Docstoc

Historia de la Iglesia Edad Antigua

Document Sample
Historia de la Iglesia Edad Antigua Powered By Docstoc
					Historia de la
Iglesia: Edad
  Antigua


        Apuntes elaborados por Isaac Vidal




                                        1
Bibliografía recomendada




Manual recomendado:
Historia de la Iglesia: época antigua.
Autor: Llorca – Montalbán
Editorial: B.A.C.

Libro de lectura recomendado:
La vida cotidiana de los primeros cristianos.
Aldabert Hamman
Editorial: Palabra.




                                                2
     Introducción.
     La Iglesia evoluciona. La historia estudia el desarrollo de lo que cambia, se
estudia la historia del hombre, porque la transmisión de conocimiento y de todo
entre hombres se da en la historia, tiene un comienzo y un final, no hay ciclos como
creían griegos y romanos. La Iglesia hace presente a Dios en la historia.
      Biografía: historia de la vida de una persona.
      Historia particular: historia de la relación de un hombre con su entorno
cercano.
      Historia universal: historia de la relación de un hombre con el mundo. La de
todos los tiempos y pueblos del mundo.
      Historia profana: historia de lo que sucede y cuyo fin está dentro del mundo.
      Historia de la religión: historia de lo que sucede y cuyo fin está fuera del
mundo, es un fin sobrenatural.

    Iglesia.
    Tiene una organización externa para manifestar y funcionar como institución,
con unas creencias, una misma fe y doctrina para mantener la unidad de sus
miembros y hacer que consigan la salvación eterna.
     Tiene un elemento divino: Dios y la Gracia que es permanente y del cual no se
puede hacer historia.
    Tienen un elemento humano: los hombres que forman la Iglesia. y que hacen
    obras buenas que corresponden a lo que quiere el Espíritu Santo y otros han
    hecho y hacen el mal y pecan. Por eso la Iglesia es Santa por el elemento divino
    pero los hombres son pecadores por su naturaleza caída.




                                                                                  3
 Tema –1 Divisiones de la historia de la Iglesia:
A- Cronológico: por fechas.

Edad Antigua: extensión de la Iglesia por el mundo greco-romano.
1º: Fundación (33 d.C.) hasta 313 d.C. (edicto de Milán por Constantino)
2º: Del 313 d. C. al 6º Concilio Ecuménico y 4º Concilio de Constantinopla (680
d.C.)

Edad Media:
1º: Del 680 d.C. al 1073 d.C. con el Papa Gregorio VII
2º: Desde el Papa Gregorio VII (1073 d.C.)
3º: Del 1307 al 1517 con el protestantismo.

Edad Moderna:
1º: Del 1517 al 1789 con la Revolución francesa
2º: Del 1789 hasta hoy 2005

B- Objetiva:
1.- Historia externa: relación de la Iglesia con otras sociedades: otras religiones y
estados y sistemas políticos.
    2.1.- Historia de su constitución: profundización en el conocimiento de los
elementos inmutables de la Iglesia en la historia.
    2.2.- Conducción de sus miembros a la salvación:
          2.2.1.- Consejos evangélicos: vida monástica.
          2.2.2.- Sacramentos y culto, liturgia.
          2.2.3.- Historia de los dogmas y Concilios.
          2.2.4.- Historia de la catequesis.
          2.2.5.- Historia del derecho canónico.

C- Clasificación de Fuentes literarias:
1.- Por autor:
    1.1.-Divinos: Biblia.
    1.2.- Humanos:
          1.2.1.- Privados: cartas, epístolas,<
          1.2.2.- Públicas: decretales episcopales, documentos conciliares,<
2.- Por su fin:
    2.1.- Documentos o reliquias.
    2.2.- Narraciones de hechos:
          2.2.1.- Primarias: con testigos.
          2.2.2.- Secundarias: por terceros.
3.- Por la forma:
    3.1.- Escritos.
    3.2.- Orales.
    3.3.- Monumentales: objetos.

                                                                                   4
     Tema – 2 Orígenes de la Iglesia

   Preparación para el cristianismo en el paganismo y el judaísmo.

      La Iglesia se expande gracias a las persecuciones. Hay elementos negativos en el
mundo pagano en cuanto a la moral, sociedad, religión y filosofías paganas.
    Religión pagana: en el imperio romano había democracia religiosa intolerante, o
    sea, dictadura religiosa. Había tres tipos de culto a los dioses:
     Sacra privada: religión de cada familia.
     Sacra profesional: dioses patronos de cada oficio.
     Sacra pública: en el imperio la sociedad, la política y la religión eran lo mismo
e iban siempre juntas. Era el culto de cada ciudad a unos dioses para conseguir la
“pax deorum”, para que los dioses no se enfadaran e hicieran la guerra a los
hombres, para protegerse y aplacar a los dioses. Se celebraba en un lugar público o
en la calle fuera del templo. Se daba culto al dios antes de hacer cualquier acto
público para conseguir su favor. Quien no rinde culto al dios es un enemigo de la
sociedad y hay que eliminarlo porque si pasa algo malo en la ciudad será por culpa
de ese que no ha rendido culto al dios. Por eso los cristianos estaban perseguidos por
ir en contra de la “pax deorum” y del emperador que era considerado otro dios.

    Sacerdotes paganos:
      Eran los intermediarios entre los dioses y los hombres y solo debían saber hacer
bien los sacrificios a los dioses sin necesidad de ninguna formación, Eran renovados
del cargo cada año o dos y elegidos por los gobernantes. No había ética derivada de
la religión ni valores humanos ya que la religión no decía a nadie como debía
comportarse bien solo servía para aplacar a los dioses. La filosofía sí decía como
comportarse para hacer el bien.

   Religiones mistéricas:
     Vienen de oriente, Egipto, Asiria,< Desde Asiria tuvo mucha influencia el dios
Mitra porque en esa religión se habla de salvación, lo que espera todo hombre. Los
romanos seguían las religiones mistéricas porque éstas decían que salvaban, había
sacerdotes con formación religiosa y que la daban a la población, había una relación
personal del hombre con la divinidad aunque solo era para hombres, no para
mujeres y había voto de secreto, por eso se llaman mistéricas, pero se conoce lo que
hacían gracias a los conversos. En los inicios de la Iglesia había el secreto del Arcano,
por el cual no se iba contando lo que hacían los cristianos a los paganos porque éstos
y los catecúmenos no lo entenderían porque les faltaba la fe. Las catequesis
mistagógicas son aquellas en las que se explicaban sacramentos a recién bautizados.

   Filosofía pagana:
     Se hablaba griego en el imperio romano como lengua oficial culta y el latín lo
usaban los ignorantes como lenguaje vulgar y normal. La filosofía romana es de mala

                                                                                       5
calidad comparada con la griega a la cual copiaron, aunque principalmente
estudiaban ética. Es pesimista respecto el hombre pues considera que éste no puede
conocer a Dios y escéptica respecto de Dios. Las personas cultas viven la hipocresía
porque no creen pero practican y aceptan que haya religión porque ayuda a
mantener el orden público aunque creen que hay que desmitificar la religión y no
creer en Dios.

   Escuelas:
    Epicureismo: basada en el placer.
    Estoicismo: basada en el panteísmo, el logos divino en la naturaleza y el
      hombre que con la razón sigue a Dios hasta un estado de “ataraxia”,
      impasibilidad frente al dolor y placer donde solo le mueve la razón. Filósofo
      estoico famoso: Séneca.
    Neoplatonismo: Plotino y Porfirio. Plotino interpreta la carta de los tres reyes
      (tres principios) de Platón como una divinidad (primer principio) que a la vez
      es trina pero con subordinación por este orden: uno, logos y alma del mundo.

    Sociedad:
      Hay desigualad según la clase social:
          1- Clarissimi: senadores y curiales (alcaldes de ayuntamiento), cargo y
        estado social por nacimiento.
          2- Equites: gente rica que conseguían un buen puesto por nombramiento
        imperial o por dinero.
          3- Plebs: ciudadano romano, pueblo.
      Estos tres estados sociales eran ciudadanos romanos con derechos y acceso a la
ley. Luego estaban los esclavos, sin derechos, los cuales eran como cosas. El honor y
fama personal se debían al oficio o empleo según la clase social a la que se
perteneciese o al cargo que se ostentase no a los méritos personales.
      No hay una idea de persona y había corrupción que era hacer lo contrario que
el resto de la gente. El jefe de la familia era el padre, “pater familias”, quien mandaba
sobre todos y decidía cual era la religión de la familia. En la época romana la
esclavitud era algo normal que no se podía quitar de la sociedad ni de la forma de
pensar de la gente, pero el cristianismo propone un buen trato, humano, justo y legal
para con los esclavos. La moralidad de la época estaba basada en la inmoralidad, el
lujo, el poder, los abusos, la riqueza,<, mientras que la plebe era contentada con pan
y circo, gladiadores, muertes de cristianos, diversiones violentas,<

    Preparación positiva:
        1) Unidad del imperio y mundo conocido gracias a buenas vías de
comunicación y lengua común, el griego koiné, que facilitó la expansión del
cristianismo.
        2) Religiones mistéricas con una relación personal del dios con el hombre,
esperanza de salvación, sacerdotes, formación, <



                                                                                       6
       3) Tendencia al monoteísmo: creen en un dios superior a los demás que
gobierna todo y se simplifica el culto religioso al culto público y a las religiones
mistéricas. En ello influye el judaísmo, el cristianismo y las religiones mistéricas. Se
convierten al cristianismo judíos y paganos prosélitos, cercanos a los judíos en su
rito.

   Elementos positivos de la filosofía:
     El estoicismo y el platonismo son las filosofía más seguidas, había la creencia de
que la doctrina más antigua era la verdadera y lo nuevo era falso, eso se lo
reprochaban a los cristianos, pero éstos replicaban que ellos eran anteriores a las
demás filosofías porque Moisés y los patriarcas eran anteriores a Platón.

    Pueblo judío y venida del cristianismo:
      Hay un auge y esplendor del pueblo de Israel con los reyes Saúl, David y
Salomón (1000 a.C.), en el pueblo elegido por Dios, Él les da su ley, escribe su historia
con la revelación de Dios y la conciencia de la elección divina.
      División: 962 a.C. entre el reino de Judá e Israel. Hay una rotura de la Alianza
con Dios que implica el mal para el pueblo. Dios siempre es fiel pero el pueblo no. En
el 725 a.C. se deporta a Siria a los judíos. Entre el 596 y el 587 a.C. los judíos viven la
deportación de Nabucodonosor. Los macabeos luchan contra la ocupación romana
en el 68 a.C. en la época de Pompeyo. Poncio Pilato es procurador de Israel del 26 al
26 d.C., y en el 37 a.C., sube al trono Herodes el Grande. En el 6 d.C. se unen las
provincias del norte y sur con un solo procurador romano.

   Partidos en Israel:
     Sanedrín con 71 miembros, saduceos, fariseos y escribas que hacen justicia a
asuntos no importantes y no pueden condenar a muerte. El sanedrín es dominado
por cuestiones políticas, exaltación patriótica contra la ocupación romana,<
    Fariseos: significa pueblo separado, porque se ven como escogidos
      especialmente y como directores espirituales del pueblo y cuidan la ley, ésta
      tiene 600 preceptos que viven hipócritamente porque no cumplen con lo que
      predican. Son de clase media.
    Saduceos: son de clase alta, escépticos, influenciados por el helenismo, niegan
      las almas separadas del cuerpo y la resurrección. Viven una moral utilitarista
      con gran influencia y con dinero. Esperan un Mesías politizado.
    Pueblo: nivel bajo moralmente, hay una élite, unos pocos, un resto piadoso
      llamado hija de Sión, de donde nace Jesús. Esperan un Mesías no politizado,
      sino divino, salvador de almas y de las personas.
    Judíos de la dispersión o diáspora: en Roma un 10 % de la población son
      judíos que viven en un gueto. En Alejandría vive el judío Filón quien se da
      cuenta de que la Sagrada Escritura no se puede leer de modo literal, porque se
      antropomorfiza a Dios y anima a usar la filosofía griega para interpretar la
      Sagrada Escritura pero usa el sentido alegórico excesivamente. (Es de la
      escuela de Alejandría)


                                                                                         7
      Al contactar con otros pueblos hay evangelización de los judíos a la otra gente,
hay una continuidad entre Israel y la Iglesia porque los prosélitos paganos se
convierten antes que los judíos. El cristianismo es el seguimiento de Cristo, persona
que vive siempre y está presente en la Iglesia y con la cual se unen este mundo y el
cielo. Cristo llega en la plenitud de los tiempos, esto es un misterio, pero es el
momento elegido por Dios para que Cristo venga al mundo, por ser el momento más
adecuado según su sabiduría y planes.

   Fundación de la Iglesia:
     El Reino de Dios está dentro de cada persona, en su interior, no es algo político.
Cristo da poder a Pedro para gobernar la Iglesia y ésta y la fuerza de Dios se
manifiestan en Pentecostés. Los seguidores de Jesús eran los doce apóstoles, los 72,
varias mujeres y otras personas, eran gente sin formación y la Iglesia es algo que
humanamente es imposible que se sostenga solo, pero sí con la ayuda de Dios, hay
un cambio radical en los apóstoles después de Pentecostés y la venida del Espíritu
Santo sobre ellos. En Pentecostés se convierten 3000 personas por la predicación de
Pedro.

    Vida de los cristianos en Jerusalén:
      Había conversiones frecuentes, unidad entorno a la Virgen y entre ellos, ayuda
a los necesitados pues se compartían las cosas entre ellos libremente, teniendo todo
en común, las cosas eran entregadas como ofrendas y distribución de los donativos,
primero lo hicieron los apóstoles pero luego los diáconos. Vivían la ley mosaica y los
fariseos les odiaban porque los cristianos eran diferentes.
      Nadie se juega la vida por la predicación de un muerto y de algo futuro, los
cristianos se jugaban la vida por la predicación de Cristo vivo y de la vida futura
verdadera. Pedro y Juan no se pueden callar de lo que han odio y visto y como el
cristianismo es algo de Dios no se disuelve. El sanedrín detiene a los doce apóstoles
sucesivamente, azotan a Juan y Pedro y los sueltan y ellos gozan por sufrir por
Cristo. Luego el sanedrín persigue y martiriza a Esteban.

   Judeocristianismo
   Simplificaciones
     Danielou dice que el judeocristianismo es todo lo que existe en la Iglesia y que
no viene del helenismo.
     Baur dice que es un invento de Pablo o de Santiago el menor.
     Los ebionitas fundan el judeocristianismo que son una secta no cristiana.

      El judeocristianismo no es un cristianismo que antes fue judío, no son
conversos, ni lo cristianos de la zona de Palestina. Los primeros conversos al
cristianismo venían del judaísmo casi todos. Los prosélitos o temerosos de Dios son
los paganos próximos a convertirse al judaísmo, vivían como judíos aunque eran
cristianos, con unas tradiciones y forma de vida ligada al judaísmo que no se quitan


                                                                                     8
de golpe. Los libros sagrados cristianos no lo eran para los judíos, éstos cierran el
canon bíblico porque los cristianos usaban libros revelados de los judíos para el
canon cristiano.
     En la sinagoga, el rabino leía los libros en hebreo, los traducía al leerlos al
arameo e incluía sus comentarios, esta es la exégesis que hacían, la midrás. El
problema para los judeocristianos es cómo incorporar los paganos al cristianismo:
directamente o con ritos judíos previos. Los cristianos que antes eran fariseos estaban
en contra de la entrada de los paganos en el cristianismo sin cumplir la Ley, la Toráh.
Pablo escribe la carta a los Gálatas tratando este tema, la justificación por la fe,
porque antes otros cristianos habían dicho a algunas comunidades evangelizadas por
Pablo que había que cumplir la ley mosaica y el bautismo y Pablo se queja diciendo
que solo es por la justificación por la fe, no hace falta la Toráh. Hay una persecución
contra Pablo, Lucas escribe los Hechos de los Apóstoles donde resaltan Pablo y Pedro
para mostrar la validez de la predicación de Pablo y defenderle.
     Pablo prueba que tiene autorización para predicar de parte de Pedro y Santiago,
el hermano de Jesús, y Juan, las columnas de la Iglesia. La Iglesia primitiva de
Jerusalén tiene diversa corrientes teológicas: (De más judeocristiano a menos)

            - Santiago: judeocristianismo (Ev. Mateo)
            - Pedro: Ev. Marcos (conciliador entre Santiago y Pablo)
            - Pablo: apóstol, Ev. Lucas y Hechos de los Apóstoles
            - Juan: Ev. Juan

      Las herejías surgen en los extremos, por ir más allá del Ev., de Juan y del Ev., de
Mateo. Pedro mantiene la unidad y es figura de Cristo. Santiago habla del
cumplimiento de las promesas en el Antiguo Testamento, pero más allá de Santiago
está la herejía de los ebionitas, con una cristología baja donde Cristo es solo hombre
poseído por el Espíritu Santo a partir de su bautismo y lo abandona antes de la
Pasión.
      Más allá de Juan, que habla de la divinidad de Cristo, están las herejías de los
gnósticos y docetas quienes niegan la humanidad de Cristo, es una cristología alta
con Dios con forma de hombre.
      Los ebionitas son sectarios que están de acuerdo con el bautismo porque dicen
que sustituye al sacrificio sangriento judío y no aceptan nada que sea sacrificio, solo
adoran en espíritu y verdad. En la Eucaristía usan pan salado y agua, no usan vino
porque se convierte en la sangre de Cristo, circuncidan en sábado, el centro de su
culto es el bautismo, no la Eucaristía y el pecado más grave es el deseo de riqueza.
Son austeros, vegetarianos, afirman la monogamia, permiten el divorcio hasta siete
veces y creen en una escatología inmediata. Escriben los evangelios de los nazarenos,
hebreos y ebionitas.

    Cristianismo y mundo gentil:
     En el 37 d. C. hay una persecución y los cristianos salen de Jerusalén, el diácono
Felipe va a Samaría donde encuentra a Simón, el mago que quiere comprar a Pedro el


                                                                                       9
poder que tiene de parte de Dios. Felipe encuentra a un etíope, siervo de la reina de
Etiopía, que es prosélito del judaísmo y se convierte al cristianismo.
      En Antioquia los seguidores de Cristo son llamados por primera vez cristianos.
(38 - 39 d.C.) Pedro va a Cesarea donde encuentra al centurión Cornelio. Hay una
persecución el 42 d.C. que inicia Herodes Agripa para estar a bien con los fariseos y
los saduceos, persiguiendo a los apóstoles, mata a Santiago el mayor y apresa a
Pedro que es liberado por un ángel. En el 44 d.C. muere Herodes Agripa y los
apóstoles se extienden por el mundo.




                                                                                  10
     Tema – 3 La expansión del cristianismo:

      En el 66 d.C. hay una sublevación de Eleazar en Israel por parte de los celotes,
judíos armados contra Roma. El emperador Tito declara la destrucción de Jerusalén
en el 70 d.C., pero para entonces los apóstoles ya estaban fuera de Jerusalén, estaban
en Pella en el 68 d.C. Roma destruyó Jerusalén al estilo romano pagano.

    Capas sociales
      El cristianismo se extiende entre todo tipo de gente, primero entra la gente
sencilla, humilde y pobre y luego entre gente noble y culta como Dionisio
Areopagita, la familia Flavia, el procónsul de Creta, etc., entre los que se convertía
antes la mujer que el marido. En el s. II la gente ilustrada como Justino se convertían
y también los clarissimi. Hay cristianos entre los funcionarios del César y también en
el ejército aunque al principio no querían estar en el ejército los cristianos porque
todo soldado debía hacer un sacrificio al dios y el emperador, el sacramentum, pero
luego deja de existir tal sacramentum y el ejército se pobló de cristianos que llevan el
cristianismo a otras tierras.

    Geográficamente
      Se extiende al norte, hacia Siria y Antioquia, el primer lugar donde se llaman
cristianos a los seguidores de Cristo, Chipre, Asia menor, Grecia, norte de África,
Cartago,<
        1- Roma, Italia: desde Siria a Roma por las vías romanas, comunidades en
Pompeya (77 d.C.), obispos en Italia y Grecia en el s. II
        2- Galias, Francia: San Pablo al pasar a España (Tarragona) pasa por las
Galias, a Marsella. En el s. II en Lyón hay cristianos y se celebra el Concilio de Arles
en el 315 d.C.
        3- Islas Británicas: San Gregorio Magno en el s. II. Hay obispos en Londres y
York en el 315 d.C.
        4- España: en el 180 d.C., San Ireneo habla de las comunidades cristinas
españolas. En el 250 d.C., San Cipriano, obispo de Tarraco, resuelve un problema en
la diócesis de Astorga y Mérida.
        5- África del Norte: San Agustín (370-430 d.C.) celebra un concilio provincial
anual con 300 obispos. Empieza el derecho canónico con Tertuliano, San Cipriano,<
El norte de África es evangelizado desde Roma.

      Hay misioneros itinerantes que provienen de Asia menor, hay cristianos fuera
del imperio en Mesopotamia y Persia, esto se sabe por los Hechos de lo Apóstoles y
Pentecostés donde se cuenta que había gente escuchando a Pedro de dentro y fuera
del imperio. No hay predicación en la India.

   Factores favorables
     Buena comunicación en el imperio, el cristianismo tiene el mensaje de salvación
que la religión del imperio no da, se ve que hay mal y la conciencia y la religión

                                                                                     11
pagana no dan respuesta el mal. Como todos quieren salvación, el cristianismo y las
religiones mistéricas dan salvación universal y atraen.
      Fuerza de la verdad, coherencia de vida, lo lógico y racional del cristianismo, da
respuesta a cualquier duda del hombre, frente a cualquier otra religión. El
cristianismo satisface dudas humanas, pero hace falta fe y razón, entender lo que se
cree y dar respuesta razonable de la verdad.
      Elevada moralidad de los cristianos ante la inmoralidad, esclavitud,
explotación, extorsión, mal comportamiento general del pueblo pagano,... La fe
influye en la vida, la coherencia de vida y la fe dan sentido a las obras.
      Ejemplo heroico de los mártires los cuales tienen un valor que está por encima
de la propia vida. Mártir significa testigo. Nadie da la vida por una mentira, pero
como los mártires dan la vida por Dios, que es algo superior al hombre, atraen al
resto de población.

    Obstáculos a la conversión
      Judíos: no se dan cuenta de que ha llegado el Mesías y lo matan.
      Paganos: adoradores de dioses falsos, fanáticos y sacerdotes. (Paganos que
ofician por dinero)
      Clase intelectual y filósofos: no entendían la cruz que es una locura, necedad y
escándalo, ni entendían la caridad. No entienden la búsqueda del dolor, los valores
cristianos que no son paganos porque la ley pagana es inhumana. Persona, servicio,
igualdad, honradez, moral,< son solo valores cristianos.

   San Pedro
      Va a Antioquia, allí es obispo del 36 al 37 d.C. antes de ser obispo de Roma. Van
a Antioquia Pablo y Bernabé, en la primera carta de Pedro dice que saluda a la Iglesia
de Babilonia, o sea, Roma. San Clemente romano dice en el 96 d.C., que Pedro y
Pablo son el mejor ejemplo entre nosotros, o sea, que Pedro estuvo en Roma. San
Ignacio de Antioquia escribe a los romanos hablando sobre Pedro y Pablo.
      La Iglesia de San Sebastián en Roma está donde estuvo la casa de Pedro. La
basílica de San Pedro alberga la tumba de San Pedro del s. I

    San Pablo
      Su nombre de pila es Saulo, antes de convertirse, nace en Tarso de Cilicia, a los
18 años presencia el martirio de Esteban, es discípulo del rabino Gamaliel, aprende el
judaísmo de la diáspora y el helenismo, de temperamento muy fogoso, convencido y
activo, se convierte al cristianismo mientras va camino de Damasco a apresar y matar
a todos los cristianos que encuentre. Una luz celestial le deja ciego temporalmente y
una voz le pregunta “¿Saulo, Saulo, por qué me persigues?” indicando que Cristo es
la Iglesia. Pablo rendido va al jefe de la Iglesia en Siria, Ananías, allí se bautiza, es
presentado a los cristianos e íntegro en su cristianismo vive una conversión radical,
va tres años al desierto a orar y a hacer penitencia para perfeccionarse. Va a Damasco
donde los judeocristianos no le quieren y debe huir, va a Jerusalén y Bernabé les
presenta a los apóstoles. (39 – 40 d.C.) Habla con Pedro y Santiago el menor,


                                                                                      12
evangeliza a los gentiles, va a Tarso, donde Bernabé lo busca (41 – 42 d.C.) para que
le acompañe a Antioquia a organizar la Iglesia de allí, dos o tres años después es
ordenado obispo con Bernabé.

    Primer viaje
      De Antioquia a Chipre con Bernabé y Marcos (46 d.C.) porque Bernabé es
chipriota, en Pafos está el mago Parfesus, se convierte el gobernador Sergio-Paulo, va
a Perge de Panfilia. Marcos se vuelve a Jerusalén y deja a Pablo, quien lo sintió
mucho pero va a Antioquia de Pisidia con Bernabé, a Iconio, Listra y Derbe. Va a las
sinagogas a anunciar que se ha cumplido la ley en Jesucristo pero es rechazado por
los judíos y debe ir a evangelizar a los gentiles, vuelve por el mismo camino donde
va ordenando presbíteros. En el 49 d.C., en Antioquia, los judeocristianos confundían
a los gentiles conversos y Pablo debe reñirles y arreglar los problemas de esa Iglesia.
Se celebra un concilio en Jerusalén (49 – 50 d.C.) donde la idea de Pablo gana para
que no se imponga la ley mosaica a los gentiles convertidos al cristianismo. Sí les
imponen no participar en banquetes sacrificiales idólatras, prohíben comer carne o
sangre de animales ahogados y los pecados de la carne.

    Segundo viaje: (50 - 53 d.C.)
      De Tarso va a Antioquia, Derbe y Listra con el converso Timoteo, a Iconio,
Antioquia de Pisidia donde un ángel le prohíbe que se quede, va a Troade y se le une
Lucas que es médico, va a Macedonia (Europa) y en Filipos convierte a una matrona,
Lidia y a su familia. Va a la cárcel, donde convierte al carcelero y deja conversos
cristianos, va a Tesalónica donde predica y convierte pero los judíos le persiguen, va
a Atenas al Areópago, convierte a Dionisio el Areopagita y va a Corinto, la ciudad
más rica del oriente europeo donde estuvo un año y medio., lucha con todos,
convierte a Crispo, jefe de la sinagoga, escribe cartas a Tesalónica, va a Jerusalén a
cumplir un voto y vuelve a Antioquia.

      Tercer viaje (54d.C.)
      Va con Tito, de Antioquia a Asia menor, a Éfeso donde estuvo dos años y
medio, trabajando para vivir, convierte a los discípulos de Apolo, gente de artes
mágicas y éstos le persiguen, escribe a los cristianos de Galacia y Corinto. Va a
Troade, Macedonia, recibe a Timoteo. (Las cartas de San Pablo no siempre son
escritas directamente por él, tiene copistas, Pablo y otros solo firman) Pablo va a una
prisión para romanos en Cesarea y el gobernador lo remite a la prisión de
Trastaberne en Roma con un soldado que le custodia, escribe desde Roma.
Persecución de Nerón, escribe cartas pastorales a Tito y Timoteo. Muere en el 67 d.C.

   Juan Evangelista
      Predica en Éfeso, está en Jerusalén con Pedro hasta la asunción de la Virgen.
Vive la persecución de Domiciano en el 96 d.C., en Roma lo ponen en aceite
hirviendo y sobrevive y al final es desterrado en Patmos donde muere ya muy
anciano.


                                                                                    13
     Santiago el menor
     Es cabeza de la Iglesia en Jerusalén, pariente de Jesús, autor de la epístola de
Santiago. Hay testimonios de su muerte en el 62 d.C., al ser tirado del pináculo del
templo y apedreado, lo explica el pagano Flavio Josefo.

    Primado del Papa
      Los racionalistas decían que no había primado romano pero el primado de San
Pedro está desde los inicios. Tras la muerte de San Pedro el Papa fue Clemente
Romano quien escribe una carta los corintios tratando con tono autoritario varios
temas y esta carta se leyó en el futuro y en varias Iglesias.
      San Ignacio de Antioquía llama a la Iglesia de Roma la que está a la cabeza de
las Iglesias y les escribe. San Ireneo (190 d.C.) dice: “propter potentiorem
principalitatem”, por su preeminencia o principalidad m{s poderosa. “Potentiorem”
indica ejercicio de poder. A la Iglesia de Roma deben unirse las demás Iglesias
porque hay una tradición apostólica que se va transmitiendo, es la sede de Pedro y
sus sucesores.
      Ya en el 190 d.C., los papas ejercen poder en toda la Iglesia. El Papa San Víctor I
trata el tema de la fecha de la Pascua. El fundamento de la unidad es que el obispo de
Roma tenía poder en toda la Iglesia, era el Papa. Es necesario para el ecumenismo
volver a los primeros mil años de la Iglesia. Hay que matizar el ejercicio del papado.
      San Cipriano fue obispo de Cartago. En el 250 d.C., el papa fue Cornelio y en el
257 d.C., el Papa fue Esteban. El primado es romano porque Pedro va a Roma y
muere en Roma.



    Iglesias locales
      Si una iglesia es muy grande en una ciudad, se amplía en el campo y se hacen
las iglesias más pequeñas, éstas se llaman diócesis. (los “corepíscopos” son los
obispos de las aldeas que ayudan al obispo, son obispos auxiliares)
      Cada diócesis tienen autonomía completa, el obispo es sucesor de los apóstoles,
sucesor de Cristo en la diócesis y su poder está subordinado al Papa. El obispo
metropolitano es el obispo de diversas diócesis que conforma una provincia eclesial,
es como el arzobispo actual.
      Las Iglesias patriarcales son Roma, Antioquía, Alejandría y Jerusalén. En el
norte de África hay una provincia eclesiástica, con obispo metropolitano en Cartago
y entre 60 y 80 obispos de diversas diócesis que se reunen en sínodos anuales.

   Profetas
     La gente debía dar a los profetas las primicias de la tierra y éstos tenían
primacía por encima de los sacerdotes. Algún profeta es obispo, como San Ignacio de
Antioquía, San Policarpo de Esmirna, Melitón de Sardes, los hijos de Felipe,<
     En el 180 sigue habiendo profetas y carismas del Espíritu Santo con dones de
profecía, lengua, discernimiento,< Se pensaban que los profetas hablaban con


                                                                                      14
familiaridad con Dios. Los falsos profetas son charlatanes de los cuales los cristianos
son prevenidos pues hay mucho falso profetismo que anuncian el milenarismo y
amenazas del último día o Apocalipsis, como el hereje Montano,<

   Confesores
     Los que han sufrido tormento en una persecución contra los cristianos pero sin
morir, son muy estimados y se les reconoce como si fueran autoridades eclesiales,
son los confesores de la fe. Alguno erró creyendo que podía perdonar los pecados,
pero solo los presbíteros y obispos podían hacerlo. Los confesores daban billetes de
recomendación a los obispos para que readmitieran a los “lapsi” en la Iglesia, pero
luego algunos se excedieron en sus funciones y empezaron a absolver pecados.

   Viudas, vírgenes y ascetas
     Eran los cristianos continentes, vivían el celibato laical, no un monacato, sino
que son seglares que deciden vivir el celibato como don de Dios y desprendiéndose
de todo, hacen penitencia. No abandonan a las familias. Las vírgenes son las
llamadas hermanas agapetas, amigas del “matrimonio” espiritual, con un cristiano,
pero al final esto se prohibió en el concilio de Elvira.

    Deberes civiles
      Los cristianos vivían como el resto de los ciudadanos en la vida normal con sus
deberes civiles. La vida no va contra su dignidad de cristianos, pero no trabajaban en
oficios relacionados con la idolatría, como orfebres, plateros, gladiadores,
comediantes, enseñanza de autores, obras y religión pagana porque debían enseñar
mitos y dioses paganos. En el s. IV hay la paz constantiniana, hay casas con figuras
de ídolos y escrituras cristianas. Al final se pierde la idea de que las estatuas son
ídolos o demonios y se ven solo como valor artístico.
      Los primeros cristianos no querían ser soldados porque entrar en el ejército
exigía el sacramentum, un sacrificio a un dios pagano. Los cristianos rehúsan cortarse
el pelo y la barba, las mujeres maquillarse, viven unas diversiones sanas y buenas,
deporte serio y moderado, gimnasia, caza, pesca y rechazan ir al circo, al
anfiteatro,<

    Matrimonio
      Hay una asistencia del sacramento matrimonial por la cual no se podía casar un
cristiano con un gentil. También se permite la ruptura matrimonial si uno de los
cónyuges va a perder la fe. Se condena el desprenderse de los hijos, matarlos,
echarlos, el aborto,< Se estima en mucho la virginidad que surge entre los laicos,
dando muy buen ejemplo y se usa en la apología el voto de la virginidad, desde el s.
III, entendido como una doctrina alta. Hay matrimonios que acuerdan vivir
virginalmente en el matrimonio, se hacen abstenciones de comer carne o beber vino,
hacen obras de caridad, servicio a los demás, atención a los pobres, enfermos,
necesitados, no se rechaza la esclavitud porque era algo normal en la época pero en



                                                                                    15
las familias cristianas se trataba a los esclavos como a hermanos. También hubo
abusos y vicios, enriquecimientos fraudulentos, comercio ejercido por clérigos,<




                                                                             16
Tema – 4 Fragmentos de textos cristianos de la primera época

        Justino, Diálogo con Trifón, 47-49: [47,1] Y Trifón preguntó de nuevo: –Y si
uno quiere guardar la ley mosaica, a sabiendas de ser cierto lo que tú dices, si bien,
claro está, reconociendo que Jesús es el Cristo, creyéndole y obedeciéndole, ¿ése se
salvará? Y yo [contesté]: –Según a mí me parece ¡oh Trifón! –le respondí-, afirmo que
ese tal se salvará, a condición de que no pretenda que los demás hombres, quiero
decir, los procedentes de las naciones que están circuncidados del error por
Jesucristo, deban guardar de todos modos lo mismo que él guarda, afirmando que de
no guardarlo, no puede salvarse; que es lo que tú hiciste al comienzo de nuestros
razonamientos, afirmando que yo no me salvaría si no observara vuestra ley.
        [47,2] Y él replicó: –¿Por qué dijiste «según me parece», sino porque hay
quienes dicen que los tales no se salvarán? Yo respondí: –Los hay, Trifón, y hay
quienes no se atreven a dirigir la palabra ni a ofrecer su hogar a esos tales; pero yo no
convengo con ellos; que si por la flaqueza de su inteligencia siguen aún ahora
guardando lo que les es posible de la ley de Moisés, aquello que sabemos que fue
ordenado por la dureza de corazón del pueblo, como juntamente con ello esperan en
Cristo y quieren guardar lo que es justo y piadoso eterna y naturalmente y se dedican
a convivir con los cristianos y creyentes y no intenten, como dije, persuadir a los
demás a circuncidarse como ellos, a guardar los sábados y demás prescripciones de
la ley, estoy con los que afirman que se les debe recibir y tener con ellos comunión en
todo, como hombres de nuestro sentir y hermanos en la fe. [47,3] Aquellos, en
cambio. ¡Oh Trifón! –proseguí–, de vuestra raza que dicen creer en Cristo, pero
pretenden obligar a todo trance a los que han creído en Él de todas las naciones a
vivir conforme a la ley de Moisés, o que no se deciden a convivir con éstos; a ésos,
digo, tampoco yo los acepto como cristianos.
        [47,4] Sin embargo, a los que éstos persuaden a que vivan conforme a la ley,
supongo que tal vez se salven, con tal que conserven la fe en el Cristo de Dios. Los
que sí afirmo que no pueden absolutamente salvarse son los que, después de
confesar y reconocer que Jesús es el Cristo, se pasan por cualquier causa a la vida de
la ley negando a Cristo, y no arrepintiéndose antes de la muerte. Y de modo igual
afirmo que no han de salvarse, por más que sean descendencia de Abrahán, los que
viven según la ley, pero no creen antes de su muerte en Cristo, y sobre todo aquellos
que en las sinagogas han anatematizado y anatematizan a los que creen en este
mismo Cristo, para alcanzar la salvación y librarse del castigo del fuego.
        [48,1] ... Porque [afirma Trifón] decir que ese vuestro Cristo preexiste como
Dios antes de los siglos, y que luego se dignó nacer hecho hombre, y no es hombre
que venga de hombres, no sólo me parece absurdo, sino necio.
        [48,4] Porque, amigos [dice Justino], hay algunos de vuestro linaje, que lo
confiesan como el Cristo, pero afirman que es hombre nacido de hombre, con los
cuales no estoy de acuerdo, ni aun cuando la mayor parte de los que piensan como
yo dijieran eso. [49,1] Y Trifón dijo: –A mí personalmente me parece que dicen cosas
más creíbles los que afirman que éste fue hombre y que por elección fue ungido y

                                                                                      17
hecho así Cristo, que no vosotros al decir lo que tú dices (trad. D. Ruiz Bueno, Padres
Apologistas Griegos, Madrid 1979, BAC 116, pp. 379-382).



       Ireneo, Adversus haereses I,26,2: Los llamados ebionitas admiten, ciertamente,
que el mundo ha sido creado por el verdadero Dios, pero en lo concerniente al Señor
profesan las mismas doctrinas que Cerinto y Carpócrates. Utilizan únicamente el
evangelio según Mateo y rechazan al apóstol Pablo, acusándole de apostatar de la
Ley. Se aplican con gran minuciosidad a exponer las profecías. Se circuncidan y
perseveran en las costumbres propias de la Ley y en el modo de vida judío, hasta el
punto de venerar a Jerusalén, puesto que la consideran Casa de Dios (trad. J.
Montserrat Torrents, Los Gnósticos, I, Madrid 1983, pp. 219-220).



       Ps.-Hipólito, Refutatio, VII,34: Los ebionitas admiten ciertamente que el
mundo ha sido creado por el verdadero Dios, pero en lo concerniente a Cristo
profesan las mismas doctrinas que Cerinto y Carpócrates. Se conducen de acuerdo
con las costumbres judaicas; profesan la justificación por la Ley y afirman que el
mismo Jesús fue justificado por su observancia. Por esto fue llamado Cristo de Dios y
Jesús, pues ninguno de los otros dio cumplimiento a la Ley. De este modo, si
cualquier otro cumpliera los preceptos.

      CORRESPONDENCIA ENTRE PLINIO EL JOVEN Y TRAJANO

        Plinio el Joven, Epist. X,96 (carta a Trajano): Señor, es norma mía someter a tu
arbitrio todas las cuestiones que me ofrecen motivo de duda. ¿Quién mejor para
encauzar mi incertidumbre o para saldar mi ignorancia? Nunca he llevado a cabo
pesquisas sobre los cristianos (cognitionibus de christianis interfui numquam): no sé,
por tanto, qué hechos o en qué medida han de ser castigados o perseguidos. (2) Y
harto confuso (me he preguntado) si no se da discriminación en punto a la edad o si
la tierna edad ha de ser tratada de modo diverso a la adulta; si se debe perdonar a
quien se arrepiente, o bien si a quien ha sido cristiano hasta la médula (qui omnino
christianus fuit) le ayuda algo el abjurar; si se ha de castigar en razón del mero
nombre (nomen), aun cuando falten actos delictivos, o los delitos (flagitia)
vinculados a dicho nombre. Entre tanto, he aquí cómo he actuado con quienes me
han sido denunciados como cristianos (qui ad me tamquam christiani deferebantur).
(3) Les preguntaba a ellos mismos si eran cristianos (an essent christiani). A quienes
respondían afirmativamente, les repetía dos o tres veces la pregunta, bajo amenaza
de suplicio; si perseveraban, les hacia matar. Nunca he dudado, en efecto, fuera lo
que fuese lo que confesaban, que semejante contumacia e inflexible obstinación
(pertinaciam certe et inflexibilem obstinationem), merece castigo al menos. (4) A
otros, convictos de idéntica locura, como eran ciudadanos romanos, hacia los
trámites pertinentes para enviarlos a Roma. Y no tardaron, como siempre sucede en
estos casos, al difundirse el crimen (diftundente se crimen) a la par que la indagación,
en presentarse numerosos casos diversos. (5) Me llegó una denuncia anónima que

                                                                                     18
contenía el nombre de muchas personas. Quienes negaban ser o haber sido cristianos
(qui negabant esse se christianos aut fuisse), si invocaban a los dioses conforme a la
fórmula impuesta por mí, y si hacían sacrificios con incienso y vino ante tu imagen,
que a tal efecto hice erigir, y maldecían además de Cristo (male dicerent Christo) –
cosas todas que, según me dicen, es imposible conseguir de quienes son
verdaderamente cristianos (qui sunt re vera christiani)– consideré que debían ser
puestos en libertad. (6) Otros, cuyo nombre había sido denunciado, dijeron ser
cristianos y lo negaron poco después (esse se christianos dixerunt et mox
negaverunt); lo habían sido, pero luego habían dejado de serlo, algunos hacia tres
años, otros más, otros incluso veinte años atrás. También todos estos han adorado tu
imagen y la estatua de los dioses y han maldecido de Cristo (et Christo male
dixerunt). (7) Por otra parte, ellos afirmaban que toda su culpa y error consistía en
reunirse en un día fijo antes del alba y cantar a coros alternativos un himno a Cristo
como a un dios (quod essent soliti stato die ante lucem convenire carmenque Christo
quasi deo dicere secum invicem) y en obligarse bajo juramento (sacramento) no ya a
perpetrar delito alguno, antes a no cometer hurtos, fechorías o adulterios, a no faltar
a la palabra dada, ni a negarse, en caso de que se lo pidan, a hacer un préstamo.
Terminados los susodichos ritos, tienen por costumbre el separarse y el volverse a
reunir para tomar alimento (rursusque coeundi ad capiendum cibum), común e
inocentemente. E incluso de esta práctica habían desistido a raíz de mi decreto por el
que prohibí las asociaciones (hetaerias), conforme a tus órdenes. (8) Intenté por todos
los medios arrancar la verdad, aun con la tortura, a dos esclavas que llamaban
servidoras (ministrae). Pero no llegué a descubrir más que una superstición irracional
y desmesurada (superstitionem pravam et inmodicam). (9) Por ello, tras suspender la
indagación, recurro a ti en busca de consejo. El asunto me ha parecido digno de
consulta, sobre todo por el número de denunciados: Son, en efecto, muchos, de todas
las edades, de todas las clases sociales, de ambos sexos, los que están o han de estar
en peligro. Y no sólo en las ciudades, también en las aldeas y en los campos se ha
propagado el contagio de semejante superstición. Por eso me parece que es preciso
contenerla y hacerla cesar. (10) Me consta con certeza que los templos, desiertos
prácticamente, comienzan a ser frecuentados de nuevo, y que las ceremonias rituales
(sacra sollemnia) hace tiempo interrumpidas, se retoman, y que se vende por doquier
la carne de las victimas que hasta la fecha hallaba escasos compradores. De donde es
fácil deducir qué muchedumbre de hombres podría ser sanada si se aceptase su
arrepentimiento.
        Plinio el Joven, Epist. X,97 (respuesta de Trajano): Caro Segundo, has seguido
acendrado proceder en el examen de las causas de quienes te fueron denunciados
como cristianos (qui christiani ad te delati fuerant). No se puede instituir una regla
general (in universum aliquid), es cierto, que tenga, por así decir, valor de norma fija.
No deben ser perseguidos de oficio (conquirendi non sunt). Si han sido denunciados
y han confesado, han de ser condenados, pero del siguiente modo: quien niegue ser
cristiano (qui negaverit se christianum esse) y haya dado prueba manifiesta de ello, a
saber, sacrificando a nuestros dioses, aun cuando sea sospechoso respecto al pasado,
ha de perdonársele por su arrepentimiento (veniam ex paenitentia impetret). En


                                                                                      19
cuanto a las denuncias anónimas, no han de tener valor en ninguna acusación, pues
constituyen un ejemplo detestable y no son dignas de nuestro tiempo.



      REACCIÓN PAGANA CONTRA EL CRISTIANISMO
      Reacción de los intelectuales

        Luciano de Samosata, De morte Peregrinii, 11: «Entonces fue cuando
[Peregrino] aprendió a fondo la maravillosa sabiduría de los cristianos, tratando en
Palestina con sus sacerdotes y escribas. ¿Y qué decir? En breve tiempo, eran éstos
unos chiquillos a su lado; él era el profeta, thiasarca, presidente de la sinagoga; en
una palabra, él era todo. De los libros unos los comentaba y explicaba, otros
componía él de su propia cosecha y en gran número, y llegaron a considerarlo como
un dios, lo tenían por su legislador y lo nombraron su presidente. Por lo menos (los
cristianos) aun ahora dan culto a aquel gran hombre que fue puesto en un palo en
Palestina, porque él fue quien introdujo en la vida esta nueva iniciación. 12. Entonces
justamente vino Proteo a ser prendido por ese motivo y fue a parar a la cárcel;
incidente que no le valió poco prestigio para adelante en orden a sus trampantojos y
su ambición de gloria, que era su uníco deseo. Comoquiera apenas estuvo
encarcelado, los cristianos, considerando el caso como común desgracia, no dejaban
piedra por mover para librarlo; mas ya que esto no fue posible, todos los otros
cuidados le fueron prodigados en abundancia y con empeño. Era de ver cómo desde
muy de mañana rodeaban la cárcel unas pobres vejezuelas, viudas y ninos huérfanos.
Los principales de entre ellos, sobornando a los guardias, llegaban a dormir con él
dentro de la prisión, y allí se daban sus espléndidos banquetes, a par que se leían sus
discursos sagrados. El excelente Peregrino –que aún guardaba ese nombre– era por
ellos llamado un nuevo Sócrates (...). 13. Y es que se han persuadido estos infelices,
en primer lugar, de que han de ser absolutamente inmortales y vivir para siempre,
por lo que desprecian la muerte y el vulgo se entrega a ella voluntariamente. Luego,
su primer legislador les hizo creer que son todos hermanos unos de otros, una vez
que, como transgresores, han negado a los dioses helénicos y adoran en cambio a
aquel sofista suyo empalado, y viven conforme a sus leyes. Desprecian, pues, todas
las cosas por igual, y todo lo tienen por común, y todo esto lo aceptan sin prueba
alguna fidedigna. Así pues, si se presenta a ellos un charlatán, conocedor de los
hombres y que sepa manejar las cosas, inmediatamente podría hacerse muy rico,
embaucando a gentes idiotas».

