VICENTE GARCIA LEYENDA Y REALIDAD by jijHMKV

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									 VICENTE GARCIA: LEYENDA Y REALIDAD.
AUTOR: MS.C. Y PROFESOR TITULAR VICTOR
      MANUEL MARRERO ZALDIVAR
          Admiramos a Vicente García no sólo por sus méritos
          militares. Lo admiramos, especialmente, porque fue un
          hombre que surgió de las entrañas de nuestro pueblo y
          que, no obstante su posición social, murió pobre y unido a
          la gran causa de los humildes de su tierra. Él murió unido
          a la causa de los pobres de Cuba, la causa de la
          independencia de la Patria y de la abolición de la
          esclavitud.


          Armando Hart Dávalos
          Discurso pronunciado el 23 de septiembre de 1976, por el
          centenario de la Toma de Las Tunas
                                INTRODUCCIÓN


Una biografía de Vicente García era un reclamo desde hace mucho tiempo. Esta
figura, debatida y controvertida de la historia cubana, se mantuvo durante más de
100 años como una leyenda viva de heroísmo en su región natal, Tunas. El hecho
de que un hombre transite como un héroe a través de la tradición oral de
generación en generación, a pesar de las discusiones académicas acerca de sus
graves errores o sus grandes culpas, ya, eso sólo, exige un estudio profundo,
desapasionado y austero. La razón de que Vicente García se haya mantenido en la
emoción popular, a pesar de las versiones de los libros de historia, y de que el
pueblo de Tunas lo haya enarbolado como un símbolo, quizás tenga que ver no
sólo con esa visión, sino también con la aspiración a la justicia frente al abandono
a que fuera sometida esta región durante los gobiernos de la República neocolonial.
Con relación a la biografía escrita por Víctor Manuel Marrero, que la Colección
Palabra de Cuba presenta al público lector, es una importante investigación; sin
duda la más completa sobre el héroe. Sin embargo, no pretendo pasar gato por
liebre. Sería demasiado pedir a un tunero por adopción que pudiera elevarse por
encima del sentimiento, aunque hemos tratado de poner nuestra gotica de arena,
exigiendo objetividad, la premisa primera a cumplir por un investigador,
naturalmente, cuando mi carga subjetiva de admiradora de Vicente García (hago
profesión de fe de la sinceridad, aun con los riesgos que implica) no me obnubila el
juicio.
Para analizar la figura de Vicente García se requiere partir de presupuestos teóricos
que exigen un estudio de la sociedad de entonces, no a la manera esquemática, sino
conocer a los hombres de carne y hueso, cómo vivían, producían y pensaban,
cuáles eran sus sentimientos, hábitos y costumbres. Porque no se trata de Vicente
García, sino de la tropa de campesinos que él encabezaba y, naturalmente, de
aquellas otras con la misma integración social (de distintas etnias), con grandes
diferencias en relación con las integradas por esclavos. Más aún, detrás de este
trasfondo de las contradicciones y los graves acontecimientos de la guerra (entre
los cuales el de peores consecuencias, la deposición de Céspedes, no se le puede
atribuir a Vicente García), se encuentra el desigual desarrollo del país e incluso de
las regiones de un mismo departamento, y sobre todo, una diferente cultura,
entendida no a la manera limitada de las producciones artísticas y literarias.
Esto también explica que los iniciadores, no sólo Vicente García concibieran el
desarrollo de la guerra por regiones. Hasta 1870; parece, no hubo otra alternativa.
La ocupación de la región de Bayamo por los españoles, paradójicamente, obligó a
las dispersas fuerzas cubanas, a buscar otros escenarios (donde no tuvieran que
enfrentar la concentración de fuerzas de Valmaseda), y así se fue imponiendo la
concepción estratégica de la invasión, aunque algunos todavía no la asimilaran al
nivel de su máximo impulsor el general Máximo Gómez. El regionalismo
respondía a una realidad socioeconómica y cultural, debido al aislamiento y a las
pocas relaciones económicas y sociales entre las regiones. La inexistencia de una
centralización, incluso al nivel de departamento, fue una realidad que se impuso en
varios momentos de la Guerra, no obstante las mejores intenciones de sus
dirigentes (incluyendo a Vicente García), quienes ya sí poseían una concepción de
Patria que incluía a todo el país.
Esta situación explica las contradicciones entre las grandes figuras regionales; que
tratan de prevalecer sobre las otras una y otra vez. Hoy se conoce que la
participación de Calixto García en la deposición de Céspedes, respondió al temor
de que fuera nombrado jefe del Departamento Oriental. Modesto Díaz o Vicente
García. Esta actitud no resta méritos a su heroicidad.
Muchos datos han sido desestimados a partir de posiciones teóricas que acuden una
y otra vez a citas de MARX, ENGELS, LENIN, sacadas de sus contextos;
especiales y temporales y traídos por los pelos a un país latinoamericano en que
varias culturas al fundirse produjeron un nuevo resultado. El mestizaje no era sólo
visible en el color y los rasgos físicos, sino en el sincretismo cultural, tal como se
revelaba, en las costumbres, los hábitos las tradiciones, la vida cotidiana, los
sentimientos.
Dichas teorizaciones, basadas en una supuesta metodología marxista, pueden llegar
a extremos increíbles. Sin el manejo siquiera de toda la bibliografía, sin realizar la
crítica de la misma, sin acudir a la investigación en fuentes primarias, pretenden
reinterpretar la historia a partir de las pocas versiones de algunos protagonistas, sin
penetrar en las contradicciones entre ellos y su propio contexto; tampoco que
aquellos tuvieron sus diferencias con Vicente García y que sus obras fueron
publicadas ya muerto éste.
El positivismo, tiene fuertes raíces en el país y bajo el tenor de una interpretación
marxista persiste y levanta airoso su cabeza. Porque no se trata sólo de qué hechos
fueron seleccionados por otros autores y los protagonistas que nos sirven de
fuentes, sino de los presupuestos teóricos de los cuales partimos y la metodología
que utilicemos. El mismo hecho puede tener distintas interpretaciones. Así, se da el
caso que seguimos analizando a los de arriba, es decir, a los jefes, sin ni siquiera
verlos como productos de una sociedad, y no a los de abajo, a la tropa y más aún a
toda la gran masa no incorporada de los campos y las ciudades que influyen
decisivamente, con su conducta, en el curso de la guerra.
La tropa campesina, por una cultura en la cual la familia desempeña un importante
papel, defendían hasta la muerte las zonas donde vivían sus parientes, y cuando se
ordenaba su traslado a otras regiones, podían llegar a 1a sublevación porque ésta
significaba dejarlos desamparados. No ocurría así con las tropas integradas por ex
esclavos, quienes no sólo preferían alejarse de las zonas donde estaban sus amos,
sino que marchaban solos a la guerra porque carecían de familia.
Una respuesta bien disímil también se producía ante las medidas contra la
indisciplina o la traición. El soldado de origen campesino aceptaba como condenas
la prisión, y hasta la muerte, y no así, el bocabajo, o ser amarrado al sol, castigos
que frecuentemente se les imponía a los ex esclavos. No pocas insubordinaciones
contra destacados jefes militares tuvieron este origen.
Los historiadores han prestado mayor atención a los hechos atendiendo a la
participación de las grandes figuras de la guerra, pero otros, que tuvieron una
mayor repercusión por la participación de las masas los han desestimado o
considerado simplemente como graves actos impulsados por una personalidad
negativa. Éste es el caso de Lagunas de Varona y Santa Rita. La historia vista
desde el punto de vista de los grandes protagonistas desestima la corriente de
opinión que va agudizando las contradicciones entre el Ejército, sujeto a órdenes
arbitrarias, a mantenerse estático, obstaculizados muchas veces sus movimientos
por un poder civil que, en medio de una Guerra Revolucionaria se daba a la tarea
de legislar a tenor de los ideales revolucionarios, pero manteniendo la vida social
de la burguesía en la paz, en contraste violento con las muertes que asediaban a
cada paso en el campo insurrecto. Ese mundo idílico, cuando llegó la guerra hasta
él se sumió en el caos, la incertidumbre y fue penetrado por el sentimiento de la
derrota.
Estos hechos también explican que los primeros intentos de solución pacífica de la
contienda, nacieran en Camagüey. No se trata, como se ha explicado a veces que
los hombres de una región sean más intransigentes que los de otra. Más bien de
que, durante los largos años de la contienda se fue desarrollando una manera
diferente a tenor de una vida diferente.
Si a esto añadimos los problemas derivados de la condicionante histórica del
regionalismo, y lo subrayamos porque no se trataba de que algunas figuras fueran
regionalistas y otras no, se trataba de la tropa y, mejor aún de la sociedad de
entonces.
Es regionalismo cuando los villaclareños rechazan a Máximo Gómez y casi
asesinan a Julio Sanguily y se preparan para hacer lo mismo a Vicente García, lo es
también cuando unos jefes militares confían en la tropa con la que han venido
haciendo la guerra, lo cual coincide con el hecho de que son los de su región y hay
vínculos entre ellos, en algunos casos, mucho antes de la guerra.
Así ocurrió con Vicente García. Ignacio Agramonte, Carlos Manuel de Céspedes,
Julio Grave de Peralta y otros.
Sólo en aquellos casos en que la tropa procede de las regiones esclavistas, la
subordinación se logra por los medios de una disciplina militar, que utiliza muchos
de los castigos tradicionales, con algunas variantes, que se le imponían a los
esclavos.
Desde luego, algunos otros factores contribuyen a darle mayor complejidad al
proceso. A la emigración no sólo fueron aquellos obligados por sus posiciones
políticas independentistas, sino también grandes hacendados esclavistas de
Occidente, arrojados por la reacción anticubana de España, después de destacada la
guerra.
Estos elementos con su dinero llegaron a controlar y a utilizar en su propio
beneficio, los organismos que en la emigración debieron servir para el sostén de la
insurrección. Este fue el caso del rico hacendado Miguel Aldama, quien
tempranamente comenzó a iniciar tratos conciliadores con los españoles, mientras
simultáneamente, buscaba soluciones anexionistas a la situación cubana.
A medida que la guerra se ampliaba, mayor número de personas emigraba y
luchaban contra estas posiciones, no muy claras al principio. Entre las figuras
revolucionarias en la emigración, que retornan a Cuba tras descubir que estos
manejos habían logrado sus vínculos con personalidades del gobierno y la cámara
en el campo insurrecto, se encontraba Miguel Bravo Sentiés, quien se incorpora a
la tropa tunera, seguramente por encontrar sentimientos más fuertes aquí contra el
poder civil.
Y, efectivamente, la tropa de Vicente García tenía sus características peculiares. A
ella también se habían incorporado algunas personalidades, protagonistas de la
Comuna de París, quienes con su mayor buena fe, creyeron hacer viables sus ideas
procedentes de un escenario tan diferente al cubano. Toda esa amalgama de ideas y
posiciones, sumadas al descontento del simple soldado, se encuentran en Lagunas
de Varona.
El presente volumen se compone de una introducción biográfica, escrita por Víctor
Manuel Marrero Zaldívar, basada en fuentes primarias y secundarias, en
investigaciones sobre el terreno, en la utilización de las memorias, testimonios,
epistolarios, que recrean el ámbito en que se desenvolvió Vicente García. Una
información abundante y valiosa se integra a la obra no sólo para describir hechos,
sino también para servir en el ejercicio de la crítica, aunque ésta, a veces, se ve
algo limitada por la pasión.
La segunda parte de la obra está compuesta por la documentación. Por primera vez,
se ofrece la versión más completa del Diario de Vicente García, cotejado
íntegramente por el original. Por el año 1970, Salvador Morales había entregado a
la editorial Ciencias Sociales el Diario de Vicente García, cuya publicación en
aquellos momentos, había resultado un acontecimiento cultural, aunque se trataba
de la copia de Prats Lerma la cual tenía algunos errores y le faltaban algunos
cuadernillos.
La viuda de Prats Lerma, debido a una gestión de Cué, entregó al Archivo
Nacional la parte del original en su poder (por un préstamo de la familia de Vicente
García). Otros cuadernillos quedaron en poder de Cué y los primeros años del
Diario, seguramente, se encuentran en los archivos españoles, pues fueron
ocupados por los colonialistas durante la guerra.
Desde los años setenta, Víctor Manuel Marrero comenzó sus investigaciones sobre
esta figura, y obtuvo, como otros jóvenes historiadores, el apoyo de Cué. En este
período en Tunas, gracias al apoyo de Faure Chomón, dirigente político de la
provincia entonces, se produjo un importante desarrollo en las actividades
culturales. Su apoyo a las investigaciones históricas propició un renacer del interés
por Vicente García, que se proyectó en todas las esferas de las manifestaciones
artísticas. En la poesía, en el ensayo, en los artículos periodísticos, en la pintura, se
buscaba la imagen de Vicente García.
El discurso de Armando Hart, con uno de cuyos párrafos encabeza su biografía
Marrero, inició una nueva etapa en la revalorización colectiva de la figura de
Vicente García en Tunas: A más de 100 años de su desaparición física continúa
impulsando sus grandes transformaciones.
Todavía Se agita la pasión, de un lado el de los detractores de Vicente García y del
otro, el de sus seguidores, pero un día ésta pasará, y aún entonces, y en buena
medida gracias a este libro, quedará enhiesta la figura del prócer independentista.


                                                                       OLGA CABRERA
                 VICENTE GARCIA LEYENDA Y REALIDAD


                  CONDICIONES ECONOMICO-SOCIALES.

Las Tunas era una de las regiones que integraba el Departamento Oriental. Nació
como provincia en 1976, cuando fue aplicada la nueva división político
administrativa, después del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba.
Limita al Norte con el Océano Atlántico, al Este con la provincia de Holguín, por
el Oeste con la de Camagüey y al Sur con la provincia Granma y el Golfo de
Guacanayabo.
La extensión territorial es de 6 587 kilómetros cuadrados, incluyendo 4, 9 de cayos
adyacentes cuestión que la sitúa como la novena del país por su extensión.
Posee la provincia 265 kilómetros de costas por el norte y 73 por el sur. La
población asciende a 473 692 habitantes con un total de 147 500 en la ciudad
capital.
Durante la primera mitad del siglo XIX, su economía era ganadera
fundamentalmente, aunque grandes extensiones de terreno estaban cubiertas de
bosques, los cuales eran talados para el comercio con las regiones de Bayamo,
Manzanillo y Camagüey.
En 1863, la ciudad contaba con una población de 1 470 vecinos y de ellos, sólo
111, eran esclavos. En esta década, el comercio se incrementó notablemente,
existiendo en la ciudad 54 tiendas mixtas con una renta anual de 128 250 pesos
fuertes.
La industria era desarrollada para la época, pues contaba la ciudad con 12
zapaterías, 4 panaderías, 3 fábricas de sombreros, 10 tabaquerías, 3 tenerías, 2
velerías de sebo y cera, etcétera.
En total eran 159 establecimientos, lo que permitía un amplio comercio de
intercambio con las ciudades vecinas.
La industria azucarera estaba poco desarrollada; contaba con una decena de
ingenios. Los de mayor producción eran El Cornito y el San Manuel, de la zona de
Tunas y Puerto Padre respectivamente.
La esclavitud en Las Tunas, comparada con las regiones occidentales, fue escasa,
circunscripta fundamentalmente a las labores agrícolas y domésticas. Abundaban
los campesinos libres quienes cultivaban sus parcelas. Con ellos, Vicente García
mantenía excelentes relaciones por sus frecuentes incursiones en las haciendas de
su madre, y a las relaciones paternalistas que se crearon entre hacendados y
campesinos, debido a que éstos dependían de aquellos para solucionar problemas
esenciales de su vida cotidiana.
Desde épocas tempranas comenzaron las rebeldías en esta región como en otras del
departamento Oriental.
La primera manifestación que se conoce ocurrió en 1533, en las minas de
Caobillas, en Jobabo, cuando un grupo de esclavos se sublevó contra los abusos de
sus amos. Los cabecillas fueron decapitados y sus cabezas exhibidas como
escarmiento en la plaza pública de Bayamo. Esta rebelión devino en la primera de
esclavos africanos en Cuba que se conozca en la actualidad.
En 1849, fue creado en Las Tunas un comité revolucionario auspiciado por la
sociedad Libertadora de Puerto Príncipe, quienes se organizaron e intentaron
apoyar el desembarco de Narciso López por Pinar del Río, intento que resultó
infructuoso al no establecer contactos con dichas fuerzas.
Facundo Agüero y Esteban Aguirre, jefes de la conspiración en Las Tunas,
secundados por artesanos, comerciantes, hacendados y otros sectores, circularon
propagandas entre los pobladores favorables al movimiento revolucionario y en
contra de los realistas.
Esta intensa labor desplegada por los sectores más avanzados de la ciudad
convergió con el alzamiento de Joaquín de Agüero y Agüero en 1851, el cual tuvo
por escenario a San Francisco del Jucaral en Camagüey. Desde este lugar, se
trasladaron los complotados hasta Las Tunas, para el asalto y toma de la ciudad
acción que resultó infructuosa, al confundirse dos de los grupos asaltantes,
abriéndose fuego entre sí, tomándose por enemigos unos y otros que los delató ante
las autoridades españolas y tuvieron que salir furtivamente del pueblo.
El objetivo supremo de Agüero, consistía en liberar a Las Tunas, formar aquí un
Gobierno Provisional y emprender desde aquí sin más dilación, la libertad de
Cuba.
Estos pronunciamientos revolucionarios, llenaron de entusiasmo a la juventud de la
ciudad. La acción del 51, muy especialmente, impresionó decisivamente a Vicente
García, Francisco Varona, Ramón Ortuño y Julián Santana, entre otros.
En 1856, fue organizado un movimiento conspirativo en Las Tunas cuyo jefe
supremo fue Vicente García, el que no fructificó por falta de organización.
Vicente García era de mediana estatura, el cabello castaño caía sobre la nuca al
estilo medieval, tenía ojos pardos claros, de mirada sostenida y profunda. Era
inquieto, de palabras seguras, poco dado al discurso y cuando lo hacía parecía
paladear las palabras. Cuando hablaba, lo hacía con mesura, pero en medio del
combate sus órdenes se escuchaban en tono apasionado y atronador.
Tenía largos bigotes, cuyas puntas tocaban el cuello de su camisa, techando el
fuerte mentón. Sus manos eran grandes, de tanto empuñar el hacha junto a los
esclavos en las talas de bosques, de semblante agradable pero autoritario.
Su brazo de hierro dio más de una prueba en el combate y sus gruesos dedos le
daban la característica del campesino labriego que en el duro bregar por los
caminos de la guerra lo situaron en el umbral de la historia como una de las figuras
principales en la Guerra de los Diez Años.
                     PRIMEROS PASOS CONSPIRADORES

En 1865, como una derivación de la expulsión de los españoles de Santo Domingo,
Vicente García y su pequeño grupo, reiniciaron sus reuniones, convencidos de que
en Cuba podía hacerse lo mismo. En 1866 llamaron a colaborar con ellos a Ramón
Ortuño, negro artesano, quien había participado en las acciones de 1851, en Las
Tunas. En aquel año, se incorporó también a la conspiración Diego Félix Milanés,
director de la Escuela Pública de la ciudad, Julián Santana y Pedro María Agüero
González, empleado del cabildo y primo hermano de Vicente.
Un año después de visita en Las Tunas Bernabé Varona, Bembeta y Francisco
Muñoz Rubalcaba, conoció el grupo tunero de los trabajos conspiratorios que se
desarrollaban en Camagüey y Bayamo. El santiaguero Rubalcaba, desde Puerto
Príncipe conocía a la poetisa Tomasa Varona González, con quien, desde hacía
tiempo, sostenía relaciones literarias, que se transformaron más tarde en pasión
amorosa. Bembeta y Rubalcaba participaron en una reunión efectuada en el
domicilio de Diego Félix Milanés. El informe de Bembeta acerca de los
preparativos insurreccionales en Camagüey, alegró mucho a los presentes pues
confirmaban que no estaban solos. Rubalcava pronunció un ardoroso discurso
afirmando que podían contar con los del Camagüey.
Los presentes brindaron por la libertad y juraron que desde aquel momento
trabajarían por extender este sentimiento entre el pueblo. En la reunión se tomaron
varios acuerdos de gran importancia, los que transcribimos textualmente:

1ro. Instalar una junta revolucionaria que quedó organizada en el acto, designando
     a Vicente García como presidente y a Francisco Muñoz Rubalcava como Vice
     presidente.
2do. Enviar una comisión a Bayamo.
3ro. Repartir las comarcas entre los presentes correspondiéndole a Vicente García
     y Ramón Ortuño los partidos de Unique y Cabaniguán. A Diego Félix
     Milanés, la ciudad y a Francisco Varona el Partido de Yariguá: aunque todos
     se comprometían a trabajar en toda la comarca.
4to. Entregar a Bernabé Varona, 30 onzas de Oro para comprar armas y parque con
     la finalidad de remitirlos a Las Tunas. (1)
Vicente García, Ramón Ortuño y Francisco Varona, viajaron a Bayamo
efectuando conferencias con Maceo Osorio, Donato Mármol, Esteban Estrada y
otros, acordando imprimir mayor actividad al movimiento. Más tarde vinieron a
Las Tunas Donato Mármol y Manuel de Jesús Calvar para conocer el estado de los
preparativos insurreccionales en esta jurisdicción. La entrevista se desarrolló en la
fonda que poseía Pancho Tornet en Las Tunas.
A principios de 1868. Vicente ingresó en la Logia “Estrella tropical” dejando desde
ese momento, bajo las orientaciones de aquella agrupación de patriotas. Las
orientaciones recibidas por él las transmitió a sus excelentes compañeros Ramón
Ortuño, Diego Félix Milanés, Francisco Muñoz Rubalcava, Francisco Varona y
Julián Santana, entre otros. Su trabajo inicial consistió en captar adeptos para la
causa revolucionaria. De esta manera se efectuaron entrevistas, contactos
personales, y divulgó entre amigos y conocidos, la necesidad de la guerra. Hacia el
año 1867 era tal el nivel de conciencia que el pueblo llegó a presionar a la
dirección de los complotados para que acelerasen el inicio del estallido
revolucionario. Vicente García y sus demás compañeros tuvieron que hacer
grandes esfuerzos para evitar un levantamiento prematuro pues desde junio ya
muchos grupos abogaban por lanzarse contra la metrópoli española. En este mes
García asistió a una reunión en Bayamo donde participaron Donato Mármol,
Francisco Osorio y Carlos Manuel de Céspedes, quienes presionaban para el
levantamiento. En esta reunión se acordó realizar una junta con la presencia de dos
representantes de cada una de las jurisdicciones comprometidas, para fijar la fecha
del levantamiento contra España. Los presentes, por la sugerencia de Aguilera,
designaron a Vicente García para escoger el lugar de la cita en territorio de Las
Tunas, debido a que poseía espesos bosques y la zona era menos vigilada que las
de Bayamo, Holguín y Camagüey. Además, estaba ubicada en el centro de las
demás jurisdicciones. A tales efectos, el jefe de la conspiración en Las Tunas,
escogió la finca Jesús María, en el fundo de El Rompe, y la fecha el 3 de agosto de
1868. Esta hacienda estaba cubierta por una tupida vegetación, en medio de una
gran planicie acariciada por suaves elevaciones que serpentea la llanura atravesada
por un fértil arroyo, dando al paisaje un toque pintoresco y legendario. En medio
de la espesura, desafiando la soledad, estaba el camino real, poco transitado y
cercano a la finca Jesús María.
Allí se encontraron, bajo el frescor de los añosos árboles, los delegados previstos
para dicha junta, a la que dominaron “Convención de Tirzán”. Como se
encontraban cerca del camino real y por el temor a ser descubiertos, acordaron
trasladarse a un sitio de mayor seguridad por lo que la reunión se suspendió para el
día siguiente proponiendo Vicente la finca San Miguel del propio fundo, donde
existía un rancho abandonado, el cual a pesar de los fenómenos naturales tan
frecuentes en Cuba, estaba en buen estado.
Aquella mañana del 4 de agosto amaneció más resplandeciente que de costumbre y
entre los árboles se filtraban los rayos de luz formando diversas imágenes de
colores que armonizaban con la algarabía de las aves canoras creando el escenario
natural para los regios conspiradores.
En la histórica reunión participaron los siguientes patricios: Por Manzanillo: Carlos
Manuel de Céspedes e Isaías Massó, por Puerto Principe: Salvador Cisneros
Betancourt y Carlos Loret de Mola, por Holguín: Belisario Álvares, por Bayamo:
Francisco Maceo Osorio, Pedro Figueredo Cisneros y Francisco Vicente Aguilera,
por Las Tunas: Vicente García y Francisco Muñoz Rubalcava.
La junta fue presidida por Carlos Manuel de Céspedes por ser el de más edad quien
ocupó el único banco existente en el local el resto se ubicó en las monturas de sus
caballos desensillados ya. En aquella apartada comarca se escuchó la voz del que
después sería el Padre de la Patria, quien sentenció:
“Señores: La hora es solemne y decisiva. El régimen de España está caduco y
carcomido. Si aún nos parece fuerte y grande, es porque hace más de tres siglos
que lo contemplamos de rodillas. ¡Levantémonos!” (2)
Aquellas palabras fueron como un chispazo entre los concurrentes, quienes
abogaban por la insurrección inmediata. Seguidamente, “Céspedes, frente a todos,
con impetuosidad y ardorosas razones, abogó durante toda la sesión porque el
pronunciamiento se efectuara sin demora. Entendía que el país estaba listo para
enfrentarse a España, y en su apoyo ofreció una serie de inducciones morales,
políticas y económicas que empujaban a la acción inmediata.” (3)
Según el historiador español Antonio Pirala, en su obra Anales de la guerra de
Cuba, en esta reunión, Céspedes expresó: “una larga experiencia de sufrimientos y
desengaños demostraba que el país nada tenía que pedir ni nada tenía que esperar
de España; que los cubanos estaban inexorablemente condenados, o a la aceptación
vergonzosa de la esclavitud sin esperanza, o apelar a recurso extremo de las armas,
y por la senda del honor buscar en medio de las incertidumbres sangrientas de la
guerra, la salvación de la patria; que la geografía, la historia, la ley ineludible de la
evolución universal y la de la justicia inmanente, protestaban contra la dominación
española que siempre sorda a las asechanzas del tiempo, a los consejos de la razón,
y petrificada en las glorias de un pasado bien remoto y en cierto punto discutible,
era incapaz de arrepentimiento y de enmienda, que, por lo tanto, Cuba debía ser tan
libre, en la política, como lo está por la naturaleza”. (4)
Seguidamente reiteró la necesidad de la lucha inmediata y señaló que España era
débil internamente, y que sus recientes incursiones por imposición del
colonialismo en Latino América habían despertado el sentimiento antiespañol y el
deseo de venganza en los hermanos pueblos del continente. Argumentó cómo la
depresión económica agudizaba las consecuencias del mal llamado impuesto único
y provocaba la irritación de los criollos, llevando al fracaso de la famosa junta de
información, creando las condiciones para luchar por la libertad de Cuba. (5)
En la reunión, se acordó que el alzamiento contra España se efectuara el 3 de
septiembre, es decir, un mes después, aunque es obvio señalar que los
representantes de Camagüey y Bayamo, no estaban de acuerdo y se pronunciaban
por esperar a que terminara la zafra, principio por el que también abogó Francisco
Vicente Aguilera. Al final, el acuerdo se rebocó y se djó la fijación de la fecha del
alzamineto para una próxima reunión. En esta junta quedó constituido el comité
directivo de la conspiración en Oriente y Camagüey, intregado por Francisco
Vicente Aguilera como presidente, Francisco Maceo Osorio como secretario y
Pedro Figueredo Cisneros como vocal.
Terminada la reunión, cada participante se dirigió a su comarca y Vicente García,
junto a Francisco Vicente Aguilera, tomaron por el rumbo de la hacienda
Cabaniguán de Aguilera.
De esta memorable reunión, Céspedes en carta a su esposa Ana de Quesada, escrita
desde San Miguel del Rompe en 1871, “yo que llegué a esta finca como simple
particular y acompañado de un solo patriota, ambos servidos por esclavos, hoy,
aunque sin pretenderlo, ni merecerlo, soy el Presidente de la República, que
tratábamos entonces de fundar, República que existe ahora y que en esa época
estaba sólo en nuestros corazones. Me rodean cientos de patriotas libres de casi
todos los pueblos de la isla y aún de las repúblicas suramericanas. Los que aquí se
juntaron ocultos, recelosos, desarmados, hoy vienen públicamente con la frente
altiva llevando llenos de seguridad y confianza y haciendo brillar al sol de la
libertad sus armas escojidas [sic] yo participaba del común regocijo; mi frente no
estaba nublada y pensativa como el 3 de agosto de 1868, sino apacible y serena
como el cielo después que ha descargado los rayos de sus tempestades. Allí referí a
los circunstantes, ansiosos y admirados las gráficas escenas de aquél día, que ya
pertenece a la historia, y les marqué las localidades que habíamos ocupado en el
rancho San Miguel que todos saludamos con religioso [sic] respecto al despedirnos
de aquel lugar sagrado. (...)” (6)
Francisco Vicente Aguilera, encargó a Vicente García, seleccionar un sitio seguro
para efectuar en Las Tunas una nueva reunión, la que tendría lugar el primero de
septiembre. La finca Muñoz, a tres leguas de Las Arenas, fue el lugar donde se
efectuó la junta. Según anotó en su libro Raíces del Diez de Octubre, Gerardo
Castellanos, Tunas vino a ser la cuna de los Trabajos medulares de la conspiración
que provocó la guerra grande”. (7)
En la reunión se congregaron los patriotas: Salvador Cisneros Betancourt, Augusto
Arango, Francisco Vicente Aguilera, Francisco Maceo Osorio, Perucho Figueredo,
Vicente García, Francisco Muñoz Rubalcava, Ramón Ortuño Rodríguez y Luis
Figueredo. Carlos Manuel de Céspedes no asistió, pero hizo constar por escrito que
se adhería a todo acuerdo favorable a la revolución inmediata.
Los tuneros y holguineros presionados por tener varios piquetes de hombres
reclutados para el alzamiento, le pidieron a los camagüeyanos que se pronunciaran
por el levantamiento inmediato, pero éstos respondieron que no contaran con su
apoyo. Dada la escisión provocada entre las evasivas planteadas por algunos de los
complotados y la decisión de alzamiento inmediato, los representantes de Tunas,
Holguín y Manzanillo, Perucho Figueredo se levantó y expuso: “Los intereses de
Cuba están por encima de todos los intereses personales; que si ellos por desgracia
tienen que sacrificarse a ellos debemos estar prestos todos; y que la junta lejos de
auxiliarlos y protegerlos, si ellos desobedeciendo sus acuerdos se alzan en armas
antes del plazo fijado, los declara [sic] traidores a la patria y no los considerara
[sic] como cubanos”. (8)
La asamblea acordó el aplazamiento del levantamiento para después de la zafra,
dejando imprecisa la fecha. Salvador Cisneros fue nombrado para que visitara a los
comprometidos de La Habana, y Augusto Arango a los de Las Villas.
En Las Tunas, Francisco Muñoz Rubalcava y Ramón Ortuño, tenían listos 150
hombres para comenzar la contienda contra los realistas. En el Mijial de Holguín,
Luis Figueredo estaba acampado con 100 hombres; en Manzanillo, se encontraba
Juan Fernández Ruz y Ángel Mestre en los montes de La Esperanza con fuerzas
similares a las anteriores. Era evidente que el rompimiento con España, no podía
prolongarse por más tiempo.
En los primeros días de octubre de 1868, Vicente García se entrevistó con
Francisco Vicente Aguilera en El Lavado, finca cercana al poblado de Jobabo, con
el objetivo de acelerar el movimiento.
El 4 de octubre se efectuó la importante reunión del Mijial, cercano al poblado de
Vázquez en Las Tunas, convocada y presidida por Vicente García. Este día
Francisco Varona González anotó en su diario de operaciones:
“El día 4 y previa citación, salí de Las Tunas para El Mijial donde habían acudido
con igual objeto Jaime Santiesteban, Vicente García, Donato Mármol y otros
varios, conferenciamos con Rubalcava y se convino aplazar el movimiento para el
día 14”
Rubalcava, estaba entre los impacientes y Vicente García también explicó que
estaban muy vigilados y que era imposible esperar por más tiempo, que él fijaba
como plazo máximo para el alzamiento el 14 de octubre, y que si los demás centros
no se levantaban, ellos se lanzarían a la lucha. Nadie protestó, la fecha fue aceptada
por todos los presentes, por lo que se iniciaron los preparativos sin demora. Los
dirigentes de Las Tunas desarrollaron una intensa actividad. Francisco Varona,
acompañado de Pedro Carlos Romero y Quintín Flores, recorrieron la comarca de
Caisimú, Managua y Almendrón, así como La Cuaba, impartiendo las últimas
orientaciones para el levantamiento.
El 6 de octubre se encontró Francisco Varona con Ramón Ortuño en Las Lagunas,
quien venía impartiendo órdenes y enardeciendo los ánimos de los complotados.
En su diario de campaña Francisco Varona describe este encuentro: “Me habló
llenó de entusiasmo; parece delirante, deseoso de llegar al rompimiento con los
españoles, lo que no es extraño en su carácter tan exaltado” (10)
El 9 de octubre, se realizó una reunión en la finca Ventorrillo, lugar donde vivía
Esteban Ignacio de Varona, padre de Francisco. En este encuentro, Vicente García
orientó se reunieran todas las armas y parque disponibles y que el día 13 cada jefe
congregara a sus hombres en los lugares indicados. Francisco Varona por Las
Canoas, Rubalcava por Ventorrillo para tomar el camino que desde Bayamo
conducía a Las Tunas. Mientras él y Ramón Ortuño, saldrían desde el potrero el
Hormiguero, por el camino de Camagüey. Todos atacarían simultáneamente,
cuando se escuchara el disparo de la señal, en la madrugada del 14 de octubre. De
esta reunión, anotó Francisco Varona en su Diario de operaciones: “El día 9 tuve
una cita con García en Ventorrillo, donde estuvimos reunidos hasta las once del
día, conviniendo el plan de ataque para el 14 de octubre, debiendo yo entrar por el
lado de La Canoa” (11)
Mientras los dirigentes de la insurrección entonces se preparaban para iniciar el
rompimiento con la metrópoli española, en Manzanillo, Jaime Santiesteban impuso
a Céspedes de lo acordado en El Mijial. Ante la premura de la fecha del
alzamiento, Céspedes citó a sus mayorales y esclavos para el patio del ingenio “El
Rosario”, el día 6 de octubre, arengándolos en los siguientes términos:
“Es de lamentar que los sucesos se hayan precipitado hasta el extremo de no
permitir que los representantes de los demás centros se fijen en algún acuerdo, ni
conozcan el parecer ni los intentos de todos los que a dicha Junta han asistido, por
lo que estimo de suma importancia y gravedad la resolución delicada y hasta
violenta que hay que tomar en los pocos días del plazo fijado por Vicente García y
los suyos, estando, como estamos, tan escasos de armas y municiones para equipar
nuestra gente, pero empeñada cual está, mi palabra y la vuestra, con la que otros
siempre han contado, por mi parte opino que en la hora del peligro no debemos
abandonarlos, y satisfechos de que todos los que me rodean son hombres valientes,
de honor y de fe, creo que pensarán como yo” (12)
En este documento se refleja, que Vicente García, fue el promotor del inicio de la
guerra de los Diez Años, junto con Céspedes y Rubalcava. A Céspedes le tocó ser
el iniciador por la conocida causa del telegrama, resivido por Ismael Céspedes,
quien funcionaba como operador del telégrafo en Bayamo, y en el cual, se
ordenaba la detención de Carlos Manuel y otros complotados. (13)
El 11 de octubre de 1868, los telégrafos españoles de Las Tunas, resivían con gran
asombro la noticia del alzamiento cespedista el día anterior. La noticia llegó a
Vicente García por intermedio de los propios españoles, quienes lo comunicaron
en una reunión del Ayuntamiento del cual era García miembro de honor.
En su trabajo inédito “En torno al Trece de Octubre” el Licenciado Juan Andrés
Cué citaba: “El efecto que esta noticia produjo en García fue tremendo porque se le
trastornaban todos los planes tan cuidadosamente elaborados, pero
sobreponiéndose al terrible impacto emocional, tuvo presencia de ánimo suficiente
para no delatarse ante sus enemigos”. (14)
Una vez concluída la sesión, Vicente García se retiró a su casa y por el camino
mandó aviso a los comprometidos en el movimiento con algunos conocidos
encontrados a su paso. La cita era urgente pero esa misma noche y en el potrero El
Hormiguero. Ya con el caballo ensillado en el portal de su casa, el Teniente
Gobernador de la Plaza lo mandó a buscar. De momento, el joven se sintió perplejo
sin saber qué hacer. De este modo anotó el extinto investigador Juan Andrés Cué:
“Preocupado, pero sereno y dueño de sí mismo se paseaba por la sala de su casa
donde su esposa Brígida con sus seis niños abrazados a ella no podía contener las
lágrimas y haciendo esfuerzos por restar importancia al dramático momento
comentaba con su esposa la decisión que debía tomar, mientras su anciana madre
Doña Rosa González, lloraba silenciosamente en un sillón sin proferir una sola
palabra. Vicente García le decía a Brígida que seguramente la citación del
Gobernador era para prenderlo y que las salidas del pueblo estaban ya tomadas por
las autoridades, siendo imposible intentar la fuga. (15)
Vicente decidió afrontar el peligro y con paso firme se encaminó a la Casa del
Gobierno, no lejos de su residencia. El Gobernador le habló del alzamiento de
Céspedes y las medidas a tomar para la defensa de la población. De regreso a su
casa se despidió cariñosamente de los suyos y con la apasible calma que lo
caracterizaba, montó en su caballo blanco y al paso se dirigió a la salida del pueblo
por la calle Real, llegando hasta su potrero El Hormiguero, donde ya lo esperaban
algunos hombres. Era el 11 de octubre de 1868.
Javier Duarte, uno de los vecinos de la ciudad, quien sostenía relaciones con
García, preparó un grupo de hombres armados por sus propios medios, saliendo de
la ciudad prácticamnte a tiros. Los preparativos para asaltar la ciudad se hicieron
con premura. El 12 salieron varios emisarios en busca de Francisco Varona
González para comunicarle el cambio de la fecha para el alzamiento, pero no fue
localizado. Varona se había quedado a dormir en la noche del 12, en la casa de un
propietario de esclavos llamado Guardiola, quien accedió a esta invitación para no
despertar sospechas, razón por la cual no fue encontrado por los emisarios de
Vicente García.
Desde su campamento, Vicente impartió las orientaciones de última hora, las
cuales fueron escuchadas atentamente por los improvisados mambises armados con
fusiles de chispa pistón, algunas pistolas del mismo sistema, machetes, palos,
etcétera.

            ASALTO A LA CIUDAD EL 13 DE OCTUBRE DE 1868

Los españoles prevenidos del alzamiento de La Demajagua, levantaron en Las
Tunas, barricadas en las bocacalles que accedían a la casa de gobierno y a la Plaza
de Armas. Este último recinto militar, estaba protegido con tambores, trincheras y
alambradas.
La guarnición de Las Tunas, se componía de tropas del Regimiento de Infantería
de la Reyna no. 2, al mando del comandante José Navarro, una compañía de
voluntarios al mando del capitán Mariano Lerma, el destacamento de la iglesia al
mando del teniente Antonio Pérez, el cuerpo de bomberos, movilizado al mando
del capitán Enrique Galí y la policía del Partido de Cabaniguán dirigida por su
celador, Antonio Romero.
Entretanto la fuerza mambisa estaba integrada por unos 200 hombres bajo la
jefatura de Vicente García. El plan de ataque se concibió de la forma siguiente: Las
fuerzas de Francisco Varona atacarían por la zona norte de la ciudad, desde La
Canoa, como ya se había acordado. Las de Rubalcava y Francisco Vega, entrarían
por la zona este, desde el camino de Bayamo, y las de Vicente García y Ramón
Ortuño, por el camino que desde Camagüey accede a la ciudad, procedente del
campamento general ubicado en el potrero El Hormiguero.
Las tropas que mandaban Rubalcava y Vega, se adelantaron a la orden de ataque y
tuvieron que retirarse rápidamente ante la defensa del enemigo puesto sobre aviso.
Las de Vicente García y Ortuño, atacaron con gran ímpetu, rebasando las primeras
barricadas. El combate fue arrollador, de modo que los soldados que defendían las
primeras posiciones tuvieron que replegarse hasta la Plaza de Armas.
Los mambises, con su escaso armamento, consistente en dos rifles, dos carabinas,
un trabuco, y 25 escopetas, pistolas y machetes llevaron la ofensiva con tanto
coraje que tomaron la Plaza de Armas, reduciendo al enemigo al interior de la
iglesia la cual se encontraba fortificada. Allí se batieron con heroicidad y obligaron
a los españoles a replegarse desde la torre, aunque no pudieron romper el grueso
portón de la entrada. Al no contar con instrumentos de zapa no pudieron lograr su
objetivo, pero mantuvieron el asedio a la ciudad durante tres días.
Las tropas mambisas se retiraron al campamento El Hormiguero, para
reorganizarse, y allí a la vista de la ciudad ondeó por primera vez la bandera
cubana sobre una larga vara de bambú. Los españoles se adjudicaron esta victoria y
le pusieron a la calle Isabel Segunda, la más céntrica del pueblo, Trece de Octubre
(actualmente, Vicente García)
Los españoles al referirse a este hecho de armas publicaron:
“Apenas se habían tomado las precausiones necesarias se presentaron como 200
insurrectos al mando de Vicente García, compartidos en tres columnas, atacando
nuestras barricadas y avanzando muchos de ellos con denonado esfuerzo;
intentaron como último recurso, penetrar en la iglesia, a cuyas puertas se agolparon
haciendo para derribarla, esfuerzos terribles con los machetes.” (16)
Armando Prats Lerma en un artículo periodístico, refiriéndose a este hecho,
publicó: “y aquellos soldados bisoños mandados por Vicente García en su primer
servicio de insurrectos, revelaron ante el mundo que estaban forjados en el yunque
del valor y que eran capaces, por patriotismo, de llevar a cabo las más admirables
hazañas en pro de la libertad”. (17)
Los mártires de esta gesta recién iniciada fueron cuatro bravos soldados cuyos
nombres prevalecen en el anonimato al incautar los españoles los primeros años
del diario de Vicente García.
El sitio de la ciudad se mantuvo por espacio de varios días, y a partir del 14,
comenzaron a llegar los refuerzos que las fuerzas bloqueadas en el interior de la
iglesia habían solicitado a través de sus telégrafos. Este día desembarcó por
Manatí, procedente de Nuevitas, el primer grupo al mando del capitán Leonardo
Abril, quien tuvo que combatir fieramente para poder entrar en Las Tunas. El 15,
desembarcó también por el Puerto de Manatí, otra columna española, al mando del
comandante Martínez, la cual fue atacada con tantan audacia por los mambises que
llegó a Las Tunas maltrecha y conduciendo en camilla el cadáver de su primer jefe
y gravemente herido el Comandante Gil, segundo al mando.
Debemos destacar que estos refuerzos no resolvieron la situación de las fuerzas
sitiadas, sino que sólo sirvieron para aumentar el número de quienes en la ciudad
pasaban hambre.
El 15 por la tarde, desde Puerto Príncipe llegó el auxilio de un cuerpo de caballería
al mando del capitán Luis Gastón Machín, quien fue atacado por Vicente García y
su tropa en el camino del Rompe y hostigado hasta Las Tunas, donde entraron en
desesperada carrera como francos fugitivos.
Este mismo día desembarcó por Gibara una fuerte columna española al mando del
comandante Boniche, quien a duras penas, y tras regios combates pudo avanzar
hacia Las Tunas. Desde arroyo El Muerto, las fuerzas de Vicente García fueron
replegando a los españoles hasta la cercanía de la ciudad de Las Tunas.
El 17 de cotubre de 1868, obtuvo una resonante victoria sobre una gruesa columna
española en La Cuaba, donde los cubanos se apoderaron del convoy conducido por
los realistas.
Durante el mes de octubre, un considerable número de tropas españolas confluyó
sobre Las Tunas, pues el mando militar de la isla de Cuba hizo su mayor esfuerzo
por conservar esta plaza, de gran importancia dada la posición estratégica que
poseía, por acceder a Puerto Príncipe. Realmente, fue a Las Tunas, donde arribó
mayor cantidad de tropas militares españolas en 1868.
Los convoyes enemigos que transitaban por la zona eran interceptados por Vicente
García, manteniendo el aislamiento de las tropas sitiadas en la ciudad, las cuales
pasaron hambre debido al escaso número de recursos que les llegaba desde el
exterior.
El 19 de octubre de 1868, fuerzas al mando de Francisco Varona tuvieron un
encuentro con el enemigo en Playuelas y La Cuarentena. Este mismo día las tropas
de Rubalcava toman el caserío de Manatí, dejando allí a Zamora, hombre de
confianza y dinámico militar cubano, con 25 hombres, para el sostenimiento del
caserío como territorio libre de Cuba. El día 22 desembarcó por el Puerto de
Manatí una gruesa columna enemiga y Zamora tuvo que retirarse, pues no pudo
hacerle frente con los pocos hombres que lo acompañaban, pero antes decidió
incendiar el pobladito, para que no cayera en manos de los realistas, convirtiéndose
El Puerto de Manatí en el primero en Cuba incendiado en holocausto a la libertad.
Ese mismo día, el campamento de Vicente García, ubicado en El Hormiguero, fue
asaltado por los españoles obligándolo a retirarse hasta La Ceiba. El 24 de octubre
hizo su arribo a Las Tunas el coronel Eugenio Loño, bárbaro y sanguinario militar
acostumbrado a matar por galones y dinero. Este jefe enemigo venía al frente del
quinto batallón del regimiento de La Habana, integrado por mil hombres. Loño
vino designado como jefe militar de las operaciones en Oriente, con sede en Las
Tunas. Su marcha hasta Las Tunas fue azarosa, pues los insurrectos lo atacaron
durante todo el trayecto, ocasionándole numerosas bajas.
Vicente García había dado mucho quehacer a los españoles en los pocos días de
iniciada la guerra, por lo que era necesario buscar un medio para obligarlo a
deponer las armas. A tales efectos, el coronel Loño, quien dominaba perfectamente
los mecanismos psicológicos del ser humano, mandó encerrar a la familia del
General cubano en su propia casa, aquella hermosa mansión de la calle Real.
Fueron clavadas las puertas y ventenas de la vivienda, quedando incomunicados
los prisioneros: su madre con sus setenta años, su esposa y sus seis pequeños hijos.
En el exterior colocaron una guardia permanente que impedía que le llegara ayuda
de los vecinos.
Como único alimento para los más pequeños, un vecino le pasaba, sobornando las
postas por dinero, una botella de leche a través del techo. El encierro fue muy duro
para la más pequeña de las hijas del General, María de la Trinidad, Trinita, de 4
meses de nacida, falleció por hambre el tercer día de encierro. La madre,
desesperada, mantuvo el cadáver de la niña, durante más de dos días, apretado
contra su pecho; al cabo de dicho tiempo, y por sus exigencias a los custodios,
éstos desclavaron una ventana y en una cajita de fideos depositaron el pequeño
cuerpo, sin conocer aún hoy, el sitio en que le dieron sepultura. Poco después,
murió, por la misma causa, otro de sus pequeños hijos, cuyo nombre se desconoce,
repitiéndose la escena anterior.
Este método salvaje empleado por Loño contras la familia del general García, creó
una ola de protestas en el pueblo de Las Tunas, de la cual se hicieron eco los
periódicos de Puerto Rico y Estados Unidos y al presidente de la República, Carlos
Manuel de Cépedes al publicar un artículo en el extranjero, en el cual llamaba la
atención internacional, sobre los métodos que eran capaces de utilizar los
españoles contra las familias de los más distinguidos próceres cubanos, a quienes
no podían vencer por medio de las armas.
No obstante, Vicente García no se rindió. En medio de la gran escasez de
pertrechos de guerra, las tropas de García sostuvieron la defensa del territorio de
Las Tunas, frabicando perdigones con los hierros de los barrotes de las ventanas de
las casas y destruyendo las líneas telegráficas para utilizar sus tornillos. Ramón
Ortuño Rodríguez, artesano natural de Holguín, fue el maestro de aquellos próceres
en el arte de fabricar medios de guerra de modo artesanal. En medio de un
combate, cuando disparaban aquellos cartuchos, los cuales a veces destruían el
cañón del fusil que los lanzaba, era familar escuchar: “ahí van los chicotes de
Mongo”. Por esta razón a Ramón Ortuño le llamaban cariñosamente Mongo
Metralla.
En estas adversas condiciones, las tropas de Vicente García peleaban con arrojo y
valentía, obstruyendo el arribo a la ciudad de los convoyes enemigos, los cuales
servían a los insurrectos de aprovisionamiento. Debe destacarse que las tropas de
García vestían bien y estaban bien alimentadas debido a los numerosos convoyes
que caían en su poder. Era llamado Vicente García, el rey de los convoyes, pues
tenía una táctica especial y un servicio de inteligencia militar extraordinario, que le
permitían asestarle al enemigo golpes demoledores.
La tropa que acompañaba a Vicente García, estaba forjada en el yunque del
sacrificio, por lo que acertadamente sus coterráneos la llamaron “Legión de
Hierro”. Desde los inicios de la guerra esta región fue un bastión importante
debido a su posición estratégica; le quedaba a un lado Camagüey, del otro Holguín,
Bayamo y Puerto Padre, desde aquí se dominaba también el Puerto de Malagueta
en Manatí y la ensenada de la Zanja en Jobabo.
Vicente García, con su táctica específica, realizaba la guerra de posición, o lo que
es igual la guerra de guerrilla, caracterizada por los asaltos comandos de pequeños
grupos armados, que se ubicaban en un territorio y le hacían frente a gruesas
columnas con escasos recursos. Para asaltar a los convoyes, el comando se situaba
en un lugar conveniente, y se mantenía cuantos días fueran necesarios, aunque
pasaran hambre y sed, pero cuando el convoy se acercaba, como tigres en acecho,
después de pasar la vanguardia y arribar al punto convenido en el plan mambí
atacaban divididos en sus grupos por el frente, por el centro y la retaguardia. El del
centro, lo dividía en dos partes, facilitando a los grupos de la vanguardia y la
retaguardia su ataque simultáneo que los obligaba a replegarse al centro, donde les
esperaba la temida carga al machete. En estas condiciones se apoderaban del
cargamento sin muchas pérdidas de hombres. Es de resaltar que en la mayoría de
las ocasiones los soldados españoles se batían con hidalguía y dignidad, y ni
mucho menos eran cobardes como se les ha presentado en ocasiones. Se
caracterizan los asaltos de García por su nocturnidad (en horas de la madrugada)
con el objetivo de que primara el factor sorpresa. Sobre todo en las tomas de
pueblos.
Su táctica de combate le permitió resistir en Las Tunas diez largos años de guerra,
en un territorio llano como un plato. El 17 de octubre de 1868, obtuvo su primera
gran victoria sobre las armas españolas, al aniquilar una gruesa columna española
en La Cuaba apoderándose del convoy que conducía a Las Tunas. El 29 del propio
mes se batió contra el coronel Loño en Arrollo de la Palma, obligándolo a
refugiarse apresuradamente en la ciudad. En noviembre de este año sostuvo una
gran batalla en el Gramal, poblado cerca de Manatí, la que se desarrolló al arma
blanca haciendo numerosos muertos al enemigo. En diciembre, un combate en
Becerra se transformó en un importante combate al machete.
Cuando el avance del conde de Valmaseda hacia la zona de Oriente, las tropas de
Vicente García le hicieron fuego desde Miguel Ramos hasta El Ranchuelo, sitio
donde aquel se unió al coronel Loño. Ambas fuerzas fueron hostilizadas hasta su
entrada a las puertas de la ciudad de Las Tunas. Al intentar continuar su marcha
hacia Bayamo, las fuerzas de García lo esperaron en Las Arenas, con trincheras
escalonadas en todo el trayecto de los españoles, pero Valmaseda evadió el
encuentro tomando un camino diferente rumbo a Saladiso. Al percatarse Vicente
García de la treta del jefe enemigo, decidió ir en su persecusión, pero en esos
instantes recibió órdenes del presidente Carlos Manuel de Céspedes para que se
dirigiera a Bayamo a reunirse con sus fuerzas. En esta comarca se mantuvo
alrededor de un mes, donde realizó diferentes acciones.
Al salir de Bayamo en febrero de 1869, Carlos Manuel de Céspedes se unió a
Vicente García. El 18 de abril del propio año sostuvo combate contra una columna
española que se dirigía a Las Tunas desde Manatí, con dos mil hombres, sin lograr
detenerla en su primer intento. Vicente atacó al enemigo con tanta fuerza en un
segundo intento por detenerlo, que a las cuatro de la tarde la gruesa columna se vio
obligada a rendirse. Las bajas enemigas fueron cuantiosas entre muertos y heridos.
Los prisioneros fueron enviados a Guáimaro. Esta victoria fue la primera del
Ejército Libertador a campo abierto.

                        EL COMBATE DE RIO BLANCO

El 19 de abril de 1869, el general García atacó una columna española en Diego
Felipe, la cual continuó su marcha a paso forzado, casi a la desbandada, tratando de
evadir el ataque de los mambises que los perseguían tenazmente. Al llegar a Río
Blanco, trataron de organizar una defensa activa, después de haber dejado tras sí,
alrededor de 100 cadáveres, entre ellos el del sanguinario capitán Sarmiento.
Cuando los españoles llegaron al caserío de Río Blanco, intentaron guarecerse,
utilizando como barricadas las casas de los campesinos de la zona, pero el mayor
general Vicente García les tendió un cerco total e inició el ataque. El combate se
caracterizó por un fuego nutrido y el enemigo tuvo numerosas bajas. A las cuatro
de la tarde en el recinto tomado por los españoles se levantó una bandera de
parlamento: el enemigo capitulaba.
Fueron hecho prisioneros el jefe de la columna comandante Trayano, 8 oficiales y
105 entre tropas y clases, sin contar los que fueron capturados dispersos. Vicente
García, les garantizó la vida a todos y los envió al gobierno de Güáimaro.
Esta victoria de las armas cubanas fue de gran significación por la enorme
cantidad de pertrechos de guerra que capturaron, justamente en los momentos en
que más las necesitaba el Ejército Libertador. En este propio mes el General
cubano, obtuvo otra resonante victoria al aniquilar en La Cana, a una columna
mandada por el comandante Moreno, apoderándose del convoy que éste conducía a
Las Tunas. Fueron hecha prisioneros toda la oficialidad y 140 soldados, que
enviaron también al gobierno.
Otras importantes victorias podemos anotar en la hoja de servicios del general
García, tales como la de Maniabón y la Orqueta, en esta última derrotó a una
poderosa columna mandada por el jefe español Hernández Galbi, a quien no solo
arrebató el convoy que custodiaba sino que dispersó a la tropa. Un día después,
venció a Boniche en el paso del río de Vázquez, haciéndole más de 150 bajas. En
el propio mes de mayo realizó una valiosa acción contra la columna del coronel
Ferrer quien conducía un enorme convoy desde Puerto Padre a Las Tunas. La
retarguardia mandada por un comandante cuyo nombre desconocemos, pero que se
batió bravamente, fue aniquilada. El resto de la fuerza fue batida con ímpetu: los
españoles organizaron la resistencia con bravura, pero el empuje mambí los hizo
refugiarse en el ingenio San Manuel. La columna enemiga, formada por 2 000
hombres, a pesar de su inmensa superioridad numérica, no pudo entrar en Las
Tunas.
Boniche, jefe de la Plaza de Las Tunas, recibió un mensaje de Ferrer, en el cual le
explicaba la situación de asedio en que lo tenían los mambises dirigidos por
Vicente García y que le era imposible marchar por el momento. El jefe español de
la plaza fuerte del balcón de Oriente, reunió a sus fuerzas y las arengó, haciéndoles
ver su desastroso estado. Instaba a sus oficiales y soldados al combate
expresándoles que era preferible morir, que perecer de hambre y necesidad sitiados
por el enemigo en el cuartel. Los españoles se envalentonaron y con Boniche al
frente salieron con una fuerza de 300 hombres al auxilio del convoy. En el paso del
río La Cana, se colocó Vicente García, quien había reibido una confidencia del
movimiento enemigo. En medio de la espesura, apostados en lugares escogidos por
García, la fuerza insurrecta esperaba al acecho. Cuando los españoles se acercaron,
García los dejó adelantar un poco, y cuando estuvieron convenientemente a mano,
ordenó el asalto, el cual resultó cruento. En el primer choque, la fuerza española
perdió la cuarta parte de su guarnición, pero el jefe enemigo, en un arranque de
coraje a filo de sable, logró rebasar las filas cubanas. El ataque mambí se mantuvo
impetuoso y al llegar al Yarey de Vázquez, Boniche se refugió en el ingenio
Aldana. Al anochecer, aprovechando las sombras de la noche, el jefe español
realizó una acción bochornosa: Abandonó el ingenio, dejando más de 40 heridos
graves sin ninguna protección, emprendiendo la fuga, hacia el poblado de
Maniabón, donde estaban acampadas las fuerzas españolas de esa comarca. Los
médicos del mambisado cubano y el resto de su cuerpo de sanidad, atendieron a los
heridos abandonados por su jefe, y en un tren de carretas los enviaron a Boniche,
demostrando una vez más el humanismo y dignidad del ejército mambí.
El 29 de mayo del propio año 1869, Vicente García, combatió en el Río San José,
haciéndole 26 bajas al enemigo. En los primeros días de junio, salió de Puerto
Padre un convoy español formado por 23 carretas cargadas de víveres y otros
pertrechos con dirección a Las Tunas. Iba custodiado por dos compañías del
Regimiento de Nápoles, dos del batallón de La Habana y el quinto, del batallón de
voluntarios movilizados, más de dos piezas de artillería. Los caminos estaban
prácticamente intransitables y el numeroso ejército pronto resibió el hostigamiento
de los soldados mandados por Vicente García, quienes dominaban toda la zona.
Uno de los asaltos comandos que le realizó el jefe mambí, murieron el teniente
Amigó del quinto de movilizados de La Habana y el feróz cabo de artillería de
apellido Otero. Esta fuerza, mandada por Hernández Gálvez, prestigioso jefe
español, fue desbastada en su mayoría por los mambises y el convoy quedó en el
campo insurrecto casi completo. En el camino, quedaron numeroso muertos,
muchos de ellos insepultos y mutilados debido a que el combate fue al machete
fundamentalmente.
El 7 de junio, Vicente García conoció de un convoy español que pasaría por
Becerra, a unas dos leguas de la ciudad de Las Tunas, y allí se situó con su fuerza.
Después de pocas horas de espera se presentó el esperado cargamento,
desarrollándose una lucha encarnizada. El combate duró más de una hora, pero el
convoy cayó en manos de García, no sin antes propinarles numerosas bajas al
enemigo y los que salvaron la vida se dispersaron por los tupidos maniguales de la
zona.
La situación precaria de la población de Las Tunas y la guarnición española
durante estos años en la siguiente cita del hijo del Padre de la Patria, Carlos
Manuel de Céspedes y Quesada: “en la misma época en que los habitantes del
pueblo de Las Tunas, asediados por los patriotas, padecían miseria y hambre, el
general Rubalcava, Gobernador Repúblicano de esa jurisdicción, arrastrado por sus
sentimientos humanitarios, dirigió una carta oficial a D. Enrique Boniche, jefe
español de la guarnición de aquel pueblo, exitándole a que dejase salir a las
mujeres y los niños para librarlos de aquella angustiosa situación. Al efecto, el
general Rubalcava hizo levantar una bandera de parlamento y colocó junto a ella la
comunicación referida. Cuando sus emisarios volvieron por la respuesta del jefe
español, fueron recibidos a balazos traidoramente (...).
Vicente García dio muchas pruebas de valor y gracias a sus resonantes victorias y a
la toma de convoyes, se convirtió en un baluarte del ejército mambí. El 2 de julio
de 1869, recibía una carta de Carlos Manuel de Céspedes en la cual le expresaba:
“Mi estimado amigo: mucho agradezco el interés con que usted mira nuestra causa
y de que tiene dadas tantas pruebas relevantes: viva seguro de que la patria le
manifestará algún día todo el agradecimiento a que usted es acreedor (...).” (18)
En esta carta Céspedes le envía la traducción de un parte de los españoles que
García había interceptado. En éste se mencionaba un movimiento de tropas
mentado por Valmaseda hacia la zona del Cauto con el ejército de Boniche,
integrado por el primer batallón de La Habana, el España, Bailén, San Quintín, y
otros. Esta concentración de tropas era altamente perjudicial por la escacez de
armamento de los mambises. Por ello, Céspedes le expuso: “Como usted
comprenderá es de todo punto inconveniente que semejante parte llegue a manos
de la persona a quien va dirigida, pues pudiera producir una concentración de
fuerza que nos sería muy perjudicial(...)” (19)
No cabe dudas acerca de la alta estima y confianza de Céspedes hacia Vicente
García, demostrado en ésta y en otras muchas ocasiones. Vicente García había
propuesto al gobierno el plan de asalto a la ciudad de Las Tunas, la confianza de
Céspedes en su capacidad militar quedaba revelada en otra parte de la carta: “Para
la ejecución de ese atrevido plan es necesario antes meditarlo bien, y sobre todo el
riesgo que corre el portador; pero repito, usted está allí, y puede calcular mejor que
yo lo que sea más acertado y conveniente (...).” (20)
El general cubano, preparó el plan para asaltar a su ciudad natal en 1869, y sometió
el mismo a la consideración del General en Jefe del Ejército Mambí, Manuel de
Quesada. Según Fernando Figueredo Socarrás en su libro La Revolución de Yara,
Quesada encontró el proyecto tan viable que decidió llevarlo a término él mismo.
Vicente García había utilizado en la preparación del plano de la ciudad a una bella
joven, que gozaba de toda su confianza, además de ser su prima hermana. Esta
aunaba a la belleza de su adolescencia la adultez de sus convicciones, andaba todos
los recintos de la ciudad pudiendo observar detalladamente las cuestiones de
interés para el jefe mambí. Al referirse a este momento de Mercedes Varona,
Josefina Toledo ha señalado: “En 1869 la dirección revolucionaria en Las Tunas,
encabezada por el mayor general Vicente García, decide extender el escenario de
las acciones de guerra. Para lograr este objetivo, se le encomienda a Mercedes
Varona la confección de un plano general del pueblo que reflejara la ubicación
exacta y descripción pormenorizada de todos los puntos importantes, militares y
civiles. Este plano fue elaborado con todo rigor y rapidez por la joven
revolucionaria (...). (21)
En el asalto organizado por el general en jefe, Manuel de Quesada, participarían
5 000 hombres. Vicente García debía cubrir la parte noroeste de la ciudad junto a
Cornelio Porro. También se encontraba presente con sus fuerzas Ignacio
Agramonte.
El general Vicente García, organizó sus fuerzas de la forma siguiente: Un grupo
entraría por la Plaza de Cristina (Parque Maceo), otro por la calle de la Cruz Verde
(Nicolás Heredia), y el tercero, atravesaría el arroyo Ahoga Pollos; el resto de las
fuerzas fueron distribuida convenientemente por Quesada. Antes de iniciar el
asalto, el presidente de la República en Armas, Carlos Manuel de Céspedes, quien
había venido expresamente para participar de la importante acción, circuló la
siguiente proclama entre las tropas:

                                   PROCLAMA

                            A los sitiadores de Tunas.

Soldados del Camagüey y de Las Tunas. A vosotros se ha confiado una de las
operaciones más importantes de esta campaña. Seguro que aún excederéis el
cumplimiento de vuestro deber, el gobierno supremo viene a contemplarlos.
Soldados: Tenéis un general entendido y valiente. A vosotros toca asegurarla con
vustro valor, vuestra constancia, vuestra subordinación y disciplina.
Soldados de Cuba: Vuestro enemigo cobarde tiembla detrás de sus trincheras. Sólo
confía, para sostenerse, en vuestra inexperiencia y falta de recursos. Poseedores
hay con exceso de práctica militar y de material de guerra, hacedle ver que tras
diez meses de campaña, sabrais poner inmensa distancia entre este día y el 13 de
octubre de 1868.
Entonces érais los bisoños, hoy sois los veteranos de la libertad. ¡Viva el Ejército
cubano! ¡Viva el General en Jefe! ¡Viva la República, El Presidente Carlos Manuel
de Céspedes!
                                                                  Agosto, 1869 (23)

En la madrugada del 16 de agosto, a las cuatro y media de la mañana comenzó el
asalto. El primer choque se produjo con las fuerzas del jefe español Varela, quien
había salido a forrajear. Los enfrentamientos fueron sangrientos, obligando al
enemigo a replegarse. De este primer momento apuntó Fernando Figueredo
Socarrás: “Los españoles, no asustados, sino despavoridos, abandonan la ciudad al
invasor, retirándose a sus fortificaciones, y los cubanos, aprovechando estas
circunstancias la ocupan, sacando de ella a los escuálidos habitantes, famélicos,
cuyos rostros se alegraban a la vista de nuestros soldados, que dominaban la
situación” (23)
A las 7 de la mañana ya el enemigo estaba prácticamente vencido, pero Quesada
no hizo movimiento alguno por avanzar sobre los españoles. El presidente de la
República en Armas, Carlos Manuel de Céspedes, situado en la Loma del
Mercader, muy cerca de la ciudad observaba el combate. Allí recibió a un emisario
de Quesada para anunciarle que el asalto había fracasado y que era necesario
retirarse, decisión que tomó a pesar de la solicitud que le hicieron Agramonte y
Vicente García de que les permitiera hacer un movimiento enérgico sobre el
enemigo.
El presidente, con el mismo ayudante, el comandante Horacio, exige al General
que intente un asalto, “Diga Ud. al General que espero de su pericia y valor, me
entregue aquella bandera enemiga, que aún flota en la aguja de la torre”. (24)
En el escenario del combate sólo se escuchaban las armas de fuego cubanas, pues
los españoles apenas respondían a los mambises. A las diez de la mañana volvió
Horacio Simoni a conferenciar con el Presidente a nombre del General y éste lo
despachó con igual orden. Los ayudantes del general Quesada habían quedado
fuera de combate y Céspedes les envió los suyos. De pronto, las armas de fuego
cubanas dejaron de escucharse para sorpresa del propio General Enrique Boniche,
jefe de la plaza de Las Tunas, quien pedía encarecidamente a Brígida Zaldívar y
Tomasa Varona, esposas de Vicente García y Francisco Muñoz Rubalcaba
respectivamente, que interviniera para terminar con tanto derramamiento de
sangre, pues él estaba dispuesto a largarse o romper el sitio para marchar hacia el
campamento de Puerto Padre.
Quesada ordenó la retirada y los españoles, perplejos, se anotaban una victoria
pírrica sobre las armas cubanas. Con qué entusiasmo el capitán general de la isla de
Cuba, don Blas de Villate, llamó a la ciudad en recuerdo del “triunfo” español,
“Victoria de Las Tunas”.
Como balance de aquella batalla, las bajas rebasaron el millar y más de 100 casas
incendiadas. Por la parte cubana cayeron, entre otros, los comandantes Eduardo
Montejo y Tomás Mendoza. Esta derrota influyó considerablemente en la moral
combativa del ejército cubano ya que su jefe supremo fue el dirigente de la acción.
El ejército español para estimular a los defensores de la plaza, mandó a acuñar una
medalla que se les otorgó como premio.
El 8 de marzo de 1870, Vicente García recibió el nombramiento oficial de primer
jefe del distrito militar de Las Tunas. El 13 de marzo del propio año sostuvo un
encarnizado combate en Río Abajo, donde se había apostado, contra las tropas del
conde de Valmaseda. Al presentarse el enemigo se produjeron sangrientos
combates que se mantuvieron durante todo el día, disminuyendo en horas de la
noche. Una táctica de gran resultado para el jefe cubano fue la toma de las aguadas
del lugar. Así cuando el enemigo quiso adquirir el preciado líquido, y en medio de
la oscuridad se aparecían grupos cubanos que con cargas al machete los obligaban
a retirarse a sus trincheras. Al amanecer del 14 se reanudó el combate de modo
sostenido, los españoles trataron inutílmente en varias ocasiones de tomar las
posiciones cubanas. Al tercer día de fuego ininterrumpido, los españoles trataron
de apoderarse nuevamente de las aguadas, pero la tenacidad cubana impidió tales
propósitos, a los albores del cuarto día, los españoles avanzaban lentamente, a
pesar de que las tropas mambisas combatían, solamente, a la riposta.
El día 16, el feroz Conde de Valmaseda sufrió la más flagrante derrota ante las
tropas de quien, poco después, sería denominado por los propios españoles, León
de Santa Rita. El jefe español pensó anotarse una nueva victoria en su hoja militar,
tal como hasta entonces había logrado frente a otras tropas cubanas.
Los generales Máximo Gómez y Modesto Díaz, quienes habían venido
replegándose hasta esta región, participaron el primer día del combate, pero al
segundo marcharon sobre Jiguaní y Bayamo con el objetivo de realizar operaciones
simultáneas sobre estas ciudades.
La toma de Bayamo por Modesto Díaz y la de Jiguaní por Gómez, unos meses más
tarde, las operaciones de Donato Mármol en Santiago de Cuba y las de Vicente
García en Las Tunas, demostraron a los españoles que Oriente no estaba
pacificado, por el contrario, la revolución estaba más viva que en ningún otro
momento, gracias en buena medida, a la chispa prendida en la gloriosa batalla de
Río Abajo.
De esta batalla citó Armando Prat Lerma: “Con Río Abajo, revive el Ejército
Mambí y el espíritu de lucha nace nuevamente poniendo una vez más a prueba el
valor y astucia de nuestros libertadores”. (25)
En el propio año de 1870, Carlos Manuel de Céspedes haciendo uso de sus
facultades como presidente de la República, dispuso una nueva organización en los
mandos del Ejército, nombrando a diferentes jefes en los tres estados en que se
dividió el territorio. De este modo, nombró a Francisco Vicente Aguilera jefe del
estado del Camagüey que comprendían los distritos Camagüey bajo la jefatura de
Ignacio Agramonte, y Las Tunas, bajo la de Vicente García.
Durante la guerra, Agramonte y Vicente García mantuvieron magníficas relaciones
tal como lo revela la correspondencia entre ambos. En una carta de este último al
Mayor, solicitaba su apoyo para renovar los obstáculos que se oponían a una
perfecta unión, recibiendo la siguiente respuesta del indómito camagüeyano:
“puedo asegurar a usted que Las Tunas donde tanto se aprecian sus méritos no se
tiene idea más elevada de sus propósitos e intenciones que aquí en Camagüey. En
cuanto a mí me ofresco [sic] a usted una vez más, mi decidida cooperación en
todos los propósitos encaminados al éxito de la guerra. (26)

Los años 1870 y 1871 fueron muy duros para los mambises, y fundamentalmente,
el último. La ofensiva del Conde de Valmaseda en la zona oriental y camagüeyana,
así como en otros distritos del país, hizo estragos en las fuerzas insurrectas. El
mayor general Vicente García se mantuvo hostilizado en Las Tunas por 20 000
efectivos militares regulares del Ejército español (desde el inicio de la guerra
situaron en el territorio 33 campamentos). Poco a poco y con su estrategia de la
guerra de posición fue exterminando a las fuerzas españolas en su zona.
Por orden del gobierno pasó al distrito de Holguín con el grueso de sus tropas,
donde realizó algunas operaciones en la zona de Báguanos. De regreso a Las Tunas
comprobó que el enemigo había recobrado su potencia y actuaba con eficicacia
sobre los grupos insurrectos. Pidió ayuda al gobierno para resolver la difícil
situación que presentaba su comarca de operaciones, pero no pudieron apoyarlo
con las armas que pedía y a golpe de coraje fue ganando, pulgada a pulgada, su
territorio.
El 7 de mayo de 1871, realizó una importante acción en La Gracia, apoderándose
de varios caballos de carga y destrozando totalmente la tropa española. En este
combate obtuvo gran cantidad de ropas y víveres. El general García, llegó a ser
temido por sus enemigos como los generales Máximo Gómez y Modesto Díaz. En
esos días se publicaba un manifiesto que expresaba:
Columna de Artillería
Cualquiera que presente a este campamento de Vázquez, vivo o muerto a algunos
de los cabecillas Máximo Gómez, Modesto Díaz, o Vicente García, recibirá
además de cuatro mil pesos en metálico la libertad, si fuese esclavo, o si fuese
blanco indulto de toda pena aunque sea criminal.
Campamento de Vázquez, 1ro. de febrero de 1871.
El jefe de la columna Joaquín Marín. (27)

                        EL COMBATE DE SANTA RITA

Santa Rita fue uno de los escenarios donde Vicente García desplegó su estratégica
guerra de posiciones. El compañero José Quesada, en su trabajo “Vicente García
en Santa Rita”, señaló: “Santa Rita no es un simple punto geográfico de nuestra
provincia, es por el contrario, un lugar de significativa relevancia histórica por los
hechos que durante la contienda libertadora allí se sucedieron y cuyo papel
fundamental lo jugó el mayor general Vicente García González.” (28)
El general cubano conocía palmo a palmo las tierras de Santa Rita, de hondas
cañadas y pequeñas elevaciones que acarician la amplia planicie, ubicadas a unos
24 kilómetros de Las Tunas, y con una extensión territorial aproximada de unas
300 caballerías, cubiertas de montes y cercanas a los caminos que desde Guáimaro
y Nuevitas conducen a Las Tunas. Además se encontraba su campamento de Santa
Rita en una posición estratégica, entre Oriente y Camagüey, facilitando, entre otras
cosas, la existencia de una base de operaciones cercana a Las Tunas, a Guáimaro y
otras poblaciones: la utilización de los caminos y veredas para una mejor
movilidad de sus tropas; el asentamiento, con carácter permanente, de las
rancherías donde se refugiaban los familiares de los libertadores y los perseguidos
por las autoridades españolas; y el establecimiento de áreas de sembrados para la
alimentación de las tropas y personal civil, de hospitales, de talleres y de armerías.
La guerra de posición, aplicada por Vicente García en Santa Rita, constituyó un
sistema defensivo estable con trincheras naturales en una gran extensión, y otras
construidas especialmente con ese fin, una fortaleza inexpugnable, que a pesar de
los varios intentos de los españoles, nunca pudo ser tomada.
En Santa Rita existe un arroyo, extremadamente caudaloso, serpenteado por
profundas trincheras de más de dos metros de profundidad y uno y medio de
ancho, una de ellas tiene una extensión de más de 200 metros, donde puede situar
una caballería de unos 60 jinetes. También rodean el lugar cañadas y pequeñas
elevaciones entre las cuales se desliza el arroyo, denominado por los pobladores
del lugar, Las Trincheras, por haber sido la primera avanzada mambisa en la
defensa de Santa Rita. La defensa de este paso, o vado, tuvo una importancia
singular, pues de haber sido cruzado por los españoles, habrían penetrado al mismo
corazón del campamento mambí.
Al nordeste de la zona, también se encuentran trincheras naturales, formadas
fundamentalmente por la confluencia de varias cañadas y pequeñas elevaciones
que guarecían “el paso del correo” (vía de comunicación mambisa entre Oriente y
Occidente), que a unos cinco kilómetros de este lugar, entroncaba con el camino
real que accedía a Las Tunas, por el norte de Santa Rita.
Por la finca Jesús María, a unas dos leguas de distancia, se encontraba el camino
que conducía a Nuevitas. La toma de Santa Rita por los españoles había
significado la posibilidad de movimiento de las tropas españolas, acantonadas y
prácticamente encerradas en Guáimaro y Las Tunas.
El 19 de agosto de 1871, una columna española de dos mil hombres atacó
sorpresivamente a Vicente García en su campamento, quien con la apacible calma
que lo caracterizaba, con movimientos enérgicos, dispuso la defensa. Según
Armando Prat Lerma, Vicente García, arengó a sus tropas y ordenó que no se debía
disparar un solo tiro que no fuera un blanco certero. Seguidamente, expresó:
“Parque tendremos él suficiente para combatir a esos españoles mientras nos quede
un hálito de vida; pero no malgastemos los tiros: dejemos que se aproximen para
mejor hacer la puntería. Con hombres como ustedes, los españoles no me quitarán
el campamento (...).” (29)
Los soldados animosos se dirigieron a sus posiciones, ubicándose en las cañadas
que bordeaban el monte firme, donde los proyectiles enemigos eran poco efectivos.
Los españoles traían piezas de artillería. Apenas comenzó el combate, se
escucharon retumbar en medio de la espesa vegetación, los estampidos de la
artillería enemiga, las descargas cerradas de la fusilería atronaban el ambiente,
mientras, los cubanos, desarrollaban un combate a discreción, con fuego graneado.
El enemigo, después de las primeras horas de combate, trató de tomar el
campamento insurrecto en un asalto infructuoso, rechazado por el “martillo” la
fusilería mambisa. Cuando los relojes marcaban las doce del día, los cornetas
españoles comenzaron a tocar “paso de ataque”. Esto no fue más que un simulacro
para ver si los cubanos abandonaban el terreno, pero al no obtener éxito en sus
maniobras, en lugar de avanzar, se replegó hacia la sabana en busca de posiciones.
En el folleto Biografía del Mayor General Vicente García, Armando Prat Lerma, se
refiere a esta batalla: “No creyó el General Vicente García que aquellos españoles
se retiraran, aunque a aquella hora contaba más de cuarenta bajas. En un cayo
próximo a donde estaban, enterraron sus primeros muertos. Entretanto, el General
cubano no tuvo deseos de abandonar la posición, y aguardaba por momentos el
regreso de los exploradores que había enviado por medio de la espesura. Y,
efectivamente que, como buen militar en campaña, hizo el General cubano en
extremar la previsión, pues los españoles no tardaron en volver a la acometida
(...).” (30)
Durante la breve tregua, a los mabises se les había entregado parque y las
orientaciones precisas para el momento en que se reanudara el combate. Y así
ocurrió. Los exploradores regresaron anunciando el ataque español. La infantería y
la caballería se pusieron en tensión. En pocos minutos, se reanudó la batalla. Bajo
el nutrido fuego de artillería y de fusilería, Santa Rita parecía un infierno. El
combate duró hasta las tres de la tarde, hora en que los españoles se retiraron por el
camino de Guáimaro, dejando abandonados los cadáveres. Algunas de las
sepulturas fueron cavadas con tal precipitación que los muertos quedaban con los
brazos o pies fuera de las fosas. Acerca de la decisión de Vicente García, escribía
Prat Lerma: “el General García [...] ordenó que se hiciesen otras mayores para
trasladarlos. Y entonces se contaron cuarenta y un cadáveres, cuyas fosas, hechas
por los cubanos, quedaron marcadas con una cruz, como signo de respeto y
admiración hacia el adversario que había tenido la fatalidad de caer en el campo de
batalla. En total, las bajas españolas fueron [sic] de 112, pues la columna entró en
Guáimaro con setenta camillas.” (31)
Dos días antes de la conclusión de la batalla, el general español Velázco, había
quemado los talleres de Santa Rita y capturada la familia de Vicente García,
integrada por la esposa e hijos. Fueron ocupados en esta ocasión los volúmenes del
diario de operaciones del General García de los años 68 al 71, y algunos efectos de
guerra.
Fue por esta acción que Velázco y Esponda, valientes generales españoles,
bautizaron a Vicente García como El León de Santa Rita.
El 5 de septiembre, el campamento rebelde de Santa Rita fue atacado nuevamente
por los españoles, esta vez con tres gruesas columnas formadas por unos 2 500
efectivos militares, bajo las órdenes de Morales de los Ríos, Valeriano Weyler y
Fajardo. El ataque simultáneo se produjo por tres lugares con artillería, con
fusilería de la infantería y caballería. El primer choque se prolongó por espacio de
una hora. Como era costumbre del mayor general Vicente García, personalmente
dirigió la batalla. Después de una verdadera demostración de fuerzas, donde los
insurrectos sólo contaban con unos 400 hombres, la guarnición española tuvo que
retirarse sin poder flanquear el campamento mambí. La mayor cantidad de bajas
que tuvieron los enemigos, fue cuando Weyler intentó enfrentarse cuerpo a cuerpo
con las bayonetas a los cubanos. Éstos, diestros en el machete, vencieron dejando
en el campo 55 cadáveres españoles entre soldados y oficiales.
En un parte de guerra, falso como de costumbre, los españoles plantearon: “A
destruir posiciones del cabecilla (Vicente García) marché este día, encontrando
después la columna de Weyler que envió a atacarlo por la izquierda, a la vez que
por la derecha marchaba la de Fajardo, y como no bastaban las horas del día que
quedaban, al siguiente embestimos contra las posiciones de los rebeldes, que con
gran gritería y descargas cerradas nos recibieron, generalizándose la acción, que
duró tres cuartos de hora, sostenida por trescientos hombres del batallón de
Chiclana, doscientos de Hernán Cortés y dos piezas de artillería.
“Esta operación nos ha costado sensibles bajas, si bien quedamos dueños del
campo.” (32)
Las bajas cubanas ascendieron a 17, entre muertos y heridos, número bastante
exíguo para la proporción de la batalla.
El 8 de septiembre fue atacado nuevamente por el Brigadier Morales de los Ríos, el
campamento de Vicente García, pero tuvo que retirarse.
Debido a la tenaz persecusión contra las familias cubanas y ante la posibilidad de
que la suya cayese prisionera nuevamente, Vicente García solicitó autorización al
presidente Céspedes, para enviarla al extranjero. Al respecto el máximo dirigente
de la revolución le respondió: “En cuanto a la sensible alternativa en que usted se
halla en cuanto a la familia por el fundado temor de que sea maltratada por los
españoles estoy de acuerdo con usted en optar por su remisión al extranjero antes
que enviarla a los pueblos que aquellos dominen, para ponerla al abrigo de todo
peligro. Siento infinito en tales circunstancias no tener dinero para brindarle para
que su señora e hijos llevaran consigo elementos propios de que disponer y hacer
menos amargo el pan de la emigración (...).” (33)
La familia del general García se marchó a Nueva York, y luego, a Puerto Plata. La
familia de García pasó grandes vicisitudes en el extranjero, a pesar de la ayuda de
los emigrados cubanos. De Puerto Plata se trasladó a Jamaica y allí, coincidió con
la poetisa y prima hermana de Vicente, Tomasa Varona.
El 8 de noviembre de 1871, fue atacado el general Vicente García por dos gruesas
columnas en su campamento de San Joaquin, donde los insurrectos tuvieron que
realizar grandes esfuerzos para organizar la defensa. Este encuentro con el
enemigo fue anotado en el diario de campaña. (Véase el diario en este volúmen.)
La táctica militar del mayor general Vicente García, especialista en resistir con un
puñado de hombres frente a un enemigo poderoso, fue excepcional.
El general Morales de los Ríos trató de entrevistarse con el indómito mambí y le
mandó emisarios con proposiciones de paz, las que fueron rechazadas dignamente
por el jefe cubano.
Ya las fuerzas insurrectas estaban nuevamente organizadas y una vez superados los
escollos presentados, se le ordenó operar en las zonas occidentales de Holguín y
Bayamo. A finales de año 1872, Vicente García realizó varias incursiones de
guerra en la zona de Camagüey.
El 21 de enero de 1873, Vicente García participó en la toma del poblado de
Sibanicú, brindando su decisivo apoyo a la campaña del general Agramonte. En la
operación capturó 7 rifles, 1 000 cartuchos, muchas cápsulas, gran cantidad de
armas blancas, caballos, mulos, etcétera.
El 23 de febrero de 1873, en su campamento, se le incorporaron tres ciudadanos
franceses llamados Charles Philibert Peissont, Jean Bonnon y Clodomier
Pampillan. El primero se identificó como sargento de la Comuna de París en la
primera experiencia de dictadura del proletariado. De este momento anotó el
Mayor General Vicente García en su diario de campaña: “El prefecto C. Angel
Vega trajo tres conciudadanos franceses que para presentarse a su cónsul buscaron
la protección de nuestras fuerzas. Manifestaron que el gobierno español los
contrató en Barcelona para trabajar por sus respectivas profesiones en La Habana
lo mismo que a más de 40 de sus compatriotas, y que en lugar de hacerlo así, se les
desembarcó en Nuevitas y se les diseminó para tomar las armas en distintos
Batallones del ejército; que ellos, los tres presentados, fueron traídos al Guamo
donde les mudaron sus nombres por otros españoles y se les indicó que si
desertaban serían fusilados y que los cubanos lo harían también con todo el que se
les presentaba que negándoseles facilidad para ver a cónsul alguno de su nación y
que no queriendo combatir contra los principios republicanos que con las armas
sostuvieron en su patria, decidieron venir al campo insurrecto a los efectos antes
indicados.” (34)
El 13 de marzo, Vicente García fue designado para ocpupar la Secretaría de la
Guerra en el Gobierno de la República en Armas, no obstante jamás descubrió las
operaciones militares. El 24 de mayo escribía a Manuel Sanguily en los siguientes
términos: “Teniendo la fuerza sin recurso de boca, tuve que llevarlas ayer a tomar
viandas cerca de Las Tunas, motivo por lo que no pude llegar aquí sino esta tarde.”
(35)
El 12 de octubre de 1873, García realizó el asalto y toma del Fuerte de la Zanja, en
la costa de Jobabo, donde ocupó un botín de guerra considerable, formado por 76
rifles, 200 000 cápsulas, armas blancas en abundancia, ropa, víveres y otros
efectos. El cargamento de armas fue guardado convenientemente en el potrero de
Guaramanao del actual municipio Jobabo. A los pocos días, el parque fue
trasladado de lugar para su mayor seguridad. Un explorador de Vicente García,
Joaquín Reyes, quien conocía el sitio donde se encontraba el escondite del preciado
tesoro, cayó prisionero de la columna que mandaba el teniente coronel. Vilches. El
jefe español lo interrogó y le planteó que si no le decía dónde tenía guardado
García el cargamento le mandaría a ahorcar, Reyes jugándole una estratagema al
militar español lo condujo al sitio donde había estado el cargamento por primera
vez y que él mismo había ayudado a trasladar de sitio.
La señorita Ramos, confidente de Vicente García en la zona, observó el
movimiento de tropas hacia el sitio conocido por ella, donde estaba el parque. De
inmediato, se dirigió en brioso corcel a Guáimaro, donde sabía se encontraba
Máximo Gómez, quien estaba efectuando el sitio de aquella población. Bajo el
fragor de la pelea, la valiente cubana llegó donde se encontraba el Generalísimo y
le contó lo ocurrido. De inmediato, Gómez suspendió el asalto y dio órdenes para
marchar contra la columna española. Con su columna perfectamente formada,
arengó a la tropa de la forma siguiente: “Soldados, una columna enemiga bastante
fuerte ha salido a tomar un depósito de parque que guarda el General Vicente
García y nuestro honor está comprometido si a toda costa no evitamos esa
desgracia.” (36)
Al llegar a la sabana de Palo Seco, sonó el primer disparo, convirtiéndose después
en fuego graneado. El teniente coronel Baldomero Rodríguez, quien mandaba la
fuerza de asalto, maniobró en falsa retirada, según lo orientado por el estratega
Máximo Gómez se internó en la sabana que estaba en la dirección de San Joaquín,
donde se encontraba emboscada el grueso de las tropas mambisas. Cuando el
enemigo iba en desenfrenada carrera en persecusión de Baldomero y sus 40 jinetes,
los soldados cubanos agazapados entre la maleza, cayeron sobre el enemigo como
una tromba. El combate fue violento y el suelo de Palo Seco se tiñó de rojo con la
sangre española. El tramo entre el escenario principal de la epopeya y San Rafael,
era una estela de cadáveres. Los pocos que pudieron escapar al primer embate, se
dirigieron a las abandonadas trincheras de San Rafael con su jefe al frente, el
comandante Martitegui. Baldomero Rodríguez asaltó las mencionadas trincheras
con tanto valor que el enemigo se rindió inmediatamente.
En su diario de campaña el General Máximo Gómez anotó: “El resultado de la
operación fue: 70 prisioneros, un Gefe, [sic], cinco oficiales y el resto de tropa. 300
muertos –vistos- entre de ellos [sic] el Géfe [sic] de columna Tnte. Corol. Vilches,
varios otros Géfes y Oficiales. Se ocuparon 208 rifles, 12,000 cápsulas 57 caballos
muy buenos y aperados 27 mulos; medicina, ropa, prendas de valor, muchos
machetes y el convoy de provisiones. Por nuestra parte: 20 bajas, 17 heridos y 3
muertos, entre los primeros el Coronel Gregorio Benítez de alguna gravedad y un
oficial del Este: entre los muertos mi antiguo y tan buen soldado de mi escolta,
Juan Rodríguez.” (37)
La batalla de Palo Seco se inscribe como la más grande demostración de la
estrategia militar de Máximo Gómez. De esta épica acción escribió el mayor
general Vicente García en su diario de operaciones: “Por vecinos de este
Departamento se confirmó la noticia dada por Manuel Antonio Avalo de que una
columna enemiga que regresaba del Jagüey á Guámiro habia sido derrotada entre
Palo Seco a Lajas de Mariano hará 4 ó 5 días. Los indicados vecinos vieron los
cadáveres españoles en gran número (...).” (38)
El 10 de diciembre anotó García nuevamente refiriéndose al mismo combate:
“Llegó el Comandante Majín Alomá de tránsito por Oriente, manifestando ser
cierto el combate de Palo Seco copando el General Gómez la columna enemiga,
pues ésta se componía de 600 hombres y en el campo quedaron 507 haciéndole
además 53 prisioneros. Entre los primeros el Teniente Coronel Vilches que la
mandaba y entre los últimos Martitegui (...).” (39)
El 26 de diciembre de 1873, Vicente García escribió una larga misiva a Tomás
Estrada Palma donde le relataba: “Inútil es manifestar a usted la parte activa que
tomé en los trabajos preparatorios de la Revolución (...) Lo hice así sólo porque
Cuba se sacudiera para siempre de la tiranía de España, dispuesto a morir primero
que a abjurar del santo dogma democrático que abracé con toda fe y entusiasmo.”
(40)
Más adelante explicó el general García: “Cuando se nombraron Jefes de Estados lo
fuí para el del Camagüey, que comprendía también a Las Tunas, y al solicitar del
General Agramonte que mandaba el Distrito del Camagüey, las relaciones que
correspondían, según nuestros nombramientos respectivos, me enteré de que tenía
orden de entenderse con la Secretaría de la Guerra. Esta inversión del Orden me
hizo renunciar a ese puesto (...). Abandonado seguí en Las Tunas, hostilizado por
veinte mil enemigos que situaron treinta y tres campamentos en el territorio, el cual
no abandoné un momento, sufriendo por ello penalidades sin cuento, logrando a
fuerza de constancia y actividad, debilitar y cansar de tal modo al enemigo, que
hubo de suspender la mayor parte de sus puestos militares para reformar unos
pocos que dejó (...).
En vano supliqué al gobierno auxilio de municiones, siquiera para salvar aquella
situación, pues mis reclamaciones se perdieron en el vacío. A pesar de todo a
fuerza de constancia y de trabajo ayudado de algunos patriotas, no sólo logré
conservarme sin evacuar el territorio como quería el enemigo, con quien llegué a
combatir hasta catorce veces en un solo día, sino que logré restablecer la confianza
y con ella la moralización de las pocas fuerzas que me quedaban, concluyendo por
último con los dos principales traidores [Juan] Urquiza y [José] González que con
actividad febril me perseguían guiando las columnas enemigas.” (41)
El 24 de enero de 1874, cayó en poder de Vicente García un convoy español con 3
carretas, 9 yuntas de bueyes, 3 cabalgaduras, víveres y 7 armas de fuego. Tuvieron
los enemigos 9 muertos en el encuentro. Esta táctica del jefe cubano le dio
excelentes resultados pues los convoyes le permitían el aprovisionamiento de
armas, comida y otros elementos de guerra y subsistencia. Por esta razón, Vicente
García tuvo a sus tropas bien armadas, alimentadas y vestidas.
El general Máximo Gómez, el 10 de febrero del propio año dirigió la acción
gloriosa de El Naranjo, en la que participó Vicente García. Según anotó el jefe
cubano en su diario de operaciones, los cubanos tuvieron 91 y los españoles más de
200 bajas. La victoria fue total para los insurrectos y las armas cubanas se anotaron
una nueva resonante victoria que favoreció la hoja militar del general Gómez.
El 14 de febrero del propio año 1874, Vicente García aceptó oficialmente la
secretaría de la guerra, empleándose fundamentalmente en la organización de la
documentación a su cargo. Este día despachó los asuntos pendientes que le
quedaban.
Acampado en Antón de Guanasí, Camagüey, se le presentó el 12 de marzo de ese
último año, el capitán Agustín Castellanos de la fuerza de Las Tunas, dirigida por
el general Calixto García Iñiguez.
Este día anotó Vicente en su Diario de operaciones: “Llegó el Capitán Agustín
Castellanos del escuadrón de Caballería de Las Tunas, prófugo de su División,
según dijo, por temor de que lo matasen sin motivo y sin formación de juicio como
a Castellanos [Pedro Ignacio] y al cabo Gerónimo López”. (42)
El mismo día, se le comunicó a Vicente García, en consejo de gabinete que
marchara a Las Tunas con fuerza armada y que averiguase lo ocurrido, dándole
amplias facultades para actuar, como representante del ejecutivo. Al día siguiente
se le modificaron las instrucciones recibidas el anterior. Al respecto anotó García
en su diario de operaciones: “recibí oficio del gobierno modificando las
instrucciones y facultades que anteriormente me habían concedido a la comisión
apuntada y manifestándome no ser posible facilitarme toda la fuerza armada que se
había acordado en Consejo de Gabinete, reduciéndose a una pequeña escolta para
sólo resguardo de mi persona, por limitarse mi contenido a una simple inspección.”
(43)
El general García como Secretario de la Guerra, advirtió al Presidente Císneros
Betancourt, los perjuicios que podía acarrear no darle amplias facultades para
atender las emergencias que pudiesen presentarse. Císneros Betancourt, mostraba
sus vacilaciones una vez más al dar primero una orden y retirarla más tarde, lo
cual, a todas luces le restaba prestigio y confianza de sus subalternos y compañeros
de gobierno.
Desde Antón de Guanasí, en carta al gobierno, rubricada el 13 de marzo, Vicente
expuso los problemas que podían surgir en la misión que se le había encomendado
y la imposibilidad de enfrentarlas debido a las limitadas facultades de acción
otorgadas; subrayó también los peligros que podía conllevar para el gobierno
constituido. En una parte de la misiva le manifiesta al Secretario del Gabinete: “El
Mayor General C. Calixto García el cual seguro que habrá ya marchado a Holguín
con fuerzas y como pudiera suceder que subsistiese la sedición armada que él
mismo anuncia, llamándola, las fuerzas que en ella tomasen parte o que
encontrándose culpabilidad en algún jefe de los que debieron presidir el Consejo
de la 2ª. Instancia en los asuntos a que se contraen la nota 316 y en tal caso sería un
desprestigio para el Gobierno y para el que suscribe no poder tomar las medidas
necesarias para remediar el mal sin faltar a las leyes.” (44)
Tres días después de enviada esta carta pasó al cuartel general de Máximo Gómez,
con quien compartió honores en la batalla de Las Guásimas. El 19 anotó del
formidable combate en su diario de campaña lo siguiente: “En el reducido espacio
que ocupaba en Las Guásimas el enemigo, como un octavo de caballería de tierra
para 5 000 hombres con numerosa caballería, dejamos hacinados los caballos
muertos, más de 200, y los restos calcinados por el fuego de muchos cadáveres que
hacían casi irrespirable el ambiente y evidenciaban la angustia moral y los
padecimientos físicos por que pasó el enemigo en medio de ese cuadro de horror.
Sus bajas han debido pasar de 600 (...).” (45)
El 22 de marzo recibió una comunicación del presidente suspendiéndole la
comisión que se le había dado, regresando a ocupar su puesto en la Secretaría de la
Guerra. El 27 de ese mismo mes escribió al comandante José Sacramento León
exponiéndole su inconformidad con la insubordinación que había fomentado en
Las Tunas. En la citada misiva le expresa: “Si aún me consideran ustedes como el
hombre patriota, como el padre que siempre se ha interesado por su felicidad, sigan
mis consejos encaminados a su bien y al de nuestra querida Cuba: abandonen el
camino de la perdición a que se han lanzado y no den por más tiempo el
espectáculo triste de permanecer alejados de sus compañeros, mientras que estos
combaten al enemigo de la Patria. No presten oido a la voz insidiosa de la pasión ni
a cualquiera otra que intente hacerlos permanecer separados del camino del honor
y sometiéndose a sus superiores, vuelvan a observar la conducta que me hacía
citarlos como modelos de patriotismo, de abnegación y moralidad (...).” (46)
Con relación a esta carta anotó en su diario de operaciones: “Escribí al comandante
León y Joaquín Garay censurando su conducta y acosejándoles se sometiesen a la
obediencia de sus superiores pues su actitud quebrantaba los vínculos de la
disciplina y el interés de la patria, a la que todo debemos sacrificar.” (47)
Más adelante indicó: “debo consignar que por mi deseo de salvar los intereses de la
patria aconsejé procedimientos que trayendo aquellos a la obediencia evitasen
sangrientos conflictos entre el general C. García y los mismos sublevados y que
fueron desoídos por el Ejecutivo pasando por la pena, además de la que me
causaban aquellos trastornos, de ver en el Gobierno un interés decidido por aquel
jefe que se opone a los intereses y transformaciones del país, y luego que las
medidas por mi aconsejadas partiendo de otras personas fueron aceptadas, pues
ésto me demostraba que se atendía más a las personalidades que al bien de la patria
y que seguramente por haber estado yo mandando a los tuneros y ser yo de aquella
naturalidad, se me sospechaba parcialidad en el asunto, siendo así que en mi ánimo
no puede influir ningún efecto para tomar ninguna medida contraria a los comunes
intereses (...).” (48)
Sin lugar a dudas, Vicente García tenía ya profundas diferencias con el gobierno,
porque según él, Salvador Císnero Betancourt se había parcializado con Calixto
García sin atender las opiniones suyas, a pesar de ostentar, en el gobierno, el cargo
de Secretario de la Guerra.
Las medidas tomadas por Calixto García en Las Tunas para imponer la disciplina,
parecen no haberse correspondido con las características de la tropa de esta región
en aquella época. Por ejemplo, mientras las tropas de Máximo Gómez estaban
integradas en su mayor parte, de manera similar a las de Céspedes y las del propio
Calixto García, las de Las Tunas lo estaban por campesinos libres, cuyas relaciones
con los hacendados se basaron en el respeto mutuo (principio fundamental en el
prestigio de éstos en la región), y en la autodeterminación. El soldado de
procedencia esclava asimilaba el cepo, o los azotes con un látigo, como castigo por
las indisciplinas, mientras que para los campesinos significaba violentar su
condición de hombre libre. Al utilizar Calixto García estos castigos con las tropas
de Las Tunas se sublevaron. Vicente García había mantenido una rígida disciplina,
pero más acorde con la mentalidad de estos hombres. Ante una indisciplina eran
suspendidos del servicio, se les retiraba el arma, se encarcelaba, e incluso, en
algunos casos, fueron fusilados previo Consejo de Guerra.
El hecho desencadenante de la sublevación de la tropa en Las Tunas fue la muerte
del comandante y jefe de tropa Pedro Ignacio Castellanos, quien amaneció
acuchillado en su hamaca. El Teniente Coronel y Jefe de Estado Mayor de Las
Tunas, José Sacramento León, Payito, se insubordinó contra Calixto García, según
él existían rumores de que se planeaba su asesinato. (49)
Vicente partió desde los gloriosos campos de Jimaguayú, donde había estado
acampado durante esos días, para la zona oriental a reunirse con las tropas de
Máximo Gómez, acampadas en la Caridad de Arteaga, Camagüey. Allí conoció, el
4 de abril al Brigadier Henry Reeve. Su admiración por el heroico combatiente la
dejó expuesta en el diario: “Vino al Cuartel General el Brigadier Reeve teniendo
así el gusto de conocer este digno militar, que tan ordenado como valiente hace
recordar en sus virtudes las de su digno maestro el General Agramonte. Aún no
está bueno de las heridas que recibió hace seis meses y de las que ha resultado la
lesión de la pierna derecha (...).” (50)
Parece ser, tal como revelan los diarios de ambos generales, que Vicente García
mantuvo alguna rivalidad con el otro gran estratega de la guerra, Máximo Gómez.
Lo cierto es que el estudio de los aspectos tanto positivo, como los que él
calificaba de negativos, de la táctica de este último, con quien participó en varias
batallas y combates, sirvió para rectificar algunos de sus criterios de cómo librar la
guerra.
El 12 de abril de 1874, las fuerzas de Máximo Gómez efectuaron el ataque a San
Miguel de Nuevitas y Vicente García, quien presenciaba la acción cuestionó el
hecho de que muchos de los soldados, aun no concluido el combate, perdieran la
vida estérilmente por dedicarse a acciones aisladas de saqueo, y además, expresó
en esta ocasión, su discrepancia con la extensión de éste a la población civil.
Indudablemente, ésto incidió en el perfeccionamiento de la estrategia militar en
Vicente García. En sus posteriores batallas y combates arengaba a la tropa
prohibiendo el saqueo de fortines, almacenes, comercios. (Se opuso siempre al de
las casas particulares) hasta la terminación del combate y previa orden del jefe
correspondiente.
El 18 de abril participó junto a Gómez en Cascorro y en el tiroteo de Sibanicú,
donde cayó el Coronel Martín Castillo, ambos en la comarca de Camagüey.
El 27 del propio mes, cuando todavía se comentaba acerca de la insubordinación
de Payito León en Las Tunas, el mayor general Vicente García anotaba en su
diario, su preocupación por resolver el problema sin consecuencias trágicas para
Cuba. Evidentemente, intentó atraer a Payito y su tropa hasta la residencia del
gobierno. (Véase diario).
“Esto es más de patriotas que de soldados y tales circunstancias es la que le hace
superior a los del ejército español” (...). Las fuerzas de Las Tunas, conjuntamente
con algunas de Cuba y Holguín habían sido destinadas a reforzar el contingente
invasor de Las Villas, al mando de Máximo Gómez. Sin embargo, al arribar
Vicente García a Las Tunas, encontró a las tropas insubordinadas (se produjo una
decisión en masa, impidiendo el tan ansiado refuerzo oriental esperado
ansiosamente por Gómez). Mientras tanto, las tropas de los villareños se
insubordinaban con Carlos Roloff al frente, y expulsaban al generalísimo de aquel
departamento.
Es interesante conocer la reflexión de Vicente García acerca del fenómeno
generalizado de la indisciplina. Para él, los cubanos recientemente incorporados a
la guerra constituían aún un ejército a la manera tradicional (no se les pagaba, ni
entregaba alimentos, ropas, etcétera), la disciplina militar debía irse incorporando a
partir de la escuela del patriotismo.
Ha sido soslayado por la historiografía tradicional el antecedente de esta
insubordinación. Es decir la deposición del Presidente de la República y Padre de
la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, quien las tropas de Las Tunas, consideraban
su jefe y con quien había compartido buena parte de la guerra y donde incluso
había radicado durante mucho tiempo su gobierno.
Calixto García había sido el brazo armado, usado por el Gobierno, para la
deposición de Céspedes; y ésto explica la antipatía de la tropa tunera. Además son
conocidas las relaciones de Payito con Ricardo de Céspedes y el resto de la cámara
cespedista, quienes no cesaron en sus proyectos de insubordinación contra la
Cámara.
Escena de indisciplina entre las tropas, también se producía en Bayamo. El general
de brigada Cristóbal Acosta, de las tropas tuneras, declarado en rebelión, fue
mandado a capturar por el comandante Augusto Arango, quien salió a cumplir su
misión, pero al ser sorprendido el primero, por una columna española, sus
compañeros lo abandonaron para no combatir creyendo que era cubana. Fue
macheteado y dejado exánime en medio del monte.
El 2 de mayo de 1874 fue dejado sin efecto el poder de invasión a Las Villas y
Gómez puso a disposición del gobierno, el contingente de Oriente.
Ya Vicente García había argumentado sobre los obstáculos a la invasión en
aquellas circunstancias: “Cuando se celebró un consejo de Generales, en San
Diego, por el mes de enero último, para considerar el plan de invasión, señaló los
inconvenientes que se presentarían para que ese proyecto fuese fructuoso. No se
me oyó y cuanto dije ha sucedido, viéndose el gobierno en la necesidad de
suspender su ejecución. Si para esta operación no se cuenta con bastante parque,
alguna artillería y fuerza con más disciplina que las actuales, y que nadie sepa el
proyecto hasta pasar la trocha; estará expuesta a reveces antes de entrar en Las
Villas.” (54)
El 7 de mayo mediante una licencia por enfermedad García abandonó la sede del
Gobierno, sustituyéndolo el subsecretario teniente coronel Modesto Fonseca, y
marchó hacia Las Tunas con autorización del Gobierno el 30 de agosto de 1874.
En su viaje hacia Las Tunas, acampó en Santa Ana de Lleó llegando a Guaramanao
el 4 de septiembre. En esos días a consecuencia de las guerras padeció altas fiebres
intestinales, fuertes dolores de cabeza y reumáticos.
Por sus contradiciones con Cisneros, por la parcialidad y poco tino con que dirigía
el país, pidió la renuncia irrevocable de su cargo de Secretario de la Guerra;
Modesto Fonseca, que ocupaba el cargo de subsecretario de la guerra, renunció
también, exponiendo las mismas razones. Realmente, existían causas más
profundas: la estructura de gobierno civil, por encima de lo militar llevaba a que se
emitiesen órdenes que resultaban inoperantes, y a veses catastróficas para la buena
marcha de la guerra. Los militares culpaban a una persona, pero era mucho más
profundo, era todo un aparato, creado sobre la base de los más puros ideales
civilistas y democráticos, obstruyendo el desarrollo de la guerra.
El 24 de septiembre fue llamado al gobierno para proponerle la jefatura del primer
cuerpo de ejército de Oriente por haber caído preso Calixto García.
Pero la semilla de la discordia ya estaba sembrada y germinaba. El 18 de octubre
de 1874, Vicente García conferenciaba con Luis Figueredo acerca de un proyecto
de cambio de gobierno. De la anotación que hicieron en el diario se derivan
algunas importantes cuestiones. Primero, que ya estaba el antecedente de planes
conspirativos, y segundo de los propósitos de los cespedistas de iniciar un
movimiento armado de escisión.
Vicente García, siguiendo lo expuesto en su diario, mostró su oposición a este
proyecto: “Traté de inclinarlo como lo he hecho con todo el que me ha hablado
sobre el particular, á que meditara con mucho detenimiento asunto de tanta
gravedad y que aplazara cualquier resolución que fueran a tomar a fin de no
ocasionar a la Patria mayores desgracias (...).” (52)
El 11 de septiembre, escribía a Gómez sobre el particular y le ofrecía algunas
noticias sobre la situación de Oriente y el movimiento que se gestaba contra el
Gobierno. La respuesta del jefe mambí no se hizo esperar, y en carta de octubre
exponía: “Deseo saber bien el estado de las cosas de Oriente, aprovecho a Soler y
escríbame minuciosamente (...).” (53)
El 25 de noviembre, en una elevación de la Sierra Maestra, cercana a Bayamo,
sostuvo García un combate con el enemigo con una columna de 400 hombres,
haciéndole numerosas bajas, de ahí se trasladó al Pinar de la Alegría en aquella
jurisdicción. En este período, el gobierno se trasladó hacia el campamento de
Vicente García por contar con una mayor seguridad. Por ello, durante esta
campaña, Vicente García tenía a su lado a todo el gobierno.
El 2 de enero de 1875, regresó Vicente García a Las Tunas, después de su larga
incursión como jefe del departamento oriental, por la zona de Bayamo y Holguín.
El 30 de este mes sostuvo combate en Las Minas, cerca del camino al Guamo, con
una columna que conducía un convoy para Las Tunas. El combate se desarrolló de
la forma siguiente: las tropas de caballería se emboscaron convenientemente
atacando la vanguardia, mientras la infantería cargaba al machete por la
retaguardia. La caballería dejó exánime a 41 soldados españoles, el resto se
dispersó por la sabana quedando en poder de los cubanos todo el convoy cosistente
en una carreta cargada, 55 bestias también cargadas, 10 caballos útiles, entre 1 500
a 2000 cápsulas, mucha ropa y 52 remigton. Por la parte cubana hubo dos muertos
y siete heridos. El 31 del propio mes salió con dirección a Bayamo, estableciendo
su campamento en Río Abajo. De aquí se dirigió a la zona del Cauto donde realizó
una operación sobre el ingenio Venecia, sosteniendo un fuerte combate con el
enemigo, el 13 de febrero en las inmediaciones del Río Hicotea. Quedaron en
poder del general García 4 caballos, 2 rifles, parque y otros efectos sustraidos al
convoy de los españoles. Por la parte cubana se produjeron 2 muertos y 21 heridos,
poco común en el General cubano, quien habitualmente solía realizar grandes
operaciones con el mínimo de costo en vidas humanas. Este día anotó en su diario
de operaciones, refiriéndose a los muertos y heridos: “Esta desgracia es de
lamentarse con tanta más razón cuanto que todos eran unos valientes soldados y
dignos patriotas. Los muertos en la acción fueron el Sargento Primero Francisco
Batista y el soldado Eleuterio Aguilera. Murieron después el subteniente Alejandro
Urquiza, el Sargento Gabino García, cabo Francisco Venecia y Capitán Federico
Cannet. (54)

