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Guia para la manipulacion de semillas forestales

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Guia para la manipulacion de semillas forestales
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11/24/2011
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Guía para la manipulación de semillas

forestales







con especial referencia a los trópicos







Compilado por

R. L. Willan

para el

Centro de Semillas Forestales de DANIDA









Capítulo 1 INTRODUCCION

Finalidad y contenido de la presente Guía

Durante el pasado decenio se ha incrementado afortunadamente el número de

publicaciones dedicadas a las semillas forestales. Algunas de ellas se referían a

determinados géneros importantes, como por ejemplo Eucalyptus (Boland y otros

1980), Acacia (Doran y otros 1983) o Prosopis (Ffolliot y Thames 1983). Otras se

ocupaban de una determinada operación, como por ejemplo la recolección de la

semilla (Yeatman y Nieman 1978, Mittak 1978, Robbins y otros 1981). Otras se

ocupaban de una manera más amplia de toda la gama de operaciones de

manipulación de semillas en un determinado país, como por ejemplo los Estados

Unidos (Schopmeyer 1974), Francia, (CEMAGREF 1982), el Reino Unido (Gordon y

Rowe 1982) o Colombia (Trujillo Navarrete). Las notas de clase preparadas para el

Curso FAO/DANIDA de Capacitación en Recogida y Manipulación de Semillas

Forestales (FAO 1975b) abarcan todos los aspectos de la recolección de semillas y

comprenden ejemplos de varias especies tropicales, y diversos autores que trabajan

en los trópicos han presentado valiosas ponencias a varias reuniones del Grupo de

Trabajo S2.01.06 de la Unión Internacional de Organizaciones de Investigación

Forestal (IUFRO) sobre problemas de las semillas, especialmente al Curso práctico

IUFRO/ISTA/INIF sobre problemas de las semillas tropicales que se celebró en

México en octubre de 1980 y al Simposio de la IUFRO sobre calidad de las semillas

de especies arbóreas forestales tropicales y subtropicales, celebrado en Bangkok en

mayo de 1984.

No obstante, seguía siendo necesaria una visión sistemática y actualizada de los

principios de la manipulación de semillas de árboles forestales y su aplicación a los

problemas específicos de las semillas forestales tropicales. La presente Guía es un

intento de llenar ese vacío. Está dirigida a ingenieros forestales, recolectores de

semillas, investigadores y proveedores, viveristas, horticultores y a todos los

interesados en la manipulación y utilización de semillas forestales, tanto aficionados

como profesionales.



Los manuales más completos sobre manipulación de semillas constan de una primera

parte en la que se describe el principio de la manipulación de semillas en general y

una segunda en la que se resumen las características específicas de cada especie y

los métodos de manipulación que se recomiendan para ella (véanse por ejemplo

Schopmeyer 1974, Gordon y Rowe 1982). La presente Guía se refiere únicamente a

los principios generales. El Centro de Semillas Forestales de DANIDA tiene previsto

complementarla publicando: a) una serie de folletos sobre semillas de distintas

especies, con información pormenorizada y prescripciones para ellas, y b) una serie

de notas técnicas, con descripciones de determinadas técnicas y componentes del

equipo de manipulación de semillas. Cabe aducir que, si se dispone de una guía

práctica clara, no hay apenas necesidad de describir los principios. Sin embargo, para

el manipulador de semillas curiosos e inquisitivo son evidentes las ventajas de saber

no solamente qué debe hacer, sino también el por qué, de seguir una explicación

racional en vez de un rígido “recetario”. Por otra parte, en el caso de muchas especies

tropicales siguen faltando los conocimientos necesarios para formular unas

prescripciones de manipulación normalizadas; en esos casos, es posible que el

manipulador de semillas tenga que efectuar su propia investigación para determinar

cuáles son los mejores métodos en las condiciones locales, y se beneficiará del

acceso a una bibliografía en la que podrá encontrar una amplia gama de experiencias

con otras especies. Se espera por consiguiente que esta Guía proporcione un marco

útil para una información más específica sobre especies y técnicas determinadas.

Aunque siempre que ha sido posible se han utilizado ejemplos referidos a especies

tropicales, cuando no se disponía de experiencia específica de las zonas tropicales se

ha citado también la experiencia de zonas templadas.



Tras el presente capítulo (Capítulo 1) figura en esta Guía una visión simplificada y

concisa de la biología de la semilla (Capítulo 2). Los capítulos siguientes describen la

planificación y realización de la recolección de semillas (Capítulos 3 y 4), la

manipulación de las semillas entre la recolección y el procesamiento (Capítulo 5), el

procesamiento de las semillas (Capítulo 6), el almacenamiento (Capítulo 7), el

tratamiento previo (Capítulo 8) y el ensayo (Capítulo 9). Los apéndices comprenden

ejemplos de documentación de semillas y diseño de instalaciones para el

almacenamiento de largo plazo, una bibliografía y ejemplos de la logística y el equipo

que intervienen en la recolección de semillas. Como Apéndice 7 figura un glosario que

puede resultar de utilidad, especialmente para entender los términos botánicos que se

emplean en el Capítulo 2.

La Guía se ha compilado a partir de un estudio de la literatura sobre temas forestales

y se ha apoyado considerablemente en la experiencia que se recoge en las

referencias citadas en la página 1, y también en publicaciones anteriores como las de

Baldwin (1955), Holmes y Buszewicz (1958) y Morandini y Magini (1962). Se hace

poca referencia a la citología y bioquímica básicas de las semillas; los conocimientos

actuales se basan principalmente en investigaciones efectuadas sobre semillas

agrícolas, y siguen siendo incompletos. Los lectores que deseen obtener más

información en los estudios fundamentales dedicados a estos aspectos deben acudir

a textos como los de Kozlowski (1972), Roberts (1972), Heydecker (1973), Mayer-

Poljakoff-Mayber (1975) y Bewley y Black (1983). Entre las publicaciones periódicas

que recogen información nueva figuran “Seed Science and Technology” (la revista de

la ISTA), “Advances in Research and Technology of Seeds” (Wageningen, Países

Bajos), “Seed Abstracts” (Commonwealth Agricultural Bureaux, Reino Unido) y

“Journal of Seed Technology” (la revista de AOSA).



La importancia de las semillas en la silvicultura actual

En muchos países del mundo aumenta cada año el número de árboles que se

plantan. En un estudio reciente (Lanly 1982) se ha estimado que la superficie de

plantaciones forestales en los países tropicales pasará de 11,5 millones de hectáreas

en 1980 a 17,0 millones en 1985, lo que supone un incremento del 48 por ciento en

cinco años. De los 11,5 millones de hectáreas a finales de 1980, el 40 por ciento se

había plantado en los cinco años anteriores. Se espera que la tasa media anual de

plantación pase de 0,92 millones de hectáreas en el período 1976–1980 a 1,10

millones en el período 1981–1985, lo que supondría un incremento del 20 por ciento.

En muchos países templados están también en curso amplios programas de

plantación. Además de las nuevas plantaciones, cada año debe llevarse a cabo, a una

escala considerable, la replantación de plantaciones cosechadas de especies que no

forman monte bajo.



Por grandes que puedan parecer esas superficies, equivalen a sólo una décima parte

aproximadamente de la superficie de bosque natural que se destruye en los trópicos

en ese mismo período. No hay duda de que a partir de 1985 será preciso incrementar

aún más las tasas de plantación.



Las plantaciones forestales son un poderoso instrumento del que disponen los

ingenieros forestales en sus permanentes esfuerzos por elevar la productividad por

unidad de superficie -la única manera de conciliar la creciente demanda de productos

y servicios forestales, por un lado, con el descenso de la superficie de tierra dedicada

a la silvicultura por otro. La combinación de una preparación intensiva del terreno con

la utilización de material de vivero uniforme y bien desarrollado, plantado con un

espaciamiento uniforme, incrementa el crecimiento y el rendimiento, reduce la

duración de la rotación, facilita los cuidados y la cosecha y mejora la calidad y

uniformidad de la madera en comparación con el bosque natural. Las plantaciones

ofrecen también la posibilidad de utilizar a gran escala el material genéticamente

mejorado que obtienen los fitogenetistas. Aunque no se trata de sustituir

indiscriminadamente todo el bosque natural por plantaciones, la utilización sensata de

éstas puede reducir por sí misma, al ofrecer otra posible fuente de productos

forestales, la presión que se ejerce sobre el bosque natural que aún existe y de esa

manera contribuir a conservarlo como hábitat y fuente de diversidad genética.



Las plantaciones no sólo desempeñan un importante papel como productoras de

madera para construcción y para pulpa y paneles a base de madera para las

industrias forestales; también en muchos países son importantes localmente las

plantaciones para obtener leña y postes y los bosques de granja. La plantación de

árboles no se limita a las plantaciones en bloque. La plantación de cortinas

cortavientos y la plantación dispersa para estabilizar el suelo, mejorar el hábitat,

construir lugares de ocio urbanos y rurales o como parte de un sistema agrosilvícola

son otros tantos tipos de plantación que redundan en beneficio del medio ambiente

del ser humano. Con esa variedad de fines, no es de extrañar que en muchos países

sigan creciendo la escala de la plantación de árboles y la diversidad de especies

plantadas. El actual interés por la agrosilvicultura, muy superior al del pasado, ofrece

la posibilidad de ensayar toda una nueva serie de especies. La característica esencial

será la capacidad para crecer en relación simbiótica con cultivos agrícolas, y en ello

intervendrán criterios como el hábito radical, la capacidad de fijar el nitrógeno y usos

de fines múltiples (alimento, madera o cobijo). La escasa estatura puede ser una

ventaja, y los arbustos pueden llegar a ser tan importantes como los árboles. Esta

nueva situación comportará, en el ámbito de la recolección y manipulación de

semillas, nuevas oportunidades y nuevos problemas.



Con algunas excepciones, especialmente entre los álamos y sauces y en algunas

especies tropicales de Casuarina, los árboles se propagan mediante semillas, y la

idoneidad y calidad de éstas influyen de manera muy considerable en el éxito de las

plantaciones que se efectúan a partir de ellas. Está ampliamente aceptado que la

utilización de semillas viables procedentes de rodales de gran calidad intrínseca es la

mejor manera de garantizar unas plantaciones de crecimiento rápido y sanas,

capaces de rendir madera de gran calidad (Aldhous 1972). La calidad de la semilla

comprende tanto la calidad genética como la calidad fisiológica. La presente Guía se

refiere a la calidad fisiológica. A la calidad genética se hacen sólo breves referencias,

por ejemplo, en el Capítulo 3 al tratar de la planificación de la recolección de las

semillas, y para un análisis completo de la cuestión el lector puede acudir a estudios

pormenorizados sobre mejora genética de árboles como los de Wright (1976),

Faulkner (1975), Burley y Wood (1976), FAO (1974, 1980), Nienstaedt y Snyder

(1974), Rudolf y otros (1974), Barber (1969), van Buijtenen y otros (1971) y Zobel y

Talbert (1984).

1.1 Superficies totales estimadas de plantaciones forestales 1.2 Tasas anuales de plantación estimadas (plantaciones

en el Africa tropical (37 países), la América tropical (23 forestales industriales y no industriales). Tendencias

países) y el Asia tropical (16 países), 1975–1985. (Fuente: recientes en tres importantes zonas de plantación tropicales:

Lanly 1982) el Brasil, la India y el Africa tropical. (Fuente: Lanly 1981 a,

1981 b, 1981 c)

1.3 Efecto de la elección de especies sobre la

cantidad de semillas necesaria por unidad de

superficie. La superficie total del cuadrado

correspondiente a cada especie es proporcional al

peso de la semilla necesaria en g/ha; esta cifra

aparece a continuación del nombre de la especie.

Excepto en el único ejemplo de siembra aérea de E.

delegatensis, el método de establecimiento es

plantación de material desarrollado en viveros.





Hay que hacer hincapié en que la expresión “buena semilla” comporta tanto una

semilla muy viable y vigorosa como una semilla genéticamente idónea para el lugar en

que se planta y los fines con que se planta. Puede ocurrir que una semilla

fisiológicamente buena tenga por resultado el establecimiento satisfactorio de una

plantación, pero que ésta sea de escaso vigor debido a que crece con lentitud, no se

adapta bien al lugar o no produce el tipo de madera adecuado porque no se eligió

correctamente la procedencia o genotipo. Por otra parte, no tiene mucho sentido

producir semilla genéticamente mejorada, a un costo superior, si esa semilla luego

muere debido a unas técnicas de manipulación deficientes y ha de ser sustituida o

suplementada por semilla de inferior calidad para conseguir los objetivos de

plantación. La manipulación correcta de las semillas es un complemento esencial de

la mejora genética.



Además de la calidad, la cantidad es importante en la producción de semillas. En los

rodales naturales, la variación en la cantidad de semilla producida afecta a la decisión

del ingeniero forestal respecto a los años en los que se ha de recolectar semilla y los

árboles en los que ha de recolectarse, tal como se describe en el Capítulo 3. Una

gestión más intensiva le ofrece la oportunidad de estimular una producción de

semillas abundante en tipos genéticamente superiores mediante un tratamiento

deliberado, por ejemplo aclareo de rodales semilleros o una combinación de

espaciamiento inicial, riego, abono y aclareo en huertos semilleros, pero los

programas de suministro de semillas deben comprender medidas encaminadas a

mejorar cuantitativamente la producción, no sólo a mejorar la calidad genética de las

semillas y la eficiencia de la recolección y manipulación.



Aunque abunda la información publicada sobre manipulación de semillas en las zonas

templadas, la bibliografía sobre la experiencia tropical en materia de semillas

forestales es incompleta y se encuentra dispersa. Al recapitular los principios de la

manipulación de semillas derivados de la experiencia en zonas templadas, la presente

Guía trata de ilustrar esos principios, en la medida de lo posible, con ejemplos

relativos a especies tropicales. Al mismo tiempo, hay que subrayar que la variación

biológica de las semillas es grande, y es posible que algunas técnicas que se

practican habitualmente con buenos resultados en las zonas templadas, como por

ejemplo la estratificación o el enfriamiento previo, no resulten de utilidad alguna en los

trópicos. Es peligroso extrapolar la experiencia de las zonas templadas a las especies

tropicales, la experiencia de los trópicos secos a las especies del bosque higrofítico o

la experiencia de la agricultura tropical a las semillas de árboles forestales tropicales

sin efectuar los ensayos correspondientes en cada caso.



En el último decenio se han publicado valiosas listas de equipo y proveedores. La

publicada por la ISTA (1982) comprende equipo utilizado en el ensayo de semillas.

Otra lista anterior compilada por Bonner (1977) comprende todas las operaciones que

van desde la recolección hasta el ensayo de las semillas, y figura en él nombres de

usuarios y proveedores de equipo. Tanto el equipo como las técnicas deben

adaptarse a las especies y condiciones locales. Por ejemplo, las semillas de cubierta

dura y gran longevidad natural que se producen regularmente todos los años no

precisan para su almacenamiento más que una habitación bien ventilada y dotada de

protección contra plagas y enfermedades. Un refrigerador o “congelador” doméstico

puede bastar perfectamente para el almacenamiento de largo plazo cuando cada año

se van a utilizar solamente pequeñas cantidades. En algunos países puede ser

esencial contar con grandes dependencias y equipo mecanizado, pero no se debe

incurrir en fuertes gastos al respecto sin haber efectuado antes una evaluación

completa de las posibles opciones.



La cadena de operaciones de manipulación de las semillas no es más fuerte que su

eslabón más débil. Por consiguiente, para mantener la viabilidad de la semilla en todo

el proceso, desde el árbol padre hasta el semillero del vivero, es preciso prestar gran

atención a todas las fases. Cuando una semilla pierde su viabilidad en una de las

fases iniciales del proceso, ni los mejores métodos de almacenamiento o tratamiento

previo lograrán resucitarla. Una extracción y una limpieza perfectas de semilla son

una pérdida de dinero si ésta muere después debido a unas condiciones de

almacenamiento incorrectas o a una manipulación descuidada en el tránsito. Los

mayores riesgos para la semilla se producen durante el almacenamiento temporal que

sigue inmediatamente a la recolección, durante el transporte a la instalación de

procesamiento y una vez más durante el transporte del almacén de semillas al vivero.

Es en estos períodos en los que no se dispone de equipo complejo y todo depende

del sentido común y de una atención meticulosa para garantizar una buena ventilación

y evitar las temperaturas extremas.



“El intercambio internacional de semillas de árboles es una oportunidad de compartir

la riqueza forestal del mundo” (Baldwin 1955). El éxito generalizado de especies

como Pseudotsuga menziesii, Pinus radiata, Eucalyptus globulus y Tectona grandis es

una convincente demostración de las ventajas que muchos países pueden obtener de

la introducción de especies exóticas. En la actualidad muchos países practican la

cooperación internacional en materia de obtención de semillas, cooperación que viene

siendo apoyada desde hace mucho tiempo por organizaciones internacionales como

la FAO y la IUFRO. Y debe incrementarse. Al mismo tiempo, la circulación entre

países plantea sin duda algunos problemas adicionales desde el punto de vista del

mantenimiento de la viabilidad y la identidad de las semillas. Deben observarse las

normas fitosanitarias, comprendidas las relativas a inspección y tratamiento, a fin de

reducir al mínimo el riesgo de importar enfermedades nuevas y peligrosas. No

obstante, debe hacerse todo lo posible para eliminar todos los retrasos innecesarios

en el tránsito, incluidos los que imponen las aduanas, las autoridades fitosanitarias y

las líneas aéreas, así como para evitar los tratamientos mediante fumigación

excesivos o duplicados, que matan las semillas. Tanto el expedidor como el receptor

deben conocer perfectamente toda la normativa vigente en ese momento en el país

exportador y en el país importador, y han de planificar la expedición de semillas con

tiempo suficiente para asegurar el tránsito fluido y sin obstáculos del envío.



Salvo en algunas especies muy conocidas, como Tectona grandis, la investigación

sobre semillas forestales tropicales ha sido insuficiente si atendemos tanto a la

gravedad de los problemas como al gran número de especies que tienen un valor

potencial para las plantaciones. Es aún mucho lo que queda por aprender. Un primer

paso para ello es conocer bien la biología de la reproducción natural de cada especie.

En el caso de las especies de los trópicos secos que sobreviven naturalmente debido

a la latencia de la cubierta seminal, el almacenamiento no debe presentar grandes

problemas, y un programa de investigación modesto debe indicar el tratamiento previo

más adecuado para romper esa latencia e inducir una germinación uniforme en el

vivero. Mucho más difícil de resolver es el problema de conservar la viabilidad de las

semillas recalcitrantes de especies del bosque higrofítico tropical, especialmente de

las que no son capaces de sobrevivir a temperaturas inferiores a unos 10° C. Se han

sugerido diversas posibilidades (King y Roberts 1979), pero hasta el momento es

poco lo que se ha avanzado hacia un método práctico de almacenamiento que fuera

aplicable en proyectos de forestación en gran escala. Se precisa mucha más

investigación para resolver este problema. Hasta que se encuentre una solución, las

dipterocarpáceas y otras especies recalcitrantes de los bosques higrofíticos tropicales

seguirán como en el pasado sin servir para iniciar una silvicultura de plantaciones

extensas.









Capítulo 2 DESARROLLO DE LA SEMILLA Y EL FRUTO,

GERMINACION Y LATENCIA

Introducción

Para manipular correctamente las semillas es esencial tener algunos conocimientos

sobre su biología. La utilización de semillas con fines de regeneración artifical

posibilita un considerable grado de control sobre las condiciones en que se

recolectan, procesan, almacenan y tratan, pero las características intrínsecas de la

semilla son producto de miles de años de adaptación a la regeneración natural bajo

condiciones locales. El conocimiento de la fenología de la floración permite al

recolector determinar cuáles son el momento y los métodos más adecuados para

recolectar la semilla de una determinada especie, al mismo tiempo que conocer la

manera en que las semillas se desarrollan en la naturaleza redundará en beneficio de

su manipulación, almacenamiento y tratamiento previo.



En el presente capítulo se ofrece una visión muy breve y simplificada de la biología de

las semillas en las angiospermas y las gimnospermas, aunque los detalles del

desarrollo de las semillas varían mucho entre los diferentes géneros. El lector que

desee obtener una información más completa debe acudir a textos clásicos sobre

biología de las semillas como los de Corner (1976), Bhatnagar y Johri (1972), Singh y

Johri (1972), Puritch (1972), Allen y Owens (1972) y Boland y otros (1980). Existen

pocas descripciones pormenorizadas del desarrollo de las semillas en los árboles

forestales tropicales.



Polinización y fecundación

Una semilla es una unidad reproductiva que se desarrolla a partir de un óvulo, por lo

general una vez fecundado éste. Tienen óvulos tanto las angiospermas (las auténticas

plantas con flores) como las gimnospermas (que comprenden las coníferas). En las

angiospermas los óvulos están totalmente encerrados dentro del ovario, mientras que

en las gimnospermas los óvulos son “desnudos”, y típicamente aparecen en pares en

la superficie superior y cerca de la base de cada escama de los conos femeninos.

Como las escamas del cono están siempre firmemente cerradas salvo en el momento

de la polinización y, después, cuando caen las semillas, la “desnudez” es sólo relativa.



El desarrollo de la semilla se inicia con la fecundación, la unión de un núcleo

masculino haploide procedente del grano de polen con un núcleo femenino haploide

dentro del óvulo para formar un nuevo organismo, que es diploide. La fecundación ha

de estar precedida por la polinización, la llegada de un grano de polen al estigma de la

flor femenina en las angiospermas o cerca del micrópilo del óvulo en las

gimnospermas. Es importante distinguir estos dos procesos de polinización y

fecundación. (Fritsch y Salisbury 1947). En la mayoría de las angiospermas el

alargamiento del tubo polínico es rápido, y entre la polinización y la fecundación

transcurren sólo unos días, o incluso unas horas. En algunas angiospermas (por

ejemplo Liquidambar, algunas especies de Quercus) y muchas gimnospermas (por

ejemplo Pseudotsuga, Larix, Picea) transcurren varias semanas o meses, mientras

que en otras especies de Quercus y en muchas dePinus el intervalo es de entre un

año y 14 meses (Krugman y otros 1974, Kozlowski 1971).



Desarrollo de la semilla en las angiospermas

En el momento de la fecundación el óvulo de una angiosperma típica consta de una o

dos cubiertas protectoras -los integumentos- y un tejido central -la nucela. Es

frecuente que los integumentos y la nucela estén claramente diferenciados sólo en la

región del micrópilo -el minúsculo poro situado en los integumentos a través del cual,

en muchas especies, entra en la nucela el tubo polínico. El óvulo está unido a la pared

del ovario por un filamento, el funículo.



La meiosis de una célula madre dentro de la nucela, seguida de varias divisiones

celulares mitóticas, lleva a la formación del saco embrional, una estructura haploide

de ocho núcleos y siete células que ocupa el espacio central dentro de la nucela

(Chuntanaparb 1975). Cuando el tubo polínico llega al saco embrional libera dos

gametos masculinos. Uno de éstos se une con uno de los núcleos del saco embrional

-la célula huevo- para formar un zigoto que después se convierte en la planta

embrionaria diploide. El segundo gameto masculino se une con otros dos núcleos

femeninos -los núcleos polarespara formar una célula triploide que después se

convierte en el endosperma, tejido que actúa como reserva nutricia para el embrión en

crecimiento. Los otros cinco núcleos del saco embrional (dos sinérgidas y tres células

antipodales) no desempeñan después función alguna en el desarrollo de la semilla.

Para que se desarrolle una semilla viable es necesario que se produzca

satisfactoriamente tanto la fecundación de la célula huevo como la triple fusión con los

núcleos polares.









2.1 Sección longitudinal de un pistilo típico justo antes de la fecundación. (Servicio Forestal, Dpto.

Agric. EE.UU.)

2.2 Secciones longitudinales de semillas maduras de: A) Paulownia

tomentosa, con un endosperma evidente. B) Tectona grandis, donde el

endosperma ha desaparecido y los cotiledones ocupan casi toda la cavidad

de la semilla. (Servicio Forestal, Dpto. Agric. EE.UU.)





2.3 Ejemplos de diferentes tipos de frutos:









A) Sección transversal de una cápsula de Eucalyptus

B) Vaina abierta con semillas de Acacia aneura.

preissiana, con lóculos, eje, placenta y óvulos.

(FAO/División de Investigaciones Forestales, CSIRO,

(División de Investigaciones Forestales, CSIRO,

Australia)

Australia)

C) Sámara de Triplochiton scleroxylon. D) Nuez (bellota) de Quercus rubra.

(Instituto de Investigaciones Forestales de Nigeria) (Servicio Forestal, Dpto. Agric. EE.UU.)









E) Drupa de Tectona grandis. (S.K. Kamra) F) Cono de Pinus oocarpa. (A.M.J. Robbins)





En el desarrollo del óvulo fecundado hasta convertirse en la semilla madura

intervienen varias partes distintas. Desde el exterior hacia el interior, son las

siguientes:



1. Los integumentos del óvulo se convierten en la cubierta de la semilla madura.

Esta cubierta consiste a veces en dos revestimientos distintos, una cubierta

externa, típicamente firme, que es la testa, y otra interna, por lo general

delgada y membranosa, que es el tegmen. La testa protege al contenido de la

semilla de la desecación, los daños mecánicos o los ataques de hongos,

bacterias e insectos, hasta que se abre en la germinación (Krugman y otros

1974). No obstante, entre las angiospermas la cubierta seminal presenta una

gran variación.

2. En algunos géneros puede persistir la nucela en forma de una capa delgada -el

perisperma- que está situada en la parte interna de la cubierta y que suministra

reservas nutritivas al embrión. En la mayoría de las angiospermas, en cambio,

desaparece pronto, y su función pasa a desempeñarla el endosperma.

3. El endosperma suele crecer con más rapidez que el embrión durante el

período que sigue inmediatamente a la fecundación. Acumula reservas de

alimentos y en su máximo desarrollo es rico en carbohidratos, grasas,

proteínas y hormonas del crecimiento (Kozlowski 1971). En algunas especies

el endosperma sigue siendo evidente y continúa ocupando más sitio en la

semilla que el embrión, aun en las semillas maduras. En otras especies,

como Tectona, el embrión va absorbiendo las reservas nutricias del

endosperma durante sus últimas fases de desarrollo, hasta que el endosperma

desaparece cuando la semilla está madura.

4. El embrión ocupa la parte central de la semilla. Su grado de desarrollo cuando

la semilla está madura varía considerablemente según la especie. En los

embriones de algunas especies se pueden distinguir todas las partes de la

planta rudimentaria -la radícula, que en la germinación dará lugar a la raíz

primaria; las hojas de la semilla o cotiledones; la plúmula, de la que surgirá el

tallo primario, y el hipocótilo, que conecta los cotiledones con la radícula.

Cuando el embrión absorbe todas las reservas nutricias del endosperma, los

cotiledones gruesos y carnosos suelen convertirse en los principales órganos

de almacenamiento de alimento y ocupar casi toda la cavidad seminal.



Aunque la función de almacenamiento en el embrión suele estar desempeñada por los

cotiledones, en Anisophyllea, Barringtonia, y Garcinia se ocupa por entero de esa

tarea el hinchado hipocótilo que llena la cavidad seminal; en esos casos los

cotiledones han desaparecido o tienen un carácter residual (Ng 1978). Así ocurre

también en Lecythis y Bertholletia (Lubbock 1982), y de ahí que el contenido

comestible de la castaña de Pará o nuez del Brasil (Bertholletia excelsa) no sea el

endosperma ni los cotiledones, sino el hipocótilo.



En algunas especies, como por ejemplo Fraxinus excelsior, el embrión sigue siendo

pequeño y poco desarrollado cuando la semilla está ya lista para su dispersión, y se

precisa otro período en condiciones ambientales adecuadas para que madure el

embrión una vez caídas las semillas y antes de que éstas sean capaces de germinar.



En su forma más compleja, la semilla madura puede estar integrada por tejido diploide

procedente del árbol padre (la cubierta seminal, incluidos la testa y el tegmen, y el

perisperma), tejido triploide en el endosperma y tejido diploide de la nueva

combinación genética en la descendencia del embrión. Pero pueden faltar tanto el

perisperma (casi siempre) como el endosperma (con frecuencia). Los componentes

esenciales de todas las semillas son el embrión, el revestimiento protector que es la

cubierta seminal y una reserva de sustancias nutricias que pueden estar almacenadas

en los cotiledones, el hipocótilo, el endosperma o el perisperma.



En ocasiones puede desarrollarse más de un embrión en una sola semilla,

poliembrionía que se ha notificado respecto de varios géneros (Kozlowski 1971). No

obstante, es la excepción.



Desarrollo del fruto en las angiospermas

El desarrollo de la semilla fecundada está normalmente acompañado por el desarrollo

del fruto. En el caso más sencillo se engrosa la pared del ovario para formar el

pericarpo. Este puede ser:



a. Dehiscente, que se abre cuando está maduro para soltar las semillas

encerradas en su interior; como ejemplos cabe citar la cápsula (por

ejemplo, Eucalyptus), fruto multilocular que se deriva de un ovario sincárpico, y

la vaina de las leguminosas (por ejemplo, Cassia), que se deriva de un único

carpelo y se abre a lo largo de dos suturas. En el momento de la dehiscencia,

el pericarpo puede ser seco, semicarnoso o carnoso. En los trópicos húmedos

son frecuentes las cápsulas de semicarnosas a carnosas (por

ejemplo, Baccaurea, Durio,Dysoxylum, Myristica), que suelen estar asociadas

con el desarrollo de una pulpa (arilo o sarcotesta) de diversos colores, y de

gusto agradable o maloliente, en torno a la semilla.

b. Indehiscente o seco, muy fundido con la semilla; son ejemplos el aquenio, que

es un fruto menospermo pequeño y duro con el pericarpo membranoso,

la sámara, que se parece al aquenio pero cuyo pericarpo se extiende en forma

de ala (por ejemplo, Triplochiton), y la nuez, fruto monospermo bastante

grande que tiene el pericarpo leñoso o correoso (por

ejemplo,Shorea, Quercus).

c. Indehiscente y carnoso, con frecuencia de color, olor y sabor destacados para

atraer a aves y animales frutívoros. Cabe distinguir dos tipos. La baya tiene

una piel externa y una masa carnosa interna, con semillas de cubierta

endurecida (por ejemplo, Diospyros, Pouteria). La drupa tiene la capa interna

del pericarpo endurecida para proteger las semillas (por

ejemplo,Prunus, Gmelina, Azadirachta, Mangifera); la cubierta seminal de las

drupas, al no tener una función protectora, suele ser cartácea o membranosa.

En una drupa típica, las diferentes capas del pericarpo se conocen como

exocarpo (la piel), mesocarpo (la carne) y endocarpo (el hueso). Este puede

ser de consistencia pétrea como en Gmelina o correosa como enMangifera.



En algunas especies, otras partes de la flor además de la pared del ovario intervienen

en la formación del fruto. Un ejemplo es el pomo, en las manzanas y peras, donde el

receptáculo carnoso y ampliado forma la mayor parte del fruto, mientras que el

pericarpo forma el corazón. Unas brácteas fusionadas que surgen por debajo de la flor

pueden constituir otro recubrimiento protector parcial o entero -el involucro. Este

puede ser cartáceo, como en Tectona, o más grueso y correoso como en el

“cascabillo” de la bellota de Quercus. Algunos frutos se forman por coalescencia de

una inflorescencia entera, por ejemplo

en Morus, Chlorophora, Anthocephalus o Artocarpus.



En el extremo opuesto, en varios géneros de la Sterculiaceae (por

ejemplo, Fimiana, Pterocymbium y Scaphium), la formación del fruto difiere por

completo del modo que es normal en las angiospermas. Poco después de la

fecundación, el carpelo (folículo) se abre por un lado y se convierte en una gran ala

membranosa, parecida a una escama o con forma de barco; el óvulo fecundado se

desarrolla en una posición desnuda en la base del carpelo abierto o cerca de ella, a la

manera de las gimnospermas. Deben de ser los más primitivos de todos los frutos de

angiospermas (Corner 1976). En la madurez las semillas se dispersan, unidas a sus

carpelos que ahora actúan como alas.



El intervalo que transcurre entre la floración y la maduración de las semillas y los

frutos varía considerablemente en función de la especie, incluso dentro del mismo

género. En Eucalyptusoscila entre un mes en E. brachyandra y 10–16 meses en E.

diversicolor (Boland y otros 1980). En la mayoría de las dipterocarpáceas malasias,

oscila entre dos y cinco meses (Tamari 1976). En Tectona grandis se necesitan 50

días desde la floración para que los frutos verdes adquieran su pleno tamaño, pero

entre 120 y 200 días para que maduren por completo (Hedegart 1975). En un estudio

sobre esquejes de raíz de Gmelina arborea plantados en macetas en Nigeria, las

distintas flores necesitaron 11 días para pasar desde la yema floral hasta su apertura,

y 45 días desde la yema floral hasta los frutos maduros (Okoro 1978). En Pterocarpus

angolensis el intervalo entre la floración y la maduración del fruto es de ocho meses

(Boaler 1966). El intervalo más corto que se ha registrado entre la floración y la

maduración de las semillas en una especie forestal tropical es al parecer de tres

semanas, en Pterocymbium javanicum (Ng y Loh 1974). En contraste, algunas

especies de Quercus de la zona templada tardan unos 18 meses a partir de la

floración en producir semillas maduras.



En la mayoría de las especies la formación del fruto debe estar precedida por la

fecundación de uno o más óvulos. En algunas especies, en cambio, los frutos se

producen y maduran sin desarrollo de la semilla y sin fecundación del huevo. Frutos

de este tipo, llamados partenocárpicos, aparecen en varios géneros de árboles

forestales, como Acer, Ulmus, Fraxinus, Betula,Diospyros, y Liriodendron (Kozlowski

1971). Los frutos maduros no indican necesariamente semillas maduras, y aún menos

cabe predecir el número de semillas viables a partir del número de frutos.

En Tectona el número de semillas viables por fruto puede variar entre cero y cuatro

(Kamra 1973), y en otros géneros pueden darse variaciones aún mayores.



Dispersión de la semilla en las angiospermas

Existe por tanto una enorme variedad entre los frutos de las angiospermas. Gran parte

de esa variedad se debe a la necesidad de que las semillas se dispersen. Las

plántulas jóvenes suelen tener dificultades para sobrevivir y crecer debajo del árbol

padre, debido a la falta de luz y a la intensa competencia radical. La dispersión por

una zona extensa puede hacer que algunas semillas encuentren las condiciones

adecuadas para su germinación y supervivencia, aun cuando la gran mayoría de ellas

perezca debido a los efectos de unas condiciones locales duras, competencia o

destrucción por animales o enfermedad.



La dispersión por el viento se ve facilitada cuando las semillas son muy ligeras y

pequeñas, como ocurre por ejemplo en Eucalyptus, o cuando la cubierta seminal

(Salix, Ceiba, Dyera) o el pericarpo

(Triplochiton, Pterocarpus, Koompassia, Casuarina, Fraxinus) poseen alas o pelos

que sirven para prolongar el vuelo. Los frutos pueden contar también con alas

derivadas del engrandecimiento de sépalos persistentes (en la mayoría de las

dipterocarpáceas) o pétalos persistentes (por ejemplo Gluta, Swintonia) (Krugman y

otros 1974, Ng 1981).



La distancia a la que el viento dispersa las semillas o los frutos depende no sólo del

peso y tipo de éstos, sino también de las condiciones locales en materia de viento y

de la orientación y el aislamiento de los árboles padres. Estudios efectuados sobre los

frutos alados de Shorea contorta en Filipinas indicaron que el 90 por ciento de los

frutos se alejaban un máximo de 20 m del tronco del árbol padre (Tamari y Jacalne

1984), mientras que en un resumen de otros estudios sobre dipterocarpáceas

compilado por estos mismos autores se señala que la mayoría de los frutos caía al

suelo dentro de un radio de 30 m o, como máximo, 40 m. Esto contrasta por un lado

con la distancia de dispersión de 2–3 m respecto del perímetro de la copa en semillas

pesadas y sin alas como las de Quercus crispula en el Japón, y por otro con la de más

de 60–90 m en el 5 por ciento de las semillas ligeras y aladas de Betula ermannii, en

la dirección del viento y desde una franja de árboles padres que se dejó en pie en una

zona talada (Konda 1969 y Nakano y otros 1968, citado en Tamari y Jacalne 1984).



Los frutos carnosos y comestibles y las semillas ariladas, por otra parte, facilitan la

dispersión por aves o mamíferos. Cuando los animales comen esos frutos o semillas,

estas últimas, protegidas por la dureza de la cubierta o endocarpio, suelen pasar

intactas por el tracto digestivo y se depositan con las heces a una distancia

considerable del lugar donde se consumieron. En muchos casos los jugos digestivos

ayudan incluso a la germinación ulterior al ablandar la dura cubierta de la semilla. En

Africa, el cálao es sumamente eficiente como agente de dispersión de las semillas

de Maesopsis eminii. A veces el proceso es tan eficaz que llega a causar problemas.

En algunos países, las cabras que pastan en libertad comen las vainas de Prosopis y

dispersan indiscriminadamente las semillas por grandes zonas; la excelente

germinación y el carácter agresivamente colonizador de las plántulas pueden hacer

después que este género se convierta en una peligrosa maleza arbórea. El problema

puede resolverse encorralando a las cabras y recolectando las semillas que se van a

utilizar mediante una organización estrictamente controlada. En otros casos se come

el fruto y se desechan los huesos o semillas, pero el animal puede alejar el fruto del

árbol padre antes de echar al suelo las semillas. Los roedores sacan y almacenan las

nueces o semillas; después se comen muchas, pero algunas pueden escapar a su

atención y germinar en la nueva situación.



El viento y los animales son los principales agentes de dispersión, pero en algunas

especies ribereñas es habitual también la dispersión por el agua, y en algunos casos

los frutos grandes y pesados se distribuyen también por la acción de la gravedad en

pendientes muy pronunciadas (Krugman y otros 1974).



Desarrollo de la semilla en las gimnospermas

Los óvulos de las gimnospermas poseen algunas características en común con los de

las angiospermas, pero presentan también algunas diferencias. Existe por lo general

un único integumento protector, que en un cono femenino típico está parcialmente

fundido con la escama ovulífera que porta los óvulos emparejados. Dentro del

integumento está la nucela, que en la fecundación, como en las angispermas, se

separa claramente del integumento sólo en la región del micrópilo (Fritsch y Salisbury

1947). La meiosis que se produce en la nucela, seguida de divisiones celulares

mitóticas, lleva la formación de un tejido haploide multicelular -el gemetófito femenino.

En el momento de la fecundación se ha desarrollado mucho más que el saco

embrional de ocho núcleos de las angiospermas y ha desplazado en gran parte a la

nucela. En su extremo micropilar está diferenciado en un número variable de

arquegonios, cada uno de los cuales contiene una gran célula huevo (Chuntanaparb

1975).



En la fecundación, el tubo polínico deposita dos núcleos masculinos en un

arquegonio, uno de los cuales se une con el núcleo del huevo. El zigoto resultante se

convierte después en el nuevo embrión diploide. El segundo núcleo masculino aborta

en Pinus, pero puede fecundar un segundo arquegonio en otros géneros, como por

ejemplo Cupressus (Fritsch y Salisbury 1947). Nunca se une con núcleos polares

femeninos para formar un tejido triploide análogo al endosperma de las angiospermas;

este tipo de tejido es desconocido en las semillas de las gimnospermas. El lector

puede encontrar descripciones pormenorizadas de la embriogenia de las

gimnospermas en la bibliografía especializada (por ejemplo, Singh y Johri 1972).



La semilla madura está integrada por algunos de los elementos siguientes o por todos

ellos: 1) la cubierta seminal o testa, desarrollada a partir del integumento y diploide

por el padre femenino. 2) El perisperma diploide, desarrollado a partir de la nucela. En

la mayoría de las especies éste es absorbido por el gametófito femenino y ha

desaparecido ya cuando la semilla está madura, pero en algunas, como por

ejemplo Pinus pinea, sigue siendo reconocible como un tejido distinto. 3) El tejido

haploide del gametófito femenino, que actúa como órgano de almacenamiento de

nutrientes para alimentar al embrión. Su función es la misma que desempeña el

endosperma en las angiospermas, y con frecuencia se le aplica ese mismo nombre,

aunque este uso ha sido objeto de críticas (Bonner 1984a). 4) El embrión, con los

mismos componentes que en las angiospermas: radícula, cotiledones, plúmula e

hipocótilo. El número de cotiledores varía según el género y según la especie, y llega

hasta 18 en Pinus, lo que contrasta con el número de dos que es constante en la gran

mayoría de las angiospermas arbóreas. Al igual que en las semillas de todas las

angiospermas, en las de todas las gimnospermas se encuentran los componentes

esenciales, que son el embrión, el recubrimiento protector y el tejido de

almacenamiento de nutrientes.



Dentro de un mismo óvulo puede fecundarse más de un arquegonio, pero en la gran

mayoría de los casos sólo llega a la madurez un embrión por semilla. De hecho se

dan casos de poliembrionía, pero ésta es infrecuente en la mayoría de los géneros.

Desarrollo del fruto en las gimnospermas

Después de la fecundación, el cono femenino que es característico de varios géneros

importantes de gimnospermas, como por

ejemplo Pinus, Picea, Pseudotsuga o Araucaria, aumenta de tamaño y peso, así como

de contenido de humedad y reservas nutricias acumuladas. Cuando los conos se

acercan a la madurez, el contenido de humedad desciende nuevamente, las reservas

nutricias acumuladas pasan del cono a la semilla y el cono se hace más o menos

leñoso.



En Pinus una hojuela delgada y membranosa se separa de la escama ovulífera y se

adhiere a la semilla madura, formando un ala (Fritsch y Salisbury 1947).

En Juniperus las escamas del cono crecen para formar entre todas ellas un fruto

carnoso parecido a una baya, mientras que en Podocarpus y Taxus cada semilla,

separada, se encierra parcialmente en un receptáculo de vivo color, el arilo. No

obstante, el tipo de fruto más característico de las gimnospermas es el cono leñoso.



Como en las angiospermas, es muy variable el tiempo que transcurre entre la

floración y la madurez y dispersión de la semilla. Debido al prolongado intervalo que

se da entre la polinización y la fecundación en los pinos, mencionado supra en este

mismo capítulo, el período total que transcurre entre la polinización y la madurez del

cono suele ser de dos años en este género; entre los pinos tropicales el promedio es

de 23 meses en Pinus kesiya (Armitage y Burley 1980) y 18–21 meses en P.

oocarpa (Robbins 1983b). En Agathis robusta transcurren 16 meses entre la

polinización y la madurez del cono (Whitmore 1977), período que es de hasta 24

meses en Araucaria cunninghamii (Walters 1974) y de 21–24 meses en Araucaria

hunsteinii (Evans 1982). En varios géneros de la zona templada el desarrollo se

completa dentro de una única temporada, como por ejemplo en cinco meses

en Pseudotsuga menziesii (Allan y Owens 1972).



En algunos géneros de gimnospermas se desarrollan conos femeninos no polinizados

con semillas plenamente formadas pero por lo general vacías. La partenocarpia es

habitual en Abies,Juniperus, Larix, Picea, Taxus y Thuja. Es rara en los pinos

(Kozlowski 1971).



Dispersión de la semilla en las gimnospermas

En el cono de gimnosperma típico, la maduración y desecación del cono y la semilla

hacen que las escamas se abran y suelten las semillas. La dispersión se efectúa por

el viento, ayudado en algunos géneros, por ejemplo Pinus, por la presencia de alas en

la semilla. En algunas especies de pino, los llamados “pinos de cono cerrado”, como

por ejemplo P. radiata, suelen transcurrir meses o años entre la maduración del cono

y las semillas y la apertura de aquél para soltar éstas. En algunos casos, como las

procedencias interiores de Pinus contorta, los conos sólo se abren cuando se ven

sometidos al calor de ocasionales incendios forestales de gran magnitud. En cambio,

los conos de Abies y Araucaria se desintegran fácilmente en el árbol a las pocas

semanas de madurar.



La dispersión de la semilla por animales es menos frecuente, pero se da por ejemplo

en las “bayas” de Juniperus y en los frutos carnosos de Podocarpus. Además, los

roedores recogen y almacenan las semillas de coníferas de la zona templada, y

algunas pueden germinar antes de que estos animales las coman.



Germinación de la semilla

En un extremo, algunas especies de mangle son vivíparas, y las semillas germinan

antes de separarse del padre. En el otro extremo, las semillas de algunas especies

pueden permanecer durmientes pero vivas durante muchos años, y son capaces de

germinar si se produce un hecho que interrumpa su latencia. El tema de la latencia se

examina infra en este mismo capítulo. Entre el tipo vivíparo y el de latencia profunda

se dan otros muchos tipos de semillas que son capaces de germinar poco después de

su caída siempre que las condiciones ambientales sean idóneas.



Del mismo modo que la fecundación inicia la transformación del óvulo en la semilla

madura, así la germinación transforma el embrión contenido en la semilla en el

germen independiente. A efectos de los ensayos de laboratorio, la germinación se

define como el surgimiento y desarrollo, a partir del embrión de la semilla, de las

estructuras esenciales que indican la capacidad de la semilla para producir una planta

normal en condiciones favorables (Justice 1972).



Cuando alcanzan madurez y caen, muchas semillas han perdido ya la mayor parte de

la humedad que contenían en fases anteriores. Por ejemplo, el embrión y el

gametófito femenino dePinus lambertiana contienen hasta un 50 por ciento de

humedad (peso en fresco) poco después de la fecundación, pero cuando se produce

la dispersión natural de las semillas el contenido de humedad del embrión se ha

reducido al 23 por ciento y el del gametófito femenino al 38 por ciento (Krugman y

otros 1974). Con la desecación de la semilla está asociada una reducción de la

actividad metabólica, de manera que el embrión se encuentra temporalmente en un

estado de reposo o inactividad, que en las semillas no durmientes puede reactivarse

fácilmente mediante las condiciones adecuadas. Esas condiciones son: 1) una

humedad suficiente: 2) unas temperaturas favorables; 3) un intercambio de gases

suficiente, y, en algunas especies, 4) luz (Krugman y otros 1974). Existe un

considerable variación entre las especies en cuanto a los niveles óptimos de estos

factores, y es frecuente que se dé una interacción entre ellos. En los Cuadros 9.1 y

9.2, en el Capítulo 9, se ofrecen algunos ejemplos de las temperaturas óptimas para

distintas especies.



La germinación consiste en tres procesos parcialmente simultáneos: 1) absorción de

agua, principalmente por imbibición, que hace que la semilla se hinche y acabe

abriéndose la cubierta seminal; 2) actividad enzimática e incremento de las tasas de

respiración y asimilación, que indican la utilización de alimento almacenado y su

transposición a las zonas en crecimiento; 3) engrandecimiento y divisiones celulares

que tienen como consecuencia la aparición de la radícula y la plúmula (Evenari 1957,

citado por Krugman y otros 1974).



En la mayoría de las semillas la radícula del embrión está cerca del micrópilo, por

donde el agua se absorbe con más facilidad y rapidez que atravesando la cubierta

seminal. A medida que la radícula se hincha, ejerce una presión sobre la cubierta, que

normalmente se abre por vez primera en este punto para liberar la radícula. Esta da

lugar a la raíz primaria, que penetra en el suelo y produce pronto raíces laterales. Las

fases siguientes dependen de si la especie presenta germinación epigea, como por

ejemplo Pinus -el hipocótilo se alarga y los cotiledones se elevan por encima del

sueloo germinación hipogea, como por ejemplo Quercus -no se desarrolla el

hipocótilo, y los cotiledones se quedan sobre el suelo o enterrados en él. En la

germinación hipogea los cotiledones tienen únicamente una función de

almacenamiento de nutrientes, o una función haustorial (en las especies en las que

los nutrientes se almacenan en el endosperma, como por ejemplo las

palmeras, Scorodocarpus), mientras que en la germinación epigea pueden

desempeñar también una valiosa función de fotosíntesis durante las primeras fases de

crecimiento del germen.

2.4 Sección longitudinal de un óvulo de Pinus durante el periodo de

desarrollo de los tubos polínicos que precede a la fecundación.

(Servicio Forestal, Dpto. Agric. EE.UU.)

2.5 Ejemplos de germinación en dos Sterculiaceae de Africa occidental.

(A) Epigea en Mansonia altissima. (B) Hipogea en Cola nitida (según De

La Mensburge 1966). (De La Mensburge, CTFT Nogent sur Marne)





En la germinación epigea, tras la sujeción de la planta joven por la radícula se

produce un rápido alargamiento del hipocótilo, que se arquea hacia arriba por encima

de la superficie del suelo y después se endereza; al mismo tiempo, se hacen visibles

los cotiledones y la plúmula, a los que puede estar todavía unida o no la cubierta

seminal. Después la plúmula se convierte en el tallo primario y las hojas fotosintéticas.

En el subtipo denominado “germinación duriana” (Ng 1978), el hipocótilo se alarga

pero los cotiledones se desprenden cuando aún están encerrados dentro de la

cubierta seminal (por ejemplo en Durio zibethinus o Strombosia javanica). En la

germinación hipogea, los cotiledones permanecen in situ enterrados o sobre el suelo

mientras se produce el alargamiento de la plúmula. En el subtipo denominado

“germinación semihipogea” (Ng 1978), los cotiledones son visibles pero permanecen

sobre el suelo. Los dos tipos principales, epigea e hipogea, y los dos subtipos, duriana

y semihipogea, son el resultado de las cuatro combinaciones posibles de dos

variables independientes: hipocótilo alargado o no, y cotiledones visibles o no. En los

trópicos húmedos se dan las cuatro combinaciones.



Incluso en las semillas no durmientes se observa una variación considerable, entre

especies e individuos, en cuanto a la velocidad de la germinación, que puede durar

entre unos días y varias semanas; gran parte de esta variación se debe a las distintas

tasas de imbibición en la primera fase. Muchas especies del bosque higrofítico

tropical, que tienen un elevado contenido de humedad y cubiertas permeables cuando

cae la semilla, deben germinar en el plazo de unas cuantas semanas. Si no

encuentran pronto las condiciones adecuadas, pierden viabilidad y mueren.



Latencia

El término “latencia” se refiere a una condición de una semilla viable que impide que

ésta germine en presencia de los factores que normalmente se consideran suficientes

para la germinación: temperatura adecuada, humedad y medio ambiente gaseoso.

Una semilla viable es la que puede germinar en condiciones favorables, siempre que

en su caso se elimine la latencia que pueda estar presente (Roberts 1972).



En la naturaleza la latencia sirve para proteger a las semillas de unas condiciones que

son temporalmente adecuadas para la germinación pero que enseguida se

convertirán en otras condiciones demasiado duras para la supervivencia del delicado

y joven germen. Así, una cubierta seminal relativamente impermeable a la humedad

impide la germinación durante los chaparrones aislados que se producen en medio de

una larga estación seca, pero la permite durante una estación de lluvias sostenidas.

En la zona templada fresca, el tipo de latencia embrionaria que puede eliminarse sólo

mediante la exposición a temperaturas bajas facilita la germinación ulterior en

primavera, pero la impide en otoño, cuando el germen resultante tendría pocas

posibilidades de sobrevivir al invierno.



Se ha observado que la fuerza de la latencia varía según la latitud y la procedencia, y

también de un año a otro en semillas del mismo padre. Existe también una latencia

diferencial dentro de la misma especie y lote, de manera que la germinación se

escalona a lo largo de un período de tiempo más o menos prolongado. En la flora

leñosa de Malasia, alrededor del 50 por ciento de las especies completan la

germinación en un plazo de seis semanas o menos, de manera que la diferencia no

es muy grande, pero en algunas especies como la leguminosa de semilla duraParkia

javanica el período de germinación puede extenderse desde una semana después de

la siembra en la primera semilla hasta dos años en la última (Ng 1980). La latencia

diferencial y la germinación escalonada son una forma de protección frente al riesgo

de que la cosecha entera de semillas sea destruida por una sola catástrofe climática o

por una sola plaga.



En la naturaleza, diversos factores externos pueden actuar con mayor o menor

rapidez para poner fin a la latencia de la cubierta seminal. Entre esos factores figuran

la alternancia de calor y frío, la alternancia de condiciones húmedas y condiciones

secas, el fuego y las actividades de animales, organismos del suelo, hongos, termes y

otros insectos. La latencia que se debe a la inmadurez del embrión se interrumpe

cuando éste dispone del tiempo y las condiciones que necesita para madurar tras la

caída de la semilla.



Los mecanismos exactos de la latencia fisiológica del embrión, así como de los

procesos que ponen fin a esa latencia, se han investigado ampliamente, pero aún no

se conocen bien las causas subyacentes (Krugman y otros 1974). Está bien

demostrado que en el mantenimiento o interrupción de la latencia interactúan

hormonas promotoras del crecimiento, entre las cuales la giberelina es un ejemplo

muy conocido, y hormonas inhibidoras del crecimiento. En los climas templados el

equilibrio entre sustancias inhibidoras y promotoras del crecimiento se ve alterado por

una combinación, a lo largo de un período de tiempo que varía según la especie, de

temperaturas bajas y humedad elevada. Esa combinación se produce de forma

natural durante el invierno, que es la estación menos adecuada para el crecimiento.

Puede poner en marcha cambios bioquímicos en el embrión que hace que se

interrumpa la latencia, se inicie el metabolismo y crecimiento del embrión y

consiguientemente se produzca la germinación.



Por desgracia, la fisiología de las especies arbóreas tropicales se ha investigado

mucho menos que la de las especies de la zona templada. No hay motivos para

suponer que la combinación de bajas temperaturas y elevada humedad (la técnica de

“estratificación” cuando se aplica artificialmente) tenga efecto alguno sobre las

semillas tropicales que poseen latencia embrionaria (si es que existen). En los

trópicos secos, por el contrario, parecería más probable que fuera una combinación

de condiciones típicas de la estación menos favorable para el crecimiento -elevada

temperatura y baja humedad- lo que pusiera en marcha la interrupción de la latencia

embrionaria y llevara a la germinación durante la estación lluviosa siguiente. De

hecho, parece que la latencia de la cubierta seminal ofrece por sí misma protección

suficiente a las especies de los trópicos secos.



Desde el punto de vista del ingeniero forestal, la latencia presenta algunos

inconvenientes. En los viveros, el retraso y la irregularidad en la germinación son una

grave limitación a la administración eficiente (Bonner y otros 1974). Por consiguiente,

se ha dedicado mucha investigación a idear métodos artificiales eficaces para eliminar

la latencia, a fin de asegurar que las semillas germinen con rapidez y de manera

uniforme en los semilleros de los viveros. Esos tratamientos se describen en el

Capítulo 8.

Por otra parte, la latencia presenta algunas ventajas. No sólo mejora las posibilidades

de supervivencia en la naturaleza, como ya se ha mencionado, sino que también

protege a las semillas frente a unas condiciones temporalmente inadecuadas, como

las que pueden darse durante el período que transcurre entre su recolección y su

almacenamiento. Las semillas de gran calidad y ortodoxas pero no durmientes,

secadas hasta que alcanzan el contenido de humedad adecuado y almacenadas a la

temperatura correcta, deben tener una vida en el almacenamiento tan larga como las

semillas durmientes, pero la latencia constituye un seguro contra la pérdida de

viabilidad durante el transporte y el procesamiento, pérdida que puede producirse

fácilmente en las semillas no durmientes cuando las condiciones no son las ideales.



Riesgos de la producción de semilla

Tanto la cantidad como la calidad de las cosechas de semilla pueden verse

considerablemente afectadas por factores externos. Factores climáticos pueden

afectar a la abundancia de la floración, y con ello indirectamente a la producción de

semilla. Hay algunos datos que indican que las temperaturas superiores al promedio y

un grado modesto de tensión de la humedad en la primavera y principios del verano

pueden inducir una formación abundante de yemas florales en las regiones templadas

(Krugman y otros 1974). En Nigeria se dan buenos años de semilla deTriplochiton

scleroxylon después de un mes de agosto especialmente seco (30 por ciento o menos

del promedio de precipitaciones), mes en el que disminuye la pluviosidad entre las

lluvias fuertes tempranas y las lluvias fuertes tardías (Howland y Bowen 1977).



Los casos más extremos de clima impropio de la estación suelen reducir la

abundancia de la floración o de la fructificación. En las regiones templadas, las

heladas de finales de primavera matan las flores o los frutos jóvenes, y las

temperaturas anormalmente elevadas o la sequía pueden tener un efecto parecido.

Aun cuando no se produzcan la muerte y caída prematura de frutos enteros, es

posible que después aborte una parte de las semillas. Los vientos excepcionalmente

fuertes o el granizo pueden causar la destrucción mecánica de flores o frutos. La lluvia

continuada durante el período de dispersión del polen tiene un efecto especialmente

negativo sobre la cantidad de semilla que se produce, y ello con independencia de

que la polinización se efectúe por medio del viento o de insectos. Tectona florece

durante la estación de lluvias, y ello puede explicar la baja tasa media de fecundación,

entre el 1 y el 3 por ciento, que se ha notificado en Tailandia respecto del período de

1967 a 1972 (Hedegart 1975). La lluvia hace que los insectos polinizadores sean más

reacios a volar, y además se lleva del estigma, con el agua, granos de polen antes de

que germinen. En Indonesia y Malasia, la pluviosidad constante durante la estación de

dispersión del polen se considera el principal factor responsable de las cosechas

típicamente escasas de semilla de Pinus merkusii. Tamari (1976) notificó que más del

90 por ciento de las flores de dipterocarpáceas no lograban convertirse en frutos en

Malasia.



Aves, mamíferos, insectos, hongos y bacterias son todos agentes dañinos en las

fases de floración y fructificación. Las pérdidas más graves en el mayor número de

especies se deben probablemente a los insectos. Por ejemplo, el gorgojo Apion

ghanaense destruye todos los años una gran parte de las flores y semillas

de Triplochiton (Jones 1975). Las larvas de Pagida salvaris pueden destruir en

algunos años hasta el 90 por ciento de las yemas florales de Tectona (Hedegart

1975). Dos especies del género Amblycerus, perteneciente a los brúquidos, pueden

destruir muchas semillas de Cordia alliodora, pero el daño puede reducirse

recolectando las semillas tres semanas antes de su caída natural (Tschinkel 1967). El

gorgojo Nanophyes sp. puede atacar hasta al 60 por ciento de las semillas

de Terminalia ivorensis (Lamb y Ntima 1971). Se sabe que los gusanos de los conos

del género Dioryctria han dañado hasta el 60 por ciento de los conos y semillas en

maduración de Pinus elliottii y P. palustris en el sur de los Estados Unidos (Krugman y

otros 1974), y ese mismo género puede producir también graves daños a las semillas

de Pinus merkusii en Filipinas (Gordon y otros 1972). Las larvas de Agathiphaga, que

es un género de polillas, pueden destruir más del 50 por ciento de las semillas que se

encuentran en los conos de varias especies de Agathis en Queensland y las islas

occidentales del Pacífico (Whitmore 1977). Las semillas de muchas especies de

zonas secas de Acaciay Prosopis son atacadas por larvas de brúquidos, que causan

en ellas graves daños (Armitage y otros 1980). Algunos tipos de aves y mamíferos,

especialmente las ardillas, pueden consumir en algunos años cantidades

considerables de semillas, aunque también prestan un útil servicio al dispersarlas. Las

pérdidas debidas a plagas y enfermedades no suelen tener un efecto grave en los

años de abundante producción de semilla, pero en los años en que la floración es

escasa por razones climáticas pueden convertir una cosecha escasa en una cosecha

completamente malograda.









