) como pares que comparten una misma identidad
colectiva.
¿Qué es el poder?
Hablábamos arriba acerca de las condiciones en las cuales se puede concretar la aceptación,
por parte de los (as) sujetos (as) individuales, de unos referentes y/o principios básicos; por
fuera de si. Es decir, externos a cada uno, a cada una. Quedó clara, en esta línea de análisis, la
interpretación, a partir de dos opciones. Una u otra, definen tránsitos diferentes hacia la
consolidación de los principios, referentes o paradigmas que han de centrar y orientar el
quehacer de los (as) sujetos (as) individuales; en un entorno preciso, en el cual se involucra la
aceptación de los (as) otros (as) como pares. Pero, al mismo tiempo, adquiere el significado
inherente a la separación de esos principios-referentes con respecto a lo colectivo, entendido
como sujeto que simplemente asume como sumatoria de las individualidades. Es decir, empieza
a erigirse como figura que trasciende a los (as) sujetos (as); tanto en lo individual como en lo
colectivo.
28
También habíamos expresado acerca de la connotación que esto adquiere; en cuanto supone la
presencia de quien o quienes asumen como responsables del manejo o supervisión del
acatamiento debido en torno a esos principios-referentes. Es algo así como indagar con
respecto a las condiciones que debe o deben reunir ese sujeto (a), o esos (as) sujetos (as).
Desde la interpretación propuesta por Marx y Engels; podría aseverarse que el ejercicio de esa
responsabilidad supone la asunción de una posición de dominio, como efecto colateral de una
apropiación con respecto a los excedentes de los bienes producidos por la vía del trabajo, de la
transformación de la naturaleza. A lo anterior podría agregarse, como extensión necesaria, la
apropiación de los acumulados del conocimiento adquirido en ese mismo proceso. De ser así,
entonces, surge un nuevo elemento alusivo a la cultura; entendida como superestructura
construida a partir de la relación establecida con la exterioridad (naturaleza). Aparece, por esa
misma vía, la figura de beneficiarios o beneficiarios. Esto, de por sí, adquiere el significado
propio de unas relaciones, ya no en igualdad de condiciones; sino en las cuales se establece un
dominio sobre aquellos (as) que no ejercen como tal.
Otra alternativa, para la interpretación, tiene que ver con la posición Kantiana; en la cual
aparece la razón como sujeto abstracto que conduce los procesos. Por lo tanto, adquiere una
connotación ajena a los (as) sujetos (as), en tanto se entiende como condición preexistente al
proceso de transformación de la naturaleza. Por lo mismo, entonces, se entiende como
extensión y aplicación modificada de la posición socrática y aristotélica. La variante tiene que
ver con el de que, en Kant, la Razón aparece como abstracción que ejerce como referente,
inherente a la noción de poder; como instancia que convoca y que debe ser acatada; en cuanto
se concreta a través de una figura asimilada al concepto de Estado.
Ya, aún antes de Marx, Engels y Kant; Juan Jacobo Rousseau; Tomas Hobbes y Nicolás
Maquiavelo, desarrollaron teorías alrededor de ese concepto de poder y de dominio. Opciones
diferenciadas hacia la interpretación de ese hecho. Variantes como el equilibrio entre lo
colectivo y lo individual, a través de la aceptación y la concertación (Contrato Social, postulado
por Rousseau); o como la exaltación y justificación de un ejercicio de dominio, desde una
perspectiva centrada en la imposición (Leviatán, de Hobbes); o como figura asociada a la
intermediación y trámite conciente de un sujeto individual que impone una determinadas
condiciones (El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo).
El asunto queda planteado y precisa de un desarrollo, si se pretende dilucidar el significado del
control ejercido sobre los (as) sujetos (as) individualmente considerados (as)...o sobre estos
(as), entendido como colectivo que no ejercen como beneficiarios (as) de este control.
Tal y como lo hemos insinuado, el poder no es otra cosa que el control ejercido por parte de
quien o quienes adquieren la capacidad para hacerlo. Acceder a esta capacidad,, se explica
según sea la interpretación asumida. De todas maneras, en estricto, desde el momento en que
se configura una determinada forma de control; este actúa como condicionante que impide el
desarrollo, pleno y absoluto, de la libertad individual entendida en los términos ya señalados:
como posibilidad que tiene cada individuo (a) para interactuar con la exterioridad; a partir de
sus propias vivencias. De su particular nexo con la misma y con el (la) otro (a). Supone, en fin,
la pérdida de la autonomía primaria. Esto explica, hasta cierto punto, la tensión latente que
acompaña todo proceso mediante el cual se efectúa una imposición. Una tensión ya prefigurada
por Freud en ―Tótem y Tabú‖...y desarrollada por (sin saberlo) por Engels en ―El origen de la
familia, la propiedad privada y el estado‖. Con mayor claridad, Marcuse, identifica ese nexo en
sus trabajos: ―El hombre unidimensional‖ (en tanto que sitúa una interpretación del control
político, como yunta que inhibe al –la- sujeto –a-) y en ―Eros y Civilización‖ (en tanto se retoma
todo el espectro, derivado del malestar que acompaña a cada sujeto – a-, desde el momento
mismo de su vinculación forzada a la vida colectiva.).
Así entendido, entonces, el poder inhibe el desarrollo del (la) sujeto (a). Supone la instauración
de unos referentes para interpretar el nexo que cada uno (a) realiza con la exterioridad y de la
internalización que este (a) efectúa, como efecto colateral de esa relación primaria. Algo así,
entonces, como objetivar los acumulados de procesos anteriores, convirtiéndolos en pautas que
29
deben ser aceptadas. Por esta vía, en consecuencia, podría entenderse esa inhibición, en
condiciones similares a la que existe con respecto a los condicionantes primarios anclados en
los contenidos propios de la religión. En principio, podría aseverarse que (en estricto) poder y
religión causan el mismo efecto en cada sujeto (a)...la inhibición. En torno a este hecho, cabe
expresar desde ahora un elemento que será desarrollado posteriormente: Cuando se actúa, de
manera individual o colectiva, en contra de esa inhibición; se configura un conflicto que origina
un castigo, una sanción; por parte de quienes ejercen como controladores hacia quien o
quienes actúan en contravía de los referentes. Es el caso, a manera de ejemplo, de lo sucedido
con Prometeo.
. El poder político.
A manera de ilustración (...Con reservas obvias), es pertinente presentar la reflexión efectuada
por Francisco Segui, el prólogo a una de las ediciones de La República (Platón); veamos: ―...Si
la vida ciudadana, la polis como forma comunitaria, se hunde desgarrada por el escepticismo, el
agnosticismo y el relativismo, la polis como organización política sucumbe ante el empuje de la
democracia. Y si Sócrates buscaba la solución invitando a revisar los conceptos éticos, a encontrar lo
absoluto, Platón idea todo un mecanismo político-social. Su República no es una descripción de un mundo
ideal: es una técnica de formación de una sociedad. Aunque de vez en vez caiga en ciertas disquisiciones
sobre conceptos tales el de justicia o felicidad, está orientada al estudio de los aparatos de control social.
Su objetivo es el orden, la estabilidad (rechazará todo cambio que no sea un acercamiento al ideal
descrito en la obra). Y para ello parte de la educación. La educación es el principal elemento represivo, el
medio más eficaz para el control, el más apropiado homogenizador social. Educar es, para Platón,
construir ciudadanos. En la educación se hará al ciudadano: se condicionará su sensibilidad, su voluntad y
su pensamiento, de modo que nada pueda desear sino aquella situación que por naturaleza le pertenece.
Toda técnica de control social responde a una concepción del hombre y de la vida, sin duda. Pero es un
error pensar que Platón extrae sus ideas políticas de la teoría de las ideas. Al contrario, la Ideas serán una
metafísica, una cosmovisión, una especie de creencia favorable para llevar a cabo la política…‖ 15
Desde la interpretación acerca del poder, propuesta y desarrollado en este escrito, es evidente
la asimilación al concepto de control. El asunto siguiente tiene que ver con su definición en
términos de control político. Lo anterior, por cuanto la noción de política, adquiere una
connotación relacionada con la actuación colectiva. Algo así como entenderla, en el contexto
permitido por los agregados adquiridos a través de determinados procesos previos. Es decir: la
política no constituye una opción originada en el proceso de internalización que efectúa cada
sujeto (a), con respecto a la exterioridad. Es, por el contrario, el desarrollo de elaboraciones
acumuladas, a través de procesos que trascienden a cada sujeto (a); comoquiera que se
configuran a partir de una forma de apropiación realizada por parte de quien o quienes
convierten esas elaboraciones, en opciones que entran a ejercer como referentes. En
consecuencia constituyen, por esto mismo, un mandato; una convocatoria que pretende el
reconocimiento individual y colectivo. Está expresada en códigos (...o definiciones) que
conforman un cuerpo teórico, con repercusiones prácticas en el quehacer cotidiano. Es, en
otras palabras, el soporte necesario para ejercer gobierno, autoridad; por parte de quien o
quienes se han separado de los (as) otros (as); en su condición de usufructuarios (as) de esos
mismos códigos.
La diferenciación comienza, desde el momento mismo en que aparecen insumos que la
permiten. Si bien es ilustrativa la interpretación (...un poco lineal) propuesta en el recorrido:
sociedad primitiva-esclavismo-feudalismo-capitalismo; como proceso explicativo en cuanto al
origen de la dominación. Lo cierto es que el asunto es mucho más complejo. Porque supone,
entre otras cosas, retomar el entendido de la apropiación de los referentes y su imposición; a
partir de un ejercicio originado en la diferenciación; pero asimismo, en nexo con el proceso de
internalización individual. Valga presentarlo de la siguiente manera: si la sociedad primitiva
descrita por Lewis H. Morgan, constituyó un estado en el desarrollo de la humanidad; no puede
inferirse, necesariamente, la ausencia de determinadas formas de diferenciación...y de control.
Con las limitaciones sociológicas y políticas propias de su investigación, el texto que la resume,
15
Segui, Francisco. Prólogo a La República, Tomo I. Ed.Universales, Bogotá
30
tiene elementos importantes; en cuanto a la interpretación de los hechos originados en la
misma investigación que se relacionan con la actividad humana. Por lo mismo es pertinente
resaltar lo siguiente:
―..Los hechos indican la formación gradual y el desarrollo subsiguiente de ciertas ideas, pasiones y
aspiraciones. Aquellos que ocupan las posiciones más prominentes, caben ser generalizados como
crecimientos de ideas particulares, a las que se encuentran íntimamente vinculadas…
..ÚLTIMO. La idea de propiedad se formó lentamente en el pensamiento humano, permaneciendo
naciente y endeble durante períodos inmensos de tiempo. Adquiriendo vida en el salvajismo, requirió toda
la experiencia de este período y del subsiguiente, de la barbarie, para desarrollar el germen y preparar el
cerebro humano para la aceptación de su influencia de contralor. Su imperio como pasión por sobre todas
las demás pasiones, señala el comienzo de la civilización...‖16
Ahora bien, como lo hemos señalado arriba, el poder adquiere significado a partir de la
apropiación unilateral de insumos relacionados con el conocimiento acumulado. Esta
apropiación permite la elaboración de unas determinadas condiciones que deben ser acatadas,
por parte de quien o quienes no actúan en posición de usufructuarios. Así planteado, entonces,
no implica necesariamente un nexo primario con la posesión de bienes. Otra cosa es que la
posesión permita el desarrollo y consolidación posteriores de mecanismos de control y, por esta
vía, de imposición. Lo anterior es lo mismo que entender la dinámica del poder y del control;
como una sucesión de eventos en los cuales se van estructurando unas instancias en las que
predominan instrumentos conceptuales, como opciones únicas para la interpretación de la
naturaleza y de las relaciones necesarias para transformarla…o, simplemente, para convivir con
ella.
A partir de esta lógica para la interpretación del poder; se entiende que este adquiere una
connotación política, como opción válida en el proceso de consolidación y defensa del mismo,
por parte de quien o quienes actúan como detentadores. Lo que, en principio, era un control en
términos de pautas y códigos propuestos (...o impuestos) como única alternativa para
establecer un nexo con la externalidad; se convierte un la instauración de instancias que
identifican esos pautas y códigos con los usufructuarios. Esto supone el desarrollo de
mecanismos constitutivos de reglas orientadas a distanciar, aún más, el poder con respecto a
quienes se controla. Es decir este (el poder) se torna mucho más complejo; comoquiera que se
configura la intermediación como requisito indispensable para acceder a sus representantes. El
territorio, en este contexto, deja de ser simple externalidad primaria, natural en la cual se
efectúa la interacción y el intercambio por parte de los (as) sujetos (as). Se convierte, por lo
mismo que se consolida la figura del poder, en escenario en el cual la relaciones (...Sociales)
adquieren características, cada vez, más complejas. Ya no es, entonces, la simple aceptación de
los códigos originarios, casi siempre asociados a la religiosidad. Ahora se trata de una figura
ensanchada de este. Una ampliación del espectro; en función de los nuevos elementos que lo
acompañan y sustentan.
Vale la pena reiterar acerca del condicionamiento que se le imprime a la actuación individual. El
proceso, por medio del cual se instaura la dominación, supone una inhibición a la libertad. Ya
no existe la posibilidad de ejercer la autonomía inicial; para exteriorizar los conceptos
elaborados a partir de la relación con la naturaleza, con la externalidad. Lo que prevalece,
ahora, es la asunción de los referentes establecidos como única opción posible. Es una
interpretación mediada por los códigos y las instancias desarrolladas por parte de quien o
quienes ejercen como detentadores de esos referentes. A esto se agrega el hecho del nexo
entre esa acción de control primaria y la evolución del sistema de apropiación de los excedentes
derivados del trabajo. Se configuran, entonces, unas relaciones sociales en las que prevalece la
imposición de reglas. Algo así como una sumatoria de conceptos básicos que obligan. Actuar en
contravía de los mismos sitúa, a quien o quienes lo hacen, por fuera de esas condiciones. Por lo
tanto debe ser entendió como desafío, como rebelión. Esto es lo que explica, en términos del
concepto de legalidad, la estructuración de figuras que describen y validan el castigo; como
16
Morgan, Lewis H. La Sociedad Primitiva, edición Divulgación Cultural Universidad Nacional de
Colombia, 1972.
31
procedimiento indispensable para mantener el control. Es ahí en donde, el poder, adquiere su
connotación política.
Es pertinente, para este caso, citar la posición expresada por J.C. Friedrich, en su texto La
filosofía del derecho. ―..Puesto que para el derecho siempre tiene importancia fundamental que la
obligación de sus normas se encuentre firmemente anclada en la convicción de la legitimidad de la
autoridad que crea la ley, sea Dios, sea la acción popular, la importancia de las normas legales en la vida
social estará, en todo momento, hondamente influida por la fe en la legitimidad del gobierno que las
impone y por la cual son creadas. El nomos y el jus de griegos y romanos estuvieron en vigor mientras se
mantuvo la fe en la comunidad de la polis, pues la polis estaba regulada por el nomos y el jus, debido a
la constante fe del pueblo en la heroica sabiduría de algún antiguo legislador, ya fuera un Solón, un
Licurgo, o las Doce Tablas. Sin embargo, para los judíos del Antiguo Testamento, no fue Moisés, ni
siquiera los profetas, sino el Dios único, quien habló a Moisés y le ordenó que comunicara sus leyes a su
pueblo (Levítico 19: 1-2). Y fue su pueblo el que quedó convertido en una comunidad sagrada gracias a
esa comunicación, por la santidad misma del Dios que había dictado las leyes. Y de esta santificación, al
dar y obedecer la ley, se desarrolló o, quizá fuera mejor decir que se derivó, como corolario la doctrina del
pueblo elegido...‖17
El concepto de Estado
Ya quedó planteada la interpretación en torno al poder y al control. Se infiere, en consecuencia,
una connotación asociada al concepto de sociedad; entendida como interacción colectiva en un
determinado territorio y cohesionada por una reglamentación; impuesta como norma de
obligatorio acatamiento.
Cabe ahora extender esa interpretación. Ya no tanto en lo que hace referencia a la
implementación coercitiva de los códigos y de las instancias a cuyo cargo está la vigilancia y
desarrollo de los mismos. Se trata de entender la dinámica que adquiere esa implementación; a
través de un proceso que va instaurando instancias, como figuras mucho más complejas en lo
que hace referencia a los mecanismos de control, de su desarrollo y distanciamiento con
respecto a la interpretación primaria, rígida de la inhibición y subyugación hacia el (..o los)
sujeto (os).
Lo que antes era un escenario en el cual se exhibían unas relaciones simples de dominación;
ahora se va convirtiendo en territorio en donde los códigos y normas conforman un sistema
lógico, abstracto. De tal manera que los (as) sujetos (as) involucrados (as) como dominados
(as), pasan a ser un colectivo que es obligado a identificarse con ese sistema complejo de
mandatos y requerimientos; intermediado por instancias próximas y lejanas. Es, en otras
palabras, una asociación forzada que tiene como justificación y como centro, la aceptación de
ese sistema normativo. Al mismo tiempo, implica el reconocimiento de intermediarios que
ejercen como representación válida de esa asociación (...de ese Contrato Social, diría
Rousseau).
Lo anterior no supone, en estricto, la pérdida de las aspiraciones íntimas de cada sujeto (a),
entendido en los términos propuestos arriba. Por el contrario, a pesar de la imposición del
sistema de normas, persiste ese conflicto (...o malestar que llamaría Freud) latente con
respecto a esa misma imposición. Veámoslo, un poco, en los siguientes términos:
―..Creo poder decir, en resumen, que la filosofía estoico-ciceroniana del derecho tiene sus raíces en una
ética racional a la que se adjudica una validez universal, como ley de la naturaleza humana. Esta ley,
como todas las leyes de la naturaleza, es la razón inherente a la naturaleza toda; es su significado. Por
tanto, podemos, y debemos derivar leyes de esta ley (a lege ducendum est juris exordium), porque esta
ley, la ley natural, es la fuerza de la naturaleza ( naturae vis) y, por tal motivo, es la norma que define lo
que es bueno y lo que es malo. El cumplimiento de esta ley natural es tarea impuesta a los diversos
estados (civitates) que expresan la verdadera ley en las normas del jus pentium, común a todas ellas.
Cada comunidad, sin embargo, tiene su propio jus civile, válido sólo para sus ciudadanos, ya que toma en
consideración las condiciones especiales, tanto espirituales como materiales, que son peculiares de tal
17
Friedrich, C.J., La Filosofía del derecho, ed. Fondo de Cultura Económica
32
comunidad. Pero ni el jus Pentium ni el jus civile deberán estar en conflicto con el jus naturae. Si lo están,
tales normas no son verdaderas leyes, sino mandatos arbitrarios...‖18
Hasta aquí queda claro, en nuestra línea de interpretación, la dicotomía que subyace a la
implementación del poder político, como una expresión de la coacción hacia el sujeto. Este
ejercicio de dominación tiene, como colateral, una forma de subyugación; en tanto supone la
imposición de limitaciones al desarrollo autónomo individual que permite acceder a la
naturaleza y tomar de ella las percepciones e impresiones necesarias para construir el bagaje
conceptual indispensable, como proceso que consolida la independencia de cada sujeto (a). La
inhibición, derivada de la imposición de ese tipo de poder, induce a reprimir la autonomía y la
libertad; como cuota necesaria que debe otorgar el (la) sujeto (a) para disfrutar las
posibilidades derivadas del poder que, a su vez, se erige como avance colectivo en la escala de
la evolución humana...de la civilización; pero implica asimismo la latencia del conflicto, del
deseo de libertad reprimido. Veámoslo, en términos de Marcuse:
―El desarrollo del sistema jerárquico de trabajo social no solo racionaliza la dominación, sino que también
contiene la rebelión contra la dominación. En el nivel individual, la rebelión original es contenida dentro del
marco del conflicto de Edipo normal. En el nivel social, las recurrentes rebeliones y revoluciones han sido
seguidas por contrarrevoluciones y restauraciones. Desde la rebelión de los esclavos en el mundo antiguo
hasta la revolución socialista, la lucha de los oprimidos ha terminado siempre con el establecimiento de un
nuevo, y mejor, sistema de dominación; el progreso ha tenido lugar a través de una cadena de control
cada vez más eficaz...*19
Son evidentes las limitaciones en el enfoque Freudiano propuesto por Marcuse. No solo en lo
que respecta al espectro social y su dinámica; sino también en lo que hace referencia al
desarrollo y manifestación de los mecanismos de dominación, mucho más complejos que los
esbozados en ese enfoque. Habría que mirar, en perspectiva, análisis desde la interpretación
sociológica y política. Pero, de todas maneras, Marcuse permite reconocer e identificar el
conflicto entre sujeto y poder, que subyace a la tensión constante que acompaña a cada
individuo inmerso en el sujeto colectivo y en su expresión orgánica; como instancias de control.
Así la cosas, entonces, existe un nexo insoslayable entre poder político y Estado. Este último no
es otra cosa que la racionalización y organización del poder político; por la vía de instancias
jerárquicas, independientes del sujeto individual y del sujeto colectivo. A través de ellas se
expresan unas relaciones de dominio que abarcan territorios definidos. Es, el Estado, un
ordenamiento a partir del poder político. Le imprime a este una connotación abstracta, en razón
a que ejerce como referente que convoca a la aceptación; como garantía para la cohesión de
quienes comparten el territorio y que, asimismo, tienen un origen y expresiones culturales
comunes. Constituye, en otras palabras, la única posibilidad para acceder a beneficios en
condiciones de igualdad. Uno de ellos, a manera de ejemplo, tiene que ver con la opción para
dirimir conflictos, entre los súbditos. Lo anterior por la vía de la interpretación lógica y neutral;
a cargo de instancias creadas y desarrolladas en el marco permitido por el Estado.
De la democracia. De la asociación y la identidad en la confrontación.
La confrontación es un agregado del conflicto. Es su manifestación; como quiera que suponga
la expresión, mediante acciones precisas y concretas, bien sea de una parte del conflicto o de la
totalidad de este. Si es lo uno o lo otro, se define a partir de los contenidos que adquieren las
acciones; pero también de, a partir de su significado con respecto al poder y sus
manifestaciones.
Lo anterior se entiende mejor, ubicado en el contexto que ejerce como escenario en el cual se
aplica y desarrolla el poder. De las instancias, procedimientos a través de los cuales se ejerce el
control. De las franjas o sectores sociales que aparecen como dominados. Inclusive, en un
18
Friedrich, C.J., obra citada.
19
Marcuse, Hebert, Eros y Civilización, Ed. Seix Barral Barcelona, 1968, página 92
33
análisis más preciso, de la diferenciación que adquiere la dominación; según la identidad que
pueden alcanzar algunas de esas franjas o sectores, con respecto a los beneficiarios directos del
poder. Algo así como entender una dinámica en la cual aparecen beneficiarios (as) transitorios y
parciales; sin que esto implique la asunción del poder en sí.
En nuestra línea de interpretación, se trata de proponer una opción, en la cual se hace visible la
presencia de la dominación en diferentes niveles. Ya no tanto en lo que hace referencia a las
instancias y/o los aparatos ideológicos del Estado, como expresiones a partir de las cuales se
pueda explicar y generalizar la cobertura y afectación de la dominación. Lo nuestro es más la
pretensión de alcanzar una caracterización de la dinámica que adquiere la aplicación del poder
y la dominación; en cuanto que ejerce una cobertura que permea sectores específicos,
vinculándolos al proceso inherente al control político y económico; como beneficiarios
transitorios. O, simplemente, como soportes pasivos a partir de lograr su apoyo en términos de
captar su identificación con los propósitos últimos del poder. Cuando, en este marco conceptual
propuesto, se producen fricciones o rupturas; se configuran expresiones de la confrontación
que vinculan a esos sectores con acciones que expresan contenidos concretos de un
determinado conflicto; sin que esto implique la disolución de nexo con las instancias del poder.
En esta perspectiva, inclusive, cabe validar el concepto que propone un entendido del Estado,
como una sumatoria de micropoderes; a la manera de de bloque de sectores o de clases en el
poder. Esta opción supone la presencia de una figura asociada al equilibrio, en el cual confluyen
intereses, en veces divergentes, unidos alrededor de una (...o unas) determinadas formas de
poder que les permite imponer decisiones en nexo con sus intereses estratégicos. Es más, por
esta vía, podría entenderse la ―delegación del poder formal‖, a individuos y sectores que
ejercen como expresiones ―neutrales‖.
Vale la pena, como ejemplo, transcribir el aparte del texto ―Los Límites de la Modernización‖,
escrito por la profesora Consuelo Corredor Martínez. Lo consideramos importante, en razón a
que se insinúa una interpretación del poder y la dominación; a partir del análisis de un período
concreto de la historia del desarrollo político y económico en nuestro País.
―..Los alcances de esta modernización han sido bastante limitados y sus implicaciones extremadamente
conflictivas, debido a que ella se ha adelantado en un contexto marcadamente liberal en el cual han
prevalecido los intereses de las élites dominantes. El modelo liberal de desarrollo ha significado la
subordinación del Estado, minimizando su función de interpretar, gestionar y regular los intereses
colectivos, y obstaculizando la configuración de un espacio público en el que se puedan expresar,
confrontar y resolver los conflictos sociales. El Estado colombiano es un Estado privatizado, atrapado entre
el liberalismo económico y el conservadurismo político.
En esta perspectiva liberalismo y conservadurismo no se oponen sino que, por el contrario, se articulan y
se prestan mutuos servicios. El logro de intereses particulares sin importar los costos sociales encuentra
un terreno propicio en el orden jerárquico y tradicional por el cual se vela el conservadurismo. El costo de
esa coexistencia ha sido el rezago de la organización política de las transformaciones socioeconómicas que
han trastocado el orden en que estaba cimentada.
Las restricciones derivadas de los sistemas económico y político colombianos han entretejido una gama de
relaciones tanto modernas como posmodernas, lo que hace la sociedad más compleja y fragmentada que
en el pasado. Ha sido una acumulación histórica de tensiones que han significado en forma continua
períodos de crisis y de relativa estabilidad. Y en esta dinámica, los momentos de crisis son cada vez más
severos por la fragmentación de los escenarios y de los actores, la mayor polarización y desigualdad
sentidas y una amplia percepción del carácter excluyente de los sistemas social y político…‖20
A partir de esta opción nuestra de interpretación, en consecuencia, se hace necesario presentar
un análisis que permita introducir la diferenciación acerca de los contenidos, alcances y
significación, en cuanto a niveles de expresión del conflicto, de la confrontación y las acciones
por medio de las cuales este se concreta.
20
Corredor, Consuelo. Los Límites de la Modernización, segunda edición. Editada por Cinep, página 23
34
El concepto de lo popular. La confrontación del poder.
La connotación que adquiere la diferenciación, en el contexto de las relaciones sociales, supone
una determinada caracterización de roles; a partir de análisis soportados en categorías
conceptuales y metodológicas. Por lo tanto, ya no se trata de una simple réplica de lo
observado, como representación objetiva. Por el contrario, significa profundizar acerca de esas
expresiones de superficie; indagando por las condiciones que la subyacen, como soporte. Ya,
en ese procedimiento, pueden y deben aparecer algunos niveles de abstracción, referidos a la
interpretación alusiva a los acumulados históricos en nexo con la participación, en esas mismas
relaciones sociales, de los (as) sujetos individuales y colectivos (as). De las condiciones en que
esta se ha producido y del grado de inserción con respecto al conocimiento, a las instancias que
lo promueven y controlan. Pero también, y con mayor énfasis habida cuenta del horizonte
propuesto en nuestro escrito, acerca del significado de esa participación con respecto al poder y
a las instancias que lo soportan, a sus manifestaciones como instrumentos de control, de
dominación y de imposición.
Ha habido, en el curso del tiempo, interpretaciones que asocian la caracterización antes aludida,
a posiciones antropológicas y culturales. Por esta vía, ha desembocado en expresiones que
delimitan (a manera de diferenciación) la intervención de los (as) sujetos individuales y
colectivos en el desarrollo de las relaciones sociales; a partir de asignarle a determinados
sectores una posición periférica, respecto a los beneficios del conocimiento, entendido como
proceso, como aprendizaje que va decantando, segregando. Aquí, en esta opción, se valida, en
veces, un instrumento de diferenciación asociado a la pertenencia a una determinada raza y/o
etnia. Visto así, entonces, cabe una propuesta de interpretación generalizante; pero también de
especialización; por cuanto se establece unos condicionantes vinculados con normas y pautas, a
la manera de posición que reivindica una versión predominantemente aceptada y acatada, de
cultura, como sinónimo de civilización; como paradigma, a partir del cual es posible establecer
una segregación.
Ya no se trata, en el anterior escenario conceptual, de admitir una posición periférica respecto
al poder y a las instancias que lo soportan. Aquí, la noción de lo periférico, está referido a un
espectro mucho más amplio; en razón a que los márgenes constitutivos de la delimitación social,
están contraídos en términos del grado de apropiación y/o de acceso a los beneficios del
conocimiento, y de la cultura asumidos como referentes de civilización. Esto no es otra cosa
que entenderlo, como adecuación, como asimilación de los roles y los paradigmas allí
consignados.
En un documento de trabajo (La Educación Superior en América Latina) , presentado en el
debate al interior de la Universidad Nacional de Colombia, previo a la realización del Primer
Congreso Nacional de Educación Superior, realizado en la ciudad de Barranquilla los días 1,2 y
13 de diciembre de 1999; se expresa un concepto que consideramos válido. Veamos:
―…En estas condiciones, la Escuela, no es otra cosa que una expresión que, en principio, transfiere el
dominio estatal. No tanto en la aplicación elemental marxista de aparato ideológico; sino como
complejidad que articula instancias del conocimiento, aplicadas y estructuradas en programas y acciones,
a partir del ese centro-poder, sin ser el. No es, entonces, una aplicación a partir de la lógica lineal. Es una
interacción heterogénea orientada por unos perfiles definidos a partir de las necesidades inherentes a los
intereses que impone ese centro-poder. Es decir, lo suyo no es otra cosa que contextualizar la sociedad en
términos de su propio rol, de su significación. Con esto tratamos de establecer lo siguiente: la
globalización siempre ha existido, si asumimos que esta no es otra cosa que la imposición de referentes a
partir del dominio ejercido.
Sin pretender un traslado conceptual mecánico, las condiciones impuestas desde el centro-poder
económico y político internacional, permiten trazos que imprimen todo el quehacer económico, político y
cultural de los dependientes. Ya, de por sí, el solo hecho de reivindicar los autóctono (como acervo
cultural) es constitutivo de herejía con respecto a los modelos considerados prevalecientes. Esto es mucho
más evidente, en lo que respecta al desarrollo del conocimiento por la vía de implementaciones
programáticas escolarizadas. La escolarización, en sí, origina rupturas si se compara con las aprehensiones
y las tradiciones propias de las culturas nativas. Porque no habría de serlo, entonces, a partir de la
35
concreción del dominio desde el centro hacia la periferia. En esto, por decirlo de alguna manera, se
mantiene incólume el postulado de Samir Amin, cuando en su texto en torno al capitalismo, su desarrollo
e implicaciones, habla de las culturas periféricas, atadas a las condiciones que impone el centro-poder..21
Arribamos, así, a una opción conceptual que nos permite proponer un entendido en torno a los
sectores sociales periféricos. Es decir, aquellos sectores no solo desvinculados de los beneficios
del poder, subyugados y dominados por este; sino también segregados por la dinámica propia
del desarrollo cultural predominante. Algo así como insertos en la civilización, pero ajenos a ella,
en lo que esta tiene de otorgadora de roles asociados a los paradigmas originados en ese
mismo desarrollo cultural, por parte de sus usufructuarios. Ahora bien, no puede inferirse de
nuestra expresión, el hecho de que proponemos una asimilación de intereses entre los
beneficiarios del poder y sus instancias de dominación y aquellos sectores que acceden y se
identifican con los avances del conocimiento y de la cultura que ejercen como predominantes;
como expresión avanzada de la civilización.
Surge entonces, en nuestra opinión, un insumo que soporta una segregación: lo periférico, en
cuanto sector y/o sectores considerados por fuera de la versión oficial de la cultura; entendida
esta como originaria de paradigmas, pautas y comportamientos. Para nosotros, esto no es otra
cosa que la denominación de popular, referido a esos sectores que, de por sí, adquieren una
dinámica propia y unas expresiones propias, diferenciadas. Es obvia, sin embargo, la necesidad
de apuntalar este concepto, con arreglo al significado que adquiere el contexto social y
económico; en el cual se desenvuelven estos (as) sujetos (as). Tanto en sus expresiones
individuales como colectivas. Para este caso, el problema surge al momento de establecer las
pautas y/o el horizonte teórico. Porque no puede delimitarse solo a partir de la figura elemental
asociada al lugar en el cual se sitúa con respecto a las características del beneficio plusválico,
derivado del modo de producción vigente, o prevaleciente. De ser así no habría lugar a postular
la diferenciación que se advierte en la definición anterior.
Por lo tanto, el análisis remite a un territorio de mayor complejidad: uno de los elementos clave
para dilucidar ese significado, tiene que ver con el entendido de de contexto social y económico.
Ya decíamos antes: es un escenario no determinado por la voluntad o por la noción primaria
acerca de lo ético. Por el contrario, constituye una instancia, como período histórico. Esto, a su
vez, remite a la evolución de las relaciones sociales; como proceso soportado en sucesión de
rupturas y equilibrios. Estos últimos, impuestos por quienes adquieren posiciones de dominio.
Así, entonces, cada momento (sin importar su duración) en el cual se exhibe o manifiesta ese
equilibrio; no es otra cosa que la expresión de unas determinadas condiciones de dominación
económica y política.
Ahora bien, como lo hemos postulado antes, en la franja constituida por quienes (bien sea que
se tipifiquen como sectores o como secciones del espectro social) no ejercen como beneficiarios
directos del poder, se erige la heterogeneidad. Ya ahí, se introduce otro insumo como soporte
para la segregación. A manera de ejemplo: la posición y comportamiento de aquellos sectores
sociales sobre los cuales se ejerce dominación política y económica; pero que han accededlo a
determinados beneficios del acumulado plusválico y cultural (como poseedores y usufructuarios
del conocimiento); no puede ser el mismo, comprado con la posición y el comportamiento de
aquellos sectores absolutamente vulnerables y desvinculados de cualquier beneficio plusválico y
cultural.
Lo anterior conlleva, en consecuencia, a establecer categorías diferenciadas en el análisis de lo
popular, como expresión de determinados sectores sociales; en el contexto de unas
determinadas relaciones de dominación político y económico. Puede colegirse de nuestra línea
de interpretación, una conclusión fundamental: no todo sector social dominado es,
necesariamente, un sector popular. Por lo tanto, aún a riesgo de silogismo, al momento de
tipificar acciones (inmediatas, mediatas o tendenciales) específicas de confrontación a
21
Pira Claudia y Cano Parmenio. La Educación Superior en América Latina, edición en cuadernillo,
noviembre 1999, Bogotá D.C.
36
determinadas manifestaciones de la dominación política y económica; es preciso trabajar con
estas categorías.
Luego, el espectro de cobertura, está dado por la definición de objetivos vinculados a conceptos
y escenarios heterogéneos; en términos del nexo con los sectores sociales. No es, por esto
mismo, una opción en la cual se configure una posición de clase; al menos en la versión
ortodoxa marxista. No supone, asimismo, una posición necesariamente revolucionaria y/o de
confrontación al origen y vertebración del poder y de las relaciones de producción vigentes.
Adquiere connotaciones diversas, en la mayoría de los casos asociadas a reclamaciones
puntuales, relacionadas con determinadas condiciones de vida. Sin embargo puede, derivar en
expresiones híbridas; en cuanto pueden coincidir diferentes aspectos en los cuales ejerza
importancia un cuestionamiento a posiciones y/o programas gubernamentales o políticas de
estado. Tal es el caso, a manera de ejemplo, de algunos movimientos populares desarrollados
en relación con decisiones que vulneran determinados intereses y derechos de franjas amplias
de la población. Siendo así, cabe resaltar tonos grises en la diferenciación teórica y práctica
entre movimientos populares, movimientos sociales y movimientos políticos. En veces, puede
hablarse de diferenciación en términos del espectro de cobertura. Otras veces, puede
plantearse en relación con los contenidos de sus opciones o programas. Con respecto a este
asunto del método para construir tipologías; es pertinente presentar una expresión como la
siguiente:
―… ¿Se politizan las luchas urbanas por el hecho de enfrentarse en la mayoría de los casos al Estado,
como lo afirma Castells? No podemos en este momento desarrollar la discusión sobre el papel
fundamental ocupado por el Estado en la urbanización capitalista, caracterización que parte de una
generalización, arbitraria a nuestro juicio, de la relación entre Estado y Sociedad Civil – en el sentido dado
por Marx y no en el Gramsciano-, pero si podemos afirmar que no basta que el blanco al cual se dirigen
las flechas de un movimiento social sea el Estado, para determinar su carácter político; es el carácter de
sus reivindicaciones, el contenido de clase de sus luchas, su método y sus formas las que lo definen, y no
basta encontrar un contenido político, hay que identificar si se trata de una lucha democrático-burguesa
(en lo formal o lo real), o socialista.
Vayamos por partes:
A similitud de una huelga obrera en una empresa capitalista de Estado o de los asalariados de un
ministerio burgués que levanta reivindicaciones puramente económicas, sin plantearse modificaciones en
las relaciones de poder entre las clases, ni en el carácter del Estado o de sus formas de ejercicio de la
dominación burguesa, un movimiento de colonos o inquilinos que solicita, por ejemplo, la regularización
de la propiedad de sus tierras, o un servicio cualquiera y que utiliza para ello el método de la negociación
apoyado por llamados a la opinión pública a través de los medios de comunicación, paradas en los
organismos oficiales, etc., pero sin plantearse en ningún momento consignas políticas, no es político. No
es el agente social al cual se enfrenta un movimiento el que define el carácter de la lucha, sino el
contenido concreto de clase de él, manifestado en su programa reivindicativo y su método para
alcanzarlo. ..‖22
Puede colegirse, entonces, lo insensato de las generalizaciones; a partir de categorías
preestablecidas. De lo que se trata no es de posicionar modelos de caracterización, como
paradigmas inamovibles. En nuestro caso, hemos efectuado un recorrido amplio; a través del
cual hemos postulado opciones de interpretación relacionadas con las condiciones que actúan
sobre los (as) sujetos (as). Esto ha permitido proponer la asunción de conceptos asociados a la
conciencia y al nexo entre esta y las acciones inmediatas o tendenciales; por medio de las
cuales estos (as) intervienen en procesos particulares, de confrontación.
Asumir la opción del bienestar humano, bien sea en el contexto particular de un país; o de
manera global; supone la presencia de referentes asociados a las políticas económicas y
22
Pradilla Cobos, Emilio. “Mitos y realidades de los llamados movimientos sociales urbanos”. Artículo
escrito en junio de 1981, en Méjico, D.F. Ponencia presentada al 4º Seminario Internacional cehap-peval
Los pobladores: protagonistas urbanos en América Latina; realizado en la ciudad de Medellín, entre los
días 7 y 11 de abril de 1986.
37
sociales. Hablamos, entonces, del espectro en el cual se desenvuelve el quehacer cotidiano y
concreto de los Estados, los gobiernos y las organizaciones sociales con dinámica propia.
Siendo así, cuando se trata de realizar un estudio y/o un proceso que involucra al análisis,
desarrollo y concreción de una propuesta; emerge la necesidad de situar los conceptos. De tal
manera que los soportes hagan alusión a contenidos precisos. Así, entonces, estaremos en
capacidad de colegir insumos que ejerzan como instrumentos que puedan ser aplicados. Algo
así como conclusiones que orienten el quehacer o, que por lo menos, permitan efectuar
balances específicos derivados de una determinada gestión.
Porque, si bien es cierto que la gestión humana, en determinados escenarios sociales, supone
la adquisición de resultados que puedan ser medidos. No es menos cierto que la calidad de los
mismos está vinculada con la calidad conceptual. En términos de la búsqueda de modelos
aplicados en el pasado lejano y en el pasado reciente, es pertinente trazar esa indagación, con
una metodología que tenga como insumos la coherencia; así como una visión crítica, pero no
sesgada a unos determinados intereses.
En esa perspectiva, Amarthya Sen (Premio Nobel de economía en 1998); asume el reto de
postular una propuesta relacionada con el estudio de los índices de pobreza y su medición a
partir de recomponer muchos de los paradigmas que han venidos ejerciendo como soporte para
la implementación de políticas sociales y económicas, en contexto cruzado por las acciones del
libre mercado que están en la base de la gestión neoliberal. Veamos esto con sus palabras, en
el texto Capital humano y capacidad humana:
―…Consideremos un ejemplo. Si la educación hace que la persona sea más eficiente en la
producción de bienes, es claro que hay un mejoramiento del capital humano. Este
mejoramiento puede agregar valor a la producción de la economía y aumentar el ingreso de la
persona que ha sido educada. Pero aún con el mismo nivel de ingreso, esa persona puede
beneficiarse de la educación por la posibilidad de leer, argumentar, comunicar, elegir con mayor
información, ser tenida en cuenta más seriamente por otros y así sucesivamente. De modo que
los beneficios de la educación son mayores que su función de capital humano en la
producción de bien es. La perspectiva más amplia de capacidad humana puede abarcar – y
valorar - estas funciones adicionales. Las dos perspectivas están, entonces, íntimamente
relacionadas aunque sean distintas…‖ 23
En ese mismo sentido, a nivel regional, nuestra Constitución política (1991) postula el hecho de
que Colombia es un Estado Social de Derecho (Principios fundamentales).
Artículo 1: Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria,
descentralizada, con autonomía de sus unidades territoriales, democrática, participativa y
pluralista, fundamentada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de
las personas que la integran y en la prevalencia del interés general…‖ 24
.
De la educación superior, como contexto.
La Ley 30 de 1992, propone un concepto en cuanto al significado de la educación superior y de
las instituciones que la concretan. Veamos:
Artículo 1. La educación superior es un proceso permanente que posibilita el desarrollo de las
potencialidades del ser humano de una manera integral, se realiza con posterioridad a la
23
Sen, Amarthya. “Capital humano y capacidad humana”, Texto reproducido en “Cuadernos de
Economía” No29 Facultad de Ciencias económicas, Universidad Nacional de Colombia pp.69-70
24
Constitución Política de Colombia Ed. “Escuela de Administración Pública”, tercera edición, octubre
1991, página 3
38
educación media o secundaria y tiene por objeto el pleno desarrollo de los alumnos y su
formación académica o profesional…
Artículo 4. La educación superior, sin perjuicio de los fines específicos de cada campo del saber,
despertará en los educandos un espíritu reflexivo, orientado al logro de la autonomía personal
en un marco de libertad de pensamiento y de pluralismo ideológico que tenga en cuenta la
universalidad de los saberes y la particularidad de las formas culturales existentes en el país.
Por ello, la educación superior se desarrollará en un marco de libertades de enseñanza, de
aprendizaje, de investigación y cátedra…25
Se infiere, a partir de ahí, la responsabilidad que concierne a la educación superior y a las
instituciones que la ejercen. Es una opción de interpretación que involucra un concepto y unos
principios de gran trascendencia. Porque, las instituciones universitarias deben estar soportadas
en esos principios y en esa línea conceptual.
Aparentemente era una visión congruente. La entendía después, como una figura que puede
servir como ícono, como referente para un programa de gobierno. Y, en realidad, el ciudadano
A., lo asumió como soporte de su campaña. Es obvio que su implementación, depende de las
circunstancias, como todo hecho y toda realidad en la que, cada quien, construye su universo
de conceptos. Este es claro y preciso. Coincido con él en cuanto discurso propuesto. Pero, me
enerva la manera en la que lo ejercitan como instrumento válido para perpetuarse en el poder.
En ese contexto entendí, entonces los principios de Pánfilo y la perspectiva en el poder, por
parte del ciudadano A, Una base teórica insoslayable, pero una apropiación absolutamente
perversa de la misma, para desarrollar una forma de gobierno avasalladora de los conceptos de
verdad, de democracia y del rol de los ciudadanos y ciudadanas.
Al terminar, el profesor Arenas se acercó a Juliana y la besó en los labios. Todo lo anterior se
me vino encima, aplastándome., cual peso de toneladas de cemento. Me sentí como sujeto
enfermizo, que había trasegado por todos los entornos, buscando en Juliana una perspectiva de
libertad y de gozo. Este último, en relación a lo que más me ha fascinado y que lo viví en mi
madre: el placer sexual, como soplo divino indispensable para vivir. Como tónico espiritual. La
exacerbación de mí odio al profesor Arenas, vino después de haberle escuchado a Juliana, unas
palabras al profesor Arenas:…por fin me has preñado. Espero que ese hijo o hija se parezca a ti,
como sol, como norte del proceso de fundamentación intelectual.
Como alucinado, dejé atrás a Juliana y al odiado profesor Arenas. Regresé donde Maritza, le
pedí el favor de anunciarme con Pánfilo. Hablé con él. Le hice saber de mis deseos de venganza.
Le pedí el favor de realizar una acción, para lograrlo. En concreto, le pedí que me ayudara a
eliminar a un rival. Pánfilo, acostumbrado a este tipo de requerimientos, me expresó que lo
haría. Solo tenía que describir al sujeto, fijar hora, sitio y día. Lo demás corría por su cuenta.
El día 32 de mi nacimiento, Olga me despertó. No pude ocultar mi malestar. Me habló de algo
parecido a iniciar un nuevo día. Me acompañaba, todavía, el sabor un tanto dulzón, de la leche
de mi madre. Ella dormía. Olga me enseñó una foto y un anuncio, recortado del periódico.
Hablaban de un señor Arenas que había sido atacado por sicarios, al momento de salir de la
universidad. La crónica, además hablaba de una mujer que acompañaba al profesor Arenas.
Ella sufrió heridas de alguna consideración, pero se hallaba fuera de peligro en el Hospital
Samaritano. Sentí una alegría perversa. Como si esta noticia ya estuviera previamente diseñada.
No solo por el hecho en sí, sino por el alcance de la misma. Yo había estado interactuando con
mi madre. Cuando llegó Santiago, sentí ese desconcierto visceral, parecido al miedo y al odio.
Cabalgó sobre mi madre toda la noche, hasta que la sintió sin aliento. No por placer, más bien
por el cansancio físico que produce el asco y el dolor de sentirse violada, vulnerada.
Caminé largo tiempo. Parecía un enano de sesenta años, cuando apenas si llegaba a un tamaño
normal para mí e dad y a una desesperanza. Brutal. Como cada que soy convocado a rendir
25
Ley 30 de 1992. Ed. Escuela de Administración Pública, octubre 1991, pp.97-98
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cuentas ante los visires gubernamentales. Aquellos que controlaban la infancia, con el propósito
de adecuar su comportamiento hacia una sociedad de impecable blancura exterior, y de un
profundo respeto por los bienes del otro o de la otra,. Una ciudad artificiosa, en donde vale lo
híbrido como sistema de vida. Sin placer real y sin poder cortejar a la mujer a quien uno ama.
Al margen de las afugias cotidianas.
Olga, era una de esas mujeres-niñas, que lo sabía todo. Tanto en términos de intimidad sexual,
como también en términos de exterioridad social. Sabía, a manera de ejemplo, del cortejo del
amante que pretende dominar a una hembra, de manera casi salvaje. También sabía del origen
del orgasmo. Ella misma me confesó que, a sus tres años, ya sabía explorar su clítoris, de
tocarlo y de vaciarse de dicha. Le dije al oído: si buscas una información más precisa, si
averiguas por la mujer que acompañaba al profesor Arenas; te haré lo que siempre deseas. Una
exploración por tu sexo, con mi lengua y mis manos. Haciéndote explotar de pasión y de
satisfacción, parecido a lo que le hago a mi madre, cuando no puede dormir y necesita hacerlo.
Olga, me miró desconcertada. Sin embargo accedió a mi solicitud. Salió de casa, con la mira
puesta en el premio que yo le ofrecía. Estuvo en el Colegio Nietzsche. Habló con la asistente de
la dirección. Preguntó por la profesora Juliana, fingiendo ser una colega que conocía a Juliana,
desde la infancia. La asistente le comunicó que la profesora Juliana había sido herida en un
atentado en el cual murió el profesor universitario Pedro Arenas. Esta recluida en el Hospital
Distrital, recuperándose de heridas relativamente leves.
Al regresar a casa, yo estaba en posición de acecho. Desnudo, con mi pene afuera, erecto. Olga
me contó lo averiguado y reclamó su trofeo. La avasallé con furia, le rompí el traje, me sumergí
en ese sitio en donde las piernas terminan. En ese lugar hermoso de todas las mujeres y que es
mi constante convocante. Luego subí a su vientre, me deslicé hacia sus pechos ya inflamados
en un temblor, como si estuvieran simulando un terremoto. Lamí sus pezones, los succioné, de
igual manera que lo hago todas las noches con mi madre, cuando Santiago no ha llegado.
Exhausta, Olga, se perdió en la obscuridad del cuarto. Regresó, desnuda al pasado; al lugar que
era su nicho y desde el cual proyectaba sus apariciones de futuro; según las circunstancias y los
requerimientos de sujetos como este hermano suyo que la convocaba constantemente.
Adrián estaba sentado en su despacho ministerial. Había logrado ascender hasta allí, a través
de Pánfilo, quien contaba con algunos cupos en la frondosa burocracia afín al ciudadano A. Este,
a su vez, había alcanzado una áurea mágica. Un poder absoluto. Un control mediático sobre la
población. Tenía un particular concepto sobre el poder y su relación con el manejo de la verdad.
Siendo esta presentada de tal manera, que su enrevesado marco teórico le permitía una
manipulación constante. Una verdad suya, según las circunstancias. Sumaba verdades, como se
suman peones políticos. Es decir, lo suyo, es una contravía a la lógica humanista. Ese tipo de
lógica que absorbe, adormece, a partir de un discurso aparentemente simple, pero que, en
realidad, está cargado de mensajes subliminales, como dicen ahora los semiólogos.
Mi hermano había sido expulsado del entorno de Isolina. Ella se negó a continuar siendo
sometida. En un ejercicio de plena consecuencia con sus principios. Adrián conoció a Pánfilo, el
día en que Maritza lo llamó para que asistiera a un acto político convocado por su amante y en
apoyo a varias candidaturas regionales. Por esta vía, le dijo Maritza, lograremos que el
ciudadano A., acceda a la poder.
Ya, de tiempo atrás, Pánfilo había promovido la creación de grupos de gendarmes violentos.
Una envoltura que tenía como fines directos e indirectos, la destrucción de ilusiones de libertad
y de sobrevivencia económica, por parte de quienes él suponía enemigos del orden establecido.
Una variante del bandidaje similar a la Camorra italiana, a los cangaceiros en el Brasil; a los
escuadrones de la muerte en Argentina y en Uruguay. Del mismo tipo de quienes promovieron
la violencia contra los seguidores del presidente Allende en Chile, en las barriadas de Santiago.
El día del acto político, Adrián asistió. Coincidió con la implementación del acto de libertad
realizado por Isolina Girardot. Siguió de cerca, con mucha atención, las intervenciones verbales
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de los promotores, futuros controladores de poderes regionales y, aún, de aquellos que
aspiraban un sitio en el Congreso de la República. Hablaron, a manera de contar anécdotas, de
sus realizaciones. Estas, en muchas ocasiones, suponían la eliminación directa o camuflada de
líderes contradictores, de sus familias. En un universo de interpretaciones que hacían de su
actividad un instrumento avasallante, pérfido.
Al terminar la reunión, Maritza relacionó a Adrián con Pánfilo. Este, con un aire de satisfacción
inocultable, le dijo a mi hermano: espero tenerte por acá con más frecuencia. Si tienes alguna
necesidad cuenta conmigo. Adrián respondió: actualmente me encuentro sin una actividad
laboral permanente. Además, Isolina, la negra revolucionaria, me ha expulsado de casa. Pánfilo,
aprovechó esta denuncia, para expresar la reafirmación y la validez del exterminio a quienes se
oponen a entrar en razón, bajo el control de sus dependientes y del ciudadano A.
Cuando quieras vengarte, cuenta conmigo. Te hacemos el trabajito de limpieza que necesitas.
Lo cierto es que Adrián se comprometió con Pánfilo a trabajar a su lado, en ese proceso de
control y de violencia, justificando esta última, en razón de la necesidad de orden en el país.
El día en que el cuerpo de Isolina Girardot fue encontrado en las afueras de la capital, luego de
haber sido sacada violentamente de su casa, por un grupo de hombres encapuchados, había
sido reportada como desaparecida. Ese día, yo estaba al lado de Susana. Había concertado con
ella una entrevista, después de la jornada laboral en la empresa. Al conocer la noticia, Susana
me dijo: mira Samuel, ese tipo de personas, como Isolina, no deberían existir. Son personas
que no permiten el desarrollo de opciones de beneficio. No permiten la implementación de
medidas conducentes a la restauración del ordenamiento institucional. Son algo así como la
extensión de los promotores de la anarquía. Ya lo hemos visto en el pasado aquí mismo. Pero,
también los vemos en Santiago, en Buenos Aires, en Montevideo, en Brasilia. A decir verdad,
dijo al final, quien lo haya hecho, hizo muy buen trabajo. Ojala lo hagan permanentemente con
personas de su tipo.
Ante la interpretación que Susana le dio a la desaparición y muerte de Isolina, la miré con rabia.
Esa misma que sentía por Pánfilo, por Sinisterra, por Adrián, por Maritza, por sus
seguidores…por el ciudadano A. Sin embargo era una rabia interior que no se transformaba en
acciones directas en su contra. Algo parecido a interiorizar el descontento. Pero con un miedo
absoluto a hacerlo público. Siempre me sucede que quiero expresar algo, sentido, necesario;
termino en la inactividad. En un sometimiento absoluto. Inclusive, en muchos de mis sueños,
he cohonestado con la satrapía. En uno de ellos, en mi lejana infancia, busqué la venganza,
como hombre traicionado, por parte de una mujer y de su amante. Mujer que todavía no he
podido identificar en la realidad. Lo mío, en ese entonces, no fue otra cosa que una proyección
de mi verdadera catadura, como sujeto incapaz de superar la dicotomía entre querer ser
libertario y consecuente y un ser sometido por la variante perversa de promover actos sexuales
vandálicos. Así lo he hecho con mi madre, con Olga, con Martha…y así he querido hacerlo con
Juliana, quien se ha convertido en mi obsesión, a quien quiero horadar con mi falo insaciado;
hasta matarla de dolor físico y de vulneración espiritual. He querido violarla de manera
constante.
Lo mío, pensé, no es otra cosa que una lucha iniciada desde antes de nacer mi madre, desde
mi vida fetal en su vientre, desde que la vulneré el primer día de mi nacimiento, como sujeto
que activa su psiquis, a partir de añorar las explosiones eróticas de ella y de cualquier mujer.
Como sujeto que odia a Santiago, a Verdaguer y a los amantes de mi madre niña, antes de yo
nacer.
No todo es como sentir tu voz.
…al menos eso parece.
Porque no percibo ninguna alegría, así sea fugaz,
A través de esos otros eventos asociados al vivir.
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Vivir así,
Es como recorrer el espacio exterior,
Atado a una cinta que impide la sensación de libertad.
…Una cinta que es yunta…un espacio exterior que es laberinto insípido.
No se, entonces, si rescatarte,
Trastocando la lógica,
Porque hacerlo, sería tanto como inhibirte para continuar el vuelo, libertario
Que tanto has anhelado.
Tal y como está planteado, el problema, es absurdo.
Tanto como elegir entre vivir la angustia absoluta,
Imaginándote distante,
…o asumir la restricción progresiva de mi identidad,
Absorbido por tu presencia.
De todas maneras,
He permanecido, recreando lo cotidiano, contigo.
En una pertenencia tendencial aparente.
Porque es tan concreta como el Sol.
Que, entre otras verdades, nació y creció contigo.
Todo lo que he aprehendido de tu mirada,
Constituye mi único acercamiento, a la espiritualidad,
Y a la razón de referenciar la vida,
Como fundamento,
Como espacio posible.
Aún en este tiempo
Áspero e inflexible,
Sin otorgamientos sutiles,
Sin la esperanza de ejercer afecto sincero,
Sin lealtad y sin compromiso,
Con la solidaridad.
De todas maneras, aún cruzado por dudas
Y la angustia de no sentirme el centro absoluto de tus anhelos,
Sigo creyendo en la certeza de mi plenitud,
Como amante y como sujeto que subvierte, cada instante,
A partir de sentirme cercano a tu vida.
Samuel (01, 01, 00) en recuerdo de mi madre y de Juliana
A pesar de mis convicciones enrevesadas, asfixiadas por mi mundo interior, asistí a un acto de
desagravio, ante el cadáver de Isolina. Invité a Juliana. Ella se hizo presente en compañía del
profesor Arenas. La miré y lo miré; deseando que Pedro Arenas estuviera ahí, ocupando el lugar
que ahora ocupa Isolina. Deseando verla resucitada. Deseando verlo en ese cajón, o en una
fosa común.
En una fracción de tiempo, me vi., despertar de un sueño. Estaba con Olga. Le dije algo
parecido a la necesidad de conocer el paradero de Juliana. Al mismo tiempo, estaba recordando
42
un sueño anterior en el que Pánfilo, accedía a una petición mía. Nubarrones que ocultaban
hechos conexos con esa interioridad que he mantenido toda la vida. Sesgada, antiética,
vulneradora, asfixiada por mi noción del sexo emparentada con el concepto de mujer, en el que
esta sirve solo para ser avasallada, cabalgada, saciada ,o insaciada. Solo como objeto viviente
al que siempre la espera un falo. El mío y el de todos nosotros los hombres.
Un día después del acto de desagravio a Isolina, Juliana me hizo llegar un texto escrito por uno
de sus hermanos. El texto venía con una nota adjunta. En la misma Juliana decía:‖…para mi
amigo Samuel. Ojala leas esto, considero que abrirá tus sentidos en relación con la vida de los
otros y de las otras…y contigo mismo.
UNA HISTORIA, UNA VIDA
Escribir acerca de uno mismo, supone asumir el reto de ser absolutamente sincero. Porque está
de por medio el encuentro con aquellas verdades ocultas. Aquellas que, a veces, no me atrevo
a reconocer.
Lo cierto es que, mi vida, ha transcurrido de manera sinuosa. Es decir, ha estado alejada de la
homogeneidad. Es tanto como entenderla vinculada con hechos que, en sucesión, se asimilan a
estados de ánimo; a lo que podríamos llamar expresiones originadas en mi manera de
relacionarme con el entorno cercano y con todo el mundo exterior.
Mi infancia, en esa primera etapa que algunos han dado en llamar la primera aproximación a la
interacción con los otros y con las otras, transcurrió sin afugias en lo que tiene que ver con el
aspecto económico. Es decir, sin los contratiempos ni las limitaciones que han tenido y tienen
otros niños (as).
Lo anterior no supone, en una perspectiva integral, la ausencia de dificultades. Entre otras
razones porque, en esa dimensión de integralidad, es necesario incluir lo que antes denominé
―estados de ánimo‖. Estos, para mi, no son otra cosa que momentos en los cuales me invadía la
tristeza y la soledad relativa asociada con cierta forma de distanciamiento, con respecto a mi
padre a mi madre. Algo así como saberme incomprendido.
Con el correr del tiempo, en la medida en que fui creciendo, ese distanciamiento y esa
percepción de no ser reconocido de manera plena como persona, me fui acercando más a la
exterioridad. Era como una búsqueda de vivencias colectivas, disociadas del entorno inmediato
familiar. No puedo negar que, ese proceso, fue y ha sido conflictivo. Es algo así como
relacionarlo con la identificación de hechos y acciones que antes no había conocido.
Todo lo anterior, cruzado por las condiciones que imperaban y marcaban esa exterioridad. Una
ciudad y un país en donde se desarrollan procesos sociales, políticos y económicos traumáticos.
Con situaciones de violencia y en donde la inequidad se profundiza de manera constante. Si
bien es cierto mi percepción de estos hechos no ha sido plena, aun ahora, no es menos cierto
que es una realidad que impacta; así no tenga mucha claridad en cuanto a su origen.
A mis casi quince años, me considero un adolescente relativamente sensible. Me he esforzado
por reivindicar mi libertad y autonomía; en contextos en los cuales han existido expresiones
autoritarias. Tengo claro que esto le sucede, también, a muchos y muchas adolescentes. Lo que
pasa es que asumo la individualización. Y esto supone reconocerme como persona. Como lo
que soy, con diferencias precisas con respecto a los jóvenes de mi edad.
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Al terminar su lectura, lo destruí con rabia. No quería parecerme al sujeto que lo escribió. Odié
a Juliana, a su hermano…a todos y a todas. Lo mío era y es otra cosa. Soy Edipo vergonzante.
Deseo a mi madre, a mis hermanas, a Juliana, a Susana…a todas. Estoy bien así, como sujeto
sui géneris, que abrirá una nueva era. Recordé escenas de la película ―Silencio de los inocentes‖.
Me vi. reflejado en el vulnerador. Recordé la novela ―El perfume‖, yo era el buscador de la
esencia del ser humano, por la vía malvada. Recordé a ―Los niños del Brasil‖, con Susana
contemplaba el esfuerzo por revivir el ego ario.
En la noche de ese día en que palpé el sexo de mi madre, de Olga, de Maritza, de Martha, de
Juliana; me inventé otro yo. Ese que a veces deambula por mi mente. Ese que, en momentos
de debilidad acerca de mis convicciones, veo tierno, amante sincero, respetuoso de las mujeres,
compartiendo con ellas sus opciones de libertad.
En este momento cualquiera,
De un día como este,
Siento venir tu voz,
Veloz, ligera.
Como diciéndome, aquí estoy,
Pero sin estar ahí.
Como cuando escuchaba la voz,
En mis sueños,
Esa voz no identificada,
Pero que era la tuya.
Cuando soñaba
Desde niño,
Que llegaría un día,
Como este,
En el cual sintiendo tu voz,
Era como no sentirla,
Porque no era conmigo con quien hablabas.
Samuel, como hereje de si mismo (01-01-01).
Sinisterra estuvo en casa de Susana. Celebraban la conquista de un nuevo mercado para la
empresa. España había sido un tanto renuente a comprar la patente del registro étnico. Por fin
habían logrado superar el obstáculo asociado a una especie de remordimiento. Una sensación
de culpabilidad que derivaba de su presencia en esta parte de América.
Dicha celebración, incluía la entrega de condecoraciones a quienes se habían destacado en la
empresa, por su capacidad de sometimiento a su desarrollo y fortalecimiento. Susana era una
de ellas. Sinisterra la había propuesto ante la dirección de la empresa. Con el título: a la más
capaz de nuestras impulsadoras. Condecoración que incluía una bonificación económica.
Yo asistí a ese evento. Lo hice como propietario del yo cuestionador encubierto, de la perversa
actividad empresarial. Por el mismo hecho de ser cuestionador encubierto, fui invitado. No
alcancé el tope de sometimiento requerido. Me asignaron 50 puntos de 100. Apenas obvio,
Susana alcanzó 100 de 100.
44
Sinisterra habló. Se deshizo en halagos verbales a Susana. La presentó como una mujer
dinámica, emprendedora, capaz de sacar adelante a la empresa, por encima de cualquier
consideración o principio.
Tres días después supe que Susana había volado mucho más bajo. Había claudicado ante el
incisivo Sinisterra. Habían viajado a un lugar cerca de la capital y estuvieron dos días
encerrados; otorgándose al placer que brinda el forcejeo grosero, sin otro aliciente que vaciarse.
Tal vez mi descontento y caracterización de ese hecho, era una muestra de mi capacidad para
engañarme a mi mismo. Porque, en fin de cuentas, ha sido ese mi estilo de vida. En sueños y
en la realidad. Repudiaba lo de Susana y Sinisterra, realmente, porque no era yo el horadador
de Susana.
Corría el mes de agosto del año en que llegué a los 35 años. Se celebraba en la ciudad un
encuentro de estudiantes de filosofía e historia. Este evento fue organizado por la universidad
en la cual es profesor Pedro Arenas. Juliana me hizo llegar el cuadernillo con la invitación. Se
incluía una conferencia del profesor Arenas, titulada La Virtud y la ética en Sócrates.
Decidí asistir a la conferencia. Lo hice, en el interregno de mis constantes reflexiones. Sabía, de
antemano, que Juliana y el profesor Arenas, aparecerían ante el público, como concordantes en
sus principios y valores. Como agentes del conocimiento profundo acerca de la historia de la
humanidad. Como defensores de la libertad de pensamiento y de la prodigalidad que permite la
filosofía, como soporte.
Efectivamente, al llegar al auditorio, ya estaban ahí Arenas y Juliana. Organizaban los
documentos y la logística inherente a la conferencia. Un auditorio colmado de estudiantes e
intelectuales de la capital, de otras ciudades y del exterior.
El conferencista empezó su disertación.
Introducción
“…El ambiente cultural y las preocupaciones de Sócrates son las mismas que de los
sofistas. Pero más allá de una crítica [a lo establecido] tan radical como fuera la de los
demás sofistas, domina en él su absoluto empeño por "buscar la verdad", convencido de
su existencia y de la posibilidad de alcanzarla.
A esta tarea convoca a sus conciudadanos y particularmente a los más jóvenes, a los
que insta a que indaguen por sí mismos la verdad en torno a la condición humana…”26
He considerado pertinente iniciar este trabajo, con la anterior cita. Fundamentalmente, porque
permite situar un contexto adecuado; comoquiera que pretendo profundizar en algunos
aspectos vinculados con la teoría socrática en torno a la significación que tienen la virtud y la
ética como valores inherentes a la humanidad.
La noción de ética está asociada a la actitud y al comportamiento en un entorno social preciso.
Cada sujeto, individualmente considerado, asume un rol determinado que lo define y concreta
como ser que se diferencia de los demás. Es tanto como entender que la dinámica de la vida
colectiva, no puede suponer la pérdida de la identidad.
Digamos que reconocerse, implica una primera identificación del significado básico como
sujeto; en lo que este tiene de vigencia como expresión de lo humano que se concreta.. Esto
supone una interacción originada en el “descubrimiento” de la diferencia que, a su vez, está
asociado al desarrollo de las percepciones primarias que, por esto mismo, permiten agregados
26
Arje, j de Echano y otros autores. B.U.P. Ediciones Vicens-Vives S.A., España 1995.
45
hacia la construcción de acciones y realizaciones complejas. En otras palabras, se trata de
logros individuales y colectivos denominados (...en una sumatoria lógica, mas no lineal) cultura.
La desagregación de roles, en escenarios de intervención y presencia de los sujetos,
trasciende a la sola posición adjudicada por la diferenciación biológica, natural. Se entiende
como elaboraciones en nexo con ese reconocimiento de sí; como esa expresión que trasciende
a lo primario y se convierte en pauta, en códigos instaurados como necesarios, que requieren
ser acatados, sin que necesariamente, implique a la identificación o, inclusive, así supongan
una posición en contravìa de la autonomía y la libertad para el desarrollo de la individualidad.
Entonces, cada construcción cultural; pasa por la imposición de un determinado modelo, de
una determinada guía o procedimiento para consolidar el reconocimiento que invoca cada
individuo; en un contexto que reclama y requiere ordenar y pautar la vida; como soporte para
articular, para justificar el “equilibrio” entre quienes conviven en un espacio territorial y han
heredado procedimientos, costumbres y visiones de lo natural. Por lo tanto se entienden
comunes. Se asume, en consecuencia, que “se ha estado ahí”..., “y se está ahora”; con los
condicionantes y las imposiciones que han sido previamente desarrolladas y acumuladas,
como agregados que comprometen.
Visto así, la noción de lo social, se erige como colateral de los acumulados y agregados
culturales compartidos (...Impuestos) y que ejercen como condicionantes; para hombres y
mujeres en escenarios territoriales y geográficos determinados. Inclusive, la misma noción de
geografía, territorio y espacio, está relacionada con las identificaciones previamente
establecidas y transmitidas.
Desde esta perspectiva, la profundización en torno a los postulados socráticos, supone hablar
de la interacción como necesidad. Pero esta interacción debe desenvolverse con arreglo a
pautas construidas no desde una posición egoísta, en la cual cada individuo reivindique su
expresión como prioridad, vulnerando a los demás; sino que debe construirse a partir de valorar
la búsqueda de la justificación, de la razón de ser de esa interacción. En mi opinión, lo que
Sócrates reivindicó como conocimiento y su nexo con la verdad; no fue otra cosa que una
opción vida en la cual, el progreso de la sociedad, esté soportado en la generación, desarrollo y
consolidación de valores sólidos, como guías constantes, que trasciendan lo inmediato y se
proyecten hacia el futuro.
2. El conocimiento y la verdad.
Sócrates confrontó con firmeza las posiciones vigentes. Podría decirse que, esa confrontación,
estuvo anclada en la reivindicación de la gestión individual de cada sujeto, basada en la
indagación y la reflexión. A partir de ahí, postular nuevas interpretaciones. Así, entonces, el
conocimiento no puede ser una dádiva. Tampoco es un privilegio heredado. Se adquiere con el
esfuerzo individual, ligado a la participación en escenarios concretos que convocan a la
discusión y el intercambio. Solo así puede entenderse la magnitud de los retos que tiene la
humanidad. Sócrates, entonces, realiza un ejercicio individual y lo conecta con un ejercicio
colectivo, social. Convoca a unir esfuerzos para acceder a opciones de mayor jerarquía.
Entendida, esta última, como mayor dimensión. La moral, la virtud y la ética, en consecuencia,
son realizaciones que se insertan en el cuadro de valores de la sociedad; a partir de esas
acciones vinculadas con el conocimiento y con la asunción de esos retos.
La visión socrática, en mi interpretación, es una absolutización del esfuerzo individual en la
búsqueda de referentes, a partir del desarrollo del conocimiento. Vista así, esa visión, podría
aparecer como la reivindicación del individualismo, en abstracción del contexto social en que
cada individuo intervine. Sin embargo, efectuando un análisis de conjunto, es posible entrever
que él entiende la acción individual como un punto de partida; como un instrumento con el cual
la sociedad puede llegar a alcanzar y realizar postulados plenos de justicia y equidad.
De otra parte, la opción socrática, es una invitación a trabajar por ser consecuentes. Esto
traduce, no ejercer posiciones de desdoblamiento. Cada sujeto debe adquirir conciencia acerca
46
de su rol. Debe esforzarse por hacer coincidir lo que dice ser de si mismo, con sus
intervenciones prácticas, cotidianas.
Veamos esto, en la siguiente reseña.
“…2.1 La tarea moral. Para Sócrates el saber fundamental es el saber acerca del hombre. La
tarea más importante de cada uno es el cuidado del alma, y la del político, hacer mejores a los
ciudadanos. El saber que defiende es, pues, ante todo, moral o práctico y, además, universal.
Se trata de conocer para poder obrar bien. Sostiene que en el conocimiento está el secreto de
la actuación moral. El conocimiento es virtud, el vicio es la ignorancia, y el remedio está en que
la virtud puede ser enseñada. Cuando el hombre conoce el bien, obra con rectitud: nadie se
equivoca a sabiendas. La causa de que los hombres obren mal no está en una debilidad sino en
un error intelectual: juzgan como bueno o conveniente lo que no es tal.
Por esta razón invita a cada uno a preguntarse sobre qué‚ sea el bien, en la confianza de que –
sin necesidad de "molestar a los dioses"– la razón que anida en cada uno puede alumbrar ese
conocimiento. Esta búsqueda le da al hombre su felicidad.
Establece así esta secuencia:
–Conocer. ¿Para qué? –Para obrar bien.
–Obrar bien. ¿Para qué? –Para ser feliz.
–El sabio es feliz.
2.2 Superación del relativismo. También Sócrates, como los demás sofistas, es crítico con
lo establecido. No se trata de aceptar los valores tradicionalmente admitidos o las opiniones
establecidas aunque sean las de la mayoría.
Es preciso buscar lo que las cosas son y, en concreto, qué sea la justicia, la virtud o el bien.
Paradójicamente admite con los sofistas que la virtud puede enseñarse, pero no admite que
haya maestros, porque el conocimiento se encuentra en nosotros y sólo se necesita un método
adecuado –que desde luego no es la retórica para sacarlo a luz.
Lo importante es buscar lo auténtico por uno mismo; sólo el individuo autónomo puede dar
razón de sus actos, estableciendo así la prioridad de la "razón" (conciencia) como instancia
última moral, culminando y superando, de esa manera, la crítica sofística y el relativismo moral,
porque no se puede separar lo que es bueno para uno de lo que es bueno sin más.
2.3 La virtud es conocimiento. Al considerar que todas las virtudes morales son formas de
conocimiento, Sócrates entiende que seríamos justos si conociéramos la justicia, porque no
interesa un saber teórico sino práctico, porque no queremos, en último término, saber qué es la
justicia sino "ser justos", o que cosa sea la valentía, sino "ser valientes". …‖ 27
3. Hacia una interpretación de la visión socrática en la actualidad.
El ser individual es, de por sí, complejo. En cuanto logra, aún en su condición de individuo (a)
primario (a), construir su propia visión de la exterioridad. Este proceso está asociado a los
sentidos biológicos. La percepción, como ejercicio inicial que permite acceder a insumos
externos, ejerce como instrumento para recolectar esos datos y procesarlos. Ya ahí, la
diferenciación se establece por la vía del seguimiento y continuidad, originados en la capacidad
para retener la información e interpretarla. No es una memoria simbólica ni formal, como la de
los otros animales. Esa memoria trasciende a la repetición simple de lo aprendido, a manera de
expresión espontánea y/o de respuesta instintiva a motivaciones externas. Por el contrario, es
una memoria en constante actividad y que actúa como recurso pleno e intencional, cuando se
hace necesario recordar lo visto antes, lo vivido; a partir de experiencias individuales y
27
Ibíd..
47
colectivas. Así y solo así se puede entender la capacidad que adquiere cada sujeto (a), para
proponer y desarrollar opciones dirigidas al proceso de transformación de la exterioridad. Pero
también, para entender la construcción de una simbología para sí; de tal manera que ejerza
como instrumento fundamental, a la hora de definir sus propias perspectivas; en cuanto
expectativas originadas en su propia pulsación con respecto a los (as) ) otros (as). Entonces, la
esperanza, la ilusión, los afectos, el placer como elaboración suya; constituyen referentes en
los cuales se cruzan la individualidad y lo colectivo. No como derogación de lo primero en
función de lo segundo; sino como interacción que el (la) sujeto (a) individual acepta, e incluso
propone, en el camino hacia la obtención de un determinado fin. Ya, en esta expresión, es
pertinente entrever la influencia (...en esa memoria individual, como acumulado constante) de
las tradiciones aprehendidas por la vía de la imposición y/o de la experiencia directa, que
adquieren determinadas instancias simbólicas; construidas a partir de procesos individuales y
colectivos. Así entonces, a manera de ejemplo, cabe analizar en ese espectro; el rol de la
religión, de los códigos y paradigmas que ejercen como limitaciones al desarrollo pleno de la
individualidad, en cuanto adquieren una significación que trasciende a cada sujeto (a) y lo (a)
obliga a un acatamiento; so pena de quedar por fuera de esa figura de concertación colectiva
que lo (a) compromete. No reconocer la concertación (a la manera de equilibrio); tuvo siempre
(...y tiene ahora) para cada sujeto (a) repercusiones profundas. Inclusive, de su aceptación o
no, depende en muchos casos la existencia suya como sujeto (a) individual vivo, como actor
válido.
En este contexto cabe una expresión relacionada con la incidencia que adquieren las opciones
propuestas, por parte de los (a) sujetos (as) individuales; en lo que hace referencia a la
interpretación de las pautas, paradigmas y condiciones vigentes en un determinado período
histórico. En sí esas pautas y condiciones, no son otra cosa que construcciones colectivas que
trasciendan a cada individuo (a). Podría aseverarse inclusive que, en las mismas; cada sujeto
se subsume, como quiera que no le esté permitido transgredirlas. Está obligado, en
consecuencia, a asumir una interpretación similar a la que realizan los (as) otros (as). Si su
decisión es hacer trasgresión, bien sea por la vía de proponer una interpretación diferente y/o
de asumir la opción directa de cuestionarlas y trabajar por su destrucción; se entiende que
asume las consecuencias a que esto conlleva…Entonces se configura, a partir de esa
intervención individual, una confrontación con la simbología e iconografías colectivas. Aquí, en
esa confrontación, se enfrenta la construcción individual con la construcción colectiva. Esto es
válido, como decíamos arriba, tanto para los paradigmas colectivos asociados a la religión;
como para aquellos paradigmas asociados a la noción de ordenamiento y de jerarquización.
Queda claro, asimismo, que estas construcciones colectivas, son posteriores a la apropiación
primigenia de la exterioridad, a la internalización primera realizada por cada sujeto (a) en su
contacto inicial con la naturaleza. Es decir, son elaboraciones, desarrolladas en el tiempo y en
el espacio; como acciones concientes o inconcientes (...o mediante una interacción entre los
dos estados) en donde se aplica el conocimiento acumulado, a manera de ordenamiento de las
percepciones recibidas y almacenadas en la memoria. Pasa a ser, por esta vía, una memoria
de todos y todas. Una memoria colectiva que se construye a través de la comunicación y de la
instauración de códigos e íconos que dan fe de la concertación.
Toda herejía, en principio, es una acción individual. Compromete a quien realiza una
interpretación diferente y se decide a proponerla como opción. Bien sea como modificación
parcial de las pautas, paradigmas y condiciones instaurados como referentes colectivos; o
como alternativa que conlleva a una modifi9cación total, radical. Algo así como o son esas
pautas y paradigmas o son estas pautas y paradigmas alternativos. Ya ahí, en esa acción de
proponer una alternativa, se configura un distanciamiento con respecto al ordenamiento vigente.
Adquiere ese hecho un significado asimilado a la ruptura. En el proceso de enfrentar esa
opción (...u opciones) con las existentes; el (la) sujeto (a) que ejerce como cuestionador (a),
desemboca en una posición herética. A partir de ahí, se trata de definir las condiciones y el tipo
de acciones a realizar, el proceso de difusión de la opción u opciones nuevas. Aquí,
condiciones, tienen que ver con los insumos recaudados para sustentar la nueva opción. Tipo
de acciones, tiene que ver con realizar una confrontación individual absoluta. O la adquisición,
mediante el proceso de persuasión o imposición, de una aceptación de los (as) otros (as). De
tal manera que pueda presentarse y desarrollar como opción u opciones colectivas. Esto no es
otra cosa que el comienzo de una sumatoria de acciones diferenciadas; en procura de lograr la
48
aceptación y acatamiento, bien sea de la modificación parcial o de la erradicación de las
anteriores pautas y paradigmas y, en su reemplazo, erigir las nuevas.
De todas maneras, bien sea que se actúe n un u otro sentido, es evidente la necesidad de
cierta subyugación hacia los otros y las otras. Algo así como entender y aceptar el principio
básico relacionado con el ordenamiento y el equilibrio por la vía de la imposición de pautas y
paradigmas: siempre existan referentes establecidos como condición para el ordenamiento y el
equilibrio; habrá unos códigos y obligaciones que ejercen como limitación a la libertad individual.
Alcanzar unos nuevos referentes, unos nuevos códigos y nuevas obligaciones; supone la
realización de acciones que controvierten lo anterior.
A manera de conclusión.
Los humanos hemos recorrido un largo camino. A pesar de las vicisitudes, hemos mantenido la
esperanza de alcanzar la justicia; a partir de promover la concreción de valores éticos y morales
en nuestra gestión. Esa esperanza debe permanecer. Por ella debemos luchar. Y, en este
proceso, las enseñanzas de Sócrates siguen siendo un faro.
Los aplausos fueron abrumadores. El profesor y Juliana estaban sonrientes, sabían que sus
aportes eran bien importantes, para la interpretación del legado socrático. Yo volví a sentirme
como pigmeo intelectual. Ante esa alegría sincera de Juliana y ante el reconocimiento hecho al
profesor Arenas. Volví a sentir odio exacerbado. Yo, con mis convicciones torcidas. Esas que
reclaman un reconocimiento a mi condición de sujeto portador de una nueva lógica y de una
nueva ética para la intervención individual y colectiva, en el proyecto de vida futuro. Con mis
perversidades aceptadas por mi mismo en un desdoblamiento en el que interactúan ese yo
interno amado por mi, cual narciso pervertido. La perversión es para mí, un ícono interior que
alimenta mi quehacer, que lo orienta a manera de referente continuo. Ese yo que destruye
opciones, que invalida la intervención de los otros y de las otras. Que pretende aparecer como
admirador de Isolina y de su memoria, que pretende enjuiciar a Pánfilo y al ciudadano A., pero
que a la postre los reivindica, porque son como el yo interior. El que vivifica figuras nihilistas, a
partir de un Nietzsche escamoteado, falseado.
Salí, sin saludar y sin despedirme de Juliana. Vagué por las calles sórdidas de la ciudad,
amasando mi interpretación de la vida y construyendo venganza, a partir de posicionar mis
convicciones como norte. Ese norte mío que va desde mi pasado tortuoso, hasta este presente
alienador de mi mismo. Como sujeto suplicante. Como profeta de una nueva vida asociada a lo
que soy. Como sujeto vandálico, sin otra moral que la que sirve para acuñar tipificaciones de la
humanidad y su historia, similares a Mirosvick en su justificación del aniquilamiento de bosnios.
Como imagen de un Robespierre transformado en verdugo insaciable. O como vendedor de
ilusiones saturadas de maldad. Una maldad mística. Tatuada al cuerpo, para que todos y todas
lo miren y se conviertan en promotores perpetuos. Incluidos Pánfilo y el ciudadano A.
Vi. el anuncio de una película. Decidí entrar a verla. Entre a obscuras. Tanteando el espacio,
hasta encontrar asiento. Ya había empezado.
El desencuentro con Lucía
Capítulo I
1.1 El encuentro.
A. El contexto
Corría el año 1992. En nuestra ciudad, ciudad de todos y de nadie; Adrián asumió su
condición de sujeto perneado por la ilusión de iniciar una vida soportada en el
49
concepto de sí mismo anclado en su nexo con su par afectivo. Desde una perspectiva y
un contexto que incluyen una noción de la especificidad como garante de la diferencia,
de la heterogeneidad en términos de la participación de cada quien en lo colectivo. Con
sus vicisitudes, con las posibilidades de ser feliz, pero también de sufrir los rigores
inherentes al fracaso.
B. La cotidianidad.
El día 15 de febrero, cumplí con mis obligaciones académicas. Matriculado, desde los
siete años, en el colegio Franz Kafka; siempre he atendido la disciplina vinculada con la
escolaridad. Pero, ese día en particular, hubo aspectos un tanto diferentes a los otros
días. Para empezar no había visto, en la mañana, a Lucía, como era costumbre. Ella
estudia en el Liceo San Lucas. Está ubicado justo al frente del colegio Kafka. Cursa
décimo grado. Yo estoy en noveno grado. Además tuve un altercado con el profesor
Julio César. Todo alrededor de una expresión mía, respecto a la evaluación de biología.
También, Fabián me hizo un comentario molesto, relacionado con Lucía y con su amiga
Cindy. Reconozco que me afectó mucho. Principalmente aquello de insinuar una
relación entre ellas, diferente. Mucho más allá de la amistad considerada normal. Todo,
soportado en las caricias y el beso que, según Fabián, había observado la noche
anterior entre las dos; en la fiesta celebrada en casa de Teresa.
- Adrián, disculpa mi expresión. Yo se que tu la amas. Se también que ella es
irreverente ante todos los valores en los cuales hemos sido educados. Consideré un
deber, como amigo, contarte ese hecho.
-No te preocupes Fabián. Yo se que tu intención es sana. Sin embargo, debes entender
mi afectación. No es fácil asumir la posibilidad de que Lucía y Cindy se amen. Porque
ello implica una opción de vida afectiva diferente. Yo no comparto el concepto de
liberalidad inherente a la homosexualidad y al lesbianismo.
- El problema, Adrián, es complejo. Te sugiero que hables con ella.
Al despedirme de Fabián, retomé el camino a casa. La confusión me cruzaba, me
obnubilaba.
Al llegar, saludé a mi madre y a Juanita, mi hermana. Rechacé la invitación a almorzar.
Sinceramente, no tenía apetito. Algo inusual en mí. A pesar de su extrañeza, mi madre
no hizo ningún comentario. Me encerré en mi cuarto. No me sentía en capacidad de
comentarle a mi madre la situación. El término exacto para describirla, es miedo.
Miedo a asumir los efectos colaterales que esto tiene. Miedo a sentirme rechazado por
Lucía. Aunque, a decir verdad, entre ella y yo, no estaba consolidada una relación
afectiva formal. Era más de mi parte. Es decir yo la amaba. Si amar es sentir la
necesidad constante de estar a su lado. De sentir, cuando no estoy con ella, una
soledad inmensa que supera, incluso, a la soledad que sentía después de la muerte de
mi padre. Lucía era fría y compleja. Hasta cierto punto impenetrable.
C. La decisión de hablar con mi madre.
En la noche atendí la invitación a cenar. Mi madre había cocinado pescado, como a mi
me gusta; como le gustaba a papá. Terminé de comer. Juanita se había dormido desde
temprano.
50
- Madre, quiero tu opinión acerca de una situación que considero difícil.
- ¿Es algo relacionado con tu estudio…?
-No, es algo de mayor trascendencia. Algo que me implica y que implica a Lucía.
- ¡No me digas, Adrián, que Lucía está embarazada!...Ya sabes mi dificultad para
entender y aceptar esa expresión de autonomía, por parte de los y las jóvenes.
- Mira, mamá, te he dado mi palabra, en el sentido de no propiciar acciones de
dificultad. He sido, hasta ahora, fiel al compromiso contigo. El caso es diferente. Sin
más rodeos, se trata de un comentario que me hizo Fabián a la salida del colegio. ¿Te
acuerdas de la fiesta que hubo anoche en casa de Teresa?
-Pero, tú no estuviste allá. No veo porque te pueden implicar en algún hecho.
_ Sí, mamá no estuve. Pero no se trata de una implicación relacionada con mi
presencia o no en la fiesta. Es lo siguiente: Fabián estuvo departiendo con todos y
todas. Particularmente con Lucía y Teresa. Antes de terminar la fiesta, observó una
escena, un tanto atípica, entre Lucía y Cindy. Tanto como que estaban tomadas de la
mano, se acariciaban y se besaban.
- ¡Huy ¡ Adrián. Eso es muy grave. Yo diría que inmoral. Tú me conoces. Sabes que,
con mucho esfuerzo, reconozco los derechos de ustedes. Pero de ahí a…
- Lo sucedido no admite discusión; en términos de respeto a la diferencia. Al menos así
lo veo yo. Obviamente, también, con mucho esfuerzo. En fin, mamá, no se trata de
llevar la conversación hacia ese terreno. Es la implicación que tiene; como quiera que
yo amo a Lucía…y su opción afectiva, tal parece que no es heterosexual.
- Adrián eso es muy complicado. ¿Qué piensas hacer?
- Precisamente, mamá, se trata de consultar tu opinión. A manera de ejemplo, Fabián
me dice que debo hablar con Lucía al respecto.
-Discúlpame, Adrián, pero estoy aturdida…No sé. No me atrevería a expresarte una
orientación. Tal vez, te confundiría más. Lo cierto es que tengo que reconocer un alto
grado de dificultad para entender y/o aceptar…
- Pues bien, mamá, te agradezco, al menos, tu sinceridad y el esfuerzo que haces por
entendernos a nosotros (as) los (as) jóvenes.
- Sabes que puedes contar conmigo…
Salí de casa a las nueve de la noche. En principio, quería caminar y darle vueltas al
problema, buscando alternativas. Crucé la calle 72. Me senté en una de las bancas del
parquecito aledaño al centro de salud. Allí estuve más de dos horas. No me podía
concentrar. Toda mi mente era un remolino; una oscuridad absoluta.
Al regresar a casa, encontré a mi madre todavía despierta. Me esperaba. Como lo
hacen casi todas las madres. Intuí su preocupación, su conmoción…y su impotencia.
51
¿Dónde estabas, Adrián?
-Caminé y estuve sentado en el parque.
¿Ya decidiste algo?
- No madre…
- ¿Te vas a acostar ya?
- Sí mamá…
-Espero puedas dormir…
Capítulo II
A. El desencuentro con Lucía.
Al fin pude dormir. Estuve cavilando hasta entrada la madrugada. Desperté, como de
costumbre, a las seis de la mañana. Apenas lo justo para bañarme, colocarme el traje
escolar y tomar un café. No quise el desayuno.
-¿Cómo pasaste la noche, hijo?
-Pudo haber sido peor mamá…Al menos pude dormir dos horas. ¿Juanita?
- Hoy no tiene clases en el colegio. Está dormida.
-Hasta luego, madre.
-Ojala puedas resolver algo, hijo.
Al salir, volvió el remolino. Me imagino que así son los agujeros negros que menciona
el profesor Diógenes en la clase de física. La diferencia está en que no soy una galaxia.
Es una cabeza, un cerebro, como universo.
Antes de entrar al colegio, vi a Lucía. Estaba hermosa, como siempre. Me miró.
Observé una sonrisa forzada; pero sin un ápice de mala intención.
Le hice señales, con arreglo a los códigos ya conocidos y practicados. Una especie de
claves para transmitir mensajes sin palabras. Mis señales decían: - Nos vemos a la
salida…Ella respondió: ¡Te espero¡
La velocidad del tiempo se hizo casi estática. Mi desazón era inmensa. Con un
imaginario en donde deseaba romper cánones científicos. Empujando al tiempo;
haciéndolo tan veloz como la luz. Veía a Lucía en las imágenes gráficas de las
funciones lineales del profesor Vladimiro. O en los surcos inherentes a los ríos y los
mares propuestos por la profesora Isabel…O en los solventes y los procesos de la
profesora Diana…Hasta en el cuestionamiento del misterio trinitario, expresado por el
profesor José Jesús.
52
Al escuchar el timbre, señal que autoriza la salida; corrí, traspasé la portería. Sin pedir
permiso como era mí costumbre; empujando a los otros. Veía, en ellos, un obstáculo y
no la condición humana.
Lucía ya estaba esperándome. Un ceño que ofrecía una expresión de seriedad...O, al
menos, de no alegría. Nos besamos la mejilla, como siempre.
- Lucía…tengo que hablar contigo…
¿De qué, Adrián?
-…Mira…es que…
¡Hum ¡…pareces con problemas de dicción.
- Lo siento, Lucía. Es lo siguiente:..¿Me amas?
-Ya hemos hablado de eso, Adrián. Te quiero como amigo. Significas mucho para mí.
Pero…no estoy enamorada de ti.
- Sí…Ya me lo has expresado muchas veces…El problema es que tengo dificultad para
entenderlo y asimilarlo…
¿-…Y…?
- ¿Me permites una pregunta?
¡Dila ¡
¿Te gustan las mujeres?
¿No crees que estás yendo muy lejos?..La privacidad es un territorio que no está a
disposición de los otros o de las otras.
- Por eso de pedí permiso para…
- Pero, esa, es una pregunta diferente. Ya te he dicho, la privacidad es…
-Inabordable, ya lo dijiste.
-…Entonces, creo que no tenemos más que hablar, al respecto.
¿Definitivamente, no podrás amarme nunca?
…No Adrián. Ya amo a alguien.
¿…A quien?
…A teresa…Chao.
..Chao, Lucía...
53
Me pareció un novelón rosa. Una de esas historias de vida acartonadas. Sin el rigor que exige
una buena actuación y un buen libreto. Una opción cándida de vivir lo afectivo y la vida en él.
Nada comparable, dije, con mi visión, en la cual confluyen la erosión espiritual, a partir de
aceptar como necesarios los conceptos por fuera del condicionamiento ético, que equilibra a la
sociedad. Lo mío es un canto al desequilibrio, a una anarquía centrada en el desmoronamiento
de reglas hechas para perpetuar un entendido de verdad y de vida, atados a la reivindicación
de los sujetos individual y colectivo, como susceptibles de ser permeados por el humanismo
como corriente filosófica y como interpretación del camino hacia la reconciliación.
Yo no abogo por ninguna reconciliación. Lo mío es trabajar por la imposición de mi modelo.
Con mi carga emocional, llegué a casa. No dormía, desde el día en que asistí al acto de
desagravio hacia Isolina Girardot. Mi madre me esperaba. Había esperado, como quien extraña
la no presencia de su amante. No, en versión real, desde mí entrevista con Verdaguer, cuando
le exigí que no la amara. Que ella era mía. Tenía derechos insoslayables sobre ella. Porque la
había conocido desde antes de nacer ella. Porque fui su centinela y acompañante defensor, en
todos sus vericuetos amorosos. Incluido el de su vida al lado de Santiago. Porque la había
poseído una y otra vez, a través de sus amantes, siendo mi falo el de ellos. Porque a ella no le
era permitido vivir sin mí. Porque no había lugar para nadie más que yo. Porque la acompañé
en su huida desde el vientre de su madre, hasta la galaxia aquella que le construí. Yo, como
sujeto irreal en lo físico, pero de una aplastante presencia onírica constante. Llevándola y
trayéndola, por el espacio inmenso, sin luz. Sin ningún horizonte preciso. Solo guiados por la
convicción de que huir era necesario. Para no encontrar a Arquímedes, su padre. Para no
presentarse ante su madre. Para alucinar cada día, cada uno al lado del otro. Para no encontrar
este presente mojigato, moralista que nos inhibe para desearnos y para amarnos. Para
transformar este presente que se ha vuelto insostenible, a causa de la lógica de la historia, en
la cual se han desagregado los espacios y los cuerpos. Donde cada quien tiene un rol
preestablecido, originado en los hechos pasados. Transformación de los mismos, es condición
indispensable para estar con ella. En donde no aparezca ninguno de los que la han avasallado,
cabalgado, saturado, aniquilado. Sin usted, Verdaguer, sin Federica, sin Francesca. Váyase.