             TOMA DEL CONVOY DE PUNTA GORDA

El 16 de febrero, desde Bayamo, salió un convoy. Vicente García quien conoció
del hecho se dirigió hacia la zona del Cauto, apostándose con sus tropas en la
sabana de Punta Gorda. El citado convoy no apareció de inmediato y el León de
Santa Rita se mantuvo al acecho. Si triunfaban en aquella ocasión, el Ejército
Libertador tendría asegurado alimento, ropa y pertrechos de guerra para un buen
tiempo. Las tropas de García llegaron a María Luisa, en las inmediaciones del
camino de Bayamo, el propio día 16, a las nueve y media de la noche. Este día
anotó Vicente García en su diario de operaciones: “Hice formar todas mis tropas en
columnas dando orden para que descansaran en los puntos en los que se colocaban
y tomé las demás medidas convenientes por si se presentaba el convoy (...).” (55)
Debido a la sed y el hambre de la tropa, mandó exploradores en busca de agua y el
17 descubrieron que el pozo de Media Luna tenía agua. De inmediato dispuso que,
después de abastecerse de agua y calmar la sed de la tropa, dieran de beber a los
caballos.
El 18 de febrero anotó en su diario: “Se amaneció sin novedad con el enemigo. Se
empeora la situación con el hambre. Se toman medidas para que la gente coma
alguna cosa y los caballos pasten un rato en el Masío por creer que no venga el
enemigo hasta la noche; son las diez de la mañana en este momento se me avisa
que viene el enemigo de Cauto (...). A las tres de la tarde llegó el que se comunica
con Cauto y me avisa que el convoy enemigo saldrá esta tarde.” (56)
El general García organizó la infantería en sus puestos, preparó la caballería y
junto a ellos marchó a tomar la retaguardia, con el fin de atacar al enemigo cuando
la infantería lo hiciera por la vanguardia.
La noche era sumamente oscura. Como a las 9 de la noche, apareció el convoy y
debido a la oscuridad la retagurdia adelantó un poco del lugar indicado para el
asalto. De inmediato, Vicente García con la caballería rompió fuego contra la
retaguardia. Seguidamente, la vanguardia fue atacada con una cerrada carga al
machete, aunque no por el flanco que se había previsto lo que dio por resultado que
el enemigo se pusiera a la defensiva.
La vanguardia española huyó desde el primer momento del ataque y la caballería
mambisa, con Vicente al frente, atacó con fuerza al centro donde la mayor parte
del enemigo se había replegado, buscando refugio en las carretas. García ordenó a
su escolta, el capitán Valdivia, que diera una carga al machete en el centro sobre el
enemigo. La carga al machete fue impetuosa, y los españoles abandonaron sus
parapetos, dirigiéndose en fuga hacia el camino que conduce a Punta Gorda donde
fueron atacados por una cerrada carga de fusilería. Al final de la operación anotaba
Vicente García: “no creo (sic) que se haya visto todos los cadáveres, se contaron
ciento treinta. Se tomaron treinta y cuatro carretas bien cargadas de toda clase de
víveres, ropas, medicinas y otros efectos útiles; ciento veinte y cinco yuntas de
bueyes, doscientas cabalgaduras, en su mayor parte mulos, igualmente cargados.
veinte y ocho cabezas más de ganado de matar, ocho ó diez caballos útiles para
caballería; ciento once rifles de remingtons y bastante parque, si bien éste fue
repartido entre nuestras fuerzas, y no puede asegurarse qué cantidad sería, se
hicieron además [en blanco] cubanos entre niños y hombres, cuyos prisioneros
fueron generosamente puestos en libertad después de incorporar a nuestras filas los
que voluntariamente quisieron quedarse: Curando dos que fueron heridos
justamente de los que han optado [sic] volver al enemigo. Nuestras bajas cinco
heridos leves.” (57)
Los cubanos cargaron todo el preciado convoy, y los efectos que le fueron
imposibles llevar consigo, tales como pipas de licor, etcétera, fueron incinerados
junto a las carretas para que no pudieran servir nuevamente al enemigo.
A las tres de la mañana se retiraron los insurrectos con su preciado botín hasta
Cauto el Paso. Más adelante Vicente García dice: “Estando hoy sumamente
estropeadas las caballerías no me es posible volver á reconocer el campo y lo
aplazo para mañana. Puede calcularse pérdidas del enemigo en esta (ocasión)
acción en ciento cincuenta mil pesos, pues nuestra gente ocupó además de veinte y
cinco a treinta mil pesos papel y oro. El punto de la emboscada que puse en el
denominado Cayo del Veato.” (58)
La acción de Punta Gorda representó un fuerte golpe al gobierno español, pues
dejó prácticamente sin provisiones al Cauto, Manzanillo y Bayamo. Los españoles
debieron meditar la necesidad de construir un fuerte en Punta Gorda con el
objetivo de proteger los convoyes que pasaban obligatoriamente por ese punto.
El 5 de marzo recibía una carta de uno de sus confidentes en la zona, quien
refiriéndose a la acción de Punta Gorda, le comunicara: “Entre 12 y 1 de la noche
del diez y ocho dispuso el Gobernador de Bayamo marchar a Punta Gorda con la
Guerrilla de Laguna Blanca el jefe de ella, Juan Solano.
El 19 por la mañana se encontrará éste en Sabana, dedicado con los suyos a
cargarse a mansalva con los restos del convoy, escapados a las llamas. El 20
llegaron al propio lugar siete guerrillas de Manzanillo, voluntarios y vecinos de
Cauto Embarcadero y hallaron aún mucho que recoger. El 23 se encontraban
reunidos en Cauto 1000 hombres, 700 de las guerrillas mencionadas y 300
guerrillas y tropas de líneas procedentes de Las Tunas...” (58)
Vicente García obtenía resonantes victorias como jefe del departamento oriental,
sitio que conocía de palmo a palmo por sus incursiones en el mismo durante su
niñez y juventud y además por las numerosas operaciones que había realizado en el
área.
Las consecuencias de las indisciplinas que se habían ido generalizando cada vez
más, afectarían al propio Vicente García. El general Manuel Calvar éste entendió
como un grave desacato y no acudió, acusándolo además, con sus fuerzas la acción
de Punta Gorda. Por encontrarse ausente del campamento, Vicente García dio la
orden a su subordinado, al regreso de Calvar éste entendió como un grave desacato
y no acudió, acusándolo además ante el gobierno. Simultáneamente García hizo
otro tanto, pero el Presidente otorgó un premio a la indisciplina al designar a
Calvar, jefe del primer Cuerpo del Ejército de Oriente, y a García del segundo de
Camagüey.
Con el objetivo de asumir la jefatura de Oriente, Calvar sostuvo una entrevista con
Vicente García en La soledad de Las Flores, en Las Tunas, donde tenía en esos
momentos éste último su campamento. Allí Vicente García sin mayores excusas
entregó a Calvar lo referente al Primer Cuerpo y su jefe de despacho Modesto
Fonseca, entregó a Fernando Figueredo, que ocupaba igual cargo al lado de Calvar,
el archivo del departamento. El encuentro fue amistoso y sumamente cordial, al
extremo que en el momento de la despedida Calvar envió por Figueredo para
despedir al general García.
El 17 de marzo de 1875, el coronel Francisco Estrada Céspedes revelaba en carta a
Vicente García su confianza en la posibilidad del triunfo del movimiento contra el
gobierno: “El Ejército de Oriente no podrá menos que sentir la prematura
separación de usted de su mando. Usted, en los pocos días que nos honró
mandándonos, se captó nuestra simpatía y aprecio, y a nuestra vez, acariciábamos
el plan que con tanto éxito principiara el 18 del pasado.” (60)
En carta a Manuel Sanguily (el 28 de mayo), Vicente García le explicó todos los
pormenores de los últimos días. Los desaciertos de la administración de Cisneros,
su descontento y el de muchos jefes con el gobierno, el premio a Calvar, etcétera.
La designación de Vicente García para Camagüey y su separación de Oriente le
causó verdadero dolor. De este momento anotó en su diario de campaña “muy en
tiempo he advertido el mal efecto que pueden hacer, me ocasinará disgustos, no
por lo que a mí atañe, aunque efectivamente, me es doloroso que me remuevan en
circunstancias en que había principiado a trabajar en Oriente con tan buenos
resultados, sino por lo que creo afectará el servicio de la Patria”. (64)

                           LAGUNAS DE VARONA

El regionalismo resquebrajaría en numerosas ocaciones la unidad de los cubanos
en la guerra y sus manifestaciones, de mayor o menor gravedad se dieron desde
octubre de 1868. El más grave atentado contra la Revolución, desde las propias
filas la ofreció la Cámara de Representante, en Bijagual al deponer a Céspedes. En
1875, recién entrenado Calvar de jefe del Primer Cuerpo de Ejército, dispuso
concentrar fuerzas de las distintas regiones para apoyar al Departamento villareño.
El doctor Miguel Bravo Sentiés y José Miguel Barreto, secretarios de Estado y
Guerra, respectivamente del depuesto gobierno de Céspedes, buscaron el apoyo a
sus planes secesionistas. Así se incorporaron al Movimiento el mayor general
Francisco Javier de Céspedes, y más tarde, el valiente brigadier Juan Fernández
Ruz. Este último, jefe las tropas en Bayamo, debía enviar algunas de sus fuerzas al
mando de Mariano Domínguez de refuerzo de Las Villas, según las órdenes de
Calvar, pero por instigación del llamado Fernando Figueredo “Partido Cespedista”,
desobedeció. En esta misma región captaron a Antonio Bello, Jefe del Regimiento
“Yara No. 1”, quien junto con Bravo y Barreto, constituyeron los más ardientes
propagandistas de la escisión. Vivente García también se comprometió con el
movimiento.
El 15 de abril de 1875, anotó en su diario de operaciones: “Llegó una comisión del
Coronel Céspedes quien me da cuenta del resultado de la comisión a que lo mandé
a Bayamo con motivo de mi disgusto con la actual administración: He recibido al
mismo tiempo un voto de confianza que me dirige un Club Revolucionario
formado en Bayamo por cuyo documento me enteré que se ponían en marcha los
patriotas de ese punto para éste. Está pues quitado el velo a la revolución que hace
tiempo nos amenaza; por lo cual estando de acuerdo con que está mal administrada
la cosa pública y sabiendo los males que se dasarrollan en las conmociones
políticas me propongo trabajar para encaminar el movimiento del modo más
sensato posible ya que los acontecimientos me han puesto en caso de ser yo el
iniciador.” (62).
En la segunda decena de abril las tropas bayamesas marcharon a Las Tunas
incorporándose a ella Lucas Castillo, talentoso abogado de Bayamo.
Cuando Calvar culminó su misión en la parte occidental de Holguín ordenó a
Belisario Grave de Peralta y a Maceo enviar hombres de sus tropas respectivas
para constituir un contingente bajo la jefatura del Coronel Félix Francisco Barrero
y enviarlo a Las Villas. A este contingente debían ingresar tropas de Las Tunas y
Camagüey.
Mientras tanto la conspiración secesionista se desarrollaba. Las familias partidarias
de Carlos Manuel de Céspedes con un peso considerable dentro de la Revolución,
se agruparon en el Club de Guá para trabajar por un cambio radical de gobierno. El
citado Club surgió en una reunión relizada en la finca El Mijial en Holguín.
Sobre este Club Ignacio Mora informó lo siguiente: “Se ha formado un Club en
Guá, Manzanillo, que sigue las ideas de las reuniones del Mijial, finca de Luis
Figueredo, de remover al Presidente Cisneros, a los miembros de la Cámara y el
eco de esas ideas las representa Bartolomé Masó, Diputado por Oriente que ha
venido a tomar asiento en el Cuerpo Legislativo y para apoyar al Diputado se está
recogiendo firmas y grandes comisiones están ocupándose del asunto.” (63)
En el demolido ingenio propiedad de Francisco Varona González, se dieron cita los
hombres de la brigada de Bayamo a cuyo frente estaba el Brigadier Juan Fernández
Ruz, el regimiento Tunas número tres con el Coronel Francisco Varona como jefe,
el regimiento de caballería Río Blanco; un contingente de la segunda división del
primer cuerpo destinado a Las Villas bajo el mando del coronel Félix Francisco
Borrero, quien enterado de los acontecimientos, se unió voluntariamente a los
pronunciados; el regimiento Jiguaní número cuatro, con el coronel Belisario Grave
de Peralta al frente; una parte de la caballería de Céspedes con su jefe, el
comandante Ferrer. En total, sumaban unos 1 000 hombres que representaban
cinco regimientos completos.
Las figuras más relevantes presentes en el movimiento político eran los mayores
generales Vicente García, Francisco Javier Céspedes y Miguel Barreto, los
coroneles Ricardo e Ismael Céspedes, Jaime Santiesteban y Francisco Guevara.
También participaron los diputados a la Cámara por Oriente Jesús Rodríguez de
Holguín, licenciado Lucas Castillo y Joaquín Acosta, el doctor Miguel Bravo
Sentiés por Bayamo, y una parte del pueblo de Bayamo y Las Tunas.
El 5 de abril recibió Vivente García una carta firmada por 52 persona en La
Angulema donde le manifestaron su desacuerdo con Cisneros y el acato de lo que
emanara del movimiento. El día 18, señaló García sus própositos de encaminar el
movimiento hacia el cambio de la situación sin provocar derramamiento de sangre:
“Ahora priman más trabajos, que serán inauditos para desvanecer las ideas de
venganza y odio que precisamente han de existir entre algunos de los que aquí
concurren, siendo como es mi ánimo llevar a cabo una revolución que dé por
resultado mejorar el estado de cosas en el país sin que se derrame una gota de
sangre y que traiga la menor desgracia (...).” (64).
El día 19, con el fin de ganar adeptos, el coronel Grave de Peralta se dirigió a
Holguín, mientras otros comisionados marchaban a otros lugares.
 Al día siguiente, en el campamento de La Soledad, cerca de Jobabo, en Las Tunas,
el mayor general Vicente García, lanzó en tribuna pública un manifiesto:

                                    Compatriotas:
Pocas veces ha sentido mi alma tan grata satisfación como la que experimento al
veros aquí reunidos. Permitidme antes de hablaros de asuntos que á Patria
interesan, os manifiesto mi profunda gratitud. Habéis acudido al llamado de un
patriota que viendo vulnerados los derechos de ciudadano, que presenciado las
extralimitaciones del Gobierno, las órdenes dictatoriales contraproducentes y
antirrepublicanas dictadas por el actual Ejecutivo, ha apelado a vuestro
patriotismo, ha solicitado vuestro recurso, ha demandado vuestra ayuda y consejo,
y reunido hoy parte del Ejercito Libertador, de ese Ejército que constituye el
pueblo cubano, en uso de un derecho constitucional esas extralimitaciones, esos
abusos nos obligan a pensar en la sustitución del actual gobierno, por otro, a la
altura de su elevada misión, que satisfaciendo el deseo de todos, sea la salud de la
Patria y el reflejo de las verdaderas doctrinas democráticas. Para llenar ese objetivo
forzoso, es darle la nueva administración, toda la fuerza moral que es indispensable
para que ampliándose todas las facultades seamos fuertes ante el enemigo común.
Amante del pueblo, celoso defensor de sus derechos, en todos los actos de mi vida
pública he aspirado a saber la opinión de las masas, casi siempre olvidados sus
votos por la mayor parte de lo que, invocando su nombre, a expensas suyas, y en
prejuicio de ellas, han tratado de medrar. No he de proceder yo así y por ello
pienso convocar a una reunión general, a fin de que todos los ciudadanos expresen
en su opinión y consignen su voluntad. De la discusión que se entable surgirá la luz
y expresada, si así se estima oportuno, la opinión general en una especie de
programa que pudiera redactar una comisión nombrada al efecto, circular ese
documento para que nadie ignore otra intensión. Los fundamentos que lo abonan,
las causas que lo promueven. Nuestra actitud es de calma y de prudencia;
representamos la razón, hacemos uso de un derecho, hablamos en pro de la
libertad, nos amparamos en la Constitución, ni herimos susceptibilidades, ni
tratamos de ofender, ni recriminamos a nadie; vemos que la actual administración
no cumple bien sus altas funciones, que se extralimita de sus facultades, que
interpreta mal el espirítu, deseo y tendencia del pueblo cubano, y sin saña, sin
mira ambiciosa alguna, sin odiosidad personal de ninguna especie, con la más recta
y tranquila conciencia, aspiramos que todos nuestros actos lleven el sello del más
puro patriotismo, a fin de propender la unión entre todos los cubanos, uno de los
objetivos principales a que debe tender nuestros esfuerzos.
No es mi ánimo prejuzgar ningún hecho; no intento formular una opinión decisiva;
yo en esta cuestión no soy entre vosotros sino un todo, que cumpliendo con un
deber de hablaros primero, por haberos invitado, signifique al pueblo que debe
elegirse un nuevo presidente para la República en propiedad, y que debe
enmendarse la Constitución, en mi opinión deficiente en artículos expuestos de los
poderes, en otros, adoptando el de la medida que para el logro de tales objetos y
demás luchas que de ellos se derivan sean necesarios. No cabe en un documento de
esta especie, expresar las razones que en mi juicio abonan la determinación que
propongo, no es posible sin hacer enojosamente largo este escrito enumerar los
males que sufre la Patria con el estado actual de cosas. El programa que antes
indico debe formalizarse y está llamado a contener esos razonamientos. Interín se
formula, mientras sea necesario la presencia de los patriotas aquí reunidos, no
tengáis cuidado, yo me esforzaré en atender a todos, yo os prometo que no
perjudicaré en nada a las operaciones militares, pues me propongo emprender
algunas, tanto por inferir daño al enemigo, cuanto para que tengan algunos
recursos. Conciudadanos, calma, moderación, prudencia, os pide vuestro
compatriota. Vicente García Mayor General en Jefe del Cuerpo “La Soledad”.
Abril 20 de 1875.

Este manifiesto no sólo fue dirigido a las tropas sino también en las prefecturas,
entre la población civil y según lo revelan las cartas populares de adhesión al
movimiento.
El 21 de abril, Vicente García anotó en su diario de campaña: “Llegó el Coronel
Borrero con la fuerza y después de acampar se me presentó con la oficialidad que
lo acompañaba á ponerse a mis órdenes y todos me han manifestado estar muy de
acuerdo conmigo en la empresa que he acometido y demuestran estar contentos.”
(65)
Desde su campamento en la Soledad, García envió en comisión al coronel Matías
Vega para el departamento de Cuba, con el objetivo de divulgar el manifiesto. Este
mismo día 22 de abril anotó en su diario de campaña: “De muchos y grandes
proyectos se ha tratado aquí estos días, que he tratado de combatir por
considerarlos desacertados (...).” (66)
Entre estas ideas desacertadas estaba la de asesinar a Cisneros y desembocar en
una guerra interna, tal como la acariciaban algunos cespedistas.
De este campamento partió Vicente García rumbo a Lagunas de Varona,
descansando el 23 y en la noche en El Respiro, y el 24 en la mañana llegó a su
destino. Este mismo día llegaron a Lagunas de Varona el coronel Arcadio Leyte
Vidal, el teniente coronel Juan Rius y Francisco Estrada (comisionados por una
reunión de oficiales realizada en Holguín), y presentaron un acta con demandas
similares a las de Lagunas de Varona.
En la misma noche del 24, se desarrolló una reunión a la que no asistió Vicente
García por encontrarse participando en otra entrevista con el licenciado Lucas
Castillo, el doctor Miguel Bravo Sentiés, el general José Miguel Barreto y el
también general Javier Céspedes, así como los coroneles Antonio Bello e Ismael
Céspedes, y los tenientes coroneles Rafael Pérez Martínez, médico de Vicente
García y su tropa, y Modesto Fonseca, comandante Juan Ramírez y el ciudadano
Aurelio Tornés.
En la citada reunión, preliminar a la de Lagunas de Varona, se redactó un
documento conteniendo los principales planteamientos del movimiento político
que serían posteriormente sometidos a la consideración de los que se reunían en
próxima asamblea.
A las 10 de la mañana del citado 26 de abril, comenzó la asamblea programática en
Lagunas de Varona. En ella, participaban los mayores generales Vicente García y
José Miguel Barreto, el general Francisco Javier de Céspedes, el coronel Arcadio
Leyte Vidal y otros, los tenientes coroneles Juan Rius Rivera y Francisco Estrada,
los comandantes Esteban Arias y los prefectos Eduardo F. Alcalá y Adolfo
Villamar. También participaron otros altos oficiales ya mencionados antes.
Se encontraban presentes además el Auditor de Guerra Joaquín Acosta, los
diputados Jesús Rodríguez, Lucas Castillo; Miguel Bravo y Rafael y Aurelio
Tornés.
El ciudadano Lucas Castillo, en nombre del mayor general Vicente García,
expresó: “el objeto de la reunión era dar lectura a la exposición instancia que una
comisión redactora compuesta del que hablaba en unión del Dr. Miguel Bravo y
Sentiés había formulado cumpliendo con el mandato de una Junta de patriotas que
había tenido lugar el día anterior; que esa instancia se emitía a la deliberación de
todos los C.C. convocados a la reunión, que se apetecía oir la opinión de todos y
que era la disposición y voluntad tanto de la comisión redactora, como de los
patriotas que en sesión privada habían acordado se formulara el documento, acoger
las modificaciones que fueran aprobadas o aceptadas por la mayoría de los
concurrentes y que para el mejor orden de la discusión que se entablara proponía se
eligiese un presidente y un secretario que dirigiesen el debate (...).” (67)
Fueron propuestos para integrar la mesa presidencial Jesús Rodríguez, el doctor
Miguel Bravo, el coronel Antonio Bello, el teniente coronel Juan Rius Rivera, el
comandante Juan Ramírez, el general Juan Fernández Rúz y el comandante Ramón
Hernández Ríos.
En el escrutinio para elegir al presidente se obtuvieron los siguientes resultados:
Jesús Rodríguez, 82 votos. Miguel Bravo Sentiés, 23 Antonio Bello, 3 Juan
Ramírez y Juan Rius Rivera 2. En la otra votación, para elegir el secretario, obtuvo
49 votos el doctor Miguel Bravo Sentiés; Juan Rius 38; el coronel Antonio Bello
25; el comandante Juan Ramírez 2 y el general Juan Fernández Ruz y el
comandante Ramón Hernández Ríos.
Jesús Rodríguez, en su condición de presidente de la mesa expresó que: “Aceptaba
la presidencia de ese acto por corresponder a la confianza que sus compatriotas
hacían de él; pero que no por ésto debía entenderse que se adhería al movimiento
político que pacíficamente pretendían los iniciadores de esta reunión, pues si se
encontraba en ella era para no desoir a personas respetables que lo habían invitado
y por que su patriotismo demandaba que se contribuyera a que los interesados
trataran de llenar sus aspiraciones por medios legales que no trajeran trastornos al
país y como para conseguirlo debía usar de la palabra para impugnar la instancia
de que ya estaba enterado, pedía que se nombrara un vice-presidente.” (68)
La propuesta fue aceptada, resultando electo por unanimidad el coronel Antonio
Bello, a quien se le aplaudió efusivamente. Después ocupó su puesto en la mesa
Bravo Sentiés dando lectura, como secretario al manifiesto redactado en el cual se
consignaban, entre otros puntos, la deposición del Presidente, la elección de un
gobierno provisional integrado por 5 miembros en el cual estuvieron representados
los cuatro Estados: Oriente, Camagüey, Las Villas y Occidente y uno más
funcionando como Presidente.
El gobierno prolongaría su ejercicio por 4 meses dictando las medidas necesarias
para que el pueblo allí eligiese 4 diputados y 2 senadores por cada Estado, quienes
reunidos en asamblea soberana procedían al nombramiento en propiedad del
Presidente de la Revolución.
En el documento se garantizaban todos los derechos, jefaturas y cargos realizados
por el gobierno depuesto, así como se reafirmaba la visión estratégica de la
invasión del contingente oriental a Las Villas. (69)
Varios de los concurrentes lo interrumpieron planteando que no era esa la opinión
del pueblo y que por tanto no debía seguir expresándose en esos términos. Acosta
renunció a continuar usando de la palabra y se ubicó nuevamente en su puesto
inicial. El teniente coronel Juan Rius Rivera en un largo discurso censuró el
movimiento y exhortó a los patriotas a empuñar las armas y luchar por la
independencia de la patria y no detenerse en actos como el protagonizado allí,
persiguiendo demandas de manera tan poco respetuosa.
Varios de los presentes manifestaron que el documento era irrrespetuoso e
inaceptable para la Cámara y el Gobierno. Opinaron así Joaquín Acosta, Juan Rius
Rivera y Jesús Rodríguez. Le siguió en el uso de la palabra Bravo Sentiés que
respondió a las impugnaciones que debía crearse una nueva organización política
para desterrar los males de la presente.
Lucas Castillo apoyó los razonamientos de Bravo y añadió que estaba convencido
de que el fondo y la forma del documento se correspondían con lo que el pueblo
deseaba. Nuevamente usó de la palabra Jesús Rodríguez contra la forma utilizada
en el documento, siendo refutado enérgicamente por el coronel Bello, quien
haciéndose eco de la opinión de la inmensa mayoría de los presentes, destruyó los
argumentos de aquel al recordar la ilegal y antidemocrática actuación de la Cámara
en la deposición de Carlos Manuel de Céspedes: “no debía olvidar que con la
deposición del presidente Carlos Manuel de Céspedes, había arrojado la primera
piedra de las escisiones políticas. Que era extraño que los que entonces, y estando
la patria en peor situación, no se arredraron ante un acto de tanta importancia y [en
el que] el pueblo no tomó participación alguna”.
Seguidamente Jesús Rodríguez y Bravo intervinieron para esclarecer algunos
aspectos sobre el movimiento. Por último, se sometió a votación la exposición para
su traslado a la Cámara. La mayoría votó a favor. Entre ellos los mayores generales
Vicente García, José Miguel Barreto, Francisco Javier de Céspedes, el general de
Brigada Juan Fernández Ruz, los coroneles Antonio Bello, Félix Francisco Borrero
e Ismael Céspedes; tenientes coroneles: José Sacramento León Rivero, Francisco
Estrada, Teodoro Lafit, Rafael Pérez Martínez, Ezequiel Salazar y Modesto
Fonseca; los comandantes Ramón Hernández Ríos, Salvador Hernández, Juan E.
Ramírez, Vicente Cutiño, Pedro Palma, Justo Jardín, Amador Castillo, José María
Morales, Manuel Zayas, capitanes: José Ruiz Rodríguez, Luis Ascencio, Saturnino
Bazán Ortíz, Ramón Montero, Cayetano Duvergel, Alejo Macareño, Gerónimo
Agustín Fonseca, Esteban Izquierdo, José Ríos, Francisco Estrada, Miguel
Valdivia, Rafael Ferrero y Agustín Aragón. Además, 18 tenientes, más de 20
subtenientes, otros de menor graduación y todos los soldados presentes y el pueblo
en general allí congregado. Contra la exposición votaron el teniente coronel
Mariano Torres, y se abstuvieron los coroneles Arcadio Leyte Vidal, Luis
Marcano, el comandante Esteban Arias y el auditor de guerra Acosta.
El día 27 de abril se recibió la noticia de que el gobierno se acercaba al lugar donde
se encontraban congregados. Vicente García, previa reunión con su oficialidad,
acordó recibirlo como “simple ciudadano”. (70)
El 28, llegó Cisneros, acompañado del subsecretario de la guerra, del diputado
Bartolomé Masó, de Ignacio Mora y del ayudante del presidente teniente Dellundé.
El presidente, por intermedio de Dellundé, trasladó una comunicación del
Secretario de Guerra, en que ordenaba la presencia de Vicente García en la zona
del gobierno para recibir órdenes. El oficial regresó comunicando a Cisneros que el
General contestaría de inmediato la comunicación.
Media hora más tarde se presentaron ante el Presidente Bravo Sentiés, el mayor
general José Miguel Barreto, el licenciado Lucas Castillo, y el coronel Antonio
Bello, en representación de aquella agrupación de patriotas, manifestándole que
sería bien recibido como simple ciudadano, pues por todos era altamente estimado,
pero que no acatarían sus órdenes como Presidente de la República hasta que la
Cámara de Representantes no resolviera la exposición que habían de dirigirle.
De este momento escribió Fernando Figueredo: “El Presidente Cisneros,
elevándose a una gran altura, exclamó con altivez: “Yo soy el Presidente de la
República, y sólo la Cámara de Representantes tiene la facultad de deponerme, y, o
ustedes se someten a mi autoridad, acatando mis órdenes, o se declaran
inmediatamente fuera de la ley”. El Dr. Bravo hubo de replicarle que se declaraban
antes fuera de la ley a obedecerle.” (71)
Ese mismo día la Cámara de Representantes se reunió en San Nicolás de
Camagüey, bajo la presidencia del diputado Juan Bautista Spotorno, quien recibió
verbalmente la información de lo courrido en Lagunas de Varona. La Cámara
acordó nombrar a los diputados Ramón Pérez Trujillo y Eduardo Machado, para
entrevistarse con los partidarios de Lagunas de Varona, enterarse de sus
pretensiones e informar al cuerpo legislativo.
En el ejército Libertador y en muchas de las prefecturas civiles, se venía clamando
por la terminación del estado de interinatura de la presidencia del país con
Císneros.
Al amacener del día 29, los reunidos en el viejo ingenio de Esteban Ignacio de
Varona se dirigieron a Potosí, barrio del actual municipio Jobabo en Las Tunas. El
presidente intentó detenerlos mediante una comunicación, pero García continuó la
marcha sin responderle. Cisneros intentó dirigirse a Juan Fernández Ruz, quien
tampoco le obedeció.
A las nueve y media de la mañana, García y todas sus fuerzas llegaron al lugar
previsto, donde acamparon. El día 30, se reunieron por indicación de Vicente
García los ciudadanos Bravo, Castillo, Barreto y Santiesteban para tratar sobre la
formación de una Junta Consultiva encargada de los asuntos puramente políticos.
Los reunidos opinaron que para formar dicha junta el facultado era el propio
general García, la cual quedó integrada por Bravo, Lucas Castillo y Javier
Céspedes.
Al siguiente día, llegaron al campamento de Potosí, los enviados del gobierno
Machado y Trujillo. El 5 de mayo se reunieron un grupo de patriotas, además de la
Junta Consultiva, y explicaron sus peticiones a la comisión gubernamental,
detallándole los pormenores del movimiento.
El día 6 recibió Vicente García varias actas de adhesión a Lagunas de Varona. En
una de las exposiciones recibidas se exponía: “Los que suscribimos, prefecto,
empleados civiles y ciudadanos residentes en la prefectura y subprefectura del
Cobre, enterados del manifiesto que hace el Mayor General Vicente García a los
patriotas reunidos en La Soledad, con objeto de elegir nuevo Presidente para la
República y reformar las leyes constitucionales, considerando muy justo y
razonable tanto lo uno como lo otro, por autorizarlo así nuestra constitución y el
sagrado derecho del pueblo, hemos convenido dirigir al Mayor García un voto de
plena confianza y adherirnos a la gran asamblea reunida, ofreciéndole nuestro
apoyo moral y material si fuese necesario (...) (72)
El 7 de mayo, la Cámara, reunida en Loma de Sevilla, acordó autorizar a Pérez
Trujillo y a Machado para comunicar al General Vicente García por escrito, la
aceptación, en principio, por mayoría de votos, de la mayoría de las demandas
contenidas en la petición.
El 22 de mayo, llegaban al campamento de Vicente García, ubicado en Loreto,
zona del actual municipio Manatí, los comisionados por el departamento de Cuba,
coronel Silverio del Prado, el teniente coronel Pedro Martínez Freire y Guillermo
Cardet, con el objetivo de conocer los planteamientos del movimiento. En relación
con este encuentro, parece ser, resultó más bien una nueva adhesión. (73)
A contrapelo de lo planteado por algunos autores, este movimiento no significó
que se interrumpiera la guerra. El 25 de mayo, Vicente García efectuó una
operación en la zona de Santo Domingo, y obtuvo cinco rifles Remigton con
abundante parque, además de ocasionar 8 muertos al enemigo. El 31 asaltó el
poblado de Cauto y aquí tomó el fuerte y la casa de Valmaseda.
Máximo Gómez en una esquela cuidadosa, ofreció sus servicios para mediar y
buscar una solución al conflicto. (74)
Debido a los acontecimientos de Lagunas de Varona, y como último recurso para
hacer valer su autoridad, Salvador Cisneros Betancourt, dictó una circular, fechada
el 14 de junio en San José de Guaicanamar; Les prohibirá que obedezcan órdenes
ni avisos de aquellos jefes y oficiales que se muestren hostiles al gobierno (...).
Este centro espera del patriotismo y sensatez de sus subordinados las pruebas más
ostensibles su adhesión al pacto fundamental durante la guerra.” (75)
A pesar de los esfuerzos eran muchos los que deseaban su propósito, pues
prácticamente eran muchos los que deseaban la remoción del presidente, debido a
los desaciertos con que éste guiaba la Revolución.
El 18 de junio, se efectuó una reunión en Alcalá, Holguín, presidida por Antonio
Maceo donde se trataron aspectos de gran importancia para el país. El acta de dicha
reunión por su importancia, la reproducimos textualmente:
A la Cámara de Representantes:
Ciudadanos:_
Con exacto conocimiento de los acontecimientos políticos que últimamente han
tenido lugar en el punto denominado “Lagunas de Varona”, (Tunas) con objeto de
armonizar los intereses de la república: estando de acuerdo con los principios
proclamados por aquella agrupación de patriotas, aunque no con la forma que han
adoptado para ponerla en ejercicio; deseando un nuevo orden de cosas que sacudan
a la administración del estado de interinatura en que se halla, ponga fin y concile
las actuales dificultades y a su vez que la guarda y la garantía de nuestras libertades
y derechos el remedio a nuestras perturbaciones y trastornos.
Reunidos en el Campamento de Alcalá (Holguín) a 18 de junio de 1875, los
ciudadanos del pueblo de Cuba que suscriben, convocados por el C. José Antonio
Maceo, haciendo uso de nuestros derechos constitucionales y dentro de la más
estricta legalidad, hemos adoptado las resoluciones siguientes:
Primero: Pedir la creación de una segunda Cámara o Senado, o sea la régula que
           deslinde los poderes legislativos y ejecutivos.
Segundo: La revisión y enmienda de la Constitución y las leyes en sus partes
           deficientes.
Tercero: La formación de una asamblea de Representantes y la fijación de su
           tiempo de duración.
Cuarto: El nombramiento de una administración en propiedad que satisfaga las
           necesidades del país.
A tan respetable Corporación, en cuyas manos ha depositado el pueblo el más
sagrado de sus poderes, toca decidir, y él espera que ella no defraudará sus
esperanzas.

Firmas:

José Antonio Maceo – Leonardo Mármol – Emilio Nogueras – José Enrique
Collazo – Guillermo Cardet – José Maceo – Remigio Marrero – y muchos más.
(76)
Si comparamos las peticiones de la reunión de Lagunas de Varona con la presidida
por Antonio Maceo, observamos que, en esencia, son las mismas.
Lagunas de Varona recibió la adhesión de las Prefecturas de Yara, Caobal, El
Cobre, Manzanillo, Baire, Holguín, San Francisco, Tácamara, Camarón,
Regimiento de Baire y otros muchos.
El 25 de junio se realizó la reunión en Loma de Sevilla en la que participaron:
Máximo Gómez, Tomás Estrada, el brigadier Suárez, Félix Figueredo, Manuel
Sanguily, Enrique Mola, Angel Castellanos y Elpidio Mola. Según el diario de
Vicente García, Gómez planteó, por una parte, que la cámara podía nombrar un
presidente en propiedad, no interino y por otra, salvar “el principio de autoridad”
volviendo a la obediencia, pidiendo nuevamente su renuncia de jefe del segundo
cuerpo.
Manuel Sanguily, Tomás Estrada Palma y Lucas del Castillo le pidieron accediera
a dirimir el conflicto.
Sanguily hizo largas intervenciones al cabo de las cuales propuso que debía atacar
al Presidente entrante y que ellos no entregarían su renuncia hasta tanto no hubiese
cesado Císneros en la primera magistratura del país.
Vicente García afirmó que respetaría al Gobierno y al Presidente electo, ratificando
su negativa a tratar con Císneros.
El 28 de junio, desde el Lavado, envió correspondencia comunicando el resultado
de la conferencia con Gómez, Bravo Sentiés, Francisco Javier de Céspedes, José
Miguel Barreto y Belisario Grave de Peralta.
Unos días más tarde, el 6 de junio, recibió una carta del gobierno anunciando la
renuncia de Cisneros y su sustitución por el presidente de la cámara Juan Bautista
Spotorno y como Secretario de la guerra y exterior a Tomás Estrada.
Después de estos acontecimientos, García se reunió con Spotorno, ofreciendo sus
servicios como militar. En esta ocasión fue informado de su designación para
ocupar la jefatura del primer cuerpo de ejército. Terminaba así, el movimiento
político militar de Lagunas de Varona.
De Vicente García y este movimiento dijo Figueredo Socarrás: “El Mayor General
Vicente García ha cargado siempre con la responsabilidad de lo acaecido en las
Lagunas de Varona: pero el General en ese desgraciado drama, no fue sino una
víctima de las pasiones de los que lo rodeaban. El no exitó a las fuerzas de Bayamo
a la deserción, él no las llamó a su lado; tan solo escribió a algún amigo lo que
pasaba y en petición de consejo. Él deseaba sí la reunión de Cisneros como lo
deseaba todo el país, no por Cisneros, sino por la interinatura de la presidencia de
la República, y ante la imposibilidad de que Aguilera ocupase su puesto, se pedía
por todos cesace aquella anormal situación, nombrándose en propiedad a quien
había de dirigir los destinos de la Patria. García no quería medios violentos que no
estaban, por cierto, de acuerdo con su carácter; deseaba se hiciese opinión y se
exigiese de la Cámara el cambio de administración (...).” (77)
La Cámara convocó a elecciones en el período marcado por la ley para el
nombramiento del nuevo presidente en propiedad. Este cuerpo fue integrado de la
forma siguiente:
Por el estado de Oriente, Miguel Bravo Sentiés, Pablo Beola, Fernando Figueredo
Socarrás, José Enrique Collazo; por el de Camagüey, Salvador Cisneros
Betancourt, Antonio Aguilar Varona, Miguel Betancourt Guerra, Francisco
Sánchez Betancourt; Por Las Villas, Juan Bautista Spotorno, Eduardo Machado,
Marcos García, Manuel Piña y por Occidente, Francisco La Rúa, José Aurelio
Pérez, Luis Victoriano Betancourt y Federico Batancourt.
Fue elegido Tomás Estrada, Presidente de la República en Armas.

                 VALORACION DE LAGUNAS DE VARONA

Lagunas de Varona, en primer lugar, desautorizó al entonces Presidente de la
República, y de esta manera, se colocó fuera de la ley, adoptando el carácter de
sedición militar. En segundo, un buen contingente de soldados no apoyó a Gómez
en Las Villas, porque su jefe, Félix Francisco Borrero, se había unido al
movimiento. Y por último, influyó negativamente en la disciplina del ejército,
aunque no en la magnitud señalada por los detractores de García porque
presentaciones al enemigo hubo desde el mismo inicio de la guerra.
El movimiento político-militar de Lagunas de Varona, no detuvo la máquina de la
Revolución.
El Inglesito continuó quemando ingenios en Colón, los coroneles Carlos Roloff y
Francisco Jiménez sostuvieron tenaces la lucha de las Villa obteniendo resonantes
triunfos. En Oriente, se obtenían brillantes glorias frente al enemigo y el propio
Vicente García, después de Lagunas de Varona obtuvo importantes triunfos. Antes
ya había sostenido varios combates y asaltos a numerosos convoyes, como hemos
descrito en otra parte de este libro.
El 25 de mayo, combatió en San José de Las Tunas. Al mes siguiente, el día 1ro.
atacó el poblado de Cauto apoderándose del fuerte español y de la casa de
Valmaseda. Esto fue un combate de gran importancia. Demostraba al enemigo,
que el movimiento político no había debilitado las operaciones militares. El 15 de
agosto combatió en Maniabón, Puerto Padre. El 20 de octubre tomó los poblados
de Velazco y Uñas, en Holguín y el 13 de diciembre combatía en Bacia-Botija.
Estos fueron combates librados personalmente por Vicente García, sin relacionar
los de los demás jefes que lo acompañaban.
El 16 de septiembre de 1875, fue nombrado García Jefe del Departamento de
Oriente, y mantuvo el de Camagüey, pues a pesar de lo que había planteado
aceptando enviar su renuncia posteriormente no lo hizo. En la guerra fue el único
jefe que mantuvo la jefatura de los departamentos.
El 4 de diciembre de 1875, Vivente llegó a Alcalá de Holguín, con motivo de
entrevistarse con el gobierno que se encontraba junto a Maceo. Este día, con
amargura, anotó en su diario de campaña como Maceo, Leyte Vidal y otros, no
aceptaban combatir a sus órdenes. Aunque García consideraba que respondía a la
ambición, no hay que olvidar la trascendencia negativa de la actuación de Lagunas
Varona.
De manera subjetiva fundamentaba su criterio acerca de la “mala fe” de Maceo y
los otros en el hecho de quienes, aunque no habían participado en el movimiento,
estuvieron de acuerdo en los principios sustentados aunque conocía que no con la
forma adoptada era incapaz de comprender que era suficiente este elemento para
un hombre de la disciplina de Antonio Maceo que logró sus ascensos grado a
grado. (79)
De Alcalá Antonio Maceo marchó para San Gerónimo, jurisdicción del poblado de
Tacajó en la actual provincia de Holguín, donde se reunió con la caballería de su
tropa. El 7 de diciembre, acampó en Báguanos, efectuando varias operaciones en la
zona holguinera Unos días más tarde, el 13, acampó en los Moscones, de esta
Jurisdicción. Al día siguiente llegaron el comandante Guillot y el secretario de la
guerra Tomás Estrada. García se reunió con este último, comprendiendo que su
nombramiento de jefe de Oriente estuvo dirigido a hacerle perder la popularidad y
prestigio. (81)
En realidad, existían serias contradicciones en el seno de la Cámara de
Representantes y persistieron las rencillas entre algunos jefes importantes de la
Revolución.
Vicente García marchó a Las Tunas y el 26 de diciembre, en una reunión con el
Gobierno discutió algunas de las actitudes adoptadas con él. En esta ocasión el
presidente Spotorno y Estrada se disculparon por la forma en que lo habían tratado.
Además, solicitó licencia para restablecer su salud bastante afectada, siendo
autorizado por el Gobierno.
El 5 de enero de 1876, recibió una comunicación del Gobierno en la cual se le
ordenaba entregar el primer cuerpo de ejército. Ese mismo día recibía dos cartas,
una del diputado Rafael Varona, y otra de Eduardo Machado. En ellas se le rogaba
fuese a ocupar su puesto como jefe del Camagüey. El 9 se entrevistaron el
Presidente y Secretario del Gobierno con García en Guaramanao, y le pidieron que
continuara en el mando del segundo cuerpo de Ejército. El jefe cubano respondió
que lo pensaría durante su licencia.
El 27 de enero, García renunció a la jefatura del segundo cuerpo. Según escribió en
su diario, el Gobierno “contrariaba” contínuamente sus órdenes en Camagüey.
En febrero de este año, envió sus fuerzas a atacar Puerto Padre, acción llevada a
cabo por el coronel Francisco Varona, Pancho. El 17, Varona se trasladó a
Caisimú, donde recibió al teniente coronel Francisco Estrada Céspedes, quien
venía al mando de la caballería enviada por Vicente García para ponerse a sus
órdenes. Pancho Varona envió confidentes a Puerto Padre para saber el estado de
la fuerza enemiga. Ese mismo día llegaba al campamento mambí, Vicente García,
entregándole a Varona 500 tiros para la operación. El día 18, continuaron la
marcha hacia Puerto Padre, acampando En San Antonio. El 19, Varona recibió
noticias de que una gruesa columna española se encontraba en Maniabón. Ésto lo
hizo abandonar la ruta que llevaba, encaminándose al norte, acampando en los
Yayales. Desde este punto, envió al sargento Salvador Burgueño con cuatro
hombres para reconocer las fortificaciones de aquel poblado.
En los yayales, se le unieron el licenciado Lucas Castillo, el doctor Rafael Pérez
Martínez, y el coronel Paquito Borrero con algunos números de caballería,
poniéndose todos a las inmediatas órdenes de Varona.
El 21, recibía información de que en Maniabón y Santa María había una fuerza
española de 1 500 hombres. La operación era muy peligrosa pues desde estos
lugares serían escuchados el fragor del combate. Decidió reunirse con sus oficiales
antes del combate, aunque según sus palabras para “escuchar su parecer, pero
determinando, desde luego, a seguir el mio que es el de responsabilidad”.
Algunos de los oficiales plantearon los riesgos de la operación debido al poco
parque, pero el coronel Félix Francisco Borrero estuvo de acuerdo en efectuarla.
Entre las tropas tuneras iba un ex esclavo, nombrado Sabás Peña, que había
pertenecido a un hacendado portopadrense llamado Calixto García Marrón. Este
detalló la ubicación de cada una de las fortificaciones de Puerto Padre, señalándole
la forma de entrar al poblado sin ser advertido por el enemigo. Es más, dictó un
plano, en el cual indicó la posición de las fortalezas principales de la ciudad. Al
amanecer del día 22 salieron de los Yayales y a las nueve de la mañana acamparon
en los Cocos para almorzar. En este sitio, Varona se reunió con los prácticos
impartiéndole las instrucciones finales. Sobre el práctico Rafael Núñez
acompañado de tres soldados recayó abrir una brecha o vereda a tráves del monte y
el millo que los condujeran hasta la entrada del pueblo.
En los Cocos, organizó Varona las fuerzas en dos columnas de ataque y una
pequeña reserva, además del cuartel general.
La primera columna era la de Paquito Borrero, cuyas instrucciones era la de ocupar
la primera línea atrincherada del enemigo, y de inmediato, ocupar la plaza de la
iglesia, es decir, la de Armas, muy bien defendida. La segunda columna, iba
mandada por Francisco Estrada Céspedes, Jefe del regimiento Río Blanco, quien a
pesar de sus funciones en la caballería, en esta ocación iría como jefe de infantería.
La retaguardia iba al mando del cápitan Rivas.
El parque fue distribuido en la forma siguiente: A los dos pelotones de avanzada se
les entregaron 20 cápsulas, a los soldados de infantería 89, a razón de 1 por cada
combatiente; a los cuatro prácticos les entregó 16; a Miguel Valdivia 5, a Paquito
Borero, 200; a su escolta 18 y a la columna de reserva le entregó 2 por cada uno de
los piquetes de diez rifleros. Se entregaron 368 cápsulas, dejando el resto de
reserva.
Los relojes marcaban las tres de la tarde cuando la columna salió a su objetivo. A
la salida del callejón del Jucaral, el coronel Varona pasó revista a las fuerzas,
comprobando que llevaba bajo sus órdenes 650 hombres. Por el campamento
español de Guabineyón pasaron los cubanos sin ser advertidos, pero la vanguardia
se perdió por otro camino, saliendo a las cercanías del poblado Maniabón. No
obstante, se esforzaron para llegar a Puerto Padre en el tiempo previsto. A la una
de la mañana del 23 de febrero, se encontraban cerca de su objetivo. De inmediato,
los cubanos se lanzaron sobre el fuerte que bordeaba la playa, luego sobre el de
voluntarios que mandaba Miguel Peña, del cual se apoderaron.
Sobre este último Juan Andrés Cué apuntaba; “Este fuerte, como ya dijimos al
explicar la fortificación de Puerto Padre, se encontraba adosado a la estacada de la
calle Lugones. Esa noche el fuerte tenía toda su guarnición completa y como no
cabían todos adentro, los voluntarios Pancho Agüero y Manuel Pupo Garcés
tendieron sus hamacas afuera. Aniceto Pérez estaba soplando con el sombrero una
fogata que trataba de encender para aliviar a la guarnición del frío que entraba por
la boca del callejón con la estacada. El centinela le decía a Juan Miguel de Peña
que le parecía que por allí cerca andaba gente y que se acercaba a la trinchera, pero
éste le respondió que el ruido ese era de las reses que andaban sueltas por aquel
lugar y que era el miedo (...).” (82)
El pueblo fue tomado y le ocasionaron al enemigo 20 muertos. Todos los
establecimientos del estado fueron saqueados, respetando siempre la propiedad de
los vecinos, aunque no fueran cubanos. A las cuatro de la mañana, el corneta tocó
reconcentración. Muchas familias se unieron a los insurectos; en correcta
formación salieron del pueblo sin mayores contratiempos. Por la parte cubana,
hubo 1 muerto y 6 heridos. Fue ocupado un enorme botín de ropa y viveres, 14
caballos aptos para montar, reses, parque en abudancia, 200 rifles y gran cantidad
de armas blancas.
En el parte de operaciones Francisco Varona anotó: “La conducta de jefes,
oficiales y tropa fue recomendable, distinguiéndose el coronel Borrero, el teniente
Estrada y comandante Julián Santana y Pedro Palma (...).” (83)
El 13 de marzo del propio año, pasaba a Camagüey el general Vicente García,
acatando la desición del Gobierno, pero incorporando Las Tunas a Camagüey.
Recorrió la comarca durante cinco días, al cabo de los cuales decide aceptar el
mando del segundo cuerpo de Ejército.
El general García recorrió las zonas de Morón y Ciego de Avila. En esta última
zona combatió contra una columna española de 300 hombres; la impetuosa carga al
machete llevó al enemigo a la desbandada sin que los cubanos pudieran darle
alcance. Después García se dirigió a las inmediaciones de la ciudad de Puerto
Príncipe. A las puertas de Camagüey se paseó el León de Santa Rita de forma
provocativa, pero las autoridades españolas no salieron a presentarle el combate.
Los cubanos se dedicaron entonces a reorganizar los talleres que había creado
Ignacio Agramonte. En estos días, estableció su campamento en Jimaguayú, donde
dejó organizada la infantería de la segunda división. El 3 de mayo, los jefes y
oficiales de Camagüey ofrecieron una comida a los de Las Tunas. En ella participó
el Gobierno y varios diputados, quienes, en sus discursos, resaltaron la unión y
armonía entre los camagüeyanos y los tuneros. (84)
El 11 de mayo, García tuvo noticias de que el enemigo saldría a forrajear; preparó
sus tropas muy cerca de la población camagüeyana y se emboscó, pero éste supo
de su presencia y no se aproximó. El general García tuvo que realizar una carga al
machete contra la caballería enemiga, la cual, en franca huida, pasó por encima de
su propia infantería, pereciendo muchos. Desde Puerto Príncipe se dirigió a Las
Tunas; el viejo sueño de atacar a su ciudad natal salió fortalecido tras su campaña
por Camagüey: Hasta entonces, los españoles la habían considerado inexpugnable
por lo bien fortificada.


LA TOMA DE LAS TUNAS EL 23 DE SEPTIEMBRE DE 1876. ACCIÓN
ÉPICA DEL MAYOR GENERAL VICENTE GARCIA


El mayor general Vicente García, preparó cuidadosamente un plan para tomar la
ciudad de Las Tunas, considerada por los españoles como una verdadera fortaleza.
Contaba el jefe cubano en la Plaza de Armas con los confidentes Charles Philibert
Peissont, Secretario de la administración municipal, Aristipo, Joaquín Romero,
boticario bayamés que trabajaba en la Plaza, Arístides, Francisco de Paula Fonseca
que trabajaba en la Plaza Fonseca, además de otros colaboradores del jefe mambí.
Antes del asalto a la ciudad, este cuerpo de confidentes envió todos los detalles de
la ciudad fortificada, a la que los españoles habían mal llamado, “Victoria de Las
Tunas”.
El 17 de mayo de 1876, Aristipo envió una carta confidencial al mayor general
Vicente García, en la cual ofrecía importantes datos sobre los puntos estratégicos
de la ciudad y hasta de cómo podía efectuarse el ataque. (Véase anexo.) (85)
En una de las entrevistas, la efectuada entre el general García y Charles Peissont, el
primero recibió valiosas informaciones en torno a las fortificaciones de la plaza de
Las Tunas. (86)
El 25 de agosto, a sólo un mes de acción llevaría a término (la fecha prevista
septiembre), recibió una carta de sus confidentes Arístides y Aristipo con otros
datos de gran valor, acerca de la llegada de un convoy y los cambios efectuados en
la guarnición de Las Tunas que favorecían aún más los planes de asalto a la ciudad.
En esta carta, los confidentes de Vicente García en el interior de la Plaza de Armas
indicaban algunos aspectos logísticos y psicologicos de la guarnición enemiga. (87)
El 17 de septiembre el general García escribía con optimismo acerca de la toma de
la ciudad. (88)
El 18, acampó en el potrero de Guaramano impartiendo orientaciones para la
acción planificada. El 20 se mantenía en el mismo punto, distante unos 24
kilómetros de Las Tunas. El jefe cubano concentró las tropas del regimiento de
Caballería Río Blanco y el escuadrón de Agramonte, así como los regimientos de
infantería Jacinto y Tunas. El segundo batallón de Bonilla el primero de Jiguaní.
En el terreno se realizaron chequeo de las fuerzas que participarían en la acción y
tomó las desiciones de última hora. El 21 acampó en el Oro y ordenó fueran leídas
dos veces las disposiciones para el asalto y toma de la ciudad:

1. Siendo el objeto principal del ataque la toma de posiciones enemigas, se
   prohibe en lo absoluto el saqueo. Ninguno lo hará durante la acción so
   pretexto que se haya autorizado pues si ordenare será después vencido el
   enemigo y formadas nuestras fuerzas.
2. Siendo amigas todas las familias y personas de la población que no pertenecen
    a la guarnición de tropas de líneas, hasta los voluntarios y comerciantes, ningún
    individuo penetrará ni hará daño en casa particular ni establecimiento alguno, a
    menos que el jefe de su columna disponga que se derribe alguna tapia o puerta
    con el objeto de hacer alguna maniobra militar contra el enemigo.
3. Desde el momento en que se ponga en marcha la columna de ataque se guardará
    el más profundo silencio a fin de que pueda penetrar en la población y dirigirse
    a sus respectivos objetivos sin ser sentido por el enemigo; y la sorpresa
    produzca todo su efecto. A ese efecto nadie llevará objeto alguno que produzca
    ruido ni luz y todos procurarán marchar en el mayor sigilio.
4. Ninguno se separará de la columna a que pertenece, como no sea por orden
    expresa del jefe de ella para asunto del servicio.
5. Las columnas de ataque cada vez que concluyan algunos de los movimientos a
    que se les destina, volverá a formar inmediatamente y así permanecerá hasta
    su nuevo orden, ya sea en batalla, ya ocupando puntos estrátegicos o las
    posiciones tomadas al enemigo, según fuera más conveniente.
6. Los Jefes y oficiales de cada columna evitarán a todo trance que su tropa se
   mezcle con otra, a fin de que no haya confusión y que sea fácil la organización
   de cada fuerza tan pronto como se ordene.
7. Los prisioneros que se hagan serán mandados a conducir a la fuerza de reserva,
   lo mismo que el armamento y parque que se ocupe; para lo cual dispondrá el
   jefe de la columna que lo incaute que sea conducido al mando de un oficial,
   quien lo entregará al jefe de reserva.
8. El hospital de sangre se situará en la columna de reserva, a donde serán
   conducidos los heridos.
9. El jefe de la reserva adoptará las medidas oportunas para la colocación
    conveniente de los heridos y la custodia de los elementos de guerra que se lo
    entreguen, a fin de que no sufran menoscabo.
10.Bajo ningún concepto penetrarán en la columna de ataque hombres
    desarmados, no debiendo llevar los jefes y oficiales en esos momentos
    asistentes y ordenanzas.
11.La gente desarmada permanecerá a una distancia que se dispondrá a última hora
    y de allí no se moverá hasta que por orden del superior no se pida algun grupo,
    bien para armarlo o para elementos de guerra.
12.En la marcha se llevarán perfectamente unidas las filas y se guardará la mayor
    formación posible según lo permita el terreno, a fin de que cuando sea
    necesario marchar a pasos ligeros sobre el enemigo, se haga en el mayor orden
    y disciplina, puesto de que estas circunstancias la rapidez en los movimientos y
    la resolución de todos en el ataque depende en gran medida el éxito de la
    acción.
13.Cuando se penetre en la población nadie hará fuego, aún cuando alguno que
    otro centinela español haga disparo, pues solo nuestra actuación tendrá efecto
    contra fuerzas enemigas que opongan resistencia en los puntos que se traten de
    sorprender.
14.Nadie, aunque no pertenezca a las fuerzas, podrá separarse de ésta después del
    ataque, sin previo permiso de este cuartel General.
15.El armamento, parque, caballos, monturas, medicinas y demás elementos de
    guerra que se ocupen, se entregarán oportunamente a este cuartel General.
16.Para el reparto de lo demás del botín, que sea ocupado cuando se de orden para
    ello, se dictarán medidas equitativas que en cuanto sea posible dejen
    satisfechos a todos los que tomen parte en la jornada.
17.Los jefes y oficiales serán responsables de cualquier trasgresión de las
    disposiciones precedentes, puesto que quedan encargados de su estricto
    cumplimiento.
18.Las demás disposiciones de carácter militar, necesarias para la ejecución del
    ataque se comunicarán a los jefes de las columnas respectivas.
19.Todo el que abandonara su puesto sin orden legal del jefe de la columna de que
    forma parte, y el que se separe de la misma con el objeto de saquear, será
    pasado por las armas. (89)
Cuando hubo terminado el acto, el general Vicente García tras un breve recorrido
entre la tropa, acompañado de su estado mayor, pronunció una arenga exaltándola
al combate. (90)
Al día siguiente salió para Ranchuelo bajo un sol radiante, arribando a las tres de la
tarde. Aquí, formó las tropas de cuadro y situó a cada jefe al frente de sus
respectivas columnas. El ataque quedó organizado de la forma siguiente:
El teniente coronel Payito León con 70 hombres del primer batallón del regimiento
Tunas debía asaltar el fuerte Principal de la Plaza de Armas, lugar donde se
encontraba el mayor depósito de parque de la fusilería, además, tenía la misión de
mantener la posición antes mencionada. Una vez concluida la operación, debía
romper el muro y cercas de las casas que se encontraban en la parte posterior del
fuerte y de esta manera entrar en contacto directo con la columna de reserva.
El alférez Rafael Montero, con un pelotón de 18 expertos seleccionados
personalmente por él, era el responsable de silenciar el cuerpo de gardia situado a
un extremo de la plaza.
El teniente coronel Juan Ramírez Romagosa, con un grupo de 64 hombres de los
regimientos Tunas Jiguaní asaltaría la iglesia fortificada, lugar donde se
custodiaban las municiones de artillería y donde se habían ubicado tres cañones. La
misión del teniente coronel José Manuel Capote con 105 patriotas pertenecientes a
los regimientos de Bonilla, Jiguaní y Agramonte, sería atacar por la retaguardia a
las tropas españolas que guarnecían las trincheras y el cuartel situado en la calle
Isabel Segunda, una vez dada la alarma. Tras tomar las trincheras, asaltarían el
cuartel. Luego dos columnas de 70 hombres cada una mandada por los tenientes
coroneles León y Ramírez, efectuarían una rápida operación. El primero,
sorprendería el fuerte El Principal, rompiéndo una tapia del patio para entrar en
contacto con el brigadier Suárez y sacar el parque. Esta posición estaba dominada
por hombres del enemigo. El segundo sorprendería al enemigo estacionado en la
iglesia, 9 artilleros y 7 soldados de línea españoles. Después de practicada la
operación, las tropas de Ramírez y León se entregrarían en una sola columna para
sostener sus posiciones.
El cuartel general, con su escolta, y 70 hombres del regimiento Tunas, mandados
por el coronel Francisco Varona, ocuparían la administración militar y a la vez
impedirían que la tropa enemiga, acuartelada en el extremo de la misma, brindara
refuerzos a los asaltados. Varios piquetes de soldados, encabezados por el brigadier
Manuel Suárez desde un punto conveniente y con las fuerzas de las reservas bajo el
mando inmediato del teniente coronel Gonzalo Moreno y el comandante Domingo
Ramos como jefe de la caballería hostilizarían por el frente las trincheras que
cerraban el perímetro fortificado de la población.
El ataque nocturno cuerpo a cuerpo al machete permitiría comprobar facilmente si
era amigo o enemigo. Esta táctica fue original de Vicente García. La entrada a la
ciudad relatada por Francisco Varona González: “Pasamos por el patio de mi
antigua casa, que reconocí tras tantos años de ausencia. Entramos por los
colgadizos de la esquina que en otros tiempos habitaba la morena Luisa, allí una
mujer que no conozco [Amalia Lora] y a quien solo persibí [sic] en la oscuridad,
nos esperaba y abrió la puerta; atravesamos la calle por entre dos puntos de
guardia, callendo al patio de la casa de Manuel Agustín Nápoles, cuyo frente da a
la plaza de Armas.” (91).
El paso entre la casa de Amalia Lora y Manuel Agustín Nápoles Fajardo fue
fatigoso, pues los hombres tuvieron que arrastrarse a través del hueco que fue
abierto en la pared de su casa. La puerta de la cochera de Manuel Agustín, se abrió
a la una de la madrugada por Joaquín Romero, que se hospedaba en la lujosa
mansión y era uno de los confidentes de Vicente García.
Los guardias de la Plaza de Armas, fortificada por ese lado, eran 12 en total, y
fueron liquidados por el comando de Rafael Montero mediante un perfecto asalto a
cuchillo.
Francisco Varona formó su columna en la Plaza de Armas y el mayor general
Vicente García se situó en el portal de la casa de Nápoles Fajardo para dirigir la
operación.
Payito León y Juan Ramírez, partieron con sus respectivas columnas, sobre el
fuerte El principal y la iglesia fortificada, principales reductos defensivos de la
plaza. Estos fueron tomados en cruentos combates al machete.
En la iglesia, el combate fue horrendo. Fue tal maestría de los cubanos que, en
medio de la oscuridad, diezmaron, en pocas horas, a la guarnición enemiga allí
acuartelada. Juan Ramírez Romagoza, jefe de esta acción expresó: “EL espectáculo
fue truculento. Caminábamos en medio de las sombras, sobre los cadáveres y
charcos de sangre que hacían difícil el paso dentro de la iglesia.” (92)
Una vez reducida las posiciones antes mencionadas, el coronel José Manuel
Capote, atacó el cuartel de infantería, o de las 28 columnas, ante una tenaz
resistencia de los españoles. Difícil fue la situación para Capote, al recibir el fuego
cruzado del cuartel y el hospital fortificado, los cuales representaban las defensas
exteriores más importantes de la ciudad. Se salvaron por un francés, quien vivía
frente al cuartel, y les abrió la puerta de su casa, desde donde los cubanos pudieron
parapetarse y dominar la situación hasta la rendición del enemigo.
Al amanecer, los cañones ocupados en la iglesia fueron emplazados contra el fuerte
que defendía el capitán Cabrit con 40 hombres. Sólo bastó la intimidación para que
se rindieran. Con los primeros claros del día 23 de septiembre, el mayor general
Vicente García, envió un mensaje al comandante de la plaza Félix Toledo
instándole a la rendición. Toledo respondió verbalmente y poco después, a las 8 de
la mañana entregó la plaza a los cubanos.
En su diario de operaciones, Francisco Varona González relata sus añoranzas al
penetrar en la desierta casa paterna: “ ¡Que recuerdos! ¡Que día este!. No lo podré
olvidar nunca. Mis padres, arrojados de su casa solariega por la maldad española,
yendo a morir lejos del hogar querido; mi hermana Mercedes, asesinada por las
balas españolas en Las Arenas, Camino del Guamo; a mi hermana Tomasa le
fusilaron su esposo, el general Rubalcava y ella, expatriada, arrastra la miseria por
extranjero suelo y a mi hijo Esteban lo mataron también los españoles. Aún
persisto yo en la libertad de la patria y tengo más hijos, que darán la vida también
por ella cuando sea necesario (...)” (93)
Y en relación con la victoria recién obtenida añadaría: “La victoria de hoy ha sido
uno de los sucesos más importantes de la guerra, habidos hasta ahora. Solo por
sorpresa hubiéramos podido tomar a Las Tunas, pues tenía buenos fuertes y
cuarteles; y de tropas de líneas solamante unos 33 hombres(...).” (94)
En su diario Vicente García relacionó las numerosas armas y parque obtenidos. El
general Vicente García instaló su cuartel general en la casa de gobierno de los
españoles desde donde dirigió a la Presidencia de la República el parte de
operación. Según Sanguily, citando a Jesús Sablón Moreno, Rabí “Tomaron la
famosa Victoria el 23 de septiembre de 1876, mediante un asalto formidable que
fue la obra maestra del cálculo, la astucia y la intrepidez prodigiosamente
combinados.” (95)
Un ejemplo de benevolencia y humanismo lo ofreció Vicente García. El día 24 el
comandante Félix Toledo en una combinación al Jefe del Regimiento España
número 5, por la iniciativa de Vicente Garacía, le pedía 40 acémilas con el fin de
trasladar los heridos y enfermos prisioneros en la Plaza de Las Tunas.
Los cubanos permanecieron en la ciudad hasta el día 26 del propio mes, y antes de
abandonarla, Vicente García decidió incendiarla.
Según el licenciado Juan Andrés Cué, extinto investigador tunero, antes de
comenzar el incendio Vicente García ordeno al coronel Manuel Reyes Silva:
        ...Coronel Silva, tome una antorcha y empiece por ahí (el subalterno
        perplejo le replicó).
        - Pero General esa es la casa de su familia – a lo que respondió tajante
        Vicente García- esa es la razón por la que digo que empiece por ahí... (96)

La ciudad ardió cual gigantesca antorcha y los rostros de los insurrectos se
iluminaron ante el ruidoso incendio: fue en ese momento que, Vicente García,
emocionado exclamó: – “Tunas, con dolor en el alma te prendo candela, pero
prefiero verte quemada antes que esclava”
El eclesiástico español Antonio Perpiñá Escolapio, relató esta batalla, desde su
punto de vista, es evidente la contradicción en que incurre al narrar la crueldad de
los cubanos, y sin embargo, señala que dieron la libertad a los prisioneros. “A
mediados de 1876, sobrevino otro contratiempo a esta desgraciada ciudad.
Contaba sobre 200 hombres del regimiento de España, bien fortificada y provista
de viveres y municiones; pero, los insurrectos se apoderaron de la iglesia, fuerte
principal, por haberle facilitado la entrada traidoramente un sargento del mismo
cuerpo, de nacionalidad francesa y un criollo que había militado en las filas
insurectas. Apoderados los enemigos del fuerte principal, en pocas horas rindieron
a la guarnición, que más tarde pasaron cruelmente a cuchillo, excepto a los
oficiales, que puestos en libertad, se presentaron en Puerto Padre. Caída en poder
de los sublevados Las Tunas fue enteramente destruida, derribando no sólo todas
las casas, sino que traspasando los límites de toda venganza, demolieron la misma
casa de Dios, el mismo santuario de la Divinidad.” (97)

             INCIDENTE CON LOS PRISIONEROS DE GUERRA

El teniente Nicolás Rivero, oficial del general García, fue designado para trasladar
a 103 prisioneros hasta Guaramanao, y de paso, conducir el parque obtenido del
asalto a la ciudad. Por el camino, los españoles comenzaron a botar el parque,
Rivero advirtió que si continuaban con esa actitud, los castigaría severamente. Al
poco rato, el oficial cubano encontró nuevamente parque disperso y mandó a
detener la marcha, pasando por las armas a 50 de los prisioneros como
escarmiento.
Rivero estaba dominado por el odio a los españoles a la pérdida de sus padres y de
toda su familia a manos de ellos. La noticia de este hecho llegó rápidamente a
oídos de Vicente García. Este mandó a presentarse en el cuartel general a Rivero,
por la grave indisciplina cometida y anunciándole que sería sometido a un tribunal
militar para que juzgara y castigara su proceder. Rivero, al tener conocimiento de
que iba a ser juzgado, regresó a Guaramanao, donde había dejado el resto de los
prisioneros y los ejecutó también.
Por eso, cuando el teniente Rivero fue juzgado por el tribunal militar y condenado
a seis meses de suspensión de empleo, Vicente García protestó enérgicamente en
una comunicación al Gobierno, de la cual ni siquiera recibió respuesta.

                            MISION A LAS VILLAS

La toma de Las Tunas estremeció el poder colonial de España en Cuba. El monarca
español, después de urgentes conferencias, llamó a Martínez Campos para hacerlo
cargo del mando militar de la isla de Cuba. El gobierno caribeño se dividió en dos
poderes: el civil o administrativo ejercido por Joaquín Jovellar, y el militar, por
Arsenio Martínez Campos. La política seguida en la guerra de Cuba cambió
radicalmente y los procedimientos puestos en práctica a partir de estos momentos,
revelan que el gobierno español se había convencido de que era preferible obtener
la paz mediante la persuación.
Después del golpe demoledor de Las Tunas, Vicente García se estableció en el
campamento de El Oro, donde permaneció hasta el 29 de septiembre, fecha en que
pasó a Guaramanao.
En días posteriores reorganizó sus fuerzas y ocultó el parque obtenido, hasta su
distribución entre los distintos departamentos.
A finales de 1876, recibió García noticias mediante el diputado Marcos García de
los planes del gobierno de enviarlo a dirigir el departamento de Las Villas. Según
Vicente García en su diario, el gobierno no le brindaba la ayuda necesaria en sus
operaciones, también reflejaba su resentimiento con la Cámara debido a la mano
floja con que manejaba los problemas de la Revolución, al extremo de perder la
autoridad en su territorio de tanta importancia como el de Las Villas.
En esos momentos el departamento de Las Villas estaba en franco desorden, y ésto
era conocido por Vicente García. Máximo Gómez había anotado en su diario de
campaña, el 15 de septiembre de ese año: “Nótese lo siguiente, que hace cuatro
meses que por más que me esfuerzo en hacer marchar la revolución adelante, ya
por decirlo así, le hemos abierto las puertas a Occidente todos mis esfuerzos se
estrellan en el desorden, o la indisciplina y el desorden.
“Puede decirse que hace cuatro meses que vivo marchando y contramarchando sin
hacer otra cosa que organizar – y como vulgarmente se dice luego “atajando
pollos”.
“He tomado mientras tanto, todas las medidas que me han parecido oportunas para
sostener el órden, pero todo será inútil, porque los Villareños, son ingobernables
por Gefes que no sean de Las Villas”. (98)
La situación de Las Villas empeoraba por día, y el 10, de noviembre de 1876,
Gómez escribía en su diario: “Aquí todo se ha perdido, cada cual se ha erigido, en
un Gefe – pués careciendo Roloff de carácter y don de mando, el desorden es
compeleto”.
“Para más justificación de mis sosperchas respecto a la tachable conducta del
General Roloff, he recibido una carta en contestación a otra que yo le he dirigido
citándole para una conferencia e informarle de varios asuntos del servicio – i su
contestación es insultante – hasta el punto de intimarme la salida o desocupación
del territorio a su mando (...).” (99)
Al día siguiente Gómez añadía: “Según malos informes respecto a la actitud de
muchos que rodean a Roloff, se ha traslucido la orden que yo he recibido del
gobierno de que asuma el mando nuevamente – i eso ha dado origen a hablillas i
amenazas que no es dudoso que se intente algo más serio, que haberme despojado
del mando en contra de mi persona. –Resuelvo por lo tanto, abandonar este
territorio.” (100)
Realmente, Máximo Gómez fue prácticamente expulsado de Las Villas. Ante este
hecho el gobierno se reunió para tratar de ayudar al avance de la revolución,
seriamente comprometida por esta insubordinación.
El 3 de diciembre Gómez anotó en su diario de campaña: “No ocupamos cual sea
el destino que convenga a los intereses del Ejército y a mi propio prestigio que yo
ocupe; se resuelve, pues que yo me hago cargo de la secretaría de la guerra.” (101)
En estas circunstancias es que el gobierno ha perdido su autoridad con los
villaclareños, decidió enviar a un hombre coronado con lauros recientes y de
prestigio para reemplazar a Máximo Gómez en Las Villas. Ese hombre era el
mayor general Vicente García.
El 14 de diciembre de 1876, se presentó ante el general García un grupo de Las
Villas manifestándole que aceptase el mando de aquel Departamento. Vicente
García le respondió que estaba de acuerdo con dicha disposición, siempre que, el
gobierno, lo apoyara consecuentemente, como lo había hecho con otros jefes, pero
jamás con él. (102)
El 17 de diciembre del propio año, Vicente García fue citado a Camagüey a una
conferencia privada con el Presidente. En su diario, expuso su solicitud de que le
concedieran las fuerzas necesarias (sólo con los 100 hombres de Las Tunas era
imposible), dada la situación de indisciplina del Departamento Central y sin
pérdida de efectividad ante el enemigo que operaba libremente con gruesas
columnas. Si no se le creaban estas condiciones “sería un sacrificio inútil que
ningún bien podría traer a la Patria.” (103)
El presidente prometió entregarle mayor número de tropas y armas. El León de
Santa Rita retornó a su territorio. Se encontraba en el Pilar, donde se presentó el
capitán Donato Tamayo, enviado por el teniente coronel Juan Ramíres, para
comunicarle que 40 hombres del regimiento Cabaniguán, de Las Tunas, habían
desertado.
Tomás Estrada Palma, erigido además de presidente de la República, y jefe del
ejército, y Máximo Gómez como secretario de la guerra, sostuvieron conferencias
por separado con el general García en Becerra, donde trataron la necesidad de que
marchara a Las Villas con 200 hombres.
García consideró que en las circunstancias de indisciplinas de Las Tunas los
conatos de Holguín, Bayamo y Camagüey no debían abandonar el territorio.
Comprendía que su gente se resistía a cumplir la orden de marchar a Las Villas
debido a la situación deplorable que presentaba aquel departamento. Realmente,
mientras los españoles operaban con sus fuerzas por todo el territorio, los
villareños estaban amotinados con Carlos Roloff al frente. En medio de estos
diálogos con el gobierno, Vicente García no interrumpió sus acciones militares.
Planificó la toma del poblado de Maniabón y Puerto Padre, enviando al capitán
Manuel Reyes con Agustín Morales a realizar exploraciones por ambos puntos. El
12, recibió noticias sobre el Castillo de la Loma en Puerto Padre y en horas de la
tarde salía acompañado de 50 hombres, con el fin de asaltar la fortaleza militar y el
poblado.
Entregó el mando al teniente coronel Juan Ramírez Romagoza y asignándoles al
comandante Manuel Ortíz, y a los capitanes Antonio Ramírez, Antonio Machado y
Atilano Almeida, los tenientes Antonio Cuello y Estanislao Oro y el subteniente
Carlos Vega.
El plan consistió en tomar primero el fuerte, utilizando el factor sorpresa y después
asaltar el poblado.
Las tropas del teniente coronel Ramíres tuvieron algunos inconvenientes en el
camino hacia Puerto Padre retrasándose el asalto. A las 4 de la madrugada del día
14 de febrero la guarnición española se encontraba despierta, viéndose obligados a
variar el plan original. Los cubanos rompieron la puerta principal del fuerte, y una
parte de los asaltantes fueron recibidos con una andanada de balas, teniendo que
retroceder con 4 bajas, 2 muertos y 2 heridos.
Los cubanos continuaron el ataque esta vez a través de las aspilleras del fuerte, de
afuera hacia adentro y por las roturas que hicieron en sus paredes. Al amanecer se
produjo la rendición. Los españoles tuvieron 6 bajas: 4 muertos y 2 heridos.
El resultado de la operación fue la toma de un cañón que debido a su peso tuvieron
que inutilizarlo, 16 rifles remington de fino calibre, de 5 000 a 6 000 cápsulas y de
20 a 30 disparos de cañón. Los muertos, por la parte cubana, fueron los soldados
Francisco Licea y Manuel Díaz y heridos el capitán Antonio Ramírez muy grave, y
leve el capitán Antonio Machado.
Vicente García desistió de su plan original de ocupar el poblado al considerar las
enormes pérdidas para los cubanos en una operación diurna. (104)
El 19 de febrero sostuvo una nueva conferencia con el gobierno en el Bracito,
sobre su designación para Las Villas. La Cámara otorgó un permiso de 10 días a su
fuerza. De ellos, 8 días pasó Vicente García enfermo, con fiebre alta en Ojo de
Agua de los Melones y el 2 de marzo, comenzó a preparar su marcha al
departamento villareño.
El 7 de este mes, salió rumbo al departamento de Las Villas, acampando en San
Juan de Dios del Portillo, de la antigua jurisdicción de Camagüey, actual territorio
de Amancio Rodríguez. La fuerza de Las Tunas estaba inconforme con marchar a
este departamento debido a las desastrosas noticias sobre la conducta de los
villaclareños. Ante esta situación conferenció Vicente García con el Presidente,
exponiéndole la resistencia de camagüeyanos y orientales, quienes componían su
tropa en esos momentos, y que algunos habían llegado a la deserción. Le propuso
un plan al Presidente: prometer a la tropa que volverían a su territorio en 4 ó 6
meses, pero no se conoce si ésto fue aceptado o no. (105)
El presidente Estrada conocía desde hacía tiempo que las fuerzas de Las Tunas,
como las del resto de Oriente y Camagüey, estaban inconformes con la orden de
marchar a Las Villas, debido a la situación que presentaba el departamento
Occidental.
El 15 de marzo, Vicente se reunió con la oficialidad tratando de convencerlos, pero
las tropas se resistieron, aunque los oficiales manifestaron su disposición de
acompañarlo. Esta determinación fue comunicada al presidente y a la vez
consultada con algunos diputados a la Cámara.
Pero la situación se agravó cuando se comprobó que la fuerza prometida por el
gobierno, consistente en 100 hombres de sus reservas con igual cantidad de armas,
no llegaban, pues la Cámara no los asignó, aunque así lo había acordado. Los
soldados justificaban su actitud con el rechazo regionalista de los villaclareños.
(106)
Evidentemente, según revela la documentación, el Gobierno no se interesaba en la
acción militar en Las Villas, bastaba con un simulacro que mostrara que Vicente
García obedecía sus órdenes.
El 19 de marzo García escribió a la Cámara de Representantes una larga carta en la
cual los acusaba de querer minar su prestigio de patriota en una acción tan inútil
como infructuosa. (107)
El 26 de marzo de 1877 el presidente Tomás Estrada escribía a Vicente García una
carta muy afectuosa, en la cual reiteraba el propósito de que marchasen a Las
Villas: “Yo marcharé muy pronto para Las Tunas con empeño de volver a reunir
las fuerzas para ir preparando su ánimo, a fin de alcanzar más tarde que marchen
una parte a Las Villas.” (108)
Después de varias gestiones el 22 de marzo de 1877, Vicente García partía hacia
Las Villas con unos 80 hombres de Las Tunas, llevando como subalternos al
general José Miguel Barreto (de orígen venezolano) y al capitán Charles Philibert
Peissot (de orígen francés).
Antes de su partida el general García arengó a sus tropas:

                                     Tuneros:

Por disposición del Gobierno de la República, voy a marchar al departamento de
Las Villas, cuyo mando en misión se me confía.
Nacido en el mismo pueblo que vosotros, conocedor individual de todo tanto de los
que pertenecen al Ejército como los que forman el vecindario; apreciador de
vuestro valor y abnegación probados en los 8 años que juntos hemos venido
combatiendo por la libertad e independencia de la patria; y agradecido a las
muestras de consideración y afectos con que siempre me han honrado, natural es
que al despedirme de vosotros lo hago con la más profunda pena que no es dable
alejarse de caros compañeros sin que el dolor nuble el semblante.
Donde quiera que me encuentre podéis contar con mi afecto y conque sentiré la
más viva alegría sabiendo que continuaís por la senda del honor y de la gloria, que
no es lo que os desea vuestro amigo y compañero;

                                                              Vicente García (109)

La marcha se inició, no sin pocos contratiempos. En el camino se produjeron
deserciones de tropas, incluso algunos integrantes de su propia escolta intentaron
desertar, situación que logró neutralizar con una fuerte reprimenda a los
implicados. Refiriéndose a estos acontecimientos a Máximo Gómez, secretario de
la guerra, expresó Fernando Figueredo Socarrás: “Yo sé lo que esas cosas abruman
y afectan al hombre pundoroso que ha emprendido la carrera de las armas, que es
de honores y gloria, siendo más dolorosa y lamentable la desmoralización de
aquella tropa por la situación en que se hallaba el general García y por la que
atravesaba la Revolución; preciso era sentirse desposeído de espíritu militar y de
patriotismo para no sublevarse contra la criminal conducta de aquella gente”.
(110).
Máximo Gómez como militar, conocía perfectamente el significado de la marcha a
Las Villas, pero ahora como secretario de la guerra estaba obligado a trasmitir a
García las decisiones del gobierno y la Cámara de Representantes. Aunque
dirigiese a un departamento insubordinado y copado por gruesas columnas
españolas con una escolta reducida a 35 hombre, era realmente un suicidio.
El 11 de abril, estaba acampado en los Isleños, territorio de Camagüey, cuando se
encontró García con el teniente coronel José Gómez, quien venía acompañado de
coronel José Urioste, procedente ambos de Las Villas. Estos le advirtieron que con
el poco parque y el escaso número de hombres le será muy difícil sostenerse y
mucho menos sin infantería, pues las gruesas columnas actuaban con absoluta
impunidad en el Departamento.
Ante las nuevas noticias Vicente García dirigió una exposición al gobierno
ofreciéndo detalles de la situación en Las Villas.
 En Santa Rita de Camagüey se encontraban acampadas las fuerzas cubanas que
marchaban a Las Villas, y el 10 de mayo, recibía el general García una
comunicación firmada por el doctor Rafael Pérez Martínez, el coronel Francisco
Varona González y el teniente coronel Guillermo Cardet, informándole de la
insubordinación contra el gobierno de la fuerza de Las Tunas y su proclamación
como general en jefe.
Aunque Vicente García, según revela el diario estuvo de acuerdo con el contenido
del pronunciamiento, no aceptó la proclamación de general en jefe, por la forma en
que ésto se produjo. (111)
Vicente no combatió el movimiento político, como él apuntaba, ya la indisciplina
estaba muy generalizada frente a un Gobierno y Cámara débiles y vacilantes, y no
solamente en Las Tunas. Se retiró de Santa Rita al campamento de Palmarito para
alejarse de los insubordinados, aunque lo mantuvieron al corriente de todo lo que
ocurría en Santa Rita, José Miguel Barreto y los demás jefes promotores del
movimiento contra el Gobierno. El pronunciamiento contenía un programa de
ideas avanzada, redactado por Charles Peissont del cual surgió un documento
titulado:

Manifiesto de Santa Rita

En el potrero de Santa Rita Prefactura de Sabanalamar, a los once días del mes de
mayo de 1877 a las ocho se reunieron en junta solemne los que abajo firman, con
objeto de discutir y decidir sobre la actitud que debían tomar, con relación a los
movimientos principiados en Oriente, efectuados en Las Tunas y apoyados por las
fuerzas y el pueblo de Camagüey en sentido reformista. A tal virtud y discutido
suficientemente tan importante asunto, los C.C. referidos acordaron por
unanimidad lo siguiente:
1ro. Declarar bajo su palabra de honor no reconocer, atacar, ni sotener al gobierno
     presidido por el ciudadano Tomás Estrada, por haberse manifestado en todas
     ocaciones enemigo de la soberanía del pueblo cubano, empleando la coacción
     contra sus más legítimas aspiraciones y haber hecho decaer por sus medidas
     antipolíticas la situación pública que había adquirido a costa de tantos
     sacrificios en más de 8 años de constante lucha.
2do. Que se sustituya al Gobierno a que alude el artículo anterior con otro
       cimentado bajo las bases de la verdadera República.
3ro. Indicar la urgencia de nombrar un General en Jefe para el Ejército de la
     República, teniendo para ello en cuenta, peticiones sobre el particular,
     dirigidas al cuerpo Legislativo y la probada necesidad de unificar aquel para
     oponerse con buen éxito a las invasiones del enemigo, puesto que la forma
     adoptada hoy nos llena ese vacío.
4to. Exitar el patriotismo de los C.C. Para que procedan sin demora a la
     proclamación del General en Jefe y el que resulte proclamado, para que
     asuma el mando tan pronto como sea posible.
5to. Ponerse los firmantes en comunicación con las fuerzas de la República a fin de
     unificar el movimiento por medio de comisionados a confianza en primera
     oportunidad. Por conclusión, los firmantes de la presente acta protestamos
     solemnemente, que al asumir la actitud indicada en ella, no nos guía
     ambición, interés personal ni miras de venganza contra nadie, sino que lo
     hacemos solamente impulsados por el más puro patriotismo, deseamos al
     mismo tiempo de que el actual orden de cosas sea sustituido por otro, cuya
     tendencia corresponda dignamente a los sacrificios consumados por la
     independencia y libertad del país.

-J.M. Barreto –M. Fonseca –José Gómez –J.E Ramírez –Carlos Peissont –Luis
Deymier –E. Canals –F.B Fonseca –C. Gonzalez C.L. Tristá – P.M. Malledo-
Salvador Puello- J.B. Benítez- Carlos Agüero Venega- P. Palma- J.C. López- Es
copia que doy fe – E. Canals – Secretario. Es copia – B.G. Peralta... (112)

                                  PROGRAMA

Arto. 1ro. El Gobierno de la nación cubana será el sistema republicano
            democrático social.
Arto. 2do. La soberanía del pueblo será la base de la organización política de la
            nación.
Arto. 3ro. Disolución del actual gobierno y convocatoria de una constitución,
            porque ha de regirse el pueblo cubano, mediante la ilegalidad de que
            adolece la anterior por no haber recibido los que la formaron, poderes
            al efecto, ni haber sido sancionada por la soberanía nacional, y
            también por los vicios que en la práctica de ella se ha venido
            demostrando.
Arto. 4to. Los supremos poderes del Estado, serán elegidos por el sufragio
            universal directo.
Arto. 5to. Nombramiento de un General Gefe.
Arto. 6to. Transitoriamente el General en Gefe y los Gefes de cuerpo asumirán la
            jurisdicción administrativa, política y civil tal como de atrás se viene
            practicando y la organización del poder judicial, bajo las bases de
              segurdiad, garantía y rapidez que conviene a la administración de
              justicia.
Arto.   7mo. Creación de una ley de responsabilidad, haciéndola efectiva en todos
              los casos.
Arto.    8vo. Supresión absoluta de todo comercio con el enemigo o sea la
              introducción en sus líneas bajo cualquier concepto de productos del
              país.
Arto.   9no. Arreglo destinado a recompesar y proteger legalmente a los heridos e
              inutilizados en campaña así como a todo ciudadano que en cualquier
              caso se haya hecho acreedor a la gratitud nacional.
Arto.   10mo. Que la constitución que se forme, no prejuzgue de los destinos
              ulteriores del país, conseguida la independencia, sino que rija sólo
              durante el estado de guerra.

Los infrascriptos protestamos solemnemente antes de concluir que al dirigir a
nuestros compatriotas el presente programa, sólo nos guía el deseo de que por
todos sean conocidas las ideas políticas que sustentamos.
Conocedores de la deficiencia de nuestras facultades intelectuales somos los
primeros en proclamarla, esperando que este trabajo sea perfeccionado
oportunamente por la mayoría de los que profesan iguales opiniones.