      Fragmentos del Discurso Verídico del filósofo pagano Celso (conservados por
Orígenes)
      Orígenes, Contra Celso, II,55: Después de esto, dice el judío de Celso a sus
compatriotas que creen en Jesús: "Pues sí, vamos a creer que eso se os ha dicho. Pero
¿cuántos otros no nos vienen con prodigios semejantes para persuadir a los bobos
que los escuchan, haciendo granjería del embuste? Ahí está un Zamolxis, criado que
fue de Pitágoras, y el mismo Pitágoras en Italia, y Rapsinit en Egipto, de quien se


                                                                                    20
cuenta nada menos que haber jugado a los dados con Deméter en el Hades y que
subió de allí con un pañuelo de oro como regalo de ella; a los que hay que añadir a
Orfeo entre los odrisas, a Protesilao en Tesalia, a Heracles en el Ténaro, y a Teseo.
Mas lo primero que habría que examinar es si realmente alguna vez resucitó alguien,
muerto de verdad, con su propio cuerpo. ¿O es que pensáis que lo de los otros es
puro cuento, y así lo parece, pero que vosotros habéis hallado un desenlace más
verosímil y convincente de vuestro drama: aquel grito que lanzó sobre el madero en
el momento de expirar, el terremoto y las tinieblas? ¡Y no veis que, vivo, no pudo
socorrerse a sí mismo, para que resucitara después de muerto y mostrara las señales
de su suplicio y las manos tal como habían sido taladradas! ¿Y quién vio todo eso?
Una mujer histérica, como decís, y algún otro de la misma cofradía de hechiceros, o
bien lo soñara por alguna disposición especial de su espíritu, o bien según su propio
deseo, se lo imaginara con mente extraviada; cosa, por cierto, que ha sucedido a
infinitas gentes; o, en fin, lo que es más probable, quisiera impresionar a otros con
este prodigio y dar, con parejo embuste, ocasión a otros charlatanes mendicantes".
        Orígenes, Contra Celso, II,63: Después de esto, ataca Celso la Escritura de
forma que no debe desdeñarse, y dice: "Si Jesús quería realmente hacer ostentación
de poder divino, debiera haberse mostrado a los que lo insultaron, al juez que lo
condenó a muerte y a todo el mundo en absoluto".
        Orígenes, Contra Celso, VIII,38: Luego apunta algo que, o no oyó a ningún
cristiano, o sólo a alguno sin ley ni formación, y afirma que dicen los cristianos: "Pues
yo me acerco a la estatua de Zeus, de Apolo o de cualquier otro dios, blasfemo de
ellos y les doy puñetazos, y no se vengan en absoluto".
        Orígenes, Contra Celso, VIII,41: Luego, imitando a vejezuelas, entre un
chaparrón de injurias, dice así: "Tú, insultando las estatuas de dioses, te ríes; quizá no
te fueras tan alegre de haber insultado a Dioniso o a Heracles en persona. En cambio,
los que en persona tendieron en la cruz a tu Dios y lo atormentaron, ni ellos, autores
del atropello, sufrieron nada, ni después de tan largo espacio tampoco ha pasado
nada. ¿Qué novedad ha ocurrido desde entonces por la que pudiéramos creer que no
fue aquél un hechicero, sino el Hijo de Dios? Y, por lo visto, el que mandó a su hijo
con no sabemos qué recados, consintió que fuera tan cruelmente maltratado hasta
perderse juntamente con sus recados, y, no obstante tanto tiempo pasado, no ha
caído en la cuenta. ¿Qué padre tan desalmado es ése? Mas acaso digas que aquél lo
quiso así, y por ello se dejó maltratar. Pues también yo pudiera contestarte que éstos
también, a quienes tú blasfemas, lo quieren así, y por eso aguantan que tú blasfemes.
Porque no hay como comparar igual con igual. Pero es que éstos saben muy bien
vengarse de quien los blasfema, ora que por ello huya y se esconda, ora se le coja y
perezca".
        Orígenes, Contra Celso, III,44: Seguidamente aduce Celso lo que dicen unos
cuantos, muy pocos, de esos que son tenidos por cristianos al margen de la
enseñanza de Jesús, y no "los más inteligentes" (como él se imagina), sino de los más
ignorantes, y afirma que "entre ellos se dan órdenes como éstas: Nadie que sea
instruido se nos acerque, nadie sabio, nadie prudente (todo eso es considerado entre
nosotros como males). No, si alguno es ignorante, si alguno insensato, si alguno


                                                                                       21
inculto, si alguno tonto, venga con toda confianza. Ahora bien, al confesar así que
tienen por dignos de su dios a esa ralea de gentes, bien a las claras manifiestan que
no quieren ni pueden persuadir más que a necios, plebeyos y estúpidos, a esclavos,
mujerzuelas y chiquillos".
        Orígenes, Contra Celso, III,59: Seguidamente, dándose cuenta que nos ha
injuriado con demasiada aspereza, añade Celso en tono de propia defensa: "Y que no
los culpo con mayor acritud de lo que me fuerza la verdad, puede demostrarse por lo
que sigue. Los que llaman para las otras iniciaciones, proclaman previamente: "El
que sea puro de manos y discreto de lengua..." O bien otros: "El que esté limpio de
toda impureza, cuya alma no tenga conciencia de mal alguno, y el que viva bien y
justamente..." Y esto previamente pregonan los que prometen purificaciones de los
pecados. Pues escuchemos ahora a quiénes llaman éstos: "Cualquiera –dicen– que sea
pecador, cualquier insensato, cualquier niño pequeño y, en una palabra, cualquier
miserable, a éste lo aceptará el reino de Dios".
        Orígenes, Contra Celso, III,62.64: Dice [Celso]: "Pues qué, ¿no fue enviado a los
sin pecados? ¿Qué mal es no haber pecado? (...) Dice también Celso: "Qué preferencia
es ésa por los pecadores?"
        Orígenes, Contra Celso, V,65: Seguidamente [Celso] dice: "Ea, pues, aunque
ningún origen pueden presentar de su doctrina, vamos a examinar en sí mismo lo
que dicen. Y hay que hablar en primer lugar de lo que en su ignorancia han
malentendido y corrompen, discutiendo con arrogancia, desde el principio mismo, y
sin moderación, sobre cosas que ignoran. He aquí ejemplos". Y, a renglón seguido,
opone sentencias de filósofos a palabras que los creyentes en la doctrina cristiana
traen constantemente en su boca. Su tesis es que cuanto de bueno cree decirse entre
los cristianos está mejor y más claramente dicho por los filósofos, con lo que pretende
atraer a la filosofía a quienes se han dejado convencer por doctrinas cuya belleza y
piedad salta a los ojos.
        Orígenes, Contra Celso, VI,11: Después de esto dice Celso, refiérese a los
cristianos: "Si algunos proclaman a éste y otros a otro, y todos tienen a mano como
un santo y seña: Cree, si quieres salvarte, o márchate, ¿qué harán los que de veras
quieren salvarse? ¿Tendrán que tirar dados al aire para adivinar a dónde hayan de
volverse y a quién adherirse?"
        Orígenes, Contra Celso, IV,23: Luego, burlándose, según costumbre, de la
casta de judíos y cristianos, los compara a todos a un grupo de murciélagos, o a
hormigas que salen de su nido, o a ranas que celebran sus sesiones al borde de una
charca, o a gusanos que allá en un rincón de un barrizal tienen sus juntas y se ponen
a discutir quiénes de ellos son más pecadores y discursean así: "A nosotros Dios nos
revela y anuncia todo de antemano, y, abandonando el cosmos y el curso del cielo y
despreciando la tierra inmensa, con nosotros solos conversa, y a nosotros solos
manda sus heraldos, y nunca deja de mandarlos y buscar modos como gocemos
eternamente de su convivencia Y en su ficción nos compara a gusanos que dijeran:
"Existe Dios, y después de Él venimos nosotros, que fuimos hechos por Él semejantes
en todo a Dios. Todo nos está sometido: la tierra, el agua, el aire, las estrellas; todo se
hizo por causa nuestra y todo está ordenado a nuestro servicio". Y los gusanos que se


                                                                                        22
inventa Celso, es decir, nosotros, decimos: "Ahora, como sea cierto que hay entre
nosotros quienes pecan, vendrá Dios mismo, o enviará a su Hijo, a fin de abrasar a
los inicuos y de que [nosotros, las restantes ranas] tengamos los demás vida eterna
con El".

        Fragmentos del Contra los cristianos del filósofo pagano Porfirio
        Eusebio, Historia Eclesiástica, VI,19,4: Escucha, pues, lo que [Porfirio] dice
textualmente: «Algunos, en su afán de hallar, no el abandono, sino una explicación
de la perversidad de las Escrituras judaicas, se han entregado a unas interpretaciones
que son incompatibles y están en desacuerdo con lo escrito, por lo que ofrecen, más
que una apología en favor de lo extraño, la aceptación y alabanza de lo propio.
Efectivamente, las cosas que en Moisés están dichas con claridad, ellos alardean de
que son enigmas y les dan un aire divino, como de oráculos llenos de ocultos
misterios, y después de hechizar con el humo de su orgullo la facultad crítica del
alma, llevan a cabo sus interpretaciones». 5 Después, tras algunas otras cosas, dice:
«Pero este género de absurdo lo han recibido de aquel varón a quien yo también traté
siendo todavía muy joven, que tuvo enorme reputación y que aún la tiene por los
escritos que dejó, de Orígenes, digo, cuya gloria se ha esparcido ampliamente entre
los maestros de estas doctrinas (...). En cuanto a su vida, [Orígenes] vivía como
cristiano y en contra de las leyes. Por lo que hace a sus opiniones acerca de las cosas y
de la divinidad, pensaba como griego e introducía lo griego en las fábulas
extranjeras.
        Porfirio, Contra los cristianos, fr., 15: Los evangelistas son inventores, no
historiadores de los acontecimientos realizados en torno a Jesús. Cada uno de ellos
escribió no en armonía, sino en desacuerdo (ouj suvmfwnon ajll' eJterovfwnon),
especialmente en lo que se refiere al relato de la pasión.
        Porfirio, Contra los cristianos, fr., 68: Más aún, los escritos me aparecen llenos
de muchas estupideces: «Si creyerais a Moisés, creeríais en mí; puesto que acerca de
mí escribió Moisés». Sin embargo, de Moisés no se conserva nada, se dice que todos
sus escritos fueron quemados junto con el Templo. Lo que existe bajo su nombre ha
sodo compuesto por Esdras 1180 años después de su muerte, de modo poco exacto.




                                                                                       23
       Tema – 5 Los cristianos del tiempo de las persecuciones.

       La "cédula de identidad" de los primeros cristianos
       Ya desde el siglo I la religión cristiana se difundió rápidamente en Roma y en
el mundo entero, no solo por su originalidad y universalidad, sino también, y en
buena medida, por el testimonio de fervor, de amor fraterno y de caridad
demostrada por los cristianos. Las autoridades civiles, y el pueblo mismo,
indiferentes en un primer momento, se mostraron muy pronto hostiles hacia la
nueva religión, porque los cristianos no querían admitir el culto del emperador y la
adoración de las divinidades paganas de Roma. Los cristianos fueron por ello
acusados de deslealtad hacia la patria, de ateísmo, de odio al género humano, de
crímenes ocultos, como el incesto, el infanticidio y el canibalismo ritual; de ser los
causantes de las calamidades naturales como la peste, las inundaciones, las carestías,
etc.
       La religión cristiana fue declarada: strana et illícita, extraña e ilícita (decreto
senatorial del año 35), exitialis, perniciosa (Tácito), prava et immódica, malvada y
desenfrenada (Plinio), nova et maléfica, nueva y maléfica (Suetonio), tenebrosa et
lucífuga, tenebrosa y enemiga de la luz (del Octavius de Minucio), detestábilis,
detestable (Tácito); por eso fue excluida de la legalidad y perseguida, porque fue
considerada el enemigo más peligroso del poder de Roma, que se basaba en la
antigua religión nacional y en el culto del emperador, instrumento y símbolo de la
fuerza y de la unidad del imperio.
       Los tres primeros siglos constituyen la era de los mártires, que terminó en el
año 313 con el edicto de Milán, con el cual los emperadores Constantino y Licinio
concedieron la libertad a la Iglesia. La persecución no fue siempre continua y general,
es decir, extendida a todo el imperio, ni fue siempre igualmente cruel y cruenta. A
períodos de persecuciones siguieron otros de relativa tranquilidad.
       En la inmensa mayoría de los casos los cristianos afrontaron con valor, a
menudo con heroísmo, la prueba de las persecuciones, pero no la soportaron
pasivamente. Se defendieron con fuerza refutando las acusaciones que les hacían de
cometer crímenes ocultos o públicos, presentando los contenidos de su fe ("en qué
creemos") y describiendo su identidad ("quiénes somos").
       En las "Apologías" (discursos de defensa) de los escritores cristianos de ese
tiempo, dirigidas también a los emperadores, los cristianos pedían no ser
condenados injustamente, sin ser conocidos y sin pruebas. El principio de la ley
senatorial "Non lícet vos esse" (No les está permitido existir), era juzgado por los
apologistas injusto e ilegal, porque los cristianos eran honestos ciudadanos,
respetuosos de las leyes, fieles al emperador, y ejemplares en la vida privada y
pública.

       1. De la Carta a Diogneto (apología de autor desconocido, II-III siglo).

       Son hombres como los demás


                                                                                       24
"Los cristianos no se diferencian ni por el país donde habitan, ni por la lengua que
hablan, ni por el modo de vestir. No se aíslan en sus ciudades, ni emplean lenguajes
particulares: la misma vida que llevan no tiene nada de extraño.
       Su doctrina no nace de disquisiciones de intelectuales ni tampoco siguen,
como hacen tantos, un sistema filosófico, fruto del pensamiento humano. Viven en
ciudades griegas o extranjeras, según los casos, y se adaptan a las tradiciones locales
lo mismo en el vestir que en el comer, y dan testimonio en las cosas de cada día de
una forma de vivir que, según el parecer de todos, tiene algo de extraordinario".

      Habitan en la tierra, pero son ciudadanos del cielo

        "Habitan en la propia patria como extranjeros. Cumplen con lealtad sus
deberes ciudadanos, pero son tratados como forasteros. Cualquier tierra extranjera es
para ellos su patria y toda patria es tierra extranjera. Se casan como todos, tienen
hijos, pero no abandonan a sus recién nacidos. Tienen en común la mesa, pero no la
cama. Están en la carne, pero no viven según la carne. Habitan en la tierra, pero son
ciudadanos del cielo.
        Obedecen a las leyes del Estado, pero, con su vida, van más allá de la ley.
Aman a todos y son perseguidos por todos. No son conocidos, pero todos los
condenan. Son matados, pero siguen viviendo. Son pobres, pero hacen ricos a
muchos. No tienen nada, pero abundan en todo. Son despreciados, pero en el
desprecio encuentran gloria ante Dios. Se ultraja su honor, pero se da testimonio de
su justicia.
        Están cubiertos de injurias y ellos bendicen. Son maltratados y ellos tratan a
todos con amor. Hacen el bien y son castigados como malhechores. Aunque se los
castigue, están serenos, como si, en vez de la muerte, recibieran la vida. Son atacados
por los judíos como una raza extranjera. Los persiguen los paganos, pero ninguno de
los que los odian sabe decir el porqué ".

      Están en el mundo como el alma en el cuerpo

       "Por tanto, los cristianos están en el mundo lo mismo que el alma en el cuerpo.
Como el alma se difunde por todas las partes del cuerpo, así los cristianos se
esparcen por las distintas ciudades de la tierra. El alma habita en el cuerpo, pero no
es del cuerpo; los cristianos habitan en el mundo, pero no son del mundo. Como el
alma invisible es prisionera del cuerpo visible, así los cristianos son una realidad bien
visible en el mundo, mientras es invisible el culto espiritual que rinden a Dios.
       Como la carne odia al alma y le hace guerra, sin haber recibido ofensa alguna,
solo porque se opone al deleite y gozo de los placeres que hacen daño, así el mundo
odia a los cristianos, que no le han causado algún mal, sino porque solamente se han
opuesto a una manera de vida cuya esencia es el placer.
       Como el alma ama a la carne y a los miembros que la odian, así los cristianos
aman a quien los odia. El alma, aun cuando sostiene al cuerpo, está encerrada en él;


                                                                                      25
así los cristianos aun cuando son el sostén del mundo, viven presos en él como en
una cárcel. El alma inmortal habita en una tienda mortal: así los cristianos viven
como extranjeros en medio de las cosas que se corrompen, en espera de la
incorruptibilidad del cielo.
       Con la mortificación en el comer y en el beber, se afina el alma y se hace mejor;
así también los cristianos, maltratados y perseguidos, aumentan cada día en número.
Dios les ha asignado un puesto tan sublime, que no deben abandonarlo de ningún
modo" (Sources Chrétiennes, 33 bis, 62-67).

      2. De los "Libros a Autólico" (de San Teófilo de Antioquía, II siglo)

      Los cristianos honran al emperador y rezan por él (libro I, 2)

        "Yo honraré al emperador, pero no lo adoraré; rezaré, sin embargo, por él. Yo
adoro al Dios verdadero y único por quien sé que el soberano fue hecho. Y entonces
podrías preguntarme: '¿Y por qué, pues, no adoras al emperador?' El emperador, por
su naturaleza, debe ser honrado con legítima deferencia, no adorado. El no es Dios,
sino un hombre a quien Dios ha puesto no para que sea adorado, sino para que ejerza
en la tierra la justicia. El gobierno del Estado le ha sido confiado de algún modo por
Dios. Y así como el emperador no puede tolerar que su título sea llevado por cuantos
le están subordinados -nadie, en efecto, puede ser llamado emperador-, de la misma
manera nadie puede ser adorado excepto Dios. El soberano por lo tanto debe ser
honrado con sentimientos de reverencia; hay que prestarle obediencia y rezar por él.
Así se cumple la voluntad de Dios".

        La vida de los cristianos es prueba de la grandeza y belleza de su religión
(libro III, 15)
        "En los cristianos se da un sabio dominio de sí mismos, se practica la
continencia, se observa el matrimonio único, la castidad es custodiada, la injusticia es
excluida, la piedad es apreciada con los hechos. Dios es reconocido, la verdad
considerada norma suprema.
        La gracia los custodia, la paz los protege, la palabra sagrada los guía, la
sabiduría los instruye, la vida (eterna) los dirige, Dios es su rey".

      3. De "La Apología" de Arístides (siglo II).

       Los cristianos observan las leyes de Dios
       "Los cristianos llevan grabadas en su corazón las leyes de Dios y las observan
en la esperanza del siglo futuro. Por esto no cometen adulterio ni fornicación; no
levantan falso testimonio; no se adueñan de los depósitos que han recibido; no
anhelan lo que no les pertenece; honran al padre y a la madre, hacen bien al prójimo;
y, cuando son jueces, juzgan justamente. No adoran ídolos de forma humana; todo
aquello que no quieren que los otros les hagan a ellos, ellos no se lo hacen a nadie.
No comen carnes ofrecidas a los ídolos, porque están contaminadas. Sus hijas son


                                                                                     26
puras y vírgenes y huyen de la prostitución; los hombres se abstienen de toda unión
ilegítima y de toda impureza; igualmente sus mujeres son castas, en la esperanza de
la gran recompensa en el otro mundo... "

      Son buenos y caritativos

       "Socorren a quienes los ofenden, haciendo que se vuelvan amigos suyos; hacen
bien a los enemigos. No adoran dioses extranjeros; son dulces, buenos, pudorosos,
sinceros y se aman entre sí; no desprecian a la viuda; salvan al huérfano; el que posee
da, sin rezongar, al que no posee. Cuando ven forasteros, los hacen entrar en casa y
se gozan de ello, reconociendo en ellos verdaderos hermanos, ya que así llaman no a
los que lo son según la carne, sino a los que lo son según el alma.
       Cuando un pobre muere, si se enteran, contribuyen a sus funerales según los
recursos que tengan; si vienen a saber que algunos son perseguidos o encarcelados o
condenados por el nombre de Cristo, ponen en común sus limosnas y les envían
aquello que necesitan, y si pueden, los liberan; si hay un esclavo o un pobre que deba
ser socorrido, ayunan dos o tres días, y el alimento que habían preparado para sí se
lo envían, estimando que él también tiene que gozar, habiendo sido como ellos
llamado a la dicha".

      Viven en la justicia y santidad

       "Observan exactamente los mandamientos de Dios, viviendo santa y
justamente, así como el Señor Dios les ha mandado; le rinden gracias cada mañana y
cada tarde, por cada comida o bebida y todo otro bien...
       Estas son, oh emperador, sus leyes. Los bienes que deben recibir de Dios, se
los piden, y así atraviesan por este mundo hasta el fin de los tiempos, puesto que
Dios lo ha sujetado todo a ellos. Le están, pues, agradecidos, porque para ellos ha
sido hecho el universo entero y la creación. Por cierto, esta gente ha hallado la
verdad".

      4. De "El Apologético" de Tertuliano (II-III siglo).

      Los cristianos no son inútiles e improductivos

       "Se nos acusa de ser improductivos en las varias formas de actividad. Pero
¿cómo se puede decir esto de hombres que viven con ustedes, que comen como
ustedes, que visten los mismos trajes, que siguen el mismo género de vida y tienen
las mismas necesidades de vida?
       Nosotros nos acordamos de dar gracias a Dios, Señor y creador, y no
rehusamos ningún fruto de su obra. A la verdad, nosotros usamos las cosas con
moderación, no en forma descomedida o mala. Convivimos con ustedes y
frecuentamos el foro, el mercado, los baños, las tiendas, los talleres, los establos,
participando en todas las actividades.


                                                                                    27
       Navegamos también juntamente con ustedes, militamos en el ejército,
cultivamos la tierra, ejercemos el comercio, permutamos las mercaderías y ponemos
en venta, para uso de ustedes, el fruto de nuestro trabajo. Yo sinceramente no
entiendo cómo podemos parecer inútiles e improductivos para los asuntos de
ustedes, cuando vivimos con ustedes y de ustedes.
       Sí, hay gente que tiene motivo para quejarse de los cristianos, porque no
puede comerciar con ellos: son los protectores de prostitutas, los rufianes y sus
cómplices; les siguen los criminales, los envenenadores, los encantadores, los
adivinos, los hechiceros, los astrólogos. ¡Es maravilloso ser improductivos para esta
gente!... Y después, en las cárceles ustedes no encuentran nunca un cristiano, a no ser
que esté ahí por motivos religiosos. Nosotros hemos aprendido de Dios a vivir en la
honestidad".




                                                                                    28
Tema – 6 La vida cristiana cotidiana:

    Catecumenado y bautismo
      Está claro que Dios actúa en la vida de cada hombre, entonces es cuando la
eternidad entra en el tiempo, con un signo y eficacia, como símbolo y causa. El
Sacramento tiene materia y forma, es un signo sensible de la presencia de Jesús.
      El Bautismo es un cambio, una llamada a la santidad, una nueva vida por la
cual el cristiano se jugaba la vida por ser bautizado o por ser catecúmeno. Se requería
poca formación para ser bautizado pero el Espíritu Santo suplía la falta de formación
pues los bautizados vivían ejemplarmente. En el Concilio de Elvira, en el s. II, se
establece que el periodo de formación para el catecumenado ha de ser de dos años. El
catecúmeno (oyente, palabra usada por Tertuliano) pertenece a la Iglesia pero es
excluido de algunos actos y se guardaba con ellos la disciplina del arcano, ley del
secreto por la cual no se decía toda la doctrina a los catecúmenos y gentiles porque
les falta la fe y no entenderían los misterios cristianos. La “traditio simboli” era
aprender el Credo en siete días antes de bautizarse, aprendían el Padre nuestro y
recitaban el Credo y el Padre nuestro delante del obispo. Solo estaban hasta la
oración de los fieles, en la Misa.
      Se les enseña la historia de la salvación pero si estaban en peligro de muerte se
les bautizaba rápidamente y si eran martirizados entonces ya habían recibido el
bautismo de sangre. Era muy solemne el Bautismo de adultos y de niños, era el
obsipo quien bautizaba en la Vigilia Pascual, por Pentecostés y en la Epifanía.
Durante la semana siguiente al bautismo, los neófitos vestían de blanco.
      El Bautismo se hacía por triple inmersión en el río, un estanque o en los
baptisterios, piscinas hechas espècialemnte para bautizar, en las primeras Iglesias. La
fórmula era: “Y yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”
El Bautismo también se podía hacer por infusión, como se hace hoy en día y por
aspersión, para los enfermos, como se hace en Pascua. A veces se bautizaba a los
niños con toda la familia.

     Confirmación
     Se confirmaba al neófito bautizado, éstos eran dirigidos desde la piscina a
donde estaba el obispo el cual les confirmaba con la imposición de las manos, la
invocación del Espíritu Santo y luego les re-ungía.

    Matrimonio
      La Iglesia trata de defenderlo frente a los que vivían la virginidad extrema
contra el matrimonio. Algunas herejías consideraban malo el cuerpo y el matrimonio
porque transmite el pecado original. El matrimonio debía celebrarse en presencia del
obispo, en la Iglesia o sitio de culto y durante la Eucaristía. No se aprueban los
matrimonios secretos porque no era permitido que se casaran gente de distintas
clases sociales. Pero la Iglesia quiso que el matrimonio fuera público y dejaba casarse
a gente de distintas clases sociales. Se promulgó la indisolubilidad del matrimonio y
se admiten las segundas nupcias.

                                                                                    29
     Eucaristía




                                                     El Bautismo al principio se
llamaba iluminación y los bautizados se llamaban iluminados porque reciben la fe
que ilumina, es verdad y conocimiento, la unidad de vida es la unión de fe y obras.
La acción de gracias era la plegaria eucarística y la Eucaristía ya se veía como el
sacrificio de Cristo en la Cruz pero sin sangre. Existe la concelebración y la
“anámnesis” que es hacer memoria. El obispo explica la fe y los misterios a los
neófitos, se vive el ayuno eucarístico y se guarda la Eucaristía para darla a los
enfermos y encarcelados.
        Es el acto de culto más importante del cristianismo y los cristianos son
conscientes de que allí está Cristo, el primer nombre que se da a la Eucaristía es el de
fracción del pan. Se celebraba los domingos por la tarde o de noche. En la primera
parte se admitía a los catecúmenos y en la segunda ya no, era la liturgia eucarística
con la acción de gracias y la consagración.
        Luego se hacía el ágape o banquete fraternal, era como una fiesta donde se
compartían alimentos y que también servía para socorrer a los necesitados, pero hay
gente que solo va a comer, no a compartir y hay quien se emborracha. También se
comen en las tumbas de mártires, cosa que se prohibió en el s. V. Había abusos en el
ágape y se separó la Eucaristía, con carácter sacrificial que se hacía por la mañana del
ágape, por la tarde, la eulogía. Se vio claro que si se unía el ágape y la Eucaristía se
banalizaba ésta última y se perdía el carácter sagrado de la Eucaristía. En el s. IV se
prohíbe el ágape dentro de las Iglesias, donde se hacía antes.

      San Justino, Apología 1, 65-67. Año 153-155

       Después de ser lavado de ese modo, y adherirse a nosotros quien ha creído, le
llevamos a los que se llaman hermanos, para rezar juntos por nosotros mismos, por
el que acaba de ser iluminado, y por los demás esparcidos en todo el mundo.
Suplicamos que, puesto que hemos conocido la verdad, seamos en nuestras obras
hombres de buena conducta, cumplidores de los mandamientos, y así alcancemos la
salvación eterna.
       Terminadas las oraciones, nos damos el ósculo de la paz. Luego, se ofrece pan
y un vaso de agua y vino a quien hace cabeza, que los toma, y da alabanza y gloria al
Padre del universo, en nombre de su Hijo y por el Espíritu Santo. Después pronuncia
una larga acción de gracias por habernos concedido los dones que de Él nos vienen.

                                                                                     30
Y cuando ha terminado las oraciones y la acción de gracias, todo el pueblo presente
aclama diciendo: Amén, que en hebreo quiere decir así sea. Cuando el primero ha
dado gracias y todo el pueblo ha aclamado, los que llamamos diáconos dan a cada
asistente parte del pan y del vino con agua sobre los que se pronunció la acción de
gracias, y también lo llevan a los ausentes.
       A este alimento lo llamamos Eucaristía. A nadie le es lícito participar si no cree
que nuestras enseñanzas son verdaderas, ha sido lavado en el baño de la remisión de
los pecados y la regeneración, y vive conforme a lo que Cristo nos enseñó. Porque no
los tomamos como pan o bebida comunes, sino que, así como Jesucristo, Nuestro
Salvador, se encarnó por virtud del Verbo de Dios para nuestra salvación, del mismo
modo nos han enseñado que esta comida—de la cual se alimentan nuestra carne y
nuestra sangre—es la Carne y la Sangre del mismo Jesús encarnado, pues en esos
alimentos se ha realizado el prodigio mediante la oración que contiene las palabras
del mismo Cristo. Los Apóstoles—en sus comentarios, que se llaman Evangelios—
nos transmitieron que así se lo ordenó Jesús cuando, tomó el pan y, dando gracias,
dijo: Haced esto en conmemoración mía; esto es mi Cuerpo. Y de la misma manera,
tomando el cáliz dio gracias y dijo: ésta es mi Sangre. Y sólo a ellos lo entregó (...).

         Nosotros, en cambio, después de esta iniciación, recordamos estas cosas
  constantemente entre nosotros. Los que tenemos, socorremos a todos los
  necesitados y nos asistimos siempre los unos a los otros. Por todo lo que comemos,
  bendecimos siempre al Hacedor del universo a través de su Hijo Jesucristo y por el
  Espíritu Santo.
       El día que se llama del sol [el domingo], se celebra una reunión de todos los
que viven en las ciudades o en los campos, y se leen los recuerdos de los Apóstoles o
los escritos de los profetas, mientras hay tiempo. Cuando el lector termina, el que
hace cabeza nos exhorta con su palabra y nos invita a imitar aquellos ejemplos.
Después nos levantamos todos a una, y elevamos nuestras oraciones. Al terminarlas,
se ofrece el pan y el vino con agua como ya dijimos, y el que preside, según sus
fuerzas, también eleva sus preces y acciones de gracias, y todo el pueblo exclama:
Amén. Entonces viene la distribución y participación de los alimentos consagrados
por la acción de gracias y su envío a los ausentes por medio de los diáconos.
       Los que tienen y quieren, dan libremente lo que les parece bien; lo que se
recoge se entrega al que hace cabeza para que socorra con ello a huérfanos y viudas,
a los que están necesitados por enfermedad u otra causa, a los encarcelados, a los
forasteros que están de paso: en resumen, se le constituye en proveedor para quien se
halle en la necesidad. Celebramos esta reunión general el día del sol, por ser el
primero, en que Dios, transformando las tinieblas y la materia, hizo el mundo; y
también porque es el día en que Jesucristo, Nuestro Salvador, resucitó de entre los
muertos; pues hay que saber que le entregaron en el día anterior al de Saturno
[sábado], y en el siguiente—que es el día del sol—, apareciéndose a sus Apóstoles y
discípulos, nos enseñó esta misma doctrina que exponemos a vuestro examen.




                                                                                      31
       Didachè, 9, 10 y 14. Comienzos del siglo II
       IX. En lo concerniente a la eucaristía, dad gracias de esta manera. Al tomar la
copa, decid:
           «Te damos gracias, oh Padre nuestro, por la santa viña de David, tu
   siervo, que nos ha dado a conocer por Jesús, tu servidor. A ti sea la gloria por
   los siglos de los siglos.»
      Y después de partir el pan, decid:
          «¡Padre nuestro! Te damos gracias por la vida y por el conocimiento
   que nos has revelado por tu siervo, Jesús. ¡A Ti sea la gloria por los siglos de
   los siglos! De la misma manera que este pan que partimos, estaba esparcido
   por las altas colinas, y ha sido juntado, te suplicamos, que de todas las
   extremidades de la tierra, reúnas a tu Iglesia en tu reino, porque te pertenece
   la gloria y el poder (que ejerces) por Jesucristo, en los siglos de los siglos.»
       Que nadie coma ni beba de esta eucaristía, sin haber sido antes bautizado en el
nombre del Señor; puesto que el mismo dice sobre el particular: «No deis lo santo a
los perros.»
       X. Cuando estéis saciados (de la ágapa), dad gracias de la manera siguiente:
           «¡Padre santo! Te damos gracias por Tu santo nombre que nos has
   hecho habitar en nuestros corazones, y por el conocimiento, la fe y la
   inmortalidad que nos has revelado por Jesucristo, tu servidor. A ti sea la gloria
   por los siglos de los siglos. ¡Dueño Todopoderoso! que a causa de Tu nombre
   has creado todo cuanto existe, y que dejas gozar a los hombres del alimento y
   la bebida, para que te den gracias por ello. A nosotros, por medio de tu
   servidor, nos has hecho la gracia de un alimento y de una bebida espirituales y
   de la vida eterna. Ante todo, te damos gracias por tu poder. A Ti sea la gloria
   por los siglos de los siglos. ¡Señor! Acuérdate de tu iglesia, para librarla de
   todo mal y para completarla en tu amor. ¡Reúnela de los cuatro vientos del
   cielo, porque ha sido santificada para el reino que le has preparado; porque a
   Ti solo pertenece el poder y la gloria por los siglos de los siglos!»
         ¡Ya que este mundo pasa, te pedimos que tu gracia venga sobre nosotros!

  ¡Hosanna al hijo de David! El que sea santificado, que se acerque, sino que haga

  penitencia. Maran atha ¡Amén! Permitid que los profetas den las gracias

  libremente.


        XIV. Cuando os reunáis en el domingo del Señor, partid el pan, y para que el
sacrificio sea puro, dad gracias después de haber confesado vuestros pecados. El que
de entre vosotros estuviere enemistado con su amigo, que se aleje de la asamblea
hasta que se haya reconciliado con él, a fin de no profanar vuestro sacrificio. He aquí

                                                                                       32
las propias palabras del Señor: «En todo tiempo y lugar me traeréis una víctima pura,
porque soy el gran Rey, dice el Señor, y entre los pueblos paganos, mi nombre es
admirable.».



      Traditio apostolica 31, 3-4; 46, 8-11

       El canon eucarístico más antiguo que se conoce es el que se expone en la
Traditio apostolica, documento escrito probablemente en Roma por San Hipólito
(+235). Esta anáfora, de notable plenitud teológica, muy antigua y venerable, y que
muestra una tradición litúrgica anterior, tuvo gran influjo en las liturgias de
Occidente e incluso de Oriente. En ella está inspirada actualmente la Plegaria
eucarística II. Y también siguen su pauta las otras plegarias eucarísticas, por ejemplo,
en el solemne diálogo inicial del prefacio.

       «Ofrézcanle los diáconos [al ordenado obispo] la oblación, y él, imponiendo
las manos sobre ella con todos los presbíteros, dando gracias, diga: "El Señor con
vosotros" . Y todos digan: "Y con tu espíritu". "Arriba los corazones". "Los tenemos ya
elevados hacia el Señor". "Demos gracias al Señor". "Esto es digno y justo". Y continúe
así:
       «Te damos gracias, ¡oh Dios!, por medio de tu amado Hijo, Jesucristo, que nos
enviaste en los últimos tiempos como salvador y redentor nuestro, y como
anunciador de tu voluntad. Él es tu Verbo inseparable, por quien hiciste todas las
cosas y en el que te has complacido. Tú lo enviaste desde el cielo al seno de una
virgen, y habiendo sido concebido, se encarnó y se mostró como Hijo tuyo, nacido
del Espíritu Santo y de la Virgen. Él, cumpliendo tu voluntad y conquistándote tu
pueblo santo, extendió sus manos, padeciendo para librar del sufrimiento a los que
creyeron en ti. El cual, habiéndose entregado voluntariamente a la pasión para
destruir la muerte, romper las cadenas del demonio, humillar al infierno, iluminar a
los justos, cumplirlo todo y manifestar la resurrección, mostrando el pan y dándote
gracias, dijo: "Tomad, comed. Éste es mi cuerpo, que por vosotros será destrozado".
Del mismo modo, tomó el cáliz, diciendo: "Ésta es mi sangre, que por vosotros es
derramada. Cuando hacéis esto, hacedlo en memoria mía".
       «Recordando, pues, su muerte y su resurrección, te ofrecemos este pan y este
cáliz, dándote gracias porque nos tuviste por dignos de estar en tu presencia y de
servirte como sacerdotes.
       «Y te pedimos que envíes tu Espíritu Santo sobre la oblación de la santa
Iglesia. Reuniéndolos en uno, da a todos los santos que la reciben que sean llenos del
Espíritu Santo, para confirmación de la fe en la verdad, a fin de que te alabemos y
glorifiquemos por tu Hijo Jesucristo, que tiene tu gloria y tu honor con el Espíritu
Santo en la santa Iglesia, ahora y por los siglos de los siglos. Amén» .
       «Todas estas cosas el obispo las explicará a los que reciben [por primera vez]
la comunión. Cuando parte el pan, al presentar cada trozo, dirá: "El pan del cielo en
Cristo Jesús". Y el que lo recibe responder{: "Amén" (<).


                                                                                     33
       «Los domingos, si es posible, el obispo distribuirá de su propia mano [la
comunión] a todo el pueblo, mientras que los diáconos y los presbíteros partirán el
pan. Luego el diácono ofrecerá la eucaristía y la patena al sacerdote; éste las recibirá,
las tomará en sus manos para luego distribuirlas a todo el pueblo. Los demás días se
comulgará siguiendo las instrucciones del obispo».
       «Todos los fieles tengan cuidado de tomar la eucaristía antes de que coman
cualquier otro alimento...Y cuídese que no la tome un infiel, ni un ratón ni otro
animal, y de que nadie la vuelque ni la derrame, ni la pierda. Siendo el Cuerpo de
Cristo, que será comido por los creyentes, no debe ser menospreciado». «También el
cáliz bendito en el nombre del Señor se recibe como sangre de Cristo. Por eso nada
debe ser derramado... Si tú lo menosprecias, serás tan responsable de la sangre
vertida como aquél que no valora el precio por el que fue adquirido».



    Disciplina del arcano
      Los primeros cristianos ocultaban sus misterios a los paganos porque éstos no
los entenderían y para que no pudieran usarlos para mal si los llegaban a saber. Esta
disciplina del arcano empieza más tarde del s. II. Si los misterios cristianos eran
sabidos por paganos se ponía en peligro la seguridad de los cristianos y tampoco se
daba a conocer a los catecúmenos porque no podrían entender esos misterios a causa
de que les faltaba la fe. Cuando los catecúmenos reciben la fe ya están preparados
para entienden los misterios del cristianismo.
            De esta forma el Señor afirma: “No echéis vuestras perlas a los cerdos, no
             sea que las pisoteen con sus patas y al revolverse os despedacen”.
             Vuestras perlas son los testimonios de vuestra vida cotidiana. Y entonces
             cuanto más tú te preocupes por ocultarla, tanto más se convertirá en
             motivo de sospecha y de curiosidad por parte de los paganos para
             conocerla mejor: Tertuliano, Ad uxorem 5, 2.
            Os hemos transmitido brevemente estas instrucciones sobre el Bautismo
             y sobre la santa oblación, porque ya estáis instruidos sobre la
             resurrección de la carne y sobre todo el resto, como está escrito. Pero si es
             oportuno recordar alguna cosa, lo diga el obispo, bajo secreto, a aquellos
             que hayan recibido el Bautismo. Los infieles no lleguen a conocerlo, sino
             después de que hayan recibido el Bautismo: Traditio apostolica 68-70.
            Aquél que esta imbuido en los misterios, conoce también la carne y la
             sangre del Verbo de Dios. No nos detenemos por tanto en estas cosas que
             son conocidas por los iniciados y no pueden ser descubiertas a los
             ignorantes: Orígenes, Lev. Hom. 9, 10.
            Aquellos a los que Dios ha confiado los misterios arcanos y ha entregado
             los secretos de los juicios ocultos de su providencia pueden ser llamados
             arca de la alianza de Dios (...) En las Sagradas Escrituras se llama
             alimento de leche aquella primera enseñanza moral que es transmitida a
             los principiantes como niños pequeños. En efecto, no se debe enseñar

                                                                                       34
             inmediatamente a los iniciados, a los discípulos, aquello que hace
             referencia a los misterios profundos y más secretos, sino que se les
             transmite la corrección de las costumbres, la pureza de la doctrina, los
             primeros elementos de la vida según la religión y la fe simple: Orígenes,
             Num Hom. 5, 3.
            En primer lugar invitamos a los hombres a curarse y, por tanto,
             exhortamos a los pecadores a ajustarse a las doctrinas que enseñan a no
             pecar, que forman la inteligencia, a los niños a progresar hasta la
             madurez (...) Cuando algunos después (...) han hecho progresos y se
             muestran purificados en la gracia del Verbo, viviendo en cuanto es
             posible una vida mejor, sólo entonces nosotros los llamamos a nuestros
             secretos: Orígenes, Contra Celso III, 59.
            Se te llamaba “catecúmeno” cuando te encontrabas sólo bajo la acción de
             un eco, cuando oías hablar de una esperanza sin verla, de los misterios
             sin comprenderlos y de la Escritura sin discernir su profundidad. El eco,
             sin embargo, no resuena ya a tu alrededor, sino que suena en ti: Cirilo de
             Jerusalén, Procatechese 6.
            Desde hace tiempo, oh hijos amadísimos regenerados por la Iglesia,
             había deseado hablaros de estos misterios, dones celestes del Espíritu.
             Pero he esperado hasta este momento, sabiendo bien que a los ojos que
             ven se les da más crédito que a los oídos que escuchan. Después de haber
             vivido la experiencia de la luz bautismal estáis mejor dispuestos a
             escuchar las palabras que diré para guiaros casi de la mano dentro de
             este prado paradisiaco que vosotros habéis hecho más luminoso y
             oloroso. Desde el momento que habéis sido hechos dignos de ser
             vivificados por el santo bautismo, sois más capaces de aprender las
             verdades divinas, escondidas anteriormente a vosotros porque se deben
             esconder a los no iniciados: Cirilo de Jerusalén, Catequesis Mistagógicas
             a los iniciados 19, 1.
            Sólo los neófitos y los fieles que quieren oír hablar de los misterios
             entran. Se cierran las puertas para que ningún catecúmeno se avecine.
             Mientras el obispo afronta todos estos problemas y los explica, y se
             lanzan gritos de aprobación tales que hasta la entrada de la iglesia se
             escucha a la gente gritar: Egeria, Itinerarium Egeriae 46, 1.


    Penitencia
       La Iglesia reconoció el poder de perdonar los pecados pero este modo ha
evolucionado.
       Al principio se usó con cautela el poder de perdonar los pecados porque
cuando se usa mucho se corre el riesgo de perder el valor de la confesión. Si casi no
se confiesa, la gente se lo piensa antes de pecar. (2 Te, 1 Co) Se usa poco en el s. I y II.
Como la Iglesia debía se pura, los cristianos luchan para ser puros, santos y limpios.
Los pecados capitales eran la idolatría, el homicidio y el adulterio, éstos se podían

                                                                                         35
perdonar tras una penitencia prolongada. Los pecados se absolvían con una
penitencia pública, con la “exomologesis” (confesión de esos pecados) delante del
obispo, cumpliendo la penitencia larga que el obispo les imponía y al final les daba la
absolución con la imposición de las manos. En la Iglesia primitiva se conoce la
confesión privada que también puede ser pública. Era el obispo el que llamaba a la
confesión pero el penitente también podía pedir ser perdonado.

        En el s. III., se ejerce más el perdón con penitencia. El Papa Esteban (250 d.C.)
promete el perdón a los apóstatas con la absolución a la hora de la muerte. Aparecen
divisiones porque se suaviza la penitencia y los rigoristas quieren que la Iglesia solo
sea de los puros. El Concilio de Elvira dice que a los reos de los pecados mayores no
se les dé la reconciliación pública, solo privadamente en la muerte. Puede absolver el
obispo y el clero y al perdonar los pecados el fiel es readmitido en la Iglesia. La idea
de que no se juega con la justicia y la misericordia divina está clara porque se puede
engañar al obispo y al clero pero no a Dios. La absolución solo se da una vez en la
vida, luego hay una absolución condicionada al juicio de Dios y en peligro de muerte
se confía el alma del pecador a la misericordia divina.


         “Efectivamente, cuando se trata de menores pecados, los pecadores hacen
  penitencia durante un tiempo justo, y practican la exomológesis según el orden de
  la disciplina, y después de imponerles las manos el obispo y el clero, recobran el
  derecho a la comunión; más ahora, en el rigor de los tiempos, cuando todavía
  continúa la persecución, cuando aún no ha vuelto la paz a la Iglesia, se les admite a
  la comunión, y se ofrece por ellos el sacrificio; y sin hacer penitencia, sin cumplir la
  exomológesis, sin la imposición de las manos por el obispo y el clero, se les da la
  eucaristía,<”: Cipriano de Cartago, Ep. 16, 2, 3.
         “< antes de practicar la penitencia, antes del cumplimiento de la
  exomológesis del mayor y más delictivo pecado, antes de imponer las manos el
  obispo y el clero para la reconciliación, se atreven a ofrecer el sacrificio por ellos y
  darles la eucaristía, es decir, a profanar el sagrado cuerpo del Señor”: Cipriano de
  Cartago, Ep. 15, 1, 2.
        “< una vez practicada la exomológesis y la imposición de manos por
  vosotros para la penitencia, se les devuelva al Señor con la paz que les
  prometieron los mártires”: Cipriano de Cartago, Ep. 19, 2, 1.
          “suprimida la penitencia y toda exomológesis del delito, despreciada y
  pisoteada la autoridad de los obispos, conceden la paz los presbíteros con palabras
  mendaces, y para que no se levanten los caídos o vuelvan a la Iglesia los que están
  fuera, se ofrece la comunión por los que no comunican”: Cipriano de Cartago, Ep.
  59, 13, 6.


      Periodo que distingue la confesión privada de la pública según el pecado sea
público o privado.


                                                                                       36
      La confesión privada empieza en Irlanda y en la zona de Europa del norte, en
los pueblos germánicos y el resto de Europa ponen la absolución y la penitencia
privada. Había absolución pública con “exomologesis” y penitencia pública.

    Fiestas cristianas
El domingo es el día del Señor y no está permitido ningún negocio mundano.