Capítulo 3 PLANIFICACION DE LA RECOLECCION DE

SEMILLA

Introducción

Las especies que producen semilla madura en cantidades suficientes en todas las

épocas apenas presentan problemas al recolector experimentado, pero esas especies

son pocas. Algunas especies producen semilla a lo largo de todo el año, pero sólo

poca cantidad cada vez, como por ejemplo P. merkusii en Indonesia (Keiding 1973), y

ello hace que la recolección de las semillas sea lenta y costosa. En la mayoría de las

especies la fructificación se concentra en unas pocas semanas, y el objetivo del

recolector es entonces recoger la mayor cantidad de semilla posible en el breve plazo

en el que las semillas están ya maduras pero los frutos aún no se han caído o abierto.

Los frutos grandes indehiscentes o carnosos pueden recogerse del suelo, pero incluso

en esos casos la recolección ha de hacerse con rapidez para evitar pérdidas debidas

a animales, hongos o germinación prematura. La planificación previa de las

actividades de recolección es por consiguiente esencial para asegurar que las

operaciones se efectúan con la mayor rapidez y eficiencia posibles en el limitado

tiempo de que se dispone. Cuando la recolección se efectúa en plantaciones

accesibles y de fácil observación o en huertos semilleros, la necesidad de una

preparación cuidadosa es menor. En cambio, cuando la recolección se lleva a cabo en

bosques naturales de difícil acceso y en los que conviven muchas especies, o cuando

se trata de tomar muestras de fuentes de semilla diferentes de una especie muy

difundida, se precisa una planificación muy cuidadosa para poder disponer de equipos

de recolectores capacitados que trabajen con el equipo adecuado, en el lugar

adecuado y en el momento adecuado. Las expediciones internacionales de semillas

topan con problemas especiales, pues con frecuencia han de operar en varios países

diferentes, cada uno de ellos con sus propias normas, y tratan de satisfacer las

distintas necesidades de muchos países usuarios.



Determinación de especies, procedencias y rodales



Especies



La selección de las especies que se van a plantar no suele presentar problemas. En

un proyecto de forestación sencillo, en el que se utilizan una especie y una

procedencia probadas y bien adaptadas, y en el que la semilla se obtiene de una

fuente local, la elección es automática. Pero no es infrecuente que los objetivos de la

forestación se modifiquen, por ejemplo cuando en vez de querer producir madera para

aserrar se pasa a pretender madera para pulpa o leña, o cuando surgen inesperados

problemas fitosanitarios. En Africa oriental, Pinus radiata ocupó un lugar muy

destacado en los programas de plantación hasta que en el decenio de 1960 sufrió

graves ataques de la marchitez de las acículas Dothistroma pini. Ulteriormente tuvo

que abandonarse su plantación en gran escala, y a modo de compensación se

ampliaron los programas de plantación de especies resistentes como P.

patula y Cupressus lusitanica.



Cuando se trata de recolecciones en gran escala, es preciso acopiar con algunos

meses de antelación datos sobre la demanda de semillas por especies. Casi todas las

especies necesitan pasar un año o más en el vivero. Por consiguiente, las

estimaciones de la demanda de semilla deben efectuarse unos dos años antes de la

plantación en el campo. Sólo en escasas ocasiones los recolectores y los usuarios de

las semillas serán las mismas personas. Lo más frecuente es que, sean ya los

servicios forestales, ya empresas privadas, los recolectores atiendan a las

necesidades de varios usuarios distintos. Se precisa una organización centralizada

para solicitar estimaciones de la demanda a los varios organismos de plantación y

para refundir esas estimaciones por especies y procedencias. Las estimaciones

regionales o mundiales refundidas de la demanda de semillas son mucho más difíciles

de compilar que las que se refieren únicamente a un país, pero recientemente se ha

intentado establecer este tipo de estimaciones respecto de las coníferas tropicales

(Nikles 1979) y de las coníferas de la parte occidental de Norteamérica (Barner 1978,

OCDE 1979).

Procedencias



El término “procedencia” se ha utilizado con significados ligeramente distintos según

los autores. En su utilización más sencillas, es “el lugar en el que crece un rodal de

árboles” (OCDE 1974). Cuando se aplica a semillas, su significado suele ampliarse

para incluir “la zona en que crecían los árboles originarios de las semillas”. Cuando las

semillas se obtienen de una plantación exótica o “procedencia derivada” (Jones y

Burley 1973), el uso no ha sido tan coherente; algunos autores suelen definir la

procedencia como el lugar en el que crecían como exóticos los padres inmediatos,

mientras que otros suelen limitar su uso al lugar en el que crecían en el bosque

natural los progenitores originales. Siempre que los datos sobre el origen de la semilla

informen sobre la ascendencia completa, comprendidas tanto la ubicación de los

progenitores naturales originales como la de los padres inmediatos y la de las posibles

generaciones intermedias, por ejemplo Cmpt. K2 Elburgon, Kenya (padres

inmediatos), procedente de Cmpt. 16 Nelspruit, Sudáfrica, procedente de Los Reyes,

Hidalgo, México (progenitores originales en el bosque natural), el técnico forestal no

habrá de preocuparse por cuál es estrictamente una procedencia y cuál no lo es.



A lo largo del último medio siglo se han venido acumulando de manera constante las

pruebas de que, dentro de una especie botánica, la variación genética significativa

que se produce en árboles forestales suele estar asociada a diferencias geográficas

entre los lugares en los que crecen. Así ocurre especialmente cuando el

desplazamiento geográfico va unido a cambios climáticos o de suelos. Por ello, el

término “procedencia” se aplica cada vez más a zonas caracterizadas por la

naturaleza genética de las poblaciones que crecen en ellas, y no sólo por su

ubicación, como por ejemplo en esta definición: “La fuente geográfica o ubicación de

la que son autóctonas las plantas y dentro de la cual se han desarrollado, mediante

selección natural, sus características genéticas” (Zumer-Linder 1979). A efectos de la

recolección de semillas, la procedencia ideal reuniría según Barner (1975a) las

características siguientes:



a. Integrada por una comunidad de árboles de constitución genética parecida y

con posibilidades de entrecruzamiento (y cuya constitución genética sea

notablemente diferente de las de otras procedencias).

b. Lo bastante grande para permitir la recolección de material reproductivo en

cantidades significativas desde el punto de vista de la práctica forestal.

c. Definida por medio de unos límites que puedan identificarse sobre el terreno.



Aunque en la mayoría de los casos aún no es posible trazar los límites de las

procedencias naturales, está ampliamente demostrado en el caso de muchas

especies tropicales, y también de la zona templada, que entre ellas existen diferencias

genéticas significativas. En el caso de las procedencias derivadas que crecen en

plantaciones, es mucho más fácil trazar los límites, y, tras una o dos generaciones de

selección deliberada por parte del hombre, esas “razas locales” suelen diferir

notablemente de la procedencia natural original.

Es cada vez más frecuente que los ingenieros forestales reconozcan la decisiva

importancia de la procedencia y especifiquen no sólo la especie que tienen que

plantar en un determinado lugar, sino también su procedencia exacta. Incluso dentro

del mismo país se encuentran distintas procedencias o razas de una especie; unas

pueden presentar diferencias morfológicas, mientras que otras, de idéntico aspecto,

pueden diferir en su adaptabilidad a lugares determinados. Un buen ejemplo es el

gran número de procedencias de Tectona grandis que se ha encontrado en la India.

Los equipos de recolección de semillas deben por consiguiente esperar que crezca el

número de pedidos desglosados en procedencias además de en especies. Esta

tendencia debe fomentarse, pero en realidad complica las operaciones de recolección,

pues recolectar por ejemplo 20 kg de semilla de cada una de 10 ubicaciones distintas

separadas por 100 km es claramente más laborioso que recolectar 200 kg en una sola

zona. Otra dificultad reside en decidir cuáles son los límites de una procedencia. Es

frecuente que una procedencia reciba el nombre de la aldea más próxima, y no

existen datos que demuestren si existe una variación significativa en las frecuencias

génicas en las poblaciones situadas a 1 km, 10 km, 6 100 km de distancia del punto

de recolección original. Se ha intentado definir los límites de las procedencias o zonas

semilleras de algunas coníferas de la zona templada septentrional (Barner 1978), y

recientemente se han llevado a cabo estudios parecidos sobre la delimitación de las

regiones de procedencia de Pinus caribaea y P. oocarpa en Honduras (Robbins y

Hughes 1983). Se han definido las regiones de procedencia de Eucalyptus

camaldulensis por referencia a los principales sistemas de captación hídrica de

Australia (Turnbull 1973), pero son muy escasos los trabajos dedicados a este

aspecto en la frondosas tropicales. La necesidad de recolectar más de una

procedencia de una especie exige un mayor cuidado a la hora de planificar las

operaciones sobre el terreno. Algunas especies muy difundidas florecen y fructifican

unas cuantas semanas antes a alturas bajas que a grandes alturas, y a latitudes

inferiores que a latitudes superiores. El conocimiento de la variación fenológica de una

especie en relación con la geografía ayudará al recolector a elegir la secuencia más

adecuada de lugares de recolección a fin de prolongar la duración total de las

operaciones útiles (Kemp 1975b).



Rodales



En contraste con las procedencias, los límites de los distintos rodales suelen estar

bien definidos. En muchos casos los rodales son objeto de ordenación con miras a la

producción de semillas, como por ejemplo mediante aclareo. Con frecuencia se

encuentran en plantaciones. Los huertos semilleros constituyen un caso especial,

pues están destinados a la producción de semillas desde antes de su plantación y se

gestionan de manera continua con ese fin. El problema que plantean los rodales y

huertos semilleros no es por consiguiente un problema de identificación, sino de la

posible insuficiencia de su superficie para satisfacer todas las peticiones de semilla

que se les dirigen. Cuando es probable que ocurra esto, es aconsejable pedir a los

usuarios que indiquen una segunda o tercera posibilidad, tanto de rodales como de

procedencias, por si no es posible satisfacer plenamente sus necesidades de la

primera posibilidad.

Determinación de las cantidades de semilla

Los usuarios de la semilla han de definir la cantidad de ésta que necesitan respecto

de cada especie, procedencia o rodal. Para ello es necesario conocer la superficie de

plantación que se va a establecer anualmente y el espaciamiento inicial que se va a

emplear, junto con una estimación de las pérdidas y desechamientos que se van a

producir en el vivero, las sustituciones que habrá que hacer tras la plantación para

conseguir el grado de espesura deseado y el número de plántulas germinadas que se

espera conseguir por cada kilogramo de semilla sembrada. En el Cuadro 3.1 figura un

ejemplo de este tipo de cálculos.



La información sobre la superficie de plantación y el espaciamiento inicial suele

encontrarse en los planes de gestión de las plantaciones, y sobre las tasas de

germinación pueden encontrarse orientaciones en documentos publicados (por

ejemplo, FAO 1975a). Cuando sea posible debe utilizarse la experiencia local sobre

variación entre procedencias y lugares de plantación para perfeccionar las

estimaciones basadas en condiciones de promedio. Por ejemplo, las semillas de dos

procedencias de Picea abies pesan 6 y 12 g por 1 000 respectivamente (Barner

1981); la semilla de Eucalyptus cloeziana recogida en los bosques litorales húmedos

de Queensland contiene por término medio entre 100 000 y 400 000 unidades por

kilogramo, mientras que las de los bosques continentales secos contiene solamente

entre 35 000 y 65 000 por kilogramo (Turnbull 1983). En Italia se comprobó que en los

ensayos efectuados en viveros sobre varias especies de eucalipto el número de

plantas producidas como porcentaje de la semilla viable oscilaba entre el 18 por ciento

en E. robusta y el 46 por ciento en E. camaldulensis (Giordano y Gemignani 1961).

Análogamente, las diferencias en materia de clima, suelo e incidencia de plagas y

enfermedades pueden influir muy considerablemente en la tasa de pérdidas en los

diversos viveros y plantaciones, con independencia de que existan o no diferencias en

la eficiencia de su gestión. Por consiguiente, puede ser necesario aplicar un “factor de

corrección por ubicación” o “factor de recuperación en vivero” apropiado para

conseguir una estimación exacta de las necesidades de semilla en un determinado

proyecto de plantación. Este aspecto se examina con más detalle en el Capítulo 9.

Antes de efectuar su pedido definitivo de semillas a una dependencia central de

semillas o a una casa de venta comercial de semillas, el director del proyecto de

plantación debe deducir las cantidades de semilla que ya tiene como existencias o

que probablemente obtendrá mediante la recolección en plantaciones anteriores de la

zona del proyecto.



CUADRO 3.1



ESTIMACION DE LA DEMANDA DE SEMILLA



1. Especie a) Pinus kesiya b) Tectona grandis



2. Plantas por hectárea

a) Número plantado 1 670 (3×2 m) 1 111 (3×3 m)



b) Otras para reposición de

pérdidas en el campo



- porcentaje 15 35



- número de plantas 250 389



Necesidad total de plantas

c) 1 920 1 500

plantables



d) Otras por pérdidas y

desechamientos en vivero



- porcentaje 20 1 62,5 2



- número de plantas 480 2 500



Necesidad total de plántulas

e) 2 400 4 000

germinadas



3. Número estimado de plántulas

germinadas por kilo de semilla

recibida 3 32 000 500



4. Base para estimación de 3 Cosecha de 1980 Cosecha de 1979

procedente de Zambia, procedente de Trinidad,

sin alas y limpia eliminados los involucros



5. Número de kilos de semilla

0,07 8,0

necesarios por hectárea de

(13,3 ha/kg) (0,12 ha/kg)

plantación



Superficie de plantación anual

6. 12 000 5 000

(ha)



Necesidades anuales de semillas

7. 900 40 000

(kg)





1

Notas: Las pérdidas y desechamientos representan el 20 por ciento de las semillas germinadas. Esto

equivale al 25 por ciento de las plantas plantables.



2

Se estima que el 25 por ciento de las semillas germinadas producen plantas plantables en un año, y

otro 12,5 por ciento lo hace al término de un segundo año en el vivero. Por consiguiente, las

pérdidas y desechamientos ascienden al 62,5 por ciento de las semillas germinadas, lo que

equivale aproximadamente al 167 por ciento de las plantas plantables.



3

En P. kesiya la unidad de siembra es una semilla real. En T. grandis la “semilla” o unidad de

siembra es en términos botánicos un fruto, que puede contener de 0 a 4 semillas reales.









3.1 Regiones de procedencia de Pinus caribaea y P. oocarpa en Honduras. (Fuente: Robbins y

Hughes 1983)

3.2 Producción de conos de abeto de Douglas, Distrito Forestal de

Vancouver, 1935–1974. En este período de 40 años sólo ocho

cosechas de conos se han considerado “recolectables”, es decir, lo

suficientemente abundantes para justificar una campaña de recolección

en gran escala. El tiempo transcurrido entre una cosecha recolectable y

la siguiente ha oscilado entre dos y ocho años. (Servicios Forestales

del Canadá/Columbia Británica)

3.3 Ejemplo de cortadora de conos, empleada para estimar la

producción de semilla en una sección longitudinal.

(Servicio Forestal, Dpto. Agric. EE.UU.)









3.4 El contenido de semilla se estima contando las semillas

buenas en una sola superficie de cada uno de varios conos

cortados longitudinalmente. (Servicio Forestal, Dpto. Agric.

EE.UU.)





Otro enfoque posible, que es el que se prefiere en algunos países, consiste en que el

director del proyecto especifique el número de plantas plantables que necesita

producir y deje que sea el oficial de semillas quien decida, a la luz de los ensayos de

germinación de lotes de semilla ordinarios y de los factores de recuperación en vivero

conocidos, la cantidad de semilla en peso que se ha de recolectar y entregar. Véase a

modo de ejemplo el Apéndice 1A, formulario número 12.



Si pueden garantizarse buenas cosechas anuales de semilla, es aconsejable pedir

cada año semilla suficiente para producir material de vivero para la zona destinada a

la plantación en un plazo de unos dos años. Puede así mantenerse en el mínimo

posible el espacio de almacenamiento. Cuando se trate de especies que fructifican

con periodicidad, sin embargo, es muy aconsejable adquirir el suministro de varios

años en un único año de buena cosecha, en el que la semilla será más barata y de

mejor calidad. Para que esta forma de actuar resulte realmente útil en la práctica

habrá que contar con medios locales de almacenamiento de la semilla que sean

suficientes para mantener la viabilidad de ésta en el intervalo que media entre un año

y otro. Es preciso conocer, respecto de cada especie o procedencia, tanto el intervalo

probable entre un año bueno y el siguiente como la tasa de pérdida de viabilidad de la

semilla en las condiciones de almacenamiento existentes (Turnbull 1975a). Cuando

los años de fructificación abundante están separados por varios años sucesivos de

ausencia de producción, y cuando el almacenamiento a la temperatura ambiente tiene

como consecuencia una rápida pérdida de viabilidad, las opciones pueden ser

construir un almacén refrigerado o cambiar de especie.



Determinación del año de la recolección



Efecto de la periodicidad



En muchos árboles forestales la fructificación es bastante irregular de un año a otro.

Es posible que a un año de producción abundante (“año de semilla”) le sigan uno o

varios años en los que la cantidad de semilla es escasa o incluso nula (Morandini

1962). Este hábito de periodicidad en la producción de semilla es un factor importante

que hay que tener en cuenta al planificar las operaciones de recolección. Recoger la

semilla en un año bueno ofrece una serie de ventajas. Puede darse una gran

intensidad de selección de portagranos, el costo de la recolección es inferior debido a

la concentración de la cosecha, y por lo general las semillas tendrán una capacidad

germinativa superior y conservarán su viabilidad durante más tiempo que las

recogidas en un año de fructificación escasa (Turnbull 1975a, Seal y otros 1965). En

los años buenos, los daños debidos a insectos afectan a una menor proporción de las

semillas que en los años malos. Un año de abundante producción de semilla suele

reflejar una producción previa de polen igualmente abundante, a la que han

contribuido todos o casi todos los árboles del rodal. Por consiguiente, al recolectar en

un año bueno se conserva una mayor proporción de la diversidad genética existente

entre los padres masculinos que cuando se recolecta en un año malo, precedido por

una polinización en la que ha intervenido sólo un pequeño número de árboles.



La periodicidad está bien documentada en el caso de muchas coníferas de la zona

templada. En el Reino Unido, Pinus sylvestris produce por término medio una cosecha

abundante cada 2–3 años, y Pseudotsuga menziesii cada 4–6 años. Como el período

que transcurre entre dos años buenos no es regular, Seal y otros (1965) recomiendan

como norma general que siempre que una especie produzca conos en abundancia se

recolecte la cantidad necesaria para atender a las necesidades de la siembra durante

tres años.



En las especies tropicales, la periodicidad no está tan bien documentada.

En Triplochiton, la irregularidad de los años buenos influye considerablemente en la

regeneración o falta de regeneración de esa especie (Howland y Bowen 1977),

aunque la periodicidad de plagas y enfermedades (el gorgojo Apion y el tizón debido

al hongo Mycosyrinx) puede desempeñar un papel tan importante en la producción de

semillas como la periodicidad de la floración (Jones 1975). Se han registrado años de

escasa fructificación en Pinus caribaea y P. oocarpa (Kemp 1973), y en P.

merkusii (Keiding 1973). En otras especies la periodicidad no es tan

manifiesta. Tectona grandis tiene por lo general una buena floración todos los años,

aunque en algunos lugares se ha observado una producción de semilla

excepcionalmente buena cada tres o cuatro años (Murthy 1973). Gmelina

arborea empieza a fructificar pronto, desde los tres años de edad en Filipinas hasta

los siete años en Nigeria, y por lo general produce cosechas regulares y abundantes

(Greaves 1981), aunque también se han registrado años de escasa producción, al

menos en algunas procedencias (Lauridsen 1977). Pinus kesiya rinde gran cantidad

de semilla todos los años dentro de su zona autóctona y como especie exótica si se

planta en el clima apropiado (Armitage y Burley 1980). Cassia siamea, Acacia

mearnsii, Cupressus lusitanica y ornamentales como Delonix regia y Jacaranda

mimosaefolia son otras especies de las que cabe esperar que florezcan y fructifiquen

abundantemente todos los años. La periodicidad puede variar considerablemente

entre unas especies y otras del mismo género. Entre los eucaliptos, E. grandis, E.

saligna y E. camaldulensis suelen producir gran cantidad de semilla cada dos o tres

años, mientras que E. gomphocephala y E. maculata sólo fructifican con abundancia a

intervalos mayores (Turnbull 1975e). Las dipterocarpáceas de Malasia producen una

gran cantidad de semilla a intervalos impredecibles, que van de uno a seis años (Ng

1981). La periodicidad y las pautas de floración de los eucaliptos pueden modificarse

cuando se cultivan como exóticas. Eucalyptus maculata y E. citriodora producen

mucho más y de una manera más regular cuando se cultivan en plantaciones.



Incluso en los años buenos, la floración puede variar sustancialmente entre un lugar y

otro. A veces no todos los árboles de un rodal se encuentran en el mismo momento

del ciclo, por lo que unos pueden florecer con abundancia en un año y otros hacerlo

en el siguiente (Krugman y otros 1974).

Recuento de la fructificación



Cuando se trata de especies de las que se sabe que florecen y fructifican con

periodicidad, es muy aconsejable visitar, bastante tiempo antes de la época de

fructificación, los rodales que se van a recolectar, a fin de valorar en cuáles de ellos la

próxima producción de semilla promete ser los suficientemente abundante para

justificar el costo de la recolección. Es demasiado poco lo que se sabe sobre cuáles

son los factores externos que afectan decisivamente a la floración, y por ello no es

posible predecir la producción de semilla futura sobre la base del clima. La mejor

manera de estimar la producción consiste en contar las flores o frutos jóvenes de una

muestra de los árboles de los rodales que se van a recolectar. La evaluación de la

abundancia de la floración puede ofrecer una estimación preliminar de la posible

producción de semilla, pero puede ser engañosa si después se producen pérdidas

importantes, debidas por ejemplo a los insectos, el viento o una polinización

insuficiente. En Eucalyptus regnans, estudios de separación de zonas indicaron que

sólo de aproximadamente el 15 por ciento de las yemas florales y el 30 por ciento de

las flores podía esperarse que se convirtieran en frutos maduros (Turnbull 1975e). En

especies como los pinos, donde pasan dos años entre la polinización y la maduración

de los frutos, el recuento de los conos de un año de edad puede ofrecer una

indicación útil de la producción del año siguiente (Stein y otros 1974), estimación que

puede confirmarse mediante otra inspección uno o dos meses antes de la fecha en

que deba empezar la recolección. La inspección personal y repetida de la futura

producción es el método ideal, que no presenta problema alguno cuando la

recolección se efectúa en huertos semilleros o en plantaciones o bosque natural de

fácil acceso. Puede ser en cambio dificil o imposible cuando los equipos de

recolectores trabajan en zonas inaccesibles o cuando se trata de expediciones

internacionales que trabajan en varios países. En esos casos es posible que el jefe

del equipo tenga que basarse en informes de un oficial análogo experimentado o en

estimaciones efectuadas durante las recolecciones de los años anteriores. Si no se

dispone de información local fiable, puede estar justificado un reconocimiento especial

previo a la costosa expedición de recolección.



Cuando las principales zonas de recolección de la semilla están ubicadas en lugares

menos accesibles, es útil mantener parcelas fenológicas permanentes en lugares de

fácil acceso y pertenecientes al mismo tipo forestal, para que actúen como

indicadores biológicos. Esas parcelas deben vigilarse regularmente para obtener un

registro del calendario y la intensidad de la floración y la fructificación. El

comportamiento de las parcelas indicará a los recolectores cuáles son los mejores

momentos para acudir a las zonas menos accesibles del distrito a fin de comprobar la

floración. Los límites de los distritos fenológicos que pueden corresponder

adecuadamente a una parcela fenológica han de definirse sobre la base de la

experiencia. En el Instituto de Investigaciones Forestales de Kepong, en Malasia, se

vigila mensual o quincenalmente una muestra de 86 árboles dipterocarpáceos que se

encuentra en un arboreto establecido artificialmente; el porcentaje de árboles que

florece en un determinado mes o año se utiliza como índice de la floración de las

dipterocarpáceas en ese mes o año (Ng 1981). Este indice ofrece una indicación

bastante fiable de la fenología de las dipterocarpáceas en el estado de Selangor (cuya

superficie es de unos 8 000 km 2), en el que se encuentra Kepong. Como la parcela

fenológica de Kepong está a 10 minutos de camino de las oficinas de los

investigadores y laboratorios, se ahorra el mucho tiempo y dinero que de otra manera

habría que gastar en el transporte y la organización de viajes al campo.



Cuando hay que contar los frutos o conos, los prismáticos o telescopios son una

ayuda esencial. Deben ser de gran calidad óptica. En los prismáticos debe

combinarse un campo de visión amplio con una capacidad de aumento sólo

moderada; son adecuados un mínimo de apertura de 50 mm y un aumento de 7 u 8

veces. El método normal consiste en efectuar el recuento en una muestra

representativa de árboles semilleros dispersados por toda la fuente de semillas. Es

necesario tomar la muestra del interior del rodal, pues los árboles perimetrales

siempre fructifican más que los que se encuentran en el interior de la fuente (Seal y

otros 1965). El recuento puede efectuarse desde el suelo (Seal y otros 1965) o

trepando a árboles contiguos (Machaniček 1973). Se cuentan solamente los frutos de

un lado de la copa, y esa cifra se convierte en una estimación de la producción total

de ese árbol de muestra mediante un factor de corrección que varía según la especie

y la abundancia de la cosecha. En Checoslovaquia (donde se cuenta trepando a

árboles contiguos) se utiliza el factor 1,6 para Abies alba, factor que es constante con

independencia del tamaño de la producción, pues la concentración de los conos cerca

del ápice del árbol hace que este método de recuento sea fiable. En el caso de Picea

abies el factor varía en función del promedio de conos contados por árbol; de 1 a 40

conos el factor es 1,4; de 41 a 70 conos es 1,8 y para más de 70 conos es 2,5

(Machaniček 1973). En el Reino Unido (con recuento desde el suelo) se utiliza un

factor de 4 para Pinus, Larix y Pseudotsuga, mientras que para especies que poseen

gran cantidad de conos pequeños lo habitual es tomar por ejemplo una décima parte

de la copa por un lado y utilizar un factor de 20 (Seal y otros 1965).



El número de árboles de muestra que se utiliza para el recuento de conos varía en

función del tamaño del rodal. En el Reino Unido se toman como muestra cinco árboles

en las fuentes pequeñas, inferiores a 0,5 ha, y la cifra va incrementándose

progresivamente hasta llegar a 20 árboles en las fuentes cuya superficie es superior a

4 ha (Seal y otros 1965). En Checoslovaquia se utiliza una serie de parcelas, en cada

una de las cuales se trepa a aproximadamente 5 árboles dominantes para examinar

otros 10–15 árboles contiguos (Machaniček 1973). En Tasmania se muestrean

extensas fuentes de semilla de eucalipto a razón de un árbol por hectárea (Turnbull

1975e).



Métodos de calificación de la fructificación



Los resultados de un recuento de conos o frutos se aplican al rodal y se expresan

como un valor numérico en una escala que va de la fructificación totalmente

malograda a los años de semilla excepcionalmente buenos (Morandini 1962, Turnbull

1975a). A base de experiencia puede ser posible definir criterios cuantitativos para

determinar si es económico recolectar, como por ejemplo en el caso de Pinus

sylvestris en el Reino Unido, para el que se especifica un mínimo de 25 árboles

semilleros por hectárea, cada uno de los cuales con un mínimo de 300–400 conos

(Seal y otros 1965). Respecto de coníferas de Arizona y Nuevo México, Schubert y

Pitcher (1973) definieron como árbol de “pocos” conos el que tenía de 1 a 20, de

“muchos” conos el que tenía de 21 a 160 y árbol “cargado” el que tenía más de 160

conos. Es evidente que las clasificaciones cuantitativas de este tipo varían muy

considerablemente en función de la especie, la procedencia y las condiciones del

lugar.



Es más frecuente utilizar puntuaciones cualitativas basadas en la experiencia del que

efectúa la evaluación. En Wáshington y Oregón (1982) se utilizan cinco calificaciones,

que son las siguientes:



EXPLICACION DE LAS CALIFICACIONES



Arboles distintos del abeto auténtico:



Buena fructificación en toda la copa visible de la mayoría de

5 Abundante -

los árboles.



Fructificación entre buena y mediana en 3/4 de la copa visible

4 Mediana -

en la mayoría de los árboles.



Fructificación entre buena y razonable en 1/2 de la copa visible

3 Escasa -

de la mitad de los árboles.



2 Muy escasa - Algunos conos en algunos árboles.



De ningún cono a algunos conos dispersos en algunos

1 Malograda -

árboles.





Abeto auténtico: (tercio superior de la copa)



Buena fructificación en la mayoría de las ramas superiores de

5 Abundante -

la mayoría de los árboles.



Fructificación de buena a mediana en la mayoría de los

4 Mediana -

árboles.



3 Escasa - Pocos conos en muchos árboles.



2 Muy escasa - Pocos conos en árboles dispersos.

1 Malograda - Inexistente.





Una calificación de 4 ó 5 indica buenas perspectivas para todos los recolectores.



Una calificación de 3 significa posibilidades para los recolectores más

experimentados.



Una calificación de 1 ó 2 indica malas perspectivas para todos los recolectores.



Todos los años los servicios forestales de estos estados publican estimaciones

promediadas de las calificaciones de la fructificación por especies y zonas

geográficas, para que puedan utilizarlas recolectores particulares. Esas estimaciones

se basan en el estudio de una serie de rodales distintos, y luego se expresa el

promedio de cada zona en cifras con un decimal. Por ejemplo en 1972, que fue un

año malo, la mejor calificación fue de 2,5 para Tsuga heterophylla en la Western

Cascade de Oregón, mientras que se registró 1,0 o fructificación totalmente

malograda para algunas especies en más de una zona.



En Tanzanzía se utiliza una escala de cuatro clases, y las estimaciones de la

fructificación se efectúan dos veces al año, una en la floración y la otra alrededor de

un mes antes de la recolección (Pleva 1973). Esas clases son las siguientes:



0 - no hay fructificación. Arboles sin flores y frutos.





1 - fructificación escasa. Floración y fructificación de tamaño medio en árboles

de crecimiento libre y árboles en las márgenes libres de los rodales.





2 - fructificación de tamaño medio. Floración y excelente fructificación en

árboles de crecimiento libre y en las márgenes libres de los rodales; en los

árboles situados dentro de los rodales, fructificación en la parte superior de

la copa.





fructificación excelente. Floración y excelente fructificación en la mayoría

3 -

de los árboles.





En Suecia vienen efectuándose desde hace más o menos 80 años predicciones

anuales de la germinabilidad de los conos y semillas de Pinus sylvestris y Picea abies.

Las estimaciones se ofrecen por separado para las distintas combinaciones de latitud

(en segmentos de 1°) y altitud (en segmentos de 100 m) (Simak y Remröd 1976).

Estimación del contenido de semillas completas por el procedimiento

de corte



Los métodos que se describen supra ofrecen una estimación de la cantidad de conos

o frutos. Es necesario relacionar esa estimación con la producción de semillas

examinando el contenido de una muestra de los frutos. Es posible que los frutos

lleguen normalmente a la madurez con independencia de que sean uno o cien los

óvulos de su interior que se han fecundado satisfactoriamente y han tenido un

desarrollo normal; en las especies partenocárpicas los frutos pueden madurar sin

contener ni una sola semilla viable. Por consiguiente, el número de frutos no siempre

es una buena guía para conocer el número de semillas.



El método que se recomienda generalmente consiste en cortar a lo largo los conos o

frutos y contar el número de semillas que son visibles en una de las superficies

(Morandini 1962, Seal y otros 1965, Stein y otros 1974). Existen cuchillos

específicamente ideados para ese fin. En el caso de los pinos meridionales de los

Estados Unidos (Wakeley 1954), se ha recomendado que se tomen una o dos

muestras de conos de un árbol de cada 20 a 100 de una zona, mientras que en el

Reino Unido (Seal y otros 1965) se recomiendan 5 ó 10 conos de un árbol de cada

diez. Sólo deben contarse las semillas normales. No se incluyen las semillas

subdesarrolladas que suelen aparecer en la parte superior y la base de los conos

(Stein y otros 1974). El número de semillas completas contadas que indica una buena

producción varía según la especie; por ejemplo, 6 o más indica una buena producción

en Pseudotsuga, mientras que en Picea sitchensishacen falta para ello 14 o más

(Douglass 1969, Stein y otros 1974). En el caso de algunas especies se conoce la

relación entre el número total de semillas completas por cono y el número de semillas

completas visibles en la superficie de corte; por ejemplo, en Pseudotsuga de la parte

occidental de los Estados Unidos se ha de multiplicar por un factor de 4 ó 5

(Greathouse 1966).



En el caso de muchas especies tropicales se desconoce el número de semillas que

porta por término medio cada fruto, y es necesario establecerlo bajo las condiciones

locales; varía desde una semilla por fruto, como por ejemplo en la mayoría de las

dipterocarpáceas, hasta varios centenares por fruto en Anthocephalus. En los frutos

polispermos es probable que el número de semillas que se desarrollan varíe en

función del clima, la fertilidad del suelo y la edad de los árboles progenitores. Las

primeras fructificaciones de los árboles jóvenes contienen casi siempre menos

semillas viables por fruto que las de esos mismos árboles cuando han alcanzado la

plena madurez.



El examen de una muestra de semillas en el fruto sirve también para indicar la fase de

desarrollo o madurez de las semillas (véase la sección siguiente) y la incidencia de

daños debidos a plagas o enfermedades.



La decisión definitiva sobre si la fructificación es lo suficientemente abundante para

justificar su recolección en un año determinado ha de depender tanto de la calificación

de la cantidad de frutos o conos como de los resultados de la determinación del

contenido de semillas completas mediante el procedimiento de corte. En el Apéndice

1C11 figura un ejemplo de un formulario en el que se recogen, combinadas, estas dos

evaluaciones.



Determinación de las fechas de recolección idóneas

En los trópicos, algunas especies portan semillas maduras en todas las épocas del

año. Pero incluso en esos casos suele existir un período de máxima producción de

semilla, período en el que la recolección será más barata y más alta la calidad de la

semilla. En otras especies, y especialmente en la zona templada, con su marcada

diferencia entre verano e invierno, la semilla madura se da sólo durante un período

limitado, por lo general en otoño. En el caso de muchas especies se dispone de una

buena información sobre las fechas, por término medio, de la estación semillera, pero

es posible que esos promedios no sean lo bastante exactos para planificar la

recolección en un año determinado. El período que media entre la maduración de la

semilla y su dispersión suele ser corto, mientras que los efectos del clima en un año

determinado pueden hacer que las fechas de la fructificación se alejen en varias

semanas del promedio. En la zona templada, una primavera temprana y un verano

seco pueden hacer que la semilla madure muy pronto, y los vientos fuertes y secos

producen una dispersión rápida de las semillas maduras. El tiempo fresco y húmedo,

en cambio, puede retrasar en semanas o meses la maduración y la dispersión (Stein y

otros 1974). En los trópicos secos se producen variaciones anuales parecidas en

cuanto a las fechas de comienzo de la estación seca y de las lluvias. Por

consiguiente, es necesario comprobar cada año el calendario correcto de la

recolección examinando la cosecha misma.



El reconocimiento del tamaño de la producción de semilla, que se efectúa 1 ó 2 meses

antes de la recolección tal como se ha descrito en las páginas 44–45, ofrece también

algunas indicaciones sobre la manera en que están madurando las semillas. Las

conclusiones de ese examen han de ser dobles, como por ejemplo: "Rodales A, B y

C: Producción muy escasa, no merece la pena recolectar este año. “Rodales X, Y y Z:

Buena producción, las semillas estarán maduras probablemente en cuatro semanas”.

No obstante, en el momento de la recolección se debe efectuar una última

comprobación del estado de maduración de las semillas.



Los trópicos húmedos presentan problemas especiales, pues los efectos de

estacionalidad suelen ser sutiles, cuando existen, y no se conoce con seguridad el

período de máxima producción de semillas. Tras detectar la floración en un rodal del

que se desea recolectar semilla, es importante efectuar reconocimientos periódicos

para comprobar el avance de la maduración del fruto. Un calendario eficiente de

reconocimiento exige conocer con anterioridad el tiempo que transcurre entre la

antesis (apertura de la flor/polinización) y la madurez del fruto. En los árboles de

Malasia, el período que transcurre entre la antesis y la madurez del fruto oscila entre 3

semanas en Pterocymbium javanicum y 11 meses en Diospyros maingayi (Ng y Loh

1974). En el castaño de Pará, Bertholletia excelsa, que es una planta exótica, el

período es de 15–16 meses (Lambourne 1930). En Malasia se recomienda que, si el

período de maduración es de X semanas, se compruebe el desarrollo de la cosecha a

las semanas 1/2 X y 3/4 X después de la floración. Cuando se establece un calendario

fijo y arbitrario, como por ejemplo una vez al mes, el resultado es que el recolector

llega demasiado tarde para los frutos de maduración rápida, como Pterocymbium

javanicum, y por el contrario malgasta esfuerzos en el caso de los frutos de

maduración lenta como la castaña de Pará o nuez del Brasil.



Aparte del caso excepcional de la recolección deliberada de semillas no maduras (que

se examina infra), los recolectores han de ser capaces de programar su trabajo de

manera que la recolección coincida con el período en el que la semilla (pero no

necesariamente el fruto) está totalmente madura pero aún no ha empezado a

dispersarse debido a la dehiscencia del fruto o al consumo de éste por animales. Para

conseguir este fin los recolectores deben ser capaces de distinguir la semilla madura

de la que no lo está. Para reconocer la madurez de la semilla se han utilizado varios

métodos distintos. Ninguno de ellos funciona a la perfección en todas las especies, y

se precisa una amplia experiencia o investigación para determinar cuál es el método o

combinación de métodos que mejor conviene a una especie hasta entonces

desconocida en este aspecto. Los métodos pueden dividirse en los que son de

aplicación directa en el campo y los que precisan equipo de laboratorio. Estos útlimos

pueden ser de utilidad para comprobar los métodos que se emplean sobre el terreno,

pero es poco probable que le resulten de utilidad práctica al recolector a menos que el

lugar de recolección esté próximo al laboratorio, como puede ocurrir en algunos

huertos semilleros.



Métodos de laboratorio



a) Peso en seco. La forma más generalmente aceptada de medir la madurez consiste

en comprobar cuál es el momento en el que la semilla alcanza su máximo peso en

seco, punto que se denomina madurez fisiológica. Esto significa que han dejado de

pasar nutrientes desde el árbol padre hasta la semilla (Harrington 1972). El máximo

peso en fresco no indica madurez fisiológica, pues la semilla en maduración empieza

a perder agua cuando todavía se están acumulando nutrientes y no han finalizado los

procesos bioquímicos.



Pueden efectuarse determinaciones repetidas del peso en seco de una serie de

muestras de semilla y después extrapolarse los resultados al resto de la producción,

pero este método es lento y por ello se utiliza muy poco.



b) Análisis químico. En el proceso de maduración de la semilla se producen cambios

bioquímicos, aunque es relativamente poco lo que sabemos de este aspecto en la

mayoría de las especies. Respecto de algunas de ellas se han determinado índices

químicos de la madurez de la semilla; por ejemplo, los mejores índices químicos

para Fraxinus pennsylvanica son el contenido de grasa cruda y el de nitrógeno

proteínico, que aumentan en cinco y cuatro veces respectivamente desde la

inmadurez hasta la madurez fisiológica. Pero estos índices no presentan ventaja

alguna sobre el examen del embrión y el cambio de color del fruto, y no parece que

esté justificada la molestia adicional de tener que realizar los análisis (Bonner 1973b).

Rediske (1969) comprobó que las semillas de Pseudotsuga estaban fisiológicamente

maduras cuando el contenido de azúcares reductores descendía a 14 mg/g.



c) Radiografía con rayos X. El examen del desarrollo del embrión y el endosperma de

las semillas de la muestra por medio de radiografías de rayos X es un método rápido y

relativamente directo de evaluar la madurez de la semilla, siempre que se disponga de

medios adecuados y personal técnico calificado (Turnbull 1975a). La técnica se ha

utilizado con éxito en Tectona(Kamra 1973) y en otras varias especies tropicales

(Kamra 1974), así como en especies de la zona templada como Pinus strobus (Wang

1973). Presenta el inconveniente de que exige un equipo relativamente costoso y de

que la fiabilidad de los resultados depende mucho del juicio del analista (Turnbull

1975a).



d) Contenido de humedad de los frutos. En muchas especies los conos y frutos en

maduración pierden agua, fenómeno que está íntimamente relacionado con la

madurez de la semilla. Las semillas de Picea glauca se consideran maduras cuando

su contenido de humedad es inferior al 48 por ciento (Cram y Worden 1957), en Larix

decidua al 25–30 por ciento (Messer 1963, 1966) y en Pinus sylvestris cuando

desciende al 43–45 por ciento (peso en fresco) (Schmidt-Vogt 1962, Remröd y

Alfjorden 1973). No obstante, la determinación del contenido de humedad mediante

secado en una estufa presenta el mismo inconveniente de lentitud que la

determinación del peso en seco.



Métodos sobre el terreno



e) Peso específico de los frutos. Del mismo modo que el contenido de humedad de los

frutos y conos desciende con la maduración, así lo hace también el peso específico o

densidad, es decir la relación entre unidad de peso y unidad de volumen. A diferencia

del contenido de humedad, no es demasiado difícil determinar el peso específico

aproximado en el campo, mediante la flotación de la semilla en líquidos cuyo peso

específico se conoce. Se han establecido los valores de peso específico que tienen

los conos maduros de varias especies coníferas, y así el cono que se va a examinar

se coloca en un líquido en el que flotará si está maduro y se hundirá si no lo está

(Stein y otros 1974). Para preparar estos líquidos de flotación, con su peso específico

designado, se han utilizado diversas mezclas de queroseno (PE = 0,80), aceite fluido

para motores del tipo SAE 20 (PE = 0,88) y aceite de linaza (PE = 0,93). Los ensayos

deben efectuarse nada más recoger los conos del árbol. Los índices de peso

específico han resultado fiables en algunas coníferas de la zona templada, como por

ejemplo un PE de 0,74 en Picea glauca (Cram y Worden 1957), pero no en el caso de

varias frondosas meridionales de los Estados Unidos (Bonner 1972).



f) Examen del contenido de semillas. El examen del contenido de semillas que se

hace visible al cortar a lo largo los frutos o conos puede ser un método fiables y

sencillo de valorar la madurez de las semillas siempre que el operario posea

experiencia. Casi todos los embriones y endospermas pasan por una fase inmadura,

de aspecto “lechoso”, a la que sigue otra fase en la que el tejido cobra más firmeza y

tiene aspecto de “masa”. Las semillas maduras poseen un endosperma blanco y firme

(cuando existe) y un embrión firme y plenamente desarrollado (Turnbull 1975a).



g) Color de los frutos o conos. Los cambios de color que experimenta el fruto o cono

constituyen un criterio sencillo y en algunas especies fiable para determinar la

madurez de la semilla, pero el operario debe tener experiencia sobre las

características de la especie de que se trate. Tiene en común con el método basado

en el peso específico que no comporta la destrucción de las semillas de la muestra

que se examina. El cambio consiste por lo general en pasar del verde del fruto o cono

inmaduro a diversos tonos de amarillo, pardo o gris, y puede estar acompañado de

endurecimiento de las escamas del cono o del pericarpo en los frutos dehiscentes o

leñosos. Como la semilla madura normalmente antes que el fruto, en algunas

especies es aconsejable programar la recolección para las primeras fases, mejor que

las últimas, del cambio de color. En varias frondosas meridionales de los Estados

Unidos se comprobó que el cambio de color era el indicador más fiable de la madurez

desde el punto de vista de la práctica general (Bonner 1972). Este método ha arrojado

también buenos resultados en algunas coníferas de la zona templada. En Malasia,

Tamari (1976) comprobó que los mejores resultados se obtenían recolectando los

frutos de dipterocarpáceas cuando las alas se habían vuelto pardas pero antes de que

cambiara de color el fruto propiamente dicho.



En Tailandia se utiliza el color de los conos como una guía para determinar el

momento óptimo de recolección de los pinos, pero con diferencias según las especies.

En Pinus kesiya la recolección se inicia cuando los conos se han endurecido y el color

está pasando de verde a pardo en proporciones de 50:50. En Pinus merkusii el

momento óptimo de recolección es cuando la mayoría de los conos tienen un color

parduzco y algunos han empezado a abrirse (Granhof 1975). Ensayos efectuados con

la procedencia Zambales (Filipinas) de P. merkusii han demostrado no sólo que la

extracción es una operación mucho más larga y costosa cuando el cono tiene color

verde que cuando lo tiene pardo, sino también que en el primer caso la semilla

extraída tiene una tasa de germinación inferior (Gordon y otros 1972). La experiencia

habida con P. caribaea en Honduras es parecida (Robbins 1983a).



La abscisión y caída de los frutos suele ser un signo de madurez de éstos, por lo que

podría suponerse que indica también un alto contenido de semillas viables y maduras.

Pero no siempre ocurre así. Las primeras semillas de los frutos que caen de manera

natural suelen ser de escasa calidad (Morandini 1962), en cuyo caso es aconsejable

rechazarlas y postponer la recolección hasta el momento cumbre y la segunda mitad

del período. En Tailandia, los frutos de Tectona grandis empiezan a caer en marzo,

pero las observaciones efectuadas han demostrado que los frutos más viables son los

últimos en caer, de manera que se recomienda no empezar la recolección antes de

abril (Hedegart 1975). Los primeros frutos de especies dipterocarpáceas que caen al

madurar suelen ser defectuosos, y la recolección debe postponerse hasta que ha

caído la mayor parte de los frutos (Seeber y Agpaoa 1976).

Recolección de semillas inmaduras

Lo habitual es recolectar las semillas cuando están maduras, pues poseen más

energía germinativa y son más longevas en condiciones de almacenamiento que las

inmaduras. Pero existe también la posibilidad de recolectar los frutos antes de su

maduración y almacenarlos en condiciones relativamente frescas y bien ventiladas, lo

que permite la postmaduración de las semillas dentro del fruto. Este método ha dado

resultados prometedores al nivel de investigación en varias especies.



Hay varias razones que justifican el interés en desarrollar técnicas de maduración

artificial (Turnbull 1975a). Son las siguientes:



 ampliar la temporada de recolección. El breve período que transcurre entre la

madurez de la semilla y su dispersión puede ejercer una presión excesiva

sobre la disponibilidad de fuerza de trabajo estacional, y en algunas zonas esta

situación puede verse agravada por unas condiciones climatológicas

desfavorables durante el período de recolección. La prolongación del tiempo

de que se dispone para recolectar permite organizar mejor las operaciones y

hace posible que el personal capacitado recoja una mayor proporción de la

cosecha. Puede ser especialmente valioso en el ámbito de la investigación, en

el que hay que recolectar muchos lotes de semilla en lugares muy alejados

entre sí. Griffin (1974) utilizó la técnica en su estudio sobre procedencias del

abeto de Douglas.

 evitar los daños que causan a la cosecha de semilla los insectos y otras

plagas. Es frecuente que los insectos, las aves, los roedores y otras plagas

dañen o destruyan las semillas y frutos cuando han llegado a la madurez. La

recolección temprana puede ser una manera de evitar esas pérdidas. El daño y

el deterioro que sufren las semillas suelen ser más graves durante el período

en que están en el suelo del bosque que durante cualquier otra fase de su

vida; toda reducción de ese período mejorará su viabilidad ulterior y su

longevidad en condiciones de almacenamiento.

 aprovechar semillas inmaduras recolectadas por inadvertencia. Los

recolectores de semilla no capacitados suelen empezar a recoger los frutos y

conos en un momento del año demasiado temprano, antes de que estén

plenamente maduros. La maduración artificial es una forma de manipular ese

material.



El desarrollo de técnicas para la postmaduración de semillas inmaduras exigirá más

investigación antes de que esas técnicas puedan aplicarse a una amplia gama de

especies. No obstante, cuando existe un problema de dispersión rápida de las

semillas o de plagas, y siempre que pueda establecerse cuál es el momento más

temprano en que se pueden recolectar sin peligro los frutos inmaduros, esas técnicas

pueden ser muy beneficiosas. En las páginas 133–134 se mencionan algunos

ejemplos positivos.



Determinación de los árboles en que se va a recolectar

Si cabe partir de que el recolector de semilla ha recibido unas instrucciones claras del

usuario en cuanto a las especies y procedencias que debe recolectar, y en algunos

casos sobre los rodales en que debe hacerlo, sigue siendo sin embargo su

responsabilidad seleccionar los árboles concretos en que va a llevar a cabo la

recolección. Los criterios serán considerablemente distintos según se trate de

recolecciones en gran escala para proyectos de forestación o de recolecciones en

pequeña escala con fines de investigación.



La identificación de especies no presenta problemas en las plantaciones

monoespecíficas, pero es esencial y puede ser difícil en el bosque natural mixto,

especialmente cuando aparecen mezcladas especies muy parecidas del mismo

género, como sucede con los pinos en México y Centroamérica, los eucaliptos en

Australia y las dipterocarpáceas en Asia sudoriental. A menos que la identificación sea

segura, muchas veces es aconsejable recolectar, además de semillas, especímenes

de herbario.



Recolecciones en gran escala



En las recolecciones en gran escala se hace más hincapié en recoger la mayor

cantidad de semilla posible, y de la manera más rápida y barata posible, que en la

selección muy cuidadosa de los árboles padres. No obstante, es esencial que no se

recojan semillas de fenotipos muy pobres ni semilla vacías o no viables. Stein y otros

(1974) han enumerado unas directrices básicas, en las que se basan las

recomendaciones siguientes:



1. Recolectar sólo en árboles sanos y vigorosos, de forma razonablemente buena

y que estén creciendo conforme al promedio o mejor.

2. En lo posible, recolectar en árboles maduros o casi maduros. Deben evitarse

los árboles extramaduros, pues sus semillas pueden ser poco viables.

3. Evitar los árboles aislados de especies naturalmente alógamas, pues es

probable que se trate de árboles autopolinizados. Suelen tener pocas semillas,

y además de escasa viabilidad, y las plántulas obtenidas son con frecuencia

débiles o presentan malformaciones.

4. Evitar recolectar en rodales que contengan numerosos árboles de porte

deficiente, excesivamente ramosos, pálidos, anormales o enfermos.



Muchas veces será necesario hallar una solución de transacción entre la producción

de semilla y el aspecto fenotípico. No debe recogerse la semilla de los árboles de

ramificación demasiado tosca y vigorosa, los llamados árboles “alfarrazadores”,

aunque suelen producir gran cantidad de semillas, mientras que los árboles cuyo

porte es excepcionalmente bueno tienen a veces tan poca semilla que no justifican el

trabajo de recolección. La mayor parte de la semilla ha de recolectarse en árboles que

“respondan al promedio o lo superen” tanto en su porte como en su producción

semillera.

Aunque se han efectuado pocos estudios sobre la biología reproductiva de los árboles

tropicales, la aparición de algunas especies en densidades muy bajas (inferiores a un

árbol por km2) sugiere que son especies de autopolinización natural. La recolección de

semillas de esos árboles carece de los problemas que plantea la recolección de

árboles aislados de especies con alogamia natural.



Recolecciones en pequeña escala con fines de investigación



En las recolecciones que se efectúan en pequeña escala con fines de investigación, la

selección de los árboles dependerá de los objetivos concretos de la investigación

proyectada. En muchos países se está prestando actualmente mucha atención a la

investigación de procedencias. El asesoramiento de la IUFRO sobre recolecciones de

semillas de procedencias comprende las recomendaciones siguientes en cuanto a la

selección de los árboles (FAO 1969):



1. Recolectar en árboles no peores que dominantes y codominantes de calidad

media, pertenecientes mejor a rodales “normales” que a rodales “excelentes”.

Las semillas de fenotipos superiores, si se recolectan, deben mantenerse

separadas del resto.

2. Recolectar en un mínimo de 10 árboles de cada rodal, y preferiblemente entre

25 y 50. Si el rodal es muy variable, incrementar el número de árboles.

Registrar el número de árboles y el porcentaje aproximado que representan

respecto del total del rodal.

3. Los árboles semilleros deben estar separados entre sí al menos por la

distancia de caída de las semillas. En el caso de Pseudotsuga se ha adoptado

una distancia de 100 m. Con ello se pretende reducir el riesgo de recolectar en

padres medio hermanos. En Australia se utiliza como norma práctica general

una distancia mínima que es el doble de la altura del árbol (Boland y otros

1980).

4. Se debe marcar los árboles en los que se recolecta.

5. Se debe recolectar igual número de conos, frutos o semillas por árbol.

6. En las recolecciones normales de procedencias de primera fase, pueden

mezclarse las semillas de los distintos árboles. Si se van a efectuar estudios

especiales sobre genotipos individuales, entonces deben mantenerse

separadas las semillas de cada árbol.



Recolecciones de un único árbol



A los ingenieros forestales no les interesan únicamente las variaciones entre

poblaciones y procedencias, sino también las variaciones que se dan dentro de ellas.

En el caso de las plantas exóticas, un enfoque que pueden utilizar los países

introductores consiste en estudiar en primer lugar las diferencias entre procedencias

bajo las condiciones locales para investigar después en una fase posterior, cuando se

han identificado las procedencias mejor adaptadas localmente, la variación entre

individuos en las mejores procedencias por medio de ensayos de progenie. Cuando la

semilla se recolecta para realizar ensayos de progenie, es esencial mantener

separadas las semillas de los distintos árboles en todas las fases de recolección,

transporte, procesamiento, vivero y plantación en el campo.



La conservación de la identidad de árboles individuales en las fases de recolección y

extracción suele exigir un esfuerzo considerablemente mayor que cuando se junta

toda la semilla recolectada. Si ese esfuerzo se realiza, entonces se obtienen algunos

beneficios, que para Turnbull (1975b) son los siguientes:



 Permite el estudio biosistemático de la variación genética dentro de las

poblaciones y entre ellas. McElwee (1969) afirma que las semillas

recolectadas deben mantenerse separadas por árboles a lo largo de todo el

proceso que va desde la recolección hasta la plantación, pues la combinación

de semillas dentro de un rodal es negativa para los ensayos de procedencias,

ya que impide distinguir entre fuente de semillas y variación individual. No

obstante, en los ensayos de procedencia muy amplios, en los que intervienen

muchos árboles distintos, es posible que el investigador no disponga de

recursos suficientes para conservar la identidad de los padres.

 Cuando la semilla se va a juntar antes de sembrarla, se puede manipular la

combinación de procedencias para que haya igual cantidad de semilla viable

de cada árbol.

 No siempre es posible detectar en el campo los árboles que producen semillas

híbridas. Así ocurre especialmente en el caso de los eucaliptos. Por eso, si los

lotes de semilla se guardan por separado, después de la multiplicación de

pequeñas muestras de cada árbol, puede eliminarse todo indicio de hibridación

antes de establecer el ensayo principal.



Recolecciones monoclónicas



Cuando se recolecta en huertos semilleros clonales, la unidad de identidad que hay

que mantener separada suele ser no el ramet individual, sino el clon. En Zimbabwe se

ha seguido durante muchos años la práctica de mantener separados los distintos lotes

de semillas clonales, y se considera que ello justifica sobradamente los costos y

esfuerzos extraordinarios a que ello obliga en comparación con las recolecciones de

huertos a granel. Esas ventajas pueden resumirse de la manera siguiente:



a. El mantenimiento de identidades clonales individuales en todas las fases,

desde la recolección hasta el almacenamiento, permite actuar en el mínimo

plazo sobre la mayor parte de la información a medida que se dispone de ésta.

La necesidad de adoptar medidas con rapidez se plantea sobre todo cuando

es preciso expurgar y cuando se manifiesta una vulnerabilidad a plagas o

enfermedades, de manera que puedan aislarse o descartarse los lotes de

semilla no deseados.

b. Pueden prepararse y suministrarse lotes de semilla que resulten idóneos para

lugares específicos, haciendo uso para ello de la información más reciente que

sobre la interacción genotipo/medio ambiente facilitan los análisis de

determinación de la progenie.

c. Junto con b) supra, y utilizando los resultados de los ensayos de cada clon,

pueden preparse lotes de semilla compuestos de manera que en el material de

plantación final exista una representación igual de los distintos clones, con lo

que se evitan los efectos dominantes que algunos clones suelen tener en los

lotes de semilla a granel.

d. En general, aumenta el número de opciones de que dispone el usuario.



Recolecciones con fines de conservación



Se efectúan también recolecciones para intentar conservar el acervo génico ex

situ como semillas almacenadas a largo plazo o en rodales de conservación

plantados. Como nos falta mucho para tener un conocimiento exacto de las

frecuencias génicas en las poblaciones indígenas, la recolección con fines de

conservación genética ha de basarse principalmente en el sentido común. Es

probable que sean apropiados métodos parecidos a los que se emplean en las

recolecciones de procedencias, con las excepciones siguientes:



1. Debe tomarse como muestra un número algo mayor de árboles por conjunto

génico. Las estimaciones oscilan entre 50 y 100 (por ejemplo, Nikles 1974,

Marshall y Brown 1974).

2. La muestra debe ser estrictamente aleatoria y debe incluir tanto árboles

inferiores al promedio como superiores al promedio, a fin de captar en la mayor

medida posible toda la variación genética. La única restricción a este principio

es la imposibilidad de incluir en la muestra los árboles que no están

produciendo semilla.

3. Otra medida para asegurar la mayor diversidad genética posible dentro de las

semillas recolectadas consiste en recolectar en un año superior al promedio.

Cuanto mejor sea el año de semilla, tanto mejor será la representación de

progenitores masculinos que aportan polen, así como de progenitores

femeninos que suministran semilla.

4. La cantidad de semilla que se va a recolectar de cada procedencia será por lo

general mayor, pues la superficie que se recomienda para los rodales de

conservación, 10 ha, es mucho mayor que la superficie total dedicada a una

sola procedencia en un único ensayo de procedencias.



Acopio de los recursos necesarios para la recolección

Una parte de la planificación consiste en hacer acopio, en el momento adecuado, de

información clara sobre la naturaleza y magnitud de las tareas de recolección: número

de especies y procedencias, cantidades de semilla, ubicación de los rodales, fechas

idóneas para recolectar, etc., tal como se han descrito supra. La otra parte consiste en

seleccionar y acopiar los recursos necesarios para llevar a cabo ese trabajo. En los

capítulos siguientes se ofrecen detalles sobre los diversos recursos que pueden

resultar útiles. Durante la fase de planificación, el director de las operaciones de

recolección ha de comprobar los preparativos para el trabajo sobre el terreno en los

aspectos siguientes:

1. Organización de los equipos de recolección. El producto de los equipos de

recolección, conocido o estimado, ha de ponerse en relación con la cantidad

de semilla, el número de rodales y la duración de la estación, a fin de

determinar el número y tamaño de los equipos que se requiere. Por ejemplo,

en Tailandia un solo equipo puede recolectar en 30 días procedencias

de Pinus kesiya por un total de 3 000 kg de conos en 16 rodales (Granhof

1975). Si se estima que la estación completa dura 45 días y la demanda total

es de 9 000 kg de conos de esos mismos 16 rodales, se necesitarán dos

equipos para llevar a cabo el trabajo. Cuando se puede planificar con

antelación suficiente, existe la posibilidad de capacitar, en caso necesario, a

otros trepadores. Es conveniente que entre el personal permanente haya al

menos un trepador, que pueda responsabilizarse de cuidar el equipo necesario

para trepar a los árboles y de capacitar a nuevos trepadores temporales. En el

campo debe organizarse a los trepadores en equipos pequeños, con un

capataz al frente de cada uno de ellos. En Honduras se ha llegado a la

conclusión de que un equipo de seis parejas (un trepador y un ayudante u

operario de sujeción en el suelo por cada pareja) es un tamaño adecuado

(Robbins y otros 1981).

