Encuentro 5
Document Sample


Conchi López, pddm 1
Encuentro 8
La primera carta a los Corintios 1
Invocación al Espíritu
Espíritu que infundes la vida, Haz limpia la mirada del alma,
ven y renueva nuestras mentes. llena de amor los corazones,
Derrama en abundancia tu gracia y bondad envía desde el cielo tu fuerza y poder:
en nuestro pobre y afligido corazón. así podremos resistir a todo mal.
Consuelo de los fieles que luchan, Concédenos vencer en la prueba,
fuente del gozo verdadero, surja gozosa la esperanza.
torrente de agua viva y llama de amor, Que siempre nos dejemos llevar de tu amor
unción de un pueblo bendecido con la paz. y demos frutos de justicia y santidad.
Espíritu repleto de dones, Pronuncien nuestros labios palabras
fuerza que actúas sobre el mundo, iluminadas en tu fuego:
regalo prometido por nuestro Señor, que el mundo reconozca la inmensa bondad
que nos inspiras los caminos a seguir. de nuestro Padre, que en el Hijo nos salvó.
Amén.
CONOCIENDO A SAN PABLO
La primera carta a los Corintios 12-16
1. Cuarto discurso: Los carismas (cc. 12-14)
a) Planteamiento (c. 12)
b) Digresión sobre la caridad (c. 13)
c) Solución (c. 14)
2. Quinto discurso: La resurrección (c. 15)
3. Epílogo epistolar (c. 16)
1. Cuarto discurso: Los carismas (cc. 12-14)
a) Planteamiento (c. 12)
12,1-11 Los dones del Espíritu. Diversidad de dones, un solo Espíritu. En los tres capítulos siguientes (1 Cor 12-14)
aborda San Pablo el tema de los carismas. Forman estos tres capítulos una especie de subsección dentro de la
carta y adoptan la conocida estructura de "sandwich literario". El capítulo central sobre el amor está como aprisionado
entre los otros dos capítulos que se ocupan de reflexionar sobre la existencia, utilidad, papel y finalidad dentro de la
Iglesia del resto de los carismas.
Carisma es una palabra paulina (14 veces aparece en las cartas paulinas, y sólo una vez en el resto del Nuevo
Testamento: 1 Pe 4,10). Es de la misma raíz que jaris=gracia y el sufijo "ma" le añade un sentido de manifestación, de
acción. En un sentido amplio, carisma designa cualquier clase de gracia o don concedido por Dios a sus fieles, con in-
dependencia del puesto que puedan ocupar en la institución eclesial. En un sentido más restringido y técnico pasó a
significar ciertos dones especiales concedidos por el Espíritu de Dios a determinadas personas o grupos para
provecho de los demás. Así pues, la existencia de carismas se conecta necesariamente con la actividad divina y más
en concreto con la acción del Espíritu Santo en el seno de la Iglesia.
1
El desarrollo del tema está tomado de Miguel Salvador García, Primera Carta a los Corintios, Comentario al N.T., La
casa de la Biblia, pp 449-480; cf. Maurice Carrez, La primera carta a los Corintios, C.B. 66, Verbo Divino 2003 (5)
Conchi López, pddm 2
Las primeras comunidades cristianas debieron ser particularmente acompañadas por esta acción especial del Espíritu.
San Pablo lo testifica respecto a sí mismo y a la mayor parte de sus comunidades (véase 1 Tes 1,5;1 Cor 2,4; 2 Cor
12,1-4; Gal 3,2-5). La comunidad de Corinto debió ser particularmente agraciada y así se desprende de estos tres
capítulos de 1 Cor. Pero, al mismo tiempo, los carismas llevaban aparejado un peligro de individualismo y división
en el seno de la comunidad. Por una parte, suponían una especie de divinización del individuo que los poseía,
colocándolo con frecuencia en confrontación con la comunidad; por otra, no todos podían ser agraciados con carismas
extraordinarios. La polarización de la comunidad en creyentes de primera y creyentes de segunda división pudo ser
algo más que una simple posibilidad. Tanto más cuanto en Corinto debieron sobrevalorarse exageradamente las
experiencias carismáticas, especialmente algunas de ellas. ¿No existirá algún criterio objetivo capaz de verificar
correctamente la validez de tales experiencias? La respuesta de Pablo es abiertamente afirmativa y se concreta en dos
puntos: el reconocimiento de Jesucristo como Señor (es absolutamente impensable una oposición entre Cristo y el
Espíritu) y la utilidad de los carismas para toda la comunidad, el “provecho común”.