Santa Rita. Camagüey, mayo 3 de 1877 –J.M. Berreto- M. Fonseca- E. Canals- es
copia que certifico.- E. Canals. Secretario –Es copia- Belisario G. De Peralta. (113)

Vicente García en una entrevista con el coronel Fonseca y el teniente coronel Juan
Ramírez los reprendió por el paso prematuro y fuera de oportunidad que habían
dado. (114)
Es muy interesante el análisis de Vicente García al contraponer la actitud de
Barreto, a quien considera un conspirador de oficio, y sus obstáculos a la unidad, y
la de Peissont, quien de buena fe cree posible imponer ideas del medio europeo a la
situación cubana: “que está acostumbrado a trabajar en ella (la política), pero en
otros países que en nada pueden compararse con el nuestro; por lo cual y al no
tener todavía la suficiente experiencia de nuestra situación y de nuestros asuntos
puede cometer errores perjudiciales a la patria. (115)
Ciertamente, el general José Barreto, había participado en pronunciamientos
políticos, funestos para la Revolución. Así ocurrió en Lagunas de Varona, donde
tuvo participación activa y ahora, en Santa Rita aparecía encabezando el motín.
La incidencia negativa de este alto oficial en la Guerra de los Díez años se repetiría
en el período posterior, aunque desconocemos bastante sobre su personalidad para
llegar a alguna conclusión sobre las razones de su actuación.
El capitán Charles Philibert Peisot, es un personaje muy interesante, fue uno de los
emigrados franceses que llegó a Cuba con más de 40 compañeros participantes
todos en la Comuna de París en 1871, y éste había estado entre sus principales
dirigentes: Peissot se incorporó a Vicente García en la zona de Puerto Príncipe en
1873, junto a Jean Bennon y Clodomire Pampillón. El primero de ellos, por
indicación de Vicente García, consiguió empleo como Secretario del Gobernador
de la Ciudad de Las Tunas, mediante Pedro Agüero González, primo hermano de
Vicente García, quien laboraba en la Plaza de Armas. Desde allí sirvió en la
contra-inteligencia militar con el seudónimo de Arístipo.
Después del asalto y toma de Las Tunas en 1876, a la que Peissot contribuyó
decisivamente, se incorporó a las tropas de García con el grado de capitán, soñando
siempre con la creación de una república socialista como la que se había
proyectado por los comuneros en su país. Fernando Figueredo Socarrás señalaba
sobre él: “Mons. Carlos a quien se había reconocido el grado de capitán por sus
importantes servicios, era un hombre de talento enérgico, de ideas avanzadas, ideas
que predicaba constante y ardientemente y que encontraba simpática acogida en las
masas, principalmente en todos los que rodeaban al general García. Amigo de la
República Universal (...), demagogo que con calor defendía sus irrealizables
utopías, sus sueños de socialismo y hasta de comunismo. Se le creía por la
generalidad un hombre altamente inconveniente, y mucho más junto al General
García.” (116)
Figueredo Socarrás tilda a Peissot de demagogo. Sin lugar a dudas el más acertado
en el análisis sobre la personalidad de Peissot y la raíz de su error político al querer
traspasar ideas de otros medios al cubano, fue Vicente García.
El año de 1877 transcurría lleno de dificultades para la Revolución, a pesar de los
triunfos que se obtenían sobre los colonialistas. Vicente García, debido al
movimiento político de sus subordinados en Santa Rita, no pudo marchar a Las
Villas, aunque es dudoso que hubiese podido partir, aun sin ese pronunciamiento si
consideramos los factores antes señalados. En carta a Carlos Roloff, escribía:
“Cuando el Gobierno me había prometido 250 ó 300 hombres con el parque
necesario, para llevar a efecto la operación de mi marcha, dejo al buen juicio de
usted, imaginar cual sería mi extrañeza al ver sólo seis mil tiros, después de acabar
de entregar yo mismo más de 60 mil y por todo contingente mi escolta montada
que no pasa de treinta y pico de jinetes (...). Era que del propio círculo del
Gobierno salían comisiones encausadas a trastornar mi opinión favorable a Las
Villas con propagandas de mal genio, llegando el descaro al grado de ofrecer
colocaciones ventajosas a la mayor parte de los jefes y oficiales de mi estado
mayor con tal de que desistieses de acompañarme (...). Sin embargo incansable
como siempre seré en mis ideas confió en el porvenir, si Dios no dispone otra
cosa, podré bajo mejores auspicio dar cima a las exigencias de la justicia y de mis
propias convicciones. Entre tanto no perderé oportunidad en hacer cuanto éste a mi
alcance en obsequio de ustedes que con tanta adnegación [Sic] están sosteniendo
allí en glorioso pendón de nuestras libertades (...).” (117)
Según García, el Presidente de la República trabajaba confidentemente contra la
Revolución, sobornando a los jefes que debían acompañarlo a Las Villas para que
no fueran.
El movimiento político de Santa Rita, tomó una fuerza extraordinaria y se propagó
rápidamente a diversos campamentos insurrectos de casi todo Oriente y Camagüey.
Ante el avance del movimiento Vicente García decidió colaborar como “simple
ciudadano”, aunque expuso sus dudas acerca del momento en que se había
producido.
También aceptó el mando provincial de las fuerzas por encontrarse éstas, debido al
movimiento, acéfalas y desorganizadas. (118)
El 21 de mayo, sostuvo combate contra el enemigo en San Jacinto, cerca del
Guayabal en Camagüey, y luego se encaminó a Las Tunas, donde el movimiento
político de Santa Rita, había tenido mayor repercusión.
Ramiro Guerra, al referirse a la designación de Vicente García para dirigir a las
fuerzas insubordinadas de Las Villas, escribió: “Como historiador no tengo
penetración alguna contra el mayor general Vicente García, uno de los más grandes
luchadores, hasta el fin de la guerra de los Diez Años (...) es más, llego al estremo
de justificar a Vicente García, por no haber querido ir a Las Villas, en las
condiciones absolutamante adversas en que le designó el presidente Estrada Palma,
hecho que condujo a una segunda sedición de sus subordinados en Santa Rita (...).”
(119).
En el camapamento de Carvajal se encontraba Vicente García cuando recibió la
visita de Payito León y el doctor Rafael Pérez Martínez. Allí le propusieron que se
colocara al frente de los sublevados de Las Tunas y lo rechazó nuevamente con
idénticos criterios a las anteriores ocasiones. (120)
Al día siguiente, pasó a Naranjal. Allí acampaba el Regimiento Río Blanco de sus
fuerzas, comunicándole que había sido nombrado General en Jefe de los
pronunciados, cargos al que inmediatamente renunció. (121)
Ante la negativa de Vicente García los pronunciados nombraron presidente al
doctor Miguel Bravo Sentiés y enviaron comunicación a Oriente y Camagüey por
intermedio de Guillermo Cardet y Eduardo F. Alcalá.
García realizó varias operaciones en la zona y luego decidió entrevistarse con el
gobierno para resolver los motines.
El 2 de julio anotó García en su diario de campaña su preocupación por el sesgo
que asumían los pronunciamientos, y los peligros que acarrearían a la Patria. (122)

                    PRELUDIOS DEL PACTO DEL ZANJON

El 13 de julio de 1877, Vicente García sostuvo una entrevista con el Presidente, y
ante las acusaciones formuladas contra él por no hacerse cargo de las tropas de Las
Villas, y responsabilizarlo con el pronunciamiento de Santa Rita, respondió
atribuyendo al Gobierno y a la Cámara, la responsabilidad de las deserciones
cuando decidieron deponer al presidente Carlos Manuel de Céspedes. (123) Y a
continuación argumentó acerca de la situación de desprestigio de los militares, ante
la imposibilidad de tomar decisiones en la guerra, debido a la supremacía del poder
civil. (124)
Y nuevamente se refirió a que la decisión de enviarlo a Las Villas, en una acción
infructuosa, como ha sido explicado antes, respondía a un interés mesquino de
despretigiarlo. (125)
En estos momentos cruciales de la guerra contra España la desatinada dirección del
Gobierno, unido a las indisciplinas en el Ejército como la escenificada por el
propio Vicente y otros, entre muchos otros factores llevaron a la Revolución al
Pacto del Zanjón.
El histoirador Gerardo Castellanos refiriéndose a este momento histórico de la
Guerra de los Diez Años anotaba: “Después de la caída del presidente Palma
(prisionero de los españoles); cuando la Revolución se hallaba en agonía Las Villas
desargonizada y agobiada por el poderoso ejército español, Camagüey disperso,
atomizado, sin recursos; y Oriente en cantonales discordias, sólo con el abrigo de
las montañas y únicamente Las Tunas con buen espíritu y abundantes municiones
y armas (...).” (126)
El 28 de octubre de 1877, en el camino de El Lavado de la zona de Jobabo, en Las
Tunas, Vicente García sostuvo un combate contra fuerzas españolas, quedando un
gran número de bandas enemigas en el campo. Durante estos días realizó algunas
operaciones, y combatió en el Salvial. La Gallina, La Trinidad de Dumañuecos,
Paso del Toro, etcétera.
El 7 de diciembre ocupó un comvoy con dos carretas cargadas, 19 fusiles, 1000
cápsulas, un revólver, y le ocacionó al enemigo 21 muertos. El 11 de diciembre la
Cámara acordó que el general Vicente García se hiciera cargo de la presidencia de
la República en Armas, y al mismo tiempo asumiera la jefatura del ejército. El 14
se encontró con Francisco Javier de Céspedes en Monte Oscuro, quien le informó
del acuerdo cameral. Al día siguiente llegó a su campamento una comisión de
Camagüey a comunicarle las negociaciones de paz que se tramitaban con los
españoles.
Al conocer García los manejos de los negociadores con el enemigo, opinó que ya
podía considerarse perdido el departamneto de Camagüey y comenzo a gestionar
con los enemigos leales la continuación de la guerra revolucionaria.
El jefe español de Las Tunas. Luis Prendersgat, propuso una entrevista a Vicente
García, quien la aceptó con la autorización de la Cámara. Envió a dos hombres de
su confianza: el diputado Pérez Trujillo y a su jefe de Estado Mayor el coronel
Modesto Fonseca con las siguientes orientaciones: “Como la conferencia ha sido
propuesta por jefes españoles y se ignora su objeto, deberán los comisionados
limitarse a acreditar su representación y escuchar las manifestaciones que se
hagan.” (127)
Fonseca y Pérez Trujillo regresaron de la conferencia sostenida con el jefe español,
trayendo por escrito de los españoles que García guardó para entregarla a la
Cámara, no sin antes comprobar con indignación que lo que se pretendía era una
paz sin la independencia.
En los días siguientes recibieron otras noticias sobre las negociaciones de paz
realizadas por los propios cubanos. (128)
Estos días fueron de intenso trabajo para el último Presidente de la República en
Armas, quien dedicó todos sus esfuerzos a unificar criterios tratando de levantar
los ánimos del Ejército Libertador.
El 10 de febrero de 1878, desde Camagüey escribió a Calixto Monitor Pudit en los
siguientes términos: “No me es posible ser más extenso como quisiera porque
ocupan hoy toda mi atención los graves acontecimientos que han tenido lugar en
estos días y como ustedes saben tiende a derribar la gran obra comenzada el 10 de
octubre del 68 (...).” (129)
Más adelante, mencionaba una conferencia que había concertado con el jefe
español Arsenio Martínez Campos: “efectuó ésta el 7 con el doble objeto de
penetrarse de lo que pensaba lo mejor posible y negociar con el referido jefe una
tregua para que en el caso de llevarse a cabo un tratado honroso entre ambos
contendientes. (130)
En la mencionada entrevista García le manifestó al jefe español que él no podía
aceptar para Cuba una paz que no llevase consigo la independencia.
El 10 de febrero, Vicente García en una carta a Calixto Agüero, reiteraba estos
criterios al señalar como la Cámara había gestionado una entrevista de él con
Arsenio Martínez Campos, que él había aceptado “con el doble objeto de
penetrarme mejor de lo que pensaba lo mejor posible y negociar con el referido
jefe una tregua para el caso de llevarse a cabo un tratado honroso entre ambos
contendientes. (131).
Evidentemente desde hacía tiempo algunos de los representantes de la Cámara
venían trabajando por la terminación de la guerra. Para que asumiera esta
responsabilidad y fuera atacada por los jefes militares, estos elementos se
confabularon para que recayera la Presidencia en un prestigioso jefe militar. De ahí
que, en momentos en que habían dado los pasos decisivos para la paz, eligieran a
Vicente García, presidente.
Los hechos se sucedieron vertiginosamente: la Cámara planteó una reunión
popular que eligió un Comité integrado por algunos de los pacifistas, quienes
exigieron la disolución de la Cámara. La intensión de dejar a la República acéfala,
saltaba a la vista. Por ello Vicente García comentaría: “Entonces fue cuando pasé
por el dolor y la indignación de ver quitarse la máscara escandalosamente a la
contrarrevolución que venía trabajándose hacía días por algunos jefes
camagüeyanos y miembros de la Cámara según informes de buena tinta que
después he tenido (...).”(132)
Pero aún en momento de agudo dolor, sobrevive el optimismo: “Pero no hay que
desesperar amigo mío, porque la Revolución es tan grande y tiene tan hondas
raíces que puede sufrir aún mayores tormentos. No importa que unos cuantos
hombres débiles que han principiado por la cobardía y han concluido con la
traición; quieran y pongan todos los medios para derribar la obra de diez años de
tantos sacrificios, si quedan en Cuba todavía muchos hombres de corazón y de
honor que sabrán morir por sostenerla, y vendrán muchos más que sigan
sosteniéndola hasta su triunfo definitivo (...).”(133)
Vicente García se opuso a los manejos del Zanjón y su lucha estuvo encaminada a
la continuidad de la guerra y a la total independencia de Cuba.
El día 21 de febrero, Antonio Maceo respondía a una carta de García expresándole
que estaba dispuesto a la continuación de la guerra. (134)
El 28 de febrero, Vicente García escribió al jefe español Arsenio Martínez Campos
en relación a una entrevista propuesta por el segundo en la cual pedía también la
presencia de Maceo y le manifestó que era imposible porque no se encontraría con
Maceo hasta el 8 o el 10 de marzo.
El 6 de marzo de 1878, el jefe cubano marchaba en dirección a Naranjito, donde
precisamente había citado a Maceo.
El día 8 recibió García al capitán González Moreno quien le comunicó que Maceo
no podía asistir y que el Gobierno reclamaba su presencia. (135)
Durante estos días, los jefes enemigos Arsenio Martínez Campos, José Pascual
Bonanza, Luis Prendersgat y otros, dirigían a Vicente García los partes de las
distintas fuerzas cubanas presentadas con el objetivo de ablandar al jefe cubano.
El 5 de marzo, Maceo escribía a Vicente García: “Es de suma y urgente necesidad
que forme parte de la reunión de jefes aquí congregados.” (136) Al día siguiente
Pedro Martínez Freire se refería a los planes de los patriotas intransigentes que
habían decidido continuar la guerra: “Aquí se ajusta el pensamiento de constituir
un gobierno conforme á las circunstancias y poner a la Revolución un nuevo traje.
Deseamos también que el ejército tenga una atinada dirección si se continúa la
guerra y para ese caso muchos pensamos en usted. (...).” (137)
El 13 de marzo, recibía una carta firmada por un grupo de oficiales, entre ellos,
Pedro Martínez Freire, Silverio del Prado, Fernando Figueredo Socarrás y otros:
“Es absolutamente necesario para resolver nuestra situación que el 15 a las 6 de la
mañana se encuentre usted en este campamento [Baraguá], suplicándole que si le
falta cabalgadura lo haga a pie.” (138)
La copiosa correspondencia existente entre los jefes que se pronunciaron para la
continuación de la guerra y Vicente García, revela que todos reclamaban su
presencia en Baraguá. Maceo sostuvo con él una estrecha relación en los días
aciagos del Zanjón, cuando ambos estaban de acuerdo en no plegarse a una paz sin
independencia, y continuar la lucha hasta sus últimas consecuencias. Es
significativo que el mejor cronista de la guerra de los Díez Años, Fernando
Socarrás, al escribir las memorias de aquella gloriosa epopeya, vivida por él junto a
los demás jefes cubanos, pasara por alto la participación destacada del general
Vicente García en los días de Baraguá.
El 14 de marzo, el jefe cubano Vicente García acampaba en el Júcaro,
adelantándose a sus fuerzas para encontrarse con Maceo en el camino que
comunicaba este último punto con San Agustín. En la entrevista García informó a
Maceo de la actitud del jefe español y le hizo algunas observaciones “sobre cómo”
debía presentarse en la conferencia. (139)
El coronel Félix Francisco Borrero, que acompañó a Vicente García en este
encuentro con Maceo, lo describió en su diario de operaciones de la forma
siguiente: “Maceo y toda su oficialidad en los documentos rogaron al general
García su necesaria presencia. Maceo al saber que se aproximaba el valiente
tunero, lo fue a recibir al camino entre San Agustín y el Júcaro, donde se abrazaron
fuertemente coreado por un aplauso prolongado y vivas a la Patria que dieron las
fuerzas allí reunidas, cuyos jefes eran Guillermo Moncada, del Prado, Martínez
Freire, Portuondo, Pujals, Leonardo Mármol.” (140)
En aras de la verdad histórica debe ser reconocido el papel de Vicente García en la
Protesta de Baraguá. Si bien no estuvo en la conferencia con Martínez Campos,
ésto obedeció a un plan muy bien elaborado y discutido previamente con Maceo.
Su propósito era ganar tiempo como lo revelan sus cartas y el diario. Cuando se
produjo el Zanjón, él se pronunció contra una paz sin independencia, tal como
reconoció el propio Martínez Campos era una carta que le envió. En la entrevista
que sostuvo después con éste, mantuvo su posición, pero indicó de acuerdo con sus
propósitos ganar tiempo y reorganizar las fuerzas que quedarían en pie de guerra,
que antes de dar una respuesta él debía consultar a la mayoría.
De acuerdo con Maceo, Vicente García se quedó custodiando los alrededores de
Baraguá por si los españoles no cumplían la promesa de venir a la entrevista
acompañados de sólo un grupo de oficiales.
La presencia de Vicente García en Baraguá fue resaltada por Martí, quien había
estudiado en detalle la Guerra de los Díez Años no sólo entrevistando a sus más
destacados protagonistas sino a simples hombres de pueblo para no incurrir en los
errores que la llevaron al fracaso. En su diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos, el 9
de mayo de 1895, díez días antes de caer gloriosamente en combate, recordaba la
protección que las fuerzas de Vicente García habían mantenido en Baraguá, frente
a una posible traición española: “Y a poco de andar, por el hato lodoso se sale a la
sabana, y unos mangos al fondo: es Baraguá: son los mangos, aquellos dos troncos
con una sola copa, donde Martínez Campos conferenció con Maceo. Va de
práctico un mayaricero que estuvo allí entonces: “Martínez Campos lo fue a
abrazar y Maceo le puso el brazo por delante, así: ahí fue que tiró el sombrero al
suelo.” Y cuando le dijo que ya García había entrado, viera el hombre cuando
Antonio le dijo: “¿ quiere usted que le presente a García?: García estaba allí, en ese
monte; todo ese monte era de cubanos no más. Y de ese lado había otra fuerza, por
si venían con traición (...).” (141)
El 15 de marzo, luego de efectuada la entrevista, Maceo escribía al general García
a su campamento de San Agustín: “A las 8 del día de hoy se ha verificado la
entrevista entre el General Campos y yo, como indiqué a usted tenía por objeto,
obtener, de acuerdo con los Jefes y Oficiales aquí presentes, suspensión de
hostilidades por un plazo que diera lugar a la reunión de las fuerzas a mi mando.
Como usted sabe estas fuerzas se encuentran distribuidas en todo el territorio de
Oriente y se hace indispensable conocer la voluntad del pueblo para mayor
garantía respecto a las proposiciones de paz que pudiera hacernos el gobierno
español.” (142)
Este mismo día, Vicente García, recibió otra carta de Maceo donde ya se reflejaban
los pasos dados en la reorganización del Ejército: “Martínez nos ha manifestado su
deseo de pasar a este campamento, son también los nuestros y además que acelere
su marcha, cosa que le es más fácil que a nosotros porque carecemos de caballos,
pues es necesario constituirnos enseguida”. (143)
A las 11 de la noche del día 16 de marzo, fue constituido el Gobierno provisional
de Baraguá, cuya acta fue levantada por Fernando Figueredo Socarrás. En ella se
anotaba, entre otras cosas: “Principió el acto por la elección de los cargos entre los
miembros del gobierno recayendo el de Presidente en el mayor general Manuel
Calvar, los de vocales en el coronel Leonardo Mármol y el teniente coronel Pablo
Beola y el de Secretario en el teniente coronel Fernando Figueredo Socarrás.
Procedióse inmediatamente al nombramiento de los cargos de General en Jefe y su
segundo. Recayó el 1er. nombramiento en el mayor general Vicente García, y el
2do. en el mayor general José Antonio Maceo.” (144)
El 18 de marzo de 1878, tres días después de la Protesta de Baraguá, Vicente
García fue electo General en Jefe de los Ejércitos de la República, y Maceo su
Lugar Teniente General. En los momentos de la elección García no estaba
presente. Se encontraba en su campamento de San Agustín, dirigiendo la
correspondencia a los jefes de la zona más oriental y occidental del país, para
comunicarles la continuación de las hostilidades y el espíritu reinante en Oriente,
donde todos se encontraban en pie de guerra. Ese mismo día escribió a Martínez
Campos rechazando las bases de la paz, echando por tierra el pretexto utilizado de
consultar a la mayoría para ganar tiempo y por último, ratificando el
pronunciamiento de Maceo en Baraguá de reiniciar el 23 de marzo la guerra.”
(145)
El 18 de marzo, escribió Vicente García en su diario: “El señor Campos pretendió
que todos fuéramos engañados por su astucia y se equivocó. Por más político que
parece no ha sabido emplear todos los medios para hacer general lo que algunos
han querido llamar tratado.”
Vicente García conocía perfectamente las intenciones de Martínez Campos, por
ello actuó con sigilo y sagacidad, para que sus compañeros de armas no cayeran en
la trampa que les tendía el jefe enemigo. El mismo 18 de marzo, el jefe cubano
escribió una proclama, circulada entre los insurrectos donde les decía:

                                      Cubanos:

Engañados por hombres que estabaís acostumbrados a respetar habéis creido que
no perderéis vuestro honor yendos [sic] al enemigo mediante una capitulación
formulada para alejar vuestros justos escrúpulos.
Afortunadamente queda aún una parte considerable de nuestro Ejército, cuyo
patriotismo se ha ecsitado [sic] más y más con el conocimiento del vergonzoso
pacto del Comité de Camagüey que es lo que se les ofrece por los Españoles.
La unión y el inquebrantable propósito de ser libres presentan aquí un hermoso
espectáculo para los patriotas: y convencidos todos de que fuisteis arrastrados, de
que sólo recibireis desprecio de cubanos y españoles si permaneceis alejados de
vuestro puesto de honor, os llamamos para que volvais a ocuparlo, seguros de que
tendreis la acogida y el perdón que entre hermanos corresponde, para que
continuando en el servicio de la Patria vindiqueis vuestra conducta y podrais gozar
en su día de beneficios de la libertad con la satisfacción de haber ayudado a
conquistarla (...). (146)

La proclama de Vicente García, enviada a los cubanos que habían aceptado la paz
del Zanjón, pone de manifiesto su resolución inquebrantable de luchar hasta el
logro de la total independencia y es apasionadamente patriótico al evocar el error
cometido por ellos.
Sin lugar a dudas, Vicente García había reconocido que la desorganización, la
indisciplina habían desembocado en la desmoralización que llevó a la Paz del
Zanjón, y por ello esperaba una respuesta positiva. Tenía profunda fe en el hombre,
y en el futuro, como lo revela también una carta que escribió a don Ramón
Hernández Ríos, que había aceptado las bases del Zanjón.
“Todos sabemos que un hombre que dio las pruebas que usted, valiente, abnegado
no ha podido arrancar de su corazón las fibras de patriotismo, que éstas han de
responder sonoras en su pecho aunque erradas creencias e infundados temores le
hayan alejado de nosotros y colocándole en actitud hostil contra la Patria.” (147)
En otro de sus párrafos exponía: “exitado el patriotismo de todos los que
estimamos deshonroso ese pacto o capitulación allí formulada nos reunimos en
Baraguá (Cuba) el 16 del actual y confundidos en un mismo sentimiento de unión
y conformidad, aprobó el pueblo un Reglamento constituyente y nombró un
Gobierno provisional de cuatro miembros (...). En esta lucha de la integridad
contra la independencia y el despotismo contra la libertad, no debe haber más que
españoles de un lado y cubanos del otro. Hoy os alagan los españoles porque os
necesitan a algunos y todos porque estamos nosotros todavía con los rifles en la
mano, y sabiendo que no pueden vencernos por la fuerza quieren atraernos por
medio de esa política hipócrita con que tantos se han engañado ya; pero el día que
desgraciadamente nos rindiéramos todos, caerían las más caras, renacería el odio y
el despotismo con mayor vigor que antes para vengar la audacia de haber aspirado
a ser libres e independientes (...).” (148)
El jefe cubano se dedicó a unificar a quienes permanecían alejados de la lucha. El
28 de marzo, en carta memorable a Erane Guevara, refería: “Mentira y todo
mentira. La capitulación de un Ejército sólo se reconoce como necesaria cuando
está cortado en retirada y que sitiado, carece de agua, provisiones de boca o
elementos de guerra –Usted sabe también como yo que nuestra retirada siempre
está espédita, que nunca hemos estado sitiados ni hemos carecido de los demás
elementos de boca y guerra porque al escacear hemos sabido siempre quitarlos al
enemigo. No es pues honroso lo que se ha hecho.” (149)
Más adelante expresaba: “Por otro lado no puede tampoco haber honra con aceptar
para Cuba la situación de Puerto Rico. – 1ro. porque nosotros nos levantamos por
la independencia y libertad de Cuba y estamos en el deber de ser consecuentes con
ese programa, así porque es el único que puede hacer felíz a nuestra patria como
por que por él se ha derramado arroyos de sangre de miles de víctimas, cuyo sólo
recuerdo debe darnos energías [sic] y resolución para seguir hasta completar la
obra; y 2do porque entre Cuba y España, entre la “integridad” y la
“independencia”, entre la “libertad” y el “despotismo” no hay transación que pueda
ser sólida y estable y habrá que volver más tarde a lo que ya está empeñado, no
habría pues honor ni utilidad en abandonar la obra.” (150)
Su patriotismo lo llevó a una entrega total a la lucha. Para él no quedaban otra
opción más que la definitiva independencia.
El 28 de marzo, en Pozo del Ñame, sostuvo combate contra los españoles. Este fue
el primero después de la Protesta de Baraguá. Por la parte cubana no hubo bajas;
los españoles tuvieron bajas; pero no se pudo precisar el número. El 2 de abril, Ana
de Quesada, viuda de Carlos Manuel de Céspedes, y que había compartido los
duros años de la guerra, y posteriormente, en la emigración continuó colaborando
para la independencia, valoraba la actitud de Vicente García ante el Pacto del
Zanjón; desde Nueva York escribió en los siguientes términos:

Sr. General Vicente García.
Querido y respetable señor.

El dolor que experimenté al saber que a Cuba la entregaban los mismos a quienes
estaba confiada la fuerza e intensidad, solo puedo compararlo con el consuelo y la
satisfacción de que usted, lleno de honor salvara la bandera de Yara.
Fiel héroe de ella, el mártir de San Lorenzo, puede contemplar las miserias de la
humanidad, ha tenido que sentir admiración y respeto y amor por el héroe del
Zanjón.
Yo no tengo palabras que le signifiquen toda la gratitud que tengo por Usted.
Todo el afán del pueblo cubano aquí es mandarle recursos. Mis dos hermanos que
estaban enteramente separados de la política porque no podían contribuir a los
disturbios de Cuba, hoy trabajan por sostenerlo a usted y apoyarlo de todos modos.
Usted puede contar con la lealtad de ellos, que están unidos al Comité del pueblo,
para remitirle a usted municiones y armas.
Usted es hoy la admiración del mundo (...) (151)

Ese mismo día el comité de la emigración cubana en Nueva York le envía una
carta al general Antonio Maceo, bajo la firma de su presidente José F. Lamadriz,
en la cual expresaba:

Distinguido ciudadano.
Como Presidente del Comité Revolucionario elegido por esta emigración, y en mi
particular, como patriota, tengo la satisfacción de felicitar a usted por su actitud
dignísima en momentos en que nuestra patria cruelmente amargada de muerte,
hubo menester para salvarla de las virtudes de sus mejores hijos. Esta emigración
contempla en usted y el ilustre general Vicente García las firmes columnas en que
se apoya hoy la causa de nuestra rendición patriótica, y en uno y otro cifra sus más
lisonjeras esperanzas (...) (152)
Después de la protesta de Baraguá, se realizaron múltiples operaciones de guerra
en la zona oriental que concentraran la atención del colonialismo español en esta
comarca. Vicente García en carta a uno de sus confidentes, quien operaba en Las
Villas bajo el seudónimo de El Mismísimo, fechada el 5 de abril exponía: “Desde
el día 24 del pasado han vuelto a reanudarse las hostilidades en el extremo Oriente,
de donde espero pronto noticias, así como de las operaciones con que debía
empezarse, como de la reacción que allí estaba abocada. Aquí se rompió el fuego
el 25 por el coronel Belisario Peralta, en el camino de Maniabón a Tunas,
derrotando a la vanguardia de una columna enemiga que conducía un convoy. Yo
me batí el 28 del pasado y el 3 del actual con otras columnas; y el coronel
Francisco Borrero, por mis órdenes peleó el 31 del pasado marzo con otra,
haciéndose a todas ellas bajas considerables que, después de arrollados los
Españoles, pudieron recogerlas gracias a su superioridad numérica. Escaramusas y
emboscadas en abundancia, con bajas en todas ellas, mientras que por nuestra parte
sólo hemos tenido hasta ahora un muerto y cinco heridos y se ha logrado hacer
infructuoso el empuje del enemigo”. (153)
El 16 de abril, Vicente García combatió contra el enemigo en los montes del
Paraiso, con gran número de bajas españolas. El jefe cubano albergaba la
esperanza de recibir apoyo del exterior para continuar la guerra. (154)
En estos días Vicente García mostró su capacidad combativa. Entre algunas de las
más importantes tenemos:
El 17 de abril, combatió en Santa Clara, el 18 en la línea central, el 22 en los
Güiros, el 27 tomó un convoy, el 28 enfrentó a las fuerzas españolas en la zona de
Puerto Rico a San Francisco, el 29 en Lugoncito, el 4 de mayo en Blanquillas, y
este día combatió nuevamente en los Güiros (Jobos de Las Tunas), siendo éste su
último enfrentamiento con los españoles.
El 20 de mayo, recibió un documento oficial del gobierno español despachado por
Arsenio Martínez Campos a Luis Predergast (operaba como jefe militar de la plaza
de Las Tunas en 1878), en el cual expresaba: “Vi en Baraguá al Gobierno
provisional, quedé con él que enviase comisionados a todos los jefes de partidas,
estoy esperando que vengan los de Tunas y Bayamo de todos, él capitulará y
confío que lo hagan Martínez, Guillermón, José Maceo, Crombet y Medina, por
otro lado Limbano Sánchez, Soria y los de Holguín han pedido y tienen zona
neutral para capitular.
“Maceo en Jamaica reunió los emigrados y sólo obtuvo siete voluntarios y cinco
chelines, escribió desesperanzado a Calvar, y sus ayudantes Lacret y Pacheco han
vuelto a Jamaica y han capitulado. Doctor Figueredo quedó en Cuba y está a su
lado: Leyte Vidal me pidió permiso para volver y se lo he dado. Calvar me pidió
que dijera a Beola que esperase ahí los pliegos que debe enviarle con los
comisionados.” (155)
Maceo había salido de Cuba el 5 de mayo, respondiendo a orientaciones del
Gobierno. Había ido a Jamaica con el objetivo de tratar de recaudar fondos y reunir
hombres para continuar la guerra, pero el resultado fue poco alentador.
El 25 de mayo llegó al campamento de García el patriota Vicente Pujals,
comisionado por el gobierno, con documentos que confirmaban el
desmoronamiento de Oriente. Al día siguiente, Vicente García escribió al
Presidente del Gobierno provincial la siguiente carta:

               C. Presidente. Con el más profundo dolor me he enterado de los
               acontecimientos ocurridos en Oriente, que se sirve manifestarme en
               su nota del 13 actual.
               Limitado, pues nuestro ejército a las exíguas fuerzas que aquí tengo
               a mis inmediatas órdenes y teniendo en cuenta lo que sobre ella se
               sirve manifestarme ese centro, no me opondré a que entrara en
               negociaciones para que cesen en una mala lucha que, en las
               condiciones en que han sido colocadas por la capitulación de los
               demás, sería un sacrificio estéril y por la Patria con sentimiento de
               la más distinguida consideración y respeto.

Vicente García
General en Jefe (156)

Con fecha 26, escribió a varios de sus confidentes que la Revolución no era posible
continuarla. En carta a Delmonte señala: “Bajo la impresión del más profundo
dolor dirijo a usted estas líneas.
“La revolución amada sucumbió por ahora y no ciertamente bajo los golpes de
españoles, sino por la corrupción y la infamia de los mismos cubanos.
“Después de la marcha de Maceo ha capitulado la mayor de las fuerzas de Oriente,
las demás lo están haciendo cada cual por su cuenta y para completar el pastel el
Gobierno Provincial disuelto y según se me dice, en líneas españolas para mar al
extranjero.” (157)
Al confidente Herminio le manifestó: “Estábamos en condiciones de sostenernos y
esperar mejores días, pero no han querido hacerlo (...).
“(...) Me han dejado, pues sólo, después de solemnes compromisos; y ante tal
catástrofe, preciso me ha sido entrar en negociaciones, para que la corta fuerza que
me acompaña, y que tan bien se ha portado, se salva de un sacrificio que será
estéril para la Patria.” (158)
A Tuinicú, otro de sus confidentes en la zona de Sancti Spíritus, le expresaba: “La
revolución, ese ideal por el cual hemos hecho tantos sacrificios en diez años de
constante lucha, acaba de recibir el más rudo de los golpes en Oriente donde tenía
sus naturales valuartes; y no han sido los españoles quienes lo han dado, sino,
rompe el alma decirlo –los mismos cubanos.” (159)
Para Vicente García fue doloroso tener que concluir la guerra sin haber visto a la
patria independiente; sus ideales eran continuar la obra iniciada el 10 de octubre
del 68.
Consideró un error táctico la salida el 5 de mayo de uno de los baluartes de la
revoloución, Antonio Maceo. A partir de ese momento la mayoría de las fuerzas
comienzan a capitular, incluso el gobierno constituido, dejándolo solo con sus
fuerzas, lo que provocó el desmembramiento total. En Oriente la lucha era fuerte,
los cubanos estaban en condiciones objetivas de continuarla, pero la salida de uno
de sus más fuertes pilares debilitó totalmente el proyecto independentista. Si se
hubiese enviado a Jamaica a otra figura con el fin de recaudar fondos, Maceo
hubiera continuado al lado de Vicente García, la revolución del 68 quizás hubiera
triunfado, pues los españoles ya estabana agonizando, ya habían tirado el último
hombre y la última peseta. Realmente estaban enfrascados en una guerra de
resistencia.
La salida de Maceo parece haber sido preparada por los derrotistas, pues acto
seguido los integrantes del Gobierno se embarcaron para el extranjero, y otros,
como Fernando Figueredo Socarrás, aceptaban las bases del Pacto del Zanjón,
según sus propios testimonios.
Cuando se encontraba solo con su tropa combatiendo en los campos orientales,
secundado en Sancti Spíritus por uno de los pilares más valientes de la contienda,
Ramón Leocadio Bonachea, Vicente García, teniendo en cuenta que era estéril
seguir combatiendo, autorizó a sus hombres con el Coronel Belisario Grave de
Peralta al frente, para que hicieran una capitulación puramente militar, y aclarando
que ésta no tenía nada que ver con lo pactado en el Zanjón.
Del acto celebrado da fe el siguiente documento:
Reunidos en virtud de órdenes de sus respectivos superiores los Coroneles cubano
y español Belisario G. De Peralta y don Alejandro Moraleda, en representación de
las fuerzas de ambos Ejércitos que operan en la jurisdicción de Las Tunas, han
estipulado en uso de las facultades que se le han otorgado, las siguientes bases para
la capitulación militar de las que componen la Brigada de Las Tunas, consecuencia
aquella de las circunstancias en que se encuentra el Ejército de la Revolución,
capitulado ya casi en su totalidad y ante la seguridad de que la lucha sería un
sacrificio estéril.
                 1ª. Este acto se efectuará en poblado, siendo recibidas las fuerzas
                 con los honores marcados por las ordenanzas.
                 2ª Hasta la fecha designada para la deposición de armas, serán
                 consideradas dentro de estas bases cuantas fuerzas las admitan,
                 estuvieren o no sujetas a convenios anteriores.
                 3ª Todos los individuos comprendidos en las fuerzas anteriormente
                 expresadas quedarán en completa libertad para fijar su residencia en
               el lugar que les convenga, que de momento será a inmediaciones de
               poblados y campamentos, a cuyo fin se les expedirá las
               correspientes cédulas y pasaportes por cuenta del Estado.
               4ª Los que deseen pasar al extranjero se le facilitará por el estado
               los medios de verificarlo.
               5ª No se le exigirá responsabilidad a ningún individuo por la parte
               que directa o indirectamente hayan tomado en la insurrección,
               cualquiera que sea su procedencia y nacionalidad.
               6ª Los esclavos y colonos asiáticos que se encuentren en la
               insurrección hasta el día de la capitulación quedarán libres de toda
               servidumbre.
               7ª Las comisiones enviadas a reunir fuerzas, si por circunstancias
               especiales se adelantara el día de la deposición de armas y no
               habiendo podido incorporarase al núcleo principal, se considerarán
               entre los efectos de estas bases siempre que justifiquen ser tales
               comisiones.

Campamento de “La del Medio”, a veinte y siete de mayo de mil ochocientos
setenta y dos.

Por las fuerzas Españolas                                Por las Cubanas
El Gral.. Tte. Cronel. Del Cpo. De E.M.                  B. G. Peralta.
Alejandro Moraleda.                                      El M. De Brigada. (160)

El general cubano previó ante de concertar una tregua militar, las bases políticas
que debían ser aprobadas para asegurar la situación de los insurrectos procedentes
de los sectores más expoliados. La proclamación de la abolición de la esclavitud
del negro y de los colonos asiáticos, fue un punto importante en los acuerdos y de
gran significación su obtención en el año 1878.
Muchos han especulado si Vicente García aceptó o no dinero de los españoles y
algunos aseguran que tomó del oro español 50 000 pesos. Sin embargo, esta
afirmación es totalmente falsa. Esa suma fue pagada a su tropa, pero en el listado
de pagos no aparece cantidad alguna para el Mayor General.
El jefe mambí había heredado de su madre, doña Rosa González fallecida en 1870,
dos fincas, los potreros de San Hilario y San Vicente, que por sus naturales
riquezas los españoles habían valorado en 50 mil pesos, dinero que Vicente García
empleó para poder sufragar los gastos de la posguerra. Al venderlos a españoles
sólo recibió 30 mil, quedando los otros 20 mil en los bolsillos de Prendersgat, por
una jugada sucia que le hicieron al insigne mambí.
El 6 de junio de 1878 las fuerzas de Las Tunas habían depuesto sus armas, pero en
este acto no había participado el jefe cubano, que se encontraba acampado en las
cercanías de Manatí
                                SALIDA DE CUBA

Desde ese campamento, se dirigió al puerto manatiense, llegando a San Miguel a
las 7 de la noche, bajo un torrencial aguacero, instalando aquí su último
campamento en Cuba. Cuando ya el sol despuntaba en el horizonte de aquel 6 de
junio, el mayor general Vicente García se dirigió al puerto, sitio a donde llegó a las
9 de la mañana. Este día se entregó a profundas meditaciones en torno a la guerra
que había sostenido durante diez largos años, sin poder contemplar la definitiva
independencia de su Patria.
El reloj marcaba las 6 de la mañana del 7 de junio, cuando Vicente García, con
parte de su estado mayor, algunos integrantes de su tropa y una parte de su familia,
subió a bordo del vapor “Guadalkivir”. A las 8 de la mañana partió el buque con su
valiosa carga.
Los ojos de García con la mirada húmeda, se fijaron en la tierra que se perdía en el
horizonte, la palabra quedó trunca por el llanto contenido. Pero se marchaba con la
seguridad de retornar a su Patria y echar de ella a los colonialistas.
Al amanecer del día 8 divisó a lo lejos los montes de Baracoa y ya a las 8 de la
mañana el “Guadalkivir” atracaba en el puerto de la ciudad primada de Cuba con el
objetivo de abastecerse de agua, víveres y carbón.
Nuevamente la profunda mirada del general acarició la tierra cubana. A las cinco
de la tarde, el barco levó el ancla para abandonar las costas del caimán dormido en
medio del mar. A los albores del siguiente día, estaban cerca de las costas de Santo
Domingo y el día 10 el buque llegaba a Puerto Plata.
En este lugar quedó el coronel Félix Francisco Borrero con su familia y un grupo
de patriotas. A las 12 del día llegó a bordo Rosa, una hija del general Vicente
García, a quien no veía desde hacía muchos años. El encuentro fue emocionante,
lleno de regocijo, al fin se encontraban después de mucho tiempo. Ambos
estuvieron juntos hasta las tres de la tarde.
A las cuatro el “Guadalkivir”, puso proa a San Thomás, pasando en la madrugada
cerca de las costas de Puerto Rico. A las seis de la tarde del día 11 llegó a San
Thomás, permaneciendo toda la noche en el barco.
El 12 a las 6 de la mañana desembarcaron, y el general cubano, fue invitado a
almorzar por Eulogio Rodríguez, viejo amigo de Cuba, quien residía en aquel país.
Esa misma tarde se trasladó García con el estado mayor que lo acompañaba al
hotel Torres de aquella ciudad.
El Cónsul español de San Thomás, señor Antonio de la Guerra, fue al hotel a darle
la bienvenida. En la charla, le recordó el momento en que fue prisionero de García,
cuando éste realizó la toma del convoy de Punta Gorda, en Bayamo, perdonándole
la vida, Vicente García bajo el compromiso de no pelear más contra los cubanos.
El 19, el general García y sus hijos de armas, se embarcaron en el vapor inglés
“Bermudas” hacia la tierra de Bolivar: Venezuela. El 22, amanecieron frente a la
Guáira, a donde arribaron a las diez de la mañana. Aquí permanecieron hasta el 16
de agosto, fecha en que se embarcaron en el vapor francés “La Desiderade”.
Al otro día llegaron a la isla Barcelona, y más tarde, a Cumañá. El 18 de agosto, la
nave fondeó en el puerto de Carúpano y el 20 en Trinidad.
El 21 de agosto se hicieron nuevamente a la mar, el vapor surcaba tranquilamente
las aguas, cuando llegaron a Fort de France, dirigiéndose ese mismo día al puerto
de Point Petre, donde ancló. En la capital de Guadalupe, el mayor general Vicente
García almorzó en el Hotel Europe, acompañado de Garay, amigo inseparable de la
guerra.
El 29, García visitó la isla Vassa, y el 30, en una lancha de vapor se dirigió al
hermoso poblado de Vestrede. A las doce de la noche se embarcaron en el vapor
inglés “Aino” y el 31 se divisaban a lo lejos las costas de las islas Antiguas.
Cuando la tarde caía sobre la embarcación se encontraban bordeando la población
de San Kristi.
El 2 de septiembre de 1878, la comitiva llegó al poblado de San Thomás y el 12,
recibió la agradable sorpresa de la visita de su yerno Recaredo Arteaga, casado con
su hija Caridad, residentes en Río Chico desde hacía varios años.
Garay y Recaredo fueron enviados por Vicente a Nueva York, en busca de sus
hijos Braulio (el combatiente niño de la guerra del 68, a quien Brígida Zaldívar, la
madre mambisa, había mandado desde Jamaica con apenas dieciséis años para que
peleara junto a su padre), y Pedro, quien muy niño había tenido que resistir los
embates de la vida de campaña en la manigua redentora. Ambos cursaron estudios
en Estados Unidos, Pedro, a partir de 1871, Braulio después del año 1877.
El 30 de octubre, llegaron a San Thomás los hijos de García acompañados de
Garay y Arteaga, produciéndose un emotivo encuentro.
El 12 de noviembre, se reunió con ellos su hija Rosa. Allí permaneció enfermo el
jefe cubano con las fiebres intestinales que le dejaran las terribles condiciones en
que se libró la guerra.
El 27, escribió al Coronel Félix Francisco Borrero, expresándole su estado de
ánimo por los acontecimientos cubanos “entre la tristeza y la desesperación”. (161)
En la misma misiva relataba más adelante: “Vea usted amigo, después de tantos
desengaños sufridos en los campos de Cuba, como venimos al extranjero a
presenciar el desvandamiento de casi toda la emigración, para ir a someterse a los
españoles, en vez de tratar de reponerse y reorganizarse volver a dar vida a la
guerra de independencia. Sin embargo, no me arredro, aún tengo aliento y espero.
“He sabido que se han emprendido trabajos sobre la revolución de Cuba por
algunos cubanos que quedan en el extranjero y de acuerdo con ésto trato de
continuar mis trabajos, pues como usted supondrá, yo no abandonaré nunca la
causa de la libertad de mi Patria (...).” (162)

                                   EL EXILIO
A sólo 5 meses de concluida la guerra del 68, ya Vicente García se encontraba
realizando los preparativos para la nueva contienda y hacía una valiosa labor de
propaganda para unir a los principales pilares de la Revolución.
Su decisión de marchar a Venezuela estuvo dirigida a unir más fácilmente a los
cubanos y continuar la obra iniciada el 10 de Octubre.
En esta carta exponía a Borrero: “Ya estoy en correspondencia con los generales
Calixto García y Roloff, Coronel Ricardo Céspedes, Leoncio Prado, J. Bellido de
Luna y otros residentes todos en Estados Unidos (...).” (163)
A Calixto García también le escribía el 20 de noviembre en los mismos términos:
“Garay me comunicó las manifestaciones que por su conducto se digna usted
hacerme. Mucho me alegra que se trate de revivir la causa de la independencia de
Cuba, para lo cual me encontrarán siempre dispuesto mis compatriotas (...).” (164)
Y más adelante le expresaba: “En fin, tan pronto como me sea posible estaré con
ustedes y tendré el gusto de que hablemos del asunto, lo cual no había hecho por
impedírmelo las enfermedades que he venido sufriendo desde que salí de Cuba.”
“Ojalá, amigo mío que podamos vengar tantos ultrajes, tantas vejaciones y tanta
sangre cubana derramada en la pasada guerra”.
“Usted sabrá como yo, y ésto debe tenerse en cuenta, que para continuar la guerra
de Cuba, debe principiarse por hacer cambiar, sino del todo, en una gran parte, las
condiciones de la que sostuvimos en los nueve y medio años pasados (...).” (165)
Durante este período mantuvo una correspondencia activa con Carlos Roloff,
Ricardo Céspedes, Leoncio Prado, J. Bellido de Luna y otros, quienes residían en
Estados Unidos. En ella sobresalía su objetivo principal, la necesidad de unificar a
los cubanos e iniciar un nuevo estallido revolucionario que pusiera fin a la
monarquía española en la isla de Cuba.
El 6 de diciembre de 1878, llegó García a Caracas y el 2 de enero del año
siguiente, se produjo el felíz reencuentro con su esposa Brígida Zaldívar, a quien
no veía desde 1871, cuando ésta salió exiliada de su patria. Junto con Brígida, llegó
Caridad, la hija que desde hacía varios años vivía en Río Chico.
Los momentos de alegría fueron enturbiados por los recuerdos de Brígida, quien
lamentaba la pérdida de sus dos pequeños por la barbarie española, cuando en 1869
para doblegarla la encerraron junto a sus hijos sin agua ni alimentos.
Días después, la familia marchaba a Río Chico, donde Vicente García fundó una
cooperativa para el cultivo del cacao, junto a sus fieles soldados y a su familia.
Acerca de este proyecto cooperativista en el cual se practicaba el trabajo social y
reparto igual para todos, relataba Eladia García, nieta del Mayor General cubano,
quien nació en tierra venezolana: “Yo me recuerdo que allí se sembraba cacao,
vivíamos todos en casas cercanas, como un gran barrio, algo así como una
comunidad y todas las mañanas tempranito, comenzaban las labores en el campo,
hasta por la tarde, sólo se quitaban para almorzar. Cuando el Cacao estaba maduro
lo recogían en grandes cestas y lo limpiaban, luego lo vendían. Vicente era el que
llevaba todos los controles y al final de la venta le daba a cada uno su parte (...).”
(166)
Eladia, mientras pasaba la mano por su blanca cabellera, evocaba el recuerdo de
aquellos tiempos lejanos; “Vicente de largos bigotes, que se arreglaba poco, era
uno de los que trabajaba con firmeza. En los campos se le podía ver orientando,
trabajando con la azada o el machete, según las necesidades. Nunca fungía como
hombre de alta jerarquía, al contrario, se mezclaba con los trabajadores como uno
más. A cada rato se le escuchaba lamentarse por los problemas de la pasada guerra,
decía que si los principales jefes cubanos no deponen las armas la guerra se
hubiera ganado en Cuba (...). En su cooperativa trabajaba la tierra, pero se
preparaba para seguir peleando, recuerdo que un día llegó un emisario mandado
por Martí, y Vicente le manifestó que con él podía contar para cualquier
contingencia, así era él (...).” (167)

                            LA GUERRA CHIQUITA

En 1879, estalló en Cuba la Guerra Chiquita. En ella, el mayor general Calixto
García intentó dar a Cuba su definitiva independencia y en este objetivo se vinculó
Vicente García y sus bravos Cazadores de Hatuey.
Estos guerreros bajo el mando de Vicente García, se embarcaron rumbo a su
amada tierra. En la travesía de La Guáira a Puerto Rico, estuvo a punto de morir el
jefe mambí, a manos de un agente español infiltrado en el vapor. Cuando éste se
dipuso a llevar a término su atentado, fue neutralizado por los escoltas de García.
Al llegar a Ponce, trataron de prenderlo. Los agentes del gobierno subieron a bordo
del barco para exigir al capitán que entregara a Vicente García, pero éste no
accedió.
Debido al bloqueo impuesto por España, y teniendo noticias de que una cañonera
los esperaba en alta mar para hundirlos, García se vio obligado a regresar a
Veracruz junto con sus hombres sin poder arribar a Cuba como era su deseo.



            EL ESPIONAJE ESPAÑOL SOBRE VICENTE GARCÍA


En el exterior se inició un riguroso proceso de investigación contra él y los
principales jefes que lo acompañaban. El 2 de febrero de 1880, el Vice Consulado
de España en San Thomás informaba al Capitán General de la Isla de Cuba: “En el
vapor Manuelita y María, que sale el día de hoy desde este puerto, embarca con
destino a Nuevitas el Brigadier capitulado Don José Sacramento León que formó
parte de la partida de Vicente García. Se embarca así mismo en dicho buque y con
igual destino, Don Pedro Palma que en unión del Doctor Martínez [Rafael Pérez
Martínez] llegó á esta Isla (...).” (168)
El 30 de marzo del propio año el señor Gervasio Casañas, Cónsul de España en
San Thomás, anotaba en un informe de acceso limitado al Capitán General de la
Isla de Cuba: “en vista de la conducta observada y conversaciones tenidas con
distintas personas, el Doctor D. Rafael Martínez, presume que en la actualidad sus
ideas son las mismas que le animaban cuando formaba parte de las filas
insurrectas; y que cree además que dada la ciega adhesión que profesa el cabecilla
Vicente García, le siguirá sin vacilar”. (169)
El 8 de febrero del mismo año, se emitía otro informe reservado: “En el día de hoy
he recibido la comunicación reservada de V.E. fecha 6 el actual, en la que se sirve
disponer sea vigilado secretamente D. Sacramento León, procedente de San
Thomás, habiendo dado las oportunas ódenes a la Policía (...).” (170)
Este proceso secreto que se le inciara a Payito León no fue casual. Vicente García
había sido estrechamente vigilado, desde los primeros momentos de su llegada a
Río Chico, incluso desde el mismo año 1880. Vivía en ese lugar el espía español
Ramón Dávila, quien buscó intimar con Vicente García desde el primer instante.
El 30 de mayo de 1880, el Vice Consulado de España en San Thomás emitió el
siguiente parte: “He tenido el honor de recibir el superior escrito de V.E. de fecha
11 del presente el cual tiene á bien pedirme informes respecto a la lealtad política
del Doctor Don Rafael Pérez Martínez, que ha llegado a esa Isla.
”Es mi sentir, apoyándome en la conducta que aquí observé así como también en
las conversaciones que he tenido con distintas personas, sus ideas son las mismas
que le animaban cuando formaba parte de la filas insurrectas (...).” (171)
Y más adelante en el propio documento, se plasmaba: “Creo además que, dada la
ciega adhesión que profesa al Cabacilla Vicente García le siguirá sin vacilar si las
circunstancias hicieran que éste abandonase la situación expectante [sic] en que se
encuentra.
”En esta atención me permito dudar de su aficción a la causa de España, y en tal
virtud debiera ser vigilado, pues si bien por cuenta propia no pretenderá nada, será
un instrumento que Vicente García tendrá siempre a su disposición (...).” (172)
Vicente García, quien había dado mucho que hacer a los españoles en Cuba
durante la guerra de los Diez Años, era ahora el foco de atención de las autoridades
realistas. Los agentes secretos españoles le llevaban detalladamente su diario de
sus actividades en Río Chico, así como a 2 de sus más leales colaboradores: José
Sacramento León Rivero, y Rafel Pérez Martínez, su médico durante la campaña.


                 PREPARACIÓN DE LA GUERA NECESARIA

El viejo roble había trabajado por la indenpendencia inmediata, constantemente
sostenía correspondencia con los jefes más connotados de la pasada contienda y
con el fin de organizar un golpe demoledor sobre los enemigos de la Patria para
poner fin a la ingnominia y a la explotación.
El 16 de diciembre de 1883, desde Puerto Cortés, el coronel Fernando Figueredo
Socarrás recibió una carta sin firma [parece ser de Antonio Maceo] donde le
manifestaba:
“Nuestra organización de hoy con dinero podrá dar fin a la revolución en menos de
un año. ¿Podría conseguirnos la suma que se necesita para poner a Gómez y a
Roloff en Las Villas, Rodríguez en Camagüey, Crombet en Oriente y [Vicente]
García y yo a donde nos manden? adviértase que a cada uno de nosotros seguirá un
número considerable de jefes y oficiales (...).” (173)
Antonio Maceo y los demás jefes de la nueva contienda habían considerado la
presencia de Vicente García como uno de los hombres necesarios en la nueva
conspiración bélica. A tales efectos, Maceo escribió a Fernando Figueredo
Socarrás, desde Tegucigalpa. El 29 de abril de 1884: “Conseguido Gómez como
jefe de nuestra revolución, con la opinión de los militares de la pasada lucha, y con
la aprobación de los cubanos, creemos que V. García se prestará gustoso a formar
duo con el General Gómez (...).” (174)
Vicente García y Máximo Gómez fueron de los brazos poderosos de la pasada
contienda, eran dos grandes estrategas, a los que el enemigo respetaba por su
astucia y valor. Ambos habían creado su propia estrategia de combate y habían
infligido grandes derrotas a los españoles.
Vicente García era un especialista en la guerra de posición, pues era capaz de
resistir varios días de combate en una zona llana como un plato, y desde ahí,
derrotar, con sus fuerzas de menos de 100 hombres a las gruesas columnas de hasta
1 000 y más soldados enemigos.
El 2 de mayo de 1884, el Lugar Teniente General Antonio Maceo, escribió al
doctor Moreno en los siguientes términos: “El conocimiento que tiene el pueblo
cubano de los generales indicados, y muchos que se unieron al plan del general
Gómez, nuestro Jefe, no deja duda de que estamos a cubierto de adversidades.
Presumo que, al saber García, Bonachea y Carrillo de nuestra determinación, se
apresurarán a llenar el puerto que tienen en la falange que componemos nosotros,
siguiéndoles como los primeros, sus más adeptos compañeros de armas (...).” (175)
Maceo consideraba a Vicente García como uno de los cinco pilares de la nueva
guerra lidereada por José Martí. La falange estaría formada por Máximo Gómez,
Ramón Leocadio Bonachea, Vicente García, Francisco Carrillo y él.
Evidentemente contando con estos pinos viejos, junto a los pinos nuevos, bajo la
acertada dirección del héroe de Dos Ríos, la guerra triunfaría necesariamente.
El 6 de julio de este año, Anselmo Valdés recibía una carta sin firma, la cual
expresaba, entre otras cosas: “Para eso tenemos organizado un Ejército de
Vencedores, compuesto de los Generales Gómez, Crombet, Roloff, García,
Rogríguez, Sanguily, Maestro y Rius Rivera con muchos del grado inferior, pero
dignos hijos de la libertad.” (176)
El 7 de febrero de 1884, el Club Hijas de la Libertad de Nueva York, en sesión
solemne, declaró a Vicente García, Miembro de honor. En el acta levantada al
efecto se señalaba:
Club “Hijas de la Libertad”
Fundado en 1878.
Por cuanto el C. Gral. Vicente García tiene acreditado su amor y consagrado a la
causa grande, noble y generosa de la libertad de Cuba. Este Club, en sesión de 7 de
febrero de 1884, se ha servido nombrarle.


                            MIEMBRO HONORARIO

En prueba del aprecio con que lo distingue por tan recomendable proceder.
Dado y sellado en la sala de sesiones del club, a los 31 días del mes de agosto de
1885 y 17° de la Revolución de Cuba.
Vto. Bueno
América Poyo                                               Rosario Lamadriz
Presidente                                                 Secretaria

En 1884, Jesús Rodríguez, hombre de confianza de Martí, fue enviado por él a la
patria de Bolivar, como emisario para que contactara con Vicente García. Este
hecho se conoció por una carta a Maceo a Juan Bravo desde Nueva York:
“Crombet y Henández, de viaje para Europa, Carrillo a Santo Domingo,
Rodríguez a Venezuela a verse [con] García, Gómez no se a donde se dirige pero
por (...) queda aquí. Yo para México y otros para puntos que no se pueden referir:
ésto que le digo sosténgalo entre los buenos (...).” (177)
Desde Veracruz, escribió Maceo a Gómez, el 13 de noviembre de este propio año:
“Tanto Maestre como los de aquí me dicen que él no ha recolectado fondos
esperando nuestros movimientos, que ha asegurado que la revolución sin usted y
Vicente García no podía tener resultados favorables (...).” (178)
Sin lugar a dudas, los emigrados del 68, colocaban en primer plano, en la nueva
gesta al dominicano-cubano, que en la anterior contienda había puesto su brazo y
su espíritu, al servicio de la revolución, y al León de Santa Rita quien le había dado
inminentes lauros a la patria en la pasada contienda. Junto a ellos, el brazo
invencible del Titán de Bronce y el pensamiento de José Martí. En poco tiempo,
bajo la dirección del Partido Revolucionario Cubano de estos prohombres, Cuba
sería libre e independiente.


                        MUERTE DE VICENTE GARCÍA


 En la cooperativa de Río Chico, fundada por Vicente García, éste trabó amistad
con el español Ramón Dávila, quien visitaba con frecuencia la casa y a quien la
familia llegó a profesar cierta amistad. Sobre este señor nos habla la hija más
pequeña del León de Santa Rita, María, nacida en Venezuela: “mi padre se
dedicaba al negocio del café y el cacao, y aunque dos veces quisieron atentar
contra su vida, no tuvo inconveniente en asociarse con un español, Ramón Dávila,
de quien mi madre sospechó siempre y que, para nosotros, fue quien lo asesinó
(...). Mi padre no compartía ese temor. De la amistad y la confianza se aprovechó
Dávila para perpetrar su infamia. El General volvió de un viaje a la costa,
acompañado por Teno, un negro cubano que peleó con él y que nunca lo
abandonaba. Dávila insistió en brindarle un almuerzo y hasta confeccionó para él,
un plato de quimbombó, que sabía le gustaba (...). A las pocas horas de comerlo y
ya camino de vuelta al hogar, García se sintió tan enfermo que ordenó a Teno
corriera en busca de ayuda, mientras él quedaba tirado bajo unos árboles (...).
desde enero hasta marzo, duró su agonía, sin que valieran los servicios de tres
médicos (...). No hubo autopsia pero todos sospechamos en la ingestión de alguna
sustancia asesina (...) tal vez vidrio molido (...).” (179)
Una vez enfermo Vicente García, Teno quiso matar a Dávila, pero éste no se lo
permitió. Más tarde su asesino murió ahogado cuando efectuaba un contrabando.
El 4 de marzo de 1886, moría Vicente García a consecuencia de la peritonitis que
le causó la ingestión del vidrio molido. Vicente fue enterrado al día siguiente con
los honores correspondientes que le rindieron sus hijos de armas, y en Río Chico
recibió sepultura.
Finalmente, los españoles habían logrado su propósito después de varios intentos
de asesinato frustados. En Puerto Plata, en su viaje hacia Venezuela, un
almacenista español le había enviado dos botellas de vino envenenadas, pero pudo
al momento comprobar su traición.
En esta misma ciudad paseaba con su esposa cuando fue baleado por un
desconocido. Lo encarcelaron, pero Vicente ordenó que lo pusieran en libertad,
pues era un pobre diablo instrumento del Cónsul español en esa Isla.
José Martí refería sobre su muerte: “Allá, en un asilo infeliz, moría tiempo hace, en
la rústica cama, un general de Cuba, rodeado de sus hijos de armas, y se alzó sobre
el codo moribundo, no para hablarles de los intereses de la tierra, sino para
legarles, con el último rayo de sus ojos, la obligación de pelear por su pueblo hasta
verlo libre del extranjero que lo odia y extermina (...).” (180)
José Martí, profundo y preciso en sus juicios sobre los hombres del 68 expresó del
héroe de Las Tunas: “Allá en aquel rincón, los olvidados batalladores urdían, cual
otros de cien partes, la guerra nueva que estalla ya, pasado el sueño largo y
necesario, por cuanto hay de sangre en el país.” (181)
Terminada la Tregua Fecunda, los hombres experimentados de la guerra grande:
Maceo, Gómez, Calixto García y otros próceres, bajo la acertada dirección de José
Martí, emprendieron la nueva lucha. Cuando ésta se preparaba con mayor tesón, no
olvidó el maestro a los hijos de armas de Vicente García, de quienes escribió: “Y
hoy que ordenan las fuerzas dispersas, sin reclamo alguno para sí, y como criado
de la tierra y no más, el Partido Revolucionario Cubano acuden los hijos de armas
de Vicente García a la lista de honor, acuden el condiscípulo de Ignacio
Agramonte, fiel a la sombra inmortal, acude el Padre de los Díez Años con los
herederos de su nombre y valor, como hace catorce años, huído de Ceuta, se
presentó en Nueva York con sus tres hijos, para embarcarse a la guerra, don
Silverio del Prado. ¡Esta es Cuba, y no otra!”. (182)
Seguidamente anotó Martí: “Con nosotros están los verdaderos vivos; con nosotros
están los que dicen la verdad, y los muertos, están con nosotros.” (183)
Martí al referirse al Batallón Cazadores de Hatuey, con el cual Vicente García
batió en Las Tunas a miles de realistas, y que alcanzó fama por la efectividad de
sus acciones, lo hizo en los siguientes términos: “ni en alardes inoportunos de
organización armada, ni nadie, sino algún o perezoso, tendrá hoy en menos, ni
osará tildar de imprudencia, el nombre histórico de “Cazadores de Hatuey” con
que, en la tregua, como en la pelea, se abanderan hoy los valientes de Las Tunas.
Dice harto claro a los menguados este nombre, no que el Partido creado para
impedir intentonas vanas, se dispone a ellas, sino que el pabellón de los díez años,
ida la tempestad, ondea otra vez con el mismo ardor al viento. Algunos se habían
cansado; pero no los más, ni los mejores. Allá en su ignorado asilo, abran el
corazón los sublimes hermanos. Ya estamos en marcha ¡asístanos la libertad! Con
nosotros están los que dicen la verdad: y los muertos están con nosotros”. (184)
Los soldados de Las Tunas, fieles a la memoria de sus jefes, el mayor general
Vicente García, acudieron al llamado de la Patria en la Guerra de Independencia.
El 18 de noviembre de 1892, escribieron al Partido Revolucionario Cubano en los
siguientes términos:

Noviembre 18 de 1892

El batallón “Cazadores de Hatuey”
Al Partido Revolucionario Cubano.

A una colectividad muy respetable se dirigen aquellos soldados que supieron
siempre combatir bajo la enseña de los “Libres”.
A ella, pues, le suplican que se digne admitir un voto de adhesión, que no entraña
otra cosa, que el amor a la Patria y el deseo de su independencia.
Nosotros no somos más que un resto de aquella legión de hierro que formó el
valiente espartano de “Las Tunas”.
Bien escasas podrían ser nuestras facultades, pero nos acompaña una de mucho
mérito que es ¡el recuerdo!.
Momentos antes de morir nos dijo Vicente García: muero en tierra extranjera, pero
ahí quedan ustedes para que ayuden a libertar a Cuba. “Adiós”
Eduardo Vidal.___Donato Tamayo.___ J. Garay.___ José Sequeira.___
Bienvenido Ortíz. ___ Pedro Cruz.___ Eduardo Vidal (hijo).___ José M. Vidal.__
Jesús Ortíz.__ Atilano Martínez.___ Antonio Cuello. (185)
                         LA ODISEA DE UN CADÁVER


El 15 de agosto de 1895, a los 9 años de fallecido, sus restos fueron exhumados por
su hijo Pedro García Zaldívar, mediante la autorización del gobierno venezolano.
Su hijo partió a cumplir la orden de su padre, quien antes de morir le había
encargado que se incorporara a luchar por la independencia de Cuba, pero quería
dejar a buen recaudo la preciosa reliquia.
Los restos fueron entregados por este patricio a su hermana Caridad, quien tenía
fijada su residencia en Río Chico, para que lo trasladaran a su patria, en el
momento oportuno.
La hija del General, y su esposo Recaredo Arteaga, guardaron los restos en una
urna de madera, construida con ese fin. A mediados de 1895, cuando la guerra
contra España se desplegaba en los campos de Cuba, los esposos García-Arteaga,
decidieron viajar a Nueva York, llevando con ellos el preciado cargamento,
pasaron los restos como bulto postal sin que los aduaneros se dieron cuenta.
Cuando la guerra de 1895 llegó a su fin y los norteamericanos intervinieron en
Cuba fustrando así la independencia, Caridad García y Recaredo Arteaga
decidieron regresar a la Patria. En el vapor norteamericano “Orizaba”
emprendieron el viaje, arribando al puerto de La Habana el 5 de diciembre de
1898. Traían con ellos los restos de su padre y los de Braulio, quien había caído en
la lucha contra el tirano Guzmán Blanco en 1884, en la lucha frontal por la libertad
del pueblo venezolano.
Gracias al desorden existente en aquellos días en la Aduana, __ según revela La
Discusión del 18 de noviembre de 1899 __ no fue revisada la preciosa carga,
llegando a su destino: “El señor Arteaga encargó a un expreso que le sacara su
equipaje y a las pocas horas le fueron entregados sus bultos sin haberlos abierto en
la casilla de pasajeros. La preciosa carga entró en La Habana sin que nadie la viera,
y sobre ella han guardado, tanto el señor Arteaga como su señora, el más absoluto
secreto, y desde entonces están sobre la mesa ya descripta, y a los pies de la cama
de la señora. García.” (186)
La familia del jefe cubano _ ante la solicitud del Centro de Veteranos de La
Habana __absedió a que los restos fueran depositados en aquel sitio hasta que
llegase el esperado momento de que ocupasen su puesto en el Panteón Nacional de
Cuba.
Cuando el Centro de Veteranos cerró sus puertas inexplicablemente, los restos
fueron entregados por Rafael de Cárdenas al dueño de un tren de carros de
agencias, amigo suyo, para que se los guardara. En aquella época la familia de
Vicente García se encontraba en la miseria y no podía comprar un solar en el
cementerio de Colón. Se negaron a enterrarlos para impedir que fueran a parar a la
fosa común.
El dueño del tren de agencias, mantuvo los restos durante muchos años, pero
después decidió entregarlos al obíspo Ibarrets para que le diera sepultura en la fosa
común.
Así, en la calle de Paula, No. 33, entre Picota y Egido, estuvieron los restos de
Vicente García custodiados por el dueño de la agencia de mudanzas, don Francisco
Rey, y luego, por su segundo dueño, el señor Manuel Vena.
De este sitio fueron entregados y depositados en el panteón de Rafael de Cárdenas,
lo que se certificó en el cementerio de Colón: “Restos de Vicente García,
colocados en el cuartel N.E. cuadro 23, osario de la propiedad de Don Rafael de
Cárdenas, fallecido en sudamérica en 1895. Colocados (en el osario) el 24 de
noviembre de 1906, hace pues hoy 22 días que sacaron de la agencia de Palma
(...).” (187)
Después de múltiples gestiones, Brígida Zadívar, la mambisa de las dos contiendas
liberatorias anteriores, logró que los restos del compañero fiel recibieran sepultura
en panteón propio en Tunas. El 25 de enero de 1907, encabezados por Brígida, un
grupo de sus compañeros arribó a los llanos del León de Santa Rita, cargando entre
sus brazos los preciados restos. En el cementerio de su terruño natal, recibieron
sepultura y para perpetuar su memoria y la de los que como él ofrendaron sus vidas
por la libertad de su patria, se erigió un obelísco que firmemente representa la
lealtad de sus coterráneos al héroe insigne.
En esa ocasión, el Alcalde Municipal, comunicó a su homólogo de Santiago de
Cuba: “En solemne manifestación compuesta por todos los elementos sociales y
políticos de este término acábase de realizar acto de depositar en la necrópolis de
esta ciudad los restos del Mayor General Vicente García González, reinando el
espíritu más alto de patriotismo y cordialidad (...).” (183)
En 1978, cuando el Centenario de la Protesta de Baraguá, al notar que en la urna de
Vicente García existían dos cadáveres, viajaron a Las Tunas el Dr. Manuel Rivero
de la Calle, el Licenciado Héctor Soto Izquierdo, antropólogos de la Academia de
Ciencias de Cuba y del Instituto de Medicina Legal de La Habana,
respectivamente, para identificar los restos de Vicente, los de Braulio, su hijo.
Después de ardua labor se separaron los restos de ambos y Soto Izquierdo,
aplicando la técnica de superposición, cráneo-fotográfico, logró identificar los del
mayor general Vicente García.




                     VALORACION DE VICENTE GARDIA

Vicente García fue un hombre que emergió de su pueblo y como todo hombre de
su época tuvo virtudes y errores. Como dijo Pablo de la Torriente Brau “no era un
hombre perfecto, era un hombre de la Revolución.”
Un testimonio que revela la personalidad de Vicente García se atesora en el
Archivo Nacional: “Cuando el Presidente Guzmán Blanco, le propone el grado de
Mayor General del Ejército de Venezuela, Vicente García le respondió: “Yo sólo
esgrimiré mi espada para defender los derechos de los pueblos oprimidos”.”
Sus ideas independentistas no quedaron limitadas al marco de su país, sino que
estuvo decidido a emprender la guerra en cualquier otro que lo necesitara. Por la
causa internacionalista, Vicente García había perdido en 1884 a su hijo
primogénito: Braulio, el niño mambí que con trece años combatió a su lado y que
cayó en la tierra venezolana en lucha contra el dictador Guzmán Blanco.
Párrafos entresacados del Diario de Operacione del general Vicente García,
ininteligible ya por muchas partes por la acción desgastadora del tiempo.

Septiembre 1870


Atacó el enemigo nuestro campamento (rancho de Manuel Vicente Cruz)
interrumpiendo el fuego de la oscuridad de la noche. Los españoles se retiraron al
amanecer del día siguiente después de quemar el rancho que servía de Cuartel
dejando señales evidentes de haber sufrido muchas bajas. Por nuestra parte
tuvimos herido levemente al soldado Gregorio Vázquez.
17 - Se trasladó el Cuartel General a “Las Dolores”.
18 - Evacuó el enemigo el campamento de la Candelaria de Unique. (1)
Septiembtre 19._ Una columna procedente de Las Tunas se presentó en Rompe e
introduciéndose en el monte “La Legua” atacó el Hospital Militar allí situado
donde solo le hizo fuego una pequeña avanzada que lo resguardaba. No tuvimos
novedad en los enfermos y heridos. Se presenta a los españoles el colombiano
Capitán Hurtado correspondiente a la división de Bayamo y capturaron aquellos a
los ancianos CC. Feliciano Ulloa y José González, a quienes dieron muerte con
horrible mutilaciones.
20.- Una columna española siguiendo nuestras huellas desde Jesús María (2), nos
atacó en Flores (3) y después de tres horas de fuego se retiraron a Guáimaro
dejando una gran fosa llena de cadáveres. Tuvimos herido al soldado Vicente
Fonseca (a) Caringa. El Teniente de las fuerzas de Las Villas Pedro Arango
(habanero) que se hallaba accidentalmente en el Cuartel General, sufrió un estacón
pretendiendo hacer creer era herida de bala y se pasó al enemigo pocos días
después en unión del hermano del Diputado Pérez Trujillo.
Después de la retirada del enemigo habiendo éste quemado el rancho que nos
servía de Cuartel, se trasladó el General a “La Entrega”, ranchos del General
Rubalcaba. (4)
El comandante José Vicente González con una compañía del 2do. Batallón y otro
de Las Villas mandadas por el Capitán Pedro Díaz, tuvo un reñido combate con
una columna enemiga procedente de Las Tunas en “La Loma de la Cuaba” (5),
durante tres horas.
El C. Manuel que se fugó del enemigo durante el fuego, manifestó fueron muchos
los muertos y heridos que aquel tuvo.
Por nuestra parte tuvimos muerto al cabo Francisco Guerra y herido levemente un
soldado. Se distinguió el Capitán Antonio Mora.
22 - Pasó el Cuartel General al Pozo de la Plata.
23 - Suspendió el enemigo.
25 - Víctima de un ataque cerebral falleció en su campamento de Las Lajas el
comandante del 1er. Batallón C. Domingo Ruiz de Córdova, natural de La Habana.
Servía en el ejército español con el grado de Alférez y recién llegado de la
península pasó a nuestras filas a principios del año 1869 (6), desde cuya época vino
sirviendo a la causa de su patria con todas las virtudes cívicas y militares. Es una
pérdida que lamenta toda la división.
26._ El comandante José V. González causó muchas bajas a una columna que
conducía un convoy de Puerto Padre a Las Tunas. No tuvimos baja alguna.
26._ Una columna procedente de Guáimaro atacó al Cuartel General en “El Pozo
de la Plata” como a las tres de la tarde, retirándose tras una hora de fuego con
numerosas bajas según posteriormente se supo por individuos salidos de Guáimaro.
Por nuestra parte tuvimos heridos levemente al Capitán Venezolano Mora y el
soldado Luis Cruz. Volvimos a ocupar dicho campamento.
19._ El Capitán Diego(7) Milanés con su compañía hostilizó una columna de
trecientos hombres desde San Francisco al Lavado, lugar de su procedencia,
causándole daños sin que los hubiera por nuestra parte.
20._ El Coronel Juan Luis Pacheco con tres compañías remetió una columna
enemiga que trató de desalojarlo de su campamento en “Las Arenas”, causándole
numerosas bajas.
1ro. Se presentó en San Agustín de Puerto Rico una columna enemiga y fue
hostilizada por una Compañía del 2do. Batallón mandada a vigilar aquella.
2._ La columna expresada continuó para Las Tunas reconociendo antes a Loreto y
hostilizada en su tránsito por la Compañía indicada que le causó algunas bajas.
6._ Se presentó en el Cuartel General (Santa Rita) un emisario del enemigo (el
cubano Francisco Campos Lamadrid) con una carta de Miguel Zaldívar para el
general García; en que el segundo con autorización del Brigadier Morales de los
Rios, jefe de una fuerte columna que acampaba en Naranjal, procedente de
Guáimaro, proponía una entrevista a dicho general “para tratar de la pacificación
del Distrito bajo bases poco honrosas”, cuya pretención fue rechazada dignamente.
En este día y el siguiente se presentaron otras columnas que ocuparon a Loreto,
San Pedro, San Miguel, Jesús María y Cupeyal, formando un semicirculo alrededor
de nuestro campamento. La amenaza del citado Brigadier Morales.
7._ Los Capitanes José Castellanos y José R. F hostilizaron al enemigo en San
Miguel con fuegos muy próximos y certeros en momentos que aquel se hallaba
almorzando. No tuvimos baja alguna, creyendo que los españoles sufrieron
muchas.
8._ Las citadas columnas atacaron por frente y flanco nuestras posiciones en Santa
Rita. Empezó el fuego al amanecer por la entrada de San Miguel y continuó en los
campamentos y alrededores, hasta las cinco de la tarde con pequeños intervalos, a
cuya hora el enemigo merded a su inmensa superioridad pudo ocupar nuestras
posiciones. Sólo tuvimos herido levemente el soldado Nicanor Peregrino, del 2do
Batallón, enemigo debió tener más de 200 bajas.
Nuestras fuerzas se componían de 250 hombres, aproximadamente. El comandante
Martín Castillo por disposición de este Cuartel General, con su escuadrón entró en
el pueblo de Las Tunas a las ocho de la noche, transitando sus calles hasta dar con
un cuerpo de Guardia con el que se tiroteó, saliendo luego por el otro extremo del
pueblo al sentir que los cubanos estaban dentro de la población. Todas las luces
fueron apagadas y aún después de haberse retirado dicho jefe no volvieron a
encenderlas.
9._ Mientras que fuerzas considerables del enemigo se encontraban a nuestro
frente en Santa Rita y simulaban un ataque, otra parte de ella entró a la montaña
por “El Cupeyal” y por carriles antiguos trató de nuestra retarguardia, pero no
notado a tiempo reforzamos nuestros martillos que los batió a veces cuerpo a
cuerpo, hasta obligarnos a la retirada nuestros infantes en varias ocasiones hicieron
uso del arma blanca.

1871

Agosto 16._ Una columna española procedente de Guáimaro capturaron en “San
Rafael” a los exploradores Vicente Cruz y Teofilo Aliaga, que habían ido
desarmados a dichas finca con el objeto de coger un mulo. El Fonseca se prestó a
servir de práctico en la noche del propio día por sendas extraviadas y excusando
avanzadas, condujo un piquete enemigo que capturó la familia del Mayor General
Vicente García y destruyó el taller de Herrería, ocupando 700 cartuchos de
Springfer 150 de Sarps, la correspondencia y el libro copias del año 1870, que se
habían remitido al jefe del Taller, Capitán C. José Quesada, para que fueran
enterrados.
Día 17._ El Brigadier Velazco, Jefe de la columna enemiga, fusiló al Capitán
Quesada, dejó en libertad a la familia del General García dándole salvo conducto
para que fuese sola a Guáimaro.
Siguió la columna para “Naranjal”, en cuya (+) se les ocupó el explorador Fonseca
(a) Caringa.
Mandó al Capitán José Castellanos que con la compañía a su mando siguiese al
enemigo, lo hostilizaron y diera cuenta de sus movimientos, mientras las demás
fuerzas quedaron en el campemento de Santa Rita esperando al enemigo que
anunciaba atacarlas.
Día 18._ El Capitán Castellanos hostilizó al enemigo “Los Peladeros”, entre
Naranjal y Savial”. Los españoles atacaron los campamentos de la Presidencia y el
del Coronel Manuel Suárez, en el Savial a la fuerza de ésta ni la Escolta de aquella
tomaron siquiera la defensiva.
Día 19._ La columna citada atacó el campamento de Santa Rita. Ocupó el enemigo
nuestras posiciones debido a su inmensa superioridad numérica después de tres
horas de combate.
Los españoles tuvieron gan número de bajas nuestras fuerzas y tomandola una.......
o se le hicieron magnificos fuegos que según las huellas que dejó, le causaron
muchas bajas. Por nuestra parte tuvimos muerto un soldado de las fuerzas de Las
Villas. Carenciéndose en Santa Rita de recursos de manutención por no haber
viandas y tener el enemigo ocupadas las vias por donde pudiera conducirse ganado
de Guáimaro, se retiró el Cuartel General con parte de la fuerza a los montes de
“San Rafael” (rancho del C. Manuel Vicente Cruz) y con el objeto además de
proteger nuestras municiones que se tenian en dicha comarca.
20._ Por diversas vías se retiró el enemigo de Santa Rita dirigiéndose a Guáimaro y
Las Tunas y otras fueron en persecución de las fuerzas que escapaban tras de Jesús
María y que se habían retirado para aproximarse al enemigo por carecer de parque.
Evacuaron los españoles el campemento de Vista Hermosa, concentrándose en Las
Tunas. Enemigo campamento en Monte Oscuro y Las Cabreras para estorbar la
mancuerna de ganado y en N, (8), Grandes para oponerse a la fabricación de sal.
También se situó el destacamento en Dumañuecos (9).
26._ Se presentó el Bigradier Francisco Vega un soldado procedente del
campamento enemigo de La Candelaria de Unique (10), con rifle parque y dos
caballos después de quemar dos ranchos que nos servían de alojamiento. Tuvimos
tres muertos que lo fueron el subteniente Gabino Hernández, el Cabo Antonio
Rivas y el soldado Gregorio Vázquez, del 2do. Batallón.
27._ El Comandante Fajardo en su campamento del Purgatorio fue atacado por
una columna enemiga que incendió sus cuarteles y las rancherías de muchas
familias, capturando algunas de éstas y dando muerte al vecino Manuel Mayo. No
encontrándose allí la fuerza solo hicieron fuego al enemigo una avanzada y varios
enfermos.
27 - Se trasladó el Cuartel General en Ojo de Agua de los Melones.
29 - Continúo a “La Legua”.
30 - El Capitán Pedro Urquiza cargó a una columna enemiga entre “Salado y Cauto
Embarcadero” haciendo prisioneros a soldados y el comerciante Pedro González,
que fueron pasados por las armas. Ocupó 2 rifles, un revólver y cinco caballos
cargados de mercancías, sin que hubiera novedad por nuestra parte.
Por estos prisioneros se tuvo la primera noticia de haber sido tomados y quemados
por los nuestros los pueblos de Jiguaní y Yara.
El enemigo atacó y quemó el campamento del Capitán Ramón Arnal en Las Lajas
(11). El enemigo llevó algunas bajas sin que las hubiera por nuestra parte.
Oct. 1ro.
Se situó el Cuartel General en “Los Marañones”. El comandante Martín Castillo
utilizó un piquete enemigo en Vista Hermosa, teniendo que retirarse con pérdida de
un caballo, por la superioridad de aquel.
2- El mismo comandante Castillo hostilizó otro piquete enemigo en Los Angeles,
causándoles daños.
6- El capitán Pedro Urquiza, del primer Batallón, con dos compañías se ocupaba el
destruir la línea telegráfica que los españoles pretenden establecer de Holguín a
Las Tunas y al llegar a Los Asientos de Majibacoa batió un cuerpo de caballería
que vino a oponerse. Duró el combate como una hora al cabo del cual el enemigo
se declaró en precipitada fuga, dejando en nuestro poder una carabina, dos
hamacas, cinco mudas de ropa, dos caballos, y otros efectos. Continuó destruyendo
el telégrafo. Tuvimos (1) un muerto y un herido.
7- El mismo Capitán con la propia fuerza batió como una hora una columna que
penetraba en la estancia del traidor Manuel Cruz, haciéndole retirar con muchas
bajas al campamento de “Las Arenas” (12) de donde procedía. Tuvimos tres
heridos leves. Se deistinguieron el Capitán Baldomero Durañonas, Teniente Luis
del mismo apellido y el soldado Agustín González.
25- Ataque de nuestro campamento en Los Marañones por fuerzas enemigas de
Guáimaro y Las Cabreras. Duró el fuego como dos horas. Quemaron los españoles
los ranchos que nos servían de cuarteles, dejando numerosos regueros de sangre y
retirándose el propio día por la tarde después de otro fuego como de media hora.
Nuestras fuerzas se componían de 4 Compañías incompletas del 2do. Batallón al
mando del Comandante Drago. Las bajas de los españoles se estimaron en 50
proximamente, y por nuestra parte tuvimos muerto al soldado Eusebio Sancho y
herido el otro Adolfo Fontaine.
26- Se trasladó al Cuartel General a Los Cocos.
Fue asaltado el Brigadier Vega (13) en el rancho del C. Pedro Urquiza sin obtener
otro resultado que capturar a una hija de éste, nombrada María Antonia, en quien
se dice cometieron los españoles sus habituales violencias. Esta columna fue
hostilizada por una compañía del 1er. Batallón causándole bajas sin que hubiera
ninguna por nuestra parte.
Murió de tifus el soldado de la escolta Mariano Izquierdo.
27- Pasó el Cuartel General a “La Loma”.Abandonó el enemigo el campamento del
Lavado (14) dejando tres cementerios llenos de cadáveres a consecuencia de
enfermedad endémicas y epidémicas.
28- Una columna de españoles operó por los montes de Zarandico (14) capturando
algunas familias y vecinos pacíficos entre los que se encuentra el C. Anselmo
Zalazar que rodeado por tres enemigos logró abrirse paso con su machete hiriendo
a dos de ellos.
En Las Pelonas (15) dejó por muerto la misma columna al C. José Naranjo con 7
machetazos, a pesar de lo cual se trasladó luego a un rancho vecino.
30- Se presentó en La loma un piquete enemigo que al ser tiroteado por una
avanzada de los nuestros se retiró a San Francisco, en cuyo punto y en Puerto
Rico(16) acampaban desde el día anterior fuerzas españolas.
31- Se trasladó el Cuartel General a San Joaquín (17) por haber este último punto
recursos de manutención de que se carecía en el otro.
Nov.
8- Dos gruesa columnas enemigas atacaron nuestro campamento de San Joaquín en
que se había construído una trinchera. Empezó el fuego como a las 9 de la mañana
y continuó con algunas pequeñas interrucciones como hasta las cinco de la tarde,
siendo infructuosos los sucesivos ataques de frente y flanco que intentó el enemigo
para tomar nuestras posiciones, pues no lo logró sino cuando los nuestros
consumieron su último cartucho.
Cinco veces retrocedieron las compactas columnas de ataque del enemigo
cubriendo el campo de muertos y heridos. Incendiaron los españoles las trincheras
y se retiraron inmediatamente. Las pérdidas de éstos debió de pasar de 200 bajas.
Nosotros tuvimos muerto al soldado de Las Villas Leocadio Ceballos, herido de
gravedad al otro José N. Ramírez (a) Mexicano y levemente los otros Nicanor
González, Francisco Barreto, Antonio Castillo, Juan Antonio Garrido y Nasario
Pupo. No hubo quien no cumpliera con su deber, pero entre todos se distinguió el
Comandante Manuel Cruz por su serenidad, valor y buenas disposiciones. Nuestras
fuerzas: 6 Compañías del 2do. Batallón.
9- Se trasladó el Cuartel General al Guayabal (20). El Capitán Pedro Urquiza, del
1er. Batallón fusiló al C. Alvaro Cedeño por delito de traición.
14- Salió el Cuartel General del Guayabal pernoctando en Caisimú (21).
15- Llegó el mismo al Purgatorio, Cuartel del Comandante Jesús Fajardo.
17- Salió del Purgatorio haciendo noche en Sao del Licenciado.
18- Pernoctamos en “Aguas Blancas”.
19- Acampamos en “Los Peladeros”.
20- Asesinato del C. Pedro C. 1er por una partida de malechores que asaltó y robó
su rancho.
22- Acampó una fuerza enemiga en “Las Lajas” de Martiniano (22) procedente del
Jagüey Cabaniguán (23). Un piquete de ella trató de capturar en su racho al C.
Manuel Ramón Quintero y su familia, pero en su lugar encontró otro piquete
nuestro que le hizo ponerse en fuga con algunas bajas.
23- Otro piquete más numeroso se hallaba forrageando en la estancia del propio
Quintero y hostilizado por 12 números de nuestra fuerza que habían salido a
explorar, huyó precipitadamente dejando en el campo un herido y muchas huellas
de sangre. Se le ocupó un rifle, varios machetes, bayonetas y sombreros.
Se tuvo noticias de haber llegado con parque al Brigadier Vega (24) la comisión
enviada a Bayamo. Fue capturado por los españoles en Las Margaritas el C. Rafael
Cedeño.
Para mejorar la posición se trasladó el Cuartel Gral. con la fuerza al rancho del C.
Francisco Tamayo en el mismo monte de Los Peladeros.
24- Se retiró al Jagüey la columna acampada en Lajas. Se recibió oficio del
Brigadier Leonardo Mármol comunicando estar en el Purgatorio” con el convoy de
parque para cuya conducción desde Cuba fue comisionado.
26- El Capitán Torres con su Compañía fue a hacer carne al “Lavado” y regresaron
del propio punto las de Santana y Arnal que allí estaban con el mismo objeto.
27- El enemigo trató de penetrar a nuestro campamento (Ctel. Gral). pero tras
media hora de fuego en una de las veredas que a él conducián, tuvo que retirarse
con muchas pérdidas. Ninguna por nuestra parte.
28- Se trasladó el Cuartel General a la estancia de Feliciano Moncada en los
montes de Camalote (25 ).
Llegó el Brigadier Mármol con el parque escoltado por 2 Compañías del 2do.
Batallón al mando del Comandante José González y otra Compañía de la División
de Cuba.
Parque:
16 barriles de pólvora       (4qq).
                     1.000 Cápsulas Spenser
                     2.000 Cartuchos
                     1.000 Balas
                   34.000 Pistones
28- participó el Brigadier Vega haber recibido de Bayamo una arroba de pólvora y
5. 000 pistones.

Adición

17-    El capitán Pedro Urquiza hostilizó una columna enemiga en Jabanés,
       haciendo prisionero a tres soldados españoles y rescatando al C. Sacramento
       Rivero que había sido capturado en “El Novillo” dos días antes.
21 – Atacó el enemigo al Brigadier Vega en Pozos Salados (26) sin más resultado
que volver a hacer prisionero al C. Sacramento Rivero que se hallaba enfermo en
un rancho inmediato.
Noviembre
24 – El Capitán Pedro Urquiza con 50 hombres del 1er Batallón hostilizó una
columna española en “La Toma de Pozos Salados” causándole numerosas bajas.
Tuvimos por nuestra parte heridos de gravedad y 2 contusos.
26 – El Jefe de guerrillas C. Tte. Pedro F. Rodríguez participó haber derribado en
los días anteriores una gran parte de las líneas telegráficas de Las Tunas a Bayamo
y Holguín que el enemigo trata de establecer sin que ocurriera novedad alguna.
27 – El Capitán Pedro Urquiza destruyó la línea telegráfica de Las Tunas a
Bayamo en una extensión como de una legua por “Las Corcobadas”, donde se
tiroteó con un piquete enemigo; sin novedad por nuestra parte.
30 – El capitán Pedro Urquiza traicionando la causa de la patria se pasó al enemigo
con 49 hombres del 1er. Batallón, sabedor sin duda de que se le iba a someter a un
procedimiento por graves abusos. Salvo 10 ó 12 de los individuos que se llevó, los
demás nada sabían hasta que se vieron rodeados por el enemigo, logrando
escaparse en el acto el Tte. Agustín González, sargento Antonio Abad Aguilera y
Vidal Soto y Cabos Genaro Góngora y Estanislao Oro. Posteriormente se escapó
también al sub-teniente Luis Durañona con 5 individuos más.
Diciembre
2 – Salió para Cuba el Capitán Acosta de regreso con la Compañía que vino
escoltando el convoy de parque. Con dicho individuo se remitió la correspondencia
del Gobierno. Se mandó buscar el Brigadier Vega.
3 – El Capitán Torres con su compañía salió del Lavado para las Gordas
(Guáimaro) con objeto de mancornar ganado. Murió un soldado que dejó enfermo
la Compañía de Cuba.
4 – Luis Guera presentó su familia y vino para la fuerza casi baldado de
reumatismo.
7 – Se presentó el enemigo en una de nuestras avanzadas pero tras pocos disparos
volvió a retirarse después de hacer tres disparos de cañón.
Vino el Comandante M. Castillo a conferenciar con el Mayor General y se marchó
el mismo día.
8 – Se trasladó el Cuartel General a la estancia inmediata de Los Olivé por confluir
muchos caminos en la de Moncada donde antes estaba situada. Llegó el Brigadier
Vega a conferenciar con el Mayor General. Regresó el capitán Torres sin ganado
por haber encontrado que el cólera hacía estragos en Las Gordas donde debía
mancornar.
9 – Las trincheras abandonadas el día anterior en la estancia de Moncada fueron
ocupadas por el enemigo. Se tiroteó a éste por una compañía.
10 – Continúa el enemigo en dichas trincheras sin atreverse a atacarnos sin
embargo de hallarnos tan próximos y de haberle tiroteado por 2da. Vez. Llegó el
Comandante Pepillo González, que el día 7 había ido a incorporarse al 1er Batallón
para cuyo mando fue nombrado, por no haber encontrado el Brigadier Vega.
11 – Se retiró el enemigo, después de lo cual se trasladó el Cuartel general a la
estancia de Manuel Medina, inmediata a la anterior. Volvió a marchar el
Comandante González para encargarse del 1er Batallón. 150 hombres del 1er y 2do
Batallones mandados por el Comandante Manuel Cruz atacaron una columna como
de 250 a las márgenes de la Laguna de Virama, derrotándola por completo pues
huyeron vergonzosamente dejando en el campo 9 cadáveres y 7 caballos muertos.
Se les ocuparon otros 7 caballos, 9 rifles, los equipajes, todo el tren de cocina,
hamacas, frazadas y algunos comestibles. Tuvimos muerto al sargento Jesús Licea
y heridos al Cabo Genaro Góngora y Soldados Enrique Montero y Alipio Pérez del
1er Batallón y el Tte. Antonio Ramírez y Sargento Gil Labrada del 2do. Batallón.
14 – Salió de regreso el Brigadier Vega a dirigir las operaciones de la parte oriental
del Distrito llevando el parque necesario.
16 – El Comandante Cruz con unos 60 hombres del 2do. Batallón a su mando pasó
a forrajear al Hundidero y encontrándose con el enemigo a su regreso los hostilizó
durante media hora causándole bajas y retirándose por escases de parque. Tuvimos
muerto al Soldado Felipe Planas y herido al soldado Miguel González.
18 – Un piquete nuestro al mando del Capitán Manuel Reyes fue por Viandas a la
estancia del Novillo y siendo atacado por una fuerza enemiga la tiroteó hasta
consumir el parque que llevaba y se retiró al campamento. Pocos minutos después
de haber llegado los nuestros se presentó el enemigo en una de nuestras avanzadas
pero hostilizado por ella y la compañía del Capitán Torres se retiró con bajas para
el Jagüey, de donde procedía. No tuvimos bajas.
20 – El Comandante José V. González se ocupó en destruir la línea telegráfica
entre Palmillas y la de Guillén, teniendo ese día el anterior dos encuentros con el
enemigo ocasionando a éste grandes pérdidas y haciéndole retirar. Tuvimos muerto
al soldado Manuel Hechavarría.
20 – Salió el Comandante Drago escoltado con 2 Compañías el convoy, que fue a
situarse en Río Chiquito. Con él fueron también los enfermos.
21 – Salió el Cuartel General con las demás fuerzas de la estancia de Medina y
pernoctó en la de Zaldívar, cerca del Anoncillo.
Estuvo la fuerza emboscada en los caminos del Anoncillo y La Soledad y no
pasando el enemigo, volvimos a pernoctar a la estancia de Zaldívar.
23 – Nos pusimos en marcha por la tarde y dormimos en la estancia de Olivé.
24 – Salimos de dicho punto y nos reunimos al Comandante Drago a quien con el
convoy encontramos en La Laguna de La Palma. De un piquete que fue a viandas
desertaron cinco individuos. El capitán Juan Urquiza tiroteó tres veces al enemigo
en la finca “La Concepción”, causándole muchas bajas. No hubo novedad por
nuestra parte.
25 – Los Capitanes Juan Urquiza y Baldomero Durañonas con sus compañías
hostilizaron una columna en Pozos Salados, causándoles graves daños sin que lo
sufrieramos por nuestra parte.
Salió el Comandante Drago de este Cuartel Gral. acompañado de una parte de la
fuerza con objeto de recoger y poner en buen lugar el parque confiado al
Comandante Fajardo y recibir la fuerza de éste, que ha sido destinado al estado
Mayor del Brigadier.
27 – Llegó una comisión del Comandante Castillo en busca de parque.
28 – Una columna enemiga se presentó en Pozos Salados y fue hostilizada por el
Brigadier Vega con mi compañía, causándole daño. Ninguna por nuestra parte.
30– Dejando al Capitán José Caridad Olazabal con 16 hombres al cuidado de los
enfermos salió de la Palma el Mayor General con 3 compañías del 2do. Batallón y
una del 1ro. y pasando por Río Chiquito se pernoctó en “La Llave”.
31 – Salimos de este punto y pernoctamos en la estancia del Corojo en donde se
nos incorporaron los vaqueros con algún ganado.

ADICION
28 – Pasó al enemigo Juan Urquiza que mandaba entre nosotros una compañía.
29 – Una columna enemiga conducida por el traidor Juan Urquiza atacó el
Brigadier Vega en “La Laguna del Yate y hostilizada con energía se retiró a la
concepción. En su tránsito y en dicho punto fue también batida por el comandante
José V. González durante dos horas, causándole grandes pérdidas. Por nuestra
parte tuvimos muerto al soldado Abrahan Aimerich y herido al Capitán Vicente
Comendador.
Reunidas las fuerzas del Brigadier Vega en la Laguna de Loango, volvió a atacarle
el enemigo a quien se sostuvo un nutrido fuego causándole muchas bajas (4 vistas).
Tuvimos muerto al soldado Pablo Pérez y herido el Capitán Cristobal Parras y el
soldado Enrique Frómeta, el primero de los cuales murió a los tres días.
31 – Al trasladarse el Brigadier Vega (27) con sus fuerzas a “La Constancia”
sorprendió un piquete enemigo que forrajeaban en dicha estancia dejándole tres
cadáveres con sus armas y huyendo vergonzosamente los demás. Por nuestra parte
no hubo novedad.
1872

Enero
1 – Permanencia en la estancia del “Corojo”. Fue capturado el individuo Jesús
Rangel por conveniencia con el enemigo.
2 – Fuga de Rangel por un descuido inconcebible del que le custodiaba. Salimos
para el camino del Jagüey a Las Lajas de Caballero donde nos emboscamos con
unos 100 hombres en espera del enemigo que por allí transita.
3 – Como a las tres de la tarde los españoles como en número de 100 hombres y
con dos carretas se presentaron viniendo de Las Lajas. Tras media hora de fuego se
dispersaron dejando once cadáveres. Se les ocuparon las dos carretas; seis yuntas
de bueyes, 12 rifles, parque y otros efectos. Por nuestra parte herido el soldado
Santiago Zamora de la Compañía de Arnal. Dormimos en el rancho de Juan
Figueredo, media legua del lugar del combate. Marchó Arnal a reunirse con
Olazabal. Se distinguieron en el combate el capitán Manuel Zayas y el sub-teniente
Atilano Almeida.
4 – Por la madrugada emprendimos marcha parando en el rancho de Muñiz en los
montes de “Ojo de Agua de las Minas” (Berrocal( (28)
5 – Una columna española simulando perseguirnos se presentó en las estancias de
“La Candelaria”, pero habiéndole hecho fuego cuatro exploradores, en lugar de
continuar para nuestro campamento que estaba inmediato, continuó marcha para
“EL Lavado”.
6 – Habiendo salido a explorar unos 20 hombres encontraron dos de ellos a Javier
y Ricardo Céspedes con varios hombres armados y creyéndolos españoles les
hicieron fuego. Rompió también la demás fuerza contra la orden que tenía de su
Capitán y resultó herido el soldado Modesto Borona por sus mismos compañeros.
7 – Una columna como de 400 hombres atacó al Brigadier Vega en el monte de
“Rabatuabo”. Hostilizada en dos ocasiones por el Comandante González,
haciéndole vivísimos fuegos, causándoles muchas bajas y haciéndola retirar. No
hubo novedad por nuestra parte.
Otra columna enemiga procedente del “Jagüey” pasó este día para el Lavado,
seguramente para operar con la que allí se encuentra desde el día 5.
8 – Salimos por la mañana del rancho de Muñiz y dormimos en “Limones” donde
quedó el herido Modesto Borona [sic]
9 – Continuamos marcha hasta “Buenos Aires” donde pernoctamos.
10 – El capitán Rafael Torres con su Compañía fue en busca de sal a la salida del
sur. Pasamos a “Los Charcos”.
11 – Murió el herido Modesto Borona.
Una gruesa columna procedente de “Las Arenas” atacó en la tarde las fuerzas del
Brigadier Vega que acompañaban en “El Yareyal” . Se hizo al enemigo una
resistencia tenaz, causándole muchas bajas y se le contaron hasta 15 camillas. No
tuvimos novedad.
12 – Se continuó persiguiendo la columna situada, haciéndole varios fuegos en el
camino del Río Abajo por donde se retiró; dejando huellas sangrientas y otras
señales evidentes de habércele causado daños considerables. Por nuestra parte
tuvimos muerto al soldado Juan Miguel Rodríguez.
En este mismo día los subtenientes José Contreras y Vicente Cutiño con 50
hombres hostilizaron otro piquete enemigo en los montes de Muñoz, causándole
tres bajas vistas. Tuvimos herido al soldado Rafael Segura.
14 – Salimos de los charcos y dormimos en la Candelaria.
15 – Llegamos a Río Chiquito donde se nos incorporaron las Compañías de
Olasabal y Arnal, que allí estaban con el convoy.
AD. 15 - El comandante Martín Castillo, jefe de el Escuadrón de caballería de este
Distrito en comisión por el de Camagüey habiendo salido con algunos rifleros a
practicar un reconocimiento en las inmediaciones de su campamento “El Fomento”
en su tránsito apresó un negro a quien le quitó un mechete, un cuchillo, una camisa
y un caballo cargado de miel de abejas. El mismo día con 10 rifleros pasó a las
inmediaciones del fuerte “La Juanita” y tomó siete caballos útiles y un mulo.
Ad. 16 – El Alférez O. Almaguel habiéndose emboscado por orden de (ilegible)
Comandante C.M. Castillo en el platanal del campamento (ilegible) se sorprendió a
un movizado que iba en busca plátanos le quitó un acaballo aperado.
AD. 17 – El mismo Comandante habiendo mandado dos números a explorar se
encontraron con los guerrilleros de “La Juanita” a los que dispersaron y tomaron
un rifle Remigton de grueso calibre, un caballo con su montura y otros efectos.
17 – El Comandante Cruz con dos Compañías salió en busca de parte del convoy
que había quedado en La Palma, regresando el mismo día sin novedad.
Llegó una comisión del coronel Majín Díaz en solicitud de parque.
18 – Fue una fuerza en busca de viandas a Santa Rosa (4 Leguas) y regresó sin
novedad. Se hirió casualmente el soldado Luis Figueredo de la Compañía de Arnal.
Se remitió al coronel Majín Díaz una arroba de pólvora. Llegó una comisión de
Tte. Coronel Maestre en solicitud de cartuchos y cápsulas. Llegó el capitán Torres
con seis quintales de sal. En su regreso se le desertaron seis morenos de las fuerzas
de Las Villas llevándose las armas.
AD. 18 – El comandante Castillo con 18 rifleros pasó al tejar de José Fleitas ½
leguas de San Miguel de Nuevitas e inutilizó la boyeda de dicho punto.
Seguidamente pasó al potrero “El Naranjal” de Juan Bagé donde capturó y mató
dos voluntarios, y se apoderó de 6 machetes, ropas y efectos.
20 – Dos compañías fueron por viandas a Santa Rosa y regresaron sin novedad.
Acampado en la Faja el Brigadier Vega con sus fuerzas fue atacado por una fuerte
columna enemiga. Duró el fuego como dos horas creyendo que aquella sufrió
grandes pérdidas a juzgar por los regueros de sangre que se encontraron en el lugar
de la acción. Tuvimos muerto al soldado Jesús Reyes.
23 – El capitán Mora con su Compañía fue por vianda a “Los Charcos” (5 leguas).
24 – Llegaron el comandante Fajardo y el capitán Palma. Este trajo pliegos de
drago. Se supo que el capitán Barrenqui de la caballería, que se encontraba
enfermo en un rancho curándose, se había pasado al enemigo. El Barrenqui, en una
carta desde Nuevitas, insta a Tómas Varona a que se presente.
25 – En Río Chiquito, sin novedad.
Ad. 25 – Fue atacado el Brigadier Vega por una fuerte columna en La Herradura;
le sostuvo como una hora de fuego, causándole muchas bajas.
Ad. 26 – Al pasar Vega con sus fuerzas por el camino de Las Tunas a La
Herradura, se encontró con el enemigo, al que hizo algún fuego, no siendo
prolongado porque aquel continuó su marcha llegando a lugar desventajoso para
nosotros.
26 – Sin novedad. Dos Compañías fueron por viandas a Palmarito. (6 leguas)
Ad. 26 – Habiendo sentido fuego en las inmediaciones del campamento La Juanita
el mismo comandante Castillo marchó hacia ese lugar con 4 rifleros a practicar un
reconocimiento y habiéndose encontrado con una guerrilla del indicado
campamento le rompió el fuego y habiéndose puesto en desordenada fuga se
apoderó de un bulto con 50 cápsulas de remigton, 2 camisas y 14 caballos
aperados, de los cuales 2 cargados de carnes y otros efectos.
Ad. 27 – Se hizo prisionero un voluntario, que pasó por las armas.
27 – Regresaron los vianderos sin novedad.
Ad. 27 – En “Jagua Mocha” atacó nuevamente el enemigo con fuerzas
considerables a las del Brigadier Vega y después de haberles sostenido por espacio
de dos horas de estar en ese lugar. Dejaron tanto en este punto como en “Jagua
Mocha” muchos charcos de sangre.
28 – Llegó el sargento Antonio Rodríguez con correspondencia del Brigadier Vega
y del Gobierno.
30 – Llegaron al campamento el general Roloff y el Tte. Coronel Maestre. Dos
compañías fueron por viandas a Palmarito.
31 – Regresaron los vianderos sin novedad. Se dieron a Maestre 4 libras de pólvora
y 400 pistones.
Febrero
1 – El comandante Castillo con el escuadrón a su mando pasó la línea férrea de
Pto. Príncipe en dirección a Yaguajay y al pasarle destruyó parte de la línea
telegráfica y algunas labranzas.
Ad. 2 – Dos Compañías fueron por viandas a “La Mula” y regresaron sin novedad
(3 leguas)
Ad 2 – En Providencia volvió a atacar al Brigadier Vega una gruesa columna la
que retrocedía después de haber sufrido un certero y nutrido fuego, dejando un
muerto e innumerables pozos de sangre.
3 – Fue fusilado el soldado Eduardo Salgado por deserción con resistencia al ser
capturado.
Ad 4 – El comandante González con la 1er Compañía del 1er Batallón destruyó
media legua de la línea telegráfica entre “La de Guillén” y “Majibacoa” sin
novedad.
6 – Salió el Brigadier Mármol para Cuba con los Generales Roloff y Javier
Céspedes.
Ad 6 – En el Júcaro el enemigo atacó las fuerzas del Brigadier Vega, pero huyó
vergonzosamente a los primeros disparos. Se le causaron algunas bajas. En los
combates referidos del 25 del pasado al 6 del que cursa lo hemos tenido con un
sargento y tres soldados heridos.
7 – Se fue a viandas sin gravedad.
8 – Se trasladó el Cuartel General a “Limones”
Ad. 8 – El comandante González con la 1ra compañía del 1er Batallón fue por
viandas y ganado a “La Gerónima”, lugar ocupado por el enemigo y después de ¾
de hora de fuego llevando muchas bajas. Sin novedad por nuestra parte.
Ad. 10 – Los exploradores de la fuerza del Comandante González se encontraron
al enemigo a un cuarto de legua del campamento “El Júcaro” y lo tirotearon,
causándole bajas.
Ad. 10 – El indicado comandante ....... con su Escuadrón en unión del de
“Yaguajal” al mando del capitán Chano Ricardo pasó a la finca “El Quemado”
donde encontró la guerrilla abastecedora de “Guanajal”. El enemigo a la vista de
los nuestros se puso en precipitada fuga abandonando 12 yuntas reses, 12
machetes, 12 cuchillos, 10 mudas ropa, 8 hamacas y otros efectos.
11 – Llegó el Capitán Castellanos con 72 hombres enviados por el comandante
drago y 6 más de las fuerzas de Las Villas.
12 – Salió el General con 4 Compañías quedando las de Castellanos y Torres con
los enfermos y el convoy a las órdenes del Comandante Fonseca.
AD. 12 – En “El Yeso” atacó una columna como de 400 hombres al Comandante
González y se retiró después de una hora de fuego con muchas bajas a juzgar por
las huellas sangrientas que dejaron. Tuvimos muerto al capitán Tomás Batista y el
Cabo Francisco Peña. El mismo día volvió el enemigo pero al recibir el fuego de la
avanzada retrocedió.
Este mismo día llegó el Cuartel General a “Las Catas”.
13 – Salieron de Limones por viandas a Los Charcos (1 legua). Llegaron los
vaqueros con 3 reses muertas y 2 vivas. Salió el General de Las Catas y llegó al
“Pozo de la Plata el mismo día.
14 – Se fue por corojos del campamento de Limones.
15 – Del Pozo de la Plata pasó el General a “La Columna” con el objeto de hacer
carne. El comandante González con la 1ra. Comp. Al mando del capitán
Baldomero Durañona después de haber cortado en el espacio de una legua la línea
telegráfica entre La de Guillén y Majibacoa se encontró con una columna enemiga
que tiroteó por más de una hora, causándole algunas bajas. No tuvimos novedad.
16 – El teniente Manuel Ortíz, desde Limones, con la fuerza fue por viandas a
“Monte fresco” (5 leguas). Volvieron sin novedad. Mandaron los vaqueros dos
reses.
17 – Enemigo en “La Candelaria”
18 – Idem en “Vega Grande”
Ad. 18 – Pasó (el Comandante Castillo) al Ingenio “La Reforma” donde capturó
dos voluntarios que mandó matar. Acto contínuo pasó nuevamente la línea de Pto.
Príncipe a Nuevitas en dirección de el Fomento a cortar los alambres del telégrafo
y destruyó nuevas labranzas.
19 – El teniente Ortíz fue por viandas con fuerza armada a Santa Ana de Lleo (7
leguas). Pasó el General de la columna al “Pozo de la Plata”
20 – Se trasladó el general del Pozo de la Plata a Las Catas. El Capitán Castellanos
con una Compañía salió a incorporarse desde Limones al Ctel. Gral. que se hayaba
en Las Catas.
21 – Llegó a Limones el Tte. Céspedes con barril y medio de pólvora que ha de
llevar al G. de O. del Camagüey.
22 – Se fue por corojos. El Gral de Las Catas se trasladó a Santa Ana de Lleo.
23 – El Capitán Rafael Torres desde Limones fue con fuerza armada a Santa Ana
Lleo por viandas (7 leguas). Volvió sin novedad.
25 – Enemigo en La Candelaria.
26 – El Gral. salió de Santa Ana de Lleo a emboscarse entre Las Lajas y Guamabo
por haberse presentado en este último punto el enemigo a informársele que debía
pasar por el primero.
Se retiró el enemigo de La Candelaria.
27 – Volvió el Gral. sin novedad para Santa Ana de Lleo. Españoles en El Lavado.
28 - Enemigo en San Francisco, Los Charcos, El Arriero, y La Candelaria.
29 – El Comandante Fonseca trasladó su campamento de Limones a Las Catas por
estar el primer punto rodeado de enemigos, pernoctando este día en “La Laguna de
Pozo Culebro”.
Marzo 1ro. El Comandante Fonseca salió de La Laguna de Pozo Culebro y
pernoctó en “Babiney de Piedra”. Los Comandantes Cruz y Drago se incorporaron
a Fonseca en este punto.
2 – Llegó el Comandante Fonseca a Las Catas.
3 – Los vaqueros condujeron a Las Catas 12 yuntas de reses.
4 – El enemigo sigue las huellas de la fuerza al mando del Comandante Fonseca.
Se fue por viandas a “Monte Fresco”
5 – Habiendo salido por viandas del Ctel. General el Sargento 1ro. Francisco Avila
con 20 hombres armados del 2do Batallón se encontró con una fuerza enemiga que
tiroteó, teniendo que retirarse al Ctel. Gral. por la superioridad de aquella; tuvimos
un herido inmediatamente salió el general con la fuerza a sus inmediatas órdenes a
perseguirla, pero no habiendo sido posible alcanzarla volvió para el Ctel. Gral. El
Comandante González acampando con la 1ra y 2da Compañías del 1er Batallón en
los Montes de “Naranjo” fue atacado por una columna como de 200 hombres;
después de tres cuarto de horas de un vivísimo fuego se retiró el enemigo con
grandes pérdidas. Por nuestra parte herido el C. Tte. Fernando Vega.
El Comandante Cruz con 120 hombres del 2do. Batallón salió de Las Catas a
incorporarse al Ctel. Gral. que se hallaba en “Santa Ana de Lleo”.
6 – Hallándose el Gral. con la 1ra, 2da, 3ra, 4ta, 5ta, Compañías del 2do. Batallón a
las inmediatas órdenes del Comandante Cruz, en Santa Ana de Lleo(29), fue
atacado por una columna española como de 1 000 hombres, después de hora y
media de un reñido combate por la mala posición que ocupaba se retiró al “Pozo
del Caimán” a cuyo lugar avanzó también el enemigo retirándose en precipitada
fuga después de una hora de fuego con más de 140 bajas, según noticias
adquiridad. Tuvimos muerto al cabo de exploradores Tte. Fonseca (a) Caringa y
herido al soldado N. Reventó. Se trasladó el cuartel General de este último punto a
San Nicolás.
7- Salió de “Las Catas” Máximo Rodríguez con 12 vaqueros y 10 hombres
armados por ganado. Trageron a Baldomero Valdés presentado de “Guáimaro”.
9- Mandaron los vaqueros dos reses muertas a “Las Catas”. El enemigo se presentó
en “San Nicolás”. Los exploradores le hicieron algunos disparos.
10- En los “Pozos Salados”fue atacada la fuerza del Comandante G.V. González
por una columna como de 200 hombres, la que se retiró después de sifrir un vivo
fuego, dejando señales de considerable daño. No hubo novedad por nuestra parte.
De “Las Catas” salió el comandante Drago y el Capitán Milanés con 150 hombres
por viandas al “Pozo de la Plata” (tres leguas) regresaron sin novedad. El enemigo
reconoció el Cuartel General en “San Nicolás” después de habérseles hecho
algunos disparos por las avanzadas pasó a vistas del campamento sin atreverse
alcanzar. El Cuartel General se trasladó a Las Lagunas de Sevilla donde se hizo
carne.
11- El Comandante Drago condujo a “Las Catas” los presos Cedeño y Góngora.
Los vaqueros mandaron a este lugar 2 yuntas de reses.
13- El Comandante González con su fuerza llegó a “Las Catas” por parque. Salió
el General de “Las Lagunas de Sevilla” para “Guamabo”(30). A avistarse con el
Mayor General Ignacio Agramonte.
14- El Comandante Drago salió de “Las Catas” por ganado con 32 hombres
armados y 20 vaqueros.
15 – El Cuartel General se trasladó de “Guamabo” a “Los Charcos” de cuyo punto
pasó el General al campamento del Comandante Fonseca situado en “Las Catas”.
16 – Volvió el General para los Charcos. Trajo Drago a “Las Catas” 9 yuntas de
reses. Llegó el Brigadier Sanguily a “Los Charcos”.
17 – El Brigadier Julio Sanguily pasó al Cuartel General (en Los Charcos) al
campamento de “Las Catas”. Llegó a este punto el Tte. García, comisionado por el
General Agramonte en busca de pólvora.
18 – El Sub-teniente Alvaro Montes de Oca con 10 hombres armados fue a recoger
del C. José Ma. Valdivia tres barriles pólvora que se le tenían confiados en
depósitos. Salió el Cuartel General de “Los Charcos” en dirección de “Río
Chiquito” habiéndose hecho alto en las márgenes del Río Lavado sorprendió una
fuerte columna enemiga a las fuerzas que llevaba y después de 2 horas de un
nutrido y certero fuego se retiró el enemigo con un crecido número de bajas. Por
nuestra parte tuvimos de la 1ra. Compañía del 2do. Batallón del Teniente Antonio
Ramírez, Cabo Vicente Alonso y soldados Jacinto Caballos, Antonio Morel, Juan
Machado, Manuel Rondón, Antonio Misa y José Muñoz heridos. De la 2da.
Contusos el Subteniente Juan Rodríguez, Cabo del mismo nombre y el soldado
Francisco Ramírez, Cabo del mismo nombre y el soldado Francisco Ramírez y
Heridos.
Sargento 2do Joaquín Mastiliano y soldados Domingo Ramos y Andrés Jiménez.
De la 1ra. De la 3ra. Muerto el Capitán Antonio Mora y herido el Cabo Joaquín
Alarcón. De la 4ta. Contuso el Sargento 1ro. Francisco Avila y heridos los
soldados Manuel Lastre e Ignacio Lluch, y de la 1ra Compañía del 1er. Batallón
muerto el soldado Gabriel Castillo y herido el cabo Gil Espinosa y soldado Agapito
Rondón, Pernoctó el Cuartel General en el mismo lugar del combate.
19 – Salió de “Las Catas” a “Santa Lucía”. Salió el cuartel general del Lavado para
el campamento de “Las Catas”. Pernoctó en el río “San Pedro”
20 – Llegó el General con la fuerza que lo acompañaba y los heridos a “Las Catas”
21 – Marchó el Comandante González con su fuerza para la parte oriental del
Distrito, de cuyas operaciones quedé encargado por haber marchado a Cuba el
brigadier Francisco Vega a restablecer su salud. En unión de dicho Comandante
marchó también el brigadier Sanguily que pasa al extranjero.- Salió el teniente
García con barril y medio de pólvora para el Mayor General I. Agramonte.
22 – Llegó el Comandante Drago con 25 vacunos mancornados en Santa Lucía (5
leguas)
23 – Atacó el campamento una columna como de 400 hombres. Duró el combate
como hora y media sin que pudiera desalojarnos de la posición que ocupábamos.
Se causaron al enemigo algunas bajas. Tuvimos de la 4ta. Compañía 2 contusos; de
la 6ta. Heridos los soldados Blas Peña y José Calderón y 2 contusos de la 8va.
Muerto el soldado Angel Guevara y herido Miguel Ramírez.
24 – Salimos de este lugar (Campamento Las Catas) con dirección a “La Dichosa”
25 – Pernoctamos en “El sitio del Licenciado”. Se supo que el individuo José
Figueroa después de asesinar al Capitán Diego F. Milanés se pasó al enemigo.
26 – Llegó el Cuartel General a “La Dichosa”. Se fue por viandas (una y cuarto
leguas)
ADICION

Febrero 24 – Hallándose el Comandante Manuel Cruz con 14 hombres en un
rancho inmediato a Santa Rita dando de almorzar a la gente, lo asaltó un piquete
enemigo conducido por el individuo Pedro Lastre que acababa de presentarse. Se
hizo fuego hasta consumir el parque y retirándose encontró por “San Pedro” al
Comandante Drago que con dos Compañías venidas en dirección del fuego; y
reunidas volvieron al lugar indicado donde a poco volvieron los españoles y se
travó un nuevo combate que concluyó como al cuarto de hora por haberse retirado
en fuga el enemigo. Quedaron los nuestros ocupando sus posiciones y como a la
media hora volvió el enemigo en número considerable al que se hostilizó con
fuerzas nutridas por espacio de ¾ de hora. Con el 2do fuego tuvimos muertos al
soldado Carlos Ramírez de la 6ta. Compañía sin más bajas en los otros; y el
enemigo dejó muchas huellas de sangre y muerte al práctico nombrado *.

