El Santo Vía-Crucis by hedongchenchen

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									El Santo Vía-Crucis




 Camino al Calvario
Camino a la Salvación
Tal como soy de pecador,
sin otra fianza que tu amor,
a tu llamado vengo a ti.
De Dios Cordero: estoy aquí.

Tal como soy, con mi maldad,
miseria, pena y ceguedad;
pues hay remedio pleno en ti,
de Dios Cordero: estoy aquí.
Tal como soy, sin demorar,
tu sangre acudo aquí a buscar;
en ella puédome lavar
De Dios Cordero: estoy aquí.

Tal como soy me acogerás;
perdón y alivio me darás.
Pues tu promesa ya creí,
De Dios Cordero: estoy aquí.
Tal como soy, buscando paz,
en mi aflicción y mal tenaz
combate rudo siento en mí.
De Dios Cordero: estoy aquí.

Tal como soy, tu compasión
quitado ha toda oposición.
Ya pertenezco sólo a ti.
De Dios Cordero: estoy aquí.
P: En el nombre del Padre, y
del † Hijo, y del Espíritu
Santo.
C: Amén.

P: Dios mío, ven en mi
auxilio. Señor, date prisa en
socorrerme. Gloria al Padre,
y al Hijo, y al Espíritu Santo.
C: Como era en el principio,
ahora y siempre, por los
siglos de los siglos. Amén.
Acto Penitencial
P: Hermanos y hermanas, hemos llegado al
final de este día el cuál Dios nos has
permitido vivir. Estamos viviendo los días
de la Cuaresma en los cuáles la iglesia nos
invita a prepararnos para la fiesta de la
Pascua.
    Pausemos brevemente para reconocer
delante de Dios, junto con toda la
compañia de los santos y los ángeles, y en
presencia los unos de los otros, nuestros
pecados.
Acto de Contrición
A: Jesús, mi Señor y Redentor:
C: Yo me arrepiento de todos los pecados
que he cometido hasta hoy, y me pesa de
todo corazón, porque con ellos ofendí a un
Dios tan bueno. Propongo firmemente no
volver a pecar y confío en que, por tu
infinita misericordia, me has de conceder
el perdón de mis culpas y me has de llevar
a la vida eterna. Amén.
A: Señor, ten misericordia de nosotros,
C: Porque hemos pecado contra ti.

A: Muéstranos, Señor, tu misericordia,
C: Y danos tu salvación.

P: El Señor todopoderoso tenga
misericordia de nosotros, perdone
nuestros pecados y nos lleve a la vida
eterna.
C: Amén
P: El Señor este con ustedes,
C: y con tu espíritu.
P: Oremos,
Todopoderoso Dios, tú enviastes a tu Hijo
a entregar su vida por nuestros pecados y
por nuestra salvación. Te pedimos que
recibas con agrado este Santo Via-Crucis
que te ofrecemos por el perdón de
nuestros y nuestra salvación. Por nuestro
Señor Jesucristo.
C: Amén
Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del
cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único
Hijo, nuestro Señor.
Fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació
de la Virgen María. Padeció bajo el poder de
Poncio    Pilato,  fue crucificado,   muerto    y
sepultado. Descendió a los muertos. Al tercer día
resucitó, subió al cielo, y está sentado a la
diestra del Padre.
Vendrá de nuevo a juzgar a vivos y a muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia
católica, la comunión de los santos, el perdón de
los pecados, la resurrección del cuerpo, y la vida
eterna, Amén.
             I
  Jesús es condenado a
         muerte.




P: Te alabamos , oh Cristo,
y te bendecimos.
C: Porque con tu Santa
Cruz redimiste al mundo y
a mi pecador.
   Jesús es condenado a
          muerte.

