los dos pudiese verla. La obser\-v\'e9 de reojo, temeroso de encontrar su
mirada, que segu\'ed
a perdida en ninguna parte. Su rostro y sus brazos vest\'edan una piel
p\'e1lida, casi trasl\'facida. Ten\'eda los rasgos afilados, dibujados a
trazo firme bajo una cabellera negra que bri\-llaba como piedra
humedecida. Le calcul\'e9 unos veinte a\'f1
os a lo sumo, pero algo en su porte y en el modo en que el alma
parec\'eda caerle a los pies, como las ramas de un sauce, me hizo pensar
que no ten\'eda edad. Parec\'eda atra\-pada en ese estado de perpetua
juventud reservado a los maniqu\'ed
es en los escaparates de post\'edn. Estaba intentando leerle el pulso
bajo aquella garganta de cisne cuando ad\-vert\'ed que Barcel\'f3 me
observaba fijamente.
\par \emdash Entonces, \'bfvas a decirme d\'f3nde encontraste ese li\-
bro? \emdash pregunt\'f3.
\par \emdash Lo har\'eda, pero promet\'ed a mi padre guardar el secre\-to
\emdash aduje.
\par \emdash Ya veo. Sempere y sus misterios \emdash dijo
Barcel\'f3\emdash . Ya me figuro yo d\'f3nde. Menuda potra has tenido,
chaval. A eso le llamo yo encontrar una aguja en un campo de azu\-cenas.
A ver, \'bfme lo dejas ver?
\par Le tend\'ed el libro, y Barcel\'f3 lo tom\'f3 en sus manos con
infinita delicadeza.
\par \emdash Lo has le\'eddo, supongo.
\par \emdash S\'ed, se\'f1or.
\par \emdash Te envidio. Siempre me ha parecido que el momen\-to para
leer a Carax es cuando todav\'eda se tiene el coraz\'f3n joven y la mente
limpia. \'bfSab\'edas que \'e9sta fue la \'faltima no\-vela que
escribi\'f3?
\par Negu\'e9 en silencio.
\par \emdash \'bfSabes cu\'e1ntos ejemplares como \'e9ste hay en el mer\-
cado, Daniel?
\par \emdash Miles, supongo.
\par \emdash Ninguno \emdash precis\'f3 Barcel\'f3\emdash . Excepto el
tuyo. El resto fueron quemados.
\par \emdash \'bfQuemados?
\par Barcel\'f3 se limit\'f3 a ofrecer su sonrisa herm\'e9tica, pa\-sando
hojas del libro y acariciando el papel como si fuese una seda \'fanica en
el universo. La dama de blanco se volvi\'f3 lentamente. Sus labios
esbozaron una sonrisa t\'ed
mida y temblorosa. Sus ojos palpaban el vac\'edo, pupilas blancas como el
m\'e1rmol. Tragu\'e9 saliva. Estaba ciega.
\par \emdash T\'fa no conoces a mi sobrina Clara, \'bfverdad? \emdash
pre\-gunt\'f3 Barcel\'f3.
\par }{\expnd1\expndtw8\lang1034 Me limit\'e9 a negar, incapaz de quitar
la mirada de aquella criatura con tez de mu\'f1eca de porcelana y
}{\i\lang1034 o}{\lang1034 j}{\i\lang1034 os }{\expnd1\expndtw8\lang1034
blancos, los }{\lang1034 ojos}{\i\lang1034 }{
\expnd1\expndtw8\lang1034 m\'e1s tristes que he visto jam\'e1s.
\par \emdash En realidad, la experta en Juli\'e1n Carax es Clara, por eso
la he tra\'eddo \emdash dijo Barcel\'f3.
\par \emdash Es m\'e1s, pens\'e1ndolo bien, creo que con vuestro per\-
miso yo me voy a retirar a otra sala a inspeccionar este vo\-lumen
mientras vosotros habl\'e1is de vuestras cosas. \'bfOs pa\-rece?
\par Le mir\'e9, at\'f3nito. El librero, pirata hasta la sepultura y
ajeno a mis reservas, se limit\'f3 a darme una palmadita en la espalda y
parti\'f3 con mi libro bajo el brazo.
\par \emdash Le has impresionado, \'bfsabes? \emdash dijo la voz a mi
es\-palda.
\par Me volv\'ed para descubrir la sonrisa leve de la sobrina del
librero, tanteando en el vac\'edo. Ten\'eda la voz de cristal,
transparente y tan fr\'e1gil que me pareci\'f3 que sus palabras se
quebrar\'edan si la interrump\'eda a media frase.
\par \emdash Mi t\'edo me ha dicho que te ofreci\'f3 una buena suma por
el libro de Carax, pero que t\'fa la rechazaste \emdash a\'f1adi\'f3
Clara\emdash .Te has ganado su respeto.
\par \emdash Cualquiera lo dir\'eda \emdash suspir\'e9.
\par Observ\'e9 que Clara ladeaba la cabeza al sonre\'edr y que sus dedos
jugueteaban con un anillo que parec\'eda una guirnalda de zafiros.
\par \emdash \'bfQu\'e9 edad tienes? \emdash pregunt\'f3.
\par \emdash Casi once a\'f1os \emdash respond\'ed\emdash . \'bfY usted?
\par Clara ri\'f3 ante mi insolente inocencia.
\par \emdash Casi el doble, pero tampoco es como para que me trates de
usted.
\par \emdash Parece usted m\'e1s joven \emdash apunt\'e9, intuyendo que
aquello pod\'eda ser una buena salida a mi indiscreci\'f3n.
\par \emdash Me fiar\'e9 de ti entonces, porque yo no s\'e9 qu\'e9
aspec\-to tengo \emdash repuso, sin abandonar su sonrisa a media
vela\emdash . Pero si te parezco m\'e1s joven, raz\'f3n de m\'e1s para
que me trates de t\'fa.
\par \emdash Lo que usted diga, se\'f1orita Clara.
\par Observ\'e9 detenidamente sus manos abiertas como alas sobre su
regazo, su talle fr\'e1gil insinu\'e1ndose bajo los plie\-gues de alpaca,
el dibujo de sus hombros, la extrema palidez de si garganta y el cierre
de sus labi
os, que hubiera querido acariciar con la yema de los dedos. Nunca antes
hab\'eda tenido la oportunidad de examinar a una mujer tan de cerca y con
tanta precisi\'f3n sin temor a encontrar\-me con su mirada.
\par \emdash \'bfQu\'e9 miras? \emdash pregunt\'f3 Clara, no sin cierta
mali\-cia.
\par \emdash Su t\'edo dice que es usted una experta en Juli\'e1n Ca\-rax
\emdash improvis\'e9, con la boca seca.
\par \emdash Mi t\'edo ser\'eda capaz de decir cualquier cosa con tal de
pasar un rato a solas con un libro que le fascine \emdash adujo
Clara\emdash . Pero t\'fa debes preguntarte c\'f3mo alguien que est\'e1
ciego
puede ser experto en libros si no los puede leer.
\par \emdash No se me hab\'eda ocurrido, la verdad.
\par \emdash Para tener casi once a\'f1os no mientes mal. Vigila, o
acabar\'e1s como mi t\'edo.
\par Temiendo meter la pata por en\'e9sima vez, me limit\'e9 a permanecer
sentado en silencio, contempl\'e1ndola embo\-bado.
\par }{\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash }{\expnd1\expndtw8\lang1034
Anda, ac\'e9rcate \emdash dijo ella.
\par \emdash \'bfPerd\'f3n?
\par \emdash Ac\'e9rcate sin miedo. No te voy a comer.
\par Me incorpor\'e9 de la silla y me aproxim\'e9 hasta donde Clara
estaba sentada. La sobrina del librero alz\'f3 la mano derecha,
busc\'e1ndome a tientas. Sin saber bien c\'f3mo deb\'eda proceder, hice
otro tanto y le ofrec\'ed mi mano. La tom\'f3
en su mano izquierda, y Clara me ofreci\'f3 en silencio su }{\lang1034
derecha. Comprend\'ed instintivamente lo que me ped\'eda, y la gui\'e9
hasta mi rostro. Su tacto era firme y delicado a un tiempo. Sus dedos me
recorrieron las mejillas y los p\'f3\-
mulos. Permanec\'ed inm\'f3vil, casi sin atreverme a respirar, mientras
Clara le\'eda mis facciones con sus manos. Mientras lo hac\'eda,
sonre\'eda para s\'ed y pude advertir que sus labios se entrecerraban,
como murmurando en silencio. Sent\'ed e
l roce de sus manos en la frente, en el pelo y en los p\'e1r\-pados. Se
detuvo sobre mis labios, dibuj\'e1ndolos en silen\-cio con el \'edndice y
el anular. Los dedos le ol\'edan a canela. Tragu\'e9
saliva, notando que el pulso se me lanzaba a la brava y agradeciendo a
la divina providencia que no hu\-biera testigos oculares para presenciar
mi sonrojo, que hubiera bastado para prender un habano a un palmo de
distancia.
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\par }}{\*\pnseclvl1\pnucrm\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxta
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\s3\qc\sb240\sa60\keepn\nowidctlpar\widctlpar\outlinelevel2\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\shad\fs56\lang1034
\par Carlos Ruiz Zaf\'f3n
\par }\pard\plain \fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {
\par }\pard\plain
\s3\qc\sb240\sa60\keepn\nowidctlpar\widctlpar\outlinelevel2\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\shad\fs56\lang1034
\par
\par
\par
\par }{\shad\fs72\lang1034 La sombra del viento}{\shad\fs56\lang1034
\page }{\lang1034 EL CEMENTERIO DE LOS LIBROS OLVIDADOS
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034
\par Todav\'eda recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llev\'f3 por
primera vez a visitar el Cementerio de los Libros }{Olvidados.
Desgranaban los primeros d\'edas del verano de 1945 y camin\'e1bamos por
las calles de una Barcelona atra\-
pada bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que se derra\-maba sobre la
Rambla de Santa M\'f3nica en una guirnalda de cobre l\'edquido.
\par }{\lang1034 \emdash Daniel, lo que vas a ver hoy no se lo puedes
contar a nadie \emdash advirti\'f3 mi padre\emdash . Ni a tu amigo
Tom\'e1s. A nadie.
\par \emdash \'bfNi siquiera a mam\'e1? \emdash inquir\'ed yo, a media
voz.
\par Mi padre suspir\'f3, amparado en aquella sonrisa triste que le
persegu\'eda como una sombra por la vida.
\par \emdash Claro que s\'ed \emdash respondi\'f3 cabizbajo\emdash . Con
ella no tenemos secretos. A ella puedes cont\'e1rselo todo.
\par }{Poco despu\'e9s de la guerra civil, un brote de c\'f3lera se
hab\'eda llevado a mi madre. La enterramos en Montju\'efc el d\'eda de mi
cuarto cumplea\'f1os. S\'f3lo recuerdo que llovi\'f3 todo el d\'eda y
toda la noche, y que cuando le pregunt\'e9
a mi padre si el cielo lloraba le falt\'f3 la voz para responder\-me.
Seis a\'f1os despu\'e9s, la ausencia de mi madre era para m\'ed
todav\'eda un espejismo, un silencio a gritos que a\'fan no hab\'eda
aprendido a acallar con palabras. Mi padre y yo vi
\-v\'edamos en un peque\'f1o piso de la calle Santa Ana, junto a la plaza
de la iglesia. El piso estaba situado justo encima
}{\expnd1\expndtw6\lang1034 de la librer\'ed
a especializada en ediciones de coleccionista y libros usados heredada de
mi abuelo, un bazar encantado que mi padre confiaba en que alg\'fan
d\'eda pasar\'eda a mis ma\-nos. Me cri\'e9 entre libros, haciendo amigos
invisibles en p\'e1ginas que se deshac
\'edan en polvo y cuyo olor a\'fan con\-servo en las manos. De ni\'f1o
aprend\'ed a conciliar el sue\'f1o mientras le explicaba a mi madre en la
penumbra de mi habitaci\'f3n las incidencias de la jornada, mis andanzas
en el colegio, lo que hab\'ed
a aprendido aquel d\'eda... No pod\'eda o\'edr su voz o sentir su tacto,
pero su luz y su calor ard\'edan en cada rinc\'f3n de aquella casa y yo,
con la fe de los que todav\'eda pueden contar sus a\'f1os con los dedos
de las ma\-nos, cre\'ed
a que si cerraba los }{\expnd0\expndtw-2\lang1034
ojos}{\i\expnd0\expndtw-2\lang1034 y }{\expnd1\expndtw6\lang1034 le
hablaba, ella podr\'eda o\'edrme desde donde estuviese. A veces, mi padre
me escu\-chaba desde el comedor y lloraba a escondidas.
\par Recuerdo que aquel alba de junio me despert\'e9 gritan\-do. El
coraz\'f3n me bat\'eda en el pecho como si el alma qui\-siera abrirse
camino y echar a correr escaleras abajo. Mi padre acudi\'f3 azorado a mi
habitaci\'f3
n y me sostuvo en sus brazos, intentando calmarme.
\par \emdash No puedo acordarme de su cara. No puedo acor\-darme de la
cara de mam\'e1 \emdash murmur\'e9 sin aliento.
\par Mi padre me abraz\'f3 con fuerza.
\par \emdash No te preocupes, Daniel. Yo me acordar\'e9 por los dos.
\par Nos miramos en la penumbra, buscando palabras que no exist\'edan.
Aqu\'e9lla fue la primera vez en que me di cuenta de que mi padre
envejec\'eda y de que sus ojos, }{\expnd0\expndtw-2\lang1034
ojos}{\i\expnd0\expndtw-2\lang1034 }{
\expnd1\expndtw6\lang1034 de niebla y de p\'e9rdida, siempre miraban
atr\'e1s. Se incor\-por\'f3 y descorri\'f3 las cortinas para dejar entrar
la tibia luz del alba.
\par \emdash Anda, Daniel, v\'edstete. Quiero ense\'f1arte algo \emdash
dijo.
\par \emdash \'bfAhora? \'bfA las cinco de la ma\'f1ana?
\par \emdash Hay cosas que s\'f3lo pueden verse entre tinieblas \emdash
insinu\'f3 mi padre blandiendo una sonrisa enigm\'e1tica que
probablemente hab\'eda tomado prestada de alg\'fan tomo de Alejandro
Dumas.
\par Las calles a\'fan languidec\'edan entre neblinas y serenos cuando
salimos al portal Las farolas de las Ramblas dibu\-jaban una avenida de
vapor, parpadeando al tiempo que la ciudad se desperezaba y se
desprend\'eda de su disfraz de acuarela
. Al llegar a la calle Arco del Teatro nos aventura\-mos camino del Raval
bajo la arcada que promet\'eda una b\'f3veda de bruma azul. Segu\'ed a mi
padre a trav\'e9s de aquel camino angosto, m\'e1
s cicatriz que calle, hasta que el reluz de la Rambla se perdi\'f3 a
nuestras espaldas. La claridad del amanecer se filtraba desde balcones y
cornisas en so\-plos de luz sesgada que no llegaban a rozar el suelo.
Fi\-
nalmente, mi padre se detuvo frente a un port\'f3n de ma\-dera labrada
ennegrecido por el tiempo y la humedad. Frente a nosotros se alzaba lo
que me pareci\'f3 el cad\'e1ver abandonado de un palacio, o un museo de
ecos y som\-bras.
\par \emdash Daniel, lo que vas a ver hoy no se lo puedes contar a nadie.
Ni a tu amigo Tom\'e1s. A nadie.
\par Un hombrecillo con rasgos de ave rapaz y cabellera plateada nos
abri\'f3 la puerta. Su mirada aguile\'f1a se pos\'f3 en m\'ed,
impenetrable.
\par \emdash Buenos d\'edas, Isaac. Este es mi hijo Daniel \emdash anun\-
ci\'f3 mi padre\emdash . Pronto cumplir\'e1 once a\'f1os, y alg\'fan
d\'eda \'e9l se har\'e1 cargo de la tienda. Ya tiene edad de conocer este
lugar.
\par El tal Isaac nos invit\'f3 a pasar con un leve asentimien\-to. Una
penumbra azulada lo cubr\'eda todo, insinuando apenas trazos de una
escalinata de m\'e1rmol y una galer\'eda de frescos poblados con figuras
de \'e1ngeles y criaturas fa\-
bulosas. Seguimos al guardi\'e1n a trav\'e9s de aquel corredor palaciego
y llegamos a una gran sala circular donde una }{\lang1034 aut\'e9ntica
bas\'edlica de tinieblas yac\'eda bajo una c\'fapula acu\-chillada por
haces de luz que pend\'ed
an desde lo alto. Un laberinto de corredores y estanter\'edas repletas de
libros ascend\'eda desde la base hasta la c\'faspide, dibujando una
colmena tramada de t\'fa
neles, escalinatas, plataformas y puentes que dejaban adivinar una
gigantesca biblioteca de geometr\'eda imposible. Mir\'e9 a mi padre,
boquiabierto. El me sonri\'f3, gui\'f1\'e1ndome el ojo.
\par \emdash Daniel, bienvenido al Cementerio de los Libros Ol\-vidados.
\par Salpicando los pasillos y plataformas de la biblioteca se perfilaban
una docena de figuras. Algunas de ellas se volvieron a saludar desde
lejos, y reconoc\'ed los rostros de diversos colegas de mi padre en el
gremio de libreros
de viejo. A mis ojos de diez a\'f1os, aquellos individuos apare\-c\'edan
como una cofrad\'eda secreta de alquimistas conspiran\-do a espaldas del
mundo. Mi padre se arrodill\'f3 junto a m\'ed y, sosteni\'e9ndome la
mirada, me habl\'f3
con esa voz leve de las promesas y las confidencias.
\par \emdash Este lugar es un misterio, Daniel, un santuario. Cada libro,
cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribi\'f3, y el alma
de quienes lo leyeron y vivieron y so\'f1aron con \'e9
l. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la
mirada por sus p\'e1\-ginas, su esp\'edritu crece y se hace fuerte. Hace
ya muchos a\'f1os, cuando mi padre me trajo por primera vez aqu\'ed, este
lugar ya era viejo. Quiz\'e1
tan viejo como la misma ciu\-dad. Nadie sabe a ciencia cierta desde
cu\'e1ndo existe, o qui\'e9nes lo crearon. Te dir\'e9 lo que mi padre me
dijo a m\'ed. Cuando una biblioteca desaparece, cuando una librer\'ed
a cierra sus puertas, cuando un libro se pierde en el olvido, los que
conocemos este lugar, los guardianes, nos aseguramos de que llegue
aqu\'ed. En este lugar, los libros que ya nadie recuerda, los libros que
se han perdido en el tiem\-
po, viven para siempre, esperando llegar alg\'fan d\'eda a las manos de
un nuevo lector, de un nuevo esp\'edritu. En la tienda nosotros los
vendemos y los compramos, pero en realidad los libros no tienen due\'f1o.
Cada libro que ves aqu\'ed
ha sido el mejor amigo de alguien. Ahora s\'f3lo nos tienen a nosotros,
Daniel. \'bfCrees que vas a poder guardar este secreto?
\par Mi mirada se perdi\'f3 en la inmensidad de aquel lugar, en su luz
encantada. Asent\'ed y mi padre sonri\'f3.
\par \emdash \'bfY sabes lo mejor? \emdash pregunt\'f3.
\par Negu\'e9 en silencio.
\par \emdash La costumbre es que la primera vez que alguien visi\-ta este
lugar tiene que escoger un libro, el que prefiera, y adoptarlo,
asegur\'e1ndose de que nunca desaparezca, de que siempre permanezca vivo.
Es una promesa muy im\-portante. De por vida
\emdash explic\'f3 mi padre\emdash . Hoy es tu turno.
\par Por espacio de casi media hora deambul\'e9 entre los entresijos de
aquel laberinto que ol\'eda a papel viejo, a pol\-vo y a magia. Dej\'e9
que mi mano rozase las avenidas de lomos expuestos, tentando mi
elecci\'f3n. Atisb\'e9, entre los t\'ed\-
tulos desdibujados por el tiempo, palabras en lenguas que reconoc\'eda y
decenas de otras que era incapaz de cata\-logar. Recorr\'ed pasillos y
galer\'edas en espiral pobladas por cientos, miles de tomos que
parec\'edan saber m\'e1s acerca de m\'ed
que yo de ellos. Al poco, me asalt\'f3 la idea de que tras la cubierta
de cada uno de aquellos libros se abr\'eda un uni\-verso infinito por
explorar y de que, m\'e1s all\'e1 de aquellos muros, el mundo dejaba
pasar la vida en tardes de f\'fa
tbol y seriales de radio, satisfecho con ver hasta all\'ed donde al\-
canza su ombligo y poco m\'e1s. Quiz\'e1 fue aquel pensa\-miento,
quiz\'e1 el azar o su pariente de gala, el destino, pero en aquel mismo
instante supe que ya hab\'ed
a elegido el libro que iba a adoptar. O quiz\'e1 debiera decir el libro
que me iba a adoptar a m\'ed. Se asomaba t\'edmidamente en el extremo de
una estanter\'eda, encuadernado en piel de color vino y susurrando su
t\'edtulo en letras doradas que ard\'eda
n a la luz que destilaba la c\'fapula desde lo alto. Me acerqu\'e9 hasta
\'e9l y acarici\'e9 las palabras con la yema de los dedos, leyendo en
silencio.
\par
\par }\pard\plain \s15\qj\fi3119\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {\i La Sombra del Viento
\par }\pard\plain \qj\fi3402\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {Juli\'e1n CARAX
\par }\pard \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright {\lang1034
\par Jam\'e1s hab\'eda o\'eddo mencionar aquel t\'edtulo o a su autor,
pero no me import\'f3. La decisi\'f3n estaba tomada. Por am\-bas partes.
Tom\'e9 el libro con sumo cuidado y lo hoje\'e9, dejando aletear sus
p\'e1
ginas. Liberado de su celda en el estante, el libro exhal\'f3 una nube de
polvo dorado. Satis\-fecho con mi elecci\'f3n, rehice mis pasos en el
laberinto portando mi libro bajo el brazo con una sonrisa impresa en los
labios. Tal vez la atm\'f3
sfera hechicera de aquel lu\-gar hab\'eda podido conmigo, pero tuve la
seguridad de que aquel libro hab\'eda estado all\'ed esper\'e1ndome
durante a\'f1os, probablemente desde antes de que yo naciese.
\par
\par Aquella tarde, de vuelta en el piso de la calle Santa Ana, me
refugi\'e9 en mi habitaci\'f3n y decid\'ed leer las prime\-ras l\'edneas
de mi nuevo amigo. Antes de darme cuenta, me hab\'eda ca\'eddo dentro sin
remedio. La novela relataba la his\-
toria de un hombre en busca de su verdadero padre, al que nunca hab\'eda
llegado a conocer y cuya existencia s\'f3lo descubr\'eda merced a las
\'faltimas palabras que pronunciaba su madre en su lecho de muerte. La
historia de aquella b\'fa
squeda se transformaba en una odisea fantasmag\'f3rica en la que el
protagonista luchaba por recuperar una infancia y una juventud perdidas,
y en la que, lentamente, descubr\'edamos la sombra de un amor maldito
cuya memo\-ria le habr\'ed
a de perseguir hasta el fin de sus d\'edas. A me\-dida que avanzaba, la
estructura del relato empez\'f3 a re\-cordarme a una de esas mu\'f1ecas
rusas que contienen innumerables miniaturas de s\'ed mismas en su
interior. Paso a paso, la narraci\'f3
n se descompon\'eda en mil histo\-rias, como si el relato hubiese
penetrado en una galer\'eda de espejos y su identidad se escindiera en
docenas de reflejos diferentes y al tiempo uno solo. Los minutos y las
horas se deslizaron como un espejismo. Horas m
\'e1s tarde, atrapado en el relato, apenas advert\'ed las campanadas de
medianoche en la catedral repiqueteando a lo lejos. Ente\-rrado en la luz
de cobre que proyectaba el flexo, me su\-merg\'ed en un mundo de
im\'e1genes y sensaciones como ja\-m\'e1
s las hab\'eda conocido. Personajes que se me antojaron tan reales como
el aire que respiraba me arrastraron en un t\'fanel de aventura y
misterio del que no quer\'eda esca\-par. P\'e1gina a p\'e1gina, me
dej\'e9
envolver por el sortilegio de la historia y su mundo hasta que el
aliento del amane\-cer acarici\'f3 mi ventana y mis ojos cansados se
deslizaron por la \'faltima p\'e1gina. Me tend\'ed en la penumbra azulada
del alba con el libro sobre el pecho y escuch
\'e9 el rumor de la ciudad dormida goteando sobre los tejados salpicados
de p\'farpura. El sue\'f1o y la fatiga llamaban a mi puerta, pero me
resist\'ed a rendirme. No quer\'eda perder el hechizo de la historia ni
todav\'eda decir adi\'f3
s a sus personajes.
\par
\par En una ocasi\'f3n o\'ed comentar a un cliente habitual en la
librer\'eda de mi padre que pocas cosas marcan tanto a un lector como el
primer libro que realmente se abre camino hasta su coraz\'f3n. Aquellas
primeras im\'e1genes, el eco de esas pal
abras que creemos haber dejado atr\'e1s, nos acompa\'f1an toda la vida y
esculpen un palacio en nuestra memoria al que, tarde o temprano \emdash
no importa cu\'e1ntos libros leamos, cu\'e1ntos mundos descubramos,
cu\'e1nto aprendamos u olvidemos\emdash
, vamos a regresar. Para m\'ed, esas p\'e1ginas embrujadas siempre
ser\'e1n las que encontr\'e9 entre los pasillos del Cementerio de los
Libros Olvidados.
\par }\pard\plain
\s1\qj\fi3402\keepn\nowidctlpar\widctlpar\outlinelevel0\adjustright
\i\f1\lang3082\cgrid {\lang1034 \page }{\i0\lang1034 D\'cdAS DE CENIZA
\par 1945-1949
\par }\pard\plain \fi3119\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {
\par }\pard\plain \s15\qj\fi3969\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {1
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034
\par Un secreto vale lo que aquellos de quienes tenemos que guardarlo. Al
despertar, mi primer impulso fue hacer part\'edcipe de la existencia del
Cementerio de los Libros Olvidados a mi mejor amigo. Tom\'e1s Aguilar era
un com\-pa\'f1
ero de estudios que dedicaba su tiempo libre y su ta\-lento a la
invenci\'f3n de artilugios ingenios\'edsimos pero de escasa aplicaci\'f3n
pr\'e1ctica, como el dardo aerost\'e1tico o la peonza dinamo. Nadie mejor
que Tom\'e1
s para compartir aquel secreto. So\'f1ando despierto me imaginaba a mi
amigo Tom\'e1s y a m\'ed pertrechados ambos de linternas y br\'fajula
prestos a desvelar los secretos de aquella cata\-cumba bibliogr\'e1fica.
Luego, recordando mi promesa, de\-cid\'ed
que las circunstancias aconsejaban lo que en las novelas de intriga
policial se denominaba otro modus operandi. Al mediod\'eda abord\'e9 a mi
padre para cuestio\-narle acerca de aquel libro y de Juli\'e1n Carax, que
en mi entusiasmo hab\'eda imaginado c
\'e9lebres en todo el mundo. Mi plan era hacerme con todas sus obras y
le\'e9rmelas de cabo a rabo en menos de una semana. Cu\'e1l fue mi sor\-
presa al descubrir que mi padre, librero de casta y buen conocedor de los
cat\'e1logos editoriales, jam\'e1s hab
\'eda o\'eddo hablar de }{\i\lang1034 La Sombra
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 del Viento o }{\lang1034 de Juli\'e1n
Carax. Intrigado, mi padre inspeccion\'f3 la p\'e1gina con los datos de
la edici\'f3n.
\par \emdash Seg\'fan esto, este ejemplar forma parte de una edi\-ci\'f3n
de dos mil quinientos ejemplares impresa en Barce\-lona, por Cabestany
Editores, en diciembre de 1935.
\par \emdash \'bfConoces esa editorial?
\par \emdash Cerr\'f3 hace a\'f1os. Pero la edici\'f3n original no es
\'e9sta, sino otra de noviembre del mismo a\'f1o, pero impresa en
Par\'eds... La editorial es Galliano & Neuval. No me suena.
\par \emdash Entonces, \'bfel libro es una traducci\'f3n? \emdash
pregunt\'e9, desconcertado.
\par \emdash No menciona que lo sea. Por lo que aqu\'ed se ve, el texto
es original.
\par \emdash \'bfUn libro en castellano, editado primero en Fran\-cia?
\par \emdash No ser\'e1 la primera vez, con los tiempos que corren
\emdash adujo mi padre\emdash . A lo mejor Barcel\'f3 nos puede ayu\-
dar...
\par Gustavo Barcel\'f3 era un viejo colega de mi padre, due\-\'f1o de
una librer\'eda cavernosa en la calle Fernando que ca\-pitaneaba la flor
y nata del gremio de libreros de viejo. Viv\'eda perpetuamente adherido a
una pipa apagada que desprend\'eda efluvio
s de mercado persa y se describ\'eda a s\'ed mismo como el \'faltimo
rom\'e1ntico. Barcel\'f3 sosten\'eda que en su linaje hab\'eda un lejano
parentesco con lord Byron, pese a que \'e9l era natural de la localidad
de Caldas de Montbuy. Quiz\'e1 con \'e1
nimo de evidenciar esta conexi\'f3n, Barcel\'f3 vest\'eda invariablemente
al uso de un dandi deci\-mon\'f3nico, luciendo fular, zapatos de charol
blanco y un mon\'f3culo sin graduaci\'f3n que seg\'fa
n las malas lenguas no se quitaba ni en la intimidad del retrete. En
realidad, el parentesco m\'e1s significativo en su haber era el de su
pro\-genitor, un industrial que se hab\'eda enriquecido por me\-dios
m\'e1
s o menos turbios a finales del siglo XIX. Seg\'fan me explic\'f3 mi
padre, Gustavo Barcel\'f3 estaba, t\'e9cnica\-mente, forrado, y lo de la
librer\'eda era m\'e1s pasi\'f3n que ne\-gocio. Amaba los libros sin
reserva y, aunque \'e9
l lo negaba rotundamente, si alguien entraba en su librer\'eda y se ena\-
moraba de un ejemplar cuyo precio no pod\'eda costearse, lo rebajaba
hasta donde fuese necesario, o incluso lo re\-galaba si estimaba que el
comprador era un lector de cas\-
ta y no un diletante maripos\'f3n. Al margen de estas pecu\-liaridades,
Barcel\'f3 pose\'eda una memoria de elefante y una pedanter\'eda que no
desmerec\'eda en porte o sonoridad, pero si alguien sab\'eda de libros
extra\'f1os, era \'e9
l. Aquella tarde, despu\'e9s de cerrar la tienda, mi padre sugiri\'f3 que
nos acerc\'e1semos hasta el caf\'e9 de Els Quatre Gats en la calle
Montsi\'f3, donde Barcel\'f3 y sus compinches mante\-n\'edan una tertulia
bibli\'f3
fila sobre poetas malditos, lenguas muertas y obras maestras abandonadas
a merced de la po\-lilla.
\par
\par Els Quatre Gats quedaba a tiro de piedra de casa y era uno de mis
rincones predilectos de toda Barcelona. All\'ed se hab\'edan conocido mis
padres en el a\'f1o 32, y yo atribu\'eda en parte mi billete de ida por
la vida al encanto de aquel viejo caf\'e9
. Dragones de piedra custodiaban la fachada en\-clavada en un cruce de
sombras y sus farolas de gas con\-gelaban el tiempo y los recuerdos. En
el interior, las gen\-tes se fund\'edan con los ecos de otras \'e9pocas.
Contables, so\'f1
adores y aprendices de genio compart\'edan mesa con el espejismo de Pablo
Picasso, Isaac Alb\'e9niz, Federico Gar\-c\'eda Lorca o Salvador Dal\'ed.
All\'ed, cualquier pelagatos pod\'eda sentirse por unos instantes figura
hist\'f3
rica por el precio de un cortado.
\par \emdash Hombre, Sempere \emdash proclam\'f3 Barcel\'f3 al ver entrar
a mi padre\emdash , el hijo pr\'f3digo. \'bfA qu\'e9 se debe el honor?
\par }{\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash El honor se lo debe usted a mi
hijo Daniel, don Gustavo, que acaba de hacer un descubrimiento.
\par \emdash Pues vengan a sentarse con nosotros, que esta efe\-
m\'e9rides hay que celebrarla \emdash proclam\'f3 Barcel\'f3.
\par \emdash \'bfEfem\'e9rides? \emdash le susurr\'e9 a mi padre.
\par \emdash Barcel\'f3 se expresa s\'f3lo en esdr\'fajulas \emdash
respondi\'f3 mi padre a media voz\emdash . T\'fa no digas nada, que se
enva\-lentona.
\par Los contertulios nos hicieron sitio en su c\'edrculo y Bar\-cel\'f3,
que gustaba de mostrarse espl\'e9ndido en p\'fablico, in\-sisti\'f3 en
invitarnos.
\par \emdash \'bfQu\'e9 edad tiene el mozalbete? \emdash inquiri\'f3
Barcel\'f3, mir\'e1ndome de reojo.
\par \emdash Casi once a\'f1os \emdash declar\'e9. Barcel\'f3 me
sonri\'f3, socarr\'f3n.
\par \emdash O sea, diez. No te pongas a\'f1os de m\'e1s, sabandijilla,
que ya te los pondr\'e1 la vida.
\par Varios de los contertulios murmuraron su asentimien\-to. Barcel\'f3
hizo se\'f1as a un camarero con aspecto inmi\-nente de ser declarado
monumento hist\'f3rico para que se acercase a tomar nota.
\par \emdash Un co\'f1ac para mi amigo Sempere, del bueno, y para el
reto\'f1o una leche merengada, que tiene que cre\-cer. Ah, y traiga unos
taquitos de jam\'f3n, pero que no sean como los de antes, \'bfeh?, que
para caucho ya est\'e1 la casa Pirelli \emdash
rugi\'f3 el librero.
\par El camarero asinti\'f3 y parti\'f3, arrastrando los pies y el alma.
\par \emdash Lo que yo digo \emdash coment\'f3 el librero\emdash .
C\'f3mo va a haber trabajo? Si en este pa\'eds no se jubila la gente ni
des\-pu\'e9s de muerta. Mire usted al Cid. Si es que no hay reme\-dio.
\par Barcel\'f3 sabore\'f3 su pipa apagada, su mirada aguile\'f1a
escrutando con inter\'e9s el libro que yo sosten\'eda en las ma\-nos.
Pese a su fachada farandulera y a tanta palabrer\'eda, Barcel\'f3 pod\'ed
a oler una buena presa como un lobo huele la sangre.
\par \emdash A ver \emdash dijo Barcel\'f3, fingiendo
desinter\'e9s\emdash . \'bfQu\'e9 me traen ustedes?
\par Le dirig\'ed una mirada a mi padre. \'c9l asinti\'f3. Sin m\'e1s
pre\'e1mbulo, le tend\'ed el libro a Barcel\'f3. El librero lo tom\'f3
con mano experta. Sus dedos de pianista r\'e1
pidamente exploraron textura, consistencia y estado. Exhibiendo su
sonrisa florentina, Barcel\'f3 localiz\'f3 la p\'e1gina de edici\'f3n y
la inspeccion\'f3 con intensidad policial por espacio de un minuto. Los
dem\'e1
s le observaban en silencio, como si es\-perasen un milagro o permiso
para respirar de nuevo.
\par \emdash Carax. Interesante \emdash murmur\'f3 con tono impene\-
trable.
\par Tend\'ed de nuevo mi mano para recuperar el libro. Bar\-cel\'f3
arque\'f3 las cejas, pero me lo devolvi\'f3 con una sonrisa glacial.
\par \emdash \'bfD\'f3nde lo has encontrado, chaval\'edn?
\par \emdash Es un secreto \emdash repliqu\'e9, sabiendo que mi padre
deb\'eda de estar sonriendo por dentro.
\par Barcel\'f3 frunci\'f3 el ce\'f1o y desvi\'f3 la mirada hacia mi
padre.
\par \emdash Amigo Sempere, porque es usted y por todo el aprecio que le
tengo y en honor a la larga y profunda amistad que nos une como a
hermanos, dej\'e9moslo en cuarenta duros y no se hable m\'e1s.
\par \emdash Eso lo va a tener que discutir con mi hijo \emdash adujo mi
padre\emdash . El libro es suyo.
\par Barcel\'f3 me ofreci\'f3 una sonrisa lobuna.
\par \emdash \'bfQu\'e9 me dices, muchachete? Cuarenta duros no est\'e1
mal para una primera venta... Sempere, este chico suyo har\'e1 carrera en
este negocio.
\par Los contertulios le rieron la gracia. Barcel\'f3 me mir\'f3
complacido, sacando su billetero de piel. Cont\'f3 los cua\-renta duros,
que para aquel entonces eran toda una for\-tuna, y me los tendi\'f3. Yo
me limit\'e9 a negar en silencio. Barcel\'f3
frunci\'f3 el ce\'f1o.
\par \emdash Mira que la codicia es pecado mortal de necesidad, \'bfeh?
\emdash adujo\emdash . Venga, sesenta duros y te abres una carti\-lla de
ahorro, que a tu edad ya hay que pensar en el futu\-ro.
\par Negu\'e9 de nuevo. Barcel\'f3 le lanz\'f3 una mirada airada a mi
padre a trav\'e9s de su mon\'f3culo.
\par \emdash A m\'ed no me mire \emdash dijo mi padre\emdash . Yo aqu\'ed
s\'f3lo vengo de acompa\'f1arte.
\par Barcel\'f3 suspir\'f3 y me observ\'f3 detenidamente. A ver, ni\'f1o,
pero \'bft\'fa qu\'e9 es lo que quieres?
\par \emdash Lo que quiero es saber qui\'e9n es Juli\'e1n Carax, y
d\'f3n\-de puedo encontrar otros libros que haya escrito.
\par Barcel\'f3 ri\'f3 por lo bajo y enfund\'f3 de nuevo su billete\-ra,
reconsiderando a su adversario.
\par \emdash Vaya, un acad\'e9mico. Sempere, pero \'bfqu\'e9 le da us\-
ted de comer a este cr\'edo? \emdash brome\'f3.
\par El librero se inclin\'f3 hacia m\'ed con tono confidencial y, por un
instante, me pareci\'f3 entrever en su mirada un cierto respeto que no
hab\'eda estado all\'ed momentos atr\'e1s.
\par \emdash Haremos un trato \emdash me dijo\emdash . Ma\'f1ana domingo,
por la tarde, te pasas por la biblioteca del Ateneo y pre\-guntas por
m\'ed. T\'fa te traes tu libro para que lo pueda examinar bien, y yo te
cuento lo que s\'e9 de Juli\'e1
n Carax. Quid pro quo.
\par \emdash \'bfQuid pro qu\'e9?
\par \emdash Lat\'edn, chaval. No hay lenguas muertas, sino cere\-bros
aletargados. Parafraseando, significa que no hay du\-ros a cuatro
pesetas, pero que me has ca\'eddo bien y te voy a hacer un favor.
\par Aquel hombre destilaba una oratoria capaz de aniqui\-lar las moscas
al vuelo, pero sospech\'e9 que si quer\'eda averi\-guar algo sobre
Juli\'e1n Carax, m\'e1s me valdr\'eda quedar en buenos t\'e9rminos con
\'e9l. Le sonre\'ed beat\'edficamente, mos\-
trando mi deleite con los latinajos y su verbo f\'e1cil.
\par }\pard\plain \s15\qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {\expnd1\expndtw6 \emdash Recuerda, ma\'f1ana, en el
Ateneo \emdash sentenci\'f3 el li\-brero\emdash . Pero trae el libro, o
no hay trato.
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash De acuerdo.
\par La conversaci\'f3n se desvaneci\'f3 lentamente en el murmullo de los
dem\'e1s contertulios, derivando hacia la discu\-si\'f3n de unos
documentos encontrados en los s\'f3tanos de El Escorial que suger\'ed
an la posibilidad de que don Miguel de Cervantes no hab\'eda sido sino el
seud\'f3nimo literario de una velluda mujerona toledana. Barcel\'f3,
ausente, no par\-ticip\'f3 en el debate bizantino y se limit\'f3 a
observarme des\-de su mon\'f3
culo con una sonrisa velada. O quiz\'e1 tan s\'f3lo miraba el libro que
yo sosten\'eda en las manos.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qj\fi3969\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {2
\par
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd1\expndtw6\lang1034 Aquel domingo, las nubes
hab\'edan resbalado del cielo y las calles yac\'edan sumergidas bajo una
laguna de neblina ar\-diente que hac\'ed
a sudar los term\'f3metros en las paredes. A media tarde, rondando ya los
treinta grados, part\'ed rumbo a la calle Canuda para mi cita con
Barcel\'f3 en el Ateneo con mi libro bajo el brazo y un lienzo de sudor
en la fren\-te. El Ateneo era \emdash y a
\'fan es\emdash uno de los muchos rinco\-nes de Barcelona donde el siglo
XIX todav\'eda no ha reci\-bido noticias de su jubilaci\'f3n. La
escalinata de piedra ascend\'eda desde un patio palaciego hasta una
ret\'edcula fan\-tasmal de galer\'ed
as y salones de lectura donde invenciones como el tel\'e9fono, la prisa o
el reloj de mu\'f1eca resultaban anacronismos futuristas. El portero, o
quiz\'e1 tan s\'f3lo fuera una estatua de uniforme, apenas pesta\'f1e\'f3
a mi llegada. Me deslic\'e9
hasta el primer piso, bendiciendo las aspas de un ventilador que
susurraba entre lectores adormecidos derriti\'e9ndose como cubitos de
hielo sobre sus libros y diarios.
\par La silueta de don Gustavo Barcel\'f3 se recortaba junto a las
cristaleras de una galer\'eda que daba al jard\'edn interior del
edificio. Pese a la atm\'f3sfera casi tropical, el librero vest\'eda sus
habituales galas de figur\'edn y su mon\'f3culo brilla
\-ba en la penumbra como una moneda en el fondo de un pozo. junto a \'e9l
distingu\'ed una figura enfundada en un vestido de alpaca blanca que se
me antoj\'f3 un \'e1ngel es\-culpido en brumas. Al eco de mis pasos,
Barcel\'f3 entor\-n\'f3
la mirada y me hizo un adem\'e1n para que me aproxi\-mase.
\par \emdash Daniel, \'bfverdad? \emdash pregunt\'f3 el librero\emdash .
\'bfHas tra\'ed\-do el libro?
\par Asent\'ed por duplicado y acept\'e9 la silla que Barcel\'f3 me
brindaba junto a \'e9l y a su misteriosa acompa\'f1ante. Du\-rante varios
minutos, el librero se limit\'f3 a sonre\'edr pl\'e1cida mente, ajeno a
mi presencia. Al poco abandon\'e9 toda es\-
peranza de que me presentase a quien fuera que fuese la dama de blanco.
Barcel\'f3 se comportaba como si ella no estuviese all\'ed y ninguno de
los dos pudiese verla. La obser\-v\'e9 de reojo, temeroso de encontrar su
mirada, que segu\'ed
a perdida en ninguna parte. Su rostro y sus brazos vest\'edan una piel
p\'e1lida, casi trasl\'facida. Ten\'eda los rasgos afilados, dibujados a
trazo firme bajo una cabellera negra que bri\-llaba como piedra
humedecida. Le calcul\'e9 unos veinte a\'f1
os a lo sumo, pero algo en su porte y en el modo en que el alma
parec\'eda caerle a los pies, como las ramas de un sauce, me hizo pensar
que no ten\'eda edad. Parec\'eda atra\-pada en ese estado de perpetua
juventud reservado a los maniqu\'ed
es en los escaparates de post\'edn. Estaba intentando leerle el pulso
bajo aquella garganta de cisne cuando ad\-vert\'ed que Barcel\'f3 me
observaba fijamente.
\par \emdash Entonces, \'bfvas a decirme d\'f3nde encontraste ese li\-
bro? \emdash pregunt\'f3.
\par \emdash Lo har\'eda, pero promet\'ed a mi padre guardar el secre\-to
\emdash aduje.
\par \emdash Ya veo. Sempere y sus misterios \emdash dijo
Barcel\'f3\emdash . Ya me figuro yo d\'f3nde. Menuda potra has tenido,
chaval. A eso le llamo yo encontrar una aguja en un campo de azu\-cenas.
A ver, \'bfme lo dejas ver?
\par Le tend\'ed el libro, y Barcel\'f3 lo tom\'f3 en sus manos con
infinita delicadeza.
\par \emdash Lo has le\'eddo, supongo.
\par \emdash S\'ed, se\'f1or.
\par \emdash Te envidio. Siempre me ha parecido que el momen\-to para
leer a Carax es cuando todav\'eda se tiene el coraz\'f3n joven y la mente
limpia. \'bfSab\'edas que \'e9sta fue la \'faltima no\-vela que
escribi\'f3?
\par Negu\'e9 en silencio.
\par \emdash \'bfSabes cu\'e1ntos ejemplares como \'e9ste hay en el mer\-
cado, Daniel?
\par \emdash Miles, supongo.
\par \emdash Ninguno \emdash precis\'f3 Barcel\'f3\emdash . Excepto el
tuyo. El resto fueron quemados.
\par \emdash \'bfQuemados?
\par Barcel\'f3 se limit\'f3 a ofrecer su sonrisa herm\'e9tica, pa\-sando
hojas del libro y acariciando el papel como si fuese una seda \'fanica en
el universo. La dama de blanco se volvi\'f3 lentamente. Sus labios
esbozaron una sonrisa t\'ed
mida y temblorosa. Sus ojos palpaban el vac\'edo, pupilas blancas como el
m\'e1rmol. Tragu\'e9 saliva. Estaba ciega.
\par \emdash T\'fa no conoces a mi sobrina Clara, \'bfverdad? \emdash
pre\-gunt\'f3 Barcel\'f3.
\par }{\expnd1\expndtw8\lang1034 Me limit\'e9 a negar, incapaz de quitar
la mirada de aquella criatura con tez de mu\'f1eca de porcelana y
}{\i\lang1034 o}{\lang1034 j}{\i\lang1034 os }{\expnd1\expndtw8\lang1034
blancos, los }{\lang1034 ojos}{\i\lang1034 }{
\expnd1\expndtw8\lang1034 m\'e1s tristes que he visto jam\'e1s.
\par \emdash En realidad, la experta en Juli\'e1n Carax es Clara, por eso
la he tra\'eddo \emdash dijo Barcel\'f3.
\par \emdash Es m\'e1s, pens\'e1ndolo bien, creo que con vuestro per\-
miso yo me voy a retirar a otra sala a inspeccionar este vo\-lumen
mientras vosotros habl\'e1is de vuestras cosas. \'bfOs pa\-rece?
\par Le mir\'e9, at\'f3nito. El librero, pirata hasta la sepultura y
ajeno a mis reservas, se limit\'f3 a darme una palmadita en la espalda y
parti\'f3 con mi libro bajo el brazo.
\par \emdash Le has impresionado, \'bfsabes? \emdash dijo la voz a mi
es\-palda.
\par Me volv\'ed para descubrir la sonrisa leve de la sobrina del
librero, tanteando en el vac\'edo. Ten\'eda la voz de cristal,
transparente y tan fr\'e1gil que me pareci\'f3 que sus palabras se
quebrar\'edan si la interrump\'eda a media frase.
\par \emdash Mi t\'edo me ha dicho que te ofreci\'f3 una buena suma por
el libro de Carax, pero que t\'fa la rechazaste \emdash a\'f1adi\'f3
Clara\emdash .Te has ganado su respeto.
\par \emdash Cualquiera lo dir\'eda \emdash suspir\'e9.
\par Observ\'e9 que Clara ladeaba la cabeza al sonre\'edr y que sus dedos
jugueteaban con un anillo que parec\'eda una guirnalda de zafiros.
\par \emdash \'bfQu\'e9 edad tienes? \emdash pregunt\'f3.
\par \emdash Casi once a\'f1os \emdash respond\'ed\emdash . \'bfY usted?
\par Clara ri\'f3 ante mi insolente inocencia.
\par \emdash Casi el doble, pero tampoco es como para que me trates de
usted.
\par \emdash Parece usted m\'e1s joven \emdash apunt\'e9, intuyendo que
aquello pod\'eda ser una buena salida a mi indiscreci\'f3n.
\par \emdash Me fiar\'e9 de ti entonces, porque yo no s\'e9 qu\'e9
aspec\-to tengo \emdash repuso, sin abandonar su sonrisa a media
vela\emdash . Pero si te parezco m\'e1s joven, raz\'f3n de m\'e1s para
que me trates de t\'fa.
\par \emdash Lo que usted diga, se\'f1orita Clara.
\par Observ\'e9 detenidamente sus manos abiertas como alas sobre su
regazo, su talle fr\'e1gil insinu\'e1ndose bajo los plie\-gues de alpaca,
el dibujo de sus hombros, la extrema palidez de si garganta y el cierre
de sus labi
os, que hubiera querido acariciar con la yema de los dedos. Nunca antes
hab\'eda tenido la oportunidad de examinar a una mujer tan de cerca y con
tanta precisi\'f3n sin temor a encontrar\-me con su mirada.
\par \emdash \'bfQu\'e9 miras? \emdash pregunt\'f3 Clara, no sin cierta
mali\-cia.
\par \emdash Su t\'edo dice que es usted una experta en Juli\'e1n Ca\-rax
\emdash improvis\'e9, con la boca seca.
\par \emdash Mi t\'edo ser\'eda capaz de decir cualquier cosa con tal de
pasar un rato a solas con un libro que le fascine \emdash adujo
Clara\emdash . Pero t\'fa debes preguntarte c\'f3mo alguien que est\'e1
ciego
puede ser experto en libros si no los puede leer.
\par \emdash No se me hab\'eda ocurrido, la verdad.
\par \emdash Para tener casi once a\'f1os no mientes mal. Vigila, o
acabar\'e1s como mi t\'edo.
\par Temiendo meter la pata por en\'e9sima vez, me limit\'e9 a permanecer
sentado en silencio, contempl\'e1ndola embo\-bado.
\par }{\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash }{\expnd1\expndtw8\lang1034
Anda, ac\'e9rcate \emdash dijo ella.
\par \emdash \'bfPerd\'f3n?
\par \emdash Ac\'e9rcate sin miedo. No te voy a comer.
\par Me incorpor\'e9 de la silla y me aproxim\'e9 hasta donde Clara
estaba sentada. La sobrina del librero alz\'f3 la mano derecha,
busc\'e1ndome a tientas. Sin saber bien c\'f3mo deb\'eda proceder, hice
otro tanto y le ofrec\'ed mi mano. La tom\'f3
en su mano izquierda, y Clara me ofreci\'f3 en silencio su }{\lang1034
derecha. Comprend\'ed instintivamente lo que me ped\'eda, y la gui\'e9
hasta mi rostro. Su tacto era firme y delicado a un tiempo. Sus dedos me
recorrieron las mejillas y los p\'f3\-
mulos. Permanec\'ed inm\'f3vil, casi sin atreverme a respirar, mientras
Clara le\'eda mis facciones con sus manos. Mientras lo hac\'eda,
sonre\'eda para s\'ed y pude advertir que sus labios se entrecerraban,
como murmurando en silencio. Sent\'ed e
l roce de sus manos en la frente, en el pelo y en los p\'e1r\-pados. Se
detuvo sobre mis labios, dibuj\'e1ndolos en silen\-cio con el \'edndice y
el anular. Los dedos le ol\'edan a canela. Tragu\'e9
saliva, notando que el pulso se me lanzaba a la brava y agradeciendo a
la divina providencia que no hu\-biera testigos oculares para presenciar
mi sonrojo, que hubiera bastado para prender un habano a un palmo de
distancia.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qj\fi3969\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {3
\par
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034 Aquella tarde de brumas y llovizna, Clara
Barcel\'f3 me rob\'f3 el coraz\'f3n, la respiraci\'f3n y el sue\'f1o. Al
a
mparo de la luz embrujada del Ateneo, sus manos escribieron en mi piel
una maldici\'f3n que habr\'eda de perseguirme durante a\'f1os. Mientras
yo la contemplaba embelesado, la sobrina del librero me explic\'f3 su
historia y c\'f3mo ella hab\'eda tro\-
pezado, tambi\'e9n por casualidad, con las p\'e1ginas de Juli\'e1n Carax.
El accidente hab\'eda tenido lugar en un pueblo de la Provenza. Su padre,
abogado de prestigio vinculado al gabinete del presidente Companys,
hab\'eda tenido la clari\-
videncia de enviar a su hija y a su esposa a vivir con su hermana al otro
lado de la frontera al inicio de la guerra civil. No falt\'f3 quien
opinase que aquello era una exagera\-ci\'f3n, que en Barcelona no iba a
pasar nada y que en Es\-pa\'f1
a, cuna y pin\'e1culo de la civilizaci\'f3n cristiana, la barba\-rie era
cosa de los anarquistas, y \'e9stos, en bicicleta y con parches en los
calcetines, no pod\'edan llegar muy lejos. Los pueblos no se miran nunca
en el espejo, dec\'ed
a siempre el padre de Clara, y menos con una guerra entre las cejas. El
abogado era un buen lector de la historia y sab\'eda que el futuro se
le\'eda en las calles, las factor\'edas y los cuarteles con m\'e1s
claridad que en la prensa de la ma\'f1
ana. Durante meses les escribi\'f3 todas las semanas. Al principio lo
hac\'eda desde el bufete de la calle Diputaci\'f3n, luego sin remite y,
finalmente, a escondidas, desde una celda en el castillo de Montju\'ef
c donde, como a tantos, nadie le vio entrar y de donde nunca volvi\'f3 a
salir.
\par
\par La madre de Clara le\'eda las cartas en voz alta, disimu\-lando mal
el llanto y salt\'e1ndose los p\'e1rrafos que su hija intu\'eda sin
necesidad de leerlos. M\'e1s tarde, a medianoche, Clara convenc\'ed
a a su prima Claudette para que le leyese de nuevo las cartas de su padre
en su integridad. As\'ed era c\'f3mo Clara le\'eda, con ojos de prestado.
Nadie la vio nunca derramar una l\'e1grima, ni cu
ando dejaron de recibir correspondencia del abogado ni cuando las
noticias de la guerra hicieron suponer lo peor.
\par \emdash Mi padre sab\'eda desde el principio lo que iba a pasar
\emdash explic\'f3 Clara\emdash . Permaneci\'f3 al lado de sus amigos
por\-que pensaba que \'e9sa era su obligaci\'f3n. Le mat\'f3 la lealtad a
gentes que, cuando les lleg\'f3
la hora, le traicionaron. Nunca te f\'edes de nadie, Daniel,
especialmente de la gente a la que admiras. \'c9sos son los que te
pegar\'e1n las peores pu\'f1aladas.
\par Clara pronunciaba estas palabras con una dureza que parec\'eda
forjada en a\'f1os de secreto y sombra. Me perd\'ed en
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 su mirada de porcelana, ojos sin l\'e1grimas
ni enga\'f1os, es\-cuch\'e1
ndola hablar de cosas que por entonces yo no en\-tend\'eda. Clara
describ\'eda personas, escenarios y objetos que nunca hab\'eda visto con
sus propios ojos con un detalle y una precisi\'f3n de maestro de la
escuela flamenca. Su idio\-
ma eran las texturas y los ecos, el color de las voces, el rit\-mo de los
pasos. Me explic\'f3 c\'f3mo, durante los a\'f1os del exilio en Francia,
ella y su prima Claudette hab\'edan com\-partido un tutor y maestro
particular, un cincuent\'f3n bo\-rrach
\'edn con \'ednfulas de literato que alardeaba de poder recitar la
}{\i\expnd2\expndtw12\lang1034 Eneida }{\expnd0\expndtw2\lang1034 de
Virgilio en lat\'edn sin acento y al que ha\-b\'ed
an apodado como Monsieur Roquefort en virtud del peculiar aroma que su
persona destilaba pese a los ba\'f1os romanos de colonia y perfume con
que adobaba su pan\-tagru\'e9lica persona. Monsieur Roquefort, pese a sus
nota\-
bles peculiaridades (entre las que destacaba una firme y militante
convicci\'f3n de que el embutido y en particular las morcillas que Clara
y su madre recib\'edan de los parientes de Espa\'f1a eran mano de santo
para la circulaci\'f3
n y el mal de gota), era hombre de gustos refinados. Desde joven viajaba
a Par\'eds una vez al mes para enriquecer su acervo cultural con las
\'faltimas novedades literarias, visitar museos y, se rumoreaba, pasar
una noche de asueto en brazos de una n\'ed
nfula a la que hab\'eda bautizado como ma\-dame Bovary pese a que se
llamaba Hortense y ten\'eda cier\-ta propensi\'f3n al vello facial. En
sus excursiones cultu\-rales, Monsieur Roquefort sol\'ed
a frecuentar un puesto de libros usados apostado frente a Notre-Dame y
fue all\'ed donde, por casualidad, se tropez\'f3 una tarde de 1929 con
una novela de un autor desconocido, un tal Juli\'e1n Carax. Siempre
abierto a las novedades, Monsieur Roqu
efort ad\-quiri\'f3 el libro m\'e1s que nada porque el t\'edtulo le
resultaba sugerente y \'e9l siempre acostumbraba a leer algo ligero en el
tren de vuelta. La novela llevaba por t\'edtulo
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 La casa roja}{
\expnd0\expndtw2\lang1034 , y en la contraportada aparec\'eda una imagen
borrosa del autor, quiz\'e1 una fotograf\'eda o un apunte al carb\'f3n.
Seg\'fan el texto biogr\'e1fico, Juli\'e1n Carax era un joven de
veintisie\-te a\'f1os que hab\'ed
a nacido con el siglo en la ciudad de Bar\-celona y ahora viv\'eda en
Par\'eds, escrib\'eda en franc\'e9s y ejerc\'eda profesionalmente como
pianista nocturno en un local de alterne. El texto de la sobrecubierta,
pomposo y apolilla\-do al gusto de la \'e9
poca, proclamaba en prosa prusiana que aqu\'e9lla era la primera obra de
un valor deslumbran\-te, un talento proteico e insigne, promesa de futuro
para las letras europeas sin parang\'f3
n en el mundo de los vivos. Con todo, la sinopsis referida a
continuaci\'f3n daba a en\-tender que la historia conten\'eda elementos
vagamente si\-niestros y de tono folletinesco, lo cual a
}{\expnd1\expndtw6\lang1034 ojos}{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 }{
\expnd0\expndtw2\lang1034 de Monsieur Roquefort siempre era un punto a
favor, porque a \'e9l, des\-pu\'e9s de los cl\'e1sicos, lo que m\'e1s le
gustaba eran las intri\-gas de crimen y alcoba.
\par
\par }{\i\expnd2\expndtw12\lang1034 La casa roja
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 relataba la atormentada vida de un miste\-
rioso individuo que asaltaba jugueter\'edas y museos para robar
mu\'f1ecos y t\'edteres, a los que posteriormente arrancaba los }{
\i\expnd1\expndtw6\lang1034 ojos y }{\expnd0\expndtw2\lang1034 llevaba a
su vivienda, un fantasmal invernadero abandonado a orillas del Sena. Al
irrumpir una noche en una mansi\'f3n suntuosa de la avenue Foix para
diezmar la colecci\'f3n privada de mu\'f1
ecos de un magnate enrique\-cido a trav\'e9s de turbias artima\'f1as
durante la revoluci\'f3n industrial, su hija, una se\'f1orita de la buena
sociedad pari\-sina, muy le\'edda y fina ella, se enamoraba del
ladr\'f3n. A me\-
dida que avanzaba el tortuoso romance, plagado de in\-cidencias
escabrosas y episodios a media luz, la hero\'edna desentra\'f1aba el
misterio que llevaba al enigm\'e1tico prota\-gonista, que nunca revelaba
su nombre, a cegar a los mu\-\'f1ecos, descubr
\'eda un horrible secreto sobre su propio padre y su colecci\'f3n de
figuras de porcelana y se hund\'eda inevitablemente en un final de
tragedia g\'f3tica sin cuento.
\par Monsieur Roquefort, que era un corredor de fondo en las lides
literarias y que se enorgullec\'eda de poseer una amplia colecci\'f3n de
cartas firmadas por todos los editores de Par\'eds rechazando los tomos
de verso y prosa que \'e9
l les enviaba sin tregua, identific\'f3 la editorial que hab\'eda publi\-
cado la novela como una casa del tres al cuarto, conocida, si acaso, por
sus tomos de cocina, costura y otras artes del hogar. El due\'f1o del
puesto de libros usados le cont\'f3
que la novela hab\'eda salido apenas y que hab\'eda conseguido arrancar
un par de rese\'f1as en dos diarios de provincias, junto a las notas
necrol\'f3gicas. En pocas l\'edneas, los cr\'edticos se hab\'edan
despachado a gusto y hab\'ed
an recomendado al novel Carax que no dejase su empleo de pianista, porque
en la literatura estaba claro que no iba a dar la nota. Monsieur
Roquefort, a quien se le ablandaba el coraz\'f3n y el bolsillo ante las
causas perdidas, decidi\'f3
invertir medio franco y se llev\'f3 la novela del tal Carax junto con
una edi\-ci\'f3n exquisita del gran maestro, de quien se sent\'eda here\-
dero por reconocer, Gustave Flaubert.
\par
\par El tren a Lyon iba repleto hasta los topes y Monsieur Roquefort no
tuvo m\'e1s remedio que compartir su cabina de segunda clase con un par
de religiosas que, tan pronto dejaron atr\'e1s la estaci\'f3n de
Austerlitz, no cesaron de lan\-
zarle miradas de reprobaci\'f3n, murmurando por lo bajo. Ante semejante
escrutinio, el maestro opt\'f3 por rescatar aquella novela de su cartera
y parapetarse tras sus p\'e1gi\-nas. Cu\'e1l fue su sorpresa cuando,
cientos de kil\'f3metros m\'e1
s tarde, descubri\'f3 que hab\'eda olvidado a las hermanas, el vaiv\'e9n
del tren y el paisaje que se deslizaba como un mal sue\'f1o de los
hermanos Lumi\'e9re tras las ventanas del tren. Ley\'f3 toda la noche,
ajeno a los ronquidos de las re\-lig
iosas y a las estaciones fugaces en la niebla. Girando la \'faltima
p\'e1gina al despuntar el alba, Monsieur Roquefort descubri\'f3 que
ten\'eda l\'e1grimas en los ojos y el coraz\'f3n en\-venenado de envidia
y asombro.
\par
\par Aquel mismo lunes, Monsieur Roquefort llam\'f3 a la editorial de
Par\'eds para solicitar informaci\'f3n sobre el tal Juli\'e1n Carax. Tras
mucha insistencia, una telefonista de tono asm\'e1tico y disposici\'f3n
virulenta le respondi\'f3 que el se\'f1
or Carax no ten\'eda direcci\'f3n conocida, que de todos modos ya no
estaba en tratos con la editorial en cuesti\'f3n y que la novela
}{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 La casa roja }{\expnd0\expndtw2\lang1034
hab\'eda vendido exactamente se\-
tenta y siete ejemplares desde el d\'eda de su publicaci\'f3n,
presumiblemente adquiridos en su mayor\'eda por las se\'f1ori\-tas de
virtud f\'e1cil y otros habituales del local donde el au\-
tor desgranaba nocturnos y polonesas por unas monedas. El resto de
ejemplares hab\'edan sido devueltos y transforma\-dos en pasta de papel
para imprimir misales, multas y bi\-lletes de loter\'eda. La m\'edsera
fortuna del misterioso autor acab\'f3
por conquistar las simpat\'edas de Monsieur Roque\-fort. Durante los
siguientes diez a\'f1os, en cada una de sus visitas a Par\'eds,
recorrer\'eda librer\'edas de viejo en busca de m\'e1s obras de Juli\'e1n
Carax. Nunca encontr\'f3 ninguna. Casi na\-
die hab\'eda o\'eddo hablar del autor, y a los que les sonaba, poco
sab\'edan. Hab\'eda quien afirmaba que hab\'eda publicado algunos libros
m\'e1s, siempre en editoriales de poca monta y con tirajes irrisorios.
Esos libros, si realmente exist\'ed
an, eran imposibles de encontrar. Un librero afirm\'f3 una vez haber
tenido en sus manos un ejemplar de una novela de Juli\'e1n Carax llamada
El }{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 ladr\'f3n de catedrales
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 pero de eso ha\-c\'ed
a ya tiempo y no estaba del todo seguro. A finales (le 1935 le llegaron
noticias de que una nueva novela de Juli\'e1n Carax,
}{\i\expnd2\expndtw10\lang1034 La Sombra del Viento,
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 hab\'eda sido publicada por una peque\'f1
a editorial de Par\'eds. Escribi\'f3 a la editorial para adquirir varios
ejemplares. Nunca recibi\'f3 contestaci\'f3n. Al a\'f1o siguiente, en la
primavera del 36, su antiguo amigo en el puesto de libros en la orilla
sur del Sena le pregunt\'f3 si segu
\'eda interesado en Carax. Monsieur Roquefort afirm\'f3 que \'e9l nunca
se rend\'eda. Era ya cuesti\'f3n de tozudez: si el mundo se empe\'f1aba
en enterrar a Carax en el olvido, a \'e9l no le daba la gana de pasar por
el aro. Su amigo le ex\-plic\'f3
que semanas atr\'e1s hab\'eda circulado un rumor acerca de Carax.
Parec\'eda que por fin su suerte hab\'eda cambiado. Iba a contraer
matrimonio con una dama de buena posi\-ci\'f3n y hab\'eda publicado una
nueva novela despu\'e9s de va\-rios a\'f1
os de silencio que, por primera vez, hab\'eda recibido una rese\'f1a
favorable en }{\i\expnd2\expndtw10\lang1034 Le Monde.
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 Pero justo cuando pa\-rec\'eda que los
vientos iban a cambiar de rumbo, explic\'f3
el librero, Carax se hab\'eda visto complicado en un duelo en el
cementerio de P\'e9re Lachaise. Las circunstancias que rodearon este
suceso no estaban claras. Cuanto se sab\'eda era que el duelo hab\'eda
tenido lugar al alba del d\'eda en que Carax ten
\'eda que contraer matrimonio, y que el novio nun\-ca se present\'f3 en
la iglesia.
\par
\par Hab\'eda opiniones para todos los gustos: unos le hac\'edan muerto
en aquel duelo y su cad\'e1ver abandonado en una tumba an\'f3nima; otros,
m\'e1s optimistas, prefer\'edan creer que Carax, complicado en alg\'fan
asunto turbio, hab\'ed
a tenido que abandonar a su prometida en el altar y huir de Par\'eds para
regresar a Barcelona. La tumba sin nombre nun\-ca fue encontrada y poco
despu\'e9s hab\'eda circulado otra versi\'f3n: Juli\'e1n Carax,
perseguido por la desgracia, hab\'ed
a muerto en su ciudad natal en la m\'e1s absoluta de las mise\-rias. Las
chicas del burdel donde tocaba el piano hab\'edan hecho una colecta para
pagarle un entierro decente. Cuando lleg\'f3 el giro, el cad\'e1ver ya
hab\'ed
a sido enterrado en una fosa com\'fan, junto con los cuerpos de mendigos
y gente sin nombre que aparec\'edan flotando en el puerto o que mor\'edan
de fr\'edo en la escalera del metro.
\par Aunque s\'f3lo fuese por llevar la contraria, Monsieur Roquefort no
olvid\'f3 a Carax. Once a\'f1os despu\'e9s de ha\-ber descubierto
}{\i\expnd2\expndtw10\lang1034 La casa roja, }{\expnd0\expndtw2\lang1034
decidi\'f3
prestar la novela a sus dos alumnas con la esperanza de que tal vez
aquel extra\'f1o libro las animase a adquirir el h\'e1bito de la lectura.
Clara y Claudette eran por entonces dos quincea\'f1eras con las ve\-nas
ardiendo de hormonas y con el mundo gui
\'f1\'e1ndoles el ojo desde las ventanas de la sala de estudio. Pese a
los esfuerzos de su tutor, hasta el momento hab\'edan demostra\-do ser
inmunes al encanto de los cl\'e1sicos, las f\'e1
bulas de Esopo o el verso inmortal de Dante Alighieri. Monsieur
Roquefort, temiendo que su contrato fuese rescindido al descubrir la
madre de Clara que sus labores docentes esta\-ban formando dos
analfabetas con la cabeza llena de p\'e1jaros, opt\'f3
por pasarles la novela de Carax con el pretexto de que era una historia
de amor de las que hac\'edan llorar a moco tendido, lo cual era una
verdad a medias.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qj\fi3969\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {4
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw2\lang1034
\par \emdash Jam\'e1s me hab\'eda sentido atrapada, seducida y envuelta
por una historia como la que narraba aquel libro \emdash explic\'f3
Clara\emdash . Hasta entonces para m\'ed las lecturas eran una obli\-
gaci\'f3n, una especie de multa a pagar a maestros
}{\lang1034 y }{\expnd0\expndtw2\lang1034 tutores sin saber muy bien para
qu\'e9. No conoc\'eda el placer de leer, de explorar puertas que se te
abren en el alma, de abando\-narse a la imaginaci\'f3n, a la belleza y al
misterio de la fic\-ci\'f3
n y del lenguaje. Todo eso para m\'ed naci\'f3 con aquella novela.
\'bfHas besado alguna vez a una chica, Daniel?
\par Se me atragant\'f3 el cerebelo y la saliva se me transfor\-m\'f3 en
serr\'edn.
\par \emdash Bueno, eres muy joven todav\'eda. Pero es esa misma
sensaci\'f3n, esa chispa de la primera vez que no se olvida. \'c9ste es
un mundo de sombras, Daniel, y la magia es un bien escaso. Aquel libro me
ense\'f1\'f3 que leer pod\'eda hacer\-me vivir m
\'e1s y m\'e1s intensamente, que pod\'eda devolverme la vista que
hab\'eda perdido. S\'f3lo por eso, aquel libro que a nadie importaba
cambi\'f3 mi vida.
\par Llegado a este punto, yo hab\'eda quedado reducido a pasmarote, a
merced de aquella criatura cuyas palabras y cuyos encantos no ten\'eda yo
modo, ni ganas, de resistir. Dese\'e9 que nunca dejase de hablar, que su
voz me envol\-
viese para siempre y que su t\'edo no regresara jam\'e1s a que\-brar
aquel instante que me pertenec\'eda s\'f3lo a m\'ed.
\par \emdash Durante a\'f1os busqu\'e9 otros libros de Juli\'e1n Carax
\emdash continu\'f3 Clara\emdash . Preguntaba en bibliotecas, en libre\-
r\'edas, en escuelas... siempre en vano. Nadie hab\'eda o\'eddo hablar de
\'e9l o de sus libros. No pod\'ed
a entenderlo. M\'e1s ade\-lante lleg\'f3 a o\'eddos de Monsieur Roquefort
una extra\'f1a historia acerca de un individuo que se dedicaba a reco\-
rrer librer\'edas y bibliotecas en busca de obras de Juli\'e1
n Carax y que, si las encontraba, las compraba, robaba o consegu\'eda por
cualquier medio; acto seguido les prend\'eda fuego. Nadie sab\'eda
qui\'e9n era, ni por qu\'e9 lo hac\'eda. Un misterio m\'e1
s que sumar al propio enigma de Carax. Con el tiempo, mi madre decidi\'f3
que quer\'eda regresar a Espa\'f1a. Estaba enferma y su hogar y su mundo
siempre hab\'edan sido Barcelona. Secretamente, yo albergaba la esperanza
de poder averiguar algo
sobre Carax aqu\'ed, puesto que al fin y al cabo Barcelona hab\'eda sido
la ciudad donde hab\'eda nacido y donde hab\'eda desaparecido para
siempre al prin\-cipio de la guerra. Lo \'fanico que encontr\'e9 fueron
v\'ed
as muertas, y eso contando con la ayuda de mi t\'edo. A mi ma\-dre, en su
propia b\'fasqueda, le ocurri\'f3 otro tanto. La Bar\-celona que
encontr\'f3 a su regreso ya no era la que hab\'eda dejado atr\'e1s. Se
encontr\'f3
con una ciudad de tinieblas, en la que mi padre ya no viv\'eda, pero que
segu\'eda embrujada por su recuerdo y su memoria en cada rinc\'f3n. Como
si no le bastase con aquella desolaci\'f3n, se empe\'f1\'f3 en con\-
tratar a un individuo para que averiguase qu\'e9 hab\'eda sido
exactamente de mi padre. Tras meses de investigaciones, todo lo que el
investigador consigui\'f3 recuperar fue un re\-loj de pulsera roto y el
nombre del hombre que hab\'ed
a matado a mi padre en los fosos del castillo de Montju\'efc. Se llamaba
Fumero, Javier Fumero. Nos dijeron que este individuo, y no era el
\'fanico, hab\'eda empezado como pisto\-lero a sueldo de la FAI y
hab\'eda flirteado
con anarquistas, comunistas y fascistas, enga\'f1\'e1ndolos a todos,
vendiendo sus servicios al mejor postor y que, tras la ca\'edda de
Barce\-lona, se hab\'eda pasado al bando vencedor e ingresado en el
cuerpo de polic\'ed
a. Hoy es un inspector famoso y conde\-corado. A mi padre no le recuerda
nadie. Como puedes imaginarte, mi madre se apag\'f3 en apenas unos meses.
Los m\'e9dicos dijeron que era el coraz\'f3
n, y yo creo que por una vez acertaron. A la muerte de mi madre me fui a
vivir con mi t\'edo Gustavo, que era el \'fanico pariente que le quedaba
a mi madre en Barcelona. Yo le adoraba, porque siempre me tra\'eda libros
de regalo cuando ven\'eda a visitar
\-nos. \'c9l ha sido mi \'fanica familia, y mi mejor amigo, todos estos
a\'f1os. Aunque le veas as\'ed, un poco arrogante, en rea\-lidad tiene el
alma de pan bendito. Todas las noches sin falta, aunque se caiga de
sue\'f1o, me lee un rato.
\par }{\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash Si quiere usted, yo podr\'eda
leer para usted \emdash apunt\'e9 sol\'edcito, arrepinti\'e9ndome al
instante de mi osad\'eda, con\-vencido de que para Clara mi
compa\'f1\'eda s\'f3lo pod\'eda supo\-ner un en
gorro, cuando no un chiste.
\par \emdash Gracias, Daniel \emdash repuso ella\emdash . Me
encantar\'eda.
\par \emdash Cuando usted quiera.
\par Asinti\'f3 lentamente, busc\'e1ndome con su sonrisa.
\par \emdash Lamentablemente, no conservo aquel ejemplar de
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 La casa roja }{\expnd1\expndtw6\lang1034
\emdash dijo\emdash . Monsieur Roquefort se neg\'f3 a des\-prenderse de
\'e9l. Podr\'eda intentar contarte el argumento, pero ser
\'eda como describir una catedral diciendo que es un mont\'f3n de piedras
que acaban en punta.
\par \emdash Estoy seguro de que usted lo contar\'eda mucho mejor que eso
\emdash murmur\'e9.
\par Las mujeres tienen un instinto infalible para saber cu\'e1ndo un
hombre se ha enamorado de ellas perdida\-mente, especialmente si el
var\'f3n en cuesti\'f3n es tonto de capirote y menor de edad. Yo
cumpl\'eda todos los requisitos para que Clara Barcel\'f3
me enviase a paseo, pero prefer\'ed creer que su condici\'f3n de
invidente me garantizaba cier\-to margen de seguridad y que mi crimen, mi
total y pa\-t\'e9tica devoci\'f3n por una mujer que me doblaba en edad,
inteligencia y estatura, permanecer\'ed
a en la sombra. Me preguntaba qu\'e9 pod\'eda ella ver en m\'ed como para
ofrecer\-me su amistad, sino acaso un p\'e1lido reflejo de ella misma, un
eco de soledad y p\'e9rdida. En mis sue\'f1os de colegial siempre ser\'ed
amos dos fugitivos cabalgando a lomos de un libro, dispuestos a escaparse
a trav\'e9s de mundos de fic\-ci\'f3n y sue\'f1os de segunda mano.
\par
\par Cuando Barcel\'f3 regres\'f3 arrastrando una sonrisa felina
hab\'edan pasado dos horas que a m\'ed me hab\'edan sabido a dos minutos
El librero me tendi\'f3 el libro y me gui\'f1\'f3 el ojo.
\par \emdash M\'edralo bien, albondiguilla, que luego no quiero que me
vengas con que te he pegado el cambiazo, \'bfeh?
\par \emdash Me f\'edo de usted \emdash apunt\'e9.
\par \emdash Valiente bobada. Al \'faltimo interfecto que me vino con eso
(turista yanqui \'e9l, convencido de que la fabada la hab\'eda inventado
Hemingway en los San Fermines) le ven di un }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
Fuenteovejuna }{
\expnd1\expndtw6\lang1034 firmado por Lope de Vega a bol\'edgrafo,
f\'edjate t\'fa, as\'ed que \'e1ndate con ojo, que en este negocio de los
libros no te puedes fiar ni del \'edndice.
\par Anochec\'eda cuando salimos de nuevo a la calle Canuda. Una brisa
fresca peinaba la ciudad, y Barcel\'f3 se quit\'f3 el ga\-b\'e1n para
pon\'e9rselo sobre los hombros a Clara. No viendo oportunidad m\'e1s
id\'f3nea en ciernes, dej\'e9
caer como quien no quiere la cosa que si les parec\'eda bien, pod\'eda
pasarme al d\'eda siguiente por su domicilio a leer en voz alta algunos
ca\-p\'edtulos de }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 La Sombra del Viento
}{\expnd1\expndtw6\lang1034
para Clara. Barcel\'f3 me mir\'f3 de reojo y solt\'f3 una carcajada seca
a mi costa.
\par \emdash Chaval, que te embalas \emdash mascull\'f3, aunque su tono
delataba su benepl\'e1cito.
\par }\pard \qj\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
{\expnd1\expndtw6\lang1034 \tab \emdash Bueno, si no les va bien,
quiz\'e1 otro d\'eda o...
\par }\pard \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
{\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash Clara tiene la palabra \emdash dijo el
librero\emdash . En el piso ya tenemos siete gatos y dos cacat\'faas. No
vendr\'e1 de una alima\'f1a m\'e1s o menos.
\par \emdash Te espero entonces ma\'f1ana a eso de las siete \emdash
con\-cluy\'f3 Clara\emdash . \'bfSabes la direcci\'f3n?
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qj\fi3969\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {5
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd1\expndtw6\lang1034
\par Hubo un tiempo, de ni\'f1o, en que quiz\'e1 por haber crecido
rodeado de libros y libreros, decid\'ed que quer\'eda ser novelista y
llevar una vida de melodrama La ra\'edz de mi enso\'f1aci\'f3n
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 literaria, adem\'e1
s de esa maravillosa simplicidad con que todo se ve a los cinco a\'f1os,
era una prodigiosa pieza de ar\-tesan\'eda y precisi\'f3n que estaba
expuesta en una tienda de plumas estilogr\'e1ficas en la calle de Anselmo
Clav\'e9, justo detr\'e1
s del Gobierno Militar. El objeto de mi devoci\'f3n, una suntuosa pluma
negra ribeteada con sab\'eda Dios cu\'e1ntas ex\-quisiteces y
r\'fabricas, presid\'eda el escaparate como si se trata\-se de una de las
joyas de la corona. El plum\'edn, u
n prodigio en s\'ed mismo, era un delirio barroco de plata, oro y mil
plie\-gues que reluc\'eda como el faro de Alejandr\'eda. Cuando mi pa\-
dre me sacaba de paseo, yo no callaba hasta que me llevaba a ver la
pluma. Mi padre dec\'eda que aqu\'e9lla deb
\'eda de ser, por lo menos, la pluma de un emperador. Yo, secretamente,
es\-taba convencido de que con semejante maravilla se pod\'eda escribir
cualquier cosa, desde novelas hasta enciclopedias, e incluso cartas cuyo
poder ten\'ed
a que estar por encima de cualquier limitaci\'f3n postal. En mi
ingenuidad, cre\'eda que lo que yo pudiese escribir con aquella pluma
llegar\'eda a todas partes, incluido aquel sitio incomprensible al que mi
padre dec\'eda que mi madre hab\'ed
a ido y del que no volv\'eda nunca.
\par Un d\'eda se nos ocurri\'f3 entrar en la tienda a preguntar por el
dichoso artilugio. Result\'f3 ser que aqu\'e9lla era la rei\-na de las
estilogr\'e1ficas, una Montblanc Meinsterst\'fcck de serie numerada, que
hab\'ed
a pertenecido, o eso aseguraba el encargado con solemnidad, nada menos
que a V\'edctor Hugo. De aquel plum\'edn de oro, fuimos informados,
hab\'eda brotado el manuscrito de }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
Los}{\expnd0\expndtw2\lang1034 }{
\i\expnd0\expndtw2\lang1034 miserables.
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 \emdash Tal y como el Vichy Catal\'e1n
brota del manantial de Caldas \emdash atestigu\'f3 el encargado.
\par Seg\'fan nos dijo, la hab\'eda adquirido personalmente a un
coleccionista venido de Par\'eds y se hab\'eda asegurado de la
autenticidad de la pieza.
\par \emdash \'bfY qu\'e9 precio tiene este caudal de prodigios, si no es
mucho preguntar? \emdash inquiri\'f3 mi padre.
\par La sola menci\'f3n de la cifra le quit\'f3 el color de la cara, pero
yo estaba ya encandilado de remate. El encargado, tom\'e1ndonos quiz\'e1
por catedr\'e1ticos de f\'edsica, procedi\'f3 a endosarnos un
galimat\'edas incomprensible sobre las alea\-
ciones de metales preciosos, esmaltes del Lejano Oriente y una
revolucionaria teor\'eda sobre \'e9mbolos y vasos comu\-nicantes, todo
ello parte de la ignota ciencia teutona que sosten\'eda el trazo glorioso
de aquel adalid de la tecnolog\'eda gr\'e1
fica. En su favor tengo que decir que, pese a que de\-b\'edamos tener
pinta de pelagatos, el encargado nos dej\'f3 manosear la pluma cuanto
quisimos, la llen\'f3 de tinta para nosotros y me ofreci\'f3 un pergamino
para que pudie\-se anotar mi nombre y as
\'ed iniciar mi carrera literaria a la zaga de V\'edctor Hugo. Luego,
tras darle con un pa\'f1o para sacarle de nuevo el lustre, la devolvi\'f3
a su trono de ho\-nor.
\par \emdash Quiz\'e1 otro d\'eda \emdash musit\'f3 mi padre.
\par Una vez en la calle, me dijo con voz mansa que no nos pod\'edamos
permitir su precio. La librer\'eda daba lo justo para mantenernos y
enviarme a un buen colegio. La pluma Montblanc del augusto V\'edctor Hugo
tendr\'eda que espe\-
rar. Yo no dije nada, pero mi padre debi\'f3 de leer la decepci\'f3n en
mi rostro.
\par \emdash Haremos una cosa \emdash propuso\emdash . Cuando ya tengas
edad de empezar a escribir, volvemos y la compramos.
\par \emdash \'bfY si se la llevan antes?
\par \emdash \'c9sta no se la lleva nadie, cr\'e9eme. Y si no, le pedi\-
mos a don Federico que nos haga una, que ese hombre tiene las manos de
oro.
\par Don Federico era el relojero del barrio, cliente ocasio\-nal de la
librer\'eda y probablemente el hombre m\'e1s educa\-do y cort\'e9s de
todo el hemisferio occidental. Su reputaci\'f3n de manitas llegaba desde
el barrio de la Ribera h
asta el mercader del Ninot Otra reputaci\'f3n le acechaba, \'e9sta
}{\expnd1\expndtw6\lang1034 de \'edndole menos decorosa y relativa a su
predilecci\'f3n er\'f3tica por efebos musculados del lumpen m\'e1s viril
y a cierta afici\'f3
n por vestirse de Estrellita Castro.
\par \emdash \'bfY si a don Federico no se le da lo de la pluma? \emdash
inquir\'ed con divina inocencia.
\par Mi padre enarc\'f3 una ceja, quiz\'e1 temiendo que aque\-llos
rumores maledicentes me hubiesen maleado la ino\-cencia.
\par \emdash Don Federico de todo lo que sea alem\'e1n entiende un rato y
es capaz de hacer un Volkswagen, si hace falta. Adem\'e1s, habr\'eda que
ver si ya exist\'edan las estilogr\'e1ficas en tiempos de V\'edctor Hugo.
Hay mucho vivo suelto.
\par A m\'ed, el escepticismo historicista de mi padre me res\-balaba. Yo
cre\'eda la leyenda a pies juntillas, aunque no ve\'eda con malos ojos
que don Federico me fabricase un suced\'e1neo. Tiempo habr\'eda para
ponerse a la altura de V\'ed
ctor Hugo. Para mi consuelo, y tal como hab\'eda predicho mi padre, la
pluma Montblanc permaneci\'f3 durante a\'f1os en aquel escaparate, que
visit\'e1bamos religiosamente cada s\'e1\-bado por la ma\'f1ana.
\par \emdash A\'fan esta ah\'ed \emdash dec\'eda yo, maravillado.
\par \emdash Te espera \emdash dec\'eda mi padre\emdash . Sabe que
alg\'fan d\'eda ser\'e1 tuya y que escribir\'e1s una obra maestra con
ella.
\par \emdash Yo quiero escribir una carta. A mam\'e1. Para que no se
sienta sola.
\par Mi padre me observ\'f3 sin pesta\'f1ear.
\par \emdash Tu madre no est\'e1 sola, Daniel. Est\'e1 con Dios. Y con
nosotros, aunque no podamos verla.
\par Esa misma teor\'eda me hab\'eda expuesto en el colegio el padre
Vicente, un jesuita veterano que ten\'eda la mano rota para explicar
todos los misterios del universo \emdash desde el gram\'f3fono hasta el
dolor de muelas\emdash citando el Evange\-lio seg
\'fan san Mateo, pero en boca de mi padre sonaba a que aquello no se lo
cre\'edan ni las piedras.
\par \emdash \'bfY Dios para qu\'e9 la quiere?
\par \emdash No lo s\'e9. Si alg\'fan d\'eda le vemos, se lo preguntare\-
mos.
\par Con el tiempo desech\'e9 la idea de la carta y supuse que, ya
puestos, ser\'eda m\'e1s pr\'e1ctico empezar con la obra maestra. A falta
de la pluma, mi padre me prest\'f3 un l\'e1piz Staedtler del n\'fa
mero dos con el que garabateaba en un cuaderno. Mi historia, casualmente,
giraba en torno a una prodigiosa pluma estilogr\'e1fica de pasmoso
parecido con la de la tienda y que, adem\'e1s, estaba embrujada. M\'e1s
concretamente, la pluma estaba pose\'ed
da por el alma tor\-turada de un novelista que hab\'eda muerto de hambre
y fr\'edo, y que hab\'eda sido su due\'f1o. Al caer en manos de un
aprendiz, la pluma se empe\'f1aba en plasmar en el papel la \'faltima
obra que el autor no hab\'ed
a podido terminar en vida. No recuerdo de d\'f3nde la copi\'e9 o de
d\'f3nde vino, pero lo cierto es que nunca volv\'ed a tener una idea
seme\-jante. Mis intentos de plasmarla en la p\'e1gina, sin embar\-go,
resultaron desastrosos. Una anemia de invenci
\'f3n pla\-gaba mi sintaxis y mis vuelos metaf\'f3ricos me recordaban a
los de los anuncios de ba\'f1os efervescentes para pies que acostumbraba
a leer en las paradas de los tranv\'edas. Yo culpaba al l\'e1piz y
ansiaba la pluma que habr\'eda de conver\-
tirme en un maestro. Mi padre segu\'eda mis accidentados progresos con
una mezcla de orgullo y preocupaci\'f3n.
\par \emdash \'bfQu\'e9 tal tu historia, Daniel?
\par \emdash No s\'e9. Supongo que si tuviese la pluma todo ser\'eda
distinto.
\par Seg\'fan mi padre, aqu\'e9l era un razonamiento que s\'f3lo se le
podr\'eda haber ocurrido a un literato en ciernes.
\par \emdash T\'fa sigue d\'e1ndole, que antes de que termines tu opera
prima, yo te la compro.
\par \emdash \'bfLo prometes?
\par Siempre respond\'eda con una sonrisa. Para fortuna de }{\lang1034 mi
padre, mis aspiraciones literarias pronto se desvane\-cieron y quedaron
relegadas al terreno de la oratoria. A ello contribuy\'f3 el
descubrimiento de los juguetes mec\'e1ni\-
cos y de todo tipo de artilugios de lat\'f3n que se pod\'edan encontrar
en el mercado de Los Encantes a precios m\'e1s acordes con nuestra
econom\'eda familiar. La devoci\'f3n in\-fantil es amante infiel y
caprichosa, y pronto s\'f3
lo tuve ojos para los mecanos y los barcos de cuerda. No volv\'ed a
pedirle a mi padre que me llevase a visitar la pluma de V\'edctor Hugo, y
\'e9l no volvi\'f3 a mencionarla. Aquel mundo parec\'eda haberse esfumado
para m\'ed
, pero durante mucho tiempo la imagen que tuve de mi padre, y que a\'fan
hoy conservo, fue la de aquel hombre flaco enfundado en un traje viejo
que le ven\'eda grande y con un sombrero de se\-gunda mano que hab\'ed
a comprado en la calle Condal por siete pesetas, un hombre que no
pod\'eda permitirse regalar\-le a su hijo una dichosa pluma que no
serv\'eda para nada pero que parec\'eda significarlo todo. Aquella noche,
a mi regreso del Ateneo, le encontr\'e9 esper
\'e1ndome en el co\-medor, luciendo aquella misma cara de derrota y
anhelo.
\par \emdash Ya pensaba que te hab\'edas perdido por ah\'ed \emdash
dijo\emdash . Llam\'f3 Tom\'e1s Aguilar. Dice que hab\'edais quedado.
\'bfTe olvi\-daste?
\par \emdash Barcel\'f3, que se enrolla como una persiana \emdash dije
yo, asintiendo\emdash . Ya no sab\'eda c\'f3mo quit\'e1rmelo de enci\-ma.
\par \emdash Es buen hombre, pero un poco plomo. Tendr\'e1s hambre. La
Merceditas nos ha bajado algo de sopa que hab\'eda hecho para su madre.
Esa muchacha vale un mon\-t\'f3n.
\par Nos sentamos a la mesa a degustar la limosna de la Merceditas, la
hija de la vecina del tercero, que seg\'fan to\-dos iba para monja y
santa, pero a la que yo hab\'eda visto m\'e1s de un par de veces
asfixiando a besos a un marinero de manos h\'e1
biles que a veces la acompa\'f1aba hasta el portal.
\par \emdash Esta noche tienes aire meditabundo \emdash dijo mi pa\-dre,
buscando la conversaci\'f3n.
\par \emdash Ser\'e1 la humedad, que dilata el cerebro. Eso dice
Barcel\'f3.
\par \emdash Ser\'e1 algo m\'e1s. \'bfTe preocupa algo, Daniel?
\par \emdash No. S\'f3lo pensaba.
\par \emdash \'bfEn qu\'e9?
\par \emdash En la guerra.
\par Mi padre asinti\'f3 con gesto sombr\'edo y sorbi\'f3 su sopa en
silencio. Era un hombre reservado y, aunque viv\'eda en el pasado, casi
nunca lo mencionaba. Yo hab\'eda crecido en el convencimiento de que
aquella lenta procesi\'f3
n de la posguerra, un mundo de quietud, miseria y rencores velados, era
tan natural como el agua del grif
o, y que aquella tristeza muda que sangraba por las paredes de la ciudad
herida era el verdadero rostro de su alma. Una de las trampas de la
infancia es que no hace falta comprender algo para sentirlo. Para cuando
la raz\'f3
n es capaz de entender lo sucedido, las heridas en el coraz\'f3n ya son
demasiado profundas. Aquella noche primeriza de vera\-no, caminando por
ese anochecer oscuro y traicionero de Barcelona, no consegu\'eda borrar
de mi pensamiento el re\-
lato de Clara en torno a la desaparici\'f3n de su padre. En mi mundo, la
muerte era una mano an\'f3nima e incom\-prensible, un vendedor a
domicilio que se llevaba ma\-dres, mendigos o vecinos nonagenarios como
si se trata\-se de una loter\'ed
a del infierno. La idea de que la muerte pudiera caminar a mi lado, con
rostro humano y coraz\'f3n envenenado de odio, luciendo uniforme o
gabardina, que hiciese cola en el cine, riese en los bares o llevase a
los ni\'f1
os de paseo al parque de la Ciudadela por la ma\'f1a\-na y por la tarde
hiciese desaparecer a alguien en las maz}{\expnd0\expndtw2\lang1034
morras del castillo de Montju\'efc, o en una fosa com\'fan sin nombre ni
ceremonial, no me cab\'eda en la cabeza. D
\'e1ndo\-le vueltas, se me ocurri\'f3 que tal vez aquel universo de car\-
t\'f3n piedra que yo daba por bueno no fuese m\'e1s que un decorado. En
aquellos a\'f1os robados, el fin de la infancia, como la Renfe, llegaba
cuando llegaba.
\par
\par Compartimos aquella sopa de caldo de sobras con pan, rodeados por el
murmullo pegajoso de los seriales de ra\-dio que se colaban a trav\'e9s
de las ventanas abiertas a la pla\-za de la iglesia.
\par \emdash Entonces, \'bfqu\'e9 tal todo hoy con don Gustavo?
\par \emdash Conoc\'ed a su sobrina, Clara.
\par \emdash \'bfLa ciega? Dicen que es una belleza.
\par \emdash No s\'e9. Yo no me fijo.
\par \emdash M\'e1s te vale.
\par \emdash Les dije que a lo mejor me pasaba ma\'f1ana por su casa, al
salir del colegio, para leerle algo a la pobre, que est\'e1 muy sola. Si
t\'fa me das permiso.
\par Mi padre me examin\'f3 de reojo, como si se preguntase si estaba
\'e9l envejeciendo prematuramente o yo creciendo demasiado r\'e1pido.
Decid\'ed cambiar de tema, y el \'fanico que pude encontrar era el que me
consum\'eda las entra\'f1as.
\par \emdash En la guerra, \'bfes verdad que se llevaban a la gente al
castillo de Montju\'efc y no se les volv\'eda a ver?
\par Mi padre apur\'f3 la cucharada de sopa sin inmutarse y me mir\'f3
detenidamente, la sonrisa breve resbal\'e1ndole de los labios.
\par \emdash \'bfQui\'e9n te ha dicho eso? \'bfBarcel\'f3?
\par \emdash No. Tom\'e1s Aguilar, que a veces cuenta historias en el
colegio.
\par Mi padre asinti\'f3 lentamente
\par \emdash En tiempos de guerra ocurren cosas que son muy dif\'edciles
de explicar, Daniel. Muchas veces, ni yo s\'e9 lo que significan de
verdad. A veces es mejor dejar las cosas como est\'e1n.
\par Suspir\'f3 y sorbi\'f3 la sopa sin ganas. Yo le observaba, ca\-
llado.
\par \emdash Antes de morir, tu madre me hizo prometer que nun\-ca te
hablar\'eda de la guerra, que no dejar\'eda que recordases nada de lo que
sucedi\'f3.
\par No supe qu\'e9 contestar. Mi padre entorn\'f3 la mirada, como si
buscase algo en el aire. Miradas o silencios, o qui\-z\'e1 a mi madre
para que corroborase sus palabras.
\par \emdash A veces pienso que me he equivocado al hacerle caso. No lo
s\'e9.
\par \emdash Es igual, papa...
\par \emdash No, no es igual, Daniel. Nada es igual despu\'e9s de una
guerra. Y s\'ed, es cierto que hubo mucha gente que en\-tr\'f3 en ese
castillo y nunca sali\'f3.
\par Nuestras miradas se encontraron brevemente. Al poco, mi padre se
levant\'f3 y se refugi\'f3 en su habitaci\'f3n, heri\-do de silencio.
Retir\'e9 los platos y los deposit\'e9 en la peque\'f1a pila de m\'e1rmol
de la cocina para fregarlos. Al volver al sal
\'f3n, apagu\'e9 la luz y me sent\'e9 en el viejo butac\'f3n de mi padre.
El aliento de la calle aleteaba en las cortinas. No ten\'eda sue\'f1o, ni
ganas de tentarlo. Me acerqu\'e9 al balc\'f3n y me asom\'e9 hasta ver el
reluz vaporoso que vert\'ed
an las faro\-las en la Puerta del \'c1ngel. La figura se recortaba en un
retazo de sombra tendido sobre el empedrado de la calle, inerte. El tenue
parpadeo \'e1mbar de la brasa de un ciga\-rrillo se reflejaba en sus
ojos. Vest\'eda de oscuro, una mano en
fundada en el bolsillo de la chaqueta, la otra acompa\-\'f1ando al
cigarro que tej\'eda una telara\'f1a de humo azul en torno a su perfil.
Me observaba en silencio, el rostro vela\-do al contraluz del alumbrado
de la calle. Permaneci\'f3 all\'ed
por espacio de casi un minuto fumando con abandono, la mirada fija en la
m\'eda. Luego, al escucharse las campa\-nadas de medianoche en la
catedral, la figura hizo un leve asentimiento con la cabeza, un saludo
tras el cual in\-tu\'ed
una sonrisa que no pod\'eda ver. Quise corresponder, pero me hab\'eda
quedado paralizado. La figura se volvi\'f3 y le vi alejarse cojeando
ligeramente. Cualquier otra noche apenas hubiese reparado en la presencia
de aquel extra\-\'f1
o, pero tan pronto le perd\'ed de vista en la neblina sent\'ed un sudor
fr\'edo en la frente y me falt\'f3 el aliento. Hab\'eda le\'ed\-do una
descripci\'f3n id\'e9ntica de aquella escena en La Som\-
}{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 bra del Viento. }{
\expnd0\expndtw2\lang1034 En el relato, el protagonista se asomaba to\-
das las noches al balc\'f3n a medianoche y descubr\'eda que un extra\'f1o
le observaba desde las sombras, fumando con abandono. Su rostro siempre
quedaba velado en la oscu\-ridad y s
\'f3lo sus ojos se insinuaban en la noche, ardiendo como brasas. El
extra\'f1o permanec\'eda all\'ed, con la mano de\-recha enfundada en el
bolsillo de una chaqueta negra, para luego alejarse, cojeando. En la
escena que yo acaba\-
ba de presenciar, aquel extra\'f1o hubiera podido ser cual\-quier
trasnochador, una figura sin rostro ni identidad. En la novela de Carax,
aquel extra\'f1o era el diablo.
\par
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qj\fi3969\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {6
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw2\lang1034
\par Un sue\'f1o espeso de olvido y la perspectiva de que aquella tarde
volver\'eda a ver a Clara me persuadieron de que la vi\-si\'f3n no
hab\'eda sido m\'e1s que una casualidad. Quiz\'e1 aquel inesperado brote
de imaginaci\'f3n febril fuera s\'f3lo presa\-
gio del prometido y ansiado estir\'f3n que, seg\'fan todas las vecinas de
la escalera, iba a hacer de m\'ed un hombre, si no de provecho, al menos
de buena planta. A las siete en punto, vistiendo mis mejores galas y
destilando vapores de colonia Var\'f3
n Dandy que hab\'eda tomado prestada de mi padre, me plant\'e9 en la
vivienda de don Gustavo Barce\-l\'f3 dispuesto a estrenarme como lector a
domicilio y mos\-c\'f3n de sal\'f3n. El librero y su sobrina compart\'ed
an un piso palaciego en la plaza Real. Una criada de uniforme, cofia y
una vaga expresi\'f3n de legionario me abri\'f3 la puerta con reverencia
teatral.
\par \emdash Usted debe de ser el se\'f1orito Daniel \emdash dijo\emdash
. Yo soy la Bernarda, para servirle a usted.
\par La Bernarda afectaba un tono ceremonioso que na\-vegaba con acento
cacere\'f1o cerrado a cal y canto. Con pompa y circunstancia, la Bernarda
me gui\'f3 a trav\'e9s de la residencia de los Barcel\'f3. El piso, un
principal, rodeaba la finca y describ\'ed
a un c\'edrculo de galer\'edas, salones y pasi\-llos que a m\'ed,
acostumbrado a la modesta vivienda fami\-liar en la calle Santa Ana, me
semejaba una miniatura de El Escorial. A la vista estaba que don Gustavo,
am\'e9n de li\-b
ros, incunables y todo tipo de arcana bibliograf\'eda, colec\-cionaba
estatuas, cuadros y retablos, por no decir abun\-dante fauna y flora.
Segu\'ed a la Bernarda a trav\'e9s de una galer\'eda rebosante de follaje
y espec\'edmenes del tr\'f3
pico que constitu\'edan un verdadero invernadero. El acristalado de la
galer\'eda tamizaba una luz dorada de polvo y vapor. El aliento de un
piano flotaba en el aire, l\'e1nguido y arras\-trando las notas con
desabrigo. La Bernarda se abr\'ed
a paso entre la espesura blandiendo sus brazos de descargador portuario a
modo de machetes. Yo la segu\'eda de cerca, es\-tudiando el entorno y
reparando en la presencia de me\-dia docena de felinos y un par de
cacat\'faas de color rabio\-so y tama\'f1
o enciclop\'e9dico a las que, seg\'fan me explic\'f3 la criada,
Barcel\'f3 hab\'eda bautizado como Ortega y Gasset, res\-pectivamente.
Clara me esperaba en un sal\'f3n al otro lado de este bosque que miraba
sobre la plaza. Enfundada en }{\lang1034
un vaporoso vestido de algod\'f3n azul turquesa, el objeto de mis turbios
anhelos tocaba el piano al amparo de un soplo de luz que se prismaba
desde el roset\'f3n. Clara toca\-ba mal, a destiempo y equivocando la
mitad de las notas, pero a m\'ed
su serenata me sonaba a gloria y el verla ergui\-da frente al teclado,
con una media sonrisa y la cabeza la\-deada, me inspiraba una visi\'f3n
celestial. Iba a carraspear para denotar mi presencia, pero los efluvios
de Var\'f3
n Dandy me delataron. Clara ces\'f3 su concierto de s\'fabito y una
sonrisa avergonzada le salpic\'f3 el rostro.
\par \emdash Por un momento hab\'eda pensado que eras mi t\'edo \emdash
dijo\emdash . Me tiene prohibido que toque a Mompou, por\-que dice que lo
que hago con \'e9l es un sacrilegio.
\par El \'fanico Mompou que yo conoc\'eda era un cura maci\-lento y de
propensi\'f3n flatulenta que nos daba clases de f\'edsica y qu\'edmica, y
la asociaci\'f3n de ideas se me apareci\'f3 grotesca, cuando no
improbable.
\par \emdash Pues a m\'ed me parece que tocas de maravilla \emdash
apunt\'e9.
\par \emdash Qu\'e9 va. Mi t\'edo, que es un mel\'f3mano de pro, hasta me
ha puesto un maestro de m\'fasica para enmendarme. Es un compositor joven
que promete mucho. Se llama Adri\'e1n Neri y ha estudiado en Par\'eds y
en Viena. Tengo que present\'e1
rtelo. Est\'e1 componiendo una sinfon\'eda que le va a estrenar la
orquesta Ciudad de Barcelona, porque su t\'edo est\'e1 en la junta
directiva. Es un genio.
\par \emdash \'bfEl t\'edo o el sobrino?
\par \emdash No seas malicioso, Daniel. Seguro que Adri\'e1n te cae
divinamente.
\par Como un piano de cola desde un s\'e9ptimo piso, pens\'e9.
\par \emdash \'bfTe apetece merendar algo? \emdash ofreci\'f3
Clara\emdash . Ber\-narda hace unos bizcochos de canela que quitan el
hipo.
\par Merendamos como la realeza, devorando cuanto la cria\-da nos
pon\'eda a tiro. Yo ignoraba el protocolo de estas ocasiones y no
sab\'eda muy bien c\'f3mo proceder. Clara, que siempre parec\'eda leer
mis pensamientos, me sugiri\'f3 que cuando quisiera pod
\'eda leer }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 La Sombra del Viento }{\lang1034
y que, ya puestos, pod\'eda empezar por el principio. De esta guisa,
emulando aquellas voces de Radio Nacional que recita\-ban vi\'f1etas de
corte patri\'f3tico poco despu\'e9
s de la hora del \'e1ngelus con prosopopeya ejemplar, me lanc\'e9 a
revisi\-tar el texto de la novela una vez m\'e1s. Mi voz, un tanto en\-
varada al principio, se fue relajando paulatinamente y pronto me
olvid\'e9
de que estaba recitando para volver a sumergirme en la narraci\'f3n,
descubriendo cadencias y gi\-ros en la prosa que flu\'edan como motivos
musicales, acerti\-jos de timbre y pausa en los que no hab\'eda reparado
en mi primera lectura. Nue
vos detalles, briznas de im\'e1genes y espejismos despuntaron entre
l\'edneas, como el tramado de un edificio que se contempla desde
diferentes \'e1ngulos. Le\'ed por espacio de una hora, atravesando cinco
cap\'edtulos hasta que sent\'ed
la voz seca y media docena de relojes de pared resonaron en todo el piso
record\'e1ndome que ya se me estaba haciendo tarde. Cerr\'e9 el libro y
observ\'e9 a Cla\-ra, que me sonre\'eda serenamente.
\par \emdash Me recuerda un poco a }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 La casa
roja }{\lang1034 \emdash dijo\emdash . Pero \'e9sta parece una historia
menos sombr\'eda.
\par \emdash No te conf\'edes \emdash dije\emdash . Es s\'f3lo el
principio. Luego las cosas se complican.
\par \emdash Tienes que irte ya, \'bfverdad? \emdash pregunt\'f3 Clara.
\par \emdash Me temo que s\'ed. No es que quiera, pero...
\par \emdash Si no tienes otra cosa que hacer, puedes volver ma\-\'f1ana
\emdash sugiri\'f3 Clara\emdash . Pero no quiero abusar de...
\par \emdash \'bfA las seis? \emdash ofrec\'ed\emdash . Lo digo porque
as\'ed tendre\-mos m\'e1s tiempo.
\par Aquel encuentro en la sala de m\'fasica del piso de la plaza Real
fue el primero entre muchos m\'e1s a lo largo de aquel verano de 1945 y
de los a\'f1os que siguieron. Pronto }{\expnd0\expndtw2\lang1034 mis
visitas al piso de los Barcel\'f3
se hicieron casi diarias, menos los martes y jueves, d\'edas en que
Clara ten\'eda clase de m\'fasica con el tal Adri\'e1n Neri. Pasaba horas
all\'ed y con el tiempo me aprend\'ed de memoria cada sala, cada corre\-
dor y cada planta del bosque de don Gustavo. La Sombra
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 del Viento }{\expnd0\expndtw2\lang1034 nos
dur\'f3 un par de semanas, pero no nos cost\'f3 trabajo encontrar
sucesores con que llenar nuestras horas de lectura. Barcel
\'f3 dispon\'eda de una fabulosa biblioteca y, a falta de m\'e1s
t\'edtulos de Juli\'e1n Carax, nos paseamos por docenas de cl\'e1sicos
menores y de frivolidades mayores. Algunas tardes apenas le\'edamos, y
nos dedic\'e1bamos s\'f3
lo a conversar o incluso a salir a dar un paseo por la plaza o a caminar
hasta la catedral. A Clara le encantaba sentarse a escuchar los murmullos
de la gente en el claustro y adivi\-nar el eco de los pasos en los
callejones de piedra. Me pe\-d\'ed
a que le describiese las fachadas, las gentes, los coches, las tiendas,
las farolas y los escaparates a nuestro paso. A menudo, me tomaba del
brazo y yo la guiaba por nuestra Barcelona particular, una que s\'f3lo
ella y yo pod\'edamos ver. Siempre acab
\'e1bamos en una granja de la calle Petritxol, compartiendo un plato de
nata o un suizo con melindros. A veces la gente nos miraba de refil\'f3n,
y m\'e1s de un camarero listillo se refer\'eda a ella como \'abtu hermana
mayor\'bb, pero yo hac\'ed
a caso omiso de burlas e insinuaciones. Otras veces, no s\'e9 si por
malicia o por morbosidad, Clara me hac\'eda confidencias extravagantes
que yo no sab\'eda bien c\'f3mo encajar. Uno de sus temas favoritos era
el de un ex\-tra\'f1o, un individu
o que se le acercaba a veces cuando ella estaba a solas en la calle, y le
hablaba con voz quebra\-da. El misterioso individuo, que nunca mencionaba
su nombre, le hac\'eda preguntas sobre don Gustavo, e incluso sobre
m\'ed. En una ocasi\'f3n le hab\'ed
a acariciado la garganta. A m\'ed, estas historias me martirizaban sin
piedad. En otra ocasi\'f3n, Clara asegur\'f3 que le hab\'eda rogado al
supuesto extra\'f1o que la dejase leer su rostro con las manos. \'c9l
guard\'f3 silencio, lo que ella interpret
\'f3 como un s\'ed. Cuan\-do alz\'f3 las manos hasta la cara del
extra\'f1o, \'e9l la detuvo en seco, no sin antes darle oportunidad a
Clara de palpar lo que le pareci\'f3 cuero.
\par \emdash Como si llevase una m\'e1scara de piel \emdash dec\'eda.
\par \emdash Eso te lo est\'e1s inventando, Clara.
\par Clara juraba y perjuraba que era cierto, y yo me ren\-d\'eda,
atormentado por la imagen de aquel desconocido de dudosa existencia que
se complac\'eda en acariciar ese cuello de cisne, y a saber qu\'e9
m\'e1s, mientras a m\'ed s\'f3lo me es\-
taba permitido anhelarlo. Si me hubiese parado a pensar\-lo, hubiera
comprendido que mi devoci\'f3n por Clara no era m\'e1s que una fuente de
sufrimiento. Quiz\'e1 por eso la adoraba m\'e1s, por esa estupidez eterna
de perseguir a los que nos hacen da\'f1
o. A lo largo de aquel verano, yo s\'f3lo tem\'eda el d\'eda en que
volviesen a empezar las clases y no dispusiera de todo el d\'eda para
pasarlo con Clara.
\par
\par La Bernarda, que ocultaba una naturaleza de madraza bajo su severo
semblante, acab\'f3 por tomarme cari\'f1o a fuerza de tanto verme y, a su
modo y manera, decidi\'f3 adoptarme.
\par \emdash Se conoce que este muchacho no tiene madre, f\'edje\-se
usted \emdash sol\'eda decirle a Barcel\'f3\emdash . A m\'ed es que me da
una pena, pobrecillo.
\par La Bernarda hab\'eda llegado a Barcelona poco despu\'e9s de la
guerra, huyendo de la pobreza y de un padre que a las buenas le pegaba
palizas y la trataba de tonta, fea y guarra, y a las malas la acorralaba
en las porquerizas, bo\-
rracho, para manosearla hasta que ella lloraba de terror y \'e9l la
dejaba ir, por mojigata y est\'fapida, como su madre. Barcel\'f3 se la
hab\'eda tropezado por casualidad cuando la
\par }{\lang1034 Bernarda trabajaba en un puesto de verduras del merca\-
do del Borne y, siguiendo una intuici\'f3n, le hab\'eda ofrecido empleo a
su servicio.
\par \emdash Lo nuestro ser\'e1 como en }{\i\lang1034 Pigmali\'f3n
}{\lang1034 \emdash anunci\'f3\emdash . Usted ser\'e1 mi Eliza y yo su
profesor Higgins.
\par La Bernarda, cuyo apetito literario se saciaba con la }{\i\lang1034
Hoja Dominical, }{\lang1034 le mir\'f3 de reojo.
\par \emdash Oiga, que una ser\'e1 pobre e ignorante, pero muy de\-cente.
\par Barcel\'f3 no era exactamente George Bernard Shaw, pero aunque no
hab\'eda conseguido dotar a su pupila de la dicci\'f3n y el duende de,
don Manuel Aza\'f1a, sus esfuerzos hab\'edan acabado por refinar a la
Bernarda y ense\'f1arle ma\-
neras y hablares de doncella de provincias. Ten\'eda veintio\-cho
a\'f1os, pero a m\'ed siempre me pareci\'f3 que arrastraba diez m\'e1s,
aunque s\'f3lo fuera en la mirada. Era muy de misa y devota de la virgen
de Lourdes hasta el punto del delirio. Acud
\'eda a diario a la bas\'edlica de Santa Mar\'eda del Mar a o\'edr el
servicio de las ocho y se confesaba tres veces por semana como m\'ednimo.
Don Gustavo, que se declaraba agn\'f3stico (lo cual la Bernarda
sospechaba era una afecci\'f3n respirato\-
ria, como el asma, pero de se\'f1oritos), opinaba que era ma\-
tem\'e1ticamente imposible que la criada pecase lo suficiente como para
mantener semejante ritmo de confesi\'f3n.
\par \emdash Si t\'fa eres m\'e1s buena que el pan, Bernarda \emdash
dec\'eda, indignado\emdash . Esta gente que ve pecado en todas partes
est\'e1 enferma del alma y, si me apuras, de los intestinos. La
condici\'f3n b\'e1sica del beato ib\'e9rico es el estre
\'f1imiento cr\'f3nico.
\par Al o\'edr tama\'f1as blasfemias, la Bernarda se santiguaba por
quintuplicado. M\'e1s tarde, por la noche, dec\'eda una oraci\'f3n extra
por el alma poluta del se\'f1or Barcel\'f3, que ten\'eda buen coraz\'f3n,
pero a quien de tanto leer se le ha\-b\'ed
an podrido los sesos, como a Sancho Panza. De Pascuas a Ramos, a la
Bernarda le sal\'edan novios que le pegaban, le sacaban los pocos cuartos
que ten\'eda en una cartilla de ahorros, y tarde o temprano la dejaban
tirada. Cada vez que se produc\'ed
a una de estas crisis, la Bernarda se ence\-rraba en el cuarto que
ten\'eda en la parte de atr\'e1s del piso a llorar durante d\'edas y
juraba que se iba a matar con el ve\-neno para las ratas o a beberse una
botella de lej\'eda. Barce\-l\'f3
, tras agotar todas sus artima\'f1as de persuasi\'f3n, se asus\-taba de
veras y ten\'eda que llamar al cerrajero de guardia para que abriese la
puerta de la habitaci\'f3n y a su m\'e9dico de cabecera para que le
administrase a la
Bernarda un sedante de caballo. Cuando la pobre despertaba dos d\'edas
despu\'e9s, el librero le compraba rosas, bombones, un ves\-tido nuevo y
la llevaba al cine a ver una de Cary Grant, que seg\'fan ella, despu\'e9s
de Jos\'e9 Antonio, era el hombre m
\'e1s guapo de la historia.
\par \emdash Oiga, y dicen que Cary Grant es de la acera de en\-frente
\emdash murmuraba ella, atiborr\'e1ndose de chocolati\-nas\emdash .
\'bfSer\'e1 posible?
\par \emdash Sandeces \emdash sentenciaba Barcel\'f3\emdash . El cazurro
y el zoquete viven en un estado de perenne envidia.
\par \emdash Qu\'e9 bien habla el se\'f1or. Se conoce que ha ido a la
universidad esa del sorbete.
\par \emdash Sorbona \emdash correg\'eda Barcel\'f3, sin acritud.
\par Era muy dif\'edcil no querer a la Bernarda. Sin hab\'e9rselo pedido
nadie, cocinaba y cos\'eda para m\'ed. Me arreglaba la ropa, los zapatos,
me peinaba, me cortaba el pelo, me compraba vitaminas y dent\'edfrico, e
incluso lleg\'f3
a regalarme una medallita con un frasco de cristal que conten\'eda agua
bendita tra\'edda desde Lourdes en autob\'fas por una herma\-na suya que
viv\'eda en San Adri\'e1n del Bes\'f3s. A veces, mien\-tras se
empe\'f1aba en examin
arme el pelo en busca de liendres y otros par\'e1sitos, me hablaba en voz
baja.
\par \emdash La se\'f1orita Clara es lo m\'e1s grande del mundo, y
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 quiera Dios que me caiga muerta si alg\'fan
d\'eda se me ocu\-rre criticarla, pero no est\'e1 bien que el se\'f1orito
se obsesio\-ne mucho con e
lla, si me entiende usted lo que quiero decir.
\par \emdash No te preocupes, Bernarda, si s\'f3lo somos amigos.
\par \emdash Pues eso mismo digo yo.
\par Para ilustrar sus argumentos, la Bernarda proced\'eda entonces a
relatarme alguna historia que hab\'eda o\'eddo por la radio en torno a un
muchacho que se hab\'eda enamorado indebidamente de su maestra y al que,
por obra de al\-g\'fa
n sortilegio justiciero, se le hab\'eda ca\'eddo el pelo y los dientes al
tiempo que la cara y las manos se le recubr\'edan de hongos
recriminatorios, una suerte de lepra del libidi\-noso.
\par \emdash La lujuria es muy mala cosa \emdash conclu\'eda la Bernar\-
da\emdash . Se lo digo yo.
\par Don Gustavo, pese a los chistes que se marcaba a mi costa, ve\'eda
con buenos ojos mi devoci\'f3n por Clara y mi entusiasta entrega de
acompa\'f1ante. Yo atribu\'eda su tolerancia al hecho de
que probablemente me consideraba inofensivo. De tarde en tarde, segu\'eda
dej\'e1ndome caer ofertas suculentas para adquirir la novela de Carax. Me
dec\'eda que hab\'ed
a comentado el tema con algunos colegas del gremio de libros de
anticuario y todos coincid\'edan que un Carax ahora pod\'eda valer una
fortuna, especialmente en Francia. Yo siempre le dec\'eda que no y \'e9l
se limitaba a sonre\'edr, ladino. Me hab\'ed
a entregado una copia de las lla\-ves del piso para que entrase y saliese
sin estar pendiente de si \'e9l o la Bernarda estaban en casa para
abrirme. Mi padre era harina de otro costal. Con el paso de los a\'f1os
hab\'ed
a superado su reparo innato a abordar cualquier tema que le preocupase de
veras. Una de las primeras conse\-cuencias de este progreso fue que
empez\'f3 a mostrar su clara desaprobaci\'f3n de mi relaci\'f3n con
Clara.
\par \emdash Tendr\'edas que ir con amigos de tu edad, como To\-m\'e1s
Aguilar, que lo tienes olvidado y es un muchacho estupendo, y no con una
mujer que ya tiene a\'f1os de ca\-sarse.
\par \emdash \'bfQu\'e9 m\'e1s dar\'e1 la edad que tenga cada uno si
somos buenos amigos?
\par Lo que m\'e1s me doli\'f3 fue la alusi\'f3n a Tom\'e1s, porque era
cierta. Hac\'eda meses que no sal\'eda por ah\'ed con \'e9l, cuan\-do
antes hab\'edamos sido inseparables. Mi padre me obser\-v\'f3 con
reprobaci\'f3n.
\par \emdash Daniel, t\'fa no sabes nada de las mujeres, y \'e9sa juega
contigo como un gato con un canario.
\par \emdash Eres t\'fa el que no sabe nada de mujeres \emdash replicaba
yo, ofendido\emdash . Y de Clara, menos.
\par Nuestras conversaciones sobre el tema rara vez iban m\'e1s all\'e1
de un intercambio de reproches y miradas. Cuando no estaba en el colegio
o con Clara, todo mi tiempo lo dedicaba a ayudar a mi padre en la
librer\'eda. Or\-denando el almac\'e9
n de la trastienda, llevando pedidos, haciendo recados o atendiendo a los
clientes habituales. Mi padre se quejaba de que no pon\'eda la cabeza ni
el cora\-z\'f3n en el trabajo. Yo, a mi vez, replicaba que me pasaba la
vida entera all\'ed y que no entend
\'eda de qu\'e9 ten\'eda que que\-jarse. Muchas noches, sin poder
conciliar el sue\'f1o, recor\-daba aquella intimidad, aquel peque\'f1o
mundo que am\-bos hab\'edamos compartido en los a\'f1os que siguieron a
la muerte de mi madre, los a\'f1
os de la pluma de V\'edctor Hugo y las locomotoras de lat\'f3n. Los
recordaba como a\'f1os de paz y tristeza, un mundo que se desvanec\'eda,
que se hab\'eda venido evaporando desde aquel amanecer en que mi padre me
hab\'ed
a llevado a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados. Un d\'eda mi
padre descubri\'f3 que yo hab\'eda regalado el libro de Carax a Clara y
mont\'f3 en c\'f3\-lera.
\par }{\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash Me has decepcionado, Daniel
\emdash me dijo\emdash . Cuando te llev\'e9 a aquel lugar secreto, te
dije que el libro que esco\-gieras era algo especial, que t\'fa lo ibas a
adoptar y que de\-b\'edas responsabilizarte de
\'e9l.
\par \emdash Entonces ten\'eda diez a\'f1os, pap\'e1, y aquello era un
juego de ni\'f1os.
\par Mi padre me mir\'f3 como si le hubiese apu\'f1alado.
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 \emdash }{\expnd1\expndtw6\lang1034 Y
ahora tienes catorce, y no s\'f3lo sigues siendo un ni\'f1o, eres un
ni\'f1o que se cree un hombre. Vas a llevarte muchos disgustos en la
vida, Daniel. Y muy pronto.
\par En aquellos d\'edas yo quer\'eda creer que a mi padre le do\-l\'eda
que pasase tanto tiempo con los Barcel\'f3. El librero y su sobrina
viv\'edan en un mundo de lujos que mi padre apenas pod\'ed
a olfatear. Pensaba que le molestaba que la criada de don Gustavo se
comportase conmigo como si fuese mi madre y que le ofend\'eda que yo
aceptase que al\-guien pudiera desempe\'f1
ar aquel papel. A veces, mientras yo andaba por la trastienda haciendo
paquetes o pre\-parando un env\'edo, o\'eda a alg\'fan cliente bromear
con mi padre.
\par \emdash Sempere, usted lo que tiene que hacer es buscarse una buena
chavala, que ahora sobran viudas de buen ver y en la flor de la vida, ya
me entiende usted. Una buena moza le arregla a uno la vida, amigo m\'edo,
y le quita veinte a\'f1
os de encima. Lo que no puedan un par de tetas...
\par Mi padre nunca respond\'eda a estas insinuaciones, pero a m\'ed cada
vez me parec\'edan m\'e1s sensatas. En una ocasi\'f3n, en una de nuestras
cenas que se hab\'edan transformado en combates de silencios y miradas
robadas, saqu\'e9 el tema a relucir. Cre
\'eda que si era yo quien lo suger\'eda, facilitar\'eda las cosas. Mi
padre era un hombre bien parecido, de aspecto pulcro y cuidado, y me
constaba que m\'e1s de una mujer en el barrio lo ve\'eda con buenos ojos.
\par \emdash A ti te ha resultado muy f\'e1cil encontrar una sustitu\-ta
para tu madre \emdash replic\'f3 con amargura\emdash . Pero para m\'ed no
la hay y no tengo inter\'e9s alguno en buscarla.
\par A medida que pasaba el tiempo, las insinuaciones de mi padre y de la
Bernarda, e incluso de Barcel\'f3, empeza\-ron a hacer mella en m\'ed.
Algo en mi interior me dec\'eda que estaba meti\'e9ndome en un camino sin
salida, que no pod\'ed
a esperar que Clara viese en m\'ed m\'e1s que a un mucha\-cho al que
llevaba diez a\'f1os. Sent\'eda que cada d\'eda se me hac\'eda m\'e1s
dif\'edcil estar junto a ella, sufrir el roce de sus manos o llevarla del
brazo cuando pase\'e1bamos. Lleg\'f3
un punto en que la mera proximidad con ella se traduc\'eda en casi un
dolor f\'edsico. A nadie se le escapaba este hecho, y menos que a nadie a
Clara.
\par \emdash Daniel, creo que tenemos que hablar \emdash me
dec\'eda\emdash . Yo creo que no me he portado bien contigo...
\par Nunca le dejaba acabar sus frases. Sal\'eda de la habita\-ci\'f3n
con cualquier excusa y hu\'eda. Eran d\'edas en que cre\'ed estar
enfrent\'e1ndome al calendario en una carrera imposible. Tem\'eda que el
mundo de espejismos que hab\'eda cons\-
truido en torno a Clara se acercase a su fin. Poco imagi\-naba yo que mis
problemas apenas hab\'edan empezado.
\par }{
\par }\pard\plain
\s3\qc\sb240\sa60\keepn\nowidctlpar\widctlpar\outlinelevel2\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\page MISERIA Y }{\caps Compa\'f1\'eda}{
\par }\pard\plain \qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {(1950\emdash 1952)
\par }\pard \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright {
\par }\pard\plain \s15\qj\fi4536\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {7
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw2\lang1034
\par El d\'eda de mi diecis\'e9is cumplea\'f1os conjur\'e9 la peor de
cuantas ocurrencias funestas hab\'eda alumbrado a lo largo de mi corta
existencia. Por mi cuenta y riesgo, hab\'eda deci\-dido organizar una
cena de cumplea\'f1os e invitar a Barce\-l\'f3
, a la Bernarda y a Clara. Mi padre opinaba que aquello era un error.
\par \emdash Es mi cumplea\'f1os \emdash repliqu\'e9 cruelmente\emdash .
Traba\-jo para ti todos los dem\'e1s d\'edas del a\'f1o. Al menos por una
vez, dame el gusto.
\par \emdash Haz lo que quieras.
\par Los meses precedentes hab\'edan sido los m\'e1s confusos de mi
extra\'f1a amistad con Clara. Ya casi nunca le\'eda para ella. Clara
rehu\'eda sistem\'e1ticamente cualquier ocasi\'f3n que implicase quedarse
a solas conmigo. Siempre que la visitaba, su t
\'edo estaba presente fingiendo leer el diario, o la Ber\-narda se
materializaba trajinando por el foro y lanz\'e1ndo\-me miradas de
soslayo. Otras veces, la compa\'f1\'eda ven\'eda en forma de una o varias
de las amigas de Clara. Yo las llama\-
ba las Hermanas Anisete, siempre tocadas de un recato y un semblante
virginal, patrullando las proximidades de
Clara con un misal en la mano y una mirada policial que mostraba sin
tapujos que yo estaba de sobra, que mi presencia avergonzaba a Clara y al
mundo. El peor de todos, sin embargo, era el maestro Neri, cuya infausta
sinfon\'eda segu\'ed
a inconclusa. Era un tipo atildado, un ni\'f1ato de San Gervasio que pese
a d\'e1rselas de Mozart, a m\'ed, rezumando brillantina, me recordaba
m\'e1s a Carlos Gardel. De genio yo s\'f3lo le encontraba la mala baba.
Le hac\'ed
a la rosca a don Gustavo sin dignidad ni decoro, y flirteaba con la
Bernarda en la cocina, haci\'e9ndola re\'edr con sus rid\'edculos regalos
de bolsas de peladillas y pellizcos en el culo. Yo, en pocas palabras, le
detestaba a muerte. La antipat\'ed
a era mutua. Neri siempre aparec\'eda por all\'ed con sus partituras y su
arrogante adem\'e1n, mir\'e1ndome como si fuese un gru\-metillo
indeseable y poniendo toda clase de reparos a mi presencia.
\par \emdash Ni\'f1o, \'bft\'fa no tienes que irte a hacer los deberes?
\par \emdash \'bfY usted, maestro, no ten\'eda una sinfon\'eda que
acabar?
\par Al final, entre todos pod\'edan conmigo y yo me largaba cabizbajo y
derrotado, deseando haber tenido la labia de don Gustavo para poner a
aquel engre\'eddo en su sitio.
\par
\par El d\'eda de mi cumplea\'f1os, mi padre baj\'f3 al horno de la
esquina y compr\'f3 el mejor pastel que encontr\'f3. Dispu\-so la mesa en
silencio, colocando la plata y la vajilla buena. Encendi\'f3 velas y
prepar\'f3 una cena con los platos que supon\'ed
a mis favoritos. No cruzamos palabra en toda la tarde. Al anochecer, mi
padre se retir\'f3 a su habitaci\'f3n, se enfund\'f3 su mejor traje y
regres\'f3 con un paquete envuel\-to en papel de celof\'e1n que coloc\'f3
en la mesita del come\-
dor. Mi regalo. Se sent\'f3 a la mesa, se sirvi\'f3 una copa de vino
blanco, y esper\'f3. La invitaci\'f3n dec\'eda que la cena era a las ocho
y media. A las nueve y media todav\'eda est\'e1ba
mos esperando. Mi padre me observaba con tristeza sin decir nada. A m\'ed
me ard\'eda el alma de rabia.
\par \emdash Estar\'e1s contento \emdash dije\emdash . \'bfEs esto lo que
quer\'edas?
\par \emdash No.
\par La Bernarda se present\'f3 media hora m\'e1s tarde. Tra\'eda una
cara de funeral y un recado de la se\'f1orita Clara. Me deseaba muchas
felicidades, pero sent\'eda no poder asistir a mi cena de cumplea\'f1os.
El se\'f1or Barcel\'f3 se hab\'ed
a tenido que ausentar de la ciudad durante unos d\'edas por asuntos de
negocios y Clara se hab\'eda visto obligada a cambiar la hora de su clase
de m\'fasica con el maestro Neri. Ella ha\-b\'eda venido porque era su
tarde libre.
\par \emdash \'bfClara no puede venir porque tiene una clase de
m\'fasica? \emdash pregunt\'e9, at\'f3nito.
\par La Bernarda baj\'f3 la vista. Estaba casi llorando cuando me
tendi\'f3 un peque\'f1o paquete que conten\'eda su regalo y me bes\'f3
ambas mejillas.
\par \emdash Si no le gusta, se puede cambiar \emdash dijo.
\par Me qued\'e9 a solas con. mi padre, contemplando la vaji\-lla buena,
la plata y las velas consumi\'e9ndose en silencio.
\par \emdash Lo siento, Daniel \emdash dijo mi padre.
\par Asent\'ed en silencio, encogi\'e9ndome de hombros.
\par \emdash \'bfNo vas a abrir tu regalo? \emdash pregunt\'f3.
\par Mi \'fanica respuesta fue el portazo que di al salir. Baj\'e9 las
escaleras con furia, sintiendo los ojos}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 rebosando l\'e1gri\-mas de ira al salir a la
calle desolada, ba\'f1ada de luz azul y de fr
\'edo. Llevaba el coraz\'f3n envenenado y la mirada me temblaba. Ech\'e9
a andar sin rumbo, ignorando al extra\'f1o que me observaba inm\'f3vil
desde la Puerta del \'c1ngel. Ves\-t\'ed
a el mismo traje oscuro, su mano derecha enfundada en el bolsillo de la
chaqueta. Sus ojos}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 dibujaban briznas de luz a la lumbre de un
cigarro. Cojeando levemente, em\-pez\'f3 a seguirme.
\par Anduve callejeando sin rumbo durante m\'e1s de una hora hasta llegar
a los pies del monumento a Col\'f3n. Cru\-c\'e9 hasta los muelles y me
sent\'e9 en los pelda\'f1os que se }{\lang1034 hund\'edan en las aguas
tenebrosas jun
to al muelle de las golondrinas. Alguien hab\'eda fletado una
excursi\'f3n noctur\-na y se pod\'edan o\'edr las risas y la m\'fasica
flotando desde la procesi\'f3n de luces y reflejos en la d\'e1rsena del
puerto. Re\-cord\'e9 los d\'ed
as en que mi padre y yo hac\'edamos la traves\'eda en las golondrinas
hasta la punta del espig\'f3n. Desde all\'ed pod\'eda verse la ladera del
cementerio en la monta\'f1a de Montju\'ef
c y la ciudad de los muertos, infinita. A veces yo saludaba con la mano,
creyendo que mi madre segu\'eda all\'ed y nos ve\'eda pasar. Mi padre
repet\'eda mi saludo. Hac\'eda ya a\'f1os que no embarc\'e1bamos en una
golondrina, aunque yo sab\'eda que \'e9
l a veces iba solo.
\par \emdash Una buena noche para el remordimiento, Daniel \emdash dijo
la voz desde las sombras\emdash . \'bfUn cigarrillo?
\par Me incorpor\'e9 de un brinco, con un fr\'edo s\'fabito en el cuerpo.
Una mano me ofrec\'eda un pitillo desde la oscuri\-dad.
\par \emdash \'bfQui\'e9n es usted?
\par El extra\'f1o se adelant\'f3 hasta el umbral de la oscuri\-dad,
dejando su rostro velado. Un h\'e1lito de humo azul brotaba de su
cigarrillo. Reconoc\'ed al instante el traje negro y aquella man
o oculta en el bolsillo de la chaqueta. Los ojos le brillaban como
cuentas de cristal.
\par \emdash Un amigo \emdash dijo\emdash . O eso aspiro a ser.
\'bfCigarrillo?
\par \emdash No fumo.
\par \emdash Bien hecho. Lamentablemente, no tengo nada m\'e1s que
ofrecerte, Daniel.
\par Su voz era arenosa, herida. Arrastraba las palabras y sonaba apagada
y remota, como los discos de setenta y ocho revoluciones por minuto que
coleccionaba Barcel\'f3.
\par \emdash \'bfC\'f3mo sabe mi nombre?
\par \emdash S\'e9 muchas cosas de ti. El nombre es lo de menos.
\par \emdash \'bfQu\'e9 m\'e1s sabe?
\par \emdash Podr\'eda avergonzarte, pero no tengo ni el tiempo ni las
ganas. Baste decir que s\'e9 que tienes algo que me inte\-resa. Y estoy
dispuesto a pagarte bien por ello.
\par \emdash Me parece que se equivoca usted de persona.
\par \emdash No, yo nunca me equivoco de persona. Para otras cosas s\'ed,
pero nunca de persona. \'bfCu\'e1nto quieres por \'e9l?
\par \emdash \'bfPor el qu\'e9?
\par }{\i\expnd2\expndtw10\lang1034 \emdash La Sombra del Viento.
\par }{\lang1034 \emdash \'bfQu\'e9 le hace pensar que lo tengo?
\par \emdash Eso est\'e1 fuera de la discusi\'f3n, Daniel. Es s\'f3lo una
cuesti\'f3n de precio. Hace mucho que s\'e9 que lo tienes. La gente
habla. Yo escucho.
\par \emdash Pues debe de haber o\'eddo mal. Yo no tengo ese li\-bro. Y
si lo tuviera, no lo vender\'eda.
\par \emdash Tu integridad es admirable, sobre todo en esta \'e9po\-ca de
monaguillos y lameculos, pero conmigo no hace fal\-ta que hagas comedia.
Dime cu\'e1nto. \'bfMil duros? A m\'ed el dinero me trae sin cuidado. El
precio lo pones t\'fa.
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 \emdash }{\lang1034 Ya se lo he dicho:
ni est\'e1 en venta, ni lo tengo \emdash re\-pliqu\'e9\emdash . Se ha
equivocado usted, ya lo ve.
\par El extra\'f1o permaneci\'f3 en silencio, inm\'f3vil, envuelto en el
humo azul de aquel cigarrillo que nunca parec\'eda acabarse. Not\'e9 que
no ol\'eda a tabaco, sino a papel quema\-do. Papel bueno, de libro.
\par \emdash Quiz\'e1 seas t\'fa el que se est\'e9 equivocando ahora
\emdash sugiri\'f3.
\par \emdash \'bfMe est\'e1 amenazando? \emdash Probablemente.
\par Tragu\'e9 saliva. Pese a mi bravata, aquel individuo me ten\'eda
totalmente aterrorizado.
\par \emdash \'bfY puedo saber por qu\'e9 est\'e1 usted tan interesado?
\par \emdash Eso es asunto m\'edo.
\par \emdash M\'edo tambi\'e9n, si me amenaza usted para que le ven\-da
un libro que no tengo.
\par \emdash Me caes bien, Daniel. Tienes agallas y pareces listo.
\'bfMil duros? Con eso puedes comprar much\'edsimos libros. Libros
buenos, no esa basura que guardas con tanto celo. Venga, mil duros y
quedamos tan amigos.
\par \emdash Usted y yo no somos amigos.
\par \emdash S\'ed lo somos, pero t\'fa no te has dado cuenta todav\'eda.
No te culpo, con tantas cosas en la cabeza. Como tu ami\-ga, Clara. Por
una mujer as\'ed, cualquiera pierde el sentido com\'fan.
\par La menci\'f3n a Clara me hel\'f3 la sangre.
\par \emdash \'bfQu\'e9 sabe usted de Clara?
\par \emdash Me atrever\'eda a decir que s\'e9 m\'e1s que t\'fa, y que te
convendr\'eda olvidarla, aunque ya s\'e9 que no lo har\'e1s. Yo
tambi\'e9n he tenido diecis\'e9is a\'f1os...
\par Una terrible certeza me golpe\'f3 de s\'fabito. Aquel hom\-bre era
el extra\'f1o que abordaba a Clara por la calle, de inc\'f3gnito. Era
real. Clara no hab\'eda mentido. El individuo dio un paso al frente. Me
retir\'e9. No hab\'ed
a sentido tanto miedo en la vida.
\par \emdash Clara no tiene el libro, m\'e1s vale que lo sepa. No se
atreva a tocarla otra vez.
\par \emdash Tu amiga me trae sin cuidado, Daniel, y alg\'fan d\'eda
compartir\'e1s mi sentir. Lo que quiero es el libro. Prefiero obtenerlo
por las buenas y que nadie salga perjudicado. \'bfMe explico?
\par A falta de mejores ideas me lanc\'e9 a mentir como un bellaco.
\par \emdash Lo tiene un tal Adri\'e1n Neri. M\'fasico. A lo mejor le
suena.
\par \emdash No me suena de nada, y eso es lo peor que se pue\-de decir
de un m\'fasico. \'bfSeguro que no te has inventado a este tal Adri\'e1n
Neri?
\par \emdash Qu\'e9 m\'e1s quisiera yo.
\par \emdash Entonces, ya que parece que sois tan buenos ami\-gos, a lo
mejor t\'fa puedes persuadirle para que te lo de\-vuelva. Estas cosas,
entre amigos, se solucionan sin pro\-blemas. \'bfO prefieres que se lo
pida a tu amiga Clara? Negu\'e9.
\par \emdash Hablar\'e9 con Neri, pero no creo que me lo devuel\-va, o
que lo tenga todav\'eda \emdash improvis\'e9\emdash . \'bfY usted para
qu\'e9 quiere el libro? No me diga que para leerlo.
\par \emdash No. Me lo s\'e9 de memoria.
\par \emdash \'bfEs usted un coleccionista?
\par \emdash Algo parecido.
\par \emdash \'bfTiene usted m\'e1s libros de Carax?
\par \emdash Los he tenido en alg\'fan momento. Juli\'e1n Carax es mi
especialidad, Daniel. Recorro el mundo buscando sus libros.
\par \emdash \'bfY qu\'e9 hace con ellos si no los lee?
\par El extra\'f1o emiti\'f3 un sonido sordo, ag\'f3nico. Tard\'e9 unos
segundos en comprender que se estaba riendo.
\par \emdash Lo \'fanico que debe hacerse con ellos, Daniel \emdash re\-
plic\'f3.
\par Extrajo entonces una cajetilla de f\'f3sforos del bolsillo. Tom\'f3
uno y lo prendi\'f3. La llama ilumin\'f3 por primera vez su semblante. Se
me hel\'f3 el alma. Aquel personaje no ten\'eda nariz, ni labios, ni
p\'e1rpados. Su rostro era apenas una m\'e1
scara de piel negra y cicatrizada, devorada por el fuego. Aqu\'e9lla era
la tez muerta que hab\'eda rozado Clara.
\par \emdash Quemarlos \emdash susurr\'f3, la voz y la mirada envenena\-
das de odio.
\par Un soplo de brisa apag\'f3 la cerilla que sosten\'eda en los dedos,
y su rostro qued\'f3 de nuevo oculto en la oscuridad.
\par \emdash Volveremos a vernos, Daniel. A m\'ed nunca se me ol\-vida
una cara y creo que a ti, desde hoy, tampoco \emdash dijo
pausadamente\emdash . Por tu bien, y por el de tu amiga Clara, conf\'edo
en que tomes la decisi\'f3
n correcta y aclares este tema con el tal se\'f1or Neri, que por cierto
tiene nombre de ni\'f1ato. Yo no me fiar\'eda ni un pelo de \'e9l.
\par Sin m\'e1s, el extra\'f1o se dio la vuelta y parti\'f3 hacia los
muelles, una silueta evapor\'e1ndose en la oscuridad envuel\-ta en su
risa de trapo.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qj\fi4111\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {8
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034
\par Un manto de nubes chispeando electricidad cabalgaba desde el mar.
Hubiera echado a correr para guarecerme del aguacero que se avecinaba,
pero las palabras de aquel individuo empezaban a hacer su efecto. Me
temblaban las manos y las ideas. Alc\'e9
la vista y vi el temporal derramarse como manchas de sangre negra entre
las nubes, cegando la luna y tendiendo un manto de tinieblas sobre los
teja\-dos y fachadas de la ciudad. Intent\'e9 apretar el paso, pero la
inquietud me carcom\'ed
a por dentro y caminaba perse\-guido por el aguacero con pies y piernas
de plomo. Me cobij\'e9 bajo la marquesina de un quiosco de prensa,
inten\-tando ordenar mis pensamientos y decidir c\'f3mo proce\-der. Un
trueno descarg\'f3
cerca, rugiendo como un dra\-g\'f3n enfilando la bocana del puerto, y
sent\'ed el suelo temblar bajo mis pies. El pulso fr\'e1gil del alumbrado
el\'e9c\-trico que dibujaba fachadas y ventanas se desvaneci\'f3 unos
segundos m\'e1
s tarde. En las aceras encharcadas, las farolas parpadeaban,
extingui\'e9ndose como velas al viento. No se ve\'eda un alma en las
calles y la negrura del apag\'f3n se es\-parci\'f3 con un aliento
f\'e9tido que ascend\'eda de los desag\'fces que vert\'ed
an al alcantarillado. La noche se hizo opaca e impenetrable, la lluvia
una mortaja de vapor. \'abPor una mujer as\'ed, cualquiera pierde el
sentido com\'fan...\'bb Ech\'e9 a correr Ramblas arriba con un solo
pensamiento en la ca\-beza: Clara.
\par La Bernarda hab\'eda dicho que Barcel\'f3 estaba fuera de la ciudad
por asuntos de negocios. Aqu\'e9l era su d\'eda libre, y ten\'eda por
costumbre ir a pasar esa noche en casa de su t\'eda Reme y sus primas en
San Adri\'e1n del Bes\'f3s. Eso
dejaba a Clara sola en el piso cavernoso de la plaza Real y a aquel
individuo sin rostro y sus amenazas sueltos en la tormenta con sabe Dios
qu\'e9 ideas. Mientras me apresuraba bajo el aguacero hacia la plaza
Real, no pod\'eda quitarme del pen\-
samiento la idea de que hab\'eda puesto en peligro a Clara al regalarle
el libro de Carax. Llegu\'e9 a la entrada de la plaza empapado hasta los
huesos. Corr\'ed a cobijarme bajo los ar\-cos de la calle Fernando. Me
pareci\'f3
ver contornos de sombra reptando a mis espaldas. Mendigos. El portal
esta\-ba cerrado. Busqu\'e9 en mi manojo de llaves el juego que
Barcel\'f3 me hab\'eda dado. Llevaba conmigo las llaves de la tienda, del
piso de Santa Ana y de la vivienda de los Barce
\-l\'f3. Uno de los vagabundos se me acerc\'f3, murmurando si pod\'eda
dejarle pasar la noche en el vest\'edbulo. Cerr\'e9 la puerta antes de
que pudiese acabar su frase.
\par
\par La escalera era un pozo de sombra. El aliento de los rel\'e1mpagos
se filtraba entre las comisuras del port\'f3n y salpicaba los contornos
de los pelda\'f1os. Avanc\'e9 a tientas y encontr\'e9 el primer
pelda\'f1o de un tropez\'f3n. Sujet\'e9
la barandilla y ascend\'ed lentamente la escalera. Al poco, los
pelda\'f1os se deshicieron en una planicie y comprend\'ed que hab\'eda
llegado al rellano del principal. Palp\'e9 los muros de m\'e1rmol
fr\'edo, hostil, y encontr\'e9
los relieves de la puerta de roble y los picaportes de aluminio.
Busqu\'e9 el orificio de la cerradura e introduje la llave a tientas. Al
abrirse la puerta del piso, una franja de claridad azul me ceg\'f3 mo\-
ment\'e1neamente y un soplo de aire c\'e1
lido me acarici\'f3 la piel. El cuarto de la Bernarda estaba situado en
la parte }{\expnd0\expndtw2\lang1034 posterior del piso, junto a la
cocina. Me dirig\'ed all\'ed pri\-mero, aunque ten\'eda la seguridad de
que la criada estaba ausente. Golpe\'e9
con los nudillos en su puerta y, al no obtener respuesta, me permit\'ed
abrir la alcoba. Era una ha\-bitaci\'f3n sencilla, con una cama grande,
un armario oscu\-ro con espejos ahumados y una c\'f3moda sobre la que la
Bernarda hab\'ed
a colocado suficientes santos, v\'edrgenes y es\-tampas para abrir un
santuario. Cerr\'e9 la puerta y, al vol\-verme, casi se me para el
coraz\'f3n al vislumbrar una doce\-
na de ojos azules y escarlata avanzando desde el fondo del pasillo. Los
gatos de Barcel\'f3 ya me conoc\'edan de sobra y toleraban mi presencia.
Me rodearon, maullando sua\-vemente, y al comprobar que mis ropas
empapadas de lluvia no desprend\'ed
an el calor deseado, me abandonaron con indiferencia.
\par La habitaci\'f3n de Clara estaba situada en el otro extre\-mo del
piso, junto a la biblioteca y la sala de m\'fasica. Los pasos invisibles
de los gatos me segu\'edan a trav\'e9s del corredor, expectantes. En la
penumbra intermitente de la tor\-
menta, el piso de Barcel\'f3 se me antojaba cavernoso y siniestro,
distinto del que hab\'eda aprendido a considerar mi segunda casa.
Alcanc\'e9 la parte delantera del piso que daba a la plaza. El
invernadero de Barcel\'f3 se abri\'f3 ante m\'ed
, denso e impenetrable. Me adentr\'e9 en la espesura de hojas y ramas.
Por un instante me asalt\'f3 la idea de que, si el extra\'f1o sin rostro
se hab\'eda infiltrado en el piso, proba\-blemente \'e9se era el lugar
que habr\'eda escogido para ocul\-
tarse. Para esperarme. Casi me pareci\'f3 percibir aquel olor a papel
quemado que desprend\'eda en el aire, pero com\-prend\'ed que lo que mi
olfato hab\'eda detectado era sencilla\-mente tabaco. Me asalt\'f3 un
amago de p\'e1
nico. En aquella casa nadie fumaba, y la pipa de Barcel\'f3, siempre
extinta, era puro }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
atrezzo}{\expnd0\expndtw2\lang1034 .
\par Llegu\'e9 a la sala de m\'fasica y el reluz de un rel\'e1mpago
encendi\'f3 las volutas de humo que flotaban en el aire como guirnaldas
de vapor. El teclado del piano formaba una sonrisa interminable junto a
la galer\'eda. Cruc\'e9 la sala de m\'fa
sica y llegu\'e9 hasta la puerta de la biblioteca. Estaba cerrada. La
abr\'ed y la claridad de la glorieta que rodeaba la biblioteca personal
del librero me ofreci\'f3 una c\'e1lida bienvenida. Las paredes
recubiertas de estanter\'edas reple\-tas forma
ban un \'f3valo en cuyo centro descansaba una mesa de lectura y dos
butacas de mariscal de campo. Sa\-b\'eda que Clara guardaba el libro de
Carax en una vitrina junto al arco de la glorieta. Me dirig\'ed hasta
all\'ed
con sigilo. Mi plan, o la ausencia de uno, hab\'eda sido hacerme con el
libro, sacarlo de all\'ed, entreg\'e1rselo a aquel lun\'e1tico y per\-
derlo de vista para siempre. Nadie reparar\'eda en la ausen\-cia del
libro, excepto yo.
\par El libro de Juli\'e1n Carax me esperaba como siempre, asomando el
lomo al fondo de un estante. Lo tom\'e9 en mis manos y lo apret\'e9
contra el pecho, como si abrazase a un viejo amigo al que estuviese a
punto de traicionar. Ju\-das, pens\'e9
. Me dispuse a salir de all\'ed sin dejar saber a Cla\-ra de mi
presencia. Me llevar\'eda el libro y desaparecer\'eda de la vida de Clara
Barcel\'f3 para siempre. Sal\'ed de la biblioteca con paso leve. La
puerta de la habitaci\'f3
n de Clara se adivinaba al fondo del corredor. La imagin\'e9 tendida en
su lecho, dormida. Imagin\'e9 mis dedos acariciando su gar\-ganta,
explorando un cuerpo que hab\'eda memorizado de pura ignorancia. Me
volv\'ed, dispuesto a abandonar seis a\'f1
os de quimeras, pero algo detuvo mis pasos antes de al\-canzar la sala de
m\'fasica. Una voz silbando a mi espalda, tras la puerta. Una voz
profunda, que susurraba y re\'eda. En la habitaci\'f3n de Clara.
Avanc\'e9 hacia la puerta lentamen\-te. Pos\'e9
los dedos sobre el pomo de la puerta. Los dedos me temblaban. Hab\'eda
llegado tarde. Tragu\'e9 saliva y abr\'ed la puerta.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qj\fi4253\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {9
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034
\par El cuerpo desnudo de Clara yac\'eda sobre s\'e1banas blancas que
brillaban como seda lavada. Las manos del maestro Neri se deslizaban
sobre sus labios, su cuello y su pecho. Sus ojos blancos se alzaban hacia
el techo, estremeci\'e9n\-
dose bajo las embestidas con que el profesor de m\'fasica la penetraba
entre sus muslos p\'e1lidos y temblorosos. Las mismas manos que hab\'edan
le\'eddo mi rostro seis a\'f1os atr\'e1
s en las tinieblas del Ateneo aferraban ahora las nalgas del maestro,
relucientes de sudor, clav\'e1ndole las u\'f1as y gui\'e1n\-dole hacia
sus entra\'f1as con un ansia animal, desesperada. Sent\'ed que me faltaba
el aire. Deb\'ed de permanecer all\'ed
, paralizado, observ\'e1ndolos por espacio de casi medio mi\-nuto, hasta
que la mirada de Neri, incr\'e9dula al princi\-pio, encendida de ira
despu\'e9s, repar\'f3 en mi presencia. Jadeando todav\'eda, at\'f3nito,
se detuvo. Clara le aferr\'f3
sin comprender, restregando su cuerpo contra el suyo, la\-mi\'e9ndole el
cuello.
\par \emdash \'bfQu\'e9 pasa? \emdash gimi\'f3\emdash . \'bfPor qu\'e9 te
paras?
\par Los ojos de Adri\'e1n Neri ard\'edan de furia.
\par \emdash Nada \emdash murmur\'f3\emdash . Ahora vuelvo.
\par Neri se incorpor\'f3 y se lanz\'f3 hacia m\'ed como un ob\'fas,
apretando los pu\'f1os. Ni le vi venir. No pod\'eda apartar los ojos de
Clara, envuelta en sudor, sin aliento, las costillas dibuj\'e1ndose bajo
su piel y los pechos temblando de anhe\-
lo. El profesor de m\'fasica me agarr\'f3 del cuello y me arras\-tr\'f3
afuera de la habitaci\'f3n. Sent\'ed que mis pies apenas ro\-zaban el
suelo, y por mucho que lo intent\'e9 no pude zafarme de la presa de Neri,
que me llevaba como un far\-do a trav
\'e9s del invernadero
\par \emdash El alma te voy a romper yo a ti, desgraciado \emdash mas\-
cullaba entre dientes.
\par Me llev\'f3 a rastras hasta la puerta del piso y una vez all\'ed la
abri\'f3 y me lanz\'f3 con fuerza al rellano. El libro de Ca\-rax se me
hab\'eda ca\'eddo de las manos. Lo recogi\'f3 y me lo tir\'f3 a la cara
con rabia.
\par \emdash Si te vuelvo a ver por aqu\'ed, o me entero de que te has
acercado a Clara en la calle, te juro que te env\'edo al hospital de la
paliza que te doy, sin importarme una mier\-da la edad que tengas \emdash
dijo fr\'edamente\emdash . \'bfEstamos?
\par Me incorpor\'e9 trabajosamente, y descubr\'ed que en el forcejeo
Neri me hab\'eda desgarrado la chaqueta y el orgu\-llo.
\par \emdash \'bfC\'f3mo has entrado?
\par No contest\'e9. Neri suspir\'f3, sacudiendo la cabeza.
\par \emdash Venga, dame las llaves \emdash espet\'f3 Neri, conteniendo
su furia.
\par \emdash \'bfQu\'e9 llaves?
\par De la bofetada que me propin\'f3, me ca\'ed al suelo. Me levant\'e9
con sangre en la boca y un silbido en el o\'eddo iz\-quierdo que me
taladraba la cabeza como el silbato de un urbano. Me palp\'e9 la cara y
sent\'ed el corte que me hab\'ed
a partido los labios ardiendo bajo los dedos. Un anillo de sello brillaba
en el dedo anular del profesor de m\'fasica, ensangrentado.
\par \emdash Las llaves, te he dicho.
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 \emdash }{\lang1034 V\'e1yase usted a la
mierda \emdash escup\'ed.
\par No vi venir el pu\'f1etazo. Tan s\'f3lo sent\'ed como si un martillo
pil\'f3n me hubiese arrancado el est\'f3mago de cua\-jo. Me dobl\'e9 en
dos como un t\'edtere roto, sin respiraci\'f3n, tambale\'e1ndome contra
la pared. Neri me agarr\'f3 de un ti\-r
\'f3n por el pelo y hurg\'f3 en mis bolsillos hasta dar con las llaves.
Me deslic\'e9 hasta el suelo, sujet\'e1ndome el est\'f3ma\-go,
lloriqueando de agon\'eda, o de rabia.
\par \emdash D\'edgale a Clara que...
\par Me cerr\'f3 la puerta en las narices, y qued\'e9 en la oscu\-ridad
absoluta. Busqu\'e9 el libro a tientas en la negrura. Lo encontr\'e9 y me
deslic\'e9 con \'e9l escaleras abajo, apoy\'e1ndome contra los muros,
jadeando. Sal\'ed al exterior escupien\-
do sangre y respirando por la boca a borbotones. El fr\'edo y el viento
me ci\'f1eron las ropas empapadas, mordientes. El corte en la cara me
quemaba.
\par \emdash \'bfEst\'e1 usted bien? \emdash pregunt\'f3 una voz en la
sombra.
\par Era el mendigo al que hab\'eda negado mi ayuda un rato antes.
Asent\'ed, evitando su mirada, avergonzado. Ech\'e9 a andar.
\par \emdash Espere un poco, al menos hasta que amaine la llu\-via
\emdash sugiri\'f3 el mendigo.
\par Me tom\'f3 del brazo y me gui\'f3 hasta un rinc\'f3n bajo los arcos
donde guardaba un fardo y una bolsa con ropa vie\-ja y sucia.
\par \emdash Tengo un poco de vino. No es malo. Beba un poco. Le ir\'e1
bien para entrar en calor. Y para desinfectar eso...
\par Beb\'ed un trago de la botella que me ofrec\'eda. Sab\'eda a ga\-
soil esclarecido con vinagre, pero su calor me calm\'f3 el es\-t\'f3mago
y los nervios. Unas gotas me salpicaron la herida y vi estrellas en la
noche m\'e1s negra de mi vida.
\par \emdash Bueno, \'bfeh? \emdash Sonri\'f3 el mendigo\emdash . Hala,
\'e9chele un traguillo m\'e1s, que esto levanta a los muertos.
\par \emdash No, gracias. Para usted \emdash musit\'e9.
\par El mendigo bebi\'f3 un largo trago. Le observ\'e9 deteni\-damente.
Parec\'eda un contable gris de ministerio que no se hubiese cambiado de
traje en quince a\'f1os. Me ofreci\'f3 su mano y la estrech\'e9.
\par \emdash Ferm\'edn Romero de Torres, cesante. Mucho gusto en
conocerle.
\par \emdash Daniel Sempere, tonto de remate. El gusto es m\'edo.
\par \emdash No se venda barato, que en noches as\'ed todo se ve peor de
lo que es. Ah\'ed donde me ve, yo soy un optimista nato. No me cabe la
menor duda de que el r\'e9gimen tiene los d\'edas contados. Seg\'fan
todos los indicios, los america\-
nos nos van a invadir el d\'eda menos pensado y a Franco le pondr\'e1n un
puesto de chufas en Melilla. Y yo recuperar\'e9 el puesto, la
reputaci\'f3n y la honra perdida.
\par \emdash \'bfA qu\'e9 se dedicaba usted?
\par \emdash Servicio de inteligencia. Alto espionaje \emdash dijo Fer\-
m\'edn Romero de Torres\emdash . S\'f3lo le dir\'e9 que yo era el hom\-
bre de Maci\'e1 en La Habana.
\par Asent\'ed. Otro loco. La noche de Barcelona los coleccio\-naba a
pu\'f1ados. Y a los idiotas como yo, tambi\'e9n.
\par \emdash Oiga, ese corte tiene mala pinta. Le han zurrado a base de
bien, \'bfeh?
\par Me llev\'e9 los dedos a la boca. Sangraba todav\'eda.
\par \emdash \'bfAsunto de faldas? \emdash inquiri\'f3\emdash . Se lo
pod\'eda haber usted ahorrado. Las mujeres de este pa\'eds, se lo digo yo
que he visto mundo, son unas mojigatas y unas fr\'edgidas. As\'ed como
suena. Me acuerdo yo de una mulatita que dej
\'e9 en Cuba. \'d3igame, otro mundo, \'bfeh?, otro mundo. Y es que la
hembra caribe\'f1a se te arrima al cuerpo con ese rit\-mo isle\'f1o y te
susurra \'abay, papito, dame plaser, dame pla\-ser\'bb, y un hombre de
verdad, con sangre en las venas, qu\'e9
le voy yo a contar...
\par Me pareci\'f3 que Ferm\'edn Romero de Torres, o cual\-quiera que
fuese su verdadero nombre, anhelaba la ano\-dina conversaci\'f3n casi
tanto como un ba\'f1o caliente, un plato de lentejas con chor
izo y una muda limpia. Le di cuerda durante un rato, esperando a que se
me calmase el dolor. No me cost\'f3 gran esfuerzo, porque aquel hom\-
brecillo s\'f3lo necesitaba alg\'fan asentimiento puntual y al\-
guien que hiciese como que le escuchaba. Estaba el men\-digo por
relatarme los pormenores y tecnicismos de un plan secreto para secuestrar
a do\'f1a Carmen Polo de }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 Franco cuando
advert\'ed que ya llov\'ed
a con menos fuerza y que la tormenta parec\'eda alejarse lentamente hacia
el norte.
\par \emdash Se me hace tarde \emdash murmur\'e9, incorpor\'e1ndome.
\par Ferm\'edn Romero de Torres asinti\'f3 con cierta tristeza y me
ayud\'f3 a levantarme, haciendo como que me quitaba el polvo de la ropa
empapada.
\par \emdash Otro d\'eda ser\'e1, entonces \emdash dijo, resignado\emdash
. A m\'ed es que me pierde la boca. Empiezo a hablar y... oiga, de lo del
secuestro, que quede entre usted y yo, \'bfeh?
\par \emdash No se preocupe. Soy una tumba. Y gracias por el vino.
\par Me alej\'e9 hacia las Ramblas. Me detuve en el umbral de la plaza y
volv\'ed la vista hacia el piso de los Barcel\'f3. Las ventanas
permanec\'edan oscuras, llorando de lluvia. Quise odiar a Clara, pero fui
incapaz. Odiar de veras es un ta\-
lento que se aprende con los a\'f1os.
\par Me jur\'e9 que no volver\'eda a verla, que no volver\'eda a
mencionar su nombre, o a recordar el tiempo que hab\'eda perdido a su
lado. Por alguna extra\'f1a raz\'f3n, me sent\'ed en paz. La ira que me
hab\'eda sacado de casa se hab\'eda evapora\-do. Tem
\'ed que volviese, y con sa\'f1a renovada, al d\'eda siguien\-te. Tem\'ed
que los celos y la verg\'fcenza me consumiesen len\-tamente una vez las
piezas de cuanto hab\'eda vivido aquella noche cayesen por s
u propio peso. Faltaban varias horas para el alba y todav\'eda me quedaba
una cosa que hacer an\-tes de poder volver a casa con la conciencia
limpia.
\par
\par La calle Arco del Teatro segu\'eda all\'ed, apenas una bre\-cha de
penumbra. Un riachuelo de agua negra se hab\'eda formado en el centro del
callej\'f3n y se adentraba en procesi\'f3n funeraria hacia el coraz\'f3n
del Raval. Reconoc\'ed el viejo port\'f3
n de madera y la fachada barroca a la que me hab\'eda conducido mi padre
un amanecer seis a\'f1os atr\'e1s. Ascend\'ed los pelda\'f1os y me
resguard\'e9 de la lluvia bajo la arcada del portal que ol\'ed
a a orines y a madera podrida. El Cementerio de los Libros Olvidados
ol\'eda m\'e1s a muerto que nunca. No recordaba que el picaporte era un
rostro de diablillo. Lo as\'ed por los cuernos y golpe\'e9 tres veces la
puerta. El eco cavernoso se esparci\'f3
en el interior. Al rato volv\'ed a llamar, seis golpes esta vez, m\'e1s
fuertes, hasta que me doli\'f3 el pu\'f1o. Pasaron otros tantos minutos y
empec\'e9 a pensar que no deb\'eda de haber ya nadie en aquel lugar. Me
acurruqu\'e9 contra la puerta y saqu
\'e9 el libro de Carax del interior de la chaqueta. Lo abr\'ed y le\'ed
de nuevo aquella primera frase que me hab\'eda capturado a\'f1os
atr\'e1s.
