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					  V CONGRESO IBEROAMERICANO DE HISTORIA DE LA
                          EDUCACIÓN




“Política, Educación y Ciudadanía en el Ecuador entre 1826 y 1830”




                      Guadalupe Soasti Toscano




                        Quito, Mayo de 2001
INTRODUCCION


La primera mitad del siglo XIX constituye para Latinoamérica el espacio temporal en el
cual se desarrolla el proceso de conformación y constitución de las Repúblicas, una vez que
se ha roto el pacto con España.
El proceso de conformación de repúblicas, complejo para cada país, estuvo acompañado
por un proceso de organización de las relaciones sociales de un conjunto de población
establecido en un determinado territorio; esto a su vez llevó a la conveniencia de establecer
reglas, normas, parámetros que dirijan el proceso y faciliten las acciones. En este proceso
de organización la definición política de la república en términos de su constitución interna
es importante; así como es importante conocer desde que instituciones se van estableciendo
los puntales de la estructura.
En el ámbito político el conocimiento de las reglas que organizan las relaciones sociales,
que marcarían los límites de la convivencia, es uno de los propósitos de las nacientes
repúblicas.
En el caso que nos ocupa, el ecuatoriano, la investigación que estoy llevando adelante sobre
Política, educación y ciudadanía en el Ecuador 1826- 1860, para ser presentada como tesis
doctoral, pretende ir develando en el proceso político que acompaña la organización de la
república del Ecuador en las primeras décadas de su establecimiento, cuales son las
acciones que se emprenden para doctrinar la población bajo el nuevo modelo de gobierno.
En consecuencia, mi trabajo, en primera instancia pretende dar respuesta a tres preguntas
básicas:
       -      Qué políticas se implementan para “educar” a la población?
       -      Qué tipo de educación se plantea?
       -      Qué modelo de ciudadano se pretende formar. Cómo es el ciudadano de la
              República en Colombia y en la República del Ecuador?


En esta oportunidad presentaré algunas ideas preliminares de la situación de la educación
en el Ecuador entre 1826 y 1830, con el objeto de situar al tema y a la discusión que llevo
adelante.



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LA EDUCACIÓN EN EL PERÍODO DE 1826 A 1835



En palabras de Julio Tobar Donoso:

      “La enseñanza pública ecuatoriana”, harto decaída desde la
      expulsión de los Jesuítas, postróse más y más durante el período de la
      guerra magna y en el ciclo colombiano. La labor del Poder Central
      llegaba al Sur de la República de Colombia, amortiguada y débil; y
      sus iniciativas no pudieron sacar la cultura nacional de la
      irremediable parálisis en que había caído.
      Al fundarse la República en 1830, heredamos la reglamentación y los
      caóticos planes de estudios que se habían dictado mediante los
      decretos de 3 de octubre de 1826 y 12 de diciembre del 29: este último
      expedido por Bolívar, tendió sobre todo a corregir los vicios que el
      primero tenía en su parte moral y doctrinaria...”.1


      Al “fundarse la República”, dice Tobar Donoso heredamos una
reglamentación y planes de estudio caóticos, que no pudieron corregir los decretos
de Bolívar de 1826 y 1829. Según nos dice la “labor del poder central llegaba
débil, amortiguada” hasta el Departamento del Sur, y esta es la razón por la cual la
reglamentación y los programas son caóticos.
      Creemos que en el análisis de la educación en el período lo que haría falta,
para entender sí “la reglamentación y los programas son caóticos”, es historiar la
permanencia del Ecuador en Colombia y en que términos se planteaba la educación;
así como la cobertura de la misma y el espíritu que mantenía.


      Para ello el trabajo de Jorge Núñez, nos será de mucha utilidad. Ubicado en el
contexto de la República de Colombia y sobre la base de la legislación generada en
la época, así como de los informes ministeriales, hace una relación de los “orígenes
de la educación Republicana”, encuentra que para Colombia, en la época, existían
solamente unas cuantas escuelas confesionales, ubicadas en las principales ciudades,




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que en su mayoría estaban destinadas a la educación de los hijos de familias
acomodadas, quienes además las sostenías económicamente. Esta situación, bajo el
sistema republicano, cambiaría puesto que era necesario contar con una base de
opinión ciudadana que solo se podía lograr ampliando y modernizando la
educación2; además de un cuerpo normativo que de sustento a las propuestas y las
acciones, tal como señala una de las atribuciones especiales del Congreso de la
República:


          “19. Promover por leyes la educación pública y el progreso de las
          ciencias, artes y establecimientos útiles; y conceder por tiempo
          limitado derechos exclusivos para su estímulo y fomento”.3


          Para responder con las demandas políticas de la república que la educación
debía cumplir con ciertas características, entre otros requisitos señalaremos los
siguientes: ser útil a la sociedad; ser pública, es decir ser de responsabilidad del
gobierno; ser masiva para atender a toda la población; ser gratuita, de manera que
puedan acceder a ella los niños de escasos recursos; ser innovadora, respecto de los
métodos de enseñanza y los contenidos .
          Estas características quedaron plasmadas en el Decreto Ley de 2 de agosto de
1821, promulgada por el Congreso de Cúcuta, encierra en su texto los principios
generales que la colombiana debía tener:


          -    Una educación de todos los ciudadanos para el progreso del “Estado” y
               la felicidad pública.
          -    Responsabilidad esencial del “Estado” en la educación de los habitantes
               y de los padres en la educación de sus hijos.
          -    Obligatoriedad de los padres de enviar a sus hijos a la escuela primaria.