ADICCION

ENERO 15 –El Comandante M. Castillo Jefe del escuadrón de Caballería de este
Distrito; en comisión por el de Camagüey habiendo salido con algunos rifleros a
practicar un reconocimiento en las inmediaciones de su campamento (El Fomento),
en su tránsito apresó un negro, a quien le quitó un machete, un cuchillo, una
camisa y un caballo cargado de miel de abeja.
El mismo día con 10 rifleros pasó a las inmediaciones del puente “La Juanita” y
tomó siete caballos útiles y mulo.
16 – El alferez que Almaguel habiéndose emboscado por orden de su comandante
C. M. Castillo en el platanal del Campamento “San José” sorprendió a un
movilizado que iba en busca de plátanos y le quitó un caballo aperado.
17 – El mismo Comandante habiendo mandado dos números a explorar, se
encontraron con los guerrilleros de “La Juanita” a los que dispararon y tomaron un
rifle Remington de grueso calibre, un caballo con su montura y otros efectos.
26 – Habiendo sentido fuego en las inmediaciones del campamento “La Juanita” el
mismo Comandante marchó hacia ese lugar con 4 rifleros a practicar un
reconocimiento y habiéndose encontrado con una guerrilla del indicado
campamento le rompió el fuego y habiéndoles puesto en desordenada fuga, se
apoderó de un bulto con 50 cápsulas de Remigton, 2 camisas, y 14 caballos
aperados, de los cuales dos cargados de carne y otros efectos.
27 – Se hizo prisionero a un voluntario que pasó por las armas.
Febrero 1ro. El Comandante Castillo con el Escuadrón a su mando pasó la línea
férrea de Puerto Príncipe a Nuevitas en dirección a Yaguajay, y al pasarla destruyó
parte de la línea telegráfica y algunas labranzas.
10 – El indicado Comandante con su Escuadrón en unión del de “Yaguajay” al
mando capitán Chano Ricardo pasó a la finca “El Quemado” donde encontró la
guerrilla abastecedora de “Guanaja” El enemigo a la vista de los nuestros se puso
en precipitada fuga, abandonado 12 yuntas reses, 12 machetes, 12 cuchillos, 10
mudas de ropa, 8 hamacas y otros efectos.
18- Pasó al ingenio “La Reforma” donde capturó dos voluntarios que mando
matar; acto continuo pasó nuevamente la línia de Puerto Principe a Nuevitas; en
dirección de “El Fomento”, y volvió a cortar los alambres del telégrafo y destruyó
labranzas.
27- Llegó al Cuartel General de “La Dichosa” el Comandante Drago con ganado.
28- El Comandante González fue atacado en “La Horqueta” por una columna
como de 300 hombres; duró el combate como ¼ de hora. Se causó daño al enemigo
y por nuestra parte no hubo novedad.
29- Después de haber marchado el Comandante Fonseca con el convoy, heridos,
enfermos, gente desarmada y la 4ta. y 5ta. 6ta. Compañía del 2do. Batallón en
dirección de “La Loma”, del campamento “La Dichosa”, fue atacado en este punto
el Cuartel General, que con la 1ra. 2da. 3ra. y parte de la 7ma. y 8va compañía del
indicado Batallón había quedado para marchar momentos después, por una
columna como de 1 000 hombres al mando del Coronel Báscones. Se sostuvo el
empuje del enemigo por más de dos horas, al cabo de cuyo tiempo se retiró nuestra
gente haciendo fuego hasta el potrero de “Loreto” donde retrocedió el enemigo con
innumerables bajas. Por nuestra parte tuvimos en el Estado Mayor el Comandante
Francisco Drago herido y el Dr. Rafael P. Martínez contuso en la compañía el
Capitán Manuel Zayas y el soldado Alfredo Torres, heridos, este último falleció;
de la 2da herido el soldado Pedro Izquierdo; de la 3ra. Su Capitán interino Teniente
Miranda, Cabo Donato Pelegrin y el soldado Teófilo Mayo herido, el segundo de
los cuales falleció y muerto el soldado Nicolás Polo, de la 7ma. el subteniente
Joaquín Guzman muerto. Siguiendo el Cuartel General para “La Legua”, donde
pernoctamos.
30- La misma columna volvió atacar el Cuartel General. Duró el fuego como 1
hora, en el que se les hizo algunas bajas, por nuestra parte tuvimos contuso al
Comandante Manuel Cruz jefe del Batallón en la 1ra. Compañía contuso el soldado
José Neponuseno Ramírez; de la 3ra. Compañía soldado Manuel Miranda herido y
de la 7ma. soldados Antonio Torres y Franciso Rosabal heridos. Se trasladó el
Cuartel General a San Miguel. En “Hambre Vieja” también se presentó una
columna enemiga a la que tiroteó el Alfrerez O. Almaguel con 17 hombres por
orden del Comandante Fonseca. Fue pasado por las armas el soldado Joaquín
Góngora a quien previamente se juzgó en Consejo de Guerra por los delitos de
deserción e infidencia.
31- El Cuartel General se trasladó de “San Miguel” a “Carbajal” Al pasar el
enemigo por el camino de “La Loma” a “La Catalina”(31), le hizo algunos
disparos una de las avanzadas del campamento del Comandante Fonseca. El
enemigo continuó para “La Catalina”
Tanto por la presencia del enemigo como por la falta de agua se trasladó el convoy
a “Lugonsito”. El Alferez Almaguel con los vaqueros fue por ganado al “Barroso”.
Abril 1ro. Al trasladarse el cuartel general de “Carvajal” al Jiquí, tuvo un
encuentro con una columna como de 200 hombres en el camino de “Monte
Oscuro” y después de un corto fuego se le causaron 4 bajas vistas. No tuvimos
novedad. Pernoctamos en el Jiquí. Llegaron los vaqueros del comandante Fonseca
con 4 reses. Fue pasado por las armas el movilizado Blas capturado.
2 – Pasó a “La Esperanza” el Cuartel General, el comandante Fonseca trasladó el
convoy uno en cuarto de legua más arriba de donde se hallaba por las márgenes de
“Lugonsito”.
3- Previo consejo de guerra fue fusilado en “La Esperanza” el soldado Juan Rafael
Ypoly (a) Prin por deserción con reisidencia. Mandó el Comandante Fonseca los
vaqueros a mancornar.
4- El Comandante Fonseca tuvo noticias de hallarse varias columnas en las
inmediaciones de su campamento. Llegó a este el Coronel I. Guerra con una
columna de “Las Villas” y continuó marcha guiado por el capitán R. Fonseca de la
7ma. compañía del 2do. Batallón.
Habiendo cogido el enemigo prácticos de la posición que ocupaba el convoy, el
Comandante Fonseca lo trasladó a “Arroyo Salado”.
5- El Comandante M. Castillo con el Escuadrón a su mando llegó a “La
Esperanza” donde estaba acampado el Cuartel General. Se hirió casualmente el
soldado Fructuoso Ramos de la 2da. Compañía del 2do. Batallón.- El Comandante
Fonseca mandó una comisión por reses.
6- El Cuartel General se trasladó a “Monte Grande” después de un pequeño tiroteó
que sostuvo el Comandante Castillo con una columna enemiga entre “La
Esperanza” y “La Sabanilla”. Llegó la comisión del Comandante Fonseca con 6
reses muertas. Volvió a marchar la misma comisión con el propio fin.
7- Se presentaron dos columnas, una por Santa Ana y otra por San Francisco.
Entraron por “Lugonsito” y quitaron el ganado a los vaqueros del Comandante
Fonseca.
8- Fue atacado el Comandante Fonseca en el “Soldado” por una fuerza enemiga
como de 400 hombres. Duró el fuego como ½ hora. Tuvimos heridos a los
soldados Juan Arteaga y Agüero, Genaro Segura y Onofre Parra, y muerto el otro
Raimundo Kindelán. El enemigo se retiró inmediatamente dejando huellas de
haber sufrido bajas. Se trasladó el convoy a “La Industria”.
9- El Comandante Fonseca emprendió marcha con el convoy y pernoctó entre
“Carbajal” y el “Jiquí”.
10- El Cuartel General pasó a “Santa Ana” a avistarse con el coronel I. Guerra Jefe
de la columna de “Las Villas”. El subteniente Julio Funes y el soldado José
Nepunoseno Ramírez, ambos de la Compañía, pasaron a la División de “Las
Villas” en la mañana de este día el comandante Fonseca al pasar con sus fuerzas y
el convoy por “Jiquí” se encontró con una columna que venía de “Sitio de Piedra”,
se le sostuvo un vivísimo fuego como de ¾ de hora hasta salvar el convoy.
Tuvimos muertos los soldados N. Arteaga y José Dric de la 6ta. Compañía y el
niño Alfonso Palmero como de 10 años de edad. El enemigo sufrió bastante daño.
Pernoctó dicho Comandante a orillas del río de “Sitio de Piedra” y de ahí pasó a
“Los Robles”, de aquí a “Monte Grande”.
11- El Cuartel General acompañando la columna de “Las Villas” pasó al
“Embeleso” donde pernoctamos. –El comandante Fonseca se trasladó a “San
Antonio del Jucaral”
12 – El cuartel general en unión de la columna vueltabajera pasando la línea férrea
de “Nuevitas” a “Puerto Príncipe”, acampó en “El Ciego”.
13 – El comandante Fonseca se trasladó a los montes del “Barroso”
14 – De “El Ciego” pasó al cuartel general a “Los Pitos”. El capitán Tomás de
Varona del Escuadrón de caballería, pasó a la División del Camagüey.
5 – El cuartel general de “San Bartolo” pasó a “La Trinidad”
14 – El capitán C. Baldomero Durañona con 60 hombres del 1er Batallón batió una
fuerza enemiga como de 100 hombres en el punto nombrado “Cayo Redondo” por
el camino de Bayamo a Las Tunas. Tras media hora de combate se declaró aquel
en retirada, perseguimos por los nuestros a pesar de un pequeño refuerzo que les
llegó y dejaron abandonados cadáveres, 9 fusiles Remington, armas blancas, 400
cápsulas y muchas prendas de ropa.
17 – En “Los Pitos” fue atacado el cuartel general, una columna enemiga como de
400 hombres que a los primerso disparos que se le hicieron se puso en precipitada
fuga. Se le causaron 14 bajas vistas. Por nuestra parte tuvimos muerto al soldado
Antonio Abad Ramírez del escuadrón de caballería y contusos el de la 2da.
Compañía Manuel Velázquez. Nos retiramos al campamento de la “Jicotea”
18 – De “La Jicotea” se trasladó al cuartel general “Al Jagüey” la fuerza
vueltabajera se le separó. El comandante González con 100 hombres del 1er
batallón, se encontró en “Cayo Redondo” con una fuerza enemiga como de 1500 y
después de una hora de reñido combate se retiró éste con 9 muertos a los que
dejaron 6 en el campo; se les hizo un prisionero y se le quitaron 9 rifles y otros
objetos. Por nuestra parte no hubo novedad.
El comandante Fonseca del “Barrozo” pasó a Ramblazo de Guásima” el 17 por
haber reconocido el enemigo una de sus avanzadas y capturado fuera de ella al C.
Genaro Curubeco.- Mandó al Alferez Almaguel a matar reses.
19 – Se le desertaron al Comandante Fonseca los soldados Juan Téllez y Manuel
Lastre de la 4ta compañía con sus armas y parque. Se mataron 6 reses.
21 – El cuartel General se trasladó a “El Ciego”.
22 – Continuó marcha y pasando la línea de Nuevitas a Puerto Príncipe
pernoctamos en el Ingenio “El Fomento”
23 – Siguió al Ingenio Barreto y de aquí a los montes del Paraiso en las márgenes
del “Saramagucán” donde acampamos. El comandante Fonseca mandó un piquete
por cocos a “Los Desengaños” y regresó sin novedad.
25 – Llegó al campamento del Comandante Fonseca el capitán Raimundo del
mismo apellido con su compañía y el Teniente Carmenate con un piquete. Se
mataron 6 reses.
28 – Llegaron al mismo campamento el Comandante S. Payne y el ayudante del
Presidente Comandante Cayetano acosta para continuar a Oriente. Se mandó por
cocos al “Desengaño” al Teniente Lorenzo Suárez con 90 hombres y regresaron sin
novedad. Se mataron 7 reses.
30 – Se mataron 4 reses.
Mayo 1ro. El Cuartel General de “El Paraiso” pasó al “Ramblazo de la Soledad”.
El comandante Fonseca mandó al capitán de igual apellido que con los vaqueros
fueses a mancornar a “El Ciego”.
2. Desertaron los soldados Jesús Peña y José Ma. Téllez (á) Chicho de la 4ta.
Compañía este con arma y parque.
3 – Del Ramblazo de La Soledad se trasladó el Cuartel General a “Sta. Lucía. El
capitán Fonseca regresó al convoy con 22 yuntas de reses mancornadas.
4 – El Cuartel General pasó a “San Bartolo”. El enemigo asaltó varios ranchos
inmediatos al campamento del Comandante M. Fonseca por la mañana, capturando
varias familias. Preparados a recibirlos estuvieron hasta que siendo ya de tarde y en
medio de un aguacero se presentaron los españoles por una de las avanzadas y
simultáneamente en el campamento con guerrilla que venían por el bosque. Se les
hizo un fuego muy nutrido, que duró hasta que se consumió todo el pertrecho. El
enemigo con muchas bajas se retiró inmediatamente, quedando solamente uno de
nuestros cuarteles. Tuvimos heridos el subteniente Luis Hernández y al sargento
1ro. Rafael Zamora de la 6ta. Compañía de los cuales el último falleció y los
soldados José Manuel Arévalo de la 6ta. y Gregorio López de la 7ma. perdieron
sus armas.
5- El Cuartel General de “San Bartolo” pasó a “La Trinidad”.
7- De la “Trinidad” pasó a “Monte Grande” donde nos reunimos al Comandante
Fonseca con el convoy se había trasladado a ese lugar el 6. Se mataron 2 reses.
9 – El cuartel general con la 1ra. 2da. Y 7ma. compañías y pelotones de las demás
pasó a “La Vega del Jiquí” donde pernoctó. Se mataron 6 reses en el campamento
del comandante Fonseca.
10 – Del “Jiquí pasó al Cuartel general a “Santa Bárbara”. El comandante Fonseca
salió de “Monte Grande” acampó en “Arroyo Salado”. Se le incorporó la 6ta
compañía que llevó el herido Luis Hernández a su casa. Desertaron los soldados
Faustino Comendador, Desiderio y Lolo Peña, Antonio Ramírez, Pedro Carmenate,
Santiago Ramos de la 4ta. Compañía, Sotero Peña y Juan Rosabal, de la caballería
y Abrahan Ruiz, de la 5ta. con sus armas, excepto el último. Mandó un piquete de
20 hombres a hacer carne al “Barroso”.
12 – Regresaron los vaqueros del Comandante Fonseca con 2 reses y un mulo
muerto. Se desertaron los soldados de la 4ta Compañía Pascual Espinosa y Víctor
Riquenes, el primero con arma y parque.
13- El capitán Julián Santana por orden del Mayor General entregó la 6ta.
Compañía al capitán Rafael Torres con 28 hombres presentes y 23 carabinas y un
Peabody. El capitán Torres con 30 hombres fue por carne al “Barroso”.
14- Desertaron los soldados Serafín Machado, Purgo (asiático), Antonio (asiático),
Eduardo Cruz, Esteban Montejo y Fernandino Parra de la caballería, con sus
armas.
15 – El cuartel general pasó a “Lugoncito” y el comandante Cruz con la 2da y 7ma
compañía marchó a “Santa Rita” á una comisión. Regresaron los vaqueros del
Comandante Fonseca con 5 reses. Se desertaron los soldados Joaquín Gómez, de la
6ta; Rafael López, de la caballería Tín Botijuela, de la lra. Pedro Cutiño, de la 4ta.
y Joaquín Conesa de la 1ra.
16 – El convoy se trasladó a “ Cristóbal Pérez”. El Alferez Almaguel a hacer carne
y el Sargento Telesforo Avila a viandas. Se desertaron los soldados José Amaya,
Gregorio Tamayo, Ignacio Lluch, de la 4ta. Compañía, Juan Antonio Garrido, de la
6ta. y Mateo Rondón de la 3ra. Con sus armas y parque.
17- Una columna como de 500 hombres atacó el Cuartel General y después de
haber concluido los nuestros su parque nos retiramos a “La Loma” donde
pernoctamos. No tuvimos novedad. El enemigo sufrió algún daño. Se le desertaron
al Comandante Fonseca al cabo Manuel Parra, Amaro Fernández y Nicasio Leo ,
con sus armas.
18- El Cuartel General pasó al “Murciélago” donde se nos incorporó el
Comandante Cruz. Desertaron del convoy el Cabo Eligio Avila y soldados Aniceto
Hernández y Juan Bautista Hernández, de la 6ta. y el sargento Francisco Avila y
soldado Pupo de la 4ta.
El cuartel general se trasladó a Cristóbal Pérez, campamento del comandante
Fonseca. Salió el Teniente Benigno Guede con 20 hombres por carne al Borroso.

ADICCION

3 – El comandante González con la primera y segunda compañía del primer
batallón se dirigió a “La Yuraguana” a una legua de “San Cristóbal”. Finca
ocupada por el enemigo, con el objetivo de hacer viandas y carne y como a las dos
horas después se presentó el enemigo en número de 60 u 80 hombres a los que
rechazaron dos o tres veces. Al fin se retiraron con grandes bajas pues se vieron
caer en el llano de la sabana donde tuvo lugar el combate. Se le redujo a cenizas la
casa y trapiche y se le ocuparon dos cabalgaduras aperados. Por nuesta parte
tuvimos dos heridos leves.
14 de abril. El capitán C. Baldomero Durañona con 60 hombres del primer batallón
batió una fuerza enemiga como de 100 en el punto nombrado “Cayo Redondo” por
el camino de “Bayamo a Las Tunas”. Tras media hora de combate se declaró
aquella en retirada, perseguida por los nuestros a pesar de un pequeño refuerzo que
les llegó y dejaron abandonados 7 cadáveres, 9 fusiles Remington, 6 armas
blancas, 400 cápsulas y muchas prendas de ropa.
Mayo 5. El comandante M. Castillo atacó con su escuadra al amanecer de dicho
dia una guerrilla enemiga que mancornaba ganado en el potrero “Sta Beatriz” pero
resultando aquella de superior fuerza tuvo que retirarse perdiendo tres caballos con
sus sillas. El enemigo sufrio la muerte de un sargento.
19-El capitán Durañona batió un piquete enemigo en “Pozos Salados” con 40
    hombres del 1er Batallón por espacio de ½ hora, causándole muchas bajas a
    juzgar por las huellas sangrientas que dejó en su retirada, no continuándose la
    persecusión por haber tenido heridos al Subteniente N. Millán y el cabo
    Salvador Blanco muerto.
El comandante M. Castillo atacó con su Escuadrón al amanecer de dicho día una
guerrilla enemiga que mancornaba ganado en el potrero “Santa Beatriz” pero
resultando aquella de superior fuerza tuvo que retirarse perdiendo tres caballos con
sus sillas. El enemigo sufrió la muerte de su sargento.
22- Por disposición superior entregó el Capitán C.R: Torres al de igual grado C.
Manuel Ortíz el mando de la 6ta Compañía que interinamente desempeñaba,
marchando el mismo día a presentarse al Jefe del 1er Batallón por haber sido
destinado a ese cuerpo.
23- Salió el Capitán José Castellanos a diferentes asuntos del servicio. Llegó el
    Capitán R. Fonseca con la 7ma. Compañía conduciendo carne de “Hato
    Arriba”. El subteniente Atilano Almeida con varios números de la 2da
    compañía salió en comisión del servicio.
24- Volvió el capitán Fonseca en busca de ganado a “Melilla” y el capitán
    Olazabal para el “Barroso” con igual objeto. Llegó el capitán Ortíz de la costa
    donde había ido en busca de sal con algunos números.
25- Llegaron el Comandante Echemendía y el C. Rafael Morales de paso para
Oriente. El capitán Olazabal trajo 2 reses muertas y otras 2 mandó el capitán
Fonseca. Mandó el C. Agustín Pupo 2 cargas de sal. El capitán Arnal con su parte
de la 2da. Compañía salió a una comisión.
26- Llegó una fuerza de “Las Villas” a las órdenes de coronel González dándole
práctico, continuó su marcha inmediatamente. El propio día y como a las dos de la
tarde fue atacado el campamento por una columna como de 500 hombres mandada
por el coronel Báscones y a pesar de haber sólo unos 70 hombres de los nuestros se
les sostuvo un animado fuego de cerca de dos horas, causándole bajas. Por nuestra
parte sufrimos la muy lamentable del valiente comandante C. Manuel Cruz y
Sargento 1ro. Joaquín Alarcón y heridos el comandante Echemendía y los soldados
Onofre Parra y Andres Estrada. Nos retiramos a las inmediaciones del campamento
sin que el enemigo tratase de perseguirnos.
27- En la madrugada salió el comandante Fonseca con el convoy y gente inútiles
escoltado por 25 hombres de la 3ra y 6ta compañía. Habiendo llegado el capitán
Olazabal con su compañero al campamento de Cristóbal Pérez, adonde por la
mañana y después de la retirada del enemigo volvió al cuartel general, volvió a
salir con su fuerza y el teniente Almaguel de la caballería con 10 hombres en
comisión para el Camagüey. Siguiendo el enemigo a Camalote y “Hato Arriba”,
atacó en este último lugar al capitán Fonseca, el cual por falta de parque tuvo que
retirarse tras de media hora de fuego, cayendo en poder de los españoles tres de los
vaqueros del mismo que andaban en la sabana.
28- Llegó el Cuartel General a “Lugones” donde se le incorporó el convoy y la
fuerza que le escoltaba y continuó a “La Loma”, donde acampó.
29- Llegó el Capitán Fonseca con su Compañía y con ella y pelotones de las
demás, salió por viandas a “Las Mercedes”. El comandante Echemendía pasó a
reunirse con los demás heridos que en “La Legua” mantenía el C. José Aguilera.
30- Regresaron los vianderos sin fruto alguno.
31-Salida de la Loma, pernoctamos en Ramblazo de Yerba. Lluvia.

Junio 1ro. se emprendió la marcha como a las 9 de la mañana y como a las 4 de la
tarde se acampó en “Jesús María” inmediato a Loma de La Cuaba, econtrando en
dicho lugar al capitán Castellanos con su compañía. Una parte de la fuerza fue por
caña a La Cuaba, regresando en la misma tarde. Mucha lluvia.
2 – Trajo cañas la gente del mismo lugar. Llegó el comandante José González a
conferenciar con el cuartel general y marchó el mismo día. Mucha lluvia.
 3 – Como en los días anteriores, se trajeron caña de La Cuaba. Llegó una fuerza de
Las Villas, procedente de Cuba; desapareció el moreno Blas Santos,
sospechándose se pasara el enemigo.
4 – Continuó marcha la fuerza de Las Villas. Como a las 8 de la mañana una
columna como de 400 hombres guiada por el traidor Blas Santos, atacó nuestro
campamento por frente y flancos; se le hicieron animados fuegos durante una hora,
al cabo de la cual se retiró nuestra gente por escasés de parque. Los españoles
debieron tener bajas de consideración por ser buenas nuestras posiciones y los
fuegos a muy corta distancia. Por nuestra parte tuvimos muerto al soldado Daniel
Torres, heridos al capitán R. Fonseca y el soldado José Antonio Misa. Joaquín
Baez y Juan Bta. Rivero de la 1ra. Compañía. Se emprendió la marcha acampando
en “Río Blanco”, donde se nos incorporó el comandante José González.
6 – Salieron varias comisiones en busca de recursos de manutención, regresando el
mismo día sin resultado por no haberlos en aquella zona. Se incorporó la 3ra,
Compañía al mando interino del Teniente Miguel Miranda y como a las once de la
mañana se emprendió marcha acampando como a las cinco de la tarde en “La
Herradura”.Lluvia.
7 – Se encargó al Capitán C. Sacramento León del mando del 2do. Batallón en
virtud de su mayor antigüedad y fallecimiento del Comandante Manuel Cruz.
Salimos de la Herradura, pasamos la línea telegráfica de Holguín a Las Tunas, en
el intermedio de los campamentos de “Palmillas” y “Guillén” y al anochecer
acampamos en el paso del “Cedro”. Lluvia.
8 – Se continuó la marcha y por la tarde se acampó en los saos de “Las Parras”.
9 – Salida de dicho sao acampando como a las once de la mañana en la loma de
“La Bartola”. Siendo el objeto de viaje situar fuerzas de esta división en la parte
Occidental de Holguín en que ya nos encontrábamos y no encontrando fuerzas de
ese Distrito ni quien comunicase las instrucciones ofrecidas por el Departamento
de la Guerra a nuestra llegada, salió el Comandante González en busca del coronel
Varona llevando comunicaciones para éste, el Secretario de la Guerra y el
Brigadier Calixto García. Por la tarde un piquete nuestro fue por mangos a
“Cañada Honda” y encontrándose con otro dicho Coronel, se supo éste acampaba
en el monte de Buenaventura.
10 – Llegó el Coronel Varona sin las instrucciones esperadas. Regresó el
Comandante González.
Enemigos en Buenaventura desde el dia anterior.
Desertaron el cabo Manuel Salgado y soldado Antonio, Tomás, Cosme y Francisco
Salgado de la 1ra. Y los otros Luciano Vargas, Pedro Hidalgo, Sacramento
Tamayo, Joaquín Osorio, Andrés Alarcón y Agustín Meriño del 2do. Todos con
armas. Lluvia y ningun recurso de manutención.
11 – Como a las 9 de la mañana una columna como de 400 hombres que había
seguido nuestras huellas, atacó las posiciones que ocupábamos, siendo rechazados
varias veces hasta que a los ¾ de hora. Se retiró nuestra gente por la conveniencia
de no consumir más parque. No tuvimos bajas debiendo haber sufrido muchas el
enemigo. El Comandante González con un piquete de la 2da. Compañía salió
conduciendo los enfermos y el convoy (excepto el parque) para entregarlos al
Capitán Francisco Gómez, cuyas órdenes debía ponerse el Subteniente Atilano
Almeida con el resto de la 2da. Compañía que le acompañaba. Continuamos
marcha y por la tarde acampamos en el monte de “Cabezas” donde tenía
campamento el Coronel Varona. El Capitán Arnal con 60 hombres entre armados y
desarmados salió para “Yuraguana” en solicitud de viandas y carne.
12 – En unión del Coronel Varona salimos de Cabezas y acampamos por la tarde
en San Martín, donde se encontró al Capitán Arnal que por algunas dificultades no
había llenado aún su cometido.
13 – Continúa el Capitán Arnal a llenar su comisión. Salimos de “San Martín” y
pernoctamos en “Jesús María”.
14 – Llegaron los vianderos con bastante fruto y continuamos marcha toda la
fuerza, acampando por la tarde en “El Ocujal”. Una guerrilla enemiga había
transitado aquella mañana por el 1er. punto, desprendida de una columna que se
hallaba en el último.
Ad. 14 – Acampando el Alferez Juan de la C. Betancourt con una parte del
Escuadrón en el potrero “El Delirio”, mientras el Comandante del mismo C.M.
Castillo se ocupaba con el resto en desempeñar una comisión del Cuartel General,
atacó a aquel una gruesa columna que burlaba las avanzadas, le salió por
retraguardia y frente haciéndoles un nutrido fuego a quema-ropa, dándole a penas
tiempo para salvarse con su gente. Perdiendo por consecuencia todos los caballos y
monturas, 2 rifles y un soldado que fue muerto en el cuerpo de guardia.
Adicción
El Comandante José González en lugar de reunir y conducir al “Junco” las fuerzas
de 1er. Batallón, como se le había recomendado, las hizo acampar separadas a
considerables distancias en “El Jabanés”, “Limones” e inmediaciones de “El
Jucaro”, y después de hacerles una desanimadora relación del estado de la guerra y
propalar que el Mayor General marchaba hacia Cuba para embarcarse, se presentó
al enemigo el 14 o 15 de dicho mes, con 6 u 8 individuos de la fueza, auxiliado de
los cuales y de un piquete enemigo, recogió casi todo el vecindario de “Río
Blanco”, ya por la fuerza, ya por tenerlos preparados de antemano, habiéndose
encontrado en “Diego Felipe” y “Becerra” 6 o 7 cadáveres de enfermos y heridos
del Ejército que se tenían en aquellas comarcas.
15 – El enemigo se retiró del “Junco” en dirección de “Santa Bárbara”.
Ad. 16 – El traidor José González con una columna enemiga atacó, burlando las
avanzadas de la 1ra. Compañía del 1er. Batallón mandada por el Capitán
Baldomero Durañona, acampado en las inmediaciones de “El Jucaro”por orden de
aquel. Sin embargo de la sorpresa, aquellos valientes resistieron ½ hora dos
superiores empujes del enemigo, retirándose sólo cuando les faltó el parque y cayó
muerto su heroico Capitán, causándole 17 bajas al enemigo.
Simultáneamente fuerzas de éste atacaban las demás fuerzas acampadas en “El
Jabanés” y “Limones”, las cuales careciendo de parque y atemorizados por las
mentiras propaladas por el traidor González, se dispersaron y perdieron un número
considerable de armas en la continuada persecución que a mansalva les hacían las
fuerzas españolas. Cundió la desmoralización en parte de las de dicho Batallón y
en el vencidario, aumentada por las calumnias, la seducción y las operaciones del
enemigo, pasándose así a éste un número considerable de vecinos y de individuos
del ejército, aunque por fortuna los tránsfugas no constituían el nervio de nuestras
fuerzas.
18 – El Capitán Arnal con toda la gente expedida salió para “La Yuraguana” por
viandas; y el resto de la fuerza con el Cuartel General se trasladó al “Raudal de la
Lima” donde acampó como a las dos de la tarde. Se incorporó una guerrilla del
Coronel Varona que en la [ilegible] mañana y como a ¼ de legua de dicho punto
había tenido un encuentro con el enemigo. Una contraguerrilla de éste se presentó
como a las 4 de la tarde en una de nuestras avanzadas en momento en que se
hallaba fuera del campamento la mayor parte de la fuerza buscando recursos de
boca; pero tiroteado por unos 20 números que quedaban, se retiró precipitadamente
tras unos diez minutos de fuego; no tuvimos baja alguna y seguimos ocupando las
mismas posiciones.
19 – Como a las 8 de la mañana se emprendió la marcha, acampando a las once en
el monte de “El Roble” donde al anochecer se nos incorporó el Capitán Arnal con
los vianderos, que trajeron bastante fruto. Transitaron nuestras inmediaciones
piquetes enemigos por el “Macío” y “Aguacatones”.
20 – Salió un piquete para “Santa Bárbara” en busca de carne y otro para “Santo
Domingo” por miel.
Ad. 20 – El Comandante Castillo con el Escuadrón a su mando saltó la finca “La
Redonda” del traidor Don Juan Bagés, en las inmediaciones del fuerte “San
Antonio”, donde capturó y dio muerte a tres individuos que dijeron ser voluntarios
de “Nuevitas” y se apoderó de 1 rifle Winchester y dos Remington con sus cananas
llenas, un rico botín de ropas, hamaca, combustible y seis bestias.
22 – Regresaron los vaqueros de “Santa Bárbara” con un toro y un ternero.
23 – Regresó la comisión de la miel con bastante de ese dulce.
24 – Marchó el Coronel Varona con su fuerza, siguiendo con él el coronel López
Queralta, el C. Rafael Morales, el Capitán José Ramón Quesada y el Teniente
Rafael Llanes. Como a las once de la mañana nos pusimos en marcha hasta por la
tarde que acampamos en “El Jucaro”, cuyo retroceso lo ocacionó la demora del
Comandante José González que enviado a recorrer su fuerza debió habérsenos
incorporado en el “Junco” y no lo hizo, teniendo por tal motivo que hubiera tenido
lugar alguna catástrofe que impediera aquella disposición.
25 – No teniendo la fuerza recursos de boca, el Cuartel General con toda ella pasó
al potrero la “Gerónima”, ocupado por el enemigo, donde por la mañana se
tomaron viandas en abundancia.
26 – Regreso al “Jucaro”. – Lluvia.
27 – Llegaron al Cuartel General noticias vagas de que el Comandante José
González se había presentado al enemigo y para evitar consecuencias y sorpresas
dolorosas, caso de ser ciertas con la debida reserva se comunicaron a las fuerzas las
instrucciones necesarias y procedentes. – Mucha lluvia.
28 – Después de dejar unos enfermos por los ranchos de aquellos lugares, se
emprendió marcha como a las once de la mañana, acampando por la tarde en “La
Trinidad”.
29 – El Comandante Fonseca con la 7ma. Compañía salió en comisión averiguar si
era o no cierta la traición del comandante González, a reunir en su caso las fuerzas
de aquel y practicar cuanto viera en semejantes circunstancias a evitar mayores
males.
El Cuartel General continuó marcha hasta “La Caridad del Guasimal” donde en
momento de estar acampando atacó una columna como de 200 hombres con la que
se tuvo un pequeño tiroteo tras el cual nos retiramos a la costa del potrero del
mismo nombre donde pernoctamos.
30 – Se continuó la marcha acampando como a las siete de la mañana en la
“Machuca”.
Adicción
El Comandante José González en lugar de reunir y conducir al “Junco”[ilegible]
del 1er. Batallón, como se le había recomendado, los hizo acampar [ilegible] a
considerable distancia en “El [ilegible] “Limonal”, inmediaciones de “El Jucaro” y
después de habérseles una desanimadora relación del estado de la guerra y de
propalar que el Mayor General marchaba hacia Cuba para embarcarse, se presentó
al enemigo el 19 de dicho mes con 6 ú 8 individuos de la fuerza, auxiliado de las
[ilegible] y de un piquete enemigo. Les recogió casi todo el vecindario de “Río
Blanco”, y por fuerza, por tenerlos preparados de antemano, habiéndose
encontrado en “Diego Felipe” y “Becerra” 6 ó 7 cadáveres de enfermos y heridos
del Ejército que se tenían en aquellas comarcas.
14 – Acampando el alferes Juan de la C. Betancourt con una parte del Escuadrón
en el potrero “El Delirio” mientras el comandante del mismo C.M. Castillo se
ocupaba con el desempañar una comisión del Cuartel General, atacó a una gruesa
columna que burlando las avanzadas salió por retaguardia y frente haciéndoles un
nutrido fuego a quemaropas, dándole apenas tiempo para salvarse con su gente,
perdiendo por consecuencia todos los caballos y monturas, 2 rifles y un soldado
que fue muerto en el cuerpo de guardia.
16 – El traidor José González con una columna enemiga atacó burlando las
avanzadas á la 1ra Compañía del Batallón mandada por el Capitán Baldomero
Durañona, ocupado en las inmediaciones de “El Júcaro” por orden de aquel. Sin
embargo de la sorpresa aquellos valientes resistieron media hora dos superiores
empujes del enemigo retirándose solo cuando les faltó el parque y cayó muerto su
heroico Capitán causándoles 17 bajas al enemigo. Simultáneamente fuerzas de éste
atacaban las demás fuerzas acampadas en el “Jabanes” y “Limonal”, los cuales
conociendo de parque y atemorisados por las mentiras preparadas por el traidor
González, se dispersaron y perdieron un número considerable de armas en la
continuada persecusión que a mansalva le hacían los [ilegibles] españoles, cundió
la desmoralización en parte de los dichos batallones y en el vecindario, aumentada
por las calumnias, la seducción y las operaciones del enemigo, pasándose así a éste
un número considerable de vecinos y de individuos del Ejército, aunque por
fortuna los tránsfugas no continuán el nervio de nuestras fuerzas.
Junio 20 – El Comandante Castillo con el escuadrón a su mando asaltó la finca “La
Redonda” del traidor van Juan Bajés, en las inmediaciones del fuerte “San
Antonio”, donde capturó y dio muerte a tres individuos que sus voluntarios de
“Nuevitas” y se apoderó de un rifle Wenclester y dos Remington con sus cananas
llenas, un rico botín de ropas; hamacas, combustibles y seis bestias.
Julio 2 – El Cuartel General se trasladó al “Macio”. El Teniente Miranda con
algunos números salió en persecución de los desertores Julio y Marcos Rodríguez
y Manuel Torres.
3 – Continuo la marcha acampando por la tarde en el monte de “Antón Bran”. En
el tránsito desertó el Cabo de la 1ra. Compañía José Ren.
4 – El enemigo en corto número se presentó en una de nuestras avanzadas, y
sorprendiéndola dio muerte al soldado Ramón Leyva que se hallaba de centinela,
marchándose sin atacar. La escases de parque hizo emprender la marcha y
habiéndose hecho alto en los montes de “Santa Elena” como a las diez de la
mañana, nos atacó una columna de unos cien hombres, a la cual se hizo un ligero
fuego, sin ninguna pérdida por nuestra parte. Continuamos hacia “La Caoba”
donde pernoctamos. Se tuvo conocimiento de haberse presentado al enemigo el
Comandante Jesús Fajardo, entregando a algunos hombres de la fuerza y vecinos.
5 – Se emprendió marcha pernoctando en “El Paraiso”.
6 – De “El Paraiso” se pasó a “La Dichosa”, de aquí a “La Vega de Loreto”. Salió
parte de la fuerza por Mangos y habiéndose presentado el enemigo que venía por
nuestro rastro continuamos marcha, pernoctamos en la estancia de “La Tenería”
detrás de “San Pedro”. Llegaron al Cuartel general vagas noticias de la
presentación del Capitán Aguilera y la captura de los Comandantes Drago y
Echemendía.
7 – Como a las siete de la mañana se emprendió marcha acampando en “San
Rafael” como a las 3 de la tarde.
8 – Se despidieron dos comisiones en busca de carne y mangos, regresando la
última con bastante fruto.
9 – Vino sin resultado la comisión de ganado, por ocupar el enemigo los lugares en
que debía mancornar. Se benefició una yegua y se mandaron nuevas comisiones
por carne y mangos.
10 – Llegó el Capitán José C. Olazabal, manifestando que en su viaje al
“Camagüey” fue atacado dos veces por el enemigo y otra en “Hambre Vieja” a su
regreso, donde se le dispersó toda la gente y que en uno de los primeros ataques
perdió ocho armas, por haber sorprendido el enemigo su campamento burlando las
avanzadas.
Un piquete salió por mangos y regresó sin novedad, así como la comisión de la
carne con una res muerta. Salió otra.
Previo consejo de guerra, hizo ejecutar el comandante Fonseca, al soldado Pablo
Reyes por delitos de deserción, traición y espionaje.
11 – Vino la comisión de carne con otra res muerta.
12 – Habiendo salido otra comisión en busca de carne, volvió sin ella por hallarse
el enemigo en el lugar donde se obtenía.
13 – Por haberse desertado y presentado al enemigo según se creyó el soldado
Antonio Ceballos, se trasladó el Cuartel General a “Las Piedras”. Llegaron los
capitanes Francisco Gómez y Pedro Palma con pliegos del Comandante Fonseca,
en que éste da cuenta de sus operaciones día por día hasta el once del actual,
resultando de ellas haber recogido parte de las fuerzas dispersas del Batallón y
hecho todo lo posible por reorganizar aquellas fuerzas y levantar su espíritu y el
del vecindario.
14 – Una parte de la fuerza fue por viandas a “Jesús María” y regresó sin novedad
y con bastante fruto.
15 – Regresaron los vaqueros con una res muerta. Seguidamente salió otra
comisión y mataron dos reses. Un piquete fue por vianda a Santa Rita y regresó sin
novedad y con resultado favorable.
16 – Con el Teniente Francisco Betancourt llegaron 8 números de los disparos del
capitán Olazábal. Salieron los vaqueros y regresaron con una res.
17 – Los vaqueros mataron una res.
18 – Volvieron a salir los vaqueros y regresaron sin resultado. Se incorporó el
Teniente Antonio Ramírez 3 números.
19 – Se mataron dos vacas. Del Campamento de Palmarito en que se hallaba el
Comandante Fonseca desertó el soldado Alejo Pérez de la 2da Compañía del 2do.
Batallón, con su arma, presentándose al enemigo.
20 - Se trajo una res muerta. El comandante Fonseca con 60 hombres del 1er y 2do
    Batallón fue por viandas a la estancia del “Ciruelito” sobre el camino de Las
    Tunas a “Jagüey de B....ma”, siendo atacado por una columna como de 200 hs.
    Procedente del último punto. Tuvo con ella ¼ de hora de fuego al cabo del cual
    se retiró el enemigo y pudo nuestra gente continuar la extracción de viandas, no
    continuándose la persecusión por la escasés de parque. No tuvimos baja alguna
    y el enemigo dejó un caballo muerto y varios vestigios de sangre.
21 – El Capitán Rafael Torres que en la dispersión de las fuerzas del 1er. Batallón
    había quedado enfermo por Guáimaro, llegó al Cuartel General con tres
    números de su compañía.
22 – Se pemaneció en el mismo campamento de “Las Piedras” trayéndose
    diariamente, carne, viandas y frutas para el mantenimiento de las fuerzas, pero
    habiéndose presentado el enemigo por sus inmediaciones, se retiró el
    Campamento ½ legua más adentro. En la misma última fecha el Comandante
    Fonseca acampando en Las Lajas celebró consejo de guerra e hizo ejecutar al
    soldado Senón Yero y a los individuos Pedro Peña, Javier Aleaga, Juán Corona
    y Juán Silverio Pérez, capturados el día anterior y convictos de andar
    seduciendo hombres para que se pasen al enemigo, de quien eran espías. Dicho
    Comandante llevó a efecto esa ejecución sin el acto de revisión que
    correspondía, tanto por no ser fácil su remisión al Cuartel General, cuanto por
    la conveniencia del pronto castigo para cortar la desmoralización sembrada por
    los traidores que se notaba en todas las fuerzas por aquellos días.
El Comandante Castillo redujo a cenizas el puente del ferrocarril del Camagüey a
Nuevitas que está próximo al campamento enemigo La Juanita y destruyó por
espacio de una legua la línea telegráfica. En la noche de éste día el mismo
Comandante asaltó la finca “San Gregorio” que trabajaba el enemigo, y ocupó una
carabina Forser, un caballo, dos mulos, ropa y víveres.
27 – Al amanecer se emprendió marcha y como a las díez de la mañana se acampó
entre Monte Oscuro y Santa Bárbara.
28 – Regresó el Tte. Miranda de la comisión que le fue confiada.
29 – Llegó el Brigadier Ruvalcaba procedente de Cuba y de paso para el
Camagüey. Se mató una res.
30 – Salida como a la díez de la mañana, acampando como a las 3 en “El
Naranjal”.
31 – Se mató una res.
Agosto 1 – Se mataron dos reses y se trajeron mangos.
3 – El capitán Antonio Ramírez salió a reclutar.
4 – Se mataron 2 reses.
5 – El C. Nicomedes Ochoa salió para el Camagüey en comisión. Previo consejo
de guerra fue pasado por las armas el soldado Felipo Curbecu por haberse
descubierto ser espía de los españoles.
6 – Se mató una res.
7 – Parte de la fuerza fue por viandas al “Cupeyal” y regresó sin novedad. El
capitán Joaquín Marty, el subteniente Gregorio Salgado y el prefecto de
Cabaniguán Miguel Marty, acompañados del soldado Antonio Torres y Salgado, 2
asistente y la familia de dicho Prefecto se marcharon del Pozo de la Plata donde se
hallaban y se presentaron al enemigo.
8 – El Mayor General con parte de la 1ra Compañía y 2 ayudantes salió a un asunto
del servicio.
9 – Salió una comisión por mangos y otra por ganado regresando el propio día.
10 – Parte de la fuerza fue por viandas a La Caoba. Llegó el Comandante M.
Castillo con su Escuadrón.
11 – Regresó el C. Nicomedes Ochoa de su comisión al Camagüey.
12 – Se trajeron mangos de “Santa Bárbara”. Llegó el subteniente Calixto Agüero
con algunos números.
13 – Regresó el Mayor General y salió una comisión por ganado.
14 – Se concedió pase para la División del Camagüey al Comandante M. Castillo,
el cual entregó el escuadrón que mandaba. Se trajeron 3 reses.
15 – Parte de la fuerza fue por viandas a “La Caoba”. Llegó el capitán José
Castellanos con su compañía.
17 – De las fuerzas del comandante Fonseca acampados en “El Ojo de Agua de los
Melones” desertó el soldado Ramón Alarcón de la 7ma. compañía del 2do
Batallón.
18 – Comisión al Subteniente Calixto Agüero para la confección de sal.
19 – Ascendió a Capitán el teniente Antonio Ramírez le fue entregado el mando de
la 1ra Compañía pasando el Capitán Manuel Zayas que la tenía a las órdenes del E.
M. de la División.
20-Se trajo una res.
21 - Se trajeron mangos de “Las Cabreras”. Se reconocieron huellas de una
    columna enemiga que pasó por “Los Peladeros” con dirección al “Salvial”. El
    comandante Fonseca capturó a orillas del pueblo de Las Tunas a los individuos
    José Ortíz, Joaquín Barbán, Rafael Leyva y un hijo del 2do ocupándole 3
    cabalgaduras. Siendo Leyva y Barbán presentados al enemigo, sus prácticos y
    causando grandes perjuicios, fueron pasados por las armas.
22 - Enemigos en “El Naranjal”. Se pasó el día esperando el ataque.
23 El Mayor General con parte de las fuerzas se emboscó desde el amanecer en el
carril que de “El Salvial” conduce a “Santa Bárbara” en cuyas inmediaciones
estaba situado nuestro campamento. Presentándose el enemigo [ilegible] como a
las seis de la mañana, al que se hizo fuego nutrido y certero durante ½ hora
causándole bastante daño a juzgar por las huellas de sangre que luego se
reconocieron. Por nuestra parte tuvimos herido al soldado de la 1ra Compañía Juan
Pedro Izquierdo. La falta de parque determinó la retirada que se hizo a los montes
de San Pedro, pero presentándose de nuevo el enemigo se trabó un nuevo combate
como de ½ de hora al cabo del cual nos retiramos sin baja alguna a “La esperanza”.
El Comandante Fonseca recorriendo las orillas del pueblo de Las Tunas, capturó a
los cubanos Bernardo Cabrales y Gabriel Polo; así como varias mujeres, salidos
unos y otros en busca de viandas para aliviar la miseria que allí sufrían. Se
permitió volver las mujeres a la población y dedicar los indicados hombres al
servicio mecánico del campamento en virtud de que habían sido capturados por el
enemigo.
24 Se emprendió marcha al amanecer pernoctamos en Los Angeles.
25 Salida de Los Angeles y llegada a Monte Grande, donde se mató un toro. Del
campamento del Comandante Fonseca fugó el individuo Gabriel Polo, capturando
el 23, llevándose su Sprinfield.
26 Se mataron dos reses.
27 Atacó el Campamento como a las 10 de la mañana una columna como de 200
hombres a la que se sostuvo un nutrido fuego durante ¼ de hora, retirándonos por
haberse consumido el parque de la gente, por cuya razón nos persiguió el enemigo
más de una legua por el monte, dispersándose parte de la fuerza, que se reunió a
los pocos momentos con el Cuartel general. El comandante Fonseca suspendió al
capitán Reymundo del mismo apellido del mando de la 7ma Compañía por falta de
subordinación y disciplina.
28 Salida del convoy para la Esperanza, escoltado por la 4ta Compañía del 2do.
Batallón.
29 Reunión de las fuerzas en San Antonio.
30 Salida de “San Antonio” acampando en Santa Brígida. Del campamento del
Comandante Fonseca se desertaron los soldados Rosario Calunga y Esteban Licea
de la 1ra Compañía del 1er Batallón.
31 Por falta de agua se trasladó el Cuartel General con la fuerza a “El Guayo”.
Octubre 2 – Se mataron 3 reses.
3 – Se comisionó al capitán Rafael Torres para reclutar.
4 – Se trajeron 5 yuntas de reses. Acampando el comandante Fonseca en “La Vega
de Guamabo” sobre la margen derecha del “Tana” fue atacado por una columna
como de 200 hombres, la que con 20 rifleros, únicos que tenían parque entre más
de 100 hombres que contaba, le opuso resistencia sosteniendo el fuego ¼ de hora,
retirándose a corta distancia sin ser inquietado por el enemigo. Tuvimos herido al
soldado Rafael Borrero de la 2ª Compañía del 1er Batallón y perdido el arma que
el mismo portaba.
6 – Murió el herido Rafael Borrero.
9 – Salida de El Guayo y llegada a San Diego, donde se acampó.
10 – Se trajeron 7 yuntas de reses.
12 – Se trajeron 4 yuntas de reses.
15 – Se trajeron 2 yuntas de reses y falleció el soldado Vicente Rubio, asistente a
consecuencia de una herida casual.
Del campamento del Comandante Fonseca, situado en la Caballería de “La Plata”,
se desertó y pasó al enemigo el subteniente Anselmo Salazar, de la 7ma compañía
del 2do Batallón, llevándose un rifle Remington.
18 – Del monte de “La Macagua” donde acampaba el Comandante Fonseca desertó
el soldado Tomás Marques, de la 7ma Compañía del 2do. Batallón.
19 – Los Capitanes Castellanos y Olazábal con sus Compañías y parte del convoy
quedaron a las órdenes del Comandante Pedro I. Castellanos, que el mismo día
había ingresado en esta División y el Cuartel General con el resto de las fuerzas
emprendió marcha para reunirse al Comandante Fonseca, pernoctando en San
Antonio donde se permaneció hasta el 23 por indisposición del Mayor General.
24 - Salida de San Antonio y llegada a “Mota”
25 Llegó el Capitán Pedro Palma, con pliegos del Comandante Fonseca y del
Gobierno, así como varios números armados y al Capitán R. Fonseca en virtud de
la suspensión dictada por el expresado jefe.
26 Emprendida marcha se pernoctó en “Monte Oscuro”.

1873

Enero 1 – Salió la columna a Las Calabazas y nos reunimos al Batallón del este en
San Blas.
3 – El Cuartel General con todas las fuerzas pasó a acampar en Loreto para mejorar
de posición y esperar al Mayor General Ignacio Agramonte.
6 – Se incorporó el Coronel Luis M. Díaz con el escuadrón de caballería del este,
pero por la tarde volvió a marchar.
8 – Faltaron a la hora de la mañana los soldados Genaro Licea, José Ma. Mendoza,
Pablo Borrero, Antonio y Roque de la O, Miguel y Juan [ilegible] Jorge con sus
armas para tener más abundantes el ganado, se trasladaron las fuerzas a Palma
Picada sobre la márgen izquierda del Río Sevilla.
13 – De un disparo casual de su propia arma falleció el cabo 1ro. Fructuoso
Rodríguez, del Batallón de Cabaniguán.
15 – Desertaron el cabo Pedro Tamayo y Salvador Sacramento del mismo apellido,
Diego Pérez, Juan y Pedro Hidalgo y Manuel Rangel de la 2da. Compañía del
Batallón de Hatuey, cada cual con su arma.
17 – Se incorporó el coronel Luis M. Díaz con el Escuadrón del Este.
18 – Llegaron los Diputados Spoterno, M. Garai y L. V. Betancourt para dirigirse a
Oriente.
19 – Se incorporó el Teniente Coronel Gregorio Benítez con la Brigada del Este al
sur de Camagüey.
20 – Proyectado un ataque sobre uno de los caseríos enemigos para obtener
algunos recursos para las tropas, no permanecer en la misión y favorecer así
movimientos que en la parte occidental efectuaba el mayor Agramonte, se
trasladaron todas las fuerzas a Santa Martha. Desde este punto se mandó al capitán
Rafael López con un piquete de caballería a capturar algunos hombres por las
inmediaciones de Sibanicú que dieron los informes necesarios de ese caserío y
sirviesen de prácticos para el ataque al mismo.
21 – Regresó dicho piquete con los prisioneros y manifestaron de haberse escapado
otros que con ellos estaban tomando los informes convenientes a dichos
prisioneros, formulando el plan de ataque, divididas las fuerzas (780 hombres) para
llevarlo a cabo en cuatro cuerpos: uno al mando del Coronel Maestre para batir al
enemigo y tenerlo a raya en sus atrincheramientos, otro al coronel Díaz y Teniente
Coronel Benítez destinado al saqueo, por estremos opuestos del caserío y otro al
Teniente Coronel P.P Romero para la Reserva. Cada uno de esos jefes tenía en un
pliego mis instrucciones de la parte que le tocaba desempeñar; y el jefe de la
reserva, debía además recibir y depositar el botín y hacerlo custodiar y conducir
hasta que llegase la oportunidad de repartirlo con justa equidad. Se prohibió el
consumo de licores, la muerte de indefensos, el saqueo a las familias y toda
violencia a estar pues el botín debía obtenerse en los establecimientos mercantiles
y todo individuo que capturase debía ser conducido a la reserva, donde también
debían llevarse los heridos y colocarse el hospital de sangre.
A las ocho y media tuvo lugar la entrada en el caserío expresado, donde el enemigo
recelando nuestro propósito por la captura de dos vecinos, comunicada por los que
se le habían escapado, se había reforzado considerablemente en el fuerte y 4
fortines exteriores y algunas barricadas en las calles y establecimientos. Rompieron
el fuego los españoles y a poco se hizo general en el perímetro que formaban sus
defensas pero atacados con la mayor bravura, fueron desalojados de todos sus
posiciones exteriores y obligados a concentrarse al fuerte principal contra el cual
nada se pudo intentar por falta de artillería. Dos veces organizados los españoles
columnas, e hicieron con ellos salidas desesperadas, pero siempre fueron rechados.
Se saquearon los establecimientos mercantiles, en número de 11, entregándose de
ellos un rico botín de ropa y efectos ultramarinos y del país, hasta que siendo las
dos de la mañana, dispuse la retirada. En medio a las muestras de simpatía del
vecindario cuyas personas e interes fueron religiosamente respetados.
Se tomaron 7 rifles, 1000 cartuchos, algunas cápsulas, muchas armas blancas,
caballos, mulos y monturas. El enemigo dejó en las calles 5 cadáveres ignorándose
los demás que tuviera. Por nuestra parte algunas muy sensibles. Del Batallón de
Hatuey muertos el Comandante Esteban Castellanos y soldados Martín Pujals y
Juan Nápoles y heridos Teniente Pedro José Carmenates soldado Pedro Chaves y
prácticamente Eduardo Vidal Fontaine y asistente Sarial. Del Batallón del sur de
Las Tunas muertos los soldados Emilio y Juan Bautista Marrero y soldado Agustín
Montaña y heridos sargento de segunda Agustín Pupo y soldado Felipe Utria; del
Batallón del sur de Camagüey muerto el cabo Rafael Recio y heridos el
Comandante Martín Jiam. Capitán Rafael López. Teniente Pedro Puga y soldados
Margarito Varona, Emilio Lercano y Rafael Guzmán; y del Batallón de
Cabaniguán los soldados Manuel Chilitán y Pedro Quintero, heridos. Además se
capturaron 11 individuos entre ellos el rico comerciante español Francisco Giraldo.
23 – Como a las 8 de la mañana acampó la columna en Palma Picada. En este
    punto se nombró una comisión compuesta de un gefe de cada cuerpo para
    repartir el rico botín obtenido de Sibanicú y no pareció ninguno – ni que el
    responsable de él diera razón directa de su paradero. Como a las 4 de la tarde
    una columna como de 500 hombres nos atacó en dicho punto. Se le hicieron
    tres buenos fuegos que duraron 2 horas con las fuerzas de Las Tunas y las del
    sur de Camagüey que eran las que tenían algún parque por la conveniencia de
    no gastar todo el que teníamos se ordenó la retirada, que se llevó a cabo, sin que
    el enemigo nos inquietase, al camino de Loreto tuvimos herido al cabo José
    García y soldados Sacramento Machado y Matilde Ramírez de la 2da compañía
    del Batallón de Hatuey; y el enemigo dejó muchos regueros de sangre. El
    coronel Días con el escuadrón del este y el teniente coronel Céspedes se
    retiraron a otro lugar – Sometidos a Consejo de Guerra los individuos
    capturados en Sibanicú, fueron puestos en libertad de marcharse, como
    capturados indefensos.
24 – Un piquete de exploradores, encontrando una columna en Loreto la tirotearon.
El motivo de estar la columna embarazada aún con heridos, hizo determinar la
retirada de aquel lugar que por otra parte no brindaba buenas posiciones.
25 - Acampamos en San Martín de Vialla como a las 8 de la mañana, y sabiendo a
    poco que el enemigo se aproximaba tomaron las fuerzas posiciones ventajosas
    en dos emboscadas y en una trinchera que allí había construído el General
   Agramonte. La 1ra compañía del este de Camagüey mandada por el Teniente
   José María Mendoza, hizo al enemigo un vivo fuego que se continuó como un
   cuarto de hora. El Comandante Marcelino Quesada que con 2 Compañías bien
   pertrechadas, estaba encargado de defender la trinchera, la abandonó sin
   disparar un tiro y teniendo conocimientos de ésto se le dio orden al coronel
   Maestre para que abandonando la emboscada del flanco en que estaba con las
   fuerzas de Las Tunas ocupase y defendiera esa posición, pero al ir a verificarlo,
   grupos enemigos estaban en posición de ella.
    Rompíales sin embargo el fuego y acobardado el enemigo, la desamparó
    ocupándola otra vez nuestras fuerzas que rechazaron dos veces más las
    columnas cerradas con que los españoles trataron de rematarle, hasta que
    concluido el parque se ordenó la retirada. No tuvimos bajas y el enemigo debió
    sufrir muchas, se veían caer a nuestro frente y se oían los gritos lastimeros de
    los heridos al ser retirados a su retaguardia. Acampamos en Algodones (32),
    donde se encontraba un Batallón, del Este y Sur con el Coronel Díaz, los cuales
    marcharon la misma tarde. Las fuerzas del sur se retiraron a reunirse con el
    Coronel Benítez, [ilegible] en concentración.
26 – Salimos de los Algodones con la fuerza de Las Tunas y el Batallón del Este y
   como a las 12 acampamos en Guamabo (33), donde quedó el Batallón del éste,
   siguiendo las fuerzas de Las Tunas hasta La Vega de Guamabo donde acampó.
   Los heridos Teniente Pedro José Carmenate, soldado Pedro Torres y
   practicamente Eduardo Vidal quedaron a cargo del C. José Ramón Mendoza
   con los soldados, José Pérez, Ricardo Lluch y el muchacho Tomás Ochoa para
   asistirlo. El soldado Francisco Aguilera quedó en casa del C. Carlos Palomero.
27 – Los heridos Agustín Pupo y Felipe Utra, asistidos del otro soldado Miguel
   Utra quedaron a cargo del C. Jesús González.
28 Sometido a Consejo de guerra el soldado Querino Ceballos de la 1ª. Compañía
   del Batallón Hatuey por hurto, fue condenado a un mes de recargo de servicio.
   Desertó el soldado Ramón Radillo de la segunda compañía del Batallón del sur.
   Se incorporaron los enfermos y mujeres que se habían quedado a cargo del
   Prefecto de Jobabo (34)
30 – Se incorporó el Batallón de Cabaniguán.
Febrero 4 – Se entregaron al Capitán Eladio Nápoles y subteniente José
Hernández, el subteniente Julio Jardín, Sargento Amador López y soldado Juan
Bta. García correspondiente al batallón de Cabaniguán, acusados los dos primeros
de robo y el último de homicidios y violación en el territorio de Camagüey.
7 – Un piquete enemigo como de 150 hombres se presentó en una de nuestras
avanzadas, reforzada por haberse oido algunos disparos pero tiroteado vivamente
por ésta, se retiró vergonzosamente dejando dos cadáveres y una corneta. Por
nuestra parte no hubo novedad.
9 – Careciendo de parque y sabiendo que el enemigo concentraba fuerzas en
Guamabo para atacarme, me retiré al Corojo (35) sobre la márgen derecha del Río
Jobabo. En este día se separó también el teniente Coronel Céspedes (36), con el
batallón de Cabaniguán.
10 – Salimos del Corojo y acampamos en “El Lavado” (37). En el tránsito desertó
el subteniente Rafael Machado con una carabina.
11 – El Teniente Perca trajo a los desertores Pablo Borrero, José María Mendoza y
Juan Antepatán. Jorge le aplazó su Consejo de Guerra hasta la llegada de los
demás.
12 – El Teniente Perca fue comisionado para reunirse al C. Genaro Viltre y
ayudarle en ciertos trabajos de comunicación con el enemigo.
13 – El subteniente Estanislao Oro con 5 números armados salió en comisión para
el Cuartel general de Bayamo en solicitud de parque.
15 – El teniente Manuel Ortíz, comisionado al efecto, trajo preso al subteniente
desertor Rafael Machado con el arma que llevó.
18 – El Subprefecto de La Caridad C. Feliciano González trajo las armas de los
desertores que faltaron a la lista del 15 de enero desde Loreto, los cuales las
dejaron y pasaron al enemigo a excepción del soldado Sacramento Tamayo que ha
vuelto a incorporarse a la fuerza.
23-El Prefecto C.Angel Vega trajo tres C:C Franceses (38) que para presentarse a
    su Consul buscaron la protección de nuestras fuerzas. Manifestaron que el
    gobierno español los contrató en Barcelona para trabajar por sus respectivas
    profesiones en Lavado de Jobabo, lo mismo que a unos 40 más de sus
    compatriotas y que en lugar de hacerlo así, se le desembarcó en Nuevitas (39) y
    se les diseminó para tomar las armas, en distintos Batallones del Ejército; que
    ellos, los tres presentados, fueron traídos al Guamo donde les mudaron sus
    nombres por otros españoles y se les indicó que si desertaban serían fusilados y
    que los cubanos lo hacían también con todo el que se le presentaba, que
    negándoseles facilidad para ver a Consul alguno de su nación y no queriendo
    combatir contra los principios republicanos que con las armas sostuvieron en su
    patria, decidieron venir al campo insurrecto a los efectos antes indicados.
24 – Salieron para Oriente los Diputados Spotorno y Marcos García escoltados por
    un piquete al mando del subteniente Pedro F. Rodríguez con ellos fueron
    remitidos al Gobierno de la República los tres C.C. Franceses presentados.
27 - Por oficio de la Secretaría de la guerra se supo ser positivo que en los
    primeros días de enero había desembarcado el “Edgar Gremant” una expedición
    del mando del coronel Melchor Agüero.
Marzo 1 –Por conducto de Bayamo se tuvo la primera noticia de que por uno de
los partidos radicales y republicanos y abdicación espontáneas de Amadeo, se
había proclamado la República Federal en España – una comisión mandada a la
parte norte regresó con noticias de haberse unido a la fuerza de allí una comisión
de Holguín con parque para este distrito y el Camagüey.
3 – El coronel Maestre con el Batallón Sur y 6ta compañía del de Hatuey salió para
la parte oriental (occidental) del distrito. El cuartel General con la 1ra, 2da y 4ta
Compañía de dicho batallón emprendió marcha y por la tarde acampó en el monte
de San Nicolás y estancias de Luciano Zamora.
4 – Pasamos a orillas del Río San Agustín Monte del Tavano, donde se nos
incorporaron, procedentes de Las Tunas Pedro Tamayo, Lorenzo Viera, Agustín
Bárzaga, José Guevara, José María, Pascual y José Espinosa, Manuel María Reina,
Atilano Martínez, Antonio Rodríguez, Esteban Lora y Luciano Zamora, con 11
rifles Remington, más de 1 500 cápsulas dos acémilas y otros efectos confirmamos
la proclamación de la República en España y haber otros muchos voluntarios
deseosos de volver a nuestras filas.
5 – Salió la columna de San Agustín y por la tarde acampamos en La Gracia en
cuya estancia se tomaron viandas.
6 – Se continuó marcha, se pasó la línea telegráfica por el Ranchuelo y
pernoctamos en La Caridad.
7 – Seguida la marcha acampamos por la tarde detrás de Loreto.
8 – Nos reunimos a la 3ª. y 5ª. Compañía y Escuadrón de Caballería acampados en
La Laguna de San Pedro y continuando marcha acamparon todas las fuerzas en las
Mercedes de Monte Oscuro.
El teniente de las fuerzas de hoy, Miguel Ignacio de los Reyes envió la
correspondencia que portaba y 5 mil pistones para este Cuartel General y 20 mil
para el Camagüey.
11 – Los soldados Juan Padrón y Mariano Avilés pasaron a curarse, con permiso a
casa del C. Manuel Silva ó José Manuel León y el otro Juan Balta a la del C.
Castellanos Ramírez.

Adicción
Octubre 26 – El Capitán Rafael Torres destruyó la linea telegráfica central entre
“Las Minas” y “Rompe”.
Octubre 8 – El mismo Capitán capturó en “El Paraiso a los individuos Gerónimo
Rodríguez y Juan Rosabal, procedentes de Las Tunas. Este último se escapó con
dos balazos dejando un machete y una muda de ropa.
14 – De las fuerzas de la impedimenta al mando del Capitán palma desertó con su
arma el soldado Benito Lluch.
26-Se incorporaron al mismo Capitán los individuos Domingo La Calunga (mingo)
    Sebastian y Abad García y Ricardo Varona procedentes de Las Tunas.
27-El Capitán Rafael Torres transitando por las inmediaciones de Manatí se
    apoderó de 2 caballos y un burro, 60 piezas de ropa y 30 iden de mujer
    capturando 4 de éstos, los cuales puso en libertad.
5 – De la impedimenta desertó el soldado Quintín Quesada.
16 – De los emisarios desertaron los individuos Ignacio Jorge, Santiago Ramos y
otros, sin armas.
18 – De la propia lo hicieron también los soldados Juan Rosabal y Abad García
pero capturados el mismo día y sometidos a consejo de guerra verbal fueron
condenados al 1ro. a un mes de trabajo forzado y el 2do. a un mes de recargo en el
servicio.
6 – Desertó 2da. vez de la misma el soldado Abad García.
8 – El soldado Francisco ____________(40) desertó de la impedimenta con su
arma.
10 – (El soldado Antonio Lluch)
11 – El Teniente Antonio Machado capturó a los soldados de la 5ta. compañía Juan
Mendoza y Juan Pupo que había desertado jusgados correcionalmente.
17 – El mismo Teniente condujo los (*) (41).
23 – Le presentó al Capitán Plama el presentado Alejandro Varona había salido de
Las Tunas.
8 – El mismo Capitán Rafael Torres capturó en El Respiro al individuo M.
Rodríguez (a) chiquito al cual permitió volver a Las Tunas de donde procedía.
9 – El mismo Capitán destruyó la linea telegráfica central entre Miguel Ramos y
Las Tunas.
120 Se incorporó a la impedimenta el Teniente de la División de Holguín Miguel
Ignacio de los Reyes que conducía parque para este departamento y para el
Camagüey.
19 – El mismo Capitán Torres destruyó la línea telegráfica central entre Rompe y
Miguel Ramos.

1874
Enero 1 – (Jueves) Continuó el mal tiempo, pero habiendo cedido algún tanto la
lluvia mandó por recursos a Bueycito. Sólo trajo la gente yuca agria y miel.
2 – Siguió el mal tiempo. Marchó el Comandante Castellanos, que me acompañaba
desde mi salida de Las Tunas.
3 – Sin novedad.
4 – Salimos de la Manigua y llegamos a la Alegría, donde acampé.
5 – Sin novedad.
6 – Salió el Teniente Nicolás Rivero con varios números a cazar ganado.
Expedí salvoconductos por cinco días para los soldados de caballería Antonio
Zamora y Juan Viera, para ir a ver a sus familiares Guá.
Estos individuos son de los que me facilitó el Coronel Varona para mi viaje.
9 – En unión del Mar. Gral. Diaz, la escolta de éste y la mía, salí de la Alegría con
objeto de trasladarme a Vega Grande, por haber mucho pasto para las bestias.
Pernoctamos en la Prefectura de Yara en Yarayabo.
10 – Seguimos marcha y acampamos en Vega grande. El Teniente Nicolás Rivero
con varios números de mi escolta y la del Gral. Díaz salió en comisión a cazar
ganado.
12 – La comisión de carne remitió una res.
14 – Se mandó la gente por viandas a Jibacoa.
15 – Regresó la gente sin haber ido a Jibacoa por falta de prácticos que habían de
tomar en el tránsito; alguna vianda del Zarzal.
16 – Con el Gral. Díaz salí a recorrer algunos lugares de la montaña.
18 – Estando en el Arroyón se nos unió la gente que acampaba en Vega Grande y
seguimos marcha. En el Ciego salió la gente expedita a hacer viandas a Yara y
nosotros continuamos a la Alegría a donde llegamos por la noche.
19 – Regresaron los vianderos con yucas y boniatos. Los españoles trataron de
imperdirles la operación, pero hostilizados se retiraron.
20 – Recibí comunicación del Gobierno en que se me indicaba que el Comandante
Ríos me manifestaría de palabra el lugar y fecha en que podría reunirme al
Ejecutivo, donde era necesaria mi presencia; dicho Comandante mandó los pliegos
y no vino él, sino que continuó para Guá según noticias.
21 – El Teniente Nicolás Rivero salió para Guá con un oficio para el Comandante
Ríos exigiéndole la manifestación de lo que le comunicara para mi el Gobierno. Y
el lugar y fecha que podíamos reunirnos para emprender marcha en su unión, como
me recomendaba el superior.
22 – Con las instrucciones necesarias marchó el Capitán Gregorio Muñoz con
gente de mi escolta y de la del Mayor Gral. Díaz, a quitar recursos al enemigo para
proveerla en la marcha pendiente para el Lavado.
23 – Regresó el Teniente Rivero con contestación del Comandante Ríos. Este
manifestó que el punto de reunión con el Gobierno era en Santa Ana de Lleo el 30
del corriente y que el 26 podríamos reunirnos en Yarayabo para continuar viaje.
(Acción del Cap. C. Muñoz descrita el día 24, siguiendo hoja)
24 – Regresó el Capitán Gregorio Muñoz con los escoltas que el 22 pusieron a sus
órdenes; éste emboscado el día 23 en el camino de Manzanillo a La Caridad
esperaba un convoy que se decía venía del 1er. al 2do. punto. Como a las tres de la
tarde se presentó el enemigo (30 hombres de infantería y 15 de caballería) y
atacado vigorosamente por los nuestros. A los pocos minutos se declararon en
precipitada fuga, dejando en poder de aquellos tres carretas con 9 yuntas de
bueyes, 3 cabalgaduras víveres, siete armas de fuego, varias blancas y nueve
cadáveres nuestras fuerzas la constituían 43 hombres armados.
Se mandó la gente por vianda a Bueycito.
26 – Regresaron los vianderos con yucas y boniatos.
27– Salimos de la Alegría para reunirnos al Gobierno, acompañados del Gral. Díaz
con su escolta, y acampamos en Jagüeyes.
28-– Continuamos marcha y acampamos en Cauto el Paso. En el tránsito
    desertaron el Sargento 1ro. y soldado, José y Francisco Guerra, de mi escolta.
29 – Continuamos viaje y dormimos en El Mamey.
30– En este punto (El Mamey) supe que le Gobierno no estaba ya en Santa Ana de
Lleo, sino que había marchado para San Diego. Desde dicho lugar expedí
salvaconductos a los soldados de mi escolta Desidario Acosta, José Sardá,
Francisco Urizárraga, Angel Licea y Juan Antonio Ramírez, para que pasaran a
curarse de la enfermedad que padecían. Sardá llevó un fusil aguja y Ramírez una
carabina Remington.
31– Emprendimos marcha y por la noche nos incorporamos al Gobierno.
Este se encontraba en San Diego en unión del Mayor Gral Calixto García con
fuerzas de Oriente, ocupándose en organizar el contingente que ese Estado había
de proporcionar para una expedición a Las Villas bajo el mando del Mayor Gral.
Máximo Gómez y demás necesario para el arreglo de dicha invasión.
Febrero 4 – (*)(42) Salí de San Diego en Unión del Gobierno, fuerzas
expedicionarias de Oriente para Las Villas y Cuartel General en Camagüey,
pernoctando en Yáquima.
5 – Continuamos marcha y acampamos en “Naranjo” donde el mismo día llegó el
Coronel Gregorio Benítez con fuerzas de caballería e infantería.
9 – Enemigos en Moja Casabe, columna de 2 500 a 3 000 hombres, artillería,
caballería e infantería. – 600 hombres por nuestra parte.
10 – Batalla del Naranjo. – 91 bajas por nuestra parte y más de 200 por el enemigo
que dejó sus cadáveres y se retiró a su primera posición sin tomar la nuestra.
11 – Retirada del enimigo por los nuestros hasta Moja Casabe. Dejó muchos
cadáveres de su retaguardia. El Gobierno desde el ________ se había situado en
San Fernando.
13 – Volvió el Gobierno a Naranjo.
Llegó con su escolta el Myor. Gral. Calixto García.
14 – Acepté la Secretaria de la Guerra por la instancia del Gobierno, si bien pedí
algunos días de plazo para tomar posesión ya por tener varios asuntos particulares
que arreglar, ya porque tratándose del despacho de la expedición a Las Villas era
conveniente que el actual Secretrario la concluyese de expeditar sin los
inconvenientes que el momento me traería a mi la falta de antecedentes en el
asunto.
El general C. García que debía acompañar al Gobierno algunos días marchó
festinadamente por la noche. Suponiéndose que tuviera disgustos con el mayor.
general Gómez.
15 – Salimos de Naranjo y acampamos en El Chorrillo.
20 – Entregué al Presidente de la República un legajo de papeles correspondiente a
la Secretaría de la Guerra e Interior que recogí en mi rancho en Las Tunas como
resto de varios baúles que el Presidente Céspedes había dado a guardar al brigadier
Vega o al difunto comandante Miguel Estrada y que próximamente había
descubierto y roto el enemigo. Entre dichos papeles se encontraba una causa contra
el C. José Antonio Milanés y otros, por fuga de los prisioneros de Bayamo.
21 – Marchamos del Chorrillo y acampamos en el Ciego de Najasa.
26 – Pasé al Secretario de la Guerra, con 24 fojas útiles, el expediente indicado
contra el coronel Francisco Guevara y mandado luego continuar para esclarecer la
conducta del Coronel Angel Agustín Maestre y otros, contra quienes resultaban
indicaciones de haber empleado hombres del ejército en especulaciones
comerciales. Este proceso no concluido aun, dejé de remitirlo por una
equivocación involuntaria cuando cesé en el mando del 1er. Cuerpo de Ejército
(Departamento Provisional del Cauto y habiéndolo encontrado hoy, entre otros
papeles, me apresuró a remitirlo. Estaba en mi poder por habérseme comisionado
especialmente para su continuación cuando desempeñaba aquel puesto y mis
ocupaciones a él me impedían hacerlo por sí. Habiendo comisionado al Brigadier
Acosta que me devolvió la actuación el 2 de noviembre último.
27– Con el Gobierno me trasladé a San Cayetano.
Marzo 2 – No habiendo forraje en San Cayetano salí con el general Díaz y después
de estar en la Subprefectura del C. Ramón Fonseca en solicitud de prácticos, nos
situamos a la margen izquierda del Najasa, frente al potrero del Jagüey.
5 – (*) (43) Se mandó por viandas a la Caridad de Arteaga.
6 – Volvieron sin resultado los vianderos por efecto del práctico que los guiaba,
facilitando por el subprefecto Ramón Fonseca por la tarde pasamos a reunirnos al
Gobierno que acampaba en Santa Ana.
7 – Salimos de Santa Ana y acampamos en Llamaqueyes.
8 – Continuamos marcha y acampamos en Consuegra.
9 – Emprendimos marcha y acampamos en Antón de Guanusí.
10 – Llegaron las fuerzas de Las Villas y la de Caonao, formando un total de cerca
de 1 300 hombres.
11 – Se celebró una gran parada que presenció el Gobierno quedando
satisfactoriamente. Había más de 2 000 hombres de caballería estando en este acto
me entregó el ayudante Pacheco una nota de la Secretaría de la Guerra, fecha 4 del
mismo mes, significándome que debí presentarme a la cámara de Representantes a
jurar el cargo de Secretario de la Guerra, que acepté desde el 14 del mes anterior.
12 – Llegó el Capitán Agustín Castellanos del Escuadrón de Caballería de Las
Tunas, prófugo de su división, según dijo, por temor de que lo matasen sin motivo
y sin formación de juicio como a Castellanos (Comandante Pedro Ignacio) y el
cabo Gerónimo López.
En Consejo de Gabinete se me comunicó, para que con fuerza armada marchara a
la averiguación de los hechos aportados, pasándose tres comunicaciones del
general Calixto García respecto a la muerte de Castellanos y de la Sedición que
éste intentaba con otros, que aquel había pasado al Gobierno, dándose amplias
facultades para proceder como representante del Ejecutivo.
13 – Por la mañana juré el destino de Secretario de la Guerra y recibí oficio del
Gobierno modificando las instrucciones y facultades que anteriormente me había
concedido a la comisión apuntada (ayer) y manifestándome no ser posible
facilitarme toda la fuerza armada que se había acordado en consejo de Gabinete,
reduciéndose a una pequeña escolta para sólo resguardo de mi persona, por
limitarse mi cometido a una simple inspección. El mismo día contesté expresando
mi extrañeza por tales innovaciones así como los perjuicio que podría traer el no
llevar amplias facultades para atender a las emergencias que se presentasen ni
fuerza con que dominar la sedición anunciando si ésta subsistía; que tal limitación
en mi sentido no era procedente y si algo contribuía: a mi prestigio y al del propio
Gobierno y concluyendo por manifestar que a pesar de todo estaba dispuesto a
cumplir órdenes del Presidente de la República, si así me lo ordenaba, pero que
lamentaba que fuese estéril mi viaje por las razones antes indicadas y éstas
perjudiciales al bien de la Patria y a la recta y pronta Administración de justicia,
señalándole varias que presentarse podían y que no teniendo ya facultades para
encaminarlas por buen sendero traerían fatales consecuencias.
14 – Recibí contestación del Gobierno no estimando mis anteriores razonamientos
sino indicándome que mi influencia y mi prestigio serían bastante para que las
fuerzas sublevadas o desertadas volviesen a la senda del deber.
15 – Contesté manifestando que según últimas noticias, más de 60 hombres del
Bon. Cabaniguán se encontraban por Santa Ana de Lleo desertados y conocida la
índole e insubordinación de esa fuerza es muy posible que nada se consiga de ella
por las buenas, máxime cuando sobre ella jamás tuve influencias; que
considerando por ello lo desarmado que quedaría en mi comisión por no serme
posible cumplirla ya que ese resultado redundaría en desprestigio del Gobierno y
mio, así como otras razones de dignidad y delicadezas conocidas por mi
últimamente, tal como decirse se me pide por las fuerzas. Sublevadas me hacen
caso, de insistir el Gobierno en su anterior resolución admitir desde luego la
renuncia que hago del puesto de Secretario de la Guerra, para que ocupándolo otro
pueda practicarse lo que el gobierno desea, sin perjuicio de ir yo entonces como
particular y ejercitar la influencia de que pueda gozar en obsequio de los deseos del
Gobierno y pidiendo por último para el caso de dárseme toda la fuerza pedida,
desearía saber qué medidas habré de adaptar con las fuerzas que se me presten y
que ya están desesperadas en este punto (Antón) y en camino para este Gobierno.
Esta comunicación la llevó el Comandante Palma estando ya el Gobierno en
marcha por las Guásimas con las fuerzas del General Gómez, pero habiendo a poco
trabado combate con el enemigo, no se me contestó.
Los españoles, como 2 000 hombres de infantería, caballería y artillería, fueron
arrollados por los nuestros (Igual número) reduciéndolas a atrincherarse, y no
tomar la ofensiva, a la represa de las Guásimas.
16 – Por la tarde estuvimos en el Cuartel General del Mayor Gómez viendo la
posición del enemigo y los cadáveres de éste cuando fue cargado por nuestra
caballería que les hizo cuarenta muertos y le tomó siete caballos y muchas armas.
Volví a Antón con la escolta que allí tenía me trasladé al puesto inmediato de San
Severino para esperar la resolución del Gobierno y por haber más forrajes para los
caballos.
17 – Según escrito del mayor (general Gómez), parte de la caballería enemiga
logró sorprender un oficial de los nuestros que con fuerza y pasar en dirección al
Camagüey, seguramente en solicitud de auxilios, pués se supone que no se atreve a
mover la columna por el gran número de heridos que ya cuenta.
Francisco José Acosta que porta un pliego del gobierno para el Presidente de la
República ha podido continuar donde éste, por ignorar el lugar dónde se encuentra,
así como por oirse a cada rato el fuego de las Guásimas.
(observ. En lugar de “Gobierno” no será la cámara”?)
18 - Día y noche continuó el fuego en las Guásimas. Por la mañana. llegó a los
sitiados un refuerzo que se calculó de 2 000 hombres, con dos piezas de artillería,
el cual fue batido en Jimaguayú por parte de la caballería. Sin embargo este
refuerzo con la otra columna no tomó la ofensiva y permaneció dentro de sus
parapetos, sufriendo constantemente día y noche el fuego de los nuestros que le
causaron horrorosos daños en hombres y caballos, por lo reducido del espacio que
ocupaba el enemigo en tan gran número que es de creerse que se aprovechaban
casí todos nuestros disparos hechos a muy poca distancia y desde lugares que
dominaban la posición del enemigo.
19 – (Cont. De las Guásimas) muy trasnochada nuestra gente por la constante
fatiga, retirada mucha de ella con los heridos y escaso de parque, sólo que daban
un corto número de combatientes por la mañana el enemigo emprendió su retirada
hostilizados por los patriotas hasta cachaza, en cuyo trayecto se le hicieron muchas
bajas.
En el reducido espacio que ocupaba en las Guásimas el enemigo, como un octavo
de caballería de tierra para 5 000 hombres con numerosa caballería, dejaron
hacinados los caballos muertos, más de 200, y los restos calcinados por el fuego de
muchos cadáveres que hacían casí irrespirable el ambiente y evidenciaban la
angustia moral y los padecimientos físicos por que pasó el enemigo en medio de
ese cuadro de horrror. Sus bajas han debido pasar de 600 pués todavía en Cachaza
dejaron muchos cadáveres insepultos y otros enterrados en número considerable
también, pudiendo asegurarse que esas tropas quedaron desmoralizadas y
enfermas por los sufrimientos.
20 – (nada)- (a no ser que esté incluído en el día 19)
21 – Me incorporé al Cuartel Gral. del Departamento en Jimaguayú, a esperar la
resolución del Gobierno a mi nota del día 15.
22 – Llegó el Gobierno a Jimaguayú; recibí comunicación del secretario interino
de la Guerra de la propia fecha, expresiva de haber dispuesto el C. Presidente dejar
en suspenso la comisión que se me confiara y que pasase a ocupar mi puesto por
hacerse así necesario para la determinación de asuntos importantes que reclamaban
pronta resolución.
23 – Volví a ocupar mi puesto de secretario de la guerra.
27 – Escribí al comandante León y Teniente Joaquín Garay censurando su
conducta y aconsejándoles se sometiesen a la obediencia de sus superiores pues su
actitud quebrantaba los vínculos de la disciplina y el interés de la patria, a la que
todo lo debemos sacrificar.
En las resoluciones tomadas en este asunto me abstuve de opinar en Consejo de
Gabinete por delicadeza, toda vez que además de decidirse que mi nombre era
invocado por los sublevados, generalmente se creía que yo era enemigo del general
Calixto García aunque no había tal cosa, pero consignando que desaprobaba la
conducta de los sublevados. Debo consignar que en mi deseo de salvar los
intereses de la Patria aconsejé procedimientos que trayendo a aquellos a la
obediencia evitasen sangrientos conflictos entre el Gral. C. García y los mismos
sublevados y que fueron desoidos por el Ejecutivo pasando por la pena, además de
las que me causaban aquellos, transtornos, de ver en el Gobierno un interés
decidido por aquel jefe que se opone a los intereses y transformaciones del país, y
luego que las medidas por mí aconsejadas partiendo de otras personas fueron
aceptadas, pues ésto me demostraba que se atendía más a las personalidades que al
bien de la patria y que seguramente por haber estado yo mandando a los tuneros y
ser yo de aquella naturalidad, se me sospechaba parcialidad en el asunto, siendo así
que en mi ánimo no puede influir ningún afecto para tomar ninguna medida
contraria a los comunes intereses. Me había resistido a aceptar la secretaría de la
Guerra previendo estos disgustos y veo que mi posterior aceptación por los
compromisos de muchas personas empieza ya a producirme los mismos amargos
frutos de ver desatendidas mis manifestaciones a favor de la justicia y de la patria,
por la debilidad, el favoritismo y la intriga.
29-– El Comandante Pedro Palma salió para Las Tunas llevando mis cartas a León
    Garay y la correspondencia para el jefe militar de Oriente a quien se prevenía
    procediese a someter a la obediencia a los sublevados y a formar el
    correspondiente juicio para que fuesen castigados los culpables, si bien
    tomando la determinación privada para evitar conflictos de que aquellos fuesen
    avisados por amigos de que se presentasen al gobierno y arreglar el asunto, a lo
    cual se prestaba por lo que hacía a la deserción el último acuerdo del indulto de
    que se ocupaba la cámara para poner en vigor la resiente Ley condenando
    irremisiblemente a muerte a los que en lo sucesivo cometan ese delito. Con
    dolor se ve que el descontento contra el Gral. C. García por sus arbitrariedades
    y errores, va creciendo en prejuicio de la patria y había sido ya causa de la
    sublevación indicada que se susurraba haberse extendido o sido simultánea en
    Cuba y Bayamo y que los demás miembros del gobierno paracen decididos a
    sostenerse sin oir la justa voz del puebloy de la justicia, apoyada también hasta
    ahora por un número considerable de diputados, campeones reconocidos y
    público de aquel jefe, que careciendo de tacto y obsecado con la oposición,
    trata a las fuerzas de Tunas y Bayamo como conquistada, asolando los frutos y
    propiedades de aquellos territorios con un desorden desconocido en ellos.
30-– Llegó el Capitán Nueva con pliegos del Cuartel General de Oriente. En uno
    de ellos se notificaba, por primera vez y con fecha 26 de febrero, la deserción
    del Teniente Coronel Sacramento León con 17 individuos más.
Abril 2- Salimos de Jimaguayú y pernoctamos en Loma Galana donde por la noche
cayó un copioso aguacero.
3 – Continuamos marcha y como a las nueve de la mañana nos detuvimos a la vista
del campamento enemigo “La Caridad de Arteaga” donde el general Gómez
dispuso que las fuerzas hiciesen viandas. Se cogieron además unos doce caballos y
fuimos a acampar a los Peralejos (tres leguas).
4 – Vino al Cuartel General el brigadier Reeve teniendo así el gusto de conocer a
este dignísimo militar, que tan ordenado como valiente hace recordar en sus
virtudes los de digno maestro el general Agramonte. Aún no está bueno de la
herida que recibió hace seis meses y de las que le han resultado la lesión de la
pierna derecha.
6 – Marchó a embarcarse el mayor general Julio Sanguily que va a curarse de sus
heridas a los Estados Unidos.
7 – Salimos de Peralejos y acampamos en La Aurora.
9 – Salimos de La Aurora y pernoctamos en Las Vegas de la Concepción. La
fuerza fue por viandas a Juan Gómez, sin novedad.
10 – Seguimos marcha y acampamos en La Esperanza, donde se nos reunieron las
caballerías de Caonao y Camagüey que se habían separado en Peralejos.
También se hallaba en este lugar de regreso de Oriente el Tte. Coronel Martín
Castillo con el escuadrón de Yaguajay y Guerrilla del Norte.
Este Jefe en su excursión entró a Parada, Guabinellón y el Yarey, extrayendo un
número considerable de caballos y protegiendo la salida de varias familias, y en las
inmediaciones de Manatí cargó a una guerrilla enemiga matándole 14 al machete y
ocupando 12 rifles; y después de su regreso a las inmediaciones de San Miguel de
Nuevitas cargó otra guerrilla matándole un oficial y 26 individuos de tropa, cuyas
armas ocupó.
12 – ATAQUE SAN MIGUEL DE NUEVITAS POR MÁXIMO GÓMEZ
Dispuesto el ataque de San Miguel de Nuevitas, el Gobierno se separa de las
fuerzas marchando al “Delirio”. Yo me quedé para ir al ataque con el objetivo de
presenciarlo y apreciar como lo prácticaban los demás jefes.
Marchó la columna (unos docientos hombres de infantería y caballería).
A las ocho de la noche entraron las fuerzas cubanas en San Miguel sin ser sentidas,
muchas tropas franca en la calle así como muchos jefes y oficiales. De esta
sorpresa pudo sacarse el mayor provecho, pero no hubo plan ni disposiciones
previas que asegurasen el resultado y retirada sino la orden de saqueo a que
desordenadamente se entregó la gente.
Una compañía que tomó posición frente al fuerte para contener al enemigo
mientras iba un batallón a reforzarla tuvo que retirarse acosada por el enemigo
después de ver su poco número. El refuerzo conducido por el coronel Maestre no
llegó, sino que se dedicó a saquear, como todos, pequeños establecimientos de las
afueras y casas particulares.
El enemigo había recibido refuerzos y pudiendo concentrarse las tropas que
estaban fuera se decidió a hacer salida que hubieran sido infructuosas estando
alguna parte nuestra gente organizada, pero que no estándolo le dieron el mejor
resultado matando a muchos de los nuestros y haciendo prisioneros y rachazando
el total de nuestra fuerzas.
La desorganización era espantosa y el enemigo que intentaba la persecusión nos
hubiera hecho gran daño a no ser por la caballería que constituía la reserva y que
los contuvo.
El botín fue escaso, pudiendo ser espléndido. No hubo orden ninguno para respetar
las familias y pacíficos, ocasionando ésto el repugnante espectáculo de atropellos y
saqueos a las infelices familias mientras que casí la totalidad de los buenos
establecimientos de comercio quedaron intactos. Nuestras bajas consistieron en
tres muertos, veinte y seis heridos y algunos contusos; poca cosa si se considera
que había cerca de dos mil hombres en el mayor desorden, regados y sin hacer
fuego al enemigo huyendo llenos de pánico. Murió el coronel Pedro Horroutiner,
de Oriente, reputado como valiente y pundoroso y herido el tte. coronel Francisco
Estrada, también de Oriente.
Jamás fui partidario de los ataques a poblados y de ningún modo del saqueo a las
familias, de manera que he padecido horriblemente al ver el despojo hecho a esas
familias infelices, se ignoran las bajas que tuvo el enemigo que debieron ser pocas.
13 – Después del ataque a San Miguel volmimos a acampar a”Joaquín Noy” donde
volvió el gobierno y la cámara que estaban en el Delirio.
15 – Pasamos a San Pablo, potrero inmediato al ingenio la Fe.
A poco de acampar se tuvo noticias de la aproximación de una fuerte columna
enemiga procedente de las Minas, campamento sobre la línea férrea de Puerto
Padre a Nuevitas.
Se despachó una caballería exploradora. Se retiró el gobierno y el General Gómez
con parte de la caballería e infantería quedó aguardándola. El enemigo no avanzó,
sino que tiroteados por nuestros exploradores temió seguro un atque y procedió a
atrincherarse en La Fe, de donde se retiró sigilosamente por la noche. Gobierno y
demás fuerzas nos retiramos al Retiro donde por la tarde se incorporó con el resto,
el gral. Gómez. Parece que esta columna sólo tenía por objeto vigilar nuestra
fuerza para evitar cualquier golpe sobre la línea férrea, sobre la cual estábamos y a
la que se retiró.
16 – Se continuó marcha y acampamos temprano en el ingenio “El Oriente”,
precioso ingenio de los doctores Emilio y Antonio Luaces, cuyas fábricas se
encuentran aún intactas y que nos sirvieron de magnífico alojamiento.
17 – Seguimos a Palmarito, cerca de Cascorro, con objeto de atacar este pueblo.
18 – ACCIÓN DE CASCORRO
por Máximo Gómez.
Por la madrugada se movieron las fuerzas y a las seis de la mañana poco más o
menos entraron en Cascorro nuestras fuerzas recibiendo el fuego de fortines y
trincheras. Se le tomaron tres fortines y una trinchera. Estos protegian los
establecimientos de comercio cuyos estaban dentro del recinto. Se saquearon
completamente. Se recogió un botín considerable de efectos. 20 armas de
protección y municiones y salieron muchas familias y hombres útiles para las
armas; pero aquí, lo mismos que en San Miguel, fueron vergonzosamente
saqueados las casas de la familias. El caserío en su mayor parte fue reducido a
cenizas. Nuestras bajas fueron siete muertos y cuarenta y dos heridos, contándose
entre los primeros el Alférez Someillán y entre los últimos los comandantes
Miguel Maceo y José Manuel Capote, de gravedad, y además cuatro contusos.
El coronel Martín Castillo, con ochenta jinetes fue mandado desplegar en tiradores
delante del inmediato campamento enemigo de Sibanicú, y haciendo algunos
disparos para llamar la atención e incorporarse después, lo que hizo con varias
familias que había protegido. Este jefe, valiente y entendido, después de evacuar su
cometido se reunió al Tte. Coronel Flor Crombet y por la puerilidad de enseñar a
éste el pueblo que acababa de tirotear volvió a Sibanicú y avanzando sobre las
trincheras enemigas, seguramente por lucir su valor delante de aquel Jefe de
Oriente, recibió un balazo en el pecho que le causó la muerte a los pocos minutos.
La pérdida es en extremo sensible, tanto por las distinguidas cualidades que
adornaban a Castillo como militar, como patriota y como amigo consecuente,
cuanto por haber prodigado su vida sin necesidad volviendo a Sibanicú sin orden
alguna, después que había llevado su misión satisfactoriamente. Este día
acamapamos en Las Guásimas de Agramonte a tres leguas de Cascorro.
19 – Como a las nueve de la mañana emprendimos marcha y al medio día
acampamos en el magnífico potrero La Matilde. Se diseminaron las fuerzas.
20 – Seguimos a Sebastopol.
21 – Al Chorrillo, donde encontramos abundante yerba para los caballos de que
carecían hacía algunos días.
23 – Llegó el General Julio Sanguily, éste protestando algunos inconvenientes
sobre los buenos prácticos y marineros, no quiso embarcarse como se dispuso para
los Estados Unidos, para su curación. Este Jefe, aunque de extremado valor, no
tiene absolutamente juicio, y a todo prefiere él permanecer aquí para ocuparse, con
perjuicio de la moralidad, en comunicaciones con las zona de cultivo del
Camagüey para que le extraigan de esta ciudad efectos, cuya conducta le ha traído
ya sumo descrédito entre las personas sensatas.
27– Ocupa los ánimos la rebelión del tte. coronel Sacramento León y fuerzas de
Las Tunas negándose a obedecer al General C. García. A éste, desde que participó
el hecho, mandó al Gobierno órdenes enérgicas para que los rindiese a la
obediencia y sometiese a juicio a los culpables, mandé emisarios que evitasen a
León a venir con sus compañeros a la Residencia del Gobierno. Sin embargo, ni
una ni otra cosa han surtido efecto hasta ahora, sabiendo últimamente que dicho
jefe se encuentra por Santa Ana de Lleo sin moverse hacia acá. Ayer el Diputado
Trujillo en la forma grosera y procaz que siempre acostumbra hizo algunas
acusaciones al Gobierno pidiendo que se llevasen a la Cámara los documentos que
justificasen el proceder del Gobierno en este asunto. Así se hizo hoy con los
cuales, y explicaciones dadas, quedó satisfecha la Cámara aunque no el Diputado
Trujillo, porque su solo deseo era herir al Gobierno, prescindiendo de la justicia y
del patriotismo que parece nada significan a su juicio.
En estos últimos días han desertado una parte considerable de tropa de la
expedicionaria de Oriente y es de esperar que continúa la demás, quedando en el
Camagüey sólo la oficialidad. Desistido el hecho, la expedición de Las Villas, el
disgusto que siempre trajo una gran parte de la tropa se ha agravado por la
prolongación de una concentración fuera de su territorio y negándosele el permiso
para ir a él temporalmente, se lo han tomado por sí. He trabajado y trabajo por que
esta fuerza vuelva a su territorio hasta que tenga efecto la expedición, pero se me
ha negado y niega cuando así lo he aconsejado siempre el estado de disciplina en
que se encuentra el Ejército para evitar los perjuicios que se están tocando, por
estimular como soldados disciplinados a los nuestros, siendo así que no
pagándoles, no dándoles ropas ni alimentos de un modo regular, no puede
exigírseles esa exactitud ni ha habido tiempo hábil para ejercitar la disciplina y
acostumbrar a ella a nuestro ejército. Esto es más de patriotas que de soldados y tal
circunstancia es la que le hace superior a los del ejército español. La completa
disciplina en nuestras circunstancias y dado el modo adoptado por necesidad para
hacer la guerra, sino fuese imposible, mataría al patriota, le quitaría ese interés, le
quitaría esa iniciativa personal y sólo quedaría un número de hombres, de
soldados, iguales a los mercenarios del despotismo en su abyección que sería
vencido por el mayor número de los autómatas españoles.
La Cámara por sí mandó ayer en comisión al Diputado Comandante Aguilar cerca
del Tte. Coronel León, parece que a llevarle nuevas exhortaciones.
En mi sentir el citado León no está ya aquí por haber tenido una entrevista con el
Coronel R. Céspedes, que vino con la expedición de Oriente y que en comisión del
General Gómez volvía a él. Este Jefe turbulento, intrigante y de poco juicio,
sobrino del ex-presidente Céspedes, estaba en mi concepto y según de acuerdo con
el Coronel Maestre, General C. Acosta y otros Jefes por el estilo, inmorales y de
poco seso, para arrastrar a otros de buena fé y proclamar nuevamente a Carlos
Manuel.
Este murió y quedó suspenso el proyecto, siendo víctima el tte. coronel León. Hay
odios contra el General C. García, a quien quedaría también tumbar y bien puede
suceder que continúe este proyecto bajo otra bandera después de muerto Carlos
Manuel y que una nueva sedición sea la causa de no haberse presentado aún el
Coronel León.
Mayo – 2 – Hace algunos días que a consecuencia de la causa mandada a formar al
general de Brigada Cristóbal Acosta por rebelión, para la captura del mismo el
Cuartel General del Camagüey comisionó con veinte hombres al Comandante
Augusto Arango. Este regresó hoy manifestando que el citado Acosta fue asaltado
por los españoles; que sabiendo era perseguido por él, dijo a los desertores sus
compañeros “fuego, que es Arango” y que éstos dijeron “nosotros no hacemos
fuego a los cubanos” y huyeron, cayendo Acosta en poder del enemigo, quién le
dio muerte e machetazos dejando su cadáver seguramente por no saber quien era.
A consecuencia de comunicación del mayor general Gómez manifestando los
inconvenientes con que había tropezado hasta entonces para llevar a cabo la
proyectada expedición a Las Villas y las demás causas que imposibilitan por ahora
esa operación se acordó en Consejo de Gabinete desistir de ella y que el
contingente de Oriente que vino a auxiliarla vuelva a su territorio a ocupar las
fracciones que las componen, el lugar que antes tenían, previéndose al General
Gómez lo pusiese desde luego a disposición del Gobierno.
3 – El General Gómez puso a disposición del Gobierno el contingente de Oriente,
regados los enfermos y heridos con sus respectivas custodias.
4 – Se comisionó al tte. coronel Domínguez para la recogida y reunir a los heridos,
armas y demás fuerzas del contingente de Oriente, con prevención de que tan
pronto esté listo para marchar lo avise para disponer lo demás conveniente. Esto se
acordó en Consejo de Gabinete.
6 – Se presentó al Gobierno el Tte. Coronel León con 50 plazas de las fuerzas de
Las Tunas, manifestando que no lo había hecho antes por haber tratado de recoger
las fuerzas y de practicar algunas operaciones contra el enemigo todo lo cual si no
lo llevó a cabo fue por causas agenas a su voluntad, protestando no haberse
separado nunca de la obediencia al gobierno como lo probaba su presentación del 5
de marzo último y su respeto a la constitución y a las Leyes. Reiteró como únicas
causas de su separación y la de todas las fuerzas de Las Tunas de la obediencia al
general Calixto García, los desórdenes y abusos de éste y los impunes asesinatos
cometidos allí, que dejaban sin garantía legales a todos los ciudadanos y
entregados al capricho tiránico de aquel Jefe.
7 – En uso de licencia salí hoy de la residencia del Gobierno, y en unión del
Cuartel General del Depatamento, del General Sanguily y del Secretario del
Exterior C. Miguel Betancourt Guerra, nos dirigimos a las inmediaciones de la
zona de cultivo del Camagüey. Esta se halla arruinada casi por completo a virtud
de las incursiones de los cubanos, al extremo de que hoy sólo la habitan miserables
estancieros, los cuales en su totalidad se comunican con los cubanos y les sacan
cuanto necesitan del Camagüey donde van a vender carbón y viandas a los
habitantes de la zona expresada, han venido a ser considerados de hecho casi
neutrales, aunque sirvan más que a los españoles a los cubanos, pués además de los
servicios expresados tienen a éstos al corriente de los movimientos del enemigo y
son seguro conducto para entenderse con los corresponsales.
12 - _______________________________________________* (44) del presidio
conducidos aquí por los cubanos que están con los españoles.
13 – En el mismo punto. Hoy recibí contesta de la población a mi carta de 9 del
corriente.
14 – En el mismo punto.
15 – Salida de San Luis de Antón; se llegó como a las 11 de la mañana a La
Aurora, donde se acampó.
16 – Salida de La Aurora por la mañana, llegando al chorrillo como a las 11 de la
misma.
Hoy llegó de Las Tunas el Capitán Valdivia trayendo 11 hombres de la escolta.
Vino también el Tte. Gaspar Cruz y ambos trajeron noticias de que diariamente
salián hombres armados de Las Tunas, pero lamentándose de la falta de fuerza allí
que apoyaran la reacción que tantas veces he anunciado estaba declarada en aquel
distrito.
Con ese motivo y persuadido de los buenos resultados que se obtendrían haciendo
un movimiento con fuerzas sobre Las Tunas, propuse al Presidente que esta misma
noche así se hiciese y me manifestó me contestaría mañana sobre el asunto.
Regresé al Chorrillo y a hacerme cargo de la Secretaría de la guerra que, durante
mi ausencia, desempeñó el subsecretario Tte. Coronel Modesto Fonseca.
17 y 18 – En el mismo campamento. Este día se mudó el gobierno a este punto, al
lado de la Loma del mismo potrero Chorrillo.
(día 17) – Por aviso de los corresponsales se tuvo conocimiento de que se esperaba
en el Camagüey al capitán general Concha, que con las fuerzas venidas
últimamente del departamento occidental se proponía operar fuertemente en éste.
Simultáneamente se tuvo noticias de que algunos miles de hombres ocupaban el
camino de Santa Cruz al Camagüey, escalonados en distintos puntos.
(día 18) – Quedó desmentida la noticia de la ocupación del camino de Santa Cruz
pues las fuerzas que por Hato Potrero y otros lugares de aquella vía anduvo, sólo
permaneció tres días, retirándose después al Camagüey.
En estos últimos días se concentraron en este lugar las fuerzas del Camagüey a fin
de plantear la nueva organización y emprender algunas operaciones.
19 – Hoy, no habiéndome contestado el presidente sobre la proposición que
extraoficialmente le hice el 16 de éste, lo propuse en Consejo de Gabinete,
acordándose que presentara yo el plan de llevar a cabo el movimiento que yo
proponía sobre Las Tunas; y sobre la manifestación que hice sobre el estado de
disolución en que se decía estaban las fuerzas de aquel Distrito, que se tomarían
medidas sobre las que ya se tenían tomadas.
20 – En el mismo campamento, sin novedad hasta el 25.
25 – En el mismo punto sin novedad.
Salió para Oriente la fuerza, presente y apta para marchar del contingente que ese
Departamento facilitó para la invación de Las Villas. Ese contingente tuvo aquí 21
muertos que unidos a la fuerza que marcha, a la que yo lo había hecho con
permiso, y a los desertores (130), forman un total de 11 Jefes, 35 oficiales y 355
individuos de tropa, con 290 rifles y 29 carabinas, que deberán tenerse en cuenta
para la liquidación definitiva. Esta no ha podido practicarse por la poca exactitud
que desde el principio hubo en este asunto, a mi ver por mala fe del Jefe de
Oriente, en cuyas relaciones se notaron muchos errores que nunca fueron
debidamente zanjados; porque el General Maceo que mandaba las fuerzas de
Oriente al pasar a las de Las Villas y los Jefes de regimientos al marchar en uso de
licencias se llevaron toda la documentación, haciendo que el estado de entrega
formulado por el Jefe del 2do Cuerpo sin igualmente inesacto, siendo además
objeccionado por falta de comprobación de sus partidas con las relaciones
nominales respectivas.
Cuando se celebró un consejo de Generales en San Diego, por el mes de enero
último; para considerar el plan de invación señalé los inconvenientes que se
presentarían para que ese proyecto fuese fructuoso. No se me oyó y cuanto dije ha
sucedido, viéndose el Gobierno en la necesidad de suspender su ejecución. Si para
esta operación no se cuenta con bastante parque, alguna artillería y fuerzas con más
disciplina que las actuales, y que nadie sepa el proyecto hasta pasar la trocha;
estará expuesta en cualquier tiempo a reveses antes de entrar en Las Villas o que,
aunque no los tenga no puede sacarse todo el provecho que se obtendría de la
sorpresa y que los españoles se preparan a resistir.
26 – Hoy marcha el resto de la columna expedicionaria de Oriente.