Usted me estorba. Váyanse todos y todas, que quiero estar con ella.
David Menchú, estuvo al lado de su hermana en Guatemala. Estudió filología en Buenos Aires.
Una vez graduado, regresó a su país. Se vio obligado a huir de nuevo, en razón al acoso y la
persecución a los que fue sometido. Lo conocí a través de Julián Hormiga. A su vez, había
conocido a Julián en el colegio. Cuando yo era alumno de Juliana, en décimo grado. El estaba
en grado 11. Viajó al Ecuador y al Perú, en la intención de seguir de cerca las investigaciones
antropológicas e históricas del patrimonio cultural de los Incas. Estuvo en Bolivia, durante las
huelgas de la COB y asistió al episodio conocido como el vacío de poder que vino a ser llenado
por Leyda Guelier. Allí conoció a David.
Asistí con ellos a un simposio de filología en el Teatro España. De eso hace casi seis años. Sin
terminar mi soliloquio, me quedé dormido. Empecé a incursionar por lugares pasados. Me vi.,
escuchando una de las conferencias de Menchú.
UNA INTERPRETACIÓN DE LUDWIG JOSEF JOHANN WITTGENSTEIN
(Nació: Viena, Austria en 1889 y murió en Cambridge, Reino Unido, en 1951)
1... Justificación.
54
La indagación acerca de los contenidos, en un texto y/o en una determinada exposición teórica
y conceptual, nos convoca a realizar recorridos, también, teóricos y conceptuales. Porque, en
otras palabras, toda indagación, debe estar soportada en la visión y en la interpretación
particulares de quien la efectúa. De no ser así, navegaríamos en una especie de lugares
comunes o, lo que es lo mismo, en una homogeneización impertinente. Esto, en razón a que
debe prevalecer la asunción de retos que comprometan una opción conceptual. Queda claro
que, hablar de asumir retos y postular opciones teóricas, no supone vulnerar el soporte
fundamental de los contenidos analizados.
Para el caso de la referencia (el análisis de propuesta contenida en la obra de Ludwig Josef
Johann Wittgenstein); se configura un reto vinculado con la noción de lenguaje, de su
significado, en el proceso de interpretación del mundo y de las posibilidades inherentes, al
momento de transferir con palabras esa interpretación. Algo así como dilucidar el contenido de
estas, de la significación que adquieren, tratándose de la necesidad de expresar la visión o la
internalización que cada sujeto ha construido; a partir de su contacto con los hechos y las cosas
físicas, concretas.
Siendo así, en consecuencia, constituye un reto en el cual aparece una diferenciación clara con
respecto a la indagación acerca de otras opciones teóricas-filosóficas. Entre otras razones,
porque está de por medio el concepto de significante y significado, en términos del lenguaje. Ya
no es tanto, como en Sócrates, o en Platón o en Aristóteles; una reflexión en la perspectiva de
dilucidar la posición del o de los sujetos en torno a determinados referentes (éticos, morales,
físicos, etc.). Tampoco, en desarrollo de la conexión y evolución de la filosofía clásica, se trata
del análisis de la opción kantiana o hegeliana; en términos de la noción de razón, de la lógica,
de las percepciones del sujeto. Lo de Wittgenstein es, si se quiere, una opción teórica que
trasciende esos referentes conceptuales; por cuanto introduce un hilo conductor vinculado con
los contenidos internalizados por el sujeto y la posibilidad de transferir los mismos a partir de
las palabras. Tanto como entender la filosofía como teoría del conocimiento asociada a la
lingüística y a la antropología.
Cabe agregar, además, que esa indagación está inmersa en la dicotomía propia de Wittgenstein;
como quiera que su opción teórica tuviera dos fases claramente contradictorias, al menos en lo
que respecta a los postulados fundamentales.
En lo que sigue, entonces, presento mi interpretación acerca de la opción teórica-filosófica de
Ludwig Josef Johann Wittgenstein. Queda claro que, para hacerlo, me remito a su obra
principal, publicada en vida, ―Tractatus lógico-philosophicus‖; así como a sus dos obras
póstumas ―Investigaciones Filosóficas‖ y ―Los cuadernos azul y marrón‖. El primer texto ha sido
caracterizado, por algunos analistas, como la expresión teórica del ―primer Wittgenstein‖ y los
otros dos (fundamentalmente ―Investigaciones Filosóficas‖), como la expresión teórica del
―segundo Wittgenstein‖.
2. Del análisis.
2.1 La interpretación del mundo.
Considero pertinente comenzar con la siguiente aseveración de Wittgenstein: ―…El mundo es la
totalidad de los hechos, no de las cosas. El hecho, es el darse efectivo de los estados de cosas; mientras
que dicho estado de cosas es una conexión de objetos (cosas). En consecuencia, el mundo será la
totalidad del darse efectivo de conexiones entre objetos…‖ 28
28
Ludwig J., Wittgenstein, “Tractatus lógico-philosophicus” (1.1, 2, 2.01)
55
Toda su construcción teórica, al menos en el Tractatus, involucra la noción de lenguaje. De la
manera como es posible acceder a la interpretación del mundo, por la vía de asociar hechos y,
secundariamente, las cosas percibidos y/o conocidos. Al mismo tiempo, como elemento
colateral fundamental, la posibilidad de transferir esa interpretación por la vía de las palabras.
Es ahí, en ese proceso de transferir, en donde reside la razón básica del conocimiento. Al
menos en lo que este tiene de lógico y comprensible.
El lenguaje, como asociación de palabras con contenido que sirve para comunicar una
determinada idea o un determinado concepto; supone la existencia y/o la construcción de
referentes precisos. Wittgenstein los vincula con la noción de proposición. Es algo así como
entender la indagación, por la vía de los hechos, acerca del mundo (de la naturaleza misma),
como proceso que, a su vez, está soportado en una especie de método que permite articular y
cifrar los contenidos de la proposición, como insumo necesario. Como punto de comienzo, para
realizar la búsqueda. Es decir, darle un contenido con sentido al proceso. Pero, por esto mismo,
adquirir la capacidad de discernimiento que nos permita tipificar al lenguaje mismo, con sus
posibilidades y con sus limitaciones
Por esta vía, Wittgenstein, desemboca en postulados heréticos ( si se observan desde la
perspectiva de la clásica noción de la teoría del conocimiento). Veamos esto, en sus palabras:
―…Me es indiferente que el científico occidental típico me comprenda o me valore, ya que no comprende el
espíritu con el que escribo. Nuestra civilización se caracteriza por la palabra ‗progreso‘. El progreso es su
forma, no una de sus cualidades. Esta forma es típicamente constructiva. Su actividad estriba en construir
un producto cada vez más complicado. Y, aun cuando la claridad y la transparencia, estén al servicio de
este fin, no son un fin en si mismas. Para mí, por el contrario, la claridad, la transparencia, son un fin en
sí…‖29
Sin embargo, considero pertinente un interrogante, en torno a esta noción de claridad y de
transparencia, en términos de la interpretación del mundo, a partir de los hechos y del lenguaje.
¿La transparencia, la claridad son, en sí, una postura ética? ¿O, también, están asociadas (como
concepto), a una expresión que se infiere de la indagación y compromete a una visión integral
del mundo?
Tratando de resolver mi interrogante, me remito a la siguiente expresión de Wittgenstein,
veamos (aclaro que el resumen trascrito a continuación, es una recopilación lograda a partir de
mi investigación en deferentes páginas Web):
―…Además, así como un hecho atómico o estado de cosas [Sachverhalt] es una conexión entre cosas, una
proposición atómica será una conexión entre palabras. Asimismo, dichos objetos o cosas son posibles de
ser nombrados por medio de las palabras, id est, que se da una relación entre las palabras y las cosas, de
manera que las proposiciones atómicas representan hechos atómicos y, de este modo, constituyen una
imagen o pintura [Bild] de la realidad. Y, puesto que "la totalidad de las proposiciones es el lenguaje"
(Ibid., § 4.001), éste será una suerte de mapa de la realidad.
En cuanto a las proposiciones atómicas, las hay de tres clases:
a) Las que representan hechos atómicos: son aquellas que forman parte del lenguaje significativo
[sinvoll], v. gr., ―Sócrates es mortal". Dichas proposiciones, en tanto que se refieren a hechos,
son contingentes y, eo ipso, susceptibles de ser verdaderas o falsas.
b) Las que no representan hechos atómicos: son aquellas que no pertenecen al lenguaje
significativo o con sentido [Sinn], es decir, que carecen de significación. Se subdividen a su vez
en:
29
Ludwig, J., Wittgenstein “Aforismos, cultura y valor, 30.
56
o b.1.) Sin sentido [sinnlos]: v. gr., "Sócrates es Sócrates". Aquí están incluidas todas las
tautologías y contradicciones, de modo que estas proposiciones serán siempre
verdaderas las unas y siempre falsas las otras, aunque de un modo bastante distinto
que las anteriores; puesto que "no representan ningún posible estado de cosas" (Ibid., §
4.462). Por ello, las proposiciones sin sentido no serán, en rigor, auténticas
proposiciones, ya que "pertenece a la esencia de la proposición poder comunicarnos un
sentido nuevo" (Ibid., § 4.027).
o b.2.) Absurdas o insensatas [unsinnig]: v. gr., "Sócrates es idéntico". Es claro que estas
proposiciones no pueden ser ni verdaderas ni falsas, sino absurdas. Estas tampoco son
proposiciones en sentido estricto, sino que se trata de pseudo proposiciones
[Scheinsätze].
Ahora bien, se dijo que el lenguaje se constituía en un mapa del mundo, vale decir, de la realidad. Por lo
tanto, los límites del lenguaje serán los límites del mundo. Y si ocurre que el lenguaje natural tiende en
ocasiones a rebasar dichos límites, ello se debe a que es imperfecto. De ahí que haya que encontrar en el
lenguaje una estructura lógica que constituya su esencia. Dicha estructura lógica será el lenguaje ideal.
Pero sucede que las proposiciones mediante las cuales se describe la estructura lógica del lenguaje no son
ni proposiciones significativas ni sin sentido, sino absurdas. Por consiguiente, no habrá, hablando con
propiedad, metalenguaje. Así, el Tractatus todo no es más que una escalera para acceder a cierta visión
correcta del lenguaje y del mundo; pero es necesario "arrojar la escalera después de haber subido por
ella" (Ibíd., § 6.54).
De esta manera, "lo que se expresa [muestra] en el lenguaje no podemos expresarlo [decirlo] nosotros a
través de él" (Ibíd., § 4.121). De ahí que la tarea propia de la filosofía no sea un decir respecto del
lenguaje sino un elucidar el lenguaje.
[...] nuestras palabras sólo expresan hechos, del mismo modo que una taza de té sólo podrá contener el
volumen de agua propio de una taza de té por más que se vierta un litro en ella. (Conferencia sobre ética)
De ello resulta que "el sentido del mundo tiene que residir fuera de él" (Tractatus, § 6.41) y, por
añadidura, fuera del lenguaje significativo, es decir, del lenguaje con sentido. Recuérdese que, según esta
caracterización del lenguaje, "una proposición sólo puede decir cómo es una cosa, no lo que es" (Ibid., §
3.221).
Ahora bien, que algo esté fuera del mundo, es decir, que sea inexpresable, no implica que no exista sino
que, muy por el contrario, "lo inexpresable, ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico [das Mystische]"
(Ibid., § 6.522).
En efecto, la pregunta acerca de cómo sea el mundo es una pregunta posible de tener una respuesta,
aunque la ignoremos. La respuesta es una respuesta acerca del mundo o, por así decirlo, intramundana y,
en último término, científica, puesto que no pasaría de ser una mera descripción de estados de cosas, de
hechos. Pero que el mundo sea es algo de otra naturaleza. Tan es así que, para poder explicarlo,
deberíamos ubicarnos fuera del mundo, es decir, rebasar los límites del lenguaje significativo, metaforizar,
hacer poesía, metafísica...
El método correcto de la filosofía sería propiamente éste: no decir nada más que lo que se puede decir, o
sea, proposiciones de la ciencia natural —o sea, algo que nada tiene que ver con la filosofía—, y entonces,
cuantas veces alguien quisiera decir algo metafísico, probarle que en sus proposiciones no había dado
significado a ciertos signos. Este método le resultaría insatisfactorio —no tendría el sentimiento de que le
enseñábamos filosofía—, pero sería el único estrictamente correcto. (Ibid., § 6.53)...‖30
Con el respeto debido por Wittgenstein, considero que su método (al menos el expresado en el
―Tractatus lógico-philosophicus‖) conduce a una opción teórica de interpretación un tanto
dicotómica. O, lo que es lo mismo, a una noción del mundo, de los hechos, de las cosas, un
tanto cercana a la visión de los escépticos. Porque, en comienzo se postula la posibilidad casi
30
Recopilación de diferentes páginas Web, entre otras, “Wikipedia, la enciclopedia libre”
57
absoluta de acceder al conocimiento del mundo, por la vía de construir escenarios de
interpretación y de transferencia de esa interpretación a través del lenguaje. Pero, casi
simultáneamente, se diluye esa posibilidad, en razón a la imposibilidad que tiene el lenguaje de
aprehender todo el proceso relacionado con la sucesión de hechos. Es algo así como, en
últimas, un reconocimiento de la impotencia relativa que tiene el sujeto para interpretar la
totalidad y transferir esa interpretación. Algo parecido a un vacío, en donde los conceptos no
desempeñan un rol preciso, desde la perspectiva del conocimiento. Me queda la sensación de
que, lo que denomina Wittgenstein transparencia y claridad, no es otra cosa que cierta
indefensión del sujeto ante esa totalidad. Porque está condicionado por el significado del
lenguaje; porque, Wittgenstein, lo ubica en el terreno en el cual la búsqueda de los significados,
tiene relación con el contenido de unas proposiciones previas que, en su desarrollo, pueden o
no coincidir con el significado que se busca.
2.2 De la diferenciación (primero y segundo Wittgenstein).
Desde mi opción teórica, no considero apropiada la absolutización de los términos adjudicados
a la diferenciación. Infiero, una vez analizados algunos apartes de los textos (―Tractatus lógico-
philosophicus‖ e ―Investigaciones filosóficas‖), que se trata de momentos en ese proceso de
interpretación. Obviamente, debo reconocer que, si el mismo Wittgenstein, reconsideró muchos
de los conceptos vertidos en el ―Tractatus lógico-philosophicus‖; quiere decir que los asumió
como no pertinentes, en el contexto de la evolución teórica de su pensamiento filosófico.
Sin embargo, insisto en ello, para el caso del contenido y la pertinencia de las proporciones
básicas y de la relación significante-significado, en términos del lenguaje (a manera de
ejemplo), en sus ―Investigaciones filosóficas‖, retoma el concepto de lo absurdo o imposibilidad
y lo dimensiona asociado al concepto de contexto.
Lo anterior es lo que explica, en parte, la dicotomía. Entonces, en esta nueva perspectiva en la
cual se vincula la noción de contexto, las proposiciones, su significado, adquieren una
dimensión en la cual se involucra (o infiere) la noción de pertinencia. Esto es lo mismo que
entender una dinámica, en donde los significados tienen que ver con el momento (el contexto)
en el cual se expresa una definición, a partir de una determinada proposición.
Siendo así, entonces, lo absurdo adquiere una connotación asociada con la no pertinencia,
según sea el momento o el contexto en el cual se propone o se infiere un significado.
Desperté. Me encontré al lado de Olga y de mi madre. Verdaguer acariciaba a mi madre. Ahí en
donde ella explotaba. Olga estaba desnuda, me obligó a montarla. Gritaba de placer, viendo a
Verdaguer y a mi madre; conmigo encima. Sacudía todo el cuarto. Las paredes se agrietaron;
todo el lugar fue cubierto de un líquido viscoso, con un color entre amarillo y blanco. Superó la
altura de la cama, nos ahogó…asistí a un despertar equivocado. Porque, realmente, fui
despertado por Silvia, quien había acudido a casa, pretendiendo una expresión de desasosiego,
ante mi ausencia y mí silencio con respecto a ella. Todavía escuchaba las palabras de Menchú.
Todavía me sentía absorbido por el líquido amarillento.
Ya he viajado mucho, comencé en ese lugar que yo creía que no existía. Plaza Felicidad, un
sitio adecuado para darle vuelo a la imaginación. Una imaginación imantada, como quiera que
se ofrecía, por si misma, a quienes llegaran allí, sin naufragar. Requisito con alto grado de
dificultad para alcanzarlo. Porque, náufrago, es aquí haberse dejado vencer por las vicisitudes
cotidianas. Haber sido absorbido, alguna vez, por los códigos que rigen el quehacer, de tal
manera, que cada quien como sujeto pierde su identidad. Se elimina la libertad por la vía de
atar la esperanza a un instrumento fijo, estático. Instrumento conocido como insumo necesario
a la hora de concretar una opción totalizadora. Esa que remite a cada quien, como expediente.
Con un itinerario preestablecido. Aquel que va desde si mismo, hasta el control. Expediente
guardado con sumo cuidado, en secreto. Solo le es dado conocer a quienes irrumpen en la vida,
58
individual y colectiva, como hacedores de oportunidades. Esos que le definen a cada quien, aún
antes de nacer, un lugar y un rol.
Este viaje mío ya estaba codificado. No recuerdo ni el día, ni la hora en que perdí la autonomía.
Creo que esto le ha pasado a todas las personas. Sin embargo, en mí, constituyó un hecho
absolutamente trascendental. Como quiera que estuviera al garete, desde el día en que nació
mi madre, a la cual conocí sin esta haber conocido a mi padre. Recuerdo que, desde mi
condición de niño no nacido, ya estaba girando alrededor de entornos azarosos. Lugares en los
cuales la incomunicación es punto de partida y soporte de la vida.
Plaza Felicidad, es un territorio poco poblado. Tanto así que el número de personas está dado
por una operación simple. Aplicada la misma, el número resultante no traspasa la barrera de
una progresión aritmética, en la cual la finitud está condicionada por el prerrequisito vigente.
Llegan personas de todas partes. Una expresión mínima, si se compara con los habitantes que
quedan por fuera, que no clasifican. Es decir, casi todo el mundo.
Por lo mismo, entonces, yo tuve que huir de allí. Porque mi imaginación es de muy corto vuelo
y porque, siempre me he sentido atado a un tipo de nostalgia que destruye cualquier
aspiración. Lo mío ha sido una vida condicionada. Como la de casi todos los demás; la
diferencia reside en el hecho de ir y venir. Entre sueños tempestuosos y alucinados, hasta vivir
en presente, pero sintiendo encima el pasado como carga inverosímil, que no me deja mover
en libertad. Ya esto lo había planteado antes a Juliana. Precisamente, por esto, Juliana me
acompañó, hasta el día en que se enamoró de Pedro Arenas. Con Isolina, ella y él, reúnen los
requisitos para acceder a Plaza Felicidad. Por su condición de libertarias. Porque, en el caso de
Isolina, llegó hasta la muerte por defender su autonomía. Para ella, la felicidad, siempre estuvo
del lado de sus actuaciones y realizaciones.
El día en que cremaron su cuerpo, después de la breve ceremonia que reunió a todos y todas
aquellos y aquellas que compartimos sus convicciones. Claro está que, en mí, esa comparitción,
es un decir. Porque he sido y sigo siendo un sujeto partido. Un tipo de esquizofrenia
magnificada. Por lo tanto, mi expresión hacia ella aparece como de superficie. Mi interior no
reconoce ese tipo de convicciones y de principios, en razón a que es una interioridad enfermiza,
llena de vericuetos insospechados y que no pueden ser cuantificados. Desde mi vicioso afán por
despojar a las mujeres de su existencia, por la vía de la vulneración constante. Desde mi
madre, hasta Juliana. Desde ésta a Isolina y desde Isolina a cualquier mujer,
independientemente de su cercanía o de su distancia inmensa. A todas las he deseado. Con ese
deseo destructor, grosero.
Ese día tuve conocimiento del legado escrito de Isolina. Comenté con Juliana al respecto y ella
propuso rescatarlo, organizarlo y expresarlo en cátedra magistral. No sospeché, en ese
momento que el destinatario era el profesor Arenas. Me comprometí, con Juliana, a tramitar los
permisos requeridos. Tanto de la familia de Isolina, como también de sus pares en el
movimiento feminista.
Una vez analizados los escritos, por parte de Juliana y del profesor Arenas, se escogió un
escrito realizado por Isolina, acerca del rol de las mujeres en la historia del periodismo en
Colombia. A partir de ahí, Arenas y Juliana diseñaron la versión que sería presentada como
cátedra magistral en la universidad en donde labora el profesor.
La fecha se fijó para el día 8 de marzo. Incluiría la presentación del escrito, su impresión,
revisión, a manera de edición, a cargo del profesor Pedro Arenas. Además se propuso y aceptó
que la cátedra tendría tres sesiones, a partir de ese 8 de marzo. Una cada quince días. La
recopilación de esas tres sesiones, se haría partir de lo expresado por Arenas.
El día de la inauguración estuve, antes, en casa de Jerónimo, el joven que conocí en la
empresa. Jerónimo había solicitado mi intervención en un asunto relacionado con su novia
59
Teresa. Algo así como asistirlos en el proceso de su definición matrimonial. A decir verdad, no
me interesaba ejercer como consejero. Acepté visitarlo, más bien por ese deseo que me
acompañaba, de estar cerca de Teresa. Otra vez, soy conciente de ello, mi afán vulnerador.
Cierta noche soñé con ella. Una réplica de mis continuos abusos temerarios y violentos. La
asedié, desde su salida del colegio, sin que ella se percatara de mi presencia. En un lugar
despoblado, por el cual ella tenía que pasar, la abordé. Yo tenía una máscara para no ser
reconocido. La tiré al piso, la desnudé. La penetré de manera violenta, como lo he hecho
siempre, con mi madre, con Olga, con Maritza, con Martha, con las niñas que he violado.
Teresa era una de ellas, tiene quince años. Su estreches me volvió loco de pasión. Le destruí su
himen, la saturé con mi líquido viscoso que manaba y manaba. Le apreté sus pechos turgentes,
en un ritual asfixiante. Teresa lloraba, forcejeaba. Esto me excitaba más y más. La golpeaba, le
mordía sus labios, hasta sangrar. Quemé su ropa, la dejé en el piso y huí.
Llegué a casa de Jerónimo y allí estaba ella. Todo el tiempo que hablamos, mi mente estaba
lejos, en ese sueño. Sentí deseos de vulnerarla, delante de Jerónimo y matarlos después.
Cuando expresaron su intención de casarse, los odié a los dos. No me hacía a la idea de verla
con él. De presumir su primera noche, envueltos en ese ejercicio puro, sexuado, alegre y
reconfortante. Lo mío no es eso. Lo mío es el afán de acabar con todas; de destruirles su gozo;
de no dejarlas en paz; de terminar ese proceso que es mío y de nadie más.
Al despedirnos, expresé la misma engañifa que es el soporte de mis intervenciones. Me
comprometí a ayudarlos, de una manera cínica, besé la mejilla de Teresa y me fui.
Llegué a la universidad, justo a tiempo para comenzar la cátedra. El profesor Arenas hizo su
rutina coloquial, con los reconocimientos a quienes coadyuvaron en su preparación. Hizo
énfasis, como es su costumbre, en Juliana. A mí me mencionó en un rol secundario.
Lo que voy a presentar, siguió diciendo Arenas, es el patrimonio que nos dejó Isolina Girardot.
He tratado de mantener el soporte básico de su obra. Por lo tanto, al editarlo, tuve sumo
cuidado, un cuidado casi sublime, pensando en ella y en su obra. Con esta aclaración, doy inicio
a la cátedra.
LAS MUJERES Y EL PERIODISMO
(Caso: Colombia Siglos XVIII y XIX)
De lo conceptual: Abordar una reflexión, en términos de indagar-investigar, acerca de asuntos
relacionados con género; supone la asunción de referentes que permitan establecer un hilo
conductor pertinente. Algo así como precisar las condiciones y características que adquiere, en
el contexto de un proceso determinado.
Digamos que reconocerse, implica una primera identificación del significado básico como sujeto;
en lo que este tiene de vigencia como expresión de lo humano que se concreta. Aquí, entonces,
lo femenino y lo masculino, supone una interacción originada en el “descubrimiento” de la
diferencia que, a su vez, está asociado al desarrollo de las percepciones primarias que, por
esto mismo, permiten agregados hacia la construcción de acciones y realizaciones complejas.
En otras palabras, se trata de logros individuales y colectivos denominados (...en una
sumatoria lógica, mas no de lineal) cultura.
60
La desagregación de roles, en escenarios de intervención y presencia de los sujetos (hombres
y mujeres), trascienden a la sola posición adjudicada por la diferenciación biológica, natural. Se
entiende como elaboraciones en nexo con ese reconocimiento de sí; como esa expresión que
trasciende a lo primario y se convierte en pauta, en códigos instaurados como necesarios, que
requieren ser acatados, sin que necesariamente, implique a la identificación o, inclusive, así
supongan una posición en contravìa de la autonomía y la libertad para el desarrollo de la
individualidad.
Entonces, cada construcción cultural; pasa por la imposición de un determinado modelo, de
una determinada guía o procedimiento para consolidar el reconocimiento que invoca cada
individuo (a); en un contexto que reclama y requiere ordenar y pautar la vida; como soporte
para articular, para justificar el “equilibrio” entre quienes conviven en un espacio territorial y han
heredado procedimientos, costumbres y visiones de lo natural. Por lo tanto se entienden
comunes. Se asume, en consecuencia, que “se ha estado ahí”..., “y se está ahora”; con los
condicionantes y las imposiciones que han sido previamente desarrolladas y acumuladas,
como agregados que comprometen.
Visto así, la noción de lo social, se erige como colateral de los acumulados y agregados
culturales compartidos (...Impuestos) y que ejercen como condicionantes; para hombres y
mujeres en escenarios territoriales y geográficos determinados. Inclusive, la misma noción de
geografía, territorio y espacio, está relacionada con las identificaciones previamente
establecidas y transmitidas.
Ahora bien, en el entendido moderno, se habla de civilización, cuando se quiere referenciar al
desarrollo de los seres humanos, precisamente con esas identificaciones, esos códigos, esas
herencias, como modelos y como pautas. Esto explica, entre otras razones, la existencia de
disciplinas y profesiones que investigan y analizan los momentos y periodos que ha precedido
al presente y, a partir de ahí, localizan bien sea estereotipos y/o expresiones valoradas como
“prueba”, cuando se trata de identificar aspectos específicos o líneas de comportamiento.
Para el caso que nos ocupa, hablar de género, como condicionante; como insumo que permite
entender la diferenciación biológica y que, al mismo tiempo, permite efectuar el seguimiento y
análisis de las elaboraciones culturales, las pautas y los códigos construidos, a partir del
desarrollo y agregados culturales. No es algo diferente a introducir esa variable subjetiva que
nos permitan entender las implicaciones; como quiera que (...ya lo dijimos arriba) las
restricciones a que conlleva cualquier modelo impuesto como válido y necesario para permitir
los “equilibrios” entre la individualidad y un colectivo (...o sociedad); están dadas por la
inherente pérdida de la libertad, de la autonomía absoluta de cada sujeto(a).
Podría decirse, entonces, que el género (como variable que se precisa y se hace visible en el
desarrollo cultural), convoca a entender dinámicas y lógicas adicionales, como expresiones
diferenciadas que permiten reconocerse e identificarse a los (as) sujetos (a), como portadores
(as), bien sea de restricciones adicionales o de derechos conferidos por las normativas y los
códigos culturales asumidos como válidos.
Así las cosas, nuestro punto de comienzo, supone la preexistencia de valores (...Como
concreciones de lo cultural) que permiten e inhiben. Es lo siguiente: asumimos como vigentes
(...sin que implique aceptarlos) referentes que permiten una línea de interpretación primaria, en
cuanto a la diferenciación biológica entre hombres y mujeres, en la cual se erige como insumo
condicionante la “necesaria” coacción, la necesaria implementación de códigos que establecen
un nexo lógico, explicable, justo; entre esa diferenciación biológica-natural y las restricciones
hacia las mujeres; como una figura que, simplemente, expresa una interpretación de algo
preestablecido. Una figura que invoca la división de roles, en donde los (as) sujetos (as) deben
reconocerse en relación con la jerarquización de los mismos y, en donde, lo masculino emerge
y se impone en condición de superioridad.
Es punto de comienzo supone, asimismo, entender la dinámica histórica; como elaboración que
conlleva a precisar, analizar y validar momentos y períodos; en un contexto en el cual el
significante subjetivo puede o no ser cuestionado. Pero, de todas maneras, debe ser
interpretado como inherente a ese momento, a ese período determinado. Es como la asunción
61
de una lectura y una didáctica en donde se puede “explicar” lo cotidiano del pasado, con
arreglo a los acumulados culturales...o, lo que es lo mismo, al estado de desarrollo de la
civilización en su momento. Inclusive, a manera de ejemplo, pueden aparecer con posterioridad,
expresiones en las cuales se presentan “excusas” a nombre de los beneficiarios de
determinados acumulados culturales (...como los religiosos) por el hecho de haber permitido,
desde la misma lógica inherente a esos agregados, exterminios de aquellos y aquellas que
ejercieron como contradictores, al margen del grado de ruptura propuesto y desarrollado por
estos (as). El caso patético de las Cruzadas Cristianas y de los Tribunales de Inquisición...y el
“arrepentimiento” de la Jerarquía Católica, con el liderazgo de Juan Pablo II; simplemente es
una muestra de ello.
En esta línea de interpretación, el análisis del rol de las mujeres en la construcción y desarrollo
del periodismo en Colombia, particularmente a finales del Siglo XVIII y en el Siglo XIX, supone
precisar un contexto en lo que podríamos llamar “La sociedad del Nuevo Reino de Granada, en
nexo con las imposiciones culturales de España.”
Queda claro, en aplicación de la caracterización propuesta arriba, que las condiciones vigentes
en el período que comprende el análisis, estaban cruzadas por los insumos conceptuales y los
valores que ejercían como códigos, como yuntas originadas en el ideario de quienes ejercían
como invasores y detentadores del poder. A su vez, esos valores y conceptos de los españoles,
tenían un nexo, no circunstancial, con los conceptos y valores predominantes en Europa. Es
una interacción de doble vía, en veces con rasgos contradictorios (...e incluso antagónicos,
como en caso de la opción derivada de la Revolución Francesa en 1789 y su colateral la
Declaración de Los Derechos Universales del Hombre, con respecto a la opción mantenida por
la monarquía española, particularmente en cuanto al control autoritario ejercido en el “Nuevo
Reino de Granada”.
Para el caso específico del escenario político y social en el periodo objeto de análisis, se
expresaba con todo rigor ese principio básico que reivindicamos como válido: la imposición de
valores construidos a partir de los paradigmas tejidos, en un proceso que involucró a todo el
quehacer, que fue agregando interpretaciones y decisiones; con unos determinados referentes.
Una sucesión de construcciones, en las cuales predominaban aquellos conceptos y
aplicaciones que convocaban a los sujetos (hombres y mujeres) a reconocerse en ellos; a
identificarse con esos proyectos y con todo el proceso. Es obvio, en esa perspectiva, que “lo
conciente” (...así como ahora), no era otra que la obligación a asumir como propias las
imágenes y las “instituciones”, fundamentalmente ancladas en la visión del mundo coincidente
con la Religión predominante.., entendida e impuesta como la única posible.
Que decir, entonces, de los “habitantes originarios” del nuevo territorio, conquistado, avasallado,
esquilmado. Fue una labor (...así lo expresa con lucidez Eduardo Galeano, en su texto “Las
Venas Abiertas de América Latina.). Una oscurana absoluta en términos del conocimiento. Una
imposición que reclama la obligación de asumir la “única verdad posible”(...la del Rey, de sus
delegatarios.., de la Iglesia Católica). No hay lugar para escisiones, fundamentalmente en lo
que hace a la interpretación del mundo físico, como expresión inmanente, en todo tiempo y
lugar, de la divinidad, de su sentir; que no era otra cosa que la reivindicación del poder terreno,
como simple extensión de se poder divino.
En lo anterior, la ignorancia, “ese reconocerse” como sujeto perdido, sin libertad, sin elementos
para el discernimiento y para la apropiación adecuada del conocimiento; tenía una cobertura
total. Eran vasallos los sujetos hombres y los sujetos mujeres. ..Pero, estas, sufrían (...casi
como ahora) el doble rigor, la doble expoliación espiritual. No podía ser de otra manera;
porque el Imperio (España), no era otra cosa que el horizonte cultural en el cual se acuñaba
como cierta y necesaria la coincidencia entre la diferenciación biológica y la diferenciación
(discriminación) efectiva, práctica, cultural.
De la comunicación. La acción de comunicarse es inherente a la condición humana. Es la
palabra, como transferencia de necesidades, de sentimientos...del conocimiento. El acumulado
cultural, los agregados primarios y complejos, han permitido establecer las conexiones
indispensables, en el proceso de elaboración mediante los cuales es posible vivir y sentir el
62
contacto con la naturaleza, de su transformación. La noción de comunidad solo adquiere
presencia y dinámica plena, en función de la comunicación de la palabra.
Ahora bien, el sentido de las palabras (al menos en su aprehensión inicial), como transferencia,
como instrumento primero para la comunicación; tiene que ver con lo que el (la) sujeto
reconoce e identifica como insumo que no le es extraño para expresarlo al otro o a la otra.
Asimismo, en la recepción, los mensajes recibidos adquieren validez, en razón a la posibilidad
que otorgan para dilucidar, a partir de ahí, lo desconocido. Es el intercambio de las opciones.
Una figura cercana al trueque de ideas, de conceptos, de imaginarios.
Lo que se erige como Civilización (en el sentido planteado arriba), ha desarrollado mecanismos
inherentes a la comunicación. Tanto como reconocer que ha instaurado lógicas permitidas, en
el universo cultural construido e impuesto como posible y como dominante. Ha sido un
recorrido complejo; en donde los agregados asumidos como cultura, no son otra cosa que la
reivindicación de paradigmas circunscritos a las “ideas” vigentes, válidas, permitidas y
aceptadas. Por esta vía se ha arribado a opciones en las cuales lo que se “transfiere” y/o
“transmite”, es una forma de replicar y difundir eso que es permitido, validado y aceptado.
Cuando se comunica algo que pueda ejercer como disidencia o cuestionamiento de ese
“ordenamiento cultural válido”; se incurre en herejía...y, por lo tanto, debe ser obstaculizado,
cuando no castigado. Ya lo decíamos antes, en referencia a la acción inquisidora por parte de
los vigilantes, representantes de las jerarquías y de la dominación, en defensa de las únicas
verdades posibles.
En el contexto anterior, cabe citar un aparte del documento EL PERIODISMO Y LA PRENSA A
FINALES DEL SIGLO XVIII Y PRINCIPIOS DEL SIGLO XIX EN COLOMBIA.
Vemos: En América Hispana la civilización de lo escrito – bien fuera tipográfico o manuscrito- fue el
principio esencial de la alteración de lo que el historiador Serge Gruzinski ha llamado la “revolución de los
modos de comunicación”. Para aclarar este punto es necesario recordar que las relaciones entre lo oral y
lo escrito, que los esquemas de la antropología a principios del sigloXIX, ordenaban linealmente, fueron
completamente modificadas en sociedades como las nuestras, en donde la civilización de lo escrito,
implantada en medios urbanos minoritarios, se constituyó en general en la forma política y culturalmente
dominante de comunicación de toda la sociedad, a pesar de que por fuera del universo de lo escrito
permaneciera la mayoría de esa sociedad, y esto por cuanto el universo de lo escrito constituía la forma
legitima de comunicación de la sociedad en ámbitos institucionales y en cada uno de los actos en que
se reafirmaba cotidianamente el poder. Lo escrito y la escritura - mas lo primero que lo segundo –
estuvieron dotados, en la América Hispana, desde el principio, de los poderes, los privilegios y la
31
distinción que siempre los han acompañado desde su aparición.
La comunicación, entonces, se erige como posible, en función de los referentes permitidos por
la autoridad. A esto se agrega el hecho de las limitaciones originadas en el tipo de percepción
del entorno y del nexo con los elementos relacionados con el conocimiento. Es apenas obvio
deducir, a partir de la segregación inherente al gobierno colonial, que las condiciones para el
acceso a la información no solo eran precarias para el “común” de la población, sino que,
además, estaban fundamentadas en ese tipo de “verdad oficial” que se impone y a través de la
cual se ejerce y profundiza la dominación.
Ya, para ese tiempo, el rigor del concepto y la expresión práctica de la élite, traducía que al
conocimiento solo accedían sectores privilegiados. Ahora bien, esa expresión de privilegio no
necesariamente debe ser entendida como identidad con las posiciones derivadas del poder. Es,
simplemente, entender que se expresaba la heterogeneidad, en un proceso, en veces de
conflicto y en el cual confluían las contradicciones y los acercamientos. Algo así como entender
una dinámica en la cual los equilibrios, podían ser fracturados, a partir del desarrollo y
aplicación de los insumos obtenidos; particularmente de aquellos relacionados con la
Revolución Francesa. Esto explica, en otras palabras, las posiciones y la actividad desplegada
por personas como Antonio Nariño y Francisco José de Caldas, así como de algunos
31
Departamento de Ciencias Sociales, Universidad del Valle, Grupo de investigaciones sobre sociedad e
historia. El periodismo y la prensa a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX en Colombia,
página 8.
63
precursores de la expresión escrita periódica. Es pertinente anotar que, aún en ese escenario
de élite, el concepto de género, no era diferente a ese entendido primario de la sola
diferenciación biológica. Inclusive, no aparecía como insumo importante que pudiera merecer
preocupación en términos de profundización.
De los Escritos Periódicos, como Medios de Comunicación. Vale la pena iniciar este título con
una cita del texto mencionado arriba. Ante todo porque nos permite acceder a una información
precisa, con respecto al tema tratado.
2.3 La Comunicación del Soberano.
Sobraría advertir desde luego que cuando hablamos de “noticias”, de información y de “comunicación” en
sociedades del Antiguo Régimen no nos estamos refiriendo a lo que podría llamarse la “libre
comunicación”, como se dirá en el vocabulario de la Ilustración a finales del siglo XVIII y principios del
siglo XIX.
La comunicación en ese tipo de sociedades, posiblemente màs que en otra cualquiera, es una
comunicación formal y materialmente controlada. Ni se publica cualquier tipo de noticia o información, ni
parece en principio fácil escapar de las redes de control que pesan sobre la circulación del impreso y
limitan y organizan su difusión y la difusión de su réplica manuscrita.
Es claro que todos los sucesos sobre los cuales es posible informar no están signados ni por los mismos
controles ni por las mismas sanciones ni tocados por la misma gravedad. Ante todo dos dimensiones de
la vida social son distinguidas por la Monarquía, como lugares en los cuales la palabra – y en nuestro
caso la palabra impresa- están sometidas a los máximos controles y vigilancias. En primer lugar las
verdades de la fuerza moral, zona sagrada del discurso respecto de la cual la sociedad había constituido
las instancias legítimas que con propiedad pueden referirse a ella: la Iglesia y sus sacerdotes, en las
diversas gradaciones en que se organiza la burocracia eclesiástica, garante del monopolio de los bienes
de la salvación – como tanto tiempo lo hizo notar Max Weber, a propósito de los comportamientos
moralmente correctos.
En segundo lugar la política y las cuestiones atinentes a la monarquía, incluido el posible examen de la
política colonial – tan amenazada en el Nuevo Mundo en el siglo XVIII por la crítica de los libre
pensadores franceses como Raynal - , las que representaban uno de los lugares sobre los cuales no es
posible enunciar palabra alguna – o imprimir palabra alguna – sino dentro de los estrechos límites de lo
que Dios y el Monarca – Nuestro Señor – tienen permitido (y por aquellos a quienes se tiene permitido.
Así pues, la existencia de censuras y censores eclesiásticos y civiles pesa sobre todo lo impreso que se
publica en el Nuevo Mundo y los controles se ejercen particularmente en los puertos de llegada de barcos,
aunque de manera práctica las disposiciones que las prohíban y regulan parecen continuamente
32
Burladas en mayor o menor medida.”
En la intención de profundizar acerca de contenidos y orientación de las publicaciones
periódicas, en Colombia a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX; nos permitimos
presentar la cronología y análisis de los siguientes periódicos: “Papel Periódico de Santafé”
(1791-1796); “Correo Curioso” (1801); “Semanario del Nuevo Reino de Granada”; “El Redactor
Americano”; El Semanario”; La Bagatela” (1811); “Diario Político”.
El seguimiento que proponemos, no supone la sola referencia histórica. Se trata de proponer
una interpretación de las incidencias, en el contexto social y político descrito>. Además, el
análisis del comportamiento de quienes ejercieron como precursores, en el marco del
desarrollo de conocimiento y de niveles de conflicto importantes. Cabe resaltar, la pretensión
de alcanzar una reflexión en torno a la ausencia de mujeres en la conducción de estos
procesos y la explicación a esta ausencia.
Nota necesaria como antecedente: No puede haber una referencia de análisis en torno al significado y
alcance del periodismo (...o de los periódicos), para el período señalado en este estudio, sino se tiene en
cuenta, además del contexto social y político, el aspecto relacionado con el desarrollo de la imprenta y el
uso de la misma.
En consideración a lo expuesto arriba, es apenas obvio entender las limitaciones vigentes. No solo en lo
que respecta a los controles políticos y religiosos en cuanto a lo que se publicaba; sino también en cuanto
32
Ibíd., página 13.
64
a las dificultades para acceder a las posibilidades que otorgaba la imprenta. En la mayoría de los casos,
las personas responsables de las publicaciones objeto de análisis, solo podían acceder a una opción en la
cual era evidente cierta aplicación mucho màs artesanal que la normal. A esto hay que agregar, además,
las limitaciones inherentes a las dificultades para la obtención del papel.
En el estudio que hemos citado antes, aparecen expresiones como la siguiente:
...La respuesta (sic) a la petición de los Jesuitas – petición que parece haber sido presentada dos años
antes, en 1739, fue positiva, aunque con las limitaciones que resultaban de las legislaciones particulares
existentes al respecto, tal y como estaba consignado en la Recopilación de Leyes de Indias y con la
obligación de acudir a la censura oficial antes de hacer entrar en circulación cualquiera de los textos que
se imprimiera. Pero lo que parece ignorar los defensores de la “antigüedad de la imprenta”, cuando
hablan del funcionamiento de la imprenta de los Jesuita entre 1735 y 1767, es que no se conoce un solo
libro no folleto de relativa amplitud salida de tal imprenta. En realidad los padres de la Compañía de Jesús
habían introducido desde 1735 algunas “cajas de letras” – como se decía y contaban con un novicio de
nombre Francisco de la Peña que conocía el oficio de imprimir – lo que no prueba que practicara de
manera continua su oficio -. Pero, sobre todo por la escasez y carestía del papel, los Jesuita no fueron en
el Nuevo Reino los grandes impresores que algunos pretenden, limitándose su actividad a la producción
durante algunos pocos años de pequeñas hojas suelta y algún novenario, por fuera de lo cual no se
conoce ningún tipo de producción editorial significativa salida de tal imprenta, hasta la fecha de su
33
expulsión en 1767.
También es pertinente una consideración, en términos del objetivo propuesto en este estudio. Un tanto la
reflexión, ya insinuada arriba, acerca de la situación de las mujeres en este período. Es lícito, en cuanto
referente primario, asumir el horizonte general predominante. Es decir, ese tipo de exclusión con respecto
a la intervención pública e importante en las actividades sociales y políticas. Porque, a decir verdad, el
único reconocimiento oficial y cotidiano (..a las mujeres), siempre estaba en relación a roles
predeterminados y, estos a su vez, estaban soportados en los conceptos de moralidad, de familia, de
religiosidad, de fidelidad, etc.
Así las cosas, si cruzamos esta realidad con la que es inherente a las limitaciones y restricciones que
ejercían como censura oficial a toda comunicación; nos encontramos con un escenario en el cual
aparece como imposibilidad casi absoluta, la presencia efectiva e importante de las mujeres (..o de
algunas mujeres) en el desarrollo de la actividad relacionada con la comunicación escrita y, menos aún,
por la vía del ejercicio de publicaciones periódicas. Esto para no enfatizar, ahora, acerca de las esas
limitaciones comunes (..Pero que en las mujeres aparecían mucho màs profundas) a los hombres y las
mujeres comunes, que no podía acceder a la cultura, al conocimiento...a la lectura, a la escritura.
Otra anotación importante, en el contexto, tiene que ver con lo que podríamos definir como “el valor de
uso” (...O la utilidad) de la imprenta, como recurso que permitía la difusión de las verdades oficiales
(...como ahora); pero también cierta información y orientación relacionada con el comportamiento en
cuanto a higiene y salud pública. En este sentido es pertinente citar lo siguiente:
..De manera amplia y teniendo como su principal objetivo a las clases subalternas de las pequeñas
ciudades y del campo, la imprenta continuó teniendo uso en la década de los ochentas, particularmente
en lo que tiene que ver con el campo del aseo y de la salud pública e higiene personal, sobre todo durante
las epidemias que azotaron al virreinato que en la Nueva Granada se concretaba en la presencia sobre el
territorio, de brotes de viruela, que obligaban a extremar las medidas, de confinamiento y de tratamiento
en los hospitales...
Otro elemento, de descripción y análisis, que ejerce como antecedente; tiene que ver con el significado
que adquirió la intervención de don Antonio Nariño. No solo en lo que hace referencia a su rol en la
difusión de algunos conceptos y expresiones relacionados con la Ilustración, como propuesta y desarrollo
cultural en Europa Occidental, particularmente de la Revolución Francesa, en lo que respecta a la
Declaración de Los Derechos Universales del Hombre (¡siempre lo masculino como única opción); sino
también en cuanto visión comercial de la comunicación escrita. Cabe anotar, asimismo, acerca de las
dificultades v de los riesgos asumidos(..Aunque no de manera absolutamente conciente, al comienzo);
habida cuenta de los controles y la censura oficial. Su Imprenta Patriótica fue expropiada y vendida, por
mandato del virrey.
..Su actividad de impresor no arrancó, como a veces cuenta la leyenda, con la actividad de realizar
publicaciones de textos prohibidos y perseguidos, sino con la idea de hacer toda clase de impresiones
que le mejoraran su fortuna, y con el proyecto de hacer circular ediciones que pudieran venderse en el
33
Obra citada, página 14
65
naciente mercado conformado por una población universitaria en crecimiento, por los clérigos ilustrados y
34
por los funcionarios de la administración perteneciente al circulo del virrey...
Por último (...Relacionado con esta acotación), vale la pena resaltar las expresiones alcanzadas (en la
investigación histórica al respecto) por parte de la profesora Virginia Gutiérrez y de la historiadora Patricia
Londoño; cuando relacionan aspectos relevantes como la noción de beatería y de las beatas, como quiera
que las destacan, a la manera de insumos importantes, tratándose de indagar por intervenciones y roles
de las mujeres en la época colonial.
La aparición del Papel Periódico de Santafé de Bogotá.
Es en ese escenario de restricciones y de censura a la palabra escrita, cuando surge este
impreso periódico. Tenía como objetivo la difusión de diferentes hechos, además de algunos
artículos a cargo de personajes (...hombres) ilustrados, ligados a esa élite heterogénea que
tenía acceso al conocimiento, no solo en lo que respecta a los eventos sociales y políticos; sino
también en lo relacionado con aspectos específicos del desarrollo científico, particularmente de
la ciencias naturales.
Por otra parte, a màs de la vigilancia de la censura, aparecían detractores vinculados, inclusive,
a esa misma élite ilustrada y de personas que, en el lenguaje de hoy, podríamos asimilar a la
opinión pública. Tanto es así que, en algunos números de la publicación, sus editores hacían
referencia a esos detractores y enemigos, en veces de manera general, sin precisarlos; tal vez
por ese mismo temor que recorría a toda la actividad de reflexión inherente a sus objetivos.
La influencia del Papel Periódico de Santafé de Bogotá, por lo mismo, era restringida; si se
entiende como tal la profundidad de los elementos conceptuales difundidos. En este sentido, es
pertinente acotar las repercusiones de un articulo publicado por don Francisco Antonio Zea
(Naturalista) y titulado Aviso de Hebephilo, en el cual hizo una crítica fuerte de los estudios
escolásticos dominantes en la universidad santafereña; lo cual constituía un ataque directo
contra la Orden de los Dominicos y contra los letrados escolásticos que mantenían el dominio
de la enseñanza. Le correspondió al Director del Periódico (don Manuel del Socorro
Rodríguez), disculparse públicamente y suspender transitoriamente su publicación. Es evidente
que, aquí en esta actitud, se expresó esa postura de “realismo político” que, aún hoy se
mantiene por parte de quienes ejercen como directores de algunos periódicos.
Visto así, en consecuencia, el Papel Periódico de Santafé de Bogotá, asume un rol en donde
es evidente su condición de “medio” a través del cual, se difunde información; con entendido
conceptual en el cual predomina la noción de respeto ye reconocimiento hacia la autoridad
establecida (..la del virrey), la cual se asume como válida y que debe ser acatada. Esto para no
hablar acerca de su actitud en torno al cuadro de valores predominantes, incluidos los
religiosos y morales. Algo así como entender la vigencia de una dinámica en donde el “punto
de equilibrio” está soportado en ese reconocimiento; con el agravante ( en términos d la libertad
de información y de expresión) de que se exigen reconocimientos públicos de los “errores”, so
pena de verse sometidos (...Aún màs ) a las restricciones que pueden llegar (..Como en efecto
sucedió en muchos momentos) hasta la proscripción y el cierre. Es evidente, asimismo, la
ausencia de insumos conceptuales y de información, que pudieran asimilarse a una posición de
género. Es reconocer que, en fin de cuentas, se asumía como hecho incontrovertible, la
vigencia del predominio de la masculinidad.En extensión primaria y natural aceptada, del ese
predominio fundamentado en la diferenciación biológica y en los énfasis religiosos, en cuanto al
rol de las mujeres, como quiera que se entiende, aparece como obvia, la sumisión a que es
convocada y la cual se impone, no solo en las decisiones fundamentales que acompañan al
poder; sino también en los ambientes cotidianos, colectivos y de familia. Algunas crónicas de la
época, recopiladas posteriormente, describen la incidencia femenina, como simple aplicación
del recato y el profundo amor a Dios...Hasta la entrega total; un tanto a la manera de Santa
Teresa de Jesús. Para mayor precisión, es importante recomendar la lectura del escrito
realizado por Pablo Rodríguez Jiménez titulado: Antonia Cabañas una beata doméstica”, en el
contexto de la Mujer en la época colonial. Este texto fue publicado en la Revista Credencial No.
34
Obra citada, página 23.
66
68, en el mes de agosto de 1995, al lado de otros textos relacionados con el tema de la mujer y
su participación en el desarrollo de actividades y del pensamiento.
El caso del Semanario del Nuevo Reino de Granada. La dirección de Don Francisco José de
Caldas, le otorgaba una posición centrada en la difusión científica; esto traduce estar expuesto
a la incomprensión popular y a las tergiversaciones intencionales originadas por parte de
quienes se esforzaban por detener la difusión de los avances de la ciencia. Porque, casi
siempre es así, contradecían muchas “verdades” oficiales.
Vale la pena destacar una anécdota al respecto.
...Pero hay en la historia editorial del Semanario un episodio que vale la pena reseñar de manera
particular, porque muestra de forma nítida la actitud tradicionalista de la sociedad, actitud de la que venían
buena parte de las resistencias que debió enfrentar la prensa ilustrada en Nueva Granada, aunque el
episodio también puede mostrar la propia actitud tradicionalista de los pensadores ilustrados de Nueva
Granada.
El asunto tiene que ver con una mención que el Semanario realizó de la edición que en París se hacia de
las obras de Humboldt, y donde se mencionaba las condiciones tipográficas de la publicación, indicando
que sería realizada “en papel grand-jèsus Legrand-colobier velin, de las màs bellas fábricas de Francia”.
La voz corrió por Santafé de Bogotá, en el sentido de que los “humboldistas” – como se llamaba al grupo
de jóvenes ilustrados que respondían por la publicación del Semanario – habían blasfemado (por la
mención del papel de Jesús) y la blasfemia era en esta sociedad uno de los màs pecados que se podía
cometer, y del cual no se podía escapar sin recibir su justo castigo.
La ocasión no fue desperdiciada por los enemigos de los “jóvenes físicos” – como era el nombre con el
cual el público apodaba a los redactores del Semanario – para arreciar ataques, y Caldas tuvo entonces
35
que preparar de inmediato una aclaración pública en un Suplemento especial..
Este hecho es similar (...Con las diferencias apenas obvias) a la situación que les correspondió
enfrentar a los enciclopedistas, en Francia, liderados por Denis Diderot. Porque la directriz
eclesiástica, en defensa de las verdades predeterminadas y vigentes, a nombre de la Religión
Católica.
Cabe resaltar, como elemento de análisis importante, lo relacionado con la financiación y el
espectro alcanzado por las publicaciones periódicas; entendidas como la posibilidad para
acceder a sectores de la población heterogéneos. No solo en lo que respecta a los niveles de
escolaridad. Era reiterado el hecho de las dificultades, incluida la de cobertura. Es una
constante que recorre a todos los periódicos. Es claro que se dependía, fundamentalmente, de
dos aspectos: uno de ellos relacionado con la capacidad de los impulsores, de aquellas
personas que asumían el riego inicial, a partir de su reflexión en lo que hace referencia a la
necesidad de comunicar y de comunicarse. Ya lo decíamos arriba; esa necesidad ha sido
inherente a la condición humana. Lo que sucede aquí, debe ser analizado y entendido como
una dinámica hasta cierto punto ilógica, si se entiendo esta como acciones en contravìa de la
yunta del poder; una figura cercana a reivindicar la autonomía sin que, necesariamente, esto
implique asumir posiciones de confrontación abierta y “conciente” con respecto a la autoridad y
al poder establecido, impuesto. Sin embargo, en una perspectiva de futuro relativamente
cercano, es evidente que estas acciones permitieron expresiones posteriores, habida cuenta de
los sucesos acaecidos durante la segunda década del siglo XIX. Ya ante, precisamente los
detentadores y beneficiarios del poder habían proscrito la comunicación abierta (en el caso ya
mencionado de don Antonio Nariño), en razón a que intuían, de manera forzada, un nexo entre
este tipo de publicaciones y un hecho como la denominada insurrección comunera. Esto, a
pesar de la expresa intencionalidad manifestada por parte de quienes ejercían como
responsable de las publicaciones, en términos de insistir en que lo acompañaba solo el interés
de difundir conocimiento, “luces”, para la interpretación de hechos y realizaciones científicas y
culturales. El otro elemento que condicionaba el desarrollo de estas propuestas, tenía que ver
con la franja de simpatizantes, a manera de suscriptores, que se decidían a comprometer
algunos recursos de financiación anticipada. En la medida en que esa red no se ampliaba, sino
que por el contrario, se reducía; asimismo la asfixia y las restricciones eran mucho mayores.
35
Obra citada, página 33.
67
En ese contexto, es pertinente anotar que, en nuestra interpretación, los proyectos màs sólidos
(con las limitaciones conceptuales y con las restricciones originadas en el control político y la
asfixia económica), estaban de lado del Semanario y, posteriormente, del Diario Político (1810)
y del Redactor Americano (1807).
Casos: El Correo Curioso y La Bagatela: Ya se ha registrado, de nuestra parte, algunos
conceptos originados en el seguimiento del proceso inherente al desarrollo de los proyectos
periodísticos del Siglo XVIII (finales de..) y del Siglo XIX. Se desprende, en esa línea
conceptual definida por nosotros, unos elementos comunes, a la manera de hilo conductor. Es
un tanto entender la presencia de niveles primarios y de mediana profundidad en cuanto
conflictos con la autoridad, con el poder (..o poderes) ejercido por el virrey , soportado no solo
en su significación política de dominación colonia; sino también en el tejido religioso, en el
cuadro de valores éticos y morales, soportados en el ideario Católico.
De otra parte, se ha esbozado (aunque de manera un tanto tangencial) algunos elementos
relacionados con la realidad geográfica, económica, cultural y social, vigente en el Nuevo Reino
de Granada. Algo así como entender la presencia de una “partición” efectiva. No solo en lo que
corresponde a las distancias y las dificultades originadas en la dispersión y en la topografía del
territorio; también en lo concerniente a las percepciones de la vida, el acceso a determinados
medios. Es una fragmentación que no ha sido inventada como insumo para el análisis
antropológico o sociológico. Es una realidad efectiva y que, aún ahora, nos sigue recorriendo.
La pluriculturalidad, así como la condición multiétnica (…reconocidas por la Constitución
Política de 1991); no son otra cosa que el simple reconocimiento, la lectura plena del
significado que adquiere la diferenciación territorial, con sus colaterales de lo que podríamos
definir como las “superestructuras zonales.”
Sin que implique una reiteración innecesaria, es conveniente recabar acerca de las actuaciones
desarrolladas por los grupos de religiosos (las Comunidades) en lo que respecta a la
alfabetización. La enseñanza de la lectura y de la escritura, no constituía un fin en si mismo,
entendido como la aportación de un insumo para que sus beneficiarios pudiesen acceder
libremente a la cultura. Se trataba de una enseñanza primaria diseccionada; de tal manera que
pudiere realizarse y desarrollarse la enseñanza del evangelio, de la doctrina. Inclusive, por esta
vía se producía un distanciamiento entre la lectura y la escritura. Hasta cierto punto, bastaba
solo la lectura. Es posible inferir, asimismo, que, como consecuencia de la diferenciación y de
la discriminación vigente, en cuanto al rol de las mujeres en ese tipo de cuadro de valores; la
enseñanza de la lectura y la escritura, se realizara con ese mismo norte de discriminación. Ya
en esto, también, aparece una diferenciación importante con respecto a la posición asumida
por una de las fracciones religiosas derivada de las rupturas en el Catolicismo. Luteranos y
Calvinistas; desarrollaron, a manera de ejemplo, una labor de alfabetización (...de
evangelización, también) en el Norte de Europa. Para el registro que pretendemos, vale la pena
resaltar las realizaciones en Suecia. La enseñanza de la lectura y la escritura estuvo dirigida a
hombres y mujeres. Es obvio que no pretendemos una comparación, en desconocimiento de
las condición de subyugación vigentes en los territorios dominados y esquilmados por el
colonialismo español; se trata, simplemente, de proponer una interpretación en cuanto que, de
todas maneras, es evidente un nexo entre la enseñanza de la lectura y la escritura y el interés
por la difusión de postulados, de valores de visiones e interpretaciones derivados de los
paradigmas y referentes religiosos predominantes. Ya lo decíamos arriba, constituye (..la
dominación) la posibilidad de direccionar a los sujetos (hombres y mujeres) en su espiritualidad,
en su percepción de la vida, de la naturaleza, de tal manera que pueda orientarse su quehacer,
en una especie de prefiguración de aquellas herramientas de dominación cultural que ,
posteriormente, se desarrollaron a plenitud. Cabría preguntar si, en fin de cuentas, la
manipulación de la información y del conocimiento, no siguen siendo los propósitos “invisibles”,
“no declarados”, del periodismo que reclama el reconocimiento de los valores establecidos. Es
conveniente, a manera de ilustración tangencial, llamar la atención acerca de lo siguiente: el
periódico El Tiempo, en pleno Siglo XXI, incorpora en su edición normal, el semanario El
Catolicismo; es una manera (¿…subliminal?) de inducir al reconocimiento de una opción
religiosa,
Ahora bien, retomando el asunto de las dificultades políticas, técnica y de financiación, que
debían enfrentar los responsables de las publicaciones periódicas, para el período analizado;
68
es relevante una alusión explícita a las dificultades técnicas y, por extensión, a sus
implicaciones, desde el punto de vista de la ampliación del espectro, no solo de influencia; sino
también en lo que hace referencia al tipo de escritos, y a la calidad de los mismos. Algo así
como reconocer y entender que hubo artículos que no pudieron ser publicados en razón a que
los recursos ofrecidos en la “imprenta”, no permitían las adaptaciones necesarias.
En ese contexto, queremos transcribir otro parte del documento de análisis que hemos venido
citando.
..Hay que repetir, desde luego, para evitar el riesgo de convertir a los ilustrados en republicanos a toda
costa – y esto antes de 1808- que Pombo y el Consulado reiteraban cada vez que les era necesario su
posición de defensa de la Monarquía y que no había en ellos el menor deseo de transgredir un orden
social con el cual se sentían perfectamente identificados, màs allá de las divergencias particulares que
pudieran mantener con este o aquel funcionario. A principios del siglo XIX el orden y el control social se
había vuelto un problema inquietante para las autoridades españolas, pero no como consecuencia de la
existencia de movimientos locales de oposición o de la existencia de signos que indicaran que el orden y
la dominación tradicional se encontraba amenazado. La situación de desconfianza tenía que ver màs bien
con otros elementos: en primer lugar, con un viraje en la política de reformas que tiempo atrás había
emprendido la Corona, viraje perfectamente claro con la llegada al trono de Calos IV.
En segundo lugar con el llamado “miedo a los acontecimientos de Francia” en relación con los temores
suscitados entre las autoridades de Madrid y en lo que ahora empezaba a llamarse “las colonias”, a raíz
de la Revolución Francesa. Y en tercer lugar con la interpretación que los funcionarios coloniales le
hicieron, y esto a lo largo de toda América, a los movimientos de crítica a la política fiscal española y al
despotismo de algunos representantes, como un indicio cierto de una ruptura mayor con los valores de la
Monarquía, lo que se concretó de manera particular en ese ambiente de miedo, recelo, desconfianza y
freno a cualquier iniciativa de cambio por parte de los “criollos” – sobre todo de los “criollos ilustrados - ,
que son tan característicos de las dos últimas décadas del siglo XVIII. Este es el cuadro en el que hay que
inscribir los rechazos que pesaron sobre la iniciativa de imprenta del Consulado de Cartagena, para evitar
36
la interpretación sin fundamento que ve en tales iniciativas ya prefigurada la revolución de 1810...
Entonces, las condiciones técnicas en que se desarrollaba el trabajo de los impresores, no
permitía la realización de publicaciones que precisaran de tipos complejos, màs allá de los
existentes. Queda claro que la posibilidad de acceder a “nuevas tecnologías”, estuvo vedada
por la intervención de las autoridades. Es, otra vez, recabar acerca del conflicto que se origina,
cuando el conocimiento empieza a ser difundido, cuando la información es presentada de
manera escueta (como en el caso de los hechos sucedidos en Francia, en 1789), los
beneficiarios del poder asumen que existe riesgo inminente de ser cuestionados..o, al menos,
que se puede inducir a la reflexión. Hasta cierto punto, este tipo de restricciones se ha
mantenido siempre. Quienes ejercen el poder, siempre han tratado de “asfixiar en su origen” ,
la información, cuando esta no conviene a los intereses predominantes o, inclusive, cuando, sin
poner en riesgo el control político y económico, puede incidir en los sujetos individuales y
colectivos, para la asunción de otros valores morales, de otra interpretación de universo, de la
naturaleza. Es tan cierto que, aún hoy, en la denominada (..Injustamente) “la mejor democracia
del mundo” –EEUU-, se ejerció, hasta donde les fue posible, la manipulación de la información
proveniente de Irak..Es obvio que estaba en juego la “verdad” que impusieron para justificar la
invasión y.., colateralmente, la reelección del Presidente Bush.
En el caso particular de La Bagatela y del Correo Curioso, se mantiene la constante ya
señalada para las otras publicaciones. Es apenas obvio la existencia de diferencias, en cuanto
el alcance y profundidad de contenidos en los artículos publicados. Pero, también es cierto, que
la “orientación” fundamental tiene que ver con la difusión del conocimiento, de hechos
relacionados con la cultura y la ciencia. Hemos acotado, asimismo, la precariedad en cuanto a
cobertura, anclada en los problemas descritos y que van, desde las dificultades propias de la
geografía física, hasta los niveles de analfabetismo presentes en la época. A esto es necesario
agregar que, de manera predominante, los lectores (.en muchos casos, suscriptores),
constituían una franja elitista. Las lecturas, casi siempre, se producían en círculos cerrados, a
la manera de tertulias realizadas, a partir del interés por determinados temas. Los registros no
muestran, con certeza, información acerca de la desagregación en lo que respecta al género.
Enfatizamos, en un ejerció de presunción fundamentada en el conocimiento de hechos
36
Ibíd., página 26.
69
mencionados arriba, que las mujeres no tenían acceso a esos centros de lectura colectiva. Esto
para no hablar, del hecho en el sentido de que, mucho menos había mujeres en la
responsabilidad de las ediciones y en la orientación de las publicaciones.
Pero esto, la ausencia de reconocimiento a las mujeres como sujetos plenos de derecho, o al
menos, de participación efectiva el quehacer cotidiano del Nuevo Reino de Granada, era
explicable, en razón a dos factores fundamentales. De un lado las restricciones de las
libertades, básicamente de la libertad de pensar, de decir algo en contravìa del poder
establecido y, aún, de algo que pudiera dar lugar a una reflexión diferente al cuadro de valores
establecido, a manera de referentes. Esas restricciones eran generales, afectaban a todos los
habitantes del territorio, independientemente de su condición de género. De otra parte, la
Ilustración, el desarrollo del conocimiento, la Revolución Francesa; no eran propiamente una
exhibición de propuestas libertarias, en lo que respecta a los derechos de las mujeres.
Basta, en esa dirección del análisis, conocer algunos aspectos relacionados con las proclamas
revolucionarias de la Asamblea Nacional, o de Danton...o de los jacobinos, a través de
Robespierre. Este, inclusive, desarrolló la màs implacable persecución; ya no tanto en contra
de los enemigos de la Revolución Francesa; sino también de aquellos (as) que, de una u otra
manera, fueran sospechosos (as) de “traición.” Aunque la historia la presente, siempre con el
énfasis en su condición de sumisión al Rey y en el contexto humillante de simple replicadora de
las condiciones de vida y subyugación, .de simples receptoras del falo, dadoras de placer; vale
la pena resaltar el rol asumido por María Antonieta, durante la crisis previa a la Revolución y de
sus orientaciones en términos de la no claudicación con respecto a los Revolucionarios. Es
algo así como entender su rol, así sea negativo, vinculado a una figura parecida a la definición
propia de objetivos, obviamente, en relación a los intereses de la Monarquía.
Veamos, así sea un poco con el ánimo de recrear la imaginación tardía, una descripción de ese
escenario, en una novela histórica escrita por Francisco Rebolledo, titulada Rasero; así
-Dígame, ¿usted conoció a la marquesa Pompadour?
Rasero respondía con entusiasmo. Danton escuchaba un poco escéptico los encendidos elogios que el
español prodigaba a la dama. No le interesó el asunto y, de plano, lo cortó de tajo:
-¿Y conoce a la Du Barry?
-No. Hace màs de treinta años que no frecuento la Corte.
_Pues dicen que esa mujer era una zorra de cuidado; que fornicaba mejor que la mismísima Afrodita.
37
¿Sabe?, me gustaría haberme tirado a esa piruja... (Sic).
..Un año después de aquel terrible 93, cuando la República había triunfado y el pueblo de París vio como
caía la cabeza del último de los Capetos a los pies de la soberbia estatua de la Libertad – que ocupaba
ahora el mismo lugar en que estuvo su abuelo Luis XV franqueado por las cuatro virtudes -, el Terror, del
brazo de su amante, la espigada guillotina, se había asentado en Francia. Llegaron entonces los tiempos
de Robespierre. Por supuesto, dejó de visitar al anciano; sus consejos ya no le eran útiles. El pobre viejo
despreciaba tanto a la guillotina como a la guerra, cuando este fino instrumento no era otra cosa màs que
las enormes tijeras que podarían el jardín de Francia, cortando de tajo la hierba mala que amenazaba con
estropear sus frutos. Robespierre, jardinero implacable, en su afán por terminar con la cizaña, terminó por
38
cortar aun las ramas sanas del árbol...
Con referentes de ese estilo, a nombre de la Ilustración y de la confrontación política a la
Monarquía; no era posible esperar (...aún en el evento de la reivindicación de los postulados de
libertad inherente a la Revolución Francesa); una postura y/o unos elementos conceptuales
propiciadores de la libertad de las mujeres, de su derechos.-
Lo anterior explica, en nuestro concepto, la ausencia de un ejercicio periodístico en donde
pudieran expresarse posiciones en las cuales hicieran presencia las mujeres, con roles
precisos. O, por lo menos, con una intervención tangencial. Porque, el cuadro de valores
vigente, conducía a la reproducción de conceptos en lo cuales, simplemente, se asumía como
obvio el derecho de los hombres para acceder al conocimiento y a la reflexión. Ninguno de los
37
REBOLLEDO, Francisco. Rasero, novela histórica, ganadora del premio Pegaso de Literatura para
América Latina - 1994. Edición original Joaquín Mortiz, S.A.Impresión y edición Tercer Mundo Editores,
1995.
38
Ibíd., página 526
70
periódicos analizados tenía como centro de la confrontación de esos valores. La condición de
“avanzada política” estaba dada, como hemos visto, por expresiones en las cuales la
radicalidad, cuando se presentaba, estaba centrada en cuestionar al poder, con la visión propia
de aquellos personajes definidos como “ilustrados”, de élite; precisamente por las restricciones
impuestas (..ya lo hemos dicho arriba) que impedía el acceso de la población asumida y
aceptada como periférica, como iletrada y en esta, las mujeres, estaban situadas en
condiciones de inferioridad, mucho más onerosas.
EL SIGLO XIX
De los antecedentes, como hilo conductor.
Ya hemos señalado algunas características de los periódicos surgidos en las dos últimas
décadas del siglo XVIII; hemos destacado el nivel y alcance de la confrontación política que
lograron algunos de ellos. Presentamos la dicotomía entre la orientación básica otorgada por
sus orientadores, entendidos como fundadores y/o como propietarios y aquellos colaboradores
que escribían artículos considerados, en su momento, como heréticos con respecto al poder y
a los valores predominantes. Asimismo, hicimos una reflexión en la cual se contextualiza esa
confrontación, con el propósito de allegar algunos elementos que nos permiten precisar los
aportes efectivos en lo que hace referencia al desarrollo del concepto de autonomía e
independencia.
Esa reflexión nos conduce a una conclusión inicial, en términos de entender la dinámica de
esos periódicos, atada a las restricciones impuestas por la autoridad. Es algo así como una
condición refleja, en la cual se hacía centro en un tipo de equilibrio pragmático que demuestra
la negación a la ruptura plena, como quiera que el reconocimiento del virrey, se asumiera como
principio incontrovertido, insoslayable. Lo entendemos como esa partición espiritual y
conceptual, en donde el sujeto pretende reconocerse como portador del conocimiento y, por
esto mismo, con la necesidad de transferirlo, de hacerlo público; pero, al mismo tiempo,
aparece condicionado por el entorno político, por aquellos valores, incluidas la noción de
verdad y de libertad permitidas. Desde una interpretación psicológica, aquí el sujeto no es uno
indiviso; sino una unidad fraccionada, que se desenvuelve en condiciones internas de
contradicción; en donde el sujeto individual trata de transferirse hacia afuera, como partícipe
de un colectivo que emerge ..y se hace lúcido hasta proponer una fractura del orden
establecido, al menos en lo que este tiene de yunta que impide la presencia de la autonomía en
un territorio que no le pertenece a quienes lo han usurpado. Pero, esa lucidez, no involucra la
posibilidad de fracturar, de superar los paradigmas vigentes en lo que corresponde a los roles
asumidos como válidos, en cuanto a género. Esto traduce, la aceptación de esa división
elemental que asimila la diferenciación, a discriminación, a inferioridad, a roles preestablecidos,
derivados de la diferenciación biológica primaria y de la conceptualización religiosa, en su
versión Católica.
En esa perspectiva, nuestra interpretación, propone un recorrido bordeando ese equilibrio,
hasta encontrar puntos de quiebre; de tal manera que pueda entenderse la modificación en la
dinámica predominante. Visto así, entonces, la incidencia de periódicos como Papel Periódico
de Santafé de Bogotá; Semanario del Nuevo Reino de Granada, del Diario Político de Santafé
de Bogotá, la Bagatela y el Correo Curioso tiene que ser analizada en presencia de un
horizonte, no solo complejo en términos de autonomía y de libertad, no asumida; sino también
en términos del espectro social alcanzado, como quiera que era evidente la imposibilidad de
trascender las limitaciones relacionadas con el escenario político y cultural vigente.
De la crónica política y la Independencia.
Los acontecimientos políticos, a partir de 1808, permiten la expresión de modificaciones
fundamentales, en cuanto reivindican la necesidad de hacer mucho más pleno el entendido de
libertad de opinión, como correlato de la libertad de imprenta, expresión que tendrá vigencia
constitucional, tanto en América, como en España. Esto es lo que explica la incidencia
alcanzada por El Memorial de Agravios, difundido por Camilo Torres. Constituye, en la línea de
interpretación que hemos venido trabajando, una figura cercana a la ruptura conciente, con
respecto a la autoridad impuesta, por la vía de otorgar símbolos que reclaman la libertad para
acceder a la información y a la expresión, aún en contravía de los paradigmas difundidos y que
71
ejercían como única verdad posible. Se juntan, en ese proceso, la aspiración a la libertad
individual y colectiva en términos políticos y del conocimiento; con la aspiración a la libertad de
empresa, significando el derecho a ejercer la prensa, como posibilidad comercial, como
proceso derivado del concepto de sociedad moderna.
El desarrollo de la comunicación escrita, a partir de 1808 y como extensión de la incidencia de
los periódicos establecidos, estuvo centrada en la difusión de expresiones y propuesta políticas.
Algo así como la difusión de idearios relacionados con los intereses inmediatos, bien sea de
sus promotores y fundadores, o de quienes, simplemente utilizaban esos medios de
comunicación, para transferir sus arengas y sus programas. Una politización que obnubilaba,
que sesgaba y, hasta cierto punto, desdibujaba, los principios originarios de libertad de opinión.
Pero, también es necesario reconocer, que las expresiones vertidas en esos medios, lograron
cierta desestabilización de los valores tradicionales, al difundir visiones y opciones soportadas
en nuevos conceptos, en una hilvanación lógica con los avances de la Ilustración y los
descubrimientos científicos y sociales, que la misma permitió desarrollar.
Se mantiene, entonces, la dicotomía, en una nueva versión; aquella que le imprime a la
comunicación la necesidad del pragmatismo relacionado con los intereses inmediatos. En este
caso y, durante el curso de los acontecimientos desde 1810 hasta 1820, hace presencia la
figura de la imposición política, como corolario de la necesidad del proceso. Es, ni mas ni
menos, otra forma de coacción; si se entiende el postulado fundamental de la libertad de
expresión. Solo que, ahora, el condicionante adquiere la justificación relacionada con los
rigores propios de los objetivos propuestos por parte de quienes ejercían como conductores del
proceso o, lo que es lo mismo, de la nueva verdad, del nuevo modelo que confronta al poder
tradicional, a su autoridad.
El nexo entre los postulados de libertad de opinión (...y de prensa) y de independencia(..como
expresión de la libertad política colectiva); se concreta, en cuanto puede argüirse que el
primero prefiguró al segundo, en razón a que desarrolló conceptos y contradicciones con
respecto al poder tradicional, que fueron retomados por los iniciadores de la lucha por la
independencia. Es obvio que este nexo no puede ser entendido en términos absolutos, ni en
desconocimiento de los agregados básicos que se acumularon en todo el transcurso de los
acontecimientos previos y de la influencia recibida, en desarrollo del significado de la
representación colectiva y de una nueva forma de gobierno, en donde las decisiones
comprometieran a las fuerzas sociales y políticas autónomas, sin el rigor de las imposiciones
monárquicas. Esa perspectiva fue entendida, también, por Pablo Morillo, delegado por la
Corona para ejercer con “restaurador”, en el interregno 1810-1819.
Es importante, en el contexto descrito arriba, analizar (...también) el significado que tuvo la
fragmentación política provincial, en Colombia, a partir de 1810. Porque, como puede
demostrarse posteriormente, esa fragmentación se va a concretar en propuestas y
realizaciones relacionadas con el curso de la Independencia, como proceso que no termina el 7
de agosto de 1819; sino que se extiende durante períodos posteriores en donde la
confrontación política, aparece como realidad que afecta e incide en la construcción de la
opción Republicana. Una confrontación que se ejerce, fundamentalmente, por la vía de
propuestas acerca de las formas de gobierno, del significado y alcance de las opciones de
liderazgo político y de la organización territorial. En es escenario, la prensa adquiere un rol
importante, diríamos especial. Prueba de esto, lo constituye la utilización que hizo de la
Bagatela, don Antonio Nariño (en el proceso de confrontación a la Junta de Gobierno, después
de 1810), en procura de asumir el Poder. Asimismo, la respuesta desde las páginas del
periódico Federalista Argos, que permitió confrontar esas aspiraciones.
Consideramos pertinente una trascripción que describe ese significado que adquirió el rol de la
prensa. Ese sesgo que, hasta cierto punto, transgrede el principio de libertad propuesto para la
comunicación y la información, al comienzo de la actividad periodística, veamos.
En las primeras fases de los acontecimientos revolucionarios la prensa pierde un poco su lugar
privilegiado como mecanismo de comunicación – luego, en un ámbito de menor incertidumbre, volverá a
ocupar ese lugar - , a favor del impreso menor y de un impreso que, como la proclama, constituye ante
todo un llamado a la acción. A su manera, F.J. de Caldas pone de presente esta situación cuando nos
informa que el Semanario se vio temporalmente suspendido, por las nuevas tareas que se le imponía a la
72
imprenta, ahora por completo al servicio de la “actualidad”, pues debió dedicarse a la publicación de
manifiestos, bandos, actas, convocatorias y otras piezas políticas, que exigían hacer a un lado por
unos días las memorias sobre la enfermedad del coto, la propuesta sobre las mejoras en los
39
cultivos del tabaco y del trigo, etc.
Nos vemos, en consecuencia, inmersos una cotejación que convoca a discernir acerca del
verdadero rol de la prensa, como medio de información, que imprime a la opinión pública,
entendida como sujeto colectivo que actúa en el espacio y en el tiempo. Tanto como entender
una dinámica en la cual, la didáctica y la profundización en torno a conceptos y propuestas, es
reemplazada por la información, como proclama, como propaganda que difunde y convoca a
entender y aceptar unos determinados objetivos, a partir de los conceptos y propuestas de
quienes actúan en condición de líderes del proceso.
Es un rol que se modifica, conforme a las exigencias inmediatas y tendencias de la
confrontación política. Se configuran dos frentes que atienden la información y la “orientación”.
De un lado la confrontación a la Monarquía y la difusión de los principios y propuestas de la
Independencia. De otro lado, la confrontación al interior de las fuerzas políticas y sociales que
lideran determinados dirigentes, a partir de propuestas originadas en su particular visión de los
acontecimientos; en su particular método para construir opciones.
En lo que sigue, efectuaremos un seguimiento a esas expresiones, sin perder el referente
inicial propuesto, en cuanto a la indagación de los roles, en consideración al género.
Del Periodo 1810 - 1819
La liberación, como proceso y como resultado, supone la presencia de rupturas. Podría decirse
que la combinatoria ideal, lo más cercano a la utopía que ha sido objeto de deseo y que ha
propiciado búsquedas perennes, por los hombres, por las mujeres, tanto en lo individual como
en lo colectivo. Además, ha sido objeto de deseo por parte de aquellos y aquellas que han sido
oprimidos y oprimidas, en constantes vulneraciones; como quiera que hayan sido minorías,
etnias, razas estigmatizadas y sujetos de martirologios. Porque, en esto de liberarse, la
convocatoria es a la trasgresión. No se puede entender de otra manera, por cuanto adquiere el
significado a establecer nuevos horizontes y referentes. Nuevos valores que puedan ser
entendidos, reconocidos y acatados. Es tanto como escindirse con respecto a lo que ha
ejercido, antes y ahora, como atadura, como yunta….como inhibición.
El Contrato Social, propuesto por Juan Jacobo Rousseau, supone algo así como el equilibrio
posible; a partir del cual los sujetos pueden reconocerse en su libertad, en sus derechos.
El hombre ha nacido libre, y en todas partes se halla entre cadenas. Créese alguno señor de los demás,
sin dejar por esto ser más esclavo que ellos mismos. ¿Cómo ha tenido efecto esta mudanza? Lo ignoro.
¿Qué cosas pueden legitimarla? Me parece que podré resolver esta cuestión.
Si no considero más que la fuerza y el efecto que produce, diré: mientras que un pueblo se ve forzado a
obedecer, hace bien si obedece; tan pronto como puede sacudir el yugo, si lo sacude, obra mucho mejor;
pues recobrando su libertad por el mismo derecho con que se la han quitado, o tiene motivos para
recuperarla, o no tenían motivo alguno para privarle de ella los que tal hicieron. Pero el orden social es un
derecho sagrado que sirve de base a todos los demás. Este derecho, sin embargo, no viene de la
naturaleza; luego se funda en convenciones. Trátase, pues, de saber qué convenciones son estas. Más
40
antes de llegar a este punto, será mejor que funde lo que acabo de enunciar.
El 20 de julio de 1810, inaugura un proceso, por medio del cual se reivindican, en principio,
aspectos parciales relacionados con la libertad; entendida como la posibilidad de controvertir,
así sea de manera restringida, al poder vigente. No supone, por lo mismo que expresa
posiciones individuales y colectivas de simple rechazo a ciertas manifestaciones del virrey, una
reivindicación plena de la libertad; como expresión que cuestione y confronte todas las
vejaciones, incluida la fundamental; aquella que hace referencia a la restricción absoluta a la
posibilidad de acceder a otros referentes y a otros valores diferentes a los que han sido
39
Ver El Periodismo y la Prensa a finales del sigloXVIII y comienzos del siglo XIX, página 63
40
ROUSSEAU, Juan Jacobo. El Contrato Social, edición impresa en Colombia por Gráficas Modernas,
Bogotá D.C., página 8
73
impuestos, por la vía de la religión, de la segregación y el no reconocimiento de la condición de
sujetos autónomos.
No es, el proceso iniciado en 1810, la asunción de nuevos roles; en cuanto al significado que
debe adquirir la libertad; cuando se le imprime la intención de ser sujetos que identifican los
objetivos y, en consecuencia, deciden por si mismos; reconociéndose como partícipes. Mucho
menos, entonces, abarca asuntos como los relacionados con entender la diferenciación entre
hombres y mujeres, trascendiendo esa visión primaria de la diferenciación biológica;
adjudicando derechos, en condiciones de igualdad. Es decir, se mantiene vigente y se acepta
la diferenciación, como aquella que adjudica prioridades a los hombres. Inclusive, en lo que
corresponde a las etnias y a las negritudes, se mantienen incólumes aquellas figuras de
discriminación racial y cultural. Por lo tanto, no significó la asunción de rupturas en ese
escenario básico; no supuso la inserción de una figura cercana a la contracultura. Se trató,
fundamentalmente, del inicio de un proceso de confrontación al poder establecido; en lo que
este tenía de yunta que impedía el desarrollo de fuerzas sociales y políticas emergentes.
La respuesta de la monarquía, asumida como restauración del orden, para contrarrestar las
acciones por la libertad, derivadas de ese hecho inicial; supone la profundización y aplicación
del concepto relacionado con la defensa de los valores, traducidos como poder y como
paradigmas que convocan a la obediencia, al acatamiento, al respeto. Una respuesta lógica,
según el cuadro de valores e intereses de la Corona. Algo así como entender que la Colonia se
le iba de las manos, se perdía el control..y, por consiguiente, las prebendas que esto originaba.
Las concesiones políticas, no podía ser otras que aquellas que no transgredieran al poder
vigente.
En el transcurso de este período, ya lo dijimos antes, el rol de la prensa, como insumo
necesario para la comunicación; estuvo condicionado por las necesidades del proceso. Ya, en
esto, es posible establecer una restricción de otro tipo; entendida como imposición que
pretende centrar los esfuerzos en los objetivos de la lucha revolucionaria. Vale la pena
destacar, de paso, que esta constante se ha mantenido. La información, las crónicas,
relacionadas con acontecimientos inherentes a la guerra; pueden y deben ser restringidas; en
razón a que debe predominar el interés general, definido a partir de los objetivos propuestos
por parte de quienes la promueven y la dirige. Lo anterior se traduce, inclusive, en mandatos
constitucionales precisos.
Antes de precisar respecto a los periódicos que aparecieron, a partir de 1820 y de sus objetivos;
es pertinente referenciar la intervención asumida por algunas mujeres, en el curso del proceso.
Tal vez, en la intención de presentar su significado; de sus alcances y, por lo mismo, del grado
de conciencia libertaria, como sujeto activo; además del nivel adquirido, en cuanto al
reconocimiento de su autonomía, de la posibilidad de pensar, de dirigir, de hablar, de ...ser
libres.
Ya había un antecedente. En las crónicas relacionadas con la guerra y con la intervención de
los hombres en ellas, en nuestro territorio, aparecieron las denominadas rabonas. Eran mujeres
que acompañaban a los hombres, a los soldados. Su rol, tenía que ver con servir a los
hombres – soldados en la logística relacionada con la alimentación; es decir, ejercer como
cocineras. Algunos cuadros muestran, inclusive, a las mujeres acompañando a la tropa, con
sus hijos (as) sujetos a la espalda; por cuanto también debía cumplir su función de madres.
En un ejercicio prospectivo, es conveniente recabar acerca de lo siguiente: ninguna de las
constituciones políticas regionales o nacionales, expedidas durante el siglo XIX, incluida la
constitución de 1886; asume una posición clara y definida acerca de los derechos de las
mujeres...Además, para señalar de paso, tampoco acerca de los derechos de etnias y de razas,
diferentes a aquella asumida como predominante en nuestro territorio. Ni siquiera, para el caso
de la expedición la Ley de Manumisión de los Esclavos, en 1851; tuvo una significación efectiva,
en lo cotidiano, para el respeto a los derechos...estos (...y las mujeres), seguían siendo
considerados inhábiles, al momento de participar en procesos decisorios, incluidos aquellos
que requerían la expresión por la vía de voto…Entre otras cosas, las mujeres, tendrían que
esperar hasta 1954, para ser tenidas en cuenta en la actividad electoral.
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Policarpa Salavarrieta: Algunas crónicas la describen como una mujer que sabía leer y escribir,
algo muy inusual en las mujeres de esa época (había nacido en 1895 y fue fusilada en 1817).
Su rol siempre estuvo relacionado con actividades de apoyo logístico, de información; como
auxiliadora de los revolucionarios (...Hombres); aquellos que lucharon por la causa
independentista. Su vinculación, a la lucha, estuvo cruzada por su lealtad y respaldo a los
principios de quien fuera su amante (en la mejor expresión de su significado, como expresión
de la vida afectiva). Sin embargo, no se hizo sujeto autónomo, como mujer, en lo que la
autonomía, en cuanto a género, tiene como posibilidad de reivindicar sus derechos, incluido
aquel relacionado con ejercer como individualidad plena, sin las ataduras propias que imponían
los conceptos predominantes. Claro está que la ruptura con el esquema y los valores de familia
establecidos es, de por sí, una decisión soportada en la asunción posiciones heréticas. De
todas maneras no fue una rabona.
Manuela Sáenz: (1793-1859). La crónica, a manera de biografía y de seguimiento de su rol,
permite conocer los retos asumidos. Desde su ruptura (...considerada una trasgresión a los
valores establecidos) con respecto quien era su esposo; hasta la acción valerosa que salvó la
vida de Bolívar. A partir de ahí, se le adjudica el “título” de Libertadora del Libertador. Su rol
estuvo circunscrito a ser leal, como amante y como persona que aprendió a compartir los
principios de su amado...y, en general, de la causa republicana. Para con ella, la lealtad de los
hombres que acompañaban a Bolívar en sus propósitos y la de sus enemigos políticos; estuvo
condicionada a la presencia viva del Libertador. Cuando este no estuvo(..Cuando murió en
1830); fue desterrada. Vale la acotación, en el sentido de que murió olvidada, estigmatizada,
sin ningún reconocimiento político. Otra vez, recabamos, la duda acerca de los roles como
sujetos con conocimiento pleno, de su identidad, de la reivindicación en su autoría; en su
condición de mujer, como género. Otra vez, aquello de participar, simplemente, en
acompañamiento, en lealtad. La inexistencia de referentes conceptuales, de posiciones propias
con respecto a la confrontación política vigente en ese período.
1820 – 1830 ( Los periódicos, su rol, sus objetivos políticos,¿ la comunicación como acción
libertaria?).
La proliferación de publicaciones periódicas hizo eje, de manera predominante, en la
confrontación política. Pero, también, surgieron publicaciones religiosas.., inclusive masonas.
Una vez terminado el proceso, en agosto 7 de 1819, se desata la lucha por el poder, al interior
de las fuerzas políticas y sociales que habían confluido para la derrota de la monarquía, en su
versión del virreinato del Nuevo Reino de Granada.. Tanto es así, que se desarrollaron
expresiones en nexo con una u otra opción; en términos de dirección, de orientación, de
estrategia, en la perspectiva de consolidar la República. Una lucha, en la cual se concretaron
algunos conceptos con respecto a la teoría del Estado, como aglutinador, como soporte para la
intervención y para administrar esa figura relacionada con el equilibrio, a la manera de contrato,
de compromiso. Se infiere, en consecuencia, la radicalidad de una confrontación, a partir de las
posiciones personales, que se contradicen, que no encuentran lugar para la convergencia. No
sobra decir que esa confrontación y su conocimiento a través de los medios escritos, era
estrictamente masculina...de “próceres y libertadores hombres”. Esto para no hablar, asimismo,
de la ausencia de consultas democráticas que involucraran a la población.
El caso de Los Toros de Fucha (periódico fundado en 1821, por don Antonio Nariño).
Desarrolla una peculiar especialidad para la crónica: La sátira política. Casi siempre, nos
parece como una constante, la sátira política, no tiene nada que ver con la didáctica política.
Más bien es una manera de efectuar elusión con respecto a un determinado compromiso. En el
caso de don Antonio Nariño, vuelve a aparecer su intervención. Ya lo había hecho antes; desde
finales del siglo XVIII y en 1810, a través de La Bagatela, durante la crisis originada en la Junta
de Gobierno, pretendiendo hacerse a un poder político. Es la reiteración del ejercicio
periodístico atado a los intereses de una determina opción política.
El caso de El Granadino (1831). Este periódico fue fundado por Vicente Azuero, con el
propósito de defender la desmembración de Colombia, con respecto a Venezuela y Ecuador. El
contexto estuvo relacionado con un proceso en el cual predominaron las guerras civiles y
regionales. Cada sector, en contienda, procuraba medios de expresión para difundir sus
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posiciones y sus opciones políticas; la prensa aparece, ¡otra vez!, atada a los rigores de la
confrontación.
El Cachaco, Bogotá 1833. Fundado por José María Lleras. Fue utilizado como medio para
atacar las posiciones de la opción denominada como Bolivarísta. Aquí, no importó el hecho de
que Simón Bolívar ya hubiera fallecido. Simplemente, se trataba de reivindicar el ejercicio de la
confrontación; en algo así como la aplicación de la posición que habla de que el fin justifica los
medios.
La Estrella Nacional, 1836. Conocido, según la historia del periodismo en Colombia, como el
primer periódico literario. Fue fundado por don Francisco Ortiz. Algo así como un oasis en
medio de la aridez de ese escenario de confrontación política. Un recorrido del espíritu que se
reivindica como pleno, a partir de conocer y difundir la cultura, las realizaciones de poetas y
escritores. No fue, eso hay que decirlo, una expresión de libertad para las mujeres, en su
condición de vulneradas por los valores predominantes.
La consolidación de las opciones partidistas Liberal y Conservadora, permitió la aparición de
nuevos periódicos políticos. Una extensión del método que se había hecho predominante. La
prensa al servicio de la confrontación y de la difusión de propuestas; en un contexto en el cual
la República, se construye como proceso traumático, sectario, caudillista. Proceso en el cual la
libertad y los derechos, se circunscriben a los ideales son desarrollados, como imposiciones
verticales y elitistas; sin que implique la objetividad y la democracia en la difusión. No fueron
convocatorias a ejercer, en plenitud, las acciones autónomas por parte de los sujetos (hombres
y mujeres) no beneficiarios (as) del poder. No se constituyeron (..No tenían porque hacerlo) en
opciones que reivindicaran los derechos de las etnias, ni de las razas(..Como dijimos arriba) no
consideradas importantes. Para el caso de las mujeres, tampoco, significaron avance alguno;
en lo que tiene que ver con sus derechos.
Así las cosas, entonces, surgieron los siguientes periódicos: El Progreso, fundado por Torres
Caicedo; El Nacional, fundado por Caro y Ospina, el Siglo, fundado por Julio Arboleda, El
Conservador, fundado por José Joaquín Ortiz; La Gaceta Mercantil, fundado en 1847-1848, por
Manuel Murillo Toro.