1
    Julio Tobar Donoso, Monografías Históricas..., pp. 463-464
2
    Jorge Núnez, “Inicios de la educación Pública en el Ecuador..., p. 8


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       -   Derecho de los padres de dar a sus hijos la educación que a bien tuvieren.
       -   Un método de enseñanza uniforme en toda la República.
       -   Preocupación especial por la educación femenina e indígena.
       Para la consecución de estos principios el gobierno debía emprender algunas
acciones, entre otras, la creación        de escuelas de primeras letras en todas las
ciudades, villas, parroquias y pueblos que tuvieren por lo menos cien vecinos;
incluidos los pueblos indígenas. El establecimiento y financiamiento de las escuelas
corría de cuenta de los fondos municipales y de los aportes mensuales de los
vecinos; se les responsabilizó también del pago y el nombramiento de los maestros.




       La idea de una educación para todos los colombianos estuvo siempre presente
en el espíritu de los legisladores; una educación pública, general y gratuita que
consolide la opinión nacional consolide la República y coloque al país en
condiciones de iniciar el camino hacia el anhelado “progreso”4.
       Fue también importante, crear las condiciones para llevar a efecto las
acciones; una buena medida de apoyo a la educación pública fue la de liberar de
impuestos la importación de libros, mapas instrumentos de laboratorio,
herramientas, máquinas, instrumentos para la manufactura, la navegación y todos
los que se necesiten para cualquier “arte liberal o mecánica”. Otra acción
emprendida, durante este período, en lo concerniente a la enseñanza y por la
cobertura de la educación fue la adopción del método Lancasteriano.


       El método lancasteriano, llamado sistema de enseñanza mutua, se difundió
con rapidez cuando el tema de la educación primaria de las masas cobró interés para
los gobiernos “nacionales”. Gran parte del éxito del sistema derivaba de su
economía y rapidez. Con éste método un solo maestro podía enseñar de doscientos

3
 “Constitución de la República de Colombia.18221”, en Aurelio Noboa, Recopilación de Leyes del
Ecuador...., p. 28


                                                                                            5
hasta mil niños, con lo cual el costo de la educación se reducía considerablemente.
Puesto que, los alumnos eran divididos en pequeños grupos de diez; cada grupo
recibía la instrucción de un monitor o instructor, que era un niño de más edad y más
capacidad, previamente preparado por el director de la escuela. Quienes lo
promocionaban insistían que “la utilización de la enseñanza por monitores, junto
con un sistema bien elaborado de premios y castigos y una variedad de útiles
diseñados especialmente, reduciría a la mitad del tiempo el aprendizaje de la
lectura y escritura del antiguo método”5


        Por otra parte, buscando promover la formación de maestros, el Congreso
General de Colombia, en 1821, decretó la instalación de escuelas normales de
método lancasteriano en las principales ciudades de la República, el ejecutivo
decretó más tarde que las escuelas normales fueran establecidas en Bogotá, Caracas
y Quito. Cabe mencionar, que ya desde 1820 el gobierno había iniciado la
contratación de profesores para el establecimiento de escuelas, fue el caso del
franciscano Sebastián Mora Bermeo, quien por su conocimiento del método fue
nombrado director de la escuela normal de Bogotá. Más tarde, el religioso quiteño,
tras su renuncia al cargo, fue encargado de establecer una escuela similar en la
capital del Distrito del Sur, Quito, donde desarrolló su actividad educativa, desde
1824.


Los esfuerzos del Gobierno central por generalizar la educación no siempre
alcanzaron las expectativas, como se desprende el Informe presentado al Congreso
por Juan Manuel Restrepo, en 1823, nos dice:



4
 Idem, p. 11
5
 Para ampliar el conocimiento del método y su aplicación ver el interesante trabajo que desarrolla
Doroty T. Estrada, “Las escuelas Lancasterianas en la ciudad de México: 1822 – 1842” en
Vázquez, Josefina Zoraida, Comp., La educación en la historia de México, Lecturas de Historia
Mexicana, El Colegio de México, México, 1995, pp. 49-68


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          “Estas bien fundadas esperanzas serán ilusorias si el Congreso no da
          lo más breve que le sea posible el plan general que arregle los
          colegio, los estudios y las universidades. El edificio que forma las
          diferentes partes de nuestra educación es gótico y necesita que se
          haga del todo. ... Algunos de (nuestros preceptores) no quieren o no
          pueden colocarse al nivel del siglo; ... otros juzgan que nada se debe
          enseñar sino en latín, condenando la doctrina contraria como que
          pone en peligro la religión de Jesuscristo... Aunque es satisfactorio
          decir que el mayor número de nuestros preceptores y jefes de nuestros
          establecimientos de educación no alimenta preocupaciones tan
          rancias, sin embargo es del todo necesario que por una ley se haga en
          nuestros colegios, estudios y universidades, otra revolución tan
          completa como la que hemos hecho en la organización política de la
          República”6.