A: Pilato mandó sacar a Jesús y
dijo a los judíos: “Aquí tienen a
su rey”. Pero ellos le gritaban:
“¡Fuera, fuera, crucifícalo!”.
Pilato les dice: “Pero ¿cómo he
de crucificar a su rey?”
Respondieron los príncipes de
los sacerdotes: “Nosotros no
tenemos más rey que al César”.
Entonces se los entregó para
que fuera crucificado. (Juan
19:14-16)
P: Señor Jesús, con frecuencia
juzgo a los demás y no les
muestro comprensión ni amor.
Ayúdame a mirar a aquellos que
amo a través de tus ojos, y no a
través de los de Poncio Pilato.
C: Amén
P: Padre Nuestro,
C: que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a
nos tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras
ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de
los siglos. Amén.


P: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es
contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el
fruto de tu vientre Jesús.
C: Oh Bendita Virgen, Madre de Dios, qué gran consuelo ha
mostrado Dios en ti, al tan bondadosamente considerarte,
aún tan inmerecida y humilde. Esto nos anima a creer que
desde entonces El no nos desampara a nosotros pobres y
humildes, sino que bondadosamente nos considera también,
de acuerdo a tu ejemplo. (Obras de Lutero, vol.21, p. 323)
A: Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu Santo.
C: Como era en el principio,
ahora y siempre, por los
siglos de los siglos. Amén.


A: Señor, pequé, ten
misericordia de mí.
C: Pecamos y nos pesa; ten
misericordia de nosotros que
por nosotros padeciste.
             II
 Jesús sale con la Cruz a
         cuestas




P: Te alabamos , oh Cristo,
y te bendecimos.
C: Porque con tu Santa
Cruz redimiste al mundo y
a mi pecador.
La cruz es colocada sobre los
hombros de Cristo y él debe
llevarla hasta el Calvario. A pesar
de su extrema debilidad, Jesús la
recibe.      También       nosotros
recibimos todos los días una cruz
que debemos llevar. Y nuestra cruz
no es de madera sino de las cosas
que      forman     nuestro     día:
aceptación     de    los     demás,
misericordia con el necesitado, y
compasión con los más débiles.
Recordemos      las  palabras   del
Evangelio: “Si alguno quiere venir
en pos de mí, niéguese a sí mismo,
tome su cruz de cada día y
sígame” (Lucas 9:23).
P: Señor Jesús, tu recibiste la
cruz para redimir al mundo.
Ayúdame a aceptar las cruces
de mi vida: las dificultades,
luchas, desiluciones, racismo,
rechazo, dolores. Sólo cuando
reconozca    mis     debilidades,
descubriré tu fortaleza.
C: Amén
P: Padre Nuestro,
C: que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a
nos tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras
ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de
los siglos. Amén.


P: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es
contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el
fruto de tu vientre Jesús.
C: Oh Bendita Virgen, Madre de Dios, qué gran consuelo ha
mostrado Dios en ti, al tan bondadosamente considerarte,
aún tan inmerecida y humilde. Esto nos anima a creer que
desde entonces El no nos desampara a nosotros pobres y
humildes, sino que bondadosamente nos considera también,
de acuerdo a tu ejemplo. (Obras de Lutero, vol.21, p. 323)
A: Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu Santo.
C: Como era en el principio,
ahora y siempre, por los
siglos de los siglos. Amén.


A: Señor, pequé, ten
misericordia de mí.
C: Pecamos y nos pesa; ten
misericordia de nosotros que
por nosotros padeciste.
            III
Jesús cae por primera vez




P: Te alabamos , oh Cristo,
y te bendecimos.
C: Porque con tu Santa
Cruz redimiste al mundo y
a mi pecador.
Jesús cae. Muchos brazos se
extienden   hacia   él,   pero
ninguno para ayudarlo. Muchas
veces,    nosotros     también
caemos, pero nadie extendie su
mano para ayudarnos.
      Por otra parte, otras
veces vemos como otros caen,
y nosotros no le extendemos la
mano     para   ayudarlos.¿Qué
podemos hacer para levantar al
prójimo cuándo cae?
P: Señor Jesús, tú bien sabes
cuántas veces he caído al
tratar de seguirte. Sin embargo,
siempre estás a mi lado para
levantarme. Ayúdame a confiar
siempre en el cuidado amoroso
que me muestras.
C: Amén
P: Padre Nuestro,
C: que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a
nos tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras
ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de
los siglos. Amén.


