Guía para la manipulación de semillas
forestales
con especial referencia a los trópicos
Compilado por
R. L. Willan
para el
Centro de Semillas Forestales de DANIDA
Capítulo 1 INTRODUCCION
Finalidad y contenido de la presente Guía
Durante el pasado decenio se ha incrementado afortunadamente el número de
publicaciones dedicadas a las semillas forestales. Algunas de ellas se referían a
determinados géneros importantes, como por ejemplo Eucalyptus (Boland y otros
1980), Acacia (Doran y otros 1983) o Prosopis (Ffolliot y Thames 1983). Otras se
ocupaban de una determinada operación, como por ejemplo la recolección de la
semilla (Yeatman y Nieman 1978, Mittak 1978, Robbins y otros 1981). Otras se
ocupaban de una manera más amplia de toda la gama de operaciones de
manipulación de semillas en un determinado país, como por ejemplo los Estados
Unidos (Schopmeyer 1974), Francia, (CEMAGREF 1982), el Reino Unido (Gordon y
Rowe 1982) o Colombia (Trujillo Navarrete). Las notas de clase preparadas para el
Curso FAO/DANIDA de Capacitación en Recogida y Manipulación de Semillas
Forestales (FAO 1975b) abarcan todos los aspectos de la recolección de semillas y
comprenden ejemplos de varias especies tropicales, y diversos autores que trabajan
en los trópicos han presentado valiosas ponencias a varias reuniones del Grupo de
Trabajo S2.01.06 de la Unión Internacional de Organizaciones de Investigación
Forestal (IUFRO) sobre problemas de las semillas, especialmente al Curso práctico
IUFRO/ISTA/INIF sobre problemas de las semillas tropicales que se celebró en
México en octubre de 1980 y al Simposio de la IUFRO sobre calidad de las semillas
de especies arbóreas forestales tropicales y subtropicales, celebrado en Bangkok en
mayo de 1984.
No obstante, seguía siendo necesaria una visión sistemática y actualizada de los
principios de la manipulación de semillas de árboles forestales y su aplicación a los
problemas específicos de las semillas forestales tropicales. La presente Guía es un
intento de llenar ese vacío. Está dirigida a ingenieros forestales, recolectores de
semillas, investigadores y proveedores, viveristas, horticultores y a todos los
interesados en la manipulación y utilización de semillas forestales, tanto aficionados
como profesionales.
Los manuales más completos sobre manipulación de semillas constan de una primera
parte en la que se describe el principio de la manipulación de semillas en general y
una segunda en la que se resumen las características específicas de cada especie y
los métodos de manipulación que se recomiendan para ella (véanse por ejemplo
Schopmeyer 1974, Gordon y Rowe 1982). La presente Guía se refiere únicamente a
los principios generales. El Centro de Semillas Forestales de DANIDA tiene previsto
complementarla publicando: a) una serie de folletos sobre semillas de distintas
especies, con información pormenorizada y prescripciones para ellas, y b) una serie
de notas técnicas, con descripciones de determinadas técnicas y componentes del
equipo de manipulación de semillas. Cabe aducir que, si se dispone de una guía
práctica clara, no hay apenas necesidad de describir los principios. Sin embargo, para
el manipulador de semillas curiosos e inquisitivo son evidentes las ventajas de saber
no solamente qué debe hacer, sino también el por qué, de seguir una explicación
racional en vez de un rígido “recetario”. Por otra parte, en el caso de muchas especies
tropicales siguen faltando los conocimientos necesarios para formular unas
prescripciones de manipulación normalizadas; en esos casos, es posible que el
manipulador de semillas tenga que efectuar su propia investigación para determinar
cuáles son los mejores métodos en las condiciones locales, y se beneficiará del
acceso a una bibliografía en la que podrá encontrar una amplia gama de experiencias
con otras especies. Se espera por consiguiente que esta Guía proporcione un marco
útil para una información más específica sobre especies y técnicas determinadas.
Aunque siempre que ha sido posible se han utilizado ejemplos referidos a especies
tropicales, cuando no se disponía de experiencia específica de las zonas tropicales se
ha citado también la experiencia de zonas templadas.
Tras el presente capítulo (Capítulo 1) figura en esta Guía una visión simplificada y
concisa de la biología de la semilla (Capítulo 2). Los capítulos siguientes describen la
planificación y realización de la recolección de semillas (Capítulos 3 y 4), la
manipulación de las semillas entre la recolección y el procesamiento (Capítulo 5), el
procesamiento de las semillas (Capítulo 6), el almacenamiento (Capítulo 7), el
tratamiento previo (Capítulo 8) y el ensayo (Capítulo 9). Los apéndices comprenden
ejemplos de documentación de semillas y diseño de instalaciones para el
almacenamiento de largo plazo, una bibliografía y ejemplos de la logística y el equipo
que intervienen en la recolección de semillas. Como Apéndice 7 figura un glosario que
puede resultar de utilidad, especialmente para entender los términos botánicos que se
emplean en el Capítulo 2.
La Guía se ha compilado a partir de un estudio de la literatura sobre temas forestales
y se ha apoyado considerablemente en la experiencia que se recoge en las
referencias citadas en la página 1, y también en publicaciones anteriores como las de
Baldwin (1955), Holmes y Buszewicz (1958) y Morandini y Magini (1962). Se hace
poca referencia a la citología y bioquímica básicas de las semillas; los conocimientos
actuales se basan principalmente en investigaciones efectuadas sobre semillas
agrícolas, y siguen siendo incompletos. Los lectores que deseen obtener más
información en los estudios fundamentales dedicados a estos aspectos deben acudir
a textos como los de Kozlowski (1972), Roberts (1972), Heydecker (1973), Mayer-
Poljakoff-Mayber (1975) y Bewley y Black (1983). Entre las publicaciones periódicas
que recogen información nueva figuran “Seed Science and Technology” (la revista de
la ISTA), “Advances in Research and Technology of Seeds” (Wageningen, Países
Bajos), “Seed Abstracts” (Commonwealth Agricultural Bureaux, Reino Unido) y
“Journal of Seed Technology” (la revista de AOSA).
La importancia de las semillas en la silvicultura actual
En muchos países del mundo aumenta cada año el número de árboles que se
plantan. En un estudio reciente (Lanly 1982) se ha estimado que la superficie de
plantaciones forestales en los países tropicales pasará de 11,5 millones de hectáreas
en 1980 a 17,0 millones en 1985, lo que supone un incremento del 48 por ciento en
cinco años. De los 11,5 millones de hectáreas a finales de 1980, el 40 por ciento se
había plantado en los cinco años anteriores. Se espera que la tasa media anual de
plantación pase de 0,92 millones de hectáreas en el período 1976–1980 a 1,10
millones en el período 1981–1985, lo que supondría un incremento del 20 por ciento.
En muchos países templados están también en curso amplios programas de
plantación. Además de las nuevas plantaciones, cada año debe llevarse a cabo, a una
escala considerable, la replantación de plantaciones cosechadas de especies que no
forman monte bajo.
Por grandes que puedan parecer esas superficies, equivalen a sólo una décima parte
aproximadamente de la superficie de bosque natural que se destruye en los trópicos
en ese mismo período. No hay duda de que a partir de 1985 será preciso incrementar
aún más las tasas de plantación.
Las plantaciones forestales son un poderoso instrumento del que disponen los
ingenieros forestales en sus permanentes esfuerzos por elevar la productividad por
unidad de superficie -la única manera de conciliar la creciente demanda de productos
y servicios forestales, por un lado, con el descenso de la superficie de tierra dedicada
a la silvicultura por otro. La combinación de una preparación intensiva del terreno con
la utilización de material de vivero uniforme y bien desarrollado, plantado con un
espaciamiento uniforme, incrementa el crecimiento y el rendimiento, reduce la
duración de la rotación, facilita los cuidados y la cosecha y mejora la calidad y
uniformidad de la madera en comparación con el bosque natural. Las plantaciones
ofrecen también la posibilidad de utilizar a gran escala el material genéticamente
mejorado que obtienen los fitogenetistas. Aunque no se trata de sustituir
indiscriminadamente todo el bosque natural por plantaciones, la utilización sensata de
éstas puede reducir por sí misma, al ofrecer otra posible fuente de productos
forestales, la presión que se ejerce sobre el bosque natural que aún existe y de esa
manera contribuir a conservarlo como hábitat y fuente de diversidad genética.
Las plantaciones no sólo desempeñan un importante papel como productoras de
madera para construcción y para pulpa y paneles a base de madera para las
industrias forestales; también en muchos países son importantes localmente las
plantaciones para obtener leña y postes y los bosques de granja. La plantación de
árboles no se limita a las plantaciones en bloque. La plantación de cortinas
cortavientos y la plantación dispersa para estabilizar el suelo, mejorar el hábitat,
construir lugares de ocio urbanos y rurales o como parte de un sistema agrosilvícola
son otros tantos tipos de plantación que redundan en beneficio del medio ambiente
del ser humano. Con esa variedad de fines, no es de extrañar que en muchos países
sigan creciendo la escala de la plantación de árboles y la diversidad de especies
plantadas. El actual interés por la agrosilvicultura, muy superior al del pasado, ofrece
la posibilidad de ensayar toda una nueva serie de especies. La característica esencial
será la capacidad para crecer en relación simbiótica con cultivos agrícolas, y en ello
intervendrán criterios como el hábito radical, la capacidad de fijar el nitrógeno y usos
de fines múltiples (alimento, madera o cobijo). La escasa estatura puede ser una
ventaja, y los arbustos pueden llegar a ser tan importantes como los árboles. Esta
nueva situación comportará, en el ámbito de la recolección y manipulación de
semillas, nuevas oportunidades y nuevos problemas.
Con algunas excepciones, especialmente entre los álamos y sauces y en algunas
especies tropicales de Casuarina, los árboles se propagan mediante semillas, y la
idoneidad y calidad de éstas influyen de manera muy considerable en el éxito de las
plantaciones que se efectúan a partir de ellas. Está ampliamente aceptado que la
utilización de semillas viables procedentes de rodales de gran calidad intrínseca es la
mejor manera de garantizar unas plantaciones de crecimiento rápido y sanas,
capaces de rendir madera de gran calidad (Aldhous 1972). La calidad de la semilla
comprende tanto la calidad genética como la calidad fisiológica. La presente Guía se
refiere a la calidad fisiológica. A la calidad genética se hacen sólo breves referencias,
por ejemplo, en el Capítulo 3 al tratar de la planificación de la recolección de las
semillas, y para un análisis completo de la cuestión el lector puede acudir a estudios
pormenorizados sobre mejora genética de árboles como los de Wright (1976),
Faulkner (1975), Burley y Wood (1976), FAO (1974, 1980), Nienstaedt y Snyder
(1974), Rudolf y otros (1974), Barber (1969), van Buijtenen y otros (1971) y Zobel y
Talbert (1984).
1.1 Superficies totales estimadas de plantaciones forestales 1.2 Tasas anuales de plantación estimadas (plantaciones
en el Africa tropical (37 países), la América tropical (23 forestales industriales y no industriales). Tendencias
países) y el Asia tropical (16 países), 1975–1985. (Fuente: recientes en tres importantes zonas de plantación tropicales:
Lanly 1982) el Brasil, la India y el Africa tropical. (Fuente: Lanly 1981 a,
1981 b, 1981 c)
1.3 Efecto de la elección de especies sobre la
cantidad de semillas necesaria por unidad de
superficie. La superficie total del cuadrado
correspondiente a cada especie es proporcional al
peso de la semilla necesaria en g/ha; esta cifra
aparece a continuación del nombre de la especie.
Excepto en el único ejemplo de siembra aérea de E.
delegatensis, el método de establecimiento es
plantación de material desarrollado en viveros.
Hay que hacer hincapié en que la expresión “buena semilla” comporta tanto una
semilla muy viable y vigorosa como una semilla genéticamente idónea para el lugar en
que se planta y los fines con que se planta. Puede ocurrir que una semilla
fisiológicamente buena tenga por resultado el establecimiento satisfactorio de una
plantación, pero que ésta sea de escaso vigor debido a que crece con lentitud, no se
adapta bien al lugar o no produce el tipo de madera adecuado porque no se eligió
correctamente la procedencia o genotipo. Por otra parte, no tiene mucho sentido
producir semilla genéticamente mejorada, a un costo superior, si esa semilla luego
muere debido a unas técnicas de manipulación deficientes y ha de ser sustituida o
suplementada por semilla de inferior calidad para conseguir los objetivos de
plantación. La manipulación correcta de las semillas es un complemento esencial de
la mejora genética.
Además de la calidad, la cantidad es importante en la producción de semillas. En los
rodales naturales, la variación en la cantidad de semilla producida afecta a la decisión
del ingeniero forestal respecto a los años en los que se ha de recolectar semilla y los
árboles en los que ha de recolectarse, tal como se describe en el Capítulo 3. Una
gestión más intensiva le ofrece la oportunidad de estimular una producción de
semillas abundante en tipos genéticamente superiores mediante un tratamiento
deliberado, por ejemplo aclareo de rodales semilleros o una combinación de
espaciamiento inicial, riego, abono y aclareo en huertos semilleros, pero los
programas de suministro de semillas deben comprender medidas encaminadas a
mejorar cuantitativamente la producción, no sólo a mejorar la calidad genética de las
semillas y la eficiencia de la recolección y manipulación.
Aunque abunda la información publicada sobre manipulación de semillas en las zonas
templadas, la bibliografía sobre la experiencia tropical en materia de semillas
forestales es incompleta y se encuentra dispersa. Al recapitular los principios de la
manipulación de semillas derivados de la experiencia en zonas templadas, la presente
Guía trata de ilustrar esos principios, en la medida de lo posible, con ejemplos
relativos a especies tropicales. Al mismo tiempo, hay que subrayar que la variación
biológica de las semillas es grande, y es posible que algunas técnicas que se
practican habitualmente con buenos resultados en las zonas templadas, como por
ejemplo la estratificación o el enfriamiento previo, no resulten de utilidad alguna en los
trópicos. Es peligroso extrapolar la experiencia de las zonas templadas a las especies
tropicales, la experiencia de los trópicos secos a las especies del bosque higrofítico o
la experiencia de la agricultura tropical a las semillas de árboles forestales tropicales
sin efectuar los ensayos correspondientes en cada caso.
En el último decenio se han publicado valiosas listas de equipo y proveedores. La
publicada por la ISTA (1982) comprende equipo utilizado en el ensayo de semillas.
Otra lista anterior compilada por Bonner (1977) comprende todas las operaciones que
van desde la recolección hasta el ensayo de las semillas, y figura en él nombres de
usuarios y proveedores de equipo. Tanto el equipo como las técnicas deben
adaptarse a las especies y condiciones locales. Por ejemplo, las semillas de cubierta
dura y gran longevidad natural que se producen regularmente todos los años no
precisan para su almacenamiento más que una habitación bien ventilada y dotada de
protección contra plagas y enfermedades. Un refrigerador o “congelador” doméstico
puede bastar perfectamente para el almacenamiento de largo plazo cuando cada año
se van a utilizar solamente pequeñas cantidades. En algunos países puede ser
esencial contar con grandes dependencias y equipo mecanizado, pero no se debe
incurrir en fuertes gastos al respecto sin haber efectuado antes una evaluación
completa de las posibles opciones.
La cadena de operaciones de manipulación de las semillas no es más fuerte que su
eslabón más débil. Por consiguiente, para mantener la viabilidad de la semilla en todo
el proceso, desde el árbol padre hasta el semillero del vivero, es preciso prestar gran
atención a todas las fases. Cuando una semilla pierde su viabilidad en una de las
fases iniciales del proceso, ni los mejores métodos de almacenamiento o tratamiento
previo lograrán resucitarla. Una extracción y una limpieza perfectas de semilla son
una pérdida de dinero si ésta muere después debido a unas condiciones de
almacenamiento incorrectas o a una manipulación descuidada en el tránsito. Los
mayores riesgos para la semilla se producen durante el almacenamiento temporal que
sigue inmediatamente a la recolección, durante el transporte a la instalación de
procesamiento y una vez más durante el transporte del almacén de semillas al vivero.
Es en estos períodos en los que no se dispone de equipo complejo y todo depende
del sentido común y de una atención meticulosa para garantizar una buena ventilación
y evitar las temperaturas extremas.
“El intercambio internacional de semillas de árboles es una oportunidad de compartir
la riqueza forestal del mundo” (Baldwin 1955). El éxito generalizado de especies
como Pseudotsuga menziesii, Pinus radiata, Eucalyptus globulus y Tectona grandis es
una convincente demostración de las ventajas que muchos países pueden obtener de
la introducción de especies exóticas. En la actualidad muchos países practican la
cooperación internacional en materia de obtención de semillas, cooperación que viene
siendo apoyada desde hace mucho tiempo por organizaciones internacionales como
la FAO y la IUFRO. Y debe incrementarse. Al mismo tiempo, la circulación entre
países plantea sin duda algunos problemas adicionales desde el punto de vista del
mantenimiento de la viabilidad y la identidad de las semillas. Deben observarse las
normas fitosanitarias, comprendidas las relativas a inspección y tratamiento, a fin de
reducir al mínimo el riesgo de importar enfermedades nuevas y peligrosas. No
obstante, debe hacerse todo lo posible para eliminar todos los retrasos innecesarios
en el tránsito, incluidos los que imponen las aduanas, las autoridades fitosanitarias y
las líneas aéreas, así como para evitar los tratamientos mediante fumigación
excesivos o duplicados, que matan las semillas. Tanto el expedidor como el receptor
deben conocer perfectamente toda la normativa vigente en ese momento en el país
exportador y en el país importador, y han de planificar la expedición de semillas con
tiempo suficiente para asegurar el tránsito fluido y sin obstáculos del envío.
Salvo en algunas especies muy conocidas, como Tectona grandis, la investigación
sobre semillas forestales tropicales ha sido insuficiente si atendemos tanto a la
gravedad de los problemas como al gran número de especies que tienen un valor
potencial para las plantaciones. Es aún mucho lo que queda por aprender. Un primer
paso para ello es conocer bien la biología de la reproducción natural de cada especie.
En el caso de las especies de los trópicos secos que sobreviven naturalmente debido
a la latencia de la cubierta seminal, el almacenamiento no debe presentar grandes
problemas, y un programa de investigación modesto debe indicar el tratamiento previo
más adecuado para romper esa latencia e inducir una germinación uniforme en el
vivero. Mucho más difícil de resolver es el problema de conservar la viabilidad de las
semillas recalcitrantes de especies del bosque higrofítico tropical, especialmente de
las que no son capaces de sobrevivir a temperaturas inferiores a unos 10° C. Se han
sugerido diversas posibilidades (King y Roberts 1979), pero hasta el momento es
poco lo que se ha avanzado hacia un método práctico de almacenamiento que fuera
aplicable en proyectos de forestación en gran escala. Se precisa mucha más
investigación para resolver este problema. Hasta que se encuentre una solución, las
dipterocarpáceas y otras especies recalcitrantes de los bosques higrofíticos tropicales
seguirán como en el pasado sin servir para iniciar una silvicultura de plantaciones
extensas.
Capítulo 2 DESARROLLO DE LA SEMILLA Y EL FRUTO,
GERMINACION Y LATENCIA
Introducción
Para manipular correctamente las semillas es esencial tener algunos conocimientos
sobre su biología. La utilización de semillas con fines de regeneración artifical
posibilita un considerable grado de control sobre las condiciones en que se
recolectan, procesan, almacenan y tratan, pero las características intrínsecas de la
semilla son producto de miles de años de adaptación a la regeneración natural bajo
condiciones locales. El conocimiento de la fenología de la floración permite al
recolector determinar cuáles son el momento y los métodos más adecuados para
recolectar la semilla de una determinada especie, al mismo tiempo que conocer la
manera en que las semillas se desarrollan en la naturaleza redundará en beneficio de
su manipulación, almacenamiento y tratamiento previo.
En el presente capítulo se ofrece una visión muy breve y simplificada de la biología de
las semillas en las angiospermas y las gimnospermas, aunque los detalles del
desarrollo de las semillas varían mucho entre los diferentes géneros. El lector que
desee obtener una información más completa debe acudir a textos clásicos sobre
biología de las semillas como los de Corner (1976), Bhatnagar y Johri (1972), Singh y
Johri (1972), Puritch (1972), Allen y Owens (1972) y Boland y otros (1980). Existen
pocas descripciones pormenorizadas del desarrollo de las semillas en los árboles
forestales tropicales.
Polinización y fecundación
Una semilla es una unidad reproductiva que se desarrolla a partir de un óvulo, por lo
general una vez fecundado éste. Tienen óvulos tanto las angiospermas (las auténticas
plantas con flores) como las gimnospermas (que comprenden las coníferas). En las
angiospermas los óvulos están totalmente encerrados dentro del ovario, mientras que
en las gimnospermas los óvulos son “desnudos”, y típicamente aparecen en pares en
la superficie superior y cerca de la base de cada escama de los conos femeninos.
Como las escamas del cono están siempre firmemente cerradas salvo en el momento
de la polinización y, después, cuando caen las semillas, la “desnudez” es sólo relativa.
El desarrollo de la semilla se inicia con la fecundación, la unión de un núcleo
masculino haploide procedente del grano de polen con un núcleo femenino haploide
dentro del óvulo para formar un nuevo organismo, que es diploide. La fecundación ha
de estar precedida por la polinización, la llegada de un grano de polen al estigma de la
flor femenina en las angiospermas o cerca del micrópilo del óvulo en las
gimnospermas. Es importante distinguir estos dos procesos de polinización y
fecundación. (Fritsch y Salisbury 1947). En la mayoría de las angiospermas el
alargamiento del tubo polínico es rápido, y entre la polinización y la fecundación
transcurren sólo unos días, o incluso unas horas. En algunas angiospermas (por
ejemplo Liquidambar, algunas especies de Quercus) y muchas gimnospermas (por
ejemplo Pseudotsuga, Larix, Picea) transcurren varias semanas o meses, mientras
que en otras especies de Quercus y en muchas dePinus el intervalo es de entre un
año y 14 meses (Krugman y otros 1974, Kozlowski 1971).
Desarrollo de la semilla en las angiospermas
En el momento de la fecundación el óvulo de una angiosperma típica consta de una o
dos cubiertas protectoras -los integumentos- y un tejido central -la nucela. Es
frecuente que los integumentos y la nucela estén claramente diferenciados sólo en la
región del micrópilo -el minúsculo poro situado en los integumentos a través del cual,
en muchas especies, entra en la nucela el tubo polínico. El óvulo está unido a la pared
del ovario por un filamento, el funículo.
La meiosis de una célula madre dentro de la nucela, seguida de varias divisiones
celulares mitóticas, lleva a la formación del saco embrional, una estructura haploide
de ocho núcleos y siete células que ocupa el espacio central dentro de la nucela
(Chuntanaparb 1975). Cuando el tubo polínico llega al saco embrional libera dos
gametos masculinos. Uno de éstos se une con uno de los núcleos del saco embrional
-la célula huevo- para formar un zigoto que después se convierte en la planta
embrionaria diploide. El segundo gameto masculino se une con otros dos núcleos
femeninos -los núcleos polarespara formar una célula triploide que después se
convierte en el endosperma, tejido que actúa como reserva nutricia para el embrión en
crecimiento. Los otros cinco núcleos del saco embrional (dos sinérgidas y tres células
antipodales) no desempeñan después función alguna en el desarrollo de la semilla.
Para que se desarrolle una semilla viable es necesario que se produzca
satisfactoriamente tanto la fecundación de la célula huevo como la triple fusión con los
núcleos polares.
2.1 Sección longitudinal de un pistilo típico justo antes de la fecundación. (Servicio Forestal, Dpto.
Agric. EE.UU.)
2.2 Secciones longitudinales de semillas maduras de: A) Paulownia
tomentosa, con un endosperma evidente. B) Tectona grandis, donde el
endosperma ha desaparecido y los cotiledones ocupan casi toda la cavidad
de la semilla. (Servicio Forestal, Dpto. Agric. EE.UU.)
2.3 Ejemplos de diferentes tipos de frutos:
A) Sección transversal de una cápsula de Eucalyptus
B) Vaina abierta con semillas de Acacia aneura.
preissiana, con lóculos, eje, placenta y óvulos.
(FAO/División de Investigaciones Forestales, CSIRO,
(División de Investigaciones Forestales, CSIRO,
Australia)
Australia)
C) Sámara de Triplochiton scleroxylon. D) Nuez (bellota) de Quercus rubra.
(Instituto de Investigaciones Forestales de Nigeria) (Servicio Forestal, Dpto. Agric. EE.UU.)
E) Drupa de Tectona grandis. (S.K. Kamra) F) Cono de Pinus oocarpa. (A.M.J. Robbins)
En el desarrollo del óvulo fecundado hasta convertirse en la semilla madura
intervienen varias partes distintas. Desde el exterior hacia el interior, son las
siguientes:
1. Los integumentos del óvulo se convierten en la cubierta de la semilla madura.
Esta cubierta consiste a veces en dos revestimientos distintos, una cubierta
externa, típicamente firme, que es la testa, y otra interna, por lo general
delgada y membranosa, que es el tegmen. La testa protege al contenido de la
semilla de la desecación, los daños mecánicos o los ataques de hongos,
bacterias e insectos, hasta que se abre en la germinación (Krugman y otros
1974). No obstante, entre las angiospermas la cubierta seminal presenta una
gran variación.
2. En algunos géneros puede persistir la nucela en forma de una capa delgada -el
perisperma- que está situada en la parte interna de la cubierta y que suministra
reservas nutritivas al embrión. En la mayoría de las angiospermas, en cambio,
desaparece pronto, y su función pasa a desempeñarla el endosperma.
3. El endosperma suele crecer con más rapidez que el embrión durante el
período que sigue inmediatamente a la fecundación. Acumula reservas de
alimentos y en su máximo desarrollo es rico en carbohidratos, grasas,
proteínas y hormonas del crecimiento (Kozlowski 1971). En algunas especies
el endosperma sigue siendo evidente y continúa ocupando más sitio en la
semilla que el embrión, aun en las semillas maduras. En otras especies,
como Tectona, el embrión va absorbiendo las reservas nutricias del
endosperma durante sus últimas fases de desarrollo, hasta que el endosperma
desaparece cuando la semilla está madura.
4. El embrión ocupa la parte central de la semilla. Su grado de desarrollo cuando
la semilla está madura varía considerablemente según la especie. En los
embriones de algunas especies se pueden distinguir todas las partes de la
planta rudimentaria -la radícula, que en la germinación dará lugar a la raíz
primaria; las hojas de la semilla o cotiledones; la plúmula, de la que surgirá el
tallo primario, y el hipocótilo, que conecta los cotiledones con la radícula.
Cuando el embrión absorbe todas las reservas nutricias del endosperma, los
cotiledones gruesos y carnosos suelen convertirse en los principales órganos
de almacenamiento de alimento y ocupar casi toda la cavidad seminal.
Aunque la función de almacenamiento en el embrión suele estar desempeñada por los
cotiledones, en Anisophyllea, Barringtonia, y Garcinia se ocupa por entero de esa
tarea el hinchado hipocótilo que llena la cavidad seminal; en esos casos los
cotiledones han desaparecido o tienen un carácter residual (Ng 1978). Así ocurre
también en Lecythis y Bertholletia (Lubbock 1982), y de ahí que el contenido
comestible de la castaña de Pará o nuez del Brasil (Bertholletia excelsa) no sea el
endosperma ni los cotiledones, sino el hipocótilo.
En algunas especies, como por ejemplo Fraxinus excelsior, el embrión sigue siendo
pequeño y poco desarrollado cuando la semilla está ya lista para su dispersión, y se
precisa otro período en condiciones ambientales adecuadas para que madure el
embrión una vez caídas las semillas y antes de que éstas sean capaces de germinar.
En su forma más compleja, la semilla madura puede estar integrada por tejido diploide
procedente del árbol padre (la cubierta seminal, incluidos la testa y el tegmen, y el
perisperma), tejido triploide en el endosperma y tejido diploide de la nueva
combinación genética en la descendencia del embrión. Pero pueden faltar tanto el
perisperma (casi siempre) como el endosperma (con frecuencia). Los componentes
esenciales de todas las semillas son el embrión, el revestimiento protector que es la
cubierta seminal y una reserva de sustancias nutricias que pueden estar almacenadas
en los cotiledones, el hipocótilo, el endosperma o el perisperma.
En ocasiones puede desarrollarse más de un embrión en una sola semilla,
poliembrionía que se ha notificado respecto de varios géneros (Kozlowski 1971). No
obstante, es la excepción.
Desarrollo del fruto en las angiospermas
El desarrollo de la semilla fecundada está normalmente acompañado por el desarrollo
del fruto. En el caso más sencillo se engrosa la pared del ovario para formar el
pericarpo. Este puede ser:
a. Dehiscente, que se abre cuando está maduro para soltar las semillas
encerradas en su interior; como ejemplos cabe citar la cápsula (por
ejemplo, Eucalyptus), fruto multilocular que se deriva de un ovario sincárpico, y
la vaina de las leguminosas (por ejemplo, Cassia), que se deriva de un único
carpelo y se abre a lo largo de dos suturas. En el momento de la dehiscencia,
el pericarpo puede ser seco, semicarnoso o carnoso. En los trópicos húmedos
son frecuentes las cápsulas de semicarnosas a carnosas (por
ejemplo, Baccaurea, Durio,Dysoxylum, Myristica), que suelen estar asociadas
con el desarrollo de una pulpa (arilo o sarcotesta) de diversos colores, y de
gusto agradable o maloliente, en torno a la semilla.
b. Indehiscente o seco, muy fundido con la semilla; son ejemplos el aquenio, que
es un fruto menospermo pequeño y duro con el pericarpo membranoso,
la sámara, que se parece al aquenio pero cuyo pericarpo se extiende en forma
de ala (por ejemplo, Triplochiton), y la nuez, fruto monospermo bastante
grande que tiene el pericarpo leñoso o correoso (por
ejemplo,Shorea, Quercus).
c. Indehiscente y carnoso, con frecuencia de color, olor y sabor destacados para
atraer a aves y animales frutívoros. Cabe distinguir dos tipos. La baya tiene
una piel externa y una masa carnosa interna, con semillas de cubierta
endurecida (por ejemplo, Diospyros, Pouteria). La drupa tiene la capa interna
del pericarpo endurecida para proteger las semillas (por
ejemplo,Prunus, Gmelina, Azadirachta, Mangifera); la cubierta seminal de las
drupas, al no tener una función protectora, suele ser cartácea o membranosa.
En una drupa típica, las diferentes capas del pericarpo se conocen como
exocarpo (la piel), mesocarpo (la carne) y endocarpo (el hueso). Este puede
ser de consistencia pétrea como en Gmelina o correosa como enMangifera.
En algunas especies, otras partes de la flor además de la pared del ovario intervienen
en la formación del fruto. Un ejemplo es el pomo, en las manzanas y peras, donde el
receptáculo carnoso y ampliado forma la mayor parte del fruto, mientras que el
pericarpo forma el corazón. Unas brácteas fusionadas que surgen por debajo de la flor
pueden constituir otro recubrimiento protector parcial o entero -el involucro. Este
puede ser cartáceo, como en Tectona, o más grueso y correoso como en el
“cascabillo” de la bellota de Quercus. Algunos frutos se forman por coalescencia de
una inflorescencia entera, por ejemplo
en Morus, Chlorophora, Anthocephalus o Artocarpus.
En el extremo opuesto, en varios géneros de la Sterculiaceae (por
ejemplo, Fimiana, Pterocymbium y Scaphium), la formación del fruto difiere por
completo del modo que es normal en las angiospermas. Poco después de la
fecundación, el carpelo (folículo) se abre por un lado y se convierte en una gran ala
membranosa, parecida a una escama o con forma de barco; el óvulo fecundado se
desarrolla en una posición desnuda en la base del carpelo abierto o cerca de ella, a la
manera de las gimnospermas. Deben de ser los más primitivos de todos los frutos de
angiospermas (Corner 1976). En la madurez las semillas se dispersan, unidas a sus
carpelos que ahora actúan como alas.
El intervalo que transcurre entre la floración y la maduración de las semillas y los
frutos varía considerablemente en función de la especie, incluso dentro del mismo
género. En Eucalyptusoscila entre un mes en E. brachyandra y 10–16 meses en E.
diversicolor (Boland y otros 1980). En la mayoría de las dipterocarpáceas malasias,
oscila entre dos y cinco meses (Tamari 1976). En Tectona grandis se necesitan 50
días desde la floración para que los frutos verdes adquieran su pleno tamaño, pero
entre 120 y 200 días para que maduren por completo (Hedegart 1975). En un estudio
sobre esquejes de raíz de Gmelina arborea plantados en macetas en Nigeria, las
distintas flores necesitaron 11 días para pasar desde la yema floral hasta su apertura,
y 45 días desde la yema floral hasta los frutos maduros (Okoro 1978). En Pterocarpus
angolensis el intervalo entre la floración y la maduración del fruto es de ocho meses
(Boaler 1966). El intervalo más corto que se ha registrado entre la floración y la
maduración de las semillas en una especie forestal tropical es al parecer de tres
semanas, en Pterocymbium javanicum (Ng y Loh 1974). En contraste, algunas
especies de Quercus de la zona templada tardan unos 18 meses a partir de la
floración en producir semillas maduras.
En la mayoría de las especies la formación del fruto debe estar precedida por la
fecundación de uno o más óvulos. En algunas especies, en cambio, los frutos se
producen y maduran sin desarrollo de la semilla y sin fecundación del huevo. Frutos
de este tipo, llamados partenocárpicos, aparecen en varios géneros de árboles
forestales, como Acer, Ulmus, Fraxinus, Betula,Diospyros, y Liriodendron (Kozlowski
1971). Los frutos maduros no indican necesariamente semillas maduras, y aún menos
cabe predecir el número de semillas viables a partir del número de frutos.
En Tectona el número de semillas viables por fruto puede variar entre cero y cuatro
(Kamra 1973), y en otros géneros pueden darse variaciones aún mayores.
Dispersión de la semilla en las angiospermas
Existe por tanto una enorme variedad entre los frutos de las angiospermas. Gran parte
de esa variedad se debe a la necesidad de que las semillas se dispersen. Las
plántulas jóvenes suelen tener dificultades para sobrevivir y crecer debajo del árbol
padre, debido a la falta de luz y a la intensa competencia radical. La dispersión por
una zona extensa puede hacer que algunas semillas encuentren las condiciones
adecuadas para su germinación y supervivencia, aun cuando la gran mayoría de ellas
perezca debido a los efectos de unas condiciones locales duras, competencia o
destrucción por animales o enfermedad.
La dispersión por el viento se ve facilitada cuando las semillas son muy ligeras y
pequeñas, como ocurre por ejemplo en Eucalyptus, o cuando la cubierta seminal
(Salix, Ceiba, Dyera) o el pericarpo
(Triplochiton, Pterocarpus, Koompassia, Casuarina, Fraxinus) poseen alas o pelos
que sirven para prolongar el vuelo. Los frutos pueden contar también con alas
derivadas del engrandecimiento de sépalos persistentes (en la mayoría de las
dipterocarpáceas) o pétalos persistentes (por ejemplo Gluta, Swintonia) (Krugman y
otros 1974, Ng 1981).
La distancia a la que el viento dispersa las semillas o los frutos depende no sólo del
peso y tipo de éstos, sino también de las condiciones locales en materia de viento y
de la orientación y el aislamiento de los árboles padres. Estudios efectuados sobre los
frutos alados de Shorea contorta en Filipinas indicaron que el 90 por ciento de los
frutos se alejaban un máximo de 20 m del tronco del árbol padre (Tamari y Jacalne
1984), mientras que en un resumen de otros estudios sobre dipterocarpáceas
compilado por estos mismos autores se señala que la mayoría de los frutos caía al
suelo dentro de un radio de 30 m o, como máximo, 40 m. Esto contrasta por un lado
con la distancia de dispersión de 2–3 m respecto del perímetro de la copa en semillas
pesadas y sin alas como las de Quercus crispula en el Japón, y por otro con la de más
de 60–90 m en el 5 por ciento de las semillas ligeras y aladas de Betula ermannii, en
la dirección del viento y desde una franja de árboles padres que se dejó en pie en una
zona talada (Konda 1969 y Nakano y otros 1968, citado en Tamari y Jacalne 1984).
Los frutos carnosos y comestibles y las semillas ariladas, por otra parte, facilitan la
dispersión por aves o mamíferos. Cuando los animales comen esos frutos o semillas,
estas últimas, protegidas por la dureza de la cubierta o endocarpio, suelen pasar
intactas por el tracto digestivo y se depositan con las heces a una distancia
considerable del lugar donde se consumieron. En muchos casos los jugos digestivos
ayudan incluso a la germinación ulterior al ablandar la dura cubierta de la semilla. En
Africa, el cálao es sumamente eficiente como agente de dispersión de las semillas
de Maesopsis eminii. A veces el proceso es tan eficaz que llega a causar problemas.
En algunos países, las cabras que pastan en libertad comen las vainas de Prosopis y
dispersan indiscriminadamente las semillas por grandes zonas; la excelente
germinación y el carácter agresivamente colonizador de las plántulas pueden hacer
después que este género se convierta en una peligrosa maleza arbórea. El problema
puede resolverse encorralando a las cabras y recolectando las semillas que se van a
utilizar mediante una organización estrictamente controlada. En otros casos se come
el fruto y se desechan los huesos o semillas, pero el animal puede alejar el fruto del
árbol padre antes de echar al suelo las semillas. Los roedores sacan y almacenan las
nueces o semillas; después se comen muchas, pero algunas pueden escapar a su
atención y germinar en la nueva situación.
El viento y los animales son los principales agentes de dispersión, pero en algunas
especies ribereñas es habitual también la dispersión por el agua, y en algunos casos
los frutos grandes y pesados se distribuyen también por la acción de la gravedad en
pendientes muy pronunciadas (Krugman y otros 1974).
Desarrollo de la semilla en las gimnospermas
Los óvulos de las gimnospermas poseen algunas características en común con los de
las angiospermas, pero presentan también algunas diferencias. Existe por lo general
un único integumento protector, que en un cono femenino típico está parcialmente
fundido con la escama ovulífera que porta los óvulos emparejados. Dentro del
integumento está la nucela, que en la fecundación, como en las angispermas, se
separa claramente del integumento sólo en la región del micrópilo (Fritsch y Salisbury
1947). La meiosis que se produce en la nucela, seguida de divisiones celulares
mitóticas, lleva la formación de un tejido haploide multicelular -el gemetófito femenino.
En el momento de la fecundación se ha desarrollado mucho más que el saco
embrional de ocho núcleos de las angiospermas y ha desplazado en gran parte a la
nucela. En su extremo micropilar está diferenciado en un número variable de
arquegonios, cada uno de los cuales contiene una gran célula huevo (Chuntanaparb
1975).
En la fecundación, el tubo polínico deposita dos núcleos masculinos en un
arquegonio, uno de los cuales se une con el núcleo del huevo. El zigoto resultante se
convierte después en el nuevo embrión diploide. El segundo núcleo masculino aborta
en Pinus, pero puede fecundar un segundo arquegonio en otros géneros, como por
ejemplo Cupressus (Fritsch y Salisbury 1947). Nunca se une con núcleos polares
femeninos para formar un tejido triploide análogo al endosperma de las angiospermas;
este tipo de tejido es desconocido en las semillas de las gimnospermas. El lector
puede encontrar descripciones pormenorizadas de la embriogenia de las
gimnospermas en la bibliografía especializada (por ejemplo, Singh y Johri 1972).
La semilla madura está integrada por algunos de los elementos siguientes o por todos
ellos: 1) la cubierta seminal o testa, desarrollada a partir del integumento y diploide
por el padre femenino. 2) El perisperma diploide, desarrollado a partir de la nucela. En
la mayoría de las especies éste es absorbido por el gametófito femenino y ha
desaparecido ya cuando la semilla está madura, pero en algunas, como por
ejemplo Pinus pinea, sigue siendo reconocible como un tejido distinto. 3) El tejido
haploide del gametófito femenino, que actúa como órgano de almacenamiento de
nutrientes para alimentar al embrión. Su función es la misma que desempeña el
endosperma en las angiospermas, y con frecuencia se le aplica ese mismo nombre,
aunque este uso ha sido objeto de críticas (Bonner 1984a). 4) El embrión, con los
mismos componentes que en las angiospermas: radícula, cotiledones, plúmula e
hipocótilo. El número de cotiledores varía según el género y según la especie, y llega
hasta 18 en Pinus, lo que contrasta con el número de dos que es constante en la gran
mayoría de las angiospermas arbóreas. Al igual que en las semillas de todas las
angiospermas, en las de todas las gimnospermas se encuentran los componentes
esenciales, que son el embrión, el recubrimiento protector y el tejido de
almacenamiento de nutrientes.
Dentro de un mismo óvulo puede fecundarse más de un arquegonio, pero en la gran
mayoría de los casos sólo llega a la madurez un embrión por semilla. De hecho se
dan casos de poliembrionía, pero ésta es infrecuente en la mayoría de los géneros.
Desarrollo del fruto en las gimnospermas
Después de la fecundación, el cono femenino que es característico de varios géneros
importantes de gimnospermas, como por
ejemplo Pinus, Picea, Pseudotsuga o Araucaria, aumenta de tamaño y peso, así como
de contenido de humedad y reservas nutricias acumuladas. Cuando los conos se
acercan a la madurez, el contenido de humedad desciende nuevamente, las reservas
nutricias acumuladas pasan del cono a la semilla y el cono se hace más o menos
leñoso.
En Pinus una hojuela delgada y membranosa se separa de la escama ovulífera y se
adhiere a la semilla madura, formando un ala (Fritsch y Salisbury 1947).
En Juniperus las escamas del cono crecen para formar entre todas ellas un fruto
carnoso parecido a una baya, mientras que en Podocarpus y Taxus cada semilla,
separada, se encierra parcialmente en un receptáculo de vivo color, el arilo. No
obstante, el tipo de fruto más característico de las gimnospermas es el cono leñoso.
Como en las angiospermas, es muy variable el tiempo que transcurre entre la
floración y la madurez y dispersión de la semilla. Debido al prolongado intervalo que
se da entre la polinización y la fecundación en los pinos, mencionado supra en este
mismo capítulo, el período total que transcurre entre la polinización y la madurez del
cono suele ser de dos años en este género; entre los pinos tropicales el promedio es
de 23 meses en Pinus kesiya (Armitage y Burley 1980) y 18–21 meses en P.
oocarpa (Robbins 1983b). En Agathis robusta transcurren 16 meses entre la
polinización y la madurez del cono (Whitmore 1977), período que es de hasta 24
meses en Araucaria cunninghamii (Walters 1974) y de 21–24 meses en Araucaria
hunsteinii (Evans 1982). En varios géneros de la zona templada el desarrollo se
completa dentro de una única temporada, como por ejemplo en cinco meses
en Pseudotsuga menziesii (Allan y Owens 1972).
En algunos géneros de gimnospermas se desarrollan conos femeninos no polinizados
con semillas plenamente formadas pero por lo general vacías. La partenocarpia es
habitual en Abies,Juniperus, Larix, Picea, Taxus y Thuja. Es rara en los pinos
(Kozlowski 1971).
Dispersión de la semilla en las gimnospermas
En el cono de gimnosperma típico, la maduración y desecación del cono y la semilla
hacen que las escamas se abran y suelten las semillas. La dispersión se efectúa por
el viento, ayudado en algunos géneros, por ejemplo Pinus, por la presencia de alas en
la semilla. En algunas especies de pino, los llamados “pinos de cono cerrado”, como
por ejemplo P. radiata, suelen transcurrir meses o años entre la maduración del cono
y las semillas y la apertura de aquél para soltar éstas. En algunos casos, como las
procedencias interiores de Pinus contorta, los conos sólo se abren cuando se ven
sometidos al calor de ocasionales incendios forestales de gran magnitud. En cambio,
los conos de Abies y Araucaria se desintegran fácilmente en el árbol a las pocas
semanas de madurar.
La dispersión de la semilla por animales es menos frecuente, pero se da por ejemplo
en las “bayas” de Juniperus y en los frutos carnosos de Podocarpus. Además, los
roedores recogen y almacenan las semillas de coníferas de la zona templada, y
algunas pueden germinar antes de que estos animales las coman.
Germinación de la semilla
En un extremo, algunas especies de mangle son vivíparas, y las semillas germinan
antes de separarse del padre. En el otro extremo, las semillas de algunas especies
pueden permanecer durmientes pero vivas durante muchos años, y son capaces de
germinar si se produce un hecho que interrumpa su latencia. El tema de la latencia se
examina infra en este mismo capítulo. Entre el tipo vivíparo y el de latencia profunda
se dan otros muchos tipos de semillas que son capaces de germinar poco después de
su caída siempre que las condiciones ambientales sean idóneas.
Del mismo modo que la fecundación inicia la transformación del óvulo en la semilla
madura, así la germinación transforma el embrión contenido en la semilla en el
germen independiente. A efectos de los ensayos de laboratorio, la germinación se
define como el surgimiento y desarrollo, a partir del embrión de la semilla, de las
estructuras esenciales que indican la capacidad de la semilla para producir una planta
normal en condiciones favorables (Justice 1972).
Cuando alcanzan madurez y caen, muchas semillas han perdido ya la mayor parte de
la humedad que contenían en fases anteriores. Por ejemplo, el embrión y el
gametófito femenino dePinus lambertiana contienen hasta un 50 por ciento de
humedad (peso en fresco) poco después de la fecundación, pero cuando se produce
la dispersión natural de las semillas el contenido de humedad del embrión se ha
reducido al 23 por ciento y el del gametófito femenino al 38 por ciento (Krugman y
otros 1974). Con la desecación de la semilla está asociada una reducción de la
actividad metabólica, de manera que el embrión se encuentra temporalmente en un
estado de reposo o inactividad, que en las semillas no durmientes puede reactivarse
fácilmente mediante las condiciones adecuadas. Esas condiciones son: 1) una
humedad suficiente: 2) unas temperaturas favorables; 3) un intercambio de gases
suficiente, y, en algunas especies, 4) luz (Krugman y otros 1974). Existe un
considerable variación entre las especies en cuanto a los niveles óptimos de estos
factores, y es frecuente que se dé una interacción entre ellos. En los Cuadros 9.1 y
9.2, en el Capítulo 9, se ofrecen algunos ejemplos de las temperaturas óptimas para
distintas especies.
La germinación consiste en tres procesos parcialmente simultáneos: 1) absorción de
agua, principalmente por imbibición, que hace que la semilla se hinche y acabe
abriéndose la cubierta seminal; 2) actividad enzimática e incremento de las tasas de
respiración y asimilación, que indican la utilización de alimento almacenado y su
transposición a las zonas en crecimiento; 3) engrandecimiento y divisiones celulares
que tienen como consecuencia la aparición de la radícula y la plúmula (Evenari 1957,
citado por Krugman y otros 1974).
En la mayoría de las semillas la radícula del embrión está cerca del micrópilo, por
donde el agua se absorbe con más facilidad y rapidez que atravesando la cubierta
seminal. A medida que la radícula se hincha, ejerce una presión sobre la cubierta, que
normalmente se abre por vez primera en este punto para liberar la radícula. Esta da
lugar a la raíz primaria, que penetra en el suelo y produce pronto raíces laterales. Las
fases siguientes dependen de si la especie presenta germinación epigea, como por
ejemplo Pinus -el hipocótilo se alarga y los cotiledones se elevan por encima del
sueloo germinación hipogea, como por ejemplo Quercus -no se desarrolla el
hipocótilo, y los cotiledones se quedan sobre el suelo o enterrados en él. En la
germinación hipogea los cotiledones tienen únicamente una función de
almacenamiento de nutrientes, o una función haustorial (en las especies en las que
los nutrientes se almacenan en el endosperma, como por ejemplo las
palmeras, Scorodocarpus), mientras que en la germinación epigea pueden
desempeñar también una valiosa función de fotosíntesis durante las primeras fases de
crecimiento del germen.
2.4 Sección longitudinal de un óvulo de Pinus durante el periodo de
desarrollo de los tubos polínicos que precede a la fecundación.
(Servicio Forestal, Dpto. Agric. EE.UU.)
2.5 Ejemplos de germinación en dos Sterculiaceae de Africa occidental.
(A) Epigea en Mansonia altissima. (B) Hipogea en Cola nitida (según De
La Mensburge 1966). (De La Mensburge, CTFT Nogent sur Marne)
En la germinación epigea, tras la sujeción de la planta joven por la radícula se
produce un rápido alargamiento del hipocótilo, que se arquea hacia arriba por encima
de la superficie del suelo y después se endereza; al mismo tiempo, se hacen visibles
los cotiledones y la plúmula, a los que puede estar todavía unida o no la cubierta
seminal. Después la plúmula se convierte en el tallo primario y las hojas fotosintéticas.
En el subtipo denominado “germinación duriana” (Ng 1978), el hipocótilo se alarga
pero los cotiledones se desprenden cuando aún están encerrados dentro de la
cubierta seminal (por ejemplo en Durio zibethinus o Strombosia javanica). En la
germinación hipogea, los cotiledones permanecen in situ enterrados o sobre el suelo
mientras se produce el alargamiento de la plúmula. En el subtipo denominado
“germinación semihipogea” (Ng 1978), los cotiledones son visibles pero permanecen
sobre el suelo. Los dos tipos principales, epigea e hipogea, y los dos subtipos, duriana
y semihipogea, son el resultado de las cuatro combinaciones posibles de dos
variables independientes: hipocótilo alargado o no, y cotiledones visibles o no. En los
trópicos húmedos se dan las cuatro combinaciones.
Incluso en las semillas no durmientes se observa una variación considerable, entre
especies e individuos, en cuanto a la velocidad de la germinación, que puede durar
entre unos días y varias semanas; gran parte de esta variación se debe a las distintas
tasas de imbibición en la primera fase. Muchas especies del bosque higrofítico
tropical, que tienen un elevado contenido de humedad y cubiertas permeables cuando
cae la semilla, deben germinar en el plazo de unas cuantas semanas. Si no
encuentran pronto las condiciones adecuadas, pierden viabilidad y mueren.
Latencia
El término “latencia” se refiere a una condición de una semilla viable que impide que
ésta germine en presencia de los factores que normalmente se consideran suficientes
para la germinación: temperatura adecuada, humedad y medio ambiente gaseoso.
Una semilla viable es la que puede germinar en condiciones favorables, siempre que
en su caso se elimine la latencia que pueda estar presente (Roberts 1972).
En la naturaleza la latencia sirve para proteger a las semillas de unas condiciones que
son temporalmente adecuadas para la germinación pero que enseguida se
convertirán en otras condiciones demasiado duras para la supervivencia del delicado
y joven germen. Así, una cubierta seminal relativamente impermeable a la humedad
impide la germinación durante los chaparrones aislados que se producen en medio de
una larga estación seca, pero la permite durante una estación de lluvias sostenidas.
En la zona templada fresca, el tipo de latencia embrionaria que puede eliminarse sólo
mediante la exposición a temperaturas bajas facilita la germinación ulterior en
primavera, pero la impide en otoño, cuando el germen resultante tendría pocas
posibilidades de sobrevivir al invierno.
Se ha observado que la fuerza de la latencia varía según la latitud y la procedencia, y
también de un año a otro en semillas del mismo padre. Existe también una latencia
diferencial dentro de la misma especie y lote, de manera que la germinación se
escalona a lo largo de un período de tiempo más o menos prolongado. En la flora
leñosa de Malasia, alrededor del 50 por ciento de las especies completan la
germinación en un plazo de seis semanas o menos, de manera que la diferencia no
es muy grande, pero en algunas especies como la leguminosa de semilla duraParkia
javanica el período de germinación puede extenderse desde una semana después de
la siembra en la primera semilla hasta dos años en la última (Ng 1980). La latencia
diferencial y la germinación escalonada son una forma de protección frente al riesgo
de que la cosecha entera de semillas sea destruida por una sola catástrofe climática o
por una sola plaga.
En la naturaleza, diversos factores externos pueden actuar con mayor o menor
rapidez para poner fin a la latencia de la cubierta seminal. Entre esos factores figuran
la alternancia de calor y frío, la alternancia de condiciones húmedas y condiciones
secas, el fuego y las actividades de animales, organismos del suelo, hongos, termes y
otros insectos. La latencia que se debe a la inmadurez del embrión se interrumpe
cuando éste dispone del tiempo y las condiciones que necesita para madurar tras la
caída de la semilla.
Los mecanismos exactos de la latencia fisiológica del embrión, así como de los
procesos que ponen fin a esa latencia, se han investigado ampliamente, pero aún no
se conocen bien las causas subyacentes (Krugman y otros 1974). Está bien
demostrado que en el mantenimiento o interrupción de la latencia interactúan
hormonas promotoras del crecimiento, entre las cuales la giberelina es un ejemplo
muy conocido, y hormonas inhibidoras del crecimiento. En los climas templados el
equilibrio entre sustancias inhibidoras y promotoras del crecimiento se ve alterado por
una combinación, a lo largo de un período de tiempo que varía según la especie, de
temperaturas bajas y humedad elevada. Esa combinación se produce de forma
natural durante el invierno, que es la estación menos adecuada para el crecimiento.
Puede poner en marcha cambios bioquímicos en el embrión que hace que se
interrumpa la latencia, se inicie el metabolismo y crecimiento del embrión y
consiguientemente se produzca la germinación.
Por desgracia, la fisiología de las especies arbóreas tropicales se ha investigado
mucho menos que la de las especies de la zona templada. No hay motivos para
suponer que la combinación de bajas temperaturas y elevada humedad (la técnica de
“estratificación” cuando se aplica artificialmente) tenga efecto alguno sobre las
semillas tropicales que poseen latencia embrionaria (si es que existen). En los
trópicos secos, por el contrario, parecería más probable que fuera una combinación
de condiciones típicas de la estación menos favorable para el crecimiento -elevada
temperatura y baja humedad- lo que pusiera en marcha la interrupción de la latencia
embrionaria y llevara a la germinación durante la estación lluviosa siguiente. De
hecho, parece que la latencia de la cubierta seminal ofrece por sí misma protección
suficiente a las especies de los trópicos secos.
Desde el punto de vista del ingeniero forestal, la latencia presenta algunos
inconvenientes. En los viveros, el retraso y la irregularidad en la germinación son una
grave limitación a la administración eficiente (Bonner y otros 1974). Por consiguiente,
se ha dedicado mucha investigación a idear métodos artificiales eficaces para eliminar
la latencia, a fin de asegurar que las semillas germinen con rapidez y de manera
uniforme en los semilleros de los viveros. Esos tratamientos se describen en el
Capítulo 8.
Por otra parte, la latencia presenta algunas ventajas. No sólo mejora las posibilidades
de supervivencia en la naturaleza, como ya se ha mencionado, sino que también
protege a las semillas frente a unas condiciones temporalmente inadecuadas, como
las que pueden darse durante el período que transcurre entre su recolección y su
almacenamiento. Las semillas de gran calidad y ortodoxas pero no durmientes,
secadas hasta que alcanzan el contenido de humedad adecuado y almacenadas a la
temperatura correcta, deben tener una vida en el almacenamiento tan larga como las
semillas durmientes, pero la latencia constituye un seguro contra la pérdida de
viabilidad durante el transporte y el procesamiento, pérdida que puede producirse
fácilmente en las semillas no durmientes cuando las condiciones no son las ideales.
Riesgos de la producción de semilla
Tanto la cantidad como la calidad de las cosechas de semilla pueden verse
considerablemente afectadas por factores externos. Factores climáticos pueden
afectar a la abundancia de la floración, y con ello indirectamente a la producción de
semilla. Hay algunos datos que indican que las temperaturas superiores al promedio y
un grado modesto de tensión de la humedad en la primavera y principios del verano
pueden inducir una formación abundante de yemas florales en las regiones templadas
(Krugman y otros 1974). En Nigeria se dan buenos años de semilla deTriplochiton
scleroxylon después de un mes de agosto especialmente seco (30 por ciento o menos
del promedio de precipitaciones), mes en el que disminuye la pluviosidad entre las
lluvias fuertes tempranas y las lluvias fuertes tardías (Howland y Bowen 1977).
Los casos más extremos de clima impropio de la estación suelen reducir la
abundancia de la floración o de la fructificación. En las regiones templadas, las
heladas de finales de primavera matan las flores o los frutos jóvenes, y las
temperaturas anormalmente elevadas o la sequía pueden tener un efecto parecido.
Aun cuando no se produzcan la muerte y caída prematura de frutos enteros, es
posible que después aborte una parte de las semillas. Los vientos excepcionalmente
fuertes o el granizo pueden causar la destrucción mecánica de flores o frutos. La lluvia
continuada durante el período de dispersión del polen tiene un efecto especialmente
negativo sobre la cantidad de semilla que se produce, y ello con independencia de
que la polinización se efectúe por medio del viento o de insectos. Tectona florece
durante la estación de lluvias, y ello puede explicar la baja tasa media de fecundación,
entre el 1 y el 3 por ciento, que se ha notificado en Tailandia respecto del período de
1967 a 1972 (Hedegart 1975). La lluvia hace que los insectos polinizadores sean más
reacios a volar, y además se lleva del estigma, con el agua, granos de polen antes de
que germinen. En Indonesia y Malasia, la pluviosidad constante durante la estación de
dispersión del polen se considera el principal factor responsable de las cosechas
típicamente escasas de semilla de Pinus merkusii. Tamari (1976) notificó que más del
90 por ciento de las flores de dipterocarpáceas no lograban convertirse en frutos en
Malasia.
Aves, mamíferos, insectos, hongos y bacterias son todos agentes dañinos en las
fases de floración y fructificación. Las pérdidas más graves en el mayor número de
especies se deben probablemente a los insectos. Por ejemplo, el gorgojo Apion
ghanaense destruye todos los años una gran parte de las flores y semillas
de Triplochiton (Jones 1975). Las larvas de Pagida salvaris pueden destruir en
algunos años hasta el 90 por ciento de las yemas florales de Tectona (Hedegart
1975). Dos especies del género Amblycerus, perteneciente a los brúquidos, pueden
destruir muchas semillas de Cordia alliodora, pero el daño puede reducirse
recolectando las semillas tres semanas antes de su caída natural (Tschinkel 1967). El
gorgojo Nanophyes sp. puede atacar hasta al 60 por ciento de las semillas
de Terminalia ivorensis (Lamb y Ntima 1971). Se sabe que los gusanos de los conos
del género Dioryctria han dañado hasta el 60 por ciento de los conos y semillas en
maduración de Pinus elliottii y P. palustris en el sur de los Estados Unidos (Krugman y
otros 1974), y ese mismo género puede producir también graves daños a las semillas
de Pinus merkusii en Filipinas (Gordon y otros 1972). Las larvas de Agathiphaga, que
es un género de polillas, pueden destruir más del 50 por ciento de las semillas que se
encuentran en los conos de varias especies de Agathis en Queensland y las islas
occidentales del Pacífico (Whitmore 1977). Las semillas de muchas especies de
zonas secas de Acaciay Prosopis son atacadas por larvas de brúquidos, que causan
en ellas graves daños (Armitage y otros 1980). Algunos tipos de aves y mamíferos,
especialmente las ardillas, pueden consumir en algunos años cantidades
considerables de semillas, aunque también prestan un útil servicio al dispersarlas. Las
pérdidas debidas a plagas y enfermedades no suelen tener un efecto grave en los
años de abundante producción de semilla, pero en los años en que la floración es
escasa por razones climáticas pueden convertir una cosecha escasa en una cosecha
completamente malograda.