    La Navidad: el origen de la fiesta de la Navidad
        Se cree con frecuencia que tras la paz constantiniana la Iglesia tuvo la clara
preocupación de cancelar de la mente del pueblo todo vestigio del culto pagano, y
eso a través de la instauración de las fiestas cristianas. Sin embargo este juicio debe
ser matizado. Algo que nos proponemos hacer con la explicación del origen de la
fiesta de Navidad.
       1. La teoría “cl{sica” sobre el origen de la fiesta de la Navidad en Roma y en
África del Norte
       El dato más antiguo que tenemos de una fiesta cristiana celebrada el 25 de
diciembre en Roma nos los proporciona el Cronógrafo del 354, que nos muestra que
al menos desde el 336 la Iglesia consideraba esta fecha como el inicio del año
litúrgico.
        Por otra parte, desde el 274 el imperio romano celebraba en el 25 de diciembre
la fiesta pagana Dies Natalis Solis Invicti. Esta fiesta, lógicamente ligada al solsticio
de invierno, fue creada por el emperador Aureliano, quizás en la dedicación de un
templo al dios Sol en el Campo Marzo en Roma. El culto del sol existía desde mucho
tiempo atr{s en Roma, pero había sido “eclipsado” por otros cultos extranjeros, como
el culto de Mitra y el culto sirio del Sol Invictus Elagabal. El fin que se propuso
Aureliano era el de consolidar la unidad del Imperio, reforzando un culto romano
“auténtico” al sol. Pues bien, así como tenemos datos de que en ciertos lugares del
imperio, por ejemplo Italia Norte, la fiesta de Navidad fue instaurada en la segunda
mitad del siglo IV con el fin de reemplazar la fiesta pagana del Sol Invictus, se piensa
“naturalmente” que desde su inicio, en Roma o África del Norte, la fiesta cristiana
del 25 de diciembre fue creada para suplantar la pagana y que fue precisamente
Constantino el responsable.
        2. La teoría de Thomas J. Talley1
      Talley se apoya en un discurso de San Agustín para afirmar que la fiesta de
Navidad se celebraba en África del Norte y en Roma antes del periodo
constantiniano. En efecto, leemos que la fiesta de la Epifanía era, en la época de
Agustín la conmemoración de la visita de los Magos, pero que los donatistas se
negaban a celebrarlo el mismo día:



1
 THOMAS J. TALLEY, The Origins of the Liturgical Year, 2nd emended edition, Collegeville : the Liturgical
Press, 1991.


                                                                                                      37
       Con toda razón, nunca quisieron los herejes donatistas celebrar con nosotros
este día, pues ni aman la unidad ni están en comunión con las iglesias de oriente,
donde se dejó ver aquella estrella. Nosotros, no obstante, unidos a todos los pueblos,
celebremos la manifestación de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Sermo CCII, 2, 2.
       Se advierte que Agustín rechaza la posición de los donatistas de no celebrar la
fiesta de la Epifanía el día 6 de enero, sin decir nada de la fiesta de Navidad que se
celebraba el 25 de diciembre, luego se puede suponer que los donatistas celebraban
esa fiesta el mismo día que los católicos. Pero si esta fiesta hubiera sido creada por los
católicos después del cisma donatista, ellos, seguramente, no la habrían adoptado.
Entonces, si el cisma comenzó en el 311, es decir, antes de la paz constantiniana, la
teoría “cl{sica” se pone en entredicho. Por otra parte, Talley subraya el hecho de que
Constantino tenía, como su padre, una fuerte devoción al culto del sol. Existen
bastantes documentos que prueban este extremo. Con gran probabilidad, sus leyes
contra determinadas ocupaciones en el domingo se deben más a esa devoción suya
solar que al respeto del sentido cristiano del domingo.
       3. La literatura cristiana del siglo II y III
       Tanto Justino, como Ireneo y Tertuliano, habían interpretado en sentido
cristológico los textos bíblico relativos al sol: Cristo es la Luz verdadera. De manera
particular, el texto de Malaquías 4, 2, que contiene la expresión “sol de justicia”, fue
asociado al nacimiento de Cristo sin ninguna intención de hacerlo coincidir con la
fiesta pagana del solsticio de invierno. En efecto, contamos con un documento del
año 243 que coloca la fiesta de Navidad el 28 de marzo. Se trata del De Pascha
Computus, atribuido al Pseudo-Cipriano. La Pascua se habría celebrado un 25 de
marzo, como primer día de la creación, según dice este autor, y el nacimiento de
Cristo el 28, como la creación del sol (cfr. Gen 1).
       O quam praeclara et divina Domini providentia, ut in illo die quo factus est sol
in ipso die nasceretur Christus V kal. Apr. Feria III et ideo de ipso merito ad plebem
dicebat Malachias propheta: “orietur vobis sol iustitiae, et curatio est in pennis eius”.
De Pascha Computus, 19. Hartel, ed., CSEL 3.3, 266.
       No se conocen las fuentes de esta afirmación, pero ya 31 años antes del 274,
año de la institución de la fiesta pagana, este autor entendía la Navidad como el
Natalis Sol Iustitiae. Por tanto la elección oficial del 25 de diciembre para festejar la
natividad del Señor habría tenido lugar después del 243.
       4. Conclusión
       En el estado actual de las investigaciones no se sabe con certeza cuándo y por
qué la fiesta de Navidad fue finalmente colocada el 25 de diciembre. El debate
continúa abierto. Sea lo que sea, el estudio de Talley pone en cuestión la opinión
“cl{sica” que hacía de la Navidad una fiesta cristiana creada bajo Constantino para
suprimir la fiesta pagana del Sol Invictus. El simbolismo del solsticio de invierno
habría sido percibido por los cristianos como algo providencial.




                                                                                       38
      Pascua: resurrección del Señor
      Antes del 150 d.C., se supone que los cristianos celebraban la Pascua cristiana
en la misma fecha que la pascua judía porque Cristo celebró la Última Cena y la
Pascua ese día.
      Existen dos tradiciones diversas respecto a la Pascua dentro del ámbito judaico:

                   -      El rito hebraico: el que “pasa” es Dios.
                   -      Otra tradición que se vincula con el Exodo: el que “pasa” es el
             pueblo judío de la esclavitud a la libertad.

       Cristo muere con ocasión de la Pascua judía. Los cristianos inicialmente lo que
celebraban era el domingo. Propiamente la fiesta de Pascua sólo se introduce a partir del
año 150 y surgirán también dos perspectivas teológicas diversas a la hora de entender la
Pascua cristiana:

                 - la teología asi{tica: Es Cristo el que “pasa”. Cristo por la Pasión ha
          pasado de la Muerte a la Vida. La Pascua asiática pone el acento sobre el
          Cordero inmolado, sobre el sufrimiento de Cristo.
                 - La teología romana: A través de la Pasión de Cristo nosotros hemos
          pasado de la muerte a la vida. La Pascua dominical recalca la Resurrección y
          no la Pasión.

        Podemos suponer que hasta la destrucción del Templo de Jerusalén (70 d.C) los
cristianos debieron celebrar la Pascua coincidiendo con la Pascua judía, siguiendo de
esta manera el calendario judío. Pero esto no es más que una suposición, ya que sólo nos
ha llegado el testimonio de la celebración de la Pascua cristiana a partir del año 150 y en
dos tradiciones diferentes:
        -     la dominical. La Pascua se liga al domingo (domingo siguiente al 14 del
Nisán).
        -     La cuatordecimana. La Pascua debe celebrarse el 14 del Nisán. La
celebración cristiana fundamental es, como todos sabemos, la Resurrección. Su cálculo
ha estado siempre basado en la pascua judía, que coincide con el 14 del mes de Nisán, el
primero del calendario judío, que va de mediados de marzo a mediados de abril. El 14
del mes de Nisán coincide con el primer plenilunio de primavera. Pero las divergencias
entre las diferentes Iglesias cristianas empezaron pronto. Mientras la mayoría de las
iglesias, incluyendo la de Roma, celebraban la Resurrección en domingo, para
determinadas Iglesias cristianas del Asia Menor la muerte debía coincidir el 14 del mes
de Nisán, y por tanto la Resurrección con el 17 de dicho mes, prescindiendo del día de la
semana. Para ello apelaban a la tradición de San Felipe y San Juan y de varios santos
padres de Asia Menor. Esta corriente recibió el nombre de cuatordecimana. Esta
divergencia era motivo de un cierto escándalo, incluso los mismos gentiles se la echaban
en cara a las Iglesias cristianas. Por eso desde antiguo se procuró componerla. Durante
el pontificado de san Aniceto (154-165), san Policarpo, obispo de Esmirna, que había
sido discípulo de San Juan, fue a Roma y trató entre otros asuntos este, no lográndose un

                                                                                     39
acuerdo.
Poco después se incrementó la controversia, por lo que el Papa Víctor (189-198) mandó a
los obispos de ciertas provincias, sobre todo a los del Asia Menor, que se reuniesen en
concilio para tratar el asunto, y procurar de llegar a una uniformidad. Casi todos
acordaron hacerlo en domingo, salvo Polícrates, obispo de Éfeso, con sus sufragáneos. El
Papa le amenazó seriamente con la excomunión, aunque san Ireneo, obispo de Lyon,
consiguió moderar la postura del romano pontífice.


       Convocado por el emperador Constantino, aunque todavía no era cristiano, el
objeto fundamental de este Concilio fue tratar sobre la herejía arriana, que daba origen a
múltiples disensiones y enfrentamientos en la Iglesia. Su síntesis principal es el Credo o
Símbolo Niceno, que junto con las adiciones del Concilio de Constantinopla es el que
profesamos hoy día. Pero también trató este tema de la fecha de la Pascua, en especial
para resolver definitivamente la cuestión de los protopasquistas.
       En resumen, las disposiciones del Concilio de Nicea, que son las que hoy sigue la
Iglesia, se pueden resumir en 3 puntos:


              1º - Que la Pascua se celebre en domingo (lo cual iba directamente contra
       los                                                            cuartodecimanos).
       2º - Que jamás se tenga la Pascua en el mismo tiempo que los judíos, cosa que se
       consideraba un escándalo, por cuanto si el 14 de Nisán cayera en domingo, la
       Pascua no debía celebrarse ese día sino el domingo siguiente.
              3º - Se prohibía a los cristianos celebrar dos veces la Pascua en el mismo
       año, es decir, como el comienzo del año era el equinocio primaveral, se prohibía
       celebrarla antes del equinoccio real, olvidándose de la entrada en aries.


       De diversos escritos, sobre todo de san Cirilo de Alejandría y san León Magno, se
deduce que mientras el Concilio de Arlés dio la razón en el cálculo de la Pascua a la
Iglesia de Roma, el de Nicea se la dio, de forma definitiva, a la Iglesia de Alejandría. Y
también que estableció la costumbre de que Alejandría comunicase a Roma el día de la
Pascua, para que la Iglesia de Roma la transmitiese a las otras de la cristiandad.


      Epifanía
      Manifestación del Señor, adoración de los reyes magos. También se entendía
como el Bautismo de Jesús y las bodas de Caná.

      Pentecostés
      En el s. II los días de ayuno y abstinencia son los miércoles y los viernes con
ayuno hasta las 15:00, la hora nona, estos eran los días “stationis”. En el s. III se añade
el sábado, como espera para el Domingo, preparando la Pascua que se extiende


                                                                                        40
durante 40 días antes de Pascua, para imitar a Jesús que en el desierto estuvo
ayunando, esto lo hacen primero los monjes.

       Lugares de culto y arte cristiano
       Las primeras Iglesias eran casas particulares. Las catacumbas eran lugares de
enterramientos y como los cristianos se presentan como una asociación funeraria, allí
tienen privacidad y lugares de culto. Se representa a Cristo en forma humana como
el Buen Pastor, también se representa a la Virgen María con el Niño en Brazos y a San
Pedro con San Pablo.

       “Lapsi”
     Aparecen en el s. III, eran cristianos que renegaban de su fe ante las
persecuciones de Decio y Diocleciano. Los rigoristas no les querían dejar entrar otra
vez en la Iglesia, pero la Iglesia les vuelve a dejar entrar. Los extremos no triunfan, la
unidad, la comunión y el término medio sí triunfan. Volvían a la Iglesia a trasvés de
la penitencia pública.

      Culto a los mártires
      Los mártires eran considerados héroes del cristianismo, eran Cristo y santos, los
cristianos buscan el martirio, pero la Iglesia quiere controlar los excesos porque solo
Cristo hace capaz del martirio a quien quiere, no uno mismo. Luego se pensó que los
mártires no tenían miedo a al muerte y al dolor, cosa que era falsa ya que cuesta ser
mártir. La palabra mártir significa testigo. San Esteban es testigo del cielo abierto
pero mártir es todo el que sufre por Cristo. El confesor de la fe también es un mártir.
La veneración a los mártires es grande, se celebra su aniversario de martirio, se
entierran con cuidado y se escribe literatura martirial.

      Protocolos de los procesos notas que escribe el notario sobre el juicio del mártir,
estos procesos son verdaderos por su simplicidad, su imparcialidad y su estilo
literario. Se conservan porque los cristianos compraban los textos de esos protocolos.

      Actas martiriales
      Pasiones: narración de testigos del proceso y tortura, bastante fiables.
      Leyendas: tienen parte de exageración e inexactitud, se habla de mártires que
no sufren, discursos muy largos del mártir, se les hace insensibles, se les hace capaces
de citar muchos textos de la Sagrada Escritura de memoria,< Tienen parte de verdad
y parte de mentira.




                                                                                       41
      Tema – 7 La revolución constantiniana
                                   BIBLIOGRAFÍA
FUENTES

   1. EUSEBIO DE CESAREA, Storia Ecclesiastica, Città Nuova, Roma 2001, cc.
      VIII-IX.
   2. IDEM, Vita di Costantino, Prologo, in BOSIO-DAL COVOLO- MARITANO,
      Introduzione ai Padri della Chiesa, Sei, Torino 19983, pp. 198-201.
   3. IDEM, Storia Ecclesiastica, Città Nuova, Roma 2001, cc. VIII-IX.
   4. LACTANCIO, De mortibus persecutorum,
   5. OPTATO DE MILEVI, La vera Chiesa, Città Nuova, Roma 1988, pp.13.15-
      18,20-23,38.53.58.84-89.110.140.147.
   6. IDEM, Traté contre le Donatistes, SCh 412

ESTUDIOS

   1. ALBERTINI E, L’èmpire romain, Paris, 1938, pp.
   2. BAUS K., Lo scoppio e lo svolgimento della persecuzione di Diocleziano en
       JEDIN H., Storia della Chiesa I, Milano 19771, pp. 503-512.
   3. BROWN PAUL, The Rise of Western Christendom, tr. it. La nascita
       dell’Europa cristiana, Milano 2004.
   4. DATTRINO LORENZO, Introduzione a OTTATO DI MILEVI, La vera Chiesa,
       Città Nuova, Roma, 1988, pp. 14-24.
   5. FORLIN PATRUCCO M., Costantino I, DPAC, 803-805
   6. HERTILNG LUDWIG, Costantino, Enciclopedia Cattolica vol. IV, Roma 1949,
       coll. 715-722.
   7. LABROUSSE MIREILLE, Introduction à OPTAT DE MILEVE, Traité contre les
       Donatistes, SC 412,
   8. MONCEAUX PAUL, Histoire Littéraire de l’Afrique chrétienne, vol. IV,
       Bruxelles 1963 (ed. anastatique),pp. 199-203.
   9. OLIVETTI ALBERTO, Costantino, Enciclopedia Italiana vol. XI, Roma, pp.
       601-606.
   10. PIETRI CHARLES, Costantino e la cristianizzazione dell’Impero, in AA.VV.,
       Storia del Cristianesimo, Roma 2000, pp.187-223.


      1. Una batalla decisiva
        Para afrontar nuestro estudio partimos de una fecha, el 312, año de la victoria
sobre Majencio en la batalla de Puente Milvio. Justo antes de la batalla, en los
escudos de todos los soldados, hace imprimir el anagrama de Cristo: la P y la X
entrelazadas. El signo es un preludio del favor con que trataría Constantino a la
Iglesia. De hecho es éste el evento con el que suele hacerse iniciar el imperio romano-
cristiano; está como en la base del profundo cambio.


                                                                                    42
        Era el año 305 cuando Diocleciano abdica, obligando a hacer lo mismo a su
colega Maximiano Hércules. Inmediatamente Galerio y Constancio Cloro toman sus
puestos en Oriente y Occidente, siendo proclamados como césares Maximino Daia en
Oriente y Valerio Severo en Occidente. Cuando muere Constancio Cloro en Bretaña,
el ejército aclama como nuevo augusto a su hijo Constantino. Era el año 306. La Galia
e Hispania eran sus dominios. Del otro lado estaba Majencio —hijo de Maximiano
Hércules—, quien instiga contra Severo y acaba siendo proclamado en Roma, en el
306, por los pretorianos. La victoria de Majencio sobre Severo hace que en unos años
queden como dueños de Occidente Constantino y Majencio —la Galia e Hispania
eran de Constantino, mientras que Italia y África eran de Majencio—. En Occidente
habían cesado las persecuciones con Constancio Cloro. Ahora su hijo continúa esta
misma tolerancia, lo cual también hace Majencio.
       En Oriente, Galerio y su colaborador Maximino Daia, continúan con una
persecución fanática. En el Ilírico se apaciguó algo la persecución cuando Galerio
puso como sucesor de Severo a Licinio. La resistencia y consolidación del
cristianismo hacen reconocer a Galerio su fracaso en la persecución. Políticamente ve
que el Imperio se va convirtiendo en una anarquía; por otra parte, una cruel
enfermedad lo va consumiendo. Se pone de acuerdo con los árbitros de Occidente,
Constantino y Majencio, y publican en el 311 el primer edicto de tolerancia, pidiendo
el propio Galerio a los cristianos que orasen por él.
      2. Dueño de Occidente
        Constantino, viendo cómo el sistema de la tetrarquía se demuestra ineficaz
para el gobierno de un Imperio que se precipita a la ruina —no sólo veía cómo
Maximiano y Majencio iban contra él, sino que en Oriente estaban enfrentados, a la
muerte de Galerio, Maximino Daia y Licinio—, se prepara para ser emperador único.
Gran genio político, va preparando el terreno con una propaganda que asocia su
nombre al del dios sol, legitimando así su pretensión a ser único emperador: el dios
solar ilumina, él solo, a todo el universo. Con esta propaganda se aproxima a Italia.
Maximiano —cuya hija, Fausta, estaba casada con Constantino—, al ver que
Constantino va contra él, se suicida. Majencio se encontraba envalentonado en Roma
después de sus recientes victorias en África, dejando pasar tiempo para que las
tropas de Constantino se fueran desgastando. Sin embargo, Constantino tenía prisa
por obligarle a presentar batalla. Por fin se encuentran los dos y vence Constantino.
Es el año 312. Constantino vence con el crismón en el escudo de sus soldados.
       Tres años después se construye el Arco de Constantino, en el cual figura esta
batalla principal. En él figura una inscripción que dice: «Constantino venció por
ayuda divina». La frase es, desde luego, ambigua y diplomática: ¿a qué divinidad
hace referencia? No dice nada del Dios cristiano. Tiene su lógica, teniendo en cuenta
que de frente tiene toda la tradición pagana romana. Sin embargo, Constantino
reconoce que ha vencido gracias al Dios cristiano. Al menos, que Constantino
hubiera dado en seguida el nombre preciso de Cristo a la divinidad de Puente
Milvio, fue escrito bien pronto por los cristianos.


                                                                                  43
       Lactancio, preceptor del hijo de Constantino, Crispo, refiere cómo Constantino
tuvo por la noche una visión y en ella recibió la orden de grabar sobre los escudos de
los soldados el crismón y dar inmediatamente la batalla. Eusebio, en un primer
momento —poco después de estos sucesos, en su Historia eclesiástica—, nos dice que
Constantino acudió a Dios en esos momentos de apuro. Sin embargo, en su Vida de
Constantino da más detalles: presenta todas las circunstancias de una visión diurna,
algunas semanas antes de la batalla, en que se le aparece una cruz luminosa en el
cielo.
       Sea como fuere, Constantino favorecerá a la Iglesia, a partir de este momento,
de una manera excepcional. En febrero del 313, ya único emperador de Occidente, se
encuentra en Milán con su colega oriental, Licinio. Allí discuten sobre el futuro del
Imperio. Algunos dicen que allí nació el “edicto de Mil{n” o edicto de tolerancia,
según el cual los cristianos podrían profesar libremente su fe. No tenemos este
documento, entre otras razones porque esa tolerancia ya era efectiva en Occidente —
no olvidemos la benevolencia mostrada por Constancio Cloro hacia los cristianos, a
los que verdaderamente estimaba—; pero sí sabemos que Licinio, ya de vuelta a
Oriente, derrota en pocos meses a Maximino Daia y, al poco tiempo, emana un
rescripto —nos queda noticia del enviado al prefecto de Bitinia— donde confirma la
tolerancia religiosa concedida por Galerio; se pone fin a la persecución en Oriente. Y
esto lo hace en su nombre y en nombre de Constantino. Es un edicto de tolerancia, es
decir, se da libertad de culto a los cristianos; se permite ser cristiano, no se obliga a
serlo. La finalidad, seguramente, es que el Estado esté seguro, que no tenga
problemas.
      3. Emperador único
       El verdadero Edicto de Milán no parece que exista, aunque sí en la sustancia.
De hecho, el verdadero edicto había sido el de Galerio. Justo después de la
conversación con Licinio, Constantino desarrolla una política de favorecimiento a la
Iglesia, si bien su colega oriental, con el tiempo, hará todo lo contrario, quizás para
provocar un contraste, poniendo así unas bases religiosas distintas. Es cierto que,
pagano como era, Licinio no podía soportar el auge creciente que tenía el
cristianismo, llegando a celebrar sínodos en Ancira y en Neocesarea. Pronto se
desencadó una auténtica y cruel persecución en Oriente. Constantino, queriendo
conservar a todo trance la paz religiosa, le dio batalla y lo venció en Adrianópolis en
el 324. Constantino quedó dueño único de todo el Imperio, cumpliéndose así su
sueño de unidad imperial. Su favor hacia los cristianos reúne niveles de extrema
importancia histórica.
  Es necesario prestar una atención rápida a los acontecimientos constantinianos
  que más se entrelazaron con la vida de la Iglesia, transformándola profundamente
  en su disposición exterior —jerarquía, clero, lugares de culto, relaciones con el
  Estado—, mas también en las posibilidades de crecimiento sobre el plano teológico
  —luchas contra las herejías, concilios, escuelas doctrinales— y espiritual —vida
  consagrada, monacato, difusión de una moralidad nueva—. Ante tal cambio del
  rostro de la civilización está la figura misma de Constantino, que pasa a ocupar un

                                                                                      44
  relieve excepcional en la historiografía, también en el arreciar de las polémicas
  demoledoras, que en un caso como éste —fuertemente ideologizado—, no podían
  faltar. Nuestro rápido recorrido de los eventos de la edad constantiniana se
  concluirá, por tanto, con un sumario reclamo al debate creado en torno a esta
  extraordinaria personalidad.
      II. La conversión de Constantino
       Es comprensible que nos sea siempre cuestionado por qué fue determinado el
comportamiento de Constantino, el cual modificó el curso de la historia. A tal
pregunta, recurrente, se ha tratado de responder en modos diversos. Es un problema
viejo y, a la vez, siempre nuevo, sobre el que se vuelve una y otra vez. Se ha escrito
mucho sobre si la conversión de Contantino fue auténtica o, más bien, un cálculo
político. La cuestión viene respondida desde tres posturas, en las que se alinean los
historiadores: unos dicen que no hay conversión, sino que lo que lleva a Constantino
a favorecer a la Iglesia es un mero cálculo político oportunista —en esta postura se
encuadran Grégoire, Schönebeck—; otros creen que Constantino había acogido el
cristianismo, pero no lo había asimilado en su significado más íntimo y, por ello, su
acción política habría sido dictada por un comportamiento sincretista, confuso —
defensores de esta postura son Salvatorelli, Piganiol, Gagé—; por último, hay
historiadores que defienden que Constantino habría sentido una atracción especial
por el cristianismo y, así, la suya puede considerarse como verdadera conversión —
Baynes, Alföldi, Palanque, Vogt, Müller, Jones—.
       Como suele a veces suceder, también en este caso la verdad está contenida un
poco en cualquiera de las diferentes opiniones. Así, por ejemplo, los datos que se
sugiere tomar en consideración para negar la conversión están constituidos
fundamentalmente por aquellos elementos paganos que continuaron —estando él
conforme— marcando la persona de Constantino o realidades —monumentos,
templos, monedas— que lo refieren directamente. No obstante, se debe observar que
se trata de casos esporádicos, a lo más del período diárquico con Licinio, y, de todos
modos, no prevalentes sobre aquéllos de carácter claramente cristiano. Es, por tanto,
lícito pensar que el emperador había tolerado más bien que provocado. Es más,
ninguno duda que los sucesores de Constantino hayan sido todos cristianos —la
misma apostasía de Juliano es reconocida como un hecho serio, y, por lo tanto, es un
presupuesto la fe primera profesada—: ¿por qué, entonces, se necesitaría admitir la
excepción precisamente para el ilustre cabeza de dinastía? Aquellos mismos datos
sirven, más bien, para entender que el cambio religioso de Constantino fue muy
distinto a una “conversión a lo san Agustín”. Pero esto es otro discurso.
       Para nosotros, el signo de la fe sincera en Constantino es que él, al final de su
vida, se bautiza. ¿Por qué espera tanto? En aquella época la práctica penitencial era
muy dura, no como en nuestros días. Por otra parte, él sabía que el bautismo perdona
todos los pecados. Constantino cree en esto, y por eso demora su bautismo,
consciente de que el ejercicio de gobierno conllevaba actuaciones moralmente
arriesgadas; le urgía presentarse limpio ante Dios. De hecho, hay un dato
significativo: cuando Constantino se bautiza, deja de vestir la púrpura para llevar

                                                                                     45
siempre sobre sí una vestidura blanca. Por otra parte, en aquella época la conversión
no iba acompañada necesariamente de un bautismo inmediato; de hecho, se dieron
casos en que algunos grandes personajes se hicieron bautizar cuando fueron elegidos
para el episcopado; y eso no nos hace dudar de su conversión sincera.
       La cuestión, sin embargo, nos parece mal formulada. Se pregunta si
Constantino favorece a la Iglesia por cálculo político o por una fe real en él. Pero no
se ahonda en si realmente hubo conversión en él. No se puede deducir esto de sus
obras, aunque lo cierto es que favoreció a la Iglesia, se convirtiera de verdad o no se
convirtiera sinceramente.
       En cuanto al interés político perseguido por el emperador con el cambio, no
siempre es una acción sustancialmente concomitante al hecho de conciencia que la
conversión comporta. Es más, no obstante la fe cristiana, posiblemente nunca un
hombre, desde la intuición política de Constantino, habría producido una
transformación del Estado si éste se pudiera sostener sobre otras bases. La nueva fe
pudo sólo serle de ayuda para comprender la importancia que el cristianismo
efectivamente revestía para el Imperio. Y es este último hecho el que más atención
histórica merece.
        Al historiador le compete verificar los hechos. Sin embargo, debe dar otro
paso: explicar esos hechos, por qué se han dado esos hechos. Si Constantino actuó de
una manera determinada, fue por su fe; la fe le había ayudado a entenderlo así. Pero
no sólo la fe, sino la situación histórica en que se inscribe su tiempo. Constantino
tenía un gran sentido político y se daba cuenta de la situación que atravesaba el
Imperio. Por otra parte, también era consciente de que no todo el Imperio era
cristiano. Aparte de su fe, ¿qué le induce a considerar tan importante al cristianismo
y a favorecerlo? Pensamos que tres motivos:
       -El número siempre creciente de cristianos y la presencia de sedes episcopales
en las ciudades principales del Imperio. De todos modos, esto no era suficiente para
dar un trato de favor arriesgado, pues, al menos en Occidente —donde Constantino
reinaba cuando se convertía—, la mayoría de la ciudadanía no era cristiana; los
paganos, además, eran los más representativos de la sociedad —intelectuales,
senadores, cuadros del ejército...—. Si Tiberio o Claudio hubieran dado en sus
respectivas épocas el paso que Constantino dio en la suya, con toda seguridad que se
habrían encontrado con la sublevación y su derrocamiento.
       -De mayor relevancia le pareció al emperador la eficiencia de las
organizaciones cristianas y la communio que hacía solidarias las mismas
organizaciones en el interior de una societas verdaderamente universal. Dos
elementos que, de poderse desarrollar, a seguro que serían beneficiosos para un
Imperio debilitado por fuerzas centrífugas y por la dificultad de “coordinación”.Y es
que, así lo constataba, las instituciones imperiales habían perdido su antigua eficacia.
      -Tales prerrogativas de la Iglesia aparecían, además, más relevantes por el
hecho de que su entera organización había resistido una terrible persecución, la de
Diocleciano. La fuerza moral con la que los cristianos contrarrestaron la persecución,

                                                                                     46
fue un factor determinante en la simpatía de Constantino hacia el cristianismo. La
fuerza ideal y moral con que los cristianos habían afrontado la sanguinaria
persecución del inicio de siglo fue, pues, el factor menos despreciable entre aquéllos
que debieron convencer a Constantino. Añadamos el reconocimiento que Galerio
tuvo hacia los cristianos después de haberlos perseguido. La sangre de los mártires
había realmente influido sobre el desarrollo de la Iglesia; la había hecho
esplendorosa. Constantino no hace sino coronar a una Iglesia digna de ser coronada.
       Todo esto se puede entender desde una lectura atenta de los autores cristianos,
de la patrística. La lectura pagana era muy distinta: tanto Eunapio como Zósimo —
Historia nueva— entendían la conversión de Constantino al cristianismo como una
necesidad de recibir perdón por el asesinato del hijo Crispo y de la mujer Fausta; no
habría encontrado perdón en los sacerdotes paganos ni en el filósofo neoplatónico
Sopatro, mas sí en los cristianos... De todos modos, a desacreditar tal calumnia
saldría Sozómenos con argumentos fundados.
      III. Legislación de Constantino a favor de los cristianos
       El favor y la protección acordados por Constantino hacia la Iglesia están
ampliamente documentados. Se tengan en cuenta especialmente los libros 8 y 9 de la
Historia Eclesiástica de Sozómenos —dedicados a la legislación constantiniana—,
donde se hace referencia a una serie de edictos, algunos de los cuales se encuentran
en el Codex Theodosianus. Otros testimonios completan el cuadro de la legislación
       Debemos poner una premisa importante: es verdad que la legislación
constantiniana se funda sobre una nueva concepción religiosa, pero también hay que
decir que es hija de la mentalidad romana que había inspirado la legislación del
Imperio pagano, donde el Estado tiene el sumo deber de asegurar la paz del orbe, la
pax deorum —paz conseguida gracias a hacer la voluntad de los dioses y
adquiriendo así su benevolencia—. Por eso, el Estado debía ocuparse de la religión,
era quien entablaba las relaciones de sus súbditos con la divinidad; ejercía una
función de mediación —el emperador era el pontifex maximus—. Sin embargo, el
emperador romano se encuentra ahora con una novedad absoluta: se topa con una
realidad, la Iglesia, que se arroga el pleno poder de regular las relaciones entre la
divinidad y los hombres. Nunca los emperadores se habían encontrado de frente con
el problema de la relación con una entidad que se considerase “mediadora” con
pleno título entre los hombres y la divinidad. La Iglesia era la única autorizada para
mediar entre Dios y los hombres. En esto el cristianismo revolucionaba la concepción
del mundo antiguo: la Iglesia era un lugar de salvación, un lugar radicalmente
distinto del que podía asegurar la función del Estado. Constantino, pontifex
maximus del Imperio, delegado por excelencia de la religión del Estado, se encuentra
delante con una entidad que le contradice. ¿Cómo resuelve esta cuestión? Intentando
la colaboración con la Iglesia: reconoce a la Iglesia la competencia sobre las “cosas
internas” —materia de fe, moral, disciplina eclesiástica, medios de salvación—; y se
atribuye a sí mismo el derecho-deber de intervenir sobre las “cosas externas” —
entendiendo por esto cuanto derivaba de las primeras sobre el plano de la aplicación
práctica (haciendo respetar esas decisiones de la Iglesia sobre cuestiones internas, y

                                                                                   47
que la propia Iglesia no tenía fuerza para imponer; así, por ejemplo, si hacía falta un
concilio, era Constantino quien lo convocaba)—.
        Evidentemente, el límite de estos dos ámbitos era bastante lábil —y, con la
mentalidad de hoy, diríamos también que inconsistente—. De hecho, la solución
ahora descrita creó, en un primer tiempo —precisamente el de Constantino y, de
cualquier modo, también de sus hijos— una condición de subalternidad en la Iglesia.
También, como veremos, fue el pulular de cismas y herejías a provocar ilegítimas
iniciativas del emperador: él, de hecho, se preocupó de defender la unidad de la
Iglesia, desde la cual estaba profundamente convencido de que dependía
estrictamente la unidad del Estado. En un segundo tiempo, sin embargo, a partir de
Valentiniano I, la iniciativa pasó decididamente a las manos de la Iglesia —es decir,
de sus obispos y de los concilios—, y el principio, típicamente romano, de las
competencias religiosas del Estado fue entendido como el deber que este último tenía
de sostener, con los medios propios —el brazo secular—, cuanto la Iglesia
autónomamente habría establecido.
       Aclarado todo esto, daremos un repaso a lo que fue concretamente la
legislación de Constantino, para considerar después —aparte— el comportamiento
práctico asumido por este emperador en momentos relevantes de la Iglesia, como
aquéllos relativos a los fenómenos cismáticos y heréticos.
       Al hablar de Constantino hay que tener en cuenta que su actividad legislativa
es, sobre todo, práctica. Desde su actuación nos podemos remontar al principio que
le inspira. La legislación constantiniana, que nace de ese esfuerzo por conciliar la
tradición romana de pontifex maximus con la exclusividad de la Iglesia en las
relaciones de salvación, toma en consideración los siguientes cuatro puntos: las
exigencias generales del cristiano; las exigencias materiales; las exigencias
espirituales; la exigencia de privilegiar a la Iglesia dentro del Imperio.
      1. Exigencias generales
  La Iglesia precisa que el cristiano honre al verdadero Dios. Justo después de la
  victoria sobre Licinio fue proclamado un edicto con el que se recomendaba y
  tutelaba la fe en la “sola verdadera Divinidad”. Esto llevaba a considerar que las
  otras divinidades no eran verdaderas. Esto es una declaración muy relevante. Por
  el momento, Constantino dio libertad de culto, lo cual ya era un paso muy
  importante. Sin embargo, el símbolo de la Cruz, entretanto, venía representado en
  monedas y medallas.
      2. Exigencias materiales
       Se trataba de subsanar situaciones trágicas. Muchos cristianos habían sido
condenados a la cárcel, al exilio, a las minas, así como a trabajos públicos onerosos en
las ciudades. Fueron absueltos de todo esto, podían recuperar sus cargos anteriores
en el ejército aquéllos que provenían de la milicia, y a aquéllos que se hubiera
perjudicado con la confiscación, se les devolverían todos los bienes.
        Había que facilitar la práctica de la religión cristiana. Se les liberaba de
sacrificar a los dioses a aquéllos cristianos que, por sus cargos, estuvieran obligados a
                                                                                      48
ello. A Constantino se debe la declaración del domingo —dies Dominicus— como
día festivo, en el que nadie trabajaría, no habría tribunales ni mercado. Se impone,
pues, un ritmo semanal que no era el tradicional romano. Ello precisamente para
incrementar el culto.
       Para hacer frente al aumento progresivo de los fieles, comenzó un programa
de construcción de iglesias para la celebración del culto. Se elevaron muchas basílicas
de nueva planta, constatándose un verdadero incremento basilical en esta época. Se
produce una cesión importante de terrenos, por parte del Estado, a la Iglesia.
Además, hubo una conversión de templos paganos en templos cristianos. A cada
iglesia se le asignó una renta —el montante de los impuestos de radicación (sobre el
terreno)—, tanto para el mantenimiento del templo como para el sustento del clero.
Los bienes de la Iglesia podrían ser incrementados a través de las donaciones de los
mismos cristianos adinerados.
      3. Exigencias espirituales
       Se impulsó una moralización de las costumbres. La moral debía traducirse en
la vida. Se dictan leyes para abolir los espectáculos inmorales —especialmente los
concernientes a los gladiadores—; se miró, adem{s “a corregir las uniones impúdicas
y disolutas”, apuntando sobre todo a penalizar la prostitución —especialmente la
sagrada—, el rapto —de las muchachas para el matrimonio—, la fornicación —la que
los tutores practicaban con sus tuteladas—, el adulterio —se contemplaba el
adulterio de una mujer con su esclavo, con pena incluso de muerte— y el
concubinato.
  Hay un apoyo explícito a aquéllos que quieren seguir la vida consagrada. Antes de
  Constantino la forma heroica de vivir la vida cristiana era el martirio. Ahora se
  suscita la vida consagrada. Sin embargo, desde Augusto había una dificultad casi
  insalvable para poder seguirla, puesto que —por razones moralizantes— se
  penaba a aquéllos que no se casaban o no tenían hijos. Constantino abole la
  legislación antigua, de tal manera que quien siguiera la vida consagrada tendría
  los mismos derechos que los demás ciudadanos del Imperio. Había jóvenes que no
  alcanzaban la edad legal —tenían aún 15, 16 ó 17 años— y, sin embargo, querían
  consagrarse: no sólo se les permitía la consagración, sino que, además, el Estado
  les adelantaba las prerrogativas civiles que se adquirían con la mayoría de edad.
      4. Privilegios
       El ámbito de la legislación filocristiana de Constantino se refleja de una
manera muy particular en la condición social que quiso asegurar al clero y a la
jerarquía en particular. Todo clérigo estaba dispensado del pago de impuestos y de
los munera —no tendría obligación de realizar trabajos públicos—.
        Otro tipo de privilegios iban destinados a dar una situación relevante a la
Iglesia, además de beneficiosa en su labor social. Fueron las leyes referentes al
episcopado. Se instituye la Episcopalis audientia, la cual hacía referencia a los juicios
civiles —no penales—. En todo juicio una parte vence y la otra pierde. Si las partes
están de acuerdo, se podía apelar al obispo, el cual decidiría. El obispo adquiere una

                                                                                      49
gran importancia civil. La gente, de hecho, tenía más confianza en los obispos que en
muchos jueces civiles.
       Otra ley es la que hace referencia a la manumisión de los esclavos, a su
liberación: la manumissio in ecclesia. El esclavo liberado ante la presencia del obispo
adquiriría todos los derechos de ciudadanía romana —cosa que antes no ocurría en
las liberaciones—. Esto reflejaba la humanidad de la Iglesia, que también se tuvo
presente en la supresión, por parte de Constantino, del suplicio de la cruz.
       Constantino, siempre que estima que la situación lo exige, interviene. Le
interesa la paz en el interior del Imperio. El instrumento de cohesión en el Imperio es
la Iglesia. La unidad en la Iglesia era algo fundamental. En el período occidental se
topa con al donatismo; en Oriente se encontrará con el arrianismo. Para resolver estos
problemas, será él quien convoque los concilios correspondientes.
      1. El donatismo
       En el 313 Constantino escribe al procónsul de África para comunicarle la
exención de munera curiales para los clérigos de la Iglesia católica. Aquí define lo
que él entiende por Iglesia católica: aludía a la organización religiosa por él
oficialmente reconocida, que era una entidad universal, la cual abrazaba las
comunidades cristianas del mundo romano ligadas entre sí por una íntima comunión
—es el sentido entendido siglos antes por Ignacio de Antioquía y Policarpo—. Si
algún obispo no estaba en comunión, ¿podía aplicársele esta ley de exención
tributaria? El problema de la comunión se remonta en África a los tiempos de la
persecución de Diocleciano. Había habido traditores —traidores— que habían
entregado a las autoridades romanas las Escrituras y demás libros cristianos. Cuando
terminó la persecución, los que salieron de las cárceles se rebelaron contra los
obispos traidores. Es el África montanista —no reconoce validez a la administración
de los sacramentos por parte de un ministro indigno—, heredera de Tertuliano, así
como del rigor con que Cipriano trató a los lapsi. En este África rigorista, sin
embargo la Iglesia era floreciente. El conflicto estalla en Cartago en el 312, cuando un
obispo —Félix, considerado traidor, aunque después de demostró que no era cierto—
consagra como obispo de Cartago a Ceciliano, hasta entonces archidiácono. El
primado de Numidia interviene y declara nula la ordenación, pues no la había hecho
él y, además, había intervenido en ella un traidor. Entonces consagra a Maiorino. El
problema que se crea al procónsul es que hay dos obispos y los dos se excluyen
mutuamente de la comunión. ¿A quién se aplica la exención tributaria?
       Constantino consulta a Ossio, el cual le dice que Ceciliano es el verdadero
obispo. A la muerte de Maiorino es consagrado como obispo Donato, el cual es
tremendamente batallador. Constantino decide organizar un sínodo en Roma, en el
cual estuviera presente el papa. Se celebra el 1 de octubre del 313 bajo la presidencia
del papa Milcíades. Se da la razón a Ceciliano. Sin embargo, Donato protesta,
alegando la falta de representatividad en el sínodo, y pidiendo que fuera de toda la
Iglesia; además, los italianos —decía— no entendían el problema. Constantino
ordena al procónsul de África —Eliano— que investigue si Félix había sido traidor; el
resultado de la investigación es la inocencia total de Félix. Se organiza otro sínodo,

                                                                                     50
éste en Arlés (agosto del 314), en la Galia. Dispone que el cursus publicus —los
carros donde se llevaba el correo— esté a disposición de todos los obispos, para que
pudieran asistir cuantos más mejor. Y, efectivamente, resulta un sínodo muy
concurrido. Se confirma la decisión del sínodo anterior y dicta penas duras contra los
falsos denunciantes. Donato, perdedor, apela a Constantino, el cual, en un primer
momento, cita en Milán a representantes de ambos partidos (año 316) y dictamina lo
mismo que decidiera el papa Milcíades y el sínodo de Arlés. En un segundo
momento, cansado del problema, decide pasar a la acción, y una acción de fuerza: se
les quitan las iglesias a los donatistas y se les confiscan los bienes.
       A partir de este momento asistimos a una literatura y a un movimiento, el
donatista, que sostiene tenazmente la independencia de la Iglesia con respecto al
emperador. Un movimiento que reúne una serie de características interesantes: gran
rigor moral; defensa de la independencia con respecto al emperador; connotaciones
místico-sociales —gran misticismo y atención a los pobres—; y un acentuado
provincianismo africano —el cual llegará a la violencia—. Las medidas de fuerza se
demostraron inútiles. Constantino apelará a la paciencia, para que fuera el tiempo
quien apaciguara los ánimos. Pero esto también se demostró ineficaz, pues los
donatistas se lanzaron a una serie de acciones agresivas, expulsando a varios obispos
católicos de sus sedes y poniendo en su lugar a obispos donatistas. Prácticamente
hasta la entrada de los vándalos en África no se resolverá el problema, cuando sean
reprimidos juntamente el catolicismo y la herejía.
      2. La lucha contra el arrianismo
       Eliminado Licinio en el 324, Constantino llega a emperador único, mandando
también sobre Oriente. Allí se encuentra con una realidad distinta a la occidental:
una realidad cultural, más viva, concretada en dos escuelas, las cuales tienen como
objetivo hacer exégesis de la Biblia. Estas escuelas son la de Alejandría —en Egipto—
y la de Antioquía —Siria—. Las dos afrontan, con mentalidad helénica, los problemas
de la exégesis de la tradición bíblico-apostólica. La primera utilizaba el método
alegórico y la segunda el literal.
       Entre los problemas que afrontan está el de la divinidad de Jesucristo. ¿Es o no
es igual al Padre? ¿Es Dios o, más bien, un superhombre? En aquel momento la
teología está en ciernes, no tan desarrollada como en nuestros días. La escuela de
Antioquía era muy sensible a salvar el monoteísmo —en esto precisamente había
triunfado el cristianismo contra los cultos paganos, en centrarse en una única
divinidad— y la naturaleza verdaderamente humana de Cristo —contra las sectas
gnósticas—. La escuela alejandrina estaba preocupada por salvar la divinidad de
Jesucristo, porque si ésta desaparecía, ¿quién nos habría salvado? Y por ello ponía el
acento sobre las tres Personas divinas. De hecho, la gran originalidad del cristianismo
no está en el monoteísmo, sino en que Jesús, Redentor, es Dios verdadero y
verdadero hombre. De la concepción antioquena resultaba que el Hijo no era
precisamente de la misma naturaleza divina que el Padre. La escuela alejandrina, por
contra, se mostraba intransigente en defender la plena divinidad de Cristo.


