HABACUC
1. HISTORIA:
AUTOR:
HABACUC
FECHA:
ALREDEDOR DEL 600 A.C.
TEMA:
«EL JUSTO POR SU FE VIVIRÁ»
PALABRAS CLAVE:
FE,
El nombre de «Habacuc» significa «ceñir», lo mismo en el sentido de ser «ceñido
por Dios», y así fortalecido por Él para llevar a cabo su difícil tarea, como «ceñir a otros», y
así alentarlos en tiempos de crisis nacional.
La explicación brindada por Martín Lutero acerca de este significado es digna de
mencionar: «Habacuc tiene un nombre apropiado para su comisión. Porque
Habacuc significa «abrazo». Y es justamente lo que él hace por medio de su
profecía, abraza o contiene a su pueblo. Habacuc los consuela y los toma en sus
brazos como uno lo haría por un niño o un adulto que gime.”
Habacuc fue un profeta que vivió en el período babilónico (caldeo). La oración de
Habacuc en el capítulo 3, semejante a un Salmo, tiene un título y una conclusión, lo
que induce a la hipótesis de que este profeta pudo haber sido un levita asignado al
servicio del templo (un adorador de Dios).
Habacuc, Abdías y Malaquías son los únicos profetas menores de los cuales sólo
conocemos sus nombres. Sin embargo, Habacuc, junto a Zacarías y Hageo, forma
parte del grupo de profetas que se nombran a sí mismos (Habacuc 1:1).
Habacuc vivió durante uno de los más críticos períodos en la historia de
Judá( Judá es un nombre de origen hebreo y significa Agradezco a Dios o reconozco a Dios.
La tribu de Judá una de las doce tribus de Israel, conformada por los descendientes de Judá
(patriarca)( Judá fue el cuarto hijo de Jacob), de ésta salen el Rey David y Jesús de
Nazareth.). El país había descendido de las alturas de las reformas de Josías hasta
las profundidades de los abusos que sufrían sus habitantes, las medidas
opresivas contra los pobres, y el colapso del sistema legal. El mundo que rodeaba a Judá
estaba en guerra, con Babilonia ganando ascendencia sobre Asiria y Egipto. La amenaza de
invasión desde el norte se sumó a los problemas internos de Judá. Habacuc
probablemente escribió su libro en el intervalo entre la caída de Nínive, en el 612 a.C.,
y la caída de Jerusalén en el 586 a.C
CALDEOS
Los caldeos eran una tribu semítica (Los semitas, al igual que cualquier otra denominación
racial, tiene denotación biológica además de cultural y lingüística. Los semitas son un pueblo
originario del desierto de Arabia.) de origen desconocido que se asentó en Mesopotamia
(meso-potamía, ‘entre ríos’ - es el nombre por el cual se conoce a la zona del Oriente
Próximo ubicada entre los ríos Tigris y Éufrates) meridional en la parte anterior del primer
milenio antes de la era común. Por su lengua se asume que están relacionados con
los arameos, aunque se asentaron más al sur que los arameos, quienes se habían asentado en
Mesopotamia superior y Siria.
Caldea es el nombre con que se conoció en la Antigüedad la región situada en la
baja Mesopotamia, al establecerse en ella los caldeos. Posteriormente esta denominación se
extendió a toda la región de Babilonia, pero solo debe llamarse Caldea a la zona extrema
sudoriental de la parte meridional de la cuenca del Éufrates y el Tigris, próximo a los desiertos
de Arabia. El término 'caldea' proviene del latín Chaldaeus, y este a su vez del griego
antiguo Χαλδαῖ ος, y este, finalmente, del acadio kaldû.
En 2.º Reyes 25:1, Nabucodonosor aparece mencionado como el Rey de Babilonia,
y en el versículo 4 del mismo capítulo se menciona a los caldeos y sus soldados
(compárese con Isaías 13:19)
El nuevo Imperio Babilónico se expandió ininterrumpidamente desde el 625 a.C.
bajo el reinado de Nabopolasar (625-605 a.C.). Nínive, la capital del debilitado
Imperio Asirio, fue conquistada en el 612 a.C. (ver detalles en Nahum), y en el 605
a.C. tuvo lugar la batalla de Carquemis, en la que los babilonios vencieron a los
egipcios (ver Jeremías 46:2). Con todas estas conquistas, el Este quedó a
disposición de los babilonios. Su reputación de crueldad fue conocida en todo lugar.