P: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es
contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el
fruto de tu vientre Jesús.
C: Oh Bendita Virgen, Madre de Dios, qué gran consuelo ha
mostrado Dios en ti, al tan bondadosamente considerarte,
aún tan inmerecida y humilde. Esto nos anima a creer que
desde entonces El no nos desampara a nosotros pobres y
humildes, sino que bondadosamente nos considera también,
de acuerdo a tu ejemplo. (Obras de Lutero, vol.21, p. 323)
A: Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu Santo.
C: Como era en el principio,
ahora y siempre, por los
siglos de los siglos. Amén.


A: Señor, pequé, ten
misericordia de mí.
C: Pecamos y nos pesa; ten
misericordia de nosotros que
por nosotros padeciste.
            IV
   Jesús encuentra a su
     Santísima Madre




P: Te alabamos , oh Cristo,
y te bendecimos.
C: Porque con tu Santa
Cruz redimiste al mundo y
a mi pecador.
Jesús encuentra a su
madre en el camino. El
sangra y ella tiene el
espíritu traspasado por el
dolor. Es un encuentro de
dos corazones unidos en la
misma causa. Jesús sabia
que este dolor tenia que
suceder, María también
está comprometida con su
misión la cuál es el
propósito    de  Dios,  la
salvación    de   toda  la
humanidad.
P: Señor Jesús, el amor de tu
madre María fue mucho más
grande que su dolor. Muchas
veces, tú te acercas a mí por
medio de los demás y su amor
me da vida nueva. Ayúdame a
percatarme de todas las veces
en que tú me muestras amor
por medio de los que están
cerca de mí.
C: Amén
P: Padre Nuestro,
C: que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a
nos tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras
ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de
los siglos. Amén.


P: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es
contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el
fruto de tu vientre Jesús.
C: Oh Bendita Virgen, Madre de Dios, qué gran consuelo ha
mostrado Dios en ti, al tan bondadosamente considerarte,
aún tan inmerecida y humilde. Esto nos anima a creer que
desde entonces El no nos desampara a nosotros pobres y
humildes, sino que bondadosamente nos considera también,
de acuerdo a tu ejemplo. (Obras de Lutero, vol.21, p. 323)
A: Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu Santo.
C: Como era en el principio,
ahora y siempre, por los
siglos de los siglos. Amén.


A: Señor, pequé, ten
misericordia de mí.
C: Pecamos y nos pesa; ten
misericordia de nosotros que
por nosotros padeciste.
             V
 Simón de Cirine ayuda a
  Jesús a llevar la Cruz




P: Te alabamos , oh Cristo,
y te bendecimos.
C: Porque con tu Santa
Cruz redimiste al mundo y
a mi pecador.
Simón tomó sobre sus hombros
la cruz para ayudar a nuestro
salvador en la obra de la
redención. Nosotros al ayudar a
nuestros hermanos, también
colaboramos en la obra de la
redención. Cuando prestamos
ayuda al prójimo en sus penas y
apuros, es a Jesús a quien
ayudamos a llevar su cruz. En
nuestras familias, en nuestra
comunidad,      en     nuestros
trabajos, ¿estamos ayudando a
los demás como Cristo nos
pide?
P: Señor Jesús, a veces me
muestro    indiferente   a  las
necesidades de los que están
cerca de mí. Inclusive descuido
a aquellos que amo. Ayúdame a
darme cuenta que la mejor
forma de encontrarme en mi
vida es amando a los demás.
C: Amén
P: Padre Nuestro,
C: que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a
nos tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras
ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de
los siglos. Amén.