2. Organización del transporte. Los equipos de recolección han de reducir al

mínimo el tiempo que emplean en trasladarse de un punto al siguiente. Se

debe disponer de medios de transporte en el lugar y el momento necesarios. Si

fuera preciso, se pueden alquilar temporalmente otros vehículos. En las zonas

que carecen de carreteras es posible que haya que organizar con antelación el

empleo de un mayor número de trabajadores no calificados para que ayuden a

transportar el equipo, las tiendas, etc.

3. Organización del equipo. La elección del equipo varía considerablemente en

función de las condiciones locales. Cuanto más escarpado y menos accesible

sea el terreno, tanto más sencillo y ligero ha de ser el equipo. En grandes

huertos semilleros situados en tierras llanas puede ser adecuado un equipo

sumamente mecanizado, como sacudidoras de árboles o plataformas

mecánicas, pero cuando hay que recolectar en rodales naturales situados a 4–

6 horas de camino de la carretera más próxima el único equipo práctico es en

cambio el equipo ligero y portátil (Granhof 1975). Aparte de las herramientas

de recolección, el equipo debe comprender ropa de seguridad, equipo de

primeros auxilios y gran cantidad de bolsas y sacos.

4. Organización de los registros. El registro y el etiquetado meticulosos son

esenciales en toda buena recolección. Con antelación suficiente, deben

diseñarse, e imprimirse en cantidad suficiente, las etiquetas y los formularios

necesarios (Sompherm 1975a). Pueden encontrarse ejemplos en el Apéndice

1.

5. Organización de las autorizaciones. Normalmente no se requieren

autorizaciones cuando se trata de servicios forestales que recolectan en

reservas forestales públicas, pero puede ser necesario solicitar permiso

cuando se recolecta en propiedades privadas, parques nacionales y reservas

especiales o en un país extranjero. Aun cuando no se precise una autorización

oficial, suele ser aconsejable informar por adelantado a las comunidades

locales sobre las operaciones que se van a llevar a cabo.

6. Organización de la extracción de la semilla. Es posible que sea necesario

prever el rápido traslado de los frutos desde el lugar de recolección hasta el

centro de extracción, lo que obliga a organizar por anticipado el transporte. El

personal del centro de extracción debe ser informado sobre el momento en que

van a llegar los frutos. Si está previsto someter a los frutos a un secado

preliminar al sol en el bosque, se necesitarán piezas grandes de polietileno o

lonas alquitranadas.



En el Apéndice 5 figura un ejemplo de la logística de la recolección de semilla

de Pinus caribaea.



Consideraciones especiales en caso de expediciones

internacionales

Algunas especies son en la actualidad más importantes como árboles de plantación

en situaciones exóticas que en los países de origen. Como ejemplos cabe

citar Gmelina arborea, Pinus radiata, muchos pinos tropicales y subtropicales y

muchos eucaliptos. Cuando la distribución natural de esas especies se extiende por

varios países distintos y son muchos los países introductores que solicitan semilla de

ellos, la acción internacional puede ser la manera más eficaz de organizar la

recolección y distribución de la semilla. Asi ocurre especialmente en el caso de

recolecciones con fines de ensayos de procedencias y de establecimiento de rodales

de conservación, rodales semilleros y plantaciones experimentales ex situ, para los

que no se precisan más que cantidades pequeñas o moderadas de semilla pero en

los que los orígenes han de estar identificados con precisión y documentados

plenamente. Ejemplos de recolecciones internacionales de este tipo son las que

organiza la IUFRO respecto de coníferas de la parte occidental de Norteamérica

(Fletcher y Barner 1978), el CFI de Oxford respecto de pinos y frondosas de

Centroamérica y el Centro de Semillas Forestales de DANIDA respecto

de Tectona y Gmelina.



Kemp (1975b, 1976) ha descrito los problemas de la recolección de semillas que se

acentúan en el contexto internacional. Se trata especialmente de la dificultad de

obtener por anticipado información precisa sobre la que basar el plan pormenorizado

de operaciones, así como los problemas que plantean cruzar fronteras

internacionales, las normas aduaneras, las diferencias lingüísticas y otros parecidos.

Existen muchas incertidumbres en materia de acceso, viajes y transporte del material

que posiblemente sólo se pueden resolver cuando la recolección está efectivamente

en marcha. Así ocurre de manera particular en muchos países tropicales, en los que

puede que la información que se precisa sobre la distribución natural, variabilidad,

épocas de floración y fructificación, etc. de las especies de que se trate sea

incompleta o incluso del todo inexistente. Al mismo tiempo que dificulta la planificación

pormenorizada de las operaciones, esto obliga a tener en cuenta, de manera pausada

y cuidadosa, las muchas situaciones posibles que pueden darse en la realidad y a

preparar planes sobre imprevistos para hacer frente a esas situaciones, así como a

contemplar las posibles emergencias que puedan surgir. A continuación se examinan

brevemente algunos aspectos concretos que han de tenerse en cuenta en la

expendiciones internacionales.



1) Objetivos. Como las expediciones internacionales suelen realizarse en nombre de

muchos países, es posible que se trate de conseguir varios objetivos distintos al

mismo tiempo, como recolectar semilla para ensayos de procedencias, semilla a

granel para grandes plantaciones de determinadas fuentes, fenotipos individuales, etc.

Aunque las expediciones en las que se dedica mucho tiempo a viajar de unas zonas a

otras distantes son muy costosas y por lo tanto deben aprovecharse al máximo para

satisfacer necesidades distintas, es posible que esas necesidades sean hasta cierto

punto contrapuestas. Como el tiempo de que se dispone para la recolección es

siempre limitado, es posible que haya que elegir entre pasar más tiempo en un lugar

concreto, para tomar muestras detalladas o para recolectar a granel, y cubrir más

lugares con más rapidez. Por esta razón, los objectivos han de definirse claramente

por anticipado, y ha de establecerse un orden de prioridades para el caso de que sea

necesario elegir entre ellos.



2) Normativas locales. Casi todos los países poseen una normativa sobre la

recolección, exportación, introducción y, en ocasiones, circulación de semilla. Es

posible que se precisen autorizaciones oficiales para alguno de esos procedimientos,

y la no obtención de los documentos necesarios puede retrasar gravemente las

operaciones corrientes y poner en peligro la recolección futura por parte de equipos

internacionales. Análogamente, es posible que el personal de la expedición necesite

documentos personales, como visados de entrada, permisos de trabajo y certificados

sanitarios internacionales. En algunos casos el equipo puede estar también sujeto a

restricciones de importación, especialmente cuando se van a utilizar armas de fuego

y, tal vez, radios del tipo “walkie-talkie”.



3) Participación de personal local. Las expediciones internacionales pueden

beneficiarse enormemente de la participación activa de personal local. Este puede

ayudar a interpretar los datos, y su conocimiento de la geografía y las costumbres

locales puede ser extraordinariamente útil. El personal local puede estar también

capacitado para cuantificar la producción de semilla antes de nuevas recolecciones en

años ulteriores. A cambio de esa participación, pueden celebrarse acuerdos

encaminados a que sean fondos internacionales los que se hagan cargo de los gastos

de viaje del personal local y a que el país huésped reciba una parte de la semilla

recolectada. Esos acuerdos deben establecerse entre ambas partes por anticipado.



4) Equipo. Las decisiones sobre cuál es el equipo más adecuado y cuáles son los

componentes esenciales que hay que suministrar por adelantado a la expedición son

más difíciles de adoptar cuando no se conocen previamente la zona y las condiciones

locales. El transporte aéreo de equipo voluminoso es costoso, pero al mismo tiempo el

hecho de que las operaciones no puedan iniciarse, una vez que la expedición está ya

en el lugar, debido a que no ha llegado el equipo necesario, puede ser muy gravoso

tanto en términos de fondos como en términos del limitado tiempo de que se dispone

para la recolección. Como Apéndice 6 se reproduce una lista de equipo propuesta por

Kemp (1976).



5) Calendario de las operaciones. Es preferible recolectar sólo en un año de

abundante producción de semilla, pues ello ofrece mucha más libertad de acción a la

hora de elegir los rodales y árboles, así como la posibilidad de obtener más semilla

por un costo determinado. No obstante, las expediciones internacionales deben

prepararse mucho tiempo antes de que se pueda evaluar la magnitud de la cosecha, y

la complejidad de los pasos que hay que dar hace que sea muy dificil modificar los

planes en una fase tardía. Incluso en un año de abundante producción de semilla,

sólo se pueden obtener los mejores resultados si se conoce con precisión el momento

en que debe efectuarse concretamente la recolección, y éste es otro dato que a una

expedición internacional, cuya base está en otros sitios, le resulta más difícil

determinar por adelantado.



6) Registros sobre el terreno. Habida cuenta de la dificultad y el elevado costo de

obtener datos una vez que la expedición ha abandonado la zona, especialmente en

los casos en que ello puede comportar la necesidad de volver al lugar para efectuar

nuevas observaciones, es de la máxima importancia efectuar un registro exacto y

completo de los lugares y detalles de la recolección. Véanse ejemplos en el Apéndice

1B.









Capítulo 4 RECOLECCION DE LA SEMILLA

Introducción

En el capítulo anterior se resumieron los métodos para determinar el momento en que

se va a efectuar la recolección de la semilla y los árboles sobre los que se va a actuar.

En el presente capítulo se describen los diversos métodos, tanto manuales como

mecánicos, de que se dispone para llevar a cabo efectivamente la recolección de la

semilla de un árbol determinado. Aunque la expresión “recolección de semilla” es

cómoda y se utiliza de manera habitual, hay que señalar que casi siempre lo que se

recoge de los árboles es el fruto. Sólo en una fase posterior, en algunas especies, se

extraen las semillas y se desechan los frutos; en otras especies no se extraen las

semillas, sino que los frutos se siembran en el vivero íntegros, con la semilla o las

semillas que contienen.



Existe una gran variedad de métodos y equipos para recolectar los frutos, y la

elección depende de una serie de factores que, según Robbins y otros (1981), puede

resumirse de la manera siguente:



1. Tamaño relativo y número de las unidades de dispersión natural y de las

unidades que pueden ser recolectadas por el hombre con comodidad. En el

caso de 1 a 3 semillas grandes encerradas dentro de un fruto dehiscente o

indehiscente (por ejemplo, Aesculus, Tectona), la forma más sencilla de

efectuar la recolección es esperar a que la semilla o el fruto caiga de manera

natural del árbol y recolectarla después del suelo. En el otro extremo, la

recolección en el árbol de las cabezas de fructificación de Adina cordifolia, a

200 unidades por kilo, es la única manera viable de recolectar las semillas; a

11 millones por kilo, sería imposible recolectarlas una vez dispersadas

(Campbell 1980).

2. Características del fruto: tamaño, número, posición y distribución de los frutos;

resistencia de los pedúnculos a las acciones de sacudir, tirar, romper, o cortar;

intervalo entre la maduración y la apertura.

3. Características del árbol: diámetro, forma y longitud del fuste, grosor de la

corteza; forma de la copa; tamaño, ángulo, densidad y resistencia a la ruptura

de las ramas; densidad del follaje y profundidad de la copa.

4. Características del rodal: distribución y densidad de los árboles (por ejemplo,

árboles aislados, rodal abierto o rodal denso); densidad del estrato bajo y de la

vegetación del suelo.

5. Características del lugar: inclinación, accesibilidad.



Los diversos métodos de recolección pueden clasificarse de la manera siguiente: a)

recolección, del suelo del bosque, de los frutos o semillas caídos; b) recolección de

las copas de árboles cortados; c) recolección de árboles en pie a los que se puede

acceder desde el suelo; d) recolección de árboles en pie a los que se accede trepando

y e) recolección de árboles en pie a los que se accede por otros medios.



Recolección, del suelo del bosque, de frutos o semillas caídos



Caída natural



En el caso de varios géneros que poseen frutos de gran tamaño es habitual recolectar

del suelo del bosque los frutos una vez que éstos han caído de manera natural y se

han abierto. Es un procedimiento barato y no exige una mano de obra tan calificada

como por ejemplo cuando hay que trepar al árbol; en esta tarea puede utilizarse a

escolares o mano de obra esporádica. El tamaño del fruto es muy importante, pues

cuanto mayor sea tanto más fácil será verlo y recogerlo a mano. Géneros de la zona

templada que se suelen recolectar del suelo son Quercus,Fagus y Castanea, y entre

los tropicales figuran Tectona, Gmelina y Triplochiton, así como varios géneros de

dipterocarpáceas.



Los principales inconvenientes que presenta la recolección del fruto después de su

caída natural son los riesgos de recoger semillas inmaduras, vacías o inviables, de

deterioro de la semilla o de germinación prematura cuando la recolección se retrasa, y

de falta de certeza a la hora de identificar los árboles padres de los que se recoge la

semilla. Los primeros frutos que caen de una manera natural en la estación suelen

tener semillas de escasa calidad (Morandini 1962, Aldhous 1972). En Tailandia, los

frutos del teca empiezan a caer en marzo, pero se ha comprobado experimentalmente

que los frutos más viables son los que caen en la última parte de la estación, por lo

que la recolección suele postponerse hasta abril (Hedegart 1975). Puede facilitarse

considerablemente la eficiencia de la recolección limpiando el suelo del bosque de

vegetación y residuos, incluidos los frutos antiguos o caídos prematuramente, y/o

extendiendo grandes piezas de lona ligera, percal o plástico para que caigan en ellas

las semillas (Turnbull 1975b). Si se programa cuidadosamente, mediante esta

operación se eliminará también gran parte del riesgo de recolectar semillas vacías o

inviables. Los frutos viables deben recogerse lo antes posible una vez caídos, para

evitar los daños o pérdidas debidos a insectos, roedores u hongos y la germinación

prematura. Esto es especialmente importante en el bosque tropical húmedo. Se ha

observado que muchas de las semillas de las dipterocarpáceas más importantes

pierden su viabilidad a los pocos días de caer, y estudios efectuados sobre Shorea

platyclados en Malasia demostraron que los lotes de semilla recogidos del suelo

contenían un número considerablemente mayor de semillas defectuosas que los lotes

recolectados del árbol en pie (Tang 1971). Por consiguiente, la recolección de las

semillas que se encuentran en el suelo debe sincronizarse perfectamente con la caída

de las mismas.



En la región amazónica de Jari, en el Brasil, Woessner y MacNabb (1979) llegaron a

la conclusión de que la recolección de los frutos verdes o amarillos de Gmelina

arborea del suelo del bosque ofrecía los mejores resultados en las operaciones de

recolección de unos 10 000 kg de semilla al año. La semilla podía almacenarse

temporalmente en sacos durante el transporte desde el campo hasta la instalación de

procesamiento de los frutos, sin que se produjeran pérdidas de viabilidad graves. Los

frutos más viejos, de color pardo o negro, fermentan y se calientan en los sacos y

pierden rápidamente su viabilidad. A los equipos de recolección se les indica que

recolecten únicamente los frutos frescos, de color verde o amarillo. En una jornada

laboral de 8 horas pueden recolectarse 50 kg de frutos por persona, lo que da un

rendimiento de unos 3 kg de hueso seco. Se han obtenido resultados parecidos en

Malasia, donde los frutos verdes y amarillos recogidos del suelo arrojaron una tasa de

germinación de más del 90 por ciento, mientras que la de los frutos de color pardo era

sólo del 53 por ciento (Mohammad e Ibrahim 1980).



Las semillas de algunas especies de cubierta dura pueden conservar su viabilidad en

el suelo del bosque durante años, especialmente en condiciones templadas. En el

distrito forestal de Pusztavacs, en Hungría, las semillas de Robinia pseudoacacia se

recogen del suelo del bosque bajo rodales de 30 años de antigüedad (Keresztesi

1979). Una máquina especial criba los 10 cm superiores del suelo y obtiene unos 770

kg de semilla por hectárea, lo que equivale al rendimiento de aproximadamente 10

años semilleros. Incluso en los trópicos es posible obtener semillas viables de cubierta

dura cribando el suelo bajo los árboles padres. Así se ha hecho en Malasia con Parkia

javanica e Intsia palembanica, cuyas semillas son lo bastante grandes para recogerse

a mano. Cuando las semillas son más pequeñas, como por ejemplo en Albizzia

falcataria, puede ser más práctico cribar el terreno con una tela metálica (Ng 1983).

Cuando los frutos se recolectan del suelo es frecuente que surjan dudas sobre la

identidad del árbol padre. Los árboles aislados no presentan problema alguno a este

respecto (aunque es posible que sean padres no convenientes debido al riesgo de

autofecundación), pero en los monocultivos densos, en los que las copas se

entrelazan, los frutos pueden mezclarse mucho. Esto no tiene importancia cuando se

recolectan cantidades comerciales de semilla, siempre que la calidad genética del

rodal corresponda al promedio o más. Cuando la recolección se efectúa con fines de

investigación o mejora genética, sin embargo, suele ser necesario mantener la

identidad del árbol padre de cada lote de semilla. En esos casos es aconsejable retirar

del suelo los frutos ya caídos y acelerar la caída de nuevos frutos sacudiendo,

golpeando o cortando las ramas, o trepando al árbol y recogiendo los frutos en la copa

(Hedegart 1975). Una solución de transacción, adecuada para recolecciones

comerciales en rodales no mejorados que contienen una mezcla de árboles

fenotípicos buenos y malos, consiste en recoger solamente los frutos que están

debajo de los mejores portagranos y dentro de un radio que equivale a la mitad del

radio de proyección de sus copas.



Sacudimiento manual



Cuando los frutos se separan con facilidad pero la caída natural de los frutos no está

suficientemente concentrada en el tiempo, puede inducirse la caída de los frutos por

medios artificiales. Una posibilidad consiste en sacudir directamente con la mano los

troncos de árboles pequeños y las ramas bajas. Las ramas superiores pueden

sacudirse con ayuda de una vara larga terminada en un gancho, o con una cuerda.

Este método ha producido buenos resultados en Cordia alliodora y Cedrela spp., pues

facilita la recolección rápida de las semillas, con un buen nivel de viabilidad, tan pronto

como la inspección visual indica que los frutos están maduros (Stead 1979, Robbins y

otros 1981).



La utilización de una cuerda comprende una operación inicial que consiste en pasar la

cuerda por encima de la rama que se quiere sacudir, operación que describen

Robbins y otros (1981). Es el mismo método que se utiliza para subir una sierra o una

polea a la copa. Se ata un cordel fino a un peso, que luego se lanza por encima de la

rama a mano o con una catapulta. En caso de ramas más altas el cordel puede estar

atado a una flecha, que se lanza con arco, o a una varilla de hierro que se dispara con

un rifle de calibre 22. Es adecuado el cordel de nilón ligero, como por ejemplo un hilo

de pescar de 23 kg de tensión de rotura, y el peso o proyectil que se utilice debe ser lo

suficientemente pesado para que caiga al suelo, llevando el cordel con él, después de

pasar por encima de la rama. Hay que tratar de asegurar que el hilo se desenrolle

bien, sin enredarse, utilizando por ejemplo un carrete de pescar adecuado. Una vez

que el extremo del hilo ha llegado al suelo, se quita el peso o flecha y se pone en su

lugar una cuerda de nilón de 3–4 mm; después se vuelve a tirar del hilo por el otro

extremo, de manera que pase la cuerda por encima de la rama. Para sacudir la rama

puede agarrarse de la cuerda por sus dos extremos. La cuerda debe situarse cerca

del extremo de la rama, donde tendrá el máximo efecto de sacudida, y no cerca del

fuste, donde la rama tiene su máximo grosor.

En Nueva Zelandia se han utilizado ballestas de fibra de vidrio y 30 kg de tracción,

que disparan flechas de 0,8–0,9 m de largo y 40 g de peso, para lanzar por encima de

las ramas un hilo de 5,5 kg de tensión de rotura (Sweney y Jones 1975). Con este hilo

se izan al árbol sucesivamente un cordel de 20 kg y otro de 180 kg con polea. En el

Canadá se han utilizado con éxito, para alturas de entre 20 y 50 m, una pistola de

calibre 45 que disparaba varillas de acero de 270 g de peso y otra de calibre 22 que

disparaba cilindros de 230–300 g de peso y 6,3 cm de diámetro. Se utilizaron

cartuchos de fogueo. El hilo unido al proyectil era hilo de pescar de 32 kg, de un solo

filamento, que se utilizó para elevar una cuerda plástica de 320 kg que transportaba

un mecanismo para romper o cortar ramas (Collis y Harris 1973).



Sacudimiento mecánico



Los primeros aparatos para sacudir mecánicamente los árboles se crearon para los

huertos de frutos y nueces, pero desde 1965 aproximadamente se viene utilizando

también esta técnica en algunos árboles forestales, sobre todo en los pinos

meridionales de los Estados Unidos (Turnbull 1975b). Estas máquinas son costosas,

necesitan un terreno llano para que puedan funcionar con eficacia y es esencial contar

con operadores experimentados para evitar dañar en exceso los árboles. En unos

pocos segundos se desprenden muchos conos, pero si se mantiene la sacudida se

rompen trozos de las puntas y ramas (Stein y otros 1974). No tiene sentido utilizar

estas máquinas para sacudir árboles en las operaciones de recolección difusa en el

bosque natural, pero probablemente se seguirán empleando en huertos o rodales

semilleros, con explotación intensiva, de una gama limitada de especies.



La sacudidora de árboles “American Shock Wave” está montada en un chasis de

camión de plataforma corta y equipada con una transmisión automática. Al final de un

brazo de 6 m tiene un mecanismo acolchado con el que sujeta el tronco del árbol;

puede sujetar troncos de hasta 90 cm de diámetro. Mediante pesos desequilibrados

en contrarrotación se produce en la sacudidora un ritmo de sacudida cuya frecuencia

varía entre 400 y 4 000 ciclos por minuto (Kmecza 1970).



Por lo general se sujeta el árbol a unos 3 m de altura sobre el suelo, y suele bastar

una única sacudida de 15 segundos para soltar alrededor del 80 por ciento de los

conos de P. elliottii; en cambio, P. taeda y P. echinata presentan más dificultad, y es

frecuente que buenos operadores no consigan soltar más del 25–30 por ciento de los

conos tras prolongadas sacudidas. Los conos maduros de P. elliottii requieren una

fuerza de unos 2 kg para desprenderse, mientras que los de P. taeda no se sueltan si

no se aplica una fuerza de 20 kg o más (McLemore 1974). Se ha notificado un intento

sin éxito de reducir la fuerza precisa para desprender los conos de P. taeda mediante

la utilización de productos químicos que inducen la abscisión (McLemore 1973). El

sacudimiento repetido de los árboles más difíciles puede producir daños en la corteza

y la rotura de la guía (Kmecza 1970).



Con cinco sacudidoras mecánicas, la Comisión Forestal de Luisiana cosechó en 20

días conos de 34 680 árboles de P. elliottii. Tres cuartas partes de esos árboles

soltaron el 85 por ciento de sus conos durante sacudidas de entre 6 y 30 segundos.

Los resultados obtenidos en una hora superaban a los que podía obtener un trepador

durante una semana (Chappell 1968). Los resultados notificados por McLemore y

Chappell (1973) indican que el sacudimiento mecánico de árboles de Pinus elliottii por

operadores capacitados no produce perjuicio alguno ni a la producción futura de

conos, ni al crecimiento del árbol ni a su vigor durante los cuatro años siguientes.

4.1 Técnica de lanzamiento de hilo. En (A)-(C) figuran las diversas

fases desde el lanzamiento del hilo hasta la subida de la cuerda de

trabajo. En (D)-(F) figuran varios usos posibles de la cuerda de

trabajo, (D) con un aparejo de poleas para subir a una persona hasta

la copa, (E) para sacudir ramas y (F) para cortar ramas mediante una

sierra flexible. (A.M.J. Robbins)

4.2 Sacudidora de árboles Schaumann. Se trata de una

de las diversas marcas de sacudidoras que se pueden

encontrar actualmente en el mercado (H.C. Schaumann)

4.3 Embudo para recoger semilla de Acacia

aneura cerca de Charleville, Queensland, Australia.

(FAO/División de Investigaciones Forestales,

CSIRO, Canberra)





4.4 Máquina de recuperación con red, huerto

semillero de Stuart, Pollock, Luisiana, Estados

Unidos (Servicio Forestal, Dpto. Agric. EE.UU.)







Actualmente las sacudidoras mecánicas se utilizan mucho en la zona sudoriental de

los Estados Unidos para cosechar la semilla en los huertos semilleros de pinos.

Cuando se trata de especies en las que los conos maduros pueden separarse con

facilidad, como P. elliottii y P. palustris, los árboles se sacuden una vez que los conos

han llegado a su madurez pero antes de que se abran, y luego se recogen del suelo

los conos con las semillas que contienen. Cuando se trata de especies con conos

persistentes, como P. taeda y P. echinata, la operación se postpone hasta que los

conos se han abierto, y entonces el objetivo de la sacudida es sacar las semillas de

los conos. Después pueden recogerse del suelo por medio del sistema de

recuperación con red, que se describe en la página 76.



En la Unión Soviética, se notificó que el producto de la vibradora VUS-2 en Pinus

sibirica era entre 10 y 20 veces mayor que el que se obtenía con métodos manuales

(Uland 1971). Una experiencia más reciente con una sacudidora de árboles creada en

el Asia central soviética ha demostrado que

en Juglans, Malus, Prunus, Fraxinus y Gleditsia pueden cosecharse, sin causar

apenas daños al tronco, el 90–100 por ciento de los frutos. Esta máquina es una

vibradora tipo presa que está montada en un brazo hidráulico, sobre el mecanismo

articulado en tres puntos de un tractor. El tiempo de sacudida óptimo es 10–25

segundos, y la tasa de vibración óptima para la mayoría de las especies es 1 000

ciclos por minuto (Kiktev y otros 1977). Para cosechar los conos de pinos

mediterráneos se han utilizado también, con resultados satisfactorios, las vibradoras

italianas CECMA, ideadas originalmente para cosechar aceitunas.



Recolección de la semilla después de su dispersión



Aunque la recogida del suelo suele emplearse sobre todo con los frutos, puede

aplicarse también a las semillas dispersadas una vez que se han abierto los conos o

frutos. Las semillas de los pinos meridionales de los Estados Unidos, como por

ejemplo Pinus elliottii y P. taeda, tienen un intervalo muy corto entre la madurez y la

dispersión, y se han evaluado diversos métodos para recolectar las semillas sueltas

cuando se dispersan. Además del empleo de lonas extendidas en el suelo, ya

mencionadas, comprenden la colocación de redes de polipropileno en torno a las

copas, la instalación de estructuras de madera en forma de embudo recubiertas de

tela o polietileno y fijadas a un eje central que rodea el tronco, y la utilización de lonas

o redes elevadas mediante unos postes. Las primeras experiencias no fueron muy

satisfactorias, pues raras veces se consiguió recuperar más del 50 por ciento de la

producción de semilla disponible (Turnbull 1975b). Cuando la semilla se produce

principalmente en la parte exterior de la copa o en sus proximidades, gran parte de

ella cae fuera del radio de captación de una única unidad de recogida. Cuando la lona

o la red debe permanecer instalada durante un largo período de caída natural de la

semilla, es probable que se deteriore por efecto de la intemperie y que se pierda una

determinada cantidad de semilla debido a la acción de las aves y otros animales.



Más recientemente, la Comisión de Silvicultura de Georgia y el Centro de Desarrollo

de Equipo de Missoula han preparado un equipo de recuperación mediante red para

su utilización en los huertos semilleros de la parte meridional de los Estados Unidos.

Su empleo está resultando muy prometedor (McConnell 1982), y en los huertos de P.

taeda se prefiere cada vez más a las cosechadoras por aspiración. La red que se

utiliza es un tejido plástico, de polipropileno, que se fabrica para el revés de las

alfombras. Es ligero, duradero y está disponible en diversas dimensiones. Para Pinus

taeda se utiliza una anchura de 5 m y aproximadamente 2 × 3 hilos por cm 2 (Anón.

1982, Edwards y McConnell 1983). Si se manipula con cuidado, puede durar un

mínimo de 10 años. La red se extiende en el huerto varias semanas antes de que

caiga la semilla, y se agitan los árboles mediante una sacudidora mecánica para sacar

las semillas de los conos. La toma de fuerza de un tractor sobre ruedas proporciona la

fuerza (menos de 30 h.p.) necesaria para a) enrollar mecánicamente la red en un

rodillo, y b) separar mecánicamente la semilla de las ramitas, hojas y conos que caen

también al suelo al sacudir el árbol. Antes de empezar a enrollar la red hay que

procurar separar las briznas de hierba que tienden a quedarse adheridas a ella.



La recogida de los frutos que están en el suelo efectuarse manualmente, pero puede

utilizarse como ayuda una sencilla herramienta de mano, como un rastrillo de mango

largo y cabezas intercambiables, de manera que se puedan utilizar distintos números

de dientes y distintos espaciamentos entre ellos. Se ha intentado desarrollar métodos

consistentes en barredoras mecánicas o de aspiración para recoger las semillas o

frutos. Se han efectuado asimismo ensayos con una cosechadora mecánica cuya

acción barredora se basa en un tambor giratorio dotado de gran cantidad de “dedos”

de caucho que recogen las semillas al mismo tiempo que las separan de los residuos

extraños. Estos tipos de máquinas están indicados sobre todo cuando se dispone de

un sistema para sacudir los árboles, de manera que se asegure la presencia en el

suelo de una gran cantidad de semillas en cada operación de barrido.



Mineau (1973) describió el empleo en Francia, con buenos resultados, de una

máquina tipo aspiradora, que funcionaba por la compresión de un motor de tractor,

para recoger los frutos deFagus. Esta máquina es compacta y pesa 450 kg. Se ha

utilizado asimismo con buenos resultados, en la recolección de bellotas de Quercus,

una cosechadora de semillas neerlandesa que funciona también por aspiración y se

ha notificado que en los Países Bajos es un método más barato que la recogida a

mano y que la utilización de sacudidoras de árboles y lonas alquitranadas (Arts y

Kofman 1980).

En los Estados Unidos, Hallman (1981) resumió las ventajas de la barredora-

aspiradora de la manera siguiente:



1. Prolonga la estación de recolección de unas dos semanas a dos meses.

2. Elimina la necesidad de escaleras y camiones elevadores; de esa manera, los

administradores de los huertos pueden dejar que los árboles alcancen una

mayor altura, pues ya no hay que trepar a ellos, y por consiguiente se amplía la

vida útil de los árboles.

3. Reduce los costos de la recolección en comparación con los de la recolección

manual.



Las desventajas de la cosechadora son las siguientes:



1. Se precisa una amplia preparación del suelo del huerto para que pueda

funcionar bien.

2. Es ruidosa y produce grandes cantidades de polvo.

3. No funciona bien cuando el suelo está húmedo.

4. Ha sufrido una serie de problemas mecánicos que se han corregido en gran

parte, aunque todavía es necesario introducir en su diseño cambios menores.



En la actualidad se estima que los inconvenientes superan a las ventajas, y en los

huertos de la parte meridional de los Estados Unidos se prefiere, para recolectar las

semillas de P. taeda, el sistema de recuperación con red que se describe en la página

76.



Habida cuenta del costo de capital de este tipo de equipo y de la importancia que

tiene preparar de una manera inmaculada el suelo del huerto semillero para que

funcione correctamente, su utilización en los países en desarrollo es limitada,

especialmente si existen consideraciones sociales que aconsejan la utilización de

métodos manuales con gran densidad de mano de obra como medio de incrementar

el empleo.



Escondrijos de animales



Hay animales que reúnen conos o frutos como reserva de alimento, y se puede

buscar las semillas en los lugares donde las esconden, aunque sólo en zonas

limitadas se puede usar este procedimiento como fuente de semillas. En la parte

occidental de Norteamérica, los escondrijos de ardillas constituyen una importante

fuente de semillas de coníferas. Las ardillas suelen esconder las semillas, año tras

año, en los mismos lugares. Es característico que se encuentren en zonas húmedas

próximas a manantiales, pequeños arroyos o lugares pantanosos, orientadas al norte,

así como también en madera en descomposición o humus, o en torno a viejos árboles

caídos. Un solo escondrijo puede contener desde unos cuantos conos hasta una gran

cantidad de ellos. La presencia de conos frescos en el suelo es un signo de actividad

de ardillas; los montones de escamas y núcleos de conos pueden indicar que hay un

escondrijo en las proximidades (Stein y otros 1974, Dobbs y otros 1976). Al recoger

las semillas o conos de estos escondrijos se debe actuar con prudencia, pues existe

el peligro de que estén infestados por hongos patógenos que pueden reducir la

germinación (Sutherland 1979).



Las hormigas reúnen a veces semillas, y en Africa septentrional se ha observado que

acumulan grandes montones de semillas de Acacia (Turnbull 1975b). Todas las

semillas que se recojan de escondrijos de roedores o insectos deben ser sometidas a

la prueba de viabilidad mediante el procedimiento de corte u otros medios.









4.5 Utilización de una cosechadora de semillas por aspiración en los Países Bajos (A) Recogida de las bellotas del suelo

(B) Descarga de las bellotas en un saco. (R.B.L. De Dorschkamp, Wageningen).

4.6 Selección de equipo para la recolección de semillas de Acacia que se utiliza en Australia. De arriba a abajo y de

izquierda a derecha: Prensa para plantas con especimen y etiquetas, bolsa pequeña que contiene semilla limpia, bolsa

grande de recolección, tela para recolección de 2 × 2 m, sierra flexible, guantes de piel, sierra de arco, tijeras de podar,

cedazo fino con recogedor, cedazo grande, cuerda para lanzar al árbol, con peso. (FAO/División de Investigaciones

Forestales, CSIRO, Canberra)

4.7 Sierras, tijeras, rastrillos y otras herramientas de mano para recolectar los frutos de

los árboles. (A.M.J. Robbins)





Recolección en las copas de árboles cortados

Un método para recolectar grandes cantidades de semilla es el que consiste en

sincronizar la recolección con las cortas comerciales normales que se efectúan

durante la estación de maduración de la semilla y recoger las semillas o frutos de los

árboles cortados (Morandini 1962). Cuando se van a recolectar los frutos de todos los

árboles talados, la recogida de aquéllos debe postponerse, por razones de seguridad,

hasta que han concluido las tareas de corta en la zona (Douglass 1969). Cuando la

calidad fenotípica de los árboles padres es por el contrario más importante que la

cantidad de semilla, es preferible seleccionar, marcar y, si es posible, cortar y

cosechar los frutos de árboles padres superiores antes de que se efectúe la corta

principal. En plantaciones de Pinus radiata en las que se iba a efectuar una corta de

aclareo en Nueva Zelandia, se utilizó un método mediante el cual un oficial forestal

capacitado seleccionaba y marcaba los 8–13 mejores troncos por hectárea y el equipo

de recolección de semilla cortaba y podaba los árboles y recolectaba los conos, de

manera que no se obstruía la corta ulterior de los árboles restantes (Turnbull 1975b).

Debe evitarse recolectar los frutos en los aclareos tempranos, pues es difícil juzgar

correctamente la calidad fenotípica a esa edad. Al cortar es aconsejable dirigir las

copas hacia los claros existentes para facilitar la recuperación de conos (Dobbs y

otros 1976). Es esencial limitar la recolección a la estación en la que las semillas

están maduras; debe ser posible ajustar las fechas de la corta de manera que

coincidan con la madurez de la semilla cuando es una misma autoridad la que tiene a

su cargo las actividades de corta y las de recolección, por ejemplo los servicios

forestales nacionales que operan en los bosques estatales. Es habitual recoger a

mano los conos o frutos de las copas caídas, con ayuda de rastrillos, ganchos o

machetes. Los conos pequeños del tipo arracimado, como los de Thuja y Tsuga,

pueden cosecharse cortando los extremos de las ramas que portan conos y

pasándolos por una desbrozadora (Douglass 1969). Esta máquina contiene una serie

de dientes, parecidos a los de un rastrillo, que se colocan lo suficientemente juntos

para que queden fuera los conos.



En la práctica, la recolección en zonas en las que se ha efectuado una corta no ha

resultado apenas más barata que la recolección de árboles en pie por un equipo de

trepadores bien capacitado, al menos en las coníferas de la zona templada-

septentrional (Dobbs y otros 1976, Barner 1981). La maraña de troncos y copas

caídos y la dispersión de algunos conos durante la corta reducen muy

considerablemente la productividad. Cuando las operaciones son rápidas y están muy

controladas, el método más eficaz consiste posiblemente en efectuar la recolección

una vez que se han limpiado y llevado los fustes pero antes de que se haya

amontonado y quemado la leña de copas.



En zonas en las que no se efectúan cortas comerciales puede ser necesario cortar

determinados árboles con el fin específico de recolectar su semilla, como por ejemplo

cuando se necesiten cantidades relativamente pequeñas de semilla de un escaso

número de árboles con fines de ensayo de procedencias u otros fines de

investigación. Esas cortas especiales deben evitarse en la medida de lo posible, pues

por un lado se desaprovecha el fuste y por otro se pierde el árbol como futura fuente

de semillas, pero a veces son inevitables, como cuando se trata de especies del

bosque alto tropical a las que es muy difícil trepar o cuando una expedición de

recolección de semilla tiene graves limitaciones de tiempo. Cortar árboles altos pero

sin costillas suele ser mucho más rápido que trepar a ellos.



En general no es aconsejable recolectar los frutos de los árboles que han sido

derribados por el viento, pues es escasa la selección que se les puede aplicar y puede

existir un sesgo hacia árboles con características que los predisponen al daño por el

viento (Turnbull 1975b).



Recolección en árboles en pie con acceso desde el suelo



Recolección manual



En el caso de los arbustos o árboles de ramas bajas, el recolector tiene acceso directo

a los frutos de las ramas estando de pie en el suelo (Morandini 1962). Ejemplos de

estos árboles sonCrataegus, Sorbus e Ilex spp. en zonas templadas (Aldhous 1972),

las acacias pequeñas y los eucaliptos enanos de Australia (Turnbull 1975b) y muchas

de las especies de pequeño tamaño y resistentes a la sequía de las zonas áridas y

semiáridas. Los frutos más pequeños suelen colocarse directamente en una cesta,

bolsa, cubo u otro recipiente que el recolector lleva en la mano o colgado al hombro

(Stein y otros 1974).



Cortar, romper y aserrar



Para los casos en que las ramas están fuera del alcance del brazo humano, existen

diversas herramientas de mango largo con las que el recolector puede llegar a los

frutos desde el suelo. Puede utilizarse una vara terminada en un gancho para bajar

las ramas hasta que queden a su alcance. Pueden utilizarse también rastrillos, sierras,

cuchillos, ganchos o tijeras de podar para arrancar o cortar, uno a uno, los frutos o las

ramitas frutíferas. Son habituales a este respecto las varas, ligeras pero rígidas, de

bambú, aluminio o plástico de entre 4 y 6 m de longitud. Para llegar más allá de los 6–

8 m que permiten estas varas se han creado otras telescópicas de varias etapas que

llevan unas tijeras en el extremo (Turnbull 1975b). Robbins y otros (1981) han

señalado que, en algunas especies, es posible que los frutos o conos situados en las

ramas más bajas produzcan poca semilla, debido a la falta de polinización en esa

posición, y que por consiguiente es preferible recolectar los frutos que se encuentran

como mínimo desde la mitad del árbol hacia arriba. La destreza en la utilización eficaz

de estas herramientas de mango largo desde el suelo está muy condicionada por la

densidad y la forma de la copa de cada árbol.

Puede lanzarse una cuerda por encima de la rama, como ya se ha descrito, pero para

romper la rama que porta la semilla en vez de para sacudirla. Para ello se precisa una

cuerda más gruesa que cuando se quiere sacudir. No está recomendado el empleo

general de este método. Produce daños en el árbol, abre el camino a plagas y

enfermedades y, en el caso de los pinos y otras especies cuyas semillas tardan dos

años en madurar, al recolectar la cosecha de semilla de un año se destruye la del año

siguiente.



Para cortar ramas desde el suelo se han utilizado con éxito varios tipos de sierra

flexible. Uno de los modelos, descrito en Anón. 1979, consta de un cable cortador

flexible, de 1 m de largo aproximadamente, que está dotado de dientes de acero al

carbono engarzados con precisión y de dos cuerdas de control de polipropileno de

unos 10 m. Para pasar una de las dos cuerdas de control por encima de la rama se

utiliza un peso relleno de arena. Un modelo anterior, la llamada “sierra comando”, que

ya no se fabrica, se utilizó con resultados satisfactorios en Australia para cortar ramas

de eucalipto (Boden 1972). Con ella dos operarios podían cortar con rapidez y

facilidad ramas de hasta 20 cm de diámetro.



Este método no puede utilizarse en árboles cuyas ramas forman ángulos muy agudos,

como E. tereticornis. Otra limitación es que depende de la eficiencia con que se lance

el hilo por encima de la rama deseada.



Para cortar ramas pueden utilizarse también sierras rígidas. Sweney y Jones (1975)

describen un método utilizado en Nueva Zelandia en el que mediante unas argollas se

fija un serrucho o una sierra de arco a una cuerda de 180 kg que pasa por una polea

previamente subida hasta la copa. El serrucho se utiliza para ramas pequeñas, de

menos de 2 cm de diámetro, mientras que la sierra de arco es capaz de cortar, en

cinco minutos, ramas de hasta 10 cm.



Uso de rifles



Otro método para cortar las ramas que portan la semilla consiste en derribarlas con un

rifle de gran calibre. Este método se utilizó con éxito para hacer caer al suelo las

puntas de árboles dePicea glauca en zonas de producción semillera del nordeste de

los Estados Unidos (Slayton 1969). Se estimó por un lado que este procedimiento era

menos costoso que trepar a los árboles, y por otro que los conos podían recolectarse

en la fase idónea de su desarrollo gracias al escaso tiempo en que podía efectuarse la

operación. Más recientemente se ha puesto en práctica en el Canadá, con resultados

prometedores, el método consistente en disparar desde un helicóptero a ramas o

puntas para que se desprendan.



En Australia se han efectuado recolecciones eficientes de pequeñas muestras de

semilla de eucalipto y Araucaria en árboles de gran altura con rifles de calibre 222,

243 ó 308, dotados de miras telescópicas de cuatro aumentos (Green y Williams

1969, Boland y otros 1980). Se consiguió derribar ramas de hasta 15 cm de diámetro.

Para los rifles de calibre 308 es más eficaz la munición de “punta blanda puntiaguda”

que la de “punta hueca”.



Un inconveniente de la utilización de rifles es que deben observarse unas medidas de

seguridad muy estrictas. Hay lugares en los que no se debe utilizar este método, por

ejemplo en las proximidades de carreteras o zonas habitadas. Por otra parte, las

copas de algunas especies, como Araucaria y Picea, pueden resultar

considerablemente dañadas por esta técnica.



Para derribar ramas con los disparos suele ser necesario mantener fijo el rifle en un

trípode o apoyar su caja en un árbol o en la parte lateral de un vehículo (Turnbull

1975e). Es preciso que no haya obstáculos visuales entre el blanco y el tirador,

requisito éste que puede suponer una limitación en bosques densos. En general, lo

mejor es disparar en ángulo recto con la rama y cortar la corteza por la parte inferior

con el primer disparo para evitar que la rama quede colgando de ella y se produzca

arranque de tejidos. Después se corta la corteza por la parte superior y por último se

va disparando a intervalos a todo lo ancho de la rama. Es importante seleccionar

ramas que puedan caer sin obstáculos hasta el suelo. Las ramas horizontales se

desprenden con más facilidad que las ascendentes. Los disparos deben colocarse de

manera que se aproveche el efecto de palanca de la rama. Este método está

aconsejado sobre todo cuando se pretende recolectar pequeñas cantidades de

semilla con fines de investigación de una fructificación muy abundante que está

arracimada en ramas o puntas inaccesibles, de manera que no se puede llegar a ellas

cómodamente por otros medios.



Recolección en árboles en pie a los que se accede mediante trepa

La altura hasta la que puede llegarse desde el suelo con instrumentos de mango largo

para recolectar semillas o frutos tiene un límite. En las proximidades de ese límite la

operación consume mucho tiempo y energía, pero rinde en cambio poca semilla. En el

caso de árboles de gran altura que no pueden cortarse, por consiguiente, la trepa

suele ser la única forma práctica de efectuar la recolección. Hay personas que son

excelentes trepadores naturales, pero además una buena capacitación y un buen

equipo pueden hacer de la recolección por este método una operación eficiente y

segura, aunque no deje de requerir energía. Parece aconsejable describir la operación

dividiéndola en los epígrafes siguientes: a) trepa a la copa por el fuste; b) trepa

directamente a la copa; c) trepa y recogida de los frutos dentro de la copa.



Trepa a la copa por el fuste



Trepa con equipo mínimo. En diversos países se practica la trepa sin ayudas

mecánicas (Hans 1973, Bhumibhamon 1973). En Filipinas hay recolectores de semilla

que trepan a los árboles descalzos o con ayuda de una cuerda que ata ambos pies

juntos y los presiona contra el tronco (Seeber y Agpaoa 1976). Otras variantes

consisten en que el trepador vaya haciendo en el tronco, con un hacha, una serie de

cortes sucesivos en los que apoyar los pies, o que clave con un martillo una serie de

estacas de hierro de unos 20 cm de longitud que luego va retirando, para utilizarlas en

otra ocasión, a medida que desciende. Estos dos métodos son físicamente

agotadores, con independencia de que se utilice o no un cinturón de seguridad, y

producen sin duda daños en el árbol. El que escala con las manos y los pies un tronco

de gran altura y desprovisto de ramas pone seriamente en peligro su seguridad, y este

riesgo puede hacer que los trepadores sientan la tentación de recolectar en los

árboles a los que es más fácil subir, pero que con frecuencia son los menos

deseables desde el punto de vista silvícola. Es preferible introducir alguna de las

ayudas especiales para trepar de las que se dispone en la actualidad.



Las espuelas, que se fijan a las botas del trepador, son un sistema ligero y barato de

hacer más segura y eficiente la escalada si se combina con un cinturón de seguridad,

eslinga, casco de seguridad de fibra de vidrio y fuertes guantes de piel. La ligereza de

las espuelas (menos de 1 kg el juego) hace que su uso esté especialmente indicado

en los rodales de difícil acceso en regiones sin carreteras, donde todo el equipo debe

transportarse a pie. Se ha comprobado que son el método más eficiente para trepar

a Pinus kesiya y P. merkusii en Tailandia (Granhof 1975) y a P. caribaea y a P.

oocarpa en Honduras, y son de uso habitual en muchos países, especialmente para

subir a coníferas (Robbins y otros 1981).



Aunque existen diferentes tipos, estas ayudas de trepa consisten básicamente en un

brazo de hierro forjado y un conector que termina en una espuela en punta. El hierro

debe fijarse muy bien, mediante una correa de cuero, al calzado y a veces a la pierna

del escalador. La espuela puede ser de longitud variable, pero es preferible que la

punta no sobresalga de la suela de la bota, de manera que el escalador pueda

caminar por el suelo sin dificultad (Morandini 1962, Turnbull 1975b). La longitud

óptima de la espuela depende del tipo de corteza de que se trate. Las espuelas de 5

cm son adecuadas para los postes telefónicos sin corteza y los árboles de corteza

delgada, y se recomiendan para la mayoría de las especies en el Canadá, mientras

que las de 9 cm se adaptan mejor a las especies que tienen una corteza blanda y

gruesa (Yeatman y Nieman 1978). Las espuelas no se deben utilizar cuando la

corteza está helada, y no son especialmente seguras en cortezas escamosas

(Morandini 1962, Stein y otros 1974).

4.8 La sierra de cadena flexible “High Limb” (A) utilización

(B) detalle. (Green Mountain Products Inc.)









4.9 Espuelas de trepa (A) ajuste mediante correas (B)

trepa. (Servicio Forestal del Canadá)

4.10 Utilización de una escalera desmontable de dos 4.11 Escalera desmontable de un solo montante que se

montantes en el Canadá (A) Preparación para pasar la utiliza en Dinamarca. (Centro de Semillas Forestales de

cadena por detrás del árbol y asegurar así la parte superior DANIDA)

de la primera sección (B) Desmontaje de la escalera, con el

trepador suspendido de una cuerda de seguridad. (Servicio

Forestal del Canadá)









En Yeatman y Nieman (1978) figuran orientaciones detalladas sobre el ajuste,

utilización y mantenimiento de las espuelas de trepa en el Canadá. La descripción de

la trepa con espuelas que figura a continuación está fielmente basada en estos

autores. El trepador sube al árbol utilizando un cinturón de seguridad, al que

engancha una correa o cadena, la eslinga, que pasa por detrás del tronco. Al cinturón

está atada una cuerda de seguridad, y a uno de los anillos que lleva el cinturón están

enganchadas dos o más eslingas de reserva. Cuando se asciende por el tronco, el

trepador debe asegurarse de que las puntas de la espuela se claven bien en la

madera del árbol separando las rodillas del tronco al hincar la espuela. La parte

inferior de la pierna y el tobillo deben mantenerse en un ángulo relativamente amplio

con respecto al tronco, para evitar los resbalones y para no abrir surcos en la corteza.

El peso descansa sobre los pies, que están separados entre sí por unos 15–20 cm, y

el centro de gravedad queda fuera del tronco. Las manos y los brazos se utilizan para

equilibrar el cuerpo sujetando firmemente con las dos manos la eslinga, acercando

rítmicamente el cuerpo hacia el árbol, moviendo la eslinga cuando se la libera del

peso y fijándola en la nueva posición cuando el cuerpo se echa de nuevo hacia atrás.

El impulso que se imprime a la eslinga procede de los brazos al ascender, y no debe

trasladarse al cinturón de seguridad salvo cuando el trepador está en posición de

descanso. Cuando la eslinga está tensa, se mueve primero un pie, de manera que el

peso pasa al otro, y después se efectúa la misma operación con este segundo pie. La

eslinga no se desengancha nunca, salvo para superar ramas que por su grosor no se

pueden romper. En estos casos, antes de desenganchar la primera eslinga debe

fijarse por encima de la rama que se quiere superar una de las eslingas de reserva,

fijada al cinturón mediante un mosquetón. Cuando se llega a ramas viables,

preferiblemente en la parte baja de la copa viva, se pasa la cuerda de seguridad por

un mosquetón que está atado con una cuerda por encima de la primera rama, se

desengancha la eslinga y el trepador se abre paso entre las ramas vivas.



El principal inconveniente de las espuelas es el daño que producen a la corteza,

especialmente cuando se trata de especies de corteza delgada. Cuando se escala un

árbol sólo de vez en cuando, el daño no tiene por qué ser excesivo, pero los árboles

que se escalan con frecuencia, por ejemplo con fines de polinización y recolección de

la semilla en huertos semilleros, sufrirán probablemente un grado de daño

inaceptable; en esos casos deben preferirse otros métodos de trepa.



Escaleras. Para las alturas comprendidas entre 8 y 40 m aproximadamente, las

escaleras verticales en varias secciones constituyen un método seguro y cómodo para

subir por el tronco hasta la copa viva. Pueden estar hechas de diversos materiales,

como madera, aluminio, aleación de magnesio, etc., pero cada sección debe ser lo

bastante ligera para que el trepador la suba con facilidad. Para conseguir una mayor

estabilidad, pueden colocarse las patas de la sección inferior sobre unas plataformas

ajustables (Morandini 1962, Turnbull 1975b). Cada sección debe medir entre 1,8 y 3 m

de longitud, y debe pesar no más de 3–4 kg.



Se coloca la sección inferior, o las dos secciones inferiores, de la escalera en paralelo

al fuste del árbol, con el peldaño superior apoyado en el tronco. El trepador asciende

con su eslinga en torno al tronco y la escalera hasta que tiene los hombros al nivel de

la parte superior de la escalera; entonces sujeta ésta al tronco mediante una cuerda o

cadena (Yeatman y Nieman 1978). Las secciones siguientes se van subiendo

mediante una cuerda y se van uniendo a la sección anterior. La operación se repite

con cada sección, que se sube y fija al árbol. Para pasar del tronco a la copa se utiliza

el mismo procedimiento que se ha descrito supra a propósito de la trepa con

espuelas. Cuando utiliza una escalera desmontable muy ligera, el trepador puede

llevar atadas a su cinturón de seguridad dos secciones, de 2 m de longitud cada una.

Si las dos secciones inferiores, de 3 m cada una, se empalman y se colocan en pie en

el suelo, esto significa que puede montar un total de 10 m de escalera sin necesidad

de izar nuevas secciones con una cuerda.



Las escaleras desmontables pueden tener uno o dos montantes o “patas”. Las más

habituales son las que tienen dos. La escalera de una “pata” comprende un soporte

central del que salen, alternando a derecha e izquierda, unas barritas que hacen de

peldaños; la escalera se fija al árbol mediante una cadena o cuerda. El soporte central

suele ser de acero o madera, por lo que el peso de estas escaleras no difiere mucho

del de los tipos de dos “patas”. Tienen la ventaja de que es más fácil colocarlas en un

terreno desigual, y también que se manejan con más facilidad entre las ramas

(Morandini 1962) y en troncos muy sinuosos.



Las escaleras desmontables pueden utilizarse sin riesgo alguno de dañar el árbol. Su

manejo puede ser incómodo en rodales en los que la cubierta de copas o el subsuelo

son densos, y son mucho más pesadas para transportar que las espuelas,

especialmente cuando la existencia de unos fustes largos y limpios obliga a utilizar

escaleras con muchas secciones. Son también más caras. Por consiguiente, tienen un

uso limitado en zonas de difícil acceso y sin carreteras, pero son un procedimiento

ideal en huertos semilleros o plantaciones situados en terreno llano.



La bicicleta suiza para árboles o “baumvelo” es un aparato para subir hasta la copa

viva de árboles rectos y de gran altura que no tienen ramas. Desde el punto de vista

del transporte, es más ligera que las escaleras desmontables, pero más pesada que

las espuelas de trepa. No produce daños en el árbol. Su uso está recomendado en

troncos cuyo diámetro oscila entre 30 y 80 cm (Yeatman y Nieman 1978). Olesen

(1972) señaló su gran utilidad para trepar a pinos en México. En el Reino Unido se

consideró particularmente útil para las especies de coníferas que tenían conos

grandes, como por ejemplo Pinus, Picea o Pseudotsuga, en las que el recolector ha

de moverse de rama en rama para arrancar los conos en vez de permanecer durante

mucho tiempo en la misma zona (Seal y otros 1965). No obstante, su utilización en

ese país se encuentra hoy limitada principalmente a las recolecciones con fines de

investigación, pues el incremento de la superficie de plantaciones maduras hace que

se pueda recolectar fácilmente semilla a granel en árboles cortados, y cuando se trata

de huertos semilleros son más adecuadas las escaleras.



La bicicleta consta de dos unidades separadas, una para cada pie. Cada una de ellas

consta de un brazo (más largo en la unidad superior, más corto en la inferior) al que

está fijado un taco de goma que se apoya en el tronco. El extremo inferior de este

brazo lleva un estribo o pedal con correas y pinzas de suelta rápida, que sujetan el pie

del trepador. El extremo superior está unido a una tira de acero que forma un círculo

cuyo diámetro se puede ajustar al del tronco. La bicicleta se utiliza junto con arnés o

cinturón de seguridad, cadenas o correas de apoyo, cuerda de seguridad,

mosquetones y cuerdas de nilón.



El funcionamiento de este aparato está bien descrito en Seal y otros (1965) y

Yeatman y Nieman (1978). Los anillos de acero no deben ajustarse demasiado al

tronco, pues ello impediría moverlos hacia arriba. Su posición adecuada es aquella en

la que la punta del pie del escalador no toca el tronco cuando hace que todo su peso

descanse en el estribo; cuando no sucede así, es necesario desenganchar, reducir el

diámetro de los dos anillos y volver a engancharlos uno en cada pie. Una vez

colocados los anillos en torno a la base del árbol, el trepador mete los pies en los

estribos, cierra las pinzas de suelta rápida y se ata las correas. Pasa también por

detrás del árbol su eslinga (correa o cadena de seguridad), y ajusta la longitud de ésta

conforme a la disminución del grosor del tronco. El trepador sube haciendo que su

peso descanse de manera alterna en uno y otro estribo y levantando el pie libre de

peso para subir el anillo aflojado. De vez en cuando se detiene para ajustar el

diámetro del anillo según va disminuyendo el grosor del tronco. Las ramas que

obstruyan el ascenso deben podarse a medida que se encuentran, de manera que

queden a ras del tronco.









1. Estribo 4.12 Bicicleta para árboles, o “Baumvelo”, con sus 8. Bisagra

2. Soporte 9. Espiga o

para el pie partes. (H. Schneebeli & Co.) pasador

3. Correa para 10. Muelle de

la pala del espiral

calzado 11. Muelle de

4. Correa para lámina

el empeine 12. Dispositivo

5. Tensor de retenedor

correas 13. Palanca de

6. Soporte bloqueo

7. Taco de 14. Zuncho

goma









4.13 Utilización de la bicicleta para árboles, con arnés, casco y

cuerdas de seguridad. (Comisión Británica de Silvicultura)







El trepador continúa ascendiendo hasta que el anillo de acero superior llega a las

primeras ramas vivas de la copa. Se introduce a continuación en la copa para colocar

una eslinga de nilón que sujete la cuerda de seguridad y procede a “aparcar” la

bicicleta. La operación esencial es apretar el anillo inferior de la bicicleta de manera

que se fije con fuerza al tronco aun cuando no tenga que soportar peso; de esa

manera se evita el riesgo de que la bicicleta se deslice tronco abajo y quede fuera del

alcance del trepador. Este abre las pinzas de los tobillos en ambos estribos, desata

las correas que le sujetan los pies, desengancha su eslinga y sube a la copa.



La bicicleta para árboles es un sistema sumamente seguro para escalar árboles

rectos y sin ramas sin dañarlos, y además es más ligero y partátil que las escaleras

desmontables. Se necesita práctica, pero la mayoría de los que lo intentan aprenden a

manejarla con eficiencia y rapidez en unos pocos días. Sus principales inconvenientes

son el costo, el hecho de que su utilización esté limitada a una determinada gama de

diámetros y que, a diferencia de las escaleras y las espuelas de trepa, exige podar el

fuste de manera que no quede ninguna rama en toda la circunferencia hasta llegar a

la copa viva (Robbins y otros 1981). No obstante, cuando esté previsto trepar

periódicamente a los mismos árboles, como en los rodales o huertos semilleros, está

plenamente justificado el costo que supone efectuar una poda inicial y concienzuda.

Es aconsejable trabajar siempre con otra bicicleta próxima, pues a un hombre que se

encuentre en dificultades en un árbol a una altura a la que no se puede llegar con una

escalera únicamente se le puede socorrer con otra bicicleta (Seal y otros 1965) o con

espuelas.

4.14 Recolección manual de conos de Larix en el Reino Unido.

Obsérvese la utilización de cuerda de seguridad y auxiliar en el

suelo, asi como la bicicleta “aparcada” en la base de la copa.