\par }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
\par Aquel verano llovi\'f3 todos los d\'edas, y aunque muchos dec\'edan
que era castigo de Dios porque hab\'edan abierto en el pueblo un ca\-sino
junto a la iglesia, yo sab\'eda que la culpa era m\'eda y s\'f3lo m\'eda
porque hab\'ed
a aprendido a mentir y guardaba todav\'eda en los la\-bios las \'faltimas
palabras de mi madre en su lecho de muerte: nunca quise al hombre con
quien me cas\'e9, sino a otro que me di\-jeron que hab\'eda muerto en la
guerra; b\'fascale y dile que mor\'ed
pen\-sando en \'e9l, porque \'e9l es tu verdadero padre.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par Sonre\'ed, recordando aquella primera noche de lectura febril seis
a\'f1os atr\'e1s. Cerr\'e9 el libro y me dispuse a llamar por tercera y
\'faltima vez. Antes de que pudiera rozar con los dedos el picaporte, el
port\'f3n se abri\'f3
lo suficiente para insinuar el perfil del guardi\'e1n portando un candil
de aceite.
\par \emdash Buenas noches \emdash musit\'e9\emdash . Isaac, \'bfverdad?
\par El guardi\'e1n me observ\'f3 sin pesta\'f1ear. El reluz del candil
esculp\'eda sus rasgos angulosos en \'e1mbar y escarlata, y le
confer\'eda una inequ\'edvoca semejanza con el diablillo del picaporte.
\par }{\lang1034 \emdash Usted es Sempere hijo \emdash murmur\'f3 con voz
cansina.
\par \emdash Tiene usted una excelente memoria.
\par \emdash Y usted un sentido de la oportunidad que da asco. \'bfSabe
qu\'e9 hora es?
\par Su mirada acerada ya hab\'eda detectado el libro bajo mi chaqueta.
Isaac hizo un gesto inquisitivo con la cabeza. Extraje el libro y se lo
mostr\'e9.
\par \emdash Carax \emdash dijo\emdash . Debe de haber diez personas como
mucho en esta ciudad que sepan qui\'e9n es o que hayan le\'eddo ese
libro.
\par \emdash Pues una de ellas anda empe\'f1ada en prenderle fue\-go. No
se me ocurre mejor escondite que \'e9ste.
\par \emdash Esto es un cementerio, no una caja fuerte.
\par \emdash Precisamente. Lo que este libro necesita es que lo entierren
donde nadie pueda encontrarlo.
\par Isaac lanz\'f3 una mirada recelosa hacia el callej\'f3n. Abri\'f3 un
poco la puerta y me hizo se\'f1as para que me colase dentro. El
vest\'edbulo oscuro e insondable ol\'eda a cera quemada y a humedad. Se
pod\'eda o\'ed
r un goteo intermitente en la oscuridad. Isaac me tendi\'f3 el candil
para que lo sos\-tuviese mientras \'e9l extra\'eda de su abrigo un manojo
de llaves que hubiera sido la envidia de un carcelero. Conju\-rando
alguna ciencia ignota, acert\'f3 cu\'e1
l era la que busca\-ba y la introdujo en un cerrojo protegido por una
carcasa de cristal repleta de rel\'e9s y ruedas dentadas que suge\-r\'eda
una caja de m\'fasica a escala industrial. A una vuelta de mu\'f1eca, el
mecanismo chasque\'f3 como las entra
\'f1as de un aut\'f3mata y vi las palancas y los fulcros deslizarse en un
ballet mec\'e1nico asombroso hasta trabar el port\'f3n con una ara\'f1a
de barras de acero que se hundi\'f3 en una estre\-lla de orificios en los
muros de piedra.
\par \emdash Ni el Banco de Espa\'f1a \emdash coment\'e9
impresionado\emdash . Parece algo sacado de Julio Verne.
\par \emdash Kafka \emdash matiz\'f3 Isaac, recuperando el candil y
enca\-min\'e1ndose hacia las profundidades del edificio\emdash . El
d\'eda que comprenda usted que el negocio de los libros es mi\-seria y
compa\'f1\'ed
a y decida aprender a robar un banco, o a crear uno, que viene a ser lo
mismo, venga a verme y le explicar\'e9 cuatro cosas sobre cerrojos.
\par Lo segu\'ed a trav\'e9s de los corredores que recordaba con frescos
de \'e1ngeles y quimeras. Isaac sosten\'ed
a el candil en alto, proyectando una burbuja intermitente de luz rojiza y
evanescente. Cojeaba vagamente, y el abrigo de franela deshilachado que
vest\'eda semejaba un manto f\'fanebre. Se me ocurri\'f3
que aquel individuo, a medio camino entre Caronte y el bibliotecario de
Alejandr\'eda, se sentir\'eda a gus\-to en las p\'e1ginas de Juli\'e1n
Carax.
\par \emdash \'bfSabe usted algo de Carax? \emdash pregunt\'e9.
\par Isaac se detuvo al final de una galer\'eda y me mir\'f3, indi\-
ferente.
\par \emdash No mucho. Lo que me contaron.
\par \emdash \'bfQui\'e9n?
\par \emdash Alguien que le conoci\'f3 bien, o eso cre\'eda.
\par Me dio el coraz\'f3n un vuelco.
\par \emdash \'bfCu\'e1ndo fue eso?
\par \emdash Cuando a\'fan me peinaba. Usted deb\'eda de andar en
pa\'f1ales, y no parece que haya evolucionado mucho, la verdad.
M\'edrese: est\'e1 usted temblando \emdash dijo.
\par \emdash Es por la ropa mojada, y el fr\'edo que hace aqu\'ed den\-
tro.
\par \emdash Otro d\'eda me avisa y enciendo la calefacci\'f3n central
para recibirle en volandas, capullito de alel\'ed. Venga, s\'ed\-game.
Aqu\'ed est\'e1 mi oficina, que tiene estufa y
algo que echarle a usted encima mientras le secamos la ropa. Y algo de
mercurocromo y agua oxigenada tampoco le ir\'edan mal, que me trae un
careto que parece salido de la comisar\'eda de V\'eda Layetana.
\par \emdash No se moleste, de verdad.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash No me molesto. Lo hago por
m\'ed, no por usted. Pa\-sada esa puerta, yo pongo las reglas y aqu\'ed
los \'fanicos muertos son los libros. A ver si me va usted a pillar una
neumon\'eda y tengo que llamar a los del dep
\'f3sito. Ya nos encargaremos del libro ese m\'e1s tarde. En treinta y
ocho a\'f1os todav\'eda no he visto ninguno que echase a correr.
\par \emdash No sabe c\'f3mo se lo agradezco...
\par \emdash Sin pamplinas. Si le he dejado pasar, es por respeto al
padre de usted, de lo contrario le hubiese dejado en la calle. Haga el
favor de seguirme. Y si se comporta, a lo mejor le cuento lo que s\'e9 de
su amigo Juli\'e1n Carax\-
\par De refil\'f3n, cuando crey\'f3 que no pod\'eda verle, advert\'ed que
se le escapaba una sonrisa de pillo redomado. Isaac estaba claramente
disfrutando de su papel de siniestro cancerbero. Yo tambi\'e9n sonre\'ed
para mis adentros. Ya no me cab\'ed
a la menor duda de a qui\'e9n pertenec\'eda el rostro del diablillo del
picaporte.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qj\fi4111\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {10
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par Isaac me ech\'f3 un par de mantas finas por los hombros y me
ofreci\'f3 una taza con un mejunje humeante que ol\'eda a chocolate
caliente con rataf\'eda.
\par \emdash Me contaba usted de Carax...
\par \emdash No hay mucho que contar. Al primero que o\'ed men\-cionar a
Carax fue a Toni Cabestany, el editor. Le hablo de veinte a\'f1os
atr\'e1s, cuando a\'fan exist\'eda la editorial. Siempre que volv\'eda de
sus viajes a Londres, Par\'eds o Viena, Ca\-
bestany se dejaba caer por aqu\'ed y charl\'e1bamos un rato. Los dos nos
hab\'edamos quedado viudos y \'e9l se lamentaba de que ahora est\'e1bamos
casados con los libros, yo con los viejos y \'e9l con los de la
contabilidad. \'c9ramos buenos ami\-
gos. En una de sus visitas me cont\'f3 que acababa de adqui\-rir por
cuatro chavos los derechos en castellano de las no\-velas de un tal
Juli\'e1n Carax, un barcelon\'e9s que viv\'eda en Par\'eds. Eso debi\'f3
de ser en el a\'f1o 28 o 29. Al parecer, Ca\-
rax trabajaba de pianista en un burdel de poca monta en Pigalle por las
noches y escrib\'eda de d\'eda en un \'e1tico mise\-rable en la barriada
de Saint Germain. Par\'eds es la \'fanica ciudad del mundo donde morirse
de hambre todav\'ed
a es considerado un arte. Carax hab\'eda publicado un par de novelas en
Francia que hab\'edan resultado ser un absoluto fracaso de ventas. Nadie
daba un duro por \'e9l en Par\'eds, y a Cabestany siempre le gust\'f3
comprar barato.
\par \emdash \'bfEntonces, Carax escrib\'eda en castellano o en fran\-
c\'e9s?
\par \emdash A saber. Probablemente las dos cosas. Su madre era francesa,
maestra de m\'fasica, creo, y \'e9l hab\'eda vivido en Pa\-r\'eds desde
que ten\'eda diecinueve o veinte a\'f1os. Cabestany dec\'eda que
recib\'edan de Carax los manuscritos en castella
\-no. Si eran una traducci\'f3n o el original, tanto le daba. El idioma
favorito de Cabestany era el de la peseta, lo dem\'e1s le tra\'eda al
pairo. Cabestany hab\'ed
a pensado que tal vez, con un golpe de suerte, conseguir colocar unos
miles de ejemplares de Carax en el mercado espa\'f1ol.
\par \emdash \'bfY lo consigui\'f3?
\par Isaac frunci\'f3 el ce\'f1o, escanci\'e1ndome un poco m\'e1s de su
brebaje reparador.
\par \emdash Me parece que de la que m\'e1s, }{\i\lang1034 La casa roja,
}{\expnd0\expndtw-2\lang1034 vendi\'f3 unos noventa.
\par \emdash Pero sigui\'f3 publicando a Carax, aunque perdiese dinero
\emdash apunt\'e9.
\par \emdash As\'ed es. No s\'e9 por qu\'e9, la verdad. Cabestany no era
un rom\'e1ntico, precisamente. Pero quiz\'e1 todo hombre tie}{\lang1034
ne sus secretos... Entre el 28 y el 36 le public\'f3 ocho nove\-las.
Donde Cabestany hac\'ed
a de verdad el dinero era en los catecismos y en una serie de folletines
rosa protagoniza\-dos por una hero\'edna de provincias, Violeta LaFleur,
que se vend\'edan muy bien en quioscos. Las novelas de Carax, supongo,
las edit
aba por gusto y por llevarle la contraria a Darwin.
\par \emdash \'bfQu\'e9 fue del se\'f1or Cabestany?
\par Isaac suspir\'f3, alzando la mirada.
\par \emdash La edad, que a todos nos pasa factura. Cay\'f3 enfer\-mo y
tuvo algunos problemas de dinero. En 1936, el hijo mayor se hizo cargo de
la edito
rial, pero era de los que no saben ni leerse la talla de los
calzoncillos. La empresa se vino abajo en menos de un a\'f1o.
Afortunadamente, Ca\-bestany no lleg\'f3 a ver lo que sus herederos
hac\'ed
an con el fruto de toda una vida de trabajo ni lo que la guerra ha\-
c\'eda con el pa\'eds. Se lo llev\'f3 una embolia la noche de Todos los
Santos, con un Cohiba en la boca y una ni\'f1a de veinti\-cinco a\'f1
os en las rodillas. El hijo estaba hecho de otra pasta. Arrogante como
s\'f3lo los imb\'e9ciles pueden serlo. Su primera gran idea fue intentar
vender el stock de li\-bros del cat\'e1
logo de la editorial, el legado de su padre, para transformarlos en pasta
de papel o algo as\'ed. Un ami\-go, otro ni\'f1ato con casa en Caldetas y
un Bugatti, le ha\-b\'eda convencido de que las fotonovelas de amor y el
}{\i\lang1034 Mein Kampf }{
\lang1034 se iban a vender de miedo y que har\'eda falta celulo\-sa a
mansalva para satisfacer la demanda.
\par \emdash \'bfLleg\'f3 a hacerlo?
\par \emdash No le dio tiempo. Al poco de tomar las riendas de la
editorial, un individuo se present\'f3 en su casa y le hizo una oferta
muy generosa. Quer\'eda adquirir todo el stock de novelas de Juli\'e1n
Carax que todav\'eda quedasen en exis\-
tencias, y se ofrec\'eda a pagarlas tres veces su precio de mer\-cado.
\par \emdash No me diga m\'e1s. Para quemarlas \emdash murmur\'e9. Isaac
sonri\'f3, sorprendido.
\par \emdash Pues s\'ed. Y parec\'eda usted tonto, tanto preguntar y no
saber nada.
\par \emdash \'bfQui\'e9n era ese individuo? \emdash pregunt\'e9.
\par \emdash Un tal Aubert o Coubert, no recuerdo bien.
\par \emdash \'bfLa\'edn Coubert?
\par \emdash \'bfLe suena?
\par \emdash Es el nombre de un personaje de }{\i\lang1034 La Sombra del
Vien\-}{\lang1034 to, la \'faltima novela de Carax.
\par Isaac frunci\'f3 el ce\'f1o.
\par \emdash \'bfUn personaje de ficci\'f3n?
\par \emdash En la novela, La\'edn Coubert es el nombre que em\-plea el
diablo.
\par \emdash Un tanto teatral, le dir\'e9. Pero sea quien sea, al me\-nos
ten\'eda sentido del humor \emdash estim\'f3 Isaac.
\par Yo, que todav\'eda ten\'eda fresca la memoria de mi encuen\-tro con
aquel personaje, no le encontraba la gracia ni de refil\'f3n, pero
reserv\'e9 mi opini\'f3n para mejor lance.
\par \emdash Este individuo, Coubert, o como se llame, \'bften\'eda la
cara quemada, desfigurada?
\par Isaac me observ\'f3 con una sonrisa a medio camino en\-tre la chanza
y la preocupaci\'f3n.
\par \emdash No tengo la menor idea. La persona que me cont\'f3 todo esto
no le lleg\'f3 a ver, y lo supo porque Cabestany hijo se lo cont\'f3 a su
secretaria al d\'eda siguiente. De caras quemadas no mencion\'f3 nada.
\'bf
Quiere decir que eso no lo ha sacado de un follet\'edn?
\par Agit\'e9 la cabeza, quit\'e1ndole importancia al tema.
\par \emdash \'bfC\'f3mo acab\'f3 el asunto? \'bfLe vendi\'f3 los libros
el hijo del editor a Coubert? \emdash pregunt\'e9.
\par \emdash El botarate del ni\'f1ato se quiso pasar de listo. Pidi\'f3
m\'e1s dinero del que Coubert le ofrec\'eda, y \'e9ste retir\'f3 su
propuesta. D\'edas m\'e1s tarde, el almac\'e9n de la editorial
Ca}{\expnd0\expndtw-2\lang1034
bestany en Pueblo Nuevo ardi\'f3 hasta los cimientos poco despu\'e9s de
la medianoche. Y gratis.
\par Suspir\'e9.
\par \emdash \'bfQu\'e9 ocurri\'f3 con los libros de Carax? \'bfSe
perdie\-ron?
\par \emdash Casi todos. Por fortuna, la secretaria de Cabestany, al
o\'edr lo de la oferta, tuvo una corazonada y, por su cuenta y riesgo,
fue al almac\'e9n y se llev\'f3 un ejemplar de cada t\'edtulo de Carax a
su casa. Ella era la que manten\'eda toda la co
\-rrespondencia con Carax y, a lo largo de los a\'f1os, hab\'edan
entablado cierta amistad. Se llamaba Nuria, y me parece que ella era la
\'fanica persona en la editorial, y probable\-mente en toda Barcelona,
que se le\'ed
a las novelas de Carax. Nuria siente debilidad por las causas perdidas.
De peque\-\'f1a recog\'eda animalillos de la calle y los llevaba a casa.
Con el tiempo pas\'f3
a adoptar novelistas malditos, a lo mejor porque su padre quiso ser uno
y nunca lo consigui\'f3.
\par \emdash Parece que la conozca usted muy bien.
\par Isaac blandi\'f3 su sonrisa de diablillo cojuelo.
\par \emdash M\'e1s de lo que ella se cree. Es mi hija.
\par Se me comi\'f3 el silencio y la duda. Cuanto m\'e1s o\'eda de
aquella historia, m\'e1s perdido me sent\'eda.
\par \emdash Tengo entendido que Carax volvi\'f3 a Barcelona en 1936. Hay
quien dice que muri\'f3 aqu\'ed. \'bfLe quedaba fami\-lia en la ciudad?
\'bfAlguien que pudiera saber de \'e9l?
\par Isaac suspir\'f3.
\par \emdash Vaya usted a saber. Los padres de Carax se hab\'edan
separado hac\'eda tiempo, creo. La madre se hab\'eda marcha\-do a
Am\'e9rica del Sur, donde se volvi\'f3 a casar. Con su padre, que yo
sepa, no se hablaba desde que se march\'f3 a Par\'eds.
\par \emdash \'bfPor qu\'e9 no?
\par \emdash Qu\'e9 s\'e9 yo. La gente se complica la vida, como si no
fuese suficientemente complicada.
\par \emdash \'bfSabe si vive a\'fan?
\par \emdash Eso espero. Era m\'e1s joven que yo, pero uno ya sale poco y
hace a\'f1os que no leo las necrol\'f3gicas porque los conocidos caen
como moscas y uno se queda acojonado, la ve
rdad. Por cierto, Carax era el apellido de la madre. El padre se
apellidaba Fortuny. Ten\'eda una sombrerer\'eda en la ronda de San
Antonio, y por lo que s\'e9 no se llevaba mucho con su hijo.
\par \emdash \'bfPudiera ser entonces que al volver a Barcelona Ca\-rax
se hubiese sentido tentado de acudir a ver a su hija Nuria, si ten\'edan
cierta amistad, aunque \'e9l no estuviese en buenos t\'e9rminos con su
padre?
\par Isaac ri\'f3 amargamente.
\par \emdash Probablemente soy el menos indicado para saberlo. Despu\'e9s
de todo, soy su padre. S\'e9 que una vez, en el 32 o el 33, Nuria
viaj\'f3 a Par\'eds por asuntos de Cabestany, y que se aloj\'f3 en casa
de Juli\'e1
n Carax un par de semanas. Eso me lo cont\'f3 Cabestany, porque seg\'fan
ella estuvo en un hotel. Mi hija estaba por entonces soltera y a m\'ed me
daba en la nariz que Carax andaba un poco atontado con ella. Mi Nuria es
de las que rompen corazones con s
\'f3lo entrar en una tienda.
\par \emdash \'bfQuiere decir que eran amantes?
\par \emdash A usted le va el follet\'edn, \'bfeh? Mire, yo en la vida
pri\-vada de Nuria nunca me he metido, porque la m\'eda tam\-poco es como
para enmarcarla. Si alg\'fan d\'eda tiene usted una hija, bendici\'f3
n que no se la deseo yo a nadie, porque es ley de vida que tarde o
temprano le romper\'e1 a uno el coraz\'f3n, en fin, a lo que iba, que si
alg\'fan d\'eda tiene usted una hija empezar\'e1 sin darse cuenta a
dividir a los hom\-
bres en dos clases: los que usted sospecha que se acuestan con ella y los
que no. El que diga que no, miente por los codos. A m\'ed me daba en la
nariz que Carax era de los pri\-meros, con lo cual me daba lo mismo si
era un genio o }{\lang1034
un pobre desgraciado, yo siempre le tuve por un sinver\-g\'fcenza.
\par A lo mejor estaba usted equivocado.
\par \emdash No se ofenda, pero usted es todav\'eda muy joven y sabe de
mujeres lo que yo de hacer }{\i\lang1034 panellets.
\par }{\lang1034 \emdash Tambi\'e9n es verdad \emdash convine\emdash .
\'bfQu\'e9 pas\'f3 con los libros que se llev\'f3 su hija del almac\'e9n?
\par \emdash Est\'e1n aqu\'ed.
\par \emdash \'bfAqu\'ed?
\par \emdash \'bfDe d\'f3nde piensa que sali\'f3 ese libro que
encontr\'f3 usted el d\'eda que le trajo su padre?
\par \emdash No lo entiende.
\par \emdash Pues es bien sencillo. Una noche, d\'edas despu\'e9s del
incendio del almac\'e9n de Cabestany, mi hija Nuria se pre\-sent\'f3
aqu\'ed. Estaba nerviosa. Dec\'eda que alguien la hab\'eda estado
siguiendo y que tem\'ed
a que el tal Coubert quisiera hacerse con los libros para destruirlos.
Nuria me dijo que ven\'eda a esconder los libros de Carax. Se adentr\'f3
en la sala grande y los ocult\'f3 en el laberinto de estanter\'edas, como
quien entierra tesoros. No le pregunt
\'e9 d\'f3nde los hab\'eda puesto, ni ella me lo dijo. Antes de marcharse
me dijo que, en cuanto lograse encontrar a Carax, volver\'eda a por
ellos. Me pareci\'f3 que todav\'eda segu\'eda enamorada de Ca\-rax, pero
no dije nada. Le pregunt\'e9 si le hab
\'eda visto re\-cientemente, si sab\'eda algo de \'e9l. Me dijo que
hac\'eda meses que no ten\'eda noticias suyas, pr\'e1cticamente desde que
\'e9l hab\'eda enviado sus \'faltimas correcciones del manuscrito de su
\'faltimo libro desde Par\'ed
s. Si me minti\'f3, no le sabr\'eda de\-cir. Lo que s\'ed s\'e9 es que
despu\'e9s de aquel d\'eda, Nuria nunca m\'e1s volvi\'f3 a saber de Carax
y aquellos libros se quedaron aqu\'ed, criando polvo.
\par \emdash \'bfCree usted que su hija acceder\'eda a hablar conmigo de
todo esto?
\par \emdash Bueno, mi hija a todo lo que sea hablar se apunta, pero no
s\'e9 si podr\'e1
decirle algo que no le haya contado ya un servidor. Piense que de todo
esto hace ya mucho tiempo. Y la verdad es que no nos llevamos tan bien
como quisiera. Nos vemos una vez al mes. Vamos a comer por aqu\'ed cerca
y luego se va como ha venido. S\'e9
que hace a\'f1os se cas\'f3 con un buen chico; periodista y un poco
atolondrado, la verdad, de esos que siempre andan metidos en l\'edos de
pol\'edtica, pero de buen coraz\'f3n. Se cas\'f3 por lo civil, sin
invitados. Yo me enter\'e9 un mes m\'e1s tard
e. Nun\-ca me ha presentado a su marido. Miquel se llama. O algo as\'ed.
Supongo que no est\'e1 muy orgullosa de su padre, y no la culpo. Ahora es
otra mujer. Mire que hasta aprendi\'f3
a hacer punto y me dicen que ya no se viste de Simone de Beauvoir. Uno
de estos d\'edas me enterar\'e9 de que he sido abuelo. Hace a\'f1os que
trabaja en casa como traductora de franc\'e9s e italiano. No s\'e9 de
d\'f3nde sac\'f3
el talento, la verdad. De su padre est\'e1 claro que no. Deje que le
apun\-te su direcci\'f3n, aunque no s\'e9 si es muy buena idea que le
diga que le env\'edo yo.
\par Isaac anot\'f3 unos garabatos en una esquina de un dia\-rio viejo y
me tendi\'f3 el recorte.
\par \emdash Se lo agradezco. Nunca se sabe, a lo mejor ella re\-cuerda
algo...
\par Isaac sonri\'f3 con cierta tristeza.
\par \emdash De cr\'eda lo recordaba todo. Todo. Luego los hijos se hacen
mayores y ya no sabes lo que piensan ni lo que sienten. Y as\'ed ha de
ser, supongo. No le cuente a Nuria lo que le he explicado, \'bfeh? Lo
dicho aqu\'ed que quede entre nosotros.
\par \emdash Descuide. \'bfCree que ella a\'fan piensa en Carax? Isaac
suspir\'f3 largamente, bajando la mirada.
\par \emdash Yo qu\'e9 s\'e9. No s\'e9 si le quiso de verdad. Estas cosas
se quedan en el coraz\'f3n de cada uno, y ella ahora es una mujer casada.
Yo a la edad de usted tuve una novieta, Te}{\expnd0\expndtw-2\lang1034
resita Boadas se llamaba, que cos\'ed
a delantales en la textil Santamar\'eda de la calle Comercio. Ella
ten\'eda diecis\'e9is a\'f1os, dos menos que yo, y era la primera mujer
de la que me enamor\'e9. No ponga esa cara, que ya s\'e9 que ustedes los
j\'f3\-
venes se creen que los viejos no nos hemos enamorado nunca. El padre de
Teresita ten\'eda un carromato de hielo en el mercado del Borne y era
mudo de nacimiento. No sabe usted el miedo que pas\'e9 el d\'eda que le
ped\'ed
permiso para casarme con su hija y se tir\'f3 cinco minutos mir\'e1ndo\-
me fijamente, sin soltar prenda y con el pico del hielo en la mano.
Llevaba yo ahorrando dos a\'f1os para comprar una alianza cuando Teresita
cay\'f3 enferma. Algo que ha\-b\'ed
a pillado en el taller, me dijo. En seis meses se me hab\'eda muerto de
tuberculosis. A\'fan me acuerdo de c\'f3mo gem\'eda el mudo el d\'eda que
la enterramos en el cementerio de Pueblo Nuevo.
\par Isaac se sumi\'f3 en un profundo silencio. No me atrev\'ed ni a
respirar. Al poco alz\'f3 la vista y me sonri\'f3.
\par \emdash Le hablo de cincuenta y cinco a\'f1os atr\'e1s, ah\'ed es
nada. Pero, si he de serle sincero, no pasa un d\'eda que no me acuerde
de ella, de los paseos que nos d\'e1bamos hasta las ruinas de la
Exposici\'f3n Universal de 1888 y de c\'f3mo se re
\'eda de m\'ed cuando le le\'eda los poemas que escrib\'eda en la
trastienda del colmado de embutidos y ultramarinos de mi t\'edo Leopoldo.
Me acuerdo hasta de la cara de una gita\-na que nos ley\'f3 la mano en la
playa del Bogatell y nos dijo que estar
\'edamos juntos toda la vida. A su manera, no ment\'eda. \'bfQu\'e9 le
puedo decir? Pues s\'ed, yo creo que Nuria todav\'eda se acuerda de ese
hombre, aunque no lo diga. Y, la verdad, yo eso no se lo perdonar\'e9 a
Carax jam\'e1s. Usted es muy joven todav
\'eda, pero yo s\'e9 lo que duelen esas cosas. Si quiere saber mi
opini\'f3n, Carax era un ladr\'f3n de cora\-zones, y el de mi hija se lo
llev\'f3 a la tumba o al infierno. S\'f3lo le pido una cosa, si es que la
ve y habla con ella: que me diga c\'f3
mo est\'e1. Que averig\'fce si es feliz. Y si ha perdo\-nado a su padre.
\par Poco antes del alba, portando tan s\'f3lo un candil de aceite, me
adentr\'e9 una vez m\'e1s en el Cementerio de los Libros Olvidados. Al
hacerlo, imaginaba a la hija de Isaac recorriendo aquellos mismos
corredores oscuros e inter\-minables con id\'e9
ntica determinaci\'f3n a la que me guiaba a m\'ed: salvar el libro. En un
principio cre\'ed que recordaba la ruta que hab\'eda seguido en mi
primera visita a aquel lu\-gar de la mano de mi padre, pero pronto
comprend\'ed
que los dobleces del laberinto combaban los pasillos en volu\-tas que
era imposible recordar. Tres veces intent\'e9 seguir una ruta que
hab\'eda cre\'eddo memorizar, y tres veces me de\-volvi\'f3 el laberinto
al mismo punto del que hab\'ed
a partido. Isaac me esperaba all\'ed, sonriente.
\par \emdash \'bfPiensa volver alg\'fan d\'eda a por \'e9l? \emdash
pregunt\'f3.
\par \emdash Por supuesto.
\par \emdash En ese caso, quiz\'e1 quiera usted hacer una peque\'f1a
trampa.
\par \emdash \'bfTrampa?
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw-2\lang1034
Joven, usted es un poco duro de entendederas, \'bfverdad? Acu\'e9rdese
del Minotauro.
\par Tard\'e9 unos segundos en comprender su sugerencia. Isaac extrajo un
viejo cortaplumas del bolsillo y me lo ten\-di\'f3.
\par \emdash Haga usted una peque\'f1a marca en cada esquina que tuerza,
una muesca que s\'f3lo usted conozca. Es made\-ra vieja y tiene tantos
ara\'f1azos y estr\'edas que nadie lo ad\-vertir\'e1, a menos que sepa lo
que est\'e1 buscando...
\par Segu\'ed su consejo y me adentr\'e9 de nuevo en el coraz\'f3n de la
estructura. Cada vez que torc\'eda el rumbo me dete\-n\'eda a marcar los
estantes con una C y una X en el lado del corredor por el que me
decantaba. Veinte minutos m\'e1s tarde me hab\'ed
a perdido completamente en las entra\'f1as de la torre y el lugar en que
iba a enterrar la novela se me revel\'f3 por casualidad. A mi derecha
vislumbr\'e9 una hilera de tomos sobre la desamortizaci\'f3n debido
s a la pluma del insigne Jovellanos. A mis ojos de adolescente, semejante
camuflaje hubiera disuadido hasta las mentes m\'e1s retorci\-das. Extraje
unos cuantos e inspeccion\'e9 la segunda hilera oculta detr\'e1s de
aquellos muros de prosa gran\'ed
tica. Entre nubecillas de polvo, varias comedias de Morat\'edn y un
flamante }{\i\lang1034 Curial e G\'fcelfa }{\expnd0\expndtw-2\lang1034
alternaban con el }{\i\lang1034 Tractatus Logico Politicus
}{\expnd0\expndtw-2\lang1034
de Spinoza. Como toque de gracia, opt\'e9 por con\-finar el Carax entre
un anuario de sentencias judiciales de los tribunales civiles de Gerona
de 1901 y una colec\-ci\'f3n de novelas de Juan Valera. Para ganar
espacio, deci\-d\'ed
llevarme el libro de poes\'eda del Siglo de Oro que los separaba y en su
sitio deslic\'e9 }{\i\lang1034 La Sombra del Viento. }{\expnd0\expndtw-
2\lang1034 Me des\-ped\'ed de la novela con un gui\'f1o, y volv\'ed a
colocar en su lu\-gar la antolog\'ed
a de Jovellanos, amurallando la primera fila.
\par Sin m\'e1s ceremonial me alej\'e9 de all\'ed, gui\'e1ndome por las
muescas que hab\'eda ido dejando en el camino. Mien\-tras recorr\'eda
t\'faneles y t\'faneles de libros en la penumbra, no pude evitar que me
embargase una sensaci\'f3n de triste\-
za y desaliento. No pod\'eda evitar pensar que si yo, por pura
casualidad, hab\'eda descubierto todo un universo en un solo libro
desconocido entre la infinidad de aquella necr\'f3po\-lis, decenas de
miles m\'e1s quedar\'edan inexplorados, olvida\-dos par
a siempre. Me sent\'ed rodeado de millones de p\'e1gi\-nas abandonadas,
de universos y almas sin due\'f1o, que se hund\'edan en un oc\'e9ano de
oscuridad mientras el mundo que palpitaba fuera de aquellos muros
perd\'eda la memoria sin darse cuenta d\'ed
a tras d\'eda, sinti\'e9ndose m\'e1s sabio cuan\-to m\'e1s olvidaba.
\par
\par Despuntaban las primeras luces del alba cuando re\-gres\'e9 al piso
de la calle Santa Ana. Abr\'ed la puerta con sigi\-lo y me deslic\'e9 por
el umbral sin encender la luz. Desde el recibidor se pod\'eda ver el
comedor al fondo del pasillo, la mesa todav
\'eda ataviada de fiesta. El pastel segu\'eda all\'ed, in\-tacto, y la
vajilla segu\'eda esperando la cena. La silueta de mi padre se recortaba
inm\'f3vil en el butac\'f3n, oteando desde la ventana. Estaba despierto y
a\'fan vest\'ed
a su traje de salir. Volutas de humo se alzaban perezosamente de un ci\-
garrillo que sosten\'eda entre el \'edndice y el anular, como si fuese
una pluma. Hac\'eda a\'f1os que no ve\'eda fumar a mi padre.
\par \emdash Buenos d\'edas \emdash murmur\'f3, apagando el cigarrillo en
un cenicero casi repleto de colillas a medio fumar.
\par Le mir\'e9 sin saber qu\'e9 decir. Su mirada quedaba vela\-da al
contraluz.
\par \emdash Clara llam\'f3 varias veces anoche, un par de horas
despu\'e9s de que te fueras \emdash dijo\emdash . Sonaba muy preocupa\-
da. Dej\'f3 recado que la llamases, fuera la hora que fuese.
\par \emdash No pienso volver a ver a Clara, o a hablar con ella \emdash
dije.
\par Mi padre se limit\'f3 a asentir en silencio. Me dej\'e9 caer en una
de las sillas del comedor. La mirada se me cay\'f3 al suelo.
\par \emdash \'bfVas a decirme d\'f3nde has estado?
\par \emdash Por ah\'ed.
\par \emdash Me has dado un susto de muerte.
\par No hab\'eda ira en su voz, ni apenas reproche, s\'f3lo can\-sancio.
\par \emdash Lo s\'e9. Y lo siento \emdash respond\'ed.
\par \emdash \'bfQu\'e9 te has hecho en la cara?
\par \emdash Resbal\'e9 en }{\lang1034 la }{\expnd0\expndtw-2\lang1034
lluvia y me ca\'ed.
\par }{\lang1034 \emdash Esa lluvia deb\'eda de tener un buen derechazo.
Ponte algo.
\par \emdash No es nada. Ni lo noto \emdash ment\'ed\emdash . Lo que
necesito es irme a dormir. No me tengo en pie.
\par \emdash Al menos abre tu regalo antes de irte a la cama \emdash dijo
mi padre.
\par Se\'f1al\'f3 el paquete envuelto en papel de celof\'e1n que hab\'eda
depositado la noche anterior sobre la mesa del co\-medor. Dud\'e9 un
instante. Mi padre asinti\'f3. Tom\'e9 el pa\-quete y lo sopes\'e9. Se lo
tend\'ed a mi padre sin abrir.
\par \emdash Lo mejor es que lo devuelvas. No merezco ning\'fan regalo.
\par \emdash Los regalos se hacen por gusto del que regala, no por
m\'e9rito del que recibe \emdash dijo mi padre\emdash . Adem\'e1s, ya no
se puede devolver. \'c1brelo.
\par Deshice el cuidadoso envoltorio en la penumbra del alba. El paquete
conten\'eda una caja de madera labrada, re\-luciente, ribeteada con
remaches dorados. Se me ilumin\'f3 la sonrisa antes de abrirla. El sonido
del cierre al abrirse era exquisito, d
e mecanismo de relojer\'eda. El interior del estuche ven\'eda recubierto
de terciopelo azul oscuro. La fa\-bulosa Montblanc Meinsterst\'fcck de
V\'edctor Hugo descan\-saba en el centro, deslumbrante. La tom\'e9 en mis
manos y la contempl\'e9
al reluz del balc\'f3n. Sobre la pinza de oro del capuch\'f3n hab\'eda
grabada una inscripci\'f3n.
\par
\par }\pard\plain
\s2\qc\keepn\nowidctlpar\widctlpar\outlinelevel1\adjustright
\i\f1\lang1034\cgrid {Daniel Sempere,1953
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034
\par Mir\'e9 a mi padre, boquiabierto. No creo haberle visto nunca tan
feliz como me lo pareci\'f3 en aquel instante. Sin mediar palabra, se
levant\'f3 de la butaca y me abraz\'f3 con fuerza. Sent\'ed que se me
encog\'ed
a la garganta y, a falta de palabras, me mord\'ed la voz.
\par }\pard\plain
\s1\qj\fi3261\keepn\nowidctlpar\widctlpar\outlinelevel0\adjustright
\i\f1\lang3082\cgrid {\lang1034 \page }{\i0\lang1034 GENIO Y FIGURA
\par 1953
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd1\expndtw6\lang1034
\par }\pard\plain \s15\qj\fi3969\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {11
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd1\expndtw6\lang1034
\par Aquel a\'f1o, el oto\'f1o cubri\'f3 Barcelona con un manto de
hojarasca que revoloteaba en las calles como piel de ser\-piente. La
memoria de aquella lejana noche de cumplea\-\'f1os me hab\'eda enfriado
los \'e1nimos, o quiz\'e1 fue la vida que hab\'ed
a decidido concederme un a\'f1o sab\'e1tico de mis penas de sainete para
que empezase a madurar. Me sorprend\'ed a m\'ed mismo apenas pensando en
Clara Barcel\'f3, o en Juli\'e1n Carax, o en aquel fantoche sin rostro
que ol\'ed
a a papel quemado y se declaraba personaje escapado de las p\'e1gi\-nas
de un libro. Para noviembre hab\'eda cumplido un mes de sobriedad, sin
acercarme una sola vez a la plaza Real a mendigar un atisbo de Clara en
la ventana. El m\'e9rit
o, debo confesar, no fue del todo m\'edo. Las cosas en la librer\'eda se
estaban animando y mi padre y yo ten\'edamos m\'e1s trabajo del que
pod\'edamos quitarnos de encima.
\par \emdash A este paso vamos a tener que coger a otra persona para que
nos ayude en la b\'fasqueda de los pedidos \emdash co\-mentaba mi
padre\emdash . Lo que nos har\'eda falta ser\'ed
a alguien muy especial, medio detective, medio poeta, que cobre barato y
al que no le asusten las misiones imposibles.
\par \emdash Creo que tengo al candidato adecuado \emdash dije.
\par Encontr\'e9 a Ferm\'edn Romero de Torres en su lugar ha\-bitual bajo
los arcos de la calle Fernando. El mendigo es\-taba recomponiendo la
primera p\'e1gina de la }{\i\lang1034 Hoja del Lunes
}{\expnd1\expndtw6\lang1034
a partir de trozos rescatados de una papelera. La es\-tampa del d\'eda
iba de obras p\'fablicas y desarrollo.
\par \emdash \'a1Redi\'f3s! \'bfOtro pantano? \emdash le o\'ed
exclamar\emdash . Esta gente del fascio acabar\'e1 por convertirnos a
todos en una raza de beatas y batracios.
\par \emdash Buenas \emdash dije suavemente\emdash . \'bfSe acuerda de
m\'ed?
\par El mendigo alz\'f3 la vista, y su rostro se ilumin\'f3 de pronto con
una sonrisa de bandera.
\par \emdash \'a1Alabados sean los ojos! \'bfQu\'e9 se cuenta usted,
ami\-go m\'edo? Me aceptar\'e1 un traguito de tinto, \'bfverdad?
\par \emdash Hoy invito yo \emdash dije\emdash . \'bfTiene apetito?
\par \emdash Hombre, no le dir\'eda que no a una buena mariscada, pero yo
me apunto a un bombardeo.
\par De camino a la librer\'eda, Ferm\'edn Romero de Torres me relat\'f3
toda suerte de correr\'edas que hab\'eda vivido aquellas semanas a fin y
efecto de eludir a las fuerzas de seguridad del Estado, y m\'e1s
particularmente a su n\'e9
mesis, un tal inspector Fumero con el que al parecer llevaba un largo
historial de conflictos.
\par \emdash \'bfFumero? \emdash pregunt\'e9, recordando que aqu\'e9l era
el nombre del soldado que hab\'eda asesinado al padre de Cla\-ra
Barcel\'f3 en el castillo de Montju\'efc a los inicios de la guerra.
\par El hombrecillo asinti\'f3, p\'e1lido y aterrado. Se le ve\'eda fa\-
m\'e9lico, sucio y hed\'eda a meses de vida en la calle. El pobre no
ten\'eda ni idea de ad\'f3nde le conduc\'eda, y advert\'ed
en su mirada cierto susto y una creciente angustia que se esforza\-ba en
vestir de verborrea incesante. Cuando llegamos a la tienda, el mendigo me
lanzo una mirada de preocupaci\'f3n.
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 \emdash }{\expnd1\expndtw6\lang1034
Ande, pase usted. \'c9sta es la librer\'eda de mi padre, al que quiero
presentarle.
\par El mendigo se encogi\'f3 en un manojo de ro\'f1a y nervios.
\par \emdash No, no, de ninguna manera, que yo no estoy pre\-sentable y
\'e9ste es un establecimiento de categor\'eda; le voy a avergonzar a
usted...
\par Mi padre se asom\'f3 a la puerta, le hizo un repaso r\'e1pi\-do al
mendigo y luego me mir\'f3 de reojo.
\par \emdash Pap\'e1, \'e9ste es Ferm\'edn Romero de Torres.
\par \emdash Para servirle a usted \emdash dijo el mendigo casi tem\-
blando.
\par Mi padre le sonri\'f3 serenamente y le tendi\'f3 la mano. El mendigo
no se atrev\'eda a estrecharla, avergonzado por su aspecto y la mugre que
le cubr\'eda la piel.
\par \emdash Oiga, mejor que me vaya y les deje a ustedes \emdash tar\-
tamude\'f3.
\par Mi padre le asi\'f3 suavemente por el brazo.
\par \emdash Nada de eso, que mi hijo me ha dicho que se viene usted a
comer con nosotros.
\par El mendigo nos mir\'f3, at\'f3nito, aterrado.
\par \emdash \'bfPor qu\'e9 no sube a casa y se da un buen ba\'f1o ca\-
liente? \emdash dijo mi padre\emdash . Luego, si le parece, nos baja\-mos
andando hasta Can Sol\'e9.
\par Ferm\'edn Romero de Torres balbuce\'f3 algo ininteligible. Mi padre,
sin bajar la sonrisa, le gui\'f3 rumbo al portal y pr\'e1cticamente tuvo
que arrastrarlo escalera arriba hasta el piso mientras yo cerraba la
tienda. Con mucha oratoria y t\'e1
cticas subrepticias conseguimos meterlo en la ba\'f1era y despojarlo de
sus andrajos. Desnudo parec\'eda una foto de guerra y temblaba como un
pollo desplumado. Ten\'eda marcas profundas en las mu\'f1
ecas y los tobillos, y su torso y espalda estaban cubiertos de terribles
cicatrices que do\-l\'edan a la vista. Mi padre y yo intercambiamos una
mirada de horror, pero no dijimos nada.
\par }{\lang1034 El mendigo se dej\'f3 lavar como un ni\'f1o, asustado y
temblando. Mientras yo buscaba ropa limpia en el arc\'f3n para vestirlo,
escuchaba la voz de mi padre habl\'e1ndole sin pausa. Encontr\'e9 un
traje que mi padre ya no se pon\'ed
a nunca, una camisa vieja y algo de ropa interior. De la muda que
tra\'eda el mendigo no pod\'edan aprovecharse ni los zapatos. Le
escog\'ed unos que mi padre casi no se calza\-ba porque le quedaban
peque\'f1os. Envolv\'ed los andrajos en papel de peri
\'f3dico, incluidos unos calzones que exhib\'edan el color y la
consistencia del jam\'f3n serrano, y los met\'ed en el cubo de la basura.
Cuando volv\'ed al ba\'f1o, mi padre esta\-ba afeitando a Ferm\'edn
Romero de Torres en la ba\'f1era. P\'e1
lido y oliendo a jab\'f3n, parec\'eda un hombre veinte a\'f1os m\'e1s
joven. Por lo que vi, ya se hab\'edan hecho amigos. Fer\-m\'edn Romero de
Torres, quiz\'e1 bajo los efectos de las sales de ba\'f1o, se hab\'eda
embalado.
\par \emdash Mire lo que le digo, se\'f1or Sempere, de no haber querido
la vida que la m\'eda fuese una carrera en el mundo de la intriga
internacional, lo m\'edo, de coraz\'f3n, eran las humanidades. De ni\'f1o
sent\'ed la llamada del verso y quise ser S\'f3
focles o Virgilio, porque a m\'ed la tragedia y las len\-guas muertas me
ponen la piel de gallina, pero mi padre, que en gloria est\'e9, era un
cazurro de poca visi\'f3n y siem\-pre quiso que uno de sus hijos
ingresara en la Guardia Ci\-
vil, y a ninguna de mis siete hermanas las hubiesen admi\-tido en la
Benem\'e9rita, pese al problema de vello facial que siempre
caracteriz\'f3 a las mujeres de mi familia por p
arte de madre. En su lecho de muerte, mi progenitor me hizo jurar que si
no llegaba a calzar el tricornio, al menos me har\'eda funcionario y
abandonar\'eda toda preten\-si\'f3n de seguir mi vocaci\'f3n por la l\'ed
rica. Yo soy de los de antes, y a un padre, aunque sea un burro, hay que
obede\-cerle, ya me entiende usted. Aun as\'ed, no se crea usted que he
desde\'f1ado el cultivo del intelecto en mis a\'f1os de aventura. He
le\'eddo lo m\'edo y le podr\'ed
a recitar de memoria fragmentos selectos de
}{\i\expnd2\expndtw10\lang1034 La vida es sue\'f1o.
\par }{\lang1034 \emdash Ande, jefe, p\'f3ngase esta ropa, si me hace el
favor, que aqu\'ed su erudici\'f3n est\'e1 fuera de toda duda \emdash
dije yo, acudiendo al rescate de mi padre.
\par A Ferm\'edn Romero de Torres se le deshac\'eda la mirada de
gratitud. Sali\'f3 de la ba\'f1era, reluciente. Mi padre lo envolvi\'f3
en una toalla. El mendigo se re\'eda de puro placer al sentir el tejido
limpio sobre la piel. Le ayud\'e9 a enfun\-
darse la muda, que le ven\'eda unas diez tallas grande. Mi padre se
desprendi\'f3 del cintur\'f3n y me lo tendi\'f3 para que se lo ci\'f1ese
al mendigo.
\par \emdash Est\'e1 usted hecho un pincel \emdash dec\'eda mi
padre\emdash . \'bfVerdad, Daniel?
\par \emdash Cualquiera lo tomar\'eda por un artista de cine.
\par \emdash Quite, que uno ya no es el que era. Perd\'ed mi muscu\-
latura herc\'falea en la c\'e1rcel y desde entonces...
\par \emdash Pues a m\'ed, me parece usted Charles Boyer, por la percha
\emdash objet\'f3 mi padre\emdash . Lo cual me recuerda que quer\'eda
proponerle a usted algo.
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 \emdash }{\lang1034 Yo por usted,
se\'f1or Sempere, si hace falta, mato. S\'f3lo tiene que decirme el
nombre y yo liquido al tipo sin dolor.
\par \emdash No har\'e1 falta tanto. Yo lo que quer\'eda ofrecerle es un
trabajo en la librer\'eda. Se trata de buscar libros raros para nuestros
clientes. Es casi un puesto de arqueolog\'eda litera\-ria, para el que
hace tanta falta conocer los cl\'e1
sicos como las t\'e9cnicas b\'e1sicas del estraperlo. No puedo pagarle
mu\-cho, de momento, pero comer\'e1 usted en nuestra mesa y, hasta que le
encontremos una buena pensi\'f3n, se hospe\-dar\'e1 usted aqu\'ed en
casa, si le parece bien.
\par El mendigo nos mir\'f3 a ambos, mudo.
\par \emdash \'bfQu\'e9 me dice? \emdash pregunt\'f3 mi padre\emdash .
\'bfSe une al equipo?
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Me pareci\'f3 que iba a decir algo, pero
justo entonces Ferm\'edn Romero de Torres se nos ech\'f3 a llorar.
\par
\par Con su primer sueldo, Ferm\'edn Romero de Torres se compr\'f3 un
sombrero peliculero, unos zapatos de lluvia y se empe\'f1\'f3 en
invitarnos a mi padre y a m\'ed
a un plato de rabo de toro, que preparaban los lunes en un restaurante a
un par de calles de la Plaza Monumental. Mi padre le hab\'eda encontrado
una habitaci\'f3n en una pensi\'f3n de la calle Joaqu\'edn Costa donde,
merced a la amistad de nues\-
tra vecina la Merceditas con la patrona, se pudo obviar el tr\'e1mite de
rellenar la hoja de informaci\'f3n sobre el hu\'e9s\-ped para la
polic\'eda y as\'ed mantener a Ferm\'edn Romero de Torres lejos del
olfato del inspector Fumero y sus se\-
cuaces. A veces me ven\'eda a la memoria la imagen de las tremendas
cicatrices que le cubr\'edan el cuerpo. Me sent\'eda tentado de
preguntarle por ellas, temiendo quiz\'e1 que el inspector Fumero tuviese
algo que ver con el asunto, pero hab\'ed
a algo en la mirada del pobre hombre que suge\-r\'eda que era mejor no
mentar el tema. Ya nos lo contar\'eda \'e9l mismo alg\'fan d\'eda, cuando
le pareciese oportuno. Cada ma\'f1ana, a las siete en punto, Ferm\'edn
nos esperaba en la puerta de la librer
\'eda, con presencia impecable y siempre con una sonrisa en los labios,
dispuesto a trabajar una jor\-nada de doce o m\'e1s horas sin pausa.
Hab\'eda descubierto una pasi\'f3n por el chocolate y los brazos de
gitano que no desmerec\'ed
a de su entusiasmo por los grandes de la trage\-dia griega, con lo cual
hab\'eda ganado algo de peso. Gasta\-ba un afeitado de se\'f1orito, se
peinaba hacia atr\'e1s con bri\-llantina y se estaba dejando un bigotillo
de l\'e1
piz para estar a la moda. Treinta d\'edas despu\'e9s de emerger de
aquella ba\'f1era, el ex mendigo estaba irreconocible. Pero, pese a lo
espectacular de su transformaci\'f3n, donde real\-mente Ferm\'edn Romero
de Torres nos hab\'eda dejado bo\-
quiabiertos era en el campo de batalla. Sus instintos de\-tectivescos,
que yo hab\'eda atribuido a fabulaciones febriles, eran de precisi\'f3n
quir\'fargica. En sus manos, los pedidos m\'e1s extra\'f1os se
solucionaban en d\'edas, cuando no en ho\-
ras. No hab\'eda t\'edtulo que no conociese, ni argucia para con\-
seguirlo que no se le ocurriese para adquirirlo a buen precio. Se colaba
en las bibliotecas particulares de duque\-sas de la avenida Pearson y
diletantes del c\'edrculo ecuestre a golpe de
labia, siempre asumiendo identidades ficticias, y consegu\'eda que le
regalasen los libros o se los vendiesen por dos perras.
\par La transformaci\'f3n del mendigo en ciudadano ejem\-plar parec\'eda
milagrosa, una de esas historias que se com\-plac\'edan en contar los
curas de parroquia pobre para ilus\-trar la infinita misericordia del
Se\'f1
or, pero que siempre sonaban demasiado perfectas para ser ciertas, como
los anuncios de crecepelo en las paredes de los tranv\'edas. Tres meses y
medio despu\'e9s de que Ferm\'edn hubiera empezado a trabajar en la
librer\'eda, el tel\'e9
fono del piso de la calle Santa Ana nos despert\'f3 a las dos de la
ma\'f1ana de un do\-mingo. Era la due\'f1a de la pensi\'f3n donde se
hospedaba Ferm\'edn Romero de Torres. Con la voz entrecortada nos
explic\'f3 que el se\'f1or Romero de Torres se hab
\'eda encerra\-do en su cuarto por dentro, estaba gritando como un loco,
golpeando las paredes y jurando que si alguien en\-traba, se matar\'eda
all\'ed mismo cort\'e1ndose el cuello con una botella rota.
\par \emdash No llame a la polic\'eda, por favor. Ahora mismo va\-mos.
\par Salimos a escape rumbo a la calle Joaqu\'edn Costa. Era una noche
fr\'eda, de viento que cortaba y cielos de alqui\-tr\'e1n. Pasamos
corriendo frente a la Casa de la Misericordia y la Casa de la Piedad,
desoyendo miradas y susurros }{
\expnd1\expndtw6\lang1034 que silbaban desde portales oscuros que
ol\'edan a esti\'e9rcol y carb\'f3n. Llegamos a la esquina de la calle
Ferlandina. Joaqu\'edn Costa ca\'eda como una brecha de colmenas
ennegrecidas fundi\'e9
ndose en las tinieblas del Raval. El hijo mayor de la due\'f1a de la
pensi\'f3n nos esperaba en la calle.
\par \emdash \'bfHan llamado a la polic\'eda? \emdash pregunt\'f3 mi
padre.
\par \emdash Todav\'eda no \emdash contest\'f3 el hijo.
\par Corrimos escaleras arriba. La pensi\'f3n estaba en el se\-gundo
piso, y la escalera era una espiral de mugre que apenas se adivinaba al
reluz ocre de bombillas desnudas y cansadas que pend\'edan de un cable
pelado. Do\'f1
a Encarna, viuda de un cabo, de la Guardia Civil y due\'f1a de la
pensi\'f3n, nos recibi\'f3 a la puerta del piso enfundada en una bata
azul celeste y luciendo una cabeza de rulos a juego.
\par \emdash Mire, se\'f1or Sempere, \'e9sta es una casa decente y de
categor\'eda. Me sobran las ofertas y estos retablos yo no ten\-go por
qu\'e9 tolerarlos \emdash dijo mientras nos guiaba a trav\'e9s de un
pasillo oscuro que ol\'eda a humedad y a amon\'ed
aco.
\par \emdash Lo comprendo \emdash murmuraba mi padre.
\par Los gritos de Ferm\'edn Romero de Torres se o\'edan desga\-rrando
las paredes al fondo del corredor. De las puertas entreabiertas se
asomaban varias caras chupadas y asusta\-das, caras de pensi\'f3n y sopa
aguada.
\par \emdash Venga, y los dem\'e1s a dormir, co\'f1o, que esto no es una
revista del Molino \emdash exclam\'f3 do\'f1a Encarna con furia.
\par Nos detuvimos frente a la puerta de la habitaci\'f3n de Ferm\'edn.
Mi padre golpe\'f3 suavemente con los nudillos.
\par \emdash \'bfFerm\'edn? \'bfEst\'e1 usted ah\'ed? Soy Sempere.
\par El aullido que atraves\'f3 la pared me hel\'f3 el coraz\'f3n.
Incluso do\'f1a Encarna perdi\'f3 la compostura de gober\-nanta y se
llev\'f3 las manos al coraz\'f3n, oculto bajo los plie\-gues abundantes
de su frondosa pechuga.
\par Mi padre llam\'f3 de nuevo.
\par \emdash \'bfFerm\'edn? Ande, \'e1brame.
\par Ferm\'edn aull\'f3 de nuevo, lanz\'e1ndose contra las pare\-des,
gritando obscenidades hasta desga\'f1itarse. Mi padre suspir\'f3.
\par \emdash \'bfTiene usted llave de esta habitaci\'f3n?
\par \emdash Pues claro.
\par \emdash D\'e9mela.
\par Do\'f1a Encarna dud\'f3. Los dem\'e1s inquilinos se hab\'edan vuelto
a asomar al pasillo, blancos de terror. Aquellos gri\-tos se ten\'edan
que o\'edr desde Capitan\'eda.
\par \emdash Y t\'fa, Daniel, corre a buscar al doctor Bar\'f3, que
est\'e1 aqu\'ed al lado, en el 12 de Riera Alta.
\par \emdash Oiga, \'bfno ser\'eda mejor llamar a un cura?, porque a
m\'ed \'e9ste me suena a endemoniado \emdash ofreci\'f3 do\'f1a Encar\-
na.
\par \emdash No. Con un m\'e9dico va que se mata. Venga, Daniel. Corre. Y
usted deme esa llave, haga el favor.
\par
\par El doctor Bar\'f3 era un solter\'f3n insomne que pasaba las noches
leyendo a Zola y mirando estereogramas de se\'f1oritas en pa\'f1os
menores para combatir el tedio. Era cliente habitual en la tienda de mi
padre y \'e9
l mismo se autocalificaba de matasanos de segunda fila, pero ten\'eda
m\'e1s ojo para acertar diagn\'f3sticos que la mitad de los doc\-tores de
post\'edn con consulta en la calle Muntaner. Gran parte de su clientela
la compon\'edan furcias viejas del ba\-
rrio y desgraciados que apenas pod\'edan pagarle, pero a los que
atend\'eda igualmente. Yo le hab\'eda escuchado decir m\'e1s de una vez
que el mundo era un orinal y que estaba esperando a que el Barcelona
ganase la liga de una pu\'f1
etera vez para morirse en paz. Me abri\'f3 la puerta en bata, olien\-do a
vino y con un }{\lang1034 pitillo }{\expnd1\expndtw6\lang1034 apagado en
los labios.
\par }{\lang1034 \emdash \'bfDaniel?
\par \emdash Me manda mi padre. Es una emergencia.
\par Cuando regresamos a la pensi\'f3n nos encontramos a do\'f1a Encarna
sollozando de puro susto, al resto de los in\-quilinos con color de cirio
gastado y a mi padre sosteniendo en sus brazos a Ferm\'edn Romero de
Torres en un rinc\'f3n de la habitaci\'f3
n. Ferm\'edn estaba desnudo, llorando y temblando de terror. La
habitaci\'f3n estaba destrozada, las paredes manchadas con lo que no
sabr\'eda decir si era sangre o excremento. El doctor Bar\'f3 ech\'f3 un
r\'e1pido vis\-tazo a la situaci\'f3
n y, con un gesto, le indic\'f3 a mi padre que ten\'edan que tender a
Ferm\'edn en la cama. Les ayud\'f3 el hijo de do\'f1a Encarna, que
aspiraba a boxeador. Ferm\'edn gem\'eda y se convulsionaba como si una
alima\'f1a le estuvie\-se devorando las entra
\'f1as.
\par \emdash Pero \'bfqu\'e9 tiene este pobre hombre, por Dios?
\'bfQu\'e9 tiene? \emdash gem\'eda do\'f1a Encarna desde la puerta,
agitando la cabeza.
\par El doctor le tom\'f3 el pulso, le inspeccion\'f3 las pupilas con una
linterna y sin mediar palabra procedi\'f3 a prepa\-rar una inyecci\'f3n
de un frasco que llevaba en el malet\'edn.
\par \emdash Suj\'e9tenlo. Esto lo pondr\'e1 a dormir. Daniel, ay\'fada\-
nos.
\par Entre los cuatro inmovilizamos a Ferm\'edn, que se sacu\-di\'f3
violentamente cuando sinti\'f3 la punzada de la aguja en el muslo. Se le
tensaron los m\'fasculos como cables de acero, pero en unos segundos los
ojos se le nublaron v su cuerpo cay\'f3
inerte.
\par \emdash Oiga, vigile, que este hombre es muy poca cosa y se\-g\'fan
lo que le d\'e9 lo mata \emdash dijo do\'f1a Encarna.
\par \emdash No se preocupe. S\'f3lo est\'e1 dormido \emdash dijo el
doctor, examinando las cicatrices que cubr\'edan el cuerpo fam\'e9lico de
Ferm\'edn.
\par Le vi negar en silencio.
\par }{\i\lang1034 \emdash Fills de puta }{\lang1034 \emdash murmur\'f3.
\par \emdash \'bfDe qu\'e9 son esas cicatrices? \emdash
pregunt\'e9\emdash . \'bfCortes?
\par El doctor Bar\'f3 neg\'f3, sin alzar la vista. Busc\'f3 una man\-ta
entre los despojos y cubri\'f3 a su paciente.
\par \emdash Quemaduras. A este hombre lo han torturado \emdash ex\-
plic\'f3\emdash . Esas marcas las hace una l\'e1mpara de soldar.
\par Ferm\'edn durmi\'f3 durante dos d\'edas. Al despertar no re\-cordaba
nada, excepto que cre\'eda haberse despertado en una celda oscura y luego
nada m\'e1s. Se sinti\'f3 tan avergon\-zado por su conducta que se puso
de rodillas a pedirle perd\'f3n a do\'f1
a Encarna. Le jur\'f3 que le iba a pintar la pensi\'f3n y, como sab\'eda
que ella era muy devota, hacer de\-cir diez misas por ella en la iglesia
de Bel\'e9n.
\par \emdash Usted lo que tiene que hacer es ponerse bien, y no darme
m\'e1s sustos as\'ed, que yo estoy vieja para esto.
\par Mi padre pag\'f3 los desperfectos y rog\'f3 a do\'f1a Encar\-na que
le diese otra oportunidad a Ferm\'edn. Ella asinti\'f3 de buen grado. La
mayor\'eda de sus inquilinos eran desheredados y gente sola en el mundo,
como ella. Pasado el sus\-to, le cogi\'f3
a\'fan m\'e1s cari\'f1o a Ferm\'edn y le hizo prometer que tomar\'eda
unas pastillas que el doctor Bar\'f3 le hab\'eda re\-cetado.
\par \emdash Yo por usted, do\'f1a Encarna, me trago un ladrillo si es
necesario.
\par Con el tiempo todos hicimos como que hab\'edamos ol\-vidado lo
sucedido, pero nunca m\'e1s volv\'ed a tomarme a broma las historias del
inspector Fumero. Despu\'e9s de aquel episodio, para no dejarlo solo, nos
llev\'e1bamos a Ferm\'ed
n Romero de Torres casi todos los domingos a me\-rendar al caf\'e9
Novedades. Luego sub\'edamos andando has\-ta el cine F\'e9mina en la
esquina de Diputaci\'f3
n y paseo de Gracia. Uno de los acomodadores era amigo de mi padre y nos
dejaba colarnos por la salida de incendios de platea a medio No-Do,
siempre en el momento en que el General\'edsimo cortaba la cinta
inaugural de alg\'fan nuevo panta\-
no, lo cual a Ferm\'edn Romero de Torres le atacaba los ner\-vios.
\par \emdash Qu\'e9 verg\'fcenza \emdash dec\'eda, indignado.
\par \emdash \'bfNo le gusta a usted el cine, Ferm\'edn?
\par \emdash En confianza, a m\'ed esto del s\'e9ptimo arte me la re\-
pampinfla. A mi entender no es m\'e1s que p\'e1bulo para atontar a la
plebe embrutecida, peor que el f\'fatbol o los toros. El cinemat\'f3grafo
naci\'f3 como invento para entrete\-
ner a las masas analfabetas, y cincuenta a\'f1os m\'e1s tarde no ha
cambiado mucho.
\par Toda aquella reticencia cambi\'f3 radicalmente el d\'eda que
Ferm\'edn Romero de Torres descubri\'f3 a Carole Lom\-bard.
\par \emdash \'a1Qu\'e9 busto, Jes\'fas, Mar\'eda y Jos\'e9, qu\'e9
busto! \emdash excla\-m\'f3 en plena proyecci\'f3n, pose\'eddo\emdash .
\'a1Eso no son tetas, son dos carabelas!
\par \emdash C\'e1llese, so guarro, o ahora mismo llamo al encarga\-do
\emdash mascull\'f3 una voz de confesonario ubicada un par de filas a
nuestras espaldas\emdash . Habr\'e1se visto el poca ver\-g\'fcenza.
Qu\'e9 pa\'eds de cerdos.
\par \emdash M\'e1s vale que baje la voz, Ferm\'edn \emdash aconsej\'e9.
\par Ferm\'edn Romero de Torres no me escuchaba. Andaba perdido en el
suave vaiv\'e9n de aquel escote milagroso, con la sonrisa robada y los
ojos envenenados de tecnicolor. M\'e1s tarde, caminando de vuelta por el
paseo de Gracia, observ\'e9
que nuestro detective bibliogr\'e1fico segu\'eda en trance.
\par \emdash Creo que vamos a tener que buscarle a usted una mujer
\emdash dije\emdash . Una mujer le alegrar\'e1 la vida, ya lo ver\'e1.
\par Ferm\'edn Romero de Torres suspir\'f3, su mente rebobi\-nando a\'fan
las delicias de la ley de la gravedad.
\par \emdash \'bfHabla usted por experiencia, Daniel? \emdash pregunt\'f3
inocentemente.
\par Me limit\'e9 a sonre\'edr, sabiendo que mi padre me obser\-vaba de
refil\'f3n.
\par Despu\'e9s de aquel d\'eda, Ferm\'edn Romero de Torres se
aficion\'f3 a ir todos los domingos al cine. Mi padre prefe\-r\'eda
quedarse en casa leyendo, pero Ferm\'edn Romero de Torres no se perd\'eda
una sesi\'f3n. Compraba un mont\'f3
n de chocolatinas y se sentaba en la fila diecisiete a devorarlas,
esperando la aparici\'f3n estelar de la diva de turno. El ar\-gumento le
tra\'eda al pairo, y no paraba de hablar hasta que una dama de
considerables atributos llenaba la pan\-talla.
\par \emdash He estado pensando en lo que dijo usted el otro d\'eda sobre
lo de buscarme una mujer \emdash dijo Ferm\'edn Romero de Torres\emdash .
A lo mejor tiene usted raz\'f3n. En la pensi\'f3
n hay un nuevo inquilino, un ex seminarista sevillano muy salado que de
vez en cuando se trae unas chavalas impo\-nentes. Oiga, c\'f3mo ha
mejorado la raza. No s\'e9 c\'f3mo se
lo hace, porque el muchacho es bien poca cosa, pero a lo mejor las atonta
a padrenuestros. Como tiene la habita\-ci\'f3n de al lado, yo lo oigo
todo, y a juzgar por lo que se escucha, el fraile debe de ser un artista.
Lo que hace un uniforme. \'bf
A usted c\'f3mo le gustan las mujeres, Daniel?
\par \emdash No s\'e9 yo mucho de mujeres, la verdad.
\par \emdash Saber no sabe nadie, ni Freud, ni ellas mismas, pero esto es
como la electricidad, no hace falta saber c\'f3mo fun\-ciona para picarse
los dedos. Hala, cuente. \'bfC\'f3mo le gustan? A m\'ed que me perdonen,
pero una mujer tiene que te\-
ner forma de hembra y d\'f3nde agarrarse, pero usted tiene pinta de que
le gusten las flacas, que es un punto de vista que yo respeto
much\'edsimo, \'bfeh?, no me malinterprete.
\par \emdash Si he de serle sincero, no tengo mucha experiencia con las
mujeres. M\'e1s bien ninguna.
\par Ferm\'edn Romero de Torres me mir\'f3 con detenimien\-to, intrigado
ante esta manifestaci\'f3n de ascetismo.\tab
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 \emdash Yo cre\'eda que lo de aquella
noche, ya sabe, el porra\-zo...
\par \emdash Si todo doliese como una bofetada...
\par Ferm\'edn pareci\'f3 leerme el pensamiento, y sonri\'f3 soli\-
dariamente.
\par \emdash Pues mire, que no le sepa mal, porque lo mejor de las
mujeres es descubrirlas. Como la primera vez, nada de nada. Uno no sabe
lo que es la vida hasta que desnuda por primera vez a una mujer. Bot\'f3n
a bot\'f3n, como si pe\-
lase usted un boniato bien calentito en una noche de in\-vierno.
Ahhhhh...
\par En pocos segundos, Ver\'f3nica Lake hac\'eda su entrada en escena, y
Ferm\'edn hab\'eda saltado de dimensi\'f3n. Aprove\-chando una secuencia
en que Ver\'f3nica Lake descansaba, Ferm\'edn anunci\'f3 que se iba a
hacer una visita al puesto de chucher\'ed
as del vest\'edbulo para reponer existencias. Des\-pu\'e9s de pasar meses
de hambre, mi amigo hab\'eda perdido el sentido de la medida, pero merced
a su metabolismo de bombilla nunca llegaba a perder aquel aire hambrien\-
to y escu\'e1
lido de posguerra. Me qued\'e9 solo, apenas si\-guiendo la acci\'f3n en
pantalla. Mentir\'eda si dijese que pensaba en Clara. Pensaba s\'f3lo en
su cuerpo, temblando bajo las embestidas del profesor de m\'fasica,
reluciente de su\-
dor y de placer. Se me cay\'f3 la mirada de la pantalla y s\'f3lo
entonces repar\'e9 en el espectador que acababa de entrar. Vi su silueta
avanzar hasta el centro del patio de butacas, seis filas m\'e1
s adelante, y tomar asiento. Los cines estaban llenos de gente sola,
pens\'e9. Como yo.
\par Intent\'e9 concentrarme en retomar el hilo de la acci\'f3n. El
gal\'e1n, un detective c\'ednico pero con buen coraz\'f3n, le explicaba a
un personaje secundario por qu\'e9 las mujeres como Ver\'f3nica Lake eran
la perdici\'f3n de todo macho ca\-
bal y, aun as\'ed, no cab\'eda sino amarlas con desesperaci\'f3n y
perecer traicionado por su perfidia. Ferm\'edn Romero de Torres, que se
estaba convirtiendo en cr\'edtico experto, denominaba a este g\'e9nero de
historias }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034
\'abel cuento de la mantis }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
religiosa\'bb}{\expnd0\expndtw2\lang1034 . Seg\'fan \'e9l no eran sino
fantas\'edas mis\'f3ginas para oficinistas con problemas de
estre\'f1imiento y beatas ajadas de aburrimiento que so\'f1
aban con echarse al vicio y llevar una vida de put\'f3n desorejado.
Sonre\'ed al imaginar los co\-mentarios a pie de p\'e1gina que hubiese
hecho mi amigo el cr\'edtico de no haber acudido a su cita con el puesto
de go\-losinas. La sonrisa se me hel\'f3
en menos de un segundo. El espectador sentado seis filas al frente se
hab\'eda vuelto y me estaba mirando fijamente. El haz nebuloso del
proyec\-tor taladraba las tinieblas de la sala, un soplo de luz parpa\-
deante que apenas dibujaba l\'ed
neas y manchas de color. Reconoc\'ed al instante al hombre sin rostro,
Coubert. Su mirada sin p\'e1rpados brillaba, acerada. Su sonrisa sin la\-
bios se relam\'eda en la oscuridad. Sent\'ed dedos fr\'edos cerr\'e1n\-
dose sobre mi coraz\'f3
n. Doscientos violines estallaron en la pantalla, hubo tiros, gritos y la
escena fundi\'f3 a negro. Por un instante, la platea se sumi\'f3 en la
oscuridad absolu\-ta y s\'f3lo pude o\'ed
r los latidos que me martilleaban en las sienes. Lentamente, una nueva
escena se ilumin\'f3 en la pantalla, deshaciendo la oscuridad de la sala
en vahos de penumbra azul y p\'farpura. El hombre sin rostro hab\'eda
desaparecido. Me volv\'ed
y pude ver una silueta alej\'e1ndose por el pasillo de la platea y
cruzarse con Ferm\'edn Romero de Torres, que volv\'eda de su safari
gastron\'f3mico. Se adentr\'f3 en la fila y retom\'f3 su butaca. Me
tendi\'f3 una chocolatina de pralin\'e9 y me observ
\'f3 con cierta reserva.
\par \emdash Daniel, est\'e1 usted blanco como nalga de monja. \'bfSe
encuentra bien?
\par Un aliento invisible barr\'eda el patio de butacas.
\par \emdash Huele raro \emdash coment\'f3 Ferm\'edn Romero de
Torres\emdash . Como a pedo rancio, de notario o procurador.
\par \emdash No. Huele a papel quemado.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash Ande, tenga un Sugus de
lim\'f3n, que lo cura todo.
\par \emdash No me apetece.
\par \emdash Pues se lo guarda, que nunca se sabe cu\'e1ndo un Su\-gus le
va a sacar a uno de un apuro.
\par Guard\'e9 el caramelo en el bolsillo de la chaqueta y na\-vegu\'e9
por el resto de la pel\'edcula sin prestar atenci\'f3n ni a Ver\'f3nica
Lake ni a las v\'edctimas de sus fatales encantos. Ferm\'edn Romero de
Torres se hab\'eda perdido en el espect\'e1\-
culo y en sus chocolatinas. Cuando se encendieron las lu\-ces al
t\'e9rmino de la sesi\'f3n, me pareci\'f3 haber despertado de un mal
sue\'f1o y me sent\'ed tentado de tomar la presen\-cia de aquel individuo
en el patio de butacas como una ilusi\'f3
n, un truco de la memoria, pero su breve mirada en la oscuridad hab\'eda
bastado para hacerme llegar el mensa\-je. No se hab\'eda olvidado de
m\'ed, ni de nuestro pacto.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qj\fi4253\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {12
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par El primer efecto de la llegada de Ferm\'edn se hizo notar pronto:
descubr\'ed que ten\'eda mucho m\'e1s tiempo libre. Cuan\-do Ferm\'edn no
andaba a la caza y captura de alg\'fan volu\-men ex\'f3
tico para satisfacer los pedidos de los clientes, se ocupaba de organizar
las existencias de la tienda, idear estratagemas de promoci\'f3n
comercial en el barrio, sacar\-le brillo al cartel y a las cristaleras o
dejar los lomos de los
libros relucientes con un pa\'f1o y alcohol. Dada la coyun\-tura,
opt\'e9 por invertir mi tiempo de ocio en dos aspectos que hab\'eda
dejado descuidados en los \'faltimos tiempos: se\-guir d\'e1
ndole vueltas al enigma de Carax y, sobre todo, tratar de pasar m\'e1s
tiempo con mi amigo Tom\'e1s Aguilar, a quien echaba de menos.
\par Tom\'e1s era un muchacho meditabundo y reservado al que la gente
tem\'eda por su aspecto de mat\'f3n, serio y amenazador. Ten\'eda una
constituci\'f3n de luchador, hombros de gladiador y una mirada dura y
penetrante. Nos hab\'edamos conocido muchos a\'f1
os atr\'e1s en una pelea du\-rante mi primera semana en los jesuitas de
Caspe. Su pa\-dre hab\'eda venido a buscarle despu\'e9s de clase,
acompa\'f1a\-do de una ni\'f1a presumida que result\'f3 ser la hermana de
Tom\'e1s. Se me ocurri\'f3 hacer una gracia
imb\'e9cil sobre ella y, antes de que pudiese parpadear, Tom\'e1s
Aguilar cay\'f3 so\-bre m\'ed como un diluvio de pu\'f1etazos que me
dej\'f3 varias semanas condolido. Tom\'e1s me doblaba en tama\'f1o,
fuer\-
za y ferocidad. En aquel duelo de patio, rodeado de un coro de cr\'edos
sedientos de combate sangriento, perd\'ed un diente y gan\'e9 un nuevo
sentido de las proporciones. No le quise decir a mi padre ni a los curas
qui\'e9n me hab\'ed
a zurrado de aquel modo, ni explicarles que el padre de mi adversario
contemplaba la paliza complacido por el es\-pect\'e1culo y coreando con
los dem\'e1s colegiales.
\par \emdash Ha sido por culpa m\'eda \emdash dije, dando el tema por
zanjado.
\par Tres semanas m\'e1s tarde, Tom\'e1s se me acerc\'f3 durante el
recreo. Yo, muerto de miedo, me qued\'e9 paralizado. \'c9ste viene a
rematarme, pens\'e9. Empez\'f3 a balbucear, y al poco comprend\'ed que lo
\'fanico que quer\'ed
a era disculparse por la golpiza, porque sab\'eda que hab\'eda sido un
combate desigual e injusto.
\par \emdash Soy yo el que tiene que pedirte perd\'f3n por haberme metido
con tu hermana \emdash dije\emdash . Lo hubiera hecho el otro d\'eda,
pero me partiste la boca antes de que pudiese hablar.
\par Tom\'e1s baj\'f3 la mirada, avergonzado. Observ\'e9 a aquel gigante
t\'edmido y silencioso que vagaba por las aulas y pasi\-llos del colegio
como alma sin due\'f1o. Todos los dem\'e1s chavales \emdash yo el
primero\emdash le ten\'edan
miedo, y nadie le hablaba u osaba cruzar la mirada con \'e9l. Con los
ojos ca\'ed\-dos, casi temblando, me pregunt\'f3 si yo querr\'eda ser su
amigo. Le dije que s\'ed. Me ofreci\'f3 su mano y la estrech\'e9. Su
apret\'f3n dol\'eda, pero me aguant\'e9
. Aquella misma tarde, Tomas me invit\'f3 a merendar a su casa y me
ense\'f1\'f3 la co\-lecci\'f3n de extra\'f1os artilugios hechos a partir
de piezas y chatarra que guardaba en su habitaci\'f3n.
\par \emdash Los he hecho yo \emdash me explic\'f3, orgulloso.
\par Yo era incapaz de entender qu\'e9 eran o pretend\'edan ser, pero me
call\'e9 y asent\'ed con admiraci\'f3n. Me parec\'eda que aquel
grandull\'f3n solitario se hab\'eda construido sus propios amigos de
lat\'f3n y que yo era el primero a quien se los hab
\'eda presentado. Era su secreto. Yo le habl\'e9 de mi madre y de lo
mucho que la echaba a faltar. Cuando se me apag\'f3 la voz, Tom\'e1s me
abraz\'f3 en silencio. Ten\'edamos diez a\'f1os. Desde aquel d\'eda,
Tom\'e1s Aguilar se convirti\'f3 en mi mejor
\emdash y yo en su \'fanico\emdash , amigo.
\par Pese a su apariencia beligerante, Tom\'e1s era un alma pac\'edfica y
bondadosa a quien su aspecto evitaba toda con\-frontaci\'f3
n. Tartamudeaba bastante, especialmente cuando hablaba con cualquiera que
no fuese su madre, su hermana o yo, lo cual era casi nunca. Le fascinaban
los inventos extravagantes y los ingenios mec\'e1nicos, y pronto
descubr\'ed que llevaba a cabo autopsia
s en todo tipo de ar\-tilugios, desde gram\'f3fonos hasta m\'e1quinas de
sumar, a fin de averiguar sus secretos. Cuando no estaba conmigo o
trabajando para su padre, Tom\'e1s pasaba la mayor parte de su tiempo
encerrado en su habitaci\'f3
n, construyendo artefactos incomprensibles. Todo lo que le sobraba de
in\-teligencia le faltaba de sentido pr\'e1ctico. Su inter\'e9s en el
mundo real se concentraba en aspectos como la sincron\'eda de los
sem\'e1foros de la Gran V\'ed
a, los misterios de las fuen\-tes luminosas de Montju\'efc o los
aut\'f3matas del parque de atracciones del Tibidabo.
\par Tom\'e1s trabajaba todas las tardes en el despacho de su padre y a
veces, al salir, se pasaba por la librer\'eda. Mi padre siempre se
interesaba por sus inventos y le obsequiaba con manuales de mec\'e1nica o
biograf\'edas de
ingenieros como Eiffel y Edison, a quienes Tom\'e1s idolatraba. Con los
a\'f1os, Tom\'e1s le hab\'eda tomado un gran afecto a mi padre y lleva\-
ba una eternidad intentando inventar para \'e9l un sistema autom\'e1tico
para archivar fichas bibliogr\'e1
ficas a partir de las piezas de un viejo ventilador. Hac\'eda cuatro
a\'f1os que es\-taba trabajando en el proyecto, pero mi padre segu\'eda
mos\-trando entusiasmo por el progreso del mismo para que Tom\'e1s no
perdiese los \'e1
nimos. En un principio me preo\-cupaba c\'f3mo iba a reaccionar Ferm\'edn
ante mi amigo.
\par \emdash Usted debe de ser el amigo inventor de Daniel. Ten\-go
much\'edsimo gusto en saludarle. Ferm\'edn Romero de To\-rres, asesor
bibliogr\'e1fico de la librer\'eda Sempere para ser\-virle a usted.
\par \emdash Tom\'e1s Aguilar \emdash tartamude\'f3 mi amigo, sonriendo y
estrechando la mano de Ferm\'edn.
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw-2\lang1034
Vigile, que eso que tiene usted no es una mano, sino una prensa
hidr\'e1ulica, y yo preciso mantener dedos de violinista para mis labores
en la empresa.
\par Tom\'e1s le solt\'f3, disculp\'e1ndose.
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 Y,
a todo esto, \'bfusted c\'f3mo se manifiesta frente al teorema de Fermat?
\emdash pregunt\'f3 Ferm\'edn, frot\'e1ndose los dedos.
\par Acto seguido pasaron a enzarzarse en una incompren\-sible
discusi\'f3n sobre matem\'e1tica arcana que a m\'ed me son\'f3 a
mandar\'edn. Ferm\'edn le trataba siempre de usted, o de doc\-tor, y
hac\'eda como que no advert\'eda el tartamudeo del mu\-
chacho. Tom\'e1s, para corresponder a la infinita paciencia que Ferm\'edn
mostraba con \'e9l, le tra\'eda cajas de chocolatinas suizas envueltas
con fotograf\'edas de lagos de azul imposi\-ble, vacas en pastos verde
tecnicolor y relojes de cuc\'fa.
\par \emdash Su amigo Tom\'e1s tiene talento, pero le falta direc\-
ci\'f3n en la vida, y un poco de morro, que es lo que hace carrera
\emdash opinaba Ferm\'edn Romero de Torres\emdash . La mente
cient\'edfica tiene estas cosas. Vea usted, si no, a don Al\-
berto Einstein. Tanto inventar prodigios y el primero al que encuentran
aplicaci\'f3n pr\'e1ctica es la bomba at\'f3mica, y encima sin su
permiso. Adem\'e1s, con ese aspecto de bo\-xeador que tiene Tom\'e1s, se
lo van a poner muy dif\'edcil en los c\'ed
rculos acad\'e9micos, porque en esta vida lo \'fanico que sienta
c\'e1tedra es el prejuicio.
\par Motivado a salvar a Tom\'e1s de una vida de penurias e
incomprensi\'f3n, Ferm\'edn hab\'eda decidido que lo necesario era
hacerle ejercitar su oratoria latente y su sociabilidad.
\par \emdash El hombre, como buen simio, es animal social y en \'e9l
priva el amiguismo, el nepotismo, el chanchullo y el co\-madreo como
pauta intr\'ednseca de conducta \'e9tica \emdash argu\-mentaba\emdash .
Es pura biolog\'eda.
\par \emdash Ya ser\'e1 menos.
\par \emdash Qu\'e9 pardillo que es usted a veces, Daniel.
\par Tom\'e1s hab\'eda heredado la pinta de duro de su padre, un
pr\'f3spero administrador de fincas que ten\'eda despacho en la calle
Pelayo junto a los almacenes El Siglo. El se\'f1or Aguilar pertenec\'ed
a a esa raza de mentes privilegiadas que siempre tienen raz\'f3n. Hombre
de convicciones profun\-das, estaba seguro, entre otras cosas, de que su
hijo era un esp\'edritu pusil\'e1nime y un deficiente mental. Para com\-
pensar estas vergonzosas taras, contrataba a toda suerte de profesores
particulares con el objetivo de normalizar a su primog\'e9nito. \'abA mi
hijo quiero que lo trate usted como si fuese imb\'e9cil,
\'bfestamos?\'bb, le hab\'eda o\'ed
do yo decir en numerosas ocasiones. Los maestros lo intentaban todo,
incluso la s\'faplica, pero Tom\'e1s ten\'eda por costumbre dirigirse a
ellos s\'f3lo en lat\'edn, lengua que dominaba con flui\-dez papal y en
la que no tartamudeaba. Tarde o tempra\-
no, los tutores a domicilio dimit\'edan por desesperaci\'f3n y temor a
que el muchacho estuviese pose\'eddo y les estuviera endilgando consignas
demon\'edacas en arameo. La \'fanica esperanza del se\'f1or Aguilar era
que el servicio militar hi\-
ciese de su hijo un hombre de provecho.
\par Tom\'e1s ten\'eda una hermana un a\'f1o mayor que nosotros, Beatriz.
A ella le deb\'eda nuestra amistad, porque si no la hu\-biese visto
aquella lejana tarde de la mano de su padre, esperando el t\'e9
rmino de las clases, y no me hubiese decidido a hacer un chiste de
p\'e9simo gusto sobre ella, mi amigo nunca se habr\'eda lanzado a darme
una somanta de palos y yo nunca hubiera tenido el valor de hablar con
\'e9
l. Bea Aguilar era el vivo retrato de su madre, y la ni\'f1a de los ojos
de su padre. Pelirroja y p\'e1lida a morir, se la ve\'eda siempre
enfundada en car\'edsimos vestidos de seda o lana fresca. Te\-n\'eda el
talle de maniqu\'ed
y caminaba erguida como un palo, pagada de s\'ed misma y crey\'e9ndose
la princesa de su propio cuento. Ten\'eda los ojos azul verdoso, pero
ella insist\'eda en de\-cir que eran de color \'abesmeralda y zafiro\'bb.
Pese a haber pa\-sado un mont\'f3n de a
\'f1os en las teresianas, o quiz\'e1 por eso mismo, cuando su padre no
miraba, Bea beb\'eda an\'eds en copa alta, gastaba medias de seda de La
Perla Gris y se ma\-quillaba como las vampiresas cinematogr\'e1ficas que
pertur\-baban el sue\'f1
o de mi amigo Ferm\'edn. Yo no pod\'eda verla ni en pintura, y ella
correspond\'eda a mi franca hostilidad con l\'e1nguidas miradas de
desd\'e9n e indiferencia. Bea ten\'eda un novio haciendo el servicio
militar como alf\'e9rez en Murcia, un falangista e
ngominado llamado Pablo Cascos Buend\'eda, que pertenec\'eda a una
familia rancia y propietaria de nume\-rosos astilleros en las r\'edas. El
alf\'e9rez Cascos Buend\'eda, que se pasaba media vida de permiso merced
a un t\'ed
o suyo en el Gobierno Militar, siempre andaba largando peroratas so\-bre
la superioridad gen\'e9tica y espiritual de la raza espa\'f1ola y el
inminente declive del Imperio bolchevique.
\par \emdash Marx ha muerto \emdash dec\'eda solemnemente.
\par \emdash En 1883, concretamente \emdash dec\'eda yo.
\par \emdash T\'fa calla, desgraciado, a ver si te pego una leche que te
mando a La Rioja.
\par M\'e1s de una vez hab\'eda sorprendido a Bea sonriendo para s\'ed
ante las sandeces que profer\'eda su novio el alf\'e9rez. Entonces ella
alzaba la mirada y me observaba, impenetrable. Yo le sonre\'eda con esa
cordialidad d\'e9bil de los ene\-
migos en tregua indefinida, pero apartaba los ojos r\'e1pida\-mente.
Antes me habr\'eda muerto que admitirlo, pero en el fondo de mi ser le
ten\'eda miedo.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qj\fi4253\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {13
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par A principios de aquel a\'f1o, Tom\'e1s y Ferm\'edn Romero de Torres
decidieron unir sus respectivos ingenios en un nue\-vo proyecto que,
seg\'fan ellos, habr\'eda de librarnos de hacer el servicio militar a mi
amigo y a m\'ed. Ferm\'edn, particular\-
mente, no compart\'eda el entusiasmo del se\'f1or Aguilar por la
experiencia castrense.
\par \emdash El servicio militar s\'f3lo sirve para descubrir el por\-
centaje de cafres que cotiza en el censo \emdash opinaba \'e9l\emdash . Y
eso se descubre en las dos primeras semanas, no hacen falta dos a\'f1os.
Ej\'e9
rcito, matrimonio, Iglesia y banca: los cuatro jinetes del Apocalipsis.
S\'ed, s\'ed, r\'edase usted.
\par El pensamiento anarco-libertario de Ferm\'edn Romero de Torres
habr\'eda de peligrar una tarde de octubre en que, por casualidades del
destino, recibimos en la tienda la visita de una vieja amiga. Mi padre
hab\'eda ido a hacer una valoraci\'f3
n de una colecci\'f3n de libros a Argentona y no volver\'eda hasta el
anochecer. Yo me qued\'e9 atendiendo el mostrador de la tienda mientras
Ferm\'edn, con sus habi\-tuales maniobras de equilibrista, se
empe\'f1\'f3 en empinar\-
se por la escalera y ordenar el \'faltimo estante de libros que quedaba a
apenas un palmo del techo. Poco antes de cerrar, cuando ya hab\'eda
ca\'eddo el sol, la silueta de la Ber\-narda se recort\'f3 tras el
mostrador. Iba vestida de jueves, su d\'ed
a libre, y me salud\'f3 con la mano. Se me ilumin\'f3 el alma de s\'f3lo
verla y le indiqu\'e9 que pasara.
\par \emdash \'a1Ay, qu\'e9 grande est\'e1 usted! \emdash dijo desde el
umbral\emdash . \'a1Si no se le conoce casi... ya es usted un hombre!
\par Me abraz\'f3, soltando unas lagrimillas y palp\'e1ndome la cabeza,
los hombros y la cara, para ver si me hab\'eda roto en su ausencia.
\par \emdash Se le echa a faltar a usted en la casa, se\'f1orito \emdash
dijo bajando la mirada.
\par \emdash Y yo te he echado a faltar a ti, Bernarda. Venga, dame un
beso.
\par Me bes\'f3 t\'edmidamente, y yo le plant\'e9 un par de sono\-ros
besos en cada mejilla. Se ri\'f3. Vi en sus ojos que estaba esperando que
le preguntase por Clara, pero no pensaba hacerlo.
\par \emdash Te veo muy guapa hoy, y muy elegante. \'bfC\'f3mo es que te
has decidido a venir a visitarnos?
\par \emdash Bueno, la verdad es que hac\'eda tiempo que quer\'eda ve\-
nir a verle, pero ya sabe c\'f3mo son las cosas, y una est\'e1 muy
ocupada, que el se\'f1or Barcel\'f3 aunque es muy sabio es como un
ni\'f1o, y una ha de hacer de tripas coraz\'f3
n. Pero lo que me trae es que, ver\'e1, ma\'f1ana es el cumplea\'f1os de
mi sobrina, la de San Adri\'e1n, y a m\'ed me gustar\'eda hacerle un
regalo. Yo hab\'eda pensado regalarle un libro bueno, con mucha letra y
poco cromo, pero como soy lerda y no en\-
tiendo...
\par Antes de que yo pudiese responder, la tienda se sacu\-di\'f3 con
estruendo bal\'edstico al precipitarse desde las altu}{\lang1034 ras unas
obras completas de Blasco Ib\'e1\'f1ez en tapa dura. La Bernarda y yo
alzamos la vista, sobresaltados. Ferm\'ed
n se deslizaba escaleras abajo como un trapecista, la sonrisa florentina
estampada en el rostro y los ojos impregnados de lujuria y embeleso.
\par \emdash Bernarda, \'e9ste es...
\par \emdash Ferm\'edn Romero de Torres, asesor bibliogr\'e1fico de
Sempere e hijo, a sus pies, se\'f1ora \emdash proclam\'f3 Ferm\'edn, to\-
mando la mano de la Bernarda y bes\'e1ndola ceremoniosa\-mente.
\par En cuesti\'f3n de segundos, la Bernarda se puso como un pimiento
morr\'f3n.
\par \emdash Ay, que se confunde usted, yo de se\'f1ora...
\par \emdash Lo menos marquesa \emdash ataj\'f3 Ferm\'edn\emdash . Lo
sabr\'e9 yo, que me pateo lo m\'e1s fino de la avenida Pearson.
Perm\'edta\-me el honor de escoltarla hasta esta nuestra secci\'f3n de
cl\'e1
sicos juveniles e infantiles donde providencialmente obser\-vo que
tenemos un compendio con lo mejor de Emilio Salgari y la \'e9pica
narraci\'f3n de Sandokan.
\par \emdash Ay, no s\'e9, vidas de santos me da reparo, porque el padre
de la ni\'f1a era muy de la CNT, \'bfsabe usted?
\par \emdash Pierda cuidado, porque aqu\'ed tengo nada menos que La isla
misteriosa de Julio Verne, relato de alta aventura y gran contenido
educativo, por lo de los avances tecnol\'f3\-gicos.
\par \emdash Si a usted le parece bien...
\par Yo los iba siguiendo en silencio, observando c\'f3mo a Ferm\'edn se
le ca\'eda la baba y c\'f3mo la Bernarda se abruma\-ba con las atenciones
de aquel hombrecillo con planta de calique\'f1o y labia de feriante que
la miraba con el \'ed
mpetu que reservaba para las chocolatinas Nestl\'e9.
\par \emdash \'bfY usted, se\'f1orito Daniel, qu\'e9 dice?
\par \emdash Aqu\'ed el se\'f1or Romero de Torres es el experto; pue\-des
confiar en \'e9l.
\par \emdash Pues entonces me llevo ese de la isla, si me lo en\-vuelven
ustedes. \'bfQu\'e9 se debe?
\par \emdash Invita la casa \emdash dije yo.
\par \emdash Ah, no, de ninguna manera...
\par \emdash Se\'f1ora, si usted me lo permite y as\'ed me hace el hom\-
bre m\'e1s dichoso de Barcelona, invita Ferm\'edn Romero de Torres.
\par La Bernarda nos mir\'f3 a ambos, sin palabras.
\par \emdash Oiga, que yo pago lo que compro y esto es un rega\-lo que
quiero hacer a mi sobrina...
\par \emdash Entonces me permitir\'e1 usted, a modo de trueque, que la
invite a merendar \emdash lanz\'f3 Ferm\'edn, alis\'e1ndose el pelo.
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 \emdash }{\lang1034 Anda, mujer \emdash
le anim\'e9 yo\emdash . Ya ver\'e1s como lo pa\-s\'e1is bien. Mira, te
envuelvo esto mientras Ferm\'edn coge su chaqueta.
\par Ferm\'edn se apresur\'f3 a la trastienda a peinarse, perfu\-marse y
colocarse la americana. Le sopl\'e9 unos cuantos du\-ros de la caja para
que invitase a la Bernarda.
\par \emdash \'bfD\'f3nde la llevo? \emdash me susurr\'f3, nervioso como
un cr\'edo.
\par \emdash Yo la llevar\'eda a Els Quatre Gats \emdash le dije\emdash .
Que me consta trae suerte para asuntos del coraz\'f3n.
\par Le tend\'ed el paquete con el libro a la Bernarda y le gui\-\'f1\'e9
el ojo.
\par \emdash \'bfQu\'e9 le debo entonces, se\'f1orito Daniel?
\par \emdash No s\'e9. Ya te lo dir\'e9. El libro no llevaba precio y se
lo tengo que preguntar a mi padre \emdash ment\'ed.
\par Les vi marchar del brazo, perdi\'e9ndose por la calle Santa Ana,
pensando que a lo mejor alguien en el cielo estaba de guardia y por una
vez les conced\'eda a aquel par unas gotas de felicidad. Colgu\'e9 el
cartel de CERRADO en el escaparate. Pas\'e9
un momento a la trastienda a repasar el libro donde mi padre apuntaba
los pedidos y escuch\'e9 la campanilla de la puerta al abrirse. Pens\'e9
que ser\'eda Fer\-m\'edn, que se hab\'eda dejado algo, o quiz\'e1 mi
padre que ya hab\'eda vuelto de Argentona.
\par \emdash \'bfHola?
\par Pasaron varios segundos sin que me llegase una res\-puesta. Yo
segu\'ed ojeando el libro de pedidos.
\par Escuch\'e9 pasos en la tienda, lentos.
\par \emdash \'bfFerm\'edn? \'bfPap\'e1?
\par No obtuve respuesta. Me pareci\'f3 advertir una risa aho\-gada y
cerr\'e9 el libro de pedidos. Quiz\'e1 un cliente hab\'eda ignorado el
cartel de }{\expnd0\expndtw2\lang1034 CERRADO. }{\lang1034 Me dispon\'eda
a atenderle cuando escuch\'e9
el sonido de varios libros caer desde los estantes en la tienda.
Tragu\'e9 saliva. Agarr\'e9 un abrecartas y me acerqu\'e9 lentamente a la
puerta de la trastienda. No me atrev\'ed a llamar de nuevo. Al poco
escuch\'e9 de nuevo los pasos, alej\'e1
ndose. Son\'f3 de nuevo la campanilla de la puerta, y sent\'ed un
vah\'eddo de aire de la calle. Me asom\'e9 a la tienda. No hab\'eda
nadie. Corr\'ed hasta la puerta de la calle y la cerr\'e9 a cal y canto.
Respir\'e9 hondo, sinti\'e9ndome ri\-d\'ed
culo y cobarde. Me dirig\'eda de nuevo a la trastienda cuando vi aquel
pedazo de papel encima del mostrador. Al acercarme comprob\'e9 que se
trataba de una fotograf\'eda, una vieja estampa de estudio de las que
acostumbraban a imprimirse en una l\'e1
mina de cart\'f3n grueso. Los bordes estaban quemados y la imagen,
ahumada, parec\'eda surcada por el rastro de dedos sucios de carbonilla.
La examin\'e9 bajo una l\'e1mpara. En la fotograf\'eda pod\'eda verse a
una pa\-reja de j\'f3
venes, sonriendo para la c\'e1mara. \'c9l no parec\'eda tener m\'e1s de
diecisiete o dieciocho a\'f1os, con el cabello claro y los rasgos
aristocr\'e1ticos, fr\'e1giles. Ella parec\'eda quiz\'e1 un poco menor
que \'e9l, uno o dos a\'f1os a lo sumo. Ten
\'eda la tez p\'e1lida y un rostro cincelado, ce\'f1ido por un pelo ne\-
gro, corto, que acentuaba una mirada encantada, envene\-nada de
alegr\'eda. \'c9l le pasaba un brazo por el talle y ella parec\'eda
susurrar algo, burlona. La imagen transmit\'ed
a una calidez que me rob\'f3 una sonrisa, como si en aquellos dos
desconocidos hubiese reconocido a viejos amigos. Detr\'e1s de ellos se
pod\'eda ver el escaparate de una tienda, repleto de sombreros pasados de
moda. Me concentr\'e9 en la pare\-
ja. Las ropas parec\'edan indicar que la imagen ten\'eda por lo menos
veinticinco o treinta a\'f1os. Era una imagen de luz y de esperanza que
promet\'eda cosas que s\'f3lo existen en las miradas de pocos a\'f1os.
Las llamas hab\'ed
an devorado casi todo el contorno de la fotograf\'eda, pero a\'fan
pod\'eda adivinarse un rostro severo tras aquel mostrador vetusto, una
silueta espectral insinu\'e1ndose tras las letras grabadas en el cristal.
\par
\par }\pard\plain \s15\qj\fi2977\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid { Hijos de Antonio Fortuny
\par }\pard \s15\qj\fi3119\nowidctlpar\widctlpar\adjustright {Casa
fundada en 1888
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034
\par La noche que hab\'eda regresado al Cementerio de los Libros
Olvidados, Isaac me hab\'eda contado que Carax usa\-ba el apellido de su
madre, no el de su padre: Fortuny. El padre de Carax ten\'eda una
sombrerer\'eda en la ronda de San Antonio. Observ\'e9
de nuevo el retrato de aquella pareja y tuve la certeza de que aquel
muchacho era Juli\'e1n Carax, sonri\'e9ndome desde el pasado, incapaz de
ver las llamas que se cerraban sobre \'e9l.
\par }{
\par }\pard\plain
\s1\qj\fi2977\keepn\nowidctlpar\widctlpar\outlinelevel0\adjustright
\i\f1\lang3082\cgrid {\page }{\i0 CIUDAD DE SOMBRAS
\par 1954
\par }\pard\plain \fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {
\par }\pard \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright {
\par }\pard\plain \s15\qj\fi3969\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {14
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd1\expndtw6\lang1034
\par A la ma\'f1ana siguiente, Ferm\'edn acudi\'f3 a trabajar en alas de
Cupido, sonriente y silbando boleros. En otras circuns\-tancias le
habr\'eda preguntado acerca de su merienda con la Bernarda, pero aquel
d\'eda no ten\'eda yo los \'e1nimos para la l\'ed
rica. Mi padre hab\'eda quedado en entregar un pedido a las once de la
ma\'f1ana al profesor Javier Vel\'e1zquez en su despacho de la facultad
en plaza Universidad. A Ferm\'edn, la sola menci\'f3n del acad\'e9
mico le inspiraba urticaria, y con esa excusa me ofrec\'ed yo a llevarle
los libros.
\par \emdash Ese individuo es un pedante, un cr\'e1pula y un lame\-culos
fascista \emdash proclam\'f3 Ferm\'edn, alzando el pu\'f1o en alto al
modo inequ\'edvoco de cuando le entraba el prurito justiciero\emdash .
Con el cuento de la c\'e1tedra y el examen fi
\-nal, \'e9se se beneficiaba hasta la Pasionaria si se terciase.
\par \emdash No se pase, Ferm\'edn. Vel\'e1zquez paga muy bien, siem\-pre
por adelantado y nos recomienda a los cuatro vientos \emdash le
record\'f3 mi padre.
\par \emdash Ese es dinero manchado con la sangre de v\'edrgenes
inocentes \emdash protest\'f3 Ferm\'edn\emdash . Vive Dios que yo nunca
me acost\'e9
con una mujer menor de edad, y no por falta de ganas ni oportunidades;
que hoy me ven ustedes en horas bajas, pero hubo el d\'eda en que tuve
presencia y gallar}{\expnd0\expndtw2\lang1034 d\'eda como el que m\'e1s,
y aun as\'ed
, por si acaso y me daba en la nariz que eran un poco golfas, exig\'eda
la c\'e9dula de iden\-tidad o en su defecto autorizaci\'f3n paterna por
escrito para no faltarle a la \'e9tica.
\par Mi padre puso los ojos en blanco.
\par \emdash Con usted es imposible discutir, Ferm\'edn.
\par \emdash Es que si tengo raz\'f3n, tengo raz\'f3n.
\par Tom\'e9 el paquete que yo mismo hab\'eda preparado la noche
anterior, un par de Rilkes y un ensayo ap\'f3crifo atribuido a Ortega en
torno a las tapas y la profundidad del sentir nacional, y dej\'e9 a
Ferm\'edn y a mi padre entrega\-
dos a su debate de usos y costumbres.
\par Hac\'eda un d\'eda espl\'e9ndido, con un cielo azul de bande\-ra y
una brisa limpia y fresca que ol\'eda a oto\'f1o y a mar. Mi Barcelona
favorita siempre fue la de octubre, cuando le sale el alma a pasear y uno
se hace m\'e1s sabio con s\'f3lo be\-
ber de la fuente de Canaletas, que durante esos d\'edas, de puro milagro,
no sabe ni a cloro. Avanzaba a paso ligero, sorteando limpiabotas,
chupatintas que volv\'edan del cafetito de media ma\'f1ana, vendedores de
loter\'ed
a y un ballet de barrenderos que parec\'edan estar puliendo la ciudad a
pin\-cel, sin prisa y con trazo puntillista. Ya por entonces, Bar\-celona
empezaba a llenarse de coches, y a la altura del se\-m\'e1foro de la
calle Balmes observ\'e9
apostadas en ambas aceras cuadrigas de oficinistas con gabardina gris y
mira\-da hambrienta, comi\'e9ndose un Studebaker con los ojos como si se
tratase de una cupletera en salto de cama. Sub\'ed por Balmes hasta Gran
V\'eda, vi\'e9ndomelas con sem\'e1\-
foros, tranv\'edas, autom\'f3viles y hasta motocicletas con sidecar. En
un escaparate vi un cartel de la casa Phillips que anunciaba la llegada
de un nuevo mes\'edas, la televisi\'f3n, que se dec\'eda iba a cambiarnos
la vida y nos iba a transfor\-
mar a todos en seres del futuro, como los americanos. Ferm\'edn Romero de
Torres, que siempre estaba al tanto de todos los inventos, hab\'eda
profetizado ya lo que iba a su\-ceder.
\par \emdash La televisi\'f3n, amigo Daniel, es el Anticristo y le digo
yo que bastar\'e1n tres o cuatro generaciones para que la gente ya no
sepa ni tirarse pedos por su cuenta y el ser humano vuelva a la caverna,
a la barbarie medieval, y a es\-
tados de imbecilidad que ya super\'f3 la babosa all\'e1 por el
pleistoceno. Este mundo no se morir\'e1 de una bomba ato\-mica como dicen
los diarios, se morir\'e1 de risa, de banalidad, haciendo un chiste de
todo, y adem\'e1s un chiste malo.
\par El profesor Vel\'e1zquez ten\'eda el despacho en el segun\-do piso
de la Facultad de Letras, al fondo de una galer\'eda con embaldosado
ajedrec\'edstico y luz en polvo que daba al claustro sur. Encontr\'e9
al profesor a la puerta de un aula, haciendo como que escuchaba a una
alumna de figura es\-pectacular que iba enfundada en un traje granate que
le ce\'f1\'eda el talle a cuchillo y dejaba asomar unas pantorrillas
hel\'e9
nicas relucientes en medias de seda fina. El profesor Vel\'e1zquez
ten\'eda fama de donju\'e1n y no faltaba quien dije\-se que la
educaci\'f3n sentimental de toda se\'f1orita de buen nombre no estaba
completa sin un proverbial fin de se\-
mana en un hotelito en el paseo de Sitges recitando ale\-jandrinos
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 t\'e9te-\'e1-
t\'e9te}{\expnd0\expndtw2\lang1034 con el distinguido catedr\'e1tico.
Yo, con instinto comercial, me guard\'e9
mucho de interrumpir su conversaci\'f3n, y decid\'ed matar el tiempo
haci\'e9ndole una radiograf\'eda a la pupila aventajada. Quiz\'e1 fuera
la camina\-ta a paso ligero que me hab\'eda levantado el \'e1nimo,
quiz\'e1 fueran mis dieciocho a\'f1
os y el hecho de que pasaba m\'e1s tiempo entre las musas atrapadas en
tomos viejos que en compa\'f1\'eda de muchachas de carne y hueso, que
siempre me parec\'edan a a\'f1os luz del fantasma de Clara Barcel\'f3
, pero en aquel momento, leyendo cada pliegue en la ana\-tom\'eda de
aquella estudiante a la que \'fanicamente pod\'eda }{\lang1034 ver de
espaldas pero que me imaginaba en tres dimensio\-nes y perspectiva
alejandrina, se me pusieron unos dien\-
tes largos como palmatorias.
\par \emdash Vaya, pero si es Daniel \emdash exclam\'f3 el profesor
Vel\'e1z\-quez\emdash . Pues mira, menos mal que vienes t\'fa y no el
mama\-rracho aquel de la \'faltima vez, ese con nombre de torero, que me
pareci\'f3 q
ue o iba bebido o estaba para encerrarlo y tirar la llave. Imag\'ednate
que se le ocurri\'f3 preguntarme la etimolog\'eda de la palabra capullo,
con un tonillo de sorna muy fuera de lugar.
\par \emdash Es que el m\'e9dico le tiene bajo una medicaci\'f3n for\-
t\'edsima. Algo del h\'edgado.
\par \emdash De puro torrado que va todo el d\'eda \emdash mascull\'f3
Ve\-l\'e1zquez\emdash . Yo que vosotros llamaba a la polic\'eda. \'c9se
segu\-ro que tiene ficha. Y c\'f3mo le huelen los pies, redi\'f3s, que
hay mucho rojo de mierda suelto por ah\'ed
que no se lava desde que cay\'f3 la Rep\'fablica.
\par Me dispon\'eda a inventar alguna excusa decorosa para disculpar a
Ferm\'edn cuando la estudiante que hab\'eda estado conversando con el
profesor Vel\'e1zquez se volvi\'f3 y a m\'ed me cay\'f3 la lengua a los
pies.
\par La vi sonre\'edrme y se me encendieron las orejas.
\par \emdash Hola, Daniel \emdash dijo Beatriz Aguilar.
\par La salud\'e9 con la cabeza, mudo al haberme descubier\-to a m\'ed
mismo babeando sin saberlo por la hermana de mi mejor amigo, la Bea de
mis temores.
\par \emdash Ah, pero \'bfes que vosotros ya os conoc\'e9is? \emdash
pregun\-t\'f3 Vel\'e1zquez, intrigado.
\par \emdash Daniel es un viejo amigo de la familia \emdash explic\'f3
Bea\emdash . Y el \'fanico que ha tenido el valor de decirme algu\-na vez
que soy una cursi y una cre\'edda.
\par Vel\'e1zquez me mir\'f3, at\'f3nito.
\par \emdash De eso hace diez a\'f1os \emdash matic\'e9 yo\emdash . Y no
lo dije en serio.
\par \emdash Pues yo a\'fan estoy esperando a que me pida discul\-pas.
\par Vel\'e1zquez ri\'f3 de buena gana y me tom\'f3 el paquete de las
manos.
\par \emdash Me parece que yo aqu\'ed estoy de sobra \emdash dijo,
abrien\-do el paquete\emdash . Ah, estupendo. Oye, Daniel, dile a tu pa\-
dre que ando buscando un libro titulado }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034
Matamoros: cartas de juventud desde Ceuta, }{
\lang1034 de Francisco Franco Bahamonde, con pr\'f3logo y anotaciones de
Pem\'e1n.
\par \emdash D\'e9lo por hecho. Le decimos algo en un par de se\-manas.
\par \emdash Te tomo la palabra, y me voy ya pitando que me es\-peran
treinta y dos mentes en blanco.
\par El profesor Vel\'e1zquez me gui\'f1\'f3 un ojo y desapareci\'f3 en
el interior del aula, dej\'e1ndome a solas con Bea. Yo no sab\'eda
ad\'f3nde mirar.
\par \emdash Oye, Bea, sobre lo del insulto, de verdad que...
\par \emdash Te estaba tomando el pelo, Daniel. Ya s\'e9 que aque\-llo
era cosa de cr\'edos, y Tom\'e1s ya te dio suficientes palos.
\par \emdash A\'fan me duelen.
\par Bea me sonre\'eda en lo que parec\'eda son de paz, o al me\-nos de
tregua.
\par \emdash Adem\'e1s, ten\'edas raz\'f3n, soy algo cursi y a veces un
poco cre\'edda \emdash dijo Bea\emdash . Yo no te caigo muy bien,
\'bfver\-dad, Daniel?
\par La pregunta me pill\'f3 totalmente de sorpresa, desar\-mado, y
asustado por lo f\'e1cil que era perderle la antipat\'eda a quien se
tiene por enemigo en cuanto deja de compor\-tarse como tal.
\par \emdash No, eso no es verdad.
\par \emdash Tom\'e1s dice que, en realidad, no es que yo te caiga mal,
es que no puedes tragar a mi padre y me lo haces pa\-gar a m\'ed, porque
con \'e9l no te atreves. Y no te culpo. Con mi padre no se atreve nadie.
\par Me qued\'e9 blanco, pero en unos segundos me encon\-tr\'e9 a m\'ed
mismo sonriendo y asintiendo.
\par \emdash Va a resultar que Tom\'e1s me conoce mejor que yo mismo.
\par \emdash No te extra\'f1e. Mi hermano nos tiene a todos cogi\-do el
n\'famero, lo que pasa es que nunca dice nada. Pero si alg\'fan d\'eda se
le ocurre abrir la boca, se van a caer las pa\-redes. \'c9l te aprecia
mucho, \'bfsabes?
\par Me encog\'ed de hombros, bajando la mirada.
\par \emdash Siempre habla de ti, y de tu padre y la librer\'eda y ese
amigo que ten\'e9is trabajando con vosotros, que Tom\'e1s dice que es un
genio por descubrir. A veces parece que piense que vosotros sois m\'e1
s su verdadera familia que la que tiene en casa.
\par Le encontr\'e9 la mirada, dura, abierta, sin miedo. No supe qu\'e9
decirle y me limit\'e9 a sonre\'edr. Sent\'ed que me aco\-rralaba con su
sinceridad y ech\'e9 los ojos al patio.
\par \emdash No sab\'eda que estudiabas aqu\'ed.
\par \emdash \'c9ste es mi primer a\'f1o.
\par \emdash \'bfLetras?
\par \emdash Mi padre opina que las ciencias no son para el sexo
d\'e9bil.
\par \emdash Ya. Mucho n\'famero.
\par \emdash No me importa, porque a m\'ed lo que me gusta es leer, y
adem\'e1s aqu\'ed se conoce a gente interesante.
\par \emdash \'bfComo el profesor Vel\'e1zquez?
\par Bea sonri\'f3 de lado.
\par \emdash Estar\'e9 en el primer a\'f1o, pero s\'e9 lo suficiente como
para verlos venir de lejos, Daniel. Especialmente a los de su clase.
\par Me pregunt\'e9 en qu\'e9 clase deb\'eda clasificarme a m\'ed.
\par \emdash Adem\'e1s, el profesor Vel\'e1zquez es amigo de mi pa\-dre.
Est\'e1n los dos en el Consejo de la Asociaci\'f3n para la Protecci\'f3n
y Fomento de la Zarzuela y la L\'edrica Espa\'f1ola.
\par \tab Adopt\'e9 expresi\'f3n de estar muy impresionado.
\par \emdash \'bfY qu\'e9 tal tu novio, el alf\'e9rez Cascos Buend\'eda?
\par Se le fue la sonrisa.
\par \emdash Pablo viene de permiso en tres semanas.
\par \emdash Estar\'e1s contenta.
\par \emdash Mucho. Es un chico estupendo, aunque ya me ima\-gino lo que
debes de pensar de \'e9l.
\par Lo dudo, pens\'e9. Bea me observaba, vagamente tensa. Iba a cambiar
de tema, pero la lengua se me adelant\'f3.
\par \emdash Tom\'e1s dice que vais a casaros y que os vais a vivir a El
Ferrol.
\par Asinti\'f3 sin pesta\'f1ear.
\par \emdash En cuanto Pablo termine el servicio militar.
\par \emdash Debes de estar impaciente \emdash dije, sintiendo el sabor a
mala leche en mi propia voz, una voz insolente que no sab\'eda de
d\'f3nde ven\'eda.
\par \emdash No me importa, de verdad. La familia de \'e9l tiene
propiedades all\'ed, un par de astilleros, y Pablo va a estar al frente
de uno. Tiene mucho talento para el liderazgo. Ya se le ve.
\par Bea apret\'f3 la sonrisa.
\par \emdash Adem\'e1s, Barcelona ya la tengo vista, despu\'e9s de tan\-
tos a\'f1os...
\par Le vi la mirada cansada, triste.
\par \emdash Tengo entendido que El Ferrol es una ciudad fasci\-nante.
Llena de vida. Y el marisco, dicen que es de f\'e1bula, especialmente el
centollo.
\par Bea suspir\'f3, agitando la cabeza. Me pareci\'f3 que que\-r\'eda
llorar de rabia, pero era demasiado orgullosa. Se ri\'f3 tranquilamente.
\par \emdash Diez a\'f1os y todav\'eda no le has perdido el gusto a in\-
sultarme, \'bfverdad, Daniel? Pues anda, desp\'e1chate a gusto. La culpa
es m\'eda, por creer que a lo mejor pod\'edamos ser amigos, o hacer ver
que lo \'e9
ramos, pero supongo que yo no valgo lo que mi hermano. Perdona que te
haya hecho perder el tiempo.
\par Se dio la vuelta y ech\'f3 a andar por el corredor que conduc\'eda a
la biblioteca. La vi alejarse a trav\'e9s de las bal\-dosas blancas y
negras, su sombra cortando las cortinas de luz que ca\'edan desde las
cristaleras.
\par \emdash Bea, espera.
\par Maldije mi estampa y ech\'e9 a correr tras ella. La detu\-ve a medio
corredor, asi\'e9ndola del brazo. Me lanz\'f3 una mirada que quemaba.
\par \emdash Perd\'f3name. Pero te equivocas: la culpa no es tuya, es
m\'eda. Soy yo el que no vale lo que tu hermano o lo que t\'fa. Y si te
he insultado es por envidia a ese imb\'e9cil que tienes por novio y por
rabia de pensar que alguien como t\'fa se ir
\'eda a El Ferrol o al Congo por seguirle.
\par \emdash Daniel...
\par \emdash Te equivocas conmigo, porque s\'ed podemos ser ami\-gos si
t\'fa me dejas intentarlo ahora que sabes lo poco que valgo. Y te
equivocas tambi\'e9n con Barcelona, porque aun que t\'fa te creas que la
tienes vista, yo te garantizo que no es as\'ed
, y que si me dejas te lo demostrar\'e9.
\par Vi que se le iluminaba la sonrisa y una l\'e1grima lenta, de
silencio, le ca\'eda por la mejilla.
\par \emdash M\'e1s te vale que digas la verdad \emdash dijo\emdash .
Porque si no, se lo dir\'e9 a mi hermano y te sacar\'e1 la cabeza como si
fuese un tap\'f3n.
\par Le tend\'ed la mano.
\par \emdash Me parece justo. \'bfAmigos?
\par Me ofreci\'f3 la suya.
\par \emdash \'bfA qu\'e9 hora sales de clase el viernes? \emdash
pregunt\'e9.
\par Dud\'f3 un instante
\par \emdash A las cinco.
\par \emdash Te esperar\'e9 en el claustro a las cinco en punto, y antes
de que anochezca te demostrar\'e9 que hay algo en Barcelona que a\'fan no
has visto y que no puedes irte a El Ferrol con ese idiota al que no me
puedo creer que quie\-
ras, porque si lo haces la ciudad te perseguir\'e1 y te morir\'e1s de
pena.
\par \emdash Pareces muy seguro de ti mismo, Daniel.
\par Yo, que nunca estaba seguro ni de la hora que era, asent\'ed con la
convicci\'f3n del ignorante. Me qued\'e9 vi\'e9ndo\-la alejarse por
aquella galer\'eda infinita hasta que su silueta se fundi\'f3 en la
penumbra y me pregunt\'e9 qu\'e9 es lo que hab\'ed
a hecho.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qj\fi4111\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {15
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034
\par La sombrerer\'eda Fortuny, o lo que quedaba de ella, langui\-
dec\'eda al pie de un angosto edificio ennegrecido de holl\'edn y de
aspecto miserable en la ronda de San Antonio, junto a la plaza de Goya.
Todav\'eda pod\'edan leerse las letras graba\-
das sobre los cristales empa\'f1ados de mugre, y un cartel en forma de
bomb\'edn segu\'eda ondeando en la fachada, pro\-metiendo dise\'f1os a
medida y las \'faltimas novedades de Par\'eds. La puerta estaba asegurada
con un candado que parec\'ed
a llevar all\'ed por lo menos diez a\'f1os. Pegu\'e9 la frente al
cristal, intentando penetrar con la mirada el interior en tinieblas.
\par \emdash Si viene por lo del alquiler, llega tarde \emdash dijo una
voz a mi espalda\emdash . El administrador de la finca ya se ha ido.
\par La mujer que me hablaba deb\'eda de rondar los sesenta a\'f1os y
vest\'eda el uniforme nacional de viuda devota. Un par de rulos asomaban
bajo un pa\'f1uelo rosa que le cubr\'eda el pelo, y las pantuflas de
boatin\'e9
iban a juego con unas medias color carne de media ca\'f1a. Di por
sentado que era la portera del inmueble.
\par \emdash \'bfEs que la tienda est\'e1 en alquiler? \emdash
pregunt\'e9.
\par \emdash \'bfNo ven\'eda usted por eso?
\par \emdash En principio no, pero nunca se sabe, a lo mejor me interesa.
\par La portera frunci\'f3 el ce\'f1o, decidiendo si me catalo\-gaba de
cantama\'f1anas o me conced\'eda el beneficio de la duda. Adopt\'e9 la
m\'e1s angelical de mis sonrisas.
\par \emdash \'bfHace mucho que cerr\'f3 la tienda?
\par \emdash Lo menos doce a\'f1os, cuando se muri\'f3 el viejo.
\par \emdash \'bfEl se\'f1or Fortuny? \'bfLo conoc\'eda usted?
\par \emdash Llevo cuarenta y ocho a\'f1os en esta escalera, mozo.
\par \emdash Entonces a lo mejor conoci\'f3 usted tambi\'e9n al hijo del
se\'f1or Fortuny.
\par \emdash \'bfJuli\'e1n? Pues claro.
\par Saqu\'e9 del bolsillo la fotograf\'eda quemada y se la mos\-tr\'e9.
\par \emdash \'bfCree que podr\'eda decirme si el joven que aparece en la
fotograf\'eda es Juli\'e1n Carax?
\par La portera me mir\'f3 con cierta desconfianza. Tom\'f3 la
fotograf\'eda en sus manos y clav\'f3 la mirada en ella.
\par \emdash \'bfLe reconoce?
\par \emdash Carax era el apellido de soltera de la madre \emdash mati\-
z\'f3 la portera, con cierta reprobaci\'f3n\emdash . \'c9ste es
Juli\'e1n, s\'ed. Le recuerdo muy rubito, aunque aqu\'ed en la foto
parece que tenga el pelo m\'e1s oscuro.
\par \emdash \'bfPodr\'eda decirme qui\'e9n es la muchacha que est\'e1
con \'e9l?
\par \emdash \'bfY qui\'e9n lo pregunta?
\par \emdash Disc\'falpeme, mi nombre es Daniel Sempere. Estoy tratando
de averiguar algo sobre el se\'f1or Carax, sobre Ju\-li\'e1n.
\par \emdash Juli\'e1n se fue a Par\'eds, all\'e1 en el a\'f1o 18 o 19.
Su pa\-dre quer\'eda meterlo en el ej\'e9rcito, \'bfsabe? Yo creo que la
madre se lo llev\'f3 para librarlo al pobrecillo. Aqu\'ed se que\-d\'f3
solo el se\'f1or Fortuny, en el \'e1tico.
\par \emdash \'bfSabe si Juli\'e1n regres\'f3 a Barcelona alguna vez?
\par La portera me mir\'f3 en silencio.
\par \emdash \'bfNo lo sabe usted? Juli\'e1n muri\'f3 aquel mismo a\'f1o,
en Par\'eds.
\par \emdash \'bfPerd\'f3n?
\par \emdash Digo que Juli\'e1n falleci\'f3. En Par\'eds. Al poco de
llegar. }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Mas }{\lang1034 le hubiera valido
meterse en el ej\'e9rcito.
\par \emdash \'bfPuedo preguntarle c\'f3mo sabe usted eso?
\par \emdash \'bfC\'f3mo va a ser? Porque me lo dijo su padre. Asent\'ed
lentamente.
\par \emdash Entiendo. \'bfLe dijo de qu\'e9 muri\'f3?
\par \emdash El viejo no daba muchos detalles, la verdad. Un d\'eda, al
poco de marchar Juli\'e1n, lleg\'f3 una carta para \'e9l y cuan\-do le
pregunt\'e9 a su padre me dijo que su hijo hab\'eda muerto y que si
llegaba algo m\'e1s para \'e9l que lo tirase.
\'bfPor qu\'e9 pone esa cara?
\par \emdash El se\'f1or Fortuny le minti\'f3. Juli\'e1n no muri\'f3 en
1919.
\par \emdash \'bfQu\'e9 me dice?
\par Juli\'e1n vivi\'f3 en Par\'eds, por lo menos hasta el a\'f1o 35 y
luego regres\'f3 a Barcelona.
\par El rostro de la portera se ilumin\'f3.
\par \emdash Entonces, \'bfJuli\'e1n est\'e1 aqu\'ed, en Barcelona?
\'bfD\'f3nde? Asent\'ed, confiando en que de este modo la portera se
animar\'eda a contarme m\'e1s.
\par \emdash Madre de Dios... Pues me da usted una alegr\'eda, bue\-no,
si es que vive, porque era un cr\'edo muy cari\'f1oso, un poco raro y muy
fantasioso, eso s\'ed, pero ten\'eda un no s\'e9 qu\'e9 que te robaba el
coraz\'f3
n. No hubiera servido para soldado, eso se ve\'eda de lejos. A mi
Isabelita le gustaba ho\-rrores. F\'edjese que durante una temporada
pens\'e9 que se }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 acabar\'edan casando y todo,
cosas de cr\'edos... \'bf
Me deja ver esa foto otra vez?
\par Le tend\'ed la foto de nuevo. La portera la contemplaba como si
fuese un talism\'e1n, un billete de vuelta a su juven\-tud.
\par \emdash Parece mentira, mire, como si le estuviese viendo ahora
mismo... y el malasombra ese decir que se hab\'eda muerto. Desde luego,
es que hay gente en el mundo que est\'e1 para que haya de todo. \'bfY
qu\'e9 se hizo de Juli\'e1n en Par\'ed
s? Seguro que se hizo rico. A m\'ed siempre me pareci\'f3 que Juli\'e1n
iba para rico.
\par \emdash No exactamente. Se hizo escritor.
\par \emdash \'bfDe cuentos?
\par \emdash Algo parecido. Escrib\'eda novelas.
\par \emdash \'bfPara la radio? Ay, qu\'e9 bonito. Pues no me extra\'f1a
nada, \'bfsabe usted? De chiquillo se pasaba la vida cont\'e1n\-dole
historias a los cr\'edos de aqu\'ed por el barrio. En verano, a veces mi
Isabelita y sus primas sub\'ed
an al terrado por la noche a escucharle. Dec\'edan que nunca contaba la
misma historia dos veces. Eso s\'ed, todas iban de muertos y \'e1nimas.
Ya le digo que era un cr\'ed
o un poco raro. Aunque con ese padre lo raro es que no saliera majareta.
No me extra\'f1a que al final lo dejara la mujer, porque era un malasom\-
bra. Mire usted que yo no me meto en nada, \'bfeh? A m\'ed todo me parece
muy bien, pero ese h
ombre no era bue\-no. En una escalera, al final todo se sabe. El la
pegaba, \'bfsabe usted? Siempre se o\'edan gritos en la escalera, y
m\'e1s de una vez tuvo que venir la polic\'ed
a. Yo ya entiendo que a veces el marido tiene que pegar a la mujer para
que le respete, no digo que no, que hay mucha golfa y las mozas ya no
suben como antes, pero es que a \'e9ste le gustaba zu\-rrarla porque
s\'ed, \'bfme entiende? La \'fa
nica amiga que ten\'eda esa pobre mujer era una chica joven, la
Vi\'e7enteta, que vi\-v\'eda en el cuarto segunda. A veces la pobre se
refugiaba en casa de la Vi\'e7enteta para que el marido no la zurrase
m\'e1s. Y le contaba cosas...
\par \emdash \'bfComo qu\'e9?
\par La portera adopt\'f3 un aire confidencial, enarcando una ceja y
mirando a los lados de soslayo.
\par \emdash Como que el cr\'edo no era del sombrerero.
\par \emdash \'bfJuli\'e1n? \'bfQuiere decir que Juli\'e1n no era hijo
del se\-\'f1or Fortuny?
\par \emdash Eso le dijo la francesa a la Vi\'e7enteta, no s\'e9 si por
despecho o vaya usted a saber por qu\'e9. A m\'ed me lo cont\'f3 la chica
a\'f1os despu\'e9s, cuando ya no viv\'edan aqu\'ed.
\par \emdash \'bfY qui\'e9n era el verdadero padre de Juli\'e1n entonces?
\par \emdash La francesa nunca lo quiso decir. A lo mejor ni lo sab\'eda.
Ya sabe c\'f3mo son los extranjeros.
\par \emdash \'bfY cree que por eso le pegaba su marido?
\par \emdash Vaya usted a saber. Tres veces la tuvieron que llevar al
hospital, \'f3igame, tres. Y el muy cerdo ten\'eda
los arrestos de contarle a todo el mundo que la culpa era de ella, que
era una borracha y se daba porrazos por la casa de puro darle a la
botella. A m\'ed que no me digan. Siempre ten\'ed
a pleitos con todos los vecinos. A mi difunto marido, que en gloria
est\'e9, lo denunci\'f3 una vez de haberle robado en la tienda, porque
seg\'fan \'e9l todos los murcianos eran unos vagos y unos ladrones, y
f\'edjese usted que nosotros somos de \'da
beda...
\par \emdash \'bfMe dec\'eda usted que reconoc\'eda a la muchacha que
aparece con Juli\'e1n en la foto?
\par La portera se concentr\'f3 de nuevo en la imagen.
\par \emdash No la hab\'eda visto nunca. Muy mona.
\par \emdash Por la foto parece que fuesen novios \emdash suger\'ed, a
ver si le pinchaba la memoria.
\par Me la tendi\'f3, sacudiendo la cabeza.
\par \emdash Yo de fotos no entiendo. Y que yo sepa, Juli\'e1n no te\-
n\'eda novia, pero me figuro yo que si la tuviese no me lo }{\lang1034
hubiera dicho. A duras penas me enter\'e9 de que mi Isabe\-lita se
hab\'eda liado con \'e9se... ustedes los j\'f3
venes nunca cuentan nada. Somos los viejos los que no sabemos parar de
hablar.
\par \emdash \'bfRecuerda a sus amigos, alguien en especial que vi\-niese
por aqu\'ed?
\par La portera se encogi\'f3 de hombros.
\par \emdash Ay, hace ya tanto tiempo. Adem\'e1s, en los \'faltimos
a\'f1os Juli\'e1n ya paraba poco por aqu\'ed, \'bfsabe usted? Hab\'eda
hecho un amigo en el colegio, un ni\'f1o de muy buena familia, los
Aldaya,
no le digo nada. Ahora ya no se habla de ellos, pero por entonces era
como decir la familia real. Mucho dinero. Lo s\'e9 porque a veces
enviaban un coche a buscar a Juli\'e1n. Ten\'eda usted que haber visto
qu\'e9 coche. Ni Franco, oiga. Con ch\'f3
fer, todo reluciente. Mi Paco, que de esto entend\'eda, me dijo que era
un }{\i\lang1034 rolsroi}{\lang1034 o algo as\'ed. Ah\'ed es nada.
\par \emdash \'bfRecuerda usted el nombre de este amigo de Ju\-li\'e1n?
\par \emdash Mire, con un apellido como Aldaya, no hacen falta nombres, a
ver si me entiende usted. Tambi\'e9n me acuerdo de otro chico, un poco
atolondrado, un tal Miquel. Creo que tambi\'e9n era compa\'f1ero suyo de
clase. No me pregun\-te ni qu\'e9
apellido ni qu\'e9 cara ten\'eda.
\par Parec\'eda que hab\'edamos llegado a un punto muerto y tem\'ed
empezar a perder el inter\'e9s de la portera. Decid\'ed se\-guir una
corazonada.
\par \emdash \'bfVive alguien ahora en el piso de los Fortuny?
\par \emdash No. El viejo muri\'f3 sin hacer testamento, y la mujer, que
yo sepa, a\'fan est\'e1 en Buenos Aires y no vino ni al en\-tierro.
\par \emdash \'bfPor qu\'e9 Buenos Aires?
\par \emdash Porque no pudo encontrar un sitio m\'e1s lejos de \'e9l,
digo yo. No la culpo, la verdad. Lo dej\'f3 todo en manos de un abogado,
un tipo muy raro. Yo no le he visto nun\-
ca, pero mi hija Isabelita, que vive en el quinto primera, justo debajo,
dice que a veces, como tiene llave, viene por la noche y se pasa horas
andando por el piso y luego se va. Una vez hasta me dijo que se o\'edan
como tacones de mujer. Ya me contar\'e1
usted.
\par \emdash A lo mejor eran zancos \emdash suger\'ed.
\par Me mir\'f3 sin comprender. Obviamente, para la porte\-ra el tema era
muy serio.
\par \emdash \'bfY nadie m\'e1s ha visitado el piso en todos estos
a\'f1os?
\par \emdash Una vez se present\'f3 aqu\'ed un tipo muy siniestro, de
esos que sonr\'eden todo el rato, un risitas, pero que se le ve venir de
lejos. Dijo que era de la Brigada Criminal. Que\-r\'eda ver el piso.
\par \emdash \'bfDijo por qu\'e9?
\par La portera neg\'f3.
\par \emdash \'bfRecuerda su nombre?
\par \emdash Inspector nosequ\'e9. Ni me cre\'ed que fuese polic\'eda. El
asunto ol\'eda mal, ya me entiende. A algo personal. Le fac\-tur\'e9 con
viento fresco y le dije que no ten\'eda las llaves del piso y que si
quer\'ed
a algo, que llamase al abogado. Me dijo que volver\'eda, pero no le he
vuelto a ver por aqu\'ed. Ni ganas.
\par \emdash \'bfNo tendr\'e1 usted por casualidad el nombre y la di\-
recci\'f3n de ese abogado, verdad?
\par \emdash Eso se lo tendr\'eda que preguntar usted al administra\-dor
de la finca, el se\'f1or Molins. Tiene la oficina aqu\'ed cer\-ca, en el
28 de Floridablanca, entresuelo. D\'edgale que va usted de parte de la
se\'f1ora Aurora, servidora de usted.
\par \emdash Se lo agradezco mucho. Y d\'edgame, se\'f1ora Aurora,
\'bfentonces el piso de los Fortuny est\'e1 vac\'edo?
\par \emdash Vac\'edo no, porque nadie se ha llevado nada de ah\'ed en
todos los a\'f1os desde que muri\'f3 el viejo. Si a veces has\-ta huele.
Yo dir\'eda que hay ratas y todo, f\'edjese usted.
\par \emdash \'bfCree usted que ser\'eda posible echarle un vistazo? A lo
mejor encontramos algo que nos indique qu\'e9 se hizo realmente de
Juli\'e1n...
\par \emdash Ay, yo no puedo hacer eso. Tiene usted que hablar\-lo con el
se\'f1or, Molins, que es el que lo lleva.
\par Le sonre\'ed con malicia.
\par \emdash Pero usted tendr\'e1 una llave maestra, supongo. Aun\-que le
dijese a ese individuo que no... No me diga que no se muere usted de
curiosidad por saber lo que hay ah\'ed dentro.
\par Do\'f1a Aurora me mir\'f3 de reojo.
\par \emdash Es usted un demonio.
\par La puerta cedi\'f3 como la losa de un sepulcro, con un quejido
brusco, exhalando el aliento f\'e9tido y viciado del interior. Empuj\'e9
el port\'f3n hacia el interior, desvelando un pasillo que se hund\'eda en
la negrura. El aire hed\'eda a ce\-
rrado y a humedad. Volutas de mugre y polvo coronaban los \'e1ngulos de
la techumbre, pendiendo como cabellos blancos. Las losas quebradas del
suelo estaban recubiertas por lo que parec\'eda un manto de cenizas.
Advert\'ed lo que parec\'ed
an marcas de pisadas adentr\'e1ndose en el piso.
\par \emdash Santa Madre de Dios \emdash murmur\'f3 la portera\emdash .
Aqu\'ed hay m\'e1s mierda que en el palo de un gallinero.
\par \emdash Si lo prefiere, ya entro yo solo \emdash suger\'ed.
\par \emdash Eso quisiera usted. Venga, tire }{\i\lang1034
palante}{\lang1034 , que yo le sigo.
\par Cerramos la puerta a nuestra espalda. Por un instante, hasta que la
mirada se nos acostumbr\'f3 a la penumbra, per\-manecimos inm\'f3viles en
el umbral del piso. Escuch\'e9 la respiraci\'f3n nerviosa de la portera y
percib\'ed el vah\'ed\-
do agrio a sudor que desprend\'eda. Me sent\'ed como un ladr\'f3n de
tumbas, con el alma envenenada de codicia y anhelo.
\par \emdash Oiga, \'bfqu\'e9 ser\'e1 ese ruido? \emdash pregunt\'f3 la
portera, inquieta.
\par Algo aleteaba en las tinieblas, alertado por nuestra presencia. Me
pareci\'f3 entrever una forma p\'e1lida revolo\-teando en el extremo del
corredor.
\par \emdash Palomas \emdash dije\emdash Deben de haberse colado por una
ventana rota y anidado aqu\'ed.
\par \emdash Pues mire que me dan un asco a m\'ed los pajarracos esos
\emdash dijo la portera\emdash . Con lo que llegan a cagar.
\par \emdash Usted tranquila, do\'f1a Aurora, que s\'f3lo atacan cuando
tienen hambre.
\par Nos adelantamos unos pasos hasta el fin del pasillo. Llegamos a un
comedor que daba al balc\'f3n. Se apreciaba el contorno de una mesa
destartalada recubierta por un mantel deshilachado que parec\'eda una
mortaja. La velaban cuatro sillas y un par de vit
rinas veladas de suciedad que custodiaban la vajilla, una colecci\'f3n de
vasos y un juego de t\'e9. En una esquina permanec\'eda el viejo piano
vertical de la madre de Carax. Las teclas hab\'edan ennegrecido y apenas
se ve\'ed
an las junturas bajo el velo de polvo. Frente al balc\'f3n palidec\'eda
una butaca de faldones ra\'eddos. Junto a ella hab\'eda una mesa de
caf\'e9 sobre la que reposaban unas lentes de lectura y una Biblia
encuadernada en piel p\'e1li\-
da y ribeteada con filetes dorados, de las que se regalaban entonces por
la primera comuni\'f3n. Todav\'eda conservaba el punto, una hebra de
cordel escarlata.
\par \emdash Mire, en esa butaca es donde encontraron muerto al viejo.
Dijo el m\'e9dico que llevaba ah\'ed dos d\'edas. Qu\'e9 tris\-te morir
as\'ed, solo como un perro. Y mire que se lo busc\'f3, pero aun as\'ed,
mire que me da l\'e1stima.
\par Me acerqu\'e9 a la butaca mortuoria del se\'f1or Fortuny. Junto a la
Biblia hab\'eda una peque\'f1a caja con fotograf\'edas en blanco y negro,
retratos viejos de estudio. Me arrodill\'e9 a examinarlas, dudando casi
viejos rozarlas con los dedos.
\par Pens\'e9 que estaba profanando los recuerdos de un pobre hombre,
pero la curiosidad pudo m\'e1s. La primera estam\-pa mostraba a una
pareja joven con un ni\'f1o de no m\'e1s de cuatro a\'f1os. Le
reconoc\'ed por los ojos.
\par \emdash Ah\'ed los tiene usted. El se\'f1or Fortuny de joven, y
ella...
\par \emdash \'bfNo ten\'eda Juli\'e1n hermanos o hermanas?
\par La portera se encogi\'f3 de hombros, suspirando.
\par \emdash Dec\'edan por ah\'ed que ella hab\'eda perdido un embarazo
por una de las palizas del marido, pero yo no s\'e9. A la gente le gusta
mucho la chafarder\'eda, la verdad. Una vez, Juli\'e1n le cont\'f3 a los
cr\'edos de la escalera que ten\'ed
a una hermana que s\'f3lo \'e9l pod\'eda ver, que sal\'eda de los espejos
como si fuese de vapor y que viv\'eda con el mism\'edsimo Satan\'e1s en
un palacio debajo de un lago. Mi Isabelita tuvo pesadillas para un mes
entero. Mire que era morboso ese cr
\'edo a veces.
\par Ech\'e9 un vistazo a la cocina. El cristal de una peque\'f1a ventana
que daba a un patio interior estaba roto, y pod\'eda o\'edrse el aleteo
nervioso y hostil de palomas al otro lado.
\par \emdash \'bfTodos los pisos tienen la misma distribuci\'f3n? \emdash
pre\-gunt\'e9.
\par \emdash Los que dan a la calle, os\'e9ase los de la segunda puer\-
ta, s\'ed, pero \'e9ste, al ser \'e1tico, es algo diferente \emdash
explic\'f3 la portera\emdash . Ah\'ed
tiene la cocina y un lavadero que da al tragaluz. Por ese pasillo hay
tres habitaciones y al fondo un ba\'f1o. Bien puestos dan mucho arreglo,
no se piense. \'c9ste es parecido al de mi Isabelita, claro que ahora
parece una tumba.
\par \emdash \'bfSabe cu\'e1l era la habitaci\'f3n de Juli\'e1n?
\par \emdash La primera puerta es el dormitorio principal. La se\-gunda
da a una habitaci\'f3n m\'e1s peque\'f1a. A lo mejor \'e9sa, digo yo.
\par Me adentr\'e9 en el pasillo. La pintura de las paredes se
deshac\'eda en jirones. Al fondo del corredor, la puerta del ba\'f1o
estaba entreabierta. Un rostro me observaba desde el espejo. Hubiera
podido ser el m\'edo o el de la hermana que viv\'ed
a en los espejos de aquel piso. Intent\'e9 abrir la se\-gunda puerta.
\par \emdash Est\'e1 cerrada con llave \emdash dije.
\par La portera me mir\'f3, at\'f3nita.
\par \emdash Esas puertas no tienen cerradura \emdash murmur\'f3.
\par \emdash \'c9sta s\'ed.
\par \emdash Pues la har\'eda poner el viejo, porque en los dem\'e1s
pisos...
\par Baj\'e9 la mirada y observ\'e9 que el rastro de pisadas en el polvo
llegaba hasta la puerta cerrada.
\par \emdash Alguien ha entrado en la habitaci\'f3n \emdash dije\emdash .
Re\-cientemente.
\par \emdash No me asuste \emdash dijo la portera.
\par Me acerqu\'e9 a la otra puerta. No ten\'eda cerradura. Ce\-di\'f3 al
tacto, desliz\'e1ndose hacia el interior con un gemido herrumbroso. En el
centro descansaba una vieja cama de palanqu\'edn, deshecha. Las
s\'e1banas amarilleaban como su\-
darios. Un crucifijo presid\'eda sobre el lecho. Hab\'eda un pe\-que\'f1o
espejo sobre una c\'f3moda, una vasija, una jarra y una silla. Un armario
entreabierto reposaba contra la pa\-red. Rode\'e9
la cama hasta una mesita de noche cubierta con un cristal que
aprisionaba estampas de antepasados, recordatorios de funerales y
billetes de loter\'eda. Encima de la mesita hab\'eda una caja de
m\'fasica de madera
labrada y un reloj de bolsillo congelado para siempre a las cinco y
veinte. Intent\'e9 dar cuerda a la caja de m\'fasica, pero la melod\'eda
se trab\'f3 despu\'e9s de seis notas. Abr\'ed el caj\'f3n de la mesita de
noche. Encontr\'e9
un estuche de gafas vac\'edo, un corta\'fa\'f1as, un frasco de petaca y
una medalla de la virgen de Lourdes. Nada m\'e1s.
\par \emdash Tiene que haber una llave de esa habitaci\'f3n en al\-guna
parte \emdash dije.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash La tendr\'e1 el administrador.
Mire, digo yo que me\-jor nos vamos y...
\par Me cayeron los ojos a la caja de m\'fasica. Levant\'e9 la tapa y
all\'ed, bloqueando el mecanismo, encontr\'e9 una llave dorada. La
tom\'e9, y la caja de m\'fasica reemprendi\'f3 su tin\-tineo. Reconoc\'ed
una melod\'eda de Ravel.
\par \emdash \'c9sta tiene que ser la llave \emdash sonre\'ed a la
portera.
\par \emdash Oiga, si el cuarto estaba cerrado, ser\'eda por algo. Aun\-
que s\'f3lo sea por respeto a la memoria de...
\par \emdash Si lo prefiere, puede usted esperarme en la porte\-r\'eda,
do\'f1a Aurora.
\par \emdash Es usted un demonio. Ande, \'e1brala de una vez.
\par }\pard\plain \s15\qj\fi4111\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {16
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par Un vah\'eddo de aire fr\'edo silb\'f3 por el orificio de la
cerradura, lami\'e9ndome los dedos mientras insertaba la llave. El
se\'f1or Fortuny hab\'eda hecho instalar un cerrojo en la puerta de la
habitaci\'f3n desocupada de su hijo que hac\'ed
a tres del que ten\'eda en la puerta del piso. Do\'f1a Aurora me miraba
con aprensi\'f3n, como si estuvi\'e9semos a punto de abrir la caja de
Pandora.
\par \emdash \'bfDa esta habitaci\'f3n a la fachada de la calle? \emdash
pre\-gunt\'e9.
\par La portera neg\'f3.
\par \emdash Tiene una ventana peque\'f1a, un respiradero que da al
tragaluz.
\par Empuj\'e9 la puerta hacia el interior. Un pozo de oscuri\-dad se
abri\'f3 ante nosotros, impenetrable. La tenue cla\-ridad a nuestras
espaldas nos precedi\'f3 como un aliento que apenas consegu\'eda ara\'f1
ar las sombras. La ventana que se asomaba al patio estaba cubierta con
las p\'e1ginas amari\-llentas de un peri\'f3dico. Arranqu\'e9 las hojas
de diario y una aguja de luz vaporosa taladr\'f3 la tiniebla.
\par \emdash Jes\'fas, Mar\'eda y Jos\'e9 \emdash murmur\'f3 la portera
junto a m\'ed.
\par La habitaci\'f3n estaba infestada de crucifijos. Pend\'edan de la
techumbre, ondeando del extremo de cordeles, y cubr\'edan las paredes
fijados con clavos. Se contaban por decenas. Pod\'edan intuirse en los
rincones, grabados a cu\-
chillo en los muebles de madera, ara\'f1ados en las baldo\-sas, pintados
en rojo sobre los espejos. Las pisadas que llegaban hasta el umbral de la
puerta trazaban un rastro en el polvo en torno a una cama desnuda hasta
el
somier, apenas ya un esqueleto de alambre y madera carcomida. En un
extremo de la alcoba, bajo la ventana del tragaluz, hab\'eda un
escritorio de consola cerrado y coronado por un tr\'edo de crucifijos de
metal. Lo abr\'ed cuidadosamente. No hab\'ed
a polvo en las junturas del fuelle de madera, con lo que supuse que el
escritorio hab\'eda sido abierto no hac\'eda mucho. El escritorio
ten\'eda seis cajones. Los cierres hab\'edan sido forzados. Los
inspeccion\'e9 uno a uno. Vac\'edos.
\par Me arrodill\'e9 frente al escritorio. Palp\'e9 con los dedos los
ara\'f1azos en la madera. Imagin\'e9 las manos de Juli\'e1n Carax
trazando aquellos garabatos, jerogl\'edficos cuyo sentido se hab\'ed
a llevado el tiempo. En el fondo del escritorio se adivinaba una pila de
cuadernos y una vasija con l\'e1pi\-ces y plumas. Tom\'e9 uno de los
cuadernos y lo oje\'e9. Dibu\-jos y palabras sueltas. Ejercicios de c\'e1
lculo. Frases sueltas, citas de libros. Versos inacabados. Todos los
cuadernos parec\'edan iguales. Algunos dibujos se repet\'edan p\'e1gina
tras p\'e1gina, con diferentes matices. Me llam\'f3 la atenci\'f3n la
fi\-gura de un hombre que parec\'ed
a hecho de llamas. Otra describ\'eda lo que hubiera podido ser un
\'e1ngel o un reptil enroscado en una cruz. Se adivinaban esbozos de un
caser}{\lang1034 \'f3n de aspecto extravagante, tramado de torreones y
arcos catedralicios. El trazo m
ostraba seguridad y cierto ins\-tinto. El joven Carax mostraba las trazas
de un dibujante de cierto talento, pero todas las im\'e1genes se quedaban
en esbozos.
\par Estaba por devolver el \'faltimo cuaderno a su lugar sin
inspeccionarlo cuando algo se desliz\'f3 de entre sus p\'e1gi\-nas y
cay\'f3 a mis pies. Era una fotograf\'eda en la que reconoc\'ed a la
misma muchacha que aparec\'eda en la imagen que\-
mada tomada al pie de aquel edificio. La chica posaba en un suntuoso
jard\'edn y, entre las copas de los \'e1rboles, se adivinaba la
}{\field\flddirty{\*\fldinst {\lang1034 HYPERLINK http://forma.de
}{\fs20\lang1034 {\*\datafield
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de}}}{\lang1034
la casa que acababa de ver esboza\-da en los dibujos de adolescente de
Carax. La reconoc\'ed al instante. La torre de \'abEl Frare Blanc\'bb, en
la avenida del Tibidabo. Al dorso de la fotograf\'eda ven\'eda una
inscripci\'f3n que dec\'eda simplemente:
\par }\pard\plain
\s4\qc\fi709\keepn\nowidctlpar\widctlpar\outlinelevel3\adjustright
\i\f1\expndtw2\lang1034\cgrid {Te quiere, Pen\'e9lope
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034
\par Me la guard\'e9 en el bolsillo, cerr\'e9 el escritorio y sonre\'ed a
la portera.
\par \emdash \'bfVisto? \emdash pregunt\'f3, ansiosa por salir de aquel
lugar.
\par \emdash Casi \emdash dije\emdash . Antes me dijo usted que al poco
de marchar Juli\'e1n a Par\'eds lleg\'f3 una carta para \'e9l, pero su
pa\-dre le dijo que la tirase...
\par La portera dud\'f3 un instante, luego asinti\'f3.
\par \emdash La carta la puse yo en el caj\'f3n de la c\'f3moda del re\-
cibidor, por si la francesa volv\'eda alg\'fan d\'eda. Ah\'ed estar\'e1
to\-dav\'eda...
\par Nos acercamos hasta la c\'f3moda y abrimos el caj\'f3n su\-perior.
Un sobre ocre languidec\'eda entre una colecci\'f3n de relojes parados,
botones y monedas que hab\'edan dejado de estar en curso veinte a\'f1os
atr\'e1s. Cog\'ed el sobre y lo exa\-min\'e9
.
\par \emdash \'bfLa ley\'f3 usted?
\par \emdash Oiga, \'bfpor qui\'e9n me toma?
\par \emdash No se ofenda. Ser\'eda lo m\'e1s normal dadas las cir\-
cunstancias, al pensar usted que el pobre Juli\'e1n estaba di\-funto...
\par La portera se encogi\'f3 de hombros, bajando la mirada y
retir\'e1ndose hacia la puerta. Aprovech\'e9 el momento para guardarme la
carta en el bolsillo interior de la chaqueta y cerrar el caj\'f3n.
\par \emdash Mire, no se vaya usted a hacer una idea equivocada \emdash
dijo la portera.
\par \emdash Pues claro que no. \'bfQu\'e9 dec\'eda la carta?
\par \emdash Era de amor. Como las de la radio, pero m\'e1s triste, eso
s\'ed, porque aqu\'e9lla sonaba a que era de verdad. Mire que al leerla
me entraron ganas de llorar.
\par \emdash Es usted toda coraz\'f3n, do\'f1a Aurora.
\par \emdash Y usted es un demonio.
\par
\par Aquella misma tarde, despu\'e9s de despedirme de do\'f1a Aurora y
prometerle que la mantendr\'eda informada acerca de mis pesquisas sobre
Juli\'e1n Carax, me acerqu\'e9 al despacho del administrador de la finca.
El se\'f1or Molins hab\'ed
a visto mejores tiempos y ahora languidec\'eda en un despa\-cho
cochambroso sepultado en un entresuelo de la calle Floridablanca. Molins
era un individuo risue\'f1o y orondo aferrado a un puro a medio fumar que
parec\'eda crecerle del bigote. Era dif\'ed
cil determinar si estaba dormido o des\-pierto, porque respiraba como
quien ronca. Ten\'eda el pelo grasiento y aplastado sobre la frente, la
mirada porcina y p\'edcara. Vest\'eda un traje por el que no le hubieran
dado ni diez peseta
s en el mercado de Los Encantes, pero lo com\-pensaba con una estrepitosa
corbata de colorido tropical. A juzgar por el aspecto de la oficina,
all\'ed ya apenas se administraban musara\'f1as y catacumbas de una
Barcelona, de antes de la Restauraci\'f3n.
\par \emdash Estamos de reformas \emdash dijo Molins a modo de dis\-
culpa.
\par Para romper el hielo, dej\'e9 caer el nombre de do\'f1a Aurora como
si se tratase de una vieja amiga de la familia.
\par \emdash Mire que estaba mollar de joven, la verdad \emdash comen\-
t\'f3 Molins\emdash . Los a\'f1os la han puesto fondona, claro que yo
tampoco soy el que era. Aqu\'ed donde me ve, yo a la edad de usted era un
adonis. De rodillas se me pon\'ed
an las chavalas para que les hiciera un favor, cuando no un hijo. El
siglo veinte es una mierda. En fin, \'bfqu\'e9 se le ofrece a usted,
joven?
\par Le endos\'e9 una historia m\'e1s o menos plausible sobre un supuesto
parentesco lejano con los Fortuny. Tras cinco minutos de ch\'e1chara,
Molins se arrastr\'f3 hasta su archivo y me dio la direcci\'f3
n del abogado que llevaba los asuntos de Sophie Carax, la madre de
Juli\'e1n.
\par \emdash A ver... Jos\'e9 Mar\'eda Requejo. Calle Le\'f3n XIII, 59.
Aunque la correspondencia la enviamos cada semestre a un apartado de
correos en la central de V\'eda Layetana.
\par \emdash \'bfConoce usted al se\'f1or Requejo?
\par \emdash Alguna vez habr\'e9 hablado con su secretaria por te\-
l\'e9fono. La verdad, todos los tr\'e1mites con \'e9l se hacen por correo
y los lleva mi secretaria, que hoy est\'e1 en la peluquer\'ed
a. Los abogados de hoy no tienen tiempo para el trato formal de antes. Ya
no quedan caballeros en la pro\-fesi\'f3n.
\par Al parecer tampoco quedaban direcciones fiables. Un simple vistazo a
la gu\'eda de calles que hab\'eda sobre el escri\-torio del administrador
me confirm\'f3 lo que sospechaba: la direcci\'f3n del supuesto abogado
Requejo no exist\'eda. As\'ed
se lo hice saber al se\'f1or Molins, que absorbi\'f3 la noticia como un
chiste.
\par \emdash No me joda \emdash dijo riendo\emdash . \'bfQu\'e9 le
dec\'eda yo? Cho\-rizos.
\par El administrador se reclin\'f3 en su butac\'f3n y emiti\'f3 otro de
sus ronquidos.
\par \emdash \'bfTendr\'eda usted el n\'famero de ese apartado de co\-
rreos?
\par \emdash Seg\'fan la ficha es el 2837, aunque yo los n\'fameros que
hace mi secretaria no los entiendo, porque ya sabe usted que las mujeres
para las matem\'e1ticas no sirven; para lo que s\'ed sirven es para...
\par \emdash \'bfMe permite ver la ficha?
\par \emdash Faltar\'eda m\'e1s. Usted mismo.
\par Me tendi\'f3 la ficha y la examin\'e9. Los n\'fameros se en\-
tend\'edan perfectamente. El apartado de correos era el 2321. Me
aterr\'f3 pensar en la contabilidad que se deb\'eda lle\-var en aquella
oficina.
\par \emdash \'bfTuvo usted mucho trato con el se\'f1or Fortuny en vida?
\emdash pregunt\'e9.
\par \emdash De aquella manera. Un hombre muy austero. Me acuerdo de que,
cuando me enter\'e9 de que la francesa le hab\'eda dejado, le invit\'e9 a
venirse de putas con unos amiguetes aqu\'ed
a un local fabuloso que conozco al lado de La Paloma. Para que se
animase, \'bfeh?, nada m\'e1s. Y mire us\-ted que dej\'f3 de dirigirme la
palabra y de saludarme por la calle, como si fuese invisible. \'bfQu\'e9
le parece?
\par \emdash Me deja usted de piedra. \'bfQu\'e9 m\'e1s puede contar\-me
de la familia Fortuny? \'bfLes recuerda usted bien?
\par \emdash Eran otros tiempos \emdash musit\'f3 con nostalgia\emdash .
Lo cierto es que yo conoc\'eda ya al abuelo Fortuny, que fund\'f3 la
sombrerer\'eda. Del hijo, qu\'e9 le voy a contar. Ella, eso s\'ed, estaba
de miedo. Qu\'e9 mujer. Y honrada, \'bf
eh?, pese a to\-dos los rumores y habladur\'edas que corr\'edan por
ah\'ed...
\par \emdash \'bfComo el de que Juli\'e1n no era hijo leg\'edtimo del
se\-\'f1or Fortuny?
\par \emdash \'bfY usted d\'f3nde ha o\'eddo eso?
\par \emdash Como le dije, soy de la familia. Todo se sabe.
\par \emdash De todo eso nunca se prob\'f3 nada.
\par \emdash Pero se habl\'f3 \emdash invit\'e9.
\par \emdash La gente le da al pico que es un contento. El hom\-bre no
viene del mono, viene de la gallina.
\par \emdash \'bfY qu\'e9 dec\'eda la gente?
\par \emdash \'bfLe apetece a usted una copita de ron? Es de Igua\-lada,
pero tiene una chispilla caribe\'f1a... Est\'e1 buen\'edsimo.
\par \emdash No, gracias, pero yo le acompa\'f1o. Vaya cont\'e1ndo\-me
mientras tanto...
\par }{\i\lang1034
\par Antoni Fortuny, a quien todos llamaban el sombrerero, hab\'eda
conocido a Sophie Carax en 1899 frente a los pelda\'f1os de la cate\-dral
de Barcelona. Ven\'ed
a de hacerle una promesa a san Eustaquio, que de entre todos los santos
con capilla particular, ten\'eda fama de ser el m\'e1s diligente y menos
remilgado a la hora de conceder milagros de amor. Antoni Fortuny, que ya
hab\'eda cumplido los treinta a\'f1
os y rebosaba solter\'eda, quer\'eda una esposa y la quer\'eda ya. Sophie
era una joven francesa que viv\'eda en una residencia para se\'f1oritas
en la calle Riera Alta e impart\'eda clases particula\-res de solfeo y
piano a los v\'e1
stagos de las familias m\'e1s privilegia\-das de Barcelona. No ten\'eda
familia ni patrimonio, apenas su ju\-ventud y la formaci\'f3n musical que
su padre, pianista de un teatro de Nimes, le hab\'eda podido dejar antes
de morir de tubercu\-
losis en 1886. Antoni Fortuny, por contra, era un hombre en v\'edas de
prosperidad. Hab\'eda heredado recientemente el negocio de su pa\-dre,
una reputada sombrerer\'eda en la ronda de San Antonio en la que hab\'eda
aprendido el oficio que alg\'fan d\'ed
a so\'f1aba en ense\'f1ar a su propio hijo. Sophie Carax se le antoj\'f3
fr\'e1gil, bella, joven, d\'f3cil }{\lang1034 y }{\i\lang1034 f\'e9rtil.
San Eustaquio hab\'eda cumplido conforme a su reputaci\'f3
n. Tras cuatro meses de cortejo insistente, Sophie acept\'f3 su oferta de
matrimonio. El se\'f1or Molins, que hab\'eda sido amigo del abuelo
Fortuny, le advirti\'f3 a Antoni que se casaba con una desconocida, que
Sophie parec\'ed
a buena muchacha, pero que quiz\'e1 aquel enlace era demasiado
conveniente para ella, que esperase al menos un a\'f1o... Antoni Fortuny
replic\'f3 que sab\'eda ya lo suficiente de su fu\-tura esposa. Lo
dem\'e1s no le interesaba. Se casaron en la bas\'ed
lica del Pino y pasaron su luna de miel de tres d\'edas en un balneario
de Mongat. La ma\'f1ana antes de partir, el sombrerero pregunt\'f3
confidencialmente al se\'f1or Molins c\'f3mo deb\'eda proceder en los
mis\-terios de alcoba. Molins, sarc\'e1
stico, le dijo que le preguntase a su esposa. El matrimonio Fortuny
regres\'f3 a Barcelona apenas dos d\'edas despu\'e9s. Los vecinos dijeron
que Sophie lloraba al entrar en la escalera. La Vi\'e7enteta jurar\'eda
a\'f1os m\'e1s tarde que Sophie le ha\-b
\'eda dicho que el sombrerero no le hab\'eda puesto un dedo encima y que
cuando ella hab\'eda querido seducirle, la hab\'eda tratado de ra\-mera y
se hab\'eda sentido repugnado por la obscenidad de lo que ella
propon\'eda. Seis meses m\'e1
s tarde, Sophie anunci\'f3 a su esposo que llevaba un hijo en las
entra\'f1as. El hijo de otro hombre.
