UNIDAD VI. EL CRISTIANISMO
1. ORÍGENES Y EXPANSIÓN
1.1. Palestina a comienzos de la Era cristiana.
Cuando en Roma Octavio Augusto (27 a. de C. - 14 d. de C.) daba origen al
Imperio, Palestina constituía su provincia más oriental.
El pueblo hebreo, habitante de esa región, a pesar de haber estado
sometidos durante siglos por egipcios, asirios, babilonios, persas, griegos y
romanos, mantenía su creencia monoteísta, revelada y mesiánica,
representada en Yahvé, dios único y supremo creador del Universo. Si bien
los hebreos sorteaban con éxito las influencias politeístas de sus opresores
y de sus vecinos, el judaísmo sufría en su interior la división y la
competencia de tres corrientes distintas:
• Los saduceos (sacerdotes y sectores más acomodados) que dominaban
el Sanedrín y mantenían buenas relaciones con los romanos. Este grupo
era apoyado por los sectores mas ricos de la sociedad hebraica.
• Los fariseos o escribas, que con mayor apego a su religión y a la ley,
esperaban la llegada de un Mesías (Salvador). Ellos se oponían al espíritu
aristocrático de los saduceos.
• Los esenios o piadosos, difundían un estilo de vida humilde, de gran
sacrificio y meditación. Vivían alejados y en comunidadades a orillas del
Mar Muerto.
1.2. Vida y obra de Jesús.
En este marco histórico, en el año 753 de la fundación de Roma, nace en
Belén, un pequeño poblado de Judea, Jesús de Nazaret. Hijo de un
carpintero llamado José y de su esposa virgen, María. El nombre de Jesús
deriva de la palabra hebrea Yoshua que significa salvador, mientras que
Cristo es un vocablo griego que significa mesías, es decir, Ungido.
Su infancia y juventud transcurre en Nazaret de la región de Galilea, donde
ayuda a sus padres con su trabajo. A los 30 años fue bautizado por Juan el
Bautista en las aguas del río Jordán, después de lo cual Jesús se retiró al
desierto donde mantuvo cuarenta días de ayuno y oración. A su regreso, el
mismo Juan Bautista lo proclamará ante el pueblo como el Mesías, hijo de
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Dios.
A partir de ese momento comenzó su predicación, que habría de durar 3
años. Recorrió Galilea, Samaria y Judea acompañado de sus discípulos a
quienes llamó apóstoles (enviados).
Los primeros cuatro apóstoles que se le unieron fueron Simón (más tarde
Pedro), Andrés, Santiago y Juan. A estos se agregaron más tarde Felipe y
Bartolomé, Tomás y Mateo (el primer evangelista), Santiago, Judas Tadeo,
Simón el cananeo y Judas Iscariote (el traidor).
Predicó su doctrina de salvación con un lenguaje sencillo y usando a
menudo parábolas para que sus ideas fuesen fácilmente comprendidas por
los más humildes, a quienes se dirigió especialmente.
El mensaje de Jesús está centrado en cuatro aspectos fundamentales:
• La existencia de un Dios único y misericordioso que envió a su hijo a la
Tierra para ofrecer a los hombres el perdón de sus pecados.
• El amor como eje de conducta entre los hombres: Ama al prójimo como a
ti mismo.
• Esperanza de salvación y de resurrección a la vida eterna.
• La igualdad y fraternidad de todos los hombres, hijos del mismo Dios.
La mayoría del pueblo judío no lo reconoció como el Mesías porque
esperaban a un Salvador, que manifestando todo su poder, los liberase de
la opresión y restableciera el esplendor de Israel.
La oposición se agudizó cuando Jesús se enfrentó en el mercado del
Templo de Jerusalén a los saduceos y fariseos. Estos veían en el mensaje
de Jesús un peligro para la estabilidad y para sus dogmas y con la ayuda
del apóstol traidor, Judas Iscariote, lo acusaron ante el Sanedrín (corte de
justicia para todos los casos relacionados con la ley mosaica), quien lo
condenó a muerte por haberse proclamado Mesías e hijo de Dios. Poncio
Pilatos, el procurador romano de Judea, no quiso en un principio confirmar
la sentencia, pero los sacerdotes judíos manifestaron entonces que Jesús
no solo se había declarado hijo de Dios, sino, Rey de los judíos, lo que se
consideraba un desafío a la autoridad del emperador Tiberio. Luego de
lavarse las manos en un gesto simbólico, Pilatos transfirió la
responsabilidad del juicio a los judíos. Luego de ser azotado, Jesús fue
crucificado en el monte Calvario o Gólgota, colina próxima a Jerusalén.