Poco después de esto, Nabucodonosor atacó al reino de Judá (605 a.C). En la
primera deportación de los judíos aBabilonia, todos los príncipes fueron llevados
cautivos (2.º Reyes 20:18; 24:14; Daniel 1:3). Estos príncipes eran exactamente
los mismos que antes habían oprimido a la clase baja de su propio pueblo (Habacuc
1: 2-4). Después del primer ataque de los babilonios, siguieron dos más, en los
años 597 a.C. y 586 a.C., que culminaron en la destrucción de Jerusalén y la
cautividad babilónica de Judá. Sin embargo, todos estos acontecimientos todavía no
habían tenido lugar cuando Habacuc escribía su libro. Aun cuando no tenemos
datos precisos acerca de la fecha de escritura de este libro, no obstante podemos
situarla aproximadamente entre la destrucción de Nínive y el primer ataque a Judá,
es decir, entre el 612 y el 605 a.C.
LEER VERSICULOS CLAVES:
HABACUC 1:1-4 - HC 1:5-11 - HC 2:1-4 - HC 3:17-19
2.Propósito del libro
Habacuc, el octavo de los profetas menores, presenta características muy
especiales. Porque él, siguiendo el mandato de Dios, no se dirige a los hombres —
lo que sí hacen los demás profetas—, sino que habla de su pueblo y de los
enemigos de su pueblo, los caldeos, directamente a Dios. Las preguntas y
comentarios de Habacuc y las respuestas de Dios constituyen expresiones
proféticas que debían conmover el corazón y la conciencia del pueblo de Dios.
El corazón de Habacuc está acongojado (entristecido) a causa de la injusticia que
hay en medio del pueblo de Dios (Habacuc 1: 2-4). Dios anuncia, en su respuesta
dirigida al pueblo, el juicio que se manifestará mediante el ataque de los caldeos
(1: 5-11). Habacuc entonces se aterroriza aún más al considerar que Dios utilizará
una nación mucho más injusta que la de los judíos como vara para castigar a
Israel (1: 12-17).
En el capítulo 2, Dios responde por segunda vez a Habacuc, a fin de mostrarle que
Jehová conoce el orgullo de esta malvada nación, Babilonia, y que la castigará, pero
que el justo por su fe vivirá. Observamos que esta revelación con sus cinco ayes, la
cual se desarrolla a partir del capítulo 2:3, no sólo se refiere a una inminente
invasión de los caldeos, sino que también puede aplicarse a sucesos que tendrán
lugar un día futuro.
En el capítulo 3, la fe de Habacuc finalmente triunfa y recuerda la gloria y el poder
de Dios para redimir a Su pueblo. En esta oración de agradecimiento y alabanza,
Habacuc expresa que él ha hallado su gozo y su fuerza en Dios.
3. El libro y su mensaje
A partir del título del libro de Habacuc (=Hab), en 1.1, la profecía consta de tres
secciones bien diferenciadas.
La primera de ellas (1.2–2.4) es una especie de diálogo entre Dios y el profeta.
Habacuc clama a causa de la violencia y la injusticia practicadas ante sus propios ojos
por las gentes de su nación (1.2–4); y el Señor le responde afirmando que la maldad
será castigada y que los caldeos serán el brazo ejecutor del castigo (1.5–11). Pero con
esta respuesta crece la confusión del profeta, que no comprende cómo Dios puede
valerse de los crueles caldeos para invadir y arrasar el país: «¿Por qué... callas
cuando destruye el impío al que es más justo que él?» (1.13).
En la segunda parte (2.5–20), Dios invita al profeta a poner en él toda su confianza.
Vendrá un día en que también los caldeos serán abatidos. Su propia soberbia los
consumirá cuando llegue el momento del triunfo de la justicia, cuando el malvado
recibirá el pago merecido, en tanto que «el justo por su fe vivirá» (2.4; cf. Ro 1.17; Gal
3.11; Heb 10.38).
El capítulo 3 constituye la tercera sección del libro. Es una oración en forma de salmo,
compuesta para cantar la gloria de Jehová y para expresar con un vibrante lenguaje
poético la seguridad del profeta en la protección que le dispensará el Dios de su
salvación, el Señor que es su fortaleza (3.18–19)
4.Historia
En los primeros cuatro versículos Habacuc demuestra estar abrumado
p o r l a s circunstancias que le rodean. No puede pensar en otra cosa que no sea
la iniquidad y la violencia que ve en medio de su pueblo. Aunque se dirige a
Dios (1.2), cree que Él se ha ido de la escena terrestre: Sus palabras han sido
olvidadas; su mano no se m a n i f i e s t a ; D i o s n o p u e d e s e r h a l l a d o e n
n i n g u n a p a r t e . L o s h o m b r e s e s t á n e n control de todo y, lo que es peor, los
hombres malos. Ellos actúan como se esperaría de quienes no tienen ningún freno de Dios.