\par Antoni Fortuny hab\'eda visto a su propio padre golpear a su madre
infinidad de veces e hizo lo que entend\'eda procedente. S\'f3lo se
detuvo cuando crey\'f3 que un solo roce m\'e1s la matar\'eda. Aun as\'ed,
Sophie se neg\'f3
a desvelar la identidad del padre de la criatu\-ra que llevaba en el
vientre. Antoni Fortuny, aplicando su l\'f3gica particular, decidi\'f3
que se trataba del demonio, pues aqu\'e9l no era sino hijo del pecado, y
el pecado s\'f3lo ten\'eda un padre: e
l maligno. Convencido as\'ed de que el pecado se hab\'eda colado en su
hogar y entre los muslos de su esposa, el sombrerero se aficion\'f3
a colgar crucifijos por doquier. en las paredes, en las puertas de todas
las habitaciones y en el techo. Cuando Sophie le encontr\'f3 sembrando de
cruces la alcoba a la que la hab\'eda confinado, se asust\'f3 y con
l\'e1grimas en los ojos le pregunt\'f3
si se hab\'eda vuelto loco. \'c9l, ciego de rabia, se volvi\'f3 y la
abofete\'f3. \'abUna puta, como las dem\'e1s\'bb, es\-cupi\'f3 al echarla
a patadas al rellano de la escalera tras desollar\-la a correazos. Al
d\'ed
a siguiente, cuando Antoni Fortuny abri\'f3 la puerta de su casa para
bajar a abrir la sombrerer\'eda, Sophie segu\'eda all\'ed, cubierta de
sangre seca y tiritando de fr\'edo. Los m\'e9dicos nunca pudieron
arreglar completament
e las fracturas de la mano derecha. Sophie Carax nunca volver\'eda a
tocar el piano, pero dio a luz un var\'f3n al que habr\'eda de llamar
Juli\'e1n en recuerdo al pa\-dre que hab\'eda perdido demasiado pronto,
como todo en la vida. Fortuny pens\'f3
en echarla de su casa, pero crey\'f3 que el esc\'e1ndalo no ser\'eda
bueno para el negocio. Nadie comprar\'eda sombreros a un hombre con fama
de cornudo. Era un contrasentido. Sophie pas\'f3 a ocupar una alcoba
oscura y fr\'eda en la parte de atr\'e1
s del piso. All\'ed dar\'eda a luz a su hijo con la ayuda de dos vecinas
de la esca\-lera. Antoni no volvi\'f3 a casa hasta tres d\'edas
despu\'e9s. \'abEste es el hijo que Dios te ha dado \emdash le anunci\'f3
Sophie\emdash . Si quieres casti\-
gar a alguien, cast\'edgame a m\'ed, pero no a una criatura inocente. El
ni\'f1o necesita un hogar y un padre. Mis pecados no son los su\-yos. Te
ruego que te apiades de nosotros. \'bb
\par Los primeros meses fueron dif\'edciles para ambos. Antoni For\-tuny
hab\'eda decidido rebajar a su esposa al rango de criada. Ya no
compart\'edan ni el lecho ni la mesa, y rara vez cruzaban una palabra
como no fuera para dirimir alguna cuesti\'f3
n de orden dom\'e9stico. Una vez al mes, normalmente coincidiendo con la
luna llena, Antoni Fortuny hac\'eda acto de presencia en la alcoba de
Sophie de madrugada y, sin mediar palabra, embest\'eda a su antigua
esposa con \'ed
mpetu pero escaso oficio. Aprovechando estos raros y beligerantes
momentos de intimidad, Sophie intentaba congraciarse con \'e9l susurrando
palabras de amor, dedicando ca\-ricias expertas. El sombrerero no era
hombre para frusler\'edas y la zozobra del de
seo se le evaporaba en cuesti\'f3n de minutos, cuando no segundos. De
dichos asaltos a camis\'f3n arremangado no resul\-t\'f3 hijo alguno.
Despu\'e9s de unos a\'f1os, Antoni Fortuny dej\'f3 de vi\-sitar la alcoba
de Sophie definitivamente, y adquiri\'f3
el h\'e1bito de leer las Sagradas Escrituras hasta bien entrada la
madrugada, buscando en ellas solaz a su tormento.
\par Con la ayuda de los Evangelios, el sombrerero hac\'eda un es\-fuerzo
por suscitar en su coraz\'f3n un amor por aquel ni\'f1o de mi\-rada
profunda que gustaba de hacer bromas sobre todo e inven\-tar sombras
donde no las hab\'eda. Pese a su empe\'f1
o, no sent\'eda al peque\'f1o Juli\'e1n como hijo de su sangre, ni se
reconoc\'eda en \'e9l. Al ni\'f1o, por su parte, no parec\'edan
interesarle en demas\'eda los som\-breros ni las ense\'f1anzas del
catecismo. Llegada la Navidad, Ju\-li\'e1n se entreten
\'eda en recomponer las figuras del pesebre y urdir in\-trigas en las que
el ni\'f1o Jes\'fas hab\'eda sido raptado por los tres magos de Oriente
confines escabrosos. Pronto adquiri\'f3 la man\'eda de dibujar \'e1ngeles
con dientes de lobo e inventar
historias de esp\'ed\-ritus encapuchados que sal\'edan de las paredes y
se com\'edan las ideas de la gente mientras dorm\'eda. Con el tiempo, el
sombrerero perdi\'f3 toda esperanza de enderezar a aquel muchacho hacia
una vida de provecho. Aquel ni\'f1
o no era un Fortuny y nunca lo se\-r\'eda. Alegaba que se aburr\'eda en
el colegio y regresaba con todos sus cuadernos repletos de garabatos de
seres monstruosos, serpientes aladas y edificios vivos que caminaban y
devoraban a los incau\-
tos. Ya por entonces estaba claro que la fantas\'eda y la invenci\'f3n le
interesaban infinitamente m\'e1s que la realidad cotidiana que le
rodeaba. De todas las decepciones que atesor\'f3 en vida, ninguna le
doli\'f3
tanto a Antoni Fortuny como aquel hijo que el demonio le hab\'eda
enviado para burlarse de \'e9l.
\par A los diez a\'f1os, Juli\'e1n anunci\'f3 que quer\'eda ser pintor,
como Vel\'e1zquez, pues so\'f1aba con acometer los lienzos que el gran
maes\-tro no hab\'eda podido llegar a pintar en vida, argumentaba, por
culpa de tanto retratar por obligaci\'f3
n a los d\'e9biles mentales de la familia real. Para acabar de arreglar
las cosas, a Sophie, quiz\'e1 para matar la soledad y recordar a su
padre, se le ocurri\'f3 darle clases de piano. Juli\'e1n, que adoraba la
m\'fasica, la pintura y to\-
das las materias desprovistas de provecho y beneficio en la so\-ciedad de
los hombres, pronto aprendi\'f3 los rudimentos de la harmon\'eda y
decidi\'f3 que prefer\'eda inventarse sus propias composicio\-
nes a seguir las partituras del libro de solfeo, lo cual era contra
natura. Por aquel entonces, Antoni Fortuny todav\'eda cre\'eda que parte
de las deficiencias mentales del muchacho se deb\'edan a su
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
dieta, demasiado influenciada por los h\'e1bitos de cocina francesa de su
madre. Era bien sabido que la exuberancia de mantequillas produc\'eda la
ruina moral y aturd\'eda el entendimiento. Prohibi\'f3 a Sophie cocinar
con mantequilla por siempre jam\'e1
s. Los resulta\-dos no fueron exactamente los esperados.
\par A los doce a\'f1os, Juli\'e1n empez\'f3 a perder su inter\'e9s
febril por la pintura y por Vel\'e1zquez, pero las esperanzas iniciales
del som\-brerero duraron poco. Juli\'e1n abandonaba los sue\'f1os del
Prado por otro vicio mucho m\'e1s pernicioso. Hab
\'eda descubierto la biblio\-teca de la calle del Carmen y dedicaba cada
tregua que su padre le conced\'eda en la sombrerer\'eda a acudir al
santuario de los libros y devorar tomos de novela, de poes\'eda y de
historia. Un d\'ed
a antes de cumplir los trece a\'f1os anunci\'f3 que quer\'eda ser alguien
llamado Robert Louis Stevenson, a todas luces un extranjero. El
sombrere\-ro le anunci\'f3 que a duras penas llegar\'eda a picapedrero.
Tuvo en\-tonces la certeza de que su hijo n
o era sino un necio.
\par A menudo, sin poder conciliar el sue\'f1o, Antoni Fortuny se
retorc\'eda en el lecho de rabia y frustraci\'f3n. En el fondo de su
cora\-z\'f3n quer\'eda a aquel muchacho, se dec\'eda. Y, aunque ella no
lo mereciese, tambi\'e9n quer\'ed
a a la mujerzuela que le hab\'eda traicionado desde el primer d\'eda. Los
quer\'eda con toda su alma, pero a su manera, que era la correcta.
S\'f3lo le ped\'eda a Dios que le mostrase el modo en que los tres
pod\'edan ser felices, preferiblemente tambi
\'e9n a su manera. Imploraba al Se\'f1or que le enviase una se\'f1al, un
su\-surro, una migaja de su presencia. Dios, en su infinita sabidu\-
r\'eda, y quiz\'e1 abrumado por la avalancha de peticiones de tantas
almas atormentadas, no respond\'ed
a. Mientras Antoni Fortuny se deshac\'eda en remordimientos y
resquemores, Sophie, al otro lado del muro, se apagaba lentamente, viendo
su vida naufragar en un soplo de enga\'f1os, de abandono, de culpa. No
amaba al hom\-bre al que serv\'eda, pero se sent
\'eda suya, y la posibilidad de abando\-narle y llevarse a su hijo a otro
lugar se le antojaba inconcebible. Recordaba con amargura al verdadero
padre de Juli\'e1n, y con el tiempo aprendi\'f3
a odiarle y a detestar cuanto representaba, que no era sino cuanto ella
anhelaba. A falta de conversaciones, el matrimonio empez\'f3 a
intercambiar gritos. Insultos y recrimina\-
ciones afiladas volaban por el piso como cuchillos, acribillando a quien
osara interponerse en su trayectoria, habitualmente Juli\'e1n. Luego, el
sombrerero nunca recordaba exactamente por qu\'e9 hab\'eda pegado a su
mujer. Recordaba s\'f3
lo el fuego y la verg\'fcenza. Se ju\-raba entonces que aquello no
volver\'eda a suceder jam\'e1s, que si era necesario se entregar\'eda a
las autoridades para que lo confinasen a un penal.
\par Con la ayuda de Dios, Antoni Fortuny ten\'eda la certeza de que
pod\'eda llegar a ser un hombre mejor de lo que lo hab\'eda sido su
propio padre. Pero tarde o temprano, los pu\'f1
os encontraban de nuevo la carne tierna de Sophie y, con el tiempo,
Fortuny sinti\'f3 que si no pod\'eda poseerla como esposo, lo har\'eda
como verdugo. De este modo, a escondidas, la familia Fortuny dej\'f3
pasar los a\'f1
os, silenciando sus corazones y sus almas, hasta el punto que, de tanto
callar, olvidaron las palabras para expresar sus verdaderos sentimientos
y se transformaron en extra\'f1os que conviv\'edan bajo un mismo tejado,
uno de tantos en la ciudad infinita.
\par
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 Pasaban ya de las dos y media cuando
regres\'e9 a la li\-brer\'eda. Al entrar, Ferm\'edn me lanz\'f3 una
mirada sarc\'e1stica desde lo alto de una escalera, donde le sacaba
lustre a una colecci\'f3n de los }{
\i\expnd0\expndtw2\lang1034 Episodios nacionales }{\expnd0\expndtw-
2\lang1034 del insigne don Benito.
\par \emdash Alabados sean los ojos. Ya le cre\'edamos haciendo las
Am\'e9ricas, Daniel.
\par \emdash Me entretuve por el camino. \'bfY mi padre?
\par \emdash Como usted no ven\'eda, march\'f3 \'e9l a hacer el resto de
las entregas. Me encarg\'f3 que le dijese a usted que esta tarde se iba a
Tiana a valorar la bibliotec
a privada de una viuda. Su padre es de los que las mata callando. Dijo
que no le esperase usted para cerrar.
\par }{\lang1034 \emdash \'bfEstaba enfadado?
\par Ferm\'edn neg\'f3, descendiendo de la escalera con agili\-dad
felina.
\par \emdash Qu\'e9 va. Si su padre es un santo. Adem\'e1s estaba muy
contento al ver que se ha echado usted novia.
\par \emdash \'bfQu\'e9?
\par Ferm\'edn me gui\'f1\'f3 un ojo, relami\'e9ndose.
\par \emdash Ay, granujilla, qu\'e9 callado se lo ten\'eda usted. Y
qu\'e9 ni\'f1a, oiga, para cortar el tr\'e1fico. De un fino que de
qu\'e9. Se conoce que ha ido a buenos colegios, aunque ten\'eda un vicio
en la mirada... Mire, si no tuviese yo el coraz\'f3
n roba\-do con la Bernarda, porque no le he contado a usted to\-dav\'eda
lo de nuestra merienda... chispas sal\'edan, oiga, chis\-pas, que
parec\'eda la noche de San Juan...
\par \emdash Ferm\'edn \emdash le cort\'e9\emdash . \'bfDe qu\'e9
demonios est\'e1 usted hablando?
\par \emdash De su novia.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash }{\lang1034 Yo no tengo novia,
Ferm\'edn.
\par \emdash Bueno, ahora ustedes los j\'f3venes a eso lo llaman
cualquier cosa, \'abg\'fcirlifrend\'bb o...
\par \emdash Ferm\'edn, rebobine. \'bfDe qu\'e9 est\'e1 hablando?
\par Ferm\'edn Romero de Torres me mir\'f3 desconcertado, jun\-tando los
dedos de una mano y gesticulando al uso siciliano. A ver. Esta tarde,
har\'e1 cosa de una hora u hora y me\-dia, una se\'f1orita de bandera
pas\'f3 por aqu\'ed y pregunt\'f3
por usted. Su padre de usted y servidor est\'e1bamos de cuerpo presente
y le puedo asegurar sin lugar a dudas que la mu\-chacha no ten\'eda las
pintas de ser un aparecido. Le podr\'eda describir a usted hasta el olor.
A lavanda, pero m\'e1
s dulce. Como un bollito reci\'e9n hecho.
\par \emdash \'bfDijo acaso el bollito que era mi novia?
\par \emdash As\'ed, con todas las palabras no, pero sonri\'f3 como de
refil\'f3n, ya sabe usted, y dijo que le esperaba el viernes por la
tarde. Nosotros nos limitamos a sumar dos y dos.
\par \emdash Bea... \emdash murmur\'e9 yo.
\par \emdash Ergo, existe \emdash apunt\'f3 Ferm\'edn, aliviado.
\par \emdash S\'ed, pero no es mi novia \emdash dije.
\par \emdash Pues no s\'e9 a qu\'e9 est\'e1 usted esperando.
\par \emdash Es la hermana de Tom\'e1s Aguilar.
\par \emdash \'bfSu amigo el inventor?
\par Asent\'ed.
\par \emdash Raz\'f3n de m\'e1s. Ni que fuese la hermana de Gil Ro\-bles,
\'f3igame; porque est\'e1 buen\'edsima. Yo, en su lugar, esta\-r\'eda a
la que salta.
\par \emdash Bea ya tiene novio. Un alf\'e9rez que est\'e1 haciendo el
servicio.
\par Ferm\'edn suspir\'f3, irritado.
\par \emdash Ah, el ej\'e9rcito, lacra y reducto tribal del gremialis\-mo
simiesco. Mejor, porque as\'ed puede usted ponerle la cornamenta sin
remordimientos.
\par \emdash Delira usted, Ferm\'edn. Bea se va a casar cuando el al\-
f\'e9rez termine el servicio.
\par Ferm\'edn me sonri\'f3, ladino.
\par \emdash Pues mire usted por d\'f3nde, a m\'ed me da como que no, que
\'e9sa no se casa.
\par \emdash Usted qu\'e9 sabr\'e1.
\par \emdash De mujeres, y de otros menesteres mundanos, bas\-tante
m\'e1s que usted. Como nos ense\'f1a Freud, la mujer desea lo contrario
de lo que piensa o declara, lo cual, bien mirado, no es tan terrible
porque el hombre, como nos ense\'f1
a Perogrullo, obedece por contra al dictado de su aparato genital o
digestivo.
\par \emdash No me largue discursos, Ferm\'edn, que le veo el plu\-mero.
Si tiene algo que decir, sintetice.
\par \emdash Pues mire, en sucinta esencia se lo digo: \'e9sa no te\-
n\'eda cara de casarse con el Cascorro.
\par \emdash \'bfAh, no? \'bfY de qu\'e9 ten\'eda cara, a ver?
\par Ferm\'edn se me acerc\'f3 con aire confidencial.\tab
\par \emdash De morbo \emdash apunt\'f3, alzando las cejas con aire de
mis\-terio\emdash . Y que conste que eso lo digo como un cumplido.
\par Como siempre, Ferm\'edn estaba en lo cierto. Vencido, opt\'e9 por
jugar la pelota en su terreno.
\par \emdash Hablando de morbo, cu\'e9nteme lo de la Bernarda. \'bfHubo
beso o no hubo beso?
\par \emdash No me ofenda, Daniel. Le recuerdo que est\'e1 usted hablando
con un profesional de la seducci\'f3n, y eso del beso es para amateurs y
diletantes de pantufla. A la mujer de verdad se la gana uno poco a poco.
Es todo cuesti\'f3n de psicolog\'ed
a, como una buena faena en la plaza.
\par \emdash O sea, que le dio calabazas.
\par A Ferm\'edn Romero de Torres no le da calabazas ni san Roque. Lo que
ocurre es que el hombre, volviendo a Freud y valga la met\'e1fora, se
calienta como una bombilla: al rojo en un tris, y fr\'edo otra vez en un
soplo. La hembra, sin em\-
bargo, y esto es ciencia pura, se calienta como una plancha, \'bfentiende
usted? Poco a poco, a fuego lento, como la bue\-na
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 escudella. }{\lang1034 Pero eso s\'ed
, cuando ha cogido calor, aquello no hay quien lo pare. Como los altos
hornos de Vizcaya.
\par Sopes\'e9 las teor\'edas termodin\'e1micas de Ferm\'edn.
\par \emdash \'bfEs eso lo que est\'e1 usted haciendo con la Bernarda?
\emdash pregunt\'e9\emdash . \'bfPoner la plancha al fuego?
\par Ferm\'edn me gui\'f1\'f3 un ojo.
\par \emdash Esa mujer es un volc\'e1n al borde de la erupci\'f3n, con
una libido de magma \'edgneo y un coraz\'f3n de santa \emdash dijo,
relami\'e9ndose\emdash . Por establecer un paralelismo veraz, me recuerda
a mi mulatita en La Habana, que era una sante\-
ra muy devota. Pero, como en el fondo soy un caballero de los de antes,
no me aprovecho, y con un casto beso en la mejilla me conform\'e9. Porque
yo no tengo prisa, \'bfsabe? Lo bueno se hace esperar. Hay pardillos por
ah\'ed
que se creen que si le ponen la mano en el culo a una mujer y ella no se
queja, ya la tienen en el bote. Aprendices. El coraz\'f3n de la hembra es
un laberinto de sutilezas que de\-saf\'eda la mente cerril del var\'f3n
trapacero. Si quiere usted de verda
d poseer a una mujer, tiene que pensar como ella, y lo primero es ganarse
su alma. El resto, el dulce en\-voltorio mullido que le pierde a uno el
sentido y la virtud, viene por a\'f1adidura.
\par Aplaud\'ed su discurso con solemnidad.
\par \emdash Ferm\'edn, es usted un poeta.
\par \emdash No, yo estoy con Ortega y soy un pragm\'e1tico, por\-que la
poes\'eda miente, aunque en bonito, y lo que yo digo es m\'e1s verdad que
el pan con tomate. Ya lo dec\'eda el maes\-tro, ens\'e9\'f1eme usted un
donju\'e1n y le ense\'f1o yo a un mari\-
pos\'f3n enmascarado. Lo m\'edo es la permanencia, lo peren\-ne. A usted
le pongo por testigo que yo de la Bernarda har\'e9 una mujer, si no
honrada, porque eso ya lo es, al me\-nos feliz.
\par Le sonre\'ed, asintiendo. Su entusiasmo era contagioso, y su
m\'e9trica invencible.
\par \emdash Me la cuide bien, Ferm\'edn. Que la Bernarda tiene de\-
masiado coraz\'f3n y ya se ha llevado demasiados chascos.
\par \emdash \'bfSe cree que no me doy cuenta? Vamos, si lo lleva en la
frente como una p\'f3liza del patronato de viudas de guerra. Se lo digo
yo, que en esto de encajar putadas ten\-go much\'edsima experiencia: yo a
esa mujer la colmo de di\-
cha aunque sea lo \'faltimo que haga en este mundo.
\par \emdash \'bfPalabra?
\par Me tendi\'f3 la mano con aplomo templario. Se la estre\-ch\'e9.
\par \emdash Palabra de Ferm\'edn Romero de Torres.
\par
\par Tuvimos una tarde lenta en la tienda, con apenas un par de curiosos.
En vista del panorama, le suger\'ed a Fer\-m\'edn que se tomase libre el
resto de la tarde.
\par }{\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash Ande, se va usted a buscar a la
Bernarda y se la lleva al cine o a mirar escaparates por la calle
Puertaferrisa co\-gida del brazo, que a ella eso le encanta.
\par Ferm\'edn se aprest\'f3 a tomarme la palabra y corri\'f3 a
acicalarse en la trastienda, donde guardaba siempre una muda impecable y
toda suerte de colonias y ung\'fcentos en un neceser que hubiera sido la
envidia de do\'f1a Concha Piquer. Cuando sali\'f3
parec\'eda un gal\'e1n de pelicul\'f3n, pero con treinta kilos menos en
los huesos. Vest\'eda un traje que hab\'eda sido de mi padre y un
sombrero de fieltro que le ven\'ed
a un par de tallas grande, problema que solventaba colocando bolas de
papel de peri\'f3dico bajo la copa.
\par \emdash Por cierto, Ferm\'edn. Antes de que se vaya... Quer\'eda
pedirle un favor.
\par \emdash Eso est\'e1 hecho. Usted ordene que yo estoy aqu\'ed para
obedecer.
\par \emdash Le voy a pedir que esto quede entre nosotros, \'bfeh?, a mi
padre ni una palabra.
\par Sonri\'f3 de oreja a oreja.
\par \emdash Ah, granujilla. Algo que ver con esa chavala impo\-nente,
\'bfeh?
\par \emdash No. \'c9ste es un asunto de investigaci\'f3n e intriga. De
lo suyo, vamos.
\par \emdash Bueno, yo de chavalas tambi\'e9n s\'e9 un rato. Se lo digo
por si un d\'eda tiene usted una consulta t\'e9cnica, ya sabe. Con toda
confianza, que para eso soy como un m\'e9dico. Sin \'f1o\'f1er\'edas.
\par \emdash Lo tendr\'e9 en cuenta. Ahora, lo que necesitar\'eda saber
es a qui\'e9n pertenece un apartado de correos en la oficina central de
V\'eda Layetana. N\'famero 2321. Y, a ser posible, qui\'e9n recoge el
correo que llega ah\'ed. \'bf
Cree usted que podr\'eda echarme un cable?
\par Ferm\'edn se anot\'f3 el n\'famero en el empeine, bajo el cal\-
cet\'edn, a bol\'edgrafo.
\par \emdash Eso es pan comido. A m\'ed no hay organismo oficial que se
me resista. Deme unos d\'edas y le tendr\'e9 un informe completo.
\par \emdash Hemos quedado que a mi padre ni una palabra, \'bfeh?
\par \emdash Descuide. H\'e1gase cuenta de que soy la esfinge de Keops.
\par \emdash Se lo agradezco. Y ahora, venga, v\'e1yase ya y que se lo
pase bien.
\par Le desped\'ed con un saludo militar y le vi partir gallardo como un
gallo rumbo al gallinero. No deb\'eda de hacer ni cinco minutos que
Ferm\'edn se hab\'eda ido cuando escu\-ch\'e9 las campanillas de la
puerta y alc\'e9 la vista de las co\-
lumnas de cifras y tachones. Un individuo amparado en una gabardina gris
y un sombrero de fieltro acababa de entrar. Luc\'eda un bigote pincelado
y los ojos azules y vidriosos. Exhib\'eda una sonrisa de vendedor, falsa
y forzada. Lament\'e9 que Ferm\'ed
n no estuviese all\'ed, porque \'e9l ten\'eda la mano rota para librarse
de los viajantes de alcanfores y morralla que ocasionalmente se colaban
en la librer\'eda. El visitante me brind\'f3
su sonrisa grasienta y falsa, cogiendo al azar un tomo de una pila por
ordenar y valorar que ha\-b\'eda junto a la entrada. Todo en \'e9l
comunicaba desprecio por cuanto ve\'eda. No me vas a vender ni las buenas
tardes, pens\'e9.
\par \emdash Cu\'e1nta letra, \'bfeh? \emdash dijo.
\par \emdash Es un libro; suelen tener bastantes letras. \'bfEn qu\'e9
puedo ayudarle, caballero?
\par El individuo devolvi\'f3 el libro a la pila, asintiendo con
displicencia e ignorando mi pregunta.
\par \emdash Es lo que yo digo. Leer es para la gente que tiene mucho
tiempo y nada que hacer. Como las mujeres. El que tiene que trabajar no
tiene tiempo para cuentos. En la vida hay que pencar. \'bfNo le parece a
usted?
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 \emdash Es una opini\'f3n. \'bfBuscaba
usted algo en especial?
\par \emdash No es una opini\'f3n; es un hecho. Eso es lo que pasa en
este pa\'eds, que la gente no quiere trabajar. Mucho vago es lo que hay,
\'bfno le parece a usted?
\par \emdash No lo s\'e9, caballero. Quiz\'e1. Aqu\'ed, como ve, s\'f3lo
ven\-demos libros.
\par El individuo se acerc\'f3 al mostrador, su mirada siempre
revoloteando por la tienda y pos\'e1ndose ocasionalmente en la m\'eda. Su
aspecto y su adem\'e1n me resultaban vaga mente familiares, aunque no
hubiera sabido decir de d\'f3n\-de. Hab\'eda algo en
\'e9l que hac\'eda pensar en una de esas figu\-ras que aparecen
}{\lang1034 en }{\expnd0\expndtw2\lang1034 naipes de anticuario o
adivino, un personaje escapado de los grabados de un incunable. Te\-
n\'eda la presencia f\'fa
nebre e incandescente, como una mal\-dici\'f3n con el traje de los
domingos.
\par \emdash Si me dice en qu\'e9 puedo servirle...
\par \emdash Soy yo m\'e1s bien quien ven\'eda a hacerle a usted un
servicio. \'bfEs usted el due\'f1o de este establecimiento?
\par \emdash No. El due\'f1o es mi padre.
\par \emdash \'bfY su nombre es?
\par \emdash \'bfEl m\'edo o el de mi padre?
\par El individuo me dedic\'f3 una sonrisa socarrona. Un ri\-sitas,
pens\'e9.
\par \emdash Me har\'e9 cuenta de que el cartel de Sempere e hijos va por
ambos, entonces.
\par \emdash Es usted muy perspicaz. \'bfPuedo preguntarle cu\'e1l es el
motivo de su visita, si no est\'e1 interesado en un libro?
\par \emdash El motivo de mi visita, que es de cortes\'eda, es adver\-
tirle que ha llegado a mi atenci\'f3n que tienen ustedes tra\-tos con
gentes de mal vivir, en particular invertidos y ma\-leantes.
\par Le observ\'e9 at\'f3nito.
\par \emdash \'bfPerd\'f3n?
\par El individuo me clav\'f3 la mirada.
\par \emdash Hablo de maricones y ladrones. No me diga que no sabe de lo
que hablo.
\par \emdash Me temo que no tengo la m\'e1s remota idea, ni inte\-r\'e9s
alguno en seguir escuch\'e1ndole.
\par El individuo asinti\'f3, adoptando un gesto hostil y ai\-rado.
\par \emdash Pues va a tener que joderse. Supongo que est\'e1 us\-ted al
corriente de las actividades del ciudadano Federico Flavi\'e1.
\par \emdash Don Federico es el relojero del barrio, una excelen\-te
persona y dudo mucho de que sea un maleante.
\par \emdash Hablaba de maricones. Me consta que la mo\'f1arra esa
frecuenta su establecimiento, supongo que para com\-prarles novelillas
rom\'e1nticas y pornograf\'eda.
\par \emdash \'bfY puedo preguntarle a usted qu\'e9 le importa?
\par Por toda respuesta extrajo su billetero y lo tendi\'f3 abier\-to
sobre el mostrador. Reconoc\'ed una tarjeta de identifica\-ci\'f3n
policial mugrienta con el semblante del individuo, algo m\'e1s joven.
Le\'ed hasta donde dec\'eda \'ab
Inspector jefe Francisco Javier Fumero Almu\'f1iz\'bb.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw2\lang1034
Joven, a m\'ed h\'e1bleme con respeto o les meto a usted y a su padre un
paquete que se les va a caer el pelo por vender basura bolchevique.
\'bfEstamos?
\par Quise replicar, pero las palabras se me hab\'edan queda\-do
congeladas en los labios.
\par \emdash Pero bueno, el maric\'f3n ese no es lo que me trae has\-ta
aqu\'ed hoy. Tarde o temprano acabar\'e1 en jefatura, como todos los de
su catadura, y ya lo espabilar\'e9 yo. Lo que me preocupa es que tengo
informes de que est\'e1
n ustedes empleando a un chorizo vulgar, un indeseable de la peor
cala\'f1a.
\par \emdash No s\'e9 de qui\'e9n me habla usted, inspector.
\par Fumero ri\'f3 su risita servil y pegajosa, de camarilla y comadreo.
\par }{\lang1034 \emdash Dios sabe qu\'e9 nombre utilizar\'e1 ahora. Hace
a\'f1os hac\'eda llamar Wilfredo Camag\'fcey, as del mambo, y dec\'eda
ser experto en vud\'fa, profesor de danza de don Juan de Borb\'f3n y
amante de Mata Hari. Otras veces adopta nom\-
bres de embajadores, artistas de variedades o toreros. Ya hemos perdido
la cuenta.
\par \emdash Siento no poder ayudarle, pero no conozco a nadie llamado
Wilfredo Camag\'fcey.
\par \emdash Seguro que no, pero sabe a qui\'e9n me refiero, \'bfverdad?
\par \emdash No.
\par Fumero ri\'f3 de nuevo. Aquella risa forzada y amanera\-da le
defin\'eda y resum\'eda como un \'edndice.
\par \emdash A usted le gusta poner las cosas dif\'edciles, \'bfverdad?
Mire, yo he venido aqu\'ed en plan de amigo para advertirles y
prevenirles de que quien mete a un indeseable en casa acaba con los dedos
escaldados y usted me trata de em\-bustero.
\par \emdash En absoluto. Yo le agradezco su visita y su adverten\-cia,
pero le aseguro que no ha...
\par \emdash A m\'ed no me venga con estas mierdas, porque si me sale de
los cojones le pego un par de hostias y le cierro el chiringuito,
\'bfestamos? Pero hoy estoy de buenas, as\'ed que le voy a dejar s\'f3lo
con la advertencia. Usted sabr\'e1 qu\'e9 compa
\'f1\'edas elige. Si le gustan los maricones y los ladrones, es que
tendr\'e1 usted algo de ambos. Conmigo, las cosas claras. O est\'e1 usted
de mi lado o contra m\'ed. As\'ed es la vida. \'bfEn qu\'e9 quedamos?
\par No dije nada. Fumero asinti\'f3, soltando otra risita.
\par \emdash Muy bien, Sempere. Usted mismo. Mal empezamos usted y yo. Si
quiere problemas, los tendr\'e1. La vida no es como las novelas, \'bfsabe
usted? En la vida hay que tomar un bando. Y est\'e1 claro cu\'e1
l ha elegido usted. El de los que pierden por burros.
\par \emdash Le voy a pedir que se vaya usted, por favor.
\par Se alej\'f3 hacia la puerta arrastrando su risita sibilina.
\par \emdash Volveremos a vernos. Y d\'edgale a su amigo que el ins\-
pector Fumero le tiene echado el ojo y que le env\'eda mu\-chos
recuerdos.
\par La visita del infausto inspector y el eco de sus palabras me
incendiaron la tarde. Despu\'e9s de quince minutos de corretear tras el
mostrador con las tripas estrech\'e1ndoseme en un nudo, decid\'ed cerrar
la librer\'ed
a antes de la hora y salir a la calle a caminar sin rumbo. No pod\'eda
quitarme del pensamiento las insinuaciones y las amenazas que ha\-b\'eda
hecho aquel aprendiz de matarife. Me preguntaba si deb\'eda alertar a mi
padre y a Ferm\'ed
n sobre aquella visita, pero supuse que aqu\'e9lla hab\'eda sido
precisamente la in\-tenci\'f3n de Fumero, sembrar la duda, la angustia,
el mie\-do y la incertidumbre entre nosotros. Decid\'ed
que no iba a seguirle el juego. Por otro lado, las insinuaciones acerca
del pasado de Ferm\'edn me alarmaban. Me avergonc\'e9 de m\'ed mismo al
descubrir que por un instante hab\'eda dado cr\'e9dito a las palabras del
polic\'eda. Tras darle muchas vuel\-
tas, conclu\'ed sellar aquel episodio en alg\'fan rinc\'f3n de mi memoria
e ignorar sus implicaciones. De regreso a casa, cruc\'e9 frente a la
relojer\'eda del barrio. Don Federico me salud\'f3 desde el mostrador,
haci\'e9ndome se\'f1
as para que entrase en su establecimiento. El relojero era un persona\-je
afable y sonriente que nunca se olvidaba de felicitar una fiesta y al que
siempre se pod\'eda acudir para solventar cualquier apuro, con la
tranquilidad de que \'e9l encontra\-r\'ed
a la soluci\'f3n. No pude evitar sentir un escalofr\'edo al sa\-berle en
la lista negra del inspector Fumero, y me pre\-gunt\'e9 si deb\'eda
avisarle, aunque no imaginaba c\'f3mo sin inmiscuirme en materias que no
eran de mi incumben\-cia. M\'e1
s confundido que nunca, entr\'e9 en la relojer\'eda y le sonre\'ed.
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 \emdash \'bfQu\'e9 tal, Daniel? Menuda
cara traes.
\par \emdash Un mal d\'eda \emdash dije\emdash . \'bfQu\'e9 tal todo, don
Federico?
\par \emdash Sobre ruedas. Los relojes cada vez est\'e1n peor hechos y me
harto a trabajar. Si esto sigue as\'ed, voy a tener que co\-ger un
ayudante. Tu amigo, el inventor, \'bfno estar\'eda intere\-sado? Seguro
que tiene buena mano para esto.
\par No me cost\'f3 imaginar lo que opinar\'eda el padre de To\-mas
Aguilar sobre la perspectiva de que su hijo aceptase un empleo en el
establecimiento de don Federico, mariquilla oficial del barrio.
\par \emdash Ya se lo comentar\'e9.
\par \emdash Por cierto, Daniel. Tengo por aqu\'ed el despertador que me
trajo tu padre hace dos semanas. No s\'e9 lo que le hizo, pero le
valdr\'eda m\'e1s comprar uno nuevo que arre\-glarlo.
\par Record\'e9 que a veces, en las noches de verano asfixian\-tes, a mi
padre le daba por salir a dormir al balc\'f3n.
\par \emdash Se le cay\'f3 a la calle \emdash dije.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Ya
me parec\'eda a m\'ed. Dile que me diga el qu\'e9. Yo le puedo conseguir
un Radiant a muy buen precio. Si quie\-res, mira, te lo llevas y que lo
pruebe. Si le gusta, ya me lo pagar\'e1
. Y si no, me lo devuelves.
\par \emdash Muchas gracias, don Federico.
\par El relojero procedi\'f3 a envolverme el armatoste en cuesti\'f3n.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw2\lang1034
Alta tecnolog\'eda \emdash dec\'eda, complacido\emdash . Por cierto, me
encant\'f3 el libro que me vendi\'f3 el otro d\'eda Ferm\'edn. Uno de
Graham Greene. Ese Ferm\'ed
n es un fichaje de primera.
\par Asent\'ed.
\par \emdash S\'ed, vale un mont\'f3n.
\par \emdash Me he dado cuenta de que nunca lleva reloj. Dile que se pase
por aqu\'ed y lo arreglamos.
\par \emdash As\'ed lo har\'e9. Gracias, don Federico.
\par Al darme el despertador, el relojero me observ\'f3 con detenimiento
y arque\'f3 las cejas.
\par \emdash \'bfSeguro que no pasa nada, Daniel? \'bfS\'f3lo un mal
d\'eda?
\par Asent\'ed de nuevo, sonriendo.
\par \emdash No pasa nada, don Federico. Cu\'eddese.
\par \emdash T\'fa tambi\'e9n, Daniel.
\par Al llegar a casa encontr\'e9 a mi padre dormido en el sof\'e1 con el
peri\'f3dico sobre el pecho. Dej\'e9 el despertador sobre la mesa con una
nota que dec\'eda \'abde parte de don Federico: que tires el viejo\'bb, y
me deslic\'e9
sigilosamente hasta mi habitaci\'f3n. Me tend\'ed en la cama en la
penumbra y me qued\'e9 dormido pensando en el inspector, en Fer\-m\'edn y
en el relojero. Cuando me despert\'e9 eran ya las dos de la ma\'f1ana. Me
asom\'e9
al pasillo y vi que mi padre se hab\'eda retirado a su habitaci\'f3n con
el nuevo despertador. El piso estaba en tinieblas y el mundo me
parec\'eda un lugar mas oscuro y siniestro de lo que se me hab\'eda
antojado la noche anterior. Comprend\'ed
que, en el fondo, nunca hab\'eda llegado a creer que el inspector Fumero
fuese real. Ahora me parec\'eda uno entre mil. Fui a la cocina y me ser\-
v\'ed un vaso de leche fr\'eda. Me pregunt\'e9 si Ferm\'edn estar\'eda
bien, sano y salvo en su pensi\'f3n.
\par De vuelta a mi habitaci\'f3n intent\'e9 apartar del pensa\-miento la
imagen del polic\'eda. Intent\'e9 conciliar de nuevo el sue\'f1o, pero
comprend\'ed que se me hab\'eda escapado el tren. Encend\'ed la luz y
decid\'ed examinar el sobre dirigido a Juli
\'e1n Carax que le hab\'eda sustra\'eddo a do\'f1a Aurora aque\-lla
ma\'f1ana y que todav\'eda llevaba en el bolsillo de la cha\-queta. Lo
dispuse sobre mi escritorio bajo el haz del fle\-xo. Era un sobre
apergaminado, de bordes serrados que amar
illeaban y tacto arcilloso. El matasellos, apenas una sombra, dec\'eda
\'ab18 de octubre de 1919\'bb. El sello de lacre se hab\'eda desprendido,
probablemente merced a los bue}{\lang1034 nos oficios de do\'f1
a Aurora. En su lugar quedaba una mancha rojiza como un roce de carm\'edn
que besaba el cierre sobre el que pod\'eda leerse el remite:
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {\i Pen\'e9lope Aldaya
\par Avenida del Tibidabo, 32, Barcelona
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034
\par Abr\'ed el sobre y extraje la carta, una l\'e1mina de color ocre
n\'edtidamente doblada por la mitad. Un trazo de tin\-ta azul se
deslizaba con aliento nervioso, desvaneci\'e9ndose paulatinamente y
volviendo a cobrar intensidad cada po\-
cas palabras. Todo en aquella hoja hablaba de otro tiem\-po; el trazo
esclavo del tintero, las palabras ara\'f1adas sobre el papel grueso por
el filo de la plumilla, el tacto rugoso del papel. Alis\'e9 la carta
sobre el mostrador y la le\'ed
, casi sin aliento.
\par
\par }{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 Querido Juli\'e1n:
\par Esta ma\'f1ana me he enterado por Jorge de que realmente de\-jaste
Barcelona y te fuiste en busca de tus sue\'f1os. Siempre tem\'ed que esos
sue\'f1os no te iban a dejar nunca ser m\'edo, ni de nadie. Me hubiera
gustado verte una \'fa
ltima vez, poder mirarte a los ojos y decirte cosas que no s\'e9 contarle
a una carta. Nada sali\'f3 como lo hab\'edamos planeado. Te conozco
demasiado y s\'e9 que no me escribir\'e1s, que ni siquiera me enviar\'e1s
tu direcci\'f3n, que que\-rr\'e1
s ser otro. S\'e9 que me odiar\'e1s por no haber estado all\'ed como te
promet\'ed. Que creer\'e1s que te fall\'e9. Que no tuve valor.
\par Tantas veces te he imaginado, solo en aquel tren, convencido de que
te hab\'eda traicionado. Muchas veces intent\'e9 encontrarte a trav\'e9s
de Miquel, pero \'e9l me dijo que ya no quer\'edas saber nada de m\'ed.
\'bfQu\'e9 mentiras le contaron, Juli\'e1
n? \'bfQu\'e9 te dijeron de m\'ed? \'bfPor qu\'e9 les cre\'edste?
\par Ahora ya s\'e9 que te he perdido, que lo he perdido lodo. Y aun
as\'ed no puedo dejar que te vayas para siempre y me olvides sin que
sepas que no te guardo rencor, que yo lo sab\'eda desde el principio, que
sab\'eda que te iba a perder y que t\'fa
nunca ibas a ver en m\'ed lo que yo en ti. Quiero que sepas que te quise
desde el primer d\'eda y que te sigo queriendo, ahora m\'e1s que nunca,
aunque te pese.
\par Te escribo a escondidas, sin que nadie lo sepa. Jorge ha jura\-do
que si vuelve a verte te matar\'e1. No me dejan ya salir de casa, ni
asomarme a la ventana. No creo que me perdonen nunca. Alguien de
confianza me ha prometido que te enviar\'e1
esta carta. No menciono su nombre para no comprometerle. No s\'e9 si te
llega\-r\'e1n mis palabras. Pero si as\'ed fuera y decidieses volver por
m\'ed, aqu\'ed encontrar\'e1s el modo de hacerlo. Mientras escribo, te
imagi\-no en aquel
tren, cargado de sue\'f1os y con el alma rota de trai\-ci\'f3n, huyendo
de todos nosotros y de ti mismo. Hay tantas cosas que no puedo contarte,
Juli\'e1n. Cosas que nunca supimos y que es mejor que no sepas nunca.
\par No deseo nada m\'e1s en el mundo que seas feliz, Juli\'e1n, que todo
a lo que aspiras se haga realidad y que, aunque me olvides con el tiempo,
alg\'fan d\'eda llegues a comprender lo mucho que te quise.
\par }\pard \qr\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 Siempre,
\par Pen\'e9lope.
\par }\pard \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
{\i\expnd1\expndtw8\lang1034
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {17
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\i\expnd1\expndtw8\lang1034
\par }{\lang1034 Las palabras de Pen\'e9lope Aldaya, que le\'ed y
rele\'ed aquella noche hasta aprend\'e9rmelas de memoria, borraron de un
plumazo el mal sabor que me hab\'ed
a dejado la visita del inspector Fumero. Tras pasar la noche en vela,
absorto en aquella carta y en la voz que intu\'eda en ella, sal\'ed de
casa con la madrugada. Me vest\'ed en silencio y le dej\'e9 a mi padre
una nota sobre la c\'f3
moda del recibidor, dici\'e9ndole que ten\'eda que hacer algunos recados
y que estar\'eda de vuelta en la librer\'eda a las nueve y media. Al
asomarme al portal, las calles languidec\'edan ocultas todav\'eda bajo un
manto azulado que lam\'ed
a las sombras y los charcos que la llovizna hab\'eda sembrado durante la
noche. Me abroch\'e9 el chaquet\'f3n hasta el cuello y me encamin\'e9 a
paso ligero rumbo a la plaza de Catalu\'f1
a. Las escaleras del metro exhalaban un lienzo de vapor tibio que
ard\'eda en luz de co\-bre. En las taquillas de los ferrocarriles
catalanes compr\'e9 un billete de tercera clase hasta la estaci\'f3n de
Tibidabo. Hice el trayecto en un vag\'f3
n, poblado de ordenanzas, criadas y jornaleros portando bocadillos del
tama\'f1o de un ladrillo envueltos en hojas de peri\'f3dico. Me
refugi\'e9 en la negrura de los t\'faneles y apoy\'e9 la cabeza en la
venta\-
na, entrecerrando los ojos mientras el tren recorr\'eda las entra\'f1as
de la ciudad hasta los pies del Tibidabo. Al emerger de nuevo a la calle
me pareci\'f3 redescubrir otra Barcelona. Estaba amaneciendo y un filo de
p\'farpura ras\-
gaba las nubes y salpicaba las fachadas de los palacetes y caserones
se\'f1oriales que flanqueaban la avenida del Tibi\-dabo. El tranv\'eda
azul reptaba perezosamente entre neblinas. Corr\'ed tras \'e9l y
consegu\'ed auparme en la platafo
rma trasera bajo la mirada severa del revisor. La cabina de ma\-dera
estaba casi vac\'eda. Un par de frailes y una dama enlu\-tada de piel
cenicienta se mec\'edan adormecidos al vaiv\'e9n del carruaje de caballos
invisibles.
\par \emdash S\'f3lo voy hasta el n\'famero treinta y dos \emdash le dije
al revisor, ofreciendo mi mejor sonrisa.
\par \emdash Pues como si va hasta Finisterre \emdash replic\'f3,
indiferente\emdash . Aqu\'ed han pagado billete hasta los soldados de
Cristo. O apoquina, o camina. Y el pareado no se lo co\-bro.
\par El d\'fao de frailes, que calzaba sandalias v un manto de saco
marr\'f3n de austeridad franciscana, asinti\'f3, mostran\-do sendos
billetes rosa a t\'edtulo de prueba.
\par \emdash Pues entonces me bajo \emdash dije\emdash . Porque no llevo
suelto.
\par \emdash Como guste. Pero espere a la pr\'f3xima parada, que yo no
quiero accidentes.
\par El tranv\'eda ascend\'eda casi a ritmo de paseo, acariciando la
sombra de la arboleda y oteando sobre los muros y jar\-dines de mansiones
con alma de castillo que yo imaginaba pobladas de estatuas, fuentes,
caballerizas y capillas se\-cretas. Me asom\'e9
a un lado de la plataforma y distingu\'ed la silueta de la torre de
\'abEl Frare Blanc\'bb recort\'e1ndose entre los \'e1rboles. Al acercarse
a la esquina de Rom\'e1n Macaya, el tranv\'eda disminuy\'f3
la marcha hasta detenerse casi por completo. El conductor hizo sonar su
campanilla y el revi\-sor me lanz\'f3 una mirada de censura.
\par \emdash Venga, listillo. Aligere, que el n\'famero treinta y dos lo
tiene ah\'ed.
\par Me ape\'e9 y escuch\'e9 el traqueteo del tranv\'eda azul per\-derse
en la bruma. La residencia de la familia Aldaya que\-daba al cruzar la
calle. Un port\'f3n de hierro forjado
tramado de yedra y hojarasca la custodiaba. Recortada entre los barrotes
se adivinaba una portezuela cerrada a cal y canto. Sobre las verjas,
anudado en serpientes de hierro negro, se le\'eda el n\'famero 32.
Trat\'e9
de atisbar el interior de la propiedad desde all\'ed, pero apenas se
adivinaban las aristas y los arcos de un torre\'f3n oscuro. Un rastro de
herrumbre sangraba desde el orificio de la cerradura en la portezuela. Me
arrodill\'e9 y trat\'e9
de ganar una visi\'f3n del patio desde all\'ed. Apenas se vislumbraba
una made\-ja de hierbas salvajes y el contorno de lo que me pareci\'f3
una fuente o un estanque de la que emerg\'eda una mano extendida,
se\'f1alando al cielo. Tard\'e9
unos instantes en comprender que se trataba de una mano de piedra, y que
}{\expnd1\expndtw6\lang1034 hab\'eda otros miembros y siluetas que no
acertaba a distin\-guir sumergidos en la fuente. M\'e1s all\'e1
, entre los velos de maleza, se adivinaba una escalinata de m\'e1rmol
quebrada y cubierta de escombros y hojarasca. La fortuna y gloria de los
Aldaya hab\'edan cambiado de direcci\'f3n hac\'eda mucho tiempo. Aquel
lugar era una tumba.
\par Me retir\'e9 unos pasos, rodeando la esquina para echar un vistazo
al ala sur de la casa. Desde all\'ed pod\'eda obtenerse una visi\'f3n
m\'e1s clara de una de las torres del palacete. En aquel instante
advert\'ed por el rabillo del ojo la silueta de
un individuo con aire fam\'e9lico ataviado con una bata azul que
bland\'eda un escob\'f3n con el que martirizaba la hojarasca sobre la
litera. Me observaba con cierto recelo y supuse que era el portero de una
de las propiedades co\-lindantes. Le sonre
\'ed como s\'f3lo quien ha pasado muchas horas tras un mostrador sabe
hacerlo.
\par \emdash Muy buenos d\'edas \emdash enton\'e9 cordialmente\emdash .
\'bfSabe usted si la casa de los Aldaya lleva mucho tiempo cerrada
\par Me observ\'f3 como si le hubiese interrogado acerca de la cuadratura
del c\'edrculo. El hombrecillo se llev\'f3 a la bar\-billa unos dedos que
amarilleaban y permit\'edan suponer una debilidad por los Celtas sin
filtro. Lament\'e9
no llevar encima una cajetilla de tabaco para congraciarme con \'e9l.
Hurgu\'e9 en los bolsillos de la chaqueta, a ver qu\'e9 ofrenda se
propiciaba.
\par \emdash Lo menos veinte o veinticinco a\'f1os, y que siga as\'ed
\emdash dijo el portero en aquel tono aplastado y d\'f3cil de la gente
condenada a servir a fuerza de palos.
\par \emdash \'bfHace mucho que est\'e1 usted aqu\'ed?
\par El hombrecillo asinti\'f3.
\par \emdash Servidor lleva empleado aqu\'ed con los se\'f1ores Mira\-
vell endende el 20.
\par \emdash No tendr\'e1 usted idea de qu\'e9 se hizo de la familia
Aldaya, \'bfverdad?
\par \emdash Bueno, ya sabr\'e1 usted que perdieron mucho cuan\-do la
Rep\'fablica \emdash dijo\emdash . El que siembra ciza\'f1a... Yo lo poco
que s\'e9 es lo que he o\'eddo en la casa de los se\'f1
ores Miravell, que antes eran amigos de la familia. Creo que el hijo
mayor, Jorge, march\'f3 al extranjero, a la Argentina. Se ve que
ten\'edan f\'e1bricas all\'ed. Gente de mucho dinero. \'c9sos siempre
caen de pie. \'bfNo tendr\'e1
usted un pitillo, por casualidad?
\par \emdash Lo siento, pero puedo ofrecerle un caramelo Su\-gus, que
est\'e1 demostrado que lleva la misma nicotina que un Montecristo y
adem\'e1s una barbaridad de vita\-minas.
\par El portero frunci\'f3 el ce\'f1o con cierta incredulidad, pero
asinti\'f3. Le brind\'e9 el Sugus de lim\'f3n que me hab\'eda dado
Ferm\'edn una eternidad atr\'e1s y que hab\'eda descubierto dentro del
doblez del forro de mi bolsillo. Confi\'e9
en que no estuviese rancio.
\par \emdash Est\'e1 bueno \emdash dictamin\'f3 el portero, rechupeteando
el caramelo gomoso.
\par \emdash Masca usted el orgullo de la industria confitera na\-cional.
El General\'edsimo se los traga como peladillas. Y d\'ed\-game,
\'bfoy\'f3 usted mencionar alguna vez a la hija de los Al\-daya,
Pen\'e9lope?
\par El portero se apoy\'f3 en el escob\'f3n a modo de pensa\-dor erecto
de Rodin.
\par \emdash Me parece que se equivoca usted. Los Aldaya no te\-n\'edan
hijas. Eran todos muchachos.
\par \emdash \'bfEst\'e1 usted seguro? Me consta que all\'e1 por el
a\'f1o 19 viv\'eda en esta casa una joven llamada Pen\'e9lope Aldaya, que
probablemente era hermana del tal Jorge.
\par \emdash Podr\'eda ser, pero ya le digo que yo s\'f3lo estoy aqu\'ed
desde el 20.
\par Y la finca, \'bfa qui\'e9n pertenece ahora?
\par \emdash Que yo sepa est\'e1 todav\'eda en venta, aunque
habla}{\expnd0\expndtw4\lang1034 ban de tirarla y construir un colegio.
Es lo mejor que pue\-den hacer, la verdad. Derribarla hasta los
cimientos.
\par \emdash \'bfPor qu\'e9 lo dice?
\par El portero me mir\'f3 con aire confidencial. Al sonre\'edr
observ\'e9 que le faltaban al menos cuatro dientes de la en\-c\'eda
superior.
\par \emdash Esa gente, los Aldaya. No eran trigo limpio, ya sabe usted
lo que se dice.
\par \emdash Me temo que no. \'bfQu\'e9 se dice?
\par \emdash Ya sabe. Los ruidos y dem\'e1s. Yo, creer en esos cuen\-tos,
no creo, \'bfeh?, pero dicen que m\'e1s de uno ha man\-chado los calzones
ah\'ed dentro.
\par \emdash No me diga que la casa est\'e1 encantada \emdash dije,
reprimiendo una sonrisa.
\par \emdash Usted r\'edase. Pero cuando el r\'edo suena...
\par \emdash \'bfUsted ha visto algo?
\par \emdash Lo que se dice ver, no. Pero he o\'eddo.
\par \emdash \'bfHa o\'eddo? \'bfEl qu\'e9?
\par \emdash Mire, una vez har\'e1 a\'f1os, una noche que acompa\'f1\'e9
al Joanet, porque \'e9l insisti\'f3, \'bfeh?, que a m\'ed no se me ha\-
b\'eda perdido nada all\'ed... lo que dec\'eda, que o\'ed algo raro
all\'ed. Como un llanto.
\par El portero me ofreci\'f3 una imitaci\'f3n de viva voz del sonido al
que se refer\'eda. A m\'ed me pareci\'f3 la letan\'eda de un t\'edsico
tarareando coplillas.
\par \emdash Ser\'eda el viento \emdash suger\'ed.
\par \emdash Ser\'eda, pero a m\'ed se me pusieron por corbata, la
verdad. Oiga, no tendr\'e1 otro caramelillo de \'e9sos, \'bfver\-dad?
\par \emdash Ac\'e9pteme una pastilla Juanola. Tonifican much\'edsimo
despu\'e9s del dulce.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw4\lang1034
Venga \emdash convino el portero, plantando la mano para recolectar.
\par Le entregu\'e9 el estuche entero. El tir\'f3n del regaliz pa\-
reci\'f3 lubricarle un poco m\'e1s la lengua sobre aquella ro\-cambolesca
historia del palacete Aldaya.
\par \emdash Entre usted y yo, aqu\'ed hay tela. Una vez el Joanet, el
hijo del se\'f1or Miravell, que es un tiarr\'f3n que hace dos de usted
(con decirle que est\'e1 en la selecci\'f3n nacional de balonmano)...
pues unos amigotes del se\'f1orito Joanet hab
\'edan o\'eddo hablar de la casa de los Aldaya, y lo liaron. Y \'e9l me
li\'f3 a m\'ed para que lo acompa\'f1ase, porque mucho ha\-blar pero no
se atrev\'eda a entrar solo. Ya sabe usted, ni\'f1a\-tos. Se empe\'f1\'f3
en meterse de noche all\'ed
dentro para ha\-cerse el gallito con la novia y por poco se mea encima.
Porque ahora la ve usted de d\'eda, pero de noche esta casa es otra,
\'bfeh? El caso es que el Joanet dice que subi\'f3 al se\-gundo piso
(porque yo me negu\'e9
a entrar, oiga, que eso no debe de ser legal, aunque por entonces la
casa ya lle\-vaba lo menos diez a\'f1os abandonada) y dijo que all\'ed
ha\-b\'eda algo. Le pareci\'f3 o\'edr como una voz en una habitaci\'f3
n pero, cuando quiso entrar, la puerta se le cerr\'f3 en las na\-rices.
\'bfQu\'e9 le parece?
\par \emdash Me parece una corriente de aire \emdash dije.
\par \emdash O de otra cosa \emdash apunt\'f3 el portero, bajando la
voz\emdash . El otro d\'eda ven\'eda en la radio: el universo est\'e1
lleno de misterios. F\'edjese usted que parece que han encontrado la
verdadera s\'e1
bana santa en pleno centro de Sardanyola. La hab\'edan cosido en la
pantalla de un cine, para ocultarla de los musulmanes, que la quieren
usar para decir que Je\-sucristo era negro. \'bfQu\'e9 le parece?
\par \emdash No tengo palabras.
\par \emdash Lo que yo le diga. Mucho misterio. Esa finca la ten\-
dr\'edan que tirar abajo y echar cal en el terreno.
\par Agradec\'ed al se\'f1or Remigio la informaci\'f3n y me dispu\-se a
descender la avenida de vuelta hasta San Gervasio. Alc\'e9 la vista y vi
que la monta\'f1a del Tibidabo amanec\'eda entre nubes de gasa. Me
apeteci\'f3
de repente acercarme hasta el funicular y escalar la ladera hasta el
antiguo par\-que de atracciones en su cima para perderme entre sus
carruseles y sus salones de aut\'f3matas, pero hab\'eda pro\-metido estar
a tiempo en la librer\'ed
a. De vuelta hacia la es\-taci\'f3n del metro imagin\'e9 a Juli\'e1n
Carax bajando por aquella misma acera y contemplando aquellas mismas fa\-
chadas solemnes que apenas hab\'edan cambiado desde entonces, con sus
escalinatas y jardines de estatuas, quiz
\'e1 es\-perando aquel tranv\'eda azul que trepaba de puntillas al cielo.
Al llegar al pie de la avenida saqu\'e9 la fotograf\'eda de Pen\'e9lope
Aldaya sonriendo en el patio del palacete familiar. Sus ojos promet\'edan
el alma limpia y un futuro por es\-
cribir. \'abTe quiere, Pen\'e9lope.\'bb
\par Imagin\'e9 a un Juli\'e1n Carax con mis a\'f1os sosteniendo aquella
imagen en sus manos, tal vez a la sombra del mis\-mo \'e1rbol que me
amparaba a m\'ed. Casi me parec\'eda verle, sonriente, seguro de s\'ed,
contemplando un futuro tan am\-
plio y luminoso como aquella avenida, y por un instante pens\'e9 que no
hab\'eda m\'e1s fantasmas all\'ed que los de la au\-sencia y la
p\'e9rdida, y que aquella luz que me sonre\'eda era de prestado y s\'f3lo
val\'eda mientras la pud
iera sostener con la mirada, segundo a segundo.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {18
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw4\lang1034
\par Al regresar a casa comprob\'e9 que Ferm\'edn o mi padre ya hab\'edan
abierto la librer\'eda. Sub\'ed un momento al piso a to\-mar un bocado
r\'e1pido. Mi padre me hab\'eda dejado tosta\-das, mermelada y un termo
de caf\'e9 en la mesa del come\-
dor. Di buena cuenta de todo ello y volv\'ed a bajaren menos de diez
minutos. Entr\'e9 a la librer\'eda por la puerta de la trastienda que
daba al vest\'edbulo del edificio y acud\'ed a mi armario. Me coloqu\'e9
el delantal que sol\'ed
a utilizar en la tienda para proteger la ropa del polvo de cajas y
estan\-ter\'edas. En el fondo del armario conservaba una caja de la\-
t\'f3n que todav\'eda ol\'eda a galletas de Camprod\'f3n. All\'ed guar\-
daba todo tipo de cachivaches in\'fa
tiles pero de los que era incapaz de desprenderme: relojes y
estilogr\'e1ficas da\-\'f1adas sin remedio, monedas viejas, piezas de
miniaturas, canicas, casquillos de bala que hab\'ed
a encontrado en el parque del Laberinto y postales viejas de la Barcelona
de principio de siglo. Entre toda aquella morralla flotaba to\-dav\'eda
el viejo pedazo de diario donde Isaac Monfort me hab\'eda anotado la
direcci\'f3
n de su hija Nuria la noche que acud\'ed al Cementerio de los Libros
Olvidados para ocultar }{\i\expnd3\expndtw16\lang1034 La Sombra del
Viento. Lo }{\expnd0\expndtw4\lang1034 estudi\'e9 en la luz polvorienta
que ca\'eda entre estantes y cajas apiladas. C
err\'e9 el estuche y me guard\'e9 la direcci\'f3n en el monedero. Me
asom\'e9 a la tien\-da, decidido a ocupar la mente y las manos en la
tarea m\'e1s banal que se pusiera a tiro.
\par \emdash Buenos d\'edas \emdash anunci\'e9.
\par Ferm\'edn clasificaba el contenido de varias cajas que ha\-b\'edan
llegado de un coleccionista de Salamanca, y mi pa\-dre se las ve\'eda y
deseaba para descifrar un cat\'e1logo ale\-m\'e1n de ap\'f3crifa luterana
que ten\'eda nombre de embutido fino.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Y
mejores tardes nos d\'e9 Dios \emdash canturre\'f3 Ferm\'edn, en velada
alusi\'f3n a mi cita con Bea.
\par No le di el gusto de responder y decid\'ed encarar el ine\-vitable
trago mensual de poner al d\'eda el libro de la conta\-bilidad, cotejando
recibos y hojas de env\'edo, cobros y pa\-gos. Meciendo nuestra serena
monoton\'ed
a estaba la radio, que nos obsequiaba con una selecci\'f3n de momentos
es\-cogidos en la carrera de Antonio Mach\'edn, muy en boga por entonces.
A mi padre los ritmos caribe\'f1os le soliviantaban un tanto los nervios,
pero los toleraba porque a Ferm\'ed
n le recordaban su a\'f1orada Cuba. La escena se re\-pet\'eda cada
semana: mi padre hac\'eda o\'eddos sordos y Ferm\'edn se abandonaba en un
vago meneo al comp\'e1s del danz\'f3n, puntuando los interludios
comerciales con an\'e9
cdotas de sus aventuras en La Habana. La puerta de la tienda esta\-ba
abierta y entraba un aroma dulce a pan fresco y a caf\'e9 que invitaba al
optimismo. Al cabo de un rato nuestra ve\-cina la Merceditas, que ven\'ed
a de hacer la compra en el mercado de la Boquer\'eda, se detuvo frente al
escaparate y se asom\'f3 por la puerta.
\par \emdash Buenas, se\'f1or Sempere \emdash canturre\'f3.
\par Mi padre le sonri\'f3, sonrojado. A m\'ed me daba la im\-presi\'f3n
de que la Merceditas le gustaba, pero su \'e9tica de cartujo le
confer\'eda un silencio inquebrantable. Ferm\'edn la miraba de
refil\'f3n, relami\'e9ndose y siguiendo el suave ba\-
lanceo de caderas como si acabase de entrar un brazo de gitano por la
puerta. La Merceditas abri\'f3 una bolsa de papel y nos obsequi\'f3 con
tres manzanas relucientes. Me imagin\'e9 que a\'fan le rondaba por la
cabeza la idea de tra\-bajar en la librer
\'eda y hac\'eda pocos esfuerzos por ocultar la antipat\'eda que
parec\'eda inspirarle Ferm\'edn, el usurpador.
\par \emdash Mire qu\'e9 majas. Las he visto y me he dicho: \'e9stas para
los se\'f1ores Sempere \emdash dijo con tono melindroso\emdash . Que yo
s\'e9 que a ustedes los intelectuales las manzanas les gustan, como a
Isaac Peral.
\par \emdash Isaac Newton, capullito de alel\'ed \emdash precis\'f3
Ferm\'edn, sol\'edcito.
\par La Merceditas le lanz\'f3 una mirada asesina.
\par \emdash Ya sali\'f3 el listo. Pues agradezca usted que le haya
tra\'eddo tambi\'e9n una, y no un pomelo que es lo que merece.
\par \emdash Pero mujer, si para m\'ed la ofrenda que sus manos n\'fa\-
biles me hacen de \'e9sta, la fruta del pecado original, me inflama el
ca\'f1amazo de...
\par \emdash Ferm\'edn, haga el favor \emdash ataj\'f3 mi padre.
\par \emdash S\'ed, se\'f1or Sempere \emdash acat\'f3 Ferm\'edn,
bati\'e9ndose en retirada.
\par Estaba la Merceditas por replicarle a Ferm\'edn cuando se oy\'f3 un
revuelo. Nos quedamos todos en silencio, ex\-pectantes. En la calle se
alzaban voces de indignaci\'f3n y se desataba una algarab\'eda de
murmuraciones. La Merceditas se asom\'f3
a la puerta, prudente. Vimos pasar a varios co\-merciantes azorados,
negando por lo bajo. No tard\'f3 en presentarse don Anacleto Olmo, vecino
del inmueble y portavoz oficioso de la Real Academia de la Lengua en la
escalera. Don Anacleto era catedr\'e1
tico de instituto, licenciado en Literatura Espa\'f1ola y Humanidades
varias, y compart\'eda el segundo primera con siete gatos. En los ratos
que le dejaba libre la docencia hac\'eda doblete como re\-
dactor de textos de contraportada para una editorial de prestigio y, se
rumoreaba, compon\'eda versos de er\'f3tica cre\-puscular que publicaba
con el seud\'f3nimo de Rodolfo Pit\'f3n. En el trato personal, don
Anacleto era un hom
bre afable y encantador, pero en p\'fablico se sent\'eda obligado a
representar el papel de rapsoda y afectaba unos hablares que le hab\'edan
granjeado el mote del }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 Gongorino.
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Aquella ma\'f1ana, el catedr\'e1tico
tra\'eda el rostro p\'farpura de congoja, y casi le temblaban las manos
con que soste\-n\'eda su bast\'f3n de marfil. Le miramos los cuatro,
intriga\-dos.
\par \emdash Don Anacleto, \'bfqu\'e9 pasa? \emdash pregunt\'f3 mi padre.
\par \emdash Franco ha muerto, diga que s\'ed \emdash apunt\'f3
Ferm\'edn, es\-peranzado.
\par \emdash Usted calle, animal \emdash cort\'f3 la Merceditas\emdash .
Y deje hablar al se\'f1or doctor.
\par Don Anacleto respir\'f3 hondo y, recuperando la com\-postura,
pas\'f3 a referirnos el parte de acontecimientos con su acostumbrada
majestuosidad.
\par }{\lang1034 \emdash Amigos, la vida es drama y hasta las m\'e1s
nobles cria\-turas del se\'f1or saborean las hieles de un destino
caprichoso y contumaz. Ayer noche, de madrugada, mientras la ciudad
dorm\'eda ese sue\'f1
o tan merecido de los pueblos laboriosos, don Federico Flavi\'e1 i
Pujades, estimado vecino que tanto ha contribuido al enriquecimiento y
solaz de esta barriada en su rol de relojero desde su establecimien\-to
sito a apenas tres puertas de \'e9
sta, su librer\'eda, fue arres\-tado por las fuerzas de seguridad del
Estado.
\par Sent\'ed que se me ca\'eda el alma a los pies.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash }{\lang1034 Jes\'fas, Mar\'eda
y Jos\'e9 \emdash apostill\'f3 la Merceditas.
\par Ferm\'edn resopl\'f3, decepcionado, pues a la vista estaba que el
jefe del Estado segu\'eda gozando de excelente salud. Don Anacleto, ya
embalado, tom\'f3 aire y se dispuso a con\-tinuar.
\par \emdash Al parecer, y a fe del relato fidedigno que me ha sido
revelado por fuentes pr\'f3ximas a la Direcci\'f3n Gene\-ral de
Polic\'eda, dos condecorados miembros de la Brigada Criminal de
inc\'f3gnito sorprendieron a don Federico poco despu\'e9
s de la medianoche de ayer ataviado de mu\-jerona y entonando cupl\'e9s
de letra picante en el escena\-rio de un tugurio de la calle Escudillers,
para mayor be\-neficio de una audiencia presuntamente compuesta por d\'e9
biles mentales. Estas criaturas olvidadas de Dios, fuga\-das la misma
tarde del Cotolengo de una orden religiosa, se hab\'edan bajado los
pantalones en el frenes\'ed del espect\'e1\-culo y bailoteaban sin decoro
dando palmas con la um\-br\'ed
a enhiesta y los morros babeantes.
\par La Merceditas se santigu\'f3, sobrecogida por el giro es\-cabroso
que adquir\'edan los hechos.
\par \emdash Las madres de algunos de los pobres inocentes, al ser
informadas del latrocinio, presentaron denuncia por esc\'e1ndalo
p\'fablico y atentado a la moral m\'e1s elemental. La prensa, ave rapaz
que medra en la desgracia y el opro\-bio, no tard\'f3
en olfatear la carnaza y, merced a las argu\-cias de un sopl\'f3n
profesional, no hab\'edan transcurrido ni cuarenta minutos de la llegada
a la escena de los dos miembros de la autoridad cuando se person\'f3 en
dicho lo\-
cal Kiko Calabuig, reportero as del diario El
}{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 Caso, }{\lang1034 m\'e1s co\-nocido como
}{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 remenamerda, }{\lang1034 dispuesto a cubrir
los hechos que fueren menester para que su cr\'f3
nica negra llegase antes del cierre de la edici\'f3n de hoy donde, huelga
decir\-lo, se califica con chabacaner\'eda amarillista el espect\'e1culo
habido en el local de dantesco y escalofriante en titulares del cuerpo
veinticuatro.
\par \emdash No puede ser \emdash dijo mi padre\emdash . Pero si
parec\'eda que don Federico hubiera escarmentado.
\par Don Anacleto asinti\'f3 con vehemencia pastoral.
\par \emdash S\'ed, pero no olvide el refranero, acervo y voz de nues\-
tro sentir m\'e1s hondo, que ya lo dice: la cabra tira al mon\-te, y no
s\'f3lo de bromuro vive el hombre. Y a\'fan no han o\'eddo ustedes lo
peor.
\par \emdash Pues vaya al grano vuesa merced, que con tanto vuelo
metaf\'f3rico me est\'e1n entrando ganas de hacer de vientre \emdash
protest\'f3 Ferm\'edn.
\par \emdash Ni caso le haga a este animal, que a m\'ed me gusta mucho
como habla usted. Es como el No-Do, se\'f1or doc\-tor \emdash
intercedi\'f3 la Merceditas.
\par \emdash Gracias, hija, pero s\'f3lo soy un humilde maestro. Pero a
lo que iba, sin m\'e1s dilaci\'f3n, pre\'e1mbulo ni floritu\-ra. Al
parecer el relojero, que en el momento de su detenci\'f3n respond\'eda al
nombre art\'edstico de }{
\i\expnd1\expndtw8\lang1034 La Ni\'f1a er Peine, }{\lang1034 ha sido ya
detenido en similares circunstancias en un par de ocasiones que constan
en los anales del acontecer cri\-minal de los guardianes de la paz.
\par \emdash Diga mejor maleantes con placa \emdash espet\'f3 Ferm\'edn.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash }{\lang1034 Yo en pol\'edtica
no me meto. Pero puedo decirles que, tras derribar al pobre don Federico
del escenario de un }{\expnd0\expndtw4\lang1034 botellazo certero, los
dos agentes lo condujeron a la comisar\'ed
a de V\'eda Layetana. En otra coyuntura, con suerte, la cosa no hubiera
pasado de chanza y a lo mejor un par de bofetadas y/o vejaciones menores,
pero se dio la funesta circunstancia de que ayer noche andaba por all\'ed
el c\'e9le\-bre inspector Fumero.
\par \emdash Fumero \emdash murmur\'f3 Ferm\'edn, a quien la sola men\-
ci\'f3n de su n\'e9mesis le hab\'eda causado un estremecimiento.
\par \emdash El mismo. Como iba diciendo, el adalid de la segu\-ridad
ciudadana, reci\'e9
n llegado de una redada triunfal en un local ilegal de apuestas y
carreras de cucarachas ubicado en la calle Vigatans, fue informado de lo
sucedido por la angustiada madre de uno de los muchachos ex\-traviados d
el Cotolengo y presunto cerebro de la fuga, Pepet Guardiola. En \'e9stas,
el notable inspector, que al pa\-recer llevaba entre pecho y espalda doce
carajillos de So\-berano desde la cena, decidi\'f3
tomar cartas en el asunto. Tras estudiar los agravantes en danza, Fumero
se aprest\'f3 a indicar al sargento de guardia que tanta (y cito el
}{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 voc\'e1\-bolo}{\expnd0\expndtw4\lang1034
en su m\'e1
s descarnada literalidad pese a la presencia de una se\'f1orita por su
valor documental en relaci\'f3n al suceso) }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034
mariconada }{\expnd0\expndtw4\lang1034 merec\'eda escarmiento y que lo
que el relojero, os\'e9
ase don Federico Flavi\'e1 i Pujades, soltero y natural de la localidad
de Ripollet, necesitaba, por su bien y por el del alma inmortal de los
mozalbetes mongo\-
loides cuya presencia era accesoria pero determinante en el caso, era
pasar la noche en el calabozo com\'fan del sub\-s\'f3tano de la
instituci\'f3n en compa\'f1\'eda de una selecta pl\'e9\-yade de hampones.
Como probablemente sabr\'e1
n ustedes, dicha celda es c\'e9lebre entre el elemento criminal por lo
inh\'f3spito y precario de sus condiciones sanitarias, y la in\-
clusi\'f3n de un ciudadano de a pie en la lista de hu\'e9spedes es
siempre motivo de jolgorio por lo que comporta de l
\'fa\-dico y de novedoso a la monoton\'eda de la vida carcelaria.
\par Llegado este punto, don Anacleto procedi\'f3 a esbozar una breve
pero entra\'f1able semblanza del car\'e1cter de la v\'edctima, por otro
lado de todos bien conocido.
\par \emdash No es necesario que les recuerde que el se\'f1or Fla\-vi\'e1
i Pujades ha sido bendecido con una personalidad fr\'e1\-gil y delicada,
todo bondad y piedad cristiana. Si una mosca se cuela en la relojer\'eda,
en vez de matarla a alpar\-
gatazos, abre la puerta y las ventanas de par en par para que al insecto,
criatura del Se\'f1or, se lo lleve la corrien\-te de vuelta al
ecosistema. Don Federico, me consta, es hombre de fe, muy devoto e
involucrado en las activida\-des de
la parroquia que, sin embargo, ha tenido que con\-vivir toda su vida con
un tenebroso tir\'f3n al vicio que, en contad\'ed
simas ocasiones, le ha vencido y le ha echado a la calle disfrazado de
mujeruca. Su habilidad para reparar desde relojes de pulsera hasta m\'e1
quinas de coser siempre fue proverbial y su persona apreciada por todos
quienes le conocimos y frecuentamos su establecimiento, incluso por
aquellos que no ve\'edan con buenos ojos sus ocasiona\-les escapadas
nocturnas luciendo peluc\'f3
n, peineta y vestido de lunares.
\par \emdash Habla usted como si estuviese muerto \emdash aventur\'f3
Ferm\'edn, consternado.
\par \emdash Muerto no, gracias a Dios.
\par Suspir\'e9, aliviado. Don Federico viv\'eda con una madre
octogenaria y totalmente sorda, conocida en el barrio
como}{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 La Pepita y
}{\expnd0\expndtw4\lang1034 famosa por soltar unas ventosidades hu\-
racanadas que hac\'ed
an caer aturdidos a los gorriones de su balc\'f3n.
\par \emdash Poco imaginaba La Pepita que su Federico \emdash continu\'f3
el catedr\'e1tico\emdash hab\'eda pasado la noche en una celda
cochambrosa, donde un orfe\'f3n de macarras y navajeros se lo hab\'edan
rifado cual put\'f3
n verbenero para luego, una vez ah\'edtos de sus carnes magras,
propinarle una paliza de }{\expnd1\expndtw6\lang1034 \'f3rdago mientras
el resto de presos coreaban con alegr\'eda la \'abmaric\'f3n, maric\'f3n,
come mierda maripos\'f3n\'bb.
\par Se apoder\'f3 de nosotros un silencio sepulcral. La Mer\-ceditas
sollozaba. Ferm\'edn quiso consolarla con un tierno abrazo, pero ella se
zaf\'f3 de un brinco.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {19
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd1\expndtw6\lang1034
\par \emdash Imag\'ednense ustedes el cuadro \emdash concluy\'f3 don
Anacle\-to para consternaci\'f3n de todos.
\par El ep\'edlogo de la historia no mejoraba las expectativas. A media
ma\'f1ana, un furg\'f3n gris de jefatura hab\'eda dejado tirado a don
Federico a la puerta de su casa. Estaba ensangrentado, con el vestido
hecho jirones, sin su peluca ni su colecci\'f3
n de bisuter\'eda fina. Se le hab\'edan orinado en\-cima y ten\'eda la
cara llena de magulladuras y cortes. El hijo de la panadera lo hab\'eda
encontrado acurrucado en el por\-tal, llorando como un ni\'f1o y
temblando.
\par \emdash No hay derecho, no se\'f1or \emdash coment\'f3 la
Merceditas, apostada a la puerta de la librer\'eda, lejos de las manos de
Ferm\'edn\emdash . Pobrecillo, si es m\'e1s bueno que el pan y no se mete
con nadie. \'bf
Que le gusta vestirse de faraona y sa\-lir a cantar? \'bfY qu\'e9 m\'e1s
dar\'e1? Es que la gente es mala.
\par Don Anacleto callaba, con la mirada baja.
\par \emdash Mala no \emdash objet\'f3 Ferm\'edn\emdash . Imb\'e9cil, que
no es lo mismo. El mal presupone una determinaci\'f3n moral, in\-
tenci\'f3n y cierto pensamiento. El imb\'e9cil o cafre no se para a
pensar ni a razonar. Act\'faa por instinto, como bes
\-tia de establo, convencido de que hace el bien, de que siempre tiene la
raz\'f3n y orgulloso de ir jodiendo, con perd\'f3n, a todo aquel que se
le antoja diferente a \'e9l mis\-mo bien sea por color, por creencia, por
idioma, por na\-
cionalidad o, como en el caso de don Federico, por sus h\'e1bitos de
ocio. Lo que hace falta en el mundo es m\'e1s gente mala de verdad y
menos cazurros lim\'edtrofes.
\par \emdash No diga usted majader\'edas. Lo que hace falta es un poco
m\'e1s de caridad cristiana y menos mala leche, que parece esto un
pa\'eds de alima\'f1as \emdash ataj\'f3 la Merceditas\emdash : Mucho ir a
misa, pero a nuestro se\'f1or Jesucristo aqu\'ed
no le hace caso ni Dios.
\par \emdash Merceditas, no mentemos a la industria del misal, que es
parte del problema y no de la soluci\'f3n.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash }{\expnd1\expndtw6\lang1034 Ya
sali\'f3 el ateo. \'bfY a usted el clero qu\'e9 le ha hecho, si se puede
saber?
\par \emdash Venga, no se me peleen \emdash interrumpi\'f3 mi
padre\emdash . Y usted, Ferm\'edn, ac\'e9rquese a lo de don Federico y
vea si necesita algo, que se le vaya a la farmacia o que se le com\-pre
algo en el mercado.
\par \emdash S\'ed, se\'f1or Sempere. Ahora mismo. A m\'ed es que me
pierde la oratoria, ya lo sabe usted.
\par \emdash A usted lo que le pierde es la poca verg\'fcenza y la irre\-
verencia que lleva encima \emdash apostill\'f3 la Merceditas\emdash .
Blas\-femo. Que le tendr\'edan que limpiar el alma con salfum\'e1n.
\par \emdash Mire, Merceditas, porque me consta que es usted una buena
persona (si bien algo estrecha de entendimien\-to y m\'e1s ignorante que
un zote), y en estos momentos se presenta una
emergencia social en el barrio frente a la que hay que priorizar
esfuerzos, porque si no, le iba yo a aclarar a usted un par de puntos
cardinales.
\par \emdash \'a1Ferm\'edn! \emdash clam\'f3 mi padre.
\par Ferm\'edn cerr\'f3 el pico y sali\'f3 a escape por la puerta. La
Merceditas le observaba con reprobaci\'f3n.
\par \emdash Ese hombre les va a meter a ustedes en un l\'edo el d\'eda
menos pensado, f\'edjese lo que le digo. Lo menos es anar\-quista,
mas\'f3n, y hasta jud\'edo. Con ese nariz\'f3n...
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 \emdash No le haga usted ni caso. Todo
lo hace por llevar }{\lang1034 la }{\expnd0\expndtw4\lang1034 contraria.
\par La Merceditas neg\'f3 en silencio, airada.
\par \emdash Bueno, les dejo ya que una est\'e1 pluriempleada y le falta
el tiempo. Buenos d\'edas.
\par Asentimos con reverencia y la vimos partir, erguida y castigando la
calle a taconazos. Mi padre respir\'f3 hondo, como si quisiera inspirar
la paz recuperada. Don Anacleto languidec\'eda a su lado, el rostro
blanqueado por mo\-
mentos y la mirada triste y oto\'f1al.
\par \emdash Este pa\'eds se ha ido a la mierda \emdash dijo, ya
descabal\-gando de su oratoria colosal.
\par \emdash Venga, an\'edmese, don Anacleto. Que las cosas siem\-pre han
sido as\'ed, aqu\'ed y en todas partes, lo que pasa es que hay momentos
bajos y cuando tocan de cerca todo se ve m\'e1s negro. Ya ver\'e1 c\'f3mo
don Federico remonta, que es m\'e1
s fuerte de lo que todos nos pensamos.
\par El catedr\'e1tico negaba por lo bajo.
\par \emdash Es como la marea, \'bfsabe usted? \emdash dec\'eda,
ido\emdash . La barbarie, digo. Se va y uno se cree a salvo, pero siempre
vuelve, siempre vuelve... y nos ahoga. Yo lo veo todos los d\'edas en el
instituto. V\'e1
lgame Dios. Simios es lo que llegan a las aulas. Darwin era un
so\'f1ador, se lo aseguro. Ni evo\-luci\'f3n ni ni\'f1o muerto. Por cada
uno que razona, tengo que lidiar con nueve orangutanes.
\par Nos limitamos a asentir d\'f3cilmente. El catedr\'e1tico se
despidi\'f3 con un saludo y parti\'f3, cabizbajo y cinco a\'f1os m\'e1s
viejo de lo que hab\'eda entrado. Mi padre suspir\'f3. Nos miramos
brevemente, sin saber qu\'e9 decir. Me pregunt\'e9
si deb\'eda referirle la visita del inspector Fumero a la librer\'eda.
Esto ha sido un aviso, pensaba yo. Una advertencia. Fu\-mero hab\'eda
utilizado al pobre don Federico de telegra\-}{\lang1034 ma
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 \emdash \'bfTe ocurre algo, Daniel?
Est\'e1s blanco.
\par Suspir\'e9 y baj\'e9 la mirada. Proced\'ed a relatarle el inci\-
dente con el inspector Fumero la otra noche, sus insinua\-ciones. Mi
padre me escuchaba, trag\'e1ndose la furia que le ard\'eda en los ojos.
\par \emdash Es culpa m\'eda \emdash dije\emdash . Ten\'eda que haber
dicho algo...
\par Mi padre neg\'f3.
\par \emdash No. No pod\'edas saberlo, Daniel.
\par \emdash Pero...
\par \emdash Ni se te ocurra pensarlo. Y a Ferm\'edn, ni una pala\-bra.
Sabe Dios c\'f3mo iba a reaccionar si supiera que ese individuo anda de
nuevo tras \'e9l.
\par \emdash Pero algo tendremos que hacer.
\par \emdash Procurar que no se meta en l\'edos.
\par Asent\'ed, no muy convencido, y me dispuse a continuar la labor que
hab\'eda empezado Ferm\'edn mientras mi padre volv\'eda a su
correspondencia. Entre p\'e1rrafo y p\'e1rrafo, mi padre me lanzaba
alguna mirada de soslayo. Fing\'ed no dar\-me cuenta.
\par \emdash \'bfQu\'e9 tal con el profesor Vel\'e1zquez ayer, todo bien?
\emdash pregunt\'f3, deseoso de cambiar de tema.
\par \emdash S\'ed. Qued\'f3 contento con los libros. Me coment\'f3 que
anda buscando un libro de cartas de Franco.
\par \emdash El Matamoros. Pero si es ap\'f3crifo... un chiste de Ma\-
dariaga. \'bfQu\'e9 le dijiste?
\par \emdash Que ya est\'e1bamos en ello y le dec\'edamos algo en dos
semanas m\'e1ximo.
\par \emdash Bien hecho. Pondremos a Ferm\'edn en el asunto y se lo
cobraremos a precio de oro.
\par Asent\'ed. Seguimos con la aparente rutina. Mi padre se\-gu\'eda
mir\'e1ndome. Ah\'ed viene, pens\'e9.
\par \emdash Ayer se pas\'f3 por aqu\'ed una chica muy simp\'e1tica.
\'bfDice Ferm\'edn que es la hermana de Tom\'e1s Aguilar?
\par \emdash S\'ed.
\par Mi padre asinti\'f3, ponderando la casualidad con gesto de mira-
t\'fa-por-d\'f3nde. Me concedi\'f3 un minuto de tregua antes de volver al
ataque, esta vez con aire de acordarse de repente de algo.
\par \emdash Oye, por cierto, Daniel: hoy vamos a tener un d\'eda muy
ligero y digo yo que a lo mejor te apetece tom\'e1rtelo para ti y tus
cosas. Adem\'e1s, \'faltimamente me parece que trabajas demasiado.
\par \emdash Estoy bien, gracias.
\par \emdash Mira que hasta estaba pensando en dejar aqu\'ed a Ferm\'edn
e irme al Liceo con Barcel\'f3. Esta tarde ponen
}{\i\expnd2\expndtw10\lang1034 Tannh\'e4user y
}{\expnd0\expndtw4\lang1034 me ha invitado, porque \'e9l tiene varias
buta\-cas de platea.
\par Mi padre hac\'eda como que le\'eda la correspondencia. Era un
p\'e9simo actor.
\par \emdash \'bfY a ti desde cu\'e1ndo te gusta Wagner?
\par Se encogi\'f3 de hombros.
\par \emdash A caballo regalado... Adem\'e1s con Barcel\'f3 da lo mis\-mo
la \'f3pera que pongan, porque \'e9l se pasa toda la repre\-sentaci\'f3n
comentando la jugada y criticando el vestuario y el tempo. Me pregunta
mucho por ti. A ver si vas a verle un d
\'eda a la tienda.
\par \emdash Un d\'eda de \'e9stos.
\par \emdash Entonces, si te parece hoy dejamos a Ferm\'edn al man\-do y
nosotros nos vamos a divertir un rato, que ya toca. Y si necesitas algo
de dinero...
\par \emdash Pap\'e1, Bea no es mi novia.
\par \emdash \'bfY qui\'e9n habla de novias? Lo dicho. T\'fa mismo. Si
necesitas, coge de la caja, pero deja una nota para que luego Ferm\'edn
no se asuste al cerrar el d\'eda.
\par Dicho esto, se hizo el despistado y se perdi\'f3 por la trastienda
con una sonrisa de oreja a oreja. Consult\'e9 el reloj. Eran las diez y
media de la ma\'f1ana. Hab\'eda quedado con Bea en el claustro de la
universidad a las cinco y, muy a mi pesar, el d
\'eda amenazaba con hac\'e9rseme m\'e1s largo que
}{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 Los}{\expnd0\expndtw4\lang1034
}{\i\expnd2\expndtw10\lang1034 hermanos Karamazov.
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Al poco regres\'f3 Ferm\'edn del
domicilio del relojero y nos inform\'f3 de que un comando de vecinas
hab\'eda monta\-do una guardia permanente para atender al pobre don
Federico, al que el doctor le hab\'ed
a encontrado tres costillas rotas, contusiones m\'faltiples y un desgarro
rectal de li\-bro de texto.
\par \emdash \'bfHa hecho falta comprar algo? \emdash pregunt\'f3 mi pa\-
dre.
\par \emdash Medicinas y ung\'fcentos ya ten\'edan para abrir una bo\-
tica, por lo cual me he permitido llevarle unas flores, una botella de
colonia Nenuco y tres frascos de Fruco de me\-locot\'f3n, que es el
favorito de don Federico.
\par \emdash Ha hecho usted bien. Ya me dir\'e1 lo que le debo \emdash
dijo mi padre\emdash . Y a \'e9l, \'bfc\'f3mo lo ha visto?
\par \emdash Hecho una caquilla, para qu\'e9 mentir. S\'f3lo de verlo
encogido en la cama como un ovillo, gimiendo que se quer\'eda morir, me
entr\'f3 un ansia asesina, f\'edjese usted. Me plantaba ahora mismo
armado hasta el gaznate en la Bri\-
gada Criminal y me cepillaba a trabucazos a media doce\-na de capullos,
empezando por esa p\'fastula supurante de Fumero.
\par \emdash Ferm\'edn, tengamos la fiesta en paz. Le proh\'edbo ter\-
minantemente que haga nada.
\par \emdash Lo que usted mande, se\'f1or Sempere.
\par \emdash \'bfY La Pepita c\'f3mo lo lleva?
\par \emdash Con una presencia de \'e1nimo ejemplar. Las vecinas la
tienen dopada a base de lingotazos de brandy y cuando yo la vi hab\'eda
ca\'eddo inerme de un sopor en el sof\'e1, donde roncaba como un marraco
y expel\'eda unas llufas que per\-
foraban la tapicer\'eda.
\par \emdash Genio y figura. Ferm\'edn, le voy a pedir que se quede hoy
usted en la tienda, que yo me voy a pasar un rato a ver a don Federico.
Luego he quedado con Barcel\'f3. Y Da\-niel tiene cosas que hacer.
\par Alc\'e9 la vista justo a tiempo para sorprender a Fer\-m\'edn y a mi
padre intercambiando una mirada de complicidad.
\par \emdash Menudo par de casamenteras \emdash dije.
\par A\'fan se re\'edan de m\'ed cuando sal\'ed por la puerta echando
chispas.
\par
\par Barr\'eda las calles una brisa fr\'eda y cortante que sembra\-ba a
su paso pinceladas de vapor. Un sol acerado arranca\-ba ecos de cobre al
horizonte de tejados y campanarios del barrio g\'f3tico. Faltaban
todav\'ed
a varias horas para mi cita con Bea en el claustro de la universidad y
decid\'ed ten\-tar a la suerte y acercarme a visitar a Nuria Monfort, con
la confianza de que todav\'eda viviese en la direcci\'f3n que
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 su }{
\expnd0\expndtw4\lang1034 padre me hab\'eda proporcionado tiempo
atr\'e1s.
\par La plaza de San Felipe Neri es apenas un respirade\-ro en el
laberinto de calles que traman el barrio g\'f3tico, oculta tras las
antiguas murallas romanas. Los impactos del fuego de ametralladora en los
d\'edas de la guerra salpi\-
can los muros de la iglesia. Aquella ma\'f1ana, un grupo de chiquillos
jugaba a soldados, ajenos a la memoria de las piedras. Una mujer joven,
con el pelo marcado con me\-
chas de plata, los contemplaba sentada en un banco, con un libro
entreabierto en las manos y una sonrisa extravia\-da. Seg\'fan las
se\'f1as, Nuria Monfort viv\'eda en un edificio el, el umbral de la
plaza. La fecha de construcci\'f3n a\'fan }{
\expnd0\expndtw2\lang1034 po\-}{\expnd0\expndtw4\lang1034 d\'eda leerse
en el arco de piedra ennegrecida que coronaba el portal, 1801. El
zagu\'e1n apenas dejaba adivinar una es\-tancia de sombras por la que
ascend\'ed
a una escalera torcida en una suerte de espiral. Consult\'e9 la colmena
de buzo\-nes de lat\'f3n. Los nombres de los inquilinos pod\'edan leerse
en unos pedazos de cartulina amarillenta insertados en una ranura al uso.
\par
\par }\pard \qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
{\i\expnd3\expndtw16\lang1034 Miquel Moliner / Nuria Monfort
\par 3.\'b0\emdash 2.\'b0
\par }\pard \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
{\expnd0\expndtw4\lang1034
\par }\pard\plain \s15\qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {\expnd0\expndtw4 Ascend\'ed lentamente, casi temiendo
que la finca se de\-rribar\'eda si me atrev\'eda a pisar firme sobre
aquellos pelda\-\'f1os diminutos, de casa de mu\'f1
ecas. Hab\'eda dos puertas por rellano, sin n\'famero ni distinci\'f3n.
Al llegar al tercero escog\'ed una al azar y llam\'e9 con los nudillos.
La escalera ol\'eda a humedad, a piedra envejecida y a arcilla. Llam\'e9
va\-
rias veces sin obtener respuesta. Decid\'ed probar suerte con la otra
puerta. Golpe\'e9 la puerta con el pu\'f1o tres veces. Dentro del piso
pod\'eda o\'edrse una radio a todo volumen transmitiendo el programa
\'abMomentos para la Reflexi\'f3
n con el padre Mart\'edn Calzado\'bb.
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw4\lang1034 Me abri\'f3 la puerta una
se\'f1ora en bata acolchada a cuadros color turquesa, pantuflas y un
casco de rulos. En la penuria de luz me pareci\'f3
un buzo. A su espalda, la voz aterciopelada del padre Mart\'edn Calzado
dedicaba unas palabras al patrocinador del programa, los productos de
belleza Auror\'edn, predilectos de los peregrinos al santua\-rio de
Lourdes y verdadera mano de santo con p\'fa
stulas y verrugones irreverentes.
\par \emdash Buenas tardes. Estaba buscando a la se\'f1ora Mon\-fort.
\par \emdash \'bfLa Nurieta? Se equivoca usted de puerta, joven. Es
ah\'ed enfrente.
\par \emdash Usted perdone. Es que he llamado }{\lang1034
y}{\expnd0\expndtw4\lang1034 no hab\'eda na\-die.
\par \emdash \'bfNo ser\'e1 un acreedor, verdad? \emdash pregunt\'f3 de
pron\-to la vecina con el recelo de la experiencia.
\par \emdash No. Vengo de parte del padre de la se\'f1ora Monfort.
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 \emdash Ah, bueno. La Nurieta estar\'e1
abajo, leyendo. \'bfNo la ha visto usted al subir?
\par Al bajar a la calle comprob\'e9 que la mujer de los cabe\-llos
plateados y el libro en las manos segu\'eda varada en su banco de la
plaza. La observ\'e9 con detenimiento. Nuria Monfort era una mujer mas
que atractiva, de rasgos talla\-
dos para figurines de moda y retratos de estudio, a la que la juventud
parec\'eda estar escap\'e1ndosele por la mirada. Hab\'eda algo de su
padre en aquel talle fr\'e1gil y pincelado. Supuse que deb\'eda de rondar
los cuarenta y pocos, dej\'e1n\-
dome llevar, si acaso, por los trazos de cabello plateado y las l\'edneas
que ajaban un rostro que, a media luz, hubiera podido pasar por diez
a\'f1os m\'e1s joven.
\par \emdash \'bfSe\'f1ora Monfort?
\par Me mir\'f3 como quien despierta de un trance, sin verme.
\par \emdash Mi nombre es Daniel Sempere. Su padre me dio sus se\'f1as
hace alg\'fan tiempo y me dijo que tal vez usted po\-dr\'eda hablarme
sobre Juli\'e1n Carax.
\par Al o\'edr estas palabras, toda expresi\'f3n de ensue\'f1o se
desvaneci\'f3 de su rostro. Intu\'ed que mencionar a su padre no hab\'eda
sido un acierto.
\par \emdash \'bfQu\'e9 es lo que quiere? \emdash pregunt\'f3 con recelo.
\par Sent\'ed que si no ganaba su confianza en aquel mismo instante,
habr\'eda perdido mi oportunidad. La \'fanica carta que pod\'eda jugar
era decir la verdad.
\par \emdash Perm\'edtame que me explique. Hace ocho a\'f1os, casi por
casualidad, encontr\'e9 en el Cementerio de los Libros Olvidados una
novela de Juli\'e1n Carax que usted hab\'eda ocultado all\'ed para evitar
que un hombre que se hace lla\-mar La\'ed
n Coubert la destruyese \emdash dije.
\par Me mir\'f3 fijamente, inm\'f3vil, como si temiese que el mundo fuera
a desmoronarse a su alrededor.
\par \emdash S\'f3lo le voy a robar unos minutos \emdash
a\'f1ad\'ed\emdash . Se lo prometo.
\par Asinti\'f3, abatida.
\par \emdash \'bfC\'f3mo est\'e1 mi padre? \emdash pregunt\'f3,
rehuy\'e9ndome la mirada.
\par \emdash Bien. Algo mayor ya. La extra\'f1a a usted mucho.
\par Nuria Monfort dej\'f3 escapar un suspiro que no supe descifrar.
\par \emdash Mejor que suba usted a casa. No quiero hablar de esto en la
calle.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {20
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw2\lang1034
\par Nuria Monfort viv\'eda en sombras. Un angosto pasillo con\-duc\'eda
a un comedor que hac\'eda las veces de cocina, biblio\-teca y oficina. De
camino pude entrever un dormitorio modesto, sin ventanas. Aquello era
todo. El resto de la vi\-vienda se reduc
\'eda a un ba\'f1o min\'fasculo, sin ducha ni pica, por el que penetraban
toda suerte de aromas, desde los olores de las cocinas del bar de abajo
al aliento de ca\-\'f1er\'edas y tuber\'edas que rondaban el siglo.
Aquella casa yac\'ed
a en perpetua penumbra, un balc\'f3n de oscuridades soste\-nido entre
muros despintados. Ol\'eda a tabaco negro, a fr\'edo y a ausencias. Nuria
Monfort me observaba mientras yo fing\'eda no reparar en lo precario de
su vivienda.
\par \emdash Bajo a la calle a leer porque en el piso apenas hay luz
\emdash dijo\emdash . Mi marido ha prometido regalarme un flexo cuando
vuelva a casa.
\par \emdash \'bfEst\'e1 su esposo de viaje?
\par \emdash Miquel est\'e1 en la c\'e1rcel.
\par \emdash Disculpe, no sab\'eda...
\par \emdash No ten\'eda usted por qu\'e9 saberlo. No me averg\'fcenza
dec\'edrselo, porque mi marido no es un criminal. Esta \'faltima vez se
lo llevaron por imprimir octavillas para el sindicato de metalurgia. De
eso hace ya dos a\'f1os. Los vecinos }{
\expnd0\expndtw-2\lang1034 creen que est\'e1 en Am\'e9rica, de viaje. Mi
padre tampoco }{\lang1034 lo }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 sabe, y no me
gustar\'eda que se enterase.
\par \emdash Quede tranquila. Por m\'ed no habr\'e1 de saberlo \emdash
dije.
\par Se tram\'f3 un silencio tenso y supuse que ella ve\'eda en m\'ed a
un esp\'eda de Isaac.
\par \emdash Debe de ser duro sacar adelante la casa, sola \emdash dije
tontamente, por llenar aquel vac\'edo.
\par \emdash No es f\'e1cil. Saco lo que puedo con las traducciones, pero
con un marido en prisi\'f3n no da para mucho. Los abogados me han
desangrado y estoy de deudas hasta el cuello. Traducir da casi tan poco
como escribir.
\par Me observ\'f3 como si esperase alguna respuesta. Me limit\'e9 a
sonre\'edr d\'f3cilmente.
\par \emdash \'bfTraduce usted libros?
\par \emdash Ya no. Ahora he empezado a traducir impresos, con\-tratos y
documentos de aduanas, porque se paga mucho mejor. Traducir literatura da
una miseria, aunque algo m\'e1
s que escribirla, la verdad. La comunidad de vecinos ya ha intentado
echarme un par de veces. Lo de menos es que me retrase en los pagos de
los gastos de la comunidad. Imag\'ednese usted, hablando idiomas y
llevando panta\-lones. M\'e1
s de uno me acusa de tener en este piso una casa de citas. Otro gallo me
cantar\'eda...
\par Confi\'e9 en que la penumbra ocultase mi sonrojo.
\par \emdash Perdone. No s\'e9 por qu\'e9 le cuento todo esto. Le es\-toy
avergonzando.
\par \emdash Es culpa m\'eda. Yo he preguntado.
\par Se ri\'f3, nerviosa. La soledad que desprend\'eda aquella mujer
quemaba.
\par \emdash Se parece usted un poco a Juli\'e1n \emdash dijo de repen\-
te\emdash . En la manera de mirar y en los gestos. \'c9l hac\'eda como
usted. Se quedaba callado, mir\'e1
ndote sin que pudieses saber lo que pensaba, y una iba y como una tonta
le contaba cosas que m\'e1s valdr\'eda callarse... \'bfpuedo ofre\-cerle
algo?, \'bfcaf\'e9 con leche?
\par \emdash Nada, gracias. No se moleste.
\par \emdash No es molestia. Iba a hacerme uno para m\'ed.
\par Algo me hizo sospechar que aquel caf\'e9 con leche era toda su
comida del mediod\'eda. Declin\'e9 de nuevo la invita\-ci\'f3n y la vi
retirarse hasta un rinc\'f3n del comedor donde hab\'eda un hornillo
el\'e9ctrico.
\par \emdash P\'f3ngase c\'f3modo \emdash dijo, d\'e1ndome la espalda.
\par Mir\'e9 a mi alrededor y me pregunt\'e9 c\'f3mo. Nuria Mon\-fort
ten\'eda su despacho en un escritorio que ocupaba la esquina junto al
balc\'f3n. Una m\'e1quina de escribir Underwood reposaba junto a un
quinqu\'e9 y una estanter\'eda reple\-
ta de diccionarios y manuales. No hab\'eda fotos de familia, pero la
pared frente al escritorio estaba recubierta de tar\-jetas postales,
todas ellas estampas de un puente que re\-cordaba haber visto en alg\'fan
sitio pero que no pude identificar, quiz
\'e1 Par\'eds o Roma. Al pie de este mural, el es\-critorio respiraba una
pulcritud y una meticulosidad casi obsesiva. Los l\'e1pices estaban
afilados y alineados a la per\-fecci\'f3n. Los papeles y carpetas estaban
ordenados y dis\-
puestos en tres hileras sim\'e9tricas. Cuando me volv\'ed me di cuenta de
que Nuria Monfort me observaba desde el um\-bral del pasillo. Me
contemplaba en silencio, como se mira a los extra\'f1os en la calle o en
el metro. Encendi\'f3
un cigarrillo y permaneci\'f3 donde estaba, su rostro velado en las
volutas de humo azul. Pens\'e9 que Nuria Monfort des\-tilaba, a su pesar,
trazas de mujer fatal, de las que encan\-dilaban a Ferm\'edn cuando
aparec\'edan entre las nieblas de una estaci
\'f3n en Berl\'edn envueltas en halos de luz imposi\-ble, y que tal vez
su propio aspecto la aburr\'eda.
\par \emdash No hay mucho que contar \emdash empez\'f3\emdash . Conoc\'ed
a Juli\'e1n hace m\'e1s de veinte a\'f1os, en Par\'eds. Por aquel enton\-
ces, yo trabajaba para la editorial Cabestany. El se\'f1or Ca}{\lang1034
bestany hab\'ed
a adquirido los derechos de las novelas de Juli\'e1n por dos duros. Yo
hab\'eda empezado a trabajar en el departamento de administraci\'f3n,
pero cuando el se\'f1or Cabestany se enter\'f3 de que hablaba franc\'e9s,
italiano y algo de alem\'e1
n me puso al cargo de adquisiciones y me hizo su secretaria personal.
Entre mis funciones estaba el mantener la correspondencia con autores y
editores ex\-tranjeros con quienes la editorial ten\'eda tratos, y as\'ed
es c\'f3mo entr\'e9
en contacto con Juli\'e1n Carax.
\par \emdash Su padre me cont\'f3 que eran ustedes buenos amigos.
\par \emdash Mi padre le dir\'eda que tuvimos una aventura o algo as\'ed.
\'bfNo es verdad? Seg\'fan \'e9l, yo echo a correr detr\'e1s de cualquier
par de pantalones como si fuese una perra en celo.
\par La sinceridad y el desparpajo de aquella mujer me ro\-baban las
palabras. Tard\'e9 demasiado en urdir una respues\-ta aceptable. Para
entonces, Nuria Monfort sonre\'eda para s\'ed y negaba con la cabeza.
\par \emdash No le haga ni caso. Mi padre sac\'f3 esa idea de un viaje
que tuve que hacer a Par\'eds en el a\'f1o 33 para resolver unos asuntos
del se\'f1or Cabestany con Gallimard. Estuve una semana en la ciudad y me
hosped\'e9 en el apartamen\-to de Juli\'e1
n por la sencilla raz\'f3n de que el se\'f1or Cabes\-tany prefer\'eda
ahorrarse el hotel. Ya ve usted qu\'e9 rom\'e1ntico. Hasta entonces
hab\'eda mantenido mi relaci\'f3n con Juli\'e1
n Carax estrictamente por carta, normalmente para tratar asuntos de
derechos de autor, galeradas y temas de edici\'f3n. Lo que sab\'eda de
\'e9l, o me imaginaba, lo hab\'eda sa\-cado de la lectura de los
manuscritos que nos enviaba.
\par \emdash \'bfLe contaba \'e9l algo acerca de su vida en Par\'eds?
\par \emdash No. A Juli\'e1n no le gustaba hablar de sus libros o de
s\'ed mismo. No me pareci\'f3 que fuese feliz en Par\'eds, aunque me dio
la impresi\'f3n de que era de esas personas que no pueden ser felices en
ninguna parte. La verdad es que nunca llegu
\'e9 a conocerle a fondo. No se dejaba. Era un hombre muy reservado y a
veces me parec\'eda que hab\'eda dejado de interesarle el mundo y la
gente. El se\'f1or Cabestany le ten\'eda por muy t\'edmido y un tanto
lun\'e1tico, pero a m\'ed me pareci\'f3
que Juli\'e1n viv\'eda en el pasado, encerrado con sus recuerdos.
Juli\'e1n viv\'eda de puertas adentro, para sus libros y dentro de ellos,
como un prisionero de lujo.
\par \emdash Lo dice usted como si le envidiase.
\par \emdash Hay peores c\'e1rceles que las palabras, Daniel.
\par Me limit\'e9 a asentir, sin saber muy bien a qu\'e9 se re\-fer\'eda.
\par \emdash \'bfHablaba Juli\'e1n alguna vez de esos recuerdos, de sus
a\'f1os en Barcelona?
\par \emdash Muy poco. En la semana que estuve en su casa, en Par\'eds,
me cont\'f3 algo de su familia. Su madre era francesa, profesora de
m\'fasica. Su padre ten\'eda una sombrerer\'eda o algo as\'ed. S\'e9 que
era un hombre muy religioso, muy estricto.
\par \emdash \'bfLe explic\'f3 Juli\'e1n la clase de relaci\'f3n que
ten\'eda con \'e9l?
\par \emdash S\'e9 que se llevaban a morir. La cosa ven\'eda de largo. De
hecho, la raz\'f3n de que Juli\'e1n marchase a Par\'eds fue para evitar
que su padre le metiese en el ej\'e9rcito. Su ma\-dre le hab\'ed
a prometido que antes de que eso sucediese, se lo llevar\'eda lejos de
aquel hombre.
\par \emdash Aquel hombre era su padre, despu\'e9s de todo.
\par Nuria Monfort sonri\'f3. Lo hac\'eda apenas con una insinuaci\'f3n
en la comisura de los labios y un brillo triste y cansino en la mirada.
\par \emdash Aunque lo fuera, nunca se comport\'f3 como tal y Ju\-li\'e1n
nunca lo consider\'f3 as\'ed. En una ocasi\'f3n me confes\'f3 que, antes
de casarse, su madre hab\'eda tenido una aventu\-
ra con un desconocido cuyo nombre nunca quiso revelar. Ese hombre era el
verdadero padre de Juli\'e1n.
\par \emdash Eso parece el arranque de }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 La
Sombra del Viento. \'bfCree }{\lang1034 que le dijo la verdad?
\par Nuria Monfort asinti\'f3.
\par Juli\'e1n me explic\'f3 que hab\'eda crecido viendo c\'f3mo el
sombrerero, porque as\'ed era como \'e9l le llamaba, insulta\-ba y pegaba
a su madre. Despu\'e9s entraba en el dormitorio de Juli\'e1n para decirle
que \'e9l era hijo del pecado, que hab\'ed
a heredado el car\'e1cter d\'e9bil y miserable de su madre y que iba a
ser un desgraciado toda su vida, un fracasado en cualquier cosa que se
propusiera...
\par \emdash \'bfSent\'eda Juli\'e1n rencor hacia su padre?
\par \emdash El tiempo enfr\'eda estas cosas. Nunca me pareci\'f3 que
Juli\'e1n le odiase. Quiz\'e1 hubiera sido mejor as\'ed. Mi impre\-
si\'f3n es que le hab\'eda perdido completamente el respeto al sombrerero
a fuerza de tanto numerito. Juli\'e1
n hablaba de aquello como si no le importara, como si fuese parte de un
pasado que hab\'eda dejado atr\'e1s, pero esas cosas nunca se olvidan.
Las palabras con que se envenena el coraz\'f3
n de un hijo, por mezquindad o por ignorancia, se quedan enquistadas en
la memoria y tarde o temprano le queman el alma.
\par Me pregunt\'e9 si hablaba por experiencia propia y me vino de nuevo
a la mente la imagen de mi amigo Tom\'e1s Aguilar escuchando estoicamente
las arengas de su augus\-to progenitor.
\par \emdash \'bfQu\'e9 edad ten\'eda entonces Juli\'e1n?
\par \emdash Ocho o diez a\'f1os, imagino.
\par Suspir\'e9.
\par \emdash En cuanto tuvo edad de ingresar en el ej\'e9rcito, su madre
se lo llev\'f3 a Par\'eds. No creo que ni se despidieran. El sombrerero
nunca entendi\'f3 que su familia le abando\-nase.
\par \emdash \'bfOy\'f3 mencionar alguna vez a Juli\'e1n a una mucha\-cha
llamada Pen\'e9lope?
\par \emdash \'bfPen\'e9lope? Creo que no. Lo recordar\'eda.
\par \emdash Era una novia suya, de cuando todav\'eda viv\'eda en Bar\-
celona.
\par Extraje la fotograf\'eda de Carax y Pen\'e9lope Aldaya y se la
tend\'ed. Vi que se le iluminaba la sonrisa al ver a un Ju\-li\'e1n Carax
adolescente. Se la com\'eda la nostalgia, la p\'e9r\-dida.
\par \emdash Qu\'e9 jovencito estaba aqu\'ed... \'bfes \'e9sta la tal
Pen\'e9lope?
\par Asent\'ed.
\par \emdash Muy guapa. Juli\'e1n siempre se las arreglaba para aca\-bar
rodeado de mujeres bonitas.
\par Como usted, pens\'e9.
\par \emdash \'bfSabe usted si ten\'eda muchas...?
\par Aquella sonrisa de nuevo, a mi costa.
\par \emdash \'bfNovias? \'bfAmigas? No lo s\'e9. A decir verdad, nunca
le o\'ed hablar de ninguna mujer en su vida. Una vez, por pincharle, le
pregunt\'e9. Sabr\'e1 usted que se ganaba la vida tocando el piano en una
casa de alterne. Le pregunt\'e9
si no se sent\'eda tentado, todo el d\'eda rodeado de bellezas de virtud
f\'e1cil. No le hizo gracia la broma. Me respondi\'f3 que \'e9l no
ten\'eda derecho a amar a nadie, que merec\'eda estar solo.
\par \emdash \'bfDijo por qu\'e9?
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash }{\lang1034 Juli\'e1n nunca
dec\'eda el porqu\'e9.
\par \emdash Aun as\'ed, al final, poco antes de regresar a Barcelona en
1936, Juli\'e1n Carax iba a casarse.
\par \emdash Eso dijeron.
\par \emdash \'bfLo duda usted?
\par Se encogi\'f3 de hombros, esc\'e9ptica.
\par \emdash Como le digo, en todos los a\'f1os que nos conocimos,
Juli\'e1n nunca me hab\'eda mencionado a ninguna mujer en especial, mucho
menos a una con la que fuera a casarse. Lo de la supuesta boda me
lleg\'f3 de o\'eddas m\'e1s tarde. Neu\-val, el \'fa
ltimo editor de Carax, le cont\'f3 a Cabestany que la }{\expnd0\expndtw-
2\lang1034 novia era una mujer veinte a\'f1os mayor que Juli\'e1n, una
viuda adinerada y enferma. Seg\'fan Neuval, esta mujer lo hab\'eda estado
m\'e1s o menos manteniendo durante a
\'f1os. Los m\'e9dicos le daban seis meses de vida, como mucho un a\'f1o.
Seg\'fan Neuval, ella quer\'eda casarse con Juli\'e1n para que \'e9l
fuese su heredero.
\par \emdash Pero la ceremonia nunca lleg\'f3 a celebrarse.
\par \emdash Si es que alguna vez existi\'f3 tal plan o tal viuda.
\par \emdash Seg\'fan tengo entendido, Carax se vio envuelto en un duelo,
al amanecer del mismo d\'eda en que iba a contra\-er matrimonio. \'bfSabe
con qui\'e9n o por qu\'e9?
\par \emdash Neuval supuso que se trataba de alguien relaciona\-do con la
viuda. Un pariente lejano y codicioso que tem\'eda ver la herencia ir a
parar a manos de un advenedizo. Neuval publicaba sobre todo folletines, y
me parece que el g\'e9\-nero se le hab
\'eda subido a la cabeza.
\par \emdash Veo que no da usted mucho cr\'e9dito a la historia de la
boda y el duelo.
\par \emdash No. Nunca la cre\'ed.
\par \emdash \'bfQu\'e9 piensa usted que sucedi\'f3 entonces? \'bfPor
qu\'e9 regres\'f3 Carax a Barcelona?
\par Sonri\'f3 con tristeza.
\par \emdash Hace diecisiete a\'f1os que me hago esa pregunta.
\par Nuria Monfort encendi\'f3 otro cigarrillo. Me ofreci\'f3 uno. Me
sent\'ed tentado de aceptar, pero negu\'e9.
\par \emdash Pero tendr\'e1 usted alguna sospecha \emdash suger\'ed.
\par \emdash Todo lo que s\'e9 es que en el verano de 1936, al poco de
estallar la guerra, un empleado de la morgue municipal llam\'f3 a la
editorial para decir que hab\'edan recibido el cad\'e1ver de Juli\'e1n
Carax tres d\'edas antes. Le hab\'edan encon\-
trado muerto en un callej\'f3n del Raval, vestido con andra\-jos y una
bala en el coraz\'f3n. Llevaba encima un libro, un ejemplar de
}{\i\expnd0\expndtw-2\lang1034 La Sombra del Viento}{\expnd0\expndtw-
2\lang1034
, y su pasaporte. El sello indicaba que hab\'eda cruzado la frontera con
Francia un mes antes. D\'f3nde hab\'eda estado durante ese tiempo, nadie
lo sabe. La polic\'eda contact\'f3 a su padre, pero \'e9ste se neg\'f3
a hacerse cargo del cuerpo alegando que \'e9l no ten\'eda hijo.
Despu\'e9s de dos d\'edas sin que nadie reclamase el cad\'e1ver, fue
enterrado en una fosa com\'fan en el cementerio de Montju\'ef
c. No pude ni llevarle unas flores, porque nadie supo decirme d\'f3nde
hab\'eda sido enterrado. Al empleado de la morgue, que se hab\'eda
quedado el libro que encon\-tr\'f3 en la chaqueta de Juli\'e1n, se le
ocurri\'f3 llamar a la edi\-torial Cabestany d
\'edas despu\'e9s. As\'ed es como supe lo sucedi\-do. No lo pude
entender. Si a Juli\'e1n le quedaba alguien a quien recurrir en
Barcelona, era yo, o como mucho el se\-\'f1or Cabestany. \'c9ramos sus
\'fanicos amigos, pero nunca nos dijo que hab\'ed
a vuelto. S\'f3lo supimos que hab\'eda regresado a Barcelona despu\'e9s
de muerto...
\par \emdash \'bfPudo averiguar algo m\'e1s despu\'e9s de recibir la
noticia de su muerte?
\par \emdash No. Eran los primeros meses de la guerra y Juli\'e1n no era
el \'fanico que hab\'eda desaparecido sin dejar ni ras\-tro. Nadie habla
de eso ya, pero hay muchas tumbas sin nombre como la de Juli\'e1
n. Preguntar era como darse con la cabeza contra la pared. Con la ayuda
del se\'f1or Cabes\-tany, que por entonces ya estaba muy enfermo,
present\'e9 quejas a la polic\'eda y tir\'e9 de todos los hilos que pude.
Lo \'fanico que consegu\'ed
fue recibir la visita de un inspector jo\-ven, un tipo siniestro y
arrogante, que me dijo que me conven\'eda dejar de hacer preguntas y
concentrar mis es\-fuerzos en una actitud m\'e1s positiva, porque el
pa\'eds estaba en plena cruzada. \'c9
sas fueron sus palabras. Se llamaba Fumero, es todo lo que recuerdo.
Ahora parece que es todo un personaje. Le mencionan mucho en los diarios.
A lo mejor ha o\'eddo hablar usted de \'e9l.
\par Tragu\'e9 saliva.
\par \emdash Vagamente.
\par }{\lang1034 \emdash No volv\'ed a o\'edr hablar de Juli\'e1n hasta
que un individuo se puso en contacto con la editorial y se interes\'f3
por adquirir los ejemplares que quedasen en el almac\'e9n de las novelas
de Carax.
\par \emdash La\'edn Coubert.
\par Nuria Monfort asinti\'f3.
\par \emdash \'bfTiene idea de qui\'e9n era ese hombre?
\par \emdash Tengo una sospecha, pero no estoy segura. En mar\-zo de
1936, me acuerdo porque por entonces est\'e1bamos preparando la
edici\'f3n de }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 La Sombra del Viento,
}{\lang1034 una perso\-na llam\'f3
a la editorial pidiendo su direcci\'f3n. Dijo que era un viejo amigo y
que quer\'eda visitar a Juli\'e1n en Par\'eds. Darle una sorpresa. Me lo
pasaron a m\'ed y yo le dije que no estaba autorizada a darle esa
informaci\'f3n.
\par \emdash \'bfLe dijo qui\'e9n era?
\par \emdash Un tal Jorge.
\par \emdash \'bfJorge Aldaya?
\par \emdash Es posible. Juli\'e1n le hab\'eda mencionado en m\'e1s de
una ocasi\'f3n. Me parece que hab\'edan estudiado juntos en el colegio de
San Gabriel y que a veces se refer\'eda a \'e9l como si hubiera sido su
mejor amigo.
\par \emdash \'bfSab\'eda usted que Jorge Aldaya era el hermano de
Pen\'e9lope?
\par Nuria Monfort frunci\'f3 el ce\'f1o, desconcertada.
\par \emdash \'bfLe dio usted a Aldaya la direcci\'f3n de Juli\'e1n en
Pa\-r\'eds? \emdash pregunt\'e9.
\par \emdash No. Me dio mala espina.
\par \emdash \'bfQu\'e9 dijo \'e9l?
\par \emdash Se ri\'f3 de m\'ed, me dijo que ya la encontrar\'eda por
otro conducto y me colg\'f3 el tel\'e9fono.
\par Algo parec\'eda estar carcomi\'e9ndola. Empec\'e9 a sospechar
ad\'f3nde nos conduc\'eda la conversaci\'f3n.
\par \emdash Pero usted volvi\'f3 a o\'edr hablar de \'e9l, \'bfno es
as\'ed?
\par Asinti\'f3 nerviosamente.
\par \emdash Como le dec\'eda, al poco de la desaparici\'f3n de
Juli\'e1n, aquel hombre se present\'f3 en la editorial Cabestany. Por
entonces, el se\'f1or Cabestany ya no pod\'eda trabajar y su hijo mayor
se hab\'eda hecho cargo de la empresa. El visitan\-
te, La\'edn Coubert, se ofreci\'f3 a comprar todos los restos de
existencias que quedasen de las novelas de Juli\'e1n. Yo pen\-s\'e9 que
deb\'eda de tratarse de un chiste de mal gusto. La\'edn Coubert era un
personaje de }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034
La Sombra del Viento.
\par }{\lang1034 \emdash El diablo.
\par Nuria Monfort asinti\'f3.
\par \emdash \'bfLleg\'f3 usted a ver a La\'edn Coubert?
\par Neg\'f3 y encendi\'f3 su tercer cigarrillo.
\par \emdash No. Pero o\'ed parte de la conversaci\'f3n con el hijo en el
despacho del se\'f1or Cabestany.
\par Dej\'f3 la frase colgada, como si temiese completarla o no supiera
c\'f3mo hacerlo. El cigarrillo le temblaba en los dedos.
\par \emdash Su voz \emdash dijo\emdash . Era la misma voz del hombre que
llam\'f3 por tel\'e9fono diciendo ser Jorge Aldaya. El hijo de Cabestany,
un imb\'e9cil arrogante, quiso pedirle m\'e1s dine\-ro. El tal Coubert
dijo que ten\'ed
a que pensar en la oferta. Aquella misma noche, el almac\'e9n de la
editorial en Pue\-blo Nuevo ardi\'f3, y los libros de Juli\'e1n con
\'e9l.
\par \emdash Menos los que usted rescat\'f3 y escondi\'f3 en el Ce\-
menterio de los Libros Olvidados.
\par \emdash As\'ed es.
\par \emdash \'bfTiene alguna idea de por qu\'e9 motivo querr\'eda al\-
guien quemar todos los libros de Juli\'e1n Carax?
\par \emdash \'bfPor qu\'e9 se queman los libros? Por estupidez, por
ignorancia, por odio... vaya usted a saber
\par \emdash \'bfPor qu\'e9 cree usted? \emdash insist\'ed.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash }{\lang1034 Juli\'e1n viv\'eda
en sus libros. Aquel cuerpo que acab\'f3 en la morgue era s\'f3lo una
parte de \'e9l. Su alma est\'e1 en sus historias. En una ocasi\'f3n le
pregunt\'e9 en qui\'e9n se inspira}{
\expnd0\expndtw-2\lang1034 ba para crear sus personajes y me respondi\'f3
que en na\-die. Que todos sus personajes eran \'e9l mismo.
\par \emdash Entonces, si alguien quisiera destruirle, tendr\'eda que
destruir esas historias y esos personajes, \'bfno es as\'ed? Aflor\'f3 de
nuevo aquella sonrisa abatida, de derrota y cansancio.
\par \emdash Me recuerda usted a Juli\'e1n \emdash dijo\emdash . Antes de
que perdiera la fe.
\par \emdash \'bfLa fe en qu\'e9?
\par \emdash En todo.
\par Se acerc\'f3 en la penumbra y me tom\'f3 la mano. Me acarici\'f3 la
palma en silencio, como si quisiera leerme las l\'edneas en la piel. La
mano me temblaba bajo su tacto. Me sorprend\'ed a m\'ed mismo dibujando
mentalmente el contor\-
no de su cuerpo bajo aquellas ropas envejecidas, de pres\-tado. Deseaba
tocarla y sentir el pulso ardi\'e9ndole bajo la piel. Nuestras miradas se
hab\'edan encontrado y tuve la cer\-teza de que ella sab\'eda lo que
estaba pensando. La sent\'ed m\'e1
s sola que nunca. Alc\'e9 los ojos y me encontr\'e9 con su mirada serena,
de abandono.
\par \emdash Juli\'e1n muri\'f3 solo, convencido de que nadie iba a
acordarse de \'e9l ni de sus libros y de que su vida no hab\'eda
significado nada \emdash dijo\emdash . A \'e9l le hubiera gustado saber
que alguien le quer\'ed
a mantener vivo, que le recordaba. \'c9l sol\'eda decir que existimos
mientras alguien nos recuerda.
\par Me invadi\'f3 el deseo casi doloroso de besar a aquella mujer, un
ansia como no la hab\'eda experimentado jam\'e1s, ni siquiera conciliando
el fantasma de Clara Barcel\'f3. Me ley\'f3 la mirada.
\par \emdash Se le hace a usted tarde, Daniel \emdash murmur\'f3.
\par Una parte de m\'ed deseaba quedarse, perderse en aque\-lla rara
intimidad de penumbras con aquella desconocida y escucharle decir c\'f3mo
mis gestos y mis silencios le re\-cordaban a Juli\'e1n Carax.
\par \emdash S\'ed \emdash balbuce\'e9.
\par Asinti\'f3 sin decir nada y me acompa\'f1\'f3 hasta la puerta. El
pasillo se me hizo eterno. Me abri\'f3 la puerta y sal\'ed al rellano.
\par \emdash Si ve usted a mi padre, d\'edgale que estoy bien. Mi\'e9n\-
tale.
\par Me desped\'ed de ella a media voz, agradeci\'e9ndole su tiempo y
ofreci\'e9ndole la mano cordialmente. Nuria Mon\-fort ignor\'f3 mi gesto
formal. Me puso las manos sobre los brazos, se inclin\'f3 y me bes\'f3
en la mejilla. Nos miramos en silencio y esta vez me aventur\'e9 a
buscar sus labios, casi temblando. Me pareci\'f3 que se entreabr\'edan y
que sus de\-dos buscaban mi rostro. En el \'faltimo instante, Nuria
Monfort se retir\'f3 y baj\'f3 la mirada.
\par \emdash Creo que es mejor que se vaya usted, Daniel \emdash su\-
surr\'f3.
\par Me pareci\'f3 que iba a llorar, y antes de que yo pudiese decir nada
me cerr\'f3 la puerta. Me qued\'e9 en el rellano y sent\'ed su presencia
al otro lado de la puerta, inm\'f3vil, pre\-gunt\'e1ndome qu\'e9 hab\'eda
sucedido all\'ed
dentro. Al otro lado del rellano, la mirilla de la vecina parpadeaba. Le
dediqu\'e9 un saludo y me lanc\'e9 escaleras abajo. Cuando llegu\'e9 a la
calle todav\'eda llevaba su rostro, su voz y su olor clavados en el almas
Arrastr\'e9
el roce de sus labios y de su aliento sobre la piel por calles repletas
de gente sin rostro que escapaba de oficinas y comercios. Al enfilar la
calle Canuda me em\-bisti\'f3 una brisa helada que cortaba el bullicio.
Agradec\'ed el aire fr\'ed
o en el rostro y me encamin\'e9 hacia la universidad. Al cruzar las
Ramblas me abr\'ed paso hasta la calle Tallers y me perd\'ed en su
angosto ca\'f1\'f3n de penumbras, pensando que hab\'eda quedado atrapado
en aquel comedor oscuro en el que ahora im
aginaba a Nuria Monfort sentada a solas en la sombra, arreglando sus
l\'e1pices, sus carpetas y sus re\-cuerdos en silencio, con los ojos
envenenados de l\'e1grimas.
\par }{\expnd1\expndtw6\lang1034
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {21
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd1\expndtw6\lang1034
\par Se desplom\'f3 la tarde casi a traici\'f3n, con un aliento fr\'edo y
un manto p\'farpura que resbalaba entre los resquicios de las calles.
Apret\'e9 el paso y veinte minutos m\'e1s tarde la fa\-chada de la
universidad emergi\'f3 como un buque ocre va\-
rado en la noche. El portero de la Facultad de Letras le\'eda en su
garita a las plumas m\'e1s influyentes de la Espa\'f1a del momento en la
edici\'f3n de tarde de }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 El Mundo Deportivo.
}{\expnd1\expndtw6\lang1034 Apenas parec
\'edan quedar ya estudiantes en el recinto. El eco de mis pasos me
acompa\'f1\'f3 a trav\'e9s de los corredores y galer\'edas que
conduc\'edan al claustro, donde el rubor de dos luces amarillentas apenas
inquietaban la penumbra. Me asalt\'f3
la idea de que Bea me hab\'eda tomado el pelo y me hab\'eda citado
all\'ed a aquella hora de nadie para vengar\-se de mi presunci\'f3n. Las
hojas de los naranjos del claus\-tro parpadeaban como l\'e1grimas de
plata y el rumor de la fuente ser
penteaba entre los arcos. Auscult\'e9 el patio con la mirada barajando
decepci\'f3n y, quiz\'e1, cierto alivio co\-barde. All\'ed estaba. Su
silueta se recortaba frente a la fuen\-te, sentada en uno de los bancos
con la mirada escalan\-do las b\'f3
vedas del claustro. Me detuve en el umbral para contemplarla y, por un
instante, me pareci\'f3 ver en ella el reflejo de Nuria Monfort
so\'f1ando despierta en su banco de la plaza. Advert\'ed que no llevaba
su carpeta ni sus libros y sospech\'e9 que quiz
\'e1 no hubiese tenido clase aquella tarde. Tal vez hab\'eda acudido
all\'ed tan s\'f3lo para encontrarse conmigo. Tragu\'e9 saliva y me
adentr\'e9 en el claustro. Mis pasos en el empedrado me delataron y Bea
alz\'f3
la vista, sonriendo sorprendida, como si mi presencia all\'ed fuera una
casualidad
\par \emdash Cre\'ed que no ibas a venir \emdash dijo Bea.
\par \emdash Eso mismo pensaba yo \emdash repuse.
\par Permaneci\'f3 sentada, muy erguida, con las rodillas apretadas y las
manos recogidas sobre el regazo. Me pre\-gunt\'e9 c\'f3mo era posible
sentir a alguien tan lejos y, sin embargo, poder leer cada pliegue de sus
labios.
\par \emdash He venido porque quiero demostrarte que estabas equivocado
en lo que me dijiste el otro d\'eda, Daniel. Que me voy a casar con Pablo
y que no importa lo que me ense\'f1es esta noche, me voy a El Ferrol con
\'e9l tan pronto acabe el servicio.
\par La mir\'e9 como se mira a un tren que se escapa. Me di cuenta de que
hab\'eda pasado dos d\'edas caminando sobre nu\-bes y se me cay\'f3 el
mundo de las manos.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash }{\expnd1\expndtw6\lang1034 Y
yo que pensaba que hab\'edas venido porque te ape\-tec\'eda verme.
\emdash Sonre\'ed sin fuerzas.
\par Observ\'e9 que se le inflamaba el rostro de reparo.
\par \emdash Lo dec\'eda en broma \emdash ment\'ed\emdash . Lo que s\'ed
iba en se\-rio era mi promesa de ense\'f1arte una cara de la ciudad que
no has visto todav\'eda. Al menos, as\'ed tendr\'e1s un motivo para
acordarte de m\'ed
, o de Barcelona, dondequiera que vayas.
\par Bea sonri\'f3 con cierta tristeza y evit\'f3 mi mirada.
\par \emdash He estado a punto de meterme en un cine, \'bfsabes? Para no
verte hoy \emdash dijo.
\par \emdash \'bfPor qu\'e9?
\par Bea me observaba en silencio. Se encogi\'f3 de hombros y alz\'f3 los
ojos como si quisiera cazar palabras al vuelo que se le escapaban.
\par \emdash Porque ten\'eda miedo de que a lo mejor tuvieses ra\-z\'f3n
\emdash dijo finalmente.
\par Suspir\'e9. Nos amparaba el anochecer y aquel silencio de abandono
que une a los extra\'f1os, y me sent\'ed con valor de decir cualquier
cosa, aunque fuese por \'faltima vez.
\par \emdash \'bfLe quieres o no?
\par Me ofreci\'f3 una sonrisa que se deshac\'eda por las costu\-ras.
\par \emdash No es asunto tuyo.
\par \emdash Eso es verdad \emdash dije\emdash . Es asunto s\'f3lo tuyo.
\par Se le enfri\'f3 la mirada.
\par \emdash \'bfY a ti qu\'e9 m\'e1s te da?
\par \emdash No es asunto tuyo \emdash dije.
\par No sonri\'f3. Le temblaban los labios.
\par \emdash La gente que me conoce sabe que aprecio a Pablo. Mi familia
y...
\par \emdash Pero yo casi soy un extra\'f1o \emdash interrump\'ed\emdash
. Y me gustar\'eda o\'edrlo de ti.
\par \emdash \'bfO\'edr el qu\'e9?
\par \emdash Que le quieres de verdad. Que no te casas con \'e9l para
salir de tu casa, o para dejar Barcelona y a tu familia lejos, donde no
puedan hacerte da\'f1o. Que te vas y no que huyes.
\par Los ojos le brillaban con l\'e1grimas de rabia.
\par \emdash No tienes derecho a decirme eso, Daniel. T\'fa no me
conoces.
\par \emdash Dime que estoy equivocado y me ir\'e9. \'bfLe quieres? Nos
miramos un largo rato en silencio.
\par \emdash No lo s\'e9 \emdash murmur\'f3 por fin\emdash . No lo s\'e9.
\par \emdash Alguien dijo una vez que en el momento en que te paras a
pensar si quieres a alguien, ya has dejado de que\-rerle para siempre
\emdash dije.
\par Bea busc\'f3 la iron\'eda en mi rostro.
\par \emdash \'bfQui\'e9n dijo eso?
\par \emdash Un tal Juli\'e1n Carax.
\par \emdash \'bfAmigo tuyo?
\par Me sorprend\'ed a m\'ed mismo asintiendo.
\par \emdash Algo as\'ed.
\par \emdash Vas a tener que present\'e1rmelo.
\par \emdash Esta noche, si quieres.
\par Dejamos la universidad bajo un cielo encendido de moretones.
Camin\'e1bamos sin rumbo fijo, m\'e1s por acos\-tumbrarnos al paso del
otro que por llegar a alg\'fan sitio. Nos refugiamos en el \'fanico tema
que ten\'edamos en com\'fan, su hermano Tom\'e1
s. Bea hablaba de \'e9l como de un extra\-\'f1o a quien se quiere, pero
apenas se conoce. Rehu\'eda mi mirada y sonre\'eda nerviosamente.
Sent\'ed que se arrepent\'eda de lo que me hab\'eda dicho en el claustro
de la universidad, que le dol\'edan todav
\'eda las palabras que se la com\'edan por dentro.
\par \emdash Oye, de lo que te he dicho antes \emdash dijo de repente,
sin venir a cuento\emdash no le dir\'e1s nada a Tom\'e1s, \'bfverdad?
\par \emdash Claro que no. A nadie.
\par Ri\'f3 nerviosa.
\par \emdash No s\'e9 qu\'e9 me ha pasado. No te ofendas, pero a ve\-ces
una se siente m\'e1s libre de hablarle a un extra\'f1o que a la gente que
conoce. \'bfPor qu\'e9 ser\'e1?
\par Me encog\'ed de hombros.
\par \emdash Probablemente porque un extra\'f1o nos ve como so\-mos, no
como quiere creer que somos.
\par \emdash \'bfEs eso tambi\'e9n de tu amigo Carax?
\par \emdash No, eso me lo acabo de inventar para impresio\-narte.
\par \emdash \'bfY c\'f3mo me ves t\'fa a m\'ed?
\par \emdash Como un misterio.
\par \emdash \'c9se es el cumplido m\'e1s raro que me han hecho nunca.
\par \emdash No es un cumplido. Es una amenaza.
\par \emdash \'bfY eso?
\par \emdash Los misterios hay que resolverlos, averiguar qu\'e9 es\-
conden.
\par \emdash A lo mejor te decepcionas al ver lo que hay dentro.
\par \emdash A lo mejor me sorprendo. Y t\'fa tambi\'e9n.
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 \emdash Tom\'e1s no me hab\'eda dicho
que tuvieses tanta cara dura.
\par \emdash Es que la poca que tengo, la reservo toda para ti.
\par \emdash \'bfPor qu\'e9?
\par Porque me das miedo, pens\'e9.
\par Nos refugiamos en un viejo caf\'e9 junto al teatro Polio\-rama. Nos
retiramos a una mesa junto a la ventana, y pe\-dimos unos bocadillos de
jam\'f3n serrano y un par de caf\'e9s con leche para entrar en calor. Al
poco, el encargado, un tipo escu\'e1
lido con mueca de diablillo cojuelo, se acerc\'f3 a la mesa con aire
oficioso.
\par \emdash \'bfVosotro utede soy lo que hab\'e9i ped\'edo lo entrepane
de jamong?
\par Asentimos.
\par \emdash Siento comunicarsus, en nombre de la diresi\'f3n, que no
queda ni veta de jamong. Pueo ofresele butifarra ne\-gra, blanca, mixta,
arb\'f3ndiga o chitorra. G\'e9nero de primera, frequ\'edsimo. Tami\'e9n
tengo sardina en ecabexe, si no pod\'e9
i utede inger\'ed produto c\'e1rnico por motivo de con\-siensia
religiosa. Como e vierne...
\par \emdash Yo con el caf\'e9 con leche ya estoy bien, de verdad \emdash
respondi\'f3 Bea.
\par Yo me mor\'eda de hambre.
\par \emdash \'bfY si nos pone dos de bravas? \emdash dije\emdash . Y
algo de pan tambi\'e9n, por favor.
\par \emdash Ora mimo, caballero. Y utede perdonen la caret\'eda de
g\'e9nero. Normalmente tengo de to, hasta caviar borxe\-vique. Pero esta
tarde ha s\'edo la semifinar de la Copa Euro\-pa y hemo ten\'edo
much\'edsimo personal. Qu\'e9 partidaso.
\par El encargado parti\'f3 con gesto ceremonioso. Bea lo observaba,
divertida.
\par \emdash \'bfDe d\'f3nde es ese acento? \'bfJa\'e9n?
\par \emdash Santa Coloma de Gramanet \emdash precis\'e9\emdash . T\'fa
coges poco el metro, \'bfverdad?
\par \emdash Mi padre dice que el metro va lleno de gentuza y que, si vas
sola, te meten mano los gitanos.
\par Iba a decir algo, pero me call\'e9. Bea ri\'f3. Tan pronto llegaron
los caf\'e9s y la comida me lanc\'e9 a dar cuenta de todo ello sin
pretensiones de delicadeza. Bea no prob\'f3 bocado. Con ambas manos en
torno al taz\'f3n hu
meante me observaba con una media sonrisa, entre la curiosidad y el
asombro.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Y
entonces, \'bfqu\'e9 es lo que me vas a ense\'f1ar hoy que no he visto
todav\'eda?
\par \emdash Varias cosas. De hecho, lo que te voy a ense\'f1ar for\-ma
parte de una historia. \'bfNo me dijiste el otro d\'eda que a ti lo que
te gustaba era leer?
\par Bea asinti\'f3, arqueando las cejas.
\par \emdash Pues bien, \'e9sta es una historia de libros.
\par \emdash \'bfDe libros?
\par \emdash De libros malditos, del hombre que los escribi\'f3, de un
personaje que se escap\'f3 de las p\'e1ginas de una novela para quemarla,
de una traici\'f3n y de una amistad perdida. Es una historia de amor, de
odio y de los sue\'f1
os que viven en la sombra del viento.
\par \emdash Hablas como la solapa de una novela de a duro, Da\-niel.
\par \emdash Ser\'e1 porque trabajo en una librer\'eda y he visto dema\-
siadas. Pero \'e9sta es una historia real. Tan cierta como que este pan
que nos han servido tiene por lo menos tres d\'ed
as. Y como todas las historias reales empieza y acaba en un cementerio,
aunque no la clase de cementerio que te imaginas.
\par Sonri\'f3 como lo hacen los ni\'f1os a los que se les pro\-mete un
acertijo o un truco de magia.
\par \emdash Soy toda o\'eddos.
\par Apur\'e9 el \'faltimo sorbo de caf\'e9 y la contempl\'e9 en silen\-
cio unos instantes. Pens\'e9 en lo mucho que deseaba
refu}{\expnd0\expndtw-2\lang1034 giarme en aquella mirada huidiza que se
tem\'eda transparente, vac\'eda. Pens\'e9 en la so
ledad que iba a asaltarme aquella noche cuando me despidiese de ella, sin
m\'e1s tru\-cos ni historias con que enga\'f1ar su compa\'f1\'eda.
Pens\'e9 en lo poco que ten\'eda que ofrecerle y en lo mucho que
quer\'eda recibir de ella.
\par \emdash Te crujen los sesos, Daniel \emdash dijo\emdash . \'bfQu\'e9
tramas?
\par Inici\'e9 mi relato con aquella alba lejana en que despert\'e9 sin
poder recordar el rostro de mi madre y no me detuve hasta recordar el
mundo de penumbras que hab\'eda intuido aquella misma ma\'f1
ana en casa de Nuria Monfort. Bea me escuchaba en silencio con una
atenci\'f3n que no revelaba juicio o presunci\'f3n. Le habl\'e9 de mi
primera visita al Ce\-menterio de los Libros Olvidados y de la noche que
pas\'e9 leyendo }{
\i\expnd0\expndtw-2\lang1034 La}{\expnd0\expndtw-2\lang1034
}{\i\expnd0\expndtw-2\lang1034 Sombra del}{\expnd0\expndtw-2\lang1034
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 Viento. }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 Le
habl\'e9
de mi encuentro con el hombre sin rostro y de aquella carta firmada por
Pen\'e9lo\-pe Aldaya que llevaba siempre conmigo sin saber por qu\'e9. Le
habl\'e9 de c\'f3mo nunca hab\'eda llegado a besar a Clara Bar\-cel\'f3,
ni a nadie, y de c\'f3mo me hab\'ed
an temblado las manos al sentir el roce de los labios de Nuria Monfort en
la piel apenas unas horas atr\'e1s. Le habl\'e9 de c\'f3mo hasta aquel
mo\-mento no hab\'eda comprendido que aqu\'e9lla era una historia de
gente sola, de ausencias y de p\'e9
rdida, y que por esa ra\-z\'f3n me hab\'eda refugiado en ella hasta
confundirla con mi propia vida, como quien escapa a trav\'e9s de las
p\'e1ginas de una novela porque aquellos a quien necesita amar son
s\'f3lo sombras que viven en el alma de un extra
\'f1o.
\par \emdash No digas nada \emdash murmur\'f3 Bea\emdash . S\'f3lo
ll\'e9vame a ese lugar.
\par Era ya noche cerrada cuando nos detuvimos frente al port\'f3n del
Cementerio de los Libros Olvidados en las som\-bras de la calle Arco del
Teatro. As\'ed el picaporte del diablillo y golpe\'e9 tres veces. Soplaba
un viento fr\'ed
o impregnado de olor a carb\'f3n. Nos resguardamos bajo el arco de la
en\-trada mientras esper\'e1bamos. Encontr\'e9 la mirada de Bea a apenas
unos cent\'edmetros de la m\'eda. Sonre\'eda. Al poco se es\-cucharon
unos pasos leves acerc\'e1ndose al port
\'f3n y nos lle\-g\'f3 la voz cansina del guardi\'e1n.
\par \emdash \'bfQui\'e9n va? \emdash pregunt\'f3 Isaac.
\par \emdash Soy Daniel Sempere, Isaac.
\par Me pareci\'f3 o\'edrle maldecir por lo bajo. Siguieron los mil
crujidos y quejidos del cerrojo kafkiano. Finalmente, la puerta cedi\'f3
unos cent\'edmetros, desvelando el rostro aguile\'f1o de Isaac Monfort a
la lumbre de un candil. Al verme, el guardi
\'e1n suspir\'f3 y puso los ojos en blanco.
\par \emdash Yo, tambi\'e9n, no s\'e9 por qu\'e9 pregunto \emdash
dijo\emdash . \'bfQui\'e9n m\'e1s podr\'eda ser a estas horas?
\par Isaac iba enfundado en lo que me pareci\'f3 un extra\'f1o mestizaje
de bata, albornoz y abrigo del ej\'e9rcito ruso. Las pantuflas acolchadas
combinaban a la perfecci\'f3n con una gorra de lana a cuadros, con borla
y birrete.
\par \emdash Espero no haberle sacado de la cama \emdash dije.
\par \emdash Qu\'e9 va. Apenas hab\'eda empezado a decir el Jesusito de
mi vida.
\par Le lanz\'f3 una mirada a Bea como si acabase de ver un fajo de
cartuchos de dinamita encendido a sus pies.
\par \emdash Espero por su bien que esto no sea lo que parece \emdash
amenaz\'f3.
\par \emdash Isaac, \'e9sta es mi amiga Beatriz y, con su permiso, me
gustar\'eda mostrarle este lugar. No se preocupe, es de toda confianza.
\par \emdash Sempere, he conocido lactantes con m\'e1s sentido co\-m\'fan
que usted.
\par \emdash Ser\'e1 s\'f3lo un momento.
\par Isaac dej\'f3 escapar un resoplido de derrota y examin\'f3 a Bea con
detenimiento y recelo policial.
\par \emdash \'bfYa sabe usted que anda en compa\'f1\'eda de un d\'e9bil
mental? \emdash pregunt\'f3.
\par }{\lang1034 Bea sonri\'f3 cort\'e9smente.
\par \emdash Empiezo a hacerme a la idea.
\par \emdash Divina inocencia. \'bfSabe las reglas?
\par Bea asinti\'f3. Isaac neg\'f3 por lo bajo y nos hizo pasar, aus\-
cultando como siempre las sombras de la calle.
\par \emdash Visit\'e9 a su hija Nuria \emdash dej\'e9 caer
casualmente\emdash . Est\'e1 bien. Trabajando mucho, pero bien. Le
env\'eda salu\-dos.
\par \emdash S\'ed, y dardos envenenados. Qu\'e9 poca gracia tiene us\-
ted para el embuste, Sempere. Pero se agradece el esfuer\-zo. Venga,
pasen.
\par Una vez dentro me tendi\'f3 el candil y procedi\'f3 a echar de nuevo
el cerrojo sin prestarnos m\'e1s atenci\'f3n.
\par \emdash Cuando hayan acabado ya sabe d\'f3nde encontrar\-me.
\par El laberinto de los libros se adivinaba en \'e1ngulos es\-pectrales
que despuntaban bajo el manto de tiniebla. El candil proyectaba una
burbuja de claridad vaporosa a nuestros pies. Bea se detuvo en el umbral
del laberinto, at\'f3nita. Sonre\'ed
, reconociendo en su rostro la misma ex\-presi\'f3n que mi padre deb\'eda
de haber visto en el m\'edo a\'f1os atr\'e1s. Nos adentramos en los
t\'faneles y galer\'edas del labe\-rinto, que cruj\'eda a nuestro paso.
Las marcas que hab\'eda de\-jado en mi
\'faltima incursi\'f3n segu\'edan all\'ed.
\par \emdash Ven, quiero ense\'f1arte algo \emdash dije.
\par M\'e1s de una vez perd\'ed mi propio rastro y tuvimos que desandar
un trecho en busca de la \'faltima se\'f1al. Bea me observaba con una
mezcla de alarma y fascinaci\'f3n. Mi br\'fajula mental suger\'eda que
nuestra ruta se hab\'ed
a perdido en un lazo de espirales que ascend\'eda lentamente hacia las
entra\'f1as del laberinto. Finalmente consegu\'ed rehacer mis pasos en la
mara\'f1a de pasillos y t\'faneles hasta enfilar un angosto corredor que
parec\'ed
a una pasarela tendida hacia la negrura. Me arrodill\'e9 junto a la
\'faltima estanter\'eda y bus\-qu\'e9 a mi viejo amigo oculto tras la
fila de tomos sepulta\-dos por una capa de polvo que brillaba como
escarcha a la luz del candil. Tom\'e9
el libro en mis manos y se lo tend\'ed a Bea.
\par \emdash Te presento a Juli\'e1n Carax.
\par }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 \emdash La Sombra del Viento
}{\lang1034 \emdash ley\'f3 Bea acariciando las letras desva\'eddas de la
cubierta.
\par \emdash \'bfPuedo llev\'e1rmelo? \emdash pregunt\'f3.
\par \emdash Cualquiera menos \'e9se.
\par \emdash Pero eso no es justo. Despu\'e9s de lo que me has con\-tado
\'e9ste es precisamente el que quiero.
\par \emdash Alg\'fan d\'eda, quiz\'e1. Pero no hoy.
\par Se lo tom\'e9 de las manos y volv\'ed a ocultarlo en su lugar.
\par \emdash Volver\'e9 sin ti y me lo llevar\'e9 sin que t\'fa te
enteres \emdash dijo, burlona.
\par \emdash No lo encontrar\'edas en mil a\'f1os.
\par \emdash Eso es lo que t\'fa te crees. Ya he visto tus marcas y yo
tambi\'e9n me s\'e9 el cuento del Minotauro.
\par \emdash Isaac no te dejar\'eda entrar.
\par \emdash Te equivocas. Le caigo mejor que t\'fa.
\par \emdash \'bfY t\'fa qu\'e9 sabes?
\par \emdash S\'e9 leer miradas.
\par A mi pesar, la cre\'ed y escond\'ed la m\'eda.
\par \emdash Escoge cualquier otro. Mira, \'e9ste de aqu\'ed promete.
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 El cerdo mesetario, ese desconocido: En
busca de las ra\'edces del to\-cino ib\'e9rico, }{\lang1034 por Anselmo
Torquemada. Seguro que vendi\'f3 m\'e1
s ejemplares que cualquiera de Juli\'e1n Carax. Del cer\-do se aprovecha
todo.
\par \emdash Este otro me tira m\'e1s.
\par }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 \emdash Tess d'Ubervilles. }{\lang1034
Es la versi\'f3n original. \'bfTe atreves con Thomas Hardy en ingl\'e9s?
\par Me mir\'f3 de reojo.
\par \emdash Adjudicado entonces.
\par \emdash \'bfNo lo ves? Si parece que me estuviese esperando a m\'ed.
Como si hubiera estado aqu\'ed escondido para m\'ed des\-de antes de que
yo naciese.
\par La mir\'e9, at\'f3nito. Bea arrug\'f3 la sonrisa.
\par \emdash \'bfQu\'e9 he dicho?
\par Entonces, sin pensarlo, con apenas un roce en los la\-bios, la
bes\'e9.
\par
\par Era ya casi medianoche cuando llegamos al portal de casa de Bea.
Hab\'edamos hecho casi todo el camino en silencio, sin atrevernos a decir
lo que pens\'e1bamos. Camin\'e1bamos separados, escondi\'e9
ndonos el uno del otro. Bea caminaba erguida con su Tess bajo el brazo y
yo la segu\'eda a un palmo, con su sabor en los labios. Arrastraba
todav\'eda la mirada de soslayo que me hab\'eda propinado Isaac al de\-
jar el Cementerio de los Libros Olvidados. Era una mirada que conoc\'eda
bien y que hab\'eda visto mil veces en mi padre, una mirada que me
preguntaba si ten\'eda la menor idea de lo que estaba haciendo. Las
\'faltimas horas hab\'ed
an transcurrido en otro mundo, un universo de roces, de miradas que no
entend\'eda y que se com\'edan la raz\'f3n y la ver\-g\'fcenza. Ahora, de
regreso a aquella realidad que siempre acechaba en las sombras del
ensanche, el embrujo se des\-prend\'ed
a y apenas me quedaba el deseo doloroso y una in\-quietud que no ten\'eda
nombre. Una simple mirada a Bea me bast\'f3 para comprender que mis
reservas apenas eran un soplo en la ventisca que se la com\'ed
a por dentro. Nos detuvimos frente al portal y nos miramos sin hacer ni
amago por fingir. Un sereno tonadillero se aproximaba sin prisa,
canturreando boleros acompa\'f1\'e1ndose del tintineo sabros\'f3n de sus
arbustos de llaves.
\par \emdash A lo mejor prefieres que no volvamos a vernos \emdash ofre\-
c\'ed sin convicci\'f3n.
\par \emdash No s\'e9, Daniel. No s\'e9 nada. \'bfEs eso lo que t\'fa
quieres?
\par \emdash No. Claro que no. \'bfY t\'fa?
\par Se encogi\'f3 de hombros, esbozando una sonrisa sin fuerza.
\par \emdash \'bfT\'fa qu\'e9 crees? \emdash pregunt\'f3\emdash . Antes
te he mentido, \'bfsabes? En el claustro.
\par \emdash \'bfEn qu\'e9?
\par \emdash En que no quer\'eda verte hoy.
\par El sereno nos rondaba blandiendo una sonrisilla de refil\'f3n,
obviamente indiferente a aquella mi primera es\-cena de portal y susurros
que a \'e9l, en su veteran\'eda, se le deb\'eda de antojar banal y
trillada.
\par \emdash Por m\'ed no hay prisa \emdash dijo\emdash . Voy a hacer un
ciga\-rrito a la esquina y ya me dir\'e1n.
\par Esper\'e9 a que el sereno se hubiese alejado.
\par \emdash \'bfCu\'e1ndo voy a verte otra vez?
\par \emdash No lo s\'e9, Daniel.
\par \emdash \'bfMa\'f1ana?
\par \emdash Por favor, Daniel. No lo s\'e9.
\par Asent\'ed. Me acarici\'f3 la cara.
\par \emdash Ahora es mejor que te vayas.
\par \emdash \'bfSabes al menos d\'f3nde encontrarme, no? Asinti\'f3.
\par \emdash Estar\'e9 esperando.
\par \emdash Yo tambi\'e9n.
\par Me alej\'e9 con la mirada prendida de la suya. El sereno, experto en
estos lances, ya acud\'eda a abrirle el portal.
\par \emdash Sinverg\'fcenza \emdash me susurr\'f3 de pasada, no sin
cierta admiraci\'f3n\emdash . Menudo bombonazo.
\par Esper\'e9 hasta que Bea hubo entrado en el edificio y par\-t\'ed a
paso ligero, volviendo la vista atr\'e1s a cada paso. Lenta\-mente, me
invadi\'f3 la certeza absurda de que todo era posi\-ble y me pareci\'f3
que hasta aquellas calles desiertas y aquel viento hostil ol\'edan a
esperanza. Al llegar a la plaza Catalu\'f1a advert\'ed que una bandada de
palomas se hab\'eda congregado }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 en el centro
de la plaza. Lo cubr\'ed
an todo, como un }{\field\flddirty{\*\fldinst {\expnd0\expndtw-2\lang1034
HYPERLINK http://manto.de }{\fs20\expnd0\expndtw-2\lang1034 {\*\datafield
00d0c9ea79f9bace118c8200aa004ba90b0200000003000000e0c9ea79f9bace118c8200a
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65002f0000000000000000000000000000000000}}}{\fldrslt {\expnd0\expndtw-
2\lang1034 manto. de}}}{
\expnd0\expndtw-2\lang1034 alas blancas que se mec\'eda en silencio.
Pens\'e9 en rodear el recinto, pero justo entonces advert\'ed que la
bandada me abr\'eda paso sin alzar el vuelo. Avanc\'e9 a tientas,
observando c\'f3
mo las palomas se apartaban a mi paso y volv\'edan a cerrar filas tras de
m\'ed. Al llegar al centro de la plaza escuch\'e9 el ru\-mor de las
campanas de la catedral repicando la mediano\-che. Me detuve un instante,
varado en un oc\'e9
ano de aves plateadas, y pens\'e9 que aqu\'e9l hab\'eda sido el d\'eda
m\'e1s extra\'f1o y maravilloso de mi vida.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {22
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par Todav\'eda hab\'eda luz en la librer\'eda cuando cruc\'e9 frente al
escaparate. Pens\'e9 que tal vez mi padre se hab\'eda queda\-do hasta
tarde poni\'e9ndose al d\'ed
a con la correspondencia o buscando cualquier excusa para esperarme
despierto y sonsacarme acerca de mi encuentro con Bea. Observ\'e9 una
silueta componiendo una pila de libros y reconoc\'ed el perfil enjuto y
nervioso de Ferm\'edn en plena concentra\-ci
\'f3n. Golpe\'e9 en el cristal con los nudillos. Ferm\'edn se aso\-m\'f3,
gratamente sorprendido, y me hizo se\'f1as para que me asomase por la
entrada a la trastienda.
\par \emdash \'bfTodav\'eda trabajando, Ferm\'edn? Pero si es
tard\'edsimo.
\par \emdash En realidad estaba haciendo tiempo para acercar\-me luego a
casa del pobre don Federico y velarlo. Nos he\-mos montado unos turnos
con Eloy, el de la \'f3ptica. Total, yo tampoco duermo mucho. Dos, tres
horas a lo m\'e1s. Cla\-
ro que usted tampoco se queda manco, Daniel. Pasa la medianoche, de lo
cual infiero que su encuentro con la chiquita ha sido un \'e9xito
clamoroso.
\par Me encog\'ed de hombros.
\par \emdash La verdad es que no lo s\'e9 \emdash admit\'ed.
\par \emdash \'bfLe ha metido mano?
\par \emdash No.
\par \emdash Buena se\'f1al. No se f\'ede nunca de las que se dejan meter
mano de buenas a primeras. Pero menos a\'fan de las que necesitan que un
cura les d\'e9 la aprobaci\'f3n. El solomillo, valga el s\'edmil
c\'e1rnico, est\'e1
en medio. Si se tercia, claro est\'e1, no sea mojigato y aprov\'e9chese.
Pero si lo que busca es algo serio, como lo m\'edo con la Bernarda,
recuer\-de esta regla de oro.
\par \emdash \'bfEs serio lo suyo?
\par \emdash M\'e1s que serio. Espiritual. \'bfY lo de esta muchacha,
Beatriz, qu\'e9? Que cotiza de un mollar enciclop\'e9dico salta a la
vista, pero el quid de la cuesti\'f3n es: \'bfser\'e1 de las que enamoran
o de las que emboban las v\'edsceras menores?
\par \emdash No tengo la menor idea \emdash apunt\'e9\emdash . Las dos
cosas, dir\'eda yo.
\par \emdash Mire, Daniel, eso es como el empacho. \'bfNota usted algo
aqu\'ed, en la boca del est\'f3mago? Como si se hubiese tragado un
ladrillo. \'bfO es s\'f3lo una calentura general?
\par \emdash M\'e1s bien lo del ladrillo \emdash dije, aunque no
descart\'e9 completamente la calentura.
\par \emdash Entonces es que el asunto va en serio. Dios le coja
confesado. Ande, si\'e9ntese y le har\'e9 una tila.
\par Nos acomodamos en torno a la mesa que hab\'eda en la trastienda,
rodeados de libros y de silencio. La ciudad dorm\'eda y la librer\'eda
parec\'eda un bote a la deriva en un oc\'e9ano de paz y sombra. Ferm\'edn
me tendi\'f3 una taza hu\-meante y me sonri
\'f3 con cierto embarazo. Algo le ronda\-ba la cabeza.
\par \emdash \'bfPuedo hacerle una pregunta de \'edndole personal,
Daniel?
\par \emdash Por supuesto.
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 \emdash Le ruego me responda con toda
sinceridad \emdash dijo }{\lang1034 y }{\expnd0\expndtw4\lang1034
carraspe\'f3\emdash . \'bfUsted cree que yo podr\'eda llegar a ser pa\-
dre?
\par Debi\'f3 de leer la perplejidad en mi rostro y se apresu\-r\'f3 a
a\'f1adir:
\par \emdash No quiero decir padre biol\'f3gico, porque se me ver\'e1
algo enclenque pero gracias a Dios la providencia ha querido dotarme la
potencia y la furia viril de un miura. Me re\-fiero a otro tipo de padre.
Un buen padre, ya sabe usted.
\par \emdash \'bfUn buen padre?
\par \emdash S\'ed. Como el suyo. Un hombre con cabeza, coraz\'f3n y
alma. Un hombre. que sea capaz de escuchar, guiar y res\-petar a una
criatura, y de no ahogar en ella sus propios defectos. Alguien a quien un
hijo no s\'f3
lo quiera por ser su padre, sino que lo admire por la persona que es.
Al\-guien a quien quiera parecerse.
\par \emdash \'bfPor qu\'e9 me pregunta usted eso, Ferm\'edn? Yo pensa\-
ba que no cre\'eda usted en el matrimonio y la familia. El yugo y todo
eso, \'bfrecuerda?
\par Ferm\'edn asinti\'f3.
\par \emdash Mire, todo eso es diletancia. El matrimonio y la fa\-milia
no son m\'e1s que lo que nosotros hacemos de ellos. Sin eso, no son
m\'e1s que un pesebre de hipocres\'edas. Morralla y palabrer\'ed
a. Pero si hay amor de verdad, del que no se habla ni se declara a los
cuatro vientos, del que se nota y se demuestra...
\par \emdash Me parece usted un hombre nuevo, Ferm\'edn.
\par \emdash Es que lo soy. La Bernarda me ha hecho desear ser un hombre
mejor de lo que soy.
\par \emdash \'bfY eso?
\par \emdash Para merecerla. Usted eso ahora no lo entiende, por\-que es
joven. Pero con el tiempo ver\'e1 que lo que cuenta a veces no es lo que
se da, sino lo qu
e se cede. La Bernarda y yo hemos estado hablando. Ella es una madraza,
ya lo sabe usted. No lo dice, pero me parece que la felicidad m\'e1s
grande que podr\'eda tener en esta vida es ser madre. Y a m\'ed esa mujer
me gusta m\'e1s que el melocot\'f3
n en alm\'edbar. Con decirle que soy capaz de pasar por una iglesia
despu\'e9s de treinta y dos a\'f1os de abstinencia clerical y recitar los
sal\-mos de san Seraf\'edn o lo que haga falta por ella.
\par \emdash Le veo muy lanzado, Ferm\'edn. Si apenas acaba de co\-
nocerla...
\par \emdash Mire, Daniel, a mi edad o uno empieza a ver la ju\-gada con
claridad o est\'e1 bien jodido. Esta vida vale la pena vivirla por tres o
cuatro cosas, y lo dem\'e1s es abono para el campo. Yo he hecho mucha
tonter\'eda ya, y ahora s\'e9 que lo \'fa
nico que quiero es hacer feliz a la Bernarda y morirme alg\'fan d\'eda en
sus brazos. Quiero volver a ser un hombre respetable, \'bfsabe usted? No
por m\'ed, que a m\'ed el respeto de este orfe\'f3n de monas que llamamos
humani\-dad me la trae floj\'ed
sima, sino por ella. Porque la Bernar\-da cree en estas cosas, en las
radionovelas, en los curas, en la respetabilidad y en la virgen de
Lourdes. Ella es as\'ed
y yo la quiero como es, sin que me cambien ni un pelo de esos que le
salen en la barbilla. Y por eso quiero ser alguien de quien ella pueda
estar orgullosa. Quiero que piense: mi Ferm\'edn es un cacho de hombre,
como Cary Grant, He\-mingway o Manolete.
\par Me cruc\'e9 de brazos, calibrando el asunto.
\par \emdash \'bfHa hablado usted de todo esto con ella? \'bfDe tener un
hijo juntos?
