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INTELIGENCIA EMOCIONAL

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INTELIGENCIA EMOCIONAL
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11/15/2011
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INTELIGENCIA EMOCIONAL Y PSICOANALISIS

O

"EL ÉXITO ES EL NOMBRE DEL JUEGO"





INTRODUCCION



El tema que nos convoca hoy es múltiple y destaca dos palabras claves que encierran dos

conceptos: inteligencia o mundo del intelecto y emoción o mundo afectivo emocional.



Sin embargo, las cosas nunca son tan simples y siempre existe la necesidad de correr velos y

develar los espacios donde los conceptos están contenidos, para entender así su existencia, su

necesidad y su urgencia.



El estar al día o el mantener la presencia actual de un concepto, no es sólo uno de los

quehaceres de la ciencia, sino que ésta no es un ente ajeno al contexto cultural. Al observar, a

veces aisladamente, un descubrimiento o una nueva postura científica - amén de las

ocasiones en que estamos incluidos en un proceso revolucionario - pensamos que su

existencia nace de la nada, de un chispazo genial de su productor. Pero al alejar el foco, nos

vamos dando cuenta que no es así; que un descubrimiento obedece a otras reglas de juego,

diferentes a la pura y consciente propuesta del inventor o descubridor y que otras fuerzas y

necesidades de orden social y cultural, le llevaron o condujeron, a veces en forma inexorable,

a emitir su punto de vista o a descubrir lo hallado. Somos, más producto de la historia de lo

que creemos y aun cuando nos duela en el narcisismo omnipotente, con mucha frecuencia

hacemos lo que nos dicta la lógica del transcurrir histórico y no son nuestros inventos o

descubrimientos, nacidos de geniales generaciones espontáneas. La lógica de la ciencia, vista

desde este vértice, nos hace a veces ver - y ahora con más frecuencia - la necesidad de la

aparición, en el panorama de la innovación, de cierto tipo de entes necesarios para la

completud de una estructura. Por esto es posible la ciencia ficción y la utopía.



Pongamos esto en la práctica y veamos las necesidades del sistema político en que estamos

inmersos: la democracia. Ésta no es sólo un problema de la ley o de intereses en el campo del

humanismo liberal. Toca al campo individual y al mundo psíquico, exigiendo paradigmas de

comportamiento y socialización nuevos. Para sólo mostrar dos frentes, la justicia y las

psicologías educativas están hoy en el serio desafío de generar ciencia comportamental que

no riña con los postulados paradigmáticos de la individualidad acérrima, de la igualdad de

oportunidades, de la libertad altruista y ante todo, de la felicidad y del éxito. Hasta hace

poco - y aun hoy en día para algunos fundamentalistas religiosos - ser feliz en esta tierra era

no sólo una utopía, sino algo que no estaba en los cánones de la cultura. La felicidad estaba

destinada a la otra vida y a este mundo, sólo se venía a sufrir. Por otro lado, en los modelos

verticales existían jerarquías preestablecidas y las oportunidades para el poder, el manejo del

dinero y la estratificación social, no tenían que ver con habilidades especiales sino con la

herencia legal. El éxito no podía ser un fin propositivo, ni siquiera una posibilidad ocasional,

ya que todo estaba perfectamente definido de antemano. La figuración solamente era para

quien tenía el derecho oficial, no para cualquier aparecido y triunfar fuera de lo común, era

solamente posible para ciertos superdotados. Era además un triunfo efímero y oficializado

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por las jerarquías. Con frecuencia estos triunfos se devolvían como una persecución,

dependiendo del capricho del ente superior. Véase la historia de grandes pre-científicos o de

artistas y pensadores como Arquímedes, Galileo, Mozart, Cervantes, Van Gogh, etc. Hoy lo

único que necesitamos para el triunfo y el éxito, es un buen manejo de medios, una

publicidad adecuada y un mánager efectivo y profesional.





INTELIGENCIA Y DEMOCRACIA



Hasta hace muy poco, el concepto de inteligencia estaba supeditado a una concepción

piramidal de la sociedad, en donde el triunfar era un problema de uno entre muchos y la

competitividad estaba jerarquizada en un modelo vertical de funcionamiento. Sólo había un

puesto destacado para uno, subordinándose los demás a esta realidad y aceptando el rol de

segunda, de tercera, etc.