Sepultado en una tumba sellada, al tercer día resucitó y ascendió a los
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cielos.
Los relato sobre la vida y doctrina de Jesús está presente en los cuatro
evangelios escritos por Juan, Marcos, Mateo y Lucas. Estos evangelios,
junto con las Epístolas, los Hechos de los Apóstoles y el Apocalipsis, escrito
por Juan durante su destierro, forman el Nuevo Testamento.
1.3. Expansión del Cristianismo.
Después de la muerte de Jesús, los apóstoles continuaron predicando su
doctrina. Dado que la mayor parte de ellos vivía en Jerusalén, será ahí
donde se organizará la primera comunidad cristiana. El cristianismo
empezará a difundirse entre los gentiles, término que designaba a quienes
no eran judíos.
El apóstol Pedro había sido designado por Jesús como la piedra sobre la
cual se debía edificar su Iglesia. Con esta misión, Pedro viaja a Roma
donde funda la primera comunidad cristiana de Occidente. Pedro morirá en
la persecución cristiana decretada por el emperador Nerón.
En Antioquía, Pablo de Tarso, un judío nacido en el Asia Menor, fue uno
de los grandes perseguidores del cristianismo, pero se convirtió
transformándose en el gran propagador de la nueva fe. Viajó por regiones
de Siria, Asia Menor, Grecia y Macedonia, es decir, poblaciones que
mayoritariamente poseían el lenguaje y la cultura griega. Esto explica que el
idioma griego fuera el vehículo de transmisión del mensaje y la doctrina
cristiana.
Como Pedro y Pablo, los demás apóstoles se dirigieron a los más remotos
rincones del mundo antiguo para difundir los preceptos de la nueva religión.
La facilidad y rapidez con que se expandió el cristianismo se explica por
múltiples razones:
• La unidad política y la universalidad del Imperio Romano, lo que implicaba
también un grado importante de uniformidad lingüística y cultural.
• La integridad moral del cristianismo frente a la disolución y el
desmoronamiento de las normas y costumbres romanas.
• La sencillez del mensaje de Jesús, que a través de parábolas y un
lenguaje accesible estuvo al alcance, hasta de los más humildes, débiles y
desamparados.
• Su mensaje de salvación universal estaba dirigido a todos los hombres sin
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distinción de fronteras, nacionalidades ni condición social.
• La concepción cristiana de una vida futura significaba un estímulo
espiritual y un contenido de esperanza frente a los sufrimientos e injusticias
de este mundo.
• El estilo de vida y la real comunidad de bienes, junto a la predicación de la
caridad hacían a esta doctrina especialmente atractiva para los pobres.
2. LA IGLESIA PRIMITIVA.
2.1. Las persecuciones.
El imperio romano fue tolerante con los pueblos que sojuzgó, a tal grado
que muchos cultos orientales fueron incorporados y difundidos en el mundo
romano. Esa misma universalidad del imperio favoreció en los primeros
años la expansión del cristianismo, sin embargo, cuando su presencia se
hizo evidente, en muchas ciudades romanas comenzaron las
persecuciones.
El estricto monoteísmo de los cristianos era irreconciliable con el culto a los
dioses romanos y al propio emperador, y el mensaje de igualdad entre los
hombres era considerado por los romanos como subversión e incitación a
rebeliones sociales.
Consideradas estas razones como motivos de alta traición, la consigna fue:
Por la supervivencia de Roma, los cristianos deben morir. El propio escritor
romano Tácito los consideraba como enemigos del género humano.
La primera persecución fue decretada por el emperador Nerón en el año 64
y durante ella fueron ejecutados en Roma los apóstoles Pedro y Pablo.
En esta primera etapa de represión, los gobernantes del Imperio
perseguían a quienes eran o se suponían cristianos, es lo que se llamó
persecuciones de oficio.
En la segunda etapa desarrollada por el emperador Trajano (98-117), se
suavizaron las normas anteriores y se decretó que los cristianos serían
castigados si mediaba acusación privada, es decir, si eran denunciados por
personas identificadas.
En los siglos III y IV, la represión volvió a agudizarse bajo los gobiernos de
Septimio Severo, Maximiano, Decio y Valeriano y a comienzos del siglo IV
Diocleciano ordenó el exterminio de cristianos entre el 303 y el 313.