\par \emdash No, por Dios. \'bfPor qui\'e9n me toma? \'bfSe cree que voy
por el mundo dici\'e9ndole a las mujeres que tengo ga\-nas de dejarlas
pre\'f1adas? Y no por falta de ganas, \'bfeh?, porque a la tonta esa de
la Merceditas le hac\'ed
a yo ahora mismo unos trillizos y me quedaba como Dios, pero...
\par \emdash \'bfLe ha dicho la Bernarda que quiere formar una fa\-milia?
\par \emdash Esas cosas no hace falta decirlas, Daniel. Se ven en la
cara.
\par Asent\'ed.
\par \emdash Pues entonces, en lo que valga mi opini\'f3n, estoy se\-guro
de que ser\'e1 usted un padre y un esposo formidable. Aunque no crea
usted en todas esas cosas, porque as\'ed no las dar\'e1 nunca por
supuestas.
\par Se le deshizo la cara de alegr\'eda.
\par \emdash \'bfLo dice de verdad?
\par \emdash Claro que s\'ed.
\par \emdash Pues me quita usted un peso enorme de encima. Porque s\'f3lo
de rememorar a mi progenitor y pensar que yo pudiera llegar a ser para
alguien lo que \'e9l fue para m\'ed me entran ganas de esterilizarme.
\par \emdash Pierda cuidado, Ferm\'edn. Adem\'e1s, su vigor insemi\-nador
probablemente no hay tratamiento que lo doble\-gue.
\par \emdash Tambi\'e9n es verdad \emdash reflexion\'f3\emdash . Venga,
v\'e1yase us\-ted a descansar que no lo quiero entretener m\'e1s.
\par \emdash No me entretiene, Ferm\'edn. Tengo la impresi\'f3n de que no
voy a pegar ojo.
\par \emdash Sarna con gusto... Por cierto, lo que me coment\'f3 de ese
apartado de correos, \'bfse acuerda?
\par \emdash \'bfHa averiguado ya algo?
\par \emdash Ya le dije que lo dejase de mi cuenta. Este medio\-d\'eda, a
la hora de comer, me he acercado hasta Correos y he tenido unas palabras
con un viejo conocido que traba ja all\'ed. El apartado de correos 2321
consta a nombre de un tal Jos\'e9 Mar\'ed
a Requejo, abogado con oficinas en la ca\-lle Le\'f3n XIII. Me permit\'ed
comprobar la direcci\'f3n del interfecto y no me sorprendi\'f3 averiguar
que no existe, aunque me imagino que eso usted ya lo sabe. La corres\-
pondencia dirigida a ese apartado la viene recogiendo una persona desde
hace a\'f1os. Lo s\'e9 porque algunos de los env\'edos que se reciben de
una corredur\'eda de fincas vie\-nen certificados y al recogerlos hay que
firmar un peque\-\'f1
o recibo y presentar la documentaci\'f3n.
\par \emdash \'bfQui\'e9n es? \'bfUn empleado del abogado Requejo?
\emdash pregunt\'e9.
\par \emdash Hasta ah\'ed no pude llegar, pero lo dudo. O mucho me
equivoco o el tal Requejo existe en el mismo plano que la virgen de
F\'e1tima. S\'f3lo le puedo decir el nombre de la persona que recoge la
correspondencia: Nuria Monfort.
\par Me qued\'e9 blanco.
\par \emdash \'bfNuria Monfort? \'bfEst\'e1 usted seguro de eso,
Ferm\'edn? Yo mismo vi algunos de esos recibos. En todos cons\-taba el
nombre y el n\'famero de la c\'e9dula de identidad. Deduzco por la cara
de v\'f3mito que se le ha puesto que esta revelaci
\'f3n le sorprende.
\par \emdash Bastante.
\par \emdash \'bfPuedo preguntar qui\'e9n es la tal Nuria Monfort? El
empleado con el que habl\'e9 me dijo que la recordaba per\-fectamente
porque acudi\'f3 hace un par de semanas a reti\-rar la correspondencia y,
en su opini\'f3n imparcial, estaba m\'e1
s buena que la Venus de Milo y m\'e1s firme de pecho. Y yo me f\'edo de
su evaluaci\'f3n porque antes de la guerra era catedr\'e1tico de
est\'e9tica, pero como era primo lejano de Largo Caballero, claro, ahora
lame p\'f3lizas de peseta...
\par \emdash Hoy mismo estuve con esa mujer, en su casa \emdash mur\-
mur\'e9.
\par Ferm\'edn me observ\'f3, at\'f3nito.
\par \emdash \'bfCon Nuria Monfort? Empiezo a pensar que me he equivocado
con usted, Daniel. Est\'e1 usted hecho un aut\'e9n\-tico calavera.
\par \emdash No es lo que usted piensa, Ferm\'edn.
\par \emdash Pues usted se lo pierde. Yo a su edad hac\'eda como El
Molino, pase de ma\'f1ana, tarde y noche.
\par Observ\'e9 a aquel hombrecillo enjuto y huesudo, todo
}{\expnd0\expndtw-2\lang1034 nariz y tez amarillenta, y me di cuenta de
que se estaba convirtiendo en mi mejor amigo.
\par \emdash \'bfPuedo contarle algo, Ferm\'edn? Algo que me viene
rondando la cabeza desde hace ya tiempo.
\par \emdash Claro que s\'ed. Lo que sea. Especialmente si es esca\-broso
y concierne a la f\'e1mula esa.
\par Por segunda vez aquella noche proced\'ed a relatar para Ferm\'edn la
historia de Juli\'e1n Carax y el enigma de su muer\-te. Ferm\'edn
escuchaba con suma atenci\'f3n, tomando notas en un cuaderno e
interrumpi\'e9ndome ocasionalmente para preguntarme alg
\'fan detalle cuya relevancia se me escapaba. Escuch\'e1ndome a m\'ed
mismo, se me hac\'edan cada vez mas evidentes las lagunas que hab\'eda en
aquella historia. En m\'e1s de una ocasi\'f3n me qued\'e9 en blanco, mis
pensamientos ex\-
traviados en tratar de discernir por qu\'e9 motivo me habr\'eda mentido
Nuria Monfort. \'bfQu\'e9 significado ten\'eda el hecho de que ella
hubiese estado recogiendo durante a\'f1os la correspondencia dirigida a
un despacho de abogados inexis\-
tente que supuestamente se hac\'eda cargo del piso de la fa\-milia
Fortuny-Carax en la ronda de San Antonio? No me di cuenta de que estaba
formulando mis dudas en voz alta.
\par \emdash No podemos saber todav\'eda por qu\'e9 le minti\'f3 esa mu\-
jer \emdash dijo Ferm\'edn\emdash . Pero podemos aventurarnos a supo\-ner
que si lo hizo a ese respecto, pudo haberlo hecho, y probablemente lo
hizo, respecto a otros tantos.
\par Suspir\'e9, perdido.
\par \emdash \'bfQu\'e9 sugiere usted, Ferm\'edn?
\par Ferm\'edn Romero de Torres suspir\'f3 con adem\'e1n de alta
filosof\'eda.
\par \emdash Le dir\'e9 lo que podemos hacer. Este domingo, si a us\-ted
le parece, nos dejamos caer como aquel que no quiere la cosa por el
colegio de San Gabriel y hacemos alguna averiguaci\'f3n sobre los or\'ed
genes de la amistad entre ese Carax y el otro chaval\'edn, el
ricach\'f3n...
\par \emdash Aldaya.
\par \emdash Yo con los curas tengo much\'edsima mano, ya ver\'e1, aunque
sea por esta pinta de cartujo golfo que tengo. Cuatro lisonjas y me los
meto en el bolsillo.
\par \emdash \'bfQuiere decir?
\par \emdash \'a1Hombre! Le garantizo a usted que \'e9stos van a can\-tar
como la Escolan\'eda de Montserrat.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {23
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par Pas\'e9 el s\'e1bado en trance, anclado tras el mostrador de la
librer\'eda con la esperanza de ver a Bea aparecer por la puerta como por
ensalmo. Cada vez que sonaba el tel\'e9fo\-no me
lanzaba a la carrera para contestar, arrebatando el auricular a mi padre
o a Ferm\'edn. A media tarde, despu\'e9s de una veintena de llamadas de
clientes y sin noticias de Bea, empec\'e9 a aceptar que el mundo y mi
miserable exis\-
tencia llegaban a su fin. Mi padre hab\'eda salido a valorar una
colecci\'f3n en San Gervasio y Ferm\'edn aprovech\'f3 la co\-yuntura para
colocarme otra de sus lecciones magistrales en los entresijos de las
intrigas amatorias.
\par \emdash Ser\'e9nese o va a criar una piedra en el h\'edgado \emdash
acon\-sej\'f3 Ferm\'edn\emdash . Esto del cortejo es como el tango:
absurdo y pura floritura. Pero usted es el hombre y le toca llevar la
iniciativa.
\par Aquello empezaba a adquirir un cariz funesto.
\par \emdash \'bfLa iniciativa? \'bfYo?
\par \emdash \'bfQu\'e9 quiere? Alg\'fan precio ten\'eda que tener el
poder mear de pie.
\par \emdash Pero si Bea me dio a en tender que ya me dir\'eda ella algo.
\par }{\lang1034 \emdash Qu\'e9 poco entiende usted de mujeres, Daniel.
Me juego el aguinaldo a que esa pollita est\'e1 ahora en su casa mirando
l\'e1nguidamente por la ventana en plan Dama de las Camelias, esperando
que llegue ust
ed a rescatarla del cafre de su se\'f1or padre para arrastrarla en una
espiral in\-contenible de lujuria y pecado.
\par \emdash \'bfEst\'e1 seguro?
\par \emdash Ciencia pura.
\par \emdash \'bfY si ha decidido que ya no quiere verme m\'e1s?
\par \emdash Mire, Daniel. Las mujeres, con notables excepcio\-nes como
su vecina la Merceditas, son m\'e1s inteligentes que nosotros, o cuando
menos m\'e1s sinceras consigo mis\-
mas sobre lo que quieren o no. Otra cosa es que se lo digan a uno o al
mundo. Se enfrenta usted al enigma de la naturaleza, Daniel. La
f\'e9mina, babel y laberinto. Si la deja usted pensar, est\'e1 perdido.
Recuerde: coraz\'f3n caliente, mente fr\'ed
a. El c\'f3digo del seductor.
\par Estaba Ferm\'edn por detallarme las particularidades y tecnicismos
del arte de la seducci\'f3n cuando son\'f3 la cam\-panilla de la puerta y
vimos entrar a mi amigo Tom\'e1s Aguilar. El coraz\'f3
n me dio un vuelco. La providencia me negaba a Bea pero me enviaba a su
hermano. Funesto he\-raldo, pens\'e9. Tom\'e1s tra\'eda el rostro
sombr\'edo y un aire de cierto desaliento.
\par \emdash Menudo aire funerario nos trae usted, don Tom\'e1s \emdash
coment\'f3 Ferm\'edn\emdash . Nos aceptar\'e1 un cafetito al menos,
\'bfverdad?
\par \emdash No le dir\'e9 que no \emdash dijo Tom\'e1s, con la reserva
ha\-bitual.
\par Ferm\'edn procedi\'f3 a servirle una taza del mejunje que guardaba
en su termo y que desprend\'eda un sospechoso aroma jerezano.
\par \emdash \'bfAlg\'fan problema? \emdash pregunt\'e9.
\par Tom\'e1s se encogi\'f3 de hombros.
\par \emdash Nada nuevo. Mi padre hoy tiene el d\'eda y he preferi\-do
salir a airearme un rato.
\par Tragu\'e9 saliva.
\par \emdash \'bfY eso?
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash }{\lang1034 Ve a saber. Anoche
mi hermana Bea lleg\'f3 a las tan\-tas. Mi padre la estaba esperando
despierto y algo tocado, como siempre. Ella se neg\'f3 a decir de
d\'f3nde ven\'eda ni con qui\'e9n hab\'ed
a estado y mi padre se puso hecho una furia. Estuvo hasta las cuatro de
la ma\'f1ana chillando, trat\'e1ndo\-la de zorra para arriba y
jur\'e1ndole que la iba a meter a monja y que si volv\'eda pre\'f1ada la
iba a echar a patadas a la puta calle.
\par Ferm\'edn me lanz\'f3 una mirada de alarma. Sent\'ed que las gotas
de sudor que me corr\'edan por la espalda descend\'edan varios grados de
temperatura.
\par \emdash Esta ma\'f1ana \emdash continu\'f3 Tom\'e1s\emdash , Bea se
ha ence\-rrado en su cuarto y no ha salido en todo el d\'eda. Mi padre se
ha plantado en el comedor a leer el ABC y a escuchar zarzuelas en la
radio a todo volumen. En el entreacto de }{
\i\expnd0\expndtw4\lang1034 Luisa Fernanda }{\lang1034 he tenido que
salir porque me volv\'eda loco.
\par \emdash Bueno, seguramente su hermana estar\'eda con el no\-vio,
\'bfno? \emdash pinch\'f3 Ferm\'edn\emdash . Es lo natural.
\par Le lanc\'e9 un puntapi\'e9 tras el mostrador, que Ferm\'edn
dribl\'f3 con agilidad felina.
\par \emdash Su novio est\'e1 haciendo la mili \emdash precis\'f3
Tom\'e1s\emdash . No viene de permiso hasta dentro de un par de semanas.
Y adem\'e1s, cuando sale con \'e9l est\'e1 en casa a las ocho, como muy
tarde.
\par \emdash \'bfY no tiene usted idea de d\'f3nde estuvo ni con
qui\'e9n?
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash }{\lang1034 Ya le ha dicho que
no, Ferm\'edn \emdash intervine yo, ansio\-so por cambiar de tema.
\par \emdash \'bfY su padre tampoco? \emdash insisti\'f3 Ferm\'edn, que
se lo estaba pasando en grande.
\par \emdash No. Pero ha jurado averiguarlo y partirle las piernas y la
cara en cuanto sepa qui\'e9n es.
\par Me qued\'e9 l\'edvido. Ferm\'edn me sirvi\'f3 una taza de su bre\-
baje sin preguntar. La apur\'e9 de un trago. Sab\'eda a gasoil tibio.
Tom\'e1s me observaba en silencio, la mirada impene\-trable y oscura.
\par \emdash \'bfLo han o\'eddo ustedes? \emdash dijo de pronto
Ferm\'edn\emdash . As\'ed como un redoble de salto mortal.
\par \emdash No.
\par \emdash Las tripas de un servidor. Miren, de pronto me ha entrado un
hambre... \'bfles importa si les dejo solos un rato y me acerco al horno
a ver si pillo alg\'fan bollo? Eso sin mencionar a esa dependienta nueva
reci\'e9n llegada de Reus que est\'e1
para mojar pan y lo que se tercie. Se llama Mar\'eda Virtudes, pero
tiene un vicio la ni\'f1a... As\'ed les dejo que hablen de sus cosas,
\'bfeh?
\par En diez segundos Ferm\'edn hab\'eda desaparecido por en\-salmo,
rumbo a su merienda y a su encuentro con la n\'edn\-fula. Tom\'e1s y yo
nos quedamos a solas rodeados de un silencio que promet\'eda m\'e1s
solidez que el franco suizo.
\par \emdash Tom\'e1s \emdash empec\'e9, con la boca seca\emdash . Ayer
por la noche tu hermana estuvo conmigo.
\par Me contempl\'f3 sin apenas pesta\'f1ear. Tragu\'e9 saliva.
\par \emdash Di algo \emdash dije.
\par \emdash T\'fa est\'e1s mal de la cabeza.
\par Pas\'f3 un minuto de murmullos en la calle. Tom\'e1s sos\-ten\'eda
su caf\'e9, intacto.
\par \emdash \'bfVas en serio? \emdash pregunt\'f3.
\par \emdash S\'f3lo la he visto una vez.
\par \emdash Eso no es respuesta.
\par \emdash \'bfTe importar\'eda?
\par Se encogi\'f3 de hombros.
\par \emdash T\'fa sabr\'e1s lo que haces. \'bfDejar\'edas de verla
s\'f3lo por\-que yo te lo pidiese?
\par \emdash S\'ed \emdash ment\'ed\emdash . Pero no me lo pidas.
\par Tom\'e1s baj\'f3 la cabeza.
\par \emdash T\'fa no conoces a Bea \emdash murmur\'f3.
\par Me call\'e9. Dejamos pasar varios minutos sin mediar pa\-labra,
mirando las figuras grises oteando desde el esca\-parate, rogando que
alguna se animase a entrar y a resca\-tarnos de aquel silencio
envenenado. Al cabo de un rato, Tom\'e1s abandon\'f3
la taza sobre el mostrador y se dirigi\'f3 hacia la puerta.
\par \emdash \'bfTe vas ya?
\par Asinti\'f3.
\par \emdash \'bfNos vemos ma\'f1ana un rato? \emdash dije\emdash .
Podr\'edamos ir al cine, con Ferm\'edn, como antes.
\par Se detuvo junto a la salida.
\par \emdash S\'f3lo te lo dir\'e9 una vez, Daniel. No le hagas da\'f1o a
mi hermana.
\par Al salir se cruz\'f3 con Ferm\'edn, que ven\'eda cargado con una
bolsa de pastas humeantes. Ferm\'edn lo contempl\'f3 per\-derse en la
noche, sacudiendo la cabeza. Dej\'f3 las pastas sobre el mostrador y me
ofreci\'f3 una ensaimada reci\'e9n he\-
cha. Declin\'e9 el ofrecimiento. No hubiera sido capaz de tragar ni una
aspirina.
\par \emdash Ya se le pasar\'e1, Daniel. Ya lo ver\'e1. Estas cosas,
entre amigos, son normales.
\par \emdash No lo s\'e9 \emdash murmur\'e9.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {24
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034
\par Nos encontramos a las siete y media de la ma\'f1ana del do\-mingo en
el caf\'e9 Canaletas, donde Ferm\'edn me invit\'f3 a caf\'e9 con leche y
unos brioches cuya textura, incluso unta}{\expnd0\expndtw4\lang1034
dos de mantequilla, albergaba cierta similitud con la de la piedra
p\'f3mez. Nos atendi\'f3 un camarero que luc\'eda un emblema de la
Falange en la solapa y un bigote cortado a l\'e1
piz. No paraba de canturrear y, al preguntarle por la causa de su
excelente humor, nos explic\'f3 que hab\'eda sido padre el d\'eda
anterior. Cuando le felicitamos insisti\'f3 en re\-galarnos una Faria a
cada uno para que nos la fum\'e1semos durante el d
\'eda a la salud de su primog\'e9nito. Dijimos que as\'ed lo har\'edamos.
Ferm\'edn lo miraba de reojo, con el ce\'f1o fruncido, y sospech\'e9 que
tramaba algo.
\par Durante el desayuno, Ferm\'edn dio por inaugurada la jornada
detectivesca con un esbozo general del enigma.
\par \emdash Todo empieza con la amistad sincera entre dos mu\-chachos,
Juli\'e1n Carax y Jorge Aldaya, compa\'f1eros de cla\-se desde la
infancia, como don Tom\'e1s y usted. Durante a\'f1
os todo va bien. Amigos inseparables con toda una vida por delante. Sin
embargo, en alg\'fan momento se produce un conflicto que rompe esa
amistad. Por parafrasear a los dramaturgos de sal\'f3n, el conflicto
tiene nombre de mu\-jer y se llama Pen\'e9
lope. Muy hom\'e9rico. \'bfMe sigue?
\par Lo \'fanico que me vino a la mente fueron las \'faltimas palabras de
Tom\'e1s Aguilar la noche anterior, en la libre\-r\'eda: \'abNo le hagas
da\'f1o a mi hermana.\'bb Sent\'ed n\'e1useas.
\par \emdash En 1919, Juli\'e1n Carax parte rumbo a Par\'eds cual vul\-
gar Odiseo \emdash continu\'f3 Ferm\'edn\emdash . La carta firmada por
Pen\'e9lope, que \'e9l nunca llega a recibir, establece que para entonces
la joven est\'e1
recluida en su propia casa, prisio\-nera de su familia por motivos poco
claros, y que la amis\-tad entre Aldaya y Carax ha fenecido. Es m\'e1s,
por lo que nos cuenta Pen\'e9lope, su hermano Jorge ha jurado que si
vuelve a ver a su viejo amigo Juli\'e1
n, lo matar\'e1. Palabras mayores para el fin de una amistad. No hace
falta ser Pas\-teur para inferir que el conflicto es consecuencia directa
de la relaci\'f3n entre Pen\'e9lope y Carax.
\par Un sudor fr\'edo me cubr\'eda la frente. Sent\'ed que el caf\'e9 con
leche y los cuatro bocados que hab\'eda engullido me ascend\'edan por la
garganta.
\par \emdash Con todo, hemos de suponer que Carax nunca lle\-ga a saber
lo acontecido a Pen\'e9lope, porque la carta no llega a sus manos. Su
vida se pierde en las nieblas de Par\'eds, donde desarrollar\'e1
una existencia fantasmal entre su empleo de pianista en un
establecimiento de variedades y una desastrosa carrera como novelista de
ning\'fan \'e9xito. Estos a\'f1os en Par\'ed
s son un misterio. Todo lo que queda de ellos es una obra literaria
olvidada y virtualmente desaparecida. Sabemos que en alg\'fan momento
decide con\-traer matrimonio con una enigm\'e1tica y acaudalada dama que
le dobla en edad. La
naturaleza de tal matrimonio, si hemos de atenernos a los testimonios,
parece m\'e1s bien un acto de caridad o amistad por parte de una dama
en\-ferma que un lance rom\'e1ntico. A todas luces, la mecenas, temiendo
por el futuro econ\'f3
mico de su protegido, opta por dejarle su fortuna y despedirse de este
mundo con un revolc\'f3n a mayor gloria del protectorado de las artes.
Los parisinos son as\'ed.
\par \emdash Quiz\'e1 fuera un amor genuino \emdash apunt\'e9, con un
hilo de voz.
\par \emdash \'bfOiga, Daniel, est\'e1 usted bien? Se ha puesto blan\-
qu\'edsimo y est\'e1 sudando a mares.
\par \emdash Estoy perfectamente \emdash ment\'ed.
\par \emdash A lo que iba. El amor es como el embutido: hay lomo
embuchado y hay mortadela. Todo tiene su lugar y funci\'f3n. Carax
hab\'eda declarado que no se sent\'eda digno de amor alguno y, de hecho,
no sabemos de ning\'fan roman\-
ce registrado durante sus a\'f1os en Par\'eds. Claro que traba\-jando en
una casa de citas, quiz\'e1 los ardores primarios del instinto quedaban
cubiertos v\'eda la confraternizaci\'f3
n entre empleados de la empresa, como si se tratase de un bono o, nunca
mejor dicho, el lote de Navidad. Pero este es pura especulaci\'f3
n: Volvamos al momento en que se anuncia el matrimonio entre Carax y su
protectora. Es entonces cuando vuelve a aparecer Jorge Aldaya en el mapa
de este turbio asunto. Sabemos que contacta con el editor de Carax en
Barcelona a fin de averiguar el para\-
dero del novelista. Poco tiempo despu\'e9s, la ma\'f1ana del d\'eda de su
boda, Juli\'e1n Carax se bate en un duelo con un desconocido en el
cementerio de Pere Lachaise y desapa\-rece. La boda jam\'e1s tiene lugar.
A partir de ah\'ed, todo se confunde.
\par Ferm\'edn dej\'f3 caer una pausa dram\'e1tica, dirigi\'e9ndome su
mirada de alta intriga.
\par \emdash Supuestamente, Carax cruza la frontera y, demos\-trando una
vez m\'e1s su proverbial sentido de la oportunidad, regresa a Barcelona
en 1936, justo en pleno estallido de la guerra civil. Sus actividades y
paradero en Barcelo\-
na durante esas semanas son confusos. Suponemos que permanece durante un
mes en la ciudad y que durante ese tiempo no contacta con ninguno de sus
conocidos. Ni con su padre ni con su amiga Nuria Monfort. Es encon\-trado
muerto poco m\'e1
s tarde en las calles, asesinado de un tiro. No tarda en hacer su
aparici\'f3n un funesto personaje que se hace llamar La\'edn Coubert,
nombre que toma prestado de un personaje de la \'faltima novela del
propio Carax, que para m\'e1s inri no es sino el pr
\'edncipe de los in\-fiernos. El supuesto diablillo se declara dispuesto
a borrar del mapa lo poco que queda de Carax y destruir sus li\-bros para
siempre. Para acabar de redondear el melodra\-ma, aparece como un hombre
sin rostro, de
sfigurado por el fuego. Un villano escapado de una opereta g\'f3tica en
quien, para confundir m\'e1s las cosas, Nuria Monfort cree reconocer la
voz de Jorge Aldaya.
\par \emdash Le recuerdo que Nuria Monfort me minti\'f3 \emdash dije.
\par \emdash Cierto, pero si bien Nuria Monfort le minti\'f3 es posi\-ble
que lo hiciera m\'e1s por omisi\'f3n y quiz\'e1 por desvincular\-se de
los hechos. Hay pocas razones para decir la verdad, pero para mentir el
n\'famero es infinito. \'bf
Oiga, seguro que se encuentra bien? Tiene un color de cara como de
tetilla gallega.
\par Negu\'e9 y sal\'ed a escape rumbo al servicio.
\par Devolv\'ed el desayuno, la cena y buena parte de la ira que llevaba
encima. Me lav\'e9 la cara con el agua helada de la pica y contempl\'e9
mi reflejo en el espejo nublado sobre el que alguien hab\'eda garabateado
con un l\'e1piz de cera la leyenda \'ab
Gir\'f3n cabrito\'bb. Al volver a la mesa comprob\'e9 que Ferm\'edn
estaba en la barra, pagando la cuenta y discu\-tiendo de f\'fatbol con el
camarero que nos hab\'eda atendido.
\par \emdash \'bfMejor? \emdash pregunt\'f3.
\par Asent\'ed.
\par \emdash Eso es una bajada de presi\'f3n \emdash dijo
Ferm\'edn\emdash . Ten\-ga un Sugus, que lo cura todo.
\par Al salir del caf\'e9, Ferm\'edn insisti\'f3 en que tom\'e1semos un
taxi hasta el colegio de San Gabriel y dej\'e1semos el metro para otro
d\'eda, argumentando que hac\'eda una ma\'f1ana de mural conmemorativo y
que los t\'faneles eran para las ratas.
\par \emdash Un taxi hasta Sarri\'e1 costar\'e1 una fortuna \emdash
objet\'e9.
\par \emdash Invita el montep\'edo de cretinos \emdash ataj\'f3
Ferm\'edn\emdash , que aqu\'ed el patriota me ha dado mal el cambio y
hemos hecho negocio. Y usted no est\'e1 como para viajar bajo tie\-rra.
\par Pertrechados as\'ed de fondos il\'edcitos, nos apostamos en una
esquina al pie de la Rambla de Catalu\'f1a y esperamos la llegada de un
taxi. Tuvimos que dejar pasar unos cuantos, porque Ferm\'edn declar\'f3
que para una vez que sub\'eda en autom\'f3
vil quer\'eda por lo menos un Studebaker. Nos lle\-v\'f3 un cuarto de
hora dar con un veh\'edculo de su agrado, que Ferm\'edn procedi\'f3 a
parar con grandes aspavientos.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 Ferm\'edn insisti\'f3 en viajar en el
asiento de delante, lo que le dio ocasi\'f3n de enzarzarse en una
discusi\'f3n con el con\-ductor en torno al oro de Mosc\'fa y a Josef
Stalin, que era su \'eddolo y gu\'ed
a espiritual en la distancia.
\par \emdash Ha habido tres grandes figuras en este siglo: Dolo\-res
Ib\'e1rruri, Manolete y Jos\'e9 Stalin \emdash proclam\'f3 el taxista,
dispuesto a obsequiarnos con una detallada hagiograf\'eda del ilustre
camarada.
\par Yo viajaba c\'f3modamente en el asiento de atr\'e1s, ajeno a la
perorata, con la ventana abierta y disfrutando del aire fresco.
Ferm\'edn, encantado de pasearse en Studebaker, le daba cuerda al
conductor, puntuando de vez en cuando la entra\'f1
able semblanza del l\'edder sovi\'e9tico que glosaba el taxista con
cuestiones de dudoso inter\'e9s historiogr\'e1fico.
\par \emdash Pues tengo entendido que padece much\'edsimo de la
pr\'f3stata desde que se trag\'f3 un hueso de n\'edspero y que ahora
s\'f3lo consigue orinar si le tararean }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 La
Internacional }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash dej
\'f3 caer Ferm\'edn.
\par \emdash Propaganda fascista \emdash aclar\'f3 el taxista, m\'e1s
devoto que nunca\emdash . El camarada mea como un toro. Ya quisiera para
s\'ed el Volga tama\'f1o caudal.
\par El debate de alta pol\'edtica nos acompa\'f1\'f3 a trav\'e9s de toda
la traves\'eda por la V\'eda Augusta rumbo a la parte alta de la ciudad.
Clareaba el d\'eda y una brisa fresca vest\'ed
a el cielo de azul ardiente. Al llegar a la calle Ganduxer, el conductor
torci\'f3 a la derecha e iniciamos el lento ascen\-so hacia el paseo de
la Bonanova.
\par El colegio de San Gabriel se alzaba en el centro de una arboleda a
lo alto de una calle angosta y serpentean\-te que ascend\'eda desde la
Bonanova. La fachada, salpicada de ventanales en forma de pu\'f1al,
recortaba los perfiles de un palacio g\'f3
tico de ladrillo rojo, suspendido en arcos y torreones que asomaban sobre
las copas de un platanar en aristas catedralicias. Despedimos al taxi y
nos adentra\-mos en un frondoso jard\'edn sembrado de fuentes de las que
emerg\'ed
an querubines enmohecidos y trenzado con senderos de piedra que reptaban
entre los \'e1rboles. De ca\-mino a la entrada principal, Ferm\'edn me
puso en antece\-dentes sobre la instituci\'f3n con una de sus habituales
lec\-
ciones magistrales de historia social.
\par \emdash Aunque ahora le parezca a usted el mausoleo de Rasput\'edn,
el colegio de San Gabriel fue en su d\'eda una de las m\'e1s prestigiosas
y exclusivas instituciones de Barcelo\-na. En tiempos de la Rep\'fa
blica vino a menos porque los nuevos ricos de entonces, los nuevos
industriales y ban\-queros a cuyos v\'e1stagos les hab\'edan negado plaza
durante a\'f1os porque sus apellidos ol\'edan a nuevo, d
ecidieron crear sus propias escuelas donde se les tratase con reverencia
y donde ellos pudiesen negar plaza a los hijos de otros. El dinero es
como cualquier otro virus: una vez pudre el alma del que lo alberga,
parte en busca de sangre fresca. En este mu
ndo, un apellido dura menos que una pela\-dilla. En sus buenos tiempos,
digamos que entre 1880 y 1930 m\'e1s o menos, el colegio de San Gabriel
acog\'eda a la crema de los ni\'f1atos de rancia alcurnia y bolsa
sonante. Los Aldaya y compa\'f1\'eda acud\'ed
an a este siniestro lugar en r\'e9gimen de internado a confraternizar con
sus semejan\-tes, a o\'edr misa y a aprender historia para as\'ed poder
repetir\-la ad n\'e1useam.
\par \emdash Pero Juli\'e1n Carax no era precisamente uno de ellos
\emdash observ\'e9.
\par \emdash Bueno, a veces estas egregias instituciones ofrecen una o
dos becas para los hijos del jardinero o de un lim\-piabotas y as\'ed
mostrar su grandeza de esp\'edritu y generosidad cristiana \emdash
ofreci\'f3 Ferm\'edn\emdash . El modo m\'e1
s eficaz de hacer inofensivos a los pobres es ense\'f1arles a querer
imi\-tar a los ricos. \'c9se es el veneno con que el capitalismo cie\-ga
a...
\par }{\lang1034 \emdash Ahora no se enrolle con la doctrina social,
Ferm\'edn que si le oye uno de estos curas, nos van a echar a patadas
\emdash cort\'e9, advirtiendo que un par de sacerdotes nos observaban con
una mezcla de curiosidad y reserva desde lo
alto de la escalinata que ascend\'eda al port\'f3n del colegio y
pregunt\'e1ndome si habr\'edan o\'eddo algo de nuestra conversa\-ci\'f3n.
\par Uno de ellos se adelant\'f3 exhibiendo una sonrisa cor\-t\'e9s y las
manos cruzadas sobre el pecho con gesto obispal. Deb\'eda de rondar la
cincuentena y su delgadez y una cabellera rala le confer\'ed
an un aire de ave rapaz. Calzaba una mirada penetrante y desprend\'eda un
aroma a colonia fres\-ca y a naftalina.
\par \emdash Buenos d\'edas. Soy el padre Fernando Ramos \emdash anun\-
ci\'f3\emdash . \'bfEn qu\'e9 puedo servirles?
\par Ferm\'edn ofreci\'f3 su mano, que el sacerdote estudi\'f3 bre\-
vemente antes de estrechar, siempre escudado tras su son\-risa glacial.
\par \emdash Ferm\'edn Romero de Torres, asesor bibliogr\'e1fico de
Sempere e hijos, gustos\'edsimo de saludar a su devot\'edsima excelencia.
Aqu\'ed a mi vera obra mi colaborador a la par que amigo, Daniel, joven
de porvenir y reconocida calidad cristiana.
\par El padre Fernando nos observ\'f3 sin pesta\'f1ear. Quise que me
tragase la tierra.
\par \emdash El gusto es m\'edo, se\'f1or Romero de Torres \emdash
replic\'f3 cordialmente\emdash . \'bfPuedo preguntarles qu\'e9 trae a tan
for\-midable d\'fao a esta nuestra humilde instituci\'f3n?
\par Decid\'ed intervenir antes de que Ferm\'edn le soltase al sa\-
cerdote otra barbaridad y tuvi\'e9ramos que salir por pier\-nas.
\par \emdash Padre Fernando, estamos tratando de localizar a dos antiguos
alumnos del colegio de San Gabriel: Jorge Aldaya y Juli\'e1n Carax.
\par El padre Fernando apret\'f3 los labios y enarc\'f3 una ceja.
\par \emdash Juli\'e1n muri\'f3 hace m\'e1s de quince a\'f1os y Aldaya
mar\-ch\'f3 a la Argentina \emdash dijo secamente.
\par \emdash \'bfLes conoc\'eda usted? \emdash pregunt\'f3 Ferm\'edn.
\par La mirada afilada del sacerdote se detuvo en cada uno de nosotros
antes de responder.
\par \emdash Fuimos compa\'f1eros de clase. \'bfPuedo preguntar cu\'e1l
es su inter\'e9s en el asunto?
\par Andaba yo pensando c\'f3mo contestar aquella pregun\-ta cuando se me
adelant\'f3 Ferm\'edn.
\par \emdash Acontece que ha llegado a nuestro poder una serie de
art\'edculos que pertenecen o pertenecieron, pues la ju\-risprudencia a
este particular es confusa, a los dos menta\-dos.
\par \emdash \'bfY cu\'e1l es la naturaleza de dichos art\'edculos, si no
es mucho preguntar?
\par \emdash Ruego a vuesa merced acepte nuestro silencio, pues vive Dios
que abundan en la materia motivos de concien\-cia y secretismo que nada
tienen que ver con la supina confianza que su excelent\'edsima y la orden
a la que con tanta gallard\'ed
a y piedad representa nos merecen \emdash larg\'f3 Ferm\'edn a toda
velocidad.
\par El padre Fernando le observaba al borde del pasmo. Opt\'e9 por
retomar de nuevo la conversaci\'f3n antes de que Ferm\'edn recobrase el
aliento.
\par \emdash Los art\'edculos a los que hace referencia el se\'f1or Ro\-
mero de Torres son de \'edndole familiar, recuerdos y obje\-tos de valor
puramente sentimental. Lo que quisi\'e9ramos pedirle, padre, si ello no
es gran molestia, es que nos ha\-
ble de lo que recuerda de Juli\'e1n y de Aldaya en sus tiem\-pos de
estudiantes.
\par El padre Fernando nos observaba todav\'eda con recelo. Se me hizo
obvio que no le bastaban las explicaciones que le hab\'edamos dado para
justificar nuestro inter\'e9s y granjearnos su colaboraci\'f3n. Lanc\'e9
una mirada de soco\-rro a Ferm\'ed
n, rogando que diese con alguna argucia con que ganarnos al cura.
\par \emdash \'bfSabe que se parece usted un poco a Juli\'e1n, de jo\-
ven? \emdash pregunt\'f3 de repente el padre Fernando.
\par A Ferm\'edn se le encendi\'f3 la mirada. Ah\'ed viene, pens\'e9. Nos
lo jugamos todo a esta carta.
\par \emdash Es usted un lince, reverencia \emdash proclam\'f3 Ferm\'edn
fingiendo asombro\emdash . Su perspicacia nos ha desenmasca\-rado sin
misericordia. Llegar\'e1 usted lo menos a cardenal o a papa.
\par \emdash \'bfDe qu\'e9 est\'e1 usted hablando?
\par \emdash \'bfNo es obvio y patente, ilustr\'edsima?
\par \emdash La verdad, no.
\par \emdash \'bfContamos con su secreto de confesi\'f3n?
\par \emdash Esto es un jard\'edn, no un confesonario.
\par \emdash Nos basta con su discreci\'f3n eclesi\'e1stica.
\par \emdash La tienen.
\par Ferm\'edn suspir\'f3 profundamente y me mir\'f3 con aire me\-
lanc\'f3lico.
\par \emdash Daniel, no podemos seguir mintiendo a este santo soldado de
Cristo.
\par \emdash Claro que no... \emdash corrobor\'e9, totalmente perdido.
\par Ferm\'edn se aproxim\'f3 al sacerdote y le murmur\'f3 en tono
confidencial:
\par \emdash Pater, tenemos motivos de solidez p\'e9trea para sospe\-char
que aqu\'ed nuestro amigo Daniel no es sino un hijo se\-creto del difunto
Juli\'e1n Carax. De ah\'ed nuestro inter\'e9s en reconstruir su pasado y
recobrar la memoria de un pr\'f3
cer ausente que la parca quiso arrancar del lado de un pobre chiquillo.
\par El padre Fernando me clav\'f3 la mirada, at\'f3nito.
\par \emdash \'bfEs eso cierto?
\par Asent\'ed. Ferm\'edn me palme\'f3 la espalda, compungido.
\par \emdash M\'edrelo, pobrecillo, buscando a un progenitor perdido en
las nieblas de la memoria. \'bfQu\'e9 hay m\'e1s triste que eso?
Cu\'e9nteme vuesa sant\'edsima merced.
\par \emdash \'bfTienen ustedes pruebas que sostengan sus afirma\-ciones?
\par Ferm\'edn me aferr\'f3 de la barbilla y ofreci\'f3 mi rostro como
moneda de pago.
\par \emdash \'bfQu\'e9 mas prueba ans\'eda el mos\'e9n que este careto,
testigo mudo y fehaciente del hecho paternal en cuesti\'f3n?
\par El sacerdote pareci\'f3 dudar.
\par \emdash \'bfMe ayudar\'e1 usted, padre? \emdash implor\'e9,
ladino\emdash . Por favor...
\par El padre Fernando suspir\'f3, inc\'f3modo.
\par \emdash No veo el mal en ello, supongo \emdash dijo
finalmente\emdash . \'bfQu\'e9 quieren saber?
\par \emdash Todo \emdash dijo Ferm\'edn.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {25
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034
\par El padre Fernando recapitulaba sus recuerdos con cierto tono de
homil\'eda. Constru\'eda sus frases con pulcritud y so\-briedad
magistral, dot\'e1ndolas de una cadencia que pare\-c\'ed
a encerrar una moraleja de propina que nunca llegaba a materializarse.
A\'f1os de profesorado le hab\'edan dejado aquel tono firme y
did\'e1ctico de quien est\'e1 acostumbrado a ser o\'eddo, pero se
pregunta si es escuchado.
\par \emdash Si la memoria no me falla, Juli\'e1n Carax ingres\'f3 como
alumno del colegio de San Gabriel en el a\'f1o 1914. En seguida
simpatic\'e9 con \'e9l, porque ambos form\'e1bamos parte del reducido
grupo de alumnos que no proven\'ed
amos de familias acaudaladas. Nos llamaban el comando }{\i\lang1034
Mortsdegana. }{\lang1034 Cada uno de nosotros ten\'eda su historia espe\-
cial. Yo hab\'eda conseguido una plaza becada gracias a mi padre, que
durante veinticinco a\'f1os trabaj\'f3
en las coci\-nas de esta casa. Juli\'e1n hab\'eda sido aceptado gracias
a la in\-tercesi\'f3n del se\'f1or Aldaya, que era cliente de la sombre\-
rer\'eda Fortuny, propiedad del padre de Juli\'e1n. Eran otros tiempos,
claro est\'e1
, y por entonces el poder a\'fan se con\-centraba en familias y en
dinast\'edas. Aqu\'e9l es un mundo desaparecido, los \'faltimos restos se
los llev\'f3 la Rep\'fablica, supongo que para bien, y cuanto queda de
\'e9
l son esos nombres en el membrete de empresas, bancos y consor\-cios sin
faz. Como todas las ciudades viejas, Barcelona es una suma de ruinas. Las
grandes glorias de las que se va\-naglorian muchos, palacios,
factor\'edas y monumentos, in\-
signias con las que nos identificamos, no son m\'e1s que ca\-d\'e1veres,
reliquias de una civilizaci\'f3n extinguida.
\par Llegado este punto, el padre Fernando dej\'f3 una solem\-ne pausa en
la que pareci\'f3 que esperase la respuesta de la congregaci\'f3n con
alg\'fan latinajo o una r\'e9plica del misal.
\par \emdash Diga usted am\'e9n, reverendo padre. Que gran ver\-dad es
\'e9sa \emdash ofreci\'f3 Ferm\'edn para salvar el inc\'f3modo si\-
lencio.
\par \emdash Nos hablaba usted del primer a\'f1o de mi padre en el
colegio \emdash apunt\'e9 con suavidad.
\par El padre Fernando asinti\'f3.
\par \emdash Ya por entonces se hac\'eda llamar Carax, aunque su primer
apellido era Fortuny. Al principio, algunos de los muchachos se burlaban
de \'e9l por ello, y por ser uno de }{\i\lang1034 los Mortsdegana,
}{\lang1034 por supuesto. Tambi\'e9
n se burlaban de m\'ed porque era el hijo del cocinero. Ya saben c\'f3mo
son los cr\'edos. En el fondo de su coraz\'f3n Dios les ha llenado de
bondad, pero repiten lo que oyen en casa.
\par \emdash Angelitos \emdash puntu\'f3 Ferm\'edn.
\par \emdash \'bfQu\'e9 recuerda usted de mi padre?
\par \emdash Bueno, hace ya tanto... El mejor amigo de su padre por
entonces no era Jorge Aldaya, sino un muchacho lla\-mado Miquel Moliner.
Miquel proven\'eda de una familia casi tan adinerada como los Aldaya y me
atrever\'ed
a a decir que era el alumno mas extravagante que ha visto esta es\-cuela.
El rector le ten\'eda por endemoniado porque recita\-ba a Marx en
alem\'e1n durante las misas.
\par \emdash Signo inequ\'edvoco de posesi\'f3n \emdash corrobor\'f3
Ferm\'edn.
\par \emdash Miquel y Juli\'e1n hac\'edan muy buenas migas. A veces nos
reun\'edamos los tres durante la hora del recreo del me\-diod\'eda y
Juli\'e1n nos explicaba historias. Otras veces nos ha\-blaba de su
familia y de los Aldaya...
\par El sacerdote pareci\'f3 dudar.
\par \emdash Incluso despu\'e9s de abandonar la escuela, Miquel y yo
mantuvimos el contacto durante un tiempo. Juli\'e1n ya se hab\'eda
marchado a Par\'eds por entonces. S\'e9 que Miquel le a\'f1oraba y a
menudo hablaba de \'e9l y recordaba confiden\-
cias que le hab\'eda hecho tiempo atr\'e1s. Luego, cuando yo entr\'e9 en
el seminario, Miquel dijo que me hab\'eda pasado al enemigo, bromeando,
pero lo cierto es que nos distan\-ciamos.
\par \emdash \'bfLe suena a usted que Miquel se casara con una tal Nuria
Monfort?
\par \emdash \'bfMiquel, casado?
\par \emdash \'bfLe extra\'f1a a usted?
\par \emdash Supongo que no deber\'eda, pero... No s\'e9. Lo cierto es
que hace muchos a\'f1os que no s\'e9 de Miquel. Desde antes de la guerra.
\par \emdash \'bfLe mencion\'f3 a usted alguna vez el nombre de Nu\-ria
Monfort?
\par \emdash No, nunca. Ni que pensara casarse o que tuviese una novia...
Oigan, no estoy del todo seguro de que deba ha\-blarles a ustedes de todo
esto. Son cosas que me contaron Juli\'e1n y Miquel a t\'ed
tulo personal, en el entendimiento de que quedaban entre nosotros...
\par \emdash \'bfY va a negar a un hijo la \'fanica posibilidad de recu\-
perar la memoria de su padre? \emdash pregunt\'f3 Ferm\'edn.
\par El padre Fernando se debat\'eda entre la duda y, me pare\-ci\'f3, el
deseo de recordar, de recuperar aquellos d\'edas per\-didos.
\par \emdash Supongo que han pasado tantos a\'f1os que ya no im\-porta.
Me acuerdo todav\'eda del d\'eda en que Juli\'e1n nos ex\-plic\'f3
c\'f3mo hab\'eda conocido a los Aldaya y c\'f3mo, sin darse cuenta, le
hab\'eda cambiado la vida...
\par
\par ... }{\i\lang1034 En octubre de 1914, un artefacto que muchos
tomaron por un pante\'f3n rodante se detuvo una tarde frente a la
sombrerer\'eda Fortuny en la ronda de San Antonio. De \'e9l emergi\'f3
la figura altiva, majestuosa y arrogante de don Ricardo Aldaya, ya por
enton\-ces uno de los hombres m\'e1s ricos no ya de Barcelona, sino de
Espa\-\'f1a, cuyo imperio de industrias textiles se extend\'eda en
ciudadelas y colonias a lo largo de los r\'ed
os de toda Catalu\'f1a. Su mano diestra sujetaba las riendas de la banca
y de las propiedades territoriales de media provincia. La siniestra,
siempre en activo, tiraba de los hilos de la diputaci\'f3n, el
ayuntamiento, varios ministerios, el obis\-pado y
el servicio portuario de aduanas.
\par Aquella tarde, el rostro de bigotes exuberantes, patillas regias y
testa descubierta que a todos intimidaba necesitaba un sombre\-ro.
Entr\'f3 en la tienda de don Antoni Fortuny y tras echar un vistazo
somero a las instalaciones mir\'f3
de reojo al sombrerero y a su ayudante, el joven Juli\'e1n, y dijo lo
siguiente: \'abMe han dicho que de aqu\'ed, pese a las apariencias, salen
los mejores sombreros de Barcelona. El oto\'f1o pinta malcarado y voy a
necesitar seis chiste\-
ras, una docena de bombines, gorras de caza y algo que llevar para las
Cortes en Madrid. \'bfEst\'e1 usted apuntando o espera que se lo
repita?\'bb Aqu\'e9l fue el inicio de un laborioso, y lucrativo, pro\-
ceso en el que padre e hijo aunaron sus esfuerzos para completar el
encargo de don Ricardo Aldaya. A Juli\'e1n, que le\'eda los diarios, no
se le escapaba la posici\'f3n de Aldaya, y se dijo que no pod\'eda
fallarle ahora a su padre, en el momento m\'e1
s crucial y decisivo de su negocio. Desde que el potentado hab\'eda
entrado en su tien\-da, el sombrerero levitaba de gozo. Aldaya le hab\'ed
a prometido que, si quedaba complacido, iba a recomendar su
establecimiento a todas sus amistades. Ello significaba que la
sombrerer\'eda For\-tuny, de ser un comercio digno pero modesto,
saltar\'eda a las m\'e1s altas esferas, vistiend
o cabezones y cabezolines de diputados, alcaldes, cardenales y ministros.
Los d\'edas de aquella semana pasa\-ron por ensalmo. Juli\'e1n no
acudi\'f3 a clase y pas\'f3
jornadas de dieciocho y veinte horas trabajando en el taller de la
trastienda. Su padre, rendido de entusiasmo, le abrazaba de tanto en
cuanto e incluso le besaba sin darse cuenta. Lleg\'f3
al extremo de regalar a su esposa Sophie un vestido y un par de zapatos
nuevos por primera vez en catorce a\'f1os. El sombrerero estaba
desconocido. Un domingo se le olvid\'f3 ir a misa y aquella misma tarde,
rebo\-sante de orgullo, rode\'f3 a Juli\'e1
n con sus brazos y le dijo, con l\'e1\-grimas en los ojos: \'abEl abuelo
estar\'eda orgulloso de nosotros. \'bb
\par Uno de los procesos m\'e1s complejos en la ya desaparecida cien\-cia
de la sombrerer\'eda, t\'e9cnica y pol\'edticamente, era el de tomar me\-
didas. Don Ricardo Aldaya ten\'eda un cr\'e1neo que, seg\'fan Juli\'e1
n, bordeaba el terreno de lo amelonado y agreste. El sombrerero fue
consciente de las dificultades tan pronto avist\'f3 la testa del
prohombre, y aquella misma noche, cuando Juli\'e1n dijo que le recor\-
daba ciertos fragmentos del macizo de Montserrat, Fortuny no pudo sino
que estar de acuerdo. \'abPadre, con todo el respeto, usted sabe que a la
hora de tomar medidas yo tengo mejor mano que usted, que se pone
nervioso. D\'e9jeme hacer a m\'ed. \'bb
El sombrerero accedi\'f3 de buen grado y, al d\'eda siguiente, cuando
Aldaya acudi\'f3 en su Mercedes Benz, Juli\'e1n le recibi\'f3 y le
condujo al taller. Alda\-ya, al comprobar que las medidas se las iba a
tomar un mucha\-cho de catorce a\'f1
os, se enfureci\'f3: \'abPero \'bfqu\'e9 es esto? \'bfUn criajo? \'bfMe
est\'e1n tomando ustedes el pelo?\'bb Juli\'e1n, que era consciente de la
significancia p\'fablica del personaje pero que no se sent\'eda
intimidado por \'e9l en absoluto, replic\'f3
: \'abSe\'f1or Aldaya, pelo para to\-marle a usted no hay mucho, que esa
coronilla parece la Plaza de las Arenas, y si no le hacemos r\'e1pido un
juego de sombreros le van a confundir a usted la }{\lang1034
closca}{\i\lang1034 con el plan Cerd\'e1. \'bb
Al escu\-char estas palabras, Fortuny se crey\'f3 morir. Aldaya,
imp\'e1vido, clav\'f3 los ojos en Juli\'e1n. Entonces, para sorpresa de
todos, se ech\'f3 a re\'edr como no lo hab\'eda hecho en a\'f1os.
\par \'abEste chaval suyo llegar\'e1 lejos, Fortunato\'bb, sentenci\'f3
Alda\-ya, que no acababa de aprenderse el apellido del sombrerero.
\par
\par Fue de este modo como averiguaron que don Ricardo Aldaya estaba
hasta la mism\'edsima y creciente coronilla de que todos le te\-miesen,
le adulasen y se tendiesen en el suelo a su paso con vocaci\'f3
n de esterilla. Despreciaba a los lameculos, los miedicas y a cualquiera
que mostrase cualquier tipo de debilidad, f\'edsica, men\-tal o moral. Al
encontrarse con un humilde muchacho, apenas un aprendiz, que ten\'eda el
rostro y el gracejo de burlarse de
\'e9l, Al\-daya decidi\'f3 que realmente hab\'eda dado con la
sombrerer\'eda ideal y duplic\'f3 su encargo. Durante aquella semana
acudi\'f3 cada d\'eda de buena gana a su cita para que Juli\'e1
n le tomase las medidas y le probase modelos. Antoni Fortuny se quedaba
maravillado de ver c\'f3mo el adalid de la sociedad catalana se
deshac\'eda de risa con las bromas e historias que le contaba aquel hijo
que le era desco\-
nocido, con el que nunca hablaba y que hac\'eda a\'f1os que no mos\-traba
se\'f1al alguna de tener sentido del humor. Al t\'e9rmino de aquella
semana, Aldaya cogi\'f3 al sombrerero por banda y se lo lle\-v\'f3 a un
rinc\'f3
n para hablarle confidencialmente.
\par \emdash A ver, Fortunato, este hijo suyo es un talento y me lo tiene
usted aqu\'ed muerto de asco sac\'e1ndole el polvo a las musara\'f1as de
una tienda de tres al cuarto.
\par \emdash \'c9ste es un buen negocio, don Ricardo, y el muchacho
mues\-tra cierta habilidad, aunque le falte actitud.
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\lang1034 Pamplinas. \'bfA qu\'e9 colegio lo
lleva usted?
\par \emdash Bueno, va a la escuela de...
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\lang1034 Eso son f\'e1bricas de peones. En
la juventud, el talento, el genio, si se deja sin atender, se tuerce y se
come al que lo posee. Hay que ponerle cauce. Apoyo. \'bfMe entiende
usted, Fortunato?
\par \emdash Se equivoca usted con mi hijo. \'c9l de genio, nada de nada.
Si a duras penas se saca la geograf\'eda... los maestros ya me dicen que
tiene la cabeza llena de p\'e1jaros, y muy mala actitud, igual que su
madre, pero aqu\'ed al menos siempre tendr
\'e1 un oficio hon\-rado y...
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\lang1034 Fortunato, me aburre usted. Hoy
mismo voy a ver a la Jun\-ta Directiva del colegio de San Gabriel y les
voy a indicar que acepten a su hijo en la misma clase que mi
primog\'e9nito, Jorge. Menos, es ser miserable.
\par Al sombrerero se le abrieron ojos de platillo. El colegio de San
Gabriel era el criadero de la crema y nata de la alta sociedad.
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\lang1034 Pero don Ricardo, si yo no
podr\'eda ni costear...
\par \emdash Nadie le ha dicho que tenga que pagar un real. De la edu\-
caci\'f3n del muchacho me hago cargo yo. Usted, como padre, s\'f3lo tiene
que decir s\'ed.
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\lang1034 Pues claro que s\'ed, faltar\'eda,
pero...
\par \emdash No se hable m\'e1s entonces. Siempre y cuando Juli\'e1n
acepte, claro est\'e1.
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\lang1034 \'c9l har\'e1 lo que se le mande,
faltar\'eda m\'e1s.
\par En este punto de la conversaci\'f3n, Juli\'e1n se asom\'f3 desde la
puerta de la trastienda, con un molde en las manos.
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\lang1034 Don Ricardo, cuando usted
quiera...
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\lang1034 Dime, Juli\'e1n, \'bfqu\'e9 tienes
que hacer esta tarde? \emdash pregun\-t\'f3 Aldaya.
\par Juli\'e1n mir\'f3 alternativamente a su padre y al industrial.
\par \emdash Bueno, ayudar aqu\'ed en la tienda a mi padre.
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\lang1034 Aparte de eso.
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\lang1034 Pensaba ir a la biblioteca de...
\par \emdash Te gustan los libros, \'bfeh?
\par \emdash S\'ed, se\'f1or.
\par \emdash \'bfHas le\'eddo a Conrad? }{\expnd0\expndtw4\lang1034
\'bfEl coraz\'f3n de las tinieblas?
\par }{\i\lang1034 \emdash Tres veces.
\par El sombrerero frunci\'f3 el ce\'f1o, totalmente perdido.
\par \emdash \'bfY ese Conrad qui\'e9n es, si puede saberse?
\par Aldaya lo silenci\'f3 con un gesto que parec\'eda forjado para aca\-
llar al untas de accionistas.
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\lang1034 En mi casa tengo una biblioteca
con catorce mil vol\'fame\-nes, Juli\'e1n. Yo de joven le\'ed mucho, pero
ahora ya no tengo tiem\-
po. Ahora que lo pienso, tengo tres ejemplares autografiados por Conrad
en persona. Mi hijo Jorge no entra en la biblioteca ni a rastras. En casa
la \'fanica que piensa y lee es mi hija Pen\'e9lope, as\'ed que todos
esos libros se est\'e1
n echando a perder. \'bf Te gustar\'eda verlos ?
\par Juli\'e1n asinti\'f3, sin habla. El sombrerero presenciaba la escena
con una inquietud que no acertaba a definir. Todos aquellos nom\-bres le
resultaban desconocidos. Las novelas, como todo el mundo sab\'eda, eran
para las mujeres y la gente que no ten
\'eda nada que ha\-cer. }{\expnd0\expndtw4\lang1034 El coraz\'f3n de las
tinieblas }{\i\lang1034 le sonaba, por lo menos, a peca\-do mortal.
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\lang1034 Fortunato, su hijo se viene
conmigo, que le quiero presen\-tar a mi Jorge. Tranquilo, que luego se lo
devolvemos. Dime, mu\-chacho, \'bfhas subido alguna vez en un Mercedes
Benz ?
\par Juli\'e1n dedujo que aqu\'e9l era el nombre del armatoste imperial
que el industrial empleaba para desplazarse. Neg\'f3 con la cabeza.
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\lang1034 Pues ya va siendo hora. Es como ir
al cielo, pero no hace falta morirse.
\par Antoni Fortuny los vio partir en aquel carruaje de lujo desa\-forado
y, cuando busc\'f3 en su coraz\'f3n, s\'f3lo sinti\'f3 tristeza. Aque\-
lla noche, mientras cenaba con Sophie (que llevaba su vestido y sus
zapatos nuevos y casi no mostraba marcas ni cicatrices), se pregunt\'f3
en qu\'e9 se hab\'eda equivocado esta vez. Justo cuando Dios le
devolv\'eda un hijo, Aldaya se lo quitaba.
\par \emdash Qu\'edtate ese vestido, mujer, que pareces una furcia. Y que
no vuelva a ver este vino en la mesa. Con el rebajado con agua tenemos
m\'e1s que suficiente. La avaricia nos acabar\'e1 pudriendo.
\par Juli\'e1n nunca hab\'eda cruzado al otro lado de }{\lang1034 la
}{\i\lang1034 avenida Diago\-nal. Aquella l\'ednea de arboledas, solares
y palacios varados a la es\-pera de una ciudad era una frontera
prohibida. Por encima de la Diagonal se extend\'ed
an aldeas, colinas y parajes de misterio, de ri\-queza y leyenda. A su
paso, Aldaya le hablaba del colegio de San Gabriel, de nuevos amigos que
no hab\'eda visto jam\'e1s, de un futuro que no hab\'eda cre\'eddo
posible.
\par \emdash \'bfY t\'fa a qu\'e9 aspiras, Juli\'e1n? En la vida, quiero
decir.
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\lang1034 No s\'e9. A veces pienso que me
gustar\'eda ser escritor. Novelista.
\par \emdash Como Conrad, \'bfeh? Eres muy joven, claro. Y dime, \'bfla
banca no te tienta?
\par \emdash No lo s\'e9, se\'f1or. La verdad es que no se me hab\'eda
pasado por la cabeza. Nunca he visto m\'e1s de tres pesetas juntas. Las
al\-tas finanzas son un misterio para m\'ed.
\par Aldaya ri\'f3.
\par \emdash No hay misterio alguno, Juli\'e1n. El truco est\'e1 en no
juntar las pesetas de tres en tres, sino de tres millones en tres
millones. Entonces no hay enigma que valga. Ni la sant\'edsima trinidad.
\par Aquella tarde, ascendiendo por la avenida del Tibidabo, Ju\-li\'e1n
crey\'f3 cruzar las puertas del para\'edso. Mansiones que se le an\-
tojaron catedrales flanqueaban el camino. A medio trayecto, el ch\'f3fer
torci\'f3
y cruzaron la verja de una de ellas. Al instante, un ej\'e9rcito de
sirvientes se puso en marcha para recibir al se\'f1or. Todo lo que
Juli\'e1n pod\'eda ver era un caser\'f3n majestuoso de tres pisos. No se
le hab\'eda ocurrido jam\'e1
s que personas reales viviesen en un lugar as\'ed. Se dej\'f3 arrastrar
por el vest\'edbulo, cruz\'f3 una sala abovedada donde una escalinata de
m\'e1rmol ascend\'eda perfi\-lada por cortinajes de terciopelo, y
penetr\'f3 en una gran sala cu\-
yas paredes estaban tejidas de libros desde el suelo al infinito.
\par \emdash \'bfQu\'e9 te parece? \emdash pregunt\'f3 Aldaya.
\par Juli\'e1n apenas le escuchaba.
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\lang1034 Dami\'e1n, d\'edgale a Jorge que
baje a la biblioteca ahora mismo.
\par }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 Los sirvientes, sin rostro ni
presencia audible, se deslizaban a la m\'ednima orden del se\'f1or con la
eficacia y la docilidad de un cuerpo de insectos bien entrenados.
\par \emdash Vas a necesitar otro guardarrop\'eda, Juli\'e1n. Hay mucho
ca\-fre que s\'f3lo repara en las apariencias... Le dir\'e9 a Jacinta que
se encargue de eso, t\'fa
ni te preocupes. Y casi mejor que no se lo menciones a tu padre, no se
vaya a molestar. Mira, aqu\'ed viene Jorge. Jorge, quiero que conozcas a
un muchacho estupendo que va a ser tu nuevo compa\'f1ero de clase.
Juli\'e1n Fortu...
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 Juli\'e1n Carax
\emdash precis\'f3 \'e9l.
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 Juli\'e1n Carax
\emdash repiti\'f3 Aldaya, satisfecho\emdash . Me gusta c\'f3mo suena.
\'c9ste es mi hijo Jorge.
\par Juli\'e1n ofreci\'f3 su mano y Jorge Aldaya se la estrech\'f3.
Ten\'eda el tacto tibio, sin ganas. Su rostro luc\'eda el cincelado puro
y p\'e1lido que confer\'eda el haber crecido en aquel mundo de
mu\'f1ecas. Vest\'eda ropas y calzaba zapatos que a Juli
\'e1n se le antojaban novelescos. Su mirada delataba un aire de
suficiencia y arrogancia, de des\-precio y cortes\'eda almibarada.
Juli\'e1n le sonri\'f3 abiertamente, leyen\-do inseguridad, temor y
vac\'edo bajo aquel caparaz\'f3
n de pompa y circunstancia.
\par \emdash \'bfEs verdad que no has le\'eddo ninguno de estos libros?
\par \emdash Los libros son aburridos.
\par \emdash Los libros son espejos: s\'f3lo se ve en ellos lo que uno ya
lle\-va dentro \emdash replic\'f3 Juli\'e1n.
\par Don Ricardo Aldaya ri\'f3 de nuevo.
\par \emdash Bueno, os dejo solos para que os conozc\'e1is. Juli\'e1n, ya
ve\-r\'e1s que Jorge, debajo de esa careta de ni\'f1o mimado y
engre\'eddo, no es tan tonto como parece. Algo tiene de su padre.
\par Las palabras de Aldaya parecieron caer como pu\'f1ales en el
muchacho, aunque no cedi\'f3 su sonrisa ni un mil\'edmetro. Juli\'e1n se
arrepinti\'f3 de su r\'e9plica y sinti\'f3 l\'e1stima por el muchacho.
\par \emdash T\'fa debes de ser el hijo del sombrerero \emdash dijo
Jorge, sin ma\-licia\emdash . Mi padre habla mucho de ti \'faltimamente.
\par \emdash Es la novedad. Espero que no me lo tengas en cuenta. Debajo
de esta careta de entrometido sabelotodo, no soy tan idiota como parezco.
\par Jorge le sonri\'f3. Juli\'e1n pens\'f3 que sonre\'eda como la gente
que no tiene amigos, con gratitud.
\par \emdash Ven, te voy a ense\'f1ar el resto de la casa.
\par Dejaron atr\'e1s la biblioteca y se alejaron hacia la puerta prin\-
cipal, rumbo a los jardines. Al cruzar la sala al pie de la escali\-nata,
Juli\'e1n alz\'f3 la vista y vislumbr\'f3 el roce de una silueta as\-
cendiendo con
la mano sobre la barandilla. Sinti\'f3 que se perd\'eda en una visi\'f3n.
La muchacha deb\'eda de tener doce o trece a\'f1os e iba escoltada por
una mujer madura, menuda y rosada, con to\-das las trazas de una aya.
Luc\'ed
a un vestido azul satinado. Su cabello era de color almendra y la piel de
sus hombros y la gar\-ganta esbelta parec\'eda transparentar a la luz. Se
detuvo en lo alto de la escalera y se volvi\'f3 un instante. Por un
segundo, sus mira\-
das se encontraron y ella le concedi\'f3 apenas un esbozo de sonrisa.
Luego, el aya rode\'f3 con sus brazos los hombros de la muchacha y la
gui\'f3 hacia el umbral de un corredor por el que ambas desapa\-recieron.
Juli\'e1n baj\'f3 la vista y se encontr
\'f3 con Jorge de nuevo.
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 \'c9sa es
Pen\'e9lope, mi hermana. Ya la conocer\'e1s. Est\'e1 un poco tocada del
ala. Se pasa el d\'eda leyendo. Anda, ven, te quiero ense\'f1ar la
capilla del s\'f3tano. Seg\'fan las cocineras est\'e1
embru\-jada.
\par Juli\'e1n sigui\'f3 al muchacho d\'f3cilmente, pero el mundo le
res\-balaba. Por primera vez desde que hab\'eda subido al Mercedes Benz
de don Ricardo Aldaya comprendi\'f3 el prop\'f3sito. Hab\'eda so\'f1a\-
do con ella en incontables ocasiones, con aquella misma escalera, aquel
vestido azul y aquel giro en la mirada de ceniza, sin saber qui\'e9n era
ni por qu\'e9 le sonre\'eda. Cuando sali\'f3 al jard\'edn se dej\'f3
guiar por Jorge hasta las
cocheras y las pistas de tenis que se ex\-tend\'edan m\'e1s all\'e1.
S\'f3lo entonces volvi\'f3 la vista atr\'e1s y la vio, en su ventana del
segundo piso. Apenas distingu\'eda su silueta, pero supo que le estaba
sonriendo y que, de alguna manera, tambi
\'e9n, ella }{\lang1034 le }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 hab\'eda
reconocido.
\par Aquel atisbo ef\'edmero de Pen\'e9lope Aldaya en lo alto de la
esca\-lera le acompa\'f1\'f3 durante sus primeras semanas en el colegio
de San Gabriel. Su nuevo mundo ten\'ed
a muchos dobleces, y no todos eran de su agrado. Los alumnos del San
Gabriel se comportaban como pr\'edncipes altivos y arrogantes y sus
maestros semejaban sir\-vientes d\'f3ciles e ilustrados. El primer amigo
que Juli\'e1n hizo all\'ed, am\'e9
n de Jorge Aldaya, fue un muchacho llamado Fernando Ra\-mos, hijo de uno
de los cocineros del colegio, que nunca se hubie\-ra imaginado que
acabar\'eda vistiendo una sotana y dando clases en las mismas aulas en
las que hab\'ed
a crecido. Fernando, a quien los dem\'e1s apodaban el Cocinillas y al que
trataban de criado, pose\'eda una inteligencia despierta pero apenas
ten\'eda amigos entre los alumnos. Su \'fanico compa\'f1ero era un
muchacho extravagan\-
te llamado Miquel Moliner, que habr\'eda de convertirse con el tiem\-po
en el mejor amigo que Juli\'e1n hizo jam\'e1s en aquella escuela. Miquel
Moliner, a quien le sobraba cerebro y le faltaba paciencia, se
complac\'ed
a en hacer rabiar a sus maestros poniendo en duda todas sus afirmaciones
mediante la aplicaci\'f3n de juegos dial\'e9cti\-cos que delataban tanto
ingenio como sa\'f1a viperina. Los dem\'e1s tem\'edan su lengua afilada y
le ten\'ed
an por miembro de otra especie, lo cual, de alg\'fan modo, no andaba muy
desencaminado. Pese a sus trazas bohemias y al poco tono aristocr\'e1tico
que afectaba, Mi\-quel era hijo de un industrial enriquecido hasta el
absurdo gra\-cias a la fabricaci\'f3
n de armas.
\par \emdash Carax, \'bfverdad? Me dicen que tu padre hace sombreros
\emdash le dijo cuando Fernando Ramos les present\'f3.
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 Juli\'e1n para los
amigos. Me dicen que el tuyo hace ca\'f1o\-nes.
\par \emdash S\'f3lo los vende. \'c9l, saber hacer, no sabe hacer m\'e1s
que dine\-ro. Mis amigos, entre los que s\'f3lo cuento a Nietzsche y
aqu\'ed al compa\'f1ero Fernando, me llaman Miquel.
\par Miquel Moliner era un muchacho triste. Padec\'eda de una mal\-sana
obsesi\'f3n con la muerte y todos los temas de \'e1mbito f\'fanebre,
materia a cuya consideraci\'f3n dedicaba buena parte de su tiempo y
talento. Su madre hab\'eda muerto tres a\'f1os a
ntes en un extra\'f1o accidente dom\'e9stico que alg\'fan m\'e9dico
insensato se atrevi\'f3 a calificar de suicidio. Miquel hab\'eda sido
quien hab\'eda encontrado el cad\'e1ver reluciente bajo las aguas del
pozo del palacete de verano que la familia ten
\'eda en Argentona. Cuando la izaron con cuer\-das, los bolsillos del
abrigo que llevaba la muerta resultaron estar llenos de piedras. Hab\'eda
tambi\'e9n una carta escrita en alem\'e1n, la lengua materna de su madre,
pero el se\'f1
or Moliner, que nunca se hab\'eda molestado en aprender el idioma, la
quem\'f3 aquella misma tarde sin permitir que nadie la leyese. Miquel
Moliner ve\'eda la muerte en todas partes, en la hojarasca, en los
p\'e1jaros ca\'ed
dos de los nidos, en los viejos y en la lluvia, que se lo llevaba todo.
Te\-n\'eda un talento excepcional para el dibujo, y a menudo se perd\'eda
durante horas en l\'e1minas al carb\'f3n donde siempre aparec\'ed
a una dama entre brumas y playas desiertas que Juli\'e1n imagin\'f3 era
su madre.
\par \emdash \'bfQu\'e9 quieres ser de mayor, Miquel?
\par \emdash Yo nunca ser\'e9 mayor\emdash dec\'eda enigm\'e1ticamente.
\par Su principal afici\'f3n, am\'e9n del dibujo y de contradecir a todo
bicho viviente, eran las obras de un enigm\'e1tico m\'e9dico austr\'edaco
que con los a\'f1os habr\'eda de ser c\'e9lebre: Sigmund Freud. Miquel
Moliner, que gracias a su difunta madre le
\'eda y escrib\'eda alem\'e1n a la perfecci\'f3n, pose\'eda varios
vol\'famenes con escritos del doctor vie\-n\'e9s. Su terreno favorito era
el de la interpretaci\'f3n de los sue\'f1os. Acostumbraba a preguntar a
la gente qu\'e9 hab\'eda so\'f1
ado, para proceder luego a un diagn\'f3stico del paciente. Siempre
dec\'eda que iba a morir joven, y que no le importaba. De tanto pensar en
la muerte, cre\'eda Juli\'e1n, hab\'eda terminado por encontrarle m\'e1s
senti\-do que a la vida.
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 El d\'eda que me
muera, todo lo m\'edo ser\'e1 tuyo, Juli\'e1n \emdash sol\'eda
decir\emdash . Menos los sue\'f1os.
\par Adem\'e1s de Fernando Ramos, Moliner y Jorge Aldaya, Juli\'e1n
pronto trab\'f3 conocimiento con un muchacho t\'edmido y un tanto arisco
llamado Javier, hijo \'fanico de los conserjes de San Gabriel
}{\i\lang1034 que viv\'ed
an en una modesta caseta apostada a la entrada de }{\i\expnd0\expndtw-
2\lang1034 los }{\i\lang1034 jardines del colegio. Javier, a quien, al
igual que Fernando, el res\-to de los muchachos consideraban poco menos
que un lacayo inde\-
seable, merodeaba solo por los jardines y patios del recinto, sin en\-
tablar contacto con nadie. De tanto vagar por el colegio, hab\'eda
llegado a aprenderse todos los recovecos del edificio, los t\'faneles de
los s\'f3tanos, los pasajes que ascend\'ed
an a las torres y toda suerte de escondrijos laber\'ednticos que nadie
recordaba ya. Era su mundo se\-creto, y su refugio. Siempre llevaba un
cortaplumas que hab\'eda sus\-tra\'eddo de los cajones de su padre y
gustaba de tallar con \'e9
l figuras de madera que guardaba en el palomar del colegio. Su padre,
Ra\-m\'f3n, el conserje, era veterano de la guerra de Cuba, donde
hab\'eda perdido una mano y (se rumoreaba con cierta malicia) el
test\'edculo derecho de un perdigonaz
o disparado por el mism\'edsimo Theodore Roosevelt en la carga de
Cochinos. Convencido de que la ociosi\-dad era la madre de todo mal,
Ram\'f3n }{\expnd0\expndtw4\lang1034 el Unicojonio }{\i\lang1034 (como le
apodaban los alumnos) ten\'ed
a encargado a su hijo de recoger las hojas secas del pinar y del patio de
las fuentes en un saco. Ram\'f3n era un buen hombre, algo tosco
}{\lang1034 y }{\i\lang1034 fatalmente condenado a escoger malas
compa\'f1\'edas. La peor de ellas era su esposa. El
}{\expnd0\expndtw4\lang1034 Unicojonio }{\i\lang1034 se hab\'eda casado
con una mujerona de escasas luces y delirios de princesa con trazas de
fregona
que gustaba de insinuarse ligera de ropas a la vista de su hijo y de los
alumnos del colegio, lo cual era motivo de jolgorio y esperpento semanal.
Su nombre de bautismo era Mar\'eda Craponcia, pero ella se hac\'eda
llamar Yvonne, porque le parec\'eda de m
\'e1s tono. Yvonne ten\'eda por costumbre interrogar a su hijo respecto a
las posibilidades de avance social que le iban a granjear las amistades
que, ella cre\'ed
a, su hijo estaba entablando con la crema de la sociedad barcelonesa. Le
cuestionaba sobre la fortuna de \'e9ste y aqu\'e9l, imagin\'e1ndose
engalanada en sedas de mona y siendo recibida para tomar el t\'e9
con pastas de hojaldre en los grandes salones de la buena sociedad.
\par Javier procuraba pasar el m\'ednimo tiempo posible en la casa y
agradec\'eda las tareas que le impon\'eda su padre, por duras que fue\-
sen. Cualquier excusa era buena para estar solo, para escapar a su mundo
secreto a tallar sus figuras de madera. Cuando los alumnos del colegio le
ve\'edan de lejos, algunos se re\'edan o le tira\-ban piedras. Un d\'eda
Juli\'e1n sinti\'f3 tanta l\'e1stim
a al ver c\'f3mo una pedrada le abr\'eda la frente y lo derribaba sobre
los escombros, que decidi\'f3 acudir en su auxilio y ofrecerle su
amistad. Al principio, Javier pens\'f3 que Juli\'e1n ven\'eda a rematarle
mientras los dem\'e1s se part\'ed
an a carcajadas.
\par \emdash Mi nombre es Juli\'e1n \emdash dijo, ofreciendo su
mano\emdash . Mis amigos y yo \'edbamos a jugar unas partidas de ajedrez
en el pinar y me preguntaba si te apetecer\'eda unirte a nosotros.
\par \emdash No s\'e9 jugar al ajedrez.
\par \emdash Yo, hasta hace dos semanas, tampoco. Pero Miquel es un buen
profesor...
\par El muchacho miraba con recelo, esperando la burla, el ata\-que
escondido en cualquier momento.
\par \emdash No s\'e9 si tus amigos querr\'e1n que est\'e9 con
vosotros...
\par \emdash Ha sido idea suya. \'bfQu\'e9 me dices?
\par A partir de aquel d\'eda, Javier se les un\'eda a veces al
t\'e9rmino de las tareas que le hab\'edan sido asignadas. Sol\'eda
permanecer calla\-do, escuchando y observando a los dem\'e1s. Aldaya le
ten\'eda cierto temor. Fernando, que hab\'ed
a vivido en carne propia el desprecio de los dem\'e1s a consecuencia de
su origen humilde, se desviv\'eda en amabilidades con el enigm\'e1tico
muchacho. Miquel Moliner, que le ense\'f1aba los rudimentos del ajedrez y
lo observaba con ojo cl\'ed\-
nico, era el que estaba menos convencido de todos.
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\lang1034 \'c9se est\'e1 chiflado. Caza
gatos y palomas y los martiriza durante horas con su cuchillo. Luego los
entierra en el pinar. \'a1Qu\'e9 delicia!
\par \emdash \'bfQui\'e9n dice eso?
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\lang1034 \'c9l mismo me lo contaba el otro
d\'eda mientras yo le explica\-ba el salto del caballo. Tambi\'e9n me
contaba que a veces su madre se le mete en la cama por la noche y lo
manosea.
\par \emdash Te estar\'eda tomando el pelo.
\par \emdash Lo dudo. Ese chaval no est\'e1 bien de la cabeza, Juli\'e1n,
y probablemente no es culpa suya.
\par Juli\'e1n hac\'eda un esfuerzo por ignorar las advertencias y
profe\-c\'edas de Miquel, pero lo cierto era que le estaba resultando
dif\'edcil entablar una relaci\'f3n amistosa con el hijo del conserje.
Yvonne, en especial, no ve\'eda a Juli\'e1
n, ni a Fernando Ramos, con buenos ojos. De toda la tropa de
se\'f1oritos, ellos eran los \'fanicos que no te\-n\'edan un duro. Se
dec\'eda que el padre de Juli\'e1n era un humilde tendero y que su madre
no hab\'eda llegado m\'e1s que a maestra de m\'fa
sica. \'abEsa gente no tiene dinero ni clase ni elegancia, mi cielo
\emdash aleccionaba su madre\emdash , el que te conviene es Aldaya, que
es de familia muy bien.\'bb \'abS\'ed, madre \emdash respond\'eda
\'e9l\emdash , lo que usted diga.\'bb
Con el tiempo, Javier pareci\'f3 empezar a confiar en sus nuevos amigos.
Despegaba ocasionalmente los labios, y estaba ta\-llando un juego de
piezas de ajedrez para Miquel Moliner, en agradecimiento a sus lecciones.
Un buen d\'eda, cuando nadie lo es\-
peraba o lo cre\'eda posible, descubrieron que Javier sab\'eda sonre\'edr
y que ten\'eda una risa bonita y blanca, risa de ni\'f1o.
\par \emdash \'bfVes? Es un muchacho normal y corriente \emdash
argumentaba Juli\'e1n.
\par Miquel Moliner, sin embargo, no las ten\'eda todas consigo y
observaba al extra\'f1o muchacho con celo, y recelo, casi cient\'edfico.
\par \emdash Javier est\'e1 obsesionado contigo, Juli\'e1n \emdash le
dijo un d\'eda\emdash . Todo lo hace por ganar tu aprobaci\'f3n.
\par \emdash \'a1Qu\'e9 tonter\'eda! Ya tiene un padre y una madre para
eso; yo s\'f3lo soy un amigo.
\par \emdash Un inconsciente es lo que eres t\'fa. Su padre es un pobre
hombre que trabajo tiene con encontrarse las nalgas a la hora de hacer
aguas mayores, y do\'f1a Yvonne es una harp\'eda con cerebro de pulga que
se pasa el d\'eda haci\'e9
ndose la encontradiza en pa\'f1os menores convencida de que es do\'f1a
Mar\'eda Guerrero, o algo peor que prefiero no mentar. El chaval, como es
natural, busca un sustituto y t\'fa, \'e1ngel salvador, caes del cielo y
le das la mano. San Juli\'e1
n de la Fuente, patr\'f3n de los desheredados.
\par \emdash Ese doctor Freud te est\'e1 pudriendo la mollera, Miquel.
To\-dos necesitamos tener amigos. Incluso t\'fa.
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\lang1034 Ese muchacho no tiene ni tendr\'e1
nunca amigos. Tiene alma de ara\'f1a. Y si no, tiempo al tiempo. Me
pregunto qu\'e9 es lo que sue\'f1a...
\par Poco sospechaba Miquel Moliner que los sue\'f1os de Francisco Javier
eran m\'e1s parecidos a los de su amigo Juli\'e1n de lo que \'e9l hubiera
cre\'eddo posible. En una ocasi\'f3n, meses antes de que Ju\-li\'e1
n ingresara en el colegio, el hijo del conserje estaba recogiendo la
hojarasca en el patio de las fuentes cuando lleg\'f3 el fastuoso
autom\'f3vil de don Ricardo Aldaya. Aquella tarde, el industrial tra\'eda
compa\'f1\'eda. Le escoltaba una aparici\'f3
n, un \'e1ngel de luz en\-fundado de seda que parec\'eda levitar sobre el
suelo. El \'e1ngel, que no era sino su hija Pen\'e9lope, descendi\'f3 del
Mercedes y anduvo hasta la fuente, aleteando su sombrilla y deteni\'e9
ndose a batir las aguas del estanque con la mano. Como siempre, su aya
Jacinta la segu\'eda sol\'edcita, atenta al m\'ednimo gesto de la
muchacha. Poco hubiera importado que la escoltase un ej\'e9rcito de
sirvientes: Ja\-vier s\'f3lo ten\'ed
a ojos para la muchacha. Temi\'f3 que si parpadeaba, la visi\'f3n se
esfumar\'eda. Permaneci\'f3 all\'ed paralizado, espiando el espejismo sin
aliento. Poco despu\'e9s, como si ella hubiese intuido su presencia y su
mirada furtiva, Pen\'e9lope alz\'f3
la vista hacia \'e9l. La belleza de aquel rostro se le antoj\'f3
dolorosa, insostenible. Le pareci\'f3 entrever un amago de sonrisa en sus
labios. Aterrado, Javier corri\'f3 a ocultarse en lo alto de la torre de
las cisternas junto al palomar del \'e1
tico del colegio, su escondite predilecto. Las ma\-nos le temblaban
todav\'eda cuando cogi\'f3 sus \'fatiles de tallar y em\-pez\'f3 a
trabajar en una nueva pieza que quer\'eda asemejarse al ros\-tro que
acababa de vislumbrar. Cuando regres\'f3
a la vivienda del conserje aquella noche, horas m\'e1s tarde de lo
habitual, su madre le esperaba, medio desnuda }{\lang1034 y }{\i\lang1034
furiosa. El muchacho baj\'f3 los ojos temiendo que, si su madre le\'eda
su mirada, ver\'ed
a en ella a la muchacha del estanque y sabr\'eda lo que hab\'eda estado
pen\-sando.
\par }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 \emdash \'bfY t\'fa d\'f3nde te metes,
mocoso de mierda
\par }{\lang1034 \emdash }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 Perd\'f3neme
usted, madre. Me perd\'ed.
\par \emdash T\'fa est\'e1s perdido desde el d\'eda que naciste.
\par A\'f1os m\'e1s tarde, cada vez que introduc\'eda su rev\'f3lver en
la boca de un prisionero y apretaba el gatillo, el inspector jefe Fran\-
cisco Javier Fumero habr\'eda de evocar el d\'eda en que vio el cr\'e1neo
de su madre estallar como una sand\'ed
a madura en las inmedia\-ciones de un merendero de Las Planas y no
sinti\'f3 nada, apenas el tedio de las cosas muertas. La Guardia Civil,
alertada por el encargado del establecimiento, que hab\'eda o\'eddo el
disparo, encon\-tr\'f3
al muchacho sentado en una roca sosteniendo la escopeta en su regazo,
todav\'eda tibia. Contemplaba imp\'e1vido el cuerpo deca\-pitado de
Mar\'eda Craponcia, alias }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Yvonne,
}{\i\expnd0\expndtw4\lang1034
cubierto de insectos. Al ver aproximarse a los guardias se limit\'f3 a
encogerse de hom\-bros, el rostro salpicado de gotas de sangre como si se
lo estuviese comiendo la viruela. Siguiendo los sollozos, los guardias
encon\-traron a Ram\'f3n }{
\expnd0\expndtw4\lang1034 el Unicojonio }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034
acurrucado junto a un \'e1rbol a treinta metros de all\'ed, entre la
maleza. Temblaba como un ni\'f1o y fue incapaz de hacerse entender. El
teniente de la
Guardia Civil, tras mucho cavilar, dictamin\'f3 que el suceso hab\'eda
sido un tr\'e1gico accidente y as\'ed lo hizo constar en el atestado, que
no en su conciencia. Al preguntarle al muchacho si pod\'edan hacer algo
por \'e9
l, Francisco Javier Fumero pregunt\'f3 si pod\'eda conser\-var aquella
vieja escopeta, porque de mayor quer\'eda ser sol\-dado...
\par
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 \emdash \'bfSe encuentra usted bien,
se\'f1or Romero de Torres?
\par La s\'fabita aparici\'f3n de Fumero en el relato del padre Fernando
Ramos me hab\'eda dejado helado, pero el efecto sobre Ferm\'edn hab\'eda
sido fulminante. Amarilleaba y le tem\-blaban las manos.
\par \emdash Es una bajada de tensi\'f3n \emdash improvis\'f3 Ferm\'edn
con un hilo de voz\emdash . Este clima catal\'e1n a las gentes del sur a
veces nos mortifica.
\par \emdash \'bfPuedo ofrecerle un vaso de agua? \emdash pregunt\'f3 el
sacerdote, consternado.
\par \emdash Si su ilustr\'edsima no tiene inconveniente. Y quiz\'e1 una
chocolatina, por aquello de la glucosa...
\par El sacerdote le escanci\'f3 un vaso de agua, que Ferm\'edn apur\'f3
\'e1vidamente.
\par \emdash Todo lo que tengo son caramelos de eucalipto. \'bfLe sirven?
\par \emdash Dios se lo pague.
\par Ferm\'edn engull\'f3 un pu\'f1ado de caramelos y, al rato, pa\-
reci\'f3 recuperar cierta palidez.
\par \emdash \'bfEste muchacho, el hijo del conserje que perdi\'f3 he\-
roicamente el escroto defendiendo las colonias, est\'e1 us\-ted seguro de
que se llamaba Fumero, Francisco Javier Fumero?
\par \emdash S\'ed. Completamente. \'bfAcaso le conocen ustedes?
\par \emdash No \emdash entonamos los dos en polifon\'eda.
\par El padre Fernando frunci\'f3 el ce\'f1o.
\par \emdash No ser\'eda de extra\'f1ar. Francisco Javier ha acabado
siendo un personaje tristemente c\'e9lebre.
\par \emdash No estamos seguros de comprenderle...
\par \emdash Me entienden ustedes de maravilla. Francisco Javier Fumero
es inspector jefe de la Brigada Criminal de Barce\-lona y su
reputaci\'f3n es sobradamente conocida incluso por los que no salimos de
este recinto. Y usted al o\'ed
r su nombre ha encogido varios cent\'edmetros, dir\'eda yo.
\par \emdash Ahora que lo menciona vuecencia, el nombre tiene una cierta
musiquilla familiar...
\par El padre Fernando nos mir\'f3 de reojo.
\par \emdash Este muchacho no es hijo de Juli\'e1n Carax. \'bfMe
equivoco?
\par \emdash Hijo espiritual, eminencia, que moralmente tiene
}{\expnd1\expndtw6\lang1034 mas }{\expnd0\expndtw4\lang1034 peso.
\par }{\lang1034 \emdash \'bfEn qu\'e9 clase de embrollo est\'e1n ustedes
metidos? \'bfQui\'e9n les env\'eda?
\par Tuve entonces la certeza de que est\'e1bamos a punto de salir
despedidos a puntapi\'e9s del despacho del sacerdote y opt\'e9 por
silenciar a Ferm\'edn y, por una vez, jugar la carta de la honestidad.
\par \emdash Tiene usted raz\'f3n, padre. Juli\'e1n Carax no es mi pa\-
dre. Pero no nos env\'eda nadie. Hace a\'f1os tropec\'e9 por casualidad
con un libro de Carax, un libro que se cre\'eda desaparecido, y desde
entonces he intentado averiguar m\'e1s sobre
\'e9l y esclarecer las circunstancias de su muer\-te. El se\'f1or Romero
de Torres me ha prestado su ayuda...
\par \emdash \'bfQu\'e9 libro?
\par }{\i\expnd2\expndtw14\lang1034 \emdash La Sombra del Viento.
}{\lang1034 \'bfLo ha le\'eddo usted?
\par \emdash He le\'eddo todas las novelas de Juli\'e1n.
\par \emdash \'bfLas conserva usted?
\par El sacerdote neg\'f3.
\par \emdash \'bfPuedo preguntarle qu\'e9 hizo con ellas?
\par \emdash A\'f1os atr\'e1s alguien entr\'f3 en mi habitaci\'f3n y les
pren\-di\'f3 fuego.
\par \emdash \'bfSospecha usted de alguien?
\par \emdash Por supuesto. De Fumero. \'bfNo es por eso por lo que
est\'e1n ustedes aqu\'ed?
\par Ferm\'edn y yo intercambiamos una mirada de perpleji\-dad.
\par \emdash \'bfEl inspector Fumero? \'bfPor qu\'e9 habr\'eda \'e9l de
querer quemar esos libros?
\par \emdash \'bfQui\'e9n si no? Durante el \'faltimo a\'f1o que pasamos
juntos en el colegio, Francisco Javier intent\'f3 matar a Ju\-li\'e1n con
la escopeta de su padre. Si Miquel no le hubiese detenido...
\par \emdash \'bfPor qu\'e9 intent\'f3 matarle? Juli\'e1n hab\'eda sido
su \'fani\-co amigo.
\par \emdash Francisco Javier estaba obsesionado con Pen\'e9lope Aldaya.
Nadie lo sab\'eda. No creo que ni la misma Pen\'e9lo\-pe hubiera reparado
en la existencia del muchacho. Mantuvo el secreto durante a\'f1os. Al
parecer segu\'eda a Juli\'e1n sin que \'e9
l lo supiera. Creo que un d\'eda le vio besarla. No lo s\'e9. Lo que
s\'e9 es que intent\'f3 matarle a ple\-na luz del d\'eda. Miquel Moliner,
que nunca se hab\'eda fiado de Fumero, se abalanz\'f3 sobre \'e9l y le
detuvo en el \'fal\-
timo momento. El agujero del balazo a\'fan se puede ver junto a la
entrada. Cada vez que paso me acuerdo de aquel d\'eda.
\par \emdash \'bfQu\'e9 pas\'f3 con Fumero?
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 \emdash \'c9l }{\lang1034 y su familia
fueron expulsados del recinto. Creo que a Francisco Javier le metieron
durante una tempora\-da en un internado. No supimos de \'e9l hasta un par
de a\'f1os m\'e1s tarde, cuando su ma
dre muri\'f3 en un accidente de caza. No hubo tal accidente. Miquel
hab\'eda tenido ra\-z\'f3n desde el principio. Francisco Javier Fumero es
un ase\-sino.
\par \emdash Si yo le contara... \emdash musit\'f3 Ferm\'edn.
\par \emdash Pues no estar\'eda de m\'e1s que me contasen ustedes algo,
algo ver\'eddico, para variar.
\par \emdash Le podemos decir que Fumero no fue quien que\-m\'f3 sus
libros.
\par \emdash \'bfQui\'e9n fue entonces?
\par \emdash Con toda seguridad fue un hombre con el rostro desfigurado
por el fuego que se hace llamar La\'edn Cou\-bert.
\par \emdash \'bfNo es \'e9se...?
\par Asent\'ed.
\par \emdash El nombre de un personaje de Carax. El diablo.
\par El padre Fernando se reclin\'f3 en su butaca, casi tan perdido como
nosotros.
\par \emdash Lo que parece cada vez m\'e1s claro es que Pen\'e9lope
Aldaya es el centro de todo este asunto, y es de ella de quien menos
sabemos \emdash apunt\'f3 Ferm\'edn.
\par \emdash No creo que yo pueda ayudarles ah\'ed. Apenas la vi, de
lejos, un par o tres de veces. Cuanto s\'e9 de ella es lo que me cont\'f3
Juli\'e1n, que no era mucho. La \'fanica persona a quien o\'ed mencionar
el nombre de Pen\'e9
lope alguna vez fue a Jacinta Coronado.
\par \emdash \'bfJacinta Coronado?
\par \emdash El aya de Pen\'e9lope. Hab\'eda criado a Jorge y a Pen\'e9\-
lope. Los quer\'eda con locura, especialmente a Pen\'e9lope. A veces
ven\'eda al colegio a recoger a Jorge, porque a don Ricardo Aldaya no le
gustaba que sus hijos pasaran un se\-
gundo sin la vigilancia de alguien de la casa. Jacinta era un \'e1ngel.
Hab\'eda o\'eddo decir que yo, como Juli\'e1n, \'e9ramos muchachos de
recursos modestos y siempre nos tra\'eda algo de merendar porque cre\'eda
que pas\'e1bamos hambre. Yo le dec\'ed
a que mi padre era el cocinero, que no se preocupase que de comer no me
faltaba. Pero ella insist\'eda. Yo la espe\-raba a veces y hablaba con
ella. Era la mujer m\'e1s buena que jam\'e1s he conocido. No ten\'eda
hijos, ni novio cono\-
cido. Estaba sola en el mundo y hab\'eda dado la vida por criar a los
hijos de los Aldaya. Adoraba a Pen\'e9lope con toda su alma. A\'fan habla
de ella...
\par \emdash \'bfEst\'e1 usted todav\'eda en contacto con Jacinta?
\par \emdash La visito a veces en el asilo de Santa Luc\'eda. Ella no
tiene a nadie. El Se\'f1or, por razones que nos est\'e1n veladas al
entendimiento, no siempre nos premia en vida. Jacinta es una mujer muy
mayor ya y sigue tan sola como siempre lo estuvo.
\par Ferm\'edn y yo intercambiamos una mirada.
\par \emdash \'bfY Pen\'e9lope? \'bfNo la ha visitado nunca?
\par La mirada del padre Fernando era un pozo de ne\-grura.
\par \emdash Nadie sabe qu\'e9 se hizo de Pen\'e9lope. Esa muchacha era
la vida de Jacinta. Cuando los Aldaya se marcharon a Am\'e9rica y ella la
perdi\'f3, lo perdi\'f3 todo.
\par \emdash \'bfPor qu\'e9 no se la llevaron con ella? \'bfMarch\'f3
Pen\'e9\-lope tambi\'e9n a la Argentina, con el resto de los Aldaya?
\emdash pregunt\'e9.
\par El sacerdote se encogi\'f3 de hombros.
\par \emdash No lo s\'e9. Nadie volvi\'f3 a ver a Pen\'e9lope o a o\'edr
ha\-blar de ella despu\'e9s de 1919.
\par \emdash El a\'f1o que Carax march\'f3 a Par\'eds \emdash observ\'f3
Fer\-m\'edn.
\par \emdash Tienen que prometerme ustedes que no van a mo\-lestar a esa
pobre anciana para desenterrar recuerdos do\-lorosos.
\par \emdash \'bfPor qui\'e9n nos toma el mos\'e9n? \emdash pregunt\'f3
Ferm\'edn, airado.
\par Sospechando que no nos iba a sacar nada m\'e1s, el pa\-dre Fernando
nos hizo jurarle que le mantendr\'edamos in\-formado de lo que
averigu\'e1semos. Ferm\'edn, para tranquilizarlo, se empe\'f1\'f3 en
jurar sobre un Nuevo Testamento que yac\'ed
a en el escritorio del sacerdote.
\par \emdash Deje los Evangelios tranquilos. Me basta con su pa\-labra.
\par \emdash No deja pasar usted una, \'bfeh, padre? \'a1Qu\'e9 fiera!
\par \emdash Venga, les acompa\'f1o hasta la salida.
\par Nos gui\'f3 a trav\'e9s del jard\'edn hasta la verja de lanzas y se
detuvo a una distancia prudencial de la salida, contem\-plando la calle
que serpenteaba de bajada hacia el mundo real, como si temiera evaporarse
si se aventuraba unos pasos m\'e1s all
\'e1. Me pregunt\'e9 cu\'e1ndo habr\'eda sido la \'faltima vez que el
padre Fernando hab\'eda abandonado el recinto del colegio de San Gabriel.
\par \emdash Lo sent\'ed mucho cuando supe que Juli\'e1n hab\'eda fa\-
llecido \emdash dijo con voz queda\emdash . Pese a todo lo que pas\'f3
luego y a que nos distanciamos con el tiempo, fuimos
}{\expnd0\expndtw4\lang1034 buenos amigos: Miquel, Aldaya, Juli
\'e1n y yo. Incluso Fu\-mero. Siempre cre\'ed que \'edbamos a ser
inseparables, pero la vida debe de saber algo que nosotros no sabemos. No
he vuelto a tener amigos como aqu\'e9
llos, y no creo que los vuelva a tener. Espero que encuentre usted lo que
busca, Daniel.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {26
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw4\lang1034
\par Era casi media ma\'f1ana cuando llegamos al paseo de la Bonanova,
cada uno retirado a sus propios pensamientos. No me cab\'eda duda de que
los de Ferm\'edn se concentraban en la siniestra aparici\'f3n del
inspector Fumero en el asun\-to. Le mir\'e9
de reojo y advert\'ed su semblante apesadumbra\-do, carcomido de
inquietud. Un velo de nubes oscuras se extend\'eda como sangre derramada
y destilaba astillas de luz del color de la hojarasca.
\par \emdash Si no nos damos prisa, nos va a pillar una buena \emdash
dije.
\par \emdash Todav\'eda no. Esas nubes tienen cara de noche, de
magulladura. Son de las que esperan.
\par \emdash No me diga que tambi\'e9n entiende usted de nubes.
\par \emdash Vivir en la calle le ense\'f1a a uno m\'e1s de lo que de\-
sear\'eda saber. S\'f3lo de pensar en lo de Fumero me ha dado un hambre
horrorosa. \'bfQu\'e9 me dice si nos acercamos al bar de la plaza de
Sarri\'e1
y nos marcamos dos bocadillos de tortilla con much\'edsima cebolla?
\par Pusimos rumbo hacia la plaza, donde una horda de abuelillos
coqueteaba el palomar local, reduciendo la vida a un juego de migajas y
de espera. Nos procuramos una mesa junto a la puerta del bar, donde
Ferm\'edn procedi\'f3
a dar buena cuenta de los dos bocadillos, el suyo y el m\'edo, una
ca\'f1a de cerveza, dos chocolatinas y un trif\'e1sico de ron. De postre
se tom\'f3 un Sugus. En la mesa contigua, un hombre observaba a Ferm\'edn
de refil\'f3n por encima del pe\-ri\'f3
dico, probablemente pensando lo mismo que yo.
\par \emdash No s\'e9 d\'f3nde mete usted todo eso, Ferm\'edn.
\par \emdash En mi familia siempre hemos sido de metabolismo acelerado.
Mi hermana Jesusa, que en gloria est\'e9, era ca\-paz de merendarse una
tortilla
de morcilla y ajos tiernos de seis huevos a media tarde y luego lucirse
como un cosaco en la cena. Le llamaban la }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034
Higadillos, }{\expnd0\expndtw4\lang1034 porque sufr\'eda de halitosis.
Pobrecilla. Era igualita que yo, \'bf
sabe? Con este mismo careto y este cuerpo serrano, m\'e1s bien magro de
carnes. Un doctor de C\'e1ceres le dijo una vez a mi ma\-dre que los
Romero de Torres \'e9ramos el eslab\'f3
n perdido entre el hombre y el pez martillo, porque el noventa por ciento
de nuestro organismo es cart\'edlago, mayormente concentrado en la nariz
y en el pabell\'f3n auditivo. A la Je\-susa la confund\'ed
an mucho conmigo en el pueblo, porque a la pobre nunca lleg\'f3 a salirle
pecho y empez\'f3 a afeitar\-se antes que yo. Muri\'f3 de tisis a los
veintid\'f3s a\'f1os, virgen terminal y enamorada en secreto de un cura
santurr\'f3n que cua
ndo se la cruzaba por la calle siempre le dec\'eda: }{\lang1034 \tab
}{\expnd0\expndtw4\lang1034 \'abHola, Ferm\'edn, est\'e1s ya hecho todo
un hombrecito.\'bb Iro\-n\'edas de la vida.
\par \emdash \'bfLes echa de menos?
\par \emdash \'bfA la familia?
\par Ferm\'edn se encogi\'f3 de hombros, varado en una sonrisa
nost\'e1lgica.
\par \emdash \'bfQu\'e9 s\'e9 yo? Pocas cosas enga\'f1an m\'e1s que los
re\-cuerdos. Vea usted al cura... \'bfY usted? \'bfEcha de menos a su
madre?
\par Baj\'e9 la mirada.
\par \emdash Mucho.
\par \emdash \'bfSabe de lo que m\'e1s me acuerdo de la m\'eda? \emdash
pre\-gunt\'f3 Ferm\'edn\emdash . De su olor. Siempre ol\'eda a limpio, a
pan dulce. Tanto daba si hab\'eda pasado el d\'eda tra
bajando en los campos o llevaba encima los mismos harapos de toda la
semana. Ella siempre ol\'eda a todo lo bueno que hay en este mundo. Y
mire que era bruta. Maldec\'eda como un ca\-rretero, pero ol\'ed
a como las princesas de los cuentos. O al menos eso me parec\'eda a
m\'ed. \'bfY usted? \'bfQu\'e9 es lo que m\'e1s recuerda de su madre,
Daniel?
\par Dud\'e9 un instante, ara\'f1ando las palabras que me re\-hu\'edan la
voz.
\par \emdash Nada. No puedo recordar a mi madre hace ya a\'f1os. Ni
c\'f3mo era su cara, o su voz, o su olor. Se me perdieron el d\'eda que
descubr\'ed a Juli\'e1n Carax y no han vuelto.
\par Ferm\'edn me observaba con cautela, midiendo su res\-puesta.
\par \emdash \'bfNo tiene usted un retrato de ella?
\par \emdash Nunca he querido mirarlos \emdash dije.
\par \emdash \'bfPor qu\'e9 no?
\par Nunca le hab\'eda contado esto a nadie, ni siquiera a mi padre o a
Tom\'e1s.
\par \emdash Porque me da miedo. Me da miedo buscar un retra\-to de mi
madre y descubrir en ella a una extra\'f1a. Le pa\-recer\'e1 a usted una
tonter\'eda.
\par Ferm\'edn neg\'f3.
\par \emdash \'bfY por eso piensa usted que si consigue desentra\'f1ar el
misterio de Juli\'e1n Carax y rescatarle del olvido, el ros\-tro de su
madre volver\'e1 a usted?
\par Le mir\'e9 en silencio. No hab\'eda iron\'eda ni juicio en su
mirada. Por un instante, Ferm\'edn Romero de Torres me pareci\'f3 el
hombre m\'e1s l\'facido y sabio del universo.
\par \emdash Quiz\'e1 \emdash dije, sin pensar.
\par Al filo del mediod\'eda abordamos un autob\'fas de vuelta al centro.
Nos sentamos al frente, justo detr\'e1s del conduc\-tor, circunstancia
que Ferm\'edn aprovech\'f3 para entablar un debate con \'e9l acerca de
los muchos avances, t\'e9cnicos y cosm\'e9
ticos, que advert\'eda en el transporte p\'fablico de su\-perficie en
relaci\'f3n a la \'faltima vez que lo hab\'eda utilizado, all\'e1 por
1940, particularmente en lo referente a se\'f1aliza\-ci\'f3n, como
demostraba un cartel que rezaba: \'ab
Se prohibe escupir y la palabra soez.\'bb Ferm\'edn examin\'f3 el cartel
de reojo y opt\'f3 por rendirle pleites\'eda conjurando con enjun\-dia un
sonoro gargajo, lo que bast\'f3 para granjearnos las miradas
sulf\'faricas de un tr\'ed
o de beatorras que viajaban en comando en la parte de atr\'e1s
pertrechadas de sendas co\-pias del misal.
\par \emdash Salvaje \emdash musit\'f3 la beata del flanco este, que
guar\-daba un asombroso parecido con el retrato oficial del ge\-neral
Yag\'fce.
\par \emdash Ah\'ed van \emdash dijo Ferm\'edn\emdash . Tres santas tiene
mi Espa\-\'f1a. Santa Sofoco, santa Puretas y santa Remilgos. Entre todos
hemos convertido este pa\'eds en un chiste.
\par \emdash Diga que s\'ed \emdash convino el conductor\emdash . Con
Aza\'f1a est\'e1bamos mejor. Y el tr\'e1fico no digamos. Asco da.
\par Un hombre sentado en la parte de atr\'e1s se ri\'f3, disfru\-tando
del intercambio de pareceres. Le reconoc\'ed como el mismo que hab\'eda
estado sentado junto a nosotros en el bar. Su expresi\'f3n parec\'eda
insinuar que estaba de parte de Ferm\'ed
n y que deseaba verle ensa\'f1arse con las beatas. Cru\-c\'e9 con \'e9l
la mirada brevemente. Me sonri\'f3 cordialmente y regres\'f3 a su
peri\'f3dico con desinter\'e9s. Al llegar a la calle Ganduxer advert\'ed
que Ferm\'edn se hab\'eda recogido en un o
villo bajo su gabardina y estaba pegando una cabezadita con la boca
abierta y el rostro bendito. El autob\'fas se des\-lizaba por el
se\'f1or\'edo almidonado del paseo de San Gerva\-sio cuando Ferm\'edn
despert\'f3 de repente.
\par \emdash He estado so\'f1ando con el padre Fernando \emdash me
dijo\emdash . S\'f3lo que en mi sue\'f1o iba vestido de delantero centro
del Real Madrid y ten\'eda la copa de la liga a su vera, reluciente como
los chorros del oro.
\par }{\lang1034 \emdash \'bfY eso? \emdash pregunt\'e9.
\par \emdash Si Freud est\'e1 en lo cierto, eso significa que tal vez el
cura nos haya colado un gol.
\par \emdash A m\'ed me pareci\'f3 un hombre honesto.
\par \emdash La verdad es que s\'ed. Quiz\'e1 demasiado para su pro\-pio
bien. A los curas con madera de santo los acaban en\-viando a todos a
misiones, a ver si se los comen los mos\-quitos o las pira\'f1as.
\par \emdash Ya ser\'e1 menos.
\par \emdash Bendita inocencia la suya, Daniel. Se cree usted has\-ta lo
del ratoncito dientes. Y si no, de muestra un bot\'f3n: el embrollo ese
de Miquel Moliner que le endilg\'f3 Nuria Monfort. Me parece que esa
f\'e1mula le coloc\'f3 a usted m\'e1
s trolas que la p\'e1gina editorial de }{\i\lang1034 L'Observatore
Romano. }{\lang1034 Ahora resulta que est\'e1 casada con un amigo de la
infan\-cia de Aldaya y Carax, mire usted por d\'f3nde. Y encima te\-
nemos la historia de Jacinta, el aya buena, que tal vez sea ver\'eddica
pero suena demasiado a \'faltimo acto de don Ale\-jandro Casona. Por no
mencionar la aparici\'f3n estelar de Fumero en el papel de matarife.
\par \emdash \'bfCree usted entonces que el padre Fernando nos minti\'f3?
\par \emdash No. Convengo con usted en que parece honrado, pero el
uniforme pesa mucho y lo mismo se guard\'f3 algu\-na novena en la media,
por as\'ed decirlo. Yo creo que si nos minti\'f3 fue por omisi\'f3n y
decoro, no por mala leche o malicia. Adem\'e1
s no le veo capaz de inventarse un embro\-llo as\'ed. Si supiera mentir
mejor, no estar\'eda dando clases de \'e1lgebra y lat\'edn; andar\'eda ya
en el obispado, con un despa\-cho de cardenal y melindros tiernos para el
caf\'e9.
\par \emdash \'bfQu\'e9 sugiere usted que hagamos entonces? \emdash Tarde
o temprano vamos a tener que desenterrar a la momia de la abuelilla
angelical y sacudirla de los tobi\-llos, a ver qu\'e9 cae. De momento voy
a tirar de algunos hi\-los, a ver qu\'e9
averiguo de este tal Miquel Moliner. Y no es\-tar\'eda de
}{\expnd1\expndtw8\lang1034 mas }{\lang1034 echarle un ojo encima a esa
Nuria Monfort, que me parece que est\'e1 resultando ser lo que mi difunta
madre denominaba una lagarta.
\par \emdash Se equivoca usted con ella \emdash aduje.
\par \emdash A usted le ense\'f1an un par de tetas bien puestas y cree
que ha visto a santa Teresa de Jes\'fas, lo cual a su edad tiene disculpa
que no remedio. D\'e9jemela a m\'ed
, Daniel, que la fragancia del eterno femenino ya no me emboba como a
usted. A mis a\'f1os, el riego sangu\'edneo a la cabeza adquiere
preferencia al destinado a las partes blandas.
\par \emdash Menudo fue a hablar.
\par Ferm\'edn extrajo su monedero y procedi\'f3 a contar el montante.
\par \emdash Lleva usted ah\'ed una fortuna \emdash dije\emdash .
\'bfTodo eso ha sobrado del cambio de esta ma\'f1ana?
\par \emdash Parte. El resto es leg\'edtimo. Es que hoy llevo a mi
Bernarda por ah\'ed. Yo a esa mujer no le puedo negar nada. Si hace
falta, asalto el Banco de Espa\'f1a para darle todos los caprichos. \'bfY
usted qu\'e9 planes tiene para el resto del d\'eda?
\par \emdash Nada en especial.
\par \emdash \'bfY la nena esa, qu\'e9?
\par \emdash \'bfQu\'e9 nena?
\par \emdash La mo\'f1os. \'bfQu\'e9 nena va a ser? La hermana de
Aguilar.
\par \emdash No s\'e9.
\par \emdash Saber sabe; lo que no tiene, hablando en plata, es cojones
para coger el toro por los cuernos.
\par A \'e9stas se nos acerc\'f3 el revisor con gesto cansino, ha\-ciendo
malabarismos con un palillo que paseaba y voltea\-ba entre los dientes
con destreza circense.
\par \emdash Ustedes perdonen, que dicen esas se\'f1oras de ah\'ed que si
pueden utilizar un lenguaje m\'e1s decoroso.
\par \emdash }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Y una mierda \emdash replic\'f3
Ferm\'edn, en voz alta.
\par El revisor se volvi\'f3 a las tres damas y se encogi\'f3 de hombros,
d\'e1ndoles a entender que hab\'eda hecho cuanto pod\'eda y que no estaba
dispuesto a liarse a bofetadas por una cuesti\'f3n de pudor sem\'e1ntico.
\par \emdash La gente que no tiene vida siempre se tiene que me\-ter en
la de los dem\'e1s \emdash mascull\'f3 Ferm\'edn\emdash . \'bfDe qu\'e9
est\'e1\-bamos hablando?
\par \emdash De mi falta de reda\'f1os.
\par \emdash Efectivamente. Un caso cr\'f3nico. H\'e1game caso. Vaya a
buscar a su chica, que la vida pasa volando, especial\-mente la parte que
vale la pena vivir. Ya ha visto lo que dec\'eda el cura. Visto y no
visto.
\par \emdash Pero si no es mi chica.
\par \emdash Pues g\'e1nesela antes de que se la lleve otro, especial\-
mente un soldadito de plomo.
\par \emdash Habla usted como si Bea fuese un trofeo.
\par \emdash No, como si fuese una bendici\'f3n \emdash corrigi\'f3 Fer\-
m\'edn\emdash . Mire, Daniel. El destino suele estar a la vuelta de la
esquina. Como si fuese un chorizo, una furcia o un vendedor de
loter\'eda: sus tres encarnaciones m\'e1s socorri\-
das. Pero lo que no hace es visitas a domicilio. Hay que ir a por \'e9l.
\par Dediqu\'e9 el resto del trayecto a considerar esta per\-la
filos\'f3fica mientras Ferm\'edn emprend\'eda otra cabezadita, menester
para el que ten\'eda un talento napole\'f3nico. Nos bajamos del
autob\'fas en la esquina de Gran V\'ed
a y paseo de Gracia bajo un cielo de ceniza que se com\'eda la luz.
Aboto\-n\'e1ndose la gabardina hasta el gaznate, Ferm\'edn anunci\'f3 que
part\'eda a toda prisa rumbo a su pensi\'f3n con la inten\-ci\'f3n de
acicalarse para su cita con la Bernarda.
\par \emdash H\'e1gase cargo de que con una presencia mayormen\-te
modesta como la m\'eda, la toilette no baja de noven\-ta minutos. No hay
genio sin figura; \'e9sa es la triste reali\-dad de estos tiempos
faranduleros. Vanitas pecata mundi.
\par Le vi alejarse por la Gran V\'eda, apenas un bosquejo de hombrecillo
amparado en su gabardina gris que aletea\-ba como una bandera ra\'edda al
viento. Puse rumbo a casa, donde pl
aneaba reclutar un buen libro y esconderme del mundo. Al doblar la
esquina de Puerta del \'c1ngel y la ca\-lle Santa Ana, el coraz\'f3n me
dio un vuelco. Ferm\'edn, como siempre, hab\'eda estado en lo cierto. El
destino me aguar\-daba frente a la librer
\'eda luciendo traje de lana gris, zapa\-tos nuevos y medias de seda, y
estudiando su reflejo en el escaparate.
\par \emdash Mi padre cree que estoy en misa de doce \emdash dijo Bea sin
alzar la vista de su propia imagen.
\par \emdash Como si lo estuvieses. Aqu\'ed, a menos de veinte me\-tros,
en la iglesia de Santa Ana llevan en sesi\'f3n continua desde las nueve
de la ma\'f1ana.
\par Habl\'e1bamos como dos desconocidos detenidos casual\-mente frente a
un escaparate, busc\'e1ndonos la mirada en el cristal.
\par \emdash No es como para hacer broma. He tenido que reco\-ger una
hoja dominical para ver de qu\'e9 iba el serm\'f3n. Luego me pedir\'e1
que le haga una sinopsis detallada.
\par \emdash Tu padre est\'e1 en todo.
\par \emdash Ha jurado partirte las piernas.
\par \emdash Antes tendr\'e1 que averiguar qui\'e9n soy. Y mientras yo
las tenga enteras, corro mas que \'e9l.
\par Bea me observaba tensa, mirando por encima del hom\-bro a los
transe\'fantes que se deslizaban a nuestra espalda en soplos de gris y de
viento.
\par \emdash No s\'e9 de qu\'e9 te r\'edes \emdash dijo\emdash . Lo dice
en serio.
\par \emdash No me r\'edo. Estoy muerto de miedo. Pero es que me alegra
verte.
\par Una sonrisa a media asta, nerviosa, fugaz.
\par \emdash A m\'ed tambi\'e9n \emdash concedi\'f3 Bea.
\par }{\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash Lo dices como si fuese una
enfermedad.
\par \emdash Es peor que eso. Pensaba que si volv\'eda a verte a la luz
del d\'eda, a lo mejor entraba en raz\'f3n.
\par Me pregunt\'e9 si aquello era un cumplido o una con\-dena.
\par \emdash No pueden vernos juntos, Daniel. No as\'ed, en plena calle.
\par \emdash Si quieres podemos entrar en la librer\'eda. En la tras\-
tienda hay una cafetera y...
\par \emdash No. No quiero que nadie me vea entrar o salir de aqu\'ed. Si
alguien me ve hablar ahora contigo, siempre pue\-do decir que me he
tropezado con el mejor amigo de mi hermano por casualidad. Si nos ven dos
veces juntos, levantaremos sospechas.
\par Suspir\'e9.
\par \emdash \'bfY qui\'e9n va a vernos? \'bfA qui\'e9n le importa lo que
ha\-gamos?
\par \emdash La gente siempre tiene ojos para lo que no le im\-porta, y
mi padre conoce a media Barcelona.
\par \emdash \'bfEntonces por qu\'e9 has venido hasta aqu\'ed a esperar\-
me?
\par \emdash No he venido a esperarte. He venido a misa, \'bfte acuerdas?
T\'fa mismo lo has dicho. A veinte metros de aqu\'ed...
\par \emdash Me das miedo, Bea. Mientes todav\'eda mejor que yo.
\par \emdash T\'fa no me conoces, Daniel.
\par \emdash Eso dice tu hermano.
\par Nuestras miradas se encontraron en el reflejo.
\par \emdash T\'fa me ense\'f1aste algo la otra noche que no hab\'eda
vis\-to jam\'e1s \emdash murmur\'f3 Bea\emdash . Ahora me toca a m\'ed.
\par Frunc\'ed el ce\'f1o, intrigado. Bea abri\'f3 su bolso, extrajo una
tarjeta de cartulina doblada y me la tendi\'f3.
\par \emdash No eres el \'fanico que sabe misterios en Barcelona, Daniel.
Tengo una sorpresa para ti. Te espero en esta di\-recci\'f3n hoy a las
cuatro. Nadie debe saber que hemos quedado all\'ed.
\par \emdash \'bfC\'f3mo sabr\'e9 que he dado con el sitio correcto?
\par \emdash Lo sabr\'e1s.
\par La mir\'e9 de reojo, rogando que me estuviese tomando el pelo.
\par \emdash Si no vienes, lo entender\'e9 \emdash dijo Bea\emdash .
Entender\'e9 que ya no quieres verme m\'e1s.
\par Sin concederme un instante para responder, Bea se dio la vuelta y se
alej\'f3 a paso ligero hacia las Ramblas. Me qued\'e9 sosteniendo la
tarjeta en la mano y la palabra en los labios, persigui\'e9ndola con la
mirada hasta que su silueta se fundi\'f3
en la penumbra gris que preced\'eda a la tor\-menta. Abr\'ed la tarjeta.
En el interior, en trazo azul, se le\'eda una direcci\'f3n que conoc\'eda
bien.
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {\i Avenida del Tibidabo, 32
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\i\expnd2\expndtw12\lang1034
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {27
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd1\expndtw6\lang1034
\par La tormenta no esper\'f3 al anochecer para asomar los dien\-tes. Los
primeros rel\'e1mpagos me sorprendieron al poco de tomar un autob\'fas de
la l\'ednea }{\i\expnd2\expndtw12\lang1034 22.
}{\expnd1\expndtw6\lang1034
Al rodear la plaza Molina y ascender Balmes arriba, la ciudad ya se
desdibujaba bajo telones de terciopelo l\'edquido, record\'e1ndome que
apenas hab\'eda tomado la precauci\'f3n de coger un m\'edsero paraguas.
\par \emdash Hay que tener valor \emdash murmur\'f3 el conductor cuan\-do
solicit\'e9 parada.
\par Pasaban ya diez minutos de las cuatro cuando el auto\-b\'fas me
dej\'f3 en un eslab\'f3n perdido al final de }{\expnd0\expndtw2\lang1034
la }{\expnd1\expndtw6\lang1034 calle Bal\-mes a merced de la tormenta. Al
frente, la avenida del Ti}{
\expnd0\expndtw-2\lang1034 bidabo se desvanec\'eda en un espejismo acuoso
bajo cielo de plomo. Cont\'e9 hasta tres y ech\'e9 a correr bajo la
lluvia. Minutos m\'e1s tarde, empapado hasta la m\'e9dula y tiritando de
fr\'ed
o, me detuve al amparo de un portal para recuperar el aliento.
Auscult\'e9 el resto del trayecto. El aliento helado de la tormenta
arrastraba un velo gris que enmascaraba el contorno espectral de
palacetes y caserones enterrados en la niebla. Entr
e ellos se alzaba el torre\'f3n oscuro y solitario del palacete Aldaya,
varado entre la arboleda ondulante. Me retir\'e9 el pelo empapado que me
ca\'eda sobre los ojos y ech\'e9 a correr hacia all\'ed, cruzando la
avenida desierta.
\par La portezuela de la verja se balanceaba al viento. M\'e1s all\'e1 se
abr\'eda un sendero ondulante que ascend\'eda hasta el caser\'f3n. Me
col\'e9 por la portezuela y me adentr\'e9
en la finca. Entre la maleza se adivinaban pedestales de estatuas
derrocadas sin piedad. Al aproximarme hacia el caser\'f3n advert\'ed que
una de las estatuas, la efigie de un \'e1ngel purifi\-cador, hab\'ed
a sido abandonada en el interior de una fuente que coronaba el jard\'edn.
La silueta de m\'e1rmol ennegrecido brillaba como un espectro bajo la
l\'e1mina de agua que se desbordaba en el estanque. La mano del \'e1ngel
\'edgneo emerg\'ed
a de las aguas; un dedo acusador, afilado como una bayoneta, se\'f1alaba
la puerta principal de la casa. El port\'f3n de roble labrado se
adivinaba entreabierto. Empuj\'e9 la puerta y me aventur\'e9 unos pasos
en un recibidor caverno\-so, los muros
fluctuando bajo la caricia de una vela.
\par \emdash Cre\'ed que no vendr\'edas \emdash dijo Bea.
\par Su silueta se perfilaba en un corredor clavado en la penumbra,
recortada en la claridad mortecina de una ga\-ler\'eda que se abr\'eda al
fondo. Estaba sentada en una silla, contra la pared, con una vela a sus
pies.
\par \emdash Cierra la puerta \emdash indic\'f3 sin levantarse\emdash .
La llave est\'e1 puesta en la cerradura.
\par Obedec\'ed. La cerradura cruji\'f3 con un eco sepulcral. Escuch\'e9
los pasos de Bea acerc\'e1ndose a mi espalda y sen\-t\'ed su roce en la
ropa empapada.
\par \emdash Est\'e1s temblando. \'bfEs de miedo o de fr\'edo?
\par \emdash A\'fan no lo he decidido. \'bfPor qu\'e9 estamos aqu\'ed?
\par Sonri\'f3 en la penumbra y me tom\'f3 de la mano.
\par \emdash \'bfNo lo sabes? Cre\'ed que lo habr\'edas adivinado...
\par \emdash \'c9sta era la casa de los Aldaya, eso es todo lo que s\'e9.
\'bfC\'f3mo has conseguido entrar y c\'f3mo sab\'edas...?
\par Ven, encenderemos un fuego para que entres en calor.
\par Me gui\'f3 a trav\'e9s del corredor hasta la galer\'eda que presi\-
d\'eda el patio interior de la casa. El sal\'f3n se ergu\'eda en colum\-
nas de m\'e1rmol y muros desnudos que reptaban hacia el ar\-tesonado de
una techumbre ca\'ed
da a trozos. Se adivinaban las marcas de cuadros y espejos que tiempo
atr\'e1s hab\'edan cubierto las paredes, al igual que los rastros de
muebles so\-bre el piso de m\'e1rmol. En un extremo del sal\'f3n hab\'eda
un hogar con unos troncos dispuestos.
Una pila de diarios vie\-jos descansaba junto al atizador. El aliento de
la chimenea ol\'eda a fuego reciente y a carbonilla. Bea se arrodill\'f3
frente al hogar y empez\'f3 a disponer varias hojas de peri\'f3dico en\-
tre los troncos. Extrajo un f\'f3
sforo y las prendi\'f3, conjuran\-do r\'e1pidamente una corona de llamas.
Las manos de Bea agitaban los maderos con habilidad y experiencia.
Imagin\'e9 que me supon\'eda muerto de curiosidad e impaciencia, pero
decid\'ed adoptar un aire flem\'e1
tico que dejase claro que si Bea quer\'eda jugar conmigo a los misterios
llevaba las de per\-der. Ella se relam\'eda en una sonrisa triunfante. Mi
temble\-que de manos, quiz\'e1, no ayudaba a mi representaci\'f3n.
\par \emdash \'bfVienes mucho por aqu\'ed? \emdash pregunt\'e9.
\par \emdash Hoy es la primera vez. \'bfIntrigado?
\par \emdash Vagamente.
\par Se arrodill\'f3 frente al fuego y dispuso una manta lim\-pia que
sac\'f3 de una bolsa de lona. Ol\'eda a lavanda.
\par \emdash Anda, si\'e9ntate aqu\'ed, junto al fuego, no vayas a pillar
una pulmon\'eda por mi culpa.
\par El calor de la hoguera me devolvi\'f3 a la vida. Bea con\-templaba
las llamas en silencio, hechizada.
\par \emdash \'bfVas a contarme el secreto? \emdash pregunt\'e9
finalmente.
\par Bea suspir\'f3 y se sent\'f3 en una de las sillas. Yo perma\-nec\'ed
pegado al fuego, observando el vapor ascender de mi ropa como \'e1nima en
fuga.
\par \emdash Lo que t\'fa llamas el palacete Aldaya, en realidad tie\-ne
nombre propio. La casa se llama \'abEl \'e1ngel de bruma\'bb, pero casi
nadie lo sabe. El despacho de mi padre lleva quince a\'f1os intentando
vender esta propiedad sin conse\-
guirlo. El otro d\'eda, mientras me explicabas la historia de Juli\'e1n
Carax y de Pen\'e9lope Aldaya, no repar\'e9 en ello. Luego, por la noche
en casa, at\'e9 cabos y record\'e9 que ha\-b\'eda o\'ed
do hablar a mi padre de la familia Aldaya alguna vez, y de esta casa en
particular. Ayer acud\'ed al despacho de mi padre y su secretario,
Casas\'fas, me cont\'f3 la historia de la casa. \'bfSab\'edas que en
realidad \'e9sta no era su residen\-
cia oficial, sino una de sus casas de veraneo?
\par Negu\'e9.
\par \emdash La casa principal de los Aldaya era un palacio que fue
derribado en 1925 para levantar un bloque de pisos, en lo que hoy es el
cruce de las calles Bruch y Mallorca, dise\'f1ado por Puig i Cadafalch
por encargo del abuelo de Pen\'e9
lope y Jorge, Sim\'f3n Aldaya, en 1896, cuando aquello no eran m\'e1s que
campos y acequias. El hijo mayor del pa\-triarca Sim\'f3n, don Ricardo
Aldaya, la hab\'eda comprado all\'e1 en los \'faltimos a\'f1o
s del siglo XIX a un personaje muy pintoresco por un precio irrisorio,
porque la casa ten\'eda mala fama. Casas\'fas me dijo que estaba maldita
y que ni los vendedores se atrev\'edan a venir a ense\'f1arla y
escurr\'edan el bulto con cualquier pretexto...
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {28
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par Aquella tarde, mientras entraba de nuevo en calor, Bea me refiri\'f3
la historia de c\'f3mo \'abEl \'e1ngel de bruma\'bb hab\'eda llegado a
las manos de la familia Aldaya. El relato era un melodrama escabroso que
bien podr\'ed
a haberse escapado de la pluma de Juli\'e1n Carax. La casa hab\'eda sido
construi\-da en 1899 por la firma de arquitectos de Naul\'ed, Marto\-rell
i Bergad\'e1 bajo los auspicios de un pr\'f3spero y extra\-vagante
financiero catal\'e1
n llamado Salvador Jaus\'e1, que s\'f3lo habr\'eda de vivir en ella un
a\'f1o. El potentado, hu\'e9rfa\-no desde los seis a\'f1os y de
or\'edgenes humildes, hab\'eda ama\-sado la mayor parte de su fortuna en
Cuba y Puerto Rico. Se dec\'ed
a que la suya era una de las muchas manos negras tras la trama de la
ca\'edda de Cuba y la guerra con Estados Unidos en que se hab\'edan
perdido las \'faltimas colonias. Del Nuevo Mundo se trajo algo m\'e1s que
una fortuna: le acompa\'f1
aban una esposa norteamericana, damisela p\'e1li\-da y fr\'e1gil de la
buena sociedad de Filadelfia que no ha\-blaba palabra de castellano, y
una criada mulata que ha\-b\'eda estado a su servicio desde los primeros
a\'f1
os en Cuba y que viajaba con un macaco enjaulado vestido de arle\-qu\'edn
y siete ba\'fales de equipaje. Por el momento se insta\-laron en varias
habitaciones del hotel Col\'f3n en la plaza de Catalu\'f1a, a la espera
de adquirir la viviend
a adecuada a los gustos y apetencias de Jaus\'e1.
\par A nadie le cab\'eda la menor duda de que la criada \emdash be\-lleza
de \'e9bano dotada de mirada y talle que seg\'fan las cr\'f3\-nicas de
sociedad induc\'eda taquicardias\emdash era en realidad su amante y
gu\'eda en placeres il\'edcitos e inn
ombrables. Su calidad de bruja y hechicera se asum\'eda por a\'f1adidura.
Su nombre era Marisela, o as\'ed la llamaba Jaus\'e1, y su pre\-sencia y
aires enigm\'e1ticos no tardaron en convertirse en el esc\'e1
ndalo predilecto de las reuniones que las damas de buena cuna propiciaban
para degustar melindros y matar el tiempo y los sofocos oto\'f1ales. En
estas tertulias circula\-ban rumores sin confirmar que suger\'edan que la
hembra africana, por inspiraci\'f3
n directa de los infiernos, fornica\-ba aupada al var\'f3n, es decir,
cabalg\'e1ndolo cual yegua en celo, lo cual violaba por lo menos cinco o
seis pecados mortales de necesidad. No falt\'f3 pues quien escribiera al
obispado, solicitando una bendici\'f3
n especial y protec\-ci\'f3n para el alma impoluta y n\'edvea de las
familias de buen nombre de Barcelona ante semejante influencia. Para
m\'e1s inri, Jaus\'e1 ten\'ed
a la desfachatez de salir a pasear con su esposa y con Marisela en su
carruaje los domingos a media ma\'f1ana, ofreciendo as\'ed el
espect\'e1culo babil\'f3nico de la depravaci\'f3n a ojos de cualquier
mozalbete inco\-
rrupto que pudiere deambular por el paseo de Gracia en su camino a misa
de once. Hasta los diarios se hac\'edan eco de la mirada altiva y
orgullosa de la negraza, que contemplaba al p\'fablico barcelon\'e9s
\'abcomo una reina de las selvas mirar\'ed
a a una cofrad\'eda de pigmeos\'bb.
\par Por aquella \'e9poca, la fiebre modernista ya consum\'eda Barcelona,
pero Jaus\'e1 indic\'f3 claramente a los arquitectos que hab\'eda
contratado para que le construyesen su nueva morada que quer\'eda algo
diferente. En su diccionario, \'abdi\-ferente\'bb
era el mejor de los ep\'edtetos. Jaus\'e1 hab\'eda pasado a\'f1os
pase\'e1ndose frente a la hilera de mansiones neog\'f3ti\-cas que los
grandes magnates de la era industrial america\-na se hab\'ed
an hecho construir en el tramo de la Quinta Avenida varado entre las
calles 58 y 72, frente a la cara este del Central Park. Prendido con sus
ensue\'f1os ameri\-canos, el financiero se neg\'f3 a escuchar cualquier
argu\-mento en favor de construir seg\'fa
n la moda y uso del mo\-mento, del mismo modo en que se hab\'eda negado a
adqui\-rir un palco en el Liceo, como era de rigor, calific\'e1ndolo de
babel de sordos y colmena de indeseables. Deseaba su casa alejada de la
ciudad, en el por entonces todav\'ed
a re\-lativamente desolado paraje de la avenida del Tibidabo. Quer\'eda
contemplar Barcelona desde la distancia, dec\'eda. Por \'fanica
compa\'f1\'eda s\'f3lo deseaba un jard\'edn de estatuas de \'e1ngeles que
seg\'fa
n sus instrucciones (destiladas por Marisela) deb\'edan estar ubicadas en
los v\'e9rtices del traza\-do de una estrella de siete puntas, ni una
m\'e1s ni una me\-nos. Resuelto a llevar sus planes a cabo, y con las
arcas re\-
bosantes para hacerlo a su capricho, Salvador Jaus\'e1 envi\'f3 a sus
arquitectos tres meses a Nueva York para que estu\-diasen las delirantes
estructuras erigidas para albergar al comodoro Vandervilt, a la familia
de John Jacob Astor, Andr
ew Carnagie y al resto de las cincuenta familias de oro. Dio
instrucciones para que asimilasen el estilo y las t\'e9cnicas del taller
de arquitectura de Stanford, White & McKim y les advirti\'f3
que no se molestasen en llamar a su puerta con un proyecto al gusto de
los que \'e9l denomina\-ba \'abcharcuteros y fabricantes de botones\'bb.
\par Un a\'f1o m\'e1s tarde, los tres arquitectos se personaron en sus
suntuosas habitaciones del hotel Col\'f3n para pre\-sentarle el proyecto.
Jaus\'e1, en compa\'f1\'eda de la mulata Marisela, les escuch\'f3 en
silencio y al t\'e9rmino de la presenta\-ci
\'f3n pregunt\'f3 cu\'e1l ser\'eda el costo de llevar a cabo la obra en
seis meses. Frederic Martorell, socio l\'edder del taller de arquitectos,
carraspe\'f3 y, por decoro, anot\'f3 la cifra en un papel y se la
tendi\'f3 al potentado. \'c9ste, sin pesta
\'f1ear, ex\-tendi\'f3 en el acto un cheque por el montante total y des\-
pidi\'f3 a la comitiva con un saludo ausente. Siete meses m\'e1s tarde,
en julio de 1900, Jaus\'e1, su esposa, y la criada Marisela se instalaban
en la casa. En agosto de aquel a\'f1
o, las dos mujeres estar\'edan muertas y la polic\'eda encontrar\'eda a
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 Salvador Jaus\'e1 agonizante, desnudo y
esposado a la buta\-ca de su estudio. El informe del sargento que
instruy\'f3
el caso mencionaba que las paredes de toda la casa estaban
ensangrentadas, que las estatuas de los \'e1ngeles que rodea\-ban el
jard\'edn hab\'edan sido mutiladas \emdash sus rostros pintados al uso de
m\'e1scaras tribales\emdash , y que se hab\'ed
an encontrado rastros de cirios negros en los pedestales. La
investigaci\'f3n dur\'f3 ocho meses. Para entonces, Jaus\'e1 hab\'eda
enmude\-cido.
\par Las pesquisas de la polic\'eda concluyeron lo siguiente: todo
parec\'eda indicar que Jaus\'e1 y su esposa hab\'edan sido en\-venenados
con un extracto vegetal que les hab\'eda sido ad\-ministrado por
Marisela, en cuyos aposentos se encontra\-
ron varios frascos de la sustancia. Por alguna raz\'f3n, Jaus\'e1
hab\'eda sobrevivido al veneno, aunque las secuelas que \'e9s\-te dej\'f3
fueron terribles, haci\'e9ndole perder el habla y el o\'eddo, paralizando
parte de su cuerpo con tremendos do\-
lores y conden\'e1ndole a vivir el resto de sus d\'edas en una perpetua
agon\'eda. La se\'f1ora de Jaus\'e1 fue hallada en su ha\-bitaci\'f3n,
tendida sobre el lecho sin m\'e1
s prenda que sus joyas y un brazalete de brillantes. Las suposiciones de
la polic\'eda apuntaban que, cometido el crimen, Marisela se hab\'eda
abierto las venas con un cuchillo y hab\'eda recorrido la casa
esparciendo su sangre por los muros de corredo\-
res y habitaciones hasta caer muerta en su habitaci\'f3n del \'e1tico. El
m\'f3vil, seg\'fan la polic\'eda, hab\'edan sido los celos. Al parecer la
esposa del potentado estaba embarazada en el momento de morir. Marisela,
se dec\'eda, hab\'ed
a dibujado una calavera sobre el vientre desnudo de la se\'f1ora con cera
roja caliente. El caso, como los labios de Salvador Jaus\'e1, qued\'f3
sellado para siempre unos meses m\'e1s tarde. La buena sociedad de
Barcelona comentaba que jam\'e1s hab\'ed
a sucedido algo as\'ed en la historia de la ciudad, y que la purria de
indianos y gentuza que ven\'eda de Am\'e9rica es\-taba arruinando la
s\'f3lida fibra moral del pa\'eds. A puerta cerrada, muchos se alegraron
de que las excentricidades de Salvador J
aus\'e1 hubiesen llegado a su fin. Como siem\-pre, se equivocaban: apenas
hab\'edan empezado.
\par La polic\'eda y los abogados de Jaus\'e1 se encargaron de cerrar el
caso, pero el indiano Jaus\'e1 estaba dispuesto a continuar. Fue por
entonces cuando conoci\'f3 a don Ricardo Aldaya, por aquella \'e9poca ya
un pr\'f3spero industrial con fama de donju
\'e1n y temperamento leonino, que se ofreci\'f3 a comprarle la propiedad
con la intenci\'f3n de de\-molerla y venderla de nuevo a precio de oro,
porque el valor del terreno en la zona estaba subiendo como la es\-puma.
Jaus\'e1 no accedi\'f3
a vender, pero invit\'f3 a Ricardo Aldaya a visitar la casa con la
intenci\'f3n de mostrarle lo que denomin\'f3 un experimento cient\'edfico
y espiritual. Na\-die hab\'eda vuelto a entrar en la propiedad desde el
t\'e9r\-mino de la investigaci\'f3
n. Lo que Aldaya presenci\'f3 all\'ed dentro le dej\'f3 helado. Jaus\'e1
hab\'eda perdido totalmente la raz\'f3n. La sombra oscura de la sangre de
Marisela segu\'eda cubriendo las paredes. Jaus\'e1 hab\'eda convocado a
un inven\-
tor y pionero en la curiosidad tecnol\'f3gica del momento, el
cinemat\'f3grafo. Su nombre era Fructu\'f3s Gelabert y ha\-b\'eda
accedido a las demandas de Jaus\'e1 a cambio de fondos para construir
unos estudios cinematogr\'e1ficos en el Va\-ll\'e9
s, seguro de que durante el siglo }{\lang1034 XX
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 las im\'e1genes ani\-madas iban a sustituir a
la religi\'f3n organizada. Al parecer, Jaus\'e1 estaba convencido de que
el esp\'edritu de la negra Marisela permanec\'ed
a en la casa. \'c9l afirmaba sentir su pre\-sencia, sus voces y su olor,
e incluso su tacto en la oscuri\-dad. El servicio, al o\'edr estas
historias, hab\'eda huido al galo\-pe rumbo a empleos de menos tensi\'f3n
nerviosa en la localidad vecina de Sarri
\'e1, donde no faltaban palacios y familias incapaces de llenar un balde
de agua o remen\-darse los calcetines.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 Jaus\'e1 se qued\'f3 as\'ed solo, con
su obsesi\'f3n y sus espec\-tros invisibles. Pronto decidi\'f3 que la
clave estaba en supe\-rar esta condici\'f3n de invisibilidad. El indiano
ya hab\'eda te nido ocasi\'f3
n de ver algunos resultados de la invenci\'f3n del cinemat\'f3grafo en
Nueva York, y compart\'eda la opini\'f3n de la difunta Marisela de que la
c\'e1mara succionaba al\-mas, la del sujeto filmado y la del espectador.
Siguiendo esta l\'ed
nea de razonamiento, hab\'eda encargado a Fructu\'f3s Gelabert que rodase
metros y metros de pel\'edcula en los corredores de \'abEl \'e1ngel de
bruma\'bb en busca de signos y visiones del
otro mundo. Los intentos, hasta la fecha pese al nombre de pila del
t\'e9cnico al mando de la opera\-ci\'f3n, hab\'edan resultado
infructuosos.
\par Todo cambi\'f3 cuando Gelabert anunci\'f3 que hab\'eda reci\-bido un
nuevo tipo de material sensible de la factor\'eda de Thomas Edison en
Menlo Park, Nueva Jersey, que permit\'eda filmar escenas en condiciones
precarias de luz inaudi\-
tas hasta el momento. Mediante un tecnicismo que nunca qued\'f3 claro,
uno de los ayudantes de laboratorio de Gela\-bert hab\'eda derramado un
vino espumoso del g\'e9nero xare\-lo, proveniente del Pened\'e9s, en la
cubeta de revelado y, fruto de la reacci
\'f3n qu\'edmica, extra\'f1as formas empezaron a aparecer en la
pel\'edcula expuesta. \'c9sa era la pel\'edcula que Jaus\'e1 quer\'eda
mostrar a don Ricardo Aldaya la noche en que le invit\'f3 a su caser\'f3n
espectral en el n\'fa
mero 32 de la avenida del Tibidabo.
\par Aldaya, al o\'edr esto, supuso que Gelabert tem\'eda ver de\-
saparecer los fondos econ\'f3micos que le proporcionaba Jaus\'e1 y
hab\'eda recurrido a tan bizantino ardid para mantener el inter\'e9s de
su patr\'f3n. Jaus\'e1, sin embargo, no ten\'ed
a duda alguna acerca de la fiabilidad de los resultados. Es m\'e1s, donde
otros ve\'edan formas y sombras, \'e9l ve\'eda \'e1nimas. Juraba
distinguir la silueta de Marisela materializarse en un sudario, sombra
que se mutaba en un lobo y caminaba er
ecto. Ricardo Aldaya no vio en la proyecci\'f3n m\'e1s que rnanchurrones,
sosteniendo adem\'e1s que tanto la pel\'edcula proyectada como el
t\'e9cnico que operaba el proyector apestaban a vino y otras bebidas
espirituosas. Aun as\'ed
, como buen hombre de negocios, el industrial intuy\'f3 que todo aquello
pod\'eda acabar result\'e1ndole ventajoso. Un mi\-llonario loco, solo y
obsesionado con la captura de ecto\-plasmas constitu\'eda una v\'edctima
id\'f3nea. As\'ed pues, le dio la raz
\'f3n y le anim\'f3 a continuar su empresa. Durante sema\-nas, Gelabert y
sus hombres rodaron kil\'f3metros de pe\-l\'edcula que habr\'eda de ser
revelada en diferentes tanques con soluciones qu\'edmicas de l\'edquidos
de revelado dilui\-
dos con Aromas de Montserrat, vino tinto bendecido en la parroquia del
Ninot y toda suerte de cavas de la huerta tarraconense. Entre
proyecci\'f3n y proyecci\'f3n, Jaus\'e1 trans\-fer\'eda poderes, firmaba
autorizaciones y confer\'eda el con\-
trol de sus reservas financieras a Ricardo Aldaya.
\par Jaus\'e1 desapareci\'f3 una noche de noviembre de aquel a\'f1o
durante una tormenta. Nadie supo qu\'e9 se hab\'eda he\-cho de \'e9l. Al
parecer estaba exponiendo uno de los rollos de pel\'ed
cula especial de Gelabert cuando le sobrevino un accidente. Don Ricardo
Aldaya encarg\'f3 a Gelabert recu\-perar dicho rollo y, tras visionarlo
en privado, le prendi\'f3 fuego personalmente y sugiri\'f3 al t\'e9
cnico que se olvidase del asunto con la ayuda de un cheque de generosidad
in\-discutible. Para entonces, Aldaya ya era titular de la mayo\-r\'eda
de propiedades del desaparecido Jaus\'e1. Hubo quien dijo que la difunta
Marisela hab\'eda regres
ado para llev\'e1rse\-lo a los infiernos. Otros apuntaron que un mendigo
muy parecido al difunto millonario fue visto durante unos meses en los
alrededores de la ciudadela hasta que un carruaje negro, de cortinajes
velados, lo arroll\'f3 sin de\-
tenerse en plena luz del d\'eda. Para entonces ya era tarde: la leyenda
negra del caser\'f3n, y la invasi\'f3n del son montuno en los salones de
baile de la ciudad, eran inamovible.
\par Unos meses m\'e1s tarde, don Ricardo Aldaya mud\'f3 a su familia a
la casa de la avenida del Tibidabo, donde a las dos semanas nacer\'eda la
hija peque\'f1a del matrimonio, Pe\-n\'e9lope. Para celebrarlo, Aldaya
rebautiz\'f3 la casa como \'abVilla Pen\'e9
lope\'bb. El nuevo nombre, sin embargo, nunca enganch\'f3. La casa
ten\'eda su propio car\'e1cter y se mostraba inmune a la influencia de
sus nuevos due\'f1os. Los recien\-tes inquilinos se quejaban de ruidos y
golpes en las pare\-des por la noche, s\'fa
bitos olores a putrefacci\'f3n y corrien\-tes de aire helado que
parec\'edan vagar por la casa como centinelas errantes. El caser\'f3n era
un compendio de mis\-terios. Ten\'eda un doble s\'f3
tano, con una suerte de cripta por estrenar en el nivel inferior y una
capilla en el supe\-rior dominada por un gran Cristo en una cruz
policroma\-da al que los criados encontraban un inquietante pareci\-do
con Rasput\'edn, personaje muy popular en la
\'e9poca. Los libros de la biblioteca aparec\'edan constantemente
reorde\-nados, o vueltos del rev\'e9s. Hab\'eda una habitaci\'f3n en el
ter\-cer piso, un dormitorio que no se usaba debido a inexpli\-
cables manchas de humedad que brotaban de las paredes y parec\'edan
formar rostros borrosos, donde las flores fres\-cas se marchitaban en
apenas minutos y siempre se escu\-chaban moscas revolotear, aunque era
imposible verlas.
\par Las cocineras aseguraban que ciertos art\'edculos, como el
az\'facar, desaparec\'edan como por ensalmo de la despensa y que la leche
se te\'f1\'eda de rojo con la primera luna de cada mes. Ocasionalmente se
encontraban p\'e1jaros muer\-
tos a la puerta de algunas habitaciones, o peque\'f1os roe\-dores. Otras
veces se echaban en falta objetos, especial\-mente joyas y botones de la
ropa guardada en los armarios y cajones. De Pascuas a Ramos, los objetos
sus\-tra\'eddos aparec\'ed
an como por ensalmo meses despu\'e9s en al\-g\'fan rinc\'f3n remoto de la
casa, o enterrados en el jard\'edn.
\par Normalmente no se encontraban jam\'e1s. A don Ricardo todos estos
aconteceres se le antojaban supercher\'edas y bo\-badas propias de la
gente pudiente. A su parecer, una se\-mana en ayunas hubiera curado a la
familia de espantos. Lo que ya no ve\'ed
a con tanta filosof\'eda eran los robos de las alhajas de su se\'f1ora
esposa. M\'e1s de cinco criadas fueron despedidas al desaparecer
diferentes piezas del joyero de la se\'f1ora, aunque todas juraron en
l\'e1grima viva que eran inocentes. Los m\'e1
s perspicaces se inclinaban a pensar que, sin tanto misterio, ello era
debido a la infausta cos\-tumbre de don Ricardo de colarse en las alcobas
de las criadas j\'f3venes a medianoche con fines l\'fadicos y extra\-
maritales. Su reputaci\'f3
n al respecto era casi tan celebra\-da como su fortuna, y no faltaba
quien dijese que al paso que iban sus proezas, los bastardos que iba
dejando por el camino organizar\'edan su propio sindicato. Lo cierto es
que no s\'f3lo las joyas desaparec\'ed
an. Con el tiempo, a la familia se le extravi\'f3 el gusto de vivir.
\par La familia Aldaya nunca fue feliz en aquella casa obte\-nida
mediante las turbias artes de negociante de don Ri\-cardo. La se\'f1
ora Aldaya rogaba sin cesar a su marido que vendiese la propiedad y que
se mudasen a una residencia en la ciudad, o incluso que regresaran al
palacio que Puig i Cadafalch hab\'eda construido para el abuelo Sim\'f3n,
pa\-
triarca del clan. Ricardo Aldaya se negaba en redondo. Al pasar la mayor
parte del tiempo de viaje o en las factor\'edas de la familia, no
encontraba ning\'fan problema con la casa. En una ocasi\'f3n, el
peque\'f1o Jorge desapareci\'f3 du\-
rante ocho horas en el interior de la casa. Su madre y el servicio lo
estuvieron buscando desesperadamente, sin \'e9xito. Cuando el muchacho
reapareci\'f3, p\'e1lido y aturdi\-do, dijo que hab\'eda estado todo el
rato en la biblioteca en compa\'f1\'ed
a de la misteriosa mujer de color, que le hab\'eda estado mostrando
fotograf\'edas antiguas y que le hab\'eda di}{\expnd0\expndtw2\lang1034
cho que todas las hembras de la familia habr\'ed
an de morir en aquella casa para expiar los pecados de sus varones. La
misteriosa dama lleg\'f3 incluso a desvelarle al peque\'f1o Jor\-ge la
fecha en que su madre ib
a a morir: el 12 de abril de 1921. Huelga decir que la supuesta dama
negra nunca fue encontrada, aunque a\'f1os m\'e1s tarde la se\'f1ora
Alda\-ya fue hallada sin vida en el lecho de su dormitorio al alba del 12
de abril de 1921. Todas sus joyas hab\'ed
an desa\-parecido. Al drenar el pozo del patio, uno de los mozos las
encontr\'f3 entre el lodo del fondo, junto a una mu\'f1eca que hab\'eda
pertenecido a su hija Pen\'e9lope.
\par Una semana m\'e1s tarde, don Ricardo Aldaya decidi\'f3 desprenderse
de la casa. Para entonces su imperio finan\-ciero ya estaba herido de
muerte, y no faltaba quien insinuase que todo era debido a aquella casa
maldita que tra\'ed
a la desgracia a quien la ocupase. Otros, m\'e1s cautos, se limitaban a
aducir que Aldaya nunca hab\'eda entendido las transformaciones del
mercado y que todo lo que ha\-b\'eda hecho a lo largo de su vida era
arruinar el negocio que hab\'ed
a erigido el patriarca Sim\'f3n. Ricardo Aldaya anunci\'f3 que dejaba
Barcelona y se trasladaba con su fa\-milia a la Argentina, donde sus
industrias textiles flotaban en la gloria. Muchos dijeron que hu\'eda del
fracaso y la ver\-g\'fcenza.
\par En 1922, \'abEl \'e1ngel de bruma\'bb fue puesta a la venta a precio
de risa. Hubo mucho inter\'e9s inicial por adquirirla, tanto por el morbo
como por el prestigio creciente de la barriada, pero ninguno de los pote
nciales compradores hizo una oferta tras visitar la casa. En 1923, el
palacete fue cerrado. El t\'edtulo de propiedad fue transferido a una
sociedad de bienes ra\'edces a la que Aldaya deb\'ed
a dinero para que tramitase su venta, derribo o lo que se terciase. La
casa estuvo en venta durante a\'f1os, sin que la empre\-sa consiguiese
encontrar un comprador. Dicha sociedad, Botell i Llofr\'e9, S. L.,
quebr\'f3
en 1939 al ingresar sus dos socios titulares en prisi\'f3n bajo cargos
que nunca queda\-ron claros, y, al tr\'e1gico fallecimiento de ambos en
un acci\-
dente en el penal de San Vicens en 1940, fue absorbida por un consorcio
financiero de Madrid, entre cuyos so\-cios titulares se contaban tres
generales, un banquero sui\-zo y el miembro ejecutor y directivo de la
firma, el se\'f1or Aguil
ar, padre de mi amigo Tom\'e1s y de Bea. Pese a todos los esfuerzos
promocionales, ninguno de los vendedores al mando del se\'f1or Aguilar
consigui\'f3 colocar la casa, ni ofreci\'e9ndola a un precio muy por
debajo de su valor de mercado. Nadie volvi\'f3
a entrar en la propiedad en m\'e1s de diez a\'f1os.
\par \emdash Hasta hoy \emdash dijo Bea, para sumirse de nuevo en uno de
sus silencios.
\par Con el tiempo me acostumbrar\'eda a ellos, a verla en\-cerrarse
lejos, con la mirada extraviada y la voz en reti\-rada.
\par \emdash Quer\'eda ense\'f1arte este lugar, \'bfsabes? Quer\'eda
darte una sorpresa. Al escuchar a Casas\'fas, me dije que ten\'eda que
traerte aqu\'ed, porque esto era parte de tu historia, de Carax y de
Pen\'e9lope. Tom\'e9
prestada la llave del despacho de mi padre. Nadie sabe que estamos
aqu\'ed. Es nuestro secreto. Quer\'eda compartirlo contigo. Y me
preguntaba si vendr\'edas. Ya sab\'edas que lo har\'eda.
\par Sonri\'f3, asintiendo.
\par }{\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Yo creo que nada
sucede por casualidad, \'bfsabes? Que, en el fondo, las cosas tienen su
plan secreto, aun\-que nosotros no lo entendamos. Como el que encontrases
esa novela de Juli\'e1
n Carax en el Cementerio de los Libros Olvidados, o el que estemos t\'fa
y yo ahora aqu\'ed, en esta casa que perteneci\'f3 a los Aldaya. Todo
forma par\-te de algo que no podemos entender, pero que nos posee.
\par }{\lang1034 Mientras ella hablaba, mi mano torpemente se hab\'eda
desplazado hasta el tobillo de Bea y ascendido hasta su ro\-dilla. Ella
la observ\'f3 como si se tratase de un insecto que hubiese trepado hasta
all\'ed. Me pregunt\'e9 qu\'e9 es lo que hu
\-biera hecho Ferm\'edn en aquel momento. \'bfD\'f3nde estaba su ciencia
cuando m\'e1s la necesitaba?
\par \emdash Tom\'e1s dice que nunca has tenido novia \emdash dijo Bea,
como si aquello lo explicase todo.
\par Retir\'e9 la mano y baj\'e9 la mirada, derrotado. Me pare\-ci\'f3
que Bea estaba sonriendo, pero prefer\'ed no asegu\-rarme.
\par \emdash Para ser tan callado, tu hermano est\'e1 resultando ser un
bocazas. \'bfQu\'e9 m\'e1s dice de m\'ed el No-Do?
\par \emdash Dice que estuviste enamorado de una mujer mayor que t\'fa
durante a\'f1os y que la experiencia te dej\'f3 el cora\-z\'f3n roto.
\par \emdash Lo \'fanico roto que saqu\'e9 de todo aquello fue un la\-bio
y la verg\'fcenza.
\par \emdash Tom\'e1s dice que no has vuelto a salir con ninguna chica
porque las comparas a todas con esa mujer.
\par El bueno de Tom\'e1s y sus golpes escondidos.
\par \emdash El nombre es Clara \emdash ofrec\'ed.
\par \emdash Ya lo s\'e9. Clara Barcel\'f3.
\par \emdash \'bfLa conoces?
\par \emdash Todo el mundo conoce a alguna Clara Barcel\'f3. El nombre es
lo de menos.
\par Nos quedamos callados un rato, mirando el fuego chispear.
\par \emdash Ayer noche, al dejarte, escrib\'ed una carta a Pablo \emdash
dijo Bea.
\par Tragu\'e9 saliva.
\par \emdash \'bfA tu novio el alf\'e9rez? \'bfPara qu\'e9?
\par Bea extrajo un sobre del bolsillo de su blusa y me lo mostr\'f3.
Estaba cerrado y sellado.
\par \emdash En la carta le digo que quiero que nos casemos cuan\-to
antes, en un mes a ser posible, y que quiero irme de Bar\-celona para
siempre.
\par Enfrent\'e9 su mirada impenetrable, casi temblando.
\par \emdash \'bfPor qu\'e9 me cuentas eso?
\par \emdash Porque quiero que me digas si tengo que enviarla o no. Por
eso te he hecho venir hoy aqu\'ed, Daniel.
\par Estudi\'e9 el sobre que giraba en sus manos como una apuesta de
dados.
\par \emdash M\'edrame \emdash dijo.
\par Alc\'e9 la vista y le sostuve la mirada. No supe responder. Bea
baj\'f3 los ojos y se alej\'f3 hacia el extremo de la galer\'eda. Una
puerta conduc\'eda a la balaustrada de m\'e1rmol abierta al patio
interior de la casa. Observ\'e9
su silueta fundirse en la lluvia. Fui tras ella y la detuve,
arrebat\'e1ndole el sobre de las manos. La lluvia le azotaba el rostro,
barriendo las l\'e1grimas y la rabia. La conduje de nuevo hacia el
interior del caser\'f3n y la arrastr\'e9
hasta la calidez de la hoguera. Rehu\'eda mi mirada. Tom\'e9 el sobre y
lo entregu\'e9 a las lla\-mas. Contemplamos la carta quebr\'e1ndose entre
las brasas y las p\'e1ginas evapor\'e1ndose en volutas de humo azul, una
a una. Bea se arrodill\'f3
junto a m\'ed, con l\'e1grimas en los ojos. La abrac\'e9 y sent\'ed su
aliento en la garganta.
\par \emdash No me dejes caer, Daniel \emdash murmur\'f3.
\par El hombre m\'e1s sabio que jam\'e1s conoc\'ed, Ferm\'edn Ro\-mero de
Torres, me hab\'eda explicado en una ocasi\'f3n que no exist\'eda en la
vida experiencia comparable a la de la primera vez en que uno desnuda a
una mujer. Sabio como era, no me hab\'ed
a mentido, pero tampoco me hab\'eda contado toda la verdad. Nada me
hab\'eda dicho de aquel extra\'f1o tembleque de manos que convert\'eda
cada bot\'f3n, cada cremallera, en tarea de titanes. Nada me hab\'eda
di\-cho de aquel embrujo de piel p\'e1
lida y temblorosa, de aquel primer roce de labios ni de aquel espejismo
que pa}{\expnd0\expndtw-2\lang1034 rec\'eda arder en cada poro de la
piel. Nada me cont\'f3 de todo aquello porque sab\'eda que el milagro
s\'f3lo suced\'ed
a una vez y que, al hacerlo, hablaba un lenguaje de secretos que, apenas
se desvelaban, hu\'edan para siempre. Mil veces he querido recuperar
aquella primera tarde en el caser\'f3n de la avenida del Tibidabo con Bea
en que el rumor de la lluvia se llev
\'f3 el mundo. Mil veces he querido regresar y perderme en un recuerdo
del que apenas puedo rescatar una imagen robada al calor de las llamas.
Bea, desnuda y reluciente de lluvia, tendida junto al fuego, abierta en
un
a mirada que me ha perseguido desde entonces. Me inclin\'e9 sobre ella y
recorr\'ed la piel de su vientre con la yema de los dedos. Bea dej\'f3
caer los p\'e1rpados, los ojos y me sonri\'f3, segura y fuerte.
\par \emdash Hazme lo que quieras \emdash susurr\'f3.
\par Ten\'eda diecisiete a\'f1os y la vida en los labios.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {29
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par }\pard\plain \s15\qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {Hab\'eda anochecido cuando dejamos el caser\'f3n
envueltos en sombras azules. La tormenta se hab\'eda quedado en un soplo
de llovizna fr\'ed
a. Quise devolverle la llave, pero Bea me indic\'f3 con la mirada que la
guardase yo. Descendi\-mos hasta el paseo de San Gervasio con la
esperanza de encontrar un taxi o un autob\'fas. Camin\'e1bamos en silen\-
cio, asidos de la mano y sin mirarnos.
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash No podr\'e9 volver
a verte hasta el martes \emdash dijo Bea con voz tr\'e9mula, como si de
repente dudara de mi deseo de volver a verla.
\par \emdash Aqu\'ed te esperar\'e9 \emdash dije.
\par Di por supuesto que todos mis encuentros con Bea tendr\'edan lugar
entre los muros de aquel viejo caser\'f3n, que el resto de la ciudad no
nos pertenec\'eda. Incluso me pareci\'f3 que la firmeza de su tacto
palidec\'eda a medida que nos alej\'e1b
amos de all\'ed, que su fuerza y su calor mengua\-ban a cada paso. Al
alcanzar el paseo comprobamos que las calles estaban pr\'e1cticamente
desiertas.
\par \emdash Aqu\'ed no encontraremos nada \emdash dijo Bea\emdash .
Mejor que bajemos por Balmes.
\par Enfilamos la calle Balmes a paso firme, caminando bajo las copas de
los \'e1rboles para resguardarnos de la llo\-vizna y quiz\'e1 de
encontrarnos la mirada. Me pareci\'f3 que Bea aceleraba por momentos, que
casi tiraba de m\'ed. Por un momento pens\'e9
que si soltaba su mano, Bea echar\'eda a correr. Mi imaginaci\'f3n,
envenenada todav\'eda con el tacto y el sabor de su cuerpo, ard\'eda en
deseos de arrinconarla en un banco, de besarla, de recitarle la sarta de
tonter\'ed
as que a cualquier otro le hubiesen matado de risa a mi costa. Pero Bea
ya no estaba all\'ed. Algo la recom\'eda por dentro, en silencio y a
gritos.
\par \emdash \'bfQu\'e9 pasa? \emdash murmur\'e9.
\par Me devolvi\'f3 una sonrisa rota, de miedo y de soledad. Me vi
entonces a m\'ed mismo a trav\'e9s de sus ojos; apenas un muchacho
transparente que cre\'eda haber ganado el mundo en una hora y que
todav\'eda no sab\'eda que pod\'ed
a perderlo en un minuto. Segu\'ed caminando, sin esperar respuesta.
Despertando al fin. Al poco se escuch\'f3 el rumor del tr\'e1fi\-co y el
aire pareci\'f3 prender como una burbuja de gas al calor de farolas y
sem\'e1foro
s que me hicieron pensar en una muralla invisible.
\par \emdash Mejor nos separamos aqu\'ed \emdash dijo Bea, solt\'e1ndome
la mano.
\par Las luces de una parada de taxis se vislumbraban en la esquina, un
desfile de luci\'e9rnagas.
\par \emdash Como quieras.
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Bea se inclin\'f3 y me roz\'f3 la
mejilla con los labios. El pelo le ol\'eda a cera.
\par \emdash Bea \emdash empec\'e9, casi sin voz\emdash , yo te quiero...
\par Neg\'f3 en silencio, sell\'e1ndome los labios con la mano como si
mis palabras la hiriesen.
\par \emdash El martes a las seis, \'bfde acuerdo? \emdash pregunt\'f3.