(Comisión Británica de Silvicultura)

Trepa directa a la copa



Escaleras. A las ramas inferiores y fuertes de la copa puede accederse directamente

desde el suelo o mediante una escalera siempre que no estén demasiado altas. Las

escaleras domésticas exentas o las de trípode, éstas más altas, tienen la ventaja de

que no es preciso apoyarlas en el árbol; son incómodas de manejar en rodales

densos, pero están indicadas cuando hay que recolectar en huertos semilleros o en

plantaciones de muy poca densidad, donde los árboles están muy alejados entre sí.

Existen escaleras de trípode de hasta 6 m, pero deben sujetarse al suelo con vientos

de cuerda para asegurar su estabilidad (Yeatman y Nieman 1978).



Existen escaleras no específicas para árboles, en madera o aleación de aluminio, y

pueden construirse bien como una sola unidad o bien con el sistema de extensión,

caso en el que constan de dos o más secciones construidas de tal manera que la

altura de la escalera puede variarse mediante un movimiento de deslizamiento relativo

de las secciones (Seal y otros 1965). Las escaleras de una sola sección diseñadas

para recoger frutos poseen una base ensanchada y dotada de patas de caucho

moldeado o dientes metálicos para que se fijen bien en suelo blando, y pueden

utilizarse para llegar a alturas de 8–11 m. Parecida a éstas es la escalera finlandesa

Tarra-tikkaat, diseñada especialmente para usos silvícolas, que posee sin embargo un

anillo de aluminio que sube y baja por la escalera, puede fijarse al cinturón del

trepador y se cierra automáticamente en caso de caída de éste. Comprende también

un montante unido a la escalera que se fija al tronco y mantiene una distancia de

aproximadamente un metro entre el fuste y el extremo superior de la escalera. De esta

manera, el recolector puede alcanzar más en las copas de árboles pequeños de

especies como Cupressus que producen sus frutos cerca de los extremos de las

ramas. Las escaleras de una sola sección no específicas para silvicultura llegan hasta

11 m, mientras que las de doble sección extensibles llegan a unos 14 m. Pueden

apoyarse en una rama fuerte o en el fuste para acceder directamente a la copa. El

extremo superior debe atarse al árbol con una cuerda de nilón, y las que tienen gran

altura deben fijarse además con dos vientos de cuerda. Según la especie y la forma

de la copa, el trepador puede dejar la escalera y subir a la copa utilizando dispositivos

de seguridad como el cinturón, eslingas y cuerdas de nilón al igual que cuando deja la

bicicleta, o puede recolectar los frutos manteniéndose de pie en la escalera; en este

último caso debe asegurarse a ella mediante una cuerda de nilón, y el cansancio de

los pies puede reducirse por medio de una pequeña plataforma movible que se

engancha en el peldaño que convenga (Seal y otros 1965).



Para llevar de un rodal a otro las escaleras de mayor tamaño y peso se necesita un

vehículo. Para llegar a copas situadas a 20–25 m de altura pueden utilizarse

escaleras extensibles montadas en camiones, pero la escasa moniobrabilidad limita la

utilización del vehículo a caminos o terrenos muy llanos (Turnbull 1975b). Morandini

(1962) ha descrito una escalera de aleación ligera montada en un tractor; es capaz de

llegar hasta 14 m, y el tractor puede utilizarse en bosques sin caminos. En los Estados

Unidos se utiliza con seguridad hasta los 9 m una escalera extensible de magnesio

montada en un camión de cuatro ruedas y media tonelada. El balanceo procedente de

la suspensión del vehículo se elimina mediante cuatro gatos mecánicos fijados a los

postes en que se apoya la estructura de la plataforma de la escalera (Rietveld 1975).



Cuerdas y equipo elevador. Puede accederse a la copa suspendiendo de una rama

resistente una cuerda, escalera de cuerda o equipo elevador. Para pasar un cordel

fino por encima de la rama se utilizan los mismos métodos (lanzamiento, catapulta,

flechas) que cuando se emplean cuerdas para sacudir ramas (según se describe en la

página 71). Como para soportar el peso del trepador se precisa una cuerda más fuerte

y pesada que para sacudir ramas, es necesario elevar la cuerda en tres fases: 1) en

primer lugar un hilo de nilón de poco peso y 23 kg de tensión de rotura, que se utiliza

para izar; 2) un cordel de nilón de 3–4 mm de diámetro, que a su vez se utiliza para

izar; 3) una cuerda de nilón de 13–18 mm de diámetro, lo bastante fuerte para

soportar el peso del trepador (Robbins y otros 1981).



Las escaleras de cuerda se han utilizado con resultados especialmente satisfactorios

en Checoslovaquia (Matusz 1964). Pueden tener hasta 30 m de longitud y pesar unos

20 kg. La separación entre los peldaños, que son de madera, es de 30 cm.



El equipo elevador comprende la utilización de un aparejo de poleas que se coloca en

su posición y se asegura atando firmemente la cuerda a la base del árbol. El

recolector es izado hasta la copa del árbol, sentado en un sillín, por uno o dos

hombres situados en el suelo o con la ayuda de un cabrestante mecánico o eléctrico

(Strickland y Peters 1961, Matusz 1964). Este método tiene con respecto a las

espuelas de trepa o las escaleras la ventaja de que el ascenso no exige tanto

esfuerzo, y por lo tanto se reduce el riesgo de accidentes debidos al cansancio.



Redes. Dispositivos como la escalera de cuerda y el equipo elevador permiten

acceder al interior de la copa. Algunos géneros, como por

ejemplo Cupressus, Chamaecyparis, Tsuga y Thuja, producen gran número de conos

pequeños cerca de los extremos de las ramas, donde éstas no son lo bastante fuertes

para soportar el peso del trepador. Para recolectar esos conos es necesario llegar a la

parte exterior de la copa. Una manera de hacerlo es mediante escaleras montadas en

vehículos. Otra es mediante redes. En Seal y otros (1965) se describía con detalle su

funcionamiento. La red descrita era de forma triangular y medía 10,3 m de un lado a

otro de la base y 11,5 m de la base al vértice, con una malla de 30 × 30 cm. Colgaba,

mediante cuerdas especiales y poleas pastecas, de un punto próximo al extremo

superior de la copa, de manera que cubría parte del exterior de ésta y sus esquinas

inferiores estaban tensadas y sujetas mediante vientos a árboles cercanos o postes

clavados en el suelo. Cada red soportaba a dos recolectores a la vez.



La red no dañaba la copa y era razonablemente eficaz, una vez colocada, cuando se

trataba de árboles de copa profunda y abundantes conos, pero era como mínimo un

método muy lento y su utilización era imposible en rodales densos. En líneas

generales, su empleo se ha abandonado en favor de métodos menos laboriosos.

Trepa y recogida de frutos dentro de la copa



Los métodos para trepar y recoger los frutos en el interior de la copa son

independientes del procedimiento que se utilice para llegar a ésta, procedimiento que

puede ser la escalera, la bicicleta o las espuelas de trepa. El siguiente resumen de los

principales puntos que se han de observar está basado en Yeatman y Nieman (1978).



Al subir por las ramas de un árbol como si fueran los peldaños de una escalera, las

manos se utilizan sobre todo para abrir camino y equilibrar, mientras que los pies y las

piernas se emplean para dar impulso. Sólo un miembro -mano o pie- se mueve en

cada momento, agarrando las partes más resistentes de las ramas, cerca del fuste

principal, o apoyándose en ellas. Las ramas de resistencia dudosa deben probarse

doblándolas con fuerza antes de confiar en que van a poder soportar el peso del

trepador. La confianza y la coordinación muscular son las claves de la seguridad en la

trepa. Mantener un estado de tensión y de dependencia de la fuerza como único

medio puede ser agotador y peligroso. La mayor parte del trabajo deben realizarlo las

piernas.



La tensión que padece el trepador puede reducirse en gran medida si éste tiene

confianza en un sistema de seguridad de probada eficacia. Hasta el mejor trepador

puede tener de vez en cuando un accidente: basta que una rama que parece segura

sea en realidad traicioneramente quebradiza o resbaladiza. Las técnicas y el equipo

de trepa modernos están diseñados para garantizar que, en caso de que el trepador

se caiga, la caída se detenga enseguida. En Seal y otros (1965), Yeatman y Nieman

(1978) y Robbins y otros (1981) figuran excelentes explicaciones ilustradas de estas

técnicas, así como detalles de las cuerdas y nudos que el trepador debe saber utilizar.



Arnés y correas de seguridad. Un componente esencial del equipo es el arnés o

correaje de seguridad. El tipo más cómodo es el que consiste en una correa que se

ata a la cintura y que tiene una serie de anillas metálicas a las que pueden

engancharse la cuerda de seguridad, la eslinga de correa o cadena, trozos cortos de

cuerda, el cordel para herramientas, etc., así como una silla que se encaja bajo las

nalgas, está conectada al cinturón y puede utilizarse cuando al trepador le resulta más

cómodo recolectar sentado. Puede aumentarse la sujeción añadiendo al arnés un par

de correas para los hombros. Enganchados al arnés hay otros elementos igualmente

esenciales: la eslinga de correa o cadena y una o varias cuerdas cortas de nilón que

sirven para atar al trepador al fuste del árbol. Uno de los extremos está enganchado

en uno de los lados del cinturón, mientras que el otro se pasa por detrás del árbol y

después se fija al otro lado del cinturón. A veces se utiliza una cadena ligera cuando

el trepador asciende por el fuste, cadena cuya longitud puede ajustarse fácilmente,

reduciendo el número de eslabones, a medida que va disminuyendo el grosor del

tronco. Igualmente eficaces, si no más, son las eslingas de correa ajustables. Debe

figurar también en el equipo una segunda cuerda no muy larga, de reserva, de

manera que el trepador que utiliza espuelas o escaleras pueda superar los obstáculos

que suponen las ramas con que se encuentra antes de llegar a la copa viva; esta

cuerda de reserva se coloca por encima de la rama antes de desatar la primera

cuerda, que está debajo del obstáculo. La eslinga se engancha también a la parte

superior del fuste mientras el trepador recoge los frutos que están fácilmente a su

alcance. De esta manera, la combinación de arnés y cuerdas cortas garantiza, en

árboles adecuados, la seguridad del trepador cuando asciende por el fuste y mientras

recoge los frutos, incluso en ausencia de una cuerda de seguridad larga. Pero no

garantiza su seguridad en su ascenso por el interior de la copa.



Cuerdas de seguridad*. Otro componente importante es la cuerda de seguridad.

Suele utilizarse cuerda de nilón de 12–14 mm de diámetro y aproximadamente 1 kg

de peso por cada 10 m. Aparte de su fuerza y buena resistencia al deterioro, tiene la

ventaja de que es algo elástica, lo que reduce el impacto que sufre el cuerpo del

trepador cuando la cuerda se tensa tras una caída. El polipropileno es menos

adecuado, pues se ablanda a temperaturas no demasiado altas. No obstante, se ha

utilizado con éxito en algunos países, como por ejemplo Honduras, donde es muy

difícil obtener nilón. Las precauciones que se adoptan son usar cuerdas de

polipropileno de 18 mm de diámetro como mínimo y evitar las técnicas que comporten

una fricción prolongada sobre una cuerda fija. La fricción temporal de una

cuerda móvil, por ejemplo sobre una rama, no es peligrosa, pues es muy poco el calor

que se genera en un punto cualquiera de la cuerda. Las fibras naturales, como el

cáñamo o el yute, tienen que ser notablemente más pesadas que el nilón para

conseguir la misma resistencia, además de que son susceptibles de pudrirse,

especialmente cuando el tiempo es húmedo.



Es conveniente dividir las cuerdas de seguridad en dos tipos: la cuerda corta o

eslinga, que utiliza el trepador para fijarse al árbol mientras trabaja en la copa, y la

cuerda larga, que baja hasta el suelo y está allí controlada por un ayudante. La cuerda

de seguridad corta mide entre 3 y 10 m, y tiene el mismo grosor que la cuerda larga;

lo normal es que un trepador lleve dos de estas cuerdas cortas en su arnés. Cuando

está trabajando en la copa, ata una de ellas bien a una rama resistente, bien al fuste.

Cuando se encuentra en la parte alta de la copa, donde el fuste no es ya seguro por

su escaso grosor, ata la cuerda a la parte más fuerte del fuste que está por debajo de

él y la sube rodeando el tronco en espiral. Cuando el fuste es lo bastante resistente y

la cuerda de la longitud adecuada, el trepador puede alcanzar sin problemas la parte

exterior de la copa. La cuerda de seguridad corta es de fácil utilización y da al

trepador una independencia total mientras recolecta en la copa.



Uno de los extremos de la cuerda larga se fija al arnés del trepador, mientras que el

otro lo controla un ayudante que permanece en el suelo. Esta cuerda tiene que medir

como mínimo el doble de la altura del árbol, de manera que en caso necesario pueda

bajarse al trepador aunque esté trabajando cerca del extremo superior del árbol.

Aparte de que supone un nuevo factor de seguridad, esta cuerda permite al trepador

llegar a los frutos situados en la parte exterior de la copa, frutos que de otra manera

serían inaccesibles.



Método de trepa con cuerda de seguridad. Al llegar a la parte baja de la copa, el

trepador asciende efectuando una ligera espiral en torno al tronco, de manera que va

pasando la cuerda larga por ramas que la sujetarían en caso de caída (Seal y otros

1965). Cuando el tronco carece de ramas vivas por uno de sus lados, el trepador debe

avanzar en zig-zag por el lado que sí tiene ramas vivas. Cuando no hay ramas

resistentes, el trepador debe fijar una eslinga al tronco y enganchar en ella la cuerda

larga. Con ello se pretende asegurar que no pueda tener una caída libre de más de 2

m antes de que la cuerda larga empiece a soportar su peso. Mientras tanto, y tal como

han descrito Yeatman y Nieman (1978), el ayudante que está en el suelo debe

permanecer bastante separado de la línea de caída del árbol que se está escalando,

para evitar el riesgo de que le causen daños las ramas que puedan romperse y caer al

suelo durante el ascenso del trepador. El ayudante debe estar preparado en todo

momento para soportar el peso del trepador en la cuerda larga, que deberá ir soltando

por debajo de un brazo, por detrás de la espalda y por encima del hombro contrario,

dejándola salir de manera alternada con una mano mientras la agarra con la otra. La

cuerda debe pasarse también por la parte inferior del tronco de un árbol próximo, a fin

de obtener más fricción y una mayor seguridad en caso de que el trepador resbale o

se caiga. En cambio, durante el ascenso la fricción ha de ser mínima, de manera que

el trepador no se vea retenido por la cuerda. Es importante que la parte no utilizada de

esta cuerda larga esté enrollada en el suelo y libre de obstáculos, de manera que no

se enrede al tirar de ella. La cuerda larga es especialmente útil cuando es preciso huir

con rapidez de las avispas o abejas que a veces encuentra el trepador en su ascenso.



Cuando el trepador llega al nivel de la copa donde va a efectuar la recolección, puede

asegurarse pasando la cuerda larga por encima de una rama resistente y en torno al

tronco. Otra posibilidad consiste en que se fije al tronco por medio de una cuerda

corta, que pasa por encima de una rama resistente y en torno al tronco por encima de

él y la vuelve a atar a su cinturón de seguridad, soltando de éste después la cuerda

larga. Cuando las ramas no son lo bastante resistentes, fija una cuerda corta en el

tronco lo más arriba que puede y pasa por ella la cuerda larga. La cuerda no debe

fijarse al tronco por encima del punto en el que el diámetro empieza a ser inferior a 8–

10 cm. El trepador puede o bien pasar ya a recoger los frutos mientras su ayudante en

el suelo sigue sujetando la cuerda larga, o bien emplear un método especial para

bloquear la cuerda larga, mediante mosquetones o grapas, y responsabilizarse

personalmente de sus movimientos Seal y otros 1965). En ambos casos puede hacer

que la mayor parte de su peso descanse en el sillín del arnés, con lo que puede llegar

a puntos más lejanos dentro de la copa que si tuviera que apoyar todo su peso en

ramas relativamente delgadas. La utilización de este método para bloquear la cuerda

larga permite al trepador efectuar un descenso controlado, en el que va recolectando

frutos a medida que baja. Otra ventaja es que el ayudante queda liberado

temporalmente de su función y puede dedicarse a otras tareas; de esta manera un

solo ayudante puede atender a varios trepadores. Este método se adapta bien a las

especies en las que los conos o frutos están dispersos por toda la copa y por

consiguiente se tarda bastante tiempo en recolectar cada árbol. En las especies en las

que los frutos están agrupados en un sola parte de la copa, la recolección es rápida, y

es mejor que el ayudante esté sujetando la cuerda en el suelo (Seal y otros 1965).

Método de descenso. A la hora de descender, el trepador debe en primer lugar, si ha

utilizado una cuerda corta, ascender un poco más y soltarla, mientras el ayudante

tensa la cuerda larga. Después, como han descrito Yeatman y Nieman (1978),

desciende con cuidado, por el mismo camino por el que ascendió, a fin de no

enganchar la cuerda larga en las ramitas de la parte superior de la copa. Cuando sus

pies llegan a ramas que pueden soportar todo su peso colgado de la cuerda larga y

tienen un diámetro lo bastante grande para soportar la abrasión que produce la

cuerda, se mueve lateralmente para enganchar ésta en la horquilla de una rama.

Continúa bajando de manera que la cuerda larga que lleva consigo pase por encima y

alrededor del tronco, por encima de una rama resistente, y finalmente en torno a su

cintura y por debajo de él. En árboles que tienen la copa densa hay otra posibilidad

que suele ser más sencilla y que consiste en pararse, atarse al árbol, desatar la

cuerda larga, pasarla por encima de un lado del tronco, sobre una rama del lado

opuesto y bajarla por el otro lado, para después volverla a atar al cinturón. Con la

cuerda larga firmemente fijada a una rama (en horquilla), el escalador puede dejar que

le baje el ayudante soltando poco a poco la cuerda o puede controlar personalmente

su descenso utilizando el método de bloqueo de la cuerda larga. Descender al suelo

con la cuerda larga es el mejor método que se puede utilizar cuando se ha ascendido

con espuelas. Cuando se ha subido mediante una bicicleta o una escalera

desmontable, suele ser preferible bajar por el mismo método que se ha utilizado para

subir; de no hacerlo así, el trepador debe soltar los anillos de la bicicleta o desmontar

las secciones de la escalera mientras está suspendido de la cuerda de seguridad.



Método de recogida de los frutos. Si utiliza correctamente el arnés y la cuerda larga de

seguridad, el trepador debe tener libres ambas manos para recoger los frutos. Los

métodos varían en función del tamaño, el número y la distribución de los frutos, así

como de la firmeza del pedúnculo que los sujeta. Cuando los frutos son numerosos,

pequeños, agrupados y accesibles, pueden recogerse y depositarse inmediatamente

en una bolsa que el trepador lleva atada al cinturón o colgada del hombro, con la

embocadura abierta mediante un refuerzo. Los frutos de tamaño mayor y más

dispersos pueden separarse del pedúnculo y dejarse caer al suelo para recogerlos

más tarde. Los frutos que son demasiado inaccesibles para recolectarse a mano

pueden separarse del árbol mediante varas, ganchos, rastrillos o tijeras de dos

manos, tal como se describe en las páginas 83–84. Las herramientas que se utilizan

en la copa las debe subir el trepador, cuando ya ha llegado a la zona de la copa en

que va a recolectar, mediante un cordel ligero y específicamente destinado a ese fin

que lleva fijado al cinturón. En Chile los trepadores golpean las ramas con una vara

larga para que caigan los frutos de Nothofagus alpina, pero este método es menos

eficaz con N. pumilio (Gordon 1979). En el caso de las coníferas suele utilizarse algún

tipo de gancho. En Tailandia, se han diseñado para recolectar los conos de Pinus

kesiya y P. merkusii unos ganchos que tienen dos puntas afiladas en direcciones

opuestas, de manera que pueden utilizarse para separar los conos bien empujando,

bien tirando, con lo que se evita que se rompan ramitas que portan nuevos conos

pequeños. Estos ganchos se montan en unos tubos ligeros, de acero, que pueden

extenderse hasta unos 3 m (Granhof 1975). Robbins y otros (1981) ilustran diversos

tipos de ganchos, rastrillos y tijeras. La recogida de los frutos en el suelo, una vez que

han caído tras separarlos con estos útiles, es la misma que se ha descrito supra a

propósito de las semillas que caen espontáneamente.









4.15 Utilización de una herramienta manual y una cuerda de seguridad larga para recolectar

frutos en la copa.

(ESNACIFOR/A.M.J. Robbins)

4.16 Control del descenso por el propio trepador mediante el método de bloqueo de la

cuerda de seguridad larga.

(ESNACIFOR/A.M.J. Robbins)

4.17 Utilización de una plataforma con brazo extensible para

recolectar conos en los Países Bajos. (R.B.L. De Dorschkamp,

Wageningen)





Cuando los frutos son pequeños, numerosos y agrupados y el recolector no puede

llegar a ellos con la mano o están unidos al árbol por un pedúnculo muy firme, puede

ser necesario cortar toda la ramita frutífera mediante unas tijeras de dos manos o un

serrucho de mango largo. Pinus oocarpa es un ejemplo de especie en la que los

conos poseen unos pedúnculos fuertes y leñosos que resulta difícil cortar sin dañar la

ramita. Otra posibilidad en esos casos consiste en recolectar los frutos cortando las

ramitas, aunque de esa manera se destruye la cosecha de conos pequeños del año

siguiente (Robbins y otros 1981). Una solución mejor es diseñar equipo nuevo con

miras a solucionar los problemas especiales que se plantean localmente. En

Honduras se ha diseñado un gancho afilado y en forma de campana que se empuja

hacia fuera, desde el centro de la copa hacia los extremos de las ramas, de forma que

se cortan los conos reduciendo al mínimo el daño que se produce al doblar o romper

las ramas. Este gancho está montado en un mango de aluminio o madera de 5 m de

longitud. Lleva más de cinco años utilizándose, período en el que se ha confirmado

como una herramienta muy útil para cosechar los conos de P. oocarpa, P.

caribaea, P. patula subsp. tecunumanii y P. maximinoi (Robbins 1982a).



Cuando los frutos están agrupados en el extremo de ramas largas, fuera del alcance

del trepador, es posible que éste se vea obligado a cortar la rama entera. En el Brasil,

los escaladores cortan las ramas frutíferas de Eucalyptus con un cuchillo atado a un

palo, y la práctica habitual consiste en alternar los árboles de los que se recolecta en

años sucesivos, de manera que las copas puedan recuperarse.



Los trepadores deben llevar botas de suela antideslizante y monos de trabajo sin

cinturones ni lazos que puedan engancharse en tocones de ramas. Suele ser

conveniente utilizar un casco de seguridad que ajuste bien, guantes y gafas

protectoras. Los ayudantes que están en el suelo deben llevar cascos de seguridad

industriales que les protejan de los objetos que caen de los árboles. Suele ser

necesario un serrucho de podar ligero con el que limpiar de ramas el fuste cuando se

va a ascender con bicicleta.



Los métodos que se describen supra han resultado sumamente fiables cuando se han

utilizado con especies coníferas. La experiencia es menor, y probablemente mayor la

dificultad, respecto de las especies de frondosas de los bosques húmedos tropicales,

en los que se plantea un problema especial por la existencia de pocas y sólidas ramas

separadas por intervalos de 3–4 m. Otro problema es el que presentan las especies

muy espinosas, como Acacia spp., pero, como raras veces tienen más de 15–20 m de

altura, la recolección puede efectuarse con frecuencia desde el suelo. Entre las

ayudas útiles que describen Doran y otros (1983) figuran un soporte fuerte en el techo

del vehículo, para ponerse de pie sobre él, escaleras ligeras que se ajusten a ese

soporte, una cuerda y un peso que se puedan lanzar por encima de una rama para

sacudirla o romperla, una sierra flexible o una tijeras de podar de dos manos y unos

guantes de piel gruesa para quitar las vainas de las especies espinosas. Es indudable

que habrá que modificar los métodos de recolección habituales para adaptarlos a las

peculiaridades de las distintas especies tropicales.



* En resumen, esta parte del equipo de trepa consta de los elementos siguientes:



1. EL CINTURON DE SEGURIDAD, que puede utilizarse solo o como parte del ARNES, que es un correaje más

complicado.

2. LA CORREA DE SEGURIDAD o ESLINGA, que se pasa por detrás del fuste y cuyos extremos se enganchan a

uno y otro lado del CINTURON DE SEGURIDAD. Asegura al trepador al fuste mientras asciende hasta la copa.

3. La CUERDA DE SEGURIDAD CORTA (también llamada a veces ESLINGA), que ata al trepador o a su CUERDA

DE SEGURIDAD LARGA al tronco del árbol o a una rama resistente mientras trabaja en la copa. Puede utilizarse

asimismo como CUERDA DE RESERVA, con la que se asegura el trepador cuando tiene que desenganchar la

CORREA DE SEGURIDAD para superar las ramas grandes y aisladas que se encuentran en el fuste.

4. La CUERDA DE SEGURIDAD LARGA, que conecta al trepador con el ayudante que está en el suelo. Le

proporciona seguridad mientras está en la copa y le permite descender sin tener que bajar por el fuste.





Recolección de árboles en pie con otros medios de acceso

Se han diseñado algunos tipos de equipo para elevar mecánicamente al recolector

hasta una altura desde la que pueda llegar a la parte frutífera de la copa sin necesidad

de trepar. En un número limitado de ensayos se ha demostrado que los sistemas a

base de cables que sostienen una pequeña vagoneta pueden mover a los

recolectores a lo largo de las copas. Aunque se accede a varios árboles a la vez, la

instalación es laboriosa (Matusz 1964, Gradi 1966, Stein y otros 1974). El sistema

resultaría más ventajoso en los rodales en los que se fuera a repetir la recolección. Se

han efectuado asimismo experimentos con cables o plataformas suspendidos de

globos o helicópteros. Los globos no se consideran prácticos, pero es posible que los

helicópteros tengan utilidad en determinadas condiciones. Pero probablemente el más

práctico de todos los dispositivos mecánicos para elevar o descender a un hombre de

manera que los frutos queden a su alcance es la plataforma con brazo extensible. La

descripción que figura a continuación está basada en la que ofrece Turnbull (1975b).



En muchos países se ha utilizado para recolectar semillas el mismo tipo de plataforma

con brazo extensible que se emplea para instalar cables eléctricos aéreos. Existen

varios modelos, algunos dotados de mecanismos de elevación telescópicos y brazos

de acero articulados y movidos hidráulicamente, todo ello sobre una base giratoria.



Matusz (1964) ha descrito el mecanismo de extensión articulado AGP-12, construido

en la Unión Soviética, y Seal y otros (1965) han ilustrado y explicado la utilización de

la plataforma hidráulica Simon, de procedencia británica. Con la máquina soviética se

consiguió recolectar semillas de árboles hasta los 15 m de altura, y hasta 10–16 m

con la plataforma hidráulica Simon. Tienen espacio suficiente para que trabajen en

ellas dos hombres, que pueden prescindir de los cinturones de seguridad y equipo

parecido. Estaba previsto fabricar una versión mayor de la máquina soviética, que

llegaría hasta alturas de 30 m.



En Australia se creó, para recolecciones de semilla en alturas de hasta 10 m sobre el

suelo (Willcocks 1974), una plataforma montada en un remolque y conectada a un

tractor agrícola, que la impulsaba. Esta unidad de tractor y remolque puede utilizarse

prácticamente en todos los sitios en que puede moverse sin problemas un tractor. Es

un equipo versátil y de un costo relativamente bajo. La escalera hidráulica Afron no

llega a tanta altura (7 m como máximo), pero es muy manejable y no precisa más que

un solo operario, pues todos los controles se encuentran en la plataforma desde la

que se recogen los frutos. Se utiliza mucho en los huertos de frutales y podría ser una

máquina útil en los huertos semilleros forestales de gestión intensiva siempre que los

árboles fueran de un tamaño moderado. Según Seal y otros (1965), las plataformas

hidráulicas son útiles sobre todo cuando se dispone de poco tiempo o poca mano de

obra y los frutos pueden recolectarse en árboles de fácil acceso y buena fructificación.

Los inconvenientes de este equipo son la necesidad de un buen acceso y el elevado

costo de capital. En el Reino Unido se comprobó que, cuando las cosechas de conos

eran menos accesibles y abundantes, el costo unitario de la recolección con la

plataforma hidráulica Simon era superior al de la recolección con escaleras o

bicicletas.



Productividad en la recolección de frutos

Existe poca información pormenorizada sobre la productividad en la recolección de

frutos, especialmente respecto de especies tropicales. Como señalaron Dobbs y otros

(1976), las cantidades que se recogen por recolector y día dependen de diversos

factores, entre los que figuran no sólo la destreza y energía del recolector, sino

también el tamaño de los frutos, la abundancia de la fructificación, la firmeza con que

los pedúnculos sujetan el fruto al árbol, la presencia de frutos viejos o inmaduros en

las ramas, que pueden confundir a los recolectores o reducir su ritmo de trabajo, el

método de recolección (trepa, de árboles cortados, del suelo, etc.) y factores diversos

como el tiempo atmosférico, la presencia de insectos y el tiempo de traslado.

Respecto de Pseudotsuga en los Estados Unidos y el Canadá, Douglass (1969) y

Dobbs y otros (1976) dan el mismo promedio, 2–3 hectolitros de conos por recolector

y día, recogidos de unos cuatro árboles mediante trepa. Dobbs y otros (1976) indican

que en la recolección de árboles de Pseudotsuga cortados cabe esperar la misma

productividad que cuando se trepa a árboles en pie. En Pinus ponderosa se puede

esperar una producción de 4–5 hectolitros de conos por escalador y día, y

aproximadamente 0,5 hectolitros en especies cuyos conos son más pequeños,

como Larix, Thuja y Tsuga. En recolecciones efectuadas por la IUFRO

de Pseudotsuga, Picea sitchensis y Abies grandis en la parte occidental de

Norteamérica, un equipo de cuatro trepadores experimentados era capaz de

completar un determinado rodal en un solo día, recolectando en unos 20 árboles

bastante separados entre sí (Fletcher y Barner 1978). En Tailandia, la productividad

que se espera en rodales de Pinus kesiya de árboles de tamaño mediano es por

término medio de 25–30 kg de conos por trepador y día, recolectados en seis árboles

(Granhof 1975). En Honduras, la tasa de recolección en P. oocarpa y P. caribaea se

sitúa por término medio, cuando se trata de una recolección general y a granel en una

cosecha media, entre 1 y 2,5 hectolitros procedentes de 3–5 árboles por hombre y día

(Robbins 1983a, b). Matusz (1964) notificó que una tasa de recolección media en

rodales de pinos europeos, de 25 m de altura y con fructificaciones de medianas a

buenas, y con la utilización de espuelas de trepa, era de entre 20 y 50 kg de conos

procedentes de 8–10 árboles al día, lo que suponía entre 0,4 y 1,0 kg de semilla. En

cada árbol, el trepador emplea 15–25 minutos en ascender y descender y 20–30

minutos en recoger los conos. En Dinamarca se han conseguido los rendimientos de

frutos o conos que figuran en el cuadro siguiente, si bien en estas condiciones:



1. Facilidad de acceso a los rodales y a los árboles en pie.

2. Una excelente producción de semilla.

3. Un equipo de trepadores sumamente experimentado, con escaleras y con n

horario de trabajo de 8,5 horas diarias (Barner 1974).



Especie Hectolitros de frutos o conos/hombre-día



bueno máximo



Abies nobilis 10 14



Abies nordmannina 3 5



Abies alba 5 7



Acer pseudoplatanus 25 35



Fraxinus excelsior 30 40



Picea sitchensis 2 3



Picea abies 4 6



Picea omorica 1 1,5 (rodales jóvenes)



Larix leptolepis 1,5 2 (rodales jóvenes)



Larix decidua 0,6 1



Pinus sylvestris 1,8 2,5 (huertos semilleros)



Pinus austriaca 1,8 2,5



Pseudotsuga sp. 1,5 2,0







En un año excelente, los rendimientos de semilla por hectárea son los siguientes:



Abies alba 150 –

200

kg



200

Abies nordmanniana 150 –

kg



600

Abies nobilis (procera) 250 –

kg



70

Larix sp. 25 –

kg



150

Picea abies 50 –

kg



25

Picea sitchensis 15 –

kg



80

Pseudotsuga sp. 40 –

kg



1 000

Fagus sylvatica 500 –

kg



5 000

Quercus sp. 2 000 – (?)

kg



800

Fraxinus excelsior 400 –

kg



400

Acer pseudoplatanus 200 –

kg







Se dispone de poca información sobre las tasas de recolección de frutos en las

frondosas tropicales.



Capacitación y seguridad

La recolección de la semilla, especialmente por el procedimiento de trepa, es un

trabajo duro, y por lo tanto es esencial seleccionar cuidadosamente a los trepadores y

dotarles de una buena capacitación antes de que empiecen las operaciones de

recolección. Es necesario que sean personas física y mentalmente adecuadas, que

estén dotadas naturalmente para escalar y posean una combinación de autoconfianza

y sentido común. Todo programa de recolección que no sea mínimo debe contar, en

el personal permanente, con un núcleo de al menos un trepador capacitado, que

puede dedicarse a otras tareas fuera de la temporada de recolección. Antes de que

empiece ésta, se encargará de impartir breves cursos de capacitación para trepadores

temporales (Robbins y otros 1981). En esencial disponer, como material auxiliar para

estos cursos, de buenas ilustraciones gráficas, especialmente cuando los trepadores

son analfabetos.



Las precauciones de seguridad variarán en función de las condiciones locales y,

especialmente, de la especie de árbol de que se trate y del equipo y métodos de

recolección que se utilicen. Todo el personal que participa en las operaciones de

recolección debe conocer perfectamente las normas locales en materia de seguridad.

La selección de recomendaciones al respecto que se reproduce a continuación se

basa en las de Yeatman y Nieman (1978), Dobbs y otros (1976), Seal y otros (1965) e

Isslieb (1964) (citado en Seeber y Agpaoa 1976).



1. Todo el equipo debe guardarse cuidadosamente, tanto durante el transporte

sobre el terreno como cuando está almacenado entre una temporada de

recolección y la siguiente.

2. La ropa de trabajo debe ser fuerte, bien ajustada y adecuada para el tiempo

atmosférico que se espera.

3. Todos los componentes del equipo deben comprobarse antes de su uso y, en

caso de dudas sobre su estado, no deben utilizarse hasta que se reparen o

sustituyan.

4. No se debe trepar a árboles cuando llueve o en presencia de viento fuerte, ni

tempoco con escasa luz, por ejemplo al atardecer, ni cuando el cansancio es

excesivo.

5. No se debe trepar a árboles que presenten signos evidentes de podredumbre

del tronco, cancros o agallas graves, rajaduras, guías dobles u otras

anormalidades que indiquen debilidad mecánica.

6. La cuerda de seguridad larga debe estar limpiamente enrollada en el suelo

antes de que el trepador ascienda, a fin de evitar que se enganche o enrede en

el sotobosque.

7. El ayudante que está en el suelo debe sujetar la cuerda de seguridad larga por

debajo de un brazo y por encima del hombro contrario. Es aconsejable pasar la

cuerda, con una simple media vuelta, por un árbol próximo. Con ello se

aumenta el control y se impide que la cuerda se le escape de las manos. La

cuerda se debe soltar y recoger cambiando la posición de una y otra mano. Si

se deja que la cuerda se deslice, aumenta la dificultad de controlarla y pueden

producirse dolorosas quemaduras por fricción.

8. Al trepar no se debe llevar nada atado o enlazado en torno al cuello.

9. Al trepar árboles toscos y frondosos debe llevarse puesto el casco de

seguridad y unas gafas protectoras, para prevenir daños en la cabeza y los

ojos.

10. Como lugar de apoyo de los pies o las manos el trepador debe elegir la parte

de la rama que está próxima al punto en que se une con el fuste principal.

11. Hay que tener cuidado con las ramas quebradizas; las ramas dudosas deben

ensayarse antes de poner peso sobre ellas. Han de evitarse las ramas que se

están descortezando, pues son resbaladizas. En la medida de lo posible, ha de

decidirse el camino de la trepa antes de empezar el ascenso, especialmente

en lo que se refiere a la zona ramosa de la copa.

12. El trepador debe contar en todo momento con tres puntos de apoyo (una mano

y dos pies o dos manos y un pie), moviendo sólo un miembro cada vez,

excepto cuando está atado al árbol por una correa o cuerda corta o suspendido

de una cuerda larga. Se debe ascender con tranquilidad, mediante

movimientos regulares y pasos cortos.

13. Al subir a la copa no se deben llevar herramientas. Si se precisan unas tijeras

de podar, un rastrillo para conos, etc., se debe utilizar un cordel ligero para

subir el equipo hasta la altura en que se va a trabajar. Este cordel debe dejarse

atado a las herramientas grandes mientras se trabaja, a modo de seguro. Las

herramientas deben devolverse al suelo con el cordel; no es aconsejable

dejarlas caer o tirarlas.

14. Debe prestarse atención a los tetones afilados: pueden desgarrar la ropa y

producir dolorosos cortes y heridas.

15. Se debe ascender en espiral o en zig-zag, o atando al fuste correas de

seguridad, de manera que el trepador caiga como máximo 2 m antes de que la

cuerda larga soporte su peso.

16. Durante la trepa, el diámetro del fuste principal no debe ser inferior a 8 cm a la

altura de la cintura. Si hay dudas en materia de seguridad, no se debe vacilar,

antes de ascender a la zona de la copa donde está la semilla, en atar una

cuerda al tronco a una altura de resistencia garantizada.

17. Al atar esta cuerda, debe mantenerse un brazo rodeando con firmeza el árbol

hasta que la cuerda esté fijada al cinturón de seguridad.

18. Antes de retirar las manos del árbol, debe ensayarse que la cuerda de

seguridad y el lugar donde se apoyan los pies soporten bien el peso del

cuerpo.

19. Cuando se está recolectando cerca del extremo superior del árbol, ha de

mantenerse el cuerpo próximo al fuste, de manera que su peso actúe hacia

abajo, no hacia afuera.

20. La correa de seguridad o eslinga debe estar atada en todo momento alrededor

del tronco del árbol, excepto cuando se está escalando o cambiando de

posición en la copa, o cuando se está suspendido de la cuerda larga.

21. Antes de dejar caer bolsas de conos u otra material, hay que asegurarse de

que las personas que están en el suelo lo han advertido y se han retirado

suficientemente.

22. Cuando se recolectan frutos desde una escalera, debe atarse la parte superior

de ésta al árbol con una cuerda de nilón. La escalera debe fijarse aún más

mediante dos vientos.

23. En todo momento debe haber en el lugar de la trepa un equipo completo de

primeros auxilios.

Capítulo 5 MANIPULACION DEL FRUTO Y LA SEMILLA

ENTRE LA RECOLECCION Y EL PROCESAMIENTO

Introducción

Durante el período que sigue inmediatamente a la recolección, las semillas corren un

especial riesgo de sufrir daños. A ello se añade que el medio ambiente en el que se

colocan, que se controla con bastante facilidad en el centro de semillas o en la

instalación de procesamiento, es difícil de controlar en el bosque y durante el

transporte del bosque a la instalación. No es posible predecir ni prevenir las

fluctuaciones del clima, y es posible que en el transporte intervengan personas que, a

diferencia del recolector, el procesador o el usuario, no tienen mucho interés personal

en que las semillas se encuentren en condiciones idóneas. Durante este período es

alto el peligro de que se pierda la identidad del material, así como su viabilidad. El

riesgo es especialmente elevado en muchos países tropicales, donde la temperatura y

la humedad son altas y donde el transporte es muchas veces difícil, lento e inseguro

(Kemp 1975a). Las investigaciones efectuadas sobre los problemas que comporta

almacenar especies “difíciles” han revelado en ocasiones que el auténtico peligro se

encuentra en el tiempo que transcurre entre la recolección y el

procesamiento/almacenamiento. Cuando las semillas han perdido ya parte de su

viabilidad antes de almacenarse, ni siquiera con el mejor tratamiento en la instalación

se obtendrán más que unos resultados mediocres. Por consiguiente, es esencial

efectuar por adelantado una planificación cuidadosa que permita controlar de la

manera más estrecha posible la identidad y salud de la semilla en todas las fases de

su circulación (Kemp 1975a).



Mantenimiento de la viabilidad

Casi siempre, lo que se recolecta del árbol son frutos, no semillas. En algunos países

donde el clima lo permite, las operaciones de secado de los frutos al sol y extracción

de las semillas se llevan a cabo sobre el terreno (véanse las páginas 120–121). En

otros se considera preferible transportar los frutos, con la mayor rapidez posible, a la

instalación de procesamiento de semillas, donde las condiciones de la extracción se

pueden controlar mucho más que en el campo.



Cuando las semillas no se extraen sobre el terreno, los frutos han de manipularse con

sumo cuidado, tanto en el bosque como durante el transporte. Cuando la temperatura

y la humedad son elevadas, los frutos acumulados a granel en grandes cantidades

son muy vulnerables al deterioro por acción de mohos y otros hongos y por

recalentamiento debido a una elevada tasa de respiración. No puede exagerarse la

importancia que tiene la buena ventilación para reducir estos riesgos. Cuando los

frutos se almacenan temporalmente en recipientes separados, éstos no deben

llenarse al máximo. En particular, los sacos que contienen conos frescos deben

dejarse a medio llenar; de esta manera se deja espacio para que se expandan las

escamas a medida que los conos se van secando. De lo contrario, las escamas

pueden quedarse en una posición que dificulta considerablemente la ulterior

extracción de la semilla (Stein y otros 1974). Para facilitar la circulación del aire dentro

de los sacos, así como hacer más cómoda la manipulación durante el transporte, es

aconsejable no poner más de 10–20 kg de frutos en cada saco (Goor y Barney 1976).

Los casos de arpillera poco tupida o las bolsas de lavandería de malla de nilón

(Yeatman y Nieman 1978) permiten una buena circulación de aire por los laterales. En

el caso de las cápsulas de eucalipto y los frutos de otras especies que tienen unas

semillas muy pequeñas, sin embargo, deben utilizarse bolsas de algodón tupido

cuando existe alguna posibilidad de que los frutos se abran durante el tránsito

(Turnbull 1975c). Las cestas grandes y de malla abierta son ideales para favorecer la

libre circulación del aire entre los conos y otros frutos de gran tamaño, y pueden

construirse con materiales disponibles localmente, como metal, sauce, bambú o rotén.

En los montones no muy apretados de frutos puede mejorarse la ventilación

insertando en su centro unas “chimeneas” improvisadas a base de láminas de

madera. Removiendo todos los días los frutos de estos montones o cambiando de

posición los sacos se puede mejorar considerablemente el acceso del aire a los frutos

situados más lejos de la superficie.



Cuando no es posible transportar inmediatamente los frutos a la instalación de

procesamiento de semillas, debe disponerse un almacenamiento temporal sobre el

terreno, en cobertizos o bajo algún tipo de protección (Morandini 1962). Es preciso

proteger los frutos de esta manera contra la lluvia, y en algunas especies contra una

insolación demasiado fuerte. Los cobertizos deben estar abiertos por los lados o

disponer de buena ventilación por otros medios, y los sacos deben estar bien

separados en rejillas o colgados de ganchos de manera que el aire pueda circular

libremente. El sistema consistente en colgar los sacos de ganchos presenta además

la ventaja de que los protege contra los roedores. Cuando el almacenamiento se hace

al aire libre, debe construirse una cubierta a base de lonas alquitranadas o piezas de

polietileno. Cuando la temporada de recolección coincide con un período de tiempo

fiablemente seco pero no demasiado caluroso, no se precisa esta cubierta superior.

Los sacos no deben apilarse nunca uno encima de otro en grandes montones

(Aldhous 1972, Stein y otros 1974).

5.1 Soportes tipo caballete que se suelen utilizar en América del Norte para el

almacenamiento provisional de conos.

(Servicios Forestales del Canadá/Columbia Británica)

5.2 Cestos de alambre que se utilizan en Dinamarca para el almacenamiento temporal de

conos.

(Centro de Semillas Forestales de DANIDA)

5.3 Almacenamiento temporal de conos de Pinus taeda en cajas de 7,2 hl en el sur de los

Estados Unidos.

(Servicio Forestal, Dpto. Agric. EE.UU.)

5.4 Estructura temporal para secar cápsulas de eucalipto sobre el terreno en Australia.

(División de Investigaciones Forestales, CSIRO, Canberra)





En el caso de la mayoría de las semillas ortodoxas (véanse las páginas 196–197) es

conveniente someter por anticipado a los frutos, sobre el terreno, a un determinado

grado de secado. Se ha recomendado secar las semillas ortodoxas hasta menos del

12 por ciento antes de enviarlas por transporte aéreo (IBPGR 1981). La utilización de

sacos no muy tupidos facilita el secado. Las bolsas de polietileno no son adecuadas

para el almacenamiento temporal de los frutos de estas especies, pues impiden el

secado y pueden fomentar la aparición de mohos de hongos y el recalentamiento. Los

frutos de las especies recalcitrantes, en cambio (véase el Capítulo 7), deben

mantenerse frescos y húmedos para que sus semillas no pierdan viabilidad. Para las

especies de este tipo está recomendado utilizar como recipientes las bolsas de

polietileno, que impiden que los frutos se sequen (Stein y otros 1974).



En el caso de las recolecciones grandes, Isaacs (1972) ha sostenido que las cajas

paletizadas y sujetas con alambre, con capacidad de 7,3 hectolitros, son un medio

mucho más eficaz para manipular físicamente los conos antes de su procesamiento.

Estas cajas, que se utilizan como recipiente único para la manipulación, la expedición

y el almacenamiento, se entregan como componentes que pueden montarse, a

medida que se necesitan, en menos de tres minutos. No obstante, habida cuenta de

que una vez llenas pesan alrededor de media tonelada, para cargarlas y descargarlas

se precisa un vehículo con horquilla elevadora, y por consiguiente sólo son adecuadas

cuando se trata de operaciones de gran magnitud y muy mecanizadas.



Es posible que se necesite adoptar medidas especiales para impedir que plagas y

enfermedades dañen los frutos. En determinadas circunstancias, cuando es alto el

riesgo de que la cosecha sufra graves daños, puede ser aconsejable utilizar polvos

insecticidas y fungicidas, pero hay que tener mucho cuidado al tratar la semilla fresca

y relativamente húmeda, pues las propias sustancias químicas pueden tener sobre

ella un efecto perjudicial (Kemp 1975a). Mejor que confiar en sustancias químicas

suele ser mantener la higiene de los frutos, especialmente por medio de una buena

ventilación. Almacenar los sacos fuera del contacto con el suelo basta para

protegerlos hasta cierto punto de los roedores. La incidencia de plagas y

enfermedades suele ser más elevada en el suelo del bosque, y la pronta recogida de

los frutos caídos contribuye notablemente a reducir las pérdidas ulteriores.



Extracción de la semilla cerca del lugar de recolección

La decisión de si se va a extraer la semilla del fruto en una instalación central de

procesamiento o cerca del lugar de recolección, y por lo tanto poco después de ésta,

debe adoptarse teniendo en cuenta las condiciones locales. Como señaló Kemp

(1975a), la reducción del volumen y el peso del material recolectado facilita

considerablemente el transporte, y por ese motivo es posible que cuando se trata de

frutos relativamente voluminosos sea deseable extraer la semilla en una fase

temprana, aun cuando las operaciones de separación de las alas, limpieza y secado

final, más críticas, se efectúen mejor en la instalación central. En algunos casos se ha

comprobado también que la extracción temprana de la semilla es esencial para

mantener el máximo grado de viabilidad. Los frutos carnosos como el sincarpo

de Chlorophora fermentan si se mantienen almacenados a granel durante tiempo, y la

fermentación reduce la viabilidad de la semilla. En los trópicos es habitual utilizar el

calor del sol para acelerar la extracción y el secado de las semillas, especialmente de

muchas coníferas y árboles que tienen frutos leñosos y dehiscentes, como por

ejemplo el eucalipto; este procedimiento es por lo general beneficioso. No obstante,

un secado demasiado rápido de los frutos puede hacer en ocasiones que éstos no se

abran e impidan la extracción ulterior, en un proceso análogo al “endurecimiento

superficial” de la madera. Así ocurre con los conos de algunos pinos cuando se

recolectan sin que hayan madurado plenamente. En esos casos es necesario

mantener los frutos a cubierto, con una buena circulatión de aire, durante una o dos

semanas antes de intentar un secado más rápido. Algunas semillas, sobre todo de

especies de los bosques higrofíticos tropicales, mueren fácilmente cuando los frutos

se secan con rapidez. En el caso de estas especies no es conveniente secar los frutos

al sol, sino que se deben mantener húmedos durante el tránsito (Kemp 1975a). Entre

los factores que se han de tener en cuenta a la hora de optar por efectuar la

extracción local o centralmente figuran los siguientes:



1. La distancia de la instalación central de procesamiento de semillas y la

eficiencia del sistema de transporte. Cuanto más largo es el período que se va

a emplear en el tránsito, tanto mayor es el riesgo de deterioro, tanto mayor es

el ahorro de costos al transportar semillas en vez de frutos y tanto más sólidas

las razones en favor de la extracción local.

2. Las características de la especie de que se trate. Por ejemplo, cuando se trata

de frutos carnosos, en los que es alto el riesgo de fermentación, las semillas

deben extraerse mediante maceración localmente y poco después de la

recolección, mientras que los frutos y semillas de algunas leguminosas, secos

y resistentes, pueden soportar un período de tránsito prolongado y en

condiciones difíciles sin que se produzcan pérdidas importantes de viabilidad.

3. La idoneidad de la especie con respecto a la extracción por medio del sol.

Cuando se trata de especies en las que se precisa un tratamiento con estufas

para extraer la totalidad de las semillas, los frutos suelen enviarse a las

instalaciones centrales, que disponen de medios para efectuar esa operación,

en vez de intentar secarlos localmente, aunque a veces se pueden utilizar

estufas portátiles o calor artificial procedente de serrerías. En el caso de las

especies recalcitrantes, que no soportan el secado, lo mejor es enviar los

frutos húmedos, y lo antes posible, a la instalación central de semillas.

4. La seguridad de que va haber tiempo soleado durante la temporada de

recolección. Cuando la recolección se efectúa durante la estación seca en el

clima mediterráneo o en climas tropicales secos, están aseguradas las

condiciones ideales. Así, en Grecia ha resultado satisfactoria con la mayoría de

las especies la práctica actual de secado y extracción sobre el terreno (Cooling

1971). En los trópicos húmedos, en condiciones de tiempo frescotemplado y

cuando la recolección se efectúa durante la estación de lluvias, no es posible el

secado al sol.



Aun cuando la extracción de las semillas se efectúe localmente, es preferible hacerlo

no en el bosque mismo, sino donde se cumplan determinados requisitos en materia

de edificios y comunicaciones. En los países que cuentan con un servicio forestal bien

desarrollado, el sitio idóneo suele ser la sede local del distrito forestal. No se

dispondrá de esos medios cuando se recolecte en bosques inaccesibles y habitados

de manera dispersa, en cuyo caso será necesario improvisar en el bosque una

instalación de extracción de semillas.



Las técnicas de la extracción de semillas se describen en las páginas 196–238.



Mantenimiento de la identidad

Para asegurar que se mantiene la identidad del lote de semillas, es preciso etiquetar

correctamente cada recipiente de frutos cuando se llena. Como precaución adicional

frente al riesgo de pérdida accidental de la etiqueta exterior, se deben colocar

etiquetas idénticas dentro y fuera del recipiente (Stein y otros 1974, Robbins y otros

1981). Deben emplearse etiquetas que no se deterioren con el agua, y la información

recogida en ellas debe comprender como mínimo la especie, el número del lote, la

ubicación geográfica o nombre de la fuente de la semilla, el peso de la semilla

contenida, la fecha de recolección y el nombre del recolector (Stein y otros 1974). La

información sobre el número del lote de semilla y la especie es clave a efectos de

documentación. Si en hojas de datos sobre la recolección se ofrece información

pormenorizada (véase el Apéndice 1), entonces en las etiquetas puede ser suficiente

indicar el número de lote, la especie, la fuente y el peso de la semilla contenida. A los

documentos que acompañan la semilla debe unirse -o mejor enviarse por correo antes

de las semillas- una copia de la hoja de datos sobre la recolección o certificado de

origen, en la que ha de constar el número del lote. Cuando un solo lote se divide para

su envío en varios recipientes, cada etiqueta debe recoger también el número de

éstos que se ha necesitado (por ejemplo, 1 de 4) (Kemp 1975a). En las operaciones a

gran escala, la información puede codificarse (Aldhous 1972, Dobbs y otros 1976). En

el caso de recolecciones pequeñas con fines de investigación, por ejemplo,

recolecciones de procedencias o recolecciones de un único árbol para ensayos de

progenie, la información adicional se registra aparte, en un certificado de origen de la

semilla u hoja de datos sobre la recolección. Es importante hacer referencia al número

de lote. El etiquetado es más laborioso, pero también más importante aún, cuando se

trata de muchos y pequeños lotes de semilla con fines de investigación que cuando se

trata de recolecciones a granel, pues es esencial que no se mezclen los distintos lotes

y cada uno de ellos esté claramente identificado en todas las fases que median entre

la recolección y la siembra en el vivero. Para estos pequeños lotes de conos y

semillas que han de mantenerse separados son ideales, como recipientes, las bolsitas

de nilón. Permiten una buena ventilación, y muchas de las fases de manipulación de

la semilla (transporte, secado al sol o con estufa, eliminación manual de las alas)

pueden llevarse a cabo sin sacar los conos o semillas de la bolsa.



Es frecuente, especialmente en las recolecciones con fines de investigación, que haya

que registrar otros datos además de los que figuran en la etiqueta. Como señaló

Kemp (1975a), con la documentación de la semilla se persiguen tres fines principales:

i) registrar el lugar de la recolección, de manera que en caso necesario se puedan

volver a visitar en cualquier momento las fuentes buenas y, lo que es igualmente

importante, se puedan evitar las fuentes malas; ii) proporcionar información sobre las

condiciones ecológicas, las poblaciones reales muestreadas y los métodos de

recolección y manipulación de la semilla, datos que ayudan a interpretar los

resultados de la investigación o a planificar y realizar otras recolecciones, y iii)

satisfacer los requisitos del transporte seguro y rápido y la aceptación de las semillas.

En el Apéndice 1 figuran varios ejemplos de formularios para datos sobre recolección

de semillas. Entre la documentación especial que en algunos casos es preciso que

acompañe a la semilla en el tránsito, especialmente cuando se cruzan fronteras

nacionales, figuran las licencias de recolección, órdenes de movimiento de semillas,

permisos de exportación e importación, certificados fitosanitarios y certificados de

origen o de valor genético conformes a los sistemas nacionales o internacionales de

certificación de semillas.



Transporte

Es importante lograr que entre el envío de los frutos o de la semilla extraída desde el

lugar de recolección o instalación local y su llegada a la instalación central de

procesamiento transcurra el menor tiempo posible. Parte del trabajo de planificación

debe dedicarse a proporcionar un transporte de cantidad y calidad suficientes, para

evitar los retrasos en el envío y las averías en el camino. Las paradas, incluso las

cortas, contribuyen a que se acumule calor en los sacos de frutos y conos durante el

tránsito. A los conductores de los vehículos se les debe informar de la naturaleza de

su carga y de la necesidad de que la manejen con cuidado y la entreguen sin demora

(Dobbs y otros 1976). Al menos durante la primera parte del viaje, suele utilizarse el

transporte por carretera. El transporte por ferrocarril puede ser más económico

cuando se trata de grandes distancias (Morandini 1962), y más rápido el transporte

aéreo, pero en ambos casos se pierde algo de control sobre las condiciones del

almacenamiento en tránsito, y todo cambio de medio de transporte significa más

manipulación y más tiempo. Es probable que en la mayoría de las condiciones el

método más conveniente sea el transporte por carretera.



En las operaciones de recolección de semilla a gran escala en plantaciones

de Gmelina arborea que se efectúan en el proyecto del Jari, en el Brasil, se hace

mucho hincapié en reducir lo más posible el período de tránsito durante el cual la

semilla se encuentra en los sacos. El tiempo medio es de 1,2 días (Woessner y

McNabb 1979). La germinación de los frutos puede reducirse en 23 puntos

porcentuales transcurrido un día más, y bajar casi hasta cero cuando el tiempo es de

una semana. En algunas zonas, la madurez de la semilla y las condiciones

climatológicas afectan a la duración del tiempo de tránsito en el que las semillas no

sufren deterioro. En Zimbabwe, los conos de pinos recolectados al comienzo de la

temporada, en la época de máximas lluvias y cuando el contenido de humedad de la

semilla es elevado, no deben permanecer en los sacos más de 2–3 días; los conos

que se recolectan hacia el final de la temporada de lluvias, que están más secos,

pueden aguantar hasta 10 días en los sacos sin deteriorarse (Seward 1980).



Cuando las distancias son cortas y se han de transportar grandes cantidades de una

sola especie y procedencia, pueden cargarse los frutos directamente en los vehículos,

sin recipientes (Morandini 1962, Goor y Barney 1976). Antes de cargar un nuevo lote

es preciso limpiar el vehículo, de manera que no queden semillas de viajes anteriores.

Cuando se trata de viajes más largos o de lotes de semilla más pequeños, se deben

utilizar recipientes individuales. Los sacos deben colocarse cuidadosamente en el

vehículo, de manera que el aire pueda circular entre ellos en la mayor medida posible.

Los cestos de malla abierta son excelentes para facilitar la libre circulación del aire

durante el transporte y durante el almacenamiento temporal.



En el caso de la mayoría de las especies, y para promover la circulación del aire, es

preferible utilizar camiones y remolques abiertos, no camionetas cerradas (Dobbs y

otros 1976). No obstante, cuando se trata de especies cuya viabilidad depende de que

se mantenga un elevado contenido de humedad; hay que procurar que las semillas no

se sequen en exceso; es necesario utilizar bolsas de polietileno y disponer un sistema

que evite la acción directa del sol. En las especies que o bien germinan naturalmente

o bien pierden su viabilidad poco después de la caída de la semilla, a temperaturas

normales, puede ser esencial transportar la semilla rápida y directamente a su destino

final, y hacerlo inmediatamente después de la recolección. En ocasiones es necesario

también contar con recipientes especiales, dotados de aislamiento, para controlar la

temperatura y la humedad durante el tránsito (Kemp 1975a). Como precaución frente

a la exposición temporal de las semillas recalcitrantes a las temperaturas frías o

gélidas de las bodegas de aviones se recomiendan los recipientes de espuma de

estireno o los termos metálicos (IBPGR 1981). Este problema puede darse en algunos

árboles del bosque alto tropical higrofítico, pero es raro entre las especies que se han

desarrollado en condiciones que comprenden todos los años una estación muy fría o

seca. Muchas de las especies que más se utilizan en la silvicultura de plantación

pertenecen a esta segunda categoría.



Cuando se trata de material valioso puede ser aconsejable dividir cada lote de

semillas o frutos en dos partes como mínimo, para que viajen por separado, de

manera que si se produce un accidente en el camino no se pierda todo lo recolectado.

También puede ser conveniente proteger las semillas con un seguro de pérdida o

daños, cuya cuantía cubra al menos una parte del costo de repetir la recolección

(Kemp 1975a).