P: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es
contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el
fruto de tu vientre Jesús.
C: Oh Bendita Virgen, Madre de Dios, qué gran consuelo ha
mostrado Dios en ti, al tan bondadosamente considerarte,
aún tan inmerecida y humilde. Esto nos anima a creer que
desde entonces El no nos desampara a nosotros pobres y
humildes, sino que bondadosamente nos considera también,
de acuerdo a tu ejemplo. (Obras de Lutero, vol.21, p. 323)
A: Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu Santo.
C: Como era en el principio,
ahora y siempre, por los
siglos de los siglos. Amén.


A: Señor, pequé, ten
misericordia de mí.
C: Pecamos y nos pesa; ten
misericordia de nosotros que
por nosotros padeciste.
            VI
   La Verónica limpia el
      rostro de Jesús




P: Te alabamos , oh Cristo,
y te bendecimos.
C: Porque con tu Santa
Cruz redimiste al mundo y
a mi pecador.
Jesús sangra por todas partes.
Una mujer de entre el pueblo
sale y limpia su rostro. Es una
mujer piedosa y valiente que
afronta la situación cueste lo
que cueste. Hoy los seres
humanos          no       quieren
comprometerse con los valores
más comunes de la vida
humana. Y así permitimos que
el mal prospere y que la
injusticia triunfe; el pecado se
cierne sobre el mundo y no
tenemos el valor de afrontar
cristianamente al mundo.
P: Señor Jesús, a veces
tengo temor de ayudar a
los demás. No hago nada
cuando debo actuar, y me
callo cuando debo hablar.
Haz que mi fe sea más
fuerte      y     profunda.
Ayúdame a confiar en que
tú estás siempre a mi lado.
C: Amén
P: Padre Nuestro,
C: que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a
nos tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras
ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de
los siglos. Amén.


P: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es
contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el
fruto de tu vientre Jesús.
C: Oh Bendita Virgen, Madre de Dios, qué gran consuelo ha
mostrado Dios en ti, al tan bondadosamente considerarte,
aún tan inmerecida y humilde. Esto nos anima a creer que
desde entonces El no nos desampara a nosotros pobres y
humildes, sino que bondadosamente nos considera también,
de acuerdo a tu ejemplo. (Obras de Lutero, vol.21, p. 323)
A: Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu Santo.
C: Como era en el principio,
ahora y siempre, por los
siglos de los siglos. Amén.


A: Señor, pequé, ten
misericordia de mí.
C: Pecamos y nos pesa; ten
misericordia de nosotros que
por nosotros padeciste.
            VII
Jesús cae por segunda vez




P: Te alabamos , oh Cristo,
y te bendecimos.
C: Porque con tu Santa
Cruz redimiste al mundo y
a mi pecador.
Jesús cae otra vez. Todos los
que caminamos, podemos caer.
Nosotros también caemos por
causa de nuestra debilidad, por
nuestra fragilidad, por no saber
resistir.
      Pero, después de alguna
falla, si alguien nos da una
mano,     podemos    volver  a
levantarnos.          ¿Estamos
dispuestos    a   levantar   a
aquellos que caen al cometer
algunas faltas?
P: Señor Jesús, a veces los
fracasos y desiluciones me
llevan a la desesperación. Me
alejo de ti y me escondo detrás
de mi orgullo y de la lástima
que siento por mi mismo. Dame
la esperanza que necesito y
ayúdame para que nunca jamás
sienta temor para comenzar de
nuevo.
C: Amén
P: Padre Nuestro,
C: que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a
nos tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras
ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de
los siglos. Amén.


P: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es
contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el
fruto de tu vientre Jesús.
C: Oh Bendita Virgen, Madre de Dios, qué gran consuelo ha
mostrado Dios en ti, al tan bondadosamente considerarte,
aún tan inmerecida y humilde. Esto nos anima a creer que
desde entonces El no nos desampara a nosotros pobres y
humildes, sino que bondadosamente nos considera también,
de acuerdo a tu ejemplo. (Obras de Lutero, vol.21, p. 323)
A: Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu Santo.
C: Como era en el principio,
ahora y siempre, por los
siglos de los siglos. Amén.