Palabras y frases como éstas describen la escena: «iniquidad... dificultades... saqueos...
violencia... pleitos... contiendas... la leyes ineficaz... la justicia nunca prevalece... los
malvados tienden cerco a los rectos... el juicio de los perversos prospera». ¡Qué diferente es
la situación en los últimos tres versículos del libro (3.17–19)! Todo ha cambiado. El
profeta ya no está bajo el control de las circunstancias o ansioso por su causa,
porque ha alzado la vista. Los acontecimientos del momento no nublan ya su mente, porque
se ha elevado por encima de ellos. En lugar de dejarse dominar p o r l a s c o n t i n g e n c i a s
d e l m u n d o , H a b a c u c h a p u e s t o s u e s p e r a n z a e n D i o s ; h a comprendido al
fin que el Señor se preocupa por sus criaturas. Dios es la fuente de su fuerza y
alegría. Se da cuenta de que ha sido llamado para propósitos más altos. « Y e n m i s
alturas me hace andar» (3.19). La terminología del último párrafo
contrasta de manera notable con la del primero: «me alegraré en
J e h o v á . . . m e gozaré en el Dios de mi salvación... el Señor es mi fortaleza... hace mis pies
como de ciervas... en mis alturas me hace andar» (3.18, 19). Así que Habacuc ha pasado de la
queja a la confianza, de la duda a la fe, del hombre a Dios, del valle a la cima.
En el centro del cambio y en el centro del libro, se alza este claro credo de fe: «El justo por su
fe vivirá» (2.4). Para el profeta la promesa es para protección física en tiempos de
insurrecciones y guerra. Cuando la anunciada invasión extranjera se convierta en una realidad,
ese remanente de justos para quienes Dios es su Señor, quienes confían y dependen de Él,
serán liberados y vivirán. Para algunos escritores del Nuevo Testamento, como Pablo y el autor
de Hebreos, esta declaración de confianza y fe, se convierte en evidencia del poder del
evangelio para darnos la certeza de la salvación eterna. Para Martín Lutero, este tema de
Habacuc se convirtió en el lema de la Reforma.
Mientras Habacuc aguarda la respuesta a sus preguntas, Dios le ofrece el don de una verdad
que satisface sus sueños más íntimos, al tiempo que pone en sus manos la solución del
problema que en ese momento le preocupa: «El justo por su fe vivirá» (2.4). El apóstol Pablo
considera este principio del libro de Habacuc como la piedra angular del Evangelio de Cristo
(Ro 1.16, 17). Cristo es la respuesta a las necesidades humanas, incluyendo el perdón de los
pecados, la relación con Dios y la esperanza en el futuro.
Bosquejo del contenido
I. Las preguntas de Habacuc 1.1-17
A. Una pregunta sobre la preocupación de Dios 1.1-11
1.La pregunta: ¿Por qué Dios no hace algo? 1.1-5
2.La respuesta: «Yo levanto a los caldeos» 1.6-11
B.Una pregunta sobre los métodos de Dios: ¿Por qué Dios usa a los impíos?1.12-17
II. La respuesta de Dios 2.1-20
A. El profeta espera 2.1
B.El Señor responde 2.2-20
1.La importancia de la respuesta 2.2,3
2.La verdad central para los creyentes 2.4
3.Las consecuencias de la verdad para los incrédulos 2.5-20
a.Infortunio del ambicioso 2.5-8
b.Infortunio del codicioso 2.9-11
c.Infortunio del violento 2.12-14
d.Infortunio del inescrupuloso 2.15-17
e.Infortunio de los idólatras 2.18-20
III. La oración de Habacuc 3.1-19
A.El poder del Señor 3.1-16
1.Llamado a la misericordia 3.1,2
2.El poder de Dios sobre la naturaleza 3.3-11
3.El poder de Dios sobre las naciones 3.12-16
B.La fe del profeta 3.17-19
1.Confianza, pese a las circunstancias 3.17,18
2.Confianza en el poder de Dios 3.19