Antes de que llegue la expedición, debe notificarse a la instalación de procesamiento

de semillas el momento estimado de llegada de los frutos. De esta manera la estación

receptora puede reservar el personal necesario para descargar los frutos sin demora

(Dobbs y otros 1976). Debe facilitarse asimismo una información parecida a los

receptores intermedios, encargados del transbordo o el despacho de expediciones de

frutos.



Precauciones especiales con las semillas recalcitrantes en los

trópicos húmedos

Casi todos los problemas de mantenimiento de la viabilidad de la semilla que se

resumen en el presente capítulo se acentúan en el caso de las especies recalcitrantes

de los trópicos húmedos. Su período vital es breve, y no pueden tolerar ni las

temperaturas bajas (no muy por debajo de 20°C) ni la reducción del contenido de

humedad por debajo de un valor relativamente alto. Las semillas de los trópicos

húmedos son en su mayoría recalcitrantes, y, debido a las altas tasas de deterioro de

la semilla en tránsito, esas especies no suelen utilizarse para reforestar, salvo en sus

países de origen. Aun cuando las semillas se recolectan y utilizan localmente, y a

menos que se adopten precauciones especiales, las semillas pueden deteriorarse

gravemente en cuestión de días. Los recolectores han de trabajar dentro de unos

límites de tolerancia relativamente estrechos. Las principales precauciones que hay

que adoptar son las siguientes (Ng 1983):



Ventilación: Las semillas recalcitrantes (y sus frutos) tienen una gran actividad

respiratoria, por lo que necesitan una buena ventilación. Cuando se envasan grandes

cantidades muy apretadas, se producen sofocación, ruptura fisiológica, desarrollo de

hongos y recalentamiento, factores que provocan la rápida muerte de las semillas.

Cuando se utilizan como recipientes bolsas de plástico, éstas deben dejarse abiertas,

o deben abrirse pequeños agujeros en los lados. Los cestos o las bolsas de tela son

adecuados, aunque por lo general son también más voluminosos o costosos. No es

fácil hallar el punto de equilibrio entre la ventilación suficiente y la suficiente

conservación de la humedad (véase infra).

Temperatura: Deben evitarse las temperaturas inferiores a 20°C y superiores a 35°C.

En el transporte aéreo es probable que se den temperaturas bajas, a menos que se

guarden las semillas en la cabina presionizada. Las temperaturas altas pueden

deberse a la respiración o a la acción directa del sol. Una buena ventilación reduce la

acumulación de calor debida a la respiración. Debe evitarse en todo momento la

acción directa del sol sobre las semillas recalcitrantes.



Contenido de humedad: Las semillas recalcitrantes se deterioran cuando su contenido

de humedad se reduce demasiado o con excesiva rapidez. Esto puede ocurrir durante

el transporte en vehículos abiertos, debido al movimiento del aire. En esas

circunstancias, debe reducirse el tamaño y el número de los orificios de ventilación

que se abren en los recipientes. Los recipientes abiertos deben taparse con papel de

periódico o con un paño para reducir la desecación que produce el movimiento del

aire.



Organización del vivero: Antes de efectuar la recolección, debe avisarse a los viveros

receptores para que tengan preparados los semilleros de germinación. En el caso de

las semillas recalcitrantes, entre la recolección y la siembra debe transcurrir el menor

tiempo posible.



Viajes largos: Cuando se trata de semillas recalcitrantes, los viajes de recolección no

deben durar más de unos pocos días. Si no es posible evitar el viaje largo, se deben

intensificar las tareas de inspección diaria y procesamiento de las semillas ya

recolectadas. Si aparecen signos de podredumbre y desarrollo de hongos, deben

extenderse las semillas para mejorar la ventilación. Los frutos pulposos podridos han

de separarse de los frutos sanos, y despulparse de inmediato. Deben desecharse las

cápsulas que se han abierto lo bastante para que se pueda extraer su semilla. Si

algunas semillas empiezan a germinar durante el viaje, pueden salvarse guardándolas

en recipientes rígidos o cestos forrados con papel de periódico u otro material

absorbente y manteniéndolas húmedas. Algunas semillas se deterioran con tanta

rapidez que a veces lo mejor es transportarlas en condiciones de germinación en un

medio húmedo.









Capítulo 6 PROCESAMIENTO DE LAS SEMILLAS

Introducción

Como ya se ha señalado en la página 115, lo que se cosecha es casi siempre los

frutos de los árboles forestales, no sus semillas. En algunas especies lo que se

siembra en el vivero son también los frutos, que suelen denominarse con poca

propiedad “semillas”, como por ejemplo en el teco. En la mayoría de las especies, sin

embargo, se recolectan los frutos pero se siembran las semillas, por lo que en alguna

fase éstas deben extraerse de los frutos que las recubren. Como ya se señaló en el

Capítulo 5, la extracción se efectúa a veces cerca del lugar de recolección, aunque lo

más frecuente es que se realice en unas instalaciones centrales de procesamiento y

almacenamiento. La extracción y los procesos conexos tienen por finalidad producir la

máxima cantidad de semilla limpia y muy viable (Stein y otros 1974). Entre los

procesos que intervienen figuran uno o varios de los siguientes: maceración y

despulpado, secado, separación, volteado y trillado, separación de las alas y limpieza.



Operaciones previas a la extracción



Almacenamiento temporal en la instalación de procesamiento



Por muchas precauciones que se adopten, las condiciones en que los frutos y

semillas efectúan el tránsito del bosque a la instalación de procesamiento son raras

veces las ideales. Así ocurre sobre todo cuando el viaje se prolonga durante varios

días. Por consiguiente, es importante que nada más llegar los frutos a la instalación se

descarguen, inspeccionen y coloquen en condiciones de almacenamiento que los

protejan de la lluvia y de los ataques de roedores y aves y garanticen la libre y

constante circulación de aire en torno a los frutos (Aldhous 1972). Si no se adoptan

esas precauciones, los frutos y las semillas pueden sufrir un considerable deterioro en

el período que media entre la llegada a la instalación y la extracción de la semilla. Si

se deja que en los conos o frutos se desarrollen mohos, éstos no sólo degradan la

partida en la que crecen, sino que también pueden ser el origen de que otras partidas

queden afectadas por esporas de hongos.



Habida cuenta del carácter estacional de casi todas las cosechas de frutos y semillas,

es frecuente que se recolecten grandes cantidades de frutos en poco tiempo. La

maquinaria para extraer semillas tiene una capacidad limitada, por lo que no todos los

frutos pueden procesarse nada más llegar a la instalación. El almacenamiento

temporal es por tanto inevitable. En algunas especies es también muy deseable, pues

permite que las semillas maduren y se sequen antes de someterlas a otras

actividades de procesamiento. Cuando se efectúa deliberadamente con este motivo,

este tipo de almacenamiento o secado al aire se denomina “oreo previo” y se describe

en las páginas 132–134.



El almacenamiento de conos o frutos durante un período prolongado antes de la

extracción en necesario cuando la producción de semilla es excepcionalmente

abundante, lo que puede ocurrir una vez cada 10 ó 20 años, y se recolectan enormes

cantidades en una sola temporada. Investigaciones efectuadas en Columbia Británica

sobre cinco especies de coníferas demostraron que, siempre que se utilizaran

técnicas correctas de manipulación de los conos, éstos podían almacenarse, bien en

cobertizos al aire libre pero cubiertos, bien en refrigeradores a 2°C, durante los seis

meses que van de octubre a marzo. En la mayoría de los casos, tras esos seis meses

la germinación era tan buena o mejor que la de la semilla recién recolectada. El

almacenamiento a temperatura controlada no presentaba ventaja alguna sobre el

almacenamiento al aire libre (Leadem 1980).

En la mayoría de los casos, la limpieza previa de los frutos (véase la sección

siguiente) se efectúa poco después de que aquéllos lleguen a la instalación, aunque,

cuando llega al mismo tiempo una cantidad muy grande de frutos, es posible que se

deba postponer la limpieza previa de parte del envío; en ese caso, una parte del

período de almacenamiento precederá a la operación de limpieza previa y otra parte

transcurrirá entre la limpieza previa y la extracción.



Los frutos deben almacenarse en un lugar seco, fresco y bien ventilado, para evitar el

desarrollo de mohos o el calentamiento. Según la especie, el estado de los frutos y las

técnicas de procesamiento, unas veces los sacos de frutos o conos se vacían, se

vuelven a llenar sin estrecheces y se colocan en rejillas de almacenamiento; otras

veces los frutos se extienden en bandejas, en el piso del almacén o en el suelo bajo

techo (Stein y otros 1974). Son adecuados los pisos de ladrillo o madera, pero los

frutos no deben colocarse directamente sobre suelos de hormigón, pues pueden

surgir problemas de humedad (Morandini 1962, Turnbull 1975c). En Honduras ha

dado resultados muy satisfactorios el almacenamiento temporal de conos de Pinus

caribaea y P. oocarpa en recipientes de listones de madera apoyados a intervalos en

bloques de hormigón. Los espacios que quedan entre los listones permiten una buena

ventilación, y los conos pueden almacenarse con una profundidad de hasta 30–40 cm

sin necesidad de moverlos (Robbins 1983a, b). Al llenar y apilar las bandejas de

conos se ha de prever que éstos van a necesitar un espacio dos o tres veces mayor

cuando se abran las escamas (Stein y otros 1974). Otra posibilidad consiste en

extender los frutos en lonas alquitranadas.



Limpieza previa



Antes de que los conos y frutos sean sometidos a las operaciones de extracción,

limpieza y almacenamiento o siembra, es preciso eliminar de ellos las ramitas, trozos

de corteza, follaje y otras impurezas. En las plantas de extracción grandes esta

limpieza se efectúa mediante pantallas oscilantes o vibradoras. Otra posibilidad

consiste en la limpieza por flotación. En las operaciones pequeñas los principales

residuos pueden eliminarse a mano (Turnbull 1975c). Las impurezas ocupan espacio

innecesariamente. Además, los fragmentos de hojas y ramitas pueden transportar

esporas de hongos, como por ejemplo la enfermedad que consiste en la pérdida de

acículas, de la que están libres las semillas. Esas esporas constituyen una amenaza

potencial no tanto para las semillas cuanto para los gérmenes recién germinados y

para el material de vivero y las plantaciones próximas a éste. Es más fácil quitar las

impurezas antes de la extracción que después de ella.



A veces se adoptan medidas especiales para eliminar de los conos las pegajosas

exudaciones de resina. Stein y otros (1974) notificaron que una compañía secaba los

conos de Pseudotsugalo bastante para que se endureciera la resina, y después

humedecía los conos cerrados y los volteaba en el tambor giratorio para eliminar tanto

la suciedad como la resina.

En algunas especies la limpieza previa es, junto con el secado en determinados

casos, la única operación que se efectúa antes del almacenamiento o la siembra. En

tal caso se almacenan o siembran como frutos. Esta limpieza previa puede

comprender la eliminación de apéndices que posee el fruto, como el involucro

de Quercus, Fagus o Tectona. Los frutos con alas suelen sembrarse enteros, sin

quitar éstas, como por ejemplo en Ulmus, Fraxinus, Acer, Triplochiton, Pterocarpus y

varios géneros de dipterocarpáceas.



Oreo previo



Se denomina oreo previo a las operaciones deliberadas de almacenar los frutos y las

semillas contenidas en ellos y secarlos lentamente al aire a fin de prepararlos para las

ulteriores operaciones de secado en estufa, extracción y almacenamiento de la

semilla a largo plazo. Los procesos que facilitan este tratamiento previo son la

maduración de las semillas y el secado de los frutos.



No todos los frutos maduran al mismo tiempo, ni siquiera los que pertenecen a la

misma especie y al mismo bosque (Morandini 1962). Así, aun cuando la recolección

esté perfectamente programada para que se produzca en el momento de máxima

madurez de la cosecha, existirán siempre semillas viables que aún no han madurado

plenamente. En algunas especies el tiempo mínimo que exige la maduración es de

dos semanas, pero muchas necesitan más de 6–8 semanas (Morandini 1962).



Abies procera es una de las especies que mejoran con el almacenamiento de los

conos después de la recolección. Se comprobó que durante un almacenamiento de

seis semanas las semillas contenidas en los conos incrementaban su peso en seco en

un 10 por ciento debido a la acumulación de materiales orgánicos procedentes de los

conos; durante ese período descendía el contenido de carbohidratos y almidón de las

semillas, pero aumentaba constantemente el contenido de grasa bruta (Rediske y

Nicholson 1965).



En unas cuantas especies, como por ejemplo Fraxinus excelsior, Magnolia spp.

o Gingko biloba, toda la producción de semilla se dispersa sin que los embriones se

hayan desarrollado suficientemente, y éstos han de completar su crecimiento y

desarrollo para que las semillas puedan germinar (Gordon y Rowe 1982). En la

mayoría de esos casos de latencia morfológica, no basta con el oreo previo para

inducir la germinación, sino que se precisa también un tratamiento a base de calor y

humedad; a éste suele seguir otro tratamiento a base de frío húmedo para romper la

latencia fisiológica que se da también en esas especies. En las páginas 267–268 se

describen los diversos tipos de tratamiento previo.



En la página 55 se hacía referencia a la recolección deliberada de frutos inmaduros.

Este procedimiento ha ofrecido resultados alentadores, a escala de investigación, en

varias especies de coníferas y en dos géneros de frondosas de la zona

templada, Liquidambar y Liriodendron (Bonner 1970, 1972). Lo mejor para esta

maduración artificial es un medio húmedo, que puede mantenerse mezclando los

conos o frutos, en bolsas de polietileno, con musgo de turba u otro material inerte que

retenga la humedad. Eran temperaturas satisfactorias 5°C para Liquidambar(Bonner

1970) y 17°C para Pseudotsuga (Silen 1958). En el caso de Pinus sylvestris la

recolección se efectuó cuando el peso específico de los conos era 1,1, y los conos se

tuvieron almacenados durante al menos un mes (Remröd y Alfjorden 1973).



En Nueva Zelandia la estación de siembra adecuada para Pinus radiata es octubre,

pero no se pueden recolectar conos maduros hasta noviembre o diciembre. Por

consiguiente, deben guardarse las semillas durante casi un año. Las investigaciones

efectuadas han demostrado que se pueden recolectar los conos verdes e inmaduros

en junio o julio y después madurarse artificialmente almacenándolos, sin apretarlos,

en bolsas de papel a una temperatura ambiente de 20–24°C durante 10 semanas

(Wilcox y Firth 1980). Tras el secado en estufa y la extracción, la germinación de esas

semillas y el crecimiento de los gérmenes resultantes no diferían de los de las

semillas de conos maduros recolectados en enero. Así pues, la recolección de conos

inmaduros puede reducir de tres a dos estaciones el intervalo que media entre la

polinización y la siembra, factor que es importante cuando se multiplica material

genéticamente mejorado a partir de polinizaciones controladas.



En la mayoría de las especies de los trópicos húmedos, puede fomentarse la

maduración de los frutos inmaduros almacenándolos a temperatura ambiente en un

lugar protegido y bien ventilado. Las temperaturas inferiores a 20°C y superiores a

35°C son probablemente perjudiciales (Ng 1983). La ventilación puede conseguirse

guardando los frutos sin apretarlos en bolsas o cajas abiertas, de manera que pueda

producirse la respiración normal. Debe evitarse un secado rápido o excesivo. El

objetivo ha de ser mantener los frutos vivos y sanos durante el mayor tiempo posible,

a fin de ganar tiempo para que maduren sus semillas. Deben inspeccionarse los frutos

todos los días, y deben sacarse, para su procesamiento, los que ya han madurado.

Hay dos categorías de frutos que exigen una atención especial, los frutos pulposos y

las cápsulas. Los frutos pulposos (drupas y bayas) están maduros en cuanto se

ablanda la pulpa. A partir de ese momento, la pulpa empieza a degradarse y

fermentar, lo que hace que las semillas se deterioren. De ahi que en los frutos

pulposos que ya se han ablandado deba procederse cuanto antes a la extracción de

las semillas. Las cápsulas están listas cuando se abren por sí solas. Las semillas que

se extraen por la fuerza de cápsulas que aún no se han abierto serán probablemente

inmaduras y no viables.



El oreo previo favorece un descenso gradual del contenido de humedad de los frutos

(y semillas) que abreviará el tiempo de secado en estufa necesario para que los frutos

se abran. Con ello se ahorra tiempo, energía y dinero. Se previene así también el

“endurecimiento superficial” de los frutos, fenómeno que puede producirse cuando los

frutos que tienen un alto contenido de humedad se ven sometidos a un secado rápido

y que dificulta mucho la ulterior extracción de las semillas (Morandini 1962, Turnbull

1975c). El rendimiento de semilla de Pinus elliottii, P. taeday P. palustris se

incrementó con cinco semanas de acondicionamiento previo antes del secado en

estufa (McLemore 1975). Este efecto era más pronunciado en los conos que se

habían recolectado al principio de la temporada, como indica el cuadro siguiente:



Número de semillas extraídas por cono - Pinus elliottii



Fecha de recolección Con 1 semana de oreo previo Con 5 semanas de oreo previo



19 de agosto 0 60



16 de septiembre 27 82







La germinación de la semilla extraída mejoró algo en P. elliottii, pero no lo hizo

sistemáticamente en P. taeda ni en P. palustris. En Honduras se aplica a P.

caribaea la norma general de efectuar un oreo previo hasta que todos los tejidos

cambian su color verde original por un color pardo.



Las condiciones necesarias para el oreo previo son parecidas a las que se han

descrito supra respecto del almacenamiento temporal. De la máxima importancia es

favorecer la libre circulación del aire, por lo que los frutos deben extenderse en capas

finas (sólo uno o varios frutos de espesor); es preciso además darles la vuelta y

moverlos con un rastrillo. Los recipientes ideales son las bandejas que se colocan en

alto y tienen el fondo de tela metálica fina, y para que la ventilación sea máxima y los

conos se oreen y abran de manera uniforme se recomienda una capa de un solo cono

(Stein y otros 1974). La tela metálica fina impide que se caigan y pierdan las semillas

que puedan soltarse.



En las grandes instalaciones de procesamiento puede ser conveniente ir elevando

gradualmente la temperatura durante el oreo previo. Morandini (1962) señala que la

fase última de este proceso previo, antes de pasar los conos a la estufa, puede

llevarse a cabo eficazmente colocando los conos cerca de la parte superior de la

estufa, de manera que pase por ellos el aire caliente de su escape.



Métodos de extracción

Los métodos que se emplean para extraer las semillas de los frutos vienen

determinados principalmente por las características de éstos. Los frutos carnosos se

tratan mediante un proceso de despulpado que por lo general comprende una

combinación de remojado en agua con presión o con una abrasión suave. Los conos y

otros frutos leñosos o correosos se secan en primer lugar hasta que las escamas se

abren o las semillas se separan de la placenta del fruto, y después se someten a un

tratamiento manual o mecánico, de volteado en un tambor o trillado, para separar las

semillas secas de los frutos secos.

Como se ha señalado en la página 129, algunos frutos indehiscentes, sobre todo

nueces, aquenios y sámaras aladas, no requieren extracción, sino que se almacenan

o siembran directamente como tales frutos. Algunas especies, en las que las semillas

están dentro de una cubierta delgada y carnosa, pueden secarse y sembrarse con esa

piel intacta y seca (Stein y otros 1974). En esos casos es conveniente que los frutos

se sequen a cubierto y que se les dé la vuelta con frecuencia. Como ejemplos cabe

citar Vitex parviflora en Filipinas (Seeber y Agpaoa 1976), Crataegus en regiones

templadas (Goor y Barney 1976) y Podocarpus spp. y Maesopsis eminii en Africa. En

algunas de estas especies, no obstante, puede mejorarse la germinación si se quita la

pulpa (por ejemplo, Vitex parviflora, véase la página 138).



Bonner (1978) ha dividido las semillas de frondosas en tres clases según sus

necesidades en lo que se refiere al almacenamiento y a la manipulación previa a éste.

Esas clases son las siguientes: 1) semillas que deben secarse antes de la extracción

y el almacenamiento; 2) semillas que deben mantenerse húmedas en todo momento,

tanto durante la limpieza como durante el almacenamiento (es decir, especies

recalcitrantes), y 3) semillas que deben mantenerse húmedas para la extracción y

después han de secarse para su almacenamiento. A continuación figura un cuadro en

el que este autor clasifica de ese modo algunos géneros importantes de frondosas.



Cuadro 6.1 Algunos géneros importantes de frondosas clasificados según las

necesidades de sus semillas en lo que se refiere al almacenamiento y la

manipulación previa a éste.



Secas para extracción y Húmedas para extracción y

Siempre húmedas

almacenamiento secas para almacenamiento



1. 2. 3.



Acacia Acer (algunas especies) Gmelina



Acer (algunas especies) Aesculus Malus



Ailanthus Castanea Melia



Alnus Corylus Morus



Atriplex Dipterocarpus Nyssa



Betula Hopea Olea



Carpinus Juglans Prunus



Carya Quercus Rosa

Casuarina Sorbus



Cedrela Ziziphus



Eucalyptus



Fagus



Fraxinus



Gleditsia



Liquidambar



Liriodendron



Nothofagus



Platanus



Populus



Robinia



Syringa



Tectona



Tilia



Triplochiton



Ulmus







Despulpado

El despulpado de los frutos carnosos debe efectuarse al poco tiempo de la

recolección, para evitar la fermentación y el calentamiento. Cuando los lotes de

semilla son pequeños, suelen ponerse primero en agua. Tras el remojo, la carne se

exprime con la mano o se machaca con un bloque de madera, un rodillo o una prensa

para frutos. Otra posibilidad consiste en desprender la carne frotándola en un tamiz o

pasándola por él (Stein y otros 1974). Generalmente, la pulpa y las pieles pueden

separarse de la semilla mediante lavado y cribado por los tamices adecuados o

también mediante flotación diferencial en un recipiente profundo, que está atravesado

por una lenta corriente de agua (Aldhous 1972). La semilla se hunde, mientras que la

pulpa sube a la superficie.



En Filipinas, los frutos carnosos de Aleurites spp., Canarium ovatum, Syzygium

cumini y otras especies se colocan en barriles o latas con agua. Al cabo de uno o dos

días la pulpa se ablanda. Entonces los frutos se machacan cuidadosamente con un

pisón sin aplastar las semillas. Al añadir agua abundante, la pulpa flota, mientras que

las semillas bajan al fondo (Seeber y Agpaoa 1976). Este método es también

adecuado para los frutos de Gmelina arborea, Azadirachta indica, Ocotea

usambarensis y Cinnamomum camphora, así como para los sincarpos o frutos

múltiples de Chlorophora y Morus. Debido al diminuto tamaño de las semillas

de Anthocephalus chinensis (2,6 millones por kilogramo), se precisa una técnica

especial para extraerlas del fruto carnoso. La parte exterior del fruto, que es la que

contiene las semillas, se frota ligeramente con una tela metálica de 12,5 mm. La

mezcla de pulpa y semillas que pasa por esta criba se coloca en una caja que tiene un

tamiz de 1,5 mm. Los operarios echan agua sobre esta mezcla al tiempo que la

remueven cuidadosamente con la mano, de manera que las semillas, junto con algo

de pulpa fina, pasan por el tamiz y caen a un recipiente lleno de agua que está

debajo. Las semillas se hunden, mientras que la pulpa fina se queda flotando. Si la

pulpa que flota sigue conteniendo semillas, se vuelve a poner en el cedazo y se repite

la operación (Seeber y Agpaoa 1976). En el proyecto del Jari, en el Brasil, los frutos

de Gmelina arborea se despulpan frotándolos en una tela metálica o también

mecánicamente con un despulpador de café modificado (Woessner y McNabb 1979).

Es importante limpiar perfectamente los huesos. Se ha comprobado que la

germinación de los huesos bien limpios era superior en un 10 por ciento a la de los

huesos despulpados pero sin limpiar.



Los frutos verdes y frescos sembrados enteros, sin despulpar, ofrecían una

germinación de sólo el 10 por ciento, y no había germinación alguna en los frutos

sembrados enteros tras un período de secado. Los huesos pueden limpiarse en agua,

o también puede realizarse una operación combinada de limpieza y secado en un

cilindro giratorio de acero con difusores que tras 20 horas a 45°C reduce el contenido

de humedad al 8–10 por ciento.



En Filipinas, el despulpado de las drupas de Vitex parviflora mejoraba la germinación,

tanto en los frutos verdes pero plenamente desarrollados como en los frutos de color

púrpura, más maduros (Umali-García 1980). La mejora más notable fue del 65 por

ciento en los frutos verdes despulpados frente al 26 por ciento en los frutos verdes

enteros, y la mejora menor fue del 52 por ciento en los frutos púrpura despulpados

frente al 38 por ciento en los frutos púrpura enteros.



Para quitar la carne de las semillas se puede utilizar también un procedimiento

hidráulico. Se coloca el fruto en una bolsa de malla o en un cesto de alambre y se le

aplica el chorro de agua de una tobera de alta presión hasta que se desprenden toda

la carne y la mayor parte de las pieles (Stein y otros 1974).

Una vez separadas, las semillas ortodoxas deben secarse al aire cuidadosamente,

bajo techo, y dándoles la vuelta con frecuencia. El paso siguiente es el envío a los

viveros o el tratamiento para ajustar el contenido de humedad al valor correcto

correspondiente a la especie de que se trate, antes de su almacenamiento.



Para los casos en que hay que despulpar grandes cantidades de frutos se dispone de

máquinas de diversos diseños. Son las molturadoras, hormigoneras, trituradoras de

martillos y maceradoras. Casi todas ellas se limitan a soltar las semillas de la carne,

de manera que se precisa una limpieza ulterior para eliminar parte del residuo o todo

él. La separadora Dybvig, en cambio, despulpa el fruto y limpia por completo las

semillas en una misma operación (Stein y otros 1974). Cuando se trata de pequeñas

cantidades de frutos carnosos y con semillas pequeñas, la operación puede

efectuarse rápidamente con una mezcladora eléctrica.



Secado de los frutos sin calor artificial

El secado, mediante fuentes de calor naturales o artificiales, es una operación

necesaria al extraer las semillas de muchas especies arbóreas importantes, y se

utiliza casi siempre con los conos de los pinos y otras coníferas y con las cápsulas de

los eucaliptos. Se debe imitar el proceso de secado natural, de manera que los frutos

se vean sometidos a un secado progresivo que provoque una liberación continua de

humedad. El aire que entra en contacto con los frutos ha de ser siempre más seco

que los frutos mismos, y esto puede obtenerse mediante una circulación de aire

constante (Turnbull 1975c).



Secado bajo techo



Es el método más lento y menos drástico de secar los frutos para la extracción de la

semilla. La técnica es la misma que la que se ha descrito respecto del oreo previo,

pero se emplea aquí como único método de secado, no en combinación con una

aplicación ulterior de calor solar o calor de estufa. Los frutos deben estar en

habitaciones bien ventiladas, extendidos en una capa fina, y deben removerse

periódicamente si están colocados sobre una superficie sólida; es preferible no

obstante colocarlos en bandejas cuya base sea una tela metálica, de manera que el

aire pueda circular por todos los lados.



El secado al aire bajo techo es un método eficaz para los conos de Abies y Cedrus,

que se desintegran enseguida con este tratamiento y que pueden resultar fácilmente

dañados si se los calienta al sol o en estufas. Se emplea también para separar los

frutos de algunas frondosas, como Quercus y Fagus, del involucro que los recubre

(Morandini 1962). Al mismo tiempo, es un procedimiento adecuado cuando se desea

secar sólo ligeramente estas especies u otras parecidas que han de almacenarse con

un contenido de humedad relativamente alto, pues de lo contrario perderían viabilidad.

Géneros tropicales en los que este método está recomendado son Dipterocarpus,

Hopea y Triplochiton. Puede emplearse también para secar los frutos delgados y

carnosos de Vitex, Maesopsis y otras especies, que después se almacenan o

siembran como frutos secos.



El proceso de secado es en este método lento, y el período de tiempo que se precisa

depende de la humedad y la temperatura del aire natural. Pero es el método más

seguro para las especies “delicadas”, que no soportan el calentamiento ni un secado

muy rápido.



Secado al sol



Es el método idóneo para secar conos y frutos de especies capaces de soportar las

temperaturas, bastante altas, que comporta. Se emplea habitualmente, durante la

estación seca, en climas tropicales, subtropicales o templados cálidos, donde puede

tener una eficacia del 100 por ciento como procedimiento para que los frutos se abran

y por tanto hace innecesarias las estufas. En los climas templados frescos y húmedos

es mucho menos fiable, y a veces debe ser complementado, cuando no es sustituido,

por el secado en estufas.



Uno de los métodos más sencillos de secado al aire, y que además exige poca

inversión en equipo, consiste en extender los frutos en capas sobre rejillas,

plataformas, lonas u otro material expuesto al sol (Turnbull 1975c). En el Mediterráneo

se aplica este método a especies de pinos, como P. pinea y P. halepensis (Morandini

1962), y a P. kesiya y P. merkusii en Tailandia y Filipinas (Bryndum 1975, Seeber y

Agpaoa 1976). Los frutos pueden colocarse sobre tela metálica cuya malla tenga el

tamaño adecuado para que las semillas pasen por ella y caigan en unas lonas o

piezas de polietileno (Morandini 1962, Turnbull 1975c). Los principales requisitos son

los siguientes:



1. Remover y dar la vuelta a los frutos con frecuencia, para facilitar que los conos

se sequen y abran y suelten la semilla de manera uniforme.

2. Tener la posibilidad de cubrir de inmediato los frutos en caso de lluvia, bien

trasladándolos al interior de un edificio o construyendo sobre ellos una

protección temporal.

3. Tratar de evitar el recalentamiento de los frutos cuando su contenido de

humedad es aún elevado. Esto puede comportar un oreo previo bajo techo, o

también la necesidad de evitar, en las fases iniciales, los mecanismos como las

bases de plancha de hierro ondulada o las cubiertas de vidrio o polietileno,

cuya finalidad es conservar el calor y elevar le temperatura. La importancia de

esta precaución varía considerablemente según la fuerza local del sol y la

medida en que cada especie tolera el calor.

6.1 Cobertizos para el oreo previo (al fondo), con soportes al 6.2 Vista desde arriba de la separadora Dybvig. Con el agua

aire libre en primer plano, en Zimbabwe. (Comisión de se expulsa la carne que se ha separado de las semillas por

Silvicultura de Zimbabwe) la abrasión de una plancha giratoria con pestañas. La ranura

de salida en torno a la plancha, que es regulable, se ajusta a

un tamaño inferior al de las semillas que se van a limpiar.

(Servicio Forestal, Dpto. Agric. EE.UU.)

6.3 Secado al sol de conos de pino bajo cubierta de

polietileno transparente en Zimbabwe (A) Base de tela

metálica, que se forrará con arpillera (B) Fases finales, con

los conos de Pinus taeda listos para pasar al volteado.

(Comisión de Silvicultura de Zimbabwe)

6.4 Secado al sol de conos de Pinus kesiya y Pinus merkusii en tambores giratorios en

Tailandia.

(Centro de Mejoramiento del Pino, Tailandia)





4. Retirar con frecuencia las semillas ya separadas de los frutos, de manera que

no estén expuestas durante demasiado tiempo a una luz solar directa e

intensa.

5. Proteger los frutos contra las aves, roedores e insectos, que pueden suponer

una amenaza más seria al aire libre que cuando el secado se efectúa dentro

de un edificio. Si no se les excluye rigurosamente de la zona de extracción, las

hormigas son capaces de llevarse una gran proporción de las semillas de

eucaliptos (Turnbull 1975c), mientras que los roedores y las aves prefieren las

semillas de los pinos.



Pinos. Los conos de pinos mediterráneos expuestos al sol para que se sequen tardan

entre 3 y 10 días en abrirse, según las condiciones del secado (Goor y Barney 1976).

En Tailandia, Pinus kesiya tarda 5–7 días y P. merkusii 2–3 días (Bryndum 1975). En

Chiang Mai, Tailandia, donde la temperatura máxima media del mes más caluroso es

36,5°C, Bryndum (1975) comprobó que poniendo los conos sobre una bandeja plana y

después cubriéndolos con polietileno transparente, para producir un efecto de

invernadero con temperaturas más altas, se obtenía en P. kesiyaun rendimiento de

semilla que era casi el doble del que se obtenía con el mismo tratamiento pero sin

cubrir los conos con polietileno; transcurridos siete días, los rendimientos respectivos

eran 15,6 g y 8,2 g de semillas extraídas por kilogramo de conos. Comprobó también

que si se revolvían con frecuencia los conos (ocho veces al día) el rendimiento de

semilla era notablemente mál alto que si sólo se revolvían una vez al término del

período de secado. Las bandejas empleadas tenían lados de madera de 10 cm y

fondo de tela metálica de 12,5 mm. Las semillas pasan por la tela y caen a un embudo

de chapa metálica y después a una bolsa atada a su salida. Las bandejas se colocan

en un andamio de madera, a una altura adecuada. Para extraer seis hectolitros de

conos al día se precisa una superficie de bandejas total de 125 m 2, y se calculó que el

costo de los materiales y la mano de obra para construirla equivalía a una octava

parte del costo de una extractora eléctrica importada de igual capacidad. Además del

método de las bandejas, se han utilizado también con éxito tambores de fabricación

local. El material utilizado es chapa de techar transparente, y en el interior hay una

rejilla metálica giratoria, donde se colocan los conos, que se gira manualmente seis

veces al día para que los conos se mezclen bien. El período de extracción es parecido

al que exige el método de bandejas. Otra forma de multiplicar el calor del sol que ha

resultado eficaz con P. kesiya en Filipinas es colocar los conos en planchas de hierro

onduladas (Cooling 1967).



En Honduras los conos de Pinus caribaea se secan al sol en bandejas o en lonas

enceradas. Las bandejas se extienden individualmente al sol, pero por la noche o en

caso de lluvia pueden apilarse y ponerse a cubierto; otra posibilidad consiste en que

en esas circunstancias se cubran las pilas de bandejas con lonas alquitranadas. En

este último método se utiliza lona impermeable y pesada, por lo general de 5 × 7 ó 5 ×

10 m, aunque pueden utilizarse también tamaños más pequeños cuando es necesario

mantener separados diversos lotes pequeños de semilla (por ejemplo, en

recolecciones de procedencias). Se extienden los conos en capas de un solo cono de

grosor, y se deja sin cubrir una franja perimetral de unos 30 cm, de manera que no se

pierda ningún cono por salirse de la lona. Durante la exposición diurna al sol se

remueven los conos cada 2–3 horas, rastrillándolos y golpeándolos ligeramente con la

parte posterior del rastrillo. Aproximadamente una hora y media antes de que se

ponga el sol, o cuando amenace lluvia, se levantan hacia arriba y hacia adentro

bruscamente, primero uno y luego el otro, los dos lados de la lona, hasta que al

menos una tercera parte de ésta por cada lado está limpia de conos. Los conos

quedan así apilados en una franja situada en el tercio medio de la lona. Después se

cubre el montón levantando primero los lados cortos de la lona, hacia arriba y hacia el

interior, en aproximadamente 1 m, y después el primer lado largo (contrario a la

dirección del viento), que se dobla sobre los conos de manera que llegue justamente

hasta el lado más lejano del montón, y por último el otro lado largo, que se levanta y

coloca sobre el montón, encima de la primera cubierta, procurando que el borde

llegue al suelo. Puede asegurarse la lona colocando pesos o remetiéndola por debajo

del montón. La mejor manera de retirar la semilla extraída consiste en destapar los

conos al comienzo de cada día, golpear el montón con la parte posterior de un rastrillo

para soltar las semillas, ratrillar suavemente los conos hacia el perímetro y después

reunir todas las semillas con un cepillo en la franja central, para meterlas entonces en

un recipiente adecuado. La lona debe colocarse en un lugar bien avenado (Robbins

1983a).

En Zimbabwe, el secado al sol de conos de Pinus patula, P. elliottii y P. taeda se

efectúa a gran escala en unos cobertizos abiertos por los lados cuya cubierta es de

plástico transparente apoyado en tela metálica (Seward 1980). Cada cobertizo tiene

15,2 m de largo y 12,2 m de ancho, y contiene ocho artesas de tela metálica sobre

una estructura de postes. En esas artesas y sobre arpillera se extienden los conos

verdes, en capas de no más de dos conos de grosor. Los que se han recolectado al

comienzo de la temporada experimentan un primer secado en los cobertizos, al que

sigue inmediatamente otro período en sacos medio llenos y colocados sobre soportes

en cobertizos de oreo previo; por último se vuelven a poner a secar en las artesas,

donde los conos se abren. Los conos que se recolectan hacia el final de la temporada,

y que por lo tanto están más secos, no necesitan oreo previo, y se abren tras un único

y breve período en las artesas de secado. Todo el sistema de cobertizos tiene una

capacidad de 720 hectolitros de conos.



Eucaliptos. Allí donde las condiciones climáticas locales son favorables, el secado al

sol resulta también eficaz con las cápsulas de Eucalyptus spp. La explicación que

figura a continuación está basada en la de Turnbull (1975f).



En las recolecciones de semilla en pequeña escala es con frecuencia necesario secar

distintas cápsulas o distintos cortes de ramas capsulíferas. Pueden extenderse en una

capa fina sobre lienzo, percal o plástico, en un lugar seco y bien ventilado, al sol o a la

sombra. Puede prepararse un pequeño extractor de semillas colocando las cápsulas

en una tela metálica a unos pocos centímetros del fondo de una caja y tapando ésta

con plástico transparente o vidrio (Boden 1972). La caja con las cápsulas se agita

todos los días, y se van retirando las semillas, de manera que no estén expuestas a

una temperatura elevada durante más tiempo del necesario.



Las capsulas recolectadas en gran escala suelen extenderse en lonas alquitranadas

colocadas en el suelo, en recintos especiales de suelo hormigonado, o en alto,

colgadas de estructuras metálicas. El procedimiento que consiste en extender las

ramas capsulíferas en el suelo exige poco equipo, pero es costoso debido a que hay

que darles la vuelta con frecuencia para que las capas inferiores suban a la superficie

y puedan secarse.



Un método más práctico para secar grandes cantidades de cápsulas consiste en

extenderlas sobre una estructura cubierta con tela métalica. Esta permite que el aire

circule en torno a las cápsulas en mayor medida que cuando se extienden éstas en el

suelo. Una lona situada bajo esa estructura recoge las semillas que se van soltando.

Esas estructuras pueden ser grandes o pequeñas, y permanentes o temporales. Las

estructuras temporales y de pequeño tamaño son idóneas para el recolector de

semilla que se desplaza de un sitio a otro, mientras que la estructuras permanentes y

de gran tamaño están ubicadas en las zonas centrales de extracción.



Otro método de secado que se utiliza a veces consiste en colgar las ramas

capsulíferas de una única y tensa cuerda de alambre. Tiene las ventajas de que la

circulación de aire entre las hojas y los frutos es excelente y de que se elimina el

riesgo de que el material se compacte y recaliente. La semilla se recoge en unas

lonas colocadas bajo las ramas. Este método de extracción puede utilizarse en el

bosque, aunque puede instalarse igualmente en un cobertizo bien ventilado, solución

que se adopta cuando es muy probable que llueva durante el período de secado.



Un sistema flexible que se utiliza en el Brasil consiste en colocar las cápsulas en unos

camiones especiales dotados de estantes. Cada camión tiene una capacidad de unos

50 kg de cápsulas. Durante el día los camiones se dejan al sol, y por la noche o

cuando llueve se ponen, conduciéndolos, a cubierto. Los frutos suelen abrirse en unos

tres días (Cavalcanti y Gurgel 1973).



La tasa de liberación de semilla durante el secado natural varía según las

características de las cápsulas de la especie de que se trate, el grado de maduración

de la cápsula y, sobre todo, las condiciones del secado. Las cápsulas muy maduras

de algunas especies pueden soltar la semilla en unas pocas horas cuando las

condiciones de secado son óptimas, pero en condiciones medias casi todas las

especies se secan suficientemente en un plazo de 3–4 días. Es característico que

algunos eucaliptos conserven en el árbol, durante varios años, cápsulas cerradas, que

se hacen muy leñosas y suelen ser difíciles de abrir.



Aunque el secado a pleno sol hace que las cápsulas se abran rápidamente, este

sistema comporta el peligro de que, si la temperatura se eleva en exceso, pueda

reforzarse la posible latencia primaria de la semilla. Las cápsulas no deben colocarse

directamente en metal expuesto al sol, pues ello puede producir unas temperaturas

elevadas que dañan la semilla.



Durante el secado natural pueden producirse considerables pérdidas de semilla

debido a la acción de hormigas y aves. Las hormigas suelen llevarse las semillas

viables y dejar las granzas en el sitio. Normalmente basta con aplicar un repelente de

insectos en aerosol o distribuir un polvo insecticida en torno al material que porta la

semilla para evitar estos “robos”. Las aves que comen semillas, como el gorrión

común, pueden producir también pérdidas de semilla durante la extracción.



Entre otras especies que pueden secarse al sol figuran leguminosas de la zona seca

como Acacia y Prosopis spp. y diversas especies de Toona, Lagerstroemia,

Leucaena, Casuarina,Albizzia falcataria y Pithecellobium dulce (Seeber y Agpaoa

1976). En la India, los “conos” de Casuarina equisetifolia se colocan al sol en

bandejas, cuya parte superior se tapa con un paño fino para evitar que el viento se

lleve las “semillas”. Se aplica a los “conos” un tratamiento a base de BHC en polvo al

10 por ciento u otro repelente de insectos para evitar que las hormigas se lleven las

“semillas”. En tres días las “semillas” se separan de los “conos”, y si se dejan más

tiempo otras fracciones de “conos” se mezclan con las “semillas” (Kondas 1981). En

general, los frutos y semillas de frondosas son más sensibles al daño por

recalentamiento que los de coníferas por lo que hay que tener cuidado de que las

semillas no estén expuestas durante demasiado tiempo a una acción directa e intensa

del sol. Pueden ser necesarios períodos intermitentes de sombra.

Secado de los frutos con calor artificial

En el caso de diversas especies, y cuando el clima no permite el secado al aire, es

decir, en los climas frescos y húmedos, puede ser necesario secar los frutos en

estufas calentadas. También se da esta necesidad en algunas especies refractarias,

que no responden al secado al sol ni siquiera en climas secos. Este procedimiento se

utiliza sobre todo con los conos de especies coníferas, aunque también en algunos

eucaliptos de zonas frescas y húmedas (Turnbull 1975f, Boland y otros 1980). Aunque

las semillas de casi todas las especies de Casuarina se pueden extraer fácilmente

mediante secado al sol, algunas especies tienen unos conos serótinos que para

abrirse necesitan unas temperaturas más altas, como las que ofrecen las estufas (o,

en la naturaleza, las hogueras con leña de matorral), (Turnbull y Martensz 1983). Al

secado en estufa le suele preceder un período de secado al aire u oreo previo.



El principal inconveniente que presenta el secado de los conos por métodos naturales

es que no se puede controlar la humedad y la temperatura del aire. Un incremento de

la humedad del aire puede hacer que los conos se vuelvan a cerrar (Morandini 1962,

Turnbull 1975c). El calentamiento artificial, en cambio, permite controlar la humedad y

temperatura del aire, acortar mucho el período de tratamiento y, con un proceso

continuo, organizar el trabajo de una manera más eficaz.



El calentamiento artificial exige una costosa inversión en un equipo y unas

instalaciones que no se utilizan durante todo el año. Esto hace que su costo sea

excepcionalmente elevado. Por consiguiente, antes de instalar grandes estufas

permanentes es preciso valorar con cuidado el costo de capital de la instalación en

relación con las cantidades de semilla que se van a procesar anualmente (Turnbull

1975c). Debe utilizarse en la mayor medida posible el procedimiento de secado al

aire. A veces está indicada una combinación de los dos métodos; puede instalarse

una pequeña estufa que complemente el secado al aire de algunas especies mediante

un breve período final en la estufa, o para procesar en ella las especies o partidas de

conos que presenten resistencia al secado al aire como método único (Cooling 1971).



La aplicación de calor artificial debe realizarse de tal manera que los conos se sequen

en el menor tiempo posible, para que no resulte dañada la viabilidad de la semilla.

Con ese fin, han de observarse las recomendaciones siguientes, que están basadas

en las de Morandini (1962):



1. Los conos deben someterse a un oreo previo adecuado antes de entrar en la

estufa.

2. Debe controlarse la temperatura del aire, que ha de mantenerse al nivel

mínimo suficiente para secar los conos.

3. No deben calentarse los conos ni mantenerse las semillas en la estufa durante

más tiempo del necesario.

4. El aire del interior de la estufa debe mantenerse lo más seco que sea posible.

El principio del secado en estufa es la aplicación de una corriente regulada de aire

caliente y seco, de manera que todos los conos se sequen de manera uniforme y en

el menor tiempo posible, sin riesgos de recalentamiento o “endurecimiento superficial”

(Aldhous 1972). En las estufas más modernas, la temperatura de la corriente de aire

se va elevando poco a poco a medida que avanza el proceso de secado; se produce

una circulación de aire de tiro forzado, y las semillas se retiran de la fuente de calor en

cuanto se sueltan de los conos. Las estufas para conos tienen tamaños muy

variables, desde pequeños armarios hasta grandes construcciones, pero tiene en

común una fuente de calor, un sistema para controlar el movimiento del aire

calentado, por tiro forzado o convección, y algún tipo de bandeja, estante u otro

sistema para exponer los conos al aire que circula por su interior (Stein y otros 1974).

Los controles de las estufas pueden ser sencillos y manuales o complejos y

automatizados. Algunas estufas poseen controles de la humedad de gran precisión.



En muchos programas de estufas, durante las dos o tres primeras horas de la

operación se aplica una temperatura considerablemente inferior a la temperatura de

secado efectiva. Con ello se impide la combinación de una temperatura y una

humedad elevadas, que es la causa más frecuente de reducción de la viabilidad de la

semilla durante el secado. No hay peligro de que esto ocurra, en todos los conos,

cuando la temperatura es de alrededor de 30°C y se eleva después a 60°C cuando el

contenido de humedad de los conos es inferior al 10 por ciento (Aldhous 1972).

Algunas estufas modernas disponen de control de la humedad, pero en muchas

especies aún está por determinarse el programa de secado óptimo (Stein y otros

1974).



Tipos de estufas de secado

Turnbull (1975c) dividió las estufas en los tipos siguientes: a) estufas de bandeja fija;

b) estufas progresivas verticales; c) estufas progresivas horizontales; d) estufas de

tambor giratorio, y e) estufas portátiles. La descripción de estos tipos que figura a

continuación se basa en las de Morandini (1962) y Turnbull (1975c, 1975f).



Estufas de bandeja fija



Las estufas más sencillas son estufas de convección, que pueden ser desde una

habitación calentada hasta una estructura más compleja. Básicamente consisten en

una unidad de calentamiento sobre la cual hay una cámara de extracción. El calor

entra en la cámara por la base y va atravesando al subir diversas filas de bandejas

que contienen los frutos o conos. Como el aire se va enfriando y haciéndose más

húmedo a medida que sube por los conos, la eficiencia de la extracción no es

uniforme en todas las partes de la estufa. Es frecuente tener que pasar algunas

bandejas a otros niveles para que reciban un nuevo tratamiento. Estas estufas son

relativamente baratas, y no se requieren aptitudes técnicas especiales para su

funcionamiento. Como inconvenientes cabe señalar que son relativamente

ineficientes, que el riesgo de incendios suele ser alto y que casi nunca están bien

controladas la temperatura y la humedad. Pueden mejorarse algo añadiendo

ventilación forzada.



En Zimbabwe, casi todos los conos se secan al aire, método que sin embargo se

complementa mediante una sencilla estufa que utiliza las humeras del curado del

tabaco. Como no existe en la zona red de suministro eléctrico, la circulación del aire

es por convección, y la estufa se alimenta con combustible de leña. Las temperatuas

máximas sin riesgo son 48°C para Pinus elliottii, P. taeda y P. kesiya y 60°C para P.

patula. La estufa tiene una capacidad de 36 bandejas, lo que equivale a nueve bolsas

de conos (unos 8 hectolitros), que se abren en un turno de ocho horas (Seward 1980).



En Honduras, y tras un período de oreo previo, los conos de Pinus oocarpa y P.

caribaea se secan satisfactoriamente en una estufa de aire caliente de tiro forzado

procedente, mediante modificaciones, de una estufa solar para secar madera

(Robbins 1985). La ventilación se consigue con dos ventiladores de gran diámetro

impulsados por un motor eléctrico de un caballo de potencia, mientras que el calor

procede de un radiador de humos y un horno que se alimenta con conos desechados

y leña. En caso necesario puede recircularse el aire abriendo una válvula que conecta

los conductos de entrada y salida. La estufa tiene una capacidad de 32 hectolitros de

conos cerrados, dispuestos en ocho pilas de ocho bandejas cada una, con 50 litros de

conos por bandeja. El régimen de temperaturas consiste en cuatro horas a 40°C y

después 10–14 horas a 45°C en P. caribaea, mientras que a los conos de P. oocarpa,

que son más gruesos, se los somete a una temperatura constante de 50°C. Los conos

suelen abrirse por completo en 12–18 horas. El rendimiento de semilla es de 160–250

g por 100 litros de conos cerrados en P. oocarpa, y 125–625 g por 100 litros en P.

caribaea.









6.5 Secado al sol de conos de pino en Tailandia; obsérvese la tapa

de polietileno. (Centro de Mejoramiento del Pino, Tailandia)

6.6 Acondicionamiento en estufas. Introducción de bandejas apiladas

de Pinus radiata en una estufa en Nueva Zelandia. (F.R.I. Rotorua,

fotografía de H.G. Hemming)

6.7 Vista interior de una estufa en Dinamarca, con bandejas.

(Centro de Semillas Forestales de DANIDA).

6.8 Estufa giratoria con el extremo de salida abierto para

que se vea el tambor; a la izquierda, el cuadro de control.

(Servicio Forestal, Dpto. Agric. EE. UU.)









Las estufas eléctricas, preferiblemente del tipo de tiro forzado, son útiles para secar

pequeños lotes de cápsulas de eucalipto. En el Brasil se utilizan con este fin unas

estufas eléctricas que consisten en una amplia cámara con estantes móviles y una

capacidad de 80 kg de material (Cavalcanti y Gurgel 1973). El tiempo de secado es

24–36 horas a 45°C. En los Estados Unidos se ha utilizado con éxito una estufa de

tiro forzado para secar vainas de Prosopis (Brown y Belcher 1979). Las vainas se

colocan en la estufa, que tiene una temperatura de 32°C, durante 18 horas. Después

se ponen las vainas secas en una escarificadora eléctrica durante 10–15 segundos,

tras lo cual se separan las semillas eliminando los residuos ligeros en un ventilador de

columna de aire y apartando después los fragmentos de vaina mediante un tamiz del

número 11 ó 12 (malla de 1,85 ó 1,70 mm).



En Sabah, las vainas de Acacia mangium se secan en una sencilla cámara de secado

dotada de un calentador eléctrico y un ventilador doméstico (Bowen y Eusebio 1981b).

Las vainas se colocan en bandejas apiladas de 0,7 × 0,7 m, que tienen la base de tela

metálica. La temperatura del aire a su entrada es de 45°C. Se separan las vainas por

colores y se las somete al tratamiento siguiente: 1) las vainas negras no se someten a

oreo previo, sino que se secan directamente durante 24 horas en la cámara de

secado; 2) las vainas de color pardo se orean a la sombra durante 48–72 horas y

después se secan en la cámara durante 24–48 horas, y 3) las vainas verdes pero

plenamente desarrolladas se orean a la sombra durante 72–120 horas y luego se

secan en la cámara durante 48 horas. Este mismo método se emplea con Albizzia

falcataria.



En lugar de bandejas se utilizan a veces tambores cilíndricos de malla de acero, en

los que se colocan las ramas portagranos de eucalipto (Boland y otros 1980). En más

de un lugar de Tasmania se utilizan estufas de este tipo (Anón. 1972, Anón. 1974).

Cada estufa tiene aproximadamente 9 × 4 m y una capacidad de extracción de unos 4

500 kg de semilla al año. Las paredes están aisladas y el techo es transparente, de

dos capas de material acrílico separadas por una cámara de aire, lo que permite el

calentamiento solar en verano. En invierno se coloca por el interior un falso techo

reflector para reducir la pérdida de calor radiante. La estufa se mantiene a una

temperatura de 40°C. Transcurridas 36 horas, las cápsulas ya se han abierto, y

entonces se giran y sacuden los cilindros para sacar de ellas las semillas.



Cuando no se dispone de equipo especial y se desea secar solamente unos pocos

frutos o conos, éstos pueden colocarse en un radiador caliente (Aldhous 1972). No

deben colocarse nunca donde el calor sea tan fuerte que no pueda ponerse la mano

sin molestias.

Estufas progresivas verticales



Los conos se colocan en la estufa en una serie de bandejas, una encima de otra a

manera de torre; las bandejas descienden durante el tratamiento de los conos. Desde

la base de la estufa el aire caliente y seco actúa sobre la bandeja inferior, que

contiene unos conos bastante secos; al pasar por los conos, el aire pierde algo de

calor y toma de ellos algo de humedad. En la segunda bandeja empezando por abajo,

los conos tienen un contenido de humedad algo más alto y el aire no está tan caliente

ni seco. En la primera bandeja empezando por arriba, los conos, que aún conservan

el contenido de humedad original, están rodeados de aire templado y húmedo.



En el momento adecuado, se quita la primera bandeja empezando por abajo y toda la

torre de bandejas desciende un paso; el lugar que ha quedado libre arriba se ocupa

con una bandeja nueva, llena de conos frescos.



El aire caliente puede circular simplemente por convección, pero mediante ventilación

forzada se consigue que la operación sea más rápida y regular. La distancia que

separa a dos bandejas contiguas debe ser suficiente para contener los conos abiertos,

cuyo volumen es entre dos y tres veces superior al de los conos cerrados. El tiempo

que se precisa para completar el secado varía según el contenido de humedad inicial

de los conos, el volumen de aire circundante y el tipo de circulación del aire

(convección o ventilación forzada).



En algunas estufas se hace que los conos caigan de una bandeja a la siguiente

abriendo la base de las bandejas o inclinando éstas. Otros tipos tienen en vez de

bandejas unas bandas que se mueven lentamente; los conos se mueven en una

banda hasta que caen a la que está debajo.



En estos dos últimos tipos, los conos se agitan al caer de bandeja a bandeja, de

manera que se sueltan casi todas las semillas: unos dispositivos especiales situados

bajo la bandeja inferior recogen la semilla, mientras los conos pasan a la fase

siguiente de manipulación.



Estufas progresivas horizontales



Puede ilustrarse su funcionamiento mediante la estufa horizontal de diseño italiano

que describió Gradi (1973). Los conos se extienden sobre una cinta transportadora

continua, de chapa de acero perforada, que pasa por un túnel aislado y galvanizado.

Mediante radiadores y ventiladores instalados en cámaras a un lado de la cinta

horizontal se consigue un movimiento en espiral del aire desde la entrada hasta la

salida del túnel. En los primeros metros de su recorrido los conos pasan por una fase

de presecado en la que la temperatura es unos 10°C inferior a la temperatura final. En

los sectores siguientes del túnel de secado se aplican temperaturas más altas, por lo

general de entre 45 y 50°C. El movimiento del aire en espiral crea una turbulencia que

acelera considerablemente el proceso de secado.

La estufa descrita por Gradi (1973) está indicada para procesar grandes cantidades

de conos. Se ha creado también un equipo más versátil para procesar y mantener la

identidad tanto de pequeños lotes de semilla como de lotes grandes (Isaacs 1972).

Este equipo comprende una larga estufa horizontal que no tiene ya cinta

transportadora, sino una serie de pequeños compartimentos con bandejas

desmontables. La estufa tiene unos calentadores portátiles que se someten a una

rotación diaria al descargar la estufa, para asegurar que el aire más caliente actúe

sobre los conos más secos. En cada compartimento se controlan la presión estática y

la corriente de aire. Este equipo presenta como ventaja especial que es muy fácil de

limpiar. Otro método sencillo de conservar la identidad de pequeños lotes de semilla

consiste en utilizar bolsitas de nilón. Permiten que el aire circule libremente, y se

puede utilizar la misma bolsa desde que se introducen en ella los conos en el bosque

hasta la extracción, pasando por el transporte.



Las ventajas que presenta la estufa horizontal sobre la vertical son las siguientes: 1)

se evita la costosa operación de elevar los conos hasta la entrada de la estufa vertical

tradicional; 2) se evita también la posibilidad de que los conos sufran daños al caer de

un nivel al siguiente, pues durante todas las fases del proceso de secado no se

mueven del soporte que los transporta; 3) su elevada capacidad productiva, y 4) su

facilidad de instalación, inspección y mantenimiento. El costo del equipo, que es

relativamente alto, obliga a procesar en él gran cantidad de conos para que sea

plenamente económico.



Estufas de tambor giratorio



Se encuentra este tipo de estufa en muchas plantas modernas de extracción de

semilla. Se describe a continuación su funcionamiento básico.



Se colocan los conos en un cilindro de chapa de acero perforada, que gira en torno a

un eje central. El cilindro está contenido en una caja en la que se consigue una

circulación de aire forzada mediante un ventilador eléctrico. Durante la extracción, el

cilindro gira constantemente, sacudiendo los conos. La temperatura del aire se va

incrementando poco a poco, desde la temperatura ambiente hasta el nivel máximo

que se haya fijado. La fuerte ventilación, el progresivo calentamiento y el constante

sacudimiento hacen que los conos se sequen y abran en poco tiempo. Las semillas

que se han soltado de los conos pasan por los agujeros de la chapa e inmediatamente

son sacados de la estufa por una corriente de aire. Por lo general, el control de la

temperatura y la ventilación es totalmente automático.



Para evitar que sufra daños, es preciso sacar la semilla del aire caliente en cuanto se

suelta del cono. La capacidad del cilindro puede reducirse para efectuar extracciones

por separado de conos de distintas procedencias, aun cuando se trate de cantidades

pequeñas. Las estufas de este tipo pueden calentarse eléctricamente o mediante una

unidad de calentamiento aparte que puede utilizar varios combustibles.

El cilindro, el motor eléctrico, el ventilador y el equipo que controla el aire y la

temperatura están contenidos en una caja de acero, encima de la cual hay una

cámara de presecado con dos pisos. Los conos caen de esta cámara al cilindro,

donde están expuestos a temperaturas cada vez más altas (40–45–50–60°C) durante

tres o cuatro horas. Al término de la extracción, se da la vuelta al cilindro para abrirlo,

caen los conos abiertos y se introducen otros en la estufa.



Las estufas modernas de tambor giratorio son por lo general de construcción metálica

compacta y tamaño mediano, de manera que pueden instalarse en edificios pequeños

y baratos. Tienen una capacidad de producción relativamente baja, y por lo general

están pensados para funcionar en grupos de dos o tres a la vez, según las

necesidades de la planta de extracción. Sus ventajas residen en que el tiempo de

secado es relativamente breve y en que al mismo tiempo que se secan los conos se

sacuden, de manera que se sueltan las semillas y ya no es necesario realizar otra

operación específica con ese fin.









6.9 Estufa para conos portátil, huerto semillero de Beech Creek, Murphy, Carolina del

Norte, EE. UU.

(Servicio Forestal, Dpto. Agric. EE. UU.)

6.10 Tambor giratorio para voltear conos en Humlebaek, Dinamarca. (Centro de Semillas

Forestales de DANIDA)

6.11 Caseta de dos pisos con volteadora de

conos en Zimbabwe; (A) rampa para subir al

piso superior y (B) boca en el extremo de salida.