Emergió e l I.Q. y se convirtió en esa necesidad social de justificar las jerarquías y eliminar

así, pretensiones imposibles para los no capacitados. Había que escoger al mejor para darle lo

que se merecía e ir dejando cosas de menor calidad para los inferiores.



Mas de pronto, todo cambió. La aparición de la democracia demolió esta concepción

verticalista; su fundamentalismo, los derechos humanos, comenzaron a exigir la igualdad de

oportunidades, el logro de la satisfacción de todos, la alta autoestima como paradigma de

bienestar, la felicidad como un fin en esta vida y la sensación de éxito para todos.



Al horizontalizarse el sistema se hizo necesaria una nueva concepción de la inteligencia para

que la jerarquía intelectual desapareciera . Ya entonces, no se privilegió una sumatoria sino la

funcionalidad de cada una de las partes que intervenía en el producto final. Es decir,

desglosamos la inteligencia en sus diferentes acápites sumatoriales para darle importancia a

cada aparte por separado y poder considerar, horizontalmente, inteligentes a muchos con una

sola función y no a uno solo con la sumatoria de muchas funciones. Así, democratizamos la

inteligencia.



Y entonces, bienvenidos el genial Howard Gardner y su equipo, con su concepto de

"inteligencias múltiples". Si no hubiesen sido ellos, tendrían que haber sido otros sus

descubridores. Era un concepto inexorable de la lógica histórica.



Ya pueden comenzar a descansar tranquilos todos los seres humanos puesto que el nuevo

concepto de inteligencia implica el desarrollo de la capacidad funcional que tengamos más

descollada y podremos triunfar en ese punto de la habilidad, amén de que se obliga al

descubrimiento cada vez mayor, de nuevas actividades en donde haya igualdad de

oportunidades para todas las diferentes e infinitas habilidades que vayamos develando. Así

posibilitamos la genialidad para el común y el éxito para todos. Ya hay genialidad solamente

motora, o estética, o adaptativa, o matemática, etc. Ya hay amplia gama de opciones y cada

cual tiene el derecho de ver desarrollada al máximo su función intelectual.



DEMOCRACIA, MENTE Y AFECTOS

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Y ahora vamos a otro punto: al paradigma de la felicidad, de la alta estima y de la sensación

de éxito. Esto implica el tener que privilegiarse a la subjetividad, más que a la objetividad, en

términos de vivencia y sensación. Más que me vean completo o pleno, lo importante es que

yo lo crea; que tenga la íntima sensación de que lo que tengo o poseo, de que lo que soy o he

logrado, me den la impresión subjetiva de completud y satisfacción a ultranza.



Hasta hace muy poco, los conceptos de subjetividad en la ciencia verticalista y jerárquica, no

eran tenidos en cuenta y se consideraban, de alguna manera, despreciables. Las cosas tenían

que ser objetivas y demostrables. Nada de poesía barata. Mas todo cambió.



La democracia arrodilló la arrogancia de la ciencia, le exigió posturas no fundamentalistas, le

eliminó la verdad, le impuso el relativismo, primaron las hipótesis sobre las afirmaciones

taxativas y se cambió el concepto de escuela - el que venía de la mano con la concomitante

idealización de sus iluminados líderes - por el de modelos que comparten anónimas masas.



Era entonces inevitable que se privilegiara lo subjetivo del individuo y que este tuviese

existencia propia y que, de alguna manera, se sintiera el centro del mundo. En ese momento

era necesario acabar con la jerarquización de lo sano y lo enfermo como estigmatización o

"Inri" psíquico, y generar una nueva concepción psicológica del individuo, en donde él fuese

amo y señor de su terruño. Era inevitable la necesidad de que apareciera un espacio de esas

dimensiones, alejado de la jerarquización organicista y "libre de marca" para poder vivir así,

con dignidad y respeto, sus posibles problemáticas eminentemente psicológicas y no

producto de alteraciones del cerebro. La concepción de lo psíquico como su secreción,

subestimaba el papel de la individualidad. Se exige por la cultura y aparece entonces, de

manera inevitable, el concepto de la mente.