El caso de El Neogranadino, 1848. Fundado por don Manuel Ancízar, quien fue el primer rector
de la Universidad Nacional de Colombia. Considerado uno de los mas sólidos representantes
del federalismo. Con una visión de futuro, introdujo nuevos conceptos para el desarrollo y
consolidación del periodismo en Colombia. No solo en lo que respecta a nuevas tecnología;
sino también en lo que hace referencia a la integralidad de la profesión, como interacción de
impresores, pintores y litógrafos. A pesar de su aporte, para el desarrollo de la imprenta y del
periodismo escrito; no significó la presencia de la mujer como sujeto autónomo, activo.
Bibliografía recomendada:
Ancízar, Manuel (1852), Peregrinación de Alpha, Biblioteca de la Presidencia de la República, Bogotá,
1956.
Cacua Prada, Antonio, Historia del periodismo colombiano, Bogotá, 1968.
Otero Muñoz, Gustavo, Historia del periodismo en Colombia, Biblioteca Aldeana de Colombia, Bogotá,
1936.
Mi primera reclusión se produjo, justo el día de mi 39 aniversario. Se habían acrecentado mis
acciones ignominiosas. Se profundizó mi partición, en términos de no identificar ni diferenciar
sueños y realidad. Vagué todas los días, con sus noches, en busca de objetivos. Mis imágenes
eran cada vez más punzantes y más diferenciadas. Siempre estaba viviendo un recorrido brutal.
Mis imágenes volaban y se estacionaban, según mi necesidad. Una necesidad constante. No
podía pasar una fracción de tiempo superior a 24 horas. Cuando esto sucedía, cuando no
alcanzaba ningún trofeo, mis alucinaciones eran mucho más enfermizas. Mi cuerpo temblaba,
daba tumbos, golpeaba las paredes, los árboles. Solo encontraba sosiego, cuando victimizaba;
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Cuando podía expresar toda mi capacidad; cuando mi falo erecto, penetraba y despedazaba.
Cuando sentía claudicar a mis víctimas. Sentía mucho más placer, cuando olía la sangre que
brotaba de la abertura de mis víctimas, las palpaba, hasta casi destruir su clítoris. Cuando
mordía sus pezones, delirando de gozo perverso.. Me sentía un Rasero al revés. Porque éste,
al menos tenían en consideración la aceptación de sus mujeres. Yo no soportaría nunca una
aceptación. Mi gozo era directamente proporcional al rechazo, al forcejeo de las niñas y las
mujeres adultas.
Lo aprendí de Santiago, mi odiado padre. Le debo sus enseñanzas, teniendo a mi madre como
mujer tipo en la cual descargaba todo su furor de macho prepotente. Para mí era todo un
espectáculo verlo encima de ella y ella tratando de detenerlo. Cuando él no estaba yo
pretendía hacer lo mismo, desde mi primer día de nacido…reconocía en esto mi desencuentro
total, el desdoblamiento más perverso. Decía defender a mi madre, de la violencia de mi padre.
Pero, en el fondo deseaba ser como él, avasallarla, como lo hacía él.
Un hospital como reclusorio. Allí me llevaron el día en que violé a Natalia, una niña de 13 años.
Le devoré todo su cuerpo, con saña brutal. La dejé en el mismo sitio en el cual la abordé.
Desangrándose. Fui detenido en ese mismo sitio; me amarraron, me apalearon. Asimilaba el
dolor, reía, vociferaba, como si estuviera, palabras más, relacionadas con todo lo vivido.
Llamaba a Maritza, a Olga…, a mi madre. Las deseo a todas otra vez. Eso decía, mientras era
conducido.
Me calmaron y durmieron con medicamentos para enfermos psiquiátricos Me inyectaron
enantato de flufenazina.
No recuerdo cuanto tiempo estuve narcotizado. Lo cierto es que, cuando desperté estaba atado
a la cama. Sentí una sed inmensa. Pedía agua, a gritos. Un cuarto solo, desde donde nadie oía
mi petición. Un cuarto saturado de colores que inducían a la desesperación. Como castigo que
se extiende a lo largo de las horas.
Mi segunda reclusión se produjo a mis cuarenta y cinco años. Hacía tres años había escapado
del hospital-cárcel. Lo hice, cuando era llevado a un reconocimiento por parte de las víctimas.
Corrí todo el día, hasta llegar a casa de Adrián. Me dio asilo, a pesar de conocer mis retorcidas
acciones. De allí, pase a un escondite proporcionado por Pánfilo. Una casita en la periferia de
la capital. Pánfilo me visitaba con frecuencia; gozaba con mis confidencias; en las cuales
relataba mis experiencias. Tomaba nota de ellas, para no dejar escapar los detalles. Supe,
después, que mis relatos fueron aprovechados como instrumentos de los cuales se aprendía el
protocolo necesario para aplicar en los sitios y en las mujeres donde sus adeptos ingresaban,
arrasando. Yo sentía una sensación dicotómica. Como creador y maestro de formas para
vulnerar; como sujeto que reclamaba otra opción de vida, sin propiciar laceraciones.
Esta segunda reclusión fue mucho más ejemplarizante que la primera. Escuchaba voces que
expresaban análisis de mi caso. Este fue tipificado como depravación y desarreglo irreversible.
Les oía hablar de la necesidad de una intervención denominada lobotomía, como único recurso
para resolver mi situación.
Fui lobotomizado, un año después de haber sido recluido. Desperté. No respondía a ninguna
motivación externa. Todo lo veía igual. No distinguía un elemento de otro. Una vivencia plana,
sin ninguna sensación. La identificación como sujeto vivo biológicamente, la hacía a partir de
caminar de un lado a otro del cuarto. Desfilaron a personas que no reconocía, mujeres niñas y
mujeres adultas. Para mi eran como sombras que no me motivaban; a las cuales veía como
construcciones asimétricas.
Dos años después, se decretó mi muerte. Estuvo precedida de acciones pasivas intermitentes,
asociadas a mi vida. Recuerdos cada vez más borrosos. Casi extinguidos. No volví a ver a mi
madre, a nadie. Que pudiera identificar. Mi última visión fue Isolina Girardot. A partir de ahí dejé
de existir, balbuceaba palabras parecidas a la expresión volveré. Esta fue mi primera muerte,
pero no la última.
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Nací un día tres de abril,...Un cuarto saturado de luces blancas. Veía muchas personas
alrededor de la cama. Mi madre estaba al lado. Una mujer joven. Su risa, absoluta, navegaba
por todos los espacios. Se dirigía hacia mí, con voces suaves. Una mirada que me convoca a
ver en ella una réplica de Isolina Girardot. En efecto, un cabello pegado al cráneo. Totalmente
negro, sin las fisuras que adquieren las mujeres que ven en este tipo cabello, un limitante para
su empoderamiento como mujeres, real o ficticiamente bellas. Una piel de color negro hermoso.
Observo, de pie, al lado izquierdo de la cama, a un hombre negro, como mi madre y como yo.
Percibí en él, un tipo de hombre sutil, sensible. Su mirada lo expresaba, sin lugar a equívocos.
Totalmente diferente a mi primer padre. Mi madre lo miraba, asía sus manos y le decía, gracias
Demetrio; se parece mucho a ti. Quiero que se llame Isaías; como tu abuelo materno. Ese ser
hermoso que conocí. De una mirada limpia y de unas acciones profundamente humanas; con
absoluto respeto por los otros y las otras. Todavía se mantiene, en mí, vivo ese momento en el
cual le expresaba a tu abuela palabras que la inducían a posicionarse como mujer libertaria; en
ese escenario inhóspito en que vivían. Todavía siguen vivas aquellas jornadas de cautivación,
aquellas que ella y él, asumían roles vinculados con el amor absoluto; en una definición del
mismo que prolongaba la continua búsqueda de momentos para amarse, para trascender la
inmediatez. Como un proceso continuo, sin más ataduras que la imaginación. Inclusive, te lo
confieso ahora, muchas noches, estando contigo en ese forcejeo que nos ha distinguido, yo
cerraba los ojos y veía, en paralelo, a tu abuelo y a tu abuela, recorriendo sus cuerpos,
susurrando palabras inequívocas de ternura y de pasión. Un equilibrio perfecto. El con setenta
años de vida y ella con setenta y cinco; parecían adolescentes que desnudan sus cuerpos y
realizan, sin detenerse, una lucha viva, llena de fortaleza y de entrega.
Al escuchar a Isolina, me sentí transportado. Me encontré localizado en un territorio de frontera.
Entre los recuerdos de mi primera vida y la perspectiva de asir, como hilo conductor, momentos
de felicidad...Una confianza en mi mismo, que trascendía los entornos y realizaba búsquedas
en un contexto social e individual en los cuales, ataba el pasado y el presente. Un pasado que
comenzaba en escenarios históricos diferenciados. Veía la Roma de los Césares; a Suetonio
relatando sus vidas. Percibía a Espartaco, caminaba con él; entendía sus opciones de vida. Me
situaba en nuestros territorios antes de ser avasallados. Me veía inmerso en las relaciones
primigenias. Con los rituales y con una organización social diferente. Los Aztecas, los Mayas,
los Incas, los Chibchas…Todo esto en un universo de realizaciones propias, en el proceso de
asumir y dominar a la Naturaleza. Trascendiendo lo inmediato, por la vía de orientar sus
acciones en términos de una dinámica propia, autóctona...
Cierto día, me vi. , hojeando un texto que mi madre escribió, cuando tenía 16 años. Un ensayo
acerca de la concepción del ser humano propuesta por Federico Nietzsche en su obra
“Humano, demasiado humano”. Según mi madre, en este texto se refleja una tipificación de la
historia de la humanidad, por la vía de asumir un soliloquio que conduce a clasificar el
comportamiento humano, como un continuo afán por despertar al mundo, a la realidad;
entretejiendo, verdades, teorías, paradigmas. De tal manera que la angustia que produce
sentirse escindido, conduce a promover espacios de intervención en los cuales cada quien
define su rol, en términos de descifrar los códigos de la moral, de la religión y de la
organización social y política.
Según Isolina, los seres humanos estamos retratados en la obra de Nietzsche. Porque
asumimos la herencia sucesiva que nos otorga la historia de la humanidad; de una manera tal
que exhibimos un corpus exterior, cosido por las pautas previamente establecidas. Pero que,
nuestra interioridad, se subsume en la angustia, por la vía de reconocerse como sujeto al
garete. Con bifurcaciones cada vez más complejas. Desembocamos en una continua búsqueda
de nosotros (as) mismos(as). Prevalece, sigue diciendo mi madre, una dicotomía que hace de
la vida cotidiana, una figura similar a la que describe Freud en su texto “El malestar de la
cultura”; o lo que señala Marcuse en “Eros y Civilización”. Sujetos, hombres y mujeres, en
constante desequilibrio; de tal manera que no construimos nuevos escenarios psicológicos, de
conformidad con nuestros deseos y aspiraciones autónomos. Por el contrario, realizamos
nuestro recorrido de vida, atados a los conceptos preestablecidos.
Un ir y venir, anclados, sin libertad. Tal vez, por esto mismo, dice Isolina, se desprende de la
teoría de Nietzsche, una propuesta que define la libertad individual, como latente, sin que
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pueda expresarse y concretarse. A no ser que asumamos, radicalmente, una opción de vida en
la cual cada quien reivindique la particularidad de esa opción. Una figura parecida al nihilismo.
La esquizofrenia es una definición tipo, que se prolonga, se transmite; significando con ello la
herencia cultural, como una transmisión constante, perenne. Un cuadro patológico que nos
inhibe para acceder a un universo social sin condicionantes. Es un encerramiento que
promueve, en nosotros y nosotras, una remisión hacia iconos que nos orientan. Es una pérdida
de identidad. Porque no acertamos de descifrar los códigos impuestos y, por esta vía, redefinir
nuestros roles.
Para Isolina, este tipo de atadura individual, no es otra cosa que la réplica de los
condicionantes inherentes a la organización social y política de la sociedad. La libertad se
pierde, en el momento mismo en que transferimos toda iniciativa, hacia el referente que nos es
impuesto por parte de quien o quienes ejercen el control.
Propone, mi madre, un entendido en el cual, el Leviatán, el Contrato social y la teoría de
Maquiavelo, corren paralelas a ese distanciamiento, cada vez más agresivo, del individuo con
respecto a su propio ser en sí.
Lo que sucede, entonces, es una prolongación infinita de ese control. Cada quien adquiere una
posición en el contexto social que previamente ha sido establecido. Una porción que se
transforma en territorio individualizado de manera imaginaria. Porque, en el mismo, no es dada
otra cotidianidad que la que nos corresponde, a manera de recrear ese dominio, asumiéndolo
como necesario.
En este texto suyo, Isolina refleja la angustia individual. En la cual nos desenvolvemos, sin que
esto implique actuar con libertad. Una cosa es ese control que nos ha sido transferido y que
parece insoslayable. Y, otra cosa, es el sentido de pertenencia con respecto a la sociedad
como construcción libertaria, que nos convoca a la transformación constante.
A manera de corolario, mi madre, asume como necesidad constante la renovación de actitudes
y acciones. De tal manera que estas no estén sujetas a paradigmas impuestos. Por el contrario,
las define como una revolucionarización de la vida cotidiana. Sin dejar de reconocer la
necesidad de un tipo de cohesión social centrada en el reconocimiento de si mismos y de si
mismas; difiere de la teoría del control como causa necesaria. Son, en consecuencia, dos
opciones no solo diferentes, sino antagónicas.
Mi madre define esa opción libertaria, como la redefinición de roles. En ella, rol, significa la
asunción de objetivos en los cuales estén referenciadas las aspiraciones individuales y
colectivas, de tal manera que la imaginación sea sinónimo de libertad. Imaginación que, a su
vez, es definida como la posibilidad de crear; de convertir los entornos en territorios no cifrados
como principios ineludibles; sino como escenarios en los cuales, cada quien, transfiere
conocimientos, sin que esto implique deshacerse de su individualidad. La sociedad, así
entendida, es una extensión de la figura de la democracia, como construcción a la cual se
accede por la vía de reconocerse a si mismos (as) y alcanzar una participación efectiva en
los procesos sociales, políticos y económicos. El centro es, entonces, la construcción de un
tejido social que cohesione las individualidades, no como instrumento de poder impuesto; sino
como realización de esos objetivos de beneficio común, basados en un concepto de justeza
que convoque a los hombres y a las mujeres. Hasta acceder a formas de gobierno participativo,
de manera efectiva y no formal.
En la segunda parte del documento, Isolina, aborda la cuestión de género. Ya antes, según lo
supe por Demetrio, ella había escrito un texto relacionado con las mujeres y su intervención en
la literatura y el periodismo.
En mi primer encuentro con ella, después de mi duodécimo aniversario le indagué por el
contenido de esa segunda parte. De paso le comenté que, a los tres días de haber nacido,
encontré la primera parte de su texto. Me dijo, Isaías, tú tienes una manera muy peculiar de
vivir la vida. Hasta cierto punto te pareces a Demetrio. Yo lo conocí, cuando él tenía seis años y
yo estaba bordeando los cinco. Vivíamos en un barrio de la capital., barrio periférico. Saturado
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de recuerdos ingratos nuestras familias habían llegado del c ampo. Concretamente de un
territorio golpeado por la violencia. En donde se sumaban, a la violencia oficial reiteradas, la
presencia de grupos armados. Desde posiciones guerrilleras, supuesta o realmente libertarias;
hasta grupo de paramilitares auspiciados por sucesivos gobiernos. Eran, en sí, aparatos al
servicio del Estado.
Nuestra infancia, transcurría en medio de limitaciones casi absolutas. Demetrio, me hablaba en
términos que yo creía reconocer. Como si ya los hubiera escuchado antes de nacer... Su padre
fue un hombre rígido en lo que respecta a su posición en la familia. La rigidez, era expresada
por la vía de imponer sus principios. Una unidad familiar, relativamente, centrada en el poder
del padre. Sin embargo, su abuelo materno, del cual tú llevas el nombre, asumía como ser
libertario. No tenía preparación académica. En él, cobraba fuerza aquello de que las posturas
ante la vida, se deben entender como proceso continuo, casi innato. Amaba a las mujeres,
como lo que somos. Es decir, como agentes del cambio. Para nosotras, decía el abuelo, los
lugares deben ser escenarios de libertad.
Cuando se produjo la concreción de la intervención femenina en los procesos electorales; él ya
había asumido en su hogar unas expresiones que reflejaban su intención de realizar, así fuera
en términos de micro sociedades (como la familia, por ejemplo), una opción en la cual la
diferenciación de género, no puede ser interpretada con exclusión y/o sometimiento. Por el
contrario, debía significar una interacción en igualdad de condiciones en las realizaciones
políticas, sociales; sin pretender homogenizar las. Las mujeres, son las mujeres. Nosotros, el
hombre, desde el punto de vista biológico que no admite confusiones. Diferenciación
insoslayable. La búsqueda de la equidad de género, lo llevó a fuertes enfrentamientos con sus
pares masculinos y con las jerarquías religiosas y gubernamentales.
La señora Ana, su esposa, conoció de él un equilibrio humanizado. Isaías se prodigaba en un
trato absolutamente hermoso. Tanto hacia sus hijos e hijas; como también ante la señora Ana.
Cuando se vieron obligados a abandonar su territorio, al que siempre amaron, sucedió una
descompensación de repercusiones de inmensa tristeza. Era, tanto así, como dejar su vida allí.
En donde habían nacido y crecido. No lograron nunca asimilar esa pérdida. Mucho menos,
adecuarse a las condiciones que exigía la ciudad.
Demetrio era mi ícono. A sus seis años, sabía acceder a los otros y las otras, con una profunda
sensibilidad. En la escuela se distinguía por su amabilidad y por la ecuanimidad con que
abordaba el trato con los niños, las niñas y sus profesoras y profesores. Una versión asimilada
a aquellos hombres que, después de haber vivido intensamente y haber adoptado posturas
feministas de manera tardía, accedían a una lucha por los derechos de nosotras las mujeres.
Quizás, sin saberlo, Demetrio, fue desde esa temprana edad, un horizonte que convocaba. Mi
relación con él, no fue nunca de subordinación. Era un equilibrio de contenidos profundamente
humanos. La ternura y la consecuencia con su rol, fueron y han sido sinceros y transparentes.
Fue mi novio, desde allí, hasta la frontera con el infinito. Un amor que se ha prolongado en el
tiempo. Que se ha fortalecido en el día a día. Un negro sin ningún tipo de claudicaciones. Ha
luchado, desde niño, por la libertad. No como expresión retórica, sino como compromiso
ineludible. Como obrero, ha mantenido su esperanza inquebrantable en una sociedad más
justa.
Me preñó a mis quince años. Después de un cortejo en el cual intervinimos los dos. Fue un
momento de sublimación. El y yo, trenzados en una acción hermosa. Estuvimos todo un día.
De terminar y volver a empezar. Una vitalidad espiritual que guiaba su sexo y el mío. Nos
recorrimos los cuerpos. Paso a paso, minuto a minuto. Exploramos zonas que no conocíamos
en nuestros cuerpos. Terminamos exhaustos. Dormimos no se cuanto tiempo. Solo se que, al
despertar, ya te sentía en mí. Ya me hablabas, con tus palabras de niño producto de la más
hermosa relación que he tenido.
Después, vino la persecución. Demetrio y yo estábamos comprometidos en la lucha por los
derechos humanos. Por los derechos de las minoría étnicas. Afrodescendientes, y por los
nativos primarios de nuestra América. Mi formación fue a puro pulso. Lo mismo que Demetrio.
Las carencias en nuestras familias, nos situaron a Demetrio y a mí, en una opción en la cual lo
80
único posible era la vinculación a un trabajo, para coadyuvar al mantenimiento de nuestras
familias. Fuimos vendedores en las calles áridas de la ciudad. Estuvimos, como jornaleros
transitorios, en la recolección de café en Caldas, Risaralda y Quindío. Nuestro reto fue, siempre,
no claudicar ante la adversidad. Nos mantuvimos unidos; de tal manera que no nos venciera la
opción de convertirnos en sujetos desvertebrados, cercanos a la depravación. Mantuvimos
enhiestas nuestras opciones de crecer y de servir a nuestros pares.
Cada vez que nos entregábamos al placer de la sexualidad, nos convertíamos en los seres
más dichosos de la Tierra. Demetrio me cautivaba, como la primera vez. Jornadas sin término
en el tiempo. Él y yo. No ha habido zona de nuestros cuerpos que no hayamos explorado. Yo
sentía que alucinaba. Demetrio y yo. En una entrega absoluta. Cuando terminábamos, nos
vinculábamos al ejército de hombres y mujeres que no reconocen fronteras. Contigo creciendo
en mi vientre. No se si alguna vez nos escuchaste, en un diálogo continuo; en el cual él y yo
navegábamos por mares abiertos. No había lugar a la duda. El y yo, como expresiones de
sublimación. Él y yo, a cada momento, creando nuevas formas de amarnos y de entregarnos.
Cuando tú naciste, Isaías, encontramos en ti la posibilidad de prolongarnos en el tiempo. Te
tuve dentro de mí. Te hablaba, te susurraba palabras de motivación. Te requería como la
continuación de nuestras vidas.
No se porqué intuyo que ya, antes te conocí. En mis sueños, te he visto en un lejano momento.
Siendo tú un sujeto diferente. He tratado de hallar una explicación. Te he visto como vulnerador.
Siempre apareces como hombre sin definiciones claras. Como ese interregno, en el cual nos
movemos todos y todas. Sin precisar los contenidos de nuestras acciones. Con decires
confusos. Como cuando no encontramos nuestra razón de ser. Hasta cierto punto, en esos
sueños, te doy la razón. Porque, yo también, creo que somos escindidos. Transitando por
nuestra vida y las de los demás, sin acatar a concretar nuestros roles. Es algo parecido a ese
sujeto kafkiano, absurdo, pero tan real que nos absorbe y nos reivindica como producto de una
sucesión de historias vividas; centradas en ese no saber porqué existimos. En una búsqueda
constante. Casi perenne. Un no encontrase con uno mismo. Repitiendo momentos, cada vez
más incomprensibles. Una lucha titánica con nosotros y nosotras mismos (as). Un Eros y
Tanatos, a la manera freudiana.
Hasta cierto punto, tú eres como ese espejo que nos retrotrae continuamente. Un mirarse hacia
atrás, tratando de modificar los sitios y las acciones; pretendiendo modificar los escenarios
presentes y futuros. Como una recopilación extendida de Sísifo, aquel que cada día inicia una
nueva vida que no es nueva, porque es simple ejercicio de castigo. Será porque, todos los
seres humanos, tenemos puntos de eclosión, de surgimiento, de vivir la vida; pero siempre nos
regresamos al comienzo, a la nada; como quiera que no reconocemos ningún punto de
comienzo no racional. Por esto mismo somos, en fin de cuentas, una sumatoria de
posibilidades latentes; que se concretan sin nuestra aprobación. Como si fuéramos norias que
viajan sin parar; que confluyen en un vacío, parecido a los agujeros negros de que hablan los
astrónomos.
El hecho de no tener un dios nos coloca, a quienes así actuamos y pensamos, en sujetos
angustiados, pero en capacidad de crear escenarios en donde prevalezca la confianza en si
mismos (as) como colateral a esas mismas convicciones. Sin las cuales no reconoceríamos la
realidad, como independiente de nosotros y nosotras. Como Naturaleza que ha estado ahí, en
proceso de evolución y desarrollo. A nosotros y nosotras, solo nos es dado entenderla y
modificarla. La creación de la misma nos parece un misterio inacabado, indescifrado.
Un ser o no ser. En una propuesta de blanco o negro. Los tonos grises son el equilibrio. La
razón de ser de nuestro deambular por el universo. Estando aquí o allá, sin más límites que
nuestras carencias para conocer, indagar y transformar.
Cuando tenía tu edad, yo era una mujer definida. Ya conocía a Demetrio. Ya estaba a su lado.
Ya estaba dispuesta para la preñez. Es que, para mí, el sexo es sinónimo de imaginación y de
creatividad. Sin forzar ni ser forzadas. Más bien como latencias que se concretan con el ser
amado o amada. Dispuestos (as) a sentir ese recorrido por nuestros cuerpos, como un elíxir
que nos fortalece. Ser preñada así, adquiere un significado absoluto. En el cual no hay lugar
81
para las vías intermedias. O se ama, o no se ama. Sin saber porqué, percibo que ya te había
visto antes. Cuando tu madre, antes que yo fuera tu madre, recibía de ti acciones de
sometimiento. No se porqué, te he visto en mis sueños con sujeto confrontador del padre. Ese
padre diferente a Demetrio. Cercano a aquellos machos que pervierten el ritmo del amor y de la
condición de amantes. Transformándolo en vulneración; derivando en secuelas de
insospechadas repercusiones. Como horadando nuestra condición de humanos; vertiendo el
instinto antes que la ternura; antes que la entrega compartida y sublime.
Somos Eros, en razón a eso. Tal vez, en esos sueños tú no eras eso. No eras ternura, ni
potenciador de la entrega sin pausa a quien amamos. Tal vez, eras sujeto de contenido
asimilado a la violencia que no desinhibe; sino que por el contrario esclaviza; en unas
condiciones en donde no podemos ser sujetos y sujetas de transformación. Tu pasado, según
eso, no albergaba ninguna esperanza. Era, insisto en ello, una repetición lineal. Amabas a
quien era tu madre, de tal manera que ese amor se convertía en dolor, a cada paso. Como si tú
orientaras el comportamiento, hacia simas insospechadas. Aquellas en las cuales muere la
espiritualidad de cada sujeto y se construye, en su reemplazo, unas figuras de mármol. Asi
como aquellas de quien tengo referencia, al asistir con Demetrio a una proyección con ese
nombre. Hombres y mujeres de mármol, trabajados (as) con un cincel que ya tiene
predeterminados los ángulos y los perfiles de aquel o aquella a quienes han de construir...
Me decidí a hablar con Demetrio. Veía en él la definición que mi madre hacía. Como queriendo
auscultar su verdadera capacidad. Demetrio empezaba a ser, para mí, un tipo de deidad
cercana a aquellas figuras míticas. Como Afrodita; como Hércules; como el gran Zeus. Quería
estar a su lado, palpar su cuerpo y cerciorarme de su condición de amante pleno. Ese que
Isolina siempre recuerda. Ese que la convoca a una vida siempre en crecimiento. Diáfana,
creativa, solidaria, entregada a vivir y transformar al mundo a su lado. Quería saber si, en
realidad, cuando la preñó, lo hizo como culminación de un acto de profunda libertad. Quería
saber si, como ella, fue partícipe de una preñez dirigida a mí. Como sujeto que soy yo, según
los sueños de mi madre Isolina, Venido de un pasado en donde los avasallamientos y las
vulneraciones eran cosas comunes aceptadas como válidas.
Demetrio estaba en su sitio de trabajo. Un salón inmenso con hornos a lado y lado. Como
operario, debía surtir el horno que le había sido asignado. Un calor insoportable. Una
sensación de asfixia, que invitaba a desear los espacios abiertos, frescos. Un salón en el cual
estaba acompañado por otros hombres, igual que él, atosigados por el infernal fuego. Su labor
era, y sigue siendo, coadyuvar a la transformación del hierro en diferentes aleaciones.
Decantando esa figuración asignada al elemento primario, según los requerimientos de la
empresa.
Cierto día, sin saber porqué, me asediaba un vago recuerdo. Como si yo hubiera estado, e n el
pasado, como operario. Así como Demetrio. La diferencia radicaba en que, siendo yo sujeto
partícipe de un proceso, ese proceso era algo así como orientar las perversiones inherentes a
la desculturización. Como raponazo a nuestras vivencias. Como si yo hubiese estado al
servicio de los destructores de etnias y de los elementos asociados a ellas. Siendo, así, un
sujeto pervertido, auriga de los controladores. Me veía desarrollando lenguajes lineales.
Pretendiendo suplantar la creatividad y la belleza de nuestros saberes ancestrales, nativos,
desde antes de la invasión.
Pretendí deshacerme de ese recuerdo, a partir de orientar mi quehacer con los postulados de
Demetrio y de Isolina. Siendo yo una derivación de un amor pleno, íntegro. Sin embargo,
persistían en mí esos vagos recuerdos. Como haber conocido otros lugares y otras personas..
Una de ellas, una mujer parecida a Isolina, en lo que esta tiene de entereza, de sutilidad, de
elevados valores acumulados. No como simple sumatoria de agregados circunstanciales; sino
como expresión de una vida dedicada a construir espacios humanizados, garantes del
progreso, centrado en la convivencia, el respeto y la creatividad colectiva e individual.
Escenarios no endosados a los poderes. Más bien, en interacción con todos y todas aquellos
(as) que tenemos, en cualquier momento de nuestras vidas, unas vivencias inconexas,
segmentadas, valoradas como simples accesorios que adornan la sociedad regida por quienes
esquilman a los demás…Aún siento esas secuelas.
82
Petronila Rentería de Girardot, una mujer de 84 años, ha vivido la mayor parte de su vida,
alrededor de su familia. Desde niña, añoró trascender esos territorios. Sin embargo, la fuerza
de las convicciones y valores vigentes, la han convertido en simple reproductora de hijos,
nietos, biznietos… Nunca ha sido feliz. Su primer matrimonio, con Escolástico Girardot, fue una
réplica de la concreción de la dominación por parte del hombre sobre las mujeres. Este,
Escolástico, venía de una familia de tradiciones casi inquisidoras. Su abuelo materno, había
conocido los rigores de la transición entre la independencia real, a la independencia formal.
Cuando, después de haber concretado la expulsión de los invasores, nos convertimos en
territorio de confrontaciones. Algunas de ellas bizantinas. Otras, de mayor calado, se referían a
los conceptos disímiles de libertad y de la construcción de Estado. Como si, en cada una de
esas expresiones, se descifrara el código de la dominación, anclada en poderes y
macropoderes absurdos; en los cuales se destruía la razón de ser de la libertad. Sumatorias de
territorios y de poderes. Con actores convencidos de su condición de predestinados por la
divinidad del Dios Católico, para salvar a la nación del las perversidades liberales, entendidas
estas como apertura al conocimiento y a la construcción de democracia efectiva.
Lo cierto es que Petronila convirtió su vida en un continuo hacer repetitivo, por la fuerza de la
tradición. A pesar de la obvia diferenciación inherente a los seres humanos, considerados
individualmente, lo suyo fue y es una réplica de la dominación ejercida sobre las mujeres. De
por sí, ellas han constituido una franja de la población, sobre la cual recae el control sobre sus
vidas. Hasta cierto punto, lo aquí expresado, puede aparecer como discurso que ha sido
expresado en diferentes escenarios políticos y sociales. La necesidad de postular una
perspectiva, en concreto para el caso de mi madre Isolina, a partir de la situación relacionada
con su abuelo y su abuela, supone reiterar acerca de esa dominación. Tal vez, porque en esta
situación descrita, reside una especie de referente asumida por Isolina. Referente no patético.
Más bien centrado en la continua búsqueda efectuada por las mujeres que, como mi madre,
aspiran a desafiar esos condicionantes y trascenderlos., por la vía creativa y proactiva.
De hecho, Isolina tiene un recorrido de vida, que le ha permitido descifrar las alternativas
necesarias para proponer, desarrollar y fortalecer una teoría y una praxis vinculada al proceso
de liberación femenina. Esto es lo que explica, a manera de ejemplo, su compromiso con las
mujeres de Ruta Pacifico y con la gestión popular alrededor de la periferia en que fue situada,
junto con Demetrio. Escenarios en los cuales crece, de manera exponencial,, las carencias, la
desvertebración social y la existencia, latente y real, de opciones asimiladas a ala
degradación del entorno físico y de los grupos sociales.
Desde ahí, entonces, Isolina ha comprometido su acción, conocedora de que la confrontación,
en últimas, es con los gobiernos y con el Estado. Por esa vía ha desembocado en la
construcción de proyectos económicos, políticos y sociales. Cuando le hablé de mi deseo por
conocer esa segunda parte de su texto,, me reitero la expresión relacionada con un tipo de
actitud, como la mía, que conduce a pretender abarcar los conceptos de manera tal, que
pueden convertirse en simple formalidad.
Isaías, en consideración a tus inquietudes, acerca de mi compromiso con las luchas sociales,
tengo la posibilidad de presentarte dos escritos míos, relacionados con ese tipo de actividad.
Ya, por vía de tu decisión anterior, relacionada con esa búsqueda; conociste la primera parte
del documento en el cual realizo un análisis de propuesta de Nietzsche, a partir de su texto
“Humano, demasiado humano”. La segunda parte, es un proyecto relacionado con la
educación de los niños y las niñas. Este documento lo he ido construyendo a partir de mis
experiencias en nuestros barrios... Léelo.
La primera impresión que tuve, al escuchar a Isolina, tuvo que ver con algo parecido a la con
fusión. Porque no entendí, de manera plena, el significado de sus palabras. Sin embargo me
dispuse a leer el texto constitutivo de la segunda parte del texto conocido por mí antes. Al
comenzar la lectura, sentí la inquietud, en términos de creer que ya había conocido esas
expresiones ante. El documento de mi madre dice:
Toda herejía, en principio, es una acción individual. Compromete a quien realiza una
interpretación diferente y se decide a proponerla como opción. Bien sea como modificación
parcial de las pautas, paradigmas y condiciones instaurados como referentes colectivos; o
83
como alternativa que conlleva a una modifi9cación total, radical. Algo así como o son esas
pautas y paradigmas o son estas pautas y paradigmas alternativos. Ya ahí, en esa acción de
proponer una alternativa, se configura un distanciamiento con respecto al ordenamiento vigente.
Adquiere ese hecho un significado asimilado a la ruptura. En el proceso de enfrentar esa
opción (...u opciones) con las existentes; el (la) sujeto (a) que ejerce como cuestionador (a),
desemboca en una posición herética. A partir de ahí, se trata de definir las condiciones y el tipo
de acciones a realizar, el proceso de difusión de la opción u opciones nuevas. Aquí,
condiciones, tienen que ver con los insumos recaudados para sustentar la nueva opción. Un
tipo o tipos de acciones, tiene que ver con realizar una confrontación individual absoluta. O la
adquisición, mediante el proceso de persuasión o imposición, de una aceptación de los (as)
otros (as). De tal manera que pueda presentarse y desarrollar como opción u opciones
colectivas. Esto no es otra cosa que el comienzo de una sumatoria de acciones diferenciadas;
en procura de lograr la aceptación y acatamiento, bien sea de la modificación parcial o de la
erradicación de las anteriores pautas y paradigmas y, en su reemplazo, erigir las nuevas.
De todas maneras, bien sea que se actúe n un u otro sentido, es evidente la necesidad de
cierta subyugación hacia los otros y las otras. Algo así como entender y aceptar el principio
básico relacionado con el ordenamiento y el equilibrio por la vía de la imposición de pautas y
paradigmas: siempre existan referentes establecidos como condición para el ordenamiento y el
equilibrio; habrá unos códigos y obligaciones que ejercen como limitación a la libertad individual.
Alcanzar unos nuevos referentes, unos nuevos códigos y nuevas obligaciones; supone la
realización de acciones que controvierten lo anterior.
2. El proceso cognitivo
2.1 El sujeto que aprende, su condicionante cognoscitivo.
Los términos de referencia, en relación con el proceso cognitivo, tienen que ver con el nexo
que establece cada sujeto (hombre o mujer) con el entorno social; la manera como se asume
con respecto a ese entorno y, por esto mismo, la interacción consigo mismo (a). Pero también
intervienen, a manera de condicionantes activos (as), quienes ejercen como orientadores (as).
Estos (as) últimos (as), en razón a su rol, unas opciones. Por lo tanto, efectúan algo así como
una restricción en la manera como cada sujeto percibe y entiende ese entorno y su lugar en el.
Visto así, entonces, la capacidad cognitiva está condicionada. Tanto como entenderla en nexo
con las directrices y las expresiones derivadas de la asimilación previa y del método utilizado
por parte de quien o quienes actúan como orientadores (as). La acción de transferir el
conocimiento, en consecuencia, no es otra cosa que convocar a cada sujeto receptor (a) para
que asuma esas directrices y expresiones. Puede decirse que estas ejercen como constantes
invariables durante un determinado espacio de tiempo. La diferenciación, lo que garantiza la
heterogeneidad y diversidad, tiene relación con el método con el cual se efectúa esa
transferencia.
Desde esta perspectiva, es pertinente citar la definición propuesta por el profesor Philip W.
Jackson: “Cualquier intento por describir las características psicológicas, tan amplio y diverso como el de
quienes responden al título de maestro, está destinado a fracasar casi desde el principio. Esto se debe
por lo menos a dos razones. La primera de ellas la constituyen los hechos evidentes de dimensión y
diversidad, los cuales hacen inevitable que no importe lo que se diga de un miembro típico de ese grupo,
pues resultará falso para muchísimos otros miembros de la misma clase. Existen muchos tipos de
maestros: profesores universitarios y asistentes de jardín de niños, buenos y malos maestros, novatos y
veteranos. La variabilidad que hay en estas subcategorías parecería contravenir, desde el principio, todos
los esfuerzos que hagamos por generalizar. La segunda razón estriba en que el tener que decir algo
sobre las características psicológicas de un grupo tal – sus hábitos de pensamiento y sus habituales
posiciones intelectuales-, hace la tarea doblemente difícil. La cognición es un asunto privado que, si acaso
se presenta, se refleja oscuramente en lo que la gente dice o hace. Computar el promedio de edad o el
84
nivel de ingresos anuales de los maestros quizá se tarea fácil, pero describir su forma de pensar es
41
infinitamente más difícil, tanto así que parece más prudente aceptar de antemano la derrota...”
Se trata ahora de precisar acerca de los contenidos inherentes al proceso cognitivo y, al
mismo tiempo, de la capacidad cognoscitiva del sujeto o los sujetos; en un escenario en el cual
aparecen elementos vinculados a determinadas categorías que definen lo normal o anormal,
con respecto a ese sujeto y/o sujetos receptores.
Queda claro, en principio, que el (la) orientador (a) actúa como sujeto condicionante en primera
instancia; independientemente de este otro factor o factores; es decir, haciendo abstracción de
las categorías de normalidad y anormalidad aplicables a los (as) receptores (as) de esa
orientación o transferencia de su proceso cognoscitivo.
2.2. El concepto de realidad y su aprehensión.
Ya se ha expresado arriba una posición en lo que tiene que ver con la percepción y la
aceptación de la exterioridad, por parte de cada sujeto individual...y de los sujetos colectivos.
Hasta ahí, asumíamos la existencia de condiciones exentas de elementos vinculados a una
determinada incapacidad para captar y entender los referentes propuestos. Por lo tanto,
entonces, las opciones derivadas a partir de ahí, aparecen como posibilidad de acoger e
internalizar de manera homogénea o heterogénea esos referentes y, por extensión, el amplio
espectro en lo que hace relación a la exterioridad, como entorno circundante inmediato o
mediato. Visto así, en consecuencia, la realidad es una aprehensión de esos mensajes y la
asunción de roles específicos con respecto a ella, está cruzada por las características de esos
mensajes o referentes.
Ahora bien, tratándose de una tipificación en nexo con los patrones establecidos como válidos
para captar y entender la realidad y el tejido relacional con esta, incluidos (as) los (as) otros (as)
sujetos (as); se ha admitido las figuras de normalidad y anormalidad; para designar las
características precisas que adquiere esa aprehensión; tanto de la realidad como del tejido
relacional inherente a la intervención que efectúa cada sujeto (a). Esto supone, entonces, la
existencia de tipologías asociadas al comportamiento humano, su explicación y justificación.
El desarrollo de estas tipologías y su profundización, permiten inferir precisiones acerca de las
condiciones normales y/o anormales en las que se desenvuelve la interacción de los (as)
sujetos con la exterioridad. Es, en otras palabras, hablar de las condiciones en las cuales se
produce la aprehensión e internalización. Ya, en este otro escenario, se introduce la noción de
diferenciación, asociada a la características de cada sujeto o colectivo.
3. De la pedagogía
3.1 Del método pedagógico para la educación infantil.
La teoría y las prácticas educativas no son otra cosa que el desarrollo y la profundización en
torno al proceso de aprehensión de la realidad y del conocimiento. Ya decíamos arriba (1.2 y
2.1) que el o la sujeto se enfrenta el proceso de internalización de la realidad y del tejido
relacional que esto conlleva, por la vía de las opciones diseñadas y otorgadas por parte de
quien o quienes ejercen como orientadores. Es decir, no basta únicamente con la percepción
inmediata; sino que se precisa la intervención de agentes exógenos que previamente han
establecido unos determinados patrones y un método que garantiza la implementación de
acciones que permiten transferir; que actúan como facilitadores, a la manera de hilo conductor.
41
Jackson, Philip W., “Cómo piensan los maestros”. Tomado de recopilación realizada en el texto: La
Psicología en la práctica educativa, primera edición en español, mayo 1981. Editorial Trillas, México.
Recopilador: Lasser, Gerald S., página 23.
85
En ese contexto, la filosofía, la psicología y las ciencias sociales aplicadas a grupos etáreos
específicos en lo que concierne a la dilucidación de pautas relacionadas con el comportamiento
y con la internalización que realizan; han construido opciones para interpretar la intervención de
los niños y las niñas en el proceso vinculado con el desarrollo histórico de la humanidad.
Podría decirse, por lo tanto, que el acumulado de conocimientos y saberes y su concreción en
la estructuración de la cultura, supone una segmentación en términos de la asunción de roles
específicos por parte de los grupos humanos y, dentro de estos, por parte de los niños y las
niñas.
Consideramos pertinente, a manera de ilustración, presentar una definición relacionada con
ese proceso y en la cual se trata de establecer un horizonte para entenderlo. Veamos:
“..Con respecto a la evolución en la ontogénesis, Rousseau ya había expresado este principio de una
manera muy elemental, al decir que el niño no era un pequeño adulto. Esto no se refiere tan sólo a las
peculiaridades físicas del organismo infantil, sino también, y no secundariamente, a su psique. La
percepción y la memoria del niño, su razonamiento o raciocinio, etc., difieren de la percepción, memoria y
raciocinio de los adultos no sólo como reducción y aumento, no solamente por el hecho de que en el niño
estén menos desarrollados y en el adulto más. En el niño son distintos del adulto. Las leyes a las cuales
están sometidas cambian con el proceso de la evolución. Los cambios cuantitativos, al aumentar, pasan a
42
ser cualitativos...”
Siendo así, entonces, el proceso cognitivo involucra a los niños y a las niñas, conforme a
determinadas pautas propuestas y desarrolladas por quien o quienes ejercen como
orientadores de ese proceso. La inserción, por lo mismo, se produce acompañada de una
metodología derivada de la interpretación de esas pautas y, al mismo tiempo, origina unas
opciones de interpretación, un aprestamiento, conforme al ideario (mejor sería hablar de
esquema) de quien quienes orientan el proceso. Y este, a su vez, está condicionado por la
perspectiva básica que soporta a la cultura predominante.
Veamos esto último en la expresión de José Martí: “...Mucho se habla aquí (Nueva York) de las
escuelas, de la insuficiencia que en ellas se nota, de la ineficacia de importar a la educación de un país
nuevos sistemas extraños surgidos en pueblos de elementos distintos; de lo incompleto, retórico y
artificioso del sistema actual, y de la necesidad de reformarlo.
¿Deberá ser la educación de meros elementos literarios, o como aconseja el inglés Mathew Arnold, corre
peligro de perderse la nación que aun en su educación primaria no infunde el espíritu superior a las
asignaturas bellas?
¿Deberá ser la educación indiferente, general o especial en su enseñanza religiosa?
¿No deberá ser toda la educación, desde su primer arranque en las clases primarias, se preguntan otros
–dispuesta de tal modo que desenvuelva libre y ordenadamente la inteligencia, el sentimiento y la mano
de los niños?
Tiene muchos abogados, fanáticos tiene ya, esta que llaman industrial o manual, sin ver que esa es
también una educación parcial, que sólo es principalmente buena para un país de industriales, en vez de
ser general y llevar en sí los elementos todos comunes de la vida del país, que es como debe ser la
43
educación pública..”
El problema, al momento de enfrentar al cognoscente con el proceso cognitivo, consiste en
encontrar y aplicar los procedimientos adecuados que permitan su adaptación al mismo. En
condiciones en las cuales no existen factores de extrañamiento, derivadas de problemas
sensoriales, motrices, de lenguaje e interacción con el tejido relacional; los educadores y las
educadoras, pueden exhibir prácticas soportadas en las pautas y orientaciones generales y
específicas de los (as) especialistas. Vale la pena resaltar, a manera de ejemplo, algunas
directrices propuestas por Piaget en este sentido:
En el texto “Seis estudios de psicología”, refiriéndose a la identificación del quehacer y de las
expectativas de los niños y las niñas en una edad determinada, dice lo siguiente:
42
Rubinstein, S.L. “Principios de Psicología, primera edición en español. Editorial Grijalbo, 1967, página
111
43
Martí, José. “Ideario pedagógico. Segunda edición 1997.Editorial Pueblo y Educación, página 11
86
“..Finalmente, toda la causalidad, que se desarrolla durante la primera infancia, participa de estos mismos
caracteres de indiferenciación entre lo psíquico y lo físico y el egocentrismo intelectual. Las leyes
naturales accesibles al niño son confundidas con las leyes morales y el determinismo con la obligación:
los barcos flotan porque deben flotar y la luna ilumina sólo de noche porque no es ella la que manda.El
movimiento es concebido como un estado transitorio que tiende hacia un objetivo que es su fin: los ríos
corren porque tienen impulso para ir hacia los lagos, pero este impulso no les permite ascender por la
montaña. La noción de fuerza, en particular, da lugar a curiosas constataciones: activa y substancial, o
sea relacionada con cada cuerpo e intransmisible explica, al igual que en la física de Aristóteles, el
movimiento del cuerpo mediante la unión de un disparador externo y de una fuerza interna, ambas
necesarias: por ejemplo, las nubes son impulsadas por el viento, pero ellas mismas producen viento al
44
avanzar...”
El reto se plantea, insistimos en esto, cuando las condiciones del o la cognoscente no permiten
su inserción en el proceso cognitivo diseñado para los niños y las niñas sin dificultades para
asumirlo, en lo que se ha dado en llamar posición de normalidad. Tanto en lo que hace
referencia a su edad, como también a su entorno y participación en el tejido relacional que lo
caracteriza.
.3.2. El currículo.
Ya, en la parte correspondiente del texto que habla del proyecto educativo y de los roles
asumidos por los maestros y las maestras; hemos arriesgado una opción de interpretación. En
resumen, abordo la reflexión por una vía conceptual en la cual se hace énfasis y en algo así
como la posición dominante y/o condicionante, con respecto a los (as) receptores (as).
Necesariamente, a partir de ahí, se deriva una interpretación asociada. Esta tiene que ver con
el rol asignado al currículo. En lo que sigue, profundizo sobre este aspecto.
Desde el punto de vista pedagógico, el currículo ejerce como orientador, como guía y como
aplicación de conceptos básicos vinculados con el proceso enseñanza-aprendizaje. Su
contenido, para cada área académica, involucra referentes y objetivos construidos a partir de
un determinado modelo educativo. Este, a su vez, refleja la opción conceptual y práctica
predominante en uno o varios periodos de tiempo. Es algo así como la institucionalización de
unos referentes que definen las condiciones y los contenidos con los cuales los (as) receptores
(as) acceden al conocimiento, con la intermediación de los y las maestros (as). Otra cosa es el
método implementado; por cuanto este puede concretar particularidades inherentes a la
formación pedagógica con la cual se accede al desarrollo de los currículos. Además, en
aplicación de los currículos, cabe la figura que involucra la figura de los proyectos de aula y su
nexo con aquellas situaciones en las cuales se asume y desarrolla el concepto de grado y las
condiciones en las cuales participan las diferentes comunidades que actúan como sujetos
colectivos e individuales.
Veamos lo anterior, a partir del trabajo realizado por el Programa Red, en relación a las
opciones metodológicas y la interacción de maestros y maestras en desarrollo de los proyectos
educativos.
“..Los documentos oficiales en lo que se muestran los acuerdos de una comunidad académica en torno a,
por ejemplo, aquello que h de constituir el enfoque conceptual de una determinada área de estudio (las
ciencias naturales, las matemáticas, el lenguaje y la literatura...) son referentes orientadores para la
actualización de los docentes, por parte de las entidades formadoras; tales documentos han de constituir
el material fundamental para la discusión y la apropiación de aquellas categorías nucleares y básicas,
consideradas como las más pertinentes según sean los grados y los ciclos escolares. El reto de todo
programa de formación o actualización de docentes debe ser entonces el de propiciar formas de
acercamiento a la construcción de dichas categorías, que no son más que las unidades conceptuales
45
constitutivas de las gramáticas básicas de cada una de las disciplinas de estudio...”
44
Piaget, Jean. “Seis estudios de psicología”.Editorial Labor S.A., tercera edición, 1994, páginas 41 y 42
45
Varios autores, “Culturas y Escolaridad. Lenguaje y Matemáticas. Competencias y Proyectos de Aula.
Publicada por Plaza y Janes Editores, 1999; página 32.
87
En consecuencia, mientras el currículo, constituye el mapa temático derivado de un
determinado modelo educativo prevaleciente, el ejercicio inherente a su aplicación y desarrollo,
constituye una sumatoria de elementos relacionados con la formación y los instrumentos
pedagógicos; que conllevan a la concreción de proyectos de aula específicos.
3.2.1 L a lecto-escritura.
Aquí nos corresponde, en aplicación del hilo conductor conceptual que hemos venido
desarrollando,
Retomar algunos de los aspectos expresados en el texto relacionado con el marco conceptual-
teórico de este trabajo.
En términos prácticos, el proceso de enseñanza-aprendizaje, involucra diferentes momentos o
períodos asociados al entendido de diferenciación de la comunidad escolar por grados; según
el nivel en el cual se interactúa, teniendo como eje y referente la transmisión y recepción del
conocimiento.
Los niños y las niñas, en el proceso específico que les permite allegar las habilidades,
destrezas e identificación de los roles y códigos para penetrar en el escenario de la cultura; van
definiendo y redefiniendo su inserción. El contacto con el universo de opciones derivadas de la
utilización de esos códigos y roles; puede llegar a constituir un desdoblamiento, con respecto a
sus autoconstrucciones mentales. Es decir, sus referentes pueden (...y de hecho son)
modificados, en virtud a ese descubrimiento.
Por lo tanto, la labor de los maestros y las maestras, requiere de insumos teóricos,
conceptuales y prácticos, como prerrequisitos indispensables. Esto lo que les permite identificar
y entender la dinámica de las construcciones mentales de niños y niñas. Significa, en otras
palabras, un proceso en el cual se produce una especie de apropiación de esos roles
específicos de niños y niñas; para poder elaborar proyectos soportados en la persuasión
acerca de la necesidad de que ellos y ellas se interesen por la recepción y aplicación de esos
códigos. Es tanto como persuadir a los niños y a las niñas de las bondades y la importancia de
aprender a comunicarse, utilizando los elementos que se les ofrece para hacerlo.
Francois Latraverse, en su escrito La sombra del lenguaje (Ensayos sobre Wittgenstein), cita a
Wittgenstein, a propósito de la comunicación. Veamos:
“..La frase sólo tiene sentido en cuanto miembro de un sistema de lenguaje, como una expresión dentro
de un cálculo. Ahora bien, sentimos la tentación de imaginar ese cálculo, por así decirlo, como un fondo
permanente de cada frase que expresamos, y a pensar que, aunque la frase tal como se pronuncia o se
escribe sobre un trozo de papel se encuentra aislada, en el acto mental de pensar el cálculo está allí,
formando un todo compacto. El acto mental parece realizar de modo milagroso lo que no podría realizarse
mediante ningún acto de manipulación de símbolos. Ahora bien, cuando se desvanece la tentación de
pensar que en algún sentido el cálculo entero tiene que estar presente simultáneamente, ya no tiene
objeto postular la existencia de un tipo peculiar de acto mental que corra paralelo a nuestra expresión.
Naturalmente, esto no significa que hayamos puesto de manifiesto que a las expresiones de nuestros
pensamientos no les acompañan actos de conciencia peculiares. Lo único que ya no afirmamos es que
46
tengan que acompañarlos” (Los cuadernos azul y marrón, 72-73).
La importancia de los códigos y los símbolos, en el proceso de leer y escribir, adquieren pues
una connotación vinculada a la definición de roles generales y específicos. Son estos roles, por
lo tanto, los que definen una determinada manera de acceder al universo de seres y de cosas.
En los niños y las niñas, este proceso, requiere de una orientación; por cuanto adquiere l
condición de ejercicio inducido que pretende trascender la comunicación primaria espontánea
originada en su particular visión del mundo.
En este entendido, consideramos pertinente retomar la opción propuesta por Piaget:
46
Latraverse, Francois, obra citada. Editorial Universidad Nacional de Colombia, 1995, página 24.
88
“..Existen, en primer lugar, los hechos de subordinación y las relaciones de coacción espiritual ejercida
por el adulto sobre el niño. Con el lenguaje el niño descubre, en efecto, las insospechadas riquezas de un
mundo de realidades superiores a él: sus padres y los adultos que le rodean se le presentaban ya como
seres grandes y fuertes, fuentes de actividades imprevistas y a menudo misteriosas, pero, ahora, estos
mismos seres revelan sus pensamientos y sus voluntades y este nuevo universo empieza por imponerse
con un brillo incomparable de seducción y prestigio. Un yo ideal, tal como ha dicho Baldwin, es propuesto
de esta forma al niño y los ejemplos provenientes de lo alto son otros tantos modelos que él intenta copiar
o igualar. Particularmente se le dan órdenes y consignas y, tal como ha demostrado Bouvet, es el respeto
del pequeño por el grande lo que hace que las acepte y las crea obligatorias. Pero, incluso al margen de
estos núcleos concretos de obediencia, también se desarrolla toda una sumisión inconciente, intelectual o
47
afectiva, debida a la coacción espiritual ejercida por el adulto...”
3.2..2 Lengua y lengua escrita.
La comunicación, como necesidad inherente a los humanos, se ha desarrollado a partir de
formas originarias en las cuales predominaba la acción gestual. La oralidad, como capacidad
para utilizar los sonidos que permiten la estructura anatómica, desemboca en la palabra como
instrumento básico. La interacción colectiva y social, diferenciada en razón a la diversidad
racial y étnica.
La transición hacia la escritura, supone la asunción de los signos que permiten expresar esas
palabras. Se concreta una interacción entre la oralidad y la utilización de los símbolos que
adquieren significado en razón a su utilidad para transmitir y socializar.
Veámoslo, en términos de Sartre:
“..Se dirá que estas diversas tentativas de expresión suponen el lenguaje. No lo negaremos; diremos más:
son el lenguaje, o, si se quiere, uno de sus modos fundamentales. Pues, si bien existen problemas
psicológicos e históricos acerca de la existencia, el aprendizaje y la utilización de tal o cual lengua
particular, no hay ningún problema particular acerca de lo que se llama la invención del lenguaje. El
lenguaje no es un fenómeno sobreañadido al ser-para-otro: es originariamente el ser-para otro, es decir,
el hecho de que una subjetividad se experimente a sí misma como objeto para el otro. En un universo de
puros objetos, el lenguaje no podría ser inventado en ningún caso, ya que supone originariamente una
relación con otro sujeto; y en la ínter subjetividad de los para-otro, no sería necesario inventarlo, pues
estaría ya dado en el reconocimiento del prójimo. Por el solo hecho de que, haga yo lo que fuere, mis
actos libremente concebidos y ejecutados, mis proyectos hacia mis posibilidades, tienen afuera un sentido
que me escapa y experimento, soy lenguaje. En este sentido-y solamente en éste- Heidegger tiene razón
al afirmar que soy lo que digo. Este lenguaje no es, en efecto, un instinto de la criatura humana
constituida; tampoco es una invención de nuestra subjetividad; sin embargo, no hay tampoco que
48
reducirlo al puro ser afuera de sí del Dasein. Forma parte de la condición humana…”
A partir de estas expresiones, consideramos pertinente referenciar los avances obtenidos en el
proceso de enseñanza-aprendizaje. El desarrollo de diferentes medios físicos, tanto en lo que
hace referencia a lo instrumental, como al especto vinculado con el entorno, nos sitúa la
necesidad de precisar su importancia.
Para el caso concreto, relacionado con el objetivo general y los objetivos específicos, lo
instrumental, nos vincula con los avances tecnológicos y su aplicación en este proceso. Estos
avances están en conexión con la lógica en cuanto al desarrollo histórico; como quiera que
hagan parte de las construcciones objetivas y subjetivas, desarrolladas por la humanidad,
como vía para enfrentar la exterioridad., como naturaleza y como entorno inmediato
relacionado con una determinada época. En este sentido y contexto, nuestro énfasis tiene que
ver con las tecnologías de la información y la comunicación. Todo con elementos de precisión
en torno a la construcción de la lengua escrita.
Sinceramente, quedé impresionado por la claridad conceptual aplicada por mi madre en el
escrito. No se porque, vinieron a mi mente algunos recuerdos. Como si estuviera enfrente de
otra realidad pasada. Algo así como tener la sensación de haber vivido momentos pasados
relacionados con hechos en los cuales Isolina y yo estuvimos involucrados. Tanto como haber
47
Piaget, Jean “Seis estudios de psicología”. Editorial Labor S.A., 1994; página 31.
48
Sartre, Jean Paul. “El ser y la nada”, editorial Altaza, 1993, página 397.
89
asistido a un proceso con una dinámica similar a la que estoy asistiendo. Así se lo expresé a mi
madre. Me dijo, trato de entenderte. Los seres humanos somos sujetos con imaginación. Creo
que esto nos diferencia de los otros animales. La capacidad para retrotraer imágines, a partir de
nuestras experiencias, proyectándonos al futuro. En una interacción en la que intervienen
diferentes acciones. Por esto el pasado, para nosotros, es como un escenario en el cual nos
recreamos. Como vivencias que no podemos precisar con certeza cuando se produjeron. En
esto, la memoria colectiva e individual, son factores fundamentales, a la hora de dirimir
contradicciones entre pasado y presente; entre presente y futuro.
Había ido a la escuela, hasta quinto grado. Una escuelita rural, situada en la zona periférica de
Bahía Solano. Sue abuelo, destacado líder comunal, coadyuvaba, con el padre y con la madre,
en la manutención de la gran familia; tanto por su extensión; como también por ser un grupo
cálido, tejedores de historias de vida, al lado de la gente. Una entrega casi absoluta.
Compartían sus escasas cosechas, con quienes lo necesitaban más que ellos.
Demetrio, se forjó en la brega diaria. La lucha por la subsistencia; el acompañamiento al abuelo
Isaías, a sus giras por los barrios de Bahía Solano y por toda la zona rural. Giras, cagadas de
pasión por la unidad para enfrentar la adversidad que siempre estaba con ellos. Pobreza
extrema, sumada a los avatares propios de una lucha en contra del olvido gubernamental y las
tenazas de terratenientes. Y, como colateral, la estigmatización y la persecución por parte de
agentes oficiales y grupos armados. Algunos de los cuales, en veces, actuaban en connivencia
con las fuerzas de seguridad del Estado.
Su primera experiencia de tragedia y dolor, tuvo que ver con el asesinato selectivo de algunos
campesinos y campesinas en una de las veredas. Ocurrió un sábado en la tarde, cuando las
víctimas asistían a una jornada de trabajo comunitario. Varios hombres armados, irrumpieron
en el salón de reuniones de la vereda. Una vez los identificaron, los mataron allí, en el mismo
sitio.
Para Isaías y para Demetrio, la matanza, constituyó un fuerte impacto. Los nexos con hombres,
mujeres, niños y niñas de la región. Sus luchas comunes y solidarias, por una mejor calidad de
vida, habían construido fuertes lazos de amistad y compañerismo.
Los juegos de infancia eran entonces, para Demetrio, un ejercicio en el cual la lúdica era
reemplazada por una profunda tristeza. Parecía algo innato; de lo cual nunca se ha podido zafar.
En una de las sesiones de juego, conoció a mi madre, Isolina. Mujer con temperamento y
alegría bulliciosa; disfrutaba plenamente lo que hacía. Desde las rondas, con letra y música de
su Pacífico.
No se porqué la niñita no ha venido,
Tal vez con su padre se haya ido,
Para el mar y para el río,
A buscar peces, camarones y langostas;
Para traer aquí. Para llevar allá.
Para los niños y las niñas que se alegrarán.
Yo tengo un secretito y,
No lo voy a contar,
Es mi secretito, es mi secretón;
Es mi compañía en toda la región.
Secreto que tengo yo. Secretos que tienes tú.
Mi secretito y el tuyo se volverán común.
Tengo un amiguito, es negro como yo.
Negro como ustedes; negro de gran vigor,
Que viene en la noche a prender el fogón,
A tocar la marimba y a cantar con mucho amor.
90
Demetrio porqué estás triste?,
Será porque no te miro,
O será porque nunca has reído.
Si juegas conmigo, si ríes con todos,
De daré la luna y te daré el Sol.
Isolina era toda exuberancia de amor, lealtad y ternura. Su familia, cercana a la de Demetrio,
compartía lo suyo con todos. Allí había lugar para la solidaridad. Hasta las tristezas constituían
insumos para compartir.
Tenía 12 años, cuando su padre murió. Fue una exhibición del dolor, a la manera de ellos y
ellas. Con cánticos sutiles; llenos de ternura. La que sólo ellos y ellas entendían e interpretaban.
Duerme, duerme padre mío.
Duerme mi negro,
La distancia es larga,
Te has marchado;
No volverás en ese cuerpo,
Volverás en mis cantos y en mis oraciones,
Con Oriza y con La Madre del Cobre.
No te veré más en el rancho,
Pero allí estarás,
Atizando el fuego,
Antes de salir a pescar.
Duerme padre querido,
El camino se abre,
Para que poses tus pies,
Donde yo nunca he llegado,
Pero después te seguiré.
Isolina creció a la par con Demetrio. Amigos de siempre. Amantes niños. Todo un canto a la
capacidad para entender la lógica al revés. Como es la vida, sin códigos pétreos. Una vida que
fueron construyendo. Para ella y para él. Solo suya. Esto no se comparte; porque se vive. Cada
pareja un mundo de imaginaciones y de creatividad. Solidaridad de cuerpo. Él y ella. Los dos
forjando un mundo para la esperanza.
Isolina proyectó a Demetrio; lo hizo hombre en capacidad de reír y de otorgar ternura. Dejó de
ser ese sujeto rígido, Se convirtió a la única religión posible para los libertarios: el amor, la
solidaridad y la actividad constante por alcanzar transformaciones sociales, políticas y
económicas; de tal manera que los beneficios sean para todos y para todas quienes hemos
estado padeciendo el dominio, la subyugación. Es una frontera entre lo injusto y lo justo;
entendido esto último como posibilidades reales de crecer individual y colectivamente.
Con este bagaje, como inventario fundamental de insumos, asumieron la responsabilidad que
implican estos objetivos. Un tránsito dinámico, en el cual acechaban los peligros inherentes a la
misma. Porque eran algo así como entender las transformaciones, a partir de la cotidianidad.
De hecho, después del asesinato colectivo en la vereda cercana, fue necesario realizar sus
actividades con mucho más riesgo. Este no se podía minimizar en términos absolutos. Porque
constituía un elemento en nexo con sus luchas. Una figura similar a un corolario indispensable.
El abuelo Isaías asistió, con Demetrio e Isolina, al homenaje póstumo a las víctimas. Constituyó
un hito, desde el punto de vista de su trascendencia. Era desafiar a los asesinos, desde una
posición en la cual confluían el dolor y la esperanza. Un acto, en el cual se hizo un recorrido
coloquial, por las realizaciones alcanzadas. La unidad férrea; la adquisición de instrumentos
legales y sociales, con los cuales se mejoró la confrontación. Una manera creativa de asumir los
retos. En donde, cada quien, aportaba ideas y propuestas. Una solidaridad continua y
91
permanente, efectiva. Puesta a prueba ante las calamidades, propiciadas por quienes veían en
las mismas, el comienzo y desarrollo de una oposición fundamentada en esas unidad de cuerpo.
Después de la lectura de su documento, mi madre, asistió a un evento comunitario en el barrio.
Se trataba de una actividad, en relación con el mejoramiento de las condiciones laborales de las
mujeres que ejercen como madres comunitarias. Ellas habían alcanzado un nivel tal de
actividad pedagógica con los niños y las niñas; que han permitido el crecimiento del nivel de
conciencia acerca del compromiso, para proyectarla a todas las zonas de la localidad. En esta
perspectiva, Isolina ha logrado promover y realizar actividades que han dotado a ese
movimiento de una fuerte textura. Un tejido humano sólido; en donde las fisuras trataban de
ser superadas a partir de acuerdos para avanzar en su ideario. En donde los niños y las niñas,
sean sujetos de participación necesarios. Una visibilidad que sea coherente con sus expectativas.
A partir de entender su dinámica y la realización efectiva de sus derechos.
Isolina ya había realizado una serie de reuniones con las organizaciones de madres
comunitarias. Un tipo de gestión que les había permitido una reconstrucción de sus historias. A
manera de historias de vida de las trabajadoras comunitarias. Una historia que comenzó mucho
tiempo atrás y que había avanzado hasta lo que son hoy. Uno de los insumos fundamentales,
tuvo que ver con lograr la participación de los padres y las madres en el proceso educativo de
sus hijos e hijas. Proceso que incluye la preparación de ellas en términos de su gestión
educativa.
Mi madre ha efectuado aportes muy relevantes al respecto. Desde promover reuniones y
acciones alrededor de ese proceso; hasta la promoción de eventos que incluyan el análisis, en
los contextos nacional e internacional.
Existe un documento, presentado por ella, en uno de esos eventos. Hablé con ella y le solicité
su aprobación para socializar su contenido en un seminario sobre políticas educativas, que va a
realizarse en el colegio al cual asisto como estudiante. Allí, precisamente, yo he logrado la
creación de un grupo de trabajo, a través del cual hemos promovido la implementación de una
cátedra de género. Todo a raíz de los problemas presentados y que relacionan la inequidad
hacia las mujeres. Tanto desde el punto de vista curricular, como también desde el punto de
vista de la interacción entre los y las estudiantes.
Una vez logrado su consentimiento, imprimí ese documento y lo presenté como soporte de
nuestra actividad. Su contenido es el siguiente.
LAS MUJERES Y LA POLITICA SOCIAL.
Asumo como válidas algunas opciones en lo que hace relación al significado que
adquiere la participación colectiva, por parte de sectores de la población en los cuales
actúan sujetos (hombres y mujeres) no vinculados con el poder y los beneficios que
otorga el control de instancias estatales y gubernamentales. Asimismo, se asume una
cotejaciòn conceptual en lo que respecta a tipos de Estado, como aquellas categorías
que pueden definir una u otra posición con respecto a la intervención en el espectro
social, por la vía de políticas inherentes a la noción del Estado Benefactor o de Estado
centrado en la noción de la autonomía dinámica económica para definir e imponer los
términos en la intervención.
La noción de Política. Se entiende como la precisión, a la manera de directriz general,
de una sumatoria conceptual relacionada con una determina área en la cual el Estado
o un Gobierno deben intervenir. En este nivel de expresión se proponen programas
que delinean la intervención, con unos objetivos concretos; de tal manera que
92
delimiten escenarios y el espectro mismo que la origina. Esto presupone la
preexistencia de opciones teóricas y prácticas en nexo con esa área específica.
En términos de Estado, una política, debe proponerse de tal manera que se entienda
como derivación lógica y coherente, con respecto al soporte conceptual que lo
acompaña; en cuanto a cohesionador de las fuerzas que actúan como integrantes del
País y de la Nación.
Tratándose de un Gobierno, entendido como expresión circunstancial y transitoria, las
políticas ejercen como concreción a través de Planes específicos que orientan la
actividad económica, política, social, etc.; de ese Gobierno, por un periodo definido.
Tanto en lo que respecta al Estado, como a los Gobiernos; se entiende que debe existir
una concatenación, también lógica y coherente, a partir de la Norma General
(Constitución Política) que orienta el quehacer del Estado y otorga a los asociados
unidos determinados beneficios e impone unas determinadas obligaciones.
Visto así, entonces, se introduce una diferenciación necesaria, derivada del tipo de
Estado instaurado para una sociedad específica. Esto traduce que no es lo mismo
diseñar una política de asistencia social, a manera de ejemplo, por parte de un Estado
soportado en un una opción hacia el bienestar general; que esa misma política por
parte de un Estado anclado en la ortodoxia con respecto al desarrollo de los
mecanismos del mercado; los cuales pueden establecer (por sí mismos) un equilibrio.
Para el caso de Colombia, la existencia de una definición Constitucional, que reivindica
la vigencia de un Estado Social de Derecho, obligado a proponer y desarrollar una
políticas públicas de beneficio general, con énfasis en la protección de los sectores mas
vulnerables de la población.
Tanto es así que, en la Constitución Política, se expresa el hilo conductor para la
intervención del Estado. Veamos:
Articulo 1. Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria,
descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democráticas, participativa y
pluralista, fundada en el respeto de l dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las
personas que la integran y en la prevalencia del interés general. 49
Articulo 2. Son fines esenciales del Estado: servir a la comunidad, promover la prosperidad
general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la
Constitución; facilitar la participación de todos en las decisiones que los afectan y en la vida
económica, política, administrativa y cultural de la Nación; defender la independencia nacional,
mantener la integridad territorial y asegurar la convivencia pacífica y la vigencia de un orden
justo.
Las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes
en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias, y demás derechos y libertades, y para
asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares. 50
En consecuencia, el diseño e implementación de las políticas públicas para el bienestar
de los habitantes, deben estar orientados por ese mandato Constitucional. La
reglamentación de esas políticas (...o de una de ellas en particular), debe tener en
49
Constitución Política de Colombia 1991, segunda edición ESAP, febrero 1992
50
Ibíd.
93
consideración el escenario y los grupos sociales a los cuales están dirigidas. Lo anterior
está definido, de manera taxativa, en la Norma Constitucional, así:
Articulo 339: Habrá Plan Nacional de Desarrollo conformado por una parte general y un plan de
inversiones de las entidades públicas del orden nacional. En la parte general se señalarán los
propósitos y objetivos nacionales de largo plazo, las metas y prioridades de la acción estatal a
mediano plazo y las estrategias y orientaciones generales de la política económica, social y
ambiental que serán adoptadas por el gobierno. El plan de inversiones públicas contendrá los
presupuestos plurianuales de los principales programas y proyectos de inversión pública
nacional y la especificación de los recursos financieros requeridos para su ejecución.
Las entidades territoriales elaborarán y adoptarán de manera concertada entre ellas y el
gobierno nacional, planeas de desarrollo, con el objeto de asegurar el uso eficiente de sus
recursos y el desempeño adecuado de las funciones que les hayan sido asignadas por la
Constitución y la ley. Los planes de las entidades territoriales estarán conformados por una
parte estratégica y un plan de inversiones de mediano y corto plazo. 51
Artículo 366: El bienestar general y el mejoramiento de la calidad de vida de la población son
finalidades sociales de Estado. Será objetivo fundamental de su actividad la solución de las
necesidades insatisfechas de salud, de educación, de saneamiento ambiental y de agua
potable.52
En aplicación de esta noción de política, particularmente de política pública, el presente
trabajo, desenvuelve el seguimiento con respecto al rol de las mujeres vinculadas a
Fundac, en lo que concierne a al desarrollo de los programas y proyectos del Gobierno
Distrital para la protección y atención a los grupos poblacionales vulnerables.
La noción de participación.
El trabajo se sitúa en un entendido de participación, definido a partir del significado
que adquiere el quehacer de grupos sociales no vinculados con el poder político y
económico. Es tanto como recorrer el acumulado de experiencias presentadas en
diferentes momentos y en relación con acciones que reivindican derechos, tanto en lo
que concierne a la calidad de vida, como también a aquellos que hacen referencia a
su relación con el Estado, en lo que esta tiene de manifestaciones por alcanzar
beneficios puntuales que ejercen como colaterales indispensables para alcanzarla.
Visto lo anterior, entonces, aparece una posición en términos de fundamentar la
intervención, soportada en definiciones, tanto teóricas como prácticas, que han
orientado los procesos hacia la admisión de lo conciente , como condición
indispensable para trascender la espontaneidad y la visión reduccionista que no
permite diseñar estrategias para el mediano y largo plazo.
En una publicación del Centro de Estudios del Hábitat Popular – Cehap, adscrito a la
Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, se recopilaron
documentos presentados en el 4º Seminario Internacional CEHA – PEVAL, realizado en
la ciudad de Medellín entre el 7 y el 11 de abril de 1986, en el cual se analizaron las
experiencias en América Latina, bajo el título: Los pobladores, protagonistas urbanos
en América Latina.
51
Ibíd.
52
Ibíd.
94
En una de las ponencias titulada Aproximación a los Movimientos Sociales Urbanos en
América Latina, el investigador Etienne Henry, adscrito al Institut National de
Recherche sur les Transports et leur Segurite-INRETS, Francia; dice, en uno de los
apartes referido a los Movimientos Regionales y Nacionales:
―..Finalmente los movimientos sociales se despliegan alrededor de los principales polos urbano-
industriales. Tienen una connotación màs obrera y, las organizaciones sindicales son aquí las
que incentivan la formación de frentes regionales. Pero su evolución depende de su capacidad
en aglomerar a las masas urbanas y a sus organizaciones representativas. Los bloques de
clases son aquí menos policlasistas y esos movimientos pueden derivar hacia meras huelgas
obreras o revueltas de protesta popular.
Tales movimientos regionales no se reducen a una oposición al poder central y una afirmación
del poder regional. Hay que buscar en la configuración de los segmentos locales de clases, su
dominación y su depresión socioeconómica, las razones de la vitalidad de su movilización y las
perspectivas de los bloques regionales. No constituyen duraderas alianzas de clases ni son
portadoras de proyectos históricos específicos; pero si corresponden a una fuerza social capaz
de imponer modificaciones parciales en los esquemas administrativos y redistributivos. En la
medida en que las masas pauperizadas concentradas en los núcleos urbanos participan de esos
movimientos en forma importante – y a veces mayoritaria – es legítimo ver aquí una expresión
de los movimientos urbanos...‖)53
De otra parte, el investigador Emilio Pradilla Cobos, presentó un escrito titulado ―Mitos
y realidades de los llamados Movimientos Sociales Urbanos ―, publicado en diciembre
de 1984 por la Editorial de la Universidad Autónoma Metropolitana. Unidad Xochimilco,
Méjico D.F., Méjico., como ponencia en ese mismo evento. Destaco un aparte que
considero pertinente, veamos:
―..Este análisis se inició poco tiempo después de que el movimiento real se hubiera manifestado.
De un lado, por parte de los investigadores y técnicos al servicio del Estado y las clases
dominantes, en busca de respuestas que permitieran mediatizarlo, controlarlo, articularlo o
reprimirlo, a fin de mantener ―el orden y la paz social‖ necesarios al desarrollo del capitalismo y
para evitar la formación de un nuevo componente perturbador en la ya convulsa situación social.
De otro lado, los investigadores comprometidos, en una u otra forma, desde una u otra
vertiente ideológico-política, con las luchas de los explotados y los militantes de las
organizaciones políticas de izquierda, para entender su potencial revolucionario, sus
contradicciones internas, sus límites, y encontrar las alternativas correctas para su vinculación
con las otras formas de lucha de las clases explotada...‖.. 54
El punto, en consecuencia, tiene que ver con desarrollar una interpretación asertiva, en
lo que hace alusión a la participación. Aquí, lo asertivo, no supone una actitud de
simple extensión de esa participación, hacia aplicaciones acríticas, en las cuales,
simplemente, se replican esquemas, al margen de una construcción teórica, derivada
del análisis del objeto de esa participación, de los mecanismos para desarrollarla y de
las transformaciones que la misma pueda propiciar.
53
T e x t o c i t a d o , p á g i n a 3 7
54
Ibídem
95
En consideración a la anterior aseveración, es importante conocer la propuesta de
Amartya Sen, Premio Nóbel de Economía en 1998., con respecto al sentido que
adquiere lo humano en el marco de las políticas de desarrollo del capital. Veamos:
En el articulo ―Las Teorías del Desarrollo A Principios del Siglo XXI‖, Amartya Sen dice,
entre otras cosas,‖El alcance de este planteamiento no se limita a una fundamentación teórica
del desarrollo; sus connotaciones prácticas han de plasmarse en el terreno de la política estatal.
Si bien la prosperidad económica y la situación demográfica favorable fomentan el bienestar y
la libertad de una sociedad, no es menos cierto que la mayor educación, prevención y atención
sanitaria y otros factores similares afectan las auténticas libertades de que disfruta la población.
Estos `avances sociales‘ deben considerarse como parte del ‗desarrollo‘, puesto que
proporcionan una existencia más prolongada, libre y fructífera, además de que estimulan la
productividad o el crecimiento económico.
La concepción tradicional del concepto de ‗capital humano‘ tiende a concentrarse en la segunda
función de la ampliación de las capacidades del ser humano, es decir, la de generar ingresos. Y
aunque este aspecto no deja de ser importante, a los ingresos hemos de añadir los beneficios y
ventajas de tipo ‗director‘ o primario. Esta ampliación es de carácter adicional y acumulativo y
no una alternativa a la noción actual de ‗capital humano‘. El proceso de desarrollo no es
independiente de la ampliación de las capacidades del ser humano, dada la importancia
intrínseca e instrumental de esta ampliación... 55
Esto implica, para el caso de este trabajo de investigación, que asumo una posición
que trasciende la mera expectativa generada a partir de la participación comunitaria,
como acompañamiento pasivo en el proceso de aplicación de una determinada política
gubernamental en lo que hace al bienestar de la población. Supone, en consecuencia,
definir un entendido, en la perspectiva de localizar los elementos agregados, como
valores que cualifican esa participación, en función de interpretar esas políticas y
proponer, a partir de ahí, la posibilidad de una intervención conciente de los y las
sujetos que la promueven.
La política social y el Estado.
55
Publicado en Cuadernos de Economía No. 29, Departamento de Teoría y Política Económica, paginas
89-90.
96
Ya he señalado arriba acerca del nexo lógico entre concepto, teoría y aplicación de un
modelo determinado de Estado, con respecto a la implementación de políticas
gubernamentales siendo este (el gobierno) una expresión transitoria, fundamentada en
estrategias, programas, políticas y acciones. De todas maneras, es preciso discernir en
torno a la incidencia que adquiere la envoltura conceptual y práctica del Estado como
guía para cualquier desarrollo estratégico y/o circunstancial de políticas
gubernamentales. Algo así como entender la presencia de una dinámica en la cual se
expresan condicionantes propios de ese modelo.
En términos de soporte teórico fundamental, no es lo mismo la construcción de una
opción de Estado, a partir (a manera de ejemplo) de la propuesta planteada por Juan
Jacobo Rousseau en ―El Contrato Social‖; a una opción de Estado construida a partir de
la propuesta de Tomas Hobbes en ―El Leviatán‖. Inclusive, situándome en un escenario
mucho más próximo (como quiera que se asume como inherente al horizonte teórico
que ha acompañado a la definición y aplicación política y económica en Occidente); es
relevante proponer un ejercicio de análisis a partir de la confrontación entre la doctrina
de Adam Smith y la de John Maynard Keynes. Porque, entre otras razones, permite
precisar aspectos relacionados con la economía política, en el contexto del capitalismo,
como sistema económico y como oferente de las condiciones para la construcción de
Estado, como ordenador y como aglutinante de las fuerzas que actúan al interior de las
sociedades y de las naciones.
En mi disquisición, aunque no aparece como centro, es conveniente resaltar la
propuesta de Estado que se deriva de la doctrina del Marxismo ortodoxo; entendido
como el concepto político y económico que cuestiona los principios éticos, económicos
y políticos en los cuales se fundamenta el Capitalismo. En este sentido y con el
propósito de insinuar (...a futuro) una profundización con respecto a las opciones para
su interpretación; me parece conveniente citar (...en extenso) la expresión alcanzada
por la profesora Consuelo Corredor en su texto ―Los Límites de la Modernización ―.
Veamos:
―1.1. El doble ideario de la sociedad moderna
Digamos entonces, a manera de hipótesis, que el advenimiento de la sociedad moderna recoge un doble
ideario: el de transformar el entorno material, y el de transformar al hombre como centro del mismo.
Mientras el primero alude a la modernización, el segundo a la modernidad.
La configuración histórica de la sociedad moderna ha puesto al descubierto que esta diferenciación no es
meramente teórica, sino que se trata de un proceso real que ha tenido lugar, con mayor o menor fuerza y
nitidez, es distintas regiones y países. Por lo tanto, partiendo de la posibilidad analítica de diferenciar los
dos procesos se ha llegado a constatar y padecer su disociación real.
Durante el proceso, la modernización se ha convertido en el abecé del progreso, colocándose como un fin
en sí mismo y no como un medio, imprescindible por cierto, para dotar a la sociedad de unas mejores
condiciones materiales. Lo paradójico es que si bien no sería concebible una sociedad moderna carente de
un proceso de modernización, este último no requiere ineluctablemente de la modernidad y aún menos
conduce por sí mismo a ella.
Este es el conflicto no resuelto por muchas sociedades actuales: la tensión entre modernidad y
modernización. Marx lo puso claramente al desnudo a través de la crítica a la sociedad burguesa moderna,
que a lo largo de su obra, desde el Manifiesto del Partido Comunista hasta El Capital, está presente como
núcleo de reflexión central. Así lo podemos apreciar en el siguiente pasaje:
La época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás por el constante y agitado
desplazamiento de la producción, por la conmoción interrumpida de todas las relaciones sociales, por una
inquietud y una dinámica incesantes..Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es
profanado y, al fin, el hombre se ve constreñido por la fuerza de las cosas a contemplar con mirada fría su
97
vida y sus relaciones con los demás. (C. Marx y F. Engels –1848. El Manifiesto Comunista, Editorial Ayuso,
Madrid, 1974, p. 76.).
La profunda crítica de Marx pone de manifiesto la potencialidad que encierran las fuerzas productivas,
pero también, y principalmente, su interdependencia e interacción con las relaciones sociales entre los
hombres. Mutua y compleja interacción que lejos de ser reductible a un problema de causa – efecto, como
en forma equivocada se interpretó por algunos, es un proceso profundamente conflictivo de construcción,
destrucción y reconstrucción del orden social‖.56
La pertinencia de la cita, obedece a la necesidad de introducir un insumo teórico que
permita concretar elementos de diferenciación, al momento de proponer una
interpretación, respecto a la intervención estatal, por vía de planes y programas de
política social, en una sociedad como la nuestra. Inclusive, con la posibilidad ubicarla
en el contexto de América Latina, habida cuenta de los elementos comunes que la
cruzan; en una transversalidad que se hace evidente, a partir de la cotejaciòn de
posiciones e implementaciones.
Visto así, entonces, me atrevo a aseverar lo siguiente: En Colombia, las políticas
sociales de sucesivos gobiernos, asumiendo como base el mandato presente en la
Constitución Política de 1991, particularmente en su articulo número 366; se suponen
ancladas en el principio de intervención estatal, en términos de asimilados a lo
propuesto por Rousseau en El Contrato Social y a los lineamientos Keynesianos acerca
de la redistribución social de la renta nacional. Queda claro que no pretendo establecer
una relación de causalidad absoluta, entre los principios ortodoxos del la teoría de John
Maynard Keynes y la norma Constitucional en lo que respecta al nexo entre el Estado
como garante y dador de bienestar en la noción de política social que subyace al
articulo 366 de la Constitución Política. Se trata, simplemente, de utilizar ese referente
teórico (..el de Keynes), como horizonte conceptual para construir un análisis que me
permite acceder a una valoración pertinente de la política social implementada en el
Plan Nacional de Desarrollo y en el Plan de Desarrollo Distrital.
Otro de los aspectos que convoca mi atención, tiene que ver con el análisis y
seguimiento del rol que ha desempeñado el Estado en América Latina. Se trata de una
cotejaciòn, que permita encontrar los elementos de coincidencia en cuanto que
representan la incidencia de programas gubernamentales; pero también los insumos
conceptuales y prácticos, originados en la intervención de los Movimientos Sociales, en
cuanto ejercicios de movilización y confrontación que ―obligan‖ a modificaciones
puntuales y estratégicas, a los gobiernos que actúan como mandatarios de ese
―equilibrio‖ que se supone pleno en la configuración de las políticas de Estado. Lo que,
desde mi interpretación, conlleva a una construcción compleja en la cual confluyen
diferentes énfasis relacionados con teorías y postulados disímiles. Algo así como un
entrelazamiento entre posiciones autoritarias y despóticas(..a la manera de Thomas
Hobbes, en el Leviatán ), posiciones de ―equilibrio‖ entre intereses diferenciados (..a la
manera de Rousseau , en su Contrato Social) y una fuerte intervención estatal (..Una
figura cercana a la combinatoria entre Marx y Keynes), que adquiere matices. Desde
opciones estrictamente populistas, hasta aquellas que encontraron su mayor expresión
en el programa liderado por Salvador Allende, en Chile.
En una ponencia presentada ante el Cuarto Seminario Internacional Cehap – Peval
―Los Movimientos de los Pobladores en los Barrios Populares de las Ciudades
56
Corredor, Consuelo. Los Límites de la Modernización, Cinep-Facultad de Ciencias Económicas
Universidad Nacional de Colombia – Sede Bogotá, segunda edición, 1997, páginas 37-38.
98
Latinoamérica‖(realizado en la ciudad de Medellín-Colombia, entre el 7 y el 11 de abril
de 1986); Marta Baliero (de los Movimientos de Favelados en Brasil), presentó una
ponencia (Caracterización del concepto urbano en Brasil). Destaco el siguiente aparte:
El Estado Brasileño y su Manejo de lo Urbano.
―Es innegable que el modelo de Capitalismo Monopolista viene gestándose desde los años 30, marco
histórico de la industrialización en el Brasil. Dicho paradigma posee una característica notable. Habría en
él, un cierto papel de Estado que lo hace invisible. Esto quiere decir que el Estado no aparece ni se
manifiesta bajo la forma de inversiones y ese no dejarse ver ocurre exactamente en el lugar focal de la
determinación de la tasa de ganancia del conjunto oligopolista.
Esto quiere decir, según plantea el sociólogo Francisco de Oliveira (Oliveira, Francisco de / O Estado e o
Urbano no Brasil Estudios do Cebrap, a ser publicado). Que por fenómenos inherentes a dicho modelo, los
cuales se colocan en contraposición al Capitalismo de Libre Competencia, dicho Capitalismo Monopolista
(no competitivo y salvaje de cualquier país subdesarrollado) politiza las relaciones económicas al máximo
en el sentido inequívoco de que el Estado (a través de los hombres de empresa ) pasa a ser, en cierta
medida, el lugar en donde la tasa de ganancia – cuota que cada conjunto oligopolìsrtico tiene en la masa
excedente de excedente social producido en el país- se determina por el acceso empresarial a los
aparatos del Estado‖,.57
Me queda la sensación (...o la reafirmación), en el sentido de que, en nuestra América
Latina, el Estado (...o, quienes actúan y ejercen como sus portavoces y/o beneficiarios
directos), ha actuado, en la intención de incidir en las relaciones sociales, con un estilo
y mecanismos de intervención como híbrido teórico y político, bien sea circunstancial o
programático.
Ahora bien, desde la pretensión de este trabajo, se trata de reivindicar, también, el
asunto relacionado con la incidencia efectiva de este tipo de participación estatal.
Porque, entre otras razones, la caracterización y seguimiento de la misma; permite
cierta aproximación a una teoría general de la intervención estatal y sus verdaderas
repercusiones, en cuanto políticas de contenido social que son asumidas por la
población, como ―evidencia‖ y como ―resultado‖ del mandato Constitucional. O, en otra
opción de interpretación, como expresión obligada por parte de un determinado
gobierno; a partir del desarrollo de movimientos sociales, tanto urbanos como rurales
(...en otras palabras: como reivindicación alcanzada, mediante la realización de
movimientos populares que ―obligan‖, por la vía de la fuerza, a modificaciones
absolutas o transitorias, de programas gubernamentales originales. Un ejemplo de este
tipo de intervenciones y su efecto colateral, tienen que ver con la agitación y
movilización en contra de la propuesta original inmersa en la modificación del régimen
de transferencias, adjunto al Plan Nacional de Desarrollo, tanto en el gobierno del
Presidente Andrés Pastrana Arango, como también el gobierno del Presidente Álvaro
Uribe Vélez. Esto es significativo, en la medida en que compromete, entre otros
aspectos, la participación de las regiones en el diseño y aplicación del gasto público, a
partir de las regiones y con énfasis en rubros tan importantes como la salud y la
educación
Para el caso del Distrito Capital, se presenta un efecto de traslación, si entiende
como tal el hecho de que las regiones, simplemente extienden la aplicación de los
conceptos y postulados generales inmersos en la doctrina estatal que orienta a la
gestión social, a la manera de políticas que la desarrollan.
57
Baliero, Marta, “Caracterización del Concepto Urbano en Brasil, Seminario Los pobladores:
protagonistas urbanos en América Latina, Memorias Editorial Lealon, marzo de 1988.
99
Cabe, entonces, enfatizar acerca de los contenidos en cuanto a la noción de política
social en un universo de aplicación en el cual está demostrado la vigencia de un
modelo de producción capitalista; acompañado (..por simple derivación doctrinaria) de
un modelo de Estado que navega entre el intervensionismo, como ―árbitro imparcial‖
por parte del Estado que convoca al equilibrio institucional necesario para poder
desarrollar políticas de beneficio común y el dejar hacer entendido como la libertad
ortodoxa derivada de los mecanismo del mercado que actúan como agentes abstractos
y prácticos para el equilibrio. De todas maneras, en uno u otro punto de referencia, se
asume como fundamento y como soporte económico el asunto relacionado con el
excedente económico global, como sujeto plusvàlico, derivado del desarrollo propio del
capitalismo. Entonces, la política social, tiene razón de ser( en términos de su
viabilidad económica) en la figura de la plusvalía presentada por Marx, a través de
mecanismos coercitivos implementados desde el Estado, por la vía de imposiciones
que permiten captar recursos (..a manera de impuestos) . Es decir, ¡otra vez¡ la figura
del equilibrio actúa como soporte para la conversión del beneficio plusvàlico, en
beneficio social, como aplicación de una política de redistribución; en la cual el
entendido de beneficio social adquiere características diferenciadas, dependiendo de
las estrategias y programas inherentes a los Panes de Desarrollo gubernamentales.
La política social y los derechos
Las variables trabajadas (en lo que concierne a la noción de política social), hasta
ahora, suponen la vigencia de un determinado modelo de Estado, fundamentado en
conceptos y/o teorías que implican, tanto a la economía política, como también a las
categorías de la filosofía y la ética; como implicación universal; hasta cierto punto
abstractas.
En la intención de precisar y concretar la vigencia de opciones, en esa perspectiva, he
citado (para nuestro caso, en Colombia); la figura del articulo 366 de la Constitución
Política. Se entiende, por aplicación, la vigencia y la pertinencia de unos derechos
consignados; de tal manera que su implementación no es otra cosa que el
cumplimiento de un mandato perentorio; como quiera que la Constitución Política
norma mayor.
Sin embargo, vale la pena resaltar un hecho que, si bien es cierto, pudiera estar
relacionado o en nexo con ese mandato, adquiere connotación propia y, hasta cierto
punto, independiente. Se trata del derechos (...o derechos) que se promueven y
ejercen como consecuencia de acciones y movilizaciones que involucran a aquellos
sectores no beneficiarios directos del excedente plusvàlico y/o de la tasa de ganancia
derivada del ejercicio económico Capitalista. Es, en otras palabras, la confrontación
entre el poder, como posibilidad y como práctica relacionada con el control de los
medios de producción (..En el lenguaje Marxista) y de la superestructura en el Estado
Capitalista; y los hombres y la franja (...la mayoría) de la sociedad no beneficiaria y/o
excluida de los beneficios que se derivan del acumulado plusvàlico.
Así las cosas, entonces, cabe una expresión asumida como hipótesis lógica: las
modificaciones y las transformaciones en lo que respecta a la utilización del
acumulado plusvàlico(-...o del excedente originado en la porción de la tasa de
ganancia absorbida por el Estado, a través de las reglamentaciones impositivas y sus
agentes retenedores), en muchas ocasiones, ha estado (...y estarán) condicionadas
por la realización de acciones de confrontación, por parte de las organizaciones y/o
movimientos de los no beneficiario0s directos; a la manera de acciones y
100
movilizaciones de masas que reclaman el redireccionamiento de estos beneficios, que
se concretan por la vía de políticas de beneficio social en ámbitos diferenciados; pero
que, en fin de cuentes, remiten a opciones relacionadas con la calidad de vida, màs
allá de la simple reproducción de la fuerza de trabajo.