A: Señor, pequé, ten
misericordia de mí.
C: Pecamos y nos pesa; ten
misericordia de nosotros que
por nosotros padeciste.
Perdóname, Jesús, por lo que te he
ofendido. Al verte en esa cruz hoy
siento mi descuido. De hoy en
adelante mi vida va a cambiar. Mi
corazón errante contigo quiere estar.

Tu cuerpo ensangrentado, clavado
en esa cruz, coronado de espinas, no
más por darnos luz. Te miro y me
estremezco, me lleno de dolor de ver
lo que Tú hiciste, no más por nuestro
amor.
Dispénsame, Señor, por no haber
comprendido. Dispénsame, Señor,
que grande es mi descuido. De hoy
en adelante mi vida va a cambiar. Mi
corazón errante contigo quiere estar.

Te miro y me estremezco, me lleno
de emoción al ver lo que sufriste,
Señor, en tu pasión. Con último
suspiro nos enseñas tu amor, Jesús,
cuando dijiste: "Perdónales, Señor."
Perdóname,     Jesús,   perdóname,
María, a tu Hijo en esa cruz es al
que he ofendido. De hoy en adelante
mi vida va a cambiar.
Mi corazón errante contigo quiere
estar.

Tres horas de agonía, pasado de
dolor, no más por causa mía, altísimo
Señor. Me siento arrepentido al verte
en esa cruz. Por haberte ofendido,
perdóname, Jesús.
            VIII
   Jesús consuela a las
   mujeres de Jerusalén




P: Te alabamos , oh Cristo,
y te bendecimos.
C: Porque con tu Santa
Cruz redimiste al mundo y
a mi pecador.
Jesús no pide compasión por él.
De nada sirve lamentarse por
los sufrimientos de los demás si
no hacemos por ellos algo
concreto. Cristo no se sometió
a    los    sufrimientos    para
aparentar o pedir compasión.
Cristo aceptó el dolor y lo amó
para enseñarnos que por la
cruz y el dolor se llega a la
resurrección. Cristo, frente a la
viuda de Naím, no se limitó sólo
a decirle: “No lleres”, sino que
hizo algo muy concreto por ella,
devolviéndole la vida a su hijo.
P: Señor Jesús, me maravilla la
gran compasión que sientes por
los demás. Me siento mezquino
y egoísta cuando pienso en ti y
en la forma en que nos amas.
Ayúdame para que vuelque mi
amor a los demás y me colmes
con tu amor.
C: Amén
P: Padre Nuestro,
C: que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a
nos tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras
ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de
los siglos. Amén.


P: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es
contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el
fruto de tu vientre Jesús.
C: Oh Bendita Virgen, Madre de Dios, qué gran consuelo ha
mostrado Dios en ti, al tan bondadosamente considerarte,
aún tan inmerecida y humilde. Esto nos anima a creer que
desde entonces El no nos desampara a nosotros pobres y
humildes, sino que bondadosamente nos considera también,
de acuerdo a tu ejemplo. (Obras de Lutero, vol.21, p. 323)
A: Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu Santo.
C: Como era en el principio,
ahora y siempre, por los
siglos de los siglos. Amén.


A: Señor, pequé, ten
misericordia de mí.
C: Pecamos y nos pesa; ten
misericordia de nosotros que
por nosotros padeciste.
            IX
Jesús cae por tercera vez




P: Te alabamos , oh Cristo,
y te bendecimos.
C: Porque con tu Santa
Cruz redimiste al mundo y
a mi pecador.
Jesús cae por tercera y última
vez. Cuántas veces nosotros
mismos          permanecemos
indiferentes     frente      al
sufrimiento de otros que están
a    nuestro   lado,   y   nos
escondemos     por   temor    a
comprometernos y tenderles
una mano.
     Recordemos que lo que
hacemos a nuestros hermanos,
lo estamos haciendo a Dios
mismo.
P: Señor Jesús, tus fuerzas
debilitadas    me     hacen
sentir muy indefenso. Yo,
sin ti, nada hago. Hazme
confiar en tu fortaleza para
que me de cuenta de
cuánto te necesito.
C: Amén
P: Padre Nuestro,
C: que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a
nos tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras
ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de
los siglos. Amén.