Fue Sigmund Freud su gestor. Fue el genial médico vienés, y a finales del siglo pasado, el

que logró entender que si no se liberaba a la psiquis de las ataduras médicas y orgánicas, no

podía entender esa miríada de personas que hasta entonces estaban en el terreno de la

neurología y cuyo sufrimiento no era considerado más que "degeneración cerebral". Ya sufrir

comenzaba a ser tenido en cuenta como algo para investigar y pensar. Ya no iba más el

concepto del sufrir como castigo divino y el que, además, se pudiera aprovechar para usos

sociales. Comenzaba el respeto por el sufrimiento ajeno como concepto y la necesidad de

aliviar la miseria psíquica.



Hoy que nos aterramos tanto del maltrato infantil o del sometimiento cultural de la mujer, se

nos olvida que hasta hace escasos años, el castigar era una técnica educativa; los niños no

tenían ningún derecho, eran propiedad de los adultos y las mujeres eran unos seres inferiores

con un cerebro de menos peso y de menos inteligencia que el de los hombres. ¿Qué cambió

todo eso? ¿Qué nos hizo llegar hasta la abyección frente a estos usos sociales y estos mitos,

hoy pseudo científicos pero verdades inamovibles del ayer? Un concepto político: la

democracia.



El concepto organicista de la psiquis se prestaba al desprecio y al maltrato. El "degenerado

cerebral" no tenía derechos; era un subproducto de una jerarquía ideal, amén de que se podía

hacer con él cualquier cosa en términos de intervención. Recuerdo mi profesor de

neurocirugía que en un acto arrogante y agresivo contra mi inclinación a lo "psico", me

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mostró en la punta de unas pinzas quirúrgicas un pedazo de glándula pituitaria con gran

orgullo diciéndome: "mire su esquizofrenia", refiriéndose con esto a algunos síntomas del

mundo comportamental que tenía el paciente antes de la cirugía. Orgulloso y ufano terminó

de operar a un ser humano que quedó totalmente ciego y como un vegetal luego de la

intervención. Nunca pude entender de qué se ufanaba.



La neurología era - y es - totalmente incapaz de ofrecer alguna solución a los conflictos de

estos "degenerados cerebrales" y la genialidad de Freud fue entenderlo. No podía hacer nada

por esos enfermos con su equipo de intervención neurológica, puesto que no pertenecían a

esa disciplina. No eran enfermos neurológicos sino psíquicos y no tenían enfermo el cerebro

sino la mente. Pero yendo más allá, no estaban enfermos sino que sufrían de "equivocaciones

de la realidad".



Pero este fue todo un proceso complejo que llevó a Breuer y Freud, y luego sólo a Freud, a

adentrarse por los caminos mentales. Les preocupaba el sufrimiento de una cantidad de seres

que iban a su consulta de medicina interna y de neurología, respectivamente. Pero las que

más les preocupaban, eran las que más problemas emocionales tenían: las histéricas. Y allí

comenzó el profundo estudio que por más de cien años han venido haciendo, decenas de

miles de psicoanalistas: el estudio de la mente emocional, del mundo emocional, del mundo

de los afectos, de los vínculos y sus relaciones, del origen de los trastornos mentales y por

ende, de su representantes expresivos, las emociones.



Decenas de miles de artículos, libros, simposium, congresos, reuniones e investigaciones, se

han realizado alrededor de estos temas y ha sido el psicoanálisis el que ha puesto las bases

para un estudio científico de lo emocional. El último Congreso Mundial de psicoanálisis,

realizado en Santiago de Chile en Julio de 1999, tuvo como tema la revisión actual de la

teoría afectiva y de las emociones.



Pero volvamos a Freud, a la cultura y a la democracia.



Sus dotes de mal hipnotista hicieron que Freud permitiera a sus semi hipnotizadas, yacer en

un diván divagando, hablando tonterías y llenándose de emociones en un estado semi

hipnótico, en el cual hacían emerger a borbotones, sucesos afectivos, dolorosos e impactantes

de su vida pasada y sentirse mejor por eso. Fue lo que denominaron Breuer y Freud, el

"método catártico". Pero Breuer abandonó el campo, lleno de terror, luego de que una

paciente le asaltó en su terreno emocional y literalmente se enamoró perdidamente de él.