En los vv. 4-6, Pablo nombra estos dones con los términos “carismas”, ministerios (“diaconías”) y “operaciones”.
¿Cuáles son los carismas que enumera Pablo?
1. “Palabra de Sabiduría”: “sofia” sería equivalente a la teología.
2. “Palabra de ciencia”: “ciencia” o “gnosis” sería equivalente a la espiritualidad.
3. Fe: sería la religiosidad o la piedad.
4. Curación: “iamata”, serían curaciones.
5. Poder de milagros: dynamis, prodigios como, por ejemplo, la caridad en la persecución.
6. Profecía: dentro de la celebración litúrgica, consiste en hablar de parte o en nombre de Dios, como portavoz
suyo.
7. Discernimiento de espíritus.
8. Diversidad de lenguas: Glosolalía; consiste, no en hablar idiomas desconocidos, sino en emitir sonidos
ininteligibles, aunque armoniosos, en situación de éxtasis.
9. Don de interpretarlas.
Todos estos carismas, por diversos que sean, se unifican en el mismo Dios uno y trino que los concede.
12,12-31 Diversidad de miembros, pero un solo cuerpo. Aunque en esta carta no lo afirme explícitamente (véase
sobre el particular 1 Tes 5,19), Pablo da por supuesta la bondad fundamental de los carismas. En cambio, sí afirma
claramente la conveniencia, por no decir necesidad, del pluralismo carismático. Ilustra su afirmación con el ejemplo
del cuerpo humano, motivo muy socorrido en el mundo greco-latino para referirse a los deberes comunitarios2. Es de
subrayar, al respecto, que Pablo identifica sorprendentemente en este pasaje a la entera comunidad cristiana, no con la
Iglesia sino con Cristo mismo. Parece, pues, evidente que con una fórmula sintética el apóstol quiere presentar a la
Iglesia como el cuerpo total de Cristo. Un cuerpo del que se afirma una pluralidad diversificada de miembros, cada
uno con su carisma peculiar. Miembros, por lo demás, que se necesitan entre sí y se preocupan los unos de los otros.
En los vv. 28-30, San Pablo enumera tres ministerios y luego una serie de dones del Espíritu. No sabemos si éste
es el orden de importancia, según San Pablo, pero es significativo que el apóstol sitúe al final el don de lenguas, cuando
los corintios lo consideraban el más importante. Por el contrario, sitúa en primer lugar los dones de la Palabra:
1. Apóstoles: Son los misioneros itinerantes que van de una comunidad a otra.
2. Profetas: Serían algo así como los homiletas. Exhortan y reconfortan a partir de las Escrituras, las aplican a
las nuevas situaciones y muestran cómo las promesas de Dios se realizan en cada tiempo.