Capítulo 3 PLANIFICACION DE LA RECOLECCION DE
SEMILLA
Introducción
Las especies que producen semilla madura en cantidades suficientes en todas las
épocas apenas presentan problemas al recolector experimentado, pero esas especies
son pocas. Algunas especies producen semilla a lo largo de todo el año, pero sólo
poca cantidad cada vez, como por ejemplo P. merkusii en Indonesia (Keiding 1973), y
ello hace que la recolección de las semillas sea lenta y costosa. En la mayoría de las
especies la fructificación se concentra en unas pocas semanas, y el objetivo del
recolector es entonces recoger la mayor cantidad de semilla posible en el breve plazo
en el que las semillas están ya maduras pero los frutos aún no se han caído o abierto.
Los frutos grandes indehiscentes o carnosos pueden recogerse del suelo, pero incluso
en esos casos la recolección ha de hacerse con rapidez para evitar pérdidas debidas
a animales, hongos o germinación prematura. La planificación previa de las
actividades de recolección es por consiguiente esencial para asegurar que las
operaciones se efectúan con la mayor rapidez y eficiencia posibles en el limitado
tiempo de que se dispone. Cuando la recolección se efectúa en plantaciones
accesibles y de fácil observación o en huertos semilleros, la necesidad de una
preparación cuidadosa es menor. En cambio, cuando la recolección se lleva a cabo en
bosques naturales de difícil acceso y en los que conviven muchas especies, o cuando
se trata de tomar muestras de fuentes de semilla diferentes de una especie muy
difundida, se precisa una planificación muy cuidadosa para poder disponer de equipos
de recolectores capacitados que trabajen con el equipo adecuado, en el lugar
adecuado y en el momento adecuado. Las expediciones internacionales de semillas
topan con problemas especiales, pues con frecuencia han de operar en varios países
diferentes, cada uno de ellos con sus propias normas, y tratan de satisfacer las
distintas necesidades de muchos países usuarios.
Determinación de especies, procedencias y rodales
Especies
La selección de las especies que se van a plantar no suele presentar problemas. En
un proyecto de forestación sencillo, en el que se utilizan una especie y una
procedencia probadas y bien adaptadas, y en el que la semilla se obtiene de una
fuente local, la elección es automática. Pero no es infrecuente que los objetivos de la
forestación se modifiquen, por ejemplo cuando en vez de querer producir madera para
aserrar se pasa a pretender madera para pulpa o leña, o cuando surgen inesperados
problemas fitosanitarios. En Africa oriental, Pinus radiata ocupó un lugar muy
destacado en los programas de plantación hasta que en el decenio de 1960 sufrió
graves ataques de la marchitez de las acículas Dothistroma pini. Ulteriormente tuvo
que abandonarse su plantación en gran escala, y a modo de compensación se
ampliaron los programas de plantación de especies resistentes como P.
patula y Cupressus lusitanica.
Cuando se trata de recolecciones en gran escala, es preciso acopiar con algunos
meses de antelación datos sobre la demanda de semillas por especies. Casi todas las
especies necesitan pasar un año o más en el vivero. Por consiguiente, las
estimaciones de la demanda de semilla deben efectuarse unos dos años antes de la
plantación en el campo. Sólo en escasas ocasiones los recolectores y los usuarios de
las semillas serán las mismas personas. Lo más frecuente es que, sean ya los
servicios forestales, ya empresas privadas, los recolectores atiendan a las
necesidades de varios usuarios distintos. Se precisa una organización centralizada
para solicitar estimaciones de la demanda a los varios organismos de plantación y
para refundir esas estimaciones por especies y procedencias. Las estimaciones
regionales o mundiales refundidas de la demanda de semillas son mucho más difíciles
de compilar que las que se refieren únicamente a un país, pero recientemente se ha
intentado establecer este tipo de estimaciones respecto de las coníferas tropicales
(Nikles 1979) y de las coníferas de la parte occidental de Norteamérica (Barner 1978,
OCDE 1979).
Procedencias
El término “procedencia” se ha utilizado con significados ligeramente distintos según
los autores. En su utilización más sencillas, es “el lugar en el que crece un rodal de
árboles” (OCDE 1974). Cuando se aplica a semillas, su significado suele ampliarse
para incluir “la zona en que crecían los árboles originarios de las semillas”. Cuando las
semillas se obtienen de una plantación exótica o “procedencia derivada” (Jones y
Burley 1973), el uso no ha sido tan coherente; algunos autores suelen definir la
procedencia como el lugar en el que crecían como exóticos los padres inmediatos,
mientras que otros suelen limitar su uso al lugar en el que crecían en el bosque
natural los progenitores originales. Siempre que los datos sobre el origen de la semilla
informen sobre la ascendencia completa, comprendidas tanto la ubicación de los
progenitores naturales originales como la de los padres inmediatos y la de las posibles
generaciones intermedias, por ejemplo Cmpt. K2 Elburgon, Kenya (padres
inmediatos), procedente de Cmpt. 16 Nelspruit, Sudáfrica, procedente de Los Reyes,
Hidalgo, México (progenitores originales en el bosque natural), el técnico forestal no
habrá de preocuparse por cuál es estrictamente una procedencia y cuál no lo es.
A lo largo del último medio siglo se han venido acumulando de manera constante las
pruebas de que, dentro de una especie botánica, la variación genética significativa
que se produce en árboles forestales suele estar asociada a diferencias geográficas
entre los lugares en los que crecen. Así ocurre especialmente cuando el
desplazamiento geográfico va unido a cambios climáticos o de suelos. Por ello, el
término “procedencia” se aplica cada vez más a zonas caracterizadas por la
naturaleza genética de las poblaciones que crecen en ellas, y no sólo por su
ubicación, como por ejemplo en esta definición: “La fuente geográfica o ubicación de
la que son autóctonas las plantas y dentro de la cual se han desarrollado, mediante
selección natural, sus características genéticas” (Zumer-Linder 1979). A efectos de la
recolección de semillas, la procedencia ideal reuniría según Barner (1975a) las
características siguientes:
a. Integrada por una comunidad de árboles de constitución genética parecida y
con posibilidades de entrecruzamiento (y cuya constitución genética sea
notablemente diferente de las de otras procedencias).
b. Lo bastante grande para permitir la recolección de material reproductivo en
cantidades significativas desde el punto de vista de la práctica forestal.
c. Definida por medio de unos límites que puedan identificarse sobre el terreno.
Aunque en la mayoría de los casos aún no es posible trazar los límites de las
procedencias naturales, está ampliamente demostrado en el caso de muchas
especies tropicales, y también de la zona templada, que entre ellas existen diferencias
genéticas significativas. En el caso de las procedencias derivadas que crecen en
plantaciones, es mucho más fácil trazar los límites, y, tras una o dos generaciones de
selección deliberada por parte del hombre, esas “razas locales” suelen diferir
notablemente de la procedencia natural original.
Es cada vez más frecuente que los ingenieros forestales reconozcan la decisiva
importancia de la procedencia y especifiquen no sólo la especie que tienen que
plantar en un determinado lugar, sino también su procedencia exacta. Incluso dentro
del mismo país se encuentran distintas procedencias o razas de una especie; unas
pueden presentar diferencias morfológicas, mientras que otras, de idéntico aspecto,
pueden diferir en su adaptabilidad a lugares determinados. Un buen ejemplo es el
gran número de procedencias de Tectona grandis que se ha encontrado en la India.
Los equipos de recolección de semillas deben por consiguiente esperar que crezca el
número de pedidos desglosados en procedencias además de en especies. Esta
tendencia debe fomentarse, pero en realidad complica las operaciones de recolección,
pues recolectar por ejemplo 20 kg de semilla de cada una de 10 ubicaciones distintas
separadas por 100 km es claramente más laborioso que recolectar 200 kg en una sola
zona. Otra dificultad reside en decidir cuáles son los límites de una procedencia. Es
frecuente que una procedencia reciba el nombre de la aldea más próxima, y no
existen datos que demuestren si existe una variación significativa en las frecuencias
génicas en las poblaciones situadas a 1 km, 10 km, 6 100 km de distancia del punto
de recolección original. Se ha intentado definir los límites de las procedencias o zonas
semilleras de algunas coníferas de la zona templada septentrional (Barner 1978), y
recientemente se han llevado a cabo estudios parecidos sobre la delimitación de las
regiones de procedencia de Pinus caribaea y P. oocarpa en Honduras (Robbins y
Hughes 1983). Se han definido las regiones de procedencia de Eucalyptus
camaldulensis por referencia a los principales sistemas de captación hídrica de
Australia (Turnbull 1973), pero son muy escasos los trabajos dedicados a este
aspecto en la frondosas tropicales. La necesidad de recolectar más de una
procedencia de una especie exige un mayor cuidado a la hora de planificar las
operaciones sobre el terreno. Algunas especies muy difundidas florecen y fructifican
unas cuantas semanas antes a alturas bajas que a grandes alturas, y a latitudes
inferiores que a latitudes superiores. El conocimiento de la variación fenológica de una
especie en relación con la geografía ayudará al recolector a elegir la secuencia más
adecuada de lugares de recolección a fin de prolongar la duración total de las
operaciones útiles (Kemp 1975b).
Rodales
En contraste con las procedencias, los límites de los distintos rodales suelen estar
bien definidos. En muchos casos los rodales son objeto de ordenación con miras a la
producción de semillas, como por ejemplo mediante aclareo. Con frecuencia se
encuentran en plantaciones. Los huertos semilleros constituyen un caso especial,
pues están destinados a la producción de semillas desde antes de su plantación y se
gestionan de manera continua con ese fin. El problema que plantean los rodales y
huertos semilleros no es por consiguiente un problema de identificación, sino de la
posible insuficiencia de su superficie para satisfacer todas las peticiones de semilla
que se les dirigen. Cuando es probable que ocurra esto, es aconsejable pedir a los
usuarios que indiquen una segunda o tercera posibilidad, tanto de rodales como de
procedencias, por si no es posible satisfacer plenamente sus necesidades de la
primera posibilidad.
Determinación de las cantidades de semilla
Los usuarios de la semilla han de definir la cantidad de ésta que necesitan respecto
de cada especie, procedencia o rodal. Para ello es necesario conocer la superficie de
plantación que se va a establecer anualmente y el espaciamiento inicial que se va a
emplear, junto con una estimación de las pérdidas y desechamientos que se van a
producir en el vivero, las sustituciones que habrá que hacer tras la plantación para
conseguir el grado de espesura deseado y el número de plántulas germinadas que se
espera conseguir por cada kilogramo de semilla sembrada. En el Cuadro 3.1 figura un
ejemplo de este tipo de cálculos.
La información sobre la superficie de plantación y el espaciamiento inicial suele
encontrarse en los planes de gestión de las plantaciones, y sobre las tasas de
germinación pueden encontrarse orientaciones en documentos publicados (por
ejemplo, FAO 1975a). Cuando sea posible debe utilizarse la experiencia local sobre
variación entre procedencias y lugares de plantación para perfeccionar las
estimaciones basadas en condiciones de promedio. Por ejemplo, las semillas de dos
procedencias de Picea abies pesan 6 y 12 g por 1 000 respectivamente (Barner
1981); la semilla de Eucalyptus cloeziana recogida en los bosques litorales húmedos
de Queensland contiene por término medio entre 100 000 y 400 000 unidades por
kilogramo, mientras que las de los bosques continentales secos contiene solamente
entre 35 000 y 65 000 por kilogramo (Turnbull 1983). En Italia se comprobó que en los
ensayos efectuados en viveros sobre varias especies de eucalipto el número de
plantas producidas como porcentaje de la semilla viable oscilaba entre el 18 por ciento
en E. robusta y el 46 por ciento en E. camaldulensis (Giordano y Gemignani 1961).
Análogamente, las diferencias en materia de clima, suelo e incidencia de plagas y
enfermedades pueden influir muy considerablemente en la tasa de pérdidas en los
diversos viveros y plantaciones, con independencia de que existan o no diferencias en
la eficiencia de su gestión. Por consiguiente, puede ser necesario aplicar un “factor de
corrección por ubicación” o “factor de recuperación en vivero” apropiado para
conseguir una estimación exacta de las necesidades de semilla en un determinado
proyecto de plantación. Este aspecto se examina con más detalle en el Capítulo 9.
Antes de efectuar su pedido definitivo de semillas a una dependencia central de
semillas o a una casa de venta comercial de semillas, el director del proyecto de
plantación debe deducir las cantidades de semilla que ya tiene como existencias o
que probablemente obtendrá mediante la recolección en plantaciones anteriores de la
zona del proyecto.
CUADRO 3.1
ESTIMACION DE LA DEMANDA DE SEMILLA
1. Especie a) Pinus kesiya b) Tectona grandis
2. Plantas por hectárea
a) Número plantado 1 670 (3×2 m) 1 111 (3×3 m)
b) Otras para reposición de
pérdidas en el campo
- porcentaje 15 35
- número de plantas 250 389
Necesidad total de plantas
c) 1 920 1 500
plantables
d) Otras por pérdidas y
desechamientos en vivero
- porcentaje 20 1 62,5 2
- número de plantas 480 2 500
Necesidad total de plántulas
e) 2 400 4 000
germinadas
3. Número estimado de plántulas
germinadas por kilo de semilla
recibida 3 32 000 500
4. Base para estimación de 3 Cosecha de 1980 Cosecha de 1979
procedente de Zambia, procedente de Trinidad,
sin alas y limpia eliminados los involucros
5. Número de kilos de semilla
0,07 8,0
necesarios por hectárea de
(13,3 ha/kg) (0,12 ha/kg)
plantación
Superficie de plantación anual
6. 12 000 5 000
(ha)
Necesidades anuales de semillas
7. 900 40 000
(kg)
1
Notas: Las pérdidas y desechamientos representan el 20 por ciento de las semillas germinadas. Esto
equivale al 25 por ciento de las plantas plantables.
2
Se estima que el 25 por ciento de las semillas germinadas producen plantas plantables en un año, y
otro 12,5 por ciento lo hace al término de un segundo año en el vivero. Por consiguiente, las
pérdidas y desechamientos ascienden al 62,5 por ciento de las semillas germinadas, lo que
equivale aproximadamente al 167 por ciento de las plantas plantables.
3
En P. kesiya la unidad de siembra es una semilla real. En T. grandis la “semilla” o unidad de
siembra es en términos botánicos un fruto, que puede contener de 0 a 4 semillas reales.
3.1 Regiones de procedencia de Pinus caribaea y P. oocarpa en Honduras. (Fuente: Robbins y
Hughes 1983)
3.2 Producción de conos de abeto de Douglas, Distrito Forestal de
Vancouver, 1935–1974. En este período de 40 años sólo ocho
cosechas de conos se han considerado “recolectables”, es decir, lo
suficientemente abundantes para justificar una campaña de recolección
en gran escala. El tiempo transcurrido entre una cosecha recolectable y
la siguiente ha oscilado entre dos y ocho años. (Servicios Forestales
del Canadá/Columbia Británica)
3.3 Ejemplo de cortadora de conos, empleada para estimar la
producción de semilla en una sección longitudinal.
(Servicio Forestal, Dpto. Agric. EE.UU.)
3.4 El contenido de semilla se estima contando las semillas
buenas en una sola superficie de cada uno de varios conos
cortados longitudinalmente. (Servicio Forestal, Dpto. Agric.
EE.UU.)
Otro enfoque posible, que es el que se prefiere en algunos países, consiste en que el
director del proyecto especifique el número de plantas plantables que necesita
producir y deje que sea el oficial de semillas quien decida, a la luz de los ensayos de
germinación de lotes de semilla ordinarios y de los factores de recuperación en vivero
conocidos, la cantidad de semilla en peso que se ha de recolectar y entregar. Véase a
modo de ejemplo el Apéndice 1A, formulario número 12.
Si pueden garantizarse buenas cosechas anuales de semilla, es aconsejable pedir
cada año semilla suficiente para producir material de vivero para la zona destinada a
la plantación en un plazo de unos dos años. Puede así mantenerse en el mínimo
posible el espacio de almacenamiento. Cuando se trate de especies que fructifican
con periodicidad, sin embargo, es muy aconsejable adquirir el suministro de varios
años en un único año de buena cosecha, en el que la semilla será más barata y de
mejor calidad. Para que esta forma de actuar resulte realmente útil en la práctica
habrá que contar con medios locales de almacenamiento de la semilla que sean
suficientes para mantener la viabilidad de ésta en el intervalo que media entre un año
y otro. Es preciso conocer, respecto de cada especie o procedencia, tanto el intervalo
probable entre un año bueno y el siguiente como la tasa de pérdida de viabilidad de la
semilla en las condiciones de almacenamiento existentes (Turnbull 1975a). Cuando
los años de fructificación abundante están separados por varios años sucesivos de
ausencia de producción, y cuando el almacenamiento a la temperatura ambiente tiene
como consecuencia una rápida pérdida de viabilidad, las opciones pueden ser
construir un almacén refrigerado o cambiar de especie.
Determinación del año de la recolección
Efecto de la periodicidad
En muchos árboles forestales la fructificación es bastante irregular de un año a otro.
Es posible que a un año de producción abundante (“año de semilla”) le sigan uno o
varios años en los que la cantidad de semilla es escasa o incluso nula (Morandini
1962). Este hábito de periodicidad en la producción de semilla es un factor importante
que hay que tener en cuenta al planificar las operaciones de recolección. Recoger la
semilla en un año bueno ofrece una serie de ventajas. Puede darse una gran
intensidad de selección de portagranos, el costo de la recolección es inferior debido a
la concentración de la cosecha, y por lo general las semillas tendrán una capacidad
germinativa superior y conservarán su viabilidad durante más tiempo que las
recogidas en un año de fructificación escasa (Turnbull 1975a, Seal y otros 1965). En
los años buenos, los daños debidos a insectos afectan a una menor proporción de las
semillas que en los años malos. Un año de abundante producción de semilla suele
reflejar una producción previa de polen igualmente abundante, a la que han
contribuido todos o casi todos los árboles del rodal. Por consiguiente, al recolectar en
un año bueno se conserva una mayor proporción de la diversidad genética existente
entre los padres masculinos que cuando se recolecta en un año malo, precedido por
una polinización en la que ha intervenido sólo un pequeño número de árboles.
La periodicidad está bien documentada en el caso de muchas coníferas de la zona
templada. En el Reino Unido, Pinus sylvestris produce por término medio una cosecha
abundante cada 2–3 años, y Pseudotsuga menziesii cada 4–6 años. Como el período
que transcurre entre dos años buenos no es regular, Seal y otros (1965) recomiendan
como norma general que siempre que una especie produzca conos en abundancia se
recolecte la cantidad necesaria para atender a las necesidades de la siembra durante
tres años.
En las especies tropicales, la periodicidad no está tan bien documentada.
En Triplochiton, la irregularidad de los años buenos influye considerablemente en la
regeneración o falta de regeneración de esa especie (Howland y Bowen 1977),
aunque la periodicidad de plagas y enfermedades (el gorgojo Apion y el tizón debido
al hongo Mycosyrinx) puede desempeñar un papel tan importante en la producción de
semillas como la periodicidad de la floración (Jones 1975). Se han registrado años de
escasa fructificación en Pinus caribaea y P. oocarpa (Kemp 1973), y en P.
merkusii (Keiding 1973). En otras especies la periodicidad no es tan
manifiesta. Tectona grandis tiene por lo general una buena floración todos los años,
aunque en algunos lugares se ha observado una producción de semilla
excepcionalmente buena cada tres o cuatro años (Murthy 1973). Gmelina
arborea empieza a fructificar pronto, desde los tres años de edad en Filipinas hasta
los siete años en Nigeria, y por lo general produce cosechas regulares y abundantes
(Greaves 1981), aunque también se han registrado años de escasa producción, al
menos en algunas procedencias (Lauridsen 1977). Pinus kesiya rinde gran cantidad
de semilla todos los años dentro de su zona autóctona y como especie exótica si se
planta en el clima apropiado (Armitage y Burley 1980). Cassia siamea, Acacia
mearnsii, Cupressus lusitanica y ornamentales como Delonix regia y Jacaranda
mimosaefolia son otras especies de las que cabe esperar que florezcan y fructifiquen
abundantemente todos los años. La periodicidad puede variar considerablemente
entre unas especies y otras del mismo género. Entre los eucaliptos, E. grandis, E.
saligna y E. camaldulensis suelen producir gran cantidad de semilla cada dos o tres
años, mientras que E. gomphocephala y E. maculata sólo fructifican con abundancia a
intervalos mayores (Turnbull 1975e). Las dipterocarpáceas de Malasia producen una
gran cantidad de semilla a intervalos impredecibles, que van de uno a seis años (Ng
1981). La periodicidad y las pautas de floración de los eucaliptos pueden modificarse
cuando se cultivan como exóticas. Eucalyptus maculata y E. citriodora producen
mucho más y de una manera más regular cuando se cultivan en plantaciones.
Incluso en los años buenos, la floración puede variar sustancialmente entre un lugar y
otro. A veces no todos los árboles de un rodal se encuentran en el mismo momento
del ciclo, por lo que unos pueden florecer con abundancia en un año y otros hacerlo
en el siguiente (Krugman y otros 1974).
Recuento de la fructificación
Cuando se trata de especies de las que se sabe que florecen y fructifican con
periodicidad, es muy aconsejable visitar, bastante tiempo antes de la época de
fructificación, los rodales que se van a recolectar, a fin de valorar en cuáles de ellos la
próxima producción de semilla promete ser los suficientemente abundante para
justificar el costo de la recolección. Es demasiado poco lo que se sabe sobre cuáles
son los factores externos que afectan decisivamente a la floración, y por ello no es
posible predecir la producción de semilla futura sobre la base del clima. La mejor
manera de estimar la producción consiste en contar las flores o frutos jóvenes de una
muestra de los árboles de los rodales que se van a recolectar. La evaluación de la
abundancia de la floración puede ofrecer una estimación preliminar de la posible
producción de semilla, pero puede ser engañosa si después se producen pérdidas
importantes, debidas por ejemplo a los insectos, el viento o una polinización
insuficiente. En Eucalyptus regnans, estudios de separación de zonas indicaron que
sólo de aproximadamente el 15 por ciento de las yemas florales y el 30 por ciento de
las flores podía esperarse que se convirtieran en frutos maduros (Turnbull 1975e). En
especies como los pinos, donde pasan dos años entre la polinización y la maduración
de los frutos, el recuento de los conos de un año de edad puede ofrecer una
indicación útil de la producción del año siguiente (Stein y otros 1974), estimación que
puede confirmarse mediante otra inspección uno o dos meses antes de la fecha en
que deba empezar la recolección. La inspección personal y repetida de la futura
producción es el método ideal, que no presenta problema alguno cuando la
recolección se efectúa en huertos semilleros o en plantaciones o bosque natural de
fácil acceso. Puede ser en cambio dificil o imposible cuando los equipos de
recolectores trabajan en zonas inaccesibles o cuando se trata de expediciones
internacionales que trabajan en varios países. En esos casos es posible que el jefe
del equipo tenga que basarse en informes de un oficial análogo experimentado o en
estimaciones efectuadas durante las recolecciones de los años anteriores. Si no se
dispone de información local fiable, puede estar justificado un reconocimiento especial
previo a la costosa expedición de recolección.
Cuando las principales zonas de recolección de la semilla están ubicadas en lugares
menos accesibles, es útil mantener parcelas fenológicas permanentes en lugares de
fácil acceso y pertenecientes al mismo tipo forestal, para que actúen como
indicadores biológicos. Esas parcelas deben vigilarse regularmente para obtener un
registro del calendario y la intensidad de la floración y la fructificación. El
comportamiento de las parcelas indicará a los recolectores cuáles son los mejores
momentos para acudir a las zonas menos accesibles del distrito a fin de comprobar la
floración. Los límites de los distritos fenológicos que pueden corresponder
adecuadamente a una parcela fenológica han de definirse sobre la base de la
experiencia. En el Instituto de Investigaciones Forestales de Kepong, en Malasia, se
vigila mensual o quincenalmente una muestra de 86 árboles dipterocarpáceos que se
encuentra en un arboreto establecido artificialmente; el porcentaje de árboles que
florece en un determinado mes o año se utiliza como índice de la floración de las
dipterocarpáceas en ese mes o año (Ng 1981). Este indice ofrece una indicación
bastante fiable de la fenología de las dipterocarpáceas en el estado de Selangor (cuya
superficie es de unos 8 000 km 2), en el que se encuentra Kepong. Como la parcela
fenológica de Kepong está a 10 minutos de camino de las oficinas de los
investigadores y laboratorios, se ahorra el mucho tiempo y dinero que de otra manera
habría que gastar en el transporte y la organización de viajes al campo.
Cuando hay que contar los frutos o conos, los prismáticos o telescopios son una
ayuda esencial. Deben ser de gran calidad óptica. En los prismáticos debe
combinarse un campo de visión amplio con una capacidad de aumento sólo
moderada; son adecuados un mínimo de apertura de 50 mm y un aumento de 7 u 8
veces. El método normal consiste en efectuar el recuento en una muestra
representativa de árboles semilleros dispersados por toda la fuente de semillas. Es
necesario tomar la muestra del interior del rodal, pues los árboles perimetrales
siempre fructifican más que los que se encuentran en el interior de la fuente (Seal y
otros 1965). El recuento puede efectuarse desde el suelo (Seal y otros 1965) o
trepando a árboles contiguos (Machaniček 1973). Se cuentan solamente los frutos de
un lado de la copa, y esa cifra se convierte en una estimación de la producción total
de ese árbol de muestra mediante un factor de corrección que varía según la especie
y la abundancia de la cosecha. En Checoslovaquia (donde se cuenta trepando a
árboles contiguos) se utiliza el factor 1,6 para Abies alba, factor que es constante con
independencia del tamaño de la producción, pues la concentración de los conos cerca
del ápice del árbol hace que este método de recuento sea fiable. En el caso de Picea
abies el factor varía en función del promedio de conos contados por árbol; de 1 a 40
conos el factor es 1,4; de 41 a 70 conos es 1,8 y para más de 70 conos es 2,5
(Machaniček 1973). En el Reino Unido (con recuento desde el suelo) se utiliza un
factor de 4 para Pinus, Larix y Pseudotsuga, mientras que para especies que poseen
gran cantidad de conos pequeños lo habitual es tomar por ejemplo una décima parte
de la copa por un lado y utilizar un factor de 20 (Seal y otros 1965).
El número de árboles de muestra que se utiliza para el recuento de conos varía en
función del tamaño del rodal. En el Reino Unido se toman como muestra cinco árboles
en las fuentes pequeñas, inferiores a 0,5 ha, y la cifra va incrementándose
progresivamente hasta llegar a 20 árboles en las fuentes cuya superficie es superior a
4 ha (Seal y otros 1965). En Checoslovaquia se utiliza una serie de parcelas, en cada
una de las cuales se trepa a aproximadamente 5 árboles dominantes para examinar
otros 10–15 árboles contiguos (Machaniček 1973). En Tasmania se muestrean
extensas fuentes de semilla de eucalipto a razón de un árbol por hectárea (Turnbull
1975e).
Métodos de calificación de la fructificación
Los resultados de un recuento de conos o frutos se aplican al rodal y se expresan
como un valor numérico en una escala que va de la fructificación totalmente
malograda a los años de semilla excepcionalmente buenos (Morandini 1962, Turnbull
1975a). A base de experiencia puede ser posible definir criterios cuantitativos para
determinar si es económico recolectar, como por ejemplo en el caso de Pinus
sylvestris en el Reino Unido, para el que se especifica un mínimo de 25 árboles
semilleros por hectárea, cada uno de los cuales con un mínimo de 300–400 conos
(Seal y otros 1965). Respecto de coníferas de Arizona y Nuevo México, Schubert y
Pitcher (1973) definieron como árbol de “pocos” conos el que tenía de 1 a 20, de
“muchos” conos el que tenía de 21 a 160 y árbol “cargado” el que tenía más de 160
conos. Es evidente que las clasificaciones cuantitativas de este tipo varían muy
considerablemente en función de la especie, la procedencia y las condiciones del
lugar.
Es más frecuente utilizar puntuaciones cualitativas basadas en la experiencia del que
efectúa la evaluación. En Wáshington y Oregón (1982) se utilizan cinco calificaciones,
que son las siguientes:
EXPLICACION DE LAS CALIFICACIONES
Arboles distintos del abeto auténtico:
Buena fructificación en toda la copa visible de la mayoría de
5 Abundante -
los árboles.
Fructificación entre buena y mediana en 3/4 de la copa visible
4 Mediana -
en la mayoría de los árboles.
Fructificación entre buena y razonable en 1/2 de la copa visible
3 Escasa -
de la mitad de los árboles.
2 Muy escasa - Algunos conos en algunos árboles.
De ningún cono a algunos conos dispersos en algunos
1 Malograda -
árboles.
Abeto auténtico: (tercio superior de la copa)
Buena fructificación en la mayoría de las ramas superiores de
5 Abundante -
la mayoría de los árboles.
Fructificación de buena a mediana en la mayoría de los
4 Mediana -
árboles.
3 Escasa - Pocos conos en muchos árboles.
2 Muy escasa - Pocos conos en árboles dispersos.
1 Malograda - Inexistente.
Una calificación de 4 ó 5 indica buenas perspectivas para todos los recolectores.
Una calificación de 3 significa posibilidades para los recolectores más
experimentados.
Una calificación de 1 ó 2 indica malas perspectivas para todos los recolectores.
Todos los años los servicios forestales de estos estados publican estimaciones
promediadas de las calificaciones de la fructificación por especies y zonas
geográficas, para que puedan utilizarlas recolectores particulares. Esas estimaciones
se basan en el estudio de una serie de rodales distintos, y luego se expresa el
promedio de cada zona en cifras con un decimal. Por ejemplo en 1972, que fue un
año malo, la mejor calificación fue de 2,5 para Tsuga heterophylla en la Western
Cascade de Oregón, mientras que se registró 1,0 o fructificación totalmente
malograda para algunas especies en más de una zona.
En Tanzanzía se utiliza una escala de cuatro clases, y las estimaciones de la
fructificación se efectúan dos veces al año, una en la floración y la otra alrededor de
un mes antes de la recolección (Pleva 1973). Esas clases son las siguientes:
0 - no hay fructificación. Arboles sin flores y frutos.
1 - fructificación escasa. Floración y fructificación de tamaño medio en árboles
de crecimiento libre y árboles en las márgenes libres de los rodales.
2 - fructificación de tamaño medio. Floración y excelente fructificación en
árboles de crecimiento libre y en las márgenes libres de los rodales; en los
árboles situados dentro de los rodales, fructificación en la parte superior de
la copa.
fructificación excelente. Floración y excelente fructificación en la mayoría
3 -
de los árboles.
En Suecia vienen efectuándose desde hace más o menos 80 años predicciones
anuales de la germinabilidad de los conos y semillas de Pinus sylvestris y Picea abies.
Las estimaciones se ofrecen por separado para las distintas combinaciones de latitud
(en segmentos de 1°) y altitud (en segmentos de 100 m) (Simak y Remröd 1976).
Estimación del contenido de semillas completas por el procedimiento
de corte
Los métodos que se describen supra ofrecen una estimación de la cantidad de conos
o frutos. Es necesario relacionar esa estimación con la producción de semillas
examinando el contenido de una muestra de los frutos. Es posible que los frutos
lleguen normalmente a la madurez con independencia de que sean uno o cien los
óvulos de su interior que se han fecundado satisfactoriamente y han tenido un
desarrollo normal; en las especies partenocárpicas los frutos pueden madurar sin
contener ni una sola semilla viable. Por consiguiente, el número de frutos no siempre
es una buena guía para conocer el número de semillas.
El método que se recomienda generalmente consiste en cortar a lo largo los conos o
frutos y contar el número de semillas que son visibles en una de las superficies
(Morandini 1962, Seal y otros 1965, Stein y otros 1974). Existen cuchillos
específicamente ideados para ese fin. En el caso de los pinos meridionales de los
Estados Unidos (Wakeley 1954), se ha recomendado que se tomen una o dos
muestras de conos de un árbol de cada 20 a 100 de una zona, mientras que en el
Reino Unido (Seal y otros 1965) se recomiendan 5 ó 10 conos de un árbol de cada
diez. Sólo deben contarse las semillas normales. No se incluyen las semillas
subdesarrolladas que suelen aparecer en la parte superior y la base de los conos
(Stein y otros 1974). El número de semillas completas contadas que indica una buena
producción varía según la especie; por ejemplo, 6 o más indica una buena producción
en Pseudotsuga, mientras que en Picea sitchensishacen falta para ello 14 o más
(Douglass 1969, Stein y otros 1974). En el caso de algunas especies se conoce la
relación entre el número total de semillas completas por cono y el número de semillas
completas visibles en la superficie de corte; por ejemplo, en Pseudotsuga de la parte
occidental de los Estados Unidos se ha de multiplicar por un factor de 4 ó 5
(Greathouse 1966).
En el caso de muchas especies tropicales se desconoce el número de semillas que
porta por término medio cada fruto, y es necesario establecerlo bajo las condiciones
locales; varía desde una semilla por fruto, como por ejemplo en la mayoría de las
dipterocarpáceas, hasta varios centenares por fruto en Anthocephalus. En los frutos
polispermos es probable que el número de semillas que se desarrollan varíe en
función del clima, la fertilidad del suelo y la edad de los árboles progenitores. Las
primeras fructificaciones de los árboles jóvenes contienen casi siempre menos
semillas viables por fruto que las de esos mismos árboles cuando han alcanzado la
plena madurez.
El examen de una muestra de semillas en el fruto sirve también para indicar la fase de
desarrollo o madurez de las semillas (véase la sección siguiente) y la incidencia de
daños debidos a plagas o enfermedades.
La decisión definitiva sobre si la fructificación es lo suficientemente abundante para
justificar su recolección en un año determinado ha de depender tanto de la calificación
de la cantidad de frutos o conos como de los resultados de la determinación del
contenido de semillas completas mediante el procedimiento de corte. En el Apéndice
1C11 figura un ejemplo de un formulario en el que se recogen, combinadas, estas dos
evaluaciones.
Determinación de las fechas de recolección idóneas
En los trópicos, algunas especies portan semillas maduras en todas las épocas del
año. Pero incluso en esos casos suele existir un período de máxima producción de
semilla, período en el que la recolección será más barata y más alta la calidad de la
semilla. En otras especies, y especialmente en la zona templada, con su marcada
diferencia entre verano e invierno, la semilla madura se da sólo durante un período
limitado, por lo general en otoño. En el caso de muchas especies se dispone de una
buena información sobre las fechas, por término medio, de la estación semillera, pero
es posible que esos promedios no sean lo bastante exactos para planificar la
recolección en un año determinado. El período que media entre la maduración de la
semilla y su dispersión suele ser corto, mientras que los efectos del clima en un año
determinado pueden hacer que las fechas de la fructificación se alejen en varias
semanas del promedio. En la zona templada, una primavera temprana y un verano
seco pueden hacer que la semilla madure muy pronto, y los vientos fuertes y secos
producen una dispersión rápida de las semillas maduras. El tiempo fresco y húmedo,
en cambio, puede retrasar en semanas o meses la maduración y la dispersión (Stein y
otros 1974). En los trópicos secos se producen variaciones anuales parecidas en
cuanto a las fechas de comienzo de la estación seca y de las lluvias. Por
consiguiente, es necesario comprobar cada año el calendario correcto de la
recolección examinando la cosecha misma.
El reconocimiento del tamaño de la producción de semilla, que se efectúa 1 ó 2 meses
antes de la recolección tal como se ha descrito en las páginas 44–45, ofrece también
algunas indicaciones sobre la manera en que están madurando las semillas. Las
conclusiones de ese examen han de ser dobles, como por ejemplo: "Rodales A, B y
C: Producción muy escasa, no merece la pena recolectar este año. “Rodales X, Y y Z:
Buena producción, las semillas estarán maduras probablemente en cuatro semanas”.
No obstante, en el momento de la recolección se debe efectuar una última
comprobación del estado de maduración de las semillas.
Los trópicos húmedos presentan problemas especiales, pues los efectos de
estacionalidad suelen ser sutiles, cuando existen, y no se conoce con seguridad el
período de máxima producción de semillas. Tras detectar la floración en un rodal del
que se desea recolectar semilla, es importante efectuar reconocimientos periódicos
para comprobar el avance de la maduración del fruto. Un calendario eficiente de
reconocimiento exige conocer con anterioridad el tiempo que transcurre entre la
antesis (apertura de la flor/polinización) y la madurez del fruto. En los árboles de
Malasia, el período que transcurre entre la antesis y la madurez del fruto oscila entre 3
semanas en Pterocymbium javanicum y 11 meses en Diospyros maingayi (Ng y Loh
1974). En el castaño de Pará, Bertholletia excelsa, que es una planta exótica, el
período es de 15–16 meses (Lambourne 1930). En Malasia se recomienda que, si el
período de maduración es de X semanas, se compruebe el desarrollo de la cosecha a
las semanas 1/2 X y 3/4 X después de la floración. Cuando se establece un calendario
fijo y arbitrario, como por ejemplo una vez al mes, el resultado es que el recolector
llega demasiado tarde para los frutos de maduración rápida, como Pterocymbium
javanicum, y por el contrario malgasta esfuerzos en el caso de los frutos de
maduración lenta como la castaña de Pará o nuez del Brasil.
Aparte del caso excepcional de la recolección deliberada de semillas no maduras (que
se examina infra), los recolectores han de ser capaces de programar su trabajo de
manera que la recolección coincida con el período en el que la semilla (pero no
necesariamente el fruto) está totalmente madura pero aún no ha empezado a
dispersarse debido a la dehiscencia del fruto o al consumo de éste por animales. Para
conseguir este fin los recolectores deben ser capaces de distinguir la semilla madura
de la que no lo está. Para reconocer la madurez de la semilla se han utilizado varios
métodos distintos. Ninguno de ellos funciona a la perfección en todas las especies, y
se precisa una amplia experiencia o investigación para determinar cuál es el método o
combinación de métodos que mejor conviene a una especie hasta entonces
desconocida en este aspecto. Los métodos pueden dividirse en los que son de
aplicación directa en el campo y los que precisan equipo de laboratorio. Estos útlimos
pueden ser de utilidad para comprobar los métodos que se emplean sobre el terreno,
pero es poco probable que le resulten de utilidad práctica al recolector a menos que el
lugar de recolección esté próximo al laboratorio, como puede ocurrir en algunos
huertos semilleros.
Métodos de laboratorio
a) Peso en seco. La forma más generalmente aceptada de medir la madurez consiste
en comprobar cuál es el momento en el que la semilla alcanza su máximo peso en
seco, punto que se denomina madurez fisiológica. Esto significa que han dejado de
pasar nutrientes desde el árbol padre hasta la semilla (Harrington 1972). El máximo
peso en fresco no indica madurez fisiológica, pues la semilla en maduración empieza
a perder agua cuando todavía se están acumulando nutrientes y no han finalizado los
procesos bioquímicos.
Pueden efectuarse determinaciones repetidas del peso en seco de una serie de
muestras de semilla y después extrapolarse los resultados al resto de la producción,
pero este método es lento y por ello se utiliza muy poco.
b) Análisis químico. En el proceso de maduración de la semilla se producen cambios
bioquímicos, aunque es relativamente poco lo que sabemos de este aspecto en la
mayoría de las especies. Respecto de algunas de ellas se han determinado índices
químicos de la madurez de la semilla; por ejemplo, los mejores índices químicos
para Fraxinus pennsylvanica son el contenido de grasa cruda y el de nitrógeno
proteínico, que aumentan en cinco y cuatro veces respectivamente desde la
inmadurez hasta la madurez fisiológica. Pero estos índices no presentan ventaja
alguna sobre el examen del embrión y el cambio de color del fruto, y no parece que
esté justificada la molestia adicional de tener que realizar los análisis (Bonner 1973b).
Rediske (1969) comprobó que las semillas de Pseudotsuga estaban fisiológicamente
maduras cuando el contenido de azúcares reductores descendía a 14 mg/g.
c) Radiografía con rayos X. El examen del desarrollo del embrión y el endosperma de
las semillas de la muestra por medio de radiografías de rayos X es un método rápido y
relativamente directo de evaluar la madurez de la semilla, siempre que se disponga de
medios adecuados y personal técnico calificado (Turnbull 1975a). La técnica se ha
utilizado con éxito en Tectona(Kamra 1973) y en otras varias especies tropicales
(Kamra 1974), así como en especies de la zona templada como Pinus strobus (Wang
1973). Presenta el inconveniente de que exige un equipo relativamente costoso y de
que la fiabilidad de los resultados depende mucho del juicio del analista (Turnbull
1975a).
d) Contenido de humedad de los frutos. En muchas especies los conos y frutos en
maduración pierden agua, fenómeno que está íntimamente relacionado con la
madurez de la semilla. Las semillas de Picea glauca se consideran maduras cuando
su contenido de humedad es inferior al 48 por ciento (Cram y Worden 1957), en Larix
decidua al 25–30 por ciento (Messer 1963, 1966) y en Pinus sylvestris cuando
desciende al 43–45 por ciento (peso en fresco) (Schmidt-Vogt 1962, Remröd y
Alfjorden 1973). No obstante, la determinación del contenido de humedad mediante
secado en una estufa presenta el mismo inconveniente de lentitud que la
determinación del peso en seco.
Métodos sobre el terreno
e) Peso específico de los frutos. Del mismo modo que el contenido de humedad de los
frutos y conos desciende con la maduración, así lo hace también el peso específico o
densidad, es decir la relación entre unidad de peso y unidad de volumen. A diferencia
del contenido de humedad, no es demasiado difícil determinar el peso específico
aproximado en el campo, mediante la flotación de la semilla en líquidos cuyo peso
específico se conoce. Se han establecido los valores de peso específico que tienen
los conos maduros de varias especies coníferas, y así el cono que se va a examinar
se coloca en un líquido en el que flotará si está maduro y se hundirá si no lo está
(Stein y otros 1974). Para preparar estos líquidos de flotación, con su peso específico
designado, se han utilizado diversas mezclas de queroseno (PE = 0,80), aceite fluido
para motores del tipo SAE 20 (PE = 0,88) y aceite de linaza (PE = 0,93). Los ensayos
deben efectuarse nada más recoger los conos del árbol. Los índices de peso
específico han resultado fiables en algunas coníferas de la zona templada, como por
ejemplo un PE de 0,74 en Picea glauca (Cram y Worden 1957), pero no en el caso de
varias frondosas meridionales de los Estados Unidos (Bonner 1972).
f) Examen del contenido de semillas. El examen del contenido de semillas que se
hace visible al cortar a lo largo los frutos o conos puede ser un método fiables y
sencillo de valorar la madurez de las semillas siempre que el operario posea
experiencia. Casi todos los embriones y endospermas pasan por una fase inmadura,
de aspecto “lechoso”, a la que sigue otra fase en la que el tejido cobra más firmeza y
tiene aspecto de “masa”. Las semillas maduras poseen un endosperma blanco y firme
(cuando existe) y un embrión firme y plenamente desarrollado (Turnbull 1975a).
g) Color de los frutos o conos. Los cambios de color que experimenta el fruto o cono
constituyen un criterio sencillo y en algunas especies fiable para determinar la
madurez de la semilla, pero el operario debe tener experiencia sobre las
características de la especie de que se trate. Tiene en común con el método basado
en el peso específico que no comporta la destrucción de las semillas de la muestra
que se examina. El cambio consiste por lo general en pasar del verde del fruto o cono
inmaduro a diversos tonos de amarillo, pardo o gris, y puede estar acompañado de
endurecimiento de las escamas del cono o del pericarpo en los frutos dehiscentes o
leñosos. Como la semilla madura normalmente antes que el fruto, en algunas
especies es aconsejable programar la recolección para las primeras fases, mejor que
las últimas, del cambio de color. En varias frondosas meridionales de los Estados
Unidos se comprobó que el cambio de color era el indicador más fiable de la madurez
desde el punto de vista de la práctica general (Bonner 1972). Este método ha arrojado
también buenos resultados en algunas coníferas de la zona templada. En Malasia,
Tamari (1976) comprobó que los mejores resultados se obtenían recolectando los
frutos de dipterocarpáceas cuando las alas se habían vuelto pardas pero antes de que
cambiara de color el fruto propiamente dicho.
En Tailandia se utiliza el color de los conos como una guía para determinar el
momento óptimo de recolección de los pinos, pero con diferencias según las especies.
En Pinus kesiya la recolección se inicia cuando los conos se han endurecido y el color
está pasando de verde a pardo en proporciones de 50:50. En Pinus merkusii el
momento óptimo de recolección es cuando la mayoría de los conos tienen un color
parduzco y algunos han empezado a abrirse (Granhof 1975). Ensayos efectuados con
la procedencia Zambales (Filipinas) de P. merkusii han demostrado no sólo que la
extracción es una operación mucho más larga y costosa cuando el cono tiene color
verde que cuando lo tiene pardo, sino también que en el primer caso la semilla
extraída tiene una tasa de germinación inferior (Gordon y otros 1972). La experiencia
habida con P. caribaea en Honduras es parecida (Robbins 1983a).
La abscisión y caída de los frutos suele ser un signo de madurez de éstos, por lo que
podría suponerse que indica también un alto contenido de semillas viables y maduras.
Pero no siempre ocurre así. Las primeras semillas de los frutos que caen de manera
natural suelen ser de escasa calidad (Morandini 1962), en cuyo caso es aconsejable
rechazarlas y postponer la recolección hasta el momento cumbre y la segunda mitad
del período. En Tailandia, los frutos de Tectona grandis empiezan a caer en marzo,
pero las observaciones efectuadas han demostrado que los frutos más viables son los
últimos en caer, de manera que se recomienda no empezar la recolección antes de
abril (Hedegart 1975). Los primeros frutos de especies dipterocarpáceas que caen al
madurar suelen ser defectuosos, y la recolección debe postponerse hasta que ha
caído la mayor parte de los frutos (Seeber y Agpaoa 1976).
Recolección de semillas inmaduras
Lo habitual es recolectar las semillas cuando están maduras, pues poseen más
energía germinativa y son más longevas en condiciones de almacenamiento que las
inmaduras. Pero existe también la posibilidad de recolectar los frutos antes de su
maduración y almacenarlos en condiciones relativamente frescas y bien ventiladas, lo
que permite la postmaduración de las semillas dentro del fruto. Este método ha dado
resultados prometedores al nivel de investigación en varias especies.
Hay varias razones que justifican el interés en desarrollar técnicas de maduración
artificial (Turnbull 1975a). Son las siguientes:
ampliar la temporada de recolección. El breve período que transcurre entre la
madurez de la semilla y su dispersión puede ejercer una presión excesiva
sobre la disponibilidad de fuerza de trabajo estacional, y en algunas zonas esta
situación puede verse agravada por unas condiciones climatológicas
desfavorables durante el período de recolección. La prolongación del tiempo
de que se dispone para recolectar permite organizar mejor las operaciones y
hace posible que el personal capacitado recoja una mayor proporción de la
cosecha. Puede ser especialmente valioso en el ámbito de la investigación, en
el que hay que recolectar muchos lotes de semilla en lugares muy alejados
entre sí. Griffin (1974) utilizó la técnica en su estudio sobre procedencias del
abeto de Douglas.
evitar los daños que causan a la cosecha de semilla los insectos y otras
plagas. Es frecuente que los insectos, las aves, los roedores y otras plagas
dañen o destruyan las semillas y frutos cuando han llegado a la madurez. La
recolección temprana puede ser una manera de evitar esas pérdidas. El daño y
el deterioro que sufren las semillas suelen ser más graves durante el período
en que están en el suelo del bosque que durante cualquier otra fase de su
vida; toda reducción de ese período mejorará su viabilidad ulterior y su
longevidad en condiciones de almacenamiento.
aprovechar semillas inmaduras recolectadas por inadvertencia. Los
recolectores de semilla no capacitados suelen empezar a recoger los frutos y
conos en un momento del año demasiado temprano, antes de que estén
plenamente maduros. La maduración artificial es una forma de manipular ese
material.
El desarrollo de técnicas para la postmaduración de semillas inmaduras exigirá más
investigación antes de que esas técnicas puedan aplicarse a una amplia gama de
especies. No obstante, cuando existe un problema de dispersión rápida de las
semillas o de plagas, y siempre que pueda establecerse cuál es el momento más
temprano en que se pueden recolectar sin peligro los frutos inmaduros, esas técnicas
pueden ser muy beneficiosas. En las páginas 133–134 se mencionan algunos
ejemplos positivos.
Determinación de los árboles en que se va a recolectar
Si cabe partir de que el recolector de semilla ha recibido unas instrucciones claras del
usuario en cuanto a las especies y procedencias que debe recolectar, y en algunos
casos sobre los rodales en que debe hacerlo, sigue siendo sin embargo su
responsabilidad seleccionar los árboles concretos en que va a llevar a cabo la
recolección. Los criterios serán considerablemente distintos según se trate de
recolecciones en gran escala para proyectos de forestación o de recolecciones en
pequeña escala con fines de investigación.
La identificación de especies no presenta problemas en las plantaciones
monoespecíficas, pero es esencial y puede ser difícil en el bosque natural mixto,
especialmente cuando aparecen mezcladas especies muy parecidas del mismo
género, como sucede con los pinos en México y Centroamérica, los eucaliptos en
Australia y las dipterocarpáceas en Asia sudoriental. A menos que la identificación sea
segura, muchas veces es aconsejable recolectar, además de semillas, especímenes
de herbario.
Recolecciones en gran escala
En las recolecciones en gran escala se hace más hincapié en recoger la mayor
cantidad de semilla posible, y de la manera más rápida y barata posible, que en la
selección muy cuidadosa de los árboles padres. No obstante, es esencial que no se
recojan semillas de fenotipos muy pobres ni semilla vacías o no viables. Stein y otros
(1974) han enumerado unas directrices básicas, en las que se basan las
recomendaciones siguientes:
1. Recolectar sólo en árboles sanos y vigorosos, de forma razonablemente buena
y que estén creciendo conforme al promedio o mejor.
2. En lo posible, recolectar en árboles maduros o casi maduros. Deben evitarse
los árboles extramaduros, pues sus semillas pueden ser poco viables.
3. Evitar los árboles aislados de especies naturalmente alógamas, pues es
probable que se trate de árboles autopolinizados. Suelen tener pocas semillas,
y además de escasa viabilidad, y las plántulas obtenidas son con frecuencia
débiles o presentan malformaciones.
4. Evitar recolectar en rodales que contengan numerosos árboles de porte
deficiente, excesivamente ramosos, pálidos, anormales o enfermos.
Muchas veces será necesario hallar una solución de transacción entre la producción
de semilla y el aspecto fenotípico. No debe recogerse la semilla de los árboles de
ramificación demasiado tosca y vigorosa, los llamados árboles “alfarrazadores”,
aunque suelen producir gran cantidad de semillas, mientras que los árboles cuyo
porte es excepcionalmente bueno tienen a veces tan poca semilla que no justifican el
trabajo de recolección. La mayor parte de la semilla ha de recolectarse en árboles que
“respondan al promedio o lo superen” tanto en su porte como en su producción
semillera.
Aunque se han efectuado pocos estudios sobre la biología reproductiva de los árboles
tropicales, la aparición de algunas especies en densidades muy bajas (inferiores a un
árbol por km2) sugiere que son especies de autopolinización natural. La recolección de
semillas de esos árboles carece de los problemas que plantea la recolección de
árboles aislados de especies con alogamia natural.
Recolecciones en pequeña escala con fines de investigación
En las recolecciones que se efectúan en pequeña escala con fines de investigación, la
selección de los árboles dependerá de los objetivos concretos de la investigación
proyectada. En muchos países se está prestando actualmente mucha atención a la
investigación de procedencias. El asesoramiento de la IUFRO sobre recolecciones de
semillas de procedencias comprende las recomendaciones siguientes en cuanto a la
selección de los árboles (FAO 1969):
1. Recolectar en árboles no peores que dominantes y codominantes de calidad
media, pertenecientes mejor a rodales “normales” que a rodales “excelentes”.
Las semillas de fenotipos superiores, si se recolectan, deben mantenerse
separadas del resto.
2. Recolectar en un mínimo de 10 árboles de cada rodal, y preferiblemente entre
25 y 50. Si el rodal es muy variable, incrementar el número de árboles.
Registrar el número de árboles y el porcentaje aproximado que representan
respecto del total del rodal.
3. Los árboles semilleros deben estar separados entre sí al menos por la
distancia de caída de las semillas. En el caso de Pseudotsuga se ha adoptado
una distancia de 100 m. Con ello se pretende reducir el riesgo de recolectar en
padres medio hermanos. En Australia se utiliza como norma práctica general
una distancia mínima que es el doble de la altura del árbol (Boland y otros
1980).
4. Se debe marcar los árboles en los que se recolecta.
5. Se debe recolectar igual número de conos, frutos o semillas por árbol.
6. En las recolecciones normales de procedencias de primera fase, pueden
mezclarse las semillas de los distintos árboles. Si se van a efectuar estudios
especiales sobre genotipos individuales, entonces deben mantenerse
separadas las semillas de cada árbol.
Recolecciones de un único árbol
A los ingenieros forestales no les interesan únicamente las variaciones entre
poblaciones y procedencias, sino también las variaciones que se dan dentro de ellas.
En el caso de las plantas exóticas, un enfoque que pueden utilizar los países
introductores consiste en estudiar en primer lugar las diferencias entre procedencias
bajo las condiciones locales para investigar después en una fase posterior, cuando se
han identificado las procedencias mejor adaptadas localmente, la variación entre
individuos en las mejores procedencias por medio de ensayos de progenie. Cuando la
semilla se recolecta para realizar ensayos de progenie, es esencial mantener
separadas las semillas de los distintos árboles en todas las fases de recolección,
transporte, procesamiento, vivero y plantación en el campo.
La conservación de la identidad de árboles individuales en las fases de recolección y
extracción suele exigir un esfuerzo considerablemente mayor que cuando se junta
toda la semilla recolectada. Si ese esfuerzo se realiza, entonces se obtienen algunos
beneficios, que para Turnbull (1975b) son los siguientes:
Permite el estudio biosistemático de la variación genética dentro de las
poblaciones y entre ellas. McElwee (1969) afirma que las semillas
recolectadas deben mantenerse separadas por árboles a lo largo de todo el
proceso que va desde la recolección hasta la plantación, pues la combinación
de semillas dentro de un rodal es negativa para los ensayos de procedencias,
ya que impide distinguir entre fuente de semillas y variación individual. No
obstante, en los ensayos de procedencia muy amplios, en los que intervienen
muchos árboles distintos, es posible que el investigador no disponga de
recursos suficientes para conservar la identidad de los padres.
Cuando la semilla se va a juntar antes de sembrarla, se puede manipular la
combinación de procedencias para que haya igual cantidad de semilla viable
de cada árbol.
No siempre es posible detectar en el campo los árboles que producen semillas
híbridas. Así ocurre especialmente en el caso de los eucaliptos. Por eso, si los
lotes de semilla se guardan por separado, después de la multiplicación de
pequeñas muestras de cada árbol, puede eliminarse todo indicio de hibridación
antes de establecer el ensayo principal.
Recolecciones monoclónicas
Cuando se recolecta en huertos semilleros clonales, la unidad de identidad que hay
que mantener separada suele ser no el ramet individual, sino el clon. En Zimbabwe se
ha seguido durante muchos años la práctica de mantener separados los distintos lotes
de semillas clonales, y se considera que ello justifica sobradamente los costos y
esfuerzos extraordinarios a que ello obliga en comparación con las recolecciones de
huertos a granel. Esas ventajas pueden resumirse de la manera siguiente:
a. El mantenimiento de identidades clonales individuales en todas las fases,
desde la recolección hasta el almacenamiento, permite actuar en el mínimo
plazo sobre la mayor parte de la información a medida que se dispone de ésta.
La necesidad de adoptar medidas con rapidez se plantea sobre todo cuando
es preciso expurgar y cuando se manifiesta una vulnerabilidad a plagas o
enfermedades, de manera que puedan aislarse o descartarse los lotes de
semilla no deseados.
b. Pueden prepararse y suministrarse lotes de semilla que resulten idóneos para
lugares específicos, haciendo uso para ello de la información más reciente que
sobre la interacción genotipo/medio ambiente facilitan los análisis de
determinación de la progenie.
c. Junto con b) supra, y utilizando los resultados de los ensayos de cada clon,
pueden preparse lotes de semilla compuestos de manera que en el material de
plantación final exista una representación igual de los distintos clones, con lo
que se evitan los efectos dominantes que algunos clones suelen tener en los
lotes de semilla a granel.
d. En general, aumenta el número de opciones de que dispone el usuario.
Recolecciones con fines de conservación
Se efectúan también recolecciones para intentar conservar el acervo génico ex
situ como semillas almacenadas a largo plazo o en rodales de conservación
plantados. Como nos falta mucho para tener un conocimiento exacto de las
frecuencias génicas en las poblaciones indígenas, la recolección con fines de
conservación genética ha de basarse principalmente en el sentido común. Es
probable que sean apropiados métodos parecidos a los que se emplean en las
recolecciones de procedencias, con las excepciones siguientes:
1. Debe tomarse como muestra un número algo mayor de árboles por conjunto
génico. Las estimaciones oscilan entre 50 y 100 (por ejemplo, Nikles 1974,
Marshall y Brown 1974).
2. La muestra debe ser estrictamente aleatoria y debe incluir tanto árboles
inferiores al promedio como superiores al promedio, a fin de captar en la mayor
medida posible toda la variación genética. La única restricción a este principio
es la imposibilidad de incluir en la muestra los árboles que no están
produciendo semilla.
3. Otra medida para asegurar la mayor diversidad genética posible dentro de las
semillas recolectadas consiste en recolectar en un año superior al promedio.
Cuanto mejor sea el año de semilla, tanto mejor será la representación de
progenitores masculinos que aportan polen, así como de progenitores
femeninos que suministran semilla.
4. La cantidad de semilla que se va a recolectar de cada procedencia será por lo
general mayor, pues la superficie que se recomienda para los rodales de
conservación, 10 ha, es mucho mayor que la superficie total dedicada a una
sola procedencia en un único ensayo de procedencias.
Acopio de los recursos necesarios para la recolección
Una parte de la planificación consiste en hacer acopio, en el momento adecuado, de
información clara sobre la naturaleza y magnitud de las tareas de recolección: número
de especies y procedencias, cantidades de semilla, ubicación de los rodales, fechas
idóneas para recolectar, etc., tal como se han descrito supra. La otra parte consiste en
seleccionar y acopiar los recursos necesarios para llevar a cabo ese trabajo. En los
capítulos siguientes se ofrecen detalles sobre los diversos recursos que pueden
resultar útiles. Durante la fase de planificación, el director de las operaciones de
recolección ha de comprobar los preparativos para el trabajo sobre el terreno en los
aspectos siguientes:
1. Organización de los equipos de recolección. El producto de los equipos de
recolección, conocido o estimado, ha de ponerse en relación con la cantidad
de semilla, el número de rodales y la duración de la estación, a fin de
determinar el número y tamaño de los equipos que se requiere. Por ejemplo,
en Tailandia un solo equipo puede recolectar en 30 días procedencias
de Pinus kesiya por un total de 3 000 kg de conos en 16 rodales (Granhof
1975). Si se estima que la estación completa dura 45 días y la demanda total
es de 9 000 kg de conos de esos mismos 16 rodales, se necesitarán dos
equipos para llevar a cabo el trabajo. Cuando se puede planificar con
antelación suficiente, existe la posibilidad de capacitar, en caso necesario, a
otros trepadores. Es conveniente que entre el personal permanente haya al
menos un trepador, que pueda responsabilizarse de cuidar el equipo necesario
para trepar a los árboles y de capacitar a nuevos trepadores temporales. En el
campo debe organizarse a los trepadores en equipos pequeños, con un
capataz al frente de cada uno de ellos. En Honduras se ha llegado a la
conclusión de que un equipo de seis parejas (un trepador y un ayudante u
operario de sujeción en el suelo por cada pareja) es un tamaño adecuado
(Robbins y otros 1981).