(Comisión de Silvicultura de Zimbabwe)







Este tipo de estufa se utiliza mucho en la extracción moderna de semillas de

coníferas, y también se está empleando para extraer la semilla de los eucaliptos en

Australia.



Estufas portátiles



Cuando se trata de extracciones en pequeña escala o cuando hay que obtener semilla

para programas de plantación modestos o con fines de investigación, las grandes

estufas comerciales para secar conos no son ni convenientes ni económicas. En el

trabajo de investigación suele ser decisivo que a la hora de extraer la semilla de

pequeños lotes de conos no exista ninguna posibilidad de que semillas de un lote se

mezclen con las de otro.



McConnell (1973) describió una estufa pensada para secar pequeños lotes de conos

de pino. Tiene como ventajas que es económica, segura, portátil y versátil y que

ocupa poco espacio. Consta de un mecanismo de calentamiento a base de bombonas

de gas, una de tipo cajón y otra de tipo armario. Su capacidad es de 18 hectolitros. El

cuadro de control está preparado para poner en marcha una alarma sonora o visual si

algo no funciona bien en el equipo, y unos termostatos garantizan que la temperatura

no sea bajo ninguna circunstancia superior a 74°C.



Habida cuenta de lo económico de su funcionamiento y de sus avanzadas medidas de

seguridad, la estufa portátil que se acaba de describir podría tener una amplia

aplicación en operaciones en pequeña escala.



Precauciones de seguridad

Todo calentamiento artificial supone un riesgo de incendio, y ello es aún más cierto

cuando se manipulan conos, ya que el polvo, la resina y las escamas secas de los

conos son todos materiales muy inflamables (Morandini 1962, Stein y otros 1974).

Deben aportarse estrictas medidas preventivas, entre ellas la prohibición de fumar,

deben utilizarse materiales de construcción ignífugos, excluida por tanto la madera, y

deben establecerse procedimientos para retirar con frecuencia, mediante equipo de

aspiración u otros medios, el polvo y los residuos inflamables.



Son necesarias otras precauciones cuando se secan determinados frutos y semillas

de determinadas especies. Es preciso llevar mascarillas antipolvo cuando se

manipulan especies comoPlatanus spp., que sueltan unos pelillos finos que podrían

introducirse en los pulmones al respirar (Stein y otros 1974).



Separación

Cuando los frutos y conos se abren después de secarse, algunas semillas salen con

facilidad de ellos al revolverlos manualmente, al girar en estufas de tambor giratorio o,

en determinadas estufas progresivas verticales, al golpearse cuando caen de una

bandeja a la siguiente. Pero otras muchas semillas quedan en el interior del cono,

especialmente cuando se emplean técnicas de secado en las que los conos no se

mueven. En esos casos, han de sacarse las semillas lo antes posible una vez

finalizada la operación de secado.



En algunas especies basta con agitar bien, manualmente, el fruto para extraer la

semilla restante. Las cápsulas de eucalipto deben sacudirse enérgicamente, sobre

todo si no están del todo maduras, pues es posible que la semilla no se haya

separado por completo de la placenta (Turnbull 1975f). Cuando no se sacuden

adecuadamente las cápsulas que están algo inmaduras puede ocurrir que se suelten

únicamente las granzas. Las semillas fértiles suelen estar unidas a la placenta en un

lugar próximo a la base del lóculo, de manera que, una vez dispersas las granzas,

puede ocurrir que las cápsulas inmaduras parezcan vacías si se examinan

superficialmente.



Para que se suelten las semillas pueden sacudirse los conos en cribas gruesas, pero

algunas especies requieren un tratamiento más enérgico. Los más frecuentes son el

volteado en las coníferas y el trillado en las frondosas.

Volteado



Una volteadora es un recipiente o tambor, de forma rectangular o circular, que está

montado horizontalmente sobre su eje largo (Stein y otros 1974). Al girar, los conos

ruedan y chocan entre sí; es frecuente que en el interior unos deflectores acentúen la

acción de choque y rodamiento. Las semillas que se sueltan de los conos abiertos

pasan por la fuerte tela metálica que forma los lados de la volteadora y caen a una

tolva o a unas bandejas, o también a una cinta móvil.



La volteadora puede moverse manualmente o impulsarse por medios mecánicos,

según la escala de la operación. Algunos tambores están cerrados por ambos

extremos y se vacían y vuelven a llenar al término de cada ciclo (Morandini 1962). En

diseños más modernos puede conseguirse que funcione de manera continua

mediante un cilindro inclinado y abierto por ambos extremos. Se meten los conos por

uno de los extremos, y durante la rotación van cayendo lentamente hasta el otro

extremo, por el que salen. La velocidad y la inclinación se ajustan en función de las

necesidades de cada especie. La velocidad determina el efecto de rodamiento y

lanzamiento que se ejerce sobre los conos, mientras que la inclinación determina el

tiempo que los conos permanecen en la volteadora (Turnbull 1975c). Existen tipos

pequeños de volteadora que son de fácil transporte. Fisher y Widmoyer (1977)

describen una pequeña volteadora que tiene una capacidad de 18 litros de conos y

que procede de una lavadora doméstica modificada.



En Zimbabwe se utiliza una volteadora de tambor de 2,43 m de largo, de

funcionamiento manual, que está instalada en una caseta de dos pisos y que se llena

mediante una rampa que baja desde el piso superior. Si se construye la caseta en una

pendiente, es fácil transportar los conos hasta el piso superior (Seward 1980). En el

tambor cabe una bolsa de conos, y se tarda un minuto en voltear una carga e

introducir la siguiente. Las semillas caen por la malla del tambor, que es de 18 mm, a

una bandeja colectora situada debajo, mientras que los conos vacíos pasan

directamente a una contenedor con ruedas.



Es importante que entre el secado y el volteado transcurra el menor tiempo posible,

pues los conos abiertos expuestos al aire frío y húmedo pueden volver a cerrarse en

poco tiempo (Morandini 1962). Si no es posible voltear los conos inmediatamente

después del secado, los conos abiertos deben permanecer en ambiente templado y

seco durante el intervalo entre ambas operaciones. El tiempo necesario para el

volteado depende de la especie y del estado del lote concreto de conos que se esté

manipulando. En algunas especies, como Larix decidua y Picea abies, las semillas

puedan estar fuertemente sujetas en el cono, y a veces se precisan largos períodos

de volteado para extraerlas (Aldhous 1972). En especies difíciles como las citadas son

eficaces las máquinas especiales, como las grandes peladoras de patatas o las

volteadoras dotadas de dientes de sierra. Otra posibilidad consiste en remojar los

conos y después secarlos de nuevo para hacer que las escamas se abran más.

Haverbeke (1976) comprobó que, tras el primer volteado de conos de Pinus sylvestris,

daba buenos resultados remojarlos en bandejas de agua a 30°C durante una media

hora más o menos, hasta que los conos se ablandaban y empezaban a cerrarse, y

después secarlos bien al aire hasta que las escamas volvían a abrirse. El rendimiento

de semilla en el segundo volteado fue por término medio equivalente al 36 por ciento

del rendimiento del primero. Y se produjo una notable diferencia entre las

procedencias, del 18 por ciento en los que tenían un origen escocés hasta el 84 por

ciento en los de un origen español. Este nuevo rendimiento del segundo volteado

hace que esté plenamente justificado incurrir en un costo adicional cuando se trata de

semillas raras y valiosas, como las que se obtienen mediante polinización controlada.



Cuando el volteado se efectúa a una velocidad excesiva, o cuando la volteadora se

carga con demasiados conos, es fácil que las semillas sufran daños mecánicos. La

velocidad de rotación y el tiempo de tratamiento deben adaptarse a las características

de los conos y semillas de la especie de que se trate. Es mejor dejar algunas semillas

en los conos que gastar dinero en extraer semillas que en su mayor parte van a salir

del proceso gravemente dañadas (Morandini 1962).



Trillado



La extracción de la semilla de los frutos secos de muchas especies de frondosas se

efectúa mediante trillado. Las semillas de especies

como Cercis, Catalpa, Robinia y Liriodendron se extraen fácilmente extendiendo los

frutos en una plataforma, que a veces puede ser una estera de paja u otro material

idóneo, y golpeándolos con un mayal o vara flexible. Cuando hay que procesar

grandes cantidades, pueden adaptarse a los frutos arbóreos las trilladoras mecánicas

que se utilizan en agricultura, operación que se efectúa modificando la distancia que

hay entre las palas. En Chile se trituran las vainas de Prosopis tamarugo en un molino

de piedra ajustado a 4 mm, y después se separan las semillas mediante cribado y

flotación del producto de la molienda (Habit y otros 1981). En los Estados Unidos se

ha utilizado como trilladora para las vainas de Prosopis una descascarilladora de

cereales modificada. Esta máquina, que se describe en Ffolliot y Thames (1983),

puede trillar 36 litros de vainas en una hora y media; para trillar manualmente esa

misma cantidad se necesitarían unas 160 horas. En Filipinas, los frutos que no sueltan

con facilidad la semilla se meten en un saco y se golpean. La separación se efectúa

después mediante cribado. Para cada tamaño de semilla se utiliza una criba en la que

la malla es mayor que la semilla, de manera que se queden en ella los fragmentos de

fruto y otras impurezas grandes, y otra con una malla más pequeña en la que se

quedan las semillas y por la que pasan las impurezas finas (Seeber y Agpaoa 1976).



En Sabah, las semillas de Acacia mangium se separan de las vainas, una vez

secadas éstas, haciéndolas girar durante 10–15 minutos en una hormigonera junto

con bloques de madera dura de 10 × 10 × 15 cm (Bowen y Eusebio 1981b). Se utiliza

análogamente una hormigonera con las vainas de Albizzia falcataria, pero, como en

esta especie es más fácil separar las semillas, no son necesarios los bloques de

madera (Bowen y Eusebio 1981a). Doran y otros (1983) describen varios tipos de

trilladora mecánica que están indicados para las vainas de Acacia, como un modelo

manual de trilladora cónica flexible, un tambor giratorio, una trilladora de palas y otra

de huso. Muchas acacias desprenden durante el trillado un polvo muy irritante, por lo

que los operarios deben llevar equipo protector.



A veces es preciso aplicar métodos más enérgicos, como machacar los frutos con una

mano de almirez de madera o pasarlos por molinos de martillos. Para algunas

especies se ha creado un equipo especial, como la descascarilladora

de Juglans (Churchwell 1964). Los molinos de martillos constan de una entrada

protegida o tolva, una cámara central en la que hay una serie de martillos que giran en

torno a un vástago central y varias cribas de salida, intercambiables y de distinta malla

(Stein y otros 1974). La criba de salida debe tener unos agujeros los suficientemente

grandes para que las semillas puedan pasar por ellos sin daño. Durante la separación,

el molino se va alimentando con frutos continuamente. Hay que tener cuidado de que

la velocidad del molino sea relativamente baja, 250 a 800 revoluciones por minuto,

para no dañar las semillas. El separador Dybvig funciona igualmente bien con frutos

secos y carnosos.









6.12 La trilladora cónica elástica, en un modelo manual

fabricado por Alf. Hannaford & Co. Ltd., Woodville, S.

Australia, que se utiliza con las acacias de la zona seca.

(FAO/División de Investigaciones Forestales, CSIRO,

Canberra)

6.13 Trilladora de palas de 15 cm de CSIRO. (A) Introducción del material en la trilladora (B) Vista general, con material

trillado y listo para la limpieza (C) Vista de las partes esenciales. (FAO/División de Investigaciones Forestales, CSIRO,

Canberra)

6.14 Hormigonera que se utiliza para quitar las alas de las semillas. (Centro de Semillas Forestales de DANIDA)









6.16 Semillas de Liriodendron tulipifera antes y

después de quitárseles las alas. Esta operación

facilita el mejoramiento. (Servicio Forestal, Dpto.

Agric. EE.UU.)









6.15 Máquina Missoula para quitar las alas a

pequeños lotes de semilla. (Servicio Forestal, Dpto.

Agric. EE.UU.)









Capítulo 6 PROCESAMIENTO DE LAS SEMILLAS

(continuar)

Otros métodos de extracción

En algunas especies resulta difícil extraer las semillas aun después de someter a los

frutos a los tratamientos habituales de secado y volteado o trillado. En Filipinas, en las

leguminosasDelonix regia, Pithecellobium saman, Cassia fistula, C. javanica y Parkia

javanica es preciso abrir las vainas, duras e indehiscentes, con un machete o cuchillo

y después ir sacando las semillas una a una (Seeber y Agpaoa 1976). Las vainas

de P. saman son dulces y gustan mucho a los termes; si se amontonan en un lugar

oscuro, al cabo de un tiempo sólo quedan las semillas limpias.



Goor y Barney (1976) recomiendan que las semillas de Cedrus se guarden en los

conos, pues las semillas extraídas pierden rápidamente su viabilidad. Al finalizar el

período de almacenamiento, los conos han de ponerse a remojo en agua para facilitar

la extracción. Después de este tratamiento, se abren fácilmente con la mano y se

extraen las semillas para sembrarlas de inmediato.



Los conos serótinos de especies como Pinus brutia, P. halepensis, P. contorta y P.

radiata necesitan a veces un tratamiento especial que los induzca a abrirse. En

algunos casos ha dado buenos resultados el procedimiento de sumergirlos en agua

hirviendo durante 10–120 segundos (hasta 10 minutos en algunos lotes

especialmente refractarios), y después someterlos en la estufa de secado a

temperaturas muy elevadas (75–80°C). Se precisa esta alta temperatura para fundir la

resina que, como un fuerte adhesivo, aglutina las escamas solapadas de los conos

(Stein y otros 1974, Krugman y Jenkinson 1974).



Los conos verdes e inmaduros necesitan también a veces un tratamiento especial. Se

comprobó que los conos verdes de Pinus merkusii de Zambales (Filipinas) soltaban

sólo el 7 por ciento de las semillas que contenían tras remojarse en agua durante 48

horas y secarse durante 80 horas a una temperatura inicial de 30°C y una temperatura

final de 50°C; cuando este ciclo de remojado y secado se repetía cinco o seis veces,

los conos soltaban el 79 por ciento de sus semillas (Gordon y otros 1972). El período

total de esta operación, de 4–5 semanas, no sería económico en la silvicultura

operacional. La otra posibilidad, que es la que se recomienda, consiste en recolectar

sólo los conos pardos y maduros, que soltaban el 91 por ciento de sus semillas en un

único ciclo.



Operaciones después de la extracción

Una vez extraídas las semillas de los frutos, se precisan varias operaciones de

preparación para el almacenamiento. Hay que separar las semillas viables de las

vacías y no viables y de los fragmentos inertes de fruto; cuando las semillas tienen

alas, lo que no ocurre en todas las especies, hay que quitarlas; cuando las semillas se

van a almacenar, es preciso determinar su contenido de humedad y, en su caso,

elevarlo o rebajarlo hasta el porcentaje más adecuado para el almacenamiento. Si se

considera deseable que el crecimiento del material de vivero se produzca de manera

uniforme, pueden clasificarse también las semillas por tamaños.

El material inerte ocupa espacio tanto de almacenamiento como de transporte y

puede hacer que en el vivero sea desigual la densidad de los semilleros. Comporta

asimismo un riesgo de introducción de plagas o enfermedades mayor que el que

comportan las semillas mismas; por ejemplo, son los fragmentos de acícula y no las

semillas los que transportan las esporas que producen la pérdida acicular. La limpieza

hasta conseguir un alto grado de pureza es fácil en algunas especies pero más difícil

en otras. En algunas de ellas no es conveniente limpiar las semillas hasta un grado de

pureza superior a un determinado porcentaje, pues superado ese nivel se va con las

impurezas una cantidad cada vez mayor de semilla buena (Goor y Barney 1976).

Además, el esfuerzo extraordinario de esta limpieza especial es laborioso y costoso.

Morandini (1962) recomendó respecto de las semillas de Larix que no se limpiaran

más allá de una pureza del 65 por ciento, pues estaba demostrado que proseguir la

limpieza a partir de ese nivel producía una pérdida muy notable de semilla buena.

Esto se debe a que el gran grosor de la cubierta seminal en relación con el tamaño

total de la semilla hace que las semillas vacías sean casi tan pesadas como las llenas.

En muchas especies de eucalipto, especialmente en los

subgéneros Monocalyptus e Idiogenes, es difícil separar las semillas fértiles de las

granzas que salen de las cápsulas al mismo tiempo. Las semillas viables tienen

muchas veces un tamaño, una forma y un color parecidos a los de las partículas de

granzas, y la relación en peso entre éstas y la semilla viable suele oscilar entre 5 : 1 y

30 : 1 (Grose y Zimmer 1958, Boland y otros 1980). Por eso, los lotes comerciales de

semilla de eucalipto se limpian de hojas, ramitas y otros fragmentos grandes, pero la

“semilla” resultante es en realidad una mezcla de semilla y granzas; esta práctica es

aceptada por compradores y vendedores. Siempre que los lotes de semilla vayan

acompañados de los resultados de ensayos que ofrezcan el número de semillas

viables por unidad de peso de semilla más granzas, al usuario no le debe preocupar

demasiado que contengan una determinada cantidad de impurezas. Por consiguiente,

la limpieza de las semillas que se van a destinar a usos operacionales debe

efectuarse con un criterio selectivo. Puede ser necesaria cuando se emplean técnicas

especiales, como por ejemplo cuando las semillas se van a preparar en forma de

pellas o cuando se van a destinar a siembra de precisión. También es necesaria una

limpieza repetida, hasta alcanzar un grado de pureza muy elevado, cuando la

recolección se efectúa con fines de investigación y se va a tratar de obtener unos

conocimientos básicos sobre la germinación u otras características de las semillas.



Separación de las alas

Muchos árboles forestales tienen semillas aladas o frutos alados, y casi todas las

semillas de coníferas poseen un ala que puede ser desde larga y dura hasta muy

corta y blanda (Morandini 1962, Turnbull 1975c). A fin de facilitar el procesamiento de

las semillas y su siembra en el vivero, esta ala suele quitarse siempre que se mayor

que la semilla (o fruto).



En varios géneros de coníferas, como por ejemplo Thuja,

Chamaecyparis o Cupressus, las alas son pequeñas o es poco práctico separarlas de

las semillas; en unos pocos géneros no pueden quitarse sin menoscabo de la

viabilidad de la semilla, como ocurre por ejemplo en Libocedrus (Stein y otros 1974).

Muchos frutos alados de frondosas, por ejemplo Casuarina, Betula oUlmus, se

almacenan y siembran intactos, pero las alas de otros frutos, como por

ejemplo Swietenia, que son mayores, pueden romperse y separarse (Robbins 1982b).



Cuando se trata de cantidades de semilla pequeñas, la separación de las alas puede

realizarse manualmente, bien frotando las semillas entre las manos o contra un

cedazo o superficie rugosa, bien frotándolas también a mano dentro de una bolsa de

tela o haciéndolas pasar, entre dos paños o en una bolsa de tela, por el espacio que

queda entre una superficie de caucho abajo y un rodillo arriba (Stein y otros 1974,

Turnbull 1975c). Cuando se trata de cantidades grandes, es habitual separar las alas

por medios mecánicos.



Las máquinas que se utilizan para separar las alas van desde aparatos manuales

hasta equipo semiautomático de gran tamaño que ofrece un rendimiento continuo.

Son de uso frecuente las mezcladoras de maíz y las hormigoneras. Cuando se

efectúa de manera descuidada, la separación mecánica de las alas puede dañar las

semillas por aplastamiento, agrietamiento o abrasión (Kamra 1967, Wang 1973).



Las máquinas que se utilizan para separar las alas son en su mayoría mecanismos

giratorios en los que la semilla es presionada, por unos cepillos o almohadillas, contra

las paredes de un cilindro, o también en los que unas cabezas o almohadillas

giratorias obligan a las semillas a pasar por unas ranuras estrechas, donde quedan

detenidas las alas. Cuando el paso entre las cabezas o cepillos es demasiado

pequeño, la semilla puede resultar dañada (Morandini 1962). Lowman y Casavan

(1978) han descrito una máquina especialmente diseñada para quitar las alas de lotes

de semilla pequeños, de 5 kg o menos, y que se limpia fácilmente entre una operación

y otra. Consiste básicamente en un cilindro forrado de caucho con un eje central

giratorio al que están fijadas unas aletas de goma pura. La inclinación es variable, de

manera que las semillas y las alas puedan salir de la máquina por gravedad.



Nartov y otros (1979) describen una máquina que se utiliza en la Unión Soviética y

que separa las alas y al mismo tiempo limpia las semillas. Es portátil y pesa entre 50 y

70 kg. Una tolva y una hélice pasan las semillas a la unidad de separación de las alas,

que tiene unas astas batidoras tipo cepillo. Después un ventilador elimina las alas y el

material más ligero, mientras que el más pesado cae a una serie de cribas inclinadas

de diversas mallas. Las semillas limpias van cayendo así a diversos recipientes,

clasificados según el tamaño de aquéllas.



En algunos casos pueden evitarse los daños mecánicos realizando la operación en

húmedo. Wang (1973) describe un método de este tipo que se utiliza para separar las

alas de las semillas de coníferas en el Canadá. Se humedecen las semillas con agua

y se dejan en remojo durante 20–30 minutos, y a continuación se remueven con un

cepillo blando o con una esponja en una hormigonera giratoria, para separar las alas.

Isaacs (1972) ha descrito un principio parecido para separar las alas de las semillas

de pino. En este caso es un depósito de gran tamaño, con tubos que se mueven

lentamente, lo que agita con suavidad las semillas, previamente humedecidas a razón

de unos dos litros de agua por 45 kg de semilla. Las alas absorben la humedad y se

separan de las semillas. En Honduras se quitan las alas de Pinus caribaea y P.

oocarpa en húmedo, mediante una pequeña hormigonera o tambor giratorio. La

capacidad del tambor debe ser como mínimo el doble de la cantidad de semilla que se

va a procesar, y la velocidad de rotación ha de ser de aproximadamente una

revolución por cada 2–3 segundos (Robbins 1983a, b). Las semillas aladas se voltean

en seco en el tambor durante 15 minutos; después se rocían lentamente con agua, de

la manera más uniforme posible, mientras el tambor sigue girando; debe emplearse

más o menos un litro de agua por cada 50 litros de semilla. Tras añadir el agua se

sigue volteando durante 45 minutos, y después se saca la mezcla a una bandeja cuyo

fondo es de tela metálica; entonces las semillas se separan de las alas. En Suecia la

operación suele efectuarse también en húmedo. En este procedimiento, las semillas

absorben agua y después han de secarse hasta que llegan a un contenido de

humedad aceptable.



Métodos de limpieza de la semilla

Las principales características por las que las semillas viables pueden distinguirse de

la materia inerte, incluidas las semillas estériles y vacías, son el tamaño y la forma, el

peso específico, el color y la textura superficial. La facilidad con que se diferencian las

semillas viables depende de: 1) el grado de diferencia que existe entre las semillas y

la materia que ha de separarse de ellas, y 2) el grado de uniformidad que existe entre

las propias semillas (Turnbull 1975c). El color, el tamaño y la forma son criterios útiles

a la hora de separarlas visualmente, mientras que las máquinas limpiadoras se basan

en su mayoría en el tamaño y el peso específico. En los métodos de tamizado y

cribado, la separación se efectúa en virtud del grosor o diámetro de la semilla o

partícula; en el cilindro centrífugo dentado, en virtud de la longitud de las partículas;

en los métodos de flotación en un líquido y soplado, ventilado y aventado, en virtud

del peso específico, y por último los métodos de limpieza que consisten en una

fricción se basan en las diferencias de textura superficial. Las máquinas limpiadoras

modernas suelen combinar más de un método, de manera que el proceso de limpieza

es a un tiempo eficaz y rápido. No obstante, son la especie y la cantidad de semilla

que se ha de manipular los factores que deben determinar el método más

conveniente: a mano, mediante equipo improvisado o con maquinaria especializada.

La descripción de los métodos de limpieza y clasificación que figura a continuación

está basada en Turnbull (1975c).



Tamizado o cribado



En la mayoría de los casos se utilizan diversas cribas con distintos tamaños de paso o

malla, de manera que la limpieza es un proceso en el que se van separando

gradualmente partículas cada vez más pequeñas. No es sólo el tamaño de la malla de

la criba lo que determina la calidad y cantidad de la semilla limpia; entre otros factores

importantes hay que citar la precisión de la malla, el ángulo en que operan las cribas,

la amplitud y velocidad de movimiento de éstas y la limpieza y el mantenimiento

correctos del equipo.



Las cribas o tamices pueden ser de chapa perforada plana o tela metálica, y en

ocasiones pueden ser tridimensionales, como los que tienen forma de embudo.

Cuando las muestras son pequeñas basta con cribas manuales, pero cuando la

limpieza se efectúa a una escala mayor suele utilizarse una serie de tamices

sacudidores.



En el Brasil se utilizaron con resultados satisfactorios, para separar las semillas de las

granzas de Eucalyptus grandis, unas cribas que tenían una malla de

aproximadamente 12,5 orificios por centímetro. Estas cribas retenían el 84 por ciento

de la semilla buena y eliminaban el 89 por ciento de las granzas (Cavalcanti y Gurgel

1973).



Clasificación en función de la longitud



La limpieza con cribas se basa en la separación de las semillas, y el factor crítico es el

diámetro. La separación en función de la longitud no puede realizarse con cribas, pero

sí con un cilindro dentado. Además de emplearse para separar la semilla buena de las

impurezas, este tipo de equipo se utiliza en agricultura para separar mezclas de

semillas, y también puede emplearse con fines de clasificación.



El equipo consiste en un cilindro giratorio horizontal, ligeramente inclinado, y un

recipiente separador movible. La superficie interior está dotada de pequeñas muescas

semiesféricas muy juntas entre sí. La fuerza centrífuga hace que el material pequeño

quede atrapado en las muescas, de donde puede retirarse. El material de tamaño

mayor se agrupa en el centro del cilindro, de donde cae por gravedad. Según el tipo

de impurezas, la semilla puede separarse por las muescas o pasando por debajo del

cilindro.



Aventamiento



La limpieza por aventamiento es un método muy importante y de utilización muy

extendida. Se basa en el principio de que cualquier objeto puede flotar en una

corriente de aire de velocidad suficiente.



Existen tres posibilidades de separación en una corriente de aire: caída, flotación y

elevación. El comportamiento de la semilla y otros materiales dependerá de su peso,

su resistencia a la corriente de aire (volumen y forma) y la velocidad con que se

mueva el aire.



La operación suele denominarse también soplado o ventilado. En su forma más

sencilla, la semilla sin limpiar se lanza al aire en un día de viento. Los componentes se

separan, y se descartan los no deseados. Dentro de los edificios pueden utilizarse

ventiladores para producir la corriente de aire.



El aventamiento manual se ha utilizado con buenos resultados en Tailandia para

separar las semillas llenas de las vacía de Pinus kesiya (Bryndum 1975). A la

separación inicial le seguía un segundo aventamiento de la fracción desechada.

Mediante ensayos de corte se comprobó que el porcentaje original de semilla llena, 82

por ciento, se elevaba al 98 por ciento en la fracción mejorada, mientras que la

fracción desechada (aproximadamente el 10 por ciento del volumen total) contenía

sólo un 18 por ciento de semilla llena, equivalente a más o menos el 2 por ciento de la

semilla llena total del lote. Un operario tardó ocho minutos en aventar 1 kg. En este

proceso de separación no suele ser grave la pérdida de las semillas llenas que son

muy pequeñas y ligeras, pues lo más probable es que esas semillas germinen con

lentitud y tengan poco vigor.

6.17 Aventadoras eléctricas de laboratorio: (A)

“South Dakota Blower” (División de Investigaciones

Forestales, CSIRO, Canberra, fotograffa de Allan G.

Edward) (B) Separador de semillas arbóreas

“Barnes”. (International Reforestation Suppliers)

6.18 Limpiadora de semillas de fabricación local que se

utiliza en Zimbabwe (A) Interior del protector cónico, con

deflectores difusores (B) En funcionamiento, con el

colector compartimentado. (Comisión de Silvicultura de

Zimbabwe)





Es fácil construir aventadoras sencillas, como la que describe Yim (1973), que está

fabricada en su totalidad con componentes de madera y se utiliza en Corea. Las

aventadoras de laboratorio pueden dividirse en las de tipo neumático -cerca de la

toma de aire se sitúa un ventilador que empuja el aire a través del sistema-, o del tipo

aspirador -cerca de la salida del aire se sitúa un ventilador que extrae el aire del

sistema, creando un vacío parcial. Existen pequeñas limpiadoras de laboratorio, como

la “Brabant” y la aspiradora “Kamas”.



Otra aventadora de semillas que se utiliza mucho es la “South Dakota Blower”. El

principio del aventamiento es que una muestra de semillas, cuando está suspendida

en una corriente ascendente de aire de una velocidad determinada, se divide en una

fracción ligera y en una fracción pesada, de manera que la primera asciende y la

segunda desciende. Ambas fracciones se recogen así por separado. El carácter

heterogéneo de la fracción pesada puede reducirse aún más sometiéndola a un

segundo aventamiento, con una mayor velocidad del aire. De esa manera se obtienen

una fracción ligera, una fracción intermedia y una fracción pesada. El mecanismo que

produce el aire en la “South Dakota Blower” consiste básicamente en un soplante

centrífugo, cuya salida está conectada con el extremo inferior de un tubo vertical que

tiene unos pocos centímetros de diámetro interno y unos 50 cm de longitud. La

muestra se coloca en una tela metálica fina en el fondo del tubo. Una válvula

incorporada permite regular la velocidad del aire, de manera que se utilice la óptima

para cada especie. Las partículas más ligeras son impulsadas hacia arriba y

atrapadas por unos deflectores cerca del extremo superior del tubo, mientras que las

más pesadas se quedan en la base de éste.



Edwards (1979) ha descrito una aventadora canadiense que es más compleja. Consta

de cuatro tubos de plexiglás de distintos diámetros, lo que produce diferencias en la

velocidad del aire, y utilizando la combinación de tubos adecuada se puede emplear el

equipo para separar tanto semillas de granzas como semilla llena de semilla vacía.

Funciona bien con semillas grandes, como las de Abies amabilis, pero no está

indicada cuando las semillas son muy pequeñas y ligeras, como las

de Betula o Chamaecyparis.



En Zimbabwe se construyó una limpiadora doméstica ajustando una manga cónica de

aluminio con deflectores internos a un ventilador doméstico de velocidad constante

(Seward 1980). El extremo estrecho de la manga va a dar a un colector

compartimentado; las semillas llenas caen en el compartimento más próximo,

mientras que las impurezas y las semillas vacías, al ser más ligeras, son impulsadas

por el aire hasta los compartimentos siguientes. En las Islas Salomón se ha utilizado

con éxito, para separar los residuos y semillas vacías de partidas de semilla seca

de Swietenia macrophylla y Campnosperma brevipetiolata, una cámara para aventar

semillas también de fabricación local, en la que la corriente de aire procede de un

ventilador eléctrico (Chaplin 1984).



En muchas limpiadoras de semillas se emplea una combinación de aventado y

cribado. Una primera criba, de malla gruesa, elimina el material de más tamaño; más

abajo, una criba más fina retiene las semillas y elimina los materiales muy pequeños,

y por último la fracción de semilla pasa por una corriente de aire transversal o casi

vertical procedente de un ventilador, que elimina las granzas y las semillas vacías.

Esta limpiadora combinada de aire y cribas es el equipo básico de las plantas de

limpieza de semilla. El tamaño de estas máquinas es variable, desde el modelo

pequeño, con dos cribas, hasta un moderno de precisión que utiliza varias cribas

superiores e inferiores y efectúa hasta tres separaciones por aire en una sola

operación.



Flotación en un líquido



La limpieza por flotación se basa en el principio de que la semilla de una determinada

especie tiene una densidad específica, tanto si es semilla llena como si es vacía.



Se utilizan básicamente dos métodos:



i. El método de la densidad, en el que se emplean líquidos con una densidad o

peso específico que está situada entre la de la semilla llena y la de la semilla

vacía. El peso específico de los líquidos que se emplean suele ser inferior a

1,0, de manera que se hundan las semillas llenas y floten las semillas vacías y

los residuos ligeros.

ii. El método de absorción, en el que se utiliza agua y, aunque al principio flotan

tanto las semillas llenas como las vacías, transcurrido un determinado período

de tiempo las semillas llenas absorben agua, se hacen más pesadas y se

hunden. El tiempo de remojo varía desde unos minutos hasta varias horas.

Este método es útil cuando entre los pesos específicos de las semillas llenas y

las vacías existe una diferencia muy pequeña. Una vez separadas, es preciso

volver a secar las semillas.



Mediante los métodos de flotación se puede separar de las semillas llenas maduras

aquellas otras que están atacadas por insectos, dañadas mecánicamente o

inmaduras. El método de la densidad sólo puede aplicarse cuando se dispone de un

líquido que posea la densidad adecuada y que no perjudique a la semilla. Simak

(1973) ha analizado tanto la aplicación de este método como los problemas que

plantea; en las páginas 276–278 figuran ese análisis y un método que desarrolló este

mismo autor para separar las semillas llenas viables de las no viables y en el que

interviene un elemento de pregerminación.



Limpieza por fricción



Casi todos los residuos pueden separarse de la semilla mediante combinaciones de

aire y cribas, pero es difícil eliminar los fragmentos de hoja, las partículas de resina y

otros objetos que tienen un tamaño y una densidad semejantes a los de la semilla.



La limpieza por fricción se basa en el principio de que todo objeto que cae a una

superficie o se desliza sobre ella experimenta una determinada fricción. El movimiento

de la partícula es proporcional a su peso y a un coeficiente de fricción que depende de

la naturaleza de la superficie de la partícula y de la superficie en la que se mueve. La

separación de los residuos se efectúa en una superficie inclinada de tela o caucho

sobre la base de que el ángulo necesario para que la semilla resbale y caiga es

distinto del ángulo necesario para que resbalen y caigan los residuos. Así, una cinta

que se mueve continuamente en sentido ascendente echa hacia abajo las semillas

por gravedad y hacia arriba los residuos ligeros por fricción.



Hergert y otros (1971) han descrito una máquina de fricción para limpiar pequeñas

muestras de semillas arbóreas.



Separación por peso específico



Este método emplea una combinación de las características de peso y superficie de

las partículas que se desea separar. Es un método que se está utilizando cada vez

para separar y clasificar semillas arbóreas.

En los separadores basados en el peso específico se aplica un principio de flotación.

En el extremo inferior de una mesa perforada e inclinada se coloca una mezcla de

semillas. Mediante una corriente de aire, que, procedente de un ventilador, se dirige a

través de la superficie porosa de la mesa y de las semillas, se estratifican éstas en

capas según su densidad, de manera que las semillas y partículas de materia inerte

más ligeras suben hasta la parte superior mientras las más pesadas se quedan

debajo. Un movimiento de oscilación de la mesa hace que las semillas se muevan a

distinta velocidad, de manera que las más ligeras van bajando por gravedad y se

sacan por el extremo inferior, mientras que las más pesadas van subiendo por la

pendiente gracias al contacto con la mesa oscilante y se sacan por el extremo

superior.



Para distribuir el aire de una manera uniforme bajo las semillas y para imprimir a las

más pesadas que están en contacto con la mesa el empuje correcto se han utilizado,

como recubrimientos de la mesa, tela, plástico y tela metálica. Cuando las semillas

son pequeñas los mejores resultados se obtienen con un recubrimiento tupido, como

la tela. En los separadores modernos de este tipo se puede controlar la velocidad de

alimentación, la inclinación de la mesa en dos direcciones, la velocidad de la

oscilación y la fuerza del aire de una manera diferenciada en diversos puntos de la

mesa. La combinación de estos diversos controles permite adaptar la máquina a la

manipulación de una amplia variedad de especies y lotes de semilla (Thomas 1978).



Los separadores basados en el peso específico separan partículas de la misma

densidad pero de distinto tamaño, y también partículas del mismo tamaño pero de

distinta densidad. No separa eficazmente las partículas que difieren tanto en densidad

como en tamaño, es decir, no están indicadas para separar una partícula mayor pero

menos densa de otra menor pero más densa. Se ha comprobado su eficacia para

separar las granzas de algunas semillas de eucalipto y para clasificar semillas de pino

(Guldager 1973). El porcentaje de pureza de la semilla no limpia deE.

grandis después de la extracción es de aproximadamente el 10 por ciento. Mediante

un tratamiento con un separador de este tipo, el porcentaje de pureza se elevaba al

95 por ciento, con un porcentaje igual de germinación.



Otros métodos de limpieza



A escala experimental se han utilizado otros métodos de limpieza, cuyo empleo no se

ha extendido en la práctica. Entre ellos figuran los separadores electrónicos y

electroestáticos, los separadores magnéticos, los separadores electrónicos por color y

las mesas sacudidoras, que separan las semillas mediante el ángulo con el que

rebotan al lanzarse contra unas paredes fijas. Estos métodos están descritos en Klein

y otros (1961) y Oomen (1969).



En las semillas de Ochroma, un método eficaz de eliminar la borra que contienen

consiste en colocar el material sin limpiar en una criba metálica de 0,3 mm de malla y

prender fuego a la borra (Goor y Barney 1976). El fuego se extiende con rapidez, y las

semillas pasan por la criba. Se obtienen buenos resultados cuando debajo de la criba

se pone un recipiente con agua para que caigan en él las semillas. El aceite

inflamable de la borra se quema produciendo un calor intenso, y experiencias

realizadas en Honduras indican que la borra debe extenderse en una capa delgada

para evitar que la semilla resulte dañada (Robbins 1982b). Este método se ha

ensayado también para limpiar de borra las semillas de Populus, pero en este género

puede dañar a más del 50 por ciento de las semillas.



Las semillas de Prosopis suelen estar empotradas en una matriz gomosa dentro de

las vainas. Una manera de obtener semillas limpias consiste en: 1) quitar

mecánicamente, con un cuchillo, uno de los lados de la vaina; 2) poner en remojo el

contenido de la vaina en una solución 0,1 normal de ácido hidroclorhídrico durante 24

horas; 3) lavar en agua durante una hora y después secar al sol directo, y 4) golpear o

machacar la masa seca para separar las semillas limpias del revestimiento gomoso.

Este método se ha empleado con buenos resultados en la India, donde en 12 días se

consiguieron semillas limpias con una tasa de germinación del 65 por ciento

(Vasavada y Lakhani 1973).



Clasificación

Dentro de una misma especie, las dimensiones de las semillas son variables debido a

influencias del medio ambiente durante el desarrollo seminal y también a la

variabilidad genética normal. El comportamiento de la semilla inmediatamente

después de la germinación está relacionado con su tamaño y, a fin de producir

gérmenes que nazcan y crezcan por igual en el vivero, puede ser útil clasificar las

semillas por tamaños. La clasificación por tamaños puede facilitar por otra parte la

siembra mecánica de las semillas. Esta práctica debe utilizarse con prudencia cuando

se trata de semillas recolectadas en huertos semilleros que tienen un número limitado

de clones. Como parte de la variación que presentan las semillas en cuanto a su

tamaño y su forma es de carácter genético, la clasificación de las semillas de huertos

semilleros podría llevar a una diferenciación genética excesiva y a una pérdida de

diversidad genética dentro de cada una de las fracciones obtenidas por la clasificación

(Simak 1982).



Los métodos de clasificación difieren poco de los que se emplean en el proceso de

limpieza. La separación por cribado y tamizado, mediante cilindros, por aventamiento,

por flotación y sobre la base del peso específico son todos métodos eficaces para

clasificar las semillas arbóreas por tamaños.



Aunque la clasificación es en sí misma una operación relativamente sencilla, las

semillas de determinadas especies deben acondicionarse adecuadamente antes de

clasificarse; por ejemplo, para aprovechar plenamente las ventajas de la clasificación

es preciso quitar el exocarpo esponjoso de los frutos de teca y los tubos en forma de

cáliz de las dipterocarpáceas. Los huesos limpios de Gmelina arborea se han

clasificado mediante cribas de malla cuadrada de 7,9 y 11 mm (Woessner y Mcnabb

1979); la germinación osciló entre el 84 por ciento en los huesos más pequeños y el

111 por ciento en los más grandes (por lo general hay de una a tres semillas en cada

hueso).









6.19 Limpiadora de semillas de aire y cribas que se utilizan en Humlebaek, Dinamarca. (Centro de Semillas Forestales de

DANIDA)

6.20 Separador de semillas “Damas”, que se basa en el

peso específico. (Damas Maskinfabrik, Dinamarca)

6.21 Contenido de humedad en equilibrio (peso en fresco) de semilla de trigo, con curvas distintas para la desorción y la

absorción. (Fuente: Harrington 1970)

6.22 Porcentajes de contenido de humedad de semilla fresca de Pinus palustris (cosecha de 1938, Mississippi) en equilibrio

con el aire a diversas temperaturas y humedades relativas. De Wakeley 1954, con conversión del porcentaje de contenido

de humedad de la semilla a peso en húmedo.









Control del contenido de humedad

Una vez limpias y clasificadas las semillas, están ya preparadas para sembrarse en el

vivero. Sin embargo, cuando se van a almacenar es necesario comprobar su

contenido de humedad (CH) y, en su caso, ajustarlo al nivel óptimo para el

almacenamiento en la especie de que se trate. En la instalación de procesamiento de

semillas deben existir medios suficientes para determinar el CH. En las páginas 334–

338 se describen los métodos indicados.



Cuando se trata de semillas ortodoxas*, que comprenden las de la mayoría de las

coníferas y de muchas frondosas, el posible ajuste del CH significa secar más las

semillas. Este procedimiento se describe en la sección siguiente. Mucho menos

habitual, y sólo en el caso de las semillas recalcitrantes*, que deben almacenarse con

un CH elevado, es que sea necesario humedecer las semillas para elevar el CH al

nivel óptimo para el almacenamiento. Por ejemplo, se han conseguido resultados

alentadores con Acer pseudoplatanus remojando las semillas en agua durante dos o

tres días y procediendo inmediatamente después a su congelación y almacenamiento

a unos -7°C en sacos de plástico (Barner 1975b). En otros géneros,

como Quercusy Castanea, que se han dejado secar ligeramente bajo techo para que

se suelten las cáscaras o ligaduras involucrales, puede estar indicado el remojado

para recuperar el nivel óptimo de CH (por ejemplo, 40–45 por ciento en Quercus

robur, Holmes y Buszewicz 1956, Suszka y Tylkowski 1980), antes de almacenar las

semillas en un medio húmedo y fresco.



* Para la definición de estos términos, véase el glosario.





Relación entre el contenido de humedad de la semilla y la

humedad atmosférica

Como los conos y los frutos, las semillas son materiales higroscópicos y, una vez

separadas del árbol padre, pierden o ganan humedad cediéndola a la atmósfera

circundante o tomándola de ella hasta que su contenido de humedad (CH) alcanza un

punto de equilibrio con la humedad y la temperatura del aire del entorno. Este punto

se denomina contenido de humedad en equilibrio (CHE). Una vez que se alcanza, se

mantendrá mientras la humedad y la temperatura del aire permanezcan constantes; si

éstas cambian, las semillas volverán a perder o ganar humedad hasta alcanzar un

nuevo CHE. La madera es otro buen ejemplo de material higroscópico y se comporta

de una manera parecida.



La semilla “húmeda” rodeada por aire “seco” pierde humedad y por lo tanto peso,

mientras que la semilla “seca” rodeada por aire “húmedo” gana ambas cosas. A fin de

determinar cuáles son los métodos más idóneos para secar y almacenar la semilla, es

necesario saber cuantificar la humedad tanto del aire como de la semilla.



Humedad del aire. La humedad se encuentra en la atmósfera en forma de vapor de

agua, pero el aire no puede contener más que una cantidad limitada de ese vapor.

Cuando esa cantidad se supera, se dice que el aire se ha saturado, y el exceso de

humedad se condensa. El peso exacto del vapor de agua (VA) que puede contener el

aire en saturación depende de la temperatura, como se indica en el cuadro siguiente:



Temperatura en °C -10 0 10 20 30 40 50 60



Peso del VA en

saturación

(g VA por kilo de aire

seco) 1,6 3,8 7,6 15 27 49 87 152



Densidad del aire

seco

(kilo por m3)

a una presión de 760

mm 1,34 1,29 1,25 1,20 1,16 1,13 1,09 1,06



Peso del VA en

saturación 2,1 4,9 9,5 18 31 55 95 161

(g VA por m3 de aire

seco)







El contenido de vapor de agua presente en el aire es casi siempre inferior al nivel de

saturación. Se denomina humedad relativa (HR) a la relación (por lo general

expresada porcentualmente) entre la cantidad de vapor de agua efectivamente

presente en la atmósfera y la cantidad que la saturaría a esa misma temperatura;

dicho de otra manera, a la presión del vapor real en el aire como porcentaje de la

presión del vapor en saturación a la misma temperatura. Para los que operan con

semillas, la humedad relativa es la medida más importante de la humedad

atmosférica, pues el contenido de humedad en equilibrio de la semilla está

estrechamente correlacionado con ella. Por ejemplo, el CH de la semilla es casi el

mismo cuando está en equilibrio con el aire a una HR del 50 por ciento con

independencia de que la temperatura del aire sea de 10°C (humedad absoluta o peso

del vapor de agua presente = 7,6 / 2 = 3,8 g/kg de aire seco) o de 50°C (humedad

absoluta o peso del vapor de agua presente = 87 / 2 = 43,5 g/kg de aire seco).

Aunque en un caso la humedad absoluta es casi diez veces superior a la que existe

en el otro, la humedad relativa es idéntica en ambos, y es esa humedad relativa la que

afecta sobre todo al CHE de la semilla. La importancia de la HR para el CHE de las

semillas y la enorme repercusión que sobre la HR tienen los cambios térmicos

explican la importancia del calor en el secado de muchas semillas. En el cuadro

anterior puede verse que un aire con 3,8 g de vapor de agua por kilogramo a una

temperatura de 0°C estaría saturado; con una HR del 100 por ciento, no serviría como

medio para secar semillas. Pero si ese mismo aire se calentara a 30°C, y siempre que

no se introdujera más humedad desde fuera del sistema, su HR se reduciría al 14 por

ciento y sería un medio de secado sumamente eficaz.



Contenido de humedad en la semilla. La cantidad de humedad presente en la semilla

suele expresarse como porcentaje de su peso. En las páginas 334–338 se describen

métodos adecuados para medir el CH. Este puede expresarse de dos maneras : a) el

peso de agua expresado como porcentaje del “peso en húmedo” o “peso en fresco” de

las semillas (= materia seca + agua), o b) el peso del agua expresado como

porcentaje del peso final de las semillas una vez secadas en estufa (= materia seca

únicamente). Una de las principales dificultades a la hora de comprender y aplicar los

resultados publicados sobre el contenido de humedad se deriva del hecho de que

antes se utilizaban ambos métodos, el de “peso en húmedo” y el del “peso en seco”,

muchas veces sin que se indicara cuál de ellos se había aplicado en un caso

concreto.



Según las Reglas de la ISTA, el contenido de humedad de la semilla debe expresarse

siempre sobre la base de su peso en húmedo. A modo de orientación se ofrecen

seguidamente ambas fórmulas, junto con una tabla de conversión.

Contenido de humedad, % de la materia seca (peso en seco)









Contenido de humedad, % del peso total (peso en húmedo)



Habida cuenta de la limitada cantidad de vapor de agua que se precisa para saturar el

aire, una cantidad de semilla relativamente pequeña puede contener tanta humedad

como una gran cantidad de aire. Un litro de semilla que se haya desecado del 50 por

ciento al 9 por ciento de CH (peso en húmedo) a 30°C cedería unos 450 g de

humedad a la atmósfera circundante, cantidad suficiente para cambiar la HR de unos

15 m3 de aire (equivalente a 15 000 veces el volumen de esa semilla) de 0 a 100 por

ciento. En el caso del secado al sol, el entorno es tan grande que puede absorber esa

humedad sin problemas, pero en un edificio cerrado el aire del ambiente puede

saturarse rápidamente. Esto explica por qué, a propósito del secado en estufas, se

hace tanto hincapié en que exista una ventilación suficiente, a fin de garantizar que el

aire húmedo que se aproxima a la saturación sea sustituido por aire nuevo y seco.



Esta misma característica es una ventaja cuando se almacenan semillas secas en

recipientes herméticos. Siempre que se hayan secado correctamente las semillas y se

hayan cerrado los recipientes de una manera perfectamente hermética, un volumen

de semilla relativamente pequeño se pondrá en equilibrio con un volumen mucho

mayor de aire húmedo encerrado sin que ello incremente de manera significativa su

propio CH. Si se guardara un litro de semilla de peso específico 0,5, secada hasta un

9 por ciento de CH (peso en húmedo), en un recipiente hermético de 10 litros con 9

litros de aire húmedo al 100 por ciento de HR y 20°C, el contenido de humedad total



del aire sería solamente Aun cuando las semillas absorbieran toda esa

humedad, con ello su CH aumentaría solamente de 50 a 50,16 g ó, en términos

porcentuales, de 9,09 a 9,12 por ciento. La habitual recomendación de que los

recipientes herméticos se llenen lo más posible de semilla es una recomendación

correcta, pero se basa en los efectos perjudiciales que sobre muchas especies tiene

el oxígeno del aire encerrado, no el vapor de agua.

Contenido de humedad en equilibrio

de tres especies ortodoxas



Contenido de

humedad de la semilla

(% del peso en fresco)









6.23 Contenido de humedad en equilibrio de tres especies ortodoxas.

(Fuente: F.T. Bonner)





Contenido de humedad en equilibrio

de cuatro especies recalcitrantes



Contenido de humedad

de la semilla (% del peso en fresco)

6.24 Contenido de humedad en equilibrio de cuatro especies

recalcitrantes. (Fuente: F.T. Bonner)





Otros factores que afectan al CHE. La humedad relativa no es el único, aunque sí el

más importante, de los factores que afectan al contenido de humedad en equilibrio de

las semillas.



1) Temperatura. Como ya se ha explicado, la temperatura tiene una importante

repercusión indirecta sobre el CHE, porque, si se mantiene constante la humedad

absoluta, la humedad relativa está directamente relacionada con ella. Afecta también

de otra manera, pues el CHE varía ligeramente con la temperatura aun cuando la

humedad relativa se mantenga constante. El efecto varía según la especie, pero se

han publicado muy pocos datos sobre árboles forestales (véase también, sin

embargo, la página 218). Un ejemplo que citan Justice y Bass (1979) respecto de un

cultivo agrícola, el sorgo, muestra que con una HR del 50 por ciento el CHE pasa del

12 por ciento a 49°C al 14 por ciento a -1°C. La diferencia es ligeramente mayor en

otros cultivos, pero en todos los casos el CHE desciende al subir la temperatura y

mantenerse constante la HR (aun cuando la humedad absoluta del aire aumenta con

la temperatura a la misma HR).



2) Absorción y desorción. En todas las especies existe una diferencia del 1–2 por

ciento en el CHE en función de que una semilla húmeda esté cediendo humedad a un

ambiente más seco (desorción) o una semilla seca esté tomando humedad de un

ambiente más húmedo (absorción). El CHE es siempre más alto en la desorción, y es

la curva de desorción lo que hay que tener en cuenta en la situación habitual de secar

semillas ortodoxas, reduciendo su CH para almacenarlas.



3) Variación del CHE según la especie. El CH de las semillas en equilibrio con una HR

y una temperatura determinadas varía según la especie. El CHE de cada especie

debe determinarse mediante ensayos. Un importante componente de la variación

interespecífica es el porcentaje de contenido de aceite presente en las semillas. Las

semillas que almacenan la mayor parte de sus reservas nutricias en forma de

proteínas o almidón tienen un CHE más alto a una HR determinada que las semillas

que las almacenan en forma de grasas y aceites, pues aquéllas son relativamente

hidrófilas mientras que éstas son hidrófilas.



Entre las semillas agrícolas, el trigo, con un contenido de aceite de sólo el 2 por ciento

y un CHE del 10,4 por ciento a una HR del 45 por ciento y 25°C, contrasta

con Brassica oleracea, que tiene un contenido oleaginoso alto, del 35 por ciento, y un

CHE del 6,0 por ciento en las mismas condiciones (Harrington 1970).



Se dispone de poca información pormenorizada sobre el CHE de especies arbóreas, y

de ninguna en absoluto sobre el de especies tropicales. En el cuadro que figura a

continuación y en los gráficos adjuntos se ofrecen algunos ejemplos, proporcionados

por F.T. Bonner.



CHE % (peso en húmedo)



Especie Temperatura HR 10 20 30 40 40–55 50 60 70 95



Fraxinus sp.1) no se indica 4,1 6,0 7,4 8,8 - 10,3 12,0 13,9 -



Picea abies1) no se indica 2,4 4,2 5,5 6,7 - 7,8 9,0 10,4 -



Pinus taeda2) 4 – 5°C - - - - 10 - - - 17

1) Fuente: Touzard (1961), citado en Roberts (1972). Curvas de absorción.

2) Fuente: Bonner (1981).





En los gráficos figura el CHE de cuatro especies recalcitrantes (Quercus) y tres

especies latifolias ortodoxas. Cabe señalar que en Quercus spp. el CHE presenta una

correlación positiva con el contenido de carbohidratos y negativa con el contenido de

grasa. Q. alba tiene el CHE más alto, el contenido de carbohidratos más alto y el

contenido de grasa más bajo, y le siguen Q. muehlenbergii, Q. shumardii y Q. nigra.

Análogamente, Liquidambar tiene el CHE más bajo, el contenido de carbohidratos

más bajo y el contenido de grasa más alto de las tres especies ortodoxas.



Cuando se secan frutos para extraer la semilla o cuando se secan las semillas

mismas para almacenarlas, el proceso es idéntico: unos tejidos que alcanzan un CH

en equilibrio con la HR del ambiente. Por lo general, el CHE exacto es menos decisivo

cuando se secan frutos, pues los fenómenos de encogimiento, separación o apertura

de escamas se producen dentro de una gama de diversos CH, y el proceso se

interrumpe además en el momento en que los frutos sueltan las semillas que

contienen.



Secado de semillas ortodoxas

En muchas especies, para el almacenamiento de plazo mediano o largo se

recomienda un contenido de humedad del 4–8 por ciento (véase la página 213). Este

CH es considerablemente inferior al de las semillas recién recolectadas. En la mayoría

de las especies puede reducirse colocando las semillas en un ambiente que tenga

una humedad relativa (HR) del 15–20 por ciento durante un período lo bastante

prolongado para que las semillas puedan alcanzar un CH en equilibrio con la HR.



La eficacia del secado al aire depende de las condiciones climáticas locales. Suele ser

posible reducir el CH hasta un 12–18 por ciento siempre que se cuide de proporcionar

a las semillas una ventilación suficiente. Bajar el CH hasta valores inferiores al 8 por

ciento es imposible en la mayoría de las situaciones templadas y en algunas zonas de

los trópicos húmedos, pues la HR media es siempre demasiado alta. Por ejemplo, en

el Africa occidental tropical húmeda la HR suele ser superior al 80 por ciento en la

estación de lluvias y al 70 por ciento en la estación “seca” (Ogigirigi 1977). En esas

condiciones es muy poco probable que se consiga un CH de menos del 8 por ciento.

En zonas donde abunda el tiempo soleado, se puede conseguir secar muchas

especies hasta un CH del 6–8 por ciento mediante la exposición directa al sol, pues

las semillas y el microclima circundante se calientan y por tanto se reduce la HR.

Asimismo, con una HR constante, el CHE de las semillas desciende al aumentar la

temperatura. Hay que asegurarse de que antes de la exposición las semillas estén lo

más secas que sea posible, y de que durante ella se remuevan con frecuencia. En

Honduras este método funciona bien con Pinus spp., pero no está indicado

para Cordia, pues las semillas de este género se secan con excesiva rapidez y

pueden llegar a un CH del 4 por ciento, lo que daña los tejidos (Robbins 1982b).

Como señaló Harrington (1970), el secado artificial puede llevarse a cabo de dos

maneras. Un método consiste en elevar la temperatura del aire, lo cual reduce

automáticamente la HR siempre que no se introduzca más vapor de agua desde fuera

del sistema. El otro consiste en restar humedad al aire sin modificar la temperatura, lo

cual también reduce la HR. Este autor cita el ejemplo de aire a 5°C y una HR del 90

por ciento que se calienta hasta 35°C. De esa manera se reduce su HR al 15 por

ciento, y puede aplicarse a la semilla mediante ventilación forzada hasta que aquélla

alcanza el CHE. En cambio, un aire a 30°C y una HR del 90 por ciento, que es

característico de las zonas tropicales húmedas durante la estación de lluvias, seguiría

teniendo una HR del 40 por ciento aunque se calentara hasta 45°C. Las temperaturas

altas pueden ser sumamente perjudiciales para las semillas, sobre todo para las que

tienen un CH elevado. En general, las temperaturas de secado no deben superar los

40°C, y recientemente se tiende a utilizar temperaturas aún más bajas y a aumentar

las corrientes de aire para garantizar un secado seguro (Holmes y Buszewicz 1958).

Barner (1975b) y CATIE (1979) recomiendan que en las primeras fases la temperatura

no supere los 30°C. Una posibilidad consiste en secar la semilla en dos fases, la

primera hasta conseguir un CH del 11 por ciento aproximadamente mediante una

temperatura inferior a 40°C, y la segunda hasta alrededor del 5 por ciento mediante

una temperatura de 60°C. Siempre que el CH se reduzca hasta el 11 por ciento

aproximadamente en la primera fase, se considera que utilizar una temperatura de

60°C en la segunda no comporta riesgos en la mayoría de las especies agrícolas

(IBPGR 1976). En cambio, algunos datos indican que una temperatura de secado

elevada, aunque no afecte a la germinación inmediata, sí puede afectar después a la

duración de la vida de la planta (IBPGR 1981). Cuando se trata de un

almacenamiento prolongado con fines de protección de recursos genéticos, se

recomienda una combinación de HR baja y temperatura baja (HR del 15 por ciento y

15°C).



Cuando las condiciones climáticas impiden conseguir una HR lo bastante baja

mediante calentamiento del aire, es necesario reducirla quitando vapor de agua al aire

sin elevar la temperatura. Esto puede conseguirse de dos maneras: a) refrigerando el

aire hasta por debajo del punto de rocío, condensando el vapor de agua en los

serpentines refrigerantes y después volviendo a calentar el aire a 35°C, o b) haciendo

pasar el aire por un deshidratante químico, que elimina el vapor de agua, y después

por la semilla (Harrington 1970). Existen varios deshidratantes, como por ejemplo el

gel de sílice, CaO, H2SO4, cloruro de litio o CaCl2 anhidro, pero el más indestructible y

de reutilización más fácil es el gel de sílice (Magini 1962, Harrington 1970). Un buen

ejemplo de técnica de secado es la que propone el banco de semillas del Proyecto

Regional de Recursos Genéticos de Turrialba, Costa Rica (Goldbach 1979). Habida

cuenta de que en esa zona la humedad del aire y las temperaturas diurnas son

siempre altas, no es posible secar las semillas con aire caliente sin dañarlas. Por ello

se utiliza un secante del tipo de gel de sílice, que mantiene la HR a un nivel inferior al

15 por ciento a 25°C; este producto está colocado en el exterior de la cámara de

secado y entra en ella por unos conductos.