                                                                                    51
       Arrio, que era alejandrino, sin embargo se formó en Antioquía. Se entusiasma
tanto con la doctrina de esta escuela, que piensa ardorosamente que esté en ella la
verdad. Cuando regresa a Alejandría predica la doctrina antioquena en la misma
escuela alejandrina. Todo esto lleva a serios problemas, los cuales inducen a convocar
un sínodo, promovido por Atanasio, en el 318, en el cual se condena a Arrio. Esto
hace que prenda la llama, pues condenar a Arrio significaba condenar a toda la
escuela de Antioquía. La mecha se extiende por todo el Oriente cristiano.
       Cuando Constantino llega a Oriente se encuentra con este problema, con este
enfrentamiento. El emperador decide convocar un concilio en Nicea, al cual asisten
318 obispos. En el discurso inaugural Constantino muestra cuál es su intención, y lo
hace con palabras muy claras: «Las escisiones internas de la Iglesia de Dios nos
parecen más graves y más peligrosas que las guerras». El emperador, aconsejado por
Ossio, hace entender a los Padres sinodales su inclinación por la tesis alejandrina. De
hecho triunfa el concepto de homoousia —el Hijo es de la misma naturaleza, de la
misma sustancia, “consustancial” al Padre: homoousía—, y no una vía media de
compromiso, semiarriana, que era el concepto de homoiousia —el Hijo era de
sustancia semejante al Padre: homoiousía—. La diferencia, de una iota, sin embargo
en importantísima. De hecho es impresionante la agudeza, sin duda por inspiración
divina, de este concepto trinitario: una sola naturaleza divina —se mantiene el
monoteísmo— y tres personas distintas. Se piensa que el término homoousion lo
acuñó Ossio, aunque no se sabe con certeza. Lo cierto es que tanto Atanasio como
Hilario de Poitiers contribuyen fuertemente en la elaboración del credo niceno. Fue
solemnemente proclamado que el Hijo es «Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero
de Dios verdadero, generado, no creado, consustancial al Padre». Es el credo que la
Iglesia profesará —sustancialmente tal cual— hasta nuestros días.
       Del Concilio emanan, además, algunos cánones disciplinares: se crean tres
sedes patriarcales —Roma, Alejandría y Antioquía; gozarían de una cierta
jurisdicción sobre el resto de las sedes episcopales en esas tres grandes áreas del
Imperio—; se prohibe a los clérigos habitar con mujeres —en sus casas no podrían
vivir más mujeres que su madre o la hermana—; se concreta el día de la Pascua —
sería el primer domingo después del plenilunio posterior al equinocio de primavera,
siguiendo la costumbre occidental y de la iglesia alejandrina—.
  Se condena a Arrio, lo cual supone su deposición y su exilio, además del de todos
  los arrianos. Entre ellos se encuentra Eusebio de Nicomedia. Algunos —entre ellos
  Eusebio, que se haría gran amigo de Constantino— se dirigieron al emperador,
  convenciéndole de que en el fondo no había separación ni error, que se cree lo
  mismo y se acepta lo acordado en Nicea —no era muy difícil convencer a un
  hombre poco acostumbrado a la especulación teológica—. Constantino hace
  volver a Eusebio a su sede, lo cual provoca el enojo de Atanasio, ya obispo de
  Alejandría —desde el 328, año en que muere Alejandro—. Ante sus quejas, el
  emperador reaccionó contra él, teniendo que salir de Alejandría al exilio,
  precisamente el defensor de la ortodoxia. Marchó a Occidente, a la ciudad de
  Tréveris, donde fue recibido por el papa y por otros obispos, sobre todo de la


                                                                                    52
  Galia, con entuasiasmo y veneración. Este entuasismo rubricaba el enfrentamiento
  entre las iglesias occidentales y orientales.
      V. La tradición sobre Constantino
       Constantino es un personaje discutido, del que hay una tradición
historiográfica a favor y otra en contra. Favorables a Constantino hemos visto a
Eusebio de Cesarea —Historia Eclesiástica y Vida de Constantino— y a Lactancio —
De mortibus persecutorum—. En contra de Constantino y su labor están Ammiamo
Marcellino, Eutropio, Zósimo y, sobre todo, Juliano.
       A partir del siglo V se elabora lo que podríamos denominar como una mito-
hagiografía, la cual se prolongará en la Edad Media y que considera a Constantino
como un santo. Destacan dos obras: Acta santae Silvestri (siglo V), en la que se
subraya la íntima amistad entre Constantino y el papa Silvestre —esta obra será la
base para la leyenda posterior—; y La leyenda áurea, del dominico Iacopo da
Varazze (siglo XIII, entre los años 1244 y 1264), texto divertido, donde aparece el
tema de la “donación” de Constantino —la Constitutum Constantini, justificación del
poder temporal del papa, según lo cual Constantino habría cedido al papa parte del
Lacio y de Roma—.
        La leyenda hace también referencia al bautismo de Constantino, cuestión muy
delicada, pues la Iglesia oriental posteodosiana encontraba muy embarazoso admitir
que se lo hubiera administrado un arriano, como Eusebio de Nicomedia: un
emperador cristiano bautizado por un arriano. De hecho, la Iglesia oriental canonizó
a Constantino —y celebra su fiesta el 21 de marzo, junto con su madre, santa Elena—.
Sobre el bautismo de Constantino se dieron más versiones, alguna recogida en La
leyenda áurea. La primera tradición dice que Constantino, después de haber sido
curado de la lepra, fue bautizado por san Silvestre; la segunda tradición dice que ya
había sido bautizado por el papa Eusebio —anterior a Milcíades y a Silvestre—,
precisamente cuando Constantino tuvo la visión del signo de la cruz y las palabras in
hoc signo vinces —la cual, curiosamente, se le habría aparecido en el cielo la noche
precedente a un enfrentamiento con los bárbaros, a lo largo de la ribera del
Danubio—; otra versión es la san Jerónimo y san Ambrosio, según los cuales,
Constantino prorroga su bautismo hasta poco antes de su muerte para ser bautizado
en el río Jordán.
      Esta visión mística llegará a ser muy atacada, sobre todo en el período de los
humanistas —Flavio Biondo, Lorenzo Valla— y de Lutero, quien atacó duramente
todo lo concerniente al poder temporal del papa. Los historiadores protestantes
tenían dificultad en admitir que el bautismo le hubiera sido administrado a
Constantino por parte de un obispo arriano; superaron esta dificultad de una manera
elegante: Constantino habría sido, efectivamente, bautizado por Eusebio de
Nicomedia, aunque antes de que se hiciera arriano —era la aportación de
Carpigniano. Pensemos que el protestantismo ataca el arrianismo, por cuanto este
último no reconoce la divinidad de Jesucristo—. En cuanto a las otras cuestiones, que
tocaban a los intereses de los católicos, los historiadores protestantes
instrumentalizaron de lleno lo que en la auténtica tradición historiográfica pudiera

                                                                                  53
desembocar en la polémica. Así, por ejemplo, Lutero saldrá a la palestra poniendo de
relieve el hecho de que el concilio de Nicea no había sido convocado por el obispo de
Roma, sino por el emperador; asimismo ridiculizó la pretensión de la donatio,
juzgada por él como «grosera vergüenza, indigna en un campesino borracho». Tales
tesis vinieron repetidas en los Centuriadores de Magdeburgo.
       Los católicos reaccionaron. El mismo León X encargó a Raphaello pintar los
frescos de la sala de Constantino, en la que debían constar la aparición de la cruz, la
batalla de Puente Milvio, el bautismo, y la “donación” a san Silvestre.
       La tradición romana recibía también ataques por parte del pensamiento
jurisdiccionalista. Melchior Goldast escribía en torno a 1615: Imperator est Pontifex
Maximus, hoc est, ut Magnus ille Constantinus Imp. De se dicere solitus erat, twn
ektoz episkopoz, rerum exteriorum in ecclesia Episcopus ac Inspector, y entendía por
res exteriores también la convocatoria de los concilios y el nombramiento de los
ministros del culto.
       Mas ya el católico Sigonio, en una obra de 1578, examinó con equilibrio —
especialmente a la luz de la Vida de Constantino de Eusebio— todas las cuestiones
discutidas. En particular la referente a la convocatoria de los concilios: el de Nicea
habría sido, efectivamente, convocado por Constantino, mas re cum Sylvestro
Romano Pontifici communicata... ex illius auctoritate indixit. En torno a 1606, el
jesuita Antonio Possevino acusaba de imprecisión la misma Vida de Constantino, la
cual habría callado numerosos hechos, como el arrianismo de Constantino y los
asesinatos de Crispo y Fausta. Así también Baronio advertía las mistificaciones de
Eusebio, que tendrían su origen en su profesión arriana y en su tendencia aduladora;
en cuanto a la donatio, él no sabía pronunciarse.
       En una edad más reciente los prejuicios de los historiadores de Constantino
son manifestados de una manera más velada. El efecto, sin embargo, ha sido siempre
el de perpetuar la contraposición entre los denigradores y los exaltadores de esta
significativa figura de la historia de la Iglesia. Así, a las críticas demoledoras del
historiador alemán del siglo XIX Jacob Burckhardt y del belga del siglo XX Henri
Grégoire, reaccionaba, entre otros, Norman Baynes en su estudio, hoy fundamental,
Constantine the Great and the Christian Church. Actualmente va prevaleciendo una
visión más científica sobre el valor de las fuentes —de Eusebio en particular—, no
faltando desgraciadamente los estudiosos privados de equilibrio en el juicio.




                                                                                    54
       Tema – 8 La Iglesia después de Constantino

       Sucesores de Constantino:
       Constantino II en las Galias.
       Constante en Italia
       Constancio II en Oriente.

      Constante quiere apoderar de las Galias y mata a su hermano Constantino II.
Hay paz del 340 al 350. En el 341 se promulga un decreto que prohibía los sacrificios
paganos públicos y en el 346 se cierran todos los templos paganos.
      En el 350 Magencio mata a Constante y le usurpa el poder. Constancio vence a
Magencio, del 351 al 361 es emperador de Oriente y de Occidente y persigue el
paganismo. Magencio militarmente no era hábil y pierde contra los persas porque le
falta la “pax deorum”, implica que los dioses paganos están descontentos y que el
Dios cristiano es malo.
      Los cabecillas de una revuelta popular son Gayo, que muere, y Juliano, césar de
las Galias que se hace coronar emperador de Occidente. Constancio muere en el
camino hacia la lucha contra Juliano y éste se hace emperador del imperio de Oriente
y de Occidente, pero es llamado el apóstata. El cristianismo vuelve a estar perseguido
a muerte, Juliano busca favorecer el paganismo, es bautizado y recibe formación
neoplatónica sincretista. Realiza el rito “taurobolium”, que consiste en bañarse en
sangre de toro para quitarse el carácter del bautismo, restablece el paganismo,
transfiere las instituciones benéficas cristianas a manos de paganos para que éstos
parecieran superiores a los cristianos. No persigue la herejía para que hubiera peleas
internas, quita los privilegios que tenía la Iglesia, quita a los cristianos de los altos
cargos, prohíbe que los maestros cristianos usen libros clásicos en las escuelas y les
obliga usar la Biblia. Escribió un libro contra los cristianos: “Galileos”.
      Favoreció a los judíos, decidió reconstruir Jerusalén como estaba antes del 70
d.C. pero esa reconstrucción es destruida por un terremoto. En el 363 es herido de
muerte en la lucha contra los persas. San Atanasio quiere restablecer todo lo cristiano
que había con Constantino, pero Valente, el hermano de Juliano, emperador de
Oriente favorece el arrianismo. Joviano es hecho emperador por el ejército y
aconsejado por su hijo, Valentiniano I, hace que los paganos se vayan de las ciudades
al campo, a caseríos y a pueblos pequeños. (De ahí el nombre de paganos, de pago,
nombre de los pueblos pequeños en la antigüedad)
      El emperador Graciano en Occidente es aconsejado por San Ambrosio. En
Occidente le suceden Valentiniano II y Teodosio como emperador único. En el 380
con el “Edicto de Tesalónica” se establece el cristianismo como religión oficial del
imperio con el Papa San Dámaso. De modo que la religión del príncipe es la del
pueblo. Queda prohibido todo culto pagano, desde el 392 es un crimen el culto
pagano.




                                                                                      55
Tema – 9 Las herejías

       Las podemos dividir en tres grupos: 1) Herejías neumatológicas; 2)
cristológicas; y 3) acerca de la gracias.

      Herejía de los macedonianos o pneumatómacos, enemigos del Espíritu Santo:
      Niegan la divinidad del Espíritu Santo, sus argumentos son parecidos a los
semiarrianos, aparece a mediados del s. IV. Ese nombre se lo da San Atanasio. Su jefe
se llama Macedonio. Admiten la divinidad del Hijo pero dicen que el Espíritu Santo
es una criatura divina entre Dios y los ángeles. Los combate San Atanasio y los
padres capadocios, San Basilio, San Gregorio de Nisa y San Gregorio de Nacianzo y
en Occidente, San Ambrosio y San Hilario de Poitiers. Se convoca el 381 el concilio de
Calcedonia, II Concilio Ecuménico. Con el emperador Teodosio y el papa San
Dámaso se reúnen 180 obispos en ese concilio, 150 católicos y 30 macedonianios que
se marchan al verse en minoría. Ahí se definió el símbolo niceno-constantinopolitano
y se condenó a los macedonianos y a los semiarrianos.

      Herejías cristológicas
       Las herejías cristológicas, y en particular el apolinarismo, están en íntima
relación con el arrianismo. El punto céntrico era la persona de Cristo. Los arrianos la
consideraban en relación con la Trinidad; las cuestiones cristológicas la estudian en sí
misma, es decir, el modo especial de unión del Verbo con la naturaleza humana.
Pero, además, se ve claramente que estas cuestiones se produjeron como reacción
contra el arrianismo.

       Como primera herejía cristológica, como reacción contra el arrianismo, se
presenta el apolinarismo.
       a) Herejía de Apolinar. Contra los arrianos, que negaban la divinidad del
Verbo, los antioquenos insistían de un modo especial en ella, y para obviar
dificultades distinguían en Cristo dos naturalezas en tal forma, que comprometían la
unidad personal. Para evitar este inconveniente, otros reaccionaron contra el
arrianismo, diciendo que Cristo era realmente Dios y que en El había que distinguir
dos naturalezas en una sola persona, pero de modo que la naturaleza divina, o el
Verbo, estaba unido a una naturaleza humana incompleta, en la cual el mismo Verbo
hacia las veces del alma. Sólo así se explicaban la unidad personal y la divinidad del
Verbo.
       Estas doctrinas se extendieron rápidamente, de modo que ya san Atanasio, en
el sínodo de Alejandría de 362, las descubrió y anatematizó, mas sin nombrar a
ninguno de sus defensores. Pero en realidad su propagandista infatigable era
Apolinar el Joven, obispo de Laodicea, por otra parte benemérito de la ortodoxia
contra los arrianos.
       Para explicar, contra los arrianos, la divinidad del Verbo unido con la
humanidad, tomó Apolinar la teoría platónica de la composición tricotómica del
hombre cuerpo material, alma sensitiva y alma intelectual. La naturaleza humana

                                                                                     56
que tomó el Verbo carecía del alma intelectual, el pneu=ma o nou=j. El Verbo mismo
la suplía.
       Esta teoría la discurrió partiendo de estas dos bases
       1. Dos cosas perfectas y completas no pueden formar una sola. Por esto dos
naturalezas completas no podrían formar un solo supósito. Por esto, como no se
puede mutilar a la naturaleza divina, mutilaba a la humana.
       2. Sólo así se podía defender la impecabilidad e inmutabilidad del Verbo.
Pues, decía Apolinar, dondequiera que se halle el pneu=ma humano, necesariamente
está también lo pecaminoso, ingénito en él. Por tanto, como en Cristo hay verdadera
impecabilidad, no puede existir esa parte de la naturaleza humana.
       b) Condenaciones definitivas del apolinarismo. Después de la condenación de
esta doctrina en el sínodo alejandrino de 362, como siguiera ganando adeptos en
diversas partes, continuaron desenmascarándola san Atanasio y san Basilio.
Finalmente, el mismo Papa san Dámaso se informó con exactitud, y en los sínodos de
374 y 376 lanzó anatema contra las nuevas doctrinas. Esta misma sentencia fue
confirmada en Alejandría en 378, y en Antioquía el año 379.
       En conclusión, para que quedara solemnemente anatematizada tan peligrosa
doctrina, el Concilio de Constantinopla de 381 la condenó de nuevo de una manera
más definitiva, juntamente con las herejías de los sabelianos, arrianos y
macedonianos.
       Por otra parte, se compusieron diversas refutaciones. San Epifanio publicó en
377 su «Panarion», en el que insertaba una profesión de fe en la que expresamente se
afirmaba que Cristo era hombre perfecto, pues el Verbo se había unido a una
naturaleza humana completa, a excepción del pecado. Del mismo modo san Gregorio
Niseno con su «Antirrheticus», y san Gregorio Nacianceno con dos epístolas,
refutaban las mismas doctrinas apolinaristas.
       Por su parte, el emperador Teodosio aplicó con todo rigor la sentencia del
Concilio. Las reuniones de los apolinaristas quedaron prohibidas, sus obispos
depuestos. Sin embargo, la herejía sobrevivió bastantes años, aun después de la
muerte de Apolinar en 390.
       El nestorianismo y el Concilio III ecuménico: Éfeso, 431

        El nestorianismo es la reacción de la escuela antioquena, por una parte contra
el arrianismo, y por otra contra el apolinarismo; mas por los muchos elementos que
se pusieron de su parte, y por la insistencia con que fue defendido en una o en otra
forma, constituye una de las herejías más peligrosas de la Antigüedad cristiana.
        a) Doctrina de Nestorio y primeras contiendas. El desarrollo del nestorianismo
venía ya de antiguo en el seno de la escuela de Antioquía. En un principio se trató de
una reacción doctrinal contra el arrianismo, por lo cual andaba a la par con los
apolinaristas en dos puntos básicos: primero, la defensa de la divinidad de Cristo;
segundo, el principio de que dos naturalezas completas no pueden formar una sola
persona. Pero mientras los apolinaristas, para resolver esta dificultad, negaban que la
naturaleza humana en Cristo fuese completa, los antioquenos sostenían que en Cristo
permanecían las dos naturalezas con toda su perfección, pero de tal manera, que


                                                                                    57
formaban también dos personas, la divina y la humana, unidas de una manera
accidental.
       Esta doctrina la comenzaron a proponer Diodoro de Tarso y Teodoro de
Mopsuestia en la escuela de Antioquía. El punto más vulnerable del sistema era la
unión que resultaba de las dos naturalezas, respecto de la cual hablaban de un
e)nokei=n (habitar) de la naturaleza divina en la humana, como en un templo o en un
vestido. Por tanto, la unión era una inhabitatio, o bien una coniunctio; así una unión
meramente extrínseca.
       El que comenzó a darle publicidad y al fin dio el nombre a la herejía fue
Nestorio. Elegido Patriarca de Constantinopla el año 428, redobló su celo por la
instrucción del pueblo contra las herejías, que aún pululaban, de los arrianos,
macedonianos y sabelianos. Por otra parte, se presentaba como reformador del clero
y del pueblo, y con su vida ascética y el fuego de su palabra fascinaba a los que le
escuchaban.
       Esta doctrina traía gravísimas consecuencias. Según Nestorio, la Virgen María
es madre de la naturaleza humana que había en Cristo; se le podía llamar
xristoto/koj; pero de ninguna manera pudo haber engendrado a la naturaleza divina.
Según esto, no es qeoto/koj, es decir, no es madre de Dios. Otra consecuencia
gravísima de este sistema era que la persona humana de Cristo, que fue la que sufrió
todos los dolores de la pasión, no pudo redimir el mundo con una redención infinita,
pues era limitada. La Redención quedaba destruida. Tampoco se podía decir que el
Verbo se hizo carne, pues sólo se unió a ella extrínsecamente.
       Los doctores católicos, conscientes del peligro de estas doctrinas, iniciaron al
punto una intensa campaña contra ella. La abrió el presbítero Eusebio, futuro obispo
de Dorilea. La respuesta de Nestorio fue acudir a la violencia. Mandó prender y
azotar cruelmente a algunos opositores. Más aún, en 429 escribió al Papa Celestino
sobre el asunto, mandándole sus homilías y otros escritos propios y procurando
atraerlo a su causa.
       b) San Cirilo de Alejandría. Pero entretanto, san Cirilo de Alejandría iniciaba
su intervención en este asunto. Se dio perfecta cuenta del peligro de aquella
ideología, y temiendo el efecto desastroso que podía causar, trató de desarraigarla de
diversas maneras; pero viendo que Nestorio no hacía caso, se decidió a acudir a
Roma. Para informar al Papa envió al diácono Posidonio con todos los documentos
necesarios. El Papa, pues, recibió al mismo tiempo la información de Nestorio y de
san Cirilo. Entonces reunió un sínodo en Roma el año 430, y, bien examinado el
asunto, proclamó la doctrina católica contraria a la de Nestorio. Inmediatamente
tomó diversas medidas para conseguir la sumisión de Nestorio.
       Entonces fue cuando comenzó la intervención directa de san Cirilo. Encargado
por el Papa como representante suyo en aquella materia y para que intimara a
Nestorio la sentencia dada en Roma contra él, compuso doce anatematismos y los
envió a Nestorio para que los suscribiera. Nestorio respondió con otros doce
antianatematismos.
       Los célebres Anatematismos de san Cirilo, que tantas discusiones suscitaron
después, eran ciertamente en aquellas circunstancias poco a propósito para reducir a


                                                                                    58
Nestorio. Ya prevenido contra la escuela de Alejandría y contra san Cirilo,
encontraba Nestorio en los Anatematismos varias expresiones que en si y en la mente
de san Cirilo tenían un sentido ortodoxo, pero se prestaban a la sentencia de los
alejandrinos, que luego condujo al monofisismo. En efecto, san Cirilo habla de unión
física (e)/nosij fusikh/) de las dos naturalezas, de una natura Dei facta carne (mi/a
fu/sij tou= Qeou= Lo/gou sesarkwme/nh). Asiéndose, pues, Nestorio a estas
expresiones, respondió con sus antianatematismos, en los que rebate el supuesto
monofisismo de san Cirilo. Por las mismas razones se declararon entonces
abiertamente de parte de Nestorio, Juan de Antioquía y Teodoreto de Ciro. El
primero, que se había esforzado largo tiempo por inducir al heresiarca a que se
sometiera, ahora se puso de su parte. Teodoreto se sintió molestado por aquellas
expresiones de san Cirilo, y estaba convencido de que en ellas se contenía la doctrina
monofisita. En este supuesto, escribió un tratado contra los anatematismos y trabajó
luego con indomable actividad.
        Dado el carácter de Nestorio, inmediatamente hizo intervenir al emperador
Teodosio ii, el cual propuso en seguida la celebración de un Concilio. El Papa era
más bien opuesto a ello; pero en bien de la paz accedió al Emperador y envió
legados. La situación era muy delicada, pues el Papa había resuelto ya la cuestión, y
los orientales querían que el Concilio la discutiera.
        c) Concilio de Éfeso, 431. Así, pues, se convocó el iii Concilio ecuménico, en
Éfeso el año 431. Primero llegaron Nestorio con dieciséis obispos suyos. Luego san
Cirilo con cincuenta egipcios, y otros. Juan de Antioquía con los suyos no llegaba
todavía, como tampoco llegaban los legados pontificios. En estas circunstancias, san
Cirilo dio comienzo al sínodo, que en la primera sesión proclamó la decisión ya dada
por el Papa y condenó a Nestorio. Sobre esta conducta de san Cirilo se ha discutido
mucho. Lo que más interesa es la validez de este comienzo, celebrado antes de llegar
los legados pontificios. No nos cabe duda de que fue válido, pues san Cirilo había
sido delegado por el Papa en aquella materia, y esta delegación no la había perdido.
Podía, pues, presidir un Concilio que trataba sobre aquel asunto y tomar decisiones
válidas.
        Otra cuestión, también muy discutida y complemento de la precedente, es si
hubo precipitación y si hubiera sido más prudente aguardar la llegada de los
antioquenos y sobre todo de los legados pontificios. Para explicarse esta actitud de
san Cirilo, conviene tener presente que él sabía que el Emperador, contra el designio
del Papa, quería a todo trance que fuera presidente del Concilio Juan de Antioquía, y
así Cirilo quiso adelantársele con los hechos consumados; tanto más, cuanto que
tenía justo temor de que, no habiendo llegado todavía los legados, el representante
del Emperador, allí presente con gran aparato de fuerza, cometiera alguna violencia.
        Modernamente se ha apuntado otra solución, y es, que es probable hubiera
recibido san Cirilo carta expresa del Papa o de sus legados, con la orden o el permiso
de dar comienzo. Más aún, que el mismo Juan de Antioquía hacía tiempo en las
cercanías de Éfeso, para que se condenara la doctrina de Nestorio, con la que él no
estaba conforme; pero, por otra parte, no se atrevía a apoyar con sus votos esta
condenación.


                                                                                   59
       Al tener noticia de la decisión del Concilio, el pueblo la recibió con
indescriptible entusiasmo, pues quedaba confirmado el título de la Virgen de Madre
de Dios. Pero ni el Emperador ni Nestorio la aceptaron. Juan de Antioquía con sus
cuarenta y ocho obispos, llegado poco después, celebró por su parte un conciliábulo
y depuso a san Cirilo, pero no decidió nada sobre Nestorio. Entretanto llegaron
asimismo los legados pontificios, los cuales aprobaron todo lo hecho por san Cirilo.
Luego, en diversas sesiones, se discutió la causa de Juan de Antioquía y otros
disidentes, que fueron excomulgados, y al fin se tomaron otras decisiones. En la
última sesión se publicó una circular, en la que se repetía la condenación de Nestorio
y de los pelagianos Celestio y los suyos.
       El Emperador, entretanto, solicitado por ambas partes, por fin se decidió a que
fueran depuestos los dos jefes más conocidos, Nestorio y san Cirilo. Pero al conocerse
en Éfeso esta decisión, se levantó gran protesta. A duras penas se consiguió hacer
llegar a Teodosio una relación exacta y objetiva de todos los hechos. Con esto se
convenció por fin el Emperador y se decidió a admitir las decisiones del Concilio.
Así, pues, Nestorio fue desterrado a un convento cerca de Antioquía.
       d) El nestorianismo después del Concilio. Con lo hecho había triunfado la
ortodoxia, pero el Oriente quedaba dividido. Juan de Antioquía y Teodoreto de Ciro,
que rechazaban la doctrina de Nestorio, creían de buena fe que en los anatematismos
de san Cirilo se contenía la doctrina opuesta de una sola naturaleza. Por esto
siguieron largas y difíciles discusiones. San Cirilo dio toda clase de explicaciones, y
así se llegó por fin al edicto de Unión de 433 entre Juan de Antioquía y san Cirilo.
Éste se avino a omitir algunas expresiones de sus anatematismos. Para celebrar este
acontecimiento, san Cirilo escribió su carta «laetentur caeli», y Juan de Antioquía
publicó otra semejante. El Papa aprobó todo lo hecho. Teodoreto de Ciro no se
reconcilió hasta el año 444.
       Nestorio, por su parte, desde su retiro, aunque aparentemente sumiso,
continuaba trabajando por su causa. Con este objeto compuso sus obras «Tragoedia»
y «Theopaschita». Por esto a los tres años fue desterrado al interior de la Arabia y
luego conducido al llamado oasis de Egipto, especie de prisión del Estado. Allí
probablemente compuso el «Libro de Heráclides», descubierto recientemente. Es una
verdadera defensa suya unida a una crítica dura de las decisiones de Éfeso. Sobre
esta base han querido algunos (Duchesne, Aman y otros) defender su ortodoxia pero
en vano. Lo más que se puede probar es que Nestorio obró hasta cierto punto de
buena fe; pero ciertamente no se le puede librar de la nota de haber defendido
objetivamente la herejía a que ha dado nombre. Consta con toda suficiencia que
enseñó una unión meramente moral y accidental no substancial, de las dos
naturalezas de Cristo. Además, su rebeldía contra las decisiones del Papa y del
Concilio merecen un juicio más severo que el que pretenden aplicarle sus nuevos
defensores, quienes, por otra parte, parecen complacerse en notar la «pasión» de san
Cirilo y de los defensores de la ortodoxia.
       Por lo que se refiere al nestorianismo, por efecto del rigor con que fue
perseguido en el Imperio romano, de hecho fue desapareciendo. Entretanto un buen
número de los partidarios de Nestorio perseveraron en su error, y como los escritos


                                                                                    60
del hereje habían sido condenados a las llamas tomaron como medio de propaganda
los de Diodoro de Tarso y Teodoro de Mopsuestia; pero Rábulas, obispo de Edessa,
los prohibió, con lo cual comenzaron a hacerse sospechosos. Sin embargo, su sucesor,
Ibas de Edessa, volvió a simpatizar con estos escritos.
       Oprimido en el Imperio, el nestorianismo se trasladó entonces al reino persa,
donde encontró un gran protector en el obispo Bársumas de Nisibi. Poco a poco se
fue fortaleciendo aquí su posición, y no mucho después se fundó una Iglesia
independiente en la Persia, que se separó de Antioquía y tomó como sede a Seleucia-
Ktesifón. Su Patriarca nestoriano recibió el título de kaqoliko/j. En los siglos
siguientes lograron los nestorianos extenderse hacia otras naciones vecinas, como la
costa occidental de la India, donde se hallaban los cristianos de Sto. Tomás. Entre
Turquía y Persia existen todavía en nuestros días unos 150.000 nestorianos, cuyo
patriarca reside en Kurdistán. Además, existen otros 100.000 unidos a Roma, los
llamados «cristianos caldeos», y unos 450.000 cristianos de Sto. Tomás, también
unidos.
       El monofisismo y el Concilio IV ecuménico, Calcedonia, 451

       a) El monofisismo y sus primeras impugnaciones. Contra Nestorio se declaró
en Éfeso que en Cristo había una sola persona. Con esto creyó la escuela de
Alejandría que triunfaban sus ideas. Así, comenzaron a defender cada vez más
abiertamente que no sólo había en Cristo una sola persona, sino también una sola
naturaleza, resultante de la unión o fusión de la divina y la humana, ya que era
imposible admitir dos naturalezas completas, pues necesariamente serian dos
personas.
       Dióscoro, Patriarca de Alejandría, sucesor de san Cirilo, era el portavoz de esta
doctrina. Pero el que desde un principio apareció como su defensor decidido fue
Eutiques, monje asceta y archimandrita de un gran monasterio. Al lado de Dióscoro
y Eutiques estuvo siempre también Crisafio, gran dignatario de la corte, que disponía
en absoluto del voluble Teodosio ii. Con esto, la fuerza del nuevo movimiento fue
enorme.
       Frente a la doctrina monofisita se presentaron: Teodoreto de Ciro, quien antes
había luchado de buena fe contra san Cirilo; Eusebio de Dorilea, quien ya había
impugnado el nestorianismo; a la cabeza de todos, Flaviano, Patriarca de
Constantinopla. El año 488, en un sínodo local (e)ndhmou=sa) Eusebio de Dorilea
presentó ante Flaviano una acusación contra Eutiques y las nuevas doctrinas. Éste
fue citado y al fin se presentó, pero acompañado de muchos monjes y soldados; sin
embargo, se negó a retractar nada, pretendiendo que defendía la doctrina de san
Cirilo. Al urgirle cómo se efectuó la fusión de las dos naturalezas, no supo qué
responder; pero en otras ocasiones él y los suyos hablaban de absorción de la
naturaleza humana por la divina o de confusión o conversión. Visto esto, el sínodo
lanzó excomunión contra Eutiques y contra los que sostuvieran su doctrina.
       Eutiques y el Emperador no se sometieron a este fallo y acudieron al Papa
León Magno. Asimismo recibió el Papa la relación de Flaviano sobre todos los
acontecimientos. Con esto se convenció al punto de la gravedad de la situación, y con


                                                                                     61
la decisión y competencia que le eran características, compuso y envió en mayo de
449 la Epístola dogmática, en la que expuso la doctrina ortodoxa sobre el punto
discutido. Esta epístola debía ser admitida por todos, pues era una declaración
dogmática del Papa. En realidad, forma la base de todas las discusiones siguientes.
Una respuesta semejante recibió Eutiques de Pedro Crisólogo, obispo de Ravena, a
quien se habla dirigido pidiéndole su opinión.
       b) Latrocinio de Éfeso, 449. Como era de suponer, los herejes no aceptaron la
solución del Papa León. Al contrario, continuaron con más ardor su propaganda. Al
fin, Dióscoro, que a todo trance quería dominar en Oriente, indujo al Emperador para
que se celebrara un sínodo, en el que esperaba imponer su voluntad.
       En efecto, se convocó el sínodo en Éfeso para agosto de 449. Debía ser el
triunfo de Dióscoro y de la herejía. El Papa mandó como legados a los obispos Julio y
Renato y al diácono Hílaro. Pero desde un principio todo fueron arbitrariedades y
violencias. El Patriarca Dióscoro se arrogó la presidencia. No se admitió a ninguno de
los que habían condenado a Eutiques. Sin hacer, pues, caso alguno de los escritos del
Papa, se rechazó la decisión del sínodo de Constantinopla, es decir, la condenación
de Eutiques, anatematizando, en cambio, la doctrina de las dos naturalezas. Hecho
esto, se procedió a la deposición del patriarca Flaviano, de Teodoreto, Eusebio de
Don lea, Ibas de Edesa. Lo que a esto siguió fueron actos de verdadero vandalismo.
A la protesta de Flaviano y de los legados pontificios, respondió Dióscoro llamando a
la fuerza pública, y ésta, ayudada del abad Bársumas y sus monjes, entre insultos y
malos tratos, se llevó violentamente a Flaviano y demás. Tales fueron los malos tratos
de que fue víctima Flaviano, que murió camino del destierro. El legado pontificio
Hílaro escapó a duras penas.
       Así terminó aquel sínodo. Con razón, al tener noticia de ello el Papa, lo llamó
latrocinium, y con este título es conocido en la Historia. Eusebio, Teodoreto y el
mismo Flaviano antes de morir le enviaron sendas relaciones. Asimismo el diácono
Hílaro, testigo ocular, le refirió todas las incidencias del sínodo. Así, pues, el Papa
celebró otro en Roma, en el cual se rechazó expresamente todo lo hecho en Éfeso. Sin
embargo, quiso hacer un esfuerzo para obtener la paz. Escribió al Emperador e hizo
intervenir a su piadosa hermana Pulqueria. Todo fue inútil. Ciego de soberbia,
Dióscoro llegó a excomulgar al Papa León.
       c) Concilio de Calcedonia, 451. Estando así las cosas, una serie de
circunstancias providenciales trajo un cambio completo. Primero, la caída de Crisafio
y la retirada de la emperatriz Eudocia; luego, la muerte del emperador Teodosio en
450, y finalmente la sucesión en el trono de Pulqueria, que se casó inmediatamente
con el general Marciano, ambos ardientes ortodoxos y muy deseosos del
restablecimiento de las buenas relaciones con Roma.
       A continuación, los restos de Flaviano fueron llevados solemnemente a
Constantinopla; se escribieron cartas de sumisión al Papa y se propuso la celebración
de un Concilio. Por condescendencia con los emperadores reconoció el Papa a
Anatolio Patriarca de Constantinopla, a condición de que suscribiera la epístola
dogmática. Asimismo envió legados para el Concilio; pero éstos llevaban la
instrucción de que no se discutiera una materia ya definida.


                                                                                    62
       El Concilio se reunió en octubre de 451 en Calcedonia. Asistieron unos
seiscientos obispos. La presidencia la ocupaba Anatolio junto con los legados
pontificios. El primer acto del Concilio fue juzgar la conducta de Dióscoro en el
latrocinio de Éfeso, y probada su culpabilidad, fue arrojado ignominiosamente,
depuesto y excomulgado. En las sesiones siguientes se leyeron y proclamaron los
escritos del Papa, sobre todo la Epístola dogmática, que acogieron con las célebres
palabras: «Pedro ha hablado por la boca de León». Además, se leyeron los símbolos
de Nicea y Constantinopla y se tomaron otras decisiones. Finalmente, habiendo ya
partido los legados pontificios, se publicaron veintiocho cánones. Los legados
protestaron luego contra el 28, que equiparaba las sedes de Roma y Constantinopla.
San León sólo aprobó las sesiones doctrinales. El Emperador, por su parte, ejecutó las
decisiones del Concilio, desterrando a Eutiques y a Dióscoro y tomando diversas
medidas contra los monofisitas.
       Después del Concilio de Calcedonia continuaron las luchas monofisitas. Estos
procuraron ganar para los suyos las sedes más influyentes. Así, el monje Teodosio,
después de sangrientas luchas, obtuvo la de Jerusalén; en Alejandría, los partidarios
de Dióscoro, después de asesinar a Proterio, pusieron al monofisita Timoteo Eluros.
En Antioquía, después de horribles luchas, subió Pedro Fullón e hizo triunfar el
monofisismo. Parecía, pues, que los monofisitas podían cantar victoria. Pero poco
después el emperador León i (457-474) se decidió a tomar severas medidas para
obtener la unión. Por esto exigió a todos que aceptaran el Concilio de Calcedonia. Al
negarse, fueron depuestos Eluros y Fullón.
       d) Cisma de Acacio y suerte ulterior del monofisismo. Parecían apaciguadas
las cosas pero el año 475 se apoderó del trono el usurpador Basilisco, y queriéndose
apoyar en el monofisismo, devolvió sus sedes a los dos Patriarcas depuestos. Eluros
entonces publicó el Enkyklion, encíclica, en la que se rechazaba la epístola dogmática
y las decisiones de Calcedonia. Basilisco obligó a todo el episcopado a suscribirlo, y
unos quinientos obispos lo hicieron.
       Pero destronado Basilisco en 476 por el legítimo emperador Zenón, en un
principio volvieron las cosas a su cauce; sin embargo, inducido luego Zenón por el
astuto Patriarca Acacio, publicó un documento que debía ser el lazo de unión de
todos, y por eso se llamó Henoticón (de ai)ne/w o ai(notiko/j unir). Era un término
medio que no solucionaba nada. Por un lado condenaba a Nestorio y Eutiques; pero
por otro no admitía el Concilio de Calcedonia.
       El Papa Félix lanzó la excomunión contra Acacio, el cual se enfureció y rompió
sus relaciones con Roma. Con esto se inició el cisma de Acacio (484-519), que sólo con
mucha dificultad terminó treinta y cinco años después.
       El emperador Justiniano I (527-565) tomó muy a pecho la unión religiosa, para
lo cual trabajó intensamente por convencer a los monofisitas. Más, por desgracia, la
emperatriz Teodora, con su talento e influjo, obraba más bien en su favor. Por otra
parte, se fueron marcando notables divisiones y partidos entre los herejes. Los más
significados fueron los severíanos (del obispo Severo de Antioquía) y los julianistas
(de Julián de Halicarnaso). Desde 538 se formaron dos bandos en Alejandría los
teodosianos y los gajanítas, que se llamaban también a)gnoh=tai y xristola/trai. Unos


                                                                                   63
y otros se subdividieron en diversas facciones. En adelante siguieron haciéndose
esfuerzos por la unión de los monofisitas, pero el resultado fue insignificante. De
hecho se mantuvieron principalmente en Egipto Armenia, Abisinia, Siria y
Mesopotamia, formando en todas partes iglesias nacionales. Tales fueron los coptos
en Egipto, es decir, antiguos cristianos egipcios; también en Egipto y Siria los
melquitas y los jacobitas de Mesopotamia, que se unieron en parte en 1441; la iglesia
armena unida en parte el año 1439. Todas estas iglesias monofisitas continúan
todavía en nuestros días y forman un conjunto de unos 800.000
      Cuestión de los tres Capítulos. V Concilio ecuménico, II de Constantinopla,
553

       De lo dicho se deduce la gran extensión alcanzada por el monofisismo. Era la
mayor preocupación del emperador Justiniano I (527-565).
       a) Los tres Capítulos y el Papa Vigilio. Con esto se explica que, inducido por
Teodoro Askidas, obispo de Cesarea, Justiniano se decidiera a tomar una medida que
se creyó había de contribuir a atraer a los monofisitas. Consistía en prohibir
solemnemente los tres Capítulos, es decir:
       1) la persona y los escritos de Teodoro de Mopsuestia;
       2) los escritos de Teodoreto de Ciro contra san Cirilo y el Concilio de Éfeso;
       3) una carta de Ibas de Edesa en defensa de Teodoreto de Mopsuestia y contra
San Cirilo; pues por ser estos tres «Capítulos» especialmente odiosos a los
monofisitas, se suponía que con su prohibición se los atraería.
       En Oriente fue bien recibida esta prohibición; pero en Occidente se levantó al
punto una protesta general contra ella. La prohibición, sobre todo, de Teodoreto,
alma del Concilio de Calcedonia, la interpretaban como impugnación del Concilio.
En realidad, tal como suena la prohibición, no envolvía ese peligro, pues sólo se
refería a los escritos de Teodoreto del tiempo en que se opuso a san Cirilo. Pero en
Occidente no se hacía esta distinción y se suponía amenazado el Concilio de
Calcedonia.
       Justiniano consiguió que Mennas, Patriarca de Constantinopla, admitiera la
condenación de los tres Capítulos. Luego dirigió todos sus esfuerzos contra el Papa
Vigilio. Efectivamente, en enero de 547 el Papa Vigilio tuvo que presentarse en
Constantinopla. Lo reprensible en su conducta fue la indecisión y debilidad con que
procedió desde un principio. Puesto entre la presión de los occidentales y del
emperador Justiniano, cedió a éste y el 11 de abril de 548 publicó el Iudicatum, por el
cual condenaba los tres Capítulos.
       El efecto que produjo en Occidente fue terrible. Un sínodo de Cartago de 550
lanzó excomunión contra el Papa. Se inició una gran polémica, pues se le suponía
caído en el monofisismo. Entonces tuvo lugar el segundo acto de Vigilio. Espantado
del efecto producido, suspendió la condenación de los tres Capítulos. Pero al punto
comenzaron de nuevo las presiones de parte del Emperador, con el cual, por fin, se
convino en que, para decidir la cuestión, se reuniría un Concilio, y entretanto nadie
publicaría nada sobre aquello.



                                                                                    64
       Sin embargo, Justiniano I, bajo la presión de Askidas, publicó otro decreto
imperial en 551 (o(mologi/a pi/stewj, confesión de la fe), en que se renovaba la
prohibición de los tres Capítulos. Ante esta conducta del Emperador, el Papa se
declaró abiertamente contrario; pero entonces Justiniano se enfureció de tal manera,
que Vigilio tuvo que refugiarse en la iglesia de Santa Eufemia de Calcedonia, desde
donde lanzó excomunión contra Askidas y otros. Más no duró mucho esta tirantez.
Los obispos excomulgados se le sometieron, y al fin Vigilio alcanzó la libertad.
       b) El Concilio de 553 y el Papa Vigilio. Por su parte, el Emperador inició
nuevas negociaciones con el Papa, y no llegando a ningún convenio, reunió por su
cuenta en mayo de 553 un sínodo en Constantinopla, en el que se pronunció
sentencia contra los tres Capítulos. En el sínodo tomaron parte ciento cincuenta y un
obispos.
       Mientras se celebraba el sínodo de Constantinopla, un nuevo acto del Papa
pareció complicar el asunto. El 14 de mayo de 553 publicó un manifiesto, intitulado
«Primer Constitutum», en el cual optaba por un término medio: condenaba sesenta
proposiciones de Teodoro de Mopsuestia, pero prohibía la condenación de Teodoreto
e Ibas. Objetivamente considerada, esta actitud era más justa. Pero el Emperador no
admitía contradicción. Él mismo anunció este hecho al Concilio en la sesión séptima,
e inmediatamente comenzaron a tomarse medidas radicales: rompió sus relaciones
con el Papa, hizo borrar su nombre de dípticos, libros litúrgicos y centros oficiales y
lo condenó al destierro, junto con los clérigos que se le mantuvieron fieles.
       Ante esta nueva violencia cedió Vigilio otra vez y aceptó las decisiones del
sínodo, con lo cual quedaba éste elevado al rango de Concilio ecuménico. Así lo hizo
Vigilio en un segundo manifiesto titulado «Segundo Constitutum», de febrero de
554. Con esto obtuvo la libertad y la facultad de volver a Roma; pero murió en el
viaje el 5 de junio de 555. Como se ha indicado antes, la condenación de los tres
Capítulos es ortodoxa, entendiéndola como la entendía el Papa. En cambio, si se
entiende como condenación del Concilio de Calcedonia, según lo hacían muchos
orientales, es herética.
       El Papa Pelagio I (555-561) se esforzó por inducir a los occidentales a aceptar el
Concilio de Constantinopla, explicando el sentido de la condenación de los tres
Capítulos. Aunque con dificultad, se fue obteniendo lentamente. Al fin, algunos
obispos contumaces fueron excomulgados. Los Papas siguientes trabajaron en el
mismo sentido y consideraron este Concilio como el V ecuménico.

     Herejías sobre la gracia

       Donatismo
       En esta herejía de fondo hay rencillas personales de poder y el deseo de querer
ser obispo. En Oriente hay problemas doctrinales, en Occidente las discusiones tratan
del derecho, la ética,< En occidente hay más moral que teología, como vivir para
salvarse. Le herejía es fruto de un partido de exaltados en África seguidores de
Montano y Tertuliano. Este partido es rigorista, exaltado de la pureza del pecado, se



                                                                                      65
basa mucho en el profetismo.- No hay penitencia, la iglesia es santa, implica que no
debe tener pecadores, solo hay el bautismo que persona los pecados.
       La Eficacia de los Sacramentos depende del estado de Gracia del ministro, eso
dice el donatismo.
       Los herejes no tienen sacramentos, se basan en que fuera de la iglesia no hay
salvación, el padre del cristianismo es el Padre y la madre es la iglesia.
       En el 311 muere en Cartago el obispo Mensurio, su sucesor fue el archidiácono
Ceciliano, quien tiene enemigos, su jefe es Donato ayudado por una matrona que era
muy rica e influyente, Lucila. Hacen en el 312 una confederación para elegir a
Mayorino al margen de Ceciliano que duró 3 años, luego eligen a Donato. Par
argumentar la elección de Donato y no Ceciliano dicen que éste ha sido ordenado
obispo por otro traidor, por sucumbir a la persecución. Entonces el sacramento no es
válido por ser ordenado por un obispo traidor, que se decía que no estaba en Gracia.
      Dos obispo fueron a Constantino, él los manda al Papa Milcíades. Con otros tres
obispos neutrales se discute y se acaba eligiendo a Ceciliano. Quien consagró obispo
a Ceciliano no era traidor al investigar.
      Solo este tema en el Concilio de Arles que favorece a Ceciliano. Se persigue al
donatismo. Éstos hacen una doctrina donatista, son los puros os santos, con ejércitos
de vagabundos guerreros que asaltan las iglesias de Ceciliano. Se busca la iglesia
santa, si no hay martirio, el santo es el que sigue a Cristo y muere as í mismo, surgen
los rigoristas, siguen a los monjes como San Antonio. San Atanasio atrae a San
Antonio a la Iglesia y escribe un libro de su vida seleccionando lo que le interesa.
Aparecen las vidas de santos. En la iglesia se desea la santidad concretada.
      Optato de Milevi: obispo, ataca fuertemente la donatismo, pero mejor lo hizo
San Agustín. Busca el diálogo con ellos que no quieren dialogar, luego usa la fuerza
porque son violentos, no son santos aunque van de santos y puros. El emperador
quita la ciudadanía a los donatistas y prohíbe sus reuniones. Los vándalos arrasaron
con los donatistas y con todo excepto con la iglesia, invaden el norte de África en el
430.

      Pelagianismo
      Doctrina soteriológica o antropológica, referencia al hombre y a las facultades
para hacer el bien. Pelagio británico, en Roma, asceta y espiritual. Predica en el s. V,
dice que el hombre por sí mismo puede obrar el bien con su libertad sin la Gracia,
puede evitar todo pecado con sus propias fuerzas. La naturaleza humana como la de
Adán antes de pecar, el pecado original solo en Adán, no se transmite.
      En el 410 los visigodos entran en Roma, Pelagio es condenado por decir que
Adán es mortal por su creación, iba a morir aún sin pecar.
      Adán pecó él solo, no cayó s pecado sobre su linaje. Un recién nacido es igual
que Adán antes del pecado original. EL hombre puede fácilmente vivir sin pecado y
observar los mandamientos. Lo que salva es la ley de Moisés y el Evangelio, no la
Gracia. Dice que antes de Cristo había hombres que no pecaron. No hay que bautizar
a los niños, si nacen sin pecado.



                                                                                     66
     San Agustín defiende las naturalezas antes y después del pecador original, no
por imitación se peca, sino por generación, se transmite por la naturaleza. El hombre
necesita la Gracia para salvarse, no puede salvarse ni perseverar sin Gracia divina. La
naturaleza humana está herida.
     La Gracia es extrínseca, sol ayuda a las fuerzas humanas dice Pelagio. El
hombre puede haber méritos para tener Gracia.
     La Gracia es interna, sana la naturaleza herida, es la santificación del interior
del hombre, la naturaleza viciada, no incapaz dice San Agustín. AL Gracia es un don
gratuito, no hay méritos para conseguirla, Dios no está obligado a dárnosla.
     Pelagio fue a Oriente, allí San Jerónimo descubrió a Pelagio y su doctrina. San
Agustín escribe al Papa Inocencio I quien condena y excomulga a Pelagio. “Roma ha
hablado, la causa ha terminado” Pelagio en el 417 escribe a Zósimo, Papa sucesor de
Inocencio I, Elesio es seguidor de Pelagio y le da al Papa una profesión de fe y
doctrina. El Papa no lo ve mal pero San Agustín y algunos obispos envían un
informe de doctrina predicada por Pelagio en África y Jerusalén. El Papa leyó el
informe de San Agustín y sus obispos y decide que quede excomulgado Pelagio. San
Agustín escribe “De Gratia Christi et pecato origginali” “Tractoria” epístola del Papa
Zósimo para que quede condenado el pelagianismo.




                                                                                    67
       Tema – 10 El declinar de Roma (395-430)

       I. EL CUADRO HISTÓRICO
    Todavía una llama iluminó el período que tomamos ahora en consideración: es la
    de Agustín. Tiene de particular que ella se encendió en la antorcha de Ambrosio
    —era el año 386 cuando el joven rector se convirtió, experimentando la fascinación
    por el obispo de Milán—, para después hacer luz en la época siguiente —a partir
    de su pontificado en Hipona en el 396—.
       Esta edad fue distinta de la teodosiana. Ya no habrá más un imperio
sabiamente reorganizado y enérgicamente unido por la mano firme de un gran
emperador cristiano. Habrá dos princeps pueri, Honorio y Arcadio, sentados en el
trono respectivamente de Occidente y de Oriente; y un vándalo, Estilicón, su parens,
empeñado sin éxito en evitar la fractura entre las dos partes del Imperio y en cortar el
flujo bárbaro, que desde el Danubio y el Rhin comenzaba a precipitarse sobre las
regiones occidentales. Tales condiciones se traspasaron al tejido social, económico y
cultural, agudizando las diferencias entre las dos partes. Más pobre la occidental,
expuesta a peligros y a profundos cambios de costumbres y de mentalidad, y
siempre más desarraigada de un Estado débil e impotente. Más abastecida de
recursos económicos la pars oriental, aún respetada por los bárbaros y resistente —
por la fuerza del poder central— a impulsos disgregadores.
       Estos fenómenos disgregantes ahondaron el foso entre las dos iglesias: más
marcadas llegaron a ser las diferentes “vocaciones” teológicas —especulativa la
oriental y práctica la occidental—, y se diversificaron las competencias pastorales,
inéditas especialmente para los obispos de Occidente, que se encontraron de frente al
resurgimiento de nuevas culturas, de iglesias nacionales y de problemas de
“suplencia” del Estado; una suplencia que, sin embargo, reforzó la autonomía y la
autoridad de los mismos obispos, al contrario de cuanto sucedía a sus colegas
orientales, siempre más supeditados al poder imperial.
       1. Disgregación de Occidente
        Los bárbaros fueron los que animaron de manera muy particular la escena de
este período. Contra su amenaza reaccionó Oriente enérgicamente. También su
Iglesia2 . Todo hizo que los bárbaros considerasen más oportuno tomar el camino de
Occidente. En un primer momento, los godos de Alarico fueron vencidos por
Estilicón en el 402 en Polenzo y en Verona; los ostrogodos de Radagaiso también
fueron detenidos —después de una batalla en Fiesole en el 406—. Pero precisamente
el último día del año 406 se verificó una verdadera inundación de bárbaros: suevos,
alanos, vándalos, burgundios. Para detenerlos, Estilicón había pensado estrechar un
foedus con Alarico, pero esto le procuró la acusación de traidor —“semibarbarus

2
 En el discurso En torno al Imperio que el obispo de Cirene, Sinesio, tuvo en el 399, se expresó la
quintaesencia de este espíritu antibárbaro. Y un año después el obispo de Constantinopla, Juan
Crisóstomo, indujo al pueblo a expulsar al godo Gainas, que era el jefe del ejército.