          Se desprende de la cita, además, la necesidad de organizar el sistema escolar
en la misma forma que se ha organizado el sistema político; solo y así se podrían
cumplir con los deseos de renovación social y encaminarse hacia el progreso. Según
lo manifestaba Santander, en 1826, “sin un buen sistema de educación pública y
enseñanza nacional no pueden difundirse la moral pública y todos los
conocimientos útiles que hacen prosperar a los pueblos”.


          Esta preocupación del Vicepresidente Santander quedaría plasmada en la
“Ley de estudios, colegios y universidades” del 18 de marzo de 1826 que
proclamaba un plan de estudios nacional, que fuera reformado meses más tarde. A
través de esta Ley se creaba un sistema institucional de educación, se facultaba la
creación de escuelas básicas para niños y niñas en toda la República; así como
escuelas para adultos iletrados. Mandaba, también, la Ley crear escuelas
complementarias en todos los cantones, colegios en todas las provincias y crear
universidades en todos los Departamentos del país; con lo cual quedó establecido la
estructura institucional de la administración de la educación. Paralelamente, se
regularon y uniformaron las cátedras, salarios y métodos pedagógicos de todos los

6
    Citado en Jorge Núñez, “Orígenes de la educación en el Ecuador”... p. 13 -14


                                                                                      7
establecimientos educativos con miras a elevar e nivel académico de la enseñanza y
crear una ciudadanía consciente y amplia para afirmar la República. Se establece
con esta ley la base de un “sistema de administración escolar “ generalizado.
         En 1827, el panorama de la educación en Colombia presentaba varios logros.
Existían en Colombia 52 escuelas de enseñanza mutua (lancasterianas), 434 del
antiguo método, 10 casas de educación primaria y secundaria, 7 nuevos colegios –en
Pasto, Valencia, Trujillo, El Tocuyo, Mompós, Guayaquil7 y Guanare-, siete
colegios dotados de cátedras universitarias y cuatro universidades nacionales.




LA EDUCACIÓN EN “LOS DEPARTAMENTOS DEL SUR DE COLOMBIA”



         A la política colombiana tendiente a unificar la administración, el territorio, la
legislación y la educación en un solo proyecto integrador de realidades políticas
diferentes, no escapa la percepción posterior del historiador empeñado en la
construcción de la “Historia de su Patria”.


         Es inevitable, por tanto, desprenderse de los marcos nacionales y buscar en
esa gran unidad Republicana, las particularidades que permitan entender el posterior
desarrollo de la sociedad ecuatoriana. Creo también conveniente, advertir que ésta
búsqueda de las particularidades habría que enfrentarla desde otra óptica, que mire
más los intereses políticos de los diferentes grupos de poder en la búsqueda de un
“consenso” de gobierno, que logre reunir en un proyecto varias prácticas autónomas
de gestión, y no solo desde la perspectiva política hegemónica de la lucha por el
poder.




7
  El nuevo colegio de Guayaquil era el San Ignacio que contaba con 42 estudiantes, tres que
cursaban Teología, uno derecho, 11 Filosofía y 29 Gramática. Tomado de Jorge Núñez, Op. Cit. p.
15


                                                                                             8
      El Sur de Colombia, actual República del Ecuador, fue nominado como
Departamento en 1819, conforme el Artículo 5º de la Constitución de Angostura, en
conjunto con Venezuela y Cundinamarca; la ley respetaba y reconocía las
jurisdicciones de las antiguas audiencias y la capitanía. En 1821, la República de
Colombia cuenta con mas de seis departamentos de los cuales tres están en el Sur: el
Departamento de Ecuador (Quito), el del Azuay y el de Guayaquil.
      En cuanto a la educación debemos decir que hasta bien entrada la década del
treinta la estructura y legislación general de Colombia estuvieron vigentes, en este
espacio. Va a ser a partir de 1835, cuando los legisladores ecuatorianos se planteen
el proyecto de declarar al Ecuador como República y se comience a observar
cambios en las acciones.