Este día se dio comisión por el Gobierno al comandante Santana perteneciente a la
misma columna, para recoger hombres pertenecientes a la fuerza de Las Tunas.
Llegó un correo de Las Villas. El Tte. Coronel Francisco Jiménez que en marzo
último fue enviado en comisión a enterarse de la situación y a levantar el espíritu
público, acompañado de 50 rifleros, comunica haber pasado sin novedad alguna La
Trocha, que los Jefes que allí habían, tenían pactada una reunión para formular una
Constitución y hacer nombramientos, ya que no se sabían lo que por acá pasaba,
pero que a su llegada todos los que allí tenían fuerzas se habían prestado a ponerse
a sus órdenes abandonando su anterior proyecto, excepto el Comandante Miguel
Ramos, que se mostraba algo reacio; que tenía 200 infantes y 50 caballos y que en
un encuentro con una columna que le perseguía tuvo la suerte de dar muerte al
Coronel Sandoval (los periódicos españoles lo han publicado) y 50 más y tomó un
pequeño convoy; que el espíritu público es bueno; que en los fuertes enemigos
abundan cubanos de buena voluntad y que se promete cumplir satisfactoriamente
su comisión y hacer considerables daños al enemigo; dedicándose por ahora a la
organización de las fuerzas para lo cual pide al Cuartel General se provea de las
disposiciones dictadas, así como de las necesarias para establecer, según vaya
siendo posible, la administración civil.
Todo ésto prueba que como opiné desde un principio, la invasión de Las Villas
debía llevarse a cabo pasando la trocha en pequeñas fracciones y no en una gran
columna como se intentó y que tuvo que sostener combates mucho antes de
pasarla, en los cuales aunque quedamos victoriosos, nos imposibilitamos por los
muchos heridos y el gasto de parque para continuar. Es lástima que esa expedición
no se hubiera realizado por el mes de diciembre y enero último, y que fracasó no
hubiera ido a Las Villas un hombre de más inteligencia y tacto que el tte. coronel
Jiménez, el cual no puede ser apto para encausar allí favorablemente la reacción,
sacar de ella todas las ventajas posibles contra el enemigo y concebir y ejecutar
planes militares a causa de la abundancia de lluvias el Jefe del departamento, con
aprobación del Gobierno y ya arreglada la organización de las fuerzas, diseminó
éstas, renunciando por ahora a las operaciones que proyectaba.
Los españoles a pesar de tanto anuncio de que desde el 1ro, de este mes
empezarían operaciones activas en este Departamento, no se han movido más que
para la conducción de convoyes. Esto puede consistir también en las muchas
lluvias.
27 - Se disolvió la concentración, se separó el Cuartel general del Gobierno y nos
    trasladamos a este pueblo, San Antonio. Del Chorrillo nos trasladamos a San
    Antonio de Carrasco. (2 leguas)
28 – En el mismo punto.
29 - Salí con dirección a la subprefectura de San Diego, Prefecto Infante, y llegué
    a la loma del Toro al anochecer acompañado en este punto por estar inmediatos
    los ranchos de Infante y otros.
A asuntos particulares marché a la costa de Sevilla quedando el Subsecretario
Modesto Fonseca en el despacho de la secretaría.
En todo el mes de Mayo fueron abundantísimas las lluvias en este departamento y
durante él y con motivo de la acusación del general Maceo contra el Diputado
Rafael Castellanos por injuria a los miembros de un Consejo de Guerra, y la
denuncia del Coronel Marcos García contra el Diputado Antonio Hurtado del
Valle, de los delitos de robo y homicidios, tuvieron lugar conflictos entre el
Gobierno y la Cámara. Esta interpretó el Art. 8vo. de la Constitución, que tenía que
practicarse en su seno una averiguación llamando a los testigos que resultasen para
adquirir el convencimiento de la culpabilidad de los Diputados antes de entregarlos
a los Tribunales, siendo así que dicho artículo sólo encomienda a la cámara que
aprecie si de la acusación resultan atendibles.
El Gobierno vetó los acuerdos, el Legislativo los sostuvo y concluyó el asunto por
protestar aquel de los insconstitucionales de tales disposiciones.
A consecuencia de un disgusto habido entre los Diputados Rodríguez Trujillo con
el Mayor General Gómez, la Cámara acordó significar al ejecutivo la necesidad y
conveniencia que hiciese saber a dicho Jefe lo perjudicial que era expresarse en los
términos que lo había hecho de las Instituciones y leyes de la República. El
ejecutivo no vetó el acuerdo a pesar de considerarlo inscontitucional porque el
Gral. Gómez sólo dependía del Gobierno y éste debería averiguar los hechos antes
de imponerle tan fuerte censura por haber transcurrido los diez días que la
Constitución marca, sino negarle su aprobación a causa de la ausencia de los
Secretarios y haberse propuesto el Presidente no despachar sin acuerdo de su
consejo. Éste dispuso contestarlo así a la Cámara para que la sanción forzosa que
desde luego se daba al acuerdo, no sirviese de precedente en caso análogo en lo
sucesivo. Ésto no fue admitido por el Cuerpo Legislativo y el General Gómez
niega mientras tanto oficialmente el cargo que le hace la Cámara diciendo que la
discusión tuvo lugar entre individuos particulares y no es cierto que atacara las
instituciones, y de su libérrima voluntad salió a defender y que defenderá, sino que
lo que hizo fue criticar en uso de su derecho de ciudadano, ciertas disposiciones y
ciertos individuos de la Cámara porque cree que lo merecen, concluyendo por
negar la competencia de la Cámara, ni que pueda juzgársele sin oírsele.
30 – En el mismo punto. (Loma del Toro)
31 – Salí a casa de Lico Milanés y regresé a Loma del Toro.
Junio 1 – Salí de Loma del Toro haciendo noche en Naranjo.
2 – De Naranjo al Campamento del Gobierno en San Antonio.
Regresé de Sevilla.
El día anterior protestó el ejecutivo por lo inconstitucional del acuerdo en que se
reseña la conducta del general Gómez.
Antes de mi marcha presenté un plan de operaciones sobre el territorio de Las
Tunas a efecto de estimular la reacción que allí se encuentra muy latente,
procurando también de ese modo a que se reunan las fuerzas de allí, que se
encuentran diseminadas por su odiosidad al general Calixto García y dar algunos
golpes al enemigo, el cual encontrándose sin contrario comete depredaciones con
pequeñas guerillas; y a mi regreso se me ha dicho que el citado plan fue pasado a
informe del Jefe del 2do cuerpo, si así se estima necesario.
Noticias de Las Tunas evidencian que una comisión dada al Capitán Joaquín
Sicerino para recoger aquella fuerza por orden del Gobierno, había sido dificultada
por el Coronel Varona, Jefe de aquella Brigada, que por el Comandante Saavedra,
que ya habían sido llamados para que se presentasen al Ejecutivo. Como
últimamente fue destinado allí el Comandante Julián Santana con orden de recoger
las fuerzas, quizás éste logra mejor resultado. Al Coronel Varona se le ha reiterado
con apremio la orden de presentarse inmediatamente en el Gobierno.
3 – Salí a reunirse con General Gómez, no habiéndolo conseguido ese día.
Pernocté en el Horcón.
Marché a reunirse al General Gómez y secretarios de estado Miguel Betancourt
Guerra con objeto de pasar algunos días inmediato a la zona de cultivo de
Camagüey. Quedó encargado de la Secretaría durante mi ausencia el Subsecretario
del RAMO Modesto Fonseca.
El día 1ro del actual la Cámara aceptó la renuncia del diputado Antonio Hurtado
del Valle quedando atendible la acusación pendiente contra el mismo, quedó
pendiente del ejecutivo.
La misma Corporación con fecha 29 del mes próximo pasado comprendiendo lo
razonable de los vetos opuestos por el ejecutivo a los acuerdos relativos a las
acusaciones contra los Diputados Castellanos y Hurtado del Valle, que sostuvo,
“resolvió que en los casos de que trata el artículo 8vo de la Constitución el Cuerpo
Legislativo en virtud de las facultades que le concede dicho artículo, puede
practicar todas las diligencias judiciales que estime oportuna para declarar
atendibles o desestimar la acusación, debiendo el ejecutivo auxiliarla a tal fin”.
Consecuentemente el Gobierno con las razones que expuso al vetar los dos
acuerdos referidos antes, también su sanción a éste con fecha 5 de junio, que en su
opinión se opone a los artículos 8vo y 26 de la Constitución, puesto que se
_________________(45) y establece privilegios para los Diputados y por otra
parte si esa resolución se estima como enmienda a la Constitución, como lo es, no
se ha dictado en la forma que previene el artículo 29 del pacto fundamental.
4 – Salí del Horcón enviando a Coello a La Matilde en solicitud de Gómez,
continuando yo a La aurora, donde se me reunió a poco rato Coello, diciéndome
que sólo había encontrado una pareja que le dijo que Gómez había salido de Las
Guásimas y que el Tte. Coronel M (o N) Ramos estaba en San Ramón de Pacheco
donde mandé enseguida por un práctico para Maraguán; el práctico me fue enviado
e hice noche en este punto.
5 – Salí de La Aurora para Maraguán, donde encontré a Gómez acampado en el
punto llamado Santa Rita.
6 – En el mismo campamento.
Con esta fecha se pidieron explicaciones sobre el acuerdo de 29 del mes anterior,
en que “la Cámara” declara      que sus miembros son inspectores natos en todo el
territorio de toda la República”. Lo vago de esta disposición hace creer que la
inspección a que se refiere no sea la pasiva que la Cámara ha venido acostumbrado
a sus miembros sin carácter público para informarse de cuanto ha estimado
conveniente, y sí que pueda interpretarse que los Diputados queden en aptitud de
tener y exigir intervención activa en todos los ramos de la administración,
produciendo conflictos y contrariando el espíritu del artículo 5to. de la
Constitución, a cuya creencia contribuye la tendencia observante que de algún
tiempo a esta parte viene demostrando el Cuerpo Legislativo, que no teniendo otro
que lo equilibre, ni supremo Tribunal de Justicia que jusgue la inconstitucionalidad
de sus acuerdos, viene a ser una dictadura colectiva, engendrando disgustos y
dificultando la buena marcha de la administración.
Hurtado tenía bastante inteligencia y alguna instrucción y a mi juicio tenía probado
su patriotismo en los cinco años de miserias y trabajos que con constancia y
entusiasmo venía sirviendo la Revolución. Son ya sumamente escasos, entre la
insurreccción, los hombres de talento e instrucción y ésto agrava la pena que los
buenos sienten por la muerte de Hurtado, que era de esperarse hubiera vindicado su
conducta.
7 – En el mismo punto.
8 – Se salió de Santa Rita para San Luis de Antón, donde se acampó.
Por un FANAL de Puerto Príncipe se supo que Mr. Fredick Dockray, ciudadano
americano, que furtivamente vino a nuestro campo en Febrero último saliendo por
Manzanillo y que después de presenciar las acciones de Naranjo y ver el campo de
las Guásimas se presentó a los españoles de Nuevitas con objeto de regresar a los
Estados Unidos, ha sido llevado preso a Puerto Príncipe y sometido a Consejo de
Guerra. Dicho ciudadano, en lo poco que lo traté, me pareció un aventurero de
bastante intrepidez y alguna inteligencia, pero de muy poco juicio ofreció sus
servicios a nuestro Gobierno diciendo era Capitán de artillería en su país, pero
como no pudieron reconocerle ese grado por no presentar documentos que lo
justificasen, se le ofreció que se le guardarían las consideraciones de tal oficial
mientras viniesen aquellos comprobantes y que entretanto se podía dedicar a la
formación e instrucción de un cuerpo facultativo de aquella arma, lo que aceptado
por Dockray produjo que se dieran órdenes para la realización del proyecto; pero a
poco y antes de haberlo empezado a ejecutar se arrepintió seguramente, o concibió
otro proyecto, como decía, de ir a manifestar nuestra buena situación la Victoria
que habíamos obtenido y el buen espíritu de nuestras fuerzas y traer cuerpo
facultativo y recursos de artillería. Se dice que el consejo de guerra se había
celebrado ya, condenándole a muerte, pero que el General CONCHA no había
aprobado aún la sentencia y que en virtud de reclamaciones del Consul General
americano en La Habana no se había ejecutado aún la sentencia.
Cuando llegó a San Diego Mr. Dockray se suponía que traía alguna misión secreta
de su Gobierno, de la Junta de N. York o de Quesada, sin que nada se verificase,
pero lo cierto es que ese individuo tuvo conferencias secretas con el Presidente
Cisnero y que hasta el presente es un misterio la venida de ese individuo que no es
de creer se expusiese a los grandes peligros que se expuso para salir de Manzanillo
a la insurrección y a los que ahora corre entre los españoles, por mera curiosidad.
9 – En el mismo campamento. Se trajo de la zona ganado, viandas y miel de
abejas.
10 – Hoy he escrito para la población, pero no he mandado la carta.
11 – En el mismo punto.
12 – En el campamento. Hoy salieron Gómez y Miguel Betancourt a tener una
entrevista con un individuo de la población; fui invitado pero inoportunamente y
me abstuve de acompañarlos.
13 – Hoy regresaron Gómez y Batancourt, al parecer con buen resultado.
14 – Se salió de San Luis de Antón y se llegó a La Vistosa, donde se acampó. En el
primer punto quedó Miguel Betancourt, en un asunto que ignoro.
15 – Se separó Gómez en La Vistosa siguiendo yo con su estado mayor a la
Crimea, de donde acababa de salir el Presidente.
Aquí acampé.
16 – En el mismo punto.
17 – En el mismo punto.
18 – Se movió el Brigadier Enrrique con las fuerzas de la Crimea para Peralejo,
llegando a este punto el Presidente el mismo día evacuadas las diligencias
particulares que me habían tenido ausentes, regresé a incorporarme al Gobierno, al
que encontré de paso en Peralejos, donde acampaba el Brigadier Reeve con alguna
caballería.
19 – El General Gómez, que con fuerzas de caballería salió a una operación
acampando en Peralejo y el Coronel Varona para Las Tunas. En estos días hablé
largamente con éste sobre los sucesos de Las Tunas, y contribuí en lo que pude a la
organización que debe efectuarse en las fuerzas de aquel distrito, influí en que
fueran allí oficiales que fueran útiles como el comandante Cutiño (46) que había
destinado a otro cuerpo.
Salí de Peralejo para Pensilvania, donde estuve hasta el siguiente día que pasé a
Ciego, donde encontró Gómez fuerzas.
Marché para Ciego de Najasa con objeto de hacer trasladar a ese punto el demás
personal y escolta del Gobierno, que se encontraba aún en San Antonio de
Carrasco. (Nota mía: al Ciego llegan al siguiente día 20)
20 – En el Ciego, como queda anotado ayer.
Llegó el Presidente de la República y poco después la CC. De RR y demás que se
encontraban en San Antonio, ya se hallaban en el Ciego de Najasa (potrero de los
Isleños) El jefe del departamento con algunas fuerzas de infantería y caballería.
21 – En el Ciego, como queda anotado.
22 – Seguimos en el Ciego.
Fue fusilado por el delito de deserción con reincidencia el soldado de caballería
José León Gómez (a) El Curiel.
Este infelíz murió con valor.
En los días anteriores sufrieron también la última peña previo consejo de guerra,
como el precedente, dos soldados de la fuerza de Caonao; pero sin juicio alguno el
Coronel Gabriel González dio muerte a uno y el Coronel Rodríguez a dos más por
el propio delito. Aunque se comprende la necesidad de medidas enérgicas que
contengan la deserción que por desgracia va en aumento, no se ve la que tuvieron
los coroneles citados de faltar a la Ley, ordenando por sí sus fusilamientos,
consideración por que se ha ordenado formar la correspondiente sumaria.
23 – Seguimos en el Ciego.
Hoy llegó el Coronel Varona que había sido llamado por el Gobierno para que
diera cuenta del estado de las fuerzas en Las Tunas.
Llegó el Coronel Francisco Varona, Jefe de la Brigada de Las Tunas, en virtud del
llamamiento que se le había hecho.
24 – Hoy dio el Presidente una comida a la que invitó a los Miembros de la
Cámara y casi todos los Jefes que se encontraban en el campamento; también fui
invitado y asistí.
25 – En el mismo punto. (En el Ciego). (Concentración de Gobierno y fuerzas).
26 - En el mismo punto (El Ciego)
27 - Se fraccionaron las fuerzas y el Gobierno, yendo la Cámara con las escoltas
suya y el Gobierno por un lado; el Brigadier Suárez con parte de las fuerzas por
otro; el Coronel Benítez por otro a una operación, acampando en Peralejo y el
Coronel Varona para Las Tunas. En estos días hablé largamente con éste sobre los
sucesos de Las Tunas, y contribuí en lo que pude a la reorganización que debe
efectuarse en las fuerzas de aquel Distrito, influí a que fueran allí oficiales útiles
como el Comandante Cutiño, que había sido designado a otro cuerpo.
Marchó para Las Tunas el Coronel Varona a continuar en su destino después de
conferenciar con el Gobierno sobre el estado de aquel territorio y sus fuerzas,
llevando la gente del contingente de Oriente que días antes había entregado al Gral.
Maceo, y de ayudante al capitán M. De zayas, que hasta el día anterior había
desempeñado el puesto de comandante de las escoltas del Gobierno y de la
Cámara.
Con objeto de hacer algunas operaciones sobre la zona de cultivo de Camagüey
toda vez que el enemigo no se movía, salimos el Gobierno con el Cuartel General,
escoltados por el Regimiento de Caballería y acampamos en los Peralejos, donde
se reunieron otras fuerzas de caballería.
En Peralejo. Este día he entregado en depósito al Secretario del Exterior Miguel
Betancourt cinco onzas que me entregó el Coronel Varona como resultado en
efectivo que se recogió de los que mataron al Comandante Castellanos, (47) cuya
entrega hice en presencia del Presidente, del Comandante Roa y otros.
30 - Salimos a casa de Serrano el Presidente, Gómez, Modesto y yo.
Julio 2 – Se salió con las fuerzas a que estamos reunidos sobre el Camagüey y se
acampó en Santa Isabel de Yraola.
3 – Se salió de este punto acampando en las Delicias.
4 – De las Delicias y se llegó al potrero donde estando acampando vino aviso de
que se encontraba el enemigo poco más de una legua en número como de 150
hombres. Inmediatamente dispuso Gómez salir con la fuerza más espídita (como
200 hombres) y alcanzándolo como a las dos leguas se le cargó impetuosame,
haciéndoles unos 60 muertos, más o menos, tomándosele unos 60 remington y seis
cápsulas, machetes, revólveres y dos carretas cargadas de víveres.
Tuvimos 19 bajas. Se regresó al potrero donde se hizo noche.
5 – Se salió del Potrero y se llegó a Cachaza donde se acampó. Desde el día 5 hasta
el día de hoy inclusive en el mismo lugar.
9 – Hoy se celebró Consejo de Gabinete acordándose mandar un refuerzo de
hombres a Jiménez a Las Villas mayor que el que tenía resuelto mandar el G. Del
2do Cuerpo, en cuyo acuerdo me hice solidario atendiendo a mi situación en el
Gobierno pero no de buen grado porque siempre he estado en desacuerdo con el
modo de practicar todo cuanto se ha hecho respecto de la invasión a Las Villas.
Se presentó el general Sanguily participando que no podía llevar a cabo la
comisión que se le había dado para el extranjero por malas arreglas en el asunto de
su embarque, añadiendo que nada se había hecho como se le había dicho, lo cual
dio lugar a que se le tratara de traición para entregarlo al enemigo por lo que había
pasado por las armas al individuo que había de introducirle al punto donde debía
embarcarse. Asunto es éste de gravedad por muchos y diferentes motivos.
10 – Entre ayer y hoy se han cruzado varias comunicaciones entre el general
Gómez y el Gobierno con motivo de la comisión a Las Villas, manifestándose el
primero descontento con la determinación del Gobierno en el asunto.
11 – Marcha de Cachá a el Caymito donde se acampó, habiéndonos separado al
marchar el G. Gómez y yo para pasar por donde estaban los heridos antes de llegar
al nuevo campamento. En este rato algunas confidencias tuvimos sobre el estado
de las cosas.
15 – Desde el 11 a la fecha en el mismo punto, el Caymito.
Teniendo que hacer una diligencia en las inmediaciones del Príncipa me separé
hoy del gobierno con dirección a Hojasa, haciendo noche en Palmira. Me
acompañan Agustín Castellanos, Gaspar (48) y Coello y también Federico
Betancourt que va a reunirse a su hermano.
16 – Salí de Palmira y llegué a casa del Sub-Prefecto Fonseca.
17 – De casa Fonseca a casa de Cambos haciendo noche en el Jagüey.
Hoy se separó Federico Betancourt.
18 – Del Jagüey a casa Fonseca donde dormí dejando los asistentes en el primer
punto.
19 – Salí de Jagüey volviendo a casa Fonseca de donde salí haciendo noche en
Peralejos.
20 – De Peralejo a La Matilde.
21 – En el mismo punto donde también llegó el gobierno y Gómez.
22 – Salí de la M (49) con dirección a Las Vegas, la concepción donde hice noche.
Como necesitaba verme con Rafael de Varona y Estrada les solicité con el
ranchero francisco Morel quien me dijo estaba a 4 leguas.
23 – Escribí a Varona y a Estrada y seguí a Santa Rita de Dominguesa a esperar
contesta. Mandé el práctico Betancourt que me dio Sanguily, al punto donde deben
sacarle unos efectos del pueblo a este General, dí una onza a Betancourt para que
me la mandara cambiar y encargué además unos efectos con papel moneda
español.
24 – Estuve en casa del Subprefecto Fernando Herrera.
25 – Hoy llegó el capitán Rafael de Varona.
26 – En el mismo punto.
27 – Vino Betancourt el que mandé a la zona con el oficial Betancourt de Sanguily
quien se encuentra en esta comarca y pasó a reunírmele. Acampé en la Loma de
Medina o el Mangón con el hermano de Sanguily.
Llegó el teniente coronel Estrada al mismo punto.
28 – Llegó el general Sanguily, dio noticias que salía una columna para la Matilde.
29 Salí con el teniente coronel Estrada para Las Clorillinas de donde regresé
    pernoctando en una casa de tejas del (*)(50)
30 Salí para el Pato siguiendo el campamento de Sanguily donde hice noche.
Ese día encontrándome en el Vijabo tuve noticias de haberme robado los resertores
los efectos que me traían del pueblo.
31 – Pasé a Las Clarellinas donde está Estrada, aquí encontré a M. Sanguily.
Agosto 1 – Hoy hablé con (*)(51) que vino a este punto con el cual mandé a mis
hermanas una carta y 50 pesos en papel.
2 – Escribí a Modesto y mandé periódicos al Gobierno con M. Sanguily.
3 – Nos mudamos al Sercado.
4 – Vino Andrés Castellanos que había salido con el práctico que me dio Sanguily,
llamando Jesús Risco, diciéndome que éste había desertado.
5 – En el mismo punto, me trajeron cambiada la onza que mandé a ese efecto al
pueblo. Llegó aquí el capitán R. Varona (52) a comunicarme del Brigadier Enrique
que se encuentra en Santa Rita de Dominguez.
Mandé a Andrés Castellanos y a Gaspar en solicitud del que me fue a la diligencia
al pueblo. Dos soldados españoles fueron presentados en estas comarcas, los cuales
condujo Varona a donde el Brigadier Enrique.
8 – En el mismo punto.
9 – Salí a saber de una diligencia en el pueblo para seguidamente irme al Gobierno,
pernocté en la casita de tejas.
Vino Castellanos sin resultado de mi diligencia, trayendo dos presentados.
Me mudé para Antón, encontrando en el camino a Cuello que me lo devolvía
Estrada, al mismo le envié enseguida los presentados con Cuello.
11 – Salí de antón para el Gobierno haciendo noche en la loma de Medina.
12 – Segí marcha pernoctando en el Decique.
13 – Llegué a casa del Subprefecto Fonseca donde hice noche.
14 – Continué hasta la Pencilvania a reunirme al gobierno. Este día perdí el bulto
en que portaba esta cartera.
15 – Habiendo llegado ayer al Gobierno vuelvo a salir a buscar el bulto
encontrándolo en el monte y regresando a la Pencilvania.
16 – Hoy he sabido por conducto fidedigno y con largos detalles la situación difícil
y peligrosa por que atraviesa Bayamo, así por el estado de su fuerza como el del
territorio cuya escasés de boca hacen que el hombre esté acosando al vecindario.
Nada me extrañan esos acontecimientos, eso no es más que realizarse lo que
respecto a y otra desgracia tengo anunciado hace mucho al cuerpo, pero
desgraciadamente en éste como en otros casos tratándose del bien de la patria, que
la experiencia me ha hecho verlas a larga distancia, nada he podido remediar
porque mis manifestaciones no han sido atendidas por más que siempre que he
previsto un mal lo he hecho conocer a los - que con buena fe pudieran influir en el
buen arreglo de las cosas.
17 – En el mismo punto sin novedad.
18 y 19 – Sin novedad notable.
20 – Hoy se separó del Gobierno el Dr. Martínez (*)(53) habiéndosele expedido en
esta misma fecha el diploma de su grado de teniente coronel para que fuera
propuesto y el credencial del destino que va a ocupar en Las Tunas. Me dió una
gran fiebre.
Presenté mi renuncia de la Sectretaría de la Guerra que por circunstancias no la
había presentado antes.
Como suponía fue un acontecimiento que vió con desagrado el Presidente y
muchos del gobierno resultando por consecuencias que se me hiciera por parte del
Presidente y otras nuevas y empeñadas instancias para que retirara la denuncia,
entrando entre los que hablan del asunto el Diputado T. Estrada, pero sin mucha
insistencia conociendo los poderosos fundamentos de mi renuncia. Sigo sin
embargo firme en mi propósito porque fue grande el disgusto con que acepté la
secretaría de la guerra y los innumerables motivos que durante mi permanencia en
ese destino han concurrido a aumentar mi disgusto me hacen comprender
fácilmente que es inútil ese sacrificio que hice por la patria y no debo seguirlo
haciendo.
También Modesto presentó su renuncia a la vez que yo.
22 – Habiéndome manifestado el Presidente ayer que conviniera siguiera en estos
dos meses más en el puesto aunque no tomara parte en los asuntos en que no
quisiera intervenir solo dándose por presentada la renuncia. Tampoco convine a
ésto y sin embargo hoy obtuve por contestación oficial que no podía admitírseme
la renuncia pero que tan pronto lo permitieran las circunstancias se tendría en
consideración resolviéndola favorablemente. Esto no podía dejarme satisfecho y he
vuelto a oficiar al presidente para que reformara             la resolución más
convenientemente a mis miras pues he resuelto condescender a que figuere mi
nombre en la Secretaría de la guerra mientras se provee la vacante, pero
permaneciendo con permiso dos meses que es el término que me ha fijado para
nombrar sucesor.
23 – Hoy fue cuando pasé al Presidente la comunicación a que me refiero ayer.
Se salió de Pensilvania con dirección a Oriente haciendo noche en San Antonio de
Carrasco.
24 – Se continuó marcha debiendo el Gobierno hacer alto en Yáquimo, me
adelanté hasta San Diego parando en casa de Manuel Milanés.
25 – En el mismo punto.
26 – Mandé a San Diego a ver si estaba Varona y si había venido el Gobierno.
27 Vuelvo a mandar a San Diego.
Salí a casa de M. Fonseca *.(54)
Volviendo a casa de Milanés.
28 – Salí de San Diego a verme con el Gobierno y volver a Ceiba Hueca.
Hoy me fue contestada la comunicación que me refiero el día 23 de éste, cuyo
contenido fue darme permiso dos meses.
29 – Salí de casa de Milanés (Ceiba Hueca) llegando al Limonal donde se
   encuentra el Gobierno.
30 Pedí la escolta al Presidente para seguir marcha y después algunas
   contestaciones de palabra (pues no quería darme la mitad de la gente que tenía
   la escolta) me hizo que le dejara diez hombres, acompañándome unos 15 ó 16
   hombres contando con los oficiales. Salí pues para Las Tunas haciendo noche
   en la posta de Muñoz en Santa Ana de Lleo.
Septiembre 1ro. Continué marcha haciendo alto en Sao Corojo.
2 – Seguí hasta Lavao.
3 – Salí con Coello dejando a Valdivia con la escolta.
4 - Pasé del Lavao a Guaramanao casa Gallo Sánchez. Dejé la escolta y seguí al
   campamento de Pancho, el cual no encontré por haber salido en solicitud mía;
   allí estuve un rato con los oficiales del campamento en cuyo tiempo vino
   Palma, que tampoco estaba a mi llegada, siguiendo en busca de Rodríguez a
   quienes encontré.
Regresé a Guaramanao encontrando ya a Pancho que me esperaba.
5 – En el mismo punto, recibí carta de Modesto. Me dio fiebre.
6 Se me separó Pancho por tener que mandar al Gobierno donde ha sido llamado.
7 y 8 – En el mismo punto.
9 Se separó Palma con la fuerza que tenía aquí. Salí por las estancias de las
   Izquierdas.
10 – En el mismo punto. Salió el Subteniente Montero que anda en diligencias del
   general Díaz y se me presentó anoche. Debe esperar orden mía el 20 en el
   Lavado.
11 Escribí a Gómez y a Modesto pues mandó mañana a Coello al Camagüey en
   solicitud de los efectos que encargué al Príncipe.
12 – Mandé a Coello con Chucho Milanés al Camagüey.
13 Mandé la escolta a pie para casa del Subprefecto Manuel Montes de Oca y me
dirigí con Valdivia y los asistentes a casa de Campos, regresando y durmiendo en
Loreto.*(55)
14 Después de pasar por el rancho de Rita Rivero, seguí para casa de Montes de
Oca donde pasé todo el día.
15 De casa de Montes de Oca al campamento de Pedro Palma en el Peladero,
después de mandar la escolta de a pie por viandas a Murcielaguito.
16 A casa de Campos siguiendo a acampar a Jagualito donde se me reunieron
algunos de los que fueron a Murcielaguito.
17 Acaba de venir la escolta de Murcielaguito, se me reunió Sacramento León y
después Palma*(56) con la fuerza con que va a la operación al Camino central.
18 Pasé a Monte Oscuro de donde seguí a Las Cabreras, donde había dispuesto me
cojieran un atajo de bestias el cual cogió. Regresó a dormir a Monte Oscuro.
19 Mandé a Morell por la carne de casa de Polanco. Vino una comisión que
mandé a donde C. Agüero a cortar junco.
20 Salí a casa de Mariano Moreno de allí pasé a casa de José Moreno regresando
al campamento que tengo en Juagualito. A mi llegada a este punto por la tarde,
recibí comunicación urgentísima del Gobierno, llamándome a conferenciar,
también recibí carta de Modesto comunicándome haber caído prisionero Calixto
García.
Esta mañana regresó la escolta que me había llevado Palma, no tuvieron resultado
en su operación.
21 – Salí a los ranchos del vecindario y regresé al campamento.
22 Salí con los hombres montados, que pude preparar con dirección al Lavado (*)
    (57) a avistarme con el Gobierno, me quedé a hacer noche en Guaramanao (*)
    (58).
Dejé a Valdivia en Jagualito con los hombres de a pie para que venga mañana.
23 – Continué para el Lavado donde encontré al Gobierno.
24 Hoy llamó a conferenciar el Presidente asistiendo también el Secretario
    Miguel Betancourt en cuya conferencia se me propuso que fuera de jefe del
    primer cuerpo con motivo de haber caído prisionero el general García Iñiguez y
    después de un rato de discresión en donde mediaron algunas explicaciones entre
    el gobierno y yo; el deber de patriota me hizo condescender a pasar a Oriente
    encargado del 1er Cuerpo de Ejército, pero interinamente y accedieron los
    llamé a condición que se me dejara la fuerza de Las Tunas, cuyo territorio y su
    fuerza habían determinado agregarlo al Camagüey.
Un rato después recibí comunicación del Gobierno donde me hacía cargo
interinamente del mando del departamento de Oriente.
Esta comunicación la contesté manifestando que no podía hacerme cargo del
mando sin exponerme a llevar mi cometido satisfactoriamente y que más bien se
consideran mayores perjuicios a la Patria si no se me daban 100 hombres
montados, el parque necesario para emprender algunas operaciones y necesitando
las fuerzas de Las Tunas con mando también en este territorio para operar con
entera libertad en él.
25 – Salí para Guaramanao y llegando a esta finca seguí a los ranchos del Ojito de
   Agua donde pernocté, en solicitud del Subteniente Juan Rodríguez, encargado
   por el Coronel Varona de una operación sobre Las Tunas, para darle
   contraorden.
26 Mandé en busca de Juan Rodríguez enviándole orden que se presentara en mi
   campamento. Mandé al teniente Jique (*) (59) al gobierno en busca de una parte
   del archivo que me dijo el Presidente le hiciera guardar.
28 - Salí del campamento regresando por la tarde. Llegó el sub-teniente Rodríguez
con los voluntarios. También vino el Capitán Ramírez (60) con siete números de
caballería según orden que había dado al Coronel Varona.(61)
29 – Mandé al teniente Coronel León (62) con veinte jinetes a Las Tunas con
   orden de extraer animales al enemigo.
30 Fui al Lavado a verme con el gobierno con quien convine que pasara a La
   Soledad (63) en esta virtud di orden al teniente coronel Porfirio González para
   que marchara mañana al indicado punto La Soledad.
Regresé a Guaramanao.
Octubre 1ro. Mandé al Comandante Cutiño (64) al camino de Las Tunas, a Miguel
Ramos (65) a esperar un convoy del enemigo para atacarlo.
2 – Hoy regresó la caballería con el teniente Coronel León herido a consecuencia
del fuego que tuvo que sostener para extraer el ganado q ue han traído, éste consta
de veintitrés vacunos y tres mulos. También hubo un soldado herido por los
nuestros con casualidad.
3 – Mandé retirar el Comandante Cutiño que con fuerza lo tenía emboscado en
camino Miguel Ramos.
Mandé doce reses al Gobierno para éste y fuerzas que lo escolta.
4 – Regresó el Comandante Cutiño según orden de ayer. Salí al vecindario
teniendo que quedarme en un rancho por la lluvia y un río crecido.
Desde el día 1ro. de septiembre que llegué del Camagüey a esta jurisdicción hasta
la fecha ha llovido diariamente excepto tres o cuatro días. Mandé por sal con
Pepillo Figueredo.
5 – Volví al campamento. Salí á ver a Sacramento León.
6 – Mandé a Gaspar (66) en comisión a las inmediaciones del pueblo.
7– Me preparo para salir a recorrer el departamento en unión del Gobierno.
Vino la comisión que mandé hace tres días por sal, trayendo dos quintales.
8 – Salí a las 6 y media de la mañana de Guaramanao, llegué a las 12 a La Soledad
donde se encuentra el Gobierno y después de conferenciar con el Presidente
continué marcha quedando el Gobierno en la Soledad y el Brigadier Maceo llegó
en los mismos momentos que yo al indicado punto.
Como seguí marcha ya tarde hice noche en el Dormitorio. (67)
8 – Seguí de este punto para el Alto del Estribo (68) donde acampé.
9 - Se me reunió la escolta a las pocas horas que desde Guaramanao le mandé con
este objeto por otro camino, conduciendo ganado y convoy. También encontré a
Gaspar que había llegado el día antes al indicado punto.
10 – Se me reunió el Subteniente Montero que pasa a Bayamo á llevar unas cargas
de carne al General Díaz. (69)
11 – Salí para la estancia de la Bermeja donde en los momentos de llegar yo, llegó
también el Gobierno. En este punto se hizo noche.
12 – Continué reunido con el gobierno, pasé la línea telegráfica a la que se le cortó
como un cuarto de legua, siguiendo por Sabana Nueva al Guajaco, Cenicero hasta
Naranjito (70) donde se acampó, aquí supe que el Coronel Peralta se encuentra en
Corral Viejo.
Hoy es el primer aniversario de la sorpresa dada al enemigo en la Zanja de Jobabo.
Mandé orden al Coronel Peralta para que pasara a San Agustín a reunirme mañana.
13 – Mandé la infantería con el Gobierno a acampar a San Agustín quedándome
con algunos números montados que me acompañaron, como a las tres horas al
mismo San Agustín. Encontre ya al Coronel Peralta con quien tomé algunos
informes de la Jurisdicción de Holguín.
Hoy se me separó el Gobierno con Dirección a donde el General Díaz, marchando
también a Bayamo el titular Tomás Estrada.
Llegó una comisión de Bayamo trayendo correspondencia para el Gobierno. Trae
la noticia de hacer los españoles nuevas proposiciones por medio de Esteban
Varona que acababa de salir de Manzanillo.
14 – Dispuse que saliera una parte de la fuerza que se encuentra en este
campamento, infantería y caballería en busca de ganado á un campamento
enemigo. Fue cargado el Comandante Rojas.
En una entrevista que tuve hoy con el presidente le manifesté la política que
pensaba adoptar en los asuntos de Oriente, que será puramente conciliadora y
prudente. He querido anteponerme a ésto porque digo que algunos como Trujillo
quieren que se proceda con una energía exagerada sin omitir el derramamiento de
sangre, y como ésto en mi concepto es un absurdo y estoy muy lejos de pensar así
en estas circunstancias, he querido poner en conocimiento del Ejecutivo mi
pensamiento en tal asunto para que me dé su parecer. El Presidente estuvo
completamente de acuerdo conmigo.
Como vino al caso manifesté al Presidente algunos motivos de resentimientos que
tenía de Miguel Betancourt. Lo hice con la misma franqueza que lo he hecho
siempre que he hablado de las personas del Gobierno que me han ofendido.
El presidente trató de disuadirme como era natural.
Se salió con dirección al paso de la Demajagua y estando haciendo alto para
almorzar en el Sabanaso (71) me alcanzó el Coronel Varona con alguna fuerza y
manifestándome que traía la gente muy estropeada, le hice que se quedara hasta
mañana. Yo continué acampando en el paso de La Demajagua. Me dio fiebre.
16 – Llegó el general Luis Figueredo y Jesús Rodríguez que habían sido mandados
buscar por el Gobierno ayer. También llegó el coronel Varona.
17 – En el mismo punto. Volvió a darme fiebre.
18 – Llegó el General Calvar trayendo (aunque llegó antes que él un parte del
Batallón de Jiguaní al inmediato mando del teniente coronel Ruíz.
También llegó la comisión que salió en busca de ganado, dando muy mal
resultado, pués solo trajo tres reses y dos burros, se estropearon sobremanera los
caballos y la gente que se mandó y el Comandante que fue encargado quedó
enfermo, rindiendo por consecuencia la comisión el capitán Balán.
En conferencia que tuvo conmigo el general Figueredo me comunicó el proyecto
sobre el cambio de sistema de gobierno que han formado en Oriente, siendo
director jefe unos de los que figuran como cabeza en el asunto. Aunque sabía
bastante hace muchos días de lo que en esta parte ocurría pues hasta había visto el
programa que habían formado pero no estaba tan bien enterado como he quedado
hoy por Figueredo.
Este entre otras cosas me dijo que no faltaron proposiciones del partido de los
Céspedes pidiendo que se principiara con derramamiento de sangre, el movimiento
que debían emprender, pero que él Figueredo, trabajó hasta hacer desaparecer tan
bárbara idea, puesto que de muy buena fe por creer hacerle un gran bien a la
Revolución había trabajado a favor del plan de cambiar el sistema de gobierno.
Traté de inclinarlo como lo he hecho con todo el que me ha hablado sobre el
particular, a que meditara con mucho detenimiento asunto de tanta gravedad y que
aplazaran cualquier resolución que fueran a tomar a fin de no ocasionar a la patria
mayores desgracias. Me oyó con atención y se mostró condescendiente.
Previendo que la presencia del Gobierno en Bayamo podría en los primeros
momentos exitar algunos ánimos y promoverse algún movimiento perjudicial al
país teniendo en cuenta lo que allí pasa mandé indicar al Presidente que me dejase
marchar con anticipación al Gobierno y éste marcharía más tarde según encontrara
yo por allí las cosas. No me contestó hoy.
19 – Se me presentó el Presidente manifestándome no creer conveniente que el
Gobierno desista del viaje, por haberse ya anunciado, volví a hacerle algunas
reflexiones, sobre las muchas que le mandé hacer cuando le envié ayer mi recado y
se manifestó decidido a seguir marcha.
Me dio fiebre habiendo mejorado por la tarde.
Esta noche me manifestó el Coronel Varona*(72) que el General Calvar
renunciaba seguir de G. de División en este cuerpo y que le supo mal que se
hubiera nombrado otro como primer Jefe del Cuerpo Estado el que debía serlo.
Esto venía yo figurándome que sucediera y no me extraño pues conozco mucho los
hombres de la revolución.
También me comunicó, que el referido General había tenido otras conversaciones
con respecto a mí, cuyas conversaciones daban una triste idea de la importancia y
dignidad del G. que los tenía, pues se veía claramente una intención de meter
cizañas contra mí por venir a tomar el mando del Departamento.
20 – En la orden del día dispuse la marcha para mañana.
Habiendo amanecido indispuesto y siendo día de darme fiebre, dispuse que se
encargara del mando el general Calvar y siguiera marcha con el Gobierno para
seguir yo hoy mismo o mañana en su alcance, según fuera mi mejoría.
En estas circunstancias acordaron dicho jefe y el Presidente dejar la marcha para
mañana.
Volvió a reunirse el general Figueredo para acompañarme hasta Cauto.
Entregué en presencia del teniente coronel Modesto Fonseca, General Figueredo y
capitán Manuel Cisnero, al capitán Emiliano de los Reyes una onza para encargar
quinina a la población, cuya onza me entregó para el efecto el Gobierno del dinero
del comandante Pedro Ignacio Castellanos. Antes de dejar el mando a Calvar
dispuse que saliera el capitán Brizuela con 8 ó 10 números a construir un puente al
río del Salado para poder pasar, pues dicho río está hondo.
22 – Se salió de la Majagua y pasando el Salado se llegó a la del medio orilla del
Cauto.
Se atravesó un camino intransitable como todos los que se vienen pasando desde
Las Tunas.
23- Se siguió marcha y después de andar una legua se llegó al paso de Oro por
donde se vadió el Cauto y al dar principio a la preparación se presentaron tales
dificultades que el General Calvar llegó a decirme que era imposible pasar en el
día, que tendríamos dos o tres y tendríamos algunas pérdidas. Entonces me hice
cargo del mando que por mi enfermedad le había confiado a Calvar viendo que las
principales dificultades eran que la canoa era muy pesada y los dos o tres remeros
que habían no eran muy inteligentes; al principiar a dar órdenes para pasar el río
llegó una canoa que hacía tres días había mandado pedir el Subprefecto de la mula
Manuel Coba; se pasó el río en 4 ó 5 horas, segí marcha acompañado cerca de la
entrada del Blanquisal después de destruir un gran pedazo de línea telegráfica al
pasar el camino. Nos cayó un aguacero al acampar.
24 – Seguí marcha y como había ordenado que el Prefecto Gamboa me tuviera en
el Blanquisal algunos prácticos, tomé estos de paso y después de pasar un camino
infernal llegué a Jagüelles. Antes de llegar a este punto, desde la sabana de Curas
mandé con el teniente coronel González casi toda la gente armada y parte de los
asistentes del Gobierno y mías, al Humilladero por viandas reuniéndoseme por la
noche en Jagüelles.
Uno o dos individuos armados parece que de las fuerzas de agua, nos hicieron
fuego dos veces, una por retaguardia pasando mi fuerza por Cañada Larga y otra al
pasar a Guajacabo; sin dudas nos tomaron por españoles.
25 – En el mismo Jagüelles, dirigí órdenes a Noguera y Pardin para que se me
reunieran. Escribí a Barreto. Desde ayer se me reunió el teniente coronel C.
Céspedes con unos veinte hombres que tiene de su batallón.
26– Se salió con dirección a la Sal donde se hizo viandas, llegando a Guirabo
donde se acampó.
Los caminos de hoy todos a barriga del caballo de agua a consecuencias de las
crecientes. Me vi en este punto con el comandante Justo Jardín.
27 – En el mismo punto.
28 Se salió para la Herradura donde se acampó. Como desde que salimos de
    Güirabo me atacara una fuerte jaqueca que me impedía hacer toda clase de
    servicio, encargué del mando a Calvar al llegar a la Herradura.
29 En el mismo punto. Me hice cargo del mando y di orden para marchar.
30 Se salió de la Herradura. Al aclarar, se pasó la línea telegráfica por el lado de
Veguita como a las nueve de la mañana y después de dar un rato descanso a la
gente en La Loma se continuó marcha llegando a La Caridad (costa de la Sierra)
donde se acampó.
31 En el mismo punto dando descanso a la gente que llegó ayer sumamente
estropeada por lo pésimo de los caminos.
Noviembre 1ro – A pesar de haber amanecido lloviznando era preciso emprender
marcha como lo hice, para Llarajabo donde se acampó. Salió inmediatamente la
gente al Zarzal en busca de viandas. Está declarado ya un temporal desecho.
Me dio fiebre. Volvió la gente de la vianda como a las 8 de la noche trayendo poca.
2 – En el mismo punto. Lloviendo fuerte toda esta noche pasada y día de hoy, con
la noche el viento era una especie de huracán.
3 – Ha calmado el temporal aunque no del todo.
Me siguen las fiebres y otros achaques por lo que a mi pesar he tenido que decir al
Gobierno que no puedo continuar marcha.
He encargado del mando al general Calvar.
4 – Se me separó el Gobierno con Calvar continuando marcha para Gúa, donde yo
me dirigía. Yo pasé al rancho de Mercedes Carrazco a curarme.
5 - En el mimo punto. Me dio fiebre chica.
6 – De vómitos. En el mismo lugar. Columna española en el Zarzal.
7 - Recibí carta de J. Estrada y de Bello.
8 Sin novedad.
9 Llegó el general Díaz como a las tres de la tarde.
10 Vino el Coronel Noguera con unos veinte hombres.
11 Marchó el general Díaz a su casa para volver mañana.
12 Mandé el teniente Coronel Porfirio González a extraer animales de los
campamentos enemigos. Llevó a sus órdenes, al subteniente R. Pera con la escolta
montada y al capitán Polinario con unos veinte infantes y tres hombres montados
que trajo el coronel Nogueras cuando se me presentó antier.
13 Me trajeron noticias de haber muerto desnuncado el mulo Pancho anoche. No
puedo menos de consignar ésto por lo notable que se ha hecho ese mulo durante ha
estado en mi poder siempre sirviendo a la Revolución desde enero de 1869. Volvió
a reunírseme el General Díaz.
14 Mandé en comisión al subteniente Cleto Torrez a Buey abajo en busca de sal,
junco y serones, llevó tres números armados y dos desarmados. También salió una
comisión de tres hombres a hacer sal.
15 Salí con el general Díaz para Guasimilla con objeto de combalecer unos días.
16 17 y 18. En el mismo punto.
19 – Una guardia que tenía en Alegría me trajo aviso de haber llegado allí el
teniente coronel (Porfirio) González con bueyes y mulas, me puse en marcha para
aquel punto encontrando dicho Jefe con los animales que había extraido de
Bayamo, cuarenta y cuatro bueyes, quince mulas y cinco caballos. Dispuse mandar
a la sierra una parte de la bueyada dejando la otra parte para el Gobierno y las
fuerzas. Pernocté con la escolta montada en el Pinar donde quedó el ganado que
mandó el Gobierno.
20 – Salí para en casa de Mercedes Carrasco y mandé el ganado para Yarajabo
donde está la fuerza y el Gobierno.
21 – Llegó el Brigadier Maceo y de la jurisdicción de Holguín. Pasé al Gobierno y
regresé a este punto.
22 – Llegó una correspondencia del Camagüey en donde vienen buenas noticias de
Las Villas. Más tarde vino el alferez y Soler que portaba dicha correspondencia.
23- Vino el General Díaz a reunirse para ir al Gobierno.
24 – De paso el Gobierno para Las Llanadas con objeto de continuar para Ceiba.
Llegó al campamento a confeccionar con el General Díaz y conmigo sobre
arreglos de la dirección de Bayamo.
Se me presentó el coronel Bello que pocos momentos antes había mandado buscar.
Se recibió noticia de estar el enemigo en Alegría y que salía para Guasimilla. Esto
no lo efectuó.
También tuvo fuego en El Zarzal una guerrilla de Bello con guerrilla enemiga.
25 – Llegó el coronel Bello con su fuerza como a las 7 de la mañana de cuya
fuerza se da al general Díaz, 20 hombres para llevarlos a Guasimilla por si el
enemigo volvía a intentar subir hacerle fuego. A las tres o cuatro horas se me
mandó aviso el mismo general de que el enemigo se aproximaba al campamaneto,
sin embargo parece que siguió marcha con la gente puesto que no me la mandó.
Poco después se presentó el enemigo como con trescientos o cuatrocientos
hombres; me atacó sin resultado pues no tuve ni una baja; aquel creo sufrió
bastante pues el fuego que se le hizo fue de cerca y certero y dejaron muchas
huellas sangrientas.
26 – Me trasladé con la fuerza que tenía para el Pinar de la Alegría.
27 – En el mismo punto. Vino la gente que acompañó al general Díaz a Guasimilla.
28 – Regresó el general Borreto con la fuerza de Bayamo y Tunas que fue
acompañado al Gobierno hasta Llao*. Pocos momentos antes de llegar esta fuerza
se oyó fuego en dirección de donde salió por lo que se cree ha sido encuentro del
enemigo y el gobierno.
29 – Se me presentó el Alferez Soler que iba despachado por el Gobierno para el
Camagüey, manifestándome que el fuego de ayer mañana lo había tenido el
enemigo con él y tres o cuatro números que le acompañaban que en dicho
encuentro habían perdido los caballos.
Luego el Alferez Cleto Torres de Buey Abajo con la comisión pero con muy mal
resultado pues trajo muy poco de los artículos que se le encargaron.
30 - En el mismo punto sin novedad.
Diciembre 1ro. Se me reunió el general Díaz para acompañarme a una excursión a
Guisa.
2 – Expedí comisiones a Las Tunas al cabo Milanés, al Yamagual en busca de sal.
El alférez J. Ojeda y al comandante Ramírez a recoger gente del regimiento
Bayamo.
Se me participó haber subido el enemigo a Llarajabo. Mandé explorar y había
bajado y acampaba en Vigüela.
3 – Dispuesta desde ayer la salida de este campamento para Guá ordené al general
Barreto que marchara con la infantería por el Arroyón, inmediato a Yarajabo, para
si el enemigo se encuentra en la Sierra lo bata. Yo marché con la escolta montada
para la sabana pernoctando en la costa del Río Jibacoa.
4 – Seguí marcha y llegué a Jagüeyito donde acampé.
5 – Se me reunió la infantería que con el general Barreto se me separó en el pinar.
6 – En el mismo punto.
7 – Emprendí marcha para Calisito en cuyo punto después de hacer vianda la gente
se acampó.
Propuesta por el coronel Bello la extracción de ganado del campamento enemigo,
la Caridad, doy orden con esta fuerza a dicho coronel para que después de dar de
comer a la gente en este punto continué a practicar la indicada operación.
8 – Emprendió marcha el coronel Bello con las fuerzas para la Caridad y el general
Díaz y yo con los asistentes, y oficiales de dicho jefe nos dirijimos para la Sierra,
hicimos noche en Limones.
13 – Seguimos marcha, pasé por casa de Vera y llegué a la Angelina donde se
encontraba ya la infantería.
14 – Hice mudar el campamento del monte donde estaba para el limpio o potrero
de la misma Angelina.
15 – En el mismo punto.
16 - Concluido ayer el despacho de la correspondencia para el Gobierno enlacé hoy
al capitán Agustín Castellanos con el sargento Oliva para que la condujese.
    Dispuse que marchara la gente para Campechuela a hacer viandas.
17 Vino la gente de la vianda sin novedad trayendo muy poca.
18 Resolví marchar por fuerza con la escolta y mandar la infantería a que se me
reuniera en la prefectura de Guarajabo, con tal objeto salí por la noche a dormir al
Pichón.
19 Emprendí marcha haciendo noche en las inmediaciones del Cerro y Río Yara.
20 Seguí marcha acampando en la cabezada del Masío.
21 Mandé la caballería a un potrero y salí a Santa Rita* (73) regresando al
campamento encontrando al comandante Jardín con la infantería.
22 – Llegaron dos comisionados del Comandante Juan Ramírez despachados en
    distintas fuerzas, habiendo tenido que llegar ambos hasta Guá en busca mía.
23 Se me reunió el General Díaz.
24 Salí de las cabezadas del Masío disponiendo que saliera también la infantería
para que me reuniera en un punto dado, donde _________________*(74)
25 Continué marcha desde Tuaveque, donde me quedé anoche, llegando al
   campamento del capitán Polinario Tellez y acampando en el potrero del Cura
   Batista, una legua de Bayamo. Con la noche se me reunió el indicado Capitán.
26 Seguí marcha dejando en Jagüeyes la escolta montada y siguiendo a Las
   Cabezadas donde me reuní a la infantería.
27 No ví la infantería sobre Jagüeyes donde me dirigí también. Llegó el Capitán
   Castellanos con comunicaciones del Gobierno.
28 Salí de Jagüeyes con dirección a Holguín. Al pasar por Punta Gorda se
   encontraba allí el enemigo, pero en marcha para Bayamo. Se pasó sin fuego
   acampando en Cauto.
29 Seguí marcha llegando al Mijial donde se encuentra el Gobierno.
30 Conferencíe con el Presidente, habiendo al parecer acuerdo entre ambos, pero
   estoy lejos de quedar conforme con la indecisión de las resoluciones del
   Gobierno.
31 En el mismo punto. Manifesté mi desagrado al Presidente con que quedara
   Calvar en el Cuerpo de que soy Jefe; sin embargo insiste en que debe colocarse
   por no haber otro.
  También le manifesté los trastornos que ocasionaba la rotura de la escala a cada
  paso y de un modo inconveniente como solía hacerlo; me negó que daba este
  paso.

 1875

Enero 1º. – En el mismo lugar. Se prepara en el gobierno una comisión para el
extranjero que debe irla desempeñando Esteban Varona.
2 – Hoy propuse para Secretario de la guerra al General Luis Figueredo, por
renuncia de Modesto Fonseca. Dicho General quedará según tenemos convenido,
secretario, tan pronto se reuna la cámara.
Salí como a las dos de la tarde con dirección a Las Tunas. Haciendo noche en
Nigua.
3 – Seguí marcha a las dos de la tarde a la estancia del Alto donde acampé.
4 – Seguí marcha acampando en la Soledad a las tres de la tarde.
5 – Expedí varias comisiones y me trasladé a Guaramanao, donde acampé.
6 – En el mismo punto.
7 – Se me reunió el Gobierno en este punto.
8 – Expedí orden al coronel Leyte Vidal para concentrar sus fuerzas en Mijial el 25
del corriente. También al coronel Bello y a Mariano Domínguez, para concentrar
en las inmediaciones de Humilladero.
9 – Mandé comisión, con gente de Holguín donde está Leyte Vidal.
10 Despaché en comisión para Bayamo al Cabo José Rodríguez.
11 – Salí de Guaramanao acompañando al Gobierno que se dirigía al Camagüey,
pernoctando de José Manuel Cedeño.
12 – Se siguió marcha llegando a las 9 de la mañana al Limonar donde se
encuentra el coronel Ricardo Céspedes con fuerzas; allí quedó el Gobierno y yo
seguí a los talleres, durmiendo en la costa del Río Sevilla.
13 – Regresé al Limonar y ya el gobierno había mandado para el Camagüey;
estuve rato en el Limonar y seguí pernoctando en casa de J.M. Cedeño.
14 – Continué para el Lavado donde se encuentra mi escolta acampando en dicho
punto.
15 – En el mismo punto
16 – Mandé al subteniente Anacleto Torres en comisión a la parte norte en busca
de una carne que mandé salar a Manuel Campos.
17 – En el mismo punto.
18 – Sin novedad.
Llegó el coronel Francisco Varona la fuerza con el escuadrón de Caballería.
19 – Entregó el coronel Varona la fuerza de Las Tunas que pertenecía a la Brigada
que mandaba.
Mandé al Tte. Coronel Porfirio González con las caballerías a las inmediaciones de
Guáimaro con orden de extraer animales al enemigo, o emprender otra operación
proporcionada a la fuerza que lleva.
20 – Se refirió el coronel Varona con permiso.
21 – En el mismo punto sin novedad.
      Llegó el Tte. Coronel Flor Crombet.
22 – Sin novedad.
23 – Salió el Tte. Coronel Flor Crombet para su destino y con él una comisión que
mandó conduciendo pliegos para el coronel Leyte Vidal y otros.
También mandé comisión para el Camagüey, con pliegos para el Gobierno.
Llegó el Tte. Coronel Porfirio González sin haber podido hacer nada en su
excursión y con la novedad de un soldado de mi escolta muerto por un tiro que otro
de los compañeros le disparó por casualidad.
Con la comisión para Holguín mandaba nueva orden al coronel Leyte Vidal
aplazando para otro día la reunión de dicho jefe y sus fuerzas conmigo y fijándole
otro punto.
24 – Mandé correo a Bayamo para que me aguardaran hasta el treinta y uno de
éste. También envié comisión al taller en busca de efectos para la caballería.
25 – Recogí el parque que tenía Ceferino Fonseca.
26 – Llegó comisión del taller trayendo espuelas y culatas de rifle.
27 – Dispuse que el Coronel Ricardo Céspedes con la infantería dispuesta a
marchar lo hiciera, aguardándome en Estancia Grande. Yo marché con la caballería
con dirección a Las Tunas acampando en San Pedro de Ranchuelo.
28 – A las tres de la mañana me puse en marcha y al amanecer estaba a orillas de
Las Tunas. Este movimiento lo hice con el objeto de sorprender alguna guerrilla
española de las que salen a forrajear; no salieron para esta operación y si estaba
una guerrilla muy cerca de la población, cortando madera, a la cual a pesar de estar
en buena posición la cargamos, cuyo resultado fue hacer al enemigo ocho muertos,
tomándole cinco rifles, algún parque y ropa y dos caballos, dispersándose el resto
de la guerrilla, que entró a la población. Por un prisionero herido que murió
después, supe que el enemigo había enviado al Guamo el mismo día por la
madrugada en busca de un convoy. Me separé de las inmediaciones de Las Tunas,
acampando en el Ojo de Agua de Pelonsitas.
29 – Seguí marcha, se hizo vianda en Pelonsitas y siguiendo por los malesales y la
Guanábana, me dirigí a la estancia de Bermeja donde mandé llamar al coronel
Céspedes (Ricardo), pero no habiendo suficiente pasto dejé orden a dicho jefe y
pasé a acampar al Cieguito, donde por la noche se me reunió Céspedes.
30 – Marché a Las Minas a esperar el enemigo con el convoy y al llegar a dicho
punto también venía llegando el enemigo. Esta circunstancia no me permitió
sorprenderlo, como me proponía, con lo cual hubiera sido copada la columna,
siendo por otra parte mala posición para cargar con la caballería que embosqué de
momento al sentir el enemigo, enviando la infantería a cargar al enemigo por la
retaguardia; así se efectuó la acción e inmediatamente trabada la lucha con la
infantería, cargué con la caballería dándosele machete a 41 soldados del enemigo,
dispersándose el resto y cayendo en nuestro poder todo el convoy consistente en
una carreta cargada, 55 bestias también cargadas, díez o doce caballos útiles para la
caballería, de mil quinientas a dos mil cápsulas, mucha ropa y 52 Rémigton en su
mayor parte. El convoy era valioso. Tuvimos dos muertos, 7 heridos y un caballo
muerto. Si el gobierno no me hubiera llevado innecesariamente 45 hombres que
llevó al continuar para el Camagüey y oportunamente me hubiera dado los recursos
ofrecidos para Oriente, de seguro que seguidamente a esta acción hubiera caído en
mi poder El Salado, que debió quedar con muy poca guarnición, puesto que la
mayor parte de las fuerzas de ese punto ayudaron a conducir el convoy y con mis
fuerzas yo, no se me habría escapado ninguno.
31 Dispuse que el coronel Céspedes marchara a Pozos Salados, colocara desde allí
    los heridos y alguna impedimenta más que lleva y luego marche dentro de 4 ó 5
    días a reunírseme en Bayamo. Yo me separé con la caballería dirigiéndome a la
    línea occidental de Holguín, acampando en Río Abajo.

Febrero 1ro. Seguí marcha, acampando en el paso de la Mala Noche.
2 – Continué acampando en Cauto el Paso como a las 4 de la tarde.
3 – Seguí marcha llegando a Jagüeyes donde acampé.
En el tránsito supe que el Bridadier Ruz había fraccionado la fuerza marchando él
con la mayor parte para la sierra y dejando en esta zona a Domínguez con su
Regimiento, cuyo jefe se encontraba en Santa María y he mandado buscarlo.
4 – Llegó el tte. coronel Domínguez con el 1er Batallón con el que estaba en Santa
María. Pocos momentos después y preparándome yo para marchar se presentó el
enemigo por las casas de los Jagüeyes llegando a nuestra posición, y siendo poca y
con poco parque nuestra infantería, fue corto el fuego que se le hizo pero muy
cerca y certero por lo que debió sufrir algunas bajas. La caballería tuve que
retirarla por no poder maniobrar pero como ésto lo hice rotos ya los fuegos, tuve al
cabo de mi escolta Francisco Rivero herido; nuestra infantería tuvo un muerto y
cinco heridos, siendo el primero el Teniente Juan Ferral. Además falta el soldado
Anacleto Roz con su cabalgadura, que era uno de los que estaba de pareja por
donde vino el enemigo. El otro soldado perdió su caballo.
Pocos momentos después me reuní con la impedimenta que hice retirar
oportunamente y cuatro heridos de la infantería y continué para La Escondida
donde acampé.
5 – Se me reunió el Gral. Díaz que se encontraba por Guajacabito y a quien dí
aviso de mi llegada anoche. Pocos momentos después llegó el tte. coronel
Domínguez con la fuerza que se batió ayer y el cabo Guisado herido de gravedad.
Por la noche llegó el comandante Juan Ramírez en virtud de haberlo oficiado esta
mañana. Se le dio orden que se aproximara a este campamento con su batallón.
6 – En el mismo punto.
Llegó el Diputado Tomás Estrada con detalle sobre el convoy que han salido a
buscar los españoles a Cauto, pero no teniendo fuerzas suficientes por haber
marchado el brigadier Ruz para la Sierra con la mayor parte de la Brigada, no salgo
a hostilizar dicho convoy.
7 – En el mismo punto.
8 – Llegó el coronel Ricardo Céspedes con el Regimiento Tunas. Con esta fuerza
vinieron dos morenos presentados: de Bayamo uno de estos sacó dos carabinas
Peabody y doscientas cápsulas. El otro presentado de Cauto quedó enfermo en la
subprefectura de Salvador Zamora.
9 – En el mismo punto.
10 – Estuve en la ciénaga de Buey por primera vez, volviendo a este campamento;
me acompañó el general Díaz.
11 – Sin novedad en el mismo punto.
12 – Llegó de Holguín el comandante Cornelio Rojas con cerca de treinta hombres
quien viene a reunirse al coronel Leyte Vidal, que se encuentra en esta jurisdicción
por orden mía con la mayor parte de la Brigada que dicho Jefe manda. He dado
órdenes hoy para marchar mañana a una operación que debo verificar por el
Ingenio Venecia.
13 – Emprendí marcha con dirección al Ingenio Venecia con objeto de copar unos
ciento cincuenta hombres del enemigo que custodian las cercanías de dicha finca.
A inmediaciones del río Hicotea tuve un encuentro con una columna enemiga que
roto el fuego dispuse se le atacara por frente y flanco de aquel, lo cual se efectuó
con tal ímpetu y decisión que el enemigo derrotado tuvo que retroceder, y
apoderado de magnífica posición y agotado nuestro parque no se pudo continuar el
ataque, retirándose aquel con tal precipitación y silencio que mientras se supo por
reconocimiento a su posición que había abandonado el puesto, ya no hubo tiempo
de perseguirla. El enemigo debió sufrir considerables bajas a juzgar por las huellas
sangrientas que dejó. Se le tomaron cuatro caballos, dos de éstos muy buenos, dos
rifles, parque y algunos efectos de su convoy. Nuestras bajas fueron dos muertos
en la acción y veintiún heridos, díez y seis muy graves y cinco leves. Esta
desgracia es de lamentarse con tanta más razón cuanto que todos eran unos
valientes soldados y dignos patriotas. Los muertos en la acción fueron el sargento
lro. Francisco Batista y el soldado Eleuterio Aguilera. Murieron después el
subteniente Alejandro Urquiza, sargento Gabino García, cabo Francisco Venecia y
capitán Federico Cannet.
Consultado el Dr. Rafael Pérez Martínez si podrían moverse los heridos hoy,
manifestó no ser conveniente y sobre todo no hacerlo con el sol ni a muy larga
distancia, pudiendo moverse esta tarde, aunque caminando de noche.
Desde esta tarde me ocupé de sacar dichos heridos moviéndolos a puesta de sol y
acompañándolos; por la noche donde pernoctábamos tuve aviso de que mañana
debe salir una fuerza enemiga de Bayamo en busca de un convoy a Cauto;
inmeditamente y a la una de la madrugada regresé al campamento, llegando a éste
a las dos.
15 – Emprendí marcha a las 11 de la noche con dirección a Cayaguazán, Prefectura
“Caureje”; a media legua del punto de partida encontré al comandante Sicerino
(Joaquín) que quedó en Las Tunas traía 35 hombres; lo incorporé a la columna y
seguí marcha llegando al punto que me dirigía a puestas de sol, con la caballería;
llegando la infantería a las 7 de la noche; Seguí marcha con la caballería media
hora después y dejando la infantería que descansara un rato, llegando al Masío a
las 11 de la noche y la infantería como a las 2 de la mañana.
16 – No he tenido hoy noticias del enemigo. Llegó el comandante Ferrer de la
caballería de Holguín con 28 jinetes.
También llegó el tte. coronel Domínguez de regreso de colocar los heridos.
A las 3 y media de la tarde llegó el Diputado Tomás Estrada manifestándome que
el convoy enemigo había salido de Bayamo el día anterior por la noche y como
podía suceder que llegando hoy al amanecer a Cauto, cargara y emprendiera
marcha esta noche para Bayamo, emprendí marcha a las oraciones llegando a
Media Luna, inmediaciones del camino real de Bayamo, a las nueve y media de la
noche.
Hice formar todas mis fuerzas en columna dando orden para que descansaran en
los puntos en que se colocaban y tomé las medidas convenientes para si se
presentaba el Convoy.
Puse correo al otro lado del Cauto con objeto de tener cuanto antes sea posible
noticias cierta de los movimientos enemigo.
17 – No hay más novedad de anoche a hoy que estarse pasando muy mal y sobre
todo las caballerías que no tienen pasto ni agua. Como a las doce del día fui
informado que el Pozo de Media Luna tiene agua; en el momento se principió a dar
aguas a las caballerías que beben malamente y demora que cuesta darle agua; la
gente bebe.
A las dos de la tarde recibí aviso que pasaba una guerrilla enemiga por la costa del
monte que está al otro extremo de la sabana Punta Gorda. No hubo más novedad.
18 – Se amaneció sin novedad con el enemigo. Se empeora la situación con el
hombre. Se toman medidas para que la gente coma alguna cosa y las caballerías
pasten un rato en el Masío, por creer que no venga el enemigo hasta la noche; son
las díez de la mañana; en este momento se me avisa que viene el enemigo de
Cauto. Tomo medidas.
Resultado: dos hombres con un caballo, que unas veces van los dos con él, otras
veces va uno a pie y el otro montado.
No mando fuera ya las caballerías por haber indicaciones de que vendrá el
enemigo. A las tres de la tarde llegó el que se comunica con Cauto y me avisa que
el Convoy enemigo saldrá esta tarde.
A las seis de la tarde tengo aviso de que se aproxima el convoy enemigo. Doy
orden para que se coloque en su puesto la infantería, designado ya con
anticipación; preparo la caballería y marcho con ellas haciendo algún rodeo, a
tomar la retaguardia del enemigo para atacarlo cuando nuestra infantería rompa el
fuego en vanguardia. Así se efectuó, aunque con motivo de estar la luna opaca
hubo de pasarse la retaguardia enemiga del punto en que deseaba atacarla,
resultando además que por haber interpretado mal una orden que mandé al tte.
coronel González* no se dio la carga por el flanco que era conveniente darla, lo
que dio lugar a que el enemigo se pusiera en defensa con anticipación, rechazando
mi primer ataque con un nutridísimo fuego, pero reorganizadas mi escolta y parte
de los escuadrones, acosado el centro enemigo por nuestra infantería que lo hacía
replegarse a su retaguardia y una nueva e impetuosa carga que mandé dar a mi
ayudante Valdivia y capitán de mi escolta, en que se cortaba al enemigo
haciéndosele desprender del tres de carretas donde estaba apoyado, hizo
desmoralizar aquel, huyendo sobre Punta Gorda que le quedaba detrás, donde fue
macheteado casi toda la referida retaguardia y los que quedaron no fue posible
seguir persiguiéndolos por haberse ocultado en las maniguas de Punta Gorda. Ya
estaba en nuestro poder todo el valioso convoy enemigo, pues su vanguardia huyó
vergonzosamente a la primera descarga de nuestra infantería. Reconociendo el
campo, aunque la noche no permitía hacerlo de un modo perfecto, por lo que no
creo se hayan visto todos los cadáveres, se contaron ciento treinta. Se tomaron
treinta y cuatro carretas bien cargadas de toda clase de víveres, ropas, medicinas y
otros efectos útiles, ciento veinticinco yuntas de bueyes, doscientas cabalgaduras,
en su mayor parte mulos, igualmente cargados; veintiocho cabezas más de ganado
de matar, ocho o díez caballos útiles para la caballería; ciento once rifles de
Remington y bastante parque, si bien éste fue repartido entre nuestra fuerza y no
puede asegurarse qué cantidad sería. Se hicieron además infinidad de prisioneros
españoles y algunos cubanos entre niños y hombres, cuyos prisioneros fueron
generosamente puestos en libertad después de incorporar a nuestras filas los que
voluntariamente quisieron quedarse, curando dos que fueron heridos, justamente de
los que han optado volver al enemigo. Nuestras bajas: cinco heridos leves.
Después de reducidas a cenizas todas las carretas, pipas de licor y otros efectos que
no pudieron cargarse, me retiré a las tres de la mañana para Cauto el Paso. Estando
hoy sumamente estropeadas las caballerías no me es posible volver a reconocer el
campo y lo aplazo mañana.
Pueden calcularse las pérdidas del enemigo en esta acción en ciento cincuenta mil
pesos, pues nuestra gente ocupó además veinticinco a treinta y cinco mil pesos
papel y Oro. El punto de la emboscada que puse es el denominado Cayo del Veato.
20 – Salí con cuarenta y seis jinetes a reconocer el lugar de la acción de antenoche
en el cual se encontraba el enemigo, en un cayo de monte que está al lado de punta
gorda. Mandé tirotearlo con objeto de que saliera de su posición a perseguirme,
bien fuera su infantería o bien su caballería, pero sólo se conformó con romper un
nutrido fuego sobre nosotros que se le contestaba poco pero de muy cerca. Tuve un
herido grave y dos leves, y un caballo muerto y cuatro heridos, de éstos graves.
21 – Emprendí marcha después de disponer que el Brigadier Ruz quedara con la
Brigada Bayamo y marchara a este punto. Me acompañan los escuadrones y la
Brigada Holguín y regimiento Tunas. Llegué al paso de la Mala Noche a la una del
día, donde acampé.
22 – A las siete de la mañana me separé del Coronel Leyte Vidal que queda
ocupando por algunos días el territorio a su cargo con su Brigada y caballería de
Holguín. Le dejé orden de hacer algunos movimientos en su zona, como le ordené
también a Ruz al separarme de él para que lo hiciera en Bayamo; yo sigo para Las
Tunas con el Regimiento y Caballería de esta jurisdicción, llegando al Guajaco a
las oraciones y acampando.
23 – Se sigue la marcha pasando por la línea telegráfica a las siete de la mañana;
destruyo una gran parte de ésta y se acampó en La Soledad.
24 –Me trasladé a Guaramanao, donde hice alto y acampé.
25 – En el mismo punto.
26 - Me trasladé al Lavado dando antes permiso para pasar a sus casas al
escuadrón de caballería, la mayor parte de la infantería y la tercera de mi escolta.
27 – Fui al palmar de Guáimaro, recorrí una parte de la trocha abandonada por el
enemigo y regresé.
28 – En el mismo campamento del Lavado.
Marzo 1ro. en el mismo punto. Se despacha correspondencia para el Gobierno por
el subteniente Pablo Olivera.
Escribí a Puerto Príncipe, remitiendo un billete de mil pesos.
2 – En el mismo punto.
3 – En el mismo punto.
7 – Mandé expreso a Bayamo, llevando comunicaciones para Tomás Estrada y
órdenes para Ruz y Domínguez. Fue en comisión Manuel Olivera (a) Pagüita.
Salgo de paseo a la Zanja con el Doctor Martínez, mis ayudantes Tte. coronel
Fonseca y Capitán Valdivia, y cinco hombres de mi escolta. Dormimos en dicho
embarcadero.
8 – Regresé al Lavado.
9 – En el mismo punto.
Llegó el comandante Julián Santana con el Batallón del Norte (1ro. del regimiento
Tunas). También vino más tarde Pancho Varona.
10 – Salgo a reconocer a Guáimaro por decirse que puede haberlo abandonado el
enemigo, pero no sucedió así; estaba ocupado todavía. Regresé al campamento.
11 – Con esta fecha he mandado poner un depósito de caballos flacos en un punto
de la ciénaga, llamado el potrero Juana. Va encargado de dicho depósito el
sargento retirado Joaquín Rodríguez que pertenecía a la Brigada Bayamo.
12 – En el mismo punto, Lavado.
13 – Llegó el teniente Pedro Jique que estaba en Cauto en una comisión en
solicitud de _________* y trajo la noticia de que venía nombrado Titá Calvar Jefe
de Oriente y yo de Camagüey, en virtud de haberse formado los tres
Departamentos.
Ya esperaba yo esta medida, que falta de oportunidad como otras muchas la
considero inconveniente. Este acontecimiento que como todos los demás que muy
en tiempo he advertido el mal efecto que pueden hacer, me ocasionará disgustos,
no por lo que a mi atañe, aunque efectivamente, me es doloroso que me remuevan
en circunstancias en que había principiado a trabajar en Oriente con tan buenos
resultados, sino por lo que afectará al servicio de la patria.
Más tarde llegó el general Calvar con las órdenes del Gobierno, en que mandaba
entregar el 1er. Cuerpo de Ejército y hacerme cargo del 2do.
Regresó de la comisión a Bayamo el C. Manuel Olivera (a) Pagüita. Dispuesto a
que saliera una comisión a Bayamo en busca de los heridos de Las Tunas que se
encuentran en aquel territorio, la envié siempre a pesar de decirme Pegüita que
debían venir en marcha. La indicada comisión lleva por objeto conducir
comunicaciones para Ruz y Domínguez, en que doy contraorden en concentrar el
Regimiento Bayamo en las Bocas, como tenía dispuesto.
14 – Entregué la jefatura del Cuerpo al nuevo jefe que continuó para Oriente.
15 - Salieron los hijos del General Díaz para Bayamo.
16 - Salí para la costa norte con el estado mayor y ocho números de mi escolta,
dejando el resto de esta unidad al escuadrón, para que el tte. coronel Porfirio
González de una vuelta por las orillas de Las Tunas, como se lo he dispuesto, a ver
si le hace algo al enemigo. También queda en El Lavado el comandante Palma para
que con su batallón haga algún movimiento, llevándome el 1er Batallón. Mi salida
fue a las tres de la tarde haciendo noche en Jesús María.
17 – Seguí marcha llegando al Pilón a la una del día y acampando en dicho punto.
18 – Salí hoy al vecindario y al regresar esta tarde encontré que había venido la
caballería de las orillas de Las Tunas después de haber cargado una guerrilla
enemiga que cortaba forraje a la cual mataron al machete, veintitres soldados,
tomándole además díez y seis rifles Remington, algunos machetes, el parque de las
cananas de los cadáveres (100 tiros), un prisionero cubano y un mulo.
Por nuestra parte tuvimos la sensible pérdida del tte. Coronel Porfirio González,
que murió de un balazo en los últimos disparos del enemigo y un caballo muerto.
19 – Como se velara anoche el cadáver del tte. coronel González fue hoy por la
mañana cuando se le dio sepultura. Esto se efectuó en este punto de Pilón a
inmediaciones del río y la vereda que sale al camino de la Dorotea. Circulan la
rotura tres Yamaguas.
20 – En el mismo punto.
21 – Salí con el escuadrón y mi escolta con dirección a los Desengaños haciendo
noche en San Martín de Nuevas Grandes.
22 – Seguí marcha a las seis de la mañana, llegando a las nueve a los Desengaños.
Por la tarde recorrí a Santa Gertrudis y las Piedras con la escolta y regresé al
campamento. Esta noche se presentó un temporal que aunque no fue muy fuerte
estuvo lloviendo tota la noche hasta el punto de haber mojado la tierra demasiada
seca ya, efecto de la fuerte y larga seca que se está sufriendo; es primer agua que
cae este año.
23 – Habiendo acampado después de amanecido, emprendí marcha para el Pilón
haciendo noche en Santa Ana.
24 – Sigo marcha llegando al Pilón a las díez de la mañana.
25 – En el mismo punto.
26 – Llegó el capitán Pablo Nueva, trayendo una comunicación del Gobierno cuyo
contenido me ha llenado de indignación porque ello me acaba de persuadir del
propósito que tiene hecho el gobierno de exasperarme y mortificarme para que
renuncie todos los puestos que me dan y anularme, pues en dicha comunicación me
dirige reconvenciones tan injustas como otros actos que ha cometido conmigo.
Cada una cosa de éstas me trae nuevos sinsabores, tanto más cuanto veo la suerte
que está corriendo la patria, cuyos destinos son dirigidos por una Administración
que a cada paso comete un desacierto, que si hoy por la mala situación en que se
encuentra el enemigo no hacen grandes efectos, pueden llegar día en que lo hagan
de tal magnitud que proporcione grandes desgracias a la Patria.
27 – A consecuencia de la comunicación que recibí ayer del Gobierno he tomado
la resolución de hacer renuncia del nuevo puesto que se me ha dado y a la vez
elevar una queja a la cámara contra el Presidente.
28 – Sale el capitán Pablo Nueva que conduce mi renuncia al Gobierno y la
representación que contra éste hago a la Cámara.
Por la tarde salí a reunirme con Pancho Varona a Loreto, y de este punto reunidos
ya salimos a las nueve de la noche, llegando a Guaramanao a las tres de la mañana
del día que sigue.
29 – Amanecí en Guaramanao. Llegó el coronel Ricardo Céspedes, me ocupo en
despachar correspondencia para Oriente.
30 - Salen los coroneles Céspedes y Varona, el primero para Bayamo, el segundo
para Holguín. Ambos llevan comunicaciones y recomendaciones mías relativa a la
situación de nuestra política.
Salgo al Lavado a dar pésame a la viuda del tte. coronel Porfirio González.
31Regresé del Lavado a Guaramanao.

Abril 1ro: en el mismo punto
2 – En el mismo punto.
3 – Escribo al Camagüey y Villas.
4 – Varío de posición en el mismo potrero Guaramanao.
Salí a la casa de José M. Cedeño, donde hice noche.
6 – Regresé a Guaramanao, encontrando en este punto a Calixto Agüero quien
supongo viene con alguna comisión reservada del Gobierno.
7 – Salí a ver el depósito de caballos de la escolta y al regresar encontré al
Comandante Julian Santana.
8 – Llegó Pancho Varona de regreso de Holguín. Marchó Santana.
9 – Salí al vecindario y regresé al campamento.
10 – Marchó Calixto Agüero.
Salí a casa de Alejandro Hernández y a Palmarito, regresando al campamento.
11 – Sin novedad.
12 – Salí al Lavado y regresé al campamento.
13 - Salí a casa de Alejandro Hernández que me tenía convidado a comer; regresé
al campamento.
14 – Llegaron Pancho Varona y Zayas de la costa norte a las nueve de la noche.
15 – Llegó una comisión del coronel Céspedes Ricardo, quien me da cuenta del
resultado de la comisión a que lo mandé a Bayamo, con el motivo de mis disgustos
con la actual Administración. He recibido al mismo tiempo un voto de confianza
que me dirige un club revolucionario formado en Bayamo, por cuyo documento
me enteré que se ponían en marcha los patriotas de ese punto para éste. Está
quitado el velo a la revolución que hace tiempo nos amenaza, por lo cual estando
de acuerdo con que está mal administrada la cosa pública y sabiendo los males que
se desarrollan en las conmociones políticas, me propongo trabajar por encaminar el
movimiento del modo más sensato posible, ya que los acontecimientos se han
puesto en el caso de ser yo el iniciador.
16 – Salí al vecindario.
17 – Regresé al campamento.
Recibí aviso por el sub-teniente Mena de que los patriotas de Bayamo y algunos de
Holguín se encontraban en alguna jurisdicción debiendo acampar esta noche en
Pozo Salado y llegar mañana a la Soledad.
18 – Llegó el general Díaz que se separó de los bayameses desde Cauto y después
de hablar un rato conmigo sobre los acontecimientos del día me manifestó que
seguía para El Lavado.
A las 11 del día me puse en marcha para La Soledad, donde llegué pocos
momentos después. Se encuentran en este punto los generales Céspedes, Barreto y
Ruz, los coroneles y comandantes Peralta, Bello, Matías Vega, Ricardo e Ismael
Céspedes, Domínguez, Jardín, Ramírez, Rojas, Morales, Los Ríos, con algunas
fuerzas de Bayamo y Holguín; también han venido el Bravo y muchos patriotas
más.
Todos me han dado señales muestra de satisfacción porque se haya iniciado ya un
movimiento que tanto deseaban y que ellos antes de ahora, aunque fuera de
oportunidad han querido mover, sin embargo, ahoran participan mis trabajos que
serán inauditos para desvanecer las ideas de venganza y odio que precisamente han
de existir entre algunos de los que aquí concurren, siendo como en mi ánimo llevar
a cabo una revolución que de por resultado mejorar el estado de cosas en el país,
sin que se derrame una gota de sangre y que traiga la menor desgracia. Todos los
que aquí he encontrado militares y los que no lo son se han puesto a mis órdenes.
19 – Habiendo resuelto desde que saliera el coronel Peralta en comisión a Holguín,
marchó hoy.
Llega el comandante Pacheco, ayudante del brigadier Maceo, portando la renuncia
de éste que hace de su destino al Gobierno. Aquel oficial manifiesta que detrás
viene el general Paquito Borrero, conduciendo un contingente con fuerza de
Guantánamo, Cuba y Línea oriental de Holguín, para Las Villas aunque muchos
fueron de parecer que el comandante Pacheco fuera detenido siendo yo de opinión
contraria, lo dejé en libertad de que marchara cuando quisiera.
20 – Siguió el comandante Pacheco para el gobierno. Dispongo una comisión a
Bayamo, cuyo encargo es el capitán J. Bautista Estrada, habiendo mandado al
comandante Vicente Cutiño haber si encontraba el contingente de Las Villas, vino
acompañado del coronel Borrero, Jefe de dicho contingente y el comandante
Perera, ambos se presentaron manifestando el primero que no continuaba marcha y
se adhería a mi proyecto, y el segundo, que estaba de acuerdo con lo que hiciera
Borrero.
21 – Llegó el coronel Borrero con las fuerzas y después de acampar se me presentó
con la oficialidad que lo acompañaba a ponerse a mis órdenes y todos me han
manifestado estar de acuerdo conmigo en la empresa que me ha cometido y
demuestran estar contentos.
Salió la comisión para Bayamo.
Ayer salió el coronel Francisco Varona en comisión para la costa norte y en los
momentos de marchar llegó el prefecto de Yariguá, Eduardo Alcalá, el cual
marchó hoy.
22 – Llegó el coronel Matías Vegas para Cuba.
De muchos y grandes proyectos se ha tratado aquí estos días, que he tratado de
compartir por considerarlos desalinados.
23 – Resuelto de entrar en operaciones salgo hoy con dirección a Las Lagunas,
haciendo noche en el Respiro.
24 – se continuará marcha llegando a Las Lagunas a las 9 de la mañana. Más tarde
llegaron a este campamento el coronel Arcadio Leyte Vidal y ttes. Coroneles Juan
Ruíz y Francisco Estrada Céspedes, comisionados por una reunión de jefes y
oficiales de Holguín para inquirir que clase de movimiento es el iniciado por mi y
que han concurrido otros patriótas y los motivos que nos han impulsado a dar este
paso, me pidieron una entrevista los comisionados para rendir su comisión, en cuya
entrevista me presentaron el acta que levantaron en la indicada reunión y las
instrucciones que traían dándoles yo por contestación que de reunirse y de
consultar algunos patriotas de los que aquí me acompañaban, les contestaría.
Al mismo tiempo se tuvo esta noche una reunión a la que no pude concurrir por
estar en la entrevista que me habían pedido. Con el objeto de tratar sobre el asunto
que nos ocupa. A esta reunión concurrieron el Licenciado Lucas Castillo, Dr.
Miguel Bravo, general en J. Miguel Barreto, general Javier Céspedes, coronel
Antonio Bello, coronel Ismael Céspedes, Tte. coronel Rafael P. Martínez, tte.
coronel Modesto Fonseca, comandante Juan Ramírez y Aurelio Torres. Resultó de
dicha reunión formular una exposición a la Cámara de Representantes pidiéndole
la deposición del Presidente, el nombramiento de un gobierno provisional que
imponga elecciones de otros individuos que compongan la cámara y un congreso,
pidiéndole además algunas reformas en la constitución, sosteniéndose a discusión
dicha exposición en una reunión pública.
25 – Se formuló por Bravo y Lucas Castillo la exposición de que hago mención
ayer, no pudiéndose tener hoy la reunión se dio orden para que se convoque para
tener la reunión mañana.
26 – Se efectuó la reunión en la que propuso el ciudadano Jesús Rodríguez que se
elevara a la cámara otra exposición en distinto sentido y no lo que se había
formulado y después de un corto rato de discusión, si bien bastante acalorada, en
que hicieron uso de la palabra C Jesús Rodríguez, tte. coronel Juan Rius, Dr.
Miguel Bravo, Joaquín Acosta, Lucas castillo y coronel Antonio Bello, se sometió
a votación la exposición formulada ayer resultando unánime, con excepción de un
voto, al parecer de que se elevara la referida representación.
27 – Recibí aviso de que el Gobierno se acercaba a esta jurisdicción, con cuyo
motivo reuní a Lucas Castillo, Bravo, gral. Céspedes, gral. Barreto, coronel Bello,
coronel I. Céspedes, brigadier Ruz, tte coronel M. Fonseca y los hermanos Tornés,
con objeto de sobre lo que debía hacerse a la llegada del gobierno, según fuera la
actitud que éste tomara. Se acordó que se recibiera como simple ciudadano.
28 – Llegó a las tres de la tarde el Presidente Císneros acompañado del
subsecretario de la guerra, el diputado Masó, un ayudante del primero y el C.
Ignacio Mora.
Como en el momento que llegara el presidente llamara a los jefes que nombró para
conducir un contingente para las Villas y ejercer otros actos como Jefe del Estado,
le envié una comisión que le manifestara nuestra resolución de pedir su deposición
añadiéndole que no tratara de ejercer autoridad en este campamaneto pues no sería
obedecido. Se mostró resuelto a sostenerse en el puesto de presidente.
29 – Al amanecer dí orden para marchar y pocos momentos después recibí
comunicación del presidente en que trataba de impedir la marcha, cuya
comunicación le contesté de palabras con su ayudante, que no detendría la marcha
ni contestaría oficialmente, a pesar de reiterarme con el referido ayudante que
contestara por escrito. También trató de impedirle al Brigadier Ruz que marchara,
el cual le desobedeció.
A las ocho de la mañana emprendí marcha y estando despachados los
comisionados de Holguín: Leyte Vidal, Rius y Estrada, marcharon a dar cuenta de
su comisión y el Presidente se volvió para atrás, no sé si para el Camagüey o el
Lavado, donde se dice que vendría la Cámara.
Hora y media después llegué con las fuerzas al Potosí donde se acampó. Esta
noche consulté con algunos individuos la manera de constituir un centro que se
entendiese con los asuntos puramente políticos, indicándoles que podía nombrar un
Comité, con lo cual estuvieron de acuerdo.
31 – Hoy se reunieron Bravo, Castillo, Bello, Barreto y Santiesteban para tratar
    sobre lo que les propuse ayer, acordando que yo estaba autorizado y era el que
    debía nombrar UNA JUNTA CONSULTIVA y no un Comité.
Mayo 1ro. sin novedad.
Nombré la Junta Consultiva, haciéndolo público en la orden del día, cuyos
miembros son: Bravo, Lucas Castillo y el General Javier Céspedes.
Preparé una comisión compuesta del general Céspedes y Jaime Santiesteban, para
que pasen a la Cámara a representar la exposición que a este Cuerpo dirige el
pueblo de Oriente.
3 – Sale la comisión para la Cámara. Salgo al vecindario.
4 – Regreso al campamento. A mi llegada se que columna enemiga procedente de
Las Tunas estuvo en la loma La Cueva, (nota: La Cuaba) hizo algunos disparos
sobre unos cuantos hombres de este campamento, hirieron uno, luego se dirigió a
las Lagunas donde fue tiroteada por la caballería, regresando luego a Las Tunas.
Encontré en este campamento una comisión de Cámara compuesta de Machado y
Trujillo, que trae por objeto llegarse a mi y solicitar saber el carácter del
movimiento político de Oriente y lo que desean los patriótas aquí reunidos. Llamé
a Bravo y a Castillo, que componen hoy la Junta consultiva, a presencia de los
comisionados, acordándose reunir mañana un número de patriotas y después de
oirlos contestar a la comisión.
5 – Se contestó a la comisión de la Cámara de acuerdo en casi todo lo que han
solicitado, por lo que tengo esperanza de que haya un pronto arreglo entre
nosotros.
6 – Hubo una falsa alarma con motivo de venir llegando el coronel Céspedes con la
fuerza de Cabaniguán, a quien una avanzada le hizo fuego.
7 – Llegó otro piquete de seis hombres de la caballería de Holguín con el
subteniente Almaguel.
Vino correo de la comunicación de Maniabón y me avisan que mañana sale convoy
para Las Tunas.
8 – Doy orden a las 8 de la noche de marchar mañana.
9 – Emprendí marcha con la columna a las seis de la mañana; hice alto en el
Gramal a las díez y media y seguí marcha a las doce y media, llegando a la Vía a
las cinco de la tarde y acampando. Se me notificó que el tren del Convoy enemigo
está cargado en Puerto Padre.
10 – Mandé por la tarde al coronel Varona a Puerto Padre a inquerir los motivos de
la demora del convoy y arreglar otros asuntos.
11 – Llegó a las seis de la mañana Francisco Urizágarraga con noticias que el
convoy salió ayer. Mandé a las dos de la tarde a Vázquez a ver si ha pasado el
convoy. No ha pasado.
Regresa el coronel Varona de Puerto Padre sin haber podido comunicar. Mando a
las doce de la noche a Urizagárraga a Puerto Padre.
12 – Tengo sospechas que el enemigo se ha penetrado en mi movimiento, sobre
todo esta noche con motivo de faltar un hombre de la fuerza de Las Tunas. Siguen
las exploraciones sobre el camino de Maniabón a Tunas.
13 – Llega Urizágarraga con noticias de no haber podido comunicar porque no sale
nadie de Puerto Padre, por lo que se aumenta mi creencia de que el enemigo está
penetrado de mis planes.
Mandé al subteniente Banegas a la orilla de Las Tunas a ver si adquiere noticias de
la fuerza que hay en aquella población y si sabe lo que demora el convoy en
Maniabón.
Marcho con la columna para los Yayales a que se provea de algunos recursos por
estarlo pasando muy malo. Se acampó a las 11 del día.
Mando por la tarde a Urizagarraga a Puerto Padre a ver si puede comunicar y un
oficial con seis números a que esté pendiente de la pasada del convoy por Vázquez.
14 – Mando por la mañana una guardia de caballería a la Trinidad.
15 – Llega el subteniente Banega de las orillas de Las Tunas con noticias de que el
enemigo está persuadido que voy a atacar a Maniabón y que está preparado
esperando el ataque, por lo que se explica la demora en conducir su convoy a Las
Tunas.
Llegó el General Céspedes y Santiesteban, comisionados que fueron a la Cámara,
trayendo una comunicación de una comisión de este cuerpo que dice estar de
acuerdo en principio de todos los artículos de nuestra exposición; también llegó el
capitán Meriño de Bayamo, mandado expresamente por Tomás Estrada para
invitarme a que practique operación militar de gran importancia. Vino también un
oficial con un piquete de hombres de Guá.
16 – Mando comisiones a Tomás Estrada, Leyte Vidal, Tte. coronel Francisco
Estrada y a la Cámara al Camagüey.
Habiendo desistido de llevar a cabo un ataque en forma sobre el enemigo que tenía
en proyecto, por no ser ya conveniente, dispuse que el coronel F. Varona (*) (75)
saliera, como lo hace, con cien infantes y setenta caballos a extraerle ganado de
Maniabón al enemigo.
Llegó el capitán Tití Domínguez de Bayamo con 19 números.
17 – Ordeno al Brigadier Ruz (*) (76) que marche con la columna para “La que
Dios dio” y yo marcho a Manatí donde estuve desde las díez de la mañana que
llegué hasta las dos de la tarde que marché a la columna en “La que Dios dio”,
donde llegué a las cinco y media de la tarde.
18 – Con motivos de algunos cuentos he sabido andan entre algunos jefes y
particulares de este campamento, cuentos que afectan la disciplina y hasta en cierto
modo mi reputación militar, me ví en la necesidad de llamar dichas personas para
aclarar que clases de cuentos eran los que corrían y de donde salían, y el resultado
fue que todos se denegaron a pesar de saberse que en la concurrencia había
individuos que habían comentado los cuentos.
Llegó el coronel Varona de Maniabón con buen resultado pues extrajo al enemigo
unas 400 reses y 20 cabalgaduras.
Tuvo un ligero tiroteo pero sin novedad. Hizo tres prisioneros que puso en libertad
y tomó un rifle.
19 – Hice marchar una fuerza con el ganado; un cuarto de hora después el
Brigadier Ruz con la columna y yo marché con la escolta por distintos caminos
reuniéndonos en “Vista Hermosa”, donde se acampó a la una de la tarde.
20 – En el mismo punto sin novedad.
21 – Marché a Loreto donde se acampó a las dos de la tarde.
22 – Amaneció lloviendo. Se ha declarado con bastante fuerza el temporal que
hace días viene manifestándose con algunas lloviznas.
Llegaron el coronel Silverio del Prado y ttes. Coroneles Pedro Martínez y
Guillermo Cardet, que venían en comisión de Cuba a saber cual era el movimiento
de Las Tunas y aunque se enteraron de todo en el camino, quisieron seguir hasta
aquí puesto que están de acuerdo con lo que pedimos.
Anocheció con fuertes aguaceros.
23 – Toda la noche ha estado lloviendo fuerte; así amaneció y ha seguido todo el
día.
24 – Abonanzó el tiempo. Salgo a las dos de la tarde con las caballerías con
dirección a Las Tunas, haciendo noche en San Luis.
25 – Al amanecer me aproximé a las orillas de Las Tunas, sin novedad hasta
pasado el camino de Las Arenas que se vió pasar un muchacho, se alcanzó y
resultó ser un sobrino de Vicente Cutiño que conducía para el citado campamento
arenas un garrafón de Aguardiente y alguna sal, se le quitó lo primero y se puso en
libertad. Seguí la marcha y en San José se hicieron prisioneros cuatro soldados
españoles con sus armas; se puso uno en libertad y se trajeron los otros que optaron
quedarse. Se siguió marcha y en Santo Domingo y la Tenería se cargaron unos
cuantos que huían para la población, y habiendo tratado algunos de sostener fuego,
se hicieron ocho muertos tomándose cinco rifles Remington y algún parque. El
fuego de las fortificaciones del pueblo me hicieron cuatro bajas en caballos, tres
muertos y uno herido; y el soldado Alejo Figueredo de gravedad. Hice mi retirada
a Guaramanao donde había mandado la columna de infantería y se encontraba ya.
Esta misma tarde se me presentó el capitán Mariño con comunicación urgente de
Tomás Estrada mandándome nuevamente a buscar para una operación de
importancia que no permite retarlo.
26 – Sale el capitán Meriño, el coronel Peralta y coroneles comisionados por Cuba.
Me preparo a toda carrera para marchar mañana. Se reciben por Calixto Agüero
cartas del Camagüey sobre los asuntos políticos.
27 – Emprendo marcha para Cauto. Sólo con mi escolta y dejando orden a Ruz que
siga con la columna hoy mismo; hago noche en estancia de la Bermeja
acompañado ya del general Díaz, que se me reunió en la Soledad.
28 – Dejo al general Díaz a Modesto Fonseca con mi escolta y me adelanto con
dos oficiales y dos soldados para llegar más pronto, siguiendo un camino más
derecho que pasa al lado del Salado. A las siete y media de la noche me encontraba
con Tomás Estrada en Cauto. Pongo correo a Ruz para que venga por camino más
directo que el que le había señalado.
29 – Llegan el general Díaz y Modesto Fonseca, que los dejé anoche en Saladillo.
Pongo correo al coronel Peralta, tte. coronel Estrada, con motivo de haber hecho
variar de rumbo a Ruz.
30 Vuelvo a avistarme con Tomás Estrada antes de seguir a la comunicación.
   Llega el general Ruz con la columna. Regresa Estrada Palma de la
   comunicación y a poco de estar aquí vinieron tres voluntarios a dar aviso que
   viene el vapor a Cauto al siguiente día, y que sospechan de ello (los 3
   voluntarios).
31 Por la mañana arreglo las columnas con que debo atacar a Cauto y me pongo
en marcha para este punto, pero el paso del río se ha hecho tan trabajoso que se ha
pasado todo el día y parte de la noche trabajando para pasar, resultando que pude
emprender marcha por Cauto a las díez de la noche y atacar a las dos de la mañana
siguiente.
El enemigo estaba avisado pues había preso algunos voluntarios de los
comprometidos a salir y ayudar a la toma del pueblo; sin embargo se dio la
sorpresa perfectamente y se tomó el fuerte, pero desgraciadamente volvieron a
desocuparlo las fuerzas que entraron, debido sin dudas, ya que alguno volvió la
espalda al hacer fuego al enemigo y matar uno de los nuestros, ya sobre todo a
haberse dedicado algunos cuantos al saqueo dentro del mismo fuerte antes de
obtener el éxito. Hice entonces retirar la fuerza después de haber hecho al enemigo
unos cuantos muertos dentro del fuerte, en la calle y la casa de Valmaseda, que fue
tomada por el tte. coronel Domínguez.
Salieron además veinte voluntarios armados en su mayor parte y unas cuantas
personas de familia.
Por nuestra parte hubo cuatro muertos y veinticuatro heridos.
Junio 1ro. Separé las fuerzas de Bayamo y con las de Guantánamo, Jiguaní y
Tunas y los escuadrones de Holguín y Tunas me retiré en dirección a la zona de
Jiguaní, pero encontrando el río de Bayamo hondo, me dirigí a Cauto, al paso de
Oro acampando a las cinco de la tarde.
2 – Pasé el río con bastante trabajo por causa de los heridos y acampé en Los
Cayos, mandando hacer viandas a Las Estancias del enemigo en Cauto.
3 – A las doce del día separé al coronel Peralta con las fuerzas de Jiguaní y
escuadrón de Holguín, y con Guantánamo y Tunas y emprendí marcha para Las
Tunas y encontrando tan crecido el Salado que ni puente se le pudo hacer, acampé
en La Ceiba.
4 – Por la mañana mandé al coronel Borrero con su Batallón, que es el de
vanguardia, a construir puente.
Se pasó el río Salado a las cuatro de la tarde pero un fuerte aguacero impidió seguir
marcha y acampé en Las Tinajas.
5 – Mandé al comandante Cutiño al río Naranjo a construir puente. Hoy se han
construido tres puentes. Emprendí marcha a la una del día, se pasó el río Naranjo y
se acampó en La Caridad bajo una fuerte lluvia.
6 – Se siguió la marcha llegando al cenicero donde se acampó con poca lluvia.
7 – Seguí marcha llegando a las doce del día a la estancia del Alto, donde hice
noche con las caballerías y batallón de Guantánamo, mandando las fuerzas de Las
Tunas con los heridos a acampar al Ato donde me aguardaba el coronel Ricardo
Céspedes.
8 - Encargué al coronel Céspedes de la infantería y de los heridos para que
acampara y me aguardara en Pozos Salados; yo con las caballerías marché por el
Caimito y la Guanábana a reunirme a la infantería. El coronel Céspedes que tenía
instrucciones para despachar los heridos a sus casas, así lo hizo al llegar a Pozos
Salados.
9 – Se siguió marcha llegando a las díez de la mañana a la Soledad donde principié
a dar permiso a las fuerzas para que descansaran separándose el Batallón de
Guantánamo y el 2do del Regimiento Tunas y escuadrón Río Blanco. Continué con
la escolta conduciendo a Gaspar Cruz a Guaramanao donde llegué a las seis y
media de la tarde..
10 – Despaché al 1er Batallón para la costa norte con el comandante Santana, y yo
con la escolta marché al Lavado, donde acampé. Se separó también el coronel R.
Céspedes.
11 – Salí al vecindario y regresé encontrando en el campamento al C. Tomás
Estrada de paso para el Camagüey.
12 – Como la Cámara, según entiendo, ha mandado buscar a Tomás Estrada para
encargarlo de la Presidencia de la República y como éste se negara a aceptar le
hemos visitado Lucas Castillo, Modesto y yo para que acepte y al fin lo hemos
convencido y creo aceptará, hablándole además largamente sobre los asuntos del
día.
13 – Marchó el C. Tomás Estrada.
14 – Salí al depósito donde está el ganado y a casa del Chino Vázquez,
cogiéndome en casa de éste un fuertísimo aguacero. Salí después de acampar y
dormí en el monte, en la estancia vieja de Villamar, por impedirme el paso un
arroyo crecido.
15 – Pasé otra vez por donde tengo el ganado y volví al Lavado.
16 – Vino a visitarme el tte. coronel Limbano Sánchez. Este parece que va
disgustado para Las Villas y se percibe en su modo de expresarse que quiere
adherirse al movimiento político nuestro. Marchó y quedó de volver dentro de tres
o cuatro días.
17 – Llegó el capitán Agustín Castellanos conduciendo carta del general Gómez,
que se encuentra en el Camagüey, en que propone una conferencia con motivo de
los asuntos políticos del día; accedí a la invitación señalando el veinticinco del
corriente, y el punto. Loma de Sevilla.
El espíritu de la carta de Gómez me da a entender que algo pasa en el Camagüey
que no está de acuerdo con lo convenido, según los comisionados que la Cámara
mandó a confeccionar conmigo y que lo hicieron en el Potosí.
18 – Salió el capitán Castellanos con la contestación para Gómez.
19 – Salí a los Charcos, quedándome en San Francisco.
20 – Regresé al Campamento donde encontré al tte. coronel Limbano Sánchez; éste
vino ya resuelto a adherirse al movimiento político en Oriente.
Vino el Dr. Martínez * a quien había mandado buscar para que me acompañe a la
conferencia con Gómez.