                                                                                                68
proditor” lo llamó el presbítero Orosio— y la muerte en el 408. La consecuencia fue
que los germanos tuvieron vía libre. En el 410 Alarico saquea Roma, y en el 412, su
sucesor, Ataulfo, lleva a los visigodos a la Galia meridional, donde, en el 418, Valia
establece el estado de Tolosa. Entretanto, ya en el 411, se daba la instalación de los
burgundios en la misma Galia, y de los vándalos y suevos en Hispania. Se trataba de
aquéllos que habían sido considerados foederati; verdaderamente cambiaron el
rostro de los territorios ocupados por ellos, dando también vida a una economía
decadente. Poco antes, en el 410, Bretaña se había separado del Imperio, con la
constitución del estado celta de Armórica.
       La situación era ya incontrolable, y empeoró una vez que en Rávena —ya
capital de Occidente— murió en el 423 Honorio, al que sucedió —bajo la tutela de la
madre, Gala Placidia— Valentiniano III, un niño de apenas dos años, hijo de
Constancio III —el general asociado al trono por Honorio mismo y desaparecido
prematuramente—. Mas precisamente la augusta Gala Placidia, no obstante su fuerte
personalidad heredada de su padre Teodosio, no pudo evitar que continuase aquella
expansión de los bárbaros, que alcanzaron también África en el 429 cuando
desembarcaron los vándalos de Genserico.
       Este desastre del Imperio puso también gravemente en peligro la obra de
evangelización que la Iglesia había empeñado en los siglos precedentes. A tal
respecto, la acción “disgregadora” de los b{rbaros fue considerada m{s peligrosa por
el hecho de que éstos venían frecuentemente acogidos como liberadores de las masas
oprimidas por la política fiscal de Roma y por los abusos de los honestiores. Por
tanto, no sólo se desarrollaron movimientos de profunda rebelión social —los
bagaudes en la Galia, los circunceliones en África—, sino también tuvieron fácil
juego arrianos y donatistas, señalando en la Iglesia la principal cómplice del gobierno
imperial y de los “señores”, y agrupando de este modo a b{rbaros y pobres del
campo en un único frente anticatólico, el cual, en África especialmente, se encarnizó
con despiadada persecución.
       Precisamente desde África, Agustín había levantado su aguda mirada sobre el
escenario total de la «ciudad del hombre» en disolución: en la profunda concepción
de la Civitas Dei él había encontrado —para los hombres de su tiempo y por aquellos
acontecimientos— un invencible motivo de confianza en la historia. Y lo había
sacado a la luz para aliviar ante todo las llagas de sus africanos —donatistas
incluidos—, con una incansable acción pastoral e intensa obra de persuasión. Quizás
ésta su fe debió tocar el culmen cuando en el lecho de muerte, en el 430, los rumores
que le llegaban de la Hipona asediada le dieron la percepción dolorosa —para el
todavía romano— de que la escena de aquél mundo estaba de veras pasando.
      2. La pars oriental
      En Oriente, sin embargo, se respiraba otro clima. No angustiaban
preocupaciones de supervivencia, la Iglesia oriental vivía una estación de vivas
disputas doctrinales, mas también de ásperas contiendas, que, por lo más, venían
animadas por la intervención de la autoridad estatal. Ya en el 397, a la muerte de
Nectario —sucesor del Nacianceno—, el ministro Eutropio impuso en la sede de

                                                                                    69
Constantinopla a Juan Crisóstomo contra el candidato de Teófilo, obispo de
Alejandría (385-412). Mas este último no se dio por vencido y trató de acrecer su
propia autoridad —también temporal— excitando el sentimiento nacionalista de los
egipcios, así como movilizando el fanatismo de los monjes contra los últimos
vestigios paganos y contra la comunidad judía. Cuando después Crisóstomo, por su
celo moral, perdió el favor de la emperatriz Eudoxia, esposa de Arcadio, Teófilo lo
hizo condenar por el sínodo de la Quercia en el 403. Aunque el santo obispo fuera
reclamado con furor por el pueblo y reivindicase con fuerza la superioridad del oficio
sacerdotal sobre el poder político, fue definitivamente exiliado al Ponto, donde
murió poco después, en el 407.
       En realidad, el emperador de Oriente actuaba de verdadero jefe de la Iglesia,
regulando incluso las funciones litúrgicas y controlando las costumbres del clero y de
los monjes. Cuando después, en el 408, subió al trono el joven Teodosio II,
intensificándose el aura de sacralidad que cubría la persona del emperador, vino a
crearse también en la corte un apasionado interés por las cuestiones estrictamente
religiosas.
       Así se asiste a un creciente fervor intelectual en torno a las máximas cuestiones
de teología —entonces la verdadera reina de la cultura—. Notabilísimo fue el
prestigio asumido por las escuelas de las distintas iglesias: además de aquellas más
eminentes de Alejandría, Antioquía y Constantinopla —a la que también se
reservaba la primacía jurídica—, dieron una gran contribución doctrinal las iglesias
de Éfeso, Jerusalén, Edesa —de cultura siríaca—, Ciro —con Teodoreto, uno de los
máximos historiadores del siglo—. Las grandes —y frecuentemente contrastadas—
elaboraciones teológicas encontraron salida en dos concilios decisivos del período
siguiente.
       En un contexto así de vivo, Roma era atendida cada vez menos. La Iglesia de
Occidente, por otra parte, tuvo que interesarse —entre tantas preocupaciones
cotidianas— de otras cuestiones teológicas, ligadas m{s bien a aspectos “pr{cticos”
—como la controversia origenista y el pelagianismo—.
      II. LA CONTROVERSIA ORIGENISTA
      Los principales protagonistas de esta controversia fueron dos personalidades
notables de Occidente: Jerónimo y Rufino. Habían sido amigos desde la infancia, mas
encontrándose ambos en Palestina, tuvieron ocasión de entrar en polémica; una
polémica que repercutió en Roma de manera desmesurada.
       La ocasión había sido creada por Epifanio de Salamina, el cual también se
encontraba en Palestina en el 393. Este obispo estaba convencido de que los escritos
de Orígenes, el gran teólogo alejandrino del siglo III, contenían errores teológicos —
como las aserciones sobre la inferioridad del Hijo respecto al Padre y la preexistencia
de las almas respecto a los cuerpos—. Se trataba de una cuestión de interpretación,
ya que otros teólogos ilustres, en cambio, habían profesado —y profesaban aún —
admiración por Orígenes: así Atanasio de Alejandría, Eusebio de Cesarea, Basilio de
Cesarea, Gregorio de Nacianzo, Evagrio Póntico, los monjes egipcios y palestinos y,

                                                                                     70
quizás en el mismo Occidente, Vitorino de Petovio, Hilario de Poitiers, Ambrosio; y,
precisamente entonces, también Juan, obispo de Jerusalén, donde Epifanio había
osado predicar.
       Fue probablemente la crecida del consenso que tal predicación suscitaba lo
que indujo a Jerónimo —en el pasado traductor de diversas obras de Orígenes, al
cual había ensalzado como “ingenio inmortal”— a disponerse con Epifanio. Rufino,
al contrario, permaneció firme en su admiración por Orígenes, y por eso fue
injustamente atacado por Jerónimo; se turbó mucho por el cambio tan drástico de su
amigo y, de vuelta a Roma, trató de defender su propia causa ante el papa Siricio —
que ya había sido informado de la controversia—. Se dispuso, además, a traducir la
obra mayor de Orígenes, el tratado Sobre los principios. Desde Belén Jerónimo
reaccionaba enviando varias cartas polémicas y otra traducción del mismo tratado
realizada por él mismo, hasta encender en la capital una verdadera contienda entre
sus propios seguidores —entre los cuales estaba parte de la aristocracia romana— y
los de Rufino —entre ellos Paulino de Nola—.
       El nuevo papa, Atanasio (399-402), entretanto, se mostraba orientado a favor
de Rufino, el cual le dirigió dos apologías —Ad Atanasium y Contra Hieronymum—,
que provocaron la obra polémica más violenta de Jerónimo, la Apologia contra
Rufinum, en tres libros3 de los cuales el último fue redactado en el 402 en forma de
carta enviada a Agustín. El santo obispo de Hipona, consternado, intervino con una
carta de deploración, para poner fin con decisión a la controversia. Desde aquel
momento Rufino calló definitivamente, si bien Jerónimo no cesó de atacarlo con total
falta de generosidad, hasta, incluso, después de la muerte de aquél.
      Mas años después no les faltó a los origenistas notables admiradores, como
Casiano, Vicente de Lérins, Sidonio Apolinar y Genaro de Marsella.




      En Occidente se disgrega por las invasiones bárbaras, entran por occidente
porque eran más débiles que oriente. Los bárbaros son ciudadanos, ejército y ocupan
territorio romano. Fueron evangelizados por los arrianos, a veces y hay reyes
bárbaros arrianos.

     En el 423: en occidente muere el emperador Honorio con mucho poder en
occidente. Su hijo Valentiniano II con dos años es tutelado por Gala Placídia. Los
bárbaros invaden todo occidente, venían como libertadores de la opresión de Roma,
son arrianos y anulan a veces la evangelización cristiana. El jefe de la iglesia se le
llama Papa y se le reconoce. Los donatistas y herejes buscan convencer que el
imperio es malo y que la Iglesia está unida al imperio, implica que es mala y
defienden que los herejes con los bárbaros son los buenos.




3
    Llenos de insultos: «Serpiente, hidra, asno, perro».

                                                                                   71
     Oriente está muy bien defendido, trata cuestiones doctrinales, jefe de su Iglesia
es el emperador. La liturgia bizantina, estilo imperial, controla toda la iglesia.
Grandes escuelas de teología: Cesarea, Alejandría, Capadocia, Antioquia,< Se
escucha poco al Papa.




                                                                                   72
      Tema – 11 La herencia de Roma (431-476)

      I. EL CUADRO HISTÓRICO
       Las dos partes del Imperio se volvieron ya rápidamente hacia el destino
diverso que la historia les había reservado en los siglos futuros: en Occidente se
precipitó el proceso de disgregación, el cual puede decirse completamente acabado
en el 476 cuando desaparece hasta la sombra que había quedado del Imperio en Italia
con Rómulo Augústulo —depuesto por Odoacro—. En Oriente se prolongó el
dominio de Constantinopla, que llegó a defenderse de las amenazas persas y
mongólicas.
       Se sentaron sobre el trono —hasta la mitad del siglo— dos primos, ambos
nietos del gran Teodosio: Valentiniano III (424-455) en la corte, ahora ya sin decoro,
de Rávena; Teodosio II (408-450) en la corte dorada de Constantinopla. Y en la una y
en la otra fueron emperatrices dos mujeres: en la primera Gala Placidia, a partir del
momento en el que su hijo, de apenas cinco años, se había vestido la púrpura
después de la muerte de su padre Constancio III; en la segunda, Pulqueria, que
asume el deber de educar y, después, “aconsejar” al hermano, que a la edad de siete
años había sucedido al padre Arcadio. Junto a las emperatrices, dos hombres
poderosos tuvieron el gobierno de las dos partes: Aecio —magister militiae— en
Occidente, y Antemio —praefectus praetorio— en Oriente.
      1. Occidente
       Del todo diversa era la escena política que circundaba cada corte. En cuanto al
imperio de Occidente, en primer lugar, atormentado por las guerras como nunca
antes en el pasado, caía poco a poco en pedazos. En el 439 dos acontecimientos
decisivos hicieron irreversible tal desastre: uno en la Galia, cuando los godos se
instalaron como pueblo soberano, después de la estrepitosa victoria de Tolosa; el otro
en África, cuando Genserico se adueñó de la floreciente provincia consular,
obteniendo después, con la paz del 442, el reconocimiento del dominio. Los otros
numerosos acontecimientos, aunque trágicos —como las terribles experiencias
ligadas a las invasiones de los hunos o las relativas a las asignaciones de los
francos—, no fueron sino episodios de un curso ineludible y acelerado, cuando
muerto trágicamente el último de los Teodosios, los emperadores de Occidente no
fueron sino larvas en manos del potente Ricimero (455-472).
       En un contexto de por sí grave, la caída de la autoridad imperial llegaba cada
vez a grados de mayor postración, dando lugar a vacíos de poder que la Iglesia supo
colmar viniendo en socorro no sólo de los cives abandonados a su destino, sino
también de los nuevos pueblos que se establecían al lado de la población
preexistente. Tal acción de suplencia —especialmente fueron los obispos (con parte
del clero) los que se hicieron cargo de ello—, conjugada frecuentemente con
comportamientos de solidaridad en las preocupaciones de los más significativos
fermentos sociales del período, hizo que la Iglesia no viniera implicada en el proceso

                                                                                   73
por el cual la nueva realidad histórica fue distanciándose del odiado nomen
Romanum. Esto confirió a la misma Iglesia la autoridad moral también a los ojos de
los bárbaros, abriéndole notables espacios de afirmación temporal, mas también
permitiéndole salvar y transmitir precisamente la romanitas, aquella herencia civil
que, no obstante todas las cosas, los nacientes grupos étnicos advertían como
irrenunciable.
      2. Oriente
      Nada de esto se verificó en la pars oriental. Aquí fue aún la autoridad imperial
quien lideró los acontecimientos que vincularon con el pasado de Roma la historia
también milenaria del imperio bizantino. Respetada de la furia de las invasiones
germánicas, puesta en un punto estratégico entre Europa y Asia, estable en la
organización burocrática y no privada de recursos económicos, Constantinopla supo
—aunque no sin dificultad y fracasos— tener unidos los distintos componentes de su
imperio. Ni siquiera el fin de la dinastía teodosiana afectó aquí a la calidad de los
sucesores, ya que, el primero de éstos, Marciano (450-457) —subido al trono gracias
al matrimonio (“místico”) con la augusta Pulqueria— se mostró de carácter fuerte y
decidido.
       Estas condiciones confirieron fuerza al aparato estatal, de modo que la Iglesia
misma fue como englobada, con la consecuencia de vincularse estrechamente a la
clase dirigente, mas también de sufrir la intervención directa de los emperadores en
el ámbito —incluso doctrinal— de las propias prerrogativas. A la solidaridad entre
trono y altar correspondió perfectamente la intriga en desviaciones teológicas y
tendencias separatistas, que infligieron heridas incurables a la integridad de aquella
Iglesia y de aquel Imperio.
      II. LA POLÍTICA RELIGIOSA DE LOS EMPERADORES
       Los dos primos, reinantes respectivamente en las dos partes del Imperio,
tuvieron, desde el punto de vista religioso, estilos de vida netamente contrastados:
disoluto Valentiniano III, pío y observante Teodosio II. Y las cortes reflejaron de lleno
el comportamiento de sus soberanos: mundana —con su poeta Merobaudes— la de
Rávena; austera como un monasterio, regulada al ritmo de la oración y del trabajo, la
de Constantinopla. Sobre esta última —y sobre la educación del joven hermano—
impuso su férrea disciplina Pulqueria, que, por otra parte, había hecho voto de
virginidad.
      Pero en cuanto a la política religiosa, las dos cortes coincidieron en la dirección
de favor acordado a la Iglesia, enriqueciendo el ya generoso paquete de privilegios
dispuesto por Teodosio I y por sus hijos Arcadio y Honorio. Rávena, sin embargo, no
tuvo parecida oportunidad de imprimir a tal política una impresión cesaropapista,
aunque la intransigencia antiarriana de Gala Placidia había influido no poco sobre el
desarrollo de algunos acontecimientos externos.
       Fue más bien la fuerte personalidad del papa León Magno (440-461) a emerger
en Occidente y —si no a imponer— ciertamente a inspirar la actividad legislativa de
la casa imperial: Valentiniano III emanó disposiciones contra nestorianos, maniqueos

                                                                                      74
y pelagianos. Y si indirecto fue el influjo del pontífice sobre procedimientos
represivos emanados contra la insurrección de manifestaciones paganas —y quizás
también sobre aquéllas concernientes a los privilegia—, solicitados personalmente por
León Magno fueron, en cambio, los pronunciamientos del emperador a favor del
primado del obispo de Roma: la controversia con Hilario de Arles ofreció una de las
ocasiones más claras.
       En contra del obispo de Roma reaccionaron, sin embargo, los soberanos de
Constantinopla. El profundo y encendido interés que la augusta Pulqueria
manifestaba también por las cuestiones doctrinales, constituía una premisa
inconciliable con las exigencias del magisterio de la Iglesia. El concilio de Calcedonia
por ella preparado y organizado no pudo sino desencadenar conflictos insanables. El
patriarca de la Nueva Roma obtuvo muchas ventajas —también por engaños—
gracias a este celo religioso femenino; mas precisamente la posición jurídica y de
honor a él reconocida hizo irremediable el contraste de fondo con la sede de Roma.
       La actuación de Pulqueria, sin embargo, brotaba de profundas convicciones
religiosas, como dejan suponer aquellas iniciativas no sólo benéficas —instituciones
humanitarias, construcciones de iglesias—, sino también de heroica renuncia —su
entero patrimonio devuelto a los pobres—, que la hicieron proclamar santa.
      III. AL PASO CON EL CAMBIO DE LA HISTORIA
        A mitad del siglo V todo Occidente, en el trasiego del cambio radical, advirtió
con dramatismo la necesidad de referentes ideales. La Iglesia, también entre sus
faltas, supo ir al encuentro de esta exigencia, impregnando de animus christianus y
transmitiendo algunos valores esenciales de la romanidad. Ella alcanzó la autoridad
necesaria para ello de la prestigiosa posición asumida frente al Imperio y frente a los
nuevos pueblos.
      1. Relevancia del papa León Magno
        León Magno, en primer lugar, tuvo un papel de primera importancia en el
desarrollo de la autoridad espiritual y temporal del papado. Las cartas emanadas de
su cancillería hacen conocer la multiforme actividad por él desplegada en la cura
pastoral —liturgia, vida monástica, disciplina eclesiástica— y en la defensa de la
ortodoxia —determinantes fueron los escritos relativos al concilio de Calcedonia—.
Pero fue sobre todo la alta concepción que tuvo de su propia misión —fundada sobre
la trilogía Cristo-Pedro-Papa— la que inspiró las intervenciones más decisivas ad sedis
Apostolicae auctoritatem elevandam. El primado de Roma sobre otras sedes episcopales,
indiscutido por las sedes occidentales, debió ser sostenido con energía en los
enfrentamientos con la cada vez más inalcanzable autosuficiencia de las orientales.
       Tan alto sentir de la propia autoridad espiritual se tradujo después sobre el
plano político —ciertamente con la acentuación de la línea ambrosiana— en un
comportamiento vigoroso de libertad de acción en los debates con la autoridad
imperial: el cesaropapismo de Constantinopla no tuvo la mínima posibilidad de
hacer brecha sobre la fuerte personalidad de este pontífice, mientras el absentismo de


                                                                                     75
Rávena consintió que esta misma personalidad se afirmase de manera tal como para
poner las bases del futuro poder temporal.
       Cuando en el 452 el papa León I fue al encuentro de Atila, el cual marchaba
sobre Italia, posiblemente él no habría salido a detenerlo —así suponen algunos
estudiosos— si otras razones estratégicas no hubiesen inducido al jefe huno a
retirarse; en todo caso, sin embargo, es indudable que sólo el prestigio del que
gozaba el pontífice ante los bárbaros habría podido sugerir tal audacia. Tres años
después León frenó la furia del vándalo Genserico, que saqueaba la Urbe, y esto
propuso de nuevo un análogo testimonio del papel cristiano y romano que el papado
se prestaba a desarrollar en el Occidente latino-bárbaro.
       2. Conciencia de un cambio epocal en Salviano
        También la cristiandad en su conjunto —aparte de las inquietantes ansias que
la afligieron y las innobles caídas que la mancharon— tuvo presentes los valores de
continuidad que ella misma debía garantizar en el cambio epocal. El comportamiento
de Salviano, reflejado en su De gubernatione Dei, tiene un valor emblemático a tal
respecto.
       A propósito de los vándalos, este presbítero de mitad del siglo V advertía que
Genserico, expropiando a los señores de las tierras, aniquilaba la fiscalidad romana y
liberaba a los pobres colonos de la peor opresión económica y social. Aquellos pobres
desventurados habrían acogido con alivio el beneficio de la paridad creada entre
ellos y los ricos en el común aguante de la Wandalorum eversio. La idea de la igualdad
social es expresada con fuerza por Salviano. Son de resaltar las pinceladas con las
que el presbítero de Marsella pinta el escenario de Cartago asedidada, pinceladas que
apoyan su discurso moralista sobre un eficaz contraste de imágenes en todo a favor
de los bárbaros: Populi barbarorum fuera de las murallas y Ecclesia Cartaghinis dentro
de los muros; los primeros circumsonabant armis; la segunda insaniebat in circis,
luxuriabat in theatris; extra muros fragos proeliorum, intra muros fragor ludicrorum; parte
del pueblo erat foris captiva hostium, la otra intus captiva vitiorum; confundebatur vox
morientium voxque bacchantium; y malamente podía distinguirse la plebis heiulatio quae
cadebat in bello del sonus populi qui clamabat in circo.
        Sintomático al máximo es, sobre todo, el pensamiento de Salviano cuando
refleja cuál será la suerte del Imperio por efecto del acontecimiento de los bárbaros.
En la pars barbarorum Salviano ve ya transmigrar valores antiguos, de tal manera que
a la idea orosiana —y también agustiniana— de la continuidad del imperio cristiano,
Salviano opone la idea de la traslatio romanitatis. Aquel sacerdote supo tomar sin
excitación los aspectos decisivos de la revolución epocal. Godos, vándalos,
burgundios, alanos..., no constituían ya un peligro, porque ellos estaban instalados
definitivamente dentro del Imperio. Y si junto a ellos se refugiaron las poblaciones
romanas era porque la buena convivencia entre los dos pueblos constituía ya un dato
experimentado. A tal convivencia, además, no se oponía tampoco la religión arriana
de los bárbaros, que Salviano justificaba casi con despreocupación.



                                                                                        76
        Las señales que Salviano recogía eran suficientes para que en el horizonte se
pudiera advertir el perfilarse algo nuevo. Y, aunque vagamente, se intuía la forma, la
cual debía ser cristiana, bárbara y romana a la vez. Cristiana porque, de otra manera,
Salviano mismo habría pagado en vano la vena moralista que también recorría en
medio de su discurso apologético; bárbara, ya que el bárbaro dentro del imperio iam
florebat, y los procesos históricos como el de aquella naturaleza son irreversibles;
romana, por fin, porque junto a los bárbaros había emigrado ya la Romana humanitas.
        Romana humanitas es una expresión, para el tiempo de Salviano, del todo
singular, porque él escribe cuando su época ya ha forjado el concepto de civilitas. Este
concepto75 sustituía y definía mejor aquel apunte de humanitas. La verdad es que la
civilitas representa la «tradición de la ciudad», de su riqueza, de su cultura, de sus
cives. Y en oposición a ella —con un significativo retorno a lo antiguo— está el
concepto de humanitas: Salviano opone ante todo los valores de la Roma que había
sido gloriosa a las apariencias de la Roma que está declinando; pero también
proclama que aquellos valores ya han encontrado salvación cerca de los bárbaros, e
instituye las tres contraposiciones de los tiempos nuevos: la verdadera libertad entre
los bárbaros contra la mísera esclavitud bajo el yugo de las riquezas romanas; la
cultura espiritual entre los herederos contra la civilización materialista de las
metrópolis; la inocente rusticidad de los campesinos y soldados, contra la corrupta
urbanitas de los nobles. La intuición de Salviano había percibido en aquel momento la
dirección fundamental de los acontecimientos históricos.




                                                                                     77
      Tema – 12 Las raíces de la Europa cristiana (476-604)
      I. EL CUADRO HISTÓRICO
       Cuando cae el Imperio romano de Occidente (476) está en el trono de
Constantinopla el emperador Zenón (474-491). Le sucedieron Anastasio (491-418),
Justino (518-527) y Justiniano (527-565). Este último, débil de carácter y dominado
por su mujer Teodora, tuvo sin embargo el mérito de salvar la herencia gloriosa de
Roma, confiando al jurisconsulto Triboniano la compilación del Corpus iuris civilis —
dividido en Instituciones, Digesto o Pandetas, Codice, Novelas— y promoviendo
grandiosas construcciones —entre ellas Santa Sofía de Constantinopla y San Vital de
Rávena—. Religiosísimo personalmente, en las relaciones con la Iglesia, sin embargo,
intensificó la línea cesaropapista de sus predecesores, encontrando, en cambio,
resistencia en el papado. No renunció, además, a las intervenciones en Occidente,
modificando —gracias a dos valiosos generales, Belisario y Narsete— muchas de las
situaciones que allí se crearon.
      En Occidente, de hecho, ya al final del siglo V la situación de los estados
romano-germánicos —arrianos— se había estabilizado del siguiente modo: en África
los vándalos, en Hispania los suevos y visigodos, en la Galia los francos —el rey
Clodoveo se convertía en el 496 al catolicismo—, en Britania los anglos y los sajones,
en Italia los hérulos de Odoacro, sustituidos en el 488 por los ostrogodos de
Teodorico —famoso por haber embellecido la capital Rávena y por haber acogido en
la corte a intelectuales de la aristocracia romana, como Severino Boecio y
Casiodoro—.
       Pero tal situación fue desbaratada por los ejércitos de Constantinopla, que
tuvieron en Sicilia, ya bizantina, su base de operaciones. El primer reino en estar en
su punto de mira fue el de los vándalos, que de hecho desaparece en el 535 por el
enérgico ataque lanzado por Belisario. Posteriormente les llegó la vez a los
ostrogodos: a Teodorico le había sucedido en el 526 Atalarico, por el cual tuvo el
poder su madre Amalasunta. Precisamente la supresión de Amalasunta por parte de
los nacionalistas godos ofreció el pretexto de una guerra ventenal (535-553),
devastadora, que vio enfrentarse en su última fase al ostrogodo Totila con el
bizantino Narsete, y que se concluyó con la asociación de Italia al gobierno imperial
de Constantinopla.
       Sin embargo, la sujeción a Oriente duró poco, pues en el 568 entraron en
escena los longobardos. Al mismo tiempo en Oriente irrumpieron eslavos y
mongoles, dando su nombre a las tierras ocupadas —Serbia, Croacia y Eslovenia los
primeros; Bulgaria los segundos, en seguida eslavizados—. Éstos, sin embargo, bien
pronto sufrieron la influencia civilizadora de Bizancio, entrando en el ámbito de la
Iglesia de Oriente, cuya autonomía de Roma se hacía cada vez más pronunciada,
                                                                                   78
alcanzando uno de los momentos más delicados en tiempos de Gregorio Magno (590-
604) y del emperador Mauricio.
        En cuanto a los longobardos, de estirpe germánica y de religión arriana,
liderados por Alboino invadieron Italia, rompiendo la unidad: a la pars longobarda
—dividida en ducados y con capital en Pavía— se yuxtaponía la pars bizantina —el
Lacio y zonas costeras, con capital en Rávena—. Dos reyes se distinguieron en el
período siguiente: Autari y Agilulfo; los dos esposaron con la católica Teodolinda, y
así, al final del siglo VI, se terminaba el proceso de conversión de los longobardos al
catolicismo.
       Evento este último en el que fue determinante el influjo del papa Gregorio
Magno, perteneciente a la noble familia de los Anicios. Ya prefecto de Roma, atraído
por el ideal de Benito de Nursia —a quien se debe la introducción en Occidente de
una nueva forma de monacato, centrada en el ora et labora—, había abandonado la
vida pública para retirarse en un convento por él fundado sobre las pendientes del
Celio. Pero el papa Pelagio II, en el 579, lo quiso como nuncio —“apocrisario”— en
Constantinopla, y después como consejero suyo en Roma. Fue elegido pontífice en el
590, en un momento de grave crisis —pestilencia y avance de los longobardos—.
       En Gregorio coexistieron un excepcional fervor religioso y una extraordinaria
habilidad política. Notable fue el impulso que supo dar a la actividad de expansión
del cristianismo —enviando misioneros hasta los lejanos anglos— y a la
consolidación de la organización eclesial bajo la dependencia del papado. Frente al
avance de los longobardos, ausente la autoridad bizantina, se dispuso a defender
militarmente Roma, a estipular tratados de paz y a socorrer las poblaciones
oprimidas. Las bases del poder temporal eran virtualmente creadas: en Roma la
autoridad efectiva era la del Papa.


      II. LA IGLESIA FRENTE A LOS NUEVOS PUEBLOS
       La nueva disposición de Occidente modificó notablemente también el rostro
de la Iglesia: al mismo tiempo en que la cristiandad transmitía a los nuevos pueblos
los valores de la fe y de la civilización romana, se engrosaba un proceso de
“deculturación”, reflejado, entre otras cosas, en el gusto creciente de lo irracional, en
las conversiones en masa, en la ruralización. Este último fenómeno, en particular,
estaba en conexión con la penetración de la Iglesia en los campos, mientras también
en el ámbito de las declinantes ciudades podía decirse como ya concluida la
conversión de la aristocracia.
       Desaparecida la aversión hacia los bárbaros, que en el pasado no había
respetado mentes también selectas del mundo cristiano, se pasaba a una visión
providencialista de la nueva situación histórica, pensándose que los bárbaros habían
sido destinados por Dios a acoger la fe cristiana, y, por ello, se les miraba con respeto
e inquietud misionera; no obstante, tampoco faltaron incomprensiones y fricciones.




                                                                                      79
      III. SE AHONDA EL FOSO ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE
       Después de la caída del imperio de Occidente, Constantinopla se consideró
como la auténtica heredera de las glorias del pasado, y el emperador se creyó
autorizado a hablar, también en materia de fe, exigiendo que con él coincidiera al
unísono el patriarca. Una señal clara de esta pretensión se capta en el 482, cuando el
emperador Zenón, de acuerdo con el patriarca Acacio, promulgó el Edicto de Unión,
una fórmula que dejaba de lado Calcedonia y que, por eso, no fue aceptada por
Roma. El papa Félix II (483-492) declaró depuesto al patriarca, dando lugar al
llamado cisma acaciano (484-519), durante el cual emerge la firmeza mostrada —tanto
con la acción como con la doctrina— por el papa Gelasio I (492-496).
       Pero el cisma fue destructivo por las repercusiones que tuvo en Roma, donde
en el 498, después del breve pontificado del papa Anastasio, la corriente filobizantina
opuso al alecto pontífice Símmaco —de parecida firmeza a Gelasio— el acomodaticio
Lorenzo. Un cisma —llamado laurenciano— dentro del cisma, que finalizó gracias a la
intervención de Teodorico, interesado en que no se reforzara el partido imperial. Fue
un período amargo, que vio a la ciudad ensangrentarse por los enfrentamientos
violentos entre las dos facciones, pero durante el cual se tuvieron también tres
sínodos de relevante importancia por las cuestiones en ellos definidas —la
procedencia de la elección pontificia, y los derechos de autonomía (también
patrimonial) y de absoluta preeminencia jerárquica del obispo de Roma—.
       Quedaba aún el cisma acaciano, el cual era resuelto en el 519 por medio del
nuevo emperador, Justino —filocalcedoniano—; y en el clima de reconciliación entre
las dos iglesias fue elegido papa Juan I (523-526). Pero precisamente este
acercamiento a Bizancio molestó a Teodorico. El rey ostrogodo, antes tan respetuoso
con la religión católica, intentó ahora una serie de procesos a traición —cayó también
Boecio— y encarceló al papa.
       En medio de los dos fuegos, el godo y el bizantino, el papado tuvo que sufrir
muchísimo en los años siguientes, siendo víctima de manera particular el papa
Vigilio (537-555), cuyo pontificado coincide de lleno con el período de la guerra
ventenal: presionado por el emperador Justiniano a aceptar el edicto de los Tres
capítulos y excomulgado por un sínodo de obispos africanos, moría en Siracusa
humillado y fracasado.
       La tensión entre Roma y Bizancio perduró con los sucesores de Vigilio y de
Justiniano, pero con Gregorio Magno tuvo éxitos, en una dirección del todo contraria
a comprometer el honor del papado. Éste fue defendido por el gran pontífice con
firmeza, tanto en la acción como en los escritos. Por otra parte, la misma situación
histórica en la que se encontraba Italia bajo los longobardos hizo que recayeran sobre
Gregorio las responsabilidades del gobierno y de la administración, y por este
camino Roma y los territorios circundantes, formalmente bajo Bizancio, se
dispusieron a ser un “estado” bajo la soberanía del papa. Contribuyó a esta
transformación epocal el patrimonium Petri, conducido con sagacidad política, mas, a
la vez, con ánimo profundamente atento a los problemas pastorales y doctrinales.


                                                                                    80
                                              ***
       Así también a nivel eclesial: cuando el patriarca de Constantinopla llega a ser
prácticamente una sola cosa con el emperador de Oriente, Gregorio Magno reacciona
con fuerza; no por miedo a perder el papado, el primado, sino por temor a la pérdida
de la unidad en la Iglesia. Era consciente de que en tanto la situación política podía
estar dividida, sin embargo la Iglesia no debía dividirse; la Iglesia una corría el riesgo
de dividirse cuando dejase de lado la unidad con Roma.




                                                                                       81
       Tema – 13 El monacato
  1. EL MONACATO EN ORIENTE
   La vida monástica, como flor de la vida cristiana, tuvo sus principios en la cuna
misma del Cristianismo, pues muchos fieles se abstenían del matrimonio para
alcanzar la perfección, según los consejos de Cristo (Mt 19, 12) y del Apóstol (1 Cor 7,
32ss). Estos ascetas, viviendo con sus familias, se ejercitaban en ayunar, vestir
ásperamente, etc., y por lo menos más tarde, se obligaban a esta vida con voto. Las
persecuciones sistemáticas desde Decio, empujaron a muchos fieles a los desiertos,
donde hallaron una forma de vida muy favorable para la perfección, y
permanecieron allí aun después de la paz. Así se poblaron los desiertos de Egipto de
anacoretas, de los cuales son los más célebres san Pablo Ermitaño (m. 341) y San
Antonio (m. 356), amigo fiel de san Atanasio y maestro de la vida monástica. Pues,
aunque vivió como solitario desde 270, hacia el 290 se reunieron en derredor suyo
machos anacoretas, los cuales formaban un conjunto de celdas (Laura) y vivían bajo
su dirección. Bajo la influencia de Antonio y de los dos Macarios, se extendió este
género de vida rápidamente por los montes de Nitria, en los desiertos de Libia.
   San Pacomio (m. h. 348), primero soldado y luego ermitaño, fué maestro de la vida
cenobítica, estableciendo en la isla del Nilo, Tabenna, un monasterio para cuyos
moradores dió su Regla. San Hilarión (m. 371) llevó el monacato a Palestina en la
forma de las lauras, y san Basilio (m. 379) propagó con éxito la vida monástica en
Capadocia y el Ponto, escribiendo dos Reglas que fueron fundamento de la vida
regular en todo el Oriente (Basilios), donde, arraigó tanto, que pudo sin detrimento
sufrir una grave persecución del Emperador arriano Valente (364-378), quien miraba
en los monjes un firme apoyo de la ortodoxia.
  2. EL MONACATO EN OCCIDENTE
   En Occidente, aunque hubo antes algunos monasterios, dió a conocer el monacato
egipcio San Atanasio, a quien en 340 acompañaron a Roma dos monjes, y cuya Vida
de San Antonio ejerció grande influjo. Fomentaron la vida monástica San Eusebio de
Verceli y San Ambrosio en el Norte de Italia, San Jerónimo entre la nobleza de Roma,
San Martin en la Galia y San Agustín en África. San Martin fundó el monasterio de
Marmoutier, en Tours; San Honorato (h. 410) el de Leríns (isla cerca de Niza), Juan
Cassiano el doble monasterio de San Victor (Marsella). En España, San Donato el
monasterio Servitano, San Martin Dumiense otro cerca de Braga. A fines del siglo IV
había muchos millares de monjes; al entierro de San Martin de Tours (397) asistieron
2.000. Las calamidades de la época, que hacían creer a muchos próximo el fin del
mundo, contribuyeron a este acrecentamiento de la vida monástica.
   Pero los monjes de Occidente adolecieron de dos defectos: algunos (gyrovagi)
andaban errantes de una parte a otra y con excesiva libertad; otros vivían en
pequeños grupos sin superior ni regla fija (sarabailes). Estos males se remediaron con
la Regla de San Benito de Nursia, la cual exigió votos, fijó los monjes en su claustro (loci
stabilitas), los obligó para toda su vida y confederó los monasterios en una gran
familia, ofreciéndoles mutuo auxilio. En los siguientes siglos esta Regla fué

                                                                                         82
substituyendo en Occidente a todas las demás, gracias a su perfección y al influjo de
Roma que la hizo suya.
   Aunque la vida monástica no se proponía al principio sino la perfección de los
monjes, produjo inmensos bienes a la Humanidad; como el Martirio en la epoca
anterior, así fue luego el Monacato un argumento de la divinidad de la Iglesia; y las
austeridades del monje no produjeron menor admiración y edificación, que la
constancia de los mártires. En Oriente ayudaron para vencer las herejías; en
Occidente, para civilizar y convertir a los bárbaros. Los claustros dieron a la Iglesia
excelentes obispos, y con su ejemplo elevaron el nivel del Clero y la moralidad del
pueblo. A la ciencia prestaron inestimables servicios, conservando los tesoros de la
Antigüedad y cultivando las ciencias eclesiásticas. Enseñaron a los pueblos nuevos la
agricultura y las artes, la laboriosidad y la obediencia. Y los pueblos reconocieron
estos beneficios y establecieron sus moradas en torno del monasterio protector.
   1. La vida ascética fue ensalzada ya por los apologistas, considerada por
Tertuliano como propio estado y desposorio con Cristo, y la violación de la
virginidad ofrecida con voto se comparó al adulterio y se expiaba con penitencia
canónica. El obispo consagraba a las vírgenes para su estado, y se dieron para ellas
propias prescripciones. Aunque al principio vivían con sus familias, desde
Constantino se confió, a las que no tenían padres, a matronas respetables, con que se
echaron los cimientos de la vida claustral. Constancia, hija de Constantino, se
consagró en Roma a la ascesis y reunió en torno de si muchas vírgenes.
   2. La vida anacorética perseveró aun después de fundados los monasterios, y aun
algunos sínodos la consideraron como cima de la vida religiosa. Las reclusas se hacían
encerrar en celdas o cuevas, de donde no salían más. Los estilitas despertaron gran
admiración, viviendo sobre altas columnas, como San Simeón Estilita, que vivió así
cuarenta y ocho años, cerca de Antioquía (m. 458).
   3. Los monjes de Egipto, desde la segunda mitad del siglo IV vivían en su mayor
parte en Lauras, como cenobitas, y alcanzaron un número muy crecido. En las
montañas de Nitria vivían 5,000; en la ciudad de Oxyryncho, 20,000 monjas y 10,000
monjes. El abad Serapión dirigía 10,000 monjes; el monasterio de Tabenna tuvo bajo
San Pacomio 1,400, fuera de 400 monjas y 1,000 monjes en otros domicilios. «Casi
vivían tantos monjes en el desierto como hombres en las ciudades». Los
Tabennesiotas usaban traje propio, compuesto de túnica sin mangas y capa de piel de
cabra, con ceñidor y capucha. Anualmente celebraban capítulo, y el abad de Tabenna
visitaba los monasterios. Los monjes se santificaban con la oración y el trabajo,
labrando los campos y haciendo esteras, con cuyo producto vivían y daban limosnas.
Vivían en estrecha obediencia bajo un Abad o Archimandrita (mandra o cenobio, se
llamaba el claustro), y no tenían más sacerdotes que los necesarios para el culto. Los
monasterios de monjas se pusieron junto a los de monjes, para hallar en ellos
asistencia espiritual y amparo en casos de guerra y asaltos. Pero los inconvenientes
de los monasterios dohíes motivaron frecuentes intervenciones de la Autoridad
eclesiástica. Las monjas se llamaban sanctimoniales, nonnae (en copto, casta) y la
abadesa Ammás, )Amma=j.

                                                                                    83
  3. SAN BENITO Y SU REGLA.
   San Benito nació en Nursia (480) de la familia de los Anicios, estudió en Roma,
pero a poco se retiró a una cueva de Subiaco, donde pasó tres años en ásperas
mortificaciones. Hecho abad del monasterio de Vicovaro, lo quiso reformar, pero
hubo de huir de la rebeldía de sus súbditos, y fundó luego cerca de su cueva doce
monasterios de doce monjes cada uno. Luego se fué al antiguo Cassinum, cerca de
Capua, cristianizó al pueblo y fundó el monasterio modelo de Monte Casino, donde
estableció su regla, y murió en 543. Su Regla prescribe un año de noviciado y los
votos de obediencia y de pasar toda la vida en el monasterio, el cual está presidido
por un Abad, asistido por un Praepositus o Prior, y sobre cada diez monjes hay un
decano. Al principio sólo se ocupaban en oración y trabajo manual, pero San Mauro
y Cassiodoro introdujeron el estudio. La hermana de Benito, Santa Escolástica, fundó
cerca un monasterio de mujeres con la misma Regla, y los discípulos la extendieron
en Sicilia (Plácido) y las Galias (Mauro?). Fue de gran importancia el influjo del
primer Papa benedictino, San Gregorio Magno, quien fundó en Sicilia seis
monasterios y en Roma uno, hizo que la Regla se adoptara en España, y envió monjes
a Inglaterra, de donde luego pasaron a Alemania (San Bonifacio). La vida de San
Benito, escrita por San Gregorio Magno produjo un efecto semejante a la de San
Antonio por San Atanasio.
   La Regla de San Columbano. En Occidente se habían formado antes de San Benito,
varias Reglas monásticas, como la de San Honorato de Lerins, Santos Cesario y
Aureliano de Arlés, etc. Entre ellas es notable la de San Columbano, procedente de
los monasterios de Irlanda, la cual se extendió en el siglo VII por el Norte y Este de
Francia, el Sur de Alemania y el Norte de Italia. Pero su excesiva severidad y poca
determinación, hizo que fuera substituida por la de San Benito, la cual se generalizó
en el siglo IX, por más que quedaran aún monasterios escoceses.




                                                                                   84
      Anexos

           Anexo 1 La vida de los primeros
                     cristianos
Según:

Adalbert G. Hamman
La vida cotidiana de los primeros cristianos
Edic. Palabra. Madrid 1986, págs. 11-28

                                           EL ENTORNO

El Marco Geográfico:

Han bastado un apóstol genial y una sola generación de hombres para recorrer -en
sentido inverso- los caminos abiertos por las legiones, para surcar todo el
Mediterráneo, para evangelizar Efeso, Filipos, Corinto, Atenas y llegar más allá de
Roma, “a los límites de Occidente”, que para cualquiera que quiera entenderlo no
pueden indicar más que España.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 11.

Entre los catorce sucesores de Pedro, hasta el fin del siglo II, cuatro son romanos, tres
de origen italiano, cinco son griegos, uno fue anacoreta, otro, Higinio, filósofo,
Aniceto procede de Emesa, el Horus actual de Siria; Víctor último de la lista, es
africano, y es el primero que escribe en latín en Roma.

Esa sucesión refleja bastante bien la extensión del cristianismo a lo largo de los dos
primeros siglos. Asia está representada por un solo titular, los griegos forman una
tercera parte de la lista.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 12.

Aspecto de la Iglesia en el año 112

En el burgo oscuro de Ardabau, en la frontera entre Frigia y Misia, Montano, un
recién convertido de espíritu exaltado, se puso un día a llamar la atención a su
alrededor, y después a grandes masas, con el espectáculo de sus éxtasis: acabó
tomándose a sí mismo como el Espíritu Santo. El movimiento montanista se extendió
desde el Asia hasta Roma y Cartago, donde lo encontraremos más adelante.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 16.

Bajo Marco Aurelio



                                                                                      85
El “Tofet” de Cartago y de Susa inmolaba a Baal-Hammón y a Tanit gente joven; las
estelas de los sacrificios, que se pueden ver en el museo de Bardo, todavía hoy nos
producen escalofríos. Los interdictos de los emperadores no habían conseguido
acabar con estas pr{cticas b{rbaras. “Pongo por testigos a los soldados de mi padre -
dice Tertuliano- que ejecutaron esas órdenes de los procónsules romanos”. Los
propios padres acudían a ofrecer sus hijos, y la hacían gustosos; los acariciaban para
impedir que llorasen en el momento de ser sacrificados.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 19.

El evangelio se propaga como el fuego en un cañaveral, de prójimo en prójimo, de
ciudad en ciudad, entre las poblaciones romanizadas del interior. Esta progresión
coincide con la urbanización de la provincia africana. A mitad del siglo II, penetra en
los burgos y en los pueblos oscuros. A las tribus gétulas, reticentes ante las
influencias exteriores y a la erosión de la historia, y que bajaban de las mesetas para
comerciar o intercambiar mercancías, incluso a veces para dedicarse a la rapiña,
también les llega el momento de verse afectados por el Evangelio antes de fines de
siglo, como nos dice Tertuliano.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 21.

En aquella época, la comunidad cristiana disponía de lugares de reunión y de
cementerios. Tertuliano habla, con cierto énfasis, de “millares de personas de todo
sexo, de toda edad, de todo rango”. Afirma incluso que “en cada ciudad m{s de la
mitad de los habitantes son cristianos”. Añade con arrogancia que si los cristianos
desaparecieran “las ciudades quedarían desiertas”. Ya en el año 197, el autor del
Apologético escribe: “Somos de ayer y llenamos ya el orbe y todo el vuestro,
ciudades y caserones, fortalezas y municipios y burgos, incluso campamentos y
tribus, y el ejército, la corte y el Senado en el foro. ¡No os hemos dejado más que
vuestros templos!”.

Alejandría, ciudad que llega quizá a un millón de habitantes, era la segunda ciudad
del imperio y su primer mercado, por la importancia de sus negocios y de su
comercio.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 23.

En la ciudad de Alejandría, donde la filosofía y la cultura eran florecientes, el
cristianismo adquiere un tono intelectual que es el orgullo de la ciudad, en la que
suenan grandes nombres: Clemente, Orígenes, Dionisio, Atanasio, Arrio, Cirilo.