      Para los años anteriores empezaremos señalando que en 1825 los datos
recogidos y publicados por el gobierno de Colombia dan cuenta de la existencia de
122 escuelas públicas con una asistencia de 3413 alumnos, cabe indicar que en estas
cifras se encuentra ausente los datos del Departamento de Guayaquil. La
distribución de las escuelas y alumnos por provincias fue la siguiente


      Departamento del Ecuador (Quito)
       Provincia de Pichincha, 17 escuelas: ocho en las parroquias urbanas de
          Quito y nueve localizadas en La Magdalena, Chillogallo, Machachi,
          Sangolquí, Zambiza, Guayllabamba, Yaruquí, Tumbaco y Latacunga.
       Provincia de Imbabura, 28 escuelas: cuatro en Ibarra e igual número en
          Tusa; una escuela en Cahuasquí,       y otras en Caranquí, Puntal, Mira,
          Salinas, San Antonio, y Cangahua; dos en Tulcán y otras en El Ángel,
          Urcuquí, Atuntaquí y tres en Otavalo.
       Provincia de Chimborazo, 12 escuelas: tres en Riobamba, y una en cada
          parroquia del distrito: Licto, Guano, Chambo, Pungalá, Cebadas, Sicalpa,
          Cajabamba, San Andrés y Alausí.


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       Departamento del Azuay:
            Provincia de Cuenca, 35 escuelas: siete en Cuenca, cinco en Azogues,
            tres en Paccha y Gualaceo, dos en Paute y Cañar, y en las parroquias de
            San Roque, Baños, Tima, Valle, Sidcay, Taday, Chuquipata, Biblián,
            Déleg, Sayausí, Guachapata, Sígsig y Girón.
            Provincia de Loja, 30 escuelas: cinco en Gonzanamá; cuatro en
            Malacatos; tres en Saraguro, Catacocha, Cariamanga y Zozoranga, dos en
            Loja y otro tanto en Zaruma y Celica; y una en los pueblos de Zumba,
            Chito, Amaluza.


       Departamento de Guayaquil:
        Provincia de Guayaquil y sus cantones: la fuente no nos proporciona la
            misma información anterior, más conocemos que en 1827, en Guayaquil,
            Daule, Babahoyo, Machala, y Santa Elena aprendían a leer 1138 niños de
            los cuales 566 a prendían a escribir y 124 a leer8




       Los esfuerzos del gobierno por impulsar a las escuelas lancasterianas llevaron
ha conformar, en 1824, una misión pedagógica hacia los departamentos del sur de
Colombia. El franciscano Sebastián Mora fue el encargado de fundar las escuelas
públicas de educación mutua en Quito, Cuenca, Riobamba, Ibarra y Guayaquil,
acontecimiento que fue publicado en la Gaceta de Colombia:

            “El 13 de noviembre se abrió la escuela lancasteriana de la ciudad
           de Guayaquil, organizada bajo la dirección del religioso fray
           Sebastián Mora Bermeo, a quien el poder ejecutivo comisionó y
           costeó para establecer este método en los departamentos del sur de
           la República. Ciento veinte niños componían la escuela y dieron
8
 tomado de la Gaceta de Colombia y los informes del Secretario de Interior de 1825 y 1827, citado
en Jorge Núñez, Op. Cit., p. 19 -20


                                                                                              10
         lecciones las ocho clases en leer, escribir y contar a presencia de un
         numeroso concurso, y de la primera autoridad del departamento. El
         local puede recibir 220 jóvenes... Ocho jóvenes se han instruido allí
         para ir a otros tantos cantones a servir las escuelas de enseñanza
         mutua”.9

       En 1826, Según José Felix Valdivieso, Intendente del Departamento del
Ecuador, “los rápidos adelantamientos que diariamente se observan en los niños
dedicados al estudio de primeras letras en las escuelas lancasterianas” tenían
gratamente “impresionados a las corporaciones y vecinos asistentes al acto (se
refiere a las sabatinas) lo que ha motivado los más sinceros agradecimientos al
gobierno supremo por el interés que ha tomado en el progreso de las luces”.


       Paralelo al interés por el adelanto de la enseñanza mutua, estuvo presente el
interés por el mejoramiento de los colegios y las universidades. Gracias al amparo
de la ley de supresión de los conventos menores y por petición de la ciudadanía o de
las Juntas Provinciales se crearon, en el territorio, varios colegios nuevos. En
Guayaquil, por ejemplo, se suprimieron los conventos menores de San Agustín, San
Francisco y La Merced sus bienes y rentas fueron en beneficio del Colegio de San
Ignacio. Igual situación ocurrió en Ibarra donde, por petición de la municipalidad y
los ciudadanos, se suprimieron los conventos menores de La Merced y San
Francisco, para crear con sus bienes el Colegio de Imbabura. Otro colegio de nueva
creación fue el de Loja, que se fundó gracias al legado dejado por Bernardo
Valdivieso, en 1805.