Se configura, a partir de esta hipótesis y para el caso que me ocupa, una posición que
involucra al concepto de derecho al beneficio social; como quiera que se entiende en
nexo con esa porción de la riqueza, construida a partir de la intervención de los
sectores sociales que actúan en el espacio geográfico entendido como país y/o como
Nación. Para no hablar de la aplicación, en este tiempo, de la figura cercana a la
internacionalización o interacción global de los factores (humanos y materiales) que
ejercen como soportes para el desarrollo. La acumulación, entonces, se asume como
inherente a la intervención de esos(as) actores8as) y recursos materiales; en los
términos que ya había advertido Rosa Luxemburgo en su obra ―La Acumulación del
Capital. Es conveniente resaltar esta expresión:
La segunda condición previa fundamental, tanto para la adquisición de medios de producción, como para
la realización de la plusvalía, es la ampliación de la acción del capitalismo a las sociedades de economía
natural. El capital necesita que todas las capas y sociedades no capitalistas se conviertan en compradores
de mercancías y que le vendan sus productos. Parece como si aquí, al menos, comenzase la paz y la
igualdad, el do ut des, la reciprocidad de los intereses, la competencia pacífica y los influjos
civilizadores.‖58
Está, en mi interpretación, involucrada una noción similar al entendido de ―calidad de
vida‖, aún el universo del Capitalismo. Luego, por deducción, se infiere que estoy
hablando de políticas sociales con una elaboración que presupone la presencia de
índices para ser medidas y cuantificadas en lo que respecta a la calidad y a la
cobertura. Es decir, entendidas como derechos propuestos y asumidos, no como
dádivas tangenciales; sino como inmersos en la misma dinámica que propone y
desarrolla la propuesta de bienestar social, como aplicación lógica prevista en la teoría
de la ―reproducción‖ de las condiciones necesarias para la ampliación de las fuerzas
productivas. Algo así, como condición necesaria para que el capital pueda reproducirse
y ampliarse, con la intervención de los agentes necesarios para ello.
Lo anterior traduce, en consecuencia, que el seguimiento propuesto (en lo que
compromete a la participación e intervención de las mujeres) relacionado con la
política de bienestar social implementada por el gobierno del Distrito Capital, supone
la presencia de una opción para su interpretación; desde una perspectiva que involucra
al significado de calidad de vida y, por esto mismo, al concepto de redistribución del
acumulado plusvàlico, entendido como aquella porción ―apropiada‖ por parte del
Estado (....incluidos los entes territoriales) de la tasa general de ganancia originada en
el ejercicio inherente al modo de producción capitalista.
El concepto de bienestar y el Neoliberalismo. Ya había expresado antes un criterio para
la interpretación del concepto relacionado con el bienestar, en el contexto de la
intervención del Estado, como institución que aglutina (en los términos del Contrato
Social) los intereses de los habitantes del territorio nacional; inclusive como garante de
la concreción que adquiere el concepto de Nación. En esa aseveración presentada, se
expresa una interpretación acerca del ―equilibrio‖ de los sectores sociales , incluido lo
étnico y lo racial, como variables que reclaman y adquieren una presencia efectiva, a
58
LUXEMBURGO, Rosa, “La Acumulación del Capital”, página 298, editorial Grijalbo, edición 1967
101
partir de la cual se originan conflictos no resueltos; precisamente en razón a la
orientación y a la lógica que subyacen a esa misma institución estatal.
Retomo, entonces, la cotejaciòn entre la opción del Estado Benefactor anclado en el
beneficio social general a partir de su intervención con políticas precisas, en las cuales
se incluye el direccionamiento de la redistribución de la porción recaudada de la tasa
general de ganancia, al margen de las leyes del mercado capitalista; y la opción del
Estado orientado hacia la aplicación de políticas fundamentadas en el curso general de
esas leyes del mercado y las cuales se asume la posibilidad efectiva de que estas, por
sí mismas, conducen al equilibrio social, sin que esté implicada la intervención estatal
en su direccionamiento.
En otras palabras, hice precisión respecto a la metodología propuesta por Amartya
Senn, en mi entendido, como desarrollo de la opción del Estado interventor,
profundizando una línea de interpretación del desarrollo, como agregados en los cuales
queda involucrada la teoría del bienestar general de la población; a partir de introducir
el concepto de nivel de vida digna, más allá de la simple sobrevivencia.
Me corresponde ahora, insistir en los aspectos de contradicción entre los postulados
fundamentales de la Constitución Política, expresados en sus artículos 1 y 2 , de un
lado y las aplicaciones de sucesivos gobiernos que contrarían esos mismos postulados,
incluyendo agendas de reformas a la Constitución, con el objeto de facilitar la
implementación de esas políticas. Es el caso, a manera de ejemplo, de los Actos
Legislativos a través de los cuales han modificado aspectos como el Régimen de
Transferencias y de los insumos sociales que orientan la elaboración e implementación
del Plan Nacional de Desarrollo, conforme a lo que, originalmente, había sido
establecido en los artículos 150, 200, 339 y 341.
Asumo, en extensión de los criterios que he venido reivindicado como válidos, que el
punto de comienzo para el quiebre de los postulados Constitucionales señalados, tuvo
que ver con la política desarrollada por parte del doctor César Gaviria Trujillo, en cuyo
mandato presidencial se configuró la propuesta de ―Apertura Económica‖; la que a su
vez, estuvo soportada en la opción de intervención estatal, anclada en la presunción de
que las condicione de libre mercado y libre competencia derivaban, por sí mismas, en
escenarios de equilibrio para el bienestar general de la población; puesto que (..en su
interpretación) el obstáculo para el crecimiento y desarrollo , tiene que ver con el
excesivo intervensionismo que se manifestaba, fundamentalmente, en el
sobredimensionamiento del paradigma relacionado con esa intervención, al momento
de definir acerca del bienestar social colectivo y de la calidad de vida. A partir de ahí,
se explica todo el ejercicio relativo a trabajar por ―un bajo perfil‖ de la presencia del
Estado y el consecuente desmonte acelerado de esa incidencia. En este contexto es
representativa la expedición de la Ley 100 de 1993, proyecto que fue liderado
(―coincidencialmente‖) por el doctor Álvaro Uribe Vélez, actual presidente y que, antes,
había liderado el proyecto que concluyó con la expedición de la Ley 50 de 1990. en el
gobierno del doctor Virgilio Barco Vargas. Se trata de un hilo conductor que se
mantiene y que se ha profundizado.
La expresión Neoliberalismo, en consecuencia, no tiene una connotación peyorativa.
Define, simplemente, esa postura política y económica que le atribuye a la intervención
estatal hacia el beneficio social general y hacia las consecuencias calamitosas del libre
juego del mercado, consecuencias ajenas y en contravìa del desarrollo económico; le
atribuye, algo así como una posición de asfixia y de obsolescencia, respecto al
102
paradigma del crecimiento económico. Cabe resaltar, entonces, la esencia de su
perspectiva estratégica: el énfasis hacia el crecimiento económico y la modernización,
no puede ser obstaculizado por la implementación de una intervención estatal en
términos del beneficio social, a no ser que retracemos nuestra inserción en la dinámica
de los mercados globalizados, competitivos.
..De la participación
Como consecuencia de este tipo de orientación política, económica y social, por parte
de los teóricos y usufructuarios fundamentales del modelo neoliberal; el Estado
adquiere una connotación que desvirtúa su razón de ser como garante del beneficio
social y como propiciador de ese equilibrio dinámico entre los sectores sociales, con
énfasis en la implementación y desarrollo de políticas sociales y económicos en las
cuales la predistribución de esa franja de la tasa de ganancia que le corresponde
(..Por la vía de la política y las normativas tributarias), se asume como recurso efectivo
para concretar procesos plenos para el impulso y aplicación de modelos de
intervención en áreas fundamentales como la salud, la educación, los servicios públicos
de alcantarillado, acueducto, energía; en una posición que reivindique la calidad de
vida.
Asimismo, como colateral indispensable, este modelo (neoliberal) propone un
entendido de intervención de los asociados (ciudadanos (as), campesinos (as), grupos
étnicos, mujeres, etc.), en el cual, el ejercicio de derechos (por ejemplo, la
participación), se erige como insumo, bien de formalidad y/o como objeto extraño que,
hasta cierto punto, es necesario restringir. Esto explica, entre otras razones, el hecho
de la implementación de propuestas y acciones modificatorias en lo que respecta al
marco conceptual que soporta a los derechos fundamentales y básicos. Para el caso de
nuestro País, es evidente la insistencia de objeciones al ejercicio de los derechos
otorgados por la Constitución Política. Es una dinámica que reivindica la contradicción
entre la teoría de ―seguridad del Estado‖ y el ejercicio de esos derechos. Un elemento
trascendental, del último tiempo, ilustra esa perspectiva: El Estatuto de Seguridad
Democrática y la propuesta hacia la restricción de la Acción de Tutela prevista en la
Constitución Política; con una argumentación de doble vía: de un lado por sus efectos
económicos y, de otra parte, en alusión a la inserción de procedimientos que lesionan
la unidad de mando en la aplicación de las normas básicas que sustenta al Estado.
Se configuran, en ese contexto descrito, expresiones dicotómicas, de contradicción
latente y efectiva. Porque confrontan, de manera permanente, las visiones y opciones
libertarias de participación, con las visiones y las opciones de restricción propias del
modelo neoliberal presente en diferentes gobiernos de América Latina y,
particularmente, en nuestro País. Es una confrontación en la cual se exhiben las
contradicciones, tanto en lo que respecta a los recursos económicos y de
infraestructura, al momento de proponer y aplicar acciones que involucran
reivindicaciones económicas y sociales. Adquiere significado, en ese horizonte, esa
interpretación que involucra a los sujetos (hombres y mujeres) en expresiones un tanto
kafkaianas, como quiera que es como un ―no reconocimiento‖, un ―extrañamiento‖
con respecto al entorno, a la ―realidad‖ a la que invita el modelo, que pretende
imprimir y consolidar como ―única verdad‖ y como ―única posibilidad‖ que tienen que
ser asumidas, a no ser que se ―pretenda, por parte de los quejosos, desvertebrar al
Estado y… sumirlo en la impotencia.‖
103
El reto (...o los retos) propuesto (para quienes ejercemos como no beneficiarios (as)
fundamentales), a partir de la implementación de ese estilo, de esa concepción, de
.esa visión de sociedad, de derechos y de futuro; supone la asunción de insumos para
el cuestionamiento de fondo; lo cual supone (...Por esto mismo) una cercanía al
cuestionamiento político en profundidad. Casi como reconocer que, la ―simple‖
reivindicación de participación libertaria, por derechos fundamentales y básicos en
salud, educación, recreación...; ya de por si, es constitutivo de herejía y de
―subversión‖; como quiera que ―ataca‖, los cimientos mismos del modelo y de todos
sus efectos colaterales inherentes. Para situarnos en ejemplos recientes, llamo la
atención acerca del sentido que ha adquirido la confrontación a la propuesta del ALCA
y de su símil regional el TLC...o, en un terreno mucho mas parroquial, el
enfrentamiento a la propuesta del ―peajito social‖, en el territorio Norte cercano en
Antioquia (Copacabana, Girardota, Barbosa); propuesta que se sustenta en (según el
doctor Álvaro Uribe Vélez) ―l necesidad de que los pobladores colaboren, se metan la
mano al dril, para ampliar y mejorar la Troncal de Norte..‖
De las mujeres, su participación.
Una observación de superficie, evidencia la asunción de retos importantes, en un
universo de intervención que incluye diferentes aspectos. Es importante resaltar, por
ejemplo, el desarrollo de actividades relacionadas con la confrontación a los motivos
que sustentan al desplazamiento forzado y a las desapariciones. Es tanto como si las
acciones de movimientos como los de las Madres de la Plaza de Mayo, en Argentina,
hubiera permeado a las mujeres, como madres, como esposas, como compañera en
unión libre; de tal manera que les ha permitido alcanzar niveles de confrontación que
han trascendido la formalidad de la denuncia. Se han convertido, sus organizaciones y
sus acciones, en insumos aleccionadores. Porque, entre otros aspectos, han permitido
dilucidar esos elementos ideológicos y políticos de profundidad, que recorren
transversalmente a los contenidos de la política de ―contención a la subversión‖ que
está en la base las proclamas gubernamentales. Inclusive, ha permitido localizar el
nexo ―no visible‖ entre la denominada ―autoridad pública oficial, militar, de policía
y...todos sus afines al servicio de la defensa del Estado‖, cono aquellos actores que
efectúan esa ―contención‖, por la vía de castigar con la muerte, la desaparición, las
torturas...etc., a quienes suponen (..!Ellos!, claro está) que tienen nexos con la
subversión armada y no armada. Porque, en mi opinión, se mantiene el soporte
conceptual básico originado en la didáctica de la ―guerra de baja intensidad‖,
auspiciada por los militares Norteamericanos a través de la Escuela de las Américas;
según la cual la ―contención‖ debe efectuarse, actuando sobre los sujetos (hombres y
mujeres), que puedan influencia acciones hacia la desestabilización; aún en escenarios
de intervención política legal (como en el caso de la Unión Patriótica). Porque, aquí en
esa didáctica ideológica, lo que cuenta es el soporte teórico conciente que pueda
originar acciones generalizadas...‖Subversivas‖.
Me parece relevante, presentar un aparte de lo expresado por el profesor Francisco
Leal Buitrago, en su texto ―El Oficio de la Guerra‖, a propósito de las realizaciones en la
política de seguridad, por parte del gobierno del doctor César Gaviria Trujillo, Es
conveniente aclarar, eso sí, que la investigación del profesor Leal, se efectúa en un
contexto que supone (...Según los objetivos mismos de la investigación), desagregar la
información, de tal manera que pueda se pueda acceder, de manera objetiva, a los
insumos necesarios para balancear la política general de seguridad nacional. Veamos:
Por otra parte, y eso es lo negativo, el Gobierno se dejó desbordar por la intransigencia guerrillera,
colocándose a su mismo nivel al dar prioridad a los medios militares sobre los políticos e incluso violando
104
los derechos humanos. El ejecutivo disimuló su actitud guerrerista escudándose con el fortalecimiento de
la justicia brindado por el uso del estado de excepción constitucional y el manejo ―eficientista‖ por parte
de la Fiscalía de la política de sometimiento a la justicia. En tales circunstancias, al debilitarse los recursos
políticos oficiales, el Gobierno perdió la capacidad de avanzar en la formulación de la política estatal de
seguridad y, mas grave aún, , dio aliento a militares y policías para continuar con la iniciativa del manejo
armado del orden público, cuyo subproducto es la constante violación de lo derechos humanos. Los
mayores recursos para la seguridad y la ampliación de efectivos de la fuerza pública se convirtieron en la
panacea para sustituir la ausencia del Estado en las comarcas y los quehaceres ciudadanos...59
En esa intervención de madres, hijas, esposas, compañeras en unión libre, aparecen
momentos y signos que pueden interpretarse, con limitantes apenas obvias, como el
acercamiento a posiciones concientes; en donde la condición de sujeto autónoma, se
exhibe, trascendiendo, ―superando‖ la dominación masculina. Porque, supone una
mirada, un recorrido y una interpretación de los hechos, con un método diferente. En
el cual se descubren fortalezas, se consolida una visión de lo sensible, como punto de
comienzo para entender, en adelante, asuntos de mayor complejidad; como quiera que
el derecho a la vida, adquiere presencia y sentido, a partir de establecer una
contradicción entre este derecho inalienable y los postulados básicos de la política de
seguridad nacional. En este sentido es aleccionadora la experiencia y el nivel de
participación adquirido por organizaciones de mujeres como las que se han originado y
desarrollado en el Magdalena Medio, particularmente, en Barrancabermeja.
Quiero enfatizar, con esto, acerca de la significación particular que adquiere el
concepto de participación (...ya lo expresé arriba), en un escenario en el cual la
doctrina de seguridad nacional, promovido desde los gobiernos que se reclaman como
portadores de esa teoría y prácticas relacionadas con una intervención del Estado
como agente que debe garantizar el libre juego del mercado y, colateralmente, achicar
su participación en las actividades susceptibles de ser asumidas por la empresa
privado.. o, al menos, con una visión gerencial, en donde la racionalidad y la eficiencia
son entendidas como garantía plena para avanzar en un diseño moderno del Estado
que propicia la injerencia de la metodología y los horizontes propuestos desde la
perspectiva reguladora en beneficio de esa política de expansión del capital; aún en
países como el nuestro (..y todos los dependientes) en donde el desarrollo de las
denominadas fuerzas productivas, ha sido atrofiado por el control y la división del
trabajo impuesto por Estados Unidos y Europa. Este énfasis supone colocar un insumo
importante para proponer una reflexión en torno a esa participación femenina en
diferentes procesos. Porque, entre otros efectos colaterales, el modelo impuesto,
supone reivindicar prácticas económicas derivadas de ese estilo de gestión y de nexo
con organismos internacionales de financiación, que ejercen (a su vez) como
orientadores del rumbo que debe mantener el manejo económico gubernamental. Esto
explica, a manera de ejemplo, la intervención del Fondo Monetario Internacional en el
diseño de las políticas fiscales, en la perspectiva de disminuir el componente
relacionado con el gasto social, en el diseño y aplicación presupuestal; a más de la
definición de horizontes macroeconómicos que deben ser mantenidos,
independientemente de su incidencia en la pauperización generalizada de la población.
Una de las consecuencias derivadas de la política económica desarrollada para
mantener los equilibrios macro necesarios; tiene que ver con el decrecimiento
tendencial del gasto público hacia el beneficio social. Esto, a su vez, se concreta en la
profundización de las contradicciones entre esa política y los postulados
Constitucionales ya referenciados y que establecen la obligatoriedad del Estado y de
59
LEAL BUITRAGO, Francisco. El Oficio de la Guerra, página 176, TM editores-Iepri, primera edición,
julio 1994.
105
los gobiernos concretos, en el sentido de asumir la responsabilidad de estrategias y
programas de contenido social y económico que beneficien a la población vulnerable.
Recabar acerca de esa contradicción entre Derechos Constitucionales y el realismo
económico y político; permite entender ciertas dinámicas y características que
adquieren la participación de las mujeres, al momento de concretarse acciones
inherentes a la defensa de esos derechos, en áreas como la atención a los niños y a las
niñas; así como su intervención en actividades comunitarias generales, en las cuales
adquiere un perfil alto e introduce elementos de diferenciación con respecto a los
hombres; sin que esta afirmación pueda entenderse como aseveración, en el sentido
de la plena conciencia de su rol, en la perspectiva de género, como se proclama desde
sectores de mujeres en la academia y/o en espacios en donde predomina la reflexión
con el soporte de insumos teóricos que no son visibles y concretos para muchas
mujeres que actúan en la cotidianidad, que las convoca a mantener referentes
inmediatos y prácticos sin ese ―deslinde‖ entre simples acciones puntuales y lo
conciente, en su condición de mujeres que deben aspirar a ejercicios libertarios màs
allá de estas. Entender esta forma de dicotomía, va a permitir una lectura crítica de los
resultados obtenido en la investigación precisa, acerca del significado que adquiere la
participación de las mujeres adscritas a Fundac; de su visión e interpretación de las
políticas propuestas y desarrolladas por el Gobierno Distrital, hacia los niños y las niñas
y la población adulta vulnerable, en deferentes zonas de la geografía física y política
Distrital.
A manera de corolario transitorio:
Esta indagación acerca de la participación de las mujeres, en un escenario en el cual
se aplica con todo rigor las diferentes políticas derivadas del modelo neoliberal; me
permiten llamar la atención en torno al contenido de esa intervención; entendido este
(...el contenido) como lo conciente que ejerce en condición de agregado no
circunstancial e inmediato; sino como agregado que trasciende a ese quehacer y lo
sitúa en posición de referente, un tanto como paradigma, en todo el proceso. Esto me
permite establecer, como posibilidad efectiva, una perspectiva política en la cual pueda
hacer fusión esa disponibilidad práctica, inmediata; con los insumos teóricos
propuestos y desarrollados en aquellas actividades en donde la condición de género, es
reivindicada en términos de propuesta libertaria; en la cual la diferenciación trasciende
a lo estrictamente biológico y, por lo tanto, insinúa aspectos como la vida afectiva, la
equidad, la convivencia, la sexualidad, etc.
Las mujeres, su intervención. América Latina; Colombia. De los referentes teóricos.
He venido desarrollando una interpretación, en términos del significado que adquiere la
intervención de las mujeres en la realización de movimientos sociales y políticos. Tal
vez el aspecto exhibido con mayor énfasis, tiene que ver con la dicotomía entre
aquellos roles asumidos de manera simple y espontánea y aquellos que trascienden
esa característica; en razón a que suponen una posición conciente en la cual hace
presencia esa figura denominada (...a veces de manera peyorativa) identidad como
sujeto para sí.
Lo anterior implica el manejo de expresiones relacionadas con el concepto de
referentes teóricos, en el proceso de participación. Uno de los elementos señalados
arriba, tiene que ver con el horizonte propuesto a manera de bitácora. Este es el caso,
a manera de ejemplo, de la intervención en escenarios en los cuales, si bien es cierto
aparece con claridad el objetivo que se pretende, este no puede ser entendió como la
106
asunción de posiciones que transgredan la posición predominante, en lo que esta tiene
de yunta que impide la reivindicación libertaria plena; al menos en lo que hace
referencia a desinhibir a las mujeres de aquellos agregados culturales que minimizan
su expresión como género y como sujeto.
Mi interpretación conlleva a establecer diferencias fundamentales, al momento de
analizar e interpretar la participación de las mujeres en el inicio y desarrollo de
movimientos sociales y políticos. Es tanto como entender que esta puede (...y de
hecho se ha dado), sin que la misma implique una acción conciente en lo que respecta
a la identificación de su rol como sujeto pleno en derechos, que puede y debe reclamar
el reconocimiento de su autonomía. Algo así como entender esa intervención como
interacción plural, en cuanto los objetivos ejercen como condicionantes. Esto traduce
un tipo de participación condicionada por esos mismos objetivos y en donde no existe
lugar para la libertad, entendida como horizonte en si mismo. En otras palabras, es
una figura asimilada ese tipo de acciones en las cuales el punto de comienzo y el
resultado aparecen como simple yuxtaposición de opciones diferentes que coinciden,
de manera transitoria, con respecto al objeto que origina la necesidad del movimiento.
Este es el caso, a manera de ilustración, de la participación de las mujeres en
movimientos sociales relacionados con la vivienda, la educación, la salud, etc.
Inclusive, en procura de una tipificación con respecto a movimientos originados en
aspectos relacionados con los conflictos asociados a la guerra; aún en aquellos en los
cuales la iniciativa y los objetivos, ha estado en cabeza de mujeres (como el caso de
los movimientos en contra de las desapariciones forzadas y el desplazamiento); su rol
no implica el reconocimiento de su condición autónoma, ni libertaria.
Sin embargo, no pretendo desconocer la participación cociente originada en
determinadas franjas de las mujeres, que proponen y desarrollan movimientos
estrictamente relacionados con su identidad de género, con repercusiones asociadas a
la misma. De lo que se trata, para el caso que me ocupa, es de precisar términos de
referencia, en cuanto a significado y alcance; en la aplicación de un método que
introduce, insisto en esto, la diferenciación de los movimientos, introduciendo una
tipificación necesaria, al momento de evaluar perspectivas y resultados.
El caso de América Latina.
En algunos de los casos presentados, en desarrollo de este trabajo, he hecho
referencia a algunos movimientos sociales en América Latina. Es el caso de las citas de
texto e interpretación efectuadas, a partir de algunos de los trabajos presentados en el
Cuarto Seminario Internacional de CEHAP – PEVAL, realizado en la ciudad de Medellín
entre el 7 y el 11 de abril de 1986. Como se puede observar, revisando las
acotaciones, es notoria la preocupación en cuanto al nexo entre los objetivos de
algunos movimientos y el alcance que adquiere la ausencia de lo conciente como
insumo necesario, al momento de promover transformaciones de fondo que
trasciendan a la sola expectativa y/o realización reivindicativa. Esto para no hablar de
que los sujetos protagónicos aparecen diluidos en esos mismos objetivos. Es relevante
señalar, en aplicación estricta del concepto de variación de las condiciones en el
tiempo y en los escenarios, que ha habido modificaciones relativas importantes, en
cuanto al alcance, los objetivos y los roles. Sin embargo, queda claro que persisten
niveles (...tal vez los fundamentales) de participación en los cuales se reafirman las
condiciones de no-identidad que permiten la permanencia de las condiciones de
dominación las que, a su vez, profundizan la segregación. Esta afirmación no es otra
107
cosa que reconocer las limitaciones propias de los movimientos sociales, en cuanto no
implican, necesariamente, una opción de poder hacia la desarticulación y eliminación
de las condiciones de dominio prevalecientes.
Con ese mismo horizonte como referente se ha desarrollada la participación de las
mujeres. Inclusive, en el caso de Argentina, el movimiento liderado por las mujeres en
denuncia de las desapariciones durante la Dictadura Militar, a partir de 1976 (Madres
de la Plaza de Mayo); a pesar de promover y desarrollar expresiones en contra de las
acciones represivas de los militares, el hecho se circunscribe al espectro relacionado
con las desapariciones forzadas, particularmente de hijos e hijas. Es claro, eso sí, que
el mismo implica la asunción de una posición política que trasciende la simple
intervención reivindicativa simple; en razón a que deriva en el cuestionamiento del
poder y, aún hoy, se convierte en referente para la defensa conciente y consecuente
de la democracia, y de los Derechos Humanos. A partir de los postulados originados
en ese movimiento, se han inspirado y desarrollado acciones similares. Es el caso de
los movimientos de mujeres en Guatemala, El Salvador (...en el tiempo anterior y
posterior al derrocamiento de Anastasio Somoza, por parte de Frente Sandinista de
Liberación Nacional) y Chile.
El caso de Guatemala; así como en Méjico, adquiere una connotación adicional, habida
cuenta de las condiciones de profunda segregación hacia la población nativa
(indígena). Además de las características dramáticas relacionadas con la discriminación
de las mujeres y de su utilización, por parte de sectores gubernamentales y civiles,
para proveer el mercado infame de jóvenes para surtir prostíbulos y mano de obra en
oficios emparentados con el esclavismo y el feudalismo. Basta recordar, para el caso
de Guatemala, la descripción realizada por Miguel Ángel Asturias en ―El Señor
Presidente‖ y ―El Papa Verde‖, para efectuar análisis e interpolaciones con respecto a
la situación actual. Para el caso de Méjico, es ilustrativa la situación de las mujeres en
Tijuana.
El caso Colombia.
Antes he referenciado algunos ejemplos de participación de las mujeres en
movimientos sociales. Me permito recordar, asimismo, el análisis propuesto en
términos de los derechos Constitucionales relacionados con la participación ciudadana,
particularmente con el énfasis acerca de la reivindicación de derechos para las
mujeres.
Me corresponde, ahora, enfatizar en torno a algunos aspectos que pueden ejercer
como referentes, en cuanto a la connotación teórica y política. Pretendo un
seguimiento y análisis de los diferentes movimientos organizados y dirigidos por
mujeres, para enfrentar algunas de las repercusiones más dramáticas del conflicto
armado interno: el desplazamiento y las desapariciones forzadas. En mi opinión, la
cotejación de algunos elementos exhibidos en ese proceso, con las variables
relacionadas con la identidad y lo conciente; permiten extraer conclusiones
importantes que contextualizan el objeto de este estudio.
La intervención de las mujeres en la promoción y construcción de organizaciones, en
algunas de las zonas más afectadas por el conflicto armado, ha tenido un soporte
preciso: denunciar el desplazamiento forzado de que son objeto las comunidades de
mujeres (incluidas las niñas), y hombres (incluidos los niños), en los diferentes grupos
etéreos; así como reclamar la intervención gubernamental (nacional, departamental y
108
municipal) en la solución de los problemas derivados a partir de ahí y la restitución de
las condiciones que permitan revertir el proceso de desplazamiento. De otra parte,
algunas de estas organizaciones, asumen también la denuncia de las desapariciones
forzadas y los asesinatos de mujeres, hombres, niños y niñas, como consecuencia
directa de ese mismo conflicto.
Me convoca, sin que esto implique el desconocimiento de otras organizaciones de
mujeres, la labor realizada por la organización que agrupa a las mujeres del Magdalena
Medio, particularmente en Barrancabermeja.Tal vez por su itinerario, por los hechos
que les ha correspondido enfrentar y, como efecto colateral, por el proceso que han
construido. Esto ha permitido trascender la denuncia inmediata, para asumir posiciones
de fondo, como quiera que han ejercido como punta de lanza en el cuestionamiento de
los beneficiarios directos de la guerra y del poder. Todo esto, a partir de introducir
aspectos de identificación y de análisis en torno a su rol como víctimas directas o
indirectas. Podría decirse, entonces, que se asumen como sujeto individual y colectivo
que reivindican su visión y caracterización del conflicto y, como derivación, actúan en
contra del mismo, por la vía de reclamar derechos asociados a los Derechos Humanos,
el Derecho Internacional Humanitario. Esto supone, a la vez, exigencias en cuanto a la
eliminación de las acciones y las condiciones que originan el desplazamiento y las
desapariciones. Asimismo, conlleva a reivindicar (en la lógica misma del sistema
económico y político vigente) la concreción de derechos como vivienda, trabajo,
salud...plena y cumplida justicia.
En este caso, a pesar de de avances en torno a la identidad en cuanto a la condición
de género, se inhibe de manera relativa su autonomía en lo que corresponde a su
plena identidad, como sujeto, que reclama libertad y equidad. Lo anterior, en razón a
que opera en sus acciones, como dirigente de un proceso que involucra diferentes
opciones y objetivos; todos relacionados con los efectos directos y colaterales del
conflicto armado. Supone no trascender, en estricto, a esas acciones; ni implicarse
como sujeto con identidad de género, que pueda acceder a expresiones que contraríen
a la subyugación originada, inclusive, en aspectos diferentes al conflicto mismo.
Llama mi atención, también, organizaciones como la liderada por la señora María
Eugenia Zabala (ganadora del Premio Mujer Cafam 2004). Mi inquietud, sin dejar de
lado el necesario reconocimiento a su tenaz labor, está relacionada con el tipo de
paradigma que se construye a partir de su experiencia. Esto, a pesar de que sus
acciones y la organización que lidera, se originan en hechos similares a los que
originaron las acciones y organización de las mujeres del Magdalena Medio (veamos su
relato: ―... Mi hijo fue el primero en morir - sic - , porque esos hombres llegaron
pidiendo la cédula y él estaba con otro muchacho. Jorge les dijo que no tenía la cédula
y ahí mismo lo quemaron vivo. Al otro muchacho como que se le reflejó la muerte,
estaba blanco, cadavérico. El fue la siguiente víctima. 60 Sin embargo, en mi
interpretación, los efectos de esas acciones (...las de María Eugenia Zabala), derivan
en opciones diferentes, en cuanto que es evidente el manejo de los conceptos y la
caracterización del conflicto suponen un entendido en el cual los niveles de
cuestionamiento y de identificación del soporte y componentes del mismo, son
diferenciados. De un lado, en el caso del Movimiento de Mujeres del Magdalena Medio,
existe la certeza de los factores que originan el conflicto y de los agregados posteriores
que lo profundizan. De otro lado, en el caso de la Organización liderada por María
Eugenia Zabala (El Valle Encantado), aparece una vivencia dramática, a partir de la
60
Entrevista a María Eugenia Zabala. Revista Cafamilia, edición No. 99, abril-mayo 2004, página 4
109
cual surge la necesidad de implementar acciones de reparación que permitan acceder
a soluciones en términos de vivienda y manutención.
No se trata, de mi parte, introducir el análisis y diferenciación teórica que remitan a la
minimización y/o desconocimiento de la opción propuesta por María Eugenia Zabala;
simplemente pretendo ubicar perspectivas derivadas de esa diferenciación, a partir de
entender que postulan y realizan dinámicas disímiles.
Lo cierto, de todas maneras, es la vigencia del método que permite asumir posición
con respecto al alcance y profundidad que adquieren los movimientos sociales. Esto,
de por sí, permite identificar y valorar la presencia de lo conciente, como agregado que
introduce una u otra perspectiva. Para el caso analizado aquí, cabe la aseveración: no
todo movimiento social liderado por mujeres tiene la connotación de género, en
términos de su identidad y autonomía. Ese perfil ( en cuanto a reivindicar la identidad
de género, en plena autonomía que permita la interacción, sin perder su referente), se
adquiere en razón a un agregado conciente. Acceder al mismo supone, entonces, la
presencia de elementos de análisis y reflexión, por medio de los cuales es posible
establecer la separación pertinente. Algo así como entender el proceso que
compromete a las mujeres en su condición de género, como resultado de una
sumatoria compleja de agregados conceptuales, adquiridos a partir de de una
abstracción relativa con respecto a la experiencia inmediata; de tal manera que
permiten una elaboración que trasciende a la motivación originaria y se convierten en
soporte para proponer y realizar opciones de mayor profundidad, transformadoras.
Esto supone rupturas con esquemas y paradigmas.
De lo que se trata, en consecuencia, es entender y contextualizar la participación. No
toda participación, individual y colectiva, origina insumos para modificar procesos, o
escenarios, o realidades transitorias asumidas como válidas. La transformación es una
opción que requiere de calidades especiales en el liderazgo y definición de objetivos.
Requiere asumirse como sujeto individual y/o colectivo, a partir de cierto ejercicio de
abstracción que permita el análisis y construcción de alternativas; en una lectura clara
del entorno, de los objetivos propuestos y de los condicionantes.
Para el caso de la participación femenina en la implementación y desarrollo de la
política social en Bogotá D.C, mi trabajo permite localizar elementos de ambivalencia
conceptual. Las acciones se asumen como un ritual en el cual la intervención y la
dinámica alcanzada por parte de las mujeres vinculadas a la misma, no se traducen en
construcción de opciones hacia la transformación de la política social orientada desde
instancias Distritales, como componente de la visión macro que sustenta a los Planes
de Desarrollo. Podría. Podría interpretarse, entonces, como una intervención ejecutoria
de esas políticas en áreas específicas, por la vía operativa. Inclusive, como puede
cotejarse en la lectura e interpretación de las entrevistas realizadas, aparecen
expresiones que evidencian un profundo desconocimiento del espectro social en el que
se actúa y, mucho más, de las opciones que es posible construir a partir de procesar
esa intervención y de involucrar una variable como la condición de género; al momento
de proponer alternativas, tanto desde el punto de vista de la familia, de los roles de
hombres y mujeres; de la noción de autoridad con respecto a los niños y a las niñas;
de la identidad y autonomía de las mujeres en todo ese proceso.
El mismo día de la presentación del escrito, regresé a casa. Isolina estaba conversando con
Demetrio. Percibí en sus ademanes, fundamentalmente en sus miradas, una pasión infinita.
Como si quisieran realizar uno de sus encuentros. Antes había asistido a este tipo de
expresiones. Luego los sentía forcejear y susurrar expresiones de profunda satisfacción; en un
110
ejercicio en el cual lo erótico lo exhibían con vitalidad y ternura. Esa noche, Isolina y Demetrio
se preparaban para volcar su pasión, para entrelazarse; en una duración inmensa, como
aportantes a los postulados del erotismo bello y absoluto. A veces he querido estar con ellos,
mirándolos, sintiendo orgullo ante esta expresión de mi madre y mi padre.
Tuve, también esa noche, un sueño conmovedor; lo viví como momento premonitorio. Veía a
Isolina asesinada en la calle. Nos rodeaba una multitud inmensa de mujeres, que estiraban sus
brazos, como queriendo protegernos. A la vez, veía a Demetrio. Tenía una mirada de profunda
tristeza. Trataba de hablar, pero no podía. Como si sus palabras no pudieran expresar el dolor
que sentía ante el cuerpo de Isolina. Un remolino de voces lo acompañaban; como queriendo
que él dijera algo. Indagándole por su dolor. Como expresándole su solidaridad. Yo también
enmudecí. Era como si el vértigo de la conmoción me saturara: de tal manera que me sentía
comprimido, asfixiado; como si estuviera en un socavón, sometido al fuego intenso. Un fuego
abrazador, penetrante; como soporte de la angustia. Además, veía a una mujer que, de la
mano de un hombre, lloraban ante el cuerpo de mi madre. Hombre y mujer que ya había visto
antes, pero sin recordar donde. Entre realidad y fantasía. Los había visto transitando caminos
muy tortuosos. Como aquellos que conducen al abismo. Los veía inmersos en escenarios
colectivos. Sentía que amaba a esa mujer; pero sin precisar esa visión. Como quien está
enamorado de alguien que se aleja y se evapora en el espacio. Veía su vientre hermosamente
crecido; hablaba con su acompañante, con una ternura similar a la de mi madre y mi padre.
Quería despertar, pero no podía. Me volví a sumergir en el sueño. Atisbé, a lo lejos, a una
mujer que caminaba. Se veía cansada y lacerada. Percibía un territorio inhóspito. Ella andaba
sola; una mirada entre severa y de profunda tristeza. Al acercarme a ella, me miró con una
profundidad en sus ojos tal, que me hizo estremecer. Era una mirada como reclamándome
algo. Como si quisiera indagar por ella misma. Una mirada como las que aparecen en las
madres que han perdido la huella de sus hijos e hijas. Más atrás venía un hombre de expresión
un tanto malévola. Como transmitiendo la desesperanza. Un rostro infame; como aquellos que
emergen en la oscuridad, después de haber hecho daño. La distancia entre él y ella, era una
distancia corta. Arrastraban sus pies; por esto su andar era lento y cansino.
Soñando, en ese mismo sueño, viajé por espacios que creía reconocer, pero no atinaba a
precisarlos. A manera de veloz vuelo, me distanciaba del suelo. Como quien trata de abandonar
un lugar ingrato. Llegaba hasta cierta altura y volvía a descender al mismo sitio. Rondaba el
mismo, como tratando de medir su perímetro, descifrarlo; pero estaba codificado. vi. alzarse
sobre mí unas sobras estremecedoras que ululaban como viento de las estepas. Me rodeaban y
exprimían mi cuerpo, hasta hacerlo desaparecer. Donde antes estaba yo, aparecían ríos de
sangre coagulada. Como si allí hubiera pasado algo nefasto. Luego, sin saber de donde,
apareció el abuelo Isaías. Portaba una linterna con un haz luminoso débil; pero que le servía
para halar un lazo segmentado. Lo veía en el sitio en donde asesinaron a la familia cercana a la
vereda. Luego, desaparecía, dejando un mensaje que no pude descifrar. Al cabo de un tiempo,
vi. un escrito, no se si relacionado o no con el mensaje del abuelo. Sin embargo me parecía
muy racional para ser un sueño.
Abordar una reflexión, en términos de indagar-investigar, acerca de asuntos
relacionados con género; supone la asunción de referentes que permitan establecer
un hilo conductor pertinente. Algo así como precisar las condiciones y características
que adquiere, en el contexto de un proceso determinado.
Digamos que reconocerse, implica una primera identificación del significado básico
como sujeto; en lo que este tiene de vigencia como expresión de lo humano que se
concreta. Aquí, entonces, lo femenino y lo masculino, supone una interacción
originada en el “descubrimiento” de la diferencia que, a su vez, está asociado al
desarrollo de las percepciones primarias que, por esto mismo, permiten agregados
hacia la construcción de acciones y realizaciones complejas. En otras palabras, se
111
trata de logros individuales y colectivos denominados (...en una sumatoria lógica, mas
no de lineal) cultura.
La desagregación de roles, en escenarios de intervención y presencia de los sujetos
(hombres y mujeres), trascienden a la sola posición adjudicada por la diferenciación
biológica, natural. Se entiende como elaboraciones en nexo con ese reconocimiento
de sí; como esa expresión que trasciende a lo primario y se convierte en pauta, en
códigos instaurados como necesarios, que requieren ser acatados, sin que
necesariamente, implique a la identificación o, inclusive, así supongan una posición en
contravìa de la autonomía y la libertad para el desarrollo de la individualidad.
Entonces, cada construcción cultural; pasa por la imposición de un determinado
modelo, de una determinada guía o procedimiento para consolidar el reconocimiento
que invoca cada individuo (a); en un contexto que reclama y requiere ordenar y pautar
la vida; como soporte para articular, para justificar el “equilibrio” entre quienes
conviven en un espacio territorial y han heredado procedimientos, costumbres y
visiones de lo natural. Por lo tanto se entienden comunes. Se asume, en consecuencia,
que “se ha estado ahí”..., “y se está ahora”; con los condicionantes y las imposiciones
que han sido previamente desarrolladas y acumuladas, como agregados que
comprometen.
Visto así, la noción de lo social, se erige como colateral de los acumulados y
agregados culturales compartidos (...Impuestos) y que ejercen como condicionantes;
para hombres y mujeres en escenarios territoriales y geográficos determinados.
Inclusive, la misma noción de geografía, territorio y espacio, está relacionada con las
identificaciones previamente establecidas y transmitidas.
Ahora bien, en el entendido moderno, se habla de civilización, cuando se quiere
referenciar al desarrollo de los seres humanos, precisamente con esas identificaciones,
esos códigos, esas herencias, como modelos y como pautas. Esto explica, entre otras
razones, la existencia de disciplinas y profesiones que investigan y analizan los
momentos y periodos que ha precedido al presente y, a partir de ahí, localizan bien
sea estereotipos y/o expresiones valoradas como “prueba”, cuando se trata de
identificar aspectos específicos o líneas de comportamiento.
Para el caso que nos ocupa, hablar de género, como condicionante; como insumo
que permite entender la diferenciación biológica y que, al mismo tiempo, permite
efectuar el seguimiento y análisis de las elaboraciones culturales, las pautas y los
códigos construidos, a partir del desarrollo y agregados culturales. No es algo diferente
a introducir esa variable subjetiva que nos permitan entender las implicaciones; como
quiera que (...Ya lo dijimos arriba) las restricciones a que conlleva cualquier modelo
impuesto como válido y necesario para permitir los “equilibrios” entre la individualidad
y un colectivo (...o sociedad); están dadas por la inherente pérdida de la libertad, de la
autonomía absoluta de cada sujeto(a).
Podría decirse, entonces, que el género (como variable que se precisa y se hace
visible en el desarrollo cultural), convoca a entender dinámicas y lógicas adicionales,
como expresiones diferenciadas que permiten reconocerse e identificarse a los (as)
sujetos (a), como portadores (as), bien sea de restricciones adicionales o de derechos
conferidos por las normativas y los códigos culturales asumidos como válidos.
Así las cosas, nuestro punto de comienzo, supone la preexistencia de valores (...Como
concreciones de lo cultural) que permiten e inhiben. Es lo siguiente: asumimos como
vigentes (...sin que implique aceptarlos) referentes que permiten una línea de
interpretación primaria, en cuanto a la diferenciación biológica entre hombres y
112
mujeres, en la cual se erige como insumo condicionante la “necesaria” coacción, la
necesaria implementación de códigos que establecen un nexo lógico, explicable, justo;
entre esa diferenciación biológica-natural y las restricciones hacia las mujeres; como
una figura que, simplemente, expresa una interpretación de algo preestablecido. Una
figura que invoca la división de roles, en donde los (as) sujetos (as) deben
reconocerse en relación con la jerarquización de los mismos y, en donde, lo masculino
emerge y se impone en condición de superioridad.
Es punto de comienzo supone, asimismo, entender la dinámica histórica; como
elaboración que conlleva a precisar, analizar y validar momentos y períodos; en un
contexto en el cual el significante subjetivo puede o no ser cuestionado. Pero, de todas
maneras, debe ser interpretado como inherente a ese momento, a ese período
determinado. Es como la asunción de una lectura y una didáctica en donde se puede
“explicar” lo cotidiano del pasado, con arreglo a los acumulados culturales...o, lo que
es lo mismo, al estado de desarrollo de la civilización en su momento. Inclusive, a
manera de ejemplo, pueden aparecer con posterioridad, expresiones en las cuales se
presentan “excusas” a nombre de los beneficiarios de determinados acumulados
culturales(..como los religiosos) por el hecho de haber permitido, desde l misma lógica
inherente a esos agregados, exterminios de aquellos y aquellas que ejercieron como
contradictores, al margen del grado de ruptura propuesto y desarrollado por estos (as).
El caso patético de las Cruzadas Cristianas y de los Tribunales de Inquisición..y el
“arrepentimiento” de la Jerarquía Católica, con el liderazgo de Juan Pablo II;
simplemente es una muestra de ello.
En esta línea de interpretación, el análisis del rol de las mujeres en la construcción y
desarrollo del periodismo en Colombia, particularmente a finales del Siglo XVIII y en el
Siglo XIX, supone precisar un contexto en lo que podríamos llamar “La sociedad del
Nuevo Reino de Granada, en nexo con las imposiciones culturales de España.”
Queda claro, en aplicación de la caracterización propuesta arriba, que las condiciones
vigentes en el período que comprende el análisis, estaban cruzadas por los insumos
conceptuales y los valores que ejercían como códigos, como yuntas originadas en el
ideario de quienes ejercían como invasores y detentadores del poder. A su vez, esos
valores y conceptos de los españoles, tenían un nexo, no circunstancial, con los
conceptos y valores predominantes en Europa. Es una interacción de doble vía, en
veces con rasgos contradictorios (..e incluso antagónicos, como en caso de la opción
derivada de la Revolución Francesa en 1789 y su colateral la Declaración de Los
Derechos Universales del Hombre, con respecto a la opción mantenido por la
monarquía Español, particularmente en cuanto al control autoritario ejercido en el
“Nuevo Reino de Granada”.
Para el caso específico del escenario político y social en el periodo objeto de análisis,
se expresaba con todo rigor ese principio básico que reivindicamos como válido: la
imposición de valores construidos a partir de los paradigmas tejidos, en un proceso
que involucró a todo el quehacer, que fue agregando interpretaciones y decisiones;
con unos determinados referentes. Una sucesión de construcciones, en las cuales
predominaban aquellos conceptos y aplicaciones que convocaban a los sujetos
(hombres y mujeres) a reconocerse en ellos; a identificarse con esos proyectos y con
todo el proceso. Es obvio, en esa perspectiva, que “lo conciente” (...así como ahora),
no era otra que la obligación a asumir como propias las imágenes y las “instituciones”,
fundamentalmente ancladas en la visión del mundo coincidente con la Religión
predominante.., entendida e impuesta como la única posible.
Que decir, entonces, de los “habitantes originarios” del nuevo territorio, conquistado,
avasallado, esquilmado. Fue una labor (...Así lo expresa con lucidez Eduardo Galeano,
113
en su texto “Las Venas Abiertas de América Latina.). Una obscurana absoluta en
términos del conocimiento. Una imposición que reclama la obligación de asumir la
“única verdad posible”(...la del Rey, de sus delegatarios.., de la Iglesia Católica). No
hay lugar para escisiones, fundamentalmente en lo que hace a la interpretación del
mundo físico, como expresión inmanente, en todo tiempo y lugar, de la divinidad, de su
sentir; que no era otra cosa que la reivindicación del poder terreno, como simple
extensión de se poder divino.
En lo anterior, la ignorancia, “ese reconocerse” como sujeto perdido, sin libertad, sin
elementos para el discernimiento y para la apropiación adecuada del conocimiento;
tenía una cobertura total. Eran vasallos los sujetos hombres y las sujetos
mujeres. ..Pero, estas, sufrían (..Casi como ahora) el doble rigor, la doble expoliación
espiritual. No podía ser de otra manera; porque el Imperio (España), no era otra cosa
que el horizonte cultural en el cual se acuñaba como cierta y necesaria la coincidencia
entre la diferenciación biológica y la diferenciación (discriminación) efectiva, práctica,
cultural.
La acción de comunicarse es inherente a la condición humana. Es la palabra, como
transferencia de necesidades, de sentimientos...del conocimiento. El acumulado
cultural, los agregados primarios y complejos, han permitido establecer las conexiones
indispensables, en el proceso de elaboración mediante los cuales es posible vivir y
sentir el contacto con la naturaleza, de su transformación. La noción de comunidad
solo adquiere presencia y dinámica plena, en función de la comunicación., de la
palabra.
Ahora bien, el sentido de las palabras (al menos en su aprehensión inicial), como
transferencia, como instrumento primero para la comunicación; tiene que ver con lo
que el (la) sujeto reconoce e identifica como insumo que no le es extraño para
expresarlo al otro o a la otra. Asimismo, en la recepción, los mensajes recibidos
adquieren validez, en razón a la posibilidad que otorgan para dilucidar, a partir de ahí,
lo desconocido. Es el intercambio de las opciones. Una figura cercana al trueque de
ideas, de conceptos, de imaginarios.
Lo que se erige como Civilización (en el sentido planteado arriba), ha desarrollado
mecanismos inherentes a la comunicación. Tanto como reconocer que ha instaurado
lógicas permitidas, en el universo cultural construido e impuesto como posible y como
dominante. Ha sido un recorrido complejo; en donde los agregados asumidos como
cultura, no son otra cosa que la reivindicación de paradigmas circunscritos a las
“ideas” vigentes, válidas, permitidas y aceptadas. Por esta vía se ha arribado a
opciones en las cuales lo que se “transfiere” y/o “transmite”, es una forma de replicar y
difundir eso que es permitido, validado y aceptado. Cuando se comunica algo que
pueda ejercer como disidencia o cuestionamiento de ese “ordenamiento cultural
válido”; se incurre en herejía...y, por lo tanto, debe ser obstaculizado, cuando no
castigado. Ya lo decíamos antes, en referencia a la acción inquisidora por parte de los
vigilantes, representantes de las jerarquías y de la dominación, en defensa de las
únicas verdades posibles.
Al despertar, por fin, encontré a mi madre al lado mío. Me tomaba las manos y me decía,
¿Cómo te pareció la historia que te conté? Espero no te hayas confundido con tantos conceptos
juntos, ni con algunas de las situaciones descritas. Este día es muy especial para Demetrio y
para mí; espero que tú también nos acompañes en nuestra felicidad. Hoy nos hemos dado
cuenta que estoy preñada. En verdad, resulta, para mí, muy gratificante asumir este rol; a
partir de entender la condición de madre, con plenitud. Deseándolo, sin que implique la
asunción de los conceptos enrevesados y doctrinarios que promueven algunas instituciones y
personas que reiteran, de manera constante, en que nosotras las mujeres, no podemos ejercer
114
el gozo en nuestras relaciones sexuales; sin que en ello incida los condiciones vinculados con
opciones moralistas; que se convierten en versiones perversas del sexo, entendido como
antecedente que conlleva, o debe conllevar a construir unas relaciones formales en términos
heterosexuales.
Por esa misma vía, proponen y realizan opciones, en las cuales lo sexual, se remite al
condicionante de vida en pareja entre hombres y mujeres. Pretenden mantener una restricción
absoluta para las relaciones homosexuales. Con el agravante de proponer estas relaciones
como contrarias a la naturaleza biológica. Tú sabes de mis intervenciones a favor de la libertad
plena al momento de definir las opciones sexuales, en términos de su sublimación, del goce y
del desarrollo autónomo de hombres y mujeres. No se si recuerdas a Juliana, y Pedro, que han
trabajado conmigo en este tipo de perspectiva libertaria, como herejía hermosa que cuestiona
la falsa moral que nos circunda. Ya ella y él, han trazado y realizado todo un programa en los
colegios, en el sentido de coadyuvar a la formación de los y las jóvenes, por la vía de entender
su dinámica sexual, su libertad y responsabilidad. El trabajo permite establecer unos roles no
estáticos; sino flexibles. En los cuales debe prevalecer la autonomía. Además, esto último, debe
implicar la prevención de los embarazos no deseados. Es obvio, Isaías, que nos hemos
encontrado con muchas dificultades. Nos ha correspondido enfrentar a las jerarquías escolares,
a muchos (as) padres y madres de familia; a las posiciones arcaicas, casi inquisidoras de las
organizaciones religiosas.
Me quedó sonando el relato de mi madre, en el que aparecen las figuras de Juliana y Pedro. Es
como si ya los hubiera conocido, en el pasado. Siento como un remolino que me absorbe, que
me dificulta dilucidar la conexión pasado y presente. Al momento estoy confundido. Porque no
se si esa percepción del pasado, me remitiera a entenderlo con dinámica propia. Como si
estuviera asistiendo a una versión de la teoría acerca de la repetición de acciones, en periodos
diferentes. Esa teoría que define lo conciente, y lo inconciente; como instancias en las cuales
las realizaciones y los requerimientos se juntaran y conforman una cohesión de hechos y
acciones que convocan a cada sujeto, a definir sus intervenciones en la realidad, como presente,
pero influenciadas por la percepción de momentos y vivencias anteriores, similares. Algo así
como condicionantes que nos remiten, bien sea a recrearnos en esa relación pasado-presente;
a confundirnos por lo mismo. Sintiéndolos como condicionante que asfixia y restringe la
autonomía, la imaginación y la creatividad.
Muy temprano, ese día 22 de abril, Demetrio salió a cumplir una diligencia relacionada con la
organización comunitaria de los y las desplazados(as). Él había logrado reunir esfuerzos, por la
vía de este tipo de organizaciones. Fue algo inherente a nuestra condición de itinerantes
forzados en nuestro territorio. Un ir y venir acá y allá. Soportando asedios de todo tipo. Desde
la graficación construida por los organismos gubernamentales, hasta las amenazas anónimas,
difundidas en panfletos que aparecen de manera constante. Muchas de esas amenazas se han
cumplido. El recuerdo de muchos y muchas itinerantes muertos (as) violentamente, en el
silencio que imponen este tipo de acciones. Un universo de situaciones extremas con sus
variables: pobreza, discriminación, falta de servicios domiciliarios básicos, viviendo en ranchos
inadecuados para la cotidianidad familiar y social.
La reunión estaba convocada para las 10 de la mañana, en uno de los salones comunales
improvisados por la organización. El tema, según el cronograma referido por mi padre, incluía el
análisis de nuestra situación actual; como quiera que se ha estrechado el entorno; restringiendo
el territorio y profundizando las difíciles condiciones de vida. Se pretendía, la elaboración de un
documento y la designación de una comisión para entregarla en el Ministerio del Interior y en la
Secretaría de Acción Social del Distrito.
Yo quedé en casa, al lado de Isolina, quien, a su vez, estaba preparando un documento para
llevar a la reunión regional de mujeres itinerantes. La noté en un estado de zozobra y de
inquietud. Algo raro en ella, pues nos tiene acostumbrados a la serenidad y a la certeza en sus
acciones. En principio creí que se trataba de algún síntoma relacionado con el embarazo. Sin
embargo, mi madre, me hablaba de una percepción extraña.‖ Algo que me recorre en como
una intuición a futuro. Una especie de malestar espiritual. Como vacío en el que emergen
115
visiones vinculadas con el futuro inmediato. Algo, supongo yo, en relación con el dolor que
produce la pérdida de personas cercanas.‖
Isolina salió de casa, una vez terminado el documento. La reunión, según me expresó, estaba
programada para las 12 del mediodía.
Al momento regresó en un estado de conmoción. Me refirió que algunos de los vecinos que
debían asistir a la reunión con Demetrio, le informaron que, al ver que él no llegaba, salieron a
indagar lo que pudo haber pasado. Algunos niños y algunas niñas, que jugaban en el
parquecito al lado de la escuela, vieron que Demetrio fue interceptado por dos señores
desconocidos y lo subieron a un vehículo que los esperaba. Según esta versión, Demetrio
forcejeaba para no dejarse llevar; pero estos señores lo golpearon y lo hicieron subir al vehículo.
Cundió la alarma en el barrio. Los vecinos y las vecinas, llegaron a la casa confundidos.
Dispusieron una comisión para denunciar este hecho ante las autoridades competentes; otra
para realizar una búsqueda en la localidad, en la dirección que señalaron los niños y las niñas.
Entretanto, mi madre, sollozaba; me decía: ¡Ese era mi malestar; era una premonición ¡ A
Demetrio lo van a matar. Conozco ese tipo de procedimientos. En el pasado reciente lo hemos
vivido, con diferentes personas de otras localidades.
Somos itinerantes,
Exiliados en nuestro propio territorio.
Siempre vienen así,
Siempre nos buscan,
Porque somos semilla,
Para otro amanecer,
Para construir otro país.
No se adonde te llevaron,
Solo intuyo que no te volveré a ver,
Ni a tu cuerpo, ni a tu bella manera de amarme.
Ahora que ya no estás, es como si recordara
Que siempre ha sucedido.
Es como si ya lo hubiera vivido.
La hija de mi preñez reciente,
Y el hijo que ya estaba,
Vivirán para siempre,
Con tu recuerdo,
Con mi lucha. Que era tu lucha.
Septiembre, del mismo año en que se llevaron a mi padre. No lo hemos encontrado. Hemos
andado muchos caminos; hemos llamado a todas las puertas. Con mil y más voces, hemos
difundido su desaparición. Nadie da razón. Es tanto como romper nuestras ilusiones; a la par
con la distancia.
Isolina ha parido. Una niña. Mi hermana. La hija que no conoció Demetrio. Ella tampoco lo
conocerá en vida. Solo a través de nuestros relatos que expresarán su recuerdo. Ella, mi madre,
ha superado la crisis inicial. Su temple es una guía. A través de ella, siguiendo sus pasos; he
logrado soportar la situación. Emergen nuevas opciones. En el día a día.
Ya es octubre. Un jueves. Hoy he amanecido inmerso en una congoja absoluta. A decir verdad,
no tengo certeza de su origen. Porque, lo de mi padre, ya lo he asimilado. Nunca con olvido. Mi
madre y yo tenemos muy claro que nuestro dolor cifra un camino de esperanza. Natalia, mi
hermana, ha crecido. Todavía no entiende la situación. Es una niña como todas las niñas del
116
mundo. En un crecimiento asociado a nuestro cuidado y a los avatares en que estamos
inmersos.
Lo de hoy es otra cosa. He tratado de relacionarla con mi sueño. Porque, cuando desperté,
estaban vivas las imágenes. Una sucesión más o menos vertebrada. A partir de ver y sentir un
territorio árido, como desierto. Estaba en un recinto, rodeado de personas que me observaban.
Como inquisidores. Tenía amputada mi memoria. Tanto como entrever que mis recuerdos eran
recortados. Tan pronto estaba enfrente de una niña desnuda que sangraba entre sus piernas.
Me mostraba sus laceraciones en la vagina. Los bordes completamente destruidos. Su himen no
estaba. Me hablaba, con palabras duras. No las entendía. Sin embargo, la niña, señalaba hacia
mí. Con una expresión que articulaba dolor y rabia. Luego, una de las personas que estaban
conmigo, refería acerca de un castigo. Era para mí. Luego me ataron a la cama, boca abajo. Me
sodomizaron Todos pasaron por mi cuerpo. Todos me penetraron. Un profundo dolor físico. Se
reían. Me mostraban sus penes largos, erectos. Había sangre, mi sangre, en ellos. Luego me
cambiaron de posición. Quedé mirando el techo. Una luz roja, fuerte. Nublaba mis ojos.
Mientras uno de ellos abría mi boca a la fuerza, los otros introducían sus falos en ella. Uno a
uno. Eyaculaban en mi boca. Un sabor entre amargo y dulzón. Un líquido espeso. Luego me
levantaron y me mostraron, otra vez, a la niña. Ella seguía desnuda. En sus manos un inmenso
cuchillo. Me amputó el pene. Todos reían y danzaban alrededor. El falo amputado lo cocinaron
y me obligaron a comerlo.
Como regresión. En términos de la teoría que refiere al sujeto, vinculado a procesos, en los
cuales su inconciente vuela en sentido contrario. Encontrando sitios y vivencias pasadas. En un
proceso que localiza posibles realidades. Me sentía sujeto de vida anterior. Ese sueño con la
niña avasallada, me era familiar; como quiera que mis sensaciones no fueran nuevas. Una
repetición de acciones. Ella, la niña, era para mí un referente vinculado al dolor. Como carga de
alucinación. Ya lo había vivido. Era cierto. Un vulnerador en el pasado. Sentir una figura de vida
nueva, con un horizonte hacia atrás, colmado de hechos en contravía del significado de libertad
para actuar; pero sin asumir posición de vándalo. Ese castigo infringido por los hombres de
blanco, no era otra cosa que la necesidad de revertir el tiempo y localizarme en una situación
como la actual. Sólido en principios. Auspiciador de roles en donde los hombres no mataran lo
sublime del amor. En donde, las mujeres no son trofeo sexual. Son sujetas plenas en el
quehacer cotidiano y de perspectiva. Con una noción precisa de su rol y de sus posibilidades de
transformaciones sociales y éticas.
Busqué, con la mirada, a mi madre. Isolina no estaba. Recordé su anunciado viaje a la
Argentina. Un encuentro con las Madres de la Plaza de Mayo. Confluencia de dolores y de
esperanzas. De capacidad para actuar, sin miedos. Reinvindacándose como partícipes de la
denuncia y de la acción. Sus hijos e hijas. Sus compañeros y compañeras, ausentes. Producto
de los sátrapas institucionales. Dueñas de su opción de vida. Sin ataduras. Esa era mi madre.
Esas eran ellas. Las madres libertarias. Hermosas manifestaciones del poder que adquieren las
mujeres. De su capacidad para trascender las fisuras inmediatas. Par situarse de frente. Al
futuro. Pletórico de acciones. Construyendo universos de solidaridad, de amor, de libertad. De
sutilezas absolutas.
Isolina había preparado un trabajo teórico acerca de la economía y sus repercusiones sociales y
políticas. Me lo había leído el día anterior. Una solidez argumental impresionante. Cada día me
asombraba más su capacidad, para alcanzar un equilibrio entre la acción y la teoría. Mi padre,
Demetrio, siempre valoró a su amada. En una dimensión tan sincera y tan plena, que no
hallaba límites. Él era un campesino rudimentario en sus conceptos; pero con unos acumulados
de sensibilidad y de capacidad para amar que trascendía a cualquier expresión intelectual
avanzada. Nunca sintió resentimiento. Nunca se opuso a las exploraciones teóricas de mi madre.
En fin; un sujeto hombre que compartía con su amada todas las vicisitudes del quehacer diario.
De una lucha tenaz, en contra de los mandarines criollos.
El programa de la reunión con las Madres de Mayo, incluía la intervención de mi madre. Para
eso había preparado su escrito. Hoy, después de ese sueño descarnado que me situó en
117
condición de sujeto de pasado vulnerador; leí otra vez el escrito de Isolina. Tal vez como
insumo para reconfortar mi dolido espíritu que navegaba entre el ser pasado y el ahora.
LA GLOBALIZACIÓN ECONÓMICA
(¿Una alternativa para el desarrollo?)
Presentación.
Ante todo, se trata de una indagación. Más allá, inclusive, de la descripción simple de las
características fundamentales que exhibe la globalización, como perspectiva y como tendencia
que se ha pretendido asimilar al concepto de universalización.
Porque, a decir verdad, asistimos a ese proceso de avasallamiento por parte de quienes
controlan la economía mundial; sin haber solicitado que nos invitaran. Algo así como entender,
por esta vía, que la dinámica, la impronta del capital, está centrada en su capacidad de
absorción de todos los contenidos y de todas las opciones. Aquí, entonces, no hay lugar para
ejercer la disidencia, ni como grupos sociales, ni como país. La disidencia es considerada una
herejía inconcebible e inclusive se tipifica como insensatez y/o como opción en contra del
progreso.
Veamos lo anterior en términos del profesor Jorge I. González:
¿….Cuál es el sustrato común de toda sociedad? Algunos analistas sostienen que la sociedad está
organizada por y para la lucha contra la naturaleza, sabiéndose y queriéndose ser racional, calculadora,
eficaz, mecanicista y mundial. En la comunidad tradicional esta lucha se inscribía en un pensamiento
mágico-religioso. En la sociedad moderna el trabajo transformador adquiere un papel central: es el nuevo
sagrado. La sociedad no se preocupa por ser justa. Eso no es de ella. Tampoco es injusta. Lo suyo es
producir. La sociedad moderna ha envuelto al hombre en la lógica de la competición, reduciéndolo todo a
la cuantificación y al cálculo. El sentido de la eficiencia no deja espacio para la gratuidad y el don. La
sociedad racional hace que el individuo sea calculador. Desde esta perspectiva, el análisis del
neoliberalismo como tal pasa a un segundo plano; en cambio, la pregunta por el hombre, por su felicidad
y por la razón de su quehacer cotidiano, adquiere una relevancia fundamental...‖61
En el anterior contexto, el concepto de globalización económica y su aplicación, adquiere
connotaciones dramáticas; en términos de sus implicaciones sobre el conjunto de la economía
mundial, particularmente sobre las economías de los países que no han alcanzado niveles de
desarrollo semejantes a los de Estados Unidos y Europa.
Si se quiere, la dinámica de la globalización económica, puede y debe interpretarse como una
extensión y/o adaptación de la lógica que subyace al concepto del libre cambio; en donde es el
mercado el encargado de regular todo el quehacer económico y social. Es algo así como
imprimirle a esta época una opción centrada en el predominio de esa lógica propia de los
principios fundamentales del capitalismo. Con el agravante de la presencia de condicionantes
relacionados con el control ejercido por aquellos países que tienen el monopolio de los avances
científicos, además de instrumentos que les permiten profundizar y consolidar su visión acerca
el desarrollo económico y sus paradigmas vinculados con su entendido de democracia y
participación.
Aquí, en consecuencia, prevalece una noción de planificación en la cual el Estado no tiene ese
rol propuesto por parte de quienes, desde una perspectiva asimilada a la utopía, asumían la
posibilidad de establecer una especie de equilibrio entre el crecimiento y el desarrollo
económico y las necesidades sociales de quienes no ejercen como beneficiarios fundamentales,
en cuanto no hacen parte de la clase o grupo que controla la riqueza, entendida como capital.
61
González, Jorge I.”Contradicciones del neoliberalismo”, artículo publicado en el Texto: “El fin del
neoliberalismo, Ed. Indepaz, primera edición 1993, página 86.
118
Tal es el caso de lo expresado por J.J. Rousseau en su texto El Contrato Social. Considero
pertinente transcribir un aparte de su concepto central:
―..La primera y más importante consecuencia de los principios hasta aquí establecidos es que sólo la
voluntad general puede dirigir las fuerzas del Estado según el fin de su institución, que es el del bien
común; pues si la oposición de los intereses particulares ha hecho necesario el establecimiento de las
sociedades, la conformidad de estos mismos intereses la ha hecho posible. Lo que hay de común entre
estos diferentes intereses es lo que forma el vínculo social; y si no hubieses algún punto en el que todos
los intereses estuvieses conformes, ninguna sociedad podría existir: luego la sociedad debe ser gobernada
únicamente conforme a este interés común...‖62
Como corolario transitorio, me permito señalar: la aplicación de la opción de globalización
económica, está soportada en elementos conceptuales asociados a las leyes del mercado. Por
esta vía, se hace elusión del Estado como instrumento regulador y garante de los beneficios
sociales para la población excluida de los beneficios fundamentales del crecimiento económico.
El desarrollo económico es entendido, entonces a partir de ahí, como crecimiento que está
condicionado por la existencia de intereses vinculados con el control ejercido por parte del o los
grupos económicos que poseen el monopolio sobre el capital y, por esto mismo, de los avances
tecnológicos. No se entiende, en esta opción, la universalización de la ciencia y el conocimiento,
como patrimonio de la humanidad; sino como posibilidad de profundizar el control y acrecentar
la riqueza de aquellos que la ejercen.
En lo que sigue, trataré de profundizar en dos aspectos básicos: uno, tiene que ver con las
implicaciones del la globalización económica así concebida, en el desarrollo y crecimiento de los
países denominados del tercer mundo y/o subdesarrollados. El otro tiene que ver con las
alternativas posibles para enfrentar esos condicionantes imperativos.
1. La globalización económica y el comercio mundial.
1.1. De los organismos financieros y económicos internacionales.
La humanidad ha avanzado en lo que respecta a la noción de universalización. Queda claro que
no es posible validar, ahora, el concepto de autarquía. Las relaciones entre diferentes
sociedades y culturas, ha ejercido como soporte para el intercambio de bienes ..y del
conocimiento acumulado. Esto, a su vez, ha estado condicionado por diferentes momentos del
desarrollo económico. Desde el esclavismo, pasando por el feudalismo, hasta el capitalismo.
Han sido períodos históricos en los cuales han hecho presencia diferentes opciones en torno a
la riqueza, al trabajo, al crecimiento y al rol asignado al entendido de la participación, los
derechos y al concepto del ser humano.
Visto así, es pertinente presentar la interpretación de un autor que indagó por ese tipo de
nexos, a lo largo de la historia. Leo Huberman, en su obra ―Los bienes terrenales del hombre‖,
dice:
―…Los directores de las primeras películas de cine a menudo hacían cosas muy extrañas. Una de las más
curiosas era su costumbre de llevar a la pantalla gentes que tomaban un automóvil e iban a cualquier
parte sin pagar al chofer. Paseaban por la ciudad, se divertían, o iban a un centro de negocios, y ahí
terminaba todo. No había que pagar. Igual pasaba con los libros de la Edad Media, en los que por páginas
y páginas, caballeros y damas, con armaduras brillantes o trajes suntuosos, vivían entre torneos y juegos.
Siempre residían en castillos espléndidos y comían y bebían a su gusto. Pero alguien tenía que pagar por
todo ello, porque los árboles no dan las armaduras y los alimentos que produce la tierra tienen que ser
plantados y cultivados. Y así como uno tiene que pagar por un paseo en taxi, alguien el siglo décimo o
decimosegundo tenía que pagar por las diversiones y las cosas buenas que los caballeros y las damas
disfrutaban. Y alguien también tenía que proveer los alimentos y los vestidos para los sacerdotes y clérigos
que oraban, mientras los caballeros combatían. Además de estos clérigos y guerreros, en la Edad Media
62
Rousseau, J.J., “El Contrato Social”, Ed. Gráficas Modernas, 1997. Traducido del francés por A.D.,
página 29.
119
existía otro grupo: el de los trabajadores. Porque la sociedad feudal consistía en estas tres clases: clérigos,
guerreros y trabajadores, con esta última al servicio de las dos primeras, la eclesiástica y la militar. Así lo
entendió por lo menos una persona que vivió en aquella época, y que lo comentó de esta forma: Para el
caballero y el clérigo, ha de vivir quien hace el trabajo…‖63
Es cierto, entonces, que no podemos asumir una posición que escinda un periodo de otro. Esto
es lo mismo que entender la dinámica del desarrollo social, político y económico, asociada a
conflictos de intereses, al ejercicio del poder, a la expoliación, a la imposición violenta de
determinadas opciones y visiones del mundo y de la sociedad en su conjunto. Todo esto de una
manera no lineal, uniforme; sino de una manera dialéctica, en donde la sucesión de
acontecimientos y de momentos específicos ha estado condicionada por particulares
expresiones. Eso sí, en donde siempre ha prevalecido la noción y la imposición del poder,
siempre en manos de quienes han controlado y controlan la riqueza y sus beneficios
fundamentales.
Con la llegada del Capitalismo, no cambia la esencia de la lógica que soporta la relación poder-
económico, poder político y dominación. Simplemente (...Si cabe la expresión); se erige como
periodo en el cual se rompen los esquemas vigentes en la sociedad feudal y se instaura una
opción de universalización del conocimiento y de adecuación de los avances tecnológicos y
científicos, a las necesidades del crecimiento económico y del progreso, centrados en las
directrices propuestas y conducidas por el grupo o grupos sociales que ejercen como
beneficiarios fundamentales de ese nuevo tipo de modo de producción.
Es claro, en esa perspectiva, que al cambiar el horizonte conceptual en torno al entendido de
crecimiento económico, acumulación, reinversión y formas de gobierno; la universalización
aparece como insumo vinculado directamente con ese proceso. Ya, durante los siglos XV, XVI y
XVII, la invasión a otras zonas geográficas del planeta, el avasallamiento a las culturas no
europeas y la exacerbación del sometimiento violento; unida a la utilización de sus riquezas.
Todo esto había permitido construir y desarrollar algunas bases para implementar el dominio
colonial y la imposición de modelos políticos, económicos y culturales.
El modelo de desarrollo capitalista supone, en consecuencia, el aprovechamiento de ese
acumulado de expoliación y avasallamiento. Con el surgimiento de la producción en serie, en
donde aparece una combinación de los avances tecnológicos y la utilización de mano de obra,
se da comienzo a la consolidación de grupos nacionales y multinacionales. El monopolio y los
trust, van estableciendo las condiciones para un proceso de internacionalización, centrado en el
control económico y político.
Cuando, en desarrollo y consolidación de ese modelo económico, aparece la crisis de 1930, a
raíz de la recesión generalizada y, particularmente en Estados Unidos; se exhibe en toda su
magnitud las contradicciones propias del mismo modelo de crecimiento y expansión. Esto obliga
a reflexionar acerca de alternativas para obviarlas. Es tanto como enfrentar la crisis por la vía
de buscar y encontrar instrumentos que permitan su superación.
Es el momento, en términos históricos, de la instauración de de una nueva visión. Aparece, en
ese contexto, la noción de planificación y de macroeconomía. Al respecto, I. Osadchaia, en su
obra: ―De Keynes a la síntesis neoclásica‖, expresa, entre otras cosas, lo siguiente:
―Keynes creó su teoría del equilibrio macroeconómico en el período sombrío para el capitalismo, de la
depresión de los años 30 que siguió a la profundísima y devastadora crisis de 1929-1933. La crisis y sus
secuelas: paro obrero crónico masivo, empresas paralizadas, agudización de los problemas de mercados
conmovieron hasta los cimientos no sólo la economía capitalista sino la propia economía política burguesa.
En este contexto interviene Keynes con la reforma de la vieja economía política neoclásica burguesa, que
no respondía ya a los nuevos problemas de la época de la crisis general del capitalismo.
63
Huberman, Leo. “Los bienes terrenales del hombre”, edición Gráficas Modernas, Bogotá D.C., 1993,
página 9.
120
La influencia de Keynes en la economía política burguesa contemporánea se desprende principalmente del
hecho de que, por su objeto y su método de investigación, su teoría se diferenciaba esencialmente de las
teorías clásicas precedentes. Al contrario de las teorías de Clark, Marshall, Pigou y otros, Keynes llegó a la
conclusión de que todos los problemas de importancia vital para la sociedad capitalista altamente
desarrollada han de buscarse y, por consiguiente, estudiarse, no del lado de la oferta de recursos (su
penuria, precios, su combinación más eficaz para obtener la máxima producción, la compensación de los
factores de producción, etc., cosas de que hasta ese momento se ocupaba la economía política neoclásica),
sino del lado de la demanda que garantiza la realización de estos recursos. Al someter a crítica la ley de
los mercados de Say, que sirvió de premisa a toda la economía clásica burguesa, y según la cual la oferta
suscita automáticamente la demanda, Keynes coloca en primer plano el problema de la demanda efectiva
y sus componentes: consumo y acumulación, el problema de los factores que determinan el movimiento
de estos componentes y, por consiguiente, la demanda global en su conjunto…‖64
Surge, entonces, una nueva visión del desarrollo capitalista. Keynes, introduce un insumo
teórico fundamental, en el contexto de la teoría económica capitalista. La macroeconomía
conlleva a la necesidad de la planificación. Por esta vía, se origina la opción de una intervención
estatal en la regulación de los mercados. A nivel internacional, se desarrolla la tendencia hacia
la necesidad de mecanismo de control, de planificación y de regulación.
Al término de la Segunda Guerra Mundial, con el surgimiento de la ONU, como extensión de la
Sociedad de Las Naciones; se inaugura una nueva perspectiva para la internacionalización. Al
lado de esta, aparecen opciones vinculadas a la necesidad de la reconstrucción de Europa y, en
medio de la confrontación Este-Oeste; Comunismo y Capitalismo; este último consolida
propuestas de integración y colaboración entre sus garantes.
Lo anterior conlleva a entender la dinámi9ca de la cooperación internacional, promovida por los
países capitalistas, como instrumento que garantice su consolidación, a partir del flujo de
recursos tecnológicos y financieros y su transferencia; según las necesidades específicas de sus
aliados. Esto supone, a su vez, tener como soporte una noción de internacionalización
controlada.
1.2 De los tratados de libre comercio.
Como extensión del proceso de internacionalización controlada, los países de mayor desarrollo
capitalista y que ejercen como garantes y beneficiarios de ese control; han promovido y
aplicado estrategias que les permiten consolidar su opción, soportada en el modelo económico
que han venido imponiendo.
Tal es el caso, a manera de ejemplo, de los Estados Unidos de Norteamérica, con respecto a
los países de América Latina. Desde su visión controladora y expansionista ha diseñado e
implementado la estrategia definida como los acuerdos de libre comercio. Esta estrategia tiene
como soporte básico una particular manera de aplicar su entendido en lo que respecta al la
dinámica del mercado global. Inclusive, por esta vía, asume una posición en contravía de los
convenios internacionales en relación con el comercio; los cuales se supone tendrían como
escenario fundamental la instancia denominada OMC (Organización Mundial de Comercio). Se
trata, en consecuencia, de consolidar su dominio económico y político en la región; para lo cual
cuenta con el aval, casi absoluto, de los gobiernos de aquellos países con los cuales concreta su
estrategia. Ya sucedió con Méjico y con algunos países centroamericanos. Ahora, ha extendido
su aplicación hacia países de Suramérica, particularmente con Perú, Ecuador y Colombia.
Visto el contexto en el cual he venido analizando la dinámica del modelo capitalista, en su
versión neoliberal; me parece pertinente retomar algunas expresiones que describen las
consecuencias de este modelo y, particularmente, de esta estrategia de los acuerdos de libre
comercio. Al respecto, veamos lo que dice el profesor José María Franquet en su obra ¿Por qué
los ricos son más ricos en los países pobres?
64
Osadchaia, I. “De Keynes a la síntesis neoclásica”. Ediciones de Cultura Popular, primera edición,
1976; páginas 19-29.
121
―…La apertura de los mercados, mediante mecanismos de desregulación y eliminación de aranceles,
también ha traído consecuencias muy contradictorias. Por un lado, es cierto que se abren las puertas para
que los productos de los países pobres puedan venderse en los países ricos; pero aunque las puertas
estén abiertas, la competencia es tan feroz y las desigualdades de condiciones para competir tan grandes
que, en la práctica, en la última década muchos países pobres perdieron mucho terreno en el comercio
internacional. El grueso de los países pobres, siguiendo sabios consejos de organismos internacionales y
más o menos sutiles presiones diplomáticas, abrió sus mercados eliminando barreras de importación y
bajando aranceles para estimular el libre comercio, lo que constituye la piedra angular del nuevo modelo
de economía global. Sin embargo, una mirada somera a algunos datos recientes muestra que, para los
países en desarrollo, este proceso significó una pérdida de oportunidades económicas del orden de 500 mil
millones de dólares anuales, o sea, diez veces más de lo que recibieron en ayuda exterior...‖ 65
Si se quiere, entonces, estamos (con la aplicación de esta estrategia, por parte de Estados
Unidos) adportas de la vivir la segunda versión de la apertura económica impuesta durante el
gobierno del doctor César Gaviria Trujillo, durante su mandato 1990-1994.
2. De las alternativas para enfrentar el modelo de globalización económica neoliberal.
Ya he señalado arriba una posición relacionada con el aval por parte de algunos gobiernos en
países latinoamericanos. Me reitero en la aseveración, en el sentido de entender este aval como
una actitud que permite la profundización y consolidación del modelo capitalista, en su versión
neoliberal. Entre otras razones, porque existe y ha existido una posición predominante, en estos
países, en el sentido de imponer las condiciones soportadas en los intereses de los grupos
políticos y económicos que han controlado la orientación del desarrollo económico. En otras
palabras: son esos grupos beneficiarios de unas reglas del juego, originadas en el mismo
modelo capitalista.
Lo anterior, ha estado presente aún en aquellos momentos históricos en los cuales se ha
tratado de diseñar estrategias de integración regional y/o subregional. El caso más relevante,
en lo que hace referencia a los países del norte de Suramérica (Colombia, Venezuela, Perú,
Ecuador, Bolivia) tiene que ver con el Acuerdo de Cartagena, que dio origen al Pacto Andino.
Hoy, esta opción ha derivado en la CAN (Comunidad Andina). Lo mismo puede decirse, con las
diferenciaciones obvias, del caso del MERCOSUR (Uruguay, Paraguay, Brasil, Argentina).
Estas propuesta de integración económica, estuvieron y han estado cruzadas por
contradicciones originadas en particulares maneras de entender la dinámica de los mercados, al
interior de los países denominados subdesarrollados. Sin embargo, a pesar de esas diferencias,
se ha percibido una unidad de criterios; como quiera que los grupos económicos y políticos que
han controlado y controlan el desarrollo económico en e3sos países, ejerzan como beneficiarios
fundamentales del modelo económico capitalista.
A pesar de la situación descrita arriba, se advierten algunas fisuras que han dado origen (por la
dinámica asociada al desarrollo de alternativas políticas centradas en reivindicar la
democratización y la confrontación a esos grupos de control político y económico) a algunas
tendencias que promueven opciones diferentes y que confrontan la posición que hasta ahora ha
predominado. Este es el caso, a manera de ejemplo, de algunas expresiones (lideradas por
Brasil, Argentina y Uruguay) en el MERCOSUR. Con menor relevancia, se puede señalar la
corriente liderada por Venezuela y Bolivia al interior de la CAN.
Lo que si queda claro, a partir de lo expuesto en este trabajo, es la necesidad de promover y
desarrollar alternativas políticas y económicas, soportadas en la reivindicación de la autonomía
plena de nuestros países y que, por lo mismo, ejerzan como instrumentos de confrontación a la
posición neoliberal.
65
Franquet, José Ma. “¿Por qué los ricos son más ricos en los países pobres?”. Ed. Litera Books, primera
edición 2002, páginas 76-77
122
Mi hermana ya habla. Además, entiende mucho lo que le leemos. Recuerdo que la noche
anterior, Isolina le había leído un cuentecito escrito por ella misma: Un sueño escondido. Como
la nena, yo también me quedé dormido.
Alrededor, todo parecía estar encantado. Demetrio Usaquén, no es de aquellos que simulan
estar convencidos de su capacidad para asumir aventuras.
Ese domingo, como casi todos los domingos, compartía con su madre la alegría de empacar sus
pequeñas cosas. Aquellas que utilizaba siempre en su viaje hacia ―Lago Dorado‖. Este es un
sitio en el cual la naturaleza, a más de exuberante, tiene la particularidad de acumular leyendas.
Tanto que, podría hablarse un historial atiborrado de versiones fantásticas.
Una de ellas es la atribuida a un personaje que los y las habitantes del caserío, denominan ―la
travesía‖. Según la tradición, heredada y basada en el poder de la palabra; en ―Lago Dorado‖,
al pie de un cerezo que ha permanecido inundado de frutos de un rojo mucho más intenso que
lo comúnmente conocido; tiene su lugar de habitación una familia de escarabajos.
Además, el imaginario de las gentes, remite a anécdotas asombrosas. Una de ellas, tiene que
ver con papá escarabajo. Su longeva vida ha estado asociada a versiones según las cuales su
prominencia en la cabeza es tan grande que se erige como cuerno inmenso que sobresale en
todos los ámbitos conocidos por su especie. El tamaño de su cuerpo es superior al promedio. Es
decir no está entre los dos y los tres centímetros, más bien está cercano a los cinco centímetros.
Su coloración es de un pardo-rojizo tan firme e intenso, que lo hace un ejemplar superior en
todo cortejo. Su zumbido es ensordecedor. Se escucha en un perímetro de dos kilómetros, a
partir de escenario en el cual realiza su vuelo.
Lo cierto es que Demetrio y su madre, al hablar del escarabajo padre, se dejan avasallar por las
historias tejidas desde mucho antes de llegar al caserío.
-No descansaré hasta encontrarlo, insiste Demetrio.
-Si lo logras terminará la magia de la leyenda, replica su madre.
-No sé porque lo dices.
-Mira Demetrio, he vivido aquí mucho tiempo. La leyenda de papá escarabajo y de su familia,
me ha cautivado. Sin embargo, lo bello de una leyenda es su envoltura impenetrable...su
capacidad para convocar a quienes la enriquecen con sus versiones. En últimas, lo bello es el
encantamiento...y todo lo encantado, cuando aparece deja de serlo.
-Aún así, este domingo será mi día. Volveré con el escarabajo padre; así termine con la
tradición mágica de mi pueblo; dijo Demetrio al salir de su casa.
Corría el año tres desde el nacimiento de mi hermana y de la desaparición de Demetrio, mi
padre. Trataba de dormir. Llevo cuatro noches sin poder hacerlo. Desde el día en que empezó a
atormentarme una figura que, como sombra me perseguía. Una mujer. Yo la conocía. Otra vez
esa regresión que me atormenta. Una mujer hermosa, joven. Estaba en un escampado.
Desnuda, lacerada. Sus labios manaban sangre; así como su zona entre las piernas. Me llamaba.
Me decía: porque me vulneras Samuel. Según ella, yo era otro. No Isaías, era Samuel. Volvieron
a aparecer los hombres de blanco. Reían. Me mostraban un inmenso falo cortado. Me llamaban
perdulario hipócrita. Isolina no sabe quien eres. Para nosotros, realmente, eres el exterminador
de mujeres. No te imaginas lo que te tenemos reservado. Vamos a hacer contigo lo que
deberíamos haber hecho hace años. Desde que vulneraste a la niña Lucía. No eres digno de
vivir. Mereces una y mil muertes. Te extirparemos la lucidez. No sabrás que hacer. Si vives o si
ya has muerto. Samuel El Exterminador. Eso eres. Mira lo que has hecho con la novia de tu
amigo. La has penetrado una y mil veces. Has mordido sus labios y sus pechos. Mira como
sangra. Nada podrá redimirla. Vimos tu inmenso pene entrar y salir de su tierna aberturita. Así
como hiciste con la niña. La laceraste. Ese inmenso falo entraba y salía. Tú reías Samuel. Vimos
como vertías chorros de líquido pútrido. Líquido de vergüenza. Alardeabas de ser inacabable.
Surtías una y otra vez. Llenaste sus bellos espacios de ese líquido impúdico. Podrido. Con el
podríamos haber llenado una y mil vasijas. No eres digno de Isolina, Samuel. Regresa a ese
123
pasado tuyo, enfermizo, indigno. No sigas ahí. Creyendo que eres hombre de respeto y de
transformaciones éticas. Recuerda que ya viviste. Eres perverso. No sigas ahí, perdulario.
Vuelve al pasado abominable que viviste antes. Regresa Samuel, regresa.
Una vez regresó Isolina, hablamos largo rato. Acerca de sus experiencias en el encuentro con
las Madres de Mayo. Además le expresé mi malestar espiritual. Mis sueños recientes a los
cuales no les hallo significado. Por lo menos en términos de lo que soy y de lo que he sido. Sin
embargo, le comenté, es como si estuviera enfrente de una dicotomía personal.; ante una
figura parecida a la esquizofrenia. Una partición que me hace dar tumbos. No saber si he vivido
o no esas experiencias en pasado. De ser así, es como si viviera una segunda vida. En la cual
asumo posiciones diferentes a las que observo en las imágenes de los sueños. En las cuales me
veo como sujeto dañino. De un tipo similar al de los vulneradores constantes. Es una
comparación que me veo obligado a efectuar. Precisamente por la fuerza que adquieren esas
imágenes.
Después del atentado en el cual murió Isolina Girardot. Una vez surtimos la reivindicación de
sus escritos. Juliana y Pedro viajaron a Montevideo. Antes de hacerlo me invitaron a conocer su
hijo. Había nacido justo antes de confirmar su viaje al Congreso de Pedagogía en Uruguay. Es
un bebé hermoso. Como su madre. Ojos escrutadores. Me miraron. Una mirada extraña. Como
si indagara por lo que soy. Como si tratara de verificar el significado de mi presencia.
Juliana y Pedro gozaban con su hijo. Le hablaban. Él los identifica. Reía con ellos. Hacia mí,
había un ceño fruncido. Como si tratara de asumir un rol en el cual yo no debería estar ahí.
Me abruma ver a Juliana tan feliz. Siempre la he amado. Por encima de Susana. Porque, Juliana,
es diferente. Es un tono de mujer, en el cual aparece una policromía en la cual convergen la
pasión, la belleza, la calidez. Un protagonismo no requerido por ella. Es algo innato. Trasciende
los entornos inmediatos y rudimentarios. Es una construcción humana absoluta. Como soporte
de vida; en el cual prevalecen el encanto, la sutileza, la sensibilidad. Unidas a un sólida
preparación académica. Una mujer, además, bella.
Siempre he pensado en matar a Pedro. Es más, un recuerdo remoto, me hace creer que ya lo
he hecho, a través de alguien. Como entender que lo he hecho, sin precisar cómo y donde.
Juliana está ahí. Me mira como una opción de sujeto sin soporte. Como si yo fuera una figura
plana; sin horizontes humanos. Una especie de muchacho que merece ser auxiliado, en su
proceso de definición.
Silvia, mi hermana, ha estado ausente en mi memoria. Ahora que la veo; es como si fuera la
primera vez. Santiago está a su lado. Pitágoras y Maritza también. No veo a Daniel. Tengo un
vago recuerdo de él. Este lugar es profundamente triste, desolado. Estoy acostado y conectado
a unos tubos articulados con cables delgados. Mis dos brazos están sujetados. Un traje enterizo,
blanco. Cruzado. No puedo sacar mis manos... Santiago me habla. Le entiendo algo así como
que estoy en un sanatorio, enclaustrado. No puedo salir. No recuerdo desde cuando estoy aquí.
Sinisterra y Susana me miran. Están ahí cerca. Tomados de la mano. Me hablan. Ya tienen un
hijo. Todo es furtivo en ella y en él. Todo confluye en una satrapía voluntaria. En la cual él y
ella se subsumen. El tráfico con las etnias está vigente. Ya ha sobrepasado todas las fronteras.
África, Asia, América. Territorios que han sido saqueados. Culturas milenarias han sucumbido.
Comercializan. Aquí y allá. Sin principios. Al mejor postor.
No he vuelto a ver a Menchú. Un ícono permanente. Con él se abren espacios de diálogo y de
vigencia ancestral. Su querida Guatemala. La de Asturias; es territorio de aborígenes dispuestos
a preservar su cultura y su derecho a la vida. Aquí, nuestra Nación, ha sido valorada por él,
como universo étnico apabullado. Sigue siendo saqueado: Victimizado. Ahora estoy aquí.
Sintiendo que su lucha es permanente. Pero, en mí, aparecen fisuras inmensas. Soy sujeto
fragmentado. Sin más memoria que la necesaria para no sentirme perdido. Una inmediatez
conectada a lo primario. En un entorno sórdido. Sintiéndome maniatado. Un espíritu que no
tiene perspectivas. Como ente lobotomizado.
124
Tampoco veo a Isolina. Su muerte es mi referente último de ella. Como haberla visto sucumbir.
Por la fuerza de victimarios que están aquí y allá. En todas partes en las cuales haya posibilidad
para la esperanza en una liberación efectiva. De conciencias limpias y trascendentes.
Dispuestas a recuperar lo perdido y avanzar hasta Villa Libertad. No he vuelto a ver su recuerdo
impregnado en mí. Solo intuyo que ya no volverá...
Mi madre estuvo conmigo hasta descifrar mis sueños. Me dijo: Isaías, no hay lugar para
construir escenarios falseados. Tengo la sensación de que tú has vivido en otro tiempo. Lo veo
en tus ojos. Ojos inquietos, movedizos; transmisores de empatía con algo oculto. Ciertamente
tenebroso. Patético. Te siento alejado de la vida asumida como referente vivo, dinámico,
transformador. Más bien pareces ente sin memoria y sin futuro. Es, te lo reitero, una intuición
que me cruza. Pero no se porque. Tan parecida a aquellas figuras amorfas, difusas, sin
concreción. Pero que permanece latente. Ahí, en todos los espacios.
Ahora soy conciente de que estoy con mi hermana. Ella pregunta por mamá. Todavía no ha
regresado le respondo. Yo también la espero. Me hace mucha falta. Esta casa, sin ella, no es
más que laberinto desértico. Tengo entendido que regresa la próxima semana. Estoy aquí para
cuidarte. Nuestro padre, en su ausencia forzada, sería muy feliz al conocerte. No he podido
recuperar su imagen. Demetrio es una figura que me atraviesa. En silencio. Sin otra concreción
que aquella en la cual el padre trasciende el entorno. Pero que no esta ahí. Se ha ido. Lo han
lacerado. Una vivencia lejana. Mi indagación es superflua. No tiene asidero. Porque es una
acción difusa. Como cuando tú avanzas, sin andar. Caminas sin camino, sin ejercer una sincera
posición como sujeto vivo que recuerda a quienes han levantado sus voces y sus acciones,
pretendiendo la libertad... En plural.
Quedé asombrado. Isolina expresó una opinión que me situaba en condiciones adversas; con
respecto al significado de mi vida y al rol que desempeña en la actualidad. Es como si ella,
retomara las voces de los hombres de blanco. O de la niña que me acusaba de ser su
vulnerador. O de aquella muchacha que había sufrido el ímpetu de mi condición de macho
lacerante. Una confusión total. Ya no sabía si mi madre me acusaba; o si se extendía la
dicotomía entre estar o no estar. Como sujeto de más de una interpretación. Como alucinación
perenne. Como si estuviera en ese callejón sin salida que representa aquellos estados del ser
en los cuales este transita por lugares ya andados. Pero que no sabe cuales son. Como si ella
me adjudicara los mismos problemas descritos por quienes emergen en mis sueños como
castigadores. Como inquisidores que reclaman castigo. Para mí, como Samuel que ahora es
Isaías. Reivindicando una continuidad en el tiempo. Del pasado hasta el estar ahora. Con otro
nombre y otro hilo conductor. Isaías o Samuel. Una confrontación extrema entre dos verdades.