3. Maestros: Los que enseñan la doctrina (equivalentes a nuestros catequistas y teólogos).
4. Milagros: Acciones maravillosas como la persistencia en la fe, en medio de la persecución.
5. Curaciones
6. Asistencia: A la comunidad en el servicio doméstico, la atención a los enfermos…
7. Gobierno: Los que presiden.
8. Diversidad de lenguas.
El v. 31 sirve de bisagra entre el capítulo 12, sobre los carismas, y el 13, sobre la caridad. Pablo pide a los corintios que
deseen y aspiren a los carismas mejores, pero les muestra un “camino más excelente”. Este camino es mucho mejor
2
Para su reflexión sobre el cuerpo de Cristo, Pablo se inspira en la famosa fábula de Esopo (c. 620-560 a.C.) del
estómago y los pies: “El estómago y los pies discutían quién era el más fuerte. Entre otras cosas, los pies alegaban que
hasta tal punto sobrepasaban en vigor que incluso llevaban al mismo estómago; éste respondió: ‘pues, anda éstos, si no
tomara yo alimento, vosotros no me podríais llevar’. Lo mismo pasa en los ejércitos, el número no es nada si los
generales no piensan perfectamente lo que conviene”. Los orígenes remotos de esta fábula esópica, al parecer, son
egipcios, y se encuentran en una tablilla escrita hacia el 1100 a.C. que describe “la batalla entre la cabeza y el cuerpo”.
Conchi López, pddm 3
que los carismas. La caridad no es el mejor carisma sino que está muy por encima de los carismas. Es lo que les
da sentido. Sin la caridad, los carismas no tendrían valor alguno.
b) Digresión sobre la caridad (c. 13)
13,1-13 El canto al amor. Alguien ha llamado a esta singular página paulina el Cantar de los Cantares de la nueva
alianza. También se la conoce habitualmente con el título de "himno al amor", no tanto por el ritmo poético, que no es
evidente, cuanto por el contenido. Otros autores quisieran encuadrarlo dentro del género literario "exhortación". Otros
finalmente -y tal vez con más razón- hablan del género literario "elogio" o "alabanza", que tendría como punto de
referencia pasajes del Antiguo Testamento tan conocidos como Prov 8, Eclo 24 o Sab 6-9.
Este elogio tiene tres estrofas:
1. Si no tengo amor, lo demás no sirve (1 Cor 13,1-3). Ni los carismas más apreciados, ni el conocimiento más
sublime, ni la fe más acendrada, ni la limosna más generosa, ni los sacrificios extremos valen algo desconectados
del amor.
2. Quince afirmaciones sobre el amor (1 Cor 13,4-7). Siete de estas cualidades se formulan positivamente y ocho
de forma negativa. Y se trata de cosas sencillas y cotidianas para que nadie piense que el amor es cosa de "sabios
y entendidos". Pero al mismo tiempo se insinúa que ser fieles a este amor supone un comportamiento heroico,
porque el común de los hombres -los corintios en concreto- actúan justamente al revés.
3. El amor no acaba nunca (1 Cor 13,8-13). Esta estrofa comienza y termina con la palabra clave de todo el
himno: el amor. Contrapone lo parcial, caduco, a lo perfecto, eterno.
Lo perfecto, futuro / Lo parcial, presente
(Hombre / niño)
Cara a cara / como en un espejo
Conoceré como soy conocido / conozco de un modo parcial
c) Solución (c. 14)
14,1-25 Los carismas deben ser útiles a la comunidad. Recupera Pablo el hilo del capítulo doce y centra ahora su
atención en las reuniones de la comunidad en cuanto son lugar importante de la actividad de los carismáticos.
Desciende a detalles concretos y una vez más relativiza los carismas más apreciados por los corintios, en
particular el de hablar un lenguaje misterioso (=glosolalía). Muy por encima de este carisma, espectacular pero poco útil
para el crecimiento de la comunidad, está el de comunicar mensajes de parte de Dios (=profecía).
Pablo, que posee personalmente -y que aprecia- el don de hablar un lenguaje misterioso, no duda, sin embargo, en
afirmar: En la asamblea prefiero hablar cinco palabras inteligibles e instructivas a diez mil en un lenguaje ininteligible. Es
evidente la actitud fuertemente crítica de Pablo con la concepción individualista de los carismas propia de sus
interlocutores corintios. Y también con la concepción esotérica, es decir puramente misteriosa y celeste, de la religión
cristiana.