\par Asent\'ed de nuevo. La vi partir y perderse en un taxi, casi una
desconocida. Uno de los conductores, que hab\'eda seguido el intercambio
con ojo de juez de l\'ednea, me ob\-servaba con curiosidad.
\par \emdash \'bfQu\'e9? \'bfNos vamos a casa, jefe?
\par Me met\'ed en el taxi sin pensar. Los ojos del taxista me examinaban
desde el espejo. Los m\'edos perd\'edan de vista el coche que se llevaba
a Bea, dos puntos de luz hundi\'e9ndo\-se en un pozo de negrura.
\par
\par No consegu\'ed conciliar el sue\'f1o hasta que el alba derra\-m\'f3
cien tonos de gris sobre la ventana de mi habitaci\'f3n, a cu\'e1l m\'e1s
pesimista. Me despert\'f3 Ferm\'ed
n, que tiraba piedrecillas a mi ventana desde la plaza de la iglesia. Me
puse lo primero que encontr\'e9 y baj\'e9 a abrirle. Ferm\'edn tra\'eda
su entusiasmo insufrible de lunes tempranero. Levantamos las rejas y
colgamos el cartel de }{\lang1034
ABIERTO.
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 \emdash Menudas ojeras me lleva usted,
Daniel. Parecen terre\-no edificable. Se conoce que se llev\'f3 usted el
gato al agua.
\par De vuelta a la trastienda me enfund\'e9 mi delantal azul y le
tend\'ed el suyo, o m\'e1s bien se lo lanc\'e9 con sa\'f1a. Ferm\'edn lo
atrap\'f3 al vuelo, todo sonrisa socarrona.
\par \emdash M\'e1s bien el agua se nos llev\'f3 al gato y a m\'ed
\emdash ataj\'e9.
\par \emdash Las greguer\'edas las deja usted para don Ram\'f3n G\'f3\-
mez de la Serna, que las suyas padecen de anemia. A ver, cuente.
\par \emdash \'bfQu\'e9 quiere que cuente?
\par \emdash Lo dejo a su elecci\'f3n. El n\'famero de estocadas o las
vueltas al ruedo.
\par \emdash No estoy de humor, Ferm\'edn.
\par }{\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Juventud, flor de la
papanater\'eda. En fin, conmigo no se pique que tengo noticias frescas de
nuestra investiga\-ci\'f3n sobre su amigo Juli\'e1n Carax.
\par \emdash Soy todo o\'eddos.
\par Me lanz\'f3 su mirada de intriga internacional; una ceja enarcada,
la otra alerta.
\par \emdash Pues resulta que ayer, tras dejar a la Bernarda de vuelta en
su casa con la virtud intacta pero un par de bue\-nos moretones en las
nalgas, me acometi\'f3 un arrebato de insomnio por aquello de la trempera
vespertina, circuns\-tancia que aprovech
\'e9 para acercarme a uno de los cen\-tros informativos del inframundo
barcelon\'e9s, verbigracia la taberna de Eliodoro Salfum\'e1n, alias
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 Pichafreda, }{\expnd0\expndtw2\lang1034
sita en un local insalubre pero de mucho colorido en la calle de Sant
Jeroni, orgullo y alma del Raval.
\par \emdash Abrevie, Ferm\'edn, por el amor de Dios.
\par \emdash A ello iba. El caso es que una vez all\'ed,
congraci\'e1ndo\-me con algunos de los habituales, viejos compa\'f1eros
de fatigas, proced\'ed a indagar en torno al tal Miquel Moliner, marido
de su Mata Hari Nuria Monfort y supuesto inter\-
no en los hoteles penitenciarios del municipio.
\par \emdash \'bfSupuesto?
\par }{\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Y nunca mejor dicho,
porque valga decir que en este caso del participio al hecho no hay trecho
alguno. Me consta por experiencia que por lo que hace al censo y re\-
cuento de la poblaci\'f3
n presidiaria, mis informantes en el tabern\'e1culo del Pichafreda
cotizan m\'e1s fiabilidad que los chupasangres del Palacio de justicia, y
puedo certificarle, amigo Daniel, que nadie ha o\'ed
do hablar de un tal Miquel Moliner en calidad de preso, visitante o ser
viviente en las c\'e1rceles de Barcelona por lo menos en diez a\'f1os.
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 \emdash Quiz\'e1 est\'e9 preso en otro
penal.
\par \emdash Alcatraz, Sing-Sing o la Bastilla. Daniel, esa mujer le
minti\'f3.
\par \emdash Supongo que s\'ed.
\par \emdash No suponga, acepte.
\par \emdash \'bfY ahora qu\'e9? Miquel Moliner es una pista muerta.
\par \emdash O esa Nuria es muy viva.
\par \emdash \'bfQu\'e9 sugiere usted?
\par \emdash De momento explorar otras v\'edas. No estar\'eda de m\'e1s
visitar a la viejecilla esa, el aya buena del cuento que nos endilg\'f3
el mos\'e9n ayer por la ma\'f1ana.
\par \emdash No me diga que sospecha usted que el aya tambi\'e9n ha
desaparecido.
\par \emdash No, pero me parece que va siendo hora de que nos dejemos de
remilgos y de picar al portal como si pidi\'e9se\-mos limosna. En este
asunto hay que entrar por la puerta de atr\'e1s. \'bfEst\'e1 usted
conmigo?
\par \emdash Ferm\'edn, lo que usted diga va a misa.
\par \emdash Pues vaya desempolvando el disfraz de monaguillo, que esta
tarde tan pronto cerremos le vamos a hacer una visita de misericordia a
la vieja al asilo de Santa Luc\'eda. Y ahora, cuente, \'bfc\'f3mo fue
ayer todo con esa potrilla? No me sea herm\'e9
tico, que lo que no me cuente le saldr\'e1 en forma de granos de pus.
\par Suspir\'e9, vencido, y me vaci\'e9 de confesiones sin dejar pelos ni
se\'f1ales. Al t\'e9rmino de mi relato y del recuento de mis angustias
existenciales de colegial retardado, Fer\-m\'edn me sorprendi\'f3 con un
abrazo repentino y sentido.
\par \emdash Est\'e1 usted enamorado \emdash murmur\'f3 emocionado, pal\-
me\'e1ndome la espalda\emdash . Pobrecillo.
\par Aquella tarde salimos de la librer\'eda a la hora en pun\-to, lo que
bast\'f3 para granjearnos una mirada acerada por parte de mi padre, que
empezaba a sospechar que nos llev\'e1bamos algo turbio entre manos con
tanto ir y venir. Ferm\'edn farfull\'f3
algunas incoherencias sobre unos recados pendientes y nos escurrimos por
el foro con celeridad. Supuse que tarde o temprano tendr\'eda que
desvelar parte de todo aquel embrollo a mi padre; qu\'e9 parte
exactamen\-te, era harina de otro costal.
\par De camino, con su habitual duende para el folclore folletinesco,
Ferm\'edn me puso en antecedentes sobre el es\-cenario al que nos
dirig\'edamos. El asilo de Santa Luc\'eda era una instituci\'f3n de
reputaci\'f3n fantasmal que languidec\'eda en las entra
\'f1as de un antiguo palacio en ruinas ubicado en la calle Moncada. La
leyenda que lo envolv\'eda dibujaba un perfil a medio camino entre un
purgatorio y una mor\-gue en abismales condiciones sanitarias. Su
historia era, cuando menos, peculiar. D
esde el siglo XI hab\'eda alberga\-do entre otras cosas varias
residencias de familias de buen asiento, una c\'e1rcel, un sal\'f3n de
cortesanas, una biblioteca de c\'f3
dices prohibidos, un cuartel, un taller de escultura, un sanatorio de
apestados y un convento. A mediados del siglo XIX, pr\'e1cticamente
cay\'e9ndose a trozos, el palacio ha\-b\'eda sido convertido en un museo
de deformidades y atro\-
cidades circenses por un extravagante empresario que se hac\'eda llamar
Laszlo de Vicherny, duque de Parma y alqui\-mista privado de la casa de
Borb\'f3n, pero cuyo verdadero nombre result\'f3
ser Baltasar Deulofeu i Carallot, natural de Esparraguera, gigol\'f3 y
embaucador profesional.
\par El susodicho se enorgullec\'eda de contar con la m\'e1s ex\-tensa
colecci\'f3n de fetos humanoides en diferentes fases de deformaci\'f3n
preservados en frascos de formol, por no hablar de la todav\'eda m\'e1s
amplia colecci\'f3n de \'f3
rdenes de captura expedidas por las polic\'edas de media Europa y
Am\'e9rica. Entre otras atracciones, el }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034
Tenebrarium }{\expnd0\expndtw4\lang1034 (pues as\'ed hab\'eda rebautizado
Deulofeu a su creaci\'f3n) ofrec\'eda sesio\-
nes de espiritismo, necromancia, peleas de gallos, ratas, perros,
mujeronas, impedidos, o mixtas, sin descartar las apuestas, un
prost\'edbulo especializado en tullidos y fen\'f3\-menos, un casino, una
asesor\'eda legal y financiera, un ta\-ller d
e filtros de amor, un escenario para espect\'e1culos de folclore
regional, funciones de t\'edteres y desfiles de bailari\-nas ex\'f3ticas.
Por Navidad escenificaban una funci\'f3n de Los Pastorets con el elenco
del museo y el putiferio, cuya fama hab\'ed
a llegado hasta los confines de la provincia.
\par El }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 Tenebrarium
}{\expnd0\expndtw4\lang1034 fue un rotundo \'e9xito durante quince
a\'f1os hasta que, al descubrirse que Deulofeu hab\'eda seduci\-do a la
esposa, a la hija y a la madre pol\'edtica del gober\-
nador militar de la provincia en el espacio de una sola semana, la m\'e1s
negra ignominia cay\'f3 sobre el centro recreativo y su creador. Antes de
que Deulofeu pudiese huir de la ciudad y asumir otra de sus m\'fa
ltiples identidades, una banda de matarifes enmascarados le dio caza en
los callejones del barrio de Santa Mar\'eda y procedi\'f3
a colgarlo y prenderle fuego en la Ciudadela, abandonando luego su
cuerpo para que fuese devorado por los perros salvajes que merodeaban por
la zona. Tras dos d\'e9cadas de aban\-dono, y sin que nadie se molestase
en retirar el cat\'e1logo de atrocidade
s del malogrado Laszlo, el }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 Tenebrarium
}{\expnd0\expndtw4\lang1034 fue transformado en una instituci\'f3n de
caridad p\'fablica al cuidado de una orden de religiosas.
\par \emdash Las Damas del \'faltimo Suplicio, o alguna morbosi\-dad por
el estilo \emdash dijo Ferm\'edn\emdash . Lo malo es que son muy celosas
del secretismo del lugar (mala conciencia, di\-r\'eda yo), con lo cual
habr\'e1 que encontrar alg\'fan subterfu\-
gio para colarse.
\par En tiempos m\'e1s recientes, los inquilinos del asilo de Santa
Luc\'eda ven\'edan reclut\'e1ndose entr\'e9 las filas de mori\-bundos,
ancianos abandonados, dementes, indigentes y alg\'fan que otro iluminado
ocasional que formaban el nu\-
trido inframundo barcelon\'e9s. Para su fortuna, la mayor\'eda de ellos
tend\'edan a durar poco una vez ingresaban; las con\-diciones del local y
la compa\'f1\'eda no invitaban a la longevi\-dad. Seg\'fan Ferm\'edn, los
difuntos eran retirados poco an\-
tes del alba y hac\'edan su \'faltimo viaje a la fosa com\'fan en un
carromato donado por una empresa de Hospitalet de Llobregat especializada
en productos c\'e1rnicos y de char\-cuter\'eda de dudosa reputaci\'f3n
que a\'f1os m\'e1s tarde se ver\'ed
a envuelta en un sombr\'edo esc\'e1ndalo.
\par \emdash Todo esto se lo est\'e1 inventando usted \emdash
protest\'e9, abrumado por aquel retrato dantesco.
\par \emdash Mis dotes de invenci\'f3n no llegan a tanto, Daniel. Espere
y ver\'e1. Yo visit\'e9 el edificio en infausta ocasi\'f3n har\'e1 diez
a\'f1os y puedo decirle que parec\'eda que hubiesen con\-tratado a su
amigo Juli\'e1n Carax de decorador. L\'e1
stima que no hayamos tra\'eddo unas hojas de laurel para acallar los
aromas que lo caracterizan. Suficiente trabajo tendre\-mos para que nos
dejen entrar.
\par Con semejantes expectativas en ciernes nos adentra\-mos en la calle
Montada, que a aquellas horas ya se reco\-g\'eda en pasaje de tinieblas
flanqueado por los viejos pa\-lacios convertidos en almacenes y talleres.
La letan\'eda de campanadas de la bas\'ed
lica de Santa Mar\'eda del Mar pun\-tuaba el eco de nuestros pasos. Al
poco, un aliento amar\-go y penetrante perme\'f3 la brisa fr\'eda de
invierno.
\par \emdash \'bfQu\'e9 es ese olor?
\par }{\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Ya hemos llegado
\emdash anunci\'f3 Ferm\'edn.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {30
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw4\lang1034
\par Un port\'f3n de madera podrida nos condujo al interior de un patio
custodiado por l\'e1mparas de gas que salpicaban g\'e1rgolas y \'e1ngeles
cuyas facciones se deshac\'edan en la pie}{\lang1034 dra envejecida. Una
escalinata ascend\'ed
a al primer piso, donde un rect\'e1ngulo de claridad vaporosa dibujaba la
en\-trada principal del asilo. La luz de gas que emanaba de esta abertura
te\'f1\'eda de ocre la neblina de miasmas que ex\-halaba del interior.
Una silueta angulosa y rapaz nos ob
\-servaba desde el arco de la puerta. En la penumbra se po\-d\'eda
distinguir su mirada acerada, del mismo color que el h\'e1bito.
Sosten\'eda un cubo de madera que humeaba y desprend\'eda un hedor
indescriptible.
\par \emdash AveMar\'edaPur\'edsimaSinPecadoConcebida \emdash ofreci\'f3
Fer\-m\'edn de corrido y con entusiasmo.
\par \emdash \'bfY la caja? \emdash replic\'f3 la voz en lo alto, grave y
reti\-cente.
\par \emdash \'bfCaja? \emdash preguntamos Ferm\'edn y yo al un\'edsono.
\par \emdash \'bfNo vienen ustedes de la funeraria? \emdash pregunt\'f3
la monja con voz cansina.
\par Me pregunt\'e9 si aquello era un comentario sobre nues\-tro aspecto
o una pregunta genuina. A Ferm\'edn se le ilu\-min\'f3 el rostro ante tan
providencial oportunidad.
\par \emdash La caja est\'e1 en la furgoneta. Primero quisi\'e9ramos
reconocer al cliente. Puro tecnicismo.
\par Sent\'ed que se me com\'eda la n\'e1usea.
\par \emdash Cre\'ed que iba a venir el se\'f1or Collbat\'f3 en persona
\emdash dijo la monja.
\par \emdash El se\'f1or Collbat\'f3 le ruega le disculpe, pero le ha
sa\-lido un embalsamamiento de \'faltima hora muy complica\-do. Un
forzudo de circo.
\par \emdash \'bfTrabajan ustedes con el se\'f1or Collbat\'f3 en la
fune\-raria?
\par \emdash Somos sus manos derecha e izquierda, respectiva\-mente.
Wilfredo Velludo para servirla, y aqu\'ed a mi vera mi aprendiz, el
bachiller Sans\'f3n Carrasco.
\par \emdash Tanto gusto \emdash complet\'e9.
\par La monja nos dio un repaso sumario y asinti\'f3, indife\-rente al
par de espantap\'e1jaros que se reflejaban en su mi\-rada.
\par \emdash Bien venidos a Santa Luc\'eda. Yo soy sor Hortensia, la que
les llam\'f3. S\'edganme.
\par Seguimos a sor Hortensia sin despegar los labios a tra\-v\'e9s de un
corredor cavernoso cuyo olor me record\'f3 al de los t\'faneles del
metro. El corredor estaba flanqueado por marcos sin puertas tras los
cuales se adivinaban salas ilu\-
minadas con velas, ocupadas por hileras de lechos apila\-dos contra la
pared y cubiertos por mosquiteras que on\-deaban como sudarios. Se
escuchaban lamentos y se adivinaban siluetas entre la rejilla de los
cortinajes.
\par \emdash Por aqu\'ed \emdash indic\'f3 sor Hortensia, que llevaba la
avan\-zadilla unos metros al frente.
\par Nos adentramos en una b\'f3veda amplia en la que no me cost\'f3 gran
esfuerzo situar el escenario del }{\i\lang1034 Tenebrarium }{\lang1034
que me hab\'eda descrito Ferm\'edn. La penumbra velaba lo que a primera
vista me pareci\'f3 una colecci\'f3
n de figuras de cera, sentadas o abandonadas en los rincones, con ojos
muertos y vidriosos que brillaban como monedas de lat\'f3n a la lumbre de
las velas. Pens\'e9 que tal vez eran mu\'f1ecos o restos del viejo museo.
Luego comprob\'e9 que se mov\'ed
an, aunque muy lentamente y con sigilo. No ten\'edan edad o sexo
discernible. Los harapos que los cubr\'edan ten\'edan el co\-lor de la
ceniza.
\par \emdash El se\'f1or Collbat\'f3 dijo que no toc\'e1semos ni
limpi\'e1\-semos nada \emdash dijo sor Hortensia con cierto tono de dis\-
culpa\emdash . Nos limitamos a poner al pobre en una de las cajas que
hab\'eda por aqu\'ed
, porque empezaba a gotear, pero ya est\'e1.
\par \emdash Han hecho ustedes bien. Toda precauci\'f3n es poca \emdash
convino Ferm\'edn.
\par Le lanc\'e9 una mirada desesperada. \'c9l neg\'f3 serenamen\-te,
d\'e1ndome a entender que le dejase a cargo de la
situa}{\expnd0\expndtw2\lang1034 ci\'f3n. Sor Hortensia nos condujo hasta
lo que parec\'eda una celda sin ventilaci\'f3n ni luz al fin de
un pasillo angosto. Tom\'f3 una de las l\'e1mparas de gas que pend\'edan
de la pared y nos la tendi\'f3.
\par \emdash \'bfTardar\'e1n ustedes mucho? Tengo que hacer.
\par \emdash Por nosotros no se entretenga. A lo suyo, que noso\-tros ya
nos lo llevamos. Pierda cuidado.
\par \emdash Bueno, si necesitan algo estar\'e9 en el s\'f3tano, en la
galer\'eda de encamados. Si no es mucho pedir, s\'e1quenlo por la parte
de atr\'e1s. Que no le vean los dem\'e1s. Es malo para la moral de los
internos.
\par \emdash Nos hacemos cargo \emdash dije, con la voz quebrada.
\par Sor Hortensia me contempl\'f3 con vaga curiosidad por un instante.
Al observarla de cerca me di cuenta de que era una mujer mayor, casi
anciana. Pocos a\'f1os la separa\-ban del resto de inquilinos de la casa.
\par \emdash Oiga, \'bfel aprendiz no es un poco joven para este oficio?
\par \emdash Las verdades de la vida no conocen edad, hermana \emdash
ofreci\'f3 Ferm\'edn.
\par La monja me sonri\'f3 dulcemente, asintiendo. No ha\-b\'eda
desconfianza en aquella mirada, s\'f3lo tristeza.
\par \emdash Aun as\'ed \emdash murmur\'f3.
\par Se alej\'f3 en la tiniebla, portando su cubo y arrastrando su sombra
como un velo nupcial. Ferm\'edn me empuj\'f3 ha\-cia el interior de la
celda. Era un cub\'edculo miserable cortado entre muros de gruta
supurantes de humedad, de cuyo techo pend\'ed
an cadenas terminadas en garfios y cuyo suelo quebrado quedaba cuarteado
por una rejilla de de\-sag\'fce. En el centro, sobre una mesa de
m\'e1rmol gris\'e1ceo, reposaba una caja de madera de embalaje
industrial. Fer\-m\'edn alz\'f3 la l\'e1
mpara y adivinamos la silueta del difunto asomando entre el relleno de
paja. Rasgos de pergamino, imposibles, recortados y sin vida. La piel
abotargada era de color p\'farpura. Los ojos, blancos como c\'e1scaras de
huevo rotas, estaban abiertos.
\par Se me revolvi\'f3 el est\'f3mago y apart\'e9 la vista.
\par \emdash Venga, manos a la obra \emdash indic\'f3 Ferm\'edn.
\par \emdash \'bfEst\'e1 usted loco?
\par \emdash Me refiero a que tenemos que encontrar a la tal Ja\-cinta
antes de que se descubra nuestro ardid.
\par \emdash \'bfC\'f3mo?
\par \emdash \'bfC\'f3mo va a ser? Preguntando.
\par Nos asomamos al corredor para asegurarnos de que sor Hortensia
hab\'eda desaparecido. Luego, con sigilo, nos deslizamos hasta el
sal\'f3n por el que hab\'edamos cruzado. Las figuras miserables
segu\'edan observ\'e1ndonos, con mira\-
das que iban desde la curiosidad al temor, y en alg\'fan caso, la
codicia.
\par }{\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Vigile, que algunos
de \'e9stos, si pudiesen chuparle la sangre para volver a ser j\'f3venes,
se le tiraban al cuello \emdash dijo Ferm\'edn\emdash . La edad hace que
parezcan todos bue\-
nos como corderillos, pero aqu\'ed hay tanto hijo de puta como ah\'ed
fuera, o m\'e1s. Porque \'e9stos son de los que han durado y enterrado al
resto. Que no le d\'e9 pena. Ande, us\-ted empiece por esos del
rinc\'f3n, que parece que no tie\-nen dientes.
\par Si estas palabras ten\'edan por objeto envalentonarme para la
misi\'f3n, fracasaron miserablemente. Observ\'e9 aquel grupo de despojos
humanos que languidec\'eda en el rinc\'f3n y les sonre\'ed. Su mera
presencia se me antoj\'f3 una estratagema propagand
\'edstica en favor del vac\'edo moral del univer\-so y la brutalidad
mec\'e1nica con que \'e9ste destru\'eda a las pie\-zas que ya no le
resultaban \'fatiles. Ferm\'edn pareci\'f3 leerme tan profundos
pensamientos y asinti\'f3 con gravedad.
\par \emdash La madre naturaleza es una grand\'edsima furcia, \'e9sa es
la triste realidad \emdash dijo\emdash . Valor y al toro.
\par Mi primera ronda de interrogatorios no me granje\'f3 }{\lang1034
m\'e1s que miradas vac\'edas, gemidos, eructos y desvar\'edos por parte
de todos los sujetos a quienes cuestion\'e9 sobre el pa\-radero de
Jacinta Coronado. Quince minutos m\'e1
s tarde replegu\'e9 velas y me reun\'ed con Ferm\'edn para ver si \'e9l
hab\'eda tenido m\'e1s suerte. El desaliento le desbordaba.
\par \emdash \'bfC\'f3mo vamos a encontrar a Jacinta Coronado en este
agujero?
\par \emdash No s\'e9. Esto es una olla de tarados. He intentado lo de
los Sugus, pero los toman por supositorios.
\par \emdash \'bfY si preguntamos a sor Hortensia? Le decimos la verdad y
ya est\'e1.
\par \emdash La verdad s\'f3lo se dice como \'faltimo recurso, Daniel, y
m\'e1s a una monja. Antes agotemos los cartuchos. Mire ese corrillo de
ah\'ed, que parece muy animado. Seguro que saben lat\'edn. Vaya e
interr\'f3guelos.
\par \emdash \'bfY usted qu\'e9 piensa hacer?
\par \emdash Yo vigilar\'e9 la retaguardia por si vuelve el ping\'fcino.
Usted a lo suyo.
\par Con poca o ninguna esperanza de \'e9xito me aproxim\'e9 a un grupo
de internos que ocupaba una esquina del sa\-l\'f3n.
\par \emdash Buenas noches \emdash dije, comprendiendo en el acto lo
absurdo de mi saludo, pues all\'ed siempre era de noche\emdash . Busco a
la se\'f1ora Jacinta Coronado. Co-ro-na-do. \'bfAlguno de ustedes la
conoce o puede decirme d\'f3nde encon\-trarla?
\par Enfrente, cuatro miradas envilecidas de avidez. Aqu\'ed hay un
pulso, me dije. Quiz\'e1 no todo est\'e1 perdido.
\par \emdash \'bfJacinta Coronado? \emdash insist\'ed.
\par Los cuatro internos intercambiaron miradas y asintie\-ron entre
s\'ed. Uno de ellos, orondo y sin un solo pelo visi\-ble en todo el
cuerpo, parec\'eda el cabecilla. Su semblante y su donaire a la luz de
aquel terrario de escatolog\'ed
as me hizo pensar en un Ner\'f3n feliz, pulsando su arpa mientras Roma se
pudr\'eda a sus pies. Con adem\'e1n majestuoso, el C\'e9\-sar Ner\'f3n me
sonri\'f3, juguet\'f3n. Le devolv\'ed el gesto, espe\-ranzado.
\par El interfecto me indic\'f3 que me acercase, como si qui\-siera
susurrarme al o\'eddo. Dud\'e9, pero me avine a sus con\-diciones.
\par \emdash \'bfPuede usted decirme d\'f3nde encontrar a la se\'f1ora
Jacinta Coronado? \emdash pregunt\'e9 por \'faltima vez.
\par Acerqu\'e9 el o\'eddo a los labios del interno, tanto que pude
sentir su aliento f\'e9tido y tibio en la piel. Tem\'ed que me mordiese,
pero inesperadamente procedi\'f3 a dispensar una ventosidad de formidable
contundencia. Sus compa\-\'f1
eros echaron a re\'edr y a dar palmas. Me retir\'e9 unos pasos, pero el
efluvio flatulento ya me hab\'eda prendido sin reme\-dio. Fue entonces
cuando advert\'ed junto a m\'ed a un anciano encogido sobre s\'ed
mismo, armado con barbas de profeta, pelo ralo y ojos de fuego, que se
sosten\'eda con un bast\'f3n y les contemplaba con desprecio.
\par \emdash Pierde usted el tiempo, joven. Juanito s\'f3lo sabe ti\-
rarse pedos y \'e9sos lo \'fanico que saben es re\'edrselos y aspi\-
rarlos. Como ve, aqu\'ed la estructura social no es muy dife\-rente a la
del mundo exterior.
\par El anciano fil\'f3sofo hablaba con voz grave y dicci\'f3n perfecta.
Me mir\'f3 de arriba abajo, calibr\'e1ndome.
\par \emdash \'bfBusca usted a la Jacinta, me pareci\'f3 o\'edr?
\par Asent\'ed, at\'f3nito ante la aparici\'f3n de vida inteligente en
aquel antro de horrores.
\par \emdash \'bfY por qu\'e9?
\par \emdash Soy su nieto.
\par \emdash Y yo el marqu\'e9s de Matoimel. Una birria de menti\-roso es
lo que es usted. D\'edgame para qu\'e9 la busca o me hago el loco.
Aqu\'ed es f\'e1cil. Y si piensa ir preguntando a estos desgraciados de
uno en uno, no tardar\'e1 usted en com\-
prender el porqu\'e9.
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Juanito y su camarilla de inhaladores
segu\'edan ri\'e9ndose de lo lindo. El solista emiti\'f3 entonces un bis,
m\'e1s amorti\-guado y prolongado que el primero, en forma de siseo, que
emulaba un pinchazo en un neum\'e1
tico y dejaba claro que Juanito pose\'eda un control del esf\'ednter
rayano en el vir\-tuosismo. Me rend\'ed a la evidencia.
\par \emdash Tiene usted raz\'f3n. No soy familiar de la se\'f1ora Co\-
ronado, pero necesito hablar con ella. Es un asunto de suma importancia.
\par El anciano se me acerc\'f3. Ten\'eda la sonrisa p\'edcara y feli\-
na, de ni\'f1o gastado, y le ard\'eda la mirada de astucia.
\par \emdash \'bfPuede usted ayudarme? \emdash supliqu\'e9.
\par \emdash Eso depende de en lo que pueda usted ayudarme a m\'ed.
\par \emdash Si est\'e1 en mi mano, estar\'e9 encantado de ayudarle.
\'bfQuiere que le haga llegar un mensaje a su familia?
\par El anciano se ech\'f3 a re\'edr amargamente.
\par \emdash Mi familia es la que me ha confinado a este pozo. Menuda
jaur\'eda de sanguijuelas, capaces de robarle a uno hasta los
calzoncillos mientras a\'fan est\'e1n tibios. A \'e9
sos se los puede quedar el infierno o el ayuntamiento. Ya los he
aguantado y mantenido suficientes a\'f1os. Lo que quiero es una mujer.
\par \emdash \'bfPerd\'f3n?
\par El anciano me mir\'f3 con impaciencia.
\par \emdash Los pocos a\'f1os no le disculpan la opacidad de luces,
chaval. Le digo que quiero una mujer. Una hem\-bra, f\'e1mula o potranca
de buena raza. Joven, esto es, menor de cincuenta y cinco a\'f1os, y
sana, sin llagas ni fractu\-ras.
\par \emdash No estoy seguro de entender...
\par \emdash Me entiende usted divinamente. Quiero beneficiar\-me a una
mujer que tenga dientes y no se mee encima antes de irme al otro mundo.
No me importa si es muy guapa o no; yo estoy medio ciego, y a mi edad
cualquier chavala
que tenga donde agarrarse es una Venus. \'bfMe ex\-plico?
\par \emdash Como un libro abierto. Pero no veo c\'f3mo le voy a
encontrar yo una mujer...
\par \emdash Cuando yo ten\'eda la edad de usted, hab\'eda algo en el
sector servicios llamado damas de virtud f\'e1cil. Ya s\'e9 que el mundo
cambia, pero nunca en lo esencial. Cons\'edgame una, llenita y cachonda,
y haremos negocios. Y si se est\'e1
usted preguntando acerca de mi capacidad para go\-zar de una dama,
piense que me contento con pellizcarle el trasero y sospesarle las
beldades. Ventajas de la expe\-riencia.
\par \emdash Los tecnicismos son cosa suya, pero ahora no pue\-do traerle
a una mujer aqu\'ed.
\par \emdash Ser\'e9 un viejo calentorro, pero no imb\'e9cil. Eso ya lo
s\'e9. Me basta con que me lo prometa.
\par \emdash \'bfY c\'f3mo sabe que no le dir\'e9 que s\'ed s\'f3lo para
que me diga d\'f3nde est\'e1 Jacinta Coronado?
\par El viejecillo me sonri\'f3, ladino.
\par \emdash Usted deme su palabra, y deje los problemas de con\-ciencia
para m\'ed.
\par Mir\'e9 a mi alrededor. Juanito enfilaba la segunda parte de su
recital. La vida se apagaba por momentos.
\par La petici\'f3n de aquel abuelete picant\'f3n era lo \'fanico que me
pareci\'f3 tener sentido en aquel purgatorio.
\par \emdash Le doy mi palabra. Har\'e9 lo que pueda.
\par El anciano sonri\'f3 de oreja a oreja. Cont\'e9 tres dientes.
\par \emdash Rubia, aunque sea oxigenada. Con un par de bue\-nas peras y
con voz de guarra, a ser posible, que de todos los sentidos, el que mejor
conservo es el del o\'eddo.
\par \emdash Ver\'e9 lo que puedo hacer. Ahora d\'edgame d\'f3nde en\-
contrar a Jacinta Coronado.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {31
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par \emdash \'bfQue le ha prometido al matusal\'e9n ese el qu\'e9?
\par \emdash Ya lo ha o\'eddo.
\par \emdash Lo habr\'e1 dicho en broma, espero.
\par \emdash Yo no le miento a un abuelete en las \'faltimas, por fresco
que sea.
\par \emdash Y ello le ennoblece, Daniel, pero \'bfc\'f3mo piensa us\-ted
colar a una fulana en esta santa casa?
\par \emdash Pagando triple, supongo. Los detalles espec\'edficos se los
dejo a usted.
\par Ferm\'edn se encogi\'f3 de hombros, resignado.
\par \emdash En fin, un trato es un trato. Ya pensaremos en algo. Ahora
bien, la pr\'f3xima vez que se plantee una negocia\-ci\'f3n de esta
naturaleza, d\'e9jeme hablar a m\'ed.
\par \emdash Concedido.
\par Tal y como me hab\'eda indicado el anciano vivales, en\-contramos a
Jacinta Coronado en un altillo al que s\'f3lo se pod\'eda acceder desde
una escalinata en el tercer piso. Seg\'fan el abuelete lujurioso, el
\'e1tico era el refugio de los es\-
casos internos a quienes la parca no hab\'eda tenido la de\-cencia de
privar de entendimiento, estado por otra parte de escasa longevidad. Al
parecer, aquella ala oculta hab\'eda albergado en su d\'eda las
habitaciones de Baltasar Deulofeu, alias }{
\i\expnd0\expndtw2\lang1034 Laszlo de Vicherny, }{\expnd0\expndtw-
2\lang1034 desde las cuales presid\'eda las activi\-dades del
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 Tenebrarium }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 y
cultivaba las artes amatorias reci\'e9n lle
gadas de Oriente entre vapores y aceites perfumados. Cuanto quedaba de
aquel dudoso esplendor eran los va\-pores y perfumes, si bien de otra
naturaleza. Jacinta Coro\-nado languidec\'eda rendida en una silla de
mimbre, envuel\-ta en una manta
\par \emdash \'bfSe\'f1ora Coronado? \emdash pregunt\'e9 alzando la voz,
te\-miendo que la pobre estuviese sorda, tarada o ambas cosas.
\par La anciana nos examin\'f3 con detenimiento y cierta re\-serva.
Ten\'eda la mirada arenosa, y apenas unas mechas de cabello blanquecino
le cubr\'edan la cabeza. Advert\'ed que me observaba con extra\'f1eza,
como si me hubiera visto antes y no recordase d
\'f3nde. Tem\'ed que Ferm\'edn se apresurase a presentarme como el hijo
de Carax o alg\'fan ardid seme\-jante, pero se limit\'f3 a arrodillarse a
la vera de la anciana y a tomar su mano temblorosa y ajada.
\par }{\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 Jacinta, yo soy
Ferm\'edn, y este pimpollo es mi amigo Daniel. Nos env\'eda su amigo el
padre Fernando Ramos, que hoy no ha podido venir porque ten\'eda doce
misas que decir, ya sabe c\'f3
mo es esto del santoral, pero le env\'eda a usted much\'edsimos
recuerdos. \'bfC\'f3mo se encuentra usted?
\par La anciana sonri\'f3 dulcemente a Ferm\'edn. Mi amigo le acarici\'f3
el rostro y la frente. La anciana agradec\'eda el tacto de otra piel como
un gato faldero. Sent\'ed que se me estre\-chaba la garganta.
\par \emdash Qu\'e9 pregunta m\'e1s tonta, \'bfverdad? \emdash
continu\'f3 Fer\-m\'edn\emdash . A usted lo que le gustar\'eda es estar
por ah\'ed, mar\-c\'e1ndose un chotis. Porque tiene usted planta de
bailarina, se lo debe de decir todo el mundo.
\par No le hab\'eda visto tratar con tanta delicadeza a nadie, ni
siquiera a la Bernarda. Las palabras eran pura zalame\-r\'eda, pero el
tono y la expresi\'f3n de su rostro eran sinceros.
\par \emdash Qu\'e9 cosas m\'e1s bonitas dice usted \emdash murmur\'f3
con una voz rota, de no tener con quien hablar o nada que decir.
\par \emdash Ni la mitad de bonitas que usted, Jacinta. \'bfCree que le
podr\'edamos hacer unas preguntas? Como en los concur\-sos de la radio,
\'bfsabe?
\par La anciana pesta\'f1e\'f3 por toda
respuesta.}{\expnd0\expndtw2\lang1034
\par }{\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Yo dir\'eda que eso
es un s\'ed. \'bfSe acuerda usted de Pen\'e9\-lope, Jacinta?
\'bfPen\'e9lope Aldaya? Es de ella de quien quer\'ed\-amos preguntarle.
\par Jacinta asinti\'f3, la mirada encendida de s\'fabito.
\par \emdash Mi ni\'f1a \emdash murmur\'f3 y pareci\'f3 que se nos iba a
echar a llorar all\'ed mismo.
\par \emdash La misma. Se acuerda, \'bfeh? Nosotros somos amigos de
Juli\'e1n. Juli\'e1n Carax. El de los cuentos de miedo, se acuerda
tambi\'e9n, \'bfverdad?
\par Los ojos de la anciana brillaban, como si las palabras y el tacto en
la piel le devolviesen a la vida por momentos.
\par \emdash El padre Fernando, del colegio de San Gabriel, nos dijo que
quer\'eda usted mucho a Pen\'e9lope. \'c9l tambi\'e9n la quiere a usted
mucho y se acuerda todos los d\'edas de us\-ted, \'bfsabe? Si no viene
m\'e1
s a menudo es porque el nuevo obispo, que es un trepa, lo fr\'ede con un
cupo de misas que lo tienen af\'f3nico.
\par \emdash \'bfYa come usted bien? \emdash pregunt\'f3 de s\'fabito la
ancia\-na, inquieta.
\par \emdash Trago como una lima, Jacinta, lo que ocurre es que tengo un
metabolismo muy masculino y lo quemo todo. Pero aqu\'ed donde me ve,
debajo de esta ropa es todo puro m\'fasculo. Toque, toque. Como Charles
Atlas, pero m\'e1s ve\-lludo.
\par Jacinta asinti\'f3, m\'e1s tranquila. S\'f3lo ten\'eda ojos para
Fer\-m\'edn. A m\'ed me hab\'eda olvidado completamente.
\par \emdash \'bfQu\'e9 puede decirnos de Pen\'e9lope y de Juli\'e1n?
\par \emdash Me la quitaron entre todos \emdash dijo\emdash . A mi
ni\'f1a.
\par Me adelant\'e9 para decir algo, pero Ferm\'edn me lanz\'f3 una
mirada que dec\'eda: c\'e1llate.
\par \emdash \'bfQui\'e9n le quit\'f3 a Pen\'e9lope, Jacinta? \'bfSe
acuerda us\-ted?
\par \emdash El se\'f1or \emdash dijo alzando los ojos con temor, como si
temiera que alguien pudiera o\'edrnos.
\par Ferm\'edn pareci\'f3 calibrar el \'e9nfasis del gesto de la an\-
ciana y sigui\'f3 su mirada hacia las alturas, cotejando posi\-bilidades.
\par \emdash \'bfSe refiere usted a Dios todopoderoso, emperador de los
cielos, o m\'e1s bien al se\'f1or padre de la se\'f1orita Pe\-n\'e9lope,
don Ricardo?
\par \emdash \'bfC\'f3mo est\'e1 Fernando? \emdash pregunt\'f3 la
anciana.
\par \emdash \'bfEl cura? Como una rosa. El d\'eda menos pensado le hacen
papa y la instala a usted en la Capilla Sixtina. Le manda muchos
recuerdos.
\par \emdash \'c9l es el \'fanico que viene a verme, \'bfsabe? Viene
por\-que sabe que no tengo a nadie m\'e1s.
\par Ferm\'edn me lanz\'f3 una mirada de soslayo, como si estu\-viese
pensando lo mismo que yo. Jacinta Coronado estaba bastante m\'e1s cuerda
de lo que su apariencia suger\'eda. El cuerpo se apagaba, pero la mente y
el alma segu\'edan consumi\'e9
ndose en aquel pozo de miseria. Me pregunt\'e9 cu\'e1n\-tos m\'e1s como
ella, y como el viejecillo licencioso que nos hab\'eda indicado d\'f3nde
encontrarla, habr\'eda atrapados all\'ed.
\par \emdash Viene porque la quiere a usted mucho, Jacinta. Por\-que se
acuerda de lo bien cuidado y alimentado que lo te\-n\'eda de chaval, que
nos lo ha contado todo. \'bfSe acuerda usted, Jacinta? \'bf
Se acuerda de entonces, de cuando iba a recoger a Jorge al colegio, de
Fernando y de Juli\'e1n? Juli\'e1n...
\par Su voz era un susurro arrastrado, pero la sonrisa la traicionaba.
\par \emdash \'bfSe acuerda usted de Juli\'e1n Carax, Jacinta?
\par \emdash Me acuerdo del d\'eda que Pen\'e9lope me dijo que se iba a
casar con \'e9l...
\par Ferm\'edn y yo nos miramos, at\'f3nitos.
\par \emdash \'bfA casar? \'bfCu\'e1ndo fue eso, Jacinta?
\par \emdash El d\'eda que le vio por primera vez. Ten\'eda trece a\'f1os
y no sab\'eda ni qui\'e9n era ni c\'f3mo se llamaba.
\par }{\lang1034 \emdash \'bfC\'f3mo sab\'eda entonces que se iba a casar
con \'e9l?
\par \emdash Porque lo hab\'eda visto. En sue\'f1os.
\par }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
\par De ni\'f1a, Mar\'eda Jacinta Coronado estaba convencida de que el
mundo se acababa a las afueras de Toledo y de que m\'e1s all\'e1 de los
confines de la ciudad no hab\'eda sino tinieblas y oc\'e9anos de fuego.
Jacinta hab\'ed
a sacado aquella idea de un sue\'f1o que tuvo durante una fiebre que casi
hab\'eda acabado con ella a los cuatro a\'f1os. Los sue\'f1os empezaron
con aquella fiebre misteriosa, de la que algunos culpaban a la picadura
de un enorme alacr\'e1n rojo que un d
\'eda apareci\'f3 en la casa y al que nunca se volvi\'f3 a ver, y otros a
los malos oficios de una monja loca que se infiltraba por las noches en
las casas para envenenar a los ni\'f1os y que a\'f1os m\'e1s tarde
morir\'ed
a en el garrote vil, declamando el padrenuestro al rev\'e9s y con los
ojos salidos de las \'f3rbitas al tiempo que una nube roja se extend\'eda
sobre la ciudad y descargaba una tormenta de escarabajos muertos. En sus
sue\'f1os, Jacinta ve\'ed
a el pasado, el futuro y, a veces, vislumbraba secretos y misterios de
las viejas ca\-lles de Toledo. Uno de los personajes habituales que
ve\'eda en sus sue\'f1os era Zacar\'edas, un \'e1ngel que vest\'eda
siempre de negro y que iba acompa\'f1
ado de un gato oscuro de ojos amarillos cuyo aliento ol\'eda a azufre.
Zacar\'edas lo sab\'eda todo: le hab\'eda vaticinado el d\'eda y la hora
en que iba a morir su t\'edo Benancio, el mercachifle de un\-g\'fcentos y
aguas benditas. Le hab\'ed
a desvelado el lugar en que su madre, beata de pro, escond\'eda un pliego
de cartas de un ardoroso estudiante de medicina de pocos recursos
econ\'f3micos pero s\'f3lidos conocimientos de anatom\'eda en cuya alcoba
en el callej\'f3n de San\-ta Mar\'eda hab
\'eda descubierto las puertas del para\'edso por adelantado. Le hab\'eda
anunciado que hab\'eda algo malo clavado en su vientre, un esp\'edritu
muerto que la quer\'eda mal, y que s\'f3lo conoce\-r\'eda el amor de un
hombre, un amor vac\'edo y ego\'ed
sta que le rom\-per\'eda el alma en dos. Le hab\'eda augurado que
ver\'eda perecer en vida todo aquello que amaba y que antes de llegar al
cielo visita\-r\'eda el infierno. El d\'eda de su primera
menstruaci\'f3n, Zacar\'edas y su gato sulf\'fa
rico desaparecieron de sus sue\'f1os, pero a\'f1os m\'e1s tarde Jacinta
habr\'eda de recordar las visitas del \'e1ngel de negro con l\'e1\-grimas
en los ojos, pues todas sus profec\'edas se hab\'edan cumplido.
\par As\'ed, cuando los m\'e9dicos diagnosticaron que nunca podr\'eda
te\-ner hijos, Jacinta no se sorprendi\'f3. Tampoco se sorprendi\'f3,
aun\-que casi se muri\'f3 de pena, cuando su esposo de tres a\'f1os le
anunci\'f3
que la abandonaba por otra porque ella era como un campo yermo y
bald\'edo que no daba fruto, porque no era mujer. En ausencia de
Zacar\'edas (a quien tomaba por emisario de los cie\-los, pues de negro o
no, era un \'e1ngel luminoso \emdash y el hombre m
\'e1s guapo que hab\'eda visto o so\'f1ado jam\'e1s\emdash ), la Jacinta
habla\-ba con Dios a solas, en los rincones, sin verle y sin esperar que
\'e9l se molestase en contestar porque hab\'eda mucha pena en el mundo y
lo suyo al fin y al cabo eran peque
\'f1eces. Todos sus mon\'f3logos con Dios versaban sobre el mismo tema:
s\'f3lo deseaba una cosa en la vida, ser madre, ser mujer.
\par Un d\'eda de tantos, rezando en la catedral, se le acerc\'f3 un
hombre a quien reconoci\'f3 como Zacar\'edas. Vest\'eda como siempre y
sosten\'eda su gato malicioso en el regazo. No hab\'eda envejecido un
solo d\'eda y segu\'eda luciendo aquellas u\'f1
as magn\'edficas, de duque\-sa, largas y afiladas. El \'e1ngel le
confes\'f3 que acud\'eda \'e9l porque Dios no pensaba contestar a sus
plegarias. Zacar\'edas le dijo que no se preocupase porque, de un modo u
otro, \'e9l le enviar\'ed
a una criatura. Se inclin\'f3 sobre ella, susurr\'f3 la palabra Tibidabo,
y la bes\'f3 en los labios muy tiernamente. Al contacto de aquellos
labios finos, de caramelo, la Jacinta tuvo una visi\'f3n: tendr\'eda una
ni\'f1a sin necesidad de conocer var\'f3
n (lo cual, a juzgar por la ex\-periencia de tres a\'f1os de alcoba con
el esposo que insist\'eda en ha\-cer sus cosas sobre ella mientras le
tapaba la cabeza con una al\-mohada y le murmuraba \'abno mires,
guarra\'bb, le supuso un alivio). Esa ni\'f1a v
endr\'eda a ella en una ciudad muy lejana, atrapada entre una luna de
monta\'f1as y un mar de luz, una ciudad forja\-da de edificios que
s\'f3lo pod\'edan existir en sue\'f1os. Luego Jacinta no supo decir si la
visita de Zacar\'edas hab\'ed
a sido otro de sus sue\-\'f1os o si realmente el \'e1ngel hab\'eda
acudido a ella en la catedral de Toledo, con su gato y sus u\'f1as
escarlata reci\'e9n manicuradas. De lo que no dud\'f3
un instante fue de la veracidad de aquellas predicciones. Aquella misma
tarde consult\'f3 con el di\'e1cono de la pa\-rroquia, que era un hombre
le\'eddo y que hab\'eda visto mundo (se dec\'eda que hab\'eda llegado
hasta Andorra y que chapurreaba el vas
\-cuence). El di\'e1cono, que aleg\'f3 desconocer al \'e1ngel Zacar\'edas
de entre las legiones aladas del cielo, escuch\'f3 con atenci\'f3n la
visi\'f3n de la Jacinta y, tras mucho sopesar el tema, y ateni\'e9ndose a
la descripci\'f3
n de una suerte de catedral que, en palabras de la vi\-dente, parec\'eda
una gran peineta hecha de chocolate fundido, el sabio le dijo:
\'abJacinta, eso que has visto t\'fa es Barcelona, la gran hechicera, y
el templo expiatorio de la Sagrada Familia...
\'bb Dos semanas m\'e1s tarde, armada de un fardo, un misal y su primera
sonrisa en cinco a\'f1os, Jacinta part\'eda rumbo a Barcelona, con\-
vencida de que todo lo que le hab\'eda descrito el \'e1ngel se har\'eda
rea\-lidad.
\par Pasar\'edan meses de arduas vicisitudes antes de que Jacinta
encontrase empleo }{\expnd2\expndtw14\lang1034 fijo
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 en uno de los almacenes de Aldaya e hijos,
junto a los pabellones de la vieja Exposici\'f3n Universal de la Ciu
\-dadela. La Barcelona de sus sue\'f1os se hab\'eda transformado en una
ciudad hostil y tenebrosa, de palacios cerrados
}{\expnd2\expndtw14\lang1034 y }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 f\'e1bricas
que soplaban aliento de niebla que envenenaba la piel de carb
\'f3n }{\i\expnd4\expndtw24\lang1034 y}{\expnd4\expndtw24\lang1034
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 azufre. Jacinta supo desde el primer d\'eda
que aquella ciudad era mujer, vanidosa y cruel, y aprendi\'f3 a temerla y
a no mirarla nunca a los ojos. Viv\'ed
a sola en una pensi\'f3n del barrio de la Ri\-bera, donde su sueldo
apenas le permit\'eda pagarse un cuarto mi\-serable, sin ventanas ni
m\'e1
s luz que las velas que robaba en la catedral y que dejaba encendidas
toda la noche para asustar a las ratas que se hab\'edan comido las orejas
y los dedos del beb\'e9 de seis meses de la Ramoneta, una prostituta que
alquilaba la pieza contigua y}{
\lang1034 }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 la \'fanica amiga que hab\'eda
conseguido hacer en once meses en Barcelona. Aquel invierno llovi\'f3
casi todos los d\'edas, lluvia negra, de holl\'edn y ars\'e9nico. Pronto
Jacinta empez\'f3 a temer que Zacar\'ed
as la hab\'eda enga\'f1ado, que hab\'eda venido a aquella ciudad terrible
a morir de fr\'edo, de miseria y de olvido.
\par Dispuesta a sobrevivir, Jacinta acud\'eda todos los d\'edas antes
del amanecer al almac\'e9n y no sal\'eda hasta bien entrada la no\-che.
All\'ed la encontrar\'eda por casualidad don Ricardo Aldaya atendiendo a
la hija de uno de los capataces, que hab\'ed
a ca\'eddo enfer\-ma de consumici\'f3n, y al ver el celo y la ternura que
emanaba la muchacha decidi\'f3 que se la llevaba a su casa para que
atendiese a su esposa, que estaba encinta del que habr\'eda de ser su
primog\'e9\-nito. Sus plegarias hab\'ed
an sido escuchadas. Aquella noche Jacin\-ta vio a Zacar\'edas de nuevo en
sue\'f1os. El \'e1ngel ya no vest\'eda de negro. Iba desnudo, y su piel
estaba recubierta de escamas. Ya no le acompa\'f1
aba su gato, sino una serpiente blanca enroscada en el torso. Su cabello
hab\'eda crecido hasta la cintura y su sonrisa, la sonrisa de caramelo
que hab\'eda besado en la catedral de Toledo, aparec\'eda surcada de
dientes triangu
lares y serrados como los que hab\'eda visto en algunos peces de alta mar
agitando la cola en la lonja de pescadores. A\'f1os m\'e1s tarde, la
muchacha describir\'eda esta visi\'f3n a un Juli\'e1n Carax de dieciocho
a\'f1os, recordando que el d\'ed
a en que Jacinta iba a dejar la pensi\'f3n de la Ribera para mudarse al
palacete Aldaya, supo que su amiga la Ramoneta hab\'eda sido asesinada a
cuchilladas en el portal aquella misma noche y que su beb\'e9 hab\'eda
muerto de fr\'edo en brazos del cad\'e1
ver. Al saberse la noticia, los inquilinos de la pensi\'f3n se enzarzaron
en una pelea a gritos, pu\'f1adas y ara\'f1azos para disputarse las
escasas pertenencias de la muerta. Lo \'fanico que dejaron fue el que
hab\'eda sido su tesoro m\'e1
s preciado: un libro. Jacinta lo reconoci\'f3, porque muchas noches la
Ramoneta le hab\'eda pedido si po\-d\'eda leerle una o dos p\'e1ginas.
Ella nunca hab\'eda aprendido a leer.
\par Cuatro meses m\'e1s tarde nac\'eda Jorge Aldaya, y aunque Jacin\-ta
le brindar\'eda todo el cari\'f1o que la madre, una dama et\'e9rea que
siempre le pareci\'f3 atrapada en su propia imagen en el espejo, nunca
supo o quiso darle, el aya comprendi\'f3
que no era aqu\'e9lla }{\i\lang1034 la criatura que Zacar\'edas le
hab\'eda prometido. En aquellos a\'f1os, Jacinta se desprendi\'f3 de su
juventud y se convirti\'f3 en otra mujer que tan s\'f3lo conservaba el
mismo nombre y el mismo rost
ro. La otra Jacinta se hab\'eda quedado en aquella pensi\'f3n del barrio
de La Ribera, tan muerta como la Ramoneta. Ahora viv\'eda a la sombra de
los lujos de los Aldaya, lejos de aquella ciudad tenebro\-sa que tanto
hab\'ed
a llegado a odiar y en la que no se aventuraba ni en el d\'eda que
ten\'eda libre para ella una vez al mes. Aprendi\'f3 a vivir a trav\'e9s
de otros, de aquella familia que cabalgaba en una fortuna que apenas
pod\'eda llegar a comprender. Viv\'ed
a esperando a aquella criatura, que ser\'eda una ni\'f1a, como la ciudad,
y a la que entregar\'eda todo el amor con que Dios le hab\'eda envenenado
el alma. A veces Jacinta se preguntaba si aquella paz somnolienta que
devoraba sus d\'ed
as, aquella noche de la conciencia, era lo que algunos llamaban
felicidad, y quer\'eda creer que Dios, en su infini\-to silencio,
hab\'eda, a su manera, respondido a sus plegarias.
\par Pen\'e9lope Aldaya naci\'f3 en la primavera de 1903. Para en\-tonces
don Ricardo Aldaya ya hab\'eda adquirido la casa de la ave\-nida del
Tibidabo, aquel caser\'f3n que sus compa\'f1eros en el servicio estaban
convencidos de que yac\'ed
a bajo el influjo de alg\'fan poderoso embrujo, pero a la que Jacinta no
tem\'eda, pues sab\'eda que lo que otros tomaban por encantamiento no era
m\'e1s que una pre\-sencia que s\'f3lo ella pod\'eda ver en sue\'f1os: la
sombra de Zacar\'edas, que apenas
se parec\'eda ya al hombre que ella recordaba y que aho\-ra s\'f3lo se
manifestaba como un lobo que caminaba sobre las dos patas posteriores.
\par Pen\'e9lope fue una ni\'f1a fr\'e1gil, p\'e1lida y liviana. Jacinta
la ve\'eda crecer como a una flor rodeada de invierno. Durante a\'f1os la
vel\'f3 cada noche, prepar\'f3 personalmente todas y cada una de sus
comidas, cosi\'f3
sus ropas, estuvo a su lado cuando pas\'f3 mil y una enfermedades,
cuando dijo sus primeras palabras, cuando se hizo mujer. La se\'f1ora
Aldaya era una figura m\'e1s en el decora\-do, una pieza que entraba y
sal\'eda de la escena siguiendo los dic\-
tados del decoro. Antes de acostarse, acud\'eda a despedirse de su hija y
le dec\'eda que la quer\'eda m\'e1s que a nada en el mundo, que ella era
lo m\'e1s importante del universo para ella. Jacinta nunca le dijo a
Pen\'e9lope que la quer\'ed
a. El aya sab\'eda que quien quiere de verdad quiere en silencio, con
hechos y nunca con palabras. En secreto, Jacinta despreciaba a la
se\'f1ora Aldaya, aquella criatura vanidosa y vac\'eda que envejec\'eda
por los pasillos del caser\'f3n bajo
el peso de las joyas con que su esposo, que atracaba en puertos aje\-nos
desde hac\'eda a\'f1os, la acallaba. La odiaba porque, de entre to\-das
las mujeres, Dios la hab\'eda escogido a ella para dar a luz a Pen\'e9
lope mientras que su vientre, el vientre de la verdadera ma\-dre,
permanec\'eda yermo y bald\'edo. Con el tiempo, como si las pala\-bras de
su esposo hubieran sido prof\'e9ticas, Jacinta perdi\'f3 hasta las formas
de mujer. Hab\'ed
a perdido peso y su figura recordaba el semblante adusto que dan la piel
cansada y el hueso. Sus pechos hab\'edan menguado hasta convertirse en
soplos de piel, sus caderas parec\'ed
an las de un muchacho y sus carnes, duras y angulosas, resbalaban hasta
en la vista de don Ricardo Aldaya, a quien le bastaba intuir un brote de
exuberancia para embestir con furia, como bien sab\'ed
an todas las doncellas de la casa y las de las casas de sus allegados. Es
mejor as\'ed, se dec\'eda Jacinta. No ten\'eda tiempo para tonter\'edas.
\par Todo su tiempo era para Pen\'e9lope. Le\'eda para ella, la acom\-
pa\'f1aba a todas partes, la ba\'f1aba, la vest\'eda,
la desnudaba, la peinaba, la sacaba a pasear, la acostaba y la
despertaba. Pero sobre todo hablaba con ella. Todos la tomaban por una
aya lun\'e1ti\-ca, una solterona sin m\'e1s vida que su empleo en la
casa, pero nadie sab\'eda la verdad: Jacinta no s
\'f3lo era la madre de Pen\'e9lope, era su mejor amiga. Desde que la
ni\'f1a empez\'f3 a hablar y articu\-lar pensamientos, que fue mucho
m\'e1s pronto de lo que Jacinta re\-cordaba en ninguna otra criatura,
ambas compart\'edan sus secre\-tos, sus sue\'f1
os y sus vidas.
\par El paso del tiempo s\'f3lo acrecent\'f3 esta uni\'f3n. Cuando
Pen\'e9lo\-pe alcanz\'f3 la adolescencia, ambas eran ya compa\'f1eras
insepara\-bles. Jacinta vio florecer a Pen\'e9lope en una mujer cuya
belleza y }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
luminosidad no s\'f3lo eran evidentes a sus ojos enamorados. Pen\'e9\-
lope era luz. Cuando aquel enigm\'e1tico muchacho llamado Ju\-li\'e1n
lleg\'f3 a la casa, Jacinta advirti\'f3 desde el primer momento que una
corriente circulaba entre \'e9l y Pen\'e9
lope. Un v\'ednculo les un\'eda, similar al que un\'eda a ella con
Pen\'e9lope, y al tiempo dife\-rente. M\'e1s intenso. Peligroso. Al
principio crey\'f3 que llegar\'eda a odiar al muchacho, pero pronto
comprob\'f3 que no odiaba a Juli\'e1n Carax, ni podr
\'eda odiarle nunca. A medida que Pen\'e9lope iba ca\-yendo en el embrujo
de Juli\'e1n, ella tambi\'e9n se dej\'f3 arrastrar y con el tiempo
s\'f3lo dese\'f3 lo que Pen\'e9lope deseara. Nadie se hab\'eda dado
cuenta, nadie hab\'eda prestado atenci\'f3
n, pero como siempre, lo esencial de la cuesti\'f3n hab\'eda sido
decidido antes de que empe\-zase la historia y, para entonces, ya era
tarde.
\par Habr\'edan de pasar muchos meses de miradas y anhelos vanos antes de
que Juli\'e1n Carax y Pen\'e9lope pudieran estar a solas. Vi\-v\'ed
an de la casualidad. Se encontraban en los pasillos, se observaban desde
extremos opuestos de la mesa, se rozaban en silencio, se sent\'edan en la
ausencia. Cruzaron sus primeras palabras en la bi\-
blioteca de la casa de la avenida del Tibidabo una tarde de tor\-menta en
que \'abVilla Pen\'e9lope\'bb se inund\'f3 del reluz de cirios, ape\-nas
unos segundos robados a la penumbra en que Juli\'e1n crey\'f3
ver en los ojos de la muchacha la certeza de que ambos sent\'edan lo
mismo, que les devoraba el mismo secreto. Nadie parec\'eda advertir\-lo.
Nadie excepto Jacinta, que ve\'eda con creciente inquietud el jue\-go de
miradas que Pen\'e9lope y Juli\'e1n tej
\'edan a la sombra de los Al\-daya. Tem\'eda por ellos.
\par Ya por entonces hab\'eda empezado Juli\'e1n a pasar las noches en
blanco, escribiendo relatos desde la medianoche al amanecer, don\-de
vaciaba su alma para Pen\'e9
lope. Luego, visitando la casa de la avenida del Tibidabo con cualquier
excusa, buscaba el mo\-mento de colarse a escondidas en la habitaci\'f3n
de Jacinta y le en\-
tregaba las cuartillas para que ella se las diese a la muchacha. A veces
Jacinta le entregaba una nota que Pen\'e9lope hab\'eda escrito para \'e9l
y pasaba d\'edas reley\'e9ndola. Aquel juego habr\'eda de durar meses.
Mientras el tiempo les roba
ba la suerte, Juli\'e1n hac\'eda cuan\-to era necesario para estar cerca
de Pen\'e9lope. Jacinta le ayudaba, por ver feliz a Pen\'e9lope, por
mantener viva aquella luz. Juli\'e1n, por su parte, sent\'eda que la
inocencia casual del inicio se desvane\-c
\'eda y era necesario empezar a sacrificar terreno. As\'ed empez\'f3 a
mentir a don Ricardo sobre sus planes de futuro, a exhibir un en\-
tusiasmo de cart\'f3n por un porvenir en la banca y en las finan\-
zas, a fingir un afecto y un apego por Jorge Aldaya que no sent\'eda para
justificar su presencia casi constante en la casa de la aveni\-da del
Tibidabo, a decir s\'f3lo aquello que sab\'eda que los dem\'e1s de\-
seaban o\'ed
rle decir, a leer sus miradas y sus anhelos, a encerrar la honestidad y
la sinceridad en el calabozo de las imprudencias, a sentir que vend\'eda
su alma a trozos, y a temer que si alg\'fan d\'eda llegaba a merecer a
Pen\'e9lope, no quedar\'ed
a ya nada del Juli\'e1n que la hab\'eda visto por primera vez. A veces
Juli\'e1n se despertaba al alba, ardiendo de rabia, deseoso de declararle
al mundo sus ver\-daderos sentimientos, de encarar a don Ricardo Aldaya y
decirle que no sent\'eda inter\'e9
s alguno por su fortuna, sus barajas de futu\-ro y su compa\'f1\'eda, que
tan s\'f3lo deseaba a su hija Pen\'e9lope y que pensaba llevarla tan
lejos como pudiera de aquel mundo vac\'edo y amortajado en el que la
hab\'eda apresado. La luz del d\'ed
a disipaba su coraje.
\par En ocasiones Juli\'e1n se sinceraba con Jacinta, que empezaba a
querer al muchacho m\'e1s de lo que hubiera deseado. A menudo, Jacinta se
separaba moment\'e1neamente de Pen\'e9lope y, con la ex\-cusa de ir a re
coger a Jorge al colegio de San Gabriel, visitaba a Juli\'e1n y le
entregaba mensajes de Pen\'e9lope. Fue as\'ed como conoci\'f3 a Fernando,
que muchos a\'f1os m\'e1s tarde habr\'eda de ser el \'fanico amigo que le
quedar\'ed
a mientras esperaba la muerte en el infierno de Santa Luc\'eda que le
hab\'eda profetizado el \'e1ngel Zacar\'edas. A ve\-ces, con malicia, el
aya llevaba a Pen\'e9lope con ella }{\lang1034 y
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
facilitaba un encuentro breve entre los dos j\'f3venes, viendo crecer
entre ellos un amor que ella nunca hab\'eda conocido, que se le hab\'eda
negado. Fue tambi\'e9n por entonces cuando Jacinta advirti\'f3 la
presencia sombr\'ed
a y turbadora de aquel muchacho silencioso al que todos llamaban
Francisco Javier, el hijo del conserje de San Gabriel. Le sorprend\'eda
espi\'e1ndolos, leyendo sus gestos desde lejos y devorando a Pen\'e9lope
con los ojos. Jacinta conservaba una fotograf
\'eda que el retratista oficial de los Aldaya, Recasens, hab\'eda tomado
de Juli\'e1n y de Pen\'e9lope a la puerta de la sombrerer\'eda de la
ronda de San Antonio. Era una imagen inocente, tomada al mediod\'eda en
pre\-sencia
de don Ricardo y de Sophie Carax. Jacinta la llevaba siempre consigo.
\par Un d\'eda, mientras esperaba a Jorge a la salida del colegio de San
Gabriel, el aya olvid\'f3 su bolsa junto a la fuente y al volver a por
ella advirti\'f3 que el joven Fumero merodeaba por all\'ed, mir\'e1ndola
nerviosamente. Aquella noche, cuando busc
\'f3 el retrato no lo encontr\'f3 y tuvo la certeza de que el muchacho lo
hab\'eda robado. En otra ocasi\'f3n, semanas m\'e1s tarde, Francisco
Javier Fumero se aproxim\'f3 al aya y le pregunt\'f3 si pod\'eda hacerle
llegar algo a Pe\-n\'e9
lope de su parte. Cuando Jacinta pregunt\'f3 de qu\'e9 se trataba, el
muchacho extrajo un pa\'f1o con el que hab\'eda envuelto lo que pare\-
c\'eda una figura tallada en madera de pino. Jacinta reconoci\'f3 en ella
a Pen\'e9lope y sinti\'f3 un escalofr\'ed
o. Antes de que pudiese decir nada, el muchacho se alej\'f3. De camino a
la casa de la avenida del Tibidabo, Jacinta tir\'f3 la figura por la
ventana del coche, como si se tratase de carro\'f1a maloliente. M\'e1s de
una vez, Jacinta habr\'ed
a de despertarse de madrugada, cubierta de sudor, persegui\-da por
pesadillas en las que aquel muchacho de turbia mirada se abalanzaba sobre
Pen\'e9lope con la fr\'eda e indiferente brutalidad de un insecto.
\par Algunas tardes, cuando Jacinta acud\'eda a buscar a Jorge, si
\'e9ste se retrasaba, el aya conversaba con Juli\'e1n. Tambi\'e9n \'e9l
empe\-zaba a querer a aquella mujer de semblante duro y a confiar en ella
m\'e1s de lo que confiaba en s\'ed
mismo. Pronto, cuando alg\'fan problema o alguna sombra se cern\'eda
sobre su vida, ella y Miquel Moliner eran los primeros, y a veces los
\'faltimos, en saberlo. En una ocasi\'f3n, Juli\'e1n Le cont\'f3 a
Jacinta que hab\'ed
a encontrado a su madre y a don Ricardo Aldaya en el patio de las fuentes
con\-versando mientras esperaban la salida de los alumnos. Don Ri\-cardo
parec\'eda estar deleit\'e1ndose con la compa\'f1\'eda de Sophie y Ju\-
li\'e1n sinti\'f3
cierto resquemor, pues estaba al corriente de la reputaci\'f3n
donjuanesca del industrial y de su voraz apetito por las delicias del
g\'e9nero femenino sin distinci\'f3n de casta o condi\-ci\'f3n, al que
s\'f3lo su santa esposa parec\'eda inmune.
\par \emdash Le comentaba a tu madre lo mucho que te gusta tu nuevo
colegio.
\par Al despedirse de ellos, don Ricardo les gui\'f1\'f3 un ojo y se
alej\'f3 con una risotada. Su madre hizo todo el trayecto de regreso en
si\-lencio, claramente ofendida por los comentarios que le hab\'eda
esta\-do haciendo don Ricardo Aldaya.
\par No s\'f3lo Sophie ve\'eda con recelo su creciente vinculaci\'f3n con
los Aldaya y el abandono al que Juli\'e1n hab\'eda relegado a sus an\-
tiguos amigos del barrio y a su familia. Donde su madre mostraba tristeza
y silencio, el sombrerero mo
straba rencor y despecho. El entusiasmo inicial de ampliar su clientela a
la flor y nata de la sociedad barcelonesa se hab\'eda evaporado
r\'e1pidamente. Casi no ve\'eda ya a su hijo y pronto tuvo que contratar
a Quimet, un mu\-
chacho del barrio, antiguo amigo de Juli\'e1n, como ayudante y aprendiz
en la tienda. Antoni Fortuny era un hombre que s\'f3lo se sent\'ed
a capaz de hablar abiertamente sobre sombreros. Encerraba sus
sentimientos en el calabozo de su alma durante meses hasta que se
emponzo\'f1aban sin remedio. Cada d\'eda se le ve\'eda m\'e1s mal\-
humorado e irritable. Todo le parec\'ed
a mal, desde los esfuerzos del pobre Quimet, que se dejaba el alma en
aprender el oficio, a los amagos de su esposa Sophie por suavizar el
aparente olvido al que les hab\'eda condenado Juli\'e1n.
\par \emdash Tu hijo se cree que es alguien porque esos ricachones le
tie\-nen de }{\i\expnd4\expndtw22\lang1034
mona}{\expnd4\expndtw22\lang1034 }{\i\expnd4\expndtw22\lang1034 de circo
}{\i\lang1034 \emdash dec\'eda con aire sombr\'edo}{
\i\expnd4\expndtw22\lang1034 , }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 envenenado
de rencor.
\par }{\i\lang1034 Un buen d\'eda, cuando se iban a cumplir tres a\'f1os
desde la primera visita de don Ricardo Aldaya a la sombrerer\'eda de
For\-tuny e hijos, el sombrerero dej\'f3 a Quimet al frente de la tienda
y le dijo que volver\'eda al mediod\'ed
a. Ni corto ni perezoso se present\'f3 en las oficinas que el consorcio
Aldaya ten\'eda en el paseo de Gra\-cia y solicit\'f3 ver a don Ricardo.
\par \emdash \'bfY a qui\'e9n tengo el honor de anunciar? \emdash
pregunt\'f3 un lacayo de talante altivo.
\par \emdash A su sombrerero personal.
\par Don Ricardo le recibi\'f3, vagamente sorprendido, pero con bue\-na
disposici\'f3n, creyendo que tal vez Fortuny le tra\'eda una factura. Los
peque\'f1os comerciantes nunca acaban de comprender el proto\-colo del
dinero.
\par \emdash Y d\'edgame, \'bfqu\'e9 puedo hacer por usted, amigo
Fortunato
\par Sin m\'e1s dilaci\'f3n, Antoni Fortuny procedi\'f3 a explicarle a
don Ricardo que andaba muy enga\'f1ado con respecto a su hijo Juli\'e1n.
\par \emdash Mi hijo, don Ricardo, no es el que usted piensa. Muyi al
contrario, es un muchacho ignorante, holgaz\'e1n y sin m\'e1s talento que
las \'ednfulas que su madre le ha metido en la cabeza. Nunca llegar\'e1 a
nada, cr\'e9ame. Le falta ambici\'f3n, car
\'e1cter. Usted no le conoce y \'e9l puede ser muy h\'e1bil para
engatusar a los extra\'f1os, para hacerles creer que sabe de todo, pero
no sabe nada de nada. Es un mediocre. Pero yo le conozco mejor que nadie
y me parec\'eda necesario advertirle.
\par Don Ricardo Aldaya hab\'eda escuchado este discurso en silen\-cio,
sin apenas pesta\'f1ear.
\par \emdash \'bfEs eso todo, Fortunato?
\par El industrial procedi\'f3 a presionar un bot\'f3n en su escritorio a
los pocos instantes apareci\'f3 en la puerta del despacho el secretario
que le hab\'eda recibido.
\par El amigo Fortunato se iba ya, Balcells \emdash anuncio\emdash .
Tenga la bondad de acompa\'f1arle a la salirla.
\par El tono g\'e9lido del industrial no fue del agrado del sombrerero.
\par \emdash Con su permiso, don Ricardo: es Fortuny, no Fortunato.
\par \emdash Lo que sea. Es usted un hombre muy triste, Fortuny. Le
agradecer\'e9 que no vuelva por aqu\'ed.
\par Cuando Fortuny se encontr\'f3 de nuevo en la calle, se sinti\'f3
m\'e1s solo que nunca, convencido de que todos estaban contra \'e9l.
Apenas d\'edas m\'e1s tarde, los clientes de post\'edn que le hab\'eda
granjeado su relaci\'f3
n con Aldaya empezaron a enviar mensajes can\-celando sus encargos y
saldando sus cuentas. En apenas sema\-nas, tuvo que despedir a Quimet,
porque no hab\'eda trabajo para ambos en la tienda. Al fin y al cabo, el
muchacho tampoco val\'ed
a para nada. Era mediocre y holgaz\'e1n, como todos.
\par Fue por entonces que la gente del barrio empez\'f3 a comentar que al
se\'f1or Fortuny se le ve\'eda m\'e1s viejo, m\'e1s solo, m\'e1
s agrio. Ya apenas hablaba con nadie y pasaba largas horas encerrado en
la tienda, sin nada que hacer, viendo pasar a la gente al otro lado del
mostrador con un sentimiento de desprecio y, a un tiempo, de anhelo.
Luego se di
jo que las modas cambiaban, que la gente jo\-ven ya no llevaba sombrero y
que los que lo hac\'edan prefer\'edan acu\-dir a otros establecimientos
en que los vend\'edan ya hechos por ta\-llas, con dise\'f1os m\'e1s
actuales y m\'e1s baratos. La sombrerer
\'eda de Fortuny e hijos se hundi\'f3 lentamente en un letargo de sombras
y silencios.
\par \emdash Est\'e1is esperando que me muera \emdash dec\'eda para
s\'ed\emdash . Pues a lo mejor os doy el gusto.
\par \'c9l no lo sab\'eda, pero hab\'eda empezado ya a morir hac\'eda
mucho tiempo.
\par Despu\'e9s de aquel incidente, Juli\'e1n se volc\'f3 completamente
en el mundo de los Aldaya, en Pen\'e9lope y en el \'fanico futuro que
po\-d\'eda concebir. As\'ed pasaron casi dos a\'f1os en la cuerda floja,
viviendo en secreto. Zacar\'ed
as, a su modo, le hab\'eda advertido mu\-cho tiempo atr\'e1s. Sombras se
esparc\'edan a su alrededor y pronto estrechar\'edan el cerco. El primer
signo lleg\'f3 un d\'eda de abril de 1918. Jorge Aldaya cumpl\'eda
dieciocho a\'f1os y don Ricardo, }{
\i\expnd0\expndtw-2\lang1034 ofi\-}{\i\lang1034 ciando de gran patriarca,
hab\'eda decidido organizar (o m\'e1s bien }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
dar \'f3rdenes de que se organizase) una monumental fiesta de cumplea\'f1
os que su hijo no deseaba y de la que \'e9l, argumentando razones de alta
empresa, estar\'eda ausente para encontrarse en la suite azul del hotel
Col\'f3n con una deliciosa dama de asueto re\-ci\'e9
n llegada de San Petersburgo. La casa de la avenida del Tibi\-dabo
qued\'f3 convertida en un pabell\'f3n circense para el evento: cientos de
faroles, banderines y tenderetes dispuestos en los jardi\-nes para
atender a los invitados.
\par Casi todos los compa\'f1eros de Jorge Aldaya del colegio de San
Gabriel hab\'edan sido invitados. Por sugerencia de Juli\'e1n, Jorge
hab\'eda incluido a Francisco Javier Fumero. Miquel Moliner les
advirti\'f3
de que el hijo del conserje de San Gabriel se iba a sentir desplazado en
aquel ambiente fatuo y pomposo de se\'f1oritos de post\'edn. Francisco
Javier recibi\'f3 su invitaci\'f3n pero, intuyendo lo mismo que Miquel
Moliner vaticinaba, decidi\'f3
declinar el ofreci\-miento. Cuando do\'f1a Yvonne, su madre, supo que su
hijo pre\-tend\'eda rechazar una invitaci\'f3n a la fastuosa mansi\'f3n
de los Al\-daya, estuvo a punto de arrancarle la piel. \'bfQu\'e9
era aquello sino el signo de que pronto ella entrar\'eda en sociedad? El
pr\'f3ximo paso s\'f3lo pod\'eda ser una invitaci\'f3n para tomar el
t\'e9 y las pastas con la se\'f1ora Aldaya y otras damas de infatigable
distinci\'f3n. As\'ed pues, do\'f1
a Yvonne cogi\'f3 los ahorros que ven\'eda escatimando del sueldo de su
esposo y procedi\'f3 a comprar un traje con trazas de marine\-rillo para
su hijo.
\par Francisco Javier ten\'eda ya por entonces diecisiete a\'f1os y aquel
traje, azul, con pantal\'f3n corto y decididamente ajustado a la re\-
finada sensibilidad de do\'f1
a Yvonne, le sentaba grotesco y humillante. Presionado por su madre,
Francisco Javier acept\'f3 y pas\'f3 una semana tallando un abrecartas
con el que pensaba obsequiar a Jorge. El d\'eda de la fiesta, do\'f1a
Yvonne se empe\'f1\'f3 en es\-
coltar a su hijo hasta las puertas de la casa de los Aldaya. Que\-r\'eda
sentir el olor a realeza y aspirar la gloria de ver a su hijo franquear
puertas que pronto se abrir\'edan para ella. A la hora de enfundarse el
esperp\'e9
ntico atuendo de marinero, Francisco Javier descubri\'f3 que le ven\'eda
peque\'f1o. Yvonne decidi\'f3 hacer un apa\'f1o sobre la marcha. Llegaron
tarde. Entretanto, y aprovechando el barullo de la fiesta y la ausencia
de don Ricardo, que a buen se\-
guro estaba en aquel instante saboreando lo mejor de la raza es\-lava y
celebrando a su manera, Juli\'e1n se hab\'eda escabullido de la fiesta.
Pen\'e9lope y \'e9l se hab\'edan citado en la biblioteca, donde no
hab\'eda riesgo de tropezarse con ning\'fa
n miembro de la ilustrada y exquisita alta sociedad. Demasiado ocupados
devor\'e1ndose los la\-bios, ni Juli\'e1n ni Pen\'e9
lope vieron a la delirante pareja que se acercaba a las puertas de la
casa. Francisco Javier, ataviado de marinero en su primera comuni\'f3n y
p\'farpura de humillaci\'f3n, ca\-minaba casi a rastras de do\'f1a
Yvonne, que para la ocasi\'f3n ha\-b\'ed
a decidido desempolvar una pamela a conjunto con un vestido de pliegues y
guirnaldas que la hac\'eda semejar un puesto de dul\-ces o, en palabras
de Miquel Moliner, que la avist\'f3 de lejos, un bisonte disfrazado de
Madame Recamier Dos miembros del servi
\-cio guardaban la puerta. No parecieron muy impresionados por los
visitantes. Do\'f1a Yvonne anunci\'f3 que su hijo, don Francisco Javier
Fumero de Sotoceballos, hac\'ed
a su entrada. Los dos criados replicaron, con sorna, que el nombre no les
sonaba. Airada, pero manteniendo la compostura de gran se\'f1ora, Yvonne
conmin\'f3 a su hijo a que mostrase la tarjeta de la invitaci\'f3n.
Desafortuna\-
damente, al hacer el arreglo de confecci\'f3n, la tarjeta se hab\'eda
quedado en la mesa de costura de do\'f1a Yvonne.
\par Francisco Javier intent\'f3 explicar la circunstancia, pero tarta\-
mudeaba y las risas de los dos criados no ayudaban a esclarecer el
malentendido. Fueron invitados a largarse con viento fresco. Do\'f1a
Yvonne, encendida de rabia, les anunci\'f3
que no sab\'edan con qui\'e9n se las estaban jugando. Los criados les
replicaron que el puesto de fregona ya estaba cubierto. Desde la ventana
de su habitaci\'f3n, Jacinta vio que Francisco Javier ya se alejaba
cuan\-
do, de repente, se detuvo. El muchacho se volvi\'f3 y, m\'e1s all\'e1 del
espect\'e1culo de su madre desga\'f1it\'e1ndose a alaridos con los arro\-
gantes criados, les vio. Juli\'e1n besaba a Pen\'e9lope en el ventanal
}{\i\lang1034
de la biblioteca. Se besaban con la intensidad de quien se pertenece,
ajenos al mundo.
\par Al d\'eda siguiente, durante el recreo del mediod\'eda, Francisco
Ja\-vier apareci\'f3 de pronto. La noticia del esc\'e1ndalo del d\'eda
anterior ya hab\'eda corrido entre los alumnos y las risas no se hicieron
esperar, ni las preguntas acerca de qu\'e9
hab\'eda hecho con su traje de ma\-rinerito. Las risas se cortaron de
golpe cuando los alumnos advir\-tieron que el muchacho llevaba la
escopeta de su padre en la mano. Se hizo el silencio, y muchos se
alejaron. S\'f3lo el c\'ed
rculo de Aldaya, Moliner, Fernando y Juli\'e1n, se volvi\'f3 y se
qued\'f3 mirando al muchacho, sin comprender. Sin mediar, Francisco
Javier alz\'f3 el rifle y apunt\'f3. Los testigos dijeron luego que no
hab\'ed
a rabia ni ira en su rostro. Francisco Javier mostraba la misma frialdad
autom\'e1\-tica con que desempe\'f1aba las tareas de limpieza en el
jard\'edn. La primera bala pas\'f3 rozando la cabeza de Juli\'e1n. La
segunda hubie\-ra atravesado su
garganta si Miquel Moliner no se hubiese abalanzado sobre el hijo del
conserje y le hubiese arrancado la escopeta a pu\'f1etazos. Juli\'e1n
Carax hab\'eda contemplado la escena at\'f3
nito, paralizado. Todos creyeron que los disparos iban dirigidos a Jorge
Aldaya como venganza a la humillaci\'f3n sufrida la tarde anterior.
S\'f3lo m\'e1s tarde, cuando la Guardia Civil ya se llevaba al mucha\-
cho y la pareja de conserjes era desalojada de su vivienda casi a
patadas, Miquel Moliner se acerc\'f3 a Juli\'e1n y le dijo, sin orgullo,
que le hab\'eda salvado la vida. Poco imaginaba Juli\'e1n que esa vida, o
la parte que \'e9l quer\'ed
a vivir de ella, se estaba acercando a su fin.
\par Aqu\'e9l era el \'faltimo a\'f1o para Juli\'e1n y sus compa\'f1eros
en el colegio de San Gabriel. Quien m\'e1s y quien menos comentaba ya sus
planes, o los planes que sus respectivas familias hab\'edan hecho por
ellos para el siguiente a\'f1
o. Jorge Aldaya sab\'eda ya que su padre le enviaba a estudiar a
Inglaterra y Miquel Moliner daba por hecho su ingreso en la Universidad
de Barcelona. Fernando Ramos hab\'eda mencionado m\'e1s de una vez que
quiz\'e1 ingresara en el seminario de la Compa
\'f1\'eda, perspectiva que sus maestros consideraban la m\'e1s sabia en
su particular situaci\'f3n. En cuan\-to a Francisco Javier Fumero, todo
lo que se sab\'eda es que, por in\-tercesi\'f3n de don Ricardo Aldaya, el
muchacho hab\'ed
a ingresado en un reformatorio perdido en el Valle de Ar\'e1n donde le
esperaba un largo invierno. Viendo a sus compa\'f1eros encaminados en
al\-guna direcci\'f3n, Juli\'e1n se preguntaba qu\'e9 iba a ser de \'e9l.
Sus sue\-\'f1os y ambiciones lite
rarias le parec\'edan m\'e1s lejanas e inviables que nunca. Tan s\'f3lo
ansiaba estar junto a Pen\'e9lope.
\par Mientras \'e9l se preguntaba acerca de su porvenir, otros lo pla\-
neaban por \'e9l. Don Ricardo Aldaya estaba ya prepar\'e1ndole un puesto
en su empresa para iniciarle en el negocio. El sombrerero, por su parte,
hab\'eda decidido que si su hijo no quer
\'eda seguir el ne\-gocio familiar, pod\'eda olvidarse de medrar a su
costa. A tal fin, ha\-b\'eda iniciado en secreto los tr\'e1mites para
enviar a Juli\'e1n al ej\'e9rci\-to, donde unos cuantos a\'f1os de vida
castrense le curar\'ed
an los delirios de grandeza. Juli\'e1n ignoraba estos planes y, para
cuando averiguase lo que unos y otros hab\'edan preparado para \'e9l, ya
ser\'eda tarde. S\'f3lo Pen\'e9lope ocupaba su pensamiento y la distancia
fingi\-da y los encuentros fur
tivos de anta\'f1o ya no le satisfac\'edan. Insis\-t\'eda en verla m\'e1s
a menudo, arriesg\'e1ndose cada vez m\'e1s a que su relaci\'f3n con la
muchacha fuera descubierta. Jacinta hac\'eda cuanto pod\'eda para
cubrirlos: ment\'ed
a por los codos, tramaba reuniones se\-cretas y urd\'eda mil y un ardides
para concederles unos instantes a solas. Incluso ella comprend\'eda que
no bastaba con aquello, que cada minuto que Pen\'e9lope y Juli\'e1n
pasaban juntos les un\'eda m\'e1s. Hac
\'eda tiempo que el aya hab\'eda aprendido a reconocer en sus mira\-das
el desafio y la arrogancia del deseo: una voluntad ciega de ser
descubiertos, de que su secreto fuera un esc\'e1
ndalo a voces y ya no tuvieran que ocultarse en rincones y desvanes para
amarse a tien\-tas. A veces, cuando Jacinta acud\'eda a arropar a
Pen\'e9lope, la mu\-chacha se deshac\'eda en l\'e1grimas y le confesaba
sus deseos de huir con Juli\'e1
n, de tomar el primer tren y escapar a donde nadie les co\-nociese.
Jacinta, que recordaba la suerte de mundo que se extend\'eda m\'e1s
all\'e1 de las verjas del palacete Aldaya, se estremec\'eda y la di\-
suad\'eda. Pen\'e9lope era un esp\'edritu d\'f3
cil, y el temor que ve\'eda en el rostro de Jacinta bastaba para
sosegarla. Juli\'e1n era otra cuesti\'f3n. Durante aquella \'faltima
primavera en San Gabriel, Juli\'e1n descubri\'f3 con inquietud que don
Ricardo Aldaya y su madre Sophie se
encontraban a veces en secreto. Al principio temi\'f3 que el industrial
hubiera decidido que Sophie era una conquista ape\-tecible que a\'f1adir
a su colecci\'f3n, pero pronto comprendi\'f3 que los encuentros, que
siempre ten\'edan lugar en caf\'e9
s del centro y se desa\-rrollaban dentro del m\'e1s estricto decoro, se
limitaban a la conver\-saci\'f3n. Sophie manten\'eda estos encuentros en
secreto. Cuando }{\lang1034 fi\-}{\i\lang1034 nalmente Juli\'e1n
decidi\'f3
abordar a don Ricardo y preguntarle qu\'e9 estaba sucediendo entre \'e9l
y su madre, el industrial ri\'f3.
\par \emdash \'bfNo se te escapa nada, eh, Juli\'e1n? Lo cierto es que
pensaba hablarte del tema. Tu madre y yo estamos discutiendo acerca de tu
futuro. Ella vino a verme hace unas semanas, preocupada porque tu padre
est\'e1 planeando enviarte al ej\'e9
rcito el pr\'f3ximo a\'f1o. Tu madre, como es natural, quiere lo mejor
para ti y acudi\'f3 a m\'ed para ver si entre los dos pod\'edamos hacer
algo. No te preocupes, pa\-labra de Ricardo Aldaya que t\'fa no ser\'e1s
carne de ca\'f1\'f3n. Tu ma\-
dre y yo tenemos grandes planes para ti. Conf\'eda en nosotros.
\par Juli\'e1n quer\'eda confiar, pero don Ricardo inspiraba todo me\-nos
confianza. Consultando con Miquel Moliner, el muchacho estuvo de acuerdo
con Juli\'e1n.
\par \emdash Si lo que quieres es fugarte con Pen\'e9lope, Dios te coja
con\-fesado, lo que necesitas es dinero.
\par Dinero es lo que Juli\'e1n no ten\'eda.
\par \emdash Eso tiene arreglo \emdash le inform\'f3 Miquel\emdash , para
eso est\'e1n los amigos ricos.
\par As\'ed fue como Miquel y Juli\'e1n empezaron a planear la fuga de
los amantes. El destino, por sugerencia de Moliner, ser\'eda Par\'eds.
Moliner opinaba que, puesto a ser un artista bohemio y muerto de hambre,
al menos el decorado de Par\'ed
s era inmejorable. Pen\'e9lope hablaba algo de franc\'e9s y para
Juli\'e1n, gracias a las ense\'f1anzas de su madre, era una segunda
lengua.
\par \emdash Adem\'e1s, Par\'eds es suficientemente grande para perderse,
pero suficientemente peque\'f1o para encontrar oportunidades \emdash es\-
timaba Miquel.
\par Su amigo reuni\'f3 una peque\'f1a fortuna, uniendo sus ahorros de
a\'f1os a lo que pudo sacar a su padre con las excusas m\'e1s pere\-
grinas. S\'f3lo Miquel sabr\'eda a donde iban.
\par \emdash Y yo pienso enmudecer tan pronto sub\'e1is a ese tren.
\par Aquella misma tarde, despu\'e9s de ultimar los detalles con Mo\-
liner, Juli\'e1n acudi\'f3 a la casa de la avenida del Tibidabo para
explicarle el plan a Pen\'e9lope.
\par \emdash Lo que voy a decirte no puedes cont\'e1rselo a nadie. A na\-
die. Ni siquiera a Jacinta \emdash empez\'f3 Juli\'e1n.
\par La muchacha le escuch\'f3 at\'f3nita y hechizada. El plan de Mo\-
liner era impecable. Miquel comprar\'eda los billetes utilizando un
nombre falso y contratando a un desconocido para que los recogiese en la
ventanilla de la estaci\'f3n. Si la polic\'ed
a, por ventura, daba con \'e9l, todo lo que les podr\'eda ofrecer era la
descripci\'f3n de un personaje que no se parec\'eda a Juli\'e1n.
Juli\'e1n y Pen\'e9lope se en\-contrar\'edan en el tren. No habr\'eda
espera en el and\'e9
n para no dar oportunidad a ser vistos. La fuga ser\'eda un domingo, al
medio\-d\'eda. Juli\'e1n acudir\'eda por su cuenta a la estaci\'f3n de
Francia. All\'ed le esperar\'eda Miquel con los billetes y el dinero.
\par La parte m\'e1s delicada era la que concern\'eda a Pen\'e9lope. De\-
b\'eda enga\'f1ar a Jacinta y pedir al aya que inventase una excusa para
sacarla de misa de once y llevarla a casa. De camino, Pen\'e9\-lope le
pedir\'eda que la d\'e9
jase ir al encuentro de Juli\'e1n, prometien\-do estar de vuelta antes de
que la familia regresara al caser\'f3n. Pen\'e9lope aprovechar\'eda
entonces para acudir a la estaci\'f3n. Ambos sab\'edan que, si le
dec\'eda la verdad, Jacinta no les dejar\'ed
a marchar. Les quer\'eda demasiado.
\par \emdash Es un plan perfecto, Miquel \emdash hab\'eda dicho Juli\'e1n
al escu\-char la estrategia ideada por su amigo.
\par Miquel asinti\'f3 tristemente.
\par \emdash Excepto por un detalle. El da\'f1o que vais a hacer a mucha
gente al iros para siempre.
\par Juli\'e1n hab\'eda asentido, pensando en su madre y en Jacinta. No
se le ocurri\'f3 pensar que Miquel Moliner estaba hablando de s\'ed
mismo.
\par Lo m\'e1s dif\'edcil fue convencer a Pen\'e9lope de la necesidad de
mantener a Jacinta a oscuras respecto al plan. S\'f3lo Miquel sa\-br\'eda
la verdad. El tren part\'eda a la una de la tarde. Para cuando la
ausencia de Pen\'e9
lope fuese advertida, ya. habr\'edan cruzado la frontera. Una vez en
Par\'eds, se instalar\'edan en un albergue como marido y mujer, usando
nombre falso. Enviar\'ed
an entonces una carta a Miquel Moliner dirigida a sus familias confesando
su amor, diciendo que estaban bien, que les quer\'edan, anunciando su
matrimonio por la iglesia y pidiendo su perd\'f3n y compren\-si\'f3n.
Miquel Moliner meter\'eda
la carta en un segundo sobre para eliminar el matasellos de Par\'eds y
\'e9l se encargar\'eda de enviarla des\-de una localidad de cercan\'edas.
\par \emdash \'bfCu\'e1ndo? \emdash pregunt\'f3 Pen\'e9lope.
\par \emdash En seis d\'edas \emdash le dijo Juli\'e1n\emdash . Este
domingo.
\par Miquel estimaba que, para no levantar sospechas, lo mejor era que
durante los d\'edas que faltaban para la fuga Juli\'e1n no vi\-sitara a
Pen\'e9lope. Deb\'edan quedar de acuerdo y no volver a verse hasta que se
encontrasen en aquel tren rumbo a Par\'ed
s. Seis d\'edas sin verla, sin tocarla, se le hac\'edan infinitos.
Sellaron el pacto, un matrimonio secreto, en los labios.
\par Fue entonces cuando Juli\'e1n condujo a Pen\'e9lope hasta la al\-
coba de Jacinta en el tercer piso de la casa. En aquella planta s\'f3lo
se encontraban las habitaciones de la servidumbre y Juli\'e1n quiso creer
que nadie les encontrar\'ed
a. Se desnudaron a fuego, con rabia y anhelo, ara\'f1ando la piel y
deshaci\'e9ndose en silencios. Se aprendieron los cuerpos de memoria y
enterraron aquellos seis d\'edas de separaci\'f3n en sudor y saliva.
Juli\'e1n la penetr\'f3 con furia, clav\'e1
ndola contra los maderos del suelo. Pen\'e9lope le recib\'eda con los
ojos abiertos, las piernas abrazadas a su torso y los labios en\-
treabiertos de ansia. No hab\'eda atisbo de fragilidad ni ni\'f1ez en su
mirada, en su cuerpo tibio que ped\'eda m\'e1
s. Luego, con el rostro to\-dav\'eda prendido de su vientre y las manos
en el pecho blanco que todav\'eda temblaba, Juli\'e1n supo que deb\'edan
despedirse. Apenas tuvo tiempo de incorporarse cuando la puerta de la
habitaci\'f3n se abri\'f3
lentamente y la silueta de una mujer se perfil\'f3 en el um\-bral. Por
un segundo, Juli\'e1n crey\'f3 que se trataba de Jacinta, pero enseguida
comprendi\'f3 que se trataba de la se\'f1ora Aldaya, que les observaba
hechizada en un rapto de fascinaci\'f3
n y repugnancia. Cuanto acert\'f3 a balbucear fue: \'ab\'bfD\'f3nde
est\'e1 Jacinta?\'bb Sin m\'e1s, se volvi\'f3 y se alej\'f3 en silencio
mientras Pen\'e9lope se encog\'eda en el suelo en una agon\'eda muda y
Juli\'e1n sent\'eda que el mundo se des\-
moronaba a su alrededor.
\par \emdash Vete ahora, Juli\'e1n. Vete antes de que venga mi padre.
\par \emdash Pero...
\par \emdash Vete.
\par Juli\'e1n asinti\'f3.
\par \emdash Pase lo que pase, el domingo te espero en ese tren.
\par Pen\'e9lope consigui\'f3 arrancar media sonrisa.
\par \emdash All\'ed estar\'e9. Ahora vete. Por favor...
\par A\'fan estaba desnuda cuando la dej\'f3 y se desliz\'f3 por la
escale\-ra de servicio hasta las cocheras y, de all\'ed, a la noche
m\'e1s fr\'eda que recordaba.
\par Los d\'edas que siguieron fueron los peores. Juli\'e1n hab\'eda
pasa\-do la noche en vela, esperando que en cualquier momento vinie\-sen
a buscarle los sicarios de don Ricardo. No le visit\'f3 ni el sue\'f1o.
Al d\'ed
a siguiente, en el colegio de San Gabriel, no advirti\'f3 cambio alguno
en la actitud de Jorge Aldaya. Juli\'e1n, devorado por la angustia,
confes\'f3 a Miquel Moliner lo que hab\'eda sucedi\-do. Miquel, con su
habitual flema, neg\'f3 en silencio.
\par \emdash Est\'e1s loco, Juli\'e1n, pero eso no es novedad. Lo
extra\'f1o es que no haya habido revuelo en casa de los Aldaya. Lo cual,
si uno lo piensa, no es tan sorprendente. Si, como dices, os descubri\'f3
la se\'f1
ora Aldaya, cabe la posibilidad de que ni ella misma sepa todav\'eda
qu\'e9 hacer. He tenido tres conversaciones con ella en mi vida, y de
ellas extraje dos conclusiones: uno, la se\'f1ora Aldaya tiene una edad
mental de doce a\'f1
os; dos, padece de un narcisismo cr\'f3nico que le imposibilita ver o
comprender cualquier cosa que no sea lo que quiere ver o creer,
especialmente en referencia a ella misma.
\par \emdash Ah\'f3rrame el diagn\'f3stico, Miquel.
\par \emdash Lo que quiero decir es que probablemente todav\'eda est\'e9
pen\-sando en qu\'e9 decir, c\'f3mo, cu\'e1ndo y a qui\'e9n dec\'edrselo.
Primero tiene que pensar en las consecuencias para ella misma: el
potencial esc\'e1
ndalo, la furia de su esposo... Lo dem\'e1s, me atrevo a su\-poner, la
trae al pairo.
\par \emdash \'bfCrees entonces que no dir\'e1 nada?
\par \emdash Quiz\'e1 tarde uno o dos d\'edas. Pero no creo que sea capaz
de guardar un secreto as\'ed a espaldas de su marido. \'bfQu\'e9 hay del
plan de fuga? \'bfSigue en pie?
\par \emdash M\'e1s que nunca.
\par \emdash Me alegro de o\'edrlo. Porque ahora s\'ed que me parece que
esto no tiene vuelta atr\'e1s.
\par Los d\'edas de aquella semana pasaron en lenta agon\'eda. Juli\'e1n
acud\'eda cada d\'eda al colegio de San Gabriel con la incertidumbre pi\-
s\'e1ndole los talones. Pasaba las horas fingiendo estar all\'ed
, apenas capaz de intercambiar miradas con Miquel Moliner, que empeza\-ba
a estar tanto o m\'e1s preocupado que \'e9l. Jorge Aldaya no dec\'eda
nada. Se mostraba tan cort\'e9s como siempre. Jacinta no hab\'eda vuel\-
to a aparecer para recoger a Jorge. El ch\'f3fer de don Ricardo acud\'eda
todas las tardes. Juli\'e1n se sent\'ed
a morir, casi deseando que pasara lo que tuviera que pasar, que aquella
espera llegara a su fin. El jueves por la tarde, al finalizar las clases,
Juli\'e1n empez\'f3 a pensar que la suerte estaba de su parte. La
se\'f1ora Aldaya no hab\'ed
a dicho nada, quiz\'e1 por verg\'fcenza, por estupidez o por cualquiera
de las razones que vislumbraba Miquel. Poco importaba. Lo \'fanico que
contaba es que guardase el secreto hasta el domingo. Aquella no\-che, por
primera vez en varios d\'edas, co
nsigui\'f3 conciliar el sue\'f1o.
\par El viernes por la ma\'f1ana, al acudir a clase, el padre Roma\-nones
le esperaba en la verja.
\par \emdash Juli\'e1n, tengo que hablar contigo.
\par \emdash Usted dir\'e1, padre.
\par \emdash Siempre he sabido que llegar\'eda este d\'eda y tengo que
confe\-sarte que me alegra ser yo quien te d\'e9 la noticia.
\par \emdash \'bfQu\'e9 noticia, padre?
\par Juli\'e1n Carax ya no era alumno del colegio de San Gabriel. Su
presencia en el recinto, las aulas o incluso los jardines estaba
terminantemente prohibida. Sus \'fatiles, libros de texto y todas las
pertenencias pasaban a ser propiedad del colegio.
\par \emdash El t\'e9rmino t\'e9cnico es expulsi\'f3n fulminante \emdash
resumi\'f3 el pa\-dre Romanones.
\par \emdash \'bfPuedo preguntar la causa?
\par \emdash Se me ocurren una docena, pero estoy seguro de que t\'fa
sa\-br\'e1s escoger la m\'e1s id\'f3nea. Buenos d\'edas, Carax. Suerte en
la vida. La vas a necesitar.
\par A una treintena de metros, en el patio de las fuentes, un gru\-po de
alumnos le observaba. Algunos re\'edan, haciendo un gesto de despedida
con la mano. Otros le observaban con extra\'f1eza y compasi\'f3n. S\'f3lo
uno le sonre\'ed
a con tristeza: su amigo Miquel Moli\-ner, que se limit\'f3 a asentir y a
murmurar en silencio palabras que Juli\'e1n crey\'f3 leer en el aire.
\'abHasta el domingo. \'bb
\par Al regresar al piso de la Ronda de San Antonio, Juli\'e1n ad\-
virti\'f3 que el Mercedes Benz de don Ricardo Aldaya estaba para\-do
frente a la sombrerer\'eda. Se detuvo en la esquina y esper\'f3. Al poco,
don Ricardo sali\'f3
de la tienda de su padre y se introdujo en el coche. Juli\'e1n se
ocult\'f3 en un portal hasta que hubo desapareci\-do rumbo a la plaza
Universidad. S\'f3lo entonces se apresur\'f3 a su\-bir la escalera hasta
su casa. Su madre Sophie le esperaba all\'ed
, prendida de l\'e1grimas.
\par \emdash \'bfQu\'e9 has hecho, Juli\'e1n ? \emdash murmur\'f3, sin
ira.
\par \emdash Perd\'f3neme, madre...
\par Sophie abraz\'f3 a su hijo con fuerza. Hab\'eda perdido peso y es\-
taba envejecida, como si entre todos le hubiesen robado la vida y la
juventud. \'abYo m\'e1s que ninguno\'bb, pens\'f3 Juli\'e1n.
\par \emdash }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 Esc\'fachame bien, Juli\'e1n.
Tu padre y don Ricardo Aldaya lo han arreglado todo para enviarte al
ej\'e9rcito en unos d\'edas. Al\-daya tiene influencias... Tienes que
irte, Juli\'e1
n. Tienes que irte donde ninguno de los dos pueda encontrarte...
\par Juli\'e1n crey\'f3 ver una sombra en la mirada de su madre que la
consum\'eda por dentro.
\par \emdash Hay algo m\'e1s, madre? \'bfAlgo que no me ha contado us\-
ted?
\par Sophie le contempl\'f3 con labios temblorosos.
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 Debes irte. Los
dos debemos irnos de aqu\'ed para siempre.
\par Juli\'e1n la abraz\'f3 con fuerza y le susurr\'f3 al o\'eddo:
\par \emdash No se preocupe usted por m\'ed, madre. No se preocupe usted.
\par Juli\'e1n pas\'f3 el s\'e1bado encerrado en su habitaci\'f3n, entre
sus libros y sus cuadernos de dibujo. El sombrerero hab\'eda bajado a la
tienda casi al alba y no regres\'f3 hasta bien entrada la madruga\-da.
\'abNo tiene ni el valor de dec\'ed
rmelo a la cara\'bb, pens\'f3 Juli\'e1n. Aquella noche, con los ojos
velados de l\'e1grimas, se despidi\'f3 de los a\'f1os que hab\'eda pasado
en aquel cuarto oscuro y fr\'edo, perdido en sue\'f1os que ahora sab\'eda
que nunca llegar\'ed
an a cumplirse. Al alba del domingo, pertrechado tan s\'f3lo de una bolsa
con algo de ropa y unos libros, bes\'f3 la frente de Sophie, que
dorm\'eda acurrucada entre mantas en el comedor, y se march\'f3. Las
calles vest\'ed
an una neblina azulada y destellos de cobre despuntaban sobre los terra\-
dos de la ciudad vieja. Camin\'f3 lentamente, despidi\'e9ndose de cada
portal, de cada esquina, pregunt\'e1ndose si la trampa del tiempo
ser\'eda cierta y alg\'fan d\'eda s\'f3lo ser
\'eda capaz de recordar lo bue\-no, de olvidar la soledad que tantas
veces le hab\'eda perseguido en aquellas calles.
\par La estaci\'f3n de Francia estaba desierta, los andenes combados en
sables espejados que ard\'edan al amanecer y se hund\'edan en la niebla.
Juli\'e1n se sent\'f3 en un banco bajo la b\'f3veda y sac\'f3 su libro.
Dej\'f3
pasar las horas perdido en la magia de las palabras, cambiando la piel y
el nombre, sinti\'e9ndose otro. Se dej\'f3 arrastrar por los sue\'f1os de
personajes en sombra, creyendo que no le queda\-ba m\'e1s santuario ni
refugio }{\i\lang1034 que aqu\'e9
l. Sab\'eda ya que Pen\'e9lope no }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034
acudir\'eda a su cita. Sab\'eda que subir\'eda a aquel tren sin m\'e1s
com\-pa\'f1\'eda que su recuerdo. Cuando, al }{\i\lang1034
filo}{\lang1034 }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 del mediod\'ed
a, Miquel Moliner apareci\'f3 en la estaci\'f3n y le entreg\'f3 su pasaje
y todo el di\-nero que hab\'eda podido reunir, los dos amigos se
abrazaron en si\-lencio. Juli\'e1n nunca hab\'eda visto llorar a Miquel
Moliner. El re\-
loj cercaba, contando los minutos en fuga.
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 A\'fan hay
tiempo \emdash murmuraba Miquel con la mirada puesta en la entrada de la
estaci\'f3n.
\par A la una y cinco, el jefe de estaci\'f3n dio la llamada final para
los pasajeros con destino a Par\'eds. El tren hab\'eda empezado ya a
deslizarse por el and\'e9n cuando Juli\'e1n se volvi\'f3
para despedirse de su amigo. Miquel Moliner le contemplaba desde el
and\'e9n, con las manos hundidas en los bolsillos.
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 Escribe \emdash
dijo.
\par \emdash Tan pronto llegue te escribir\'e9 \emdash replic\'f3
Juli\'e1n.
\par \emdash No. A m\'ed no. Escribe libros. No cartas. Escr\'edbelos por
m\'ed. Por Pen\'e9lope.
\par Juli\'e1n asinti\'f3, d\'e1ndose cuenta s\'f3lo entonces de lo mucho
que iba a echar de menos a su amigo.
\par \emdash Y conserva tus sue\'f1os \emdash dijo Miquel\emdash . Nunca
sabes cu\'e1n\-do te van a hacer falta.
\par \emdash Siempre \emdash murmur\'f3 Juli\'e1n, pero el rugido del
tren ya les hab\'eda robado las palabras.
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034
\par \emdash Pen\'e9lope me cont\'f3 lo que hab\'eda pasado la misma
noche en que la se\'f1ora les sorprendi\'f3 en mi alcoba. Al d\'eda
siguiente, la se\'f1ora me hizo llamar y me pregunt\'f3 qu\'e9 sab\'eda
yo de Juli\'e1
n. Le dije que nada, que era un buen chico, amigo de Jorge... Me dio
\'f3rdenes de mantener a Pen\'e9lope en su habitaci\'f3n hasta que ella
diera su permi\-so para que saliera. Don Ricardo estaba de viaje en Ma\-
drid y no regres\'f3
hasta el viernes. Tan pronto lleg\'f3, la se}{\expnd0\expndtw-2\lang1034
\'f1ora le cont\'f3 lo sucedido. Yo estaba all\'ed. Don Ricardo sal\-
t\'f3 de la butaca y le propin\'f3 una bofetada a la se\'f1ora que la
derrib\'f3 al suelo. Lu
ego, gritando como un loco, le dijo que repitiese lo que hab\'eda dicho.
La se\'f1ora estaba aterro\-rizada. Nunca hab\'edamos visto al se\'f1or
as\'ed. Nunca. Era como si le hubieran pose\'eddo todos los demonios.
Rojo de rabia, subi\'f3
al dormitorio de Pen\'e9lope y la sac\'f3 de la cama arrastr\'e1ndola
por el pelo. Yo le quise detener y me apart\'f3 a patadas. Aquella misma
noche hizo llamar al m\'e9dico de la familia para que reconociese a
Pen\'e9lope. Cuando el m\'e9
dico hubo terminado, habl\'f3 con el se\'f1or. Encerraron a Pen\'e9lope
bajo llave en su habitaci\'f3n y la se\-\'f1ora me dijo que recogiese mis
cosas.
\par \'bbNo me dejaron ver a Pen\'e9lope, ni despedirme de ella. Don
Ricardo me amenaz\'f3 con denunciarme a la po\-lic\'eda si revelaba a
alguien lo sucedido. Me echaron a pa\-tadas aquella misma noche, sin
tener un sitio adonde ir, despu\'e9s de dieciocho a
\'f1os de servicio ininterrumpido en la casa. Dos d\'edas m\'e1s tarde,
en una pensi\'f3n de la calle Muntaner, recib\'ed la visita de Miquel
Moliner, que me ex\-plic\'f3 que Juli\'e1n se hab\'eda marchado a
Par\'eds. Quer\'eda que le contase qu\'e9 hab
\'eda sucedido con Pen\'e9lope y averiguar por qu\'e9 no hab\'eda acudido
a su cita en la estaci\'f3n. Durante se\-manas regres\'e9 a la casa,
rogando poder visitar a Pen\'e9lo\-
pe, pero no me dejaron ni cruzar las verjas. A veces me apostaba en la
otra esquina durante d\'edas enteros, espe\-rando verles salir. Nunca la
vi. No sal\'eda de la casa. M\'e1s adelante, el se\'f1or Aldaya llam\'f3
a la polic\'eda y con sus ami\-
gos de altos vuelos consigui\'f3 que me ingresaran en el manicomio de
Horta, alegando que nadie me conoc\'eda y que yo era una demente que
acechaba a su familia y a sus hi\-jos. Pas\'e9 dos a\'f1os all\'ed,
encerrada como un animal. Lo pri\-
mero que hice cuando sal\'ed fue acudir a la casa de la aveni\-da del
Tibidabo a ver a Pen\'e9lope.
\par \emdash \'bfConsigui\'f3 verla? \emdash pregunt\'f3 Ferm\'edn.
\par \emdash La casa estaba cerrada, en venta. No viv\'eda nadie all\'ed.
Me dijeron que los Aldaya se hab\'edan marchado a la Ar\-gentina.
Escrib\'ed a la direcci\'f3n que me hab\'edan dado. Las cartas volvieron
sin abrir...
\par \emdash \'bfQu\'e9 se hizo de Pen\'e9lope? \'bfLo sabe usted?
\par Jacinta neg\'f3, desplom\'e1ndose.
\par \emdash Nunca la volv\'ed a ver.
\par La anciana gem\'eda, llorando a moco tendido. Ferm\'edn la sostuvo
en brazos y la meci\'f3. El cuerpo de Jacinta Co\-ronado hab\'eda
menguado al tama\'f1o de una ni\'f1a, y a su lado, Ferm\'edn parec\'eda
un gigante. Me herv\'edan mil pregun\-
tas en la cabeza, pero mi amigo hizo un gesto que indica\-ba claramente
que la entrevista hab\'eda terminado. Le vi contemplar aquel agujero
sucio y fr\'edo donde Jacinta Co\-ronado gastaba sus \'faltimas horas.
\par \emdash Ande, Daniel. Nos vamos. Vaya usted tirando.
\par Hice lo que me dec\'eda. Al alejarme me volv\'ed un momen\-to y vi
que Ferm\'edn se arrodillaba frente a la anciana y la be\-saba en la
frente. Ella exhibi\'f3 su sonrisa desdentada.
\par \emdash D\'edgame, Jacinta \emdash o\'ed decir a Ferm\'edn\emdash .
A usted le gustan los Sugus, \'bfverdad?
\par
\par En nuestro periplo hacia la salida nos cruzamos con el leg\'edtimo
funerario y dos ayudantes de aspecto simiesco que ven\'edan pertrechados
de un ata\'fad de pino, cuerda y varios pliegos de s\'e1banas viejas de
aplicaci\'f3
n incierta. La comitiva desprend\'eda un siniestro aroma a formol y a
colo\-nia de baratillo y luc\'edan una tez trasl\'facida que enmarca\-ba
sonrisas macilentas y caninas. Ferm\'edn se limit\'f3 a se\'f1a\-
lar hacia la celda donde esperaba el difunto y procedi\'f3 a bendecir al
tr\'edo, que correspondi\'f3 al gesto asintiendo y santigu\'e1ndose
respetuosamente.
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 \emdash Id en paz \emdash murmur\'f3
Ferm\'edn, arrastr\'e1ndome hacia la salida, donde una monja portando un
candil de aceite nos despidi\'f3 con mirada f\'fanebre y condenatoria.
\par Una vez fuera del recinto, el l\'fagubre ca\'f1\'f3n de piedra y
sombra de la calle Moncada se me antoj\'f3 un valle de gloria y
esperanza. A mi lado, Ferm\'edn respiraba hondo, aliviado, y supe que no
era el \'fanico en alegrarse de haber dejado atr\'e1
s aquel bazar de tinieblas. La historia que nos hab\'eda relatado Jacinta
nos pesaba en la conciencia m\'e1s de lo que nos hubiera gustado admitir.
\par \emdash Oiga, Daniel. \'bfY si nos marcamos unas croquetillas de
jam\'f3n y unos espumosos aqu\'ed en el Xampa\'f1et para quitarnos el mal
sabor de boca?
\par \emdash No le dir\'eda que no, la verdad.
\par \emdash \'bfNo ha quedado hoy con la chavalilla?
\par \emdash Ma\'f1ana.
\par \emdash Ah, granujilla. Se hace usted de rogar, \'bfeh? C\'f3mo
vamos aprendiendo...
\par No hab\'edamos dado ni diez pasos rumbo a la ruidosa bodega, apenas
unos n\'fameros calle abajo, cuando tres si\-luetas espectrales se
desprendieron de las sombras y nos salieron al paso. Los dos matarifes se
apostaron a nuestras espaldas,
tan cerca que pude sentir su aliento en la nuca. El tercero, m\'e1s
menudo pero infinitamente m\'e1s siniestro, nos cerr\'f3 el paso.
Vest\'eda la misma gabardina y su sonrisa aceitosa parec\'eda desbordar
de gozo por las comisuras.
\par \emdash Vaya, hombre, pero \'bfa qui\'e9n tenemos aqu\'ed? Si es mi
viejo amigo, el hombre de las mil caras \emdash dijo el inspector Fumero.
\par Me pareci\'f3 o\'edr todos los huesos de Ferm\'edn estreme\-cerse de
terror ante la aparici\'f3n. Su locuacidad qued\'f3 re\-ducida a un
gemido ahogado. Para entonces, los dos matones, que supuse no eran sino
dos agentes de la Brigada Criminal, ya nos ten
\'edan sujetos por la nuca y la mu\'f1eca derecha, listos para
retorcernos el brazo al m\'ednimo aso\-mo de movimiento.
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Veo por la cara de
sorpresa que pones que pensa\-bas que te hab\'eda perdido el rastro hace
tiempo, \'bfeh? Su\-pongo que no te habr\'edas cre\'eddo que una mierda
seca como t\'fa
iba a poder salir del arroyo y hacerse pasar por un ciudadano decente,
\'bfverdad? T\'fa est\'e1s tarado, pero no tanto. Adem\'e1s me cuentan
que est\'e1s metiendo las nari\-ces, que en tu caso son muchas, en un
mont\'f3n de asun\-
tos que no te interesan. Mala se\'f1al... \'bfQu\'e9 marrullo te traes
con las monjitas? \'bfTe est\'e1s beneficiando a alguna? \'bfA c\'f3mo lo
cobran ahora?
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Yo respeto los
culos ajenos, se\'f1or inspector, espe\-cialmente si est\'e1n bajo
clausura. A lo mejor si usted se afi\-cionase a hacer lo propio, se
ahorrar\'eda un pico en penici\-lina e ir\'ed
a mejor de vientre.
\par Fumero solt\'f3 una risita envilecida de ira.
\par \emdash As\'ed me gusta. Cojones de toro. Lo que yo digo. Si todos
los chorizos fuesen como t\'fa, mi trabajo ser\'eda una verbena. Dime,
\'bfc\'f3mo te haces llamar ahora, cabroncete? \'bfGary Cooper? Venga,
cu\'e9ntame qu\'e9 haces metiendo ese nariz
\'f3n tuyo aqu\'ed en el asilo de Santa Luc\'eda y a lo mejor te dejo ir
con s\'f3lo un par de pellizcos. Hala, largando. \'bfQu\'e9 os trae por
aqu\'ed?
\par \emdash Un asunto particular. Hemos venido a visitar a un familiar.
\par \emdash S\'ed, a tu puta madre. Mira, porque hoy me coges de buen
humor, porque si no te llevaba ahora a jefatura y te daba otra pasada con
el soplete. Anda, s\'e9 un buen chaval y cu\'e9ntale de verdad a tu amigo
el inspector Fumero qu\'e9 co\'f1o hac
\'e9is t\'fa y tu amigo aqu\'ed. Colabora un poco, joder, y as\'ed me
ahorras hacerle una cara nueva al ni\'f1ato este que te has echado de
mecenas.
\par \emdash T\'f3quele usted un pelo y le juro que...
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash Pavor me das, f\'edjate lo que
te digo. Me he cagado en los pantalones.
\par Ferm\'edn trag\'f3 saliva y pareci\'f3 conjurar el coraje que se le
escapaba por los poros.
\par \emdash \'bfNo ser\'e1n \'e9sos los pantalones de marinerito que le
puso su augusta madre, la ilustre fregona? L\'e1stima ser\'eda, porque me
cuentan que el modelito le sentaba a usted de f\'e1bula.
\par El rostro del inspector Fumero palideci\'f3 y toda expre\-si\'f3n
resbal\'f3 de su mirada.
\par \emdash \'bfQu\'e9 has dicho, desgraciado?
\par \emdash Dec\'eda que me parece que ha heredado usted el gas\-to y la
gracia de do\'f1a Yvonne Sotoceballos, dama de alta sociedad...
\par Ferm\'edn no era un hombre corpulento y el primer pu\-\'f1etazo
bast\'f3 para derribarle de un plumazo. Estaba \'e9l todav\'eda hecho un
ovillo sobre el charco en el que hab\'eda aterrizado cuando Fumero le
propin\'f3 una sarta de punta\-pi\'e9s en el est
\'f3mago, los ri\'f1ones y la cara. Yo perd\'ed la cuenta al quinto.
Ferm\'edn perdi\'f3 el aliento y la capacidad de mover un dedo o
protegerse de los golpes un instante despu\'e9s. Los dos polic\'edas que
me sujetaban se re\'edan por cortes\'ed
a u obligaci\'f3n, sujet\'e1ndome con mano f\'e9rrea.
\par \emdash T\'fa no te metas \emdash me susurr\'f3 uno de ellos\emdash
. No me apetece romperte el brazo.
\par Intent\'e9 zafarme de su presa en vano y al forcejear atis\-b\'e9
por un instante el rostro del agente que me hab\'eda ha\-blado. Le
reconoc\'ed al instante. Era el hombre de la gabardina y el diario en el
bar de la plaza de Sarri\'e1 d\'ed
as antes. el mismo hombre que nos hab\'eda seguido en el autob\'fas
riendo los chistes de Ferm\'edn.
\par \emdash Mira, a m\'ed lo que m\'e1s me jode en
}{\expnd8\expndtw44\lang1034 el mundo }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 es
}{\expnd8\expndtw44\lang1034 la }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 gente que
hurga en la mierda y en el pasado \emdash
clamaba Fumero, rodeando a Ferm\'edn\emdash . Las cosas pasadas hay
}{\expnd8\expndtw44\lang1034 que }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 dejarlas
estar, \'bfme entiendes? Y eso va por ti y por el lelo de tu amigo. T\'fa
mira bien y aprende, chaval, que luego vas t\'fa.
\par Contempl\'e9 c\'f3mo el inspector Fumero destrozaba a Ferm\'edn a
puntapi\'e9s bajo la luz sesgada de una farola. Du\-
rante todo el episodio fui incapaz de abrir la boca. Recuerdo el impacto
sordo, terrible, de los golpes cayendo sin piedad sobre mi amigo.
Todav\'eda me duelen. Me limit\'e9 a refugiarme en aquella conveniente
presa de los polic\'ed
as, temblando y derramando l\'e1grimas de cobard\'eda en si\-lencio.
\par Cuando Fumero se aburri\'f3 de sacudir un peso muerto, se abri\'f3
la gabardina, se baj\'f3 la cremallera y proce\-di\'f3 a orinarse encima
de Ferm\'edn. Mi amigo no se mov\'eda, dibujando apenas un fardo de ropa
vieja en un charco. Mientras Fum
ero descargaba su chorro generoso y vapo\-roso sobre Ferm\'edn, segu\'ed
siendo incapaz de abrir la boca. Cuando hubo terminado, el inspector se
abroch\'f3 la bra\-gueta y se me acerc\'f3 con el rostro sudoroso,
jadeando. Uno de los agentes le tendi\'f3
un pa\'f1uelo con el que se sec\'f3 la cara y el cuello. Fumero se me
aproxim\'f3 hasta de\-tener su rostro a apenas unos cent\'edmetros del
m\'edo y me clav\'f3 la mirada.
\par \emdash T\'fa no val\'edas esa paliza, chaval. \'c9se es el problema
de tu amigo: siempre apuesta por el bando equivocado. La pr\'f3xima vez
le voy a joder a fondo, como nunca, y es\-toy seguro de que la culpa va a
ser tuya.
\par Cre\'ed que me iba a abofetear entonces, que hab\'eda lle\-gado mi
turno. Por alg\'fan motivo celebr\'e9 que as\'ed fuese. Quise creer que
los golpes me curar\'edan la verg\'fcenza de haber sido incapaz de mover
un dedo por ayudar a Fer\-m\'edn cuando lo
\'fanico que \'e9l estaba haciendo, como siem\-pre, era tratar de
protegerme.
\par Pero no cay\'f3 golpe alguno. Tan s\'f3lo el latigazo de
}{\expnd0\expndtw4\lang1034 aquellos ojos llenos de desprecio. Fumero se
limit\'f3 a palmearme la mejilla.
\par \emdash Tranquilo, ni\'f1o. Yo no me ensucio la mano con co\-bardes.
\par Los dos polic\'edas le rieron la gracia, m\'e1s relajados al
comprobar que el espect\'e1culo se hab\'eda terminado. Sus deseos de
abandonar la escena eran palpables. Se alejaron riendo en la sombra. Para
cuando acud\'ed en su ayuda, Ferm\'ed
n luchaba en vano por incorporarse y encontrar los dientes que hab\'eda
perdido en el agua sucia del charco. Le sangraban la boca, la nariz, los
o\'eddos y los p\'e1rpados. Al verme sano y salvo, hizo un amago de
sonrisa y cre\'ed que se me iba
a morir all\'ed mismo. Me arrodill\'e9 junto a \'e9l y le sostuve en mis
brazos. El primer pensamiento que me cruz\'f3 la cabeza fue que pesaba
menos que Bea.
\par \emdash Ferm\'edn, por Dios, hay que llevarle al hospital ahora
mismo.
\par Ferm\'edn neg\'f3 en\'e9rgicamente.
\par \emdash Ll\'e9veme con ella.
\par \emdash \'bfCon qui\'e9n, Ferm\'edn?
\par \emdash Con la Bernarda. Si tengo que palmarla, que sea en sus
brazos.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {32
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw4\lang1034
\par Aquella noche regres\'e9 al piso de la plaza Real que hab\'eda
jurado no volver a pisar a\'f1os atr\'e1s. Un par de parroquia\-nos que
hab\'edan presenciado la paliza desde la puerta del Xampa\'f1et se
ofrecieron a ayudarme a llevar a Ferm\'ed
n hasta una parada de taxis en la calle Princesa mientras un camarero del
local llamaba al n\'famero que le hab\'eda dado advirtiendo de nuestra
llegada. La carrera en el taxi se me hizo infinita. Ferm\'edn hab\'ed
a perdido el conocimiento antes de arrancar. Yo le sosten\'eda en mis
brazos, aferr\'e1ndo\-le contra el pecho e intentando darle calor.
Pod\'eda sentir su sangre tibia empap\'e1ndome la ropa. Yo le murmuraba
al o\'eddo, dici\'e9ndole que ya lleg\'e1
bamos, que no iba a ser nada. La voz me temblaba. El conductor me lanzaba
mi\-radas furtivas desde el espejo.
\par \emdash Oiga, yo no quiero l\'edos, \'bfeh? Si \'e9se se muere, se
bajan.
\par \emdash Usted acelere y calle.
\par Cuando llegamos a la calle Fernando, Gustavo Barce\-l\'f3 y la
Bernarda ya esperaban a la puerta del edificio en compa\'f1\'eda del
doctor Soldevila. Al vernos cubiertos de sangre y mugre, la Bernarda se
ech\'f3 a gritar en un lance de p\'e1
nico. El doctor tom\'f3 r\'e1pidamente el pulso a Ferm\'edn y asegur\'f3
que el paciente estaba vivo. Entre los cuatro conseguimos subir a
Ferm\'edn escaleras arriba y llevarlo hasta la habitaci\'f3n de la
Bernarda, donde una enfermera que hab\'eda tra
\'eddo el doctor ya estaba prepar\'e1ndolo todo. Una vez el paciente
estuvo dispuesto sobre la cama, la en\-fermera empez\'f3 a desnudarlo. El
doctor Soldevila insisti\'f3 en que sali\'e9semos todos de la
habitaci\'f3n y les dej\'e1semos hacer. Nos cerr
\'f3 la puerta en las narices con un sucinto \'abvivir\'e1\'bb.
\par En el pasillo, la Bernarda lloraba desconsoladamente, gimiendo que
por una vez que encontraba a un hombre bueno, ven\'eda Dios y se lo
arrancaba a pu\'f1etazos. Don Gustavo Barcel\'f3 la tom\'f3 en sus brazos
y se la llev\'f3 a la co\-cina, donde procedi
\'f3 a empapuzarla de brandy hasta que la pobre apenas se tuvo en pie.
Una vez las palabras de la criada empezaron a ser ininteligibles, el
librero se sirvi\'f3 una copa para \'e9l y la apur\'f3 de un trago.
\par \emdash Lo siento. No sab\'eda ad\'f3nde ir... \emdash empec\'e9.
\par }{\lang1034 \emdash Tranquilo. Has hecho bien. Soldevila es el mejor
traumat\'f3logo de Barcelona \emdash dijo, sin dirigirse a nadie en
particular.
\par \emdash Gracias \emdash murmur\'e9.
\par Barcel\'f3 suspir\'f3 y me sirvi\'f3 un buen trago de brandy en un
vaso. Declin\'e9 su ofrecimiento, que pas\'f3 a las ma\-nos de la
Bernarda en cuyos labios desapareci\'f3 por en\-salmo.
\par \emdash Haz el favor de darte una ducha y ponerte algo de ropa
limpia \emdash indic\'f3 Barcel\'f3\emdash . Si vuelves a tu casa con
esas pintas, matar\'e1s a tu padre del susto.
\par \emdash No hace falta... estoy bien \emdash dije.
\par \emdash Pues entonces deja de temblar. Anda, ve, puedes usar mi
ba\'f1o, que tiene termo. Ya sabes el camino. Yo en\-tretanto voy a
llamar a tu padre y le dir\'e9 que, bueno, no s\'e9 qu\'e9 le dir\'e9.
Algo se me ocurrir\'e1.
\par Asent\'ed.
\par \emdash \'c9sta sigue siendo tu casa, Daniel \emdash dijo Barcel\'f3
mientras me alejaba por el pasillo\emdash . Se te ha echado de menos.
\par Fui capaz de encontrar el ba\'f1o de Gustavo Barcel\'f3, pero no el
interruptor de la luz. Pens\'e1ndolo bien, me dije, prefiero ducharme en
la penumbra. Me despoj\'e9 de mi ropa manchada de sangre y mugre y me
aup\'e9 a la ba\-\'f1
era imperial de Gustavo Barcel\'f3. Una tiniebla perlada se filtraba por
el ventanal que daba al patio interno de la finca, sugiriendo los
perfiles de la estancia y el juego de baldosas esmaltadas del suelo y las
paredes. El agua sal\'ed
a ardiendo y con una presi\'f3n que, comparada con la mo\-destia de
nuestro ba\'f1o en la calle Santa Ana, me pareci\'f3 digna de hoteles de
lujo en los que nunca hab\'eda puesto los pies. Permanec\'ed varios
minutos bajo los haces de va\-
por de la ducha, inm\'f3vil.
\par El eco de los golpes cayendo sobre Ferm\'edn segu\'eda
martille\'e1ndome en los o\'eddos. No pod\'eda quitarme de la ca\-beza
las palabras de Fumero, ni el rostro de aquel polic\'eda que me hab\'eda
sujetado, probablemente para protegerme. Al rato advert
\'ed que el agua empezaba a enfriarse y supuse que estaba agotando la
reserva del termo de mi anfitri\'f3n. Apur\'e9 hasta la \'faltima gota de
agua tibia y cerr\'e9 el paso. El vapor ascend\'eda de mi piel como hilos
de seda. A trav\'e9
s de la cortina de la ducha adivin\'e9 una silueta inm\'f3vil fren\-te a
la puerta. Su mirada vac\'eda brillaba como la de un gato.
\par \emdash Puedes salir sin miedo, Daniel. Pese a todas mis mal\-dades,
sigo sin poder verte.
\par \emdash Hola, Clara.
\par Tendi\'f3 una toalla limpia hacia m\'ed. Alargu\'e9 el brazo y la
cog\'ed. Me envolv\'ed en ella con pudor de colegiala e inclu\-so en la
penumbra vaporosa pude ver que Clara sonre\'eda, adivinando mis
movimientos.
\par \emdash No te he o\'eddo entrar.
\par \emdash No he llamado. \'bfPor qu\'e9 te duchas a oscuras?
\par \emdash \'bfC\'f3mo sabes que la luz no est\'e1 encendida?
\par \emdash El zumbido de la bombilla \emdash dijo\emdash . Nunca
volviste a despedirte.
\par S\'ed que volv\'ed, pens\'e9, pero estabas muy ocupada. Las pa\-
labras se me murieron en los labios, su rencor y amargura lejanos,
rid\'edculos de repente.
\par \emdash Lo s\'e9. Perdona.
\par Sal\'ed de la ducha y me plant\'e9 sobre la alfombrilla de felpa. El
halo de vapor ard\'eda en motas de plata, la clari\-dad del tragaluz un
velo blanco sobre el rostro de Clara. No hab\'eda cambiado un \'e1pice de
como yo la recordaba. Cuatro a\'f1
os de ausencia no me hab\'edan servido de casi nada.
\par \emdash Te ha cambiado la voz \emdash dijo\emdash . \'bfHas cambiado
t\'fa tambi\'e9n, Daniel?
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash Sigo siendo tan bobo como
antes, si es lo que te in\-triga.
\par Y m\'e1s cobarde, a\'f1ad\'ed para mis adentros. Ella conser\-vaba
aquella misma sonrisa rota que dol\'eda incluso en la penumbra.
Extendi\'f3 la mano y, como aquella tarde ocho a\'f1os atr\'e1s en la
biblioteca del Ateneo, entend\'ed al instante. Gui\'e9
su mano hasta mi rostro h\'famedo y sent\'ed sus dedos descubrirme de
nuevo, sus labios dibujando palabras en silencio.
\par \emdash Nunca quise hacerte da\'f1o, Daniel. Perd\'f3name.
\par Le tom\'e9 la mano y la bes\'e9 en la oscuridad.
\par \emdash Perd\'f3name t\'fa a m\'ed.
\par Todo asomo de melodrama se astill\'f3 en pedazos al asomarse la
Bernarda a la puerta y, pese a estar pr\'e1ctica\-mente ebria,
descubrirme desnudo, chorreando, sosteniendo la mano de Clara en los
labios y con la luz apa\-gada.
\par \emdash Por el amor de Dios, se\'f1orito Daniel, qu\'e9 poca ver\-
g\'fcenza. Jes\'fas, Mar\'eda y Jos\'e9. Es que hay quien no escar\-
mienta...
\par La Bernarda se bati\'f3 en retirada, azorada, y confi\'e9 que cuando
los efectos del brandy menguasen, el recuer\-do de lo que hab\'eda visto
se desvaneciese de su mente como un retazo de sue\'f1o. Clara se
retir\'f3 unos pasos y me tendi\'f3
la ropa que sosten\'eda bajo el brazo izquierdo.
\par \emdash Mi t\'edo me ha dado este traje suyo para que te lo pongas.
Es de cuando \'e9l era joven. Dice que has crecido un mont\'f3n y que ya
te vendr\'e1 bien. Te dejo para que te vistas. No ten\'eda que haber
entrado sin llamar.
\par Tom\'e9 la muda que me ofrec\'eda y proced\'ed a enfundar\-me la
ropa interior, tibia y perfumada, la camisa de algo\-d\'f3
n rosada, los calcetines, el chaleco, los pantalones y la americana. El
espejo mostraba un vendedor a domicilio, desarmado de sonrisa. Cuando
regres\'e9 a la cocina, el doc\-tor Soldevila hab\'eda salido un instante
de la habitaci\'f3
n donde estaba atendiendo a Ferm\'edn para informar a la concurrencia de
su estado.
\par \emdash De momento, lo peor ha pasado \emdash anunci\'f3\emdash . No
hay que preocuparse. Estas cosas siempre parecen m\'e1s graves de lo que
son. Su amigo ha sufrido una fractura en el
brazo izquierdo y dos costillas rotas, ha perdido tres dientes y presenta
magulladuras m\'faltiples, cortes y contu\-siones, pero afortunadamente
no hay hemorragia interna ni s\'edntomas de lesi\'f3n cerebral. Los
peri\'f3
dicos doblados que el paciente llevaba bajo la ropa a modo de abrigo y
acento de corpulencia, como \'e9l dice, le han servido de ar\-madura para
amortiguar los golpes. Hace unos instantes, al recobrar la conciencia
durante unos minutos, el pa\-
ciente me ha pedido que les diga a ustedes que se en\-cuentra como un
chaval de veinte a\'f1os, que quiere un bocadillo de morcilla y ajos
tiernos, una chocolatina y ca\-ramelos Sugus de lim\'f3n. En principio no
veo inconve\-
niente, aunque creo que de momento es mejor empezar con unos zumos, yogur
y quiz\'e1 algo de arroz hervido. Adem\'e1s, y como fe de su lozan\'eda y
presencia de \'e1
nimo, el paciente me ha indicado que les transmita a ustedes que, al
ponerle la enfermera Amparito unos puntos en la pier\-na, ha
experimentado una erecci\'f3n como un t\'e9mpano.
\par \emdash Es que \'e9l es muy hombre \emdash murmur\'f3 la Bernarda,
con tono de disculpa.
\par \emdash \'bfCu\'e1ndo podremos verle? \emdash pregunt\'e9.
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 Ahora mejor no.
Quiz\'e1 al alba. Le vendr\'e1 bien algo de reposo y ma\'f1ana mismo me
gustar\'eda llevarle al hospi\-tal del Mar para hacerle un encefalograma,
para quedarnos tranquilos, pero cr
eo que vamos sobre seguro y que el se\'f1or Romero de Torres estar\'e1
como nuevo en unos d\'edas. A juzgar por las marcas y cicatrices que
lleva en el cuerpo, este hombre ha salido de peores lances y es todo
}{\lang1034
un superviviente. Si necesitan ustedes una copia del dicta\-men para
presentar una denuncia en jefatura...
\par \emdash No ser\'e1 necesario \emdash interrump\'ed.
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\lang1034 Joven, le advierto que esto
hubiera podido Ser }{\expnd1\expndtw6\lang1034 mu}{\lang1034
y}{\expnd1\expndtw6\lang1034 }{\lang1034 serio. Hay que dar parte a la
polic\'eda inmediatamente.
\par Barcel\'f3 me observaba atentamente. Le devolv\'ed la mi\-rada y
\'e9l asinti\'f3.
\par \emdash Tiempo habr\'e1 para esos tr\'e1mites, doctor, no se preo\-
cupe usted \emdash dijo Barcel\'f3\emdash . Ahora lo importante es ase\-
gurarse de que el paciente est\'e1 en buen estado. Yo mismo presentar\'e9
la denuncia pertinente ma\'f1
ana a primera hora. Incluso las autoridades tienen derecho a un poco de
paz y sosiego nocturno.
\par Obviamente, el doctor no ve\'eda con buenos ojos mi su\-gerencia de
ocultar el incidente a la polic\'eda, pero al com\-probar que Barcel\'f3
se responsabilizaba del tema se encogi\'f3 de hombros y regres\'f3 a la
habitaci\'f3n para
proseguir con las curas. Tan pronto hubo desaparecido, Barcel\'f3 me
indic\'f3 que le siguiera a su estudio. La Bernarda suspiraba en su
taburete, a merced del brandy y el susto.
\par \emdash Bernarda, entret\'e9ngase. Haga algo de caf\'e9. Bien car\-
gado.
\par \emdash S\'ed, se\'f1or. Ahora mismo.
\par Segu\'ed a Barcel\'f3 hasta su despacho, una cueva sumer\-
gida en nieblas de tabaco de pipa que se perfilaba entre columnas de
libros y papeles. Los ecos del piano de Clara nos llegaban en efluvios a
destiempo. Las lecciones del maestro Neri obviamente no hab\'edan
servido de mucho, al menos en el terreno musical. El librero me
indic\'f3 que me sentara y procedi\'f3 a prepararse una pipa.
\par \emdash He llamado a tu padre y le he dicho que Ferm\'edn ha tenido
un peque\'f1o accidente y que t\'fa lo hab\'edas tra\'eddo aqu\'ed
\par \emdash \'bfSe lo ha tragado?
\par \emdash No creo.
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\lang1034 Ya.
\par El librero prendi\'f3 su pipa y se recost\'f3 en el butac\'f3n del
escritorio, deleit\'e1ndose en su aspecto mefistof\'e9lico. En el otro
extremo del piso, Clara humillaba a Debussy. Barcel\'f3 puso los ojos en
blanco.
\par \emdash \'bfQu\'e9 se hizo del maestro de m\'fasica? \emdash
pregunt\'e9.
\par \emdash Lo desped\'ed. Abuso de c\'e1tedra.
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\lang1034 Ya.
\par \emdash \'bfSeguro que a ti no te han zurrado tambi\'e9n? Le es\-
t\'e1s dando mucho a los monos\'edlabos. De chaval\'edn eras m\'e1s
parlanch\'edn.
\par La puerta del estudio se abri\'f3 y la Bernarda entr\'f3 portando
una bandeja con dos tazas humeantes y un azu\-carero. A la vista de sus
andares tem\'ed interponerme en la trayectoria de una lluvia de caf\'e9
hirviente.
\par \emdash Permiso. \'bfEl se\'f1or lo tomar\'e1 con un chorrito de
brandy?
\par \emdash Me parece que la botella de Lepanto se ha ganado un descanso
esta noche, Bernarda. Y usted tambi\'e9n. Ven\-ga, v\'e1yase a dormir.
Daniel y yo nos quedamos despiertos por si hace falta algo. Ya que
Ferm\'edn est\'e1 en su dormito\-
rio, puede usted usar mi habitaci\'f3n.
\par \emdash Ay, se\'f1or, de ninguna manera.
\par \emdash Es una orden. Y no me discuta. La quiero dormida en cinco
minutos.
\par \emdash Pero, se\'f1or...
\par \emdash Bernarda, que se juega el aguinaldo.
\par \emdash Lo que usted mande, se\'f1or Barcel\'f3. Aunque yo duermo
encima de la colcha. Faltar\'eda m\'e1s.
\par Barcel\'f3 esper\'f3 ceremoniosamente a que la Bernarda se hubiese
retirado. Se sirvi\'f3 siete terrones de az\'facar y procedi\'f3 a
remover la taza con la cucharilla, perfilando una sonrisa felina entre
nubarrones de tabaco holand\'e9s.
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\lang1034 Ya lo ves. Tengo que llevar la
casa con mano dura.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash S\'ed, est\'e1 usted hecho un
ogro, don Gustavo.
\par \emdash Y t\'fa un liante. Dime, Daniel, ahora que no nos oye nadie.
\'bfPor qu\'e9 no es una buena idea que demos parte a la polic\'eda de lo
que ha pasado?
\par \emdash Porque ya lo saben.
\par \emdash \'bfQuieres decir...?
\par Asent\'ed.
\par \emdash \'bfEn qu\'e9 clase de l\'edo est\'e1is metidos, si no es
mucho preguntar?
\par Suspir\'e9.
\par \emdash \'bfAlgo en lo que yo pueda ayudar?
\par Alc\'e9 la mirada. Barcel\'f3 me sonre\'eda sin malicia, la fa\-
chada de iron\'eda en rara tregua.
\par \emdash \'bfNo tendr\'e1 todo esto, por una de aquellas cosas, que
ver con aquel libro de Carax que no quisiste vender\-me cuando deb\'edas?
\par Me caz\'f3 la sorpresa al vuelo.
\par \emdash Yo podr\'eda ayudaros \emdash ofreci\'f3\emdash . Me sobra
lo que a vosotros os falta: dinero y sentido com\'fan.
\par \emdash Cr\'e9ame, don Gustavo, ya he complicado a demasia\-da gente
en este asunto.
\par \emdash No vendr\'e1 de uno, entonces. Venga, en confianza. Hazte a
la idea de que soy tu confesor.
\par \emdash Hace a\'f1os que no me confieso.
\par \emdash Se te ve en la cara.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {
\par 33
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par Gustavo Barcel\'f3 ten\'eda un escuchar contemplativo y sa\-
lom\'f3nico, de m\'e9dico o nuncio apost\'f3lico. Me observaba con las
manos unidas a modo de plegaria bajo la barbilla y los codos sobre el
escritorio, sin apenas parpadear, asin\-tiendo aqu\'ed
y all\'e1, como si detectase s\'edntomas o pecadillos en el flujo de mi
relato y fuera componiendo su propio dictamen sobre los hechos a medida
que yo se los serv\'eda en bandeja. Cada vez que me deten\'ed
a, el librero alzaba las cejas inquisitivamente y hac\'eda un gesto con
la mano dere\-cha para indicar que siguiera desenhebrando el galima\-
t\'edas de mi historia, que parec\'eda di
vertirle enormemente. Ocasionalmente tomaba notas a mano alzada o
levantaba la mirada al infinito como si quisiera considerar las impli\-
caciones de cuanto le relataba. Las m\'e1s de las veces se re\-lam\'eda
en una sonrisa sard\'f3nica que yo no pod\'ed
a evitar atribuir a mi ingenuidad o a la torpeza de mis conjeturas.
\par \emdash Oiga, si le parece una tonter\'eda me callo.
\par \emdash Al contrario. Hablar es de necios; callar es de cobar\-des;
escuchar es de sabios.
\par \emdash \'bfQui\'e9n dijo eso? \'bfS\'e9neca?
\par \emdash No. El se\'f1or Braulio Recolons, que regenta una
tociner\'eda en la calle Avi\'f1\'f3n y posee un don proverbial tanto
para el embutido como para el aforismo ocurrente. Prosigue, por favor. Me
hablabas de esta muchacha pizpi\-reta...
\par \emdash Bea. Y eso es asunto m\'edo y no tiene nada que ver con todo
lo dem\'e1s.
\par Barcel\'f3 se re\'eda por lo bajo. Estaba por continuar el re\-
cuento de mis peripecias cuando el doctor Soldevila se asom\'f3 a la
puerta del despacho con aspecto cansado y re\-soplando.
\par \emdash Disculpen ustedes. Yo ya me iba. El paciente est\'e1 bien y,
valga la met\'e1fora, lleno de energ\'eda. Este caballero nos
enterrar\'e1 a todos. De hecho afirma que los sedantes se le han subido a
la cabeza y est\'e1 acelerad\'ed
simo. Se niega a reposar e insiste en que tiene que tratar con el
se\'f1or Daniel de asuntos cuya naturaleza no ha querido
aclarar}{\lang1034 me alegando que no cree en el juramento
hipocr\'e1tico, o hip\'f3crita, como dice \'e9l.
\par \emdash Ahora mismo vamos a verle. Y disculpe al pobre Ferm\'edn.
Sin duda sus palabras son consecuencia del trauma.
\par \emdash Quiz\'e1, pero yo no descartar\'eda la poca verg\'fcenza,
porque no hay modo de que deje de pellizcarle el trasero a la enfermera y
de recitar pareados glosando lo firme y torneado de sus muslos.
\par Escoltamos al doctor y a su enfermera hasta la puerta y les
agradecimos efusivamente sus buenos oficios. Al en\-trar en la
habitaci\'f3n descubrimos que, despu\'e9s de todo, la Bernarda hab\'eda
desafiado las \'f3rdenes de Barcel\'f3 y se hab\'ed
a tendido en el lecho junto a Ferm\'edn, donde el susto, el brandy y el
cansancio hab\'edan conseguido finalmente hacerle conciliar el sue\'f1o.
Ferm\'edn la sosten\'eda dulcemen\-te, acarici\'e1ndole el pelo, cubierto
de vendas, ap\'f3
sitos y cabestrillos. Su rostro dibujaba una magulladura que do\-l\'eda
al mirar y de la que emerg\'edan el nariz\'f3n incolumne, dos orejas como
antenas repetidoras y unos ojos de raton\-cillo abatido. La sonrisa
desdentada y aj
ada de cortes era de triunfo y nos recibi\'f3 alzando la mano derecha con
el signo de la victoria.
\par \emdash \'bfC\'f3mo se encuentra, Ferm\'edn? \emdash pregunt\'e9.
\par \emdash Veinte a\'f1os m\'e1s joven \emdash dijo en voz baja para no
despertar a la Bernarda.
\par \emdash No haga cuento, que se le ve hecho una mierda, Ferm\'edn.
Menudo susto. \'bfEst\'e1 seguro de que se encuentra bien? \'bfNo le da
vueltas la cabeza? \'bfOye voces?
\par \emdash Ahora que lo menciona, a ratos me parec\'eda percibir un
murmullo disonante y arr\'edtmico, como si un macaco intentase tocar el
piano.
\par Barcel\'f3 frunci\'f3 el ce\'f1o. Clara segu\'eda tecleando en la
distancia.
\par \emdash No se preocupe, Daniel. He encajado palizas peo\-res. Ese
Fumero no sabe pegar ni un sello.
\par \emdash Luego, el que le ha hecho una cara nueva es el mis\-
m\'edsimo inspector Fumero \emdash dijo Barcel\'f3\emdash . Ya veo que se
mueven ustedes en las altas esferas.
\par \emdash A esa parte de la historia no hab\'eda llegado todav\'eda
\emdash dije yo.
\par Ferm\'edn me lanz\'f3 una mirada de alarma.
\par \emdash Tranquilo, Ferm\'edn. Daniel me est\'e1 poniendo al co\-
rriente del sainete este que se llevan ustedes entre manos. Debo
reconocer que el asunto est\'e1 interesant\'edsimo. Y us\-ted, Ferm\'edn,
\'bfc\'f3
mo anda de confesiones? Le advierto que tengo dos a\'f1os de seminarista.
\par \emdash Yo le pon\'eda lo menos tres, don Gustavo.
\par \emdash Todo se pierde, empezando por la verg\'fcenza. La primera
vez que viene usted a mi casa y acaba en la cama con la doncella.
\par \emdash M\'edrela, pobrecilla, mi \'e1ngel. Sepa que mis intencio\-
nes son honestas, don Gustavo.
\par \emdash Sus intenciones son asunto suyo y de la Bernarda, que ya es
mayorcita. Y ahora, a ver. \'bfEn qu\'e9 pesebre se han metido ustedes?
\par \emdash \'bfQu\'e9 le ha contado usted, Daniel?
\par \emdash Hemos llegado hasta el segundo acto: entrada de la
}{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 femme fatale }{\lang1034 \emdash precis\'f3
Barcel\'f3.
\par \emdash \'bfNuria Monfort? \emdash pregunt\'f3 Ferm\'edn.
\par Barcel\'f3 se relami\'f3 con deleite.
\par \emdash \'bfPero es que hay m\'e1s de una? Esto parece el rapto del
serrallo.
\par \emdash Le ruego que baje la voz, que aqu\'ed mi prometida est\'e1
presente.
\par \emdash Tranquilo, que su prometida lleva en las venas me\-dia
botella de brandy Lepanto. No la despertar\'edamos ni a ca\'f1onazos.
Ande, d\'edgale a Daniel que me cuente el resto.
}{\expnd0\expndtw4\lang1034 Tres cabezas piensan mejor q
ue dos, especialmente si la tercera es la m\'eda.
\par Ferm\'edn hizo amago de encogerse de hombros entre los vendajes y
cabestrillos.
\par \emdash Yo no me opongo, Daniel. Usted decide.
\par Resignado a tener a don Gustavo Barcel\'f3 a bordo, continu\'e9 mi
relato hasta llegar al punto en que Fumero y sus hombres nos hab\'edan
sorprendido en la calle Moncada horas antes. Concluida la narraci\'f3n,
Barcel\'f3 se levant\'f3
y anduvo arriba y abajo por la habitaci\'f3n, cavilando. Fer\-m\'edn y
yo le observ\'e1bamos con cautela. La Bernarda ron\-caba como un
becerrillo.
\par \emdash Criaturita \emdash susurraba Ferm\'edn, embelesado.
\par \emdash Varias cosas me llaman la atenci\'f3n \emdash dijo
finalmen\-te el librero\emdash . Evidentemente, el inspector Fumero
est\'e1 en esto hasta el frenillo, aunque c\'f3mo y por qu\'e9 es algo
que se me escapa. Por un lado est\'e1 esa mujer...
\par \emdash Nuria Monfort.
\par \emdash Luego tenemos el tema del regreso de Juli\'e1n Carax a
Barcelona y su asesinato en las calles de la ciudad tras un mes en que
nadie sabe de \'e9l. Obviamente, la f\'e1mula miente por los codos y
hasta sobre el tiempo.
\par \emdash Eso vengo yo dici\'e9ndolo desde el principio \emdash dijo
Ferm\'edn\emdash . Pasa que aqu\'ed hay mucha calentura juvenil y poca
visi\'f3n de conjunto.
\par \emdash Qui\'e9n fue a hablar: san Juan de la Cruz.
\par \emdash Alto. Tengamos la fiesta en paz y ci\'f1\'e1monos a los
hechos. Hay algo en lo que Daniel ha contado que me ha parecido muy
extra\'f1o, todav\'eda m\'e1
s que el resto, y no por lo folletinesco del embrollo, sino por un
detalle esencial y aparentemente banal \emdash a\'f1adi\'f3 Barcel\'f3.
\par \emdash Desl\'fambrenos, don Gustavo.
\par \emdash Pues helo aqu\'ed: eso de que el padre de Carax se ne\-gase
a reconocer el cad\'e1ver de Carax alegando que \'e9l }{\lang1034 no
}{\expnd0\expndtw4\lang1034 ten\'ed
a hijo. Muy raro lo veo yo. Casi contra natura. No hay padre en el mundo
que haga eso. No importa la mala san\-gre que pudiera haber entre ellos.
La muerte tiene estas cosas: a todo el mundo le despierta la
sensibler\'eda. Frente a un ata\'fa
d, todos vemos s\'f3lo lo bueno o lo que quere\-mos ver.
\par \emdash Qu\'e9 gran cita es \'e9sa, don Gustavo \emdash adujo
Ferm\'edn\-. \'bfLe importa si la a\'f1ado a mi repertorio?
\par \emdash Para todo hay excepciones \emdash objet\'e9\emdash . Por lo
que sabemos, el se\'f1or Fortuny era un tanto particular.
\par \emdash Todo lo que sabemos de \'e9l son chismes de tercera mano
\emdash dijo Barcel\'f3\emdash . Cuando todo el mundo se empe\-\'f1a en
pintar a alguien como un monstruo, una de dos: o era un santo o se
est\'e1n callando de la misa la media.
\par \emdash A usted es que le ha ca\'eddo en gracia el sombrerero por
cabestro \emdash dijo Ferm\'edn.
\par \emdash Con todo respeto a la profesi\'f3n, cuando la sem\-blanza
del villano tiene por toda base el testimonio de la portera del inmueble,
mi primer instinto es el de la des\-confianza.
\par \emdash Por esa regla de tres no podemos estar seguros de nada. Todo
lo que sabemos es, como usted dice, de terce\-ra mano, o de cuarta. Con
porteras o no.
\par \emdash No te f\'edes del que se f\'eda de todos \emdash
apostill\'f3 Bar\-cel\'f3.
\par \emdash Qu\'e9 velada tiene usted, don Gustavo \emdash alab\'f3
Fer\-m\'edn\emdash . Perlas cultivadas al por mayor. Qui\'e9n tuviera su
vi\-si\'f3n preclara.
\par \emdash Aqu\'ed lo \'fanico realmente claro en todo esto es que
necesitan ustedes de mi ayuda, log\'edstica y probablemente pecuniaria,
si pretenden resolver este pesebre antes de que el inspector Fumero les
reserve una suite en el pre\-sidio de San
Sebas. Ferm\'edn, \'bfasumo que est\'e1 usted con\-
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 migo
\par }{\lang1034 \emdash Yo estoy a las \'f3rdenes de Daniel. Si \'e9l lo
ordena; yo hago hasta de ni\'f1o Jes\'fas.
\par \emdash Daniel, \'bfqu\'e9 dices t\'fa?
\par \emdash Ustedes se lo dicen todo. \'bfQu\'e9 propone usted?
\par \emdash \'c9ste es mi plan: en cuanto Ferm\'edn est\'e9 repuesto,
t\'fa, Daniel, casualmente, le haces una visita a la se\'f1ora Nuria
Monfort y le pones las cartas sobre la mesa. Le das a en\-
tender que sabes que te ha mentido y que esconde algo, mucho o poco, ya
veremos.
\par \emdash \'bfPara qu\'e9? \emdash pregunt\'e9.
\par \emdash Para ver c\'f3mo reacciona. No te dir\'e1 nada, por su\-
puesto. O te mentir\'e1 otra vez. Lo importante es clavar la banderilla,
valga el s\'edmil taurino, y ver ad\'f3nde nos conduce el toro, en este
caso la ternerilla. Y ah\'ed es donde en\-
tra usted, Ferm\'edn. Mientras Daniel le pone el cascabel al gato, usted
se aposta discretamente vigilando a la sospe\-chosa y espera a que ella
muerda el anzuelo. Una vez lo haga, la sigue.
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\lang1034 Asume usted que ella ir\'e1 a
alg\'fan sitio \emdash protest\'e9.
\par \emdash Hombre de poca fe. Lo har\'e1. Tarde o temprano. Y algo me
dice que en este caso ser\'e1 m\'e1s temprano que tar\-de. Es la base de
la psicolog\'eda femenina.
\par \emdash \'bfY mientras tanto usted qu\'e9 piensa hacer, doctor
Freud? \emdash pregunt\'e9.
\par \emdash Eso es asunto m\'edo y a su tiempo lo sabr\'e1s. Y me lo
agradecer\'e1s.
\par Busqu\'e9 apoyo en la mirada de Ferm\'edn, pero el pobre se hab\'eda
ido quedando dormido abrazado a la Bernarda a medida que Barcel\'f3
formulaba su discurso triunfal. Ferm\'edn hab\'eda ladeado la cabeza y le
ca\'eda la baba sobre el pe\-
cho desde una sonrisa bendita. La Bernarda emit\'eda ron\-quidos
profundos y cavernosos.
\par \emdash Ojal\'e1 \'e9ste le salga bueno \emdash murmur\'f3
Barcel\'f3.
\par \emdash Ferm\'edn es un gran tipo \emdash asegur\'e9.
\par \emdash Debe de serlo, porque por la pinta no creo que la haya
conquistado. Anda, vamos.
\par Apagamos la luz y nos retiramos de la estancia con sigi\-lo,
cerrando la puerta y dejando a los dos t\'f3rtolos a mer\-ced de su
sopor. Me pareci\'f3 que el primer aliento del alba despuntaba en las
ventanas de la galer\'eda al fondo del co\-rredor.
\par \emdash Supongamos que le digo que no \emdash dije en voz
baja\emdash . Que se olvide.
\par Barcel\'f3 sonri\'f3.
\par \emdash Llegas tarde, Daniel. Tendr\'edas que haberme ven\-dido ese
libro hace a\'f1os, cuando tuviste la oportuni\-dad.
\par Llegu\'e9 a casa al amanecer, arrastrando aquel absurdo traje de
prestado y el naufragio de una noche intermina\-ble por calles h\'famedas
y relucientes de escarlata. Encontr\'e9 a mi padre dormido en s
u butaca del comedor con una manta sobre las piernas y su libro favorito
abierto en las manos, un ejemplar del }{\i\lang1034 C\'e1ndido
}{\lang1034 de Voltaire que re\-le\'eda un par de veces cada a\'f1o, el
par de veces que le o\'eda re\'edrse de coraz
\'f3n. Le observ\'e9 en silencio. Ten\'eda el pelo cano, escaso, y la
piel de su rostro hab\'eda empezado a per\-der la firmeza alrededor de
los p\'f3mulos. Contempl\'e9 a aquel hombre al que una vez hab\'eda
imaginado fuer\-
te, casi invencible, y le vi fr\'e1gil, vencido sin saberlo \'e9l.
Vencidos acaso los dos. Me inclin\'e9 para arroparle con aquella manta
que hac\'eda a\'f1os que promet\'eda donar a la beneficencia y le bes\'e9
la frente como si quisiera prote\-gerle as
\'ed de los hilos invisibles que lo alejaban de m\'ed, de aquel piso
angosto y de mis recuerdos, como si creyera que con aquel beso podr\'eda
enga\'f1ar al tiempo y conven\-cerle de que pasara de largo, de que
volviese otro d\'eda, otra vida.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {34
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par Pas\'e9 casi toda la ma\'f1ana so\'f1ando despierto en la trastien\-
da, conjurando im\'e1genes de Bea. Dibujaba su piel desnu\-da bajo mis
manos y cre\'eda saborear de nuevo su aliento a pan dulce. Me
sorprend\'eda recordando con precisi\'f3n car\-togr
\'e1fica los pliegues de su cuerpo, el brillo de mi saliva en sus labios
y en aquella l\'ednea de vello rubio, casi trans\-parente, que le
descend\'eda por el vientre y a la que mi ami\-go Ferm\'edn, en sus
improvisadas conferencias sobre log\'edsti\-
ca carnal, se refer\'eda como \'abel caminito de Jerez\'bb.
\par Consult\'e9 el reloj por en\'e9sima vez y comprob\'e9 con ho\-rror
que todav\'eda faltaban varias horas hasta que pudiese ver \emdash y
tocar\emdash de nuevo a Bea. Prob\'e9 a ordenar los recibos del mes,
pero el sonido de los fajos de papel me re\-
cordaba el roce de la ropa interior desliz\'e1ndose por las caderas y los
muslos p\'e1lidos de do\'f1a Beatriz Aguilar, her\-mana de mi \'edntimo
amigo de la infancia.
\par \emdash Daniel, est\'e1s en las nubes. \'bfTe preocupa algo? \'bfEs
Ferm\'edn? \emdash pregunt\'f3 mi padre.
\par Asent\'ed, avergonzado. Mi mejor amigo se hab\'eda dejado varias
costillas por salvarme la piel unas horas antes y mi primer pensamiento
era para el cierre de un sujetador.
\par \emdash Hablando del C\'e9sar...
\par Alc\'e9 la vista y all\'ed estaba. Ferm\'edn Romero de Torres, genio
y figura, vistiendo su mejor traje y con aquella plan\-ta de calique\'f1o
retorcido entraba por la puerta con sonri\-sa triunfal y un clavel fresco
en la solapa.
\par \emdash Pero \'bfqu\'e9 hace usted aqu\'ed, infeliz?, \'bfno
ten\'eda usted que guardar reposo?
\par \emdash El reposo se guarda solo. Yo soy hombre de acci\'f3n. Y si
yo no estoy aqu\'ed, ustedes no venden ni un catecismo.
\par Desoyendo los consejos del doctor, Ferm\'edn ven\'eda deci\-dido a
reintegrarse a su puesto. Luc\'eda una tez amarillenta y picada de
moretones, cojeaba de mala manera y se mo\-v\'eda como un mu\'f1eco roto.
\par \emdash Usted se va ahora mismo a la cama, Ferm\'edn, por el amor de
Dios \emdash dijo mi padre, horrorizado.
\par \emdash Ni hablar. Las estad\'edsticas lo demuestran: m\'e1s gente
muere en la cama que en la trinchera.
\par Todas nuestras protestas cayeron en saco roto. Al poco, mi padre
cedi\'f3, porque algo en la mirada del po\-bre Ferm\'edn suger\'eda que
aunque le doliesen los huesos hasta el alma, m\'e1s le dol\'eda la
perspectiva de estar solo en su habitaci\'f3
n de la pensi\'f3n.
\par \emdash Bueno, pero si le veo levantar cualquier cosa que no sea un
l\'e1piz, me va a o\'edr.
\par \emdash A sus \'f3rdenes. Tiene usted mi palabra de que yo hoy no
levanto ni sospecha.
\par Ni corto ni perezoso, Ferm\'edn procedi\'f3 a calzarse su bata azul
y se arm\'f3 de un trapo y una botella de alcohol con los que se
instal\'f3 tras el mostrador con la intenci\'f3
n de dejar como nuevas las tapas y el lomo de los quince ejemplares
usados que nos hab\'edan llegado aquella ma\'f1a\-na de un t\'edtulo muy
buscado, }{\i\lang1034 El Sombrero de Tres Picos: His\-toria de la
Benem\'e9rita en versos alejandrinos, }{
\expnd0\expndtw-2\lang1034 por el bachiller Fulgencio Cap\'f3n, autor
jovenc\'edsimo consagrado por la cr\'edtica de todo el pa\'eds. Mientras
se entregaba a su tarea, Ferm\'edn iba lanzando miradas furtivas
gui\'f1ando el ojo como el proverbial diabli
llo cojuelo.