Los lotes de semilla que se hayan secado primero al aire hasta un CH inferior al 20

por ciento pueden colocarse en un recipiente hermético con igual cantidad de gel de

sílice, que se acaba de secar a 175°C y después se ha dejado enfriar. El gel de sílice,

la semilla y el aire del interior del recipiente alcanzarán un equilibrio adecuado para el

almacenamiento (Harrington 1970). Véase también, en las páginas 229–231, la

sección sobre utilización de deshidratantes en recipientes.



El período de tiempo que se necesita para que una circulación del aire de tiro forzado

seque las semillas hasta el contenido de humedad en equilibrio depende en parte de

la accesibilidad de las distintas semillas a la corriente de aire. La semilla debe

extenderse en unas bandejas en capas finas, y el aire debe circular entre las

bandejas.



El CH de las semillas de coníferas, extraídas de los conos durante secado en estufa,

puede ser ya próximo al que se recomienda para el almacenamiento. Pero durante las

operaciones de limpieza y eliminación de las alas puede reabsorberse humedad, y en

algunas especies incluso puede añadirse deliberadamente para reducir el riesgo de

daño durante esas operaciones. Por consiguiente, debe determinarse el CH y, en su

caso, reducirse de nuevo inmediatamente antes del almacenamiento. Al mismo

tiempo, cuando la limpieza y la separación de las alas se efectúan en una estancia

cálida y bien ventilada, esas condiciones producen la cantidad de secado que se

necesita ulteriormente (Morandini 1962).



Mezclado antes del almacenamiento

Cuando un lote grande se va a almacenar en varios recipientes, es conveniente

mantener en la mayor medida posible la homogeneidad de la semilla entre los

distintos recipientes, de manera que cada uno de ellos sea igualmente representativo

del lote en su conjunto. En el Capítulo 9 se describen varios métodos para mezclar

muestras con fines de ensayo, y esos mismos métodos pueden adaptarse a la

operación de mezclar cantidades mayores de semilla durante el procesamiento, antes

de guardarla en los recipientes de almacenamiento.



Si la semilla se ha sometido a una clasificación por tamaños, el mezclado se efectúa

en los últimos lotes separados por esa operación. Así, una determinada cosecha de

semilla puede estar clasificada en una fracción de “semilla grande” y otra de “semilla

pequeña”. Cada fracción se convierte en un lote distinto, con su número

correspondiente, y antes del almacenamiento pueden mezclarse por separado los

contenidos de uno y otro lote, a fin de asegurar la homogeneidad entre recipientes.









Capítulo 7 ALMACENAMIENTO DE LA SEMILLA

Introducción

Se puede definir el almacenamiento como la conservación de semillas viables desde

el momento de la recolección hasta que se necesitan para la siembra (Holmes y

Buszewicz 1958). Cuando las semillas destinadas a forestación se pueden sembrar

inmediatamente después de la recolección, no se precisa almacenamiento. La fecha

idónea para sembrar las semillas de una determinada especie en vivero depende de

(a) la fecha prevista de plantación, que a su vez depende de las condiciones

climáticas estacionales, y (b) el tiempo que se necesita en el vivero para que el

material de plantación de esa especie alcance el tamaño adecuado para su plantación

en el campo. Es muy poco frecuente que la fecha idónea para la siembra coincida con

la fecha idónea para la recolección de la semilla. Lo más habitual es que sea

necesario almacenar la semilla durante períodos de tiempo diversos, períodos que

cabe clasificar de la manera siguiente:



1. Hasta un año, cuando tanto la producción de semilla como la forestación se

efectúan con periodicidad anual, pero es necesario esperar a la temporada

idónea para la siembra.

2. De 1 a 5 años o más, cuando una especie fructifica en abundancia a intervalos

de varios años y debe recolectarse en un año bueno semilla suficiente para

satisfacer las necesidades anuales de forestación en los años intermedios, en

los que la producción de semilla es escasa.

3. De largo plazo, con fines de conservación de recursos genéticos. El período de

almacenamiento varía en función de la longevidad de la semilla de la especie

de que se trate y las condiciones del almacenamiento; no obstante, en

especies que se almacenan bien el tiempo de almacenamiento se suele medir

en decenios.



Los medios que se precisan están relacionados con la cantidad de semilla que se va a

almacenar y con la duración del almacenamiento. Crear unas instalaciones costosas,

capaces de mantener la viabilidad de las semillas durante 10 años cuando éstas no

van a estar almacenadas, entre la recolección y la siembra, más de nueve meses es

tirar el dinero. Es asimismo un despilfarro gastar dinero en recolectar, extraer y limpiar

la semilla cuando las condiciones de almacenamiento son tan insuficientes que el 90

por ciento de ella muere antes de llegar al vivero.



Existen varios análisis generales y útiles del almacenamiento de las semillas de

árboles forestales (Holmes y Buszewicz 1958, Magini 1962, Stein y otros 1974, Wang

1974, Barner 1975b). Estos textos se refieren principal o exclusivamente a especies

de la zona templada. Se han efectuado estudios más intensivos del almacenamiento

de semillas agrícolas, y hay buenos motivos para aceptar que los principios

generales que se han establecido respecto de los cultivos agrícolas son aplicables

también a los árboles forestales. En “Principles and practices of seed storage” (Justice

y Bass 1979) figura un excelente análisis del tema en su aplicación a las semillas

agrícolas, y se puede encontrar también abundante información útil en las

publicaciones, algo anteriores, de Roberts (1972) y Harrington (1970, 1972, 1973). En

Cromarty y otros (1982) figura un buen análisis del almacenamiento a largo plazo con

fines de conservación de recursos genéticos.

Longevidad natural de las semillas de árboles

El período durante el cual la semilla puede seguir siendo viable sin germinar depende

mucho de su calidad en el momento de la recolección, el tratamiento al que se la

somete entre la recolección y el almacenamiento y las condiciones en que se

almacena. No obstante, la longevidad de la semilla varía también muy

considerablemente entre unas especies y otras, aun cuando reciban un tratamiento

idéntico y se las almacene en las mismas condiciones. Ewart (1908) dividió las

semillas en tres clases biológicas según el tiempo durante el que son capaces de

mantener la viabilidad en “buenas” condiciones de almacenamiento:



Microbióticas : período vital inferior a 3 años



Mesobióticas : período vital de 3 a 15 años



Macrobióticas : período vital de 15 a más de 100 años.





Aunque fue útil en el sentido de que llamó la atención sobre las diferencias que

presentaban las semillas de diferentes especies en cuanto a su longevidad natural, la

clasificación de Ewart es demasiado rígida para que tengan cabida en ella las

variaciones entre individuos, procedencias y años dentro de una misma especie, o las

posibles variaciones en las condiciones de almacenamiento. No es posible definir un

conjunto tipo de condiciones de almacenamiento “buenas” que resulten igualmente

idóneas para todas las especies, pues unas condiciones que son óptimas para unas

especies no lo son para otras. Con todo, la vida en el almacén de una determinada

especie puede experimentar grandes variaciones según las condiciones en que esté

almacenada.



En la actualidad se distinguen dos tipos principales de semillas (Roberts 1973):



1. Ortodoxas. Semillas que pueden secarse hasta un CH bajo, de alrededor del 5

por ciento (peso en húmedo), y almacenarse perfectamente a temperaturas

bajas o inferiores a 0°C durante largos períodos.

2. Recalcitrantes. Semillas que no pueden sobrevivir si se las seca más allá de un

contenido de humedad relativamente alto (con frecuencia en el intervalo de 20

y 50 por ciento, peso en húmedo) y que no toleran el almacenamiento durante

largos períodos.



Dentro de estos dos tipos pueden establecerse varias subdivisiones, como por

ejemplo entre semillas ortodoxas con o sin cubierta y entre semillas recalcitrantes que

soportan o no temperaturas bajas, inferiores a unos 10°C. Dentro de cada una de las

clases principales siguen existiendo diferencias considerables entre las especies en

cuanto al período durante el que se mantiene la viabilidad en unas condiciones dadas.

Cabe establecer asimismo una distinción entre las especies auténticamente

recalcitrantes y las que son simplemente difíciles; estas últimas pueden llegar a

comportarse como las ortodoxas cuando por ejemplo se eligen con especial atención

los métodos que se aplican para secarlas.



Semillas ortodoxas de cubierta dura



Muchas de las especies, si no todas, que se ha comprobado que mantienen la

viabilidad de sus semillas durante decenios tienen la cubierta seminal dura. Figuran

entre ellas diversas especies de leguminosas tropicales. Como ejemplos de especies

en las que al menos algunas semillas mantuvieron la viabilidad tras largos períodos de

almacenamiento en herbarios, citados por Harrington (1970) de las obras de Ewart

(1908) y Becquerel (1934), cabe señalar los siguientes:



158 años Cassia multijuga



149 años Albizzia julibrissin



115 años Cassia bicapsularis



99 años Leucaena leucocephala





Las condiciones ambientales del almacenamiento en herbarios pueden considerarse

buenas (humedad relativa y temperatura relativamente bajas), pero mucho menos que

la combinación de un CH inicial bajo, recipientes herméticos y temperatura bajo cero,

que es el sistema que se considera más idóneo para almacenar semillas de especies

ortodoxas durante largos períodos.



Investigaciones recientes han proporcionado información más precisa sobre las

condiciones de almacenamiento, la germinación inicial y la germinación final de

algunas especies, pero en períodos más cortos. Cabe citar como ejemplos los

siguientes:



Especie Condiciones de Germinación antes Germinación Período

almacenamiento del almacenamiento después del (años)

% almacenamiento

%



Prosopis Ambiente seco de ? 60 50

juliflora1) herbario en el

sudoeste de los

EE.UU.



Acacia Recipientes cerrados a 56 60 13

temperatura ambiente

aneura2) (20 – 25°C)



A.

" " " 96 96 13

hemsleyi2)



A.

" " " 95 84 14

holosericea2)



A.

" " " 73 72 18

leptopetala2)



A. victoriae2) " " " 80 60 18





Fuente: 1) Ffolliot y Thames 1983.

2) Doran y otros 1983.





Como se explicará infra en este mismo capítulo, las teorías modernas coinciden en

que un CH bajo, una temperatura baja y una presión de oxígeno baja son los tres

elementos más importantes de las condiciones de almacenamiento que el hombre

debe aplicar a las especies ortodoxas para elevar al máximo la longevidad de sus

semillas. Con la cubierta seminal impermeable, la naturaleza las ha dotado ya de dos

de esos elementos, un CH bajo y ausencia de oxígeno. Las semillas de leguminosas

plenamente desarrolladas pero verdes, y sembradas inmediatamente, sin secarlas,

pueden germinar enseguida, lo que indica que en la cubierta seminal no se ha

desarrollado todavía la capa impermeable; no hay duda de que en la naturaleza la

adquisición de la impermeabilidad está sincronizada con la reducción de la humedad

de la semilla, mediante secado natural, hasta que alcanza el contenido óptimo para

mantenerse viva durante largo tiempo. La dureza de la cubierta es por lo tanto un

importante factor positivo para prolongar la vida de la semilla en todas las condiciones

de almacenamiento, aunque constituye una ventaja decisiva cuando no se dispone

más que de medios de almacenamiento limitados y durante el período,

potencialmente peligroso, que transcurre entre la recolección y el comienzo del

almacenamiento de largo plazo.



No todas las semillas de leguminosas tienen una vida tan larga; las semillas

de Koompassia malaccensis, por ejemplo, tienen la cubierta más delgada y se

deterioran en el almacenamiento antes que las de especies como Parkia javanica, y

además no necesitan tratamiento previo para superar la latencia de la cubierta

seminal (Sasaki 1980a). En el Sudán, las semillas deDalbergia sissoo soportaban

peor el almacenamiento a temperatura ambiente que las de las especies locales

de Acacia, Albizzia y Tamarindus (Wunder 1966), mientras que en Australia las

semillas de Acacia harpophylla se deterioran con rapidez a menos que se almacenen

en recipientes herméticos a 2–4°C (Turnbull 1983).

Semillas ortodoxas sin cubierta dura



Pertenecen a este grupo muchas especies de importantes géneros de árboles

forestales, como por ejemplo Pinus, Picea o Eucalyptus. La experiencia habida en

Australia indica que las semillas maduras de todos los eucaliptos pueden conservar su

viabilidad durante varios años si se almacenan con un contenido de humedad bajo en

recipientes herméticos a 3–5°C. En casi todas las especies, la pérdida de viabilidad es

relativamente escasa cuando las semillas se almacenan durante 10 años a

temperatura ambiente (Turnbull 1975f). Las semillas de E. deglupta yE. microtheca se

deterioran con más rapidez cuando se almacenan a temperatura ambiente, pero su

capacidad de conservación mejora si se guardan en recipientes herméticos a 3–5°C, y

datos recientes sugieren que los resultados son aún mejores con una temperatura de

-18°C. En Tailandia, las semillas de P. kesiya y P. merkusii conservaron una buena

viabilidad durante cuatro años almacenadas con un contenido de humedad inferior al

8 por ciento, en recipientes herméticos y a 0–5°C (Bryndum 1975), mientras que en

condiciones parecidas P. caribaea y P. oocarpa mantienen una buena viabilidad

durante al menos cinco años (Robbins 1983 a,b). Se han registrado períodos

considerablemente más largos en algunas especies de pino, como por ejemplo 30

años en Pinus resinosa, en los Estados Unidos, con almacenamiento en recipientes

herméticos a 1,1°–2,2°C (Heit 1967b, Wang 1974). Tectona grandis es una especie

latifolia tropical de semillas ortodoxas (Barner 1975b), pero, como produce abundante

semilla casi todos los años, no ha habido muchos estímulos para investigar las

condiciones óptimas de su almacenamiento a largo plazo (Schubert 1974).



Según datos resumidos por Bowen y Whitmore (1980), casi todas las especies

de Agathis son ortodoxas. En A. australis, por ejemplo, mediante un tratamiento

adecuado aplicado en una investigación (desecación hasta un CH del 6 por ciento,

después almacenamiento en recipientes herméticos a 5°C) se consiguió mantener la

viabilidad durante seis años (79 por ciento de germinación frente al 88 por ciento

inicial), mientras que en el almacenamiento a temperaturas bajo cero se mantenía una

germinación de alrededor del 60 por ciento durante un período de hasta 12 años

(Preest 1979). Esas mismas semillas almacenadas con un CH más alto (15–20 por

ciento) o a temperaturas más elevadas (15–20°C) perdían toda su capacidad de

germinación en 14 meses. Las semillas de A. australis son intrínsecamente de vida

más larga que las de A. robusta, que a su vez son más longevas que las de A.

macrophylla. Los ensayos iniciales efectuados con la A. macrophylla tropical indicaron

que podían obtenerse buenos resultados secando semillas frescas de manera que el

CH descendiera del 65 por ciento al 20 por ciento aproximadamente antes de

enviarlas por transporte aéreo (14 días de tránsito) y volviéndolas a secar en el país

receptor durante cinco días a 16°C y una HR del 14 por ciento. El CH final era del 6

por ciento y la germinación del 75 por ciento. No obstante, en ensayos posteriores se

obtuvieron unos resultados distintos y menos positivos. En las especies tropicales es

probable que la manipulación entre la recolección y el envío y las condiciones del

transporte aéreo, en gran parte incontrolables, sean más cruciales que en las

especies de la zona templada o subtropical, que presentan menos problemas.

Entre las especies ortodoxas que pierden rápidamente su viabilidad a menos que

reciban el tratamiento más adecuado figuran especies de los

géneros Populus, Salix y Ulmus, presentes principalmente en la zona templada.

Muchas de ellas pierden la viabilidad en una pocas semanas si se mantienen en las

condiciones naturales o se almacenan con la temperatura y la humedad del ambiente,

pero pueden almacenarse durante meses o años si se mantienen a un nivel bajo la

temperatura y el contenido de humedad. A manera de ejemplo, semillas de Ulmus

americana soportaron bien el almacenamiento durante 15 años con un contenido de

humedad del 3 por ciento y -4°C (Barton 1961), y las de Populus sieboldii se

mantuvieron bien durante seis años a -15°C encima de un agente deshidratante en un

recipiente hermético (Sato 1949). En Populus balsamifera y Salix glauca, la reducción

de la germinación tras dos años de almacenamiento en recipientes herméticos a -

10°C no llegó al 6,5 por ciento de la germinación inicial (Zasada y Densmore 1980);

tres años después la situación había cambiado poco enPopulus, pero en Salix se

había producido una reducción de hasta el 40 por ciento.



En los trópicos, Aucoumea klaineana es un buen ejemplo de especie ortodoxa que

tiene una vida corta en las condiciones ambientales. La germinación de la semilla

fresca suele ser superior al 90 por ciento, pero tras un almacenamiento de 30 días en

condiciones ambientales la germinación experimentaba un marcado descenso, y

descendía a cero transcurridos 100 días. El almacenamiento a 0–5°C y un CH del 7–8

por ciento en recipientes herméticos, con un deshidratante químico, Actigel, mantiene

una germinación superior al 50 por ciento durante 30 meses como mínimo (Deval

1976). Hay indicios de que reduciendo aún más el CH se conservará la viabilidad

todavía mejor, pues un lote de semilla que tenía una germinación inicial del 76 por

ciento en el laboratorio y del 79 por ciento en arena, cuando se almacenó en

recipientes herméticos con Actigel, presentó 30 meses después un CH del 4,6 por

ciento y una germinación del 70 por ciento en el laboratorio y del 79 por ciento en

arena; otras semillas del mismo lote, almacenadas en recipientes herméticos pero sin

Actigel, presentaban un CH del 9,9–10,4 por ciento y una germinación del 54–63 por

ciento en el laboratorio y 62–67 por ciento en arena. Entre otras especies de este-tipo

figuran Entandrophragma angolense, cuyas semillas tienen una vida de seis semanas

en condiciones ambientales pero de hasta seis años cuando se almacenan en frío

(Olatoye 1968), y Cedrela odorata, que pierde toda su capacidad de germinación en

10 meses a la temperatura ambiente pero no sufre pérdida alguna en 14 meses

cuando se almacena en un recipiente hermético a 5°C (Lamprecht 1956).



Es posible que algunas especies necesiten un tratamiento especial para prolongar su

viabilidad más allá de unos cuantos meses. Las semillas de Fagus sylvatica pueden

conservarse durante el invierno manteniendo el CH al 20–30 por ciento y

guardándolas en bolsas de polietileno a medio llenar y herméticamente cerradas a 0–

5°C durante 100 días. Pasado ese tiempo se encuentran en un estado idóneo para la

siembra, pues esas condiciones de almacenamiento constituyen un tratamiento previo

adecuado para romper la latencia. Si se pretende un almacenamiento más largo, debe

reducirse el CH al 8–10 por ciento secando las semillas en una corriente de aire a

temperatura ambiente (15–20°C). Se colocan después las nueces en recipientes

herméticos y se almacenan a una temperatura de entre -5° y -10°C, a la que se

mantienen bien durante varios años (Nyholm 1960, Suszka 1974, Rudolf y Leak

1974). Investigaciones posteriores efectuadas en Francia y Polonia confirmaron la

idoneidad del CH señalado, 8–10 por ciento, y las ventajas de los recipientes

herméticos para el almacenamiento de largo plazo (Bonnet-Masimbert y Muller 1975,

Suszka y Kluczynska 1980). Esta técnica se ha aplicado con éxito en gran escala (17

toneladas de hayucos procedentes de 51 fuentes distintas) en Francia. La

germinación se mantuvo durante períodos de entre cuatro y seis años (Muller y

Bonnet-Masimbert 1982).



Cuando las condiciones de almacenamiento dejan mucho que desear, es lógico que

las semillas ortodoxas sin cubierta tengan una vida mucho más corta que las de

especies con cubierta dura. Cuanto más se acerquen las condiciones de

almacenamiento al ideal en una determinada especie sin cubierta dura, tanto menor

será la diferencia entre su longevidad y la de una especie con cubierta dura. La

combinación ideal de CH y temperatura puede variar entre unas especies y otras; por

ejemplo, el CH de 8–10 por ciento que se ha citado para Fagus sylvatica es

considerablemente más alto que el 5–6 por ciento que se considera ideal para

muchas semillas forestales y agrícolas.



Semillas recalcitrantes



Entre las semillas recalcitrantes figuran algunas de gran tamaño que no pueden

soportar sin ser dañadas un grado apreciable de secado; es interesante que las

especies recalcitrantes que enumeran King y Roberts (1979) sean, en una aplastante

mayoría, especies leñosas. Las especies de zona templada

como Quercus y Castanea suelen almacenarse húmedas sólo por períodos cortos,

durante el invierno. Reduciendo la temperatura del almacenamiento a un punto

próximo al de congelación se prolonga su período vital. Bonner (1973a) comprobó que

se podían almacenar bellotas de Quercus falcata durante 30 meses, y seguir

obteniendo una germinación superior al 90 por ciento al término de ese período,

siempre que la temperatura se mantuviera a 3°C y el CH entre el 33 por ciento (inicial)

y el 37 por ciento final. Reduciendo el CH o elevando la temperatura (8°C) descendía

la germinación. En Quercus robur el CH debía mantenerse por encima del 40 por

ciento (Holmes y Buszewicz 1956, Suszka y Tylkowski 1980). Investigaciones

efectuadas recientemente en Polonia han demostrado que ofrece buenos resultados

almacenar las semillas de esta especie con un CH inferior al 40 por ciento en turba o

serrín secado al aire en latas de leche a -1°C. Es importante permitir la libre entrada

de oxígeno, lo que se consiguió insertando varias tiras de cartón a intervalos entre la

tapa y el borde de la lata. En esas condiciones, la germinación oscilaba entre el 38 y

el 75 por ciento después de tres inviernos y seguía siendo del 12 por ciento

aproximadamente después de cinco inviernos (Suszka y Tylkowski 1980). Las

temperaturas inferiores a -5°C mataban todas las bellotas, mientras que una

temperatura de +1°C propiciaba una germinación previa excesiva (60–75 por ciento a

los tres inviernos, con radículas de hasta 25 cm de largo, frente al 12 por ciento y

radículas de menos de 0,5 cm de largo a -1°C). A veces se pueden almacenar

semillas una vez aparecidas las radículas (véase la página 225). Investigaciones

efectuadas recientemente en Polonia (Suszka y Tylkowski 1982) han indicado que

en Acer saccharinum, que es recalcitrante, los mejores resultados se obtienen

manteniendo el CH en los mismos valores (50–52 por ciento) que tienen las semillas

recién recolectadas. En el caso de A. pseudoplatanus, en el Reino Unido se

recomienda un CH mínimo del 35 por ciento (Gordon y Rowe 1982), mientras que en

Polonia se ha conseguido almacenar las sámaras durante tres inviernos con un CH

del 24–32 por ciento y una temperatura del -3°C (Suszka 1978a).



Las especies recalcitrantes y de vida corta de los trópicos se encuentran en su

mayoría en los bosques húmedos, en los que durante todo el año existen unas

condiciones que propician la germinación inmediata (humedad y temperatura altas).

Son géneros característicos Hevea, Swietenia, Terminalia y Triplochiton, así como

algunos géneros de dipterocarpáceas comoDryabalanops, Dipterocarpus y Shorea y

algunas especies de Araucaria. Las semillas de Dryabalanops resultan dañadas si se

secan por debajo de un CH del 35 por ciento, y aun por encima de ese valor no

sobreviven más allá de unas tres semanas (King y Roberts 1979). Las semillas

de Triplochiton tienen en condiciones naturales una vida corta, pero pueden

almacenarse hasta 22 meses a una temperatura de alrededor de 6°C y un contenido

de humedad de entre el 12 y el 25 por ciento (Bowen y Jones 1975). También las

semillas de Azadirachta indica mantienen durante poco tiempo su viabilidad, aunque

es una especie que se da en los bosques tropicales secos, no en los húmedos, y no

está claro si se trata de una especie auténticamente recalcitrante o sólo de una

especie ortodoxa de vida corta.



A veces un mismo género contiene especies ortodoxas y recalcitrantes.

En Acer y Ulmus, géneros en los que se dan ambos comportamientos de la semillas,

la distinción en las especies norteamericanas se corresponde claramente con las que

fructifican en primavera y las que fructifican en otoño. A. rubrum y A.

saccharinum florecen y fructifican en primavera. Sus semillas no presentan latencia y

su comportamiento en almacenamiento es claramente recalcitrante. Otras especies

de Acer tienen semillas que maduran en otoño, que son durmientes y ortodoxas en la

naturaleza al madurar. Lo mismo sucede en Ulmus. Las semillas de U. crassifolia y U.

serotina maduran en otoño, y en el almacenamiento se comportan como ortodoxas.

Las especies deUlmus que producen la semilla en primavera son “débilmente”

recalcitrantes (Bonner 1984b). En Araucaria, A. cunninghamii y otras especies del

grupo taonómico Eutacta se comportan como ortodoxas. En Queensland se secaron

al aire y después se almacenaron a diversas temperaturas en recipientes herméticos y

no herméticos semillas de A. cunninghamii de cinco procedencias distintas. A las

temperaturas más altas, +1,7°C y -3,9°C, la germinación empezó a descender una

vez transcurridos 17 meses de almacenamiento, y a los ocho años era de

aproximadamente la mitad de la tasa inicial de germinación en los recipientes

herméticos y de alrededor de una tercera parte en los no herméticos. A temperaturas

más bajas, -9,4°C y -15°C, la germinación transcurridos ocho años de

almacenamiento difería poco de la inicial (41–44 por ciento frente al 49 por ciento

inicial) (Shea y Armstrong 1978), y prácticamente no había diferencias entre los

recipientes herméticos y los no herméticos. La tasa de pérdida de viabilidad en las

temperaturas de almacenamiento más altas variaba entre una procedencias y otras,

pero en todos los casos el almacenamiento se soportaba mejor a las temperaturas

más bajas. No se determinó el contenido de humedad, pero en las condiciones locales

la semilla secada al aire se encuentra normalmente en el intervalo de 16–23 por

ciento (Kleinschmidt 1980, citado en Tompsett 1982). Ensayos posteriores realizados

con la A. cunnighamii de Papua Nueva Guinea han demostrado que puede reducirse

el CH de las semillas del 21 por ciento al 7 por ciento sin que ello afecte a la tasa de

germinación inicial; los efectos que esa desecación tienen sobre la capacidad de

conservación en almacenamiento siguen siendo objeto de investigación (Tompsett

1982). A. hunsteinii en el grupo Intermedia y A. angustifolia, A. araucana y A.

bidwilliien el grupo Colymbea son aparentemente recalcitrantes. Arentz (1980)

comprobó que el alto grado de viabilidad de A. hunsteinii podía mantenerse durante

seis meses como mínimo almacenando las semillas a 3,5°C y un CH elevado; con el

37 por ciento se obtenían unos resultados notablemente mejores que con el 32 por

ciento. Investigaciones notificadas por Tompsett (1982) confirmaron que el CH debía

mantenerse por encima del 32 por ciento. Un procedimiento eficaz para mantener la

viabilidad consiste en colocar la semilla en una bolsa de polietileno de 25 micras de

grosor y meter ésta dentro de una segunda bolsa. La doble capa de polietileno

mantiene el CH alto pero permite que se produzca un cierto grado de intercambio de

oxígeno, necesario para conservar la viabilidad de A. hunsteinii. A.

angustifolia necesita también un CH alto, pues las semillas morían cuando al secarse

descendía a menos del 25–30 por ciento (Tompsett, en prensa).



Como se ha indicado supra, en el caso de algunas especies recalcitrantes de la zona

templada se ha comprobado que una temperatura relativamente baja (algo por encima

o por debajo de los 0°C) contribuye positivamente a prolongar la vida de las semillas;

esta baja temperatura compensa en cierto modo el CH alto que se debe mantener

para evitar las pérdidas tempranas de viabilidad. En algunas especies tropicales, las

semillas mueren con rapidez si se reduce demasiado la temperatura, del mismo modo

que mueren enseguida si se reduce en exceso el contenido de humedad. Entre las

especies leñosas que se citan en King y Roberts (1979) figuran Theobroma

cacao (muerte por debajo de +10°C, Mangifera indica (daños por debajo de +3 a 6°C)

y, entre las dipterocarpáceas, Hopea helferi, Hopea odorata y Shorea ovalis (daños

por debajo de +5°C, +10°C y +15°C respectivamente). Esta susceptibilidad al daño

por enfriamiento a temperaturas superiores a 0°C agrava la dificultad de almacenar

estas especies recalcitrantes, que raras veces mantienen su viabilidad más allá de

unas cuantas semanas o, como máximo, meses. A esto hay que añadir que en la

mayoría de la dipterocarpáceas la producción de semilla tiene lugar normalmente con

una periodicidad de varios años, por lo que no existe hasta ahora ninguna posibilidad

de conservar las semillas con viabilidad de un buen año semillero al siguiente.



A diferencia de las especies ortodoxas, en las que la mejor manera de conservar la

viabilidad consiste en mantener una tasa de respiración mínima, parece que las

semillas de la mayoría de las recalcitrantes necesitan para sobrevivir una respiración

activa. Así, se han notificado casos en los que las semillas recalcitrantes han

resultado dañadas no sólo por un CH insuficiente y una temperatura demasiado baja,

sino también por falta de oxígeno, como por ejemplo en Araucaria

hunsteinii (Tompsett 1983), Hevea brasiliensis y Quercus spp. (citado en King y

Roberts 1979).



Frente a algunas especies recalcitrantes de la zona templada, que se han

almacenado sin contratiempos durante varios años, en las recalcitrantes tropicales la

vida de las semillas ha de medirse en días o semanas. Aún se ha investigado poco

sobre las especies tropicales, especialmente las forestales, y posiblemente podría

prolongarse la vida de las semillas más allá de ese período de unas cuantas semanas

si se pudiera determinar, respecto de cada especie, la combinación idónea de

madurez de la semilla, velocidad, condiciones y grado del secado y temperatura de

almacenamiento más adecuada. King y Roberts (1979) han sugerido una estrategia

para esa investigación.



Factores que afectan a la duración de la vida de la semilla

almacenada



Estado de la semilla



Aun en las condiciones de almacenamiento ideales, la semilla pierde enseguida su

viabilidad si desde el principio no se encuentra en buen estado. Los factores que hay

que tener en cuenta son los siguientes:



Madurez de la semilla. Las semillas plenamente maduras conservan su viabilidad

durante más tiempo que las semillas que se recolectan inmaduras (Stein y otros 1974,

Harrington 1970). Es posible que determinados compuestos bioquímicos que son

esenciales para conservar la viabilidad no se formen antes de las fases finales del

proceso de maduración de la semilla. Entre ellos figuran en algunas especies unos

compuestos que inducen la latencia, y ésta aparece a veces asociada con la

longevidad de la semilla. En algunas especies, como por ejemplo Gingko

biloba o Fraxinus excelsior, los embriones seminales no están plenamente

desarrollados cuando cae la semilla. Esos embriones deben madurar antes de la

siembra, pero no necesariamente antes del almacenamiento. En Fraxinus excelsior el

secado de sámaras recién recolectadas hasta que alcanzan un CH del 9–10 por

ciento, seguido de almacenamiento en recipientes herméticos a -3°C, produce

resultados satisfactorios siempre que después del almacenamiento se las trate

sucesivamente con calor húmedo y frío húmedo (Suszka 1978a). Para detalles sobre

tratamientos véase la página 270.



Efectos parentales y anuales. En la recolección de semillas, la cantidad y la calidad

suelen ir juntas. El porcentaje de semillas viables en un árbol padre de alto

rendimiento suele ser más elevado que en un árbol de escasa producción.

Análogamente, un determinado árbol padre tendrá un porcentaje de semillas viables

más alto en un año de semilla bueno que en un año escaso. Es probable que las

semillas recolectadas de árboles padres de alto rendimiento en un año de semilla

sean las que tengan una vida más larga en condiciones de almacenamiento. No

obstante, deben evitarse los árboles alfarrazadores de alto rendimiento debido a sus

propiedades leñosas, potencialmente indeseables, aun cuando puedan producir

semillas con gran capacidad de conservación.



Ausencia de daño mecánico. Las semillas que resultan dañadas mecánicamente

durante la extracción, limpieza, separación de las alas, etc. pierden enseguida su

viabilidad. El peligro es máximo en las especies que tienen la cubierta seminal

delgada o blanda. El calor excesivo durante la extracción o el secado daña también la

semilla. Hay que procurar que durante la preparación de la semilla para el

almacenamiento se empleen los tiempos mínimos, las temperaturas más bajas y las

velocidades de máquina mínimas que sean necesarias (Stein y otros 1974). En

algunas especies, el daño sufrido durante la separación de las alas puede reducirse

restableciendo en parte el contenido de humedad entre la extracción de la semilla de

los conos y la separación de las alas, pues las semillas húmedas sufren menos daños

mecánicos que las secas (Nilsson 1963, Barner 1975b).



Ausencia de deterioro fisiológico. La manipulación deficiente en el bosque, durante el

tránsito o durante el procesamiento deteriora fisiológicamente las semillas aun cuando

no existan daños mecánicos o por hongos. Las semillas ortodoxas deben disponer de

ventilación suficiente para evitar la respiración rápida y el recalentamiento, mientras

que a las semillas recalcitrantes hay que protegerlas de un secado excesivo.



Ausencia de hongos e insectos. En el caso de las especies que se almacenan a

temperaturas bajas y con un contenido de humedad bajo, las propias condiciones de

almacenamiento deben evitar la aparición de hongos e insectos. No obstante, es

necesario evitar recolectar cosechas que presenten una alta incidencia de ataques de

hongos o insectos y efectuar todas las operaciones de recolección, transporte,

procesamiento, etc. con la mayor rapidez posible a fin de asegurar que la semilla no

resulte ya dañada antes de iniciar el almacenamiento. El ataque de hongos e insectos

se produce con muchísima rapidez en el suelo del bosque, por lo que, una vez caídos

a él los frutos, deben recogerse lo antes posible. No puede recomendarse en general

el tratamiento con fungicidas, pues puede ser perjudicial para las semillas (Magini

1962); muchos fungicidas son eficaces únicamente si se aplican disueltos en agua, y

por lo tanto no son adecuados para el almacenamiento en seco. Los insectos suelen

morir cuando se secan las semillas a temperaturas superiores a 40–42°C. Es posible

que se necesiten otras medidas en el caso de las semillas que no pueden secarse.

Por ejemplo, las semillas de Quercus se fumigan con serafume u otros productos

químicos o se introducen en agua caliente como forma de lucha contra los gorgojos

(Belcher 1966, Olson 1957), y para matar insectos se suelen emplear también el

bromuro de metilo y el bisulfuro de carbono (Boland y otros 1980).



Viabilidad inicial. Los lotes de semilla que tienen inicialmente una viabilidad y una

capacidad de germinación altas presentan en el almacenamiento una longevidad

mayor que los que tienen una viabilidad inicial baja. Antes del almacenamiento, y

sobre una muestra de cada lote de semilla, deben efectuarse ensayos de

germinación, precedidos en caso necesario por un tratamiento previo apropiado para

romper la latencia, a fin de determinar el tiempo probable durante el que la semilla

conservará su viabilidad una vez almacenada. La duración de la vida de las semillas

viables está correlacionada con el porcentaje de ellas que germina en el ensayo

inicial. Como ejemplo, muestras de dos lotes de semilla de la misma especie, de las

que se espera normalmente una germinación de semillas frescas del 80 por ciento,

podrían ofrecer resultados de un 90 por ciento y un 50 por ciento de germinación

inicial. No es sólo que almacenar el segundo lote supondría un despilfarro de espacio

al guardar semilla muerta, sino también que ese 50 por ciento de semillas inicialmente

viables perderán probablemente su viabilidad en el almacenamiento más de prisa que

las semillas viables al 90 por ciento del primer lote. Es posible que la viabilidad inicial

baja no sea grave cuando las semillas se van a sembrar en un plazo de semanas o

meses, pero sólo la semilla de buena calidad debe almacenarse durante largos

períodos (Holmes y Buszewicz 1958, Magini 1962). En el almacenamiento prolongado

de semillas agrícolas con fines de conservación de recursos genéticos se recomienda

que no se acepten semillas cuya viabilidad inicial sea inferior al 85 por ciento de la

viabilidad que se considera característica de la especie o variedad de que se trate

(IBPGR 1976). Cabe señalar que la viabilidad y la capacidad de germinación iniciales

suelen ser el resultado de los factores que se han descrito en los párrafos anteriores

(madurez de la semilla, daño mecánico, ataque de hongos o insectos).



Condiciones de almacenamiento y envejecimiento de las semillas



Al igual que todos los demás seres vivos, las semillas sufren un proceso de

envejecimiento que culmina en la muerte. En el caso de las semillas ortodoxas, el

proceso de envejecimiento y deterioro está tan influido por las condiciones de

almacenamiento que la “edad” de las semillas, indicada únicamente como el período

transcurrido desde la maduración y la recolección, no expresa suficientemente el

grado en que han “envejecido” en el sentido de perder viabilidad y acercarse al

deterioro irreversible de la muerte. Para describir el grado de deterioro de las semillas,

medido por la reducción de su capacidad de germinación, suele emplearse la

expresión “edad fisiológica”. Respecto de varias especies agrícolas se han elaborado

nomogramas sobre los efectos de la temperatura y el CH en el envejecimiento

fisiológico de las semillas (Ellis y Roberts 1981). Como ejemplo, el nomograma de la

cebada indica que se produciría el mismo grado de deterioro (de una germinación

inicial del 95 por ciento a una germinación final del 50 por ciento) en unos 16 días de

almacenamiento de las semillas a 25°C y un CH del 21 por ciento que en unos 100

años de almacenamiento de esas mismas semillas a 8°C y un CH del 8 por ciento.

Aunque almacenadas durante períodos muy diferentes, esos dos lotes de semilla

tendrían la misma edad fisiológica. Cabe esperar efectos parecidos en las semillas

ortodoxas de árboles forestales.



Algunos cambios fisiológicos que se producen en los tejidos celulares pueden estar

asociados con el envejecimiento fisiológico de las semillas. Se trata de (1) la pérdida

de reservas nutricias debida a la respiración, por ejemplo una disminución de las

proteínas y los azúcares no reductores, acompañada de un incremento de los

azúcares reductores y los ácidos grasos libres; (2) una acumulación de subproductos

de la respiración que son tóxicos o inhibidores del crecimiento; (3) la pérdida de

actividad de los sistemas enzimáticos; (4) la pérdida de capacidad, en las moléculas

proteínicas desecadas, para recombinarse y formar moléculas protoplásmicas activas

en una rehidratación ulterior; (5) el deterioro de las membranas celulares

semipermeables; (6) la peroxidación de los lípidos, lo que hace que se produzcan

radicales libres que reaccionan con otros componentes de la célula y los dañan, y (7)

alteraciones en el ADN del núcleo celular, que producen mutaciones genéticas y daño

fisiológico (Roberts 1972, Harrington 1973, Villiers 1973). No está claro todavía hasta

qué punto esos diversos efectos son las causas del deterioro o simplemente sus

síntomas, pero se ha sugerido (Villiers 1973) que la producción de radicales libres es

el primer efecto del envejecimiento y que el daño que sufren los diversos sistemas de

la célula es el resultado de la liberación de esos radicales libres.



Cualquiera que sea el mecanismo exacto del deterioro de las semillas, se coincide en

que, en lo que se refiere a las semillas ortodoxas, la pérdida de viabilidad es un

fenómeno que está regido en gran parte por la tasa de respiración. Es probable que

todas las medidas que reduzcan la tasa de respiración, sin producir por otra parte

daños a la semilla, consigan prolongar la vida de la semilla almacenada. Esas

medidas son el control de oxígeno, el control del contenido de humedad y el control de

la temperatura. En las semillas recalcitrantes, los niveles mínimos seguros de

oxígeno, contenido de humedad y temperatura, y por consiguiente de respiración, son

todos considerablemente más altos que los aplicables a las semillas ortodoxas, pero

siempre que esos niveles se mantengan por encima del mínimo seguro en cada

especie, parece que puede prolongarse la longevidad manteniendo las semillas lo

más cerca posible de esos mínimos a fin de evitar una tasa de respiración

excesivamente elevada.



La atmósfera de almacenamiento



La forma más evidente de reducir la tasa de respiración aeróbica consiste en excluir el

oxígeno de la atmósfera que rodea a las semillas. Esto puede efectuarse sustituyendo

el oxígeno por otros gases, como CO2 o nitrógeno, o mediante un vacío parcial o

completo. En un experimento con semillas de lechuga que cita Roberts (1972), se

guardaron las semillas en recipientes herméticos a 18°C y un CH del 6 por ciento.

Transcurridos tres años, las semillas almacenadas en una atmósfera de oxígeno puro

tenían una viabilidad del 8 por ciento, las almacenadas en el aire normal una

viabilidad del 57 por ciento, las almacenadas en nitrógeno, argón o CO 2 del 78 por

ciento y las almacenadas en vacío del 77 por ciento. La utilidad de exluir el oxígeno

durante el almacenamiento de semillas ortodoxas secas se ha demostrado también

en Pinus radiata (Shrestha, Shepherd y Turnbull 1984). Los mejores resultados se

obtuvieron con una atmósfera de almacenamiento de nitrógeno, seguida por el CO2,

mientras que con el almacenamiento al vacío y en el aire se obtuvieron resultados

menos satisfactorios. A la más alta de las temperaturas que se utilizaron, 35°C, en la

que el deterioro de la viabilidad fue más rápido, la germinación final, tras 50 semanas

de almacenamiento en recipientes herméticos con un CH del 8 por ciento, había

perdido un 8 por ciento en nitrógeno, 14 por ciento en CO2, 21 por ciento en el vacío y

29 por ciento en el aire. El mismo orden se obtuvo al comparar la velocidad de

germinación y el vigor de las plántulas germinadas (medido como peso en seco 49

días después de la siembra). Aunque experimentalmente se ha conseguido prolongar

la vida de la semilla en estas magnitudes, algunos de estos métodos son de costosa

aplicación, y además sus efectos sobre la vida de la semilla no son tan notables como

los que tienen las diferencias de temperatura y humedad (Goldbach 1979). La

exclusión del oxígeno evita la respiración aeróbica, pero no la anaeróbica, mientras

que reduciendo el CH y la temperatura se consigue rebajar el nivel de ambas. Se han

efectuado predicciones sistemáticas de la duración de la vida de las semillas de

diversas especies agrícolas en una gama de temperaturas y CH (Ellis y Roberts

1981), pero no se dispone de predicciones cuantitativas análogas del efecto de los

niveles de oxígeno sobre la longevidad.



Se recomienda un método sencillo que consiste en llenar lo más posible unos

recipientes herméticos. Si dentro del recipiente queda solamente una pequeña

cantidad de aire en comparación con el volumen ocupado por las semillas, se

consumirá el oxígeno y se producirá CO2. La combinación resultante, más CO2 que O2,

es probablemente favorable para la longevidad de las semillas ortodoxas (Goldbach

1979).



Mientras que en la mayoría de las semillas ortodoxas secas parece beneficioso excluir

totalmente el oxígeno de la atmósfera de almacenamiento, hay datos que indican que

las semillas recalcitrantes necesitan algo de oxígeno. De un conjunto de semillas

de Araucaria hunsteinii, que tenían una germinación inicial del 56 por ciento, murieron

en el plazo de un mes todas las almacenadas en nitrógeno puro, en dos meses las

almacenadas con un 1 por ciento de oxígeno y en tres meses las almacenadas con un

5 por ciento de oxígeno, y la germinación seguía siendo del 18 por ciento tras cuatro

meses de almacenamiento con un 10 por ciento de oxígeno (Tompsett 1983, 1984). El

almacenamiento en una bolsa de polietileno de 25 micras de grosor, que se ventilaba

(21 por ciento de oxígeno) periódicamente cuando se abría para extraer las muestras,

arrojó resultados muy parecidos a los del almacenamiento con un 10 por ciento de

oxígeno. King y Roberts (1979) señalan que se coincide en que una ventilación

suficiente (es decir, una cantidad de oxígeno suficiente) es una condición necesaria

para el almacenamiento satisfactorio de semillas recalcitrantes con un CH

relativamente alto, así como para el de semillas embebidas de especies ortodoxas.



El contenido de humedad de la semilla



Como se ha explicado en las páginas 183–190, las relaciones entre el contenido de

humedad de la semilla sobre la base del peso en húmedo o en fresco y el CH sobre la

base del peso en seco, y entre el contenido de humedad en equilibrio de la semilla y

la humedad relativa de la atmósfera circundante son factores importantes en el

procesamiento. No lo son menos en lo que se refiere al almacenamiento. En el primer

caso, la manipulación de la HR puede modificar eficazmente el CH de las semillas

hasta que alcanzan el valor óptimo para el almacenamiento, y en el segundo caso el

CH puede mantenerse en ese valor óptimo o cerca de él manteniendo una HR

adecuada en la atmósfera en que están inmersas las semillas.



Efecto del CH. En las semillas ortodoxas, el contenido de humedad es probablemente

el más importante de los factores que determinan la longevidad de la semilla (Holmes

y Buszewicz 1958). Reduciendo el CH se reduce la respiración, y con ello se

desacelera el envejecimiento de la semilla y se prolonga su viabilidad. Harrington

(1959), citado por Barner (1975b), relacionó el CH con varios procesos que tienen

lugar dentro de la semilla y en torno a ella:



Contenido de humedad de la semilla: %



(peso en húmedo)



Más de 45 – 60% Empieza la germinación



La semilla puede calentarse (debido a una tasa rápida de

Más de 18 – 20%

respiración y liberación de energía)



Más de 12 – 14% Posible desarrollo de hongos



Menos de 8 – 9% Importante reducción de la actividad de insectos



4 – 8% Almacenamiento sin peligro en condiciones herméticas







Para prevenir la actividad de los hongos es más eficaz controlar el CH que controlar la

temperatura. Con unos niveles suficientemente altos de CH y HR, puede darse

actividad de hongos entre -8°C y +80°C (Roberts 1972), y es más fácil mantener el

CH por debajo del 12–14 por ciento (o la HR en un equilibrio de alrededor del 65 por

ciento) que mantener la temperatura por debajo de 0°C.



En el intervalo de 4 a 14 por ciento de CH, Harrington (1963, 1970) ha sugerido una

norma práctica que se puede aplicar a muchas especies agrícolas: la vida de la

semilla se duplica por cada 1 por ciento que se reduzca el CH. Schönborn (1965)

comprobó la existencia de una relación de orden parecido cuando midió la tasa de

respiración, expresada en términos de producción de CO2, de Picea abies: a 20°C y

con un CH del 20 por ciento, la semilla liberaba 80 ml de CO2 por hora y kilogramo de

semilla, mientras que a 20°C y con un CH del 5 por ciento la tasa de producción de

CO2 se reducía a 0,11 ml/h/kg, lo que representaba casi un millar de veces al

reducirse el CH en 15 puntos porcentuales.



Para casi todas las especies ortodoxas se considera seguro un CH del 4–8 por ciento.

Para el almacenamiento prolongado con fines de conservación de recursos genéticos

se recomienda 5 por ciento ± 1 por ciento (IBPGR 1976). El nivel de contenido de

humedad que soportan las semillas oleaginosas (calculado sobre la base del peso en

fresco total) suele ser algo más bajo que el que toleran las semillas no oleaginosas

(Harrington 1970). En algunas especies pueden producirse daños o acelerarse la

pérdida de viabilidad al bajar del 4 por ciento, aunque hay otras en las que puede

llegarse a un CH considerablemente más bajo. Las semillas de Betula

papyrifera soportaron perfectamente, sin daños, el almacenamiento con un CH del 0,6

por ciento (Joseph 1929, citado en Holmes y Buszewicz 1958), y Schönborn (1965)

logró secar pequeñas muestras del Picea abies, Pinus sylvestris, Pseudotsuga

menziesii y Larix decidua hasta un CH del 0 por ciento sin que a los seis meses se

observaran descensos apreciables de la germinación en comparación con los valores

que se obtenían al 6–8 por ciento, que era el CH que se aplicaba normalmente. En

este caso el secado no se efectuó exponiendo las semillas a altas temperaturas, sino

haciendo pasar por ellas una corriente de aire seco a 20°C. Con este mismo

tratamiento morían las semillas de Pinus strobus y Abies alba, y habían fracasado

también intentos anteriores, realizados por Barton (1961), de almacenar semillas de

varias especies dePinus y Picea con un CH del 0 por ciento. Cuando se reduce el

contenido de humedad por debajo del 2 por ciento aproximadamente aumenta de

modo muy considerable en muchas especies la posibilidad de que la semilla sufra

lesiones. Por otra parte, llevar el secado hasta esos extremos es más costoso que

limitarlo al 4–8 por ciento habitual, y probablemente sea una práctica que deba

limitarse sólo a casos excepcionales. En las páginas 139–159 se describen los

métodos de secado.



Algunas semillas ortodoxas de árboles forestales soportan mejor el almacenamiento

cuando el CH es notablemente más alto. Como ya se ha mencionado en la página

202, para Fagus sylvatica se recomienda un 8–10 por ciento. Para las semillas

de Albies spp. se recomienda un CH del 12–13 por ciento cuando el almacenamiento

va a durar entre uno y tres años, pero debe reducirse al 7–9 por ciento cuando el

almacenamiento va a ser más prolongado (Barner 1975b). En las especies que se

almacenan mejor con un CH superior al promedio debe prestarse especial atención al

momento y la velocidad del secado.



Las fluctuaciones del contenido de humedad de la semilla almacenada debidas a un

almacenamiento abierto, sin control de la humedad, o a que los recipientes herméticos

se abren y cierran con frecuencia producen un deterioro de la capacidad de

germinación de las semillas (Wang 1974, Stein y otros 1974). De hecho, un CH

ligeramente superior al óptimo pero constante suele ser menos perjudicial que un CH

que fluctúe entre el nivel óptimo y otro más alto.



Se han notificado algunos casos en los que la tendencia habitual, que se reduzca la

longevidad de la semilla al aumentar el CH, se ha invertido en el contenido de

humedad de semillas totalmente embebidas o cerca de él. Si la especie de que se

trate debe exponerse a la luz para que germine, se pueden almacenar durante un

determinado período en la oscuridad semillas totalmente embebidas pero no

germinadas. Fraxinus americana se almacenó a 22°C y diversos CH, con los

resultados siguientes (Villiers 1973):

CH (%) Germinación (%) tras los períodos de almacenamiento que

se indican



1 mes 2 meses 3 meses 4 meses



6,0 98 92 96 94



9,5 94 88 76 4



18,6 81 22 0 0



Totalmente

embebidas

(en

oscuridad) 96 95 98 96







Se ha sostenido que las semillas embebidas pueden reparar, de una manera que no

pueden hacerlo las semillas que tienen un CH más bajo, los daños causados por los

radicales libres en las membranas celulares, enzimas y ADN del núcleo celular. Pero

el almacenamiento prolongado de semillas embebidas puede ser difícil en la práctica,

pues es preciso mantener alta y constante la humedad, para la imbibición, y también

una cantidad de oxígeno suficiente, y evitar al mismo tiempo que las semillas

germinen y que se promueva la multiplicación de hongos y bacterias (Roberts 1981).



El contenido de humedad es también importante en las semillas recalcitrantes, pero

en este caso el CH crítico no es el máximo que exige un almacenamiento prolongado,

sino el mínimo necesario para secar las semillas. En el caso de muchas de las

semillas grandes de frondosas templadas, se recomiendan contenidos de humedad

en el intervalo de 25–79 por ciento (Wang 1974). El almacenamiento debe efectuarse

a valores muy próximos al CH mínimo seguro, pues cuanto más alto sea el CH tanto

más aumentará la tasa de respiración y tanto más se acelerará la pérdida de

viabilidad. Y cuanto más alta es la tasa de respiración, tanto mayor es la cantidad de

energía que se libera, con riesgo de recalentamiento y muerte de la semilla a menos

que se ponga especial cuidado en mantener una ventilación suficiente. El CH alto

fomenta también la actividad de los hongos y la extensión de la podredumbre. Wang

(1974) cita resultados de dos lotes de semilla de Acer saccharinum; la capacidad de

germinación del lote almacenado con un CH del 58 por ciento a 1–2°C se redujo en

seis meses del 94 por ciento al 12 por ciento, mientras que la del otro, almacenado

con un CH del 45 por ciento e idéntica temperatura, seguía siendo del 78 por ciento a

los 16 meses. En esta especie la pérdida de viabilidad puede ser repentina. Tylkowski

comprobó que las semillas almacenadas en botellas herméticas con un CH del 50–52

por ciento y una temperatura de -1° a -3°C conservaban el 90 por ciento de su

capacidad de germinación transcurridos 18 meses, pero la perdían casi por completo

a los 24 meses (Suszka y Tylkowski 1982).

Se han investigado menos las especies recalcitrantes tropicales, aunque se dispone

de algunos datos, por ejemplo sobre Triplochiton, en el sentido de que puede

prolongarse significativamente la viabilidad si se puede determinar el CH mínimo

adecuado para la especie y si se pone especial cuidado durante el período en que se

seca para conseguir ese CH (Bowen y Jones 1975). Ensayos efectuados en Malasia

con Shorea platyclados indicaron que reduciendo gradualmente el CH de las semillas

al 20–27 por ciento, y después enterrándolas en carbón vegetal, serrín o vermiculita a

15–22°C, se podían almacenar durante un mes como mínimo, frente al período de

aproximadamente una semana de viabilidad natural (Tang 1971). Sobre la base de

experimentos efectuados con Shorea parvifolia y Dipterocarpus humeratus, Maury-

Lechon y otros (1981) recomendaron que se redujera el CH a entre una cuarta parte y

la mitad del CH inicial de los frutos recién recolectados. Aunque las semillas

recalcitrantes tropicales todavía no pueden almacenarse más que por cortos períodos,

está aumentando el número de investigaciones útiles sobre este problema. En King y

Roberts (1979) figura un buen resumen de los logros conseguidos y enfoques

posibles.



Temperatura de almacenamiento



Al igual que el contenido de humedad, la temperatura presenta una correlación

negativa con la longevidad de la semilla; cuanto más baja es la temperatura, tanto

menor es la tasa de respiración, y por ello tanto más prolongada la vida de la semilla

almacenada. Harrington (1963, 1970) sugirió otra norma práctica para las semillas

agrícolas: entre 50°C y 0°C, cada 5°C de descenso de la temperatura de

almacenamiento supone duplicar la vida de la semilla. En el caso de las semillas

ortodoxas, cuyo contenido de humedad puede reducirse hasta unos niveles bajos, se

consigue una longevidad aún mayor mediante el almacenamiento a temperaturas

inferiores a 0°C. Para el n almacenamiento prolongado de semilas agrícolas con fines

de conservación genética se ha recomendado una temperatura de -18°C como norma

“preferida” para la mayoría de las especies y de -10°C como norma “aceptable” para

las especies de las que se sabe que tienen una viabilidad intrínseca alta (IBPGR

1976). Al nivel experimental se han utilizado con éxito temperaturas mucho más bajas,

como por ejemplo en helio líquido a -269°C, pero el elevado costo de mantener esas

temperaturas tan bajas durante un largo período anularía las posibles (pues aún no se

han demostrado) ventajas de este método para prolongar la vida de las semillas.



La elección de la temperatura de almacenamiento varía considerablemente según la

especie de que se trate y el período de tiempo durante el que se va a almacenar la

semilla. Cuanto más baja sea la temperatura que hay que mantener en una cámara

fría, tanto más alto será su costo, y posiblemente no sean necesarias temperaturas

inferiores a cero grados cuando la semilla, destinada a proyectos de forestación, se va

a tener almacenada solamente durante uno o dos años. Holmes y Buszewicz (1958)

señalaron que, en varios experimentos con coníferas, la superioridad de las

temperaturas inferiores a cero grados sólo era manifiesta tras períodos de

almacenamiento de unos cinco años o más. Parece que estas temperaturas (-18°C)

prolongan la viabilidad de la semilla en especies ortodoxas tropicales

como Eucalyptus deglupta y Flindersia brayleyana (Turnbull 1983).



Algunas semillas se mantienen bien a temperatura ambiente, como es el caso de

muchos géneros de luguminosas y rosáceas, Eucalyptus, Tilia y muchos otros frutos

de semilla dura o hueso. Pero la mayoría de las especies sólo se mantienen bien

durante períodos largos a temperaturas más bajas. En un almacenamiento de 3–5

años de la mayoría de las coníferes y deAlnus y Betula, parece que el factor decisivo

es no superar la temperatura de +4°C. Por consiguiente, la temperatura debe estar

entre 1 y 4°C. Cuando se trata de períodos de almacenamiento más largos, por

ejemplo de 5 a 15 años, la temperatura debe estar entre -4 y -10°C. En el caso

de Abies, sin embargo, se utiliza una temperatura de -4°C cuando el período de

almacenamiento es corto y entre -10° y -20°C cuando es más largo (Barner 1975b).



El factor temperatura y el factor humedad están tan interrelacionados que es muy

difícil separarlos. Las semillas que tienen un nivel de humedad relativamente alto

pueden almacenarse durante períodos notablemente más largos a temperaturas

próximas a la de congelación que a temperaturas más altas, aunque éstas (30°C) son

menos perjudiciales cuando el contenido de humedad de la semilla es bajo. En

resumen, cabe afirmar que el contenido de humedad crítico se encuentra a un nivel

más elevado cuando las temperaturas de almacenamiento son bajas que cuando son

intermedias o altas, es decir, hasta cierto punto una temperatura baja puede

compensar un contenido de humedad alto, y vicerversa (Holmes y Buszewicz 1958).

No obstante, es necesario evitar por completo los riesgos de daño por congelación

debido a la formación de hielo en las semillas que tienen un CH alto. Roberts (1981)

ha sugerido que un CH del 20 por ciento es posiblemente el límite superior crítico para

el almacenamiento a 0°C, del 15 por ciento para -20°C y del 13 por ciento para -

196°C. Si se secan las semillas hasta que su CH es del 4–8 por ciento, como se suele

recomendar en las especies ortodoxas, no debe existir peligro de daño por

congelación, ni siquiera a temperaturas bastante inferiores a 0°C.



Como ya se ha mencionado en el Capítulo 6, en muchas semillas el contenido de

humedad en equilibrio a una HR determinada varía con la temperatura. Barton y

Crocker (1984) han demostrado que, en un intervalo de HR del 35 por ciento al 76 por

ciento, la cantidad de agua que contienen las semillas se incrementaba

progresivamente a medida que la temperatura descendía de 30° a 10°C. Entre las

especies que se comportaban de esta manera figuraban Pinus y varias especies

agrícolas. A una HR baja (35 por ciento), la absorción de humedad por las semillas

secas era más o menos la misma a 5°C que a 10°C, pero con unas HR más altas (55

por ciento y 76 por ciento) las semillas absorbían menos humedad a 5°C que a 10°C,

y la tendencia se invertía cuando la temperatura superaba los 10°C. Este cambio del

contenido de humedad en equilibrio con el cambio de la temperatura puede ser

importante en el almacenamiento abierto. Cuando se utilizan recipientes herméticos el

efecto es mínimo, pues el CHE final está dominado por el CH inicial de las semillas,

no por la humedad del aire encerrado en el recipiente.

Al igual que ocurre con el contenido de humedad, las fluctuaciones térmicas repetidas

producen pérdida de viabilidad. En la medida de lo posible, la temperatura debe

mantenerse en un nivel uniforme.