       En lo que se refiere a los programas de estudio, éstos observaron una
composición interesante: en la cátedra de Filosofía, por ejemplo, estudiaban lógica,
metafísica, aritmética, geometría, principios de física general, de mecánica,
hidrostática, hidráulica, cosmografía, astronomía y cronología. En la cátedra de

9
  Informe del Secretario de Estado en el Despacho del Interior, José Felix Valdivieso, Quito, 6 de
febrero de 1826. Gaceta de Colombia , 1827


                                                                                               11
Gramática se revisaba gramática castellana, retórica, traducción de “La Eneida” de
Virgilio y del “Arte Poética” de Horacio. En el colegio San Luis de Quito, luego de
su reforma, las ciencias naturales habían desplazado a las cátedras de teología y
derecho canónico, como se puede apreciar conforme el examen presentado, en
1825:

        “el notable examen público ofrecido por los estudiantes Pedro
        Moncayo, Roberto Ascásubi, Carlos Tamayo, y Joaquín Tobar, bajo la
        dirección del catedrático de filosofía doctor José de Jesús Clavijo en
        el que demostraron las propiedades principales de los cuerpos, las
        leyes del movimiento, los principios de la dinámica, las leyes de la
        atracción, los movimientos compuestos, las fuerzas centrales, la
        gravedad, los principios de la hidrostática, de hidráulica, de
        astronomía, de geografía y de cronología; la luz y sus propiedades, las
        propiedades generales del aire y del agua, y en fin, la electricidad”10.


        Julio Tobar Donoso, nos complementa la visión de los programas de estudio
con las reformas que se impusieron en 1829, la duración de los estudios de filosofía,
que debía cursarse en tres años, comprendían “lógica, metafísica, moral,
matemáticas, física, geografía y cronología”; estas materias fueron distribuidas a
juicio de los catedráticos en los tres años. El ingreso a estos estudios requería rendir
un examen de gramática latina y retórica. Los estudios de jurisprudencia se hacían
en cuatro años, se enseñaba derecho civil, romano, patrio y canónico. Luego, de
obtenido el título de Bachiller en jurisprudencia, se cursaba la ciencia procesal en las
Academias de Derecho Práctica; realizados los cursos prácticos se obtenía el
doctorado y concluido el ejercicio curial en el despacho de un abogado, se rendía el
examen previo a la abogacía, ante los Tribunales de Justicia.
        Los estudios de medicina, con la reforma del 29, debían efectuarse en cuatro
años, tras los cuales el alumno obtenía el título de Bachiller. Para doctorarse era
menester asistir dos años más a los cursos y a los hospitales, para el estudio de
medicina y anatomía y botánica, en los lugares que fuera posible. Para el estudio de




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Teología fueron necesarios tres años de estudio y uno más para la licenciatura y
doctorado. El número de materias que se cursaba fue más completo que en las otras
ramas de la enseñanza oficial11.
        Los conflictos provocados por los cambios políticos ocurridos en 1830, donde
una nueva forma de gobierno reorganizó a la República, reuniendo los diferentes
departamentos en tres estados, no incidieron en el campo de la educación, al parecer
las cosas siguieron funcionando como en los años anteriores; pues las finalidades y
preocupación no cambiaron según manifestaba Juan José Flores en el Mensaje de
1831:


        “Al través de las dificultades que han arrojado de sí las circunstancias
        pasadas, y á pesar del estado de penuria a que se ha visto reducido el
        país, el gobierno ha dado impulso a la enseñanza de la buena
        educación. Los establecimientos literarios del Guayas han sido
        reformados de la manera que veréis en el decreto que se someterá a
        vuestra aprobación; y se ha confiado la dirección de ellos a la notoria
        capacidad de un ciudadano ilustrado. Lentos deben ser los progresos
        de la educación pública, mientras los fondos de los Colegios sean tan
        pequeños, como lo son al presente. Espero que en esta sesión se
        reserve lugar para discurrir medios de aumentarlos”.12



        Esta situación la reproduce, también, José Felix Valdivieso, en 1831:


        “No conduce menos a estos fines de beneficencia y utilidad común, la
        ilustración publica de que tanto ha cuidado el gobierno aun en medio
        de las mayores agitaciones, bien persuadido de lo importante que es
        difundir las luces de uno a otro extremo del Estado para desarraigar
        abusos envejecidos y acostumbrar la juventud a practicar los
        preceptos de la moral, mirando con horror la voluptuosidad, el lujo, la
        molicie, y otros vicios que un tiempo sepultaron la libertad en los
        campos de Pharsalia. Se han expedido las vigorosas órdenes para

10
   Citado en Jorge Núñez, Op. Cit., p. 21
11
   Julio Tobar Donoso, Monografías históricas..., p. 465
12
   “1831.Mensaje del Presidente del Ecuador al Congreso Constitucional”, en Alejandro Noboa,
Recopilación de Mensajes..., p. 195


                                                                                         13
       conservar la disciplina interior de los colegios, aunque es forzoso
       pasar por el sentimiento de instruir por esta vez al Congreso, que
       aquella medida no ha producido los mejores efectos y que aun es
       necesaria una ley que reprima eficazmente los desordenes sin respetos
       ni consideraciones”13.