14,26-40 Normas prácticas para el buen orden en la asamblea. Concluye Pablo su discurso sobre los carismas
dando normas prácticas y concretas sobre el desenvolvimiento de las asambleas litúrgicas. En tales asambleas,
Pablo desea una participación amplia y sin restricciones encorsetadoras. Ninguna reticencia al respecto. Pero tampoco
quiere que deriven en puro caos y confusión. Las divinidades paganas solían provocar en sus seguidores
manifestaciones tumultuosas y caóticas; el Dios de los cristianos, en cambio, es un Dios de paz y, por tanto, fuente de
experiencias serenas y provechosas para sus adoradores. No es, pues, el orden por el orden lo que preocupa a Pablo
sino el provecho y crecimiento espiritual de la comunidad. Por otra parte, la riqueza carismática de la iglesia de
Corinto hace imprescindibles unas mínimas reglas de juego. En este contexto, en los vv. 34-35, a las mujeres se les
prohibe -al parecer- el ejercicio del carisma de profecía dentro de las reuniones litúrgicas (1 Cor 14,34-35).
¿Cómo explicar esta actitud discriminatoria, sobre todo si se tiene en cuenta lo dicho en 1 Cor 11 ,5? El contraste con lo
enseñado en 1 Cor 11,5 es tan flagrante que algunos exegetas consideran l Cor 14,34-35 como una interpolación
posterior inspirada en 1 Tim 2,12. Otros autores admiten la autenticidad paulina del pasaje y buscan una
interpretación benévola dentro de aquel concreto marco socio-religioso. La aparente contradicción con 1 Cor 11,5 se
solventaría admitiendo que se trata de distinto tipo de intervención femenina en tales asambleas. Lo que Pablo
desaprueba no es la participación carismática de las mujeres en las reuniones litúrgicas, sino el hablar incontrolado y
perturbador de las mismas como posible causa de confusión y pérdida de tiempo.
En definitiva, del amplio discurso de Pablo sobre los carismas afloran una serie de principios que constituyen el núcleo
de su mensaje sobre el tema y que tienen permanente validez. Podríamos resumirlos así:
Conchi López, pddm 4
1) Los carismas son de suyo algo bueno.
2) El auténtico carisma ha de contribuir a la unidad y no a la discordia.
3) El bien de la comunidad es la norma básica para el recto uso de los carismas.
4) Al ideal griego de arrebato estático o al entusiasmo incontrolado propio de las religiones mistéricas, Pablo
contrapone la figura del creyente cristiano, que interviene en un clima de serenidad, que habla el tiempo justo y que
está siempre dispuesto a interrumpir su intervención si así lo requiere el buen orden de la asamblea.
5) El apostolado se enumera siempre como el primero de los carismas.
2. Quinto discurso: La resurrección (c. 15)
En este caso no parece tratarse de una cuestión que los corintios hayan planteado expresamente al apóstol. Pero el
problema existe y por uno u otro conducto Pablo ha tenido noticias de él: en Corinto hay cristianos que ponen en
duda la resurrección de los muertos (1 Cor 15,12). No debe sorprender el hecho si pensamos en cristianos
procedentes del paganismo griego y, por tanto, ideológicamente preparados para aceptar la supervivencia del espíritu,
pero no tanto para admitir la recuperación de la parte corporal del hombre. En efecto, para la filosofía platónica,
entonces de moda, la materia corporal es algo radicalmente malo; constituye la cárcel del espíritu; la suprema
aspiración del hombre consiste en liberarse de ella y regresar a la región luminosa de los espíritus que Platón llamaba,
con bellísima metáfora, "la llanura de la verdad".
Es posible, además, que estos cristianos de Corinto valorasen excesivamente la dimensión espiritual y actual de la
salvación cristiana en detrimento de una futura resurrección corporal que no se consideraba en modo alguno
necesaria.
La argumentación de Pablo es simple y contundente: los cristianos resucitaremos un día porque Cristo ya ha
resucitado. Este principio de solidaridad es tan evidente para Pablo que apenas se detiene a demostrarlo. Lo da por
supuesto como postulado esencial del anuncio evangélico. Partiendo, pues, de la verdad incuestionable de la
resurrección personal de Cristo (1 Cor 15,1-11), concluye como algo absolutamente evidente que también nosotros
resucitaremos (1 Cor 15,12-34), que lo haremos con un cuerpo espiritual, incorruptible e inmortal (1 Cor 15,35-54)
y que esta resurrección alcanzará, por lo menos, a todos los que el día de su gloriosa manifestación pertenezcan a
Cristo (1 Cor 15,18.23).