Dos opciones de vida. O quizás una sola. Que está aquí y allá. En espacios y escenarios
disímiles. Uno de ellos como lacerador y vulnerador. En otro como ser que reclama sensibilidad
en cada acción. Desde el amor por la vida, como horizonte pródigo en posiciones de tenaz
compromiso por los demás. Incluidos aquellos y aquellas que proponen y realizan acciones
sumarias a favor de la libertad. Como entre tierno y vandálico
O como expresiones en las cuales el sujeto se desenvuelve como intérprete de un libreto
acabado. En el cual la interacción supone aplicar latentes escenas de maldad. No es la
moralidad per se. Es una moralidad atrabiliaria. Porque se empecina en entenderla como simple
extensión del quehacer cotidiano. Sin diferenciaciones entre lo bueno o lo malo. Simplemente
actuando de conformidad con el deseo que no reconoce fronteras. Igual da si violas a las niñas
y a las mujeres; así simplemente ejercitas el derecho a la satisfacción. Un Eros redefinido. No
como amor sincero y representativo del espíritu como soporte. Más bien como identificación con
la operatividad inmediata. En donde basta con satisfacer la necesidad primera del sexo. Sin
intermediaciones. Siendo estas afines a tomar lo que es mío. Un sexo adjunto a la teoría de
hacerse a sí mismo como expresión de lo primario. Es eso y nada más. El retorno a la simpleza
que rige al deseo. Como patrimonio individual .No importa con quien o donde.
El día en que mi hermana cumplió 6 años; Isolina estaba atareada. La preparación de un
evento le reclamaba todo el tiempo disponible. Se trataba de articular esfuerzos en procura de
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estabilizar las realizaciones. Un evento de confrontación con la opción de los gendarmes. La
redefinición del concepto de libertad, asociado a la calidad de vida. Lo comunitario como
expresión compleja. Que involucra a la política, a la economía y al desarrollo de lo social. Como
opción que vincula al concepto de país y de nación.
Isolina se había convertido en referente ético. Las miradas la buscaban como soporte a sus
versiones. Desde ahí, a su vez, comprometía todos sus esfuerzos en hacer compatibles las
reclamaciones con el soporte de las mismas. Así es como hoy, recorre el país entero. En una
disposición firme por lograr la aceptación de que, en el país, existe un conflicto no resuelto.
Entre la necesaria transformación y el statu quo, liderado por parte de quienes han sido
usufructuarios continuos del poder y de la riqueza. No era una expresión resentida. Por el
contrario, era el horizonte que justificaba cada esfuerzo. Individual y colectivo.
Lo suyo es, hoy por hoy, una institución dinámica. Un quehacer permanente. Una confrontación
diaria. Esa era, para ella La razón de ser en el recuerdo de Demetrio. Sin que esto implicara una
simple repetición anecdótica. Más bien una convocatoria actuar sin límites. Hasta alcanzar la
precisión de su ideario de libertad... Tanto en lo que respecta a la consolidación de sujeto
individual; como en lo que significa de actuación en lo colectivo.
Después de haber acompañado a Juliana, a Pedro y a su hijo hasta el aeropuerto, regresé a
casa de Silvia. Como siempre, estaba absorta. Mirando al horizonte. Buscando a mi madre. Ella
sabía que había una confrontación. Mi madre como expresión permanente de desilusión. Silvia
como expresión inacabada de mediocridad. Silvia nunca ha tenido nada claro. A no ser esos
días en que Burbano la avasalló con su consentimiento. Todavía recuerdo esas cuatro horas de
lucha intensa. Silvia y Burbano. Burbano y Silvia. Una lucha infinita, inacabada. Silvia era eso.
Capacidad para otorgar placer. Lo hizo conmigo. Ese día 3600 de mi nacimiento. Me incitó
Estaba desnuda en su cuarto. Me dijo: ven Samuel que te necesito. Como mi falo no se erguía,
lo masajeó hasta que este quedó erecto. Como punta de lápiz. Abrió sus piernas. Dirigió con su
mano mi pene. Lo introdujo en su abertura insaciable. Entonces comenzó una danza hermosa.
Ella arriba. Dirigía las acciones. Sacudía su cuerpo en espasmos cada vez más violentos. Gritaba.
Entre tanto yo aprendí a entrar y sacar mi falo. Sentía una presión absoluta. Al fin la inundé con
un líquido espeso. Amarillento. Salía y salía. Un torrente continuo. La erección se mantenía. Ella
me gritaba. Más, más Samuel. Quiero más. Como enloquecida. Yo enloquecí con ella.. En veces
aparecía la figura de mi madre. Era para ellas dos. Después de tres horas de forcejeo. De llegar
y volver a llegar, sentí un profundo cansancio. Dormí debajo de ella. Silvia también durmió
encima de mí.
Susana estaba impartiendo órdenes. En una secuencia interrumpida. Como si fuese capataz en
un ejército de esclavos. Vociferaba. A su lado, Sinisterra, reía. Como cuadro asimilado a lo
dantesco. Ella conservaba su cuerpo intacto. Como si nunca hubiera sido maltratado por el
ejercicio aquel que ella más disfrutaba y conocía. Conmigo lo había aplicado varias veces. No se
cuantas con Sinisterra. Lo cierto es que estaba insinuante. Como si fuera primera vez. La
abordé allí. La violenté. Hasta que perdió la respiración. Volví a matar a Sinisterra. Fue la cuarta
vez. Ella miraba sorprendida. Ante todos y todas la exhibí como trofeo. Desgarré su vestido. La
monté una y otra vez.. La hice mía. Como nunca lo había imaginada. La doblegué. Le grité: a
ver si puedes resistir, puta mía. Puta de todos. Territorio de deseo. No eres más. Llama a tu
hijo para que te vea. Así, abierta de piernas. Pidiendo más.
Muy temprano, Isolina, sacó a mi hermana de su cuna. Salió con ella. No me dijo adonde iba.
Supuse que iba a encontrarse con Demetrio. Él había llegado la noche anterior a la casa de su
padre y de su madre. Corría la voz de que había matado a sus verdugos. Yo flotaba en un
ambiente cargado de alucinaciones. Había dormido 48 horas continuas. Ya mi madre no me
reconocía como su hijo. Asumía que era sujeto atravesado entre el porvenir dichoso y el pasado
amargo. Yo me sentía, también, ajeno a ella. Desde ese día en que le confesé mis sueños; ella
entendió que lo mío no era más que la realidad de los mismos. Nunca volví a saber de sus
incursiones en el escenario de la confrontación. Me miraba con rabia comprimida. Yo era su hijo
perverso. No hablaba conmigo como antes. Se quejaba de mis estertores mientras dormía. De
mis llamados constantes. Juliana, Susana, Silvia, estoy aquí…
126
Un día de marzo, salí de casa. Tenía una cita con Maritza. Le había confiado mi decisión de
matar a mi hermana y a Isolina. Ella, Maritza, dirigía un grupo de sicarios. Afines a Pánfilo.
Además, había acordado con ella, día y hora. No soportaba más la capacidad de Isolina para
asumir retos y lograr objetivos. Odiaba a mi hermana. Porque ella acaparaba toda la atención
de mi madre. Odiaba los espacios en los cuales ella se desenvolvía. Volví a ser Samuel.
Perverso. En capacidad de dañar todo mi entorno. Acordamos la fecha del 8 de marzo. Cuando
ella saliera de la celebración del día internacional de las mujeres. Así fue. La abordaron al salir,
de la mano con mi maldita hermana. La mataron. Yo gocé su muerte.
…Al despertar, mi madre seguía allí. Me hablaba en silencio. Me acarició la cabeza y me decía.
Isaías, hijo mío, deja ya de sufrir. Eres un hombre íntegro. Bueno como tu padre Demetrio. Ven,
vayamos a visitarlo en su tumba.
Sentí una inmensa satisfacción. Esos sueños míos no dan tregua. Me sitúan, constantemente,
en posición de ir a territorios en los cuales creo haber estado. Condicionado por acciones que,
como rituales, creo haber vivido. Una permanente alusión, sin ser sujeto plenamente conciente,
a realizaciones pasadas. Ejerciendo como victimario absoluto. En una desagregación de valores.
Unos que reivindican el derecho a proclamar y ejercer la violencia. En todos los ámbitos.
Fundamentalmente, con una carga emocional que deriva en un entendido de lo sexual como
ritual enfermizo. Una regresión en la cual, la figura materna tiene implicaciones trascendentales,
en razón a que la veo como mujer que debe ser avasallada. Unos recuerdos de haber vivido la
posesión de ella como sumatoria de vulneraciones. Por un padre lacerante. Es como haber
construido un escenario en el cual yo puedo y debo dominar; a partir de sentirme en un vientre
anterior, o el mismo. Pero en situaciones y momentos diferentes. Para, de todas maneras,
concluir que no quiero aceptar haber sido engendrado, en un momento en el cual la madre y el
padre se rastrearon sus cuerpos. Zona a zona. En un ejercicio de entrega. En un orgasmo
provocado por esa exploración y la consecuente penetración. Como si anhelara haber sido yo
mismo el que exploró y penetró. Por eso odio al padre. Por eso deseo a mi madre. Y a todas las
mujeres. Como queriendo hacer realidad, a cada momento, esa acción de la cual yo soy un
efecto.
Al ver a Isolina, allí sentada. Mirándome. Regreso a los sueño, en un de los cuales quería
matarla. A ella y a mi hermana. O, tal vez, deseándola. Veía sus pechos. Traspasaba su blusa
con mi mirada. Los veía erectos. Me imaginaba revolcándola. Abriendo sus piernas a la fuerza.
Asfixiándola con palabras agitadas. Rasgando todo su vestido. Buscando su abertura. La
imaginaba apretada. Porque ya Demetrio no está para horadarla. Estoy yo que la penetro con
fuerza, con vehemencia. Ahogando sus gritos de reproche. Otros que me sitúan como sujeto
amado y amante. De la vida y de las realizaciones. En contrario a las actuaciones como sujeto
perdulario.
No quiero treguas. Entre esos dos sujetos en que me he convertido. Lo que quiero es saber si
soy uno u otro. Definitivamente no quiero particiones esquizofrénicas. Quiero la redefinición de
los roles que puedo ejercer. O el sujeto vulnerador, perverso. O el sujeto en capacidad de
ejercer la sensibilidad, el respeto y la necesidad de construir un proyecto de vida con esos
paradigmas como soporte.
O, mejor la muerte. Esa con la cual, también he soñado. Cuando veía a aquellos hombres
vestidos de blanco. Que me sodomizaron, un o tras otro. Aquellos que me remitían a la niña
violada. Los mismos que me amputaron el cerebro y el pene. Una muerte deseada por todos y
todas a quienes he hecho mal. Por mi madre. Por Susana, por Juliana.
Isolina ha sido, para mí, un cuerpo no consumido por mis ejecuciones vesánicas. En mi
recuerdo nunca la he tenido como trofeo burdo de mis andanzas de hombre vulnerador. Un
ícono que he admirado, desde antes. Solo ahora, en el último sueño, desee matarla. A ella y a
su hija, mi hermana. ¿Pero que soy yo, en fin de cuentas? Un analfabeto en la lectura y
aplicación de valores, asimilados a las acciones humanísticas. Soy un errabundo. Sin sosiego.
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Sujeto de mil y más aventuras irrespetuosas de los derechos de los demás. ¿O será que soy
esto?
Navegante sin ruta. Con una bitácora atrofiada, por lo deleznable. Por lo mismo, perdido en el
tiempo y en el espacio. Volver a morir. Esta puede ser mi alternativa. No encuentro otra. Me
duele la significación que adquiere mi tránsito por la vida. No quiero más que dejar a un lado
esta vida de perenne ejecución de violencias. ¿O será que ya morí antes? Dejando esa huella de
hombre totalmente absorbido por la locura? En verdad no lo se. Solo se de esta dicotomía.
Vulnerador y defensor. Esta vida mía, ha sido una angustia constante. Un ir y venir. Entre héroe
y bandido.
Acompañé a Isolina a visitar la tumba imaginaria de Demetrio. Un lugar un tanto excéntrico. Un
bosque que bordea a la ciudad. Un sitio abierto. Mirando al oriente. Rodeado de mensajes.
Unos cifrados. Otros explícitos. Como cuando lo imaginario se hace realidad, a partir del
recuerdo del ser amado. Isolina lo había adecuado. Un epígrafe. Escrito por ella:
Seré lo que quieras que sea...
Mujer de lucha constante.
Libertaria amante.
Amiga de todos y todas.
Aquellos que están contigo y conmigo.
O mujer ensimismada, ante tu recuerdo.
Sin fuerzas para continuar.
Porque faltas tú,
He decidido estar contigo. Aquí.
En los árboles, en el suelo teñido de verde absoluto...
Me reclama la lucha. La que inicié contigo.
Me reclama la convocatoria a vivir la vida.
Siendo partícipe de acciones. Como aquellas.
En tu pueblo. Cuando atravesamos la barrera del miedo.
Y fuimos libres…por siempre.
Como tú quieres que sea.
Al leerlo, no se porqué, recordé a Juliana. Pletórica de gozo. Con su Antonio Machado. Su hijo.
El de ella y Pedro. Tal vez será porque ellas se parecen. Juliana e Isolina. La una y la otra. Las
dos libertarias. Las dos que convocan a no mirar atrás. Siempre adelante. Aquellas cuyos
recuerdos no significan posición estática. Más bien una dinámica de entrega y sacrificio. Por lo y
las de hoy. Por las y los de futuro. Una dinámica sin lugar para la desesperanza.
No se porqué decidiste abandonarnos Isaías. Ayer, cuando estuvimos visitando la tumba de tu
padre, te noté fugado de la realidad. Absorto. Mirando hacia el oriente. Como si no estuvieras
aquí. Ni siquiera escuchaste mi voz. Cuando te relacioné con Amalia. Una de las gestoras del
proyecto por el cual trabajo. Heredado de Demetrio. Hacer de la zozobra un lugar perdido.
Cediendo su lugar a los itinerantes. Que viajamos alrededor del país. Reclamando un sitio para
construir nuestra opción de felicidad.
No le respondí. Continué haciendo mi maleta. Había decidido no estar más con ella, ni con mi
hermana. Una decisión irreversible.
Antes de partir, esa noche, entré al cuarto en el que dormían Isolina y la hija de Demetrio. Las
maté con la pistola cedida por Maritza. Aportada por Pánfilo. Luego, desnudé a la niña y la
horadé. Hasta ver su abertura totalmente destrozada. Una y otra vez. Al terminar, cerré la
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puerta del cuarto, salí hasta la cocina. Allí tenía gasolina. Rocié todo la casa. Prendí fuego y me
marché.
Desperté en un lugar excesivamente estrecho. Un sitio en el cual apenas podía respirar. Una
especie de compartimento en el cual nunca había estado. Alrededor, observé cantidad de
palomas muertas. Un olor que inducía al mareo. Un rojo intenso surcaba el cuchitril. Levanté la
mirada. Un techo saturado de murciélagos. Emitían un sonido que apenas podía percibir. Salí,
me encontré un cuarto similar. Un laberinto en el cual destacaba una luz tenue, casi inexistente.
Traté de abrir una puerta en el costado izquierdo. La halé con todas mis fuerzas. Por fin cedió.
Una entrada, más que una salida. A otro espacio. Un poco más amplio. Una potente luz, rojiza.
Una inscripción en la pared. Frases incoherentes. Logré descifrarlas. Eran un llamado a volver a
la vida. Convocaban a trascender esos espacios y localizarla en escenarios en los cuales yo
actuaría como sujeto primero. Como ejecutor de la consigna: ¡muerte a quienes aspiran a
codificar lo andado con una postura ética. A aquellos y aquellas que no validaran la imperiosa
necesidad de extender acciones vinculadas con el proyecto de vida de quienes la asumimos
como lo que debe ser. Es decir, como inmersa en el cuestionamiento de los rituales moralistas
que definen una perspectiva de ocultamiento de lo que somos como sujetos: hacedores de
opciones inherentes a lo que es realmente la humanidad. Una sumatoria de acciones mezquinas,
dolosas, de postulaciones soportadas en discursos que falsean la realidad. Inclusive, agitando
las banderas de la religiosidad. Entendida como refugio que justifique nuestra presencia en la
Tierra.
Una mujer surgió de repente. Vestida de blanco. La vi acercarse. Me pareció una figura
conocida. No se, como si hubiera estado con ella en otro momento, en otro escenario de vida.
Su voz, parecía un susurro enervante. Señalaba otra puerta y me invitaba a seguirla. Una vez
en la puerta, la abrió y una luz más intensa que la anterior. Colores verdes y amarillos. Parecía
un terreno sinuoso. Al horizonte, percibí una aglomeración de hombres, mujeres, niñas, niños.
Levantaban sus brazos. Como pidiéndome algo. Como si quisieran transmitirme un mensaje.
Una especie de aplicación semiótica de los códigos para la comunicación.
La mujer ya no estaba ahí. En su lugar había un animal que no lograba identificar. Acezante.
Mirada profunda. Ojos rojizos. Como si quisieran transmitirme un odio profundo. Como el mío.
Hacia la humanidad filistea. Aquella que, como lo dije antes, habitaba la Tierra, trazando
senderos de aparente sensibilidad. Cuando, en realidad, su postura no ha sido y es, otra cosa
que vertimientos exteriores no coincidentes con su interioridad. Que grafica posiciones teóricas
ajenas al derecho de llegar a ser. Lo kantiano y lo aristotélico. Lo hegeliano y lo nietzscheano.
Los cruzados y hitlerianos. Sucesivas apariciones que no reflejan lo real. No hay ética. Lo que
valen son las imposiciones. A sangre y fuego, si es necesario. Nunca como construcciones de
futuro, de paz, de tolerancia y de hermandad a las cuales convocan, pero no concretan. Se
tornan en falsas opciones de vida
Terminaba el desayuno, cuando llamaron a la puerta. Un día antes había regresado de Villa
Realidad. Estuve allí, en razón a la verificación necesaria en términos de la inexistencia de
equilibrio entre maldad y virtud. Ante todo, porque ya he trasegado por varias vidas, sin
encontrar esa posibilidad Era una mujer bien formada. Expresaba unos treinta años. Me dijo:
vengo de parte del señor Verdaguer. Él me informó que usted necesitaba información acerca
de los lugares en los cuales se puede efectuar una interacción entre hombres y mujeres.
Interacción que supone el manejo de ciertas posiciones relacionadas con el ir y venir. En
diferentes mundos. Con vidas pasadas y la sucesión de momentos en los cuales es posible
acceder a determinadas transformaciones. Algo así como la creación de imágenes pasadas, a
partir de las repeticiones presentes.
Entiendo, señor Viracocha, que usted anhela destruir el punto de equilibrio entre lo que se
denomina opciones morales e inmorales. Siendo el primer aspecto un subterfugio propuesto a
lo largo de la historia de la humanidad. Siendo lo segundo un universo de acciones que desafía
la lógica perenne. En el sentido de demostrar que se puede y debe ejercer el derecho individual
a satisfacer las necesidades primarias. Sexo y violencia. Es ahí en donde reside el hilo conductor
de la vida. No esas expresiones de un filisteísmo diletante, que se convierte en pauta, en el
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contexto de un entendido de ética en el cual debe prevalecer el bienestar colectivo. Con unas
determinadas reglas, impuestas por quienes ejercen posiciones de dominación en periodos
históricos oscilantes.
Yo me llamo Bibiana Sinisterra. De tiempo atrás, he configurado una serie de instintos
transformados en lo que denomino ética de lo posible. Entendido esto en función de reivindicar
lo primario. En la localización del deseo como instinto mayor, que guía a los demás. Una
sexualidad que no reconozca límites. Ya esto se promovió y aplicó por parte de los Césares.
Otorgarse placer, independientemente de a quien se vulnera en ese hecho. Es el orgasmo la
directriz. Como referente que se ejecuta. Nada de limitaciones. Las mujeres somos trofeo. No
importa la edad. Verter placer, significa localizar momentos de intensa realización. Somos
hombres y mujeres en celo constante. Reitero, la edad no puede ser motivo de restricción.
Verdaguer me ha informado que usted ha atravesado diferentes líneas del tiempo. En algunas
de ellas ha poseído a su madre, a sus hermanas, a mujeres diferentes. Incluyendo niñas. Me
informó como usted ha horadado e inundado en todo momento. Usted ha sido condenado por
eso. Ha estado en reclusorios para sicópatas. Inclusive, que lo han lobotomizado. Pero, al
mismo tiempo, que usted ha renacido. Tal parece que usted ha sido designado para orientar al
mundo en las acciones de reincidencia. De una generación a otra. De un periodo a otro. Usted,
entonces, ha poseído, ha vejado y ha desarrollado el derecho al placer sexual.. Que es el único
placer posible.
Me extrañó que esta mujer conociese tanto sobre mi vida. Porque Verdaguer, el amante
sistemático de mi madre; no tiene los datos que ella expresa. Es como si Bibiana Sinisterra
fuera un símil mío. Una mujer que me convoca a fortalecer mi lucha por destruir el filisteísmo
fanático de los moralistas. Ya antes había estado enfrente de una mujer similar. Recuerdo que
Susana me infundió ese tipo de posiciones. Ella era la expresión más nítida del sexo continuo,
como correlato de la necesidad de vivir. De orgasmo en orgasmo. En donde solo hay tiempo
para buscar en donde horadar o ser horadada. Desde la posesión de mi última hermana, no he
tenido posibilidad de ejercer el dominio. Con mi pene erguido, sujeté a Bibiana. Le destrocé el
vestido que llevaba puesto. Me vacié una y otra vez en ella. Mordí sus pezones hasta
arrancarlos. Ella suplicaba. Gritaba de dolor y de placer. Después de cuatro horas de ejercicio
continuo, explorando sus lugares más excitantes, la maté. Cargué su cuerpo inerte y lo trasladé
al escampado próximo a la casa. Allí la dejé. Desnuda, mirando al viento.
Soy lo que soy. Ese ha sido mi referente. Como cuando fingí dolor por la desaparición de
Demetrio. Yo mismo consulté con Orestes, jefe de sicarios. Le dí los datos relacionados con él.
Día y hora en los cuales podían localizarlo, sin ningún problema. Yo mismo había transmitido in
formación acerca de Isolina. De sus movimientos al interior y al exterior del país. Sentí una
inmensa alegría, cuando los vecinos me informaron que se lo habían llevado. Fingí ante Isolina.
Le hice creer que me conmovía la desaparición de Demetrio, mi padre. Yo nací para liderar, en
el transcurso del tiempo, las acciones hasta erradicar lo que llaman el derecho a ser, en un
escenario en el cual el equilibrio sea posible. Yo no creo en esa posibilidad. Lo mío es destruir.
Convocar a ejercer el derecho de mis necesidades; no las de los demás. Yo soy yo, en un
proceso que no reconoce límites en el tiempo. Voy más allá de lo kafkiano. Porque Kafka se
diluye en el extrañamiento del sujeto por si mismo y por su nexo con la exterioridad que él
entiende como una construcción por fuera del yo. Con sus limitaciones y con sus imposiciones.
Trasciendo, en consecuencia, a Kafka y sus lugares comunes insípidos, procurando hacer vivir
un individualismo que es absorbido por los otros. Con sus reglas y con sus normas.
Voy más allá que Nietzsche. Porque éste, ante todo en Así Habló Zaratustra, emerge como el
hombre tipo que se disocia de los demás. Se enajena, a partir de un discurso compulsivo.
Pretendiendo diferenciarse. Pero que, en fin de cuentas, asume el ícono de la diferenciación y
de la validación de la individualidad, como situación tipo para realizar lo unidimensional, por la
vía de expresiones sucesivas de los arios en contra de lo universal. Pero sin ser explícito en el
sentido de que lo colectivo, como realización última, no vale la pena. Esto mismo digo, con
respecto a lo wagneriano. En resumen, estoy en posibilidad de trascender el super yo, de
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manera constante, hasta acceder a una verdadera diferenciación. Siendo primario. Siendo héroe
que despliega todas sus acciones, en función de mi mismo.
Hoy por hoy, he asumido mis derechos. He trasegado largo tiempo, hasta alcanzar la convicción
de que la humanidad no es una sumatoria de expresiones en el transcurso de la historia. La
humanidad es, para mí, un simple enunciado. Somos uno a uno, una expresión de la necesidad
de reivindicar el derecho a ser lo que somos. Cada quien. Como en compartimentos que se
expresan en momentos diferentes. Pero que, en fin de cuentas, nos conducen a entender la
dinámica de la vida al revés de todos los tratados de acuerdos y equilibrios. Lo mío es, la
reivindicación de la lógica: cada quien por lo suyo. Hasta consumirse en ese mismo proceso.
Tengo la idea de que nos repetimos en la historia. De una vida a otra, tratando de imponer
nuestra condición de individuos o sujetos que estamos en disposición de enajenarnos en la
realidad inmediata. Y, después, volver a nacer con las mismas opciones anteriores. Y, así, hasta
lograr la imposición de un yo diseminado. En donde cada quien es lo que quiera ser. Sin límites.
Una destrucción de los principios éticos de los estafadores de la individualidad.,
Volví al lugar en que maté a Isolina y a su hija. Ya habían sido removidos los escombros, de lo
que quedó después del incendio. Me encontré con algunos de los vecinos de la zona. No me
reconocieron. Porque había cambiado mi aspecto.. Había adquirido la forma de un sacerdote
católico. Con una sotana de color blanco que irradiaba cierto aire de ternura y de compasión. Es
uno de mis disfraces favoritos. Como plañidera que invita al dolor ante los infortunios que nos
depara la vida. En una lógica de lo posible; en donde puedo expresar algo diferente a lo sentido
realmente. Esa misma noche asedié a Ivonne, la hermana de Demetrio. Una chica de 18 años,
la cual siempre me ha excitado. Disimulé mucho tiempo mi deseo de devorarla. He soñado con
ella. Desnuda. Abriendo sus piernas e invitándome a avasallarla. Muchas noches desperté
vaciado. Una emanación infinita de ese líquido gris, que deleito. Una emanación continua de
nunca acabar.
La esperé en el predio afuera del barrio. Allí mismo en donde consumí a la niña de 13 años. Ella
me saludó cordialmente. Creía en mí. Porque yo había sabido disimular mi deseo de hacerla mía,
con toda la fuerza que he acumulado en mis sucesivas vidas. La abordé. Le mentí, diciéndole
que quería hablar con ella acerca de la muerte de Isolina y de su hija. Ella, inocente, accedió.
Una vez en el lugar al cual la había llevado., la golpee. La inmovilicé. Abrí sus piernas. Hasta
que su abertura se hizo tan inmensa que parecía a una cavidad de mina. Con un clítoris
acezante. Me desvestí y la penetré. Una y otra vez. Durante seis horas. Hasta que, exhausta,
dejó de forcejear. La maté. Con la punta de un palo, hendí su vagina. Hasta que la hemorragia
la consumió. Quemé su cuerpo y lo deposité en la vía. Era de noche ya. Varios vehículos
pasaron por encima de ella. Me sentí realizado. Grité: ¡ese soy y seré yo¡
Había dormido poco. Todavía me dolía el pene. Porque, Ivonne, estaba muy estrecha. Casi no
puedo penetrarla. Tuve que esforzarme como nunca lo había hecho. Tal vez por eso, decidí
hendir un palo en su vagina. Como retaliación por haberme hecho trabajar durante mucho
tiempo, hasta hallar espacio para hurgarla.
Me levanté. Hacía mucho calor. Decidí salir a caminar. Como sujeto ciudadano. Respetuoso del
orden establecido. Visité la tumba de Isolina y mi hermana. Una vez allí, decidí hablar solo. Con
ellas. Les dije: no se que piensas tú, Isolina. O mejor, no se que pensabas, cuando fuiste
consumida por Demetrio. Con una actitud de patéticos seres que sublimaron la entrega. Que
me engendraron. De la misma forma fue engendrada mi hermana. No Reconozco nada
sublime. Para mí, el sexo debe ser burdo, violento, sin limitaciones y sin lugar para las caricias
superfluas. Esas que pretenden indicar el grado de sutileza y de pasión compartida. Para mí...
Mientras menos compartida, mejor. Eso es lo que me incita. No necesito ser aceptado. Mucho
menos expresar jadeantes palabras de amor. A quienes yo he poseído y poseeré, no les doy ni
daré tiempo de sentir placer. No me importa. Aún ahora, me preguntó: ¿Por qué no te poseí,
como a mi primera madre? Reconozco que se me fue el tiempo en fingirte. Pero siempre te
desee. Desde esa noche en que sentí y vi que Demetrio te hacía gritar de placer, cuando lamía
tu clítoris. Y tú, respondías con temblores y gritos. Decías Más, más mi amor. Desde esa noche
te odié y odié a Demetrio. Odié a mi hermana que fue engendrada ese día.
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Pero, sin que lo supieras, te aceché. Me escondí para verte desnuda. Bañándote. Observé como
palpabas tu vientre y hablabas con mi hermana. Los odié a todos y a todas. Porque lo mío no
es placer circunstancial y compartido. Es placer individual. Como lamento no haberte poseído
Isolina. De haberlo hecho, te hubiese hecho sentir mi fortaleza, por encima de los balbuceos,
casi infantiles, de Demetrio.
Volví a casa cansado. Traía conmigo a Tesala. La mujer que me satisface cada que yo quiero.
Sin pagarle. Sólo porque siempre ha pretendido superarme en el número de orgasmos, sin
descansar. Aquella noche, volví a derrotarla. Después de cincuenta eyaculaciones mías, ella dijo:
no más. Tú ganas. Eres un perro. Eres un animal. La maté mientras dormía. Llevé su cadáver al
mismo escampado en el cual dejé el cuerpo de Bibiana. Allí dejé su cuerpo.
Llueve a cántaros, en la ciudad. Desde hace 40 horas, sin cesar. Estaba con Juliana Macías, en
el aniversario de la muerte de Joaquín Ezpeleta. A este, lo conocí un día cualquiera. Estaba al
borde de la claudicación como consejero y asesor en una de esas organizaciones de ayudantía a
los desplazados. Me hice su amigo. Fingiéndole, así como lo hice con Isolina y Demetrio. Yo
tenía conexiones clandestinas con los organismos de control y de seguridad. Logré hacerlo,
gracias a la intervención de Pánfilo, el amante de mi hermana Maritza. Ya he perdido la
cuenta de cuantos insubordinados y burdos altruistas he informado, lo único seguro y preciso
es que ya están muertos. Hombres y mujeres; a quienes he perseguido en silencio. De los
cuales he dado informes concretos; para que los de seguridad actúen. Me enervan esos y esas
sujetos que pregonan el derecho a la libertad y la búsqueda de una sociedad justa. A mi la
sociedad me importa un bledo. N o soporto a quienes han pretendido y pretenden, aún, incidir
con sus discursos patéticos, panfletarios; a nombre de los derechos humanos.. Derechos
superfluos. Herencia de desgastadas doctrinas igualitarias. Los y las he odiado siempre. Lo mío
no pasa por referentes humanísticos. Así lo he expresado con mis hechos. Sin que nadie
sospeche de mí. Lo hice con Juliana primera y con su tutor, maestro y amante, Pedro Arenas.
He engañado y lo seguiré haciendo. La muerte de Ezpeleta me satisfizo como ninguna otra. Lo
despedazaron los de seguridad. Esos si son hombres. Abnegados defensores del derecho a
matar, por encima de cualquier otra consideración. Son herederos de aquellos que, a través del
tiempo, han cumplido esa misma labor. Los admiro por su destreza para eliminar indeseables y
cretinos auspiciadores de revoluciones o similares. Estoy de acuerdo con ellos en actuar ante
cualquier sospecha. Por mínima que esta sea. He contribuido a invertir el vano principio jurídico
que habla de que nadie es culpable hasta que haya sido vencido o vencida en juicio. Las
constituciones son híbridos que aborrezco.
En fin, Juliana Macías, es mi actual amante. Con ella he recorrido todos los lugares ocultos del
sexo violento. Me lacera y la lacero. Cada quien es cada quien. Nada de compartir con el otro o
con la otra. Reivindicamos la violencia pura, sin atajos y sin remordimientos. Ella y yo somos
fervientes aplicadores del derecho al sadomasoquismo. Continuo, a cualquier hora. Ella, cuando
yo pretendo algún respiro en este proceso, me ha golpeado. Ha deseado propiciar mi muerte.
Lo mismo he hecho yo con respecto a ella. Es un duelo de géneros. Yo las odio. Ella nos odia.
Mientras más se exacerba ese odio, más enfatizamos en la posesión absoluta, sin sosiego.
Justo ese día, asistimos a los ejercicios relacionados con el aniversario de Joaquín Ezpeleta. Lo
hicimos como parte del juego sadomasoquista que nos encanta. Ver sufrir, a los demás es un
deleite para nosotros. Hacemos todo lo posible para que ese placer se concrete día a día. Cada
noche, cada mañana o cada tarde, lo hacemos entre nosotros, somos insaciables. Disfrutamos,
cada quien, el placer individual. Nos invadimos. Cada día lo hacemos más lento. En los lugares
del cuerpo que mas dolor sintamos.
Joaquín Ezpeleta, había nacido en 1956. En pleno proceso de implementación de la doctrina de
seguridad nacional. Doctrina sabia. Que introdujo la opción de regenerar las organizaciones
partidistas. A la usanza. Es decir, recuperando el tiempo perdido durante las sucesivas
divisiones, muchas veces estratégicas. Como justificando la erosión de la sociedad, para luego
enfatizar y fortalecer los valores tradicionales. Conservar los orígenes es fundamental para
anclar a cualquier sociedad. En esto Hitler tenía razón. Siempre la tuvo. En lo que a mi respecta,
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lo admiro. Inclusive, en determinados periodos de tiempo, he visto surgir en nuestra patria
opciones similares. Como lamento que no haya fructificado. Por lo mismo que, hemos sido
territorio político de ensayos. Desde una gran parte del Siglo XIX y en mucha parte del Siglo XX.
Coaliciones y divisiones. Una interpretación auténtica de la generosidad inherente a la historia.
Un entendido de la construcción de Nación, con la misma visión de nuestros benefactores, los
españoles. Solo ellos entendieron la necesidad de una dinámica avasallante hacia especies
inferiores. Los nativos fueron y son eso. Simples especímenes que merecían ser invadidos,
cuestionados y arrasados. Como lamento las intenciones, en veces concretadas, de buscar
beneficios y reconocimientos culturales a lo que queda de esas hordas. Cultura plebeya,
anclada en rituales sociales y religiosos de antepasados que no merecían llamarlos humanos.
Uno de mis deseos más profundos y arraigados, es ver desaparecer esas expresiones
histriónicas, caducas, vergonzantes.
Joaquín Ezpeleta nació el mismo día en que se surtía trámite para alcanzar el acuerdo en
Benidorm. Acuerdo entre los más grandes dirigentes que haya tenido este país. Su dimensión
solo se entenderá y valorará, cuando entendamos y valoremos lo que ha venido sucediendo
actualmente. Un presidente visionario, soñador, pragmático. Y, ante todo refundador de la
patria, con su orden y sus principios. Sin concesiones a quienes pretenden volver o reivindicar
el lenguaje y la acción de la falsa democracia. Aquella que se define como el otorgamiento de
derechos y su aplicación. Se confunde dádiva con derechos. Estos no son tal, sino están
sometidos a la orientación de quien ejerce el poder. Con toda razón y con todo merecimiento.
Vino, Joaquín, a la ciudad, huyendo de la persecución política de quienes, arriesgando sus vidas,
construyen el concepto de democracia y de poder afines a quien, en algunos casos de manera
ortodoxa, nos han guiado. Particularmente en el gobierno actual.. En su caso y en el de muchos
más, se ha ejercido una parafernalia ruidosa y demagógica. Como si quienes ejercen como
víctimas fuesen verdaderos dirigentes dignos de ser reconocidos y reconocidas. Para mi son
solo auspiciadores y auspiciadoras de subversión, por la vía de algo parecido al comunismo
trasnochado. Bien hace el actual (este si auténtico) líder en no reconocerlos, ni reconocerlas
como antagonistas en la escena política. El tratamiento que reciben actualmente es el que
merecen, sin los desvaríos de gobernantes precedentes. Eso de la mala imagen internacional es
un artificio que se utiliza para pretender invalidar lo actuado y ejecutado. Artificio montado
sobre informaciones y verdades a medias, intencionales, por parte de los defensores de
supuestos derechos, humanos. Insisto en que los derechos no existen, sino en la medida en
que se articulen con el plan de gobierno que busca la restitución política de la Nación. Sin
veleidades comunistoides.
Decía, pues, que Joaquín Ezpeleta, llegó a la ciudad en busca de refugio. Venía de la zona
oriental del país. Precedido de ínfulas de héroe y de luchador campesino. Su familia, en mi
opinión, con toda razón, había sido diezmada por el ejército de la reconquista de las zonas
perdidas, y que ejercen como territorio liberados. Supuestas zonas que fundan su esperanza en
la libertad y en la construcción de un escenario político nuevo. En el cual ―brille el respeto a los
derechos humanos y la opción de una sociedad más justa‖. Pataletas de subversivos que
pretenden reconocimiento nacional e internacional.
Estuvo alojado en lo que era nuestra casa. Quiero decir, en el espacio físico que me alojaba
como hijo de Isolina, de Demetrio y de mi hermana. Con gran malestar me correspondió asistir
a la cantilena que se armaba entre ellos. Ensayando discursos y tácticas para proponer en
desarrollo de su lucha por supuestas reivindicaciones. Obviamente, yo tenía que aparentar mi
acuerdo Con ellos y con ella. Como estratagema para ganar espacio y confianza que me
permitieran adquirir información para los de seguridad del Estado. Hoy me ufano de que el
esfuerzo no fue en vano. Ya he superado el record en la cantidad, calidad y oportunidad de la
información transmitida. Lo que más me admira de mi mismo es saber que, por esta acción, se
ha logrado desarticular la cadena de organizaciones de esos deleznables sujetos.
Una vez en casa, Joaquín, se hizo cargo de lo que ellos y ella llamaban zonas de vulnerabilidad
en la ciudad. Describían así, aquellas zonas que ya habían sido penetradas por los de Seguridad.
Joaquín propuso hacerse cargo de la ―Dirección Central‖ en la localidad. Su objetivo: el contacto
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con organizaciones internacionales para lograr una veeduría internacional del proceso político y
militar que ha venido implementando, con éxito el actual líder del país y de la Nación.
Según su estrategia, lograrían, en corto tiempo, el reconocimiento como organizaciones
altruistas, en contra del proyecto de gobierno. Lo tipificaban con la denominación de la
caricatura hitleriana. Él (Joaquín) viviría allí, en casa de Fortunato Aguilar, líder sindical, que
estaba trabajando por articular movimiento sindical con movimiento de desplazados. Delinearon
acciones de corto y de mediano plazo. Precisamente, este tipo de acciones, fueron intervenidas
y eliminadas por parte de Seguridad, a partir de mi información.
Lo detuvieron un día en la noche; cuando regresaba de un mitin en los alrededores de la Casa
Presidencial. La consigna, como en el caso de Demetrio, era liquidarlo, sin que apareciera,
posteriormente, ninguna evidencia. Que la verdad no se conociera. Así se hizo. El énfasis en la
laceración de Joaquín, estuvo en desmembrar su cuerpo. Así lo merecía por su condición de
orientador conceptual. Un verdadero enemigo del país, sustentando opciones teóricas que no
podían arraigar. Ese fue el propósito y se consiguió. 8 de marzo de 2003, ese día fue su muerte.
Como anunciándole a Isolina lo que le esperaba, también, a ella.
La verdad es que, en ese primer aniversario de su muerte, se recordaban sus enseñanzas y
orientaciones; con un énfasis inusitado. Tal vez, de la mano de las organizaciones que había
contribuido a crear y, además de haber logrado la entrevista con destacados líderes
internacionales. Yo llamo, a éstos últimos, auspiciadores internacionales de la subversión.
Un día, 8 de marzo, mientras estaba con Juliana Macías en uno de nuestros habituales forcejeos,
llegaron a la casa unos individuos vestidos de rojo y negro. En principio preguntaron por mí.
Con nombre y apellidos. Al identificarme, me golpearon y me sacaron de casa. A bordo de un
vehículo que no logré identificar. Fui llevado hasta una zona muy húmeda, con calor altísimo.
Me bajaron del vehículo y fui situado en lo que parecía ser una sala de reuniones improvisada.
Uno de los sujetos que me había sacado de casa, informó sobre el operativo a otros sujetos que,
en mi opinión, ejercían como jefes.
Una vez hecha la presentación de rigor, se me informó que estaba sometido a la justicia del
pueblo. Que mi prontuario era altísimo y que sería juzgado en aplicación al método
revolucionario. Una vez escuchados los cargos se me preguntó si tenía algo que contradecir.
Les dije: No me arrepiento de nada de lo que he hecho.
En la madrugada del día siguiente a mi detención, se ordenó mi muerte por fusilamiento como
promotor y auxiliador en crímenes de lesa humanidad.. Lo último que recuerdo, el ruido de las
armas cuando fueron activadas.
Según mi madre, nací un ocho de marzo, de 2016. Los registros así lo evidencian. Un hogar
plácido. Un padre empleado en una empresa petrolera. Una madre, funcionaria estatal. Único
hijo. Con holgura económica. Asistí a la Escuela Benedictina de la ciudad. Sitio elitista. Esfuerzo
de mi padre y mi madre, para garantizarme, en su opinión, una formación de acuerdo con los
principios morales y éticos que los han acompañado durante sus vidas. Vidas unilineales. Como
quiera que han transitado por el mismo camino. Los mismos rigores. Las mismas acciones. La
misma formación familiar. El mismo énfasis escolar. La misma culminación profesional. El
mismo ritual religioso. Como si, en vez de marido y mujer, se tratara de gemelos auténticos. Un
solo cerebro. Una sola opción de vida: ser gregarios.
Lo entendí así desde que pude leer su lenguaje cifrado, codificado. Lenguaje de seres
asimilados, acotados por los rituales de una sociedad sin otro horizonte que el sometimiento
absoluto a las guías y orientaciones de lo que se conoce como el sistema preferente. Es decir,
única opción. Para todos y para todas, sin excepciones. Una codificación a partir de considerar
la vida como una continua repetición de principios. Como colección de momentos en los cuales,
cada uno y cada una, ejercen y/o consumen la parte que les corresponde. Siendo esto último
una figura como categoría tipo que se exhibe a manera de doctrina que identifica a quien o a
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quienes viven en espacios precisos. Como territorios asimilados a contextos sociales que
involucran al quehacer cotidiano. Con pausas que simplemente generan posibilidades,
dependiendo de la jerarquía asignada.
Como quiera que soy partícipe de esos condicionamientos, me siento sujeto acartonado. Aquel
que, en cada momento, solo expresa lo que le es asignado, a manera de rótulo inmodificable.
Lo que he vivido ha sido la extensión de la cotejación de mi rótulo con la realidad. Un medio
ambiente creado a partir de ese condicionamiento en sí mismo. Sin que vivir implique otra cosa
que recabar en la repetición. Vida insulsa.
Ahora recuerdo lo pasado. Como atributo que me persigue a donde quiera que vaya. Como
expresión de lo que he sido; añorando esos momentos perdidos. En el tiempo. En cada extravío.
Que, como sombra perenne acompaña mi tránsito por ese tipo de vida. Como alucinación que
no recrea; sino que se vierte en función de lo que previamente me ha sido asignado. A través
del tiempo. Como memoria individual inhibida. Relacionada siempre con lo que he sido y seré.
Como autómata ensimismado. Como quien es perturbado por esos recuerdos. De acciones y de
expresiones inamovibles. Las mismas. Calcadas desde el origen mismo de la humanidad.
Me siento, entonces, sujeto de tradiciones que, simplemente, exterioriza lo que le es permitido.
Un permiso localizado en la línea del tiempo que nos separa en compartimentos estancos. Sin
nexo uno con el otro. Profundizando en una noción de soledad previamente explicada. Soledad
que me consume. Que sitúa referentes también programados desde el comienzo. En cada etapa
de nuestro desarrollo. Una especie de empirismo de lo inmediato, soportado en el pasado y
presagiando el futuro. En esa misma línea. Con los mismos condicionamientos vertidos con
zumo que nos devora; nos absorbe. Sin lugar para nada diferente que no sea lo que ha sido
graficado. Un figura parecida a la función continua que está condicionada, que es dependiente
de la variable ya establecida y que se mueve modificándola, a cada paso. Una modificación que
es circular. Que comienza y termina en el mismo punto. Anclados como satélites que no tienen
noción de libertad. Que son lo que quiere que sean la fuerza gravitatoria de quien, desde
siempre los ha atrapado y los condiciona.
Es un castigo que emerge siempre. Que se concreta a cada paso y a cada momento. Siendo lo
que somos, a manera de estiramiento de los roles. Como aquellas figuras que circundan el
espacio aéreo inmediato. Guiados por el hilo de quien nos conduce. Que nos permite ir con el
viento, hasta que el poseedor del hilo quiera. Un ovillo como el de Ariadna. Que nos permite
salir y volver a entrar, sin extraviarnos en disquisiciones, o en imaginarios que no nos
corresponden. Porque hemos sido hechos para ser volantines monótonos. Como sucesiones
aritméticas. Que son presentadas como irrelevantes sumas y restas con respecto a los
antecesores y que prefiramos el valor siguiente, a partir de las constantes de quien nos retiene.
He odiado siempre esas simplezas. Desde mi primera vida. El y ella son agentes de la distorsión.
Pretenden acomodar toda su actuación al hilo conductor previsto. Yo no quiero eso. Mi afán
tiene que ver por reivindicar el derecho a ser perverso. Trascendiendo mi primera y segunda
vidas. Haciendo énfasis en la restauración plena de derecho primario.. Aquel que nos involucra
con el hedonismo, como doctrina central. Perfecta. Por esos los odio. A él y a ella. No son otra
cosa que la repetición milenaria de los llamados valores de la humanidad. Dizque imperecedero.
Yo no creo en eso. Mucho menos en la lealtad llamada precedente. Pretendiendo la adquisición
del equilibrio peregrino, absurdo. Con un entendido de la ética vinculado a los acuerdos en el
contexto social, político, económico y ético. Desde atrás, en la noción que tengo de pasado, he
rechazado esa construcción artificiosa. Me recuerdo como lo que quiero ser. Iconoclasta
absoluto. Sin cesiones mediocres de mis principios con respecto a los de los otros y las otras.
Ya lo he dicho. Soy lo que soy y lo quiero ser. No quiero mostrarme como sujeto de bien. No
creo en esa noción de honestidad. Lo que quiero es trascender esta caja de resonancia. Sin
lugar para estrecheces mentales. Pensadas para generar armonía. Los seres humanos no
podemos ser armónicos. Mucho menos idea totalizante del buen comportamiento. No se porqué,
a cada renacer, emergen referentes éticos absurdos. Estos constituyen obstáculos para la libre
gestión personal. Yo no creo y, así lo enfaticé en el pasado, en la posibilidad de ese equilibrio
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insulso. Lo que he deseado siempre es que me dejen ser como soy y como quiero ser. Sin
ataduras mecánicas, instrumento de los hacedores de historia, para justificar la cesión de lo que
somos. O parte de ello; en función de alcanzar un referente conciliatorio.
Lo que he hecho siempre es reivindicar mi condición de sujeto avasallante. Sin límites grotescos
amparados en sucesivos equilibrios entre el yo individual y el yo colectivo. Quise renacer a
partir de esta premisa. Y me veo aquí. Atado a quienes ejercen como soporte de mi existencia.
Ese que habla de las posibilidades latentes para el yo, como simple ejecución de un proyecto
previamente diseñado. Repudio esa interpretación de la vida y de su proceso. Yo hablo del
derecho a triunfar sobre los otros y las otras, por la vía del hedonismo mejorado. Es decir, por
la vía de alcanzar la plenitud de posibilidades. Ideadas por si mismo. Planificadas y realizadas
con ese mismo referente que establece el nivel de prioridades asociadas al yo individual. Sin
lugar para la presencia del interés colectivo. Porque este último no es otra cosa que claudicar
como sujeto. A ella la considero sujeto pusilánime. No otra cosa que trofeo de nosotros. Al cual
accedemos por la vía de nuestra superioridad incuestionada. Porque somos poseedores y no
poseídos. Porque reclamamos el derecho a nacer, no como producto de un acuerdo de
lealtades. Debemos ser, considero, herederos biológicos mejorados, a partir de desechar
valores absurdos, incoados en un proceso continuo en el cual se nos referencia a partir de
sujetos tipo que deben deambular por el universo. Como variables pensadas y preestablecidas.
Como proceso que nos debe involucrar con el derecho que tenemos a exterminarlas. Como
género y como interactuantes.
Ya, en el pasado próximo, reivindiqué el derecho que nos acompaña. Para ejercer el dominio y
para hacerlo concreto a cada momento. Desde mi primera vida odio a las mujeres.
Particularmente a quienes ejercen como madres. Porque pretenden mostrarnos como
consecuencia de ejercicio sexual permitido, acordado, disfrutado. Por esto odio a los dos. Él y
ella. Como sujetos artificiosos que suplantan la razón de ser del placer. No quiero vivir
propuesto como conclusión de esos acuerdos. Para mi no son otra cosa que justificaciones para
actuar en sociedad. Son la cuota inicial para actuar como portadores de mensajes pueriles a
cerca de los valores humanos.
He vuelto a nacer, entonces, enredado en justificaciones y principios. En el contexto de
normativas éticas que asumen como referentes y catalizadores. Yo no comparto esto. Así les
hice saber. No quiero la monotonía del desarrollo de falsos principios. De una moral que nos
recurre como elementos de beneficio. No quiero beneficiar ni ser beneficiado. La y lo odio.
Porque, en su pacto de amantes, me concibieron dizque como producto de la entrega y el amor.
Lo y la odio porque han pretendido acomodarse y acomodarme en el territorio de lo probable.
Con un acuerdo preestablecido. En el que me involucran, sin que yo lo quiera o lo hubiera
pedido. No son otra cosa que sujetos anquilosados. A partir de un entendido de vida distante
de la libertad plena. Son, él y ella, culpables de mi existencia. Porque me engendraron por la
vía de un coito putrefacto que pretenden erigir como principio. Como modelo para otros y otras.
Modelo absurdo. Con soporte en la comparación de placeres. El placer no se comparte.
Simplemente se busca y se obtiene por medio de la acción individual. Intransferible. Lo demás
es pretender ejercer la condición de portador o portadora de calidez. Esta no tiene porque
existir. No tiene que ser objetivo propuesto a partir de la interacción de pareja. De lo que se
trata, en mi interpretación, es de magnificar la individualidad. Como único referente para vivir la
vida. Porque esta se vive, en función a la individualidad. Con todo lo que esto supone.
No se que hago aquí. En una tercera dimensión de mi existencia. No los amo. Nunca lo haré.
Por su condición de herederos de falsa moralidad y la falsa libertad.
Un día cualquiera de abril, en el año 2025, conocí a Mireya Sotomayor. Llegó a casa, invitada
por ella y él. Una mujer de mirada furtiva. Entrada en años. Pero con un cuerpo absoluto. La
desee desde que entró por la puerta. Recién yo había cumplido diez años. Estuve a su lado
todo el tiempo. Asediándola. Espiándola. La vi, desde mi escondite secreto, bañándose. Era,
insisto, absoluta. Toda ella convocaba a montarla una y mil veces. Apretada su vagina. Desde
ese instante conocí que no había sido penetrada. El primer día de mi mirada furtiva, sentí
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crecer mi asta. A tal punto que empecé a surtir un líquido amarillento. Sentí que desfallecía.
Porque era un continuo ejercicio. Inicialmente, espontáneo. Posteriormente, inducido por mi
mismo. La sentía aquí, conmigo. Me vaciaba en ella. Sobre su pelvis. Sobre sus piernas. La
inundé de tal manera que la viscosidad la hacía repetir su baño. Sin que ella se diera cuenta,
exhibía un portentoso músculo. Que latía y que crecía cada vez más.
En ese momento decidí que era mía. Que esa sujeto, merecía ser allanada por mí. Como en el
pasado, con otras. Ya, aquí, con esa sensación de no ser, expresaba un deseo inacabado. La
quería para mí. No en sueños ni en simulaciones. Decidí, como siempre lo hecho, buscar el
lugar y aprovecharlo.
Fue en la misma habitación que le asignaron él y ella. Cuando recién se había dormido, entré
en el cuarto. Me desvestí. Traía un lazo conmigo. Este sirvió para la inmovilización. Cuando
despertó yo ya estaba encima. Un músculo inmenso que buscaba el orificio estrecho. La
penetré con todo. Ella apenas alcanzó a balbucear. Algo así como: ¡qué es esto¡. Yo le respondí:
esto es mío y lo estoy utilizando para hurgarte la vida. Hasta donde más pueda. Eres mujer. Por
lo mismo te someterás a mis necesidades. La asfixié. Suspiraba aceleradamente. Peleaba con
mi fuerza. A los diez años, yo tenía una capacidad insospechada para inmovilizar y para hacer
sucumbir. Lo mío se prolongó hasta caer la noche. Estaba inerte. Lo estuvo desde que ahogué
sus gritos. Cuando cesó su espasmo, la recorrí una y otra vez. Mi asta seguía erguida. La dejé
ahí, muerta. Esa misma noche me fugué de casa, dejando su cuerpo inmóvil, lacerado.
Ella y él yacían en la cama. Disfrutaban de sus vacaciones. A pesar de que eran casi las once de
la mañana, no habían dispuesto el desayuno. Yo estaba en la cuna. La noche anterior estuve
inmerso en un sueño, de esos que trascienden lo inmediato. Una mujer de nombre Mireya,
estaba a mi lado. Cantaba:
Eres un niño bueno Jonás,
Eres toda ternura mi bien.
Eres como pajarito que vuela, nené.
Eres un niño niño. Naciste anteayer.
Mi bien. Mi placer.
Déjame tu mirada, mi niño.
Cuando duermas, ven conmigo.
Que te estaré esperando. Para amarte,
Como niño. Como ese a quien quiero tanto,
Volviéndome niña a la vez.
Con todo lo tuyo que me acaricia,
Con todo lo mío que te mima.
Porque eres todo niño, mi bien.
Niño dulce,
Niño tranquilo,
Niño que ríe.
Aquí y allá. De noche y de madrugá,
La había visto antes. Tal vez a mis tres meses. No se cuando. Pero reconocía su voz y su
mirada. Mujer, mujer primera. Me volvía a cantar.
Niño, Daniel.
Eres como la hierba,
Que crece cada vez,
Que te nombro.
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Cada vez que te miro.
Eres mío mi niño.
Eres vida Daniel.
Eres horizonte mi bien.
Eres niño a la vez,
Que hombre,
Que viene y va con el mismo nombre.
No se porqué la sentía tan cerca. Sentía su olor y me alegraba. Ya sabía que era mía. Pero no
podía asirla. Porque me trascendía. En una relación adulto-niño que me subyugaba. Era mía,
pero sin serlo todavía. La había deseado antes de nacer. Cuando Él estaba con ella. Un placer
que me engendró. Quiero tomar venganza. No la quiero ni lo quiero. Quiero a esta que está
conmigo. La quiero como referente próximo. Como figura que despliega todo un universo de
expresiones. Sin ser pensadas. Solo intuidas, a cada paso y a cada momento. Siendo conciente
de mis limitaciones inmediatas. Pero la veía surcada de pasión. Por mi y por ella. Un asedio
continuo.
Mientras él y ella dormían. Ajenos a mi mirada y a mi angustia. Por tener una mujer que podía
hacer mía con solo balbucear la necesidad de cariño. El y ella no lo dan. Solo viven para mirarse
y para sentirse plenos. Yo, en cambio, disfrutaba en silencio, de esa mujer que me cantaba.
Que estaba a mi lado por placer. Porque yo le gustaba. Porque ella me gustaba. De nuevo su
voz.
Niño eres mío.
Niño, soy tuya.
Duerme mi pajarito,
Duerme que viene la luna.
Y te hará preguntas. Acerca del Sol,
Acerca de la vida.
Tu vida que es la mía.
Duerme pajarito. Duerme mi dulce compañía; que ya mañana
Será otro día.
El 8 de marzo había estado en el lago que bordeaba la casa. Quise ahogarme. Tirarme al agua.
Como quien no concibe la vida sin ilusiones. Que se difuminan. En un torrente que brilla y que
no se de que se trata. Indagué, con mi mirada, las causas de esta soledad. Ayer la vi. Hoy ya
no está. Como si disfrutara con percibir el futuro. Como si, al mes siguiente, la volviera a ver.
Porque es mía. Porque los odio, a él y a ella. Que viven solo para si mismos. En un ejercicio
patético y caduco. Sintiendo amor en donde solo hay repetición vehemente de lugares comunes.
Como lobos esteparios que se confiesan a sí mismos. Con las miradas puestas en el teatro de la
vida. De su vida. Sin imaginación. O en la cual esta ha sido recortada y acomodada a las
circunstancias. Esas que están aquí y allá... Pero siempre distante y codificada. Imaginación sin
sorpresas. Equivalente a un perímetro ya conocido. Sumatoria de lados iguales. Con escenas
iguales. Él y ella. Mirándose, después de regresar de sus oficios. Esos repetidos que los inunda
de orgullo. De saberse partícipes de el proyecto de vida igual. Para todos y para todas. Cada
quien viviendo su vida, sus quehaceres. Sus limitaciones de felicidad. En procura de la cual
viven, cada día.
Otra vez lo kafkiano. Un proceso en donde no hay lugar para la certeza. Ni para la verdad. Por
esto mismo, momentos de ilusiones reprimidas. Ni a ella, ni a él, le debo nada. Porque no me
consultaron. Cuando sus cuerpos se estremecieron y se otorgaron. En ese ejercicio. Otra vez
patético. Cada vez más. Los odio, porque sintieron placer los dos. No en singular, como lo
quiero y lo siento yo. Una solidaridad inmunda. De él a ella. De ella a él. Los odio como nunca
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he odiado. Ni siquiera en esa primera vida que reportó ingratos beneficios., Porque, allí perdí la
noción de sentimientos. Los vendí. Como mercancía inservible. Los perdí para siempre. Y me
alegro de ello. Porque, así, aprendí a reconocer lo mío como único y absoluto. Porque, así,
aprendí a odiar a quienes comparten placeres. Sobre todo a ellas. Porque no fueron mías
primero. Porque no estuvieron conmigo antes. En fin, porque solo son mujeres, cuando yo las
inauguro. Cuando yo las recorro. A cualquier hora. Cualquier día. Tienen que ser esclavas de lo
que yo diga y deseo. Por eso las he odiado. Desde la primera madre, hasta la última. Deseo su
muerte, una vez pasen por mis manos. Una vez las surque con lo mío. Definiendo territorios.
Esos a los que nadie más que yo puede llegar. Un yo kafkiano, similar al que reportó Pedro
Arenas en esa conferencia ya lejana. Distante tres vidas atrás. Ese Pedro Arenas al cual
también odié. Por estar con Juliana. Por amarla, sin mi consentimiento. Me he acostumbrado a
cederlas. En herencia. Una vez me satisfagan. Por lo mismo que soy sujeto de pasiones
inversamente proporcionales a la calidez. Lo mío es y será el avasallamiento sin límites. La odio
a ella y lo odio a él. Porque me engendraron sintiendo placer. No como mi primera madre que
no lo sentía. Una cosa u otra. Un lugar u otro. La dicotomía de ser yo y ser ellos. Porque ellos
se disfrutaron antes de que yo naciera. Nací por eso y por eso odio. Porque no concibo ninguna
satisfacción compartida. Lo que valido es el unilateralismo. Este debe ser la guía y el fin en si
mismo.
No la quiero ni lo quiero. A esta que está enfrente. A esa que me canta; también la odio porque
se ha negado a ser poseída y porque no tengo la fuerza necesaria para forzara. Morí antes de
crecer. Solo recuerdo que esa me cantaba:
Duerme por siempre amor,
Duerme que ya mañana
Volverá a nace r el Sol. Muy temprano,
Antes que despiertes y seas conciente que,
Otra vez, ha amanecido y tu con él.
Cuando él y ella despertaron, yo yacía. Sin vida y sin ganas de recuperarla. Fue un estar con él
y ella efímero. Como cuando tú te das cuenta que has vivido en medio de una sociedad que no
te entiende. Que corroe lo que eres. En una superficialidad enhiesta bordeando todos los
rigores. Uno a uno. Desde la primera hasta la última vida. Porque yo he sido eso. Un sujeto
atado a una vida que se desenvuelve en diferentes periodos históricos. Hoy uno. Mañana
otro…después lo demás. Un sortilegio constante. En el cual eres sin ser. Al menos conciente.
Pero, divagando en torno a las razones que te impelen a seguir el juego de la vida. Un juego
con una almizcle diferente cada día. Hoy eres sujeto entre perverso y más perverso. Mañana,
más perverso que ayer y…, cada vida más de lo mismo. Pero profundizado. Como progresión
geométrica inmisericorde que te sitúa en condiciones absolutamente difíciles. Porque, de por si,
es muy difícil reconocerse en el tiempo. Sientes como un avasallamiento que no para. Que, por
el contrario, actúa como sendero que debes andar. Todos los días y a toda hora.
Recuerdo, en esta muerte, lo de Sísifo. Personaje alterado en el tiempo. Porque se ha
pretendido exhibir su vida repetitiva como sinónimo de holocausto de la libertad. Cuando fue
condenado por los dioses a ir y venir. A un sufrimiento extraño. Porque, bajar y subir con la
piedra, es sinónimo de no tener libertad. Toda ha sido endosada a ellos, los dioses. Dioses que
no deberían existir. Porque son lo que son, producto de nuestra temeraria imaginación. Ellos,
los dioses, son nada. Son artificios que nos obligan a sucumbir. Cada día. A endosarles nuestras
vidas y saciar, así, su afán de sentirse poderosos. Controladores de la sociedad y de cada uno
de sus integrantes. Son insufribles. Reclamando, a toda hora, las retribuciones por habernos
permitido vivir. Lo que ellos no saben es que., en mí, vivir es estar sin estar. Por lo tanto no
deseo. No he deseado estar vivo. Porque no quiero tener deudas con ellos. Yo vivo y no vivo.
He tenido, que recuerde, la primera, la segunda y la tercera vida. Todas sin mi consentimiento.
Me he quejado como sujeto que advierte la aventura de cada día, en cada vida. Asquerosa
manera de vivir. Esa que te remite a ser lo que eres. Es decir, otra vez, el transito, por el
camino que me ha sido trazado desde antes. Eso yo no lo quiero. Lo que deseo es volver al
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principio. Para elegir que debo ser. No aceptando directrices que pretenden someterme.
Convertirme en perdulario absoluto.
En esta muerte, él y ella, ejercieron como veedores. Desde sus convicciones. Por ejemplo, esa
de amarse profundamente. Como patéticos personajes de telenovela. Ya he dicho antes que lo
mío no es eso. Ese tipo de entrega afectiva no me conmueve. Lo que quiero y querré, siempre,
es ser sujeto sin afectaciones. No he querido y no querré nunca ser icono de amantes
entregados y sometidos por las leyes del buen amar. He sido y seré referente de placer. No de
posiciones absurdas. Como esa de que el amor es delirio y ofrecerse sin contraprestación.
Soy y seré sinónimo de deslealtades. De hecho ya me estoy preparando para volver a nacer. Si
me alcanza el tiempo, mi próxima resurrección será más exigente. Quiero dañar todo lo que se
me presente. Quiero destruir ese concepto de entrega y de amor. Seré más salvaje, aún, en
mis rituales orgiásticos. Violaré a la mujer que se cruce en mi camino. Niña o no tan niña. Estoy
dispuesto a hacer valer mi músculo que crece cada vez más. Lo exhibiré como correlato del
derecho al placer. A mi placer. No compartido. Destruiré hímenes. Espero alcanzar una cifra que
supere el número mil. Para eso estoy preparado…en eso va mi vida. Cada día más que ayer.
Esa es mi perspectiva. Mataré cuando haya que hacerlo. Cuando, por ejemplo, no vea
disposición de ella o ellas a adorarme. A dejarme recorrer sus cuerpos, según mi mapa.
Ese día, ocho de marzo, morí solo. Así lo deseé. Sin compañías insulsas. Expresiones morales
anticuadas. Quiero que se me valore por lo que soy: sujeto que actúa según los principios del
placer. Ese que es hermoso, en su estado original. Con quien sea. Heteróclito, sin eufemismos
anquilosados, atados a una definición de pasión, como simple referencia a un concepto de
permisibilidad admitido según los cánones establecidos para la sociedad en su conjunto.
El día 8 de marzo de 2049, nací. Un hogar compuesto por diecisiete personas. Incluidas mi
padre y mi madre. Ella había nacido en Venezuela, treinta años atrás. Mi padre, había nacido en
Bello Horizonte, Brasil. Eran las cinco de la tarde. Como era de esperarse, ante tal cantidad de
personas en casa, la estrechez, se erigía como limitante para el desarrollo de la familia. Al
menos en lo que este tiene de posibilidad en crecimiento con calidad. El mismo día de mi
nacimiento, enfrenté un problema demasiado complicado. Estaba en el mismo cuarto de mamá
y papá... Por lo mismo, no tenía espacio que me permitiera asumir esa soledad que, en veces,
es necesaria. Además, la vida afectiva de los dos, era una continua exposición a mi veeduría.
Como sujeto proclive a la influencia del instinto. Ese que me ha recorrido durante tres vidas. Un
sujeto proclive al ensimismamiento, como efecto colateral a mi tendencia a diluir mi vida en una
sumatoria de hechos vandálicos. Una presencia que me ha ubicado en condiciones de un rigor
absoluto. He sido y, tal parece que soy ahora, un hombre vinculado a las exacerbaciones físicas;
en lo que estas tienen de corroboración de ese insumo latente que reivindica, a cada paso, una
opción repetida. Sin otros referentes que la exhibición de una tendencia perversa. En mí, lo
sexual, no ha sido otra cosa que una continua laceración espiritual. De mí y de quienes están
en mi entorno inmediato.
He sido sujeto bandido todo el tiempo. Asimilado a construcciones de inmensas expresiones
dañinas. Veo, en cada mujer, un objetivo que instiga mis compromisos primarios. Soy un sujeto
condicionado por una opción enfermiza. En la cual, quienes están en derredor, no tienen
conmigo una relación de libertad, de expresa posición transparente. En mí, la ética, no es más
que una ilusión torcida. El concepto de honestidad ha sido, en mí, una postura vinculada
conmigo mismo; con mis deseos. Porque valoro, la perversión, sin acatamiento de referentes
subsumidos en una noción de moralidad sustentada en la regresión. Soy, aún, hombre
condicionado por la violencia. No he creído ni creo en la vida como posibilidad de actuar sin
condicionamientos. Lo mío ha sido y es una constante que remite a situaciones unilaterales.
Esas que han propiciado mi quehacer como realización que vulnera. A cada paso. En cada
momento y en cada periodo de tiempo.
No soy otra cosa que sujeto embadurnado de nostalgias que me convocan a la rebeldía y a la
venganza. Paso a paso, he deambulado por todos los territorios. Sombríos. Antesala de mis
expresiones lapidarias. Esas que subyugan el espíritu y lo convierten en mera simulación ante
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los demás. Estoy aquí, ahora, en un nuevo nacimiento. Que es el mismo. Como si cada día
vertiera mi obsesión por lacerar. El problema es que no quiero ser otro. Para mí, la bondad, es
una actitud equívoca. Que emerge como posibilidad insulsa. Para mí, lo dinámico, es una
estructura patética. No quiero ser diferente. Aún ahora, cuando recién he vuelto a nacer,
reivindico el derecho a hacer daño. Porque los otros y las otras son una exterioridad que debe
ser exterminada. Aspiro al reinado de mi mismo. Solo. Como expresión de lo unidimensional. No
creo en lo colectivo. No quiero ser parte de ninguna sociedad. Soy yo mismo, ese que no quiere
ser aceptado. Una noria permanente. En una divagación perenne. Eso me satisface. Ese es mi
rol.
Un hogar que no quiero. Pero está ahí. Estoy ahí. El y ella son progenitores pero no los
reconozco como opciones de cariño. Nunca he sentido eso. Ni quiero sentirlo. Son expresiones
grotescas. Eso de amarse y engendrar es como volver a los vericuetos inquisidores que
reclaman la ausencia de placer como colateral de la preñez. Como si la animalidad que me
acompaña tuviera que ser registrada como insumo proscrito. De siempre ha habido esa
perspectiva. Todos los humanos reclaman una especie de tesitura ideológica. Esa que, según
los códigos de los moralistas, nos invita a sentir amor y a ser amados. Una relación de pareja
que se constituye un en un bodrio. Opción insípida de la vida. Esta madre y este padre, son
como todos y todas. Destilan una viscosidad que llaman dulzura. Hacia mí. Yo los rechazo y los
rechazaré por siempre. Pretenden ungirse como íconos. Me ven como fruto del amor. Como
sujeto deseado a partir de ese ejercicio sexual que yo reivindico. Pero no como prototipo de
complementación. Lo mío es una opción animal. De saciarse. Con quien sea y donde sea. Sin la
permisibilidad. Yo he violentado. Lo haré por siempre. Las mujeres que he agredido se lo
merecían. Por el solo hecho de ser mujeres. De estar predispuestas biológicamente para se
avasalladas. Ese placer que he sentido, quiero repetirlo. Una de mis hermanas me tienta. La he
observado desnuda. A mis diez meses, la erección de mi músculo es constante cuando la veo.
Ariadna es mía. En sus cinco años ya es toda una hembra. Añoro el momento en que la pueda
montar. Lo haré. Pase lo que pase. Como lo he hecho con otras.
La religiosidad es un dominio absorbente. De ella he heredado mi estrechez conceptual. No se
que arcano me convoca a sentir cierta tendencia a asumir lo pecaminoso como herencia. Que
me hastía y, en algunos momentos, me angustia. Creo que catorce generaciones atrás era
sujeto idólatra. Con una visión de Dios asociada al altruismo y al esfuerzo por no pecar. Por ser
individuo atrayente, a partir de esa idolatría. Creo que lo que vivo actualmente es una venganza.
Una reparación para mi mismo Por lo mucho que sufrí al lado de los tejedores hipócritas de
ilusiones. Quiero vengarme aún más. Aspiro a destruir esas asociaciones colectivas de
conceptos que reclaman un más allá diluido en éxtasis cada vez más cercano a la idea física de
Dios. Yo soy conciente de haber trasegado por diferentes vidas. Me esfuerzo por ser, cada vez
más, Jesús al revés. No quiero conducir a territorios de paz, sosiego y descanso. Por el
contrario, quiero ser un referente de maldad. En contravía de esos aviesos conductores
dogmáticos que insinúan corolarios, a manera de amuletos. Como conclusiones de fraternidad.
La Humanidad no puede ser entendida como logro en desarrollo de la Naturaleza. Lo que creo
es que somos simples conglomerados que se han apropiado de los entornos. Remitiendo a los
otros seres animales a refugios que los sitúan como inferiores. Con el pretexto de que somos
superiores. No hay tal cosa. Nosotros somos los inferiores. A excepción de quienes estamos
llamados a liderar, en contravía, el represo hacia la animalidad. Perseguir a las que están en
celo. Para dilapidar el tiempo. Esa medición que nos ha sido impuesta, como insumo
indispensable. Dilapidación que nos tiene que otorgar el derecho a ser libres. Sin reconocer a
los otros y a las otras. Ser si mismo. Violentando a quienes no lo vean así.
Ese día 25 de diciembre, rapté a Ariadna. Cumplidos seis años, ya había demostrado mi
capacidad para horadar. Así ocurrió con India, la mujer que me cuidaba. La cabalgué durante
seis horas continuas. Apareció muerta en un escampado cercano a la casa. Ariadna estaba
bañándose. La seduje con mi líquido viscoso. La inundé, hasta asfixiarla. Dejó de respirar. Aún
así, la cabalgué otras dos horas. Dejé impresa mi marca. Soy el más avezado de los ruines.
Siempre he querido serlo. Lo exhibo como trofeo. Como coto de caza. He heredado esa
capacidad. Soy, en vivo, lo que otros han tratado de ocultar con enfermizas acciones
denominadas generosidad. O lo que ha sido llamado amor por los demás. Sigilosos sujetos que
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han engañado. Que han transitado por el universo, con diferentes expresiones que remiten a lo
mismo: mensajes y rituales amorfos que pretenden señalar caminos obsoletos desde su
comienzo. Por lo mismo que remiten a establecer códigos de comportamiento vinculados con la
ética. Invento social que pretende equilibrio entre lo colectivo y lo individual. Lo mío es
individualidad perenne. No acato ninguna norma que hable de tolerancia y de interacción
compleja de por sí.
La elusión es mi convocante. Cuando abandoné la casa de padre y madre, lo hice en búsqueda
de otro territorio. Nunca supe si encontraron a Ariadna. Lo cierto es que no los extraño. Estoy
en un lugar inhóspito como a mi me agrada. Porque interactúo con mis pares. Con aquellos y
aquellas que renuevan, cada día, el veto a lo societario. Nuestro paradigma es la exclusión. Uno
a uno. No nos percatamos de quien esté a nuestro lado. Porque hacerlo sería desdecir de
nuestro hilo conductor. Hacia el perfeccionamiento de nuestra técnica para avizorar lo individual
en cada recodo de la vida. Me siento inmerso en una formación social primaria. Una especie de
horda absoluta. He abandonado la posibilidad de reconciliarme con la sociedad. Esta sociedad
que es mera expresión de la exégesis de la doble vida. Una figura en la que predomina el doble
juego. Con instituciones políticas que se han levantado a partir de extirpar la libertad. De hecho
yo no la reconozco sino para mí. No para los otros y las otras. Soy arquetipo en esta sucesión
de expresiones que han cortado el vuelo a la dignidad. En donde se valida como cierta la
ausencia del decoro. Una sociedad en la que se han construido iconos que no se respetan.
Seres que fingen la solidaridad, la ternura y la paz. Pero que son, por siempre, herederos de un
poder que exhiben como justo. Como validación de hechos y acciones que dañan. Que
conducen a un escenario en el cual la verdad es la de ellos. No la de los dominados. Por esto
mismo, me considero hijo legítimo de ese tipo de expresiones. No se a que viene el
establecimiento de códigos y de referentes, como centro del equilibrio social. Siendo, como es,
la sociedad: un artificio deliberado. Para ser aplicado a quienes son dominados. Un ejercicio que
se profundiza día a día. Y que yo reivindico, postulando un ideario de vida ajeno a la persuasión.
Soportado en la desorientación. Esa que imprime como justo y como verdadero, la hegemonía
de quienes han diseñado el modelo político e ideológico. A manera de institución
superestructural. Un tanto aquello que se define como la base que condiciona a la ausencia de
libertad. Una figura parecida a la de Lukacs, cuando describió las relaciones de dominio como
expresión compleja del dominio de clase.
Al volver, ese día, encontré a Ariadna inmolada. En casa no había nadie. Solo ella. En el mismo
sitio en que la dejé hace diez años. Todos se habían ido. No encontré rastros de mi padre y de
mi madre. Tal parece que habían abandonado este espacio físico. De los otros hermanos y
hermanas, no quedaba ningún registro. Me instalé en el mismo cuarto en que estaba, inerte,
Ariadna. Allí dormí esa noche. Tuve un sueño extraño. Estaba con Isolina y con Juliana, en un
territorio desértico. A mi lado había un sinnúmero de niñas, vestidas con trajes de color negro.
Ululaban en mis oídos. Un sonido profundo, que aumentaba con el paso del tiempo. Juliana me
advertía algo. Con su mirada hermosa. Isolina me requería. Como diciéndome: ¿dónde estabas,
cuando desapareció Demetrio, tu padre? Yo no atinaba ninguna respuesta. Simplemente, me
refugiaba en la coraza de mi yo como sujeto dueño de mis acciones. Le expresé algo
relacionado con mi odio por quienes pretenden ser justos, equilibrados; libertarios. Esos que
postulan, a cada paso, la necesidad de una transformación. Hacia un sociedad igualitaria. Le
decía: Lo mío no es eso. Yo coadyuvé a su desaparición. Por eso mismo. Porque veía en él un
sujeto estereotipado. Un bastardo político. Que heredó triquiñuelas, a manera de opciones
metodológicas que pretenden demostrar que esta sociedad está soportada en el dominio
hegemónico de quienes poseen la riqueza. Ese tipo de sujetos tienen que ser cuestionados y
eliminados.
Lo mismo usted, Isolina. Lo mismo usted, Juliana. Hice matar a Demetrio. La maté a usted y a
su hija. La perseguí a usted y a Pedro Arenas. Porque eran insoportables con sus discursos
obsoletos. De libertad y de derechos. Porque, en mí, cobra fuerza la limpieza social. La
entronización de quienes no reclamamos nada. Porque somos dueños absolutos de esa heredad
en donde cada quien es cada quien. Una selección natural que nos sitúa, a quienes no
reconocemos equilibrios, en dueños de nosotros mismos. Yo soy uno de ellos. Soy una vertiente
continua que irriga a quienes son como yo. Irrigación que está soportada en la individualidad.
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Ajena a eufemismos circunstanciales que postulan solidaridad. La solidaridad, en mí, es una
expresión grotesca. Ya lo he dicho antes y lo repito ahora.
Después las vi alejarse. A Juliana y a Isolina. A las niñas vestidas de negro. Un color que me
obnubila. Para mi es un desagrado. Los negros, son como las mujeres. Inferiores. No
racionalizan nada. Un cerebro que no trasciende más allá que lo inmediato. Incapaces para
construir opciones válidas. Tal vez por esto, instigué a las fuerzas de control y exterminio para
que actuaran en Bojayá. Y en Caloto. Y en los Cabildos indígenas del Cauca. Expresé todo mi
odio a esas razas primarias. Hacia ese género que debe ser dominado. Que son, para mí, solo
sujetas de deseo. Que exacerban mis instintos. Ya, de por sí en ese sueño, mi falo permaneció
erecto. Cuando vi. a las niñas, a Isolina, a Juliana. Erección que es única. Vertí inmensa
cantidad de líquido. Un sueño en otro sueño. Las monté a todas. Manipulé mi músculo inmenso.
Cuando desperté, estaba inundado. Mí pene seguía ahí. Como esperando otra visión. De Juliana
y de Isolina, desnudas. De las niñas que tenían su sexo destruido.
Me levanté. Otra vez vi. a Ariadna. Parecía dormida. No se había descompuesto su cuerpo.
Como en el relato de García Márquez, estaba inmóvil. Incorruptible. Como diciéndome: aquí
estoy. Para reclamar justicia. Para condenarte a ti. Como sujeto vulnerador. Yo hice caso omiso
de sus expresiones. Salí a la calle. Caminé largo rato. Avenidas sombrías. Sin nadie presente.
Como si se hubieran evaporado los transeúntes. Solo estaba yo. Caminé sin descansar. Al fin
hallé a alguien. Una mujer muy joven. Estaba parada en un sitio destinado para la espera de
transporte. Negra, con un cuerpo hermoso. La desnudé con mi mirada. Sus pezones erectos.
Nadie los había tocado. Un triángulo pélvico, cerrado. Con vellos blancos y negros. Impenetrado.
Me habló algo que no entendí. Solo se que, cuando traté de asirla, desapareció. Como si lo visto
hubiese sido simple visión enrarecida.
Después la volví a ver. Un callejón obscuro, como su piel. Me llamó con sus ojos y con sus
manos. Al entrar, para poseerla, sentí un intenso dolor en el vientre. Una daga inmensa me
penetró. No volví a despertar. Estaba muerto.
Susana había regresado. Estuvo con Sinisterra y con su padre en ciudad Méjico. Viaje de
negocios. Chiapas era para ellos una obsesión. Desde que el Ejército Zapatista había irrumpido
en la región; él y ella habían diseñado una estrategia perversa, para apoderarse de la ideología
del grupo social que estaba allí instalado. El comandante Marcos había sido contactado por el
padre de Susana. Este sujeto, era intermediario. Desde su emigración forzada, de Nicaragua y,
luego de su breve paso por Montevideo, comunicó a su hija que tenía un buen negocio en
Méjico. La empresa de Sinisterra y Susana, había crecido. Ya habían instalado, en todo
Centroamérica, sucursales. Después del éxito en Perú, Bolivia. Ante todo en este último,
estuvieron algunos años, con los cultivadores de coca. Con sus delegatarios, habían logrado
penetrar el movimiento de los cocaleros. Ganaron un espacio geográfico y político. Sinisterra se
había hecho socio de parte del negocio. Traficaba con la hoja. Esto, a pesar de la expresión
autóctona de los nativos; que siempre han reivindicado a la coca como expresión cultural, ajena
a la elaboración y tráfico de sus derivados. Ya, en el pasado, sus antecesores, habían transitado
por la Paz y por Cochabamba. Cuando la COB y otros trabajadores urbanos, alcanzaron una
gran fortaleza política y gremial. Su movimiento alcanzó dimensiones insospechadas. Hasta
haber provocado el vacío de poder que luego usufructuaron Lilia Gueiler y su colegas,
respaldados por Sinisterra y su grupo de colaboradores a nivel internacional.
Yo los recibí en el aeropuerto de Barranquilla. Me expresaron una sonrisa forzada. Ya, de por sí,
cuando recibí su mensaje, advirtiéndome de su llegada, tuve la sensación de cierta posición
utilitarista. Me informaban que requerían mi presencia para que legalizara la entrada al país, de
la mercancía adquirida en Méjico. Unos documentales inéditos. Aparecían allí historias
relacionadas con los orígenes de la independencia. Con la misma secuela. Los mismos rastros.
Como en Colombia, en Ecuador, en Bolivia, en Chile. Situaciones no resueltas para los nativos
primarios. Aquellos que siempre han sufrido el racismo. Unas etnias a las cuales se les han
negado su derecho a ser lo que son. A lo que han sido por milenios.
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Es uno de esos periodos en los cuales me siento extraño. Como si la solidaridad fuese mi
compañía. Olvidando mi condición de rostro impenetrable hacia toda exterioridad. Un día de
reconciliación. Tal vez por las ansias de venganza con Susana. Por su entrega a Sinisterra. Ese
sujeto sin méritos. Que no es otra cosa que individuo anodino. No se porque Susana, hizo
mutación hacia él. Negarme a mí el liderazgo. Es como si se erigiera en hembra puta. Al mejor
postor. Tal vez por eso me convoqué, a mi mismo, para diseñar una estrategia para matarlo.
Recorrimos la ciudad. Hasta su refugio. Ese e edificio inhóspito, gris. A la medida de la puta y el
enemigo. No soporto la visión de Sinisterra encima de Susana. No se si ella olvidó mis
recorridos por su cuerpo. Llegándole a los sitios en los cuales yo hacía énfasis y que la
estremecían de placer. Sinisterra, zángano absoluto. Impotente que solo logra penetrar. Y no
más. Sin imaginación. Sin recursos.
Invité a Sinisterra para descendiera primero. Con una genuflexión convincente. Ese era el
momento y la señal. El lugarteniente de Pánfilo abordó a Sinisterra y desenrrajó dos disparos a
la cabeza del maldito usurpador. Murió instantáneamente. Susana sollozó. Expresó un dolor
inmenso. La odié más. Se profundizó mi repudio ante esa puta. Insté al sicario para que la
matara también a ella. Este accedió. Disparó en el frontal de Susana. Cayó pesadamente. Me
escapé del lugar, aprovechando el desconcierto de los curiosos que observaban los cuerpos
inertes.
Dos días después escapé por la frontera del Pacífico. Hacia Panamá. Llegué a la capital, en la
noche. Me instalé en un cuarto tétrico. Húmedo. Sin luz. Maloliente. Pero seguro. Ya había
hecho esto, en el pasado. Cuando entregué en manos de los controladores a Demetrio. Lo
mismo cuando maté a Isolina y a su hija. Un refugio repetido.
Desperté. Sentí, profundamente, que lo pasado no hubiese sido una realidad. Sinisterra seguía
vivo. Susana también.
Tres meses después, arribé a Santiago de Chile. Justo el día en que Allende murió. Un trajín
azaroso. Calles en soledad. Tanques y soldados en patrullaje constante. Conocía, de tiempo
atrás, a Saúl Tapias. Organizador de masacres. Como Pánfilo. Había concertado con él un
encuentro. Cerca al Estadio Nacional. Donde murió Víctor Jara.
La concertación para la muerte del comunista, se había realizado tres meses atrás. Con
participación de un representante del Imperio. Porque, en lenguaje de Mr. X., nuestro rol
consiste en prevenir. Conociendo, como lo conozco, a Allende; con sus expresiones verbales
coherentes posó siempre como defensor de los derechos que acompañan a los pobres. Pero, en
lo más íntimo de sus aspiraciones, estuvo la confabulación para acceder al poder por la vía de
la democracia rudimentaria. Esa que pretende una expresión como en los carnavales. En los
cuales cada uno es cada quien y cada quien cada uno. A la manera de Serrat.
A la mañana siguiente me entrevisté con Lucía Pinochet. Hija del presidente de la Junta Militar
que gobernaba desde la noche anterior. Aciaga, llena de contradicciones en lo internacional.
Plagada de vociferantes fieles a la política como un fin en si mismo. Con unos roles que son
delegatarios y herederos. Transmisión que se produce de unos a unos. Es decir de los mismos a
los mismos. La colaboración de Pánfilo fue importante. Con él, realizamos diferentes ejercicios.
De ataque y contraataque. Lo aprendido con los mercenarios. Tipo Klein. Una enseñanza
rigurosa. Para identificar y para asesinar. Acumulados que, después, sirvieron en Colombia.
Cuando la baja y media intensidad, dieron sus frutos. Con un exterminio selectivo. Yo era
recreado por Pánfilo. Insté para que él entrara en el escenario. Convocado por todas las fuerzas
retrógradas del hemisferio sur. Incluido el presidente de Colombia.
Volví a nacer el día en que se juntaron dos mundos. El mismo día en que emergieron las
verdades y las mentiras; a propósito del comportamiento. Una especie de verificación y de
cotejación. Entre la ética y la antiética. Una valoración. Un inventario realizado en torno a la
sociedad que se convoca para validar o invalidar sus códigos. En términos religiosos-católicos,
una figura parecida al denominado Juicio Final.
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Regía Maximiliano Eugenio. Con envoltura similar a los tribunales del Santo Oficio de gobernar y
de postular instrumentos para vigilar y castigar. Un espécimen atrabiliario. Socio de gendarmes
e inquisidores. Descendiente de Jeremías Bizancio. Aquel que, una vez, propuso que los
humanos asistieran, en peregrinación constante, a una vida tipo que incluía el concepto de
relación costo beneficio. Siendo esto último un acercamiento a la utilidad de los compromisos.
Como equilibrios permanentes. En los cuales se inhibe el sujeto, en lo que respecta a sus más
trascendentales decisiones y acciones. Tal vez las más comprometidas tienen que ver con el
ejercicio de su libertad, como figura próxima a la anarquía. A ese dominio sobre si mismo que
está definido como onanismo político. Diferente al Narciso típico tradicional. Onanismo que
requiere la ausencia de compromisos para poder ser ejercido.
He aquí, que mi nacimiento, se produjo en medio de ese maremágnum societario. Con un
padre que ejercía como vocero perenne de los compromisos adquiridos por parte de cada uno
de los individuos. Mi madre, enajenada real. Con su condición de género endosada al dominio
ancestral realizado por los consejeros del dios promiscuo. Que se personificaba en cada aldea
social, según los requerimientos puntuales. Mujer de decisiones indexadas por el dios
dominante. Sumisión que sabía encarnar. Como todas las de su tipo. Ese que no se redefine
con el transcurrir del tiempo; sino que prolonga la aceptación de las hegemonías derivadas del
Dios Macho. Como perpetuación del poder masculino. Ese que no requiere presentación ni
justificación. Porque está ahí. El solo hecho de nacer, supone aceptación del manifiesto de fe.
Que no es otra que la proyección, en el tiempo. Propagación que no se debilita. Que, por el
contrario, se profundiza.
Las sutilezas de la sociedad actual, moderna; mimetizan los estragos de esa dominación. Ahora
es presentada como condicionante que no admite reclamaciones. Que no admite ninguna
subversión. Está anclada, la dominación, en simbolismos inequívocos. Ante todo para quienes
pueden discernir. Para quienes saben efectuar una lectura. En ese diccionario complejo de los
rituales. Orgías en donde el placer es concomitante con el dominio. Avasallamiento imperial.
Porque se mantienen, en lo fundamental, las definiciones primarias. Solo que, ahora, son
ejercidas por la vía de postular niveles de aceptación. Manipulación de los vivientes. De sus
aspiraciones y de sus necesidades. Una sociedad presa de lo estadístico. Como demostración de
la hegemonía y de la sumisión.
Un Dios Único. Porque ha alcanzado su dominio por la vía del equilibrio religioso. Desde el
judeocristianismo, hasta las Vestas. Pasando por la inmolación de los bonzos. Un dios, en
apariencia, decrépito personaje. Pero, en realidad, supremo vindicador. Llamado a validar y/o a
invalidar. Una untura aceitosa que se convierte en lubricante de grupos sociales y de individuos.
Lubricación que nos expone al quehacer diario. Que nos sitúa como sujetos en los cuales se
consagra la convalidación de su dominio.
Ya, la disquisición filosófica del ser o no ser. Del individuo caja de resonancia de las imágenes
exteriores. De aquellos en que la Razón Pura auspiciaba la posibilidad de encontrarla y de asirla.
Por la vía de la racionalización sistemática del conocimiento de la naturaleza. Ya esas
posibilidades no existen. Las ha absorbido el Dios único. Equilibrista. Hacedor de objetivos que
diluyen al ser. Lo convierten en instrumento de realizaciones. No de proposiciones, ni de
elaboraciones trascendentes. Meros repetidores de la traducción inmersa en ese diccionario
totalizante. Elaborado por El y por sus aurigas.
Gobernantes que han situado sus reinos en territorios disímiles. Pero que son sujetos de
particiones. De conveniencias. Un tanto lo que Marcuse define como lo unidimensional. O como
desintegración de la sociedad, de cara a la dominación. Con figuras en las que prevalecen, no la
persuasión documentada y libre; sino la imposición absorbente. Esa que retrotrae la Civilización
solo como logro parcial, endeudado con los sujetos dominantes. Con sus diversas
manifestaciones con cronogramas e instituciones.
En fin, nací ese día. En comienzo no reconocía el espacio inmediato. Circunscrito a lo maternal.
Condicionado por esto. Con la lateralidad centrada en izquierda-derecha. Sin los horizontes que
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otorga la imaginación. Porque esta no cabe en donde solo hay respiro para lo cotidiano. Una
madre esotérica. Un padre dialogante con si mismo y con su dios. Figura mendaz. Originada en
la debilidad espiritual para enfrentar la exterioridad. Sujeto refugiado en el temor. Ajeno a
cualquier manifestación libertaria.
Ya, entonces, al nacer tuve un estigma. Un protocolo que guiaba mi comportamiento. En el día
a día. En la perspectiva, no podía tener otro horizonte que no fuera ese.
Una hermana. Solo ella. Una habitación amplia. Con ventanas laterales. Solo una puerta en el
frontis. Muebles extraños. De color lila y rosado. Vestuario amorfo. Ninguna vistosidad. Solo
tonos grises. Excelentes prendas para mimetizarse. Para adquirir el derecho a pasar
desapercibido. Anhelaba estar lúcido, para efectuar, con posibilidades, otro regreso. Volver a
Rosa, mi primera madre. Volver a odiar a Santiago. Hablar con Silvia, sin la carga afectiva que
le otorga el recuerdo de Burbano. Conversar con Adrián y con Pitágoras. Seres lejanos ya. Pero
que me convocan. Desde no se que sitio. Ellos que viajaron tanto tiempo. Los veo repletos de
vida. Un tipo de vida al que yo he aspirado. Sin tapujos. Sin ningún norte moralista. Así he
querido vivir. No en esta partición absoluta. Que limita mi tránsito. Creyendo ser libre, pero
refugiado en sueños en descomposición. Como cadáver que no percibe otra cosa que sombras.
Que pasan veloces, que trato de alcanzar desde mi inmovilidad.
En este día quiero volver a David Menchú. A sus conversaciones que descifran signos y
lenguajes primeros. Volver, a través de él, a Los muiscas, a los huitotos, a los mayas, a los
aztecas. En un recorrido hacia atrás. Cuando no eran civilizaciones constreñidas y vulneradas.
Cuando eran sujetos sociales con su cultura, acumulada y recreada desde siempre. Cuando no
tenían la yunta de los europeos. Cuando realizaban sus rituales. Hacia el Sol y hacia la Luna.
Cuando recién inventaban los signos para calcular el tiempo, y las distancias, y las
construcciones portentosas.
Volver a Daniel y sus insípidas alegorías. Entre la ternura de su madre y la autoridad tosca de
su padre. Entre su enamoramiento perpetuo de Silvia. Sin traspasar la línea que lo separa de
ella. De su tristeza cuando llegó Burbano y logró lo que él siempre había querido. Y que, aún
hoy, lo quiere. Ya envejecido. Ya reventado por la fatiga, de una vida insulsa. Como prototipo
de amante frustrado. Con vivencias repetidas. Constantes. Tatuadas en su cuerpo.
Con un Francisco Peñuela mimetizado. Al acecho de Rosa. Invitándola a reproducir el tiempo en
que la amaba. Ese tiempo que está en el aire; que es absorbido. Como pasado que revierte
figuras. Como obsolescencia que se resiste a morir.