       Conforme el parecer de Valdivieso las mejoras emprendidas por el gobierno
central desde 1826, aún no eran efectivas en todos los colegios del distrito, tanto así
que, no respondían a los requerimientos planteados, en el mismo informe nos dice:

       “Los colegios de esta Capital, no inspiran confianza alguna, son
       desfavorables los informes del de Ibarra, y en el de Cuenca han
       ocurrido últimamente escándalos de insubordinación sin ejemplo. No
       es posible que en tal situación puedan producir esos planteles de
       educación, individuos útiles a la religión, ni ciudadanos capaces de
       conducir los altos destinos del Estado. Un decreto arregló
       provisoriamente el Colegio de Guayaquil, y parece que esta mejora ha
       llenado el voto general. Sería conveniente nivelar por el mismo orden
       los de Cuenca, Imbabura y Loja, para que sus escasas rentas se
       inviertan con mejor fruto en la enseñanza y en la buena dirección de
       las costumbres, sin la vana ostentación de muchas cátedras que no
       pueden sostenerse, ni parecen por ahora necesarias. De este modo
       cada una de esas casas pudieran mantener con ventajas una escuela
       primaria por el método lancasteriano, proporcionando profesores
       hábiles, y dando a estos destinos toda la importancia que les conviene
       para que no decaigan, como ha sucedido desgraciadamente con la
       escuela de esta Capital que se había montado con bastante
       perfección”.




       Un panorama distinto nos presenta cuando habla de los esfuerzos realizados
por el gobierno en “bien” de la educación de las niñas y lo que la sociedad espera de
estos esfuerzos:




13
  Exposición del Ministro Secretario de Estado presentada al Congreso 1º Constitucional del
Ecuador, en 1831, Quito Imprenta del Gobierno.


                                                                                         14
          “A los esmeros del Gobierno, y a los esfuerzos del más señalado
          patriotismo se debe el grandioso establecimiento de la enseñanza de
          niñas en Guayaquil, que camina rápidamente a su perfección. Se
          cuida con indecible anhelo de su adelantamiento, como el medio más
          eficaz para proporcionar a las niñas una ilustración verdadera.
          Deberán luego sobresalir las señoritas por el mérito de sus
          habilidades, por un juicio sólido e ilustrado, y por la práctica de
          todas las virtudes. Acostumbrándose a mirar como sus primeras
          obligaciones, las que dimanan de la piedad, de la modestia y del
          decoro, adornadas además con conocimientos útiles, vendrán a ser
          con el tiempo esposas amables y buenas madres de familia. Deseoso
          el Jefe del Ejecutivo de hacer extensivo este bien a las niñas de esta
          capital, ha reunido los padres de familias, como los más interesados
          en conducir a sus hijas por todos los ramos de una buena educación y
          una comisión de su seno está trabajando en proporcionar los medios
          para llevar al cabo este designio, cuya importación apenas puede
          ponderarse. Corresponde al Congreso darle su debida perfección para
          que la juventud delicada empiece cuanto antes a recibir lecciones
          saludables que hagan reinar la economía y el orden en sus casas,
          adelantando en los progresos de que es tan susceptible”14.



          La preocupación, que tiene el gobierno central de Colombia, con relación a
la educación de los indígenas queda resumida en la exposición que hace Víctor de
San Miguel, en 1833, en cuanto a los esfuerzos que en el Ecuador se emprendían. El
Ministro señala que:

          “El ejecutivo ha redoblado su celo para mejorar la educación de los
          indígenas, y al efecto expidió el decreto de 19 de enero para que en
          todas las parroquias se establezca precisamente una escuela de niños
          y si se pudiese ser otra de niñas, con la calidad de que se les enseñe
          los fundamentos principales de la religión, los primeros principios de
          la moral, los de la urbanidad, a leer y a escribir, las primeras reglas
          de aritmética y la constitución del Estado, con los fondos que designa
          el art. 6º de la ley de 11 de Octubre de 1821, y al mismo tiempo
          previno que las escuelas estuviesen planteadas en todas las
          parroquias, excitando a los prefectos, gobernadores y consejos
          municipales para que prestasen una activa cooperación. Si la
          resolución del gobierno no ha tenido todo su efecto por la dificultad
14
     Las negrillas son nuestras.


                                                                                    15
       de poner expeditos los fondos designados, ya están planteadas estas
       escuelas en el cantón Esmeraldas y otras parroquias de Quito,
       Manabí, Guayaquil, Loja y Cuenca”.15


       El gobierno central, desde 1821, había destinado fondos especiales para el
establecimiento de becas, que permitan educarse a los indígenas, situación que
seguía siendo ratificado diez años más tarde:

       “En el mismo decreto se han designado para los indígenas cinco
       becas de las dotadas en cada colegio de esta capital y el de Cuenca:
       se ha encargado particularmente a los prefectos, gobernadores y
       tribunales para que vigilen sobre la libertad y buen tratamiento de
       estos infelices, y se les administre pronta y cumplida justicia en los
       negocios: se ha prohibido que se les ocupe en trabajo alguno sin su
       voluntad y sin la debida remuneración, como también el que se les
       cobre derechos parroquiales, ni la contribución e será monumentos,
       palmas, camaricos ni otra pensión bajo cualquier título o pretesto;
       por último se ha rogado y encargado a los Ordinarios eclesiásticos
       para que los curas no los obliguen a más fiestas que las cuatro de la
       ley con la moderación posible, y que la de corpus se haga una sola en
       cada parroquia dentro de la octava de esta solemnidad, y se han
       hecho otras reformas muy favorables. Esta porción la mas útil a la
       agricultura, al comercio y las artes es muy digna de los filantrópicos
       sentimientos del Congreso, y espera el ejecutivo que por medio de
       leyes sabias recobrarán la dignidad de hombres libres, y que sus
       derechos quedarán para siempre garantidos”.