P: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es
contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el
fruto de tu vientre Jesús.
C: Oh Bendita Virgen, Madre de Dios, qué gran consuelo ha
mostrado Dios en ti, al tan bondadosamente considerarte,
aún tan inmerecida y humilde. Esto nos anima a creer que
desde entonces El no nos desampara a nosotros pobres y
humildes, sino que bondadosamente nos considera también,
de acuerdo a tu ejemplo. (Obras de Lutero, vol.21, p. 323)
A: Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu Santo.
C: Como era en el principio,
ahora y siempre, por los
siglos de los siglos. Amén.


A: Señor, pequé, ten
misericordia de mí.
C: Pecamos y nos pesa; ten
misericordia de nosotros que
por nosotros padeciste.
             X
Jesús es despojado de sus
       vestiduras




P: Te alabamos , oh Cristo,
y te bendecimos.
C: Porque con tu Santa
Cruz redimiste al mundo y
a mi pecador.
Jesús termina de recorrer el
camino que lo conduce hasta el
lugar de su martirio final. Al
llegar, es despojado de sus
vestiduras ante la mirada
angustiada e impotente de su
madre, María. Jesús calla. No
se queja ni se altera. Ha
aceptado todo esto por amor;
por amor a tí y a mí. Nosotros
nos quejamos, nos alteramos y
nos volvemos atrás. Jesús nos
dice: “Nadie tiene mayor amor
que el que da la vida por sus
amigos”.
P: Señor Jesús, al verte
humillado tan cruelmente, me
doy cuenta de cuánto me
cuesta seguirte y cumplir tu
voluntad.    El   sacrificio  me
asusta y lo evito. Prefiero
muchas veces el apegarme a
mis     poseciones    materiales.
Ayúdame a poner la confianza
en tí y no en mí seguridad.
C: Amén
P: Padre Nuestro,
C: que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a
nos tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras
ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de
los siglos. Amén.


P: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es
contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el
fruto de tu vientre Jesús.
C: Oh Bendita Virgen, Madre de Dios, qué gran consuelo ha
mostrado Dios en ti, al tan bondadosamente considerarte,
aún tan inmerecida y humilde. Esto nos anima a creer que
desde entonces El no nos desampara a nosotros pobres y
humildes, sino que bondadosamente nos considera también,
de acuerdo a tu ejemplo. (Obras de Lutero, vol.21, p. 323)
A: Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu Santo.
C: Como era en el principio,
ahora y siempre, por los
siglos de los siglos. Amén.


A: Señor, pequé, ten
misericordia de mí.
C: Pecamos y nos pesa; ten
misericordia de nosotros que
por nosotros padeciste.
            XI
Jesús es clavado en la cruz




P: Te alabamos , oh Cristo,
y te bendecimos.
C: Porque con tu Santa
Cruz redimiste al mundo y
a mi pecador.
Ha llegado el momento más
doloroso de Cristo: ser clavado en
la cruz. A pesar de todo el odio y
el desprecio, Jesús encuentra
palabras de perdón para los
responsables    de    su    muerte:
“Padre, perdónalos, porque no
saben lo que hacen”. Una herencia
de amor y perdón. Cristo perdona,
disculpa y dona lo mejor que tiene.
No hay otro camino. El que ama de
verdad, sabe perdonar y disculpar.
Cristo perdonó porque amó. Ese es
nuestro     camino       si     nos
consideramos fieles hijos e hijas
de Dios.
P: Señor Jesús, cuando te
veo     crucificado,   es
imposible que dude de tu
amor por mí. Ayúdame a
ver tu cruz como la señal
más grande de tu amor por
mí.
C: Amén
P: Padre Nuestro,
C: que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a
nos tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras
ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de
los siglos. Amén.