2. Organización del transporte. Los equipos de recolección han de reducir al
mínimo el tiempo que emplean en trasladarse de un punto al siguiente. Se
debe disponer de medios de transporte en el lugar y el momento necesarios. Si
fuera preciso, se pueden alquilar temporalmente otros vehículos. En las zonas
que carecen de carreteras es posible que haya que organizar con antelación el
empleo de un mayor número de trabajadores no calificados para que ayuden a
transportar el equipo, las tiendas, etc.
3. Organización del equipo. La elección del equipo varía considerablemente en
función de las condiciones locales. Cuanto más escarpado y menos accesible
sea el terreno, tanto más sencillo y ligero ha de ser el equipo. En grandes
huertos semilleros situados en tierras llanas puede ser adecuado un equipo
sumamente mecanizado, como sacudidoras de árboles o plataformas
mecánicas, pero cuando hay que recolectar en rodales naturales situados a 4–
6 horas de camino de la carretera más próxima el único equipo práctico es en
cambio el equipo ligero y portátil (Granhof 1975). Aparte de las herramientas
de recolección, el equipo debe comprender ropa de seguridad, equipo de
primeros auxilios y gran cantidad de bolsas y sacos.
4. Organización de los registros. El registro y el etiquetado meticulosos son
esenciales en toda buena recolección. Con antelación suficiente, deben
diseñarse, e imprimirse en cantidad suficiente, las etiquetas y los formularios
necesarios (Sompherm 1975a). Pueden encontrarse ejemplos en el Apéndice
1.
5. Organización de las autorizaciones. Normalmente no se requieren
autorizaciones cuando se trata de servicios forestales que recolectan en
reservas forestales públicas, pero puede ser necesario solicitar permiso
cuando se recolecta en propiedades privadas, parques nacionales y reservas
especiales o en un país extranjero. Aun cuando no se precise una autorización
oficial, suele ser aconsejable informar por adelantado a las comunidades
locales sobre las operaciones que se van a llevar a cabo.
6. Organización de la extracción de la semilla. Es posible que sea necesario
prever el rápido traslado de los frutos desde el lugar de recolección hasta el
centro de extracción, lo que obliga a organizar por anticipado el transporte. El
personal del centro de extracción debe ser informado sobre el momento en que
van a llegar los frutos. Si está previsto someter a los frutos a un secado
preliminar al sol en el bosque, se necesitarán piezas grandes de polietileno o
lonas alquitranadas.
En el Apéndice 5 figura un ejemplo de la logística de la recolección de semilla
de Pinus caribaea.
Consideraciones especiales en caso de expediciones
internacionales
Algunas especies son en la actualidad más importantes como árboles de plantación
en situaciones exóticas que en los países de origen. Como ejemplos cabe
citar Gmelina arborea, Pinus radiata, muchos pinos tropicales y subtropicales y
muchos eucaliptos. Cuando la distribución natural de esas especies se extiende por
varios países distintos y son muchos los países introductores que solicitan semilla de
ellos, la acción internacional puede ser la manera más eficaz de organizar la
recolección y distribución de la semilla. Asi ocurre especialmente en el caso de
recolecciones con fines de ensayos de procedencias y de establecimiento de rodales
de conservación, rodales semilleros y plantaciones experimentales ex situ, para los
que no se precisan más que cantidades pequeñas o moderadas de semilla pero en
los que los orígenes han de estar identificados con precisión y documentados
plenamente. Ejemplos de recolecciones internacionales de este tipo son las que
organiza la IUFRO respecto de coníferas de la parte occidental de Norteamérica
(Fletcher y Barner 1978), el CFI de Oxford respecto de pinos y frondosas de
Centroamérica y el Centro de Semillas Forestales de DANIDA respecto
de Tectona y Gmelina.
Kemp (1975b, 1976) ha descrito los problemas de la recolección de semillas que se
acentúan en el contexto internacional. Se trata especialmente de la dificultad de
obtener por anticipado información precisa sobre la que basar el plan pormenorizado
de operaciones, así como los problemas que plantean cruzar fronteras
internacionales, las normas aduaneras, las diferencias lingüísticas y otros parecidos.
Existen muchas incertidumbres en materia de acceso, viajes y transporte del material
que posiblemente sólo se pueden resolver cuando la recolección está efectivamente
en marcha. Así ocurre de manera particular en muchos países tropicales, en los que
puede que la información que se precisa sobre la distribución natural, variabilidad,
épocas de floración y fructificación, etc. de las especies de que se trate sea
incompleta o incluso del todo inexistente. Al mismo tiempo que dificulta la planificación
pormenorizada de las operaciones, esto obliga a tener en cuenta, de manera pausada
y cuidadosa, las muchas situaciones posibles que pueden darse en la realidad y a
preparar planes sobre imprevistos para hacer frente a esas situaciones, así como a
contemplar las posibles emergencias que puedan surgir. A continuación se examinan
brevemente algunos aspectos concretos que han de tenerse en cuenta en la
expendiciones internacionales.
1) Objetivos. Como las expediciones internacionales suelen realizarse en nombre de
muchos países, es posible que se trate de conseguir varios objetivos distintos al
mismo tiempo, como recolectar semilla para ensayos de procedencias, semilla a
granel para grandes plantaciones de determinadas fuentes, fenotipos individuales, etc.
Aunque las expediciones en las que se dedica mucho tiempo a viajar de unas zonas a
otras distantes son muy costosas y por lo tanto deben aprovecharse al máximo para
satisfacer necesidades distintas, es posible que esas necesidades sean hasta cierto
punto contrapuestas. Como el tiempo de que se dispone para la recolección es
siempre limitado, es posible que haya que elegir entre pasar más tiempo en un lugar
concreto, para tomar muestras detalladas o para recolectar a granel, y cubrir más
lugares con más rapidez. Por esta razón, los objectivos han de definirse claramente
por anticipado, y ha de establecerse un orden de prioridades para el caso de que sea
necesario elegir entre ellos.
2) Normativas locales. Casi todos los países poseen una normativa sobre la
recolección, exportación, introducción y, en ocasiones, circulación de semilla. Es
posible que se precisen autorizaciones oficiales para alguno de esos procedimientos,
y la no obtención de los documentos necesarios puede retrasar gravemente las
operaciones corrientes y poner en peligro la recolección futura por parte de equipos
internacionales. Análogamente, es posible que el personal de la expedición necesite
documentos personales, como visados de entrada, permisos de trabajo y certificados
sanitarios internacionales. En algunos casos el equipo puede estar también sujeto a
restricciones de importación, especialmente cuando se van a utilizar armas de fuego
y, tal vez, radios del tipo “walkie-talkie”.
3) Participación de personal local. Las expediciones internacionales pueden
beneficiarse enormemente de la participación activa de personal local. Este puede
ayudar a interpretar los datos, y su conocimiento de la geografía y las costumbres
locales puede ser extraordinariamente útil. El personal local puede estar también
capacitado para cuantificar la producción de semilla antes de nuevas recolecciones en
años ulteriores. A cambio de esa participación, pueden celebrarse acuerdos
encaminados a que sean fondos internacionales los que se hagan cargo de los gastos
de viaje del personal local y a que el país huésped reciba una parte de la semilla
recolectada. Esos acuerdos deben establecerse entre ambas partes por anticipado.
4) Equipo. Las decisiones sobre cuál es el equipo más adecuado y cuáles son los
componentes esenciales que hay que suministrar por adelantado a la expedición son
más difíciles de adoptar cuando no se conocen previamente la zona y las condiciones
locales. El transporte aéreo de equipo voluminoso es costoso, pero al mismo tiempo el
hecho de que las operaciones no puedan iniciarse, una vez que la expedición está ya
en el lugar, debido a que no ha llegado el equipo necesario, puede ser muy gravoso
tanto en términos de fondos como en términos del limitado tiempo de que se dispone
para la recolección. Como Apéndice 6 se reproduce una lista de equipo propuesta por
Kemp (1976).
5) Calendario de las operaciones. Es preferible recolectar sólo en un año de
abundante producción de semilla, pues ello ofrece mucha más libertad de acción a la
hora de elegir los rodales y árboles, así como la posibilidad de obtener más semilla
por un costo determinado. No obstante, las expediciones internacionales deben
prepararse mucho tiempo antes de que se pueda evaluar la magnitud de la cosecha, y
la complejidad de los pasos que hay que dar hace que sea muy dificil modificar los
planes en una fase tardía. Incluso en un año de abundante producción de semilla,
sólo se pueden obtener los mejores resultados si se conoce con precisión el momento
en que debe efectuarse concretamente la recolección, y éste es otro dato que a una
expedición internacional, cuya base está en otros sitios, le resulta más difícil
determinar por adelantado.
6) Registros sobre el terreno. Habida cuenta de la dificultad y el elevado costo de
obtener datos una vez que la expedición ha abandonado la zona, especialmente en
los casos en que ello puede comportar la necesidad de volver al lugar para efectuar
nuevas observaciones, es de la máxima importancia efectuar un registro exacto y
completo de los lugares y detalles de la recolección. Véanse ejemplos en el Apéndice
1B.
Capítulo 4 RECOLECCION DE LA SEMILLA
Introducción
En el capítulo anterior se resumieron los métodos para determinar el momento en que
se va a efectuar la recolección de la semilla y los árboles sobre los que se va a actuar.
En el presente capítulo se describen los diversos métodos, tanto manuales como
mecánicos, de que se dispone para llevar a cabo efectivamente la recolección de la
semilla de un árbol determinado. Aunque la expresión “recolección de semilla” es
cómoda y se utiliza de manera habitual, hay que señalar que casi siempre lo que se
recoge de los árboles es el fruto. Sólo en una fase posterior, en algunas especies, se
extraen las semillas y se desechan los frutos; en otras especies no se extraen las
semillas, sino que los frutos se siembran en el vivero íntegros, con la semilla o las
semillas que contienen.
Existe una gran variedad de métodos y equipos para recolectar los frutos, y la
elección depende de una serie de factores que, según Robbins y otros (1981), puede
resumirse de la manera siguente:
1. Tamaño relativo y número de las unidades de dispersión natural y de las
unidades que pueden ser recolectadas por el hombre con comodidad. En el
caso de 1 a 3 semillas grandes encerradas dentro de un fruto dehiscente o
indehiscente (por ejemplo, Aesculus, Tectona), la forma más sencilla de
efectuar la recolección es esperar a que la semilla o el fruto caiga de manera
natural del árbol y recolectarla después del suelo. En el otro extremo, la
recolección en el árbol de las cabezas de fructificación de Adina cordifolia, a
200 unidades por kilo, es la única manera viable de recolectar las semillas; a
11 millones por kilo, sería imposible recolectarlas una vez dispersadas
(Campbell 1980).
2. Características del fruto: tamaño, número, posición y distribución de los frutos;
resistencia de los pedúnculos a las acciones de sacudir, tirar, romper, o cortar;
intervalo entre la maduración y la apertura.
3. Características del árbol: diámetro, forma y longitud del fuste, grosor de la
corteza; forma de la copa; tamaño, ángulo, densidad y resistencia a la ruptura
de las ramas; densidad del follaje y profundidad de la copa.
4. Características del rodal: distribución y densidad de los árboles (por ejemplo,
árboles aislados, rodal abierto o rodal denso); densidad del estrato bajo y de la
vegetación del suelo.
5. Características del lugar: inclinación, accesibilidad.
Los diversos métodos de recolección pueden clasificarse de la manera siguiente: a)
recolección, del suelo del bosque, de los frutos o semillas caídos; b) recolección de
las copas de árboles cortados; c) recolección de árboles en pie a los que se puede
acceder desde el suelo; d) recolección de árboles en pie a los que se accede trepando
y e) recolección de árboles en pie a los que se accede por otros medios.
Recolección, del suelo del bosque, de frutos o semillas caídos
Caída natural
En el caso de varios géneros que poseen frutos de gran tamaño es habitual recolectar
del suelo del bosque los frutos una vez que éstos han caído de manera natural y se
han abierto. Es un procedimiento barato y no exige una mano de obra tan calificada
como por ejemplo cuando hay que trepar al árbol; en esta tarea puede utilizarse a
escolares o mano de obra esporádica. El tamaño del fruto es muy importante, pues
cuanto mayor sea tanto más fácil será verlo y recogerlo a mano. Géneros de la zona
templada que se suelen recolectar del suelo son Quercus,Fagus y Castanea, y entre
los tropicales figuran Tectona, Gmelina y Triplochiton, así como varios géneros de
dipterocarpáceas.
Los principales inconvenientes que presenta la recolección del fruto después de su
caída natural son los riesgos de recoger semillas inmaduras, vacías o inviables, de
deterioro de la semilla o de germinación prematura cuando la recolección se retrasa, y
de falta de certeza a la hora de identificar los árboles padres de los que se recoge la
semilla. Los primeros frutos que caen de una manera natural en la estación suelen
tener semillas de escasa calidad (Morandini 1962, Aldhous 1972). En Tailandia, los
frutos del teca empiezan a caer en marzo, pero se ha comprobado experimentalmente
que los frutos más viables son los que caen en la última parte de la estación, por lo
que la recolección suele postponerse hasta abril (Hedegart 1975). Puede facilitarse
considerablemente la eficiencia de la recolección limpiando el suelo del bosque de
vegetación y residuos, incluidos los frutos antiguos o caídos prematuramente, y/o
extendiendo grandes piezas de lona ligera, percal o plástico para que caigan en ellas
las semillas (Turnbull 1975b). Si se programa cuidadosamente, mediante esta
operación se eliminará también gran parte del riesgo de recolectar semillas vacías o
inviables. Los frutos viables deben recogerse lo antes posible una vez caídos, para
evitar los daños o pérdidas debidos a insectos, roedores u hongos y la germinación
prematura. Esto es especialmente importante en el bosque tropical húmedo. Se ha
observado que muchas de las semillas de las dipterocarpáceas más importantes
pierden su viabilidad a los pocos días de caer, y estudios efectuados sobre Shorea
platyclados en Malasia demostraron que los lotes de semilla recogidos del suelo
contenían un número considerablemente mayor de semillas defectuosas que los lotes
recolectados del árbol en pie (Tang 1971). Por consiguiente, la recolección de las
semillas que se encuentran en el suelo debe sincronizarse perfectamente con la caída
de las mismas.
En la región amazónica de Jari, en el Brasil, Woessner y MacNabb (1979) llegaron a
la conclusión de que la recolección de los frutos verdes o amarillos de Gmelina
arborea del suelo del bosque ofrecía los mejores resultados en las operaciones de
recolección de unos 10 000 kg de semilla al año. La semilla podía almacenarse
temporalmente en sacos durante el transporte desde el campo hasta la instalación de
procesamiento de los frutos, sin que se produjeran pérdidas de viabilidad graves. Los
frutos más viejos, de color pardo o negro, fermentan y se calientan en los sacos y
pierden rápidamente su viabilidad. A los equipos de recolección se les indica que
recolecten únicamente los frutos frescos, de color verde o amarillo. En una jornada
laboral de 8 horas pueden recolectarse 50 kg de frutos por persona, lo que da un
rendimiento de unos 3 kg de hueso seco. Se han obtenido resultados parecidos en
Malasia, donde los frutos verdes y amarillos recogidos del suelo arrojaron una tasa de
germinación de más del 90 por ciento, mientras que la de los frutos de color pardo era
sólo del 53 por ciento (Mohammad e Ibrahim 1980).
Las semillas de algunas especies de cubierta dura pueden conservar su viabilidad en
el suelo del bosque durante años, especialmente en condiciones templadas. En el
distrito forestal de Pusztavacs, en Hungría, las semillas de Robinia pseudoacacia se
recogen del suelo del bosque bajo rodales de 30 años de antigüedad (Keresztesi
1979). Una máquina especial criba los 10 cm superiores del suelo y obtiene unos 770
kg de semilla por hectárea, lo que equivale al rendimiento de aproximadamente 10
años semilleros. Incluso en los trópicos es posible obtener semillas viables de cubierta
dura cribando el suelo bajo los árboles padres. Así se ha hecho en Malasia con Parkia
javanica e Intsia palembanica, cuyas semillas son lo bastante grandes para recogerse
a mano. Cuando las semillas son más pequeñas, como por ejemplo en Albizzia
falcataria, puede ser más práctico cribar el terreno con una tela metálica (Ng 1983).
Cuando los frutos se recolectan del suelo es frecuente que surjan dudas sobre la
identidad del árbol padre. Los árboles aislados no presentan problema alguno a este
respecto (aunque es posible que sean padres no convenientes debido al riesgo de
autofecundación), pero en los monocultivos densos, en los que las copas se
entrelazan, los frutos pueden mezclarse mucho. Esto no tiene importancia cuando se
recolectan cantidades comerciales de semilla, siempre que la calidad genética del
rodal corresponda al promedio o más. Cuando la recolección se efectúa con fines de
investigación o mejora genética, sin embargo, suele ser necesario mantener la
identidad del árbol padre de cada lote de semilla. En esos casos es aconsejable retirar
del suelo los frutos ya caídos y acelerar la caída de nuevos frutos sacudiendo,
golpeando o cortando las ramas, o trepando al árbol y recogiendo los frutos en la copa
(Hedegart 1975). Una solución de transacción, adecuada para recolecciones
comerciales en rodales no mejorados que contienen una mezcla de árboles
fenotípicos buenos y malos, consiste en recoger solamente los frutos que están
debajo de los mejores portagranos y dentro de un radio que equivale a la mitad del
radio de proyección de sus copas.
Sacudimiento manual
Cuando los frutos se separan con facilidad pero la caída natural de los frutos no está
suficientemente concentrada en el tiempo, puede inducirse la caída de los frutos por
medios artificiales. Una posibilidad consiste en sacudir directamente con la mano los
troncos de árboles pequeños y las ramas bajas. Las ramas superiores pueden
sacudirse con ayuda de una vara larga terminada en un gancho, o con una cuerda.
Este método ha producido buenos resultados en Cordia alliodora y Cedrela spp., pues
facilita la recolección rápida de las semillas, con un buen nivel de viabilidad, tan pronto
como la inspección visual indica que los frutos están maduros (Stead 1979, Robbins y
otros 1981).
La utilización de una cuerda comprende una operación inicial que consiste en pasar la
cuerda por encima de la rama que se quiere sacudir, operación que describen
Robbins y otros (1981). Es el mismo método que se utiliza para subir una sierra o una
polea a la copa. Se ata un cordel fino a un peso, que luego se lanza por encima de la
rama a mano o con una catapulta. En caso de ramas más altas el cordel puede estar
atado a una flecha, que se lanza con arco, o a una varilla de hierro que se dispara con
un rifle de calibre 22. Es adecuado el cordel de nilón ligero, como por ejemplo un hilo
de pescar de 23 kg de tensión de rotura, y el peso o proyectil que se utilice debe ser lo
suficientemente pesado para que caiga al suelo, llevando el cordel con él, después de
pasar por encima de la rama. Hay que tratar de asegurar que el hilo se desenrolle
bien, sin enredarse, utilizando por ejemplo un carrete de pescar adecuado. Una vez
que el extremo del hilo ha llegado al suelo, se quita el peso o flecha y se pone en su
lugar una cuerda de nilón de 3–4 mm; después se vuelve a tirar del hilo por el otro
extremo, de manera que pase la cuerda por encima de la rama. Para sacudir la rama
puede agarrarse de la cuerda por sus dos extremos. La cuerda debe situarse cerca
del extremo de la rama, donde tendrá el máximo efecto de sacudida, y no cerca del
fuste, donde la rama tiene su máximo grosor.
En Nueva Zelandia se han utilizado ballestas de fibra de vidrio y 30 kg de tracción,
que disparan flechas de 0,8–0,9 m de largo y 40 g de peso, para lanzar por encima de
las ramas un hilo de 5,5 kg de tensión de rotura (Sweney y Jones 1975). Con este hilo
se izan al árbol sucesivamente un cordel de 20 kg y otro de 180 kg con polea. En el
Canadá se han utilizado con éxito, para alturas de entre 20 y 50 m, una pistola de
calibre 45 que disparaba varillas de acero de 270 g de peso y otra de calibre 22 que
disparaba cilindros de 230–300 g de peso y 6,3 cm de diámetro. Se utilizaron
cartuchos de fogueo. El hilo unido al proyectil era hilo de pescar de 32 kg, de un solo
filamento, que se utilizó para elevar una cuerda plástica de 320 kg que transportaba
un mecanismo para romper o cortar ramas (Collis y Harris 1973).
Sacudimiento mecánico
Los primeros aparatos para sacudir mecánicamente los árboles se crearon para los
huertos de frutos y nueces, pero desde 1965 aproximadamente se viene utilizando
también esta técnica en algunos árboles forestales, sobre todo en los pinos
meridionales de los Estados Unidos (Turnbull 1975b). Estas máquinas son costosas,
necesitan un terreno llano para que puedan funcionar con eficacia y es esencial contar
con operadores experimentados para evitar dañar en exceso los árboles. En unos
pocos segundos se desprenden muchos conos, pero si se mantiene la sacudida se
rompen trozos de las puntas y ramas (Stein y otros 1974). No tiene sentido utilizar
estas máquinas para sacudir árboles en las operaciones de recolección difusa en el
bosque natural, pero probablemente se seguirán empleando en huertos o rodales
semilleros, con explotación intensiva, de una gama limitada de especies.
La sacudidora de árboles “American Shock Wave” está montada en un chasis de
camión de plataforma corta y equipada con una transmisión automática. Al final de un
brazo de 6 m tiene un mecanismo acolchado con el que sujeta el tronco del árbol;
puede sujetar troncos de hasta 90 cm de diámetro. Mediante pesos desequilibrados
en contrarrotación se produce en la sacudidora un ritmo de sacudida cuya frecuencia
varía entre 400 y 4 000 ciclos por minuto (Kmecza 1970).
Por lo general se sujeta el árbol a unos 3 m de altura sobre el suelo, y suele bastar
una única sacudida de 15 segundos para soltar alrededor del 80 por ciento de los
conos de P. elliottii; en cambio, P. taeda y P. echinata presentan más dificultad, y es
frecuente que buenos operadores no consigan soltar más del 25–30 por ciento de los
conos tras prolongadas sacudidas. Los conos maduros de P. elliottii requieren una
fuerza de unos 2 kg para desprenderse, mientras que los de P. taeda no se sueltan si
no se aplica una fuerza de 20 kg o más (McLemore 1974). Se ha notificado un intento
sin éxito de reducir la fuerza precisa para desprender los conos de P. taeda mediante
la utilización de productos químicos que inducen la abscisión (McLemore 1973). El
sacudimiento repetido de los árboles más difíciles puede producir daños en la corteza
y la rotura de la guía (Kmecza 1970).
Con cinco sacudidoras mecánicas, la Comisión Forestal de Luisiana cosechó en 20
días conos de 34 680 árboles de P. elliottii. Tres cuartas partes de esos árboles
soltaron el 85 por ciento de sus conos durante sacudidas de entre 6 y 30 segundos.
Los resultados obtenidos en una hora superaban a los que podía obtener un trepador
durante una semana (Chappell 1968). Los resultados notificados por McLemore y
Chappell (1973) indican que el sacudimiento mecánico de árboles de Pinus elliottii por
operadores capacitados no produce perjuicio alguno ni a la producción futura de
conos, ni al crecimiento del árbol ni a su vigor durante los cuatro años siguientes.
4.1 Técnica de lanzamiento de hilo. En (A)-(C) figuran las diversas
fases desde el lanzamiento del hilo hasta la subida de la cuerda de
trabajo. En (D)-(F) figuran varios usos posibles de la cuerda de
trabajo, (D) con un aparejo de poleas para subir a una persona hasta
la copa, (E) para sacudir ramas y (F) para cortar ramas mediante una
sierra flexible. (A.M.J. Robbins)
4.2 Sacudidora de árboles Schaumann. Se trata de una
de las diversas marcas de sacudidoras que se pueden
encontrar actualmente en el mercado (H.C. Schaumann)
4.3 Embudo para recoger semilla de Acacia
aneura cerca de Charleville, Queensland, Australia.
(FAO/División de Investigaciones Forestales,
CSIRO, Canberra)
4.4 Máquina de recuperación con red, huerto
semillero de Stuart, Pollock, Luisiana, Estados
Unidos (Servicio Forestal, Dpto. Agric. EE.UU.)
Actualmente las sacudidoras mecánicas se utilizan mucho en la zona sudoriental de
los Estados Unidos para cosechar la semilla en los huertos semilleros de pinos.
Cuando se trata de especies en las que los conos maduros pueden separarse con
facilidad, como P. elliottii y P. palustris, los árboles se sacuden una vez que los conos
han llegado a su madurez pero antes de que se abran, y luego se recogen del suelo
los conos con las semillas que contienen. Cuando se trata de especies con conos
persistentes, como P. taeda y P. echinata, la operación se postpone hasta que los
conos se han abierto, y entonces el objetivo de la sacudida es sacar las semillas de
los conos. Después pueden recogerse del suelo por medio del sistema de
recuperación con red, que se describe en la página 76.
En la Unión Soviética, se notificó que el producto de la vibradora VUS-2 en Pinus
sibirica era entre 10 y 20 veces mayor que el que se obtenía con métodos manuales
(Uland 1971). Una experiencia más reciente con una sacudidora de árboles creada en
el Asia central soviética ha demostrado que
en Juglans, Malus, Prunus, Fraxinus y Gleditsia pueden cosecharse, sin causar
apenas daños al tronco, el 90–100 por ciento de los frutos. Esta máquina es una
vibradora tipo presa que está montada en un brazo hidráulico, sobre el mecanismo
articulado en tres puntos de un tractor. El tiempo de sacudida óptimo es 10–25
segundos, y la tasa de vibración óptima para la mayoría de las especies es 1 000
ciclos por minuto (Kiktev y otros 1977). Para cosechar los conos de pinos
mediterráneos se han utilizado también, con resultados satisfactorios, las vibradoras
italianas CECMA, ideadas originalmente para cosechar aceitunas.
Recolección de la semilla después de su dispersión
Aunque la recogida del suelo suele emplearse sobre todo con los frutos, puede
aplicarse también a las semillas dispersadas una vez que se han abierto los conos o
frutos. Las semillas de los pinos meridionales de los Estados Unidos, como por
ejemplo Pinus elliottii y P. taeda, tienen un intervalo muy corto entre la madurez y la
dispersión, y se han evaluado diversos métodos para recolectar las semillas sueltas
cuando se dispersan. Además del empleo de lonas extendidas en el suelo, ya
mencionadas, comprenden la colocación de redes de polipropileno en torno a las
copas, la instalación de estructuras de madera en forma de embudo recubiertas de
tela o polietileno y fijadas a un eje central que rodea el tronco, y la utilización de lonas
o redes elevadas mediante unos postes. Las primeras experiencias no fueron muy
satisfactorias, pues raras veces se consiguió recuperar más del 50 por ciento de la
producción de semilla disponible (Turnbull 1975b). Cuando la semilla se produce
principalmente en la parte exterior de la copa o en sus proximidades, gran parte de
ella cae fuera del radio de captación de una única unidad de recogida. Cuando la lona
o la red debe permanecer instalada durante un largo período de caída natural de la
semilla, es probable que se deteriore por efecto de la intemperie y que se pierda una
determinada cantidad de semilla debido a la acción de las aves y otros animales.
Más recientemente, la Comisión de Silvicultura de Georgia y el Centro de Desarrollo
de Equipo de Missoula han preparado un equipo de recuperación mediante red para
su utilización en los huertos semilleros de la parte meridional de los Estados Unidos.
Su empleo está resultando muy prometedor (McConnell 1982), y en los huertos de P.
taeda se prefiere cada vez más a las cosechadoras por aspiración. La red que se
utiliza es un tejido plástico, de polipropileno, que se fabrica para el revés de las
alfombras. Es ligero, duradero y está disponible en diversas dimensiones. Para Pinus
taeda se utiliza una anchura de 5 m y aproximadamente 2 × 3 hilos por cm 2 (Anón.
1982, Edwards y McConnell 1983). Si se manipula con cuidado, puede durar un
mínimo de 10 años. La red se extiende en el huerto varias semanas antes de que
caiga la semilla, y se agitan los árboles mediante una sacudidora mecánica para sacar
las semillas de los conos. La toma de fuerza de un tractor sobre ruedas proporciona la
fuerza (menos de 30 h.p.) necesaria para a) enrollar mecánicamente la red en un
rodillo, y b) separar mecánicamente la semilla de las ramitas, hojas y conos que caen
también al suelo al sacudir el árbol. Antes de empezar a enrollar la red hay que
procurar separar las briznas de hierba que tienden a quedarse adheridas a ella.
La recogida de los frutos que están en el suelo efectuarse manualmente, pero puede
utilizarse como ayuda una sencilla herramienta de mano, como un rastrillo de mango
largo y cabezas intercambiables, de manera que se puedan utilizar distintos números
de dientes y distintos espaciamentos entre ellos. Se ha intentado desarrollar métodos
consistentes en barredoras mecánicas o de aspiración para recoger las semillas o
frutos. Se han efectuado asimismo ensayos con una cosechadora mecánica cuya
acción barredora se basa en un tambor giratorio dotado de gran cantidad de “dedos”
de caucho que recogen las semillas al mismo tiempo que las separan de los residuos
extraños. Estos tipos de máquinas están indicados sobre todo cuando se dispone de
un sistema para sacudir los árboles, de manera que se asegure la presencia en el
suelo de una gran cantidad de semillas en cada operación de barrido.
Mineau (1973) describió el empleo en Francia, con buenos resultados, de una
máquina tipo aspiradora, que funcionaba por la compresión de un motor de tractor,
para recoger los frutos deFagus. Esta máquina es compacta y pesa 450 kg. Se ha
utilizado asimismo con buenos resultados, en la recolección de bellotas de Quercus,
una cosechadora de semillas neerlandesa que funciona también por aspiración y se
ha notificado que en los Países Bajos es un método más barato que la recogida a
mano y que la utilización de sacudidoras de árboles y lonas alquitranadas (Arts y
Kofman 1980).
En los Estados Unidos, Hallman (1981) resumió las ventajas de la barredora-
aspiradora de la manera siguiente:
1. Prolonga la estación de recolección de unas dos semanas a dos meses.
2. Elimina la necesidad de escaleras y camiones elevadores; de esa manera, los
administradores de los huertos pueden dejar que los árboles alcancen una
mayor altura, pues ya no hay que trepar a ellos, y por consiguiente se amplía la
vida útil de los árboles.
3. Reduce los costos de la recolección en comparación con los de la recolección
manual.
Las desventajas de la cosechadora son las siguientes:
1. Se precisa una amplia preparación del suelo del huerto para que pueda
funcionar bien.
2. Es ruidosa y produce grandes cantidades de polvo.
3. No funciona bien cuando el suelo está húmedo.
4. Ha sufrido una serie de problemas mecánicos que se han corregido en gran
parte, aunque todavía es necesario introducir en su diseño cambios menores.
En la actualidad se estima que los inconvenientes superan a las ventajas, y en los
huertos de la parte meridional de los Estados Unidos se prefiere, para recolectar las
semillas de P. taeda, el sistema de recuperación con red que se describe en la página
76.
Habida cuenta del costo de capital de este tipo de equipo y de la importancia que
tiene preparar de una manera inmaculada el suelo del huerto semillero para que
funcione correctamente, su utilización en los países en desarrollo es limitada,
especialmente si existen consideraciones sociales que aconsejan la utilización de
métodos manuales con gran densidad de mano de obra como medio de incrementar
el empleo.
Escondrijos de animales
Hay animales que reúnen conos o frutos como reserva de alimento, y se puede
buscar las semillas en los lugares donde las esconden, aunque sólo en zonas
limitadas se puede usar este procedimiento como fuente de semillas. En la parte
occidental de Norteamérica, los escondrijos de ardillas constituyen una importante
fuente de semillas de coníferas. Las ardillas suelen esconder las semillas, año tras
año, en los mismos lugares. Es característico que se encuentren en zonas húmedas
próximas a manantiales, pequeños arroyos o lugares pantanosos, orientadas al norte,
así como también en madera en descomposición o humus, o en torno a viejos árboles
caídos. Un solo escondrijo puede contener desde unos cuantos conos hasta una gran
cantidad de ellos. La presencia de conos frescos en el suelo es un signo de actividad
de ardillas; los montones de escamas y núcleos de conos pueden indicar que hay un
escondrijo en las proximidades (Stein y otros 1974, Dobbs y otros 1976). Al recoger
las semillas o conos de estos escondrijos se debe actuar con prudencia, pues existe
el peligro de que estén infestados por hongos patógenos que pueden reducir la
germinación (Sutherland 1979).
Las hormigas reúnen a veces semillas, y en Africa septentrional se ha observado que
acumulan grandes montones de semillas de Acacia (Turnbull 1975b). Todas las
semillas que se recojan de escondrijos de roedores o insectos deben ser sometidas a
la prueba de viabilidad mediante el procedimiento de corte u otros medios.
4.5 Utilización de una cosechadora de semillas por aspiración en los Países Bajos (A) Recogida de las bellotas del suelo
(B) Descarga de las bellotas en un saco. (R.B.L. De Dorschkamp, Wageningen).
4.6 Selección de equipo para la recolección de semillas de Acacia que se utiliza en Australia. De arriba a abajo y de
izquierda a derecha: Prensa para plantas con especimen y etiquetas, bolsa pequeña que contiene semilla limpia, bolsa
grande de recolección, tela para recolección de 2 × 2 m, sierra flexible, guantes de piel, sierra de arco, tijeras de podar,
cedazo fino con recogedor, cedazo grande, cuerda para lanzar al árbol, con peso. (FAO/División de Investigaciones
Forestales, CSIRO, Canberra)
4.7 Sierras, tijeras, rastrillos y otras herramientas de mano para recolectar los frutos de
los árboles. (A.M.J. Robbins)
Recolección en las copas de árboles cortados
Un método para recolectar grandes cantidades de semilla es el que consiste en
sincronizar la recolección con las cortas comerciales normales que se efectúan
durante la estación de maduración de la semilla y recoger las semillas o frutos de los
árboles cortados (Morandini 1962). Cuando se van a recolectar los frutos de todos los
árboles talados, la recogida de aquéllos debe postponerse, por razones de seguridad,
hasta que han concluido las tareas de corta en la zona (Douglass 1969). Cuando la
calidad fenotípica de los árboles padres es por el contrario más importante que la
cantidad de semilla, es preferible seleccionar, marcar y, si es posible, cortar y
cosechar los frutos de árboles padres superiores antes de que se efectúe la corta
principal. En plantaciones de Pinus radiata en las que se iba a efectuar una corta de
aclareo en Nueva Zelandia, se utilizó un método mediante el cual un oficial forestal
capacitado seleccionaba y marcaba los 8–13 mejores troncos por hectárea y el equipo
de recolección de semilla cortaba y podaba los árboles y recolectaba los conos, de
manera que no se obstruía la corta ulterior de los árboles restantes (Turnbull 1975b).
Debe evitarse recolectar los frutos en los aclareos tempranos, pues es difícil juzgar
correctamente la calidad fenotípica a esa edad. Al cortar es aconsejable dirigir las
copas hacia los claros existentes para facilitar la recuperación de conos (Dobbs y
otros 1976). Es esencial limitar la recolección a la estación en la que las semillas
están maduras; debe ser posible ajustar las fechas de la corta de manera que
coincidan con la madurez de la semilla cuando es una misma autoridad la que tiene a
su cargo las actividades de corta y las de recolección, por ejemplo los servicios
forestales nacionales que operan en los bosques estatales. Es habitual recoger a
mano los conos o frutos de las copas caídas, con ayuda de rastrillos, ganchos o
machetes. Los conos pequeños del tipo arracimado, como los de Thuja y Tsuga,
pueden cosecharse cortando los extremos de las ramas que portan conos y
pasándolos por una desbrozadora (Douglass 1969). Esta máquina contiene una serie
de dientes, parecidos a los de un rastrillo, que se colocan lo suficientemente juntos
para que queden fuera los conos.
En la práctica, la recolección en zonas en las que se ha efectuado una corta no ha
resultado apenas más barata que la recolección de árboles en pie por un equipo de
trepadores bien capacitado, al menos en las coníferas de la zona templada-
septentrional (Dobbs y otros 1976, Barner 1981). La maraña de troncos y copas
caídos y la dispersión de algunos conos durante la corta reducen muy
considerablemente la productividad. Cuando las operaciones son rápidas y están muy
controladas, el método más eficaz consiste posiblemente en efectuar la recolección
una vez que se han limpiado y llevado los fustes pero antes de que se haya
amontonado y quemado la leña de copas.
En zonas en las que no se efectúan cortas comerciales puede ser necesario cortar
determinados árboles con el fin específico de recolectar su semilla, como por ejemplo
cuando se necesiten cantidades relativamente pequeñas de semilla de un escaso
número de árboles con fines de ensayo de procedencias u otros fines de
investigación. Esas cortas especiales deben evitarse en la medida de lo posible, pues
por un lado se desaprovecha el fuste y por otro se pierde el árbol como futura fuente
de semillas, pero a veces son inevitables, como cuando se trata de especies del
bosque alto tropical a las que es muy difícil trepar o cuando una expedición de
recolección de semilla tiene graves limitaciones de tiempo. Cortar árboles altos pero
sin costillas suele ser mucho más rápido que trepar a ellos.
En general no es aconsejable recolectar los frutos de los árboles que han sido
derribados por el viento, pues es escasa la selección que se les puede aplicar y puede
existir un sesgo hacia árboles con características que los predisponen al daño por el
viento (Turnbull 1975b).
Recolección en árboles en pie con acceso desde el suelo
Recolección manual
En el caso de los arbustos o árboles de ramas bajas, el recolector tiene acceso directo
a los frutos de las ramas estando de pie en el suelo (Morandini 1962). Ejemplos de
estos árboles sonCrataegus, Sorbus e Ilex spp. en zonas templadas (Aldhous 1972),
las acacias pequeñas y los eucaliptos enanos de Australia (Turnbull 1975b) y muchas
de las especies de pequeño tamaño y resistentes a la sequía de las zonas áridas y
semiáridas. Los frutos más pequeños suelen colocarse directamente en una cesta,
bolsa, cubo u otro recipiente que el recolector lleva en la mano o colgado al hombro
(Stein y otros 1974).
Cortar, romper y aserrar
Para los casos en que las ramas están fuera del alcance del brazo humano, existen
diversas herramientas de mango largo con las que el recolector puede llegar a los
frutos desde el suelo. Puede utilizarse una vara terminada en un gancho para bajar
las ramas hasta que queden a su alcance. Pueden utilizarse también rastrillos, sierras,
cuchillos, ganchos o tijeras de podar para arrancar o cortar, uno a uno, los frutos o las
ramitas frutíferas. Son habituales a este respecto las varas, ligeras pero rígidas, de
bambú, aluminio o plástico de entre 4 y 6 m de longitud. Para llegar más allá de los 6–
8 m que permiten estas varas se han creado otras telescópicas de varias etapas que
llevan unas tijeras en el extremo (Turnbull 1975b). Robbins y otros (1981) han
señalado que, en algunas especies, es posible que los frutos o conos situados en las
ramas más bajas produzcan poca semilla, debido a la falta de polinización en esa
posición, y que por consiguiente es preferible recolectar los frutos que se encuentran
como mínimo desde la mitad del árbol hacia arriba. La destreza en la utilización eficaz
de estas herramientas de mango largo desde el suelo está muy condicionada por la
densidad y la forma de la copa de cada árbol.
Puede lanzarse una cuerda por encima de la rama, como ya se ha descrito, pero para
romper la rama que porta la semilla en vez de para sacudirla. Para ello se precisa una
cuerda más gruesa que cuando se quiere sacudir. No está recomendado el empleo
general de este método. Produce daños en el árbol, abre el camino a plagas y
enfermedades y, en el caso de los pinos y otras especies cuyas semillas tardan dos
años en madurar, al recolectar la cosecha de semilla de un año se destruye la del año
siguiente.
Para cortar ramas desde el suelo se han utilizado con éxito varios tipos de sierra
flexible. Uno de los modelos, descrito en Anón. 1979, consta de un cable cortador
flexible, de 1 m de largo aproximadamente, que está dotado de dientes de acero al
carbono engarzados con precisión y de dos cuerdas de control de polipropileno de
unos 10 m. Para pasar una de las dos cuerdas de control por encima de la rama se
utiliza un peso relleno de arena. Un modelo anterior, la llamada “sierra comando”, que
ya no se fabrica, se utilizó con resultados satisfactorios en Australia para cortar ramas
de eucalipto (Boden 1972). Con ella dos operarios podían cortar con rapidez y
facilidad ramas de hasta 20 cm de diámetro.
Este método no puede utilizarse en árboles cuyas ramas forman ángulos muy agudos,
como E. tereticornis. Otra limitación es que depende de la eficiencia con que se lance
el hilo por encima de la rama deseada.
Para cortar ramas pueden utilizarse también sierras rígidas. Sweney y Jones (1975)
describen un método utilizado en Nueva Zelandia en el que mediante unas argollas se
fija un serrucho o una sierra de arco a una cuerda de 180 kg que pasa por una polea
previamente subida hasta la copa. El serrucho se utiliza para ramas pequeñas, de
menos de 2 cm de diámetro, mientras que la sierra de arco es capaz de cortar, en
cinco minutos, ramas de hasta 10 cm.
Uso de rifles
Otro método para cortar las ramas que portan la semilla consiste en derribarlas con un
rifle de gran calibre. Este método se utilizó con éxito para hacer caer al suelo las
puntas de árboles dePicea glauca en zonas de producción semillera del nordeste de
los Estados Unidos (Slayton 1969). Se estimó por un lado que este procedimiento era
menos costoso que trepar a los árboles, y por otro que los conos podían recolectarse
en la fase idónea de su desarrollo gracias al escaso tiempo en que podía efectuarse la
operación. Más recientemente se ha puesto en práctica en el Canadá, con resultados
prometedores, el método consistente en disparar desde un helicóptero a ramas o
puntas para que se desprendan.
En Australia se han efectuado recolecciones eficientes de pequeñas muestras de
semilla de eucalipto y Araucaria en árboles de gran altura con rifles de calibre 222,
243 ó 308, dotados de miras telescópicas de cuatro aumentos (Green y Williams
1969, Boland y otros 1980). Se consiguió derribar ramas de hasta 15 cm de diámetro.
Para los rifles de calibre 308 es más eficaz la munición de “punta blanda puntiaguda”
que la de “punta hueca”.
Un inconveniente de la utilización de rifles es que deben observarse unas medidas de
seguridad muy estrictas. Hay lugares en los que no se debe utilizar este método, por
ejemplo en las proximidades de carreteras o zonas habitadas. Por otra parte, las
copas de algunas especies, como Araucaria y Picea, pueden resultar
considerablemente dañadas por esta técnica.
Para derribar ramas con los disparos suele ser necesario mantener fijo el rifle en un
trípode o apoyar su caja en un árbol o en la parte lateral de un vehículo (Turnbull
1975e). Es preciso que no haya obstáculos visuales entre el blanco y el tirador,
requisito éste que puede suponer una limitación en bosques densos. En general, lo
mejor es disparar en ángulo recto con la rama y cortar la corteza por la parte inferior
con el primer disparo para evitar que la rama quede colgando de ella y se produzca
arranque de tejidos. Después se corta la corteza por la parte superior y por último se
va disparando a intervalos a todo lo ancho de la rama. Es importante seleccionar
ramas que puedan caer sin obstáculos hasta el suelo. Las ramas horizontales se
desprenden con más facilidad que las ascendentes. Los disparos deben colocarse de
manera que se aproveche el efecto de palanca de la rama. Este método está
aconsejado sobre todo cuando se pretende recolectar pequeñas cantidades de
semilla con fines de investigación de una fructificación muy abundante que está
arracimada en ramas o puntas inaccesibles, de manera que no se puede llegar a ellas
cómodamente por otros medios.
Recolección en árboles en pie a los que se accede mediante trepa
La altura hasta la que puede llegarse desde el suelo con instrumentos de mango largo
para recolectar semillas o frutos tiene un límite. En las proximidades de ese límite la
operación consume mucho tiempo y energía, pero rinde en cambio poca semilla. En el
caso de árboles de gran altura que no pueden cortarse, por consiguiente, la trepa
suele ser la única forma práctica de efectuar la recolección. Hay personas que son
excelentes trepadores naturales, pero además una buena capacitación y un buen
equipo pueden hacer de la recolección por este método una operación eficiente y
segura, aunque no deje de requerir energía. Parece aconsejable describir la operación
dividiéndola en los epígrafes siguientes: a) trepa a la copa por el fuste; b) trepa
directamente a la copa; c) trepa y recogida de los frutos dentro de la copa.
Trepa a la copa por el fuste
Trepa con equipo mínimo. En diversos países se practica la trepa sin ayudas
mecánicas (Hans 1973, Bhumibhamon 1973). En Filipinas hay recolectores de semilla
que trepan a los árboles descalzos o con ayuda de una cuerda que ata ambos pies
juntos y los presiona contra el tronco (Seeber y Agpaoa 1976). Otras variantes
consisten en que el trepador vaya haciendo en el tronco, con un hacha, una serie de
cortes sucesivos en los que apoyar los pies, o que clave con un martillo una serie de
estacas de hierro de unos 20 cm de longitud que luego va retirando, para utilizarlas en
otra ocasión, a medida que desciende. Estos dos métodos son físicamente
agotadores, con independencia de que se utilice o no un cinturón de seguridad, y
producen sin duda daños en el árbol. El que escala con las manos y los pies un tronco
de gran altura y desprovisto de ramas pone seriamente en peligro su seguridad, y este
riesgo puede hacer que los trepadores sientan la tentación de recolectar en los
árboles a los que es más fácil subir, pero que con frecuencia son los menos
deseables desde el punto de vista silvícola. Es preferible introducir alguna de las
ayudas especiales para trepar de las que se dispone en la actualidad.
Las espuelas, que se fijan a las botas del trepador, son un sistema ligero y barato de
hacer más segura y eficiente la escalada si se combina con un cinturón de seguridad,
eslinga, casco de seguridad de fibra de vidrio y fuertes guantes de piel. La ligereza de
las espuelas (menos de 1 kg el juego) hace que su uso esté especialmente indicado
en los rodales de difícil acceso en regiones sin carreteras, donde todo el equipo debe
transportarse a pie. Se ha comprobado que son el método más eficiente para trepar
a Pinus kesiya y P. merkusii en Tailandia (Granhof 1975) y a P. caribaea y a P.
oocarpa en Honduras, y son de uso habitual en muchos países, especialmente para
subir a coníferas (Robbins y otros 1981).
Aunque existen diferentes tipos, estas ayudas de trepa consisten básicamente en un
brazo de hierro forjado y un conector que termina en una espuela en punta. El hierro
debe fijarse muy bien, mediante una correa de cuero, al calzado y a veces a la pierna
del escalador. La espuela puede ser de longitud variable, pero es preferible que la
punta no sobresalga de la suela de la bota, de manera que el escalador pueda
caminar por el suelo sin dificultad (Morandini 1962, Turnbull 1975b). La longitud
óptima de la espuela depende del tipo de corteza de que se trate. Las espuelas de 5
cm son adecuadas para los postes telefónicos sin corteza y los árboles de corteza
delgada, y se recomiendan para la mayoría de las especies en el Canadá, mientras
que las de 9 cm se adaptan mejor a las especies que tienen una corteza blanda y
gruesa (Yeatman y Nieman 1978). Las espuelas no se deben utilizar cuando la
corteza está helada, y no son especialmente seguras en cortezas escamosas
(Morandini 1962, Stein y otros 1974).
4.8 La sierra de cadena flexible “High Limb” (A) utilización
(B) detalle. (Green Mountain Products Inc.)
4.9 Espuelas de trepa (A) ajuste mediante correas (B)
trepa. (Servicio Forestal del Canadá)
4.10 Utilización de una escalera desmontable de dos 4.11 Escalera desmontable de un solo montante que se
montantes en el Canadá (A) Preparación para pasar la utiliza en Dinamarca. (Centro de Semillas Forestales de
cadena por detrás del árbol y asegurar así la parte superior DANIDA)
de la primera sección (B) Desmontaje de la escalera, con el
trepador suspendido de una cuerda de seguridad. (Servicio
Forestal del Canadá)
En Yeatman y Nieman (1978) figuran orientaciones detalladas sobre el ajuste,
utilización y mantenimiento de las espuelas de trepa en el Canadá. La descripción de
la trepa con espuelas que figura a continuación está fielmente basada en estos
autores. El trepador sube al árbol utilizando un cinturón de seguridad, al que
engancha una correa o cadena, la eslinga, que pasa por detrás del tronco. Al cinturón
está atada una cuerda de seguridad, y a uno de los anillos que lleva el cinturón están
enganchadas dos o más eslingas de reserva. Cuando se asciende por el tronco, el
trepador debe asegurarse de que las puntas de la espuela se claven bien en la
madera del árbol separando las rodillas del tronco al hincar la espuela. La parte
inferior de la pierna y el tobillo deben mantenerse en un ángulo relativamente amplio
con respecto al tronco, para evitar los resbalones y para no abrir surcos en la corteza.
El peso descansa sobre los pies, que están separados entre sí por unos 15–20 cm, y
el centro de gravedad queda fuera del tronco. Las manos y los brazos se utilizan para
equilibrar el cuerpo sujetando firmemente con las dos manos la eslinga, acercando
rítmicamente el cuerpo hacia el árbol, moviendo la eslinga cuando se la libera del
peso y fijándola en la nueva posición cuando el cuerpo se echa de nuevo hacia atrás.
El impulso que se imprime a la eslinga procede de los brazos al ascender, y no debe
trasladarse al cinturón de seguridad salvo cuando el trepador está en posición de
descanso. Cuando la eslinga está tensa, se mueve primero un pie, de manera que el
peso pasa al otro, y después se efectúa la misma operación con este segundo pie. La
eslinga no se desengancha nunca, salvo para superar ramas que por su grosor no se
pueden romper. En estos casos, antes de desenganchar la primera eslinga debe
fijarse por encima de la rama que se quiere superar una de las eslingas de reserva,
fijada al cinturón mediante un mosquetón. Cuando se llega a ramas viables,
preferiblemente en la parte baja de la copa viva, se pasa la cuerda de seguridad por
un mosquetón que está atado con una cuerda por encima de la primera rama, se
desengancha la eslinga y el trepador se abre paso entre las ramas vivas.
El principal inconveniente de las espuelas es el daño que producen a la corteza,
especialmente cuando se trata de especies de corteza delgada. Cuando se escala un
árbol sólo de vez en cuando, el daño no tiene por qué ser excesivo, pero los árboles
que se escalan con frecuencia, por ejemplo con fines de polinización y recolección de
la semilla en huertos semilleros, sufrirán probablemente un grado de daño
inaceptable; en esos casos deben preferirse otros métodos de trepa.
Escaleras. Para las alturas comprendidas entre 8 y 40 m aproximadamente, las
escaleras verticales en varias secciones constituyen un método seguro y cómodo para
subir por el tronco hasta la copa viva. Pueden estar hechas de diversos materiales,
como madera, aluminio, aleación de magnesio, etc., pero cada sección debe ser lo
bastante ligera para que el trepador la suba con facilidad. Para conseguir una mayor
estabilidad, pueden colocarse las patas de la sección inferior sobre unas plataformas
ajustables (Morandini 1962, Turnbull 1975b). Cada sección debe medir entre 1,8 y 3 m
de longitud, y debe pesar no más de 3–4 kg.
Se coloca la sección inferior, o las dos secciones inferiores, de la escalera en paralelo
al fuste del árbol, con el peldaño superior apoyado en el tronco. El trepador asciende
con su eslinga en torno al tronco y la escalera hasta que tiene los hombros al nivel de
la parte superior de la escalera; entonces sujeta ésta al tronco mediante una cuerda o
cadena (Yeatman y Nieman 1978). Las secciones siguientes se van subiendo
mediante una cuerda y se van uniendo a la sección anterior. La operación se repite
con cada sección, que se sube y fija al árbol. Para pasar del tronco a la copa se utiliza
el mismo procedimiento que se ha descrito supra a propósito de la trepa con
espuelas. Cuando utiliza una escalera desmontable muy ligera, el trepador puede
llevar atadas a su cinturón de seguridad dos secciones, de 2 m de longitud cada una.
Si las dos secciones inferiores, de 3 m cada una, se empalman y se colocan en pie en
el suelo, esto significa que puede montar un total de 10 m de escalera sin necesidad
de izar nuevas secciones con una cuerda.
Las escaleras desmontables pueden tener uno o dos montantes o “patas”. Las más
habituales son las que tienen dos. La escalera de una “pata” comprende un soporte
central del que salen, alternando a derecha e izquierda, unas barritas que hacen de
peldaños; la escalera se fija al árbol mediante una cadena o cuerda. El soporte central
suele ser de acero o madera, por lo que el peso de estas escaleras no difiere mucho
del de los tipos de dos “patas”. Tienen la ventaja de que es más fácil colocarlas en un
terreno desigual, y también que se manejan con más facilidad entre las ramas
(Morandini 1962) y en troncos muy sinuosos.
Las escaleras desmontables pueden utilizarse sin riesgo alguno de dañar el árbol. Su
manejo puede ser incómodo en rodales en los que la cubierta de copas o el subsuelo
son densos, y son mucho más pesadas para transportar que las espuelas,
especialmente cuando la existencia de unos fustes largos y limpios obliga a utilizar
escaleras con muchas secciones. Son también más caras. Por consiguiente, tienen un
uso limitado en zonas de difícil acceso y sin carreteras, pero son un procedimiento
ideal en huertos semilleros o plantaciones situados en terreno llano.
La bicicleta suiza para árboles o “baumvelo” es un aparato para subir hasta la copa
viva de árboles rectos y de gran altura que no tienen ramas. Desde el punto de vista
del transporte, es más ligera que las escaleras desmontables, pero más pesada que
las espuelas de trepa. No produce daños en el árbol. Su uso está recomendado en
troncos cuyo diámetro oscila entre 30 y 80 cm (Yeatman y Nieman 1978). Olesen
(1972) señaló su gran utilidad para trepar a pinos en México. En el Reino Unido se
consideró particularmente útil para las especies de coníferas que tenían conos
grandes, como por ejemplo Pinus, Picea o Pseudotsuga, en las que el recolector ha
de moverse de rama en rama para arrancar los conos en vez de permanecer durante
mucho tiempo en la misma zona (Seal y otros 1965). No obstante, su utilización en
ese país se encuentra hoy limitada principalmente a las recolecciones con fines de
investigación, pues el incremento de la superficie de plantaciones maduras hace que
se pueda recolectar fácilmente semilla a granel en árboles cortados, y cuando se trata
de huertos semilleros son más adecuadas las escaleras.
La bicicleta consta de dos unidades separadas, una para cada pie. Cada una de ellas
consta de un brazo (más largo en la unidad superior, más corto en la inferior) al que
está fijado un taco de goma que se apoya en el tronco. El extremo inferior de este
brazo lleva un estribo o pedal con correas y pinzas de suelta rápida, que sujetan el pie
del trepador. El extremo superior está unido a una tira de acero que forma un círculo
cuyo diámetro se puede ajustar al del tronco. La bicicleta se utiliza junto con arnés o
cinturón de seguridad, cadenas o correas de apoyo, cuerda de seguridad,
mosquetones y cuerdas de nilón.
El funcionamiento de este aparato está bien descrito en Seal y otros (1965) y
Yeatman y Nieman (1978). Los anillos de acero no deben ajustarse demasiado al
tronco, pues ello impediría moverlos hacia arriba. Su posición adecuada es aquella en
la que la punta del pie del escalador no toca el tronco cuando hace que todo su peso
descanse en el estribo; cuando no sucede así, es necesario desenganchar, reducir el
diámetro de los dos anillos y volver a engancharlos uno en cada pie. Una vez
colocados los anillos en torno a la base del árbol, el trepador mete los pies en los
estribos, cierra las pinzas de suelta rápida y se ata las correas. Pasa también por
detrás del árbol su eslinga (correa o cadena de seguridad), y ajusta la longitud de ésta
conforme a la disminución del grosor del tronco. El trepador sube haciendo que su
peso descanse de manera alterna en uno y otro estribo y levantando el pie libre de
peso para subir el anillo aflojado. De vez en cuando se detiene para ajustar el
diámetro del anillo según va disminuyendo el grosor del tronco. Las ramas que
obstruyan el ascenso deben podarse a medida que se encuentran, de manera que
queden a ras del tronco.
1. Estribo 4.12 Bicicleta para árboles, o “Baumvelo”, con sus 8. Bisagra
2. Soporte 9. Espiga o
para el pie partes. (H. Schneebeli & Co.) pasador
3. Correa para 10. Muelle de
la pala del espiral
calzado 11. Muelle de
4. Correa para lámina
el empeine 12. Dispositivo
5. Tensor de retenedor
correas 13. Palanca de
6. Soporte bloqueo
7. Taco de 14. Zuncho
goma
4.13 Utilización de la bicicleta para árboles, con arnés, casco y
cuerdas de seguridad. (Comisión Británica de Silvicultura)
El trepador continúa ascendiendo hasta que el anillo de acero superior llega a las
primeras ramas vivas de la copa. Se introduce a continuación en la copa para colocar
una eslinga de nilón que sujete la cuerda de seguridad y procede a “aparcar” la
bicicleta. La operación esencial es apretar el anillo inferior de la bicicleta de manera
que se fije con fuerza al tronco aun cuando no tenga que soportar peso; de esa
manera se evita el riesgo de que la bicicleta se deslice tronco abajo y quede fuera del
alcance del trepador. Este abre las pinzas de los tobillos en ambos estribos, desata
las correas que le sujetan los pies, desengancha su eslinga y sube a la copa.
La bicicleta para árboles es un sistema sumamente seguro para escalar árboles
rectos y sin ramas sin dañarlos, y además es más ligero y partátil que las escaleras
desmontables. Se necesita práctica, pero la mayoría de los que lo intentan aprenden a
manejarla con eficiencia y rapidez en unos pocos días. Sus principales inconvenientes
son el costo, el hecho de que su utilización esté limitada a una determinada gama de
diámetros y que, a diferencia de las escaleras y las espuelas de trepa, exige podar el
fuste de manera que no quede ninguna rama en toda la circunferencia hasta llegar a
la copa viva (Robbins y otros 1981). No obstante, cuando esté previsto trepar
periódicamente a los mismos árboles, como en los rodales o huertos semilleros, está
plenamente justificado el costo que supone efectuar una poda inicial y concienzuda.
Es aconsejable trabajar siempre con otra bicicleta próxima, pues a un hombre que se
encuentre en dificultades en un árbol a una altura a la que no se puede llegar con una
escalera únicamente se le puede socorrer con otra bicicleta (Seal y otros 1965) o con
espuelas.
4.14 Recolección manual de conos de Larix en el Reino Unido.
Obsérvese la utilización de cuerda de seguridad y auxiliar en el
suelo, asi como la bicicleta “aparcada” en la base de la copa.