Estoy, ahora, al lado de esta hermana nueva. De una madre y un padre, que viven la vida sin
ninguna pasión. Solo transitan por ella. Por ese escenario inmediato que los agobia. Y que
buscan interpretarlo por la vía de rituales que mutilan su imaginación. Un padre que apenas
respira. Sujeto muerto en vida. Porque no desea otra cosa que ocultarse. Eliminando la
transparencia, en virtud a esas mismas creencias que soportan los mismos rituales. Una madre
sin nada nuevo. Una mujer gris. Sin nada entre las manos. Ni para asir, ni para construir futuro.
Una hermana, que me recuerda a Betsabé Josefina, la hermana de Juliana. Porque veo, en sus
ojos, un estar ahí. Sin traspasar la frontera que la separa de la vida sincera. Ahí como náufraga
de si misma. Sin trascender. Solo expresando la variedad de los lugares comunes que
acompañan sus experiencias. Siendo estas de escaso recorrido y significado.
Añoro a Maritza. Sin Pánfilo. A pesar de que he aprendido de él la técnica de la maldad. A pesar
de que me alié con él en los procesos de exterminio. A pesar de haber sido influido por él con
su doctrina de tierra arrasada. En todos los escenarios en los cuales exterminó hombres,
mujeres, niños, niñas. En una sumatoria de realizaciones infames.
Quiero, entonces, ver a Maritza. Hablar con ella a solas. Escuchar, de viva voz, el anecdotario
de sus travesías al lado de Santiago y de Martha. Con sus palabras; sin veedurías ajenas a
nosotros dos. Es decir, ella al descubierto. Porque llevo tres vidas sin verla. Sin hablarle. Sin
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mirar sus ojos, profundos. De un verde imposible de repetir o de copiar. Preguntarle si recuerda
a nuestra madre. Si ella también vivió su angustia y su tristeza. O, si por el contrario, siguió al
padre (como me lo contó Rosa), en un gesto de admiración y de pasión por él.
Estoy aquí, entonces, recordando a Verdaguer; a Francesca Gavilán a Federica Maidana. A
Patricia, a Raquel España; a Everardo. Recordando esos extravíos de mi primera madre.
Recordando la leyenda de los centauros y lapitas. Esa que conocí por medio de Patricia y
Everardo. Recordando esa alucinación del conteo de estrellas. Recordando la versión acerca de
los ojos de la Luna. Recordando esos símiles utilizados para describir a Prometeo; a Teseo; a
Ariadna. Deseando una repetición de esas historias. Entre reales e imaginarias. Volver a las
pétreas figuras de Pigmalión.
Me veo matando, otra vez, a Francisco Peñuela. Indagándole por sus aviesos recorridos. Como
hombre resentido. Siendo yo una manera de ver la vida. Por mi mismo. Siendo, al mismo
tiempo, yo y otro. Contando lo mucho que he vivido. Hasta llegar aquí. A un sitio híbrido. Sin
colores punzantes. Sin referentes dignos de imitar. Con una madre y un padre inmersos en la
cotidianidad absoluta. Un ir y venir tatuados por la simpleza perversa. Esa que nos hace sujetos
insulsos. Sin imaginación y sin convicciones. Sin los impulsos vitales. Necesarios para transitar
en el tiempo y en el espacio, sin esos espejos que nos retratan. Invirtiéndonos, pero siempre
siendo lo mismo.
Estando aquí, un día cualquiera, porque aquí son iguales; estuve en el sitio en que maté a
Pedro y a Juliana. Recordé a su hijo. De él y de ella. Ese hijo que pudo ser mío; pero que no lo
fue. Precisamente porque no estuve a la altura de ella. Porque Pedro Arenas descifró, antes que
yo, los códigos afectivos de Juliana. Porque él supo darle lo que yo no ofrecí: una perspectiva
de vida, plena de saberes y, sobre todo, de movimientos no constantes. Travesías pletóricas de
imágenes y realizaciones. Construcciones nuevas, a cada paso. Propuestas de vida dinámicas.
Sin las repeticiones del caleidoscopio, que abraza los colores y los sitúa como visiones estáticas,
sin expresiones nuevas. Sin matices heterodoxos. Sin las dogmáticas insensibles que yo he
pregonado y vivido. En fin, sin los torcidos escenarios de vida que yo he reclamado como
proyectos válidos.
Ese mismo día estuve donde inmolé a Isolina y a su hija. Visité el lugar en donde entregué a
Demetrio. En el sitio en donde maté a la hermana de Jerónimo, mi compañero de trabajo en la
infame empresa que lideraron Susana y Sinisterra. Volví a los sitios de mi primera infancia. Fui
hasta donde conocí al primer amante de Rosa, mi primera madre. Me instalé en los dominios de
Juan Carlos Urrutia, de Ricardo Valbuena y de Eliseo. Estuve en los escenarios que recorrió
Estanislao Verdún. Ese sujeto ávido de poder a la sombra de sus tutores perversos.
Creo que no llegué a crecer, aquí. Fui como el sujeto central que describe el texto ―El Tambor
de Hojalata‖. O como el pigmeo Peter Pan. Ídolo insípido de una generación que no evolucionó.
Creo que no fui otra cosa que una copia bastarda de aquel sujeto vivo que traspasó la línea del
tiempo; o de Galileo; o de Giordano Bruno. Transité con ellos las experiencias creativas y sus
conclusiones como legados a la humanidad. Pero no fui sino veedor irresoluto. Incapaz de
trascender. Con unas verdades a bordo de mi mismo. Verdades no expresadas a los y las
demás. Como taciturno palaciego en un bosque empobrecido. Siendo príncipe de nada. Con una
vocinglería histriónica.
Hasta en el mismo hecho de depravado no soy original. Tomé prestados los vejámenes
impartidos a lo largo de toda la historia de mi vida. Hasta en el hecho de estar aquí me
considero intérprete de de una difusa melodía, cargada de atropellos como partitura. Siento que
he descendido. Que no fui capaz de bordear el abismo impuesto por el destino. Con hilo
conductor nefasto. Pretendí que éste era como el hilo de Ariadna. Pero no es más que simple
atadura. A los espasmos de mi quehacer. Que se diluyeron y se diluye, aún, en efímeros
momentos de lucidez.
Con esta hermana no tengo ninguna comunicación. Como no la tengo, tampoco, con esta
madre y este padre. Lo veo y las veo como simple imagen en el agua. Que se pierden
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lentamente, al agitar su soporte. Como en la nada sartreana, llevo impresos los motivos de mi
desmoronamiento. No he sido amante pleno. He sido amante de los cuerpos de mis víctimas.
Ahora reconozco que las palabras de Rosa, cuando me decía ―eres como tu padre‖, era verdad
de apuño. Solitario mercader de cachivaches, que pretendí transformarlos en elementos de
vitrina para ser observados por los transeúntes. De todas las ciudades y de todos los sitios. Un
ciempiés que no camina. Que no caminó, por miedo a ser descubierto como encantador de
serpientes. Siendo estas mucho más erectas que yo. He reptado allá y acá. He vilipendiado al
universo entero. Pretendí acceder al espacio. A encontrarme con las estrellas de toda la Vía
Láctea. Pero héteme aquí sangrando por la herida que adquirí antes de nacer. Antes de que se
inventara el registro del tiempo.
Piscolabis que entretiene. Nunca cena frugal. Simple aditamento que embelleció la locura, por la
vía de miserables ejecuciones. Por esto, vuelvo a pensar en Atanasio y sus mentiras.
Embaucador, tejedor enfermizo de ilusiones muertas. Sin nacer, ya era sujeto perdulario. Lo fui
en el vientre de Rosa. Como colateral de la juntura entre el semen contaminado de amargura
de Santiago y los óvulos de mi primera madre. Fui creciendo. En resentimiento y en angustias.
Como sujeto proclive a la absorción de la lascivia. Como expresión de no querer nacer. Hubiese
sido mejor así. Haber quedado en un limbo constante. Sin lugar para precisar mis opciones de
vida.
Las veces que he muerto. Las veces que he vuelto a nacer; son rótulos colocados en el camino.
Como simbología que denota peligro. Siendo conciente de que, cada vez más, era un misógino.
Que lo sigo siendo. Odio a esta nueva hermana. La odio a ella, a mi madre, porque son lo que
son. Receptáculos dispuestos a ser invadidos y dispuestas a parir después.
Esa misma noche, me entregué a mis sueños. Volé como mariposa contra el viento.
Pretendiendo acceder a un lugar no inhóspito. Porque ya estoy cansado de ellos. Volé a través
del universo. Devoré kilómetros luz. Desde aquí hasta la lejana nebulosa que viene y se va.
Indagué por Ernesto Gardeazábal, el padre de Juliana. Para pedirle que me llevará en su
tragicomedia. En su supuesto viaje al Sol. Navegué por todos los océanos. Bebiendo agua
salada. Como mitigación de mi amargura.
En la celebración del cumpleaños de Urania, mi hermana actual; eludí la posibilidad de
concretar un equilibrio. Fue propuesto por mi padre Juvenal. Mi madre Dorotea, lo respaldó. No
así Urania. Porque ella ya conocía mi origen, mis sensaciones y mis valores. Ella me había
traspasado con su mirada. Había realizado una lectura cierta de mi verdadero ser. Me escudriñó
el ideario que poseo. Disfrutaba de mis evasiones y de mis sortilegios. De mis andanzas y de
mis valores. O mis antivalores. Urania me persuadió con solo mover sus ojos. Me hizo un gesto
que informaba de sus deseos. Me quería lejos. Me transmitió la verdad, en el sentido de que he
sido y soy un paria. Que estaba dispuesta a matarme. Me invitaba, entonces a huir; a pederme
en el tiempo. A retomar mi patrimonio de hombre perverso.
Efectivamente, huí. Caminé sin descanso. Llegué hasta Villa Gabriela. Un lugar sórdido. Ya
estuve ahí. En el tiempo de en que me sometieron al aislamiento. Un lugar monótono. Solo
blanco y negro. Sin la iridiscencia propia de la vida, cuando se vive sin ataduras que laceran.
Lugar propicio para ejercer como leprosario para espíritus corroídos. Allí conocí al par de
Calígula, individuo de un odio inveterado a la libertad. Cuando lo conocí estaba preparando su
viaje al territorio de las elecciones manejadas. Al lugar en donde se envuelve a la verdad,
amarrándola, asfixiándola en un traje parecido a camisa de fuerza. Lugar patrio manejado a
distancia. En donde la mentira enrolla a la lógica. Hasta construir escenarios de intervención
como simples compilaciones de evangelios eternamente aprendidos. Guiados por una opción
única. Sin ningún tipo de asidero diferente. Lugar de pantomima. De la norma jurídica
implantada como ideario enrevesado. Una lógica del derecho que obnubila. Donde hay víctimas
sin victimarios. Donde los controladores son supremos jerarcas que trastocan lo cotidiano. En
donde los mensajes son soliloquios entre gendarmes. En donde la vida, el derecho a ella, no
existe como realización; sino como postulación incorpórea. Que nunca se concreta. Que está a
merced de los lapidarios garantes del poder. Poder aciago, que crispa los sentidos. Ahí, donde
los conceptos son vertidos de manera unilineal; sin lugar para desencuentros. En donde el
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príncipe perverso; el aprendiz de rey, ejecuta trozos de opereta soportada en la teoría de
conmigo o en contra mía.
Pasó, también por aquí, el Inhibido. Que permitió todo tipo de ejercicios vandálicos. Aquel que
dibujó la paz como concepto de idolatría pusilánime. El de las palabras ampulosas. El que cerró
los ojos ese día trágico de noviembre. El que persuadió a la comunidad internacional de que le
manipularon el pulso y la mente. El defensor infame de la gendarmería atrabiliaria. Esa que hizo
añicos la expresión física de la justicia. Como gnomo fantasioso. El que se refugio en la poesía
sin piso y sin talante. Aquel que convocó a los habitantes del país de nunca jamás, a diluirse
como colectivo; mientras que el manto blanco de los inquisidores se cernía sobre la verdad.
Ocultándola. Haciendo de los desaparecidos simples figuras ignotas. Sin cuerpo y sin palabras.
Estuvo el brigadier de brigadieres. El general de generales. Aquellos que asolaron el Cono Sur.
Desde Chile hasta Uruguay. Vencedores que lapidaron hasta más no poder. Los que
mimetizaron la tragedia de los pueblos. Los que inventaron el descenso obligado, sin paracaídas.
Que zambulleron, a la fuerza, en los mares cercanos, a los patriotas que revindicaron sus
derechos. Aquellos que exterminaron la alegría. Y las voces. Y las canciones. Y las ilusiones de
los adolescentes. Aquellos que creyeron que las madres son simples íconos. Aquellos que no
sospecharon que estas crecían en solidaridad, en ternura guerrera; en símbolos de la pasión
por sus hijos y por sus hijas.
A su lado estuve yo. El de siempre. El que nunca ha levantado la voz. El que nunca ha
arriesgado un solo concepto, por efímero que sea. Este Samuel, convertido en Isaías, y en
Jonás y en….espécimen aturdido por las mentiras de si mismo. Este que debutó en el mundo,
amarrado al destino. Y que fue conciente de ello. Desde que, en el vientre, le arrebataba a su
madre su condición de mujer viviente. Este que imitó al padre desde un comienzo. Que hizo
veeduría gendármica de los pasos de Rosa. Este que mató y volvió a matar. Amigo de Pánfilo.
Supuesto enemigo de Sinisterra. Pero que, en verdad, coincidió con él. Su única contradicción
estuvo del lado de desear el cuerpo de Susana. Nada más. El que inventó, una y mil veces las
ejecuciones en serie. La matanza de mujeres para exhibirlas como trofeo infame. El que ha
muerto y ha vuelto a nacer multitud de veces. En todos los tiempos y en todos los territorios.
Es mi segunda llegada a la Villa. Vine dispuesto a recordar. Y ya lo he hecho. Vine huyendo de
mi mismo. Pero conmigo estoy aquí. Vine, esta vez, porque Urania descubrió mi juego. Se
convirtió en defensora de si misma y de su madre. De todas aquellas que pasaron por mis
manos ácidas. Desde Rosa, hasta Silvia. Desde Isolina hasta Juliana. Urania me retó a volver
adonde nunca debía de haber salido. Esa tierra que ha incoado y protegido a los perversos.
Siendo el tercer día, desde mi segunda llegada, recibí la visita de Rosa. Supo de mi nueva
estadía en la Villa. Hablamos durante 24 horas continuas. Me contó de su reencuentro con
Alejandro Verdaguer. De su permanencia en Paysandú. Ella y Francesca, vivieron al lado de él.
Por turnos. Como macho cerril, las poseía a ambas. Una y otra. A cada momento. Decidieron
equilibrar el otorgamiento de placer. Hasta el día en que Francesca y Verdaguer desaparecieron.
Indagó por ella y por él, desesperada. Rosa no concebía el mundo sin la presencia del macho
Alejandro. Federica Maidana le refirió que los habían visto Montevideo. En compañía de Susana
y de su nuevo amante Adrián. Habían llegado dos años atrás. Lideraban una sucursal de
empresa traficadota con etnias. Susana abortó el sembrado que dejó Sinisterra en ella. Esté
último había viajado a Londres, como escala de su destino final, Arabia Saudita. Le escribió a
Susana, contándole de sus éxitos. Había establecido en Lisboa y en Islamabad, sendas
sucursales de su nueva empresa traficadota de migrantes e inmigrantes africanos y asiáticos.
Rosa, una vez conoció el paradero de su Alejandro, viajó hasta Montevideo. Llevaba consigo
unas ganas inmensas de él. Nunca había pasado tanto tiempo, desde que lo conoció, sin su
fortaleza, sin su vigor. Inclusive, me comentó que todas las noches, en la misma cama, ella, él
y Francesca, construían fantasías orgiásticas. Una y otra vez, el falo de Verdaguer las alucinaba.
Ellas se inundaban, mientras él permanecía con su taladro erguido. Pasaba una y pasaba la otra.
Durante cuarenta horas se amaron, en la versión más sucia que este término tiene. Ella y ella,
también se recorrían, cuando Alejandro no estaba o cuando dormía. Al final del relato, Rosa me
expresó que nunca supo si perseguía a Alejandro o a Francesca. Lo cierto, me dijo, es que no
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podía vivir sin poderse vaciar. Sin que la excitaran y que la penetraran, o cualquier otro
ejercicio. No la encontró ni lo encontró. Ella y él nunca volvieron a aparecer.
Abandonada por él y por ella, viajó a su país de origen. Buscó a Santiago. Antes de localizarlo,
surtía sus ansias, masturbándose, con la imagen de su Santiago, de su Alejandro y la de
Francesca. Se había convertido en una mujer insaciable. O, talvez, siempre lo había sido. Hubo
un momento de su vida en que se sintió vulnerada. En el tiempo en que vivió con Santiago. En
ese periodo en que parió una y otra vez. En el periodo en que me tuvo a mí como compañía.
Cuando creyó que podría ser sujeto mujer autónoma, combinando placer y jerarquía. Imitando
a Isolina, que se había constituido en su referente. No alcanzó a entender la verdadera
dimensión del feminismo como movimiento que reclama el derecho a ejercer la diferencia de
género. Nunca supo, si ella podía revertir su lascivia; para convertirse en hacedora de cultura
fémina. Con todo lo que esto tiene de postura racional, con imaginación. De radicalidad en
valores y principios. No hablo de una ética feminista, insulsa. Hablo de una ética feminista
coincidente con ejecuciones propias, sin arribar al puerto prostituido. Lo cierto, debo
reconocerlo así, es que sus entregas sucesivas no constituyen ejercicio de barragana. Porque
siempre ha estado con quien ha querido estar. A excepción de la época en que estuvo al lado
de su primer Santiago.
Lo volví a buscar, me dijo, porque ya no están aquellos a quienes amé, antes de él. Lo busco
como refugio. En un giro utilitarista. Porque aspiro a que él haya cambiado. Que ya me sepa
poseer como yo quiero, como lo he querido. Ululando, imaginando opciones no repetidas.
Cuando lo encontré, me dijo, nos apareamos. Lo seguimos haciendo. Ahora mismo voy en
tránsito hasta donde está. Mi paso por aquí es circunstancial. Aproveché el momento para
visitarte. Veo que has cambiado mucho físicamente. Te veo derruido. Esos enfermizos
personajes tuyos te han aniquilado. Ya no tienes la fuerza espiritual que conocí. O será que
nunca las has tenido. Y que, por el contrario, has vivido, desde siempre, al garete. Como noria
perdido, sin rumbo.
Esa misma noche resolví demostrarle que si era el mismo. Me sentí retado por ella. Sus relatos
en relación a Francesca, a Verdaguer, a Santiago; y su afirmación despectiva en torno a mi
aniquilamiento; despertaron en mí ese yo que creía perdido. Mi decisión ya estaba tomada.
Rosa pagaría muy caro su osadía. Nunca he soportado que me definan como sujeto pusilánime.
En el pasado inmediato reaccioné, huyendo, ante las expresiones de Urania. Lo hice así, porque
consideré prematura la decisión del volver a ser yo. Pero, ahora, no soporté más. La tumbé al
piso. La golpeé. La inmovilicé. La forcé a abrir sus piernas, hasta llegar casi a una horizontal. vi.
Todas sus paredes vaginales. Los bordes acezaban. Su centro clitórico, estaba erguido. Me
zambullí ahí. Me desnudé. Ya mi asta estaba dispuesta. Siempre ha sido grande y voluminosa.
Sin embargo, hoy ha crecido más. La introduje violentamente. El ritmo del ejercicio que había
aprendido desde niño, la hacía gritar. Por lo lacerante. Porque, al mismo tiempo la hurgaba con
mis dedos. Halaba los bordes vaginales con ellos. Haciendo fuerza. Cada vez con más fuerza. Mi
asta entraba y salía. No sentía lubricación alguna. Fue una manera de demostrarme que no
sentía placer. Me indigné. No soportaba el dolor por la resequedad. No soportaba que ella no
sintiera placer. Mordí sus pezones, como represalia. Le grité: puta, puta. Ahora veras que sigo
siendo el mismo. Cuando empezó a sangrar por entre las piernas, me exacerbé más. Un olor
agrio. Allí mismo se desangró. Sus heridas en los pezones y en su vagina produjeron una
hemorragia imparable. Sin embargo seguí allí, encima de ella. Hasta que vacié todo el líquido
viscoso, amarillento. Le susurré, por última vez: puta, no me vuelvas a provocar…pero ya no
me oía. Estaba muerta.
La levanté, caminé hasta el acantilado y empuje su cuerpo hasta verlo caer. Entonces, miré en
derredor y me encontré de frente con Urania. Estaba ahí, a mi lado. Me golpeó con una varilla,
en la frente, me empujó…y empecé a caer…lo último que vía fue el rostro sonriente de Urania
que me veía caer.
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CAPITULO II
Petronila Rentería había llegado, con su hija, la noche anterior. Caloto las vio llegar. Un tanto
desorientadas. Venían desde Bahía Solano. Desorientación y desesperanza. Una llegada forzada,
en razón a hechos que comprometían la seguridad y la supervivencia. Venían, precedidas de
caravanas enteras, de nativos originarios, de afrodescendientes, de campesinos rasos. Cada
paso, en su huída, constituyó una odisea. Porque el hambre, el cansancio y el desarraigo
ejercían como peso que los obligaba a establecer una comunicación continua con un horizonte
perdido. Porque, los conceptos de familia y de grupo tendían a convertirse en expectativa
latente, no hecho concreto. Han pasado tantos años de lucha por la supervivencia, por superar
la marginalidad y el tratamiento como parias, por parte de los poderes central y regional; que el
solo hecho de sentirse vivos era, de por sí, una hazaña. Llegaron, pues, a Caloto, sin saber si
constituía punto de llegada; o mero tránsito hacia otro territorio que no se avizoraba.
Ciudad de historias. De luchas y de expresiones por el reconocimiento y el respeto a las etnias.
Lugar de asiento de Paeces y de Nasas. Con un perfil construido a lo largo de un proceso que
se remonta a los años inmediatos después de la invasión de los españoles. Fundada una y otra
vez. Allanada una y otra vez, por las fuerzas perversas de los invasores; que veían en ese
territorio una zona estratégica para apuntalar el dominio den Popayán. Lugar de confluencia y
de demostraciones en lo que a la resistencia nativa se refiere.
Ya había sido demostrada la capacidad guerrera y libertaria en 1543, cuando derrotaron las
pretensiones de Sebastián de Belalcázar. También, en 1563, Paeces y Pijaos les infringieron
otra derrota. Ya, con la conducción de Joaquín de Caicedo y Cuero, insinuaban su disposición a
contribuir con la lucha independentista. Un territorio localizado en el centro del norte del
Departamento del Cauca. Entre Toribío, Corinto, Santander de Quilichao y Jamundí.
Paso a paso, con dignidad y capacidad organizativa, se construyeron los Resguardos de Huellas,
López Adentro y Toez. Forjadores de la Asociación de Cabildos Indígenas y del CRIC. Con una
historia vinculada a la Campaña Libertadora que se dirigió al sur, al mando de Simón Bolívar.
Que lo acogió. Con una participación activa, desde 1810. Prueba de resistencia y de acción.
Isolina Girardot, siempre al pie de su madre. Con un recuerdo vago de su padre Escolástico.
Pero, asimismo, con una fijación plena de su recorrido. Una aldea destruida. Persecuciones
continuas que las vulneraron. A ellas y a sus grupos sociales y étnicos. Fijación que gira al su
alrededor. Sin perderse nunca, ni como visión, ni como recuerdo. Una incitación constante a
realizar actividades tanto o más importantes que las anteriores. Con la mirada puesta en el hoy
y en el mañana. Soportando, otra vez, el asedio de las fuerzas que tratan de imponerles el
reconocimiento del poder de terratenientes. De quienes han instalado grandes ingenios
azucareros. Inclusive, robándoles el agua. De quienes ejercen un poder occidentalizado.
Aquellos que pretenden, por la vía del aniquilamiento, destruir sus ancestros culturas y sociales.
Por la vía de desdibujar la extensión y complejidad de las tradiciones. Desde los Muiscas hasta
los Nasas. Llegando inclusive, los invasores y sus herederos, a trastocar el significados de esas
culturas. Como, cuando, invirtieron los valores; dándoles significados y denominaciones
diferentes. Entonces, no es San Agustín o la ―Cultura Agustiniana‖; es y será la Cultura Muisca.
Aquella que se extiende desde Boyacá, Bacatá (Bogotá); pasando por Tolima, Huila, Tolima,
Nariño. Fueron etnias que interactuaban; a las cuales se les ha cortado el circuito complejo de
integración.
Isolina, empezó a crecer en conocimientos y en capacidad para aplicarlos. Ella y su madre,
tuvieron que soportar tristezas y privaciones. Hubo momentos de profunda desprotección. Solo
la articulación con sus pares individuales y colectivos, pudo desatar el nudo de la desolación.
Isolina creció en capacidad organizadora. Juntando ingenio, destrezas e investigaciones acerca
de sus orígenes, como etnia. Acerca del cruce de caminos en los que se han encontrado
similitudes. No solo desde el punto de vista económico y cultural; sino también en lo que hace
referencia al enfrentamiento político con quienes han insistido, por la fuerza del poder, en
151
asfixiarlos. Restringiendo sus territorios y conminándolos a ejercer como pueblos y grupos
sociales en condiciones infames. Han sido los usurpadores, de ayer y de hoy. Los que han
expropiado sus tierras; lanzándolos, expulsándolos. A sangre y fuego.
Comenzó un itinerario. Visitando regiones y postulando opciones. Algo así como lo que hizo
María Cano en el movimiento obrero. Estuvo en todos los municipios y resguardos cercanos a
Caloto. Luego expandió su acción a territorios más alejados. Llegando, inclusive, hasta la
frontera con Ecuador, por el sur, compartiendo conocimientos con los Pastos. Con los cuales
interactuó, a pesar de la pérdida de su dialecto, por la vía de la absorción por parte del
castellano.
Viajó al Amazonas. Comunicando energía y expectativas a los Ticuna. Recibiendo, en beneficio
de inventario cultural, las enseñanzas de los chamanes, en Puerto Nariño y la Chorrera. Estuvo
con los Huitotos en Caquetá, aprendiendo sus lenguas mika y minika y su acumulado histórico
como cosmovisión de amplio espectro. Visitó a los Mukak-Makú, los nómadas en el Guaviare.
Aprendió de los Guambianos, en Silvia, Jambaló, Caldono y Toribio. Viajó a la Guajira, asumió
con los Kogi retos en términos de conservar su lengua ancestral, Chibcha. Conoció de ellos, el
culto a la Madre Tierra. Convivió con los Wayú y su lengua Arawak. Con sus niñas menstruantes,
recluidas en su preparación para el matrimonio. En el intercambio de las familias que asumen el
proceso de casamiento.
Con los Arhuacos en Sierra Nevada. Con su perfil lingüístico Chibcha y sus ceremonias de
casamiento, bajo el régimen matrilocal. Con los Emberá en el Choco y sus variantes Cholos, en
el Pacífico, Chamies o memes en Risaralda. Catíos en Antioquia y los Eperas en Nariño.
Con sus pares en raza, los negros y las negras. Construyendo nexos como afrodescendientes;
por toda la franja que bordea al Pacífico. Aunando expresiones de consolidación cultura.
Asumiendo roles que reivindican su potencia cultural-musical. Con sucesivas variantes; en
términos de localización y particularidades. Sin pretender opciones hegemónicas y/o racistas.
Siendo artífice de las organizaciones de mujeres. Organizaciones inherentes a sus luchas. Como
mujeres que asumen la defensa de su raza, de sus costumbres. Y, fundamentalmente, sus
derechos. Ante la despiadada persecución y aniquilación a que son sometidas ellas, sus
hombres, sus niños y sus niñas. Tratando de forjar lazos de unidad y organización con las
etnias. Sin pretender un intercambio cultural o político, que destruya sus soportes y registros
ancestrales.
Estuvo en Barrancabermeja, cuando el asedio de los grupos armados al servicio del Estado
(abiertos y clandestinos). Actuó con las Mujeres Ruta Pacifico; buscando justicia. Exigiendo
restitución de bienes y derechos. Comunicando al mundo las acciones de exterminio oficiales y
paraoficiales. Siguiendo, un poco, el mapa construido por las Madres de la Plaza de Mayo, en
Argentina. Siguiendo el registro histórico de Rigoberta Menchú, en Guatemala y su incidencia en
el Caribe y en Centro América.
La actuación de Isolina, entonces, estuvo centrada en propiciar y actuar, en relación con los
derechos conculcados a las minorías étnicas y a los afrodescendientes. Nunca olvidó la historia
del luchador Álvaro Ocué Chocué; asesinado de manera infame.
Conoció a Demetrio en Jambaló. (...o, ¿tal vez, ya lo había conocido, siendo niña?) Durante
una de sus actividades. Realizaban una acción comunitaria, consistente en analizar la situación
planteada en torno al despojo territorial de que habían sido víctimas los Paeces y Nasas.
Concretamente de la Hacienda Emperatriz. De tiempo atrás, terratenientes caucanos habían
realizado un proceso de expropiación, a nombre de la propiedad privada. Para sucesivos
gobiernos, esa interpretación de los terratenientes era válida. Abstrayendo el significado cultural
y organizativo alcanzado por los Resguardos. No solo en lo que supone el nexo con la Tierra,
como parte de su cosmovisión, a la manera de los Kogi; sino también en lo relacionado con su
subsistencia. Había sido decretada una nueva toma por parte de la dirigencia indígena. A su vez,
el gobierno central, había determinado el desalojo. Una confrontación ineludible.
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Demetrio, un hombre sencillo. De mirada fuerte, decidida. Una contextura física parecida a
todos los hombres de su raza. Hercúlea. Había llegado a Jambaló, desde Quibdó. Allí realizaba
tareas de pesquería y estaba asociado a la eterna lucha por derechos fundamentales inmediatos.
El alcantarillado, agua potable, acueducto, etc. No habían sido nada fáciles su vida y su gestión
comunitaria. De hecho era un itinerante obligado. Tenía sobre si un estigma. Una marca que lo
colocaba con la placa de subversor del orden público. En el pasado reciente había sido
reportado como auxiliador de guerrillas, por parte de las fuerzas paraoficiales. Escapó del
asedio, por parte de la gendarmería clandestina, al barrio en donde vivía, en la ciudad de
Medellín. Por coincidencia, estaba alojado en casa de un primo. El barrio Corazón, fue declarado
objetivo militar; en el contexto de la ofensiva de las fuerzas oficiales y paraoficiales, en la
Comuna 13. Salió clandestino para Apartadó, en la zona adscrita a una forma de región y de
organización similar a la reinserción. Allí estaba cuando el ataque paraoficial. Escapó hacia
Turbo. De allí salió para Arboletes. Siempre huyendo. Como nómada forzado. En un desarraigo
brutal. Por fin logró establecerse en Quibdó.
Isolina presentó, en esa sesión, un análisis preciso. Acerca de la situación de la etnias y de los
afrodescendientes en el país. Hizo referencia a la dinámica de la confrontación social y política.
Desde antes de la Reforma Constitucional de 1991 y sus antecedentes, hasta la valoración del
impacto efectivo del Mandato Constitucional, que refiere una Nación pluriétnica y pluricultural.
Con todos los agregado estructurales y circunstanciales a que esto conlleva. Como correlato de
ese marco conceptual. Asimismo, enfatizó acerca de las limitaciones para apropiarse de esos
conceptos y su traducción a la acción común, cotidiana, efectiva.
Uno de los elementos, dijo Isolina, que nos convoca a la reflexión, tiene que ver con el
significado como simple alegoría; o como concreción. Lo que yo percibo es que se presenta una
dicotomía real. La Constitución por un lado y la realidad por la otra. Porque no solo los
particulares hegemónicos y vandálicos; sino el gobierno actual y su predecesor, han hecho caso
omiso de ese mandato. Y, cuando se produce, como ahora, una lucha exigiendo los derechos
constitucionales para las etnias y los afrodescendientes; se produce y se publicita una andanada
panfletaria. Pretendiendo localizarnos como eslabones de la cadena terrorista y‖ antipatriota‖.
En mi opinión, entonces, es la siguiente: a como de lugar. Arriesgando lo que sea. Incluso
nuestras vidas; debemos estar al lado de Paeces y Nasas. No es este el momento de asumir
posiciones dubitativas. Somos pacíficos; pero eso no implica ser inferiores a quienes nos han
precedido y que han sacrificado sus vidas en nombre de los derechos ancestrales y actuales. Si
por solidarizarnos, efectivamente, con ellos y ellas, nos han de llamar subversivos, que venga
ese nombre.
Demetrio quedó impresionado por la coherencia en las expresiones de Isolina. Por sus
conocimientos, vertidos en lenguaje popular, asequible a todos y a todas. Se acercó a ella, en la
intención de felicitarla. Isolina miró a Demetrio. Una cautivación instantánea. La conmovieron
su mirada y sus gestos. Respondió con una sonrisa a los halagos de Demetrio. Le preguntó
desde donde venía. A la respuesta de Demetrio, Isolina indagó si tenía en donde alojarse.
Demetrio trató de mentir, con un si borroso. Ella le ofreció el cuarto que compartía con su
madre.
Al llegar a casa, Isolina lo presentó a su madre Petronila. La negra se encantó con Demetrio.
Tal vez, porque vio en él el hijo que no pudo crecer. El antecesor a Isolina. Ella siempre había
querido un hijo varón. Lo perdió, sin nacer. Cenaron un menú constante: arroz, sopa de
champiñones y pescado. Conversaron largo rato, hasta las 12 de la noche. De todo hablaron.
De la vida, de la muerte, del gobierno, de su gente, de su familia. En fin, siendo esa hora,
Isolina invitó a Demetrio a dormir en el piso. Con almohadas y cobertores como contrapeso a la
dureza del piso.
Al amanecer, Isolina resbaló al sitio de Demetrio. Petronila estaba dormida. Demetrio, al sentir
el cuerpo de Isolina en su sitio, reaccionó con timidez. Isolina pegó su cuerpo al de Demetrio.
Lo besó en la boca. Le susurró: quiero compartir contigo. Quiero que estés conmigo. Quiero tu
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aliento. Quiero tus brazos. Y tus manos. Y que me recorras el cuerpo. Así, con la fuerza que
tienes. Quiero que me preñes. Ya, lo quiero.
Él sintió un espasmo. Nunca había estado con una mujer, tan cerca. Nunca había tenido coito.
Nunca había amado a una mujer. El calor insinuante de Isolina, lo aturdió. Sintió crecer lo suyo.
Esa largueza y esa dureza que el veía a diario, cuando se bañaba. En ciertos momentos, de
manera subrepticia, se sentía orgulloso de ese. Porque era un músculo negro, duro, inmenso.
Solo había sentido y palpado el liquido que manaba por ahí. Justo el día en que despertó,
después de haber soñado con una mujer desnuda. Negra, como Isolina.
No soportó más. Saltó sobre ella. Destruyó todo lo que, al paso de su largueza y dureza,
encontró. Isolina sintió cuando se rompió su respaldo a la virginidad. Sintió un dolor dulce,
infinito. Movía su cuerpo. Como danzando. Demetrio la dominó. Decía: soy lo que quiero que
seas. Negra hermosa. Negra provocativa. Negra libertaria. Negra absoluta.
Así estuvieron toda la noche. Una y otra vez, sin sentir cansancio. Al despertar, observaron sus
cuerpos desnudos. No pudieron seguir, porque ya Petronila estaba al pie de ella y de él. Con
una mirada de dulzura plena. Como diciendo:, ―es lo que siempre desee, que Escolástico me
amara así‖.
Isaías nació, cuando en Nicaragua los sandinistas accedían al poder; después de derrotar a
Anastasio Somoza. Un día pletórico de enseñanzas y de alegrías. Demetrio estaba enfrente del
recién nacido. Un niño normal, en términos de físico, peso, talla. Tenía algo que llamaba la
atención: una mirada profunda, escrutadora, por unos ojos inmensos, azabaches. Lo escrutaba
todo. Desde el espacio físico de la habitación; hasta los cuerpos de Demetrio e Isolina. Un niño
precoz. Aún en la manera llorar. Una exigencia prematura. Respecto a la distancia entre él, su
padre y su madre. Un niño de un negro inmenso. Su piel brillaba. Como el ébano.
Isaías creció rápidamente. En cuerpo y en espíritu A los cinco años sintió que su padre
traspasaba la línea entre el ser y no ser. Lo vio muerto en una fosa común. Compartida por
quienes, como él, nunca se ofrecieron como sujetos transables. Susceptibles de ser erigidos
como imagen de compromiso, con lo valores impuestos desde su edad temprana.
Isolina le hablaba, en su cubículo, improvisado como cuna y como sitio. Sin embargo, ella,
percibía en él un sujeto extraño. Evasivo. Como cuando alguien, en la literatura vinculada con el
terror, percibe, retiene un personaje para que ejerza como símbolo de la maldad. Hasta cierto
punto, Isolina, hizo una reflexión inmediata. Algo así como sentirse azarada por la mirada de su
hijo. Pero, insistió a sí misma, en una elucubración posible. Como si quisiera desentrañar los
vericuetos del destino. Percibía a Isaías como sujeto que, con el tiempo, podría llegar a ser un
asesino en serie, o algo así.
Precisamente, el día del décimo aniversario de Isaías, Isolina tuvo un sueño alucinante, de un
gran dolor. Isaías estaba enfrente de ella y de una niña que parecía ser su hija. Al menos eso
aparentaba al observar, fijamente, sus ojos y su rostro. Isaías andaba desnudo por toda la casa.
Hablaba cosas ininteligibles. Más bien parecía una vocinglería inexplicable. Con términos
mendaces, obscenos. Cuando se acercaba a la niña, Isaías, se tomaba el pene y lo manipulaba.
Sin ningún recato. Luego empezaba a verter litros de líquido amarillento. Se reía y ahogaba sus
voces. La de la niña y la de Isolina.
Cuando despertó, Isolina miró a Isaías que dormía placentero en su cama. Respiraba tranquilo.
Pero, de pronto, despertó. La miró y se desnudó. Gritaba: ¡ ven Isolina, ven ¡. Esto es para ti y
para tu hija. Ese bastardo de Demetrio lo hice matar. No me gustaba la manera como te miraba.
Mucho menos me gustaba la manera como te poseía, cada noche. Ustedes dos. Tú y él.
Descifrando códigos de ternura y de placer. Yo, en entre tanto, sollozando, porque no atinaba a
hacer crecer lo mío como el de Demetrio. Te sentía sollozar, pero de alegría. Con una inmensa
felicidad absurda. Yo no creo en la felicidad. Creo en mí. Le entregué a Demetrio a los
gendarmes. Calculé con ellos el momento más propicio para raptarlo y para matarlo. Con la
técnica que han aprendido, a fuerza de ver pasar la historia. Generaciones y generaciones de
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gendarmes. Siempre sumisos, atados al poder de momento o al de siempre. Lo desollaron.
Mientras tú llorabas. Mientras esa niña, la hija de Demetrio y tuya ululaba y se sentía ajena.
Sentí, dijo Isolina, como si mi pecho explotara en mil pedazos. No sospeché, ni prefiguré nunca
que un hijo pudiera contribuir al asesinato de su padre y a profundizar el dolor de su madre. Lo
veía, allí sentado. Riendo. Celebrando su triunfo. Sobre mí y sobre Demetrio. A favor de los
dueños del poder. Esos que, siempre han mentido, a propósito de todo. Pero,
fundamentalmente, a propósito de la muerte de los adversarios. Adversarios que solo tienen o
han tenido la culpa de ser diferentes. Ajenos a opciones malvadas. Cercanos a construcciones
solidarias y justas. Tanto en relación con sus pares; como también en relación con los
escenarios de vida.
¿Fue un sueño, de otro sueño? Isolina no podía descifrarlo de inmediato. Lo cierto es que
Demetrio Desapareció. Unas vecinas vinieron a informarme que había sido violentado y
obligado a subir a un vehículo. No tuve fuerzas para levantarme y seguir a mis vecinas. Mi
respiración era entrecortada. Sollozaba. (… ¿Será que ya viví ese momento, antes?) No como
sujeta pusilánime, a la manera de las plañideras. Pero si como madre y amante. Tanto más el
dolor, en cuanto este era originado por un hijo que entrega a su padre y violenta, por esa vía a
la madre. Son signos inequívocos de una descomposición de los valores. Cada vez más
punzante y más cuantiosa. Todo, relacionado con el Joyero que ejerce el poder. Que vende
cachivaches, a manera de mercancía excelente. Un joyero abominable. Que rige en el país de
las utilidades, de las recompensas, de las verdades a medias, o simplemente, no verdades. Es
la consecuencia del raponazo a la democracia. Es, en otras palabras, el ejercicio del poder, a
nombre de la democracia. Con una popularidad construida en la manipulación de datos. O,
simplemente, con la aquiescencia de un pueblo mudo, ciego y deleznable.
…Al volver a despertar, Isolina, encontró a Isaías, su lado, dormido. Se estremeció, al recordar
su sueño.
CAPITULO III
Rosa Eugenia, tenía 10 años, cuando conoció a Jerónimo Peralta, un viejo amigo de la casa.
Desde muy temprano, todas las mañanas, asistía a los ejercicios que pretendía prolongar, en el
tiempo, el pasado de cada uno (a) de lo(as) habitantes de Puerto Boyacá. Un municipio talado
por indescifrables momentos de la historia. Un perfil que, tendencialmente, se identificaba con
aquellas zonas que eran escenarios de hechos insólitos; incluido el de vivir una dinámica en el
tiempo que coincidía con la infamia. Un lugar de expresiones premonitorias.
Jerónimo, un personaje sacado de las historietas patéticas, entendía el tiempo como un simple
recodo en el camino. Para él, la vida, estaba inmersa en circunstancias disímiles. Algo así como
entender todo contexto, en términos de la continuidad. Una alucinación constante. Vertía, a
cada paso, una sombra de nostalgia. Como cuando se percibe lo cotidiano, incrustado en el
pasado. Siendo, entonces, sometido a la ley de la continuidad y de la desesperanza.
Cuando conoció a la familia de Rosa Eugenia, había cumplido 23 años. En ese mismo tiempo
conoció a Burbano que, a su vez, tenía el horizonte subsumido en la lógica trinitaria. Como
quiera que ejercía como hombre, en relación con la orfandad, la miseria y la posibilidad. Esta
última, latente, todo el tiempo.
Para él, Rosa Eugenia, era un tipo de doncella erigida en adulta, antes de que la lógica del
tiempo, inaugurara la continuidad enfermiza del tiempo... Esta que pretende, a cada paso,
reelaborar el universo; a partir de unos códigos preestablecidos. En los cuales no existe lugar
para la imaginación. Mucho menos para ejercer vida plena. Con sus placeres y con sus afugias.
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El padre de Rosa, nunca tuvo un horizonte preciso. Nunca ejerció como líder en un hogar
tatuado de miserias. Lo suyo era recorrer la vida, al lomo de la trivialidad. Nunca supo defender
su territorio. Más bien, era sujeto pasivo que no hacía otra cosa que poseer a la madre de Rosa
Eugenia, y a la mayor de las hijas. Con esta estableció, desde su nacimiento, una relación
pútidra, perversa. Ya, la madre de Rosa, sabía que este perdulario, era un macho sin ton ni son.
Sujeto atado a la vida, por un vínculo circunstancial. No era, ni mucho menos, heredero de
ningún agregado de calidad. Por lo mismo, cuando Jerónimo instó a Rosa para que lo
acompañara, ella sintió un profundo alivio. Por lo menos no sería su padre quien la convirtiera
en mujer preñada a los diez años.
Los ejercicios de Jerónimo eran un anzuelo perfecto. Transitaron hacia el habitáculo en que
vivían él y dos hermanos suyos. Al llegar, le dijo a Rosa Eugenia: no te preocupes, ya casi llega
la gente para empezar la reconciliación con Dios. En el entretanto, dijo, puedes bañarte.
Debemos llegar limpios a la ceremonia.
No terminaba su baño cuando, Rosa, sintió vértigo. Como cuando alguien se da cuenta que lo
espían. Sin embargo, siguió adelante. Alguien entró al cuarto de baño. Un hombre desnudo
levantó la cortina. Rosa Eugenia, solo atinó a cubrirse con las manos el pubis. Su abuela le
había dicho siempre que esa zona era fundamental para una mujer. Si la perforan es como si
hubieses muerto, niña. Ya ningún hombre te querrá. Lo único que les interesa es que sea el
primero en hacerlo. De hecho, tu abuelo me examinó exhaustivamente, antes de pedir mi mano.
El hombre jorobado, se acercó a Rosa; tomándose su asta con ambas manos. La blandía como
un trofeo, recién termina la competencia.
Rosa Eugenia despertó en un lugar húmedo. Sentía un fuerte dolor abajo del vientre. Como si
un ardor profundo se confundiera con el dolor. Una mujer la observaba, de pie, a la orilla de la
cama. Le habló muy quedo. Como susurrándole al oído, palabras indescifrables; pero cargadas
de tristeza.
Padre y madre; abuela y abuelo llegaron hasta la cama. Habían logrado entrar, después de
muchas demostraciones acerca del parentesco con Rosa. Fueron al grano: el informe del
médico, dijo el padre, se resume en lo siguiente: ya no eres virgen. Te entregaste a un hombre
antes de lo previsto. Ya no sirves. Estás rota. Ni para cargar agua eres apta, ahora.
Por más que les expliqué lo sucedido, no creyeron mi versión. A partir de este momento, dijo el
padre, no estarás en casa. No eres bienvenida. Busca al hombre y convéncelo de que se case
contigo. Ya le hemos informado a Januario lo sucedido. Pobre hombre, tanto que te quiere.
No se que día salí del hospital. Todavía sentía un fuerte ardor. Este se mezclaba con el dolor.
Caminaba sin rumbo. No tenía adonde ir. Sabor amargo, este, que me penetraba. Sin un lugar.
Adolorida. Estuve caminando por todo el puerto. El cansancio me rindió. Quedé dormida en la
acera.
Al despertar, no recuerdo que día, me percaté de que tenía puesto un traje, a manera de
pijama. Una mujer negra me asistía, al borde de la cama. Esbelta, parecida a una fotografía
que había visto de una atleta en los juegos olímpicos de Sydney. Me habló con delicadeza.
Como queriendo apaciguar mi tormento con palabras que me parecieron hermosas.
¿Linda niña, de donde has venido?
No se si te trajo el Sol;
O viniste con la Luna;
¿…O será que mi corazón no recuerda tu hermosura?
¿…De tiempo atrás,
Cuando tú eras mi hermana.
…y yo hermana tuya?
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Me abrazó con ternura. Mujer, más que mi madre. No podré olvidar sus palabras. No podré
olvidar que me asistió; en el momento más oneroso de mi vida.
Me dijo: me llamo Isolina. Te encontramos, Demetrio y yo en la calle. Tenías el cuerpecito
tirado en la acera. Te trajimos a nuestra casa. Si tú quieres puedes quedarte. Necesitamos
compañía. Además, nos cautivan las niñas y los niños. ¿…Quieres comer algo?,…, disculpa que
no te llame por el nombre. No lo sé. ¿Tú lo recuerdas?
Le dije, me llamo Rosa Eugenia. Solo así. Tengo hambre, muchas gracias señora. Agradezco
también a tu patrón, al señor Demetrio.
Aquí no hay patronos ni señores, ni señoras, Rosa Eugenia. Solo amigos y amigas. Ven
sentémonos a la mesa. Demetrio ha preparado el desayuno y lo servirá enseguida.
¿Ahora bien, Rosa Eugenia, qué pasó?
Conté lo que recordaba. Lo del hombre jorobado en el baño y lo de mis familiares en el hospital.
Después,…salí y quedé dormida en la acera. Lo demás ya ustedes lo saben.
El examen de laboratorio arrojó un resultado infame. Estaba preñada. Ya estaba por la tercera
semana. Isolina respiraba fuerte. Demetrio no dejaba de llorar. No se que pienses tú Rosa
Eugenia. Mi recomendación en solo una: debes abortar. Tu preñez es consecuencia de una
violación. Además, tu cuerpecito, a los diez años, no está para parir. Ya tenemos suficiente con
el hecho de no haber vivido tu infancia.
Yo no atinaba a responder. Porque no sabía como hacerlo. Mi madre siempre vociferaba: los
hijos que manda dios, hijos son, hijos serán. A pesar de mi resentimiento con ella y con mi
padre, sentía que esas palabras me calaban hasta el centro de mis huesos. No quiero ser madre.
Y menos de un violador jorobado. Sin embargo, no quiero ser asesina de mi hijo.
Isolina me dijo, pero ¿qué tipo de hijo va a ser? Un hijo se admite cuando es resultado de la
pasión del amor y del deseo. Lo tuyo no fue ni lo uno ni lo otro. Mi linda niña. Que sea lo que tú
quieras que sea. Solo ten en cuenta mis palabras, como inventario expreso de lo que ha sido mi
vida.
Samuel nació. Yo estaba viviendo con Santiago. Habían transcurrido seis años. Samuel no fue el
último. Después llegaron Silvia, Martha, Maritza, Pitágoras y Adrián. Uno detrás del otro.
Apenas si cumplía mi ciclo de recuperación, cuando ya estaba encinta otra vez.
Santiago me había conocido en Puerto Berrio. Yo había llegado allí, después de fugarme, con mi
hijo, de la casa de Isolina y Demetrio. Trabajaba como doméstica en casa de uno de los
médicos del hospital. Allí, encontré refugio y ocupación. Samuelito, era un niño raro. Desde que
pudo moverse en la cama; me atosigaba con sus manos. Iban directo a mis pezones. Me hacía
gritar de dolor. Me hurgaba las piernas. En principio yo no me percaté de sus intenciones. De
las piernas, al pubis y de allá a….No bastaba con decirle: Samuelito, no me toques así.
Duérmete por favor.
Era conductor de una de las ambulancias del Puerto. A decir verdad, me entregué a él, el
primer día. Si alguien me pregunta porqué lo hice; le diría: …no sé porqué. Tal vez, porque me
hallaba desolada. Sin más norte que la calle, el ruido y los insultos. Santiago, al menos, me
recogió. Me llevó a su casa. Allí se sació conmigo y, después, su padre y su madre, me lanzaron
a la calle, de nuevo. A mí y a Samuel. Lo busqué en el hospital, hasta encontrarlo. Me dijo que
iba a conversar con el doctor Mascheroni, para que me eligiera como trabajadora en su casa;
ya que el doctor le había encargado eso, desde hacía algunos días.
El doctor Mascheroni, estaba casado con la doctora Cecilia Abril, médica cirujana que ejercía en
Bogotá. Absoluto respeto conmigo y con mi Samuelito. El trabajo no era complicado; pero si
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requería de mucha atención. Las camas, el aseo de los cuartos; de los baños, de piso
y…preparar la cena. Porque el doctor desayunaba y almorzaba en el hospital.
Pasados tres meses, me diagnosticaron otro embarazo. Creí morir. No había referenciado un
hecho como ese. Hablé con Santiago y me dijo:…no puedo llevarte a la casa de mi padre y de
mi madre. Mi salario no es suficiente para atenderte a ti y a mis padres.
Decidí hablar con el doctor Mascheroni. Le conté acerca de mi segundo embarazo. El doctor,
muy sincero, expresó que no podía hacerse cargo de tres personas. Sin embargo me referenció
a Francisco Peñuela; abogado de casi la totalidad de los hacendados de la región. Él tenía una
hacienda a la salida del Puerto y necesitaba que alguien le colaborara con la administración.
Don Policarpo, ella es Rosa Eugenia. Ya le había hablado de ella. Tiene un hijo y espera otro.
Pero es muy eficaz en su trabajo. Tanto en cocina, como en labores de aseo.
El señor Policarpo, me enseñó la casa y la hacienda. Debía alimentar a los peones. Además,
debía asear la casa. Dije sí. Y allí se cerró el negocio.
Estuve en la hacienda de don Policarpo, cerca de seis años. Nacieron, Silvia, Martha y Maritza.
Cuando creí haber cesado en mi función reproductiva, nacieron Pitágoras y Adrián. Santiago
decía responder por Silvia y Maritza. Los demás no son mis hijos. Porque te has vuelto una puta
recatada Rosa, me advertía a cada rato. Según me cuentan, seguía diciendo a cada rato, te
acuestas con la mitad de los peones de la hacienda. Incluso, ellos, hacen bromas en el bar. Han
llegado, inclusive, a apostar acerca de quien ha durado más contigo. Porque, según ellos, eres
insaciable. Después de uno, viene el otro y…después del otro el siguiente. Esto para no hablar,
decía, de tu primogénito. Ese es de quien te rompió. De quien hizo de ti una olla rota, sin otro
oficio que servir de filtro.
Estuve en Montevideo. Ya Samuel y los (as) demás estaban lejos. Había conocido a Verdaguer,
el mismo día en que llegué a Bogotá. Estaba sentado en uno de los restaurantes de la terminal
de transportes. Yo andaba sin rumbo. Había salido de Puerto Berrio la noche anterior. Mis hijos
e hijas ya no estaban conmigo. Cada uno (a) tomó su camino. Las niñas quedaron con Santiago.
Me acompañaba el estigma de ser mujer de todos.
Verdaguer me observó, desde el mismo momento en que entré y pedí un café. Se me acercó.
Se sentó a mi lado. Hablamos de todo. Como contando nostalgias, pesares. Como
indagándonos acerca de lo que fuimos y de lo que somos. Era como efectuar un recorrido
inmenso en el tiempo. Una apertura de vida, a partir de un hecho circunstancial y fortuito, un
encuentro. Conocí parte de su vida. Y él conoció casi toda mi vida. Palabras y palabras, que
fluyen y comunican. Palabras acerca de la dureza del día a día.
Me escrutaba. Unos ojos inmensos, color verde. Un cabello hermoso, azabache. A decir verdad,
me sentía arrobada. Una especie de atracción primera, sin otra justificación que la necesidad de
ser tomada y de sentir ese placer que me convoca. No se que pasa conmigo, los hombres son,
para mí, referentes sexuales. De manera constante. Ahí, en ese momento, ya recorría el cuerpo
de Verdaguer con la mirada y con el deseo.
Supe de su origen. Había nacido en Montevideo, treinta años atrás. Llegó al país, en busca de
aventuras. Un hombre hecho para viajar, sin rumbo. Se ganaba la vida, haciendo lo que fuera
necesario. Desde trabajar en oficios varios; hasta engañar incautos, como prestidigitador.
Estaba alojado en un hotel sencillo. Situado en un de los sitios más deprimidos de la ciudad.
Llegamos a su cuarto. Le informó al administrador que yo era una familiar y que estaría con él
hasta el día siguiente. A su vez, el administrador, le informó que habían estado unos señores
indagando por él. Por su aspecto, creo que son detectives.
No respondió. Nos bañamos juntos. De pie hicimos un ejercicio inmenso. De nunca acabar. Me
asombró su capacidad. Tres veces me inundó. Quería más. Pero, en verdad, yo estaba
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extenuada. Dormimos largo rato. Nos despertó la voz del administrador. Decía que habían
vuelto los señores que estuvieron en la mañana.
Le informaron que tenía 48 horas para salir del país. Por su condición de indocumentado
itinerante, no podía residir aquí.
Estuvimos errantes. Sin un norte preciso. Aquí y allá. De Bogotá a Popayán y luego a Pasto.
Entramos a Ecuador en un furgón de carga, camuflados. Hicimos tránsito a Perú y Bolivia en las
mismas condiciones. Al entrar a Chile, nos encontramos con un amigo de Verdaguer. Un tal
Patricio Tapia. Hablaron largo rato. Nos invitó a cenar. Esto me alegró mucho, ya que no
comíamos desde el día anterior.
Tapia, le insinuó a Verdaguer que se quedara en su casa. Tu amiga, también puede quedarse
en casa, dijo. Un barrio inmenso, en la periferia de Santiago. Tapia nos guiaba. Habló del rol
que tuvo ese barrio en 1972 y 1973, durante el gobierno de Salvador Allende. De las brigadas
patrióticas. De las consecuencias del golpe militar. De la persecución constante. De los muerto;
de los torturados; de los desaparecidos. Él mismo, dijo, perdió a sus hermanos. Nunca más
supo de ellos; desde que allanaron su vivienda y se los llevaron. Logró escapar, gracias a la
colaboración de varios vecinos que le permitieron escalar techos y saltar al vacío.
Tapia describió un horizonte complicado. Estuvo huyendo todo el tiempo. Pasó a Argentina. Allí
la situación era igual o peor. Militares que absorbían todo. Aplicaban la opción de gobierno,
sustentada en su hegemonía. Y en su violencia, absoluta. También el vértigo de las
desapariciones forzadas. De las torturas. De execrables métodos para ahogar cualquier vestigio
de libertad, de oposición. En Buenos Aires, recorrió diferentes sitios. Se enroló en milicias
urbanas afines a los peronistas y, después en milicias afines a los Montoneros. Un recorrido
azaroso. Participó en varias acciones directas, de confrontación a la tropa y a sus informantes.
Estuvo en Córdoba. Se enroló en los grupos de resistencia, dirigidos por los obreros, por los
sindicatos, de manera clandestina. Allí, en Córdoba, la represión fue más cruel. Porque era un
territorio en el cual las organizaciones obreras eran fuertes y decididas.
Pasó a Montevideo. Se enroló en milicias tupamaras. Lo mismo: represión brutal. Se trataba de
hostigar y resistir a la fuerza avasallante, demoledora de los militares. Estuvo en Punta del Este,
territorio no tan azotado por la violencia. Allí hizo contactos. Sirvió como estafeta entre las
secciones en diferentes sitios. Recorrió mil caminos. Hasta en Brasil estuvo. Recabando
solidaridad. Colaboró con la organización logística. Dinero y pertrechos. Distribución de los
mismos. Coadyuvó con las Madres de la Plaza de Mayo, en los momentos más cruciales.
Admiraba, profundamente, la capacidad de estas mujeres para resistir y para convocar
solidaridad, en el país y en el exterior.
Tapia, también, estuvo realizando propaganda clandestina, en desarrollo del campeonato
mundial de fútbol, realizado en Argentina en 1978. Labor ardua. Porque la Junta Militar se la
había jugado toda en el impulso a ese evento. Como terapia forzada. Para presentar otra visión
al mundo. Diferente de la realidad. Se mostró una imagen del país; en donde la paz interna
había sido lograda. Se había derrotado a la subversión, a los antipatriotas. Decían, además, que
los desaparecidos eran un invento de quienes no querían hacerse a la idea de que Argentina,
era una república democrática. Simplemente, ellos, tuvieron que actuar para impedir que se
generalizara en el país y en todo el Cono Sur, la influencia dañina, pervertida de los comunistas.
Tapia supo, además, que desde mucho tiempo atrás, existía una confabulación entre la Junta
Militar y algunos directivos de la FIFA. Debía quedar claro: a la Selección Argentina no lo
quedaba otra opción que ganar el campeonato. Una ampliación y profundización de dominio.
Por una de esas vías que Gramsci definía como el poder ideológico. Una superestructura que
absorbe lo real. Una propagación de las verdades construidas a imagen y semejanza de los
detentadores del poder. Si bien es cierto que puede haber algunas diferencias entre un
gobierno burgués anclado en la democracia tradicional; no es menos cierto que, en últimas, la
Junta Militar defendía sus intereses y los de la burguesía, agazapada; sin decir nada ante las
atrocidades de los militares.
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Él (Tapia); estuvo, a su vez, durante el conflicto entre Argentina e Inglaterra; soportado en la
reivindicación de la jurisdicción de la primera sobre las Islas Malvinas. Un enclave inglés,
arrebatado por la fuerza. Desde la perspectiva de los luchadores por la libertad; esta
reivindicación es válida. Porque se trata de un territorio argentino, de su soberanía. Sin
embargo, enfatizaban además, que la Junta Militar pretendía hacer de ese conflicto una
posición de unidad nacional, pero manteniendo la dictadura, la violencia, el exterminio sobre el
pueblo argentino.
Nos contó de las andanzas de Atanasio, un auriga de los detentadores del poder. Un hombre
curtido en acciones, reivindicando el derecho de los militares a ejercerlo, incluidas la violencia y
las desapariciones forzadas. Hombre de talla perversa. Se cuenta, decía Tapia, que su hija está
atada a un negocio de tráfico de personas; de un comercio infame con las etnias. No solo en
América Latina, sino también en Europa, Asia y África. Negocio montado con la complacencia
de las autoridades en diversos países.
Yo veía, en Tapia, un hombre sólido. De ideas y actividades recias, decididas. Hasta cierto
punto lo comparaba con Verdaguer, hombre sin principios, camaleónico, desleal, aventurero por
lo bajo. Solo me subyugaba su manera de hacer explotar mi placer.
Yo veía, en Tapia, un hombre hermoso. Con horizontes. Empezó a cautivarme. Cierto día, antes
de salir de Santiago, me acerqué a él, en un momento en que Verdaguer salió a pasear por el
barrio. Le dije, quiero que estés conmigo. Quiero palparte, absorberte. Quiero que me poseas.
Me miró perplejo. Como que no se hacía a la idea de que la mujer de su amigo se atreviera a
tanto. Le insistí. Me desvestí delante de él. Lo empujé hacia el baño. Le desaté los pantalones;
le cogí su inmenso músculo. Abrí mis piernas, de pie y lo introduje en mi abertura. No pudo
más. Me asió por las nalgas y empujó. Una fuerza absoluta. Una y otra vez, sentí su líquido,
tibio. Una y otra vez me hurgaba; me tocaba los pezones. Exploté, grité. Le decía: más, más;
quiero más.
Cuando regresó Verdaguer, todavía estaba un tanto convulsa. Un ardor hermoso me recorría
todo el bajo vientre. Todavía sentía mis pezones adoloridos, erectos. Intuí en Verdaguer una
expresión extraña. Como si oliera mi vagina y el líquido en ella. Era hombre conocedor de
nosotras las mujeres. Su experiencia en estas bregas con las mujeres; lo había dotado de un
gran olfato. Conocía el olor de lo suyo. Aprendió a conocer los olores del líquido de otros
hombres. Era un animal en celo permanente, que olfatea a su hembra y sabe si su territorio ha
sido invadido.
Viajamos a Buenos Aires. En furgones de carga. Otros trechos los hicimos a pie, evitando pasar
por lugares militarizados. Todos concentrados en la necesidad de llegar sin obstáculos. Yo
miraba a Tapia, a cada momento. El sabía que yo lo hacía. Aprendió, en su lucha, a mirar sin
mirar. A percibir a los otros y a las otras a distancia. Hablaba con Verdaguer. Sobre trivialidades.
Sobre lo cotidiano. Sobre el paisaje.
Llegamos un martes en la tarde. Me sentía cansada. Casi arrastrando los pies. Tapia nos
condujo a la casa de uno de sus camaradas. Eludiendo sitios. Dando giros; vigilante. Por fin
llegamos a la casa. Ismael, saludó a Tapia y este nos presentó como un amigo y una amiga que
conoció en Santiago. Le susurró al oído. Supongo que le dijo que no había nada que temer con
Verdaguer y yo.
Ismael enteró a Tapia de los últimos acontecimientos. Supimos que seguían en la lucha; a pesar
de la leve apertura que se sentía en el ambiente político. Habló de Raúl Alfonsín. Del deterioro
constante de la Junta. De su desprestigio a nivel internacional. De la presión que ejercían sobre
ella diferentes gobiernos europeos. Contó que se había conocido, públicamente, lo que antes
era un rumor. La CIA estuvo, todo el tiempo, asesorando a la Junta Militar. En el contexto de la
política de la guerra de baja intensidad. De la influencia de esta política en casi todos los países
Latinoamericanos. Incluido El Salvador; en donde se desarrollaba una lucha tenaz. Del Frente
Farabundo Martí. Del desarrollo de las actividades del Frente Sandinista que había triunfado en
160
Nicaragua. De la situación en Guatemala, de la violencia en contra de las mujeres allí. Misóginos
constantes.
Nos contó de la situación interna del movimiento revolucionario en Argentina; de las
contradicciones crecientes; habida cuenta de la heterogeneidad de sus integrantes. Peronistas,
socialistas, los sin partido, etc.
Al día siguiente de nuestra llegada, asistimos a un concierto. Ya había regresado Mercedes Sosa
de su exilio. Estuvo León Giecco, quien también había regresado. Esa misma noche estuvimos
bailando en uno de los barrios de la capital. Al regresar a la casa de Ismael, bebimos unas
copas de vino. Casi no pude conciliar el sueño. Estuve inmersa en una sucesión de imágenes
pasadas. Imágenes de regresión. Me veía asfixiada por el jorobado. Veía a Santiago encima de
mí, a la vez que me susurraba: ¡Puta ¡ No vales nada; mujer de todos. Veía a Samuel. Sentía su
odio: Sentía sus manos recorriéndome todo el cuerpo; recordé sus vesanias; su tránsito hacia la
maldad absoluta. Veía a Silvia; a Martha; a Maritza entregada a Pánfilo; a Pitágoras y a Adrián.
Recordaba a Demetrio y a Isolina; lloré de dolor por mi deslealtad. Cuando desperté, estaba en
Montevideo con Verdaguer. Habíamos huido. No estaban ni Tapia, ni Ismael. Luego supe que
Verdaguer los había traicionado. Los había delatado. Cobró una recompensa por ello. Aturdida;
vagué por las calles, sin rumbo. Me lancé al vacío desde el octavo piso de un edifico comercial.
Sentí el estruendo de mi propia caída. Fui muriendo lentamente, ante la mirada horrorizada de
los transeúntes.
CAPITULO IV
Pedro Arenas Monserrat, había nacido en Lisboa. Padre portugués, madre colombiana. Desde
los dos años residía en Colombia, con su madre. Su padre había quedado en Lisboa, ejerciendo
funciones de empleado estatal. A los seis años fue matriculado en una escuela pública en la
ciudad de Barranquilla. A tan temprana edad, dejaba entrever sus capacidades para casi todas
las áreas del conocimiento. Lector innato. Surtidor de un lenguaje preciso, lógico, creativo.
Transcurridos los años de su educación formal, en la escuela y en el colegio, Pedro Arenas se
vinculó a la universidad en el programa de pregrado de antropología. Desde allí, empezó un
proceso en el cual desarrolló algunas teorías acerca de la relación entre filosofía y educación.
Un acercamiento a la pedagogía, desde una perspectiva innovadora. Como quiera que formuló
algunos conceptos básicos. Uno de ellos tiene que ver con los modelos educativos y su
incidencia en el conjunto de la formación académica. Una dinámica que incluye asumir roles
protagónicos, por parte de los y las docentes, pero sin que esto implique la vulneración de la
autonomía de los y las estudiantes. Un proceso que irrumpía en un universo saturado de
lugares comunes y proyectos pedagógicos obsoletos.
Dada su capacidad para relacionarse con contextos sociales diversos; fue realizando propuestas
en todos los niveles. Particularmente en la educación secundaria. Pero, también incursionó en la
educación básica primaria. Con opciones conceptuales novedosas. Por ejemplo, el nexo entre la
formación en familia y la educación en las aulas. Otro ejemplo, tiene que ver con la noción de
autoridad, en los colegios. En un recorrido que incluyó la realización de diferentes seminarios y
talleres con docentes, madres y padres de familia.
En un de esos eventos, conoció a Juliana y a Isolina. Dos mujeres que, desde diferentes
ámbitos, manejaban las mismas reflexiones. En el sentido de la articulación, por ejemplo, de la
educación formal, la equidad de género y las transformación de modelos educativos que no
reconocen opciones diferentes construidas a partir de la cotidianidad.
Isolina, una mujer negra, vinculada al movimiento feminista; con realizaciones en los barrios,
en el campo y, particularmente en los grupos sociales que sufren el flagelo del desplazamiento
forzado. Mujer nacida en el Pacífico colombiano; autodidacta y dueña de una capacidad
161
inmensa para orientar y dirigir. De una sensibilidad absoluta para entrever las necesidades de
los pobladores. Ya había, incluso, publicado documentos alusivos a los temas y realizaciones
que la comprometían. Y que sabía manejar, sin producir distanciamientos con respecto a sus
pares; o con respecto a los grupos sociales. Una de las manifestaciones de esa capacidad, era
establecer una relación colectiva e individual. Con un pasado saturado de nostalgias y dolores.
Por estar inmersa en territorios de conflictos. Con laceraciones profundas que la marcaron. Pero,
sin transformar esto en posiciones de resentimiento y/o inmovilidad. Su primera experiencia
afectiva no fue feliz. Un individuo ambiguo, autoritario e insensible, fue su primer amante. Pero,
ella, tuvo la capacidad para efectuar la ruptura; sin que esto implicara posiciones de
desasosiego. Sin que esto la limitara en sus acciones.
Conoció a su segundo amante, en un escenario social, en donde prevalecían condiciones de
miseria, represión, olvido, matanzas. Demetrio, un hombre forjado en duras batallas por la vida
y por la sociedad. Amaba profundamente a Isolina y, con ella, desarrollaba las actividades que
los vinculaban con el proceso ya descrito.
Juliana, maestra en un colegio de educación secundaria en la capital, se había forjado como
investigadora de los proyectos educativos en Colombia y en América Latina. Mujer hermosa; de
un temple espiritual privilegiado. Su trabajo, en el área de humanidades, trascendía en la
institución educativa en donde laboraba. Una exigencia constante, consigo misma y con sus
alumnos y alumnas. Esto último no implicaba, sin embargo, una postura autoritaria. Sus clases,
eran reuniones para la reflexión. Los resultados, desde el punto de vista académico, se medían
por la capacidad adquirida por sus estudiantes, para exponer con independencia y con calidad,
los temas vistos durante los sucesivos períodos académicos.
Juliana consignó en un documento, algunas anécdotas y experiencias. Una de ellas, tuvo que
ver con un estudiante en décimo grado, llamado Samuel. Un joven extraño, decía Juliana, me
conmovió desde el primer momento. Porque tenía una expresión similar a los esquizofrénicos.
De gran capacidad para entender los temas vistos en clase. Además, dueño de una capacidad,
casi innata, para la reflexión de largo aliento; trascendiendo lo inmediato y vinculando
contextos necesarios para elaborar sus conclusiones.
Sin embargo, dice Juliana en su documento, en veces, aparecía un perfil un tanto perdulario.
Como si emergiera, de pronto, ese otro yo que expresaba una tendencia sicótica, aunada con
cierta dosis infamia y violencia. A pesar de su relación cercana con Samuel, Juliana nunca
exhibió ninguna posición afectiva, a la manera de amante. Tal parece que este chico si había
construido una interioridad que fluía en esa dirección. Este relato, extenso, constituye un
ejercicio de interpretación de la personalidad. En una opción, desde la perspectiva freudiana y
piagetiana. Estuvo con él en diferentes actividades académicas. Además, trató de conocer esa
instancia perdida de su infancia. Dejaba entrever la incidencia en su formación, de situaciones
difíciles en su infancia. Incluida una relación con la madre y el padre, con aristas punzantes y
vulneradoras. De hecho, un día, Juliana encontró a Samuel, tratando de forzar a una
compañera de clase. Expresaba un extravío tal, que convocaba a la tristeza,
independientemente de la acción que estaba realizando. Otro día, estando a solas con él,
revisando unos de trabajos académicos, Samuel le insinuó que estaba enamorado de ella; que
la deseaba, que era su obsesión. Es decir, una posición unilateral de Samuel; porque no había
mediado, en absoluto, alguna acción provocadora por parte de Juliana.
Lo cierto, es que Pedro Arenas propuso a Isolina y a Juliana, la realización de diferentes
ejercicios académicos, a manera de seminarios, sobre diferentes aspectos de la condición
humana; por fuera del ámbito restringido de las aulas. Un proyecto permeado por la necesidad
de profundizar e interpretar algunos textos fundamentales diseñados para proponer reflexiones
y opciones en el proceso educativo. Uno de los aspectos que reivindica Pedro Arenas tiene que
ver con un recorrido, en profundidad, por los territorios y por los maestros y maestras de
América. En uno de sus documentos, Pedro, ensaya un ir y venir crítico, pero asertivo; por las
propuestas de José Martí. Muchas de ellas vertidas en el texto El siglo de oro y la vinculación
que se desprende de sus escritos recogidos en Nuestra América. Con una visual periférica, en
términos de las necesidad de recomponer los proyectos educativos; para ajustarlos a los
162
requerimientos. En un entendido básico, que denota el respeto por la diversidad cultural y
étnica; así como, fundamentalmente, por la autonomía de los niños y las niñas. Un paisaje, en
donde la cultura es un escenario de vida que se modifica de manera perenne.
O, sigue diciendo Pedro, los esbozos delineados por Pablo Freyre, en ese recorrido suyo que
nos habla de la administración del conocimiento en general y de la pedagogía en particular;
vinculando propósitos, a partir de los entornos inmediatos y mediatos; con los cuales se
identifica a la población y de los cuales podemos entresacar elementos visuales y abstractos.
Claro está que no se trata de un aislamiento parroquial; sino de una universalización progresiva.
Referentes ya, de por si, atractivos. Como opciones políticas y sociales; a partir de un
continente tan disímil como lo es América. Pero entendiendo, también que África y Asia, son
territorios inmensamente diversos, en cuanto a etnias, religiones, lenguas, culturas. Solo
avanzando en la perspectiva de interactuar (pero no a la manera en que lo proponen los
difusores del la teoría del pensamiento complejo); sino por la vía de internacionalizar el
conocimiento de tal manera que los pueblos se apropien de el. Con un elemento conceptual
adicional: el que hace referencia a la necesidad de promover, elaborar y respaldar propuestas
inclusivas. Uno de los aspectos más relevantes de esto último, hace referencia a los niños, niñas
y adultos en condiciones de discapacidad.
Precisamente, en uno de los eventos programados y realizados, se presenta una opción de
interpretación de los procedimientos pedagógicos para los niños autistas. El evento se realizó
en la Universidad de la República. En su preparación estuvieron haciendo eje, Isolina, Juliana y
Pedro. Se invitaron disertadores y asistentes de las diferentes áreas académicas. Obviamente,
con énfasis en maestros y maestras.
La conferencista expuso y sustentó un documento elaborado, a manera de investigación sobre
un evento específico. Samuelito Arregoces, ha estado mucho tiempo en silencio. Tal vez, más
tiempo del que reporta su edad. Una travesía profunda por la vida. Llena de expresiones
nefandas. Que involucran opciones cuyo contenido permite posiciones onerosas. Ante todo,
para un niño como Samuel, cuya madre, Rosa Eugenia, pertenece a la tipología clásica del
desvarío. En donde no se sabe si la vida empezó con ella o si, por el contrario, la vamos
construyendo a cada paso. Como si fuésemos arquitectos de futuros. Pero con las cargas y los
estigmas de un pasado que no conocimos. Pasado cargado de latencias. Esas mismas que nos
pesan al nacer. Que las traemos cuando aparecemos, como hecho fortuito, en el mundo.
Entonces, quien presenta el trabajo, se constituye en rastreadora de esas lejanas opciones que
vivieron otros y otras. De esas vivencias soportadas por quienes nos antecedieron. Pero que, de
alguna manera, nos tocan al momento en que emergemos y que, si se quiere, nos
acompañarán toda la vida. Un desasosiego constante. Que nos sitúan, como a Samuel, en
condiciones de indefensión. Haciéndonos mucho más vulnerables de lo que creemos.
Aquí, vuela la imaginación. Pero también se ve recortada, en pleno vuelo. Y, entonces, nos
precipitamos al vacío. Que dura lo que dura una vida. Como la de Samuelito. Con vestigios
opacos. En donde los colores hay que inventarlos. No vienen con nosotros. En este sentido, en
consecuencia, resulta válido asumir la desesperación. Como cuando no sabemos que estamos
hechos, ni para que servimos. Solo sabemos que estamos ahí, en donde los otros y las otras,
también están buscando lo mismo. Tan cierto como que no alcanzamos a identificarnos. A
establecer relaciones creativas, asertivas, llenas de tonalidades diferentes; como diferentes que
somos. Samuelito, vino ya. Pero el no sabe que está aquí. Ni allá. Lo único posible para él, es la
envoltura que, todavía, lo retiene y lo impulsa a seguir viviendo. Pero sin ver alrededor. En un
entorno agresivo. Tal vez, por esto mismo, él no se atreve a despertar, a pesar de que sus ojos
miran desde el mismo momento del nacimiento. Una acción de mirar que no parece verbo. Un
estar ahí, sin saber porque…y, de pronto, sin quererlo. En lo que sigue, la exposición de la
maestra Adelina Santacruz.
163
JUSTIFICACIÓN
El proceso enseñanza-aprendizaje, dirigido a niños y niñas con dificultades para participar en
plenitud de condiciones normales, supone la realización de un ejercicio analítico y de
diagnóstico; de tal manera que podamos acceder a la tipificación precisa de la patología en la
cual se soportan las condiciones de anormalidad; así como el grado específico que estas
presentan. Esto supone asumir una perspectiva holística soportada en la interdisciplinariedad.
En esta perspectiva, y para el caso específico de este trabajo, considero pertinente hacer
referencia a algunos elementos desarrollados por el investigador Ángel Riviére, con relación a
los contextos en los cuales acceden los niños y niñas con autismo en sus diferentes grados de
manifestación. Particularmente en lo que respecta a la identificación de las necesidades
educativas especiales a lo largo del proceso educativo. Veamos esta descripción:
―..Hay una serie de factores que hacen especialmente importante, y al mismo tiempo
especialmente difícil y delicado, la valoración cuidadosa del desarrollo y las necesidades
educativas en los casos de autismo. En primer lugar, en éstos las desarmonías evolutivas y
disociaciones funcionales constituyen la norma más que la excepción. Puede darse el caso, por
ejemplo, de que estén perfectamente preservadas habilidades viso-espaciales, competencias de
inteligencia no-lingüística, destrezas motoras, y al mismo tiempo muy afectado el racimo
funcional constituido por las capacidades de relación, imaginación, expresión simbólica y
lenguaje. O incluso en un área en particular, como el lenguaje, pueden coexistir habilidades
morfosintácticas notables con graves torpezas pragmáticas (es decir, en el uso comunicativo del
lenguaje y la capacidad de adaptarlo a las necesidades de los interlocutores)...‖ 66
En Colombia, las experiencias acumuladas y los trabajos pedagógicos concretos realizados por
algunos (as) educadores (as) especiales; han permitido establecer orientaciones y pautas
generales. Asimismo, la configuración de opciones institucionales, de conformidad con el
artículo 13 de la Constitución Política, para el caso concreto de la educación especial; han sido
desarrolladas a través de normativas reglamentarias vinculadas con la Ley 115 de 1994 y con
los principios que orientan el reconocimiento efectivo de los derechos universales de niños y
niñas, particularmente en lo que concierne a los niños y a las niñas con diferentes grados de
discapacidad. En ese sentido, entonces, el Estado asume un rol protagónico, en términos de
garante para hacer efectivos, en plenitud, esos derechos.
Queda claro, entonces, que estamos hablando del diseño y aplicación de estrategias y
programas fundamentados en la inclusión como referente básicos. Por lo mismo, el diseño de
modelos educativos y su implementación en el aula regular, adquieren sentido y concreción a
partir de los proyectos educativos institucionales con énfasis, para el caso que nos ocupa, en
opciones y acciones específicas dirigidas a los niños y a las niñas con discapacidades que se
integran a esos proyectos regulares.
Ahora bien, como lo afirman el profesor Octavio Henao Álvarez y las profesoras co-autoras, en
el texto: Habilidades comunicativas en niños con síndrome de Down (publicado por la Editorial
Universidad de Antioquia), el solo hecho formal normativo (Artículo 13 de la Constitución
Política, la Ley 115 de 1994 y el Decreto 2082 de 1996) que obliga a la integración de los niños
y las niñas con dificultades especiales al aula regular; no supone la ausencia de vacíos en la
construcción, aplicación y desarrollo de los programas pedagógicos específicos. Lo anterior, por
cuanto se presentan desfases concretos y dificultades que inciden negativamente.
Se puede inferir, de lo anterior, que no basta con la existencia de una determinad normatividad
que defina acerca de la vinculación de los niños y las niñas con necesidades especiales al aula
regular. Entre otras razones, porque estas adquieren una expresión concreta, en espectros muy
amplios y complejos. El autismo, a manera de ejemplo, se caracteriza por ser una patología
cuya definición y manifestaciones admiten tipificaciones y diagnósticos en el contexto de los
66
Riviére, Ángel. “Orientaciones para la intervención educativa”. Ed. Trotta, 2001 pp. 63-64
164
trastornos profundos del desarrollo. Esto supone, en lo cotidiano, un universo de niños y niñas
autistas con grados y niveles diferentes de afectación.
Por lo tanto en este trabajo, en el cual se presenta y contextualiza una experiencia pedagógica
concreta con un niño autista, se pretende precisar acerca de las condiciones concretas de
dificultad que tienen los niños y las niñas afectados (as) por esta patología para asimilar la
exterioridad, entendida como entorno en el cual se realizan acciones relacionales soportadas en
la comunicación. Esto supone, entonces, describir y analizar el significado que adquiere esa
dificultad; así como también los avances en su superación a partir de la implementación de una
opción pedagógica ajustada a los requerimientos de estos niños. Así mismo, en la aplicación de
esa opción, verificar la importancia y el alcance que adquiere la utilización de herramientas
tecnológicas. En este caso particular, el software denominado micromundos, ejerce como una
de esas herramientas. Todo lo anterior, con arreglo a una conceptualización del proceso
enseñanza-aprendizaje y del modelo educativo que lo soporta. Aquí, considero pertinente
efectuar una descripción del caso específico del niño autista Samuel Arregoces, a quien va
dirigida la aplicación de la opción pedagógica apoyada en el software educativo micromundos.
En entrevista realizada a la niña Rosa Eugenia, madre del niño; narra acerca de su embarazo el
cual no fue planeado. Fue el resultado de una violación y por lo mismo no deseado. Un parto
normal, en el Hospital de Puerto Boyacá; a las 5:50 a.m. A los 6 meses de edad se deja al
cuidado de una señora. Desde ahí se percata un retraso en el desarrollo. A los 18 meses es
remitido por el pediatra a terapias en el hospital de la Misericordia. De allí es trasladado, luego
al hospital de la Sagrada Familia.
Es matriculado en una institución de educación especial, en el barrio Marsella. En este lugar, la
madre, considera que no se trabaja de manera adecuada con él; razón por la cual es
matriculado en un jardín Infantil. Allí se evidencia el autismo de Samuel. Fue retirado a
mediados de año porque en la institución consideran que es mejor llevarlo a una institución
especializada en autismo Lo llevan a terapias ocupacionales y a fonoaudiología, por razón de
costos es retirado nuevamente.
La niña Rosa Eugenia se dirige a la Secretaria de Educación y allí lo remiten a la Institución
Educativa Distrital José Martí, sede B. Institución que cuenta desde 1997, con experiencia en
integración de escolares con autismo al aula regular.
Dentro de los autistas intentegrados, Samuel Arregocés, a sus nueve años, es vinculado al
programa implementado por los maestros y las maestras Samuel Arragocés. Cursa el grado
segundo de básica primaria.
Desde entonces Samuelito, como lo llaman sus compañeros y maestros, ha mostrado un
cambio bastante notorio, a nivel de su comportamiento, su desempeño académico en el aula y
puntualmente en sus interacciones sociales.
Este cambio es fácilmente reconocible en las relaciones sociales que entabla y en la forma en
que lo hace. El lenguaje es el principal mediador. Por lo tanto, se considera básico contribuir al
desarrollo en este nivel; invitando al pequeño al uso de sistemas alternativos de comunicación,
como pueden ser el software educativo que aporte al desarrollo del lenguaje.*
Ahora bien, retomando el asunto central relacionado con el objeto de este trabajo y su nexo
con la utilización del software educativo micromundos, se hace necesaria una precisión en
términos del referente metodológico vinculado con la comunicación aumentativa y alternativa
(CAA) y, en ese mismo escenario referencial, la validez de utilizar una herramienta como el
software ya referido. Veamos:
Si bien es cierto que Samuel, a partir de su vinculación al proyecto de aula regular, ha logrado
avances significativos en lo que respecta a la interacción y comunicación con los niños y las
niñas no afectados (as) por las dificultades inherentes al autismo; nos es menos cierto que
estos avances están limitados por la ausencia de una relación en la cual la opción pedagógica
165
sitúe y caracterice, de manera plena, las limitaciones específicas del niños Luis Alberto y, en
consecuencia, permita un tipo de interacción centrada en la perspectiva de superación de esas
limitaciones. Esta aseveración mía no implica, claro está, un cuestionamiento del ejercicio
pedagógico profesional realizado por la maestra del niño Samuel. Simplemente, pretendo
resaltar aquel aspecto vinculado con las dificultades del niño y que requiere de una asistencia
pedagógica con énfasis en la comunicación soportada en una simbología adecuada a sus
necesidades. Visto así, entonces, el modelo de comunicación aumentativa y alternativa, por
cuanto está referido a la presencia de objetos, a manera de vectores, que convocan la atención
trascendiendo aquellas expresiones atadas a la cotidianidad normal y se convierten, por esto
mismo, en opciones que dinamizan la interacción con los niños y las niñas autistas. Esto en
razón a que, para ellos y ellas, la percepción y aceptación de la exterioridad; supone un tránsito
complejo en la medida en que no esta no constituye un asunto trascendental en su cuadro de
valores significativos.
En la perspectiva descrita, el software educativo , por su estructura interactiva en la cual se
concretan módulos dinámicos asociados a sonidos e imágenes y por cuanto permite la
participación creativa de los maestros, las maestras y los (as) receptores (as); se erige como
herramienta válida y pertinente para el tipo de trabajo pedagógico que requiere el niño Samuel
* Nota de aclaración: A manera de explicación relacionada con el itinerario del trabajo, en el
apartado en el que se presenta la evaluación ecológica del niño, se retoma esta descripción,
con el objeto de otorgarle solidez al contexto de todo el trabajo realizado con el niño Samuel
OBJETIVO GENERAL.
Identificar y desarrollar los alcances que adquiere una experiencia pedagógica concreta
centrada en la comunicación aumentativa y alternativa a través de la lecto-escritura, con un
niño autista; ubicándola en el contexto del modelo educativo y el proyecto educativo para el
aula regular. Esto supone un entendido acerca de la visión holística e interdisciplinaria que debe
acompañar el proceso enseñanza-aprendizaje con niños y niñas que presentan dificultades
especiales.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS.
1. Precisar el impacto de los contenidos específicos, inherentes al proyecto de aula regular
diseñado como una opción integral que incluye a niños y niñas con dificultades especiales.
2. Identificar los avances concretos en lecto-escritura y comunicación de un niño autista con
dificultades grado dos; según la caracterización general presentada por el doctor Joseph Artigas;
a partir de la utilización de recursos tecnológicos, como el software micromundos.
3. Cotejar los resultados obtenidos, en esta experiencia pedagógica individual, con los
resultados obtenidos en la aplicación del proyecto de aula aplicado en la institución escolar en
la cual está matriculado el niño.
4. Verificar la importancia e incidencia, para la comunicación interactiva con su entorno, que
adquiere, para un niño autista (en este caso concreto, para el niño Luis Alberto Muñoz Páez) la
aplicación de una opción pedagógica centrada en el modelo de comunicación aumentativa y
alternativa apoyada en el software educativo micromundos.
Del marco conceptual.
Se trata de establecer el nexo entre acciones individuales y las acciones colectivas; a partir de
dilucidar el significado que adquiere la relación unilateral del sujeto, que ha internalizado
determinadas pautas, con lo externo; entendido como entorno ajeno. Al tiempo que se define
su interacción con respecto los otros y las otras que actúan también en ese mismo entorno.
166
Algo así como proponer, desde lo conceptual, un hilo conductor que permita entender la
dinámica de ese proceso y, por esta vía, las diferencias entre el sujeto individualmente
considerado y el sujeto colectivo; con todo lo que esto tiene de complejo, comoquiera que toda
acción individual o colectiva supone incidir sobre la exterioridad, a la manera de proceso que la
transforma.
Elaborar una posición al respecto, supone la asunción de uno o varios referentes. Ante todo
porque está involucrada una noción del ser; en términos de subjetividad. Es decir, retomar
algunos insumos conceptuales que han ejercido como significantes; al momento de dirimir una
contradicción básica entre el (la) sujeto (a) entendido (a) como uno (a) autónomo (a) y lo
externo, entendido como universo que circunda al (la) sujeto (a) y lo (a) afecta; en cuanto lo (a)
imprime, otorgándole elementos que pueden ser tramitados o procesados. Es, en consecuencia,
un tipo de relación que permite identificar una aproximación a lo que podría llamarse
utilitarismo primario; a partir del cual cada sujeto (a) establece su propia visión y decide acerca
de las condiciones en las que delimita su territorio subjetivo, con respecto a la territorialidad
general, externa; escenario que comparte con los (as) otros (as) sujetos (as).
Lo anterior es tanto como entender la relación entre la naturaleza y el (la) sujeto individual.
Ahora bien, desde la perspectiva estrictamente centrada en la teoría del conocimiento; cabe
una aseveración (anterior a la lógica propuesta por la corriente del pensamiento complejo) la
cual, a su vez, involucra una contradicción; relativamente simple: en principio, el ser como
sujeto (a) individual, construye su internalización y su autonomía; a partir de un ejercicio,
mediante el cual procesa la información proporcionada por la exterioridad. Solo a partir de ahí
le es dado al (la) sujeto (a) una relación conciente con esa exterioridad; en razón a que la
elaboración realizada por el (ella) define, de por sí, la particularidad propia de su identidad y
autonomía.
Así las cosas, entonces, hablar de la identidad del ser supone utilizar un concepto asociado a la
autonomía. Pero también al ejercicio que permite la apropiación de la exterioridad; como
proceso de internalización sin la cual no es posible una actuación individual conciente y
diferenciada. Esto es lo mismo que asumir como verificable, en la intervención de un (a) sujeto
(a), las acciones inherentes a su identidad construida en términos de su relación con la
exterioridad. Aquí cabe un entendido, de ese proceso que conlleva a la internalización individual,
diferenciado. Es decir asociado a momentos y/o períodos históricos; los cuales determinan la
calidad y complejidad que adquiere la autonomía, la identidad; la capacidad para regresar a la
exterioridad; bien sea para transformar la naturaleza física; o para interactuar con los (as) otros
(as) sujetos (as) en términos de comunicación; generando opciones de transformación cuya
concreción supone una actuación conjunta.
La anterior interpretación conduce a plantearnos un interrogante relacionado con la
diferenciación primaria entre los (as) sujetos (as), con respecto a la visión adquirida a partir del
proceso de internalización de la exterioridad. Esto supone entender (la interpretación) como
dinámica; ajena a un procedimiento lineal homogéneo. Veamos:
La internalización individual está dada por la realización de un ejercicio de apropiación de la
exterioridad, independiente. Es valida para cada sujeto (a) en su condición de ser que se
diferencia de los (as) otros (as); así sea en el período más primario. Es decir en aquel en donde
la relación con la naturaleza se ejerce a partir de insumos y procedimientos elementales. A
manera de ejemplo: los hombres y las mujeres definidos (as) como primitivos (as) en la historia
de la humanidad; no establecieron un tipo de relación igual con la naturaleza; así el producto
de esa relación se hubiera manifestado a través de una transformación y de utilidad similar; en
cuanto significó la provisión de recursos inmediatos en nexo con sus necesidades primarias.
Cada uno (a), en su ejercicio de apropiación de la exterioridad, adquirió y procesó elementos de
manera individual. Esto es lo que permite entender acciones posteriores diferenciadas; inclusive
entre aquellos (as) que compartía un mismo territorio físico y tenían pautas similares;
entendidas estas como insumos colectivos derivados de su relación con ese territorio común.
167
Visto así, entonces, no es pertinente la afirmación que reclama la vida colectiva primitiva, como
sinónimo de unanimismo o identidad colectiva, que diluye la apropiación individual de la
exterioridad. Si bien es cierto, en principio, que la intervención colectiva para la transformación
de la naturaleza, se tradujo en acciones en las cuales la división de las mismas(...O del trabajo)
no implicaba diferenciaciones en jerarquía que permitieran la acumulación individual; no es
menos cierto que estas acciones colectivas no conllevaron a subsumir lo individual, como
proceso de internalización, mediante la cual cada uno (a) construía su propia visión y pudo
elaborar conceptos diferentes, comparados con las visiones y conceptos de los (as) demás.
El ser individual, entonces, es tal en razón a su identidad y a su autonomía para elaborar
visiones y conceptos. Esto permite entender, a manera de ejemplo, el desarrollo y aplicación de
opciones individuales; en el mismo contexto de la transformación colectiva de la naturaleza. De
no ser así, el tránsito de un período a otro se hubiese producido sin ninguna contradicción; en
condiciones de homogeneidad en las cuales no habría lugar para el ensayo y la inventiva. Esto
traduce: no todos (as) reaccionaron de manera uniforme ante los retos derivados del proceso
de transformación colectiva de la exterioridad. Entre otras razones, porque la construcción
individual de visiones y conceptos, incluye un distanciamiento, una abstracción a través de la
cual se construye la identidad individual, como instrumentos indispensable para desarrollar la
autonomía como posibilidad y como requisito para la diferenciación. Esto no implica asimilar, de
por sí diferenciación individual a jerarquía y/o acumulación primaria de poder atado a la
apropiación del producto derivado del trabajo colectivo. Se trata, simplemente, de entenderlo
como dinámica posible, necesaria y lógica; en el contexto de la evolución traumática y compleja
de la humanidad; desde períodos históricos primarios hasta períodos en los cuales se expresan
los logros alcanzados; por la vía de la interacción entre las acciones colectivas e individuales.