15,1-11 Jesucristo ha resucitado. Pablo hace la afirmación de la resurrección de Cristo en el marco de una forma
acuñada por la tradición. Estamos ante una especie de primitiva confesión de fe con la que quiere, sin duda, poner
de relieve que en un tema tan importante como éste, su testimonio personal concuerda con la tradición apostólica. No
está Pablo inventando; está transmitiendo con absoluta fidelidad lo recibido.
La fórmula paulina, que es al mismo tiempo reflejo y modelo de la primitiva predicación cristiana, se estructura en tres
tiempos: afirmación del hecho (muerte/resurrección), comprobación experimental del mismo (sepultura-
apariciones), testimonio de la Sagrada Escritura.
Explícitamente no se cita ningún pasaje del Antiguo Testamento, pero podemos pensar que Pablo está evocando Is
53,8-9 -cuarto poema del siervo del Señor- y a Os 6,2. Aunque en realidad, más que referirse a textos concretos, lo que
Pablo pretende es afirmar que no estamos ante sucesos triviales y fruto de la casualidad, sino ante acontecimientos
salvíficos previstos por los anuncios proféticos del Antiguo Testamento.
En cuanto a los testigos y al testimonio sobre la resurrección de Jesús, notemos que los apóstoles -incluido Pablo- han
vivido la experiencia, no del hecho mismo ni del momento de la resurrección, sino más bien la experiencia de un
Jesús que sigue vivo después de la muerte. El resucitado se ha hecho presente con toda su gloria en la vida de es-
tos hombres y, como tal, se ha convertido en objeto de predicación y de fe. Por lo tanto, al hablar de la resurrección
de Jesús es preciso distinguir entre hecho "real" y hecho "histórico", entendiendo por "hecho histórico" aquel del
que cualquier persona eventualmente presente puede dar un testimonio fidedigno. La resurrección de Cristo es un
hecho real, pero al mismo tiempo sobrenatural y metahistórico, algo que desborda nuestras categorías humanas
de tiempo y espacio para entrar en la órbita de la fe.
Por lo que respecta al propio Pablo en cuanto testigo de Jesús resucitado, el texto griego le aplica literalmente el
calificativo de "feto abortivo". Si hay que entender la expresión en sentido peyorativo, tal vez el apóstol se quiere hacer
eco de una especie de insulto con el que sus enemigos trataban de desprestigiarlo; pero puede muy bien tratarse de
una referencia simplemente cronológica y, en tal sentido, no parece incorrecto traducir por: como si se tratara de un hijo
nacido fuera de tiempo. En todo caso, es manifiesta la antítesis entre lo que Pablo fue por naturaleza y lo que llegó a
ser por gracia.
15,12-34 También nosotros resucitaremos. A partir de la resurrección de Cristo, la resurrección de los creyentes se
impone a Pablo como algo casi evidente. No es posible desvincular la una de la otra. Por eso Pablo, a lo dicho en el
Conchi López, pddm 5
párrafo anterior añade ahora otras razones en favor de la resurrección de Cristo. Se trata de las fatales
consecuencias que se derivarían para la vida cristiana si Jesús no hubiese resucitado, si no hubiese vencido a la
muerte. En efecto, tanto los esfuerzos de los proclamadores del evangelio como la aceptación de dicho evangelio por
parte de los creyentes, constituiría un trágico sin sentido. Todos estarían dando palos al viento, girando en el vacío,
hundidos en sus pecados, sin esperanza para los muertos y sin ilusión para los vivos.
Llegados a este punto, Pablo retorna sobre sus pasos para lanzar un doble grito jubiloso de fe y de esperanza: ¡Cristo
ha resucitado como anticipo de quienes duermen el sueño de la muerte! (1 Cor 15,20). Jesús ha resucitado no como el
único, como un caso esporádico y excepcional, sino como el primero, principio de la nueva humanidad.