(Comisión Británica de Silvicultura)
Trepa directa a la copa
Escaleras. A las ramas inferiores y fuertes de la copa puede accederse directamente
desde el suelo o mediante una escalera siempre que no estén demasiado altas. Las
escaleras domésticas exentas o las de trípode, éstas más altas, tienen la ventaja de
que no es preciso apoyarlas en el árbol; son incómodas de manejar en rodales
densos, pero están indicadas cuando hay que recolectar en huertos semilleros o en
plantaciones de muy poca densidad, donde los árboles están muy alejados entre sí.
Existen escaleras de trípode de hasta 6 m, pero deben sujetarse al suelo con vientos
de cuerda para asegurar su estabilidad (Yeatman y Nieman 1978).
Existen escaleras no específicas para árboles, en madera o aleación de aluminio, y
pueden construirse bien como una sola unidad o bien con el sistema de extensión,
caso en el que constan de dos o más secciones construidas de tal manera que la
altura de la escalera puede variarse mediante un movimiento de deslizamiento relativo
de las secciones (Seal y otros 1965). Las escaleras de una sola sección diseñadas
para recoger frutos poseen una base ensanchada y dotada de patas de caucho
moldeado o dientes metálicos para que se fijen bien en suelo blando, y pueden
utilizarse para llegar a alturas de 8–11 m. Parecida a éstas es la escalera finlandesa
Tarra-tikkaat, diseñada especialmente para usos silvícolas, que posee sin embargo un
anillo de aluminio que sube y baja por la escalera, puede fijarse al cinturón del
trepador y se cierra automáticamente en caso de caída de éste. Comprende también
un montante unido a la escalera que se fija al tronco y mantiene una distancia de
aproximadamente un metro entre el fuste y el extremo superior de la escalera. De esta
manera, el recolector puede alcanzar más en las copas de árboles pequeños de
especies como Cupressus que producen sus frutos cerca de los extremos de las
ramas. Las escaleras de una sola sección no específicas para silvicultura llegan hasta
11 m, mientras que las de doble sección extensibles llegan a unos 14 m. Pueden
apoyarse en una rama fuerte o en el fuste para acceder directamente a la copa. El
extremo superior debe atarse al árbol con una cuerda de nilón, y las que tienen gran
altura deben fijarse además con dos vientos de cuerda. Según la especie y la forma
de la copa, el trepador puede dejar la escalera y subir a la copa utilizando dispositivos
de seguridad como el cinturón, eslingas y cuerdas de nilón al igual que cuando deja la
bicicleta, o puede recolectar los frutos manteniéndose de pie en la escalera; en este
último caso debe asegurarse a ella mediante una cuerda de nilón, y el cansancio de
los pies puede reducirse por medio de una pequeña plataforma movible que se
engancha en el peldaño que convenga (Seal y otros 1965).
Para llevar de un rodal a otro las escaleras de mayor tamaño y peso se necesita un
vehículo. Para llegar a copas situadas a 20–25 m de altura pueden utilizarse
escaleras extensibles montadas en camiones, pero la escasa moniobrabilidad limita la
utilización del vehículo a caminos o terrenos muy llanos (Turnbull 1975b). Morandini
(1962) ha descrito una escalera de aleación ligera montada en un tractor; es capaz de
llegar hasta 14 m, y el tractor puede utilizarse en bosques sin caminos. En los Estados
Unidos se utiliza con seguridad hasta los 9 m una escalera extensible de magnesio
montada en un camión de cuatro ruedas y media tonelada. El balanceo procedente de
la suspensión del vehículo se elimina mediante cuatro gatos mecánicos fijados a los
postes en que se apoya la estructura de la plataforma de la escalera (Rietveld 1975).
Cuerdas y equipo elevador. Puede accederse a la copa suspendiendo de una rama
resistente una cuerda, escalera de cuerda o equipo elevador. Para pasar un cordel
fino por encima de la rama se utilizan los mismos métodos (lanzamiento, catapulta,
flechas) que cuando se emplean cuerdas para sacudir ramas (según se describe en la
página 71). Como para soportar el peso del trepador se precisa una cuerda más fuerte
y pesada que para sacudir ramas, es necesario elevar la cuerda en tres fases: 1) en
primer lugar un hilo de nilón de poco peso y 23 kg de tensión de rotura, que se utiliza
para izar; 2) un cordel de nilón de 3–4 mm de diámetro, que a su vez se utiliza para
izar; 3) una cuerda de nilón de 13–18 mm de diámetro, lo bastante fuerte para
soportar el peso del trepador (Robbins y otros 1981).
Las escaleras de cuerda se han utilizado con resultados especialmente satisfactorios
en Checoslovaquia (Matusz 1964). Pueden tener hasta 30 m de longitud y pesar unos
20 kg. La separación entre los peldaños, que son de madera, es de 30 cm.
El equipo elevador comprende la utilización de un aparejo de poleas que se coloca en
su posición y se asegura atando firmemente la cuerda a la base del árbol. El
recolector es izado hasta la copa del árbol, sentado en un sillín, por uno o dos
hombres situados en el suelo o con la ayuda de un cabrestante mecánico o eléctrico
(Strickland y Peters 1961, Matusz 1964). Este método tiene con respecto a las
espuelas de trepa o las escaleras la ventaja de que el ascenso no exige tanto
esfuerzo, y por lo tanto se reduce el riesgo de accidentes debidos al cansancio.
Redes. Dispositivos como la escalera de cuerda y el equipo elevador permiten
acceder al interior de la copa. Algunos géneros, como por
ejemplo Cupressus, Chamaecyparis, Tsuga y Thuja, producen gran número de conos
pequeños cerca de los extremos de las ramas, donde éstas no son lo bastante fuertes
para soportar el peso del trepador. Para recolectar esos conos es necesario llegar a la
parte exterior de la copa. Una manera de hacerlo es mediante escaleras montadas en
vehículos. Otra es mediante redes. En Seal y otros (1965) se describía con detalle su
funcionamiento. La red descrita era de forma triangular y medía 10,3 m de un lado a
otro de la base y 11,5 m de la base al vértice, con una malla de 30 × 30 cm. Colgaba,
mediante cuerdas especiales y poleas pastecas, de un punto próximo al extremo
superior de la copa, de manera que cubría parte del exterior de ésta y sus esquinas
inferiores estaban tensadas y sujetas mediante vientos a árboles cercanos o postes
clavados en el suelo. Cada red soportaba a dos recolectores a la vez.
La red no dañaba la copa y era razonablemente eficaz, una vez colocada, cuando se
trataba de árboles de copa profunda y abundantes conos, pero era como mínimo un
método muy lento y su utilización era imposible en rodales densos. En líneas
generales, su empleo se ha abandonado en favor de métodos menos laboriosos.
Trepa y recogida de frutos dentro de la copa
Los métodos para trepar y recoger los frutos en el interior de la copa son
independientes del procedimiento que se utilice para llegar a ésta, procedimiento que
puede ser la escalera, la bicicleta o las espuelas de trepa. El siguiente resumen de los
principales puntos que se han de observar está basado en Yeatman y Nieman (1978).
Al subir por las ramas de un árbol como si fueran los peldaños de una escalera, las
manos se utilizan sobre todo para abrir camino y equilibrar, mientras que los pies y las
piernas se emplean para dar impulso. Sólo un miembro -mano o pie- se mueve en
cada momento, agarrando las partes más resistentes de las ramas, cerca del fuste
principal, o apoyándose en ellas. Las ramas de resistencia dudosa deben probarse
doblándolas con fuerza antes de confiar en que van a poder soportar el peso del
trepador. La confianza y la coordinación muscular son las claves de la seguridad en la
trepa. Mantener un estado de tensión y de dependencia de la fuerza como único
medio puede ser agotador y peligroso. La mayor parte del trabajo deben realizarlo las
piernas.
La tensión que padece el trepador puede reducirse en gran medida si éste tiene
confianza en un sistema de seguridad de probada eficacia. Hasta el mejor trepador
puede tener de vez en cuando un accidente: basta que una rama que parece segura
sea en realidad traicioneramente quebradiza o resbaladiza. Las técnicas y el equipo
de trepa modernos están diseñados para garantizar que, en caso de que el trepador
se caiga, la caída se detenga enseguida. En Seal y otros (1965), Yeatman y Nieman
(1978) y Robbins y otros (1981) figuran excelentes explicaciones ilustradas de estas
técnicas, así como detalles de las cuerdas y nudos que el trepador debe saber utilizar.
Arnés y correas de seguridad. Un componente esencial del equipo es el arnés o
correaje de seguridad. El tipo más cómodo es el que consiste en una correa que se
ata a la cintura y que tiene una serie de anillas metálicas a las que pueden
engancharse la cuerda de seguridad, la eslinga de correa o cadena, trozos cortos de
cuerda, el cordel para herramientas, etc., así como una silla que se encaja bajo las
nalgas, está conectada al cinturón y puede utilizarse cuando al trepador le resulta más
cómodo recolectar sentado. Puede aumentarse la sujeción añadiendo al arnés un par
de correas para los hombros. Enganchados al arnés hay otros elementos igualmente
esenciales: la eslinga de correa o cadena y una o varias cuerdas cortas de nilón que
sirven para atar al trepador al fuste del árbol. Uno de los extremos está enganchado
en uno de los lados del cinturón, mientras que el otro se pasa por detrás del árbol y
después se fija al otro lado del cinturón. A veces se utiliza una cadena ligera cuando
el trepador asciende por el fuste, cadena cuya longitud puede ajustarse fácilmente,
reduciendo el número de eslabones, a medida que va disminuyendo el grosor del
tronco. Igualmente eficaces, si no más, son las eslingas de correa ajustables. Debe
figurar también en el equipo una segunda cuerda no muy larga, de reserva, de
manera que el trepador que utiliza espuelas o escaleras pueda superar los obstáculos
que suponen las ramas con que se encuentra antes de llegar a la copa viva; esta
cuerda de reserva se coloca por encima de la rama antes de desatar la primera
cuerda, que está debajo del obstáculo. La eslinga se engancha también a la parte
superior del fuste mientras el trepador recoge los frutos que están fácilmente a su
alcance. De esta manera, la combinación de arnés y cuerdas cortas garantiza, en
árboles adecuados, la seguridad del trepador cuando asciende por el fuste y mientras
recoge los frutos, incluso en ausencia de una cuerda de seguridad larga. Pero no
garantiza su seguridad en su ascenso por el interior de la copa.
Cuerdas de seguridad*. Otro componente importante es la cuerda de seguridad.
Suele utilizarse cuerda de nilón de 12–14 mm de diámetro y aproximadamente 1 kg
de peso por cada 10 m. Aparte de su fuerza y buena resistencia al deterioro, tiene la
ventaja de que es algo elástica, lo que reduce el impacto que sufre el cuerpo del
trepador cuando la cuerda se tensa tras una caída. El polipropileno es menos
adecuado, pues se ablanda a temperaturas no demasiado altas. No obstante, se ha
utilizado con éxito en algunos países, como por ejemplo Honduras, donde es muy
difícil obtener nilón. Las precauciones que se adoptan son usar cuerdas de
polipropileno de 18 mm de diámetro como mínimo y evitar las técnicas que comporten
una fricción prolongada sobre una cuerda fija. La fricción temporal de una
cuerda móvil, por ejemplo sobre una rama, no es peligrosa, pues es muy poco el calor
que se genera en un punto cualquiera de la cuerda. Las fibras naturales, como el
cáñamo o el yute, tienen que ser notablemente más pesadas que el nilón para
conseguir la misma resistencia, además de que son susceptibles de pudrirse,
especialmente cuando el tiempo es húmedo.
Es conveniente dividir las cuerdas de seguridad en dos tipos: la cuerda corta o
eslinga, que utiliza el trepador para fijarse al árbol mientras trabaja en la copa, y la
cuerda larga, que baja hasta el suelo y está allí controlada por un ayudante. La cuerda
de seguridad corta mide entre 3 y 10 m, y tiene el mismo grosor que la cuerda larga;
lo normal es que un trepador lleve dos de estas cuerdas cortas en su arnés. Cuando
está trabajando en la copa, ata una de ellas bien a una rama resistente, bien al fuste.
Cuando se encuentra en la parte alta de la copa, donde el fuste no es ya seguro por
su escaso grosor, ata la cuerda a la parte más fuerte del fuste que está por debajo de
él y la sube rodeando el tronco en espiral. Cuando el fuste es lo bastante resistente y
la cuerda de la longitud adecuada, el trepador puede alcanzar sin problemas la parte
exterior de la copa. La cuerda de seguridad corta es de fácil utilización y da al
trepador una independencia total mientras recolecta en la copa.
Uno de los extremos de la cuerda larga se fija al arnés del trepador, mientras que el
otro lo controla un ayudante que permanece en el suelo. Esta cuerda tiene que medir
como mínimo el doble de la altura del árbol, de manera que en caso necesario pueda
bajarse al trepador aunque esté trabajando cerca del extremo superior del árbol.
Aparte de que supone un nuevo factor de seguridad, esta cuerda permite al trepador
llegar a los frutos situados en la parte exterior de la copa, frutos que de otra manera
serían inaccesibles.
Método de trepa con cuerda de seguridad. Al llegar a la parte baja de la copa, el
trepador asciende efectuando una ligera espiral en torno al tronco, de manera que va
pasando la cuerda larga por ramas que la sujetarían en caso de caída (Seal y otros
1965). Cuando el tronco carece de ramas vivas por uno de sus lados, el trepador debe
avanzar en zig-zag por el lado que sí tiene ramas vivas. Cuando no hay ramas
resistentes, el trepador debe fijar una eslinga al tronco y enganchar en ella la cuerda
larga. Con ello se pretende asegurar que no pueda tener una caída libre de más de 2
m antes de que la cuerda larga empiece a soportar su peso. Mientras tanto, y tal como
han descrito Yeatman y Nieman (1978), el ayudante que está en el suelo debe
permanecer bastante separado de la línea de caída del árbol que se está escalando,
para evitar el riesgo de que le causen daños las ramas que puedan romperse y caer al
suelo durante el ascenso del trepador. El ayudante debe estar preparado en todo
momento para soportar el peso del trepador en la cuerda larga, que deberá ir soltando
por debajo de un brazo, por detrás de la espalda y por encima del hombro contrario,
dejándola salir de manera alternada con una mano mientras la agarra con la otra. La
cuerda debe pasarse también por la parte inferior del tronco de un árbol próximo, a fin
de obtener más fricción y una mayor seguridad en caso de que el trepador resbale o
se caiga. En cambio, durante el ascenso la fricción ha de ser mínima, de manera que
el trepador no se vea retenido por la cuerda. Es importante que la parte no utilizada de
esta cuerda larga esté enrollada en el suelo y libre de obstáculos, de manera que no
se enrede al tirar de ella. La cuerda larga es especialmente útil cuando es preciso huir
con rapidez de las avispas o abejas que a veces encuentra el trepador en su ascenso.
Cuando el trepador llega al nivel de la copa donde va a efectuar la recolección, puede
asegurarse pasando la cuerda larga por encima de una rama resistente y en torno al
tronco. Otra posibilidad consiste en que se fije al tronco por medio de una cuerda
corta, que pasa por encima de una rama resistente y en torno al tronco por encima de
él y la vuelve a atar a su cinturón de seguridad, soltando de éste después la cuerda
larga. Cuando las ramas no son lo bastante resistentes, fija una cuerda corta en el
tronco lo más arriba que puede y pasa por ella la cuerda larga. La cuerda no debe
fijarse al tronco por encima del punto en el que el diámetro empieza a ser inferior a 8–
10 cm. El trepador puede o bien pasar ya a recoger los frutos mientras su ayudante en
el suelo sigue sujetando la cuerda larga, o bien emplear un método especial para
bloquear la cuerda larga, mediante mosquetones o grapas, y responsabilizarse
personalmente de sus movimientos Seal y otros 1965). En ambos casos puede hacer
que la mayor parte de su peso descanse en el sillín del arnés, con lo que puede llegar
a puntos más lejanos dentro de la copa que si tuviera que apoyar todo su peso en
ramas relativamente delgadas. La utilización de este método para bloquear la cuerda
larga permite al trepador efectuar un descenso controlado, en el que va recolectando
frutos a medida que baja. Otra ventaja es que el ayudante queda liberado
temporalmente de su función y puede dedicarse a otras tareas; de esta manera un
solo ayudante puede atender a varios trepadores. Este método se adapta bien a las
especies en las que los conos o frutos están dispersos por toda la copa y por
consiguiente se tarda bastante tiempo en recolectar cada árbol. En las especies en las
que los frutos están agrupados en un sola parte de la copa, la recolección es rápida, y
es mejor que el ayudante esté sujetando la cuerda en el suelo (Seal y otros 1965).
Método de descenso. A la hora de descender, el trepador debe en primer lugar, si ha
utilizado una cuerda corta, ascender un poco más y soltarla, mientras el ayudante
tensa la cuerda larga. Después, como han descrito Yeatman y Nieman (1978),
desciende con cuidado, por el mismo camino por el que ascendió, a fin de no
enganchar la cuerda larga en las ramitas de la parte superior de la copa. Cuando sus
pies llegan a ramas que pueden soportar todo su peso colgado de la cuerda larga y
tienen un diámetro lo bastante grande para soportar la abrasión que produce la
cuerda, se mueve lateralmente para enganchar ésta en la horquilla de una rama.
Continúa bajando de manera que la cuerda larga que lleva consigo pase por encima y
alrededor del tronco, por encima de una rama resistente, y finalmente en torno a su
cintura y por debajo de él. En árboles que tienen la copa densa hay otra posibilidad
que suele ser más sencilla y que consiste en pararse, atarse al árbol, desatar la
cuerda larga, pasarla por encima de un lado del tronco, sobre una rama del lado
opuesto y bajarla por el otro lado, para después volverla a atar al cinturón. Con la
cuerda larga firmemente fijada a una rama (en horquilla), el escalador puede dejar que
le baje el ayudante soltando poco a poco la cuerda o puede controlar personalmente
su descenso utilizando el método de bloqueo de la cuerda larga. Descender al suelo
con la cuerda larga es el mejor método que se puede utilizar cuando se ha ascendido
con espuelas. Cuando se ha subido mediante una bicicleta o una escalera
desmontable, suele ser preferible bajar por el mismo método que se ha utilizado para
subir; de no hacerlo así, el trepador debe soltar los anillos de la bicicleta o desmontar
las secciones de la escalera mientras está suspendido de la cuerda de seguridad.
Método de recogida de los frutos. Si utiliza correctamente el arnés y la cuerda larga de
seguridad, el trepador debe tener libres ambas manos para recoger los frutos. Los
métodos varían en función del tamaño, el número y la distribución de los frutos, así
como de la firmeza del pedúnculo que los sujeta. Cuando los frutos son numerosos,
pequeños, agrupados y accesibles, pueden recogerse y depositarse inmediatamente
en una bolsa que el trepador lleva atada al cinturón o colgada del hombro, con la
embocadura abierta mediante un refuerzo. Los frutos de tamaño mayor y más
dispersos pueden separarse del pedúnculo y dejarse caer al suelo para recogerlos
más tarde. Los frutos que son demasiado inaccesibles para recolectarse a mano
pueden separarse del árbol mediante varas, ganchos, rastrillos o tijeras de dos
manos, tal como se describe en las páginas 83–84. Las herramientas que se utilizan
en la copa las debe subir el trepador, cuando ya ha llegado a la zona de la copa en
que va a recolectar, mediante un cordel ligero y específicamente destinado a ese fin
que lleva fijado al cinturón. En Chile los trepadores golpean las ramas con una vara
larga para que caigan los frutos de Nothofagus alpina, pero este método es menos
eficaz con N. pumilio (Gordon 1979). En el caso de las coníferas suele utilizarse algún
tipo de gancho. En Tailandia, se han diseñado para recolectar los conos de Pinus
kesiya y P. merkusii unos ganchos que tienen dos puntas afiladas en direcciones
opuestas, de manera que pueden utilizarse para separar los conos bien empujando,
bien tirando, con lo que se evita que se rompan ramitas que portan nuevos conos
pequeños. Estos ganchos se montan en unos tubos ligeros, de acero, que pueden
extenderse hasta unos 3 m (Granhof 1975). Robbins y otros (1981) ilustran diversos
tipos de ganchos, rastrillos y tijeras. La recogida de los frutos en el suelo, una vez que
han caído tras separarlos con estos útiles, es la misma que se ha descrito supra a
propósito de las semillas que caen espontáneamente.
4.15 Utilización de una herramienta manual y una cuerda de seguridad larga para recolectar
frutos en la copa.
(ESNACIFOR/A.M.J. Robbins)
4.16 Control del descenso por el propio trepador mediante el método de bloqueo de la
cuerda de seguridad larga.
(ESNACIFOR/A.M.J. Robbins)
4.17 Utilización de una plataforma con brazo extensible para
recolectar conos en los Países Bajos. (R.B.L. De Dorschkamp,
Wageningen)
Cuando los frutos son pequeños, numerosos y agrupados y el recolector no puede
llegar a ellos con la mano o están unidos al árbol por un pedúnculo muy firme, puede
ser necesario cortar toda la ramita frutífera mediante unas tijeras de dos manos o un
serrucho de mango largo. Pinus oocarpa es un ejemplo de especie en la que los
conos poseen unos pedúnculos fuertes y leñosos que resulta difícil cortar sin dañar la
ramita. Otra posibilidad en esos casos consiste en recolectar los frutos cortando las
ramitas, aunque de esa manera se destruye la cosecha de conos pequeños del año
siguiente (Robbins y otros 1981). Una solución mejor es diseñar equipo nuevo con
miras a solucionar los problemas especiales que se plantean localmente. En
Honduras se ha diseñado un gancho afilado y en forma de campana que se empuja
hacia fuera, desde el centro de la copa hacia los extremos de las ramas, de forma que
se cortan los conos reduciendo al mínimo el daño que se produce al doblar o romper
las ramas. Este gancho está montado en un mango de aluminio o madera de 5 m de
longitud. Lleva más de cinco años utilizándose, período en el que se ha confirmado
como una herramienta muy útil para cosechar los conos de P. oocarpa, P.
caribaea, P. patula subsp. tecunumanii y P. maximinoi (Robbins 1982a).
Cuando los frutos están agrupados en el extremo de ramas largas, fuera del alcance
del trepador, es posible que éste se vea obligado a cortar la rama entera. En el Brasil,
los escaladores cortan las ramas frutíferas de Eucalyptus con un cuchillo atado a un
palo, y la práctica habitual consiste en alternar los árboles de los que se recolecta en
años sucesivos, de manera que las copas puedan recuperarse.
Los trepadores deben llevar botas de suela antideslizante y monos de trabajo sin
cinturones ni lazos que puedan engancharse en tocones de ramas. Suele ser
conveniente utilizar un casco de seguridad que ajuste bien, guantes y gafas
protectoras. Los ayudantes que están en el suelo deben llevar cascos de seguridad
industriales que les protejan de los objetos que caen de los árboles. Suele ser
necesario un serrucho de podar ligero con el que limpiar de ramas el fuste cuando se
va a ascender con bicicleta.
Los métodos que se describen supra han resultado sumamente fiables cuando se han
utilizado con especies coníferas. La experiencia es menor, y probablemente mayor la
dificultad, respecto de las especies de frondosas de los bosques húmedos tropicales,
en los que se plantea un problema especial por la existencia de pocas y sólidas ramas
separadas por intervalos de 3–4 m. Otro problema es el que presentan las especies
muy espinosas, como Acacia spp., pero, como raras veces tienen más de 15–20 m de
altura, la recolección puede efectuarse con frecuencia desde el suelo. Entre las
ayudas útiles que describen Doran y otros (1983) figuran un soporte fuerte en el techo
del vehículo, para ponerse de pie sobre él, escaleras ligeras que se ajusten a ese
soporte, una cuerda y un peso que se puedan lanzar por encima de una rama para
sacudirla o romperla, una sierra flexible o una tijeras de podar de dos manos y unos
guantes de piel gruesa para quitar las vainas de las especies espinosas. Es indudable
que habrá que modificar los métodos de recolección habituales para adaptarlos a las
peculiaridades de las distintas especies tropicales.
* En resumen, esta parte del equipo de trepa consta de los elementos siguientes:
1. EL CINTURON DE SEGURIDAD, que puede utilizarse solo o como parte del ARNES, que es un correaje más
complicado.
2. LA CORREA DE SEGURIDAD o ESLINGA, que se pasa por detrás del fuste y cuyos extremos se enganchan a
uno y otro lado del CINTURON DE SEGURIDAD. Asegura al trepador al fuste mientras asciende hasta la copa.
3. La CUERDA DE SEGURIDAD CORTA (también llamada a veces ESLINGA), que ata al trepador o a su CUERDA
DE SEGURIDAD LARGA al tronco del árbol o a una rama resistente mientras trabaja en la copa. Puede utilizarse
asimismo como CUERDA DE RESERVA, con la que se asegura el trepador cuando tiene que desenganchar la
CORREA DE SEGURIDAD para superar las ramas grandes y aisladas que se encuentran en el fuste.
4. La CUERDA DE SEGURIDAD LARGA, que conecta al trepador con el ayudante que está en el suelo. Le
proporciona seguridad mientras está en la copa y le permite descender sin tener que bajar por el fuste.
Recolección de árboles en pie con otros medios de acceso
Se han diseñado algunos tipos de equipo para elevar mecánicamente al recolector
hasta una altura desde la que pueda llegar a la parte frutífera de la copa sin necesidad
de trepar. En un número limitado de ensayos se ha demostrado que los sistemas a
base de cables que sostienen una pequeña vagoneta pueden mover a los
recolectores a lo largo de las copas. Aunque se accede a varios árboles a la vez, la
instalación es laboriosa (Matusz 1964, Gradi 1966, Stein y otros 1974). El sistema
resultaría más ventajoso en los rodales en los que se fuera a repetir la recolección. Se
han efectuado asimismo experimentos con cables o plataformas suspendidos de
globos o helicópteros. Los globos no se consideran prácticos, pero es posible que los
helicópteros tengan utilidad en determinadas condiciones. Pero probablemente el más
práctico de todos los dispositivos mecánicos para elevar o descender a un hombre de
manera que los frutos queden a su alcance es la plataforma con brazo extensible. La
descripción que figura a continuación está basada en la que ofrece Turnbull (1975b).
En muchos países se ha utilizado para recolectar semillas el mismo tipo de plataforma
con brazo extensible que se emplea para instalar cables eléctricos aéreos. Existen
varios modelos, algunos dotados de mecanismos de elevación telescópicos y brazos
de acero articulados y movidos hidráulicamente, todo ello sobre una base giratoria.
Matusz (1964) ha descrito el mecanismo de extensión articulado AGP-12, construido
en la Unión Soviética, y Seal y otros (1965) han ilustrado y explicado la utilización de
la plataforma hidráulica Simon, de procedencia británica. Con la máquina soviética se
consiguió recolectar semillas de árboles hasta los 15 m de altura, y hasta 10–16 m
con la plataforma hidráulica Simon. Tienen espacio suficiente para que trabajen en
ellas dos hombres, que pueden prescindir de los cinturones de seguridad y equipo
parecido. Estaba previsto fabricar una versión mayor de la máquina soviética, que
llegaría hasta alturas de 30 m.
En Australia se creó, para recolecciones de semilla en alturas de hasta 10 m sobre el
suelo (Willcocks 1974), una plataforma montada en un remolque y conectada a un
tractor agrícola, que la impulsaba. Esta unidad de tractor y remolque puede utilizarse
prácticamente en todos los sitios en que puede moverse sin problemas un tractor. Es
un equipo versátil y de un costo relativamente bajo. La escalera hidráulica Afron no
llega a tanta altura (7 m como máximo), pero es muy manejable y no precisa más que
un solo operario, pues todos los controles se encuentran en la plataforma desde la
que se recogen los frutos. Se utiliza mucho en los huertos de frutales y podría ser una
máquina útil en los huertos semilleros forestales de gestión intensiva siempre que los
árboles fueran de un tamaño moderado. Según Seal y otros (1965), las plataformas
hidráulicas son útiles sobre todo cuando se dispone de poco tiempo o poca mano de
obra y los frutos pueden recolectarse en árboles de fácil acceso y buena fructificación.
Los inconvenientes de este equipo son la necesidad de un buen acceso y el elevado
costo de capital. En el Reino Unido se comprobó que, cuando las cosechas de conos
eran menos accesibles y abundantes, el costo unitario de la recolección con la
plataforma hidráulica Simon era superior al de la recolección con escaleras o
bicicletas.
Productividad en la recolección de frutos
Existe poca información pormenorizada sobre la productividad en la recolección de
frutos, especialmente respecto de especies tropicales. Como señalaron Dobbs y otros
(1976), las cantidades que se recogen por recolector y día dependen de diversos
factores, entre los que figuran no sólo la destreza y energía del recolector, sino
también el tamaño de los frutos, la abundancia de la fructificación, la firmeza con que
los pedúnculos sujetan el fruto al árbol, la presencia de frutos viejos o inmaduros en
las ramas, que pueden confundir a los recolectores o reducir su ritmo de trabajo, el
método de recolección (trepa, de árboles cortados, del suelo, etc.) y factores diversos
como el tiempo atmosférico, la presencia de insectos y el tiempo de traslado.
Respecto de Pseudotsuga en los Estados Unidos y el Canadá, Douglass (1969) y
Dobbs y otros (1976) dan el mismo promedio, 2–3 hectolitros de conos por recolector
y día, recogidos de unos cuatro árboles mediante trepa. Dobbs y otros (1976) indican
que en la recolección de árboles de Pseudotsuga cortados cabe esperar la misma
productividad que cuando se trepa a árboles en pie. En Pinus ponderosa se puede
esperar una producción de 4–5 hectolitros de conos por escalador y día, y
aproximadamente 0,5 hectolitros en especies cuyos conos son más pequeños,
como Larix, Thuja y Tsuga. En recolecciones efectuadas por la IUFRO
de Pseudotsuga, Picea sitchensis y Abies grandis en la parte occidental de
Norteamérica, un equipo de cuatro trepadores experimentados era capaz de
completar un determinado rodal en un solo día, recolectando en unos 20 árboles
bastante separados entre sí (Fletcher y Barner 1978). En Tailandia, la productividad
que se espera en rodales de Pinus kesiya de árboles de tamaño mediano es por
término medio de 25–30 kg de conos por trepador y día, recolectados en seis árboles
(Granhof 1975). En Honduras, la tasa de recolección en P. oocarpa y P. caribaea se
sitúa por término medio, cuando se trata de una recolección general y a granel en una
cosecha media, entre 1 y 2,5 hectolitros procedentes de 3–5 árboles por hombre y día
(Robbins 1983a, b). Matusz (1964) notificó que una tasa de recolección media en
rodales de pinos europeos, de 25 m de altura y con fructificaciones de medianas a
buenas, y con la utilización de espuelas de trepa, era de entre 20 y 50 kg de conos
procedentes de 8–10 árboles al día, lo que suponía entre 0,4 y 1,0 kg de semilla. En
cada árbol, el trepador emplea 15–25 minutos en ascender y descender y 20–30
minutos en recoger los conos. En Dinamarca se han conseguido los rendimientos de
frutos o conos que figuran en el cuadro siguiente, si bien en estas condiciones:
1. Facilidad de acceso a los rodales y a los árboles en pie.
2. Una excelente producción de semilla.
3. Un equipo de trepadores sumamente experimentado, con escaleras y con n
horario de trabajo de 8,5 horas diarias (Barner 1974).
Especie Hectolitros de frutos o conos/hombre-día
bueno máximo
Abies nobilis 10 14
Abies nordmannina 3 5
Abies alba 5 7
Acer pseudoplatanus 25 35
Fraxinus excelsior 30 40
Picea sitchensis 2 3
Picea abies 4 6
Picea omorica 1 1,5 (rodales jóvenes)
Larix leptolepis 1,5 2 (rodales jóvenes)
Larix decidua 0,6 1
Pinus sylvestris 1,8 2,5 (huertos semilleros)
Pinus austriaca 1,8 2,5
Pseudotsuga sp. 1,5 2,0
En un año excelente, los rendimientos de semilla por hectárea son los siguientes:
Abies alba 150 –
200
kg
200
Abies nordmanniana 150 –
kg
600
Abies nobilis (procera) 250 –
kg
70
Larix sp. 25 –
kg
150
Picea abies 50 –
kg
25
Picea sitchensis 15 –
kg
80
Pseudotsuga sp. 40 –
kg
1 000
Fagus sylvatica 500 –
kg
5 000
Quercus sp. 2 000 – (?)
kg
800
Fraxinus excelsior 400 –
kg
400
Acer pseudoplatanus 200 –
kg
Se dispone de poca información sobre las tasas de recolección de frutos en las
frondosas tropicales.
Capacitación y seguridad
La recolección de la semilla, especialmente por el procedimiento de trepa, es un
trabajo duro, y por lo tanto es esencial seleccionar cuidadosamente a los trepadores y
dotarles de una buena capacitación antes de que empiecen las operaciones de
recolección. Es necesario que sean personas física y mentalmente adecuadas, que
estén dotadas naturalmente para escalar y posean una combinación de autoconfianza
y sentido común. Todo programa de recolección que no sea mínimo debe contar, en
el personal permanente, con un núcleo de al menos un trepador capacitado, que
puede dedicarse a otras tareas fuera de la temporada de recolección. Antes de que
empiece ésta, se encargará de impartir breves cursos de capacitación para trepadores
temporales (Robbins y otros 1981). En esencial disponer, como material auxiliar para
estos cursos, de buenas ilustraciones gráficas, especialmente cuando los trepadores
son analfabetos.
Las precauciones de seguridad variarán en función de las condiciones locales y,
especialmente, de la especie de árbol de que se trate y del equipo y métodos de
recolección que se utilicen. Todo el personal que participa en las operaciones de
recolección debe conocer perfectamente las normas locales en materia de seguridad.
La selección de recomendaciones al respecto que se reproduce a continuación se
basa en las de Yeatman y Nieman (1978), Dobbs y otros (1976), Seal y otros (1965) e
Isslieb (1964) (citado en Seeber y Agpaoa 1976).
1. Todo el equipo debe guardarse cuidadosamente, tanto durante el transporte
sobre el terreno como cuando está almacenado entre una temporada de
recolección y la siguiente.
2. La ropa de trabajo debe ser fuerte, bien ajustada y adecuada para el tiempo
atmosférico que se espera.
3. Todos los componentes del equipo deben comprobarse antes de su uso y, en
caso de dudas sobre su estado, no deben utilizarse hasta que se reparen o
sustituyan.
4. No se debe trepar a árboles cuando llueve o en presencia de viento fuerte, ni
tempoco con escasa luz, por ejemplo al atardecer, ni cuando el cansancio es
excesivo.
5. No se debe trepar a árboles que presenten signos evidentes de podredumbre
del tronco, cancros o agallas graves, rajaduras, guías dobles u otras
anormalidades que indiquen debilidad mecánica.
6. La cuerda de seguridad larga debe estar limpiamente enrollada en el suelo
antes de que el trepador ascienda, a fin de evitar que se enganche o enrede en
el sotobosque.
7. El ayudante que está en el suelo debe sujetar la cuerda de seguridad larga por
debajo de un brazo y por encima del hombro contrario. Es aconsejable pasar la
cuerda, con una simple media vuelta, por un árbol próximo. Con ello se
aumenta el control y se impide que la cuerda se le escape de las manos. La
cuerda se debe soltar y recoger cambiando la posición de una y otra mano. Si
se deja que la cuerda se deslice, aumenta la dificultad de controlarla y pueden
producirse dolorosas quemaduras por fricción.
8. Al trepar no se debe llevar nada atado o enlazado en torno al cuello.
9. Al trepar árboles toscos y frondosos debe llevarse puesto el casco de
seguridad y unas gafas protectoras, para prevenir daños en la cabeza y los
ojos.
10. Como lugar de apoyo de los pies o las manos el trepador debe elegir la parte
de la rama que está próxima al punto en que se une con el fuste principal.
11. Hay que tener cuidado con las ramas quebradizas; las ramas dudosas deben
ensayarse antes de poner peso sobre ellas. Han de evitarse las ramas que se
están descortezando, pues son resbaladizas. En la medida de lo posible, ha de
decidirse el camino de la trepa antes de empezar el ascenso, especialmente
en lo que se refiere a la zona ramosa de la copa.
12. El trepador debe contar en todo momento con tres puntos de apoyo (una mano
y dos pies o dos manos y un pie), moviendo sólo un miembro cada vez,
excepto cuando está atado al árbol por una correa o cuerda corta o suspendido
de una cuerda larga. Se debe ascender con tranquilidad, mediante
movimientos regulares y pasos cortos.
13. Al subir a la copa no se deben llevar herramientas. Si se precisan unas tijeras
de podar, un rastrillo para conos, etc., se debe utilizar un cordel ligero para
subir el equipo hasta la altura en que se va a trabajar. Este cordel debe dejarse
atado a las herramientas grandes mientras se trabaja, a modo de seguro. Las
herramientas deben devolverse al suelo con el cordel; no es aconsejable
dejarlas caer o tirarlas.
14. Debe prestarse atención a los tetones afilados: pueden desgarrar la ropa y
producir dolorosos cortes y heridas.
15. Se debe ascender en espiral o en zig-zag, o atando al fuste correas de
seguridad, de manera que el trepador caiga como máximo 2 m antes de que la
cuerda larga soporte su peso.
16. Durante la trepa, el diámetro del fuste principal no debe ser inferior a 8 cm a la
altura de la cintura. Si hay dudas en materia de seguridad, no se debe vacilar,
antes de ascender a la zona de la copa donde está la semilla, en atar una
cuerda al tronco a una altura de resistencia garantizada.
17. Al atar esta cuerda, debe mantenerse un brazo rodeando con firmeza el árbol
hasta que la cuerda esté fijada al cinturón de seguridad.
18. Antes de retirar las manos del árbol, debe ensayarse que la cuerda de
seguridad y el lugar donde se apoyan los pies soporten bien el peso del
cuerpo.
19. Cuando se está recolectando cerca del extremo superior del árbol, ha de
mantenerse el cuerpo próximo al fuste, de manera que su peso actúe hacia
abajo, no hacia afuera.
20. La correa de seguridad o eslinga debe estar atada en todo momento alrededor
del tronco del árbol, excepto cuando se está escalando o cambiando de
posición en la copa, o cuando se está suspendido de la cuerda larga.
21. Antes de dejar caer bolsas de conos u otra material, hay que asegurarse de
que las personas que están en el suelo lo han advertido y se han retirado
suficientemente.
22. Cuando se recolectan frutos desde una escalera, debe atarse la parte superior
de ésta al árbol con una cuerda de nilón. La escalera debe fijarse aún más
mediante dos vientos.
23. En todo momento debe haber en el lugar de la trepa un equipo completo de
primeros auxilios.
Capítulo 5 MANIPULACION DEL FRUTO Y LA SEMILLA
ENTRE LA RECOLECCION Y EL PROCESAMIENTO
Introducción
Durante el período que sigue inmediatamente a la recolección, las semillas corren un
especial riesgo de sufrir daños. A ello se añade que el medio ambiente en el que se
colocan, que se controla con bastante facilidad en el centro de semillas o en la
instalación de procesamiento, es difícil de controlar en el bosque y durante el
transporte del bosque a la instalación. No es posible predecir ni prevenir las
fluctuaciones del clima, y es posible que en el transporte intervengan personas que, a
diferencia del recolector, el procesador o el usuario, no tienen mucho interés personal
en que las semillas se encuentren en condiciones idóneas. Durante este período es
alto el peligro de que se pierda la identidad del material, así como su viabilidad. El
riesgo es especialmente elevado en muchos países tropicales, donde la temperatura y
la humedad son altas y donde el transporte es muchas veces difícil, lento e inseguro
(Kemp 1975a). Las investigaciones efectuadas sobre los problemas que comporta
almacenar especies “difíciles” han revelado en ocasiones que el auténtico peligro se
encuentra en el tiempo que transcurre entre la recolección y el
procesamiento/almacenamiento. Cuando las semillas han perdido ya parte de su
viabilidad antes de almacenarse, ni siquiera con el mejor tratamiento en la instalación
se obtendrán más que unos resultados mediocres. Por consiguiente, es esencial
efectuar por adelantado una planificación cuidadosa que permita controlar de la
manera más estrecha posible la identidad y salud de la semilla en todas las fases de
su circulación (Kemp 1975a).
Mantenimiento de la viabilidad
Casi siempre, lo que se recolecta del árbol son frutos, no semillas. En algunos países
donde el clima lo permite, las operaciones de secado de los frutos al sol y extracción
de las semillas se llevan a cabo sobre el terreno (véanse las páginas 120–121). En
otros se considera preferible transportar los frutos, con la mayor rapidez posible, a la
instalación de procesamiento de semillas, donde las condiciones de la extracción se
pueden controlar mucho más que en el campo.
Cuando las semillas no se extraen sobre el terreno, los frutos han de manipularse con
sumo cuidado, tanto en el bosque como durante el transporte. Cuando la temperatura
y la humedad son elevadas, los frutos acumulados a granel en grandes cantidades
son muy vulnerables al deterioro por acción de mohos y otros hongos y por
recalentamiento debido a una elevada tasa de respiración. No puede exagerarse la
importancia que tiene la buena ventilación para reducir estos riesgos. Cuando los
frutos se almacenan temporalmente en recipientes separados, éstos no deben
llenarse al máximo. En particular, los sacos que contienen conos frescos deben
dejarse a medio llenar; de esta manera se deja espacio para que se expandan las
escamas a medida que los conos se van secando. De lo contrario, las escamas
pueden quedarse en una posición que dificulta considerablemente la ulterior
extracción de la semilla (Stein y otros 1974). Para facilitar la circulación del aire dentro
de los sacos, así como hacer más cómoda la manipulación durante el transporte, es
aconsejable no poner más de 10–20 kg de frutos en cada saco (Goor y Barney 1976).
Los casos de arpillera poco tupida o las bolsas de lavandería de malla de nilón
(Yeatman y Nieman 1978) permiten una buena circulación de aire por los laterales. En
el caso de las cápsulas de eucalipto y los frutos de otras especies que tienen unas
semillas muy pequeñas, sin embargo, deben utilizarse bolsas de algodón tupido
cuando existe alguna posibilidad de que los frutos se abran durante el tránsito
(Turnbull 1975c). Las cestas grandes y de malla abierta son ideales para favorecer la
libre circulación del aire entre los conos y otros frutos de gran tamaño, y pueden
construirse con materiales disponibles localmente, como metal, sauce, bambú o rotén.
En los montones no muy apretados de frutos puede mejorarse la ventilación
insertando en su centro unas “chimeneas” improvisadas a base de láminas de
madera. Removiendo todos los días los frutos de estos montones o cambiando de
posición los sacos se puede mejorar considerablemente el acceso del aire a los frutos
situados más lejos de la superficie.
Cuando no es posible transportar inmediatamente los frutos a la instalación de
procesamiento de semillas, debe disponerse un almacenamiento temporal sobre el
terreno, en cobertizos o bajo algún tipo de protección (Morandini 1962). Es preciso
proteger los frutos de esta manera contra la lluvia, y en algunas especies contra una
insolación demasiado fuerte. Los cobertizos deben estar abiertos por los lados o
disponer de buena ventilación por otros medios, y los sacos deben estar bien
separados en rejillas o colgados de ganchos de manera que el aire pueda circular
libremente. El sistema consistente en colgar los sacos de ganchos presenta además
la ventaja de que los protege contra los roedores. Cuando el almacenamiento se hace
al aire libre, debe construirse una cubierta a base de lonas alquitranadas o piezas de
polietileno. Cuando la temporada de recolección coincide con un período de tiempo
fiablemente seco pero no demasiado caluroso, no se precisa esta cubierta superior.
Los sacos no deben apilarse nunca uno encima de otro en grandes montones
(Aldhous 1972, Stein y otros 1974).
5.1 Soportes tipo caballete que se suelen utilizar en América del Norte para el
almacenamiento provisional de conos.
(Servicios Forestales del Canadá/Columbia Británica)
5.2 Cestos de alambre que se utilizan en Dinamarca para el almacenamiento temporal de
conos.
(Centro de Semillas Forestales de DANIDA)
5.3 Almacenamiento temporal de conos de Pinus taeda en cajas de 7,2 hl en el sur de los
Estados Unidos.
(Servicio Forestal, Dpto. Agric. EE.UU.)
5.4 Estructura temporal para secar cápsulas de eucalipto sobre el terreno en Australia.
(División de Investigaciones Forestales, CSIRO, Canberra)
En el caso de la mayoría de las semillas ortodoxas (véanse las páginas 196–197) es
conveniente someter por anticipado a los frutos, sobre el terreno, a un determinado
grado de secado. Se ha recomendado secar las semillas ortodoxas hasta menos del
12 por ciento antes de enviarlas por transporte aéreo (IBPGR 1981). La utilización de
sacos no muy tupidos facilita el secado. Las bolsas de polietileno no son adecuadas
para el almacenamiento temporal de los frutos de estas especies, pues impiden el
secado y pueden fomentar la aparición de mohos de hongos y el recalentamiento. Los
frutos de las especies recalcitrantes, en cambio (véase el Capítulo 7), deben
mantenerse frescos y húmedos para que sus semillas no pierdan viabilidad. Para las
especies de este tipo está recomendado utilizar como recipientes las bolsas de
polietileno, que impiden que los frutos se sequen (Stein y otros 1974).
En el caso de las recolecciones grandes, Isaacs (1972) ha sostenido que las cajas
paletizadas y sujetas con alambre, con capacidad de 7,3 hectolitros, son un medio
mucho más eficaz para manipular físicamente los conos antes de su procesamiento.
Estas cajas, que se utilizan como recipiente único para la manipulación, la expedición
y el almacenamiento, se entregan como componentes que pueden montarse, a
medida que se necesitan, en menos de tres minutos. No obstante, habida cuenta de
que una vez llenas pesan alrededor de media tonelada, para cargarlas y descargarlas
se precisa un vehículo con horquilla elevadora, y por consiguiente sólo son adecuadas
cuando se trata de operaciones de gran magnitud y muy mecanizadas.
Es posible que se necesite adoptar medidas especiales para impedir que plagas y
enfermedades dañen los frutos. En determinadas circunstancias, cuando es alto el
riesgo de que la cosecha sufra graves daños, puede ser aconsejable utilizar polvos
insecticidas y fungicidas, pero hay que tener mucho cuidado al tratar la semilla fresca
y relativamente húmeda, pues las propias sustancias químicas pueden tener sobre
ella un efecto perjudicial (Kemp 1975a). Mejor que confiar en sustancias químicas
suele ser mantener la higiene de los frutos, especialmente por medio de una buena
ventilación. Almacenar los sacos fuera del contacto con el suelo basta para
protegerlos hasta cierto punto de los roedores. La incidencia de plagas y
enfermedades suele ser más elevada en el suelo del bosque, y la pronta recogida de
los frutos caídos contribuye notablemente a reducir las pérdidas ulteriores.
Extracción de la semilla cerca del lugar de recolección
La decisión de si se va a extraer la semilla del fruto en una instalación central de
procesamiento o cerca del lugar de recolección, y por lo tanto poco después de ésta,
debe adoptarse teniendo en cuenta las condiciones locales. Como señaló Kemp
(1975a), la reducción del volumen y el peso del material recolectado facilita
considerablemente el transporte, y por ese motivo es posible que cuando se trata de
frutos relativamente voluminosos sea deseable extraer la semilla en una fase
temprana, aun cuando las operaciones de separación de las alas, limpieza y secado
final, más críticas, se efectúen mejor en la instalación central. En algunos casos se ha
comprobado también que la extracción temprana de la semilla es esencial para
mantener el máximo grado de viabilidad. Los frutos carnosos como el sincarpo
de Chlorophora fermentan si se mantienen almacenados a granel durante tiempo, y la
fermentación reduce la viabilidad de la semilla. En los trópicos es habitual utilizar el
calor del sol para acelerar la extracción y el secado de las semillas, especialmente de
muchas coníferas y árboles que tienen frutos leñosos y dehiscentes, como por
ejemplo el eucalipto; este procedimiento es por lo general beneficioso. No obstante,
un secado demasiado rápido de los frutos puede hacer en ocasiones que éstos no se
abran e impidan la extracción ulterior, en un proceso análogo al “endurecimiento
superficial” de la madera. Así ocurre con los conos de algunos pinos cuando se
recolectan sin que hayan madurado plenamente. En esos casos es necesario
mantener los frutos a cubierto, con una buena circulatión de aire, durante una o dos
semanas antes de intentar un secado más rápido. Algunas semillas, sobre todo de
especies de los bosques higrofíticos tropicales, mueren fácilmente cuando los frutos
se secan con rapidez. En el caso de estas especies no es conveniente secar los frutos
al sol, sino que se deben mantener húmedos durante el tránsito (Kemp 1975a). Entre
los factores que se han de tener en cuenta a la hora de optar por efectuar la
extracción local o centralmente figuran los siguientes:
1. La distancia de la instalación central de procesamiento de semillas y la
eficiencia del sistema de transporte. Cuanto más largo es el período que se va
a emplear en el tránsito, tanto mayor es el riesgo de deterioro, tanto mayor es
el ahorro de costos al transportar semillas en vez de frutos y tanto más sólidas
las razones en favor de la extracción local.
2. Las características de la especie de que se trate. Por ejemplo, cuando se trata
de frutos carnosos, en los que es alto el riesgo de fermentación, las semillas
deben extraerse mediante maceración localmente y poco después de la
recolección, mientras que los frutos y semillas de algunas leguminosas, secos
y resistentes, pueden soportar un período de tránsito prolongado y en
condiciones difíciles sin que se produzcan pérdidas importantes de viabilidad.
3. La idoneidad de la especie con respecto a la extracción por medio del sol.
Cuando se trata de especies en las que se precisa un tratamiento con estufas
para extraer la totalidad de las semillas, los frutos suelen enviarse a las
instalaciones centrales, que disponen de medios para efectuar esa operación,
en vez de intentar secarlos localmente, aunque a veces se pueden utilizar
estufas portátiles o calor artificial procedente de serrerías. En el caso de las
especies recalcitrantes, que no soportan el secado, lo mejor es enviar los
frutos húmedos, y lo antes posible, a la instalación central de semillas.
4. La seguridad de que va haber tiempo soleado durante la temporada de
recolección. Cuando la recolección se efectúa durante la estación seca en el
clima mediterráneo o en climas tropicales secos, están aseguradas las
condiciones ideales. Así, en Grecia ha resultado satisfactoria con la mayoría de
las especies la práctica actual de secado y extracción sobre el terreno (Cooling
1971). En los trópicos húmedos, en condiciones de tiempo frescotemplado y
cuando la recolección se efectúa durante la estación de lluvias, no es posible el
secado al sol.
Aun cuando la extracción de las semillas se efectúe localmente, es preferible hacerlo
no en el bosque mismo, sino donde se cumplan determinados requisitos en materia
de edificios y comunicaciones. En los países que cuentan con un servicio forestal bien
desarrollado, el sitio idóneo suele ser la sede local del distrito forestal. No se
dispondrá de esos medios cuando se recolecte en bosques inaccesibles y habitados
de manera dispersa, en cuyo caso será necesario improvisar en el bosque una
instalación de extracción de semillas.
Las técnicas de la extracción de semillas se describen en las páginas 196–238.
Mantenimiento de la identidad
Para asegurar que se mantiene la identidad del lote de semillas, es preciso etiquetar
correctamente cada recipiente de frutos cuando se llena. Como precaución adicional
frente al riesgo de pérdida accidental de la etiqueta exterior, se deben colocar
etiquetas idénticas dentro y fuera del recipiente (Stein y otros 1974, Robbins y otros
1981). Deben emplearse etiquetas que no se deterioren con el agua, y la información
recogida en ellas debe comprender como mínimo la especie, el número del lote, la
ubicación geográfica o nombre de la fuente de la semilla, el peso de la semilla
contenida, la fecha de recolección y el nombre del recolector (Stein y otros 1974). La
información sobre el número del lote de semilla y la especie es clave a efectos de
documentación. Si en hojas de datos sobre la recolección se ofrece información
pormenorizada (véase el Apéndice 1), entonces en las etiquetas puede ser suficiente
indicar el número de lote, la especie, la fuente y el peso de la semilla contenida. A los
documentos que acompañan la semilla debe unirse -o mejor enviarse por correo antes
de las semillas- una copia de la hoja de datos sobre la recolección o certificado de
origen, en la que ha de constar el número del lote. Cuando un solo lote se divide para
su envío en varios recipientes, cada etiqueta debe recoger también el número de
éstos que se ha necesitado (por ejemplo, 1 de 4) (Kemp 1975a). En las operaciones a
gran escala, la información puede codificarse (Aldhous 1972, Dobbs y otros 1976). En
el caso de recolecciones pequeñas con fines de investigación, por ejemplo,
recolecciones de procedencias o recolecciones de un único árbol para ensayos de
progenie, la información adicional se registra aparte, en un certificado de origen de la
semilla u hoja de datos sobre la recolección. Es importante hacer referencia al número
de lote. El etiquetado es más laborioso, pero también más importante aún, cuando se
trata de muchos y pequeños lotes de semilla con fines de investigación que cuando se
trata de recolecciones a granel, pues es esencial que no se mezclen los distintos lotes
y cada uno de ellos esté claramente identificado en todas las fases que median entre
la recolección y la siembra en el vivero. Para estos pequeños lotes de conos y
semillas que han de mantenerse separados son ideales, como recipientes, las bolsitas
de nilón. Permiten una buena ventilación, y muchas de las fases de manipulación de
la semilla (transporte, secado al sol o con estufa, eliminación manual de las alas)
pueden llevarse a cabo sin sacar los conos o semillas de la bolsa.
Es frecuente, especialmente en las recolecciones con fines de investigación, que haya
que registrar otros datos además de los que figuran en la etiqueta. Como señaló
Kemp (1975a), con la documentación de la semilla se persiguen tres fines principales:
i) registrar el lugar de la recolección, de manera que en caso necesario se puedan
volver a visitar en cualquier momento las fuentes buenas y, lo que es igualmente
importante, se puedan evitar las fuentes malas; ii) proporcionar información sobre las
condiciones ecológicas, las poblaciones reales muestreadas y los métodos de
recolección y manipulación de la semilla, datos que ayudan a interpretar los
resultados de la investigación o a planificar y realizar otras recolecciones, y iii)
satisfacer los requisitos del transporte seguro y rápido y la aceptación de las semillas.
En el Apéndice 1 figuran varios ejemplos de formularios para datos sobre recolección
de semillas. Entre la documentación especial que en algunos casos es preciso que
acompañe a la semilla en el tránsito, especialmente cuando se cruzan fronteras
nacionales, figuran las licencias de recolección, órdenes de movimiento de semillas,
permisos de exportación e importación, certificados fitosanitarios y certificados de
origen o de valor genético conformes a los sistemas nacionales o internacionales de
certificación de semillas.
Transporte
Es importante lograr que entre el envío de los frutos o de la semilla extraída desde el
lugar de recolección o instalación local y su llegada a la instalación central de
procesamiento transcurra el menor tiempo posible. Parte del trabajo de planificación
debe dedicarse a proporcionar un transporte de cantidad y calidad suficientes, para
evitar los retrasos en el envío y las averías en el camino. Las paradas, incluso las
cortas, contribuyen a que se acumule calor en los sacos de frutos y conos durante el
tránsito. A los conductores de los vehículos se les debe informar de la naturaleza de
su carga y de la necesidad de que la manejen con cuidado y la entreguen sin demora
(Dobbs y otros 1976). Al menos durante la primera parte del viaje, suele utilizarse el
transporte por carretera. El transporte por ferrocarril puede ser más económico
cuando se trata de grandes distancias (Morandini 1962), y más rápido el transporte
aéreo, pero en ambos casos se pierde algo de control sobre las condiciones del
almacenamiento en tránsito, y todo cambio de medio de transporte significa más
manipulación y más tiempo. Es probable que en la mayoría de las condiciones el
método más conveniente sea el transporte por carretera.
En las operaciones de recolección de semilla a gran escala en plantaciones
de Gmelina arborea que se efectúan en el proyecto del Jari, en el Brasil, se hace
mucho hincapié en reducir lo más posible el período de tránsito durante el cual la
semilla se encuentra en los sacos. El tiempo medio es de 1,2 días (Woessner y
McNabb 1979). La germinación de los frutos puede reducirse en 23 puntos
porcentuales transcurrido un día más, y bajar casi hasta cero cuando el tiempo es de
una semana. En algunas zonas, la madurez de la semilla y las condiciones
climatológicas afectan a la duración del tiempo de tránsito en el que las semillas no
sufren deterioro. En Zimbabwe, los conos de pinos recolectados al comienzo de la
temporada, en la época de máximas lluvias y cuando el contenido de humedad de la
semilla es elevado, no deben permanecer en los sacos más de 2–3 días; los conos
que se recolectan hacia el final de la temporada de lluvias, que están más secos,
pueden aguantar hasta 10 días en los sacos sin deteriorarse (Seward 1980).
Cuando las distancias son cortas y se han de transportar grandes cantidades de una
sola especie y procedencia, pueden cargarse los frutos directamente en los vehículos,
sin recipientes (Morandini 1962, Goor y Barney 1976). Antes de cargar un nuevo lote
es preciso limpiar el vehículo, de manera que no queden semillas de viajes anteriores.
Cuando se trata de viajes más largos o de lotes de semilla más pequeños, se deben
utilizar recipientes individuales. Los sacos deben colocarse cuidadosamente en el
vehículo, de manera que el aire pueda circular entre ellos en la mayor medida posible.
Los cestos de malla abierta son excelentes para facilitar la libre circulación del aire
durante el transporte y durante el almacenamiento temporal.
En el caso de la mayoría de las especies, y para promover la circulación del aire, es
preferible utilizar camiones y remolques abiertos, no camionetas cerradas (Dobbs y
otros 1976). No obstante, cuando se trata de especies cuya viabilidad depende de que
se mantenga un elevado contenido de humedad; hay que procurar que las semillas no
se sequen en exceso; es necesario utilizar bolsas de polietileno y disponer un sistema
que evite la acción directa del sol. En las especies que o bien germinan naturalmente
o bien pierden su viabilidad poco después de la caída de la semilla, a temperaturas
normales, puede ser esencial transportar la semilla rápida y directamente a su destino
final, y hacerlo inmediatamente después de la recolección. En ocasiones es necesario
también contar con recipientes especiales, dotados de aislamiento, para controlar la
temperatura y la humedad durante el tránsito (Kemp 1975a). Como precaución frente
a la exposición temporal de las semillas recalcitrantes a las temperaturas frías o
gélidas de las bodegas de aviones se recomiendan los recipientes de espuma de
estireno o los termos metálicos (IBPGR 1981). Este problema puede darse en algunos
árboles del bosque alto tropical higrofítico, pero es raro entre las especies que se han
desarrollado en condiciones que comprenden todos los años una estación muy fría o
seca. Muchas de las especies que más se utilizan en la silvicultura de plantación
pertenecen a esta segunda categoría.
Cuando se trata de material valioso puede ser aconsejable dividir cada lote de
semillas o frutos en dos partes como mínimo, para que viajen por separado, de
manera que si se produce un accidente en el camino no se pierda todo lo recolectado.
También puede ser conveniente proteger las semillas con un seguro de pérdida o
daños, cuya cuantía cubra al menos una parte del costo de repetir la recolección
(Kemp 1975a).