Hacia el año 180, Panteno, que seguramente llegó de Sicilia, fijó su residencia en
Alejandría después de un largo periplo que, según cuenta Eusebio, lo había llevado
hasta la India. Unía en su personalidad, que nos gustaría conocer mejor, el fervor del
evangelista y la reflexión del doctor. Se hizo cargo de la dirección de la escuela para



                                                                                    86
catecúmenos, especie de universidad cristiana; en ella Clemente encontró un maestro
y la luz que lo llevó a la fe.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 25.

Ya desde finales del siglo II Edesa aparece como una hoguera de intensa vitalidad
literaria e intelectual, donde se forjó la lengua siríaca cristiana y el lugar de partida
de la penetración cristiana hacia el Este de Asia, a Armenia y a Persia.

Apanas dos siglos bastaron para que los herederos espirituales del “nuevo Israel”,
del que habla San Pablo, traigan la luz del Evangelio a la tierra de su lejano antecesor,
cuya promesa hizo temblar en otro tiempo a Abrahám.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 28.

                                VIA Y MEDIOS DE PENETRACIÓN

Los Viajes

El Isis, gran cargo de trigo que circulaba entre Alejandría y Roma en la época de los
Antoninos, llevaba 1.146 toneladas de cereales, más que una fragata del siglo XVIII.
El barco en que viajaba Pablo llevaba 276 pasajeros. El historiador Josefo se embarcó
para Roma con 600 personas a bordo. Se juntaba en los barcos una población
cosmopolita; en ellos se mezclaban sirios y asiáticos, egipcios y griegos, cantantes y
filósofos, comerciantes y peregrinos, soldados, esclavos, simples turistas. Todas las
creencias, todos los cultos, toda clase de clero iban codo con codo. Era una verdadera
ganga para el cristiano anunciar el Evangelio como lo había hecho el apóstol Pablo,
modelo de viajero cristiano.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 32.

Los Viajeros

La prosperidad y la paz, al mismo tiempo que facilitaban los intercambios, también
agudizaban los apetitos. El Imperio de siglo II hacía gala de un lujo y de un
refinamiento en la exquisitez de tejidos y de toda clase de materiales que justifican el
impulso de la industria y la intensa circulación de bienes y de hombres; a todo esto
hay que añadir el uso de una moneda común, es decir, la base misma de las
transacciones que cada vez eran más numerosas e intensas.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 33.

Hasta en Bélgica se ha encontrado basalto negro procedente del Golfo de Suez. La
púrpura venía de Siria, la cera del mar negro, las ostras de Efeso, las truchas de
Mitilene (Asia Menor), el aceite y el vino de las orillas del Ródano, las ocas de
Boulogne sur Mer, a no ser que prefirieran las del Ponto. Roma era insaciable y se
creaba necesidades destinadas a los privilegiados por su rareza y por su precio
elevado.

                                                                                      87
La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 34.

Las hostelerías

La más célebre de las chicas de Taberna fue Elena, la madre del emperador
Constantino. Se convirtió al cristianismo y tuvo gran influencia sobre su hijo y en el
curso de la historia.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 37.

La hospitalidad

Toda la antigüedad ha considerado que la hospitalidad tiene un carácter en cierto
modo sagrado. El extraño que atraviesa el umbral de la puerta es una especie de
enviado de los dioses o de Dios. Las ciudades, las corporaciones, los miembros de las
asociaciones practicaban el deber recíproco de la hospitalidad.

El judaísmo tenía en alta estima el recuerdo de sus padres y maestros que habían
dado acogida a quienes iban de camino: Abrahám, Lot, Rebeca, Job, y por último
Rahab la cortesana. De Job está escrito:

Jamás un peregrino pasó la noche al raso, siempre estuvo mi puerta abierta para el
viajero.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 38.

A este propósito, Arístides pudo escribir en su Apología: “Si ven a un extraño, lo
acogen bajo su techo y se regocijan de tenerlo con ellos, como si fuera un verdadero
hermano”. Mas para algunos como Luciano, esta liberalidad cristiana es objeto de
burla.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 39.

La Didaché fundamenta estas reglas en motivos evangélicos. Para un cristiano,
acoger al extraño es acoger a Cristo y manifestar la fraternidad que une a todos los
que llevan su nombre. Fraternidad y hospitalidad van unidas, como lo dice ya la
carta de los Hebreos. Los tiempos de denuncias y de persecuciones, que provocan la
huida o el desplazamiento de numerosos cristianos, ofrecen un nuevo motivo para
dar hospitalidad. El extraño ya no era sólo un hermano, sino un confesor de la fe a
quien la comunidad ofrece una acogida especial.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 41.

La llegada de Pedro confiere al obispo de Roma una autoridad cada vez más firme,
sobre todo desde la carta de Clemente envía a “la iglesia de Dios que se encuentra en
Corinto”. Enterado de las dificultades que atraviesa la comunidad, envía a ella tres
emisarios, portadores de una carta en la que toma postura con tacto pero con


                                                                                   88
firmeza, como quien quiere ser obedecido. Casi un siglo más tarde, Dionisio de
Corinto nos dice que aún se seguía leyendo esta carta en la reunión de los domingos.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 43.

En tiempos de persecución, las cartas sostienen a unos, confortan a otros en su
perseverancia.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 44.

                                      EL AMBIENTE SOCIAL

Apenas nacido, el cristianismo se extiende como el fuego en los matorrales. Si bien,
como en la misma vida, la mayoría de los humildes y los pobres, ya desde la primera
hora se adhieren a él discípulos de todos los estratos de la sociedad. Esta
circunstancia no es menos notable que su expansión geográfica; tanto la una como la
otra derriban las barreras sociales, étnicas y culturales, no por oponerse a ellas, sino
por la fraternidad.

El Evangelio -dicen- no ejerce su seducción m{s que sobre “los simples, los pequeños,
los esclavos, las mujeres y los niños”. El mismo Taciano hace un retrato del cristiano
de su tiempo: huye del poder y de la riqueza; es ante todo “un pobre y sin
exigencias”.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 47.

Lo que sabemos acerca de las comunidades contemporáneas de Cartago, Alejandría,
Roma y Lyon, nos muestra grupos igualmente abigarrados. La fe nivela las clases y
elimina las distinciones sociales, cuando la sociedad romana lo que hacía era
dividirse en compartimentos estancos y levantar barreras. Amos y esclavos, ricos y
pobres, patricios y filósofos se agrupan y se funden en una comunión más profunda
que la de la sangre o la de la cultura. Todos se aúnan en la elección común personal,
que les lleva a llamarse con toda verdad “hermano” y “hermana”. Lo que produce
una especie de “trauma” en el pagano socarrón es que todas las condiciones
humanas se funden en la fraternidad cristiana. Esclavos y ciudadanos libres, todos
tienen un alma de hombre libre, y la conciencia de esa igualdad es tan fuerte que casi
nunca se hace alusión a la condición servil en los epitafios cristianos.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 48.

Más que cualquier estadística hay un hecho que muestra hasta qué punto en la comunidad romana
se vive la fraternidad: dos obispos, con seguridad Pío y Calixto, eran esclavos de
origen. ¡Podemos imaginar a los nobles Cornelii, Pomonii, Caecilii, recibiendo la
bendición de un papa que todavía lleva el sello de su antiguo amo! Esta es la
revolución del Evangelio. Infleye en las estructuras sociales transformando el
corazón de los hombres.



                                                                                          89
Vetio Epagato es de nacimiento noble y habita la ciudad alta; el populacho no se ha
atrevido a denunciarlo. Alejandro es un médico oriental muy conocido en la ciudad,
Blandina es una simple esclava arrestada al mismo tiempo que su ama, sin duda una
noble matrona, que ha propagado discretamente el Evangelio en su casa.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 51.

Pero en la comunidad lionesa en donde los cristianos de buena posición económica lo
sacrifican todo a su fe, no es la rica matrona, cuyo nombre incluso se desconoce, la
que fija la atención de la historia, sino la insignificante Blandina, esclava de
condición, en quien –según nos cuenta el relato de su martirio- la pasión de Cristo
parecía renovarse ante los hijos de los mártires y de los espectadores. Los
compartimentos clasistas se rompen y quedan abolidos por la práctica de una sola
fraternidad en Cristo.

“De esta manera se abría el poema extraordinario del martirio cristiano, era epopeya
del circo que durará doscientos cincuenta años, y de donde surgirá el
ennoblecimiento de la mujer y la rehabilitación del esclavo”; a partir de entonces, los
hombres eran juzgados por su fidelidad y por una cierta nobleza moral, fruto del
Evangelio, y no por sus orígenes.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 52.

Por esa misma época, la comunidad cristiana de Tuburbo, acaba de acoger a una mujer joven de la
aristocracia local, Perpetua, y a su hermano pequeño, ante la desesperación de su
padre que es pagano. La comunidad, que es reciente, está compuesta de gente joven.
Se arresta a los jóvenes, que en su mayoría son catecúmenos, a quienes sus
catequistas van a ver a la cárcel.

El énfasis que el relato pone en la condición noble de la joven es prueba de que esto
era excepcional. Los otros detenidos no se distinguen por su nacimiento, sino por su
piedad, que es la única cualidad que es definitiva importa. Revocato y Felicidad eran
de condición modesta, pero eran ciudadanos libres, probablemente casados, de la
forma que se casaban los humildes, bajo la chimenea y no con el rito de las matronas.

Las diferentes condiciones sociales se funden en una emulación de fraternidad: la
noble Perpetua acude en ayuda de su compañera plebeya. Los tabiques que separan
las clases se desvanecen en Cristo, que forja la unión de todos. Esto hará que
Lactancio pueda decir hacia finales del siglo III:

Entre nosotros no existen esclavos ni amos. No hacemos diferencias entre nosotros, y
todos nos llamamos hermanos, porque todos nos consideramos iguales. Sirvientes y
amos, grandes y pequeños, todos son iguales por su modestia y por la disposición de
sus corazones, que los aparta de toda vanidad.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 53.


                                                                                            90
Valor del trabajo

La profesión de cada cual señalaba a cada cristiano su lugar en la sociedad. Podía
resultar un “impacto” o un obst{culo para el Evangelio, según comprometiera al
cristiano o favoreciera su difusión. Todo dependía de la profesión o el oficio de sus
implicaciones sociales.

En Grecia, el trabajo manual era despreciado y en tiempos del Imperio todavía no era
tenido en alta estima. En los Estados colonizadores, que se enriquecen a costa del
trabajo ajeno, el trabajo tiene algo de poco honorable. Para Apolonio de Tiana
comerciar era venir a menos. En Israel, incluso el mismo doctor de la ley tenía un
oficio. Pablo fabricaba tiendas. Siguiendo esta línea, la Iglesia rehabilita el trabajo y
la condición del obrero. En los epitafios, el obrero, la obrera, son alabados por haber
sido unos buenos trabajadores. Trabajar para vivir, sin espíritu de codicia, ni de
avaricia, es el ideal cristiano.

En el siglo II, los fieles y la misma Iglesia buscan el modo de abrirse paso,
mezclándose lo más posible con la vida de los demás, ejerciendo los mismos oficios
que ellos, es decir, en una palabra: permaneciendo en el mismo trabajo que se tenía
antes de la conversión. Esta lo que cambia es el espíritu y no el entretejido cotidiano
de la vida:

Habitamos con vosotros este mundo –dice Tertuliano con arrogancia, en el año 197-
utilizamos el foro, los mercados, los baños, las tiendas, los talleres, las hosterías, las
ferias y todos los demás lugares vuestros del comercio. Navegamos también con
vosotros, y con vosotros servimos en el ejercito y trabajamos la tierra y practicamos el
comercio; igualmente con vosotros realizamos nuestros trabajos y vendemos nuestras
obras para uso vuestro.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 54.

                                        Santificación de los

Son afirmaciones llenas de orgullo y pronto el polemista de Cartago se moderará. La
primera actitud de quienes se convertían era conservar su oficio, una vez
convertidos, como lo había recomendado el apóstol Pablo, a quien Clemente de
Alejandría, parafrasea cuando escribe: “labra, decimos, si eres labrador, pero confiesa
al Dios de las labores; navega, tú que disfrutas navegando, pero invoca al piloto del
Cielo; la fe te ha sorprendido en el ejército, escucha al general que te ordena la
justicia”.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 55.

                                             Comercio

A primera vista, el comercio es admitido sin reticencias. Era la manera de
mantenerse de numerosos cristianos. Ireneo, obispo de una ciudad comercial por

                                                                                       91
excelencia, en donde muchos fieles prosperan en los negocios, tanto en aquellos
tiempos como actualmente, en donde las esposas se visten de púrpura, reconoce sin
reservas “la legitimidad de los bienes adquiridos por el trabajo de otros o antes de la
conversión. E incluso, una vez admitidos en la fe, seguimos haciendo negocios.
¿Quién vende sin procurar sacar beneficio del comprador? Y recíprocamente quien
compra procura aprovechar del vendedor. ¿Quién se dedica a los negocios sin
buscar en ellos el beneficio propio?”. Sano realismo de un levantino que se ha hecho
lionés.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 55.

El mismo tertuliano, es un libro que no peca de moderado, reconoce que es legítimo
dedicarse al comercio, siempre que se mantenga a raya a la codicia. Los cristianos,
por haber limitado el margen de beneficios a lo que hacía falta para la vida cotidiana,
incurrieron al parecer en el reproche de ser improductivos y de no prosperar
suficientemente. Pero es posible que el enojo pagano estuviera provocado
simplemente porque los cristianos pagaban honradamente sus impuestos, cosa que
siempre le ha parecido mal a un mediterráneo.

El Pastor de Hermas la emprende con los hombres de negocios que han prosperado,
dejándose absorber por sus riquezas hasta el punto de ahogarse en ellas y de
deslumbrar a los mismos paganos, y se han distanciado de los negocios de Dios. Son
como contra-testimonios del Evangelio, pues pierden de vista que habitan una tierra
extranjera. Frente a los cristianos enriquecidos e “instalados”, el Pastor recuerda la
incompatibilidad de la Iglesia con el mundo de aquí abajo. Esta advertencia se
resiente todavía de la espera escatológica y recuerda a los cristianos de todos los
tiempos su condición de peregrinos.

Clemente matiza más en momentos en los que el cristiano ya ha adquirido derecho
de ciudadanía, y deja entender, en la rica metrópoli de Alejandría, que los
comerciantes corren el riesgo de crearse necesidades falsas. La riqueza adquirida da
origen a la inclinación por el lujo.

Comerciar con el dinero, ya sea a base de transacciones bancarias ya sea con
préstamos a interés, despierta inmediatamente reticencias, tanto más enérgicas
cuanto que era una tentación constante para clérigos y laicos. Todos los que
manejaban dinero caían en la tentación de traficar. El diácono de quien habla el
Pastor no se resiste. ¿Cómo encontrar tesoreros honrados? Calixto, el futuro papa,
esclavo empleado al servicio de un banquero romano, si hemos de creer a Hipólito,
que no le echa precisamente flores, se dio a la fuga con la caja de la banca en la que
“las viudas y los hermanos” habían colocado sus economías. Acreedores y
acreedoras acuden a Carpóforo, amo de Calixto, para que intervenga. El culpable,
que fue apresado por pelos, fue condenado a las minas de Cerdeña, lo cual le hizo
sentar cabeza. Aprovechó el favor de Marcia, favorita de Cómodo, fue puesto en
libertad, fue hecho diácono de Ceferino y por último fue obispo de Roma.


                                                                                    92
La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 56.

“Banqueros, sed honrados”. Esta exhortación formulada por primera vez por
Clemente de Alejandría, y que fue atribuida a San Pablo y a Jesucristo mismo,
introducida en la Constitución apostólica, era una recomendación a la que se hacía
poco caso. Había cristianos a quienes viudas y rentistas confiaban sus economías,
incluso siendo clérigos –obispos o diáconos-, encargados de la caja común, y que
estuvieron convictos de aprovecharse sin reparos de la generosidad de los hermanos.
La escalada del dinero, el ganarlo por todos los medios, incluida la usura en la que
“mojan” hasta los mismos obispos africanos, va a acabar tr{gicamente por el perjurio
de un gran número a la hora de la persecución.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 57.

En el siglo II filósofos y sofistas son adulados por las ciudades y los príncipes. En la
persona de Marco Aurelio, la filosofía dirige el imperio. Cansados de una religión sin
poesía y sin alma, los romanos se dirigen desde hace mucho tiempo hacia los
maestros del pensamiento. La filosofía se convierte en una escuela de espiritualidad
y el filósofo se convierte en un director de conciencias y en un maestro de vida
interior. Muchos de entre ellos, como escribe Clemente de Alejandría por
experiencia, se acercan al cristianismo. Esta brusca invasión de la “inteligentzia”, en
una Iglesia mal preparada para asimilarla, representa una riqueza y un explosivo.
Junto a un Justino, ¡cuántos filósofos mal convertidos que ponen en peligro la
ortodoxia!

Los filósofos como Justino, que se hacen cristianos, lejos de considerar que la fe y la
razón son incompatibles, alardean de llevar el manto de filósofo. La búsqueda de la
verdad los condujo al Evangelio, Platón es el pedagogo del Logos. La Iglesia otorga
carta de nobleza a la corporación. ¿No reclutaba la Iglesia gentes selectas como
testimonio de la sabiduría evangélica? Taciano se muestra agresivo y Tertuliano,
como es habitual en él, paradójico. La efervescencia de los agnósticos y el pulular de
las sectas hacen que la Iglesia aprenda el difícil diálogo entre la fe y el pensamiento.
Los filósofos profesionales en la joven Iglesia emprenden una tarea de altos vuelos:
“Platón, para predisponer hacia el cristianismo”, según frase de Pascal; el encuentro
del alma platónica con el alma cristiana marca una fecha.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 59.

La conversión de los filósofos y de los juristas plantea a la Iglesia el problema de la
cultura y del estudio de la fe y de la filosofía, del lenguaje y de la comunicación. ¿No
están las letras paganas tan contagiadas de parásitos por la idolatría como la ciudad?
¿Pero cómo no tener en cuenta la m{s noble de las herencias humanas? “¿Cómo
rechazar –dice el mismo Tertuliano, en su tratado De la idolatría- los estudios
profanos sin los que no pueden existir los estudios religiosos? Y ¿cómo podríamos
instruirnos en la ciencia humana, cómo sabríamos pensar y actuar, puesto que la
educación es la clave de la vida?”.

                                                                                     93
En esta cuestión aflora por primera vez el enfrentamiento entre la fe y la cultura.
Tertuliano no condena el estudio, con tal de que no se tome el veneno de los autores
paganos. Se empieza a dibujar desde el siglo III una cierta reserva ante los maestros
de escuela y los gramáticos, que enseñan las letras profanas. La tradición apostólica
señala como línea de conducta: “Quien enseña a los niños haría mejor en dejar su
oficio. Si no tiene otro oficio, se le permitir{ enseñar”. De hecho se encuentran pocos
epitafios cristianos de gramáticos o de profesores.

En cambio, la Iglesia desaconseja todos los oficios que tienen relación con la magia y
la astrología, los que tienen que ver con los juegos de circo: joqueys, gladiadores o
simples empleados en la organización de los juegos. Los oficios del teatro y la danza
no eran mejor tratados: comediantes, mimos, pantomimas, danzantes y danzarinas
eran con frecuencia reclutados en un ambiente mediocre o acababan cayendo en él.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 60.

La simple moral excluía a los prostituidos de uno y otro sexo, y con mayor razón a
quienes negociaban con “el m{s antiguo oficio del mundo”. Sin embargo, llama la
atención que en la Tradición apostólica se hable de ello explícitamente como si no
fuera así de por sí mismo. La sensibilidad de la época no era la nuestra.

Desde los primeros momentos los cristianos excluyen todos los oficios que tiene algo
que ver con los cultos paganos, tales como la construcción o embellecimiento de los
templos, proveer a las ceremonias o proporcionar ministros. En este punto se
produjo algún relajamiento: -”Hay que vivir”-, lo cual explica la réplica de
Tertuliano: “¡Tú adoras a los ídolos, puesto que facilitas que sean adorados!”. La
indignación de un sacerdote de Cartago llega al colmo cuando se entera de que un
fabricante de ídolos ha sido promovido a cargos eclesiásticos.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 61.

                                             La mujer

Una de las novedades del Evangelio consistía en enseñar la igualdad del hombre y
de la mujer, la grandeza de la virginidad, la dignidad e indisolubilidad del
matrimonio. El Evangelio asociaba la práctica religiosa a la pureza de los hombres.
Estas afirmaciones se oponían a las ideas recibidas: condenaban la moral pagana.

Bajo el imperio, la muchacha joven era desposada a una edad en la que todavía
jugaba con las muñecas. Los matrimonios eran concertados por terceros o por
agencias especializadas. Concluida sin ningún atractivo, la unión se vivía sin
dignidad. La fidelidad conyugal era maltratada: espectáculos, termas y festines
favorecían encuentros que no tenían mañana.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 62.




                                                                                    94
La evangelización de la mujer evoluciona profundamente a la sociedad antigua.
Hubo otros, como Plutarco, que lucharon por la igualdad de la cultura. Los estoicos
preconizaban la misma formación para los dos sexos. Pero esto fueron sólo
aspiraciones sin impacto en la sociedad. El cristianismo actúa más que enseña.
Otorga a la mujer carta de nobleza cristiana, dignidad de una existencia maltratada
por el paganismo; enseña con insistencia su igualdad con el hombre.

                                            Matrimonio

El celibato voluntario por el reino de Dios daba fuerza a la libertad y autonomía de la
mujer y a la primacía de la esperanza cristiana de los deseos de la carne, en una
época que seguía considerando a la prostitución como una consagración religiosa.
Los paganos tropiezan continuamente en un testimonio que es superior a la bastedad
de sus sentidos. El mismo Galieno no puede explicarse “esta especie de pudor que
inspira a los cristianos el recato en el uso del matrimonio”. Si bien es cierto que existe
una corriente cristiana que no está conforme con la restauración de la dignidad del
matrimonio sino que considera sospechosa su legitimidad, esto no es jamás expresión
de la postura de la Iglesia, “los cristianos se casan como todo el mundo –afirma la
carta a Diogneto-, tienen hijos, pero no abandonan a sus recién nacidos”.
Indisolubilidad y fidelidad restablecidas, sobre todo para el marido, parecen
exigencias inauditas. Minucio Félix podía sin dificultad clavar una puya a las
calumnias:” ¡Nos acus{is de falsos incestos, pero vosotros los cometéis verdaderos!”.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 63.

                                             Los niños

Al mismo tiempo de la dignidad de la mujer, el cristianismo exige el respeto a la
vida, en una época en que el aborto es moneda corriente en todas las clases de la
sociedad, tanto en Egipto como en Roma. El emperador Domiciano obligó a su
sobrina a que abortara; ésta murió en consecuencia de ello, lo cual provocó una gran
conmoción. La exposición de los niños no era una plaga menor. Poseemos la carta de
un obrero egipcio a su mujer encinta, de la que está alejado, porque ella trabaja en
Alejandría; le pide que haga desaparecer al retoño, si es niña

Hay que poner cuidado en no idealizar a la Antigüedad cristiana a toda costa, y
menos al precio de la verdad. El Evangelio no cambió milagrosamente a los hombres
ni suprimió todas sus debilidades. El Pastor aconseja saber perdonar y, si es preciso,
volver a convivir con la persona arrepentida. Mejor es perdonar que ver como el
cónyuge vuelve a la idolatría.

Este realismo contrasta con el espíritu exaltado de ciertas sectas que prohíben a la
mujer su función maternal. Tomás, en los Hechos que usurpan su nombre, enseña a
la hija del rey Gundafar el día de su matrimonio, junto con la fe, la continencia
absoluta. “He venido a abolir las obras de la mujer”.



                                                                                       95
Hay agnósticos que llegan a presentar el matrimonio como una prostitución. En el
extremo opuesto, otras sectas agnósticas, Simón, Apeles, Marcos, explotaban la
credulidad de las mujeres hasta confundirlas de tal modo que consentían
familiaridades que la simple moral reprueba.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 64.

Los ejemplos abundan. Justino cuenta la historia de una romana de la buena
sociedad que, convertida al cristianismo, se esforzaba en vano por sacar a su marido
del libertinaje. Acabó divorciándose. Despechado, el marido la denunció como
cristiana. Resentimiento conyugal que arroja una luz sobre los dramas domésticos de
cada día. Tertuliano relata el caso del gobernador de capadocia, Claudio, quien para
vengarse de la conversión de su mujer, persigue a los cristianos.

La experiencia explica la reticencia de la Iglesia hacia los matrimonios mixtos entre
un pagano y una cristiana. Tertuliano describe el riesgo y el desafío para la mujer
casada: “Le ser{ imposible cumplir sus deberes con el Señor, teniendo a su lado un
servidor del Diablo, encargado por tal maestro de trabar su fervor y su piedad. Si ella
desea asistir a la asamblea litúrgica, su marido la citará temprano en los baños. Si
quiere ayudar, su marido organizará ese día un festín. Si debe salir, jamás tendrá
tanto que hacer en casa”. Y éste es un cuadro descrito por un hombre casado.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 65.


                                          Amor y libertad

La conversión de una muchacha ensombrecía su porvenir. ¿Cómo encontrar partido
en un grupo en el que la mayoría eran mujeres? Si la muchacha pertenecía a la
aristocracia o a las clases dirigentes, su elección era todavía más limitada, en una
comunidad en donde los jóvenes casaderos eran de condición más modesta. En
tiempos de Marco Aurelio, la patricia perdía su título de “clarísima” si se casaba con
un villano. Por esta razón se veía a muchachas aristocráticas vivir en concubinato con
libertos o incluso con esclavos, para no perder su título.

Tertuliano reprueba esta manera de comportarse y exhorta vivamente a la muchacha
cristiana a que prefiera la nobleza de la fe a la nobleza de la sangre. La armonía de la
fe en un amor auténtico compensa ampliamente la diferencia social.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 65.

Estas uniones libres, frecuentes en esa época, las autoriza el papa con la condición de
que sean sancionadas por la Iglesia y se sometan a las reglas comunes de la fidelidad
y de la indisolubilidad. El riesgo de estos matrimonios, legítimos en el fuero interno,
contraídos más o menos en la clandestinidad –pues el derecho no los reconocía-,
consistía en que fueran estériles o en que llevaran a los cónyuges a practicar el


                                                                                     96
aborto, antes que reconocer al hijo de un liberto o de un esclavo. El concubinato
mismo autorizado por la ley disponía a la esterilidad voluntaria.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 66.

                               Estar en el mundo. Mental laical. No

Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su país, ni por la lengua,
ni por el vestido. No habitan ciudades que sean exclusivas de ellos, no se sirven de
ningún dialecto extraordinario, su régimen de vida no tiene nada de particular.
Están repartidos por las ciudades griegas y bárbaras, según le ha tocado en la vida a
cada uno; se adaptan a las costumbres locales en cuanto a la forma de vestir, a los
alimentos y al estilo de vida, al mismo tiempo que manifiestan las leyes
extraordinarias y paradójicas de su manera de vivir.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 82.

                                          Mártir-ejemplo

Los ejemplos abundan e ilustran las afirmaciones de Tertuliano. El que condujo al
apóstol Santiago, hermano de Juan, ante el tribunal, se siente removido cuando le oye
dar testimonio. Confiesa ser cristiano y muere con el Apóstol. El martirio de
Perpetua también provoca conversiones. El soldado Basílides, de la escolta del
prefecto, encargado de llevar a la joven Potamiana al suplicio, ante un valor tan
grande confiesa que él también es cristiano y muere junto con la virgen mártir. El
filósofo Justino afirma que el hecho de haber visto a los cristianos intrépidos ante la
muerte es lo que le ha convencido de las doctrinas cristianas. El testimonio de
Tertuliano, es parecido. E Hipólito concluye. “quienes lo ven quedan admirados.
Muchos encuentran la fe ante este espectáculo y a su vez se convierten en testigos de
Dios”.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 91.

                                            Dificultades

Los primeros roces, los primeros encontronazos aparecen en las relaciones diarias
habituales, en las que el paganismo empapa la trama de la vida familiar, profesional
y cívica, donde el hombre está enteramente inserto en la ciudad, con sus bienes, sus
pensamientos e incluso con su conciencia. Es imposible dar un paso sin encontrarse
con una divinidad.

La prueba empieza ya en el hogar. La conversión de un miembro de la familia
plantea casos de conciencia y puede llegar a ser un drama. El cristiano se ve
prisionero de las divinidades paganas hasta en su mismo interior: Las divinidades lo
asechan, lo cercan, desde el umbral de la casa en la que arde una lámpara hasta los
montantes de las puertas donde florecen los laureles. ¿Cómo tolerarlas, cómo no
transigir?


                                                                                    97
¿Cómo puede, una mujer que se convierte, sustraerse al sacrificio que ofrece el padre
de familia con la punta de la toga sobre su cabeza, en el ara del hogar, ante los hijos y
los sirvientes?

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 95.

Los problemas surgen en todo momento, en la casa, en la calle, en el mercado, donde
se venden carnes sacrificadas a los ídolos, en las asambleas. El nacimiento de un hijo,
la imposición de la toga blanca, el noviazgo, las bodas, todo esto lleva consigo gestos
de culto.

El maestro y el alumno no pueden esquivar la mitología. El escolar aprendía a leer
en las listas de nombres de las divinidades.

El profesor consagra a Minerva, patrona de las escuelas, el primer dinero que recibe
de un alumno cristiano. La enseñanza de la literatura es una continua tortura para la
conciencia del maestro cristiano, sobre todo si es un recién convertido.

En la calle, el cristiano, sea ciudadano romano o no, ha de descubrirse ante los
templos y las estatuas. ¿Cómo no hacerlo sin despertar sospechas, cómo someterse a
esto sin que parezca debilidad? Si se trata de un cristiano comerciante y pide un
préstamo de dinero, el pretor le exige un juramento en nombre de los dioses.
¿Puede, debe decir que no?

Si es escultor o dorador, ¿Cómo no sacar provecho de su oficio o de su arte, que es
con lo que se gana la vida, fabricando ídolos o trabajando para un templo? Si acepta
un cargo público, es de rigor hacer un sacrificio.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 96.

En Cartago, en un desfile militar, todos los soldados llevaban en la cabeza una
corona en honor de los dioses. Uno sólo de ellos la llevaba en la mano. Es cristiano.
Se le detiene, se le interroga. “Soy cristiano y eso me est{ prohibido”. Gran
conmoción en la unidad. Es el acontecimiento del día. La reacción se enciende.
Incluso los cristianos y moratos censuran ese gesto: ¡Qué atolondrado, que temerario!
¿Qué hacer? ¿Cómo vivir? El cristiano choca con la ciudad.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 97.

                                      Espectáculos públicos

La Iglesia tendrá que emprender no chica tarea arremetiendo contra la pasión del
teatro y del circo. Hubo fieles que abandonaron la comunidad para tornar sin
remordimientos a esas diversiones. Todavía en tiempos de Agustín, ciertos días la
Iglesia está vacía, porque los fieles han ido a ver los mimos o las carreras de carros. Y
el obispo confiesa, con una humildad no exenta de un cierto modo: “En otros
tiempos, también nosotros éramos lo bastante estúpidos para ir a coger sitio; ¿qué os

                                                                                      98
creéis, cuántos futuros cristianos no estarán ahora allí sentados? ¿quién sabe?
¿cu{ntos futuros obispos?”.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 99.

                                            Secularidad

Ya puede el cristiano vivir como todo el mundo, frecuentar las termas y las basílicas,
ejercer los mismos oficios que los demás, que siempre hará las cosas en ciertos
matices, incluso a veces actuará con reservas. Hay una parte de su vida que no está
clara, que extraña. Su fe es tachada de fanatismo, su irradiación es proselitismo, su
rectitud es reproche.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 107.

Incluso las ausencias son espiadas. Los cristianos evitan todas las fiestas religiosas ¡y
bien sabe Zeus si las hay a lo largo del año! Se aparta del teatro, de los juegos de
circo, lo cual parece inverosímil a los romanos y a los africanos que tienen un gesto
inveterado por el espectáculo.

La vida cotidiana de los primeros cristianos; Hamman, P. 109.




                                                                                      99
             LA VIDA COTIDIANA DE LOS PRIMEROS
                        CRISTIANOS

                     PARTE PRIMERA: EL ENTORNO

                                     Capítulo I

                        EL MARCO GEOGRÁFICO
Jerusalén-Roma: primera etapa de la progresión cristiana1. Nacida en la ciudad santa
de los judíos, la Iglesia planta la cruz, mientras aún vivían Pedro y Pablo, en la
capital del Imperio, hacia la que convergen todas las rutas terrestres y marítimas.
Imaginamos el asombro del pescador de Galilea y de Pablo de Tarso cuando, al llegar
a Roma, vieron todos aquellos templos, todas aquellas termas, todos aquellos
palacios cuyas solas ruinas, burlándose del paso del tiempo, estremecen nuestros
corazones todavía hoy.

Han bastado un apóstol genial y una sola generación de hombres para recorrer -en
sentido inverso- los caminos abiertos por las legiones, para surcar todo el
Mediterráneo, para evangelizar Efeso, Filipos, Corinto, Atenas y llegar, más allá de
Roma, «a los límites de Occidente»2, que para cualquiera que quiera entenderlo no
pueden indicar más que España.

Esta religión nueva se va implantando con tanto vigor que llega a inquietar, en el año
64, al emperador Nerón, y provoca la primera persecución, la que costó la vida a
Pedro, primer obispo de la Ciudad Eterna, y al apóstol de las naciones, que fue
decapitado fuera de la ciudad, en la vía Apia sin duda, en el año 67. Sólo se ataca a lo
que molesta y es una amenaza.

Tácito ha trazado en los Anales el cuadro patético de una ciudad asolada por el
incendio, en la que las acusaciones más infamantes eran lanzadas contra el
emperador megalómano. «Para silenciar este rumor, Nerón suscitó acusados e
infligió las torturas más refinadas a unos hombres, odiados a causa de sus
abominaciones, a quienes las gentes llamaban cristianos. Aquel de quien provenía
este nombre había sido, bajo el reino de Tiberio, entregado al suplicio por el prefecto
romano Poncio Pilato»3.

Poncio Pilato-Cristo: el Imperio se nos presenta como juez del Galileo, testigo de su
paso y de su acción. Llegará la hora, ya está sonando, en la que el mismo poder
romano reconocerá la victoria de Cristo. Tácito confiesa la expansión de lo que él
llama «execrable superstición», no solamente en Judea, en donde ha brotado, sino
hasta en Roma. La redada de la policía recogió a «una multitud considerable», que
fue sacrificada, según expresión del historiador romano, hábil en el empleo de la
elipsis, «no por interés general, sino por la crueldad de una sola persona». Los que se
escurrieron entre las mallas tomaron el relevo.

                                                                                    100
La lista de los obispos que se van sucediendo en Roma, desde el apóstol Pedro, es
instructiva para penetrar en la vida concreta de la comunidad, abierta a las más
diversas influencias, a veces contradictorias, crisol en el que se funden las
nacionalidades y los nacionalismos4. Entre los catorce sucesores de Pedro, hasta el
final del siglo II, cuatro son romanos, tres de origen italiano, cinco son griegos, uno
fue anacoreta, otro, Higinio, filósofo, Aniceto procede de Emesa, el Horus actual de
Siria; Víctor, último de la lista, es africano, y es el primero que escribe en latín en
Roma.

Esta sucesión refleja bastante bien la extensión del cristianismo a lo largo de los dos
primeros siglos. Asia está representada por un solo titular, los griegos forman una
tercera parte de la lista.

La primera iglesia de Roma es tan poco latina como es posible serlo. Los cristianos de
allí hablan el griego. Sirios, asiáticos, griegos apátridas han acogido en Roma con
fervor el mensaje del Evangelio. Son ellos quienes forman el primer núcleo. Tras ellos
siguen los autóctonos y los africanos.

La penetración cristiana se consolida ya desde el siglo II por la presencia en Roma de
un obispo de ultramar, desde ese momento el pueblo de los cristianos mira, como
todos los pueblos conquistados, aunque con ojos diferentes, hacia Roma, la Urbs, la
Ciudad, metrópoli espiritual, consagrada por la presencia y el martirio de Pedro. El
Evangelio se va liberando progresivamente de la tutela judía y pasa a las naciones.

El mapa de la Iglesia en el siglo II

La geografía cristiana, hasta el siglo II, es mediterránea y marítima. Su mapa muestra
que las Iglesias están dispuestas, al final de la época apostólica, como un collar a lo
largo de la costa, de puerto en puerto, desde Azoto a Antioquia, pasando por Jope,
Sebasta, Cesarea de Palestina, Ptolomea, Tiro y Sidón5. Bastaban pequeñas
embarcaciones de cabotaje para ir de un puerto a otro o a una ciudad de la costa
oriental6.

Aspecto de la Iglesia en el año 112

A la vuelta del siglo I, la Iglesia toma un segundo impulso. Penetra hacia el interior
en Siria y en Asia Menor. Plinio el Joven encuentra numerosos cristianos hasta en las
orillas del Mar Muerto. Este procurador de Roma, amigo del emperador Trajano,
había aceptado una misión de exploración en Bitinia, al sur del mar Negro, con el
pomposo título de «legado para la provincia del Ponto y de Bitinia, con poderes
consulares»7.

Una carta de Plinio, de incontestable autenticidad8, relata el progreso del
cristianismo. Estamos en el año 112, apenas iniciado el siglo II, y ya, en Bitinia, a mil
kilómetros de Jerusalén, a dos mil cuatrocientos kilómetros de Roma, la Buena
Nueva no solamente es predicada, sino que la comunidad cristiana es tan viva que
                                                                                     101
provoca envidias y denuncias, y esto coloca al legado romano en una situación
difícil. Como es un funcionario concienzudo y timorato, informa al emperador.

Es un documento de la mayor importancia para calibrar, ochenta años después de la
muerte del Señor, los progresos hechos por el Evangelio, pues contiene datos
suministrados por un informe estrictamente administrativo. La correspondencia
intercambiada define, por primera vez en un escrito, la situación jurídica de los
cristianos en el Imperio.

La carta de Plinio a Trajano es al mismo tiempo un «flash» de la vida cotidiana de los
fieles en Asia. El legado ha recorrido la comarca que tiene bajo su responsabilidad; ha
podido observar, comparar, juzgar: los creyentes forman «una multitud
considerable»9. Su masa incluso pone en peligro las instituciones religiosas y sociales
oficiales. «Burgos y campiñas están invadidos»: ésta es la prueba de una
sorprendente expansión, ya desde el comienzo del siglo II. En efecto, por lo general,
la evangelización empezaba por la metrópoli y las ciudades, y se limitaba a las
grandes arterias y a las grandes vías de comunicación. Con frecuencia hay que
esperar al siglo IV, e incluso al V, para llegar al campo, tanto en Siria y en Grecia
como en Italia y en la Galia. Nuestro legado, que es un hombre cuidadoso del estilo y
del rigor jurídico, no emplea ninguna hipérbole cuando compara a un «contagio» la
religión nueva, que ya ha infestado la provincia del Ponto.

En la época de Trajano, el centro de la difusión del cristianismo en Asia ya no es
Jerusalen, sino Antioquia, plataforma desde la que las rutas irradian en todas
direcciones, al este hacia Palmira, el Eufrates y Babilonia, al norte hacia Samosata y
Zeugma. Merced al puerto de Seléucida, era fácil llegar a Sidón, Cesarea y
Jerusalén10.

Antioquia es una ciudad bulliciosa, animada día y noche, en la que los hombres de
negocios gustan de encontrarse para establecer relaciones fructíferas y comerciar.
Ciudad magnífica, una de las más bellas del Imperio con sus calles enlosadas, sus
templos, sus pórticos... La comunidad cristiana, aumentada con los tránsfugas de
Jerusalén, esta formada principalmente por fieles de origen pagano de donde, en el
siglo II, saldrá el obispo Ignacio, una de las nobles figuras de su tiempo. Y la ruta de
Antioquia a Roma, que va a tomar Ignacio, muchos de sus compatriotas también la
tomarán, tanto por tierra como por mar. Son millares en la capital, lo cual hace decir
a Juvenal: «el Oriente sirio ha volcado sus aguas en el Tíber»11. Los sirios se
extienden por todas partes, en el valle del Po, en la Galia y hasta las orillas del Rin.
Uno tiene una fonda en Sicilia12, otro un comercio en Puzzuol13, donde Pablo
encuentra ya cristianos14.

Toda la costa oriental del Mediterráneo, desde Antioquia hasta Pérgamo, está ya
estructurada en «iglesias», que gravitan alrededor de Efeso y de Esmirna. Esta era la
provincia romana de «Asia y de Frigia», abierta al norte hacia el Bósforo y Bizancio, y
al sur hacia Siria.

                                                                                    102
Efeso ofrecía sus amplias atarazanas, que hacían de su puerto el mercado más
próspero de Asia15: importaba los vinos del mar Egeo y de Italia, exportaba la
madera y la cera del Ponto, la lana de Mileto y el azafrán de Cilicia. Ferias
comerciales y fiestas religiosas atraían a multitudes. En esta ciudad era tradición una
gran efervescencia espiritual. El templo de Artemisa abría sus puertas al pueblo16.
Los frigios veneraban a Cibeles, «la madre de los dioses», cuyo culto extendieron a
través del Imperio hasta las orillas del Rin17, en todas las ciudades donde había
guarniciones romanas18.

La actividad y la influencia de Pablo y de Juan dieron lugar al establecimiento de
diversas comunidades cristianas en Asia Menor. Las ciudades que cita el
Apocalipsis19 se encontraban todas situadas en las grandes arterias: el Evangelio
seguía a la conquista romana y se aprovechaba de su red viaria. Pérgamo, al norte de
Esmirna, cuna de Atala, mártir de Lyon, era una especie de «Lourdes» de la
Antigüedad pagana. Tiatira era conocida por sus tintes de púrpura20; Sardes, rica en
ganado, era un mercado de tejidos: su obispo Melitón la hará pronto célebre;
Filadelfia era una ciudad industrial, situada en la ruta de Laodicea21, que era
mercado de la lana; Hierápolis22, más tierra adentro, poseía ya desde el siglo I una
comunidad. Su agua daba a las lanas teñidas el mismo lustre que el múrice.

Apenas muerto Juan Evangelista, Ignacio pasa por estas ciudades asiáticas. Sus cartas
dan testimonios de la vitalidad y de la avanzada organización que poseían. A las
iglesias de Efeso y de Esmirna, ya mencionadas, se añaden la de Tralles y de
Magnesia, ambas en la gran vía que lleva a Efeso.

La población del Asia Menor tenía una excepcional aptitud para el comercio y para
las disciplinas del espíritu. Esmirna es la capital indiscutible de la «segunda
sofística». Filostrato la compara con el caballete de la lira. El imperio le ofrecía
posibilidades inagotables. Vivos de espíritu, instruidos, elocuentes, flexibles hasta el
punto de saber adaptarse a todos los climas y a todas las situaciones, los habitantes
de Asia se abrieron rápidamente camino en la sociedad cosmopolita de Roma. Los
comerciantes de Italia no tenían más salida que asociarse con los Levantinos o
desaparecer. Se los encuentra por todas partes en Roma y en Occidente, y en todas
partes tienen abiertas sus tiendas. Romanos y marselleses tenían que decir: vamos a
comprar a los levantinos, como en las islas Mauricio y en las islas de Reunión dicen
«ir a los chinos» refiriéndose a las tiendas de ultramarinos. Las inscripciones hacen
referencia a su presencia en Maguncia, en el país de los helvéticos y en Gran
Bretaña23. En el siglo II los encontramos en el valle del Ródano. Son verosímilmente
comerciantes originarios de Asia y de Frigia los que traen el Evangelio a Lyon, al
mismo tiempo que traen los productos de Oriente y la ciencia médica. Ellos son
quienes dan a la capital de las Galias su más ilustre obispo.

El Asia Menor es tierra generosa, donde los hombres son fácilmente crédulos y
exaltados; ella es la que proporciona bien pronto a la Iglesia preocupaciones que
ensombrecen el siglo II. En el burgo oscuro de Ardabau, en la frontera entre Frigia y

                                                                                    103
Misia, Montano, un recién convertido de espíritu exaltado, se puso un día a llamar la
atención a su alrededor, y después a grandes masas, con el espectáculo de sus éxtasis:
acabó tomándose a sí mismo como el Espíritu Santo24. El movimiento montanista se
extendió desde el Asia hasta Roma y Cartago, donde lo encontraremos más adelante
25.

Bajo Marco Aurelio

Cincuenta años más tarde, Marco Aurelio (161-180), el emperador filósofo, sucede a
Antonino. Durante su reinado, la Iglesia cubre una nueva etapa. En el tiempo que
dura una generación el mapa de la Iglesia se despliega. Se abre en abanico desde
Germania a Mesopotamia (el Irak actual), desde el Rin al Eufrates y al Tigris. Llega
hasta las fronteras del Imperio romano y, al oriente, en dirección a Edesa y al reino
de los partos, estas fronteras son superadas. Treveris y Nisiba poseen una
comunidad cristiana.

La expansión se extiende principalmente a la costa africana del Mediterráneo, con
sus dos «faros»: Alejandría y Cartago. La navegación ha facilitado la evangelización.
El fervor de los convertidos hará el resto hacia el interior de las tierras. Desde finales
del siglo II, la iglesia de Cartago y de Alejandría producen sus propios obispos y sus
genios.

En la Galia, los mejores puertos en donde desembarcan los levantinos son Narbona,
Arles, Marsella y Frejus26, desde la costa se puede llegar a Lyon y a Viena por vía
fluvial y terrestre. Los romanos habían hecho, de esta región del sudeste, una
provincia, la Narbonesa, que subía hasta Viena. Desde Augusto, el resto del país, la
«Galia cabelluda», estaba dividida en tres provincias: Aquitania, Lionesa y Bélgica,
cuya capital federal era Lyon. El Rin era la frontera que cerraba el Imperio al norte.

En el interior de estos límites se estaba llevando a cabo, gracias a los intercambios
comerciales, una asimilación progresiva de las costumbres y de la civilización de los
vencedores. Las clases dirigentes habían adoptado rápidamente el latín, los
emigrados seguían utilizando el griego, los dialectos célticos quedaban relegados al
campo. Ireneo se puso a aprenderlos, pero el hombre cultivado que él era sentía
repugnancia a utilizar «un dialecto bárbaro»27.

En Marsella se juntaban la ruta del norte y la vía marítima por la que afluían las
mercancías de Italia o de Oriente. Y en este puerto figuraban para la exportación la
cerámica, la lana, los jamones y los salchichones, que Varrón elogia28, los quesos de
Nimes y de Toulouse, el aceite y el vino de las orillas del Ródano o de Beziers. Una
vasija de barro hallada en Italia lleva la inscripción: soy vino de Beziers y tengo cinco
años29. Y Plinio reprocha a los marselleses que le echan agua al vino que exportan30.

Todo el refinamiento intelectual de Grecia había emigrado a Marsella31. Los
romanos frecuentaban su escuela de filosofía. La «Facultad» de medicina era


                                                                                      104
famosa32 y mantenía relaciones con Alejandría. En esta migración económica se
pudieron entremezclar adeptos de la nueva religión. Inscripciones halladas en
Marsella parecen atestiguar la presencia cristiana33 ya desde el siglo II. Es muy
posible que Crescente, de quien habla Pablo en la segunda carta a Timoteo, fuera
enviado a la Galia 34.