Como corolario inicial es pertinente expresar lo siguiente: La condición de sujeto (a) individual
está dada por la asunción de la identidad y la autonomía; a partir de la diferenciación en el
proceso de aprehensión de la exterioridad. Esta identidad y autonomía, a su vez, permite
establecer una incidencia en la transformación de la exterioridad y una interacción con los (as)
otros (as) sujetos (as); sin subsumirse; sin perder los referentes propios originados en su
particular visión e interpretación (concepto) de la naturaleza y de la relación con los (a) otros
(as).
El ser individual es, de por sí, complejo. En cuanto logra, aún en su condición de individuo (a)
primario (a), construir su propia visión de la exterioridad. Este proceso está asociado a los
sentidos biológicos. La percepción, como ejercicio inicial que permite acceder a insumos
externos, ejerce como instrumento para recolectar esos datos y procesarlos. Ya ahí, la
diferenciación se establece por la vía del seguimiento y continuidad, originados en la capacidad
para retener la información e interpretarla. No es una memoria simbólica ni formal, como la de
los otros animales. Esa memoria trasciende a la repetición simple de lo aprendido, a manera de
expresión espontánea y/o de respuesta instintiva a motivaciones externas. Por el contrario, es
una memoria en constante actividad y que actúa como recurso pleno e intencional, cuando se
hace necesario recordar lo visto antes, lo vivido; a partir de experiencias individuales y
colectivas. Así y solo así se puede entender la capacidad que adquiere cada sujeto (a), para
proponer y desarrollar opciones dirigidas al proceso de transformación de la exterioridad. Pero
también, para entender la construcción de una simbología para sí; de tal manera que ejerza
como instrumento fundamental, a la hora de definir sus propias perspectivas; en cuanto
expectativas originadas en su propia pulsación con respecto a los (as) ) otros (as). Entonces, la
esperanza, la ilusión, los afectos, el placer como elaboración suya; constituyen referentes en los
cuales se cruzan la individualidad y lo colectivo. No como derogación de lo primero en función
de lo segundo; sino como interacción que el (la) sujeto (a) individual acepta, e incluso propone,
en el camino hacia la obtención de un determinado fin. Ya, en esta expresión, es pertinente
entrever la influencia (...en esa memoria individual, como acumulado constante) de las
tradiciones aprehendidas por la vía de la imposición y/o de la experiencia directa, que
adquieren determinadas instancias simbólicas; construidas a partir de procesos individuales y
colectivos. Así entonces, a manera de ejemplo, cabe analizar en ese espectro; el rol de la
religión, de los códigos y paradigmas que ejercen como limitaciones al desarrollo pleno de la
individualidad, en cuanto adquieren una significación que trasciende a cada sujeto (a) y lo (a)
168
obliga a un acatamiento; so pena de quedar por fuera de esa figura de concertación colectiva
que lo (a) compromete. No reconocer la concertación (a la manera de equilibrio); tuvo siempre
(...y tiene ahora) para cada sujeto (a) repercusiones profundas. Inclusive, de su aceptación o
no, depende en muchos casos la existencia suya como sujeto (a) individual vivo, como actor
válido.
En este contexto cabe una expresión relacionada con la incidencia que adquieren las opciones
propuestas, por parte de los (a) sujetos (as) individuales; en lo que hace referencia a la
interpretación de las pautas, paradigmas y condiciones vigentes en un determinado período
histórico. En sí esas pautas y condiciones, no son otra cosa que construcciones colectivas que
trasciendan a cada individuo (a). Podría aseverarse inclusive que, en las mismas; cada sujeto se
subsume, como quiera que no le esté permitido transgredirlas. Está obligado, en consecuencia,
a asumir una interpretación similar a la que realizan los (as) otros (as). Si su decisión es hacer
trasgresión, bien sea por la vía de proponer una interpretación diferente y/o de asumir la
opción directa de cuestionarlas y trabajar por su destrucción; se entiende que asume las
consecuencias a que esto conlleva…Entonces se configura, a partir de esa intervención
individual, una confrontación con la simbología e iconografías colectivas. Aquí, en esa
confrontación, se enfrenta la construcción individual con la construcción colectiva. Esto es válido,
como decíamos arriba, tanto para los paradigmas colectivos asociados a la religión; como para
aquellos paradigmas asociados a la noción de ordenamiento y de jerarquización. Queda claro,
asimismo, que estas construcciones colectivas, son posteriores a la apropiación primigenia de la
exterioridad, a la internalización primera realizada por cada sujeto (a) en su contacto inicial con
la naturaleza. Es decir, son elaboraciones, desarrolladas en el tiempo y en el espacio; como
acciones concientes o inconcientes (...o mediante una interacción entre los dos estados) en
donde se aplica el conocimiento acumulado, a manera de ordenamiento de las percepciones
recibidas y almacenadas en la memoria. Pasa a ser, por esta vía, una memoria de todos y todas.
Una memoria colectiva que se construye a través de la comunicación y de la instauración de
códigos e íconos que dan fe de la concertación.
Toda herejía, en principio, es una acción individual. Compromete a quien realiza una
interpretación diferente y se decide a proponerla como opción. Bien sea como modificación
parcial de las pautas, paradigmas y condiciones instaurados como referentes colectivos; o como
alternativa que conlleva a una modifi9cación total, radical. Algo así como o son esas pautas y
paradigmas o son estas pautas y paradigmas alternativos. Ya ahí, en esa acción de proponer
una alternativa, se configura un distanciamiento con respecto al ordenamiento vigente.
Adquiere ese hecho un significado asimilado a la ruptura. En el proceso de enfrentar esa opción
(...u opciones) con las existentes; el (la) sujeto (a) que ejerce como cuestionador (a),
desemboca en una posición herética. A partir de ahí, se trata de definir las condiciones y el tipo
de acciones a realizar, el proceso de difusión de la opción u opciones nuevas. Aquí, condiciones,
tienen que ver con los insumos recaudados para sustentar la nueva opción. Un tipo o tipos de
acciones, tiene que ver con realizar una confrontación individual absoluta. O la adquisición,
mediante el proceso de persuasión o imposición, de una aceptación de los (as) otros (as). De
tal manera que pueda presentarse y desarrollar como opción u opciones colectivas. Esto no es
otra cosa que el comienzo de una sumatoria de acciones diferenciadas; en procura de lograr la
aceptación y acatamiento, bien sea de la modificación parcial o de la erradicación de las
anteriores pautas y paradigmas y, en su reemplazo, erigir las nuevas.
De todas maneras, bien sea que se actúe n un u otro sentido, es evidente la necesidad de
cierta subyugación hacia los otros y las otras. Algo así como entender y aceptar el principio
básico relacionado con el ordenamiento y el equilibrio por la vía de la imposición de pautas y
paradigmas: siempre existan referentes establecidos como condición para el ordenamiento y el
equilibrio; habrá unos códigos y obligaciones que ejercen como limitación a la libertad individual.
Alcanzar unos nuevos referentes, unos nuevos códigos y nuevas obligaciones; supone la
realización de acciones que controvierten lo anterior.
169
De los trastornos profundos del desarrollo. Caso: El autismo.
De todo lo anterior se infieren, entonces, algunos aspectos fundamentales vinculados con el
caso específico del trabajo con los niños autistas; por cuanto ellos están inmersos en un
universo de opciones y de valores que no encuadran en los conceptos y acciones propias de
normalidad. Entendida esta como construcción relacional en la cual prevalece lo conciente y lo
racional como agregados indispensables para la comprensión y aceptación de la exterioridad
como realidad válida en la que se desenvuelven las actividades cotidianas. De lo que se trata,
en consecuencia, es de establecer un tipo de comunicación que los y las vincule a este
escenario, respetando su condición de sujetos autónomos, diferentes. Es decir conociendo, de
antemano, la imposibilidad de una integración plena a las exigencias y a las condiciones propias
de quienes ejercemos, para ellos, como sujetos partícipes de esa exterioridad no reconocida ni
aceptada por ellos. Se trata, desde mi interpretación, de asumir un ejercicio pedagógico que les
permita una aproximación a nuestra realidad sin que esto implique una especie de rescate para
vincularlos (as) en términos absolutos a nuestro universo de valores, conceptos e imaginarios.
La complejidad de los problemas asociados a las diferentes manifestaciones o grados de
autismo; supone la implementación de una metodología adecuada que permita un
acercamiento preciso; en términos de su caracterización específica. La siguiente descripción,
acerca del enfoque actual del autismo, es bastante esclarecedora.
―..En los últimos años se han producido cambios importantes, que nos permiten definir una
tercera etapa en el enfoque del autismo. Afectan al enfoque general del cuadro, las
explicaciones que se dan de él, los procedimientos para tratarlo y el desarrollo de nuevos focos
de interés.
El cambio principal en el enfoque general del autismo consiste en su consideración desde una
perspectiva evolutiva, como un trastorno del desarrollo. Si el autismo supone una desviación
cualitativa importante del desarrollo normal, hay que comprender ese desarrollo para entender
en profundidad qué es el autismo. Pero, a su vez, éste nos ayuda paradójicamente a explicar
mejor el desarrollo humano, porque hace patentes ciertas funciones que se producen en él;
capacidades que suelen pasar desapercibidas a pesar de su enorme importancia, y que se
manifiestan en el autismo precisamente por su ausencia. No es extraño entonces que el
autismo se haya convertido en los últimos años en un tema central de investigación en
Psicología Evolutiva y no sólo en Psicopatología. Ni que en las definiciones diagnósticas la
consideración tradicional del autismo como psicosis infantil haya sido sustituida por su encuadre
como trastorno profundo del desarrollo. Ni debe extrañarnos tampoco que la revista científica
más difundida sobre autismo, que comenzó llamándose Journal of Autismo and Childhood
Schizophrenia, se llame desde 1978 Journal of Autismo and Developmental Discorders. ― 67
2. El proceso cognitivo
2.1 El sujeto que aprende, su condicionante cognoscitivo.
Los términos de referencia, en relación con el proceso cognitivo, tienen que ver con el nexo que
establece cada sujeto (hombre o mujer) con el entorno social; la manera como se asume con
respecto a ese entorno y, por esto mismo, la interacción consigo mismo (a). Pero también
intervienen, a manera de condicionantes activos (as), quienes ejercen como orientadores (as).
Estos (as) últimos (as), en razón a su rol, unas opciones. Por lo tanto, efectúan algo así como
una restricción en la manera como cada sujeto percibe y entiende ese entorno y su lugar en el.
67
Ibid, página 22.
170
Visto así, entonces, la capacidad cognitiva está condicionada. Tanto como entenderla en nexo
con las directrices y las expresiones derivadas de la asimilación previa y del método utilizado
por parte de quien o quienes actúan como orientadores (as). La acción de transferir el
conocimiento, en consecuencia, no es otra cosa que convocar a cada sujeto receptor (a) para
que asuma esas directrices y expresiones. Puede decirse que estas ejercen como constantes
invariables durante un determinado espacio de tiempo. La diferenciación, lo que garantiza la
heterogeneidad y diversidad, tiene relación con el método con el cual se efectúa esa
transferencia.
Desde esta perspectiva, es pertinente citar la definición propuesta por el profesor Philip W.
Jackson: ―Cualquier intento por describir las características psicológicas, tan amplio y diverso
como el de quienes responden al título de maestro, está destinado a fracasar casi desde el
principio. Esto se debe por lo menos a dos razones. La primera de ellas la constituyen los
hechos evidentes de dimensión y diversidad, los cuales hacen inevitable que no importe lo que
se diga de un miembro típico de ese grupo, pues resultará falso para muchísimos otros
miembros de la misma clase. Existen muchos tipos de maestros: profesores universitarios y
asistentes de jardín de niños, buenos y malos maestros, novatos y veteranos. La variabilidad
que hay en estas subcategorías parecería contravenir, desde el principio, todos los esfuerzos
que hagamos por generalizar. La segunda razón estriba en que el tener que decir algo sobre las
características psicológicas de un grupo tal – sus hábitos de pensamiento y sus habituales
posiciones intelectuales-, hace la tarea doblemente difícil. La cognición es un asunto privado
que, si acaso se presenta, se refleja oscuramente en lo que la gente dice o hace. Computar el
promedio de edad o el nivel de ingresos anuales de los maestros quizá se tarea fácil, pero
describir su forma de pensar es infinitamente más difícil, tanto así que parece más prudente
aceptar de antemano la derrota...‖68
Se trata ahora de precisar acerca de los contenidos inherentes al proceso cognitivo y, al mismo
tiempo, de la capacidad cognoscitiva del sujeto o los sujetos; en un escenario en el cual
aparecen elementos vinculados a determinadas categorías que definen lo normal o anormal,
con respecto a ese sujeto y/o sujetos receptores.
Queda claro, en principio, que el (la) orientador (a) actúa como sujeto condicionante en
primera instancia; independientemente de este otro factor o factores; es decir, haciendo
abstracción de las categorías de normalidad y anormalidad aplicables a los (as) receptores (as)
de esa orientación o transferencia de su proceso cognoscitivo.
2.2. El concepto de realidad y su aprehensión.
Ya se ha expresado arriba una posición en lo que tiene que ver con la percepción y la
aceptación de la exterioridad, por parte de cada sujeto individual...y de los sujetos colectivos.
Hasta ahí, asumíamos la existencia de condiciones exentas de elementos vinculados a una
determinada incapacidad para captar y entender los referentes propuestos. Por lo tanto,
entonces, las opciones derivadas a partir de ahí, aparecen como posibilidad de acoger e
internalizar de manera homogénea o heterogénea esos referentes y, por extensión, el amplio
espectro en lo que hace relación a la exterioridad, como entorno circundante inmediato o
mediato. Visto así, en consecuencia, la realidad es una aprehensión de esos mensajes y la
asunción de roles específicos con respecto a ella, está cruzada por las características de esos
mensajes o referentes.
Ahora bien, tratándose de una tipificación en nexo con los patrones establecidos como válidos
para captar y entender la realidad y el tejido relacional con esta, incluidos (as) los (as) otros (as)
sujetos (as); se ha admitido las figuras de normalidad y anormalidad; para designar las
características precisas que adquiere esa aprehensión; tanto de la realidad como del tejido
68
Jackson, Philip W., “Cómo piensan los maestros”. Tomado de recopilación realizada en el texto: La
Psicología en la práctica educativa, primera edición en español, mayo 1981. Editorial Trillas, México.
Recopilador: Lasser, Gerald S., página 23.
171
relacional inherente a la intervención que efectúa cada sujeto (a). Esto supone, entonces, la
existencia de tipologías asociadas al comportamiento humano, su explicación y justificación.
El desarrollo de estas tipologías y su profundización, permiten inferir precisiones acerca de las
condiciones normales y/o anormales en las que se desenvuelve la interacción de los (as)
sujetos con la exterioridad. Es, en otras palabras, hablar de las condiciones en las cuales se
produce la aprehensión e internalización. Ya, en este otro escenario, se introduce la noción de
diferenciación, asociada a la características de cada sujeto o colectivo.
2.3 La anormalidad, como patología
La psiquiatría y la psicología, han logrado identificar y tipificar determinadas patologías
asociadas a las condiciones en las cuales algunos (as) sujetos (as) asumen su relación con la
exterioridad. Estas patologías, a su vez, están vinculadas con aspectos inherentes a somáticos
y/o psicosomáticos. El desarrollo de la investigación y la experimentación, ha permitido aislar
algunas características y síntomas. Esto ha permitido entender y cuantificar el grado de
dificultad para aprehender la realidad, por parte de los portadores (as) de estos síntomas; bien
sea como síndrome o como manifestación única y específica.
Cabe, en presencia de estas patologías, por lo tanto entender la necesidad de construir
opciones alternativas relacionadas con el proceso cognitivo; comoquiera que el o la
cognoscente requiere de unos insumos diferentes; en la intención de alcanzar con el o ella una
dinámica y una lógica precisa que permitan acercarlo al conocimiento de la exterioridad y al
tejido relacional con los (as) otros (as). Aquí, en esta opción de transferir conocimiento, el (la)
dador (a), ejerce como orientar (a) que requiere de cualidad específicas, en nexo con las
exigencias derivadas de la patología, sus síntomas y su caracterización somática y
psicosomática.
Quiere decir lo anterior que el proceso cognitivo adquiere, en presencia de patologías asociadas
a la imposibilidad de un (a) determinado (a) receptor (a) para establecer una relación normal
con su exterioridad y para participar en el tejido relacional a que esto conlleva, unas
características que obligan al dador o a la dadora de los insumos de conocimiento la utilización
de métodos especiales. Por esto mismo, esos métodos especiales, requieren de una formación
especializada, necesariamente interdisciplinaria. Es algo así como otorgar una transferencia del
conocimiento condicionada por las características y los síntomas de esas patologías.
Si mantenemos la misma definición asumida para los (as) orientadores (as) del proceso
cognitivo de los cognoscentes normales, se infiere que, de todas maneras, y a pesar de las
connotaciones especiales que deben acompañar a los (as) transmisores (as) del conocimiento
para cognoscentes anormales; expresan su posición de acondicionadores que proponen
determinadas opciones para la interpretación de la realidad.
Lo anterior es válido también, al momento de discernir acerca de la intervención de los
psicólogos y psiquíatras que actúan como identificadores de las patologías, sus síntomas,
características. Y, por lo tanto, sugieren pautas y métodos para el trabajo de los (as)
educadores (as) especiales. Veamos, a manera de ejemplo, una posición en este sentido; con la
salvedad obvia en términos de opción general en la que no se considera lo hipotético de una
situación de anormalidad en el cognoscente.
―Partimos de la hipótesis de que todo maestro debe conocer lo más posible acerca de manera
como funciona la mente de sus alumnos. ¿Cómo puede lograr esto el maestro? Desde luego,
puede leer libros que aborden ese tema, y luego tratar de aplicar lo que ha leído a la enseñanza.
Este enfoque puede ser útil, aunque no siempre fructífero. La información que dan los libros de
texto sobre el desarrollo del niño está más bien alejada de las consideraciones cotidianas a las
que se enfrentan los maestros reales, que tratan con niños reales y cuyos problemas son
inmediatos. El maestro debe enfrentarse a situaciones inmediatas que requieren acción
inmediata. ¿En dónde obtendrá la información necesaria que le permita actuar dentro de la
172
realidad del salón de clase?...Nuestra sugerencia es que la fuente de información más acertada
la constituyen los propios alumnos…‖69
La anormalidad en un (a) cognoscente, insistimos, se entiende como la dificultad para asumir
los roles indispensables en el proceso de aprehensión. Obviamente, en la medida en que ese
proceso supone la intervención del individuo (hombre o mujer) a partir de parámetros
diseñados y desarrollados con una visión y un método soportados en la lógica inmersa en la
teoría del conocimiento y de la pedagogía asociada al mismo. Es decir, los patrones
establecidos para transferirlo, suponen la existencia de una noción de normalidad, como
condición previa. De tal manera que, ante la presencia del o la cognoscente que no se adapta a
esa opción; se produce un desequilibrio, una conmoción. Esto es lo que explica, a manera de
ejemplo, la investigación y la experimentación en la perspectiva de encontrar procedimientos
adecuaos para atender las necesidades derivadas de esa desadaptación o imposibilidad para
participar del proceso cognitivo.
3 Estado de arte sobre los niños y las niñas con patologías específicas y su condición de
cognoscentes no adaptados (as) al proceso cognitivo.
3.1 Del método pedagógico para la educación infantil.
La teoría y las prácticas educativas no son otra cosa que el desarrollo y la profundización en
torno al proceso de aprehensión de la realidad y del conocimiento. Ya decíamos arriba (1.2 y
2.1) que el o la sujeto se enfrenta el proceso de internalización de la realidad y del tejido
relacional que esto conlleva, por la vía de las opciones diseñadas y otorgadas por parte de
quien o quienes ejercen como orientadores. Es decir, no basta únicamente con la percepción
inmediata; sino que se precisa la intervención de agentes exógenos que previamente han
establecido unos determinados patrones y un método que garantiza la implementación de
acciones que permiten transferir; que actúan como facilitadores, a la manera de hilo conductor.
En ese contexto, la filosofía, la psicología y las ciencias sociales aplicadas a grupos etáreos
específicos en lo que concierne a la dilucidación de pautas relacionadas con el comportamiento
y con la internalización que realizan; han construido opciones para interpretar la intervención de
los niños y las niñas en el proceso vinculado con el desarrollo histórico de la humanidad. Podría
decirse, por lo tanto, que el acumulado de conocimientos y saberes y su concreción en la
estructuración de la cultura, supone una segmentación en términos de la asunción de roles
específicos por parte de los grupos humanos y, dentro de estos, por parte de los niños y las
niñas.
Consideramos pertinente, a manera de ilustración, presentar una definición relacionada con ese
proceso y en la cual se trata de establecer un horizonte para entenderlo. Veamos:
―..Con respecto a la evolución en la ontogénesis, Rousseau ya había expresado este principio de
una manera muy elemental, al decir que el niño no era un pequeño adulto. Esto no se refiere
tan sólo a las peculiaridades físicas del organismo infantil, sino también, y no secundariamente,
a su psique. La percepción y la memoria del niño, su razonamiento o raciocinio, etc., difieren de
la percepción, memoria y raciocinio de los adultos no sólo como reducción y aumento, no
solamente por el hecho de que en el niño estén menos desarrollados y en el adulto más. En el
niño son distintos del adulto. Las leyes a las cuales están sometidas cambian con el proceso de
la evolución. Los cambios cuantitativos, al aumentar, pasan a ser cualitativos...‖ 70
Siendo así, entonces, el proceso cognitivo involucra a los niños y a las niñas, conforme a
determinadas pautas propuestas y desarrolladas por quien o quienes ejercen como orientadores
69
Ibíd. Clinchy, Blythe y Rosenthal, Kristine. Página 119.
70
Rubinstein, S.L. “Principios de Psicología, primera edición en español. Editorial Grijalbo, 1967, página
111
173
de ese proceso. La inserción, por lo mismo, se produce acompañada de una metodología
derivada de la interpretación de esas pautas y, al mismo tiempo, origina unas opciones de
interpretación, un aprestamiento, conforme al ideario (mejor sería hablar de esquema) de quien
quienes orientan el proceso. Y este, a su vez, está condicionado por la perspectiva básica que
soporta a la cultura predominante.
Veamos esto último en la expresión de José Martí: ―...Mucho se habla aquí (Nueva York) de las
escuelas, de la insuficiencia que en ellas se nota, de la ineficacia de importar a la educación de
un país nuevos sistemas extraños surgidos en pueblos de elementos distintos; de lo incompleto,
retórico y artificioso del sistema actual, y de la necesidad de reformarlo.
¿Deberá ser la educación de meros elementos literarios, o como aconseja el inglés Mathew
Arnold, corre peligro de perderse la nación que aun en su educación primaria no infunde el
espíritu superior a las asignaturas bellas?
¿Deberá ser la educación indiferente, general o especial en su enseñanza religiosa?
¿No deberá ser toda la educación, desde su primer arranque en las clases primarias, se
preguntan otros –dispuesta de tal modo que desenvuelva libre y ordenadamente la inteligencia,
el sentimiento y la mano de los niños?
Tiene muchos abogados, fanáticos tiene ya, esta que llaman industrial o manual, sin ver que
esa es también una educación parcial, que sólo es principalmente buena para un país de
industriales, en vez de ser general y llevar en sí los elementos todos comunes de la vida del
país, que es como debe ser la educación pública..‖ 71
El problema, al momento de enfrentar al cognoscente con el proceso cognitivo, consiste en
encontrar y aplicar los procedimientos adecuados que permitan su adaptación al mismo. En
condiciones en las cuales no existen factores de extrañamiento, derivadas de problemas
sensoriales, motrices, de lenguaje e interacción con el tejido relacional; los educadores y las
educadoras, pueden exhibir prácticas soportadas en las pautas y orientaciones generales y
específicas de los (as) especialistas. Vale la pena resaltar, a manera de ejemplo, algunas
directrices propuestas por Piaget en este sentido:
En el texto ―Seis estudios de psicología‖, refiriéndose a la identificación del quehacer y de las
expectativas de los niños y las niñas en una edad determinada, dice lo siguiente:
―..Finalmente, toda la causalidad, que se desarrolla durante la primera infancia, participa de
estos mismos caracteres de indiferenciación entre lo psíquico y lo físico y el egocentrismo
intelectual. Las leyes naturales accesibles al niño son confundidas con las leyes morales y el
determinismo con la obligación: los barcos flotan porque deben flotar y la luna ilumina sólo de
noche porque no es ella la que manda. El movimiento es concebido como un estado transitorio
que tiende hacia un objetivo que es su fin: los ríos corren porque tienen impulso para ir hacia
los lagos, pero este impulso no les permite ascender por la montaña. La noción de fuerza, en
particular, da lugar a curiosas constataciones: activa y substancial, o sea relacionada con cada
cuerpo e intransmisible explica, al igual que en la física de Aristóteles, el movimiento del cuerpo
mediante la unión de un disparador externo y de una fuerza interna, ambas necesarias: por
ejemplo, las nubes son impulsadas por el viento, pero ellas mismas producen viento al
avanzar...‖72
El reto se plantea, insistimos en esto, cuando las condiciones del o la cognoscente no permiten
su inserción en el proceso cognitivo diseñado para los niños y las niñas sin dificultades para
asumirlo, en lo que se ha dado en llamar posición de normalidad. Tanto en lo que hace
71
Martí, José. “Ideario pedagógico. Segunda edición 1997.Editorial Pueblo y Educación, página 11
72
Piaget, Jean. “Seis estudios de psicología”.Editorial Labor S.A., tercera edición, 1994, páginas 41 y 42
174
referencia a su edad, como también a su entorno y participación en el tejido relacional que lo
caracteriza.
3.2 De los niños autistas; su comunicación e interacción con la realidad.
Si partimos de la precisión establecida en el numeral 3.1, queda clara la existencia de un
desfase entre los niños y las niñas autistas y la opción inherente a aquellos (as) niños y niñas
no afectados (as) por patologías específicas que los inhiban para vincularse plenamente con la
realidad que los (as) circunda como entorno inmediato. Para este caso concreto, los y las
autistas no reconocen la realidad como asunto trascendente e importante; en razón a su
universo de valores y prioridades. Luego, entonces, el tipo de comunicación posible con ellos y
ellas tiene que estar construido a partir del respeto por sus características concretas. Ya decía
antes (ver numeral 1.2) que se trata de establecer con ellos y ellas una comunicación centrada
en el respeto a la diferencia y que los (as) aproxime a nuestra realidad; sin que ello implique la
utilización de la figura asimilada al rescate para vincularlos (as) de manera plena a nuestro
universo de opciones y valores.
Respecto a lo anterior, en el texto citado del investigador Ángel Riviére, pueden leerse algunas
orientaciones válidas, en la intención de alcanzar precisión en torno a la tipificación y
concreción del tipo de intervención pedagógica requeridos.
―3. Debe valorarse los contextos y no sólo las conductas del niño.
La tercera norma es que no basta con valorar las conductas del niño para definir sus
necesidades educativas. La relación entre los comportamientos y los contextos es muy peculiar
en el autismo: la apariencia de indiferencia al contexto de muchas conductas aisladas no debe
engañar. El empleo de procedimientos de análisis funcional, en los últimos treinta años, ha
permitido demostrar con claridad la alta dependencia de las condiciones contextuales de
muchas conductas de muchas conductas de apariencia completamente endógena, como las
auto agresiones y agresiones, las rabietas, etc. Además, las dificultades de generalización y
transferencia de aprendizajes, propias de las personas con autismo y otros trastornos profundos
del desarrollo, hacen que muchas de sus destrezas funcionales sólo se pongan en juego en
contextos muy restringidos y muy semejantes a los contextos de adquisición.
Debido a las dificultades de relación, muchos niños autistas con grados altos de aislamiento,
sencillamente, carecen de oportunidades de aprendizaje. No basta con definir o proporcionar
contextos externos, en los que se supone el niño debe aprender, sino que es necesario evaluar
qué oportunidades reales tiene el niño en esas situaciones y cómo puede asimilarlas...‖ 73
Para el caso particular del niño Samuel Arragocés (ver mi propuesta de ubicación específica en
el grado 2 que caracteriza a los y las autistas); el ejercicio propuesto, apoyado en el software
educativo micromundos está centrada en el modelo de comunicación aumentativa y alternativa.
El énfasis tiene que ver con la enseñanza de la lecto-escritura a los niños y las niñas autistas Ya
arriba he descrito las características y condiciones específicas que adquiere esta perspectiva
(ver Justificación).
3.3 Algunos conceptos y definiciones básicos, en torno a la educación infantil
3.3.1. Acerca de las políticas públicas
La noción de política pública en torno a las personas con necesidades educativas especiales,
está relacionada con el perfil que adquiere la actitud de los colectivos sociales específicos y
generales en torno a aquellas personas que enfrentan una determinada discapacidad.
Particularmente tratándose de los niños y las niñas. A pesar de algunas manifestaciones
formales en términos de aceptación y de interacción; las expresiones concretas demuestran una
73
Riviére, Ángel. Obra citada, página 65.
175
tendencia a la asignación de roles, en los cuales los (as) discapacitados (as) son asumidos
como una carga social. Esto remite a la asunción de la segregación sutil y abierta.
Además de lo anterior, las políticas públicas referidas a la implementación de acciones
orientadas a la incentivación del desarrollo pleno de estos grupos de población; no expresan un
acatamiento asertivo y creativo de los postulados constitucionales y de algunas normas
específicas que los desarrollan. A manera de ilustración, me permito citar el artículo 13 de la
Constitución Política.
―Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de
las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna
discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión
política o filosófica.
El Estado promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y adoptará las
medidas a favor de grupos discriminados o marginados.
El Estado protegerá especialmente a aquellas personas que por su condición económica, física o
mental, se encuentren en circunstancias de debilidad manifiesta y sancionará los abusos o
maltratos que contra ellas se cometan.‖ 74
Ahora bien, en el caso específico de la educación, considero pertinente señalar las dificultades
efectivas que inciden en el desarrollo de estrategias educativas y el diseño de programas y
acciones, en la perspectiva alcanzar la integración de niños y niñas con afectaciones patológicas
que se traducen en limitaciones cognitivas diferencias, según sea la tipificación y características
de esas afectaciones. Al respecto, vale la pena transcribir algunos conceptos expresados por las
profesoras Doris Adriana Ramírez Salazar, Luz Estella Giraldo López y el profesor Octavio Henao
Álvarez; en su texto: Desarrollo de habilidades comunicativas en niños con síndrome de Down:
―Aunque en Colombia la ley general de educación (Ley 115 de 1994) y el Decreto 2082 de 1996
hacen imperativa la integración de los niños con necesidades educativas especiales al aula
regular, el éxito de este proceso exige ciertos prerrequisitos en el desarrollo social e intelectual
de éstos. Los niños con síndrome de Down representan un grupo numeroso dentro de la
población con necesidades educativas especiales. Las habilidades para la comunicación orla y
escrita constituyen un área claramente deficitaria en estos niños, lo cual afecta su capacidad de
interactuar con el entorno e influye significativamente en su desarrollo cognitivo. Estas
limitaciones comunicativas se convierten en una barrera que dificulta el proceso de integración
social y escolar. Al mismo tiempo, existe un cierto vacío de estrategias didácticas que apoyen su
proceso de incorporación al aula regular y su permanencia en la misma. Tal situación hace
evidente la necesidad de generar herramientas, entornos de aprendizaje y propuestas
pedagógicas que estimulen la adquisición de una mejor competencia comunicativa reflejada en
destrezas para hablar, escuchar, leer y escribir…‖75
De otra parte, con el énfasis que esto adquiere en la prácticas, los procesos educativos
concretos se aplican en escenarios y contextos sociales en los cuales predomina una figura
asociada a la interpretación coloquial que deriva en posiciones según las cuales, la interacción
entre niños (as) sin ninguna afectación patológica que los límite (..Es decir, normales) y
aquellos (as) niños (as) con patologías que los (as) limitan en su desarrollo cognitivo; puede
dar lugar a cierta influencia negativa. Es una interpretación que reivindica la posible
transmisibilidad, a manera de vector psíquico. Por lo mismo, se asume una tendencia a desear
(así sea de manera sutil) la separación en grupos diferenciados. De por sí, esto define y expresa
la segregación, con diferentes matices y manifestaciones.
74
Constitución Política de Colombia, publicación de la Escuela Superior de Administración Pública,
tercera edición, diciembre de 1992, página 5.
75
Henao Álvarez, O. y otras: “El desarrollo de habilidades comunicativas en niños con síndrome de
Down, editorial Universidad de Antioquia. Primera edición, marzo 2003, página xi.
176
Visto así, entonces, mi trabajo de grado se ubica en una perspectiva social en la cual aparece
como referente fundamental la contextualización del caso específico (el niño autista); en razón
a que no se puede sustraer al significado que adquiere el trabajo pedagógico con niños y niñas
en condiciones de dificultad originadas en una patologías (..o patologías) que los (as)
condiciona para acceder a los proyectos educativos y para desarrollar de manera plena sus
capacidades.
.3.3.2. El currículo.
Ya, en la parte correspondiente del texto que habla del proyecto educativo y de los roles
asumidos por los maestros y las maestras; he arriesgado una opción de interpretación. En
resumen, abordo la reflexión por una vía conceptual en la cual se hace énfasis y en algo así
como la posición dominante y/o condicionante, con respecto a los (as) receptores (as).
Necesariamente, a partir de ahí, se deriva una interpretación asociada. Esta tiene que ver con el
rol asignado al currículo. En lo que sigue, profundizo sobre este aspecto.
Desde el punto de vista pedagógico, el currículo ejerce como orientador, como guía y como
aplicación de conceptos básicos vinculados con el proceso enseñanza-aprendizaje. Su contenido,
para cada área académica, involucra referentes y objetivos construidos a partir de un
determinado modelo educativo. Este, a su vez, refleja la opción conceptual y práctica
predominante en uno o varios periodos de tiempo. Es algo así como la institucionalización de
unos referentes que definen las condiciones y los contenidos con los cuales los (as) receptores
(as) acceden al conocimiento, con la intermediación de los y las maestros (as). Otra cosa es el
método implementado; por cuanto este puede concretar particularidades inherentes a la
formación pedagógica con la cual se accede al desarrollo de los currículos. Además, en
aplicación de los currículos, cabe la figura que involucra la figura de los proyectos de aula y su
nexo con aquellas situaciones en las cuales se asume y desarrolla el concepto de grado y las
condiciones en las cuales participan las diferentes comunidades que actúan como sujetos
colectivos e individuales.
Veamos lo anterior, a partir del trabajo realizado por el Programa Red, en relación a las
opciones metodológicas y la interacción de maestros y maestras en desarrollo de los proyectos
educativos.
―..Los documentos oficiales en lo que se muestran los acuerdos de una comunidad académica
en torno a, por ejemplo, aquello que h de constituir el enfoque conceptual de una determinada
área de estudio (las ciencias naturales, las matemáticas, el lenguaje y la literatura...) son
referentes orientadores para la actualización de los docentes, por parte de las entidades
formadoras; tales documentos han de constituir el material fundamental para la discusión y la
apropiación de aquellas categorías nucleares y básicas, consideradas como las más pertinentes
según sean los grados y los ciclos escolares. El reto de todo programa de formación o
actualización de docentes debe ser entonces el de propiciar formas de acercamiento a la
construcción de dichas categorías, que no son más que las unidades conceptuales constitutivas
de las gramáticas básicas de cada una de las disciplinas de estudio...‖ 76
En consecuencia, mientras el currículo, constituye el mapa temático derivado de un
determinado modelo educativo prevaleciente, el ejercicio inherente a su aplicación y desarrollo,
constituye una sumatoria de elementos relacionados con la formación y los instrumentos
pedagógicos; que conllevan a la concreción de proyectos de aula específicos.
3.3.3. L a lecto-escritura.
Aquí me corresponde, en aplicación del hilo conductor conceptual que he venido desarrollando,
76
Varios autores, “Culturas y Escolaridad. Lenguaje y Matemáticas. Competencias y Proyectos de Aula.
Publicada por Plaza y Janes Editores, 1999; página 32.
177
Retomar algunos de los aspectos expresados en el texto relacionado con el marco conceptual-
teórico de este trabajo.
En términos prácticos, el proceso de enseñanza-aprendizaje, involucra diferentes momentos o
períodos asociados al entendido de diferenciación de la comunidad escolar por grados; según el
nivel en el cual se interactúa, teniendo como eje y referente la transmisión y recepción del
conocimiento.
Los niños y las niñas, en el proceso específico que les permite allegar las habilidades, destrezas
e identificación de los roles y códigos para penetrar en el escenario de la cultura; van
definiendo y redefiniendo su inserción. El contacto con el universo de opciones derivadas de la
utilización de esos códigos y roles; puede llegar a constituir un desdoblamiento, con respecto a
sus autoconstrucciones mentales. Es decir, sus referentes pueden (...y de hecho son)
modificados, en virtud a ese descubrimiento.
Por lo tanto, la labor de los maestros y las maestras, requiere de insumos teóricos,
conceptuales y prácticos, como prerrequisitos indispensables. Esto lo que les permite identificar
y entender la dinámica de las construcciones mentales de niños y niñas. Significa, en otras
palabras, un proceso en el cual se produce una especie de apropiación de esos roles específicos
de niños y niñas; para poder elaborar proyectos soportados en la persuasión acerca de la
necesidad de que ellos y ellas se interesen por la recepción y aplicación de esos códigos. Es
tanto como persuadir a los niños y a las niñas de las bondades y la importancia de aprender a
comunicarse, utilizando los elementos que se les ofrece para hacerlo.
Francois Latraverse, en su escrito La sombra del lenguaje (Ensayos sobre Wittgenstein) , cita a
Wittgenstein, a propósito de la comunicación. Veamos:
―..La frase sólo tiene sentido en cuanto miembro de un sistema de lenguaje, como una
expresión dentro de un cálculo. Ahora bien, sentimos la tentación de imaginar ese cálculo, por
así decirlo, como un fondo permanente de cada frase que expresamos, y a pensar que, aunque
la frase tal como se pronuncia o se escribe sobre un trozo de papel se encuentra aislada, en el
acto mental de pensar el cálculo está allí, formando un todo compacto. El acto mental parece
realizar de modo milagroso lo que no podría realizarse mediante ningún acto de manipulación
de símbolos. Ahora bien, cuando se desvanece la tentación de pensar que en algún sentido el
cálculo entero tiene que estar presente simultáneamente, ya no tiene objeto postular la
existencia de un tipo peculiar de acto mental que corra paralelo a nuestra expresión.
Naturalmente, esto no significa que hayamos puesto de manifiesto que a las expresiones de
nuestros pensamientos no les acompañan actos de conciencia peculiares. Lo único que ya no
afirmamos es que tengan que acompañarlos‖ (Los cuadernos azul y marrón, 72-73).77
La importancia de los códigos y los símbolos, en el proceso de leer y escribir, adquieren pues
una connotación vinculada a la definición de roles generales y específicos. Son estos roles, por
lo tanto, los que definen una determinada manera de acceder al universo de seres y de cosas.
En los niños y las niñas, este proceso, requiere de una orientación; por cuanto adquiere l
condición de ejercicio inducido que pretende trascender la comunicación primaria espontánea
originada en su particular visión del mundo.
En este entendido, considero pertinente retomar la opción propuesta por Piaget:
―..Existen, en primer lugar, los hechos de subordinación y las relaciones de coacción espiritual
ejercida por el adulto sobre el niño. Con el lenguaje el niño descubre, en efecto, las
insospechadas riquezas de un mundo de realidades superiores a él: sus padres y los adultos
que le rodean se le presentaban ya como seres grandes y fuertes, fuentes de actividades
imprevistas y a menudo misteriosas, pero, ahora, estos mismos seres revelan sus pensamientos
77
Latraverse, Francois, obra citada. Editorial Universidad Nacional de Colombia, 1995, página 24.
178
y sus voluntades y este nuevo universo empieza por imponerse con un brillo incomparable de
seducción y prestigio. Un yo ideal, tal como ha dicho Baldwin, es propuesto de esta forma al
niño y los ejemplos provenientes de lo alto son otros tantos modelos que él intenta copiar o
igualar. Particularmente se le dan órdenes y consignas y, tal como ha demostrado Bovet, es el
respeto del pequeño por el grande lo que hace que las acepte y las crea obligatorias. Pero,
incluso al margen de estos núcleos concretos de obediencia, también se desarrolla toda una
sumisión inconciente, intelectual o afectiva, debida a la coacción espiritual ejercida por el
adulto...‖78
3.3...4 Lengua y lengua escrita.
La comunicación, como necesidad inherente a los humanos, se ha desarrollado a partir de
formas originarias en las cuales predominaba la acción gestual. La oralidad, como capacidad
para utilizar los sonidos que permiten la estructura anatómica, desemboca en la palabra como
instrumento básico. La interacción colectiva y social, diferenciada en razón a la diversidad racial
y étnica.
La transición hacia la escritura, supone la asunción de los signos que permiten expresar esas
palabras. Se concreta una interacción entre la oralidad y la utilización de los símbolos que
adquieren significado en razón a su utilidad para transmitir y socializar.
Veámoslo, en términos de Sartre:
―..Se dirá que estas diversas tentativas de expresión suponen el lenguaje. No lo negaremos;
diremos más: son el lenguaje, o, si se quiere, uno de sus modos fundamentales. Pues, si bien
existen problemas psicológicos e históricos acerca de la existencia, el aprendizaje y la utilización
de tal o cual lengua particular, no hay ningún problema particular acerca de lo que se llama la
invención del lenguaje. El lenguaje no es un fenómeno sobreañadido al ser-para-otro: es
originariamente el ser-para otro, es decir, el hecho de que una subjetividad se experimente a sí
misma como objeto para el otro. En un universo de puros objetos, el lenguaje no podría ser
inventado en ningún caso, ya que supone originariamente una relación con otro sujeto; y en la
intersubjetividad de los para-otro, no sería necesario inventarlo, pues estaría ya dado en el
reconocimiento del prójimo. Por el solo hecho de que, haga yo lo que fuere, mis actos
libremente concebidos y ejecutados, mis proyectos hacia mis posibilidades, tienen afuera un
sentido que me escapa y experimento, soy lenguaje. En este sentido-y solamente en éste-
Heidegger tiene razón al afirmar que soy lo que digo. Este lenguaje no es, en efecto, un instinto
de la criatura humana constituida; tampoco es una invención de nuestra subjetividad; sin
embargo, no hay tampoco que reducirlo al puro ser afuera de sí del Dasein. Forma parte de la
condición humana…‖79
Para Pedro, Juliana e Isolina, el evento realizado, constituyó una nueva forma de acceder a la
interpretación de los procesos educativos. El derecho a ejercer la diferencia y la obligación de
efectuar una interpretación precisa; significan asumir el curso de la historia, a partir de
referentes efectivos; sin la imposición de modelos preestablecidos.
Entre Pedro y Juliana había algo más que el compartir sus reflexiones y realizaciones
académicas. Por lo menos, él asumía un rol diferente con respecto a ella. Un nexo que
trascendía lo inmediato y que lo situaba en la perspectiva de comunicarle un sentimiento, una
opción de la vida afectiva, a partir de la libertad y del respeto.
Cierto día, Pedro invitó a Juliana a conversar a partir de un itinerario diferente. Hablaron sobre
diferentes aspectos. Su niñez; el desarrollo de la misma. Acerca de la familia, de las condiciones
78
Piaget, Jean “Seis estudios de psicología”. Editorial Labor S.A., 1994; página 31.
79
Sartre, Jean Paul. “El ser y la nada”, editorial Altaza, 1993, página 397.
179
en que habían accedido a la vida. De la noción de amar. De las circunstancias en las cuales este
puede emerger y consolidarse. De la posibilidad que entre ella y él, se pudiera concretar una
relación de amantes. Entendiéndolo en una dinámica heterodoxa; sin las ataduras definidas por
la absorción absoluta. Vivir el amor como libertarios. Asumiendo, paso a paso, opciones de
creatividad, de imaginación, de sutilezas. En fin, de un acercamiento en el cual la plenitud
albergara la interacción entre ella y él; construyendo la vida y sublimándola con sus expresiones.
Navegaron por las manifestaciones del Eros, sin complicaciones. Sin complejidades limitantes.
Recorrieron sus cuerpos. Zona a zona. Encontrando los lugares de explosión. Con las caricias
sinceras. Siendo uno y una. Evocando recuerdos. Como niños que exploran. Como hombre y
mujer que van decantando la imaginación. Situándola en el presente. Horas y horas de entrega
total.
Decidieron proponerle a Isolina la realización de otro evento; habida cuenta de una
investigación que venía haciendo Juliana, acerca de los clásicos. Particularmente, en términos
de la interacción entre la noción religiosa de la vida y las consecuencias en el quehacer diario.
Algo así, como entender la dinámica de la vida, con sus acumulados teóricos y conceptuales.
Proyectando imágenes reales. Localizando e identificando la envoltura de los acontecimientos,
en todos los ámbitos del conocimiento.
En concreto, se trataba de un escrito que había elaborado Juliana, acerca del texto ―Trabajo y
días‖, de Hesiodo. Un escrito que ubicaba una dimensión en torno a la interpretación del bagaje
teórico expresado allí. Y de las condiciones en que se habían desenvuelto los conceptos
propuestos por Hesiodo.
El evento lo realizaron el 8 de marzo, como homenaje a los treinta años de Isolina. Juliana
presentó su trabajo ante un auditorio heterogéneo. Desde maestros y maestras; hasta jóvenes
estudiantes. Así:
ENSAYO SOBRE LA OBRA: ―JUSTICIA, TRABAJO Y DÍAS‖, DE HESIODO
―EL TRABAJO Y LOS DIAS POR LA SUBSISTENCIA DE LA VIDA DEL HOMBRE‖
1. La búsqueda.
La indagación, soportada en un método que involucra a la lógica y a la capacidad de reflexión
teóricas, permite avanzar en la búsqueda de opciones para interpretar aspectos relacionados
con nuestro rol, como humanos, en el contexto de la Historia. Tanto en lo que hace referencia a
los contenidos filosóficos, religiosos y sociales; como también en lo que concierne a la
construcción de referentes que nos sitúen en condiciones de ejercer como sujetos con identidad
y valores.
En los escritos de Hesiodo, aparece un hilo conductor en esta perspectiva. Su Teogonía, a
manera de ejemplo, se erige como un instrumento teórico que expresa la intención de
encontrar explicación a la constante necesidad de la humanidad por trascender; por superar la
soledad y su efecto colateral de angustia, que la recorre individual y colectivamente.
En Justicia, trabajo y días, Hesiodo indaga por el significado que tiene la relación de los
humanos con los dioses, en términos de su que hacer diario. En ese afán y esa exigencia que le
depara su nexo con el mundo inmediato, con la naturaleza, son la subsistencia; que no es otra
180
cosa que la posibilidad de su prolongación y su permanencia como especie. Al mismo tiempo,
trata de entender el sentido que adquiere la transferencia relativa de poder que efectúan los
dioses. Algo así como la percepción plena de la necesidad que tenemos los humanos de contar
con herramientas que nos permitan desarrollar una vida social, sin perder la individualidad:
Pero, al mismo tiempo, asumiendo como indispensable el requerimiento que subyace a la vida
social. Esto es: la existencia de unos valores que puedan y deban ser aceptados como
indiscutidos al momento de ejercer determinadas acciones vinculadas con ese que hacer
cotidiano que, en fin de cuentas, es el que hace inteligible su presencia en la tierra.
En Hesiodo, la intención por explicar y justificar esa transferencia relativa efectuada por los
dioses, adquiere una connotación asociada con la construcción de un entendido de moral. Es
por esto que, sus disquisiciones en torno a esa explicación y justificación, van delineando el
esfuerzo que requiere presentar esa transferencia, como algo que ha sido discutido en los
escenarios de las divinidades. Es tanto como entender que ese tipo de transferencias no es
producto de una decisión exenta de conflictos y de desconfianza. Inclusive, la referencia al
concepto de venganza y castigo en Zeus, es expresado por Hesiodo como inherente a ese
concepto de desconfianza. Veamos esto, en la alusión a la posición de Zeus con respecto a la
humanidad, a partir de la actitud de Prometeo que, aquí, ejerce como sujeto perverso de
intermediación entre los dioses y los humanos.
―…Y es que los dioses mantienen oculto para los hombres el medio de vida, pues de otra manera
fácilmente trabajarías en un día de manera que tuvieras para un año aun estando inactivo; al punto
podrías colocar el gobernalle sobre el humo y cesarían las faenas de los bueyes y de los
infatigables mulos.
Pero Zeus, irritado en su corazón, lo ocultó porque el astuto Prometeo le hizo objeto de burlas.
Por ello maquinó penosos males para los hombres y ocultó el fuego. A su vez, el buen hijo de
Jápeto, en hueca férula, lo robó para los hombres al prudente Zeus, pasándole inadvertido a
Zeus, que lanza el rayo.
Estando irritado díjole Zeus, amontonador de nubes: ‗Japetónida, conocedor de los designios de
sobre todas las cosas, te regocijas tras robarme el fuego y engañar mi mente, gran pena habrá
para ti mismo y para los hombres venideros. A éstos, en lugar del fuego, les daré un mal con el
que todos se regocijen en su corazón al acariciar el mal…‖ 80
Y es que, Hesiodo, no cesa en su empeño por armar una estructura conceptual sólida e integral.
Lo asumió como un reto al cual fue convocado por las musas; tal y como lo expresa en su
Teogonía. La integralidad, en él, está vinculada con la certeza que lo acompaña, en el sentido
de obrar como transferidor de las verdades. Como intermediario. Como sujeto que sabe
interpretar el oficio que le ha sido conferido. Esta integralidad permite inferir un contexto único
fundamental; derivado de otros contextos, si se quiere, primarios. Es como una sumatoria.
Como armar un rompecabezas en donde cada pieza debe encajar de manera perfecta, para
poder acceder al contexto fundamental, como estructura.
Entonces, aparece la noción del bien y del mal; de la justicia y del castigo; de la subsistencia y
de los insumos para obtenerla y asumirla.
Este tipo de alusión, efectuada por Hesiodo, en el sentido de que los humanos dependemos de
la voluntad de los dioses y de que somos sujetos condicionados por sus designios; está
presente en otras opciones vinculadas con la necesidad de trascendernos y de encontrar
referentes de moralidad, justicia y de temor ante las circunstancias que nos rodean y que
pueden incitarnos a realizar acciones en contra de la prolongación de la vida, reflejada en los
humanos. Tal es el caso de la opción Cristina Católica, la cual comparto. Para precisar mi
construcción lógico-conceptual relacionada con este texto; cito la palabra de Dios en el Génesis.
80
Hesiodo, “Trabajos y días”, páginas 76-77
181
―…Vuelto a la mujer le dijo: ‗Multiplicaré los trabajos de tus preñeces. Con todo dolor parirás tus hijos y,
no obstante, tu deseo te arrastrará hacia tu marido, que te dominará ‗.
Al hombre le dijo: ‗Porque has seguido la voz de tu mujer y porque has comido del árbol del que te había
prohibido comer, maldita se la tierra por tu culpa. Con trabajo sacarás de ella tu alimento todo el tiempo
de tu vida. Ella de dará espinas y cardos y comerás la hierba de los campos. Con el sudor de tu frente
comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste tomado, ya que polvo eres y en polvo te
has de convertir…‖81
Las coincidencias en los textos, nos remiten a entender una dinámica interior que convoca a los
humanos a relativizar su presencia y su existencia física en la Tierra. En el caso particular de lo
expuesto por Hesiodo, estas coincidencias conducen a precisar la razón de ser de su indagación,
de su búsqueda. Con las limitaciones y diferencias propias de la diferenciación en las opciones;
es posible establecer nexos, más allá del origen y expresión de esas opciones.
De lo que se trata, en consecuencia, es de precisar en esas coincidencias la tipificación de un
hilo conductor en el camino hacia esa necesidad de trascenderse y de referirse a una divinidad,
por fuera de la existencia física y, a partir de allí, construir un escenario de integralidad que
domine y oriente nuestro comportamiento individual y social.
Conviene, en este contexto, remitir a una expresión de Hesiodo en esta obra analizada.
―…Antes vivían sobre la tierra las tribus de los hombres sin males, sin arduo trabajo y sin dolorosas
enfermedades que dieron destrucción a los hombres que, al punto en la maldad los mortales envejecen.
Pero la mujer, quitando con las manos la gran tapa de la jarra, los esparció y ocasionó penosas
preocupaciones a los hombres. Sola allí permaneció la esperanza, en la infrangible prisión bajo los bordes
de la jarra, y no voló hacia la puerta, pues antes se cerró la tapa de la jarra, por decisión del portador de
la Égida, amontonador de nubes. Y otras infinitas penalidades estaban revoloteando sobre los hombres,
pues llena de males estaba la tierra y lleno el mar; las enfermedades, unas de día, otras de noche, a su
capricho van y vienen llevando males para los mortales en silencio, pues el providente Zeus les quitó la
voz; de esta manera ni siquiera es posible esquivar la voluntad de Zeus...‖ 82
Queda claro, entonces, en mi opinión, una línea de interpretación que refiere a la angustia que
ha recorrido a la humanidad. Su presencia en la Tierra, ha estado cruzada por vicisitudes
asociadas a su sentimiento de culpa. Culpa originada en la incapacidad de percibir los alcances
de sus acciones en relación con la divinidad. Con un ser supremo que lo trasciende. Pero que,
al mismo tiempo, puede ser su guía en el camino hacia la superación de esa angustia.
2. La diferenciación y la diversidad
Otro de los retos asumidos por Hesiodo, en esta obra, está relacionado con la interpretación de
la diferenciación entre los hombres. Esto, en la perspectiva de entender y construir una opción
para identificar el origen de la diversidad. Aquí, también, se pueden identificar coincidencias; si
se mira desde la visión inherente (en el caso de mi opción religiosa) a lo sucedido a partir de
Babel.
Porque, siendo como es la humanidad heterogénea. Diversa en sus expresiones físicas y, si se
quiere por extensión, en sus motivaciones y opciones cotidianas. Se hace necesario encontrar
una explicación en cuanto al origen de esa diferenciación.
Ya no es la búsqueda, en términos del origen y la explicación que permita trascender y superar
la soledad y la angustia. Ahora se trata de interpretar la dinámica en que transcurre el que
hacer humano; en un escenario que incluye la diversidad. Entender esto supone remitirse al
origen de la misma. Si bien, en la misma perspectiva básica vinculada con el nexo entre los
humanos y el Ser o los seres trascendentes; incluyendo ya la connotación que adquiere la
tipificación de diversidad como diferenciación racial. Y aquí entra a desempeñar un rol especial,
81
La Santa Biblia, Ediciones Paulinas, diciembre 12 de 1984, Génesis 3, 10; página 12.
82
Hesiodo, obra citada, páginas 79-80.
182
aspectos como si esa diversidad involucra a la existencia de una división entre los seres
humanos. En términos de seres mejor dotados y seres menos dotados.
Veamos lo anterior, en la expresión presentada por Hesiodo en ―Mito de las razas‖, incluido en
el texto que he venido analizando.
―…Si quieres ahora, con todo detalle te contaré otro relato y tú grábate en tu mente, como dioses y
hombres han llegado a ser del mismo origen.
En un primer momento los inmortales que habitaban las moradas olímpicas crearon una raza áurea de
hombres mortales. Estos existían en época de Crono, cuando él reinaba sobre el Cielo, y vivían como
dioses con un corazón si preocupaciones, sin trabajo y miseria, ni siquiera la terrible vejez estaba presente,
sino que siempre del mismo aspecto en pies y manos se regocijaban en los banquetes lejos de todo mal, y
morían encadenados por un sueño; tenían toda clase de bienes y la tierra de ricas entrañas
espontáneamente producía mucho y abundante fruto; ellos tranquilos y contentos compartían sus trabajos
con muchos deleites.
Después que la tierra sepultó esta raza, ellos, por decisión del gran Zeus, son démones, favorables,
terrenales, guardianes de los hombres mortales. Ellos vigilan las sentencias y las funestas acciones, yendo
y viniendo por todas las partes en la tierra, envueltos en la bruma, dispensadores de riqueza, pues
también obtuvieron ese don real.
…El padre Zeus creó otra tercera raza de hombres mortales, de bronce, en nada semejante a la de plata,
nacida de los fresnos, terrible y vigorosa; a éstos les preocupaban las funestas acciones de Ares y los
actos de violencia; no se alimentaban de pan, pues tenían valeroso corazón de acero. Rudos, de gran
fuerza y terribles manos nacían de sus hombros sobre robustos miembros…‖ 83
Es toda una construcción lineal, pero contradictoria; al menos en términos del sentido que
adquiere el tránsito de cada raza por la Tierra. Es ahí, en mi opinión, en donde reside la fuerza
del relato de Hesiodo, al momento de sustentar su visión de integralidad en el que hacer de la
humanidad y de su relación con los dioses.
Es la explicación de los avatares en que se ha encontrado la humanidad; desde el momento
mismo de su presencia física en la Tierra. En la obra, entonces, Hesiodo, traza un camino
tortuoso. La esperanza está situada en la expectativa de cierta forma de redención o de
reconciliación. Entre la humanidad misma y entre esta con los dioses.
Por lo tanto, Justicia, trabajos y días, constituye una expresión de la ansiedad humana por
alcanzar un punto de estabilidad. Algo parecido a un punto de equilibrio que le permita acceder
a una interpretación plena del sentido de su existencia. Para lograrlo, debe conducirse con
arreglo a determinados cánones o reglamentas. Debe entender que la posibilidad de redimirse
está atada al cumplimiento de roles que incluyen la noción de trabajo como instrumento para
subsistir; del tiempo como expresión de la continuidad de la vida, cifrada en momentos y de
justicia; entendida como la sujeción a principios y valores que otorgan la posibilidad, a su vez,
de construir la ética, la moralidad y la interacción social.
la justicia es la libertad del hombre pero de el ha yacido la maldad de poseer riqueza absoluta
para hacerse poseedores de bienes ajenos que causan vergüenza unida a miseria al igual la
arrogancia a la riqueza. Quisiera hacer pertinente un fragmento de Hesiodo al hablar sobre la
maldad del mundo: ―un hombre, maquinando males para otros, los maquina para si mismo, y
una decisión es malísima para quien la toma ―.84
Al adentrarme en esta definición sobre la maldad que algunos seres han establecido para la
ganancia de sobre salir en busca de sus intereses de proporcionar a manera de envidia por
despreciar, acabar, terminar y abusar nacen de la propia voluntad de querer activar su plan de
rebelarse contra su odio y repudio desahogándolo hacia al otro sin tener justificación de hacer
la maquinación. Esto es lo que sucede entre el conjunto social, cada individuo si desea su
83
Hesiodo, Ibíd., páginas 81-82-83.
84
Hesiodo, Ibid, Pág. 88
183
corazón activa lo que al ser siempre a tendido por su condición natural de maquinar males para
proceder a la venganza. Esto es lo que al mundo agobia a la problemática y al ideal popularista
de hacer mal por mal y no cooperar para la adjudicación lo que al mundo mas mata es la tiranía
de extensión universal los hombres como lo describe Aristóteles es un ser animal qué actúa en
cierta circunstancias no con la razón si no inclinados a los sentimientos anti-éticos con la
estructura de los principios que rigen al hombre. Jesús en una de sus palabras también a
definido al hombre frente al mal que suscita en él: no todo lo que nace del hombre nace de la
boca hacia fuera sino de su interior hacia a fuera‖.
Juliana saludó a Samuel, al salir del auditorio. Ella lo había invitado el día anterior. Samuel bajó
la cabeza; para no mirar a Pedro Arenas. Samuel había desarrollado un odio absoluto hacia él.
Por dos razones básicas. Una, porque amaba a Juliana y le dolía que ella amara a Pedro. La
otra, porque siempre había creído que entre ella, él e Isolina; se estaba formando un grupo con
convicciones revolucionarias. Por lo menos, consideraba un hecho de subversión sus actividades
propagandísticas, con una opción diferente a la del actual presidente. Ya había incursionado en
el mundo construido por Pánfilo, su cuñado. Tenían referencias muy precisas acerca de sus
realizaciones.
Al salir de la universidad, Pedro y Juliana fueron baleados. Los agresores huyeron
aprovechando la confusión en el sitio. Juliana estaba embarazada. Se fue extinguiendo su vida.
Llamó a Pedro y a su hijo.
CAPITULO V
Pánfilo Castaño, nació en un hogar en el cual había seis hermanos. Raquel, su madre era una
mujer relativamente joven. Había conocido a Pánfilo, padre, en Puerto Boyacá. Un hombre
contrahecho. Una joroba inmensa lo acompañaba. De profesión vendedor y comprador de
cachivaches. Decidió vivir con él; desde su primer embarazo. Ella reconocía que el único
atributo de Pánfilo era su capacidad para satisfacerla. Un músculo inmenso y en continua
necesidad de horadar. Ella explotaba, solo con verlo y palparlo. Así, con ese referente como
base, tuvo siete hijos.
Al nacer Pánfilo, hijo, su padre estaba en Puerto Boyacá. Ejerciendo sus labores como
cachivachero. Además de sus funciones como hombre insaciable. Se dice que había violado a
una niña de diez años; la cual quedó embarazada y que tuvo un hijo en el hospital de Puerto
Berrio. Que, por esto, la madre y el padre de la niña la habían expulsado de la casa. Y, también,
que la niña había sido recogida y cuidada por una pareja que vivía en el Puerto.
De ser así, no sería el primer caso de violación endilgable a Pánfilo. Ya, en otras ocasiones, se
había conocido de algunos casos más. Sin embargo nunca fue requerido por esto. Como si su
entorno estuviera adormecido. Como si ese tipo de vulneración no tuviese ningún doliente. Solo
ellas, las niñas, con su dolor y con la amargura que produce el estar inmersas en la pérdida de
su infancia. De frente a una sociedad que asume esto como cotidiano, sin ninguna expresión de
repudio.
El hogar de Pánfilo, en un proceso de descomposición acelerado. Un escenario en donde cada
quien asume un rol relacionado con ese proceso. Sus seis hermanos, herederos de los principios
aviesos del padre. Una madre que era subyugada por sus propias convicciones. Siendo ella un
referente confuso. Porque Raquel, mujer de simplezas y de ansiedades. Como esa de estar
buscando la felicidad en un universo que otorga el derecho a su placer inequívoco. Añorando a
su Pánfilo a cada rato. Buscando saciar sus ganas perennes. De hecho, cuando estuvo en
Puerto Berrio, durante uno de sus viajes para visitar a su sediento Jorobado, conoció a Santiago.
Hombre sin joroba, pero dueño de principios similares al jorobado. Con él ejerció lo mismo que
con Pánfilo. La diferencia estaba en las sutilezas. Santiago la obnubilaba con sus palabras tipo.
Le susurraba nimiedades a su oído. Poseedor de un falo continuamente erguido, como el de su
184
Pánfilo. Santiago la hacía llorar y gritar de gozo. Nunca acabado. A cada instante. Compartía
con los dos su desenfrenada necesidad de ser penetrada. Hizo cuentas y concluyó que hubo
dos hjos con Santiago. Pitágoras y Adrián. Los obsequió a dos familias. Sin trámites, solo con su
visto bueno. Sin rastros y sin remordimientos.
Los seis hermanos fueron decidiendo, cada uno, su rol. Vendedores de perversiones. Cada
quien es cada quien. Se les conocía como la banda de los Pánfilos. Devastadores. Hacían suyos
lo de los demás. Una banda tenebrosa. Mataban por placer…o por encargo. Uno de ellos
poseyó a Raquel, ella lo quiso así. Porque vio en su músculo horadador, el tamaño del de su
Pánfilo. Lo hacían a cada rato. Un ejercicio sistemático. Lo mismo, erección continua,
receptáculo continuo. Sin importar hora ni lugar. Todos, en casa lo sabían. Ella nunca lo negó.
Porque lo suyo era eso. Placer a cada momento. Raquel de todos y de nadie. Heterodoxa
constante. Solo le importaba eso y nada más.
Pánfilo, hijo, fue creciendo. Se vinculó con grupos que hacían de la vida, una postal para
enmarcar. Asesinatos, robos e inveterados alumnos de quienes ofrecían tácticas de exterminio.
Él estuvo como aprendiz con su maestro Klein, judío que enseñaba técnicas para matar y
permanecer insensible a las consecuencias.
Muchas experiencias. Aprendió a identificar objetivos, a hacer seguimientos. A seleccionar
víctimas. Todo en un solo paquete. Recorrió todo el país practicando lo aprendido. Asesor de
quien lo necesitara. Realizador de acciones por encargo. Fue creciendo en importancia. Una
experiencia tras otra; lo consolidaban como sujeto imprescindible. De confianza de los patronos.
Fue creciendo en dinero. A través del negocio de sus jefes. Cada encargo y cada ejecución lo
hacían más importante. Estuvo en Medellín en 1986, entrenando aspirantes a ejecutores
directos. De hecho, allí, ese año, se conocieron los resultados. En la carretera a Villavicencio
tuvo discípulos aventajados. En Bogotá tejió redes y concluyó encargos. Lo mismo en Soacha,
en 1989.
Pánfilo conoció a Maritza, un día 4 de julio. Ella estaba en el funeral de Ambrosio. Un conocido
suyo desde la infancia. Amigo de ella y de su hermano Samuel. Hombre vinculado a la trata de
etnias. Esa empresa crecía día a día. Cuando lo mataron, se tejió la versión en el sentido de que
había sido orden de Sinisterra, uno de los secuaces con más recorrido en ese negocio.
Supervisor en el país. Verificador de códigos y de determinaciones. Su aval era necesario para
justificar cualquier acción. Pánfilo estuvo allí, como veedor de la tarea cumplida. Como su
interventor.
Maritza, mujer de unos 25 años. Poseedora de un cuerpo atrayente. Exuberante. Su padre,
Santiago, la había reservado siempre para ocasiones particulares, importantes. La probó y la
entregó a quien la necesitara. Ella era digna de su padre. Insaciable. No le importaba nada que
no estuviera relacionado con su condición de hembra otorgadora de placer. Tampoco le
importaba su pasado. Cuando sació a su padre. Cuando conoció que su madre Rosa Eugenia
andaba por ahí, prodigándose a quien la necesitara. A Verdaguer, a Santiago, al Jorobado, a
Tapia, a Ismael, etc. No tenía escrúpulos, Maritza. Lo que ha de ser que sea, su consigna.
Conversaron un rato. Pánfilo la había abordado. Se dijeron palabras cautivadoras. Ya ella había
advertido el tamaño del músculo bajo su bragueta. Este quería salirse de su contenedor. Él,
también, había advertido la ranura de Maritza. Su tamaño y su ancho no podían ser ocultados
por el pantalón que llevaba puesto. Era como un trofeo exhibido en blanco y negro.
Fueron a casa de ella. Una habitación estrecha. Pánfilo expresó, sin pensarlo, ―tienes que
mudarte de esta estreches. Puedo pagarte la amplitud que quieras‖.
Fueron a lo suyo. Maritza le mostró lo que él ya prefiguraba. Un cuerpo bien hecho. Un pubis y
unos pezones hermosos y provocadores. Una ranura ancha; pero unas paredes que parecían no
inauguradas. Una y otra vez. Sin pausa. Ni él ni ella se rendían. Solo el afán de cumplir dos
citas contraídas previamente por Pánfilo, puso fin a su trajín. Le dejó dinero para lo que
necesitara, con la advertencia de que debía cambiar de domicilio. Donde sea y al precio que sea.
185
Me avisas, dijo al salir. Lo urgía la supervisión de un encargo que le había hecho a dos de sus
hermanos, en la Universidad de la República y en un barrio de la periferia.
Volvieron a verse tres días después. En la ciudad había revuelo por sucesivas muertes violentas.
Todas con un modus operandi similar. Dos hombres al acecho, baleaban a las víctimas. Sin
ninguna pista, decían las autoridades.
Maritza estaba con su hermano Samuel. Ya este conocía a Pánfilo. Habían realizado algunas
actividades juntos. Una de ellas, tal vez la fundamental, tuvo que ver con una sesión de
entrenamiento, en Puerto Boyacá, impartido por un ciudadano Israelí. Una reunión amplia.
Forjadora de futuros acechantes de enemigos del orden. Particularmente de aquellos y aquellas
que postulaban opciones en contravía de lo ya establecido, como doctrina y como realización.
Samuel había llegado dos días antes. Ya había realizado con Maritza un ejercicio pleno que
conocían de memoria. Desde su infancia, se tocaban, sus respectivas zonas. Hoy, una vez llegó,
Samuel abordo a su hermana. La hizo sucumbir con sus conocimientos acerca de acceder a
lugares del cuerpo que hacían explotar. Estuvieron una y otra vez, por dos horas.
Cuando Pánfilo entró, percibió el olor a sexo. No dijo nada. Porque él no tenía reparos en eso
de poseer. Para él era válido cualquier momento y cualquier mujer. Su experiencia era muy
vasta. Con mujeres comprometidas y ensayadas. Y con mujeres de primera vez. Unas y otras,
por la fuerza si era necesario. Era un individuo que sabía complacer. Era conciente de que su
asta daba para todo. Nunca se veía fláccida. Una erección de mil momentos. Era su estado
natural. Era conciente de ello y se alegraba de que así fuera.
Saludó a su par, Samuel. Este se retiró de allí inmediatamente. Pánfilo le dijo a Maritza que
venía cargado. La ansiedad de los dos trabajos realizados, le causaron una erección fuera de la
normal. Estaba ávido de montar. Maritza se entregó. Como si fuera la primera vez. Pedía más y
más. Pánfilo le daba lo que pedía. Su erección crecía y crecía. De nunca acabar. La avasalló
más de diez veces. Como en el primer día; solo suspendió la prueba de resistencia, cuando
llamaron a la puerta. Era su madre Raquel. Venía por la dádiva que le había prometido Pánfilo,
su hijo. Ella también olió el entorno. Supo que allí se habían realizado, por lo menos dos,
ejercicios. Para ella no era novedad. Incluso, se acordó de, cuando su hijo la penetró, a sus
quince años. Quisiera haber retenido ese momento y ese músculo.
Maritza se incorporó de la cama. Había quedado a medio camino, en la onceava vez. Acechó a
Pánfilo y a su madre. Ella intuyó que habían sido amantes. Por esas condiciones que tienen las
mujeres de intuir cualquier movimiento sexual que no fuera con ella. Pánfilo acompañó a
Raquel, hasta la puerta. Se despidieron sin más. Pánfilo regresó adonde Maritza. Ella estaba
adormilada, más no cansada. Concluyeron lo que dejaron iniciado. Durmieron largo rato. Ya era
de noche, cuando Pánfilo pidió cena a domicilio. Tan abundante fue la cena; que Maritza le
insinuó a Pánfilo la posibilidad de guardar las sobras, para cuando volviera su madre, Raquel. El
accedió.
Pánfilo salió. Fue a visitar a su medio hermano, Pitágoras. Le había conseguido un domicilio en
la ciudad. Había realizado con él todo lo imaginable. Se surtía de placer con él. Pitágoras era
amante de todos los hombres. Pánfilo ya lo sabía. Pero, como con Maritza, no le preocupa.
Simplemente, le exigía atenderlo cuando él lo necesitara. Llegó con ganas. Ordenó a Pitágoras
que se desvistiera. Él hizo lo propio. Lo tuvo hasta la madrugada. Un avasallamiento sin límites.
Una y otra vez. Su falo estaba como si nada hubiera sucedido. Pitágoras estaba exhausto. Sin
embargo, Pánfilo no acababa. Una y otra vez. Su músculo seguía erguido. Cuando Pitágoras le
expresó que no podía más, Pánfilo lo golpeó con fuerza. Sus puños eran de hierro. Lo dejó allí,
lacerado, casi muerto.
…Cuando Pánfilo se despertó, ya Maritza estaba en pie. Le dijo: dormiste mal. Gritabas a cada
momento. Mencionabas a Pitágoras. Lo insultabas. Le decías: ¡más, más; hombre de todos.
Marica vergonzante ¡
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Pánfilo salió, como si nada hubiera pasado. Como si nada hubiera escuchado.
Se dirigió al sur de la ciudad. Había concertado una cita de verificación con Samuel. Lo amaba.
Ya se lo había manifestado varias veces. En principio, Samuel, resistió. Sin embargo, al cabo del
tiempo, sucumbió. Este Pánfilo es ineludible. Era asfixiante. Se recorrieron los cuerpos antes de
hablar del asunto. Una vez Pánfilo. Otra vez él. Montaban y montaban.
Hablaron de los trabajos realizados durante el día. Confirmadas las muertes de Juliana, Isolina y
Pedro. Todo un hito, en relación con el grado de dificultad de las acciones. Samuel le expresó
que era una trama bien realizada. Su perspectiva no lo era menos. Acechar a sus contradictores.
Ya estaba programado lo sucesivo. Hombres y mujeres que debían morir. Como escarmiento y
como novedad. Un ensayo continuo que no podía prescribir. Por el contrario; debía prolongarse
por el tiempo que fuera necesario. Pánfilo le pidió más a Samuel. Este estaba saturado. Pero
tuvo fuerzas para otorgar lo que pedía Pánfilo. Lo recibió dos veces más. Quedó dormido,
vapuleado por el cansancio. Cuando Pánfilo salió, fue abordado por dos hombres que lo hicieron
subir a su auto. Pánfilo apareció muerto en un escampado de la ciudad. Así lo informaron los
medios.
CAPITULO VI
Susana Amézquita, tenía nueve años; cuando su madre marchó. Nunca se supo el motivo ni el
destino.
Un padre Itinerante. De aquí y de allá. Sirvió como portador de opciones políticas. Se dice que
estuvo inmerso en mil variantes del ejercicio de hilo conductor a través de todo el continente.
Un sujeto bárbaro, a la hora de fijar sus principios y convicciones. Trató a su hija como
surtidora. Ella lo había localizado, cada vez, en escenarios diferentes. Un tipo que sabía hacerse
en los lugares necesarios para desarrollar su rol como señor de mil y una informaciones.
Nómada perverso. Estuvo en todos los lugares. Cada que era requerido, aparecía como
fantasma. La democracia era, para él, un ejercicio, cuando menos, inocuo. No era sujeto de
aspavientos. Lo que hacía, lo hacía con absoluta certeza. Esto le permitió cautivar a diferentes
personajes. Jefes de gobierno y confabuladores. Esos eran sus objetivos. Aun ahora, recuerda
su tránsito por Centroamérica. Y por algunos países del Cono Sur. Perdulario siempre. Tejiendo,
aquí y allá, falacias. Que le permitían todo tipo de benevolencias para actuar.
Susana lo conocía. Para ella había sido difícil entender esta dinámica. Pero, de hecho, no solo
se acostumbró; sino que heredó el don de la palabra. Para construir argucias. Para acomodarse
a cualquier circunstancia.
Cuando conoció a Samuel, estaba bordeando los quince años. Él tenía 16. Cada viernes se
encontraban, en la noche. Disfrutaban del placer que otorga el sexo. De una y mil maneras.
Como quienes descubren el quehacer y lo prolongan.
Susana no amaba a Samuel. Era insípido, a veces, No tenía continuidad. Además, era un sujeto
extraño. A veces le decía que exploraran más allá. Le indicaba una posición bocabajo. Él encima.
Hasta que ella no resistió más. Le dijo que ese tipo de posición no le agradaba. Que dolía
mucho y, además, no estaba hecha para eso. Lo suyo era la ortodoxia; por donde lo hacen
todas las parejas. Hasta ese día estuvieron juntos. Lo demás, fueron meras aproximaciones.
Como amantes que habían sido. Pero no más.
Susana se vinculó a una empresa. Un negocio extraño, en comienzo, pero después se habituó.
Una comercialización de etnias y de sus culturas. Un engranaje a nivel internacional. Con
sucursales en casi todas las ciudades capitales de países en Europa, Asia y África. Era un
procedimiento entre sutil y abierto. Una aplicación nada compleja, del lenguaje inherente a la
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globalización. Porque, sin esto, los pueblos no serían pueblos, ni sus culturas serían culturas. Un
discurso engañoso.
Procedimientos bárbaros, aquellos. Un traslado de culturas, a la manera de un intercambio.
Inmigrantes que sufrían los rigores de autoridades que, por un lado auspiciaban esos
procedimientos y que, mañana, hacían aparecer su ejercicio de autoridad; como algo pulcro, sin
ningún tipo de conciliación. Discursos onerosos que contribuían a la caracterización de nuestros
países como orientadores, sin fin, de opciones para el enriquecimiento.
Samuel se vinculó después. El mismo día en que Nicolás Sinisterra fue designado como
supervisor general de la empresa. Este tipo, Sinisterra, si que era abominable. Con un rictus en
su boca que causaba profundo fastidio; por lo mismo que era agresivo. Ojos escrutadores.
hacia las mujeres, con un tono lascivo. En principio me apartaba de él y conversaba con Samuel.
Sinisterra se dio cuenta de mis argucias y, entonces, conminó a Samuel para que permaneciera
en el depósito de exportaciones e importaciones. Un trabajo durísimo; ya que le correspondía
realizar inventarios periódicos. A su vez, cotejar los resultados con las bitácoras existentes en la
compañía. Le asignaron un auxiliar un tanto torpe, Jerónimo. Este se acomodó a las
circunstancias, con Samuel como guía. Un trabajo dispendioso. Se trataba de inventariar el
contenido de cajas que llegaban de diferentes partes del país y, de Europa, Asia y África.
Samuel, le manifestó a Susana algunas inquietudes al respecto. Esta hizo caso omiso de las
mismas. Samuel, nunca más, volvió a manifestarle algo al respecto.
Entretanto, Las relaciones entre Susana y Samuel se fueron deteriorando. Samuel sentía celos
por la cercanía entre Sinisterra y ella. De por sí, Susana, era abierta, circunstancial. No la
arrobaban los comentarios de los demás. En el caso particular de Samuel lo desechaba como
resentido.
Entre Sinisterra y Susana, fue creciendo una interacción sexuada. Ella y él eran expertos en eso
de otorgarse a cada momento. La esposa de Sinisterra era, para él, sujeto distante y frío. Con
Susana sentía placer con solo miarle e imaginar sus pechos al desnudo. Imaginar la joya que
llevaba entre sus piernas. Soñaba con montarla. A cada noche. No podía dormir, hasta no
manipular su pene, con la figura de Susana como referente. Una y otra vez; hasta vaciarse en
cantidades enormes. Las sábanas daban cuenta de ello. Cuando su esposa le requería por esas
manchas que dejaba cada noche; Sinisterra le respondía que era consecuencia de una fijación
con respecto a ella; ya que no podía tenerla debido a las hemorragias continuas que sufría.
Susana tenía precio. No simbólico. Realmente disfrutaba de los ofrecimientos de Sinisterra.
Obsequios diversos que colmaban su vanidad. Desde vestidos de marca, hasta chocolates
importados, los garotos de Brasil. .Se sentía halagada constantemente. Además, como
propuesta de Sinisterra a la gerencia, la nombraron su asesora. Un sueldo más representativo y
unas ínfulas derivadas de ello. Hasta que no pudo más. Se entregó a Sinisterra en el mismo
local de la empresa. Un mediodía, mientras el personal disfrutaba de su descanso para el
almuerzo; se tumbaron sin ningún recato. Rodaron por la alfombra; destrozaron sillas en su
ajetreo que duró cerca de dos horas.
Susana lamentó, después, no haberle exigido preservativo a Sinisterra. Porque, desde ese
mismo día quedó preñada. Le habló a Sinisterra al respecto. La respuesta de este fue
perentoria: es tu problema. Claro que puedes contar con mi aporte económico cuando lo
necesites. Pero el hijo o hija será tuyo o tuya, no míos. A pesar de la respuesta, Susana siguió
explorando con Sinisterra. Dos veces por semana. Siempre al mediodía. Desde la primera vez,
Jerónimo los observó desde lejos, aprovechando una grieta que había sido inadvertida, durante
mucho tiempo. El chico se sentía trastornado. No quería a las mujeres; sentía gran excitación,
viendo el palo erguido de Sinisterra y su sincronía para forcejear con Susana. Siempre, a partir
de ahí, quiso ser él el que soportara esa maniobra, de la sincronía de Sinisterra. Con Samuel, a
pesar de su fuerza, no era lo mismo. No sentía mucho placer. Los movimientos de Samuel eran
torpes y permanecía mudo mientras lo poseía. Ninguna caricia; ninguna palabra motivadora que
delatara su amor por él. Se hizo la promesa de lograr que Sinisterra hiciera con él, lo mismo
188
que con Susana. Soñaba con eso. Despertaba en la madrugada, cautivado por la imagen de
Sinisterra con su músculo erguido y llamándolo.
La madre de Susana, había trasegado por mil mundos. Una mujer altiva. Con una inmensa
pasión por lo espiritual. Mientras vivió con el padre de Susana y de Josefina, le enseñó un ritual
complejo, antes de ser penetrada. Un sortilegio extraño. Por lo menos no era común. Se
trataba de danzar desnudos y luego meditar durante largo rato. Ella decía que así se
expulsaban malquerencias que la acechaban a ella y que, suponía, lo acechaban a él. Una vez
concluida jornada. Invitaba a su macho, para que la montara. Pero, previamente, se vendaba
los ojos. No es conveniente, le decía, verte la cara con esos gestos acezantes.
Un día cualquiera, Rafaela, salió de casa y nunca más regresó. No se supo de ella. Había
algunas versiones que la localizaban en Manaos. Pero esta versión nunca pudo ser confirmada.
Lo cierto es que, en ausencia de Rafaela, Josefina satisfizo al padre. Siempre había soñado con
esto. Ser amante del padre. Como rodeo teórico que invierte la opción edípica. Josefina nunca
quiso a su madre. La odiaba por poseer a su padre. Muchas noches estuvo atisbando el ritual.
Abría sus piernas y seguía el ritmo de ella y el de él. Un orgasmo provocado, a distancia.
Después, la absorbía el sueño, dormía sonriendo. Con sus dedos en su abertura; entrando y
saliendo. Con la imagen de su padre sobre ella y no sobre su madre. Así se mantuvo hasta los
16 años; Hasta que conoció al negro Burbano. Sucedió un día que estaba en casa de Silvia, su
amiga de siempre. Burbano entró, sin saludarla. Le dijo a Silvia que quería estar solo con ella.
Josefina salió. La había impactado el cuerpo de ese negro. Imaginaba la largueza de su
miembro; a partir de lo que podía observar en su bragueta.
Esperó largo tiempo, hasta que Burbano salió. Lo abordó. Le dijo que necesitaba hablar con él.
Lo llevó a su casa. Una vez allí, se desnudó delante de él, se acostó en la cama y abrió sus
piernas, insinuándoles a Burbano que la montara. Él era un hombre de constantes experiencias
sexuales. Hombre de grandes batallas. Siempre había sido admirado por las mujeres, que veían
él, un ejemplar inagotable. Entre sí, ellas, hablaban de sus montadas. Sin pausa, hasta cinco o
seis veces. Casi siempre las dejaba exhaustas, mientras él seguía con su asta erguida.
Burbano avasalló a Josefina. Tres veces la inundó; hasta que ella no resistió más. Se quedó
dormida. Burbano salió por donde había entrado.
Josefina le relató a Susana su entrega. Eran buenas amigas. Susana preguntó si Burbano había
utilizado preservativo. Josefina, dijo que no. Susana le advirtió: ahora debes estar preñada.
Dime donde vive ese tipo, para obligarlo a regresar donde ti.
No sé donde vive, respondió Josefina. Lo único que se es que frecuenta a Silvia. Son amantes
desde mucho tiempo atrás.
Silvia recibió a Susana, un tanto sorprendida. Nunca la había visitado. Sin embargo la invitó a
seguir. Hablaron en el cuarto que Silvia destinaba para sus escarceos con Burbano. Después de
escuchar la versión de Susana, Silvia dijo: cada quien vive sus propios placeres. Cada quien
asume las consecuencias. Esto lo tradujo Susana; en términos de que a Silvia no le importaba
lo que hubiera su cedido entre Burbano y Josefina, a pesar de su minoría de edad.
Josefina y Susana, se acompañaron en la preñez casi simultánea. El padre, al conocer el estado
de las dos, abandonó el hogar; no sin antes vilipendiarlas. Las acusó de ser putas perras que le
abren las piernas a cualquiera. No quiso saber nada de ellas, desde ese momento.
Transcurrió el tempo para las dos gestantes. Entretanto, Susana se le entregaba a Sinisterra,
sin importarle el crecimiento de su vientre. Susana era incansable. Aun a riesgo de perder a su
hijo, ensayaba con Nicolás un gran número de posiciones diferentes. Lo suyo era un eterno
ejercicio erótico, sin límites.
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Jerónimo, había cumplido su promesa. Se presentó donde Sinisterra; un día festivo en que la
empresa no tuvo actividades. Le dijo: patrón he venido porque necesito confesarle algo. Estoy
enamorado de usted. Quiero ser suyo, todos los días; donde usted quiera y a la hora que quiera.
Ese día, Sinisterra inauguró su otra opción. Le sugirió a Jerónimo que se desvistiera. Luego,
desabrochó su bragueta y montó en él. Jerónimo sintió el placer de ser penetrado por un falo
tan inmenso. Le hurgaba las entrañas. Alejó de si el dolor, gritando más, más, patroncito.
Sinisterra lo hizo una y otra vez. Hasta que Jerónimo empezó a sangrar. Una hemorragia
inmensa. No sirvieron los algodones, las gasas y los trapos que utilizó Nicolás. Era un torrente
inagotable.
Allí mismo murió Jerónimo. El problema para Sinisterra fue mayúsculo. Llamó al asesor jurídico
de la empresa. Este lo advirtió de las consecuencias jurídicas del caso. Porque no valía la pena
mentir; ya que la cotejación del ADN o, una simple muestra de semen, lo haría vulnerable; por
no decir que responsable de manera directa.
Le propuso deshacerse del cadáver. Primero, encerrándolo en el cuarto que queda cerca de la
bodega principal. Allí no entraba nadie sin ser autorizado y sin tener la clave de acceso.
Después, aprovecharían el vehículo que reparte mercancías, para tirarlo en cualquier
escampado.
Diez días después, el cuerpo de Jerónimo fue encontrado y reportado como occiso que había
sido violado días antes y que había sido reportado como desaparecido.
Para Samuel, la noticia, significó un dolor inmenso. Porque Jerónimo era su vida. Lo amaba
profundamente. Cada día, al lado suyo, fue una experiencia hermosa. Para no hablar de los
momentos en que recorrían sus cuerpos. A pesar de cierta indiferencia por parte de Jerónimo,
Samuel lo sentía como amante que sabía otorgar placer sin límites.
Susana sospechó de Sinisterra. Era como una percepción constante. Como cuando alguien
siente que quien está consigo; tiene un secreto. Como un viento frío que causa escozor; que
penetra todo el cuerpo y obliga a sentir miedo. La sospecha, se incrementó, cuando Susana
observó manchas en el tapete. Sangre y semen. Ella conocía de esas texturas, desde su lejana
infancia, cuando fue violada por su padre. Allí, ella sangró de manera abundante y su padre se
vacío cien veces sobre ella.
Sin embargo, calló. No estaba dentro de sus propósitos un juicio de responsabilidades. Entre
otras cosas, porque Sinisterra era el padre de su hijo, aunque él no lo quisiera. Además, porque,
las ganancias de la empresa dependían de él; como sujeto que mueve el negocio; a partir de
sus contactos en el exterior y en el interior, a través de su amigo, el hermano del Ministro del
Interior y de Justicia.
El registro de la muerte de Jerónimo, cumplió su ciclo. Fue caso olvidado, a pesar de las
conjeturas de Samuel, que veía en la muerte de su Jerónimo, un asesinato con responsable
cercano; ahí mismo en la empresa. Pero todo, en él, eran suposiciones y nunca evidencias
demostrables.
Susana llamó a su hijo, Daniel. Josefina, llamó a su hija Isadora. Las dos, Susana y Josefina, se
arrepentían del paso que habían dado. Era un pago demasiado grande por el placer sentido.
Cierta rabia con su hijo y con su hija. Daniel e Isadora crecieron, en el contexto del
resentimiento. Una y la otra, una amargura extrema que las obligaba a un continuo ejercicio de
desdoblamiento, mostrando hacia fuera una satisfacción absoluta. Siendo, en su interior, una
angustia reprimida. No querer ser madres era el soporte de su quehacer inmediato.
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CAPITULO VII
La vida de Silvia siempre fue extraña. Una mujer con infancia sometida a unos rigores infames.
Una madre deambulando por aquí y por allá. Con un registro histórico de ineludibles visos de
descompensación. Tuvo a su primer hijo, Samuel, como consecuencia de haber sido violada por
un hombre giboso, residente en Puerto Boyacá. Estuvo a la deriva, como noria constante. Una
pareja, Isolina y Demetrio, la recibieron con bondad y con solidaridad. Sin embargo ella, Rosa,
se escapó. Encontró a Santiago, en Puerto Berrio, Se enamoró de él; como había aprendido a
hacerlo. Por la vía de su deseo, que parte desde adentro. Una obsesión patológica. Al ver a un
hombre, siempre, medía su condición, por la imagen de su pene. Casi nunca se equivocaba. En
el caso de Santiago, no fue la excepción. Lo vio en el parque. Calculó su potencia y su longitud.
Así, sin ninguna excitación, era una vara inmensa; siempre al acecho.
Ese día durmieron allí mismo, en el parque. El piso desnudo fue su hospitalario lecho. Gimieron
cerca de tres horas. Los transeúntes los miraban. Algunos con envidia de lo que tenía Santiago.
Otras con la ansiedad y con el deseo de que sus parejas les hicieran lo mismo. Algunos.
Pasaron las horas allí. Viendo esa lucha cuerpo a cuerpo. Se abstraían; olvidando sus tareas
inmediatas. Se quedaron, hasta asegurarse de que la pareja cumplió su reto.
Tal parece que Silvia fue engendrada ese primer día del encuentro entre Santiago y Rosa Elvia.
Nació un 8 de marzo. Desde pequeña añoró tener un amante. Veía en su madre un prototipo a
imitar. Cada noche Santiago la poseía. Era tanto el furor y los espasmos, que la niña terminó
por creer que ese ritual hacía parte de lo cotidiano de una mujer y de un hombre. A su muñeco
lo desvestía y lo colocaba encima de ella, simulando a Rosa y a Santiago.
Tal vez por esto, a sus diez años, ya lo anhelaba. Lo encontró en Daniel; un amigo de la familia
de tiempo atrás. Un joven de estatura mediana; que la alzaba y la acariciaba desde que tenía
tres meses. Daniel, desde ese momento, la hurgaba con los dedos. Ella sentía dolor y placer.
Así fue siempre. Cuando cumplió diez años, Rosa Elvia solicitó a Daniel que cuidara de su hija,
mientras ella atendía un asunto por fuera de la casa. Daniel ya sabía de cual asunto se trataba.
La espiaba desde hacía tiempo. Seguía sus pasos y se percató de que se encontraba con un
hombre en las afueras del barrio. Se besaban y caminaban cogidos de la mano, hasta un sitio
famoso por ser el hospital de los amantes. Allí, cada pareja, curaba sus vacíos de amor y su
nostalgia.
Cuando Silvia entró al baño, Daniel la siguió. Entró con ella. La envolvió en sus brazos. Silvia
dejó que las manos de Daniel la recorrieran. Sentía un estremecimiento gratificante. Cuando él
le mostró su pene; Silvia lo tomó, acariciándolo. Se dejaron caer al piso. Daniel la guiaba. Abre
las piernas; muévete. No llores. Esto no duele tanto.
Dos horas después, Silvia sangraba. Se sentía dichosa. Admiraba lo de Daniel. La excitaba ese
líquido viscoso que salía de él. Lo palpaba, era tibio. Daniel terminó con ella, porque llamaron a
la puerta. Se incorporó, subió sus pantalones. La niña quedó en el baño, como si apenas
empezara a bañarse. Cuando Rosa entró a la casa miró la bragueta de Daniel, a punto de
romperse. Allí mismo le tocó su músculo tenso. Con Daniel cogido de la mano, lo llevó a su
cuarto y allí continuo lo que había dejado pendiente con Pánfilo.
Creció, Silvia, al lado de sus hermanas y hermanos; excepto Samuel que ya se encontraba por
fuera del hogar. Vivía en un cuarto aparte. Allí pasaba noches y días. Después de su trabajo.
Unas veces con Susana, otras veces con Jerónimo. Otras con Maritza. La había llevado allí y la
poseía cada vez que no tenía a Jerónimo ni a algunos de sus amantes itinerantes. La primera
preñez de Maritza, fue atendida con un aborto practicado en el mismo cuarto. Desde ahí,
Maritza tuvo hemorragias continuas. Se le calmaron después de conocer a Pánfilo.