\par \emdash Tiene usted las orejas rojas como pimientos, Da\-niel.
\par \emdash Ser\'e1 de o\'edrle decir majader\'edas.
\par \emdash O de la calentura que lleva encima. \'bfCu\'e1ndo se ve con
la f\'e1mula?
\par \emdash No es asunto suyo.
\par \emdash Qu\'e9 mal le veo. \'bfYa evita el picante? Mire que es un
vasodilatador mort\'edfero.
\par \emdash V\'e1yase a la mierda.
\par Como ven\'eda siendo costumbre, tuvimos una tarde en\-tre lenta y
miserable. Un comprador calado de gris, des\-de la gabardina a la voz,
entr\'f3 a preguntar si ten\'edamos alg\'fan libro de Zorrilla,
convencido de que se trataba de una cr\'f3
nica en torno a las aventuras de una furcia de corta edad en el Madrid de
los Austrias. Mi padre no supo qu\'e9 decirle pero Ferm\'edn sali\'f3 al
rescate, comedido por una vez.
\par \emdash Se confunde usted, caballero. Zorrilla es un drama\-turgo. A
lo mejor le interesa a usted el don Juan. Trae mucho l\'edo de faldas y
adem\'e1s el protagonista se l\'eda con una monja.
\par \emdash Me lo llevo.
\par
\par Atardec\'eda ya cuando el metro me dej\'f3 al pie de la ave\-nida
del Tibidabo. La silueta del tranv\'eda azul se adivinaba entre los
pliegues de una neblina viol\'e1cea, alej\'e1ndose. Decid\'ed no esperar
a su regreso e hice el camino a pie mien\-
tras anochec\'eda. Al rato vislumbr\'e9 la silueta de \'abEl \'e1ngel de
bruma\'bb. Extraje la llave que me hab\'eda dado Bea y proced\'ed a abrir
la portezuela recortada sobre la verja. Me adentr\'e9 en la finca y
dej\'e9
la puerta casi ajustada, aparentemente cerrada pero preparada para
franquear el paso a Bea. Ha\-b\'eda llegado con antelaci\'f3n
deliberadamente. Sab\'eda que Bea tardar\'eda por lo menos media hora o
cuarenta y cinco minutos en llegar. Quer\'eda sentir
a solas la presencia de la casa, explorarla antes de que Bea llegase y la
hiciese suya. Me detuve un instante a contemplar la fuente y la mano del
\'e1ngel ascendiendo desde las aguas te\'f1idas de escarla\-ta El dedo
\'edndice, acusador, parec\'ed
a afilado como un pu\-\'f1al. Me aproxim\'e9 al borde del estanque. El
rostro tallado, sin mirada ni alma, temblaba bajo la superficie.
\par Ascend\'ed la escalinata que conduc\'eda a la entrada. La puerta
principal estaba entornada unos cent\'edmetros. Sen\-t\'ed una punzada de
inquietud, pues cre\'eda haberla cerrado al salir de all\'ed la otra
noche. Examin\'e9 el cerrojo, que no parec\'ed
a forzado, y supuse que hab\'eda olvidado cerrarla. La empuj\'e9 con
suavidad hacia el interior y sent\'ed el aliento de la casa
acarici\'e1ndome la cara, un vah\'eddo a madera que\-mada, a humedad y a
flores muertas. Extraje la cajetilla de f\'f3
sforos que me hab\'eda procurado antes de salir de la librer\'eda y me
arrodill\'e9 a encender la primera de las velas que Bea hab\'eda dejado.
Una burbuja de color cobre pren\-di\'f3 en mis manos y desvel\'f3 los
contornos
danzantes de muros tramados de l\'e1grimas de humedad, techos ca\'eddos
y puertas desvencijadas.
\par Me adelant\'e9 hasta la siguiente vela y la prend\'ed. Lenta\-mente,
casi siguiendo un ritual, recorr\'ed el rastro de velas que hab\'eda
dejado Bea y las encend\'ed una a una, conjurando un halo de luz \'e1mbar
que flotaba en el aire como una telara\'f1
a atrapada entre mantos de negrura impenetrable. Mi recorrido termin\'f3
junto a la chimenea de la bibliote\-ca, junto a las mantas que segu\'edan
en el suelo, manchadas de ceniza. Me sent\'e9 all\'ed, enfrentado al
resto de la sala. Hab\'ed
a esperado silencio, pero la casa respiraba mil rui\-dos. Crujidos en la
madera, el roce del viento en las tejas del techo, mil y un repiqueteos
entre los muros, bajo el suelo, desplaz\'e1ndose tras las paredes.
\par Deb\'edan de haber transcurrido casi treinta minutos cuando
advert\'ed que el fr\'edo y la penumbra empezaban a adormecerme. Me
incorpor\'e9 y empec\'e9
a recorrer la sala para entrar en calor. Apenas quedaban los restos de
un tronco en la chimenea y supuse que, para cuando llegase Bea, la
temperatura en el interior del caser\'f3n habr\'eda
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 des}{\expnd0\expndtw-2\lang1034
cendido lo suficiente como para inspirarme momentos de pureza y castidad
y borrar todos los espejismos febriles que hab\'eda albergado durante
d\'edas. Habiendo encontrado un prop\'f3sito pr\'e1ctico y de menos vuelo
po\'e9tico que la contemplaci\'f3
n de las ruinas del tiempo, tom\'e9 una de las velas y me dispuse a
explorar el caser\'f3n en busca de ma\-terial combustible con el que
hacer habitable la sala y aquel par de mantas que ahora tiritaban frente
a la chi\-menea, ajenas a las c\'e1
lidas memorias que yo conservaba de ellas.
\par
\par Mis nociones de literatura victoriana me suger\'edan que lo m\'e1s
razonable era iniciar la b\'fasqueda por el s\'f3tano, donde a buen
seguro deb\'edan de haber estado ubicadas las cocinas y una formidable
carbonera. Con esta idea en mente, tard\'e9
casi cinco minutos en localizar una puerta o escalinata que me condujese
al s\'f3tano. Eleg\'ed un port\'f3n de madera labrada en el extremo de un
corredor. Parec\'eda una pieza de ebanister\'eda exquisita, con relieves
en forma de \'e1ngeles
y lienzos y una gran cruz en el centro. El cierre descansaba en el
centro del port\'f3n, bajo la cruz. Trat\'e9 de forzarlo sin \'e9xito. El
mecanismo estaba probablemente trabado o sencillamente perdido de
\'f3xido. El \'fa
nico modo de vencer aquella puerta ser\'eda forzarla con una palanca o
derribarla a hachazos, alternativas que descart\'e9 r\'e1pida\-mente.
Examin\'e9 aquel port\'f3n a la luz de las velas, pensan\-do que
inspiraba m\'e1s la imagen de un sarc\'f3
fago que de una puerta. Me pregunt\'e9 qu\'e9 se esconder\'eda al otro
lado.
\par Un vistazo m\'e1s detenido a los \'e1ngeles labrados sobre la puerta
me rob\'f3 las ganas de averiguarlo y me alej\'e9 de aquel lugar. Estaba
por desistir de mi b\'fasqueda de un camino de acceso al s\'f3tano
cuando, casi por casualidad, di con una peque
\'f1a portezuela en el otro extremo del co\-rredor que tom\'e9 en
principio por un armario de escobo\-nes y cubos. Prob\'e9 el pomo, que
cedi\'f3 al instante. Al otro lado se adivinaba una escalera que
descend\'ed
a en picado hacia una balsa de oscuridad. Un intenso hedor a tierra
mojada me abofete\'f3. En la presencia de aquel hedor, tan
extra\'f1amente familiar, y con la mirada ca\'edda en el pozo de
oscuridad al frente, me asalt\'f3 una imagen que conser\-
vaba desde la infancia, enterrada entre cortinas de temor.
\par
\par }\pard\plain \s15\qj\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {\i Una tarde de lluvia en la ladera este del
cementerio de Montju\'efc, mirando al mar entre un bosque de mausoleos
imposibles, un bos\-que de cruces y l\'e1
pidas talladas con rostros de calaveras y ni\'f1os sin labios ni mirada,
que hed\'eda a muerte, las siluetas de una veintena de adultos que
s\'f3lo consegu\'eda recordar como trajes ne\-gros empapados de lluvia y
la mano de mi padre sosteniendo la m\'ed
a con demasiada fuerza, como si as\'ed quisiera acallar sus l\'e1gri\-
mas, mientras las palabras huecas de un sacerdote ca\'edan en aquella
fosa de m\'e1rmol en la que tres enterradores sin rostro em\-pujaban un
sarc\'f3
fago gris por el que resbalaba el aguacero como cera fundida y en el que
yo cre\'eda o\'edr la voz de mi madre, llam\'e1n\-dome, suplic\'e1ndome
que la liberase de aquella prisi\'f3n de piedra y negrura mientras yo
s\'f3lo acertaba a temblar y a mur
murar sin voz a mi padre que no me apretase tanto la mano, que me estaba
haciendo da\'f1o, y aquel olor a tierra fresca, tierra de ceniza y de
lluvia, lo devoraba todo, olor a muerte y a vac\'edo.
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par Abr\'ed los ojos y descend\'ed los pelda\'f1os casi a ciegas, pues
la claridad de la vela apenas consegu\'eda robarle unos cent\'edmetros a
la oscuridad. Al llegar abajo sostuve la vela en alto y mir\'e9 a mi
alrededor. No descubr\'ed cocina o alace\-
na repleta de maderos secos. Ante m\'ed se abr\'eda un pasillo angosto
que iba a morir a una sala en forma de semi\-c\'edrculo en la que se
alzaba una silueta con el rostro surca}{\lang1034 do de l\'e1
grimas de sangre y dos ojos negros y sin fondo, con los brazos
desplegados como alas y una serpiente de p\'faas brot\'e1ndole de las
sienes. Sent\'ed una ola de fr\'edo que me apu\'f1alaba la nuca. En
alg\'fan momento recobr\'e9 la se\-renidad y comprend
\'ed que estaba contemplando la efigie de un Cristo tallada en madera
sobre el muro de una ca\-pilla. Me adelant\'e9 unos metros y vislumbr\'e9
una estampa espectral. Una docena de torsos femeninos desnudos se
apilaban en un rinc\'f3
n de la antigua capilla. Advert\'ed que les faltaban los brazos y la
cabeza y que se sosten\'edan sobre un tr\'edpode. Cada uno de ellos
ten\'eda una forma claramen\-te diferenciada, y no me cost\'f3 adivinar
el contor
no de mujeres de diversas edades y constituciones. Sobre el vientre se
le\'edan unas palabras trazadas al carb\'f3n. \'abIsabel. Eugenia.
Pen\'e9lope.\'bb Por una vez, mis lecturas victorianas salieron al
rescate y comprend\'ed que aquella visi\'f3
n era la ruina de una pr\'e1ctica ya en desuso, un eco de tiempos en que
las familias acaudaladas dispon\'edan de maniqu\'eds crea\-dos a la
medida de los miembros de la familia para la confecci\'f3
n de vestidos y ajuares. Pese a la mirada severa y amenazadora del
Cristo, no pude resistir la tentaci\'f3n de alargar la mano y rozar el
talle del torso que llevaba el nombre de Pen\'e9lope Aldaya.
\par Me pareci\'f3 entonces escuchar pasos en el piso supe\-rior.
Pens\'e9 que Bea ya habr\'eda llegado y que estar\'eda reco\-rriendo el
caser\'f3n, busc\'e1ndome. Dej\'e9 la capilla con alivio y me dirig\'ed
de nuevo hacia la escalera. Estaba por ascen\-
der cuando advert\'ed que en el extremo opuesto del corredor se
distingu\'eda una caldera y una instalaci\'f3n de calefacci\'f3n en
aparente buen estado que resultaba incongruente con el resto del
s\'f3tano. Record\'e9 que Bea hab\'ed
a comentado que la compa\'f1\'eda inmobiliaria que hab\'eda tratado de
ven\-der el palacete Aldaya durante a\'f1os hab\'eda realizado algu\-nas
obras de mejora con la intenci\'f3n de atraer compra\-dores potenciales
sin \'e9xito. Me aproxim\'e9
a examinar el ingenio con m\'e1s detenimiento y comprob\'e9 que se
trataba de un sistema de radiadores alimentado por una peque\-\'f1a
caldera. A mis pies encontr\'e9 varios cubos con carb\'f3n, piezas de
madera prensada y unas latas que supuse de\-b\'ed
an de ser de queroseno. Abr\'ed la compuerta de la cal\-dera y escrut\'e9
el interior. Todo parec\'eda en orden. La pers\-pectiva de conseguir que
aquel armatoste funcionase }{\field\flddirty{\*\fldinst {\lang1034
HYPERLINK http://despu\'e9s.de }{
\fs20\lang1034 {\*\datafield
00d0c9ea79f9bace118c8200aa004ba90b0200000003000000e0c9ea79f9bace118c8200a
a004ba90b2600000068007400740070003a002f002f0064006500730070007500e9007300
2e00640065002f000000000000000000000000000000}}}{\fldrslt {\lang1034
despu\'e9
s. de}}}{\lang1034 tantos a\'f1os se me antoj\'f3 desesperada, pero ello
no me impidi\'f3 proceder a llenar la caldera de peda\-zos de carb\'f3n y
madera y rociarlos con un buen ba\'f1o de queroseno. Mientras lo hac\'eda
me pareci\'f3 percibir un cru\-
jido de madera vieja y por un instante volv\'ed la vista atr\'e1s. Me
invadi\'f3 la visi\'f3n de p\'faas ensangrentadas desclav\'e1ndo\-se de
los maderos y, enfrentando la penumbra, tem\'ed ver emerger a tan s\'f3lo
unos pasos de m\'ed
la figura de aquel Santo Cristo que acud\'eda a mi encuentro blandiendo
una sonrisa lobuna.
\par Al contacto de la vela, la caldera prendi\'f3 con una llamarada que
arranc\'f3 un estruendo met\'e1lico. Cerr\'e9 la compuerta y me retir\'e9
unos pasos, cada vez menos seguro de la solidez de mis prop\'f3sitos. La
caldera parec\'ed
a tirar con cierta dificultad y decid\'ed regresar a la planta baja para
comprobar si la acci\'f3n ten\'eda alguna consecuencia pr\'e1ctica.
Ascend\'ed la escalera y regres\'e9 al gran sal\'f3n espe\-rando
encontrar a Bea, pero no hab\'ed
a rastro de ella. Su\-puse que hab\'eda pasado ya casi una hora desde que
hab\'eda llegado, y mis temores de que el objeto de mis turbios de\-seos
nunca se presentase cobraron visos de dolorosa vero\-similitud. Para
matar la inquietud, decid\'ed
proseguir con mis proezas de lampista y part\'ed a la b\'fasqueda de
radiado\-res que confirmasen que mi resurrecci\'f3n de la caldera
hab\'eda sido un \'e9xito. Todos los que encontr\'e9 demostraron
resistirse a mis anhelos, helados como t\'e9
mpanos. Todos }{\expnd0\expndtw2\lang1034 excepto uno. En una peque\'f1a
habitaci\'f3n de no m\'e1s de cuatro o cinco metros cuadrados, un cuarto
de ba\'f1o, que supuse ubicado justo encima de la caldera, se percib\'eda
una cierta calidez. Me arrodill\'e9
y comprob\'e9 con alegr\'eda que las baldosas del suelo estaban tibias.
Fue as\'ed c\'f3mo Bea me encontr\'f3, en cuclillas sobre el suelo,
palpando las baldosas de un ba\'f1o como un imb\'e9cil con la sonrisa
bo\-
balicona del asno flautista estampada en la cara.
\par
\par Al volver la vista atr\'e1s y tratar de reconstruir los suce\-sos de
aquella noche en el palacete Aldaya, la \'fanica excu\-sa que se me
ocurre para justificar mi comportamiento es alegar que a los dieciocho
a\'f1
os, a falta de sutileza y mayor experiencia, un viejo lavabo puede hacer
las veces de pa\-ra\'edso. Me bastaron un par de minutos para persuadir a
Bea de que tom\'e1semos las mantas del sal\'f3n y nos encerr\'e1\-semos
en aquella diminuta habitaci\'f3
n con la sola compa\-\'f1\'eda de dos velas y unos apliques de ba\'f1o de
museo. Mi argumento principal, climatol\'f3gico, hizo mella r\'e1pida\-
mente en Bea, a quien el calorcillo que emanaba de aque\-llas baldosas
disuadi\'f3
de los primeros temores de que mi disparatada invenci\'f3n fuera a
prenderle fuego al caser\'f3n. Luego, en la penumbra rojiza de las velas,
mientras la des\-nudaba con dedos temblorosos, ella se sonre\'eda,
busc\'e1ndo\-me la mirada y demostr\'e1
ndome que entonces y siempre cualquier cosa que se me pudiera ocurrir, a
ella se le hab\'eda ocurrido ya antes.
\par La recuerdo sentada, la espalda contra la puerta cerra\-da de aquel
cuarto, los brazos ca\'eddos a los lados, las pal\-mas de las manos
abiertas hacia m\'ed. Recuerdo c\'f3mo manten\'ed
a el rostro erguido, desafiante, mientras le acariciaba la garganta con
la yema de los dedos. Recuerdo c\'f3mo tomo mis manos y las pos\'f3 sobre
sus pechos, y c\'f3mo le temblaban la mirada y los labios cuando tom\'e9
sus pezones entre los dedos y los pellizqu\'e9 embobado, c\'f3mo se
desliz\'f3 hacia el suelo mientras buscaba su vientre con los labios y
sus muslos blancos me recib\'edan.
\par \emdash \'bfHab\'edas hecho esto antes, Daniel?
\par \emdash En sue\'f1os.
\par \emdash En serio.
\par \emdash No. \'bfY t\'fa?
\par \emdash No. \'bfNi siquiera con Clara Barcel\'f3?
\par Re\'ed, probablemente de m\'ed mismo.
\par \emdash \'bfQu\'e9 sabes t\'fa de Clara Barcel\'f3?
\par \emdash Nada.
\par \emdash Pues yo menos \emdash dije.
\par \emdash No me lo creo.
\par Me inclin\'e9 sobre ella y la mir\'e9 a los ojos.
\par \emdash Nunca hab\'eda hecho esto con nadie.
\par Bea sonri\'f3. Se me escap\'f3 la mano entre sus muslos y me
abalanc\'e9 en busca de sus labios, convencido ya de que el canibalismo
era la encarnaci\'f3n suprema de la sabi\-dur\'eda.
\par \emdash \'bfDaniel? \emdash dijo Bea con un hilo de voz.
\par \emdash \'bfQu\'e9? \emdash pregunt\'e9.
\par La respuesta nunca lleg\'f3 a sus labios. S\'fabitamente, una lengua
de aire fr\'edo silb\'f3 bajo la puerta y en aquel se\-gundo interminable
antes de que el viento apagase las velas, nuestras miradas se encontraron
y sentimos que la ilusi\'f3
n de aquel momento se hac\'eda a\'f1icos. Nos bast\'f3 un instante para
saber que hab\'eda alguien al otro lado de la puerta. Vi el miedo
dibuj\'e1ndose en el rostro de Bea y un segundo despu\'e9s nos cubri\'f3
la oscuridad. El golpe sobre la puerta vino despu\'e9s. Brutal, como si
un pu\'f1o de acero hubiese martilleado contra la puerta, casi
arranc\'e1ndola de los goznes.
\par Sent\'ed el cuerpo de Bea saltando en la oscuridad y la
}{\expnd0\expndtw-2\lang1034 rode\'e9 con mis brazos. Nos retiramos hacia
el interior de cuarto, justo antes de que el segundo golpe cayese sobre
la puerta, lanz\'e1
ndola con tremenda fuerza contra la pa\-red. Bea grit\'f3 y se encogi\'f3
contra m\'ed. Por un instante s\'f3lo atin\'e9 a ver la tiniebla azul que
reptaba desde el co\-
rredor y las serpientes de humo de las velas extinguidas, ascendiendo en
espiral. El marco de la puerta dibujaba fauces de sombra y cre\'ed ver
una silueta angulosa que se perfilaba en el umbral de la oscuridad.
\par Me asom\'e9 al corredor temiendo, o quiz\'e1 deseando, encontrar
s\'f3lo a un extra\'f1o, un vagabundo que se hubie\-se aventurado en un
caser\'f3n en ruinas en busca de refugio en una noche desapacible. Pero
no hab\'eda nadie all\'ed
, apenas las lenguas de azul que exhalaban las ventanas. Acurrucada en un
rinc\'f3n del cuarto, temblando, Bea su\-surr\'f3 mi nombre.
\par \emdash No hay nadie \emdash dije\emdash . Quiz\'e1 ha sido un golpe
de viento.
\par \emdash El viento no da pu\'f1etazos en las puertas, Daniel.
Vay\'e1monos.
\par Regres\'e9 al cuarto y recog\'ed nuestra ropa.
\par \emdash Ten, v\'edstete. Vamos a echar un vistazo.
\par \emdash Mejor nos vamos ya.
\par \emdash En seguida. S\'f3lo quiero asegurarme de una cosa.
\par Nos vestimos aprisa y a ciegas. En cuesti\'f3n de segun\-dos pudimos
ver nuestro aliento dibuj\'e1ndose en el aire. Recog\'ed una de las velas
del suelo y la encend\'ed de nuevo. Una corriente de aire fr\'ed
o se deslizaba por la casa, como si alguien hubiese abierto puertas y
ventanas.
\par \emdash \'bfVes? Es el viento.
\par Bea se limit\'f3 a negar en silencio. Nos dirigimos de vuelta a la
sala protegiendo la llama con las manos. Bea me segu\'eda de cerca, casi
sin respirar.
\par \emdash \'bfQu\'e9 estamos buscando, Daniel?
\par \emdash S\'f3lo es un minuto.
\par \emdash No, vay\'e1monos ya.
\par \emdash De acuerdo.
\par Nos volvimos para encaminarnos hacia la salida y fue entonces cuando
lo advert\'ed. El port\'f3n de madera labra\-da en el extremo de un
corredor que hab\'eda intentado abrir una o dos horas antes sin
conseguirlo estaba entor\-nado.
\par \emdash \'bfQu\'e9 pasa? \emdash pregunt\'f3 Bea.
\par \emdash Esp\'e9rame aqu\'ed.
\par \emdash Daniel, por favor...
\par Me adentr\'e9 en el corredor, sosteniendo la vela que temblaba en el
aliento fr\'edo del viento. Bea suspir\'f3 y me si\-gui\'f3 a
rega\'f1adientes. Me detuve frente al port\'f3n. Se adivinaban
pelda\'f1os de m\'e1rmol descendiendo hacia la negru\-
ra. Me adentr\'e9 en la escalinata. Bea, petrificada, sosten\'eda la vela
en el umbral.
\par \emdash Por favor, Daniel, vay\'e1monos ya...
\par Descend\'ed pelda\'f1o a pelda\'f1o hasta el fondo de la esca\-
linata. El halo espectral de la vela en lo alto ara\'f1aba el contorno de
una sala rectangular, de paredes de piedra desnudas, cubiertas de
crucifijos. El fr\'edo que rei
naba en aquella estancia cortaba la respiraci\'f3n. Al frente se adivi\-
naba una losa de m\'e1rmol y sobre ella, alineados uno jun\-to al otro,
me pareci\'f3 reconocer dos objetos similares de diferente tama\'f1
o, blancos. Reflejaban el temblor de la vela con m\'e1s intensidad que el
resto de la sala e imagin\'e9 que se trataba de madera esmaltada. Di un
paso m\'e1s al frente y s\'f3lo entonces lo comprend\'ed. Los dos objetos
eran dos ata\'fa
des blancos. Uno de ellos apenas med\'eda tres pal\-mos. Sent\'ed un
vah\'eddo de fr\'edo en la nuca. Era el sarc\'f3fago de un ni\'f1o.
Estaba en una cripta.
\par Sin darme cuenta de lo que estaba haciendo, me apro\-xim\'e9 a la
losa de m\'e1rmol hasta que me encontr\'e9 a suficiente distancia como
para poder alargar la mano y tocar\-la. Advert\'ed entonces que sobre los
dos ata\'fades hab\'eda labra\-
dos un nombre y una cruz. El polvo, un manto de cenizas, los enmascaraba.
Pos\'e9 la mano sobre uno de ellos, el de mayor tama\'f1o. Lentamente,
casi en trance, sin pararme a pensar lo que hac\'eda, barr\'ed las
cenizas que cubr\'edan la tapa del ata\'fa
d. Apenas pod\'eda leerse en la tiniebla rojiza de las velas.
\par
\par }\pard \qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright {\expnd0\expndtw-
2\lang1034 \'86
\par }{\expnd2\expndtw10\lang1034 PEN\'c9LOPE ALDAYA
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 1902\emdash 1919
\par }\pard \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright {\expnd0\expndtw-
2\lang1034
\par Me qued\'e9 paralizado. Algo o alguien se estaba despla\-zando desde
la oscuridad. Sent\'ed que el aire fr\'edo se desliza\-ba sobre mi piel y
s\'f3lo entonces retroced\'ed unos pasos.
\par \emdash Fuera de aqu\'ed \emdash murmur\'f3 la voz desde las
sombras.
\par La reconoc\'ed al instante. La\'edn Coubert. La voz del dia\-blo.
\par Me lanc\'e9 escaleras arriba y una vez gan\'e9 la planta baja as\'ed
a Bea del brazo y la arrastr\'e9 a toda prisa hacia la sali\-da.
Hab\'edamos perdido la vela y corr\'edamos a ciegas. Bea, asustada, no
comprend\'eda mi s\'fabita alarma. No hab\'ed
a visto nada. No hab\'eda o\'eddo nada. No me detuve a darle explica\-
ciones. Esperaba en cualquier momento que algo saltase de las sombras y
nos cerrase el paso, pero la puerta prin\-cipal nos esper
aba al final del corredor, los resquicios proyectando un rect\'e1ngulo de
luz.
\par \emdash Est\'e1 cerrada \emdash musit\'f3 Bea.
\par Palp\'e9 mis bolsillos buscando la llave. Volv\'ed la vista atr\'e1s
una fracci\'f3n de segundo y tuve la certeza de que dos puntos brillantes
avanzaban lentamente h
acia nosotros desde el fondo del corredor. Ojos. Mis dedos dieron con la
llave. La introduje desesperadamente en la cerra\-dura, abr\'ed y
empuj\'e9 a Bea al exterior con brusquedad. Bea debi\'f3 de leer el temor
en mi voz porque se apresur\'f3
hacia la verja a trav\'e9s del jard\'edn y no se detuvo hasta que nos
encontramos los dos sin aliento y cubiertos de sudor fr\'edo en la acera
de la avenida del Tibidabo.
\par \emdash \'bfQu\'e9 ha pasado ah\'ed abajo, Daniel? \'bfHab\'eda
alguien?
\par \emdash No.
\par \emdash Est\'e1s p\'e1lido.
\par \emdash Soy p\'e1lido. Anda, vamos.
\par \emdash \'bfY la llave?
\par La hab\'eda dejado dentro, encajada en la cerradura. No sent\'ed
deseos de regresar a por ella.
\par \emdash Creo que la he perdido al salir. Ya la buscaremos otro
d\'eda.
\par Nos alejamos avenida abajo a paso ligero. Cruzamos hasta la otra
acera y no aflojamos el paso hasta que nos encontramos a un centenar de
metros del caser\'f3n y su silueta apenas se adivinaba en la noche.
Descubr\'ed entonces que todav\'eda ten\'ed
a la mano manchada de cenizas y di gra\-cias por el manto de sombra de la
noche, que ocultaba a Bea las l\'e1grimas de terror que me resbalaban por
las meji\-llas.
\par Anduvimos calle Balmes abajo hasta la plaza N\'fa\'f1ez de Arce,
donde encontramos un taxi solitario. Descendi\-mos por Balmes hasta
Consejo de Ciento casi sin mediar palabra. Bea me tom\'f3 la mano y un
par de veces la descu\-br\'ed observ\'e1
ndome con mirada vidriosa, impenetrable. Me inclin\'e9 a besarla, pero no
separ\'f3 los labios.
\par \emdash \'bfCu\'e1ndo volver\'e9 a verte?
\par \emdash Te llamar\'e9 ma\'f1ana o pasado \emdash dijo.
\par \emdash \'bfLo prometes?
\par Asinti\'f3.
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 \emdash Puedes llamar a casa o a la
librer\'eda. Es el mismo n\'famero. Lo tienes, \'bfverdad?
\par Asinti\'f3 de nuevo. Le ped\'ed al conductor que se detuvie\-se un
momento en la esquina de Muntaner y Diputaci\'f3n. Me ofrec\'ed a
acompa\'f1ar a Bea hasta su portal, pero ella se neg\'f3 y se alej\'f3
sin dejarme besarla de nuevo, ni siquiera rozarle la mano. Ech\'f3 a
correr y la vi partir desde el taxi. Las luces del piso de los Aguilar
estaban encendidas y pude ver claramente a mi amigo Tom\'e1s
observ\'e1ndome desde la ventana de su habitaci\'f3
n, en la que hab\'edamos pa\-sado tantas tardes juntos charlando o
jugando al ajedrez. Le salud\'e9 con la mano, forzando una sonrisa que
proba\-blemente no pod\'eda ver. No me devolvi\'f3 el saludo. Su si\-
lueta permaneci\'f3 inm\'f3
vil, pegada al cristal, contempl\'e1n\-dome fr\'edamente. Unos segundos
m\'e1s tarde se retir\'f3 y las ventanas se oscurecieron. Estaba
esper\'e1ndonos, pens\'e9.
\par
\par
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {35
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw4\lang1034
\par Al llegar a casa encontr\'e9 los restos de una cena para dos en la
mesa. Mi padre ya se hab\'eda retirado y me pregunt\'e9 si, por ventura,
se habr\'eda animado a invitar a la Mercedi\-tas a cenar en casa. Me
deslic\'e9 hasta mi habitaci\'f3n y entr\'e9
sin encender la luz. Tan pronto me sent\'e9 en el borde del colch\'f3n
advert\'ed que hab\'eda alguien m\'e1s en la estancia, ten\-dido en la
penumbra sobre el lecho como un difunto con las manos cruzadas sobre el
pecho. Sent\'ed un latigazo de fr\'ed
o en el est\'f3mago pero r\'e1pidamente reconoc\'ed los ron\-quidos y el
perfil de aquella nariz sin parang\'f3n. Encend\'ed la lamparilla de
noche y encontr\'e9 a Ferm\'edn Romero de Torres perdido en una sonrisa
embelesada y emitiendo peque\'f1
os gemidos placenteros sobre la colcha. Suspir\'e9 y el durmiente
abri\'f3 los ojos. Al verme pareci\'f3 extra\'f1ado. Obviamente esperaba
otra compa\'f1\'eda. Se frot\'f3 los ojos y mir\'f3 alrededor,
haci\'e9ndose una m\'e1s ajustada composi\-ci\'f3
n del lugar.
\par \emdash Espero no haberle asustado. La Bernarda dice que dormido
parezco el Boris Karloff espa\'f1ol.
\par \emdash \'bfQu\'e9 hace en mi cama, Ferm\'edn?
\par Entorn\'f3 los ojos con cierta nostalgia.
\par \emdash So\'f1ando con Carole Lombard. Est\'e1bamos en T\'e1n\-ger,
en unos ba\'f1os turcos, y yo la untaba toda de aceite de ese que venden
para el culillo de los beb\'e9s. \'bfHa untado usted alguna vez a una
mujer de aceite, de arriba aba\-
jo, a conciencia?
\par \emdash Ferm\'edn, son las doce y media de la noche y no me tengo de
sue\'f1o.
\par \emdash Usted disculpe, Daniel. Es que su se\'f1or padre insis\-
ti\'f3 en que subiera a cenar y luego me entr\'f3 una \'f1o\'f1a, porque
a m\'ed la carne de res me produce un efecto narc\'f3tico. Su padre me
sugiri\'f3 que me tendiese aqu\'ed
un rato, alegando que a usted no le importar\'eda...
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Y no me importa,
Ferm\'edn. Es que me ha pillado por sorpresa. Qu\'e9dese con la cama y
vuelva con Carole Lom\-bard, que le debe de estar esperando. Y m\'e9
tase dentro, que hace una noche de perros y encima va a pillar algo. Yo
me ir\'e9 al comedor.
\par Ferm\'edn asinti\'f3 mansamente. Las magulladuras de la cara se le
estaban inflamando y su cabeza, tramada con una barba de dos d\'edas y
aquella escasa cabellera rala, parec\'eda una fruta madura ca\'edda de un
\'e1rbol. Cog\'ed una man\-ta de la c\'f3
moda y le tend\'ed otra a Ferm\'edn. Apagu\'e9 la luz y sal\'ed al
comedor, donde me esperaba el butac\'f3n predilec\-to de mi padre. Me
envolv\'ed en la manta y me acurruqu\'e9 como pude, convencido de que no
iba a pegar ojo. La }{
\expnd0\expndtw-2\lang1034 imagen de dos ata\'fades blancos en la
tiniebla me sangraba en la mente. Cerr\'e9 los ojos y puse todo mi
empe\'f1o en bo\-rrar aquella visi\'f3n. En su lugar, conjur\'e9 la
visi\'f3n de Bea desnuda sobre las mantas en
aquel cuarto de ba\'f1o a la luz de las velas. Abandonado a estos felices
pensamientos, me pareci\'f3 o\'edr el murmullo lejano del mar y me
pregun\-t\'e9 si el sue\'f1o me habr\'eda vencido sin yo saberlo.
Quiz\'e1 navegaba rumbo a T\'e1
nger. Al poco comprend\'ed que eran s\'f3lo los ronquidos de Ferm\'edn y
un instante despu\'e9s se apag\'f3 el mundo. En toda mi vida no he
dormido mejor ni m\'e1s profundamente que aquella noche.
\par
\par Amaneci\'f3 lloviendo a c\'e1ntaros, con las calles anega\-das y la
lluvia acribillando las ventanas con rabia. El tel\'e9\-fono son\'f3 a
las siete y media. Salt\'e9 de la butaca a contestar con el coraz\'f3n en
el gaznate. Ferm\'ed
n, en albornoz y pantuflas, y mi padre, sosteniendo la cafetera,
intercam\-biaron aquella mirada que empezaba a hacerse habitual.
\par \emdash \'bfBea? \emdash susurr\'e9 al auricular, d\'e1ndoles la
espalda.
\par Cre\'ed o\'edr un suspiro en la l\'ednea.
\par \emdash \'bfBea, eres t\'fa?
\par No obtuve respuesta y, segundos m\'e1s tarde, la l\'ednea se
cort\'f3. Me qued\'e9 observando el tel\'e9fono durante un mi\-nuto,
esperando que volviese a sonar.
\par \emdash Ya volver\'e1n a llamar, Daniel. Ahora ven a desayunar
\emdash dijo mi padre.
\par Llamar\'e1 m\'e1s tarde, me dije. Alguien debe de haberla
sorprendido. No deb\'eda de ser f\'e1cil burlar el toque de que\-da del
se\'f1or Aguilar. No hab\'eda motivo de alarma. Con estas y otras excusas
me arrastr\'e9 hasta la mesa para fingir que acompa
\'f1aba a mi padre y a Ferm\'edn en su desayuno. Quiz\'e1 fuera la
lluvia, pero la comida hab\'eda perdido todo el sabor.
\par Llovi\'f3 toda la ma\'f1ana y al rato de abrir la librer\'eda tu\-
vimos un apag\'f3n general en todo el barrio que dur\'f3 has\-ta el
mediod\'eda.
\par \emdash Lo que faltaba \emdash suspir\'f3 mi padre.
\par A las tres empezaron las primeras goteras. Ferm\'edn se ofreci\'f3 a
subir a casa de la Merceditas a pedir prestados unos cubos, platos o
cualquier recept\'e1culo c\'f3ncavo al uso. Mi padre se lo prohibi\'f3
terminantemente. El diluvio per\-sist\'ed
a. Para matar la angustia le relat\'e9 a Ferm\'edn lo sucedi\-do la noche
anterior, guard\'e1ndome, sin embargo, lo que hab\'eda visto en aquella
cripta. Ferm\'edn me escuch\'f3 fascina\-do, pero pese a su tit\'e1nica
insistencia me negu\'e9 a descri\-
birle la consistencia, textura y disposici\'f3n del busto de Bea. El
d\'eda se fue en el aguacero.
\par Despu\'e9s de cenar, so pretexto de darme un paseo para estirar las
piernas, dej\'e9 a mi padre leyendo y me dirig\'ed has\-ta casa de Bea.
Al llegar me detuve en la esquina a con templar los ventanales del piso y
me pregunt\'e9 qu\'e9
era lo que estaba haciendo all\'ed. Espiar, fisgar y hacer el
rid\'edculo fueron algunos de los t\'e9rminos que me cruzaron la men\-te.
Aun as\'ed, tan desprovisto de dignidad como de abrigo apropiado para la
g\'e9lida temperatura, me resguard\'e9
del viento en un portal al otro lado de la calle y permanec\'ed all\'ed
cerca de media hora, vigilando las ventanas y viendo pasar las siluetas
del se\'f1or Aguilar y de su esposa. No hab\'eda ras\-tro de Bea.
\par Era casi medianoche cuando regres\'e9 a casa, tiritando de fr\'edo y
con el mundo a cuestas. Llamar\'e1 ma\'f1ana, me repet\'ed mil veces
mientras intentaba capturar el sue\'f1o. Bea no llam\'f3 al d\'eda
siguiente. Ni al otro. Ni en toda aque\-
lla semana, la m\'e1s larga y la \'faltima de mi vida.
\par En siete d\'edas, estar\'eda muerto.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {36
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw2\lang1034
\par S\'f3lo alguien al que apenas le queda una semana de vida es capaz
de malgastar su tiempo como yo lo hice durante aquellos d\'edas. Me
dedicaba a velar el tel\'e9
fono y roerme el alma, tan prisionero de mi propia ceguera que apenas era
capaz de adivinar lo que el destino ya daba por des\-contado. El lunes al
mediod\'eda me acerqu\'e9 hasta la Facul\-tad de Letras en la plaza
Universidad con la intenci\'f3
n de ver a Bea. Sab\'eda que no le iba a hacer ninguna gracia que me
presentase all\'ed y que nos viesen juntos en p\'fablico, pero
prefer\'eda enfrentar su ira que seguir con aquella in\-certidumbre.
\par Pregunt\'e9 en la secretar\'eda por el aula del profesor Ve\-
l\'e1zquez y me dispuse a esperar la salida de los estudiantes. Esper\'e9
unos veinte minutos hasta que se abrieron las puertas y vi pasar el
semblante arrogante y apincelado del profesor Vel
\'e1zquez, siempre rodeado de su corrillo de ad\-miradoras. Cinco minutos
despu\'e9s no hab\'eda rastro de Bea. Decid\'ed aproximarme hasta las
puertas del aula a echar un vistazo. Un tr\'edo de muchachas con aire de
escuela parro\-quial conve
rsaban e intercambiaban apuntes o confiden\-cias. La que parec\'eda la
l\'edder de la congregaci\'f3n advirti\'f3 mi presencia e interrumpi\'f3
su mon\'f3logo para acribillarme con una mirada inquisitiva.
\par \emdash Perd\'f3n, buscaba a Beatriz Aguilar. \'bfSab\'e9is si
asiste a esta clase?
\par Las muchachas intercambiaron una mirada ponzo\'f1o\-sa y procedieron
a hacerme una radiograf\'eda.
\par \emdash \'bfEres su novio? \emdash pregunt\'f3 una de ellas\emdash .
\'bfEl alf\'e9\-rez?
\par Me limit\'e9 a ofrecer una sonrisa vac\'eda, que tomaron por
asentimiento. S\'f3lo me la devolvi\'f3 la tercera mucha\-cha, con
timidez y desviando la mirada. Las otras dos se adelantaron, desafiantes.
\par \emdash Te imaginaba diferente \emdash dijo la que parec\'eda la
jefa del comando.
\par \emdash \'bfY el uniforme? \emdash pregunt\'f3 la segunda oficiala,
ob\-serv\'e1ndome con desconfianza.
\par \emdash Estoy de permiso. \'bfSab\'e9is si se ha marchado ya?
\par \emdash Beatriz no ha venido hoy a clase \emdash inform\'f3 la jefa,
con aire desafiante.
\par \emdash Ah, \'bfno?
\par \emdash No \emdash confirm\'f3 la teniente de dudas y recelos\emdash
. Si eres su novio, deber\'edas saberlo.
\par \emdash Soy su novio, no un guardia civil.
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Anda,
vay\'e1monos, \'e9ste es un mamarracho \emdash conclu\-y\'f3 la jefa.
\par Ambas pasaron a mi lado dedic\'e1ndome una mirada de soslayo y una
media sonrisa de asco. La tercera, reza\-gada, se detuvo un instante
antes de salir y, asegur\'e1ndose de que las otras no la ve\'edan, me
susurr\'f3 al o\'eddo:
\par \emdash Beatriz tampoco vino el viernes.
\par \emdash \'bfSabes por qu\'e9?
\par \emdash T\'fa no eres su novio, \'bfverdad?
\par \emdash No. S\'f3lo un amigo.
\par \emdash Me parece que est\'e1 enferma.
\par \emdash \'bfEnferma?
\par \emdash Eso dijo una de las chicas que la llam\'f3 a casa. Aho\-ra
tengo que irme.
\par Antes de que pudiese agradecerle su ayuda, la mucha\-cha parti\'f3
al encuentro de las otras dos, que la esperaban con ojos fulminantes en
el otro extremo del claustro.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash Daniel, algo habr\'e1 pasado.
Una t\'eda abuela que se ha muerto, un loro con paperas, un catarro de
tanto andar con el trasero al aire... sabe Dios el qu\'e9
. En contra de lo que usted cree a pies juntillas, el universo no gira en
tor\-no a las apetencias de su entrepierna. Otros factores in\-fluyen en
el devenir de la humanidad.
\par \emdash \'bfSe cree que no lo s\'e9? Parece que no me conozca,
Ferm\'edn.
\par \emdash Querido, si Dios hubiera querido darme caderas m\'e1s
amplias, hasta le podr\'eda haber parido: as\'ed de bien le conozco.
H\'e1game caso. Salga de su cabeza y tome la fres\-ca. La espera es el
\'f3xido del alma.
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 As\'ed que le
parezco a usted rid\'edculo.
\par \emdash No. Me parece preocupante. Ya s\'e9 que a su edad es\-tas
cosas parecen el fin del mundo, pero todo tiene un l\'ed\-mite. Esta
noche usted y yo nos vamos de picos pardos a un local de la calle
Plater\'eda que al parecer est\'e1
causando furor. Me han dicho que hay unas f\'e1mulas n\'f3rdicas re\-
ci\'e9n llegadas de Ciudad Real que le quitan a uno hasta la caspa. Yo
invito.
\par \emdash \'bfY la Bernarda qu\'e9 dir\'e1?
\par \emdash Las ni\'f1as son para usted. Yo pienso esperar en la sa\-
lita, leyendo una revista y contemplando el percal de le\-jos, porque me
he convertido a la monogamia, si no in mentis al menos de facto.
\par \emdash Se lo agradezco, Ferm\'edn, pero...
\par \emdash Un chaval de dieciocho a\'f1os que rechaza una ofer\-ta
as\'ed no est\'e1 en posesi\'f3n de sus facultades. Hay que ha\-cer algo
ahora mismo. Tenga.
\par Se hurg\'f3 los bolsillos y me tendi\'f3 unas monedas. Me
pregunt\'e9 si aqu\'e9llos eran los doblones con los que pensa\-ba
financiar la visita al suntuoso har\'e9n de las ninfas mese\-tarias.
\par \emdash Con esto no nos dan ni las buenas noches, Ferm\'edn.
\par \emdash Usted es de los que se caen del \'e1rbol y nunca llegan a
tocar el suelo. \'bfSe cree de verdad que le voy a llevar de putas y
devolv\'e9rselo forrado de gonorrea a su se\'f1or pa\-dre, que es el
hombre m\'e1
s santo que he conocido? Lo de las nenas se lo dec\'eda para ver si
reaccionaba, apelando a la \'fanica parte de su persona que parece
funcionar. Esto es para que vaya al tel\'e9fono de la esquina y llame a
su enamorada con algo de intimidad.
\par \emdash Bea me dijo expresamente que no la llamase.
\par \emdash Tambi\'e9n le dijo que llamar\'eda el viernes. Estamos a
lunes. Usted mismo. Una cosa es creer en las mujeres y otra creerse lo
que dicen.
\par Convencido por sus argumentos, me escabull\'ed de la li\-brer\'eda
hasta el tel\'e9fono p\'fablico de la esquina y marqu\'e9 el n\'famero de
los Aguilar. Al quinto tono, alguien alz\'f3 el tel\'e9fono al otro lado
y escuch\'f3
en silencio, sin contestar. Pa\-saron cinco segundos eternos.
\par \emdash \'bfBea? \emdash murmur\'e9\emdash . \'bfEres t\'fa?
\par La voz que contest\'f3 me cay\'f3 como un martillazo en el
est\'f3mago.
\par \emdash Hijo de puta, te juro que te voy a arrancar el alma a
hostias.
\par El tono era acerado, de pura rabia contenida. Fr\'eda y serena. Eso
es lo que me dio m\'e1s miedo. Pod\'eda imaginar al se\'f1or Aguilar
sosteniendo el tel\'e9fono en el recibidor de su casa, el mismo que yo
hab\'ed
a utilizado muchas veces para llamar a mi padre y decirle que me
retrasaba des\-pu\'e9s de pasar la tarde con Tom\'e1s. Me qued\'e9
escuchando la respiraci\'f3n del padre de Bea, mudo, pregunt\'e1ndome si
me habr\'eda reconocido por la voz.
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 Veo que no tienes
cojones ni para hablar, desgracia\-do. Cualquier mierda seca es capaz de
hacer lo que t\'fa, pero al menos un hombre tendr\'eda el valor de dar la
cara. A m\'ed se me caer\'ed
a la cara de verg\'fcenza de saber que una chica de diecisiete a\'f1os
tiene mas huevos que yo, porque ella no ha querido decir qui\'e9n eres y
no lo dir\'e1. La co\-nozco. Y ya que t\'fa
no tienes las agallas de dar la cara por Beatriz, ella va a pagar por lo
que t\'fa has hecho.
\par Cuando colgu\'e9 el tel\'e9fono me temblaban las manos. No fui
consciente de lo que acababa de hacer hasta que dej\'e9 la cabina y
arrastr\'e9 los pies de vuelta a la librer\'eda. No me hab\'eda parado a
considerar que mi llamada s\'f3
lo iba a empeorar la situaci\'f3n en la que ya se encontrase Bea. Mi
\'fanica preocupaci\'f3n hab\'eda sido mantener el anonimato y esconder
la cara, renegando de aquellos a quienes dec\'eda querer y quienes me
limitaba a utilizar. Lo hab\'ed
a hecho va cuando el inspector Fumero hab\'eda golpeado a Ferm\'edn. Lo
hab\'eda hecho de nuevo al abandonar a Bea a su suerte. Volver\'eda a
hacerlo en cuanto las circunstancias me brin\-dasen la oportunidad.
Permanec\'ed en la calle diez minu\-
tos, intentando calmarme, antes de volver a entrar en la librer\'eda.
Quiz\'e1 deb\'eda llamar otra vez y decirle al se\'f1or Aguilar que
s\'ed, que era yo, que estaba atontado por su hija y que ah\'ed se
acababa el cuento. Si luego le apetec\'ed
a venir con su uniforme de comandante a romperme la cara, estaba en su
derecho.
\par Regresaba ya a la librer\'eda cuando advert\'ed que alguien me
observaba desde un portal al otro lado de la calle. Al principio pens\'e9
que se trataba de don Federico, el relojero, pero me bast\'f3
un simple vistazo para comprobar que se trataba de un individuo m\'e1s
alto y de constituci\'f3n m\'e1s s\'f3lida. Me detuve a devolverle la
mirada y, para mi sorpre\-sa, asinti\'f3
, como si quisiera saludarme e indicarme que no le importaba en absoluto
que hubiera reparado en }{\lang1034 su }{\expnd0\expndtw-2\lang1034
presencia. La luz de una farola le ca\'eda sobre el rostro de perfil. Las
facciones me resultaron famili
ares. Se adelant\'f3 un paso y, abroch\'e1ndose la gabardina hasta
arriba, me sonri\'f3 y se alej\'f3 entre los transe\'fantes en
direcci\'f3n a las Ramblas. Le reconoc\'ed entonces como el agente de
polic\'eda que me hab\'ed
a sujetado mientras el inspector Fumero ata\-caba a Ferm\'edn. Al entrar
en la librer\'eda, Ferm\'edn alz\'f3 la vis\-ta y me lanz\'f3 una mirada
inquisitiva.
\par \emdash \'bfY esa cara que trae?
\par \emdash Ferm\'edn, creo que tenemos un problema.
\par Aquella misma noche pusimos en marcha el plan de alta intriga y baja
consistencia que hab\'edamos concebido d\'edas atr\'e1s con don Gustavo
Barcel\'f3.
\par \emdash Lo primero es asegurarnos de que est\'e1 usted en lo cierto
y somos objeto de vigilancia policial. Ahora, como quien no quiere la
cosa, nos vamos a acercar dando un paseo hasta Els Quatre Gats para ver
si ese individuo todav\'eda est\'e1 ah\'ed
fuera, al acecho. Pero a su padre ni una palabra de todo esto, o va a
acabar por criar una piedra en el ri\'f1\'f3n.
\par \emdash \'bfY qu\'e9 quiere que le diga? Ya hace tiempo que anda con
la mosca detr\'e1s de la oreja.
\par \emdash D\'edgale que va a por pipas o a por polvos para hacer un
flan.
\par \emdash \'bfY por qu\'e9 tenemos que ir a Els Quatre Gats preci\-
samente?
\par \emdash Porque ah\'ed sirven los mejores bocadillos de longani\-za
en un radio de cinco kil\'f3metros y en alg\'fan sitio tene\-mos que
hablar. No me sea cenizo y haga lo que le digo, Daniel.
\par Dando por bienvenida cualquier actividad que me mantuviese alejado
de mis pensamientos, obedec\'ed d\'f3cil\-mente y un par de minutos
m\'e1s tarde sal\'eda a la calle tras haberle asegurado a mi padre que
estar\'eda de vuelta a la hora de la cena. Ferm
\'edn me esperaba en la esquina de la Puerta del \'c1ngel. Tan pronto me
reun\'ed con \'e9l, hizo un gesto con las cejas y me indic\'f3 que echara
a andar.
\par \emdash Llevamos el cascabel a unos veinte metros. No se vuelva.
\par }{\lang1034 \emdash \'bfEs el mismo de antes?
\par \emdash No creo, a menos que haya encogido con la hume\-dad. \'c9ste
parece un pardillo. Me lleva un diario deportivo de hace seis d\'edas.
Fumero debe de estar reclutando apren\-dices en el Cotolengo.
\par Al llegar a Els Quatre Gats, nuestro hombre de inc\'f3g\-nito
tom\'f3 una mesa a pocos metros de la nuestra y fingi\'f3 releer por
en\'e9sima vez las incidencias de la jornada de liga de la semana
anterior. Cada veinte segundos nos lan\-
zaba una mirada de soslayo.
\par \emdash Pobrecillo, mire c\'f3mo suda \emdash dijo Ferm\'edn, sacu\-
diendo la cabeza\emdash . Le veo un tanto disperso, Daniel. \'bfHa
hablado con la nena o no?
\par \emdash Se ha puesto su padre.
\par \emdash \'bfY han tenido una conversaci\'f3n amigable y cordial?
\par \emdash M\'e1s bien un mon\'f3logo.
\par \emdash Ya veo. \'bfDebo entonces inferir que todav\'eda no le tra\-
ta de pap\'e1?
\par \emdash Me ha dicho textualmente que me iba a arrancar el alma a
hostias.
\par \emdash Ser\'e1 un recurso estil\'edstico.
\par Al punto, la silueta del camarero se cerni\'f3 sobre noso\-tros.
Ferm\'edn pidi\'f3 comida para un regimiento, frot\'e1ndo\-se las manos
de anhelo.
\par \emdash \'bfY usted no quiere nada, Daniel?
\par Negu\'e9. Al regresar el camarero con dos bandejas re\-pletas de
tapas, bocadillos y cervezas varias, Ferm\'edn le sol\-t\'f3 un buen
dobl\'f3n y le dijo que pod\'eda quedarse la pro\-pina.
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\lang1034 Jefe, \'bfve usted a ese individuo
de la mesa junto a la ventana, el que va vestido de Pepito Grillo y tiene
la cabe\-za metida dentro del peri\'f3dico, a modo de cucurucho?
\par El camarero asinti\'f3 con aire de complicidad.
\par \emdash \'bfMe har\'eda el favor de ir y decirle que el inspector
Fumero le env\'eda recado urgente de que acuda ipso facto al mercado de
la Boquer\'eda a comprar veinte duros de gar\-banzos hervidos y llevarlos
a jefatura sin dilaci\'f3
n (en taxi si hace falta) o que se prepare para presentar el escroto en
bandeja? \'bfSe lo repito?
\par \emdash No hace falta, caballero. Veinte duros de garbanzos hervidos
o el escroto.
\par Ferm\'edn le solt\'f3 otra moneda.
\par \emdash Dios le bendiga.
\par El camarero asinti\'f3 respetuosamente y parti\'f3 rumbo a la mesa
de nuestro perseguidor a entregar el mensaje. Al escuchar las \'f3rdenes,
al centinela se le descompuso el rostro. Permaneci\'f3 quince segundos en
su mesa, deba\-ti\'e9
ndose entre fuerzas insondables, y luego se lanz\'f3 al ga\-lope hacia la
calle. Ferm\'edn no se molest\'f3 ni en pesta\'f1ear. En otras
circunstancias habr\'eda disfrutado con el episodio, pero aquella noche
era incapaz de quitarme del pensa\-
miento a Bea.
\par \emdash Daniel, tome tierra, que tenemos faena que discu\-tir.
Ma\'f1ana mismo se va usted a visitar a Nuria Monfort, tal como
hab\'edamos dicho.
\par \emdash \'bfY una vez all\'ed qu\'e9 le digo?
\par \emdash Tema no le faltar\'e1. El plan es hacer lo que dijo el se\-
\'f1or Barcel\'f3 con muy buen tino. Le suelta que sabe que le minti\'f3
con perfidia respecto a Carax, que su supuesto marido Miquel Moliner no
est\'e1 en la c\'e1rcel como ella pre\-
tende, que ha averiguado usted que ella es la mano negra que ha estado
recogiendo la correspondencia del antiguo piso de la familia Fortuny-
Carax usando un apartado de correos a
nombre de un bufete de abogados inexistente... le dice usted lo que sea
necesario y conductivo para en\-cenderle el fuego debajo de los pies.
Todo ello con melo\-drama y semblante b\'ed
blico. Luego, con golpe de efecto, se va y la deja macerar un rato en
los, jugos del resquemor.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash Y mientras tanto...
\par \emdash Mientras tanto yo estar\'e9 presto a seguirla, prop\'f3sito
que pienso llevar a cabo haciendo uso de avanzadas t\'e9cni\-cas de
camuflaje.
\par \emdash No va a funcionar, Ferm\'edn.
\par \emdash Hombre de poca fe. A ver, pero \'bfqu\'e9 le ha dicho el
padre de esa muchacha para ponerle as\'ed? \'bfEs por lo de la amenaza?
Ni le haga caso. A ver, \'bfqu\'e9 le ha dicho ese ener\-g\'fameno?
\par Respond\'ed sin pensar.
\par \emdash La verdad.
\par \emdash \'bfLa verdad seg\'fan san Daniel M\'e1rtir?
\par \emdash R\'edase lo que quiera. Me est\'e1 bien empleado.
\par \emdash No me r\'edo, Daniel. Es que me sabe mal verle con ese
\'e1nimo autoflagelatorio. Cualquiera dir\'eda que est\'e1
usted al borde del cilicio. No ha hecho usted nada malo. Ya tiene la
vida suficientes verdugos para que uno vaya haciendo doblete y ejerciendo
de Torquemada con uno mismo.
\par \emdash \'bfHabla por experiencia?
\par Ferm\'edn se encogi\'f3 de hombros.
\par \emdash Nunca me ha contado usted c\'f3mo se cruz\'f3 con Fu\-mero
\emdash apunt\'e9.
\par \emdash \'bfQuiere o\'edr una historia con moraleja? \emdash S\'f3lo
si usted quiere cont\'e1rmela.
\par Ferm\'edn se sirvi\'f3 un vaso de vino y lo apur\'f3 de un trago.
\par \emdash Am\'e9n \emdash dijo para s\'ed mismo\emdash . Lo que puedo
con\-tarle de Fumero es vox populi. La primera vez que o\'ed ha\-blar de
\'e9l, el futuro inspector era un pistolero al servicio de la FAI. Se
hab\'eda labrado toda una reputaci\'f3
n porque no ten\'eda miedo ni escr\'fapulos. Le bastaba un nombre y lo
despachaba de un tiro en la cara en plena calle al medio\-d\'eda.
Talentos as\'ed se valoran mucho en tiempos agitados. Lo que tampoco
ten\'eda era fidelidad ni credo. Le tra\'ed
a al pairo la causa a la que serv\'eda, mientras la causa le sirviese
para trepar en el escalaf\'f3n. Hay toneladas de gentuza as\'ed en el
mundo, pero pocos tienen el talento de Fumero. De los anarquistas pas\'f3
a servir a los comunistas, y de ah\'ed
a los fascistas s\'f3lo hab\'eda un paso. Espiaba y vend\'eda infor\-
maci\'f3n de un bando a otro, tomaba el dinero de todos. Yo hac\'eda
tiempo que le ten\'ed
a echado el ojo. Por entonces, yo trabajaba para el gobierno de la
Generalitat. A veces me confund\'edan con el hermano feo de Companys, lo
que a m\'ed me llenaba de orgullo.
\par \emdash \'bfQu\'e9 hac\'eda usted?
\par \emdash Un poco de todo. En los seriales de ahora a lo que yo
hac\'eda se le llama espionaje, pero en tiempos de guerra todos somos
esp\'edas. Parte de mi trabajo era estar al tanto de los individuos como
Fumero. \'c9sos son los m\'e1s peligro\-
sos. Son como v\'edboras, sin color ni conciencia. En las gue\-rras
brotan de todas partes. En tiempos de paz se ponen la careta. Pero siguen
ah\'ed. A miles. El caso es que tarde o temprano averig\'fc\'e9 cu\'e1l
era su juego. M\'e1s tarde que tem\-
prano, dir\'eda yo. Barcelona cay\'f3 en cuesti\'f3n de d\'edas y la
tortilla gir\'f3 completamente. Pas\'e9 a ser un criminal perse\-guido y
mis superiores se vieron forzados a esconderse como ratas. Por supuesto,
Fumero ya estaba al mando de la operaci
\'f3n de \'ablimpieza\'bb. La purga a tiros se llevaba a cabo en plena
calle, o en el castillo de Montju\'efc. A m\'ed me detuvieron en el
puerto cuando intentaba conseguir pa\-saje en un carguero griego para
enviar a Francia a algu\-
nos de mis jefes. Me llevaron a Montju\'efc y me tuvieron dos d\'edas
encerrado en una celda completamente oscura, sin agua y sin
ventilaci\'f3n. Cuando volv\'ed a ver la luz era la de la llama de un
soplete. Fumero y un tipo que s\'f3lo ha\-blaba alem
\'e1n me colgaron boca abajo por los pies. El ale\-m\'e1n primero me
desprendi\'f3 la ropa con el soplete, que\-m\'e1ndola. Me pareci\'f3 que
ten\'eda pr\'e1ctica. Cuando me qued\'e9 en pelo
ta picada y con todos los pelos del cuerpo chamuscados, Fumero me dijo
que si no le dec\'eda d\'f3nde estaban ocultos mis superiores, la
diversi\'f3n empezar\'ed
a de verdad. Yo no soy un hombre valiente, Daniel. Nunca lo he sido, pero
el poco valor que tengo lo us\'e9 para cagar\-me en su madre y enviarle a
la mierda. A un signo de Fu\-mero, el alem\'e1n me inyect\'f3 no s\'e9
qu\'e9 en el muslo y espe\-r\'f3
unos minutos. Luego, mientras Fumero fumaba y me observaba sonriente,
empez\'f3 a asarme concienzudamen\-te con el soplete. Usted ha visto las
marcas...
\par Asent\'ed. Ferm\'edn hablaba con tono sereno, sin emoci\'f3n.
\par \emdash Esas marcas son las de menos. Las peores se quedan dentro.
Aguant\'e9 una hora bajo el soplete, o quiz\'e1 s\'f3lo fuera un minuto.
No lo s\'e9. Pero acab\'e9 por dar nombres, apellidos y hasta la talla de
camisa de todos mis superio\-
res y hasta de quien no lo era. Me abandonaron en un ca\-llej\'f3n del
Pueblo Seco, desnudo y con la piel quemada. Una buena mujer me meti\'f3
en su casa y me cuid\'f3 duran\-te dos meses. Los comunistas le hab\'ed
an matado al marido y a sus dos hijos a tiros a la puerta de su casa. No
sab\'eda por qu\'e9. Cuando pude levantarme y salir a la calle, supe que
todos mis superiores hab\'edan sido detenidos y ajusti\-ciados horas
despu\'e9s de que les hubiese delatado.
\par \emdash Ferm\'edn, si no quiere contarme esto...
\par \emdash No, no. M\'e1s vale que lo oiga y sepa con qui\'e9n se jue\-
ga usted los cuartos. Cuando regres\'e9 a mi casa, me infor\-maron de que
hab\'eda sido expropiada por el gobierno, al igual que mis posesiones. Me
hab\'eda convertid
o en un mendigo sin saberlo. Trat\'e9 de conseguir empleo. Se me neg\'f3.
Lo \'fanico que pod\'eda conseguir era una botella de vino a granel por
unos c\'e9ntimos. Es veneno lento, que se come las tripas como el
\'e1cido, pero confi\'e9
en que tarde o temprano har\'eda su efecto. Me dec\'eda que volver\'eda
a Cuba, con mi mulata, alg\'fan d\'eda. Me detuvieron cuando intenta\-ba
abordar un carguero rumbo a La Habana. He olvidado ya cu\'e1nto tiempo
pas\'e9 en la c\'e1rcel. Despu\'e9
s del primer a\'f1o, uno empieza a perderlo todo, hasta la raz\'f3n. Al
salir pas\'e9 a vivir en las calles, donde usted me encontr\'f3 una
eternidad despu\'e9s. Hab\'eda muchos como yo, compa\'f1eros de
galer\'eda o amnist\'eda. Los que ten\'ed
an suerte contaban con alguien fuera, alguien o algo a lo que regresar.
Los dem\'e1s nos un\'edamos al ej\'e9rcito de desheredados. Una vez te
dan el carnet de ese club, nunca dejas de ser socio. La mayor\'eda
s\'f3lo sal\'ed
amos de noche, cuando el mundo no mira. Cono\-c\'ed a muchos como yo.
Raramente los volv\'eda a ver. La vida en la calle es corta. La gente te
mira con asco, incluso los q
ue te dan limosna, pero eso no es nada comparado con la repugnancia que
uno se inspira a s\'ed mismo. Es como vi\-vir atrapado en un cad\'e1ver
que camina, que siente ham\-
bre, que apesta y que se resiste a morir. De tarde en tarde, Fumero y sus
hombres me deten\'edan y me acusaban de al\-g\'fan hurto absurdo, o de
tentar a ni\'f1
as a la salida de un colegio de monjas. Otro mes en la Modelo, palizas y
a la calle otra vez. Nunca comprend\'ed qu\'e9 sentido ten\'edan aque\-
llas farsas. Al parecer, la polic\'eda estimaba conveniente dis\-pon
er de un censo de sospechosos al que echar mano cuando fuera necesario.
En uno de mis encuentros con Fumero, que ahora era todo un prohombre
respetable, le pregunt\'e9 por qu\'e9 no me hab\'eda matado, como a los
dem\'e1s. Se ri\'f3 y me dijo que hab\'ed
a cosas peores que la muerte. El nunca mataba a un chivato, dijo. Lo
dejaba pudrirse vivo.
\par \emdash Ferm\'edn, usted no es un chivato. Cualquiera en su lugar
hubiera hecho lo mismo. Usted es mi mejor amigo.
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 Yo no merezco su
amistad, Daniel. Usted y su padre me han salvado la vida, y mi vida les
pertenece. Lo que yo pueda hacer por ustedes, lo har\'e9. El d\'eda que
me sac\'f3 us\-ted de la calle, Ferm\'ed
n Romero de Torres volvi\'f3 a nacer.
\par \emdash \'c9se no es su verdadero nombre, \'bfverdad?
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Ferm\'edn neg\'f3.
\par \emdash \'c9se lo vi en un cartel de la Plaza de las Arenas. El otro
est\'e1 enterrado. El hombre que antes viv\'eda en estos huesos muri\'f3,
Daniel. A veces vuelve, en pesadillas. Pero usted me ha ense\'f1ado a ser
otro hombre y me ha dado una raz\'f3
n para vivir otra vez, mi Bernarda.
\par \emdash Ferm\'edn...
\par \emdash No diga usted nada, Daniel. S\'f3lo perd\'f3neme, si puede.
\par Le abrac\'e9 en silencio y le dej\'e9 llorar. La gente nos mi\-raba
de reojo, y yo les devolv\'eda una mirada de fuego. Al rato decidieron
ignorarnos. Luego, mientras acompa\'f1a\-ba a Ferm\'edn hasta su
pensi\'f3n, mi amigo recuper\'f3 la voz.
\par \emdash Lo que le he contado hoy... le ruego que a la Ber\-narda...
\par \emdash Ni a la Bernarda ni a nadie. Ni una palabra, Fer\-m\'edn.
\par Nos despedimos con un apret\'f3n de manos.
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {37
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw2\lang1034
\par Pas\'e9 la noche en vela, tendido sobre el lecho con la luz
encendida contemplando mi flamante pluma Montblanc, con la que no
hab\'eda vuelto a escribir en a\'f1os y que empe\-zaba a convertirse en
el mejor par de guantes que jam\'e1
s se le haya regalado a un manco. M\'e1s de una vez me sent\'ed tentado
de acercarme a casa de los Aguilar y, a falta de mejor t\'e9rmino,
entregarme, pero tras mucha meditaci\'f3n supuse que irrumpir de
madrugada en el domicilio pater\-
no de Bea no iba a mejorar mucho la situaci\'f3n en la que se encontrase.
Al alba, el cansancio y la dispersi\'f3n me ayudaron a localizar de nuevo
mi proverbial ego\'edsmo y no tard\'e9 en convencerme de que lo \'f3
ptimo era dejar correr las aguas y, con el tiempo, el r\'edo se
llevar\'eda la sangre.
\par La ma\'f1ana discurri\'f3 con poca acci\'f3n en la librer\'eda,
circunstancia que aprovech\'e9 para dormitar de pie con la gracia y el
equilibrio de un flamenco, en opini\'f3n de mi padre. Al mediod\'eda, tal
y como hab\'eda acordado con Fer\-m\'ed
n la noche anterior, yo fing\'ed que iba a darme una vuel\-ta y Ferm\'edn
aleg\'f3 que ten\'eda hora en el ambulatorio para que le quitasen unos
puntos. Hasta donde me alcanz\'f3 la perspicacia, mi padre se trag\'f3
ambos bulos hasta el tobi\-
llo. La idea de mentir sistem\'e1ticamente a mi padre empe\-zaba a
ensuciarme el \'e1nimo, y as\'ed se lo hab\'eda hecho saber a Ferm\'edn a
media ma\'f1ana en un rato que mi padre sali\'f3 para hacer un recado.
\par \emdash Daniel, la relaci\'f3n paterno-filial est\'e1 basada en mi\-
les de peque\'f1as mentiras bondadosas. Los Reyes Magos, el ratoncito
dientes, el que vale, vale, etc. \'c9sta es una m\'e1s. No se sienta
culpable.
\par
\par Llegado el momento, ment\'ed de nuevo y me dirig\'ed ha\-cia el
domicilio de Nuria Monfort, cuyo roce y olor con\-servaba grabados en el
\'e1tico de la memoria. La plaza de San Felipe Neri hab\'ed
a sido tomada por una bandada de palomas que reposaban sobre el
empedrado. Hab\'eda espe\-rado encontrar a Nuria Monfort en
compa\'f1\'eda de su libro, pero la plaza estaba desierta. Cruc\'e9
el empedrado bajo la atenta vigilancia de docenas de palomas, y ech\'e9
un vista\-zo alrededor buscando en vano la presencia de Ferm\'edn
camuflado de sab\'eda Dios el qu\'e9, pues se hab\'eda negado a revelarme
el ardid que ten\'eda en mente. Me adentr
\'e9 en la escalera y comprob\'e9 que el nombre Miquel Moliner se\-
gu\'eda en el buz\'f3n. Me pregunt\'e9 si aqu\'e9l ser\'eda el primer
agujero que iba a se\'f1alarle a Nuria Monfort en su historia. Mientras
ascend\'eda la escalera en penumbra, casi de\-
se\'e9 no encontrarla en casa. Nadie tiene tanta compasi\'f3n con un
embustero como alguien de su condici\'f3n. Al lle\-gar al rellano del
cuarto me detuve a reunir valor y urdir alguna excusa con la que
justificar mi visita. La radio de la vecina segu
\'eda atronando al otro lado del rellano, esta vez transmitiendo un
concurso de conocimientos religio\-sos que llevaba por t\'edtulo \'abEl
santo al Cielo\'bb y manten\'eda electrizadas a las audiencias de
Espa\'f1a entera cada mar\-tes al mediod\'eda.
\par
\par }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 Y ahora, por cinco duros, d\'edganos,
Bartolom\'e9, \'bfde qu\'e9 guisa se aparece el maligno a los sabios del
tabern\'e1culo en la par\'e1bola del arc\'e1ngel y el calabac\'edn del
libro de Josu\'e9
?: a) un cabritillo, b) un mercader de botijos, o c) un saltimbanqui con
una mona.
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Al estallido de aplausos de la audiencia
en el estudio de Radio Nacional, me plant\'e9 decidido frente a la puerta
de Nuria Monfort y presion\'e9 el timbre durante varios segundos. O\'ed
el eco perderse en el interior del piso y suspi\-r\'e9 de alivio. Estaba
por irme cuando escuch\'e9 los pasos acercarse a la puerta y el orificio
de la mirilla se ilumin\'f3 en una l\'e1grima de luz. Sonre\'ed.
Escuch\'e9
la llave girar en el cerrojo y respir\'e9 hondo.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {38
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw2\lang1034
\par \emdash Daniel \emdash murmur\'f3, la sonrisa al contraluz.
\par El humo azul del cigarrillo le velaba el rostro. Los la\-bios le
brillaban de carm\'edn oscuro, h\'famedos y sangrando huellas sobre el
filtro que sosten\'eda entre el \'edndice y el anular. Hay personas que
se recuerdan y otras que se sue\-\'f1an. Para m
\'ed, Nuria Monfort ten\'eda la consistencia y la cre\-dibilidad de un
espejismo: no se cuestiona su veracidad, sencillamente se le sigue hasta
que se desvanece o te des\-truye. La segu\'ed hasta el angosto sal\'f3n
de penumbras don\-de ten\'ed
a su escritorio, sus libros y aquella colecci\'f3n de l\'e1\-pices
alineados como un accidente de simetr\'eda.
\par \emdash Pensaba que no volver\'eda a verte.
\par \emdash Siento decepcionarla.
\par Se sent\'f3 en la silla de su escritorio, cruzando las pier\-nas e
inclin\'e1ndose hacia atr\'e1s. Arranqu\'e9 los ojos de su garganta y me
concentr\'e9 en una mancha de humedad en la pared. Me aproxim\'e9 hasta
la ventana y ech\'e9 un vistazo r\'e1
pido a la plaza. Ni rastro de Ferm\'edn. Pod\'eda o\'edr a Nuria Monfort
respirar a mi espalda, sentir su mirada. Habl\'e9 sin apartar los ojos de
la ventana.
\par \emdash Hace unos d\'edas, un buen amigo m\'edo averigu\'f3 que el
administrador de fincas responsable del antiguo piso de la familia
Fortuny-Carax hab\'eda estado enviando la co\-
rrespondencia a un apartado de correos a nombre de un bufete de abogados
que, al parecer, no existe. Ese mismo amigo averigu\'f3 que la persona
que hab\'eda estado reco\-giendo los env\'edos a ese apartado de correos
durante a\'f1os hab\'ed
a utilizado su nombre, se\'f1ora Monfort...
\par \emdash C\'e1llate.
\par Me volv\'ed v la encontr\'e9 retir\'e1ndose en las sombras.
\par \emdash Me juzgas sin conocerme \emdash dijo.
\par \emdash Ay\'fademe a conocerla, entonces.
\par \emdash \'bfA qui\'e9n has contado esto? \'bfQui\'e9n m\'e1s sabe lo
que me has dicho?
\par \emdash M\'e1s gente de lo que parece. La polic\'eda lleva
sigui\'e9n\-dome hace tiempo.
\par \emdash \'bfFumero?
\par }{\lang1034 Asent\'ed. Me pareci\'f3 que le temblaban las manos.
\par \emdash No sabes lo que has hecho, Daniel.
\par \emdash D\'edgamelo usted \emdash repliqu\'e9 con una dureza que no
sent\'eda.
\par \emdash Piensas que porque te tropezaste con un libro tie\-nes
derecho a entrar en la vida de personas a quienes no conoces, en cosas
que no puedes comprender y que no te pertenecen.
\par \emdash Me pertenecen ahora, lo quiera o no.
\par \emdash No sabes lo que dices.
\par \emdash Estuve en la casa de los Aldaya. S\'e9 que Jorge Aldaya se
oculta ah\'ed. S\'e9 que fue \'e9l quien asesin\'f3 a Carax.
\par Me mir\'f3 largamente, midiendo las palabras.
\par \emdash \'bfSabe eso Fumero?
\par \emdash No s\'e9.
\par \emdash M\'e1s vale que sepas. \'bfTe sigui\'f3 Fumero hasta esa
casa?
\par La rabia que ard\'eda en sus ojos me quemaba. Hab\'eda en\-trado con
el papel de acusador y juez, pero a cada minuto que pasaba me sent\'eda
el culpable.
\par \emdash No lo creo. \'bfUsted lo sab\'eda? Usted sab\'eda que fue
Al\-daya quien mat\'f3 a Juli\'e1n y que se oculta en esa casa... \'bfpor
qu\'e9 no me lo dijo?
\par Sonri\'f3 amargamente.
\par \emdash No entiendes nada, \'bfverdad?
\par \emdash Entiendo que minti\'f3 usted para defender al hom\-bre que
asesin\'f3 a quien usted llama su amigo, que ha es\-tado encubriendo ese
crimen durante a\'f1os, un hombre cuyo \'fanico prop\'f3sito es borrar
cualquier huella de la existencia de Juli
\'e1n Carax, que quema sus libros. En\-tiendo que me minti\'f3 sobre su
marido, que no est\'e1 en la c\'e1rcel y evidentemente aqu\'ed tampoco.
Eso es lo que en\-tiendo.
\par Nuria Monfort neg\'f3 lentamente.
\par \emdash Vete, Daniel. Vete de esta casa y no vuelvas. Ya has hecho
suficiente.
\par Me alej\'e9 hacia la puerta, dej\'e1ndola en el comedor. Me detuve a
medio camino y regres\'e9. Nuria Monfort estaba sentada en el suelo,
contra la pared. Todo el artificio de su presencia se hab\'eda deshecho.
\par Cruc\'e9 la plaza de San Felipe Neri barriendo el suelo con la
mirada. Arrastraba el dolor que hab\'eda recogido de labios de aquella
mujer, un dolor del que me sent\'eda ahora c\'f3mplice e instrumento pero
sin acertar a comprender ni el c\'f3
mo ni el porqu\'e9. \'abNo sabes lo que has hecho, Da\-niel.\'bb S\'f3lo
deseaba alejarme de all\'ed. Al cruzar frente a la iglesia apenas
repar\'e9 en la presencia de aquel sacerdote enjuto y narigudo que me
bendec\'ed
a con parsimonia al pie del portal, sosteniendo un misal y un rosario.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {39
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034
\par Regres\'e9 a la librer\'eda con casi cuarenta y cinco minutos de
retraso. Al verme, mi padre frunci\'f3 el ce\'f1o con reproba\-ci\'f3n y
mir\'f3 el reloj.
\par \emdash Menudas horas. Sab\'e9is que tengo que salir a visitar un
cliente en San Cugat y me dej\'e1is aqu\'ed solo.
\par \emdash \'bfY Ferm\'edn? \'bfNo ha vuelto todav\'eda?
\par Mi padre neg\'f3 con aquella prisa que le consum\'eda cuando estaba
de mal humor
\par \emdash Por cierto, tienes una carta. Te la he dejado junto a la
caja.
\par \emdash Pap\'e1, perdona pero...
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Me hizo un gesto para que me ahorrase
las excusas, arm\'f3 de gabardina y sombrero y sali\'f3 por la puerta sin
despedirse. Conoci\'e9ndole, supuse que el enfado se le habr\'eda
evaporado antes de llegar a la estaci\'f3
n. Lo que me extra\'f1aba era la ausencia de Ferm\'edn. Le hab\'eda visto
ata\-viado de sacerdote de sainete en la plaza de San Felipe Neri, a la
espera de que Nuria Monfort saliera a escape y le guiase hasta el gran
secreto de la trama. Mi fe en aque\-
lla estrategia se hab\'eda reducido a cenizas e imagin\'e9 que si
realmente Nuria Monfort sal\'eda a la calle, Ferm\'edn iba a acabar
sigui\'e9ndola hasta la farmacia o la panader\'eda. Va\-liente plan. Me
acerqu\'e9 hasta la caja para echarle un vis\-
tazo a la carta que hab\'eda mencionado mi padre. El sobre era blanco y
rectangular, como una l\'e1pida, y en lugar de crucifijo tra\'eda un
membrete que consigui\'f3 pulverizarme los pocos \'e1nimos que conservaba
para pasar el d\'eda.
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {GOBIERNO MILITAR DE BARCELONA
\par OFICINA DE RECLUTAMIENTO
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\i\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw2\lang1034
Aleluya \emdash murmur\'e9.
\par Sab\'eda lo que conten\'eda sin necesidad de abrir el sobre, pero
aun as\'ed lo hice por revolcarme en el lodo. La carta era sucinta, dos
p\'e1rrafos de esa prosa varada entre la proclama inflamada y el aria de
opereta que caracteriza al g\'e9\-n
ero epistolar castrense. Se me anunciaba que en el plazo de dos meses,
yo, Daniel Sempere Mart\'edn, tendr\'eda el ho\-nor y el orgullo de
unirme al deber m\'e1s sagrado y edifi\-cante que la vida pod\'eda
ofrecer al var\'f3n celtib\'e9
rico: servir a la patria y vestir el uniforme de la cruzada nacional en
la defensa de la reserva espiritual de Occidente. Confi\'e9 en que al
menos Ferm\'edn fuera capaz de encontrarle la punta al asunto y hacernos
re\'edr un rato con su versi\'f3
n en verso de }{\i\expnd2\expndtw14\lang1034 La ca\'edda del contubernio
judeo-mas\'f3nico. }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Dos meses. Ocho semanas.
Sesenta d\'edas. Siempre pod\'eda dividir el tiempo hasta segundos y
obtener as\'ed una cifra kilom\'e9tri\-
ca. Me quedaban cinco millones ciento ochenta y cuatro mil segundos de
libertad. A lo mejor don Federico, que seg\'fan mi padre era capaz de
fabricar un Volkswagen, po\-d\'eda hacerme un reloj con frenos de disco.
A lo mejor al\-guien me explicaba c\'f3
mo me las iba a arreglar para no perder a Bea para siempre. Al o\'edr la
campanilla de la puerta cre\'ed que se trataba de Ferm\'edn que regresaba
final\-mente persuadido de que nuestros empe\'f1os detectives\-cos no
daban ni para un chiste.
\par \emdash Vaya, el heredero vigilando el castillo, como debe ser,
aunque sea con cara de berenjena. Alegra ese rostro, chaval, que pareces
el mu\'f1eco de Netol \emdash dijo Gustavo Barcel\'f3, engalanado con un
abrigo de camello y un bas\-t\'f3
n de marfil que no necesitaba y que bland\'eda como una mitra
cardenalicia\emdash . \'bfNo est\'e1 tu padre, Daniel?
\par \emdash Lo siento, don Gustavo. Sali\'f3 a visitar a un cliente, y
supongo que no volver\'e1 hasta...
\par \emdash Perfecto. Porque no es a \'e9l a quien vengo a ver, y lo que
tengo que decirte es mejor que no lo oiga.
\par Me gui\'f1\'f3 el ojo, desenfund\'e1ndose los guantes y obser\-vando
la tienda con displicencia.
\par \emdash \'bfY nuestro colega Ferm\'edn? \'bfAnda por aqu\'ed?
\par \emdash Desaparecido en combate.
\par \emdash Supongo que aplicando sus talentos a la resoluci\'f3n del
caso Carax.
\par \emdash En cuerpo y alma. La \'faltima vez que le vi vest\'eda so\-
tana y dispensaba la bendici\'f3n urbi et orbe.
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Ya... La culpa es
m\'eda por azuzaros. En buena hora se me ocurri\'f3 abrir el pico.
\par \emdash Le veo un tanto inquieto. \'bfHa sucedido algo?
\par \emdash No exactamente. O s\'ed, de alguna manera.
\par \emdash \'bfQu\'e9 quer\'eda contarme, don Gustavo?
\par }{\lang1034 El librero me sonri\'f3 mansamente. Su habitual gesto
altanero y su arrogancia de sal\'f3n se hab\'edan batido en reti\-rada.
En su lugar me pareci\'f3 intuir cierta gravedad, un atisbo de cautela y
no poca preocupaci\'f3n.
\par \emdash Esta ma\'f1ana he conocido a don Manuel Guti\'e9rrez
Fonseca, de cincuenta y nueve a\'f1os de edad, soltero y funcionario de
la morgue municipal de Barcelona desde 1924. Treinta a\'f1os de servicio
en el umbral de las tinie\-
blas. La frase es suya, no m\'eda. Don Manuel es un caballe\-ro de la
vieja escuela, cort\'e9s, agradable y servicial. Vive en una
habitaci\'f3n alquilada en la calle de la Ceniza desde hace quince a\'f1
os, que comparte con doce periquitos que han aprendido a tararear la
marcha f\'fa
nebre. Tiene un abono de gallinero en el Liceo. Le gustan Verdi y
Donizetti. Me dijo que en su trabajo lo importante es seguir el
reglamento. El reglamento lo tiene todo previsto, espe\-cialmente en las
ocasiones en que uno no sabe qu\'e9 hac
er. Hace quince a\'f1os, don Manuel abri\'f3 un saco de lona que tra\'eda
la polic\'eda y se encontr\'f3 con el mejor amigo de su in\-fancia. El
resto del cuerpo ven\'eda en bolsa aparte. Don Ma\-nuel, trag\'e1ndose el
alma, sigui\'f3 el reglamento.
\par \emdash \'bfQuiere un caf\'e9, don Gustavo? Se est\'e1 usted
ponien\-do amarillo.
\par \emdash Por favor.
\par Fui a por el termo y le prepar\'e9 una taza con ocho te\-rrones de
az\'facar. Se lo bebi\'f3 de un trago.
\par \emdash \'bfMejor?
\par \emdash Remontando. Como iba diciendo, el caso es que don Manuel
estaba de guardia el d\'eda en que llevaron el cuerpo de Juli\'e1n Carax
al servicio de necropsias, en septiembre de 1936. Por supuesto, don
Manuel no se acorda\-
ba del nombre, pero una consulta a los archivos, y una donaci\'f3n de
veinte duros a su fondo de retiro, le refres\-caron la memoria
notablemente. \'bfMe sigues?
\par Asent\'ed, casi en trance.
\par \emdash Don Manuel recuerda los pormenores de aquel d\'eda porque
seg\'fan me cont\'f3 aqu\'e9lla fue una de las pocas oca\-siones en que
se salt\'f3 el reglamento. La polic\'eda aleg\'f3 que el cad\'e1ver
hab\'eda sido encontrado en un callej\'f3
n del Raval poco antes del amanecer. El cuerpo lleg\'f3 al dep\'f3sito a
media ma\'f1ana. Llevaba encima s\'f3lo un libro y un pasa\-porte que le
identificaba como Juli\'e1n Fortuny Carax, na\-
tural de Barcelona, nacido en 1900. El pasaporte llevaba un sello de la
frontera de La Junquera, indicando que Ca\-rax hab\'eda entrado en el
pa\'eds un mes antes. La causa de la muerte, aparentemente, era una
herida de bala. Don Ma\-nuel no es m\'e9
dico, pero con el tiempo se ha aprendido el repertorio. A su juicio, el
disparo, justo sobre el coraz\'f3n, hab\'eda sido realizado a quemarropa.
Gracias al pasaporte se pudo localizar al se\'f1or Fortuny, padre de
Carax, que acudi\'f3
aquella misma noche al dep\'f3sito a realizar la identificaci\'f3n del
cuerpo.
\par \emdash Hasta ah\'ed todo encaja con lo que cont\'f3 Nuria Mon\-
fort.
\par Barcel\'f3 asinti\'f3.
\par \emdash As\'ed es. Lo que no te dijo Nuria Monfort es que \'e9l, mi
amigo don Manuel, al sospechar que la polic\'eda no pa\-rec\'eda tener
mucho inter\'e9s en el caso, y al haber comprobado que el libro que se
hab\'eda encontrado en los bolsillos del cad
\'e1ver llevaba el nombre del fallecido, decidi\'f3 to\-mar la iniciativa
y llam\'f3 a la editorial aquella misma tar\-de, mientras esperaban la
llegada del se\'f1or Fortuny, para informar de lo sucedido.
\par \emdash Nuria Monfort me dijo que el empleado de la mor\-gue
llam\'f3 a la editorial tres d\'edas despu\'e9s, cuando el cuer\-po ya
hab\'eda sido enterrado en una fosa com\'fan.
\par \emdash Seg\'fan don Manuel, \'e9l llam\'f3 el mismo d\'eda en que
el cuerpo lleg\'f3 al dep\'f3sito. Me dice que habl\'f3 con una
se\'f1orita que le agradeci\'f3 el que hubiese llamado. Don Ma\-nuel
recuerda que le choc\'f3 un tanto
la actitud de dicha se\'f1orita. Seg\'fan sus propias palabras \'abera
como si ya lo su\-piese\'bb.
\par \emdash \'bfQu\'e9 hay del se\'f1or Fortuny? \'bfEs cierto que se
neg\'f3 a reconocer a su hijo?
\par \emdash Eso es lo que m\'e1s me intrigaba a m\'ed. Don Manuel
explica que al caer la tarde lleg\'f3 un hombrecillo temblo\-roso en
compa\'f1\'eda de unos agentes de la polic\'eda. Era el se\'f1or Fortuny.
Seg\'fan \'e9l, eso es lo \'fa
nico a lo que uno no llega nunca a acostumbrarse, el momento en que los
alle\-gados vienen a identificar el cuerpo de un ser querido. Don Manuel
dice que es un lance que no le desea a na\-die. Seg\'fan \'e9l, lo peor
es cuando el muerto es una perso\-
na joven y son los padres, o un c\'f3nyuge reciente, quienes tienen que
reconocerle. Don Manuel recuerda bien al se\-\'f1or Fortuny. Dice que
cuando lleg\'f3 al dep\'f3sito apenas pod\'eda sostenerse en pie, que
lloraba como un ni\'f1o y que los dos polic
\'edas le ten\'edan que llevar de los brazos. No pa\-raba de gemir:
\'ab\'bfQu\'e9 le han hecho a mi hijo?, \'bfqu\'e9 le han hecho a mi
hijo?\'bb
\par \emdash \'bfLleg\'f3 a ver el cuerpo?
\par \emdash Don Manuel me cont\'f3 que estuvo a punto de suge\-rirles a
los agentes que se saltasen el tr\'e1mite. Es la \'fanica vez que se le
pas\'f3 por la cabeza cuestionar el reglamento. El cad\'e1ver estaba en
malas condiciones. Probablemente llevaba m
\'e1s de veinticuatro horas muerto cuando lleg\'f3 al dep\'f3sito, no
desde el amanecer como alegaba la polic\'eda. Manuel tem\'eda que cuando
aquel viejecillo lo viese, se romper\'eda en pedazos. El se\'f1or Fortuny
no paraba de de\-cir que no pod\'ed
a ser, que su Juli\'e1n no pod\'eda estar muer\-to... Entonces don Manuel
retir\'f3 el sudario que cubr\'eda el cuerpo y los dos agentes le
preguntaron formalmente si aqu\'e9l era su hijo Juli\'e1n.
\par \emdash El se\'f1or Fortuny se qued\'f3 mudo, contemplando el
cad\'e1ver durante casi un minuto. Entonces se dio la vuelta y se
march\'f3.
\par \emdash \'bfSe march\'f3?
\par \emdash A toda prisa.
\par \emdash \'bfY la polic\'eda? \'bfNo se lo impidi\'f3? \'bfNo estaban
all\'ed para identificar el cad\'e1ver?
\par Barcel\'f3 sonri\'f3 con malicia.
\par \emdash En teor\'eda. Pero don Manuel recuerda que hab\'eda al\-
guien m\'e1s en la sala, un tercer polic\'eda que hab\'eda entrado
sigilosamente mientras los agentes preparaban al se\'f1or Fortuny y que
hab\'ed
a presenciado la escena en silencio, apoyado en la pared con un
cigarrillo en los labios. Don Manuel le recuerda porque cuando le dijo
que el regla\-mento prohib\'eda expresamente fumar en el dep\'f3sito, uno
de los agentes le indic\'f3 que se callara.
Seg\'fan don Ma\-nuel, tan pronto el se\'f1or Fortuny se hubo marchado,
el tercer polic\'eda se acerc\'f3, ech\'f3 un vistazo al cuerpo y le es\-
cupi\'f3 en la cara. Luego se qued\'f3 con el pasaporte y dio \'f3
rdenes de que el cuerpo fuese enviado a Can Tunis para ser enterrado en
una fosa com\'fan aquel mismo amanecer.
\par \emdash No tiene sentido.
\par \emdash Eso pens\'f3 don Manuel. Sobre todo porque aquello no casaba
con el reglamento. \'abPero si no sabemos qui\'e9n es este hombre\'bb,
dec\'eda \'e9l. Los polic\'edas no dijeron nada. Don Manuel, airado, les
increp\'f3: \'ab\'bfO
lo saben ustedes demasiado bien? Porque a nadie se le escapa que lleva
por lo menos un d\'eda muerto.\'bb Obviamente, don Manuel se remit\'eda
al reglamento y no ten\'eda un pelo de tonto. Seg\'fan \'e9l, al escuchar
sus protestas, el tercer polic\'ed
a se le acerc\'f3, le mir\'f3 a los ojos fijamente y le pregunt\'f3 si le
ape\-tec\'eda unirse al finado en su \'faltimo viaje. Don Manuel me
cont\'f3 que se qued\'f3 aterrado. Que aquel hombre ten\'eda ojos de loco
y que no dud\'f3
un instante de que hablaba en serio. Murmur\'f3 que \'e9l s\'f3lo
trataba de cumplir con el re\-glamento, que nadie sab\'eda qui\'e9n era
aquel hombre y que por tanto todav\'eda no se le pod\'eda enterrar.
\'abEste hombre es quien yo diga que es\'bb
, replic\'f3 el polic\'eda. Entonces cogi\'f3 la hoja de registro y la
firm\'f3, dando por cerrado el caso. Don Manuel dice que esa firma no la
olvidar\'e1 jam\'e1s, por\-que en los a\'f1os de la guerra, y luego
durante mucho tiem\-po despu\'e9s, volver
\'eda a encontrarla en decenas de hojas de registro y defunci\'f3n de
cuerpos que llegaban no se sab\'eda de d\'f3nde y que nadie consegu\'eda
identificar...
\par \emdash El inspector Francisco Javier Fumero...
\par \emdash Orgullo y basti\'f3n de la Jefatura Superior de Polic\'eda.
\'bfSabes lo que significa eso, Daniel?
\par \emdash Que hemos estado dando palos de ciego desde el principio.
\par Barcel\'f3 tom\'f3 su sombrero y su bast\'f3n y se dirigi\'f3 ha\-
cia la puerta, negando por lo bajo.
\par \emdash No, que los palos van \'e1 empezar ahora.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {40
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034
\par Pas\'e9 la tarde velando aquella funesta carta que me anun\-ciaba mi
incorporaci\'f3n a filas y esperando se\'f1ales de vida de Ferm\'edn.
Pasaba ya media hora del horario de cierre y Ferm\'edn segu\'eda en
paradero desconocido. Cog\'ed el tel\'e9
fono y llam\'e9 a la pensi\'f3n en la calle Joaqu\'edn Costa. Contest\'f3
do\'f1a Encarna, que dijo con voz de cazalla que no hab\'eda visto a
Ferm\'edn desde aquella ma\'f1ana.
\par \emdash Si no est\'e1 aqu\'ed en media hora, cenar\'e1 fr\'edo, que
esto no es el Ritz. No le ha pasado nada, \'bfverdad?
\par \emdash Descuide, do\'f1a Encarna. Ten\'eda un recado pendien\-te y
se habr\'e1 retrasado. En todo caso, si le viera usted an\-tes de
acostarse, le agradecer\'eda much\'edsimo que le dijera que me llamase.
Daniel Sempere, el vecino de
su amiga la Merceditas.
\par \emdash Pierda cuidado, aunque le prevengo, yo a las ocho y media me
meto en el sobre.
\par Acto seguido llam\'e9 a casa de Barcel\'f3, confiando en que tal vez
Ferm\'edn se hubiese dejado caer por all\'ed para va\-ciarle la despensa
a la Bernarda o arramblarla en el cuarto de planchar. No se me hab\'eda
ocurrido que ser\'ed
a Clara quien contestase al tel\'e9fono.
\par \emdash Daniel, esto s\'ed que es una sorpresa.
\par Eso mismo digo yo, pens\'e9. Dando un circunloquio digno del
catedr\'e1tico don Anacleto, dej\'e9 caer el objeto de mi llamada
otorg\'e1ndole apenas una importancia pasa\-jera.
\par \emdash No, Ferm\'edn no ha pasado por aqu\'ed en todo el d\'eda. Y
la Bernarda ha estado conmigo toda la tarde, o sea que lo sabr\'eda.
Hemos estado hablando de ti, \'bfsabes?
\par \emdash Pues qu\'e9 conversaci\'f3n tan aburrida.
\par \emdash La Bernarda dice que se te ve muy guapo, hecho todo un
hombre.
\par \emdash Tomo muchas vitaminas. Un largo silencio.
\par \emdash Daniel, \'bfcrees que podremos volver a ser amigos al\-
g\'fan d\'eda? \'bfCu\'e1ntos a\'f1os har\'e1n falta para que me perdo\-
nes?
\par \emdash Amigos ya somos, Clara, y yo no tengo nada que perdonarte.
Ya lo sabes.
\par \emdash Mi t\'edo dice que andas todav\'eda indagando sobre Ju\-
li\'e1n Carax. A ver si te pasas un d\'eda por casa a merendar y me
cuentas novedades. Yo tambi\'e9n tengo cosas que con\-tarte.
\par \emdash Uno de estos d\'edas, sin falta.
\par \emdash Me voy a casar, Daniel.
\par Me qued\'e9 mirando el auricular. Tuve la impresi\'f3n de que los
pies se me hund\'edan en el suelo o de que mi es\-queleto encog\'eda unos
cent\'edmetros.
\par \emdash Daniel, \'bfest\'e1s ah\'ed?
\par \emdash S\'ed.
\par \emdash Te ha sorprendido.
\par Tragu\'e9 saliva con la consistencia de cemento armado.
\par \emdash No. Lo que me sorprende es que no te hayas casado ya.
Pretendientes no te habr\'e1n faltado. \'bfQui\'e9n es el afor\-tunado?
\par \emdash No le conoces. Se llama Jacobo. Es un amigo de mi t\'edo
Gustavo. Directivo del Banco de Espa\'f1a. Nos conoci\-mos en un recital
de \'f3pera que organiz\'f3 mi t\'edo. Jacobo es un apasionado de la \'f3
pera. Es mayor que yo, pero somos muy buenos amigos y eso es lo que
importa, \'bfno te pa\-rece?
\par Se me encendi\'f3 la boca de malicia, pero me mord\'ed la lengua.
Sab\'eda a veneno.
\par \emdash Claro... Oye, pues nada, felicidades.
\par \emdash Nunca me perdonar\'e1s, \'bfverdad, Daniel? Para ti siem\-
pre ser\'e9 Clara Barcel\'f3, la p\'e9rfida.
\par \emdash Para m\'ed siempre ser\'e1s Clara Barcel\'f3, punto. Y eso
tambi\'e9n lo sabes.
\par Medi\'f3 otro silencio, de aquellos en los que crecen las canas a
traici\'f3n.
\par \emdash \'bfY t\'fa, Daniel? Ferm\'edn me dice que tienes una novia
guap\'edsima.
\par \emdash Tengo que dejarte ahora, Clara, me entra un clien\-te. Te
llamo un d\'eda de esta semana y quedamos para me\-rendar. Felicidades
otra vez.
\par Colgu\'e9 el tel\'e9fono y suspir\'e9.
\par Mi padre regres\'f3 de su visita al cliente con el sem\-blante
abatido y pocas ganas de conversaci\'f3n. Prepar\'f3 la cena mientras yo
pon\'eda la mesa, sin preguntarme apenas por Ferm\'edn o por la jornada
en la librer\'ed
a. Cenamos con la mirada hundida en el plato y atrincherados en la
ch\'e1\-chara de las noticias de la radio. Mi padre apenas hab\'eda
tocado su plato. Se limitaba a remover aquella sopa agua\-
da y sin sabor con la cuchara, como si buscase oro en el fondo.
\par \emdash No has probado bocado \emdash dije.
\par Mi padre se encogi\'f3 de hombros. La radio segu\'eda
ametrall\'e1ndonos con sandeces. Mi padre se levant\'f3 y la apag\'f3.
\par \emdash \'bfQu\'e9 dec\'eda la carta del ej\'e9rcito? \emdash
pregunt\'f3 final\-mente.
\par \emdash Me incorporo en dos meses.
\par Cre\'ed que la mirada le envejec\'eda diez a\'f1os.
\par \emdash Barcel\'f3 me dice que me va a buscar un enchufe para que me
trasladen al Gobierno Militar en Barcelona despu\'e9s del campamento.
Hasta podr\'e9 venir a dormir a casa \emdash ofrec\'ed.
\par Mi padre replic\'f3 con un asentimiento an\'e9mico. Se me hizo
doloroso sostenerle la mirada y me levant\'e9 a re\-coger la mesa. Mi
padre permaneci\'f3 sentado, con la vista extraviada y las manos cruzadas
bajo la barbilla. Me dispo\-n\'ed
a a fregar los platos cuando escuch\'e9 los pasos repique\-teando en la
escalera. Pasos firmes, apresurados, que cas\-tigaban el piso y
conjuraban un c\'f3digo funesto. Alc\'e9 la vista y cruc\'e9 una mirada
con mi padre. Las pisadas se
detuvieron en nuestro rellano. Mi padre se incorpor\'f3, in\-quieto. Un
segundo m\'e1s tarde se escucharon varios gol\-pes en la puerta y una voz
atronadora, rabiosa y vagamen\-te familiar.
\par \emdash \'a1Polic\'eda! \'a1Abran!
\par Mil dagas me apu\'f1alaran el pensamiento. Una nueva
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 andanada de golpes hicieron tambalearse la
puerta. Mi }{\lang1034 pa}{\expnd0\expndtw2\lang1034 dre se dirigi\'f3
hasta el umbral y alz\'f3 la rejilla de la mirilla.
\par \emdash \'bfQu\'e9 quieren ustedes a estas horas?
\par \emdash O abre esta puerta o la tiramos a patadas, se\'f1or Sempere.
No me haga repet\'edrselo.
\par Reconoc\'ed la voz de Fumero y me invadi\'f3 un aliento helado. Mi
padre me lanz\'f3 una mirada inquisitiva. Asen\-t\'ed. Ahogando un
suspiro, abri\'f3 la puerta. Las siluetas de Fumero y sus dos secuaces de
rigor se recortaban en el re\-
luz amarillento del umbral. Gabardinas grises arrastrando t\'edteres de
ceniza.
\par \emdash \'bfD\'f3nde est\'e1? \emdash grit\'f3 Fumero, apartando a
mi padre de un manotazo y abri\'e9ndose paso hacia el comedor.
\par Mi padre hizo un amago de detenerle, pero uno de los agentes que
cubr\'eda las espaldas del inspector le aferr\'f3 del brazo y le
empuj\'f3 contra la pared, sujet\'e1ndole con la frialdad y la eficacia
de una m\'e1
quina acostumbrada a la tarea. Era el mismo individuo que nos hab\'eda
seguido a Ferm\'edn y a m\'ed, el mismo que me hab\'eda sujetado mientras
Fumero apaleaba a mi amigo frente al asilo de Santa Luc\'eda, el mismo
que me hab\'ed
a vigilado un par de noches atr\'e1s. Me lanz\'f3 una mirada vac\'eda,
inescrutable. Sal\'ed al en\-cuentro de Fumero, blandiendo toda la calma
que era ca\-paz de fingir. El inspector ten\'eda los ojos inyectados en
sangre. Un ara\'f1azo reciente le reco
rr\'eda la mejilla izquier\-da, ribeteado de sangre seca.
\par \emdash \'bfD\'f3nde est\'e1?
\par \emdash \'bfEl qu\'e9?
\par Fumero dej\'f3 caer los ojos y sacudi\'f3 la cabeza, murmurando
para, s\'ed. Cuando alz\'f3 el rostro exhib\'eda una mueca canina en los
labios y un rev\'f3lver en la mano. Sin apartar sus ojos de los m\'edos,
Fumero le clav\'f3 un culatazo al jarr\'f3
n con flores marchitas sobre la mesa. El jarr\'f3n esta\-ll\'f3 en
pedazos, derramando el agua y los tallos ajados so\-bre el mantel. A mi
pesar, me estremec\'ed. Mi padre vocife\-raba en el recibidor bajo la
presa de los dos agentes. Ape\-
nas pude descifrar sus palabras. Todo cuanto era capaz de absorber era la
presi\'f3n helada del ca\'f1\'f3n del rev\'f3lver hundido en mi mejilla y
el olor a p\'f3lvora.
\par \emdash A m\'ed no me jodas, ni\'f1ato de mierda, o tu padre va a
tener que recoger tus sesos del suelo. \'bfMe oyes?
\par Asent\'ed, temblando. Fumero presionaba el ca\'f1\'f3n del arma con
fuerza contra mi p\'f3mulo. Sent\'ed que me cortaba la piel, pero no me
atrev\'ed ni a parpadear.
\par \emdash Es la \'faltima vez que te lo pregunto. \'bfD\'f3nde
est\'e1?
\par Me vi a m\'ed mismo reflejado en las pupilas negras del inspector,
que se contra\'edan lentamente al tiempo que ten\-saba el percutor con el
pulgar.
\par \emdash Aqu\'ed no. No le he visto desde el mediod\'eda. Es la ver\-
dad.
\par Fumero permaneci\'f3 inm\'f3vil durante casi medio mi\-nuto,
hurg\'e1ndome la cara con el rev\'f3lver y relami\'e9ndose los labios.
\par \emdash Lerma \emdash orden\'f3\emdash . Eche un vistazo.
\par Uno de los agentes se apresur\'f3 a inspeccionar el piso. Mi padre
forcejeaba en vano con el tercer polic\'eda.
\par \emdash Como me hayas mentido y lo encontremos en esta casa, te juro
que le rompo las dos piernas a tu padre \emdash susurr\'f3 Fumero.
\par \emdash Mi padre no sabe nada. D\'e9jele en paz.
\par \emdash T\'fa s\'ed que no sabes ni a lo que juegas. Pero en cuan\-
to trinque a tu amigo, se acab\'f3 el juego. Ni jueces, ni hos\-pitales,
ni hostias. Esta vez me voy a encargar personalmente de sacarle de la
circulaci\'f3n. Y voy a disfrutar haci\'e9
ndolo, cr\'e9eme. Me voy a tomar mi tiempo. Se lo puedes decir si lo ves.
Porque voy a encontrarle aunque se esconda debajo de las piedras. Y t\'fa
tienes el siguiente n\'famero. ,
\par }{\lang1034 El agente Lerma reapareci\'f3 en el comedor e
intercambi\'f3 una mirada con Fumero, una leve negativa. Fu\-mero
afloj\'f3 el percutor y retir\'f3 el rev\'f3lver.
\par \emdash L\'e1stima \emdash dijo Fumero.
\par \emdash \'bfDe qu\'e9 le acusa? \'bfPor qu\'e9 le busca?
\par Fumero me dio la espalda y se aproxim\'f3 a los dos agentes que, a
su se\'f1al, soltaron a mi padre.
\par \emdash Se va usted a acordar de esto \emdash escupi\'f3 mi padre.
\par Los ojos de Fumero se posaron sobre \'e9l. Instintiva\-mente, mi
padre dio un paso atr\'e1s. Tem\'ed que la visita del inspector no
hubiera hecho m\'e1s que empezar, pero s\'fabi\-tamente Fumero sacudi\'f3
la cabeza, ri\'e9ndose por lo bajo, y abandon\'f3
el piso sin m\'e1s ceremonia. Lerma le sigui\'f3. El tercer polic\'eda,
mi perpetuo centinela, se detuvo un ins\-tante en el umbral. Me mir\'f3
en silencio, como si quisiera decirme algo.
\par \emdash \'a1Palacios! \emdash bram\'f3 Fumero, su voz desdibujada en
el eco de la escalera.
\par Palacios baj\'f3 la mirada y desapareci\'f3 por la puer\-ta. Sal\'ed
al rellano. Cuchillas de luz se perfilaban desde las puertas
entreabiertas de varios vecinos, sus rostros atemorizados asomados en la
penumbra. Las tres siluetas oscu\-ras de los polic
\'edas se perd\'edan escaleras abajo y el repique\-teo furioso de sus
pasos se bat\'eda en retirada como marea envenenada, dejando un rastro de
miedo y negrura.
\par Rondaba la medianoche cuando escuchamos de nue\-vo golpes en la
puerta, esta vez m\'e1s d\'e9biles, casi temero\-sos. Mi padre, que me
estaba limpiando la magulladura que me hab\'eda dejado el rev\'f3lver de
Fumero con agua oxi\-
genada, se detuvo en seco. Nuestras miradas se encontra\-ron. Llegaron
tres nuevos golpes.
\par Por un instante cre\'ed que se trataba de Ferm\'edn, que tal vez
hab\'eda presenciado todo el incidente escondido en un rinc\'f3n oscuro
de la escalera.
\par \emdash \'bfQui\'e9n va? \emdash pregunt\'f3 mi padre.
\par \emdash Don Anacleto, se\'f1or Sempere.
\par Mi padre suspir\'f3. Abrimos la puerta para encontrar al
catedr\'e1tico, m\'e1s p\'e1lido que nunca.
\par \emdash Don Anacleto, \'bfqu\'e9 pasa? \'bfEst\'e1 usted bien?
\emdash pre\-gunt\'f3 mi padre, haci\'e9ndole pasar.
\par El catedr\'e1tico portaba un peri\'f3dico plegado en las ma\-nos. Se
limit\'f3 a tend\'e9rnoslo, con una mirada de horror. El papel a\'fan
estaba tibio y la tinta fresca.
\par \emdash Es la edici\'f3n de ma\'f1ana \emdash musit\'f3 don
Anacleto\emdash . P\'e1gina seis.
\par Lo primero que advert\'ed fueron las dos fotograf\'edas que
sosten\'edan el titular. La primera mostraba a un Ferm\'edn m\'e1s
relleno de carnes y pelo, quiz\'e1 quince o veinte a\'f1os m\'e1s joven.
La segunda rev
elaba el rostro de una mujer con los ojos sellados y la piel de
m\'e1rmol. Tard\'e9 unos se\-gundos en reconocerla, porque me hab\'eda
acostumbrado a verla entre penumbras.
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {UN INDIGENTE ASESINA A UNA MUJER
\par A PLENA LUZ DEL D\'cdA
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034 Barcelona/agencias (Redacci\'f3n)
\par
\par }\pard\plain \s18\qj\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\i\f1\expndtw4\lang1034\cgrid {La polic\'eda busca al indigente que
asesin\'f3 esta tarde a pu\'f1aladas a Nuria Monfort Masdedeu, de treinta
y siete a\'f1os de edad y ve\-cina de Barcelona.
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\i\expnd0\expndtw4\lang1034 El crimen tuvo lugar a
media tarde en la barriada de San Gervasio, donde la v\'edctima fue
asaltada sin raz\'f3n ap
arente por el indigente, que al parecer, y seg\'fan informes de la
Jefatura Superior de Polic\'eda, la hab\'eda estado siguiendo por motivos
que a\'fan no han sido esclarecidos.
\par Al parecer, el asesino, Antonio Jos\'e9 Guti\'e9rrez Alcayete, de
cin\-cuenta y un a\'f1os de edad y natural de Villa Inmunda, provincia de
C\'e1ceres, es un conocido maleante con un largo historial de trastornos
mentales fugado de la c\'e1
rcel Modelo hace seis a\'f1os y que ha conseguido eludir a las
autoridades desde entonces asu\-miendo diferentes identidades. En el
momento del crimen vest\'eda una sotana. Est\'e1 armado y la polic\'ed
a lo califica como altamente peligroso. Se desconoce todav\'eda si la
v\'edctima y su asesino se cono\-c\'edan o cu\'e1l puede haber sido el
m\'f3vil del crimen, aunque fuentes de la Jefatura Superior de Polic\'eda
indican que todo parece apun\-
tar hacia tal hip\'f3tesis. La v\'edctima recibi\'f3 seis heridas de arma
blanca en el vientre, cuello y pecho. El asalto, que tuvo lugar en las
inmediaciones de un colegio, fue presenciado por varios alumnos que
alertaron al profesorado de la instituci
\'f3n, quien a su vez llam\'f3 a la polic\'eda y a una ambulancia.
Seg\'fan el informe policial, las heridas recibidas por la v\'edctima
resultaron mortales. La v\'edctima ingres\'f3 cad\'e1ver en el Hospital
Cl\'ednico de Barcelona a las 18.15.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {41
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034
\par No tuvimos noticias de Ferm\'edn en todo el d\'eda. Mi padre
insisti\'f3 en abrir la librer\'eda como cualquier otro d\'eda y ofre\-
cer una fachada de normalidad e inocencia. La polic\'eda hab\'eda
apostado un agente frente a la escalera y un segun\-
do vigilaba la plaza de Santa Ana, cobijado en el portal de la iglesia
como santo de \'faltima hora. Los ve\'edamos tiritar de fr\'edo bajo la
intensa lluvia que hab\'eda llegado con el alba, el aliento de vapor cada
vez m\'e1s di\'e1
fano, las manos hundidas en los bolsillos de la gabardina. M\'e1s de un
veci\-no pasaba de largo, mirando de soslayo a trav\'e9s del esca\-
parate, pero ni un solo comprador se aventur\'f3 a entrar.
\par \emdash Ya debe de haber corrido la voz \emdash dije.
\par Mi padre se limit\'f3 a asentir. Hab\'eda pasado la ma\'f1ana sin
dirigirme la palabra y expres\'e1ndose con gestos. La p\'e1\-gina con la
noticia del asesinato de Nuria Monfort yac\'eda sobre el mostrador. Cada
veinte minutos se acercaba y la rele\'ed
a con expresi\'f3n impenetrable. Llevaba acumulando ira en su interior
todo el d\'eda, herm\'e9tico.
\par \emdash Por mucho que leas la noticia una y otra vez no va a ser
verdad \emdash dije.
\par Mi padre alz\'f3 la vista y me mir\'f3 con severidad.
\par \emdash \'bfConoc\'edas t\'fa a esta persona? \'bfNuria Monfort?
\par \emdash Hab\'eda hablado con ella un par de veces \emdash dije.
\par El rostro de Nuria Monfort me rob\'f3 el pensamiento. Mi falta de
sinceridad ten\'eda sabor a n\'e1usea. Me persegu\'eda todav\'eda su olor
y el roce de sus labios, la imagen de aquel escritorio pulcramente
ordenado y su mirada triste y sa\-bia. \'ab
Un par de veces.\'bb
\par \emdash \'bfPor qu\'e9 tuviste que hablar con ella? \'bfQu\'e9
ten\'eda que ver contigo?
\par \emdash Era una vieja amiga de Juli\'e1n Carax. La fui a visitar
para preguntarle qu\'e9 recordaba de Carax. Eso es todo. Era la hija de
Isaac, el guardi\'e1n. \'c9l me dio sus se\'f1as.
\par \emdash \'bfLa conoc\'eda Ferm\'edn?
\par \emdash No.
\par \emdash \'bfC\'f3mo puedes estar seguro?
\par \emdash \'bfC\'f3mo puedes t\'fa dudar de \'e9l y dar cr\'e9dito a
esas patra\'f1as? Lo \'fanico que Ferm\'edn sab\'eda de esa mujer es lo
que yo le cont\'e9.
\par \emdash \'bfY por eso la estaba siguiendo?
\par \emdash S\'ed.
\par \emdash Porque t\'fa se lo hab\'edas pedido.
\par Guard\'e9 silencio. Mi padre suspir\'f3.
\par \emdash No lo entiendes, pap\'e1.
\par \emdash Desde luego que no. No te entiendo a ti, ni a Fer\-m\'edn,
ni...
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 \emdash Pap\'e1, por lo que sabemos de
Ferm\'edn, lo que pone ah\'ed es imposible.
\par \emdash \'bfY qu\'e9 sabemos de Ferm\'edn, eh? Para empezar resul\-
ta que no sab\'edamos ni su verdadero nombre.
\par \emdash Te equivocas con \'e9l.
\par \emdash No, Daniel. Eres t\'fa el que se equivoca, y en mu\-chas
cosas. \'bfQui\'e9n te manda a ti hurgar en la vida de la gente?
\par \emdash Soy libre de hablar con quien quiera.
\par \emdash Supongo que tambi\'e9n te sientes libre de las conse\-
cuencias.
\par \emdash \'bfInsin\'faas que soy responsable de la muerte de esa
mujer?
\par \emdash Esa mujer, como t\'fa la llamas, ten\'eda nombre y apelli\-
dos, y la conoc\'edas.
\par \emdash No hace falta que me lo recuerdes \emdash repliqu\'e9 con
l\'e1grimas en los ojos.
\par Mi padre me contempl\'f3 con tristeza, negando.
\par \emdash Dios santo, no quiero ni pensar c\'f3mo estar\'e1 el po\-bre
Isaac \emdash murmur\'f3 mi padre para s\'ed mismo.
\par \emdash Yo no tengo la culpa de que est\'e9 muerta \emdash dije con
un hilo de voz, pensando que tal vez si lo repet\'eda suficien\-tes veces
empezar\'eda a cre\'e9rmelo.
\par Mi padre se retir\'f3 a la trastienda, negando por lo bajo.
\par \emdash T\'fa sabr\'e1s de lo que eres responsable o no, Daniel. A
veces, ya no s\'e9 qui\'e9n eres.
\par Cog\'ed mi gabardina y escap\'e9 hacia la calle y la lluvia, donde
nadie me conoc\'eda ni me pod\'eda leer el alma.
\par
\par Me entregu\'e9 a la lluvia helada sin rumbo fijo. Cami\-naba con la
mirada ca\'edda, arrastrando la imagen de Nuria Monfort, sin vida,
tendida en una fr\'eda losa de m\'e1rmol, el cuerpo sembrado de
pu\'f1aladas. A cada paso, la ciudad se desvanec\'ed
a a mi alrededor. Al enfilar un cruce en la calle Fontanella no me detuve
ni a mirar el sem\'e1foro. Cuando sent\'ed el golpe de viento en la cara
me volv\'ed hacia una pa\-red de metal y luz que se abalanzaba sobre
m\'ed a toda velocidad. En el \'fa
ltimo instante, un transe\'fante a mi espalda tir\'f3 de m\'ed hacia
atr\'e1s y me apart\'f3 de la trayectoria del au\-tob\'fas. Contempl\'e9
el fuselaje centelleando a apenas unos cent\'edmetros de mi rostro, una
muerte segura desfilando a una d\'e9
cima de segundo. Cuando tuve conciencia de lo que hab\'eda sucedido, el
transe\'fante que me hab\'eda salvado la vida se alejaba por el paso de
peatones, apenas una si\-lueta en una gabardina gris. Me qued\'e9 all\'ed
clavado, sin aliento. En
el espejismo de la lluvia pude advertir que mi salvador se hab\'eda
detenido al otro lado de la calle y me observaba bajo la lluvia. Era el
tercer polic\'eda, Palacios. Una muralla de tr\'e1fico de desliz\'f3
entre nosotros, y cuan\-do volv\'ed
a mirar, el agente Palacios ya no estaba all\'ed.
\par Me encamin\'e9 hacia casa de Bea, incapaz de esperar m\'e1s.
Necesitaba recordar lo poco de bueno que hab\'eda en m\'ed, lo que ella
me hab\'eda dado. Me lanc\'e9 escaleras arriba a toda prisa y me detuve
frente a la puerta de los Aguilar, casi sin alie
nto. Tom\'e9 el llamador y golpe\'e9 tres veces con fuerza. Mientras
esperaba, me arm\'e9 de valor y adquir\'ed conciencia de mi aspecto:
empapado hasta los huesos. Me retir\'e9 el pelo de la frente y me dije
que ya estaba hecho. Si aparec\'eda el se\'f1
or Aguilar dispuesto a partirme las pier\-nas y la cara, cuanto antes
mejor. Llam\'e9 de nuevo y al poco escuch\'e9 unos pasos acerc\'e1ndose a
la puerta. La mirilla se entreabri\'f3. Una mirada oscura y recelosa me
observaba.
\par \emdash \'bfQui\'e9n va?
\par Reconoc\'ed la voz de Cecilia, una de las doncellas al ser\-vicio de
la familia Aguilar.}{\expnd1\expndtw6\lang1034
\par }{\lang1034 \emdash Soy Daniel Sempere, Cecilia.
\par La mirilla se cerr\'f3 y en unos segundos se inici\'f3 el con\-
cierto de cerrojos y pasadores que blindaban la entrada al piso. El
port\'f3n se abri\'f3 lentamente y me recibi\'f3 Cecilia, encofrada y con
uniforme, portando un cirio en un porta\-
velas. Por su expresi\'f3n de alarma intu\'ed que deb\'eda de ofre\-cerle
un aspecto cadav\'e9rico.
\par \emdash Buenas tardes, Cecilia. \'bfEst\'e1 Bea?
\par Me mir\'f3 sin comprender. En el protocolo conocido de la casa, mi
presencia, que en los \'faltimos tiempos era un accidente inusual, se
asociaba \'fanicamente a Tom\'e1s, mi antiguo compa\'f1ero de escuela.
\par \emdash La se\'f1orita Beatriz no est\'e1...
\par \emdash \'bfHa salido?
\par Cecilia, que apenas era un susto perpetuamente cosi\-do a un
delantal, asinti\'f3.
\par \emdash \'bfSabes cu\'e1ndo volver\'e1?
\par La doncella se encogi\'f3 de hombros.
\par \emdash March\'f3 con los se\'f1ores al m\'e9dico har\'e1 unas dos
horas.
\par \emdash \'bfAl m\'e9dico? \'bfEst\'e1 enferma?
\par \emdash No lo s\'e9, se\'f1orito.
\par \emdash \'bfA qu\'e9 doctor han ido?
\par \emdash Yo eso no lo s\'e9, se\'f1orito.
\par Decid\'ed no martirizar m\'e1s a la pobre doncella. La au\-sencia de
los padres de Bea me abr\'eda otros caminos a ex\-plorar.
\par \emdash \'bfY Tom\'e1s, est\'e1 en casa?
\par \emdash S\'ed, se\'f1orito. Pase, que le aviso.
\par Me adentr\'e9 en el recibidor y esper\'e9. En otros tiempos hubiera
ido directamente a la habitaci\'f3n de mi amigo, pero hac\'eda ya tanto
que no acud\'eda a aquella casa que me sent\'eda de nuevo un extra\'f1o.
Cecilia desapareci\'f3
corredor abajo envuelta en el aura de luz, abandon\'e1ndome a la os\-
curidad. Me pareci\'f3 o\'edr la voz de Tom\'e1s a lo lejos y luego unos
pasos que se acercaban. Improvis\'e9 una excusa con la que justificar
ante mi amigo mi repentina visita. La fi\-
gura que apareci\'f3 en el umbral del recibidor era de nue\-vo la de la
doncella. Cecilia me dirigi\'f3 una mirada com\-pungida y se me deshizo
la sonrisa de trapo.
\par \emdash El se\'f1orito Tom\'e1s me dice que est\'e1 muy ocupado y no
puede verle ahora.
\par \emdash \'bfLe has dicho qui\'e9n soy? Daniel Sempere.
\par \emdash S\'ed, se\'f1orito. Me ha dicho que le diga a usted que se
marche.
\par Me naci\'f3 un fr\'edo en el est\'f3mago que me seg\'f3 el aliento.
\par \emdash Lo siento, se\'f1orito \emdash dijo Cecilia.
\par Asent\'ed, sin saber qu\'e9 decir. La doncella abri\'f3 la puer\-ta
de la que, no hac\'eda tanto, hab\'eda considerado mi segun\-da casa.
\par \emdash \'bfQuiere el se\'f1orito un paraguas?
\par \emdash No, gracias, Cecilia.
\par \emdash Lo siento, se\'f1orito Daniel \emdash reiter\'f3 la
doncella.
\par Le sonre\'ed sin fuerza.
\par \emdash No te preocupes, Cecilia.
\par La puerta se cerr\'f3, sell\'e1ndome en la sombra. Perma\-nec\'ed
all\'ed unos instantes y luego me arrastr\'e9 escaleras aba\-jo. La
lluvia segu\'eda arreciando, implacable. Me alej\'e9 ca\-lle abajo. Al
doblar la esquina me detuve y me volv\'ed
un instante. Alc\'e9 la mirada hacia el piso de los Aguilar. La si\-
lueta de mi viejo amigo Tom\'e1s se recortaba en la ventana de su
habitaci\'f3n. Me contemplaba inm\'f3vil. Le salud\'e9 con la mano. No me
devolvi\'f3 el gesto. A los pocos segun\-
dos se retir\'f3 hacia el interior. Esper\'e9 casi cinco minu\-tos con la
esperanza de verle reaparecer, pero fue en vano. La lluvia me arranc\'f3
las l\'e1grimas y part\'ed en su com\-pa\'f1\'eda.
\par
\par
\par
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {42
\par }\pard\plain \fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {De regreso a la librer\'eda cruc\'e9 frente al cine
Capitol, donde dos pintores entarimados en un andamio contemplaban
desolados c\'f3mo el cartel que no hab\'ed
a terminado de secar se les deshac\'eda bajo el aguacero. La efigie
estoica del centi\-nela de turno apostado frente a la librer\'eda se
discern\'eda a lo lejos. Al aproximarme a la relojer\'eda de don Federico
Flavi\'e1 advert\'ed que el relojero hab\'ed
a salido al umbral a contem\-plar el chaparr\'f3n. Todav\'eda se le\'edan
en su rostro las cicatri\-ces de su estancia en jefatura. Vest\'eda un
impecable traje de lana gris y sosten\'eda un cigarrillo que no se
hab\'eda molesta\-do en encender. Le salud
\'e9 con la mano y me sonri\'f3.
\par }\pard \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright {\expnd0\expndtw-
2\lang1034 \emdash \'bfQu\'e9 tienes t\'fa en contra del paraguas,
Daniel?
\par \emdash \'bfQu\'e9 hay m\'e1s bonito que la lluvia, don Federico?
\par \emdash La neumon\'eda. Anda, pasa, que ya tengo arreglado lo tuyo.
\par Le mir\'e9 sin comprender. Don Federico me observaba fijamente, la
sonrisa intacta. Me limit\'e9 a asentir y le segu\'ed hasta el interior
de su bazar de maravillas. Tan pronto es tuvimos dentro me tendi\'f3 una
peque\'f1a bolsa de papel de estraza.
\par \emdash Sal ya, que ese fantoche que vigila la librer\'eda no nos
quitaba el ojo de encima.
\par Atisb\'e9 en el interior de la bolsa. Conten\'eda un librillo
encuadernado en piel. Un misal. El misal que Ferm\'edn lle\-vaba en las
manos la \'faltima vez que le hab\'eda visto. Don Federico,
empuj\'e1ndome de vuelta a la calle, me sell\'f3
los labios con un grave asentimiento. Una vez en la calle re\-cobr\'f3
el semblante risue\'f1o y alz\'f3 la voz.
\par \emdash Y acu\'e9rdate de no forzar la manija al darle cuerda o
volver\'e1 a saltar, \'bfde acuerdo?
\par \emdash Descuide, don Federico, y gracias.
\par Me alej\'e9 con un nudo en el est\'f3mago que se estrecha\-ba a cada
paso que me aproximaba al agente de paisano que vigilaba la librer\'eda.
Al cruzar frente a \'e9l le salud\'e9 con la misma mano que sosten\'eda
la bolsa que me hab\'ed
a dado don Federico. El agente la miraba con vago inter\'e9s. Me col\'e9
en la librer\'eda. Mi padre segu\'eda en pie tras el mostra\-dor, como si
no se hubiese movido desde mi partida. Me mir\'f3 apesadumbrado.
\par \emdash Oye, Daniel, sobre lo de antes...
\par \emdash No te preocupes. Ten\'edas raz\'f3n.
\par \emdash Est\'e1s tiritando...
\par Asent\'ed vagamente y le vi partir en busca del termo. Aprovech\'e9
la circunstancia para meterme en el peque\'f1o lavabo de la trastienda
para examinar el misal. La nota de Ferm\'edn se desliz\'f3 en el aire,
revoloteando como una mari\-posa. La cac\'e9
al vuelo. El mensaje estaba escrito en una hoja casi transparente de
papel de fumar en caligraf\'eda dimi\-nuta que tuve que sostener al
trasluz para poder descifrar.
\par }{\i\lang1034
\par Amigo Daniel:
\par No crea usted una palabra de lo que dicen los diarios sobre el
asesinato de Nuria Monfort. Como siempre, es puro embuste. Yo estoy sano,
salvo y oculto en lugar seguro. No intente encontrarme o enviarme
mensajes. Destruya esta nota en cuanto la haya le
\'eddo. No hace falta que se la trague, basta con que la queme o la haga
a\'f1icos. Yo me pondr\'e9 en contacto con usted merced a mi ingenio y a
los buenos oficios de terceros en concordia. Le ruego que trans\-mita la
esencia de este mensaje, en
clave y con toda discreci\'f3n, a mi amada. Usted no haga nada. Su amigo,
el tercer hombre,
\par }\pard\plain
\s5\qr\fi709\keepn\nowidctlpar\widctlpar\outlinelevel4\adjustright
\i\f1\lang1034\cgrid {FRdT
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd1\expndtw8\lang1034
\par Empezaba a releer la nota cuando alguien }{\expnd1\expndtw6\lang1034
golpe\'f3 }{\expnd1\expndtw8\lang1034 la puerta del retrete con los
nudillos.
\par \emdash \'bfSe puede \emdash pregunt\'f3 una voz desconocida.
\par El coraz\'f3n me dio un vuelco. Sin saber qu\'e9 otra }{\lang1034
cosa }{\expnd1\expndtw8\lang1034 hacer, hice un ovillo con la hoja de
papel de fumar }{\lang1034 y m}{\expnd1\expndtw8\lang1034 e la tragu\'e9.
Tir\'e9 de la cadena y aprovech\'e9
el estruendo de tuber\'edas y cisternas para engullir la pelotilla de
papel. Sab\'eda a cera y a caramelo Sugus. Al abrir la puerta me
encontr\'e9 con la sonrisa reptil del agente de polic\'eda que segundos
antes hab\'ed
a estado apostado frente a la librer\'eda.
\par \emdash Usted disculpe. No s\'e9 si ser\'e1 el o\'edr llover todo el
d\'eda, pero es que me orinaba, por no decir otra cosa...
\par \emdash Faltar\'eda m\'e1s \emdash dije, cedi\'e9ndole el
paso\emdash . Todo suyo.
\par \emdash Agradecido.
\par El agente, que a la luz de la bombilla me pareci\'f3 una peque\'f1a
comadreja, me mir\'f3 de arriba abajo. Su mirada de alcantarilla se
pos\'f3 en el misal en mis manos.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash }{\expnd1\expndtw8\lang1034 Yo
es que sin leer algo, no hay manera \emdash argument\'e9. \emdash A m\'ed
me pasa lo mismo Y luego dicen que el espa\'f1ol no lee. \'bfMe lo
presta?
\par \emdash Ah\'ed encima de la cisterna tiene el \'faltimo Premio de la
Cr\'edtica \emdash ataj\'e9\emdash Infalible.
\par Me alej\'e9 sin perder la compostura }{\lang1034 v me
}{\expnd1\expndtw8\lang1034 un\'ed a mi padre que me estaba preparando
una taza de caf\'e9 con leche.
\par \emdash \'bfY \'e9se? \emdash pregunt\'e9.
\par \emdash Me ha jurado que se cagaba. \'bfQu\'e9 iba a hacer?
\par \emdash Dejarlo en la calle y as\'ed entraba en calor
\par Mi padre frunci\'f3 el ce\'f1o.
\par \emdash Si no te importa, subo ya a casa.
\par \emdash Claro que no. Y ponte ropa seca, que vas a pillar una
pulmon\'eda
\par El piso estaba fr\'edo }{\lang1034 v }{\expnd1\expndtw8\lang1034
silencioso. Me dirig\'ed a mi cuarto v atisb\'e9 por la ventana. El
segundo centinela segu\'eda all\'ed abajo, a la puerta de la iglesia de
Santa Ana. Me quit\'e9
la ropa empapada y me enfund\'e9 un pijama grueso y una bata que
hab\'eda sido de mi abuelo. Me tend\'ed en la cama sin molestarme en
encender la luz y me abandon\'e9 a la penumbra y al sonido de la lluvia
en los cristales. Cerr\'e9 los ojos e intent\'e9
conciliar la imagen, el tacto y el olor de Bea. La noche anterior no
hab\'eda pegado ojo y pronto me venci\'f3 la fatiga. En mis sue\'f1os, la
silueta encapuchada de una parca de vapor cabalgaba sobre Barcelona, un
atisbo espectral que se cern\'ed
a sobre torres y tejados, sosteniendo en sus hilos negros cientos de
peque\'f1os ata\'fades blancos que dejaban a su paso un rastro de flores
negras en cuyos p\'e9talos, escrito en sangre, se le\'eda el nombre de
Nuria Monfort.
\par Despert\'e9 al filo de un alba gris, de cristales empa\'f1a\-dos. Me
vest\'ed para el fr\'edo y me calc\'e9 unas botas de media ca\'f1a.
Sal\'ed al pasillo con sigilo y cruc\'e9 el piso casi a tientas. Me
deslic\'e9 por la puerta y sal\'ed
a la calle. Los quioscos de las Ramblas ya mostraban sus luces a lo
lejos. Me acerqu\'e9 hasta el que navegaba frente a la bocana de la calle
Ta\-llers y compr\'e9 la primera edici\'f3n del d\'eda, que a\'fan
ol\'eda a tinta tibia. Corr\'ed las p\'e1gin
as a toda prisa hasta encontrar la secci\'f3n de necrol\'f3gicas. El
nombre de Nuria Monfort yac\'eda ca\'eddo bajo una cruz de imprenta y
sent\'ed que me temblaba la mirada. Me alej\'e9 con el peri\'f3
dico doblado bajo el brazo, en busca de la oscuridad. El entierro era
aquella tarde, a las cuatro, en el cementerio de Montju\'efc. Volv\'ed a
casa dando un rodeo. Mi padre segu\'eda durmiendo y regres\'e9 a mi
cuarto. Me sent\'e9 al escritorio y saqu\'e9
mi pluma Meinsterst\'fcck de su estuche. Tom\'e9 un folio en blanco y
dese\'e9 que la plumilla me guiase. En mis manos la pluma no ten\'eda
nada que decir. Conjur\'e9 en vano las pa\-labras que quer\'eda ofrecer a
Nuria Monfort pero fui inca\-
paz de escribir o de sentir nada excepto aquel terror }{\expnd0\expndtw-
2\lang1034 inexplicable de su ausencia, de saberla perdida, arrancada de
cuajo. Supe que alg\'fan d\'eda volver\'eda a m\'ed, meses o a\'f1os
m\'e1s tarde, que siempre llevar\'ed
a su recuerdo en el roce de un extra\'f1o, de im\'e1genes que no me
pertenec\'edan, sin saber si era digno de todo ello. Te vas en sombras,
pens\'e9. Como viviste.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {43
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par Poco antes de las tres de la tarde abord\'e9 el autob\'fas, en el
paseo de Col\'f3n, que habr\'eda de llevarme hasta el cemente\-rio de
Montju\'efc. A trav\'e9s del cristal se contemplaba el bosque de
m\'e1stiles y banderines aleteando en la d\'e1
rsena del puerto. El autob\'fas, que iba casi vac\'edo, rode\'f3 la mon\-
ta\'f1a de Montju\'efc y enfil\'f3 la ruta que ascend\'eda hasta la en\-
trada este del gran cementerio de la ciudad. Yo era el \'falti\-mo
pasajero.
\par \emdash \'bfA qu\'e9 hora pasa el \'faltimo autob\'fas? \emdash
pregunt\'e9 al conductor antes de apearme.
\par \emdash A las cuatro y media.
\par El conductor me dej\'f3 a las puertas del recinto. Una avenida de
cipreses se alzaba en la bruma. Incluso desde all\'ed, a los pies de la
monta\'f1a, se entreve\'eda la infinita ciudad de muertos que hab\'eda
escalado la ladera hasta reba\-
sar la cima. Avenidas de tumbas, paseos de l\'e1pidas y calle\-jones de
mausoleos, torres coronadas por \'e1ngeles \'edgneos y bosques de
sepulcros se multiplicaban uno contra otro. La ciudad de los muertos era
una fosa de palacios, un osa\-
rio de mausoleos monumentales custodiados por ej\'e9rci\-tos de estatuas
de piedra putrefacta que se hund\'edan en el fango. Respir\'e9 hondo y me
adentr\'e9 en el laberinto. Mi madre yac\'eda enterrada a un centenar de
metros de aque\-
lla senda flanqueada por galer\'edas interminables de muer\-te y
desolaci\'f3n. A cada paso pod\'eda sentir el fr\'edo, el vac\'edo y la
furia de aquel lugar, el horror de su silencio, de los ros\-tros
atrapados en viejos retratos abandonados a la compa\-
\'f1\'eda de velas y flores muertas. Al rato alcanc\'e9 a ver a lo le\-
jos los faroles de gas encendidos en torno a la fosa. Las siluetas de
media docena de personas se alineaban contra un cielo de ceniza.
Apret\'e9 el paso y me detuve all\'ed
donde llegaban las palabras del sacerdote.
\par El ata\'fad, un cofre de madera de pino sin pulir, des\-cansaba en
el barro. Dos enterradores lo custodiaban, apoyados sobre las palas.
Escrut\'e9 a los presentes. El viejo Isaac, el guardi\'e1n del Cementerio
de los Libros Olvida\-dos, no hab\'ed
a acudido al entierro de su hija. Reconoc\'ed a la vecina del rellano de
enfrente, que sollozaba sacudien\-do la cabeza mientras un hombre de
aspecto derrotado la consolaba acarici\'e1ndole la espalda. Su esposo,
supuse, junto a ellos hab\'ed
a una mujer de unos cuarenta a\'f1os, ves\-tida de gris y portando un
ramo de flores. Lloraba en si\-lencio, desviando la vista de la fosa y
apretando los labios. No la hab\'eda visto jam\'e1
s. Separado del grupo, enfundado en una gabardina oscura y sosteniendo el
sombrero a su espalda, estaba el polic\'eda que me hab\'eda salvado la
vida el d\'eda anterior. Palacios. Alz\'f3 la mirada y me observ\'f3 sin
pesta\'f1
ear unos segundos. Las palabras ciegas del sacerdo\-te, desprovistas de
sentido, eran cuanto nos separaba del terrible silencio. Contempl\'e9 el
ata\'fad, salpicado de arcilla. La imagin\'e9
tendida en el interior y no me di cuenta de que estaba llorando hasta
que aquella desconocida de gris se me acerc\'f3 y me ofreci\'f3 una de
las flores de su ramo. Permanec\'ed all\'ed hasta que el grupo se
dispers\'f3 y, a una se\'f1
al del sacerdote, los enterradores se dispusieron a hacer su trabajo a la
luz de los faroles. Me guard\'e9 la flor }{\lang1034 en el bolsillo del
abrigo y me alej\'e9, incapaz de decir el adi\'f3s que hab\'eda llevado
hasta all\'ed.
\par Empezaba a anochecer cuando llegu\'e9 a la puerta del cementerio y
supuse que ya hab\'eda perdido el \'faltimo auto\-b\'fas. Me dispuse a
emprender una larga caminata a la som\-bra de la necr\'f3polis y ech\'e9
a cam
inar por la carretera que bordeaba el puerto de regreso a Barcelona. Un
autom\'f3vil negro estaba aparcado a una veintena de metros al frente,
con las luces encendidas. Una silueta fumaba un cigarrillo en el
interior. Al aproximarme, Palacios me abri\'f3
la puer\-ta del pasajero y me indic\'f3 que subiera.
\par \emdash Sube, que te acercar\'e9 a tu casa. A estas horas no en\-
contrar\'e1s ni autobuses ni taxis por aqu\'ed.
\par Dud\'e9 un instante.
\par \emdash Prefiero ir andando.
\par \emdash No digas tonter\'edas. Sube.
\par Hablaba con el tono acerado de quien est\'e1 acostum\-brado a mandar
y ser obedecido en el acto.
\par \emdash Por favor \emdash a\'f1adi\'f3.
\par Me sub\'ed al coche y el polic\'eda puso en marcha el mo\-tor.
\par \emdash Enrique Palacios \emdash dijo, ofreci\'e9ndome la mano.
\par No se la estrech\'e9.
\par \emdash Si me deja en Col\'f3n, ya me sirve.
\par El coche arranc\'f3 de un tir\'f3n. Nos perdimos en la ca\-rretera y
recorrimos un buen tramo sin despegar los la\-bios.
\par \emdash Quiero que sepas que siento mucho lo de la se\'f1ora
Monfort.
\par En sus labios, aquellas palabras me parecieron una obscenidad, un
insulto.
\par \emdash Le agradezco que me salvase usted la vida el otro d\'eda,
pero tengo que decirle que me importa una mierda lo que usted sienta,
se\'f1or Enrique Palacios.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash }{\lang1034 Yo no soy, lo que
t\'fa piensas, Daniel. Me gustar\'eda ayu\-darte.
\par \emdash Si espera que le diga d\'f3nde est\'e1 Ferm\'edn, ya me
pue\-de dejar aqu\'ed mismo...
\par \emdash Me importa un comino d\'f3nde est\'e9 tu amigo. Ahora no
estoy de servicio.
\par No dije nada.
\par \emdash No conf\'edas en m\'ed, y no te culpo. Pero al menos es\-
c\'fachame. Esto ya ha ido demasiado lejos. Esa mujer no ten\'eda por
qu\'e9 morir. Te pido que dejes correr este asunto y que te olvides para
siempre de ese hombre, de Carax.
\par \emdash Habla usted como si lo que est\'e1 pasando fuese vo\-luntad
m\'eda. Yo s\'f3lo soy un espectador. La funci\'f3n se la montan entre su
jefe y ustedes.
\par \emdash Estoy harto de entierros, Daniel. No quiero tener que
asistir al tuyo.
\par \emdash Mejor, porque no est\'e1 usted invitado.
\par \emdash Hablo en serio.
\par \emdash Y yo tambi\'e9n. H\'e1game el favor de parar y dejarme
aqu\'ed.
\par \emdash En dos minutos estamos en Col\'f3n.
\par \emdash Me da lo mismo. Este coche huele a muerto, como usted.
D\'e9jeme bajar.
\par Palacios aminor\'f3 la marcha y se detuvo en el arc\'e9n. Me baj\'e9
del coche y cerr\'e9 con un portazo, evitando la mi\-rada de Palacios.
Esper\'e9 a que se alejase, pero el polic\'eda no se decid\'eda a
arrancar de nuevo. Me volv\'ed y vi que baja\-
ba la ventanilla. Me pareci\'f3 leer sinceridad, incluso dolor, en su
rostro, pero me negu\'e9 a darles cr\'e9dito.
\par \emdash Nuria Monfort muri\'f3 en mis brazos, Daniel \emdash
dijo\emdash . Creo que sus \'faltimas palabras fueron un mensaje para ti.
\par \emdash \'bfQu\'e9 dijo? \emdash pregunt\'e9, la voz atenazada de
fr\'edo\emdash . \'bfMenciono mi nombre?
\par \emdash Deliraba, pero creo que se refer\'eda a ti. En alg\'fan
momento dijo que hay peores c\'e1rceles que las palabras. Luego, antes de
morir, me pidi\'f3 que te dijese que la deja\-ses marchar.
\par Le mir\'e9 sin comprender.
\par \emdash \'bfQue dejase marchar a qui\'e9n?
\par \emdash A una tal Pen\'e9lope. Me imagin\'e9 que deb\'eda de ser tu
novia.
\par Palacios baj\'f3 la mirada y parti\'f3 con el crep\'fasculo. Me
qued\'e9 mirando las luces del coche perderse en la tene\-brosidad azul y
escarlata, desconcertado. Al poco me en camin\'e9 de regreso al paseo de
Col\'f3n, repiti\'e9ndome aque\-llas \'fa
ltimas palabras de Nuria Monfort sin encontrarles significado. Al llegar
a la plaza del Portal de la Paz me de\-tuve a contemplar los muelles
junto al embarcadero de las golondrinas. Me sent\'e9 en los pelda\'f1os
que se perd\'ed
an en las aguas turbias, en el mismo lugar donde, una noche ya perdida
muchos a\'f1os atr\'e1s, hab\'eda visto por primera vez a La\'edn
Coubert, el hombre sin rostro.
\par \emdash Hay peores c\'e1rceles que las palabras \emdash murmur\'e9.
\par S\'f3lo entonces comprend\'ed que el mensaje de Nuria Monfort no iba
destinado a m\'ed. No era yo quien deb\'eda de\-jar escapar a
Pen\'e9lope. Sus \'faltimas palabras no hab\'edan sido para un
extra\'f1o, sino para el hombre que hab\'eda ama\-
do en silencio durante quince a\'f1os: Juli\'e1n Carax.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {44
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034
\par Llegu\'e9 a la plaza de San Felipe Neri al caer la noche. El banco
en el que hab\'eda avistado a Nuria Monfort por pri\-mera vez yac\'eda a
los pies de una farola, vac\'edo y tatuado a cortaplumas con nombres de
enamorados, insultos y pro\-mesas. Alc\'e9
la vista hasta las ventanas del hogar de Nuria Monfort en el tercer piso
y advert\'ed un reluz cobrizo, osci\-lante. Una vela.
\par Me adentr\'e9 en la gruta de la porter\'eda oscura y ascend\'ed la
escalera a tientas. Me temblaban las manos cuando al\-canc\'e9 el rellano
del tercero. Una cuchilla de luz rojiza despuntaba bajo el marco de la
puerta entreabierta. Pos\'e9 la m
ano sobre el pomo y permanec\'ed all\'ed inm\'f3vil, escu\-chando.
Cre\'ed o\'edr un susurro, un aliento entrecortado que proven\'eda del
interior. Por un instante pens\'e9 que si abr\'eda aquella puerta, la
encontrar\'eda esper\'e1
ndome al otro lado, fumando junto al balc\'f3n con las piernas encogidas
y apoyada contra la pared, anclada en el mismo lugar en que la hab\'eda
dejado. Suavemente, temiendo molestarla, abr\'ed la puerta y entr\'e9 en
el piso. Las cortinas del balc\'f3
n ondeaban en la sala. La silueta estaba sentada junto a la ventana, el
rostro robado al trasluz, inm\'f3vil, sosteniendo un cirio encendido
entre las manos. Una perla de clari\-dad se desliz\'f3 por su piel,
brillante como resina fresca, para caer despu
\'e9s en su regazo. Isaac Monfort se volvi\'f3 con el rostro surcado de
l\'e1grimas.
\par \emdash No le vi esta tarde en el entierro \emdash dije.
\par Neg\'f3 en silencio, sec\'e1ndose los ojos con el env\'e9s de la
solapa.
\par \emdash Nuria no estaba all\'ed \emdash murmur\'f3 al rato\emdash .
Los muer\-tos nunca acuden a su propio entierro.
\par Ech\'f3 una mirada alrededor, como si con ello quisiera indicarme
que su hija estaba en aquella sala, sentada jun\-to a nosotros en la
penumbra, escuch\'e1ndonos.
\par \emdash \'bfSabe usted que nunca hab\'eda estado en esta casa?
\emdash pregunt\'f3\emdash . Siempre que nos ve\'edamos era Nuria quien
acud\'eda a m\'ed. \'abPara usted es m\'e1s f\'e1cil, padre \emdash
dec\'eda ella\emdash . \'bfPara qu\'e9
va a subir escaleras?\'bb Yo siempre le dec\'eda: \'abBue\-no, si no me
invitas no voy a ir\'bb, y ella respond\'eda: \'abNo hace falta que le
invite a mi casa, padre, se invita a los ex\-tra\'f1os. Usted puede venir
cuando quiera.\'bb En m\'e1
s de quince a\'f1os no vine a verla una sola vez. Siempre le dije que
hab\'eda escogido un mal barrio. Poca luz. Una finca vieja. Ella s\'f3lo
asent\'eda. Como cuando le dec\'eda que hab\'eda escogido una mala vida.
Poco futuro. Un marido sin ofi\-
cio ni beneficio. Es curioso c\'f3mo juzgamos a los dem\'e1s y no nos
damos cuenta de lo miserable de nuestro desd\'e9n hasta que nos faltan,
hasta que nos los quitan. Nos los quitan porque nunca han sido
nuestros...
\par La voz del anciano, desnuda de su velo de iron\'eda, ha\-c\'eda
aguas y sonaba casi tan vieja como su mirada.
\par \emdash Nuria le quer\'eda a usted mucho, Isaac. No lo dude ni por
un instante. Y me consta que ella tambi\'e9n se sent\'eda querida por
usted \emdash improvis\'e9.
\par El viejo Isaac neg\'f3 de nuevo. Sonre\'eda, pero las l\'e1gri\-mas
ca\'edan sin cesar, calladas.
\par \emdash Quiz\'e1 me quer\'eda, a su manera, como yo la quise a ella,
a la m\'eda. Pero no nos conoc\'edamos. Quiz\'e1 porque yo nunca la
dej\'e9 conocerme, o nunca di un paso por conocerla a ella. Pasamos la
vida como dos extra\'f1
os que se han visto todos los d\'edas y se saludan por cortes\'eda. Y
pienso que quiz\'e1 muri\'f3 sin perdonarme.
\par \emdash Isaac, le aseguro a usted...
\par \emdash Daniel, es usted joven y pone voluntad, pero aun\-que he
bebido y no s\'e9 ni lo que digo, a\'fan no ha aprendi\-do a mentir lo
suficientemente bien como para enga\'f1ar a un viejo con el coraz\'f3n
podrido de miserias.
\par Baj\'e9 la mirada.
\par \emdash La polic\'eda dice que el hombre que la mat\'f3 es amigo
suyo \emdash aventur\'f3 Isaac.
\par \emdash La polic\'eda miente Isaac asinti\'f3.
\par \emdash Ya lo s\'e9.
\par \emdash Le aseguro...
\par \emdash No hace falta, Daniel. S\'e9 que dice usted la ver\-dad
\emdash dijo Isaac, extrayendo un sobre del bolsillo de su abrigo.
\par \emdash La tarde antes de morir, Nuria vino a verme, como sol\'eda
hacer a\'f1os atr\'e1s. Me acuerdo de que sol\'edamos ir a comer a un
caf\'e9 de la calle Guardia, al que yo la llevaba de ni\'f1a. Siempre
habl\'e1
bamos de libros, de libros viejos. Ella me contaba a veces cosas de su
trabajo, peque\'f1eces, cosas que se cuentan a un extra\'f1o en un
autob\'fas... Una vez me dijo que sent\'eda haber sido una decepci\'f3n
para m\'ed. Le pregunt\'e9 que de d\'f3
nde hab\'eda sacado aquella idea ab\-surda. \'abDe sus
}{\expnd1\expndtw8\lang1034 ojos}{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 ,
}{\lang1034 padre, de sus }{\expnd1\expndtw8\lang1034
ojos}{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 \'bb, }{\lang1034 dijo. Ni una sola vez
se me
ocurri\'f3 que tal vez yo hab\'eda sido una decepci\'f3n todav\'eda
mayor para ella. A veces nos creemos que las per\-sonas son d\'e9cimos de
loter\'eda: que est\'e1n ah\'ed para hacer realidad nuestras ilusiones
absurdas.
\par \emdash Isaac, con el debido respeto, ha bebido usted como un cosaco
y no sabe lo que dice.
\par \emdash El vino convierte al sabio en necio, y al necio en sa\-bio.
S\'e9 lo suficiente para comprender que mi propia hija nunca confi\'f3 en
m\'ed. Confiaba m\'e1s en usted, Daniel, y s\'f3lo le hab\'eda visto un
par de veces.
\par \emdash Le aseguro que se equivoca.
\par \emdash La \'faltima tarde que nos vimos me trajo este sobre. Estaba
muy inquieta, preocupada por algo que no me quiso contar. Me pidi\'f3 que
guardase este sobre y que, si pasaba algo, se lo entregase a usted.
\par \emdash \'bfSi pasaba algo?
\par \emdash \'c9sas fueron sus palabras. La vi tan alterada que le
propuse que acudi\'e9semos juntos a la polic\'eda, que fuera cual fuese
el problema encontrar\'edamos una soluci\'f3n. En\-tonces me dijo que la
polic\'eda era el \'faltimo sitio al que po\-d
\'eda acudir. Le ped\'ed que me revelase de qu\'e9 se
trataba,}{\expnd0\expndtw4\lang1034 pero dijo que ten\'eda que marcharse
y me hizo prometer que le entregar\'eda a usted este sobre si ella no
volv\'eda a bus\-carlo en un par de d\'edas. Me pidi\'f3
que no lo abriera.
\par Isaac tendi\'f3 el sobre. Estaba abierto.
\par \emdash Le ment\'ed, como siempre \emdash dijo.
\par Inspeccion\'e9 el sobre. Conten\'eda un pliego de cuartillas
escritas a mano.
\par \emdash \'bfLas ha le\'eddo usted? \emdash pregunt\'e9.
\par El anciano asinti\'f3 lentamente.
\par \emdash \'bfQu\'e9 dicen?
\par El anciano alz\'f3 el rostro. Le temblaban los labios. Me pareci\'f3
que hab\'eda envejecido cien a\'f1os desde la \'faltima vez que le
hab\'eda visto.
\par \emdash Es la historia que usted buscaba, Daniel. La historia de una
mujer que nunca conoc\'ed, aunque llevara mi nom\-bre y mi sangre. Ahora
le pertenece a usted.
\par Me guard\'e9 el sobre en el bolsillo del abrigo.
\par \emdash Le voy a pedir que me deje solo, aqu\'ed con ella, si no le
importa. Hace un rato, mientras le\'eda esas p\'e1ginas, me ha parecido
que la reencontraba. Yo, por m\'e1s que me esfuerce, s\'f3lo consigo
recordarla como cuando era ni\'f1a. De peque
\'f1a era muy callada, \'bfsabe usted? Lo miraba todo, pensativa, y nunca
se re\'eda. Lo que m\'e1s le gustaba eran los cuentos. Siempre me
ped\'eda que le leyese cuentos y no creo que haya habido una cr\'eda que
aprendiese antes a leer. Dec\'eda que quer
\'eda ser escritora y redactar enciclo\-pedias y tratados de historia y
filosof\'eda. Su madre dec\'eda que todo aquello era culpa m\'eda, que
Nuria me adoraba y como pensaba que su padre s\'f3lo quer\'eda a los
libros, ella quer\'ed
a escribir libros para que su padre la quisiera a ella.
\par \emdash Isaac, no me parece una buena idea que est\'e9 usted solo
esta noche. \'bfPor qu\'e9 no se viene conmigo? Se que\-da esta noche en
casa, y as\'ed le hace compa\'f1\'eda a mi padre.
\par Isaac neg\'f3 de nuevo.
\par \emdash Tengo que hacer, Daniel. V\'e1yase usted a casa, y lea esas
p\'e1ginas. Le pertenecen a usted.
\par El anciano desvi\'f3 la mirada y me dirig\'ed hacia la puer\-ta.
Estaba en el umbral cuando la voz de Isaac me llam\'f3, apenas un
susurro.
\par \emdash \'bfDaniel?
\par \emdash S\'ed.
\par \emdash Tenga usted mucho cuidado.
\par Cuando sal\'ed a la calle me pareci\'f3 que la negrura se arrastraba
por el empedrado, pis\'e1ndome los talones. Apret\'e9 el paso y no
afloj\'e9 el ritmo hasta que llegu\'e9 al piso de Santa Ana. Al entrar en
casa encontr\'e9 a mi padre refu\-
giado en su butaca con un libro abierto en el regazo. Era un \'e1lbum de
fotograf\'edas. Al verme, se incorpor\'f3 con una expresi\'f3n de alivio
que le arranc\'f3 el cielo de encima.
\par \emdash Ya estaba preocupado \emdash dijo\emdash . \'bfC\'f3mo fue
el entierro?
\par Me encog\'ed de hombros y mi padre asinti\'f3 gravemen\-te, dando el
tema por cerrado.
\par \emdash Te he preparado algo de cena. Si te apetece, lo re\-caliento
y..
\par \emdash No tengo hambre, gracias. He picado algo por ah\'ed. Me
mir\'f3 a los ojos y asinti\'f3 de nuevo. Se volvi\'f3 y em\-pez\'f3 a
recoger los platos que hab\'eda dispuesto en la mesa. Fue entonces, sin
saber bien por qu\'e9, cuando me acerqu\'e9 a
\'e9l y le abrac\'e9. Sent\'ed que mi padre, sorprendido, me abrazaba a
su vez.
\par \emdash Daniel, \'bfest\'e1s bien?
\par Estrech\'e9 a mi padre entre mis brazos con fuerza.
\par \emdash Te quiero \emdash murmur\'e9.
\par }{\expnd0\expndtw4 Repicaban las campanas de la catedral cuando
empec\'e9 a leer el manuscrito de Nuria Monfort. Su caligraf\'eda me\-
nuda y ordenada me record\'f3 la pulcritud de su escritorio, como si hu
biese querido buscar en las palabras la paz y la seguridad que la vida no
hab\'eda querido concederle.
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034
\par }\pard\plain
\s1\qc\keepn\nowidctlpar\widctlpar\outlinelevel0\adjustright
\i\f1\lang3082\cgrid {\lang1034 \page }{\i0\lang1034 NURIA MONFORT
\par MEMORIA DE APARECIDOS
\par 1933\emdash 1955
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw4\lang1034
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {1
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par No hay segundas oportunidades, excepto para el remor\-dimiento.
Juli\'e1n Carax y yo nos conocimos en el oto\'f1o de 1933. Por entonces,
yo trabajaba para el editor Josep Ca\-bestany. El se\'f1or Cabestany le
hab\'ed
a descubierto en 1927 durante uno de sus viajes \'abde prospecci\'f3n
editorial\'bb a Pa\-r\'eds. Juli\'e1n se ganaba la vida tocando el piano
por las tar\-des en una casa de alterne y escrib\'eda por las noches. La
due\'f1
a del local, una tal Irene Marceau, ten\'eda tratos con la mayor\'eda de
editores de Par\'eds y, gracias a sus ruegos, fa\-vores o amenazas de
indiscreci\'f3n, Juli\'e1n Carax hab\'eda conseguido p
ublicar varias novelas en diferentes editoriales con resultados
comerciales desastrosos. Cabestany hab\'eda adquirido los derechos
exclusivos para editar la obra de Carax en Espa\'f1a y Am\'e9rica del Sur
por una suma irriso\-ria que inclu\'ed
a la traducci\'f3n de los originales en franc\'e9s al castellano por
parte del autor. Confiaba en poder ven\-der unos tres mil ejemplares de
cada una, pero los dos primeros t\'edtulos que public\'f3 en Espa\'f1a
fueron un rotun\-
do fracaso: apenas se vendieron un centenar de ejempla\-res de cada uno.
Pese a los malos resultados, cada dos a\'f1os recib\'edamos un nuevo
manuscrito de Juli\'e1n, que Ca\-bestany aceptaba sin poner reparos,
alegando que hab\'eda }{
\expnd0\expndtw4\lang1034 suscrito un compromiso con el autor, que no
todo eran los beneficios y que hab\'eda que promocionar la buena lite\-
ratura.
\par Un d\'eda, intrigada, le pregunt\'e9 por qu\'e9 continuaba pu\-
blicando novelas de Juli\'e1n Carax y perdiendo dinero en el empe\'f1o.
Por toda contestaci\'f3n, Cabestany fue hasta su estanter\'eda, tom\'f3
una copia de un libro de Juli\'e1n y me in\-vit
\'f3 a que lo leyese. As\'ed lo hice. Dos semanas m\'e1s tarde los
hab\'eda le\'eddo todos. Esta vez mi pregunta fue c\'f3mo era posible que
vendi\'e9semos tan pocos ejemplares de aque\-llas novelas.
\par \emdash No lo s\'e9 \emdash dijo Cabestany\emdash . Pero lo
seguiremos in\-tentando.
\par Me pareci\'f3 un gesto noble y admirable que no casaba con la imagen
fenicia que me hab\'eda hecho del se\'f1or Ca\-bestany. Quiz\'e1 le
hab\'eda juzgado mal. La figura de Juli\'e1n Carax cada vez me intrigaba
m\'e1s. Todo lo referente a \'e9
l estaba envuelto de misterio. Por lo menos una o dos ve\-ces al mes
alguien llamaba preguntando por la direcci\'f3n de Juli\'e1n Carax.
Pronto advert\'ed
que siempre era la misma persona, que se identificaba con nombres
diferentes. Yo me limitaba a decirle lo que ya dec\'edan las
contraportadas de los libros, que Juli\'e1n Carax viv\'eda en Par\'eds.
Con el tiem\-po, aquel hombre dej\'f3
de llamar. Yo, por si las moscas, hab\'eda borrado la direcci\'f3n de
Carax de los archivos de la editorial. Yo era la \'fanica que le
escrib\'eda y me la sab\'eda de memoria.
\par Meses m\'e1s tarde, por casualidad, me encontr\'e9 con las hojas de
contabilidad que el taller de impresi\'f3n enviaba al se\'f1or Cabestany.
Al echarles un vistazo advert\'ed que las ediciones de los libros de
Juli\'e1
n Carax estaban sufragadas en su integridad por un individuo ajeno a la
empresa del cual yo no hab\'eda o\'eddo hablar jam\'e1s: Miquel Moliner.
Es m\'e1s, los costes de impresi\'f3n y distribuci\'f3
n de las obras eran sustancialmente inferiores a la cifra facturada al
se\-\'f1or Moliner. Las cifras no ment\'edan: la editorial estaba ha\-
ciendo dinero imprimiendo libros que iban a parar direc\-tamente a un
almac\'e9
n. No tuve valor para cuestionar las indiscreciones financieras de
Cabestany. Tem\'eda perder mi puesto. Lo que hice fue anotar la
direcci\'f3n a la que en\-vi\'e1bamos las facturas a nombre de Miquel
Moliner, un pa\-lacete en la calle Puertaferrisa.
Guard\'e9 aquella direcci\'f3n durante meses antes de atreverme a
visitarle. Finalmente, mi conciencia pudo m\'e1s y me present\'e9 en su
casa dis\-puesta a decirle que Cabestany le estaba estafando. Son\-ri\'f3
y me dijo que ya lo sab\'eda.
\par \emdash Cada cual hace aquello para lo que sirve.
\par Le pregunt\'e9 si hab\'eda sido \'e9l quien hab\'eda estado lla\-
mando tantas veces para averiguar la direcci\'f3n de Carax. Dijo que no
y, con gesto sombr\'edo, me advirti\'f3 que no de\-b\'eda darle esa
direcci\'f3n a nadie. Nunca.
\par Miquel Moliner era un hombre enigm\'e1tico. Viv\'eda solo en un
palacio cavernoso y casi en ruinas que formaba par\-te de la herencia de
su padre, un industrial que se hab\'eda enriquecido con la fabricaci\'f3n
de armas y, se dec\'eda, la promoci\'f3
n de guerras. Lejos de vivir entre lujos, Miquel llevaba una existencia
casi monacal, dedicado a dilapidar aquel dinero que consideraba
ensangrentado en restau\-
rar museos, catedrales, escuelas, bibliotecas, hospitales y en asegurarse
de que las obras de su amigo de juventud, Juli\'e1n Carax, fuesen
publicadas en su ciudad natal.