       Como se ve, la incorporación de los indígenas a la “civilización” fue una de
las preocupaciones principales del gobierno, tanto en cuanto era “la porción más útil
a la agricultura, al comercio y las artes” y por que era necesario “civilizar a los
indios bárbaros que habitan en los bosques”, según declaraba José Felix Valdivieso
en 1831.




15
  Memoria que presenta el Ministro del Interior y Relaciones Esteriores del Estado del Ecuador al
Congreso Constitucional del año de 1833.


                                                                                              16
          En 1833, el estado de la “educación primaria”, los Colegios, las
Universidades y las Academias de Práctica queda evidenciada en las palabras del
Ministro, en primera instancia nos dice que:

          “EDUCACIÓN PRIMARIA.- El ejecutivo ha tomado informes muy
          circunstanciados de las escuelas que existen actualmente en las
          parroquias del Estado, de sus rentas, de la aptitud de los preceptores,
          del aprovechamiento de los educandos, y de los arbitrios que pueden
          adaptarse para que se establezcan las escuelas primarias en aquellos
          pueblos que carecen de ellas. Las noticias que han adquirido lo
          obligan a pasar por el dolor de manifestar al cuerpo legislativo la
          necesidad de una ley más enérgica que la que se dio el año de 21 con
          la mira de destruir las preocupaciones populares y de obligar a los
          padres de familia a enviar a sus hijos a las escuelas bajo de eficaces
          conminaciones pagando los pudientes una pensión mensual y
          moderada para la subsistencia de los maestros en donde no disfruten
          renta de los fondos públicos. Deseando el gobierno quitar estar trabas
          a la enseñanza mando por decreto de 16 de enero último, que se
          establezcan las juntas curadoras de niños y niñas que previene la ley
          de 3 de Octubre de 1826”.16


          En cuanto a los Colegios señala el Ministro que los de la capital “han
recibido algunas reformas”. Principalmente el de San Fernando a donde se envió
una comisión para que informe al gobierno “de la conducta de los superiores y los
alumnos y del método de enseñanza que se ha seguido y proponga las reformas que
considere convenientes”. La visita dio como resultado que los estatutos de este
Colegio no guardaban consonancia “con las instituciones liberales y el plan de
estudios general: el gobierno ha comisionado a la misma dirección para que de
acuerdo al rector de aquel colegio forme un proyecto de estatutos que coincida con
él a las luces del siglo y régimen actual del Ecuador”.


          Conforme el Ministro San Miguel los otros Colegios de Guayaquil, Cuenca y
Loja marchaban “allanando las dificultades que se han presentado a los progresos

16
     Informe del Ministro del Interior Víctor F. De San Miguel; Quito, 16 de Septiembre de 1833, s.p.


                                                                                                   17
de la enseñanza. Los progresos de las diversas facultades que se han defendido en
los actos públicos dan una idea ventajosa de la aplicación y aprovechamiento de
aquella juventud, y de la consagración de los preceptores a pesar de la escasez de
sus dotaciones”.


      Esta no era la situación de las provincias de Chimborazo e Imbabura; en la
primera no se había establecido aún un colegio y solo contaba con una “cátedra de
gramática latina combinada con la castellana conforme se previno por un decreto
del año anterior”. En Ibarra, en cambio el problema fue diferente, según nos dice:

       “El Colegio de Sn. Basilio de Ibarra ha padecido grandes
      contradicciones. Ni el consejo municipal ni los padres de familia
      quieren que este establecimiento continúe a cargo de los padres
      mercedarios. Con motivo de haberse devuelto a los conventos de San
      Francisco y San Agustín de aquella ciudad las rentas que se habían
      aplicado a este colegio en virtud de la ley de supresión de conventos
      menores, el consejo municipal reclamo las del público que también se
      habían incorporado manifestando que el colegio por falta de fondos
      no existía sino en apariencia. El ejecutivo al ver que
      desgraciadamente se frustraban sus deseos en esta parte, y habiendo
      llegado felizmente a su noticia la fundación dispuesta por Martín
      Sánchez y su Mujer Isabel Villarruel pidió los testamentos y codicillos.
      Formando el correspondiente expediente con audiencia de la
      dirección general y de la junta de la Universidad, expidió su
      resolución para que el gobernador de Imbabura con acuerdo del
      consejo municipal y patronos de la fundación procediesen a plantear
      el colegio en el mejor pie posible, proponiendo el rector, superiores y
      catedráticos para expedirles sus nombramientos”.