21 – Hoy llegó el sargento (78)____________ del Camagüey donde lo mandé con
comunicación para los representantes Trujillo y Machado donde les recordaba y
recomendaba el pronto despacho de lo convenido con nosotros a nombre de la
Cámara.
Solo recibí una carta suscrita por Machado, cuya lectura me hizo cierta la sospecha
que concebí desde la invitación de Gómez a la conferencia de que una nueva
actitud del Presidente y sus partidarios habían hecho retardar las resoluciones de la
Cámara.
22 – Salgo con dirección a la loma de Sevilla a tener conferencia con el general
Gómez. Llegué a las tres de la tarde a las pozas, casa de José M. Cedeño, donde
hice noche.
23 – Salgo entre nueve y díez de la mañana y llego a San Nicolás como a la una del
día, aquí acampé.
24 – Salgo a las siete de la mañana y llego a las doce del día a la Loma de Sevilla.
Acampando ya, llegó el gral Gómez acompañado del C. Estrada Palma, Brigadier
Suárez, Félix Figueredo, tte. coronel M. Sanguily, tte. coronel Enrique Mola y
capitanes Elpidio Mola y Agustín Castellanos.
Respecto de la conferencia convenida no se ha hecho otra cosa que decirme el
objeto de ella y que quería que se tratara y discutiera en presencia de los que nos
acompañaban y este consiguiente no sucederá hasta mañana.
25 – Como a las díez de la mañana se reunieron conmigo en mi pabellón para
celebrar la conferencia, el gral. Gómez, C. Tomás Estrada y los demás que
acompañaban, llegando un momento después de principiada la conferencia el
coronel R. Céspedes y el capitán Donato Tamayo.
La intención de los del Camagüey y de Gómez, según la carta en que éste me
invitaba a conferenciar, había variado mucho pues al tomar la palabra el indicado
general Gómez sólo propuso que no debía exigírsele a la Cámara, puesto que no
estaba en sus facultades el nombramiento de Presidente interino, sino que fuera el
de la Cámara, según la Ley, el que viniera a ocupar ese puesto y que yo, puesto que
estaba pendiente mi renuncia de Jefe del 2do Cuerpo, pasara una comunicación al
Gobierno recordándola, por lo que volvía yo a prestarle obediencia y se salvaba el
principio de autoridad.
No condescendí y propuse que el gobierno me comunicara la resolución de mi
renuncia y yo contestaría acatándola, cosa que daba el mismo resultado.
El Tte. coronel Sanguily tomó la palabra para apoyar la proposición de Gómez.
Habló el C. Tomás Estrada tratando de excitar mi patriotismo e instándome que
condescendiera a un arreglo beneficioso para la patria. El C. Lucas Castillo
manifestó que no cree que menoscabaría mi dignidad el modo de celebrar el
arreglo que proponía el general Gómez. Por fin el tte. coronel Sanguily, después de
haber pronunciado unos cuantos discursos, más bien largos e innecesarios por
cierto, hizo la proposición diciendo que aunque no me dirigiera con el oficio que se
indicaba al actual Presidente, lo hiciera al entrante, supuesto Císneros tenía hecha
su renuncia; que ellos, los que venían del Camagüey, se comprometían a no
entregar el oficio que yo dirigiera al Gobierno hasta que no hubiera cesado
Císneros. A ésto manifesté que no tenía ningún inconviniente, pues estaba
dispuesto a respetar el Gobierno cualquiera que fuera el Presidente, con tal que no
fuera el actual que es a quien no quiero dirigirme, en cuya virtud, que se me
avisara en el momento que cesara Císneros para dirigirme al Gobierno.
Convinieron en ésto y se concluyó el acto.
Yo en tono bajo le ofrecí a Gómez que le daría la comunicación para el Gobierno,
bastándome sólo que él me ofreciera a Císneros. Así lo hice, entregando a Gómez
una comunicación en que se acordaba al Gobierno la resolución de mi renuncia de
Jefe del 2do. Cuerpo de Ejército.
26 – Se me separó Gómez marchando para Camagüey y yo por el Lavado, llegando
a media noche a San Nicolás, donde hice noche.
27 – Seguí marcha haciendo noche detrás del potrero de la Caridad cerca de Las
Pozas, después de pasar por este punto.
Hoy recibí un oficio del Tte. Coronel Limbano Sánchez, a quien ví de paso,
adhiriéndose al movimiento político de Oriente.
28 – Seguí marcha llegando a medio día al Lavado y acampando.
29 – En el mismo punto.
31-– Escribí a Bravo, Gral. Céspedes, Barreto y Belisario Peralta, comunicándoles
    el resultado de la conferencia con Gómez.
Julio 1ro. – Salí del Lavado y pasando por Bracito llegué a Guaramanao, donde me
reuní con la escolta que había mandado directamente.
2 – Salí de Guaramanao y pasando por Ranchuelo, Miguel Ramos y Sitio Cupeyal
llegué a Loreto, donde acampé.
3 – Salí sin escolta a casa de Pancho Varona Alcalá y San Joaquín, encontrándome
en el segundo punto al tte. coronel Francisco Estrada quien me acompañó esta
tarde a regresar a Loreto.
4 – Pongo expreso mandando buscar a los coroneles Ricardo Céspedes y F.
Borrero y comandante Palma.
5 – Salí al Monte Oscuro regresando por la tarde. Encontré ya en el campamento al
comandante Palma con la fuerza que tenía en Guaramanao y el capitán del
Escuadrón con parte de éste, que viene a incorporarse según llamamiento que le
hice ayer. Salí al Pilón y San Joaquín.
Recibí correspondencia del gobierno donde se comunica haberse admitido la
renuncia a Cisneros y estar desempeñando ese puesto el Presidente de la Cámara
Juna B. Spotorno. Tomás Estrada ha sido encargado de la secretaría de estado y de
la guerra mientras se encargara otro de esta última. El Gobierno me llama.
7 – En Loreto, sin novedad.
8 – Sin novedad.
9 – Doy órdenes para que se encargue de la caballería interinamente el Tte. coronel
Francisco Estrada.
10 – Salgo para el Camagüey por la parte Norte de Guáimaro.
Hago noche a tres leguas de este poblado, en Santa Margarita.
11 – Sigo marcha pernoctando en el Zorral.
12 – Sigo marcha llegando a San José de Guaicanamar donde debía encontrar el
Gobierno, pero éste no estaba ya aquí. Acampé.
13 – Como ayer anduve sin prácticos, salvo algunas partes del camino que los de
mi escolta y yo sabíamos, hoy mandé buscar vecinos y me trajeron uno que me
dijo donde se dirigió el Gobierno y dónde había casa de posta.
Llegando el sargento Coello de San José de Jobabo, donde se encuentra el
Gobierno, me puse en marcha para dicho punto llegando al anochecer.
14 – Por noticias de haber una columna enemiga fuera, se trasladó el Gobierno a
San José de Guaicanamar.
Hoy me presenté al Presidente y tuve con él y el secretario de la Guerra Tomás
Estrada una entrevista que tuvo por objeto tener algunos acuerdos sobre la cuestión
del día.
Después de ofrecer mis servicios como militar a la nueva Administración ofrecí
también como patriota contribuir en cuanto me fuera posible al arreglo de
cualquier dificultad que se ofreciera en el país, manifestando que si no se creía
conveniente colocarme, dispusiera el Gobierno de mí como lo creyera conveniente;
en cuya virtud y más convencidos aún el Presidente y el Secretario de mi actitud
política, me manifestaron ambos sus complacencias por encontrarme con tan buen
sentido y añadiendo que yo no podía dejar de ser colocado y que se me pondría al
frente del 1er Cuerpo de Ejército, pero supuesto que yo me había colocado en tan
buen terreno como patriota, el Gobierno esperaba que yo permaneciera algunos
días más con el mando del 2do. Cuerpo, mientras la Cámara acordaba la
reincorporación de Las Tunas a Oriente, para lo cual aquella coorporación aquiría
que ésto se efectuase a petición de los habitantes de Las Tunas y así se acordó que
haría. Yo manifesté que aunque figurando como jefe en propiedad del Camagüey,
funcionara el que lo estaba haciendo interino y yo pasaría con una licencia
temporal mientras tenía lugar mi nombramiento para Oriente, lo que también se
acordó.
15 – Salí como a las doce del día de San José de Guaicanamar e hice noche en Las
Lajitas, inmediato a San Fernando.
16 – Seguí marcha, pasé el camino real del Príncipe y pernocté en Santa Margarita.
17 - Seguí marcha y llegué al Salvial donde encontré a los coroneles Borrero y
Céspedes, con sus respectivas fuerzas.
18 – Llegó de Holguín el C. Jesús Rodríguez.
Desde mi llegada a este punto hasta ahora estoy recibiendo correspondencia de
Oriente en que me dan cuenta, unos de algunos hechos de armas y otros de
acontecimientos desagradables con motivo de encontrarse Maceo interinamente al
frente del Departamento.
19 – En el mismo punto. (El Salvial)
20 – Sin novedad.
21 – Me ocupo de despachar correspondencia para Oriente.
22 – Salen los CC Jesús Rodríguez y coronel Céspedes para Oriente portando
correspondencia que envío. Al último le mando en comisión a Holguín y a
Bayamo.
Salí al vecindario y regresé.
23 – Salí a San Joaquín y Pilón y regresé al campamento.
24 – En el mismo Salvial, sin novedad.
25 – Salgo y regreso al campamento. (en el Salvial)
26 – Salgo y vuelvo al campamaneto.
27 – Sin novedad.
28 – Sin novedad.
29 – Salgo a tener una entrevista con personas que se encuentran con el enemigo.
Llevo el escuadrón y escolta y saliendo a las nueve de la mañana llegué a San
Martín como a las doce del día. Aquí dejo el escuadrón acampando y yo sigo a
Santa Lucía, donde acampé como a las cuatro de la tarde.
30 – Varié de posición en la misma finca.
Salieron Alcalá y Polanco en busca del individuo con quien debo avistarme; no lo
encontraron y si hallaron huellas de enemigo que había estado en el punto de cita,
lo que hace creer que puede haber algún contratiempo.
31- Volvieron Alcalá y Polanco y no encontraron nada.
Agosto 1ro. – Volvieron los mismos de ayer en busca del individuo y descubrieron
que el enemigo que estuvo por esas inmediaciones fue en mayor número del que
parecía el primer día, pues estuvo otra fuerza bastante regular en otro punto donde
tuvieron otra entrevista con el individuo, lo que me da el convencimiento de que ha
sido descubierto y se ha perdido la comunicación.
Poco después del mediodía recibo aviso del Subteniente Banega de que el enemigo
se halla en Los desengaños. Marcho a las cuatro de la tarde a reunirme con el
escuadrón en San Martín y al llegar a este punto da aviso el Subteniente Banega
que el enemigo se aproxima por el camino de Roura; me preparé para batirlo a su
llegada, pero tomó otro camino. Acampé al oscurecer.
2 – Salgo para el Salvial donde llegué como a las doce del día y acampé. Poco
momentos después se me dio aviso de que la fuerza enemiga que pasó ayer por
Roura marchaba por la Majagua con dirección a la Larga. Nada podía hacer por
haber llegado las caballerías sumamente en mal estado.
3 – Mandé al subteniente Banega con un piquete a explorar y tirotear al enemigo y
trajo noticias de que éste había estado en el rancho de Utra y capturado a Juan
Iraola y su mujer y seguido marcha llevándose el primero y dejando la última.
4 – Salgo con cinco números de mi escolta para la parte sur, llegando al Bracito
donde acampé.
5 – Paso a Guaramanao donde hice noche.
6 – Salí y estando un rato en Ojo de Agua sigo marcha por la tarde, llegando al
Salvial a las ocho de la noche.
7 – Salí a donde estoy intalando los talleres y al Pilón y regresé al campamento.
8 – Me constituí en los talleres para activar su conclusión. Dormí en Loreto.
9 – Volví a los talleres, separándome por la tarde después de dejarlos concluídos,
fabricando solo algunas cosas de poca importancia para proseguir los trabajos,
cuyas dificultades quedaran allanadas mañana y se principiaron los trabajos.
10 – Salí al depósito del Naranjal y regresé.
11 – Salí a las tres leguas donde hice noche.
12 – De Las Tres Leguas donde fui ayer al campamento del Salvial. En este punto
encontré a Agustín Morales con la noticia de que el campamento de Maniabón se
encontraba con poca guarnición y enseguida dispuse que siguiera al siguiente día la
fuerza que me acompañaba para que lo atacara sólo con el objeto de que
____________* (79) y se vistiera por el estado de desnudez en que está toda la
tropa.
Encargué de la comisión al Tte. coronel Modesto Fonseca___________*(80) sin
tratar de tomar dicho poblado por carecer de municiones para ello.
13 - Me trasladé al Pilón haciendo marchar también la fuerza para dicho punto.
14 – Siguió Modesto Fonseca con la fuerza para Maniabón, quedándome yo en el
Pilón.
15 – Salí a Loreto, casa de F. Varona y allí dormí.
16 – Me dirigí a la Loma del Jenjibre en compañía del Doctor Martínez y Pancho
Varona. Este se quedó en este punto y los demás seguimos al Pilón.
Como a las ocho de la noche tuve correo de Modesto comunicándome que habían
atacado la noche anterior a Maniabón con alguna fortuna pues saquearon bastante
y sólo tuvieron un muerto y tres heridos, siendo el primero el tte. Morell de mi
escolta.
17 – Llegó Modesto con la caballería dejando la infantería por detrás. Me dio
cuenta de haberse sacado tres caballos útiles.
18 – Llegó como a las once de la noche el coronel Matías Vera acompañado del
capitán Manuel R. Quintero que viene portando comunicaciones del Brigadier Ruz
en que me habla de asesinatos y robos de consideración hechos por desertores con
la doble intención de marchar. Me dice dicho Jefe haberse pasado ya por las armas
cinco individuos de los asesinos.
19 – Doy orden para que se disemine la fuerza.
20, 21 y 22. – Sin novedad, a no ser alguna ligera excursión por el vecindario.
23 – Me puse en marcha para la parte sur llegando a Guaramanao donde acampé.
24, 25 y 26 – Sin novedad. (En Guaramanao)
27 – Me ha atacado desde ayer un gran catarro con fuerte dolor de garganta y
fiebre.
28 – Sigo malo.
29 – Sigo indispuesto; sin embargo despacho al coronel Vega y al capitán
Montero* (81) mandando con éstos al tte. Pedro Jiques hasta Cauto, en busca de
mil cápsulas Remington.
Llegó al C. Jesús Rodríguez trayéndome noticias de que siguen los desórdenes en
Oriente, principiando ya a declararse la anarquía. Este estado de cosas que lo
ocasionan hoy la demora del Gobierno en resolver las cuestiones pendientes, nos
ha hecho convenir a que se pongan mañana en camino para el Gobierno el mismo
C. Jesús Rodríguez y Modesto Fonseca a informar verbalmente al Gobierno la
magnitud de los males que segaron a este Departamento y a rogarle que ponga
pronto remedio.
30 – Salieron para el gobierno Jesús Rodríguez y Modesto Fonseca, dispuesto que
se celebren elecciones generales en el estado del Camagüey el día de hoy y
perteneciendo este Distrito a dicho Estado, se llevaron a efecto en este
campamento, siendo electos por unanimidad los CC. Comandante Antonio
Aguilar, capitán Rafael de Varona, Juan Miguel Ferrer y Federico Batancourt.
31 – Llegó el coronel Pancho Varona.
Septiembre 1ro. Llegaron el Secretario de Relaciones Exteriores, que lo es también
de la guerra, Tomás Estrada y los Diputados Trujillo y Rafael Varona, no habiendo
encontrado a Jesús Rodríguez y Modesto Fonseca que marchaban para el
Camagüey. La venida de estos patriotas tiene por objeto seguir los arreglos de
Oriente y Camagüey.
2 – Ya me han hablado Estrada, Varona y Trujillo sobre los arreglos pendientes. El
primero particularmente me ha dado a conocer su plan que consiste en que yo
quede de Jefe del 2do. Cuerpo de ejército, dejando también a mi cargo
accidentalmente el Departamento de Oriente para que practique operaciones en él,
puesto que dejarán sin proveer por ahora la jefatura del 1er Cuerpo de Ejército.
Hice las observaciones que creí conveniente y sobre todo acerca de la situación en
que pudiera yo estar para con los camagüeyanos y sobre los compromisos que tenía
contraídos con Oriente; contestándome que se creían salvados esos inconvenientes
llevándose a cabo el plan como se había proyectado y en virtud de los trabajos que
se habían principiado a practicar. Mandará Estrada invitar al Presidente y el resto
de los de la Cámara que vengan para acordar y disponer como habrán de quedar las
cosas definitivamente.
Recibí correspondencia de Bayamo.
3 – Sale un expreso de Tomás Estrada para la Presidencia.
4 – Me trajeron presos a Domitilo Cervantes y Julián Avalo, autores del robo de la
vaca que en estos días faltó del depósito que tengo en Carvajal.
5 – Hoy regresaron de avistarme con el Presidente, Jesús Rodríguez y Modesto
Fonseca.
6 – Habiendo recibido un aviso ayer de que podía extraer un ganado de Maniabón,
marcho para la parte norte para ir o mandar a practicar dicha operación. Acampé en
el Pilón.
7 – Dispuse que saliera el coronel Varona con las caballerías y unos 60 infantes a
extraer el ganado de Maniabón. Yo me dirigí al taller y prefectura de Romero,
haciendo noche en casa de Pepillo Guevara, en las Mercedes.
8 – Sigo marcha y llego al campamento Guaramanao.
9 – Habiendo recibido Tomás Estrada comunicación de Spotorno en que le dice
que no puede venir y mandándole a buscar se puso en marcha hoy acompañado de
los diputados Trujillo y Varona.
10 – Salí para la parte norte acampando en el Pilón. Ya tuve noticias que venía
Pancho Varona con ganado.
11 – Pasé a Loreto donde encontré a Pancho Varona que había llegado con el
ganado de Maniabón, cuya operación dio muy mal resultado pues debiendo
habérsele extraído al enemigo un número considerable de animales sólo se le
sacaron unas sesenta o setenta reses, cinco mulos y tres yeguas. Del ganado recibí
sólo unas quince yuntas por haber reinado un completo desorden en la operación y
haberse robado y perdido la mayor parte del ganado.
12 – En el mismo punto. Se presenta mal tiempo. Principia a llover arreciando por
la tarde y toda la noche.
13 – Sigue el temporal con bastante fuerza. (*)(82)
14 – Calmó el temporal y emprendo marcha para la parte sur. Mando a Modesto y
a Zayas con parte me dirigí al Bracito donde mandé llevar el ganado que tenía en
esta parte. Llegué al Bracito bajo un aguacero.
15 – Salí a las tres de la tarde, pasé por casa de Claudio y dormí en La Caridad.
16 – Volví al Bracito, seguí al Ojo de Agua y luego a Guaramanao donde encontré
al Secretario de la Guerra Tomás Estrada. Este me trajo el nombramiento de Jefe
accidental de Oriente, quedando en propiedad de Camagüey.
17 – Hoy he asumido el mando del Departamento de Oriente, y principio a
despachar correspondencia para el mismo.
18 – Se sigue despachando la correspondencia y no pueden salir hoy las
comisiones que han de conducirlas.
19 – Salen comisiones para Cuba, Bayamo y Holguín conduciendo
correspondencia.
20 – Sin novedad.
21 – Sin novedad.
22 – Marchó el Secretario de Relaciones Exteriores Tomás Estrada. Quedo
preparándome para marchar también al Camagüey y llegó por la tarde Pancho
Varona.
23 – Me preparo para marchar al Camagüey.
24 – Emprendo marcha para el Camagüey con escolta y escuadrón, mandando la
infantería separadamente al mando del Comandante Santana.
Llegué a Las Pozas, donde hice noche.
25 – Sigo marcha y llego a Loma de Sevilla.
26 – En el mismo punto.
27 – Sigo marcha llegando a la Rosalía, donde se encuentra el Gobierno.
28 – En el mismo punto, mandé buscar al Brigadier Benítez para tomar algunos
informes relativos al Depertamento, cuyo Jefe me informó de la situación de las
fuerzas y de otros particulares que le pregunté.
29 – El Gobierno marcha para San José de Guaicanamar, y yo por otra dirección
marcho a reunirme con el Brigadier Enrique. (*) (83)
Hice noche en San Ramón de Pacheco.
30 – Sigo marcha llegando a las once del día a Peralejos, campamento del
Brigadier Enrique (84), cuyo Jefe se encontraba fuera, pero llegando por la tarde
conferenció conmigo, resultando de los informes que me dio, no poder llevar a
cabo el proyecto indicado por el Secretario de la Guerra y con el que estuve de
acuerdo, de sacar enseguida alguna fuerza de este Departamento para las
operaciones que voy a emprender en Oriente, pues dicho Jefe fue de opinión que
no sacaran fuerzas de aquí por ahora.
Octubre. 1ro. – En el mismo punto.
2 – Marcho a conferenciar con el Gobierno de San José de Guaicanamar donde
acampé.
El Gobierno manda buscar al Brigadier Benítez encargarle del mando de esta
división por haber pedido pase para Las Villas el Inglés. Aguardo esta resolución
para marchar a Oriente.
3 – Viene el Brigadier Benítez. Se resuelve nombrarlo Jefe de la 1ª División del
2do Cuerpo.
4 – Despacha el Gobierno el nombramiento a Benítez. Doy instrucciones a dicho
Jefe para que reciba del Brigadier Enrique y doy orden a éste para que entregue.
En esta fecha me fue entregada por el secretario de la guerra, Tomás Estrada, la
cantidad de ciento veintitrés pesos en papel moneda español para que lo haga
emplear en parque y medicinas de los campamentos enemigos.
5 – Marcho para Oriente. Después de haber andado con la infantería desde el
Damagal hasta la Botija, dejé en este punto dicha fuerza y seguí marcha haciendo
noche en Sebastopol.
6 – Sigo marcha, hago alto en Guanayú, casa de Facundo Echavarría y sigo por la
tarde, haciendo noche en Las Gordas.
7 – Sigo marcha y acampo en Berrocal a las nueve de la mañana.
8 – Se me presentó Pedro Torres a quien he llamado con objeto de que me informe
el estado del poblado de Guáimaro a ver si se puede extraer una herrería y una
carpintería y vestirse alguna gente saqueando el caserío y tiendas. Vuelve a salir
Torres en solicitud de prácticos.
9 – Convencido de que no puede hacerse nada de provecho en la operación sobre
Guáimaro, desisto de ella y sigo marcha para Las Tunas. Se han declarado
abundantes lluvias; tres fuertes aguaceros nos cayeron antes de llegar al Bracito,
donde hice noche.
10 – Sigo marcha para Guaramanao donde acampé y me preparé a seguir para la
línea Occidental de Holguín.
11 – Paso a casa de Lucas Castillo y regreso al campamento.
12 – Llegó a la parte norte el comandante Zayas (85) y con él el Prefecto Alcalá
(86) quien me trajo cuatrocientas cápsulas sacadas del enemigo y me da noticias de
estar corriente y prometer mucho la comunicación a su cargo.
13 – Llega el capitán José María Domínguez del 2do. Batallón. Rgto. Bayamo
conduciendo el cañón extraído del Salado y que encargué al Brigadier Ruz.
Acompañan a dicho capitán cuarenta hombres armados.
Llegó un correo de Holguín portando una comunicación del Brigadier Jesús Ruz
trasmitiéndome una del brigadier Jesús Pérez en que participa haber hechado a
tierra un vapor nuestro un capitán llamado Enrique Collazo y ocho expedicionarios
más, manifestando que dicho buque no había alijado el cargamento a causa de
haberse visto un crucero español. Doy órdenes tendentes a que se asegure la
expedición si desembarcaron en alguno de los dos Departamentos a mi cargo y me
preparo para seguir mañana para Oriente, según lo tenía ya pensado.
14 – Salgo para Holguín a las siete de la mañana y hago noche en la estancia del
Alto. 1
15 – Sigo marcha y llego a los Hitabos donde encontré al Brig. Ruz con la
División, menos el coronel Vidal (87) con el Regimiento Holguín ni la caballería
del regimiento Céspedes, por no haberlos entregado dicho jefe.
16 - Llegó el comandante Zayas con mi escolta que dejé detrás y el tte. coronel
Francisco Estrada con el Escuadrón Río Blanco. También llegó el comandante
Cutiño, (88) con su Batallón.
17 – Llegó el Tte. coronel León y el comandante Santana (89) con el Batallón del
Norte.
18 – Preparo la columna para marchar mañana a la zona enemiga de Holguín.
19 – Emprendo marcha de los Hitabos a la siete de la mañana y llego a las dos de
la tarde a Jíquima, donde acampé.
20 – Se sigue la marcha a las nueve de la mañana pasando la línea telegráfica entre
San Andrés y Paso Malo y siguiendo por Cañada Seca y Potrero de la Estrada, se
hizo alto en el río de Pliege para aguardar la noche y pasar la otra línea entre la
Entrada y Los Alfonsos. Al oscurecer se pasó la referida línea y por el lado del
último campamento enemigo y por el otro destruído de Calderón, se hizo alto a las
once y media de la noche en la sabana de la Mula. Allí dispuse que el Coronel B.
Peralta (90) con el 2do Batallón de Jiguaní pasara al ingenio ________ a apoyar el
movimiento que los voluntarios de ese punto se habían comprometido verificar
para entregar el campamento; que el Brigadier Ruz con el Regimiento de Yara y un
batallón de Bayamo atacara a Velazco y el Cuartel General con las caballerías
compuestas de la escolta, Regimiento Río Blanco y 2do del Regimiento Céspedes e
infantería del Regimiento Tunas, 1er Batallón Jiguaní y 2do de Bayamo pasaron a
atacar a Uñas.
Todo se llevó a cabo dando por resultado la toma del Ingenio (91) entregado por
voluntarios que lo guarnecían, el ataque a Velazco dio muy poco fruto y el de Uñas
un riquísimo botín de ropas, dinero, ganado, más de cien rifles y de cuatro a seis
mil cápsulas.
21 – Reunidas las fuerzas a las ocho de la mañana se siguió la marcha sobre mano
donde hice alto un rato para dar algún descanso. En nuestra retaguardia, al
separarse de Uñas, hubo unos tiros con unos civiles que vinieron a reconocer, y
estando en mano volvieron a presentarse también por retaguardia y en mayor
número, fueron rechazados por la infantería y seguidamente dispersados por la
caballería y perseguidos hasta Uñas, dándoseles machete a cinco, quitándoseles
seis caballos y tres que dejaron muertos.
Se me reunió tan grande y embarazosa impedimenta que tenía que seguir la marcha
con mucha lentitud y trabajo.
Se acampó hoy en Sabanilla.
22 – Sigo marcha y al pasar la línea telegráfica entre la “Entrada” y San Andrés
(92) se presentó enemigo en corto número del último punto, tiroteándome la
columna por un flanco pero a tan larga distancia que sólo me hirió dos caballos y
ésto porque quise entretener el enemigo para dar lugar a que pasara la columna la
línea de San Agustín a San Andrés, como efectivamente pasó sin novedad y se
acampó en el Ojo de Agua.
23 – Se sigue marcha a Los Moscones (93) donde se acampó sin novedad.
24 – Me ocupo de averiguar el resultado de la operación y otras cosas para disolver
la concentración.
Nuestras bajas en la operación fueron _____ muertos y heridos.
Hoy han llegado seis expedicionarios de los desembarcados por la costa de Cuba.
25 – He disuelto la concentración y hago que la fuerza de Las Tunas marche a su
localidad.
26 – Marcha el Brigadier Ruz para Bayamo con la fuerza de ese punto y yo marcho
para Las Tunas con regimiento Río Blanco y escolta.
Hago noche entre Río Abajo y Faja.
27 – Sigo marcha y hago alto en Limones.
28 –Sigo marcha. Salgo por la Loma a la línea telegráfica y desde allí la hago
destruir hasta vista de Las Tunas. Allí me separé con la escolta con dirección a
Guaramanao y mandé al tte. coronel Estrada para la parte norte. Al andar media
legua se oyó fuego con Estrada (94) y pocos momentos después se me presentó el
alférez Montero diciéndome que había sido atacado por columna enemiga por
camino de Holguín.
No sé más detalles. Yo seguí marcha y llegué a la Ceiba donde hice noche.
29 – Sigo para Guaramanao, donde acampé.
30 - En el mismo punto.
31 - Mando al subteniente Pedro María Malledo al Gobierno portando
correspondencia.
Tenía resuelto pasar a la costa norte y esta tarde en momentos de marchar me viene
aviso que venía llegando el Gobierno.
Efectivamente, poco después llegó el Presidente Spotorno el Secretario de
relaciones Exteriores y de la guerra, Tomás Estrada y Subsecretario Ferrer.
Noviembre 1.- Después de conferenciar conmigo el Gobierno me indicó que seguía
para Oriente, sin embargo de no poderles yo acompañar por la necesidad de estar
dando descanso a las cabalgaduras.
2 – El gobierno sigue marcha para Oriente y yo sigo en dirección a la costa norte.
Hice noche en Rompe con dos números de mi escolta y mis asistentes.
3 – Sigo marcha llegando a los talleres; permanecí allí dos o tres horas y continué a
Loreto, casa de Pancho Varona, donde hice noche.
4 – Pasé al Pilón, donde acampé.
5 – Salí a casa del Comandante Santana e hice noche.
6 – Vuelvo al Pilón.
7 – Salí a las Tres Leguas, casa del Guaimarero, donde hice noche.
8 – Vuelvo al Pilón.
9 – En el mismo punto.
Al avistarme aquí hace cuatro o cinco días con el tte. coronel F. Estrada supe por
éste los detalles sobre el fuego que tuvo el enemigo el 28 del pasado después de
separarse de mí, cuyo resultado fue hacerle dos muertos al enemigo en una carga
que le dio.
10 – Salgo del Pilón, paso por los talleres y llego al Bracito a las siete de la noche,
donde pernocté.
11 – Sigo marcha y llego a Guaramanao, donde acampé.
12 – En el mismo punto.
Llegó una comisión del Brigadier Maceo (95) portando un acta de las elecciones
dispuestas por él cuando estaba siendo jefe interino del 1er cuerpo de Ejército.
13 – En el mismo punto. Llegó el coronel F. Varona (96) a quien había llamado
para hoy.
14 – Sin novedad en el mismo punto.
15 – Salgo con mi escolta con dirección a Bayamo y hago noche en el Dormitorio.
16 – Sigo marcha y hago noche en el Saladillo.
17 – Sigo marcha y después de hacer alto un rato en el Ingenio de Ballester pasé al
Cauto y pernocté en los Arroyos.
18 – Sigo marcha, paso las líneas telegráficas de Cauto a Bayamo y la de este
pueblo a Manzanillo, está entre Veguitas y Barrancas (97). Hice noche en Las
Peladas, potrero de la Presilla.
19 – Pasé a San Eugenio donde acampé a las doce del día.
Mandé comunicación en solicitud del Brigadier Ruz.
20 – Regresó el sargento ____________ con la noticia de que el brigadier Ruz
bajaba sobre Cauto con el contingente para Las Villas. Con este motivo me
encaminaré mañana en dirección ______por el lado de dicho poblado a las siete de
esta noche y pernocté en el paso nombrado Guatíbore del río Tara.
21 – Pasé inmediatamente al campamento Boquerón y llegué ____________ donde
pernocté. En dicho punto supe que el Brigadier Ruz ____________.
22 – Por la mañana llegó el Brigadier Ruz y de díez a once del día emprendí
marcha para Cauto, yendo conmigo dicho Jefe. Se pasó la línea entre Guareje y
Punta Gorda (98) y se hizo noche en Los Arroyos.
23 – Se siguió la marcha pasando el Cauto a las once del día. Después de avistarme
con el coronel R. Céspedes y los demás jefes y tropa que componían el contingente
de Bayamo, que encontré acampado en Cauto, acampé en el potrero de Las Bocas.
24 – Marchó el contingente para Las Tunas. El Brigadier Ruz se vuelve para
Bayamo y yo sigo para la línea occidental de Holguín.
Hice noche en Laguna Negra.
25 – Sigo marcha y llego al Ciego, al lado del campamento del coronel Peralta,
Hitabos, (99) donde acampé. Desde mi llegada se me dio noticias del mal estado
del 2do Batallón de Jiguaní que con motivo de no querer ir a Las Villas había
desertado casi todo. También encontré la noticia de que se había presentado
Mercedes Tornés, la esposa de Pancho Varona, con unas proposiciones de los
españoles y que se encontraba en estas inmediaciones; pasé a verla y encontré que
las proposiciones eran las de siempre, para que nos presentáramos o nos
embarcáramos.
Grande fue mi disgusto al ver que una persona perteneciente a mi familia hubiera
sido comisionada para tal cosa, pero me convencí que había sido engañada la
candidez de Mercedes por el Jefe español que la mandó porque los antecedentes de
ella son los mejores, ya se conoce la buena fe con que cree servir haciendo un
servicio porque supone que de su misión puede salir algún tratado que concluya la
guerra.
26 - En el mismo punto el Ciego.
27- Hoy fue pasado por las armas el individuo Carralero que había desertado de
nuestras filas pasándose al enemigo y ahora salió acompañando a Mercedes Tornés
con ideas de volverse a marchar.
28- En el mismo punto sin novedad.
29-Recibo comunicación del gobierno llamándome a Tacajó y aunque ha pasado el
    tiempo que se me ha fijado, pues la orden trae fecha muy atrasada, 13
    corriente, he resuelto marchar mañana.
30 – A las dos de la tarde salgo para el Gobierno y hago noche en la Trinidad
Holguinera.
Diciembre 1ro. Sigo marcha y llego a San Francisco donde hice noche.
2 – Sigo marcha, paso por el sitio camazán D. Pedro y D. Juana y acampé en
Báguano. (100)
3 – Sigo marcha, hago alto en la estancia de José Ma. Céspedes para almorzar y
hacer viandas y continué a campar a Jagüeyes. Pasé a la estancia de Lorenzo Cera
donde se me dijo estaba el Gobierno no habiéndolo encontrado regresé a Jagüeyes.
4 – Con noticias de que el Gobierno y Maceo estarían ya en Alcalá (101) de
regreso de la operación que fueron a practicar a la loma de Holguín, me dirigí allí
junto con quince números, mis ayudantes y el Coronel Masó (102) que vino
acompañándome desde Cauto. Llegué a Alcalá como a las diez de la mañana y una
hora después llegó el Gobierno con la columna que fue a la operación.
Venía sabiendo que Maceo, Leyte Vidal y otros no querían servir a mis órdenes,
que tomaban tal determinación por ser yo el que inicié el movimiento político
efectuado en Las Tunas. Efectivamente pocos momentos después, y en cuanto esos
individuos supieron mi llegada, presentaron sus renuncias al Gobierno. Con tanta
más razón se manifiesta que hay ambición personal y mala fe en esas personas,
cuanto que todos los de Oriente que tomaron parte en el movimiento estaban de
acuerdo con los principios que se sustentaban, afeando solamente la forma que se
había adoptado y principalmente el coronel Leyte Vidal se ha portado indigna y
falsamente por cuanto tenía contraído conmigo compromisos de gran
consideración que efectuó el movimiento. Con tan graves motivos pasé a
conferenciar con el Gobierno. Estupefacto me quedé cuando ví el estado en que se
encontraba el Gobierno, débil como siempre llegó a confesarme que la República
estaba acéfala, que ya no había Gobierno pues había acabado con su prestigio, que
no tenía fuerza moral y por tanto no sabían que solución darle al asunto.. Yo en un
arranque de patriotismo acompañado de un sentimiento de indignación al ver el
peligro que corre la patria y que el Gobierno contribuya a salvarla creyendo que mi
permanencia en el mando sólo servía de obstáculo para la buena marcha de los
asuntos y que podría arreglarse algo haciendo mi renuncia, ofrecí al Gobierno
hacerla, y me retiré.
5 – Meditando toda la noche sobre el conflicto suscitado en el país y sobre el hecho
de mi renuncia, llamé por la mañana a mi Jefe de E. M. Modesto Fonseca. El Dr.
Rafael P. Martínez y al coronel Masó y en conferencia con los tres les consulté qué
sería más acertado hacer en tales circunstancias, puesto que después de reflexionar
sobre mi renuncia me parecía más perjudicial llevarla a cabo por cuanto sufría el
prestigio del Gobierno, sufría porque con lo mío y se excitaba más el desorden que
se había cometido.
Efectivamente, los Jefes consultados fueron de parecer que no hiciera la renuncia y
sí que asumiera el mando pasando en seguida al Campamento. Marché pues para
acercarme a éste pero con la intención de no penetrar en él por el temor de que no
fueran a excitarse algunos ánimos y sobrevinieran disgustos de más consideración.
Dí algunas órdenes que sin embargo fueron obedecidas, sin duda porque el
Gobierno así lo acordó con los amotinados confiado en que yo me separaría del
mando del Cuerpo de ejército.
Habiéndome presentado el tte. coronel Guillermo Cardet manifestándome que
estaba seguro que el Brigadier Maceo deseaba tener una conferencia particular
conmigo, porque así se lo había dado a entender, me rogó que la provocara porque
creía que de ella saldría algún arreglo entre ambos; yo sin embargo de estar
convencido que poco se adelantaría con esto, conocidas ya las nuevas de Maceo,
tuve la conferencia con éste cuyo resultado fue tener algunas explicaciones sobre
los falsos y calumniosos rumores que corrieron, mostrándonos ambos satisfechos.
6 – El Gobierno y Maceo con las fuerzas, marcharon a San Jerónimo y yo marché a
Jagüeyes a reunirme con las Caballerías que allí tenía con objeto de emprender una
operación por la zona de Holguín. Llegué a Jagüelles, mandé la caballería a
Báguano y con la escolta pernocté en aquel punto.
7 – Seguí para Báguano, donde acampé.
8 – En el mismo punto. Hoy pasó el coronel Masó y Capitán Planas a donde se
hallan las fuerzas de infantería y el Gobierno, el primero a hablar con éste, el
segundo a diligencias del Servicio.
9 – Despacho orden al Brigadier Ruz*(103) para que concurra con la Brigada
Bayamo a Las Tunas, el 20 o 25.
Escribo a Tomás Estrada diciéndole haber resuelto no hacer renuncia del puesto
que ocupo.
10 – Con el teniente Saavedra que estuvo a verme desde ayer, mandé carta hecha a
Estrada y otras órdenes a Maceo y a Leyte Vidal.
11 – Resuelto a practicar una operación con las caballerías que aquí tengo, por la
zona enemiga de Holguín, emprendo marcha con tal objeto, como a las dos de la
tarde, acampando en la Caridad como a las siete de la noche.
12 – Sigo marcha como a la una de la tarde y llegué a las inmediaciones de
Holguín (al río Mancabo) como a las ocho de la noche, bañaron las caballerías e
hicieron alto como dos horas; siguiendo marcha luego hasta salir al camino Vacía –
Botija a Holguín, donde volví a hacer alto para esperar el día.
13 – Sigo para vacía – Botija y a poco de andar se encontró un sargento y un
soldado, guerrilleros de dicho campamento que fueron capturados y muertos por
haber tratado de huir; también fueron muertos dos guerrilleros criollos que huyeron
al tratar de cogerlos, cogiéndose otros cuatro hombres y dos niños. Se tomaron
cuatro Remington y quinientas cápsulas.
Llegué al campamento Vacía- Botija, recibimos fuego del fuerte y se utilizaron de
quince a veinte bueyes por estar flacos y se cogieron algunos caballos que con seis
o siete recogidos de los prisioneros del camino ascienden a catorce los tomados al
enemigo.
Nuestras bajas, dos caballos heridos de gravedad, que quedaron inútiles en el
campo.
Seguí marcha, pasé por el campamento abandonado de la Gloria y llegué a los
Moscones como a las cuatro de la tarde.
14 – En el mismo punto. Llegó el comandante Guillot a quien había dejado
Bayamo y el secretario de la guerra Tomás Estrada , volví a hablar con éste
largamente y me enteré de sus últimas disposiciones y medidas tomadas, por las
cuales se ha acabado de convencer de la dañada intención de los que componen el
Gobierno, de hacerme perder la popularidad y prestigio para echarme abajo. Han
tratado de engañarme desde que me nombraron Jefe de los dos cuerpos de ejército,
aunque no ha sucedido así pues desde entonces he vivido comprendiendo su
política maquiavélica, pero mi patriotismo y buena fe me hacen desentender de las
ofensas que se me han inferido.
15 – Emprendo marcha para Las Tunas y llego a la Faja, donde hice noche.
16 – Sigo marcha y llego a Guaramanao, donde acampé.
17 – Salí al vecindario y regresé. En [Guaramanao]
18 – En el mismo punto. Salí al vecindario y regresé. [Guaramanao]
19 – Llegó el general Céspedes, pasó a casa de Lucas Castillo.
22 – Volvió Céspedes de casa de Lucas. Me aconsejan ambos que no dimita, que
pida permiso.
Contesté que no puedo a no hacer tal cosa porque los acontecimientos pueden
comprometer mi dignidad, permaneciendo en el mando y tendré que separarme.
23 – Emprendo marcha para el Limonal a entrevistarme con el Gobierno. Me
acompañan el Dr. Incháustegui y Esteban Varona que hace días se encuentra en mi
campamento; hice noche en el Lavado donde también me alcanzó el tte. coronel
Limbano Sánchez.
24 – Marchó el tte. coronel Limbano Sánchez para Holguín y yo sigo marcha,
llegando a San Juan de Dios, casa posta de Cedeño, donde hice noche.
25 – Sigo donde el Gobierno y llego a Prado Ameno, donde aquel se encuentra
pero no me avisté con él por haber llegado malo.
26 – Estuvo el Secretario de la guerra Tomás Estrada en mi pabellón pero no
habiendo podido hablar nada de importancia, me dijo que pasara donde el
Presidente para que allí habláramos.
Pasé como a las siete de la noche a verme con el Gobierno, quien me manifestó
que había mandado buscar al general Díaz para tratar de arreglar a Oriente,
dándome a entender que era para colocarlo.
Les contesté que estaba bien, manifestándole seguidamente mi sentimiento por las
ofensas que se habían inferido a mi dignidad no sólo por jefes y oficiales del
ejército, sino por el mismo Gobierno que me colocó, quien debió haberme apoyado
aunque no fuera más que por el prestigio del Gobierno, que con tal proceder daba a
entender el Gobierno actual que apreciaba en muy poco mis servicios, que cuanto
se había dispuesto, que afectaba mi prestigio como Jefe del Departamento, parece
ser con toda intención.
Tanto el Presidente Spotorno como el secretario Estrada, que son los que
componen hoy el Gobierno, trataron de excusarse pero de un modo que daban a
conocer su falsedad.
27 – Dispuesto por el Gobierno que marchase la parte del contingente aquí reunida
(unos 200 hombres) lo hizo por la mañana, marchando también el Gobierno.
Yo regreso con dirección al Lavado, donde llegué y acampé. Hoy pedí al Gobierno
un mes de licencia para atender al restablecimiento de mi salud y me fue
concedida.
28 – En el Lavado, sin novedad.
29- Pasé al Bracito para tomar aquí algunas medicinas.
30 - Sin novedad. (Bracito)
31 - En el mismo punto.
Llegó el teniente Pablo Hernández de la línea occidental de Holguín, conduciendo
actas de elecciones de aquel regimiento y parte del Batallón Jiguaní.
1876
ENERO 1ro. Despaché el oficial comisionado que vino ayer, tte P. Hernández, con
noticias de que la guerrilla del Jíbaro había entrado hoy a Guáimaro, mandé buscar
un oficial con parte del escuadrón para perseguir aquella.
2 – Llegó el alférez Angel Banega con trece jinetes, le dí ocho o díez números de
mi escolta y le mandé salir enseguida a las orillas de Guáimaro a perseguir la
guerrilla enemiga del jíbaro.
3 – Me vino aviso que Pedro Torrez con cuatro o cinco jinetes tuvo fuego con la
guerrilla del Jíbaro a orillas de Guáimaro en que tuvo un caballo de mi escolta mal
herido.
4 – Vino el capitán Lorenzo Viera con el cabo J. Antonio Ramírez con el caballo
de éste que fue herido; por la noche murió dicho caballo.
5 – Llegó el teniente Perea que me trajo correspondencia atrasada del Camagüey,
también me trajo algunas más recientes del Gobierno en que me mandan entregar
el 1er Cuerpo de ejército. Recibo carta de los Diputados Rafael Varona y Eduardo
Machado, rogándome que vaya a ocupar mi puesto al Camagüey donde saben
todos que trato de rehusar seguir mandando por la desconfianza que ya tengo del
Gobierno. Este me anuncia que de seis a siete días pasará para Oriente por
Guaramanao, donde espera verme.
6 – Desde el día 1ro. se presentó temporal aunque flojo y hoy amaneció lloviendo
con más fuerza.
7 – Ha calmado algo el temporal y paso a Guaramanao a aguardar el Gobierno.
8 – Salí al Lavado y al regresar como a las díez de la noche a Guaramanao
encontré que ya había llegado el Gobierno.
9 – Me llamó el Presidente y en unión del Secretario Tomás Estrada me
manifestaron con muchas instancias y ruegos que era necesario que yo siguiera en
el mando de Camagüey, pues sabían que yo iba a renunciar; añadiéndome que no
era conveniente que yo retirara y anulara, dado mi prestigio y buen nombre. Les
contesté que no era mía la culpa, que el Gobierno había contribuído poderosamente
a mi despretigio en Oriente, tolerando que se me desobedeciera sin poner ningún
remedio aunque estaba de su mano el ponerlo, que con ese precedente no era digno
que fuera a mandar a Camagüey, donde por otra parte llevo la desconfianza que se
siga procediendo conmigo como hasta aquí; que yo prefería retirarme mientras
duraran las circunstancias aunque con el dolor de estar éste sin servir a mi Patria en
el Ejército, donde he creído siempre más útiles mis servicios.
Como volvieron a instarme nuevamente con más empeño traté de concluir la
conferencia y así sucedió, manifestándoles que en los días que me quedaban de
licencia pensaría cual sería mi resolución definitiva.
10 – El Gobierno sigue para Oriente y yo me retiro otra vez para el Bracito.
11 – En el mismo punto. El Bracito.
12 – En el mismo punto.
13 – Marcharon Modesto Fonseca y Gaspar Cruz para la parte Norte.
14 – Sin novedad.
15 – Llegó por la tarde el subteniente Benjamín Mayo con los números del
Escuadrón que acompañaron al Gobierno. Me trajo correspondencia del mismo.
16 – Mando comisión al Camagüey a llevar a la Cámara comunicaciones del
Gobierno que éste me recomienda mande por expreso.
17 – Pasé para el camino de La Piedra en el mismo Lavado.
18 – Salgo para la parte Norte haciendo noche en Los Talleres.
19 – Sigo después de almuerzo y paso el resto del día en casa del tte. coronel
Francisco Estrada.
 20 – Paso para El Pilón.
21 – En el mismo punto. (El Pilón)
22 – 23 –y 24 – En el mismo punto.
25 – Salgo con dirección a la parte Sur y hago noche en Loreto.
26 – Sigo marcha, paso por Los Talleres y llego al Lavado.
27 – No siendo decoroso para mi continuar en el mando del Camagüey, viéndome
constantemente contrariado por el Gobierno, hago hoy renuncia de dicho mando,
con el propósito de entrar a servir en cualquier puesto que esté en armonía con mi
categoría militar, tan pronto como cambien las cosas, porque me es muy doloroso
tener que retraerme por mucho tiempo del servicio de las armas, después de haber
estado combatiendo 7 años.
28 – Salgo para La Zanja* (104) con la intención de darme algunos baños de mar y
pernocté en Las Enceybas.
29 – Pasé a Zanja y siendo muy penosa la permanencia en este punto resolví no
continuar los baños y me retiré con la noche a Las Enceybas.
30 – Me retiré para El Lavado.
31 - En el mismo punto. (El Lavado)
Febrero 1, 2, 3 y 4 – En el mismo punto sin novedad. (Lavado)
5 – Pasé para Guaramanao.
6 – En el mismo lugar.
7 – Salí para la costa Norte y pernocté en El Taller.
8 – Paso a Las Tres Leguas y acampé en Loreto.
9 – Salí al Pilón y regresé al campamento.
10 – En Loreto he resuelto mandar la fuerza a atacar a Puerto Padre y que
directamente lo desarrollen con urgencia.
11 y 12 – En el mimo lugar.
13 – Pasé al Cerro*(105) donde me reuno con el coronel Varona (106) con la
infantería; fuerzas pertenecientes al Regimiento Cabaniguán, Río Blanco y mi
escolta y la de las _____________ (107) para que marchen mañana con dirección a
Puerto Padre a atacarlo.
14 – Mandé al coronel Varona con las fuerzas Tunas de Bayamo y Río Blanco, de
caballería a ejecutar la operación que le tengo encomendada sobre Puerto Padre.
Todos mis ayudantes fueron a la operación a excepción de Modesto Fonseca que se
mantuvo conmigo para El Taller donde hice noche.
15 – Pasé al Lavado, quedando Modesto en El Taller.
16 y 17 – En el mismo punto.
18 – Salí para la parte Norte acampando en Loreto. (108)
19, 20 y 21 – En el mismo punto. Sin novedad, al no ser alguna que otra salida que
hice al vecindario.
22 y 23 – El último día llegaron el teniente Fombellada y comandante Perera
comisionados por el Gobierno para recibir un piquete de hombres para Las Villas.
24 – Mandé orden para si no habían entrado a Puerto Padre retrocedieran a causa
de órdenes recibidas del gobierno.
25 – Recibo aviso de Pancho (109) de haber efectuado con buen éxito la operación
de Puerto Padre.
26 – Llegó el coronel Varona con la fuerza. Me participa con sus detalles el éxito
de la operación y que fue hacer al enemigo unos veinte muertos dentro del
poblado de Puerto Padre con un riquísimo botín de toda clase de efectos sobre todo
de ropa y armas. Por Babinellón (110) en la retirada como la caballería combatió
una guerrilla enemiga a la que le hizo 7 muertos y dispersó al resto tomándole 7
rifles y 8 caballos.
27 – Después de entregarle el piquete de hombres que faltaba para el contingente
se dio permiso a las fuerzas.
Yo me dirijo como a las dos de la tarde para la ________(111), haciendo noche en
Los Talleres.(112)
28 – Emprendo marcha y acampo en Guaramanao.
29 - Le traigo el resto del archivo del 1er Cuerpo de Ejército. Mando comunicación
al Gobierno que se encuentra en Ceiba Hueca y mando a la escolta con Modesto
para el Ojo de Agua (113), yendo al mando yo.
Marzo 1ro – Pasé por Ojo de Agua.
2 – Hice noche en Loreto.
3 - Pasé al Ojo de Agua de los Melones.
4 – Paso con la noche para Guaramanao.
5 – En el mismo punto.
6 – En el mismo punto.
7 – Salí con dirección a Las Tunas con la caballería a ver si lograba prender y
copar una guerrilla enemiga, que dicen sale ____________, hice noche en Los
Pilones.
8 – Me aproximé a Las Tunas y permanecí medio día en el callejón de D. Gregorio
aguardando noticias de los espías que desde ayer dispuse que amaneciecen a vista
del pueblo, observando a ver si salía el enemigo por forraje. Me retiré al Ojo de
Agua de Machado, después de haber hablado con tres muchachos de la población
que llegaron a mi avanzada.
Acampé e hice noche en dicho Ojo de Agua.
9 – Me dirijo al pueblo, recorrí todos sus alrededores y después de reconocerlos
desde la sabana del Hormiguero me retiré por no haber encontrado al enemigo
fuera ni haber querido salir a pesar de haber permanecido allí un gran rato muy
mediato al poblado de cuya torre hicieron cuatro disparos de cañón sin que le
hicieran daño.
Hice noche en el mismo Ojo de Agua.
10 – Segí marcha para Guaramanao donde acampé.
11 – En el mismo punto.
 12 – Paso para el Lavado.
13 – Emprendo marcha para el Camagüey; hice noche en S. Juan de Dios.
14 – Sigo marcha y llego a las 10 de la noche a Sao Nuevo, donde se encuentra el
Gobierno.
15 – Conferencio con el Gobierno y como tenemos pendiente la resolución de mi
renuncia, han vuelto a instarme con mucho empeño tanto el Gobierno como
algunos diputados para que la retire, pero fundándome está mi dignidad ofendida
por el mismo Gobierno he manifestado que no puedo desistir de mi propósito y que
sirvo tan pronto cambien las circunstancias.
16 – En el mismo lugar.
17 – En el mismo punto.
18 – Salí en campaña del gobierno con dirección a la Matilde, llegando a Loreto
para hacer noche, más el jefe resolvió adelantarse quedando yo aparte.
19 - Sigo marcha incorporándose en el camino el brigadier Benítez con quien
llegué a La Matilde a las 11 del día.
20 – Hoy he hecho la resolución de continuar en el mando del Segundo Cuerpo de
Ejército, atendiendo a las instancias de mis amigos, y del mismo Gobierno que
continuamente y con razones que no he podido desestimar me hablan del asunto
poniéndolo como una cuestión de patria, y contando por otra parte con que al
desistir de la renuncia no sufre menoscabo mi dignidad.
En consecuencia manifesté al secretario de la guerra, ciudadano Tomás Estrada
que estaba dispuesto a hacer este nuevo sacrificio por la patria de seguir al mando
de un Cuerpo de Ejército en donde contaba con enemigos que podían tratar de
proporcionarme obstáculos con el fin de que sufriera mi prestigio militar, confiado
en que el Gobierno todo me prestará su apoyo en cualquier caso que sea necesario.
21 – Hoy ha llegado el Dr. Emilio Lucas que figura en primera línea como uno de
mis contrarios, a mi campamento diciéndole a Modesto Fonseca que me lo
comunicara a mi, que se iva a presentar una manifestación escrita al Gobierno
sobre la inconveniencia de que yo mande este Departamento. Se dice que el
Gobierno ha desestimado la representación en indicada y se mantiene resuelto a
sostenerme.
22 – Han llegado al Gobierno muchas manifestaciones de oficiales protestando no
estar de acuerdo con la determinación de los que no quieren aceptarme como Jefe.
También han estado a visitarme muchos oficiales y me han manifestado que la
inmensa mayoría de los oficiales, la tropa, el pueblo y algunos jefes están muy
contentos de que yo venga a mandar al Camagüey, que así lo han manifestado
muchos al gobierno y los demás están dispuestos a manifestarlo.
23 – Se me dio aviso que una guerrilla enemiga se dirigía a los montes de la
Aurora y mandé al Jefe coronel Gonzalo Moreno con su regimiento y parte del de
Las Tunas a perseguir lo enviado además una sección de caballería esta dio alcalce
al enemigo por la tarde, en la Caridad, cerca de Vista Hermosa y al ver los nuestros
se posesionó de la casa y aspilleró sus muros.
El oficial de la sección de caballería me lo avisó al campamento, añadiendo que
aguardaba órdenes. Me puse en marcha llegando al punto La caridad, como a las
nueve de la noche pero fue en vano, el oficial había abandonado el lugar y el
enemigo pudo escaparse. Se ha perdido, pues la mejor ocasión que puede
presentarse para coger el Jíbaro.
Hice noche cerca de La Caridad.
Regresé para el campamento La Matilde.
25 – Aunque recibo con tanta inconformidad o mejor dicho no hubo quien me
entregara pues Benítez se retiró con permiso del Gobierno sin embargo habiendo
asumido el cargo del Departamento y nombrado Jefe de la división al Dr. Suarez
hice diseminar los regimientos de infantería aquí llendo cada regimiento a
organizarse a las zonas que acostumbran a ocupar. Emprendo marcha con los
regimientos de caballerías.
Agramonte, Camagüey y parte del numeroso Ejército de Las Tunas con objeto de
emprender alguna operación. Hice noche en S. Ramón de Pacheco.
26 – Seguí marcha, hice alto a las diez del día en La Caridad de Arteaga e hice
noche.
27 – Seguí marcha y acampé en Antón de Guanací a las once y media del día, sin
novedad.
28 – En el mismo punto.
29 – Salí al vecindario, casa de Carlota Varela que mandó invitarme que fuera a su
casa para hablarme de mis hermanas: Regresé al campamento.
30- En el mismo punto.
31 - Parece que se declara la primavera. Ha caído un aguacerito hoy, sino muy
fuerte acompañado de muchos truenos y otros movimientos que indican seguirán
las lluvias.
Abril 1 – Emprendo marcha con las caballerías aquí acampadas, con el propósito
de dirigirme a Morón. Acampé en el potrero Las Lajas.
2 – Sigo marcha y acampé en San Antonio de Adans como a las cinco de la tarde.
3 – En el mismo punto.
4 – Sigo marcha y acampé a dos leguas como a las ocho de la mañana en la finca
Urabo.
5 – Seguí marcha y acampé a las once del día en el Jobo.
6 – En el mismo punto.
7 –Informado del estado de Moron y no ofreciendo ventaja emprender ninguna
operación sobre dicho punto he resuelto dirigirme a Ciego de Avila.
7 – En el Jobo mando comisión a saber del estado del enemigo en Ciego de Avila
para marchar mañana para este punto.
8 – Salí con dirección a Ciego de Avila.
Se ________ en la alegría e hice noche en __________.
9 - Seguí marcha y acampé en Artemisa como a las tres de la tarde.
Con la noche vino el capitán Céspedes de comunicarse con individuos de Ciego de
Avila y dice que el enemigo no se mueve por no haber más que la guarnición, más
cuatrocientos o quinientos hombres.
10 – Volvió el capitán Céspedes a comunicarse y dice que hay unas guerrillas
cuidando caballos en un lugar nombrado Los Charcos.
Mandé por ganado del enemigo cerca del Ciego de Avila y trajeron 23 reses.
Salieron exploradores a enterarse de lo que hay en Los Charcos.
11 – Como a las cuatro y media de la mañana oscuro todavía, se presentó el
enemigo en la avanzada sin duda ganado por los individuos Edelmiro Astengo, y
Daniel Borrego (a) el Vate, que desertaron anoche y parece se presentaron a Ciego
de Avila.
El número del enemigo sería como de trescientos hombres y cobarde como
siempre, no osó pasar de la avanzada, bien es verdad que allí fue cargado
impetuosamente por los primeros jinetes que de momento pudieron montar unos
cincuenta o sesenta, muchos en los caballos en pelo. En esta carga tuvimos la
sensible pérdida de los capitanes Lorenzo Viero del 2do Escuadrón Rgto. Río
Blanco y Pedro Mola que fueron víctimas de su arrojo; también fueron heridos el
Cabo de mi escolta Víctor Torres, grave y un soldado del Rgto. Agramonte, leve,
un caballo muerto y dos heridos que quedan inútiles.
No continuando el enemigo para el campamento, puse sobre él exploradores y
preparé el resto de las fuerzas para tomar mejor posición en una sabana, pero los
exploradores se dejaron burlar del enemigo y éste se retiró sigilosamente y tan de
carrera cuando se me avisó que marchaba, fue tarde y por más que corrí a escape ni
se alcanzó sino posesionado de un monte de corojal donde no era posible cargarlo
con caballería.
Mandé algunos jinetes a hacerle fuego y dispuse la retirada.
Recorrido por mi el campo de la acción enterramos a nuestros cadáveres y
recogidos nuestros caballos por completo, incluso cuatro con monturas que
abandonó el enemigo; marché a Palmarito de Agramonte donde acampé.
12 – Seguí marcha a las tres y veinte de la madrugada y después de sestear un rato
un prado acampé a las cinco de la tarde en V. Antonio de Adán.
13 – Según participación de un soldado de mi escolta y seguidamente del Prefecto
Zamora, se creyó que estaba una guerrilla enemiga a inmediaciones de este
campamento salí inmediatamente con la mayor parte de la fuerza dejando una parte
con la impedimenta, pero a poco de haber salido en marcha supe que solo hubo una
falsa alarma y regresé al campamento.
14 – En S. Antonio de Adán sin novedad.
15 – Hoy se ha separado de mi lado Modesto Fonseca después de seis años y
medios, más o menos que hacen que me acompañaba en la Revolución. La causa
ha sido un disgusto provocado por él y que me faltó altamente el respeto.
Tenía previsto este rompimiento que muchas veces evité con mi prudencia, pues
Modesto es de un carácter áspero y tiene un modo de expresarse en las discusiones
sumamente punzante y ofensivo
Dejo consignado ésto en mis apuntes porque no tiene nada de particular que
coincida con algunos de los acontecimientos que se relacione con mi personalidad.
Hoy llegó el alferez Lanobal de comunicar con Ciego de Avila y dice que
efectivamente se presentaron en aquel pueblo los soldados que desertaron de
Artemisa el díez por la noche.
Que el enemigo tuvo cuatro muertos y cinco heridos y que al siguiente día de
haberme atacado volvió a salir columna con más de seis cientos hombres, y llegó a
Palmarito, punto donde hice noche el once.
16 – Me dirigí a las inmediaciones de la ciudad del Príncipe con unos cien hombres
de los Regimientos Agramonte, Río Blanco y escolta mandando al Brigadier
Juarez con el Regimiento Camagüey y la gente más mal montada, para Antón
donde hemos de reunirnos. Acampé a las tres de la tarde Molas, menos de una
legua del campamento Llanes. Mandé reconocer este punto haciéndolo el J. C.
Fidel Céspedes quien en la guerra dio fortunas que tenía sin guarnición y un
potrero al que depositan animales.
17 – Volví mandar exploradores al campo Llane a ver si salía el enemigo y no
habiendo novedad seguí anoche. Recorrí una gran parte de la zona que está al
Oeste de la ciudad hasta el poblado, que nombran Pueblo Nuevo y luego me dirijo
a S. Pablo, donde hice noche.
18 – Llegué al campamento de Antón. No se encontraba el Brigadier Suarez
aunque ya había llegado del punto donde se me separó. Encontré en este punto al
capitán Valdivia a quien había enviado en comisión a Las Tunas, traje mucha
correspondencia de los agentes que tengo en los campamentos enemigos con que
me comunico.
19 – Llegó el Brigadier Suarez por la mañana y el gobierno más tarde.
 20 - Noticias del enemigo pero falsas.
21 - Se muda el campamento para Jimaguayú. Donde marcha también el gobierno
y yo marcho a visitar los talleres de Najasa. Llegué a casa de Ramón Fonseca
donde hice noche.
22– Me pasé para el Jagüey al lado del Taller de Cambar.
23 – En el mismo lugar.
24 – Despaché al comandante Manuel Zayas a Las Tunas en busca de elementos de
guerra que debe tener allí sacados del campo enemigo.
Visité el taller de Cambar y lo encontré en tal mal estado como no podía figurarse
que podía estar un taller en el Camagüey.
25 - Estuve en la Fábrica de pólvora a cargo de Fonseca y estaba parado el trabajo
    por falta de nitro, también estuve en la de nitro y estaba trabajando.
Regresé al Jagüey.
26 – Salgo a reunirme con el Gobierno y el Brigadier Suarez y pernocté en
    Contramaestre.
27 - Sigo marcha y llego al Jimaguayú donde se encuentra el Gobierno y las
infanterías del Camagüey y Tunas, concentradas.
28 – En el mismo lugar sin novedad.
29 – Sin novedad.
30 – Se mandó al campamento a otro lugar de la misma finca Jimaguayú.
Mandé correspondencia con Pedro Torrez a Las Tunas para los corresponsales de
Nuevitas.
Mayo 1ro. – Sin novedad; solo se ha procedido a la organización de las infanterías
de la 2da División.
2 – En el mismo lugar.
3 – Hoy han dado los Jefes y Oficiales del Camagüey una comida a los Jefes y
Oficiales de Las Tunas a la cual fue invitado el Gobierno y los Jefes que aquí nos
encontramos.
Este acto que no se si en su proyecto ha tenido parte algún miembro del Gobierno,
se ha llevado a cabo con objeto de dar un paso tendente a la unión y armonía entre
el Camagüey y Las Tunas; a este fin se pronunciaron algunos discursos, siendo los
más largos los de Pérez Trujillo y Cr. Manuel Sanguily, habló también Luis V.
Betancourt, Rafael Varona, Spotorno, Marcos García, Lucas Castans, Bravo
Ricardo Cisfredes, Franco Estrada y Ferres.
4 – En el mismo punto sin novedad.
5- Marchó el teniente coronel Gonzalo Moreno en el Rgto a su mando y agregado
el de Las Tunas, con instrucciones de operar a inmediaciones de San Miguel y la
línea férrea. Se dan órdenes para marchar mañana.
6- El Gobierno con el Brigadier Suarez y Neva el Rgto Bonilla y Casnas; marchan
    para las Guásimas.
Yo marcho con los Rgtos Caballería Agramonte, Río Blanco y mi escolta con
dirección a la zona del Camagüey. Acampé a las diez de la mañana en El Triunfo,
donde se me incorporó como a las tres horas el primer escuadrón de Agramonte.
7 - Pasé a S. Pablo donde acampé a las ocho de la mañana. Se me reunió el Jefe
Coronel Céspedes que con 20 hombres estaba en comisión por la zona.
Solo por la tarde hasta la finca Sta. Cruz regresando al campamento.
8 Volvió a salir a la zona el J. Coronel Céspedes regresando sin novedad.
9 Tuvimos una alarma falsa producida sin dudas por un trueno muy extraño que
se oyó en el campamento antes de que unos que se encontraban en un local,
avisaran que habían oído ruido de caballería enemiga.
10 Pasé a Sta. Cruz en donde se me reunió por la tarde el J. Crl. Fidel Céspedes.
En este punto supe por unos pacíficos de la población que el enemigo salía a
forrajear todos los días a una legua en números de 140 y 200 hombres. Hice que
me avisaran al amanecer del siguiente día, si salían para atacarlos.
11 – Al aclarar me dirigí a Sta. Teresa donde hice alto mientras me llegaba la
   noticia del enemigo. Pocos momentos después tuve aviso que se encontraba en
   Sta. Bárbara, me dirigí al lugar a marchas forzadas vista al enemigo embosqué
   la fuerza y mandé un piquete provocar en Caballería y ésta salió pero apercibida
   de la emboscada no se aproximó lo suficiente para que hubiera sido derrotada y
   fue necesario cargarla pero solo se alcanzaron algunos jinetes y se les dio
   machete apoyándose el resto en su infantería de la cual se mataron algunos y se
   tomaron tres rifles y algunas municiones.
  En este lugar tuvimos al sargento Longueño muerto, heridos el justo Corl.
Estrada y tres individuos de tropa graves, tres caballos muertos y algunos heridos.
Me retiré en buen orden y reforzado el enemigo salió en número considerable en
mi persecusión, alcanzándome al fondo de la finca Quesada, poniendo los heridos
en camillas a los que hice retirar sosteniendo con unos sesenta el fuego hasta que
consumido por completo el parque seguí retirándome y el enemigo persiguiéndome
hasta cerca de S. Pablo.
En este segundo combate tuvimos tres muertos, dos heridos graves, unos diez o
doce caballos muertos y extraviados y algunos cinco o seis rifles perdidos. Seguí
marcha y reunida la gente acampé en el triunfo.
12 – Salí a ver al teniente C. Estrada y regresé al Campamento.
13 Sin novedad.
14 – Me separo con el 1er esc. Agramonte y Río Blanco dejándole al ________ C.
   Fidel Céspedes el 4to. Esc.
15 Salí de casa Fonseca y el Jagüey, hice noche en Bartolo.
16 Seguí marcha y me reuní con el 1ro de Agramonte y Río Blanco en Palmarito.
17 En el mismo punto.
18 Sin novedad.
19 Salí con la fuerza que me acompaña y acampé en Las Guásimas de Agramonte.
20 En el mismo lugar sin novedad.
21 Marché y acampé en el Oriente (Ingenio) con R. Blanco y escolta.
22 Sigo marcha y acampé en el embelezo donde se encuentra el J. Corl. Gonzalo
Marrero con un Rgto y el de Las Tunas.
23 – Se me reunió el tte. coronel Surí con 25 jinetes.
24 – Marcho con Río Blanco y mi escolta y acampo en S. Martín de Hato Arriba.
25 Sigo marcha y acampo en Carbajal.
26 Marché por el Naranjal al Taller donde hice noche.
27 Pasé al Lavado con mis asistentes, los oficiales y muchos de su escolta con
permiso.
28 En el mismo lugar.
29 Pasé al Brazito y el Ojo de Agua, haciendo noche en el último punto.
30 Pasé el día y noche en casa del Dr. Martínez. Estuvieron a vernos el Br. Ruz y
el Corl. B. Peralta que van para el Gob.
31 Pasé a Las Pelonas donde hice noche.
Junio 1 – En el mismo punto.
2 – Pasé para El Lavado.
3- Al Brazito donde me reuní a la escolta.
4 – En el mismo punto.
 5 – Mandé al alférez Ramón Guerra al Gobierno, pasé al Ojo de Agua con la
escolta.
6 – En el mismo lugar, aunque dí una salida a la Ceiba casa de Ortíz.
7 – En el mismo punto.
8 – El Lavado.
9 – Ojo de Agua.
10 – Paso a la parte norte de este territorio, estuve en el Pilón e hice noche en
Loreto.
11 – Marché al Naranjal donde dejé la escolta y con los ayudantes hice noche en el
Jagual casa Romero.
12 – Paso a las tres leguas Carbajal y vuelvo al Naranjal pasando antes por donde
pasa el teniente coronel Estrada, herido que llegó ayer del Camagüey.
13 – En el Naranjal. Con noticias de que ha pasado un convoy para Las Tunas,
mando una parte de la infantería a situarse por las Lajas o Ceiba, para si sale el
enemigo le haga fuego y un piquete de caballería a las inmediaciones de Las Tunas
con el mismo objetivo y de que esté vigilando los movimientos del enemigo y
avise.
14 – Noticias desde ayer, de que el enemigo desde S. Miguel de Nuevitas se dirige
hacia esta parte por la trocha del Este. Mando explorar al Prefecto Romero y
regresé por la tarde a Loreto donde pasé hoy diciéndome que el enemigo se
encontraba más acá del embonado de la misma trocha.
15 – Marché con unos cuarenta jinetes sobre el enemigo llegando hasta más
delante de la Ceiba y siguiendo un rato la huella del enemigo que iba retirada desde
el día anterior, contra marché luego volviéndome a Loreto.
16 – En el mismo lugar sin novedad.
17 – Pasé al Pilón donde hice noche.
18 – Regresé a Loreto donde encontré el Alférez Ramón Guerra que viene del
Camagüey de rendir la comisión a que lo había mandado.
19 – Sin novedad.
20 – Mandé a Guaramanao un expreso a esperar hasta que me trajeran una
correspondencia de un agente del campo enemigo.
21 – Sin novedad.
22 – Sin novedad.
23 – Salí como a las tres de la tarde con dirección al camino del Maniabón e hice
noche en sitio de Piedra.
25 – Llegué al camino de Maniabón por la sabana de Becerra a las seis de la
mañana y notando que pocos momentos antes habían pasado tres individuos mandé
a su alcance resultando ser el comerciante español Manuel Nogueiras e Isidro
Cruz, hermano de Gaspar, se les recogió una carabina Peabody y un machete y se
pusieron en libertad. Fueron alcanzados en Naranjo donde los ví.
Contramarché e hice noche en el Peladero.
26 – Seguí marcha y acampé entre Las Lagunas y el Almendrón.
27 – Seguí marcha e hice noche en El Pilón embarcando antes la escolta para
Loreto.
28 - Pasé para Loreto.
29 – Me dirigí a la parte Sur, pasando por casa del tte. coronel Estrada y el Taller,
fui hacer noche al Lavado dejando la escolta en el Brazito.
30 – Pasé al Brazito.
Julio 1ro. - El el mismo lugar.
2 – Pasé a Guaramanao.
3- En el mismo lugar.
4 – En el mismo punto. Mando al Alférez Ramón Guerra en comisión al
Camagüey, conduciendo correspondencia y papel blanco para el Gobierno.
Marcho a Las Pelonas con objetivo de enterarme mejor del estado de las
comunicaciones.
5 – En Las Pelonas.
6 – Tuve entrevista en las inmediaciones de Las Tunas con unas mujeres que
encontré de íntima amistad y confianza de quienes me valgo para saber noticias del
campo enemigo.
Regresé a Las Pelonas donde encontré comunicación urgente del Gobierno, donde
me disponía la captura de un piquete de desertores de Las Villas, dando
inmediatamente las órdenes para el cumplimiento de dicha orden, y mandando al
comandante Guillot a Guaramanao con instrucciones al mismo fin.
Julio y llegaron los expedicionarios Enrique Corrales y Domingo Días que acaban
de llegar con una pequeña expedición traída por Lorenzo Castillo; ese murió en
combate que tuvieron que sostener en el lugar del desembarco que
____________*.(114)
8 – Hoy pasé a Guaramanao y mandé comisión al Gobierno con el expedicionario
Domingo Días.
9- En la madrugada de hoy recibí parte del capitán Carlos Tristá de haber
    capturado dicho oficial los desertores de Las Villas en la sabana del Jagüey. Dí
    a la misma hora las órdenes oportunas para que el mismo capitán conduzca los
    referidos desertores al Gob.
10- Sin novedad.
11- Llegó el teniente coronel Juan Ramírez portando comunicaciones del
    Gobierno en una de las cuales me dice éste que aquel Jefe ha sido destinado al
    2do Batallón del Rgto Tunas.
Con la noche llegó el cabo Juan Antón Ramírez a quien encargué el 8 a llevar el
expedicionario conduciendo también pliegos del Gobierno.
12- Sin novedad pasé a Brazito.
13 – Regresé de Brazito a Guaramanao.
De cinco a seis de la tarde llegó correspondencia del Gob. Por donde me
comunican la deserción de otro grupo de hombres de Las Villas y me ordenan su
captura.
14 – Al amanecer de hoy sale el comandante Rabit con su batallón y el comandante
Ferrer con el 1er escuadrón de caballería en persecución de los desertores este
último de abajo, ordeno que se dirija a la Canoa.
15 – Pasé a Las Pelonas por asuntos de unas comunicaciones.
16 – Pasé a las orillas de Las Tunas donde ví algunas mujeres y regresé a Las
Pelonas. Recibí y contesté comunicaciones de Arístides con la que preparamos una
entrevista para mañana entre Aristipo y yo.
17 – Pasé a orillas de Las Tunas y efectué la conferencia con Austipo, la cual como
era esperable fue bastante provechosa para la patria. Regresé a Las Pelonas.
18- Salí a Pozos Salados y regresé a Las Pelonas.
19 Pasé para Guaramanao.
20 Me participa el Conte Ferrer que los desertores de Las Villas pasaron anoche
    burlando su avanzada y que siguiéndoles hoy la huella los alcanzó en los
    Rinconcitos, pero no quisieron rendirse. Inmediatamente mandé que saliera el
    Cmte Santana con la gente que tuviera más experta y se reuniera a los Cntes
    Rabit y Ferrer para que siguieran la persecución de los desertores.
22 – Sin novedad. Llegó el Col. Varona.
22 – Salgo para el Camagüey dejando orden a Varona remita al Gobierno los
desertores si fueron capturados y caso contrario marché con toda la fuerza para el
Limonar.
Hice noche en S. Juan de Dios.
23 – En la Veguita la Sevilla.
24 – Las causa de haberme extraviado entre Sao Nuevo y la Sabanita no llegué más
que a José del Chorrillo.
25 – Sigo marcha y al llegar a la Pensilvania encontré que había marchado el Gob.
Puse un expreso en su alcance avisándole que me encontraba en Najasa.
Acampé en el Jagüey.
Se declara temporal.
28 – Calmó el temporal y dando paso el río Najasa, que estuvo crecido marcho a
las doce del día con dirección a donde se encuentra el Gobierno.
Hice noche en S. Fernando.
29 – Siguen marcha y llegan a La Veguita de Sevilla donde supe que el Gobierno
se encuentra en la loma al otro lado del río. Acampé en Veguita.
30 Pasé a Loma de Sevilla y conferencié con el Gobierno no habiendo hoy
    concluido de tratar con este todos los particulares pendientes volví a Veguita.
31 -Pasé otra vez donde el gobierno y concluídos de tratar los asuntos pendientes
    regresé a La Veguita.
Agosto 1ro.- Me mandó llamar el Gobierno con motivo de haber sabido que está en
tierra una expedición, pero mando saber lo cierto por un expreso y aguardamos de
éste. Vuelvo a Veguita,
Principia a traer agua el Sevilla.
2 – Grande avenida en el río.
Mando expreso que cruce a nado a donde el Gob. Para saber lo que pasa de ayer a
hoy.
3 – Regresa el expreso del Gobierno.
Sigue el río sin dar paso.
4 – Habiendo bajado el río paso al Gobierno donde encontré al Corl. López
Queralta y al capitán Morey que han venido con la expedición que se componía de
quince hombres desarmados y sin tener siquiera una munición, un desengaño más.
Regreso a Veguita, doy orden al coronel varona que vino ayer con alguna
infantería para que contramarche a Las Tunas y yo salgo para esta jurisdicción
como a las cuatro de la tarde. Acampé en Sta. Ana de Lleo a las nueve de la noche.
5 – Sigo marcha y llego del Lavado donde paré.
6 – Pasé a Guaramanao donde acampé.
7 – Sin novedad. En el mismo lugar.
8 – Sin novedad.
9 – Salí a orillas de Las Tunas y volví a Pelonas. Sin novedad.
11 – Hoy tuve una entrevista importante con persona que está con el enemigo.
Volví a Las Pelonas.
12 – Encontrándose el Presidente en La Guanábana pasé por la tarde a avistarme
con él y regresé con la noche a Las Pelonas.
13 – En el mismo llegan sin novedad.
14 – Salí a orillas de _______________ y regresé a Las Pelonas.
Por la tarde llegó el Dr. Bravo que va de paso para Bayamo.
15 – Siguió marcha el Sr. Bravo y yo paso a Guaramanao y Lavado haciendo
noche en este último punto.
16 – Pasé al Brazito donde me reuní con mi escolta y mis ayudantes que si se
encontraban.
17 – En el mismo lugar sin novedad.
18 – Sin novedad.
19 – Sin novedad.
20 – Sin novedad.
21 – Sin novedad.
22 – Sin novedad.
23 – Participa el prefecto Romero haber estado una guerrilla enemiga en los
ranchones de Las Tres Leguas, pero sin capturar a nadie.
24 – Salgo para la parte Este y hago alto en El Taller.
25 – Sigo marcha y hago alto en Loreto.
26 – Sigo marcha reunido ya conmigo el teniente coronel León con unos cuarenta
hombres del Rgto. Río Blanco pasando en Sta. Ana. Se me presentó Isidro
_________(115) procedente del enemigo.
27 – Sigo marcha llegando a Sta. Lucía a las diez del día. En este punto tuve
entrevista con persona del campo enemigo para tratar como se trata sobre asunto de
conveniencia para la Patria.
28 – Pasé a S. Martín y acampé.
29 – Mandé al teniente coronel León con _____(116) del Regimiento a su mando
de esperar el regreso de Guáimaro para San Agustín de una guerrilla de jíbaros a
ver de lograr coparla.
30 – Salí con la escolta y en las inmediaciones de Coura encontré individuos del
enemigo que me manifestó que la guerrilla de jibara no estaba ya en Guáimaro
había entrado el día anterior a San Miguel, con este motivo mandé retirar al
teniente coronel León del lugar donde estaba esperando dicha guerrilla.
Regresé al campamento.
31 – Sin novedad.
Septiembre 1ro. Tuve entrevista con personas del campamento enemigo y me han
dado noticias algunas de bastante importancia.
Regresé al campamento.
2 – Salí con la escolta de reconocimiento cuando hasta el __________ Nuevitas.
Regresé al campamento.
Martín.
3 – Salí de San Martín con parte de mi escolta y Regimiento Río Blanco dejando al
teniente coronel León con siete números de la primera y cinco o seis del segundo
para que aguardase una noticia del campo enemigo.
Llegué a Loreto y acampé.
4 – Se me presentó el Brigadier Suárez jefe de la 2da división que ya me aguardaba
en este punto.
5 – En el mismo lugar. Como a las nueve de la noche me participó el Alferez Mena
que en los ranchos de María Loerdo acababa de salir el enemigo porque había oido
fuego hacia aquel rancho. Inmediatamente hice que se moviera la infantería, que se
encontraba en el Ciego saliendo el capitán Olazabal con cincuenta hombres al
lugar del suceso con orden mía de tomar la huella del enemigo y perseguirle hasta
darle alcance o se metiera en algún poblado, pues debía ser guerrilla jíbara la
enemiga.
A la mañana siguiente hice también mover al Capitán Tristá con unos veinte jinetes
también en persecusión de los jíbaros.
6 – Necesitando marchar a orillas de Las Tunas dejé órdenes al brigadier Suáres
sobre el movimiento de los jíbaros y otras cosas y marché como a las doce para
Guaramanao donde hice noche.
Dejé a Modesto con los demás ayudantes para que siguieran mañana.
7 – Al salir para Las Pelonas se me reunieron, todavía en Guaramanao Modesto y
los oficiales quedándose éstos sin embargo y siguiendo yo donde me dirigía, a
Pelonas, donde llegué.
8 – Salí a las orillas de Las Tunas y regresé a Las Pelonas, encontrando ya a
Modesto que seguía instrucciones mías, había venido solo a reunírseme.
9 – Sin novedad.
10 – Citado Aristipo una entrevista hoy, concurrió y tratamos de los asuntos más
importantes de nuestro proyecto.
11 – Sin novedad.
12 – Salgo para Guaramanao. El once envié al Suprefecto P.M. Mayedo en
comisión a donde el Brigadier Benítez.
13 – Pasé solo al Ojo de Agua.
14 – En el mismo lugar.
15 – Vuelvo para Guramanao donde encontré comisión del Camagüey.
16 – Despacho el sargento que vino en comisión del Camagüey, a esta jurisdicción
salgo con Modesto y algunos números de mi escolta para Las Pelonas.
17 – Paso a tener entrevista con Aristipo quedando definitivamente arreglado el
proyecto de dar un golpe de manos al enemigo en que si se lleva a cabo con fortuna
se le hará un inmenso daño.
18 – Paso a Guaramanao.
19 – Llegó el coronel Manuel Sanguily y C. Pérez Trujillo.
20 – Llegó el Brigadier Suarez con la división a su mando, como a las díez de la
mañana, llegando a la misma hora el teniente coronel M. Capote con el Batallón de
Bonilla que había pedido de la primera división y también el comandante Ramos
con el escuadrón a su mando que también había pedido.
He trabajado todo el día acabando de arreglar el plan para el ataque que pienso dar
estos días al enemigo y despachando correo para el Gobierno que presentándose el
capitán Julio Céspedes iba a la residencia de aquel fue a quien entregué, para que
le llevara la corespondencia.
21 – Emprendo marcha con dirección a Las Tunas para llevar a cabo el ataque que
tengo en proyecto sobre dicha población. Acampé en el Ojo de Agua a las díez del
día con todas las fuerzas que han de tomar parte en la operación con objeto de
arreglarlo todo aquí.
22 – De ayer a hoy se ha recibido noticias de Las Tunas y no hay novedad.
A las doce del día se me presentó el comandante Rabí que con cincuenta hombres
viene por orden del Gobierno a reforzarme. Inmediatamente después salieron las
fuerzas a la sabana del Ranchuelo según orden que tenía dada acabé de organizar
tres columnas de ataque que tenía ya dispuestas. Una de cien hombres que tenía al
mando del teniente coronel José M. Capote para atacar por retaguardia una
trinchera que la ocupan unos cincuenta a sesenta hombres, cuya fuerza tiene su
cuartel y adonde deben concentrarse, al lado de la trinchera, dicho cuartel debe ser
tomado dos columnas de a sesenta hombres una al mando del teniente coronel
León y otra al del teniente Ramírez; el primero debe sorprender el principal romper
inmediatamente una tapia del patio y ponerse en comunicación con el brigadier
Suarez para sacar el parque; esta posición está ocupada por cuarenta hombres; el
segundo debe sorprender la Iglesia donde se encuentra la artillería y el parque,
nueve artilleros y siete individuos de tropa, cubriendo antes los flancos de posición
y el principal procederá a sacar el parque y después formándose una sola columna
de la suya y la del teniente coronel León permanecerán ocupando las posiciones
tomadas del modo más conveniente. Este cuartel general debe seguir las columnas
antes citadas y quedando ocupadas la administración militar y la plaza de donde
dará disposiciones para copar algunas avanzadas que puedan estorvar en algo y
para tratar de impedir que la guarnición de un cuartel que se encuentra en la plaza
salga a proteger las posiciones sorprendidas.
La operación se llevó a cabo con todas las circunstancias que se habían previsto se
le hizo al enemigo algún fuego de artillería después de tomada ésta y ya se dispuso
dos flancos que rompiendo paredes fueron estrechando al enemigo, hasta la
posición atacada por el teniente coronel Capote que no pudo ser tomada ni él
concluyó ésta operación cuando se rindieron un fortín con treinta y dos hombres y
el cuartel con cincuenta y pico y se consumó la obra con toda facilidad.
Consebí el plan de que el Comandante prisionero oficiara al jefe del campamento
de Maniabón, pidiéndole una pequeña fuerza acémila para que los condujera tanto
a él como los enfermos y heridos mediante las condiciones, 1ro. que avisaran con
anticipación la venida de esa pequeña fuerza, 2do. que ésta no sería hostilizada por
los nuestros, a menos que en esos momentos me viera atacado por otro lado por
columna de ellos, en cuyo caso no respondería, no aún de los prisioneros.
Puse pues en práctica el referido proyecto que al concebirlo lo medité
detenidamente que de realizarse nos resultaría de gran conveniencia, no solo para
las presentes operaciones sino para los intereses de la Patria en general. Mandé de
correo al individuo Gabriel Tamayo que se encontraba aquí con los españoles. A
las tres de la tarde se me presentó el coronel Bartolo Masó que como le había
pedido auxilio vino en el segundo Batallón del regimiento a su mando a ponerse a
mis órdenes.
25 – Me vino aviso de que una guerrilla enemiga montada había estado de
reconocimiento por Laguna de Naranjo, Macagual y el Peladero retirándose por el
camino de Diego Felipe con rumbo a Maniabón.
26 - Como a las diez de la mañana se me participó que un piquete de exploradores
enemigos se presentó en Becerra y al hacerle unos disparos una pareja nuestra salió
huyendo.
No entrando en nuestros planes sostener el pueblo por carecer de elementos para
ello resolví esta tarde incendiar el pueblo y retirarme y así lo hice. Sin embargo
llevo a cabo esta medida con dolor porque tenía la convicción de que el enemigo
no volverá a ocupar Las Tunas, sino en el caso de que vengan grandes refuerzos de
España y deseaba por lo importante que nuestra causa sería que hubiéramos
conservado ese pueblo, mientras pudiera ocuparlo nuestro Gobierno que sería
mientras la jurisdicción no se viera acometida de grandes fuerzas enemigas.
Concluyo pues mi pueblo de que tantos y tan diversos recuerdos tengo.
Salí a las cuatro de la tarde de este día con todas las fuerzas y el último resto de
elementos conquistados e hice noche en San Antonio de la del Medio.
29 – Seguí marcha y acampé en el Oro.
30 – Pasé a Guaramano con todas las fuerzas. Estos días los he pasado trabajando
por la seguridad del parque y aún me quedan muchos días que trabajar.
Octubre 1ro. Salí con objeto de estar dos días fuera visitando los heridos y en otras
didigencias, dejé al Brigadier Suarez de Jefe de la columna y el campamento.
Hice noche en el Ojo de Agua en busca de los prisioneros.
2 – Vi los heridos de casa del subprefecto Mojena y están bien atendidos. Volvía a
hacer noche en Ojo de Agua.
3 – Volví a Guaramano y volví a hacerme cargo del mando de la columna.
4 – Salí a la Ceiba con dos ayudantes y a causa de la lluvia hice noche en casa de
D. V. Ortíz.
5 –Volví a Guaramano.
6 – Despaché el correo que vino hace tres días del Gobierno con correspondencia
para éste.
7 – Sin novedad.
8 – Según orden que dí ayer del Barón Suarez, salió hoy con los regimientos Infa.
Jacinto Bonilla y 1er Batallón R. Tunas y de Cuba Regimiento Camagüey y 1ra
escuadra Agramonte. Lleva instrucciones de hacer noche en el río y mañana
llevando de paso un depósito de parque que está en el camino de Las Tunas en
acampar al Potosí.
9 – Hoy siguiendo marcha el Br. Suáres para el Poton mando una comisión de cabo
a Las Tunas dicha comisión puso parejas en los caminos y como a las once del día
se presentó el enemigo por el camino de Bayamo y al avistar la pareja nuestra se
detuvo y le hizo dar unos disparos de cañón.
10 – Hoy por la noche vino el sargento Tamayo que estuvo ayer explorando
enemigo y dice que se encuentra en la población de Las Tunas y que anoche le
hizo fuego.
Hoy estuve todo el día enfermo de jaqueca y lo consigno aquí porque una
enfermedad que me impide completamente moverme.
11 – Por la tarde pasé al Ojo de Agua con objeto de medicarme. Pocos momentos
después de mi llegada a este punto me envió el Comandante Zayas una
correspondencia venida del Gobierno para este Dpto. y el de Las Villas.
12 – Como mandé buscar a Zayas y a Modesto me he ocupado todo el día en
despachar la correspondencia para el Camagüey y Las Villas para enviarla con el
coronel Sanguily que marcha mañana por lo que envié esta tarde con Zayas la
referida correspondencia para que la entregara a Sanguily.
13 – Hoy es el octavo aniversario de un primer ataque a Las Tunas.
Pasé al campamento de Guaramano acompañado de Modesto y Carlos Peiso.
14 – Escasa las viandas por estos alrededores, dispuse que el coronel Varona con la
infantería aquí acampada marchara a Las Tunas donde pueden proveerse bien de
aquel artículo, al mismo tiempo marché yo para el indicado pueblo con objeto de
hacer muchas cosas útiles que hay todavía y reconocer la posición que tomó la
columna que vino el nueve y marchó el once. Acampo dentro de la población.
15 – Ordené al coronel Varona que marchara para Guaramano con la infantería y
algunos mineros del Río Blanco y yo marché con la escolta a Las Pelonas.
16 – Pasé para Guaramano.
17 – Sin novedad sólo ocupándome todavía de asegurar parque.
18 – Llegó el capitán Collazo ayudante de Benítez comisionado por éste para
comunicar una operación que intenta aquel Jefe y para conducir un cañón que he
destinado a la primera división. Llega también el comandante Ramón Ríos con
caballería para conducir díez mil cápsulas que pide el Gobierno para Oriente.
Trae dicho oficial otro piquete de infantería que conduzca el parque que pronto
puede necesitar la primera división según orden que le había yo enviado.
19 – Le he entregado al comandante Ríos las díez mil cápsulas siete mil fino
calibre y tres mil fuego.
Dispuesto por el Gobierno el reparto de los dos mil novecientas treinta y un peso
con veinticinco centavos, nombré una comisión compuesta de los comandantes
Zayas y Guillot y teniente Lanoval para que hicieran dicho reparto poniéndolo en
sus manos el dinero y la comunicación del Gobierno sobre el asunto en que se
dispone como se hará el reparto y es del mando siguiente, cuatro cuartas partes,
una para las atenciones del Departamento y del Gobierno, otra para mis
necesidades particulares y las otras dos partes entre mis ayudantes y demás
individuos que conmigo cooperaron en la operación de la toma de Las Tunas.
20 – Llega el piquete infantería que trae Collazo y que dejó por detrás.
Despacho desde ayer el comandante Ríos salió hoy por la mañana acompañado de
los comandantes Zayas y Guillot el primero va a comisión mía al Gobierno y el
segundo va a incorporarse a donde ha sido destinado por orden del Gobierno.
Habiendo efectuado anoche el reparto de que hice mención ayer, la comisión
nombrada al efecto, hoy me fue entregada la parte que me correspondía y la parte
mandada reservar para las atenciones del Departamento.
Llegaran procedentes de la residencia del Gobierno el Sr. Mant. Peña que va para
Las Villas en comisión del mismo Gobierno los coroneles Rodríguez y Mola.
21 – Siguen marcha el Sr. Peña y los coroneles Rodríguez y Mola. Marchó también
el piquete que va conduciendo cápsulas para el Br. Benítez, dos mil Remington
fino calibre y mil quinientas fuego lateral.
Yo marcho para la parte norte y acampó en Loreto. Marché con mi escolta queda el
2do. Batallón por la parte sur con su Jefe teniente coronel Juan Ramírez,
organizándose.
22 – Hoy marcha el coronel Varona a Maniabón por orden mía a extraer ganado
del enemigo.
Yo paso al Pilón con mis ayudantes, hice noche en casa del capitán Planas.
23 – Vuelvo para Loreto donde llegó el Br. Suáres con la fuerza que tenía en
Potosí, menos la que dio a Varona para la operación del ganado.
Sigo con mi escolta para la costa a enterarme del estado de las comunicaciones y
ver si aún puede llevarse a cabo otro ataque de importancia que me había
propuesto dar al enemigo, hice noche en Santa Ana.
24 – Seguí marcha hasta S. Martín donde dejé a Modesto con la escolta y yo con
algunos mineros seguí hasta cerca de los desengaños por ver si encontraba con el
teniente coronel León lo cual nos encendió y me volví a S. Martín.
25 – Según aviso que tuve anoche del teniente coronel León, salgo a verme con
personas del enemigo a quien aquel jefe tiene citado. Tuvo efecto la entrevista y
regresé a S. Martín.
26 – Salgo a reunirme al Br. Suáres para hacer que las fuerzas concentradas se
diseminaran por cuerpos que marcharan cada uno a su respectiva zona por no tener
ya efecto la operación que pensaba llevar a cabo.
Llegué al Salvial donde encontré a Suáres acampando con la fuerza, también
acampé.
27 – Se presentó temporal desde anoche y ha estado lloviendo todo el día.
Como a la una de la tarde llegó el coronel varona con ciento treinta reses, más o
menos que extrajo de Maniabón. Inmediatamente fueron mandadas repartir entre
los distintos cuerpos que hay en el campamento.
Se recibió parte en el campamento de que una guerrilla de Jíbaros desembarcaron
por Sabanalamar, asaltaron salineros, hirió uno, mató dos e hizo dos prisioneros.
Aunque había dispuesto que fuera una guerrilla en su persecusión, porque había
noticias de que dichos jíbaros podían venir por ese punto, aquella no lo encontró.
28 – Doy orden para que mañana marchen las fuerzas de la primera división para
su destino y se dé permiso a algunos de la Segunda.
29 – Como a las nueve de la mañana marcharon las fuerzas de la 1ra. División.
Pasé a Loreto donde acampé.
30- Salí al vecindario y regresé en el día.
31 - Estuve en El Taller y al regresar al campamento encontré un cabo de infantería
en comisión del brigadier Benítez.
 Noviembre 1ro. Quité al C. José Barrenguy el encargo de las comunicaciones de
Nuevitas por la informalidad y pocos aciertos con que lo desempeñaba y nombro
interinamente al teniente Lanoval.
Marché a Las Tunas donde se me reunió el Alferez Montero(117) con parte del
2do escuadrón según orden de ayer.
2 – Se cargaron dos carretas de efectos útiles y parque de cañón que había todavía
en las inmediaciones de la población y después de dar un barreno a la Torre cuya
explosión le hizo bastante daño marché como a las seis y media de la noche.
Pernocté en S. Antonio de la del Medio.
3 – Sigo marcha para Guaramanao donde acampé.
4 – Entregué medicinas que traje de Las Tunas al Dr. Martínez, pasé a casa de éste
y regresé al campamento.
Hoy dí orden para que mañana volviera el coronel Peralta con un piquete de
caballería a Las Tunas a dar otro barreno a la Torre.
5 – Mandé a Gaspar con la escolta para el Lavado para que cuiden allí unos días
los caballos y yo marcho con Modesto y mis asistentes al Dpto. de Agua.
6 – Sin novedad.
7 – Pasamos Modesto y yo a la casa de Carlos.
8 – Salí con Modesto, Carlos Peiso al Paraiso y casa Cedeño, haciendo noche en el
último punto.
9 – Pasé por el Lavado y Brazito*(118) y regresé al Ojo de Agua.
10 – En el mismo lugar se me separó Peiso.
11 – En el mismo lugar sin novedad.
12 – Llegó por la mañana, el teniente Nicolás Lenoval, encargado de las
comunicaciones en Nuevitas. Me trajo correspondencia que despaché y volvió a
marchar. Se declara temporal.
13 – En el mismo punto. Sigue el temporal.
14 – Sigue el temporal.
Salí con Modesto y Canals para Guaramano donde debo esperar el Gobierno.
15 – Salí a casa del subteniente Alejandro Hernández y regresé a Guaramano.
Calmó el temporal.
16 – Volvió a presentarse el temporal.
Pasé a casa del Dr. Martínez donde hice noche.
17 – Volví al campamento Guaramano donde encontré al teniente coronel León.
18 – Sin novedad.
19 – En el mismo lugar.
20 – Llegó el Gob. En circunstancias en que me preparaba para marchar por lo que
tuve que demorar.
21 – Pasé el día en conferencias con el Gobierno.
22 – Salgo para la parte norte con mis ayudantes y escoltas. Acampé en Loreto.
23 – Sigo marcha para S. Martín donde acampé. Se me reunió el teniente coronel
León que estaba comunicándose por orden mía.
24 – En el mismo lugar.
25 – Pasé a los desengaños y regresé al campamento.
26 – Marché para El Salvial donde acampé.
27 – En el mismo lugar.
28 – Pasé para Loreto donde acampé.
Me avisté con el brigadier Suáres que se encuentra en este punto también está el
regimiento Tunas.
29 – En el mismo lugar.
30 – Salí para la parte Sur, hice noche en el Ojo de Agua, con Modesto, mandando
antes los demás ayudantes con la escolta para Guaramanao.
 Diciembre 1ro. En el Ojo de Agua.
2 – Paso a Guaramanao.
3 – En el mismo lugar.
Carlos Peiso me trae noticias, habidas por las comunicaciones de Maniabón que
confirman la noticia de la toma del vapor Moctezuma por unos cuantos cubanos.
Salgo para el Camagüey y hago noche en S. Rafael.
5 – Sigo marcha y llego a Veguita de Sevilla donde acampé.
6 – Pasé a Loma de Sevilla donde se encuentra el Gobierno y regresé al
campamento.
Se me presentó el Diputado Marcos García rogándome a nombre de la diputación
de Las Villas que aceptase el mando de dicho departamento que el Gobierno
pensaba conferenciarme aplacé mi contestación no sin manifestar en la conferencia
que tuvimos, lo espinoso del puesto para que se me designaba en las actuales
circunstancias que tenía motivos de disgusto con el Gobierno por el poco apoyo
que siempre me ha prestado, por lo cual no debía aceptar un puesto en que tanto
me haría sin perder mi reputación.
7 – Vuelvo a Loma de Sevilla, conferencio con el Presidente y vuelvo al
campamento.
8 – Marcho y hago noche en el Chorrillo.
9 – Sigo marcha y llego a Jagüelles de Najasa donde acampé.
10 – Pasé con mis ayudantes a casa de Ramón Fonseca e hice noche en dicho
punto.
11 – Vuelvo al campamento de Jagüelles. A mi llegada tuve noticias de que el
Gobierno se encuentra ya en el Ciego.
12 – En el mismo punto.
13 – Con noticias de que había asaltado hoy una partida de jíbaros por los
Peralejos, salí con mi escolta a perseguir ese enemigo sin la probabilidad de
alcanzarlo. Hice noche en Peralejos.
14 – Me moví en dirección a los ranchos saltados en cuyas inmediaciones encontré
dos vecinos que me informaron que los jíbaros se habían marchado a las díez del
día de ayer soltando las mujeres que habían cogido y siguiendo a toda prisa con
dirección al pueblo llevándose al comandante Elpidio Mola, Florentina Vargas, un
soldado llamado Antonio Fernández y dos asistentes, todos los que habían hecho
prisioneros en los ranchos. Viendo que no era posible dar alcance al enemigo solo
mandé al Cap. Valdivia con mi escolta a que recorriera dos o tres leguas más y yo
con mis ayudantes contramarché dirigiéndome al Gobierno que se encuentra en
Santa Ana Guicanamar.
Se me presentó la Diputación de Las Villas rogándome nuevamente que aceptara el
mando de este Departamento manifestándome que ellos creían que era el modo de
que se salvara no solo la crítica situación en que se encuentra Las Villas, sino la
Patria; con otras manifestaciones alagadoras tendentes a animarme que aceptase lo
que se me propone.
Mi contestación fue que estaba dispuesto a servir dondequiera que la Patria lo
exigiera y que marcharía a Las Villas siempre que el Gob. Me proporcionara los
elementos necesarios para empresa tan espinosa, puesto que nunca me las había
proporcionado para ninguna otra, haciéndolo a menudo con los demás jefes a
quienes le encomendaba operaciones un tanto importantes.
Se me pregunta cuántos son los elementos que necesito, contesto que no puedo
limitarlos que sea el Gobierno los que puede proporcionar que yo veré si son
insuficientes.
Se dan pasos para ver las fuerzas que se me puede dar y se me dice que vea todos
los de Las Tunas que quieran ir voluntarios hasta el número de cien hombres que el
Gobierno verá lo demás que pueda reunir.
Hice noche en la residencia del Gobierno.
15 – Paso para Jagüeyes en unión del Gral. Gómez, pero éste se me separa antes de
llegar a mi campamento.
16 – En el mismo lugar.
17 – Paso a la residencia del Gobierno.
Me llama el Presidente a tener una conferencia privada que duró algunas horas. Me
comunicó el resultado de una reunión que habían tenido los miembros del
Gobierno y algunos jefes, sobre la situación de Las Villas, cuya resolución fue por
unanimidad, que yo debía ponerme al frente de ese Dpto. le contesté como otras
ocasiones que estaba dispuesto a ello con tal que se me dieran las fuerzas
necesarias; que con cien hombres de Las Tunas solamente no podía pasar a
hacerme cargo de un territorio amenazado por grandes esfuerzos del enemigo, en
circunstancias en que el ejército de Las Villas se encuentra tan resentido de los
trabajos políticos y demás acontecimientos desagradables que allí han tenido lugar
que no yendo yo rodeado siquiera de los elementos más indispensables iría hacer
un sacrificio inútil que ningún bien podía traer a la Patria mientras podía traerme
gran pérdida de mi reputación. Por fin quedamos en que sería el mayor número de
tropas que podía reunírseme.
Regresé al campamento de Jagüey.
18 – En el Jagüey a las doce y media de la noche se presentó en este punto el
Alféres Rivas conduciendo la impedimenta de las fuerzas acampadas en Peralejos
por encontrarse una columna enemiga en la Horqueta.
19 – Salí con mi escolta para Peralejos y en camino encontré al coronel Rafael
Rodríguez, que se encuentra al frente de las fuerzas, que estaba retirando las
caballerisas por haberse batido algunos grupos de estos con el enemigo que habían
hecho fuego al enemigo algunas emboscadas de infantería.
Más tarde vino al lugar donde nos encontrábamos, el coronel Rodríguez y yo el
brigadier Benítez y viendo que no podía intentarse otra cosa de más provecho
contra el enemigo dejé, al último jefe que siguiera tomando las diposiciones que
creyera conveniente, el cual mandó secciones de caballería que observaran y
tirotearan el enemigo.
Me retiré al Jagüey cerca de la puesta del sol.
20 – Emprendo marcha como a las díez del día llego a la residencia del Gobierno y
por la tarde sigo con dirección a Las Tunas, acampando en Santa Rufina.
Hoy supe que había tenido lugar otra reunión con motivo de los acontecimientos
que experimentamos en la Revolución. Pero siguen los desacuerdos y trastornos y
el prestigio del Gobierno menoscabándose cada vez más a causa de la debilidad de
éstos y la ambición y la mala fe con que algunos trabajan sin pensar más en sus
miras particulares.Me ha pesado no haber comunicado a algunos del Gobienro un
proyecto de cambiar el personal del mismo supuesto que desean arreglar el país,
para lo cual, el Presidente ha querido, o ha fingido querer contar con mi pobre
opinión.
21 Sigo marcha y llego a Veguita de Sevilla donde encontré a Modesto que se me
    había separado ayer con una parte de mi escolta.
22 Sigo marcha y llego al Prado Ameno.
23 Me asiste con el teniente coronel Ramírez, a quien mandé buscar anoche.
Sigo marcha y llego a San Rafael.
24 – Sigo marcha y acampé en el Ojo de Agua de Los Melones, con Modesto y
    Canals.
25 Paso a casa de Carlos con Modesto y Canals, donde hice noche.
26 Vuelvo al Ojo de Agua.
27 Salgo para la parte norte y acampo en Loreto.
28 En el mismo lugar.
29 En el mismo punto.
30 Paso a Pilón con Modesto y Canals dejando la esolta en Loreto.