Antes de que llegue la expedición, debe notificarse a la instalación de procesamiento
de semillas el momento estimado de llegada de los frutos. De esta manera la estación
receptora puede reservar el personal necesario para descargar los frutos sin demora
(Dobbs y otros 1976). Debe facilitarse asimismo una información parecida a los
receptores intermedios, encargados del transbordo o el despacho de expediciones de
frutos.
Precauciones especiales con las semillas recalcitrantes en los
trópicos húmedos
Casi todos los problemas de mantenimiento de la viabilidad de la semilla que se
resumen en el presente capítulo se acentúan en el caso de las especies recalcitrantes
de los trópicos húmedos. Su período vital es breve, y no pueden tolerar ni las
temperaturas bajas (no muy por debajo de 20°C) ni la reducción del contenido de
humedad por debajo de un valor relativamente alto. Las semillas de los trópicos
húmedos son en su mayoría recalcitrantes, y, debido a las altas tasas de deterioro de
la semilla en tránsito, esas especies no suelen utilizarse para reforestar, salvo en sus
países de origen. Aun cuando las semillas se recolectan y utilizan localmente, y a
menos que se adopten precauciones especiales, las semillas pueden deteriorarse
gravemente en cuestión de días. Los recolectores han de trabajar dentro de unos
límites de tolerancia relativamente estrechos. Las principales precauciones que hay
que adoptar son las siguientes (Ng 1983):
Ventilación: Las semillas recalcitrantes (y sus frutos) tienen una gran actividad
respiratoria, por lo que necesitan una buena ventilación. Cuando se envasan grandes
cantidades muy apretadas, se producen sofocación, ruptura fisiológica, desarrollo de
hongos y recalentamiento, factores que provocan la rápida muerte de las semillas.
Cuando se utilizan como recipientes bolsas de plástico, éstas deben dejarse abiertas,
o deben abrirse pequeños agujeros en los lados. Los cestos o las bolsas de tela son
adecuados, aunque por lo general son también más voluminosos o costosos. No es
fácil hallar el punto de equilibrio entre la ventilación suficiente y la suficiente
conservación de la humedad (véase infra).
Temperatura: Deben evitarse las temperaturas inferiores a 20°C y superiores a 35°C.
En el transporte aéreo es probable que se den temperaturas bajas, a menos que se
guarden las semillas en la cabina presionizada. Las temperaturas altas pueden
deberse a la respiración o a la acción directa del sol. Una buena ventilación reduce la
acumulación de calor debida a la respiración. Debe evitarse en todo momento la
acción directa del sol sobre las semillas recalcitrantes.
Contenido de humedad: Las semillas recalcitrantes se deterioran cuando su contenido
de humedad se reduce demasiado o con excesiva rapidez. Esto puede ocurrir durante
el transporte en vehículos abiertos, debido al movimiento del aire. En esas
circunstancias, debe reducirse el tamaño y el número de los orificios de ventilación
que se abren en los recipientes. Los recipientes abiertos deben taparse con papel de
periódico o con un paño para reducir la desecación que produce el movimiento del
aire.
Organización del vivero: Antes de efectuar la recolección, debe avisarse a los viveros
receptores para que tengan preparados los semilleros de germinación. En el caso de
las semillas recalcitrantes, entre la recolección y la siembra debe transcurrir el menor
tiempo posible.
Viajes largos: Cuando se trata de semillas recalcitrantes, los viajes de recolección no
deben durar más de unos pocos días. Si no es posible evitar el viaje largo, se deben
intensificar las tareas de inspección diaria y procesamiento de las semillas ya
recolectadas. Si aparecen signos de podredumbre y desarrollo de hongos, deben
extenderse las semillas para mejorar la ventilación. Los frutos pulposos podridos han
de separarse de los frutos sanos, y despulparse de inmediato. Deben desecharse las
cápsulas que se han abierto lo bastante para que se pueda extraer su semilla. Si
algunas semillas empiezan a germinar durante el viaje, pueden salvarse guardándolas
en recipientes rígidos o cestos forrados con papel de periódico u otro material
absorbente y manteniéndolas húmedas. Algunas semillas se deterioran con tanta
rapidez que a veces lo mejor es transportarlas en condiciones de germinación en un
medio húmedo.
Capítulo 6 PROCESAMIENTO DE LAS SEMILLAS
Introducción
Como ya se ha señalado en la página 115, lo que se cosecha es casi siempre los
frutos de los árboles forestales, no sus semillas. En algunas especies lo que se
siembra en el vivero son también los frutos, que suelen denominarse con poca
propiedad “semillas”, como por ejemplo en el teco. En la mayoría de las especies, sin
embargo, se recolectan los frutos pero se siembran las semillas, por lo que en alguna
fase éstas deben extraerse de los frutos que las recubren. Como ya se señaló en el
Capítulo 5, la extracción se efectúa a veces cerca del lugar de recolección, aunque lo
más frecuente es que se realice en unas instalaciones centrales de procesamiento y
almacenamiento. La extracción y los procesos conexos tienen por finalidad producir la
máxima cantidad de semilla limpia y muy viable (Stein y otros 1974). Entre los
procesos que intervienen figuran uno o varios de los siguientes: maceración y
despulpado, secado, separación, volteado y trillado, separación de las alas y limpieza.
Operaciones previas a la extracción
Almacenamiento temporal en la instalación de procesamiento
Por muchas precauciones que se adopten, las condiciones en que los frutos y
semillas efectúan el tránsito del bosque a la instalación de procesamiento son raras
veces las ideales. Así ocurre sobre todo cuando el viaje se prolonga durante varios
días. Por consiguiente, es importante que nada más llegar los frutos a la instalación se
descarguen, inspeccionen y coloquen en condiciones de almacenamiento que los
protejan de la lluvia y de los ataques de roedores y aves y garanticen la libre y
constante circulación de aire en torno a los frutos (Aldhous 1972). Si no se adoptan
esas precauciones, los frutos y las semillas pueden sufrir un considerable deterioro en
el período que media entre la llegada a la instalación y la extracción de la semilla. Si
se deja que en los conos o frutos se desarrollen mohos, éstos no sólo degradan la
partida en la que crecen, sino que también pueden ser el origen de que otras partidas
queden afectadas por esporas de hongos.
Habida cuenta del carácter estacional de casi todas las cosechas de frutos y semillas,
es frecuente que se recolecten grandes cantidades de frutos en poco tiempo. La
maquinaria para extraer semillas tiene una capacidad limitada, por lo que no todos los
frutos pueden procesarse nada más llegar a la instalación. El almacenamiento
temporal es por tanto inevitable. En algunas especies es también muy deseable, pues
permite que las semillas maduren y se sequen antes de someterlas a otras
actividades de procesamiento. Cuando se efectúa deliberadamente con este motivo,
este tipo de almacenamiento o secado al aire se denomina “oreo previo” y se describe
en las páginas 132–134.
El almacenamiento de conos o frutos durante un período prolongado antes de la
extracción en necesario cuando la producción de semilla es excepcionalmente
abundante, lo que puede ocurrir una vez cada 10 ó 20 años, y se recolectan enormes
cantidades en una sola temporada. Investigaciones efectuadas en Columbia Británica
sobre cinco especies de coníferas demostraron que, siempre que se utilizaran
técnicas correctas de manipulación de los conos, éstos podían almacenarse, bien en
cobertizos al aire libre pero cubiertos, bien en refrigeradores a 2°C, durante los seis
meses que van de octubre a marzo. En la mayoría de los casos, tras esos seis meses
la germinación era tan buena o mejor que la de la semilla recién recolectada. El
almacenamiento a temperatura controlada no presentaba ventaja alguna sobre el
almacenamiento al aire libre (Leadem 1980).
En la mayoría de los casos, la limpieza previa de los frutos (véase la sección
siguiente) se efectúa poco después de que aquéllos lleguen a la instalación, aunque,
cuando llega al mismo tiempo una cantidad muy grande de frutos, es posible que se
deba postponer la limpieza previa de parte del envío; en ese caso, una parte del
período de almacenamiento precederá a la operación de limpieza previa y otra parte
transcurrirá entre la limpieza previa y la extracción.
Los frutos deben almacenarse en un lugar seco, fresco y bien ventilado, para evitar el
desarrollo de mohos o el calentamiento. Según la especie, el estado de los frutos y las
técnicas de procesamiento, unas veces los sacos de frutos o conos se vacían, se
vuelven a llenar sin estrecheces y se colocan en rejillas de almacenamiento; otras
veces los frutos se extienden en bandejas, en el piso del almacén o en el suelo bajo
techo (Stein y otros 1974). Son adecuados los pisos de ladrillo o madera, pero los
frutos no deben colocarse directamente sobre suelos de hormigón, pues pueden
surgir problemas de humedad (Morandini 1962, Turnbull 1975c). En Honduras ha
dado resultados muy satisfactorios el almacenamiento temporal de conos de Pinus
caribaea y P. oocarpa en recipientes de listones de madera apoyados a intervalos en
bloques de hormigón. Los espacios que quedan entre los listones permiten una buena
ventilación, y los conos pueden almacenarse con una profundidad de hasta 30–40 cm
sin necesidad de moverlos (Robbins 1983a, b). Al llenar y apilar las bandejas de
conos se ha de prever que éstos van a necesitar un espacio dos o tres veces mayor
cuando se abran las escamas (Stein y otros 1974). Otra posibilidad consiste en
extender los frutos en lonas alquitranadas.
Limpieza previa
Antes de que los conos y frutos sean sometidos a las operaciones de extracción,
limpieza y almacenamiento o siembra, es preciso eliminar de ellos las ramitas, trozos
de corteza, follaje y otras impurezas. En las plantas de extracción grandes esta
limpieza se efectúa mediante pantallas oscilantes o vibradoras. Otra posibilidad
consiste en la limpieza por flotación. En las operaciones pequeñas los principales
residuos pueden eliminarse a mano (Turnbull 1975c). Las impurezas ocupan espacio
innecesariamente. Además, los fragmentos de hojas y ramitas pueden transportar
esporas de hongos, como por ejemplo la enfermedad que consiste en la pérdida de
acículas, de la que están libres las semillas. Esas esporas constituyen una amenaza
potencial no tanto para las semillas cuanto para los gérmenes recién germinados y
para el material de vivero y las plantaciones próximas a éste. Es más fácil quitar las
impurezas antes de la extracción que después de ella.
A veces se adoptan medidas especiales para eliminar de los conos las pegajosas
exudaciones de resina. Stein y otros (1974) notificaron que una compañía secaba los
conos de Pseudotsugalo bastante para que se endureciera la resina, y después
humedecía los conos cerrados y los volteaba en el tambor giratorio para eliminar tanto
la suciedad como la resina.
En algunas especies la limpieza previa es, junto con el secado en determinados
casos, la única operación que se efectúa antes del almacenamiento o la siembra. En
tal caso se almacenan o siembran como frutos. Esta limpieza previa puede
comprender la eliminación de apéndices que posee el fruto, como el involucro
de Quercus, Fagus o Tectona. Los frutos con alas suelen sembrarse enteros, sin
quitar éstas, como por ejemplo en Ulmus, Fraxinus, Acer, Triplochiton, Pterocarpus y
varios géneros de dipterocarpáceas.
Oreo previo
Se denomina oreo previo a las operaciones deliberadas de almacenar los frutos y las
semillas contenidas en ellos y secarlos lentamente al aire a fin de prepararlos para las
ulteriores operaciones de secado en estufa, extracción y almacenamiento de la
semilla a largo plazo. Los procesos que facilitan este tratamiento previo son la
maduración de las semillas y el secado de los frutos.
No todos los frutos maduran al mismo tiempo, ni siquiera los que pertenecen a la
misma especie y al mismo bosque (Morandini 1962). Así, aun cuando la recolección
esté perfectamente programada para que se produzca en el momento de máxima
madurez de la cosecha, existirán siempre semillas viables que aún no han madurado
plenamente. En algunas especies el tiempo mínimo que exige la maduración es de
dos semanas, pero muchas necesitan más de 6–8 semanas (Morandini 1962).
Abies procera es una de las especies que mejoran con el almacenamiento de los
conos después de la recolección. Se comprobó que durante un almacenamiento de
seis semanas las semillas contenidas en los conos incrementaban su peso en seco en
un 10 por ciento debido a la acumulación de materiales orgánicos procedentes de los
conos; durante ese período descendía el contenido de carbohidratos y almidón de las
semillas, pero aumentaba constantemente el contenido de grasa bruta (Rediske y
Nicholson 1965).
En unas cuantas especies, como por ejemplo Fraxinus excelsior, Magnolia spp.
o Gingko biloba, toda la producción de semilla se dispersa sin que los embriones se
hayan desarrollado suficientemente, y éstos han de completar su crecimiento y
desarrollo para que las semillas puedan germinar (Gordon y Rowe 1982). En la
mayoría de esos casos de latencia morfológica, no basta con el oreo previo para
inducir la germinación, sino que se precisa también un tratamiento a base de calor y
humedad; a éste suele seguir otro tratamiento a base de frío húmedo para romper la
latencia fisiológica que se da también en esas especies. En las páginas 267–268 se
describen los diversos tipos de tratamiento previo.
En la página 55 se hacía referencia a la recolección deliberada de frutos inmaduros.
Este procedimiento ha ofrecido resultados alentadores, a escala de investigación, en
varias especies de coníferas y en dos géneros de frondosas de la zona
templada, Liquidambar y Liriodendron (Bonner 1970, 1972). Lo mejor para esta
maduración artificial es un medio húmedo, que puede mantenerse mezclando los
conos o frutos, en bolsas de polietileno, con musgo de turba u otro material inerte que
retenga la humedad. Eran temperaturas satisfactorias 5°C para Liquidambar(Bonner
1970) y 17°C para Pseudotsuga (Silen 1958). En el caso de Pinus sylvestris la
recolección se efectuó cuando el peso específico de los conos era 1,1, y los conos se
tuvieron almacenados durante al menos un mes (Remröd y Alfjorden 1973).
En Nueva Zelandia la estación de siembra adecuada para Pinus radiata es octubre,
pero no se pueden recolectar conos maduros hasta noviembre o diciembre. Por
consiguiente, deben guardarse las semillas durante casi un año. Las investigaciones
efectuadas han demostrado que se pueden recolectar los conos verdes e inmaduros
en junio o julio y después madurarse artificialmente almacenándolos, sin apretarlos,
en bolsas de papel a una temperatura ambiente de 20–24°C durante 10 semanas
(Wilcox y Firth 1980). Tras el secado en estufa y la extracción, la germinación de esas
semillas y el crecimiento de los gérmenes resultantes no diferían de los de las
semillas de conos maduros recolectados en enero. Así pues, la recolección de conos
inmaduros puede reducir de tres a dos estaciones el intervalo que media entre la
polinización y la siembra, factor que es importante cuando se multiplica material
genéticamente mejorado a partir de polinizaciones controladas.
En la mayoría de las especies de los trópicos húmedos, puede fomentarse la
maduración de los frutos inmaduros almacenándolos a temperatura ambiente en un
lugar protegido y bien ventilado. Las temperaturas inferiores a 20°C y superiores a
35°C son probablemente perjudiciales (Ng 1983). La ventilación puede conseguirse
guardando los frutos sin apretarlos en bolsas o cajas abiertas, de manera que pueda
producirse la respiración normal. Debe evitarse un secado rápido o excesivo. El
objetivo ha de ser mantener los frutos vivos y sanos durante el mayor tiempo posible,
a fin de ganar tiempo para que maduren sus semillas. Deben inspeccionarse los frutos
todos los días, y deben sacarse, para su procesamiento, los que ya han madurado.
Hay dos categorías de frutos que exigen una atención especial, los frutos pulposos y
las cápsulas. Los frutos pulposos (drupas y bayas) están maduros en cuanto se
ablanda la pulpa. A partir de ese momento, la pulpa empieza a degradarse y
fermentar, lo que hace que las semillas se deterioren. De ahi que en los frutos
pulposos que ya se han ablandado deba procederse cuanto antes a la extracción de
las semillas. Las cápsulas están listas cuando se abren por sí solas. Las semillas que
se extraen por la fuerza de cápsulas que aún no se han abierto serán probablemente
inmaduras y no viables.
El oreo previo favorece un descenso gradual del contenido de humedad de los frutos
(y semillas) que abreviará el tiempo de secado en estufa necesario para que los frutos
se abran. Con ello se ahorra tiempo, energía y dinero. Se previene así también el
“endurecimiento superficial” de los frutos, fenómeno que puede producirse cuando los
frutos que tienen un alto contenido de humedad se ven sometidos a un secado rápido
y que dificulta mucho la ulterior extracción de las semillas (Morandini 1962, Turnbull
1975c). El rendimiento de semilla de Pinus elliottii, P. taeday P. palustris se
incrementó con cinco semanas de acondicionamiento previo antes del secado en
estufa (McLemore 1975). Este efecto era más pronunciado en los conos que se
habían recolectado al principio de la temporada, como indica el cuadro siguiente:
Número de semillas extraídas por cono - Pinus elliottii
Fecha de recolección Con 1 semana de oreo previo Con 5 semanas de oreo previo
19 de agosto 0 60
16 de septiembre 27 82
La germinación de la semilla extraída mejoró algo en P. elliottii, pero no lo hizo
sistemáticamente en P. taeda ni en P. palustris. En Honduras se aplica a P.
caribaea la norma general de efectuar un oreo previo hasta que todos los tejidos
cambian su color verde original por un color pardo.
Las condiciones necesarias para el oreo previo son parecidas a las que se han
descrito supra respecto del almacenamiento temporal. De la máxima importancia es
favorecer la libre circulación del aire, por lo que los frutos deben extenderse en capas
finas (sólo uno o varios frutos de espesor); es preciso además darles la vuelta y
moverlos con un rastrillo. Los recipientes ideales son las bandejas que se colocan en
alto y tienen el fondo de tela metálica fina, y para que la ventilación sea máxima y los
conos se oreen y abran de manera uniforme se recomienda una capa de un solo cono
(Stein y otros 1974). La tela metálica fina impide que se caigan y pierdan las semillas
que puedan soltarse.
En las grandes instalaciones de procesamiento puede ser conveniente ir elevando
gradualmente la temperatura durante el oreo previo. Morandini (1962) señala que la
fase última de este proceso previo, antes de pasar los conos a la estufa, puede
llevarse a cabo eficazmente colocando los conos cerca de la parte superior de la
estufa, de manera que pase por ellos el aire caliente de su escape.
Métodos de extracción
Los métodos que se emplean para extraer las semillas de los frutos vienen
determinados principalmente por las características de éstos. Los frutos carnosos se
tratan mediante un proceso de despulpado que por lo general comprende una
combinación de remojado en agua con presión o con una abrasión suave. Los conos y
otros frutos leñosos o correosos se secan en primer lugar hasta que las escamas se
abren o las semillas se separan de la placenta del fruto, y después se someten a un
tratamiento manual o mecánico, de volteado en un tambor o trillado, para separar las
semillas secas de los frutos secos.
Como se ha señalado en la página 129, algunos frutos indehiscentes, sobre todo
nueces, aquenios y sámaras aladas, no requieren extracción, sino que se almacenan
o siembran directamente como tales frutos. Algunas especies, en las que las semillas
están dentro de una cubierta delgada y carnosa, pueden secarse y sembrarse con esa
piel intacta y seca (Stein y otros 1974). En esos casos es conveniente que los frutos
se sequen a cubierto y que se les dé la vuelta con frecuencia. Como ejemplos cabe
citar Vitex parviflora en Filipinas (Seeber y Agpaoa 1976), Crataegus en regiones
templadas (Goor y Barney 1976) y Podocarpus spp. y Maesopsis eminii en Africa. En
algunas de estas especies, no obstante, puede mejorarse la germinación si se quita la
pulpa (por ejemplo, Vitex parviflora, véase la página 138).
Bonner (1978) ha dividido las semillas de frondosas en tres clases según sus
necesidades en lo que se refiere al almacenamiento y a la manipulación previa a éste.
Esas clases son las siguientes: 1) semillas que deben secarse antes de la extracción
y el almacenamiento; 2) semillas que deben mantenerse húmedas en todo momento,
tanto durante la limpieza como durante el almacenamiento (es decir, especies
recalcitrantes), y 3) semillas que deben mantenerse húmedas para la extracción y
después han de secarse para su almacenamiento. A continuación figura un cuadro en
el que este autor clasifica de ese modo algunos géneros importantes de frondosas.
Cuadro 6.1 Algunos géneros importantes de frondosas clasificados según las
necesidades de sus semillas en lo que se refiere al almacenamiento y la
manipulación previa a éste.
Secas para extracción y Húmedas para extracción y
Siempre húmedas
almacenamiento secas para almacenamiento
1. 2. 3.
Acacia Acer (algunas especies) Gmelina
Acer (algunas especies) Aesculus Malus
Ailanthus Castanea Melia
Alnus Corylus Morus
Atriplex Dipterocarpus Nyssa
Betula Hopea Olea
Carpinus Juglans Prunus
Carya Quercus Rosa
Casuarina Sorbus
Cedrela Ziziphus
Eucalyptus
Fagus
Fraxinus
Gleditsia
Liquidambar
Liriodendron
Nothofagus
Platanus
Populus
Robinia
Syringa
Tectona
Tilia
Triplochiton
Ulmus
Despulpado
El despulpado de los frutos carnosos debe efectuarse al poco tiempo de la
recolección, para evitar la fermentación y el calentamiento. Cuando los lotes de
semilla son pequeños, suelen ponerse primero en agua. Tras el remojo, la carne se
exprime con la mano o se machaca con un bloque de madera, un rodillo o una prensa
para frutos. Otra posibilidad consiste en desprender la carne frotándola en un tamiz o
pasándola por él (Stein y otros 1974). Generalmente, la pulpa y las pieles pueden
separarse de la semilla mediante lavado y cribado por los tamices adecuados o
también mediante flotación diferencial en un recipiente profundo, que está atravesado
por una lenta corriente de agua (Aldhous 1972). La semilla se hunde, mientras que la
pulpa sube a la superficie.
En Filipinas, los frutos carnosos de Aleurites spp., Canarium ovatum, Syzygium
cumini y otras especies se colocan en barriles o latas con agua. Al cabo de uno o dos
días la pulpa se ablanda. Entonces los frutos se machacan cuidadosamente con un
pisón sin aplastar las semillas. Al añadir agua abundante, la pulpa flota, mientras que
las semillas bajan al fondo (Seeber y Agpaoa 1976). Este método es también
adecuado para los frutos de Gmelina arborea, Azadirachta indica, Ocotea
usambarensis y Cinnamomum camphora, así como para los sincarpos o frutos
múltiples de Chlorophora y Morus. Debido al diminuto tamaño de las semillas
de Anthocephalus chinensis (2,6 millones por kilogramo), se precisa una técnica
especial para extraerlas del fruto carnoso. La parte exterior del fruto, que es la que
contiene las semillas, se frota ligeramente con una tela metálica de 12,5 mm. La
mezcla de pulpa y semillas que pasa por esta criba se coloca en una caja que tiene un
tamiz de 1,5 mm. Los operarios echan agua sobre esta mezcla al tiempo que la
remueven cuidadosamente con la mano, de manera que las semillas, junto con algo
de pulpa fina, pasan por el tamiz y caen a un recipiente lleno de agua que está
debajo. Las semillas se hunden, mientras que la pulpa fina se queda flotando. Si la
pulpa que flota sigue conteniendo semillas, se vuelve a poner en el cedazo y se repite
la operación (Seeber y Agpaoa 1976). En el proyecto del Jari, en el Brasil, los frutos
de Gmelina arborea se despulpan frotándolos en una tela metálica o también
mecánicamente con un despulpador de café modificado (Woessner y McNabb 1979).
Es importante limpiar perfectamente los huesos. Se ha comprobado que la
germinación de los huesos bien limpios era superior en un 10 por ciento a la de los
huesos despulpados pero sin limpiar.
Los frutos verdes y frescos sembrados enteros, sin despulpar, ofrecían una
germinación de sólo el 10 por ciento, y no había germinación alguna en los frutos
sembrados enteros tras un período de secado. Los huesos pueden limpiarse en agua,
o también puede realizarse una operación combinada de limpieza y secado en un
cilindro giratorio de acero con difusores que tras 20 horas a 45°C reduce el contenido
de humedad al 8–10 por ciento.
En Filipinas, el despulpado de las drupas de Vitex parviflora mejoraba la germinación,
tanto en los frutos verdes pero plenamente desarrollados como en los frutos de color
púrpura, más maduros (Umali-García 1980). La mejora más notable fue del 65 por
ciento en los frutos verdes despulpados frente al 26 por ciento en los frutos verdes
enteros, y la mejora menor fue del 52 por ciento en los frutos púrpura despulpados
frente al 38 por ciento en los frutos púrpura enteros.
Para quitar la carne de las semillas se puede utilizar también un procedimiento
hidráulico. Se coloca el fruto en una bolsa de malla o en un cesto de alambre y se le
aplica el chorro de agua de una tobera de alta presión hasta que se desprenden toda
la carne y la mayor parte de las pieles (Stein y otros 1974).
Una vez separadas, las semillas ortodoxas deben secarse al aire cuidadosamente,
bajo techo, y dándoles la vuelta con frecuencia. El paso siguiente es el envío a los
viveros o el tratamiento para ajustar el contenido de humedad al valor correcto
correspondiente a la especie de que se trate, antes de su almacenamiento.
Para los casos en que hay que despulpar grandes cantidades de frutos se dispone de
máquinas de diversos diseños. Son las molturadoras, hormigoneras, trituradoras de
martillos y maceradoras. Casi todas ellas se limitan a soltar las semillas de la carne,
de manera que se precisa una limpieza ulterior para eliminar parte del residuo o todo
él. La separadora Dybvig, en cambio, despulpa el fruto y limpia por completo las
semillas en una misma operación (Stein y otros 1974). Cuando se trata de pequeñas
cantidades de frutos carnosos y con semillas pequeñas, la operación puede
efectuarse rápidamente con una mezcladora eléctrica.
Secado de los frutos sin calor artificial
El secado, mediante fuentes de calor naturales o artificiales, es una operación
necesaria al extraer las semillas de muchas especies arbóreas importantes, y se
utiliza casi siempre con los conos de los pinos y otras coníferas y con las cápsulas de
los eucaliptos. Se debe imitar el proceso de secado natural, de manera que los frutos
se vean sometidos a un secado progresivo que provoque una liberación continua de
humedad. El aire que entra en contacto con los frutos ha de ser siempre más seco
que los frutos mismos, y esto puede obtenerse mediante una circulación de aire
constante (Turnbull 1975c).
Secado bajo techo
Es el método más lento y menos drástico de secar los frutos para la extracción de la
semilla. La técnica es la misma que la que se ha descrito respecto del oreo previo,
pero se emplea aquí como único método de secado, no en combinación con una
aplicación ulterior de calor solar o calor de estufa. Los frutos deben estar en
habitaciones bien ventiladas, extendidos en una capa fina, y deben removerse
periódicamente si están colocados sobre una superficie sólida; es preferible no
obstante colocarlos en bandejas cuya base sea una tela metálica, de manera que el
aire pueda circular por todos los lados.
El secado al aire bajo techo es un método eficaz para los conos de Abies y Cedrus,
que se desintegran enseguida con este tratamiento y que pueden resultar fácilmente
dañados si se los calienta al sol o en estufas. Se emplea también para separar los
frutos de algunas frondosas, como Quercus y Fagus, del involucro que los recubre
(Morandini 1962). Al mismo tiempo, es un procedimiento adecuado cuando se desea
secar sólo ligeramente estas especies u otras parecidas que han de almacenarse con
un contenido de humedad relativamente alto, pues de lo contrario perderían viabilidad.
Géneros tropicales en los que este método está recomendado son Dipterocarpus,
Hopea y Triplochiton. Puede emplearse también para secar los frutos delgados y
carnosos de Vitex, Maesopsis y otras especies, que después se almacenan o
siembran como frutos secos.
El proceso de secado es en este método lento, y el período de tiempo que se precisa
depende de la humedad y la temperatura del aire natural. Pero es el método más
seguro para las especies “delicadas”, que no soportan el calentamiento ni un secado
muy rápido.
Secado al sol
Es el método idóneo para secar conos y frutos de especies capaces de soportar las
temperaturas, bastante altas, que comporta. Se emplea habitualmente, durante la
estación seca, en climas tropicales, subtropicales o templados cálidos, donde puede
tener una eficacia del 100 por ciento como procedimiento para que los frutos se abran
y por tanto hace innecesarias las estufas. En los climas templados frescos y húmedos
es mucho menos fiable, y a veces debe ser complementado, cuando no es sustituido,
por el secado en estufas.
Uno de los métodos más sencillos de secado al aire, y que además exige poca
inversión en equipo, consiste en extender los frutos en capas sobre rejillas,
plataformas, lonas u otro material expuesto al sol (Turnbull 1975c). En el Mediterráneo
se aplica este método a especies de pinos, como P. pinea y P. halepensis (Morandini
1962), y a P. kesiya y P. merkusii en Tailandia y Filipinas (Bryndum 1975, Seeber y
Agpaoa 1976). Los frutos pueden colocarse sobre tela metálica cuya malla tenga el
tamaño adecuado para que las semillas pasen por ella y caigan en unas lonas o
piezas de polietileno (Morandini 1962, Turnbull 1975c). Los principales requisitos son
los siguientes:
1. Remover y dar la vuelta a los frutos con frecuencia, para facilitar que los conos
se sequen y abran y suelten la semilla de manera uniforme.
2. Tener la posibilidad de cubrir de inmediato los frutos en caso de lluvia, bien
trasladándolos al interior de un edificio o construyendo sobre ellos una
protección temporal.
3. Tratar de evitar el recalentamiento de los frutos cuando su contenido de
humedad es aún elevado. Esto puede comportar un oreo previo bajo techo, o
también la necesidad de evitar, en las fases iniciales, los mecanismos como las
bases de plancha de hierro ondulada o las cubiertas de vidrio o polietileno,
cuya finalidad es conservar el calor y elevar le temperatura. La importancia de
esta precaución varía considerablemente según la fuerza local del sol y la
medida en que cada especie tolera el calor.
6.1 Cobertizos para el oreo previo (al fondo), con soportes al 6.2 Vista desde arriba de la separadora Dybvig. Con el agua
aire libre en primer plano, en Zimbabwe. (Comisión de se expulsa la carne que se ha separado de las semillas por
Silvicultura de Zimbabwe) la abrasión de una plancha giratoria con pestañas. La ranura
de salida en torno a la plancha, que es regulable, se ajusta a
un tamaño inferior al de las semillas que se van a limpiar.
(Servicio Forestal, Dpto. Agric. EE.UU.)
6.3 Secado al sol de conos de pino bajo cubierta de
polietileno transparente en Zimbabwe (A) Base de tela
metálica, que se forrará con arpillera (B) Fases finales, con
los conos de Pinus taeda listos para pasar al volteado.
(Comisión de Silvicultura de Zimbabwe)
6.4 Secado al sol de conos de Pinus kesiya y Pinus merkusii en tambores giratorios en
Tailandia.
(Centro de Mejoramiento del Pino, Tailandia)
4. Retirar con frecuencia las semillas ya separadas de los frutos, de manera que
no estén expuestas durante demasiado tiempo a una luz solar directa e
intensa.
5. Proteger los frutos contra las aves, roedores e insectos, que pueden suponer
una amenaza más seria al aire libre que cuando el secado se efectúa dentro
de un edificio. Si no se les excluye rigurosamente de la zona de extracción, las
hormigas son capaces de llevarse una gran proporción de las semillas de
eucaliptos (Turnbull 1975c), mientras que los roedores y las aves prefieren las
semillas de los pinos.
Pinos. Los conos de pinos mediterráneos expuestos al sol para que se sequen tardan
entre 3 y 10 días en abrirse, según las condiciones del secado (Goor y Barney 1976).
En Tailandia, Pinus kesiya tarda 5–7 días y P. merkusii 2–3 días (Bryndum 1975). En
Chiang Mai, Tailandia, donde la temperatura máxima media del mes más caluroso es
36,5°C, Bryndum (1975) comprobó que poniendo los conos sobre una bandeja plana y
después cubriéndolos con polietileno transparente, para producir un efecto de
invernadero con temperaturas más altas, se obtenía en P. kesiyaun rendimiento de
semilla que era casi el doble del que se obtenía con el mismo tratamiento pero sin
cubrir los conos con polietileno; transcurridos siete días, los rendimientos respectivos
eran 15,6 g y 8,2 g de semillas extraídas por kilogramo de conos. Comprobó también
que si se revolvían con frecuencia los conos (ocho veces al día) el rendimiento de
semilla era notablemente mál alto que si sólo se revolvían una vez al término del
período de secado. Las bandejas empleadas tenían lados de madera de 10 cm y
fondo de tela metálica de 12,5 mm. Las semillas pasan por la tela y caen a un embudo
de chapa metálica y después a una bolsa atada a su salida. Las bandejas se colocan
en un andamio de madera, a una altura adecuada. Para extraer seis hectolitros de
conos al día se precisa una superficie de bandejas total de 125 m 2, y se calculó que el
costo de los materiales y la mano de obra para construirla equivalía a una octava
parte del costo de una extractora eléctrica importada de igual capacidad. Además del
método de las bandejas, se han utilizado también con éxito tambores de fabricación
local. El material utilizado es chapa de techar transparente, y en el interior hay una
rejilla metálica giratoria, donde se colocan los conos, que se gira manualmente seis
veces al día para que los conos se mezclen bien. El período de extracción es parecido
al que exige el método de bandejas. Otra forma de multiplicar el calor del sol que ha
resultado eficaz con P. kesiya en Filipinas es colocar los conos en planchas de hierro
onduladas (Cooling 1967).
En Honduras los conos de Pinus caribaea se secan al sol en bandejas o en lonas
enceradas. Las bandejas se extienden individualmente al sol, pero por la noche o en
caso de lluvia pueden apilarse y ponerse a cubierto; otra posibilidad consiste en que
en esas circunstancias se cubran las pilas de bandejas con lonas alquitranadas. En
este último método se utiliza lona impermeable y pesada, por lo general de 5 × 7 ó 5 ×
10 m, aunque pueden utilizarse también tamaños más pequeños cuando es necesario
mantener separados diversos lotes pequeños de semilla (por ejemplo, en
recolecciones de procedencias). Se extienden los conos en capas de un solo cono de
grosor, y se deja sin cubrir una franja perimetral de unos 30 cm, de manera que no se
pierda ningún cono por salirse de la lona. Durante la exposición diurna al sol se
remueven los conos cada 2–3 horas, rastrillándolos y golpeándolos ligeramente con la
parte posterior del rastrillo. Aproximadamente una hora y media antes de que se
ponga el sol, o cuando amenace lluvia, se levantan hacia arriba y hacia adentro
bruscamente, primero uno y luego el otro, los dos lados de la lona, hasta que al
menos una tercera parte de ésta por cada lado está limpia de conos. Los conos
quedan así apilados en una franja situada en el tercio medio de la lona. Después se
cubre el montón levantando primero los lados cortos de la lona, hacia arriba y hacia el
interior, en aproximadamente 1 m, y después el primer lado largo (contrario a la
dirección del viento), que se dobla sobre los conos de manera que llegue justamente
hasta el lado más lejano del montón, y por último el otro lado largo, que se levanta y
coloca sobre el montón, encima de la primera cubierta, procurando que el borde
llegue al suelo. Puede asegurarse la lona colocando pesos o remetiéndola por debajo
del montón. La mejor manera de retirar la semilla extraída consiste en destapar los
conos al comienzo de cada día, golpear el montón con la parte posterior de un rastrillo
para soltar las semillas, ratrillar suavemente los conos hacia el perímetro y después
reunir todas las semillas con un cepillo en la franja central, para meterlas entonces en
un recipiente adecuado. La lona debe colocarse en un lugar bien avenado (Robbins
1983a).
En Zimbabwe, el secado al sol de conos de Pinus patula, P. elliottii y P. taeda se
efectúa a gran escala en unos cobertizos abiertos por los lados cuya cubierta es de
plástico transparente apoyado en tela metálica (Seward 1980). Cada cobertizo tiene
15,2 m de largo y 12,2 m de ancho, y contiene ocho artesas de tela metálica sobre
una estructura de postes. En esas artesas y sobre arpillera se extienden los conos
verdes, en capas de no más de dos conos de grosor. Los que se han recolectado al
comienzo de la temporada experimentan un primer secado en los cobertizos, al que
sigue inmediatamente otro período en sacos medio llenos y colocados sobre soportes
en cobertizos de oreo previo; por último se vuelven a poner a secar en las artesas,
donde los conos se abren. Los conos que se recolectan hacia el final de la temporada,
y que por lo tanto están más secos, no necesitan oreo previo, y se abren tras un único
y breve período en las artesas de secado. Todo el sistema de cobertizos tiene una
capacidad de 720 hectolitros de conos.
Eucaliptos. Allí donde las condiciones climáticas locales son favorables, el secado al
sol resulta también eficaz con las cápsulas de Eucalyptus spp. La explicación que
figura a continuación está basada en la de Turnbull (1975f).
En las recolecciones de semilla en pequeña escala es con frecuencia necesario secar
distintas cápsulas o distintos cortes de ramas capsulíferas. Pueden extenderse en una
capa fina sobre lienzo, percal o plástico, en un lugar seco y bien ventilado, al sol o a la
sombra. Puede prepararse un pequeño extractor de semillas colocando las cápsulas
en una tela metálica a unos pocos centímetros del fondo de una caja y tapando ésta
con plástico transparente o vidrio (Boden 1972). La caja con las cápsulas se agita
todos los días, y se van retirando las semillas, de manera que no estén expuestas a
una temperatura elevada durante más tiempo del necesario.
Las capsulas recolectadas en gran escala suelen extenderse en lonas alquitranadas
colocadas en el suelo, en recintos especiales de suelo hormigonado, o en alto,
colgadas de estructuras metálicas. El procedimiento que consiste en extender las
ramas capsulíferas en el suelo exige poco equipo, pero es costoso debido a que hay
que darles la vuelta con frecuencia para que las capas inferiores suban a la superficie
y puedan secarse.
Un método más práctico para secar grandes cantidades de cápsulas consiste en
extenderlas sobre una estructura cubierta con tela métalica. Esta permite que el aire
circule en torno a las cápsulas en mayor medida que cuando se extienden éstas en el
suelo. Una lona situada bajo esa estructura recoge las semillas que se van soltando.
Esas estructuras pueden ser grandes o pequeñas, y permanentes o temporales. Las
estructuras temporales y de pequeño tamaño son idóneas para el recolector de
semilla que se desplaza de un sitio a otro, mientras que la estructuras permanentes y
de gran tamaño están ubicadas en las zonas centrales de extracción.
Otro método de secado que se utiliza a veces consiste en colgar las ramas
capsulíferas de una única y tensa cuerda de alambre. Tiene las ventajas de que la
circulación de aire entre las hojas y los frutos es excelente y de que se elimina el
riesgo de que el material se compacte y recaliente. La semilla se recoge en unas
lonas colocadas bajo las ramas. Este método de extracción puede utilizarse en el
bosque, aunque puede instalarse igualmente en un cobertizo bien ventilado, solución
que se adopta cuando es muy probable que llueva durante el período de secado.
Un sistema flexible que se utiliza en el Brasil consiste en colocar las cápsulas en unos
camiones especiales dotados de estantes. Cada camión tiene una capacidad de unos
50 kg de cápsulas. Durante el día los camiones se dejan al sol, y por la noche o
cuando llueve se ponen, conduciéndolos, a cubierto. Los frutos suelen abrirse en unos
tres días (Cavalcanti y Gurgel 1973).
La tasa de liberación de semilla durante el secado natural varía según las
características de las cápsulas de la especie de que se trate, el grado de maduración
de la cápsula y, sobre todo, las condiciones del secado. Las cápsulas muy maduras
de algunas especies pueden soltar la semilla en unas pocas horas cuando las
condiciones de secado son óptimas, pero en condiciones medias casi todas las
especies se secan suficientemente en un plazo de 3–4 días. Es característico que
algunos eucaliptos conserven en el árbol, durante varios años, cápsulas cerradas, que
se hacen muy leñosas y suelen ser difíciles de abrir.
Aunque el secado a pleno sol hace que las cápsulas se abran rápidamente, este
sistema comporta el peligro de que, si la temperatura se eleva en exceso, pueda
reforzarse la posible latencia primaria de la semilla. Las cápsulas no deben colocarse
directamente en metal expuesto al sol, pues ello puede producir unas temperaturas
elevadas que dañan la semilla.
Durante el secado natural pueden producirse considerables pérdidas de semilla
debido a la acción de hormigas y aves. Las hormigas suelen llevarse las semillas
viables y dejar las granzas en el sitio. Normalmente basta con aplicar un repelente de
insectos en aerosol o distribuir un polvo insecticida en torno al material que porta la
semilla para evitar estos “robos”. Las aves que comen semillas, como el gorrión
común, pueden producir también pérdidas de semilla durante la extracción.
Entre otras especies que pueden secarse al sol figuran leguminosas de la zona seca
como Acacia y Prosopis spp. y diversas especies de Toona, Lagerstroemia,
Leucaena, Casuarina,Albizzia falcataria y Pithecellobium dulce (Seeber y Agpaoa
1976). En la India, los “conos” de Casuarina equisetifolia se colocan al sol en
bandejas, cuya parte superior se tapa con un paño fino para evitar que el viento se
lleve las “semillas”. Se aplica a los “conos” un tratamiento a base de BHC en polvo al
10 por ciento u otro repelente de insectos para evitar que las hormigas se lleven las
“semillas”. En tres días las “semillas” se separan de los “conos”, y si se dejan más
tiempo otras fracciones de “conos” se mezclan con las “semillas” (Kondas 1981). En
general, los frutos y semillas de frondosas son más sensibles al daño por
recalentamiento que los de coníferas por lo que hay que tener cuidado de que las
semillas no estén expuestas durante demasiado tiempo a una acción directa e intensa
del sol. Pueden ser necesarios períodos intermitentes de sombra.
Secado de los frutos con calor artificial
En el caso de diversas especies, y cuando el clima no permite el secado al aire, es
decir, en los climas frescos y húmedos, puede ser necesario secar los frutos en
estufas calentadas. También se da esta necesidad en algunas especies refractarias,
que no responden al secado al sol ni siquiera en climas secos. Este procedimiento se
utiliza sobre todo con los conos de especies coníferas, aunque también en algunos
eucaliptos de zonas frescas y húmedas (Turnbull 1975f, Boland y otros 1980). Aunque
las semillas de casi todas las especies de Casuarina se pueden extraer fácilmente
mediante secado al sol, algunas especies tienen unos conos serótinos que para
abrirse necesitan unas temperaturas más altas, como las que ofrecen las estufas (o,
en la naturaleza, las hogueras con leña de matorral), (Turnbull y Martensz 1983). Al
secado en estufa le suele preceder un período de secado al aire u oreo previo.
El principal inconveniente que presenta el secado de los conos por métodos naturales
es que no se puede controlar la humedad y la temperatura del aire. Un incremento de
la humedad del aire puede hacer que los conos se vuelvan a cerrar (Morandini 1962,
Turnbull 1975c). El calentamiento artificial, en cambio, permite controlar la humedad y
temperatura del aire, acortar mucho el período de tratamiento y, con un proceso
continuo, organizar el trabajo de una manera más eficaz.
El calentamiento artificial exige una costosa inversión en un equipo y unas
instalaciones que no se utilizan durante todo el año. Esto hace que su costo sea
excepcionalmente elevado. Por consiguiente, antes de instalar grandes estufas
permanentes es preciso valorar con cuidado el costo de capital de la instalación en
relación con las cantidades de semilla que se van a procesar anualmente (Turnbull
1975c). Debe utilizarse en la mayor medida posible el procedimiento de secado al
aire. A veces está indicada una combinación de los dos métodos; puede instalarse
una pequeña estufa que complemente el secado al aire de algunas especies mediante
un breve período final en la estufa, o para procesar en ella las especies o partidas de
conos que presenten resistencia al secado al aire como método único (Cooling 1971).
La aplicación de calor artificial debe realizarse de tal manera que los conos se sequen
en el menor tiempo posible, para que no resulte dañada la viabilidad de la semilla.
Con ese fin, han de observarse las recomendaciones siguientes, que están basadas
en las de Morandini (1962):
1. Los conos deben someterse a un oreo previo adecuado antes de entrar en la
estufa.
2. Debe controlarse la temperatura del aire, que ha de mantenerse al nivel
mínimo suficiente para secar los conos.
3. No deben calentarse los conos ni mantenerse las semillas en la estufa durante
más tiempo del necesario.
4. El aire del interior de la estufa debe mantenerse lo más seco que sea posible.
El principio del secado en estufa es la aplicación de una corriente regulada de aire
caliente y seco, de manera que todos los conos se sequen de manera uniforme y en
el menor tiempo posible, sin riesgos de recalentamiento o “endurecimiento superficial”
(Aldhous 1972). En las estufas más modernas, la temperatura de la corriente de aire
se va elevando poco a poco a medida que avanza el proceso de secado; se produce
una circulación de aire de tiro forzado, y las semillas se retiran de la fuente de calor en
cuanto se sueltan de los conos. Las estufas para conos tienen tamaños muy
variables, desde pequeños armarios hasta grandes construcciones, pero tiene en
común una fuente de calor, un sistema para controlar el movimiento del aire
calentado, por tiro forzado o convección, y algún tipo de bandeja, estante u otro
sistema para exponer los conos al aire que circula por su interior (Stein y otros 1974).
Los controles de las estufas pueden ser sencillos y manuales o complejos y
automatizados. Algunas estufas poseen controles de la humedad de gran precisión.
En muchos programas de estufas, durante las dos o tres primeras horas de la
operación se aplica una temperatura considerablemente inferior a la temperatura de
secado efectiva. Con ello se impide la combinación de una temperatura y una
humedad elevadas, que es la causa más frecuente de reducción de la viabilidad de la
semilla durante el secado. No hay peligro de que esto ocurra, en todos los conos,
cuando la temperatura es de alrededor de 30°C y se eleva después a 60°C cuando el
contenido de humedad de los conos es inferior al 10 por ciento (Aldhous 1972).
Algunas estufas modernas disponen de control de la humedad, pero en muchas
especies aún está por determinarse el programa de secado óptimo (Stein y otros
1974).
Tipos de estufas de secado
Turnbull (1975c) dividió las estufas en los tipos siguientes: a) estufas de bandeja fija;
b) estufas progresivas verticales; c) estufas progresivas horizontales; d) estufas de
tambor giratorio, y e) estufas portátiles. La descripción de estos tipos que figura a
continuación se basa en las de Morandini (1962) y Turnbull (1975c, 1975f).
Estufas de bandeja fija
Las estufas más sencillas son estufas de convección, que pueden ser desde una
habitación calentada hasta una estructura más compleja. Básicamente consisten en
una unidad de calentamiento sobre la cual hay una cámara de extracción. El calor
entra en la cámara por la base y va atravesando al subir diversas filas de bandejas
que contienen los frutos o conos. Como el aire se va enfriando y haciéndose más
húmedo a medida que sube por los conos, la eficiencia de la extracción no es
uniforme en todas las partes de la estufa. Es frecuente tener que pasar algunas
bandejas a otros niveles para que reciban un nuevo tratamiento. Estas estufas son
relativamente baratas, y no se requieren aptitudes técnicas especiales para su
funcionamiento. Como inconvenientes cabe señalar que son relativamente
ineficientes, que el riesgo de incendios suele ser alto y que casi nunca están bien
controladas la temperatura y la humedad. Pueden mejorarse algo añadiendo
ventilación forzada.
En Zimbabwe, casi todos los conos se secan al aire, método que sin embargo se
complementa mediante una sencilla estufa que utiliza las humeras del curado del
tabaco. Como no existe en la zona red de suministro eléctrico, la circulación del aire
es por convección, y la estufa se alimenta con combustible de leña. Las temperatuas
máximas sin riesgo son 48°C para Pinus elliottii, P. taeda y P. kesiya y 60°C para P.
patula. La estufa tiene una capacidad de 36 bandejas, lo que equivale a nueve bolsas
de conos (unos 8 hectolitros), que se abren en un turno de ocho horas (Seward 1980).
En Honduras, y tras un período de oreo previo, los conos de Pinus oocarpa y P.
caribaea se secan satisfactoriamente en una estufa de aire caliente de tiro forzado
procedente, mediante modificaciones, de una estufa solar para secar madera
(Robbins 1985). La ventilación se consigue con dos ventiladores de gran diámetro
impulsados por un motor eléctrico de un caballo de potencia, mientras que el calor
procede de un radiador de humos y un horno que se alimenta con conos desechados
y leña. En caso necesario puede recircularse el aire abriendo una válvula que conecta
los conductos de entrada y salida. La estufa tiene una capacidad de 32 hectolitros de
conos cerrados, dispuestos en ocho pilas de ocho bandejas cada una, con 50 litros de
conos por bandeja. El régimen de temperaturas consiste en cuatro horas a 40°C y
después 10–14 horas a 45°C en P. caribaea, mientras que a los conos de P. oocarpa,
que son más gruesos, se los somete a una temperatura constante de 50°C. Los conos
suelen abrirse por completo en 12–18 horas. El rendimiento de semilla es de 160–250
g por 100 litros de conos cerrados en P. oocarpa, y 125–625 g por 100 litros en P.
caribaea.
6.5 Secado al sol de conos de pino en Tailandia; obsérvese la tapa
de polietileno. (Centro de Mejoramiento del Pino, Tailandia)
6.6 Acondicionamiento en estufas. Introducción de bandejas apiladas
de Pinus radiata en una estufa en Nueva Zelandia. (F.R.I. Rotorua,
fotografía de H.G. Hemming)
6.7 Vista interior de una estufa en Dinamarca, con bandejas.
(Centro de Semillas Forestales de DANIDA).
6.8 Estufa giratoria con el extremo de salida abierto para
que se vea el tambor; a la izquierda, el cuadro de control.
(Servicio Forestal, Dpto. Agric. EE. UU.)
Las estufas eléctricas, preferiblemente del tipo de tiro forzado, son útiles para secar
pequeños lotes de cápsulas de eucalipto. En el Brasil se utilizan con este fin unas
estufas eléctricas que consisten en una amplia cámara con estantes móviles y una
capacidad de 80 kg de material (Cavalcanti y Gurgel 1973). El tiempo de secado es
24–36 horas a 45°C. En los Estados Unidos se ha utilizado con éxito una estufa de
tiro forzado para secar vainas de Prosopis (Brown y Belcher 1979). Las vainas se
colocan en la estufa, que tiene una temperatura de 32°C, durante 18 horas. Después
se ponen las vainas secas en una escarificadora eléctrica durante 10–15 segundos,
tras lo cual se separan las semillas eliminando los residuos ligeros en un ventilador de
columna de aire y apartando después los fragmentos de vaina mediante un tamiz del
número 11 ó 12 (malla de 1,85 ó 1,70 mm).
En Sabah, las vainas de Acacia mangium se secan en una sencilla cámara de secado
dotada de un calentador eléctrico y un ventilador doméstico (Bowen y Eusebio 1981b).
Las vainas se colocan en bandejas apiladas de 0,7 × 0,7 m, que tienen la base de tela
metálica. La temperatura del aire a su entrada es de 45°C. Se separan las vainas por
colores y se las somete al tratamiento siguiente: 1) las vainas negras no se someten a
oreo previo, sino que se secan directamente durante 24 horas en la cámara de
secado; 2) las vainas de color pardo se orean a la sombra durante 48–72 horas y
después se secan en la cámara durante 24–48 horas, y 3) las vainas verdes pero
plenamente desarrolladas se orean a la sombra durante 72–120 horas y luego se
secan en la cámara durante 48 horas. Este mismo método se emplea con Albizzia
falcataria.
En lugar de bandejas se utilizan a veces tambores cilíndricos de malla de acero, en
los que se colocan las ramas portagranos de eucalipto (Boland y otros 1980). En más
de un lugar de Tasmania se utilizan estufas de este tipo (Anón. 1972, Anón. 1974).
Cada estufa tiene aproximadamente 9 × 4 m y una capacidad de extracción de unos 4
500 kg de semilla al año. Las paredes están aisladas y el techo es transparente, de
dos capas de material acrílico separadas por una cámara de aire, lo que permite el
calentamiento solar en verano. En invierno se coloca por el interior un falso techo
reflector para reducir la pérdida de calor radiante. La estufa se mantiene a una
temperatura de 40°C. Transcurridas 36 horas, las cápsulas ya se han abierto, y
entonces se giran y sacuden los cilindros para sacar de ellas las semillas.
Cuando no se dispone de equipo especial y se desea secar solamente unos pocos
frutos o conos, éstos pueden colocarse en un radiador caliente (Aldhous 1972). No
deben colocarse nunca donde el calor sea tan fuerte que no pueda ponerse la mano
sin molestias.
Estufas progresivas verticales
Los conos se colocan en la estufa en una serie de bandejas, una encima de otra a
manera de torre; las bandejas descienden durante el tratamiento de los conos. Desde
la base de la estufa el aire caliente y seco actúa sobre la bandeja inferior, que
contiene unos conos bastante secos; al pasar por los conos, el aire pierde algo de
calor y toma de ellos algo de humedad. En la segunda bandeja empezando por abajo,
los conos tienen un contenido de humedad algo más alto y el aire no está tan caliente
ni seco. En la primera bandeja empezando por arriba, los conos, que aún conservan
el contenido de humedad original, están rodeados de aire templado y húmedo.
En el momento adecuado, se quita la primera bandeja empezando por abajo y toda la
torre de bandejas desciende un paso; el lugar que ha quedado libre arriba se ocupa
con una bandeja nueva, llena de conos frescos.
El aire caliente puede circular simplemente por convección, pero mediante ventilación
forzada se consigue que la operación sea más rápida y regular. La distancia que
separa a dos bandejas contiguas debe ser suficiente para contener los conos abiertos,
cuyo volumen es entre dos y tres veces superior al de los conos cerrados. El tiempo
que se precisa para completar el secado varía según el contenido de humedad inicial
de los conos, el volumen de aire circundante y el tipo de circulación del aire
(convección o ventilación forzada).
En algunas estufas se hace que los conos caigan de una bandeja a la siguiente
abriendo la base de las bandejas o inclinando éstas. Otros tipos tienen en vez de
bandejas unas bandas que se mueven lentamente; los conos se mueven en una
banda hasta que caen a la que está debajo.
En estos dos últimos tipos, los conos se agitan al caer de bandeja a bandeja, de
manera que se sueltan casi todas las semillas: unos dispositivos especiales situados
bajo la bandeja inferior recogen la semilla, mientras los conos pasan a la fase
siguiente de manipulación.
Estufas progresivas horizontales
Puede ilustrarse su funcionamiento mediante la estufa horizontal de diseño italiano
que describió Gradi (1973). Los conos se extienden sobre una cinta transportadora
continua, de chapa de acero perforada, que pasa por un túnel aislado y galvanizado.
Mediante radiadores y ventiladores instalados en cámaras a un lado de la cinta
horizontal se consigue un movimiento en espiral del aire desde la entrada hasta la
salida del túnel. En los primeros metros de su recorrido los conos pasan por una fase
de presecado en la que la temperatura es unos 10°C inferior a la temperatura final. En
los sectores siguientes del túnel de secado se aplican temperaturas más altas, por lo
general de entre 45 y 50°C. El movimiento del aire en espiral crea una turbulencia que
acelera considerablemente el proceso de secado.
La estufa descrita por Gradi (1973) está indicada para procesar grandes cantidades
de conos. Se ha creado también un equipo más versátil para procesar y mantener la
identidad tanto de pequeños lotes de semilla como de lotes grandes (Isaacs 1972).
Este equipo comprende una larga estufa horizontal que no tiene ya cinta
transportadora, sino una serie de pequeños compartimentos con bandejas
desmontables. La estufa tiene unos calentadores portátiles que se someten a una
rotación diaria al descargar la estufa, para asegurar que el aire más caliente actúe
sobre los conos más secos. En cada compartimento se controlan la presión estática y
la corriente de aire. Este equipo presenta como ventaja especial que es muy fácil de
limpiar. Otro método sencillo de conservar la identidad de pequeños lotes de semilla
consiste en utilizar bolsitas de nilón. Permiten que el aire circule libremente, y se
puede utilizar la misma bolsa desde que se introducen en ella los conos en el bosque
hasta la extracción, pasando por el transporte.
Las ventajas que presenta la estufa horizontal sobre la vertical son las siguientes: 1)
se evita la costosa operación de elevar los conos hasta la entrada de la estufa vertical
tradicional; 2) se evita también la posibilidad de que los conos sufran daños al caer de
un nivel al siguiente, pues durante todas las fases del proceso de secado no se
mueven del soporte que los transporta; 3) su elevada capacidad productiva, y 4) su
facilidad de instalación, inspección y mantenimiento. El costo del equipo, que es
relativamente alto, obliga a procesar en él gran cantidad de conos para que sea
plenamente económico.
Estufas de tambor giratorio
Se encuentra este tipo de estufa en muchas plantas modernas de extracción de
semilla. Se describe a continuación su funcionamiento básico.
Se colocan los conos en un cilindro de chapa de acero perforada, que gira en torno a
un eje central. El cilindro está contenido en una caja en la que se consigue una
circulación de aire forzada mediante un ventilador eléctrico. Durante la extracción, el
cilindro gira constantemente, sacudiendo los conos. La temperatura del aire se va
incrementando poco a poco, desde la temperatura ambiente hasta el nivel máximo
que se haya fijado. La fuerte ventilación, el progresivo calentamiento y el constante
sacudimiento hacen que los conos se sequen y abran en poco tiempo. Las semillas
que se han soltado de los conos pasan por los agujeros de la chapa e inmediatamente
son sacados de la estufa por una corriente de aire. Por lo general, el control de la
temperatura y la ventilación es totalmente automático.
Para evitar que sufra daños, es preciso sacar la semilla del aire caliente en cuanto se
suelta del cono. La capacidad del cilindro puede reducirse para efectuar extracciones
por separado de conos de distintas procedencias, aun cuando se trate de cantidades
pequeñas. Las estufas de este tipo pueden calentarse eléctricamente o mediante una
unidad de calentamiento aparte que puede utilizar varios combustibles.
El cilindro, el motor eléctrico, el ventilador y el equipo que controla el aire y la
temperatura están contenidos en una caja de acero, encima de la cual hay una
cámara de presecado con dos pisos. Los conos caen de esta cámara al cilindro,
donde están expuestos a temperaturas cada vez más altas (40–45–50–60°C) durante
tres o cuatro horas. Al término de la extracción, se da la vuelta al cilindro para abrirlo,
caen los conos abiertos y se introducen otros en la estufa.
Las estufas modernas de tambor giratorio son por lo general de construcción metálica
compacta y tamaño mediano, de manera que pueden instalarse en edificios pequeños
y baratos. Tienen una capacidad de producción relativamente baja, y por lo general
están pensados para funcionar en grupos de dos o tres a la vez, según las
necesidades de la planta de extracción. Sus ventajas residen en que el tiempo de
secado es relativamente breve y en que al mismo tiempo que se secan los conos se
sacuden, de manera que se sueltan las semillas y ya no es necesario realizar otra
operación específica con ese fin.
6.9 Estufa para conos portátil, huerto semillero de Beech Creek, Murphy, Carolina del
Norte, EE. UU.
(Servicio Forestal, Dpto. Agric. EE. UU.)
6.10 Tambor giratorio para voltear conos en Humlebaek, Dinamarca. (Centro de Semillas
Forestales de DANIDA)
6.11 Caseta de dos pisos con volteadora de
conos en Zimbabwe; (A) rampa para subir al
piso superior y (B) boca en el extremo de salida.