La frase: para que Dios sea todo en todas las cosas, no debe ser interpretada en sentido estático panteísta sino en
sentido dinámico, a saber, para que Dios se manifieste y actúe como Señor de todas las cosas.
Se ignora la naturaleza exacta y la finalidad precisa de la singular práctica a la que se alude en 1 Cor 15,29.
Parece que algunos cristianos se hacían bautizar por segunda vez con la intención de aplicar los efectos salvíficos de
este segundo bautismo en favor de un pariente o un amigo fallecido sin el bautismo. En este pasaje, Pablo no
manifiesta ni aprobación ni reprobación de semejante práctica; simplemente se hace eco de ella como de algo que sólo
tiene sentido si se acepta la resurrección de los muertos.
En cuanto al hecho que puede estar en el transfondo de 1 Cor 15,32-33, debe tenerse en cuenta que ni Pablo podía ser
condenado a combatir con fieras en un anfiteatro ya que era ciudadano romano, ni cuando enumera sus trabajos y
sufrimientos por el evangelio en 2 Cor 11,21-23 alude a este hecho. Parece, pues, probable que se trata de una
expresión metafórica con la que describe los difíciles momentos por los que tuvo que pasar en Éfeso cuando
proclamaba allí la buena noticia. Entre estas difíciles situaciones por las que Pablo pasó en Éfeso no debería excluirse
una muy probable prisión con toda la dureza de las cárceles antiguas.
Concluye Pablo esta parte de su discurso con un par de exhortaciones (1 Cor 15,33-34). La primera está inspirada en
un dicho del comediógrafo griego Menandro y pretende poner en guardia a los corintios contra voces seductoras, pero
equivocadas, surgidas dentro de la misma comunidad. La segunda enfatiza la importancia del asunto que está en juego,
pues -al revés que otras ocasiones (véase 1 Cor 4,14)- Pablo no duda en reprobar abiertamente la actitud de los
corintios. Una vez más, estas exhortaciones ponen de manifiesto que nunca el apóstol pierde de vista su condición de
pastor preocupado por el comportamiento de sus comunidades.
15,35-53 Naturaleza de los cuerpos resucitados. En este pasaje se ocupa Pablo del modo de la resurrección.
¿Cómo resucitarán los muertos? Es sabido que las creencias judías del tiempo concebían el mundo de los re-
sucitados como una continuación del mundo presente. Evidentemente tales representaciones no podían ser fácilmente
aceptadas por los espiritualistas de Corinto. ¿Qué puede decir al respecto desde el evangelio un judío de la "diáspora"
como Pablo? Desde luego no esquiva el hombro y, aunque es plenamente consciente de moverse en un terreno
misterioso, avanza una serie de reflexiones que pueden resultar clarificadoras para sus interlocutores corintios.
La afirmación básica es que los muertos serán objeto de una profundísima transformación para llegar al estado
de resucitados. No se puede hablar sin más de una simple continuidad entre el cuerpo terrestre y el cuerpo resucitado.
Ambos son cuerpos, pero sus características son netamente distintas, opuestas incluso. Para explicar la última de estas
características antitéticas -cuerpo animal-cuerpo espiritual- acude Pablo a la conocida especulación judía sobre el
primer y segundo Adán: el Adán de Gn 1, creado a imagen de Dios, ser celestial, modelo de la humanidad; el Adán de
Gn 2, sacado del barro, ser terreno y mortal. Pablo se inspira en este tema de la teología rabínica, pero como es
habitual en él, lo reinterpreta con gran originalidad. Para Pablo el segundo Adán, el cuerpo espiritual a quien deben
equipararse los creyentes, es Jesucristo resucitado. Y notemos que "espíritu" en la tradición bíblica no es sinónimo de
inmaterialidad, sino más bien de fuerza, de vitalidad, de poder, de creatividad. En esta onda se mueve Pablo que
habla con toda naturalidad de cuerpo espiritual.