El efecto que la temperatura tiene sobre la longevidad de la semilla de especies

recalcitrantes de la zona templada es semejante al que tiene sobre las especies

ortodoxas -dentro de determinados límites, cuanto más baja es la temperatura tanto

más largo es el período de viabilidad. Algunas especies tropicales mueren a

temperaturas superiores a la de congelación, como por ejemplo algunas

dipterocarpáceas a 12 por ciento 0,5



Semillas grandes, humedad de 12 a 25 por ciento 0,8



Semillas grandes, humedad >25 por ciento, por

2,5

ejemplo Quercus





Para los laboratorios de semillas arbóreas situados en zonas tropicales que desean

ajustarse a las Reglas de la ISTA, esta relajación de las tolerancias supondrá una

ayuda considerable.



El cálculo del contenido de humedad debe hacerse sobre la base del peso en húmedo

o en fresco (véanse las páginas 184–186), es decir:









Aunque la utilización del peso en húmedo como punto de partida es el procedimiento

que prescribe la ISTA y se está convirtiendo cada vez más en la forma normal de

expresar el contenido de humedad, aún no es universal. Para evitar dudas, el método

que se ha utilizado para calcular el contenido de humedad debe

indicarse explícitamente en cualquier certificado o comunicación de resultados.



Como explicaron Gordon y Rowe (1982), siempre que se mida el peso en fresco inicial

de un lote de semilla y se calcule el contenido de humedad inicial (peso en húmedo)

secando una muestra en estufa, todo nuevo CH al que se llegue como resultado del

secado (o humedecido) puede calcularse directamente a partir del nuevo peso del lote

de semilla; no es necesario volver a secar en estufa las muestras con el nuevo CHG.

El peso deseado del lote que se quiere conseguir mediante el secado (o humedecido)

puede calcularse multiplicando su peso inicial por el porcentaje inicial de materia seca

y dividiéndolo después por el porcentaje deseado de materia seca.



Ejemplo: 1) Si el peso en húmedo inicial de un lote de semilla es de 50 kg, y su CH

(en peso en húmedo), que se ha determinado secando una muestra en

estufa, es del 25 por ciento, el peso en seco tras secado en estufa es igual

al 75 por ciento del peso en húmedo, es decir 37,5 kg.



2) Si mediante un período de secado se reduce el peso en húmedo a 46,5

kg, el nuevo CH (en peso en húmedo) =

3) Si se desea reducir el CH (en peso en húmedo) al 10 por ciento, entonces

el peso en seco deseado será el 90 por ciento del nuevo peso en húmedo,

y habrá que volver a secar el lote de semilla hasta que su peso en

húmedo sea =









Los humidímetros eléctricos ofrecen rápidas estimaciones de la humedad de las

semillas, pero no se consideran suficientemente precisos para los ensayos oficiales.

Su rapidez los hace muy útiles en determinadas situaciones; por ejemplo deben ser lo

bastante precisos para comprobar la humedad de semillas de árboles como guía para

secar las semillas antes de almacenarlas (Bonner 1974, 1981). Las lecturas de estos

aparatos se convierten en contenido de humedad de la semilla mediante unos gráficos

que proporciona el fabricante o se obtienen de unas curvas de calibración realizadas

en el laboratorio respecto de la especie de que se trate. En su mayoría los

humidímetros no miden una humedad superior al 15–20 por ciento y necesitan un

mínimo de 90–100 g de semillas por ensayo (Bonner 1981). En Tailandia se ha

utilizado con éxito durante varios años, para medir el CH de los granos de arroz, un

humidímetro eléctrico de fabricación local, barato y portátil (Kosol 1984), aparato que

podría utilizarse con las semillas arbóreas de parecido tamaño. Este aparato mide la

capacitancia eléctrica y utiliza como fuente de energía una pila de 9 voltios.



Los humidímetros eléctricos están indicados para las semillas pequeñas, pero no

pueden utilizarse con semillas grandes como las de Juglans o Quercus; tampoco

resulta fácil medir con ellos las semillas aladas, como las de Fraxinus (Bonner 1978).

Las semillas grandes o aladas pueden secarse rápidamente en una estufa de

microondas. Siempre que la estufa se caliente previamente, el secado puede

efectuarse en cinco minutos y el pesado en otros seis minutos inmediatamente

después si se dispone de una balanza electrónica o tras 30–45 minutos de enfriado en

una desecadora si la operación se realiza en una balanza ordinaria (Bonner y Turner

1980). Cabe esperar que los resultados estén dentro de un intervalo del 7 por ciento,

con una probabilidad del 0,05 en el caso de las semillas grandes con CH alto, como

las de Quercus, y dentro de un 2 por ciento en las de Fraxinus y Carya, frente a los

resultados más precisos que ofrecen los métodos tradicionales, que son más lentos.



Un método sencillo y barato es secar rápidamente semillas consiste en utilizar una

lámpara de infrarrojos (Gordon y Rowe 1982). Se somete una muestra pesada al calor

de una lámpara de infrarrojos cuya intensidad es tal que las semillas pierden toda su

humedad, sin quemarse, en unos 20 minutos. Cuando las semillas dejan de perder

peso, se mide el nuevo peso y se calcula la pérdida en términos porcentuales.

Recientemente se ha publicado una descripción actualizada de la medición del

contenido de humedad de semillas arbóreas (Bonner 1981).



Otros ensayos

En caso necesario, pueden hacerse otros ensayos cualitativos u observaciones,

respecto de los cuales no son necesarias prescripciones pormenorizadas. En muchos

casos pueden combinarse con el ensayo de pureza. Son entre otros los siguientes:



Determinación de la autenticidad



Existen varios métodos para determinar si las semillas son de la especie que se

afirma. Son los siguientes:



i. identificación segura de los árboles padres y certificación de los mismos,

preferiblemente sobre la base de muestras de herbario.

ii. Identificación de las semillas mediante una clave analítica o mediante

comparación con una colección de referencia.

iii. Identificación de la plántula. Posiblemente esta es la única manera de

determinar si el lote de semillas está contaminado por híbridos o por una

mezcla de dos o más especies cuyas semillas tienen características

semejantes. Disponer de una clave y una colección de plántulas de referencia

facilita la identificación (Turnbull 1975d).



En la mayoría de las especies no es posible autentificar las semillas desde el punto de

vista de su procedencia, pero se han realizado algunos progresos en este ámbito

con Pseudotsuga yAbies (Bonner 1974), y la utilización de técnicas isoenzimáticas

puede abrir nuevas posibilidades (Burley 1976).



Determinación de daños y estado sanitario



Durante el ensayo de pureza, el operario debe prestar atención a la posible presencia

de daño mecánico o infestación patogénica, que pueden indicar la necesidad de

mejorar los métodos de transporte o procesamiento que se utilizan.



Cálculo de los resultados

Los ejemplos que figuran a continuación indican el tipo de cálculos que es necesario

efectuar en las diversas fases del ensayo de semillas.



Pureza

Peso de la muestra de trabajo

62,52 g

completa

Peso de semilla pura 56, 89 g









Peso de la semilla



El peso de 1 000 semillas puede calcularse de la manera siguiente:



O bien



a) Se determina el peso de la semilla en 8 × 100 semillas tomadas del componente de

semilla pura del ensayo de pureza.



Réplica No 1 2 3 4 5 6 7 8 Total Media



Peso (g) 3,81 3,69 3,75 3,79 3,82 3,72 3,71 3,79 30,08 3,76









Como este valor es considerablemente inferior al máximo de 4,0 que prescribe la

ISTA, se estima que la muestra es homogénea y no es preciso tomar nuevas

muestras.



Peso de 1 000 semillas = 3,76 × 10 = 37,6 g



O bien



b) El peso de la semilla se determina en 1 000 semillas tomadas del componente de

semilla pura del ensayo de pureza, sin replicación.



Peso de 1 000 semillas = 37,6 g.



El número de semillas por unidad de peso puede obtenerse de la manera siguiente:

Germinación



El ensayo se efectúa sobre réplicas de 4 × 100 semillas tomadas del componente de

semilla pura del ensayo de pureza.



Réplica № 1 2 3 4 Total Media



№ de semillas germinadas al

79 85 76 88 328 82

término del ensayo



Semillas viables según ensayo

4 3 6 3 16 4

de corte





El intervalo en el número de semillas germinadas entre la réplica que tiene más y la

que tiene menos es 12 (88–76). La referencia al Cuadro 9.3 en la página 321 indica

que el máximo intervalo tolerado para una germinación media del 82 por ciento es 15.

Como en este caso el intervalo es inferior a esa cifra, se acepta la muestra como

homogénea.



Porcentaje de

82%

germinación =



Porcentaje de

82 + 4 = 86%

viabilidad =





Semillas viables por unidad de peso. Combinando el porcentaje de viabilidad y el peso

de la semilla pura se obtiene el número de semillas viables que se espera obtener por

unidad de peso de semilla pura; sustituyendo el porcentaje de viabilidad por

el porcentaje de germinación se obtiene el número de semillas germinables. Si se

incorpora un factor relativo al procentaje de pureza, los valores que se obtienen

expresan el número de semillas viables o germinables por unidad de peso de semilla

“impura”.



Semilla pura

por g por kg



No de semillas viables 26,6 × 86 : 100 = 22,9 22 900



No de semillas germinables 26,6 × 82 : 100 = 21,8 21 800









Semilla impura



por g por kg



No de semillas viables 22,9 × 91 : 100 = 20,8 20 800



No de semillas germinables 21,8 × 91 : 100 = 19,8 19 800







En el caso de las especies en las que por el pequeñísimo tamaño de sus semillas no

se puede realizar el ensayo de pureza, el número de semillas germinadas por unidad

de peso de semilla impura se determina mediante ensayo directo. En este tipo de

semilla no se pueden obtener las cifras de número de semillas puras por unidad de

peso. Aunque por lo general se expresan como “semillas viables por gramo”, hay que

señalar que en estas semillas de pequeño tamaño tampoco se puede realizar el

ensayo de corte, por lo que, estrictamente, las cifras se refieren a semillas

germinables. Véase el ejemplo siguiente:



Peso de réplica de semilla impura (E. grandis) 0,10 g



Réplica No 1 2 3 4 Total Media



No de semillas germinadas al

65 73 63 71 272 68

término del ensayo







No de semillas germinables (“viables”) por gramo = 680

No de semillas germinables (“viables”) por kilogramo = 680 000



Energía de germinación. El cálculo de la energía de germinación y el período de

energía depende del criterio que se utilice para definir estos conceptos. En el Cuadro

9.5 se ofrece un ejemplo real extraído de Paul (1972). Como se ha señalado supra, el

período de energía puede definirse arbitrariamente por anticipado, pero normalmente

es muy inferior al período completo del ensayo. En este caso basta con una sencilla

evaluación. Si, en este ejemplo, se ha establecido que el período de energía es 12

días, entonces

Período de energía = 12 días



Si, en cambio, se establece que el período de energía llega hasta el día de la

germinación máxima, entonces es preciso efectuar evaluaciones diarias tal como se

indica en el cuadro, y por lo tanto









Período de energía = 10 días



El análisis de la pauta de germinación sugiere que si se rechazaran todas las semillas

que germinan después del punto máximo de germinación se rechazaría una

proporción excesiva (60 por ciento) de las potencialmente germinables, mientras que

si se aceptaran todas las semillas germinables se prolongaría indebidamente el

período de ensayo y probablemente se incluirían algunos gérmenes de muy escaso

vigor. En la práctica, con una pauta de germinación como la de este ejemplo estaría

indicado establecer que el período de energía se prolonga hasta que la germinación

diaria desciende a menos del 25 por ciento del valor máximo. De esta manera,









Período de energía = 16 días



Porcentaje del total de semillas germinables que germina dentro del período de

energía = 84 por ciento.



Otra forma de sentido común de medir la energía de germinación, que se utiliza en

Zimbabwe (Seward 1980), es el porcentaje de germinación cuando la germinación

diaria media llega al máximo (germinación acumulada dividida por el tiempo

transcurrido desde la fecha de siembra). En el presente ejemplo (Cuadro 9.5), el punto

máximo del porcentaje diario medio de germinación es 3,48 por ciento, el período de

energía es 13 días y el porcentaje de germinación es









Con este sistema de medición, el porcentaje del total de semillas germinables que

germinan dentro del período de energía es igual a

Valor de germinación. En el Cuadro 9.6 y partiendo de los datos del Cuadro 9.5, se

calcula el valor de germinación conforme a los métodos de Czabator (1962) y

Djavanshir y Pourbeik (1976).



Determinación indirecta de la viabilidad



Deben utilizarse métodos análogos a los aplicables a los ensayos de germinación, es

decir, deben utilizarse cuatro réplicas, ha de comprobarse la homogeneidad de los

resultados, y el número medio de semillas llenas aparentemente viables (ensayo de

corte) o embriones teñidos (ensayo de tetrazolio) ha de expresarse como porcentaje

del total de semillas puras del ensayo.



Cuadro 9.5



Resultados del ensayo de germinación

(tomado de Paul 1972)



Especie: Pinus caribaea var. hondurensis Ensayo No. 26/72



Lote de semilla No. 85/71



Lugar: Vivero de

Fecha de siembra: 2/11/72

Mantin



Porcentaje de

Fecha de terminación: 30/11/72

germinación: 64%



Submuestras Total Total

Días (4 × 100 semillas) acumulad Porcentaje Total diario acumulado

desde o como % de como % de como % de

la Total Total del total germinació semillas semillas

siembr diari acumulad de n diaria germinable germinable

a A B C D o o semillas media s s



1 - - - - - - - - - -



2 - - - - - - - - - -



3 - - - - - - - - - -

4 - - - - - - - - - -



5 - - - - - - - - - -



6 - - - - - - - - - -



7 - - - - - - - - - -



8 6 8 7 8 29 29 7,25 0,91 12 11



9 5 9 9 8 31 60 15,00 1,67 12 23



10 11 13 10

10 44 104 26,00 2,60 17 40





10

11 9 8 9 36 140 35,00 3,18 14 54





12 6 5 7 5 23 163 40,75 3,40 9 63



13 3 5 6 4 18 181 45,25 3,48 7 71



14 5 3 2 3 13 194 48,50 3,46 5 75



15 4 2 1 3 10 204 51,00 3,40 4 79



16 2 4 2 4 12 216 54,00 3,38 5 84



17 2 1 1 1 5 221 55,25 3,25 2 86



18 1 2 2 3 8 229 57,25 3,18 3 89



19 2 - - 1 3 232 58,00 3,05 1 90



20 2 1 2 - 5 237 59,25 2,96 2 92



21 - 1 1 - 2 239 59,75 2,85 1 93



22 2 1 2 - 5 244 61,00 2,77 2 95



23 2 - 1 1 4 248 62,00 2,70 2 97

24 - 1 1 1 3 251 62,75 2,61 1 98



25 1 2 - - 3 254 63,50 2,54 1 99



26 - - - - - 254 63,50 2,44 - 99



27 - - - - - 254 63,50 2,35 - 99



28 1 - - - 2 256 64,00 2,29 1 100



63 64 68 61

Totales 256 100





Ensayo

de 5 2 4 5 16

Corte









Cuadro 9.6



Cálculo del valor de germinación

(Métodos de (1) Czabator y (2) Djavanshir y Pourbeik)



Velocidad de

germinación

Días diaria (o

desde Porcentaje de Porcentaje de germinación ∑VGD/N

la germinación germinación media) ∑ No. de (Col. 5 ÷

siembra diario acumulado (Col. 3 ÷ Col. 1) VGD recuentos Col. 6)



1 2 3 4 5 6 7



8 7,25 7,25 0,91 0,91 1 0,91



9 7,75 15,00 1,67 2,58 2 1,29

10 11,00 26,00 2,60 5,18 3 1,73



11 9,00 35,00 3,18 8,36 4 2,09



12 5,75 40,75 3.40 11,76 5 2,35



13 4,50 45,25 3,48 15,24 6 2,54



14 3,25 48,50 3,46 18,70 7 2,67



15 2,50 51,00 3,40 22,10 8 2,76



16 3,00 54,00 3,38 25,48 9 2,83



17 1,25 55,25 3,25 28,73 10 2,87



18 2,00 57,25 3,18 31,91 11 2,90



19 0,75 58,00 3,05 34,96 12 2,91



20 1,25 59,25 2,96 37,92 13 2,92



21 0,50 59,75 2,85 40,77 14 2,91



22 1,25 61,00 2,77 43,54 15 2,90



23 1,00 62,00 2,70 46,24 16 2,89



24 0,75 62,75 2,61 48,85 17 2,87



25 0,75 63,50 2,54 51,39 18 2,86



26 0,00 63,50 2,44 53,83 19 2,83



27 0,00 63,50 2,35 56,18 20 2,81



28 0,50 64,00 2,29 58,47 21 2,78





(1) Método de Czabator

Valor de germinación = VGD final x valor máximo de VGD = 2,29×3,48 = 7,97



(2) Método de Djavanshir y Pourbeik

Valor de germinación = (∑VGD(N) final × (porcentaje de germinación acumulado final/10) = 2,78 × 6,4 = 17,79.

Contenido de humedad (ejemplo de semillas pequeñas <12% CH)



Peso tras Diferencia =

Peso original secado en contenido de % CH

estufa humedad



(g) (g) (g) (peso en húmedo)





Muestra 1 5,65 5,14 0,51







Muestra 2 4,92 4,47 0,45







La diferencia entre las dos muestras (0,12 por ciento) es inferior al 0,3 por ciento que

prescribe la ISTA, de manera que no es preciso tomar una nueva muestra.



Interpretación de los resultados

Es importante que los resultados de los ensayos lleven a adoptar decisiones y actuar.

Por ejemplo, un porcentaje de pureza inusualmente bajo puede indicar la necesidad

de efectuar una nueva operación de limpieza cuando se trata de una organización que

recolecta, procesa y almacena su propia semilla; o puede tener como resultado una

reclamación comercial si la semilla se ha comprado y la pureza es inferior a la

especificada por el vendedor. La determinación del contenido de humedad es un paso

necesario antes de decidir si un lote de semilla está ya en condiciones de

almacenarse inmediatamente o debe secarse aún más.



De la máxima importancia son las diversas medidas del potencial de germinación y

del número de plantas que pueden obtenerse de una unidad de peso de semilla. Esto

afecta tanto a la gestión del vivero como a la consecución de los objetivos de

forestación, pues permite perfeccionar, a luz de datos más precisos sobre los lotes de

semilla concretos que se van a utilizar en un determinado año, las estimaciones algo

generales de necesidades medias que figuran en el Cuadro 3.1 (página 36).



En los resultados de los ensayos de semillas aprobados por la ISTA no se predice en

modo alguno la supervivencia y mortalidad después de la fase de germinación. La

energía de germinación es la única medida que trata de cumplir esa función, pero

depende por completo de la elección subjetiva de un critero adecuado para definir el

período de energía. La extrapolación de los resultados de ensayo de semillas para

aplicarlos a la gestión de viveros no pertenece estrictamente al ámbito del presente

manual, pero merece la pena examinar brevemente esta cuestión debido a su vital

importancia para tratar la gestión de semillas no como un fin en sí mismo, sino como

parte de una cadena continua de operaciones en la que figuran la producción de

plantas y el establecimiento y gestión de plantaciones.



Entre los factores que debe tener en cuenta el viverista al trasladar los resultados del

ensayo de semillas a la producción en el vivero figuran los siguientes:



1) La germinación sobre el terreno en un vivero operacional suele ser distinta de la

germinación en los ensayos. Puede ser considerablemente inferior a la que se da en

las condiciones ideales de los ensayos de laboratorio, y también algo inferior a la que

se produce en los viveros de investigación. Debe diferir muy poco de los ensayos

efectuados en el mismo vivero previamente a las principales operaciones de siembra.

Wunder (1966) informó sobre las diferencias que se habían observado entre la

germinación en laboratorio y la germinación en vivero en ensayos efectuados en el

Sudán. Las diferencias variaban según la especie, y en algunos casos se veía más

afectada la velocidad de germinación que el número final de semillas germinadas.

Algunos ejemplos son los siguientes:



Germinación en Tratamiento previo

Germinación en

laboratorio % en

vivero % en días

Especie días









Acacia albida 76 60 70 60



Cedrela odorata 100 3 85 18



Prosopis chilensis 100 15 79 38 2 min. en H2SO4 conc.



Acacia raddiana 100 3 30 4 60 min. en H2SO4 conc.







La variación entre viveros puede estar relacionada con una serie de factores

climáticos, edafológicos o culturales diferentes. Por ejemplo, Roney y Brown (1978)

comprobaron que la germinación de Pinus ponderosa mejoraba en un 38 por ciento

cuando las semillas se cubrían con una capa de tierra arenosa de 1,5 cm en vez del

grosor habitual de 0,4 cm. La frecuencia del riego tiene también un efecto notable

sobre la germinación (Costales y Veracion 1978).



2. En los semilleros pueden producirse algunas pérdidas.

3. Durante el arranque o el trasplante pueden producirse algunas pérdidas.

4. En los semilleros de trasplante pueden producirse algunas pérdidas.

5. En el momento de la plantación pueden desecharse algunas de las plantas

supervivientes menos vigorosas.

Todos estos factores se combinan para hacer que el número de plantas plantables

que se producen por unidad de peso de semilla sea muy inferior al número de

semillas germinadas que arrojan los ensayos. El viverista debe incrementar en una

proporción equivalente la cantidad de semilla que siembra. Para expresar la

combinación de estos factores suele hablarse de “porcentaje de plantas” o “porcentaje

de árboles”. Este concepto se define en Ford Robertson (1971) como “el porcentaje,

en número, de semillas de una determinada muestra que se convierten en plántulas al

término de un período determinado, generalmente al término de la primera temporada

de crecimiento”. Bonner (1974) especifica que se trata de “plántulas plantables”, idea

que es fácil de entender, pues añade a la mera supervivencia los importantes

conceptos de utilidad y vigor. A efectos prácticos es preferible ampliar la definición de

manera que abarque todo el período de vivero, es decir, “el procentaje, en número, de

semillas que se convierten en plantas plantables (trasplantes o plántulas) al término

de un período determinado, generalmente al término del período de vivero en el

momento de la plantación en el campo”. Esto es mucho más apropiado para las

condiciones tropicales, donde muchas especies se arrancan en la primera semana

una vez germinadas y pasan después de 6 a 12 meses en semilleros de trasplante.



En la práctica, el registro de los rendimientos de plantas obtenidos en los años

anteriores en un determinado vivero es la base más útil para estimar la producción

futura de esa misma localidad (Aldhous 1972). Los registros basados en la producción

conseguida en otros tipos de suelo o en otras condiciones climáticas ayudan muy

poco. Cuando se carece de experiencia, como en los primeros años de los viveros

nuevos, solamente se pueden efectuar estimaciones aproximadas y un poco

aventuradas. En Zambia se aplicó un factor de reducción del 20 por ciento para cubrir

la diferencia que existía entre la germinación en laboratorio y la germinación sobre el

terreno en pinos y eucaliptos (Allan y Endean 1966), es decir, si los ensayos de

laboratorio indicaban que un kilogramo de semilla producía 100 000 plántulas

germinadas, se partía de que en el vivero se obtendrían únicamente 80 000; se aplicó

después un nuevo factor de reducción, del 10 por ciento en los pinos y el 15 por ciento

en los eucaliptos, para tener en cuenta las pérdidas que se producen en el arranque.

Se precisaría asimismo otro factor de reducción, no especificado, para tener en

cuenta las plántulas que se desechan en fases ulteriores. Paul (1972) propuso un

factor del 20 por ciento para las pérdidas en el semillero, más un 15 por ciento para

las plántulas perdidas y desechadas en el arranque y el trasplante. El factor de

recuperación en vivero, que convierte el porcentaje de germinación ofrecido por el

ensayo en porcentaje de plantas plantables, varía considerablemente en función de la

especie, el lote de semilla y el año. En Zimbabwe se ha adoptado provisionalmente un

factor de recuperación en vivero del 70 por ciento para los pinos y del 25 por ciento

para los eucaliptos, lo que equivale a unas pérdidas en vivero del 30 por ciento y el 75

por ciento respectivamente (Seward 1980). Seeber y Agpaoa (1976) han demostrado

que, en Pinus kesiya, cuanto más bajo es el porcentaje de germinación, tanto mayor

es la diferencia entre la proporción de semillas que germinan y las que se convierten

en plantas plantables.

Lote de semilla 1 Lote de semilla 2



Número de semillas puras por filtro 30 000 30 000



Porcentaje de pureza 95 95



Porcentaje de germinación 90 60



Porcentaje de plantas 60 30





Factor de recuperación en vivero

(%)





Número de plantas plantables/litro 30 000 × 0,95 × 0,60 = 17 30 000 × 0.95 × 0,30 = 8

de semilla 100 550







Wormald (1975) ha notificado que un estudio de una serie de países que

cultivan Pinus patula en grandes cantidades indicó un porcentaje de plantas de

alrededor del 33 por ciento, frente a un promedio del 80 por ciento en los ensayos de

germinación, lo que supone un factor de recuperación de aproximadamente el 45 por

ciento. Según este autor, “de estas cifras parece desprenderse que más o menos de

cada tres semillas que se siembran se obtiene una sola planta utilizable. Este dato

coincide bastante bien con los de la Comisión Británica de Silvicultura, que en los

últimos 15 años ha mejorado su recuperación de plántulas de una de cada diez a una

de cada cuatro (Gordon y Tee 1973)”. Esto confirma la afirmación de Goor y Barney

(1976) en el sentido de que “en realidad, en la práctica de vivero y de siembra directa,

esta cantidad (la cantidad de semilla que se necesita sobre la base de los ensayos de

germinación) debería duplicarse o triplicarse para compensar las pérdidas de

plántulas que se producen en los primeros años”. El factor de recuperación en vivero

debe basarse en la experiencia personal, pero no puede ser nunca muy preciso

debido a las caprichosas variaciones de las condiciones climatológicas, los lotes de

semilla, etc. Por esta razón, existe un límite a la precisión que se debe exigir a los

ensayos rutinarios (como opuestos a los ensayos de investigación) en el laboratorio.



Utilizando el ejemplo que figura en las páginas 340–341, el porcentaje de plantas

puede calcularse de la manera siguiente:



Factor de % de % de Semillas Plantas

recuperación germinación plantas germinables plantables

en vivero por kg por kg



Vivero 1

Experiencia de 0,65 82 53 19 800 12 900

muchos años en la

especie









Vivero 2

Nuevo, en un lugar

difícil y sin

experiencia en la

especie 0,33 82 27 19 800 6 500







Partiendo de la hipótesis de que ambos viveros tuvieran que cultivar 500 000 plantas,

el vivero l necesitaría:









Mientras que el vivero 2 necesitaría









Si las semillas se van a sembrar en semilleros para su trasplante ulterior (y no

directamente en macetas), además de calcular la cantidad total de semilla que se va a

sembrar el viverista tendrá que calcular el peso de la semilla que se va a sembrar por

semillero. Por ejemplo, en el caso de



Tamaño de un semillero = 10 × 1 m = 10 m2



Densidad final de plántulas deseada = 2 400/m2



Número de semillas/kg de semilla pura = 26 600



Porcentaje de pureza = 91% o 0,91



Porcentaje de germinación = 82% o 0,82



Tasa de recuperación en semillero esperada = 0,65



(Plántulas que sobreviven hasta el trasplante como

proporción de las semillas germinadas en función del

ensayo)

entonces se necesitará la tasa de siembra siguiente









El concepto de “kilogramo efectivo” de semilla, que se utiliza actualmente en varios

países, ha demostrado su utilidad a la hora de planificar programas de siembra y

calcular los precios de la semilla (Aldhous 1972). El “kilogramo efectivo” se define

como el peso de semilla de un lote determinado del que cabe esperar que produzca el

mismo número de semillas viables (tal como se usa en el Reino Unido) o de plantas

plantables (tal como se usa en Zimbabwe) que produciría un kilogramo de semilla

normalizada; ese número se determina respecto de cada especie hallando el

promedio de la experiencia anterior. En Zimbabwe se han establecido distintas cifras

de referencia de la recuperación de plántulas para (a) semilla de huerto semillero y (b)

semilla selecta y corriente; por ejemplo, en el caso de Pinus elliottii la recuperación de

referencia (= plantas plantables por kilogramo de semilla) es de 15 500 en la semilla

de huerto semillero y 14 500 en la semilla selecta o corriente (Seward 1980).



El factor de kilogramo efectivo (FKE) es el cociente que se obtiene dividiendo la

recuperación de referencia por la recuperación real de un determinado lote de semilla.

Puede calcularse de la manera siguiente:









En el ejemplo anterior (26 600 semillas puras/kg, factor de pureza del 91 por ciento o

0,91, factor de germinación del 82 por ciento o 0.82 y factor de recuperación en vivero

del 65 por ciento o 0,65), y partiendo de una recuperación de referencia de 15 000 kg,









Así pues, el FKE puede utilizarse, junto con el valor de referencia de la recuperación

de plántulas, para calcular el peso de la semilla que se necesita para obtener un

determinado número de plantas. La ecuación es la siguiente:









Por ejemplo, para obtener 1,5 millones de plantas del mencionado lote de semilla:

Estos 116 kg de peso real de semilla equivalen a 100 kg efectivos o 100 kg de semilla

de referencia. Solamente cuando FKE = 1,0 son idénticos al peso real de la semilla y

su peso efectivo.



En el caso de los eucaliptos y otras especies de semilla pequeña, en que no se

efectúa el análisis de pureza, la ecuación del FKE se modifica de la manera siguiente:









En el caso de E. grandis, el FKE de un determinado lote de semilla podría ser el

siguiente:









y la cantidad de semilla necesaria para obtener 1,5 millones de plántulas sería:









Repetición de ensayos

El ensayo principal de un lote de semilla se efectúa después de su procesamiento o

antes de almacenarlo o enviarlo directamente a los viveros. Cuando un lote de semilla

permanece almacenado durante un tiempo, es esencial repetir el ensayo de

germinación o viabilidad antes de utilizarlo, para comprobar que no se ha deteriorado

en ese período. Muchos centros de semillas repiten los ensayos anualmente,

separando previamente, en un pequeño recipiente, una muestra representativa del

conjunto del lote, y de esta manera evitan tener que abrir repetidamente los

recipientes donde está el grueso de la semilla. No es preciso repetir el ensayo para

determinar el porcentaje de pureza, y el de contenido de humedad debe repetirse

únicamente cuando existen motivos para pensar que en los recipientes cerrados se

han producido filtraciones.



Se han sugerido medidas especiales para el ensayo repetido de semillas agrícolas

que están almacenadas durante mucho tiempo con fines de conservación de recursos

genéticos (Ellis y otros 1980). Estos autores sugieren que, habida cuenta del gran

valor del germiniplasma almacenado y de la necesidad de evitar perder

innecesariamente partes de él en la realización de los ensayos, puede ahorrarse más

material mediante un sistema de toma de muestras sucesivas que con el método

oficial de la ISTA, consistente en réplicas de 4 × 100. El objetivo es detectar la pérdida

de viabilidad en las primeras fases del envejecimiento, es decir, en cuanto desciende

a un nivel inferior al 80–90 por ciento de la tasa inicial, e iniciar el rejuvenecimiento

plantando la semilla para que produzca una nueva generación. Este método estaría

igualmente indicado para la conservación de recursos genéticos forestales, aunque,

debido a que en los árboles el ciclo generacional es mucho más largo, la conservación

como plantas en crecimiento, frente a la conservación en forma de semilla, será más

importante que en los cultivos agrícolas.



Consideraciones especiales respecto de las semillas

recalcitrantes de los bosques higrofíticos tropicales

Muchos de los ensayos que se prescriben en el presente capítulo sólo son útiles si se

puede mantener viva la mayor parte de la semilla durante el período en que se

realizan ensayos sobre la muestra. Las semillas de la mayoría de las especies de los

bosques higrofíticos tropicales son recalcitrantes y pierden viabilidad con tanta rapidez

que los certificados de calidad están ya obsoletos cuando se emiten. En la práctica

normal, todas las semillas recalcitrantes se siembran en el vivero lo antes posible

después de su recolección (Ng 1983).



A efectos de documentación se suele mantener un registro de la germinación, que

está basado en una muestra aleatoria de las semillas que se siembran. Esta muestra

(un tamaño aconsejable es 50–100 semillas) se siembra aparte de las demás, en un

recinto protegido por tela metálica para impedir el acceso a pájaros, roedores y otros

animales. El medio (por lo general tierra) debe ser el mismo que se utiliza en la

germinación del resto de las semillas.



La germinación debe supervisarse a diario hasta que dejan de surgir gérmenes y el

investigador tiene la seguridad de que todas las semillas que no han germinado están

muertas. En la mayoría de las semillas del bosque higrofítico, se llega a este punto

final en el plazo de unas cuantas semanas, aunque puede haber bastantes sorpresas.

Habida cuenta de lo poco que se sabe sobre las semillas del bosque higrofítico, será

conveniente registrar el proceso de la germinación desde el principio hasta el final,

con independencia de su duración. Cualquier punto de interrupción que se establezca

arbitrariamente, por ejemplo el día 21 o el día 28, será demasiado restrictivo en la fase

exploratoria en la que se encuentra actualmente la investigación sobre las semillas del

bosque higrofítico.









APENDICE 1

DOCUMENTACION SOBRE SEMILLAS

La ausencia de registros exactos y suficientes menoscaba muy considerablemente el

valor de un servicio de semillas y de las plantaciones que contribuye a crear (Bowen

1980). Todas las fases del proceso de la semilla, desde la recolección sobre el terreno

hasta la siembra en el vivero, deben estar enlazadas por un sistema completo de

documentos. El número de formularios necesarios varía notablemente entre unos

países y otros, según las cantidades de semilla, el número de especies, el período de

almacenamiento y los métodos de ensayo, pero normalmente pertenecen a uno u otro

de los tipos siguientes:



1) “Estadísticas vitales”. La información sobre cada lote de semilla que todo usuario

piensa razonablemente que va a recibir junto con la semilla. Comprende el número de

identidad del lote, información sobre el origen de la semilla y su año de maduración y

una estimación de la calidad de la semilla (semillas viables por kilogramo o capacidad

de germinación).



2) Registros centrales. Información que se encuentra en la dependencia central, que

es decisiva para el funcionamiento eficiente de ésta y de la que se toman datos para

las “estadísticas vitales”, pero que normalmente no es preciso distribuir completa a los

usuarios. Comprende tarjetas de existencias de semilla, registro de números de

identidad, métodos y resultados pormenorizados de ensayos de semilla en laboratorio,

etc. Los datos de estos registros centrales, que se van acumulando a lo largo de los

años, son la base de los resúmenes de información técnica sobre las características,

en condiciones locales, de las principales especies de forestación desde el punto de

vista de la manipulación de la semilla.



3) Formularios de tipo correspondencia. Comprenden el tipo de solicitud de semilla o

notificación de envío que comienza “Se ruega que recolecten …” o “Con fecha de hoy

les he enviado …”, y que podría recogerse en una carta. Cuando se incrementa el

volumen del tráfico de semillas es aconsejable introducir formularios ya preparados,

en cuya cumplimentación se tarda menos que en redactar y mecanografiar cartas.

Con unos formularios bien diseñados se garantiza asimismo que no se omite por

descuido información importante, y además puede imprimirse el número de

ejemplares que se estime necesario.



4) Etiquetas. Para recipientes y paquetes de semilla.



En el presente apéndice se ofrecen ejemplos de diversos formularios sobre semillas

procedentes de varios países. En el Apéndice 1A figura un ejemplo de los formularios

que se han introducido recientemente en Sabah, basado a su vez en los sistemas que

se emplean en laboratorios de ensayo de semillas y servicios de distribución de

semillas de todo el mundo (Bowen 1980). En el Cuadro 2 que precede a los

formularios se indican la utilización y distribución de cada uno de éstos y la manera en

que se relacionan entre sí.



Aunque muchos países siguen un sistema muy parecido al de Sabah, hay muchas

posibilidades de variación según las condiciones locales. Al diseñar un sistema local

adecuado es necesario prestar especial atención a los puntos que se describen

seguidamente.

1) Datos sobre el origen de la semilla. El acopio y la distribución de información

suficiente sobre el origen de la semilla es uno de los fines más esenciales de todo

sistema de documentación en este ámbito. La importancia del origen en la semilla de

árboles forestales está hoy tan comprobada que ya no hay excusas para distribuir un

lote de semilla de por ejemplo Gmelina arboreasin proporcionar información sobre el

lugar en que se recolectó. No obstante, la cantidad de detalles que se precisan en un

documento sobre el origen de la semilla varía considerablemente según las

circunstancias. Cuando las recolecciones se efectúan en rodales o huertos semilleros

registrados y la semilla se va a utilizar dentro del propio país, puede bastar con

identificar el origen como “rodal semillero registrado T14, compartimento 9, bosque de

Loolmalassin”. En este caso es esencial que los usuarios de la semilla posean ya

información sobre esos rodales. Por ejemplo, en el Cuadro l del Apéndice 1A se

ofrecen detalles sobre rodales semilleros de tres frondosas de Sabah y se proporciona

al oficial encargado la base para que consigne el origen elegido cuando cumplimente

el formulario No 12, dedicado a la petición/expedición de semilla.



En el otro extremo están las recolecciones con fines de investigación de especies y

procedencias, que se efectúan en rodales relativamente inaccesibles dentro de la

distribución natural de una especie. Es posible que esos rodales no hayan sido

visitados anteriormente por equipos de recolección y que sea muy poco o nada lo que

está documentado sobre los rodales mismos o su medio ambiente. En estos casos los

registros sobre el terreno cumplen dos funciones principales (Kemp 1976):



a. Asegurar que toda persona que desee obtener más material o más datos

pueda localizar con exactitud el lugar en los años siguientes;

b. Proporcionar la información necesaria para interpretar los resultados de

estudios y experimentos basados en el material recolectado. La información

sobre las condiciones del lugar (clima, suelo, altura) y sobre la edad, forma,

vigor y composición de los rodales ha de ser detallada, ya que no existen

registros anteriores y volver a visitar los rodales puede ser difícil o costoso.



Las recolecciones a granel en bosques accesibles suelen ir acompañadas de una

información que en su grado de detalle es intermedia entre la de las recolecciones de

rodales semilleros registrados y la de las recolecciones con fines de investigación de

procedencias. Además de los datos sobre la ubicación precisa de la recolección, debe

proporcionarse información sobre la cantidad de frutos recolectados y el nombre de

recolector. Cuando se trata de recolecciones en plantaciones exóticas, es conveniente

añadir a la información sobre la ubicación de los padres inmediatos otra sobre la

fuente original de los ancestros del bosque natural (véase un examen de esta cuestión

en las páginas 34–37). Cuando es necesario comprar semilla a recolectores no

supervisados y analfabetos, el oficial forestal responsable debe tratar de definir al

menos la zona y fechas de la recolección mediante preguntas orales.



El Apéndice 1B comprende diversos ejemplos de hojas de datos sobre origen de

semillas, que reflejan la diversidad de detalle y formato de los formularios que utilizan

distintas organizaciones. Cabe observar que en algunos de los formularios se

combinan datos sobre el origen de la semilla con información sobre su extracción y

germinación. La posibilidad de combinar en el mismo formulario, en vez de varios

distintos, información procedente de varias operaciones sucesivas se analiza infra.



Cuando está vigente un sistema nacional o internacional de certificación de semillas,

el documento sobre el origen de la semilla se denomina “certificado de origen de

semillas” (COS) o “certificado de procedencia”, y la firma de una persona responsable

debe certificar que la información registrada en ese documento es correcta. En el caso

de sistemas internacionales como el de la OCDE (Organización de Cooperación y

Desarrollo Económicos), puede que haya solamente un COS. Esos sistemas de

certificación afectan a la autoridad oficial que se concede al documento de origen,

pero no comportan que la cantidad y el tipo de información registrada sean diferentes

de los que figuran en un documento menos oficial.



La información sobre el origen de la semilla es uno de los componentes más

importantes de las “estadísticas vitales” que deben recibir no sólo la instalación de

procesamiento y almacenamiento de la semilla, sino también el usuario de ésta.

Pueden adoptarse las medidas necesarias para enviar a todos los usuarios una copia

del documento original de origen correspondiente a cada lote. Los grandes centros de

semillas publican listas refundidas, y a veces computadorizadas, en las que aparecen

juntos en una misma página datos codificados sobre el origen de varios lotes. En el

Apéndice 1B5 figura un ejemplo de este tipo de salidas impresas de computadoras, en

este caso de Columbia Británica, mientras que 1C14 es un ejemplo australiano de

nota de envío y certificado de semillas que forma parte de otro sistema

computadorizado de registro de almacenes. Este sistema se ha descrito

recientemente (Wolf y Turnbull 1982). De una manera u otra, es esencial que todo el

que va a utilizar la semilla tenga pleno acceso a los datos sobre el origen de la misma.



2) Registro de costos. Cuando la recolección, el procesamiento y la utilización de la

semilla son efectuadas por dependencias que pertenecen todas a la misma

organización, como por ejemplo un servicio forestal nacional, puede que no sea

necesario registrar pormenorizadamente los costos de la recolección. No obstante,

aun en esos casos debe incluirse alguna indicación sobre la facilidad o dificultad de la

recolección; por ejemplo, en el FS2, en el Apéndice 1A, se solicita el número de días-

hombre necesarios para recolectar cada lote de semilla que está cubierto por una

notificación de recolección de fruto.



Cuando la semilla se va a vender al público es necesario registrar los costos de una

manera más pormenorizada y exacta, tanto si se ha comprado la semilla al exterior

como si la han recolectado equipos pertenecientes a la organización. En el Apéndice

1C1 figura un ejemplo de formulario para registrar los costos de la recolección de

conos. En el registro de existencias y salidas de semilla debe incluirse también un

resumen de los costos, como se indica en el FS5 del Apéndice 1A y en el Apéndice

1C8.

3) Números de identidad de la semilla. La mayoría de los lotes que llegan a un centro

de semillas posee ya un número, que puede ser el número de serie que figura en la

notificación de envío del fruto recolectado (FS2 del Apéndice 1A o el certificado de

origen de la semilla cuando se trata de semillas que son objeto de tráfico

internacional. Estos números, que van unidos tanto a los lotes de semilla nacionales

como a los que vienen del extranjero, pertenecen a distintos sistemas, y la experiencia

general aconseja que todos los lotes de semilla que se utilizan en un país se numeren

conforme a un sistema común, lo cual facilita la identificación y la localización rápida

de un determinado lote en todas las fases del proceso, desde la recepción hasta la

plantación sobre el terreno. Por consiguiente, todo lote de semilla que llega al centro

debe recibir en ese momento un nuevo número de identidad, con independencia de

que fuera numerado o no previamente en el momento de la recolección. En la mayoría

de los países la responsabilidad de asignar ese número de identidad recae sobre la

sección de semillas del servicio forestal nacional.



Una vez asignado el número de identidad, éste debe incorporarse a todos los

formularios que se refieran después a ese lote. Se puede comprobar, por ejemplo,

que en los formularios 5 a 15 del Apéndice 1A hay un espacio reservado para el

número de identidad oficial. En los almacenes que manipulan muchos lotes de semilla

es conveniente mantener un registro de los números de identidad, pues ayuda a

establecer con rapidez referencias cruzadas entre los datos sobre el origen de las

semillas y el registro de existencias y salidas. En el Apéndice 1C2, 3 figura un ejemplo

de un registro de ese tipo, con índices de número de serie y de especie, tal como ha

propuesto Cooling (1971). El método de numeración puede variar considerablemente.

El más sencillo es un sistema directo de números de serie basado en la fecha de

llegada de cada lote. Entre los sistemas más complicados figuran los que expresan en

forma codificada 1) la especie, 2) el origen geográfico, 3) el código genético, 4) el

número de serie, 5) la altura (Dobbs y otros 1976) y 6) el año de recolección. Cuanto

más sencillo sea el sistema de asignación de los números de identidad, tanto más

justificado está que se mantenga un registro.



4) Posibilidades de reducir el número de formularios. Se puede reducir el número de

formularios combinando en uno solo de ellos los resultados de varias operaciones

sucesivas. Las ventajas e inconvenientes relativos de contar con pocos formularios

pero largos frente a un mayor número de formularios cortos deben sopesarse

cuidadosamente en relación con la necesidad de ofrecer la máxima cantidad de

información útil y la mínima de información inútil a todas y cada una de las personas

que intervienen en la cadena de operaciones. Algunas de las posibilidades son las

siguientes:



1) En los centros de semillas grandes, donde el personal de almacenamiento y el de

ensayo (laboratorio) se encuentran en dependencias separadas, son necesarios los

documentos internos de transporte, como FS7 y FS8 del Apéndice 1A. En las

secciones pequeñas, en las que el mismo personal efectúa tanto las tareas de

almacenamiento/envío como las de ensayo, posiblemente no se precisen estos

formularios, y los detalles de los ensayos prescritos se pueden pasar directamente al

FS9 (Apéndice 1A). Lo mismo cabe decir de FS10 y FS11.



2) Se puede ahorrar algo combinando el resumen de los ensayos prescritos (FS9) con

el resumen de los resultados de los ensayos (FS11). En el Apéndice 1C12 figura un

ejemplo de esta posibilidad (Gordon 1981).



3) Al diseñar la hoja de datos original sobre el origen de la semilla se puede incluir el

espacio necesario para registrar en ella todas las “estadísticas vitales”, información

que debe conocer no sólo el personal del centro de semillas, sino también el usuario.

En el Apéndice 1A, el FS2 combina datos sobre la extracción con datos sobre la

recolección, lo que también ocurre en el Apéndice 1B3, mientras que en los

Apéndices 1B7 y 1B10 se incluyen también datos sobre la germinación, con lo que el

usuario tiene toda la información que necesita.



El sistema Viscard, de hojas cambiables, es un ingenioso método para combinar los

registros centrales pormenorizados que debe llevar el centro de semillas con las

“estadísticas vitales”, menos detalladas, que necesita el usuario de la semilla. Además

de la tarjeta con los datos de la recolección que figura en el Apéndice 1B8, hay otras

sobre la extracción (Apéndice 1C4), la germinación (1C5) y las existencias de semilla

(1C6). La tarjeta de recolección se archiva delante de las demás, pero por debajo

sobresalen las líneas inferiores de las tarjetas de extracción y germinación, donde

figuran los resúmenes de los resultados registrados en ellas. Así, mediante una

fotocopia de las tarjetas, como se observa en el Apéndice 1C7, se obtienen todas las

“estadísticas vitales” necesarias de un determinado lote, fotocopia que se incluye en

los envíos de semilla a los usuarios (Bryndum 1975). La información pormenorizada

que figura en las tarjetas de extracción, germinación y existencias se guarda en el

registro central del centro de semillas.



5. Varios. El Apéndice 1C9 es un ejemplo de un certificado internacional de ensayo de

semillas de la ISTA. Su utilización está indicada en los laboratorios autorizados que

realizan ensayos de calidad de la semilla sobre una muestra presentada por una

organización exterior. Se refiere únicamente a la calidad de la semilla tal como viene

determinada por su pureza, germinación y contenido de humedad. Salvo el nombre de

la especie, los detalles sobre el origen de la semilla, aunque conocidos por el cliente,

no competen al laboratorio y por lo tanto no se registran.



El Apéndice 1C10 es un ejemplo de formulario para ensayos de germinación que se

utiliza en Australia con la semilla de eucalipto, en la cual son más adecuadas las

réplicas de igual peso que las de igual número de semillas (Boland y otros 1980). Los

resultados se expresan en términos de semillas viables por unidad de peso, y no hay

información sobre el porcentaje de germinación o el peso de 1 000 semillas puras.

Este formulario podría ser adecuado para otras especies de semilla muy pequeña.



En las páginas 44–50 se hizo hincapié en la necesidad de valorar la abundancia de la

producción de semilla antes de la recolección. Cuando los resultados de esa

valoración local han de notificarse a una oficina central de control, es conveniente

utilizar un formulario diseñado con ese fin. El Apéndice 1C11 es un ejemplo de

formulario para examinar y evaluar la producción de conos que se utiliza en Columbia

Británica (Dobbs y otros 1976).



APENDICE 1A

EJEMPLO DE SISTEMA INTEGRADO DE FORMULARIOS PARA EL

REGISTRO DE DATOS SOBRE SEMILLAS, UTILIZADO EN SABAH

SISTEMA DE REGISTRO DE SEMILLAS - SABAH



Fuente: Bowen 1980



Cuadro 1. Rodales semilleros del centro de investigación forestal

Superficie del

Edad del rodal

Especie Lugar rodal

(años)

(hectáreas)



1. Gmelina arborea Gum Gum 0,80 14,0



Kolapis 1,20 11,0



Umas-Umas 0,26 11,0



Apas Road Mile 9 0,20 12,0



Sandakan Rd. Mile 65 0,20 11,5



Sibuga 7U 0,20 19,5



2. Albizzia falcataria Sandakan Rd. Mile 65 1,00 15,0



Gum Gum 0,90 12,0



S.T.C. Mile 6 0,10 14,0



Umas-Umas 0,10 11,5



Apas Road Mile 9 1,00 15,0



3. Eucalyptus deglupta Gum Gum 5 K 0,19 11,5

Gum Gum 1,00 10,0



Kolapis 1Q 1,00 10,5



Kolapis 72 A 15,00 8,0





Cuadro 2. Resumen de formularios y uso

Formularí Nombre del No. de Emitido Observacion

Fase Dirigido a

o No. formulario copias por es



1 Antes de la 1 Petición de 2 Oficial de Jefe del El oficial de

. recolección recolección de semillas equipo de semillas

fruto recolección conserva

una copia



2 Después de la 2 Notificación de 3 Jefe del 1 Oficial de El jefe del

. recolección la recolección de equipo de . semillas (2 equipo de

fruto recolecció copias) recolección

n conserva

una copia



3 Etiquetas para las Jefe del 2 Planta de La etiqueta

sacos de necesari equipo de . extracción va dentro y

recolección as recolecció (2 copias fuera del

n por cada saco

saco lleno)



3 Limpieza y 4 Registro de 1 Planta de Uso interno Se utiliza

. secado extracción de extracción para

(Extracción) semilla completar el

formulario 2



2 Notificación de 1 Planta de Almacenista Se utiliza

la terminación extracción para

de la recolección empezar el

de fruto formulario 5



4 Almacenamien 5 Registro de 1 Almacenis Uso interno Se empieza

. to existencias y ta utilizando el

salidas de formulario 2

semilla



6 Etiquetas para las Almacenis Una por cada La etiqueta

recipientes de necesari ta recipiente va dentro y

semilla en as almacenado fuera del

almacenamiento recipiente



5 Toma de 7 Sobre/para 1 por Almacenis Laboratorio Se utiliza

. muestras traslado de muestra ta de ensayos para

muestras de completar el

semilla para formulario 9

ensayos de

germinación y

pureza



8 Formulario para 1 por Almacenis Laboratorio Se utiliza

traslado de muestra ta de ensayos para

muestra de completar el

semilla para formulario 9

análisis del

contenido de

humedad



6 Ensayo de 9 Hoja de registro 1 Laboratori Uso interno Se completa

. semillas de ensayo de o con los

muestras formularios 7

y8



10 Formulario para 1 por Laboratori Uso interno Se utiliza

ensayos de muestra o para

germinación y completar el

pureza y análisis formulario 11

de humedad



11 Resumen de 1 Laboratori Almacenista Se utiliza

resultados de los o para añadir

ensayos datos al

formulario 5



7 Semilla 12 Formulario de 4 Viverista Oficial de Los archivos

. enviada al petición/expedici semillas del vivero

vivero ón de semilla conservan

una copia



2 Oficial de Almacenista El oficial de

semillas (dos copias) semillas

conserva

una copia



1 Almacenis Viverista Se expide

ta con la

semilla. El

almacenista

conserva

una copia

para

completar el

formulario 5



13 Lista de 1 Oficial de Uso interno Se compila

comprobación semillas con los datos

de pedidos de del

semilla formulario 12



14 Registro de 2 Almacenis Viverista Se expide

germinación en ta con una

vivero copia del

formulario 12



8 Vivero 14 Registro de 2 Viverista Oficial de Se

. germinación en semillas cumplimenta

vivero y devuelve

una copia

una vez que

las plantas

han crecido

en el vivero.

El viverista

conserva

una copia



9 Envío de 15 Informe sobre 2 Oficial de Organizacion El oficial de

. semilla a ensayo de semillas es externas semillas

organizacione germinación final conserva

s externas una copia









Formulario de

Centro de Investigaciones Forestales, Sepilok

semillas 1

Número de

Sección de Semillas.

serie ............





Nota de petición de recolección de fruto



De: Oficial de semillas



A: Jefe del equipo de recolección



Se ruega que recolecten el fruto que se detalla a continuación



Firma ...........................................................................................



Fecha ..........................................................................................



1. Especie:



2. Fecha en que debe iniciarse la recolección:



3. Lugar:



4. Compartimiento No.:



5. Debe recolectarse

en ............................................................................................................................. ........

........................................ árbol(es)



6. Cantidad (número de sacos, peso del fruto, etc.)



7. Observaciones:









Instrucciones para su utilización:



Este formulario se cumplimenta a razón de dos copias por cada recolección:



la copia No. 1 la conserva el oficial de semillas,

la copia No. 2 la conserva el jefe del equipo de recolección.



Centro de Investigaciones Forestales, Sepilok Formulario de semillas 2



Sección de Semillas. Número de serie ............



(mismo número que en el formulario 1)





Notificación de envío del fruto recolectado



De: Jefe del equipo de recolección



A: 1) Oficial de semillas



2) Encargado de la extracción



El fruto que se detalla a continuación se le envió

en ............................................................................................................................. .......

sacos el

día............................................................................................................................. ........

............................................................................................



Firma ..........................................................................................

Fecha .........................................................................................



1. Especie:

2. Fecha(s) de recolección:

3. Lugar:

4. Compartimiento No.:

5. Número de árboles en que se recolectó:

6. Observaciones (dificultad de la recolección, número de días-hombre, retrasos

debidos a las condiciones climatológicas, etc.):



A cumplimentar por la planta de extracción de semillas



7. Fecha de recepción:

8. Número de sacos recibidos:

9. Peso del fruto recibido:

10. Semillas extraídas kg ...................... g ....................... (rendimiento por kg de

fruto) ...........................................................................................)

11. Método de extracción:

12. Fecha de envío al almacén de semillas:

Firma ..........................................................................................

Fecha .........................................................................................



A cumplimentar por el almacén de semillas



13. Fecha de recepción:

14. Peso de la semilla recibida:

15. Número de identidad oficial asignado:

16. Fecha en que se incluye en el registro de existencias de semilla:



Firma ..........................................................................................

Fecha .........................................................................................



Instrucciones para su utilización:



Se cumplimentan tres copias de este formulario por cada recolección:



la copia

la conserva el jefe del equipo de recolección.

No. 1



la copia

la conserva la planta de extracción.

No. 2



la copia una vez completada por la planta de extracción y el almacenista, se envía al

No. 3, oficial de semillas.





Formulario de semillas 3







Etiqueta para sacos de recolección



De:

Recolector ..............................................................................................................................

......................





Especie:





Lugar de la recolección:

Fecha de la recolección:





Saco No. .......................................... de ......................................... sacos





Número de serie de

recolección ..........................................................................................................................

(mismo número que en formularios 1 y 2)









Escríbase en el reverso la dirección del destinatario









Una esta parte al saco









1

Rellenar la cara de ambas etiquetas.

.





2

Separar las etiquetas.

.





3

Meter una etiqueta en el saco y atar la otra en la parte exterior del mismo.

.







Formulario de semillas 3 (reverso)



A: Planta de extracción De:

de semillas de Recolector .....................................................................



1) Sepilok* Especie:



2) Otras Lugar de la recolección:



Fecha de la recolección:



Saco

No. ............................... de ............................... sacos



Número de serie de

recolección .............................................



(mismo número que en los formularios 1 y 2)









Escribir en el reverso la dirección del destinatario









Cortar por aquí



* Tachar lo que Meter esta etiqueta dentro del saco.

proceda; si se trata de

otro destinatario,

escribir con claridad

su dirección.









Centro de Investigaciones Forestales, Sepilok Formulario de semillas 4



Sección de Semillas.





REGISTRO DE EXTRACCION DE SEMILLA



A ................... Mes: ........................... Año: ..................



No. Especi Orige Fecha Cantida Peso Peso de Rendimient Fecha Observacione

de e n de d de del la semilla o por peso de s

seri recepció fruto fruto procesad de fruto envío al

e n recibida recibid a g/kg almacé (Método de

(sacos) o kg n de secado,

kg semilla condiciones

climatológicas

, etc.)

Centro de Investigaciones Forestales, Sepilok Formulario de semillas 5



Sección de Semillas,





REGISTRO DE EXISTENCIAS Y SALIDAS DE SEMILLA

Especie: Cantidad Costo de la

No. de identidad oficial: pedida: ........................ kg semilla ........... ringgits

No. de serie (recolecciones (calculado a partir del

locales): Cantidad número de díashombre) en

recibida: ...................... kg recolección y extracción





Fecha de recepción:



No. de pedido (si se compra Expedidor: Costo del transporte,

en almacén): importación, etc.



........................ ringgits



Origen (completo): Total ........................ ringgits



Costo por kg



Condiciones de Procesamiento en almacén Reservas de calidad

almacenamiento ..... °C (en su caso): declaradas:



Recipiente:







ENSAYOS DE LABORATORIO



No. de

No. de semilla Semilla Contenid

No. de Purez Germinació semilla s s Factor de o de

ensay Fech a n s puras viables vacías conversió humedad Observacione

o a % % por kg por kg % n % s

ASIGNACIONES



No. de Enviado a

nota de (Nombre y Unidad Cantidad Resto en

Fecha petición dirección): (g o kg) expedida existencias Observaciones



Existencias

iniciales









Formulario de semillas 6

Centro de Investigaciones Forestales, Formulario de semillas 7



Sepilok







Muestra para ensayos de pureza y germinación: Sobre de transporte

De: Almacén de semillas A: Laboratorio de ensayos





Especie: ...........................................................................................................................

...........................................................................................



Número de identidad

oficial: ...............................................................................................................................

.........................................................



Muestra

No. .......................................................... de ............................................................,

que pesa .............................................................. g y



representa ............................................................. kg de semilla

en ................................................................... recipientes de almacenamiento.

Fecha de la toma de la muestra .........................................................



Muestra tomada por ...........................................................................



Este sobre debe archivarlo, una vez utilizado, el oficial de semillas.



Centro de Investigaciones Forestales, Sepilok Formulario de semillas 8



Sección de Semillas.





Muestra para análisis del contenido de humedad, formulario de

transporte

De: Almacén de semillas A: Laboratorio de ensayos





Especie: ................................................................................................................



Número de identidad oficial: ..................................................................................



Muestra

No. ........................................................... de ........................................................., que

pesa ................................................................ g y



representa ..................................................................... kg de semilla

en .............................................................. recipientes de almacenamiento.



Fecha de la toma de la muestra .........................................................................



Muestra tomada por .............................................................................................



Nota: 1) Este formulario debe colocarse, de manera que no pueda desprenderse, en

el recipiente hermético que contiene la muestra.



2) Al recibirlo, el oficial de semillas debe archivarlo con fines de registro.



Centro de Investigaciones Forestales, Sepilok Formulario de semillas 9



Sección de Semillas.





Hoja de registro de ensayos de muestras

Especie No. de Peso Fecha Muestra para: Fecha de Especificación

identidad No. de de la de 1) terminación del

oficial ensayo muestra llegada germinación/pureza del ensayo procedimiento

2) contenido de del ensayo

humedad, %

Willian, R.L. (s.f.). Guía para la manipulación de semillas forestales. Consultado el 5 de agosto de

2009, desde: http://www.fao.org/docrep/006/ad232s/ad232s01.htm


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