1877
Enero 1 – Paso a Loreto
2 – Hoy regresó el teniente coronel Sacramento León a quien mandé el 30 próximo
pasado, con las caballerías, en operaciones sobre los campamentos enemigos de S.
Miguel y La Loma. Estrajo de un último punto, sesenta y dos novillas y dos
cabalgaduras. Le hicieron fuego del fuerte y tuvimos herido grave al alférez Pedro
María de la Cruz.
3 – Se me presentó el capitán Donato Tamayo comisionado por el teniente coronel
Ramírez comunicándome que en el batallón de Cabaniguán habían desertado como
cuarenta hombres con el frívolo pretesto de que tenían que hacer representaciones
al Gobierno. Dispuse lo que creí más conveniente para atraer a los desertores cada
vez que aparecen amotinados y aguardo el resultado.
4 – Mando en comisión al Gobierno un cabo de la escolta de Suáres con otro
número de Río Blanco conduciendo correspondencia.
Llegó el teniente coronel Enrique Céspedes conduciendo correspondencia del
Gobierno y en busca por orden del mismo de treinta y siete onzas que yo mantenía
en Depósito.
5 Paso a la parte por donde he mandado concentrar la segunda división con objeto
   de emprender una operación pero lo cual dejó al coronel Gueralta arreglando a
   toda prisa, una pieza de artillería, la cual está dando mucho que hacer para
   ponerla en estado de usarla.
Acampó la escolta en Guaramanao y yo quedé en el Ojo de Agua.
7– Pasé a unirme a la escolta de Guaramanao.
8 – Despaché el teniente coronel E. Céspedes para el Gobierno.
Se me reunió el teniente coronel León con la caballería según orden que dí al Jefe
de la División.
9 En Guaramanao sin novedad.
10 Salí a medio día y llegué al ponerse el sol al Quemado donde encontré ya al
   coronel Varona al frente de la segunda División por haberla mandado
   concentrar en este punto. Aquí hice noche para mudar mañana al campamento.
11 Mudé el campamento a la Vega del Quemado.
12 En el mismo lugar.
13 En el mismo punto sin novedad.
14 Recibí correo del Gobierno y me anuncia al Presidente en carta particular que
   ha resuelto ponerse al frente del ejército nombrando al general Gómez
   Secretario de Guerra.
   Esta noticia ha caído como una bomba entre los patriotas que se encuentran en
   esta concentración y me aseguran algunos Jefes de Oriente que se encuentran
   aquí y en cuyo departamento será completamente desaprobado ese pensamiento
   del Presidente. Indudablemente que nuestro ejército, en su mayor parte,
   encontrará en esa determinación un nuevo motivo de disgusto y la afectación en
   los mismos y el mal estar en el país. Seguirán en aumento y Dios sabe cual será
   la consecuencia que traerá ésto en cuanto a otros desaciertos que
   constantemente han venido cometiendo los hombres que se encontraban al
   frente del Gobierno. No hay un día en que yo no tema por las desgracias de la
   Patria; porque no sé como se remediarán tantos males sin que se trate de aplicar
   otro remedio más eficaz que el que se emplea. Y estos males son ocasionados
   precisamente por los defectos del Pacto de Guáimaro, cuyas instituciones en él
   establecidas han venido conduciendo la Revolución por distintos caminos del
   que debía conducirse.
No hay sin embargo la menor esperanza en que enmienden la constitución, los
hombres que componen el Gobierno, porque los unos son de los autores de ellas,
los otros decididos partidarios de que no se le toque en lo más mínimo,
15 – Marcho con mi estado Mayor el teniente coronel Juan Ramírez y unos sesenta
   o setenta hombres con objeto de practicar reconocimientos por la costa de
   Cauto para atacar el vapor que viaja de Manzanillo a Cauto Embarcadero.
   Hice noche en Aculadero, orillas de la Ciénaga.
16 Atravesé la Ciénaga y llegué a las cabezadas, orilla de Cauto, acompañado de
   los tenientes coroneles Ramíres y Fonseca, capitán Carlos Peiso y coronel
   López Gueralta dejando al resto de mis ayudantes y mi escolta en el Remate.
17 Recorrí hasta la punta y regresé a Cabezadas.
18 Mando al teniente coronel Juan Ramírez en busca de ciento cincuenta hombres
y la fuerza de artillería que le mandé pedir en correo que le envié ayer al coronel
Varona.
Me traslado al Paso del Agua punto que he designado para sorprender y atacar el
Vapor.
19 En el mismo Paso del Agua sin novedad.
Se me reunieron mis ayudantes y mi escolta que los mandé buscar ayer.
20 Pasó el vapor de Cauto para Manzanillo.
21 Llegó el teniente coronel Ramírez con los ciento cincuenta hombres y la fuerza
de artillería y desde luego hice acampar esta fuerza y mi escolta a orillas del río.
22 Me ocupo de dar órdenes y preparar de un todo la emboscada para atacar el
Vapor.
23 Me llegaron cuarenta y cinco hombres más que mandé a pedir al coronel
Varona. A este jefe lo mando situar con el resto de la columna que le dejé en el
Quemado, en la Fuente, por no poderse traer aquí más fuerzas por la escases de
recursos de Boca, dándole orden además que en el momento que oiga fuego de
Artillería hacia este punto, venga a reunírseme.
24 Sin novedad.
25 Sin novedad.
26 Mando por la tarde al alférez Paula Fonseca (119) a la Boca para que la explore
por la mañana.
27 Llegó el alférez Fonseca como a las ocho de la mañana con noticias de que el
Vapor con dos Goletas queda en la Boca con señales de que pronto seguirá marcha.
Como a las once del día se presentaron los indicados buques, se le hizo fuego al
Vapor con el cañón y fusilería pero habiendo faltado el estopín al primero en los
momentos de disparar con la primer puntería hecha, parece que no habiéndose
apuntado con exactitud por segunda vez no recibió el buque el daño necesario para
detenerse y se escapó a pesar de que se le hizo otro disparo.
El mismo día marché y acampé en el Guiral.
28 – Con el anuncio que tengo de que el Gobierno vendrá estos días por Las
   Tunas, dispuse que el coronel Varona con la infantería marchara a Las Tunas y
   yo marcho con la caballería a Guaramanao a esperar el Gobierno. Acampé en
   este punto.
29 Pasé al Ojo de Agua.
30 Me vino aviso del Presidente (120) de que hoy llegaría al Salado. Esta tarde me
entró una fuerte fiebre que me duró toda la noche, estando ya en Guaramanao.
31 Sin novedad.
Febrero 1ro.- Llegó por la mañana el doctor Bravo(121) y me dice que el
Presidente aguarda al general Gómez para seguir marcha a este punto.
Por la tarde me vino aviso del coronel Varona de que una columna de Holguín
venía en marcha para Maniabón (122) con objeto de seguir a Las Tunas. Traslado
este aviso al Gobierno y me preparo para pasar mañana a ponerme al frente de las
fuerzas para hostilizar al enemigo si llega a venir.
2 – Marcho como a las díez del día para Las Tunas, llevando conmigo las
caballerías. Encontré al coronel Varona acampado en la Caridad y aquí también se
encontraba el brigadier Suáres que viene a ponerse al frente de la división. Acampé
en un potrero detrás de Santa Catalina. Me dio otra fiebre.
3 – Dispuse que marchara el brigadier Suáres a acampar en Becerra (123) con la
división para si venía el enemigo lo batiera, disponiéndola como debían colocarse
las fuerzas. Permanecí en Santa Catalina.(124)
Estando tan cerca de Las Tunas y no acabándose nunca mi deseo de visitar a este
pueblo querido; que me vió nacer, pasé a él esta tarde. Estuve primero en el
cementerio, donde no había estado desde antes de estallar la Revolución, y
después, con el mismo gusto que lo hacía en tiempo de paz, pero con mi alma llena
de amargura, me puse a pasear algunas calles del pueblo y visitar muchas casas.
Este es uno de esos momentos de la vida que por amargos que sean se complace el
hombre en proporcionárselos.
Regresé al campamento tras de Santa Catalina.
4 – Marcho a Becerra donde se encuentra la fuerza. A mi paso por Las Tunas, ví
que la torre de la iglesia, que el día anterior le había hecho poner otro barreno,
había caído por completo.
5– Llegó el gobierno, formada la fuerza y el Presidente le habló manifestándole la
resolución, tomada, de ponerse al frente del ejército nombrando Secretario de la
Guerra al general Gómez, quien viene ya desempeñando el destino que se le ha
dado y también dirigió a las fuerzas un breve discurso manifestándole el
nombramiento en el cargo.
Estando por la noche atacado de fiebre me vino noticias del capitán Carlos Peiso
de que la columna que se anunciaba venía a Las Tunas, estuve en Maniabón y se
dirigió al campamento de San Agustín (125) diciéndose que de allí venía siempre a
Las Tunas.
6 – Conferencié con el Presidente y con el secretario de la Guerra separadamente,
tratándose sólo de mi marcha a Las Villas, que según el gobierno debo efectuarla
con unos doscientos hombres poco más o menos.
De sentirse es que en mi marcha a Las Villas, no lleve una fuerza respetable con
que hacer frente al enemigo, envalentonado ya en aquel territorio, pero estoy
convencido que eso no puede realizarse, dado el disgusto que generalmente reina
desde aquí hasta Oriente (126) y una gran parte del Camagüey, la resistencia que
hace la gente de toda esta parte en marchar a Las Villas y las agitaciones que hace
tiempo vienen afectando nuestro ejército, a causa de nuestro orden de cosas tan
fuera de armonía con nuestras necesidades en la guerra que venimos sosteniendo
hace ocho años.
Este orden de cosas establecido primero por la inexperiencia de nuestros primeros
hombres políticos, sosteniendo después por muchos de los mismos y algunos otros
en quienes se han despertado pasiones y ambiciones que perjudican notablemente
la marcha de la guerra.
No hay que esperar que los hombres, que componen la Cámara de representantes
reformen la constitución, a pesar de desearlo la mayoría del pueblo, por creerse de
urgente necesidad para la salud de la patria dar este paso.
9– Pasé al pabellón de Gómez y hablamos de nuestra política en el mismo sentido
que lo hicimos antes de ayer también, conferencié con el Presidente, hablamos de
política y estuve bastante franco con él.
10- Marchó el Gobierno para Brazito y yo con la columna para La Herradura,
donde acampé.
Mandé al capitán Manuel Reyes con Agustín Morales, a la comunicación de
Maniabón, con objeto de que tome algunos informes que me hacen falta para
atacar el enemigo en uno de los poblados.
11– En el mismo punto sin novedad.
12 – Llegó el capitán Reyes por la mañana con buenos informes sobre la fuerte
batería, de Puerto Padre, que mandé reconocer. Por la tarde arreglé una columna de
cincuenta hombres para sorprender la indicada batería y emprender marcha con la
fuerza haciendo noche en Naranjo.
La indicada columna, de 50 hombres la manda el teniente Coronel Juan Ramírez y
lleva además al comandante Manuel Ortíz, capitanes Antonio Ramírez, Antonio
Machado y Atilano Almeyda, tenientes Antonio Coello y Estanislao Oro y
subteniente Carlos Vega.
13 – Emprendo marcha como a las nueve de la mañana, para Puerto Padre con el
plan de tomar este poblado después de sorprendida la batería ya indicada.
Hago alto en el arroyo de la casa a las doce del día y mando construir unas
escaleras que deben llevarse para la toma del Fuerte. Sigo marcha a las tres de la
tarde y al pasar por Vázquez nos principió a llover y así continuó toda la noche
hasta la madrugada, hora en que me encontraba con la columna a una legua de
Puerto Padre, en el camino que de este pueblo conduce a Maniabón. Hice alto y
mandé al teniente coronel Ramírez con su columna a tomar la batería,
permaneciendo yo con el grueso de la fuerza, en el mayor silencio, para no ser
sentido de los Fuertes Parada, Guabinellón (127) hasta tanto se diera la sorpresa.
14 – Por inconvenientes con que tuve que tropezar el teniente coronel Ramírez, no
pudo atacar la batería, hasta las cuatro de esta madrugada y ésto sin lograr
sorprender la guarnición por encontrarse despierta, por lo que tuvo que atacar a
viva fuerza, rompiendo la puerta del fuerte, entró una parte de nuestra gente pero
fue rechazada del interior de dicho fuerte, con pérdida de dos muertos y dos
heridos, a causa de que los defensores se hicieron fuertes en dos tambores que
tenían, de cuyos tambores se me habían informado, sin embargo siguieron los
nuestros hostilizando rudamente al enemigo por las aspilleras del fuerte y roturas
que hacían en las paredes y al aclarar se rindieron ocho soldados de catorce que
conformaban la guarnición, habiendo tenido ello cuatro muertos y dos heridos.
Le tomaron un cañón rallado de díez, pero muy largo y pesado, por lo que hice
inutilizarlo por no poderse conducir díez y seis rifles Remington Fino Calibre, 5
000ó 6000 cápsulas y 20 ó 30 disparos de cañón.
Nuestros muertos fueron los soldados Francisco Licea y Manuel Díaz y los heridos
el capitán Antonio Ramírez muy grave y leve el capitán Antonio Machado.
Mi propósito de tomar todo el pueblo de Puerto Padre lo habría realizado
indudablemente si el fuerte se hubiera tomado dos horas antes.
Previendo graves perjuicios por nuestra parte si tenía más baja como hubiera
tenido atacando de día una población regularmente defendida y su guarnición bien
preparada, con tan corto número de fuerzas con que contaba y estenuadas por lo
largo de la marcha y lo pésimo del camino andado, tuve a bien retirarme como a
las once del día después de haberme hecho unos cuantos disparos de cañón a la
Plaza.
Hice noche en Pozo Prieto.
15 – Sigo marcha y acampo a la una de la tarde en la Laguna de Naranjo.(128)
16 – Sigo marcha y acampo a las doce del día en Las Lagunas (129)
Hoy me dio fiebre que hacía cuatro o cinco días se me habían suspendido.
17 – Dispuse que se mandaran los heridos y enfermos a sus casas y que el brigadier
Suáres pase mañana con la fuerza al Potosí(130) a esperar órdenes allí. Yo marcho
con mi escolta y ayudantes y acampé en el Pilón a las doce del día.
Por la noche me dio fiebre.
18 - Pasé al Taller donde estuve hasta la tarde que seguí marcha llegando a las
ocho de la noche al Ojo de Agua de Las Minas donde hice noche. Me dio fiebre.
19 – Sigo marcha y llego al Brazito, donde encontré el Gobierno. Conferencié con
éste sobre mi marcha a Las Villas y encontrándome enfermo seguí para el Ojo de
Agua de Melones a curarme. Acordé con el Gobierno dar permiso a la fuerza por
díez días. Por la noche me dio una fuerte fiebre.
20 – Tuve aviso del brigadier Suáres de encontrarse una columna enemiga en La
Veguita, habiéndose dirigido una parte de otra fuerza a Las Tunas. Mandé
exploradores sobre este pueblo.
21-Tuve noticias de que la columna enemiga se había retirado, después de haber
    tenido fuego en S. Rafael con unos cincuenta hombres que envió Suáres con
    objeto. Me siguen las fiebres*.(131)
Marzo 1ro. Hasta hoy permanecí sin salir de Ojo de Agua con motivo de las fiebres
que me venían dando, que se me retiraron el 25 próximo pasado.
Salí al Brazito, donde tengo mi escolta y vuelvo al Ojo de Agua.
2 – Me ocupo de preparar mi marcha para Las Villas.
3 – Paso al Brazito con algunos ayudantes donde me reuní con los otros, coronel
Modesto Fonseca y capitán Carlos Peiso y con mi escolta.
4 – En el mismo lugar.
5- Paso al Lavado.
6- Recibo aviso de que ayer tarde había enemigo en la Plata, pero preparado ya
    para marchar al Camagüey dejo la infantería, que debía llevar al coronel Varona
    para que hostilice al enemigo, emprendo marcha con mis ayudantes y escolta
    haciendo noche en San Juan de Dios.
8- Sigo marcha y llego a San Nicolás, donde me dejó comunicación el teniente
coronel Ramírez, participándome que el Gobierno lo había llamado con motivo de
haber andado por estas comarcas una guerrilla de jíbaros, tuve la desagradable
noticia de que esta guerrilla había asesinado al virtuoso soldado de mi escolta
Vicente Malledo.
9- Solicité del Gobierno que viniera el teniente coronel Ramírez.
10- Llegó el teniente coronel Ramírez.
11 Y 12 – En el mismo lugar sin novedad.
13 – Marcho a Sao Nuevo donde se encuentra el Gobierno.
14 Conferencié con el Presidente y le manifesté la resistencia que hacía la fuerza
de Las Tunas, como la hacen todas las de estos departamentos en marchar a Las
Villas. Esta noticia, como es natural, le ha mortificado mucho al Presidente, porque
aunque ya la tengo desde Becerra no había perdido, parece la esperanza, no he
dejado de hacer diligencias porque me acompañen, pero en el sentido de que vallan
voluntarios y de que los volveré a su territorio, dentro de cuatro o seis meses no
queriendo sacarlos forzosamente porque estoy bien informado de que tienen el
firme propósito de llevar su insubordinación a el extremo de desertarse, como han
principiado a hacerle algunos para eludir el compromiso. Yo mirando la cosa
patrióticamente no quiero llevar gente forzada, que decertando como tengo el
conocimiento, lo harán, caerán en su desmoralización, me tiene más desairado y
por consecuencia será más ineficaz mi presencia en Las Villas. Así se lo he hecho
presente al Presidente.
15 Vuelvo a hablar con el presidente a haber lo que se resuelve sobre mi viaje a
Las Villas. Insisto en que haga diligencias para llevar la fuerza de Las Tunas
indicándome que hable a sus jefes y oficiales a ver el Partido que se le puede sacar,
así lo hice en la tarde de hoy pero fue en vano.
16 Dí cuenta al Presidente de no haber tenido resultados favorables la reunión de
oficiales que hice ayer, con objeto de relucir la fuerza a que marchara a Las Villas
Octuve por respuesta de dichos oficiales que estaban convencidos de que la fuerza
no marcharía y que ellos estaban dispuestos a marchar si se les daba orden, pero
que no respondían de que marchara ni un solo soldado. Oído ésto por el Presidente
parece haberse convencido de que dificulta mi marcha y me dijo que volviera para
ver que solución se le daba a tan importante asunto.
Efectivamente contrariado sobremanera debe encontrarse el Presidente cuya
responsabilidad es inmensa si se abandonan Las Villas o sus propios recursos en
tan críticas circunstancias, porque para remediar tamaños males aquel
departamento no se encuentran obstáculos que tocan a la imposibilidad de
conseguir ese objeto sin que por otra parte se resivan perjuicios de difícil
reparación. En cuanto a mí, que sé lo importante que es sostener la guerra en Las
Villas, he hecho lo que he podido por marchar allí y contribuir con mis esfuerzos
como lo hago siempre, a que no se pierda aquel departamento; pero he querido ir
con los elementos necesarios con que sostenerme de manera que lejos de perder el
poco pretigio que lleve, me de más y más fuerza moral para con el enemigo y para
con nuestro mismo ejército. De otro modo, estoy persuadido que mi presencia en
Las Villas en estas circunstancias es completamente inútil y más bien puede traer
algunos males que me habré privado de estar sirviendo en otra parte con mejores
resultados, a parte de que nunca es beneficioso a la Patria que uno de sus
servidores, que está en actitud de prestar servicios, pierda de su prestigio.
Ya he hecho estas manifestaciones a muchos del gobierno y de fuera de él y creo
que pocos serán los que no me den la razón, como lo han hecho ya algunos
intransigentes. Esta misma noche pasada han estado en mi pabellón el diputado
Machado y el comandante Bonachea, con quienes he hablado en este sentido y me
parece haberlos convencido.
17 – Volví a conferenciar con el Presidente y éste me manifestó que habiendo
    reunido algunos diputados para, confidencialmente, pedirle su parecer sobre el
    asunto de mi marcha a Las Villas, le significaron que creían de suma necesidad
    que yo marchara de cualquier manera porque sufría el prestigio del Gobierno si
    no sucede, toda vez que ya estaban dispuestos que me hiciera cargo de aquel
    departamento. Me añadió el Presidente que él desesaba que yo lo intentara
    siquiera aunque llegando a la trocha y no pudiendo pasar regresara otra vez. Le
    contesté en primer lugar que no me extrañaba el asunto y parecer de alguno de
    mis declarados enemigos, porque la política de ésto en todo lo que a mí se
    relaciona se dirige con menoscabo de mi prestigio al cabo de quererme
    hundirme para siempre y lo mismo pensaban algunos otros que no eran adeptos
    y parecían ser mis amigos; en segundo lugar yo creía que el Gobierno no tenía
    ninguna responsabilidad en desistir de mi marcha a Las Villas cuando se veía
    en la imposibilidad de darme los elementos necesarios para combatir con un
    enemigo que tiene ocupado una gran parte de aquel territorio y que no había de
    hecharme la responsabilidad de que saliendo para Las Villas, llegara a la Trocha
    y retrocediera, que ésto no lo haría yo si el Gobierno no me daba la orden en ese
    sentido, porque ésto precisamente sería lo que querían mis enemigos para
    desacreditarme. Por último, le dije que vería mejor que en este asunto nos
    entendiéramos oficialmente y pocos momentos después me dijo que así lo haría.
    Como a las tres horas recibí una comunicación de la Secretaría de la Guerra en
    que se me ordenaba lisa y llanamente que marchara a Las Villas a la mayor
    brevedad posible, cuya comunicación contesté debidamente y haciéndole estas
    observaciones aunque ya las tenía hecha confidencialmente y espero la
    resolución. Los engaños y la mala fe de los Diputados llega al estremo que a mi
    presencia o de modo que yo sepa dicen que deben mandarme a Las Villas sin
    fuerzas y sin parque mientras que el Presidente acabó con que me hagan
    marchar.
Nota: Marzo 18 – He anotado con fecha de ayer 17 fue una equivocación y
pertenece al día de hoy.
18 – Ya en una nota de esta fuerza que se encuentra en el cuaderno número ocho,
   consta que por una equivocación fue anotado en el día de ayer, lo que
   correspondía al día de hoy, en conferencia de ayer con el Presidente no pasé
   más de hablar como siempre de mi marcha a Las Villas y los obstáculos que
   ellos se oponían, de lo crítico de la situación, tanto de la patria como del
   Gobierno, lamentándose de tal modo que llegó a decirme que tenía ya ganas de
   renunciar la presidencia. Grave, gravísima es la situación del país, pero esas
   lamentaciones no son de extrañar en el Presidente, cuya política y sistema de
   mandar y manejarse como hombre público es muy conocido que resumiéndolas
   de un modo material, son ipocrecías y emplastes.
   En efecto, nadie aparenta mejor la buena fe en sus actos políticos que el
   Presidente Tomás Estrada, tanto por la dulsura y moderación en su modo de
   expresarse como por la justa reputación de que goza de hombre honrado y
   patriota. Lo es como hombre público y privado y como lo último parece hasta
   ser amigo consecuente, pero como hombre político no tiene al parecer ninguna
   de las cualidades, por lo menos no importan en él la buena fe, ni la justicia,
   porque le gusta gobernar al capircho; por eso desde que está administrando el
   país ha cometido gravísimas faltas y desaciertos como son haber nombrado por
   sus secretarios, al sentarse en la presidencia, a dos jóvenes de poca experiencia
   y no hay conocido, haber acabado de desorganizar el ejército, haberse puesto al
   frente del ejército, medida en sí desacertada con las circunstancias muy
   agravantes de colocar de Secretario de la Guerra al general Gómez, que a pesar
   de sus cualidades de militar valiente y activo, ha sido siempre repudiado en
   todas las fuerzas que ha mandado, por su carácter brusco y sistema de mandar
   despótico y arbitrario; y últimamenmte rechazado o más bien lanzado de Las
   Villas, por las mismas razones y por último otros errores más que ha cometido
   el Presidente que pudieran echárseles en cara.
19 – Hoy recibí una comunicación de la Secretaría de la Guerra, tan absurda como
   depresiva de mi dignidad, en que se ordena que ponga en marcha para Las
   Villas, síganme o no las fuerzas de Las Tunas, es decir, ordenarme que vaya a
   un territorio con el enemigo con grandes fuerzas, a que me sacrifique y se
   sacrifiquen algunos más que me acompañan, sólo porque es del gusto del que lo
   manda, no porque es de justicia ni de derecho. Tamaño abuso es un fiel anuncio
   de los que se seguirán si continuara de Secretario de Guerra del general Gómez.
   Con motivo tanto de la indicada comunicación como por la recibida ayer, he
   extendido una protesta con toda la energía que merece el caso y mañana la
   presentaré a la Cámara.
20 – Mandé a la Cámara la protesta de que hablo ayer, pero no he obtenido
   contestación.
   En conferencia con el Presidente le manifesté que a pesar de no haberme el
   Gobierno cumplido lo ofrecido para mi marcha a Las Villas, en tan críticas
   circunstancias y de los disgustos que me habían proporcionado las órdenes
   injustas y poco apropiadas, para dirigirse un superior a un subalterno de
    dignidad, que me había dado para que me pusiera en marcha*               vierno
    considerándose amenazadas por el mismo, por lo que le oyen hablar a los
    diputados contra todos los de Las Tunas y participando de los disgustos que he
    sufrido estos días no tiene nada de extraño que hayan desertado, pues en el
    estado de descontento en que se encuentra menos disgustada que las otras
    fuerzas era de esperarse que efectuaran según otro motín de más trascendencia.
    Mi escolta que no se encuentra menos disgustada que las otras fuerzas, con lo
    que saben que a mi me pasa, y agregándose a este disgusto el no querer ir a Las
    Villas, pues sólo lo hace por acompañarme, por el cariño que me tienen los
    individuos que la componen, también cometió un acto de insubordinación, que
    nunca hubiera, enviándome decir con el capitán que si no iban otras fuerzas a
    Las Villas, ellos tampoco iban. Mandé formar la escolta, la reprendí
    enérgicamente y hubieron de quedarse tranquilos, los que se resolvieron
    enviarme ese recado, dándome muchas satisfacciones y manifestándose que si
    habían dado ese paso era porque creían hacerme un bien. Me tranquilicé porque
    conocí su incidencia, pero dos o tres horas después me sorprendió la noticia de
    que el cabo José Crúz, el soldado González y su hermano asistente del alférez
    Mayedo, habían desertado. Esto me amargó terriblemente porque nunca había
    experimentado deserciones en ningún individuo de mi escolta.*(132)
22 – Emprendo marcha y llego de noche a San José de Cusicanamar, donde hice
    noche. Me acompañan, a más de mis ayudantes y mi escolta, el teniente coronel
    Juan Ramírez, el diputado de Marcos García y el general Barreto (133).
23 Pasé a Santa Ana de Cacaotal por haber más pastos para los caballos.
24 – En el mismo punto,
25 Marcho para el Taller de cambar y casa de Ramón Fonseca, acampo en sitio
Arriba.
26 En el mismo lugar.
27 Sigo marcha, hago alto un rato en los Ranchos y llego a Consuegra y acampo.
28 Pasé a Taller de Arias y regresé por la noche al campamento.
29 Seguí marcha. Encontré al teniente coronel Casío cerca de Antón, conduciendo
el parque que me envía el gobierno para llevar a Las Villas.
Llegué a las Guásimas de Machado como a las dos de la tarde y acampé. Al
oscurecer se me reunió el teniente coronel Cossío con el parque.
Mandé a Canals al Taller de Fonseca en busca de unos fustes que no tienen
preparados.
30- Recibí el parque a Cossío, seis mil cápsulas fino calibre y lo entregué al
comandante Benedetti para que lo mantuviera hasta mi salida, custodiándolo con la
misma escolta que lo trajeron aquí: 21 hombres.
31 - En el mismo lugar sin novedad.
Abril 1 – Sin novedad.
2- A la hora de silencio se me ha participado que falta del Cuartel general el
soldado José Antonio Ballagas al cual doy desde luego por desertado, pues también
se ha llevado su montura.
3- Al amanecer se me ha participado que ha desertado también el soldado Manuel
Andino con caballo y armamento, llevándose además un pantalón y un sombrero
de dos compañeros.
También se echó de menos al caballo de Ballagas.
4 – En Las Guásimas.
5 – Pasé a Todos los Santos y acampé.
6 – Envié comisiones en busca de algunos efectos que me son indispensables para
seguir marcha.
7 – En el mismo lugar.
8 – Emprendo marcha y hago noche en San Antonio de Adan. Me dio fiebre.
9 – Seguí marcha y llegué a las díez de la mañana a Los Isleños. Inmediatamente
puse correo al tte. coronel Gómez, comandante Bonachea y capitán Veloso, para
que se avisten conmigo en Los Angeles, lugar donde vive el Suprefecto.
10- En Los Isleños sin novedad.
11 – Pasé a Los Angeles donde acampé de once a doce del día. Por la tarde llegó el
tte. coronel José Gómez acompañado del coronel José Urieste, éste recién llegado
de Las Villas.
El primero habló conmigo sobre mi marcha a Las Villas y penetrado de los pocos
recursos que llevaba me manifestó francamente, que por las noticias que tenía de la
situación deplorable de aquel departamento, a causa de las fuertes y activas
operaciones del enemigo, era de parecer que no pasara yo la trocha con tan pocos
elementos y mucho menos con gente montada sin infantería pues sabía que Las
Villas hoy no podían mantenerse caballerías y que las de allí estaban ya
concluyéndose; que creía que recibiera un daño la Patria más bien que beneficios
pasando yo con tan pocos recursos porque sabía que se me esperaba lo menos con
quinientos hombres, una pieza de artillería y abundantes pertrechos de guerra, y al
verme llegar de este modo acabarían de desalentarse y presentarse al enemigo los
pocos que quedaban de la reacción. No continué esta conferencia con Gómez por
haberme atacado fiebre.
Por la noche llegaron el comandante Bonachea y el Prefecto Alpizar, a quines no
hablé esta noche por encontrarme en cama.
12 – Estuvo a verme el coronel Urioste y al pedirle informes sobre la situación de
Las Villas me las dio detallados y con bastante propiedad, puesto que acaba de
llegar de aquel Departamento. Su parecer fue como el del tte. coronel Gómez, a
saber; que como patriota y como militar consideraba inconveniente de todo punto
mi marcha a Las Villas en las condiciones que iba. Estos informes corroboran lo
justo de las manifestaciones que repetí al Gobierno sobre el particular en las
diferentes conferencias que sobre ello hemos tenido.
Pedí el informe por escrito al coronel Urioste y manifesté que lo haría con gusto
ofreciéndoseme además de palabra y detalladamente el verdadero estado de las
cosas en Las Villas.
El teniente Agüero, Alféres Carlos Castillo y otros que han llegado hoy a Las
Villas informan minuciosamente sobre la triste situación de allí.
13 – En los Angeles sin novedad.
14 – Mando al teniente coronel Ramírez con mi escolta el parque y demás
impedimentas que marche por el Jobo y yo con el teniente coronel Gómez, algunos
ayudantes y números de mi escolta marcho a Lagunas del Caimán a tener una
entrevista con el capitán Juan Veloso que acaba de llegar de Las Villas, algo
enfermo.
Llegué como a las cinco de la tarde a Lagunas del Caimán y encontré al indicado
capitán Veloso. Este oficial, por el deseo de que sean auxiliadas Las Villas, se
conoce que quizo al principio de su conferencia conmigo disimular algo el estado
aflictivo de aquel Departamento, pero no pudiendo ocultarlo de plano, como
habían hecho los demás, la verdadera situación. Le pedí oficialmente que me diera
por escrito el informe y quedó de enviármelo donde yo acampara. Hoy me dio
fiebre.
15 – Salí de Lagunas del Caimán por la mañana y llegué por la tarde al Jobo donde
encontré al teniente coronel Ramírez con la gente que había traído.
16 – En el Jobo, se me reunieron el coronel Marcos García, que se me separó en
Los Angeles, y el comandante Bonachea.
17- Me ocupo de despachar con el coronel Urioste una comisión para el Gobierno.
Me dio fiebre.
18 – Sale en comisión el coronel Urioste, portando pliegues para el Gobierno con
instrucciones de informar al mismo sobre el estado de Las Villas.
Me traslado al potrero La Viuda, acompañado del teniente coronel Gómez con
algunos números.
19 .En la Viuda sin novedad.
20 En el mismo lugar.
21 Salí a una legua del campamento, con el coronel García, teniente coronel
Ramírez y comandante Palma (134) y regresé.
22 En el mismo campamento.
23 Sin novedad.
24 Me trajeron noticias de que el enemigo se encuentra en Urabo y destaqué
exploradores por los caminos por donde aquel pudiera venir pero parece que no se
ha movido hacia esta parte.
25 Sin novedad.
26 Salí con el teniente coronel Ramírez, dos oficiales y algunos jinetes y recorrí
algunos hasta la distancia de tres lagunas, regresando al campamento por la noche.
Como mandé hoy a reconocer Urabo, volvió el reconocimiento por la noche con
noticias de que el enemigo sigue acampado en el indicado punto.
27 En la viuda sin novedad.
28 Pasé el campamento a media legua, punto llamado La Esperanza. Salí con mis
ayudantes. Volví al campamento.
29 En la Esperanza.
30 En el mismo lugar sin novedad.
Mayo 1ro. Sin novedad.
2- Mando al teniente Mayedo con algunos números, sobre Guanaja, con objeto de
que se consiga alguna carne.
3 – En la esperanza.
4- En el mismo punto.
5- Mudé el campamento al potrero de Santa Rita (135)
6- En el mismo lugar.
7- En el mismo lugar.
8- En el mismo punto.
9- En el mismo punto sin novedad.
10- Salí con el teniente coronel Gómez, Modesto, Ramírez, Carlos y algunos
números de mi escolta con dirección a la sub-prefectura de Alvarez donde estuve
un rato, pasamos después a ver un piquete de infantería que había llamado el
Teniente coronel Gómez por orden mía que se encontraba cerca del punto llamado
Espinosa. Después de ver la indicada fuerza dí orden a Gómez que la hiciera
marchar al campamento de Santa Rita, marchando yo con mis ayudantes para este
punto y separándose Gómez a despachar por mi orden una comisión a Morón(136).
A mi salida esta mañana y a poco más de media legua de este campamento
encontré al teniente Angel Banegas, que vino de Las Tunas, trayéndome
correspondencia del doctor Martínez (137), de Pancho Varona (138) y del coronel
Guillermo Cardet, donde me comunica la actitud tomada por las fuerzas de Las
Tunas, cual es permanecer al actual Gobierno, proclamándome al mismo tiempo
General en Jefe del Ejército, por descontado ya no puede demorarse por más
tiempo el pronunciamiento, contra el Gobierno, que viene acometiendo a estallas
hace días y que no podía menos de tener lugar, dadas la actitud del Gobierno y de
la Cámara negados abiertamente a tomar medidas que estuvieran de acuerdo con la
opinión del pueblo y la conveniencia de la revolución y nuestras instituciones tan
poco adecuadas a la situación del país, los cuales tratan de sostener a todo trance
los que componen el Gobierno y la Cámara a pesar de conocer sus defectos. Culpa
de tantos males que se han experimentado y se experimentan en la carta de
Guáimaro y culpa de los que han venido figurando en el Gobierno y en la Cámara
que tan desatinadamente han gobernado y que a pesar de eso no han querido nunca
que establezca otro orden de cosas que se lo habría quitado. Esos hombres para
sostenerse en el poder y para pasarlo regularmente bien en el estado de escasés que
ha llegado a la miseria muchas veces, en que nos encontramos, han tenido; para lo
primero, que vivir conspirando lo más conveniente con los que han ocasionado
gravísimos males, tanto por el mal ejemplo que han dado como que siempre han
tenido a despretigiar a los jefes militares; para lo segundo se han rebajado e
igualado al último del pueblo, con mengua de su dignidad, así es que eso unido a lo
desatinado de sus disposiciones le han hecho caer en completo desprestigio.
13- Hoy llegaron a este punto el Alferez, Prefecto de Caobabo, Francisco Zamora y
capitán Carlos Agüero, el primero me entregó dos comunicaciones, una del
gobierno y otra de la Cámara, aquel me reiteraba la orden de marchar a Las Villas
a la mayor brevedad y la otra me da conocimiento de haber declarado sin lugar la
representación que hice contra el Gobierno en Sao Nuevo por abusos de autoridad.
La orden del Gobierno no alterará en nada mi resolución de volverme a Las Tunas,
porque no debe hacerse caso de un Gobierno cuyas medidas van hundiendo la
revolución a toda prisa, si bien guardaré alguna forma mientras las circunstancias
no exijan otra cosa, pero llevo el propósito de emplear todos los medios a mi
alcance para hacer que cambie este orden de cosas a la mayor brevedad posible.
12 – Hoy se me presentó una comisión compuesta del general Barreto (139) y el
teniente coronel Ramírez a decirme que habían tenido anoche una reunión los jefes
y oficiales de este campamento, con motivos de los acontecimientos de Las Tunas
y la actual situación del país, poniendo en mis manos una acta que formularon en
dicha reunión para que yo la viera. En cuya acta se declaran los que la firman
completamente fuera de la obediencia del Gobierno y proclamándome General en
Jefe, acordando así mismo invitarme, exitando mi patriotismo para que asumiera el
mando en ese puesto tan pronto como yo lo creyera conveniente: les contesté que
agradecería sobremanera que se me distinguiera de ese modo designándome para
general en Jefe y que según ellos lo habían acordado, así lo haría yo, asumiría el
mando cuando lo creyera conveniente. Por supuesto que no debo, ni asumiré ese
mando sino cuando vea una situación más despejada a pesar de que mis ideas son
las mismas de los que se han levantado, y que he trabajado hace tiempo porque se
le de un impulso y dirección a una revolución que está latente desde el año de
setenta y cuatro, porque estoy firmemente convencido de que cambie el orden de
cosas establecidas, que tanto nos perjudica en la contienda con el común enemigo,
porque todos sabemos que está perdida la esperanza de que la Cámara y el
Gobierno resuelvan a hacer ese cambio.
Sin embargo de los que se reunieron anoche para pronunciarse (140) prescindieron
de mí en la parte política, sin anunciarme siquiera lo que piensan hacer y a pesar de
que deseo una revolución de ídeas en el país y que la vengo alentando hace tanto
tiempo, por las razones incitadas que he consignado otras veces en estos apuntes y
que he manifestado también muchas veces a los del Gobierno y muchos de la
Cámara, no estando en algunos puntos con el pronunciamiento y sobre todo por
considerarlo prematuro, me propongo trabajar no para contener el movimiento
porque ésto no es posible ya, ni yo debo ni puedo combatir mis ídeas sino por el
orden y el bien de la patria y de la misma causa que acaban de abrazar los
pronunciados ayer; porque preveo muchos males y quizás conseguiré que se
eviten, sino todos, algunos. Al efecto me propuse tener una entrevista privada hoy
mismo con el coronel Modesto Fonseca y el teniente coronel Juan Ramírez, la cual
no he podido efectuar.
13 – Aunque no tengo parte directa en el movimiento actual, colocado como estoy
a cierta distancia de él, tengo que enterarme de casi todo lo que pasa. Hoy se han
ocupado todo el día los pronunciados en escribir correspondencia para Las Tunas,
Oriente y Camagüey para despachar los trabajos que tienen hechos aquí. Esta
noche tuve una entrevista, que quise tener ayer con el coronel Fonseca y teniente
coronel Juan Ramírez. Les manifesté mi disgusto por el paso tan prematuro y fuera
de oportunidad que habían dado; reprimiéndoles por que mereciendo ellos, dichos
jefes; el concepto de hombres juiciosos y patriotas no hubieran meditado más en
asunto de tanta trascendencia y porque nada me hubiera anunciado, estando como
estaban, tan íntimamente ligados conmigo en la cuestión política, añadiéndoles que
podían ocasionar perjuicios incalculables a la patria por las dificultades con que
iban a tropezar en su empresa y por que reforzado y operando como estaba el
enemigo, aún en el caso que triunfasen no podían organizar, tan pronto como lo
exigiesen las circunstancias, un Gobierno que hiciera frente a la situación. Les dije
también, que no podía menos de creer que habían cedido a las instigaciones de dos
hombres que no podían tener de ninguna manera la responsabilidad que nosotros
en los asuntos de Cuba; el uno el general Barreto, hombre a quien todos
conocemos perfectamente y sabemos que no puede vivir sino conspirando y
haciendo política, con intrigas y mentiras y que no conspira ni trabaja, sino por
salir de la situación en que está colocado en el desprestigio en que le ha hecho caer
su propio comportamiento; el otro es el capitán Carlos Peisso, que aunque estoy
seguro que se interesa y trabaja de buena fe por Cuba y tiene inteligencia, es un
hombre de una imaginación inquieta, que da a conocer su aficción a la política y
que está acostumbrado a trabajar en ella, pero en otros países que nada puede
compararse con el nuestro(141); por lo cual y no tener todavía la suficiente
experiencia de nuestra situación y de nuestros asuntos puede cometer errores por
judiciales a la Patria. El coronel Fonseca me contestó como sorprendido de que les
hablara en esos términos, manifestándome que había querido hablarme del asunto
y que al efecto fue a mi pabellón, cuando lo invitaron para la reunión en que
acordaron el pronunciamiento y me encontró recogido y con fiebre y que al
preguntar si yo tenía conocimiento de lo que se proponía hacer en la reunión le fue
contestado por el general Barreto que yo estaba de acuerdo y que en ese concepto
tomó parte en lo que se había resuelto.
Bien conocen mis ideas los pronunciados y bien saben que deseo un cambio en el
Gobierno que sea saludable a la Patria, pero algunos de ellos, como el general
Barreto y el capitán Peisso, que hace pocos días me propusieron que hiciera yo un
pronunciamiento, saben que tengo mis planes para contribuir a que se realice ese
cambio y que no soy partidario de un pronunciamiento en estas circunstancias en
que el enemigo ha recibido refuerzos y para activamente y cuando tanto falta por
preparar para llevar a cabo un movimiento sin que afecte demasiado a la Patria.
Con motivo de mis manifestaciones hechas al coronel Fonseca y teniente coronel
Ramírez en la conferencia de que acabo de tratar resolvieron estos dos jefes enviar
esta misma noche un correo en busca del capitán Agüero y prefecto Zamora a
quienes mandan con el acta del pronunciamiento al Camagüey, con objeto de hacer
algunas reformas en dicha acta.
14 – Llegaron el capitán Agüero y prefecto Zamora, mandados a buscar anoche y
con ellos el teniente Montero que viene de correo de Las Tunas. Este oficial me
entregó la correspondencia que portaba y entre éstas me envían un acta levantada
por los de Las Tunas, en una reunión que tuvieron, no declarándose abiertamente
fuera de la obediencia del Gobierno, pero si haciendo un llamamiento al pueblo,
señalándoles los males que afligían al país e invitando a sus compatriotas a que se
le reunieran para poner remedio a tal situación.
Momentos después de llegar Zamora y Agüero se reunieron los pronunciamientos
pero no se lo que habrán acordado ni las reformas que habrán hecho a su
movimiento. Se ocupan en despachar correpondencia para Las Tunas, Las Villas y
Oriente. Hoy se ha declarado un temporal.
15 – Siguen trabajando los pronunciamientos. Yo me ocupo en acusar recibo de las
cartas recibidas de Las Tunas y pienso marchar pronto para allí con motivos de
tantos acontecimientos allí ocurridos, a ver lo que puedo evitar como patriota.
16 – Sigue el temporal.
17 – Sale el capitán Juan Veloso para Las Villas, donde lo mando con objeto de
saber el resultado de una comisión que envié el 15 del pasado, compuesta del
sargento Manuel Antonio Alejo y otro individuo, cuyo correo puse para reiterar la
orden que tenía dada para que viniera una fuerza de infantería en busca de un parte
destinado a Las Villas.
18 – Mudo el campamento a un cuarto de legua, punto llamado Palmarito.
19 – Salí con el teniente coronel Ramírez y algunos números y regresé al
campamento.
A las ocho de la noche me da aviso el Prefecto Alpízar que columna enemiga se
encuentra en San Juan de Dios(142) no siendo conveniente aguardar en el
campamento varié de lugar yendo a hacer noche a tres cuartos de legua.
20 – Retiré la impedimenta y destaqué piquetes sobre el enemigo al que
encontraron y tirotearon en el campamento que evacué anoche. Como a las dos
horas se presentó el enemigo pero sólo se redujo a contestar el fuego que mis
tiradores le hacían y no atacó. Convencido de que no serían atacados, dejé al
Alférez Coello con un piquete en observación del enemigo y me retiré a San
Jacinto, donde encontré la impedimenta y acampé.
21 – Como a las ocho de la mañana se presentó el enemigo, hubo regular combate
    y me retiro al Guayabal, donde dos horas después volvió a presentarse el
    enemigo y al combatírsele se le hicieron los fuegos tan de cerca que creo llevara
    algunas bajas. Me retiro camino de el Mijial y tomando luego por el Aguacate,
    Dolores y Esperanza, fui a acampar al potrero La Viuda. Hoy le entregué el
    parque que traía para Las Villas al teniente coronel Gómez. Puesto que tengo
    resuelto marchar a Las Tunas.
22 Marcho al Yuraguanal donde llegué a las conce del día; se siestó y como a las
    dos de la tarde se separó el teniente coronel Gómez y marché con dirección a la
    línea férrea para pasar a Las Tunas. Acampé en Banao.
23 Seguí marcha, pasé la línea férrea como a las siete de la noche y no siendo
buenos los prácticos me extraviaron y pasé toda la noche dando vueltas cerca del
campamento de Las Minas, de donde me separé y encontré camino conocido ya de
día.
24 Siguiendo aún la marcha que traigo desde ayer, pasé al Saramaguacán (143)
crecido, por Santa Isabel y acampé en el Embeleso.
25 Sigo marcha y acampo en medio día en Vegas de Arenillas.
26 En el mismo lugar.
27 Marcho y paso los ríos Cascorro(144), Las Piedras y el Marañón, hondos, y
después de habernos caído una lluvia horrorosa, acampé en la Trocha del Este, al
lado del Ciego de Molina.
28 Como a las ocho de la mañana se presentó una avanzada un grupo, al parecer
del enemigo, de seis o siete hombres, se tiroteó con dicha avanzada, pero al ser
cargados huyeron con dirección a Cascorro. Marché, pasé el río de Guayo, hondo y
acampé en la Caridad de Peláez.
29 – Sigo marcha y acampo en Carvajal.
30 Llegaron al campamento el coronel Varona, teniente coronel Guillermo Cardet
y teniente Eduardo Alcalá, individuos que componen la junta revolucionaria de
este Distrito. Los acompaña también el padre Odio(145). Ayer tarde se me
incorporó el teniente Joaquín Romero.
31 Llegaron los tenientes coroneles Sacramento León y Doctor Martínez.
Hubo una reunión para la cual fui invitado y concurrí. Se trató de nombrarme
presidente de la Junta Revolucionaria y combato ese pensamiento, manifestándoles
como lo había hecho a los que se pronunciaron en Santa Rita y que se hallaban
presentes, que no combatiría el movimiento puesto que se proclamaban en el
mismo principio que hace tiempo vengo sustentando, pero no estando de acuerdo
con un pronunciamiento que consideraba prematuro y poco preparado, no podía
aceptar el puesto que se trataba de darme. Dicho esto manifesté a la reunión que
me retiraba por encontrarme indispuesto y así lo hice.
Junio 1ro. – Pasé al campamento de la caballería de Río Blanco en El Naranjal.
Pocos momentos después se me dio conocimiento que siempre se me había
nombrado Presidente de la Junta. Hice renuncia de ese nombramiento repitiendo a
los pronunciados las manifestaciones que hice anoche, añadiéndoles que ayudaría
en lo que me fuera posible al movimiento y en todo lo que tendiera al orden y que
no perjudicara la Patria, con el fin de que contaran con un compromiso por mi
parte con el Partido reformista y que si éste se sacrificaba estaba dispuesto a
sacrificarse también, con lo que manifestaba ser consecuente con los de mi partido.
Al efecto escribí una carta a los jefes que conocía aconsejándoles que dado ya un
pronunciamiento en el ejército y a fin de que éste no sufriera, desordenándose y
disolviéndose, tomaran parte en el movimiento y quedaran puestos al frente de sus
fuerzas para tratar de arreglar las cosas de la manera más conveniente al país, en
las presentes circusntancias.
Volvieron a reunirse los pronunciados y acordaron nombrar a Bravo (146),
Presidente y enviar comisiones a Oriente y Camagüey. Marcharon Cardet y Alcalá.
2- En el Naranjal. Marchó el teniente Coronel Ramírez.
3- Llegó el coronel Francisco Estrada.
4 – Sale el Coronel Fonseca a reunirse con Cardet para marchar a Oriente en
comisión de la Junta; también marchó el padre Odio a quien han comisionado para
pasar a Bayamo.
Salió del campamento el General Barreto.
5 – Marchó el doctor Martínez a reunirse en el Lavado con el teniente Coronel
Juan Ramírez para seguir al Camagüey en comisión de la junta revolucionaria.
Recibió parte el teniente coronel León del capitán Almeida (147), donde le dice
que el día 3 del corriente fue sorprendido dicho oficial por el enemigo, perdiendo
dieciséis armas y dos o tres hombres.
6 – Marchó con el teniente coronel León a ver el Batallón del Norte que
encontramos en Santa Clara; en este punto quedó dicho jefe y yo continué al Pilón,
habiendo acampado en la estancia de Atilano Ochoa, donde reside el Prefecto
Alcalá.
7 – Regresé al campamento del Naranjal.
8 – En el mismo lugar.
Con noticias de que una columna enemiga se encuentra en San Martín de Hato
Arriba, doy aviso al teniente coronel León para que haga venir fuerzas del 1er
Batallón a inmediaciones del Salvial, donde hay probabilidad que venga el
enemigo.
Nota: sigue al No. 10.*(148)
9 – Se me participó haberse retirado el enemigo que ayer estaba en San Martín.
Salgo con mi escolta para la parte Sur, como a las díez de la mañana y acampo en
la Vega de San José a las cuatro de la tarde.
10- Salgo de la Vega y a poco andar se oyeron unos disparos sobre El Ojo de
Agua. Mandé al alferez Coello a reconocer y seguí para El Salado. A poco de
acampar llegó Coello con la noticia de haber encontrado huellas de una guerrilla
que acababa de entrar en la estancia de Mojena.
11 – Mudé el campamento en el mismo potrero del Lavado. Mandé al Alférez
Coello a enterarse de los movimientos de enemigo, regresando por la tarde con la
noticia de que el enemigo había pernoctado en La Vega y había marchado por la
mañana a Las Tunas, dejando enterrado al cabo de mi escolta Justo Mena. Esta
circusntancia me hace creer que dicho cabo Urizagarraga y los demás que salieron
ayer con Mojena de mi lado habían sido asaltados por el enemigo que entró ayer a
la estancia del referido Mojena.
12 – Salí al vecindario e hice noche fuera del campamento.
13 – Regresé al campamento Lavado. Mandé al Comandante Palma a informarse
de lo ocurrido por casa de Mojena por suponerse que los ranchos de este Carlos
Peisso(149) y Joaquín Romero han sido asaltados.
14 – Llegó al campamento el sargento Nicolás Román con la noticia de que el
capitán C. Peisso había caído en poder del enemigo, pero pocos momentos después
llegó el referido capitán que se había salvado al cogerle la familia.
Llegó el comandante Palma con los informes de lo ocurrido estos días por casa de
Mojena, cuyo resultado fue haber caído en poder del enemigo, Pancho
Urizagárraga, el sargento Ricardo González, Pablo, asistente de Peisso y Fin
Mojena. Es el primer asalto de la Estancia. En el segundo al siguiente día fueron
cogidos por el enemigo al ser cogidos (sic) la familia de Carlos Peisso, Amado
Aofulera y un soldado, Rivero del Regimiento Tunas.
Vinieron al campamento el capitán Valdivia, el teniente Jique y el General Barreto.
Llegó el doctor Martínez del Camagüey y me trajo correspondencia del Gobierno.
Volvieron a salir el doctor Valdivia y Jique.(150)
Regresó el Doctor Martínez acompañado de Valdivia.
16- En el Lavado sin novedad.
17- Llegó el teniente coronel Sacramento León.
18- Sin novedad.
19- Sin novedad.
20- Queda en el Lavado el teniente coronel León con la infantería y yo marcho
con mi escolta a la prefectura de Unique(151), hice noche en Pozos Salados.(152)
21- Sigo marcha, estuve en Sarandico(153) y la Estrella (154) y acampé en La
Viajaca(155).
22- Se avistó conmigo el prefecto Mariano Espinosa y envié una comisión en
busca de Junco.(156)
23- En el mismo punto La Viajaca. Llegó la comisión del Junco.
24- Marcho de La Viajaca y al llegar a Aguas Blancas tengo noticias de que una
columna enemiga se encuentra en El Lavado. Me reuní con el teniente coronel
León en Aguas Blancas, siguiendo con la infantería reunida a mí, e hicimos noche
en San Nicolás.
25- Me moví por la mañana enviando al teniente coronel León que con la
infantería se emboscara en el río Cayojo(157) para que hiciera fuego a la columna
enemiga que ayer estaba en el Lavado, al regresar para Las Tunas me situé con la
escolta en El Ranchuelo (158), con el mismo objeto.
No habiéndose presentado el enemigo en todo el día seguí marcha con la escolta y
acampé en La Güira.
26 – Seguí marcha, estuve en el Pilón donde encontré a Alcalá (159) y luego
continué y acampé en El Naranjal. El enemigo ha operado estos días pasados con
grandes fuerzas. Momentos después de estar acampados en El Naranjal llegó el
Comandante Olazabar(160), participándome que la noche anterior había sido
sorprendido y hecho prisionero el capitán Tristá perdiéndose los caballos y armas
con que estaba acampado en Carvajal. Varié de posición a la una de la noche y a la
misma hora envié al comandante Olazábar en busca de veinte hombres. Pido al
comandante Santana(161) con objeto de marchar al Camagüey y avistarme con el
gobierno con el fin de ver si se da otro giro al movimiento iniciado en Santa Rita, y
al mismo tiempo puede entenderse porque estoy convencido que los pronunciados
no harán nada de provecho en circunstancias de operar el enemigo activamente con
cuyo motivo tropezarán con grandes dificultades, y en este caso el movimiento no
hará sino ocasionar perjuicios a la Patria si continúa.
27 Mando al teniente Montero a reconocer el lugar donde fue sorprendido el
    capitán Tristá y pocos momentos después me envió a decir que dicho capitán se
    encontraba en Las Mercedes, pasé a avistarme con él y me participó que en la
    carga había perdido 10 caballos, 12 rifles y que sólo faltaba el alférez Cleto.
Seguí marcha e hice noche en Jesús María (162)
29- Se me reunió el comandante Olázabar con los veinte infantes que le mandé
buscar, también vino el comandante Santana.
30- Pasé a San Pedro donde pocos momentos después se me reunió el teniente
coronel(163) con el segundo batallón según orden mía. Se me reunieron también el
comandante Palma y el capitán Valdivia a quines había dejado por estas comarcas
recogiendo gente.
Julio 1ro. En el mismo lugar.
2- Hace días vengo trabajando por contener, o dar otro giro, al movimiento
iniciado en Santa Rita por el convencimiento que tengo de que sus iniciadores no
podrán llevarlo a cabo con buen acierto y de continuar en estas circunstancias sólo
acarreará perjuicios a la Patria; con cuyo motivo me preparo para salir mañana para
el Camagüey a conferenciar con el Gobierno a ver el arreglo que puede hacerse en
ese asunto.
3- Salgo para el Camagüey acompañado del doctor Martínez, comandante Zayas,
teniente Joaquín Romero, Comandante Olazávar, comandante Manuel Reyes y una
escolta de cuarenta hombres. Hice noche en Ojo de Agua de Batancourt.
4- Encontré algunos vecinos que viven por estas comarcas siendo uno de ellos el
capitán Oliverio Varona quien se me reunió y sirvió de guía hasta la Sabanita de
Viaya donde acampé.
5- Tuve entrevista con el brigadier Benítes y aunque, entre otras cosas, hablamos
de política no fue cosa de gran importancia.
6- Resuelto a seguir marcha hasta donde encuentre al Gobierno pasé otra vez a
casa del brigadier Benítez en solicitud de prácticos para continuar mañana.
Se nota que hay agitación política en Camagüey. Con este motivo para aplacar los
ánimos exaltados y hacer la contra al movimiento político se han redactado dos
documentos, a iniciativa sin dudas de algunos del círculo del Gobierno. Cuyos
documentos; que porta el capitán Mederos, recogiendo firmas, contienen, el uno
una protesta donde se ofrece apoyar y sostener el Gobierno constituido, el otro una
representación en que se piden algunas reformas.
7- Marché en dirección de donde se encuentra el Gobierno e hice noche en el
potrero Najasa.
8- Seguí marcha, pasé la línea telegráfica de Santa Cruz, al Ppa.(164) a la que hice
cortar e inutilizar unos cuantos postes, llegando al Ciego de Guanasí donde
encontré al teniente coronel Domingo Ramos, acampado con fuerzas de los
regimientos infantería de Caonao y caballería Agramonte. El referido jefe
manifestó que pasaba mañana a Güirabo para aguardar allí al Gobierno y me
resolví hacer lo mismo.
9- Pasé a Güirabo en compañía del teniente coronel Ramos y sus fuerzas, se
acampó.
10- Se presentó el enemigo como a las ocho de la mañana, se le tiroteó unas veces
con caballería y otras con infantería y nos retiramos a Sabanilla.
11- En Sabanilla sin novedad.
12- En el mismo lugar.
13- Marché con el teniente coronel Ramos a reunirme al Gobierno, lo cual sucedió
en marcha en el Yagunal, habiéndose acampado en San Ramón de Yagunal.
Esta noche tuve conferencia con el presidente en que hablamos largamente del
estado actual de cosas. Me hizo muchos cargos sobre mi regreso a Las Tunas sin
haber pasado la trocha, ni llegado al Gobierno, sobre mi renuncia, sin haber
asumido el mando del 3er Cuerpo de Ejército, y sobre el movimiento político
iniciado en Santa Rita, en mi Cuartel General y por mis yudantes y demás que me
acompañaban. Me le expliqué como merecía uno de los que por sus desaciertos ha
contribuido en gran manera a los males que sufre la patria. A mi vez le hice los
cargos que deben hacerse a aquellos que han venido dirigiendo los destinos del
país, como los verdaderos causantes de las dicenciones políticas entre nosotros,
porque ellos fueron los que iniciaron trabajos políticos en nuestro Ejército, cuando
preparaban la caída de Carlos Manuel, que llevaron a cabo el año de setenta y tres,
con cuyo acontecimiento hicieron que se crearan dos partidos que al ponerse frente
a frente como ha sucedido, después habría de ocasionar graves perjuicios a la
revolución, ellos han sido los que con su mala política han contribuído a aumentar
las divisiones entre nosotros y ellos, en fin han sido los que queriendo dirigir la
revolución, solo con el poder civil, dando a éste la supremacía y abatiendo al poder
militar, han venido estorbando a que se haga debidamente la guerra al común
enemigo y despretigiando de tal manera el militarismo que puede decirse que a
ésto se debe más que otra cosa, el estado de indisciplina en que se encuentra
nuestro ejército. En tan torpe proceder han tenido por protector el temor,
infundado, que tiene a la dictadura militar pero es de creerse que a ello contribuye
mucho su egoismo y ambición de popularidad que no pueden ocultar.
No es extraño que haya causado tanta halaraca entre mis enemigos políticos la
detención de mi marcha a Las Villas y regreso a Las Tunas, pues con ello fracasan
sus planes con respecto a mí. Muchos se alegraban de mi marcha a aquel
departamento y no era sólo por la necesidad que hay allí de un Jefe, sino porque
fuera a hundirse allí mi prestigio sacrificando quizás hasta la vida inútilmente,
como debía suceder en un territorio ocupado por grandes fuerzas enemigas,
desprovalizadas las nuestras y sin haber ni llevar yo los elementos necesarios para
hacer siquiera una pequeña resistencia. Digan lo que quieran mis enemigos, pero
yo tengo la conciencia de que cuanto he hecho en los presentes acontecimientos ha
sido llevado por el patriotismo de que tantas pruebas tengo dadas y con la buena fe
y desinterés que siempre he procedido.
14- Nos trasladamos a Güirales donde se acampó.
Por la noche tuve conferencia conmigo el comandante La Rua, sobre los
acontecimientos del día y hablamos y pasó entre ambos poco más o menos; lo que
en la entrevista de ayer con el Presidente Estrada.
 15- Un movimiento del enemigo cerca de nuestro campamento ocasionó a que se
variara de lugar pasándonos a acampar a las Guásimas de Machado.
16- En el mismo punto sin novedad.
17- A instancia que confidencialmente me han hecho el Presidente y el
comandante de La Rúa, mandé hoy al Gobierno una comunicación, con la que
sustituye la que pasé al mismo en doce de mayo de este año y en que me expresaba
en términos en que sabía de la forma que debe guardarse con un Gobierno porque
le hería efectivamente. Pero una falta en tales circunstancias y denunciado
explicable por la indignación que sentía a causa de los errores del mismo gobierno.
18- En las Guásimas.
19- En el mismo punto.
20- Se presentó el enemigo en una avanzada y nos retiramos y acampamos en una
sabana cerca de todos los Stos.
21- Contramarchamos y se hizo alto en todo Stos. Como una hora después se oyó
fuego en Las Guásimas, que resultó a ser con el teniente Guerra, con cuyo motivo
y sabiéndose que el enemigo venía sobre nosotros dispuso el Presidente que se
siguiera la marcha, yendo a acampar a Los Angeles.
22-Se siguió marcha hasta Santo Justo y estando acampado en este punto se tuvo
aviso que un enemigo se aproximaba por nuestra huella. Se resolvió continuar
dejando la impedimenta que nos acompañaba con el comandante Olazával a la
cabeza. Se hizo alto un rato en Antón, se pasó luego al río y se acampó en El
Porvenir donde se supo que el enemigo siguiendo nuestro rastro hasta Antón había
recibido fuego que le hizo el comandante Olazával en la emboscada.
23 Se tuvo aviso como a las once del día que el enemigo estaba en el paso de
    Antón. Nos movimos para El Ciego de Guanasí donde se nos reunió el
    comandante Olazával que vino en unión del regimiento Bonilla. También
    llegaron los Brigadieres Rodríguez y Suárez.
    El comandante Olazával tuvo un herido leve en el fuego de ayer, que lo fue el
    soldado Sacramento Bello.
24 Me separo del Gobierno en el Ciego de Guanasí, para dirigirme a Las Tunas y
    hago noche en Dos Hermanas.
25 Seguí marcha a poco andar y estándose arreglando una res que se mató cerca de
un lugar nombrado El Triunfo, se presentó el enemigo, se le hizo fuego y me retiré,
yendo a hacer noche en La Quemada.
Las pérdidas que tuve en este fuego, fueron un caballo inutilizado herido de bala,
tres extraviados, un rifle perdido y dos soldados dispersos que se encontraban de
guardias por donde vino el enemigo.
26 Salí de La Quemada, pasé la línea de Santa Cruz al Príncipe, a la que le hice
tumbar un gran pedazo, llegando a Tacones donde acampé.
27 En el mismo lugar.
28 Salí de Tacones y acampé en Veguitas de Sevilla.
29 En el mismo punto. Escribí al Capitán Manuel Reyes a Ceiba Mocha (165)
donde encontró al teniente coronel Capote, cuyo jefe vino a mi campamento.
30 Pasé a San Diego(166) y acampé.
31 Se me reunió el teniente coronel Juan Ramírez con parte de una compañía de
Cabaniguán.
Agosto 1ro. En el mismo lugar. Hubo el acontecimiento de haberse escapado
casualmente un tiro, al soldado Miguel Castro dando muerte al otro Luis Núñez.
2- Pasé a Ceiba Hueca acompañado del teniente coronel Ramírez y la gente que
trajo.
3- En el mismo lugar. Regresó un correo que le puse al teniente coronel León hace
cuatro días.
4- En Ceiba Hueca.
5- Estuvo en el campamento el teniente coronel Capote por haberlo enviado a
buscar ayer.
6- Pasé a Ceiba Mocha donde acampé.
7- Se presentó el enemigo entre nueve y diez de la mañana, se le sostuvo fuego
cerca de un cuarto de hora obligándole a retirarse presipitadamente pero no se le
pudo perseguir. Es de creerse que ha tenido bajas, las nuestras fueron el teniente
Manuel Ramírez muerto que llegó al campamento en momentos en que llegaba el
enemigo y el Sargento ________(167).
Volví a ocupar el campamento y como a las dos horas se presentó de nuevo el
enemigo, reforzado sin dudas, por lo que no creí conveniente volverle presentar
combate en la misma posesión. En consecuencia me retiré al Río Sevilla (168)
donde permanecí emboscado, con la gente que tenía y el teniente coronel Capote
hasta el anochecer que me retiré a Caoba donde acampé a las ocho de la noche.
8- Llego de Caoba y en Hato Viejo dejo al teniente coronel Ramírez con la gente
de Cabaniguán, siguiendo yo marcha con Olázaval y Capote hasta Sao Nuevo
donde se hizo noche.
9- Me separé de Capote dirigiéndome al Guisacero (169) donde acampé a las diez
del día.
10 – Seguí marcha pasé el camino que conduce de Guáimaro a Lajas y acampé
cerca de Berrocal.(170)
11- Seguí marcha y llegué a Los Limpios, donde encontré al teniente coronel León
con fuerzas de infantería. Por la tarde pasé al Lavado donde encontré al capitán
Valdivia con su piquete de caballería, encontré también al coronel Modesto
Fonseca.
12- Volvió a reunírseme el teniente coronel León con la infantería y sigo acampado
en el Lavado.
Por la tarde salí al vecindario y no encontrando gente por la mucha lluvia que cayó,
hice noche en la estancia de Amador Pajé.
13- Encontré ranchos de vecinos donde permanecí todo el día y la noche.
14 – Al emprender marcha para el campamento se oyó fuego en dirección del
mismo, lo que indica que ha sido atacado. Pocos momentos después me dirigí al
Lavado, y al salir al potrero encontré avisto del Capitán Valdivia que me
aguardaba en el lugar señalado. Me reuní a dicho oficial quien me informó que
había tenido un bonito combate con columna enemiga y que los atacó, siendo la
caballería la que más se batió por no ser buena la posición para infantería.
Quedó el enemigo en El Sabalo(171) y me retiré con la caballería a San Pedro,
donde se me reunió el teniente coronel León con el resto de la fuerza, un rato
después de mi llegada. Fue herido en el combate el soldado Gregorio Ponce, grave.
15- En San Pedro.
16- En el mismo lugar.
17- En el mismo lugar.
18- En el mismo sin novedad.
19- Se me da aviso que tropa enemiga se encuentra en la vereda de la angostura,
con dirección al Lavado, pero no estando las fuerzas que tengo en disposición de
salir a batirlo he resuelto permanecer en el campamento.
20- Mudé el campamento a la entancia de La Cucaracha.
21- En el mismo lugar.
22- Marché al Lavado donde acampé.
23- Salí del campamento e hice noche fuera.
24- Regresé al campamento Lavado.
25-En el mismo lugar. Mandé mudar un depósito de cápsulas de Pidbody que
    puede correr peligro.
26-En el Lavado. Se me incorporó el capitán Carlos Tristá con 16 números del
primer escuadrón que son los que ha podido montar.
27-En el mismo lugar. Se me reunió el comandante Olázabar con veinte y pico de
hombres del primer batallón.
28-Se pone la impedimenta con la caballería todo a cargo del capitán C. Tristá y
con la infantería emprendí marcha con objeto de atacar un convoy del enemigo.
Hice noche en Las Margaritas de Las Lajas.
29-Seguí marcha y acampé detrás de Santa Elena.
30-Pasé a la orilla del camino del Ojo de Agua y me embosqué al lado de La
Ceiba. Allí permanecí hasta la tarde que no habiendo aparecido el enemigo me
retiré y acampé en el lugar donde pernocté anoche.
31-El haberme puesto enfermo y habérseme dado noticia de que el enemigo
conduce los convoyes del Ojo de Agua por camino de Rompe me hace resolver a
retirarme, porque estando anunciado que pasaría convoy el día de ayer para dichos
campamentos es probable que ya hayan pasado. Vine a hacer noche en Las
Margaritas.
Sept. 1ro. Seguí marcha y llegué como a las once del día al Quemado donde
encontré al capitán Tristá, con la impedimenta y la caballería.
2- En el mismo lugar.
3- En el mismo.
4- En el Quemado. Llegó el teniente coronel Ramírez.
5- En el mismo lugar.
6- Mando una comisión que mando a las orillas del Guamo. Mudé el campamento
a la estancia del Mamey. Llegó el general Luis Figueredo que con motivo del
movimiento político viene a saber el estado de los acontecimientos por acá. Hablé
largamente con este jefe, le relaté los acontecimientos de Santa Rita, tales como
había tenido lugar informándole también que yo no había estado de acuerdo con el
movimiento político a pesar de haber sido ocasionado por los mismos principios
que yo sustentaba, pero las circunstancias por las que atravezábamos me habían
hecho esperar los malos resultados que ya estábamos experimentando. Pareció
extrañarle mi relación, tanto a él como a los de Oriente, estaban creídos que yo
estaba a la cabeza del movimiento, tanto por lo que se había hablado acerca de eso
como porque escribí algunas cartas a algunos jefes de Oriente aconsejándoles que
tomaran parte en el movimiento; y que hice al ___________ que se estaba
pronunciando en aquel departamento, sabiendo yo que era inevitable un
levantamiento general, con el fin de que se diseminacen y desorganizacen nuestras
fuerzas en momentos de estar operando el enemigo, pudiéndose __________ mejor
los casos, estando los jefes al frente de sus respectivas fuerzas y tomando parte en
el movimiento, anque no fuesen esas sus ideas sino con las de evitar mayores
males. Con el general Figueredo es con el primero que me he franqueado
completamente sobre los presentes acontecimientos y sobre todo cuando ha pasado
por mí, porque he querido guardar silencio y lo guardaba mientras crea que al
publicar mi situación, las intrigas que tengo del gobierno y la situación del país.
Pueden proporcionarse complicaciones perjudiciales a la revolución.
7- En las Estancias del Mamey.
8- En el mismo punto. Marchó el General Figueredo.
9- Llegó la comisión que envié al Guamo, no trayendo noticias de importancia.
10- Mudé el campamento a estancias de los Güiros. Vuelvo a enviar a Lico
Vázquez en comisión al Guamo.
11- En las estancias de los Güiros.
12- En el mismo lugar.
13- Mudé el campamento al Dormitorio.
Llegó la comunicación del Guamo con noticias de bastante interés.
14- En el Dormitorio. Vuelvo a enviar la comisión al Guamo.
15- En el mismo lugar.
16- Llegó el capitán Almeida a quien tenía en comisión recogiendo gente, trayendo
unos cuantos hombres. Con dicho oficial vinieron también el coronel Fonseca y
teniente Joaquín Romero.
Llegaron de Oriente el capitán Planas y alférez Mena.
Vino Lico Vázquez comunicando de las orillas del Guamo, trayendo buenas
noticias.
17- En el Dormitorio.
18- En el mismo punto sin novedad.
19- En el mismo punto.
20- En el mismo lugar.
21- En el mismo lugar.
22- En el mismo punto.
23- En el mismo lugar.
24- Como a las doce de la noche me vino aviso de que en el Guamo se preparaba
un convoy que debe pasar por Las Arenas, dentro de dos o tres días. Pocos
momentos después de las órdenes convenientes para ponerme en marcha con
fuerza para atacar dicho convoy en su tránsito.
25-Entre dos y tres de la mañana salí con la fuerza en dirección de Las Minas del
    Miquiabo a cuyas inmediaciones llegué entre diez y doce del día, a causa de
    encontrarse una gran parte del camino bastante malo, y ya había pasado el
    convoy anunciando. Contramarché y me dirigí a la Guanábana donde hice
    noche.
26-Pasé a la Viajaca y acampé como a las doce del día.
27-Marché y acampé en estancia de Zaldívar como a las dos de la tarde.
28-En el mismo lugar.
29-Pasé a Camalote y acampé como a las once del día.
30-En el mismo lugar.
Octubre 1877
1 – Salgo con una escolta de Infantería y Caballería para Cabaniguán, donde me ha
citado el Presidente para que tengamos una entrevista. Hice noche en San Rafael.
2- Seguí marcha y llegué a San Diego, donde acampé.
3- En San Diego.
4- Pasé a Ceiba Mocha donde se encuentra el Gobierno.
   Conferencié con el Presidente y entre otras cosas me comunicó las conferencias
que había tenido el coronel Bello en Manzanillo, con el enemigo, sin ninguna
autorización haciéndose por otra parte sospechosas dichas conferencias de atentar
contra el propósito de los cubanos de independizarse a todo trance del Gobierno
español.
Pasé al rancho del teniente coronel Capote donde encontré un habanero salido hace
muchos días del campo enemigo, cuyo individuo me trajo corespondencia, que me
envió ayer, de personas que se encuentran con el enemigo y están en confidencias
conmigo.
5- Pasé a Hato Viejo a verme con el tte. coronel Ramírez, a quien tengo en
comisión recogiendo la gente de Cabaniguán. Regresé a Ceiba Mocha.
A mi llegada me llamó el presidente para enterarme de que Bello y Varona,
acompañados de Jaime Santiesteban y José Alonso Rivero habían cometido la
debilidad o mala fe, según anuncio de Santa Cruz, de venir por las líneas enemigas
en solicitud del Gobierno para conferenciar con éste sobre proposiciones que hacía
el enemigo bajo base de autonomía. Me dijo al mismo tiempo, que habiendo esos
individuos cometido un gran delito según nuestras leyes, había dado órdenes de
prenderlo y que ya el general Gómez, que salió de aquí esta mañana, los tenía
presos. Efectivamente, al anochecer llegó Gómez con los presos que mantienen
con toda seguridad para someterlos a un juicio.
6- Salió Gómez con los presos a reunirse con fuerzas del Camagüey y yo salí para
Las Tunas en compañía del Gobierno que lo componen hoy el Presidente Tomás
Estrada, el general Céspedes, Secretario del Exterior y de la guerra y a lo que
parece, como canciller el teniente coronel Nicolás Hernández que hasta ahora lo
había visto de Auditor de guerra en una Brigada del Camagüey. El gobierno se
dirige a Bayamo con urgencia con motivo de los acontecimientos promovidos por
Bello y Varona. Hicimos noche en Loma Alta.
7- Seguimos marcha y acampé en La Llave a las once del día.
8- Siguió la marcha y se acampó en Yamaycal a las ocho de la noche.
9- Pasamos a estancia Grande donde se acampó a las 9 de la mañana.
10- Se separó el Gobierno para seguir a Oriente y yo pasé a Las Peñas. En este
punto me avisté con Lico Vázquez, encargado de las comunicaciones del Guamá,
dándome buenas noticias del estado de aquellas.
11- Envié comisión en busca de la fuerza que debe pasar de la parte norte para
estar dentro de dos o tres días.
12- Como a las dos y media de la tarde tuve aviso que una columna enemiga iba en
marcha del Yamaycal para Atico, a corta distancia de este campamento. No
contando más que con tres o cuatro infantes y seis u ocho jinetes, mandé al Capitán
Almeyda que con los primeros se colocara en el lugar que estaba la avanzada por
donde calculé debía venir el enemigo; efectivamente, media hora después se
presentó aquel por la indicada avanzada, haciéndosele muy buen fuego con
relación a tan corto número de los nuestros, pues sólo tuvo el capitán a seis
números. No siendo posición para pelear con caballería, después de roto el fuego
me retiré con los infantes a la sabana Yamaycal. No siguiéndome el enemigo fui a
hacer noche a San Vicente donde se me reunió, como a las doce de la noche, un
piquete de doce o catorce hombres, que envié por viandas por la mañana.
13- Al amanecer envié al sargento Quevedo con un piquete a observar los
movimientos del enemigo y a tirotearlo. Pasé al Quemado con el resto de la gente
que me acompañan y acampé incorporarlo ya el capitán Almeyda en los momentos
de mi llegada a este punto. Por la noche llegó el sargento Quevedo con la noticia
de que el enemigo había hecho noche en la Aguada y seguido hoy para el Guamo.
14- Salí con objeto de tener una entrevista con cubanos que están con el enemigo y
comunicar conmigo. Hice noche en Santa María de Unique.
15- Tuve entrevista de que hablo ayer y regresé al Dormitorio, donde hice noche.
16- Pasé a La Vega del Quemado donde pocos momentos después de mi llegada se
me reunió el coronel Modesto Fonseca con la infantería y caballería.
17- Salgo con las fuerzas con objeto de hacer una operación de importancia y al
acampar en la carrera recibí aviso por Lico Vázquez de que una columna sale
mañana del Guamo en operaciones por este rumbo. Como es seguro que si
continúo a la operación tendré encuentro con la indicada columna y esto impediría
llevar a cabo mi proyecto, he resuelto contramarchar mañana y hostilizar en
lugares más convenientes al enemigo que se me anuncia.
18- Contramarché y acampé en La Vega del Quemado.
19- En el mismo lugar. Se me reunió el tete. Coronel Juan Ramírez con veintidós
números de Cabaniguán.
El indicado jefe trajo la noticia de que los reos que se pusieron presos estando yo
con el Gobierno en Ceiba Mocha, entre los cuales figuraban Esteban de Varona el
cual había sido pasado por las armas, habiéndose fugado Antonio Bello,
Santiesteban y José Alonso Rivero, auxiliados por el Oficial del piquete que los
custodiaba, cuyo oficial también fugó.
Dios sabe las consecuencias que traerán estos acontecimientos.
20- Mando la infantería a la estancia de Zaldívar y marcho con la caballería y
veinte infantes a esperar la columna que se me ha anunciado sale del Guamo y
vendrá al Quemado, para en este caso hostilizarla. Por la tarde no habiéndose
presentado el enemigo pasé a reunirme a la infantería en la estancia de Zaldívar.
21- En el mismo lugar.
22- Con noticia de que de Las Tunas han salido unas cuantas familizas mandé a los
capitanes Manuel Reyes y Almeyda que las recojan, examinen y conduzcan al
campamento las que aparezcan sospechosas.
Se me participó que una guerrilla de una columna que estuvo ayer en el Lavado
había sorprendido el rancho de los Tamayos en Camalote. Suponiendo que el
enemigo vendría a atacarme aguardé hasta la tarde, hora en que marché a
Camalote, donde acampé.
23- En el mismo lugar. Envié comisiones al vecindario y al regresar éstas me
enteré que entre anteayer y ayer habían caído en poder del enemigo, Severino
Fonseca y su familia, Africa su madre y Petronila; Feliciano Moncada, hecho
prisionero con Severino y el negro nombrado Portugués muerto en casa de los
Tamayos, faltando también Santos Núñez, por lo que se supone que también será
prisionero o muerto.
Regresaron los capitanes Reyes y Almeyda, los que me particparon que no
encontraron sospechosas las mujeres salidas de Las Tunas, las habían dejado en
libertad.
24- Exploradores por la tarde al Lavado encontraron al enemigo acampado allí por
cuyo motivo mandé a emboscar una guerrilla en el camino que es más probable
que lo traiga aquí.
25-A las dos de la madrugada mandé a emboscar fuerzas de infantería al camino
    del Lavado y por la mañana marché con la caballería y el resto de la infantería a
    Río Chiquito, en donde pocos momentos después de mi llegada se oyó el fuego
    que la emboscada sostuvo con el enemigo, que duró como díez minutos. Seguí
    marcha, reuniéndoseme al poco rato el comandante Olázabal con la gente que
    había hecho fuego al enemigo, con sólo la novedad de un herido grave. Se hizo
    vianda en la estancia de Guerra y pasé a acampar al Lavado, de donde envié por
    la tarde a reconocer el campo de la acción encontrándose dos caballos muertos
   y uno herido teniendo encima hamaca, capa de goma, alforjas con ropa de
   oficial y otras señales que dan a conocer que el enemigo sufrió muchas bajas.
26-En el Lavado sin novedad.
27-Marché a San Pedro donde acampé. Pocos momentos después de mi llegada se
me reunió el Prefecto Parra quien me informó que el enemigo ha hecho seis
familias prisioneras por aquí en estos días y había matado a Federico Bacallao.
28-En San Pedro sin novedad.
29-Marché por la parte norte, pasé la línea telegráfica e hice noche en Jesús María.
30-Seguí marcha y acampé en San Pedro como a las nueve de la mañana.
31-Despaché varias comunicaciones en solicitud de gente y pasé al Salvial donde
acampé.
Noviembre
1- Por la mañana se oyeron dos disparos que indicaban ser del enemigo. Mandé
   exploradores en distintas direcciones y pocos momentos después regresaron los
   que salieron sobre el Naranjal con la noticia de que el enemigo venía en marcha
   hacia el campamento. Media hora después se presentó una columna enemiga a
   la que se hizo bastante fuego con la caballería que había colocado en el puesto
   avanzado por donde venía el enemigo. No siento buena posición para nuestra
   infantería, la hice emboscar a corta distancia del campamento, pero el enemigo
   no llegó a la posición y aquella se retiró según instrucciones que había dado su
   jefe.
   El enemigo debió recibir mucho daño pues el fuego se le hizo muy de cerca.
   Nuestras bajas fueron los soldados Miguel Carmenates muerto y Francisco
   Aleage, herido leve; un caballo muerto y dos heridos. Me retiré e hice noche en
   el Barroso.
2- Marché del Barroso y acampé en La Tasajera.
3- Envié comisión en busca de la infantería y marché a Vista Hermosa, donde
   acampé.
4- En el mismo lugar. Llegó la infantería que se me separó en el Salvial el día 1ro.
También vino Modesto Fonseca que se me separó en la parte sur.
5- En vista hermosa.
6- Marché a las seis de la mañana y acampé a las tres de la tarde en Hambre Vieja.
7- Marché a las dos de la mañana y acampé en el Jiquí a las doce del día.
8- Marché y acampé en el Barroso.
9- Seguí marcha y acampé en Santa Ursula.
10- Marché, separé la infantería con el coronel Fonseca al frente y con la
caballería fui a acampar a la Gallina a las cuatro de la tarde. Media hora después de
mi llegada se presentó el enemigo y siendo el lugar montuoso no pude hacerle
mucho fuego, retirándome al Banblazo de Yerba con pérdida de dos arrenquines,
un caballo útil y algunas monturas y cerones con otros efectos de poca
importancia.
11- Seguí marcha y acampé en Santa Inés del Salto.
12- Marché y de paso por el Cerro puse a la gente a coger viandas en una
estancia. Al emprender nuevamente marcha se presentó el enemigo con quien tuvo
un ligero tiroteo la avanzada por donde vino aquel, retirándome sin novedad que la
pérdida de una cabalgadura cansada. Hice noche en la Palma de Antombran.
13- Seguí marcha y acampé a las once del día en la Trinidad de Dumañuecos.
Como en mi marcha pasé cerca de la Gallina reconocí ese punto y en él se encontró
el cadáver de un soldado español enterrado, lo que indica que el enemigo tuvo
algunas bajas en el fuego del día 10.
14- En la Trinidad. Como a las ocho de la mañana se presentó el enemigo, retiré
la impedimenta con algunas fuerzas armadas y con el resto de ésta se le hizo
regular fuego, retirándose sobre la sabanita de Hato Arriba y como el enemigo
siguiera por mi huella hice emboscar al teniente Rivas con un piquete de infantería
que le hizo un fuego que, aunque de corta duración debió ser de mucho efecto por
lo cerca que fue. Aguardé al enemigo en La Sabanita y al presentarse pocos
momentos después puse unos cuantos números que lo tirotearon y retirándome sin
novedad yendo a acampar al fondo del potrero del Barroso. El enemigo debió
sufrir bajas pues todos los fuegos se le hicieron muy de cerca.
15- Seguí marcha y acampé en el Salvial.
16- En el mismo lugar sin novedad.
17- Pasé a Jagualito y acampé. Aquí supe que el coronel Fonseca con la
infantería estaba en Las Mercedes y le ordené que me aguardara para reunirme a él
mañana.
18- Me reuní al coronel Fonseca y con infantería y caballería continué marcha y
acampé en San Luis a las cuatro de la tarde.
19- En el mismo lugar.
20- Pasé la línea telegráfica entre Guáimaro y Rompe y acampé en San Pedro a
la una de la tarde.
21- En el mismo punto.
22- Después de despachar cuatro comisiones para recoger gente, entre ellas la
media compañía de Cabaniguán para que se recoja el resto, marché y acampé por
la tarde a orillas de Río Chiquito.
23- Llegó el general Luis Figueredo, quien confirmó la noticia de la captura del
Presidente Estrada de que hace días se viene hablando. Este hombre ha sido fatal
para la revolución de Cuba. Desde que está en el puesto de Presidente, a pesar de
su honradez y el interés y patriotismo que ha manifestado siempre, no ha dado una
disposición acertada; y para ser más fatal su Gobierno vino a proporcionarse con
sus males artes el caer prisionero del enemigo, para darse golpe moral tan terrible a
la revolución, por más que materialmente significa nada sino que tal vez traiga
conveniencia, porque muchas de las desgracias que hoy lamentamos han sido
ocasionadas, como dejo dicho, por sus desatinos.
Pasé con la fuerza, y en mi compañía también Figueredo, a Laguna Prieta, estancia
de Joaquín Torres, y acampé.
Hoy separé al capitán Valdivia con la caballería por no convenir que continúe por
ahora con la infantería.
32-En el mismo lugar. Se ha confirmado la noticia que hace días viene corriendo
    de encontrarse el teniente coronel Juan Ramírez con el enemigo; sospechándose
    con mucho fundamento por todos los que se hallaban inmediatos a ese Jefe, que
    no fue capturado sino que traicionó la causa que hace nueve años viene
    defendiendo, pactando con el enemigo al simular que era hecho prisionero.
33-En la estancia de Joaquín Torres.
26- En el mismo lugar. Hoy salió para Bayamo el general Luis Figueredo que va
       de jefe de la División de aquel Distrito. Poco podemos prometernos de un
       hombre que tan pocas actitudes y ninguna actividad ha demostrado en los
       puestos que ha ocupado durante la revolución.
Figueredo, es verdad que es un gran patriota, y muy honrado y que tuvo su época
en que sirvió bien a la causa de la libertad de la patria, pues fue incansable y tenaz
en la conspiración contra los españoles, pero efectuado el levantamiento del 68
nada más ha hecho en la guerra digno notarse.
27-Salí con unos cuantos números al vecindario y regresé al campamento.
28-En la estancia de J. Torres.
29-Hoy han desertado los soldados Abrahan Rivero y Manuel Quesada, los cuales
tengo la convicción de que se han marchado al enemigo.
30-Pasé a la estancia del Pozo del Ñame. Se me reunieron el capitán Esteban
Izquierdo y el teniente P. Xiques que andaban en comisión por distintos lugares
cada uno. Tanto éstos como otros comisionados que estaban recogiendo gente, han
venido con muy pocos resultados. Efecto es ésto del estado de desmoralización y
de indisciplina en que se encuentra la gente de este Regimiento desde mi salida
para Las Villas; consecuencia inmediata de los trabajos políticos que muchos
hombres de poco juicio emplearon, metiendo los soldados del ejército en
movimientos políticos sin preveer los graves males que eso iva a acarrear y que
hoy estamos lamentando.
Diciembre.
1- Mudé el campamento a la estancia de los Oliveces, cerca del Río San Agustín.
2- He vuelto a mandar hoy dos comisiones en busca de gente.
3- Pasé a la estancia del Toro.
4- Se presentó el enemigo como a las ocho de la mañana, se le sostuvo en el
campamento el fuego que fue posible sostener atendiendo a la superioridad
numérica de los contrarios.
Me retiré sin más novedad que tres o cuatro arrenquinas que cayeron en poder del
enemigo. Hice noche en la Laguna de Los Hitabos.
5- Seguí marcha y acampé en el Ojito de Agua. En la marcha se me incorporaron
los Cabos Juan Nuñez y A. Rodríguez con los números que los acompañaban en
las comisiones que estaban desempeñando. También se me incorporó el Cabo
Gamboa.
6- Seguí marcha y acampé a orillas del Río San Agustín.
    Mandé al Alférez Cuello con una guerrilla a reconocer el campamento en que
tuvo lugar el fuego del cuatro del corriente y regresó trayéndome dos caballos de
los que habían extraviado.
7- En el mismo lugar.
8- En el mismo lugar.
9- En el río San Aguastín. Se me presentaron, procedentes de Las Tunas, María
Balbina González y Eulalia Salgado, que habían sido capturadas por el enemigo, la
primera me trajo una carta del tte. coronel Juan Ramírez, presentado en la Ciénaga,
en la que me proponía, de acuerdo con Valera- Jefe de Las Tunas- una conferencia.
No contesté dicha carta, con el objeto de consultar el asunto con el Gobierno y
mandé detener las mujeres que la portaban.
10- Llegó el teniente Ramón Montero y me participó que el capitán Valdivia con
la caballería copó un convoy el siete del corriente, en que hizo al enemigo veintiún
muertos, tomó diez y nueve rifles, mil cápsulas, un revólver, un machete y dos
carretas cargadas de efectos.
11- En el mismo lugar. Llegó el capitán Manuel Reyes que había quedado en la
costa norte recogiendo gente, y trajo once hombres.
12- Volví a mandar al capitán Reyes a la costa norte en busca de gente.
13- Marché a las estancias de la Ceiba y acampé en la de Pancho Urquiza.
14- Me embosqué con las fuerzas a orillas de la sabanita de Cayojo con objeto
de sorprender al enemigo que venía a forragear a dicho punto, pero no habiéndose
presentado aquel, acampé inmediato al lugar de la emboscada.
15- Volví a emboscarme como ayer y no presentándose el enemigo me retiré a la
una del día y acampé en el Sao del Brazito.
16- Al amanecer me dirigí al camino central y al emboscar la gente entre Miguel
Ramos y la sabana del Ranchuelo, a las siete de la mañana, se presentó el enemigo,
del lado del Rompe, en número como de treinta hombres. Al atacárseles
emprendieron la fuga, de tal manera que sólo pudo hasérseles ocho muertos que
abandonaron, dejando además en nuestro poder nueve rifles, cinco acémilas
aperadas y algún parque en cananas. Sin novedad por nuestra parte.
Mandé retirar al coronel Borrero con el 1er Batallón por la parte norte, para que se
me reuniera más tarde por el sur, y con el 2do. Batallón de mi escolta fui a acampar
a inmediaciones de la Ceiba.
17- Seguí marcha y acampé detrás de Santa Elena, donde llegué con una fuerte
fiebre, resultas de una rozadura en una pierna.
18- En el mismo lugar.
19- En el mismo lugar.
20- Salí de Santa Elena y acampé en las Margaritas, más grave ya de la pierna.
21- Seguí marcha y acampé a la una del día en Laguna La Palma. Llegué muy
grave de la pierna, creo que por primera vez me saldrá llaga. También me dio
fiebre.
22- Se me reunió Atilano Almeida con treinta y cinco hombres de Cabaniguán.
23- Se me participa que en estos días pasados se presentó Eduardo Núñez al
enemigo, llevando enseguida a éste a rancherías de familia, donde entre otras
cogieron las del teniente Montero, capturando también dos o tres hombres.
24- Llegó el alférez Villamar que andaba en comisión, trayendo dos hombres.
Este oficial me participa que en unos ranchos de Río Chiquito encontró una mujer
baldada acompañada de una niña de cuatro a cinco años, gritando ambas a causa
del hambre y la sed que estaban pasando desde que los españoles cometieron la
iniquidad de dejarlas abandonadas cuando asaltaron esas rancherías, guiados por el
traidor e infame Eduardo Núñez, pues éste precisamente estuvo siendo cortejo de
la mujer baldada a la cual abandonó hacía pocos días por su enfermedad.
También se dice se presentó Luiciano Vargas, llevando enseguida al enemigo a los
ranchos de Jesús Espinosa y el Doctor Martínez, donde cogieron dos mujeres.
25- Esta madrugada llegó el teniente Xiques de una comisión que salió antes de
ayer trayendo cinco hombres.
También regresó el sargento Jesús Milanés, que salió el 20 de éste y aunque no
recogió ningún soldado del Regimiento, vinieron en su compañía el capitán Tristá,
Canals y el padre Odio.
26- Sale el teniente Xiques a recoger gente y lleva además la orden de recoger la
mujer tullida que abandonaron los españoles, a la cual se ha estado auxiliando, para
colocarla en casa de un vecino que la cuide y mantenga.
27- Sigo en Laguna de La Palma. Hoy fue pasado por las armas el soldado del
2do. Batallón Andrés Benítez que fue condenado a muerte en consejo de guerra,
por el delito de deserción con reincidencia, con la circunstancia agravante de haber
sido plateado, teniéndose además motivos muy fundados para creer que iba a
presentarse al enemigo.
28- Vino el cabo Calixto Fuentes, que andaba recogiendo gente, trayendo
solamente dos hombres de la fuerza de Bayamo. También vino el prefecto de
Unique en unión de Fuentes.
29- Sin novedad, todavía en Laguna La Palma.
30- Llegó el coronel Francisco Borrero con la fuerza que le separé después del
fuego del 16 del presente mes, en camino de Miguel Ramos a Las Tunas.
31- Envié al capitán Esteban Izquierdo con veinte hombres en busca de las
armas que quitó el capitán Valdivia al enemigo, aunque sin saber en donde estarán
depositadas, pero supongo pueden encontrarse por las indicaciones que se me han
hecho.
Salió el Prefecto Mariano Espinosa en busca de un parque y el cabo Fuentes a
recoger unos hombres.
Con el día de hoy termina el año 1877, que ha sido fatal para la revolución por los
acontecimientos desfavorables que en él se han presentado; y para mí en particular
ha sido funesto por los grandes disgustos que durante un año se me han
proporcionado. Por todo ello me será memorable.
1878
Enero
1- Regresó el capitán Izquierdo sin resultado de la comisión a que salió ayer,
   también regresó el teniente Xiques sin traer gente del Regimiento,
   acompañándole el Doctor Martínez.
Con el Cabo Antonio Olivera que estaba fuera vino el comandante Sicerino.
2- Mando al capitán Almeyda en busca de gente de la fuerza. También mando al
Alférez Paula Fonseca en solicitud de hombres que viven por Naranjito y con la
comisión de llevar al jefe de la línea occidental de Holguín dos paquetes de
periódicos que me envió el Gobierno para que les diera curso para Oriente.
3- Sale otra vez el capitán Izquierdo en busca de las armas guardadas por el
capitán Valdivia.
4- Regresó el capitán Izquierdo sin resultado. Sale el sargento de mi escolta Jesús
Milanés en busca de gente.
5- Regresó el sargento Milanés sin resultado.
6- Llegó el cabo C. Fuentes con un hombre. Salen el coronel Fonseca y el
comandante Palma a quienes le cito un punto de la parte norte para que se me
reunan el 11 o el doce del actual.
7- Mando al capitán Almeyda y el teniente Xiques por distintas direcciones, en
solicitud de gente de la fuerza para que se me reunan en otro lugar pues hoy salgo
de este campamento.