Para Silvia, la vida es y ha sido un eterno murmullo. Un hablar consigo misma. En esos intentos
inveterados que efectúan algunas personas, buscando sosiego. Tratando de encontrarse; a
partir de redefinir sus roles. Ha sido una itinerante. Desde todos los lados. Desde su condición
191
de mujer; desde sus pasiones; desde sus nostalgias. Podría decirse que no ha tenido la noción
del significado que adquiere el tránsito por el mundo, en el contexto de una determinada
sociedad. Lo suyo ha sido rodar por un abismo; sin asideros diferentes a aquellos que la
relacionan con sus afugias de amante transitoria de uno u otro hombre. Inclusive, con hombres
de la familia o cercanos a ella. Ella tiene un estigma. Desde que deseó a Santiago, al verlo
actuar con su madre. Desde aquel día en que Daniel la tuvo.
Pánfilo siempre la ha asediado. No importa que esté con Maritza. Para él, la promiscuidad es la
condición normal de un hombre o una mujer. Lo de Pánfilo es una exhibición de poder
económico y de convencimiento. Así concretó su relación con Silvia. No tuvo ningún reparo al
saber que ella, a sus diez años, supo que es el placer de sentirse penetrada. Tampoco lo tuvo
cuando conoció que Burbano la tuvo por mucho tiempo. Con él, Silvia, había construido mil y
una maneras de forcejear. Por lo tanto, Pánfilo, encontró en ella una mujer ya hecha, curtida
en posibilidades eróticas.
Silvia conoció de la profesión que asumía Pánfilo. Hombre hecho para vulnerar a los demás.
Con experiencias en todos los ámbitos derivados del manejo y aplicación de opciones políticas y
militares. Su historial era inmenso. Tenía bajo su mando diferentes zonas del país. Sus
empleados (así llamaba a los que cumplían con sus ordenes) eran distribuidos según las
necesidades. Hombres con sentido de pertenencia con la muerte. Para ellos, matar, era una
profesión y se divertían con ella. En el campo incursionaban a cualquier hora. Matanzas
colectivas o individuales. Sabían convertir cualquier sitio en fosas comunes. Todo lo suyo estaba
medido con un mismo rasero: el exterminio de quienes no asumieran sus convicciones; las
mismas de quien o quienes estén en el poder. Un cruce de caminos entre exterminio y
conducción política y económica. En la ciudad variaban los métodos. El preferido: matar en la
calle a quienes previamente fueran señalados…O incursionar en las viviendas, llevándose al (la)
requerido (a), para luego matarlo (a). La tortura se convirtió en modus operandi.
Por vía Pánfilo, Silvia conoció del soporte que tuvieron muchas muertes. De Isolina; de Juliana;
de Pedro Arenas; de Demetrio. Para ella, en principio, fue difícil la adaptación. Saber que quien
exploraba con ella su cuerpo; era la misma persona que ordenaba las muertes. Por lo mismo no
tuvo ningún problema para asimilar el hecho de que Samuel, Adrián, Pitágoras; eran agentes
encubiertos al servicio de Pánfilo. Como no tuvo ningún problema asimilar el hecho de que su
madre Rosa Elvia, a más de ser otra amante de Pánfilo; se constituyera en señuelo para
adquirir información.
En fin que, Silvia, llegó a ser mujer de todos. Como su madre. Se iniciaron a la misma edad.
Rosa Elvia asumió su primera vez, no como vulneración; sino como hecho cotidiano que le
otorgó placer, a pesar del dolor y de las hemorragias. Tal vez por esto desechó la protección de
Isolina y de Demetrio. Ella, Silvia, gozó del encuentro con Daniel. Siempre lo consideró como el
primer paso hacia la reivindicación del placer. Con quien sea y como sea. Disfrutaba con Pánfilo
cada que este la requería. Aún sabiendo que horas antes este había estado con Maritza. A esta,
a pesar de que le molestaba, no le quedaba otra cosa que satisfacerlo; si bien en muchos
momentos no lo disfrutaba. En veces podían más la rabia y los celos. Esto la inhibía para el
placer.
Volvió a conocer de Burbano, cuando supo que había sido muerto. Sospechaba de Pánfilo como
mandante. Sin embargo nunca tuvo certeza. Como homenaje silencioso, a partir de ahí, cuando
Pánfilo estaba con ella; evocaba a Burbano. Tuvo su imagen. Como si quien estuviera encima o
debajo fuera él y no Pánfilo.
Cierto día, Pánfilo le solicitó un favor. Se trataba de que sirviera como señuelo para atraer a un
muchacho que debía ser muerto. Un sujeto, decía Pánfilo, que no merece vivir. Por ser desleal
con él. No imaginaba Silvia de que tipo de deslealtad hablaba Pánfilo. Lo vino a saber cuando
Samuel le habló de Jerónimo. Le dijo que habían, Pánfilo y él, conocido de su romance con
Sinisterra. Que se veían en la empresa; al mediodía. Que allí se poseían en extenso. No se
ordenó la muerte de Sinisterra, porque su poder económico y su quehacer como administrador
192
de la empresa; hacían parte del engranaje. Lo odiaban como competidor con respecto a
Jerónimo. Pero se hacía intocable.
Soñó Silvia, que llamó a Jerónimo, con el supuesto propósito de entregarle un obsequio de
Samuel. Ya que este se había ausentado de la ciudad; para cumplir con una misión de la
empresa. Lo citó al parque central del barrio. Allí fue acribillado por dos hombres que se
movilizaban a pie. Sin ningún problema huyeron después del asesinato. A pesar de la cercanía
de un puesto de policía y de que algunos vecinos informaron de lo sucedido a los agentes.
Silvia vivió presa de ese sueño, durante el resto de sus días. Ver a Jerónimo muerto…y que la
llamaba…y que la increpaba por haber sido cómplice.
En ese sueño, pudo más el desconcierto y la conmoción. Silvia no pudo soportar saberse
cómplice de la muerte de Jerónimo. Pánfilo la encontró muerta en su cuarto. Había ingerido
veneno, tres horas atrás. Antes de tomar la decisión de matarse, Silvia había escrito: ―Creo que
he llegado a la cúspide de la ignominia. Me avergüenzo por el giro que he dado en mi vida.
Nunca encontré mi rumbo. Me consumió el placer y no me arrepiento de ello. Todo lo superé, a
mi manera. Lo que no pude soportar fue mi condición de vehículo para la muerte;
particularmente de Jerónimo.‖... Cuando despertó, se percató que Pánfilo estaba encima de ella.
CAPITULO VIII
Adrián se hizo hombre, en el entendido que serlo, significa capacidad para realizar acciones que
impliquen la utilización de la fuerza para someter a quien sea. Desde su nacimiento, tuvo
vocación de perdulario. De hecho, su infancia, la cruzó al lado de Santiago, su padre. Con él
anduvo todos los caminos que pudieron. Santiago se preocupó por enseñarle las mañas
necesarias para adquirir poder o, por lo menos, para intentarlo. Nunca jugó con otros niños. No
había tiempo para hacerlo. Para él, era una muestra de debilidad. Maduró su personalidad, a
golpes de acciones recomendadas por Santiago. Desde robar a un indefenso tendero de barrio;
hasta llevar y traer información para pares más importantes y poderos. Esos fueron los rituales
para su iniciación.
Con su madre nunca tuvo un acercamiento diferente que aquel relacionado con su condición de
mujer de todos. Él mismo realizó con ella lo que realizaba Santiago y Pánfilo y Daniel y Samuel
y Sinisterra…Lista de nunca acabar. Así aprendió a subestimar a las mujeres. Para él, ellas no
eran otra cosa que sujetas de placer. Bien sea comprado o por cualquier otra condición. Lo
único cierto, según aprendió Adrián, es que ellas no saben más allá que de abrir sus piernas y
esperar uno o varios usuarios. Así estuvo con Rosa Elvia; con Maritza; con Martha; con Susana.
Cuando no pudo imponer sus condiciones, como en el caso de la efímera vida de pareja con
Isolina, dirimió el impasse por la vía de la separación; manteniendo latente su odio por la
valentía y la fuerza conceptual de Isolina. Esto incidió, hasta cierto punto en el acumulado de
hechos que sustentaron la muerte violenta de ella. Porque, le insistió a Pánfilo que mujeres así
no podían seguir viviendo. De hecho ya, Pánfilo, tenía suficientes motivos para hacerlo. De
todas maneras lo que más peso tuvo en la decisión de darle muerte, fue su cercanía con Juliana,
con Pedro Arenas y con Demetrio; todos ellos y ellas usufructuarios de lo que Pánfilo tipificó
como la franja de la subversión del orden establecido. En todos los sentidos. Incluido, claro está,
el orden político, económico y social del país; liderado por un auténtico extirpador de tumores
sociales malignos.
Con Samuel mantuvo, transitoriamente, una confrontación. Cuando éste (Samuel) fue infectado
por el mal de la discrepancia y la sedición. Tiempo en el cual Samuel respaldaba las acciones de
Isolina, de Juliana, de Pedro Arenas y de Demetrio. Nunca ha negado que hubiera matado a
Samuel, si no hubiera rectificado su camino. A partir de ahí se hicieron socios en la tarea de
matar y vulnerar. Socios de Pánfilo y de sus adeptos-empleados como asesinos a sueldo.
193
Conoció a Verdaguer, un día en que este visitó a su madre; en ausencia de Santiago. Adrián
tenía nueve años. Fue testigo de la capacidad de Rosa Elvia para otorgar placer. Ella y
Verdaguer consumieron horas y horas. Ella gritaba, él acezaba, una y otra vez. Fue el origen de
su misoginia.
Volvió a verlo con ocasión de un viaje a Montevideo; cumpliendo una actividad ordenada por
Pánfilo. Se trataba de contactar hombres al servicio de la dictadura, en su lucha contra la
oposición, incluidos claro está militantes de los Tupamaros; o simpatizantes de ellos. Probado o
sin comprobar. Justo, Verdaguer era un cabecilla de los exterminadores; o de los ―patriotas‖
como se hacían llamar.
En comienzo, Verdaguer no reconoció a Adrián. No atinaba a la cotejación entre un joven de 20
años y un imberbe de nueve años. Pero Adrián si lo identificó en el acto. Se lo hizo saber.
Inclusive le manifestó que, como él, había disfrutado de las bondades eróticas de Rosa Elvia.
Por indicación de Verdaguer, Adrián conoció otros integrantes de los grupos de exterminio.
Viajaron a Punta del Este. Se divirtieron y concretaron asesorías para los grupos en Colombia.
Hasta cierto punto la escogencia de esta ciudad obró como distractor; pues había grupos de
inteligencia, compuestos por personas afines a la oposición. Particularmente, a los Tupamaros;
cuyo objetivo era localizar, identificar y actuar en contra de los mercenarios.
Su regreso al País, se produjo el mismo día en que se cumplió la orden de matar a Juliana y a
Pedro Arenas. Un trabajo perfecto. Un procedimiento similar al que conoció que estaban
perfeccionando en Uruguay. Estuvo reunido con Pánfilo, Samuel y tres hombres más, de plena
confianza de Pánfilo. Desde ese mismo día se programaron sesiones de trabajo con ejecutores
activos y potenciales. Ya había el antecedente de las enseñanzas de Klein. Lo de ahora era un
reto mayor; pues se trataba de incursionar de lleno en las ciudades en contra de objetivos
previamente identificados por las labores de inteligencia al servicio de ellos, orientados desde
las instituciones militares y policiales.
Adrián fue designado interventor de los procedimientos en la capital. Un oficio dispendioso que
exigía conocimientos y concentración. Coordinar búsquedas y ejecuciones. Él era intermediario
entre Pánfilo y los realizadores directos de los encargos; así llamaban ellos los asesinatos.
Desde allí, Adrián conoció pormenores de toda la doctrina al respecto. Conoció códigos
utilizados para concretar reuniones entre militares y policías institucionalizados, con los grupos
de ejecución clandestinos. Desde allí conoció el rol de los asesores estaudinenses; del rol no
publicitado de la embajada. Conoció de los alcances de la política diseñada por la cúpula
gubernamental, militar y policial. De los objetivos a mediano y largo plazo y de las tareas
inmediatas conducentes a concretarlos.
Por sus manos pasaron listas y códigos con los nombres de los objetivos militares, paramilitares,
policiales y parapoliciales. De todas las edades y sexos. Con indicaciones precisas para el
encubrimiento de las muertes. Con todos los datos necesarios. Con día y hora de las
ejecuciones y con indicaciones acerca de las modificaciones de último momento.
Una noche, fue secuestrado, en su residencia, por un grupo de hombres y mujeres. Lo
encontraron muerto tres días después en una localidad vecina a la capital. Luego se supo,
después de complicadísimas cotejaciones realizadas por Pánfilo y la cúpula militar; que había
sido ubicado e identificado, a partir de información vertida por Verdaguer. Este fue tipificado
como mercenario de doble vía y doble aplicación.
194
SECCION SEGUNDA DEL CAPITULO VIII
Adrián fue reemplazado por Daniel. Este había logrado escalar posiciones en la estructura; a
partir de su relación con Silvia y con Maritza. Desde ahí empezó a conocer la organización.
Pánfilo le tomó confianza, por recomendación de Silvia que veía en él un amante pleno e
imaginativo y, al mismo tiempo, un prospecto para asumir tareas. Por lo incondicional y por sus
convicciones ajustadas a los requerimientos del oficio liderado por Pánfilo.
Su primer encargo, tuvo que ver con la coordinación de una infiltración en dos grupos políticos
de oposición. Dos objetivos. Uno, interceptar comunicaciones y enviar información constante.
Otro, identificar posibles nexos entre esos dos grupos y otros movimientos nacionales e
internacionales; en una perspectiva desestabilizadora a gran escala.
De su cosecha, fueron los atentados en contra de, al menos dos dirigentes de esos dos grupos.
Uno de ellos, un ciudadano colombiano, responsable de la orientación y coordinador del flujo de
información con organizaciones no gubernamentales a nivel internacional, incluida Amnistía
Internacional. Otro, un ciudadano argentino; responsable de la coordinación de ayudas
económicas con diferentes instituciones gubernamentales y no gubernamentales de Europa y
de Asia.
Fueron muertes violentas, con saña. Una, en la capital, mediante la adecuación de un
cochebomba, a la salida de un acto político en el centro de la capital. La otra, en Buenos Aires,
mediante una intervención sicarial. En las dos ejecuciones hubo personas muertas y heridas,
ajenas al conflicto.
Con esa carta de presentación, Daniel fue transferido a una instancia mucho más compleja.
Estando allí, ejerciendo como coordinador operativo; lo sorprendió la muerte. Mientras andaba
por una zona deprimida de la ciudad en que estaba; fue abordado por dos hombres. Allí mismo
fue acuchillado. Según el reporte pericial, el móvil no fue el robo, porque llevaba toda su
documentación, dinero y tarjetas de crédito.
SECCIÓN TERCERA DE CAPÍTULO VIII
A Samuel lo sorprendió la decisión que le comunicó Pánfilo. Este había recibido, el día anterior,
la orden de asesinar a Sinisterra. El soporte tiene que ver, según Pánfilo, con las actuaciones de
Sinisterra, y que lesionaron las finanzas de la empresa. Había transferido, a su nombre, una
suma muy importante de dinero;; desde dos bancos en el país, hacia un banco en Suiza. Tolo,
con la garantía que le daba el conocimiento de las claves correspondientes. Lo hizo sin
compartir con nadie. Incluso, ni siquiera Susana lo supo. A pesar de haber realizado con ella
diferentes viajes a Uruguay, Chile y Argentina; en un proceso de consolidación de sucursales de
la empresa.
Sinisterra, además, estuvo en Europa; concretamente en Inglaterra y Holanda. Viajó solo. Su
relación con algunos de los socios más importantes, se había acrecentado. Precisamente, en
este viaje, obtuvo una información bien importante acerca del movimiento de inmigrantes,
desde África hacia España y Francia. Acreditó sus realizaciones, en términos de la
administración de la empresa. Informó, por ejemplo, de las circunstancias en que se
desenvolvía el negocio en el País y de los nexos adquiridos con funcionarios gubernamentales,
en un proceso que incluía la interacción con grupos encargados de realizar acciones específicas
de seguimiento a algunas organizaciones opuestas al programa de gobierno, relacionados con
el manejo de la seguridad. Incluía, además, la financiación de estos grupos; manejando un bajo
perfil, no visible; al menos en lo que respecta a la difusión en los medios de comunicación. Un
trabajo, en el cual se habían obtenido logros importantes.
195
Pánfilo siempre tuvo con Sinisterra, un conflicto latente.; soportado en dos aspectos. Uno,
relacionado con Susana. Para Pánfilo, ella, representaba un ícono en su ideario sexuado. No
había logrado alcanzarla. Cuando supo que, las relaciones entre Susana y Sinisterra, habían
adquirido un sesgo de amantes; se sintió en desventaja. Como si Sinisterra lo hubiera derrotado
en un duelo no visible, no pactado, pero si con conocimiento de causa.
El otro aspecto, tenía relación con el posicionamiento adquirido por Sinisterra en la empresa.
Porque, éste, había logrado, no solo escalar posiciones sino, lo que era más importante, esas
posiciones lo ubicaban como un hombre trascendente en todo el proceso. Incluidas las
relaciones con el gobierno. Llegando, incluso, a ejercer como asesor y consultor en el contexto
de las políticas de seguridad trazadas, desde el inicio mismo del actual presidente.
Cuando Pánfilo recibió la orden, sintió un profundo alivio. Algo así como ver en ella la
posibilidad de revancha que siempre había esperado.
Samuel asimiló la noticia. Recordando, entre otras cosas, que Sinisterra lo había despojado de
Susana. Sintió esto, desde el primer día en que advirtió que éste había logrado cautivarla y
poseerla. La versión que Jerónimo le comunicó, no hizo otra cosa que consolidar su
resentimiento.
Samuel y Pánfilo diseñaron el plan para cumplir con la orden impartida. Decidieron que debía
ser una acción que debía ser realizada, en condiciones similares a la muerte de Daniel; con la
diferencia de que, aquí, se apoyarían en Jerónimo. En su condición de amante de Sinisterra.
Jerónimo recibió la noticia, por parte de Samuel. Entre los dos se había producido un
distanciamiento, a raíz del enamoramiento absoluto de Jerónimo, con respecto a Sinisterra.
Para este, Sinisterra, se constituyó en una obsesión. No podía pasar un día sin verlo. Se le hacía
eterno el tiempo entre una sesión y otra. Sesiones que duraban tres o cuatro horas. Sinisterra
utilizaba toda su potencia. Lo penetraba sin descanso. Lo surtía de su líquido que fluía y fluía
todo el tiempo. Jerónimo era insaciable. No importaban las hemorragias repetidas. Lo hacían
cada dos días; sin interrupciones.
Por lo tanto, cuando Samuel le comunicó que Sinisterra le había propuesto iniciar una relación
como amantes y que, esta había empezado ese día; en su oficina. Que habían utilizado todo el
repertorio conocido por ambos. Y que, Sinisterra, le había confesado que nunca había estado
con alguien que lo cautivara y lo saciara como él. Que, incluso, se había dejado penetrar. Que
valoró su pene como lo más hermoso que había visto en su vida. Que se lo manipuló; que lamió
todo el líquido que vertía Samuel. Que lo besó en todo su cuerpo. Que gritó de dicha, cada que
Samuel lo horadó. Que fueron cinco horas de absoluto placer de parte y parte.
Jerónimo se sintió desolado. Sintió como si todo se hubiera derrumbado para él. Como si su
vida hubiera terminado. No podía hacerse a la idea de que Sinisterra lo reemplazara. Recordaba
que, cada que estaban juntos, le susurraba su profundo amor y lealtad. Le decía que era su
único amor. Que Susana era nada, comparado con él.
En la sesión siguiente, Jerónimo llegó donde Sinisterra. Según la costumbre, se besaron
largamente, mientras se desvestían y se acariciaban sus astas erguidas; Jerónimo se mostró
mucho más apasionado y excitado. Le pedía más y más a su amante. En uno de los descansos,
simuló la necesidad de ir al baño. Allí rompió uno de los espejos. Regresó donde Sinisterra. Sin
darle tiempo a reaccionar le hundió una astilla de vidrio en la garganta. Una y otra vez, sin
parar. Se vistió, salió de la oficina; dejándola cerrada.
Sinisterra, se había quedado dormido después de poseer a Susana. Despertó, conmovido por el
aterrador sueño.
196
CAPITULO IX
Pitágoras se apartó de Santiago. Sintió mucho la situación de Rosa Elvia. Tanto como entender
que ella había sucumbido ante los avatares de la vida. Valoró su condición de mujer libertaria.
Su decisión de asumir lo afectivo como sucesión de relaciones. En una promiscuidad que no
compartía; pero que respetaba.
Rosa Elvia era, para Pitágoras, ese tipo de personas en angustia constante. Sin poder redefinir
su proceso como itinerante en una sociedad cargada de situaciones complejas. Un tejido que la
sometía. Un entendido de libertad circunscrito a ensayar variables. Pitágoras la sentía como
mujer que nunca había sido amada. Tal vez, ella, tampoco ha amado. Porque, consideraba, que
amar era más que estar con todos o todas; sin importar cuando o porqué. Un tipo de
satisfacción, de placer, centrado en el arrebato sexual circunstancial. Vivir esto como condición
única; como soporte único. Una distorsión del hecho de amar y ser amada. Un camino lleno de
dificultades asociadas a esa condición de ser. La reconocía como madre y como mujer. Pero, no
fue capaz de estar al lado de ella. No pudo o no quiso acompañarla en su peregrinar; mucho
menos intentar la persuasión en términos de buscar otra alternativa de vida.
Sorteando obstáculos, logró terminar sus estudios secundarios. Ingresó a la universidad en
horario nocturno. Trabajaba todo el día como vendedor en un almacén. Había heredado de su
padre la capacidad para cautivar compradores.
Escogió un programa de pregrado que le pareció importante. La antropología siempre le había
llamado la atención. Con el profesor Pedro Arenas y con la profesora Juliana, a quienes había
conocido en el colegio, había departido muchas veces. Tertulias agradables; que lo situaban en
opciones de interpretación de la cultura y, en general, de la humanidad. Estuvo en muchas de
las actividades realizadas por Isolina; a quien admiraba profundamente. La mujer que supo
valorarse y hacer ruptura con Adrián. Por esa vía conoció a Demetrio. Le pareció, siempre, un
hombre con vocación de servicio. Demasiado humano. Amigo absoluto, leal y confidente
cuando fue necesario.
Pitágoras vivió el proceso angustioso que supuso el asesinato consecutivo de Pedro Arenas,
Juliana, Isolina y Demetrio. Hechos que le hicieron ver la tragedia de un país que nunca ha
conocido la paz, ni la solidaridad, ni la aceptación del otro o de la otra. País de convicciones
torcidas; en el cual ha predominado el ejercicio de la violencia continua, sistemática. País en
donde no ha existido sitio para la tolerancia y el respeto de los valores y derechos humanos.
Para él, esos asesinatos y muchos más, constituyeron y constituyen la reiteración del odio, y la
tropelía. Acezantes verdugos que nos conducen al desmoronamiento. Como sociedad y como
nación.
Se prometió a si mismo, retomar, a su manera el ideario de ellas y de ellos. A partir de los
logros alcanzados en la universidad y de su interacción con diversas organizaciones obreras,
campesinas y de la población más vulnerable; fue construyendo escenarios para proponer
alternativas. Para postular y realizar actividades trascendentes. En búsqueda de opciones
constantes, generosas, humanas. La intención de transformar la sociedad, desde una
perspectiva politica de inclusión. De reconocimiento de valores y de adecuaciones. De tal
manera que la vida adquiera otro significado; derrotando a la muerte inducida por quienes nos
han controlado y avasallado.
Al hacerse cargo de ese ideario, logró consolidar su posición como sujeto creativo, humano,
investigador e impulsor de nexos entre la academia y la población. Con un sentido de
pertenencia a la humanidad, por la vía de expandir el conocimiento de la historia; de tal manera
que este conocimiento se convierta en interacción social no claudicante ante el embate de los
violentos. Ante el embate de esas fuerzas poderosas, casi siempre soterrados, que manejan los
hilos de la política y de la economía, pretendiendo el beneficio propio; de las clases que siempre
se han constituido en el poder y que no están dispuestos a perder.
197
Siempre intuyó que sus hermanos y hermanas estaban del lado de los detentadores de ese
poder. Conoció a Pánfilo, de su relación con Maritza y Silvia. De su amistad con Samuel y con
Adrián. Siendo así, para Pitágoras, la noción de familia fue pragmática. Los vínculos de sangre
no cuentan a la hora de percibir y analizar determinados comportamientos. Por lo mismo, para
él, sus hermanos y hermanas no son otra cosa que auxiliares de los gendarmes. Con un
entendido de la vida similar a quienes asesinan contradictores, el contexto del afianzamiento de
su poder.
Pánfilo ya había hablado con Silvia y con Samuel, acerca de las andanzas de Pitágoras. Lo
asimilaron a la subversión. Para ellos, quedaba claro que no podía permitir la expansión de esas
opciones. No importaba la condición de hermano. Como sea hay que detener sus avances. Ya
conocían que había retomado las actividades que realizaban Isolina, Pedro, Juliana y Demetrio.
Siendo así, la decisión fue obvia.
El 8 de marzo, al salir de un acto realizado en la universidad, con motivo del Día Internacional
de las Mujeres; Pitágoras fue baleado desde un vehículo. Allí mismo murió. Su última visión,
estuvo destinada a Rosa Elvia.
SECCIÓN SEGUNDA DEL CAPÍTULO IX
Para Samuel, Pánfilo se había convertido en un socio molesto. Entre otras razones, porque el
afán de poder; le exigía a este, realizar cualquier tipo de tarea o acción. Ya, una vez muerto
Sinisterra, Pánfilo logró acceder a la administración de la empresa en la capital. Desde allí,
empezó una gestión avasallante. Desde todas las opciones posibles. Hizo recambio en la planta
de personal; gestionó la desvinculación de Verdaguer; en la sucursal uruguaya. Se apoderó del
mercado en Santiago de Chile. En el ámbito más domestico, se apoderó de Susana. Ella había
lamentado, a su modo, la muerte de su amante. Pero, aplicado su afilado sentido común, n o
tuvo reparos el día en que Pánfilo se encerró con ella en la oficina y la hizo gritar de placer. Lo
de Pánfilo, observó ella, no es tan largo y voluminoso como lo era el de Sinisterra. Pero, de
todas maneras, acompañó la penetración, con rituales que había aprendido y que le enseñó a
Pánfilo; quien a pesar de su recorrido no había tenido acceso a ese manual.
El hijo de Susana y Sinisterra había nacido hace cerca de un año. Un niño normal. Con un
parecido absoluto a su madre. Para Susana, el niño, se convirtió en una carga. Su rol estaba
condicionado a tener libertad para asumir los requerimientos de la empresa y, adicionalmente,
los requerimientos de Pánfilo. Centrados en las necesidades sexuales de éste.
Es como entender la situación de muchos niños y niñas que no tienen un padre o una madre
que asuman con ellos y ellas la construcción de opciones de vida integral. Con una valoración
precisa del universo de necesidades. Una inclusión en la sociedad; de tal manera que la
complejidad de esta inserción se convierta en un hecho efectivo y no, simplemente, latente o
como mera expectativa.
Samuel conoció al niño. Le causó impacto, en el contexto de sus convicciones, un niño de
expresión triste. Como si, a su edad, ya estuviera inmerso en la angustia particular y colectiva.
Un niño que, en principio, no tendría posibilidades de vivir su infancia. Con lo que esta tiene de
lúdica, imaginación, amplitud y, fundamentalmente, de sensibilidad.
Con Pánfilo, entonces, Samuel asumió una modificación importante en su relación. En una
estructura de vida y de empresa, soportada en intereses particulares que erosionan cualquier
sentimiento de amistad. Ya, antes, había conocido la posición de Pánfilo con respecto a
Jerónimo. Los móviles de su muerte no le resultaban claros a Samuel. Porque la versión
presentada por las autoridades era un tanto inverosímil. Como aquella de expresar un ajuste
198
cuentas entre bandas criminales que se disputan territorios para las diferentes acciones
inherentes al proceso de descomposición social vigente en diferentes ciudades.
Efectuaba un análisis de mayor profundidad, incluida la cotejación entre momentos y
expresiones, en el contexto de la triada Samuel-Jerónimo y Pánfilo. Porque, lo que si conocía
con certeza Samuel, era que Jerónimo estaba con los dos. Inclusive, arriesgo la conclusión de
un asesinato planeado por Pánfilo, con un único móvil: los celos. Había un hecho adicional en
su reflexión: Jerónimo tenía otro amante. Se trata de Sinisterra. Estaba convencido, Samuel, de
que Jerónimo amaba profundamente a Sinisterra y no ellos dos.
A través de Silvia y Maritza, Samuel concertó una entrevista con Verdaguer; conociendo que
éste se encontraba en la capital, de paso para Panamá. Había decidido jugarse la carta de
convencer a la dirección de la empresa acerca de los malos manejos, por parte de Pánfilo, de
algunos aspectos específicos de la actividad; tanto en la capital, como en otras dos ciudades en
el País.
Previamente, tejió una urdimbre verosímil. Algo así como efectuar un seguimiento de las
actividades de Pánfilo. Apoyándose en algunos agentes intermedios. Construyendo una versión,
en el sentido de que Pánfilo conoció, de mucho tiempo atrás, los manejos realizados por
Sinisterra; en términos del manejo de cuentas bancarias, para su beneficio particular. Se
trataba, entonces, de reconstruir alguna documentación, variando contenidos. Para esto se
apoyaron en expertos al servicio de la empresa, cuya labor consiste en falsificar documentos.
Lograron, por ejemplo, hacer coincidir fechas en los desplazamientos de Pánfilo y Sinisterra a
Europa. Construyendo premisas que permitían deducir una confabulación en contra de los
intereses generales de la empresa, apropiándose de unas sumas muy importantes de dinero
que depositaron en sus respectivas cuentas. Aparecieron consignaciones subrepticias,
coincidentes en horas y fechas.
Con estos insumos, se presentó Samuel ante Verdaguer. Analizaron la documentación y
concluyeron que notificarían a la máxima dirección de la empresa. Pánfilo tenía a su favor el
hecho de haber reportado realizaciones de gran impacto positivo para la empresa.
Fundamentalmente en lo que tiene que ver el contenido de los acuerdos con instancias
gubernamentales para el buen manejo de los seguimientos y ejecuciones de algunos dirigentes
políticos y sociales; a partir de identificar sus contradicciones con el programa del actual
gobierno.
Verdaguer, en Panamá, concertó una reunión con Rolando Jiménez, actual presidente de la
empresa, para América Latina. Este, precisamente, había asistido a una sesión de toda la
dirección de la empresa, en San Salvador.
Rolando Jiménez, le expresó a Verdaguer que a Pánfilo se le venía haciendo un seguimiento. No
por el mal manejo de dinero; porque no tenían información al respecto. Solo la que presentó
Verdaguer. El seguimiento tenía que ver con la sospecha de que Pánfilo era un doble agente.
Como prueba, dijo Rolando a Verdaguer, tenemos información en el siguiente sentido: Pánfilo
estuvo realizando tareas para la CIA, durante el conflicto interno en El Salvador. Fue artífice
para la realización de ejecuciones selectivas; incluida la del Arzobispo de San Salvador. Además,
también de algunos mandos medios y auxiliadores del Frente Farabundo Martí.
De El Salvador, Pánfilo, pasó a Colombia. Estuvo en todo el proceso de preparación militar y
política, necesarias para desarrollar un esquema similar al que él Concretó en El Salvador.
Particularmente, en lo que respecta a la concreción d grupos parapoliciales y paramilitares.
Inicialmente, dirigió la creación del movimiento MAS y, más adelante, dirigió la concreción de
grupos de seguimiento y ejecución, durante y posterior al proceso de acercamiento del
gobierno de Belisario Bentancur con las organizaciones subversivas. En concreto, participó, con
otros dirigentes, en todo el proceso en contra de la UP.
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Sin embargo, dijo Rolando, Pánfilo empezó a filtrar información a organizaciones como Amnistía
Internacional. Si bien es cierto que, aquí, la información no es muy precisa; existen evidencias
del móvil. Tuvo que ver con un juego de doble vía, centrado en las contradicciones entre
algunos de los grupos. Particularmente, para desviar la atención con respecto a la organización
que el dirigía. Así, esta, quedaría libre de sospecha y consolidaría su posición posterior.
Rolando Jiménez, concluyó su relato, con la aseveración, en el siguiente sentido: Pánfilo está
realizando el mismo juego. Está filtrando información. Tal parece que va dirigida a algunas
instancias gubernamentales en España y Francia. Con el objeto de tejer versiones, en contra
nuestra y, por esa vía, consolidar la posición de los pares que nos hacen competencia.
Particularmente, en el fortalecimiento de una empresa que tiene su sede en Somalia.
Lo que usted me presenta, Verdaguer, es una información que vamos a acumular; para tomar
una decisión, con respecto a Pánfilo. En mi opinión, no solo debe salir de circulación; sino que
le debemos aplicar el castigo máximo; es decir su ejecución.
Pánfilo se encontraba en su oficina, departía con Susana, en uno de sus encuentros de rutina.
Recibió una llamada de los empleados de seguridad, en portería; en el sentido de que lo
necesitaban dos personas. Pánfilo bajó a la entrada principal. Él reconoció a las dos personas.
Había trabajado con ellos en Santiago de Chile. Le llevaban un recado. Se iba a efectuar una
reunión plenaria de la dirección zonal, aquí en la capital. Decidieron informarle personalmente,
ya que se sospechaba una intervención de los teléfonos de la empresa.
Pánfilo subió al vehículo. Durante el recorrido, expresó que se dirigían a un municipio, fuera de
Bogotá. Y que, entonces, la reunión no era en la ciudad. Le contestaron que, por seguridad,
debía ser así.
Tres días después, su cuerpo sin vida fue encontrado en un predio de la ciudad. Le habían
disparado dos veces en la cabeza…Sin saber porqué, Samuel creyó haber asistido a la muerte
de Pánfilo en otras circunstancias.
SECCIÓN TERCERA DEL CAPÍTULO IX
Susana no sintió la muerte de Pánfilo. Para ella, las cosas se dan o no se dan. Es decir, cada
quien debe manejar sus opciones y responsabilidades. Y, en esto, asumir como camaleón, es
un registro que mueve al mundo. Cada quien, entonces, construye su vida; incluyendo la
posición de apoyarse en quien sea con tal de lograrlo. En lo personal, su único interés estaba
centrado en ascender en calidad de vida. Para ella, esto significa acceder a los recursos
necesarios. No importa como. Inclusive, llegó a pensar en la posibilidad de que la nombraran
reemplazo de Pánfilo. Así pensó cuando murió Sinisterra. Si bien es cierto que, esa vez, no lo
logró, abrigaba esperanzas de que ahora si se daría.
Esta vez tampoco fue así. El reemplazo de Pánfilo fue Silvia (que ejerció como resucitada). Un
giro sorprendente. Entre otras razones, porque Silvia nunca había participado en actividades de
la empresa. Lo de ella, era el manejo de información en relación con algunas ejecuciones. La
administración del negocio requería de alguien con experiencia. Sin embargo se ratificó su
designación.
Para Susana fue una desilusión más. Pero, en aplicación de su lógica del pragmatismo, lo
aceptó, interiorizando su resentimiento. Orientó a Silvia en los pormenores de la administración
zonal y el tipo de nexos con las sucursales en América Latina. En la práctica era ella quien
manejaba la administración. Silvia, simplemente, avalaba las decisiones tomadas por Susana.
200
Revivió el pasado. Cuando entre las dos se dio una relación afectiva. Si bien no fue duradera; al
menos vivieron momentos intensos. Las dos sabían que hacer y como conducir sus encuentros.
Las dos manejaban y entendían la bisexualidad. Silvia era mucho más intensa y apasionada.
Expandía su placer, llegando a zonas siempre nuevas. Recorriendo el cuerpo de sus amantes,
con una imaginación profunda. Por lo tanto, al encontrarse con Susana, le insinuó la posibilidad
de retomar la relación. Hacerla mucho más profunda y dinámica.
Lo hacían a mañana y tarde. Todos los días. Cada vez más intensamente. Cada vez más
apasionadamente. Orgasmos extendidos. Una y otra vez. A veces se olvidaban de los asuntos
relacionados con la administración, así fueran asuntos urgentes.
Natalia, una chica joven. Una bella mujer, en la cual coincidían un rostro hermoso y unas
formas bien hechas e insinuantes; se vinculó a la empresa, a través de Samuel. Este la había
conocido en Barrranquilla, en una de sus giras. Ya había realizado con ella encuentros. Ya había
explorado todo su cuerpo. Decidió traerla a la capital. No solo para tenerla cerca; sino también
por la capacidad que Natalia tenía para organizar eventos tan necesarios en la empresa.
Cuando se precisaba concretar determinaciones y postular estrategias misionales.
Desde el primer momento, Silvia fue cautivada por Natalia. Se imaginaba su cuerpo desnudo.
Imaginaba exploraciones, mucho más allá de las que realizaba con Susana o de las que realizó
con su hermana Maritza.
En principio, Susana, no advirtió los deseos de Silvia; a pesar de haber observado que Silvia
llamaba continuamente a Natalia a su oficina, por cualquier motivo. La posición de Natalia
coincidía, con el pragmatismo de Susana. A pesar de que nunca había vivido relaciones
bisexuales; tampoco era ajena a ello.
Silvia invitó a Natalia a su casa. Un sábado. Se trataba de una comida a la cual habían sido
invitadas otras personas. Susana no fue invitada. Hablaron, durante la cena. Compartieron con
los comensales. Una sesión que terminó casi a medianoche. Silvia le sugirió a Natalia, la
posibilidad de quedarse en su casa, hasta el día siguiente. El vino excitaba a Silvia, la hacía
mucho más coloquial; mucho más extrovertida. Para Natalia, era una rutina la ebriedad.
También ella, se exaltaba en esas condiciones.
A Natalia se le asignó un cuarto. Había sido, en un tiempo, el lugar de encuentro entre Silvia y
Maritza. Una historia enorme de pasiones y destrezas. Unos orgasmos tan placenteros que
Silvia nunca había repetido con otra amante. Se bañaron juntas. Allí se inició el ritual. Se
besaron largamente. Una a una tocaron sus clítoris, No importó el dolor Se lamieron sus
pezones. Recorrieron sus cuerpos. Zona a zona. Juntaron sus pelvis. Olieron sus axilas, pasaron
sus lenguas por ellas. Gritaron de placer. Susurraron palabras llenas de sensibilidad y de
regocijo. Terminaron a las cuatro de la mañana del domingo, lo que había iniciado tres horas
atrás. Extenuadas, durmieron en la misma cama.
Al despertar lo hicieron una y otra vez. Una jornada tan intensa que las venció, otra vez, el
sueño. Durmieron hasta el anochecer. Hicieron el compromiso de vivir juntas, a partir de ese
día.
A Samuel, esta decisión, lo indignó. Le era insoportable la ausencia de Natalia en la casa que le
había conseguido. Donde llegaba cada vez que lo urgía el deseo. En donde, se juntaban él, ella
y Maritza. En donde ellas y él, realizaban sesiones inimaginables. Un ir y venir. Ella y ella. Él y
ellas. Samuel conservaba su potencia. Erecciones duraderas. Tanto que terminaba con Maritza
y seguía con Natalia. A todas dos las inundaba. Samuel, se excitaba, viendo a Natalia y a
Maritza besarse, lamerse, hurgarse.
Le exigió a Natalia regresar a su casa. Esta no aceptó. Se había enamorado tan profundamente
de Silvia, que se le hacía inconcebible no estar a su lado. Tanto en la empresa como en la casa.
Se le hacía inconcebible no estar con ella; no volver, a todo momento, al ritual que era, cada
vez, más expandido y placentero.
201
Samuel volvió a recordar su pasado. Cuando navegó por la vida, ejerciendo su capacidad para
amar y vulnerar. A su pasado esquizofrénico. Cuando iba y venía por todos los lugares. Cuando
conoció a Isolina; cuando conoció a Juliana y a Pedro. Cuando horadaba a las niñas; cuando
montaba a su madre; cuando conoció a Demetrio. Cuando mató e hizo matar. Cuando fue
recluido; cuando escapaba. Cuando veía, en sueños, al jorobado encima de Rosa Elvia; cuando
veía a Santiago hacer lo mismo; cuando tuvo a Jerónimo; cuando asedió y montó a Maritza, a
Silvia, a Martha. Cuando inundaba a Susana; cuando Penetró y fue penetrado por Pánfilo;
cuando hizo matar a sus hermanos; cuando se amó con Verdaguer; cuando penetró a su
hermanita, la hija de Isolina y Demetrio, al cumplir ella cinco años; Cuando estuvo dando
tumbos. Aquí y allá, sin encontrarse; cuando se dio cuenta que ese encuentro no era posible;
cuando triunfó el yo malvado y no el yo sensible y humano; cuando volvió a nacer, una y otra
vez; cuando perdió la memoria y el deseo, al ser lobotomizado; cuando dirigió grupos de
matanza selectiva; cuando le dijo sí al programa gubernamental de exterminio; cuando estuvo
en Villa Esperanza, buscándose otra ves
Y, al recordar, volvió el impulso patológico. Se hizo irrefrenable el deseo de acallar voces. Se
hizo indispensable la venganza. Como paliativo a su vergonzosa vida. Volvió a crecer en él, la
necesidad matar, de manera directa. Y, porque no, morir y volver a nacer.
Susana encontró a Silvia y a Natalia, muertas en la oficina. Sin signos de haber sido violentadas.
El dictamen pericial, fue reportado como muerte por envenenamiento.
CAPÍTULO X
Susana había arribado a sus cuarenta años. Siempre reflexionaba acerca de su vida. Pero, en el
contexto de su ética de lo posible. Ese día recordó su primer encuentro con su madre. Era una
mujer un tanto extraña. Una mujer parecida a una opción robótica de vida. Transeúnte en la
vida. Nunca se le conoció una meta alcanzada. Todas sus relaciones fueron de un contenido
insípido. Ni siquiera cuando Santiago la preñó por primera vez, sintió placer. Ni eso, ni odio.
Simplemente estuvo ahí. Abrió sus piernas y las cerró cuando Santiago termino.
Inmediatamente se bañó. Le fastidiaba ese líquido viscoso y amarillento pegado a sus piernas.
Consecuencia de eso nació Susana. Desde pequeña le hizo creer que su padre había emigrado
a recorrer el mundo. Inclusive le inventó un nombre. Cuando Daniel la preñó; ella, simplemente,
cerró los ojos. Otra vez se bañó. Limpio sus piernas y asumió otro trajín. Otra vez nació mujer.
Lo conoció Susana, atando cabos. Nunca habló del hecho de que su padre era el mismo padre
de Adrián, Maritza, Silvia, Martha, Adrián y Pitágoras. Además conoció que su madre viajó al
Brasil y que allí fue preñada por Thiago Ronaldo. Y que nació otra mujer. Y que, esta hermana
suya, fue avasallada por el mismo Thiago, cuando cumplió nueve años. Y que se llamaba Úrsula.
Y que no tuvo apellido. Y que murió cuando acompañaba a su marido en una tala de árboles en
el Amazonas Brasileño. Y que su muerte se produjo por la mordedura de una serpiente. Y que
fue sepultada allí. Y que había tenido una hija a sus once años. Y que el padre de la niña, era
Thiago. Y que había conocido el pene de cien hombres, incluidos los dependientes de su marido.
Allí mismo, en el campamento. Y que la muerte por mordedura de serpiente fue preparada por
su marido, cuando la dejó bajo los trapos que la cubrían, Y que, una vez muerta, su marido la
montó una y otra vez. Y que le decía puta desgraciada, ahora estoy feliz, porque después de
este día no habrá ninguno más.
Susana se blindó para todo quehacer. Gratificante o no. Hizo de su vida un peregrinar por todos
los escenarios posibles. La primera vez que fue penetrada tenía nueve años. Lo hizo Adrián. Ella
202
estaba sola en casa. Adrián fingió una visita de cortesía para comunicarle que había conseguido
un cupo en la escuelita, para ella. Una vez allí, la abordó. Ela no resistió. Ya había conocido este
episodio en uno de sus sueños. Lo anhelaba, lo esperaba. Entonces, abrió sus piernas y siguió
el ritmo que imponía Adrián. Desde ese día, siempre quiso más. La obsesionaba ese entrar y
salir. La fascinaba ese palo erecto que tenía Adrián. Volvió a ver algo similar, cuando Verdaguer
le hizo lo mismo. Con éste disfrutó más. Tenía catorce años y ya sabía diferenciar entre uno y
otro palo. La apasionaba y la excitaba uno grueso y largo. Inclusive practicaba a solas,
hendiéndose un palo envuelto en hule, Lo entraba y sacaba, como había aprendido. Y llegaba al
orgasmo. Su primera preñez fue a los dieciséis años. Abortó, asistida en su cuarto. Dos días
después estaba lista para conocer otro palo. Era su obsesión.
Por lo tanto, cuando conoció a Samuel, ya era experta. Lo condujo por todo su cuerpo. Le
enseñó a introducirlo sin necesidad de ser guiado por su mano. Cada que estaban le apretaba
su palo, tan fuerte que Samuel sentía dolor. Pero callaba.
Después vino lo de Adrián y lo de Verdaguer y lo de Jerónimo, el imberbe que la hizo aullar de
pasión, al sentir su asta hurgándole hasta sus vísceras. Lo amaba profundamente. No le
importaba su doble condición. Por eso sufría cuando Sinisterra lo montaba; cuando Pánfilo
hacía con él uno y mil ejercicios. Cuando Samuel lo revolcaba, lo insultaba y lo golpeaba por
deslealtad. Sufrió mucho al conocer su muerte.
Después de la muerte de Silvia y Natalia, Susana abandonó su trabajo. Sentía asco de si
misma, como copartícipe de los asesinatos. Siempre estuvo con Samuel en la preparación de los
mismos. Incluido el proceso de mezclar el licor con el veneno que bebieron Silvia y Natalia.
Tenía algunos ahorros que le permitirían subsistir, holgadamente, por algunos años. Volvió a su
hijo. Lo hizo, por fin suyo. Había desistido de esa opción torcida de abandonarlo a su suerte. A
través de una mujer que se encontraba inscrita en el programa de protección de testigos, tuvo
una entrevista en el Ministerio del interior. Allí ofreció otorgar información de las actividades
sórdidas de la empresa. Solicitó, a cambio, ubicación en el exterior y protección para ella y para
su hijo.
Su destino era Londres. La capital se conmocionó al observar la explosión de un avión en el aire.
Acababa de decolar del aeropuerto. En él, iban Susana y su hijo. Samuel comunicó al mando
central que la tarea había sido cumplida de manera exitosa.
SECCIÓN SEGUNDA CAPITULO X
Verdaguer logró escalar algunas posiciones. Desde su entrevista con Rolando Jiménez, en
Panamá, la dirección central de la empresa lo colocó como uno de sus empleados de mayor
relevancia. Asistió a una de las reuniones plenarias, en ciudad Méjico. Allí fue condecorado con
la mención de honor con la que la que se exalta la labor de los empleados que han logrado
metas importantes. En concreto, la justificación hablaba del logro adquirido, al contribuir a la
ubicación de los manejos de Pánfilo. Con Federica Maidana, logró estabilizar su vida afectiva.
Por lo menos, en el sentido de tener un refugio fijo, en casa de la madre de ésta y de hacer de
su relación la principal. Las otras no importaban, eran transitorias. Y, así, lo sabían sus amantes
ocasionales. Incluidas Rosa Elvia, Silvia y Maritza. También sus amantes masculinos. Incluidos
Samuel, Jerónimo, Daniel y Adrián.
De los dos hijos que tuvo con Francesca, uno de ellos lo llamaron Everardo, en recuerdo de su
camarada. Este, al lado de Patricia, habían sido muertos en un atentado cuando realizaban
labores de infiltración al Frente Farabundo Martí, como parte de su trabajo con la CIA.
Julián, el otro hijo, logró alcanzar algunas posiciones en la empresa, a partir de la influencia
suya. Julián fue destinado a labores de inteligencia, a nombre de la compañía,; en Chile y
Paraguay.
203
Entre tanto, Everardo, se vinculó con la C IA, como informante calificado. En los dos, Verdaguer
y Federica, veían la continuación del oficio.
Para la compañía era necesario efectuar seguimiento a Samuel. Desde su ascenso,
recomendado por Rolando y por Verdaguer, Samuel no había reportado logros importantes. Es
como si la empresa hubiese caído en un vacío de poder. Unas actividades que se reducían a
vincular algunos colaboradores que fracasaron en dos tareas fundamentales. Una de ellas tuvo
que ver con el cumplimiento del mandato para desaparecer y matar al presidente del Sindicato
de Trabajadores Agrarios. El otro, la recaudación de información que permitiese la localización
de Isaías, miembro activo de la organización no gubernamental, que venía trabajando la
investigación de las muertes sucesivas de algunos de sus dirigentes. En los dos casos, Samuel
era el directo responsable; habida cuenta de su condición de administrador general de la zona.
Estos hechos, fueron tipificados como un fracaso absoluto. Algo tenía que andar mal. Porque no
es posible aceptar que los fracasos fueran justificados por la inexperiencia. De hecho, Samuel,
era uno de los agentes más avezados.
Verdaguer y su hijo Everardo, se hicieron cargo de la situación. Confrontación de los datos
informados por Samuel a la dirección central; con versiones en contrario. Un desfase
preocupante. Porque, era cierto que hubo un desarreglo fundamental. Una rueda andaba suelta
y no era, precisamente, en la dirección.
Una vez concluida la labor, presentaron un informe que destacaba a Samuel como el directo
responsable. Adicionalmente, encontraron que se había configurado un desfase en términos de
la información transmitida a la dirección; acerca de dineros pagados a supuestos informantes.
Estos no solo no existían, sino que Samuel había reportado cuantías muy superiores al costo de
los servicios en el mercado cotidiano. Además, lograron recaudar información que vinculaban a
Samuel con la muerte de Silvia y de Natalia. Versiones muy diferentes a las que había
transmitido Samuel. Él informó que había procedido a ejecutarlas, en razón a que las dos
estaban filtrando información a algunas organizaciones no gubernamentales. Todo el material
recaudado indicaba, inclusive, que era él quien estaba filtrando esa información. Coincidían
estos datos con la frustración de tareas en Cali y en Bucaramanga, ordenadas por la dirección
general y que habían sido encomendadas a agentes uruguayos..
Una vez presentado el informe, por parte de Everardo y su padre; la dirección central, decidió
coloca r a Samuel en cuarentena. Esto significaba una suspensión temporal de sus actividades.
Everardo lo reemplazaría mientras duraba la cuarentena. Era una forma muy peculiar de
aplazar su muerte.
Así lo entendió, también, Samuel. Tan pronto fue notificado de la decisión, se comunicó con
Juan Pablo Tenorio, uno de sus enlaces en el Ministerio del Interior. Concertó una reunión con
el Ministro. Le hizo saber a este, que se estaría fraguando un atentado en contra del Asesor en
seguridad designado por el gobierno norteamericano. Se trata, dijo Samuel, de un asunto que
exigía la perentoria disposición de mecanismos para frustrarlo. Él se ofreció para efectuar la
coordinación de la decisión que fuera adoptada. Presentó pruebas elaboradas con el mismo
método que utilizó para justificar la muerte de Pánfilo. Delató a Verdaguer y a sus hijos Julián y
Everardo. Otorgó datos de su ubicación precisa en Uruguay. Asimismo, ofreció agentes que,
según él, venían desarrollando la acción del seguimiento.
Verdaguer y Julián estaban con Federica, en su casa de Montevideo. Después de su visita a
Colombia, habían convenido separarse, previendo cual situación anómala. Porque Verdaguer
conocía de la capacidad de Samuel para conocer lo confidencial. Tenía agentes muy
especializados en esa labor. Decidieron que Julián se desplazaría a Paysandú y que Verdaguer
se instalaría en Córdoba. El puente, siempre, sería Federica.
Cuando Samuel llamó a Federica, por teléfono. Esta recordó los momentos vividos con él. Ante
todo su estadía en Punta del Este. Allí, Federica, conoció lo que es el placer. Horas enteras
forcejeando con él. La potencia de Samuel era ilimitada. Ella sucumbió a las tres horas,
204
mientras que él seguía dispuesto con su vara erguida, esperando otra oportunidad. Federica
tenía la convicción de que Everardo era hijo de Samuel y no de Verdaguer. Así lo deducía de las
cuentas realizadas; como solo lo saben hacer las mujeres.
Acordaron una entrevista en La Plata. Allí, Federica le informó a Samuel de la ubicación de
Verdaguer y Julián; con la promesa, solicitada por Federica, de que no los matarían. Que fuera
algo de simple rutina.
Verdaguer fue ubicado en Córdoba. Un hombre que llamó a la puerta, le propinó seis disparos a
quemarropa. Murió en el acto. Julián apareció muerto en su casa. Lo asfixiaron con una
almohada y luego fue apuñalado.
Federica sufrió la muerte de sus hijos y la de Verdaguer. Sin embargo, silenció su voz. Pudo
más su lealtad a Samuel, el amante apasionado y dador de placeres sin fin.
SECCIÓN TERCERA CAPITULO X
Después de la muerte de Verdaguer y Julián, Everardo se puso en contacto con la dirección
central. Consiguió una licencia, argumentando razones personales urgentes. Una vez instalada
la reunión de la dirección en Nueva York; solicitó la investigación exhaustiva del asesinato de su
padre y de su hermano Julián. Él sospechaba que Samuel estaba detrás de las muertes. Qué
solo él, era capaz de una acción de ese calado.
De otra parte, se apoyó en empleados de la CIA, para fraguar la muerte de Samuel. Opciones
paralelas. Ubicaron Samuel en la ciudad de Cúcuta. Se había desplazado hasta allá, previendo
una retaliación. Dispuso de una gendarmería inmensa para que lo guardara, ante cualquier
evento. Por eso, cuando tres hombres lo esperaban a su salida de la casa, no se percataron del
dispositivo instalado por Samuel. Los victimarios fueron víctimas. Fuego simultáneo de treinta
hombres, localizados en la periferia, acabó con la vida de dos de los tres hombres. Después se
supo que eran de nacionalidad Brasilera. El otro huyó herido.
EPÍLOGO
Cuando Samuel se instaló como administrador de la empresa en la zona, encontró anomalías
acumuladas. Reportes sin procesar; mercancías sin transportar; contactos difusos. Se dio a la
tarea de superar esas dificultades. Además logró reabrir plenamente la comunicación con el
gobierno central, que había sido suspendida o., por lo menos debilitada. Personalmente asumió
esa comunicación. Logró recaudar evidencias de filtraciones muy peligrosas. Además propuso y
obtuvo una línea especial y secreta con el Ministro del Interior. Por esa vía comunicaba
informes de doble vía. Alcanzó gran estima y confianza a partir de los certeros informes
transmitidos y de sus resultados. Desmantelamiento de oficinas paralelas de informantes;
ubicación de redes coordinadas por la dirección central y que no habían sido reportadas, por lo
mismo que significaban una traición a acuerdos previamente realizados.
Dio pistas y evidencias fundamentales para ubicar a quienes estaban haciendo elusión de los
compromisos relacionados con el porcentaje prometido en la ejecución de cargamentos de
alucinógenos y de armas. Su intervención fue definitiva al momento de coordinar los
dispositivos para tramitar las reformas constitucionales inherentes a la modificación de las
reglas del juego electorales.
205
Fue laureado con los más representativos honores. Volvió a aparecer en la Embajada
Colombiana en Kenia. Desde allí continuó su labor al servicio del ejecutivo gubernamental.
Testamento: Así como empezaron mis vidas, asimismo terminaron. Esta última no es otra cosa
que la corroboración del hecho de que mi yo perdulario pudo más que el yo quise ser. Ese que
me enseñó Isolina. Al final de mi vida, quiero presentar el siguiente documento que
entregué como prerrequisito para estudiar en la universidad. En mi valija diplomática, se hallan
documentos que no han sido conocidos. No son de mi autoría; pero espero procesarlos como si
lo fuesen.
1. El concepto de estratega en Kenichi Ohmae.
1.1. La psicología y el método.
Tal y como lo expresé antes, tipifico la administración como un sistema complejo de actividades
prospectivas y de ejecución inmediata ay tendencial. Supone, por lo mismo, una opción en la
cual la interdisciplinariedad constituye elemento fundamental. No solo en lo que hace referencia
al proceso relacionado con la razón de ser de la empresa específica, con su rol en el entorno
inmediato de los negocios, la producción y las finanzas; sino también en lo que tiene que ver
con el espectro social y económico que cruza y, casi siempre, condiciona el desarrollo y las
perspectivas.
En otras palabras reivindico la integralidad, como concepto que debe soportar y orientar el
análisis y la descripción del perfil. Algo así como entender que no se puede hablar de sujeto
propiciador de una determinada opción estratégica; sino se dilucida el referente preciso a partir
del cual se define el perfil y se delimita el escenario de intervención. En esto, sin pretender
absolutizar, es pertinente proponer una línea de interpretación centrada en lo que la psicología
ubica como instrumento metodológico básico, al momento de concretar las condiciones
inmediatas y tendencias n las cuales un determinado sujeto (hombre o mujer) actúa. Tanto en
lo que está dado por su interioridad; como en aquello que puede ser considerado como
exterioridad. Es un proceso dinámico en el cual, quien ejerce como sujeto autónomo, va
construyendo un entorno a partir de la búsqueda de un equilibrio entre sus exigencias internas
y las exigencias de lo circundante (exterioridad). Solo en la medida en que el análisis pueda
dilucidar la calidad y objetividad verificables de ese equilibrio;, será posible dimensionar las
características de ese sujeto y su capacidad para influenciar y transformar el escenario
específico.
Vale la pena citar, en el contexto descrito, la siguiente definición: ―..Con esto el problema
cardinal del desarrollo y formación de la personalidad, así como la de todas las cualidades y
peculiaridades psíquicas (es decir, sus aptitudes y rasgos característicos) del desarrollo
individual adopta un aspecto completamente distinto. En la actividad del hombre, en su
conducta práctica y teórica, no solamente se manifiesta el desarrollo psíquico e intelectual, sino
que éste también se produce dentro de aquella...‖ 85
Es en este punto en donde aparece un concepto diferente con respecto a la lógica y al método
propuesto Ohmae; en tratándose de presentar las características y el perfil del estratega. Ante
todo, como lo dije en la introducción, porque Ohmae efectúa la descripción de ese perfil, a
partir de una aplicación metodológica en la cual prevale un concepto endémico circunscrito a la
empresa y sus características; haciendo abstracción de lo circundante y exógeno. Por lo tanto,
constituye una posición que no relaciona las aptitudes y el perfil del estratega con las variables
que, en la realidad y en periodos concretos, inciden y condicionan el quehacer de la empresa y,
por esto mismo, pueden alterar las estrategias propuestas. Es tanto como entender que la
empresa no puede situarse como sujeto jurídico y económico autista que se analiza a si mismo
85
Rubinstein, J: L. Principios de Psicología General, versión española de Sarolta Trowsky. Editorial
Grijalbo, S.A. 1967, página 188.
206
y el contacto con el exterior se reduce a la comparación con sus pares. Desde mi interpretación,
la relación con el exterior debe suponer un aspecto importante y trascendente; comoquiera que
conlleva a reconocer y valorar las variables que presenta y que se constituyen en agentes que
pueden vulnerar el rumbo trazado por el estratega. Veamos esto, en un escenario como el
actual en donde la globalización de los negocios permite utilizar unos referentes diferentes a los
otorgados por la dinámica de una empresa determinada:
―El jefe d la petrolera estatal de México, la tercera del mundo por producción, hizo un llamado a
los legisladores mexicanos para que abran las puertas del mercado de energía del país, notorio
por su hermetismo, y permitan la inversión privada en una gama de actividades, desde
refinación producción de gas natural…‖86
En esa misma perspectiva, el periodista Lee Hawkins Jr., en su artículo S&P asesta un duro
golpe a General Motors y Ford, informa: ―En lo que constituye un golpe por partida doble a la
industria automotriz estaudinense Standard & Poor‘s redujo ayer a nivel de chatarra las
calificaciones crediticias de General Motors Corp.y Ford Motor Co…
Standard & Poor´s, que en las últimas semanas había advertido que podía reducir la categoría
de la deuda de ambas compañías, atribuyó la rebaja a las dudas acerca de la capacidad de GM
y Ford para hacer frente a los desafíos del mercado, en particular la caída en las ventas de los
vehículos todo terreno, de los cuales dependen buena parte de las ganancias de ambas
compañías...‖87
Ohmae, en consecuencia, propone una interpretación que puede ser, con todo respeto,
tipificada como una ficción en la simbología que acompaña la descripción de las características
del estratega y los insumos a partir de los cuales construye una o más estrategias
empresariales.
En el ítem 3 de la Primera Parte (El arte del pensamiento estratégico) del texto analizado,
Kenichi Ohmae dice: ―Cuando los recursos de capital y tiempo son tan escasos como en la
actualidad, es vital que se les concentre en las áreas funcionales u operativas clave decisivas
para el éxito de nuestro negocio. Si nos dedicamos a asignar los recursos de la misma forma
que nuestros competidores, nunca obtendremos ventaja competitiva alguna. Si podemos
identificar las áreas que realmente forman la clave de nuestra industrial y a ellas dedicamos la
adecuada mezcla de nuestros recursos, estaremos en condiciones de colocarnos en una
posición de auténtica superioridad competitiva.
No siempre resulta fácil identificar los factores clave del éxito. Básicamente, el estratega cuenta
con dos enfoques. El primero consiste en seccionar el mercado con el mayor grado posible de
imaginación, para identificar sus segmentos clave; el segundo radica en descubrir qué distingue
a las empresas que logran el éxito de las que no lo consiguen y luego analizar las diferencias
entre ambas….‖ 88 (subrayado mío)
Visto así, entonces, para Ohmae el horizonte del estratega está dado por la dinámica interna de
la empresa en función de los recursos (en este caso de capital, pero puede también, como lo
hizo al momento de analizar los recursos humanos) y de su nexo con sus pares externos; a
partir de un ejercicio en el cual el origen potencial o real de esos recursos y el escenario
externo en el cual es posible obtenerlos y potenciarlos; no constituye un elemento necesario al
momento de efectuar una proyección. Inclusive porque, como es posible demostrarlo con un
ejercicio simple de comparación, la teoría de riesgos subyace y condiciona el quehacer
empresarial en periodos constantes y prolongados del tiempo. Los artículos citados arriba
(Luhnow, David y Hawkins Jr., Lee), son bien ilustrativos al respecto.
86
Luhnow, David, artículo: Jefe de Pemex hace llamado para una apertura del sector energético en
México, Wall Street Journal Amèricas,
87
Hawkins Jr., Lee, artículo citado, Wall Street Journal Amèricas. Edición 6 de mayo 2005.
88
Ohmae, Kenichi, obra citada, página 32.
207
Pero hay más: los referentes económicos y so0cialescontextualizados permiten inferir elementos
condicionantes para el quehacer del estratega empresarial. Por esto mismo, entones, sus
aptitudes, características y perfil; tienen que proponerse con un enfoque mucho más dinámico,
interdisciplinario e integral. Algo así como entender un perfil sólido, a partir de cruzar variables
en las cuales ya no basta la búsqueda simple de ese equilibrio entre su internalidad y el mundo
inmediato exterior; sino una aproximación mucho más compleja a partir de establecer otras
variables en las cuales aparezca de manera plena la interacción de factores clave del contexto
económico y político en que se desenvuelven los negocios y, en general, el mercado.
Veamos lo anterior, en un contexto específico: ―...Los efectos estimulantes de las reducciones
de los impuestos sobre los gastos de operación de los negocios particulares pueden no elevar,
en forma adecuada, el nivel de gastos globales si los dispendios públicos permanecen
inalterados o no aumentan de la misma manera. La clase de gastos públicos que se encuentran
relacionados con un programa de recuperación se conoce con el nombre de gastos públicos
para estimular la recuperación económica, lo que presupone que la inversión privada es
deficiente periódicamente y, por lo tanto, necesita ser estimulada por medio de inversiones
públicas. Esta especie de gastos públicos es estimulante para la inversión privada en dos
aspectos, es decir: como método de financiamiento y como método de gasto...‖ 89
Por esta vía, pretendo desembocar en una aseveración que trasciende el simple seguimiento de
las posiciones esbozadas por Ohmae; en términos de su construcción teórica explícita en el
texto de la referencia. Traduce, en consecuencia, una opción en la cual asumo algunos
conceptos válidos al momento de establecer el nexo concreto que debe exhibir el estratega con
la realidad. Luego, en esta perspectiva, la realidad no solo es cambiantes; sino que obliga a
redefinir de manera constante las estrategias empresariales, en función de variables que actúan
como nuevos condicionantes y que emergen a cada paso. Pero, asimismo, la presencia de
variables de largo plazo que están dadas por el entorno político, económico y social. Luego, si
ascendemos en el proceso lógico complejo del quehacer empresarial como efecto de la
existencia de un mercado dinámico y también complejo, nos encontramos con factores que
actúan como agentes (o sujetos) tangibles e intangibles y que ejercen influencia decisiva en la
conducta del estratega; lo imprimen. Precisamente la capacidad para establecer ese equilibrio
entre los objetivos de la empresa y lo circundante exógeno, pasa por el acomodamiento activo
y asertivo que debe asumir el estratega. A manera de ejemplo: en un mercado monetario como
el colombiano, cuyo patrón de referencia es el dólar, la revaluación del peso tiene incidencia
autónoma inmediata en el comercio exterior. Las empresas exportadoras de bienes y servicios
pueden colapsar, en razón al menor valor absoluto recibido por sus ventas al exterior. Pero,
asimismo, los importadores de bienes y servicios, son beneficiarias de una disminución en sus
erogaciones. Se trata de efectos colaterales inmediatos, autónomos, producto de la dinámica y
la interacción entre los agentes del mercado. Pero también se producen efectos inducidos,
manejados por la política monetaria gubernamental. Uno de estos efectos puede ser el de los
subsidios transitorios a los exportadores; de tal manera que ejerzan como atenuantes que
difieran el colapso o lo impidan.
Cabría preguntar: en un escenario así planteado por la realidad, ¿cuál debe ser el perfil del
estratega que diseñe una estrategia para enfrentar este tipo de eventos transitorios o
tendenciales?
Este es el tipo de interrogantes que valen para la teoría propuesta por Ohmae. Porque él no le
otorga al estratega diseñado con el método que lo acompaña; ni escenarios reales efectivos
relacionados con el entorno político, económico y social. Lo suyos, ante todo, un ejercicio no
solo hipotético; sino también anclado en la dinámica linterna de la empresa en que ha de actuar
el estratega y, si mucho, su comparación con pares.
89
Kurihara, Kenneth K., Teoría monetaria y política pública. Ed... Fondo de Cultura Económica, cuarta
reimpresión 1977, página 244.
208
Termino este ítem con una cita del texto de Ohmae, ilustrativa de su opción caracterizada por
mí como autista en términos de la relación de la tríada empresa-estratega-realidad:
―..Si la dirección de la empresa asigna los recursos de la misma forma que sus competidores,
no habrá ningún cambio en posición relativa. En este método, el punto esencial consiste en
identificar cuáles son los factores clave del éxito (FCE) de la industria o del negocio en cuestión,
y después realizar una inyección de recursos concentrados en el área en que la compañía ve
mayor oportunidad de ganar una ventaja estratégica significativa sobre sus competidores...‖ 90
1.2 El poder de transformar.
Ya había dicho antes que el método propuesto y desarrollado por Kenichi Ohmae en el texto
analizado, supone la asunción de referentes vinculados con lo que él denomina una
combinación de análisis racional, que se base en la verdadera naturaleza de las cosas, y una
reintegración imaginativa de las diferentes porciones en el nuevo modelo, mediante el empleo
del poder cerebral no lineal91
Yo defino esta posición como el método de la partición (ver introducción a este texto) del todo
complejo; de tal manera que cada elemento resultante se convierte en insumo para el análisis
hacia la reintegración. Esto es: volver al todo a través de un mecanismo (aunque Ohmae lo
niegue) que no es otra cosa que el esquema basado en la lógica lineal. Ya ahí se hace explícita
una dicotomía que surge en función del desconocimiento del significado que adquiere el método
que soporta la definición del pensamiento complejo, como expresión de la interacción entre
variables no solo disímiles, sino también dinámicas y autónomas. Un procedimiento como el
que sugiere Ohmae, conduce a una sumatoria de actividades precisas, sustentadas en la
inferencia como parte constitutiva del cálculo de probabilidades, en donde el manejo de las
variables asociadas al análisis ejercen como partes derivadas del fraccionamiento del todo
objeto del mismo. En este método aparece como única variable relevante relacionada con el
entorno, el comportamiento de los pares. Sin duda, es un manejo magistral del concepto de
creatividad. La experiencia de Ohmae, su actividad como consultor de empresas situadas en
áreas geográficas diferentes y como agentes específicos en ramas heterogéneas de los
negocios y la producción de bienes y servicios; le permite utilizar un acumulado de
conocimientos excepcionales. Sin embargo, al momento de vaciar esos conocimientos en el
proceso de construcción de una teoría acerca de la estrategia empresarial y, particularmente,
en relación con el perfil del sujeto que debe ejercer como estratega, desemboca en posiciones
en las cuales los escenarios hipotéticos aparecen como espacios de intervención desvinculados
del contexto político, económico y social.
En estas condiciones, la acción transformadora se reduce a la implementación de figuras en
donde el juego de asociación y explicación del rol de las variables, no es otra cosa que la
presentación de opciones para la adquisición de niveles óptimos, casi perfectos. Su noción del
ordenamiento lógico de los procesos, conlleva a convocar a los actores y actoras de esos
procesos, para que ejerzan como sujetos dispuestos a los cambios como efectos colaterales de
la estrategia propuesta.
Veamos el método que propone, a propósito de la determinación y manejo del punto crítico:
―..Por no detectar los asuntos críticos, demasiados gerentes de primer nivel se sobrecargan
actualmente con altas dosis de ansiedad y preocupación, que transmiten a sus subordinados,
cuyos esfuerzos terminan en fracasos y frustración. Las preguntas orientadas hacia una
solución sólo pueden formularse si el asunto crítico se detecta y capta con precisión desde el
principio. El claro entendimiento de todos acerca de la naturaleza de un problema que ya ha
sido detectado proporciona una presión esencial para el encuentro de soluciones creativas.
Cuando los problemas se definen mal o se entienden confusamente, la mente no funciona con
90
Ohmae, Kenichi, obra citada, página 30.
91
Ibíd., página 10
209
precisión. Cuanto más se toleren las soluciones ambiguas, las medidas a medias o para salir del
paso, mayores serán las posibilidades de que los asuntos de definan en forma vaga. Por esta
razón, lo más importante para descubrir la solución de un problema es aislar sus puntos críticos;
en otras palabras, determinar el asunto crítico. La clave en esta etapa inicial viene a ser la
limitación del asunto mediante el estudio detallado de los fenómenos observados...‖ 92
En el ejemplo propuesto por Ohmae, como ilustración para aplicar el método de la partición del
todo complejo, aparece el todo en relación con un hecho asociado a la mano de obra: el exceso
de horas extras en una empresa. Valdría la pena preguntar ¡qué haría el estratega, con el perfil
definido por Ohmae, ante una decisión institucional como la expedición de la Ley de reforma al
régimen laboral en Colombia, que modifica el concepto de horas extra, al establecer los nuevos
rangos para la tipificación de las mismas? Según la lógica propuesta por Ohmae, el estratega,
podría entrar a determinar una estrategia de crecimiento empresarial, a partir de ese incentivo;
es decir se resuelve, en su favor, el problema del asunto crítico. Sin embargo, en esa misma
línea de interpretación, ¿qué lugar ocupa, en esa estrategia, lo que concierne a la disminución
tendencial del ingreso salarial y su impacto sobre el consumo real; tratándose de una empresa
productora de bienes de consumo básico?
Así las cosas, entonces, el margen de maniobra para la transformación que tiene el estratega,
está dado por la formulación de las preguntas (como lo sugiere Ohmae) que conduzcan a
precisar cómo apuntar a la solución de los problemas y no a encontrar los remedios para los
síntomas.93
Este margen de maniobra, derivado de la aplicación de la metodología propuesta por Ohmae,
no puede ser valorado como capacidad para arribar a una estrategia de transformación. Aquí el
sujeto (estratega), aparece como analista del comportamiento de variables específicas
asociadas a la mano de obra; mientras el entorno le ofrece soluciones a su esquema; pero
también permite la aparición y desarrollo de otras variables asociadas a la determinación de
modificar el concepto y los rangos para tipificar las horas extra.
Retomemos el concepto relacionado con la interacción entre el todo y las partes, para el caso
de un sujeto que decide actuar en función del análisis y la inferencia:‖..A pesar de ello,
naturalmente, es diferente la importancia de las distintas partes dentro del conjunto. La
modificación de algunas partes no ejerce ninguna influencia manifiesta en la impresión del
conjunto, si bien la manera como se perciben puede depender en más o menos considerable
medida de las propiedades fundamentales del conjunto al que pertenecen. Los adeptos de la
teoría unitaria, los psicólogos de la Gestalt, hacen hincapié, por regla general, unilateralmente
sólo en estos casos..94
Queda claro, en mi línea de interpretación de la teoría de Ohmae, una opción vinculada con un
tipo de estratega, cuyo perfil no solo tiene que ser interdisciplinario; sino que debe reunir
aptitudes para la percepción del entorno, en lo que este tiene de escenario en el cual hacen
presencia variables asociadas a las expresiones políticas, sociales y económicas. En
consecuencia, su capacidad (..la del estratega) debe estar orientada a localizar las
consecuencias de los cambios percibidos en ese entorno y a establecer los nexos e impacto
efectivo con respecto a la empresa.
2. El universo dinámico del mercado y el rol del estratega.
2.1 El concepto de disección del mercado en Kenichi Ohmae.
92
Ibíd., página 13
93
Ibíd., página 12
94
Rubinstein, J.L., obra citada.
210
He insistido, a lo largo de este trabajo, acerca de la amplitud en la caracterización del mercado,
como condición indispensable para garantizar la dilucidación de las variables que deben
acompañar una determinada formulación estratégica. Como se recordará, a manera de ejemplo,
hice referencia a la noción del crecimiento del mercado a partir de la intervención de factores
políticos y económicos exógenos. En este sentido transcribí una cita de texto de Kenneth
Kurihara (Teoría monetaria y política pública). Lo hice, no tanto pretendiendo forzar una
argumentación a favor del rol de estos factores exógenos, en el proceso dinámico de los
mercados. Mucho menos en lo relacionado con el diseño de las estrategias empresariales.
Simplemente lo encontré pertinente, comoquiera que el asunto de contradicción con Ohmae
está centrado en el entendido con el cual se asignan valores a las variables en el proceso de
diseño e implementación de una estrategia empresarial. Particularmente en lo que tiene que ver
con el rol asignado al estratega, a la definición de su perfil y al concepto de imaginación y
creatividad que debe guiar su intervención.
Lo cierto es que las empresas, como sujetos jurídicos y económicos concretos, desenvuelven su
actividad en escenarios específicos complejos. Es decir no puede efectuarse un análisis de su
situación y de sus perspectivas de crecimiento (...o decrecimiento), sin incorporar en el mismo
el tipo de de factores exógenos que la impactan y sus consecuencias. Esto es lo que explica,
por ejemplo, la determinación asumida por algunos conglomerados financieros, industriales y
comerciales, en términos del concepto de fusión en un periodo en el cual el mercado se
caracteriza por un dinamismo cruzado por las tendencias globalizadoras. En esta perspectiva, el
estratega, no puede hacer abstracción de las decisiones inmediatas y futuras, fácilmente
predecibles.
Por lo tanto, al momento de analizar el concepto aplicado por Ohmae de disección del mercado,
nos encontramos con la presencia de la constante metodológica que acompaña sus reflexiones
en toda la parte del texto dedicada a establecer las condiciones, características y aptitudes del
estratega. En el ejemplo propuesto por Ohmae (las determinaciones de algunos astilleros
japoneses, página 32) se hace explícito algo que yo había anotado arriba; en el sentido de que
sus cualidades (..Las de Ohmae) son indiscutidas si se entienden en el contexto definido por la
dinámica y las características de las empresas individualmente consideradas. Inclusive en esto,
la comparación con pares competidores y la determinación de los FCE (factores clave del éxito);
así como la identificación de los asuntos o puntos críticos; constituyen un aporte aleccionador.
Porque presentan con precisión una aplicación de una figura derivada de la teoría de riesgos,
como una profundización y desarrollo del cálculo de probabilidades.
Sin embargo, como lo he anotado, el problema reside en la ausencia de insumos complejos en
el proceso y en el diseño de las estrategias empresariales. En el caso puntual señalado (el de
los astilleros), es evidente la precisión con la que se presenta el flujo de las variables y sus
incidencias. En este caso, la figura utilizada (3.1. Matriz producto-mercado de un astillero,
página 31), debe ser entendida como ilustración del manejo acertado de esa distribución de las
variables y su flujo. Veamos, en la intención de precisar la visión homogénea que soporta a la
estructuración de su propuesta, su expresión textual: ―..Al segmentar de esta forma el mercado
total de construcciones navales, la empresa se encontró en condiciones de identificar la amplia
gama de segmentos de producto-mercado que lo conforman, así como de reconocer los
segmentos primordiales desde un punto de vista estratégico. El siguiente paso radicó en el
desarrollo d estrategias de producto-mercado para los segmentos cruciales del mercado, y
posteriormente en asignar la responsabilidad de llevar a cabo esas estrategias en cada
segmento...‖95
Vuelve a aparecer, en mi opinión, una aplicación del concepto de partición del todo complejo;
como condición sin la cual el estratega no puede construir una o más estrategias. Se mantiene,
asimismo, la visión aquella que supone la presencia de un escenario homogéneo, en el cual la
comparación con pares competidores, es la única variable susceptible de introducir alguna
complejidad. Cabría, en ese universo propuesto por Ohmae, una pregunta relativamente simple:
95
Ohmae, Kenichi, obra citada, página 34.
211
¿Qué le sucedería a los astilleros japoneses analizados, al momento de enfrentar la presencia
de una variable financiera asociada al nexo existente entre las tendencias recesivas de la
economía de Estados Unidos, el crecimiento de la economía en china y la situación de la
economía japonesa?
Veamos esto, situado en el presente. En un artículo del periodista Andrew Browne, publicado en
el Wall Street Journal Amèricas (La realidad económica de China pone a prueba la vinculación
del yuan al dólar), efectúa una descripción como la siguiente:‖...Sin embargo, la presión sigue
creciendo. Un número cada vez mayor de senadores estadoudinenses, apoya una medida que
permitiría la imposición de aranceles de 27.5% a todas las importaciones chinas al mercado de
EE.UU. a no ser que China revalúe el yuan. La medida encarecería los productos chinos en
dólares y ayudaría a disminuir el enorme déficit comercial estadounidense. Al mismo tiempo,
Pekín enfrenta un contraataque tanto de EE.UU. como de la Unión Europea para poner freno a
las exportaciones chinas de confecciones y textiles.
Un crecimiento desigual el año pasado, impulsado por un recalentamiento de la inversión,
amenazó con volcar la economía china, arrastrando consigo las economías de vecinos en Asia
que dependen del mercado chino de exportaciones...‖ 96
La hipótesis propuesta por mí, supone el desafío de las tesis de Ohmae, en términos de su
universo de mercado homogéneo. Se trata, en mi opinión, de establecer la necesidad de
introducir variables mucho más complejas que la simple comparación con pares competidores;
al momento de diseñar estrategias empresariales, por parte de un estratega. Este,
necesariamente, tiene que tener un perfil también mucho más complejo. No basta con conocer
la empresa, en su dinámica interna. Tampoco basta con conocer el comportamiento y la
situación de los pares competidores. El mercado, como universo globalizado en el que
intervienen factores exógenos, presenta opciones que desbordan cualquier estrategia particular
de una empresa; en la medida en que ésta no avizore las modificaciones políticas y económicas,
que pueden predecirse si se conocen las tendencias de ese mercado globalizado. Inclusive,
habría que precisar el tipo de factores que inciden en esa tendencia. Unos factores pueden
tener duración de corto plazo (como las crisis energéticas derivadas de la fluctuación en los
precios del petróleo y el gas natural); otras pueden tener una onda mucho más duradera (como
es el caso de las recesiones en economías de países clave).
Un tanto, en la intención de corroborar mi aseveración, considero pertinente remitir a un
estudio denominado Estrategias Empresariales de las PYME´s Industriales españolas, realizado
por la investigadora Mercedes de Obesso y el investigador Jesús Saiz. Este estudio fue
consultado por Internet en sitio web en donde se ofrecen textos relacionados con estrategias
empresariales. La pertinencia del estudio y su referencia, está dada por la orientación
metodológica, en la cual se propone un análisis del comportamientos de las PYMES industriales
españolas en nexo con el comportamiento del mercado global y con algunos obstáculos para su
crecimiento y expansión en donde el contexto del mercado, las limitaciones en la información y
de acceso al crédito; constituyen intuimos fundamentales al momento de diseñar estrategias e
inferir conclusiones.
2.2. El concepto de ganadores y perdedores.
Kenichi Ohmae asume una posición vinculada con la teoría de juicios de valores; en la cual se
pretende identificar la diferencia entre ganadores y perdedores, entendida como resultante del
análisis efectuado a partir de establecer los factores clave de éxito(FCE) en el proceso de
confrontación con los competidores. Corriendo el riesgo de aparecer reiterativa, debo insistir en
la absolutización que hace Ohmae, de aquellos protocolos construidos a partir de su esquema
metodológico y conceptual. Esto le permite arribar a conclusiones como la siguiente:
96
Browne, Andrew artículo citado, Wall Street Journal Amèricas, edición 2 de mayo 2005.
212
―..Por suerte, generalmente, basta controlar una o dos etapas clave par establecer una posición
de ventaja competitiva.
Resulta interesante que el atajo más eficaz hacia el éxito parece que consiste en saltar lo más
pronto posible al primer lugar, por medio de la concentración rápida de recursos en una única
función estratégicamente significativa, volverse muy apto y competitivo en ella, y a
continuación esforzarse en consolidar una posición de liderazgo en las demás funciones
utilizando la estructura de ventajas y beneficios obtenida por la anterior posición de primacía.
Todos los líderes industriales de la actualidad, sin excepción, empezaron por un fuerte
despliegue de estrategias basadas en los FCE.
A la inversa, la mayor parte de las empresas que han quedado rezagadas, a pesar de que todas
sus actividades pudieron haber tenido un parecido superficial con sus rivales más afortunados,
acabaron perdiendo, porque no lograron perfeccionar la función en que se encontraban todos
los FCE importantes o porque, a pesar de haber determinado los FCE, les faltó perseverancia y
minuciosidad para sacarles máximo provecho...‖ 97
Según esta aseveración de Ohmae, todo se reduce a analizar el comportamiento de los pares
competidores, a partir de una categoría asignada en la escala derivada de los juicios de valor
previamente diseñados por él, como corolario de su esquema metodológico. Visto así, entonces,
su teoría acerca del perfil del estratega y su rol, no es otra cosa que una sumatoria de
actividades en las cuales prevalece la identificación de los FCE y su correcta utilización en un
escenario en donde la comparación con los pares competidores es la única variable erógena
válida. Es una forma velada de presentar una fórmula, presuntamente construida a partir de la
complejidad presentada en la página 10 y citada por mí antes; en donde se define las
cualidades y características que debe tener el estratega, como quien.‖..Sin importar lo difícil y
novedoso del problema, el acercamiento a la mejor solución posible solo puede provenir de una
combinación de análisis racional, que se base en la naturaleza de las cosas, y una reintegración
imaginativa…‖98
Con todo lo expuesto hasta aquí, considero haber demostrado el centro de mi diferencia
conceptual con respecto a la teoría propuesta por Kenichi Ohmae. Sin embargo, es apenas
obvio, debo reconocer que sus aportes deben ser contextualizados en términos de un ejercicio
en donde prevalece la figura de la empresa como sujeto que interviene en el mercado y el cual
debe ser transformado para lograr objetivos cada vez más exitosos, en aplicación de un
concepto del mismo que no involucra variables exógenas complejas asociadas al entorno en el
que actúa..
En este punto, cuando terminé de sellar el sobre con m i documento, llamaron a la puerta. Al
abrir, me encontré, de frente, con una pistola que inmediatamente fue accionada. M i cabeza
voló por el aire.
Sección II del epílogo
En mi diario personal, dejé escrita una bitácora para acceder a un inventario de documentos
inéditos. Los hurté de la recopilación efectuada, al momento de morir Isolina, Juliana y Pedro
Arenas. Documentos con los cuales tenía en mente realizar una comercialización a mi nombre.
Es decir, presentarlos como realizados por mí. En el contexto de mi ejercicio como estudiante.
No alcancé a terminar ese proceso.
Cuando sentí los disparos. Cuando fui muerto, intenté una visión sucinta de la última etapa de
mi vida. Aciaga. Tormentosa. Me involucré en una dinámica azarosa. Yo fui Samuel. Pero
también fui Isaías. Pero también Viracocha. Pero también me identifiqué con Pánfilo. Además
fui cómplice de Sinisterra. Amé a mi madre. Amé a Isolina. Amé a Juliana. Amé a Susana; a mis
97
Ohmae, Kenichi, obra citada
98
Ohmae, Kenichi Ibíd., página 10
213
hermanas; a Daniel; a Jerónimo. Estuve al lado de Verdaguer. Lo seguí; como lo siguió mi
madre. Busqué a Burbano, de manera desesperada. Me enamoré de su asta; desde el día en
que lo vi encima de Silvia. Hermoso negro. Hermoso su músculo siempre erecto. Nunca lo pude
tener para mí. Veo borroso el pasado inmediato. Solo recuerdo cuando traje a la mujer que se
enamoró de Maritza. La maté. Maté siempre. Ese fue mi oficio preferido. Además de delatar y
de seer profesional de la deslealtad. Busqué a Everardo; lo seguí a través de Patricia y de
Francesca Gavilán. Nunca pude tener calma. Fui agresor. Eso me gratificaba. Amé, en silencio,
a Santiago. Cuando lo sentía y veía encima de mi madre Rosa Elvia, deseaba ser ella. Amé al
giboso. A mi padre real. Siempre lo busqué, para que me penetrara con su arrasador pene. Fui
itinerante de mi mismo. Estuve en todas partes; en un ejercicio de la ubicuidad, ajeno a
cualquier expresión sincera de ternura.
Lo que hice, lo hice en esa latente bifurcación espiritual. Sin encontrarme. Porque no me
buscaba. Hasta en eso mentí. Amé, sin que se supiera, a Demetrio. Lo delaté, no tanto por su
incursión subversora; sino a manera de venganza. Porque él amaba a Isolina y no a mí. Me
deleitaba viendo su falo; el más grande que conocí; más que el de Burbano. Cuando me
dispararon estaba cansado de vivir. En verdad, deseaba mi muerte. Nunca transité mis caminos,
apoyado en referentes. Ni éticos, ni humanos. Lo mío fue, siempre, lo perdulario; lo contumaz.
Lo desleal. No se si amé más a mis hombres o mis mujeres. Lo cierto es que disfruté a las que
vulneré. A todas. Ante todo a las niñas. Me deleité cuando horadé sus aberturitas apretadas.
Disfruté cuando las veía sangrar, al paso de mi músculo erecto.
Cuando sentí que mi cabeza voló en mil pedazos; mi último aliento fue para Isolina. La recordé;
no por sus actividades solidarias e intelectuales; sino porque superaba a Susana y a Juliana. Su
cuerpo, desnudo, me daba vueltas y vueltas en mi memoria. Cuando fue mi madre, la de Isaías;
me embelesaba viéndola; acariciando sus pezones con mi lengua. Escurría mi cuerpo, mientras
ella dormía, hacia su vagina. Lamía su clítoris. La espiaba cuando ejercitaba con Demetrio la
lucha; cuando jadeaba. Cuando pedía más.
Al caer al piso; mi memoria, también, recorrió la bitácora para hallar los documentos con los
cuales quise realizar otra de mis empresas ignominiosas. Recuerdo que, además, no me
arrepentí de nada. Un fuerte olor a sangre caliente me abrasó...hasta que ya no pude más.
Entré en la soledad y el vacío de la muerte. En esa inmensidad que lo cubre todo. Esta fue la
más real de mis muertes.
SECCIÓN III DEL EPÍLOGO
(La bitácora de Samuel)
Una mañana de agosto de 2030, Rosa Elvia visitó la tumba de su hijo Samuel. Había crecido la
hierba. Su cuerpo estaba a superficie. Rígido. La hierba crecía a su lado. Al pie, un maletín de
color rojo. Samuel abrió los ojos y le indicó, a Rosa Elvia, con la mirada, que lo recogiera. Una
voz apagada; pero clara. Mi herencia es tan engañosa como fue mi vida. Son documentos
varios. Algunos, hasta cierto punto, reiterativos. Los robé a Isolina, a Juliana y a Pedro Arenas.
Algunos son simples apuntes. Otros, son documentos casi terminados. Lánzalos al viento. Pero,
antes, léelos. En ellos encontrarás el hilo conductor de sus dueñas y de su dueño. No aparecen
firmados; pero yo se a quien corresponde cada uno.
Rosa Elvia, recorrió su vida, anhelando refugio. Ese tipo de refugios que solo brinda la
sinceridad, la lealtad y la ternura. Nunca lo ha tenido. En lo que le queda de vida, tampoco.
Tomó el maletín y se perdió en la distancia. Con un andar cansino. Mientras caminaba, leía los
textos. No volvió a aparecer. Así aparece en la reseña que se encontró en donde estaba Samuel.
Él ya no estaba allí. Tal parece que acompañó a Rosa Elvia, en su viaje. Ella, buscando el
refugio anhelado. Él, con el horizonte centrado en la posibilidad de renacer. Lo vieron en
Asunción; en Montevideo; en Córdoba; en Bogotá. Como sombra, alucinando. Seguía en su
tarea de volver a nacer, a como diera lugar.
214
Estuvo en la vieja casa en la que vivió con Rosa Elvia, Santiago, sus hermanas y hermanos.
Estuvo rastreando las señales del giboso. Su único padre. Josefina lo vio parado, enfrente de su
casa. Acechando. Como queriendo regresar al tiempo ido. Con ella. Cuando la poseyó, a la
fuerza. Mientras Susana estaba ausente; en periplo con Sinisterra. Su pasión por él fue
enfermiza. Lo seguía. Juró vengarse, cuando prefirió a Susana. La vida en la empresa, la
asumió por verlo. No era Susana su referente. Era Sinisterra. Ese hombre que lo enloquecía. El
mismo que lo inauguró, en la oficina. Ese que lo horadó con fuerza, mil veces. Ese de inmenso
pene que no le cabía. Pero que, a fuerza de voluntad, y de delirio logró acomodarlo. Ese que lo
hizo sollozar de dolor y de alegría. Lo de Burbano fue un aperitivo, al lado de su Sinisterra. La
venganza vino, a través de Jerónimo. La preparó cuidadosamente. Simplemente, una venganza
perfecta.
En las noches, visitaba los cambuches de los itinerantes nocturnos. Veía sin ser visto. Una
sombra apaciguada. Mientras dormía. Un desespero por volver. Pero no hallaba ni lugar, ni
cuerpo. Una vigilia angustiosa. Flotando. Esperando el momento para apoderarse de una
expresión corporal afín a sus intenciones de volver a vivir. Volver para profundizar su odio por
la ternura, por la paz. Estuvo en el palacio del ciudadano A. Solo allí halló su símil. Para ese
entonces, éste cumpliría 20 periodos consecutivos al mando de un país desmantelado. Lo
habitaban la sombra de Samuel y las sombras de sus colegas. Constantes repeticiones. No
había ninguna posibilidad de otra opción de vida. Porque, simplemente, todos los dolientes del
anti-exterminio ya no estaban. Samuel, tenía porque decirlo. Porque, él, fue el orientador de
esa guerra. Al lado del ciudadano A. Siendo su genuflexo discípulo estrella. Como si la muerte
reviviera en la muerte.
La bitácora estaba ahí. Como petrificada. Al lado de Rosa Elvia. Yacía, ella, en tumba vertical.
Como egipcia. Con la mirada puesta en su sexo. Vigilante. Para que nadie la penetrara. Excepto,
su Samuel. Que, como sombra, la encontró y la sedujo nuevamente. Allí, en la vertical,
repitieron lo de siempre. Lo ya aprendido. Rosa Elvia era, para Samuel, el sucedáneo vigente.
Ante la no localización de su Sinisterra. Ni de su Verdaguer. Ni de su giboso; ni de las niñas a
las cuales les destrozó sus sueños. Aquellas a las que vulneró y que esperan, todavía, su reiivin
dicación, como mujeres mártires; en todo el proceso que convocó a Isolina, a Juliana, a Pedro;
a Demetrio. Mujeres expectantes. Laceradas. Mujeres-niñas que ya no están. Y, a las cuales,
Samuel acecha todavía. Para que instalen la vida, en ese desierto común al ciudadano A; a
Pánfilo; a Adrián; a Samuel; a Sinisterra a…
La bitácora estuvo ahí. Hasta que cobró vida propia y se hizo vigente. Como inventario no
conocido, que se expandió. Al lado de esta historia tormentosa. Porque así es la vida. Porque
así es el presente. Ese que no quisiera admitir más a Samuel; al ciudadano A.; a Sinisterra a…
215