(Comisión de Silvicultura de Zimbabwe)
Este tipo de estufa se utiliza mucho en la extracción moderna de semillas de
coníferas, y también se está empleando para extraer la semilla de los eucaliptos en
Australia.
Estufas portátiles
Cuando se trata de extracciones en pequeña escala o cuando hay que obtener semilla
para programas de plantación modestos o con fines de investigación, las grandes
estufas comerciales para secar conos no son ni convenientes ni económicas. En el
trabajo de investigación suele ser decisivo que a la hora de extraer la semilla de
pequeños lotes de conos no exista ninguna posibilidad de que semillas de un lote se
mezclen con las de otro.
McConnell (1973) describió una estufa pensada para secar pequeños lotes de conos
de pino. Tiene como ventajas que es económica, segura, portátil y versátil y que
ocupa poco espacio. Consta de un mecanismo de calentamiento a base de bombonas
de gas, una de tipo cajón y otra de tipo armario. Su capacidad es de 18 hectolitros. El
cuadro de control está preparado para poner en marcha una alarma sonora o visual si
algo no funciona bien en el equipo, y unos termostatos garantizan que la temperatura
no sea bajo ninguna circunstancia superior a 74°C.
Habida cuenta de lo económico de su funcionamiento y de sus avanzadas medidas de
seguridad, la estufa portátil que se acaba de describir podría tener una amplia
aplicación en operaciones en pequeña escala.
Precauciones de seguridad
Todo calentamiento artificial supone un riesgo de incendio, y ello es aún más cierto
cuando se manipulan conos, ya que el polvo, la resina y las escamas secas de los
conos son todos materiales muy inflamables (Morandini 1962, Stein y otros 1974).
Deben aportarse estrictas medidas preventivas, entre ellas la prohibición de fumar,
deben utilizarse materiales de construcción ignífugos, excluida por tanto la madera, y
deben establecerse procedimientos para retirar con frecuencia, mediante equipo de
aspiración u otros medios, el polvo y los residuos inflamables.
Son necesarias otras precauciones cuando se secan determinados frutos y semillas
de determinadas especies. Es preciso llevar mascarillas antipolvo cuando se
manipulan especies comoPlatanus spp., que sueltan unos pelillos finos que podrían
introducirse en los pulmones al respirar (Stein y otros 1974).
Separación
Cuando los frutos y conos se abren después de secarse, algunas semillas salen con
facilidad de ellos al revolverlos manualmente, al girar en estufas de tambor giratorio o,
en determinadas estufas progresivas verticales, al golpearse cuando caen de una
bandeja a la siguiente. Pero otras muchas semillas quedan en el interior del cono,
especialmente cuando se emplean técnicas de secado en las que los conos no se
mueven. En esos casos, han de sacarse las semillas lo antes posible una vez
finalizada la operación de secado.
En algunas especies basta con agitar bien, manualmente, el fruto para extraer la
semilla restante. Las cápsulas de eucalipto deben sacudirse enérgicamente, sobre
todo si no están del todo maduras, pues es posible que la semilla no se haya
separado por completo de la placenta (Turnbull 1975f). Cuando no se sacuden
adecuadamente las cápsulas que están algo inmaduras puede ocurrir que se suelten
únicamente las granzas. Las semillas fértiles suelen estar unidas a la placenta en un
lugar próximo a la base del lóculo, de manera que, una vez dispersas las granzas,
puede ocurrir que las cápsulas inmaduras parezcan vacías si se examinan
superficialmente.
Para que se suelten las semillas pueden sacudirse los conos en cribas gruesas, pero
algunas especies requieren un tratamiento más enérgico. Los más frecuentes son el
volteado en las coníferas y el trillado en las frondosas.
Volteado
Una volteadora es un recipiente o tambor, de forma rectangular o circular, que está
montado horizontalmente sobre su eje largo (Stein y otros 1974). Al girar, los conos
ruedan y chocan entre sí; es frecuente que en el interior unos deflectores acentúen la
acción de choque y rodamiento. Las semillas que se sueltan de los conos abiertos
pasan por la fuerte tela metálica que forma los lados de la volteadora y caen a una
tolva o a unas bandejas, o también a una cinta móvil.
La volteadora puede moverse manualmente o impulsarse por medios mecánicos,
según la escala de la operación. Algunos tambores están cerrados por ambos
extremos y se vacían y vuelven a llenar al término de cada ciclo (Morandini 1962). En
diseños más modernos puede conseguirse que funcione de manera continua
mediante un cilindro inclinado y abierto por ambos extremos. Se meten los conos por
uno de los extremos, y durante la rotación van cayendo lentamente hasta el otro
extremo, por el que salen. La velocidad y la inclinación se ajustan en función de las
necesidades de cada especie. La velocidad determina el efecto de rodamiento y
lanzamiento que se ejerce sobre los conos, mientras que la inclinación determina el
tiempo que los conos permanecen en la volteadora (Turnbull 1975c). Existen tipos
pequeños de volteadora que son de fácil transporte. Fisher y Widmoyer (1977)
describen una pequeña volteadora que tiene una capacidad de 18 litros de conos y
que procede de una lavadora doméstica modificada.
En Zimbabwe se utiliza una volteadora de tambor de 2,43 m de largo, de
funcionamiento manual, que está instalada en una caseta de dos pisos y que se llena
mediante una rampa que baja desde el piso superior. Si se construye la caseta en una
pendiente, es fácil transportar los conos hasta el piso superior (Seward 1980). En el
tambor cabe una bolsa de conos, y se tarda un minuto en voltear una carga e
introducir la siguiente. Las semillas caen por la malla del tambor, que es de 18 mm, a
una bandeja colectora situada debajo, mientras que los conos vacíos pasan
directamente a una contenedor con ruedas.
Es importante que entre el secado y el volteado transcurra el menor tiempo posible,
pues los conos abiertos expuestos al aire frío y húmedo pueden volver a cerrarse en
poco tiempo (Morandini 1962). Si no es posible voltear los conos inmediatamente
después del secado, los conos abiertos deben permanecer en ambiente templado y
seco durante el intervalo entre ambas operaciones. El tiempo necesario para el
volteado depende de la especie y del estado del lote concreto de conos que se esté
manipulando. En algunas especies, como Larix decidua y Picea abies, las semillas
puedan estar fuertemente sujetas en el cono, y a veces se precisan largos períodos
de volteado para extraerlas (Aldhous 1972). En especies difíciles como las citadas son
eficaces las máquinas especiales, como las grandes peladoras de patatas o las
volteadoras dotadas de dientes de sierra. Otra posibilidad consiste en remojar los
conos y después secarlos de nuevo para hacer que las escamas se abran más.
Haverbeke (1976) comprobó que, tras el primer volteado de conos de Pinus sylvestris,
daba buenos resultados remojarlos en bandejas de agua a 30°C durante una media
hora más o menos, hasta que los conos se ablandaban y empezaban a cerrarse, y
después secarlos bien al aire hasta que las escamas volvían a abrirse. El rendimiento
de semilla en el segundo volteado fue por término medio equivalente al 36 por ciento
del rendimiento del primero. Y se produjo una notable diferencia entre las
procedencias, del 18 por ciento en los que tenían un origen escocés hasta el 84 por
ciento en los de un origen español. Este nuevo rendimiento del segundo volteado
hace que esté plenamente justificado incurrir en un costo adicional cuando se trata de
semillas raras y valiosas, como las que se obtienen mediante polinización controlada.
Cuando el volteado se efectúa a una velocidad excesiva, o cuando la volteadora se
carga con demasiados conos, es fácil que las semillas sufran daños mecánicos. La
velocidad de rotación y el tiempo de tratamiento deben adaptarse a las características
de los conos y semillas de la especie de que se trate. Es mejor dejar algunas semillas
en los conos que gastar dinero en extraer semillas que en su mayor parte van a salir
del proceso gravemente dañadas (Morandini 1962).
Trillado
La extracción de la semilla de los frutos secos de muchas especies de frondosas se
efectúa mediante trillado. Las semillas de especies
como Cercis, Catalpa, Robinia y Liriodendron se extraen fácilmente extendiendo los
frutos en una plataforma, que a veces puede ser una estera de paja u otro material
idóneo, y golpeándolos con un mayal o vara flexible. Cuando hay que procesar
grandes cantidades, pueden adaptarse a los frutos arbóreos las trilladoras mecánicas
que se utilizan en agricultura, operación que se efectúa modificando la distancia que
hay entre las palas. En Chile se trituran las vainas de Prosopis tamarugo en un molino
de piedra ajustado a 4 mm, y después se separan las semillas mediante cribado y
flotación del producto de la molienda (Habit y otros 1981). En los Estados Unidos se
ha utilizado como trilladora para las vainas de Prosopis una descascarilladora de
cereales modificada. Esta máquina, que se describe en Ffolliot y Thames (1983),
puede trillar 36 litros de vainas en una hora y media; para trillar manualmente esa
misma cantidad se necesitarían unas 160 horas. En Filipinas, los frutos que no sueltan
con facilidad la semilla se meten en un saco y se golpean. La separación se efectúa
después mediante cribado. Para cada tamaño de semilla se utiliza una criba en la que
la malla es mayor que la semilla, de manera que se queden en ella los fragmentos de
fruto y otras impurezas grandes, y otra con una malla más pequeña en la que se
quedan las semillas y por la que pasan las impurezas finas (Seeber y Agpaoa 1976).
En Sabah, las semillas de Acacia mangium se separan de las vainas, una vez
secadas éstas, haciéndolas girar durante 10–15 minutos en una hormigonera junto
con bloques de madera dura de 10 × 10 × 15 cm (Bowen y Eusebio 1981b). Se utiliza
análogamente una hormigonera con las vainas de Albizzia falcataria, pero, como en
esta especie es más fácil separar las semillas, no son necesarios los bloques de
madera (Bowen y Eusebio 1981a). Doran y otros (1983) describen varios tipos de
trilladora mecánica que están indicados para las vainas de Acacia, como un modelo
manual de trilladora cónica flexible, un tambor giratorio, una trilladora de palas y otra
de huso. Muchas acacias desprenden durante el trillado un polvo muy irritante, por lo
que los operarios deben llevar equipo protector.
A veces es preciso aplicar métodos más enérgicos, como machacar los frutos con una
mano de almirez de madera o pasarlos por molinos de martillos. Para algunas
especies se ha creado un equipo especial, como la descascarilladora
de Juglans (Churchwell 1964). Los molinos de martillos constan de una entrada
protegida o tolva, una cámara central en la que hay una serie de martillos que giran en
torno a un vástago central y varias cribas de salida, intercambiables y de distinta malla
(Stein y otros 1974). La criba de salida debe tener unos agujeros los suficientemente
grandes para que las semillas puedan pasar por ellos sin daño. Durante la separación,
el molino se va alimentando con frutos continuamente. Hay que tener cuidado de que
la velocidad del molino sea relativamente baja, 250 a 800 revoluciones por minuto,
para no dañar las semillas. El separador Dybvig funciona igualmente bien con frutos
secos y carnosos.
6.12 La trilladora cónica elástica, en un modelo manual
fabricado por Alf. Hannaford & Co. Ltd., Woodville, S.
Australia, que se utiliza con las acacias de la zona seca.
(FAO/División de Investigaciones Forestales, CSIRO,
Canberra)
6.13 Trilladora de palas de 15 cm de CSIRO. (A) Introducción del material en la trilladora (B) Vista general, con material
trillado y listo para la limpieza (C) Vista de las partes esenciales. (FAO/División de Investigaciones Forestales, CSIRO,
Canberra)
6.14 Hormigonera que se utiliza para quitar las alas de las semillas. (Centro de Semillas Forestales de DANIDA)
6.16 Semillas de Liriodendron tulipifera antes y
después de quitárseles las alas. Esta operación
facilita el mejoramiento. (Servicio Forestal, Dpto.
Agric. EE.UU.)
6.15 Máquina Missoula para quitar las alas a
pequeños lotes de semilla. (Servicio Forestal, Dpto.
Agric. EE.UU.)
Capítulo 6 PROCESAMIENTO DE LAS SEMILLAS
(continuar)
Otros métodos de extracción
En algunas especies resulta difícil extraer las semillas aun después de someter a los
frutos a los tratamientos habituales de secado y volteado o trillado. En Filipinas, en las
leguminosasDelonix regia, Pithecellobium saman, Cassia fistula, C. javanica y Parkia
javanica es preciso abrir las vainas, duras e indehiscentes, con un machete o cuchillo
y después ir sacando las semillas una a una (Seeber y Agpaoa 1976). Las vainas
de P. saman son dulces y gustan mucho a los termes; si se amontonan en un lugar
oscuro, al cabo de un tiempo sólo quedan las semillas limpias.
Goor y Barney (1976) recomiendan que las semillas de Cedrus se guarden en los
conos, pues las semillas extraídas pierden rápidamente su viabilidad. Al finalizar el
período de almacenamiento, los conos han de ponerse a remojo en agua para facilitar
la extracción. Después de este tratamiento, se abren fácilmente con la mano y se
extraen las semillas para sembrarlas de inmediato.
Los conos serótinos de especies como Pinus brutia, P. halepensis, P. contorta y P.
radiata necesitan a veces un tratamiento especial que los induzca a abrirse. En
algunos casos ha dado buenos resultados el procedimiento de sumergirlos en agua
hirviendo durante 10–120 segundos (hasta 10 minutos en algunos lotes
especialmente refractarios), y después someterlos en la estufa de secado a
temperaturas muy elevadas (75–80°C). Se precisa esta alta temperatura para fundir la
resina que, como un fuerte adhesivo, aglutina las escamas solapadas de los conos
(Stein y otros 1974, Krugman y Jenkinson 1974).
Los conos verdes e inmaduros necesitan también a veces un tratamiento especial. Se
comprobó que los conos verdes de Pinus merkusii de Zambales (Filipinas) soltaban
sólo el 7 por ciento de las semillas que contenían tras remojarse en agua durante 48
horas y secarse durante 80 horas a una temperatura inicial de 30°C y una temperatura
final de 50°C; cuando este ciclo de remojado y secado se repetía cinco o seis veces,
los conos soltaban el 79 por ciento de sus semillas (Gordon y otros 1972). El período
total de esta operación, de 4–5 semanas, no sería económico en la silvicultura
operacional. La otra posibilidad, que es la que se recomienda, consiste en recolectar
sólo los conos pardos y maduros, que soltaban el 91 por ciento de sus semillas en un
único ciclo.
Operaciones después de la extracción
Una vez extraídas las semillas de los frutos, se precisan varias operaciones de
preparación para el almacenamiento. Hay que separar las semillas viables de las
vacías y no viables y de los fragmentos inertes de fruto; cuando las semillas tienen
alas, lo que no ocurre en todas las especies, hay que quitarlas; cuando las semillas se
van a almacenar, es preciso determinar su contenido de humedad y, en su caso,
elevarlo o rebajarlo hasta el porcentaje más adecuado para el almacenamiento. Si se
considera deseable que el crecimiento del material de vivero se produzca de manera
uniforme, pueden clasificarse también las semillas por tamaños.
El material inerte ocupa espacio tanto de almacenamiento como de transporte y
puede hacer que en el vivero sea desigual la densidad de los semilleros. Comporta
asimismo un riesgo de introducción de plagas o enfermedades mayor que el que
comportan las semillas mismas; por ejemplo, son los fragmentos de acícula y no las
semillas los que transportan las esporas que producen la pérdida acicular. La limpieza
hasta conseguir un alto grado de pureza es fácil en algunas especies pero más difícil
en otras. En algunas de ellas no es conveniente limpiar las semillas hasta un grado de
pureza superior a un determinado porcentaje, pues superado ese nivel se va con las
impurezas una cantidad cada vez mayor de semilla buena (Goor y Barney 1976).
Además, el esfuerzo extraordinario de esta limpieza especial es laborioso y costoso.
Morandini (1962) recomendó respecto de las semillas de Larix que no se limpiaran
más allá de una pureza del 65 por ciento, pues estaba demostrado que proseguir la
limpieza a partir de ese nivel producía una pérdida muy notable de semilla buena.
Esto se debe a que el gran grosor de la cubierta seminal en relación con el tamaño
total de la semilla hace que las semillas vacías sean casi tan pesadas como las llenas.
En muchas especies de eucalipto, especialmente en los
subgéneros Monocalyptus e Idiogenes, es difícil separar las semillas fértiles de las
granzas que salen de las cápsulas al mismo tiempo. Las semillas viables tienen
muchas veces un tamaño, una forma y un color parecidos a los de las partículas de
granzas, y la relación en peso entre éstas y la semilla viable suele oscilar entre 5 : 1 y
30 : 1 (Grose y Zimmer 1958, Boland y otros 1980). Por eso, los lotes comerciales de
semilla de eucalipto se limpian de hojas, ramitas y otros fragmentos grandes, pero la
“semilla” resultante es en realidad una mezcla de semilla y granzas; esta práctica es
aceptada por compradores y vendedores. Siempre que los lotes de semilla vayan
acompañados de los resultados de ensayos que ofrezcan el número de semillas
viables por unidad de peso de semilla más granzas, al usuario no le debe preocupar
demasiado que contengan una determinada cantidad de impurezas. Por consiguiente,
la limpieza de las semillas que se van a destinar a usos operacionales debe
efectuarse con un criterio selectivo. Puede ser necesaria cuando se emplean técnicas
especiales, como por ejemplo cuando las semillas se van a preparar en forma de
pellas o cuando se van a destinar a siembra de precisión. También es necesaria una
limpieza repetida, hasta alcanzar un grado de pureza muy elevado, cuando la
recolección se efectúa con fines de investigación y se va a tratar de obtener unos
conocimientos básicos sobre la germinación u otras características de las semillas.
Separación de las alas
Muchos árboles forestales tienen semillas aladas o frutos alados, y casi todas las
semillas de coníferas poseen un ala que puede ser desde larga y dura hasta muy
corta y blanda (Morandini 1962, Turnbull 1975c). A fin de facilitar el procesamiento de
las semillas y su siembra en el vivero, esta ala suele quitarse siempre que se mayor
que la semilla (o fruto).
En varios géneros de coníferas, como por ejemplo Thuja,
Chamaecyparis o Cupressus, las alas son pequeñas o es poco práctico separarlas de
las semillas; en unos pocos géneros no pueden quitarse sin menoscabo de la
viabilidad de la semilla, como ocurre por ejemplo en Libocedrus (Stein y otros 1974).
Muchos frutos alados de frondosas, por ejemplo Casuarina, Betula oUlmus, se
almacenan y siembran intactos, pero las alas de otros frutos, como por
ejemplo Swietenia, que son mayores, pueden romperse y separarse (Robbins 1982b).
Cuando se trata de cantidades de semilla pequeñas, la separación de las alas puede
realizarse manualmente, bien frotando las semillas entre las manos o contra un
cedazo o superficie rugosa, bien frotándolas también a mano dentro de una bolsa de
tela o haciéndolas pasar, entre dos paños o en una bolsa de tela, por el espacio que
queda entre una superficie de caucho abajo y un rodillo arriba (Stein y otros 1974,
Turnbull 1975c). Cuando se trata de cantidades grandes, es habitual separar las alas
por medios mecánicos.
Las máquinas que se utilizan para separar las alas van desde aparatos manuales
hasta equipo semiautomático de gran tamaño que ofrece un rendimiento continuo.
Son de uso frecuente las mezcladoras de maíz y las hormigoneras. Cuando se
efectúa de manera descuidada, la separación mecánica de las alas puede dañar las
semillas por aplastamiento, agrietamiento o abrasión (Kamra 1967, Wang 1973).
Las máquinas que se utilizan para separar las alas son en su mayoría mecanismos
giratorios en los que la semilla es presionada, por unos cepillos o almohadillas, contra
las paredes de un cilindro, o también en los que unas cabezas o almohadillas
giratorias obligan a las semillas a pasar por unas ranuras estrechas, donde quedan
detenidas las alas. Cuando el paso entre las cabezas o cepillos es demasiado
pequeño, la semilla puede resultar dañada (Morandini 1962). Lowman y Casavan
(1978) han descrito una máquina especialmente diseñada para quitar las alas de lotes
de semilla pequeños, de 5 kg o menos, y que se limpia fácilmente entre una operación
y otra. Consiste básicamente en un cilindro forrado de caucho con un eje central
giratorio al que están fijadas unas aletas de goma pura. La inclinación es variable, de
manera que las semillas y las alas puedan salir de la máquina por gravedad.
Nartov y otros (1979) describen una máquina que se utiliza en la Unión Soviética y
que separa las alas y al mismo tiempo limpia las semillas. Es portátil y pesa entre 50 y
70 kg. Una tolva y una hélice pasan las semillas a la unidad de separación de las alas,
que tiene unas astas batidoras tipo cepillo. Después un ventilador elimina las alas y el
material más ligero, mientras que el más pesado cae a una serie de cribas inclinadas
de diversas mallas. Las semillas limpias van cayendo así a diversos recipientes,
clasificados según el tamaño de aquéllas.
En algunos casos pueden evitarse los daños mecánicos realizando la operación en
húmedo. Wang (1973) describe un método de este tipo que se utiliza para separar las
alas de las semillas de coníferas en el Canadá. Se humedecen las semillas con agua
y se dejan en remojo durante 20–30 minutos, y a continuación se remueven con un
cepillo blando o con una esponja en una hormigonera giratoria, para separar las alas.
Isaacs (1972) ha descrito un principio parecido para separar las alas de las semillas
de pino. En este caso es un depósito de gran tamaño, con tubos que se mueven
lentamente, lo que agita con suavidad las semillas, previamente humedecidas a razón
de unos dos litros de agua por 45 kg de semilla. Las alas absorben la humedad y se
separan de las semillas. En Honduras se quitan las alas de Pinus caribaea y P.
oocarpa en húmedo, mediante una pequeña hormigonera o tambor giratorio. La
capacidad del tambor debe ser como mínimo el doble de la cantidad de semilla que se
va a procesar, y la velocidad de rotación ha de ser de aproximadamente una
revolución por cada 2–3 segundos (Robbins 1983a, b). Las semillas aladas se voltean
en seco en el tambor durante 15 minutos; después se rocían lentamente con agua, de
la manera más uniforme posible, mientras el tambor sigue girando; debe emplearse
más o menos un litro de agua por cada 50 litros de semilla. Tras añadir el agua se
sigue volteando durante 45 minutos, y después se saca la mezcla a una bandeja cuyo
fondo es de tela metálica; entonces las semillas se separan de las alas. En Suecia la
operación suele efectuarse también en húmedo. En este procedimiento, las semillas
absorben agua y después han de secarse hasta que llegan a un contenido de
humedad aceptable.
Métodos de limpieza de la semilla
Las principales características por las que las semillas viables pueden distinguirse de
la materia inerte, incluidas las semillas estériles y vacías, son el tamaño y la forma, el
peso específico, el color y la textura superficial. La facilidad con que se diferencian las
semillas viables depende de: 1) el grado de diferencia que existe entre las semillas y
la materia que ha de separarse de ellas, y 2) el grado de uniformidad que existe entre
las propias semillas (Turnbull 1975c). El color, el tamaño y la forma son criterios útiles
a la hora de separarlas visualmente, mientras que las máquinas limpiadoras se basan
en su mayoría en el tamaño y el peso específico. En los métodos de tamizado y
cribado, la separación se efectúa en virtud del grosor o diámetro de la semilla o
partícula; en el cilindro centrífugo dentado, en virtud de la longitud de las partículas;
en los métodos de flotación en un líquido y soplado, ventilado y aventado, en virtud
del peso específico, y por último los métodos de limpieza que consisten en una
fricción se basan en las diferencias de textura superficial. Las máquinas limpiadoras
modernas suelen combinar más de un método, de manera que el proceso de limpieza
es a un tiempo eficaz y rápido. No obstante, son la especie y la cantidad de semilla
que se ha de manipular los factores que deben determinar el método más
conveniente: a mano, mediante equipo improvisado o con maquinaria especializada.
La descripción de los métodos de limpieza y clasificación que figura a continuación
está basada en Turnbull (1975c).
Tamizado o cribado
En la mayoría de los casos se utilizan diversas cribas con distintos tamaños de paso o
malla, de manera que la limpieza es un proceso en el que se van separando
gradualmente partículas cada vez más pequeñas. No es sólo el tamaño de la malla de
la criba lo que determina la calidad y cantidad de la semilla limpia; entre otros factores
importantes hay que citar la precisión de la malla, el ángulo en que operan las cribas,
la amplitud y velocidad de movimiento de éstas y la limpieza y el mantenimiento
correctos del equipo.
Las cribas o tamices pueden ser de chapa perforada plana o tela metálica, y en
ocasiones pueden ser tridimensionales, como los que tienen forma de embudo.
Cuando las muestras son pequeñas basta con cribas manuales, pero cuando la
limpieza se efectúa a una escala mayor suele utilizarse una serie de tamices
sacudidores.
En el Brasil se utilizaron con resultados satisfactorios, para separar las semillas de las
granzas de Eucalyptus grandis, unas cribas que tenían una malla de
aproximadamente 12,5 orificios por centímetro. Estas cribas retenían el 84 por ciento
de la semilla buena y eliminaban el 89 por ciento de las granzas (Cavalcanti y Gurgel
1973).
Clasificación en función de la longitud
La limpieza con cribas se basa en la separación de las semillas, y el factor crítico es el
diámetro. La separación en función de la longitud no puede realizarse con cribas, pero
sí con un cilindro dentado. Además de emplearse para separar la semilla buena de las
impurezas, este tipo de equipo se utiliza en agricultura para separar mezclas de
semillas, y también puede emplearse con fines de clasificación.
El equipo consiste en un cilindro giratorio horizontal, ligeramente inclinado, y un
recipiente separador movible. La superficie interior está dotada de pequeñas muescas
semiesféricas muy juntas entre sí. La fuerza centrífuga hace que el material pequeño
quede atrapado en las muescas, de donde puede retirarse. El material de tamaño
mayor se agrupa en el centro del cilindro, de donde cae por gravedad. Según el tipo
de impurezas, la semilla puede separarse por las muescas o pasando por debajo del
cilindro.
Aventamiento
La limpieza por aventamiento es un método muy importante y de utilización muy
extendida. Se basa en el principio de que cualquier objeto puede flotar en una
corriente de aire de velocidad suficiente.
Existen tres posibilidades de separación en una corriente de aire: caída, flotación y
elevación. El comportamiento de la semilla y otros materiales dependerá de su peso,
su resistencia a la corriente de aire (volumen y forma) y la velocidad con que se
mueva el aire.
La operación suele denominarse también soplado o ventilado. En su forma más
sencilla, la semilla sin limpiar se lanza al aire en un día de viento. Los componentes se
separan, y se descartan los no deseados. Dentro de los edificios pueden utilizarse
ventiladores para producir la corriente de aire.
El aventamiento manual se ha utilizado con buenos resultados en Tailandia para
separar las semillas llenas de las vacía de Pinus kesiya (Bryndum 1975). A la
separación inicial le seguía un segundo aventamiento de la fracción desechada.
Mediante ensayos de corte se comprobó que el porcentaje original de semilla llena, 82
por ciento, se elevaba al 98 por ciento en la fracción mejorada, mientras que la
fracción desechada (aproximadamente el 10 por ciento del volumen total) contenía
sólo un 18 por ciento de semilla llena, equivalente a más o menos el 2 por ciento de la
semilla llena total del lote. Un operario tardó ocho minutos en aventar 1 kg. En este
proceso de separación no suele ser grave la pérdida de las semillas llenas que son
muy pequeñas y ligeras, pues lo más probable es que esas semillas germinen con
lentitud y tengan poco vigor.
6.17 Aventadoras eléctricas de laboratorio: (A)
“South Dakota Blower” (División de Investigaciones
Forestales, CSIRO, Canberra, fotograffa de Allan G.
Edward) (B) Separador de semillas arbóreas
“Barnes”. (International Reforestation Suppliers)
6.18 Limpiadora de semillas de fabricación local que se
utiliza en Zimbabwe (A) Interior del protector cónico, con
deflectores difusores (B) En funcionamiento, con el
colector compartimentado. (Comisión de Silvicultura de
Zimbabwe)
Es fácil construir aventadoras sencillas, como la que describe Yim (1973), que está
fabricada en su totalidad con componentes de madera y se utiliza en Corea. Las
aventadoras de laboratorio pueden dividirse en las de tipo neumático -cerca de la
toma de aire se sitúa un ventilador que empuja el aire a través del sistema-, o del tipo
aspirador -cerca de la salida del aire se sitúa un ventilador que extrae el aire del
sistema, creando un vacío parcial. Existen pequeñas limpiadoras de laboratorio, como
la “Brabant” y la aspiradora “Kamas”.
Otra aventadora de semillas que se utiliza mucho es la “South Dakota Blower”. El
principio del aventamiento es que una muestra de semillas, cuando está suspendida
en una corriente ascendente de aire de una velocidad determinada, se divide en una
fracción ligera y en una fracción pesada, de manera que la primera asciende y la
segunda desciende. Ambas fracciones se recogen así por separado. El carácter
heterogéneo de la fracción pesada puede reducirse aún más sometiéndola a un
segundo aventamiento, con una mayor velocidad del aire. De esa manera se obtienen
una fracción ligera, una fracción intermedia y una fracción pesada. El mecanismo que
produce el aire en la “South Dakota Blower” consiste básicamente en un soplante
centrífugo, cuya salida está conectada con el extremo inferior de un tubo vertical que
tiene unos pocos centímetros de diámetro interno y unos 50 cm de longitud. La
muestra se coloca en una tela metálica fina en el fondo del tubo. Una válvula
incorporada permite regular la velocidad del aire, de manera que se utilice la óptima
para cada especie. Las partículas más ligeras son impulsadas hacia arriba y
atrapadas por unos deflectores cerca del extremo superior del tubo, mientras que las
más pesadas se quedan en la base de éste.
Edwards (1979) ha descrito una aventadora canadiense que es más compleja. Consta
de cuatro tubos de plexiglás de distintos diámetros, lo que produce diferencias en la
velocidad del aire, y utilizando la combinación de tubos adecuada se puede emplear el
equipo para separar tanto semillas de granzas como semilla llena de semilla vacía.
Funciona bien con semillas grandes, como las de Abies amabilis, pero no está
indicada cuando las semillas son muy pequeñas y ligeras, como las
de Betula o Chamaecyparis.
En Zimbabwe se construyó una limpiadora doméstica ajustando una manga cónica de
aluminio con deflectores internos a un ventilador doméstico de velocidad constante
(Seward 1980). El extremo estrecho de la manga va a dar a un colector
compartimentado; las semillas llenas caen en el compartimento más próximo,
mientras que las impurezas y las semillas vacías, al ser más ligeras, son impulsadas
por el aire hasta los compartimentos siguientes. En las Islas Salomón se ha utilizado
con éxito, para separar los residuos y semillas vacías de partidas de semilla seca
de Swietenia macrophylla y Campnosperma brevipetiolata, una cámara para aventar
semillas también de fabricación local, en la que la corriente de aire procede de un
ventilador eléctrico (Chaplin 1984).
En muchas limpiadoras de semillas se emplea una combinación de aventado y
cribado. Una primera criba, de malla gruesa, elimina el material de más tamaño; más
abajo, una criba más fina retiene las semillas y elimina los materiales muy pequeños,
y por último la fracción de semilla pasa por una corriente de aire transversal o casi
vertical procedente de un ventilador, que elimina las granzas y las semillas vacías.
Esta limpiadora combinada de aire y cribas es el equipo básico de las plantas de
limpieza de semilla. El tamaño de estas máquinas es variable, desde el modelo
pequeño, con dos cribas, hasta un moderno de precisión que utiliza varias cribas
superiores e inferiores y efectúa hasta tres separaciones por aire en una sola
operación.
Flotación en un líquido
La limpieza por flotación se basa en el principio de que la semilla de una determinada
especie tiene una densidad específica, tanto si es semilla llena como si es vacía.
Se utilizan básicamente dos métodos:
i. El método de la densidad, en el que se emplean líquidos con una densidad o
peso específico que está situada entre la de la semilla llena y la de la semilla
vacía. El peso específico de los líquidos que se emplean suele ser inferior a
1,0, de manera que se hundan las semillas llenas y floten las semillas vacías y
los residuos ligeros.
ii. El método de absorción, en el que se utiliza agua y, aunque al principio flotan
tanto las semillas llenas como las vacías, transcurrido un determinado período
de tiempo las semillas llenas absorben agua, se hacen más pesadas y se
hunden. El tiempo de remojo varía desde unos minutos hasta varias horas.
Este método es útil cuando entre los pesos específicos de las semillas llenas y
las vacías existe una diferencia muy pequeña. Una vez separadas, es preciso
volver a secar las semillas.
Mediante los métodos de flotación se puede separar de las semillas llenas maduras
aquellas otras que están atacadas por insectos, dañadas mecánicamente o
inmaduras. El método de la densidad sólo puede aplicarse cuando se dispone de un
líquido que posea la densidad adecuada y que no perjudique a la semilla. Simak
(1973) ha analizado tanto la aplicación de este método como los problemas que
plantea; en las páginas 276–278 figuran ese análisis y un método que desarrolló este
mismo autor para separar las semillas llenas viables de las no viables y en el que
interviene un elemento de pregerminación.
Limpieza por fricción
Casi todos los residuos pueden separarse de la semilla mediante combinaciones de
aire y cribas, pero es difícil eliminar los fragmentos de hoja, las partículas de resina y
otros objetos que tienen un tamaño y una densidad semejantes a los de la semilla.
La limpieza por fricción se basa en el principio de que todo objeto que cae a una
superficie o se desliza sobre ella experimenta una determinada fricción. El movimiento
de la partícula es proporcional a su peso y a un coeficiente de fricción que depende de
la naturaleza de la superficie de la partícula y de la superficie en la que se mueve. La
separación de los residuos se efectúa en una superficie inclinada de tela o caucho
sobre la base de que el ángulo necesario para que la semilla resbale y caiga es
distinto del ángulo necesario para que resbalen y caigan los residuos. Así, una cinta
que se mueve continuamente en sentido ascendente echa hacia abajo las semillas
por gravedad y hacia arriba los residuos ligeros por fricción.
Hergert y otros (1971) han descrito una máquina de fricción para limpiar pequeñas
muestras de semillas arbóreas.
Separación por peso específico
Este método emplea una combinación de las características de peso y superficie de
las partículas que se desea separar. Es un método que se está utilizando cada vez
para separar y clasificar semillas arbóreas.
En los separadores basados en el peso específico se aplica un principio de flotación.
En el extremo inferior de una mesa perforada e inclinada se coloca una mezcla de
semillas. Mediante una corriente de aire, que, procedente de un ventilador, se dirige a
través de la superficie porosa de la mesa y de las semillas, se estratifican éstas en
capas según su densidad, de manera que las semillas y partículas de materia inerte
más ligeras suben hasta la parte superior mientras las más pesadas se quedan
debajo. Un movimiento de oscilación de la mesa hace que las semillas se muevan a
distinta velocidad, de manera que las más ligeras van bajando por gravedad y se
sacan por el extremo inferior, mientras que las más pesadas van subiendo por la
pendiente gracias al contacto con la mesa oscilante y se sacan por el extremo
superior.
Para distribuir el aire de una manera uniforme bajo las semillas y para imprimir a las
más pesadas que están en contacto con la mesa el empuje correcto se han utilizado,
como recubrimientos de la mesa, tela, plástico y tela metálica. Cuando las semillas
son pequeñas los mejores resultados se obtienen con un recubrimiento tupido, como
la tela. En los separadores modernos de este tipo se puede controlar la velocidad de
alimentación, la inclinación de la mesa en dos direcciones, la velocidad de la
oscilación y la fuerza del aire de una manera diferenciada en diversos puntos de la
mesa. La combinación de estos diversos controles permite adaptar la máquina a la
manipulación de una amplia variedad de especies y lotes de semilla (Thomas 1978).
Los separadores basados en el peso específico separan partículas de la misma
densidad pero de distinto tamaño, y también partículas del mismo tamaño pero de
distinta densidad. No separa eficazmente las partículas que difieren tanto en densidad
como en tamaño, es decir, no están indicadas para separar una partícula mayor pero
menos densa de otra menor pero más densa. Se ha comprobado su eficacia para
separar las granzas de algunas semillas de eucalipto y para clasificar semillas de pino
(Guldager 1973). El porcentaje de pureza de la semilla no limpia deE.
grandis después de la extracción es de aproximadamente el 10 por ciento. Mediante
un tratamiento con un separador de este tipo, el porcentaje de pureza se elevaba al
95 por ciento, con un porcentaje igual de germinación.
Otros métodos de limpieza
A escala experimental se han utilizado otros métodos de limpieza, cuyo empleo no se
ha extendido en la práctica. Entre ellos figuran los separadores electrónicos y
electroestáticos, los separadores magnéticos, los separadores electrónicos por color y
las mesas sacudidoras, que separan las semillas mediante el ángulo con el que
rebotan al lanzarse contra unas paredes fijas. Estos métodos están descritos en Klein
y otros (1961) y Oomen (1969).
En las semillas de Ochroma, un método eficaz de eliminar la borra que contienen
consiste en colocar el material sin limpiar en una criba metálica de 0,3 mm de malla y
prender fuego a la borra (Goor y Barney 1976). El fuego se extiende con rapidez, y las
semillas pasan por la criba. Se obtienen buenos resultados cuando debajo de la criba
se pone un recipiente con agua para que caigan en él las semillas. El aceite
inflamable de la borra se quema produciendo un calor intenso, y experiencias
realizadas en Honduras indican que la borra debe extenderse en una capa delgada
para evitar que la semilla resulte dañada (Robbins 1982b). Este método se ha
ensayado también para limpiar de borra las semillas de Populus, pero en este género
puede dañar a más del 50 por ciento de las semillas.
Las semillas de Prosopis suelen estar empotradas en una matriz gomosa dentro de
las vainas. Una manera de obtener semillas limpias consiste en: 1) quitar
mecánicamente, con un cuchillo, uno de los lados de la vaina; 2) poner en remojo el
contenido de la vaina en una solución 0,1 normal de ácido hidroclorhídrico durante 24
horas; 3) lavar en agua durante una hora y después secar al sol directo, y 4) golpear o
machacar la masa seca para separar las semillas limpias del revestimiento gomoso.
Este método se ha empleado con buenos resultados en la India, donde en 12 días se
consiguieron semillas limpias con una tasa de germinación del 65 por ciento
(Vasavada y Lakhani 1973).
Clasificación
Dentro de una misma especie, las dimensiones de las semillas son variables debido a
influencias del medio ambiente durante el desarrollo seminal y también a la
variabilidad genética normal. El comportamiento de la semilla inmediatamente
después de la germinación está relacionado con su tamaño y, a fin de producir
gérmenes que nazcan y crezcan por igual en el vivero, puede ser útil clasificar las
semillas por tamaños. La clasificación por tamaños puede facilitar por otra parte la
siembra mecánica de las semillas. Esta práctica debe utilizarse con prudencia cuando
se trata de semillas recolectadas en huertos semilleros que tienen un número limitado
de clones. Como parte de la variación que presentan las semillas en cuanto a su
tamaño y su forma es de carácter genético, la clasificación de las semillas de huertos
semilleros podría llevar a una diferenciación genética excesiva y a una pérdida de
diversidad genética dentro de cada una de las fracciones obtenidas por la clasificación
(Simak 1982).
Los métodos de clasificación difieren poco de los que se emplean en el proceso de
limpieza. La separación por cribado y tamizado, mediante cilindros, por aventamiento,
por flotación y sobre la base del peso específico son todos métodos eficaces para
clasificar las semillas arbóreas por tamaños.
Aunque la clasificación es en sí misma una operación relativamente sencilla, las
semillas de determinadas especies deben acondicionarse adecuadamente antes de
clasificarse; por ejemplo, para aprovechar plenamente las ventajas de la clasificación
es preciso quitar el exocarpo esponjoso de los frutos de teca y los tubos en forma de
cáliz de las dipterocarpáceas. Los huesos limpios de Gmelina arborea se han
clasificado mediante cribas de malla cuadrada de 7,9 y 11 mm (Woessner y Mcnabb
1979); la germinación osciló entre el 84 por ciento en los huesos más pequeños y el
111 por ciento en los más grandes (por lo general hay de una a tres semillas en cada
hueso).
6.19 Limpiadora de semillas de aire y cribas que se utilizan en Humlebaek, Dinamarca. (Centro de Semillas Forestales de
DANIDA)
6.20 Separador de semillas “Damas”, que se basa en el
peso específico. (Damas Maskinfabrik, Dinamarca)
6.21 Contenido de humedad en equilibrio (peso en fresco) de semilla de trigo, con curvas distintas para la desorción y la
absorción. (Fuente: Harrington 1970)
6.22 Porcentajes de contenido de humedad de semilla fresca de Pinus palustris (cosecha de 1938, Mississippi) en equilibrio
con el aire a diversas temperaturas y humedades relativas. De Wakeley 1954, con conversión del porcentaje de contenido
de humedad de la semilla a peso en húmedo.
Control del contenido de humedad
Una vez limpias y clasificadas las semillas, están ya preparadas para sembrarse en el
vivero. Sin embargo, cuando se van a almacenar es necesario comprobar su
contenido de humedad (CH) y, en su caso, ajustarlo al nivel óptimo para el
almacenamiento en la especie de que se trate. En la instalación de procesamiento de
semillas deben existir medios suficientes para determinar el CH. En las páginas 334–
338 se describen los métodos indicados.
Cuando se trata de semillas ortodoxas*, que comprenden las de la mayoría de las
coníferas y de muchas frondosas, el posible ajuste del CH significa secar más las
semillas. Este procedimiento se describe en la sección siguiente. Mucho menos
habitual, y sólo en el caso de las semillas recalcitrantes*, que deben almacenarse con
un CH elevado, es que sea necesario humedecer las semillas para elevar el CH al
nivel óptimo para el almacenamiento. Por ejemplo, se han conseguido resultados
alentadores con Acer pseudoplatanus remojando las semillas en agua durante dos o
tres días y procediendo inmediatamente después a su congelación y almacenamiento
a unos -7°C en sacos de plástico (Barner 1975b). En otros géneros,
como Quercusy Castanea, que se han dejado secar ligeramente bajo techo para que
se suelten las cáscaras o ligaduras involucrales, puede estar indicado el remojado
para recuperar el nivel óptimo de CH (por ejemplo, 40–45 por ciento en Quercus
robur, Holmes y Buszewicz 1956, Suszka y Tylkowski 1980), antes de almacenar las
semillas en un medio húmedo y fresco.
* Para la definición de estos términos, véase el glosario.
Relación entre el contenido de humedad de la semilla y la
humedad atmosférica
Como los conos y los frutos, las semillas son materiales higroscópicos y, una vez
separadas del árbol padre, pierden o ganan humedad cediéndola a la atmósfera
circundante o tomándola de ella hasta que su contenido de humedad (CH) alcanza un
punto de equilibrio con la humedad y la temperatura del aire del entorno. Este punto
se denomina contenido de humedad en equilibrio (CHE). Una vez que se alcanza, se
mantendrá mientras la humedad y la temperatura del aire permanezcan constantes; si
éstas cambian, las semillas volverán a perder o ganar humedad hasta alcanzar un
nuevo CHE. La madera es otro buen ejemplo de material higroscópico y se comporta
de una manera parecida.
La semilla “húmeda” rodeada por aire “seco” pierde humedad y por lo tanto peso,
mientras que la semilla “seca” rodeada por aire “húmedo” gana ambas cosas. A fin de
determinar cuáles son los métodos más idóneos para secar y almacenar la semilla, es
necesario saber cuantificar la humedad tanto del aire como de la semilla.
Humedad del aire. La humedad se encuentra en la atmósfera en forma de vapor de
agua, pero el aire no puede contener más que una cantidad limitada de ese vapor.
Cuando esa cantidad se supera, se dice que el aire se ha saturado, y el exceso de
humedad se condensa. El peso exacto del vapor de agua (VA) que puede contener el
aire en saturación depende de la temperatura, como se indica en el cuadro siguiente:
Temperatura en °C -10 0 10 20 30 40 50 60
Peso del VA en
saturación
(g VA por kilo de aire
seco) 1,6 3,8 7,6 15 27 49 87 152
Densidad del aire
seco
(kilo por m3)
a una presión de 760
mm 1,34 1,29 1,25 1,20 1,16 1,13 1,09 1,06
Peso del VA en
saturación 2,1 4,9 9,5 18 31 55 95 161
(g VA por m3 de aire
seco)
El contenido de vapor de agua presente en el aire es casi siempre inferior al nivel de
saturación. Se denomina humedad relativa (HR) a la relación (por lo general
expresada porcentualmente) entre la cantidad de vapor de agua efectivamente
presente en la atmósfera y la cantidad que la saturaría a esa misma temperatura;
dicho de otra manera, a la presión del vapor real en el aire como porcentaje de la
presión del vapor en saturación a la misma temperatura. Para los que operan con
semillas, la humedad relativa es la medida más importante de la humedad
atmosférica, pues el contenido de humedad en equilibrio de la semilla está
estrechamente correlacionado con ella. Por ejemplo, el CH de la semilla es casi el
mismo cuando está en equilibrio con el aire a una HR del 50 por ciento con
independencia de que la temperatura del aire sea de 10°C (humedad absoluta o peso
del vapor de agua presente = 7,6 / 2 = 3,8 g/kg de aire seco) o de 50°C (humedad
absoluta o peso del vapor de agua presente = 87 / 2 = 43,5 g/kg de aire seco).
Aunque en un caso la humedad absoluta es casi diez veces superior a la que existe
en el otro, la humedad relativa es idéntica en ambos, y es esa humedad relativa la que
afecta sobre todo al CHE de la semilla. La importancia de la HR para el CHE de las
semillas y la enorme repercusión que sobre la HR tienen los cambios térmicos
explican la importancia del calor en el secado de muchas semillas. En el cuadro
anterior puede verse que un aire con 3,8 g de vapor de agua por kilogramo a una
temperatura de 0°C estaría saturado; con una HR del 100 por ciento, no serviría como
medio para secar semillas. Pero si ese mismo aire se calentara a 30°C, y siempre que
no se introdujera más humedad desde fuera del sistema, su HR se reduciría al 14 por
ciento y sería un medio de secado sumamente eficaz.
Contenido de humedad en la semilla. La cantidad de humedad presente en la semilla
suele expresarse como porcentaje de su peso. En las páginas 334–338 se describen
métodos adecuados para medir el CH. Este puede expresarse de dos maneras : a) el
peso de agua expresado como porcentaje del “peso en húmedo” o “peso en fresco” de
las semillas (= materia seca + agua), o b) el peso del agua expresado como
porcentaje del peso final de las semillas una vez secadas en estufa (= materia seca
únicamente). Una de las principales dificultades a la hora de comprender y aplicar los
resultados publicados sobre el contenido de humedad se deriva del hecho de que
antes se utilizaban ambos métodos, el de “peso en húmedo” y el del “peso en seco”,
muchas veces sin que se indicara cuál de ellos se había aplicado en un caso
concreto.
Según las Reglas de la ISTA, el contenido de humedad de la semilla debe expresarse
siempre sobre la base de su peso en húmedo. A modo de orientación se ofrecen
seguidamente ambas fórmulas, junto con una tabla de conversión.
Contenido de humedad, % de la materia seca (peso en seco)
Contenido de humedad, % del peso total (peso en húmedo)
Habida cuenta de la limitada cantidad de vapor de agua que se precisa para saturar el
aire, una cantidad de semilla relativamente pequeña puede contener tanta humedad
como una gran cantidad de aire. Un litro de semilla que se haya desecado del 50 por
ciento al 9 por ciento de CH (peso en húmedo) a 30°C cedería unos 450 g de
humedad a la atmósfera circundante, cantidad suficiente para cambiar la HR de unos
15 m3 de aire (equivalente a 15 000 veces el volumen de esa semilla) de 0 a 100 por
ciento. En el caso del secado al sol, el entorno es tan grande que puede absorber esa
humedad sin problemas, pero en un edificio cerrado el aire del ambiente puede
saturarse rápidamente. Esto explica por qué, a propósito del secado en estufas, se
hace tanto hincapié en que exista una ventilación suficiente, a fin de garantizar que el
aire húmedo que se aproxima a la saturación sea sustituido por aire nuevo y seco.
Esta misma característica es una ventaja cuando se almacenan semillas secas en
recipientes herméticos. Siempre que se hayan secado correctamente las semillas y se
hayan cerrado los recipientes de una manera perfectamente hermética, un volumen
de semilla relativamente pequeño se pondrá en equilibrio con un volumen mucho
mayor de aire húmedo encerrado sin que ello incremente de manera significativa su
propio CH. Si se guardara un litro de semilla de peso específico 0,5, secada hasta un
9 por ciento de CH (peso en húmedo), en un recipiente hermético de 10 litros con 9
litros de aire húmedo al 100 por ciento de HR y 20°C, el contenido de humedad total
del aire sería solamente Aun cuando las semillas absorbieran toda esa
humedad, con ello su CH aumentaría solamente de 50 a 50,16 g ó, en términos
porcentuales, de 9,09 a 9,12 por ciento. La habitual recomendación de que los
recipientes herméticos se llenen lo más posible de semilla es una recomendación
correcta, pero se basa en los efectos perjudiciales que sobre muchas especies tiene
el oxígeno del aire encerrado, no el vapor de agua.
Contenido de humedad en equilibrio
de tres especies ortodoxas
Contenido de
humedad de la semilla
(% del peso en fresco)
6.23 Contenido de humedad en equilibrio de tres especies ortodoxas.
(Fuente: F.T. Bonner)
Contenido de humedad en equilibrio
de cuatro especies recalcitrantes
Contenido de humedad
de la semilla (% del peso en fresco)
6.24 Contenido de humedad en equilibrio de cuatro especies
recalcitrantes. (Fuente: F.T. Bonner)
Otros factores que afectan al CHE. La humedad relativa no es el único, aunque sí el
más importante, de los factores que afectan al contenido de humedad en equilibrio de
las semillas.
1) Temperatura. Como ya se ha explicado, la temperatura tiene una importante
repercusión indirecta sobre el CHE, porque, si se mantiene constante la humedad
absoluta, la humedad relativa está directamente relacionada con ella. Afecta también
de otra manera, pues el CHE varía ligeramente con la temperatura aun cuando la
humedad relativa se mantenga constante. El efecto varía según la especie, pero se
han publicado muy pocos datos sobre árboles forestales (véase también, sin
embargo, la página 218). Un ejemplo que citan Justice y Bass (1979) respecto de un
cultivo agrícola, el sorgo, muestra que con una HR del 50 por ciento el CHE pasa del
12 por ciento a 49°C al 14 por ciento a -1°C. La diferencia es ligeramente mayor en
otros cultivos, pero en todos los casos el CHE desciende al subir la temperatura y
mantenerse constante la HR (aun cuando la humedad absoluta del aire aumenta con
la temperatura a la misma HR).
2) Absorción y desorción. En todas las especies existe una diferencia del 1–2 por
ciento en el CHE en función de que una semilla húmeda esté cediendo humedad a un
ambiente más seco (desorción) o una semilla seca esté tomando humedad de un
ambiente más húmedo (absorción). El CHE es siempre más alto en la desorción, y es
la curva de desorción lo que hay que tener en cuenta en la situación habitual de secar
semillas ortodoxas, reduciendo su CH para almacenarlas.
3) Variación del CHE según la especie. El CH de las semillas en equilibrio con una HR
y una temperatura determinadas varía según la especie. El CHE de cada especie
debe determinarse mediante ensayos. Un importante componente de la variación
interespecífica es el porcentaje de contenido de aceite presente en las semillas. Las
semillas que almacenan la mayor parte de sus reservas nutricias en forma de
proteínas o almidón tienen un CHE más alto a una HR determinada que las semillas
que las almacenan en forma de grasas y aceites, pues aquéllas son relativamente
hidrófilas mientras que éstas son hidrófilas.
Entre las semillas agrícolas, el trigo, con un contenido de aceite de sólo el 2 por ciento
y un CHE del 10,4 por ciento a una HR del 45 por ciento y 25°C, contrasta
con Brassica oleracea, que tiene un contenido oleaginoso alto, del 35 por ciento, y un
CHE del 6,0 por ciento en las mismas condiciones (Harrington 1970).
Se dispone de poca información pormenorizada sobre el CHE de especies arbóreas, y
de ninguna en absoluto sobre el de especies tropicales. En el cuadro que figura a
continuación y en los gráficos adjuntos se ofrecen algunos ejemplos, proporcionados
por F.T. Bonner.
CHE % (peso en húmedo)
Especie Temperatura HR 10 20 30 40 40–55 50 60 70 95
Fraxinus sp.1) no se indica 4,1 6,0 7,4 8,8 - 10,3 12,0 13,9 -
Picea abies1) no se indica 2,4 4,2 5,5 6,7 - 7,8 9,0 10,4 -
Pinus taeda2) 4 – 5°C - - - - 10 - - - 17
1) Fuente: Touzard (1961), citado en Roberts (1972). Curvas de absorción.
2) Fuente: Bonner (1981).
En los gráficos figura el CHE de cuatro especies recalcitrantes (Quercus) y tres
especies latifolias ortodoxas. Cabe señalar que en Quercus spp. el CHE presenta una
correlación positiva con el contenido de carbohidratos y negativa con el contenido de
grasa. Q. alba tiene el CHE más alto, el contenido de carbohidratos más alto y el
contenido de grasa más bajo, y le siguen Q. muehlenbergii, Q. shumardii y Q. nigra.
Análogamente, Liquidambar tiene el CHE más bajo, el contenido de carbohidratos
más bajo y el contenido de grasa más alto de las tres especies ortodoxas.
Cuando se secan frutos para extraer la semilla o cuando se secan las semillas
mismas para almacenarlas, el proceso es idéntico: unos tejidos que alcanzan un CH
en equilibrio con la HR del ambiente. Por lo general, el CHE exacto es menos decisivo
cuando se secan frutos, pues los fenómenos de encogimiento, separación o apertura
de escamas se producen dentro de una gama de diversos CH, y el proceso se
interrumpe además en el momento en que los frutos sueltan las semillas que
contienen.
Secado de semillas ortodoxas
En muchas especies, para el almacenamiento de plazo mediano o largo se
recomienda un contenido de humedad del 4–8 por ciento (véase la página 213). Este
CH es considerablemente inferior al de las semillas recién recolectadas. En la mayoría
de las especies puede reducirse colocando las semillas en un ambiente que tenga
una humedad relativa (HR) del 15–20 por ciento durante un período lo bastante
prolongado para que las semillas puedan alcanzar un CH en equilibrio con la HR.
La eficacia del secado al aire depende de las condiciones climáticas locales. Suele ser
posible reducir el CH hasta un 12–18 por ciento siempre que se cuide de proporcionar
a las semillas una ventilación suficiente. Bajar el CH hasta valores inferiores al 8 por
ciento es imposible en la mayoría de las situaciones templadas y en algunas zonas de
los trópicos húmedos, pues la HR media es siempre demasiado alta. Por ejemplo, en
el Africa occidental tropical húmeda la HR suele ser superior al 80 por ciento en la
estación de lluvias y al 70 por ciento en la estación “seca” (Ogigirigi 1977). En esas
condiciones es muy poco probable que se consiga un CH de menos del 8 por ciento.
En zonas donde abunda el tiempo soleado, se puede conseguir secar muchas
especies hasta un CH del 6–8 por ciento mediante la exposición directa al sol, pues
las semillas y el microclima circundante se calientan y por tanto se reduce la HR.
Asimismo, con una HR constante, el CHE de las semillas desciende al aumentar la
temperatura. Hay que asegurarse de que antes de la exposición las semillas estén lo
más secas que sea posible, y de que durante ella se remuevan con frecuencia. En
Honduras este método funciona bien con Pinus spp., pero no está indicado
para Cordia, pues las semillas de este género se secan con excesiva rapidez y
pueden llegar a un CH del 4 por ciento, lo que daña los tejidos (Robbins 1982b).
Como señaló Harrington (1970), el secado artificial puede llevarse a cabo de dos
maneras. Un método consiste en elevar la temperatura del aire, lo cual reduce
automáticamente la HR siempre que no se introduzca más vapor de agua desde fuera
del sistema. El otro consiste en restar humedad al aire sin modificar la temperatura, lo
cual también reduce la HR. Este autor cita el ejemplo de aire a 5°C y una HR del 90
por ciento que se calienta hasta 35°C. De esa manera se reduce su HR al 15 por
ciento, y puede aplicarse a la semilla mediante ventilación forzada hasta que aquélla
alcanza el CHE. En cambio, un aire a 30°C y una HR del 90 por ciento, que es
característico de las zonas tropicales húmedas durante la estación de lluvias, seguiría
teniendo una HR del 40 por ciento aunque se calentara hasta 45°C. Las temperaturas
altas pueden ser sumamente perjudiciales para las semillas, sobre todo para las que
tienen un CH elevado. En general, las temperaturas de secado no deben superar los
40°C, y recientemente se tiende a utilizar temperaturas aún más bajas y a aumentar
las corrientes de aire para garantizar un secado seguro (Holmes y Buszewicz 1958).
Barner (1975b) y CATIE (1979) recomiendan que en las primeras fases la temperatura
no supere los 30°C. Una posibilidad consiste en secar la semilla en dos fases, la
primera hasta conseguir un CH del 11 por ciento aproximadamente mediante una
temperatura inferior a 40°C, y la segunda hasta alrededor del 5 por ciento mediante
una temperatura de 60°C. Siempre que el CH se reduzca hasta el 11 por ciento
aproximadamente en la primera fase, se considera que utilizar una temperatura de
60°C en la segunda no comporta riesgos en la mayoría de las especies agrícolas
(IBPGR 1976). En cambio, algunos datos indican que una temperatura de secado
elevada, aunque no afecte a la germinación inmediata, sí puede afectar después a la
duración de la vida de la planta (IBPGR 1981). Cuando se trata de un
almacenamiento prolongado con fines de protección de recursos genéticos, se
recomienda una combinación de HR baja y temperatura baja (HR del 15 por ciento y
15°C).
Cuando las condiciones climáticas impiden conseguir una HR lo bastante baja
mediante calentamiento del aire, es necesario reducirla quitando vapor de agua al aire
sin elevar la temperatura. Esto puede conseguirse de dos maneras: a) refrigerando el
aire hasta por debajo del punto de rocío, condensando el vapor de agua en los
serpentines refrigerantes y después volviendo a calentar el aire a 35°C, o b) haciendo
pasar el aire por un deshidratante químico, que elimina el vapor de agua, y después
por la semilla (Harrington 1970). Existen varios deshidratantes, como por ejemplo el
gel de sílice, CaO, H2SO4, cloruro de litio o CaCl2 anhidro, pero el más indestructible y
de reutilización más fácil es el gel de sílice (Magini 1962, Harrington 1970). Un buen
ejemplo de técnica de secado es la que propone el banco de semillas del Proyecto
Regional de Recursos Genéticos de Turrialba, Costa Rica (Goldbach 1979). Habida
cuenta de que en esa zona la humedad del aire y las temperaturas diurnas son
siempre altas, no es posible secar las semillas con aire caliente sin dañarlas. Por ello
se utiliza un secante del tipo de gel de sílice, que mantiene la HR a un nivel inferior al
15 por ciento a 25°C; este producto está colocado en el exterior de la cámara de
secado y entra en ella por unos conductos.