\par \emdash Dinero me sobra, y amigos como Juli\'e1n me faltan \emdash
dec\'eda por toda explicaci\'f3n.
\par Apenas manten\'eda contacto con sus hermanos o con el resto de su
familia, a quienes se refer\'eda como extra\'f1os. No se hab\'eda casado
y raramente sal\'eda del recinto del palacio, en el que s\'f3lo ocupaba
la planta superior. All\'ed ten\'eda mon\-
tada su oficina, donde: trabajaba febrilmente escribiendo
}{\expnd0\expndtw-2\lang1034 art\'edculos y columnas para varios
peri\'f3dicos y revistas de Madrid y Barcelona, traduciendo textos
t\'e9cnicos del ale\-m\'e1n y el franc\'e9s, haciendo correcci
\'f3n de estilo de enciclo\-pedias y manuales escolares... Miquel Moliner
estaba pose\-\'eddo por esa enfermedad de la laboriosidad culpable y,
aunque respetaba y hasta envidiaba la ociosidad en los de\-m\'e1s, hu\'ed
a de ella como de la peste. Lejos de presumir de su \'e9tica de trabajo,
bromeaba sobre su compulsi\'f3n pro\-ductiva y la describ\'eda como una
forma menor de cobard\'eda.
\par \emdash Mientras se trabaja, uno no le mira a la vida a los ojos.
\par Nos hicimos buenos amigos casi sin darnos cuenta. Ambos ten\'edamos
mucho en com\'fan, quiz\'e1 demasiado. Mi\-quel me hablaba de libros, de
su adorado doctor Freud, de m\'fasica, pero sobre todo de su viejo amigo
Juli\'e1n. Nos ve\'ed
amos casi todas las semanas. Miquel me contaba his\-torias de los d\'edas
de Juli\'e1n en el colegio de San Gabriel. Conservaba una colecci\'f3n de
antiguas fotograf\'edas, de re\-latos escritos por un Juli\'e1n
adolescente. Miquel adoraba a Juli\'e1
n y a trav\'e9s de sus palabras y sus recuerdos aprend\'ed a descubrirle,
a inventar una imagen en la ausencia. Un a\'f1o despu\'e9s de conocernos,
Miquel Moliner me confes\'f3 que se hab\'eda enamorado de m\'ed. No quise
herirle, pero tampoco enga\'f1
arle. Era imposible enga\'f1ar a Miquel. Le dije que le apreciaba
much\'edsimo, que se hab\'eda convertido en mi mejor amigo, pero no
estaba enamorada de \'e9l. Mi\-quel dijo que ya lo sab\'eda.
\par \emdash Est\'e1s enamorada de Juli\'e1n, pero no lo sabes to\-
dav\'eda.
\par En agosto de 1933, Juli\'e1n me escribi\'f3 anunci\'e1ndome que casi
hab\'eda terminado el manuscrito de una nueva no\-vela titulada
}{\i\expnd3\expndtw16\lang1034 El ladr\'f3n de catedrales.
}{\expnd0\expndtw-2\lang1034 Cabestany ten\'ed
a unos contratos pendientes de renovaci\'f3n en septiembre con Gallimard.
Llevaba ya semanas paralizado con un ataque de gota y, como premio a mi
dedicaci\'f3n, decidi\'f3 que yo viajase a Francia en su lugar para
tramitar los nuevos con\-
tratos y, de paso, visitar a Juli\'e1n Carax y recoger la nueva obra.
Escrib\'ed a Juli\'e1n anunciando mi visita para mediados de septiembre y
pidi\'e9ndole si me pod\'eda recomendar un hotel modesto y de precio
asequible. Juli\'e1n contest\'f3 di\-
ciendo que me pod\'eda instalar en su casa, un modesto piso en la
barriada de St. Germain, y ahorrarme el dinero del hotel para otros
gastos. El d\'eda antes de partir visit\'e9 a Mi\-quel para preguntarle
si ten\'eda alg\'fan mensaje para Juli\'e1n. Dud
\'f3 un largo rato, y luego me dijo que no.
\par La primera vez que vi a Juli\'e1n en persona fue en la es\-taci\'f3n
de Austerlitz. El oto\'f1o hab\'eda llegado a Par\'eds a trai\-ci\'f3n y
la estaci\'f3n estaba inundada de niebla. Me qued\'e9 esperando en el
and\'e9n, mientras los pasajeros part\'ed
an ha\-cia la salida. Pronto me qued\'e9 sola y vi a un hombre en\-
fundado en un abrigo negro apostado a la entrada del and\'e9n que me
observaba entre el humo de un cigarrillo. Durante el viaje me hab\'eda
preguntado a menudo c\'f3
mo iba a reconocer a Juli\'e1n. Las fotograf\'edas que hab\'eda vis\-to
de \'e9l en la colecci\'f3n de Miquel Moliner ten\'edan por lo menos
trece o catorce a\'f1os. Mir\'e9 a un lado y a otro del and\'e9n. No
hab\'eda nadie m\'e1
s excepto aquella figura y yo. Advert\'ed que el hombre me contemplaba
con cierta curio\-sidad, quiz\'e1 esperando a otra persona, al igual que
yo. No pod\'eda ser \'e9l. Seg\'fan mis datos, Juli\'e1n ten\'eda
entonces trein\-ta y dos a\'f1
os, y aquel hombre me pareci\'f3 mayor. Ten\'eda el pelo cano y una
expresi\'f3n de tristeza o cansancio. Dema\-siado p\'e1lido y demasiado
delgado, o quiz\'e1 fuera s\'f3lo la niebla y el cansancio del viaje.
Hab\'eda aprendido a imagi\-nar un Juli\'e1
n adolescente. Me aproxim\'e9 a aquel descono\-cido con cautela y le
mir\'e9 a los ojos.
\par \emdash \'bfJuli\'e1n?
\par El extra\'f1o me sonri\'f3 y asinti\'f3. Juli\'e1n Carax ten\'eda la
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 sonrisa m\'e1s bonita del mundo. Es lo
\'fanico\tab quedaba de \'e9l.
\par Juli\'e1n ocupaba una buhardilla en la barriada de St. Germain. El
piso se reduc\'eda a dos piezas: una sala con una cocina diminuta que
daba a una balaustrada desde la que se ve\'ed
an las torres de Notre-Dame emergiendo tras una jungla de tejados y
neblina, y un dormitorio sin ven\-tanas con un lecho individual. El
ba\'f1o estaba al fondo del pasillo del piso inferior y lo compart\'ed
a con el resto de vecinos. El conjunto de la vivienda era m\'e1s
peque\'f1o que el despacho del se\'f1or Cabestany. Juli\'e1n hab\'eda
limpiado a conciencia y hab\'eda dispuesto todo para acogerme con
sencillez y decoro. Fing\'ed estar en
cantada con la casa, que todav\'eda ol\'eda al desinfectante y a la cera
que Juli\'e1n hab\'eda aplicado con m\'e1s empe\'f1o que ma\'f1a. Las
s\'e1banas de la cama se ve\'edan por estrenar. Me pareci\'f3
que eran de un estampado con dibujos de dragones y castillos. S\'e1banas
de ni\'f1o. Juli\'e1n se disculp\'f3 diciendo que las hab\'eda conse\-
guido a un precio excepcional, pero que eran de primera calidad. Las que
no llevaban estampado costaban el do\-
ble, argument\'f3, y eran m\'e1s aburridas.
\par En la sala hab\'eda un escritorio de madera vieja enfren\-tado a la
visi\'f3n de las torres de la catedral. Sobre \'e9l yac\'eda la
m\'e1quina Underwood que hab\'ed
a adquirido con el anticipo de Cabestany y dos pilas de cuartillas, una
en blanco y la otra escrita por ambas caras. Juli\'e1n compart\'eda el
piso con un inmenso gato blanco al que llamaba
}{\i\expnd2\expndtw10\lang1034 Kurtz. }{
\expnd0\expndtw2\lang1034 El feli\-no me observaba con recelo a los pies
de su due\'f1o, relami\'e9ndose las garras. Cont\'e9 dos sillas, una
percha y poco m\'e1s. Lo dem\'e1s eran libros. Murallas de libros
cubr\'ed
an las paredes desde el suelo hasta el techo, en dos capas. Mien\-tras yo
inspeccionaba el lugar, Juli\'e1n suspir\'f3.
\par \emdash Hay un hotel a dos calles de aqu\'ed. limpio, asequi\-ble y
respetable. Me permit\'ed hacer una reserva...
\par Tuve mis dudas, pero tem\'eda ofenderle.
\par \emdash Aqu\'ed estar\'e9 perfectamente, siempre y cuando no su\-
ponga una molestia para ti, ni para }{\i\expnd2\expndtw10\lang1034 Kurtz.
\par Kurtz y }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Juli\'e1n intercambiaron una
mirada. Juli\'e1n neg\'f3, y el gato imit\'f3 su gesto. No me hab\'eda
dado cuenta de lo mucho que se parec\'edan el uno al otro. Juli\'e1n
insisti\'f3 en cederme el dormitorio. \'c9
l, alegaba, apenas dorm\'eda y se instalar\'eda en la sala en un
plegat\'edn que le hab\'eda prestado su vecino monsieur Darcieu, un
anciano ilusionista que le\'eda las l\'edneas de la mano a las se\'f1
oritas a cambio de un beso. Aquella primera noche dorm\'ed de un
tir\'f3n, agotada por el viaje. Me despert\'e9 al alba y descubr\'ed que
Juli\'e1n ha\-b\'eda salido. }{\i\expnd2\expndtw10\lang1034 Kurtz
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 dorm\'eda sobre la m
\'e1quina de escribir de su due\'f1o. Roncaba como un mast\'edn. Me
aproxim\'e9 al escrito\-rio y vi el manuscrito de la nueva novela que
hab\'eda venido a recoger.
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {\i El ladr\'f3n de catedrales
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw2\lang1034
\par En la primera p\'e1gina, al igual que en todas las novelas de
Juli\'e1n, rezaba la leyenda, escrita a mano:
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {\i Para P
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw2\lang1034
\par Me sent\'ed tentada de empezar a leer. Estaba a punto de tomar la
segunda p\'e1gina cuando advert\'ed que }{\i\expnd2\expndtw10\lang1034
Kurtz }{\expnd0\expndtw2\lang1034 me mi\-raba de reojo. Al igual que
hab\'eda visto hacer a Juli\'e1n, negu\'e9
con la cabeza. El gato neg\'f3 a su vez, y devolv\'ed las p\'e1\-ginas a
su lugar. Al rato, Juli\'e1n apareci\'f3 trayendo pan reci\'e9n hecho, un
termo de caf\'e9 y queso fresco. Desayu\-namos en la balaustrada.
Juli\'e1n hablaba sin cesar pero rehu\'ed
a mi mirada. A la luz del alba me pareci\'f3 un ni\'f1o envejecido. Se
hab\'eda afeitado y enfundado el que supuse era su \'fanico atuendo
decente, un traje de algod\'f3n color }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 crema
que se ve\'ed
a gastado pero elegante. Le escuch\'e9 ha\-blarme de los misterios de
Notre-Dame, de una supuesta barcaza fantasma que surcaba el Sena por las
noches re\-cogiendo las almas de los amantes desesperados que se
hab\'edan suicidado tir\'e1
ndose a las aguas heladas, de mil y un embrujos que inventaba sobre la
marcha con tal de no permitirme preguntarle nada. Yo le contemplaba en
si\-lencio, asintiendo, buscando en \'e9l al hombre que hab\'eda escrito
los libros que conoc\'ed
a casi de memoria de tanto releerlos, al muchacho que Miquel Moliner me
hab\'eda des\-crito tantas veces.
\par \emdash \'bfCu\'e1ntos d\'edas vas a estar en Par\'eds? \emdash
pregunt\'f3.
\par Mis asuntos con Gallimard iban a llevarme unos dos o tres d\'edas,
supuse. Mi primera cita era aquella misma tar\-de. Le dije que hab\'eda
pensado tomarme un par de d\'edas para conocer la ciudad antes de
regresar a Barcelona.
\par \emdash Par\'eds exige m\'e1s de dos d\'edas \emdash dijo
Juli\'e1n\emdash . No se aviene a razones.
\par \emdash No dispongo de m\'e1s tiempo, Juli\'e1n. El se\'f1or Cabes\-
tany es un patr\'f3n generoso, pero todo tiene un l\'edmite.
\par \emdash Cabestany es un pirata, pero incluso \'e9l sabe que Pa\-
r\'eds no se ve en dos d\'edas, ni en dos meses, ni en dos a\'f1os.
\par \emdash No puedo estar dos a\'f1os en Par\'eds, Juli\'e1n.
\par Juli\'e1n mir\'f3 un largo rato en silencio y me sonri\'f3.
\par \emdash \'bfPor qu\'e9 no? \'bfAlguien te espera?
\par Los tr\'e1mites con Gallimard y mis visitas de cortes\'eda a varios
editores con quienes Cabestany ten\'eda contratos ocuparon tres d\'edas
completos, tal y como hab\'eda previsto. Juli\'e1n me hab\'eda asignado
un gu\'eda y protector, un mucha\-
cho llamado Herv\'e9 que ten\'eda apenas trece a\'f1os y se cono\-c\'eda
la ciudad al dedillo. Herv\'e9 me acompa\'f1aba de puerta a puerta, se
aseguraba de indicarme en qu\'e9 caf\'e9s tomar un bocado, qu\'e9 calles
evitar, qu\'e9 vistas apresar. Me espe
\-raba durante horas a la puerta de las oficinas de los edito\-res sin
perder la sonrisa y sin aceptar propina alguna. Herv\'e9 chapurreaba un
espa\'f1ol divertido, que mezclaba con tintes de italiano y portugu\'e9s.
\par \emdash Signore Carax, ya me ha pagato con tuoda genero\-sidade pos
meus servicios...
\par Seg\'fan pude deducir, Herv\'e9 era el hu\'e9rfano de una de las
damas del establecimiento de Irene Marceau, en cuyo \'e1tico viv\'eda.
Juli\'e1n le hab\'eda ense\'f1ado a leer, escribir y a tocar el piano.
Los domingos lo llevaba al teatro o a un con\-
cierto. Herv\'e9 idolatraba a Juli\'e1n y parec\'eda dispuesto a hacer
cualquier cosa por \'e9l, incluido guiarme hasta el fin del mundo si era
necesario. En nuestro tercer d\'eda jun\-tos me pregunt\'f3 si y
o era la novia del signore Carax. Le dije que no, s\'f3lo una amiga de
visita. Pareci\'f3 decepcio\-nado.
\par Juli\'e1n pasaba casi todas las noches en vela, sentado en su
escritorio con Kurtz en el regazo, repasando p\'e1ginas o simplemente
mirando las siluetas de las torres de la cate\-dral a lo lejos. Una noche
en que yo tampoco pod\'eda dor\-
mir por el ruido de la lluvia ara\'f1ando el tejado sal\'ed a la sala.
Nos miramos sin decir nada y Juli\'e1n me ofreci\'f3 un ci\-garrillo.
Contemplamos la lluvia en silencio durante un largo rato. Luego, cuando
la lluvia ces\'f3, le pregunt\'e9 qui\'e9
n era P.
\par \emdash Pen\'e9lope \emdash respondi\'f3.
\par Le ped\'ed que me hablase de ella, de aquellos trece a\'f1os de
exilio en Par\'eds. A media voz, en la penumbra, Juli\'e1n me cont\'f3
que Pen\'e9lope era la \'fanica mujer a la que hab\'eda amado.
\par
\par Una noche de invierno de 1921, Irene Marceau en\-contr\'f3 a
Juli\'e1n Carax vagando en las calles, incapaz de re\-cordar su nombre y
vomitando sangre. Apenas llevaba en}{\expnd0\expndtw4\lang1034 cima unas
monedas y unas p\'e1
ginas dobladas, escritas a mano. Irene las ley\'f3, y crey\'f3 que
hab\'eda dado con un au\-tor famoso, borracho perdido, y que quiz\'e1 un
editor ge\-neroso la recompensar\'eda cuando \'e9l recobrase el conoci\-
miento. Esa era al menos su versi\'f3
n, pero Juli\'e1n sab\'eda que le salv\'f3 la vida por compasi\'f3n.
Pas\'f3 seis meses en una habitaci\'f3n en el \'e1tico del burdel de
Irene, recupe\-r\'e1ndose. Los m\'e9dicos advirtieron a Irene que si
aquel in\-dividuo volv\'ed
a a envenenarse, no respond\'edan de \'e9l. Se ha\-b\'eda destrozado el
est\'f3mago y el h\'edgado, e iba a pasar el resto de sus d\'edas sin
poder alimentarse m\'e1s que de leche, queso fresco y pan tierno. Cuando
Juli\'e1n recobr\'f3 el ha\-
bla, Irene le pregunt\'f3 qui\'e9n era.
\par \emdash Nadie \emdash respondi\'f3 Juli\'e1n.
\par \emdash Pues nadie vive a mi costa. \'bfQu\'e9 sabes hacer?
\par Juli\'e1n dijo que sab\'eda tocar el piano.
\par \emdash Demu\'e9stralo.
\par Juli\'e1n se sent\'f3 al piano del sal\'f3n y, frente a una in\-
trigada audiencia de quince putillas adolescentes en pa\-\'f1os menores,
interpret\'f3 un nocturno de Chopin. Todas aplaudieron menos Irene, que
dijo que aquello era m\'fasi\-
ca de muertos y que ellas estaban en el negocio de los vi\-vos. Juli\'e1n
toc\'f3 para ella un }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034
ragtime}{\expnd0\expndtw4\lang1034 y un par de piezas de Offenbach.
\par \emdash Eso est\'e1 mejor.
\par Su nuevo empleo le granjeaba un sueldo, un techo y dos comidas
calientes al d\'eda.
\par En Par\'eds sobrevivi\'f3 gracias a la caridad de Irene Mar\-ceau,
que era la \'fanica persona que le animaba a seguir escribiendo. A ella
le gustaban las novelas rom\'e1nticas y las biograf\'edas de santos y
m\'e1rtires, que la intrigaban enor\-
memente. En su opini\'f3n, el problema de Juli\'e1n es que te\-n\'eda el
coraz\'f3n envenenado y que por eso s\'f3lo pod\'eda escri\-bir aquellas
historias de espantos y tinieblas. Pese a sus reparos, Irene era quien
hab\'eda conseguido que Juli\'e1n en\-
contrase editor para sus primeras novelas, quien le hab\'eda procurado
aquella buhardilla en la que se escond\'eda del mundo, la que le
vest\'eda y lo sacaba de casa para que le diese el sol y el aire, quien
le compraba libros y le hac\'eda acompa\'f1
arla a misa los domingos y luego a pasear por las Tuller\'edas. Irene
Marceau le manten\'eda vivo sin pedirle otra cosa a cambio que su amistad
y la promesa de que segui\-r\'eda escribiendo. Con el tiempo, Irene le
permiti\'f3
llevarse a alguna de sus chicas a la buhardilla, aunque s\'f3lo fuera
para dormir abrazados. Irene bromeaba que ellas estaban casi tan solas
como \'e9l y lo \'fanico que quer\'edan era algo de cari\'f1o.
\par \emdash Mi vecino, monsieur Darcieu, me tiene por el hom\-bre m\'e1s
afortunado del universo.
\par Le pregunt\'e9 por qu\'e9 no hab\'eda regresado nunca a Bar\-celona
en busca de Pen\'e9lope. Se sumi\'f3 en un largo silen\-cio y cuando
busqu\'e9 su rostro en la oscuridad lo encontr\'e9 cortado de
l\'e1grimas. Sin saber bien lo que hac\'eda me arrodill
\'e9 junto a \'e9l y le abrac\'e9. Permanecimos as\'ed, abraza\-dos en
aquella silla, hasta que nos sorprendi\'f3 el alba. Ya no s\'e9 qui\'e9n
bes\'f3 primero a qui\'e9n, ni si tiene importan\-cia. S\'e9 que
encontr\'e9 sus labios y que me dej\'e9
acariciar sin darme cuenta de que tambi\'e9n yo estaba llorando y no
sa\-b\'eda por qu\'e9. Aquel amanecer, y todos los que siguieron durante
las dos semanas que pas\'e9 con Juli\'e1
n, nos amamos en el suelo, siempre en silencio. Luego, sentados en un
caf\'e9 o paseando por las calles, le miraba a los ojos y sa\-b\'eda sin
necesidad de preguntarle que \'e9l segu\'eda querien\-do a Pen\'e9lope.
Recuerdo que en aquellos d\'edas aprend
\'ed a odiar a aquella muchacha de diecisiete a\'f1os (porque para m\'ed
Pen\'e9lope siempre tuvo diecisiete a\'f1os), a la que nunca hab\'eda
conocido y con la que empezaba a so\'f1ar. In\-vent\'e9 mil y una excusas
para telegrafiar a Cabestany y }{
\expnd0\expndtw-2\lang1034 prolongar mi estancia. Ya no me preocupaba
perder aquel empleo ni la existencia gris que hab\'eda dejado en
Barcelona. Muchas veces me he preguntado si llegu\'e9 a Par\'eds con una
vida tan vac\'eda que ca\'ed
en los brazos de Ju\-li\'e1n como las chicas de Irene Marceau, que
mendigaban cari\'f1o a rega\'f1adientes. S\'f3lo s\'e9 que aquellas dos
semanas que pas\'e9 con Juli\'e1n fueron el \'fanico momento de mi vida
en que sent\'ed
por una vez que era yo misma, en que comprend\'ed con esa absurda
claridad de las cosas inexplicables que nunca podr\'eda querer a otro
hombre como quer\'eda a Juli\'e1n, aunque pasara el resto de mis d\'edas
intent\'e1ndolo.
\par Una d\'eda Juli\'e1n se qued\'f3 dormido en mis brazos, ex\-hausto.
La tarde anterior, al cruzar frente al escaparate de una tienda de
empe\'f1os se hab\'eda detenido para ense\'f1ar me una pluma
estilogr\'e1fica que llevaba a\'f1
os expuesta en el mostrador y que seg\'fan el tendero hab\'eda
pertenecido a V\'edctor Hugo. Juli\'e1n nunca hab\'eda tenido un
c\'e9ntimo para comprarla, pero cada d\'eda la visitaba. Me vest\'ed con
sigilo y baj\'e9
a la tienda. La pluma costaba una fortuna que yo no ten\'eda, pero el
tendero me dijo que aceptar\'eda un cheque en pesetas contra cualquier
banco espa\'f1ol con oficina en Par\'eds. Antes de morir, mi madre me
hab\'eda prometido que ahorrar\'ed
a durante a\'f1os para comprarme un vestido de novia. La pluma de
V\'edctor Hugo se llev\'f3 mi velo por de\-lante, y aunque sab\'eda que
era una locura, nunca gast\'e9 un dinero m\'e1s a gusto. Al salir de la
tienda con el estuche fa\-buloso, advert\'ed
que una mujer me segu\'eda. Era una dama muy elegante, con el cabello
plateado y los ojos m\'e1s azu\-les que he visto jam\'e1s. Se me
aproxim\'f3 y se present\'f3. Era Irene Marceau, la protectora de
Juli\'e1n. Mi lazarillo Herv\'e9 le hab\'ed
a hablado de m\'ed. S\'f3lo quer\'eda conocerme y pregun\-tarme si yo era
la mujer a la que Juli\'e1n hab\'eda estado espe\-rando todos aquellos
a\'f1os. No hizo falta que respondiese. Irene se limit\'f3 a asentir y me
bes\'f3 en la mejilla. La vi ale\-
jarse calle abajo y supe entonces que Juli\'e1n nunca ser\'eda m\'edo,
que le hab\'eda perdido antes de empezar. Regres\'e9 a la buhardilla con
el estuche de la pluma oculto en mi bolso. Juli\'e1n me esperaba
despierto. Me desnud\'f3
sin decir nada e hicimos el amor por \'faltima vez. Cuando me pregun\-
t\'f3 por qu\'e9 lloraba le dije que eran l\'e1grimas de felicidad.
M\'e1s tarde, cuando Juli\'e1n baj\'f3 a buscar algo de comida, hice el
equipaje y dej\'e9
el estuche con la pluma sobre su m\'e1quina de escribir. Met\'ed el
manuscrito de la novela en mi maleta y me march\'e9 antes de que
Juli\'e1n regresara. En el rellano me encontr\'e9 con monsieur Darcieu,
el anciano ilusionista que le\'ed
a la mano de las muchachas a cambio de un beso. Me tom\'f3 la mano
izquierda y me observ\'f3 con tristeza.
\par }{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 \emdash Vous avez poison au coeur,
mademoiselle.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 Cuando quise satisfacer su tarifa
neg\'f3 suavemente, y fue \'e9l quien me bes\'f3 la mano.
\par
\par Llegu\'e9 a la estaci\'f3n de Austerlitz justo a tiempo para tomar
el tren de las doce para Barcelona. El revisor que me vendi\'f3 el
billete me pregunt\'f3 si me encontraba bien. Asent\'ed y me encerr\'e9
en el compartimento. El tren part\'ed
a ya cuando mir\'e9 por la ventana y avist\'e9 la silueta de Juli\'e1n en
el and\'e9n, en el mismo sitio que le hab\'eda visto la prime\-ra vez.
Cerr\'e9 los ojos y no los abr\'ed hasta que el tren hubo dejado atr\'e1s
la estaci\'f3
n y aquella ciudad embrujada a la que nunca podr\'eda regresar. Llegu\'e9
a Barcelona al amane\-cer del d\'eda siguiente. Aquel d\'eda cumpl\'ed
los veinticuatro a\'f1os, sabiendo que lo mejor de mi vida hab\'eda
quedado atr\'e1s.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {2
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par A mi regreso a Barcelona dej\'e9 pasar un tiempo antes de volver a
visitar a Miquel Moliner. Necesitaba quitarme a Juli\'e1n de la cabeza y
me daba cuenta de que si Miquel me preguntaba por \'e9l no iba a saber
qu\'e9
decir. Cuando nos encontramos de nuevo no hizo falta que le dijese nada.
Miquel me mir\'f3 a los ojos y se limit\'f3 a asentir. Me pa\-reci\'f3
m\'e1s flaco que antes de mi viaje a Par\'eds, el rostro de una palidez
casi enfermiza, que yo atribu\'ed
al exceso de trabajo con que se castigaba. Me confes\'f3 que estaba pa\-
sando apuros econ\'f3micos. Hab\'eda gastado casi todo el di\-nero que
hab\'eda heredado en sus donaciones filantr\'f3
picas y ahora los abogados de sus hermanos estaban tratando de
desalojarle del palacete alegando que una cl\'e1usula del testamento del
viejo Moliner especificaba que Miquel s\'f3lo podr\'ed
a hacer uso de aquel lugar siempre y cuando lo mantuviese en buenas
condiciones y pudiera demostrar solvencia para mantener la propiedad. En
caso contrario, el palacio de Puertaferrisa pasar\'eda a la custodia de
sus otros hermanos.
\par \emdash Incluso antes de morir, mi padre intuy\'f3 que iba a
gastarme su dinero en todo aquello que \'e9l detestaba en vida, hasta el
\'faltimo c\'e9ntimo.
\par Sus ingresos como columnista y traductor estaban le\-jos de
permitirle mantener semejante domicilio.
\par \emdash Lo dif\'edcil no es ganar dinero sin m\'e1s \emdash se
lamenta\-ba\emdash . Lo dif\'edcil es ganarlo haciendo algo a lo que
valga la pena dedicarle la vida.
\par Sospech\'e9 que estaba empezando a beber a escondi\-das. A veces le
temblaban las manos. Yo le visitaba todos los domingos y le obligaba a
salir a la calle y a alejarse de su mesa de trabajo y sus enciclopedias.
Sab\'eda que le dol\'eda verme. Actu
aba como si no recordase que me hab\'eda pro\-puesto matrimonio y que le
hab\'eda rechazado, pero a ve\-ces le sorprend\'eda observ\'e1ndome con
anhelo y deseo, con mirada de derrota. Mi \'fanica excusa para someterle
a aquella crueldad era puramente ego
\'edsta: s\'f3lo Miquel sa\-b\'eda la verdad sobre Juli\'e1n y
Pen\'e9lope Aldaya.
\par Durante aquellos meses que pas\'e9 alejada de Juli\'e1n, Pen\'e9lope
Aldaya se hab\'eda convertido en un espectro que me devoraba el sue\'f1o
y el pensamiento. Todav\'eda recordaba la expresi\'f3n de decepci\'f3n en
el rostro de Irene Mar\-
ceau al comprobar que yo no era la mujer que Juli\'e1n esta\-ba
esperando. Pen\'e9lope Aldaya, ausente y a traici\'f3n, era una enemiga
demasiado poderosa para m\'ed. Invisible, la imaginaba perfecta, una luz
en cuya sombra me perd\'ed
a, indigna, vulgar, tangible. Nunca hab\'eda cre\'eddo posible que
pudiera odiar tanto, y tan a mi pesar, a alguien a quien ni siquiera
conoc\'eda, a quien no hab\'eda visto una sola vez. Su\-pongo que
cre\'eda que si la encontraba cara a cara, si com\-
probaba que era de carne y hueso, su hechizo se rompe\-r\'eda y Juli\'e1n
ser\'eda libre de nuevo. Y yo con \'e9l. Quise creer que era una
cuesti\'f3n de tiempo, de paciencia. Tarde o temprano, Miquel me
contar\'eda la verdad. Y la verdad me har\'ed
a libre.
\par Un d\'eda, mientras pase\'e1bamos por el claustro de la ca\-tedral,
Miquel volvi\'f3 a insinuar su inter\'e9s por m\'ed. Le mir\'e9 y vi a un
hombre solo, sin esperanzas. Sab\'eda lo que hac\'eda cuando le llev\'e9
a casa y me dej\'e9 seducir por \'e9
l. Sab\'eda que le estaba enga\'f1ando, y que \'e9l lo sab\'eda
tambi\'e9n, pero no ten\'eda nada m\'e1s en el mundo. Fue as\'ed como nos
converti\-mos en amantes, por desesperaci\'f3n. Yo ve\'eda en sus ojos lo
que hubiera querido ver en los de Juli\'e1
n. Sent\'eda que al }{\lang1034 entregarme a \'e9l, me vengaba de
Juli\'e1n y de Pen\'e9lope y de todo aquello que se me negaba. Miquel,
que estaba enfer\-mo de deseo y de soledad, sab\'eda que nuestro amor era
una farsa, y aun as\'ed no pod\'ed
a dejarme ir. Cada d\'eda beb\'eda m\'e1s y muchas veces apenas pod\'eda
poseerme. Entonces bromeaba amargamente que despu\'e9s de todo nos
hab\'eda\-mos convertido en un matrimonio ejemplar en un tiem\-po
r\'e9cord. Nos est\'e1bamos haciendo da\'f1
o el uno al otro por despecho y cobard\'eda. Una noche, cuando casi se
cumpl\'eda un a\'f1o de mi regreso de Par\'eds, le ped\'ed que me contase
la verdad sobre Pen\'e9lope. Miquel hab\'eda bebido y se puso violento,
como nunca le hab\'eda visto ante
s. Lleno de rabia, me insult\'f3 y me acus\'f3 de no haberle querido
nunca, de ser una furcia cualquiera. Me arranc\'f3 la ropa a jirones y
cuando quiso forzarme yo me tend\'ed, ofreci\'e9ndo\-
me sin resistencia y llorando en silencio. Miquel se vino abajo y me
suplic\'f3 que le perdonase. Cu\'e1nto me hubiera gustado poder amarle a
\'e9l y no a Juli\'e1n, poder elegir que\-darme a su lado. Pero no
pod\'eda. Nos abrazamos en la os\-
curidad y le ped\'ed perd\'f3n por todo el da\'f1o que le hab\'eda hecho.
Me dijo entonces que si eso era realmente lo que quer\'eda, me
contar\'eda la verdad sobre Pen\'e9lope Aldaya. Hasta en eso me
equivoqu\'e9.
\par Aquel domingo de 1919 en que Miquel Moliner hab\'eda acudido a la
estaci\'f3n de Francia a entregar el billete a Pa\-r\'eds y despedir a su
amigo Juli\'e1n, ya sab\'eda que Pen\'e9lope no acudir\'eda a la cita.
Sab\'eda que dos d\'ed
as antes, al regresar don Ricardo Aldaya de Madrid, su esposa le hab\'eda
confe\-sado que hab\'eda sorprendido a Juli\'e1n y a su hija Pen\'e9lope
en la habitaci\'f3n del aya Jacinta. Jorge Aldaya le hab\'eda revelado a
Miquel lo sucedido el d\'ed
a anterior, haci\'e9ndole jurar que nunca se lo contar\'eda a nadie.
Jorge le explic\'f3 c\'f3mo, al recibir la noticia, don Ricardo
estall\'f3 de ira, y gritando como un loco, corri\'f3 a la habitaci\'f3n
de Pen\'e9lo\-pe, que al o\'ed
r los alaridos de su padre se hab\'eda encerrado con llave y lloraba de
terror. Don Ricardo derrib\'f3 la puer\-ta a patadas y encontr\'f3 a
Pen\'e9lope de rodillas, temblan\-do y suplic\'e1ndole su perd\'f3n. Don
Ricardo le propin\'f3 en\-
tonces una bofetada que la derrib\'f3 contra el suelo. Ni el propio Jorge
fue capaz de repetirle las palabras que profiri\'f3 don Ricardo, ardiendo
de rabia. Todos los miem\-bros de la familia y el servicio esperaban
abajo, atemorizados, sin saber qu\'e9
hacer. Jorge se ocult\'f3 en su habitaci\'f3n, a oscuras, pero incluso
all\'ed llegaban los gritos de don Ricardo. Jacinta fue despedida aquel
mismo d\'eda. Don Ri\-cardo ni se dign\'f3 verla. Orden\'f3 a los criados
que la echa\-
sen de la casa y les amenaz\'f3 con un destino similar si cualquiera de
ellos volv\'eda a tener contacto alguno con ella.
\par Cuando don Ricardo baj\'f3 a la biblioteca era ya media\-noche.
Hab\'eda dejado encerrada bajo llave a Pen\'e9lope en la que hab\'eda
sido la habitaci\'f3n de Jacinta y prohibi\'f3
terminantemente que nadie subiera a verla, ni miembros del servicio ni
de la familia. Desde su habitaci\'f3n, Jorge es\-cuch\'f3 a sus padres
hablar en el piso de abajo. El doctor lleg\'f3 de madrugada. La se\'f1
ora Aldaya le condujo hasta la alcoba donde manten\'edan encerrada a
Pen\'e9lope y esper\'f3 en la puerta mientras el m\'e9dico la
reconoc\'eda. Al salir, el doctor se limit\'f3 a asentir y a recoger su
pago. Jorge escu\-ch\'f3 c\'f3mo don Ricardo le dec
\'eda que si comentaba con al\-guien lo que hab\'eda visto all\'ed, \'e9l
personalmente se asegura\-r\'eda de arruinar su reputaci\'f3n y de
impedir que volviese a ejercer la medicina. Incluso Jorge sab\'eda lo que
eso signifi\-caba.
\par Jorge confes\'f3 estar muy preocupado por Pen\'e9lope y por
Juli\'e1n. Nunca hab\'eda visto a su padre pose\'eddo por semejante
c\'f3lera. Incluso teniendo en cuenta la ofensa cometida por los amantes,
no comprend\'eda el alcance de }{
\expnd0\expndtw-2\lang1034 aquella ira. Tiene que haber algo m\'e1s,
dijo, algo m\'e1s. Don Ricardo hab\'eda dado \'f3rdenes ya para que
Juli\'e1n fuese expulsado del colegio de San Gabriel y se hab\'ed
a puesto en contacto con el padre del muchacho, el sombrerero, para
enviarle al ej\'e9rcito inmediatamente. Miquel, al o\'edr aquello,
decidi\'f3 que no pod\'eda decirle a Juli\'e1n la verdad. Si le desvelaba
que don Ricardo Aldaya manten\'eda ence\-
rrada a Pen\'e9lope y que ella llevaba en las entra\'f1as al hijo de
ambos, Juli\'e1n nunca tomar\'eda aquel tren para Par\'eds. Sa\-b\'eda
que quedarse en Barcelona ser\'eda el fin de su amigo. As\'ed pues,
decidi\'f3 enga\'f1
arle y dejar que partiera para Pa\-r\'eds sin saber lo que hab\'eda
sucedido, dej\'e1ndole creer que Pen\'e9lope se reunir\'eda con \'e9l
tarde o temprano. Al despe\-dirse de Juli\'e1n aquel d\'eda en la
estaci\'f3n de Francia, quiso creer que no todo es
taba perdido.
\par D\'edas m\'e1s tarde, cuando se supo que Juli\'e1n hab\'eda desa\-
parecido, se abrieron los infiernos. Don Ricardo Aldaya echaba espuma por
la boca. Puso a medio departamento de polic\'eda a la busca y captura del
fugitivo, sin \'e9xito. Acu\-s\'f3
entonces al sombrerero de haber saboteado el plan que hab\'edan pactado
y le amenaz\'f3 con la ruina absoluta. El sombrerero, que no entend\'eda
nada, acus\'f3 a su vez a su esposa Sophie de haber urdido la fuga de
aquel hijo infa\-me y la amenaz\'f3
con echarla a la calle para siempre. A nadie se le ocurri\'f3 que era
Miquel Moliner quien hab\'eda ideado todo el asunto. A nadie excepto a
Jorge Aldaya, que dos semanas m\'e1s tarde acudi\'f3 a verle. Ya no
rezuma\-ba el temor y la preocupaci\'f3
n que le hab\'edan atenazado d\'edas atr\'e1s. Aqu\'e9l era otro Jorge
Aldaya, adulto y robado de inocencia. Fuera lo que fuese lo que se
ocultaba tras la rabia de don Ricardo, Jorge lo hab\'eda averiguado. El
moti\-
vo de la visita era sucinto: le dijo que sab\'eda que era \'e9l quien
hab\'eda ayudado a Juli\'e1n a escapar. Le anunci\'f3 que ya no eran
amigos, que no quer\'eda volver a verle nunca m\'e1s y le amenaz\'f3 con
matarle si le contaba a alguien lo que \'e9
l le hab\'eda revelado dos semanas antes.
\par Unas semanas m\'e1s tarde, Miquel recibi\'f3 la carta bajo nombre
falso que Juli\'e1n enviaba desde Par\'eds d\'e1ndole su direcci\'f3n y
comunic\'e1ndole que estaba bien y le echaba de menos e interes\'e1ndose
por su madre y por Pen\'e9lope. Inclu\'ed
a una carta dirigida a Pen\'e9lope para que Miquel la reenviase desde
Barcelona, la primera de tantas que Pe\-n\'e9lope nunca llegar\'eda a
leer. Miquel dej\'f3 pasar unos me\-ses con prudencia. Escrib\'eda
semanalmente a Juli\'e1n, refi\-ri\'e9ndole s
\'f3lo aquello que cre\'eda oportuno, que era casi nada. Juli\'e1n a su
vez le hablaba de Par\'eds, de lo dif\'edcil que estaba resultando todo,
de lo solo y desesperado que se sent\'eda. Miquel le enviaba dinero,
libros y su amistad. Jun\-
to con cada carta, Juli\'e1n acompa\'f1aba sus env\'edos con otra misiva
para Pen\'e9lope. Miquel las enviaba desde diferen\-tes estafetas, aun
sabiendo que era in\'fatil. En sus cartas, Juli\'e1n no cesaba de
preguntar por Pen\'e9lope. Miquel no pod\'ed
a contarle nada. Sab\'eda por Jacinta que Pen\'e9lope no hab\'eda salido
de la casa de la avenida del Tibidabo desde que su padre la hab\'eda
encerrado en la habitaci\'f3n del ter\-cer piso.
\par Una noche, Jorge Aldaya le sali\'f3 al paso entre las som\-bras a
dos manzanas de su casa. \'ab\'bfVienes ya a matarme?\'bb, pregunt\'f3
Miquel. Jorge anunci\'f3 que ven\'eda a hacerle un favor a \'e9l y a su
amigo Juli\'e1n. Le entreg\'f3
una carta y le su\-giri\'f3 que se la hiciera llegar a Juli\'e1n,
dondequiera que se hubiera ocultado. \'abPor el bien de todos\'bb,
sentenci\'f3. El sobre conten\'eda una cuartilla escrita de pu\'f1o y
letra por Pen\'e9lope Aldaya.
\par }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
\par Querido Juli\'e1n:
\par Te escribo para anunciarte }{\i\lang1034 mi
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 pr\'f3ximo matrimonio }{\lang1034 y
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 para rogarte que no me escribas m\'e1s, que
me olvides y que rehagas tu }{\i\lang1034 vida.
No te guardo rencor, pero no ser\'eda sincera si no te confesara que
nunca te he querido y nunca podr\'e9 quererte. Te deseo lo me\-jor,
dondequiera que est\'e9s.
\par }\pard\plain
\s5\qr\fi709\keepn\nowidctlpar\widctlpar\outlinelevel4\adjustright
\i\f1\lang1034\cgrid {Pen\'e9lope
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw2\lang1034
\par Miquel ley\'f3 y reley\'f3 la carta mil veces. El trazo era
inequ\'edvoco, pero no crey\'f3 por un momento que Pen\'e9\-lope hubiera
escrito aquella carta por propia voluntad. \'abDondequiera que
est\'e9s...\'bb Pen\'e9lope sab\'ed
a perfectamente donde estaba Juli\'e1n: en Par\'eds, esper\'e1ndola. Si
fing\'eda des\-conocer su paradero, reflexion\'f3 Miquel, era para
prote\-gerle. Por ese mismo motivo, Miquel no acertaba a com\-prender lo
que pod\'ed
a haberla llevado a redactar aquellas l\'edneas. \'bfQu\'e9 m\'e1s
amenazas pod\'eda cernir sobre ella don Ricardo Aldaya que el mantenerla
encerrada durante me\-ses en aquella alcoba como a una prisionera? M\'e1s
que na\-die, Pen\'e9lope sab\'ed
a que aquella carta constitu\'eda una pu\-\'f1alada envenenada en el
coraz\'f3n de Juli\'e1n: un joven de diecinueve a\'f1os, perdido en una
ciudad lejana y hostil, abandonado de todos, apenas sobreviviendo de
vanas es\-peranzas de volverla a ver. \'bf
De qu\'e9 quer\'eda protegerle al apartarle de su lado de aquel modo?
Tras mucho meditar\-lo, Miquel decidi\'f3 no enviar la carta. No sin
antes saber su causa. Sin una buena raz\'f3n, no ser\'eda su mano la que
hundiese aquel pu\'f1
al en el alma de su amigo.
\par D\'edas m\'e1s tarde supo que don Ricardo Aldaya, harto de ver a
Jacinta Coronado acechando como un centinela a las puertas de su casa
mendigando noticias de Pen\'e9lope, hab\'eda recurrido a sus muchas
influencias y hecho en\-
cerrar al aya de su hija en el manicomio de Horta. Cuan\-do Miquel
Moliner quiso visitarla, se le neg\'f3 el permiso. Jacinta Coronado iba a
pasar sus tres primeros meses en una celda incomunicada. Despu\'e9s de
tres meses en el si\-
lencio y en la oscuridad, le explic\'f3 uno de los doctores, un individuo
muy joven y sonriente, la docilidad de la pa\-ciente estaba garantizada.
Siguiendo una corazonada, Mi\-quel decidi\'f3 visitar la pensi\'f3n en la
que Jacinta hab\'eda es\-
tado viviendo durante los meses siguientes a su despido. Al
identificarse, la patrona record\'f3 que Jacinta hab\'eda de\-jado un
mensaje a su nombre y tres semanas a deber. Sal\-d\'f3
la deuda, de cuya veracidad dudaba, y se hizo con el mensaje en que el
aya dec\'eda que ten\'eda constancia de que una de las doncellas de la
casa, Laura, hab\'eda sido despedi\-da al saberse que hab\'eda enviado en
secreto una carta es\-crita por Pen
\'e9lope a Juli\'e1n. Miquel dedujo que la \'fanica direcci\'f3n a la que
Pen\'e9lope, desde su cautiverio, habr\'eda podido dirigir la misiva era
al piso de los padres de Juli\'e1n en la ronda de San Antonio, confiando
en que ellos a su vez
la hiciesen llegar a su hijo en Par\'eds.
\par Decidi\'f3 pues visitar a Sophie Carax a fin de recuperar aquella
carta para envi\'e1rsela a Juli\'e1n. Al visitar el domici\-lio de la
familia Fortuny, Miquel se llev\'f3 una sorpresa de mal augurio: Sophie
Carax ya no resid\'eda all\'ed. Hab\'eda aban\-
donado a su marido unos d\'edas atr\'e1s, o \'e9se era el rumor que
circulaba en la escalera. Miquel trat\'f3 entonces de ha\-blar con el
sombrerero, que pasaba los d\'edas encerrado en su tienda carcomido por
la rabia y la humillaci\'f3
n. Miquel le insinu\'f3 que hab\'eda venido a buscar una carta que de\-
b\'eda haber llegado a nombre de su hijo Juli\'e1n hac\'eda unos d\'edas.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Yo
no tengo ning\'fan hijo \emdash fue toda la respuesta que obtuvo.
\par Miquel Moliner march\'f3 de all\'ed sin saber que aquella carta
hab\'eda ido a parar a manos de la portera del edificio y que muchos
a\'f1os despu\'e9s, t\'fa, Daniel, la encontrar\'edas y leer\'edas las
palabras que Pen\'e9lope hab\'ed
a enviado, esta vez de coraz\'f3n, a Juli\'e1n, y que \'e9l nunca
lleg\'f3 a recibir.
\par Al salir de la sombrerer\'eda Fortuny, una vecina de la
es}{\expnd1\expndtw6\lang1034 calera que se identific\'f3 como la
Vi\'e7enteta se le acerc\'f3 y le pregunt\'f3 si estaba buscando a
Sophie. Miquel asinti\'f3.
\par \emdash Soy amigo de Juli\'e1n.
\par La Vi\'e7enteta le inform\'f3 de que Sophie estaba malvi\-viendo en
una pensi\'f3n situada en una callejuela tras el edificio de Correos a la
espera de que partiese el barco que la llevar\'eda a Am\'e9rica. Miquel
acudi\'f3 a aquella direc\-ci\'f3
n, una escalera angosta y miserable que rehu\'eda la luz y el aire. En la
cima de aquella espiral polvorienta de pel\-da\'f1os inclinados, Miquel
encontr\'f3 a Sophie Carax en una habitaci\'f3
n del cuarto piso, encharcada de sombras y humedad. La madre de Juli\'e1n
enfrentaba la ventana sen\-tada al borde de un camastro en el que
todav\'eda yac\'edan dos maletas cerradas como ata\'fades sellando sus
veintid\'f3s a\'f1os en Barcelona.
\par Al leer la carta firmada por Pen\'e9lope que Jorge Alda\-ya hab\'eda
entregado a Miquel, Sophie derram\'f3 l\'e1grimas de rabia.
\par \emdash Ella lo sabe \emdash murmur\'f3\emdash . Pobrecilla, lo
sabe...
\par \emdash \'bfSabe el qu\'e9? \emdash pregunt\'f3 Miquel.
\par \emdash La culpa es m\'eda \emdash dijo Sophie\emdash . La culpa es
m\'eda.
\par Miquel le sosten\'eda las manos, sin comprender. Sophie no se
atrevi\'f3 a enfrentar su mirada.
\par \emdash Pen\'e9lope y Juli\'e1n son hermanos \emdash murmur\'f3.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {3
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd1\expndtw6\lang1034
\par Muchos a\'f1os antes de convertirse en la esclava de Antoni Fortuny,
Sophie Carax hab\'eda sido una mujer que viv\'eda de su talento. Apenas
contaba diecinueve a\'f1os cuando lle\-g\'f3 a Barcelona en busca de una
promesa de empleo que nunca habr\'ed
a de materializarse. Antes de morir, su padre le hab\'eda procurado
referencias para que entrase al servi\-cio de los Benarens, una
pr\'f3spera familia de comercian\-tes alsacianos establecida en
Barcelona.
\par \emdash A mi muerte \emdash le inst\'f3\emdash , acude a ellos, y te
acoge\-r\'e1n como a una hija.
\par La calurosa acogida que recibi\'f3 fue parte del proble\-ma.
Monsieur Benarens hab\'eda decidido acogerla con los brazos, y las
g\'f3nadas, abiertos y a toda vela. Madame Benarens, no sin apiadarse de
ella y de su mala fortuna, le entreg\'f3
cien pesetas y la puso en la calle.
\par \emdash T\'fa tienes la vida por delante, pero yo s\'f3lo tengo este
marido miserable y l\'fabrico.
\par Una escuela de m\'fasica de la calle Diputaci\'f3n se avino a darle
empleo como maestra particular de piano y sol\-
feo. Era por entonces de buen tono que las hijas de familias asentadas
fueran instruidas en las artes sociales y salpicadas con el don de la
m\'fasica de sal\'f3n, donde la polonesa era menos peligrosa que la
conversaci\'f3
n o las lecturas cuestionables. As\'ed pues, Sophie Carax empez\'f3 su
rutina de visitar caserones palaciegos donde criadas almidonadas y mudas
la conduc\'edan a salones de m\'fasica don\-de la infancia hostil de la
aristocracia industrial la espera\-
ba para burlarse de su acento, su timidez o su condici\'f3n de sirvienta,
pentagrama m\'e1s o menos. Con el tiempo aprendi\'f3 a concentrarse en
aquella exigua d\'e9cima parte de sus alumnos que se elevaban por encima
de la condi\-ci\'f3n de alima\'f1
as perfumadas, y a olvidar al resto.
\par Por aquel entonces, Sophie conoci\'f3 a un joven som\-brerero (pues
as\'ed se hac\'eda llamar \'e9l con orgullo gremial) llamado Antoni
Fortuny que parec\'eda decidido a hacerle la corte a cualquier precio.
Antoni Fortuny, por quien So\-phie sent\'ed
a una cordial amistad y nada m\'e1s, no tard\'f3 en proponerle
matrimonio, oferta que Sophie rechazaba }{\expnd0\expndtw4\lang1034 una
docena de veces al mes. Cada vez que se desped\'edan; Sophie confiaba en
no volver a verle m\'e1s, porque no de\-
seaba herirle. El sombrerero, impermeable a toda negati\-va, volv\'eda al
ataque, invit\'e1ndola a un baile, a dar un paseo o a una merienda de
bizcochos y chocolate en la calle Canuda. Sola en Barcelona, Sophie
encontraba dif\'edcil resis\-
tirse a su entusiasmo, a su compa\'f1\'eda y a su devoci\'f3n. Le bastaba
mirar a Antoni Fortuny para saber que nunca po\-dr\'eda amarle. No como
ella so\'f1aba llegar a amar a alguien alg\'fan d\'eda. Pero le costaba
rechazar la imagen de s\'ed
misma que ve\'eda en los ojos embrujados del sombrerero. S\'f3lo en
ellos ve\'eda a la Sophie que hubiera deseado ser.
\par As\'ed pues, por anhelo o debilidad, Sophie segu\'eda ju\-gueteando
con el cortejo del sombrerero, creyendo que alg\'fan d\'eda \'e9l
conocer\'eda a otra muchacha m\'e1s dispuesta y partir\'eda en rumbos
m\'e1
s provechosos. Entretanto, sentirse deseada y apreciada bastaba para
quemar la soledad y la nostalgia de cuanto hab\'eda dejado atr\'e1s.
Ve\'eda a Antoni los domingos, despu\'e9s de misa. El resto de la semana
lo dedicaba a sus clases de m\'fa
sica. Su alumna predilecta era una muchacha de notable talento llamada
Ana Valls, hija de un pr\'f3spero fabricante de maquinaria textil que
ha\-b\'ed
a hecho su fortuna desde la nada, a fuerza de enormes esfuerzos y
sacrificios, mayormente ajenos. Ana declara\-ba su deseo de llegar a ser
una gran compositora e inter\-pretaba para Sophie peque\'f1as piezas que
compon\'eda imi\-tand
o motivos de Grieg y Schumann, no sin cierto ingenio. El se\'f1or Valls,
convencido de que las mujeres eran incapaces de componer otra cosa que
calceta y col\-chas de punto, ve\'eda sin embargo con buen ojo que su
hija se convirtiese en una competente int
\'e9rprete al tecla\-do, pues ten\'eda planes de casarla con alg\'fan
heredero de buen apellido, y sab\'eda que la gente refinada gustaba de
cualidades extravagantes en las muchachas casaderas, am\'e9
n de la docilidad y la exuberante fertilidad de una juventud en flor.
\par Fue en la casa de los Valls donde Sophie conoci\'f3 a uno de los
m\'e1ximos benefactores y padrinos financieros del se\'f1
or Valls: don Ricardo Aldaya, heredero del imperio Aldaya, ya por
entonces la gran esperanza blanca de la plutocracia catalana de finales
de siglo. Ricardo Aldaya se hab\'eda casado meses atr\'e1s con una rica
heredera de belle\-
za cegadora y nombre impronunciable, atributos que las malas lenguas
daban por ver\'eddicos, pues se dec\'eda que ni su reciente marido
ve\'eda belleza alguna en ella ni se moles\-taba en mentar su nombre.
Hab\'ed
a sido un matrimonio entre familias y bancos, no una ni\'f1er\'eda
rom\'e1ntica, dec\'eda el se\'f1or Valls, que ten\'eda muy claro que una
cosa era el le\-cho y otra el hecho.
\par A Sophie le bast\'f3 cruzar una mirada con don Ricardo para saber
que estaba perdida para siempre. Aldaya ten\'eda ojos de lobo,
hambrientos y afilados, que se abr\'edan camino y sab\'edan d\'f3nde
asestar la dentellada mortal de necesi\-
dad. Aldaya le bes\'f3 la mano lentamente, acarici\'e1ndole los nudillos
con los labios. Todo cuanto el sombrerero desti\-laba
de afabilidad y entusiasmo, don Ricardo exhalaba en crueldad y
fortaleza. Su sonrisa canina dejaba claro que era capaz de leer sus
pensamientos y sus deseos y que se re\'eda de ellos. Sophie sinti\'f3 por
\'e9l ese an\'e9
mico desprecio que despiertan las cosas que m\'e1s deseamos sin saberlo.
Se dijo que no le volver\'eda a ver, que si era necesario dejar\'eda de
dar clases a su alumna preferida si con ello evitaba vol\-ver a
tropezarse con Ricardo Aldaya. Nada la hab\'ed
a aterra\-do tanto en su vida como el presentir a aquel animal bajo la
piel, y el reconocer a su depredador, vestido en galas de lino. Todos
estos pensamientos cruzaron por su mente en apenas segundos, mientras
urd\'ed
a una burda excusa para ausentarse ante la perplejidad del se\'f1or
Valls, la car}{\expnd0\expndtw-2\lang1034 cajada de Aldaya y la mirada
derrotada de la peque\'f1a Ana, que entend\'eda a las personas mejor que
a la m\'fasica y sab\'eda que hab\'ed
a perdido a su maestra sin remedio.
\par Una semana m\'e1s tarde, a las puertas de la escuela de m\'fasica de
la calle Diputaci\'f3n, Sophie se encontr\'f3 con don Ricardo Aldaya, que
la esperaba fumando y ojeando un peri\'f3dico. Cruzaron una mirada y sin
mediar palabra \'e9
l la condujo a un edificio a dos manzanas de all\'ed. Era un inmueble
nuevo, todav\'eda sin inquilinos. Ascendieron has\-ta el piso principal.
Don Ricardo abri\'f3 la puerta y le ce\-di\'f3 el paso. Sophie se
adentr\'f3
en el piso, un laberinto de corredores y galer\'edas, de paredes
desnudas y techos invisi\-bles. No hab\'eda muebles ni cuadros ni
l\'e1mparas ni objeto alguno que identificase aquel espacio como una
vivienda. Don Ricardo Aldaya cerr\'f3
la puerta y ambos se miraron.
\par \emdash No he dejado de pensar en ti durante toda esta se\-mana.
Dime que t\'fa no has hecho lo mismo y te dejar\'e9 marchar y no
volver\'e1s a verme \emdash dijo Ricardo.
\par Sophie neg\'f3.
\par La historia de sus encuentros furtivos dur\'f3 noventa y seis
d\'edas. Se ve\'edan al atardecer, siempre en aquel piso va\-c\'edo en la
esquina de Diputaci\'f3n y Rambla de Catalu\'f1a. Martes y jueves, a las
tres de la tarde. Sus citas nunca dura\-ban m
\'e1s de una hora. A veces Sophie se quedaba a solas, una vez Aldaya
hab\'eda partido, llorando o temblando en un rinc\'f3n de aquella alcoba.
Luego, al llegar el domingo, Sophie buscaba desesperadamente en los ojos
del som\-
brerero vestigios de la mujer que estaba desapareciendo, ansiando la
devoci\'f3n y el enga\'f1o. El sombrerero no ve\'eda las marcas sobre la
piel, los cortes ni las quemaduras que salpicaban su cuerpo. El
sombrerero no ve\'eda la desespera\-ci\'f3
n en su sonrisa, en su docilidad. El sombrerero no ve\'eda nada. Quiz\'e1
por eso acept\'f3 su promesa de matrimonio. Ya present\'eda por entonces
que llevaba eh }{\expnd-1\expndtw-8\lang1034 hijo }{\expnd0\expndtw-
2\lang1034 de Aldaya en las entra\'f1
as, pero tem\'eda dec\'edrselo, casi tanto como tem\'eda perderle. Una
vez mas, fue Aldaya quien vio en ella lo que Sophie era incapaz de
confesar. Le dio quinientas pesetas, una direcci\'f3n en la calle
Plater\'eda y la orden de que se des\-
hiciese de la criatura. Cuando Sophie se neg\'f3, don Ricar\-do Aldaya la
abofete\'f3 hasta que le sangraron los o\'eddos y la amenaz\'f3 con
hacerla matar si se atrev\'ed
a a mencionar sus encuentros o a afirmar que el hijo era suyo. Cuando le
dijo al sombrerero que unos truhanes la hab\'edan asaltado en la plaza
del Pino, \'e9l la crey\'f3. Cuando le dijo que que\-r\'eda ser su
esposa, \'e9l la crey\'f3. El d\'ed
a de su boda, alguien en\-vi\'f3 por error una gran corona funeraria a la
iglesia. Todos rieron nerviosamente ante la confusi\'f3n del florista.
Todos menos Sophie, que sab\'eda perfectamente que don Ricardo Aldaya
segu\'eda acord\'e1ndose de ella en el d
\'eda de su matri\-monio.
\par
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {4
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par Sophie Carax nunca pens\'f3 que a\'f1os m\'e1s tarde volver\'eda a
ver a Ricardo (ya un hombre maduro al frente del impe\-rio familiar,
padre de dos hijos), ni que Aldaya regresar\'eda para conocer al hijo que
hab\'eda querido borrar por qui\-
nientas pesetas.
\par \emdash Quiz\'e1 es que me estoy haciendo viejo \emdash dio por toda
explicaci\'f3n\emdash , pero quiero conocer a ese muchacho y darle las
oportunidades en la vida que merece un hijo de mi sangre. No se me
hab\'eda ocurrido pensar en \'e9l du\-
rante todos estos a\'f1os y ahora, extra\'f1amente, no consigo pensar en
otra cosa.
\par Ricardo Aldaya hab\'eda decidido que no se ve\'eda a s\'ed
mis}{\expnd0\expndtw2\lang1034 mo en su primog\'e9nito Jorge. El muchacho
era d\'e9bil, re\-servado y carec\'eda de la presencia de esp\'ed
ritu de su padre. Le faltaba todo, menos el apellido. Un d\'eda don
Ricardo hab\'eda despertado en el lecho de una criada sintiendo que su
cuerpo envejec\'eda, que Dios le hab\'eda retirado la gracia. Presa del
p\'e1nico, corri\'f3
a mirarse en el espejo, desnudo, y sinti\'f3 que le ment\'eda. Aqu\'e9l
no era \'e9l.
\par Quiso entonces encontrar de nuevo al hombre que le hab\'edan robado.
Hac\'eda a\'f1os que sab\'eda del hijo del som\-brerero. Tampoco hab\'eda
olvidado a Sophie, a su manera. Don Ricardo Aldaya nunca olvidaba nada.
Llegado el mo\-mento, decidi\'f3
conocer al muchacho. Era la primera vez en quince a\'f1os que se
tropezaba con alguien que no le ten\'eda miedo, que osaba desafiarle e
incluso burlarse de \'e9l. Reconoci\'f3 en \'e9l la gallard\'eda, la
ambici\'f3n sile
nciosa que los necios no ven pero que consume por dentro. Dios le
hab\'eda devuelto su juventud de nuevo. Sophie, apenas un eco de la mujer
que recordaba, no ten\'eda fuerzas ni para interponerse entre ellos. El
sombrerero no era m\'e1s que un buf\'f3
n, un pat\'e1n malicioso y rencoroso cuya compli\-cidad daba por
comprada. Decidi\'f3 arrancar a Juli\'e1n de aquel mundo irrespirable de
mediocridad y pobreza para abrirle las puertas de su para\'edso
financiero. Se educar\'ed
a en el colegio de San Gabriel, gozar\'eda de todos los privilegios de su
clase y se iniciar\'eda en los caminos que su padre hab\'eda escogido
para \'e9l. Don Ricardo quer\'eda un sucesor digno de s\'ed mismo. Jorge
siempre vivir\'ed
a a la sombra de su privilegio, entre algodones y fracasos. Pen\'e9lope,
la pre\-ciosa Pen\'e9lope, era mujer y por tanto tesoro, no tesorero.
Juli\'e1n, que ten\'eda alma de poeta, y por tanto de asesino, reun\'eda
las cualidades. S\'f3lo era una cuesti
\'f3n de tiempo. Don Ricardo calculaba que en diez a\'f1os se habr\'eda
es\-culpido a s\'ed mismo en aquel muchacho. Nunca, durante todo el
tiempo que Juli\'e1n pas\'f3 con los Aldaya, como uno m\'e1s (incluso
como el elegido), se le ocurri\'f3
pensar que Juli\'e1n no deseaba nada de \'e9l, excepto a Pen\'e9lope. No
se le ocurri\'f3 ni por un instante que secretamente Juli\'e1n le
despreciaba y que toda aquella farsa no era para \'e9l m\'e1s que un
pretexto para estar cerca de Pen\'e9
lope. Para po\-seerla total y plenamente. En eso s\'ed se parec\'edan.
\par Cuando su esposa le anunci\'f3 que hab\'eda descubierto a Juli\'e1n
y a Pen\'e9lope desnudos en circunstancias inequ\'edvo\-cas, el universo
entero prendi\'f3 en llamas. El horror y la traici\'f3n, la rabia
indecible de saberse ultrajado en lo que ten\'ed
a por m\'e1s sagrado, burlado en su propio juego, humi\-llado y
apu\'f1alado por aquel a quien hab\'eda aprendido a adorar como a s\'ed
mismo, le asaltaron con tal furia que na\-die pudo comprender el alcance
de su desgarro. Cuando el m\'e9
dico que vino a reconocer a Pen\'e9lope confirm\'f3 que la muchacha
hab\'eda sido desflorada y que probablemente estaba embarazada, el alma
de don Ricardo Aldaya se fun\-di\'f3 en el l\'edquido espeso y viscoso
del odio ciego. Ve\'ed
a su propia mano en la mano de Juli\'e1n, la mano que hab\'eda hundido la
daga en lo m\'e1s profundo de su coraz\'f3n. No lo sab\'eda todav\'eda,
pero el d\'eda que orden\'f3 encerrar a Pen\'e9\-lope bajo llave en la
alcoba del tercer piso, fue el d\'ed
a en que empez\'f3 a morir. Cuanto hizo a partir de entonces no fueron
sino los estertores de su autodestrucci\'f3n.
\par En colaboraci\'f3n con el sombrerero, a quien tanto ha\-b\'eda
despreciado, tram\'f3 para que Juli\'e1n desapareciese de la escena y
fuese enviado al ej\'e9rcito, donde dar\'eda \'f3rdenes para que su
muerte fuese declarada un accidente. Prohibi\'f3
que nadie, ni m\'e9dicos ni criados ni miembros de la familia excepto
\'e9l y su esposa, viera a Pen\'e9lope en los meses en que la muchacha
permaneci\'f3 encarcelada en aquella habi\-taci\'f3n que ol\'eda a
muerte y enfermedad. Ya por entonces, sus socios le hab\'edan retirado
secretamente su apoyo y ma\-niobraban a sus espaldas para arrebatarle el
poder empleando la fortuna que \'e9l les hab\'ed
a proporcionado. Ya por entonces, el imperio Aldaya se desmoronaba en
silencio, en juntas secretas y reuniones de pasillo en Madrid y en los
bancos de Ginebra. Juli\'e1n, como deb\'eda haber sospechado, hab\'eda
escapado. En el fondo se sent\'ed
a secretamente orgu\-lloso del muchacho, incluso dese\'e1ndole muerto.
Hab\'eda he\-cho lo que \'e9l en su lugar. Alguien pagar\'eda por \'e9l.
\par Pen\'e9lope Aldaya dio a luz un ni\'f1o que naci\'f3 cad\'e1ver el
26 de septiembre de 1919. Si un m\'e9dico hubiera podi\-do reconocerla,
hubiese dictaminado que la criatura llevaba ya d\'edas en peligro y que
era necesario intervenir y realizar una ces
\'e1rea. Si un m\'e9dico hubiese estado presen\-te, quiz\'e1 hubiera
podido contener la hemorragia que se llev\'f3 la vida de Pen\'e9lope
entre alaridos, ara\'f1
ando la puerta cerrada, al otro lado de la cual su padre lloraba en
silencio y su madre le miraba temblando. Si un m\'e9dico hubiese estado
presente, habr\'eda acusado a don Ricardo Aldaya de asesinato, pues no
hab\'eda una palabra que pu\-
diera describir la visi\'f3n que encerraba aquella celda en\-sangrentada
y oscura. Pero no hab\'eda nadie all\'ed, y cuando finalmente abrieron la
puerta y encontraron a Pen\'e9
lope, muerta y tendida sobre un charco de su propia sangre, abrazando a
una criatura p\'farpura y brillante, nadie fue capaz de despegar los
labios. Los dos cuerpos fueron en\-terrados en la cripta del s\'f3tano,
sin ceremonia ni testigos. Las s\'e1
banas y los despojos fueron arrojados a las calderas y la habitaci\'f3n
sellada con un muro de adoquines.
\par Cuando Jorge Aldaya, beodo de culpa y verg\'fcenza, re\-vel\'f3 lo
sucedido a Miquel Moliner, \'e9ste decidi\'f3 enviar a Juli\'e1n aquella
carta firmada por Pen\'e9lope en la que decla\-raba que no le amaba y le
ped\'eda que la olvidase, anunci\'e1n\-
dole un matrimonio ficticio. Prefiri\'f3 que Juli\'e1n creyese aquella
mentira, y rehiciese su vida a la sombra de una traici\'f3n, que
entregarle ha verdad. Dos a\'f1os m\'e1s tarde, cuando la se\'f1ora
Aldaya falleci\'f3
, hubo quien quiso culpar a los embrujos del caser\'f3n, pero su hijo
Jorge supo que lo que la hab\'eda matado era el fuego que se la com\'eda
por den\-tro, los gritos de Pen\'e9lope y sus golpes desesperados en
aquella puerta, que segu\'ed
an repiqueteando en su interior sin cesar. Ya por entonces, la familia
hab\'eda ca\'eddo en des\-gracia y la fortuna de los Aldaya se
deshac\'eda en castillos de arena frente a la marea de la codicia m\'e1s
rabiosa, de la re\-
vancha y de la historia inevitable. Secretarios y tesoreros urdieron la
fuga a la Argentina, el inicio de un nuevo ne\-gocio, m\'e1s modesto.
Cuanto importaba era poner distan\-cia. Distancia de los espectros que
recorr\'edan los pasillos del caser\'f3
n Aldaya, que los hab\'edan recorrido siempre.
\par Partieron un alba de 1926 en el m\'e1s negro de los ano\-nimatos,
viajando bajo nombre falso a bordo de aquel bu\-que que les llevar\'eda a
trav\'e9s del Atl\'e1ntico hasta el puerto de La Plata. Jorge y su padre
compart\'ed
an el camarote. El viejo Aldaya, pestilente de muerte y enfermedad,
apenas se sosten\'eda en pie. Los m\'e9dicos a los que no hab\'eda
permi\-tido visitar a Pen\'e9lope le tem\'edan demasiado para decirle la
verdad, pero \'e9l sab\'eda que la muerte hab
\'eda embarcado con ellos y que aquel cuerpo que Dios le hab\'eda
empezado a robar aquella ma\'f1ana en que decidi\'f3 buscar a su hijo
Juli\'e1n, se consum\'eda. A lo largo de aquella larga traves\'ed
a, sentado en la cubierta, temblando bajo las mantas y en\-frentando el
infinito vac\'edo del oc\'e9ano, supo que no llega\-r\'eda a ver tierra.
A veces, sentado en la popa, observaba la bandada de tiburones que
hab\'eda estado siguiendo el bar\-
co poco despu\'e9s de hacer escala en Tenerife. Oy\'f3 decir a uno de los
oficiales que aquel siniestro s\'e9quito era habi\-tual en los cruceros
transoce\'e1nicos. Las bestias se alimen\-taban de la carro\'f1a que el
barco iba dejando atr\'e1
s. Pero don Ricardo Aldaya no lo cre\'eda. Ten\'eda el convencimiento de
que aquellos demonios le segu\'edan a \'e9l. \'abMe est\'e1is
es}{\expnd0\expndtw-4\lang1034 perando\'bb
, pensaba, viendo en ellos el verdadero rostro de Dios. Fue entonces
cuando le hizo jurar a su hijo Jor\-ge, al que tantas veces hab\'eda
despreciado y a quien ahora se ve\'eda obligado a recurrir sin remedio,
que cumplir\'eda su \'faltima voluntad.
\par \emdash Encontrar\'e1s a Juli\'e1n Carax y le matar\'e1s.
J\'faramelo.
\par Un amanecer, dos d\'edas antes de llegar a Buenos Aires, Jorge
despert\'f3 y comprob\'f3 que la litera de su padre estaba vac\'eda.
Sali\'f3 a buscarle a cubierta, salpicada de niebla y sali\-tre,
desierta. Encontr\'f3 la bata de su padre abandonada so\-
bre la popa del buque, a\'fan tibia. La estela del buque se perd\'eda en
un bosque de brumas escarlata y el oc\'e9ano san\-graba reluciente de
calma. Pudo ver entonces que la ban\-dada de tiburones ya no les
segu\'eda, y que una danza de ale\-
tas dorsales se agitaba en c\'edrculo a lo lejos. Durante el resto de la
traves\'eda, ning\'fan pasajero volvi\'f3 a avistar a la bandada de
escualos, y cuando Jorge Aldaya desembarc\'f3 en Buenos Aires y el
oficial de aduanas le pregunt\'f3 si viaja\-
ba solo, se limit\'f3 a asentir. Hac\'eda mucho que viajaba solo.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {5
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-4\lang1034
\par }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 Diez a\'f1os despu\'e9s de desembarcar
en Buenos Aires, Jorge Aldaya, o el despojo humano en que se hab\'eda
convertido, regres\'f3 a Barce\-lona. Los infortunios que hab\'edan
empezado a corroer a la fami\-
lia Aldaya en el viejo mundo no hab\'edan hecho sino multiplicarse en la
Argentina. All\'ed Jorge hab\'eda tenido que enfrentarse solo al mundo y
al moribundo legado de Ricardo Aldaya, una lucha para la que \'e9
l nunca tuvo las armas ni el aplomo de su padre. Hab\'eda llegado a
Buenos Aires con el coraz\'f3n vac\'edo y el alma pi\-cada de
remordimientos. Am\'e9rica, dir\'eda despu\'e9s a modo de dis\-
culpa o epitafio, es un espejismo, una tierra de depredadores y
carro\'f1eros, y \'e9l hab\'eda sido educado para los privilegios y los
remil\-gos insensatos de la vieja Europa, un cad\'e1ver que se
sosten\'eda por inercia. En el curso de pocos a\'f1
os lo perdi\'f3 todo, empezando por la reputaci\'f3n y acabando en el
reloj de oro que su padre le hab\'eda regalado con ocasi\'f3n de su
primera comuni\'f3n. Gracias a \'e9l pudo comprar el pasaje de vuelta. El
hombre que regres\'f3 a Es\-pa\'f1
a era apenas un mendigo, un saco de amargura y fracaso que s\'f3lo
conservaba la memoria de que cuanto sent\'eda le hab\'eda sido arrebatado
y el odio por quien consideraba el culpable de su ruina: Juli\'e1n Carax.
\par Todav\'eda le quemaba en el recuerdo la promesa que le hab\'eda
hecho a su padre. Tan pronto lleg\'f3 a Barcelona, olfate\'f3 el rastro
de Juli\'e1n para descubrir que Carax, al igual que \'e9l, tambi\'e9n
parec\'ed
a haberse desvanecido de una Barcelona que ya no era la que hab\'eda
dejado al partir diez a\'f1os atr\'e1s. Fue por entonces cuando se
reencontr\'f3 con un viejo personaje de su juventud, con esa ca\-
sualidad desprendida y calculada del destino. Tras una marca\-da carrera
en reformatorios y prisiones del Estado, Francisco Ja\-vier Fumero
hab\'eda ingresado en el ej\'e9rcito, alcanzando el rango de teniente.
Muchos le
auguraban un futuro de general, pero un turbio esc\'e1ndalo que nunca
llegar\'eda a esclarecerse motiv\'f3 su ex\-pulsi\'f3n del ej\'e9rcito.
A\'fan entonces, su reputaci\'f3n exced\'eda su ran\-go y sus
atribuciones. Se dec\'edan muchas cosas de \'e9
l, pero se le te\-m\'eda a\'fan m\'e1s. Francisco Javier Fumero, aquel
muchacho t\'ed
mido y perturbado que acostumbraba a recoger la hojarasca en el patio del
colegio de San Gabriel, era ahora un asesino. Se rumoreaba que Fumero
liquidaba a notorios personajes por dinero, que des\-pachaba figuras
pol\'edtica
s por encargo de diversas manos negras y que era la muerte personificada.
\par Aldaya y \'e9l se reconocieron al instante en las brumas del caf\'e9
Novedades. Aldaya estaba enfermo, consumido por una extra\'f1a fiebre de
la que culpaba a los insectos de las selvas americanas.}{\i\lang1034
\'abAll\'ed
hasta los mosquitos son unos hijos de puta\'bb, se lamentaba. Fumero le
escuchaba con una mezcla de fascinaci\'f3n y repugnan\-cia. \'c9l
sent\'eda veneraci\'f3n por los mosquitos y los insectos en gene\-
ral. Admiraba su disciplina, su fortaleza y su organizaci\'f3n. No
exist\'eda en ellos la holgazaner\'eda, la irreverencia, la sodom\'eda ni
la degeneraci\'f3n de la raza. Sus espec\'edmenes predilectos eran los
ar\'e1
cnidos, con su rara ciencia para tejer una trampa en que, con infinita
paciencia, esperaban a sus presas, que tarde o temprano sucumb\'edan, por
estupidez o desidia. A su juicio, la socie\-dad civil ten\'ed
a mucho que aprender de los insectos. Aldaya era un caso claro de ruina
moral y f\'edsica. Hab\'eda envejecido notable\-mente y se le ve\'eda
descuidado, sin tono muscular. Fumero detesta\-ba a las gentes sin tono
muscular. Le induc\'edan arcadas.
\par \emdash Javier, me encuentro fatal \emdash implor\'f3 Aldaya\emdash
. \'bfMe pue\-des echar una mano por unos d\'edas?
\par Intrigado, Fumero decidi\'f3 llevarse a Jorge Aldaya a su casa.
Fumero viv\'eda en un tenebroso piso en el Raval, en la calle Cade\-na,
en compa\'f1\'eda de numerosos insectos que almacenaba en frascos de
botica y media docena de libros. Fumero aborrec
\'eda los libros tanto como adoraba a los insectos, pero aqu\'e9llos no
eran vol\'fame\-nes corrientes: eran las novelas de Juli\'e1n Carax que
hab\'eda publi\-cado la editorial Cabestany. Fumero pag\'f3 a las fulanas
que ocu\-paban el piso de enfrente
\emdash un d\'fao de madre e hija que se dejaban pinchar y quemar con un
cigarro cuando la clientela flo}{\lang1034 \-}{\i\lang1034 jeaba, sobre
todo a, fin de mes\emdash para que cuidasen a Aldaya mientras \'e9l iba
a trabajar. No ten\'eda inter\'e9
s alguno en verle morir. No todav\'eda.
\par Francisco Javier Fumero hab\'eda ingresado en la Brigada Cri\-minal,
donde siempre hab\'eda trabajo para personal cualificado y capaz de
afrontar las papeletas m\'e1s ingratas que se precisaba solventar con
discreci\'f3
n para que la gente respetable pudiera seguir viviendo de ilusiones. Algo
as\'ed le hab\'eda dicho el teniente Dur\'e1n, un hombre dado a la
prosopopeya contemplativa bajo cuyo man\-do se inici\'f3 en el cuerpo.
\par \emdash Ser polic\'eda no es un trabajo, es una misi\'f3n \emdash
proclamaba Dur\'e1n\emdash . Espa\'f1a necesita m\'e1s cojones y menos
tertulias.
\par Desafortunadamente, el teniente Dur\'e1n no tardar\'eda en per\-der
la vida en un aparatoso accidente ocurrido durante una re\-dada en la
Barceloneta.
\par En la confusi\'f3n de la refriega con unos anarquistas, Dur\'e1n se
hab\'eda precipitado cinco pisos por un tragaluz, estrell\'e1ndose en un
clavel de v\'edsceras. Todos coincidieron en que Espa\'f1a hab\'eda
perdido a un gran hombre, un pr\'f3
cer con visi\'f3n de futuro, un pensador que no tem\'eda la acci\'f3n.
Fumero asumi\'f3 su puesto con orgullo, sabedor de que hab\'eda hecho
bien al empujarle, pues Du\-r\'e1n ya estaba viejo para el trabajo. A
Fumero, los viejos \emdash
al igual que los tullidos, los gitanos y los maricones\emdash le daban
asco, con tono muscular o no. Dios, a veces, se equivocaba. Era deber de
todo hombre \'edntegro corregir esas peque\'f1as fallas y man\-tener el
mundo presentable.
\par Unas semanas despu\'e9s de su encuentro en el caf\'e9 Novedades en
marzo de 1932, Jorge Aldaya empez\'f3 a sentirse mejor y se sin\-cer\'f3
con Fumero. Le pidi\'f3 disculpas por lo mal que lo hab\'eda tratado en
sus d\'edas de adolescencia y, con l\'e1
grimas en los ojos, le cont\'f3 su historia entera sin dejar nada. Fumero
le escuch\'f3 en si\-lencio, asintiendo, absorbiendo. Mientras lo
hac\'eda, se pregunt\'f3 si deb\'eda matar a Aldaya en aquel instante o
esperar. Se preguntaba si estar\'eda tan d
\'e9bil que la hoja del cuchillo apenas arrancar\'eda una tibia agon\'eda
en su carne maloliente y reblandecida por la in\-dolencia. Decidi\'f3
aplazar la vivisecci\'f3n. Le intrigaba la historia, especialmente por lo
que hac\'eda a Juli\'e1n Carax.
\par Sab\'eda por la informaci\'f3n que hab\'eda podido obtener en la
edito\-rial Cabestany que Carax viv\'eda en Par\'eds, pero Par\'eds era
una ciu\-dad muy grande y nadie en la editorial parec\'eda conocer la
direcci\'f3n exacta. Nadie ex
cepto una mujer apellidada Monfort que se negaba a divulgarla. Fumero la
hab\'eda seguido dos o tres veces al salir de la oficina de la editorial
sin que ella lo advirtiese. Hab\'eda llegado a viajar en el tranv\'eda a
medio metro de ella. Las mujeres }{
\i\expnd0\expndtw2\lang1034 nunca reparaban en \'e9l, y si lo hac\'edan,
volv\'edan la mirada hacia otro lado, fingiendo no haberle visto. Una
noche, despu\'e9s de haber\-la seguido hasta el portal de su casa en la
plaza del Pino, Fumero volvi\'f3
a su casa y se masturb\'f3 furiosamente mientras se imagina\-ba
hundiendo la hoja de su cuchillo en el cuerpo de aquella mujer, dos o
tres cent\'edmetros por cuchillada, lenta y met\'f3dicamente, mi\-
r\'e1ndole a los ojos. Quiz\'e1
entonces se dignase a darle la direcci\'f3n de Carax y a tratarle con el
respeto debido a un oficial de polic\'eda.
\par Juli\'e1n Carax era la \'fanica persona a la que Fumero se hab\'eda
propuesto matar y no lo hab\'eda conseguido. Quiz\'e1 porque ha\-b\'eda
sido la primera, y con el tiempo todo se aprende. Al o\'edr aquel nombre
otra vez, sonri\'f3
del modo en que tanto espantaba a sus vecinas las fulanas, sin
parpadear, relami\'e9ndose el labio supe\-rior lentamente. Todav\'eda
recordaba a Carax besando a Pen\'e9lope Aldaya en el caser\'f3n de la
avenida del Tibidabo. Su Pen\'e9lope. El suyo hab
\'eda sido un amor puro, de verdad, pensaba Fumero, como los que se
ve\'edan en el cine. Fumero era muy aficionado al cine y acud\'eda al
menos dos veces por semana. Hab\'eda sido en una sala de cine donde
Fumero hab\'eda comprendido que Pen\'e9lope hab
\'eda sido el amor de su vida. El resto, especialmente su madre, ha\-
b\'edan sido s\'f3lo putas. Escuchando los \'faltimos retazos del relato
de Aldaya, decidi\'f3 que al fin y al cabo no iba a matarle. De hecho, se
alegr\'f3
de que el destino les hubiese reunido. Tuvo una visi\'f3n, como en las
pel\'edculas que tanto disfrutaba: Aldaya le iba a servir a los dem\'e1s
en bandeja. Tarde o temprano, todos ellos acabar\'edan atrapados en su
red.
\par }\pard \qj\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {6
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw4\lang1034
\par En invierno de 1934, los hermanos Moliner consiguieron desahuciar
finalmente a Miquel y expulsarle del palacete de Puertaferrisa, que
a\'fan hoy sigue vac\'edo y en estado de ruina. S\'f3
lo deseaban verle en la calle, despojado de lo poco que le quedaba, de
sus libros y de aquella libertad y aislamiento que les ofend\'eda y les
prend\'eda las v\'edsceras de odio. No quiso decirme nada ni recurrir a
m\'ed en busca de ayuda. S\'f3
lo supe que se hab\'eda transformado casi en un mendigo cuando acud\'ed a
buscarle al que hab\'eda sido su hogar y me encontr\'e9 con los sicarios
de sus hermanos, que estaban haciendo inventario de la propiedad y
liqui\-dando los pocos objetos que le hab
\'edan pertenecido. Mi\-quel llevaba ya varias noches durmiendo en una
pensi\'f3n de la calle Canuda, un tugurio l\'fagubre y h\'famedo que
desprend\'eda el color y el olor de un osario. Al ver la habi\-taci\'f3
n en la que estaba confinado, una suerte de ata\'fad sin ventanas y con
un catre carcelario, cog\'ed a Miquel y me lo llev\'e9 a casa. No paraba
de toser y se le ve\'eda consumido. \'c9
l dijo que era un catarro mal curado, un mal menor de solterona que ya se
marchar\'eda por aburrimiento. Dos se\-manas m\'e1s tarde estaba peor.
\par Como vest\'eda siempre de negro, tard\'e9 en comprender que aquellas
manchas en las mangas eran de sangre. Lla\-m\'e9 a un m\'e9dico que tan
pronto le reconoci\'f3 me pregunt\'f3 por qu\'e9 hab\'eda esperado hasta
entonces para llamarle. Miquel ten\'ed
a tuberculosis. Arruinado y enfermo, viv\'eda apenas de recuerdos y
remordimientos. Era el hombre m\'e1s bondadoso y fr\'e1gil que hab\'eda
conocido, mi \'fanico amigo. Nos casamos una ma\'f1ana de febrero en un
juzga\-
do municipal. Nuestro viaje nupcial se limit\'f3 a tomar el funicular del
Tibidabo y subir a contemplar Barcelona desde las terrazas del parque,
una miniatura de nieblas. No le dijimos a nadie que nos hab\'edamos
casado, ni a Ca\-
bestany, ni a mi padre, ni a su familia que le daba por muerto. Llegu\'e9
a escribir una carta a Juli\'e1n cont\'e1ndose\-lo, pero nunca se la
envi\'e9. Eh nuestro fue un matrimonio secreto. Varios meses despu\'e9s
de la boda llam\'f3
a la puerta un individuo que dijo llamarse Jorge Aldaya. Era un hombre
demolido, con el rostro velado de sudor pese al fr\'edo que mord\'eda
hasta las piedras. Al reencontrarse des\-pu\'e9s de m\'e1s de diez
a\'f1os, Aldaya sonri\'f3 amargamente y dijo:
\'abEstamos todos malditos, Miquel. T\'fa, Juli\'e1n, Fume\-ro y yo.\'bb
Aleg\'f3 que el motivo de su visita era un amago de reconciliaci\'f3n con
su viejo amigo Miquel con la confian\-za de que \'e9ste le brindar\'eda
ahora el modo de contactar con Juli
\'e1n Carax, pues ten\'eda un mensaje muy importante para \'e9l de parte
de su difunto padre, don Ricardo Aldaya. Miquel dijo desconocer d\'f3nde
se encontraba Carax.
\par \emdash Hace ya a\'f1os que perdimos el contacto \emdash
minti\'f3\emdash . Lo \'faltimo que supe de \'e9l es que estaba viviendo
en Italia.
\par Aldaya esperaba esta respuesta.
\par \emdash Me decepcionas, Miquel. Confiaba en que el tiem\-po y la
desgracia te habr\'edan hecho m\'e1s sabio.
\par \emdash Hay decepciones que honran a quien las inspira.
\par Aldaya, m\'ednimo, raqu\'edtico y a punto de desplomarse en pedazos
de hiel, se ri\'f3.
\par \emdash Fumero os env\'eda sus m\'e1s sinceras felicitaciones por
vuestro matrimonio \emdash dijo, camino de la puerta.
\par Aquellas palabras me helaron el coraz\'f3n. Miquel no quiso decir
nada, pero aquella noche, mientras le abraza\-ba y ambos fing\'edamos
conciliar un sue\'f1o imposible, supe que Aldaya hab\'eda estado en lo
cierto. Est\'e1
bamos malditos. Pasaron varios meses sin que tuvi\'e9semos noticias de
Juli\'e1n o de Aldaya. Miquel segu\'eda manteniendo algunas
colaboraciones fijas en los rotativos de Barcelona y Ma\-drid. Trabajaba
sin cesar sentado a la m\'e1quina de escri\-
bir, destilando lo que \'e9l llamaba papanater\'edas y p\'e1bulo para
lectores de tranv\'eda. Yo manten\'eda mi puesto en la edi\-torial
Cabestany, quiz\'e1 porque aqu\'e9l era el \'fanico modo en que me
sent\'eda m\'e1s pr\'f3xima a Juli\'e1n. Me hab\'ed
a envia\-do una nota breve anunci\'e1ndome que estaba trabajando en una
nueva novela titulada }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 La Sombra del Viento,
}{\expnd0\expndtw4\lang1034 que confiaba en acabar en unos meses. La
carta no hac\'eda menci\'f3
n alguna a lo sucedido en Par\'eds. El tono era m\'e1s fr\'edo y distante
que nunca. Mis intentos de odiarle fueron vanos. Empezaba a creer que
Juli\'e1n no era un hombre, era una enfermedad.
\par Miquel no se enga\'f1aba respecto a mis sentimientos. Me entregaba
su afecto y su devoci\'f3n sin pedir a cambio m\'e1s que mi
compa\'f1\'eda y quiz\'e1 mi discreci\'f3n. No o\'eda de sus labios un
reproche o un pesar. Con el tiempo empec\'e9
a sentir por \'e9l una ternura infinita, m\'e1s all\'e1 de la amistad
que nos hab\'eda unido y de la compasi\'f3n que luego nos ha\-b\'eda
condenado. Miquel hab\'eda abierto una cuenta de aho\-rro a mi nombre en
la que depositaba casi todos los in\-
gresos que obten\'eda escribiendo para los peri\'f3dicos. Jam\'e1s
dec\'eda que no a una colaboraci\'f3n, una cr\'edtica o una gace\-tilla.
Escrib\'eda con tres seud\'f3nimos, catorce o diecis\'e9is ho\-ras al
d\'eda. Cuando le preguntaba por qu\'e9
trabajaba tanto se limitaba a sonre\'edr, o me dec\'eda que sin hacer
nada se aburrir\'eda. Nunca hubo enga\'f1os entre nosotros, ni siquie\-ra
sin palabras. Miquel sab\'eda que iba a morir pronto, que la enfermedad
le ara\'f1aba los meses con avaricia.
\par \emdash Tienes que prometerme que, si me pasa algo, toma\-r\'e1s ese
dinero v te volver\'e1s a casar, que tendr\'e1s hijos y que nos
olvidar\'e1s a todos, a m\'ed el primero.
\par \emdash \'bfY con qui\'e9n iba a casarme yo, Miquel? No digas
tonter\'edas.
\par A veces le sorprend\'eda mir\'e1ndome desde un rinc\'f3n con una
sonrisa mansa, como si la mera contemplaci\'f3n de mi presencia fuera su
mayor tesoro. Todas las tardes acud\'eda a recogerme a la salida de la
editorial, su \'fa
nico momento de descanso en todo eh d\'eda. Yo le ve\'eda caminar
encorvado, to\-siendo y fingiendo una fortaleza que se le perd\'eda en la
sombra. Me llevaba a merendar o a contemplar los escapa}{\expnd0\expndtw-
2\lang1034
rates de la calle Fernando y luego volv\'edamos a casa, donde \'e9l
segu\'eda trabajando hasta pasada la medianoche. Bende\-c\'eda en
silencio cada minuto que pas\'e1bamos juntos y cada noche se dorm\'eda
abrazado a m\'ed, y yo ten\'eda que ocultar las l
\'e1grimas que me arrancaba el coraje de haber sido incapaz de amar a
aquel hombre como \'e9l a m\'ed, incapaz de darle lo que hab\'eda
abandonado a los pies de Juli\'e1n para nada. Mu\-chas noches me jur\'e9
que olvidar\'eda a Juli\'e1n, que dedicar\'ed
a el resto de mi vida a hacer feliz a aquel pobre hombre y a devolverle
apenas unas migajas de lo que \'e9l me hab\'eda dado. Fui la amante de
Juli\'e1n durante dos semanas, pero ser\'eda la mujer de Miquel el resto
de mi vida. Si alg\'fan d\'eda estas p
\'e1ginas llegan a tus manos y me juzgas, como yo lo he hecho al
escribirlas y mirarme en este espejo de maldi\-ciones y remordimientos,
recu\'e9rdame as\'ed, Daniel.
\par El manuscrito de la \'faltima novela de Juli\'e1n lleg\'f3 a fi\-
nales de 1935. No s\'e9 si por despecho o por miedo, lo en\-tregu\'e9 al
impresor sin siquiera leerlo. Los \'faltimos ahorros de Miquel hab\'edan
financiado ya la edici\'f3
n por adelantado meses atr\'e1s. A Cabestany, ya por entonces con
problemas de salud, lo dem\'e1s le tra\'eda al pairo. Aquella misma
sema\-na, el doctor que visitaba a Miquel acudi\'f3 a verme a la edi\-
torial, muy preocupado. Me explic\'f3
que si Miquel no reba\-jaba su ritmo de trabajo y observaba reposo, lo
poco que \'e9l pod\'eda hacer por batallar la tisis se quedaba en nada.
\par \emdash Tendr\'eda que estar en la monta\'f1a, no en Barcelona
respirando nubes de lej\'eda y carb\'f3n. Ni \'e9l es un gato con nueve
vidas ni yo una ni\'f1era. H\'e1gale usted entrar en ra\-z\'f3n. A m\'ed
no me escucha.
\par Aquel mediod\'eda decid\'ed acercarme a casa para hablar con \'e9l.
Antes de abrir la puerta del piso o\'ed voces dentro. Miquel discut\'eda
con alguien. Al principio cre\'ed que se trataba de alguien del
peri\'f3dico, pero me pareci\'f3 o\'ed
r el nombre de Juli\'e1n en la conversaci\'f3n. O\'ed pasos que se
acercaban a la puerta y corr\'ed a ocultarme en el rellano del \'e1tico.
Desde all\'ed pude atisbar al visitante.
\par Un hombre de negro, de rasgos cincelados con indife\-rencia y labios
finos como una cicatriz abierta. Ten\'eda los ojos negros y sin
expresi\'f3n, ojos de pez. Antes de perderse escaleras abajo, se detuvo y
alz\'f3 la mirada hacia la penum\-bra. Me apoy
\'e9 contra la pared, conteniendo la respira\-ci\'f3n. El visitante
permaneci\'f3 all\'ed durante unos instantes, como si pudiera olerme,
relami\'e9ndose con una sonrisa ca\-nina. Esper\'e9
a que sus pasos se apagasen completamente antes de abandonar mi
escondite y entrar en el piso. Flota\-ba un olor a alcanfor en el aire.
Miquel estaba sentado junto a la ventana, las manos ca\'eddas a ambos
lados de la si\-
lla. Le temblaban los labios. Le pregunt\'e9 qui\'e9n era aquel hombre y
qu\'e9 quer\'eda.
\par \emdash Era Fumero. Ha venido a traer noticias de Juli\'e1n.
\par \emdash \'bfQu\'e9 sabe \'e9l de Juli\'e1n?
\par Miquel me mir\'f3, m\'e1s abatido que nunca.
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 Juli\'e1n se
casa.
\par La noticia me dej\'f3 sin habla. Me dej\'e9 caer en una silla y
Miquel me tom\'f3 las manos. Hablaba con dificultad y cansancio. Antes de
que pudiera despegar los labios, Miquel procedi\'f3 a resumirme los
hechos que le hab\'eda referi\-
do Fumero y lo que cab\'eda imaginar al respecto. Fumero hab\'eda
empleado sus contactos en la polic\'eda de Par\'eds para dar con el
paradero de Juli\'e1n Carax y observarle. Miquel supon\'eda que aquello
pod\'eda haber sucedido meses o inclu\-so a\'f1
os antes. Lo que le preocupaba no era que Fumero hubiese encontrado a
Carax, eso era una cuesti\'f3n de tiempo, sino el que hubiera decidido
revelarlo ahora, jun\-to con la peregrina noticia de unas nupcias
improbables. La boda, por lo que se sab\'ed
a, hab\'eda de tener lugar a prin\-cipios de verano de 1936. De la novia
s\'f3lo se sab\'eda el nombre, que en este caso era m\'e1s que
suficiente: Irene }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Marceau, la patrona del
establecimiento donde Juli\'e1n ha\-b\'ed
a trabajado como pianista durante a\'f1os.
\par \emdash No comprendo \emdash musit\'e9\emdash . \'bfJuli\'e1n se
casa con su mecenas?
\par \emdash Precisamente. No es una boda. Es un contrato.
\par Irene Marceau le llevaba unos veinticinco o treinta a\'f1os a
Juli\'e1n. Miquel sospechaba que Irene hab\'eda decidi\-do convenir aquel
enlace con Juli\'e1n para traspasarle su patrimonio y asegurar su futuro.
\par \emdash Pero ya le ayuda. Le ha ayudado desde siempre.
\par \emdash Quiz\'e1 sepa que no va a estar ah\'ed para siempre \emdash
su\-giri\'f3 Miquel.
\par El eco de aquellas palabras nos cortaba demasiado de cerca. Me
arrodill\'e9 junto a \'e9l y le abrac\'e9. Me mord\'ed los la\-bios para
que no me viese llorar.
\par \emdash Juli\'e1n no quiere a esa mujer, Nuria \emdash me dijo,
cre\-yendo que aqu\'e9lla era la causa de mi aflicci\'f3n.
\par }{\i\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Juli\'e1n no
quiere a nadie excepto a s\'ed mismo y a sus malditos libros \emdash
murmur\'e9.
\par Alc\'e9 la mirada y me encontr\'e9 con la sonrisa de Mi\-quel, de
ni\'f1o viejo y sabio.
\par \emdash \'bfY qu\'e9 pretende Fumero con sacar todo este asunto a la
luz ahora?
\par No tardamos en averiguarlo. D\'edas m\'e1s tarde, un Jorge Aldaya
fantasmal y fam\'e9lico se present\'f3 en casa, inflama\-do de ira y
coraje. Fumero le hab\'eda contado que Juli\'e1
n Carax iba a casarse con una mujer rica en una ceremonia de fasto
folletinesco. Aldaya llevaba d\'edas carcomi\'e9ndose con las visiones
del causante de su desgracia, arropado de oropeles y cabalgando en una
fortuna que \'e9l hab\'ed
a visto perder. Fumero no le hab\'eda contado que Irene Marceau, si bien
mujer de cierta posici\'f3n econ\'f3mica, era la due\'f1a de un burdel y
no una princesa de f\'e1bula vienesa. No le hab\'eda contado que ha novia
le llevaba a Carax treinta a\'f1
os y que m\'e1s que una boda, aquello era un acto de caridad para con un
hombre acabado y sin medios de subsisten\-cia. No le hab\'eda contado ni
el cu\'e1ndo ni el d\'f3nde de la boda. Se hab\'eda limitado a sembrar
las semillas de una fan\-tas\'ed
a que devoraba por dentro lo poco que las fiebres ha\-b\'edan dejado en
su cuerpo amojamado y hediondo.
\par \emdash Fumero te ha mentido, Jorge \emdash dijo Miquel.
\par \emdash \'a1Y t\'fa, el rey de los mentirosos, osas acusar al
pr\'f3ji\-mo! \emdash deliraba Aldaya.
\par No fue necesario que Aldaya revelase sus pensamien\-tos, que en tan
exiguas carnes se le le\'edan en el semblante cadav\'e9rico como palabras
bajo el pellejo macilento. Miquel vio claro el juego de Fumero. El le
hab\'eda ense\'f1ado a jugar al ajedrez m
\'e1s de veinte a\'f1os atr\'e1s en el colegio de San Gabriel. Fumero
ten\'eda la estrategia de una mantis re\-ligiosa y la paciencia de los
inmortales. Miquel envi\'f3 una nota a Juli\'e1n advirti\'e9ndole.
\par Cuando Fumero lo estim\'f3 oportuno, tom\'f3 a Aldaya por banda, le
envenen\'f3 el coraz\'f3n de rencor y le dijo que Juli\'e1n se casaba en
tres d\'edas. Siendo \'e9l un oficial de polic\'eda, argument\'f3, no
pod\'eda comprometerse en un asunto as\'ed
. Al\-daya, sin embargo, como civil, pod\'eda desplazarse a Par\'eds y
asegurarse de que aquella boda no se celebrase jam\'e1s. \'bfC\'f3mo?,
preguntar\'eda un Aldaya febril, carbonizado de in\-quina. Ret\'e1ndole a
un duelo el mismo d\'eda de su boda. Fu
\-mero lleg\'f3 incluso a proporcionarle el arma con que Jorge estaba
convencido de que perforar\'eda aquel coraz\'f3n de hiel que hab\'eda
arruinado a la dinast\'eda de los Aldaya. El informe de la polic\'eda de
Par\'eds dir\'eda m\'e1
s tarde que el arma hallada a sus pies era defectuosa y que nunca hubiera
podido hacer m\'e1s que lo que hizo: estallarle en la cara. Eso ya lo
sab\'eda Fumero cuando se la entreg\'f3 en un estuche en el and\'e9n de
la estaci\'f3n de Francia. Sab\'ed
a perfectamente que la fie\-bre, la estupidez y la rabia ciega le
impedir\'edan matar a Juli\'e1n Carax en un duelo trasnochado de honor y
amanece\-res en el cementerio del P\'e9re LaChaise. Y si por azar reu\-
n\'ed
a las fuerzas y facultades de hacerlo, el arma que llevaba ser\'eda la
encargada de abatirle. No era Carax quien deb\'eda morir en aquel duelo,
sino Aldaya. Su existencia absurda, su cuerpo y alma en suspenso que
Fumero hab\'eda permiti\-
do vegetar pacientemente, cumplir\'eda as\'ed su funci\'f3n.
\par Fumero sab\'eda tambi\'e9n que Juli\'e1n nunca aceptar\'eda en\-
frentarse a su antiguo compa\'f1ero, moribundo y reducido a un lamento.
Por ese motivo instruy\'f3 a Aldaya claramente en los pasos a seguir.
Habr\'eda de confesarle que la carta que Pen\'e9
lope le hab\'eda escrito a\'f1os atr\'e1s anunci\'e1ndole su boda y
pidi\'e9ndole que la olvidase era un enga\'f1o. Habr\'eda de revelarle
que \'e9l mismo, Jorge Aldaya, hab\'ed
a obligado a su hermana a redactar aquella sarta de mentiras mientras
ella lloraba desesperadamente, proclamando a los vientos su amor inmortal
por Juli\'e1n. Habr\'eda de decirle que ella le hab\'eda estado
esperando, con el alma rota y el coraz\'f3n san
\-grante, desde entonces, muerta de abandono. Eso basta\-r\'eda.
Bastar\'eda para que Carax apretase el gatillo y le volase la cara a
tiros. Bastar\'eda para que olvidase todo plan de boda y no pudiera
albergar m\'e1s pensamiento que regres
ar a Barcelona en busca de Pen\'e9lope y de una vida derrama\-da. Y en
Barcelona, aquella gran tela de ara\'f1a que \'e9l ha\-b\'eda hecho suya,
Fumero le estar\'eda esperando.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {7
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw4\lang1034
\par Juli\'e1n Carax cruz\'f3 la frontera francesa pocos d\'edas antes de
que estallase la guerra civil. La primera y \'fanica edi\-ci\'f3n de
}{\i\lang1034 La Sombra del Viento }{\expnd0\expndtw4\lang1034 hab\'eda
salido un par de sema\-
nas antes de la imprenta rumbo al gris anonimato y la in\-visibilidad de
sus predecesoras. Por entonces Miquel ape\-nas pod\'eda ya trabajar y
aunque se sentaba frente a la m\'e1\-quina de escribir dos o tres horas
cada d\'ed
a, la debilidad y la fiebre le imped\'edan arrancarle palabras al papel.
Hab\'eda perdido varias de las colaboraciones a causa de los retra\-sos
en las entregas. Otros peri\'f3dicos tem\'edan publicar sus art\'ed
culos tras haber recibido varias amenazas an\'f3nimas. S\'f3lo le quedaba
una columna diaria en el }{\i\expnd2\expndtw10\lang1034 Diario de Barce\-
lona }{\expnd0\expndtw4\lang1034 que firmaba como
}{\i\expnd2\expndtw10\lang1034 Adri\'e1n Malt\'e9s. }{
\expnd0\expndtw4\lang1034 El fantasma de la guerra se sent\'eda ya en el
aire. El pa\'eds hed\'eda a miedo. Sin ocupaci\'f3n y demasiado d\'e9bil
hasta para lamentarse, Mi\-quel sol\'ed
a bajar a la plaza o acercarse hasta la avenida de la Catedral, llevando
siempre consigo uno de los libros de Juli\'e1n como si fuese un amuleto.
La \'faltima vez que el m\'e9\-dico le hab\'eda pesado no llegaba a los
sesenta kilos. Escu\-
chamos la noticia del alzamiento en Marruecos por la ra\-dio y pocas
horas despu\'e9s un compa\'f1ero del peri\'f3dico de Miquel vino a vernos
para decirnos que Cansinos, el jefe de redacci\'f3n, hab\'eda sido
asesinado de un tiro en la nuca frente al caf
\'e9 Canaletas dos horas antes. Nadie se atrev\'eda a llevarse el cuerpo,
que segu\'eda all\'ed, ti\'f1endo una telara\'f1a de sangre sobre la
acera.
\par Los breves pero intensos d\'edas del terror inicial no se hicieron
esperar. Las tropas del general Goded enfilaron la Diagonal y el paseo de
Gracia en direcci\'f3n al centro, donde empez\'f3 el fuego. Era un
domingo y muchos bar\-celoneses a\'fan hab\'ed
an salido a la calle creyendo que iban a pasar el d\'eda en un merendero
en la carretera de Las Pla\-nas. Los d\'edas m\'e1s negros de la guerra
en Barcelona, sin embargo, estaban todav\'eda a dos a\'f1os vista. Al
poco de ini\-
ciarse la refriega, las tropas del general Goded se rindie\-ron, por un
milagro o por mala informaci\'f3n entre los mandos. El gobierno de
Llu\'eds Companys parec\'eda haber }{\expnd0\expndtw2\lang1034 recobrado
el control, pero lo que hab\'ed
a sucedido real\-mente ten\'eda mucho mas alcance y empezar\'eda a ser
eviden\-te en las semanas siguientes.
\par Barcelona hab\'eda pasado a estar en poder de los sindi\-catos
anarquistas. Tras d\'edas de disturbios y luchas calleje\-ras, corri\'f3
finalmente el rumor de que los cuatro genera les rebeldes hab\'edan sido
ajusticiados en el castillo de Montju\'ef
c poco despu\'e9s de la rendici\'f3n. Un amigo de Mi\-quel, un periodista
brit\'e1nico que estuvo presente, dijo que el pelot\'f3n de fusilamiento
era de siete hombres, pero que en el \'faltimo momento docenas de
milicianos se unieron al fest\'ed
n. Cuando se abri\'f3 fuego, los cuerpos reci\-bieron tantos balazos que
se desplomaron en pedazos irreconocibles, y hubo que meterlos en los
ata\'fades en es\-tado casi l\'edquido. Algunos quisieron creer que
aqu\'e9
l era el fin del conflicto, que las tropas fascistas nunca llegar\'ed\-an
a Barcelona y que la rebeli\'f3n se extinguir\'eda por el ca\-mino. Era
s\'f3lo el aperitivo.
\par Supimos que Juli\'e1n estaba en Barcelona el d\'eda de la
rendici\'f3n de Goded, al recibir una carta de Irene Mar\-ceau, en la que
nos contaba que Juli\'e1n hab\'eda matado a Jorge Aldaya en el curso de
un duelo en el cementerio del P\'e9
re LaChaise. Incluso antes de que Aldaya expirase, una llamada an\'f3nima
hab\'eda alertado a la polic\'eda de lo sucedi\-do. Juli\'e1n tuvo que
huir de Par\'eds de inmediato, perseguido por la polic\'ed
a que le buscaba por asesinato. No tuvimos ninguna duda de qui\'e9n
hab\'eda efectuado aquella llamada. Esperamos ansiosamente saber de
Juli\'e1n para advertirle del peligro que le acechaba y para protegerle
de una tram\-pa peor que la que le hab\'ed
a tendido Fumero: descubrir la verdad. Tres d\'edas m\'e1s tarde,
Juli\'e1n segu\'eda sin dar se\'f1ales de vida. Miquel no quer\'eda
compartir conmigo su preocupaci\'f3n, pero yo sab\'eda perfectamente lo
que estaba pensan\-do. Juli\'e1n hab\'eda
regresado por Pen\'e9lope, no por nosotros.
\par \emdash \'bfQu\'e9 suceder\'e1 cuando averig\'fce la verdad? \emdash
pre\-guntaba yo.
\par \emdash Nosotros nos encargaremos de que no sea as\'ed \emdash res\-
pond\'eda Miquel.
\par Por lo pronto, lo primero que iba a comprobar es que la familia
Aldaya hab\'eda desaparecido sin dejar rastro. No iba a encontrar muchos
lugares donde empezar a buscar a Pen\'e9lope. Hicimos una lista de esos
lugares y empeza\-
mos nuestro periplo. El caser\'f3n de la avenida del Tibida\-bo no era
m\'e1s que una propiedad desierta, vedada tras cadenas y velos de yedra.
Un florista ambulante que ven\-d\'eda manojos de rosas y claveles en la
esquina opuesta nos dijo que s\'f3
lo recordaba a una persona que se hubiese acercado a la casa
recientemente, pero era un hombre mayor, casi anciano y algo cojo.
\par \emdash Muy mala leche ten\'eda, la verdad. Le quise vender un
clavel para el ojal y me envi\'f3 a la mierda, diciendo que hab\'eda una
guerra y que no estaba el horno para flo\-res.
\par No hab\'eda visto a nadie m\'e1s. Miquel le compr\'f3 unas rosas
mustias y, por si acaso, le dej\'f3 el tel\'e9fono de la re\-dacci\'f3n
del }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 Diario de Barcelona
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 para que le dejase recado all\'ed
si por ventura alguien que encajase con la figura de Carax se dejaba
ver. De all\'ed, nuestra siguiente parada fue el colegio de San Gabriel,
donde Miquel se reencontr\'f3 con Fernando Ramos, su antiguo compa\'f1ero
de estudios.
\par Fernando era ahora profesor de lat\'edn y griego y vest\'eda el
h\'e1bito. Al ver a Miquel en tan precario estado de salud se le cay\'f3
el alma a los pies. Nos dijo que no hab\'eda recibido la visita de
Juli\'e1n, pero prometi\'f3 ponerse en conta
cto con nosotros si lo hac\'eda, e intentar retenerle. Fumero ha\-b\'eda
estado all\'ed antes que nosotros, nos confes\'f3 con temor. Ahora se
hac\'eda llamar inspector Fumero y le hab\'eda dicho que, en tiempos de
guerra, m\'e1s le val\'ed
a andarse con ojo.
\par \emdash Mucha gente iba a morir muy pronto, y los unifor\-mes, de
cura o de soldado, no paraban las balas...
\par Fernando Ramos nos confes\'f3 que no estaba claro a qu\'e9 cuerpo o
grupo pertenec\'eda Fumero, y que no fue \'e9l quien se atrevi\'f3 a
pregunt\'e1rselo. Me es imposible descri\-birte aquellos primeros d\'ed
as de la guerra en Barcelona, Daniel. El aire parec\'eda envenenado de
miedo y de odio. Las miradas eran de recelo y las calles ol\'edan a un
silen\-cio que se sent\'eda en el est\'f3mago. Cada d\'eda, cada hora,
corr\'ed
an nuevos rumores y murmuraciones. Recuerdo una noche, volviendo a casa,
en que Miquel y yo descend\'eda\-mos por las Ramblas. Estaban desiertas,
sin un alma a la vista. Miquel miraba las fachadas, los rostros ocultos
entre los postigos escudri\'f1
ando las sombras de la calle, y dec\'eda que pod\'edan sentirse los
cuchillos afil\'e1ndose tras los muros.
\par Al d\'eda siguiente acudimos a la sombrerer\'eda Fortuny, sin
grandes esperanzas de encontrar a Juli\'e1n all\'ed. Un vecino de la
escalera nos dijo que el sombrerero estaba aterrado con los altercados de
los \'faltimos d\'edas y que se hab\'edan en\-
cerrado dentro de la tienda. Por mucho que llamamos no quiso abrirnos.
Aquella tarde hab\'eda habido un tiroteo a apenas una manzana de all\'ed
y los charcos de sangre toda\-v\'eda estaban frescos en la ronda de San
Antonio, donde el cad\'e1ver de un caba
llo segu\'eda abatido en el empedrado a merced de los perros callejeros
que empezaban a abrirle el buche acribillado a dentelladas mientras
algunos ni\'f1os miraban de cerca y les tiraban piedras. Todo cuanto
con\-
seguimos fue verle el rostro espantado a trav\'e9s de la rejilla de la
puerta. Le dijimos que busc\'e1bamos a su hijo Juli\'e1n. El sombrerero
respondi\'f3 que su hijo estaba muerto y que nos larg\'e1semos o
llamar\'eda a la polic\'eda. Nos fuimos de all
\'ed descorazonados.
\par Durante d\'edas recorrimos caf\'e9s y comercios, pregun\-tando por
Juli\'e1n. Indagamos en hoteles y pensiones, en estaciones de tren, en
bancos en los que hubiera podido acudir a cambiar moneda... nadie
recordaba a un hom\-
bre que encajase con la descripci\'f3n de Juli\'e1n. Temimos que quiz\'e1
hubiese ca\'eddo en manos de Fumero, y Miquel se las arregl\'f3 para que
uno de sus colegas del peri\'f3dico, que ten\'eda contactos en jefatura,
indagase si Juli\'e1n hab\'ed
a ingresado en prisi\'f3n. No hab\'eda indicio alguno de que as\'ed
fuese. Hab\'edan pasado dos semanas y parec\'eda que a Juli\'e1n se lo
hubiese tragado la tierra.
\par Miquel apenas dorm\'eda, esperando tener noticias de su amigo. Un
atardecer, Miquel regres\'f3 de su paseo de cada tarde con una botella de
vino de Oporto, ni m\'e1s ni menos. Se la hab\'edan regalado en el
diario, dijo, porque el subdirector le hab\'eda
comunicado que ya no podr\'edan pu\-blicar m\'e1s su columna.
\par \emdash No quieren l\'edos, y les entiendo.
\par \emdash \'bfY qu\'e9 vas a hacer?
\par \emdash Emborracharme, por de pronto.
\par Miquel apenas se bebi\'f3 medio vaso, pero yo me venti\-l\'e9 casi
la botella entera sin darme cuenta y con el est\'f3ma\-go vac\'edo. Era
casi medianoche cuando me asalt\'f3 un sopor imposible y me desplom\'e9
sobre el sof\'e1. So\'f1\'e9
que Miquel me besaba en la frente y me tapaba con una estola. Al
despertar sent\'ed terribles punzadas de dolor en la cabeza que
reconoc\'ed como el preludio de una resaca feroz. Fui en busca de Miquel
para maldecir la hora en la que se le hab\'ed
a ocurrido emborracharme pero me di cuenta de que estaba sola en el piso.
Me acerqu\'e9 al escritorio y vi que hab\'eda una nota sobre la
m\'e1quina de escribir en la que me ped\'eda que no me alarmase y que le
esperase all\'ed. Hab\'ed
a ido en busca de Juli\'e1n y pronto lo traer\'eda a casa. Acababa
dici\'e9ndome que me quer\'eda. La nota se me cay\'f3 de las manos.
Advert\'ed entonces que, antes de salir, Miquel
}{\expnd1\expndtw6\lang1034 hab\'ed
a retirado sus cosas del escritorio, como si no pen\-sara volver a
utilizarlo, y supe que no volver\'eda a verle jam\'e1s.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {8
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd1\expndtw6\lang1034
\par Aquella tarde, el vendedor ambulante de flores hab\'eda lla\-mado a
la redacci\'f3n del }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 Diario de Barcelona
}{\expnd1\expndtw6\lang1034 y dejado un recado para Miquel
inform\'e1ndole de que hab\'eda visto al hombre que le hab
\'edamos descrito merodeando cerca del caser\'f3n como un espectro.
Pasaba la medianoche cuando Miquel lleg\'f3 al n\'famero 32 de la avenida
del Tibidabo, un valle l\'fa
gubre y desierto azotado por dardos de luna que se filtraban entre la
arboleda. Aunque hac\'eda diecisiete a\'f1os que no le ve\'eda, Miquel
reconoci\'f3 en Juli\'e1n aquel andar leve, casi felino. Su silueta se
deslizaba entre la pe\-numbra del jard\'ed
n, junto a la fuente. Juli\'e1n hab\'eda saltado la tapia y acechaba la
casa como un animal inquieto. Mi\-quel hubiera podido llamarle desde
all\'ed, pero prefiri\'f3 no alertar a posibles testigos. Ten\'eda la
impresi\'f3n de que mi\-
radas furtivas espiaban la avenida desde las ventanas oscuras de las
mansiones colindantes. Rode\'f3 el muro de la propiedad hasta la parte
que daba a las antiguas pistas de tenis y las cocheras. Pudo reconocer
las muescas en la piedra que Juli\'e1n hab
\'eda usado como pelda\'f1os y las losas sueltas sobre el muro. Se
aup\'f3 casi sin resuello, sintiendo profundas punzadas en el pecho y
latigazos de ceguera en la mirada. Se tendi\'f3 sobre el muro, las manos
tem\-blando, y llam\'f3 a Juli\'e1
n en un susurro. La silueta que cer\-caba la fuente permaneci\'f3
inm\'f3vil, uni\'e9ndose a las de\-m\'e1s estatuas. Miguel pudo ver el
brillo de unos ojos, clavados en \'e9l. Se pregunt\'f3 si Juli\'e1n iba a
reconocerle a \'e9l, tras diecisiete a\'f1
os y una enfermedad que se le hab\'eda llevado hasta el aliento. La
silueta se acerc\'f3 lentamente, blandiendo un objeto en la mano derecha,
brillante y alargado. Un cristal.
\par \emdash Juli\'e1n... \emdash murmur\'f3 Miquel.
\par La figura se detuvo en seco. Miquel escuch\'f3 el cristal caer sobre
la gravilla. El rostro de Juli\'e1n emergi\'f3 de la negrura. Una barba
de dos semanas le cubr\'eda las faccio\-nes, m\'e1s afiladas.
\par \emdash \'bfMiguel?
\par Incapaz de saltar al otro lado, o apenas de rehacer su camino hasta
la calle, Miquel tendi\'f3 su mano. Juli\'e1n se aup\'f3 en el muro y,
asiendo el pu\'f1o de su amigo con fuer\-za, le pos\'f3
la palma de la mano sobre el rostro. Se miraron en silencio un largo
rato, intuyendo las heridas que la vida le hab\'eda tallado al otro.
\par \emdash Tenemos que irnos de aqu\'ed, Juli\'e1n. Fumero te bus\-ca.
Lo de Aldaya fue una trampa.
\par \emdash Lo s\'e9 \emdash murmur\'f3 Carax, sin tono ni inflexi\'f3n.
\par \emdash La casa est\'e1 cerrada. Hace a\'f1os que nadie vive ya
aqu\'ed \emdash a\'f1adi\'f3 Miguel\emdash . Ven, ay\'fadame a bajar y
vay\'e1mo\-nos de aqu\'ed.
\par Carax trep\'f3 de nuevo el muro. Al aferrar a Miquel con ambas
manos, }{sinti\'f3 c\'f3mo el cuerpo de su amigo se hab\'eda consumido
bajo las ropas}{\expnd1\expndtw6\lang1034 demasiado holgadas. Apenas se
present\'eda carne o m\'fa
sculo. Una vez al otro lado, Carax asi\'f3 a Miquel por debajo de los
hombros y, casi cargando con todo su peso, se alejaron en la oscuridad
por la calle Rom\'e1n Macaya.
\par \emdash \'bfQu\'e9 tienes? \emdash murmur\'f3 Carax.
\par \emdash No es nada. Unas fiebres. Ya me estoy recuperando. Miquel
desprend\'eda ya el olor de la enfermedad y Ju\-li\'e1n no pregunt\'f3
m\'e1s. Descendieron por Le\'f3n XIII hasta }{\lang1034
el paseo de San Gervasio, donde se vislumbraban las luces de un caf\'e9.
Se refugiaron en una mesa al fondo, lejos de la entrada y los ventanales.
Un par de parroquianos vela\-ban la barra a d\'fao con un cigarrillo y el
rumor de la radio. El camar
ero, un hombre con la piel de color de cera
}{\i\expnd2\expndtw12\lang1034 y los }{\expnd2\expndtw12\lang1034
ojos}{\i\expnd2\expndtw12\lang1034 }{\lang1034 crucificados en el suelo,
les tom\'f3 el pedido. Brandy tibio, caf\'e9 y lo que quedase de comer.
\par Miquel no prob\'f3 bocado. Carax, aparentemente vo\-raz, comi\'f3
por ambos. Los dos amigos se miraban en la luz pegajosa del caf\'e9,
arrebatados en el hechizo del tiempo. La \'faltima vez que se hab\'edan
visto cara a cara ten\'edan la mitad de a\'f1
os. Se hab\'edan separado como muchachos y ahora la vida les devolv\'eda
al uno un fugitivo, al otro un moribundo. Ambos se preguntaban si
hab\'edan sido las car\-tas que les hab\'eda servido la vida, o si
hab\'eda sido el modo en que las hab\'ed
an jugado.
\par \emdash Nunca te he dado las gracias por todo lo que has hecho por
m\'ed estos a\'f1os, Miquel.
\par \emdash No empieces ahora. Hice lo que deb\'eda y quer\'eda. No hay
nada que agradecer.
\par \emdash \'bfC\'f3mo est\'e1 Nuria?
\par \emdash Como la dejaste.
\par Carax baj\'f3 la mirada.
\par \emdash Nos casamos hace meses. No s\'e9 si ella te escribi\'f3 para
cont\'e1rtelo.
\par Los labios de Carax se congelaron y neg\'f3 lentamente.
\par \emdash No tienes derecho a reprocharle nada, Juli\'e1n.
\par \emdash Lo s\'e9. No tengo derecho a nada.
\par \emdash \'bfPor qu\'e9 no acudiste a nosotros, Juli\'e1n?
\par \emdash No quer\'eda comprometeros.
\par \emdash Eso ya no est\'e1 en tus manos. \'bfD\'f3nde has estado es\-
tos d\'edas? Cre\'edmos que se te hab\'eda tragado la tierra.
\par \emdash Casi. He estado en casa. En casa de mi padre.
\par Miquel le mir\'f3 con asombro. Juli\'e1n procedi\'f3 a rela\-tarle
c\'f3mo, al llegar a Barcelona, sin saber ad\'f3nde acu\-dir, se hab\'eda
dirigido a la casa donde se hab\'eda criado, te\-miendo que ya no hubiese
nadie all\'ed. La sombrerer\'eda se\-gu
\'eda en pie, abierta, y un hombre envejecido, sin pelo ni fuego en la
mirada, languidec\'eda tras el mostrador. No ha\-b\'eda querido entrar,
ni hacerle saber que hab\'eda regresado, pero Antoni Fortuny hab\'eda
alzado la mirada hacia el ex\-tra\'f1
o que se alzaba al otro lado del escaparate. Sus
}{\expnd2\expndtw12\lang1034 ojos}{\i\expnd2\expndtw12\lang1034
}{\lang1034 se hab\'edan encontrado y Juli\'e1n, aunque hab\'eda querido
echar a correr, se qued\'f3 paralizado. Vio formarse l\'e1
grimas en el rostro del sombrerero, que se arrastr\'f3 hacia la puerta y
sali\'f3 a la calle mudo. Sin mediar palabra, gui\'f3 a su hijo al
interior de la tienda, baj\'f3 las rejas y una vez el mundo ex\-terior
estuvo sellado, lo abraz\'f3
, temblando y aullando l\'e1\-grimas.
\par M\'e1s tarde, el sombrerero le explic\'f3 que la polic\'eda ha\-
b\'eda ido preguntando por \'e9l hac\'eda dos d\'edas. Un tal Fume\-ro,
un hombre de mala fama que se dec\'eda que un mes antes hab\'ed
a estado a sueldo de los matarifes del general Goded y que ahora se las
daba de amigo de los anarquis\-tas, le hab\'eda dicho que Carax estaba de
camino a Barcelo\-na, que hab\'eda asesinado a Jorge Aldaya a sangre
fr\'eda en Par\'ed
s y que se le buscaba por otros tantos delitos, cuya enumeraci\'f3n el
sombrerero no se molest\'f3 en escuchar. Fumero confiaba en que, si se
daba la remota e improba\-ble casualidad de que el hijo pr\'f3digo
apareciese por all\'ed, el sombrerero tendr
\'eda a bien cumplir con su deber de ciudadano y dar parte. Fortuny le
dijo que por supuesto pod\'edan contar con \'e9l. Le molest\'f3 que una
v\'edbora como Fumero diese por descontada su vileza, pero tan pronto el
siniestro cortejo de la polic\'ed
a abandon\'f3 la tienda, el sombrerero parti\'f3 rumbo a la capilla de la
catedral don\-de hab\'eda conocido a Sophie para rogarle al santo que
condujese los pasos de su hijo de vuelta a casa antes de
}{\expnd0\expndtw2\lang1034
que fuese demasiado tarde. Cuando Juli\'e1n acudi\'f3 a su padre, el
sombrerero le advirti\'f3 del peligro que se cern\'eda sobre \'e9l.
\par \emdash Lo que sea que te haya tra\'eddo a Barcelona, hijo m\'edo,
d\'e9jame que yo lo haga por ti mientras t\'fa te escondes en casa. Tu
habitaci\'f3n sigue como la dejaste y es tuya por todo el tiempo que la
necesites.
\par Juli\'e1n le confes\'f3 que hab\'eda regresado a buscar a Pen\'e9\-
lope Aldaya. El sombrerero le jur\'f3 que \'e9l la encontrar\'eda y que,
una vez reunidos, les ayudar\'eda a huir juntos a un lu\-gar seguro,
lejos de Fumero, del pasado, lejos de todo.
\par Durante d\'edas Juli\'e1n se mantuvo oculto en el piso de la ronda
de San Antonio mientras el sombrerero recorr\'eda la ciudad en busca del
rastro de Pen\'e9lope. Pasaba los d\'edas en su antigua habitaci\'f3n,
que fiel a la promesa de su pa\-dre, segu
\'eda igual, aunque ahora todo parec\'eda m\'e1s peque\-\'f1o, como si
las casas y los objetos, o quiz\'e1 s\'f3lo fuera la vida, encogiesen con
el tiempo. Muchos de sus viejos cua\-dernos segu\'edan all\'ed, l\'e1
pices que recordaba haber afilado la semana que march\'f3 a Par\'eds,
libros esperando ser le\'ed\-dos, ropa limpia de muchacho en los
armarios. El sombrerero le cont\'f3 que Sophie le hab\'eda dejado al poco
de huir \'e9l, y aunque durante a\'f1
os no supo de ella, finalmen\-te le escribi\'f3 desde Bogot\'e1, donde
llevaba un tiempo vi\-viendo con otro hombre. Se escrib\'edan con
regularidad, \'absiempre hablando de ti\'bb, seg\'fan confes\'f3 el
sombrerero, \'abporque es lo \'fanico que nos une
\'bb. Al pronunciar estas palabras, a Juli\'e1n le parec\'eda que el
sombrerero hab\'eda esperado a enamorarse de su mujer hasta despu\'e9s de
ha\-berla perdido.
\par \emdash S\'f3lo se quiere de verdad una vez en la vida, Juli\'e1n,
aunque uno no se d\'e9 cuenta.
\par El sombrerero, que parec\'eda atrapado en una carre\-ra con el
tiempo para deshacer toda una vida de infortu\-nios, no ten\'eda duda de
que Pen\'e9lope era aquel amor de una sola estaci\'f3n en la vida de su
hijo y cre\'eda,
sin darse cuenta, que si le ayudaba a recuperarla, quiz\'e1 \'e9l
tambi\'e9n recuperase algo de lo que hab\'eda perdido, aquel vac\'edo que
le pesaba en la piel y los huesos con la rabia de una mal\-dici\'f3n.
\par Pese a todo su empe\'f1o, y para su desesperaci\'f3n, el sombrerero
pronto fue averiguando que no hab\'eda rastro de Pen\'e9lope Aldaya, ni
de la familia, en toda Barcelona. Hombre de origen humilde, que hab\'eda
tenido que traba\-
jar toda la vida para mantenerse a flote, el sombrerero siempre hab\'eda
concedido al dinero y a la casta la duda de la inmortalidad. Quince
a\'f1os de ruina y miseria hab\'ed
an bastado para borrar de la faz de la tierra los palacios, las
industrias y las huellas de una estirpe. A la menci\'f3n del apellido
Aldaya, muchos reconoc\'edan la m\'fasica de la palabra, pero casi
ninguno recordaba su significado. El d\'ed
a que Miquel Moliner y Nuria Monfort acudieron a la som\-brerer\'eda
preguntando por Juli\'e1n, el sombrerero tuvo la certeza de que no eran
sino esbirros de Fumero. Nadie le iba a arrebatar a su hijo de nuevo.
Esta vez podr\'eda
bajar Dios todopoderoso desde los cielos, el mismo Dios que llevaba toda
una vida ignorando sus plegarias, y \'e9l mismo, gustoso, le
arrancar\'eda los ojos si osaba alejar a Juli\'e1n una vez m\'e1s del
naufragio de su vida.
\par El sombrerero era el hombre que el florista ambulan\-te recordaba
haber visto d\'edas atr\'e1s, merodeando por el caser\'f3n de la avenida
del Tibidabo. Lo que el florista interpret\'f3 como mala leche no era
sino la firmeza de esp\'edri\-tu que s\'f3
lo asiste a quienes, mejor tarde que nunca, han encontrado un
prop\'f3sito a sus vidas y lo persiguen con la ferocidad que da el tiempo
derramado en vano. Lamentablemente, no quiso el se\'f1or escuchar esta
\'fa
ltima vez los ruegos del sombrerero, y pasado ya el umbral de la
deses}{\lang1034 peraci\'f3n, fue incapaz de encontrar aquello que
buscaba, la salvaci\'f3n de su hijo, de s\'ed
mismo, en el rastro de una muchacha a la que nadie recordaba y de la que
nadie sa\-b\'eda nada. \'bfCu\'e1ntas almas perdidas necesitas, Se\'f1or,
para saciar tu apetito?, preguntaba el sombrerero. Dios, en su infinito
silencio, le miraba sin pesta\'f1
ear.
\par \emdash No la encuentro, Juli\'e1n... Te juro que...
\par \emdash No se preocupe, padre. Esto es algo que debo hacer yo. Usted
ya me ha ayudado todo lo que pod\'eda.
\par Aquella noche, Juli\'e1n hab\'eda salido por fin a la calle
dispuesto a recobrar el rastro de Pen\'e9lope.
\par
\par Miquel escuchaba el relato de su amigo, dudando si se trataba de un
milagro o una maldici\'f3n. No se le ocu\-rri\'f3 pensar en el camarero,
que se dirig\'eda al tel\'e9
fono y murmuraba de espaldas a ellos, ni que luego vigilaba la puerta de
reojo, limpiando con demasiado celo los vasos en un establecimiento donde
la mugre se ense\'f1oreaba con sa\'f1a, mientras Juli\'e1n le refer\'eda
lo sucedido a su llega\-
da a Barcelona. No se le ocurri\'f3 que Fumero habr\'eda esta\-do ya en
aquel caf\'e9, en decenas de caf\'e9s como aqu\'e9l, a tiro de piedra del
palacete Aldaya, y que tan pronto Ca\-rax pusiera el pie en uno de ellos,
la llamada era cuesti\'f3
n de segundos. Cuando el coche de la polic\'eda se detuvo frente al
caf\'e9 y el camarero se retir\'f3 a la cocina, Miquel sinti\'f3 la calma
fr\'eda y serena de la fatalidad. Carax le ley\'f3 la mirada y ambos se
volvieron a un tiempo. Las trazas es\-
pectrales de tres gabardinas grises aleteando tras las ven\-tanas. Tres
rostros escupiendo vapor en el cristal. Ningu\-no de ellos era Fumero.
Los carro\'f1eros le preced\'edan.
\par \emdash Vay\'e1monos de aqu\'ed, Juli\'e1n...
\par \emdash No hay ad\'f3nde ir \emdash dijo Carax, con una serenidad
que llev\'f3 a su amigo a observarle con detenimiento.
\par Advirti\'f3 entonces el rev\'f3lver en la mano de Juli\'e1n, y la
fr\'eda disposici\'f3n en su mirada. La campanilla de la puer\-ta
ara\'f1\'f3 el murmullo de la radio. Miquel arrebat\'f3 la pis\-tola de
las manos de Carax y le mir\'f3 fijamente.
\par \emdash Dame tu documentaci\'f3n, Juli\'e1n.
\par Los tres polic\'edas fingieron sentarse a la barra. Uno de ellos les
miraba de reojo. Los otros dos se palpaban el in\-terior de la gabardina.
\par \emdash La documentaci\'f3n, Juli\'e1n. Ahora.
\par Carax neg\'f3 en silencio.
\par \emdash Me quedan uno, dos meses, con suerte. Uno de los dos tiene
que salir de aqu\'ed, Juli\'e1n. T\'fa tienes m\'e1s puntos que yo. No
s\'e9 si encontrar\'e1s a Pen\'e9lope. Pero Nuria te es\-pera.
\par \emdash Nuria es tu mujer.
\par \emdash Acu\'e9rdate del trato que hicimos. Cuando yo muera, todo lo
que es m\'edo ser\'e1 tuyo...
\par \emdash ....menos los sue\'f1os.
\par Se sonrieron por \'faltima vez. Juli\'e1n le tendi\'f3 su pasa\-
porte. Miquel lo coloc\'f3 junto con el ejemplar de La Som\-
}{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 bra del Viento }{\lang1034 que llevaba en
el abrigo desde el d\'eda que lo hab\'eda recibido.
\par \emdash Hasta pronto \emdash murmur\'f3 Juli\'e1n.
\par \emdash No hay prisa. Yo esperar\'e9.
\par Justo cuando los tres polic\'edas se volv\'edan hacia ellos, Miquel
se levant\'f3 de la mesa y se dirigi\'f3 hacia ellos. Al principio
s\'f3lo vieron a un moribundo p\'e1lido y tembloroso que les sonre\'eda
mientras la sangre asomaba por las co\-
misuras de labios magros, sin vida. Cuando advirtieron el rev\'f3lver en
su mano derecha, Miquel ya estaba apenas a tres metros de ellos. Uno de
ellos quiso gritar, pero el pri\-mer disparo le vol\'f3 la mand\'edbula
inferior. El cuerpo cay\'f3
inerte, de rodillas, a los pies de Miquel. Los otros dos agentes ya
hab\'edan desenfundado sus armas. El segundo }{\expnd0\expndtw2\lang1034
disparo atraves\'f3 el est\'f3mago del que parec\'eda m\'e1s viejo. La
bala le parti\'f3
la columna vertebral en dos y escupi\'f3 un pu\'f1o de v\'edsceras
contra la barra. Miquel nunca tuvo tiem\-po de hacer un tercer disparo.
El polic\'eda restante ya le ha\-b\'eda enca\'f1onado. Sinti\'f3 el arma
en las costillas, sobre el coraz\'f3
n, y su mirada acerada, encendida de p\'e1nico.
\par \emdash Quieto, hijo de puta, o te juro que te abro en dos.
\par Miquel sonri\'f3 y alz\'f3 lentamente el rev\'f3lver hacia el rostro
del polic\'eda. No deb\'eda de tener m\'e1s de veinticinco a\'f1os y le
temblaban los labios.
\par \emdash Le dices a Fumero, de parte de Carax, que me acuer\-do de su
disfraz de marinerito.
\par No sinti\'f3 dolor, ni fuego. El impacto, como un marti\-llazo sordo
que se llev\'f3 el sonido y el color de las cosas, le lanz\'f3 contra la
cristalera. Al atravesarla y advertir que un fr\'ed
o intenso le trepaba por la garganta y la luz se alejaba como polvo en el
viento, Miquel Moliner volvi\'f3 la mirada por \'faltima vez y vio a su
amigo Juli\'e1n correr calle abajo. Ten\'eda treinta y seis a\'f1os,
m\'e1s de los que hab\'ed
a esperado vivir. Antes de desplomarse sobre la acera sembrada de cristal
ensangrentado, ya estaba muerto.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {9
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw2\lang1034
\par Aquella noche, mientras Juli\'e1n se perd\'eda en la noche, un
furg\'f3n sin identificaci\'f3n acudi\'f3 a la llamada del hombre que
hab\'eda matado a Miquel. Nunca supe su nombre, ni creo que \'e9l supiese
a qui\'e9n hab\'ed
a asesinado. Como todas las guerras, personales o a gran escala, aqu\'e9l
era un juego de marionetas. Dos hombres cargaron los cuerpos de los
agentes muertos y se encargaron de sugerirle al encarga\-do del bar que
se olvidase de lo que hab\'ed
a sucedido o ten\-dr\'eda serios problemas. Nunca subestimes el talento
para olvidar que despiertan las guerras, Daniel. El cad\'e1ver de Miquel
fue abandonado en un callej\'f3n del Raval doce horas m\'e1s tarde para
que su muerte no pudiese ser rela\-
cionada con la de los dos agentes. Cuando el cuerpo lle\-g\'f3 finalmente
a la morgue, llevaba dos d\'edas muerto. Mi\-quel hab\'eda dejado toda su
documentaci\'f3n en casa antes de salir. Cuanto los funcionarios del
dep\'f3sito encontra\-
ron fue un pasaporte a nombre de Juli\'e1n Carax, desfigu\-rado, y un
ejemplar de La Sombra }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 del Viento.
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 La polic\'eda concluy\'f3 que el difunto era
Carax. El pasaporte todav\'ed
a mencionaba como domicilio el piso de los Fortuny en la ronda de San
Antonio.
\par Para entonces, la noticia ya hab\'eda llegado a o\'eddos de Fumero,
que se acerc\'f3 al dep\'f3sito para despedirse de Ju\-li\'e1n. Se
encontr\'f3 all\'ed con el sombrerero, a quien la polic\'eda hab\'eda ido
a buscar para proceder a la identificaci\'f3
n del cuerpo. El se\'f1or Fortuny, que llevaba dos d\'edas sin ver a
Juli\'e1n, tem\'eda lo peor. Al reconocer el cuerpo que ape\-nas una
semana antes hab\'eda llamado a su puerta pregun\-tando por Juli\'e1n (y
a quien hab\'ed
a tomado por un esbirro de Fumero), prorrumpi\'f3 en alaridos y se
march\'f3. La po\-lic\'eda asumi\'f3 que aquella reacci\'f3n era una
admisi\'f3n de reconocimiento. Fumero, que hab\'eda presenciado la
escena, se acerc\'f3 al cuerpo y lo examin\'f3 en si
lencio. Hac\'eda dieci\-siete a\'f1os que no ve\'eda a Juli\'e1n Carax.
Cuando reconoci\'f3 a Miquel Moliner, se limit\'f3 a sonre\'edr y
firm\'f3 el informe forense confirmando que aquel cuerpo pertenec\'eda a
Ju\-li\'e1
n Carax, y ordenando su traslado inmediato a una fosa com\'fan en
Montju\'efc.
\par Durante mucho tiempo me pregunt\'e9 por qu\'e9 Fumero habr\'eda de
hacer algo as\'ed. Pero aquello no era m\'e1s que la l\'f3gica de Fumero.
Al morir con la identidad de Juli\'e1n,}{\expnd0\expndtw-2\lang1034
Miquel le hab\'ed
a proporcionado involuntariamente la coartada perfecta. Desde aquel
instante, Juli\'e1n Carax no exist\'eda. No habr\'eda v\'ednculo legal
alguno que permitiese re\-lacionar a Fumero con el hombre al que, tarde o
tempra\-
no, esperaba encontrar y asesinar. Eran d\'edas de guerra y muy pocos
pedir\'edan explicaciones por la muerte de alguien que ni siquiera
ten\'eda nombre. Juli\'e1n hab\'eda perdido la identidad. Era una sombra.
Pas\'e9 dos d\'ed
as esperando a Miquel o a Juli\'e1n en casa, creyendo que me volv\'eda
loca. Al tercer d\'eda, lunes, volv\'ed a trabajar a la editorial. El
se\'f1or Cabestany hab\'eda ingresado en el hospital hac\'eda unas se\-
manas, y ya no volver\'ed
a a su despacho. Su hijo mayor, \'c1lvaro, se hab\'eda hecho cargo del
negocio. No le dije nada a nadie. No ten\'eda a qui\'e9n.
\par Aquella misma ma\'f1ana recib\'ed en la editorial la lla\-mada de un
funcionario de la morgue, Manuel Guti\'e9rrez Fonseca. El se\'f1or
Guti\'e9rrez Fonseca me explic\'f3 que el cuerpo de un tal Juli\'e1n
Carax hab\'eda llegado al dep\'f3
sito y que, al cotejar el pasaporte del difunto y el nombre del autor del
libro que llevaba cuando ingres\'f3 en la morgue, y sospechando si no una
clara irregularidad s\'ed un cierto relajamiento en el reglamento por
parte de la polic\'eda, ha\-b\'ed
a sentido el deber moral de llamar a la editorial para dar parte de lo
sucedido. Al escucharle, cre\'ed morir. Lo primero que pens\'e9 fue que
se trataba de una trampa de Fumero. El se\'f1or Guti\'e9
rrez Fonseca se expresaba con la pulcritud del funcionario concienzudo,
aunque algo m\'e1s goteaba en su voz, algo que ni \'e9l mismo hubiera
podido explicar. Yo hab\'eda cogido la llamada en el despacho del
se\'f1or Cabestany. Gracias a Dios, \'c1lv
aro hab\'eda salido a al\-morzar y estaba sola, de lo contrario me
hubiera sido dif\'ed\-cil explicar las l\'e1grimas y el temblor en las
manos mientras sosten\'eda el tel\'e9fono. Guti\'e9rrez Fonseca me dijo
que hab\'eda cre\'ed
do oportuno informar de lo sucedido.
\par Le agradec\'ed la llamada con esa formalidad falsa de las
conversaciones en clave. Tan pronto colgu\'e9, cerr\'e9 la puer\-ta del
despacho y me mord\'ed los pu\'f1os por no gritar. Me lav\'e9 la cara y
me march\'e9
a casa inmediatamente, dejando recado para \'c1lvaro de que estaba
enferma y que regresa\-r\'eda al d\'eda siguiente antes de la hora para
ponerme al d\'ed
a con la correspondencia. Tuve que hacer un esfuerzo por no correr en la
calle, por caminar con esa parsimonia an\'f3nima y gris de quien no tiene
secretos. Al introducir la llave en la puerta del piso comprend\'ed que
el cerrojo ha\-b\'ed
a sido forzado. Me qued\'e9 paralizada. El pomo empeza\-ba a girar desde
el interior. Me pregunt\'e9 si iba morir as\'ed, en una escalera oscura y
sin saber qu\'e9 hab\'eda sido de Mi\-quel. La puerta se abri\'f3 y
enfrent\'e9 la mirada oscura de Juli\'e1
n Carax. Que Dios me perdone, pero en aquel ins\-tante sent\'ed que me
volv\'eda la vida y di gracias al cielo por devolverme a Juli\'e1n en vez
de a Miquel.
\par Nos fundimos en un abrazo interminable, pero cuan\-do busqu\'e9 sus
labios, Juli\'e1n se retir\'f3 y baj\'f3 la mirada. Ce\-rr\'e9 la puerta
y, tomando a Juli\'e1n de la mano, le gui\'e9 hasta el dormitorio. Nos
tendimos en el lecho, abrazados en si\-
lencio. Atardec\'eda y las sombras del piso ard\'edan de p\'farpu\-ra. Se
escucharon disparos aislados a lo lejos, como todas las noches desde que
hab\'eda empezado la guerra. Juli\'e1n lloraba sobre mi pecho y sent\'ed
que me invad\'eda un cansan\-
cio que escapaba a las palabras. M\'e1s tarde, ca\'edda la noche,
nuestros labios se encontraron y al amparo de aquella os\-curidad urgente
nos desprendimos de aquellas ropas que ol\'ed
an a miedo y a muerte. Quise recordar a Miquel, pero el fuego de aquellas
manos en mi vientre me rob\'f3 la verg\'fcenza y el dolor. Quise perderme
en ellas y no regresar, aun sabiendo que al amanecer, exhaustos y
quiz\'e1 enfer\-mos de desprecio, no podr
\'edamos mirarnos a los ojos sin preguntarnos en qui\'e9n nos hab\'edamos
convertido.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {10
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw2\lang1034
\par Me despert\'f3 el repiqueteo de la lluvia al alba. La cama va\-
c\'eda, la habitaci\'f3n prendida de tiniebla gris.
\par Encontr\'e9 a Juli\'e1n sentado frente al que hab\'eda sido el
escritorio de Miquel, acariciando las teclas de su m\'e1quina de
escribir. Alz\'f3 la mirada y me brind\'f3 aquella sonrisa tibia, lejana,
que dec\'eda que nunca ser\'eda m\'edo. Sent\'ed
deseos de escupirle la verdad, de herirle. Hubiera sido tan f\'e1cil.
Revelarle que Pen\'e9lope estaba muerta. Que viv\'eda de enga\-\'f1os.
Que yo era cuanto ten\'eda ahora en el mundo.
\par \emdash Nunca deb\'ed regresar a Barcelona \emdash murmur\'f3,
sacu\-diendo la cabeza.
\par Me arrodill\'e9 junto a \'e9l.
\par \emdash Lo que t\'fa buscas no est\'e1 aqu\'ed, Juli\'e1n.
March\'e9mo\-nos. Los dos. Lejos de aqu\'ed. Mientras hay tiempo.
\par Juli\'e1n me mir\'f3 largamente, sin pesta\'f1ear.
\par \emdash T\'fa sabes algo que no me has dicho, \'bfverdad? \emdash
pre\-gunt\'f3.
\par Negu\'e9, tragando saliva. Juli\'e1n se limit\'f3 a asentir.
\par \emdash Esta noche voy a volver all\'ed.
\par \emdash Juli\'e1n, por favor...
\par \emdash Tengo que asegurarme.
\par \emdash Entonces ir\'e9 contigo.
\par \emdash No.
\par \emdash La \'faltima vez que me qued\'e9 esperando aqu\'ed, perd\'ed
a Miquel. Si t\'fa vas, yo voy.
\par \emdash Esto no va contigo, Nuria. Es algo que me concier\-ne a
m\'ed solo.
\par Me pregunt\'e9 si realmente no se daba cuenta del da\'f1o que me
hac\'edan sus palabras, o si apenas le importaba.
\par \emdash Eso es lo que t\'fa crees.
\par Quiso acariciarme la mejilla pero le apart\'e9 la mano.
\par \emdash Deber\'edas odiarme, Nuria. Te traer\'eda suerte.
\par \emdash Ya lo s\'e9.
\par Pasamos el d\'eda fuera, lejos de la tiniebla opresiva del piso que
a\'fan ol\'eda a s\'e1banas tibias y piel. Juli\'e1n quer\'eda ver el
mar. Le acompa\'f1\'e9
hasta la Barceloneta y nos adentramos en la playa casi desierta, un
espejismo de color de arena que se fund\'eda en la calima. Nos sentamos
en la are\-na, cerca de la orilla, como lo hacen los ni\'f1os y los
viejos. Juli\'e1n sonre\'eda en sil
encio, recordando a solas.
\par Al atardecer tomamos un tranv\'eda junto al acuario y as\-cendimos
por la V\'eda Layetana hasta el paseo de Gracia, luego la plaza de
Lesseps y despu\'e9s la avenida de la Rep\'fablica Argentina hasta el
t\'e9rmino del trayecto. Juli\'e1n ob\-servab
a las calles en silencio, como si temiese perder la ciudad a medida que
la recorr\'eda. A medio camino me tom\'f3 la mano y la bes\'f3 sin decir
nada. La sostuvo hasta que nos bajamos. Un anciano que acompa\'f1aba a
una ni\'f1
a de blanco nos miraba, sonriente, y nos pregunt\'f3 si \'e9ramos novios.
Era ya noche cerrada cuando enfilamos Rom\'e1n Macaya en direcci\'f3n al
caser\'f3n de los Aldaya en la avenida del Tibidabo. Ca\'eda una lluvia
fina que te\'f1\'ed
a de plata los paredones de piedra. Trepamos el muro de la finca por la
parte de atr\'e1s, junto a las pistas de tenis. El caser\'f3n se alzaba
en la lluvia. La reconoc\'ed al instante. Ha\-b\'eda le\'eddo la
fisonom\'eda de aquella casa en mil encarnacio
\-nes y \'e1ngulos en las p\'e1ginas de Juli\'e1n. En
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 La casa}{\expnd0\expndtw2\lang1034
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 roja}{\expnd0\expndtw2\lang1034 , el
palacete se aparec\'eda como un tenebroso caser\'f3n m\'e1
s grande por dentro que por fuera, que cambiaba lenta\-mente de forma,
crec\'eda en pasillos, galer\'edas y \'e1ticos im\-posibles, escaleras
infinitas que no conduc\'edan a ninguna parte y alumbraba habitaciones
oscuras que aparec\'edan y desaparec\'ed
an de la noche a la ma\'f1ana, llev\'e1ndose consigo a los incautos que
se adentraban en ellas sin que nadie les volviese a ver. Nos detuvimos
frente al port\'f3n, asegura\-do con cadenas y un candado del tama\'f1o
de un pu\'f1
o. Los ventanales de la primera planta estaban tapiados con tablones
recubiertos de yedra. El aire ol\'eda a maleza muer\-ta y a tierra
mojada. La piedra, oscura y viscosa bajo la llu\-via, reluc\'eda como el
esqueleto de un gran reptil.
\par Quise preguntarle c\'f3mo pensaba franquear aquel port\'f3n de
roble, de bas\'edlica o prisi\'f3n. Juli\'e1n extrajo un frasco del
abrigo y desenrosc\'f3 la tapa. Un vapor f\'e9tido ex hal\'f3
del interior en una espiral lenta y azulada. Sostuvo el candado por el
extremo y verti\'f3 el \'e1cido en el interior del cerrojo. El metal
sise\'f3 como hierro candente, envuel\-to en un pa\'f1o de humo
amarillento. Esperamos unos se\-
gundos y entonces tom\'f3 un adoqu\'edn de entre la maleza y parti\'f3 el
candado con media docena de golpes. Juli\'e1n empuj\'f3 la puerta de un
puntapi\'e9. Se abri\'f3 lentamente, como un sepulcro, escupiendo un
aliento espeso y h\'fame\-do. M\'e1s all
\'e1 del umbral se adivinaba una oscuridad ater\-ciopelada. Juli\'e1n
portaba un encendedor de bencina que prendi\'f3 al adentrarse unos pasos
en el recibidor. Le segu\'ed y entorn\'e9 la puerta a nuestras espaldas.
Juli\'e1
n anduvo unos metros, sosteniendo la llama por encima de la cabe\-za. Una
alfombra de polvo se tend\'eda a nuestros pies, sin m\'e1s huellas que
las nuestras. Las paredes, desnudas, prend\'edan al \'e1mbar de la llama.
No hab\'eda muebles, ni es\-
pejos o l\'e1mparas. Las puertas permanec\'edan en los goznes, pero los
pomos de bronce hab\'edan sido arrancados. El ca\-ser\'f3n apenas
mostraba el esqueleto desnudo. Nos detuvi\-mos al pie de la escalinata.
La mirada de Juli\'e1n se perdi\'f3
hacia lo alto. Se volvi\'f3 un instante para mirarme y quise
sonre\'edrle, pero en la penumbra apenas nos adivin\'e1bamos la mirada.
Le segu\'ed escaleras arriba, recorriendo los pel\-da\'f1os en los que
Juli\'e1n hab\'eda visto a Pen\'e9lope por prime\-
ra vez. Sab\'eda ad\'f3nde nos dirig\'edamos y me invadi\'f3 un fr\'edo
que nada ten\'eda de la atm\'f3sfera h\'fameda y mordiente de aquel
lugar.
\par Ascendimos hasta el tercer piso, donde un angosto co\-rredor se
abr\'eda paso hacia el ala sur de la casa. La techum\-bre all\'ed era
mucho m\'e1s baja y las puertas m\'e1s peque\'f1as. Era el piso que
albergaba las estancias del servicio. La \'falti\-
ma, supe sin necesidad de que Juli\'e1n dijese nada, hab\'eda sido la
alcoba de Jacinta Coronado. Juli\'e1n se aproxim\'f3 lentamente,
temeroso. Aqu\'e9l hab\'eda sido el \'faltimo lugar donde hab\'eda visto
a Pen\'e9lope, donde hab\'ed
a hecho el amor con una muchacha de apenas diecisiete a\'f1os, que meses
m\'e1s tarde morir\'eda desangrada en aquella misma celda. Quise
detenerle, pero Juli\'e1n ya hab\'eda ganado el umbral y miraba hacia el
interior, ausente. Me asom\'e9 junto a \'e9
l. La habitaci\'f3n no era m\'e1s que un cub\'edculo despojado de toda
ornamentaci\'f3n. Las marcas de un antiguo lecho se le\'edan todav\'eda
bajo la marea de polvo en los maderos del suelo. Una mara\'f1
a de manchas negras reptaba por el centro de la habitaci\'f3n. Juli\'e1n
observ\'f3 aquel vac\'edo por espacio de casi un minuto, desconcertado.
Vi en su mirada que ape\-nas acertaba a reconocer el lugar, que todo se
le aparec\'ed
a como un truco macabro y cruel. Le tom\'e9 del brazo y le gui\'e9 de
regreso a la escalera.
\par \emdash Aqu\'ed no hay nada, Juli\'e1n \emdash murmur\'e9\emdash .
La familia lo vendi\'f3 todo antes de partir a la Argentina.
\par Juli\'e1n asinti\'f3 d\'e9bilmente. Descendimos de nuevo has\-ta la
planta baja. Una vez all\'ed, Juli\'e1n se dirigi\'f3 hacia la bi\-
blioteca. Los estantes estaban vac\'edos, la chimenea anegada de
escombros. Las paredes, p\'e1
lidas de muerte, aleteaban al aliento de la llama. Los acreedores y
usureros hab\'edan conseguido llevarse hasta la memoria, que deb\'eda de
estar ahora perdida en el laberinto de alguna chatarrer\'eda.
\par \emdash He vuelto para nada \emdash murmuraba Juli\'e1n.
\par Mejor as\'ed, pens\'e9. Contaba los segundos que nos sepa\-raban de
la puerta. Si consegu\'eda alejarle de all\'ed y dejarle con aquella
pu\'f1alada de vac\'edo, quiz\'e1 a\'fan tuvi\'e9semos una oportunidad.
Dej\'e9 que Juli\'e1
n absorbiera la ruina de aquel lugar, que purgases }{\lang1034 u
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 recuerdo.
\par \emdash Ten\'edas que volver y verla otra vez \emdash dije\emdash .
Ahora ya ves que no hay nada. Es s\'f3lo un caser\'f3n viejo y
deshabita\-do, Juli\'e1n. Vay\'e1monos a casa.
\par Me mir\'f3, p\'e1lido, y asinti\'f3. Le tom\'e9 de la mano y enfi\-
lamos el pasillo que conduc\'eda a la salida. La brecha de claridad del
exterior apenas quedaba a media docena de metros. Pude oler la maleza v
la llovizna en el aire. En\-tonces sent\'ed
que perd\'eda la mano de Juli\'e1n. Me detuve y me volv\'ed para
encontrarle inm\'f3vil, con la mirada clavada en la oscuridad.
\par \emdash Qu\'e9 pasa, Juli\'e1n?
\par No contest\'f3. Contemplaba hechizado la boca de un angosto corredor
que conduc\'eda a las cocinas. Me aproxi\-m\'e9 hasta all\'ed y
escrut\'e9 la tiniebla que ara\'f1
aba la llama azul del mechero de gasolina. La puerta al extremo del
pasillo estaba tapiada. Un muro de ladrillos rojos, tosca\-mente
dispuestos entre argamasa que sangraba por las co\-misuras. No
comprend\'ed bien qu\'e9 significaba, pero sent\'ed
que el fr\'edo me robaba el aliento. Juli\'e1n se acercaba lenta\-mente
hacia all\'ed. Todas las dem\'e1s puertas, en el corredor \emdash en toda
la casa\emdash , estaban abiertas, desprovistas de ce\-rraduras y pomos.
Excepto aqu\'e9
lla. Una compuerta de la\-drillos rojos oculta en el fondo de un corredor
l\'fagubre y escondido. Juli\'e1n pos\'f3 las manos sobre los adoquines
de arcilla escarlata.
\par \emdash Juli\'e1n, por favor, vay\'e1monos ya...
\par El impacto de su pu\'f1o sobre ha pared de ladrillos arranc\'f3 un
eco hueco y cavernoso al otro lado. Me pare\-ci\'f3 que le temblaban las
manos cuando posaba el meche\-ro en el suelo y me indicaba que me
retirase unos pasos.
\par \emdash Juli\'e1n...
\par La primera patada arranc\'f3 una lluvia de polvo rojizo. Juli\'e1n
embisti\'f3 de nuevo. Cre\'ed que hab\'eda o\'eddo sus huesos crujir.
Juli\'e1n no se inmut\'f3. Golpeaba el muro una y otra vez, con la rabia
de un preso abri\'e9
ndose camino hacia la libertad. Le sangraban los pu\'f1os y los brazos
cuando el primer ladrillo se quebr\'f3 y cay\'f3 al otro lado. Con dedos
ensangrentados, Juli\'e1n empez\'f3 ento
nces a forcejear por agrandar aquel marco en la oscuridad. Jadeaba,
exhausto y pose\'eddo de una furia de la que nunca le habr\'eda cre\'ed\-
do posible. Uno a uno, los ladrillos fueron cediendo y el muro se
abati\'f3. Juli\'e1
n se detuvo, cubierto de sudor fr\'edo, las manos despellejadas. Tom\'f3
el mechero y lo pos\'f3 so\-bre el borde de uno de los ladrillos. Una
puerta de made\-ra labrada con motivos de \'e1ngeles se alzaba al otro
lado. Juli\'e1n acarici\'f3
los relieves de la madera, como si leyese un jerogl\'edfico. La puerta
se abri\'f3 bajo la presi\'f3n de sus manos.
\par Una tiniebla azul, espesa y gelatinosa, emanaba del otro lado.
M\'e1s all\'e1 se intu\'eda una escalinata. Pelda\'f1os de piedra negra
descend\'edan hasta donde se perd\'eda la sombra. Juli\'e1n se volvi\'f3
un instante y le encontr\'e9
la mirada. Vi en ella miedo y desesperanza, como si intuyese la ne\-
grura. Negu\'e9 en silencio, implor\'e1ndole que no descen\-diese. Se
volvi\'f3, abatido, y se zambull\'f3 en la oscuridad. Me asom\'e9
al marco de adoquines y le vi descender por la escalera, casi
tambale\'e1ndose. La llama temblaba, apenas ya un soplo de azul
transparente.
\par \emdash \'bfJuli\'e1n?
\par S\'f3lo me lleg\'f3 silencio. Pod\'eda ver la sombra de Juli\'e1n,
inm\'f3vil al fondo de la escalera. Cruc\'e9 el umbral de ladri\-llos y
descend\'ed los pelda\'f1os. La sala era una estancia rectangular, de
muros de m\'e1rmol. Desprend\'eda un fr\'ed
o inten}{\expnd0\expndtw-2\lang1034 so y penetrante. Las dos l\'e1pidas
estaban recubiertas por un velo de telara\'f1a que se deshizo como seda
podrida a la llama del mechero. El m\'e1rmol blanco estaba surcado por
l\'e1grimas negras de humedad que parec
\'edan sangrar de las hendiduras que hab\'eda dejado el cincel del
grabador. Yac\'edan la una junto a la otra, como maldiciones encade\-
nadas.
\par
\par }{\expnd2\expndtw10\lang1034 PEN\'c9LOPE ALDAYA\tab
DAVID ALDAYA
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 1902\emdash 1919\tab
1919
\par
\par Muchas veces me he detenido a pensar en aquel momen\-to de silencio,
tratando de imaginar lo que Juli\'e1n debi\'f3 de sentir al comprobar que
la mujer a la que hab\'eda estado esperando durante diecisiete a\'f1
os estaba muerta, que el hijo de ambos se hab\'eda marchado con ellos,
que la vida con que hab\'eda so\'f1ado, su \'fanico aliento, nunca
hab\'eda exis\-tido. La mayor\'eda de nosotros tenemos la dicha o la
des\-gracia de ver c\'f3
mo la vida se desmorona poco a poco, sin que nos demos casi cuenta. Para
Juli\'e1n, aquella certeza prendi\'f3 en cuesti\'f3n de segundos. Por un
instante pens\'e9 que echar\'eda a correr escaleras arriba, que huir\'ed
a de aquel lugar maldito y que no volver\'eda a verle jam\'e1s. Quiz\'e1
hu\-biera sido mejor as\'ed.
\par Recuerdo que la llama del mechero se extingui\'f3 len\-tamente y que
perd\'ed su silueta en la oscuridad. Le busqu\'e9 en la sombra. Le
encontr\'e9 temblando, mudo. Apenas pod\'eda sostenerse en pie y se
arrastr\'f3 hasta un rinc\'f3n. Le abrac\'e9
y le bes\'e9 la frente. No se mov\'eda. Palp\'e9 su rostro con los
dedos, pero no hab\'eda l\'e1grimas. Cre\'ed que tal vez,
inconscientemente, lo hab\'eda sabido durante todos aque\-llos a\'f1os,
que quiz\'e1
aquel encuentro era necesario para enfrentarse a la certeza y liberarse.
Hab\'edamos llegado al final del camino. Juli\'e1n comprender\'eda ahora
que ya nada le reten\'eda en Barcelona y que partir\'ed
amos lejos. Quise creer que nuestra suerte iba a cambiar y que
Pen\'e9lope nos hab\'eda perdonado.
\par Busqu\'e9 el mechero en el suelo y lo encend\'ed de nuevo. Juli\'e1n
observaba el vac\'edo, ajeno a la llama azul. Le tom\'e9 el rostro con
las manos y le obligu\'e9 a mirarme. Me encontr\'e9 ojos sin vida,
vac\'edos, consumidos de rabia y de p\'e9r\-
dida. Sent\'ed el veneno del odio esparci\'e9ndose lentamente por sus
venas y pude leer sus pensamientos. Me odiaba por haberle enga\'f1ado.