Hoy le doy el mando del Regimiento Tunas al coronel Francisco Borrero y al
mismo tiempo le separo con el primer Batallón y la 1ra compañía del 2do para que
se me reuna el 12 en la parte norte.
No había querido poner al coronel Borrero al frente del Regimiento hasta no
tenerlo organizado, cosa que quizás no hubiera conseguido dicho jefe y que a mí
me ha costado grandes esfuerzos llegar a reunir la gente que tengo hoy organizada.
Tal fue el estado de desmoralización en que pusieron estas fuerzas, los trabajos
políticos de algunos Jefes sin juicio; así he pasado disgustos al ver huyendo en el
mayor desorden, de sus inmediatos Jefes y Oficiales, y del servicio a los soldados
que muy pocas veces he dejado de mandar en la revolución y que siempre se han
portado con disciplina orden y valor.
Después de separado el coronel Borrero, salí también de Laguna La Palma con la
segunda compañía del segundo Batallón y la escolta y acampé en la margen del río
Cayojo, estancia de Daniel.
8- En el mismo lugar.
9- Pasé a las inmediaciones de la estancia de Máximo, donde acampé. Por la tarde
   me participó una pareja que en la estancia de Goyo Núñez había llegado el
   enemigo, envié exploradores y ya se habían retirado pero siguiendo sus huellas
   mis exploradores le encontraron en Aguas Blancas e hicieron fuego.
10- Suponiendo que podía venir a atacarme el enemigo que se retiró a Aguas
Blancas, me embosqué con la fuerza en la margen de Cayojo, aquí se me reunió el
capitán Almeyda con quince hombres que recogió de la fuerza.
No habiéndose presentado enemigo me retiré al Campamento.
Quise reconocer otra vez a Aguas Blancas donde aún encontraron enemigo y le
hicieron fuego.
11- Pasé a las inmediaciones de La Ceiba y acampé.
12- Marché a las tres de la tarde, pasé la línea telegráfica y acampé en Santa Rita
    de la Caridad.
13- Marché y acampé en San Miguel a las tres de la tarde.
14- Marché a Monte Oscuro donde me reuní con el coronel Borrero a las doce
del día.
En este campamento encontré al Presidente interino general J. Céspedes y al C.
Ramón Trujillo.
El primero me manifestó que venía a ponerme en posesión de la Presidencia de la
República en cuyo puesto había tenido a bien colocarme la Cámara de
Representantes.
15- Llegó una comisión del Camagüey que me trajo comunicaciones como
Presidente de la República donde me comunican que ha salido E. D. Estrada con
proposiciones de paz de los españoles y que hay un gran partido que pide que se
trate con el enemigo. Infausta noticia porque bien convencidos debemos estar de
que dichas proposiciones no serían sino las mismas que nos han hecho siempre y
dando muestras de aceptarlas como se ha dicho que ha dado la mayoría del
Camagüey pueden contarse ya por perdido ese Departamento.
16- Me ocupo de resolver tan grave asunto como el que se me anuncia del
Camagüey; por el correo llegado ayer, y de contestar a la Cámara que me ha
mandado llamar.
17- Quedó despachado el correo del Camagüey que saldrá mañana y
correspondencia para Oriente que también enviaré.
18- Salió para el Camagüey el alférez Manuel López con mis contestaciones
para la Cámara y el brigadier Benítez.
Llegó el capitán Valdivia con la caballería. También llegó el teniente Figueredo
con las armas que le envié a buscar que quitó Valdivia al enemigo.
19- Por la tarde se presentó el enemigo en una avanzada; ésta hizo fuego hasta
    agotar sus municiones y aquel no llegó al campamento donde se le estuvo
    aguardando hasta la noche que me retiré a la estancia.
20- En el mismo lugar.
        Todo el día estuvo una compañía emboscada po .. huella pero no nos siguió
a pesar de que estuvo en el campamento abandonado anoche. El teniente Cruz con
su guerrilla tuvo fuego en las Mercedes con enemigo que según parece venía a
reunírse a la que vino a el Campamento que se encontraba en San Rafael.
21- Moreno y otros del Jiquí hice algo a esperar al enemigo a ver si avanzaba y
    como a las tres horas, no habiéndose presentado aquel seguí marcha y acampé
    en Las Cabreras.
22- Envié comisión al Camagüey con comunicaciones para la Cámara y Benítez
    diciéndole a la primera que aplazaba para mejor oportunidad el avistarme con
    aquella Corporación y dándole conocimiento de haber_______________
    entrevista propuesta por el Jefe español de Las Tunas. A las seis de la mañana
    marché y acampé en el Salvial a las doce del día.
23- Envié a Enrique Canals a Las Tunas en calidad de parlamentario a contestar
al jefe español de allí que aceptaba la entrevista que se me propuso en la carta que
me dirigió el teniente coronel J. Ramírez hace ya unos días.
Como a las _____de la mañana se presentó el enemigo por Los Angeles,
haciéndole fuego una pareja, como no entraba el enemigo me retiré y acampé
detrás de San Miguel.
Se separó el gral. Céspedes para seguir a Oriente, le dí para que le acompañaran al
teniente Sosa y siete números.
24- En el mismo lugar sin novedad.
25- En el mismo lugar. Hoy me escribió Canals de Las Tunas y le contesté.
26- Salí de San Miguel por la mañana y acampé en La Güira a las tres de la
    tarde.
27- Marché y acampé a las dos de la tarde detrás del Cro. Se me reunió Canals,
    que regresó de Las Tunas, el cual cumpliendo mis instrucciones convino con el
    Brigadier español, Valera el que tuviera efecto una conferencia en la cual
    concurrirían dos individuos por parte del gobierno español y dos por mi parte.
    El objeto que me mueve a admitir esta conferencia lo anotaré después.
28- Pasé a Ceiba, estancia de los Izquierdos, donde acampé con la Infantería
    dejando la caballería en el punto de Pancho Leyva.
29- Salí con mi escolta dejando al tte. coronel León encargado del campamento;
    hice noche a inmediaciones del río Cayojo, cerca del rancho de Máximo.
Envié al sargento Blas de la Rosa en comisión a las comarcas del Lavado y Laguna
Prieta.
30- Regresé al campamento. Con el capitán Machado a quien dejé estos días por
    la parte Norte, llegó el Alférez Paula Fonseca que hace poco vino de la
    comisión a la línea Occidental de Holguín. Aunque en su marcha recogió
    Fonseca unos cuantos hombres se le han desertado la mayor parte, antes de
    llegar aquí. Desde ayer tarde salieron de este campamento el Coronel Fonseca y
    Pérez Trujillo a quienes comisioné para tener la entrevista convenida con el jefe
    español de Las Tunas para la cual se señaló el día de hoy, de cuyo resultado no
    he tenido conocimiento por no haber regresado los comisionados.
31- Regresaron de su comisión de avistarse con personeros del Gobierno español
    el Coronel Fonseca y P. Trujillo, resultando de dicha conferencia haberme
    enviado los españoles unas proposiciones escritas que al reunirse con la Cámara
    en estos días trataré de que se resuelva sobre ellos.
Anoche murió el honrado patriota C. Vicente Ortíz quien ayudó decididamente en
la revolución no sólo antes de estallar sino después de entablada la guerra.
Febrero 1ro – Hoy marchó el doctor Luaces para el Camagüey. Marché de la Ceiba
y acampé en el Lavado.
2 – En el mismo lugar.
3 – Salí a la una del día y acampé en las Gordas a las seis y media de la tarde con
infantería y caballería.
4 – Seguí marcha y llegamos a Berraco Gordo donde esperaba encontrar la Cámara
pero habiendo marchado ésta ayer con las demás fuerzas que la acompañaban
resolví hacer noche en este punto y continuar mañana.
5 – Seguí marcha y llegué como a las nueve de la mañana Calilla punto donde se
encuentra la Cámara y Benitez con las fuerzas. Mucho tendré que anotar después
sobre las impresiones desagradables que recibí este día y sobre los grandes
acontecimientos y lo que los han ocasionado.
Encontrándose Esteban D. Estrada en el Campamento me valí de él para provocar
una conferencia con el General enemigo Martínez Campos para la cual ha fijado el
día 7.
6 – Pasamos a San Agustín. Me avisa Duque de Estrada que el General español
está en el punto que le cité sin duda el primero se equivocó al invitar al segundo y
habiendo recibido este aviso ya de tarde y no estando preparado envié a decir que
concurría mañana a inmediaciones del Chorrillo.
7- Marché al Chorillo a cuyo campamento enemigo, donde llegué a las once del día
tuve necesidad de entrar. Tuvo lugar la conferencia de cuyos resultados hablaré al
poner _____ en limpio éste apunte.
8- Hoy se han suscitado aquí acontecimientos tan graves como los que han venido
teniendo lugar hace días.
Queda disuelta la Cámara a consecuencia de que una reunión popular de jefes,
oficiales de tropa del Camagüey, nombró un comité revolucionario para tratar de la
paz con los españoles por no poderlo hacer ni aquella ni el Gobierno sino bajo las
bases de independencia.
9- Reunido otra vez el pueblo camagüeyano se lee y se aprueban unas
proposiciones formuladas y discutidas por el comité, para presentarlas a Martínez
Campos. Salieron en comisión con tal objeto el Dr. Luaces y Roa.
Llegó por la noche el alférez Patrocinio trayéndome correspondencia de La Habana
y de Nuevitas y que me enviaba Paco Borrero; De esta comisión tenía ya
conocimiento desde a medio día por Martínez Campos por haber sido aquella
detenida esta mañana en Vialla por fuerzas españolas.
10 – Regresó Luaces y Roa del campamento del Zanjón donde se avistaron con
Campos y éste aprobó las proposiciones del comité aunque haciéndola algunas
variaciones.
11- Emprendo marcha para Las Tunas después de haber pasado mil
mortificaciones y hasta amarguras, estos días presenciando los escándalos
contrarrevolucionarios y hasta de traición y sin poder evitar.
Mi salida fue de San Agustín a las dos de la tarde acampando en Guanayú al
anochecer.
12- Seguí marcha con la caballería dejando por detrás al teniente coronel León con
la infantería. Llegué al Sabalo.
13- Llegué al campamento del coronel Borrero, despacho comisiones a Cuba,
Holguín y Bayamo y regresé al Sabalo donde ya encontré al teniente coronel León
con la infantería que traía del Camagüey. Hice noche en el Lavado.
14- Pasé al Brazito y di orden para que concentraran en este punto las infanterías y
así se hizo hoy mismo.
15- En el mismo punto. Por la noche llegó un correo del Camagüey que me trae las
copias cursadas por el comité, de las actas de esa junta y otros documentos
relativos al movimiento contrarrevolucionario llevado a cabo por miembros de la
Cámara y los jefes camagüeyanos.
16- Despaché el correo que vino ayer de Camagüey. Vino Gaspar Cruz de las
inmediaciones de Las Tunas donde lo mandé allí hace tres días. Pocas noticias me
trajo.
17- En el Brazito sin novedad.
18- Mandé al sargento Labrada a Las Tunas con una carta a Valera con objeto de
provocar una entrevista con este jefe y yo salí por la tarde a reunirme en la
_______ sargento. Me acompañan el Dr.M. Gaspar de la cruz y números de mi
escolta. Llegué de noche a La Ceiba, donde recibí por Gil contestación de Las
Tunas donde el jefe de acción de allí me decía que volviera a mandar al otro día
para que me trajeran contesta de Valera que se hallaba en Holguín.
19- Volví a enviar a Las Tunas y me aproximé a este pueblo. Me contestaron que
Valera debía llegar de un momento a otro que podía avistarse conmigo esta tarde
para lo cual señalaba punto. Pasé al Hormiguero de Cedeño donde cité a Valera el
cual vino a pocos momentos después.
Hablé de lo que deseaba llegara a conocimiento de M. Campos y de todo lo demás
que se me ocurrió y que tenía relación con los acontecimientos actuales de Cuba.
Hice noche en La del Medio.
20- Seguí marcha y llegué a Brazito.
21- Recibí carta de Valera adjuntándome dos telegramas de Martínez Campos e
instándome para otra conferencia, contestándole a este jefe que tendría lugar
pasado mañana.
22- Levanté el campamento de Brazito y lo fijé en Aguas Blancas.
Pasé a Cornito donde había citado para hoy a Valera el cual encontré en el indicado
punto pero me rogó que tuviéramos la conferencia en San Antonio por habérselo
indicado así el general en jefe y que llevaba allí un aparato ambulante el que había
hecho trasladar.
Tuvo pues lugar la conferencia en la que hablé con bastante franqueza con Valera
y el coronel Salas sobre los puntos que deseaba tocar como fueron la mesquindad
de las ofertas hechas a los cubanos en las bases convenidas entre el general
Campos y el Camagüey, de la prolongación de la suspensión de hostilidades como
medio indispensable para que los de Oriente ponganse de acuerdo para las
negociaciones de la conocida que era la intensión de Campos de batirnos en
detalles de política o militarmente. Y vencidos que fuéramos, que apareciéramos
como subyugados y nada más, y por último le hablé de todo aquello que se me
ocurrió que fuera conveniente a Cuba. También hablé un rato con Campos que me
invitó a que me acercara a la estación, pero paréceme que este jefe no quedó
contento de mi respuesta. Al anochecer terminó la conferencia, nos retiramos, y yo
fui a dormir a un punto cerca del Ranchuelo.
24- Seguí marcha y llegué al campamento Aguas Blancas donde pocos minutos
    después llegó el capitán Luciano Moreno a quien envié en comisión a Cuba.
    Este oficial me informa que Maceo y sus fuerzas están en el mejor sentido
    contra lo hecho en el Camagüey.
25- Por la noche me llegó carta de Valera acompañándome parte de Casasola.
26- Recibí carta de Valera y de Bonanza en que ambos me anunciaban que el
    primero deseaba tener una entrevista conmigo. La acepté y le señalé el día de
    mañana a las diez.
27- Tuvo lugar la conferencia con Bonanza, en ella se trató poco más o menos
    ______siempre. Nos separamos a las cinco de la tarde y regresé a Aguas
    Blancas.
28- Como estoy en comunicación con los jefes españoles de Las Tunas a cada
    rato recibo noticias de ellos que se empeñan en alavarme a fin de hacerme crear
    aquellos que puede convenirles. Hoy me cursaron partes telegráficos y me
    propusieron que enviara al Dr. Martínez y éste salió hoy mismo.
Marzo 1ro. Regresé el Dr. Martínez.
2- Marcho con la caballería para El Oro.
3- En el mismo punto.
4- En el mismo punto.
5- En el mismo punto.
6- Marcho con dirección a Naranjito a donde tengo citado a Maceo para el ocho o
diez del corriente con objeto de conferenciar con él. Hice noche en Limones.
7- Sigo marcha y llego a Naranjito donde acampé como a las tres de la tarde.
8- Por la noche llegó el capitán Luciano Moreno con correspondencia de Maceo y
otros jefes de Oriente en que me dicen no pueden venir a este punto como teníamos
convenido, para conferenciar, manifestándome también la mayor parte de dichos
jefes el deseo de que yo pase a la residencia de ellos por ser así indispensable.
9- Ocupado en despachar correspondencia para Oriente me llegó un correo del jefe
español de Las Tunas el cual me anuncia que Martínez Campos se encuentra en
Cauto Embarcadero.
10- Salí de Naranjito y llegué a Los Cayos de Cauto el Paso a las once del día;
pocos momentos después se me reunió Perea que estaba en comisión por Bayamo,
el cual me trajo la noticia de haber aceptado las bases del Camagüey, los Generales
Díaz, Figueredo y Ruz y los coroneles Masó y Guevara, cuyos jefes se encuentran
ya con el enemigo habiéndose llevado unos cuantos hombres de la fuerza. Más
tarde se me reunió el capitán Joaquín Mariño de Bayamo que no quiso aceptar ni él
ni tres o cuatro oficiales y 50 hombres de tropa, las condiciones porque pasaron sus
jefes y se separaron para unirse conmigo.
11- Tuvo lugar la entrevista anunciada entre M. Campos y yo en Cauto el Paso.
12- Emprendí marcha con dirección al Salto a verme con Maceo, otros Jefes de
Oriente. Habiendo tropezado con el campamento español de Mula(172) y no
habiendo querido su jefe que pasara por aquí contramarché e hice noche en el
Hatico.(173)
13- Sigo marcha y acampo en el Salto.
14- Seguí marcha y como a las nueve de la mañana di orden de acampar en el
Júcaro y con los oficiales que me acompañaban me adelanté a ponerme al habla
con Maceo y otros jefes a quines les envié a decir ayer que para ganar tiempo
emprendieran el camino a encontrarse conmigo. Así sucedió entre San Agustín y el
Júcaro, y como Maceo tiene que celebrar conferencia con el General en Jefe
español mañana le hice algunas observaciones sobre la actitud con que debía
presentarse en la conferencia y de la actitud en que estaba el Jefe español.
Concluída la conferencia con Maceo y los otros me retiré al Júcaro donde me
acompañó el coronel Pedro Marínez Freire quien me informó detalladamente de la
verdadera situación de Oriente y del estado de las opiniones.
Por la tarde llegó el teniente coronel Limbano Sánchez como con 50 hombres de
Holguín y en los mismos momentos llegaron de Las Tunas, Modesto Fonseca,
comandante Sicerino, capitán Tristá, Planas, Almeida, Parra, D. Tamayo, teniente
Gaspar Crúz y Joaquín Romero.
15- Me moví del Júcaro para San Agustín y al llegar a tal punto recibí
comunicación del general Maceo en que me decía haber terminado la conferencia
que celebraba hoy y que urgía que nos reuniéramos. Seguí marcha hasta Baraguá
donde se encontraba Maceo y los demás Jefes que con él se encontraban,
conferenciamos y se trató de formar un Gobierno para lo cual se reunió el pueblo y
principió sus trabajos no habiéndose obtenido hoy el resultado definitivo.
16- Como acordé con Martínez Campos notificarle el resultado de mi reunión con
los de Oriente relativo a la paz, le escribí diciéndole que aquí no se aceptaban las
bases, y que nada más se podía hacer respecto a consultar la mayoría por las
dificultades de reunirse y sobre todo cuando acordó con Maceo se romperían
hostilidades el veintitrés.
Procedió el pueblo a nombrar un Gobierno y quedó éste constituido. Lo
compusieron. (174)
17- Constituído el Gobierno desde ayer procedió a nombrar un General en Jefe
cuyo cargo me fue conferido hoy; asumí el mando y principié a trabajar. Maceo fue
nombrado segundo Jefe. Como esta madrugada recibiera contestación de Martínez
Campos a mi carta de ayer. La contesté con la dignidad y atención necesaria.
18- Hoy recibí contestación de Martínez Campos y su contenido demuestra quedan
rotas las relaciones que con dicho Jefe he tenido que mantener referidas a la paz.
El señor Campos pretendió que todos fuéramos engañados por su astucia y se
equivocó.- Por más político que parece no ha sabido emplear todos los medios para
hacer general lo que algunos han querido llamar tratado con lo que quizás hubiera
llegado a ser efectiva la paz entre cubanos y españoles, aunque siquiera hubiera
sido por algunos años. Bien es verdad que los que llevaron a cabo la
contrarrevolución en que tan villanamente se han portado.
No fueron engañados sino por el temor de que se apoderaran y también por sus
malas intenciones.
Después de dejar al parecer asegurada la unión entre los que quedamos resueltos a
seguir la guerra, emprendo marcha con dirección a Las Tunas e hice noche en el
Júcaro.
19- Seguí marcha y acampé en Pidregalón donde encontré el primer batallón del
regimiento Jiguaní que había sido llamado por el general Maceo y se encontraba
reunido el segundo.
20- Seguí marcha llevando conmigo el Primer Batallón Jiguaní.
Acampé con la caballería en la Guana haciendo adelantar la infantería con
dirección a los Moscones.
21- A la una de la mañana marché y llegué a los Moscones a las once del día.
22- Organicé una columna de infantería y le puse a las órdenes del coronel Peralta
para que marchando sobre la parte norte de Las Tunas, se embosque en el camino
de Maniabón dos días, para si pasaba algún convoy lo atacase. Yo marché con la
caballería y un piquete de mi escolta de a pie con dirección al Sur de Las Tunas e
hice noche en Las Coloradas.
23- Seguí marcha y al pasar por la línea telegráfica entre Las Minas y Ojo de Agua,
se cogió a un individuo que dio noticias que hasta el 30 no salían a operar los
enemigos. Hice noche en el Salto del Estribo.
Desde San Joaquín adelanté al teniente coronel Sicerino y conmandantes D.
Tamayo, Parra y L. Moreno y capitán Almeyda para que solicitaran al coronel
Borrero para que éste me participara mañana en el Dormitorio lo que ocurriere en
este Distrito.
24- Seguí marcha y acampé en el Dormitorio a las dos de la tarde. Momentos
después recibí correo del coronel Borrero que me traía correspondencia de éste, de
los confidentes que están con el enemigo, los cuales me dan buenas noticias;
comunicaciones que se han cruzado entre Valera y Borrero entre éste y el
declarado y traidor Juan Ramírez.
Entre las de Valera a Barrero venían una del primero que dice quedar suspensas
hostilidades nuevamente y otra del mismo Valera para mi en que me dice lo mismo
y me cita a una conferencia.
Contesté aceptando ésta quien la llevara por la madrugada pero a media noche
recibí otra comunicación de Barrero en que incluía una de Valera declarando rotas
las hostilidades desde mañana, por lo que desistí enviar contestación que tenía
hecha a Valera.
25- Marché a la estancia del Toro donde ya me aguardaba el coronel Borrero con la
infantería; dejé en el Dormitorio al comandante Valdivia con la caballería.
En los caballos de los ayudantes, ordenanzas y los mios monté jinetes y los mandé
a la caballería.
26 Llegó el capitán Gaspar Crúz a quien mandé desde el alto en comisión a orillas
    de Las Tunas y no obtuvo resultado.
También vino Rafael Torres que había autorizado por el coronel León a Maniabón,
trajo buenas noticias.
Mandé el coronel León en comisión con una guerrilla sobre Cayojo y la Ceiba.
27- Me ocupé en despachar correspondencia para confidentes de los poblados.
Llegó el teniente Benjamín Mayo a quien mandé buscar desde ayer y éste me
participa que ayer acompañado de un soldado de Escuadrón hizo fuego a columna
enemiga procedente del Guamo y que dicha columna se encuentra hoy en la
estancia de los Guiros.
Al regresar la gente que salió a viandas trajo noticias que al pasar por Anoncillo
tuvo Rafael Torres, que salió de aquí hoy, fuego con el enemigo en Moja Casabe.
Supongo que esas dos columnas vienen a atacarme y no conviniéndome
aguardarles aquí, doy orden para marchar por la madrugada.
28- A las cinco y media de la mañana salí del Toro y a las ocho hice alto en el
Pozo Ñame y pocos momentos después se presentó el enemigo por mi huella, se le
hizo un buen fuego en dos emboscadas que le hizo, ignorándose las bajas que haya
sufrido. Me retiré sin novedad a la estancia de Juan Tamayo, donde acampé a las
tres de la tarde. En mi marcha antes de llegar al Pozo del Ñame, se oyó fuego en
dirección a Anoncillo que debió ser el coronel León.
29- Seguí marcha y en la estancia de José Tomás, separé al coronel Borrero con
el grueso de las fuerzas encomendándole una operación para que después se me
reuniera en la parte norte.
El mismo día marzo 29, se separó el coronel Fonseca y teniente Romagoza para ir
a sus casas y yo con la escolta, diez números del segundo Batallón y mis ayudantes
Garay y Deimier marché con dirección a Cayojo acampando a las tres de la tarde
en la vereda del Curial entre San Agustín y Mejías. Envié al Sargento Palmero con
tres números a Cayojo a ver si encontraba al coronel León. Momentos después se
oyó fuego en dirección de San Agustín o la Ceiba, ignorándose cual de mis
comisiones habrá tenido fuego con el enemigo.
30- Regresó la comisión que envié ayer a las estancias de Cayojo no habiendo
encontrado al coronel León.
Marché a la una del día y acampé en la estancia de P. Urquiza.
31- Marché e hice alto al lado del potrero Ranchuelo. Por la tarde seguí marcha
       y en el Sao Bracito encontré al coronel León con la fuerza que sacó del Toro.
       Acampé en el lugar en que estaba acampado dicho Jefe.
Abril 1ro.- Por la mañana pasé al camino central y me embosqué con la fuerza
entre Miguel ramos y Laguna de Ranchuelo. De diez a once del día pasaron cinco
jinetes españoles de Rompe a Las Tunas y como tenía dado orden de no hacer
fuego a grupos pequeños se dejaron pasar; más a las tres de la tarde treinta y cinco
jinetes más que por una mala inteligencia de uno de los Jefes encargados de la
emboscada pasaron sin fuego. Este grupo en todo demostraba que iba escoltando
algún Jefe.
Me retiré al caer la tarde e hice noche en la estancia llamada de Bracito.
2- Volví a embarcarme en el mismo lugar y a las doce del día se me participó que
hacía dos horas que había desaparecido un muchacho, el cual sospecho con mucho
fundamento que ha marchado al enemigo. Con este motivo me retiré, pasé la línea
y acampé en la estancia de Machado detrás de la Dichosa.
3- Seguí marcha y en las inmediaciones de La Vega de Loreto tuve encuentro con
una columna enemiga que según iba a acampar en esos momentos donde tuvo
lugar.
Unos cuarenta hombres de los míos solamente entraron en fuego pero atacaron tan
bruscamente al enemigo que arrollaron a una guerrilla que destacó en
reconocimiento de nosotros haciéndoles replegar al grupo de su fuerza,
abandonando cadáveres que recogieron después por haber rechazado el ataque y
cargar a los nuestros con muchas mayores fuerzas por lo que me retiré con tres
heridos. El enemigo ha debido tener considerables bajas pues sin hacer siquiera un
reconocimiento sobre nosotros se retiró sin duda después de curar sus heridos con
dirección a Las Tunas. Acampé en el Macío del Ciego.
4- Varié de campamento cerca del mismo punto.
Me participa el practicante que asistía al Cabo Iginio Rodríguez herido, que éste
había muerto ayer tarde.
5- Marché a Murciélaguito donde encontré ya reunidos a los coroneles Peralta y
Borrero con las fuerzas con que les envié en operaciones por distintos puntos. El
primero me participa que el 25 próximo pasado,, atacó al enemigo en camino de
Maniabón a Tunas el que dejó algunos muertos y cabalgaduras en los primeros
momentos, pero repuesto aquel y siendo superior en número recuperó los
cadáveres teniendo los nuestros que inutilizar los caballos tomados. Tómase al
enemigo un rifle y algún parque y otros efectos y se retiró Peralta con dos heridos.
El coronel Borrero me participa que el 31 pasado, tuvo encuentro con el enemigo
en el monte de la Cucaracha, con el cual sostuvo un vivo fuego en el cual debió
haber sufrido muchas bajas, teniendo por nuestro herido leve, al comandante
Donato Tamayo.
Se me reunieron también el coronel Fonseca, teniente coronel Palma y teniente
Joaquín Romero.
Recibí correspondencia de La Habana y de Nuevitas y me pongo enseguida a
contestar pues son de interés las noticias que me dan.
6- En el mismo lugar y sigo despachando correspondencia para las confidencias.
7- Despaché correo a llevar correspondencia al punto de las comunicaciones. Mudé
el campamento en otra estancia del mismo Murcielaguito. Envié al comandante
Manuel Reyes con una guerrilla en reconocimiento sobre la trocha de San Miguel a
Guáimaro.
8- En el mismo lugar.
9- Envié al sargento N. Román en comisión a la parte sur.
Marché y acampé en el camino que conduce de la Dorotea a S. Lorenzo.
10- Llegó el cabo Víctor Torres que con otros números fue en compañía del
Alférez L: Alvarez que llevó la correspondencia para confidencias hace tres días.
Torres me trajo carta de P. Varona anunciándome su próxima llegada.
11- Una guerrilla enemiga que pasó por San Lorenzo, sin ser sentida, sorprendió
dos soldados de este campamento que castraban una colmena, como a media legua
del mismo, quitándoles los dos rifles.
12- Una pareja situada en San Lorenzo hizo fuego a una guerrilla enemiga que
pasó de San Mariano a Vista Hermosa.
Al anochecer llegó el coronel Varona trayéndome correspondencia de Nuevitas.
13- Habiendo enviado la fuerza por viandas a Versalles y en la marcha desertaron
el soldado Justo González del 1er Batallón y el asistente Puig de fuerzas de
Holguín.
14- Envié al sargento F. Rivero en comisión a la parte Sur.
Pareja de San Lorenzo hizo fuego a fuerzas enemigas que reconoció la entrada de
el campamento y retrocedió marchando con rumbo a Vista Hermosa.
Hace días venía diciéndome que Cosme Salgado, soldado que fue de mi escolta
había salido de Las Tunas en solicitud mía y hoy se presentó en mi campamento
trayéndome carta de Enrique Canals en que me pedía una entrevista para tratar de
asuntos que le habían encomendado del extranjero.
También trajo Salgado cartas de Juan Ramírez para el Doctor Martínez y el
General Céspedes en cuyas cartas acababa de demostrar Ramírez que está
traicionando la causa de la libertad de su patria, como lo venía haciendo desde que
lo hicieron prisionero aunque de un modo disimulado que sólo podían
comprenderlo los que como yo lo conocen a fondo.
Salgado doy noticias de haberse presentado unos en Las Tunas y otros en Rompe a
las nueve de la mañana dio aviso la pareja de San Lorenzo que el enemigo estaba
en dicho punto. Pocos momentos después avanzó aquel, recibiendo fuego, primero
de la pareja y luego de fuerzas que le embosqué en el camino por donde avanzaba.
Este fuego duró como media hora y se hizo muy de cerca pero se ignoran las bajas
del enemigo.
Me retiré y acampé a las tres de la tarde al lado de la Sabana del Ciego. En la
marcha se me incorporó Rafael Torres con otros números armados trayéndome
cinco morenos y un asiático desarmados salidos de la dotación de San Manuel y
enviados por Gaspar Cruz que se encuentra con una guerrilla a inmediaciones de
Maniabón.
16- Unos disparos en una pareja hicieron que me retirase como tengo costumbre,
por no convenirme aguardar al enemigo en el campamento. Hice alto en el monte
del Paraiso y como a las tres de la tarde se presentó el enemigo por mi huella; dejó
una parte de la fuerza emboscada haciendo retirar el resto con la impedimenta
retirándome también con mis ayudantes después de roto el fuego de la emboscada.
El enemigo recibió mucho fuego y muy de cerca, de dos avanzadas y de la
emboscada, debió sufrir bajas.
17- Me separé con mis ayudantes escoltas y quince números del 2do. Batallón
dejando el coronel Borrero para que marchara en seguida a la parte Sur con objeto
de hacer un movimiento que llamara la atención del enemigo para que se me
reuniera dentro de diez a doce días en un punto que le dejó señalado de la parte
norte a fin de llevar a cabo una operación que tengo en proyecto.
Separado de Borrero me dirigí al monte que está entre Loreto y San Pedro de
Cabrera, en cuyo lugar encontré primero al comandante Manuel Reyes que había
salido en comisión desde Murcielaguito y traía como veinte hombres, después me
avisté con Canals a quien de esta mañana, desde la dichosa, envié a buscar con
Garay y el teniente Riva en vista de no habérsele encontrado ayer día en que con
aquel había convenido una entrevista.
Canals me manifestó simplemente que venía de parte de los de Jamaica a saber si
yo estaba resuelto a seguir la guerra y a comunicarme que en el extranjero se
preparaban grandes auxilios para la Revolución y sobre todo que estaba enterado
de que Goyo Benítez venía con una expedición que debía estar andando para Cuba.
Queda muy en duda cual fue la verdadera misión de un comisionado como Canals
que sin aparecer autorizado por nadie viene a tener entrevista conmigo, viendo por
otra parte por las líneas españolas. Poco duró la entrevista con Canals quien se
separó ...pocos momentos después llevando una esquela mia para Villegas en que
me reduzco a decirle que quedo enterado de lo que me envía a decir por Canals.
Antes de salir esta mañana del Campamento que ocupé anoche en comisión con un
piquete de hombres armados, al alférez Quintilio Reyes para que se reuniera con el
capitán Gaspar Cruz en las inmediaciones de Maniabón.
Acampé cerca de la estancia de Cabrera a las tres de la tarde.
18 – Después de dejar al cabo Antonio Telles con algunos enfermos en éste mismo
monte, marché y acampé en la estancia de Pío Machado Doganes. Se reunieron tres
asistentes que dispersaron en fuego que tuvo Borrero al separarse de mí, de cuyo
fuego tuve noticias desde ayer por el teniente Rivas, comandante Manuel Reyes y
otros que lo oyeron.
También envié en comisión al capitán Garay en busca de gente.
19- Seguí marcha, se hizo viandas en la estancia de Romero, también estuve en la
de Mariano Moreno y acampé en el monte de la Merced.
Por la tarde vino por mi rastro una columna enemiga hasta la estancia de Moreno
variando luego el rumbo y acampando en la Merced.
Por la noche se me reunió el cabo Milano Martínez que viene de donde Garay con
algunos hombres que me envia éste y cuatro números de caballería que vienen de
la parte sur, algunos de dichos hombres quedaron a dormir cerca de aquí y deben
llegar por la mañana.
20- Llegaron los números que quedaron a dormir anoche cerca de este
campamento con el Sargento Luis de la Rosa.
Mandé a los dos de caballería trajeses los caballos, así lo hicieron y los mandé a
esperar órdenes detrás del Redentor.
De tres a cuatro de la tarde marché con dirección a San Luis e hice noche en una
cañada que está cerca de los Horcones de San Rafael. Como pasara cerca del
rancho de José Mojena lo mandé recoger para práctico y se me reunió la misma
noche.
21- Seguí marcha y a poco andar encontré el rancho de los Espinosas donde
también se encontraba el cabo Juan A. Pérez que con otros números había venido
en solicitud del citado rancho para colocar al soldado José Zamora herido en unos
de los encuentros que tuvo estos días con el enemigo el coronel Borrero. El
referido cabo Pérez me dio detalles sobre los fuegos que ha tenido Borrero, desde
que se me separó de que solo tenía noticias.
Llegué a San Luis, mandé a sacar viandas y al emprender la marcha hizo dos
disparos una de las parejas que se tenían de guardia, manifestándo esta enseguida
que sólo dos hombres desconocidos se habían presentado por la vereda que
ocupaba y al contestar “España” cuando se les dio el “Quien vive” le hicieron
fuego. Por lo visto fueron exploradores del enemigo porque éste no se ha
presentado. Seguí marcha sin más novedad y acampé detrás de las Tres Leguas.
Había enviado los números de caballerías que colocaran los caballos en el potrero
Monte Oscuro para que se me reunieran esta noche y así lo hicieron.
22- Marché y acampé detrás de Monte Carmelo de donde envié al capitán
Machado a un reconocimiento sobre la trocha del Bagá para que se me reuniera
mañana.
23- Seguí marcha y acampé en el Monte de Sitio Piedra. Por la tarde se me reunió
el capitán Machado y del reconocimiento que salió a practicar ayer resultó que no
encontró lugar conveniente donde con ventajas se le hiciera daño al enemigo.
Recorriendo el camino de Santa Isabel a la Prudencia se vio que estaba muy
transitado de enemigo y que esta misma mañana habían pasado carretas al parecer
vacias con dirección a San Miguel.
24- Fue puesto preso y procesado el soldado Federico Escobar por haber
desobedecido y amenazado con el arma al comandante de la avanzada en que
estaba.
25- Fue juzgado en Consejo de Guerra y condenado a muerte el soldado Federico
Escobar por el delito que ayer quedó indicado. Marché al camino de Santa Isabel y
estuve allí emboscado hasta la noche sin haber novedad.
26- Juzgado en segunda instancia el soldado Federico Escobar fue aprobada la
sentencia del primer consejo que lo condenaba a muerte.
Se ejecutó.
Teniendo emboscada la fuerza desde muy temprano, en camino de Santa Isabel, se
presentó allí el enemigo como a las ocho de la mañana en muy corto número
conduciendo una carreta de sacos de maíz desgranado. Se les mató un soldado, se
les hirieron otros que salieron huyendo y se tomó la carreta con cuatro yuntas de
bueyes. Me retiré y acampé detrás de Carvajal donde se mataron cinco bueyes.
27- Seguí marcha y acampé en el monte del Salvial, en cuya finca y a menos de un
cuarto de legua del campamento también estaba acampado el enemigo.
28-Encargué al cabo de mi escolta Víctor Torres con una pareja que aguardara al
    práctico Gumercindo y otros de mi escolta que deben venir a un punto
    convenido con el primero, para que reunidos siguieran en mi alcance, pues sigo
    marcha con la fuerza en dirección de Cristóbal Pérez.
Al atravesar el camino de la industria a Pto. Rico y cuando había pasado la
vanguardia, centro y parte de la impedimenta se presentó el enemigo pero bastante
flojo, pues después de un ligero tiroteo que lo sostuvieron unos pocos de los que
iban siguiendo se mantuvo en el camino sin seguir un paso en mi dirección. No
conviniéndome empeñar combate y urgiéndome la marcha continué ordenando al
coronel Borrero que recogiera la retaguardia y los asistentes que habían quedado
en el otro lado del camino para que se me reunieran más adelante. En Lugonsito
me alcanzó el coronel Borrero y ví con sorpresa que no llevaba la gente que le
ordené que recogiera, manifestándome al reconvenirlo que había enviado al
comandante Miranda en busca de la gente. Faltó pues al cumplimiento de una
orden el coronel Borrero, cuyo jefe no se cuida mucho del cumplimiento de su
deber; espero no dejarlo sin correctivo, lo que haré pasado estos días. Volví a
esperar al coronel Borrero para que rccogiera fuerzas que deben concurrir a un
punto determinado y con ellas se me reuna en otro dentro de tres o cuatro días.
Seguí marcha con mi escolta y acampé en el arroyo de Lugones cerca de Cristóbal
Pérez. No se me ha reunido el cabo Víctor Torres, por lo que creo ha tenido algún
contratiempo pues estando yo en marcha esta mañana se oyó un disparo en
dirección de donde lo dejé aguardando a Gumersindo éste se me reunió en la
marcha con los demás que lo acompañaban.
29-Me acerqué a la estancia de Cristóbal Pérez, envié por viandas y acampé en las
    inmediaciones de dicha estancia. Estando acampado llegó el Alférez
    Gumersindo Bruzón, del batallón de Holguín, manifestándome que por la
    mañana había sido atacado el coronel Borrero en el punto donde paraba con
    poca gente y que el dicho oficial se había extraviado y que encontrándose con
    huella la había seguido hasta allí.
30-Seguí marcha y acampé otra vez en Lugones, pero detrás de la Tasajera, donde
    ya no tiene agua, yéndose a buscar ésta al ramblazo de La Victotria.
Mayo 1ro. Dejé al sargento Santiago Rodríguez con tres números en el ramblazo
de La Victoria, aguardando al capitán Garay y otras comisiones que deben venir en
mi alcance.
Marcho y pasado el carril de La Sabanita a Tasajera, me alcanzó el tte coronel P.
Palma a quien se le habían reunido el Tte. coronel Sicerino con alguna gente de su
batallón, el sargento de mi escolta Francisco, con los que salió en comisión y los
asistentes y retaguardia que quedaron antes de ayer al pasar el camino de la
industria. Llegué al arroyo Las Blanquitas donde encontré al tte. coronel Santana y
comandante Olázabal con fuerza del Regimiento. Acampé en dicho punto.
2- Dejé al coronel Peralta encargado de las fuerzas del Regimiento hasta que llegue
el coronel Borrero, y marche con la escolta acompañado en Arroyo Salado. Envié a
buscar al coronel García.
3- Varió de campamento pero en la misma orilla de Arroyo Salado llegó el coronel
Varona con Polanco y otros que lo acompañaban, volviendo a mandar al primero a
su campamento para que me aguarde allí mañana.
4- Marché y me reuní al coronel Varona en su campamento Cañones.
5- Teniendo cita el coronel Varona para avistarse esta noche con personas que se
encuentran en el campo enemigo concurrí a dicha cita por importar conferencias
con aquellos. Sabedor uno de los agentes que tengo al lado del enemigo de que yo
me encontraba por la costa y era probable que concurriera a la cita como sucedió,
me trajo un comisionado por el Comité de Nueva York que venía con deseos de
avistarse conmigo, el cual me trajo larga e interesante correspondencia de dicho
Comité y de La Habana. También se avistó conmigo un individuo de los
capitulados del Camagüey que hace días ha ofrecido levantarse con gente en la
misma jurisdicción. Me fue presentado en la misma conferencia el capitán Carlos
García (a) el Bombero, Oficial de buena reputación en las caballerías del
Camagüey, que cayó prisionero del enemigo antes de la contrarrevolución de los
camagüeyanos y viene a reunírsenos otra vez a trabajar por la causa de la libertad.
6- Regreso con Varona y el coronel Fonseca, de la conferencia de que hablo ayer,
al campamento los cañones, el que había mudado a estas inmediaciones el coronel
León a quien dejé encargado de dicho campamento. Como dos horas después de
mi llegada donde se encontraba el coronel León con la gente se presentó el
enemigo en el campamento que se acababa de abandonar en donde le hizo fuego
una pareja que tenía allí colocada. Siguiendo el plan de no batirme con el enemigo
en el campamento que ocupo, siempre que tengo tiempo de emboscarme fuera de
él, marché y a poco andar embosqué la fuerza que me acompañaba y no habiendo
llegado el enemigo, después de un largo rato me retiré y acampé cerca de
Abelardo.
7- En el mismo lugar ocupado día y noche en despachar correspondencia para el
exterior y los agentes que tengo en las poblaciones y para el Gobierno Provisional.
8- Me separé del coronel Varona a quien entregué la correspondencia despachando
ayer para que le diera curso y me dirigí al Sao de los Perros donde hice noche.
Al atravesar este punto antes de llegar al camino de Las Nuevas a San Martín me
encontré con el cabo de mi escolta Víctor Torres, a quien me hicieron prisionero
los españoles el 28 del próximo pasado y viene hoy enviado desde Guáimaro por el
Brigadier español Pando, quien me hace una carta citándome para una conferencia.
Desapareció en marcha su Cabo Vargas.
9- Seguí marcha y acampé en Monte Grande con objeto de dar algún descanso a la
gente y buscar algunos recursos de alimentación pues vienen pasándolo muy mal
hace siete días. Desapareció el Cabo Julián Román.
10- No encontrando recursos de boca de Monte Grande marché a las tres de la
tarde y acampé detrás de Santana. En la marcha después a Víctor con contestación
para Guáimaro.
11- Marché y después de hacer viandas la gente en la estancia los Güiros(175) hice
noche al lado de los Cocos.(176)
12- Llegó a mi campamento el tte. Santiago Sosa quien me manifesta que el
coronel Borrero(177) con parte del Regimiento se encuentra muy cerca de mi
campamento. Aunque ya al emprender marcha mandé antes a buscar al coronel
Borrero el que vino pocos momentos después. Le ordené permaneciera por ciertos
lugares inmediatos a los que yo había ocupar con el fin de que estuviéramos en
comunicación.
Marché y acampé en el punto nombrado el campamento del Burro esta mañana
salieron a diligencias particulares el comandante Planas y el Alferez Paula
Fonseca.
13- Regresó el Alférez Paula Fonseca y me participa que el comandante Planas
desapareció anoche y que cree que ha marchado al enemigo, cosa que también yo y
los que me acompañan creemos que ha sucedido.
Marché a las diez del día y acampé inmediato a la estancia de S. Agustín en la cual
se proveyó la gente de viandas.
14- Por Palmero que estaba en comisión recibo comunicación de Borrero
participándome que encontrándose malo de reumatismo se retiraba dejando al tte
coronel Sicerino de la gente que traía y que cumpliera las instrucciones que yo
había dado a él.
Envié enseguida al sargento Palmero en busca de dicho Jefe y regresó aquel
diciéndome que ya había marchado.
Con Palmero vino el tte. coronel Sicerino con la poca gente que le dejó Borrero.
15- Marché y acampé entre Loreto y San Pedro donde se me reunió el coronel
León.
16- Marché y a poco andar me encontré en el monte con el teniente coronel Pablo
Beola a quien acompañaba como práctico Cosme Salgado, que hace tiempo está
con el enemigo. Comprendiendo que algún asunto de gravedad traía a Beola los
llamé aparte para que privadamente me informara y así lo hizo, diciéndome que
hacía un mes que había salido en solicitud mía y que al cabo de este tiempo,
viéndose en jurisdicción de Las Tunas pero sin práctico, resolvió conferenciar con
los españoles en dicha población para conseguir un práctico que pudiera
encontrarme, como lo consiguió; que la gente de Oriente estaba por la paz hasta el
extremo de que el Regimiento Santiago habíase presentado al Gobierno no
pidiéndole que tratara o lo autorizara para tratar; que no dudaban lo que decían los
españoles de que Maceo y otros se habían embarcado porque estaba seguro que
dicho Jefe quería tratar y que lo habían hecho quizás obteniendo una gruesa suma
de dinero. Otras muchas manifestaciones privadas me hizo Beola que son largas
para anotarlas aquí, pero es el caso que deja ver perfectamente que los que más
desean tratar y han contribuído a que los demás de Oriente lo quieran también son
los miembros del Gobierno, Maceo y los que lo rodean.
También me entregó Beola una carta del General Predesgat (178) en que me hace
un llamamiento hacia la paz incluyéndome un telegrama del general Campos y
comunica el embarque de Maceo, Felix Figueredo, Arcadio Leyte Vidal y Rius
Rivera.
Siguió Beola conmigo y acampé en las inmediaciones de la Merced.
17- Mandé a mi ayudante teniente coronel en busca del coronel Borrero a San Luis
con orden de que lo condujeran arrestado, pues creo que este Jefe no está ya de
buena fe con la Revolución dado sus malos procedimientos últimamente y los
informes que sobre su conducta se me ha dado en estos días.
Regresó Palma sin haber encontrado a Borrero.
18- Volví a mandar al tte. coronel Palma en seguimiento del coronel Borrero.
Marchó Beola y quedamos convenidos en lo que debe hacerse. Con él mismo envié
contestación a Prendesgart.
Marché y acampé detrás del potrero de San Pedro me alcanzó al Sargento
Francisco Rivero que salió hoy con Beola en comisión, trayendo a Víctor Torres
que me trae carta del brigadier Pando, Jefe de Guáimaro, incluyéndome duplicado
de la carta de Prendesgart.
Esta noche mando a poner preso al sargento Antonio Balta por haberse descubierto
que está traicionando, formando propaganda y conspiraciones a favor de los
españoles hechos que dejan dudas según el proceso que le mandé formar.
19- Marché y a poco andar se me dijo que el enemigo estaba en el campamento
que yo acababa de abandonar. Con este motivo y temiendo que el Cabo Balta
pueda fugarse si tengo fuego con el enemigo en este punto por las circunstancias
especiales en que me encuentro, y dictándome mi conciencia que ese hombre debe
morir pues ya otra vez fue traidor en Holguín pasándose al enemigo y entregando
al digno general Auricochea, mandé al teniente de mi escolta Ramón Rivas que lo
mandara a ejecutar a dicho Balta.
Acampé a la orilla del Río Ciego punto llamado Dos Ríos donde se me reunió en
teniente coronel Santana.
20- Valiéndome de que Víctor Torres que está desde ayer conmigo, nada en
comisión del enemigo, lo mandé a reconocer al Ciego para saber si había allí
enemigo y efectivamente se encontraba la columna del coronel Valdés cuyo Jefe
me escribió incluyéndome cartas de Prendesgart, y de Pando quienes me
notificaban el embarque de Maceo y los tratos del Gobierno Provisional con
Martínez Campos; anádiéndome que Prendesgart deseaba conferenciar conmigo
con cuyo motivo andaban varias comisiones en busca mía. Contesté a Valdés y a
Pando no haciéndolo a Prendesgart por haberlo hecho por conducto de Beola, de
un duplicado de la misma que recibo por Valdés. Estas contestaciones las envió
por Víctor Torres.
El teniente Sosa a quien mandé esta mañana en comisión al Macío, regresó
participándome que había sido sorprendido por el enemigo perdiendo las armas y
extraviándole un hombre de los que llevó sin saber si éste cayó en poder del
enemigo. Varié de campamento en el mismo monte.
21- Marché e hice alto en el Pilón para que la gente se provea de viandas. En este
punto se me reunió el capitán Deymier que estaba en comisión mía quién me
participó que el sargento Miranda que le di de práctico desertó y se marchó al
enemigo al siguiente día de su salida. Venía dicho oficial Deymier en unión del
sargento Peña que me traía correspondencia del coronel Varona. Después de hacer
viandas la gente pasó a acampar en la cañada de la Demajagua.(179)
RELACION DE CITAS Y NOTAS

1. Partido de Las Tunas, desde 1808
2. Finca del poblado de Bartle en el municipio de Las Tunas
3. Barrio del municipio Las Tunas
4. Se refiere a Francisco Muñoz Rubalcaba
5. Barrio del municipio Las Tunas
6. Domingo de Córdova, vino a Cuba el 29 de marzo de 1869.
7. Se refiere a Diego Félix Milanés, maestro de la primera escuela pública de Las
   Tunas en 1848.
8. Se refiere a Nuevas Grandes.
9. Del actual municipio Manatí
10.Partido de Las Tunas
11.Barrio del municipio Jobabo
12.Del actual municipio Majibacoa
13.Se refiere a Francisco Vega
14.Del municipio Jobabo
15.Del municipio Las Tunas.
16.Del municipio Jobabo
17.Villanueva, del municipio Las Tunas
18.Del municipio Majibacoa
19.Ibíden
20.Del municipio Manatí
21.Del municipio Jobabo
22.Hacienda que pertenecía a Francisco Vicente Aguilera al sur de Jobabo
23.Se refiere a Francisco Vega
24.Del municipio Jobabo
25.Ibíden
26.Se refiere a Francisco Vega
27.Del municipio Colombia
28.Ibíden
29.Ibíden
30.Del municipio Manatí
31.Lugar de la provincia Camagüey
32.Perteneció a Camagüey, actualmente del municipio Colombia.
33.Prefecto de Jobabo
34.Barrio del municipio Jobabo
35.Se refiere a Ricardo Céspedes
36.Del municipio Jobabo
37.Se refiere a Charles Peissot, Francois Bonnome y Clodomir Panpillón
38.Puerto del Norte de Camagüey
39.Inteligible en el original.
40.Aparece sin concluir en el original.
41.El 1ro y 2 de febrero Vicente García lo pasó con el Gobierno y Máximo Gómez
   en San Diego, municipio Amancio.
42.El 3 y 4 se encontraba Vicente García frente al potrero de Jagüey.
43.Inteligible en el original
44.Inteligible en el original
45.Se refiere a Vicente Cutiño
46.Se refiere al comandante Pedro Ignacio Castellanos
47.Se refiere a Gaspar de la Cruz integrante de su Estado Mayor
48.Se refiere a Las Matildes municipio Amancio
49.Aparece así en el original
50.No escribió el nombre en el original
51.Se refiere a Rafael Varona
52.Se refiere al Dr. Rafael Pérez Martínez, médico de Vicente García y sus
   fuerzas.
53.Modesto Fonseca, General del Ejército Libertador
54.Del municipio Colombia
55.Se refiere a Pedro Palma
56.Del municipio Jobabo
57.Ibíden
58.Se refiere a Pedro Jique, Coronel del ejército Libertador
59.Se refiere a Juan Ramírez Zaragoza
60.Coronel Francisco Varona González
61.José Sacramento León Rivero
62.Pertenece al municipio Jobabo
63.Se refiere a Vicente Cutiño
64.Cruce que está actualmente en el distrito de Yariguá en Las Tunas
65.Se refiere a Gaspar La Cruz, de su escolta.
66.Pertenece al municipio Las Tunas
67.Pertenece al municipio Majibacoa
68.Modesto Díaz
69.Lugar del municipio Majibacoa
70.Pertenece a Holguín
71.Se refiere a Francisco Varona González
72.Se refiere a santa Rita de Bayamo
73.No anotó más en el original
74.Se refiere a Porfirio
75.Se refiere a Francisco Varona
76.Se refiere a Juan Fernández Ruz
77.Se refiere al Dr. Rafael Pérez Martínez
78.No aparece nada escrito en el original
79.Aparece así en el original
80.Aparece así en el original
81.Se refiere a Miguel P. Montero
82.Este día estaba Vicente García en Loreto
83.Se refiere al brigadier Henry Reeve el Inglesito|
84.Ibíden
85.Se refiere al comandante Manuel Zayas de su escolta
86.Se refiere a Eduardo Alcalá
87.Coronel Leyte Vidal
88.Comandante Vicente Cutiño
89.Teniente coronel Payito León y co. Julián Santana
90.Coronel Belisario Grave de Peralta
91.Se refiere al Ingenio Venecia
92.Este lugar pertenece a Holguín
93.Lugar de la jurisdicción de Holguín
94.Vease en este diario del 9 de noviembre
95.Se refiere a Antonio Maceo
96.Se refiere a Francisco Varona González
97.Jurisdicción de Bayamo
98.Careje y Punta Gorda, pertenecen a Bayamo
99.Jurisdicción de Holguín
100. Ibíden
101. Ibíden
102. Se refiere a Bartolomé Masó
103. Brigadier Juan Fernández Ruz, después General de División.
104. Situada al Sur de Jobabo
105. Se refiere al Cerro de Caisimú
106. Se refiere al coronel Francisco Varona González
107. Inteligible en el original
108. Ubicado en Bartle del municipio Las Tunas
109. Se refiere al coronel Francisco Varona González
110. Lugar del municipio Puerto Padre
111. Inteligible en el original
112. Estos talleres estaban ubicados en la zona de santa Rita de Bartle, municipio
   Tunas
113. Se refiere al Ojo de Agua de cayojo, municipio Jobabo.
114. Inteligible en el original
115. Ibíden
116. Ibíden
117. Rafael Montero
118. Del municipio Jobabo
119. Se refiere a Francisco de Paula, quien había sido confidente de Vicente
   García.
120. Se refiere a Tomás Estrada Palma
121. Se refiere al Dr. Miguel Bravo Sentiés
122. Lugar perteneciente al municipio Puerto Padre
123. Lugar del municipio Las Tunas
124. Lugar del municipio Manatí
125. Del municipio Majibacoa
126. Se refiere a la situación existente desde Las Villas hasta Oriente
127. Estos fuertes conforman el sistema defensivo de los caminos que desde Las
   Tunas, conducían a Puerto Padre
128. Pertenece al municipio Pto. Padre
129. Se refiere a Lagunas de Varona, finca perteneciente a Esteban Ignacio
   Varona, padre del después general Francisco Varona.
130. Lugar perteneciente al municipio Jobabo.
131. Desde el 21 de febrero se mantuvo enfermo hasta el primero de marzo, por
   lo cual no anotó estos días en su diario.
132. No anotó las incidencias del día veintiuno.
133. Se refiere al general Venezolano José Miguel Barreto.
134. Se refiere a Marcos García, Juan Ramíres y Pedro Palma respectivamente.
135. Se refiere al campamento de Santa Rita en Camagüey
136. Lugar de la actual provincia de Ciego de Avila
137. Se refiere al doctor Rafael Pérez Martínez, médico de Vicente García y su
   tropa.
138. Se refiere a Francisco Varona González, primo de Vicente García.
139. Se refiere al general Venezolano José Miguel Barreto.
140. Obsérvese que en los momentos en que se produce el movimiento político de
   Santa Rita en Camagüey, Vicente no está acampado en el mismo lugar que los
   pronunciados.
141. Charles Philibert Peissot (Carlos Filiberto Peisso) era sargento de la Comuna
   de París, que se incorporó al mambisado cubano en 1873 y que sirvió a la
   contrainteligencia mambisa desde la Plaza de Armas de Las Tunas, como el
   confidente Aristipo.
142. Lugar del municipio Amancio Rodríguez
143. Pertenece a la provincia de Camagüey
144. Pertenece a la provincia de Camagüey
145. Se refiere al sacerdote Braulio Odio, quien oficiaba en la iglesia de
   Duñañuecos en Manatí, Las Tunas y que una vez incendiada y destruída su
   parroquia en 1868, se incorporó a Vicente García como cura mambí.
146. Se refiere al doctor Miguel Bravo Sentiés, natural de Matanzas que había
   participado activamente en los pronunciamientos en las Lagunas de Varona.
147. Se refiere al capitán Atilano Almeida del estado mayor de Vicente García
148. Aparece así en el original.
149. Confidente de Vicente García en Las Tunas bajo el seudónimo de Arístides.
150. Se refiere a Pedro Jique, después comandante.
151. Uno de los partidos en que se dividía Las Tunas
152. Pertenece al municipio Jobabo
153. Pertenece al municipio Tunas
154. Pertenece a Tunas
155. Finca que perteneció en 1868 a Ramón Ortuño en Las Tunas
156. Planta acuática que fue muy utilizada en la contienda de 1868, para hacer los
   bastos para las vestias y hasta camastros para dormir.
157. Ubicado en el municipio Jobabo
158. Lugar situado a unos pocos kilómetros de la ciudad de Las Tunas, pertenece
   a Jobabo
159. Se refiere a Eduardo F. Alcalá
160. Este nombre lo escribe en otras ocasiones Olazábal
161. Se refiere al después general de brigada Julián Santana, natural de Islas
   Canarias y mambí de todas las guerras.
162. Finca perteneciente al fundo del Rompe, en la comarca de Bartle, municipio
   Las Tunas
163. Se refiere a José Sacramento León (Payito).
164. Aparece así en el original.
165. Lugar del municipio Amancio Rodríguez
166. Ibíden
167. Se anotó el nombre del sargento en el original.
168. Este río pertenece al municipio Amancio
169. Finca del municipio Las Tunas, donde Ramón Ortuño tenía un ingenio del
   mismo nombre.
170. Lugar perteneciente al municipio Colombia
171. Pertenece al municipio Jobabo
172. Perteneciente a Holguín
173. Ibíden
174. En el diario de Vicente García no anotó los integrantes, pero en el Archivo
   Nacional, Fondo Donativos y remisiones, caja 466, No. 4, relató: “El pueblo
   procedió a elegir un Gobierno Provisional y quedó constituido: presidente
   Calvar; Vocales Mármol y Beola y Vocal Secretario Figueredo Socarrás”.
175. Pertenece a Manatí
176. Ibíden
177. Se refiere a Félix Francisco Borrero, natural de Palma Soriano en Santiago
   de Cuba.
178. Se refiere a Luis Prendesgat, marqués de “Victoria de Las Tunas” desde
   1869
179. Hasta aquí anotó Vicente García las incidencias de la Guerra
EPISTOLARIO DE VICENTE GARCIA
Las Caobas, Mayo 24 de 1873

Tte. Coronel Manuel Sanguily

Estimado: en la tarde de antier me fue entregada la estimable carta de Ud. de 21 del
actual en que confirma la dolorosa noticia de la muerte del Mayor Agramonte, que
hacía ya dos días corría por acá vagamente.

Teniendo las fuerzas sin recurso de boca, tuve que llevarlas ayer a tomar viandas
cerca de Las Tunas, motivo por lo que no pude llegar aquí sino esta tarde.
Muchísimo gusto tendría en marchar seguidamente hasta ver a su hermano, pero el
lugar donde se me ha indicado hallarse es demasiado lejos, y esa circunstancia,
unida a la de hace falta mi presencia por acá, me ha privado de aquel gusto.
También me veo privado del de seguir donde usted por la escasez de recursos en
esa zona.

Por mi parte deseo vivamente la entrevista citada, no por los motivos que usted
indica, pues considero a su hermano capaz por todos conceptos de la carga que hoy
pesa sobre él, mucho más si está usted a su lado, sino porque nos pusiéramos de
acuerdo sobre algunos puntos de que me proponía hablar con Agramonte. En este
concepto si está próximo, o por saber lo convenido con Agramonte, se propone
concurrir al lugar señalado, sírvase avisármelo inmediatamente para ir a verles. Si
por el contrario, usted no se hubiere puesto aún en comunicación con él y estuviese
lejos, puede usted venir a reunírseme en este lugar, salvo que desee continuar a
donde su hermano, para cuyo caso mando al Subteniente Almeida, la orden
necesaria para que ponga a sus órdenes cuatro o cinco hombres con los cuales, y
práctico que le facilite Betancourt, puede hacer la marcha si lo estima conveniente,
devolviéndome aquellos números provistos de prácticos, pues no son ellos del
Camagüey.

En el evento de que marche usted sin verme, le encarezco haga usted presente a su
hermano mis deseos de que tenga lugar una entrevista entre nosotros para que caso
de que sea posible me escriba diciéndome el día en que pueda tener lugar y en que
punto en que debía Agramonte encontrar la guardia mía o en otro de la misma
comarca que me designe.
Un recuerdo cariñoso de Modesto Fonseca y demás amigos: dele de mi parte a su
hermano, y cuanto usted siempre con su afmo.s. y s.

V. García
Le remito varias comunicaciones para que caso de que decidiese usted por
marchar, tenga la bondad de darles curso.
Quemados, Junio 3 de 1873

Tte. Cor. Manuel Sanguily

Querido amigo: recibí sus dos últimas cartas. Agradezco a usted los detalles que
como positivos me da sobre la muerte lamentable de Agramonte y los lisonjeros
conceptos con que me favorece.

Permanecí en el lugar de donde le escribí mi última hasta el plazo que me fijó para
su regreso si no encontraba facilidad de seguir donde Julio. Puesto que no volvió,
créole ya en éste, satisfechos sus naturales deseos de verlo y ayudarlo.
Reitero a usted recomendación respecto a Julio, pues a ella me refiero en
comunicación oficial y lo deseo incesantemente.
Por si no lo saben, el Gral. Díaz renunció a la Gefatura de Bayamo, sucediéndole el
general Céspedes.

Ramón Céspedes y Mayorga, relevados de su misión en el extranjero, y nombrados
para sucederlos Quesada, Govín y Carlos Castillo, cuyo hecho cayó como una
bomba en la emigración, pues se tuvieron conocimiento de él en el momento en
que Aldama y otros hacían grandes ofrecimientos de dinero, pero seguramente
éstas y las demás noticias las sabrán ustedes por conducto directo, y aquí doy fin al
particular.

El Presidente de la Cámara me recomienda eficazmente la solicitud del diputado L.
V. Betancourt, y que le auxilie en su marcha que debe hacer inmediatamente a
Oriente por ser necesaria la inmediata reunión de aquel cuerpo para tratar de la
salvación de la Patria, cuyo interés parecen estar comprometiendo ciertas
entidades, y como Betancourt reside en ese Depto., ruego a usted y a Julio atiendan
la súplica del benemérito Cisneros y hagan porque aquel Diputado venga a
reunírseme, pues lo auxiliaré eficazmente, y así lo harán los demás jefes de su
tránsito, a quines esté recomendado.

Un recuerdo cariñoso a Julio y demás amigos, y usted disponga de su afmo.




V. García
Arroyón, Diciembre 26 de 1873

C. Tomás Estrada

Estimado amigo:

En mí anterior fui algo lacónico por temer un extravío. Hoy tengo más seguridad
de que ésta llegue a su poder, voy a ser más explícito en la creencia de que
estimará mis manifestaciones inspiradas sólo por los sentimientos de justicia y
patriotismo; pero si por el contrario pensare por un momento que sea el móvil de
ellas el interés personal u otra pasión innoble, le suplico que no continúe la lectura
y rasgue este papel.

Las circunstancias que atravieso hacen indispensable que reseñe la conducta que
conmigo se ha observado por el Gobierno de Céspedes y del modo con que a mi
ver he precedido para que mejor se considere mi razón en deplorar ciertos hechos y
tendencias.

Inútil es manifestar a V. La parte activa que tomó en los trabajos preparatorios de
la Revolución, por ser a V. y a los bayameses patriotas por demás constantes. Lo
hice así solo porque Cuba se sacudiera para siempre de la tiranía de España,
dispuesto a morir primero que a adjurar del santo dogma democrático que abracé
con toda fe y entusiasmo.

Fui nombrado General Jefe del Distrito de Las Tunas en que me pronuncié y
entonces y después consumí los recursos pecuniarios que pude salvar de mis
propiedades para comprar armas y parque con que combatir al enemigo.

Empezaron a llegar expedicionarios y nunca pude conseguir que se me auxiliara
con armas, pues de las del “Salvador” se me facilitaron 100 carabinas y al mes me
fueron recogidas por orden del General Quesada, sin que me diera armamento
alguno hasta la expedición del “Anna” en que por orden del general Jordan, tomé
100 y pico de Springfield. No he recibido otras armas hasta la expedición última en
que tocaron a Las Tunas 60 y pico; mientras que en los otros Distritos hasta a los
vecinos se les había dado armas de precisión y el parque abundaba, a mí se me
negaba y no contaba con más recursos que con los propios y el valor de mis
soldados, que a fuerza de constancia y de patriotismo llegaron a tener más de
quinientas armas quitadas al enemigo todas, pues mayor número que el que se me
había facilitado se llevaron tres compañías de Las Villas que armé por indicación
del Gobierno cuando sus fuerzas vinieron a Las Tunas y que con ellas desertaron
sin que lograra que se me restituyeran a pesar de reiteradas reclamaciones al
general Villamil y quejas al Gobierno, que ni me contestó.

Cuando se nombraron Jefes de Estados lo fui para el del Camagüey que
comprendía también a Las Tunas, y al solicitar del general Agramonte que
mandaba al Distrito del Camagüey, las relaciones que correspondían, según
nuestros nombramientos respectivos, me enteré de que tenía orden de entenderse
con la Secretaría de la Guerra. Esta invasión del orden me hizo renunciar a ese
puesto y no al mando del Distrito de Las Tunas, porque sobreponiéndose a ciertas
consideraciones y sufrimientos consideré que allí podía seguir siendo útil a la
patria. Abandonado seguí en Las Tunas, hostilizado por veinte mil enemigos que
situaron treinta y tres campamentos en el territorio, el cual no abandoné un
momento, sufriendo por ello penalidades sin cuento, logrando a fuerza de
constancia y actividad, debilitar y cansar de tal modo al enemigo que hubo de
suspender la mayor parte de sus puestos para reforzar unos pocos que dejó.

Cuando empezaba a mejorar la situación, tuvo lugar la presentación del
comandante Urquiza y pocos meses después el de igual grado Pepillo González y
Jesús Fajardo, mientras yo me hallaba en Holguín por orden del Gobierno. Validos
aquellos de mi ausencia y de la influencia que tenían, arrastraron tras sí a una parte
considerable de fuerza y del vecindario por seducción, engaño y fuerza, siguiendo
a ello una desmoralización abrumadora a que contribuían en gran parte las
circunstancias de carecer absolutamente de parque; el azote que las enfermedades
daban a las escasas fuerzas que me acompañaban y operar el enemigo con nueva e
inusitada actividad para aprovechar esa misma desmoralización.

En vano supliqué al Gobierno auxilio de municipiones, siquiera para salvar aquella
situación, pues mis reclamaciones se perdieron en el vacío. A pesar de constancia y
de trabajo ayudado de algunos patriotas, no sólo logré conservarme sin evacuar el
territorio como quería el enemigo, con quién llegué a combatir hasta catorce veces
en un solo día, sino que logré restablecer la confianza y con ella la moralización de
las pocas fuerzas que me quedaban, concluyendo por último con los dos
principales traidores Urquiza y González que con actividad febril me perseguían
guiando las columnas enemigas.

Sufriendo injusticia tras injusticia llegó el momento de que Céspedes dictara su
poco meditado Reglamento de Organización militar. No era aceptable bajo muchos
puntos de vista, tanto legal como militarmente y no sé por qué motivo, tal vez
creyendo que por ello contribuiría yo a las incensatas miras, me nombra Jefe del
Departamento Provisional del Cauto. Lo acepté en los términos y en las razones
que pueden verse en el oficio que dirigí a la secretaría de la Guerra, así como por
presumir que sería transitorio y creer que con las fuerzas del Departamento podía
hacer algo en obsequio de la Patria, no sin manifestar al Gobierno en toda ocasión
lo que pensaba de tal organización. No sé si por ésto o por favoristismo o por otro
motivo, lo cierto es que no pude nunca hacer uso de esas fuerzas, ocupadas como
estuvieron en concentraciones bajo las órdenes de otros jefes. Esperaba que
estuvieran expeditas para efectuar un vasto e inusitado plan que tenía combinado
sobre Manzanillo y otros campamentos aquende el Cauto, así como otros puestos
del lado allá de ese río, en el centro y ambas costas para lo que contaba con datos y
apoyos precisos que estoy seguro hubieran dado magníficos resultados.
La mayor parte de las conspiraciones en los campamentos del enemigo fueron
descubierta por la tardanza en darle apoyo, que hizo perder las mejores
oportunidades.

Todos estos pro, los puse en conocimiento del Gobierno y nada alcancé. Todo ésto
demuestra que jamás se me hizo justicia, que no se me atendió, no para mi
elevación personal, que nunca pretendí, sino para combatir a los enemigos de la
patria. El daño que he hecho a los españoles en cinco años día tras día, es de todos
conocido y no entraré a detallarlos, atreviéndome a asegurar porque es la verdad,
que ninguna División ha hecho más que la de Las Tunas si se tiene en cuenta su
reducido número y el no habérsele impartido protección ni justicia.

Yo hubiera podido dar grandes golpes aunque no presumo de tener los
conocimientos militares de que otros blasonan, pero nunca he tenido las grandes
fuerzas ni la cantidad de municiones que a otros le han sobrado. Si así hubiera
sucedido, quizás lo hubiera hecho mejor y en ningún tiempo hubiera pretendido
por ello recompensa, porque la mayor para mí es servir a la libertad de la patria.

Devorado de dolor me hallaba por ésto cuando me llegó la ansiada nueva de la
deposición de Céspedes. Creí con razón que el reinado del abuso y del favoritismo
cesaría y que la nave de la Revolución sería guiada por el Patriotismo, la Justicia y
la Ley y gozoso celebré este hecho como un justo suceso. Pero como tras la alegría
viene siempre el dolor, me he convencido de que estoy condenado a tristes
desengaños. Primero recibí orden para entregar interinamente las fuerzas de Las
Tunas al coronel Varona, a fin de que quedasen para operaciones militares a las
órdenes del mayor general Calixto García; luego mi nombramiento de Secretario
de Guerra, que algunos contribuyeron a él de buena fe por ignorar los
inconvenientes que me asistían y otros quizás para sacarme políticamente del
mando militar por creer de buena fe también que las circunstancias en que me he
hallado no sean las más a propósitos para mandar fuerzas.

Todos sabían cuanto era yo opuesto a la Administración de Céspedes y tratándose
de su deposición parecía natural, que antes de nombrárseme Secretario de la
Guerra si me consideraba capaz de servir a ese puesto, algo se me hubiera dicho
para establecer la homogeneidad necesaria para la buena marcha de un Gobierno
entre los que han de componer el ejecutivo.
Yo entonces me hubiera dado mis razones y la principal y que creo bastante es la
de estar en completo desacuerdo con el sistema de gobierno que se sigue en
Oriente, lo cual unido a la idolatría de algunos por el que lo aplica, hubiera traído
como consecuencia natural mi salida del gabinete. A no ser ésto gozoso hubiera
aceptado, pues mi principal ambición es de servir a mi patria en cuanto pueda.

Yo siento mucho, muchísimo verme obligado a entrar en ciertas explicaciones y de
tener que aludir a algunas personas y no poder menos que recomendar a usted y a
los buenos cubanos, que abran los ojos, miren lo que pasa en lo presente y vean la
nube obscura que ya se dibuja en el horizonte amenazando nuevas heridas a la
Patria, pues de la influencia y medidas patrióticas ejercidas con oportunidad, es
sólo esperable la contención de la tempestad o cuando menos moderar sus efectos.

Aquí he visto escritos del general Calixto García con el carácter de Jefe del 1er
Cuerpo de Ejército y me he enterado de que como tal, le fueron entregadas las
fuerzas y dio el ataque o saqueo de Manzanillo, sin que a mí se me haya
comunicado absolutamente nada, sin recordar parece, que yo existía. Así es que
ignoro si esos arreglos procedan de alguna organización nueva, de habérseme
depuesto del mando o por otra causa. Yo creo que cuando un Jefe cesa por
cualquier motivo en un puesto para el que ha sido nombrado, debe comunicársele
pues además de ciertas consideraciones, que hasta la urbanidad hace procedentes
en todos esos hechos debe practicarse una entrega formal, como base y garantía de
orden y moralidad en el ejército.

Después de las traiciones narradas no quedarán más de 200 hombres en Las Tunas.
Ahora he entregado más de 500 armas, la mayor parte de precisión y más de 600
hombres, talleres, tenerías y cerca de 100,000 tiros, ocupados todos al enemigo.

Nunca he sacrificado mis soldados, pues he conciliado en cuanto ha sido posible la
procedencia economía de nuestra sangre con los daños directos al enemigo;
sistema que unido a la disciplina y al orden no permitió, aún en las épocas más
azarosas, conservar mis fuerzas y aumentarlas luego. Dios quiera que así suceda
ahora.

Cuando llegué a Bayamo creí que el Gobierno me esperaba para someterme a
algún juicio, pues sabía de buena tinta que el mayor general Calixto García había
manifestado debía sometérseme a un consejo de guerra por abandono en proponer
a los Jefes y Oficiales de Las Tunas para ascenso y reconocimiento de sus grados
sobre lo que nada constaba en la Secretaría de la Guerra, con otras especies
injuriosas propaladas por sus oficiales que a la legua revelan su origen y tendencia.
Estas no eran otras que tratar de adquirir popularidad y en lo posible
desprestigiarme para conseguir su fin.
Yo jamás ni después he conocido ese manejo; por el contrario he tomado en mi
boca a ese Jefe para celebrarlo, pues callaba lo que en mi concepto había
desacertado con su conducta; y aún cuando hoy no hago caso de semejantes
calumnias, tengo que tocarlas porque ellos explican una parte integrante de un plan
concebido de antemano cuya ejecución se está logrando.

Poco han buscado en la Secretaría de la Guerra, porque allí ha de aparecer el
cuadro propuestos que hice con fecha 20 de octubre del año próximo pasado por el
cual se despacharon diplomas el 16 de Diciembre siguiente, aunque no todos, por
haber aplazado al Gobierno de Céspedes la expedición de los demás hasta la
promulgación de la nueva organización que luego dio; y también han de verse
muchas comunicaciones mías reclamando los que faltaban. Ultimamente se
expidió al comandante sacramento León el diploma de ese empleo a propuesta del
Gral. Calixto García, siendo así que le había sido otorgado en la fecha antes
indicada.
Esto como usted comprenderá con ligerezas que a la par que propenden a la
desconsideración de un jefe que para ello no ha dado motivo, le trae luego para el
Gobierno que en ellas incurre por el desconcierto y falta de orden que ello revela.
V. No puede figurarse cuando he sentido no encontrarlo aquí no poder de momento
seguir a su alcance, pero confío poder hacerlo bravamente y a la palabra darle otras
explicaciones. Las que ahora consigno no tienen otro objeto más que el de sincerar
mi conducta con los hombres a quienes estimo como buenos patriotas, pues no
aspiro como Usted ve, a elevados puestos ni nada que pueda considerarse como
ambición personal. Sólo me anima el deseo de servir a Cuba y de conservar mi
dignidad de hombre y de patriota.
La falta de lugar me impide escribir a Machado, García Spotorno, Betancourt y
demás amigos. Si. Usted no tuviera inconveniente en mostrarles estas líneas para
que las estimen también como suyas, se lo agradeceré. Disimule lo extenso de esta
carta, pero quiero que si caigo frente al enemigo antes de verle, le sean constantes
estas manifestaciones.




Disponga como siempre de su amigo y compatriota,




V. García
Antón de Guanusi, marzo 13 de 1874.

C. Secretario de la Guerra.
C. Secretario:

Acabo de recibir sus dos atentas notas de esta fecha, expresiva la primera de no ser
posible facilitarme toda la fuerza antes acordada para marchar a desempeñar la
comisión que se me confirió y la otra, modificando las instrucciones que se me
confiere en la No. 316 relativamente al mismo asunto.

Extraño en alto grado lo primero, teniendo en cuenta que fue un acuerdo tomado en
Consejo de Gabinete en que se estimó la necesidad de la medida, y también que
por las últimas instrucciones se limite mi misión a una simple inspección como
Usted manifiesta, pues para ésto sólo no veo la necesidad ni conveniencia de que lo
haga un Secretario del Despacho que no pudiendo formar más medidas que las que
concretamente se indican se verá imposibilitado de atender a cualquiera
emergencia que se presente.
El mayor General C. García es casi seguro que habrá ya marchado a Holguín con
fuerzas y como pudiera suceder que subsistiese la sedición armada que el mismo
hiciera que se me presentasen, llamándola, las fuerzas que en ella tomasen parte o
que encontrándose culpabilidad en algún Jefe de los que debieron presidir el
Consejo de la 2da instancia en los asuntos a que se contraen en las notas No. 316 y
en tal caso sería un desprestigio para el Gobierno y para el que suscribe no poder
tomar las medidas necesarias para remediar el mal sin faltar a las leyes como
pudiera hacerlo, para bien de la Patria y de la pronta y recta administración de
justicia.

Ruego por todo ello al Gobierno se sirva manifestarse en guarda de mi
responsabilidad, si puedo o no tomar medidas caso................ (incompleta)




V. García
Tte. Co. Manuel Sanguily


Amigo mío:




Enmiende o rehaga la comunicación que acaba de entregarme, póngale sobre y
envíela al Secret. Que es a quien debe usted dirigirse, cosa que aunque advertí
estando aquí se me [olvidó], y ahora, al volver a leer la comunicación en que se le
daba a usted la comisión, ví que yo la había firmado por ausencia de nuestro
Secretario de Estado.



De usted afmo.




V. García
Teniente coronel Sacramento León, Jimaguayú, marzo 27 de 1874



Estimado amigo:

Grande, muy grande ha sido mi pena al saber primero y al ver luego confirmada
por la representación que dirigió el Gobierno que Ud. y la mayor parte de mis
antiguos compañeros se hallan en abierta desobediencia de las órdenes del Jefe
Superior de ese departamento. Yo que consagré mi vida a la Patria, que practiqué
toda clase de sacrificios en sus armas, que traté siempre de inculcar en Uds. Con
mi palabra y mi ejemplo las ventajas del orden y de la disciplina militar y el
respeto a la ley, no puedo ni podré jamás aprobar la actitud que han tomado porque
ya es contraria a aquellos principios sin los cuales no puede, como siempre les dije,
haber ejército ni llegar al sumo bien de nuestra libertad.- tunero como Ud., me
enorgullecía de haber formado de mis paisanos una fuerza que conociendo sus
deberes y sus derechos, llenara aquellos siempre con abnegación y patriotismo,
exigiría éstos en el terreno legal sin bajar nunca a incurrir en el feo delito de
deserción, y no puedo menos de creer son que algunos malos intensionados han
arrastrado a Uds. Por medio del sentimiento, haciéndoles olvidar la razón y el
deber pues sólo así se comprende que tan pronto hayan olvidado mis consejos y
que pudiendo elevar sus quejas y actuaciones tomaran primero la determinación
desgraciada de abandonar sus puestos. Es necesario pues, que volviendo a la razón
y al deber, cese tal lamentable escándalo y que hagan olvidar con su obediencia el
paso que tan imprudentemente han dado perjudicando notablemente el orden y la
disciplina del Ejército, cuyas buenas condiciones son las que nos han de
proporcionar la libertad. Si aún me consideran Uds. como el hombre patriota, como
el padre que siempre se ha interesado por su felicidad sigan mis consejos
encaminados a su bien y al de nuestra querida Cuba; Abandonen el camino de
perdición a que se han lanzado y no den por más tiempo el espectáculo triste de
permanecer alejados de sus compañeros, mientras que estos combaten a los
enemigos de la Patria. No presten oido a la voz insidiosa de la pasión ni a
cualquiera otra que intente hacerlos permanecer separados del camino del honor y
sometiéndose a sus superiores, vuelvan a observar la conducta que me hacía
citarlos como modelo de patriotismo, de abnegación y moralidad. Espero tener
pronto noticias de que oyendo mis paternales consejos han cesado Uds. en su
deplorable desobediencia y que son ya dignos del aprecio que siempre les he
tenido. Modesto les escribe aconsejando a Uds.

Como siempre soy su amigo.


Vicente García
Guaramanao, Septiembre 11 de 1874.

Al mayor General Máximo Gómez. Estimado amigo y compañero: Tengo el gusto
de saludarlo, no habiéndolo hecho antes, tanto porque soy haragán para escribir_ y
ésto tengo que hacerlo personalmente por no tener quien me escriba_ cuanto
porque desde mi llegada a esta jurisdicción me encuentro malo, ya de fiebre ya de
otras novedades, que, aunque leves, me tienen indispuesto. Nada notable ocurre
por aquí que comunicarle hoy; todo está en completa tranquilidad y de arriba no he
sabido tampoco nada, puede decirse, sobre lo que ya se sabe en el Camagüey sino
en alguno que otro cuentecito de poca importancia, pero los hechos que los
originan a ser ciertos éstos siempre compondrán una parte del drama que viene
representándose en Oriente desde hace algún tiempo. Drama quiero llamar a los
grandes trastornos y demás cosas que se notan en el 1er. Cuerpo de Ejército y todo
este Departamento. Todas las noticias que corren del resto del Departamento y
sobre todo de Bayamo son desagradables. Anteayer se me presentó el comisionado
del compañero Díaz que hace cerca de dos meses que anda por aquí tropezando
con tales dificultades que no le han permitido reunir recursos para llevarle; ahora
he principiado a ocuparme de arreglarle algo para despacharlo. Esta y otras
circunstancias no me permitirá ir al Camagüey tan pronto como le ofrecí cuando
nos separamos. Mando a Coello a ésa con otro objeto de que me traiga, si están
fuera, los efectos que encargué al Príncipe pues dejé recomendado al Teniente
Coronel Estrada que me los enviara a casa del Subprefecto Fonseca; le he dado
orden que vuelva inmediatamente estén o no estén en el pueblo indicado los
efectos, a menos que sepa que están fuera y en alguna otra parte donde pueda
recogelos. Si quiere Ud. escribir al compañero Díaz mándeme su carta con mi
comisionado, que puede que alcance aquí al de aquél y de este modo será más fácil
que la reciba. Tenga la bondad de decir al Dr. Luaces y demás ayudantes que
Ud.que reciban mis afectuosos recuerdos. Y Ud. sabe lo quiere y distingue su
amigo y compañero.




Vicente García


Relación de los terrenos pertenecientes a la sucesión de la Sra. Rosa González.

Hacienda: “El Ranchuelo” ubicada en la comunidad de Las Tunas. Practicando el
deslinde y reparto correspondiente, se le asignaron trecientas cincuenta caballerías
de tierra. En su área se encuentra los sitios “La Ceiba”, “Santa Elena”, “San
Nicolás”, Potrero “San Pedro” y un sitio frente al “Ranchuelo” que formó mi
difunto hermano Manuel. Además se encuentra en la propia Ana El Potrero “El
Oro”, con cuatro caballerías de tierras el cual fue vendido á Antonio Bello y debe
rebajarse del total de caballerías mencionadas.
La expresada hacienda linda por el norte con la hacienda de “Rompe”, por el sur
con el “Ojo de Agua” de Palmarito, por el este con terrenos del ingenio “Cornito”
y Sabanas de “La del Medio”, y por el oeste con “San Simón”, “Mejía” y “Aguas
Blancas”. En la propia comunidad de “Las Tunas” entre “Manzanillo_ adentro” y
“La Que Dios dió” fue enterrada mi madre de ciento cuarenta caballerías de tierra,
en las cuales se levantaron los dos sitios nombrados “San Vicente” y “San
Hilario”. Este lote de terreno por el Norte con “La que Dios dio”, por el Sur con
Manzano y la Séptima parte de Realengo de Antombran. Si bien no llegué a tomar
posesión de ella pues solo lo hicieron mis referidos hermanos Pedro, María y
Manuel. Este murió dejándole algunos hijos con una mujer si bien nunca los
reconoció como naturales, también Pedro, María, sus dos hijos que tampoco
reconoció y uno más Mariano, sobre el cual no hizo declaratoria alguna que yo
supiera. Esto es cuanto recuerdo de momento y como tal ves algún otro pueda dar
alguna luz sobre sus derechos á mis sucesores firmo el presente memorandum para
enviarlo a mi esposa Brígida Zaldívar.

Santa Rita Jurisdicción de Las Tunas. Septiembre siete de 1871.

_Emm° = vol = al _ gunos = con una _ vol.


V. García
Rubricado
El Pilón, Marzo 28 de 1875.

Tte. Cor. Manuel Sanguily

Estimado amigo:

He sabido que marchó a Las Villas y que ha regresado, aunque no sé si ésto es
temporal o defenitivamente, sin que desde que nos separamos haya tenido el gusto
de recibir letra suya. Rompo yo el silencio para darle el ejemplo y estimularle para
que vuelva a dirigirme como antes sus cartas noticiándome lo notociable que sin
embargo de interesarnos a todos no se inserte en los periódicos nuestros. Ya sabrá
que con fecha 7 de marzo del corriente se nombró Jefe del Camagüey, entregando
el 13 el mando del 1er Cuerpo al Gral. Calvar, nombrado para sustituirme; Pero de
seguro que ignorará las circunstancias que procedieron y siguieron a tales hechos.
Usted estaba enterado de las muchas quejas que hasta mi completa separación del
gobierno tenía de éste, y cuánto lamentaba yo los desaciertos que iban aumentando
el disgusto en el país contra la administración, pues a menudo hablamos de ello.
Hoy podría agregar mucho a este capítulo, pero por no ser molesto me limitaré a
algunos hechos capitales.
Cuando asumí el mando de Oriente y pasé a su territorio lo hizo también el
Gobierno, y éste, entendiéndose directamente con los Jefes de División, se ocupó a
su manera, en mi ausencia, en la reorganización del Cuerpo por la segregación de
Las Tunas, previniendo y admitiendo las propuestas de mis subalternos
directamente para el reconocimiento de grados, ascensos, colocaciones, ect. , Ect. ,
comunicándome a posterioridad algunas de estas medidas y otras no. A mi juicio
dejo la consideración de las equivocaciones e injusticias que se cometían con tan
ligero proceder, que me proporcionó no pocos obstáculos. Lo natural parecía que
yo hubiera renunciado inmediatamente, pero viendo que iba a agravar la triste
situación entonces de Oriente, seguí en el mando y trabajé hasta poner el territorio
en el brillante estado en que lo he entregado.
Admitida por el Gobierno la renuncia que hizo Calvar de la 2da. División, que se
confió a Maceo, y limitada aquella a cuatro regimientos, el Ejército dispuso que el
Gral. Calvar, que ya no tenía puesto alguno, continuase con el mando de las demás
fuerzas que habían compuesto dicha División, hasta nueva orden, cuando pudo y
debió dejarlas a mi disposición. Sufrí esta nueva anomalía. Ordené una
concentración de fuerzas de la 1ra. División en Bayamo, entendiéndome con los
Jefes de Brigadas, porque aunque el Ejecutivo había nombrado para aquella al
Gral. Calvar, ésta no se había presentado a concentración. Simultáneamente el
nombramiento de Calvar arregló el Presidente por sí sólo la expresada División,
comunicándome su nueva forma a los jefes respectivos, desde cuyo momento era
de entenderse que como nueva disposición cesaba el Gral. Calvar en el mando
anómalo de la fuerza a que antes me he referido, debiendo advertir además que
antes de esta disposición me dirigí oficialmente al Gobierno inquiriendo cuáles
eran la fuerzas con que continuaba al Gral. Calvar hasta nueva orden,
contestándome que sólo el regimiento de Holguín, así como que éste, habiendo
entrado en la formación de la 2da. Brigada, lo tenía ya en ella al Jefe de la misma,
Cor. Vidal, que estaba a mis inmediatas órdenes. Hubo que demorar el día de la
concentración y naturalmente me dirigí dando órdenes a los Jefes de Brigadas, toda
vez que Calvar no se había presentado.
No obstante todo ésto, cuando concurrí a la citada reunión de fuerzas encontré que
no lo había hecho el 1er. Batallón de Jiguaní y el 3er. Escuadrón de Oriente, que
previamente había sido llamado, porque Calvar le había dado órdenes en contrario
con el objeto punible de perjudicar, como perjudicó, las operaciones que con todas
las fuerzas iba a emprender. Oficié a Calvar rogándole el derecho de no contrariar
mis disposiciones, ni disponer de fuerza alguna mientras no tomara posesión y
previéndole que inmeditamente dejase aquellas en aptitud de incorporárseme, pues
su detención había sido informal o indebida. Recibí en contestación una procaz e
insultante nota. Me preparaba a escarmentar a Calvar pero supe que éste, temiendo
sin duda las consecuencias de su falta, había marchado al Gobierno. Elevé a éste
una comunicación adjuntándole copia de la comunicación que había dirigido a
Calvar y de la contestación de éste, demostrando cuánto afectaba la disciplina
militar semejante hecho, y el perjuicio material que había causado, en la natural
creencia de que sería puesto a mi disposición para el juicio correspondiente, o que
lo dispondría desde luego el Gobierno, justificado como estaba el hecho.
Pero con dolorosa sorpresa recibí a poco una nota de la Secretaría de la Guerra en
que se limitaba a censurar la insobordinación de Calvar y expresaba que sin
embargo yo había dado lugar a ella entendiéndome con los Jefes de Brigadas en
lugar de haberlo hecho con el de la División, desentendiéndose así del fundamento
racional de que no habiendo Calvar tomado posesión del destino, no podía ni debía
dirigirse a él.
Y como si este no fuera bastante aún para hallar la disciplina y ajar mi dignidad, en
la propia fecha en que dictaba tan peregrina resolución, nombrada al Jefe cuya
insubordinación había censurado para que recibiera del superior a quien había
faltado el Mando del 1er Cuerpo de ejército, en premio seguramente de su punible
conducta.
Inmediatamente(2) otros muchos que pudira referir me han traído el doloroso
convencimiento de que el Ejecutivo, cegado por su política de personalidades de
favoritismo, trata por todos los medios de disgustarme y de anular a todos los
patriotas que tienen la desgracia o la dicha de no pensar como él, sino que
desdeñando apoyar mesquinas ambiciones solo se ocupan de servir honrada y
lealmente a su patria, y seguro asimismo de que en el Camagüey se consumaría
conmigo la misma conducta, han sido motivos para que yo me separe del servicio
con el dolor que usted comprenderá debe sufrir aquel que consagró sus esfuerzos, y
su vida desde los albores de la revolución a la causa de su Patria.
Deseando que ésto conste he dirigido mi exposición razonada y documentada a la
Cámara de Representantes, y con el mismo fin hago a usted estas manifestaciones
de que desearía se enterasen todos los buenos patriotas, para que ninguno crea que
por voluntad propia no sigo sirviendo sino que, si no me separo es porque no me es
posible ya tolerar más tiempo, las iniquidades de que he venido siendo víctima.
Se me ha dicho Julio había también venido. Si es así, salúdelo en mi nombre, así
como a los demás amigos y usted ordene siempre a su verdadero amigo y s.s.



V. García
Ejército Libertador
Segundo Cuerpo
Cuartel General

Lavado Junio de 1875

C. secretario de la Guerra
C. secretario:

En 7 de marzo último tuve el honor de elevar por conducto de ese Despacho, al C.
Presidente de la República, mi renuncia de la Jefatura del Segundo Cuerpo de
Ejército que vengo sirviendo, y en 12 de abril siguiente volví a insistir sobre el
propio particular.
Hasta ahora no he recibido resolución alguna a tal intención, y como creo que debe
haber sido decretado, ocurro de nuevo a V. rogándole se sirva comunicarme cuál
sea aquella.
Con protestas de la más distinguida consideración.



V. García
Guaramanao, Julio 3 de 1876

Coronel C. Manuel Sanguily


Estimado amigo:



Oportunamente fue en mi poder su grata de 20 de mayo último, que no había
contestado esperando que pudiera hacerlo con la copia que se sirve pedirme.
La circunstancia de no haber podido todavía acercarme al lugar donde tengo
guardado el documento original, me ha privado de llenar hasta ahora mi
compromiso, y para que no vaya usted a interpretar erradamente mi silencio, le
dirijo estas líneas para que sepa la causa de él.
Próximamente marcharé a Camagüey y confío poder llevarle la copia que me
recuerda. Sin otra cosa por ahora, queda de usted afectísimo amigo y s.s.




V. García
Ejército Libertador

2do. Cpto.

Cuartel General en Las Tunas, Septiembre 23 de 1876

Sr. Gobernador Don Félix Toledo:

He ocupado toda la plaza y las posiciones todas de esta Ciudad menos la que V. Ha
tenido tratando de sostener.- Capitán Ramón Cabrí Medina, el Tte. Manuel Muñíz
y el Alférez José Poblador y 35 de tropa se me han rendido, y han sido respetados;
porque no quiero derramar más sangre. Contribuya V. Haciendo lo mismo que
aquellos señores a mi humanitario empeño, sobre todo teniendo en cuenta que toda
resistencia sería inútil y sólo serviría para agravar su situación. Ríndase V. Siquiera
sea para salvar la vida de sus subalternos, que yo le ofrezco como ha sucedido con
los que lo han hecho antes y se respetan cumplidamente la vida de V. y la de los
que lo acompañan.- De otra manera dispondré el correspondiente asalto, y entonces
no me sería fácil responder del ímpetu de mis soldados.-
Espera su respuesta para proceder en consecuencia. El Mayor General.



Auténtica,                                                               (Fdo) V. G.
M. Fonseca                                                                Auténtica,
Brigadier J. De E.M.                                                    F. Figueredo,
                          Coronel
Ojo de Agua, Octubre 12 de 1876

Coronel Manuel Sanguily

Estimado amigo:

Necesito cuatro o seis horas para despachar la correspondencia que usted ha
ofrecido llevarme al Camagüey. Si su impaciencia por marcharse llega al extremo
de no querer aguardarse hasta mañana, en cuyo caso tendré que poner una
comisión a conducir dicha correspondencia, dígamelo para escribirle enseguida su
asunto que estoy concluyendo de despachar.
Hágame el favor de decirme también si va usted a pasar por el Camp°. del General
Suárez o marche desde aquí a Loma de Sevilla. Le incluyo dos cartas para usted
que vinieron de Oriente.

Estoy desesperado con mis males en circunstancias tan crítica; éstas me impiden
pasar hoy allí y verlos antes de que marche.

De usted como siempre afmo., amigo

V. García


Ojo de Agua Oct. 12/76


Co. Manuel Sanguily

Distinguido amigo:



Hasta esta tarde pensé que podría pasar por allí antes de que usted marchase, pero
no siéndome posible hacerlo, me despido de usted por medio de esta esquela.
Deseo, pues lleve usted un buen viaje, y que nos veamos otra vez pronto, según me
dijo en su carta de hoy.


Repítame como siempre de usted afmo. s.s.



V. García
Guaramanao, Octubre 12 de 1876

Co. Manuel Sanguily

Estimado amigo:

Agradezco a usted el retardo que se ha impuesto por complacerme. El Comte.
Zayas entregará a usted la correspondencia que se remite al Brigadier Benítez, y
que considero va más segura con usted que con cualquier expreso que pusiera yo.

De acuerdo con lo que usted manifiesta, para el caso de no encontrar a Benítez en
su camino.

Quedan prometidos “Los Girandinos”. Los leerá cuando quiera.

De usted afmo. Amigo.

V. García
2º. Cuerpo
628
Cuartel General de Becerra febrero 6 de 1877

C. Secretario de la Guerra
C. Secretario


El capitán Miguel Valdivia y el teniente Gaspar Cruz que estaban destinados a mis
órdenes en calidad de Ayudante me han presentado renuncia de ese puesto
pidiendo pasar a continuar sus servicios en el regimiento Río Blanco.
Este cuartel General no tiene inconveniente en que se acepte tal decisión y como el
Cuerpo que indican está pendiente de reorganización el Gobierno podrá o no
acordar a la colocación que solicitan pudiendo mientras tanto señalar la situación
en que deben quedar esos oficiales.


Con sentimiento de consideración y respeto


V. García
Gral. Jefe
Tuneros:

Por disposición del Gobierno de la república voy a marchar al Departamento de
Las Villas, cuyo mando, en comisión, se me confía.

Nacido en el mismo pueblo que vosotros, conocedor individual de todo tanto de los
que pertenecen al ejército como de los que forman el vecindario; apreciador de
vuestro valor y abnegación probados en los ocho años que juntos hemos venido
combatiendo por las muestras de consideración y afectos con que siempre me
habían honrado, natural es que al despedirme de vosotros lo haga con la más
profunda pena que me es dable alejarse de caros compañeros sin que el dolor nuble
el semblante.
Donde quiera que me encuentre podeis contar con mi afecto y conque sentiré la
más viva alegría, sabiendo que continuais por la senda del honor y de la gloria, que
es lo que os desea vuestro amigo y compañero.

V. García
Marzo de 1877

A la Cámara de Representantes

C.C. Representantes:

C. Vicente García González, Mayor General del Ejército Libertador

Respetuosamente expone lo siguiente:

Qué en el mes de diciembre último llamado confidencialmente por el Gobierno
para proponerle el mando del Departamento de Las Villas vacante por la salida de
aquel territorio del mayor general Máximo Gómez.
Sabidos son de la Cámara de R.R. los hechos que produjeron tal resultado
conmovidos profundamente el orden y la disciplina en Las Villas, y aunque el que
expone conociendo perfectamente esa situación sabía lo difícil sino lo imposible,
que le sería remediar los males que allí había provocado una serie de hechos
desgraciados, se prestó a aceptar tal encargo, en comisión, por puro patriotismo y
previo al ofrecimiento que le hizo el C. Presidente de proporcionarle 200 hombres
con el parque necesario para poder hacer frente al enemigo en su marcha y auxiliar
al Ejército de aquel Departamento.

En cumplimiento de estos acuerdos se le autorizó para sacar 100 hombres del
Regimiento “Tunas” de los que voluntariamente quisiera pasar a Las Villas,
prometiendo completarle aquel número de otras fuerzas, entre ellas 40 ó 50
hombres del Departamento de Oriente que tenía y tiene el Gobierno a sus
inmediatas órdenes.

Procedió desde luego a tomar las medidas necesarias para estimular y sacar los 100
hombres del regimiento “Tunas”, pero desgraciadamente donde tantos dispuestos
había antes de marchar no resultó ya ninguno porque la noticia extendida por los
desertores de crueldades, tiranías, maltrato y otros abusos que tenían allí lugar,
mató el entusiasmo que antes dominaba.- Esto lo comuniqué al C. Presidente de la
república.

La ejecución con sentimiento del Gobierno de las operaciones que tenían
pendientes en este Departamento y la enfermedad que acaba de sufrir impidieron al
exponente efectuar su viaje en breve término, pero tan pronto como estuvo
restablecido ha venido dispuesto para marchar, confiado en que el Gobierno le
entregará la fuerza y demás elementos prometidos, que, si cuando lo solicitó era
necesario, hoy son indispensables para su misión en Las Villas pueda tener un
resultado favorable.

El exponente nunca se ha negado de obedecer al Gobierno ni ha cejado en su
propósito de marchar a Las Villas, pero desea hacerlo en condiciones que no sufra
su prestigio y en que su misión sea útil a la Patria.

Sin embargo de esto, ayer fue sorprendido por la comunicación del Secretario de la
Guerra que la copia acompaña, marcada con el número 1, la que contestó con lo
que aparece al No. 2, hoy ha recibido lo que también acompaña con el No. 3
contestándole con el No. 4.

Teniendo presente la situación actual de Las Villas y especialmente la del
Departamento de Sancti –Spíritus en que forzosamente habrá de entrar la trocha
militar del Júcaro, comprenderá la Cámara la justicia que asiste al exponente para
reclamar del Gobierno de la República los elementos que le había prometido como
indispensable de todo punto para formar las líneas enemigas, presentarse con
prestigio ante los villareños y poder sostenerlos dando algunos combates que le
faciliten normalizar la situación del Departamento.

Noventa y cuatro hombres entre Jefes, Oficiales y tropa se han extraído hoy del
regimiento “Tunas” según la última disposición del Gobierno por las mismas
razones que no se prestó esta fuerza a marchar voluntariamente creo que la
dispoción del gobierno de mandarla de otro modo sólo propenderá a inferirle
nuevas heridas a la disciplina.

No podré pues, contar con ninguna fuerza, y como en este caso se le manda
también marchar por las razones emitidas antes constituyó ésto una grave
injusticia, una inconveniencia para la Patria y acto depresivo a su prestigio militar
al extremo de que las disposiciones del Gobierno que tal parece extraño el
propósito de sacrificar o inutilizarlo para el servicio de la Patria, ocurra a la
representación nacional en queja contra el abuso de autoridad en que con perjuicio
de los intereses patrióticos ha incurrido el Presidente de la República, confiando en
que la justificación de la Cámara dispondrá lo necesario para que aquel no insista
en tan erradas disposiciones y ponga al postulante en condiciones de llenar el
cometido que le ha confiado que está dispuesto a desempeñar como cumple al
interés general y a su dignidad militar, enviándose así las graves consecuencias que
en el contrario pudieran sobrevenir, o admitirlo en otro caso las protestas que desde
luego establece formalmente por el agravio que a los intereses del país y al
exponente se causan y se causarán en lo adelante por disposiciones de tal
naturaleza suplicando también la inmediata resolución de este asunto y por la
importancia que entraña, pues así es de justicia que es lo que impretó
reverentemente.
Ctel General, en Sao Nuevo, Marzo 19 de 1877

Fdo. V. García
     Mayor General

Auténtican:
M. Fonseca
Brigadier J. De E: M.

Auténtican:
F. Figueredo
Coronel
Camagüey Mayo 16 de 1877

Mayor General Carlos Roloff

Distinguido amigo:

Por fin los obstáculos opuestos por el mismo gobierno para mi marcha a ese
Departamento han llegado a ser superiores a mi voluntad. Desde que con estudiada
cautela se me negaron el contingente y recursos ofrecidos al principio, no se me
ocultaron las dificultades por lo que dirigí al Gobierno protestas muy solemnes con
la esperanza de conseguir algo y llevar a cabo los deseos que siempre me han
animado de coabyuvar con ustedes a levantar el espíritu público abatidos sin dudas
por las medidas arbitrarias y impolíticas que allí se pusieron en práctica a despecho
de todas las voluntades.
Cuando el Gobierno me había prometido 250 ó 300 hombres con el parque
necesario para llevar a efecto la operación de mi marcha, dejo al buen juicio de Ud.
imaginar cual sería mi extrañeza al ver solo seis mil tiros, después de acabar de
entregar yo mismo más de sesenta mil y por todo el contingente mi escolta
montada que no pasa de treinta y pico de jinetes... Era que del propio círculo del
Gobierno salían comisiones embozadas a trastornar la opinión favorable a Las
Villas con propagandas de mal genio, llegando el descaro al grado de ofrecer
colocaciones ventajosas a la mayor parte de los jefes y oficiales de mi estado
mayor con tal que desistieses de acompañarme. El objeto de tamaña intriga era
indublamente dejarme en completo aislamiento prescindiendo de los males que
recibiera la patria. Yo estoy en creer al propio tiempo que alguno de los altos
funcionarios del Gobierno me alarmaron al conocer el entusiasmo de los orientales
al dirigir a la Cámara de Representantes una solicitud manifestando la urgencia de
atender a Las Villas y para que mi pequeña influencia no desapareciese del todo,
concluí pidiendo se me colocase de General en Jefe. De esa injustificable alarma,
de esos celos infundados y pueriles me figuro que por la insistencia del Gobierno
en desbaratar por sí sus propias concepciones cuando halló en la opinión un apoyo
que jamás se presumía. Está demostrado por tanto que en el fondo nunca existió en
el gobierno la idea de proteger la revolución en Las Villas. El General Gómez –
árbitro hoy de los destinos de la Patria- sin responsabilidad de ninguna especie tras
del Generalísimo Tomás Estrada, no podrá ver imposible bajo ningún aspecto el
progreso de Las Villas ni los que con él vinieron malamente de allá, que hoy estén
a su lado premiados con ascensos y la más alta posición por ejercer la ridícula
venganza. Así me explicó la política angulosa y de tantas fases, empleadas con ese
Departamento y conmigo en el presente asunto y de que sabedor yo de todo era ya
en vano, viniese hasta esos lugares más bien con el fin de manifestar a Uds, mis
vehementes deseos de trabajar por la Patria ayudándolos pues allí creo que está en
salvación por ser precisamente la vanguardia, y a la vez a informarles de las trabas
de todo género que el Gobierno ha adelantado, para sustentar su negativa en
satisfacer esa esperanza patriótica. Sin embargo incansable como siempre en mis
ideas, confío en el porvenir, si Dios no dispone otra cosa, podré bajo mejores
auspicios dar cima a las exigencias de la justicia y de mis propias convicciones.
Entre tanto no perderé oportunidad en hacer cuanto esté a mi alcance en obsequio
de ustedes que con tanta abnegación están sosteniendo allí el glorioso pendón de
nuestras libertades.

Aprovecho esta oportunidad para reiterar a Ud. la seguridad de mi más alta
consideración y estima, conque me suscribo S. y s.s.

q.b.s.m



V. García
Naranjal, Junio 3 de 1877

C. Coronel Francisco Guevara


Mi estimado amigo:



Lo defectuoso de las instituciones que vienen rigiendo, demostrado hasta la
saciedad, ha sido un contínuo y abrumante obstáculo en las marchas políticas y
militar de nuestra revolución.

Manifestación clara del deseo de mejorarlas fue el movimiento de Lagunas de
Varona, aceptado en principio por la misma Cámara; pero por fatalidad, hija de
nuestra buena fe y falta de práctica en los asuntos públicos, los ardides de los
intransigentes burlaron el general deseo y presenciamos el extraño espectáculo de
una nueva Cámara elegida por los que podían y estaban de acuerdo con la reforma,
ocupar un puesto solamente para oponerse a ella y dictar o permitir medidas aún
desacreditadas, más impolíticas e injustas y más escandalosas tolerancias que lo
había hecho la situación anterior. En una palabra, el país empeoró hasta verse a los
bordes del abismo.

El pueblo que sentía los malos y que ya no tenía donde ocurrir en demanda de
justicia, ha llegado a la exasperación y va pronunciándose contra el actual orden de
cosas. Creo que este nuevo movimiento político no puede ser contrastado así
porque habiendo perdido el Gobierno el prestigio, es importante en todos los
conceptos para volver los pronunciados a la obediencia, como también por éstos
los hacen con carácter marcado de firmeza y decisión porque los principios que
proclaman y las causales en que se apoyan son tan justas, tan legítimas, tan
conocidas de todo el pueblo, que necesariamente habrá de encontrar simpatías y
ayuda en todo el que siente latir en su pecho un corazón republicano.

Las circunstancias que el movimiento tiene lugar, desgraciadamente en momentos
en que los españoles hacen el supremo esfuerzo por acabarnos con más sensatez,
más energía patriótica que en otro tiempo de mayor desahogo.

En el pueblo de Las Villas y Camagüey se conoce la necesidad imperiosa de la
reforma y a estas horas deben ya haberse pronunciado en tal sentido como en este
territorio; y es necesario, indispensable, que el movimiento sea general, porque de
lo contrario, si algunos jefes se separan, las fuerzas se fraccionan, se desorganizan
y no combate al enemigo; y si unas fuerzas se pronuncian y otras no, sobreviene la
división, la anarquía, subsistiría un gobierno que, le repito, ha perdido la confianza
del país, y nos veríamos en la imposibilidad de establecer un nuevo orden de cosas
legal y estable, puesto que esta obra debe ser hecha por la mayoría a fin de que sea
aceptada, apoyada y respetada por todos. Esto destruiría todo motivo de disención
para lo adelante y dando expansión al espíritu vivificador de la revolución
encaminará todos nuestros esfuerzos hacia la guerra ya de una buena dirección de
los asuntos públicos.

Yo tenía resuelto no mezclarme más en asuntos políticos, pero conociendo lo grave
de la situación no me ha sido posible permanecer indiferente y he tomado parte
como simple ciudadano de que hablo, aceptando el mismo tiempo el mando
provisional de las fuerzas de este territorio para evitar la desorganización y que el
enemigo sea hostilizado debidamente.

El portador dará a V. los demás detalles que omito por no exceder demasiado esta
carta. Reflexione V. sobre la gravedad de los momentos que atravesamos, inspírese
en el sentimiento elevado y digno del patriotismo alejando toda consideración de
personalidades toda vez que no se trata de éstos sino de la Patria, y comprenderá
que la presente cuestión de la vida o muerte para Cuba y que nuestra misión es
salvarla por encima de todo.

Recuerdos a los amigos y V. cuenta siempre con su verdadero amigo y s.s.

V. García

Auténtican:

Brigadier Modesto Fonseca y
Coronel Fernando Figueredo
C. Brigadier J.J. Pérez

Naranjal, Junio 3 de 1877

Mi muy Estimado amigo:

El no haberse arreglado los asuntos públicos el año de 75 tal como se pidió en
“Lagunas de Varona” y las intransigencias, injusticias y desaciertos del pueblo
hasta el extremo de iniciar expontáneamente un nuevo movimiento, con tal
carácter de firmeza y decisión que no es increíble pueda esta vez ser burlado por
los ardides de los intransigentes opuestos siempre a toda idea de progreso que
pueda acabar con el monopolio que han venido explotando.

Hubiera sido de desear tiempos mejores para el desenvolvimiento del movimiento
que no los actuales en que los españoles hacen supremo esfuerzo por acabar con la
existencia de la Patria, pero no habiendo posibilidad de detenerlo toda vez que
siendo justos, legítimos y por tanto simpáticos a todos los principios que proclama,
va propagándose rápidamente, creo que nuestra misión es apoyarlo para que tenga
más pronta realización y queden satisfechos las legítimas aspiraciones del pueblo.

En algunos territorios ha sucedido que los Jefes no han querido ponerse al frente,
aunque conocían la justicia por nimios escrúpulos trayendo con ello impedimento
que se haga la debida oposición a los españoles.

Esto debe evitarse contribuyendo todos al fin común, pues si por desgracia el
movimiento no fuese general, la situación sería terriblemente expuesta, toda vez
que los pronunciados están dispuestos a no ceder mientras no triunfe el derecho y
la justicia y vendríamos a quedar divididos ante el enemigo, en la anarquía, con su
Gobierno desprestigiado por sus escasos y mala fe que no podría moral y
materialmente atraer aquellos a su obediencia, ni se podía establecer un nuevo
orden de cosas estables y seguros puesto que tal obra debe ser de la mayoría del
país para que sea aceptada, apoyada y respetada por todos, y queden excluídos los
gérmenes de disenciones ulteriores.

Yo no tenía el propósito de tomar parte en asuntos políticos en adelante por las
decepciones que sufrí en el anterior movimiento, pero atendiendo a la situación de
la Patria forzoso me ha sido tomar parte en él como simple ciudadano para
contribuir con todos mis esfuerzos a la salvación de nuestra existencia nacional,
por lo cual también he aceptado el mando provisional de las fuerzas de este
territorio que estaban acéfalas y desorganizadas.
Como V. comprenderá la cuestión presente es de vida o muerte para Cuba y
conocido su patriotismo y sus ideas estoy persuadido de que oyendo el
llamamiento de la “Junta Provisional”, trabajará con todo interés en unión de los
amigos que ahí contamos tales como Vega Durán y demás a fin de unificar el
movimiento, pues es indispensable salvar la Patria aunque para ella tuviéramos que
llegar hasta el sacrificio de nuestra personalidad moral.

Recuerdos a los amigos y Ud. cuente siempre con la cordial amistad de su affmo. y
s.s



V. García
C. Coronel C. Moncada

Naranjal, junio 3 de 1877

Mi estimado amigo:

Los ardides de los intransigentes burlaron el deseo del pueblo en el movimiento del
75 y desde entonces la situación pública ha ido decayendo cada vez más a fuerza
de medidas descartados o impolíticas y de escandalosas injusticias.

Agotado al fin el sufrimiento del pueblo he iniciado un nuevo movimiento con tal
carácter de decisión y firmeza que no es creíble pueda ser contrastado, mucho más
si se atiende a que siendo justas y legítimas las causas que lo promueven van
encontrando eco y simpatía y ayuda en todos los territorios de la República.

Las circunstancias de que ésto tiene lugar precisamente cuando los enemigos de la
Patria hacen el supremo esfuerzo para destruirnos hace indispensable que los
patriotas ayuden a resolver la situación prontamente y que el desenvolvimiento del
movimiento no desorganice las fuerzas para que puedan atender a combatir a los
españoles.

Si el movimiento por desgracia no fuese en todos los Estados la situación sería
peligrosísima pues los pronunciados