Decidió entonces, el famoso internista, irse de nueva luna de miel con su mujer y olvidarse de

ese penoso asunto. Pensamos hoy que él también se enredó emocionalmente con su paciente:

"mató el tigre y se asustó con el cuero".



Freud, más valiente y objetivo, descubrió que esos afectos y emociones, tan idealizantes y

fuera de realidad y de contexto, no eran con él sino que él representaba el pasado que, como

en una película, proyectaban en él sus pacientas. El era como el telón de la cinematografía

fantástica de sus analizandas. Allí descubrió que las emociones antiguas se pasaban al nuevo

personaje u objeto y así nació la teoría de la transferencia, maravilloso fenómeno mental

humano, el cual tiene presencia universal en toda relación afectiva. Sigmund Freud

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simplemente la entendió, la estudió y la convirtió en el más excelente instrumento de la cura

por la palabra. O mejor dicho, la cura por la relación afectivo emocional.



Mente, mente inconsciente, mente inconsciente reprimida, mente inconsciente reprimida

con historia infantil emocionalmente conflictiva, mente inconsciente reprimida con historia

infantil conflictiva y conflictos basados en la sexualidad infantil, fueron la secuencia que

Freud encontró en su quehacer clínico, poniendo a sus pacientes a "echar carreta" sin límites,

en lo que llamó la "asociación libre".



Agregó entonces, a este maravilloso espacio mental - cuya puerta de entrada eran las

emociones, los afectos y la palabra - el descubrimiento de que había una poderosa fuerza que

no dejaba emerger lo que era conflictivo y que yacía en el inconsciente. Se inventa entonces

el inconsciente dinámico, el de las fuerzas en conflicto, y descubre que estos conflictos eran

vivencias reales o imaginadas, de episodios sexuales infantiles, llenos de emociones

encontradas y de gran excitación.



Sin embargo, era médico y trató de integrar la biología con sus hallazgos mentales. Para ello,

escribió "Un proyecto de una psicología para neurólogos" y después de muchos intentos

vanos, abandonó la idea de ese matrimonió imposible, entre especies distintas. Dejó el mito

de lo neurológico para apoyarse simplemente y nada menos que en la experiencia vivencial

clínica, plena de afectos, y aceptó nadar en el mar tumultuoso de las emociones con la única

brújula de su sentido común. Timoneó su maniobrar cauto y seguro entre el Caribis del odio

y el Escila del amor y pudo capitanear su barco, hasta llevarlo al puerto seguro del nuevo

paradigma afectivo, luego de un largo y cuidadoso proceso llamado psicoanálisis. Todo,

transcurriendo en el océano de los sentimientos.



Las emociones para el psicoanálisis fueron desde un principio, respuestas físicas a

experiencias excitantes, teniendo la capacidad de ser despertadas nuevamente, al tocar la

huella mnémica o recuerdo de las imágenes de la experiencia grabada en la memoria. Algo

así como la música que se podía evocar al recordar la letra. La psiquis almacenaba imágenes

y su conexión con las emociones. Éstas eran evocadas al rememorar la experiencia grabada,

aun cuando con frecuencia, esta última se reprimía y lo único que emergía era el componente

emocional del recuerdo. El estudio del psicoanálisis privilegió el componente mental de la

emoción, dejando su mecanismo físico para otras disciplinas, con la conciencia de que eran

campos distintos del conocimiento y de la investigación. Sujetos de género diferente y de

abordajes cognitivos distintos.



La estabilización de una emoción por largo tiempo, es decir su cronificación de baja

intensidad, es lo que llamamos un afecto. La permanencia temporal de un afecto en una

relación es lo que denominamos vínculo. El psicoanálisis es la ciencia que trabaja con

emociones, afectos y vínculos, todo lo que denominamos el mundo de los sentimientos.