En cuanto a la naturaleza íntima de esta profundísima transformación intuida por Pablo, en realidad resulta desconocida
para el mismo apóstol que se limita a barruntarla por medio de imágenes. Es significativa la comparación tomada de
la planta que brota y crece en relación con el grano que se siembra; entre el grano y la planta el parecido exterior es
con frecuencia muy pequeño. Además entre uno y otra se intercala un proceso de muerte, la muerte de la semilla.
No hay que pensar, por tanto, en un proceso evolutivo, sino en una rotura dramática y en una nueva creación por
parte de Dios. Todo ello nos alerta frente a una visión demasiado simplista de la naturaleza de los cuerpos resucitados,
tanto de Jesús como de los demás hombres. Un cuerpo resucitado pertenece a otro universo.
Concluye Pablo este pasaje subrayando que, en cualquier caso, la futura resurrección es un don inmerecido. Más allá
de los habituales rasgos literarios apocalípticos, y más allá de la esperanza personal de Pablo que pensaba asistir
en sus mismos días a la gran fiesta de la resurrección, lo verdaderamente importante es la victoria total y definitiva
sobre la muerte (15,54-58).
Conchi López, pddm 6
Dos anotaciones finales a este singular capítulo de 1 Cor. La primera se refiere al tiempo de la resurrección de los
muertos. ¿Dice Pablo algo sobre el particular? Desde luego la vincula claramente con el momento de la parusía (1 Cor
15,23), y aunque es muy probable que cuando Pablo escribió esta carta no contaba con que se daría un intervalo
temporal prolongado entre resurrección de Jesús y su segunda venida, esto no cambia el planteamiento esencial de la
cuestión.
La índole futurista de la concepción paulina es fácilmente detectable en el conjunto del capítulo: se habla de Cristo
como anticipo, como primer fruto; habrá un momento final y un último enemigo a destruir; los adverbios: después,
entonces, entre tanto, cuando, apuntan claramente a un futuro; las formas verbales en futuro son también numerosas.
Así pues, la resurrección de que habla Pablo parece situarse claramente en el momento de la consumación
escatológica. Precisar más resulta imposible.
La segunda anotación tiene que ver con el ámbito de la resurrección. En el sentir de Pablo ¿abarcará a todos los
hombres o solamente a los buenos? En este capítulo el apóstol parece pensar únicamente en los justos, sin
plantearse, de momento, el problema de los impíos. En realidad, nunca se lo planteará expresamente, aunque en 1 Cor
15,22 parezca netamente favorable a una resurrección "de todos", y aunque en Hch 24,15 Lucas ponga en boca de un
Pablo oriundo del fariseísmo, palabras que confiesan una resurrección tanto de justos como de pecadores. Es
como si Pablo quisiera reservar el término "resurrección" para referirse exclusivamente a la vida por excelencia
junto a Dios. La otra posibilidad de seguir viviendo, la de una vida lejos de Dios, no debería en ningún caso ser
designada con la palabra "resurrección", sino de otro modo, con otra palabra.
3. Epílogo epistolar (c. 16)
16,1-24 Colecta en favor de la iglesia de Jerusalén. Planes de viaje. Diversos consejos. Saludos finales. Esta
última parte de la carta la dedica Pablo a los acostumbrados avisos, recomendaciones, noticias, exhortaciones y
saludos. También las pequeñas cosas forman parte importante de la vida cristiana.
Entre otras cosas nos encontramos en 1 Cor 16,2 con el más antiguo testimonio en favor de la celebración
comunitaria y festiva del domingo por parte de los cristianos. Debió ser una grave y trascendental decisión la de
sustituir el sacratísimo sábado judío por el domingo cristiano.
En el apartado de saludos (1 Cor 16,21) el texto original griego contiene dos expresiones singulares. La primera es
anatema que puede traducirse perfectamente por sea maldito.
La segunda expresión es Marana tha. Esta es la transcripción literal a nuestras lenguas occidentales de una expresión
aramea que era probablemente utilizada en la liturgia y que puede entenderse bien de forma imperativa (así en la
traducción que utilizamos básicamente como punto de referencia; véase Ap 22,20) bien de forma indicativa: Maran
atha=el Señor viene. En cualquier caso es una constatación palmaria de la fuerte tensión escatológica en que
estaban inmersas por aquellos días tanto las comunidades cristianas como el propio Pablo.