Los lotes de semilla que se hayan secado primero al aire hasta un CH inferior al 20
por ciento pueden colocarse en un recipiente hermético con igual cantidad de gel de
sílice, que se acaba de secar a 175°C y después se ha dejado enfriar. El gel de sílice,
la semilla y el aire del interior del recipiente alcanzarán un equilibrio adecuado para el
almacenamiento (Harrington 1970). Véase también, en las páginas 229–231, la
sección sobre utilización de deshidratantes en recipientes.
El período de tiempo que se necesita para que una circulación del aire de tiro forzado
seque las semillas hasta el contenido de humedad en equilibrio depende en parte de
la accesibilidad de las distintas semillas a la corriente de aire. La semilla debe
extenderse en unas bandejas en capas finas, y el aire debe circular entre las
bandejas.
El CH de las semillas de coníferas, extraídas de los conos durante secado en estufa,
puede ser ya próximo al que se recomienda para el almacenamiento. Pero durante las
operaciones de limpieza y eliminación de las alas puede reabsorberse humedad, y en
algunas especies incluso puede añadirse deliberadamente para reducir el riesgo de
daño durante esas operaciones. Por consiguiente, debe determinarse el CH y, en su
caso, reducirse de nuevo inmediatamente antes del almacenamiento. Al mismo
tiempo, cuando la limpieza y la separación de las alas se efectúan en una estancia
cálida y bien ventilada, esas condiciones producen la cantidad de secado que se
necesita ulteriormente (Morandini 1962).
Mezclado antes del almacenamiento
Cuando un lote grande se va a almacenar en varios recipientes, es conveniente
mantener en la mayor medida posible la homogeneidad de la semilla entre los
distintos recipientes, de manera que cada uno de ellos sea igualmente representativo
del lote en su conjunto. En el Capítulo 9 se describen varios métodos para mezclar
muestras con fines de ensayo, y esos mismos métodos pueden adaptarse a la
operación de mezclar cantidades mayores de semilla durante el procesamiento, antes
de guardarla en los recipientes de almacenamiento.
Si la semilla se ha sometido a una clasificación por tamaños, el mezclado se efectúa
en los últimos lotes separados por esa operación. Así, una determinada cosecha de
semilla puede estar clasificada en una fracción de “semilla grande” y otra de “semilla
pequeña”. Cada fracción se convierte en un lote distinto, con su número
correspondiente, y antes del almacenamiento pueden mezclarse por separado los
contenidos de uno y otro lote, a fin de asegurar la homogeneidad entre recipientes.
Capítulo 7 ALMACENAMIENTO DE LA SEMILLA
Introducción
Se puede definir el almacenamiento como la conservación de semillas viables desde
el momento de la recolección hasta que se necesitan para la siembra (Holmes y
Buszewicz 1958). Cuando las semillas destinadas a forestación se pueden sembrar
inmediatamente después de la recolección, no se precisa almacenamiento. La fecha
idónea para sembrar las semillas de una determinada especie en vivero depende de
(a) la fecha prevista de plantación, que a su vez depende de las condiciones
climáticas estacionales, y (b) el tiempo que se necesita en el vivero para que el
material de plantación de esa especie alcance el tamaño adecuado para su plantación
en el campo. Es muy poco frecuente que la fecha idónea para la siembra coincida con
la fecha idónea para la recolección de la semilla. Lo más habitual es que sea
necesario almacenar la semilla durante períodos de tiempo diversos, períodos que
cabe clasificar de la manera siguiente:
1. Hasta un año, cuando tanto la producción de semilla como la forestación se
efectúan con periodicidad anual, pero es necesario esperar a la temporada
idónea para la siembra.
2. De 1 a 5 años o más, cuando una especie fructifica en abundancia a intervalos
de varios años y debe recolectarse en un año bueno semilla suficiente para
satisfacer las necesidades anuales de forestación en los años intermedios, en
los que la producción de semilla es escasa.
3. De largo plazo, con fines de conservación de recursos genéticos. El período de
almacenamiento varía en función de la longevidad de la semilla de la especie
de que se trate y las condiciones del almacenamiento; no obstante, en
especies que se almacenan bien el tiempo de almacenamiento se suele medir
en decenios.
Los medios que se precisan están relacionados con la cantidad de semilla que se va a
almacenar y con la duración del almacenamiento. Crear unas instalaciones costosas,
capaces de mantener la viabilidad de las semillas durante 10 años cuando éstas no
van a estar almacenadas, entre la recolección y la siembra, más de nueve meses es
tirar el dinero. Es asimismo un despilfarro gastar dinero en recolectar, extraer y limpiar
la semilla cuando las condiciones de almacenamiento son tan insuficientes que el 90
por ciento de ella muere antes de llegar al vivero.
Existen varios análisis generales y útiles del almacenamiento de las semillas de
árboles forestales (Holmes y Buszewicz 1958, Magini 1962, Stein y otros 1974, Wang
1974, Barner 1975b). Estos textos se refieren principal o exclusivamente a especies
de la zona templada. Se han efectuado estudios más intensivos del almacenamiento
de semillas agrícolas, y hay buenos motivos para aceptar que los principios
generales que se han establecido respecto de los cultivos agrícolas son aplicables
también a los árboles forestales. En “Principles and practices of seed storage” (Justice
y Bass 1979) figura un excelente análisis del tema en su aplicación a las semillas
agrícolas, y se puede encontrar también abundante información útil en las
publicaciones, algo anteriores, de Roberts (1972) y Harrington (1970, 1972, 1973). En
Cromarty y otros (1982) figura un buen análisis del almacenamiento a largo plazo con
fines de conservación de recursos genéticos.
Longevidad natural de las semillas de árboles
El período durante el cual la semilla puede seguir siendo viable sin germinar depende
mucho de su calidad en el momento de la recolección, el tratamiento al que se la
somete entre la recolección y el almacenamiento y las condiciones en que se
almacena. No obstante, la longevidad de la semilla varía también muy
considerablemente entre unas especies y otras, aun cuando reciban un tratamiento
idéntico y se las almacene en las mismas condiciones. Ewart (1908) dividió las
semillas en tres clases biológicas según el tiempo durante el que son capaces de
mantener la viabilidad en “buenas” condiciones de almacenamiento:
Microbióticas : período vital inferior a 3 años
Mesobióticas : período vital de 3 a 15 años
Macrobióticas : período vital de 15 a más de 100 años.
Aunque fue útil en el sentido de que llamó la atención sobre las diferencias que
presentaban las semillas de diferentes especies en cuanto a su longevidad natural, la
clasificación de Ewart es demasiado rígida para que tengan cabida en ella las
variaciones entre individuos, procedencias y años dentro de una misma especie, o las
posibles variaciones en las condiciones de almacenamiento. No es posible definir un
conjunto tipo de condiciones de almacenamiento “buenas” que resulten igualmente
idóneas para todas las especies, pues unas condiciones que son óptimas para unas
especies no lo son para otras. Con todo, la vida en el almacén de una determinada
especie puede experimentar grandes variaciones según las condiciones en que esté
almacenada.
En la actualidad se distinguen dos tipos principales de semillas (Roberts 1973):
1. Ortodoxas. Semillas que pueden secarse hasta un CH bajo, de alrededor del 5
por ciento (peso en húmedo), y almacenarse perfectamente a temperaturas
bajas o inferiores a 0°C durante largos períodos.
2. Recalcitrantes. Semillas que no pueden sobrevivir si se las seca más allá de un
contenido de humedad relativamente alto (con frecuencia en el intervalo de 20
y 50 por ciento, peso en húmedo) y que no toleran el almacenamiento durante
largos períodos.
Dentro de estos dos tipos pueden establecerse varias subdivisiones, como por
ejemplo entre semillas ortodoxas con o sin cubierta y entre semillas recalcitrantes que
soportan o no temperaturas bajas, inferiores a unos 10°C. Dentro de cada una de las
clases principales siguen existiendo diferencias considerables entre las especies en
cuanto al período durante el que se mantiene la viabilidad en unas condiciones dadas.
Cabe establecer asimismo una distinción entre las especies auténticamente
recalcitrantes y las que son simplemente difíciles; estas últimas pueden llegar a
comportarse como las ortodoxas cuando por ejemplo se eligen con especial atención
los métodos que se aplican para secarlas.
Semillas ortodoxas de cubierta dura
Muchas de las especies, si no todas, que se ha comprobado que mantienen la
viabilidad de sus semillas durante decenios tienen la cubierta seminal dura. Figuran
entre ellas diversas especies de leguminosas tropicales. Como ejemplos de especies
en las que al menos algunas semillas mantuvieron la viabilidad tras largos períodos de
almacenamiento en herbarios, citados por Harrington (1970) de las obras de Ewart
(1908) y Becquerel (1934), cabe señalar los siguientes:
158 años Cassia multijuga
149 años Albizzia julibrissin
115 años Cassia bicapsularis
99 años Leucaena leucocephala
Las condiciones ambientales del almacenamiento en herbarios pueden considerarse
buenas (humedad relativa y temperatura relativamente bajas), pero mucho menos que
la combinación de un CH inicial bajo, recipientes herméticos y temperatura bajo cero,
que es el sistema que se considera más idóneo para almacenar semillas de especies
ortodoxas durante largos períodos.
Investigaciones recientes han proporcionado información más precisa sobre las
condiciones de almacenamiento, la germinación inicial y la germinación final de
algunas especies, pero en períodos más cortos. Cabe citar como ejemplos los
siguientes:
Especie Condiciones de Germinación antes Germinación Período
almacenamiento del almacenamiento después del (años)
% almacenamiento
%
Prosopis Ambiente seco de ? 60 50
juliflora1) herbario en el
sudoeste de los
EE.UU.
Acacia Recipientes cerrados a 56 60 13
temperatura ambiente
aneura2) (20 – 25°C)
A.
" " " 96 96 13
hemsleyi2)
A.
" " " 95 84 14
holosericea2)
A.
" " " 73 72 18
leptopetala2)
A. victoriae2) " " " 80 60 18
Fuente: 1) Ffolliot y Thames 1983.
2) Doran y otros 1983.
Como se explicará infra en este mismo capítulo, las teorías modernas coinciden en
que un CH bajo, una temperatura baja y una presión de oxígeno baja son los tres
elementos más importantes de las condiciones de almacenamiento que el hombre
debe aplicar a las especies ortodoxas para elevar al máximo la longevidad de sus
semillas. Con la cubierta seminal impermeable, la naturaleza las ha dotado ya de dos
de esos elementos, un CH bajo y ausencia de oxígeno. Las semillas de leguminosas
plenamente desarrolladas pero verdes, y sembradas inmediatamente, sin secarlas,
pueden germinar enseguida, lo que indica que en la cubierta seminal no se ha
desarrollado todavía la capa impermeable; no hay duda de que en la naturaleza la
adquisición de la impermeabilidad está sincronizada con la reducción de la humedad
de la semilla, mediante secado natural, hasta que alcanza el contenido óptimo para
mantenerse viva durante largo tiempo. La dureza de la cubierta es por lo tanto un
importante factor positivo para prolongar la vida de la semilla en todas las condiciones
de almacenamiento, aunque constituye una ventaja decisiva cuando no se dispone
más que de medios de almacenamiento limitados y durante el período,
potencialmente peligroso, que transcurre entre la recolección y el comienzo del
almacenamiento de largo plazo.
No todas las semillas de leguminosas tienen una vida tan larga; las semillas
de Koompassia malaccensis, por ejemplo, tienen la cubierta más delgada y se
deterioran en el almacenamiento antes que las de especies como Parkia javanica, y
además no necesitan tratamiento previo para superar la latencia de la cubierta
seminal (Sasaki 1980a). En el Sudán, las semillas deDalbergia sissoo soportaban
peor el almacenamiento a temperatura ambiente que las de las especies locales
de Acacia, Albizzia y Tamarindus (Wunder 1966), mientras que en Australia las
semillas de Acacia harpophylla se deterioran con rapidez a menos que se almacenen
en recipientes herméticos a 2–4°C (Turnbull 1983).
Semillas ortodoxas sin cubierta dura
Pertenecen a este grupo muchas especies de importantes géneros de árboles
forestales, como por ejemplo Pinus, Picea o Eucalyptus. La experiencia habida en
Australia indica que las semillas maduras de todos los eucaliptos pueden conservar su
viabilidad durante varios años si se almacenan con un contenido de humedad bajo en
recipientes herméticos a 3–5°C. En casi todas las especies, la pérdida de viabilidad es
relativamente escasa cuando las semillas se almacenan durante 10 años a
temperatura ambiente (Turnbull 1975f). Las semillas de E. deglupta yE. microtheca se
deterioran con más rapidez cuando se almacenan a temperatura ambiente, pero su
capacidad de conservación mejora si se guardan en recipientes herméticos a 3–5°C, y
datos recientes sugieren que los resultados son aún mejores con una temperatura de
-18°C. En Tailandia, las semillas de P. kesiya y P. merkusii conservaron una buena
viabilidad durante cuatro años almacenadas con un contenido de humedad inferior al
8 por ciento, en recipientes herméticos y a 0–5°C (Bryndum 1975), mientras que en
condiciones parecidas P. caribaea y P. oocarpa mantienen una buena viabilidad
durante al menos cinco años (Robbins 1983 a,b). Se han registrado períodos
considerablemente más largos en algunas especies de pino, como por ejemplo 30
años en Pinus resinosa, en los Estados Unidos, con almacenamiento en recipientes
herméticos a 1,1°–2,2°C (Heit 1967b, Wang 1974). Tectona grandis es una especie
latifolia tropical de semillas ortodoxas (Barner 1975b), pero, como produce abundante
semilla casi todos los años, no ha habido muchos estímulos para investigar las
condiciones óptimas de su almacenamiento a largo plazo (Schubert 1974).
Según datos resumidos por Bowen y Whitmore (1980), casi todas las especies
de Agathis son ortodoxas. En A. australis, por ejemplo, mediante un tratamiento
adecuado aplicado en una investigación (desecación hasta un CH del 6 por ciento,
después almacenamiento en recipientes herméticos a 5°C) se consiguió mantener la
viabilidad durante seis años (79 por ciento de germinación frente al 88 por ciento
inicial), mientras que en el almacenamiento a temperaturas bajo cero se mantenía una
germinación de alrededor del 60 por ciento durante un período de hasta 12 años
(Preest 1979). Esas mismas semillas almacenadas con un CH más alto (15–20 por
ciento) o a temperaturas más elevadas (15–20°C) perdían toda su capacidad de
germinación en 14 meses. Las semillas de A. australis son intrínsecamente de vida
más larga que las de A. robusta, que a su vez son más longevas que las de A.
macrophylla. Los ensayos iniciales efectuados con la A. macrophylla tropical indicaron
que podían obtenerse buenos resultados secando semillas frescas de manera que el
CH descendiera del 65 por ciento al 20 por ciento aproximadamente antes de
enviarlas por transporte aéreo (14 días de tránsito) y volviéndolas a secar en el país
receptor durante cinco días a 16°C y una HR del 14 por ciento. El CH final era del 6
por ciento y la germinación del 75 por ciento. No obstante, en ensayos posteriores se
obtuvieron unos resultados distintos y menos positivos. En las especies tropicales es
probable que la manipulación entre la recolección y el envío y las condiciones del
transporte aéreo, en gran parte incontrolables, sean más cruciales que en las
especies de la zona templada o subtropical, que presentan menos problemas.
Entre las especies ortodoxas que pierden rápidamente su viabilidad a menos que
reciban el tratamiento más adecuado figuran especies de los
géneros Populus, Salix y Ulmus, presentes principalmente en la zona templada.
Muchas de ellas pierden la viabilidad en una pocas semanas si se mantienen en las
condiciones naturales o se almacenan con la temperatura y la humedad del ambiente,
pero pueden almacenarse durante meses o años si se mantienen a un nivel bajo la
temperatura y el contenido de humedad. A manera de ejemplo, semillas de Ulmus
americana soportaron bien el almacenamiento durante 15 años con un contenido de
humedad del 3 por ciento y -4°C (Barton 1961), y las de Populus sieboldii se
mantuvieron bien durante seis años a -15°C encima de un agente deshidratante en un
recipiente hermético (Sato 1949). En Populus balsamifera y Salix glauca, la reducción
de la germinación tras dos años de almacenamiento en recipientes herméticos a -
10°C no llegó al 6,5 por ciento de la germinación inicial (Zasada y Densmore 1980);
tres años después la situación había cambiado poco enPopulus, pero en Salix se
había producido una reducción de hasta el 40 por ciento.
En los trópicos, Aucoumea klaineana es un buen ejemplo de especie ortodoxa que
tiene una vida corta en las condiciones ambientales. La germinación de la semilla
fresca suele ser superior al 90 por ciento, pero tras un almacenamiento de 30 días en
condiciones ambientales la germinación experimentaba un marcado descenso, y
descendía a cero transcurridos 100 días. El almacenamiento a 0–5°C y un CH del 7–8
por ciento en recipientes herméticos, con un deshidratante químico, Actigel, mantiene
una germinación superior al 50 por ciento durante 30 meses como mínimo (Deval
1976). Hay indicios de que reduciendo aún más el CH se conservará la viabilidad
todavía mejor, pues un lote de semilla que tenía una germinación inicial del 76 por
ciento en el laboratorio y del 79 por ciento en arena, cuando se almacenó en
recipientes herméticos con Actigel, presentó 30 meses después un CH del 4,6 por
ciento y una germinación del 70 por ciento en el laboratorio y del 79 por ciento en
arena; otras semillas del mismo lote, almacenadas en recipientes herméticos pero sin
Actigel, presentaban un CH del 9,9–10,4 por ciento y una germinación del 54–63 por
ciento en el laboratorio y 62–67 por ciento en arena. Entre otras especies de este-tipo
figuran Entandrophragma angolense, cuyas semillas tienen una vida de seis semanas
en condiciones ambientales pero de hasta seis años cuando se almacenan en frío
(Olatoye 1968), y Cedrela odorata, que pierde toda su capacidad de germinación en
10 meses a la temperatura ambiente pero no sufre pérdida alguna en 14 meses
cuando se almacena en un recipiente hermético a 5°C (Lamprecht 1956).
Es posible que algunas especies necesiten un tratamiento especial para prolongar su
viabilidad más allá de unos cuantos meses. Las semillas de Fagus sylvatica pueden
conservarse durante el invierno manteniendo el CH al 20–30 por ciento y
guardándolas en bolsas de polietileno a medio llenar y herméticamente cerradas a 0–
5°C durante 100 días. Pasado ese tiempo se encuentran en un estado idóneo para la
siembra, pues esas condiciones de almacenamiento constituyen un tratamiento previo
adecuado para romper la latencia. Si se pretende un almacenamiento más largo, debe
reducirse el CH al 8–10 por ciento secando las semillas en una corriente de aire a
temperatura ambiente (15–20°C). Se colocan después las nueces en recipientes
herméticos y se almacenan a una temperatura de entre -5° y -10°C, a la que se
mantienen bien durante varios años (Nyholm 1960, Suszka 1974, Rudolf y Leak
1974). Investigaciones posteriores efectuadas en Francia y Polonia confirmaron la
idoneidad del CH señalado, 8–10 por ciento, y las ventajas de los recipientes
herméticos para el almacenamiento de largo plazo (Bonnet-Masimbert y Muller 1975,
Suszka y Kluczynska 1980). Esta técnica se ha aplicado con éxito en gran escala (17
toneladas de hayucos procedentes de 51 fuentes distintas) en Francia. La
germinación se mantuvo durante períodos de entre cuatro y seis años (Muller y
Bonnet-Masimbert 1982).
Cuando las condiciones de almacenamiento dejan mucho que desear, es lógico que
las semillas ortodoxas sin cubierta tengan una vida mucho más corta que las de
especies con cubierta dura. Cuanto más se acerquen las condiciones de
almacenamiento al ideal en una determinada especie sin cubierta dura, tanto menor
será la diferencia entre su longevidad y la de una especie con cubierta dura. La
combinación ideal de CH y temperatura puede variar entre unas especies y otras; por
ejemplo, el CH de 8–10 por ciento que se ha citado para Fagus sylvatica es
considerablemente más alto que el 5–6 por ciento que se considera ideal para
muchas semillas forestales y agrícolas.
Semillas recalcitrantes
Entre las semillas recalcitrantes figuran algunas de gran tamaño que no pueden
soportar sin ser dañadas un grado apreciable de secado; es interesante que las
especies recalcitrantes que enumeran King y Roberts (1979) sean, en una aplastante
mayoría, especies leñosas. Las especies de zona templada
como Quercus y Castanea suelen almacenarse húmedas sólo por períodos cortos,
durante el invierno. Reduciendo la temperatura del almacenamiento a un punto
próximo al de congelación se prolonga su período vital. Bonner (1973a) comprobó que
se podían almacenar bellotas de Quercus falcata durante 30 meses, y seguir
obteniendo una germinación superior al 90 por ciento al término de ese período,
siempre que la temperatura se mantuviera a 3°C y el CH entre el 33 por ciento (inicial)
y el 37 por ciento final. Reduciendo el CH o elevando la temperatura (8°C) descendía
la germinación. En Quercus robur el CH debía mantenerse por encima del 40 por
ciento (Holmes y Buszewicz 1956, Suszka y Tylkowski 1980). Investigaciones
efectuadas recientemente en Polonia han demostrado que ofrece buenos resultados
almacenar las semillas de esta especie con un CH inferior al 40 por ciento en turba o
serrín secado al aire en latas de leche a -1°C. Es importante permitir la libre entrada
de oxígeno, lo que se consiguió insertando varias tiras de cartón a intervalos entre la
tapa y el borde de la lata. En esas condiciones, la germinación oscilaba entre el 38 y
el 75 por ciento después de tres inviernos y seguía siendo del 12 por ciento
aproximadamente después de cinco inviernos (Suszka y Tylkowski 1980). Las
temperaturas inferiores a -5°C mataban todas las bellotas, mientras que una
temperatura de +1°C propiciaba una germinación previa excesiva (60–75 por ciento a
los tres inviernos, con radículas de hasta 25 cm de largo, frente al 12 por ciento y
radículas de menos de 0,5 cm de largo a -1°C). A veces se pueden almacenar
semillas una vez aparecidas las radículas (véase la página 225). Investigaciones
efectuadas recientemente en Polonia (Suszka y Tylkowski 1982) han indicado que
en Acer saccharinum, que es recalcitrante, los mejores resultados se obtienen
manteniendo el CH en los mismos valores (50–52 por ciento) que tienen las semillas
recién recolectadas. En el caso de A. pseudoplatanus, en el Reino Unido se
recomienda un CH mínimo del 35 por ciento (Gordon y Rowe 1982), mientras que en
Polonia se ha conseguido almacenar las sámaras durante tres inviernos con un CH
del 24–32 por ciento y una temperatura del -3°C (Suszka 1978a).
Las especies recalcitrantes y de vida corta de los trópicos se encuentran en su
mayoría en los bosques húmedos, en los que durante todo el año existen unas
condiciones que propician la germinación inmediata (humedad y temperatura altas).
Son géneros característicos Hevea, Swietenia, Terminalia y Triplochiton, así como
algunos géneros de dipterocarpáceas comoDryabalanops, Dipterocarpus y Shorea y
algunas especies de Araucaria. Las semillas de Dryabalanops resultan dañadas si se
secan por debajo de un CH del 35 por ciento, y aun por encima de ese valor no
sobreviven más allá de unas tres semanas (King y Roberts 1979). Las semillas
de Triplochiton tienen en condiciones naturales una vida corta, pero pueden
almacenarse hasta 22 meses a una temperatura de alrededor de 6°C y un contenido
de humedad de entre el 12 y el 25 por ciento (Bowen y Jones 1975). También las
semillas de Azadirachta indica mantienen durante poco tiempo su viabilidad, aunque
es una especie que se da en los bosques tropicales secos, no en los húmedos, y no
está claro si se trata de una especie auténticamente recalcitrante o sólo de una
especie ortodoxa de vida corta.
A veces un mismo género contiene especies ortodoxas y recalcitrantes.
En Acer y Ulmus, géneros en los que se dan ambos comportamientos de la semillas,
la distinción en las especies norteamericanas se corresponde claramente con las que
fructifican en primavera y las que fructifican en otoño. A. rubrum y A.
saccharinum florecen y fructifican en primavera. Sus semillas no presentan latencia y
su comportamiento en almacenamiento es claramente recalcitrante. Otras especies
de Acer tienen semillas que maduran en otoño, que son durmientes y ortodoxas en la
naturaleza al madurar. Lo mismo sucede en Ulmus. Las semillas de U. crassifolia y U.
serotina maduran en otoño, y en el almacenamiento se comportan como ortodoxas.
Las especies deUlmus que producen la semilla en primavera son “débilmente”
recalcitrantes (Bonner 1984b). En Araucaria, A. cunninghamii y otras especies del
grupo taonómico Eutacta se comportan como ortodoxas. En Queensland se secaron
al aire y después se almacenaron a diversas temperaturas en recipientes herméticos y
no herméticos semillas de A. cunninghamii de cinco procedencias distintas. A las
temperaturas más altas, +1,7°C y -3,9°C, la germinación empezó a descender una
vez transcurridos 17 meses de almacenamiento, y a los ocho años era de
aproximadamente la mitad de la tasa inicial de germinación en los recipientes
herméticos y de alrededor de una tercera parte en los no herméticos. A temperaturas
más bajas, -9,4°C y -15°C, la germinación transcurridos ocho años de
almacenamiento difería poco de la inicial (41–44 por ciento frente al 49 por ciento
inicial) (Shea y Armstrong 1978), y prácticamente no había diferencias entre los
recipientes herméticos y los no herméticos. La tasa de pérdida de viabilidad en las
temperaturas de almacenamiento más altas variaba entre una procedencias y otras,
pero en todos los casos el almacenamiento se soportaba mejor a las temperaturas
más bajas. No se determinó el contenido de humedad, pero en las condiciones locales
la semilla secada al aire se encuentra normalmente en el intervalo de 16–23 por
ciento (Kleinschmidt 1980, citado en Tompsett 1982). Ensayos posteriores realizados
con la A. cunnighamii de Papua Nueva Guinea han demostrado que puede reducirse
el CH de las semillas del 21 por ciento al 7 por ciento sin que ello afecte a la tasa de
germinación inicial; los efectos que esa desecación tienen sobre la capacidad de
conservación en almacenamiento siguen siendo objeto de investigación (Tompsett
1982). A. hunsteinii en el grupo Intermedia y A. angustifolia, A. araucana y A.
bidwilliien el grupo Colymbea son aparentemente recalcitrantes. Arentz (1980)
comprobó que el alto grado de viabilidad de A. hunsteinii podía mantenerse durante
seis meses como mínimo almacenando las semillas a 3,5°C y un CH elevado; con el
37 por ciento se obtenían unos resultados notablemente mejores que con el 32 por
ciento. Investigaciones notificadas por Tompsett (1982) confirmaron que el CH debía
mantenerse por encima del 32 por ciento. Un procedimiento eficaz para mantener la
viabilidad consiste en colocar la semilla en una bolsa de polietileno de 25 micras de
grosor y meter ésta dentro de una segunda bolsa. La doble capa de polietileno
mantiene el CH alto pero permite que se produzca un cierto grado de intercambio de
oxígeno, necesario para conservar la viabilidad de A. hunsteinii. A.
angustifolia necesita también un CH alto, pues las semillas morían cuando al secarse
descendía a menos del 25–30 por ciento (Tompsett, en prensa).
Como se ha indicado supra, en el caso de algunas especies recalcitrantes de la zona
templada se ha comprobado que una temperatura relativamente baja (algo por encima
o por debajo de los 0°C) contribuye positivamente a prolongar la vida de las semillas;
esta baja temperatura compensa en cierto modo el CH alto que se debe mantener
para evitar las pérdidas tempranas de viabilidad. En algunas especies tropicales, las
semillas mueren con rapidez si se reduce demasiado la temperatura, del mismo modo
que mueren enseguida si se reduce en exceso el contenido de humedad. Entre las
especies leñosas que se citan en King y Roberts (1979) figuran Theobroma
cacao (muerte por debajo de +10°C, Mangifera indica (daños por debajo de +3 a 6°C)
y, entre las dipterocarpáceas, Hopea helferi, Hopea odorata y Shorea ovalis (daños
por debajo de +5°C, +10°C y +15°C respectivamente). Esta susceptibilidad al daño
por enfriamiento a temperaturas superiores a 0°C agrava la dificultad de almacenar
estas especies recalcitrantes, que raras veces mantienen su viabilidad más allá de
unas cuantas semanas o, como máximo, meses. A esto hay que añadir que en la
mayoría de la dipterocarpáceas la producción de semilla tiene lugar normalmente con
una periodicidad de varios años, por lo que no existe hasta ahora ninguna posibilidad
de conservar las semillas con viabilidad de un buen año semillero al siguiente.
A diferencia de las especies ortodoxas, en las que la mejor manera de conservar la
viabilidad consiste en mantener una tasa de respiración mínima, parece que las
semillas de la mayoría de las recalcitrantes necesitan para sobrevivir una respiración
activa. Así, se han notificado casos en los que las semillas recalcitrantes han
resultado dañadas no sólo por un CH insuficiente y una temperatura demasiado baja,
sino también por falta de oxígeno, como por ejemplo en Araucaria
hunsteinii (Tompsett 1983), Hevea brasiliensis y Quercus spp. (citado en King y
Roberts 1979).
Frente a algunas especies recalcitrantes de la zona templada, que se han
almacenado sin contratiempos durante varios años, en las recalcitrantes tropicales la
vida de las semillas ha de medirse en días o semanas. Aún se ha investigado poco
sobre las especies tropicales, especialmente las forestales, y posiblemente podría
prolongarse la vida de las semillas más allá de ese período de unas cuantas semanas
si se pudiera determinar, respecto de cada especie, la combinación idónea de
madurez de la semilla, velocidad, condiciones y grado del secado y temperatura de
almacenamiento más adecuada. King y Roberts (1979) han sugerido una estrategia
para esa investigación.
Factores que afectan a la duración de la vida de la semilla
almacenada
Estado de la semilla
Aun en las condiciones de almacenamiento ideales, la semilla pierde enseguida su
viabilidad si desde el principio no se encuentra en buen estado. Los factores que hay
que tener en cuenta son los siguientes:
Madurez de la semilla. Las semillas plenamente maduras conservan su viabilidad
durante más tiempo que las semillas que se recolectan inmaduras (Stein y otros 1974,
Harrington 1970). Es posible que determinados compuestos bioquímicos que son
esenciales para conservar la viabilidad no se formen antes de las fases finales del
proceso de maduración de la semilla. Entre ellos figuran en algunas especies unos
compuestos que inducen la latencia, y ésta aparece a veces asociada con la
longevidad de la semilla. En algunas especies, como por ejemplo Gingko
biloba o Fraxinus excelsior, los embriones seminales no están plenamente
desarrollados cuando cae la semilla. Esos embriones deben madurar antes de la
siembra, pero no necesariamente antes del almacenamiento. En Fraxinus excelsior el
secado de sámaras recién recolectadas hasta que alcanzan un CH del 9–10 por
ciento, seguido de almacenamiento en recipientes herméticos a -3°C, produce
resultados satisfactorios siempre que después del almacenamiento se las trate
sucesivamente con calor húmedo y frío húmedo (Suszka 1978a). Para detalles sobre
tratamientos véase la página 270.
Efectos parentales y anuales. En la recolección de semillas, la cantidad y la calidad
suelen ir juntas. El porcentaje de semillas viables en un árbol padre de alto
rendimiento suele ser más elevado que en un árbol de escasa producción.
Análogamente, un determinado árbol padre tendrá un porcentaje de semillas viables
más alto en un año de semilla bueno que en un año escaso. Es probable que las
semillas recolectadas de árboles padres de alto rendimiento en un año de semilla
sean las que tengan una vida más larga en condiciones de almacenamiento. No
obstante, deben evitarse los árboles alfarrazadores de alto rendimiento debido a sus
propiedades leñosas, potencialmente indeseables, aun cuando puedan producir
semillas con gran capacidad de conservación.
Ausencia de daño mecánico. Las semillas que resultan dañadas mecánicamente
durante la extracción, limpieza, separación de las alas, etc. pierden enseguida su
viabilidad. El peligro es máximo en las especies que tienen la cubierta seminal
delgada o blanda. El calor excesivo durante la extracción o el secado daña también la
semilla. Hay que procurar que durante la preparación de la semilla para el
almacenamiento se empleen los tiempos mínimos, las temperaturas más bajas y las
velocidades de máquina mínimas que sean necesarias (Stein y otros 1974). En
algunas especies, el daño sufrido durante la separación de las alas puede reducirse
restableciendo en parte el contenido de humedad entre la extracción de la semilla de
los conos y la separación de las alas, pues las semillas húmedas sufren menos daños
mecánicos que las secas (Nilsson 1963, Barner 1975b).
Ausencia de deterioro fisiológico. La manipulación deficiente en el bosque, durante el
tránsito o durante el procesamiento deteriora fisiológicamente las semillas aun cuando
no existan daños mecánicos o por hongos. Las semillas ortodoxas deben disponer de
ventilación suficiente para evitar la respiración rápida y el recalentamiento, mientras
que a las semillas recalcitrantes hay que protegerlas de un secado excesivo.
Ausencia de hongos e insectos. En el caso de las especies que se almacenan a
temperaturas bajas y con un contenido de humedad bajo, las propias condiciones de
almacenamiento deben evitar la aparición de hongos e insectos. No obstante, es
necesario evitar recolectar cosechas que presenten una alta incidencia de ataques de
hongos o insectos y efectuar todas las operaciones de recolección, transporte,
procesamiento, etc. con la mayor rapidez posible a fin de asegurar que la semilla no
resulte ya dañada antes de iniciar el almacenamiento. El ataque de hongos e insectos
se produce con muchísima rapidez en el suelo del bosque, por lo que, una vez caídos
a él los frutos, deben recogerse lo antes posible. No puede recomendarse en general
el tratamiento con fungicidas, pues puede ser perjudicial para las semillas (Magini
1962); muchos fungicidas son eficaces únicamente si se aplican disueltos en agua, y
por lo tanto no son adecuados para el almacenamiento en seco. Los insectos suelen
morir cuando se secan las semillas a temperaturas superiores a 40–42°C. Es posible
que se necesiten otras medidas en el caso de las semillas que no pueden secarse.
Por ejemplo, las semillas de Quercus se fumigan con serafume u otros productos
químicos o se introducen en agua caliente como forma de lucha contra los gorgojos
(Belcher 1966, Olson 1957), y para matar insectos se suelen emplear también el
bromuro de metilo y el bisulfuro de carbono (Boland y otros 1980).
Viabilidad inicial. Los lotes de semilla que tienen inicialmente una viabilidad y una
capacidad de germinación altas presentan en el almacenamiento una longevidad
mayor que los que tienen una viabilidad inicial baja. Antes del almacenamiento, y
sobre una muestra de cada lote de semilla, deben efectuarse ensayos de
germinación, precedidos en caso necesario por un tratamiento previo apropiado para
romper la latencia, a fin de determinar el tiempo probable durante el que la semilla
conservará su viabilidad una vez almacenada. La duración de la vida de las semillas
viables está correlacionada con el porcentaje de ellas que germina en el ensayo
inicial. Como ejemplo, muestras de dos lotes de semilla de la misma especie, de las
que se espera normalmente una germinación de semillas frescas del 80 por ciento,
podrían ofrecer resultados de un 90 por ciento y un 50 por ciento de germinación
inicial. No es sólo que almacenar el segundo lote supondría un despilfarro de espacio
al guardar semilla muerta, sino también que ese 50 por ciento de semillas inicialmente
viables perderán probablemente su viabilidad en el almacenamiento más de prisa que
las semillas viables al 90 por ciento del primer lote. Es posible que la viabilidad inicial
baja no sea grave cuando las semillas se van a sembrar en un plazo de semanas o
meses, pero sólo la semilla de buena calidad debe almacenarse durante largos
períodos (Holmes y Buszewicz 1958, Magini 1962). En el almacenamiento prolongado
de semillas agrícolas con fines de conservación de recursos genéticos se recomienda
que no se acepten semillas cuya viabilidad inicial sea inferior al 85 por ciento de la
viabilidad que se considera característica de la especie o variedad de que se trate
(IBPGR 1976). Cabe señalar que la viabilidad y la capacidad de germinación iniciales
suelen ser el resultado de los factores que se han descrito en los párrafos anteriores
(madurez de la semilla, daño mecánico, ataque de hongos o insectos).
Condiciones de almacenamiento y envejecimiento de las semillas
Al igual que todos los demás seres vivos, las semillas sufren un proceso de
envejecimiento que culmina en la muerte. En el caso de las semillas ortodoxas, el
proceso de envejecimiento y deterioro está tan influido por las condiciones de
almacenamiento que la “edad” de las semillas, indicada únicamente como el período
transcurrido desde la maduración y la recolección, no expresa suficientemente el
grado en que han “envejecido” en el sentido de perder viabilidad y acercarse al
deterioro irreversible de la muerte. Para describir el grado de deterioro de las semillas,
medido por la reducción de su capacidad de germinación, suele emplearse la
expresión “edad fisiológica”. Respecto de varias especies agrícolas se han elaborado
nomogramas sobre los efectos de la temperatura y el CH en el envejecimiento
fisiológico de las semillas (Ellis y Roberts 1981). Como ejemplo, el nomograma de la
cebada indica que se produciría el mismo grado de deterioro (de una germinación
inicial del 95 por ciento a una germinación final del 50 por ciento) en unos 16 días de
almacenamiento de las semillas a 25°C y un CH del 21 por ciento que en unos 100
años de almacenamiento de esas mismas semillas a 8°C y un CH del 8 por ciento.
Aunque almacenadas durante períodos muy diferentes, esos dos lotes de semilla
tendrían la misma edad fisiológica. Cabe esperar efectos parecidos en las semillas
ortodoxas de árboles forestales.
Algunos cambios fisiológicos que se producen en los tejidos celulares pueden estar
asociados con el envejecimiento fisiológico de las semillas. Se trata de (1) la pérdida
de reservas nutricias debida a la respiración, por ejemplo una disminución de las
proteínas y los azúcares no reductores, acompañada de un incremento de los
azúcares reductores y los ácidos grasos libres; (2) una acumulación de subproductos
de la respiración que son tóxicos o inhibidores del crecimiento; (3) la pérdida de
actividad de los sistemas enzimáticos; (4) la pérdida de capacidad, en las moléculas
proteínicas desecadas, para recombinarse y formar moléculas protoplásmicas activas
en una rehidratación ulterior; (5) el deterioro de las membranas celulares
semipermeables; (6) la peroxidación de los lípidos, lo que hace que se produzcan
radicales libres que reaccionan con otros componentes de la célula y los dañan, y (7)
alteraciones en el ADN del núcleo celular, que producen mutaciones genéticas y daño
fisiológico (Roberts 1972, Harrington 1973, Villiers 1973). No está claro todavía hasta
qué punto esos diversos efectos son las causas del deterioro o simplemente sus
síntomas, pero se ha sugerido (Villiers 1973) que la producción de radicales libres es
el primer efecto del envejecimiento y que el daño que sufren los diversos sistemas de
la célula es el resultado de la liberación de esos radicales libres.
Cualquiera que sea el mecanismo exacto del deterioro de las semillas, se coincide en
que, en lo que se refiere a las semillas ortodoxas, la pérdida de viabilidad es un
fenómeno que está regido en gran parte por la tasa de respiración. Es probable que
todas las medidas que reduzcan la tasa de respiración, sin producir por otra parte
daños a la semilla, consigan prolongar la vida de la semilla almacenada. Esas
medidas son el control de oxígeno, el control del contenido de humedad y el control de
la temperatura. En las semillas recalcitrantes, los niveles mínimos seguros de
oxígeno, contenido de humedad y temperatura, y por consiguiente de respiración, son
todos considerablemente más altos que los aplicables a las semillas ortodoxas, pero
siempre que esos niveles se mantengan por encima del mínimo seguro en cada
especie, parece que puede prolongarse la longevidad manteniendo las semillas lo
más cerca posible de esos mínimos a fin de evitar una tasa de respiración
excesivamente elevada.
La atmósfera de almacenamiento
La forma más evidente de reducir la tasa de respiración aeróbica consiste en excluir el
oxígeno de la atmósfera que rodea a las semillas. Esto puede efectuarse sustituyendo
el oxígeno por otros gases, como CO2 o nitrógeno, o mediante un vacío parcial o
completo. En un experimento con semillas de lechuga que cita Roberts (1972), se
guardaron las semillas en recipientes herméticos a 18°C y un CH del 6 por ciento.
Transcurridos tres años, las semillas almacenadas en una atmósfera de oxígeno puro
tenían una viabilidad del 8 por ciento, las almacenadas en el aire normal una
viabilidad del 57 por ciento, las almacenadas en nitrógeno, argón o CO 2 del 78 por
ciento y las almacenadas en vacío del 77 por ciento. La utilidad de exluir el oxígeno
durante el almacenamiento de semillas ortodoxas secas se ha demostrado también
en Pinus radiata (Shrestha, Shepherd y Turnbull 1984). Los mejores resultados se
obtuvieron con una atmósfera de almacenamiento de nitrógeno, seguida por el CO2,
mientras que con el almacenamiento al vacío y en el aire se obtuvieron resultados
menos satisfactorios. A la más alta de las temperaturas que se utilizaron, 35°C, en la
que el deterioro de la viabilidad fue más rápido, la germinación final, tras 50 semanas
de almacenamiento en recipientes herméticos con un CH del 8 por ciento, había
perdido un 8 por ciento en nitrógeno, 14 por ciento en CO2, 21 por ciento en el vacío y
29 por ciento en el aire. El mismo orden se obtuvo al comparar la velocidad de
germinación y el vigor de las plántulas germinadas (medido como peso en seco 49
días después de la siembra). Aunque experimentalmente se ha conseguido prolongar
la vida de la semilla en estas magnitudes, algunos de estos métodos son de costosa
aplicación, y además sus efectos sobre la vida de la semilla no son tan notables como
los que tienen las diferencias de temperatura y humedad (Goldbach 1979). La
exclusión del oxígeno evita la respiración aeróbica, pero no la anaeróbica, mientras
que reduciendo el CH y la temperatura se consigue rebajar el nivel de ambas. Se han
efectuado predicciones sistemáticas de la duración de la vida de las semillas de
diversas especies agrícolas en una gama de temperaturas y CH (Ellis y Roberts
1981), pero no se dispone de predicciones cuantitativas análogas del efecto de los
niveles de oxígeno sobre la longevidad.
Se recomienda un método sencillo que consiste en llenar lo más posible unos
recipientes herméticos. Si dentro del recipiente queda solamente una pequeña
cantidad de aire en comparación con el volumen ocupado por las semillas, se
consumirá el oxígeno y se producirá CO2. La combinación resultante, más CO2 que O2,
es probablemente favorable para la longevidad de las semillas ortodoxas (Goldbach
1979).
Mientras que en la mayoría de las semillas ortodoxas secas parece beneficioso excluir
totalmente el oxígeno de la atmósfera de almacenamiento, hay datos que indican que
las semillas recalcitrantes necesitan algo de oxígeno. De un conjunto de semillas
de Araucaria hunsteinii, que tenían una germinación inicial del 56 por ciento, murieron
en el plazo de un mes todas las almacenadas en nitrógeno puro, en dos meses las
almacenadas con un 1 por ciento de oxígeno y en tres meses las almacenadas con un
5 por ciento de oxígeno, y la germinación seguía siendo del 18 por ciento tras cuatro
meses de almacenamiento con un 10 por ciento de oxígeno (Tompsett 1983, 1984). El
almacenamiento en una bolsa de polietileno de 25 micras de grosor, que se ventilaba
(21 por ciento de oxígeno) periódicamente cuando se abría para extraer las muestras,
arrojó resultados muy parecidos a los del almacenamiento con un 10 por ciento de
oxígeno. King y Roberts (1979) señalan que se coincide en que una ventilación
suficiente (es decir, una cantidad de oxígeno suficiente) es una condición necesaria
para el almacenamiento satisfactorio de semillas recalcitrantes con un CH
relativamente alto, así como para el de semillas embebidas de especies ortodoxas.
El contenido de humedad de la semilla
Como se ha explicado en las páginas 183–190, las relaciones entre el contenido de
humedad de la semilla sobre la base del peso en húmedo o en fresco y el CH sobre la
base del peso en seco, y entre el contenido de humedad en equilibrio de la semilla y
la humedad relativa de la atmósfera circundante son factores importantes en el
procesamiento. No lo son menos en lo que se refiere al almacenamiento. En el primer
caso, la manipulación de la HR puede modificar eficazmente el CH de las semillas
hasta que alcanzan el valor óptimo para el almacenamiento, y en el segundo caso el
CH puede mantenerse en ese valor óptimo o cerca de él manteniendo una HR
adecuada en la atmósfera en que están inmersas las semillas.
Efecto del CH. En las semillas ortodoxas, el contenido de humedad es probablemente
el más importante de los factores que determinan la longevidad de la semilla (Holmes
y Buszewicz 1958). Reduciendo el CH se reduce la respiración, y con ello se
desacelera el envejecimiento de la semilla y se prolonga su viabilidad. Harrington
(1959), citado por Barner (1975b), relacionó el CH con varios procesos que tienen
lugar dentro de la semilla y en torno a ella:
Contenido de humedad de la semilla: %
(peso en húmedo)
Más de 45 – 60% Empieza la germinación
La semilla puede calentarse (debido a una tasa rápida de
Más de 18 – 20%
respiración y liberación de energía)
Más de 12 – 14% Posible desarrollo de hongos
Menos de 8 – 9% Importante reducción de la actividad de insectos
4 – 8% Almacenamiento sin peligro en condiciones herméticas
Para prevenir la actividad de los hongos es más eficaz controlar el CH que controlar la
temperatura. Con unos niveles suficientemente altos de CH y HR, puede darse
actividad de hongos entre -8°C y +80°C (Roberts 1972), y es más fácil mantener el
CH por debajo del 12–14 por ciento (o la HR en un equilibrio de alrededor del 65 por
ciento) que mantener la temperatura por debajo de 0°C.
En el intervalo de 4 a 14 por ciento de CH, Harrington (1963, 1970) ha sugerido una
norma práctica que se puede aplicar a muchas especies agrícolas: la vida de la
semilla se duplica por cada 1 por ciento que se reduzca el CH. Schönborn (1965)
comprobó la existencia de una relación de orden parecido cuando midió la tasa de
respiración, expresada en términos de producción de CO2, de Picea abies: a 20°C y
con un CH del 20 por ciento, la semilla liberaba 80 ml de CO2 por hora y kilogramo de
semilla, mientras que a 20°C y con un CH del 5 por ciento la tasa de producción de
CO2 se reducía a 0,11 ml/h/kg, lo que representaba casi un millar de veces al
reducirse el CH en 15 puntos porcentuales.
Para casi todas las especies ortodoxas se considera seguro un CH del 4–8 por ciento.
Para el almacenamiento prolongado con fines de conservación de recursos genéticos
se recomienda 5 por ciento ± 1 por ciento (IBPGR 1976). El nivel de contenido de
humedad que soportan las semillas oleaginosas (calculado sobre la base del peso en
fresco total) suele ser algo más bajo que el que toleran las semillas no oleaginosas
(Harrington 1970). En algunas especies pueden producirse daños o acelerarse la
pérdida de viabilidad al bajar del 4 por ciento, aunque hay otras en las que puede
llegarse a un CH considerablemente más bajo. Las semillas de Betula
papyrifera soportaron perfectamente, sin daños, el almacenamiento con un CH del 0,6
por ciento (Joseph 1929, citado en Holmes y Buszewicz 1958), y Schönborn (1965)
logró secar pequeñas muestras del Picea abies, Pinus sylvestris, Pseudotsuga
menziesii y Larix decidua hasta un CH del 0 por ciento sin que a los seis meses se
observaran descensos apreciables de la germinación en comparación con los valores
que se obtenían al 6–8 por ciento, que era el CH que se aplicaba normalmente. En
este caso el secado no se efectuó exponiendo las semillas a altas temperaturas, sino
haciendo pasar por ellas una corriente de aire seco a 20°C. Con este mismo
tratamiento morían las semillas de Pinus strobus y Abies alba, y habían fracasado
también intentos anteriores, realizados por Barton (1961), de almacenar semillas de
varias especies dePinus y Picea con un CH del 0 por ciento. Cuando se reduce el
contenido de humedad por debajo del 2 por ciento aproximadamente aumenta de
modo muy considerable en muchas especies la posibilidad de que la semilla sufra
lesiones. Por otra parte, llevar el secado hasta esos extremos es más costoso que
limitarlo al 4–8 por ciento habitual, y probablemente sea una práctica que deba
limitarse sólo a casos excepcionales. En las páginas 139–159 se describen los
métodos de secado.
Algunas semillas ortodoxas de árboles forestales soportan mejor el almacenamiento
cuando el CH es notablemente más alto. Como ya se ha mencionado en la página
202, para Fagus sylvatica se recomienda un 8–10 por ciento. Para las semillas
de Albies spp. se recomienda un CH del 12–13 por ciento cuando el almacenamiento
va a durar entre uno y tres años, pero debe reducirse al 7–9 por ciento cuando el
almacenamiento va a ser más prolongado (Barner 1975b). En las especies que se
almacenan mejor con un CH superior al promedio debe prestarse especial atención al
momento y la velocidad del secado.
Las fluctuaciones del contenido de humedad de la semilla almacenada debidas a un
almacenamiento abierto, sin control de la humedad, o a que los recipientes herméticos
se abren y cierran con frecuencia producen un deterioro de la capacidad de
germinación de las semillas (Wang 1974, Stein y otros 1974). De hecho, un CH
ligeramente superior al óptimo pero constante suele ser menos perjudicial que un CH
que fluctúe entre el nivel óptimo y otro más alto.
Se han notificado algunos casos en los que la tendencia habitual, que se reduzca la
longevidad de la semilla al aumentar el CH, se ha invertido en el contenido de
humedad de semillas totalmente embebidas o cerca de él. Si la especie de que se
trate debe exponerse a la luz para que germine, se pueden almacenar durante un
determinado período en la oscuridad semillas totalmente embebidas pero no
germinadas. Fraxinus americana se almacenó a 22°C y diversos CH, con los
resultados siguientes (Villiers 1973):
CH (%) Germinación (%) tras los períodos de almacenamiento que
se indican
1 mes 2 meses 3 meses 4 meses
6,0 98 92 96 94
9,5 94 88 76 4
18,6 81 22 0 0
Totalmente
embebidas
(en
oscuridad) 96 95 98 96
Se ha sostenido que las semillas embebidas pueden reparar, de una manera que no
pueden hacerlo las semillas que tienen un CH más bajo, los daños causados por los
radicales libres en las membranas celulares, enzimas y ADN del núcleo celular. Pero
el almacenamiento prolongado de semillas embebidas puede ser difícil en la práctica,
pues es preciso mantener alta y constante la humedad, para la imbibición, y también
una cantidad de oxígeno suficiente, y evitar al mismo tiempo que las semillas
germinen y que se promueva la multiplicación de hongos y bacterias (Roberts 1981).
El contenido de humedad es también importante en las semillas recalcitrantes, pero
en este caso el CH crítico no es el máximo que exige un almacenamiento prolongado,
sino el mínimo necesario para secar las semillas. En el caso de muchas de las
semillas grandes de frondosas templadas, se recomiendan contenidos de humedad
en el intervalo de 25–79 por ciento (Wang 1974). El almacenamiento debe efectuarse
a valores muy próximos al CH mínimo seguro, pues cuanto más alto sea el CH tanto
más aumentará la tasa de respiración y tanto más se acelerará la pérdida de
viabilidad. Y cuanto más alta es la tasa de respiración, tanto mayor es la cantidad de
energía que se libera, con riesgo de recalentamiento y muerte de la semilla a menos
que se ponga especial cuidado en mantener una ventilación suficiente. El CH alto
fomenta también la actividad de los hongos y la extensión de la podredumbre. Wang
(1974) cita resultados de dos lotes de semilla de Acer saccharinum; la capacidad de
germinación del lote almacenado con un CH del 58 por ciento a 1–2°C se redujo en
seis meses del 94 por ciento al 12 por ciento, mientras que la del otro, almacenado
con un CH del 45 por ciento e idéntica temperatura, seguía siendo del 78 por ciento a
los 16 meses. En esta especie la pérdida de viabilidad puede ser repentina. Tylkowski
comprobó que las semillas almacenadas en botellas herméticas con un CH del 50–52
por ciento y una temperatura de -1° a -3°C conservaban el 90 por ciento de su
capacidad de germinación transcurridos 18 meses, pero la perdían casi por completo
a los 24 meses (Suszka y Tylkowski 1982).
Se han investigado menos las especies recalcitrantes tropicales, aunque se dispone
de algunos datos, por ejemplo sobre Triplochiton, en el sentido de que puede
prolongarse significativamente la viabilidad si se puede determinar el CH mínimo
adecuado para la especie y si se pone especial cuidado durante el período en que se
seca para conseguir ese CH (Bowen y Jones 1975). Ensayos efectuados en Malasia
con Shorea platyclados indicaron que reduciendo gradualmente el CH de las semillas
al 20–27 por ciento, y después enterrándolas en carbón vegetal, serrín o vermiculita a
15–22°C, se podían almacenar durante un mes como mínimo, frente al período de
aproximadamente una semana de viabilidad natural (Tang 1971). Sobre la base de
experimentos efectuados con Shorea parvifolia y Dipterocarpus humeratus, Maury-
Lechon y otros (1981) recomendaron que se redujera el CH a entre una cuarta parte y
la mitad del CH inicial de los frutos recién recolectados. Aunque las semillas
recalcitrantes tropicales todavía no pueden almacenarse más que por cortos períodos,
está aumentando el número de investigaciones útiles sobre este problema. En King y
Roberts (1979) figura un buen resumen de los logros conseguidos y enfoques
posibles.
Temperatura de almacenamiento
Al igual que el contenido de humedad, la temperatura presenta una correlación
negativa con la longevidad de la semilla; cuanto más baja es la temperatura, tanto
menor es la tasa de respiración, y por ello tanto más prolongada la vida de la semilla
almacenada. Harrington (1963, 1970) sugirió otra norma práctica para las semillas
agrícolas: entre 50°C y 0°C, cada 5°C de descenso de la temperatura de
almacenamiento supone duplicar la vida de la semilla. En el caso de las semillas
ortodoxas, cuyo contenido de humedad puede reducirse hasta unos niveles bajos, se
consigue una longevidad aún mayor mediante el almacenamiento a temperaturas
inferiores a 0°C. Para el n almacenamiento prolongado de semilas agrícolas con fines
de conservación genética se ha recomendado una temperatura de -18°C como norma
“preferida” para la mayoría de las especies y de -10°C como norma “aceptable” para
las especies de las que se sabe que tienen una viabilidad intrínseca alta (IBPGR
1976). Al nivel experimental se han utilizado con éxito temperaturas mucho más bajas,
como por ejemplo en helio líquido a -269°C, pero el elevado costo de mantener esas
temperaturas tan bajas durante un largo período anularía las posibles (pues aún no se
han demostrado) ventajas de este método para prolongar la vida de las semillas.
La elección de la temperatura de almacenamiento varía considerablemente según la
especie de que se trate y el período de tiempo durante el que se va a almacenar la
semilla. Cuanto más baja sea la temperatura que hay que mantener en una cámara
fría, tanto más alto será su costo, y posiblemente no sean necesarias temperaturas
inferiores a cero grados cuando la semilla, destinada a proyectos de forestación, se va
a tener almacenada solamente durante uno o dos años. Holmes y Buszewicz (1958)
señalaron que, en varios experimentos con coníferas, la superioridad de las
temperaturas inferiores a cero grados sólo era manifiesta tras períodos de
almacenamiento de unos cinco años o más. Parece que estas temperaturas (-18°C)
prolongan la viabilidad de la semilla en especies ortodoxas tropicales
como Eucalyptus deglupta y Flindersia brayleyana (Turnbull 1983).
Algunas semillas se mantienen bien a temperatura ambiente, como es el caso de
muchos géneros de luguminosas y rosáceas, Eucalyptus, Tilia y muchos otros frutos
de semilla dura o hueso. Pero la mayoría de las especies sólo se mantienen bien
durante períodos largos a temperaturas más bajas. En un almacenamiento de 3–5
años de la mayoría de las coníferes y deAlnus y Betula, parece que el factor decisivo
es no superar la temperatura de +4°C. Por consiguiente, la temperatura debe estar
entre 1 y 4°C. Cuando se trata de períodos de almacenamiento más largos, por
ejemplo de 5 a 15 años, la temperatura debe estar entre -4 y -10°C. En el caso
de Abies, sin embargo, se utiliza una temperatura de -4°C cuando el período de
almacenamiento es corto y entre -10° y -20°C cuando es más largo (Barner 1975b).
El factor temperatura y el factor humedad están tan interrelacionados que es muy
difícil separarlos. Las semillas que tienen un nivel de humedad relativamente alto
pueden almacenarse durante períodos notablemente más largos a temperaturas
próximas a la de congelación que a temperaturas más altas, aunque éstas (30°C) son
menos perjudiciales cuando el contenido de humedad de la semilla es bajo. En
resumen, cabe afirmar que el contenido de humedad crítico se encuentra a un nivel
más elevado cuando las temperaturas de almacenamiento son bajas que cuando son
intermedias o altas, es decir, hasta cierto punto una temperatura baja puede
compensar un contenido de humedad alto, y vicerversa (Holmes y Buszewicz 1958).
No obstante, es necesario evitar por completo los riesgos de daño por congelación
debido a la formación de hielo en las semillas que tienen un CH alto. Roberts (1981)
ha sugerido que un CH del 20 por ciento es posiblemente el límite superior crítico para
el almacenamiento a 0°C, del 15 por ciento para -20°C y del 13 por ciento para -
196°C. Si se secan las semillas hasta que su CH es del 4–8 por ciento, como se suele
recomendar en las especies ortodoxas, no debe existir peligro de daño por
congelación, ni siquiera a temperaturas bastante inferiores a 0°C.
Como ya se ha mencionado en el Capítulo 6, en muchas semillas el contenido de
humedad en equilibrio a una HR determinada varía con la temperatura. Barton y
Crocker (1984) han demostrado que, en un intervalo de HR del 35 por ciento al 76 por
ciento, la cantidad de agua que contienen las semillas se incrementaba
progresivamente a medida que la temperatura descendía de 30° a 10°C. Entre las
especies que se comportaban de esta manera figuraban Pinus y varias especies
agrícolas. A una HR baja (35 por ciento), la absorción de humedad por las semillas
secas era más o menos la misma a 5°C que a 10°C, pero con unas HR más altas (55
por ciento y 76 por ciento) las semillas absorbían menos humedad a 5°C que a 10°C,
y la tendencia se invertía cuando la temperatura superaba los 10°C. Este cambio del
contenido de humedad en equilibrio con el cambio de la temperatura puede ser
importante en el almacenamiento abierto. Cuando se utilizan recipientes herméticos el
efecto es mínimo, pues el CHE final está dominado por el CH inicial de las semillas,
no por la humedad del aire encerrado en el recipiente.
Al igual que ocurre con el contenido de humedad, las fluctuaciones térmicas repetidas
producen pérdida de viabilidad. En la medida de lo posible, la temperatura debe
mantenerse en un nivel uniforme.