En el siglo II, Lyon no sólo es mercado para el comercio del trigo, del vino, de la
madera, sino que también es uno de los mayores centros de manufactura del
Imperio, y muchos de sus artículos han sido encontrados tanto en Germania como en
Inglaterra35. Inscripciones, esculturas, bajorrelieves del siglo II nos permiten apreciar
el papel que tuvo la ciudad tejedora de seda, ombligo de las Galias36.

Para dar muestras de su presencia y de su autoridad, el Imperio ha levantado un
altar monumental a la gloria de Roma y de Augusto en las pendientes de la Cruz
Roja37. Su consagración era celebrada solemnemente todos los años con juegos y
fiestas. Estas fiestas de aniversario servirían de marco a la pasión de los primeros
mártires. Y, después de las fiestas, los galos volvían a sus casas con los ojos
deslumbrados por el poderío romano y los beneficios de su presencia.

La prosperidad de Lyon había atraído una numerosa colonia de orientales
originarios de Asia y de Frigia38. Los primeros cristianos habían llegado, como sus
compatriotas, por razones profesionales. Alejandro39 era médico y se había
establecido en la ciudad desde hacía ya mucho tiempo. Cuando los hermanos fueron
lo bastante numerosos para constituirse en «iglesia», hacia el año 150, las
comunidades madres les enviaron un obispo: Potino.

En el año 177, la iglesia de Lyon, asociada a la comunidad de Viena40, era lo
suficientemente importante como para llamar la atención y desencadenar la
persecución. Los mártires, cuyos nombres griegos y latinos conocemos, son un reflejo
de lo que era aquella comunidad, en la que iban codo con codo asiáticos y
autóctonos, comerciantes y mujeres41. Ireneo, que sucede al obispo Potino cuando
pasa la tormenta, gobierna ya comunidades que se escalonan desde las bocas del
Ródano hasta las orillas del Rin42. Y es que el Evangelio ha ido tras la penetración
romana, ha llegado hasta Tréveis y Colonia, pero no sabemos nada de los artesanos
de este gran esfuerzo43.

En la costa africana se extienden, desde el golfo de Gabes -e incluso desde la Gran
Sirte44- hasta el océano Atlántico, las tres provincias romanas de la Proconsular, la
Numidia y la Mauritania. Cartago45, «galera anclada en la arena líbica» (G. Flaubert),
dominadora de los mares y rival de Roma, había sido fundada por los fenicios
venidos de Tiro y Sidón. La ciudad dominaba el golfo, en la desembocadura del
Medjerda, donde confluyen los dos Mediterráneos, en un lugar de la actual Sidi Ben
Said; desde su emplazamiento se vigila el mar y se puede cómodamente defender el
istmo que une el promontorio a la tierra firme.



                                                                                     105
Junto con su comercio, los fenicios habían traído sus divinidades, contra las cuales se
había levantado muchas veces el Dios del Antiguo Testamento. En Cartago, el Dios
de los cristianos fue precedido por el Baal Hammón barbudo, vestido con una larga
túnica, coronado con una tiara, llevado sobre tres esfinges46. Le estaba asociada
Tanit: «gruesa, barbuda y con los párpados caídos; parecía sonreír, con los brazos
cruzados sobre su abultado vientre pulido por los besos de las muchedumbres».

El «Tofet» de Cartago y de Susa inmolaba a BaalHammón y a Tanit gente joven; las
estelas de los sacrificios, que se pueden ver en el museo de Bardo, todavía hoy nos
producen escalofríos. Los interdictos de los emperadores no habían conseguido
acabar con estas prácticas bárbaras. «Pongo por testigos a los soldados de mi padre -
dice Tertuliano- que ejecutaron esas órdenes de los procónsules romanos. Los
propios padres acudían a ofrecer sus hijos, y lo hacían gustosos; los acariciaban para
impedir que llorasen en el momento de ser sacrificados »47.

A través de todas las vicisitudes de su historia, Cartago conservó los lazos que le
unían a Oriente, por medio de los navíos que hacían escala en su puerto. Escipión
había destruido totalmente la ciudad; su suelo fue «execrado y rasado, y los pastores
vinieron con sus rebaños sobre las ruinas de la orgullosa ciudad. Los Gracos, y
después César, dando pruebas de hombres realistas, reconstruyeron Cartago, a la
que Augusto devolvió el lustre de antaño.

Roma, y más tarde los númidas, pusieron en explotación esas tierras tan ricas para el
cultivo del trigo. A partir del siglo II, los Antoninos amplían la red viaria, construyen
monumentos de cuya importancia son testigos todavía las ruinas del acueducto, las
termas y el anfiteatro, de incomparable belleza y cuyos vestigios bastan para estimar
hoy día sus dimensiones y su suntuosidad48.

En el momento en que el cristianismo penetra en Cartago, la ciudad es el centro
geográfico, administrativo, cultural y comercial de una Italia transmarina, rival de
Alejandría y granero de Roma, como ella abierta al mar, símbolo de acogida49.
«Todo en ella respira opulencia, como dice el Africano Apuleyo50. Es la época de su
gran prosperidad económica, alimentada por el trigo y el olivo. La organización
militar del país va a la par de la explotación del suelo, y parece motivada por la
voluntad de hacerle dar fruto hasta en las estepas y en la montaña51.

Ningún texto, ningún vestigio, ninguna alusión literaria hace referencia a los
orígenes cristianos en Cartago52. Tertuliano, próximo todavía a los acontecimientos,
no habla jamás de ellos. Agustín53, en el siglo IV, se contenta con afirmar varias
veces que el Evangelio llegó como el fundador de la ciudad, del Oriente. Son
numerosos los logros arquitectónicos y culturales que unen la iglesia africana con la
iglesia oriental54. Tertuliano, que habría podido ser una figura tanto de la literatura
griega como de la latina, es traducido tan pronto como publica55. La influencia de
Oriente en la liturgia africana nos permite llegar a la conclusión de que ésta dependía



                                                                                     106
de aquélla. La arquitectura religiosa de África acusa un parentesco claro con la de
Oriente, particularmente con la de Siria56.

En Cartago, las primeras conversiones debieron de darse, igual que en Roma, en las
colonias judías, que eran importantes en los puertos de la costa y que estaban
aumentadas por los tránsfugos de Jerusalén, expulsados por la victoria de Tito57. En
la necrópolis de Gamart, al sur de Cartago, igual que en Hadrumeto (la actual Susa),
las tumbas judías y cristianas están mezcladas58. Pero estas dos religiones no
vivieron largo tiempo en buenas relaciones; como en el resto del Imperio, no pasó
mucho tiempo sin que se opusieran entre sí. En tiempos de Tertuliano la ruptura
estaba consumada59. El autor del Apologético guarda el recuerdo del tiempo en que
el cristianismo vivía «a la sombra» del judaísmo. La separación no le impide recordar
aquel fugitivo maridaje.

El Evangelio, pues, atracó un día a bordo de algún barco de cabotaje llegado de
Palestina, de Egipto o de Siria, a no ser que siguiera la ruta por tierra a través de
Egipto y de Libia. Sus primicias fueron para algunos judíos emigrados y para los
mozos de cuerda que descargaban los productos de Oriente. Imaginamos la primera
comunidad cristiana de Cartago como de lo más variada, con sus judíos emigrados,
sus autóctonos de clase pobre, sus griegos industriales y, más tarde, algunos latinos
cultos o no. Igual que en Corinto, los más numerosos eran los pobres y los humildes,
de sangre mezclada. Su vivo temperamento, apasionado hasta la exaltación, se
encuentra en sintonía con lo que el Oriente religioso aporta de fervor y de inquietud.
Hablaban suficiente griego, púnico o bereber, para las necesidades de sus negocios.
Los comerciantes y los burgueses preferían la lengua púnica60, sobre todo en las
ciudades del litoral. Todavía Agustín se ve obligado a traducir al púnico palabras
latinas que se le escapaban a una parte de su público.

El Evangelio se propaga como el fuego en un cañaveral, de prójimo en prójimo, de
ciudad en ciudad, entre las poblaciones romanizadas del interior. Esta progresión
coincide con la urbanización de la provincia africana. A mitad del siglo II, penetra en
los burgos y en los pueblos oscuros. A las tribus gétulas, reticentes ante las
influencias exteriores y a la erosión de la historia, y que bajaban de las mesetas para
comerciar o intercambiar mercancías, incluso a veces para dedicarse a la rapiña,
también les llega el momento de verse afectados por el Evangelio antes de fines de
siglo, como nos dice Tertuliano61. El espíritu tolerante, propio de África, explica sin
duda esta progresión rápida, que alcanza a todos los estratos de la sociedad. En
tiempos de Marco Aurelio, los cristianos, son igual que en Lyon, lo bastante
numerosos como para llamar la atención y despertar suspicacias. Ya en el año 180
una persecución pone a prueba a la joven iglesia. El acoso, provocado generalmente
por denuncias populares, se ceba sobre todo en los humildes. Es una forma de
revanchismo. Pero es llamativo que Tertuliano no fuera nunca molestado. Su
categoría imponía respeto a los romanos y admiración a los africanos.




                                                                                   107
Simultáneamente, cuando los primeros mártires dan prueba de la vitalidad de la
Iglesia en África, vemos con asombro hasta qué punto era profunda la penetración
del Evangelio más allá de las ciudades de la costa, hasta los contrafuertes del Tell y
hasta el desierto.

Afortunadamente poseemos el documento que relata la muerte de los primeros
mártires de Scili. Es el primer texto escrito en latín y el primer documento que se
conserva de la Iglesia de Africa62. En el año 180, doce cristianos, cinco campesinas y
siete campesinos, de un villorrio insignificante, hasta tal punto que todavía no ha
sido posible identificarlo ni localizarlo, son denunciados y detenidos, después son
decapitados en Cartago el 17 de julio. Así, pues, el Evangelio ha desbordado
ampliamente ciudades como Cartago, Madaura, incluso Cirta, Lambesa y
Hadrumeto, de manera que el campo es evangelizado y provoca una persecución, a
causa de la vitalidad de los cristianos. Los doce mártires son gente rural, es decir,
pequeños propietarios de tierras o colonos de una granja o quizá trabajadores
ocasionales del campo63. Sus nombres habían sido romanizados recientemente.
Fueron llevados a Cartago para morir. África conserva fielmente y con orgullo el
recuerdo de todos sus mártires y celebra sus aniversarios. Agustín nos ha dejado dos
sermones para la fiesta de los mártires de Scili64.

En tiempos de Marco Aurelio, la comunidad de Cartago, ya sólidamente organizada,
atrae a un brillante abogado que se llama Quinto Septimio Florencio Tertuliano, hijo
de un centurión romano. El Imperio reclutaba en el país ocupado a los funcionarios
subalternos civiles y militares; los cuadros superiores eran cubiertos con gente de la
península65.

En aquella época, la comunidad cristiana disponía de lugares de reunión y de
cementerios. Tertuliano habla, con cierto énfasis, de «millares de personas de todo
sexo, de toda edad, de todo rango»66. Afirma incluso que «en cada ciudad más de la
mitad de los habitantes son cristianos». Añade con arrogancia que si los cristianos
desaparecieran «las ciudades quedarían desiertas »67. Ya en el año 197, el autor del
Apologético escribe: «Somos de ayer y llenamos ya el orbe y todo lo vuestro,
ciudades y caserones, fortalezas y municipios y burgos, incluso campamentos y
tribus, y el ejército, la corte y el Senado y el foro. ¡No os hemos dejado más que
vuestros templos!68».

Aún concediéndole una buena parte de retórica, no hay que olvidar que el concilio
de África, convocado por Agripino, sin duda hacia el año 120 o quizás antes, reunió a
setenta obispos. Por una especie de contragolpe, el África romanizada, hacia fines del
siglo II, había conquistado a su vencedor. El Obispo de Roma Víctor y el emperador
Septimio Severo son ambos africanos de origen.

Alejandría, ciudad que llega quizá a un millón de habitantes, era la segunda ciudad
del Imperio y su primer mercado, por la importancia de sus negocios y de su
comercio. Su doble puerto, interior y exterior, punto de conjunción entre Arabia y la

                                                                                  108
India lejana y los países bañados por el Mediterráneo, era como una bisagra entre dos
mundos. Por allí transitaba el marfil de África, las gomas y especias de Arabia, el
algodón y la seda de la India. La gran metrópoli estaba ligada al Asia Septentrional
por tierra y por mar. La ruta pasaba por Pelusa, Ostracina, Rafe, Ascalón y Gaza,
cuya importancia estratégica se puso de manifiesto también en la Guerra de los Seis
días. Muchos viajeros, procedentes de Judea o de Siria camino de Roma, se
embarcaban en Alejandría en algún convoy de trigo. Egipto abastecía al Imperio de
veinte millones de celemines de trigo, la tercera parte del consumo69. Los cargos
mixtos podían admitir hasta seiscientos pasajeros70.

La población de Alejandría era tan variada y de tanto colorido como lo es
actualmente: griegos, sirios y árabes se codeaban con mercaderes, turistas de Roma y
provincianos del Oeste, que habían llegado por motivos de negocios o para seguir
cursos de filosofía o de medicina. El extranjero que entraba en la ciudad por la puerta
llamada del Sol quedaba deslumbrado por el esplendor de las avenidas en las que, a
ambos lados, sendas filas de columnas jalonaban la calle hasta la puerta de la Luna.

Los judíos eran tan numerosos en Alejandría como hoy en Nueva York. Su riqueza -y
también se decía que la usura que practicaban- provocaba frecuentes disturbios, que
se repetían cada siglo, y a los que, en el siglo V, el obispo Cirilo tratará de poner
remedio. Cuando aparece el Evangelio, los judíos están en plena prosperidad y
ocupan dos barrios de la ciudad, particularmente el barrio del Delta71. Sus relaciones
con Palestina son frecuentes, gracias a las peregrinaciones a Jerusalén. Es posible que
entre ellos se pudieran encontrar algunos de los que se opusieron a Esteban72.

Es verosímil que la comunidad judía proporcionase los primeros adeptos a la religión
cristiana. Abierta a todas las influencias, curiosa de todo saber, crisol de razas y de
religiones, donde la versatilidad y la inquietud iban del brazo con el escepticismo y el
sincretismo, la ciudad de Alejandría debió ofrecer a los primeros evangelizadores la
misma acogida que poco tiempo después hizo a las elucubraciones de Valentín y de
Carpócrates, a Apeles, discípulo de Marción, y que van a emigrar a Roma y a Lyon,
en donde Ireneo los combate de inmediato73. La existencia de estos disidentes ya
supone la existencia de la Gran Iglesia.

¿Cuándo y cómo vino el Evangelio de Jesucristo a Egipto? Es difícil, por falta de
documentación, arrojar un poco de luz sobre este problema y desbrozar la verdad de
la leyenda. El historiador Eusebio cuenta, sin hacer hincapié, una tradición que se
honra con la venida del evangelista Marcos74. Y ese mismo autor nos da la lista de
los diez primeros obispos75. Gracias a esta lista podemos remontarnos a los orígenes,
a partir de Demetrio, que regía la comunidad en el año 189. Pero todos estos nombres
son nombres oscuros sobre los que ningún vestigio ni ningún texto arrojan una luz.

Es muy posible que Apolo, al que se refiere la primera carta a los Corintios, se
convirtiera en Egipto, su país, como afirma uno de los más autorizados testigos del
texto76. Los primeros vestigios seguros nos los proporcionan unos fragmentos del

                                                                                    109
Evangelio, que se remontan a los comienzos del siglo II 77. Las páginas cristianas
más antiguas que poseemos están escritas en griego. Las traducciones de la Biblia
(empezando por el Nuevo Testamento y los Salmos) en lengua copta, hechas sin
duda en Hemópolis la grande, aparecen en el siglo III y atestiguan que el Evangelio
ya había penetrado hasta el interior del país, cuatrocientos kilómetros arriba del Nilo.
El centro de partida es Hemópolis, lo cual puede dar razón de la leyenda que sitúa
allí a la Sagrada Familia cuando la persecución de Herodes78. Allí hay ya un obispo,
lo más tarde en el año 150, cuyo nombre es Colón79.

En la ciudad de Alejandría, donde la filosofía y la cultura eran florecientes, el
cristianismo adquiere un tono intelectual que es el orgullo de la ciudad, en la que
suenan grandes nombres: Clemente, Orígenes, Dionisio, Atanasio, Arrio, Cirilo.
Desde fines del siglo II podemos ya hablar de una «escuela de Alejandría». Si fuera
posible probar el origen alejandrino de la Carta a los Hebreos, poseeríamos un
primer documento sobre la vitalidad intelectual de la comunidad80. La carta llamada
de Bernabé, escrita en el siglo II, en un medio cultivado judeo cristiano, -en el que se
entremezclan influencias diversas y en el que el prestigio del gran judío alejandrino
Filón es innegable- podía haber visto la luz de Alejandría, lo cual explicaría en parte
la estima en la que han tenido esta carta todos los teólogos de esa ciudad.

Hacia el año 180, Panteno, que seguramente llegó de Sicilia81, fijó su residencia en
Alejandría después de un largo periplo que, según cuenta Eusebio82, lo había
llevado hasta la India. Unía en su personalidad, que nos gustaría conocer mejor, el
fervor del evangelista y la reflexión del doctor. Se hizo cargo de la dirección de la
escuela para catecúmenos, especie de universidad cristiana; en ella Clemente
encontró un maestro y la luz que lo llevó a la fe.

La comunidad cristiana está organizada y tiene al frente a un obispo de gran
estatura, Demetrio. Parece que éste comprendió y favoreció la exigencia intelectual
de la evangelización, aunque esto le costó ciertas escaramuzas con sus más brillantes
teólogos. Alejandría es ya un faro que alumbra a Oriente y a Occidente, y más en
particular a Roma. Eusebio hace constar los lazos que unen la comunidad egipcia a
los hermanos de Palestina, que celebran simultáneamente el mismo día la festividad
de la Pascua83.

Parece que el obispo Demetrio ordenó a los tres primeros obispos que dirigieron las
comunidades de Antinoe, Neucrates y Ptolomea, ciudades de Egipto ya
helenizadas84. Otras veinte iglesias son atribuidas a su sucesor Heraclas. Si creemos
a Eusebio, cristianos de Egipto y de toda la Tebaida, la parte meridional del país,
fueron martirizados en el año 202 en Alejandría, lo cual nos permite concluir que el
cristianismo se extendió por el valle del Nilo a lo largo del siglo II 85.

Por otra parte, debemos señalar la penetración cristiana en Asia oriental, que incluye
el país del Eufrates y del Tigris (el Irak actual). Entre ambos ríos, Edesa (en el lugar
que hoy ocupa la ciudad turca Urfa), era la capital de un pequeño Estado

                                                                                    110
independiente, el Osroene, incrustado entre Roma y los partos86. Su situación
geográfica hacía de este Estado un inmenso mercado de las caravanas de Oriente, lo
cual abrió Edesa a las influencias y a las invasiones tanto del Este como del Oeste.
Por lo demás, el hecho de que estuviera próximo a Harán, donde Abraham había
estado establecido, había aumentado su prestigio.

Trajano conquistó Osroene el año 114, que es la época que nos interesa. El país
recobró su independencia a cambio de sus halagos a Roma. El comercio de la seda
había atraído desde largo tiempo a gran cantidad de judíos, que posiblemente fueron
jalones en la evangelización. Incluso se encontraban allí algunos que fueron testigos
en Jerusalén de Pentecostés y de la primera predicación de Pedro87. Se presume que
el apóstol de ese país fue Addai, muy posiblemente de origen judío88. Eusebio
recoge la leyenda según la cual el rey Abgar había escrito una carta a Jesucristo y el
apóstol Tadeo había venido a evangelizar el país89.

Todos los historiadores antiguos90 atribuyen a Tomás la evangelización de los partos
y de los persas, cosa que ya afirma Orígenes91. A partir del siglo III se venera en
Edesa el sepulcro del apóstol92. Con esta tradición, quizá legendaria, se entremezcla
otra, que no es necesariamente incompatible con ella, según la cual el mismo apóstol
evangelizó la Judea93 y convirtió al rey Gundafar; el apóstol fue martirizado y su
primer enterramiento estuvo en Mailapur, en las afueras de Madrás. En todo caso, es
probable que los Hechos de Tomás fueran redactados en siríaco, en Edesa a
comienzos del siglo III. Las sectas agnósticas de la época han hecho del apóstol
Tomás una especie de personaje mítico, confidente de revelaciones hechas por el
Salvador. Tradición o leyenda, el pretendido itinerario apostólico sigue la ruta que
debió tomar el Evangelio, ya desde muy temprano, para llegar hasta el reino de la
India.

Es cierto que al final del siglo II Edesa es evangelizada y posee una iglesia que podría
ser parecida a la de Doura94. Durante la controversia pascual, hacia el año 190,
«obispos de Osroene y de las ciudades del país»95, toman parte en ella e intervienen
en Roma. Incluso nos ha llegado el nombre del obispo Palut, ordenado por Serapión
de Antioquía96. Aggai, que seguramente fue un sucesor, murió mártir97.

En cualquier caso, al final del siglo II el Evangelio se extendió ampliamente por el
país y se constituyeron diversas comunidades98. Si es verdad que el rey Abgar IX
(179-214), contemporáneo de Septimio Severo, se convirtió al cristianismo, la lejana
Osroene ofreció a la Iglesia la primera familia reinante y facilitó la penetración del
Evangelio.

Hay otros dos personajes que muestran la vitalidad de la religión nueva en
Mesopotamia: Taciano y Bardesán. La importancia literaria de uno y otro dan fe de
que el Evangelio se predica ya eficazmente a los sabios y los filósofos, hasta en las
orillas del Tigris. En el Discurso a los Griegos, Taciano confiesa: «Nací en el país de



                                                                                    111
los asirios, fui instruido primero en vuestras doctrinas. Más tarde me convertí, fui
iniciado en las enseñanzas que ahora profeso»99.

Tenemos que buscar la cuna de Taciano al este del Tigris. Probablemente sus padres
hablaban el siríaco. Desde esos confines del mundo, el afán de saber lo llevó, como a
tantos otros, a través de Grecia hasta Roma, donde se convirtió y se hizo discípulo de
Justino el Filósofo, que tenía allí una escuela. Después de la muerte de su maestro,
escribió su Discurso a los Griegos, volvió al país de sus abuelos y redactó una
Armonía de los cuatro Evangelios, el Diatessaron, que estuvo durante mucho tiempo
en boga en la Iglesia siríaca y del que se encontró un fragmento en 1933, en Doura
Europos, a orillas del Eufrates.

Otro escritor de Edesa, Bardesán, nacido el año 156, amigo de la infancia del rey
Abgar IX, fue uno de los primeros poetas que compusieron himnos litúrgicos en
siríaco. Parece que intentó construir, en ese punto de confluencia de culturas y de
pueblos, una síntesis de la ley cristiana y de la ciencia100. Ya desde finales del siglo II
Edesa aparece como una hoguera de intensa vitalidad literaria e intelectual, donde se
forjó la lengua siríaca cristiana y el lugar de partida de la penetración cristiana hacia
el este de Asia, a Armenia y a Persia.

Apenas dos siglos bastaron para que los herederos espirituales del «nuevo Israel»,
del que habla San Pablo, traigan la luz del Evangelio a la tierra de su lejano antecesor,
cuya promesa hizo temblar en otro tiempo a Abraham.




                                                                                       112
           Anexo 2 Los Papas de los siglos I-V
        Nombre       origen            elección        muerte                 Datos
Pedro            Galilea                          c. 64-67
Lino             Volterra         67              76            Fue sepultado junto a Pedro.
Anacleto         Roma             76              88            Martir. Junto a la tumba de Pedro
                                                                hace     construir   un   oratorio
                                                                destinado a la sepultura de los
                                                                mártires.
Clemente         Roma             88              97            Martir. Debajo de la Basílica de San
                                                                Clemente     en    Roma      se   ha
                                                                encontrado su humilde casa.
                                                                Exiliado por el Emperador Trajano
                                                                al Ponto. Luego tirado al mar con
                                                                un ancla atada al cuello.
Evaristo         Griego           97              105           Divide la ciudad en parroquias e
                                                                instituye los primeros diáconos
                                                                encargados de las mismas.
Alejandro I      Roma             105             115
Sixto I          Roma             115             125
Telésforo        Griego           125             136           Martir
Iginio           Atenas           136             140           Martir
Pio I            Aquilea          140             155           Martir. Combatió       al    gnóstico
                                                                Marción.
Aniceto          Siria            155             166           Martir. Discutió con San Policarpo
                                                                de Esmirna sobre la fecha de la
                                                                celebración de la Pascua. Se afirma
                                                                en la tradición petrina de celebrarla
                                                                el domingo después del plenilunio
                                                                de marzo. Oriente seguirá la
                                                                tradición joánica de celebrarla en la
                                                                fecha judía del 14 nisan.
Sotero           Fondi - Italia   166             175
Eleuterio        Nicopoli         175             186
Victor I         Africa           186             199           Martir. Intentó unificar la fecha de
                                                                la Pascua en toda la Iglesia.
Ceferino         Roma             199             217           Martir.      Controversias       con
                                                                Tertuliano
Calixto          Roma             217             222           Martir. Lucha contra herejes
                                                                modalistas y sabelianos. Hace
                                                                construir las famosas catacumbas
                                                                sobre la via Appia donde fueron
                                                                sepultados 46 papas y mas de
                                                                200.000 mártires.
Urbano I         Roma             222             230           Martir.
Ponciano         Roma             230             235           Deportado y condenado a las minas
                                                                de Sardegna

                                                                                                113
Antero        Grecia     236         Martir.
Fabián        Roma       236   250   Martir. Tuvo que salir con los
                                     cristianos de Roma por la
                                     persecusión de Decio.
Cornelio      roma       251   253   Martir. Primer cisma al ser elegido
                                     Novaciano en un concilio romano.
                                     Muere en el exilio en Civitavechia.
Lucio I       Roma       253   254   Martir.
Esteban I     Roma       254   257   Martir. Fue decapitado en la
                                     catacumba de Calixto durante la
                                     celebración eucarística.
Sixto II      Griego     257   258   Martir. Murió en un cementerio
                                     junto con alguno de sus diáconos
                                     luego del edicto de Valeriano. Días
                                     después muere San Lorenzo, el
                                     gran martir romano.
Dionisio      Turio      259   268
Felix I       Roma       269   274
Eutiquiano    Luni       275   283   Martir.
Cayo          Dalmacia   283   296   Martir
Marcelino     Roma       296   304   Martir.    La  persecusión de
                                     Dioclesiano bajo su máxima
                                     intensidad.
Marcelo I     Roma       308   309   Martir. Luego de cuatro años de
                                     sede vacante se ocupa de la
                                     cuestión de los "lapsi"
Eusebio       Griego     309   309   Martir en Sicilia.
Milcíades     Africa     311   314   Bajo Constantino la religión
                                     cristiana se hace oficial. Comianza
                                     la construcción de la basílica de San
                                     Juan en el Laterano.
Silvestre I   Roma       314   335   Se celebra el 1er.          Concilio
                                     Ecuménico en Nicea.
Marcos        Roma       336   336   Instituye el "palio" hecho de lana
                                     blanca de cordero y cruces negras.
Julio I       Roma       337   352   Ordena la conservacón de las actas
                                     de sínodos y concilio. Se lo
                                     considera por esto fundador del
                                     Archivo de la Santa Sede.
Liberio       Roma       352   366   En el conflicto con los arrianos se
                                     elige al antipapa Felix II. Puso los
                                     fundamentos de la basílica de Santa
                                     María Maggiore
Dámaso I      España     366   384   Bajo su pontificado se celebra el
                                     concilio de Constantinopla (381).
                                     En un sínodo romano se utiliza por
                                     primera vez la pericopa de Mt.
                                     16,18 "Tu eres Pedro y sobre esta
                                     piedra..." en relación con el
                                     primado romano.

                                                                    114
Siricio        Roma              384         399          El primero en asumir el título de
                                                          Papa
Anastasio I    Roma              399         401
Inocencio I    Albano            401         417          Los bárbaros llegan hasta Roma con
                                                          Alarico    (401).    Obtiene   del
                                                          emperador Honorio la prohibición
                                                          de la licha de gladiadores en el
                                                          circo.
Zósimo         Grecia            417         418          Condena abiertamente a Pelagio.
Bonifacio I    Roma              418         422          Con la intervención de Carlos de
                                                          Ravena, comienza la ingerencia del
                                                          poder civil en la elección del Papa
Celestino I    Roma              422         432          Comienza la evangelización de
                                                          Irlanda. La controversia Nestoriana
                                                          desemboca en el Conclio de Efeso.
Sixto III      Roma              432         440          Presbítero en el 418. Reedificó Santa
                                                          Maria Maggiore, la primera iglesia
                                                          romana dedicada a la Madre del
                                                          Señor.
León I         Tuscia (Italia)   440         461          Llamado Magno. Se celebra el 4º
                                                          Concilio         ecuménico        en
                                                          Constantinopla (451). La tradición
                                                          recuerda cómo frenó al "flagelo de
                                                          Dios" Atila, en las puertas de Roma.
Hilario        Cagliari          461         468          Participó siendo diácono como
                                                          legado del Papa León en el
                                                          "latrocinio de Efeso". Continuó la
                                                          obra de su predecesor.
Simplicio      Tivoli            468         483          Bajo su pontificado cae el Imperio
                                                          Romano de Occidente (476).
Félix III      Roma              483         492
Gelasio I      Roma              492         496          Después de León Magno el papa
                                                          mas importante del siglo V. Por sus
                                                          obras de caridad fue llamado
                                                          "Padre de los pobres". Su doctrina
                                                          sobre la división de los poderes y el
                                                          mayor valor (gravius pondus) de la
                                                          utoridad de los obispos dará pie en
                                                          la edad media a las teorias
                                                          hierocráticas.
Anastasio II   Roma              496         498          Llevó adelante la conversión de
                                                          Clodoveo, rey de los Francos.
Símaco         Sardegna          22-XI-498   19-VII-514   Se    le   atribuye    la   primera
                                                          construcción del palacio Vaticano




                                                                                         115
Anexo 3 Epístola a Símaco
En el año 380 d.C., el emperador Teodosio (379-395) promulgó el conocido como
Edicto de Tesalónica, por el que el cristianismo (la Iglesia Católica fundada por
Jesucristo) se convirtió en la religión tolerada por el Imperio Romano. Sin embargo,
el paganismo aún contaba con defensores en la sociedad romana. Uno de ellos fue el
escritor y político Quinto Aurelio Símaco (345-405). Prefecto de Roma en 381 y cónsul
en 391, Símaco fue autor de una colección de cartas en 10 volúmenes y mantuvo una
gran polémica con San Ambrosio.




Reproducimos a continuación la carta que Símaco escribió en defensa de las viejas
tradiciones romanas a los emperadores Teodosio y Graciano en el 381. Es el canto del
cisne del Senado de Roma y del paganismo.
«Cuando vuestro numerosísimo Senado vio dominado el vicio por las leyes, y que la
gloria de los últimos años había recibido de buenos príncipes nuevo lustre, siguiendo
el impulso de un siglo tan afortunado y dando libre expansión al dolor comprimido
durante tanto tiempo, me confíó por segunda vez el encargo de hacerme intérprete
de sus quejas. Hace poco que los perversos [1]consiguieron que nos fuese negada una
audiencia del divino príncipe, sabiendo que se nos administraría justicia.
Mi misión es doble: en condición de prefecto vuestro, defiendo los intereses públicos;
en condición de enviado, vengo a sostener el voto de los ciudadanos. No debe esto
causaros maravilla, porque desde hace mucho tiempo han dejado de creer vuestros
súbditos que el apoyo de los cortesanos pueda servirles para salir airosos en sus
cuestiones. El amor, el respeto, la adhesión de los pueblos valen mucho más que el
poder. ¿Quién querría tolerar luchas privadas en el seno de la república? Con razón
castiga el Senado a todo el que se atreve a anteponer su autoridad a la gloria del
príncipe; nosotros buscamos solícitos vuestra clemencia, pero ¿se nos podrá culpar
de que defendamos las instituciones de nuestros abuelos, los derechos y el porvenir
de la Patria, con el mismo calor que defendemos la gloria de nuestro siglo, que será
mucho mayor, si no se permite nada que se oponga a los usos de nuestros padres?
Nosotros reclamamos la observancia a la religión que por tanto tiempo ha servido de
sostén a la república. Dos príncipes siguieron a un tiempo las dos religiones y los dos
partidos [2]; el que vino después honró los ritos nacionales [3]; su sucesor no hizo
nada contra ellos. Si ya no sirve de ejemplo la religión de los antiguos príncipes, sirve
de prudencia de los últimos.


                                                                                     116
¿Quién habrá tan inclinado a los bárbaros que no pida el restablecimiento del altar de
la Victoria? Indiferentes respecto de lo futuro, desoímos los pronósticos de la
desventura: pero ya que no atendemos a la divinidad, respetemos a lo menos su
nombre. Vuestra Eternidad debe mucho a la Victoria; y le deberá más todavía. Sólo el
que no ha probado sus favores, ha sido capaz de mirar con desdén su poder; pero no
lo deseará nuestro patriotismo, pues los repetidos triunfos os enseñan a apreciarlo.
Todos los hombres han tributado siempre adoración y respeto a esta divinidad, por
lo mismo que importa mucho tenerla propicia. Si no se quiere respetar de modo
alguno a la Victoria, déjese a lo menos a la curia su ornamento. Permitid, os lo
suplico, que podamos trasmitir a nuestros hijos la religión que recibimos de nuestros
padres cuando éramos jóvenes. Es una cosa grande venerar los usos antiguos.
Felizmente duró poco lo que hizo el divino Constancio; guardaos de imitar lo que fue
anulado después de un brevísimo transcurso de tiempo. Nuestros esfuerzos se
dirigen a que sean eternas vuestra gloria y vuestra divinidad, a fin de que el siglo
futuro no halle nada a corregir en lo que hayáis hecho. ¿A quién pondremos por
testigo del juramento de obedecer vuestras leyes y de cumplir con lo que nos
ordenáis?
¿Qué temor religioso retendrá al hombre perverso a quién nada le cuesta quebrantar
su fe? Dios está en todas partes, y al perjuro no le queda ningún abrigo; pero para
evitar el delito es necesaria la religión.
Este altar es depositario de la concordia pública; él recibe la fe de los ciudadanos; y
nuestras decisiones no han tenido nunca tanta autoridad como cuando todo el
cuerpo ha jurado ante él. Los perjuros serán castigados por los ilustres príncipes,
cuya inviolabilidad descansa en un juramento público; pero entre tanto se pretende
abrirle un asilo sacrílego. Lo mismo, dícese, practicó el divino Constantino. En todo
lo demás imitamos la conducta de este príncipe, el cual no obrara así, si otros antes
que él no abandonaran el recto camino. Las faltas cometidas por los predecesores,
deben de servir de escuela a los que les suceden, y la reprobación de un ejemplo
anterior enseña a seguir una senda más acertada. El destino permitió que un
predecesor de vuestra clemencia no pudiese evitar ser injusto en materia aún nueva;
pero semejante excusa no nos valdría a nosotros, si imitásemos un ejemplo réprobo
por nuestras conciencias.
Busque, pues, Vuestra Eternidad en la vida de aquel príncipe otros ejemplos más
dignos de seguirse; él no despojó a las vírgenes sagradas de ningún privilegio [4];
concedió el sacerdocio a los nobles; no negó a los romanos el dinero necesario para
celebrar sus ceremonias religiosas; visitó todos los puntos de la ciudad eterna,
acompañándole el Senado, en extremo complacido con esto; examinó atentamente los
templos; leyó los nombres de los dioses escritos en los frontispicios; quiso saber el
origen de aquellos edificios; alabó la piedad de sus fundadores, y aunque de distinta
religión, los conservó el imperio, dejando a cada cual sus ritos y costumbres.
El espíritu divino dio a cada ciudad dioses custodios; y así como todo hombre al
nacer recibe su alma, todo pueblo cuenta sus genios tutelares. Esto precisamente era
útil; y la utilidad liga los dioses al hombre. Pues que la causa primera está velada de
tinieblas, ¿de qué otra cosa podrá deducirse el conocimiento de los dioses sino de la


                                                                                   117
tradición y de los anales históricos? Si la autoridad de la religión se funda en el
transcurso de largos años, conservemos la fe de tantos siglos, sigamos el ejemplo de
nuestros padres, que tan ventajosamente siguieron el que les dejaron los suyos.
Paréceme ver a Roma ante vosotros y oírla dirigiros estas palabras: "Excelentísimos
príncipes, padres de la patria, respetad mi senectud, de que soy deudora de una
religión sabia; respetadla para que me sea dado seguir profesando mi culto, y no
tendréis que arrepenntiros de ello. Dejadme vivir según mis deseos, pues que soy
libre. Este culto ha sometido al mundo a mis leyes; estos misterios han rechazado a
Aníbal de mis muros, a los Sennones del Capitolio. ¿Y qué? ¿Mudaré en mis viejos
años lo que me ha salvado hasta aquí? ¿Me pondré a examinar ahora lo que conviene
establecer? La reforma de la ancianidad es tardía e insultante."
Pedimos paz para los dioses de la patria, para los dioses indígenas. Deben
considerarse comunes a toda la sociedad las cosas que todos honran y respetan.
Todos recibimos la luz de los mismos astros, a todos nos rodea el mismo cielo, a
todos el mismo mundo. ¿Qué importa la senda que cada uno siga para acercarse a la
verdad? No se llega por un sólo camino a la solución de este gran misterio. Ocúpense
los ociosos de discutir sobre tales cosas; nosotros no tratamos ahora de promover
disputas, nos ceñimos a suplicaros.
¿Qué beneficio reportó a vuestro sagrado tesoro de la revocación de los privilegios de
la vírgenes Vestales? Lo que concedieron príncipes nada pródigos, es negado
actualmente por emperadores en extremo generosos. Sólo el honor añade algún
precio a este estipendio de la castidad, a la manera que las vendas sagradas son el
ornamento de la cabeza de los sacerdotes, así también la exención de los cargos
públicos es el distintivo del sacerdocio. Ellas no piden otra cosa que esa vana palabra
de inmunidad, pues su pobreza las preserva de todo daño, y los mismos que las
despojan son los primeros en pagarles los tributos de sus alabanzas. La inocencia que
se consagra a la salvación pública es mucho más digna de respeto, cuando no recibe
ninguna recompensa. Purificad vuestro tesoro de esa ligera ganancia, y haced que se
enriquezca no con los despojos de los sacerdotes, sino con los del enemigo. ¿Qué
ventaja puede nunca justificar su injusticia? La desgracia de aquellos a los que se
quiere despojar de sus antiguos privilegios es tanto mayor, cuanto que en vuestras
almas no halla entrada la avaricia. Bajo emperadores que respetan lo ajeno y resisten
a la codicia, nuestros enemigos aspiran más a insultarnos que a empobrecernos.
El fisco se ha apoderado de lo que otros legaron al morir a las vírgenes y a los
sacerdotes. Os suplico: ¡o ministros de la equidad! que restituyáis a la religión de
vuestra cuidad su herencia. Los ciudadanos dictan sin temor sus testamentos, porque
saben que en el reinado de unos príncipes generosos se respetan sus últimas
disposiciones; sea preciosa y sagrada para vos esta dicha de que disfruta el género
humano. Los ciudadanos a tiempo de morir, se asustan con cuanto sucede
actualmente; y todos preguntan si la religión de los romanos no está ya bajo la
salvaguardia de los derechos del pueblo. ¿Qué nombre se dará a esta expoliación no
autorizada por las leyes ni por lo comentarios? Los libertos obtienen la posesión de
los legados hechos en su favor; no se niega a los esclavos la justa ventaja que les
resulta de los testamentos, ¿y sólo ha de excluirse del derecho hereditario a las nobles


                                                                                    118
vírgenes y a los ministros de los ritos sagrados?¿De qué sirve, pues, consagrar a la
salvación pública un cuerpo sin mancha, asegurar la eternidad del Imperio con los
favores del cielo , ceñir de virtudes amigas vuestras armas y vuestras águilas, hacer
votos eficaces por todos los cristianos, cuando ni aun se tiene el permiso de gozar del
derecho común?¿No sería preferible la esclavitud? Esta conducta arroja grandes
daños a la república, pues la ingratitud nunca dio buen fruto.
Ni creáis que defiendo ahora tan sólo los intereses de la religión; todos los males de
la humanidad provienen de los excesos de esta clase. Las leyes de nuestros abuelos
honraban a las vírgenes Vestales y a los sacerdotes, concediéndoles un módico
estipendio y privilegios fundados en la justicia de disfrutaros, hasta que vinieron
viles tesoros que suprimieron los alimentos destinados a la sagrada castidad para
darlos a miserables conductores de literas; entonces sobrevino una repentina escasez,
una reducida cosecha burló las esperanzas de las provincias. No debemos echar la
culpa de esto a la tierra, ni quejarnos de los astros, que el grano no ha sido destruido
por las caries, ni la cizaña ha ahogado la mies; el sacrilegio es quien ha esterilizado el
suelo. El hambre mató a los que habían negado a la religión lo que le era debido.
Cíteseme otro ejemplo de una calamidad igual a esta, y convendré que todo lo que
hemos sufrido ha de atribuirse a las vicisitudes de los tiempos. Hasta los vientos se
desencadenaron para agravar la esterilidad. Los hombres tuvieron que buscar su
alimento en los árboles de los bosques, y el hambre reunió a los aldeanos de nuevo
alrededor de la encina de Dodona. ¿Ha sucedido algo que se parezca a esto en
tiempos de nuestros abuelos, cuando se miraba como un honor público alimentar a
los ministros de la religión?
¿Se vio jamás a los hombres sacudir las encinas ni cavar la tierra para extraer las
raíces de las hierbas destinadas a servir de sustento, cuando la cosecha era común al
pueblo y a las vírgenes sagradas?¿Dejó nunca de ser suficiente la fecundidad
ordinaria de las provincias para reparar un engaño accidental? El bienestar de los
sacerdotes aseguraba el producto de la tierra, porque lo que se les suministraba, lejos
de ser una sustracción era un preservativo. En efecto, ¿quién dudaría de que se daba
con objeto de asegurar la abundancia universal, lo que hoy reclamamos para hacer
que cese la miseria pública?
Tal vez dirá alguno que el Estado no debe estipendiar una religión que le es extraña.
Los buenos príncipes no creerán ciertamente que las cosas del público concedidas a
una clase particular de individuos puedan pertenecer al fisco. La república se
compone de todos los ciudadanos, y cada individuo se aprovecha de lo que ella
emana. Vuestro poder se extiende a todo; pero dejad a cada cual lo que es suyo, y
más que la licencia pueda en vosotros la justicia. Consultad, pues, vuestra
munificencia; y decid si esta no se resiste a considerar como públicas las cosas que
habéis trasladado a otros. Los bienes que fueron concedidos a la gloria de Roma,
cesaron de pertenecer a los donatarios; y todo lo que al principio era beneficio, se
convirtió con el tiempo en un débito. Hay personas que tratan de esparcir vanos
terrores en vuestra mente divina, diciéndoos que si no favorecéis la codicia de los
raptores, os hacéis cómplices de los donatarios. Sea Vuestra Clemencia propicia a los
misterios tutelares de toda religión, y en especial a aquellos que en otro tiempo


                                                                                      119
fueron protegidos de vuestros abuelos, que aún en el día [de hoy] os defienden, y
que nosotros respetamos.
Pedimos la religión que conservó el Imperio en manos de vuestro divino padre, y dio
a aquel príncipe los herederos de su sangre. Desde su sublime mansión celeste ve
correr el divino anciano las lágrimas de los sacerdotes, y cree contemplar su
desprecio en la violación de los usos conservados por él libremente. No imitéis el
ejemplo de nuestro divino hermano: olvidad un acto que, de seguro, él ignoraba
habría de desagradar al Senado: así aparecerá que la legación fue rechazada sólo por
el temor de que se pusiese en la necesidad de celebrar un juicio público. El respeto a
los tiempos pasados exige que no vaciléis en revocar una ley, indigna de un
príncipe.»
Notas:
[1] Se refiere a los obstáculos puestos por San Ambrosio (340-397)
[2] Constantino (324-337) y Constancio (337-361)
[3] Juliano el Apóstata (361-363)
[4] Referencia a las vírgenes Vestales




                                                                                  120
Anexo 4 Concilios de la Edad Antigua
                           Concilio I de Nicea. 325




Reunido por el Emperador Constantino durante el pontificado de San Silvestre.
Contra el arrianismo. Definió la consubstancialidad del Verbo, largamente defendida
por Atanasio, diácono de Alejandría; sancionó los privilegios de las tres sedes
patriarcales de Roma, Alejandría y Antioquía, y extendió a toda la Iglesia la
costumbre romana concertando la fecha de la celebración de Pascua. El Verbo es
verdadero Hijo de Dios, de la misma substancia del Padre, y por lo tanto verdadero
Dios.

                         Magisterio del I de Nicea

El Símbolo Niceno
[Versión sobre el texto griego]
Creemos en un solo Dios Padre omnipotente, creador de todas las cosas, de las
visibles y de las invisibles; y en un solo Señor Jesucristo Hijo de Dios, nacido
unigénito del Padre, es decir, de la sustancia del Padre, Dios de Dios, luz de luz, Dios
verdadero de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consustancial al Padre, por
quien todas las cosas fueron hechas, las que hay en el cielo y las que hay en la tierra,
que por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió y se encarnó, se hizo
hombre, padeció, y resucitó al tercer día, subió a los cielos, y ha de venir a juzgar a
los vivos y a los muertos. Y en el Espíritu Santo.
Mas a los que afirman: Hubo un tiempo en que no fue y que antes de ser engendrado
no fue, y que fue hecho de la nada, o los que dicen que es de otra hipóstasis o de otra
sustancia o que el Hijo de Dios es cambiable o mudable, los anatematiza la Iglesia
Católica.
[Versión de Hilario de Poitiers]


                                                                                    121
Creemos en un solo Dios, Padre omnipotente, hacedor de todas las cosas visibles e
invisibles. Y en un solo Señor nuestro Jesucristo Hijo de Dios, nacido unigénito del
Padre, esto es, de la sustancia del Padre, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de
Dios verdadero, nacido, no hecho, de una sola sustancia con el Padre (lo que en
griego se llama homousion), por quien han sido hechas todas las cosas, las que hay en
el cielo y en la tierra, que bajó por nuestra salvación, se encarnó y se hizo hombre,
padeció y resucitó al tercer día, subió a los cielos y ha de venir a juzgar a los vivos y a
los muertos. Y en el Espíritu Santo.
A aquellos, empero, que dicen: "Hubo un tiempo en que no fue" y: "Antes de nacer,
no era", y: "Que de lo no existente fue hecho o de otra subsistencia o esencia", a los
que dicen que "El Hijo de Dios es variable o mudable", a éstos los anatematiza la
Iglesia Católica y Apostólica.
Del bautismo de los herejes y del viático de los moribundos
[Versión sobre el texto griego]
Can. 8. Acerca de los que antes se llamaban a si mismos kátharos o puros [es decir,
los novacianos], pero que se acercan a la Iglesia Católica y Apostólica, plugo al santo y
grande Concilio que, puesto que recibieron la imposición de manos, permanezcan en
el clero ¡ pero ante todo conviene que confiesen por escrito que aceptarán y seguirán
los decretos de la Iglesia Católica y Apostólica, es decir, que no negarán la
reconciliación a los desposados en segundas nupcias y a los lapsos caídos en la
persecución...
Can. 19. Sobre los que fueron paulianistas y luego se refugiaron en la Iglesia Católica,
se promulgó el decreto que sean rebautizados de todo punto; y si algunos en el
tiempo pasado pertenecieron al clero, si aparecieren irreprochables e irreprensibles,
después de rebautizados, impónganseles las manos por el obispo de la Iglesia
Católica...
Can. 13. Acerca de los que están para salir de este mundo, se guardará también ahora
la antigua ley canónica, a saber: que si alguno va a salir de este mundo, no se le prive
del último y más necesario viático. Pero si después de estar en estado desesperado y
haber obtenido la comunión, nuevamente volviere entre los vivos, póngase entre los
que sólo participan de la oración; pero de modo general y acerca de cualquiera que
salga de este mundo, si pide participar de la Eucaristía, el obispo, después de
examen, debe dársela (versión latina: hágale participe de la ofrenda).