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• Constantino y el Edicto de Milán. A pesar de la dura represión, el
cristianismo se fue extendiendo progresivamente y a principios del siglo IV
había cristianos en todas las clases sociales y en cargos de la
administración. A partir del 313 se establece oficialmente la tolerancia
religiosa en el Edicto de Milán dictado por el emperador Constantino y su
colega de oriente Licinio. Después del Edicto de Milán pasaron varias
décadas en las que el cristianismo fue poco a poco desplazando al
paganismo hasta alcanzar todos los ámbitos del imperio: el ejército, los
mercaderes, los esclavos e incluso al mismo palacio imperial.
En el año 380 el emperador Teodosio el Grande promulgó el Edicto de
Tesalónica por el que se le otorgaba al cristianismo el rango de religión
oficial del imperio.
Después del reconocimiento oficial, la Iglesia comenzó a participar en
asuntos públicos constituyéndose en un poder temporal; el paganismo
empezó a ser perseguido, se confiscaron sus bienes y se clausuraron sus
templos, debiendo sus sacerdotes abandonar su oficio o desarrollarlo en
forma clandestina.
2.2. Estructura de la Iglesia primitiva.
La estructura inicial que tuvieron las primeras comunidades cristianas, fue
establecida por el propio Jesús al nombrar a sus apóstoles. Estos
nombraron a sus sucesores u obispos (palabra de origen griego que
significa inspector o controlador) y que encabezaban las comunidades de
cada ciudad o eclessia. Así vemos que el cristianismo primitivo fue un
fenómeno esencialmente urbano. En el siglo IV, la mayoría de los
habitantes de las ciudades romanas eran ya cristianos, a diferencia de la
población rural que seguía practicando sus antiguos cultos politeístas. De
ahí que a los no cristianos se les denominó paganos o habitantes de los
pagos (pagus en latín significa zona rural). Como hemos dicho antes,
Pedro, instituido por Jesús como cabeza de la Iglesia, estableció su sede
en Roma de manera que, siguiendo la tradición, el Obispo de Roma será
reconocido por toda la cristiandad como el Sumo Pontífice. Junto a Roma
se constituyeron los patriarcados de Alejandría, Antioquía, Constantinopla y
Jerusalén y las ciudades más importantes del Imperio fueron convirtiéndose
en sedes episcopales.
Cada obispo, por su parte, nombraba a sus auxiliares los diáconos
(servidores) y los presbíteros (los más ancianos). Los obispos y los
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presbíteros fueron distinguidos del resto de los fieles por el acto de la
ordenación (imposición de las manos), ceremonia que les confería la
capacidad de administrar los sacramentos.
2.3. Herejías y Concilios.
Tanto o mayor peligro que las persecuciones, representaron para el
cristianismo las herejías o versiones erróneas del dogma, que alteraban la
interpretación genuina de la doctrina de Jesús. El peligro estaba en la
división que se producía en el seno de la comunidad cristiana rompiendo su
unidad. Para rescatar la correcta interpretación de la doctrina se celebraron
asambleas solemnes o concilios y se dió extraordinario valor a las
opiniones de intelectuales de reconocido prestigio dentro de la Iglesia a los
que se designó como Padres de la Iglesia.
PUEDEN PASAR A FRANJAS
Las principales herejías de los primeros siglos fueron:
a. El Gnosticismo: no reconoce la encarnación del Hijo de Dios como
medio para llegar al conocimiento divino.
b. El Maniqueismo: asegura que la creación del mundo se debió a la
acción de dos principios: uno del bien y otro del mal.
c. El Arrianismo: niega la condición divina de Cristo.
d. El Pelagianismo: niega la existencia del pecado original.
e. El Nestorianismo: separa en Jesucristo la naturaleza divina de la
humana y niega que María fuera madre de Dios.
f. El Monofisismo: niega que en Cristo haya dos natutralezas y solo
reconoce su calidad divina.
Los primeros Concilios universales fueron:
1. El Concilio de Nicea (325). Condenó el arriarismo y definió que
Jesucristo es verdadero Dios.
2. El 1° Concilio de Constantinopla (381). Definió que el Espíritu Santo es
Dios, lo mismo que el Padre y el Hijo.
3. El Concilio de Efeso (431). Ratifica que María es, con toda propiedad,
madre de Dios.
4. El Concilio de Calcedonia (451). Declaró solemnemente que Jesucristo
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es verdadero Dios y verdadero Hombre.