El efecto que la temperatura tiene sobre la longevidad de la semilla de especies
recalcitrantes de la zona templada es semejante al que tiene sobre las especies
ortodoxas -dentro de determinados límites, cuanto más baja es la temperatura tanto
más largo es el período de viabilidad. Algunas especies tropicales mueren a
temperaturas superiores a la de congelación, como por ejemplo algunas
dipterocarpáceas a 12 por ciento 0,5
Semillas grandes, humedad de 12 a 25 por ciento 0,8
Semillas grandes, humedad >25 por ciento, por
2,5
ejemplo Quercus
Para los laboratorios de semillas arbóreas situados en zonas tropicales que desean
ajustarse a las Reglas de la ISTA, esta relajación de las tolerancias supondrá una
ayuda considerable.
El cálculo del contenido de humedad debe hacerse sobre la base del peso en húmedo
o en fresco (véanse las páginas 184–186), es decir:
Aunque la utilización del peso en húmedo como punto de partida es el procedimiento
que prescribe la ISTA y se está convirtiendo cada vez más en la forma normal de
expresar el contenido de humedad, aún no es universal. Para evitar dudas, el método
que se ha utilizado para calcular el contenido de humedad debe
indicarse explícitamente en cualquier certificado o comunicación de resultados.
Como explicaron Gordon y Rowe (1982), siempre que se mida el peso en fresco inicial
de un lote de semilla y se calcule el contenido de humedad inicial (peso en húmedo)
secando una muestra en estufa, todo nuevo CH al que se llegue como resultado del
secado (o humedecido) puede calcularse directamente a partir del nuevo peso del lote
de semilla; no es necesario volver a secar en estufa las muestras con el nuevo CHG.
El peso deseado del lote que se quiere conseguir mediante el secado (o humedecido)
puede calcularse multiplicando su peso inicial por el porcentaje inicial de materia seca
y dividiéndolo después por el porcentaje deseado de materia seca.
Ejemplo: 1) Si el peso en húmedo inicial de un lote de semilla es de 50 kg, y su CH
(en peso en húmedo), que se ha determinado secando una muestra en
estufa, es del 25 por ciento, el peso en seco tras secado en estufa es igual
al 75 por ciento del peso en húmedo, es decir 37,5 kg.
2) Si mediante un período de secado se reduce el peso en húmedo a 46,5
kg, el nuevo CH (en peso en húmedo) =
3) Si se desea reducir el CH (en peso en húmedo) al 10 por ciento, entonces
el peso en seco deseado será el 90 por ciento del nuevo peso en húmedo,
y habrá que volver a secar el lote de semilla hasta que su peso en
húmedo sea =
Los humidímetros eléctricos ofrecen rápidas estimaciones de la humedad de las
semillas, pero no se consideran suficientemente precisos para los ensayos oficiales.
Su rapidez los hace muy útiles en determinadas situaciones; por ejemplo deben ser lo
bastante precisos para comprobar la humedad de semillas de árboles como guía para
secar las semillas antes de almacenarlas (Bonner 1974, 1981). Las lecturas de estos
aparatos se convierten en contenido de humedad de la semilla mediante unos gráficos
que proporciona el fabricante o se obtienen de unas curvas de calibración realizadas
en el laboratorio respecto de la especie de que se trate. En su mayoría los
humidímetros no miden una humedad superior al 15–20 por ciento y necesitan un
mínimo de 90–100 g de semillas por ensayo (Bonner 1981). En Tailandia se ha
utilizado con éxito durante varios años, para medir el CH de los granos de arroz, un
humidímetro eléctrico de fabricación local, barato y portátil (Kosol 1984), aparato que
podría utilizarse con las semillas arbóreas de parecido tamaño. Este aparato mide la
capacitancia eléctrica y utiliza como fuente de energía una pila de 9 voltios.
Los humidímetros eléctricos están indicados para las semillas pequeñas, pero no
pueden utilizarse con semillas grandes como las de Juglans o Quercus; tampoco
resulta fácil medir con ellos las semillas aladas, como las de Fraxinus (Bonner 1978).
Las semillas grandes o aladas pueden secarse rápidamente en una estufa de
microondas. Siempre que la estufa se caliente previamente, el secado puede
efectuarse en cinco minutos y el pesado en otros seis minutos inmediatamente
después si se dispone de una balanza electrónica o tras 30–45 minutos de enfriado en
una desecadora si la operación se realiza en una balanza ordinaria (Bonner y Turner
1980). Cabe esperar que los resultados estén dentro de un intervalo del 7 por ciento,
con una probabilidad del 0,05 en el caso de las semillas grandes con CH alto, como
las de Quercus, y dentro de un 2 por ciento en las de Fraxinus y Carya, frente a los
resultados más precisos que ofrecen los métodos tradicionales, que son más lentos.
Un método sencillo y barato es secar rápidamente semillas consiste en utilizar una
lámpara de infrarrojos (Gordon y Rowe 1982). Se somete una muestra pesada al calor
de una lámpara de infrarrojos cuya intensidad es tal que las semillas pierden toda su
humedad, sin quemarse, en unos 20 minutos. Cuando las semillas dejan de perder
peso, se mide el nuevo peso y se calcula la pérdida en términos porcentuales.
Recientemente se ha publicado una descripción actualizada de la medición del
contenido de humedad de semillas arbóreas (Bonner 1981).
Otros ensayos
En caso necesario, pueden hacerse otros ensayos cualitativos u observaciones,
respecto de los cuales no son necesarias prescripciones pormenorizadas. En muchos
casos pueden combinarse con el ensayo de pureza. Son entre otros los siguientes:
Determinación de la autenticidad
Existen varios métodos para determinar si las semillas son de la especie que se
afirma. Son los siguientes:
i. identificación segura de los árboles padres y certificación de los mismos,
preferiblemente sobre la base de muestras de herbario.
ii. Identificación de las semillas mediante una clave analítica o mediante
comparación con una colección de referencia.
iii. Identificación de la plántula. Posiblemente esta es la única manera de
determinar si el lote de semillas está contaminado por híbridos o por una
mezcla de dos o más especies cuyas semillas tienen características
semejantes. Disponer de una clave y una colección de plántulas de referencia
facilita la identificación (Turnbull 1975d).
En la mayoría de las especies no es posible autentificar las semillas desde el punto de
vista de su procedencia, pero se han realizado algunos progresos en este ámbito
con Pseudotsuga yAbies (Bonner 1974), y la utilización de técnicas isoenzimáticas
puede abrir nuevas posibilidades (Burley 1976).
Determinación de daños y estado sanitario
Durante el ensayo de pureza, el operario debe prestar atención a la posible presencia
de daño mecánico o infestación patogénica, que pueden indicar la necesidad de
mejorar los métodos de transporte o procesamiento que se utilizan.
Cálculo de los resultados
Los ejemplos que figuran a continuación indican el tipo de cálculos que es necesario
efectuar en las diversas fases del ensayo de semillas.
Pureza
Peso de la muestra de trabajo
62,52 g
completa
Peso de semilla pura 56, 89 g
Peso de la semilla
El peso de 1 000 semillas puede calcularse de la manera siguiente:
O bien
a) Se determina el peso de la semilla en 8 × 100 semillas tomadas del componente de
semilla pura del ensayo de pureza.
Réplica No 1 2 3 4 5 6 7 8 Total Media
Peso (g) 3,81 3,69 3,75 3,79 3,82 3,72 3,71 3,79 30,08 3,76
Como este valor es considerablemente inferior al máximo de 4,0 que prescribe la
ISTA, se estima que la muestra es homogénea y no es preciso tomar nuevas
muestras.
Peso de 1 000 semillas = 3,76 × 10 = 37,6 g
O bien
b) El peso de la semilla se determina en 1 000 semillas tomadas del componente de
semilla pura del ensayo de pureza, sin replicación.
Peso de 1 000 semillas = 37,6 g.
El número de semillas por unidad de peso puede obtenerse de la manera siguiente:
Germinación
El ensayo se efectúa sobre réplicas de 4 × 100 semillas tomadas del componente de
semilla pura del ensayo de pureza.
Réplica № 1 2 3 4 Total Media
№ de semillas germinadas al
79 85 76 88 328 82
término del ensayo
Semillas viables según ensayo
4 3 6 3 16 4
de corte
El intervalo en el número de semillas germinadas entre la réplica que tiene más y la
que tiene menos es 12 (88–76). La referencia al Cuadro 9.3 en la página 321 indica
que el máximo intervalo tolerado para una germinación media del 82 por ciento es 15.
Como en este caso el intervalo es inferior a esa cifra, se acepta la muestra como
homogénea.
Porcentaje de
82%
germinación =
Porcentaje de
82 + 4 = 86%
viabilidad =
Semillas viables por unidad de peso. Combinando el porcentaje de viabilidad y el peso
de la semilla pura se obtiene el número de semillas viables que se espera obtener por
unidad de peso de semilla pura; sustituyendo el porcentaje de viabilidad por
el porcentaje de germinación se obtiene el número de semillas germinables. Si se
incorpora un factor relativo al procentaje de pureza, los valores que se obtienen
expresan el número de semillas viables o germinables por unidad de peso de semilla
“impura”.
Semilla pura
por g por kg
No de semillas viables 26,6 × 86 : 100 = 22,9 22 900
No de semillas germinables 26,6 × 82 : 100 = 21,8 21 800
Semilla impura
por g por kg
No de semillas viables 22,9 × 91 : 100 = 20,8 20 800
No de semillas germinables 21,8 × 91 : 100 = 19,8 19 800
En el caso de las especies en las que por el pequeñísimo tamaño de sus semillas no
se puede realizar el ensayo de pureza, el número de semillas germinadas por unidad
de peso de semilla impura se determina mediante ensayo directo. En este tipo de
semilla no se pueden obtener las cifras de número de semillas puras por unidad de
peso. Aunque por lo general se expresan como “semillas viables por gramo”, hay que
señalar que en estas semillas de pequeño tamaño tampoco se puede realizar el
ensayo de corte, por lo que, estrictamente, las cifras se refieren a semillas
germinables. Véase el ejemplo siguiente:
Peso de réplica de semilla impura (E. grandis) 0,10 g
Réplica No 1 2 3 4 Total Media
No de semillas germinadas al
65 73 63 71 272 68
término del ensayo
No de semillas germinables (“viables”) por gramo = 680
No de semillas germinables (“viables”) por kilogramo = 680 000
Energía de germinación. El cálculo de la energía de germinación y el período de
energía depende del criterio que se utilice para definir estos conceptos. En el Cuadro
9.5 se ofrece un ejemplo real extraído de Paul (1972). Como se ha señalado supra, el
período de energía puede definirse arbitrariamente por anticipado, pero normalmente
es muy inferior al período completo del ensayo. En este caso basta con una sencilla
evaluación. Si, en este ejemplo, se ha establecido que el período de energía es 12
días, entonces
Período de energía = 12 días
Si, en cambio, se establece que el período de energía llega hasta el día de la
germinación máxima, entonces es preciso efectuar evaluaciones diarias tal como se
indica en el cuadro, y por lo tanto
Período de energía = 10 días
El análisis de la pauta de germinación sugiere que si se rechazaran todas las semillas
que germinan después del punto máximo de germinación se rechazaría una
proporción excesiva (60 por ciento) de las potencialmente germinables, mientras que
si se aceptaran todas las semillas germinables se prolongaría indebidamente el
período de ensayo y probablemente se incluirían algunos gérmenes de muy escaso
vigor. En la práctica, con una pauta de germinación como la de este ejemplo estaría
indicado establecer que el período de energía se prolonga hasta que la germinación
diaria desciende a menos del 25 por ciento del valor máximo. De esta manera,
Período de energía = 16 días
Porcentaje del total de semillas germinables que germina dentro del período de
energía = 84 por ciento.
Otra forma de sentido común de medir la energía de germinación, que se utiliza en
Zimbabwe (Seward 1980), es el porcentaje de germinación cuando la germinación
diaria media llega al máximo (germinación acumulada dividida por el tiempo
transcurrido desde la fecha de siembra). En el presente ejemplo (Cuadro 9.5), el punto
máximo del porcentaje diario medio de germinación es 3,48 por ciento, el período de
energía es 13 días y el porcentaje de germinación es
Con este sistema de medición, el porcentaje del total de semillas germinables que
germinan dentro del período de energía es igual a
Valor de germinación. En el Cuadro 9.6 y partiendo de los datos del Cuadro 9.5, se
calcula el valor de germinación conforme a los métodos de Czabator (1962) y
Djavanshir y Pourbeik (1976).
Determinación indirecta de la viabilidad
Deben utilizarse métodos análogos a los aplicables a los ensayos de germinación, es
decir, deben utilizarse cuatro réplicas, ha de comprobarse la homogeneidad de los
resultados, y el número medio de semillas llenas aparentemente viables (ensayo de
corte) o embriones teñidos (ensayo de tetrazolio) ha de expresarse como porcentaje
del total de semillas puras del ensayo.
Cuadro 9.5
Resultados del ensayo de germinación
(tomado de Paul 1972)
Especie: Pinus caribaea var. hondurensis Ensayo No. 26/72
Lote de semilla No. 85/71
Lugar: Vivero de
Fecha de siembra: 2/11/72
Mantin
Porcentaje de
Fecha de terminación: 30/11/72
germinación: 64%
Submuestras Total Total
Días (4 × 100 semillas) acumulad Porcentaje Total diario acumulado
desde o como % de como % de como % de
la Total Total del total germinació semillas semillas
siembr diari acumulad de n diaria germinable germinable
a A B C D o o semillas media s s
1 - - - - - - - - - -
2 - - - - - - - - - -
3 - - - - - - - - - -
4 - - - - - - - - - -
5 - - - - - - - - - -
6 - - - - - - - - - -
7 - - - - - - - - - -
8 6 8 7 8 29 29 7,25 0,91 12 11
9 5 9 9 8 31 60 15,00 1,67 12 23
10 11 13 10
10 44 104 26,00 2,60 17 40
10
11 9 8 9 36 140 35,00 3,18 14 54
12 6 5 7 5 23 163 40,75 3,40 9 63
13 3 5 6 4 18 181 45,25 3,48 7 71
14 5 3 2 3 13 194 48,50 3,46 5 75
15 4 2 1 3 10 204 51,00 3,40 4 79
16 2 4 2 4 12 216 54,00 3,38 5 84
17 2 1 1 1 5 221 55,25 3,25 2 86
18 1 2 2 3 8 229 57,25 3,18 3 89
19 2 - - 1 3 232 58,00 3,05 1 90
20 2 1 2 - 5 237 59,25 2,96 2 92
21 - 1 1 - 2 239 59,75 2,85 1 93
22 2 1 2 - 5 244 61,00 2,77 2 95
23 2 - 1 1 4 248 62,00 2,70 2 97
24 - 1 1 1 3 251 62,75 2,61 1 98
25 1 2 - - 3 254 63,50 2,54 1 99
26 - - - - - 254 63,50 2,44 - 99
27 - - - - - 254 63,50 2,35 - 99
28 1 - - - 2 256 64,00 2,29 1 100
63 64 68 61
Totales 256 100
Ensayo
de 5 2 4 5 16
Corte
Cuadro 9.6
Cálculo del valor de germinación
(Métodos de (1) Czabator y (2) Djavanshir y Pourbeik)
Velocidad de
germinación
Días diaria (o
desde Porcentaje de Porcentaje de germinación ∑VGD/N
la germinación germinación media) ∑ No. de (Col. 5 ÷
siembra diario acumulado (Col. 3 ÷ Col. 1) VGD recuentos Col. 6)
1 2 3 4 5 6 7
8 7,25 7,25 0,91 0,91 1 0,91
9 7,75 15,00 1,67 2,58 2 1,29
10 11,00 26,00 2,60 5,18 3 1,73
11 9,00 35,00 3,18 8,36 4 2,09
12 5,75 40,75 3.40 11,76 5 2,35
13 4,50 45,25 3,48 15,24 6 2,54
14 3,25 48,50 3,46 18,70 7 2,67
15 2,50 51,00 3,40 22,10 8 2,76
16 3,00 54,00 3,38 25,48 9 2,83
17 1,25 55,25 3,25 28,73 10 2,87
18 2,00 57,25 3,18 31,91 11 2,90
19 0,75 58,00 3,05 34,96 12 2,91
20 1,25 59,25 2,96 37,92 13 2,92
21 0,50 59,75 2,85 40,77 14 2,91
22 1,25 61,00 2,77 43,54 15 2,90
23 1,00 62,00 2,70 46,24 16 2,89
24 0,75 62,75 2,61 48,85 17 2,87
25 0,75 63,50 2,54 51,39 18 2,86
26 0,00 63,50 2,44 53,83 19 2,83
27 0,00 63,50 2,35 56,18 20 2,81
28 0,50 64,00 2,29 58,47 21 2,78
(1) Método de Czabator
Valor de germinación = VGD final x valor máximo de VGD = 2,29×3,48 = 7,97
(2) Método de Djavanshir y Pourbeik
Valor de germinación = (∑VGD(N) final × (porcentaje de germinación acumulado final/10) = 2,78 × 6,4 = 17,79.
Contenido de humedad (ejemplo de semillas pequeñas <12% CH)
Peso tras Diferencia =
Peso original secado en contenido de % CH
estufa humedad
(g) (g) (g) (peso en húmedo)
Muestra 1 5,65 5,14 0,51
Muestra 2 4,92 4,47 0,45
La diferencia entre las dos muestras (0,12 por ciento) es inferior al 0,3 por ciento que
prescribe la ISTA, de manera que no es preciso tomar una nueva muestra.
Interpretación de los resultados
Es importante que los resultados de los ensayos lleven a adoptar decisiones y actuar.
Por ejemplo, un porcentaje de pureza inusualmente bajo puede indicar la necesidad
de efectuar una nueva operación de limpieza cuando se trata de una organización que
recolecta, procesa y almacena su propia semilla; o puede tener como resultado una
reclamación comercial si la semilla se ha comprado y la pureza es inferior a la
especificada por el vendedor. La determinación del contenido de humedad es un paso
necesario antes de decidir si un lote de semilla está ya en condiciones de
almacenarse inmediatamente o debe secarse aún más.
De la máxima importancia son las diversas medidas del potencial de germinación y
del número de plantas que pueden obtenerse de una unidad de peso de semilla. Esto
afecta tanto a la gestión del vivero como a la consecución de los objetivos de
forestación, pues permite perfeccionar, a luz de datos más precisos sobre los lotes de
semilla concretos que se van a utilizar en un determinado año, las estimaciones algo
generales de necesidades medias que figuran en el Cuadro 3.1 (página 36).
En los resultados de los ensayos de semillas aprobados por la ISTA no se predice en
modo alguno la supervivencia y mortalidad después de la fase de germinación. La
energía de germinación es la única medida que trata de cumplir esa función, pero
depende por completo de la elección subjetiva de un critero adecuado para definir el
período de energía. La extrapolación de los resultados de ensayo de semillas para
aplicarlos a la gestión de viveros no pertenece estrictamente al ámbito del presente
manual, pero merece la pena examinar brevemente esta cuestión debido a su vital
importancia para tratar la gestión de semillas no como un fin en sí mismo, sino como
parte de una cadena continua de operaciones en la que figuran la producción de
plantas y el establecimiento y gestión de plantaciones.
Entre los factores que debe tener en cuenta el viverista al trasladar los resultados del
ensayo de semillas a la producción en el vivero figuran los siguientes:
1) La germinación sobre el terreno en un vivero operacional suele ser distinta de la
germinación en los ensayos. Puede ser considerablemente inferior a la que se da en
las condiciones ideales de los ensayos de laboratorio, y también algo inferior a la que
se produce en los viveros de investigación. Debe diferir muy poco de los ensayos
efectuados en el mismo vivero previamente a las principales operaciones de siembra.
Wunder (1966) informó sobre las diferencias que se habían observado entre la
germinación en laboratorio y la germinación en vivero en ensayos efectuados en el
Sudán. Las diferencias variaban según la especie, y en algunos casos se veía más
afectada la velocidad de germinación que el número final de semillas germinadas.
Algunos ejemplos son los siguientes:
Germinación en Tratamiento previo
Germinación en
laboratorio % en
vivero % en días
Especie días
Acacia albida 76 60 70 60
Cedrela odorata 100 3 85 18
Prosopis chilensis 100 15 79 38 2 min. en H2SO4 conc.
Acacia raddiana 100 3 30 4 60 min. en H2SO4 conc.
La variación entre viveros puede estar relacionada con una serie de factores
climáticos, edafológicos o culturales diferentes. Por ejemplo, Roney y Brown (1978)
comprobaron que la germinación de Pinus ponderosa mejoraba en un 38 por ciento
cuando las semillas se cubrían con una capa de tierra arenosa de 1,5 cm en vez del
grosor habitual de 0,4 cm. La frecuencia del riego tiene también un efecto notable
sobre la germinación (Costales y Veracion 1978).
2. En los semilleros pueden producirse algunas pérdidas.
3. Durante el arranque o el trasplante pueden producirse algunas pérdidas.
4. En los semilleros de trasplante pueden producirse algunas pérdidas.
5. En el momento de la plantación pueden desecharse algunas de las plantas
supervivientes menos vigorosas.
Todos estos factores se combinan para hacer que el número de plantas plantables
que se producen por unidad de peso de semilla sea muy inferior al número de
semillas germinadas que arrojan los ensayos. El viverista debe incrementar en una
proporción equivalente la cantidad de semilla que siembra. Para expresar la
combinación de estos factores suele hablarse de “porcentaje de plantas” o “porcentaje
de árboles”. Este concepto se define en Ford Robertson (1971) como “el porcentaje,
en número, de semillas de una determinada muestra que se convierten en plántulas al
término de un período determinado, generalmente al término de la primera temporada
de crecimiento”. Bonner (1974) especifica que se trata de “plántulas plantables”, idea
que es fácil de entender, pues añade a la mera supervivencia los importantes
conceptos de utilidad y vigor. A efectos prácticos es preferible ampliar la definición de
manera que abarque todo el período de vivero, es decir, “el procentaje, en número, de
semillas que se convierten en plantas plantables (trasplantes o plántulas) al término
de un período determinado, generalmente al término del período de vivero en el
momento de la plantación en el campo”. Esto es mucho más apropiado para las
condiciones tropicales, donde muchas especies se arrancan en la primera semana
una vez germinadas y pasan después de 6 a 12 meses en semilleros de trasplante.
En la práctica, el registro de los rendimientos de plantas obtenidos en los años
anteriores en un determinado vivero es la base más útil para estimar la producción
futura de esa misma localidad (Aldhous 1972). Los registros basados en la producción
conseguida en otros tipos de suelo o en otras condiciones climáticas ayudan muy
poco. Cuando se carece de experiencia, como en los primeros años de los viveros
nuevos, solamente se pueden efectuar estimaciones aproximadas y un poco
aventuradas. En Zambia se aplicó un factor de reducción del 20 por ciento para cubrir
la diferencia que existía entre la germinación en laboratorio y la germinación sobre el
terreno en pinos y eucaliptos (Allan y Endean 1966), es decir, si los ensayos de
laboratorio indicaban que un kilogramo de semilla producía 100 000 plántulas
germinadas, se partía de que en el vivero se obtendrían únicamente 80 000; se aplicó
después un nuevo factor de reducción, del 10 por ciento en los pinos y el 15 por ciento
en los eucaliptos, para tener en cuenta las pérdidas que se producen en el arranque.
Se precisaría asimismo otro factor de reducción, no especificado, para tener en
cuenta las plántulas que se desechan en fases ulteriores. Paul (1972) propuso un
factor del 20 por ciento para las pérdidas en el semillero, más un 15 por ciento para
las plántulas perdidas y desechadas en el arranque y el trasplante. El factor de
recuperación en vivero, que convierte el porcentaje de germinación ofrecido por el
ensayo en porcentaje de plantas plantables, varía considerablemente en función de la
especie, el lote de semilla y el año. En Zimbabwe se ha adoptado provisionalmente un
factor de recuperación en vivero del 70 por ciento para los pinos y del 25 por ciento
para los eucaliptos, lo que equivale a unas pérdidas en vivero del 30 por ciento y el 75
por ciento respectivamente (Seward 1980). Seeber y Agpaoa (1976) han demostrado
que, en Pinus kesiya, cuanto más bajo es el porcentaje de germinación, tanto mayor
es la diferencia entre la proporción de semillas que germinan y las que se convierten
en plantas plantables.
Lote de semilla 1 Lote de semilla 2
Número de semillas puras por filtro 30 000 30 000
Porcentaje de pureza 95 95
Porcentaje de germinación 90 60
Porcentaje de plantas 60 30
Factor de recuperación en vivero
(%)
Número de plantas plantables/litro 30 000 × 0,95 × 0,60 = 17 30 000 × 0.95 × 0,30 = 8
de semilla 100 550
Wormald (1975) ha notificado que un estudio de una serie de países que
cultivan Pinus patula en grandes cantidades indicó un porcentaje de plantas de
alrededor del 33 por ciento, frente a un promedio del 80 por ciento en los ensayos de
germinación, lo que supone un factor de recuperación de aproximadamente el 45 por
ciento. Según este autor, “de estas cifras parece desprenderse que más o menos de
cada tres semillas que se siembran se obtiene una sola planta utilizable. Este dato
coincide bastante bien con los de la Comisión Británica de Silvicultura, que en los
últimos 15 años ha mejorado su recuperación de plántulas de una de cada diez a una
de cada cuatro (Gordon y Tee 1973)”. Esto confirma la afirmación de Goor y Barney
(1976) en el sentido de que “en realidad, en la práctica de vivero y de siembra directa,
esta cantidad (la cantidad de semilla que se necesita sobre la base de los ensayos de
germinación) debería duplicarse o triplicarse para compensar las pérdidas de
plántulas que se producen en los primeros años”. El factor de recuperación en vivero
debe basarse en la experiencia personal, pero no puede ser nunca muy preciso
debido a las caprichosas variaciones de las condiciones climatológicas, los lotes de
semilla, etc. Por esta razón, existe un límite a la precisión que se debe exigir a los
ensayos rutinarios (como opuestos a los ensayos de investigación) en el laboratorio.
Utilizando el ejemplo que figura en las páginas 340–341, el porcentaje de plantas
puede calcularse de la manera siguiente:
Factor de % de % de Semillas Plantas
recuperación germinación plantas germinables plantables
en vivero por kg por kg
Vivero 1
Experiencia de 0,65 82 53 19 800 12 900
muchos años en la
especie
Vivero 2
Nuevo, en un lugar
difícil y sin
experiencia en la
especie 0,33 82 27 19 800 6 500
Partiendo de la hipótesis de que ambos viveros tuvieran que cultivar 500 000 plantas,
el vivero l necesitaría:
Mientras que el vivero 2 necesitaría
Si las semillas se van a sembrar en semilleros para su trasplante ulterior (y no
directamente en macetas), además de calcular la cantidad total de semilla que se va a
sembrar el viverista tendrá que calcular el peso de la semilla que se va a sembrar por
semillero. Por ejemplo, en el caso de
Tamaño de un semillero = 10 × 1 m = 10 m2
Densidad final de plántulas deseada = 2 400/m2
Número de semillas/kg de semilla pura = 26 600
Porcentaje de pureza = 91% o 0,91
Porcentaje de germinación = 82% o 0,82
Tasa de recuperación en semillero esperada = 0,65
(Plántulas que sobreviven hasta el trasplante como
proporción de las semillas germinadas en función del
ensayo)
entonces se necesitará la tasa de siembra siguiente
El concepto de “kilogramo efectivo” de semilla, que se utiliza actualmente en varios
países, ha demostrado su utilidad a la hora de planificar programas de siembra y
calcular los precios de la semilla (Aldhous 1972). El “kilogramo efectivo” se define
como el peso de semilla de un lote determinado del que cabe esperar que produzca el
mismo número de semillas viables (tal como se usa en el Reino Unido) o de plantas
plantables (tal como se usa en Zimbabwe) que produciría un kilogramo de semilla
normalizada; ese número se determina respecto de cada especie hallando el
promedio de la experiencia anterior. En Zimbabwe se han establecido distintas cifras
de referencia de la recuperación de plántulas para (a) semilla de huerto semillero y (b)
semilla selecta y corriente; por ejemplo, en el caso de Pinus elliottii la recuperación de
referencia (= plantas plantables por kilogramo de semilla) es de 15 500 en la semilla
de huerto semillero y 14 500 en la semilla selecta o corriente (Seward 1980).
El factor de kilogramo efectivo (FKE) es el cociente que se obtiene dividiendo la
recuperación de referencia por la recuperación real de un determinado lote de semilla.
Puede calcularse de la manera siguiente:
En el ejemplo anterior (26 600 semillas puras/kg, factor de pureza del 91 por ciento o
0,91, factor de germinación del 82 por ciento o 0.82 y factor de recuperación en vivero
del 65 por ciento o 0,65), y partiendo de una recuperación de referencia de 15 000 kg,
Así pues, el FKE puede utilizarse, junto con el valor de referencia de la recuperación
de plántulas, para calcular el peso de la semilla que se necesita para obtener un
determinado número de plantas. La ecuación es la siguiente:
Por ejemplo, para obtener 1,5 millones de plantas del mencionado lote de semilla:
Estos 116 kg de peso real de semilla equivalen a 100 kg efectivos o 100 kg de semilla
de referencia. Solamente cuando FKE = 1,0 son idénticos al peso real de la semilla y
su peso efectivo.
En el caso de los eucaliptos y otras especies de semilla pequeña, en que no se
efectúa el análisis de pureza, la ecuación del FKE se modifica de la manera siguiente:
En el caso de E. grandis, el FKE de un determinado lote de semilla podría ser el
siguiente:
y la cantidad de semilla necesaria para obtener 1,5 millones de plántulas sería:
Repetición de ensayos
El ensayo principal de un lote de semilla se efectúa después de su procesamiento o
antes de almacenarlo o enviarlo directamente a los viveros. Cuando un lote de semilla
permanece almacenado durante un tiempo, es esencial repetir el ensayo de
germinación o viabilidad antes de utilizarlo, para comprobar que no se ha deteriorado
en ese período. Muchos centros de semillas repiten los ensayos anualmente,
separando previamente, en un pequeño recipiente, una muestra representativa del
conjunto del lote, y de esta manera evitan tener que abrir repetidamente los
recipientes donde está el grueso de la semilla. No es preciso repetir el ensayo para
determinar el porcentaje de pureza, y el de contenido de humedad debe repetirse
únicamente cuando existen motivos para pensar que en los recipientes cerrados se
han producido filtraciones.
Se han sugerido medidas especiales para el ensayo repetido de semillas agrícolas
que están almacenadas durante mucho tiempo con fines de conservación de recursos
genéticos (Ellis y otros 1980). Estos autores sugieren que, habida cuenta del gran
valor del germiniplasma almacenado y de la necesidad de evitar perder
innecesariamente partes de él en la realización de los ensayos, puede ahorrarse más
material mediante un sistema de toma de muestras sucesivas que con el método
oficial de la ISTA, consistente en réplicas de 4 × 100. El objetivo es detectar la pérdida
de viabilidad en las primeras fases del envejecimiento, es decir, en cuanto desciende
a un nivel inferior al 80–90 por ciento de la tasa inicial, e iniciar el rejuvenecimiento
plantando la semilla para que produzca una nueva generación. Este método estaría
igualmente indicado para la conservación de recursos genéticos forestales, aunque,
debido a que en los árboles el ciclo generacional es mucho más largo, la conservación
como plantas en crecimiento, frente a la conservación en forma de semilla, será más
importante que en los cultivos agrícolas.
Consideraciones especiales respecto de las semillas
recalcitrantes de los bosques higrofíticos tropicales
Muchos de los ensayos que se prescriben en el presente capítulo sólo son útiles si se
puede mantener viva la mayor parte de la semilla durante el período en que se
realizan ensayos sobre la muestra. Las semillas de la mayoría de las especies de los
bosques higrofíticos tropicales son recalcitrantes y pierden viabilidad con tanta rapidez
que los certificados de calidad están ya obsoletos cuando se emiten. En la práctica
normal, todas las semillas recalcitrantes se siembran en el vivero lo antes posible
después de su recolección (Ng 1983).
A efectos de documentación se suele mantener un registro de la germinación, que
está basado en una muestra aleatoria de las semillas que se siembran. Esta muestra
(un tamaño aconsejable es 50–100 semillas) se siembra aparte de las demás, en un
recinto protegido por tela metálica para impedir el acceso a pájaros, roedores y otros
animales. El medio (por lo general tierra) debe ser el mismo que se utiliza en la
germinación del resto de las semillas.
La germinación debe supervisarse a diario hasta que dejan de surgir gérmenes y el
investigador tiene la seguridad de que todas las semillas que no han germinado están
muertas. En la mayoría de las semillas del bosque higrofítico, se llega a este punto
final en el plazo de unas cuantas semanas, aunque puede haber bastantes sorpresas.
Habida cuenta de lo poco que se sabe sobre las semillas del bosque higrofítico, será
conveniente registrar el proceso de la germinación desde el principio hasta el final,
con independencia de su duración. Cualquier punto de interrupción que se establezca
arbitrariamente, por ejemplo el día 21 o el día 28, será demasiado restrictivo en la fase
exploratoria en la que se encuentra actualmente la investigación sobre las semillas del
bosque higrofítico.
APENDICE 1
DOCUMENTACION SOBRE SEMILLAS
La ausencia de registros exactos y suficientes menoscaba muy considerablemente el
valor de un servicio de semillas y de las plantaciones que contribuye a crear (Bowen
1980). Todas las fases del proceso de la semilla, desde la recolección sobre el terreno
hasta la siembra en el vivero, deben estar enlazadas por un sistema completo de
documentos. El número de formularios necesarios varía notablemente entre unos
países y otros, según las cantidades de semilla, el número de especies, el período de
almacenamiento y los métodos de ensayo, pero normalmente pertenecen a uno u otro
de los tipos siguientes:
1) “Estadísticas vitales”. La información sobre cada lote de semilla que todo usuario
piensa razonablemente que va a recibir junto con la semilla. Comprende el número de
identidad del lote, información sobre el origen de la semilla y su año de maduración y
una estimación de la calidad de la semilla (semillas viables por kilogramo o capacidad
de germinación).
2) Registros centrales. Información que se encuentra en la dependencia central, que
es decisiva para el funcionamiento eficiente de ésta y de la que se toman datos para
las “estadísticas vitales”, pero que normalmente no es preciso distribuir completa a los
usuarios. Comprende tarjetas de existencias de semilla, registro de números de
identidad, métodos y resultados pormenorizados de ensayos de semilla en laboratorio,
etc. Los datos de estos registros centrales, que se van acumulando a lo largo de los
años, son la base de los resúmenes de información técnica sobre las características,
en condiciones locales, de las principales especies de forestación desde el punto de
vista de la manipulación de la semilla.
3) Formularios de tipo correspondencia. Comprenden el tipo de solicitud de semilla o
notificación de envío que comienza “Se ruega que recolecten …” o “Con fecha de hoy
les he enviado …”, y que podría recogerse en una carta. Cuando se incrementa el
volumen del tráfico de semillas es aconsejable introducir formularios ya preparados,
en cuya cumplimentación se tarda menos que en redactar y mecanografiar cartas.
Con unos formularios bien diseñados se garantiza asimismo que no se omite por
descuido información importante, y además puede imprimirse el número de
ejemplares que se estime necesario.
4) Etiquetas. Para recipientes y paquetes de semilla.
En el presente apéndice se ofrecen ejemplos de diversos formularios sobre semillas
procedentes de varios países. En el Apéndice 1A figura un ejemplo de los formularios
que se han introducido recientemente en Sabah, basado a su vez en los sistemas que
se emplean en laboratorios de ensayo de semillas y servicios de distribución de
semillas de todo el mundo (Bowen 1980). En el Cuadro 2 que precede a los
formularios se indican la utilización y distribución de cada uno de éstos y la manera en
que se relacionan entre sí.
Aunque muchos países siguen un sistema muy parecido al de Sabah, hay muchas
posibilidades de variación según las condiciones locales. Al diseñar un sistema local
adecuado es necesario prestar especial atención a los puntos que se describen
seguidamente.
1) Datos sobre el origen de la semilla. El acopio y la distribución de información
suficiente sobre el origen de la semilla es uno de los fines más esenciales de todo
sistema de documentación en este ámbito. La importancia del origen en la semilla de
árboles forestales está hoy tan comprobada que ya no hay excusas para distribuir un
lote de semilla de por ejemplo Gmelina arboreasin proporcionar información sobre el
lugar en que se recolectó. No obstante, la cantidad de detalles que se precisan en un
documento sobre el origen de la semilla varía considerablemente según las
circunstancias. Cuando las recolecciones se efectúan en rodales o huertos semilleros
registrados y la semilla se va a utilizar dentro del propio país, puede bastar con
identificar el origen como “rodal semillero registrado T14, compartimento 9, bosque de
Loolmalassin”. En este caso es esencial que los usuarios de la semilla posean ya
información sobre esos rodales. Por ejemplo, en el Cuadro l del Apéndice 1A se
ofrecen detalles sobre rodales semilleros de tres frondosas de Sabah y se proporciona
al oficial encargado la base para que consigne el origen elegido cuando cumplimente
el formulario No 12, dedicado a la petición/expedición de semilla.
En el otro extremo están las recolecciones con fines de investigación de especies y
procedencias, que se efectúan en rodales relativamente inaccesibles dentro de la
distribución natural de una especie. Es posible que esos rodales no hayan sido
visitados anteriormente por equipos de recolección y que sea muy poco o nada lo que
está documentado sobre los rodales mismos o su medio ambiente. En estos casos los
registros sobre el terreno cumplen dos funciones principales (Kemp 1976):
a. Asegurar que toda persona que desee obtener más material o más datos
pueda localizar con exactitud el lugar en los años siguientes;
b. Proporcionar la información necesaria para interpretar los resultados de
estudios y experimentos basados en el material recolectado. La información
sobre las condiciones del lugar (clima, suelo, altura) y sobre la edad, forma,
vigor y composición de los rodales ha de ser detallada, ya que no existen
registros anteriores y volver a visitar los rodales puede ser difícil o costoso.
Las recolecciones a granel en bosques accesibles suelen ir acompañadas de una
información que en su grado de detalle es intermedia entre la de las recolecciones de
rodales semilleros registrados y la de las recolecciones con fines de investigación de
procedencias. Además de los datos sobre la ubicación precisa de la recolección, debe
proporcionarse información sobre la cantidad de frutos recolectados y el nombre de
recolector. Cuando se trata de recolecciones en plantaciones exóticas, es conveniente
añadir a la información sobre la ubicación de los padres inmediatos otra sobre la
fuente original de los ancestros del bosque natural (véase un examen de esta cuestión
en las páginas 34–37). Cuando es necesario comprar semilla a recolectores no
supervisados y analfabetos, el oficial forestal responsable debe tratar de definir al
menos la zona y fechas de la recolección mediante preguntas orales.
El Apéndice 1B comprende diversos ejemplos de hojas de datos sobre origen de
semillas, que reflejan la diversidad de detalle y formato de los formularios que utilizan
distintas organizaciones. Cabe observar que en algunos de los formularios se
combinan datos sobre el origen de la semilla con información sobre su extracción y
germinación. La posibilidad de combinar en el mismo formulario, en vez de varios
distintos, información procedente de varias operaciones sucesivas se analiza infra.
Cuando está vigente un sistema nacional o internacional de certificación de semillas,
el documento sobre el origen de la semilla se denomina “certificado de origen de
semillas” (COS) o “certificado de procedencia”, y la firma de una persona responsable
debe certificar que la información registrada en ese documento es correcta. En el caso
de sistemas internacionales como el de la OCDE (Organización de Cooperación y
Desarrollo Económicos), puede que haya solamente un COS. Esos sistemas de
certificación afectan a la autoridad oficial que se concede al documento de origen,
pero no comportan que la cantidad y el tipo de información registrada sean diferentes
de los que figuran en un documento menos oficial.
La información sobre el origen de la semilla es uno de los componentes más
importantes de las “estadísticas vitales” que deben recibir no sólo la instalación de
procesamiento y almacenamiento de la semilla, sino también el usuario de ésta.
Pueden adoptarse las medidas necesarias para enviar a todos los usuarios una copia
del documento original de origen correspondiente a cada lote. Los grandes centros de
semillas publican listas refundidas, y a veces computadorizadas, en las que aparecen
juntos en una misma página datos codificados sobre el origen de varios lotes. En el
Apéndice 1B5 figura un ejemplo de este tipo de salidas impresas de computadoras, en
este caso de Columbia Británica, mientras que 1C14 es un ejemplo australiano de
nota de envío y certificado de semillas que forma parte de otro sistema
computadorizado de registro de almacenes. Este sistema se ha descrito
recientemente (Wolf y Turnbull 1982). De una manera u otra, es esencial que todo el
que va a utilizar la semilla tenga pleno acceso a los datos sobre el origen de la misma.
2) Registro de costos. Cuando la recolección, el procesamiento y la utilización de la
semilla son efectuadas por dependencias que pertenecen todas a la misma
organización, como por ejemplo un servicio forestal nacional, puede que no sea
necesario registrar pormenorizadamente los costos de la recolección. No obstante,
aun en esos casos debe incluirse alguna indicación sobre la facilidad o dificultad de la
recolección; por ejemplo, en el FS2, en el Apéndice 1A, se solicita el número de días-
hombre necesarios para recolectar cada lote de semilla que está cubierto por una
notificación de recolección de fruto.
Cuando la semilla se va a vender al público es necesario registrar los costos de una
manera más pormenorizada y exacta, tanto si se ha comprado la semilla al exterior
como si la han recolectado equipos pertenecientes a la organización. En el Apéndice
1C1 figura un ejemplo de formulario para registrar los costos de la recolección de
conos. En el registro de existencias y salidas de semilla debe incluirse también un
resumen de los costos, como se indica en el FS5 del Apéndice 1A y en el Apéndice
1C8.
3) Números de identidad de la semilla. La mayoría de los lotes que llegan a un centro
de semillas posee ya un número, que puede ser el número de serie que figura en la
notificación de envío del fruto recolectado (FS2 del Apéndice 1A o el certificado de
origen de la semilla cuando se trata de semillas que son objeto de tráfico
internacional. Estos números, que van unidos tanto a los lotes de semilla nacionales
como a los que vienen del extranjero, pertenecen a distintos sistemas, y la experiencia
general aconseja que todos los lotes de semilla que se utilizan en un país se numeren
conforme a un sistema común, lo cual facilita la identificación y la localización rápida
de un determinado lote en todas las fases del proceso, desde la recepción hasta la
plantación sobre el terreno. Por consiguiente, todo lote de semilla que llega al centro
debe recibir en ese momento un nuevo número de identidad, con independencia de
que fuera numerado o no previamente en el momento de la recolección. En la mayoría
de los países la responsabilidad de asignar ese número de identidad recae sobre la
sección de semillas del servicio forestal nacional.
Una vez asignado el número de identidad, éste debe incorporarse a todos los
formularios que se refieran después a ese lote. Se puede comprobar, por ejemplo,
que en los formularios 5 a 15 del Apéndice 1A hay un espacio reservado para el
número de identidad oficial. En los almacenes que manipulan muchos lotes de semilla
es conveniente mantener un registro de los números de identidad, pues ayuda a
establecer con rapidez referencias cruzadas entre los datos sobre el origen de las
semillas y el registro de existencias y salidas. En el Apéndice 1C2, 3 figura un ejemplo
de un registro de ese tipo, con índices de número de serie y de especie, tal como ha
propuesto Cooling (1971). El método de numeración puede variar considerablemente.
El más sencillo es un sistema directo de números de serie basado en la fecha de
llegada de cada lote. Entre los sistemas más complicados figuran los que expresan en
forma codificada 1) la especie, 2) el origen geográfico, 3) el código genético, 4) el
número de serie, 5) la altura (Dobbs y otros 1976) y 6) el año de recolección. Cuanto
más sencillo sea el sistema de asignación de los números de identidad, tanto más
justificado está que se mantenga un registro.
4) Posibilidades de reducir el número de formularios. Se puede reducir el número de
formularios combinando en uno solo de ellos los resultados de varias operaciones
sucesivas. Las ventajas e inconvenientes relativos de contar con pocos formularios
pero largos frente a un mayor número de formularios cortos deben sopesarse
cuidadosamente en relación con la necesidad de ofrecer la máxima cantidad de
información útil y la mínima de información inútil a todas y cada una de las personas
que intervienen en la cadena de operaciones. Algunas de las posibilidades son las
siguientes:
1) En los centros de semillas grandes, donde el personal de almacenamiento y el de
ensayo (laboratorio) se encuentran en dependencias separadas, son necesarios los
documentos internos de transporte, como FS7 y FS8 del Apéndice 1A. En las
secciones pequeñas, en las que el mismo personal efectúa tanto las tareas de
almacenamiento/envío como las de ensayo, posiblemente no se precisen estos
formularios, y los detalles de los ensayos prescritos se pueden pasar directamente al
FS9 (Apéndice 1A). Lo mismo cabe decir de FS10 y FS11.
2) Se puede ahorrar algo combinando el resumen de los ensayos prescritos (FS9) con
el resumen de los resultados de los ensayos (FS11). En el Apéndice 1C12 figura un
ejemplo de esta posibilidad (Gordon 1981).
3) Al diseñar la hoja de datos original sobre el origen de la semilla se puede incluir el
espacio necesario para registrar en ella todas las “estadísticas vitales”, información
que debe conocer no sólo el personal del centro de semillas, sino también el usuario.
En el Apéndice 1A, el FS2 combina datos sobre la extracción con datos sobre la
recolección, lo que también ocurre en el Apéndice 1B3, mientras que en los
Apéndices 1B7 y 1B10 se incluyen también datos sobre la germinación, con lo que el
usuario tiene toda la información que necesita.
El sistema Viscard, de hojas cambiables, es un ingenioso método para combinar los
registros centrales pormenorizados que debe llevar el centro de semillas con las
“estadísticas vitales”, menos detalladas, que necesita el usuario de la semilla. Además
de la tarjeta con los datos de la recolección que figura en el Apéndice 1B8, hay otras
sobre la extracción (Apéndice 1C4), la germinación (1C5) y las existencias de semilla
(1C6). La tarjeta de recolección se archiva delante de las demás, pero por debajo
sobresalen las líneas inferiores de las tarjetas de extracción y germinación, donde
figuran los resúmenes de los resultados registrados en ellas. Así, mediante una
fotocopia de las tarjetas, como se observa en el Apéndice 1C7, se obtienen todas las
“estadísticas vitales” necesarias de un determinado lote, fotocopia que se incluye en
los envíos de semilla a los usuarios (Bryndum 1975). La información pormenorizada
que figura en las tarjetas de extracción, germinación y existencias se guarda en el
registro central del centro de semillas.
5. Varios. El Apéndice 1C9 es un ejemplo de un certificado internacional de ensayo de
semillas de la ISTA. Su utilización está indicada en los laboratorios autorizados que
realizan ensayos de calidad de la semilla sobre una muestra presentada por una
organización exterior. Se refiere únicamente a la calidad de la semilla tal como viene
determinada por su pureza, germinación y contenido de humedad. Salvo el nombre de
la especie, los detalles sobre el origen de la semilla, aunque conocidos por el cliente,
no competen al laboratorio y por lo tanto no se registran.
El Apéndice 1C10 es un ejemplo de formulario para ensayos de germinación que se
utiliza en Australia con la semilla de eucalipto, en la cual son más adecuadas las
réplicas de igual peso que las de igual número de semillas (Boland y otros 1980). Los
resultados se expresan en términos de semillas viables por unidad de peso, y no hay
información sobre el porcentaje de germinación o el peso de 1 000 semillas puras.
Este formulario podría ser adecuado para otras especies de semilla muy pequeña.
En las páginas 44–50 se hizo hincapié en la necesidad de valorar la abundancia de la
producción de semilla antes de la recolección. Cuando los resultados de esa
valoración local han de notificarse a una oficina central de control, es conveniente
utilizar un formulario diseñado con ese fin. El Apéndice 1C11 es un ejemplo de
formulario para examinar y evaluar la producción de conos que se utiliza en Columbia
Británica (Dobbs y otros 1976).
APENDICE 1A
EJEMPLO DE SISTEMA INTEGRADO DE FORMULARIOS PARA EL
REGISTRO DE DATOS SOBRE SEMILLAS, UTILIZADO EN SABAH
SISTEMA DE REGISTRO DE SEMILLAS - SABAH
Fuente: Bowen 1980
Cuadro 1. Rodales semilleros del centro de investigación forestal
Superficie del
Edad del rodal
Especie Lugar rodal
(años)
(hectáreas)
1. Gmelina arborea Gum Gum 0,80 14,0
Kolapis 1,20 11,0
Umas-Umas 0,26 11,0
Apas Road Mile 9 0,20 12,0
Sandakan Rd. Mile 65 0,20 11,5
Sibuga 7U 0,20 19,5
2. Albizzia falcataria Sandakan Rd. Mile 65 1,00 15,0
Gum Gum 0,90 12,0
S.T.C. Mile 6 0,10 14,0
Umas-Umas 0,10 11,5
Apas Road Mile 9 1,00 15,0
3. Eucalyptus deglupta Gum Gum 5 K 0,19 11,5
Gum Gum 1,00 10,0
Kolapis 1Q 1,00 10,5
Kolapis 72 A 15,00 8,0
Cuadro 2. Resumen de formularios y uso
Formularí Nombre del No. de Emitido Observacion
Fase Dirigido a
o No. formulario copias por es
1 Antes de la 1 Petición de 2 Oficial de Jefe del El oficial de
. recolección recolección de semillas equipo de semillas
fruto recolección conserva
una copia
2 Después de la 2 Notificación de 3 Jefe del 1 Oficial de El jefe del
. recolección la recolección de equipo de . semillas (2 equipo de
fruto recolecció copias) recolección
n conserva
una copia
3 Etiquetas para las Jefe del 2 Planta de La etiqueta
sacos de necesari equipo de . extracción va dentro y
recolección as recolecció (2 copias fuera del
n por cada saco
saco lleno)
3 Limpieza y 4 Registro de 1 Planta de Uso interno Se utiliza
. secado extracción de extracción para
(Extracción) semilla completar el
formulario 2
2 Notificación de 1 Planta de Almacenista Se utiliza
la terminación extracción para
de la recolección empezar el
de fruto formulario 5
4 Almacenamien 5 Registro de 1 Almacenis Uso interno Se empieza
. to existencias y ta utilizando el
salidas de formulario 2
semilla
6 Etiquetas para las Almacenis Una por cada La etiqueta
recipientes de necesari ta recipiente va dentro y
semilla en as almacenado fuera del
almacenamiento recipiente
5 Toma de 7 Sobre/para 1 por Almacenis Laboratorio Se utiliza
. muestras traslado de muestra ta de ensayos para
muestras de completar el
semilla para formulario 9
ensayos de
germinación y
pureza
8 Formulario para 1 por Almacenis Laboratorio Se utiliza
traslado de muestra ta de ensayos para
muestra de completar el
semilla para formulario 9
análisis del
contenido de
humedad
6 Ensayo de 9 Hoja de registro 1 Laboratori Uso interno Se completa
. semillas de ensayo de o con los
muestras formularios 7
y8
10 Formulario para 1 por Laboratori Uso interno Se utiliza
ensayos de muestra o para
germinación y completar el
pureza y análisis formulario 11
de humedad
11 Resumen de 1 Laboratori Almacenista Se utiliza
resultados de los o para añadir
ensayos datos al
formulario 5
7 Semilla 12 Formulario de 4 Viverista Oficial de Los archivos
. enviada al petición/expedici semillas del vivero
vivero ón de semilla conservan
una copia
2 Oficial de Almacenista El oficial de
semillas (dos copias) semillas
conserva
una copia
1 Almacenis Viverista Se expide
ta con la
semilla. El
almacenista
conserva
una copia
para
completar el
formulario 5
13 Lista de 1 Oficial de Uso interno Se compila
comprobación semillas con los datos
de pedidos de del
semilla formulario 12
14 Registro de 2 Almacenis Viverista Se expide
germinación en ta con una
vivero copia del
formulario 12
8 Vivero 14 Registro de 2 Viverista Oficial de Se
. germinación en semillas cumplimenta
vivero y devuelve
una copia
una vez que
las plantas
han crecido
en el vivero.
El viverista
conserva
una copia
9 Envío de 15 Informe sobre 2 Oficial de Organizacion El oficial de
. semilla a ensayo de semillas es externas semillas
organizacione germinación final conserva
s externas una copia
Formulario de
Centro de Investigaciones Forestales, Sepilok
semillas 1
Número de
Sección de Semillas.
serie ............
Nota de petición de recolección de fruto
De: Oficial de semillas
A: Jefe del equipo de recolección
Se ruega que recolecten el fruto que se detalla a continuación
Firma ...........................................................................................
Fecha ..........................................................................................
1. Especie:
2. Fecha en que debe iniciarse la recolección:
3. Lugar:
4. Compartimiento No.:
5. Debe recolectarse
en ............................................................................................................................. ........
........................................ árbol(es)
6. Cantidad (número de sacos, peso del fruto, etc.)
7. Observaciones:
Instrucciones para su utilización:
Este formulario se cumplimenta a razón de dos copias por cada recolección:
la copia No. 1 la conserva el oficial de semillas,
la copia No. 2 la conserva el jefe del equipo de recolección.
Centro de Investigaciones Forestales, Sepilok Formulario de semillas 2
Sección de Semillas. Número de serie ............
(mismo número que en el formulario 1)
Notificación de envío del fruto recolectado
De: Jefe del equipo de recolección
A: 1) Oficial de semillas
2) Encargado de la extracción
El fruto que se detalla a continuación se le envió
en ............................................................................................................................. .......
sacos el
día............................................................................................................................. ........
............................................................................................
Firma ..........................................................................................
Fecha .........................................................................................
1. Especie:
2. Fecha(s) de recolección:
3. Lugar:
4. Compartimiento No.:
5. Número de árboles en que se recolectó:
6. Observaciones (dificultad de la recolección, número de días-hombre, retrasos
debidos a las condiciones climatológicas, etc.):
A cumplimentar por la planta de extracción de semillas
7. Fecha de recepción:
8. Número de sacos recibidos:
9. Peso del fruto recibido:
10. Semillas extraídas kg ...................... g ....................... (rendimiento por kg de
fruto) ...........................................................................................)
11. Método de extracción:
12. Fecha de envío al almacén de semillas:
Firma ..........................................................................................
Fecha .........................................................................................
A cumplimentar por el almacén de semillas
13. Fecha de recepción:
14. Peso de la semilla recibida:
15. Número de identidad oficial asignado:
16. Fecha en que se incluye en el registro de existencias de semilla:
Firma ..........................................................................................
Fecha .........................................................................................
Instrucciones para su utilización:
Se cumplimentan tres copias de este formulario por cada recolección:
la copia
la conserva el jefe del equipo de recolección.
No. 1
la copia
la conserva la planta de extracción.
No. 2
la copia una vez completada por la planta de extracción y el almacenista, se envía al
No. 3, oficial de semillas.
Formulario de semillas 3
Etiqueta para sacos de recolección
De:
Recolector ..............................................................................................................................
......................
Especie:
Lugar de la recolección:
Fecha de la recolección:
Saco No. .......................................... de ......................................... sacos
Número de serie de
recolección ..........................................................................................................................
(mismo número que en formularios 1 y 2)
Escríbase en el reverso la dirección del destinatario
Una esta parte al saco
1
Rellenar la cara de ambas etiquetas.
.
2
Separar las etiquetas.
.
3
Meter una etiqueta en el saco y atar la otra en la parte exterior del mismo.
.
Formulario de semillas 3 (reverso)
A: Planta de extracción De:
de semillas de Recolector .....................................................................
1) Sepilok* Especie:
2) Otras Lugar de la recolección:
Fecha de la recolección:
Saco
No. ............................... de ............................... sacos
Número de serie de
recolección .............................................
(mismo número que en los formularios 1 y 2)
Escribir en el reverso la dirección del destinatario
Cortar por aquí
* Tachar lo que Meter esta etiqueta dentro del saco.
proceda; si se trata de
otro destinatario,
escribir con claridad
su dirección.
Centro de Investigaciones Forestales, Sepilok Formulario de semillas 4
Sección de Semillas.
REGISTRO DE EXTRACCION DE SEMILLA
A ................... Mes: ........................... Año: ..................
No. Especi Orige Fecha Cantida Peso Peso de Rendimient Fecha Observacione
de e n de d de del la semilla o por peso de s
seri recepció fruto fruto procesad de fruto envío al
e n recibida recibid a g/kg almacé (Método de
(sacos) o kg n de secado,
kg semilla condiciones
climatológicas
, etc.)
Centro de Investigaciones Forestales, Sepilok Formulario de semillas 5
Sección de Semillas,
REGISTRO DE EXISTENCIAS Y SALIDAS DE SEMILLA
Especie: Cantidad Costo de la
No. de identidad oficial: pedida: ........................ kg semilla ........... ringgits
No. de serie (recolecciones (calculado a partir del
locales): Cantidad número de díashombre) en
recibida: ...................... kg recolección y extracción
Fecha de recepción:
No. de pedido (si se compra Expedidor: Costo del transporte,
en almacén): importación, etc.
........................ ringgits
Origen (completo): Total ........................ ringgits
Costo por kg
Condiciones de Procesamiento en almacén Reservas de calidad
almacenamiento ..... °C (en su caso): declaradas:
Recipiente:
ENSAYOS DE LABORATORIO
No. de
No. de semilla Semilla Contenid
No. de Purez Germinació semilla s s Factor de o de
ensay Fech a n s puras viables vacías conversió humedad Observacione
o a % % por kg por kg % n % s
ASIGNACIONES
No. de Enviado a
nota de (Nombre y Unidad Cantidad Resto en
Fecha petición dirección): (g o kg) expedida existencias Observaciones
Existencias
iniciales
Formulario de semillas 6
Centro de Investigaciones Forestales, Formulario de semillas 7
Sepilok
Muestra para ensayos de pureza y germinación: Sobre de transporte
De: Almacén de semillas A: Laboratorio de ensayos
Especie: ...........................................................................................................................
...........................................................................................
Número de identidad
oficial: ...............................................................................................................................
.........................................................
Muestra
No. .......................................................... de ............................................................,
que pesa .............................................................. g y
representa ............................................................. kg de semilla
en ................................................................... recipientes de almacenamiento.
Fecha de la toma de la muestra .........................................................
Muestra tomada por ...........................................................................
Este sobre debe archivarlo, una vez utilizado, el oficial de semillas.
Centro de Investigaciones Forestales, Sepilok Formulario de semillas 8
Sección de Semillas.
Muestra para análisis del contenido de humedad, formulario de
transporte
De: Almacén de semillas A: Laboratorio de ensayos
Especie: ................................................................................................................
Número de identidad oficial: ..................................................................................
Muestra
No. ........................................................... de ........................................................., que
pesa ................................................................ g y
representa ..................................................................... kg de semilla
en .............................................................. recipientes de almacenamiento.
Fecha de la toma de la muestra .........................................................................
Muestra tomada por .............................................................................................
Nota: 1) Este formulario debe colocarse, de manera que no pueda desprenderse, en
el recipiente hermético que contiene la muestra.
2) Al recibirlo, el oficial de semillas debe archivarlo con fines de registro.
Centro de Investigaciones Forestales, Sepilok Formulario de semillas 9
Sección de Semillas.
Hoja de registro de ensayos de muestras
Especie No. de Peso Fecha Muestra para: Fecha de Especificación
identidad No. de de la de 1) terminación del
oficial ensayo muestra llegada germinación/pureza del ensayo procedimiento
2) contenido de del ensayo
humedad, %
Willian, R.L. (s.f.). Guía para la manipulación de semillas forestales. Consultado el 5 de agosto de
2009, desde: http://www.fao.org/docrep/006/ad232s/ad232s01.htm