También pudo el psicoanálisis ver claro que si existía un actuar irreflexivo, que no obedecía a

la lógica, que se guiaba por la gratificación inmediata de la necesidad, en donde predominaba

la emoción, la respuesta inmediata y el caos organizacional sobre cualquier otro razonar, se

podría hablar de la presencia de un proceso primario de funcionamiento mental. Pero si este

proceso se ordenada, incluyendo las reglas lógicas de la realidad, controlaba el impulso,

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distanciaba la descarga de la necesidad, tenía en cuenta el mundo de los objetos externos

diferentes a él, se organizaba en categorías y planeaba su acción con un predominio claro de

la razón sobre la emoción, se convertía en el proceso secundario del funcionamiento mental.



A partir del estudio de los sueños se pudo teorizar sobre el funcionamiento del mundo

inconsciente, afirmándose que en él predominaba el proceso primario, carecía de nociones de

tiempo y de espacio, nada era fijo, se desplazaban y condensaban las huellas mnémicas y las

experiencias de manera no lógica, por leyes de asociación y su predominio en el Yo,

generaría caos emocional y confusión en la conducta.



Además de estas teorizaciones, el psicoanálisis fue creando y aun lo hace, un cuerpo sólido

de psicopatología , diagnóstico dinámico y conceptual, así como un repertorio técnico y

metodológico para el trabajo analítico. Esto fue inicialmente el trabajo de un hombre con una

mente superior y con un aferrado espíritu investigativo y un elevado rigor científico.



Pero no estaba solo. Primero Freud y luego sus discípulos, hasta la saciedad, se percataron,

investigaron y sistematizaron la relación afectiva, ya no solamente en la vía transferencial

sino en la contravía contratransferencial. Nos entregaron un conocimiento y un excelso

instrumento de trabajo, que hoy es el centro de nuestro quehacer, y consistente en que

nosotros como analistas, también vivimos con nuestros analizandos, un mundo emocional

intenso, borrascoso, tormentoso, lleno de emociones encontradas, de efectos opuestos y

superpuestos, todos estimulados por el pasado de nuestro paciente y por su presente también.

Hemos aprendido a quedarnos quietos ante estos movimientos y a manejarlos como parte de

la realidad terapéutica. Esto es lo que llamamos contratransferencia, guía para llegar a las

más recónditas, oscuras y antiguas vivencias emocionales de nuestros analizandos. A través

de permitirles su repetición, de vivirlas de nuevo con la intensidad primitiva y luego,

hacérselas racionalmente conscientes interpretando esa transferencia, podemos provocar

cambios estructurales que les permitan su salud mental, su tranquilidad, su armonía psíquica,

su felicidad y su éxito personal.



Ni hablar de la última postulación hecha por Freud, eminentemente emocional: la existencia

virtual del superyó. Él se percata de que existe dentro de la mente una verdadera estructura

que la comanda de manera rígida, que la constriñe, le da órdenes, le dicta lo que hay y lo que

no hay qué hacer y que, estando dentro del espacio mental, es diferente a la noción de Yo. El

sí mismo está sometido al superyó y éste, a su vez, está fabricado por todas las experiencias

emocionales negativas, las tendencias instintivas sádicas y las frustraciones y

recriminaciones vividas desde el mundo externo. Este conjunto de cosas forman, dentro de la

psiquis, al poderoso superyó, instancia derivada de múltiples emociones y que genera

enorme y complejos estados emocionales al Yo, tanto psíquico como corporal. Es el que nos

produce palpitaciones, taquicardias, palideces, nauseas, diarreas, elevamientos de la presión

arterial, impotencias, úlceras gastroduodenales, etc.



La mayor cantidad de ansiedades, angustias, temores, pánicos, vivencias de desintegración y

persecución, sentimientos de culpa, depresiones, y otras experiencias negativas, tienen como

disparador este monstruo que nos persigue desde adentro. Cuando no es tan rígido, es por lo

menos el "Pepito Grillo" que todos llevamos por dentro: la voz de la conciencia. Poco nos

importa, desde el punto de vista funcional psíquico, si el superyó queda en las

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circunvoluciones del sistema límbico, si es amigdaliano o si es el hijo del demonio. Lo claro

es que está "vivito y coleando" y en la clínica, se vuelve un tormento para analista y

analizando, generando todo tipo de emociones encontradas y negativas.