Concilio I de Constantinopla. 381




                                                                                       122
        Macedonio, patriarca de Constantinopla, admitía la divinidad del Verbo pero la negaba en el
EspírituSanto; decía que era una criatura de Dios, una especie de superministro de
todas las gracias.
  Reunido durante el pontificado del Papa San Dámaso y el Emperador Teodosio el
  Grande, reafirmó la divinidad del Espíritu Santo. Contra los macedonianos.
      El Espíritu Santo es verdadero Dios, como el Hijo y el Padre. (Símbolo Niceno
- Constantinopolitano).
      Nestorio, patriarca de Constantinopla, negó la unión del Verbo Divino con la
humanidad en unidad de persona; afirmó que Jesús era un puro hombre en quien
habitaba el Hijo del Eterno Padre, y si Jesús no era Dios tampoco María podía ser
Madre de Dios.
      También fue condenada la doctrina de Pelagio y Celestino que negaban la
transmisión del pecado de Adán a su descendencia y defendían la bondad,
puramente humana para hacer el bien sin el concurso del auxilio divino.

                           Magisterio del I de Constantinopla


Condenación de los herejes
       Can. 1. No rechazar la fe de los trescientos dieciocho Padres reunidos en Nicea
de Bitinia, sino que permanezca firme y anatematizar toda herejía, y en particular la
de los eunomianos o anomeos, la de los arrianos o eudoxianos, y la de los
semiarrianos o pneumatómacos, la de los sabelinos, marcelianos, la de los fotinianos
y la de los apolinaristas.
Símbolo Niceno-Constantinopolitano
[Versión sobre el texto griego]
      Creemos en un solo Dios, Padre omnipotente, creador del cielo y de la tierra,
de todas las cosas visibles o invisibles. Y en un solo Señor Jesucristo, el Hijo
unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, luz de luz, Dios
verdadero de Dios verdadero, nacido no hecho, consustancial con el Padre, por quien

                                                                                               123
fueron hechas todas las cosas; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación
descendió de los cielos y se encarnó por obra del Espíritu Santo y de María Virgen, y
se hizo hombre, y fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilato y padeció y fue
sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras, y subió a los cielos, y está
sentado a la diestra del Padre, y otra vez ha de venir con gloria a juzgar a los vivos y
a los muertos; y su reino no tendrá fin. Y en el Espíritu Santo, Señor y vivificante, que
procede del Padre, que juntamente con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado,
que habló por los profetas. En una sola Santa Iglesia Católica y Apostólica.
Confesamos un solo bautismo para la remisión de los pecados. Esperamos la
resurrección de la carne y la vida del siglo futuro. Amén.
[Según la versión de Dionisio el Exiguo]
        Creemos [creo] en un solo Dios, Padre omnipotente, hacedor del cielo y de la
tierra, de todas las cosas visibles e invisibles. Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo de
Dios y nacido del Padre [Hijo de Dios unigénito y nacido del Padre] antes de todos
los Siglos [Dios de Dios, luz de luz], Dios verdadero de Dios verdadero. Nacido
[engendrado], no hecho, consustancial con el Padre, por quien fueron hechas todas
las cosas, quien por nosotros los hombres y la salvación nuestra [y por nuestra
salvación] descendió de los cielos. Y se encarnó de Maria Virgen por obra del
Espíritu Santo y se humanó [y se hizo hombre], y fue crucificado [crucificado
también] por nosotros bajo Poncio Pilato, [padeció] y fue sepultado. Y resucitó al
tercer día [según las Escrituras. Y] subió al cielo, está sentado a la diestra del Padre,
(y) otra vez ha de venir con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos: y su reino no
tendrá fin. Y en el Espíritu Santo, Señor y vivificante, que procede del Padre [que
procede del Padre y del Hijo] , que con el Padre y el Hijo ha de ser adorado y
glorificado que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado), que habló
por los santos profetas [por los profetas]. Y en una sola santa Iglesia, Católica y
Apostólica. Confesamos [Confieso] un solo bautismo para la remisión de los pecados.
Esperamos [Y espero] la resurrección de los muertos y la vida del siglo futuro
[venidero]. Amén.



Concilio de Éfeso. 431




                                                                                     124
      San Celestino I Contra el nestorianismo. En el reinado de Teodosio el Joven.
Definió la unidad de persona en Cristo y la maternidad divina de María. Cristo,
Dios-Hombre es un solo sujeto (=Persona); la unión hipostática es substancial, no
accidental,                   física,                  no                   moral.
Condenación de los errores pelagianos.



                         Magisterio de Éfeso

De la Encarnación
[De la Carta II de San Cirilo Alejandrino a Nestorio, leída y aprobada en la sesión I]

       Pues, no decimos que la naturaleza del Verbo, transformada, se hizo carne;
pero tampoco que se trasmutó en el hombre entero, compuesto de alma y cuerpo;
sino, más bien, que habiendo unido consigo el Verbo, según hipóstasis o persona, la
carne animada de alma racional, se hizo hombre de modo inefable e incomprensible
y fue llamado hijo del hombre, no por sola voluntad o complacencia, pero tampoco
por la asunción de la persona sola, y que las naturalezas que se juntan en verdadera
unidad son distintas, pero que de ambas resulta un solo Cristo e Hijo; no como si la
diferencia de las naturalezas se destruyera por la unión, sino porque la divinidad y la
humanidad constituyen más bien para nosotros un solo Señor y Cristo e Hijo por la
concurrencia inefable y misteriosa en la unidad... Porque no nació primeramente un
hombre vulgar, de la santa Virgen, y luego descendió sobre Él el Verbo; sino que,
unido desde el seno materno, se dice que se sometió a nacimiento carnal, como quien
hace suyo el nacimiento de la propia carne... De esta manera [los Santos Padres] no
tuvieron inconveniente en llamar madre de Dios a la santa Virgen.
Sobre la primacía del Romano Pontífice
[Del discurso de Felipe, Legado del Romano Pontífice, en la sesión III]

      A nadie es dudoso, antes bien, por todos los siglos fue conocido que el santo y
muy bienaventurado Pedro, principe y cabeza de los Apóstoles, columna de la fe y
fundamento de la Iglesia Católica, recibió las llaves del reino de manos de nuestro
Señor Jesucristo, salvador y redentor del género humano, y a él le ha sido dada
potestad de atar y desatar los pecados; y él, en sus sucesores, vive y juzga hasta el
presente y siempre [v. 1824].
Anatematismos o capítulos de Cirilo
       (contra Nestorio)
       Can. 1. Si alguno no confiesa que Dios es según verdad el Emmanuel, y que
por eso la santa Virgen es madre de Dios (pues dió a luz carnalmente al Verbo de
Dios hecho carne), sea anatema.
       Can 2. Si alguno no confiesa que el Verbo de Dios Padre se unió a la carne
según hipóstasis y que Cristo es uno con su propia carne, a saber, que el mismo es
Dios al mismo tiempo que hombre, sea anatema.

                                                                                         125
        Can. 3. Si alguno divide en el solo Cristo las hipóstasis después de la unión,
uniéndolas sólo por la conexión de la dignidad o de la autoridad y potestad, y no
más bien por la conjunción que resulta de la unión natural, sea anatema.
        Can. 4. Si alguno distribuye entre dos personas o hipóstasis las voces
contenidas en los escritos apostólicos o evangélicos o dichas sobre Cristo por los
Santos o por Él mismo sobre sí mismo; y unas las acomoda al hombre propiamente
entendido aparte del Verbo de Dios, y otras, como dignas de Dios, al solo Verbo de
Dios Padre, sea anatema.
        Can. 5. Si alguno se atreve a decir que Cristo es hombre teóforo o portador de
Dios y no, más bien, Dios verdadero, como hijo único y natural, según el Verbo se
hizo carne y tuvo parte de modo semejante a nosotros en la carne y en la sangre [Hebr.
2, 14], sea anatema.
        Can 6. Si alguno se atreve a decir que el Verbo del Padre es Dios o Señor de
Cristo y no confiesa más bien, que el mismo es juntamente Dios y hombre, puesto
que el Verbo se hizo carne, según las Escrituras [Ioh. 1, 14], sea anatema.
        Can. 7. Si alguno dice que Jesús fue ayudado como hombre por el Verbo de
Dios, y le fue atribuída la gloria del Unigénito, como si fuera otro distinto de Él sea
anatema.
        Can. 8. Si alguno se atreve a decir que el hombre asumido ha de ser coadorado
con Dios Verbo y conglorificado y, juntamente con él, llamado Dios, como uno en el
otro (pues la partícula "con" esto nos fuerza a entender siempre que se añade) y no,
más bien, con una sola adoración honra al Emmanuel y una sola gloria le tributa
según que el Verbo se hizo carne [Ioh. 1, 14], sea anatema.
        Can. 9. Si alguno dice que el solo Señor Jesucristo fue glorificado por el
Espíritu, como si hubiera usado de la virtud de éste como ajena y de Él hubiera
recibido poder obrar contra los espíritus inmundos y hacer milagros en medio de los
hombres, y no dice, más bien, que es su propio Espíritu aquel por quien obró los
milagros, sea anatema.
        Can. 10. La divina Escritura dice que Cristo se hizo nuestro Sumo Sacerdote y
Apóstol de nuestra confesión [Hebr. 3, 1] y que por nosotros se ofreció a sí mismo en olor de
suavidad a Dios Padre [Eph. 5, 2]. Si alguno, pues, dice que no fue el mismo Verbo de
Dios quien se hizo nuestro Sumo Sacerdote y Apóstol, cuando se hizo carne y hombre
entre nosotros, sino otro fuera de Él, hombre propiamente nacido de mujer; o si
alguno dice que también por sí mismo se ofreció como ofrenda y no, más bien, por
nosotros solos (pues no tenía necesidad alguna de ofrenda el que no conoció el
pecado), sea anatema.
        Can. 11. Si alguno no confiesa que la carne del Señor es vivificante y propia
del mismo Verbo de Dios Padre, sino de otro fuera de Él, aunque unido a Él por
dignidad, o que sólo tiene la inhabitación divina; y no, más bien, vivificante, como
hemos dicho, porque se hizo propia del Verbo, que tiene poder de vivificarlo todo,
sea anatema.
        Can. 12. Si alguno no confiesa que el Verbo de Dios padeció en la carne y fue
crucificado en la carne, y gustó de la muerte en la carne, y que fue hecho primogénito
de entre los muertos [Col. 1, 18] según es vida y vivificador como Dios, sea anatema.


                                                                                         126
De la guarda de la fe y la tradición
Determinó el santo Concilio que a nadie sea lícito presentar otra fórmula de fe o escribirla o
componerla, fuera de la definida por los Santos Padres reunidos con el Espíritu Santo en Nicea...
...Si fueren sorprendidos algunos, obispos, clérigos o laicos profesando o enseñando lo que se contiene
en la exposición presentada por el presbítero Carisio acerca de la encarnación del unigénito Hijo de
Dios, o los dogmas abominables y perversos de Nestorio.. queden sometidos a la sentencia de este
santo y ecuménico Concilio.. .

Condenación de los pelagianos
Can. 1. Si algún metropolitano de provincia, apartándose del santo y ecuménico Concilio, ha
profesado o profesare en adelante las doctrinas de Celestio, éste no podrá en modo alguno obrar nada
contra los obispos de las provincias, pues desde este momento queda expulsado, por el Concilio, de la
comunión eclesiástica e incapacitado...
Can. 4. Si algunos clérigos se apartaren también y se atrevieren a profesar en privado o en público las
doctrinas de Nestorio o las de Celestio, también éstos, ha decretado el santo Concilio, sean depuestos.

De la autoridad de San Agustín
[De la Carta 21 Apostolici verba praecepti, a los obispos de las Galias, de 15 (?) de mayo de 431]
Cap. 2. A Agustín, varón de santa memoria, por su vida y sus merecimientos, le tuvimos siempre en
nuestra comunión y jamás le salpicó ni el rumor de sospecha siniestra; y recordamos que fue hombre
de tan grande ciencia, que ya antes fue siempre contado por mis mismos predecesores entre los
mejores maestros.
"Indículo" sobre la gracia de Dios, o "Autoridades de los obispos anteriores de la Sede Apostólica"-




                       Concilio de Calcedonia. 451




        León I El Magno. Contra los monofisitas. Emperador Marciano. Condenó el eutiquianismo,
que no reconocía en Cristo la distinción de las dos naturalezas perfectas. Las dos naturalezas en Cristo
están unidas (personalmente), no confundidas ni mudadas ni alterada de ninguna manera. Dióscoro,
patriarca de Alejandría y el abad Eutiques sostenían la opinión de una sola naturaleza en Cristo, una
especie de fusión de las dos naturalezas o más bien de absorción de la naturaleza humana por la
divina. Esta herejía vino a llamarse (Monofisismo), una sola naturaleza.

                               Magisterio de Calcedonia

                                                                                                     127
Definición de las dos naturalezas de Cristo
Siguiendo, pues, a los Santos Padres, todos a una voz enseñamos que ha de confesarse a uno solo y el
mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la
humanidad, Dios verdaderamente, y el mismo verdaderamente hombre de alma racional y de cuerpo,
consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a
la humanidad, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado [Hebr. 4, 15]; engendrado del Padre antes
de los siglos en cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y por nuestra
salvación, engendrado de María Virgen, madre de Dios, en cuanto a la humanidad; que se ha de
reconocer a uno solo y el mismo Cristo Hijo Señor unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin
cambio, sin división, sin separación, en modo alguno borrada la diferencia de naturalezas por causa
de la unión, sino conservando, más bien, cada naturaleza su propiedad y concurriendo en una sola
persona y en una sola hipóstasis, no partido o dividido en dos personas, sino uno solo y el mismo Hijo
unigénito, Dios Verbo Señor Jesucristo, como de antiguo acerca de Él nos enseñaron los profetas, y el
mismo Jesucristo, y nos lo ha trasmitido el Símbolo de los Padres [v. 54 y 86].
Así, pues, después que con toda exactitud y cuidado en todos sus aspectos fue por nosotros redactada
esta fórmula, definió el santo y ecuménico Concilio que a nadie será lícito profesar otra fe, ni siquiera
escribirla o componerla, ni sentirla, ni enseñarla a los demás.

Sobre el primado del Romano Pontífice
[De la Carta del Concilio Repletum est gaudio al papa León, al principio de noviembre de 451]
Porque si donde hay dos o tres reunidos en su nombre, allí dijo que estaba Él en medio de ellos [Mt. 18, 20],
¿cuánta familiaridad no mostró con quinientos veinte sacerdotes que prefirieron la ciencia de su
confesión a la patria y al trabajo? A ellos tú, como la cabeza a los miembros, los dirigías en aquellos
que ocupaban tu puesto, mostrando tu benevolencia.
[Palabras del mismo San León Papa sobre el primado del Romano Pontífice, en Kch 891-901.]

De las ordenaciones de los clérigos
[De Statuta Ecclesiae antiqua o bien Statuta antiqua Orientis]
Can. 2 (90) Cuando se ordena un Obispo, dos obispos extiendan y tengan sobre su cabeza el libro de
los Evangelios, y mientras uno de ellos derrama sobre él la bendición, todos los demás obispos
asistentes toquen con las manos su cabeza.
Can. 3 (91) Cuando se ordena un presbítero, mientras el obispo lo bendice y tiene las manos sobre la
cabeza de aquél, todos los presbíteros que están presentes, tengan también las manos junto a las del
obispo sobre la cabeza del ordenando.
Can. 4 (92) Cuando se ordena un diácono, sólo el obispo que le bendice ponga las manos sobre su
cabeza, porque no es consagrado para el sacerdocio, sino para servir a éste.
Can. 5 (93) Cuando se ordena un subdiácono, como no recibe imposición de las manos, reciba de
mano del obispo la patena vacía y el cáliz vacío; y de mano del arcediano reciba la orza con agua, el
manil y la toalla.
Can. 6 (94) Cuando se ordena un acólito, sea por el obispo adoctrinado sobre cómo ha de portarse en
su oficio; del arcediano reciba el candelario con velas, para que sepa que está destinado a encender las
luces de la iglesia. Reciba también la orza vacía para llevar el vino para la consagración de la sangre de
Cristo.
Can. 7 (95) Cuando se ordena un exorcista, reciba de mano del obispo el memorial en que están
escritos los exorcismos, mientras el obispo le dice: "Recíbelo y encomiéndalo a tu memoria y ten poder
de imponer la mano sobre el energúmeno, sea bautizado, sea catecúmeno".
Can. 8 (96) Cuando se ordena un lector, el obispo dirigirá la palabra al pueblo sobre él, indicando su
fe, su vida y carácter. Luego, en presencia del pueblo, entréguele el libro de donde ha de leer,
diciéndole. "Toma y sé relator de la palabra de Dios, para tener parte, si fiel y provechosamente
cumplieres tu oficio, con los que administraron la palabra de Dios".
Can. 9 (97) Cuando se ordena un ostiario, después que hubiere sido instruído por el arcediano, sobre
cómo ha de portarse en la casa de Dios, a una indicación del arcediano, entréguele el obispo, desde el


                                                                                                        128
altar, las llaves de la Iglesia, diciéndole: "Obra como quien ha de dar cuenta a Dios de las cosas que se
cierran con estas llaves".
Can. 10 (98) El salmista, es decir, el cantor puede, sin conocimiento del obispo, por solo mandato del
presbítero, recibir el oficio de cantar, diciéndole el presbítero: "Mira que lo que con la boca cantes, lo
creas con el corazón; y lo que con el corazón crees, lo pruebes con las obras".
Siguen ordenaciones para consagrar a las vírgenes y viudas; can. 101 sobre el matrimonio, en Kch 952.




Concilio II de Constantinopla. 553




   Este concilio, segundo de Constantinopla, se convocó como para solucionar
   discrepancias y atraer a los descarriados monofisitas de los cuales se formaron
   muchas fracciones, sobre todo en el Medio Oriente y Norte de Africa. El gran
   interesado en la unión fue el emperador Justiniano. Después de interminables
   divisiones y discusiones se reunió el concilio y promulgó sus decretos. Reunido
   por el emperador Justiniano, por ausencia del papa Vigilio. Contra los Tres
   Capítulos. Condenó los escritos de Teodoro de Mopsuestia y de Teodoro de Ciro
   contra San Cirilo y el Concilio de Efeso.
   Se confirma la condenación de los errores precedentes (trinitarios y cristológicos),
   ratificando el sentido genérico de las definiciones conciliares. Se condenan
   también los errores derivados de Orígenes junto con los Tres Capítulos influidos
   de Nestorianismo. A Sergio, patriarca de Constantinopla, se le atribuye esta nueva
   herejía, llamada (Monotelismo), una voluntad. Admitía en Cristo las dos
   naturalezas pero le reconocía una sola voluntad. Tenía en mente la idea de atraer a
   los monofisitas, al tiempo que pensaba no errar en cuanto a la verdad católica. Al
   tomar fuerza esta opinión y entrar en la polémica grandes personajes de la época,
   obligó a convocar el concilio. En Cristo hay dos voluntades, como hay dos
   naturalezas, aunque sea una sola la Persona, que es la del Verbo.



Magisterio del II de Constantinopla




                                                                                                     129
Sobre la tradición eclesiástica
Confesamos mantener y predicar la fe dada desde el principio por el grande Dios y Salvador nuestro
Jesucristo a sus Santos Apóstoles y por éstos predicada en el mundo entero; también los Santos Padres
y, sobre todo, aquellos que se reunieron en los cuatro santos concilios la confesaron, explicaron y
transmitieron a las santas Iglesias. A estos Padres seguimos y recibimos por todo y en todo... Y todo lo
que no concuerda con lo que fue definido como fe recta por los dichos cuatro concilios, lo juzgamos
ajeno a la piedad, y lo condenamos y anatematizamos.

Anatematismos sobre los tres capítulos
[En parte idénticos con la Homología del Emperador, del año 551]
Can. 1. Si alguno no confiesa una sola naturaleza o sustancia del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
y una sola virtud y potestad, Trinidad consustancial, una sola divinidad, adorada en tres hipóstasis o
personas; ese tal sea anatema. Porque uno solo es Dios y Padre, de quien todo; y un solo Señor
Jesucristo, por quien todo; y un solo Espíritu Santo, en quien todo.
Can. 2. Si alguno no confiesa que hay dos nacimientos de Dios Verbo, uno del Padre, antes de los
siglos, sin tiempo e incorporalmente; otro en los últimos días, cuando Él mismo bajó de los cielos, y se
encarnó de la santa gloriosa madre de Dios y siempre Virgen María, y nació de ella; ese tal sea
anatema.
Can. 3. Si alguno dice que uno es el Verbo de Dios que hizo milagros y otro el Cristo que padeció, o
dice que Dios Verbo está con el Cristo que nació de mujer o que está en Él como uno en otro; y no que
es uno solo y el mismo Señor nuestro Jesucristo, el Verbo de Dios que se encarnó y se hizo hombre, y
que de uno mismo son tanto los milagros como los sufrimientos a que voluntariamente se sometió en
la carne, ese tal sea anatema.
Can. 4. Si alguno dice que la unión de Dios Verbo con el hombre se hizo según gracia o según
operación, o según igualdad de honor, o según autoridad, o relación, o hábito, o fuerza, o según buena
voluntad, como si Dios Verbo se hubiera complacido del hombre, por haberle parecido bien y
favorablemente de Él, como Teodoro locamente dice; o según homonimia, conforme a la cual los
nestorianos llamando a Dios Verbo Jesús y Cristo, y al hombre separadamente dándole nombre de
Cristo y de Hijo, y hablando evidentemente de dos personas, fingen hablar de una sola persona y de
un solo Cristo según la sola denominación y honor y dignidad y admiración; mas no confiesa que la
unión de Dios Verbo con la carne animada de alma racional e inteligente se hizo según composición o
según hipóstasis, como enseñaron los santos Padres; y por esto, una sola persona de Él, que es el Señor
Jesucristo, uno de la Santa Trinidad; ese tal sea anatema. Porque, como quiera que la unión se entiende
de muchas maneras, los que siguen la impiedad de Apolinar y de Eutiques, inclinados a la
desaparición de los elementos que se juntan, predican una unión de confusión. Los que piensan como
Teodoro y Nestorio, gustando de la división, introducen una unión habitual. Pero la Santa Iglesia de
Dios, rechazando la impiedad de una y otra herejía, confiesa la unión de Dios Verbo con la carne
según composición, es decir, según hipóstasis. Porque la unión según composición en el misterio de
Cristo, no sólo guarda inconfusos los elementos que se juntan, sino que tampoco admite la división.
Can. 5. Si alguno toma la única hipóstasis de nuestro Señor Jesucristo en el sentido de que admite la
significación de muchas hipóstasis y de este modo intenta introducir en el misterio de Cristo dos
hipóstasis o dos personas, y de las dos personas por él introducidas dice una sola según la dignidad y
el honor y la adoración, como lo escribieron locamente Teodoro y Nestorio, y calumnia al santo
Concilio de Calcedonia, como si en ese impío sentido hubiera usado de la expresión "una sola
persona"; pero no confiesa que el Verbo de Dios se unió a la carne según hipóstasis y por eso es una
sola la hipóstasis de Él, o sea, una sola persona, y que así también el santo Concilio de Calcedonia
había confesado una sola hipóstasis de nuestro Señor Jesucristo; ese tal sea anatema. Porque la santa
Trinidad no admitió añadidura de persona o hipóstasis, ni aun con la encarnación de uno de la santa
Trinidad, el Dios Verbo.
Can. 6. Si alguno llama a la santa gloriosa siempre Virgen María madre de Dios, en sentido figurado y
no en sentido propio, o por relación, como si hubiera nacido un puro hombre y no se hubiera
encarnado de ella el Dios Verbo, sino que se refiriera según ellos el nacimiento del hombre a Dios
Verbo por habitar con el hombre nacido; y calumnia al santo Concilio de Calcedonia, como si en este

                                                                                                   130
impío sentido, inventado por Teodoro, hubiera llamado a la Virgen María madre de Dios; o la llama
madre de un hombre o madre de Cristo, como si Cristo no fuera Dios, pero no la confiesa propiamente
y según verdad madre de Dios, porque Dios Verbo nacido del Padre antes de los siglos se encarnó de
ella en los últimos días, y así la confesó piadosamente madre de Dios el santo Concilio de Calcedonia,
ese tal sea anatema.
Can. 7. Si alguno, al decir "en dos naturalezas", no confiesa que un solo Señor nuestro Jesucristo es
conocido como en divinidad y humanidad, para indicar con ello la diferencia de las naturalezas, de las
que sin confusión se hizo la inefable unión; porque ni el Verbo se transformó en la naturaleza de la
carne, ni la carne pasó a la naturaleza del Verbo (pues permanece una y otro lo que es por naturaleza,
aun después de hecha la unión según hipóstasis), sino que toma en el sentido de una división en
partes tal expresión referente al misterio de Cristo; o bien, confesando el número de naturalezas en un
solo y mismo Señor nuestro Jesucristo, Dios Verbo encarnado, no toma en teoría solamente la
diferencia de las naturalezas de que se compuso, diferencia no suprimida por la unión (porque uno
solo resulta de ambas, y ambas son por uno solo), sino que se vale de este número como si [Cristo]
tuviese las naturalezas separadas y con personalidad propia, ese tal sea anatema.
Can. 8. Si alguno, confesando que la unión se hizo de dos naturalezas: divinidad y humanidad, o
hablando de una sola naturaleza de Dios Verbo hecha carne, no lo toma en el sentido en que lo
ensenaron los Santos Padres, de que de la naturaleza divina y de la humana, después de hecha la
unión según la hipóstasis, resultó un solo Cristo; sino que por tales expresiones intenta introducir una
sola naturaleza o sustancia de la divinidad y de la carne de Cristo, ese tal sea anatema. Porque al decir
que el Verbo unigénito se unió según hipóstasis, no decimos que hubiera mutua confusión alguna
entre las naturalezas, sino que entendemos más bien que, permaneciendo cada una lo que es, el Verbo
se unió a la carne. Por eso hay un solo Cristo, Dios y hombre, el mismo consustancial al Padre según la
divinidad, y el mismo consustancial a nosotros según la humanidad. Porque por modo igual rechaza y
anatematiza la Iglesia de Dios, a los que dividen en partes o cortan que a los que confunden el misterio
de la divina economía de Cristo.
Can. 9. Si alguno dice que Cristo es adorado en dos naturalezas, de donde se introducen dos
adoraciones, una propia de Dios Verbo y otra propia del hombre; o si alguno, para destrucción de la
carne o para confusión de la divinidad y de la humanidad, o monstruosamente afirmando una sola
naturaleza o sustancia de los que se juntan, así adora a Cristo, pero no adora con una sola adoración al
Dios Verbo encarnado con su propia carne, según desde el principio lo recibió la Iglesia de Dios, ese
tal sea anatema.
Can. 10. Si alguno no confiesa que nuestro Señor Jesucristo, que fue crucificado en la carne, es Dios
verdadero y Señor de la gloria y uno de la santa Trinidad, ese tal sea anatema.
Can. 11. Si alguno no anatematiza a Arrio, Eunomio, Macedonio, Apolinar, Nestorio, Eutiques y
Origenes, juntamente con sus impíos escritos, y a todos los demás herejes, condenados por la santa
Iglesia Católica y Apostólica y por los cuatro antedichos santos Concilios, y a los que han pensado o
piensan como los antedichos herejes y que permanecieron hasta el fin en su impiedad, ese tal sea
anatema.
Can. 12. Si alguno defiende al impío Teodoro de Mopsuesta, que dijo que uno es el Dios Verbo y otro
Cristo, el cual sufrió las molestias de las pasiones del alma y de los deseos de la carne, que poco a poco
se fue apartando de lo malo y así se mejoró por el progreso de sus obras, y por su conducta se hizo
irreprochable, que como puro hombre fue bautizado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo, y por el bautismo recibió la gracia del Espíritu Santo y fue hecho digno de la filiación divina; y
que a semejanza de una imagen imperial, es adorado como efigie de Dios Verbo, y que después de la
resurrección se convirtió en inmutable en sus pensamientos y absolutamente impecable; y dijo además
el mismo impío Teodoro que la unión de Dios Verbo con Cristo fue como la de que habla el Apóstol
entre el hombre y la mujer: Serán dos en una sola carne [Eph. 5, 31]; y aparte otras incontables
blasfemias, se atrevió a decir que después de la resurrección, cuando el Señor sopló sobre sus
discípulos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo [Ioh. 20, 22], no les dio el Espíritu Santo, sino que sopló
sobre ellos sólo en apariencia ¡ éste mismo dijo que la confesión de Tomás al tocar l,as manos y el
costado del Señor, después de la resurrección: Señor mío y Dios mío [Ioh. 20, 28], no fue dicha por



                                                                                                       131
Tomás acerca de Cristo, sino que admirado Tomás de lo extraño de la resurrección glorificó a Dios que
había resucitado a Cristo.
Y lo que es peor, en el comentario que el mismo Teodoro compuso sobre los Hechos de los Apóstoles,
comparando a Cristo con Platón, con Maniqueo, Epicuro y Marción dice que a la manera que cada uno
de ellos, por haber hallado su propio dogma, hicieron que sus discípulos se llamaran platónicos,
maniqueos, epicúreos y marcionitas; del mismo modo, por haber Cristo hallado su dogma, nos
llamamos de Él cristianos; si alguno, pues, defiende al dicho impiísimo Teodoro y sus impíos escritos,
en que derrama las innumerables blasfemias predichas, contra el grande Dios y Salvador nuestro
Jesucristo, y no le anatematiza juntamente con sus impíos escritos, y a todos los que le aceptan y
vindican o dicen que expuso ortodoxamente, y a los que han escrito en su favor y en favor de sus
impíos escritos, o a los que piensan como él o han pensado alguna vez y han perseverado hasta el fin
en tal herejía, sea anatema.
Can. 13. Si alguno defiende los impíos escritos de Teodoreto contra la verdadera fe y contra el primero
y santo Concilio de Éfeso, y San Cirilo y sus doce capítulos (anatematismos, v. 113 ss), y todo lo que
escribió en defensa de los impíos Teodoro y Nestorio y de otros que piensan como los antedichos
Teodoro y Nestorio y que los reciben a ellos y su impiedad, y en ellos llama impíos a los maestros de
la Iglesia que admiten la unión de Dios Verbo según hipóstasis, y no anatematiza dichos escritos y a
los que han escrito contra la fe recta o contra San Cirilo y sus doce Capítulos, y han perseverado en esa
impiedad, ese tal sea anatema.
Can. 14. Si alguno defiende la carta que se dice haber escrito Ibas al persa Mares, en que se niega que
Dios Verbo, encarnado de la madre de Dios y siempre Virgen María, se hiciera hombre, y dice que de
ella nació un puro hombre, al que llama Templo, de suerte que uno es el Dios Verbo, otro el hombre, y
a San Cirilo que predicó la recta fe de los cristianos se le tacha de hereje, de haber escrito como el
impío Apolinar, y se censura al santo Concilio primero de Éfeso, como si hubiera depuesto sin examen
a Nestorio, y la misma impía carta llama a los doce capítulos de San Cirilo impíos y contrarios a la
recta fe, y vindica a Teodoro y Nestorio y sus impías doctrinas y escritos; si alguno, pues, defiende
dicha carta y no la anatematiza juntamente con los que la defienden y dicen que la misma o una parte
de la misma es recta, y con los que han escrito y escriben en su favor y en favor de las impiedades en
ella contenidas, y se atreven a vindicarla a ella o a las impiedades en ellas contenidas en nombre de los
Santos Padres o del santo Concilio de Calcedonia, y en ello han perseverado hasta el fin, ese tal sea
anatema.
Así, pues, habiendo de este modo confesado lo que hemos recibido de la Divina Escritura y de la
enseñanza de los Santos Padres y de lo definido acerca de la sola y misma fe por los cuatro antedichos
santos Concilios; pronunciada también por nosotros condenación contra los herejes y su impiedad, así
como contra los que han vindicado o vindican los tres dichos capítulos, y que han permanecido o
permanecen en su propio error; si alguno intentare transmitir o enseñar o escribir contra lo que por
nosotros ha sido piadosamente dispuesto, si es obispo o constituído en la clerecía, ese tal, por obrar
contra los obispos y la constitución de la Iglesia, será despojado del episcopado o de la clerecía; si es
monje o laico, será anatematizado.




                                                                                                    132
   Anexo 5 Cronología de la controversia
                 arriana
  256         Libia      Nacimiento de Arrio
  311         Egipto     Arrio es ordenado presbítero por el obispo Aquiles de
                         Alejandría, sucesor de Pedro, quien fuera martirizado en el
                         311.
  311       Palestina    Eusebio consagrado obispo de Cesaréa en algún momento
                         entre el 311 y el 318.
  312         Egipto     Alejandro consagrado obispo de Alejandría.
  317       Asia Menor   Eusebio, un seguidor de Luciano de AntioquÍa, se convierte
                         en obispo de Nicomedia.
318 o 319     Egipto     En una discusión informal sobre la Trinidad entre el obispo
                         Alejandro y sus presbíteros, Arrio acusa a Alejandro de
                         Sabelianismo. Él continúa dando forma a su visión
                         adopcionista siguiendo la teología de Luciano de Antioquía.
                         Mas tarde, Alejandro de Alejandría convoca un consejo que
                         condena y exilia a Arrio. Este, entonces escribe su Carta a
                         Eusebio de Nicomedia en la cual se queja de haber sido
                         injustamente perseguido. La carta menciona que Eusebio de
                         Cesaréa y muchos otros obispos orientales, han sido también
                         condenados. Arrio entonces viaja a Nicodemia por invitación
                         de Eusebio, luego de lo cual Eusebio comienza una
                         campaña, mediante cartas a los obispos del Asia Menor,
                         apoyando a Arrio. Por este fervoroso respaldo a Arrio,
                         Eusebio "transforma lo que podría haber sido una disputa
                         Egipcia en una controversia ecuménica" (Quasten III, 191).
                         En algún momento en el mismo año, Alejandro escribe su
                         Epístola Católica en la cual le informa a sus compañeros
                         obispos que Eusebio de Nicomedia está también
                         extendiendo la herejía Arriana. Él advierte a sus colegas de
                         no seguir a Eusebio, por que de lo contrario ellos también
                         caerán en la apostasía.
  320       Asia Menor   Mientras se encuentra en Nicomedia, Arrio escribe su Carta a
                         Alejandro de Alejandría en la cual presenta otro resumen de
                         sus opiniones. Aproximadamente en el mismo momento,
                         Arrio escribe El Banquete (o la Thalía), tal vez en un intento
                         de popularizar su doctrina. Solo sobreviven fragmentos de
                         este trabajo, la mayoría en forma de citas en los escritos de
                         Atanasio.
  324         Egipto     Alejandro escribe una Carta a Alejandro de Constantinopla
                         que es también enviada a obispos fuera de Egipto. En esta
                         carta, Alejandro advierte a sus compañeros obispos del
                         peligro que entraña la amenaza Arriana. El también
                         menciona a Luciano de Antioquía y a Pablo de Samosata
                         como los verdaderos iniciadores de esta herejía.
  325       Palestina    En los primeros meses de este año, Osio, un representante
                         del Emperador Constantino, preside un concilio antiarriano
                         en Antioquía. Este concilio condena a Eusebio de Cesaréa
                         por ser un seguidor Arriano y formula un credo doctrinal a
                         favor de la teología de Alejandro.



                                                                                   133
325   Asia Menor   Constantino convoca el Concilio de Nicea para desarrollar
                   una fórmula de fe que pueda unificar la Iglesia. Se redacta el
                   Credo Niceno, declarando que el Padre y el Hijo son de la
                   misma substancia (homoousios), tomando una posición
                   claramente antiarriana. Arrio es exiliado a Illia.
327                Arrio y Euzoio escriben una Carta al Emperador Constantino.
                   Esta carta incluye un credo que intenta mostrar la ortodoxia
                   de la posición Arriana y una petición para ser restituidos a la
                   Iglesia.
328                Constantino hace volver a Arrio del exilio en Illia.
328     Egipto     Alejandro de Alejandría muere el 17 de abril. Atanasio es
                   consagrado obispo de Alejandría el 8 de junio.
335   Palestina    Un Pronunciamiento del Sínodo de Tiro y Jerusalén restituye
                   a Arrio y a sus amigos a la comunión con la Iglesia. Tanto
                   Eusebio de Cesaréa como Eusebio de Nicomedia tienen
                   papeles importantes en este sínodo. Atanasio es depuesto y
                   va a quejarse al Emperador Constantino, a quien encuentra a
                   mitad de camino. Ante la persistencia de Atanasio en
                   demandar una audiencia, Constantino acepta escuchar su
                   protesta. El Emperador entonces escribe su Carta a los
                   obispos reunidos en Tiro pidiendo encontrarse en su
                   presencia para discutir el tema. Algunos de los obispos se
                   apuran a volver a sus casas pero Eusebio de Nicodemia va a
                   encontrarse con Constantino y su consorte.
336                El Emperador está de acuerdo con lo acordado en el concilio
                   sobre Atanasio, y en consecuencia, lo exilia a Trieste.
336                Marcelo, obispo de Ancira, es depuesto en un concilio en
                   Constantinopla. El había escrito un tratado en el 335
                   defendiendo la teología Nicena, pero fue considerado un
                   Sabeliano por sus oponentes.
336     Grecia     Arrio muere repentinamente en Constantinopla la tarde
                   previa a la ceremonia formal en la que se le iba a restituir el
                   rango presbiteral.
337   Asia Menor   Eusebio de Nicomedia bautiza a Constantino, quien muere el
                   22 de mayo en Nicomedia. Su apología es pronunciada por
                   Eusebio de Cesaréa. El Imperio se divide entre sus tres hijos:
                   Constancio en oriente, Constantino II toma Bretaña y Galias
                   y Constante, Italia e Illirica. El 17 de junio, Constancio,
                   ordena el retorno de Atanasio a Alejandría.
338     Grecia     Eusebio de Nicomedia es designado Obispo de
                   Constantinopla.
338   Palestina    Un concilio en Antioquía depone a Atanasio y ordena un
                   segundo exilio.
339     Egipto     Atanasio se apresura a volver a Alejandría anticipándose a
                   se expulsión. Gregorio, un hombre de Capadocia (no
                   Gregorio de Nizancio o Gregorio de Niza) toma posesión de
                   la sede del obispo Atanasio.
339                Eusebio de Cesaréa muere a fines del 339 o principios del
                   340.
340                Después de la muerte de Constantino II, Constante pasa a
                   ser el único gobernante de occidente. El apoya a los Nicenos
                   y a Atanasio, Mientras su hermano en el oriente, Constancio,
                   como sabemos, se opone a la teología Nicena. También Julio

                                                                               134
                        I, obispo de Roma, recibe a Marcelo y Atanasio en comunión
                        con la Iglesia de Roma.
  341       Palestina   Se llevan a cabo dos concilios Arrianos en Antioquía durante
                        este año, el primero en ocasión de la dedicación de una
                        iglesia que había sido comenzada bajo la dirección del
                        Emperador Constantino. De los 97 obispos presentes,
                        ninguno es de occidente y muchos son hostiles a Atanasio.
                        Durante este concilio, son escritas la Primera, Segunda
                        Confesiones Arriana, comenzando de este modo, un intento
                        de producir una doctrina formal de fe para oponerse al Credo
                        Niceno. ( La Segunda Confesión Arriana es también
                        conocida como el Credo de la Dedicación.) La Cuarta
                        Confesión Arriana es escrita en el segundo concilio del año.
                        Los obispos orientales reniegan de ser arrianos, elaborando
                        la siguiente declaración: "¿Cómo, siendo obispos,
                        deberíamos seguir a un sacerdote?" (El sacerdote al que se
                        refieren es, por su puesto, Arrio).
  341                   Eusebio de Nicomedia muere en el invierno de 341-342.
342 o 343               Constante convoca un concilio en Sardica en un intento de
                        restaurar la unidad de la Iglesia. El concilio es un fiasco. Los
                        obispos orientales y occidentales se separan y se denuncian
                        unos a otros. Los orientales dan a conocer una declaración
                        diciendo que es un ataque al Arrianismo, los orientales se
                        retiran a Filipolis y elaboran una declaración fechada en
                        Sardica, la cual justifica que Atanasio y Marcelo sean
                        destronados y condena a Julio I y a otros. A esto es
                        agregado el 4º credo de Antioquía con anatemas adicionales
                        dirigidas a Marcelo.
  344                   Se lleva a cabo otro Concilio Arriano en Antioquía. Aquí, el
                        concilio redacta la Quinta Confesión Arriana (o Macrostich),
                        la cual es notablemente mas larga que las confesiones
                        escritas en Antioquía en 341. El Macrostich es el credo
                        oriental de Sardica mas ocho párrafos dirigidos a los obispos
                        occidentales.
  345         Italia    Se lleva a cabo un concilio en Milán. Los obispos
                        occidentales leen el Macrostich.
  345        Egipto     Gregorio, obispo de Alejandría, muere en junio.
  346        Egipto     Atanasio es restituido a la sede Alejandrina.
  347         Italia    Se lleva a cabo un segundo concilio en Milán.
  350                   El rebelde Magnesio asesina a Constante.
  351                   Un segundo concilio es convocado en Sirmium bajo la
                        supervisión de Basilio de Ancira. Es escrita la Sexta
                        confesión Arriana ( o Primer Sirmium), la que parece ser una
                        revisión aumentada de la Cuarta Confesión Arriana escrita en
                        el 341.
  353                   Un concilio dirigido contra Atanasio es realizado en Arles en
                        el otoño.
  353                   Constancio derrota a Magnesio y se convierte en el único
                        gobernante del Imperio; al desaparecer Constante, que
                        apoyaba los Nicenos, él trabaja para eliminar la teología
                        Nicena.
  355         Italia    se realiza un concilio en Milán. Atanasio es condenado
                        nuevamente.

                                                                                    135
356    Egipto     Atanasio es depuesto el 8 de febrero, comenzando el tercer
                  exilio.
356               Jorge es nombrado obispo de Alejandría. Aecio, quien
                  anuncia que el Hijo es distinto (anomoios, de aquí el título de
                  Anomeos) y no puede ser de la misma esencia o similar al
                  Padre, ejerce influencia sobre Jorge.
357   Palestina   Eudoxia, otro teólogo influenciado por Actio, se convierte en
                  obispo de Antioquía.
357               El tercer Concilio De Sirmium es realizado durante el verano.
                  Se redacta la Séptima Confesión Arriana (o Segundo
                  Sirmium) (también llamada "La Blasfemia). Los obispos
                  occidentales se acercan lo mas que pueden para encontrar
                  un arreglo con los Arrianos. Tanto homoousios (de una
                  esencia) como homoiousios (de distinta esencia) son
                  evitados por anti bíblicos, y se llega al acuerdo de que el
                  Padre es mas grande que su hijo subordinado.
358               Un Concilio realizado en Ancira bajo el liderazgo de su
                  obispo, Basilio, da a conocer una declaración usando el
                  término homoiousios. Los obispos participantes son
                  considerados "Semi-arrianos".
359               Se lleva a cabo el cuarto concilio de Sirmium el 22 de mayo.
                  Se redacta la Cuarta Confesión de Sirmium (o el Credo
                  fechado). Propone una fórmula de compromiso, la cual no es
                  técnica, y está diseñada para complacer a todos (aunque
                  está demasiado aguada como para hacer algún bien).
359               Constancio convoca 2 concilios para finalizar lo que Nicea
                  había comenzado, es decir, para desarrollar un credo que
                  unificara la Cristiandad. El Sínodo de Ariminum (Rimini) es
                  realizado en occidente durante el mes de mayo y concurren
                  mas de 400 obispos. El Sínodo de Seleucia se lleva a cabo
                  en octubre ( ¿o diciembre? ) y al cual concurren alrededor de
                  160 obispos. Aquí se escribe la Novena Confesión Arriana, la
                  cual afirma que Cristo es "como el Padre", mientras que al
                  mismo tiempo maldice a los Anomeos. Finalmente, ambos
                  concilios se ponen de acuerdo con esta fórmula de fe, semi-
                  arriana, aunque no especifica cómo el Hijo es igual al Padre.
                  De todos modos este acuerdo parece haber sido forzado en
                  Ariminum, el cual hubiera finalizado, de no ser así, a favor de
                  Nicea.
360    Grecia     Se realiza un concilio en enero para revisar las conclusiones
                  de Ariminum y Seleucia del año anterior. Se redacta la
                  Décima Confesión Arriana. Jerónimo escribe en relación a
                  este concilio 20 años mas tarde, que "el mundo despertó con
                  un gemido sabiéndose Arriano".
360               Las tropas de Constancio enfrentan dificultades y están
                  siendo derrotadas. Las fuerzas Galas declaran Emperador a
                  Julián, primo de Constancio, en lugar de darle su apoyo al
                  decadente Constancio.
361               Constancio muere el 3 de noviembre nombrando a
                  Emperador a Julián.
361   Palestina   Se realiza un concilio en Antioquía mientras se instala a
                  Euzonio como obispo de Antioquía. (Euzonio había sido
                  excomulgado con Arrio en el 318 y el 325 y readmitido con él
                  en el 335). Durante este concilio, se escribe la Décimo
                  primera Confesión Arriana. Este credo es fuertemente

                                                                             136
               Anomoeano, lo que lleva a Atanasio a remarcar que los
               arrianos han vuelto a las primeras doctrinas forjadas por
               Arrio.
373            Atanasio muere el 3 de mayo.
373   Grecia   El Primer Concilio ( Segundo Ecuménico) de Constantinopla
               se realiza para rever la controversia desde Nicea. Bajo la
               dirección de Gregorio de Nizancio, se re-evalúa el credo
               Niceno y se acepta con el agregado de las cláusulas sobre el
               Espíritu Santo y otros temas.
383            Se revisan las decisiones del Primer Concilio de
               Constantinopla. El 383 puede ser identificado como el año en
               que finalizó la controversia Arriana, siempre que tomemos
               esto como que la Iglesia ortodoxa finalmente aceptó una
               fórmula de fe no-arriana que no fue cuestionada por otras
               confesiones arrianas. Aunque los Arrianos continuaron
               existiendo durante mucho tiempo mas, la agenda teológica
               de la Iglesia se desvía de la Trinidad y se precipita a otra
               controversia, la Controversia Cristológica del Siglo V.




                                                                           137

				
DOCUMENT INFO
Shared By:
Categories:
Tags:
Stats:
views:228
posted:11/18/2011
language:Spanish
pages:137