1. El martirio de San Pedro, por Caravaggio (pág. 144 fotocopias).
2. Edictos de Milán y Tesalónica. (pág. 150 fotocopias)
3. Lapidación del diácono Esteban (pág. 132, fotocopias)
4. Mapa de difusión del cristianismo (pág. 143, fotocopias)
5. Abside de la Iglesia de Santa Prudenciana en Roma (pág. 70 BUP 1).
DESARROLLO. “EL ARTE PALEOCRISTIANO”.
Se llama arte paleocristiano o arte cristiano antiguo al que los cristianos
desarrollaron durante los cinco primeros siglos de nuestra Era.
La represión y las persecuciones a las que fueron sometidos por parte del
imperio, determinaron el carácter de estas expresiones artísticas durante la
mayor parte de esta período antiguo.
Promulgados el Edicto de Milán (313) que establece la tolerancia religiosa,
y el Edicto de Tesalónica (380) que decreta el cristianismo como religión
oficial, el arte cristiano salió a la luz del día y comenzó un rápido y
esplendoroso desarrollo.
Las principales características que distinguen al arte paleocristiano del
clásico romano son:
a) Tiene una exclusiva motivación religiosa, mientras que el romano
clásico tenía, además del religioso, motivos guerreros, de la vida cotidiana,
motivos decorativos y otros que enaltecían a algún personaje político.
b) El paleocristiano es un arte didáctico, por cuanto más importante que la
búsqueda de la belleza o la finura de la técnica, lo que pretendía era
enseñar la doctrina de Jesús. De ahí que la mayor parte de sus obras son
ingenuamente toscas, pero de una gran fuerza narrativa.
c) Es un arte simbólico. Este carácter simbólico o hermético fue
determinado por la represión a que los cristianos fueron sometidos en los
primeros siglos. Muchas de sus figuras, signos y representaciones solo
podían ser interpretadas por los iniciados en la fe de Jesús. En algunos
casos, elementos del arte grecorromano eran adaptados al cristianismo con
sus significados propios y clandestinos (reservados).
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La catacumbas (del griego katá, debajo; y kymbós, cavidad).
La necesidad de los cristianos de reunirse para celebrar sus ritos de fe y
sepultar a sus difuntos al abrigo de la represión imperial, los llevó a utilizar
lúgubres y oscuras galerías subterráneas. En estas extensas galerías los
cristianos se reunían para celebrar la Eucaristía en recuerdo de la Última
Cena. Estos oficios religiosos se desarrollaban en capillas decoradas con
pinturas alegóricas donde aparecen las primeras manifestaciones de la
iconografía cristiana.
Los oscuros y húmedos pasillos de las catacumbas estaban llenos de
nichos donde se depositaban los ataúdes que contenían los cadáveres
envueltos en un sudario. Muchas veces, estos ataúdes eran adornados con
bajorrelieves que representaban algún pasaje bíblico.
Las catacumbas más conocidas se encuentran en Roma como las de San
Calixto, Santa Priscila, San Sebastián y Santa Inés.
Las basílicas
Fueron originalmente edificios romanos reservados para las transacciones
comerciales y la administración de justicia. Sin embargo, una vez que los
cristianos lograron la plena libertad, adoptaron las basílicas para sus fines
litúrgicos. La primera basílica cristiana fue la de San Juan de Letrán
construida por orden del emperador Constantino.
Suelen conformarse de tres naves separadas por columnas, con la nave
central más alta y rematada por un arco triunfal. A partir de este se halla el
presbiterio, cerrado por el ábside semicircular, con el altar en el centro. En
su interior, las basílicas fueron decoradas casi siempre con frescos y
mosaicos que representaban escenas bíblicas o de la vida de los santos.
Sobre las naves laterales se habilitaba en ocasiones una galería llamada
triforio, reservada únicamente a las mujeres.
Al lado de las basílicas se solía construir el baptisterio, lugar donde los
catecúmenos eran bautizados y de donde salían después en procesión
hacia la basílica.
FALTA TALLER.
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Apoyo gráfico:
1. Catacumbas de Santa Priscila en Roma. (pág. 145 fotocopias).
2. ICTUS pág. 148 fotocopias
3. Crismón pág. 148 fotocopias
4. El Buen Pastor pág. 148 fotocopias
5. Catacumba de Santa Domitila (Roma) pág. 75 BUP 1.
6. Reconstrucción de la basílica de San Pedro en Roma (año 324).
pág. 75 BUP 1.
7. Catacumba y Apside de basílica (pág. 149 fotocopias).