P: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es
contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el
fruto de tu vientre Jesús.
C: Oh Bendita Virgen, Madre de Dios, qué gran consuelo ha
mostrado Dios en ti, al tan bondadosamente considerarte,
aún tan inmerecida y humilde. Esto nos anima a creer que
desde entonces El no nos desampara a nosotros pobres y
humildes, sino que bondadosamente nos considera también,
de acuerdo a tu ejemplo. (Obras de Lutero, vol.21, p. 323)
A: Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu Santo.
C: Como era en el principio,
ahora y siempre, por los
siglos de los siglos. Amén.


A: Señor, pequé, ten
misericordia de mí.
C: Pecamos y nos pesa; ten
misericordia de nosotros que
por nosotros padeciste.
            XII
  Jesús muere en la cruz




P: Te alabamos , oh Cristo,
y te bendecimos.
C: Porque con tu Santa
Cruz redimiste al mundo y
a mi pecador.
Todo se ha consumado.
Jesús muere en la cruz
para salvarnos, para quitar
de nosotros la muerte
eterna merecida por el
pecado.     Muere     para
reconciliarnos con Dios
nuestro    Padre.  Ya    la
muerte no tiene victoria ni
dominio sobre nosotros ya
que   Cristo   murió    por
nuestros pecados.
P: Señor Jesús, te doy gracias
por amarme tanto, hasta el
extremo de morir en una cruz.
Morir como un criminal. Morir
por un delito que no cometiste.
Gracias por derramar tu sangre
por mis pecados; gracias por
dar tu cuerpo, gracias por la
salvación.
C: Amén
P: Padre Nuestro,
C: que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a
nos tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras
ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de
los siglos. Amén.


P: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es
contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el
fruto de tu vientre Jesús.
C: Oh Bendita Virgen, Madre de Dios, qué gran consuelo ha
mostrado Dios en ti, al tan bondadosamente considerarte,
aún tan inmerecida y humilde. Esto nos anima a creer que
desde entonces El no nos desampara a nosotros pobres y
humildes, sino que bondadosamente nos considera también,
de acuerdo a tu ejemplo. (Obras de Lutero, vol.21, p. 323)
A: Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu Santo.
C: Como era en el principio,
ahora y siempre, por los
siglos de los siglos. Amén.


A: Señor, pequé, ten
misericordia de mí.
C: Pecamos y nos pesa; ten
misericordia de nosotros que
por nosotros padeciste.
            XIII
Jesús es bajado de la cruz
y entregado en los brazos
   de María Santísima


P: Te alabamos , oh Cristo,
y te bendecimos.
C: Porque con tu Santa
Cruz redimiste al mundo y
a mi pecador.
El cuerpo sagrado de Jesús es
bajado de la cruz y entregado
en los brazos de su Santísima
Madre. María sufre por la
muerte de su Hijo, pero lo
entrega    por      que       ella
comprendía que este era el
camino    que     Dios     había
escogido para él y para ella.
      La Santísima Virgen María
fué fiel a Dios siempre. Jesús
fué obediente al Padre porque
sabía que su misión era el
salvarnos.
P: Señor Jesús, te doy
infinitas gracias por haber
sido fiel a tu misión. Tú
sabías     cuál    era   el
propósito de Dios para tí,
el salvarnos y redimirnos.
Ayúdame a encontrar el
propósito tuyo para mí.
C: Amén
P: Padre Nuestro,
C: que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a
nos tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras
ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de
los siglos. Amén.


P: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es
contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el
fruto de tu vientre Jesús.
C: Oh Bendita Virgen, Madre de Dios, qué gran consuelo ha
mostrado Dios en ti, al tan bondadosamente considerarte,
aún tan inmerecida y humilde. Esto nos anima a creer que
desde entonces El no nos desampara a nosotros pobres y
humildes, sino que bondadosamente nos considera también,
de acuerdo a tu ejemplo. (Obras de Lutero, vol.21, p. 323)
A: Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu Santo.
C: Como era en el principio,
ahora y siempre, por los
siglos de los siglos. Amén.