Odiaba a Miquel por haberle que\-rido obsequiar con una vida que le
pesaba como una he\-
rida abierta. Pero sobre todo odiaba al hombre que hab\'eda causado toda
aquella desgracia, aquel rastro de muerte y miseria: \'e9l mismo. Odiaba
aquellos cochinos libros a los que hab\'eda dedicado su vida y que a
nadie import
aban. Odiaba una existencia entregada al enga\'f1o y a la menti\-ra.
Odiaba cada segundo robado y cada aliento.
\par Me miraba sin pesta\'f1ear, como se mira a un extra\'f1o o a un
objeto desconocido. Yo negaba lentamente, busc\'e1n\-dole las manos. Se
apart\'f3 bruscamente y se incorpor\'f3. Trat\'e9 de asirle el brazo pero
me empuj\'f3
contra el muro. Le vi ascender la escalera en silencio, un hombre a
quien ya no conoc\'eda. Juli\'e1n Carax estaba muerto. Cuando sal\'ed al
jard\'edn del caser\'f3n, ya no hab\'eda rastro de \'e9l. Escal\'e9 el
muro y salt\'e9 al
otro lado. Las calles desoladas sangraban bajo la lluvia. Grit\'e9 su
nombre, caminando por el centro de la avenida desierta. Nadie
respondi\'f3 a mi llamada. Cuando regres\'e9 a casa eran casi las cuatro
de la ma\'f1
ana. El piso estaba anegado de humo y ol\'eda a quemado.
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 Juli\'e1n hab\'eda estado all\'ed. Corr\'ed a
abrir las ventanas. Encontr\'e9 un estuche sobre mi escritorio que
conten\'eda la pluma que le hab\'eda comprado a\'f1
os antes en Par\'eds, la estilogr\'e1fica por la que hab\'eda pagado una
fortuna en virtud de su supuesta pertenencia a Alejandro Dumas o
V\'edctor Hugo. El humo proven\'eda de la caldera de la calefacci\'f3n.
Abr\'ed la compuer\-ta y comprob\'e9 que Juli
\'e1n hab\'eda arrojado al interior todos los ejemplares de sus novelas
que faltaban de la estante\-r\'eda. Apenas se le\'eda el t\'edtulo sobre
los lomos de piel. El res\-to eran cenizas.
\par Horas despu\'e9s, cuando acud\'ed a la editorial a media ma\'f1ana,
Alvaro Cabestany me hizo llamar a su despacho. Su padre apenas pasaba ya
por el despacho y los m\'e9dicos le hab\'edan dicho que ten\'eda los
d\'edas contados, lo mismo que mi
puesto en la empresa. El hijo de Cabestany me anunci\'f3 que aquella
misma ma\'f1ana a primera hora se hab\'eda presentado un caballero
llamado La\'edn Coubert interesado en adquirir todos los ejemplares de
las novelas de Juli\'e1n Carax que tuvi\'e9
semos en existencias. El hijo del editor dijo que ten\'eda un almac\'e9n
lleno de ellas en Pueblo Nuevo, pero que hab\'eda gran demanda de ellas y
por tanto hab\'eda exigido un precio superior al que Coubert ofrec\'eda.
Coubert no hab\'eda picado y se hab
\'eda marchado con viento fresco. Ahora Cabestany hijo quer\'eda que yo
localizase al tal La\'edn Coubert y aceptase su oferta. Le dije a aquel
ne\-cio que La\'edn Coubert no exist\'eda, que era un personaje de una
novela de Carax. Que no ten\'eda inter
\'e9s alguno en comprarle los libros; s\'f3lo quer\'eda saber d\'f3nde
estaban. El se\'f1or Cabestany ten\'eda por costumbre guardar un ejem\-
plar de cada uno de los t\'ed
tulos publicados por la casa en la biblioteca de su despacho, incluso de
las obras de Ju\-li\'e1n Carax. Me col\'e9 en su oficina y me los
llev\'e9.
\par Aquella misma tarde visit\'e9 a mi padre en eh Cemente\-rio de los
libros Olvidados y los ocult\'e9 donde nadie, es\-pecialmente Juli\'e1n,
pudiese encontrarlos. Hab\'eda anoche\-cido ya cuando sal\'ed de all\'ed.
Vagando Ramblas abajo llegu\'e9
hasta la Barceloneta y me adentr\'e9 en la playa, buscando el lugar al
que hab\'eda ido a contemplar el mar con Juli\'e1n. La pira de llamas del
almac\'e9n en Pueblo Nuevo se adivi\-naba a lo lejos, el rastro \'e1mbar
derram\'e1
ndose sobre el mar y las espirales de fuego y humo ascendiendo al cielo
como serpientes de luz. Cuando los bomberos consiguie\-ron extinguir las
llamas poco antes del amanecer, no que\-daba nada, apenas el esqueleto de
ladrillos y metal que sosten\'ed
a la b\'f3veda. All\'ed encontr\'e9 a Llu\'eds Carb\'f3, que hab\'eda
sido el vigilante nocturno durante diez a\'f1os. Contempla\-ba los
escombros humeantes, incr\'e9dulo. Ten\'ed
a las cejas y el vello de los brazos quemados y la piel le brillaba como
bronce h\'famedo. Fue \'e9l quien me cont\'f3 que las llamas hab\'edan
empezado poco despu\'e9s de la medianoche y hab\'ed\-an devorado decenas
de miles de libros hasta que e
l alba se hab\'eda rendido en un r\'edo de ceniza. Llu\'eds sosten\'eda
toda\-v\'eda en las manos un pu\'f1ado de libros que hab\'eda consegui\-
do salvar, colecciones de versos de Verdaguer y dos tomos de
}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
Historia de la Revoluci\'f3n francesa. }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Era
cuanto hab\'eda so\-brevivido. Varios miembros del sindicato hab\'edan
acudido para ayudar a los bomberos. Uno de ellos me cont\'f3 que los
bomberos hab\'ed
an encontrado un cuerpo quemado entre los escombros. Lo hab\'edan tomado
por muerto, pero uno de ellos advirti\'f3 que todav\'eda respiraba y lo
llevaron al hospital del Mar.
\par Lo reconoc\'ed por los ojos. El fuego le hab\'eda devorado la piel,
las manos y el pelo. Las llamas le hab\'edan arranca\-do la ropa a
latigazos y todo su cuerpo era una herida en carne viva que supuraba
entre las vendas. Lo hab\'edan con\-finado a un
a habitaci\'f3n solitaria al fondo de un corredor con vistas a la playa,
cercenado de morfina a la espera de que muriese. Quise sostenerle ha
mano, pero una }{\lang1034 de }{\expnd0\expndtw2\lang1034 las
}{\expnd0\expndtw-2\lang1034 enfermeras me advirti
\'f3 que apenas hab\'eda carne bajo las vendas. El fuego le hab\'eda
segado los p\'e1rpados y su mirada enfrentaba el vac\'edo perpetuo. La
enfermera que me en\-contr\'f3 ca\'edda en el suelo, llorando, me
pregunt\'f3 si sab\'eda qui\'e9
n era. Le dije que s\'ed, que era mi marido. Cuando un cura rapaz
apareci\'f3 para prodigar sus \'faltimas bendicio\-nes, lo ahuyent\'e9 a
alaridos. Tres d\'edas m\'e1s tarde, Juli\'e1n se\-gu\'eda vivo. Los
m\'e9
dicos dijeron que era un milagro, que las ganas de vivir le manten\'edan
vivo con fuerzas que la medicina era incapaz de emular. Se equivocaban.
No eran las ganas de vivir. Era el odio. Una semana m\'e1s tar\-
de, en vista de que aquel cuerpo escarchado de muerte se resist\'eda a
apagarse, fue oficialmente admitido con el nom\-bre de Miquel Moliner.
Habr\'eda de permanecer all\'ed por es\-
pacio de once meses. Siempre en silencio, con la mirada ardiente, sin
descanso.
\par Yo acud\'eda todos los d\'edas al hospital. Pronto las enfer\-meras
empezaron a tutearme y a invitarme a comer con ellas en su sala. Eran
todas mujeres solas, fuertes, que esperaban que sus hombres volviesen del
frente. Algunos lo hac\'edan. Me ense\'f1
aron a limpiar las heridas de Juli\'e1n, a cambiarle los vendajes, a
poner s\'e1banas limpias y a hacer una cama con un cuerpo inerte tendido.
Tambi\'e9n me en\-se\'f1aron a perder la esperanza de volver a ver al
hombre que alg\'fan d\'eda se hab\'ed
a sostenido sobre aquellos huesos. Le quitamos las vendas de la cara al
tercer mes. Juli\'e1n era una calavera. No ten\'eda labios, ni mejillas.
Era un rostro sin rasgos, apenas un mu\'f1eco carbonizado. Las cuencas de
los }{\lang1034 ojos}{\i\lang1034 }
{\expnd0\expndtw-2\lang1034 se hab\'edan agrandado y ahora dominaban su
expresi\'f3n. Las enfermeras no me lo confesaban, pero sent\'edan
repugnancia, casi miedo. Los m\'e9dicos me hab\'edan dicho que una suerte
de piel viol\'e1cea, reptil, se ir\'eda for
\-mando lentamente a medida que sanasen las heridas. Na\-die se
atrev\'eda a comentar su estado mental. Todos daban por descontado que
Juli\'e1n \emdash Miquel\emdash hab\'eda perdido la raz\'f3n en el
incendio, que vegetaba y sobreviv\'ed
a gracias a los cuidados obsesivos de aquella esposa que permanec\'eda
firme donde tantas otras hubiesen huido despavoridas. Yo le miraba a los
}{\lang1034 ojos}{\i\lang1034 }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 y sab\'eda
que Juli\'e1n segu\'eda all\'ed
dentro, vivo, consumi\'e9ndose lentamente. Esperando.
\par Hab\'eda perdido los labios, pero los m\'e9dicos cre\'edan que las
cuerdas vocales no hab\'edan sufrido da\'f1o irreparable y que las
quemaduras en la lengua y la laringe hab\'edan sanado meses atr\'e1s.
Asum\'edan que Juli\'e1n no dec\'eda nada por\-
que su mente se hab\'eda extinguido. Una tarde, seis meses despu\'e9s del
incendio, estando \'e9l y yo a solas en la habita\-ci\'f3n, me inclin\'e9
y le bes\'e9 en la frente.
\par \emdash Te quiero \emdash le dije.
\par Un sonido amargo, ronco, emergi\'f3 de aquella mueca canina a la que
se hab\'eda reducido la boca. Ten\'eda los }{\lang1034 ojos}{\i\lang1034
}{\expnd0\expndtw-2\lang1034 enrojecidos de l\'e1grimas. Quise
sec\'e1rselas con un pa\'f1uelo, pero repiti\'f3
aquel sonido.
\par \emdash D\'e9jame \emdash hab\'eda dicho.
\par \'abD\'e9jame.\'bb
\par La editorial Cabestany hab\'eda quebrado a los dos me\-ses del
incendio del almac\'e9n de Pueblo Nuevo. El viejo Cabestany, que muri\'f3
aquel a\'f1o, hab\'eda pronosticado que su hijo conseguir\'eda arruinar
la empresa en seis meses. Op\-
timista irredento hasta la sepultura. Intent\'e9 encontrar tra\-bajo en
otra editorial, pero la guerra se lo com\'eda todo. Todos me dec\'edan
que la guerra acabar\'eda pronto, y que luego las cosas mejorar\'edan. La
guerra ten\'eda todav\'eda dos a\'f1
os por delante, y lo que vino despu\'e9s fue casi peor. Al cumplirse un
a\'f1o del incendio, los m\'e9dicos me dijeron que cuanto pod\'eda
hacerse en un hospital estaba hecho. La situaci\'f3n era dif\'edcil y
necesitaban la habitaci\'f3n. Me re\-
comendaron ingresar a Juli\'e1n en un sanatorio como el asilo de Santa
Luc\'eda, pero me negu\'e9. En octubre de 1937 }{\lang1034 me lo llev\'e9
a casa. No hab\'eda pronunciado una sola pala\-bra desde aquel
\'abD\'e9jame\'bb.
\par Yo le repet\'eda todos los d\'edas que le quer\'eda. Estaba
instala\-do en una butaca frente a la ventana, cubierto de mantas. Le
alimentaba con zumos, pan tostado y, cuando encontraba, leche. Todos los
d\'edas le le\'ed
a un par de horas. Balzac, Zola, Dickens... Su cuerpo empezaba a
recuperar volumen. Al poco de regresar a casa empez\'f3 a mover las manos
y los brazos. Ladeaba el cuello. A veces, al volver a casa, me en\-
contraba las mantas en el suelo y objetos derribados. Un d\'eda le
encontr\'e9 en el suelo, arrastr\'e1ndose. Un a\'f1o y medio despu\'e9s
del incendio, una noche de tormenta, me desper\-t\'e9 a media noche.
Alguien se hab\'ed
a sentado en mi lecho y me acariciaba el pelo. Le sonre\'ed, ocultando
las l\'e1grimas. Hab\'eda conseguido encontrar uno de mis espejos, aunque
los hab\'eda ocultado todos. Con voz quebrada me dijo que se hab\'ed
a transformado en uno de sus monstruos de ficci\'f3n, en La\'edn Coubert.
Quise besarle, demostrarle que su aspec\-to no me repugnaba, pero no me
dej\'f3. Pronto no me deja\-r\'eda apenas tocarle. Iba recobrando fuerzas
d\'eda a d\'eda. Mero\-
deaba por la casa mientras yo sal\'eda a buscar algo para comer. Los
ahorros que Miquel hab\'eda dejado nos manten\'ed\-an a flote, pero
pronto tuve que empezar a vender joyas y trastos viejos. Cuando no hubo
m\'e1s remedio, cog\'ed la pluma de V\'ed
ctor Hugo que hab\'eda comprado en Par\'eds y sal\'ed a ven\-derla al
mejor postor. Encontr\'e9 una tienda detr\'e1s del Go\-bierno Militar que
admit\'eda g\'e9nero de ese tipo. El encarga\-do no pareci\'f3
impresionado por mi solemne juramento atestiguando que aquella pluma
Hab\'eda pertenecido a V\'edc\-tor Hugo, pero reconoci\'f3 que era una
pieza magistral y se avino a pagarme tanto corno pudo, teniendo en cuenta
que corr\'ed
an tiempos de escasez y miseria.
\par Cuando le dije a Juli\'e1n que la hab\'eda vendido, tem\'ed que
montase en c\'f3lera. Se limit\'f3 a decir que hab\'eda hecho bien, que
nunca la hab\'eda merecido. Un d\'eda, uno de tantos en que yo hab\'eda
salido a buscar trabajo, regres\'e9
y me encontr\'e9 que Juli\'e1n no estaba. No regres\'f3 hasta el alba.
Cuando le pregunt\'e9 que ad\'f3nde hab\'eda ido, se limit\'f3 a va\-ciar
los bolsillos del abrigo (que hab\'eda sido de Miquel) y dejar un pu\'f1
ado de dinero sobre la mesa. A partir de en\-tonces empez\'f3 a salir
casi todas las noches. En la oscuri\-dad, cubierto con un sombrero y
bufanda, con los guan\-tes y la gabardina, era una sombra m\'e1s. Nunca
me dec\'eda ad\'f3nde iba. Casi siempre tra
\'eda dinero o joyas. Dorm\'eda por las ma\'f1anas, sentado erguido en su
butaca, con los ojos abiertos. En una ocasi\'f3n encontr\'e9 una navaja
en sus bolsillos. Era un arma de doble filo, de resorte autom\'e1ti\-co.
La hoja estaba prendida de manch
as oscuras.
\par Fue por entonces cuando empec\'e9 a o\'edr por las calles las
historias acerca de un individuo que romp\'eda los escapa\-rates de las
librer\'edas por la noche y quemaba libros. En otras ocasiones, el
extra\'f1o v\'e1ndalo se colaba en una biblio\-
teca o en la c\'e1mara de un coleccionista. Siempre se llevaba dos o tres
tomos, que quemaba. En febrero de 1938 acud\'ed a una librer\'eda de
viejo para preguntar si era posible encon\-trar alg\'fan libro de
Juli\'e1n Carax en el mercado. El encarga\-
do me dijo que era imposible: alguien los hab\'eda estado ha\-ciendo
desaparecer. El mismo hab\'eda tenido un par y los hab\'eda vendido a un
individuo muy extra\'f1o, que ocultaba su rostro y al que apenas se le
pod\'eda descifrar la voz.
\par \emdash Hasta hace poco quedaban algunas copias en colec\-ciones
privadas, aqu\'ed y en Francia, pero muchos coleccio\-nistas empiezan a
desprenderse de ellas. Tienen miedo \emdash dec\'eda\emdash , y no les
culpo.
\par A veces Juli\'e1n desaparec\'eda durante d\'edas enteros. Pron\-to
sus ausencias fueron de semanas. Se iba y volv\'eda
siem}{\expnd0\expndtw-2\lang1034 pre de noche. Siempre tra\'eda dinero.
Nunca daba explica\-ciones, o si lo hac\'ed
a, se limitaba a dar detalles sin sentido. Me dijo que hab\'eda estado en
Francia. Par\'eds, Lyon, Niza. Ocasionalmente llegaban cartas desde
Francia a nombre de La\'edn Coubert. Siempre eran de libreros de viejo,
co\-leccionistas. Alguien hab\'ed
a localizado una copia perdida de las obras de Juli\'e1n Carax. Entonces
desaparec\'eda varios d\'edas y regresaba como un lobo, apestando a
quemado y a rencor.
\par Fue durante una de aquellas ausencias cuando me en\-contr\'e9 al
sombrerero Fortuny en el claustro de la cate\-dral, vagando como un
iluminado. Todav\'eda me recordaba de la vez que hab\'eda acudido con
Miquel a preguntar por su hijo Juli\'e1n, dos a\'f1
os atr\'e1s. Me condujo a un rinc\'f3n y me dijo confidencialmente que
sab\'eda que Juli\'e1n estaba vivo, en alguna parte, pero que sospechaba
que su hijo no pod\'eda ponerse en contacto con nosotros por alg\'fan
motivo que no acertaba a discernir. \'ab
Algo que ver con ese desalmado de Fumero.\'bb Le dije que yo cre\'eda lo
mismo. Los a\'f1os de la guerra estaban resultando muy pr\'f3speros para
Fumero. Sus alianzas cambiaban de mes a mes, de los anarquistas a
}{\lang1034 los }{
\expnd0\expndtw-2\lang1034 comunistas, y de all\'ed a lo que viniese.
Unos y otros lo acusaban de esp\'eda, de esbirro, de h\'e9roe, de
asesino, de conspirador, de intrigante, de salvador o de demiurgo. Poco
importaba. Todos le tem\'edan. Todos le quer
\'edan de su lado. Quiz\'e1 demasiado ocupado con las in\-trigas de la
Barcelona de la guerra, Fumero parec\'eda haber olvidado a Juli\'e1n.
Probablemente, como el sombrerero, le imaginaba ya fugado y lejos de su
alcance.
\par
\par El se\'f1or Fortuny me pregunt\'f3 si era una vieja amiga de su hijo
y le dije que s\'ed. Me pidi\'f3 que le hablase de Ju\-li\'e1n, del
hombre en que se hab\'eda convertido, porque \'e9l, me confes\'f3
entristecido, no le conoc\'eda. \'abLa vida nos sepa
\-r\'f3, \'bfsabe usted?\'bb Me cont\'f3 que hab\'eda recorrido todas las
librer\'edas de Barcelona en busca de las novelas de Juli\'e1n, pero no
hab\'eda modo de encontrarlas. Alguien le hab\'eda contado que un loco
recorr\'ed
a el mapa en su busca para quemarlas. Fortuny estaba convencido de que el
culpable no era sino Fumero. No le contradije. Ment\'ed como pude, por
piedad o por despecho, no lo s\'e9. Le dije que cre\'eda que Juli\'e1n
hab\'eda regresado a Par\'ed
s, que estaba bien y que me constaba que apreciaba mucho al sombrerero
For\-tuny y que tan pronto las circunstancias lo hiciesen posi\-ble, se
reunir\'eda de nuevo con \'e9l. \'abEs esta guerra \emdash se la\-mentaba
\'e9l\emdash , que lo pudre todo.\'bb
Antes de despedirnos insisti\'f3 en darme su direcci\'f3n y la de su ex
esposa, So\-phie, con quien hab\'eda vuelto a reanudar el contacto tras
largos a\'f1os de \'abmalentendidos\'bb. Sophie viv\'eda ahora en
Bogot\'e1
con un prestigioso doctor, me dijo. Regentaba su propia escuela de
m\'fasica y siempre escrib\'eda preguntando por Juli\'e1n.
\par \emdash Ya es lo \'fanico que, nos une, \'bfsabe usted? El recuer\-
do. Uno comete muchos errores en la vida, se\'f1orita, y s\'f3lo se da
cuenta cuando es viejo. D\'edgame, \'bfusted tiene fe?
\par Me desped\'ed prometi\'e9ndole informarle a \'e9l y a Sophie si
ten\'eda noticias de Juli\'e1n.
\par \emdash A su madre nada la har\'eda m\'e1s feliz que volver a sa\-
ber de \'e9l. Ustedes, las mujeres, escuchan m\'e1s al coraz\'f3n y menos
a la tonter\'eda \emdash concluy\'f3 el sombrerero con triste\-za\emdash
. Por eso viven m\'e1s.
\par Pese a haber o\'eddo tantas historias virulentas acerca de \'e9l, no
pude evitar sentir l\'e1stima por aquel pobre anciano que apenas ten\'eda
m\'e1s que hacer en el mundo que esperar el regreso de su hijo y
parec\'ed
a vivir de las esperanzas de recuperar el tiempo perdido gracias a un
milagro de los }{\expnd0\expndtw2\lang1034 santos a los que visitaba con
tanta devoci\'f3n en las capillas de la catedral. Le hab\'ed
a imaginado como un ogro, un ser vil y rencoroso, pero me pareci\'f3 un
hombre bondadoso, cegado quiz\'e1, perdido como todos. Quiz\'e1 porque me
re\-cordaba a mi propio padre, que se escond\'eda de todos y de s\'ed
mismo en aquel refugio de libros y sombras, quiz\'e1 por\-que, sin \'e9l
sospecharlo, tambi\'e9n nos un\'eda el anhelo por recuperar a Juli\'e1n,
le tom\'e9 cari\'f1o y me convert\'ed en su \'fanica amiga. Sin que
Juli\'e1n lo supiese, le visitaba a menu
\-do en el piso de la ronda de San Antonio. El sombrerero ya no
trabajaba.
\par \emdash No tengo ni las manos ni la vista ni los clientes... \emdash
dec\'eda.
\par Me esperaba casi todos los jueves y me ofrec\'eda caf\'e9, galletas
y dulces que \'e9l apenas probaba. Pasaba las horas habl\'e1ndome de la
infancia de Juli\'e1n, de c\'f3mo trabajaban juntos en la sombrerer\'eda,
mostr\'e1ndome fotograf\'edas. Me conduc
\'eda a la habitaci\'f3n de Juli\'e1n, que manten\'eda inmacu\-lada como
un museo, y me mostraba viejos cuadernos, objetos insignificantes que
\'e9l adoraba como reliquias de una vida que nunca hab\'eda existido, sin
darse cuenta de que ya me los hab\'ed
a ense\'f1ado antes, que todas aquellas historias ya me las hab\'eda
relatado otro d\'eda. Uno de aque\-llos jueves me cruc\'e9 en la escalera
con un m\'e9dico que acababa de visitar al se\'f1or Fortuny. Le
pregunt\'e9 c\'f3mo es\-taba el sombrerero y
\'e9l me mir\'f3 de reojo.
\par \emdash \'bfEs usted familiar suya?
\par Le dije que era lo m\'e1s cercano a eso que el pobre hombre
ten\'eda. El m\'e9dico me dijo entonces que Fortuny estaba muy enfermo,
que era cuesti\'f3n de meses.
\par \emdash \'bfQu\'e9 tiene?
\par \emdash Le podr\'eda decir a usted que es el coraz\'f3n, pero lo que
lo mata es la soledad. Los recuerdos son peores que las balas.
\par Al verme, el sombrerero se alegr\'f3 y me confes\'f3 que aquel
m\'e9dico no le merec\'eda confianza. Los m\'e9dicos son como brujos de
pacotilla, dec\'eda. El sombrerero hab\'eda sido toda su vida hombre de
profundas convicciones religiosas y la vejez s
\'f3lo las hab\'eda acentuado. Me explic\'f3 que ve\'eda la mano del
demonio por todas partes. El demonio, me confes\'f3, ofusca la raz\'f3n y
pierde a los hombres.
\par \emdash Mire usted la guerra, y m\'edreme usted a m\'ed. Porque
ahora me ve viejo y blando, pero yo de joven he sido muy canalla y muy
cobarde.
\par Era el demonio quien se hab\'eda llevado a Juli\'e1n de su lado,
a\'f1adi\'f3.
\par \emdash Dios nos da la vida, pero el casero del mundo es el
demonio...
\par Pas\'e1bamos la tarde entre teolog\'eda y melindros ran\-cios.
\par Alguna vez le dije a Juli\'e1n que si quer\'eda volver a ver a su
padre vivo, m\'e1s le val\'eda darse prisa. Result\'f3 que Juli\'e1n
hab\'eda estado tambi\'e9n visitando a su padre sin que \'e9l lo supiera.
De lejos, al crep\'fa
sculo, sentado al otro extremo de una plaza, vi\'e9ndole envejecer.
Juli\'e1n replic\'f3 que prefe\-r\'eda que el anciano se llevase la
memoria del hijo que ha\-b\'eda fabricado en su mente durante aquellos
a\'f1os y no la realidad en la que se hab\'ed
a convertido.
\par \emdash \'c9sa la guardas para m\'ed \emdash le dije,
arrepinti\'e9ndome al instante.
\par No dijo nada, pero por un instante pareci\'f3 que le vol\-v\'eda la
lucidez y se daba cuenta del infierno en el que nos hab\'edamos
enjaulado. Los pron\'f3sticos del m\'e9dico no tardaron en hacerse
realidad. El se\'f1or Fortuny no lleg\'f3
a ver el fin de la guerra. Le encontraron sentado en su bu\-taca,
mirando las fotograf\'edas viejas de Sophie y de, Juli\'e1n. Acribillado
a recuerdos.
\par Los \'faltimos d\'edas de la guerra fueron el preludio del
}{\expnd0\expndtw4\lang1034 infierno. La ciudad hab\'eda vivido el
combate a distancia, como una herida que late adormecida. Hab\'edan
transcu\-
rrido meses de escarceos y luchas, bombardeos y hambre. El espectro de
asesinatos, luchas y conspiraciones llevaba a\'f1os corroyendo el alma de
la ciudad, pero aun as\'ed, mu\-chos quer\'edan creer que la guerra
segu\'ed
a lejos, que era un temporal que pasar\'eda de largo. Si cabe, la espera
hizo lo inevitable peor. Cuando el dolor despert\'f3, no hubo mise\-
ricordia. Nada alimenta el olvido como una guerra, Da\-
niel. Todos callamos y se esfuerzan en convencernos de lo que hemos
visto, lo que hemos hecho, lo que hemos aprendido de nosotros mismos y de
los dem\'e1s, es una ilu\-si\'f3n, una pesadilla pasajera. Las guerras no
tienen memo\-
ria y nadie se atreve a comprenderlas hasta que ya no quedan voces para
contar lo que pas\'f3, hasta que llega el momento en que no se las
reconoce y regresan, con otra cara y otro nombre, a devorar lo que
dejaron atr\'e1s.
\par Por entonces Juli\'e1n ya casi no ten\'eda libros que que\-mar.
\'c9se era un pasatiempo que ya hab\'eda pasado a manos mayores. La
muerte de su padre, de la que nunca hablar\'eda, le hab\'eda convertido
en un inv\'e1lido en el que ya no ard\'ed
a ni la rabia y el odio que le hab\'edan consumido al principio.
Viv\'edamos de rumores, recluidos. Supimos que Fumero hab\'eda
traicionado a todos aquellos que le hab\'edan encumbrado durante la
guerra y que ahora estaba al ser\-
vicio de los vencedores. Se dec\'eda que \'e9l estaba ajustician\-do
personalmente \emdash vol\'e1ndoles la cabeza de un tiro en la
boca\emdash a sus principales aliados y protectores en los cala\-bozos
del castillo de Montju\'ef
c. La maquinaria del olvido empez\'f3 a martillear el mismo d\'eda en que
se acallaron las armas. En aquellos d\'edas aprend\'ed que nada da m\'e1s
miedo que un h\'e9roe que vive para contarlo, para contar lo que todos
los que cayeron a su lado no podr
\'e1n contar jam\'e1s. Las semanas que siguieron a la ca\'edda de
Barcelona fueron indescriptibles. Se derram\'f3 tanta o m\'e1s sangre
durante aquellos d\'edas que durante los combates, s\'f3lo que en se\-
creto y a hurtadillas. Cuando finalmente lleg\'f3
la paz, ol\'eda a esa paz que embruja las prisiones y los cementerios,
una mortaja de silencio y verg\'fcenza que se pudre sobre el alma y nunca
se va. No hab\'eda manos inocentes ni miradas blancas. Los que estuvimos
all\'ed, todos sin excepci\'f3
n, nos llevaremos el secreto hasta la muerte.
\par La calma se restablec\'eda entre recelos y odios, pero Ju\-li\'e1n y
yo viv\'edamos en la miseria. Hab\'edamos gastado todos los ahorros y los
botines de las andanzas nocturnas de La\'ed
n Coubert, y no quedaba en la casa nada para vender. Yo buscaba
desesperadamente trabajo como traductora, mecan\'f3grafa o como fregona,
pero al parecer mi pasada afiliaci\'f3n con Cabestany me hab\'eda marcado
como inde\-seable y foco de sospec
has indecibles. Un funcionario de traje reluciente, brillantina y bigote
a l\'e1piz, uno de los centenares que parec\'edan estar saliendo de
debajo de las piedras durante aquellos meses, me insinu\'f3 que una mu\-
chacha atractiva como yo no ten\'ed
a por qu\'e9 recurrir a em\-pleos tan mundanos. Los vecinos, que
aceptaban de bue\-na fe mi historia de que viv\'eda cuidando a mi pobre
esposo Miquel que hab\'eda quedado inv\'e1lido y desfigurado en la
guerra, nos ofrec\'ed
an limosnas de leche, queso o pan, in\-cluso a veces pesca salada o
embutidos que enviaban los familiares del pueblo. Tras meses de penuria,
convencida de que pasar\'eda mucho tiempo antes de que pudiese en\-
contrar un empleo, decid\'ed
urdir una estratagema que tom\'e9 prestada de una de las novelas de
Juli\'e1n.
\par Escrib\'ed a la madre de Juli\'e1n a Bogot\'e1 en nombre de un
supuesto abogado de nuevo cu\'f1o con el que el difunto se\'f1or Fortuny
hab\'eda consultado en sus \'faltimos d\'edas para poner sus asuntos en
orden. Le informaba de que, habien\-
do fallecido el sombrerero sin testar, su patrimonio, en el que se
inclu\'eda el piso de la ronda de San Antonio y la tien\-da sita en el
mismo inmueble, era ahora propiedad te\'f3ri\-ca de su hijo Juli\'e1n,
que se supon\'ed
a viviendo en el exilio en Francia. Puesto que los derechos de
sucesi\'f3n no hab\'ed\-an sido satisfechos, y encontr\'e1ndose ella en
el extranjero, el abogado, a quien bautic\'e9 como Jos\'e9 Mar\'eda
Requejo en recuerdo al primer muchacho que me hab
\'eda besado en la boca, le ped\'eda autorizaci\'f3n para iniciar los
tr\'e1mites perti\-nentes y solucionar el traspaso de propiedades a
nombre de su hijo Juli\'e1n, con quien pensaba contactar v\'eda la
embajada espa\'f1ola en Par\'ed
s asumiendo la titularidad de las mismas con car\'e1cter temporal y
transitorio, as\'ed como cier\-ta compensaci\'f3n econ\'f3mica.
Igualmente le solicitaba que se pusiera en contacto con el administrador
de la finca para que remitiese la documentaci\'f3
n y los pagos sufragan\-do los gastos de la propiedad al despacho del
abogado Re\-quejo, a cuyo nombre abr\'ed un apartado de correos y asig\-
n\'e9 una direcci\'f3n ficticia, un viejo garaje desocupado a dos calles
del caser\'f3
n en ruinas de los Aldaya. Mi esperanza era que, cegada por la
posibilidad de ayudar a Juli\'e1n y de volver a establecer el contacto
con \'e9l, Sophie no se detendr\'eda a cuestionar todo aquel
galimat\'edas legal y consentir\'eda en ayudarnos dada su pr
\'f3spera situaci\'f3n en la lejana Ve\-nezuela.
\par Un par de meses m\'e1s tarde, el administrador de la fin\-ca
empez\'f3 a recibir un giro mensual cubriendo los gastos del piso de la
Ronda de San Antonio y los emolumentos destinados al bufete de abogados
de Jos\'e9 Mar\'eda Requejo, que proced\'ed
a a enviar en forma de cheque al portador al apartado 2321 de Barcelona,
tal y como le indicaba So\-phie Carax en su correspondencia. El
administrador, advert\'ed, se quedaba un porcentaje no autorizado todos
los meses, pero prefer\'ed no decir nada. As
\'ed quedaba \'e9l conten\-to y no hac\'eda preguntas ante tan f\'e1cil
negocio. Con el res\-to, Juli\'e1n y yo ten\'edamos para sobrevivir.
As\'ed pasaron a\'f1os terribles, sin esperanza. Lentamente hab\'eda
conseguido al\-
gunos trabajos como traductora. Ya nadie recordaba a Ca\-bestany y se
practicaba una pol\'edtica de perd\'f3n, de olvidar aprisa y corriendo
viejas rivalidades y rencores. Yo viv\'ed
a con la perpetua amenaza de que Fumero decidiese volver a hurgar en el
pasado y reiniciar la persecuci\'f3n de Juli\'e1n. A veces me
convenc\'eda de que no, de que le habr\'eda dado por muerto ya, o le
habr\'eda olvidado. Fumero ya no era el mat\'f3
n de a\'f1os atr\'e1s. Ahora era un personaje p\'fablico, un hombre de
carrera en el R\'e9gimen, que no pod\'eda permi\-tirse el lujo del
fantasma de Juli\'e1n Carax. Otras veces me despertaba a media noche, con
el coraz\'f3
n palpitando y empapada de sudor, creyendo que la polic\'eda estaba gol\-
peando en la puerta. Tem\'eda que alguno de los vecinos sospechase de
aquel marido enfermo, que nunca sa\-l\'eda de casa, que a veces lloraba o
golpeaba las pare\-
des como un loco, y que nos denunciase a la polic\'eda. Tem\'eda que
Juli\'e1n se escapase de nuevo, que decidiera sa\-lir a la caza de sus
libros para quemarlos, para quemar lo poco que quedaba de s\'ed mismo y
borrar definitivamente cualquier se\'f1
al de que jam\'e1s hubiera existido. De tanto temer, me olvid\'e9 de que
me hac\'eda mayor, de que la vida me pasaba de largo, que hab\'eda
sacrificado mi juventud amando a un hombre destruido, sin alma, apenas un
espectro.
\par Pero los a\'f1os pasaron en paz. El tiempo pasa m\'e1s aprisa cuanto
m\'e1s vac\'edo est\'e1. Las vidas sin significado pa\-san de largo como
trenes que no paran en tu estaci\'f3
n. Mientras tanto, las cicatrices de la guerra se cerraban a la fuerza.
Encontr\'e9 trabajo en un par de editoriales. Pasaba la mayor parte del
d\'eda fu
era de casa. Tuve amantes sin nombre, rostros desesperados que me
encontraba en un cine o en el metro, con los que intercambiaba mi
soledad. Luego, absurdamente, la culpa se me com\'eda y al ver a Juli\'e1
n me entraban ganas de llorar y me juraba que nunca m\'e1s volver\'eda a
traicionarle, como si le debiera algo. En los autobuses o en la calle me
sorprend\'eda mirando a otras mujeres m\'e1s j\'f3venes que yo con
ni\'f1os de la mano. Parec\'ed
an felices, o en paz, como si aquellos peque\'f1os seres, en su
insuficiencia, llenasen todos los vac\'edos sin res\-puesta. Entonces me
acordaba de d\'edas en los que, fanta\-seando, hab\'eda llegado a
imaginarme como una de aque\-
llas mujeres, con un hijo en los brazos, un hijo de Juli\'e1n. Luego me
acordaba de la guerra y de que quienes la hac\'ed\-an tambi\'e9n
hab\'edan sido ni\'f1os.
\par Cuando empezaba a creer que el mundo nos hab\'eda ol\-vidado, un
individuo se present\'f3 un d\'eda en casa. Era un tipo joven, casi
imberbe, un aprendiz que se sonrojaba cuando me miraba a los ojos.
Ven\'eda a preguntar por el se\'f1
or Miquel Moliner, supuestamente siguiendo una ruti\-naria
actualizaci\'f3n de un archivo del colegio de periodis\-tas. Me dijo que
quiz\'e1 el se\'f1or Moliner pod\'eda ser benefi\-ciario de una pensi\'f3
n mensual, pero que para tramitarla era necesario actualizar una serie de
datos. Le dije que el se\'f1or Moliner no viv\'eda all\'ed desde
principios de la guerra, que hab\'eda partido hacia el extranjero. Me
dijo que lo sen\-t\'eda mucho y parti\'f3
con su sonrisa aceitosa y su acn\'e9 de aprendiz de chivato. Supe que
ten\'eda que hacer desapare\-cer a Juli\'e1n de casa aquella misma noche,
sin falta. Por entonces Juli\'e1n se hab\'eda reducido a casi nada. Era
d\'f3cil como un ni\'f1
o y toda su vida parec\'eda depender de los ra\-tos que pas\'e1bamos
juntos algunas noches escuchando m\'fasica en la radio, mientras yo le
dejaba cogerme la mano y \'e9l me la acariciaba en silencio.
\par Aquella misma noche, empleando las llaves del piso de la Ronda de
San Antonio que el administrador de la finca hab\'eda remitido al
inexistente abogado Requejo, acompa\'f1\'e9 a Juli\'e1n de regreso a la
casa en la que ha\-b\'eda crecido. Le instal\'e9
en su habitaci\'f3n y le promet\'ed que volver\'eda al d\'eda siguiente
y que deb\'edamos tener mucho cui\-dado.
\par \emdash Fumero te busca otra vez \emdash le dije.
\par Asinti\'f3 vagamente, como si no recordase, o no le im\-portase ya
qui\'e9n era Fumero. As\'ed pasamos varias semanas. Yo acud\'eda por las
noches al piso, pasada la medianoche. Le preguntaba a Juli\'e1n qu\'e9
hab\'eda hecho durante el d\'eda y \'e9
l me miraba sin comprender. Pas\'e1bamos la noche jun\-tos, abrazados, y
yo part\'eda al amanecer, prometi\'e9ndole volver tan pronto pudiese. Al
irme, dejaba el piso cerra\-do con llave. Juli\'e1n no ten\'eda copia.
Prefer\'eda tenerle preso que muerto.
\par Nadie volvi\'f3 a pasar por casa para preguntarme acer\-ca de mi
marido, pero yo me encargu\'e9 de dar voces por el barrio de que mi
esposo estaba en Francia. Escrib\'ed un par de cartas al consulado
espa\'f1ol en Par\'ed
s diciendo que me constaba que el ciudadano espa\'f1ol Juli\'e1n Carax
esta\-ba en la ciudad y solicitando su ayuda para localizarle. Su\-puse
que, tarde o temprano, las cartas llegar\'edan a las ma\-nos adecuadas.
Tom\'e9 todas las precauciones, pero sab
\'eda que todo era cuesti\'f3n de tiempo. La gente como Fumero nunca deja
de odiar. No hay sentido ni raz\'f3n en su odio. Odian como respiran.
\par El piso de la ronda de San Antonio era un \'e1tico. Des\-cubr\'ed
que hab\'eda una puerta de acceso al terrado que daba a la escalera. Los
terrados de toda la manzana formaban una red de patios adosados separados
por muros de ape\-
nas un metro donde los vecinos acud\'edan a tender la cola\-da. No
tard\'e9 en encontrar un edificio al otro lado de la manzana, con fachada
en la calle Joaqu\'edn Costa, desde el que pod\'eda acceder al terrado y,
una vez all\'ed
, saltar el muro y llegar al edificio de la Ronda de San Antonio sin que
}{\expnd2\expndtw10\lang1034 nadie pudiera verme entrar o salir de la
finca. En una ocasi\'f3n recib\'ed una carta del administrador
dici\'e9ndome que algunos vecinos hab\'ed
an notado ruidos en el piso de los Fortuny. Contest\'e9 en nombre del
abogado Requejo alegando que en ocasiones alg\'fan miembro del despacho
hab\'eda tenido que acudir a buscar papeles o documentos al piso y que no
hab\'eda motivo de ala
rma, aunque los rui\-dos fuesen nocturnos. A\'f1ad\'ed un cierto giro
para dar a entender que, entre caballeros, contables y abogados, un
picadero secreto era m\'e1s sagrado que el Domingo de Ra\-
mos. El administrador, mostrando solidaridad gremial, contest\'f3 que no
me preocupase lo m\'e1s m\'ednimo, que se hac\'eda cargo de la
situaci\'f3n.
\par En aquellos a\'f1os, desempe\'f1ar el papel del abogado Requejo fue
mi \'fanica diversi\'f3n. Una vez al mes acud\'eda a visitar a mi padre
en el Cementerio de los Libros Olvidados. Nunca mostr\'f3 inter\'e9s en c
onocer a aquel marido invisible y yo nunca me ofrec\'ed a
present\'e1rselo. Rode\'e1ba\-mos el tema en nuestra conversaci\'f3n como
navegantes expertos que sortean un escollo a ras de superficie, es\-
quivando la mirada. A veces se me quedaba mirando en silencio y me
preguntaba si necesitaba ayuda, si ha\-b\'eda algo que \'e9l pudiera
hacer. Algunos s\'e1bados, al amane\-cer, acompa\'f1aba a Juli\'e1n a ver
el mar. Sub\'edamos al terra\-do y cruz\'e1
bamos hasta el edificio contiguo para salir a la calle Joaqu\'edn Costa.
De all\'ed descend\'edamos hasta el puer\-to a trav\'e9s de callejuelas
del Raval. Nadie nos sal\'eda al paso. Tem\'edan a Juli\'e1n, incluso de
lejos. A veces lleg\'e1ba\-
mos hasta el rompeolas. A Juli\'e1n le gustaba sentarse en las rocas,
mirando hacia la ciudad. Pas\'e1bamos horas as\'ed, casi sin intercambiar
una palabra. Alguna tarde nos col\'e1\-bamos en un cine, cuando ya
hab\'eda empezado la sesi\'f3
n. En la oscuridad nadie reparaba en Juli\'e1n. Viv\'edamos de noche y en
silencio. A medida que pasaban los meses aprend\'ed a confundir la rutina
con la normalidad, v con el tiempo llegu\'e9 a creer que mi plan hab\'eda
sido perfecto. Pobre imb\'e9cil.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {12
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd2\expndtw10\lang1034
\par 1945, un a\'f1o de cenizas. S\'f3lo hab\'edan pasado seis a\'f1os
desde el fin de la guerra y aunque sus cicatrices se sent\'edan a cada
paso, casi nadie hablaba de ella abiertamente. Aho\-ra se hablaba de la
otra guerra, la mundial, que hab\'ed
a apestado el mundo con un hedor a carro\'f1a y bajeza del que jam\'e1s
volver\'eda a desprenderse. Eran a\'f1os de escasez y miseria,
extra\'f1amente bendecidos por esa paz que inspi\-ran los mudos y los
tullidos, a medio camino entre la l\'e1sti\-
ma y el repel\'fas. Tras a\'f1os de buscar en vano trabajo como
traductora, encontr\'e9 finalmente un empleo como correc\-tora de pruebas
en una editorial fundada por un empre\-sario de nuevo cu\'f1o llamado
Pedro Sanmart\'ed. El empresa\-rio hab\'ed
a edificado el negocio invirtiendo la fortuna de su suegro, a quien luego
hab\'eda instalado en un asilo frente al lago de Ba\'f1olas a la espera
de recibir por correo su cer\-tificado de defunci\'f3n. Sanmart\'ed
, que gustaba de cortejar mozuelas a las que doblaba la edad, se hab\'eda
beatificado por el lema tan en boga por entonces del hombre hecho a s\'ed
mismo. Chapurreaba un ingl\'e9s con acento de Vilano\-va i la Geltr\'fa
, convencido de que era el idioma del futuro y remataba sus frases con la
coletilla del \'abOkey\'bb.
\par La editorial (a la que Sanmart\'ed hab\'eda bautizado con el
peregrino nombre de \'abEndymi\'f3n\'bb porque le sonaba a ca\-tedralicio
y propicio para hacer caja) publicaba catecismos, manuales de buenas
maneras v una colecci\'f3n de se}{
\expnd0\expndtw4\lang1034 riales novelados de lectura edificante
protagonizados por monjitas de comedia ligera, personal heroico de la
Cruz Roja y funcionarios felices y de alta fibra apost\'f3lica.
Edit\'e1\-bamos tambi\'e9
n una serie de historietas de soldados americanos titulada \'abComando
Valor\'bb, que arrasaba entre la juventud deseosa de h\'e9roes con
aspecto de comer carne siete d\'edas a la semana. Yo hab\'ed
a hecho en la empresa una buena amiga en la secretaria de Sanmart\'ed,
una viuda de guerra llamada Mercedes Pietro con la que pronto sent\'ed
una afinidad completa y con la que pod\'eda entenderme con apenas una
mirada o una sonrisa. Mercedes y yo te\-n
\'edamos mucho en com\'fan: \'e9ramos dos mujeres a la deri\-va, rodeadas
de hombres que estaban muertos o se hab\'ed\-an escondido del mundo.
Mercedes ten\'eda un hijo de siete a\'f1os enfermo de distrofia muscular
al que sacaba adelan\-te como pod\'ed
a. Ten\'eda apenas treinta y dos a\'f1os, pero se le le\'eda la vida en
los surcos de la piel. Durante todos aque\-llos a\'f1os, Mercedes fue la
\'fanica persona a la que me sent\'ed tentada de cont\'e1rselo todo, de
abrirle mi vida.
\par Fue ella quien me cont\'f3 que Sanmart\'ed era un gran amigo del
cada d\'eda m\'e1s condecorado inspector jefe Fran\-cisco Javier Fumero.
Ambos formaban parte de una camarilla de individuos surgidos de entre las
cenizas de la guerra que se extend\'ed
a como tela de ara\'f1a por la ciudad, inexorable. La nueva sociedad. Un
buen d\'eda Fumero se present\'f3 en la editorial. Acud\'eda a visitar a
su amigo Sanmart\'ed, con quien hab\'eda quedado para ir a comer. Yo, con
alguna excusa, me escond\'ed
en el cuarto del archivo hasta que ambos partieron. Cuando volv\'ed a mi
mesa, Mercedes me lanz\'f3 una mirada que lo dec\'eda todo. Desde
entonces, cada vez que Fumero se presentaba por las oficinas de la
editorial, ella me avisaba para que me ocultase.
\par No pasaba un d\'eda en que Sanmart\'ed no intentase sacar\-me a
cenar, invitarme al teatro }{\lang1034 o}{\i\lang1034
}{\expnd0\expndtw4\lang1034 al cine con cualquier ex\-cusa. Yo siempre
respond\'eda que me esperaba mi marido en casa y que su se\'f1
ora deb\'eda de estar preocupada, que se hac\'eda tarde. La se\'f1ora
Sanmart\'ed, que ejerc\'eda de mueble o fardo mudable, cotizando muy por
debajo del obligatorio Bugatti en la escala de afectos de su esposo,
parec\'eda ha\-
ber perdido ya su papel en el sainete de aquel matrimo\-nio una vez la
fortuna del suegro hab\'eda pasado a manos de Sanmart\'ed. Mercedes ya me
hab\'eda advertido de qu\'e9 iba el percal. Sanmart\'ed, dotado de una
capacidad de concen\-traci\'f3
n limitada en el espacio y en el tiempo, apetec\'eda carne fresca y poco
vista, concentrando sus bagatelas don\-juanescas en la reci\'e9n llegada,
que en este caso era yo. Sanmart\'ed recurr\'eda a todos los resortes
para iniciar una conversaci\'f3n
conmigo.
\par }{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 \emdash Me cuentan que tu marido, ese
tal Moliner, es escritor... A lo mejor le interesar\'eda escribir un
libro sobre mi amigo Fumero, para el que ya tengo t\'edtulo:
}{\expnd0\expndtw4\lang1034
Fumero, azote del crimen o la ley de la calle.
}{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 \'bfQu\'e9 me dices, Nurieta?
\par \emdash Se lo agradezco much\'edsimo, se\'f1or Sanmart\'ed, pero es
que Miquel est\'e1 enfrascado en una novela y no creo que pueda en este
momento...
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Sanmart\'ed re\'eda a carcajadas.
\par }{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 \emdash
\'bf}{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 Una novela? Por Dios, Nurieta... Si la
novela est\'e1 muer\-ta y enterrada. Me lo contaba el otro d\'eda un
amigo que acaba de llegar de Nueva York. Los americanos est\'e1
n inventando una cosa que se llama televisi\'f3n y que ser\'e1 como el
cine, pero en casa. Ya no har\'e1n falta ni libros, ni misa, ni nada de
nada. Dile a tu marido que se deje de novelas. Si al menos tuviese
nombre, fuera futbolista o torero... Mira,
\'bfqu\'e9 me dices si cogemos el Bugatti y nos vamos a comer una paella
a Castelldefels para discutir todo esto? Mujer, es que tienes que poner
algo de tu voluntad... Ya sa\-bes que a m\'ed me gustar\'eda ayudarte. Y
a tu maridito tambi\'e9
n. Ya sabes que en este pa\'eds, sin padrinos, no hay nada que hacer.
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Empec\'e9 a vestirme como una viuda de
Corpus o una de esas mujeres que parecen confundir la luz del sol con el
pecado mortal. Acud\'eda a trabajar con el pelo recogido en un mo\'f1o y
sin maquillar. Pese a mis ardides, Sanmart
\'ed segu\'eda espolvore\'e1ndome con sus insinuaciones, siempre
prendidas de esa sonrisa aceitosa y gangrenada de despre\-cio que
caracteriza a los eunucos prepotentes que pen\-den como morcillas
tumefactas de los altos escalafones
de toda empresa. Tuve dos o tres entrevistas con perspectivas a otros
empleos, pero tarde o temprano acababa por en\-contrarme otra versi\'f3n
de Sanmart\'ed. Crec\'edan como plaga de hongos que anidan en el
esti\'e9rcol con que se siem\-
bran las empresas. Uno de ellos se tom\'f3 la molestia de llamar a
Sanmart\'ed y decirle que Nuria Monfort andaba buscando empleo a sus
espaldas. Sanmart\'ed me convoc\'f3
a su despacho, herido de ingratitud. Me puso la mano en la mejilla e
hizo un amago de caricia. Le ol\'edan los dedos a tabaco y a sudor. Me
qued\'e9 l\'edvida.
\par }{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 \emdash Mujer, si no est\'e1s
contenta, s\'f3lo tienes que dec\'edrmelo. \'bfQu\'e9 puedo hacer para
mejorar tus condiciones de trabajo? Ya sabes lo que te aprecio y me duele
saber por terceros que nos quieres dejar. \'bfQu
\'e9 tal si nos vamos a cenar t\'fa y yo por ah\'ed y hacemos las paces ?
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Retir\'e9 su mano de mi rostro, sin
poder ocultar m\'e1s la repugnancia que me produc\'eda.
\par }{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 \emdash Me decepcionas, Nuria. Tengo
que confesarte que no veo en ti esp\'edritu de equipo ni }{\i\lang1034
fe}{\lang1034 }{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 en el proyecto de esta
empresa.
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Mercedes ya me hab\'eda advertido que,
tarde o tempra\-no, algo as\'ed iba a suceder. D\'edas despu\'e9s,
Sanmart\'ed, que compet\'eda en gram\'e1tica con un orangut\'e1n,
empez\'f3 a de\-
volver todos los manuscritos que yo correg\'eda alegando que estaban
plagados de errores. Casi todos los d\'edas me quedaba en el despacho
hasta las diez o las once de la no\-che, rehaciendo una y otra vez
p\'e1ginas y p\'e1
ginas con las tachaduras y comentarios de Sanmart\'ed.
\par }{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 \emdash Demasiados verbos en pasado.
Suena muerto, sin nervio... El infinitivo no se usa despu\'e9s de punto y
coma. Eso lo sabe todo el mundo...
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Algunas noches, Sanmart\'ed se quedaba
tambi\'e9n hasta tarde, encerrado en su despacho. Mercedes intentaba
estar all\'ed, pero en m\'e1s de una ocasi\'f3n Sanmart\'ed la enviaba a
casa. Entonces, cuando nos qued\'e1
bamos solos en la edito\-rial, Sanmart\'ed sal\'eda de su despacho y se
acercaba a mi mesa.
\par }{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 \emdash Trabajas mucho, Nurieta. No
todo es el trabajo. Tambi\'e9n hay que divertirse. Y t\'fa a\'fan eres
joven. Aunque la juventud pasa y no siempre sabemos sacarle partido.
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Se sentaba en el borde de mi mesa y me
miraba fija\-mente. A veces se colocaba a mi espalda y se quedaba all\'ed
durante un par de minutos y pod\'eda sentir su aliento f\'e9
tido en el pelo. Otras veces me posaba las manos sobre los hombros.
\par }{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 \emdash Est\'e1s tensa, mujer.
Rel\'e1jate.
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Yo temblaba, quer\'eda gritar o echar a
correr y no volver a aquella oficina, pero necesitaba el empleo y el
m\'edsero sueldo que me proporcionaba. Una noche, Sanmart\'ed empez\'f3
con su rutina del masaje y empez\'f3
a manosearme con avidez.
\par }{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 \emdash Un d\'eda me vas a hacer
perder la cabeza }{\expnd0\expndtw4\lang1034 \emdash gem\'eda.
\par Me escap\'e9 de sus zarpas de un brinco y corr\'ed hasta la salida,
arrastrando el abrigo y el bolso. Sanmart\'ed se re\'eda a mi espalda. En
la escalera me tropec\'e9 con una figura oscura que parec\'eda deslizarse
por el vest\'edbulo sin rozar el suelo.
\par }{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 \emdash Dichosos los ojos, se\'f1ora
Moliner..
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 El inspector Fumero me ofreci\'f3 su
sonrisa de reptil.
\par }{\i\expnd1\expndtw8\lang1034 \emdash No me diga que trabaja usted
para mi buen amigo San\-mart\'ed. \'c9l, como yo, es el mejor en lo suyo.
\'bfY d\'edgame, qu\'e9 tal est\'e1 su marido?
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Supe que ten\'eda los d\'edas contados.
Al d\'eda siguiente co}{\expnd0\expndtw-2\lang1034 rri\'f3 el rumor en la
oficina de que Nuria Monfort era una \'abtortillera\'bb, puesto que se
manten\'eda inmune a los encan\-
tos y al aliento de ajos tiernos de don Pedro Sanmart\'ed, y que se
entend\'eda con Mercedes Pietro. M\'e1s de un joven de porvenir en la
empresa aseguraba haber visto a ese \'abpar de guarras\'bb besuque\'e1
ndose en el archivo en contadas ocasiones. Aquella tarde, al salir,
Mercedes me pidi\'f3 si pod\'edamos hablar un momento. Apenas
consegu\'eda mirar\-me a los ojos. Acudimos al caf\'e9 de la esquina sin
cruzar palabra. All\'ed Mercedes me dijo que Sanmart
\'ed le hab\'eda di\-cho que no ve\'eda con buenos
}{\expnd0\expndtw2\lang1034 ojos}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
}{\expnd0\expndtw-2\lang1034 nuestra amistad, que la polic\'eda le
hab\'eda dado informes sobre m\'ed, sobre mi supues\-
to pasado de activista comunista.
\par }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash Nuria, yo no puedo perder este
empleo. Lo necesito para sacar adelante a mi hijo...
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 Se derrumb\'f3 entre l\'e1grimas, ajada
por la verg\'fcenza y la humillaci\'f3n, envejeciendo a cada segundo.
\par }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash No te preocupes, Mercedes. Lo
entiendo }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 \emdash dije.
\par }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash Ese hombre, Fumero, va a por
ti, Nuria. No s\'e9 qu\'e9 tiene contra ti, pero se le ve en la cara...
\par \emdash Ya lo s\'e9.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par Al lunes siguiente, cuando llegu\'e9 al despacho, me en\-contr\'e9 a
un individuo enjuto y engominado ocupando mi escritorio. Se present\'f3
como Salvador Benades, el nuevo corrector.
\par \emdash \'bf}{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 Y usted qui\'e9n es?
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 Ni una sola persona en toda la oficina
se atrevi\'f3 a cruzar la mirada o la palabra conmigo mientras recog\'eda
mis cosas. Al bajar por la escalera, Mercedes corri\'f3 tras de m\'ed y
me entreg\'f3 un sobre que conten\'ed
a un fajo de billetes y monedas.
\par }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash Casi todos han contribuido con
lo que han podido. C\'f3gelo, por, favor. No por ti, por nosotros.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 Aquella noche acud\'ed al piso de la
Ronda de San Anto\-nio. Juli\'e1n me esperaba como siempre, sentado en la
os\-curidad. Hab\'eda escrito un poema para m\'ed, dijo. Era lo primero
que escrib\'eda en nueve a\'f1
os. Quise leerlo, pero me romp\'ed en sus brazos. Se lo cont\'e9 todo,
porque ya no po\-d\'eda m\'e1s. Porque tem\'eda que Fumero, tarde o
temprano, le encontrar\'eda. Juli\'e1n me escuch\'f3 en silencio,
sosteni\'e9ndo\-me en sus brazos y acarici\'e1
ndome el pelo. Era la primera vez en a\'f1os que sent\'eda que, por una
vez, me pod\'eda apoyar en \'e9l. Quise besarle, enferma de soledad, pero
Juli\'e1n no ten\'eda labios ni piel que entregarme. Me dorm\'ed en sus
bra\-
zos, acurrucada en el lecho de su habitaci\'f3n, un camastro de muchacho.
Cuando despert\'e9, Juli\'e1n no estaba all\'ed. Es\-cuch\'e9 sus pasos
en el terrado al alba y fing\'ed estar todav\'eda dormida. M\'e1s tarde,
aquella ma\'f1ana, o\'ed
la noticia por la radio sin caer en la cuenta. Un cuerpo hab\'eda sido
hallado en un banco en el paseo del Borne, contemplando la ba\-s\'edlica
de Santa Mar\'eda del Mar sentado con las manos cru\-zadas sobre el
regazo. Una bandada de palomas que le pi\-
coteaban los }{\expnd0\expndtw2\lang1034
ojos}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 llam\'f3
la atenci\'f3n de un vecino, que alert\'f3 a la polic\'eda. El cad\'e1ver
ten\'eda el cuello roto. La se\'f1o\-ra Sanmart\'ed lo identific
\'f3 como el de su esposo, Pedro Sanmart\'ed Monegal. Cuando el suegro
del difunto recibi\'f3 la noticia en su asilo de Ba\'f1olas, dio gracias
al cielo y se dijo que ahora ya pod\'eda morir en paz.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {13
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par Juli\'e1n escribi\'f3 una vez que las casualidades son las cica\-
trices del destino. No hay casualidades, Daniel. Somos t\'edte\-res de
nuestra inconsciencia. Durante a\'f1os hab\'eda querido creer que
Juli\'e1n segu\'eda siendo el hombre de quien me ha\-
b\'eda enamorado, o sus cenizas. Hab\'eda querido creer que saldr\'edamos
adelante con soplos de miseria y de esperanza. Hab\'eda querido creer que
La\'edn Coubert hab\'eda muerto y hab\'eda regresado a las p\'e1ginas de
un libro. Las personas esta\-
mos dispuestas a creer cualquier cosa antes que la verdad.
\par El asesinato de Sanmart\'ed me abri\'f3 los ojos. Compren\-d\'ed que
La\'edn Coubert segu\'eda vivo y coleando. M\'e1s que nunca. Se hospedaba
en el cuerpo ajado por las llamas de aquel hombre del que no quedaba ni
la voz y se alimenta\-
ba de su memoria. Descubr\'ed que hab\'eda encontrado el modo de entrar y
salir del piso de la Ronda de San Anto\-nio a trav\'e9s de una ventana
que daba al tragaluz central sin necesidad de forzar la puerta que yo
cerraba cada vez que me iba de all\'ed
. Descubr\'ed que La\'edn Coubert, disfraza\-do de Juli\'e1n, hab\'eda
estado recorriendo la ciudad, visitan\-do el caser\'f3n de los Aldaya.
Descubr\'ed que en su locura hab\'eda regresado a aquella cripta y
hab\'eda quebrado las l\'e1\-pidas, que hab
\'eda extra\'eddo los sarc\'f3fagos de Pen\'e9lope y de su hijo.
\'ab\'bfQu\'e9 has hecho, Juli\'e1n?\'bb
\par La polic\'eda me esperaba en casa para interrogarme so\-bre la
muerte del editor Sanmart\'ed. Me condujeron a jefa\-tura, donde
despu\'e9s de cinco horas de espera en un despacho a oscuras, se
present\'f3 Fumero vestido de negro y me ofreci\'f3
un cigarrillo.
\par }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash Usted y yo podr\'edamos ser
buenos amigos, se\'f1ora Moliner. Me dicen mis hombres que su esposo no
est\'e1 en casa.
\par \emdash Mi marido me ha dejado. No s\'e9 donde est\'e1.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 Me derrib\'f3 de la silla de una
bofetada brutal. Me arrastr\'e9 hasta un rinc\'f3n, presa de p\'e1nico.
No me atrev\'ed a alzar la vista. Fumero se arrodill\'f3 a mi lado y me
aferr\'f3 del pelo.
\par }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash Ent\'e9rate bien, furcia de
mierda: le voy a encontrar, y cuan\-do lo haga, os matar\'e9 a los dos. A
ti primero, para que el te vea con las tripas colgando. Y luego a \'e9l,
una vez le haya con\-
tado que la otra ramera a la que envi\'f3 a la tumba era su her\-mana.
\par \emdash Antes te matar\'e1 \'e9l a ti, hijo de puta.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034 Fumero me escupi\'f3 en la cara y me
solt\'f3. Cre\'ed enton\-ces que me iba a destrozar de una paliza, pero
escuch\'e9 sus pasos alej\'e1ndose por el pasillo. Temblando, me
incorpor\'e9 y me limpi\'e9
la sangre de la cara. Pod\'eda oler la mano de aquel hombre en la piel,
pero esta vez reconoc\'ed el he\-dor del miedo.
\par Me retuvieron en aquel cuarto, a oscuras y sin agua, durante seis
horas. Cuando me soltaron ya era de noche. Llov\'eda a c\'e1ntaros y las
calles ard\'edan de vapor. Al llegar a casa me encontr\'e9 un mar de
escombros. Los hombres de Fumero hab\'ed
an estado all\'ed. Entre muebles ca\'eddos, cajones y estanter\'edas
derribadas, encontr\'e9 mi ropa hecha jirones y los libros de Miquel
destrozados. Sobre mi cama encontr\'e9 una pila de heces y sobre la
pared, escrito con excremen\-tos, se le\'eda \'ab
Puta\'bb.
\par Corr\'ed al piso de la Ronda de San Antonio, dando mil rodeos y
asegur\'e1ndome de que ninguno de los esbirros de Fumero me hubiera
seguido hasta el portal de la calle Joaqu\'edn Costa. Cruc\'e9 los
tejados anegados de lluvia y comprob\'e9
que la puerta del piso segu\'eda cerrada. Entr\'e9 con sigilo, pero el
eco de mis pasos delataba la ausencia. Juli\'e1n no estaba all\'ed. Le
esper\'e9 sentada en el comedor os\-
curo, escuchando la tormenta, hasta el alba. Cuando la bruma del amanecer
lami\'f3 los postigos del balc\'f3n, sub\'ed al terrado y contempl\'e9 la
ciudad aplastada bajo cielos de plomo. Supe que Juli\'e1n no volver\'eda
all\'ed. Ya le hab\'eda perdi\-
do para siempre.
\par Volv\'ed a verle dos meses despu\'e9s. Me hab\'eda metido en un cine
por la noche, sola, incapaz de volver al piso vac\'edo y fr\'edo. A media
pel\'edcula, una bobada de amor\'edos entre }{\expnd1\expndtw6\lang1034
una pr
incesa rumana deseosa de aventura y un apuesto reportero norteamericano
inmune al despeine, un indivi\-duo se sent\'f3 a mi lado. No era la
primera vez. Los cines de aquella \'e9
poca andaban plagados de fantoches que apestaban a soledad, orines y
colonia, blandiendo sus ma\-nos sudorosas y temblorosas como lenguas de
carne muerta. Me dispon\'eda a levantarme y avisar al acomodador cuando
reconoc\'ed el perfil ajado de Juli\'e1
n. Me aferr\'f3 la mano con fuerza y permanecimos as\'ed, mirando a la
panta\-lla sin verla.
\par \emdash \'bfMataste t\'fa a Sanmart\'ed? \emdash murmur\'e9.
\par \emdash \'bfAlguien le encuentra a faltar?
\par Habl\'e1bamos con susurros, bajo la atenta mirada de los hombres
solitarios sembrados por el patio de butacas que se recom\'edan de
envidia ante el aparente \'e9xito de aquel sombr\'edo competidor. Le
pregunt\'e9 d\'f3nde se hab\'ed
a estado ocultando pero no me respondi\'f3.
\par \emdash Existe otra copia de }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 La Sombra
del Viento }{\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash murmu\-r\'f3\emdash .
Aqu\'ed, en Barcelona.
\par \emdash Te equivocas, Juli\'e1n. Las destruiste todas.
\par \emdash Todas menos una. Al parecer, alguien m\'e1s astuto que yo la
escondi\'f3 en un lugar donde nunca podr\'eda en\-contrarla. T\'fa.
\par Fue as\'ed c\'f3mo o\'ed hablar de ti por primera vez. Un li\-brero
fanfarr\'f3n y bocazas llamado Gustavo Barcel\'f3 hab\'eda estado
presumiendo frente a algunos coleccionistas de haber localizado una copia
de }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034
La Sombra del Viento. El }{\expnd1\expndtw6\lang1034 mundo de los libros
de anticuario es una c\'e1mara de ecos. En apenas un par de meses,
Barcel\'f3 estaba recibiendo ofertas de coleccionistas de Berl\'edn,
Par\'eds y Roma para ad\-
quirir el libro. La enigm\'e1tica fuga de Juli\'e1n de Par\'eds tras un
sangriento duelo y su rumoreada muerte en la guerra civil espa\'f1ola
hab\'edan conferido a sus obras un valor de mercado que nunca hubieran
podido so\'f1
ar. La leyenda negra de un individuo sin rostro que recorr\'eda
librer\'edas, bi\-bliotecas y colecciones privadas para quemarlas s\'f3lo
con\-tribu\'eda a multiplicar el inter\'e9s y la cotizaci\'f3n.
\'abLlevamos el circo en la sangre\'bb, dec\'ed
a Barcel\'f3.
\par Juli\'e1n, que segu\'eda persiguiendo la sombra de sus pro\-pias
palabras, no tard\'f3 en o\'edr el rumor. Supo as\'ed que Gus\-tavo
Barcel\'f3 no ten\'eda el libro, pero que al parecer el ejemplar era
propiedad de un muchacho que lo hab\'ed
a descubierto por accidente y que, fascinado por la novela y por su
enigm\'e1tico autor, se negaba a venderlo }{\lang1034 y
}{\expnd1\expndtw6\lang1034 lo con\-servaba como su m\'e1s preciada
posesi\'f3n. Aquel muchacho eras t\'fa, Daniel.
\par \emdash Por el amor de Dios, Juli\'e1n, no ir\'e1s a hacerle da\'f1o
a un cr\'edo... \emdash murmur\'e9, no muy segura.
\par Juli\'e1n me dijo entonces que todos los libros que hab\'eda robado
y destruido hab\'edan sido arrebatados de las manos de quienes no
sent\'edan nada por ellos, de gentes que se li\-mitaban a comerciar con
ellos o que los manten\'ed
an como curiosidades de coleccionistas y diletantes apolillados. T\'fa,
que te negabas a vender el libro a ning\'fan precio y trata\-bas de
rescatar a Carax de los rincones del pasado, le ins\-pirabas una
extra\'f1a simpat\'eda, y hasta respeto. Sin t\'fa
sa\-berlo, Juli\'e1n te observaba y te estudiaba.
\par \emdash Quiz\'e1, si llega a averiguar qui\'e9n soy y lo que soy,
tambi\'e9n \'e9l decida quemar el libro.
\par Juli\'e1n hablaba con esa lucidez firme y tajante de los locos que
se han librado de la hipocres\'eda de atenerse a una realidad que no
cuadra.
\par \emdash \'bfQui\'e9n es ese muchacho?
\par \emdash Se llama Daniel. Es el hijo de un librero al que Mi\-quel
sol\'eda frecuentar en la calle Santa Ana. Vive con su padre en un piso
encima de la tienda. Perdi\'f3 a su madre de muy peque\'f1o.
\par \emdash Parece que est\'e9s hablando de ti.
\par }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw2\lang1034 A
lo mejor. Ese muchacho me recuerda a m\'ed mismo.
\par \emdash D\'e9jale en paz, Juli\'e1n. Es s\'f3lo un ni\'f1o. Su
\'fanico cri\-men ha sido admirarte.
\par \emdash Eso no es un crimen, es una ingenuidad. Pero se le
pasar\'e1. Quiz\'e1 entonces me devuelva el libro. Cuando deje de
admirarme y empiece a comprenderme.
\par Un minuto antes del desenlace, Juli\'e1n se levant\'f3 y se alej\'f3
al amparo de las sombras. Durante meses nos vimos siempre as\'ed, a
oscuras, en cines y callejones a media noche. Juli\'e1n siempre me
encontraba. Yo sent\'eda su presen\-
cia silenciosa sin verle, siempre vigilante. A veces te men\-cionaba y,
al o\'edrle hablar de ti, me parec\'eda detectar en su voz una rara
ternura que le confund\'eda y que hac\'eda mu\-chos a\'f1os cre\'eda
perdida en \'e9l. Supe que hab\'eda reg
resado al caser\'f3n de los Aldaya y que ahora viv\'eda all\'ed, a medio
ca\-mino entre espectro y mendigo, recorriendo la ruina de su vida y
velando los restos de Pen\'e9lope y del hijo de am\-bos. Aqu\'e9l era el
\'fanico lugar en el mundo que todav\'ed
a sent\'eda suyo. Hay peores c\'e1rceles que las palabras.
\par Yo acud\'eda all\'ed una vez al mes, para asegurarme de que estaba
bien, o simplemente vivo. Saltaba la tapia medio derribada en la parte de
atr\'e1s, invisible desde la calle. A veces le encontraba all\'ed, otras
veces Juli\'e1n hab\'eda desapare\-
cido. Le dejaba comida, dinero, libros... Le esperaba du\-rante horas,
hasta el anochecer. En ocasiones me atrev\'eda a explorar el caser\'f3n.
As\'ed averig\'fc\'e9 que hab\'eda destrozado las l\'e1pidas de la cripta
y hab\'eda extra\'eddo los sarc\'f3
fagos. Ya no cre\'eda que Juli\'e1n estuviese loco, ni ve\'eda
monstruosidad en aquella profanaci\'f3n, tan s\'f3lo una tr\'e1gica
coherencia. Las veces que le encontraba all\'ed habl\'e1bamos durante
ho\-ras, sentados junto al fuego. Juli\'e1n me confes
\'f3 que hab\'eda intentado volver a escribir, pero que no pod\'eda.
Recordaba vagamente sus libros como si los hubiese le\'eddo, como si
fuesen obra de otra persona. Las cicatrices de su intento estaban a la
vista. Descubr\'ed que Juli\'e1
n abandonaba al fue\-go p\'e1ginas que hab\'eda escrito febrilmente
durante el tiem\-po en que no nos hab\'edamos visto. Una vez,
aprovechando su ausencia, rescat\'e9 un pliego de cuartillas de entre las
cenizas. Hablaba de ti. Juli\'e1n me hab\'ed
a dicho alguna vez que un relato era una carta que el autor se escribe a
s\'ed mismo para contarse cosas que de otro modo no podr\'eda averiguar.
Hac\'eda tiempo que Juli\'e1n se preguntaba si hab\'eda perdido la
raz\'f3n. \'bfSabe el loco que est\'e1
loco? \'bfO los locos son los dem\'e1s, que se empe\'f1an en convencerle
de su sin\-raz\'f3n para salvaguardar su existencia de quimeras?
Juli\'e1n te observaba, te ve\'eda crecer y se preguntaba qui\'e9n eras.
Se preguntaba si quiz\'e1
tu presencia no era sino un milagro, un perd\'f3n que deb\'eda ganarse
ense\'f1\'e1ndote a no cometer sus mismos errores. En m\'e1s de una
ocasi\'f3n me pregunt\'e9 si Juli\'e1n no se hab\'eda llegado a convencer
de que t\'fa, en aquella l\'f3
gica retorcida de su universo, te hab\'edas convertido en el hijo que
hab\'eda perdido, en una nueva p\'e1gina en blanco para volver a empezar
aquella historia que no po\-d\'eda inventar, pero que pod\'eda recordar.
\par Pasaron aquellos a\'f1os en el caser\'f3n y cada vez m\'e1s Ju\-
li\'e1n viv\'eda pendiente de ti, de tus progresos. Me hablaba de tus
amigos, de una mujer llamada Clara de la que te hab\'edas enamorado, de
tu padre, un hombre a quien admira\-
ba y apreciaba, de tu amigo Ferm\'edn y de una muchacha en la que \'e9l
quiso ver a otra Pen\'e9lope, tu Bea. Hablaba de ti como de un hijo. Os
buscabais el uno al otro, Daniel. \'c9l quer\'eda creer que tu inocencia
le salvar\'eda de s\'ed mismo. Ha\-b
\'eda dejado de perseguir sus libros, de desear quemar y destruir su
rastro en la vida. Estaba aprendiendo a volver a memorizar el mundo a
trav\'e9s de tus ojos, de recuperar al muchacho que hab\'eda sido en ti.
El d\'ed
a que viniste a casa por primera vez sent\'ed que ya te conoc\'eda.
Fing\'ed recelo para }{\expnd0\expndtw4\lang1034 ocultar el temor que me
inspirabas. Ten\'eda miedo de ti, de lo que podr\'edas averiguar.
Ten\'eda miedo de escuchar a Ju\-li\'e1
n y empezar a creer como \'e9l que realmente todos est\'e1\-bamos unidos
en una extra\'f1a cadena de destinos y azares. Ten\'eda miedo de
reconocer al Juli\'e1n que hab\'eda perdido en ti. Sab\'eda que t\'fa y
tus amigos estabais investigando en nues\-
tro pasado. Sab\'eda que tarde o temprano descubrir\'edas la verdad, pero
a su debido tiempo, cuando pudieras llegar a comprender su significado.
Sab\'eda que tarde o tempra\-no t\'fa y Juli\'e1n os encontrar\'edais.
\'c9se fue mi error. Porque alguien m
\'e1s lo sab\'eda, alguien que present\'eda que, con el tiempo, t\'fa le
conducir\'edas a Juli\'e1n: Fumero.
\par Comprend\'ed lo que estaba sucediendo cuando ya no hab\'eda vuelta
atr\'e1s, pero nunca perd\'ed la esperanza de que perdieras el rastro, de
que te olvidases de nosotros o de que la v
ida, la tuya y no la nuestra, te llevase lejos, a salvo. El tiempo me ha
ense\'f1ado a no perder las esperanzas, pero a no confiar demasiado en
ellas. Son crueles y vani\-dosas, sin conciencia. Hace ya mucho tiempo
que Fume\-
ro me pisa los talones. El sabe que caer\'e9, tarde o tempra\-no. No
tiene prisa, por eso parece incomprensible. Vive para vengarse. De todos
y de s\'ed mismo. Sin la venganza, sin la rabia, se evaporar\'eda. Fumero
sabe que t\'fa y tus ami\-gos le llevar
\'e9is hasta Juli\'e1n. Sabe que despu\'e9s de casi quince a\'f1os, ya no
me quedan fuerzas ni recursos. Me ha visto morir durante a\'f1os y
s\'f3lo espera el momento de asestarme el \'faltimo golpe. Nunca he
dudado que morir\'e9 en sus manos. Ahora s\'e9
que el momento se acerca. Entre\-gar\'e9 estas p\'e1ginas a mi padre con
el encargo de que te las haga llegar si me sucede algo. Ruego a ese Dios
con quien nunca me cruc\'e9 que no llegues a leerlas, pero pre\-
siento que mi destino, pese a mi voluntad y pese a mis va\-nas
esperanzas, es entregarte esta historia. El tuyo, pese a tu juventud y
tu inocencia, es liberarla.
\par Cuando leas estas palabras, esta c\'e1rcel de recuerdos,
significar\'e1 que ya no podr\'e9 despedirme de ti como hubie\-ra
querido, que no podr\'e9 pedirte que nos perdones, sobre todo a
Juli\'e1n, y que cuides de \'e9l cuando yo no est\'e9 ah\'ed para h
acerlo. S\'e9 que no puedo pedirte nada, salvo que te salves. Quiz\'e1
tantas p\'e1ginas me han llegado a con\-vencer de que pase lo que pase,
siempre tendr\'e9 en ti a un amigo, que t\'fa eres mi \'fanica y
verdadera esperanza. De to\-
das las cosas que escribi\'f3 Juli\'e1n, la que siempre he senti\-do
m\'e1s cercana es que mientras se nos recuerda, segui\-mos vivos. Como
tantas veces me ocurri\'f3 con Juli\'e1n, a\'f1os antes de encontrarme
con \'e9
l, siento que te conozco y que si puedo confiar en alguien, es en ti.
Recu\'e9rdame, Da\-niel, aunque sea en un rinc\'f3n y a escondidas. No me
de\-jes ir.
\par
\par }\pard\plain
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\i\f1\lang1034\cgrid {\expnd0\expndtw4 Nuria Monfort
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\i\expnd0\expndtw4\lang1034
\par }\pard\plain
\s1\qj\fi2977\keepn\nowidctlpar\widctlpar\outlinelevel0\adjustright
\i\f1\lang3082\cgrid {\lang1034 \page }{\i0\lang1034 LA SOMBRA DEL VIENTO
\par 1955
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw4\lang1034
\par
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\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw4\lang1034
\par Amanec\'eda ya cuando acab\'e9 de leer el manuscrito de Nu\-ria
Monfort. Aqu\'e9lla era mi historia. Nuestra historia. En los pasos
perdidos de Carax reconoc\'eda ahora los m\'edos, irrecuperables ya. Me
levant\'e9, devorado por la ansiedad, y empec\'e9
a recorrer la habitaci\'f3n como un animal enjaula\-do. Todos mis
reparos, mis recelos y temores se deshac\'edan ahora en cenizas,
insignificantes. Me venc\'eda la fatiga, el re\-mordimiento y el miedo,
pero me sent\'ed incapaz de que\-darme all\'ed
, escondi\'e9ndome del rastro de mis acciones. Me enfund\'e9 el abrigo,
met\'ed el manuscrito doblado en el bolsi\-llo interior y corr\'ed
escaleras abajo. Hab\'eda empezado a ne\-var cuando sal\'ed del portal y
el cielo se deshac\'eda en l\'e1gri\-
mas perezosas de luz que se posaban en el aliento y desaparec\'edan.
Corr\'ed hacia la plaza Catalu\'f1a, desierta. En el centro de la plaza,
solo, se alzaba la silueta de un ancia\-no, o quiz\'e1 fuera un \'e1ngel
desertor, tocado de cabell
era blanca y enfundado en un formidable abrigo gris. Rey del alba, alzaba
la mirada al cielo e intentaba en vano atrapar copos de nieve con los
guantes, ri\'e9ndose. Al cruzar a su lado me mir\'f3 y sonri\'f3
con gravedad, como si pudiera leerme el alma de un vistazo. Ten\'eda los
ojos dorados, como monedas embrujadas en el fondo de un estanque.
\par }{\lang1034 \emdash Buena suerte \emdash me pareci\'f3 o\'edrle
decir.
\par Trat\'e9 de aferrarme a aquella bendici\'f3n y apret\'e9 el paso,
rogando que no fuese demasiado tarde y que Bea, la Bea de mi historia,
todav\'eda me estuviese esperando.
\par Me ard\'eda la garganta de fr\'edo cuando llegu\'e9 al edificio
donde viv\'edan los Aguilar, jadeando tras la carrera. La nie\-ve estaba
empezando a cuajar. Tuve la fortuna de encontrar a don Saturno Molleda,
portero del edificio y (seg\'fan me hab\'ed
a contado Bea) poeta surrealista a escondidas, apostado en el portal. Don
Saturno hab\'eda salido a con\-templar el espect\'e1culo de la nieve
escoba en mano, em\-butido en no menos de tres bufandas y botas de
asalto.
\par \emdash Es la caspa de Dios \emdash dijo, maravillado, estrenando de
versos in\'e9ditos la nevada.
\par \emdash Voy a casa de los se\'f1ores Aguilar \emdash anunci\'e9.
\par \emdash Sabido es que a quien madruga Dios le ayuda, pero lo suyo es
como pedirle una beca, joven.
\par \emdash Se trata de una emergencia. Me esperan.
\par \emdash Ego te absolvo \emdash recit\'f3, concedi\'e9ndome una
bendi\-ci\'f3n.
\par Corr\'ed escaleras arriba. Mientras ascend\'eda, contempla\-ba mis
posibilidades con cierta reserva. Con buena fortu\-na, me abrir\'eda una
de las criadas, cuyo bloqueo me dispon\'eda a franquear sin
contemplaciones. Con peor fortuna, quiz\'e1
fuera el padre de Bea quien me abriese la puerta dadas las horas. Quise
creer que en la intimidad de su ho\-gar no ir\'eda armado, al menos no
antes del desayuno. An\-
tes de llamar, me detuve unos instantes a recuperar el aliento y a
intentar conjurar unas palabras que no llega\-ron. Poco importaba ya.
Golpe\'e9 el picaporte con fuerza tres veces. Quince segundos despu\'e9s
repet\'ed la operaci\'f3n, y as\'ed
sucesivamente, ignorando el sudor fr\'edo que me cu\-br\'eda la frente y
los latidos de mi coraz\'f3n. Cuando la puer\-ta se abri\'f3, todav\'eda
sosten\'eda el picaporte en las manos.
\par \emdash \'bfQu\'e9 quieres?
\par Los ojos de mi viejo amigo Tom\'e1s me taladraron, sin sobresalto.
Fr\'edos y supurantes de ira.
\par }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash }{\lang1034 Vengo a ver a Bea.
Puedes partirme la cara si te ape\-tece, pero no me voy sin hablar con
ella.
\par Tom\'e1s me observaba sin pesta\'f1ear. Me pregunt\'e9 si me iba a
quebrar en dos all\'ed mismo, sin contemplaciones. Tra\-gu\'e9 saliva.
\par \emdash Mi hermana no est\'e1.
\par \emdash Tom\'e1s...
\par \emdash Bea se ha marchado.
\par Hab\'eda abandono y dolor en su voz que apenas conse\-gu\'eda
disfrazar de rabia.
\par \emdash \'bfSe ha marchado? \'bfAd\'f3nde?
\par \emdash Esperaba que t\'fa lo supieses.
\par \emdash \'bfYo?
\par Ignorando los pu\'f1os cerrados y el semblante amena\-zador de
Tom\'e1s, me col\'e9 en el interior del piso.
\par \emdash \'bfBea? \emdash grit\'e9\emdash . Bea, soy Daniel...
\par Me detuve a medio corredor. El piso escup\'eda el eco de mi voz con
ese desprecio de los espacios vac\'edos. Ni el se\-\'f1or Aguilar ni su
esposa ni el servicio aparecieron en res\-puesta a mis alaridos.
\par \emdash No hay nadie. Ya te lo he dicho \emdash dijo Tom\'e1s a mi
espalda\emdash . Ahora l\'e1rgate y no vuelvas. Mi padre ha jurado
matarte y yo no voy a ser el que se lo impida.
\par \emdash Por el amor de Dios, Tom\'e1s. Dime d\'f3nde est\'e1 tu
hermana.
\par Me contemplaba como quien no sabe bien si escupir o pasar de largo.
\par \emdash Bea se ha marchado de casa, Daniel. Mis padres lle\-van dos
d\'edas busc\'e1ndola como locos por todas partes y la polic\'eda
tambi\'e9n.
\par \emdash Pero...
\par \emdash La otra noche, cuando volvi\'f3 de verte, mi padre la estaba
esperando. Le parti\'f3 los labios a bofetadas, pero no te preocupes, que
se neg\'f3 a dar tu nombre. No te la mereces.
\par \emdash Tom\'e1s...
\par \emdash C\'e1llate. Al d\'eda siguiente, mis padres la llevaron al
m\'e9dico.
\par \emdash \'bfPor qu\'e9? \'bfEst\'e1 Bea enferma?
\par \emdash Enferma de ti, imb\'e9cil. Mi hermana est\'e1 embaraza\-da.
No me digas que no lo sab\'edas.
\par Sent\'ed que me temblaban los labios. Un fr\'edo intenso se
extend\'eda por mi cuerpo, la voz robada, la mirada atrapa\-da. Me
arrastr\'e9 hacia la salida, pero Tom\'e1s me agarr\'f3 del brazo y me
lanz\'f3 contra la pared.
\par \emdash \'bfQu\'e9 le has hecho? \emdash Tom\'e1s, yo...
\par Se le derribaron los p\'e1rpados de impaciencia. El pri\-mer golpe
me arranc\'f3 la respiraci\'f3n. Resbal\'e9 hacia el suelo con la espalda
apoyada contra la pared, las rodillas flaqueando. Una presa terrible me
aferr\'f3
la garganta y me sostuvo en pie, clavado contra la pared.
\par \emdash \'bfQu\'e9 le has hecho, hijo de puta?
\par Trat\'e9 de zafarme de la presa, pero Tom\'e1s me derrib\'f3 de un
pu\'f1etazo en la cara. Ca\'ed en una oscuridad intermi\-nable, la cabeza
envuelta en llamaradas de dolor. Me desplom\'e9 sobre las baldosas del
corredor. Trat\'e9 de arrastrar\-
me, pero Tom\'e1s me aferr\'f3 del cuello del abrigo y me arrastr\'f3 sin
contemplaciones hasta el rellano. Me arroj\'f3 a la escalera como un
despojo.
\par \emdash Si le ha pasado algo a Bea, te juro que te matar\'e9 \emdash
dijo desde el umbral de la puerta.
\par Me alc\'e9 de rodillas, implorando un segundo, una oportunidad de
recuperar la voz. La puerta se cerr\'f3 aban\-don\'e1ndome en la
oscuridad. Me asalt\'f3 una punzada en el o\'eddo izquierdo y me llev\'e9
la mano a la cabeza, retorci\'e9n\-
dome de dolor. Palp\'e9 sangre tibia. Me incorpor\'e9 como pude. Los
m\'fasculos del vientre que hab\'edan encajado el primer golpe de
Tom\'e1s ard\'edan en una agon\'eda que s\'f3lo ahora empezaba. Me
deslic\'e9 escaleras abajo, donde don Saturno,
al verme, sacudi\'f3 la cabeza.
\par \emdash Hala, pase dentro un momento y comp\'f3ngase...
\par Negu\'e9, sosteni\'e9ndome el est\'f3mago con las manos. El lado
izquierdo de la cabeza me palpitaba, como si los huesos quisieran
desprenderse de la carne.
\par \emdash Est\'e1 usted sangrando \emdash dijo don Saturno, inquieto.
\par \emdash No es la primera vez.
\par \emdash Pues vaya jugando y no tendr\'e1 oportunidad de san\-grar
mucho m\'e1s. Anda, entre y llamo a un m\'e9dico, h\'e1ga\-me el favor.
\par Consegu\'ed ganar el portal y librarme de la buena vo\-luntad del
portero. Nevaba ahora con fuerza, velando las aceras con velos de bruma
blanca. El viento helado se abr\'eda camino entre mi ropa, lamiendo la
herida que me sangraba en la cara. No s\'e9
si llor\'e9 de dolor, de rabia o de miedo. La nieve, indiferente, se
llev\'f3 mi llanto cobarde y me alej\'e9 lentamente en el alba de polvo,
una sombra m\'e1s abriendo surcos en la caspa de Dios.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {2
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034
\par Cuando me acercaba al cruce de la calle Balmes advert\'ed que un
coche me estaba siguiendo, bordeando la acera. El dolor de la cabeza
hab\'eda dejado paso a una sensaci\'f3n de v\'e9rtigo que me hac\'eda
tambalearme y caminar apoy\'e1ndo\-
me en las paredes. El coche se detuvo y dos hombres descendieron de
\'e9l. Un silbido estridente me hab\'eda inundado los o\'eddos y no pude
escuchar el motor, o las llamadas de aquellas dos siluetas de negro que
me as\'ed
an cada una de un lado y me arrastraban con urgencia hacia el coche.
Ca\'ed en el asiento de atr\'e1s, embriagado de n\'e1usea. La luz iba y
ven\'eda, como una marea de claridad cegadora. Sent\'ed que el coche se
mov\'ed
a. Unas manos me palpaban el rostro, la ca\-beza y las costillas. Al dar
con el manuscrito de Nuria Monfort oculto en el interior de mi abrigo,
una de las figuras me lo arrebat\'f3. Quise detenerle con brazos de
gelati\-na. La otra silueta se inclin\'f3
sobre m\'ed. Supe que me estaba hablando al sentir su aliento en la
cara. Esper\'e9 ver el ros\-tro de Fumero iluminarse y sentir el filo de
su cuchillo en la garganta. Una mirada se pos\'f3 sobre la m\'ed
a y, mientras el velo de la conciencia se desprend\'eda, reconoc\'ed la
sonrisa desdentada y rendida de Ferm\'edn Romero de Torres.
\par Despert\'e9 empapado en un sudor que me escoc\'eda en la piel. Dos
manos me sosten\'edan con firmeza por los hom\-bros, acomod\'e1ndome
sobre un catre que cre\'ed rodeado de cirios, como en un velatorio. El
rostro de Ferm\'edn asom\'f3 a mi derecha. Sonre
\'eda, pero incluso en pleno delirio pude advertir su inquietud. A su
lado, de pie, distingu\'ed a don Federico Flavi\'e1, el relojero.
\par \emdash Parece que ya vuelve en s\'ed, Ferm\'edn \emdash dijo don
Fe\-derico\emdash . \'bfLe parece si le preparo algo de caldo para que
reviva?
\par \emdash Da\'f1o no har\'e1. Ya en el empe\'f1o podr\'eda usted
prepa\-rarme un bocadillito de lo que encuentre, que con estos nervios me
ha entrado una gazuza de padre y muy se\'f1or m\'edo.
\par Federico se retir\'f3 con prestancia y nos dej\'f3 a solas.
\par \emdash \'bfD\'f3nde estamos, Ferm\'edn?
\par \emdash En lugar seguro. T\'e9cnicamente nos hallamos en un pisito
en la izquierda del ensanche, propiedad de unas amistades de don
Federico, a quien le debemos la vida y m\'e1s. Los maledicentes lo
calificar\'ed
an de picadero, pero para nosotros es un santuario.
\par Trat\'e9 de incorporarme. El dolor del o\'eddo se dejaba sentir
ahora en un latido ardiente.
\par \emdash \'bfVoy a quedarme sordo?
\par \emdash Sordo no s\'e9, pero por poco se queda usted medio
mong\'f3lico. Ese energ\'fameno del se\'f1or Aguilar por poco le licua
las meninges a leches.
\par \emdash No ha sido el se\'f1or Aguilar el que me ha pegado. Ha sido
Tom\'e1s.
\par \emdash \'bfTom\'e1s? \'bfSu amigo el inventor?
\par Asent\'ed.
\par \emdash Algo habr\'e1 usted hecho.
\par \emdash Bea se ha marchado de casa... \emdash empec\'e9.
\par Ferm\'edn frunci\'f3 el ce\'f1o.
\par \emdash Siga.
\par \emdash Est\'e1 embarazada.
\par Ferm\'edn me observaba pasmado. Por una vez, su ex\-presi\'f3n era
impenetrable y severa.
\par \emdash No me mire as\'ed, Ferm\'edn, por Dios.
\par \emdash \'bfQu\'e9 quiere que haga? \'bfRepartir puros?
\par Intent\'e9 levantarme, pero el dolor y las manos de Fer\-m\'edn me
detuvieron.
\par \emdash Tengo que encontrarla, Ferm\'edn.
\par \emdash Quieto parao. Usted no est\'e1 en condiciones de ir a
ning\'fan sitio. D\'edgame d\'f3nde est\'e1 la muchacha y yo ir\'e9 a por
ella.
\par \emdash No s\'e9 d\'f3nde est\'e1.
\par \emdash Le voy a pedir que sea algo m\'e1s espec\'edfico.
\par Don Federico apareci\'f3 por la puerta portando una taza humeante de
caldo. Me sonri\'f3 c\'e1lidamente.
\par }{\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash \'bfC\'f3mo te encuentras,
Daniel?
\par \emdash Mucho mejor, gracias, don Federico.
\par \emdash T\'f3mate un par de estas pastillas con el caldo.
\par Cruz\'f3 una mirada leve con Ferm\'edn, que asinti\'f3.
\par \emdash Son para el dolor.
\par Me tragu\'e9 las pastillas y sorb\'ed la taza de caldo, que sa\-
b\'eda a jerez. Don Federico, prodigio de discreci\'f3n, abando\-n\'f3 la
habitaci\'f3n y cerr\'f3 la puerta. Fue entonces cuando advert\'ed que
Ferm\'edn sosten\'ed
a en el regazo el manuscrito de Nuria Monfort. El reloj que tintineaba en
la mesita de no\-che marcaba la una, supuse que de la tarde.
\par \emdash \'bfNieva todav\'eda?
\par \emdash Nevar es poco. Esto es el diluvio en polvo.
\par \emdash \'bfLo ha le\'eddo ya? \emdash pregunt\'e9.
\par Ferm\'edn se limit\'f3 a asentir.
\par \emdash Tengo que encontrar a Bea antes de que sea tarde. Creo que
s\'e9 d\'f3nde est\'e1.
\par Me sent\'e9 en la cama, apartando los brazos de Ferm\'edn. Mir\'e9 a
mi alrededor. Las paredes ondeaban como algas bajo un estanque. El techo
se alejaba en un soplo. Apenas pude sostenerme erguido. Ferm\'edn, sin
esfuerzo, me rin\-di\'f3
de nuevo al catre.
\par \emdash Usted no va a ning\'fan sitio, Daniel.
\par \emdash \'bfQu\'e9 eran esas pastillas?
\par \emdash El linimento de Morfeo. Va usted a dormir como el granito.
\par \emdash No, ahora no puedo...
\par Segu\'ed balbuceando hasta que los p\'e1rpados, y el mun\-do, se me
desplomaron sin tregua. Aqu\'e9l fue un sue\'f1o negro y vac\'edo, de
t\'fanel. El sue\'f1o de los culpables.
\par
\par Acechaba el crep\'fasculo cuando la losa de aquel letar\-go se
evapor\'f3 y abr\'ed los ojos a una habitaci\'f3n oscura y ve\-lada por
dos cirios cansados que parpadeaban en la mesi\-ta. Ferm\'edn, derrotado
sobre la butaca del rinc\'f3
n, roncaba con la furia de un hombre tres veces m\'e1s grande. A sus
pies, desparramado en un llanto de p\'e1ginas, yac\'eda el ma\-nuscrito
de Nuria Monfort. El dolor de la cabeza se hab\'eda reducido a un
palpitar lento y tibio. Me deslic\'e9
con sigilo hasta la puerta de la habitaci\'f3n y sal\'ed a una
peque\'f1a sala con un balc\'f3n y una puerta que parec\'eda dar a la
escalera. Mi abrigo y mis zapatos reposaban sobre una silla. Una luz
p\'fa
rpura penetraba por la ventana, moteada de refle\-jos irisados. Me
acerqu\'e9 hasta el balc\'f3n y vi que segu\'eda nevando. Los techos de
media Barcelona se vislumbraban moteados de blanco y escarlata. A lo
lejos se distingu\'ed
an las torres de la escuela industrial, agujas entre la bruma prendida en
los \'faltimos alientos del sol. El cristal estaba empa\'f1ado de
escarcha. Pos\'e9 el \'edndice sobre el vidrio y es\-crib\'ed:
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {\i Voy a por Bea. No me siga. Volver\'e9 pronto.
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd1\expndtw6\lang1034
\par La certeza me hab\'eda asaltado al despertar, como si un desconocido
me hubiese susurrado la verdad en sue\'f1os. Sal\'ed al rellano y me
lanc\'e9 escaleras abajo hasta salir al portal. La calle Urgel era un
r\'edo de arena reluciente del que emerg\'ed
an farolas y \'e1rboles, m\'e1stiles en una niebla s\'f3lida. El viento
escup\'eda la nieve a r\'e1fagas. Anduve hasta el me\-tro de Hospital
Cl\'ednico y me sumerg\'ed en los t\'faneles de vaho y calor de segunda
mano. Hordas de barceloneses, que sol\'ed
an confundir la nieve con los milagros, segu\'edan comentando lo
ins\'f3lito del temporal. Los diarios de la tarde tra\'edan la noticia en
primera p\'e1gina, con foto de las Ramblas nevadas y la fuente de
Canaletas sangrando esta\-lactitas. }{
\expnd2\expndtw12\lang1034 \'abLA NEVADA DEL }{\expnd1\expndtw6\lang1034
SIGLO promet\'edan los titulares. Me dej\'e9 caer en un banco del
and\'e9n y aspir\'e9 ese perfume }{\expnd0\expndtw2\lang1034 a t\'faneles
y holl\'ed
n que trae el rumor de los trenes invisi\-bles. Al otro lado de las
v\'edas, en un cartel publicitario, proclamando las delicias del parque
de atracciones del Tibidabo, aparec\'eda el tranv\'eda azul iluminado
como una verbena, y tras \'e9
l se adivinaba la silueta del caser\'f3n de los Aldaya. Me pregunt\'e9 si
Bea, perdida en aquella Barcelo\-na de los que se han ca\'eddo del mundo,
habr\'eda visto la mis\-ma imagen y comprendido que no ten\'eda otro
lugar adon\-de ir.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {3
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw2\lang1034
\par Empezaba a anochecer cuando emerg\'ed de las escalinatas del metro.
Desierta, la avenida del Tibidabo dibujaba una fuga infinita de cipreses
y palacios sepultados en una cla\-ridad sepulcral. Vislumbr\'e9 la
silueta del tranv\'eda azul en la parada, la ca
mpana del revisor segando el viento. Me apresur\'e9 y lo abord\'e9 casi
al tiempo que iniciaba su trayec\-to. El revisor, viejo conocido,
acept\'f3 las monedas mur\-murando para s\'ed. Me procur\'e9 asiento en
el interior de la cabina, algo m\'e1
s resguardado de la nieve y el fr\'edo. Los ca\-serones sombr\'edos
desfilaban lentamente tras los cristales velados de hielo. El revisor me
observaba con aquella mezcla de recelo y osad\'eda que el fr\'edo
parec\'eda haberle con\-gelado en el rostro.
\par \emdash El n\'famero treinta y dos, joven.
\par Me volv\'ed y vi la silueta espectral del caser\'f3n de los Al\-daya
avanzando hacia nosotros como la proa de un bu\-que oscuro en la niebla.
El tranv\'eda se detuvo de una sacu\-dida. Descend\'ed, huyendo de la
mirada del revisor.
\par \emdash Buena suerte \emdash murmur\'f3.
\par Contempl\'e9 el tranv\'eda perderse avenida arriba hasta que s\'f3lo
se percibi\'f3 el eco de la campana. Una penum\-bra s\'f3lida se
desplom\'f3 a mi alrededor. Me apresur\'e9
a rodear la tapia en busca de la brecha derribada en la parte posterior.
Al escalar el muro me pareci\'f3 escuchar pasos sobre la nieve en la
acera opuesta, aproxim\'e1ndose. Me detuve un instante, inm\'f3vil sobre
lo alto del muro. La noche ca\'ed
a ya inexorable. El rumor de pasos se extingui\'f3 en el rastro del
viento. Salt\'e9 al otro lado y me adentr\'e9 en el jard\'edn. La maleza
se hab\'eda congelado en tallos de cris\-tal. Las estatuas de los
\'e1ngeles derribados yac\'edan cubier\-
tas por sudarios de hielo. La superficie de la fuente se hab\'eda
congelado en un espejo negro y reluciente del que s\'f3lo emerg\'eda la
garra de piedra del \'e1ngel sumergido como un sable de obsidiana.
L\'e1grimas de hielo pen\-d\'edan del dedo \'ed
ndice. La mano acusadora del \'e1ngel se\-\'f1alaba directamente hacia el
port\'f3n principal, entre\-abierto.
\par Ascend\'ed los pelda\'f1os con la esperanza de que no fue\-se
demasiado tarde. No me molest\'e9 en amortiguar el eco de mis pisadas.
Empuj\'e9 el port\'f3n y me adentr\'e9 en el vest\'edbulo. Una
procesi\'f3n de cirios se adentraba hacia el inte\-
rior. Eran las velas de Bea, casi apuradas hasta el suelo. Segu\'ed su
rastro y me detuve al pie de la escalinata. La sen\-da de velas
ascend\'eda por los pelda\'f1os hasta el primer piso. Me aventur\'e9
escalera arriba, siguiendo a mi sombra deformada sobre los muros. Al
llegar al rellano del pri\-mer piso comprob\'e9 que hab\'eda dos velas
m\'e1s adentr\'e1ndo\-se en el corredor. La tercera parpadeaba frente a
la que hab\'eda sido la habitaci\'f3
n de Pen\'e9lope. Me aproxim\'e9 y gol\-pe\'e9 la puerta suavemente con
los nudillos.
\par \emdash \'bfJuli\'e1n? \emdash lleg\'f3 la voz tr\'e9mula.
\par As\'ed el pomo de la puerta y me dispuse a entrar, sin sa\-ber ya
qui\'e9n me esperaba al otro lado. Abr\'ed lentamente.
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 Bea me contemplaba desde el rinc\'f3n,
envuelta en una manta. Corr\'ed a su lado y la abrac\'e9 en silencio.
Sent\'ed que se deshac\'eda en l\'e1grimas.
\par \emdash No sab\'eda ad\'f3nde ir \emdash murmur\'f3\emdash . Te
llam\'e9 varias veces a casa, pero no hab\'eda nadie. Me asust\'e9...
\par Bea se sec\'f3 las l\'e1grimas con los pu\'f1os y me clav\'f3 la
mirada. Asent\'ed, y no fue necesario que dijese m\'e1s.
\par \emdash \'bfPor qu\'e9 me has llamado Juli\'e1n?
\par Bea lanz\'f3 una mirada hacia la puerta entreabierta.
\par \emdash \'c9l est\'e1 aqu\'ed. En esta casa. Entra y sale. Me
sorpren\-di\'f3 el otro d\'eda, cuando intentaba entrar en la casa. Sin
que le dijese nada, supo qui\'e9n era. Supo lo que estaba pa\-sando. Me
instal\'f3 en esta habitaci\'f3
n y me trajo una man\-ta, agua y comida. Me dijo que esperase. Que todo
iba a salir bien. Me dijo que t\'fa vendr\'edas por m\'ed. Por la noche
hablamos durante horas. Me habl\'f3 de Pen\'e9lope, de Nu\-ria... sobre
todo me habl\'f3
de ti, de nosotros dos. Me dijo que ten\'eda que ense\'f1arte a
olvidarle...
\par \emdash \'bfD\'f3nde est\'e1 ahora?
\par \emdash Abajo. En la biblioteca. Me dijo que estaba esperan\-do a
alguien, que no me moviese de aqu\'ed.
\par \emdash \'bfEsperando a qui\'e9n?
\par \emdash No lo s\'e9. Dijo que era alguien que vendr\'eda contigo,
que t\'fa le traer\'edas...
\par Cuando me asom\'e9 al corredor, las pisadas ya se escu\-chaban al
pie de la escalinata. Reconoc\'ed la sombra desan\-grada sobre los muros
como una telara\'f1a, la gabardina negra, el sombrero calado como una
capucha y el rev\'f3l\-
ver en la mano reluciente como una guada\'f1a. Fumero. Siempre me
hab\'eda recordado a alguien, o a algo, pero hasta aquel instante no
hab\'eda comprendido a qu\'e9.
\par
\par
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {4
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw4\lang1034
\par Extingu\'ed las velas con los dedos y le hice una se\'f1a a Bea para
que guardase silencio. Me asi\'f3 la mano y me mir\'f3 inquisitivamente.
Los pasos lentos de Fumero se escucha\-ban a nuestros pies. Conduje a Bea
de nuevo al interior de la habitaci\'f3
n y le indiqu\'e9 que permaneciese all\'ed, ocul\-ta tras la puerta.
\par \emdash No salgas de aqu\'ed, pase lo que pase \emdash susurr\'e9.
\par \emdash No me dejes ahora, Daniel. Por favor.
\par \emdash Tengo que advertir a Carax.
\par Bea me implor\'f3 con la mirada, pero me retir\'e9 al co\-rredor
antes de rendirme. Me deslic\'e9 hasta el umbral de la escalinata
principal. No hab\'eda rastro de la sombra de Fumero, ni de sus pasos. Se
hab\'eda detenido en alg\'fan pun\-
to de la oscuridad, inm\'f3vil. Paciente. Me retir\'e9 de nuevo al
corredor y rode\'e9 la galer\'eda de habitaciones hasta la fa\-chada
principal del caser\'f3n. Un ventanal empa\'f1ado de hielo destilaba
cuatro haces azules, turbios como agua es\-
tanca. Me acerqu\'e9 a la ventana y pude ver un coche negro apostado
frente a la verja principal. Reconoc\'ed el autom\'f3vil del teniente
Palacios. Una brasa de cigarrillo en la oscuridad delataba su presencia
tras el volante. Regres\'e9 lenta\-
mente hasta la escalinata y descend\'ed pelda\'f1o a pelda\'f1o, posando
los pies con infinita cautela. Me detuve a medio trayecto y escrut\'e9 la
tiniebla que inundaba la planta baja.
\par Fumero hab\'eda dejado el port\'f3n principal abierto a su paso. El
viento hab\'eda apagado las velas y escup\'eda remoli\-nos de nieve. La
hojarasca helada danzaba en la b\'f3veda, flotando en un t\'fanel de
claridad polvorienta que insinua\-
ba las ruinas del caser\'f3n. Descend\'ed cuatro pelda\'f1os m\'e1s,
}{\expnd1\expndtw6\lang1034 apoy\'e1ndome contra la pared. Vislumbr\'e9
un atisbo de la cristalera de la biblioteca. Segu\'eda sin detectar a
Fumero. Me pregunt\'e9 si habr\'ed
a descendido al s\'f3tano o a la cripta. El polvo de nieve que penetraba
desde el exterior estaba borrando sus huellas. Me deslic\'e9 hasta el pie
de la escali\-nata y ech\'e9 un vistazo hacia el corredor que conduc\'ed
a a la entrada. El viento helado me escupi\'f3 en la cara. La garra del
\'e1ngel sumergido en la fuente se entreve\'eda en la tinie\-bla. Mir\'e9
en la otra direcci\'f3n. La entrada a la bibl
ioteca quedaba a una decena de metros del pie de la escalinata. La
antec\'e1mara que conduc\'eda hasta all\'ed quedaba velada de oscuridad.
Comprend\'ed que Fumero pod\'eda estar observ\'e1n\-dome a apenas unos
metros del punto en el que me en\-
contraba, sin que yo pudiera verle. Escrut\'e9 la sombra, im\-penetrable
como las aguas de un pozo. Respir\'e9 hondo y, casi arrastrando los pies,
cruc\'e9 la distancia que me sepa\-raba de la entrada de la biblioteca a
ciegas.
\par El gran sal\'f3n oval quedaba sumergido en una penuria de luz
vaporosa, acribillada de puntos de sombra proyec\-tados por la nieve
desplom\'e1ndose gelatinosamente tras los ventanales. Deslic\'e9 la
mirada por los muros desnudos en busca de Fumero, quiz
\'e1 apostado junto a la entrada. Un objeto emerg\'eda del muro a apenas
dos metros a mi derecha. Por un instante me pareci\'f3 que se desplazaba,
pero era s\'f3lo el reflejo de la luna sobre el filo. Un cuchi\-llo,
quiz\'e1
una navaja de doble filo, estaba clavado en la pared. Ensartaba un
rect\'e1ngulo de cart\'f3n o papel. Me aproxim\'e9 hasta all\'ed y
reconoc\'ed la imagen apu\'f1alada sobre el muro. Era una copia
id\'e9ntica de la fotograf\'ed
a medio quemada que un extra\'f1o hab\'eda abandonado en el mos\-trador
de la librer\'eda. En el retrato, Juli\'e1n y Pen\'e9lope, ape\-nas unos
adolescentes, sonre\'edan a una vida que se les ha\-b\'eda es
capado sin saberlo. El filo de la navaja atravesaba el pecho de
Juli\'e1n. Comprend\'ed entonces que no hab\'eda sido La\'edn Coubert, o
Juli\'e1n Carax, quien hab\'eda dejado aquella fotograf\'eda como una
invitaci\'f3n. Hab\'eda sido Fumero. La fotograf
\'eda hab\'eda sido un cebo envenenado. Alc\'e9 la mano para
arrebat\'e1rsela al cuchillo, pero el contacto helado del rev\'f3lver de
Fumero en la nuca me detuvo.
\par \emdash Una imagen vale m\'e1s que mil palabras, Daniel. Si tu padre
no hubiera sido un librero de mierda, ya te lo ha\-br\'eda ense\'f1ado.
\par Me volv\'ed lentamente y enfrent\'e9 el ca\'f1\'f3n del arma.
Apestaba a p\'f3lvora reciente. El rostro cadav\'e9rico de Fu\-mero
sonre\'eda en una mueca crispada de terror.
\par \emdash \'bfD\'f3nde est\'e1 Carax?
\par \emdash Lejos de aqu\'ed. Sab\'eda que usted vendr\'eda a por \'e9l.
Se ha marchado.
\par Fumero me observaba sin pesta\'f1ear.
\par \emdash Te voy a volar la cara en pedazos, chaval.
\par \emdash De poco le servir\'e1. Carax no est\'e1 aqu\'ed.
\par \emdash Abre la boca \emdash orden\'f3 Fumero.
\par \emdash \'bfPara qu\'e9?
\par \emdash Abre la boca o te la abro yo de un tiro.
\par Desplegu\'e9 los labios. Fumero me introdujo el rev\'f3lver en la
boca. Sent\'ed una arcada trep\'e1ndome por la garganta. El pulgar de
Fumero tens\'f3 el percutor.
\par \emdash Ahora, desgraciado, piensa si tienes alguna raz\'f3n para
seguir viviendo. \'bfQu\'e9 dices?
\par Asent\'ed lentamente.
\par \emdash Entonces dime d\'f3nde est\'e1 Carax.
\par Intent\'e9 balbucear. Fumero retir\'f3 el rev\'f3lver lenta\-mente.
\par \emdash \'bfD\'f3nde est\'e1?
\par \emdash Abajo. En la cripta.
\par \emdash T\'fa me gu\'edas. Quiero que est\'e9s presente cuando le
cuente a ese hijo de puta c\'f3mo gem\'eda Nuria Monfort
}{\expnd3\expndtw16\lang1034 cuando le hund\'ed el cuchillo en...
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034 La silueta se abri\'f3 camino de la
nada. Atisbando por encima del hombro de Fumero cre\'ed ver c\'f3mo la
oscuri\-dad se remov\'ed
a en cortinajes de bruma y una figura sin rostro, de mirada
incandescente, se deslizaba hacia noso\-tros en silencio absoluto, como
si apenas rozase el suelo. Fumero ley\'f3 el reflejo en mis pupilas
empa\'f1adas de l\'e1gri\-
mas y su rostro se descompuso lentamente.
\par Cuando se volvi\'f3 y dispar\'f3 al manto de negrura que le
envolv\'eda, dos garras de cuero, sin l\'edneas ni relieve, le hab\'edan
atenazado la garganta. Eran las manos de Juli\'e1n Carax, crecidas de las
llamas. Carax me apart\'f3 de un em\-puj\'f3
n y aplast\'f3 a Fumero contra la pared. El inspector aferr\'f3 el
rev\'f3lver e intent\'f3 situarlo bajo la barbilla de Ca\-rax. Antes de
que pudiese accionar el gatillo, Carax le asi\'f3 de la mu\'f1eca y la
martille\'f3 con fuerza contra la pa\-red una
v otra vez, sin conseguir que Fumero soltase el re\-v\'f3lver. Un
segundo disparo estall\'f3 en la oscuridad y se es\-trell\'f3 contra el
muro, abriendo un boquete en el panel de madera. L\'e1grimas de p\'f3
lvora encendida v astillas en brasa salpicaron el rostro del inspector.
El hedor a carne chamuscada inund\'f3 la sala.
\par De una sacudida, Fumero trat\'f3 de zafarse de aquellas manos que le
manten\'edan el cuello inmovilizado y la mano que sosten\'eda el
rev\'f3lver contra la pared. Carax no aflojaba la presa. Fumero rugi\'f3
de rabia y lade\'f3 la cabeza hasta morder el pu
\'f1o de Carax. Le pose\'eda una furia animal. Es\-cuch\'e9 el chasquido
de sus dientes desgarrando la piel muerta y vi los labios de Fumero
rezumando sangre. Ca\-rax, ignorando el dolor, o quiz\'e1 incapaz de
sentirlo, asi\'f3 entonces el pu\'f1
al. Lo desclavo de la pared de un tir\'f3n y, ante la mirada aterrada de
Fumero, ensart\'f3 la mu\'f1eca derecha del inspector contra la pared con
un golpe bru\-tal que hundi\'f3 el filo en el panel de madera casi hasta
la empu\'f1adura. Fumero dej\'f3
escapar un terrible alarido de agon\'eda. Su mano se despleg\'f3 en un
espasmo y el rev\'f3lver cay\'f3 a sus pies. Carax lo escupi\'f3 hacia
las sombras de un puntapi\'e9.
\par El horror de aquella escena hab\'eda desfilado ante mis ojos en
apenas unos segundos. Me sent\'eda paralizado, inca\-paz de actuar o de
articular un solo pensamiento. Carax se volvi\'f3 hacia m\'ed y me
clav\'f3 la mirada. Contempl\'e1ndole, acert\'e9
a reconstruir sus facciones perdidas que hab\'eda ima\-ginado tantas
veces, contemplando retratos y escuchando viejas historias.
\par \emdash Ll\'e9vate a Beatriz de aqu\'ed, Daniel. Ella sabe lo que
deb\'e9is hacer. No te separes de ella. No dejes que te la arrebaten.
Nada ni nadie. Cu\'eddala. M\'e1s que a tu vida.
\par Quise asentir, pero los ojos se me fueron a Fumero, que estaba
forcejeando con el cuchillo que le atravesaba la mu\'f1eca. Lo arranc\'f3
de una sacudida y se desplom\'f3 de rodillas, sosteni\'e9ndose el brazo
herido que le sangraba sobre el costado.
\par \emdash M\'e1rchate \emdash musit\'f3 Carax.
\par Fumero nos contemplaba cegado de odio desde el suelo, sosteniendo el
cuchillo ensangrentado en su mano izquierda. Carax se dirigi\'f3 hacia
\'e9l. Escuch\'e9 unos pasos apresurados acerc\'e1ndose y comprend\'ed
que Palacios hab\'ed
a acudido en auxilio de su jefe alertado por los disparos. Antes de que
Carax pudiese arrebatarle el cuchillo a Fu\-mero, Palacios penetr\'f3 en
la biblioteca con el arma en alto.
\par \emdash Atr\'e1s \emdash advirti\'f3.
\par Lanz\'f3 una r\'e1pida mirada a Fumero, que se incorpora\-ba con
dificultad, y luego nos observ\'f3, primero a m\'ed y luego a Carax.
Percib\'ed el horror y la duda en aquella mi\-rada.
\par \emdash He dicho atr\'e1s.
\par Carax se detuvo y retrocedi\'f3. Palacios nos observaba
fr\'edamente, tratando de dilucidar c\'f3mo resolver la situa\-ci\'f3n.
Sus }{\expnd0\expndtw2\lang1034 ojos}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
}{\expnd0\expndtw4\lang1034 se posaron sobre m\'ed.
\par \emdash T\'fa, l\'e1rgate. Esto no va contigo. Venga.
\par Dud\'e9 un instante. Carax asinti\'f3.
\par \emdash De aqu\'ed no se va nadie \emdash cort\'f3 Fumero\emdash .
Palacios, entr\'e9gueme su rev\'f3lver.
\par Palacios permaneci\'f3 en silencio.
\par \emdash Palacios \emdash repiti\'f3 Fumero, alargando la mano
total\-mente velada de sangre en demanda del arma.
\par \emdash No \emdash murmur\'f3 Palacios, apretando los dientes.
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Los ojos}{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
}{\expnd0\expndtw4\lang1034 enloquecidos de Fumero se llenaron de des\-
precio y de furia. Aferr\'f3 el arma de Palacios y lo empuj\'f3 de un
manotazo. Cruc\'e9
una mirada con Palacios y supe lo que iba a suceder. Fumero alz\'f3 el
arma lentamente. Le temblaba la mano y el rev\'f3lver brillaba,
reluciente de san\-gre. Carax retrocedi\'f3 paso a paso, buscando la
sombra, pero no hab\'eda escapatoria. El ca\'f1
\'f3n del rev\'f3lver le se\-gu\'eda. Sent\'ed que los m\'fasculos del
cuerpo se me incendia\-ban de rabia. La mueca de muerte de Fumero, que se
re\-lam\'eda de locura y rencor, me despert\'f3 de una bofetada. Palacios
me miraba, negando en s
ilencio. Le ignor\'e9. Ca\-rax se hab\'eda abandonado ya, inm\'f3vil en
el centro de la sala, esperando la bala.
\par }\pard\plain \s15\qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {Fumero nunca lleg\'f3 a verme. Para \'e9l s\'f3lo
exist\'eda Ca\-rax y aquella mano ensangrentada unida a un rev\'f3lver.
Me abalanc\'e9 sobre \'e9l de un salto. Sent\'ed
que mis pies se levantaban del suelo, pero nunca llegu\'e9 a recobrar el
con\-tacto. El mundo se hab\'eda congelado en el aire. El estruen\-do del
disparo me lleg\'f3
lejano, como eco de tormenta que se aleja. No hubo dolor. El impacto del
disparo me atraves\'f3 las costillas. La primera llamarada fue ciega,
como si una barra de metal me hubiese golpeado con fu\-ria indecible y me
hubiese propulsado en el vac\'ed
o un par de metros, hasta derribarme al suelo. No sent\'ed la
ca\'edda,}{\expnd0\expndtw4 }{aunque me pareci\'f3 que las paredes
converg\'edan y el techo descend\'ed
a a toda velocidad como si ansiara aplastarme. Una mano me sostuvo la
nuca y vi el rostro de Juli\'e1n Carax inclin\'e1ndose sobre m\'ed. En mi
visi\'f3n, Carax apare\-c\'eda exactamente como yo le hab\'ed
a imaginado, como si las llamas nunca le hubiesen arrancado el semblante.
Advert\'ed el horror en su mirada, sin comprender. Vi c\'f3mo posaba su
mano sobre mi pecho y me pregunt\'e9 qu\'e9 era aquel l\'ed\-
quido humeante que brotaba entre sus dedos. Fue enton\-ces cuando
sent\'ed aquel fuego terrible, como aliento de brasas devor\'e1ndome las
entra\'f1as. Un grito quiso escapar de mis labios, pero aflor\'f3 ahogado
en sangre tibia. Reco\-noc\'ed
el rostro de Palacios a mi lado, derrotado de remor\-dimiento. Alc\'e9
la mirada y entonces la vi. Bea avanzaba lentamente desde la puerta de la
biblioteca, el rostro un\-
gido de horror y las manos temblorosas sobre los labios. Negaba en
silencio. Quise advertirla, pero un fr\'edo mor\-diente me recorr\'eda
los brazos y las piernas, abri\'e9ndose ca\-mino en mi cuerpo a
cuchilladas.
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw4\lang1034 Fumero acechaba oculto tras
la puerta. Bea no repar\'f3 en su presencia. Cuando Carax se incorpor\'f3
de un salto y Bea se volvi\'f3, alertada, el rev
\'f3lver del inspector ya le rozaba la frente. Palacios se lanz\'f3 a
detenerle. Lleg\'f3 tarde. Carax se cern\'eda ya sobre \'e9l. Escuch\'e9
su grito, lejano, lle\-vando el nombre de Bea. La sala se prendi\'f3 en
el resplan\-
dor del disparo. La bala atraves\'f3 la mano derecha de Carax. Un
instante m\'e1s tarde, el hombre sin rostro ca\'eda sobre Fumero. Me
inclin\'e9 para ver c\'f3mo Bea corr\'eda a mi lado, intacta. Busqu\'e9 a
Carax con una mirada
que se me apagaba, pero no le encontr\'e9. Otra figura hab\'eda ocupado
su lugar. Era La\'edn Coubert, tal y como hab\'eda aprendido a temerle
leyendo las p\'e1ginas de un libro tantos a\'f1os atr\'e1
s. Esta vez, las garras de Coubert se hundieron en los ojos de Fumero y
lo arrastraron como garfios. Acert\'e9 a ver c\'f3mo las piernas del
inspector se arrastraban por la puerta de la biblioteca, c\'f3mo su
cuerpo se debat\'eda en sacudidas mien\-
tras Coubert lo arrastraba sin piedad hacia el port\'f3n, c\'f3mo sus
rodillas golpeaban los escalones de m\'e1rmol y la nieve le escup\'eda en
el rostro, c\'f3mo el hombre sin rostro le aferraba del cuello y,
alz\'e1ndolo como un t\'edtere, lo lan\-
zaba contra la fuente helada, c\'f3mo la mano del \'e1ngel atravesaba su
pecho y lo ensartaba y c\'f3mo el alma maldi\-ta se le derramaba en vapor
y aliento negro que ca\'eda en l\'e1grimas heladas sobre el espejo
mientras sus p\'e1
rpados se agitaban hasta morir y sus ojos parec\'edan astillarse con
ara\-\'f1azos de escarcha.
\par Me desplom\'e9 entonces, incapaz de sostener la mirada un segundo
m\'e1s. La oscuridad se te\'f1\'eda de luz blanca y el rostro de Bea se
alejaba en un t\'fanel de niebla. Cerr\'e9 los ojos y sent\'ed
las manos de Bea sobre mi rostro y el soplo de su voz suplic\'e1ndole a
Dios que no me llevase, susurr\'e1ndo\-me que me quer\'eda y que no me
dejar\'eda ir, que no me de\-jar\'eda ir. S\'f3lo recuerdo que me
desprend\'ed en aquel espejis\-mo de luz y fr
\'edo, que una rara paz me envolvi\'f3 y se llev\'f3 el dolor y el fuego
lento de mis entra\'f1as. Me vi a m\'ed mis\-mo caminando por las calles
de aquella Barcelona em\-brujada de la
mano de Bea, casi ancianos. Vi a mi padre y a Nuria Monfort posando
rosas blancas sobre mi tumba. Vi a Ferm\'edn llorando en brazos de la
Bernarda, y a mi vie\-jo amigo Tom\'e1s, que hab\'eda enmudecido para
siempre. Les vi como se ve a los extra\'f1
os desde un tren que se ale\-ja demasiado de prisa. Fue entonces, casi
sin darme cuen\-ta, cuando record\'e9 el rostro de mi madre que hab\'eda
per\-dido tantos a\'f1os atr\'e1s como si un recorte extraviado se
hubiese deslizado de entre las p\'e1
ginas de un libro. Su luz fue cuanto me acompa\'f1\'f3 en mi descenso.
\par }\pard\plain
\s1\qj\fi2977\keepn\nowidctlpar\widctlpar\outlinelevel0\adjustright
\i\f1\lang3082\cgrid {\lang1034 \page }{\i0\lang1034 27 DE NOVIEMBRE DE
1955
\par POST MORTEM
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\i\expnd0\expndtw2\lang1034
\par La habitaci\'f3n era blanca, forjada de lienzos y cortinajes tejidos
de vapor y de sol reluciente. Desde mi ventana se ve\'eda un mar azul
infinito. Alg\'fan d\'eda, alguien querr\'eda convencerme de que no, que
desde la cl\'ednica Corach\'e1
n no se ve el mar, que sus habitacio\-nes no son blancas ni et\'e9reas y
que el mar de aquel noviembre era una balsa de plomo fr\'eda y hostil,
que sigui\'f3 nevando todos los d\'edas de aquella semana hasta sepultar
el sol y toda Barcelona bajo un metro de nieve y de que incluso
Ferm\'edn, el eterno optimis\-ta, cre\'eda que yo iba a morir otra vez.
\par Ya hab\'eda muerto antes, en la ambulancia, en brazos de Bea y del
teniente Palacios, que arruin\'f3 su traje oficial con mi sangre. La
bala, dec\'edan los m\'e9dicos, que hablaban de m\'ed creyendo que no les
o\'eda, hab\'ed
a destrozado dos costillas, rozado el coraz\'f3n, segado una arteria y
salido al galope por el costado, arrastrando cuanto encontr\'f3 en su
camino. Mi coraz\'f3n dej\'f3 de latir durante se
senta y cuatro segundos. Me dijeron que, al regresar de mi excursi\'f3n
al infinito, abr\'ed los ojos y sonre\'ed antes de perder el
conocimiento.
\par No recuper\'e9 el sentido hasta ocho d\'edas m\'e1s tarde. Para en\-
tonces, los peri\'f3dicos ya hab\'edan publicado la noticia del falleci\-
miento del insigne inspector jefe de polic\'ed
a Francisco Javier Fumero en una trifulca con una banda armada de
maleantes, y las autoridades andaban demasiado ocupadas en encontrarle
una calle o pasaje al que rebautizar en su memoria. El suyo fue el
\'fanico cuerpo hallado en el viejo caser\'f3
n de los Aldaya. Los cuer\-pos de Pen\'e9lope y su hijo nunca
aparecieron.
\par }{\i\lang1034 Despert\'e9 al alba. Recuerdo la luz, de oro
l\'edquido, derram\'e1n\-dose por las s\'e1banas. Hab\'eda dejado de
nevar y alguien hab\'eda cambiado el mar tras mi ventana por una plaza
blanca de la que emerg\'edan unos columpios y poco m\'e1
s. Mi padre, hundido en una silla junto a mi cama, alz\'f3 la vista y me
observ\'f3 en silencio. Le sonre\'ed y se ech\'f3 a llorar. Ferm\'edn,
que dorm\'eda a pierna suelta en el pasillo, y Bea, que le sosten\'eda la
cabeza en el regazo, oyeron sus l\'e1
grimas, un lamento que se perd\'eda a gritos, y entraron en la ha\-
bitaci\'f3n. Recuerdo que Ferm\'edn estaba blanco }{\lang1034 y
}{\i\lang1034 flaco como una raspa de pescado. Me contaron que la sangre
que corr\'eda por mis venas era suya, que yo hab
\'eda perdido toda la m\'eda, y que mi ami\-go llevaba d\'edas
atiborr\'e1ndose de pepitos de lomo en la cafeter\'eda de la cl\'ednica
para criar gl\'f3bulos rojos en caso de que yo necesitase m\'e1s.
Quiz\'e1 eso explicase por qu\'e9 me sent\'eda m\'e1
s sabio y menos Daniel. Recuerdo que hab\'eda un bosque de flores y que
aquella tar\-de, o quiz\'e1 dos minutos despu\'e9s, no sabr\'eda decir,
desfilaron por la habitaci\'f3n desde Gustavo Barcel\'f3 y su sobrina
Clara, a la Bernarda y mi amigo Tom\'e1
s, que no se atrev\'eda a mirarme a los ojos y que cuando le abrac\'e9
ech\'f3 a correr y se fue a llorar a la ca\-lle. Recuerdo vagamente a don
Federico, que ven\'eda acompa\'f1ado de la Merceditas y del
catedr\'e1tico don Anacleto. Sobre todo re\-
cuerdo a Bea, que me miraba en silencio mientras todos se desha\-c\'edan
en alegr\'edas y salvas al cielo, y a mi padre, que hab\'eda dormi\-do en
aquella silla durante siete noches, rez\'e1ndole a un Dios en el que no
cre\'eda.
\par Cuando los m\'e9dicos obligaron a toda la comitiva a desalojar la
habitaci\'f3n y abandonarme a un reposo que no quer\'eda, mi pa\-dre se
acerc\'f3 un momento y me dijo que me hab\'eda tra\'eddo mi pluma, la
estilogr\'e1fica de V\'ed
ctor Hugo, y un cuaderno, por si quer\'eda escribir. Ferm\'edn, desde la
puerta, anunciaba que hab\'eda consulta\-do con el plantel de doctores de
la cl\'ednica y le hab\'edan asegurado que yo no iba a hacer el servicio
militar. Bea me bes\'f3
en la frente y se llev\'f3 a mi padre a que le diese el aire, porque no
hab\'eda salido de aquella habitaci\'f3n en m\'e1s de una semana. Me
qued\'e9 a solas, aplastado de cansancio y me rend\'ed al sue\'f1o,
contemplando el es\-tuche de
mi pluma sobre la mesita de noche.
\par Me despertaron unos pasos en la puerta y me pareci\'f3 ver la
silueta de mi padre al pie del lecho, o quiz\'e1 fuera el doctor Men\-
doza que no me quitaba un ojo de encima, convencido de que yo era hijo de
un milagro. El visitante rode\'f3
el lecho y se sent\'f3 en la silla de mi padre. Sent\'eda la boca seca y
apenas pod\'eda hablar. Ju\-li\'e1n Carax me acerc\'f3 un vaso de agua a
los labios y me sostuvo la cabeza mientras los humedec\'eda. Ten\'eda
ojos de despedida, y me bast\'f3
mirar en ellos para comprender que nunca hab\'eda llegado a averiguar la
verdadera identidad de Pen\'e9lope. No recuerdo bien sus palabras, ni el
sonido de su voz. S\'ed s\'e9 que me tom\'f3 la mano y que sent\'ed que
me ped\'eda que viviese por \'e9
l, y que no volver\'eda a ver\-le jam\'e1s. De lo que no me he olvidado
es de lo que yo le dije. Le ped\'ed que tomase aquella pluma, que
hab\'eda sido suya desde siem\-pre, y que volviese a escribir.
\par Cuando despert\'e9, Bea me estaba refrescando la frente con un
pa\'f1o h\'famedo de colonia. Sobresaltado, le pregunt\'e9 d\'f3nde
estaba Carax. Me mir\'f3, confundida, y me dijo que Carax hab\'eda
desaparecido en la tormenta ocho d\'edas atr\'e1
s dejando un rastro de san\-gre en la nieve y que todos le daban por
muerto. Dije que no, que hab\'eda estado all\'ed mismo, conmigo, hac\'eda
apenas segundos. Bea me sonri\'f3, sin decir nada. La enfermera que me
tomaba el pulso neg\'f3
lentamente y me explic\'f3 que llevaba seis horas dormido, que ella
hab\'eda estado sentada a su escritorio frente a la puerta de mi
habitaci\'f3n durante todo ese tiempo y que, mientras tanto, nadie
hab\'eda entrado en mi habitaci\'f3n.
\par Aquella noche, al intentar conciliar el sue\'f1o, volv\'ed la cabeza
sobre la almohada y comprob\'e9 que el estuche estaba abierto y que la
pluma hab\'eda desaparecido.
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034
\par }\pard\plain
\s1\qj\fi2977\keepn\nowidctlpar\widctlpar\outlinelevel0\adjustright
\i\f1\lang3082\cgrid {\lang1034 \page }{\i0\lang1034 1956
\par LAS AGUAS DE MARZO
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw4\lang1034
\par }{\expnd1\expndtw6\lang1034 Bea y yo nos casamos en la iglesia de
Santa Ana dos meses m\'e1s tarde. El se\'f1or Aguilar, que todav\'eda me
hablaba en monos\'edlabos y seguir\'eda haci\'e9ndolo hasta el fin de los
tiempos, me hab\'ed
a concedido la mano de su hija ante la imposibilidad de obtener mi cabeza
en bandeja. La desa\-parici\'f3n de Bea le hab\'eda afeitado la furia, y
ahora parec\'eda vivir en estado de perpetuo susto, resignado a que
pronto su nieto me llamase pap\'e1
y a que la vida, vali\'e9ndose de un sinverg\'fcenza remendado de un
balazo, le robase a la ni\'f1a que \'e9l, pese a las bifocales, segu\'eda
viendo como el d\'eda de su primera comuni\'f3n, ni un d\'eda mayor. Una
sema\-
na antes de la ceremonia, el padre de Bea se present\'f3 en la
librer\'eda para regalarme una aguja de corbata de oro que hab\'eda
pertenecido a su padre y para estrecharme la mano.
\par }\pard \fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright {\lang1034 \emdash
Bea es lo \'fanico bueno que he hecho en la vida \emdash me dijo\emdash .
Cu\'eddamela.
\par }\pard \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
{\expnd1\expndtw6\lang1034 Mi padre le acompa\'f1\'f3 hasta la puerta y
le contempl\'f3 alejarse por la calle Santa Ana con esa melancol\'eda que
re\-
blandece a los hombres que envejecen al mismo tiempo sin que nadie les
haya pedido permiso.
\par \emdash No es una mala persona, Daniel \emdash dijo\emdash . Cada
cual quiere a su manera.
\par El doctor Mendoza, que dudaba de mi capacidad para
}{\expnd0\expndtw4\lang1034 sostenerme en pie durante mas de media hora,
me hab\'eda advertido que el ajetreo de una boda y sus preparativos no
eran la mejor medicina para sanar a un hombre que hab\'ed
a estado a punto de dejarse el coraz\'f3n en el quir\'f3\-fano.
\par \emdash No se preocupe \emdash le tranquilic\'e9\emdash . No me
dejan ha\-cer nada.
\par No ment\'eda. Ferm\'edn Romero de Torres se hab\'eda erigi\-do en
dictador absoluto y fact\'f3tum de la ceremonia, ban\-quete y
miscel\'e1nea varia. El p\'e1rroco de la iglesia, al enterarse de que la
novia llegaba pre\'f1ada al altar, se hab\'ed
a negado en redondo a celebrar el matrimonio y amenaz\'f3 con conjurar a
los hados de la Santa Inquisici\'f3n para que impidiesen el evento.
Ferm\'edn mont\'f3 en c\'f3lera y lo sac\'f3
a rastras de la iglesia, gritando a los cuatro vientos que era indigno
del h\'e1bito, de la parroquia, y jur\'e1ndole que como se le ocurriese
levantar una pesta\'f1a le iba a montar un esc\'e1ndalo en el obispado
del que lo menos resultar\'ed
a desterrado al pe\'f1\'f3n de Gibraltar a evangelizar a las mo\-nas por
mezquino y miserable. Varios transe\'fantes aplau\-dieron, y el florista
de la plaza le regal\'f3 a Ferm\'edn un cla\-vel blanco que procedi\'f3 a
lucir en la solapa hasta que los p
\'e9talos le quedaron del color del cuello de la camisa. Compuestos y sin
cura, Ferm\'edn acudi\'f3 al colegio de San Gabriel y procedi\'f3 a
reclutar los servicios del padre Fernando Ramos, que no hab\'ed
a celebrado una boda en la vida y cuya especialidad era el lat\'edn, la
trigonometr\'eda y la gimnasia sueca, por este orden.
\par \emdash Eminencia, que el novio est\'e1 muy d\'e9bil y ahora yo no
puedo darle otro disgusto. El ve en usted una reencar\-naci\'f3n de los
grandes padres de la madre Iglesia, ah\'ed en lo alto con santo Tom\'e1s,
san Agust\'edn y la virgen de F\'e1ti\-
ma. Ah\'ed donde usted le ve, el muchacho es como yo, de\-vot\'edsimo. Un
m\'edstico. Si ahora le digo que me falla usted, lo mismo tenemos que
celebrar un funeral en vez de una boda.
\par \emdash Si me lo pone usted as\'ed.
\par Seg\'fan me contaron despu\'e9s \emdash porque yo no lo re\-cuerdo y
las bodas siempre se empe\'f1an en recordarlas mejor los dem\'e1s\emdash
, antes de la ceremonia, la Bernarda y don Gustavo Barcel\'f3 (siguiendo
instrucciones detalladas de Ferm\'ed
n) embozaron de moscatel al pobre sacerdote para soltarle las tablas. A
la hora de oficiar el padre Fer\-nando, tocado de una sonrisa bendita y
un tono sonrosa\-do muy favorecedor, opt\'f3, en un vuelo de licencia
proto\-
colaria, por sustituir la lectura de no s\'e9 qu\'e9 Carta a los
Corintios por un soneto de amor, obra de un tal Pablo Neruda, al que
algunos de los invitados del se\'f1
or Aguilar identificaron como comunista y bolchevique irredento mientras
otros buscaban en el misal aquellos versos de rara belleza pagana,
pregunt\'e1ndose si ya se empezaban a ver los primeros efectos del
concilio en ciernes.
\par La noche antes de la boda, Ferm\'edn, arquitecto del evento y
maestro de ceremonias, me anunci\'f3 que me ha\-b\'eda organizado una
despedida de soltero a la que s\'f3lo es\-t\'e1bamos invitados \'e9l y
yo.
\par \emdash No s\'e9, Ferm\'edn. A m\'ed estas cosas...
\par \emdash Conf\'ede en m\'ed.
\par Llegada la noche de autos segu\'ed d\'f3cilmente a Ferm\'edn hasta
un tugurio infecto sito en la calle Escudillers donde los hedores a
humanidad conviv\'edan con la fritanga m\'e1s abyecta del litoral
mediterr\'e1
neo. Un plantel de damas con la virtud en alquiler y mucho kilometraje
encima nos recibi\'f3 con sonrisas que hubieran hecho las delicias de una
facultad de ortodoncia.
\par \emdash Venimos a por la Roci\'edto \emdash anunci\'f3 Ferm\'edn a
un ma\-carr\'f3n cuyas patillas guardaban una sorprendente resem\-blanza
con el cabo de Finisterre.
\par }{\expnd0\expndtw2\lang1034 \emdash Ferm\'edn \emdash musit\'e9,
aterrado\emdash . Por el amor de Dios...
\par \emdash Tenga fe.
\par La Roci\'edto acudi\'f3 presta en toda su gloria, que calcul\'e9
colindante en los noventa kilogramos sin contar el chal de lagarterana y
el vestido de viscosa colorado, y me hizo un inventario a conciencia.
\par \emdash Hola, coras\'f3n. Yo te has\'eda m\'e1s viejo, f\'edhate
t\'fa.
\par \emdash \'c9ste no es el interfecto \emdash aclar\'f3 Ferm\'edn.
\par Comprend\'ed entonces la naturaleza del embrollo y mis temores se
desvanecieron. Ferm\'edn nunca olvidaba una promesa, especialmente si era
yo el que la hab\'eda hecho. Partimos los tres en busca de un taxi que
nos condujese al asilo de Santa Luc\'ed
a. Durante el trayecto Ferm\'edn, que en deferencia a mi estado de salud
y a mi condici\'f3n de prometido me hab\'eda cedido el asiento delantero,
compart\'eda el trasero con la Roci\'edto, sopesando sus evidencias con
notable deleite.
\par \emdash Qu\'e9 buenorra que est\'e1s, Roci\'edto. Este culo serrano
tuyo es el apocalipsis seg\'fan Botticelli.
\par }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw2\lang1034
Ay, se\'f1or Ferm\'edn, que desde que se ha echao novia me tie orvid\'e1
y desatend\'eda, tunante.
\par \emdash Roci\'edto, que t\'fa eres mucha mujer y yo estoy con la
monogamia.
\par \emdash Quia, eso se lo cura la Roci\'edto con unas buenas frie\-gas
de penisilina.
\par Llegamos a la calle Moncada pasada la medianoche, escoltando el
cuerpo celestial de la Roci\'edto. La colamos en el asilo de Santa
Luc\'eda por la puerta trasera que se empleaba para sacar a los finados
por un callej\'f3n que luc\'eda y ol\'eda como el es
\'f3fago de los infiernos. Una vez en la tinie\-bla del
}{\i\expnd0\expndtw4\lang1034 Tenebrarium }{\expnd0\expndtw2\lang1034
Ferm\'edn procedi\'f3 a dar las \'faltimas ins\-trucciones a la
Roci\'edto mientras yo localizaba al abuelillo a quien hab\'eda
prometido un \'faltimo baile con Eros antes de que T\'e1natos le pasara
el finiquito.
\par \emdash Recuerda, Roci\'edto, que el abuelo est\'e1 un poco trom\-
petilla as\'ed que h\'e1blale alto, claro y guarro, con picard\'eda, como
t\'fa sabes, pero sin pasarte, que tampoco es cuesti\'f3n de fact
urarle al reino de los cielos antes de hora de un paro card\'edaco.
\par \emdash Tranquilo, mi sielo, que una e una profesion\'e1.
\par Encontr\'e9 al beneficiario de aquellos amores de pres\-tado en un
rinc\'f3n del primer piso, un sabio ermita\'f1o pa\-rapetado tras muros
de soledad. Alz\'f3 la vista y me con\-templ\'f3, desconcertado.
\par \emdash \'bfEstoy muerto?
\par \emdash No. Est\'e1 usted vivo. \'bfNo me recuerda?
\par \emdash A usted le recuerdo como a mis primeros zapatos, joven, pero
al verle as\'ed, cadav\'e9rico, he cre\'eddo que era una visi\'f3n del
m\'e1s all\'e1. No me lo tenga en cuenta. Aqu\'ed uno pierde eso que
ustedes, los exteriores, llaman el discerni\-
miento. As\'ed, \'bfno es usted una visi\'f3n?
\par \emdash No. La visi\'f3n se la tengo yo esperando abajo, si tie\-ne
la bondad.
\par Conduje al abuelo hasta una celda l\'fagubre que Fer\-m\'edn y la
Roci\'edto hab\'edan ataviado de fiesta con unas velas y algunos soplos
de perfume. Al posar la mirada en la abundante beldad de nuestra Venus
jerezana, el rostro del abuelo se ilumin\'f3
de para\'edsos so\'f1ados.
\par \emdash Dios les bendiga a ustedes.
\par }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash }{\expnd0\expndtw2\lang1034 Y
usted que lo vea \emdash dijo Ferm\'edn, indic\'e1ndole a la sirena de la
calle Escudillers que procediese a desplegar sus artes.
\par La vi tomar al abuelillo con infinita delicadeza y besarle las
l\'e1grimas que le ca\'edan por las mejillas. Ferm\'edn y yo nos re\-
tiramos de la escena para concederles la merecida intimidad. En nuestro
periplo por aquella galer\'eda de desesperacio\-
nes nos topamos con la hermana Emilia, una de las monjas que
administraban el asilo. Nos dedic\'f3 una mirada sulf\'farica.
\par }{\lang1034 \emdash Me dicen unos internos que han colado ustedes
una fulana, y que ahora ellos tambi\'e9n quieren otra.
\par \emdash Hermana ilustr\'edsima, \'bfpor qui\'e9n nos toma? Nuestra
presencia aqu\'ed es estrictamente ecum\'e9nica. Aqu\'ed el infan\-te,
que ma\'f1ana se hace hombre a ojos de la Santa Madre Iglesia, y yo
acud\'ed
amos para interesarnos por la interna Jacinta Coronado.
\par La hermana Emilia enarc\'f3 una ceja.
\par \emdash \'bfSon ustedes familia?
\par \emdash Espiritualmente.
\par }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash }{\lang1034 Jacinta
falleci\'f3 hace quince d\'edas. Un caballero vino a visitarla la noche
antes. \'bfEs pariente suyo?
\par \emdash \'bfSe refiere al padre Fernando?
\par \emdash No era un sacerdote. Me dijo que su nombre era Ju\-li\'e1n.
No recuerdo el apellido.
\par Ferm\'edn me mir\'f3, mudo.
\par }{\i\expnd1\expndtw6\lang1034 \emdash }{\lang1034 Juli\'e1n es un
amigo m\'edo \emdash dije yo.
\par La hermana Emilia asinti\'f3.
\par \emdash Estuvo con ella varias horas. Hac\'eda a\'f1os que no la
o\'eda re\'edr. Cuando \'e9l se march\'f3, ella me dijo que hab\'edan
es\-tado hablando de otros tiempos, de cuando eran j\'f3venes. Me dijo
que ese se\'f1or le tra\'ed
a noticias de su hija Pen\'e9lo\-pe. No sab\'eda que Jacinta hubiera
tenido una hija. Me acuerdo, porque aquella ma\'f1ana Jacinta me
sonri\'f3 y cuando le pregunt\'e9 por qu\'e9 estaba tan contenta me dijo
que se iba a casa, con Pen\'e9lope. Muri\'f3
al alba, mientras dorm\'eda.
\par La Roci\'edto concluy\'f3 su ritual de amor un rato des\-pu\'e9s,
dejando al abuelillo rendido y en brazos de Morfeo. Cuando sal\'edamos,
Ferm\'edn le pag\'f3 doble, pero ella, que lloraba de pena ante el
espect\'e1culo de todos aquellos de\-
sahuciados olvidados de Dios y del demonio, se empe\'f1\'f3 en donar sus
emolumentos a la hermana Emilia }{para que les diesen una merienda de
}{\expnd3\expndtw16 chocolate con churros a }{\expnd1\expndtw8
to}{\lang1034 dos, porque a ella eso siempre
le quitaba las penas de la vida, esa reina de las putas.
\par \emdash E que una e una sentiment\'e1. Mire ut\'e9, se\'f1or Fer\-
m\'edn, ese pobresillo... si no m\'e1 quer\'eda que lo abrasase y le
acarisiase. Se la parte a una t\'f3...
\par Colocamos a la Roci\'edto en un taxi con una buena pro\-pina y
enfilamos la calle Princesa, que estaba desierta y sembrada de velos de
vapor.
\par \emdash Habr\'eda que irse a dormir, por lo de ma\'f1ana \emdash
dijo Ferm\'edn.
\par \emdash No creo que pueda.
\par Nos echamos a andar rumbo a la Barceloneta y, casi sin darnos
cuenta, nos adentramos por el rompeolas has\-ta que toda la ciudad,
reluciente de silencio, qued\'f3
a nuestros pies como el mayor espejismo del universo emergiendo del
estanque de las aguas del puerto. Nos sentamos al borde del muelle a
contemplar la visi\'f3n. A una veintena de metros se iniciaba una
procesi\'f3n inm\'f3vil de autom\'f3
viles con las ventanas veladas de vaho y hojas de diario.
\par \emdash Esta ciudad es bruja, \'bfsabe usted, Daniel? Se le mete a
uno en la piel y le roba el alma sin que uno se d\'e9 ni cuenta.
\par \emdash Habla usted como la Roci\'edto, Ferm\'edn.
\par \emdash No se r\'eda usted, que son las personas como ella las que
hacen de este perro mundo un sitio que vale la pena visitar.
\par \emdash \'bfLas putas?
\par \emdash No. Putas lo somos todos, tarde o temprano. Yo digo la gente
de buen coraz\'f3n. Y no me mire usted as\'ed. A m\'ed las bodas me ponen
hecho un flan.
\par Nos quedamos all\'ed sentados en brazos de aquella rara quietud,
catalogando reflejos sobre el agua. Al rato, el alba esparci\'f3 de
\'e1mbar el cielo y Barcelona se encendi\'f3 de luz. Se escucharon las
campanas lejanas en la bas\'edlica de Santa Mar\'ed
a del Mar, que emerg\'eda de las brumas al otro lado del puerto.
\par \emdash \'bfCree usted que Carax sigue ah\'ed, en alg\'fan lugar de
la ciudad?
\par \emdash Preg\'fanteme otra cosa.
\par \emdash \'bfTiene los anillos?
\par Ferm\'edn sonri\'f3.
\par \emdash Ande, vamos. Que a usted y a m\'ed nos esperan, Da\-niel.
Nos espera la vida.
\par
\par }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034
\par }\pard\plain \s18\qj\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\i\f1\expndtw4\lang1034\cgrid {\expnd0\expndtw2 Vest\'eda de marfil y
tra\'ed
a el mundo en la mirada. Apenas recuerdo las palabras del cura, ni los
rostros prendidos de esperanza de los invitados que llenaban la iglesia
aquella ma\'f1ana de marzo. S\'f3lo me queda el roce de sus labios y, al
entreabrir los ojos, el ju\-
ramento secreto que me llev\'e9 en la piel y que recordar\'eda todos los
d\'edas de mi vida.
\par }\pard\plain
\s1\qj\fi2977\keepn\nowidctlpar\widctlpar\outlinelevel0\adjustright
\i\f1\lang3082\cgrid {\i0\lang1034 \page 1966
\par DRAMATIS PERSONAE
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\lang1034
\par Juli\'e1n Carax concluye La }{\i\expnd0\expndtw2\lang1034 Sombra del
Viento }{\lang1034 con una breve memoria para hilvanar los destinos de
sus personajes a\'f1os m\'e1s tarde. He le\'eddo muchos libros desde
aquella le\-jana noche de 1945, pero la \'fa
ltima novela de Carax sigue siendo mi favorita. Hoy, con tres d\'e9cadas
a mis espaldas, ya no tengo esperanzas de cambiar de opini\'f3n.
\par Mientras escribo estas l\'edneas sobre el mostrador de la
librer\'eda, mi hijo Juli\'e1n, que ma\'f1ana cumple diez a\'f1os, me
observa sonriente e intrigado por esa pila de cuartillas que crece y
crece, quiz\'e1 convencido de que su padre tam\-bi\'e9
n ha contra\'eddo esa enfermedad de los libros y las pala\-bras.
Juli\'e1n tiene los ojos y la inteligencia de su madre, y me gusta creer
que quiz\'e1 posee mi ingenuidad. Mi pa\-
dre, que tiene dificultad para leer los lomos de los libros aunque no lo
admita, est\'e1 arriba en casa. Muchas veces me pregunto si es un hombre
feliz, en paz, si nuestra compa\'f1\'ed
a le ayuda o si vive dentro de sus recuerdos y de esa tristeza que
siempre le ha perseguido. Bea y yo lleva\-mos la librer\'eda ahora. Yo
llevo las cuentas y los n\'fameros. Bea hace las compras y atiende a los
clientes, que la pre\-fieren a ella m\'e1
s que a m\'ed. No les culpo.
\par El tiempo la ha hecho fuerte y sabia. Casi nunca habla del pasado,
aunque a menudo la sorprendo varada en uno de sus silencios, a solas
consigo misma. Juli\'e1n adora a su madre. Les observo juntos y s\'e9 que
les une un lazo invi}{
\expnd0\expndtw-2\lang1034 sible que yo apenas puedo empezar a
comprender. Me basta sentirme parte de su isla y saberme afortunado. La
librer\'eda da para vivir sin lujos, pero soy incapaz de imagi\-narme
haciendo otra cosa. Las ventas se reducen a\'f1
o a a\'f1o. Yo soy optimista y me digo que lo que sube baja, y lo que
baja, alg\'fan d\'eda ha de subir. Bea dice que el arte de leer se
est\'e1 muriendo muy lentamente, que es un ritual \'edntimo, que un libro
es un espejo y que s\'f3lo podemos en\-
contrar en \'e9l lo que ya llevamos dentro, que al leer pone\-mos la
mente y el alma, y que \'e9sos son bienes cada d\'eda m\'e1s escasos.
Cada mes recibimos ofertas para comprar\-nos la librer\'eda y
transformarla en una tienda de televiso\-
res, de fajas o de alpargatas. No nos sacar\'e1n de aqu\'ed como no sea
con los pies por delante.
\par Ferm\'edn y la Bernarda pasaron por la vicar\'eda en 1958 y ya van
por los cuatro cr\'edos, todos ellos varones y con la nariz y las orejas
de su padre. Ferm\'edn y yo nos vemos menos que antes, aunque a veces
a\'fa
n repitamos aquel paseo por el rompeolas al alba y arreglemos el mundo a
marti\-llazos. Ferm\'edn dej\'f3 el empleo en la librer\'eda hace a\'f1os
y tom\'f3 el relevo a la muerte de Isaac Monfort al frente del Cementerio
de los Libros Olvidados. Isaac est
\'e1 enterrado junto a Nuria en Montju\'efc. Les visito a menudo. Habla\-
mos. Siempre hay flores frescas sobre la tumba de Nuria.
\par Mi viejo amigo Tom\'e1s Aguilar se march\'f3 a Alemania, donde
trabaja como ingeniero para una empresa de ma\-quinaria industrial
inventando prodigios que nunca he llegado a comprender. A veces escribe
cartas, siempre a nombre de su hermana Bea. Se cas
\'f3 hace un par de a\'f1os y tiene una hija a la que no hemos visto
nunca. Siempre env\'eda recuerdos para m\'ed, pero s\'e9 que le perd\'ed
hace a\'f1os sin remedio. Me gusta pensar que la vida nos arrebata a los
amigos de la infancia porque s\'ed,
pero no siempre me lo creo.
\par El barrio sigue como siempre, pero hay d\'edas en que me parece que
la luz se atreve cada vez m\'e1s, que vuelve a Barcelona, como si entre
todos la hubi\'e9semos expulsado pero nos hubiese perdonado al fin. Don
Anacleto dej\'f3 la c\'e1tedra
del instituto y ahora se dedica en exclusividad a la poes\'eda
er\'f3tica y a sus glosas de contraportadas, m\'e1s mo\-numentales que
nunca. Don Federico Flavi\'e1 y la Mercedi\-tas se fueron a vivir juntos
cuando falleci\'f3
la madre del relojero. Hacen una pareja flamante, aunque no faltan los
envidiosos que aseguran que la cabra tira al monte y que, de tarde en
tarde, don Federico hace alguna escapa\-dilla de picos pardos ataviado de
faraona.
\par Don Gustavo Barcel\'f3 cerr\'f3 la librer\'eda y nos traspas\'f3 sus
fondos. Dijo estar hasta el gorro del gremio y deseoso de emprender
nuevos desaf\'edos. El primero y \'faltimo de ellos fue la creaci\'f3n de
una editorial dedicada a la reedi\-ci\'f3
n de las obras de Juli\'e1n Carax. El primer tomo, conte\-niendo sus tres
primeras novelas (recuperadas de un jue\-go de galeradas perdido en un
guardamuebles de la familia Cabestany), vendi\'f3
trescientos cuarenta y dos ejemplares, muchas decenas de miles detr\'e1s
del \'e9xito del a\'f1o, una hagiograf\'eda ilustrada de El Cordob\'e9s.
Don Gus\-tavo se dedica ahora a viajar por Europa en compa\'f1\'ed
a de damas distinguidas y a enviar postales de catedrales.
\par Su sobrina Clara se cas\'f3 con el banquero millonario, pero su
uni\'f3n apenas dur\'f3 un a\'f1o. La lista de sus aman\-tes sigue siendo
prolija, aunque encoge a\'f1o a a\'f1o, como su belleza. Ahora vive sola
en el piso de la plaza Real del que cada d
\'eda sale menos. Hubo un tiempo en que la visi\-taba, m\'e1s porque Bea
me recordaba su soledad y su mala suerte que por mi propio deseo. Con los
a\'f1os he visto brotar en ella una amargura que quiere vestir de
iron\'ed
a y despego. A veces creo que sigue esperando que aquel Da\-niel
hechizado de quince a\'f1os acuda a adorarla en la sombra. La presencia
de Bea, o de cualquier otra mujer, la envenena. La \'fa
ltima vez que la vi se buscaba las arrugas del rostro con las manos. Me
cuentan que a veces a\'fan ve a su antiguo profesor de m\'fasica,
Adri\'e1n Neri, cuya sinfo\-n\'eda sigue inacabada y que al parecer ha
hecho carrera como gigol\'f3
entre las damas del c\'edrculo del Liceo, donde sus acrobacias de alcoba
le han merecido el apodo de }{\i\lang1034 La Flauta M\'e1gica.
\par }{\expnd0\expndtw-2\lang1034
\par Los a\'f1os no fueron generosos con la memoria del ins\-pector
Fumero. Ni siquiera quienes le odiaban y le tem\'edan parecen recordarle
ya. Hace a\'f1os me tropec\'e9 en el paseo de Gracia con el teniente
Palacios, que dej\'f3
el cuerpo y se dedica ahora a dar clases de educaci\'f3n f\'edsica en un
cole\-gio de la Bonanova. Me cont\'f3 que todav\'eda hay una placa
conmemorativa en honor a Fumero en los s\'f3tanos de la comisar\'eda
central de V\'eda Layetana, pero la nueva m
\'e1quina expendedora de refrescos a monedas la tapa comple\-tamente.
\par En cuanto al caser\'f3n de los Aldaya, sigue all\'ed, contra todo
pron\'f3stico. Finalmente, la inmobiliaria del se\'f1or Aguilar
consigui\'f3 venderlo. Fue restaurado completamente y las estatuas de los
\'e1
ngeles reducidas a gravilla para cubrir la pista del aparcamiento que
ocupa lo que fuera el jard\'edn de los Aldaya. Hoy en d\'eda es una
agencia de publicidad, dedicada a la creaci\'f3n y promoci\'f3n de esa
rara poes\'ed
a de los calcetines de punto, los flanes en polvo y los deportivos para
ejecutivos de altos vuelos. Tengo que confesar que un d\'eda, alegando
razones inveros\'edmiles, me present\'e9 all\'ed y solicit\'e9
visitar la casa. La vieja biblioteca en la que estuve a punto de perder
la vida es ahora una sala de juntas decorada con carteles de anuncios de
desodo\-rantes y detergentes con poderes milagrosos. La habita\-ci\'f3n
donde Bea y yo concebimos a Juli\'e1
n es ahora el ba\'f1o del director general.
\par Aquel d\'eda, al regresar a la librer\'eda despu\'e9s de visitar el
antiguo palacete de los Aldaya, me encontr\'e9 con un pa\-quete en el
correo que tra\'eda matasellos de Par\'eds. Conten\'eda un libro titulado
}{\i\expnd0\expndtw-2\lang1034 El}{
\expnd0\expndtw-2\lang1034 }{\i\lang1034 \'e1ngel de brumas,
}{\expnd0\expndtw-2\lang1034 novela de un tal Boris Laurent. Dej\'e9
pasar las hojas al vuelo, sintiendo ese per\-fume m\'e1
gico a promesa de los libros nuevos, y detuve la vista en el arranque de
una frase al azar. Supe al instante qui\'e9n la hab\'eda escrito, y no me
sorprendi\'f3 regresar a la primera p\'e1gina y encontrar, en el trazo
azul de aquella pluma que tanto hab
\'eda adorado de ni\'f1o, la siguiente de\-dicatoria:
\par }\pard\plain \s15\qc\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {\i Para mi amigo Daniel, que me devolvi\'f3 la voz y
la pluma.
\par Y para Beatriz, que nos devolvi\'f3 a ambos la vida.
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw4\lang1034
\par
\par Un hombre joven, tocado ya de algunas canas, camina por las calles
de una Barcelona atrapa\-da bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que
se derrama sobre la Rambla de Santa M\'f3nica como una guirnalda de cobre
l\'edquido.
\par Lleva de la mano a un muchacho de unos diez a\'f1os, la mirada
embriagada de misterio ante la promesa que su padre le ha hecho al alba,
la promesa del Cementerio de los Libros Olvidados.
\par Juli\'e1n, lo que vas a ver hoy no se lo pue\-des contar a nadie. A
nadie.
\par \emdash \'bfNi siquiera a mam\'e1? \emdash inquiere el mu\-chacho a
media voz.
\par Su padre suspira, amparado en esa sonrisa triste que le persigue por
la vida.
\par }\pard\plain \s15\qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang1034\cgrid {\expnd0\expndtw4 \emdash Claro que s\'ed \emdash
responde\emdash . Con ella no te\-nemos secretos. A ella puedes
cont\'e1rselo todo.
\par }\pard\plain \qj\fi709\nowidctlpar\widctlpar\adjustright
\f1\lang3082\cgrid {\expnd0\expndtw4\lang1034 Al poco, figuras de vapor,
padre e hijo se confunden entre el gent\'edo de las Ramblas, sus pasos
para siempre perdidos en la sombra del }{\lang1034
viento
\par
\par
\par }{\expnd0\expndtw4\lang1034
\par }{\lang1024
{\shp{\*\shpinst\shpleft6768\shptop131\shpright8271\shpbottom632\shpfhdr0
\shpbxcolumn\shpbypara\shpwr1\shpwrk0\shpfblwtxt0\shpz0\shplid1026{\sp{\s
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