      Superado el problema el colegio siguió funcionando con los recursos
otorgados por Martín Sánchez y José Cifuentes.
      En lo que tiene relación con las universidades, el informe da cuenta de la
existencia de la de Quito, pues en Cuenca aún no se había fundado porque “no hay
fondos suficientes para las cátedras y demás gastos que demanda este
establecimiento”, señalaba que:


                                                                                     18
      “En todo el Ecuador no existe mas que la de esta capital, en la cual se
      observa el plan de estudios con exactitud y celo. Los actos públicos
      que se han sostenido con aplauso con todos los preceptores de la
      Universidad, han dado a conocer los progresos de la educación
      científica. Serían estos más rápidos si se diese un plan de estudios que
      abrazando los diferentes ramos de la instrucción pública coincidiese
      con nuestro régimen actual no obstante la universidad ha recibido en
      este año una mejora muy útil con el establecimiento de la cátedra de
      química que regenta un profesor aplicado y experto; y se esta
      formando el jardín botánico para que la juventud se dedique a un
      estudio que tanto auxilia a la medicina y a la industria”.


      Al decir del Ministro, se había procurado establecer todas las academias de
práctica que preveía el plan de estudios de 1826, aunque no habían progresado por
que “son pocos los socios que concurren a las dos sesiones semanales que establece
el reglamento”. Sin embargo:

      “Se han instalado las academias, la una de matemáticas y la otra de
      historia del país bajo las basas que fijó el congreso en su resolución
      del 7 de noviembre último, habiendo logrado proporcionarles, lo
      mismo que a la cátedra de Química, locales capaces y aparentes, y se
      les ha franqueado cuantos auxilios han pedido para llenar los
      objetivos de su institución. El ejecutivo esta informado de que los
      académicos se reúnen con frecuencia, y se promete que sus trabajos
      saldrán muy pronto a la luz pública”.


      Más la reforma que se hace, en este año de 1833, de la “Ley i reglamentos
orgánicos de enseñanza pública, dado por el Gobierno de Colombia el año de
1826”, manda en el Artículo 1º que “Las sociedades departamentales de amigos del
país publicarán sus trabajos cada trimestre, bajo la pena de que todos sus




                                                                                 19
miembros serán reemplazados con otros individuos sino lo hicieren dentro del mes
próximo siguiente”.17


       La ley reforma, además, los Programas de Estudio y la reorganización de la
“enseñanza pública”, concretamente             el funcionamiento de los colegios y las
universidades; quedan reglamentados, además de los asuntos administrativos y los
grados (titulaciones), los planes de estudio. Así desde el Artículo 18 hasta el 39 se
van describiendo las “clases” y las “cátedras” que integran los cursos; vemos por
ejemplo que “la clase de Literatura comprende las cátedras siguientes: dos de
gramática latina combinada con la castellana, una de literatura i bellas letras, una
de historia santa, eclesiástica i profana, antigua i moderna”.
“La clase de Filosofía o ciencias naturales, comprende las cátedras siguientes: una
de ideología o metafísica, gramática general i lógica; una de matemáticas,
arquitectura, geografía i cronología, moral y derecho natural, una de física general
i particular, una de química y física experimental”


       Las clases de medicina y jurisprudencia también son renovadas y
complementadas en la ley de 1833. Además, a diferencia de la ley de 1826 en la cual
se dejaba al “buen criterio” de los catedráticos la distribución de los cursos, en ésta
se organizan de manera jerarquizada, por ejemplo en la clase de medicina “se
ganarán los cursos siguientes en el año primero un curso de anatomía general i
particular o descriptiva, en el segundo año de fisiología e higiene particular i
pública, i el tercer uno de nosología, patología i anatomía patológica, concluido
este año podrán obtener el grado de bachilleres”.                 Para obtener el grado de
licenciados i doctores, también debían cursar tres años y tomar los siguientes cursos
“en el año primero uno de terapéutica i farmacia teórica y práctica, en el segundo
año de clínica médica i quirurjica, i en el tercero uno de medicina legal”.

17
  “Lei reformando algunos artículos de la lei i reglamento orgánico de enseñanza pública, dado por
el Gobierno de Colombia el año de 1826”, Primer Registro Autentico Nacional, No 51, año de


                                                                                               20
De la información del Ministro San Miguel y el texto de la Ley, se puede colegir que
para el año 1833 la educación observa un “sistema escolar” con una organización
administrativa conformada por la dirección de estudios, vigente desde 1821, con
representaciones en Azuay y Guayas; además está estructurada por dos ramos: la
“educación primaria” y la “educación pública”. La primera tenía que ver con las
escuelas de enseñanza mutua y el aprendizaje de lectura y aritmética; así como con
la educación de los indígenas. La segunda, en cambio, comprendía los colegios y las
universidades, es decir el ámbito de los grados y de las profesiones.




1833, p. 400 - 406


                                                                                  21

				
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