A: Señor, pequé, ten
misericordia de mí.
C: Pecamos y nos pesa; ten
misericordia de nosotros que
por nosotros padeciste.
            XIV
 Jesús es colocado en el
        sepulcro




P: Te alabamos , oh Cristo,
y te bendecimos.
C: Porque con tu Santa
Cruz redimiste al mundo y
a mi pecador.
Jesús no tuvo ni tan
siquiera un sepulcro donde
descansar. Necesitó de sus
amigos     para     que    le
prestaran una tumba. Allí
fue enterrado esperando la
gloriosa resurrección, el
día de la victoria. Así como
Jesús, nosotros iremos a la
tumba       solamente       a
descansar,     ya    que   él
resucitó, nosotros también
resucitaremos.
P: Señor Jesús, te pido que me
ayudes     a    creer   en   la
resurrección de los muertos y
la vida eterna.
C: Amén
P: Padre Nuestro,
C: que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a
nos tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras
ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de
los siglos. Amén.


P: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es
contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el
fruto de tu vientre Jesús.
C: Oh Bendita Virgen, Madre de Dios, qué gran consuelo ha
mostrado Dios en ti, al tan bondadosamente considerarte,
aún tan inmerecida y humilde. Esto nos anima a creer que
desde entonces El no nos desampara a nosotros pobres y
humildes, sino que bondadosamente nos considera también,
de acuerdo a tu ejemplo. (Obras de Lutero, vol.21, p. 323)
A: Gloria al Padre, y al Hijo, y
al Espíritu Santo.
C: Como era en el principio,
ahora y siempre, por los
siglos de los siglos. Amén.


A: Señor, pequé, ten
misericordia de mí.
C: Pecamos y nos pesa; ten
misericordia de nosotros que
por nosotros padeciste.
       Oración de Ofrecimiento
P: Señor Jesús, hemos llegado al final
de este camino doloroso, de este Via-
Crucis, el camino que tú mismo
aceptastes libremente recorrer. Te
vemos en la cruz con las manos y los
pies traspasados por los clavos y con la
cabeza coronada de espinas.
      Sabemos, Señor Jesús, que tu
sufrimiento es el fruto de tu infinito
amor por nosotros. Tú agonizas y
mueres por nosotros.
      Haz que también nosotros te
amemos mucho, para que vivamos
fielmente tu pasión y muerte, y que
jamás nos separemos de ti por el
pecado.
C: Amén
A: En tus manos, Señor, encomiendo mi
espíritu.
C: En tus manos, Señor, encomiendo mi
espíritu.

A: Tú, el Dios leal, nos librarás.
C: Te encomiendo mi espíritu.


A: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
C: Como era en el principio, ahora y
siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
                   Cordero
P: Cordero de Dios, que quitas el pecado
del mundo,
C: ten piedad de nosotros.
P: Cordero de Dios, que quitas el pecado
del mundo,
C: ten piedad de nosotros.
P: Cordero de Dios, que quitas el pecado
del mundo,
C: danos la paz.
        Cántico de la Santísima Virgen María

A: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos
mientras dormimos, para que velemos con
Cristo y descansemos en paz.
C: Proclama mi alma la grandeza del
Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi
salvador; porque ha mirado la humillación
de su esclava.

Desde ahora me felicilitarán todas las
generaciones, porque el Poderoso ha
hecho obras grandes por mí: su nombre es
santo y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo: dispersa a
los soberbios de corazón, derriba del trono
a los poderosos y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes y a
los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de
su misericordia como lo había prometido a
nuestros padres, en favor de Abraham y su
descendecia por siempre.
A: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
C: Como era en el principio, ahora y
siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
                   Bendición

P: Que el Señor esté con ustedes,
C: y con tu espíritu,

P: Que la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, † Hijo, Espíritu Santo, descienda
sobre ustedes y permanezca para siempre,
C: Amén.

P: El Señor todopoderoso nos conceda una
noche tranquila y una santa muerte.
C: Amén
El Santo Vía-Crucis




 Camino al Calvario
Camino a la Salvación

								
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