La frase final de la carta, aunque revista la forma de bendición litúrgica es impresionante y conmovedora: Os amo a
todos en Cristo Jesús. De nuevo el amor por encima de todo. Por encima de los problemas, de las preocupaciones,
de las incomprensiones, de los fallos, de las distancias. El amor... y Cristo Jesús, el Señor, como única y suprema
explicación y garantía de ese amor.
Para el trabajo de grupo
1. En 12, 7-11, Pablo hace una lista de dones que corresponde a la situación que está viviendo la
comunidad de Corinto. Compara esta lista con la de Rom 12, 4-8.
2. El himno a la caridad (1 Cor 13) es una imagen perfecta de Jesús. Busca en los evangelios pasajes que
ilustren las afirmaciones de los vv. 4-7, versículos en los que podríamos sustituir el sustantivo “caridad”
por el nombre “Jesús”:
“Jesús es paciente, es benigno; Jesús no es envidioso, no es jactancioso, no es engreído; no es
indecoroso; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la
injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta”
3. Relee 1 Cor 15,35-58:
¿Qué imágenes utiliza Pablo para explicar la resurrección de los muertos? ¿Qué imagen se te ocurre que
podría ser más expresiva o significativa hoy?
Conchi López, pddm 7
Para el trabajo personal
1. Todos hemos recibido dones de Dios para el servicio de los demás. ¿Cuál es tu don particular?
¿Cómo lo empleas para “edificación de la comunidad”?
2. ¿Te sientes “cuerpo de Cristo”, integrada en la Iglesia y en tu comunidad parroquial? ¿Cómo vives la
unidad profunda de la que habla Pablo: “Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un
miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo” (1 Cor 12,26)?
3. Reserva un momento de la semana para rezar con el himno a la caridad de 1 Cor 13. Contempla a
Jesús bajo esa perspectiva y tu propia vida. ¿Cómo la vives?
4. La esperanza cristiana se apoya en la resurrección de Cristo (1 Cor 15). ¿Qué le dirías a un ateo o
agnóstico que te pidiera razones de tu esperanza?
La Palabra se hace oración: “Vosotros sois el Cuerpo de Cristo”.
“Vosotros sois el Cuerpo de Cristo”. Danos a todos el don de la comunión y la fraternidad,
Señor, me sorprende esta afirmación. de sufrir con el que sufre
Me sobrecoge esta gracia tuya y de alegrarnos con el que goza,
de poder encarnar unidos todos en el mismo Espíritu,
tu Presencia resucitada en el hoy, en el mismo Dios y Padre,
a través de mi pobre persona, y en Ti, nuestro único Señor.
en la que Tú, el Espíritu y el Padre
habéis decidido vivir y actuar. Y haz que, seducidos por Ti
y por el ejemplo de tu vida,
¡Gracias por la diversidad de carismas, busquemos el camino mejor:
ministerios y modos de obrar el camino del amor,
con los que enriqueces a tu Iglesia que todo lo excusa, todo lo cree,
para que sea tu reflejo en medio del mundo! todo lo espera y todo lo tolera.
Concédeme la gracia de conocer mi sitio en tu Cuerpo,
mi don personal para edificar a la comunidad,
y dame la gracia de reconocer, apreciar y amar
a todos los demás miembros de tu Iglesia
desechando la rivalidad, la murmuración,
la confrontación y el juicio.
Para preparar el próximo encuentro (2 Corintios)
En tu primera lectura de la segunda carta a los Corintios:
1. Haz una lista de temas que descubras en la carta que ya hayan aparecido en 1 Tes y 1 Cor.
2. Toma nota, también de cuestiones sobre las que Pablo, hasta el momento, no haya hablado
aún. ¿Descubres algún tema nuevo y original?
3. ¿Qué pasaje de esta carta te ha llamado más la atención?
Get documents about "