Destacaremos a esta altura del camino, algunos conceptos ejemplares, acunados durante los

últimos cien años de intensa investigación psicoanalítica sobre emociones y afectos, entre

otros, la vivencia de cambio profundo ante la nueva relación analítica, llamada por Franz

Alexander "Experiencia emocional correctiva"; la famosa "Interpretación emocional

mutativa" de James Strachey"; el trabajo pionero de Melanie Klein sobre las emociones

tempranas del bebé, los afectos envidiosos innatos y su relación con los instintos

destructivos; el aporte genial de Donald W. Winnicott sobre el espacio transicional y la

carencia afectiva primaria; los descubrimientos de John Bowlby sobre el apego emocional

primitivo; las investigaciones empíricas de Daniel Stern sobre la importancia de las

relaciones emocionales entre el bebé y la madre para la formación del sí mismo; los aportes

agudos sobre el mundo emocional del "borderline" de Otto kernberg y sus últimas

excursiones sobre los afectos y el amor; el mundo fascinante que nos abre Alfred Bion sobre

el pensamiento y su aparato de pensar, en el que incluye, un "pensar evacuativo emocional"

frente a un "pensar reflexivo e integrativo". Esto, por nombrar algunos de los más

descollados, en medio de decenas de miles de psicoanalistas, todos investigadores del mundo

emocional, de sus desarreglos y de su manejo optimizado, a través de su quehacer clínico.

Como ven, y parodiando al poeta, hay que decirle a los negadores del psicoanálisis como

ciencia de las emociones que "los muertos que vos matáis, gozan de cabal salud".



Las exigencias del nuevo paradigma afectivo de la democracia, cada vez más cercano al

paradigma del psicoanálisis, plantearon cambios en la teorización y en la técnica de este

último, haciéndolo corresponder con el patrón ideal cultural de la individualidad acérrima, la

capacidad de compartir, la vivencia de completud, el óptimo nivel de goce, la búsqueda de la

felicidad, la sensación de libertad, el despliegue de la creatividad, el alto sentido crítico, la

tendencia al igualitarismo, la certeza de la seguridad, la presencia de la alta estima, el buen

contacto con la realidad externa, la vinculación en el amor, el respeto por el otro, la

emergencia de la espontaneidad, la instalación y permanencia del pensamiento lógico

racional, la capacidad de reparación, la igualdad de oportunidades, el sentido de la justicia

rehabilitadora y el alto nivel de estética. En últimas, el humanismo en la práctica.





Y APARECE EL SENOR DANIEL GOLEMAN



Y ahora, un filósofo, "aprendiz de brujo" de la neurología y que comienza a asomarse

tímidamente al mundo psíquico, nos habla de "inteligencia emocional". Veamos algunas de

las cosas que dice en su libro "La inteligencia emocional" (1966):



En su libro sobre el tema define "inteligencia emocional" como :"habilidades tales como ser

capaz de motivarse, de persistir frente a las decepciones; controlar el impulso y demorar la

gratificación; regular el humor y evitar que los trastornos disminuyan la capacidad de

pensar; mostrar empatía y abrigar esperanzas". (Pg 54) Acotando en la página 106: "la

inteligencia emocional es una aptitud superior, una capacidad que afecta profundamente a

todas las otras habilidades, facilitándolas e interfiriéndolas". O "la inteligencia emocional

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como una metacapacidad, determinando lo positiva o negativamente que la gente puede

utilizar sus otras capacidades mentales". (Pg 108)



A renglón seguido reduce a las emociones a un funcionamiento de las partes más primarias

del cerebro, filogenéticamente hablando, situándolas en la amígdala, el sistema límbico y sus

conexiones posteriores con la corteza cerebral.



De allí en adelante penetra en un mundo neurológico, reduciendo la psiquis y las experiencias

emocionales a esquemas de enfermedad cerebral, llenándonos de ejemplos sobre alteraciones

neurológicas precisas que producen comportamientos semejantes a los de la vida común.

Salta de un ejemplo neurológico de daño cerebral severo a una serie de experiencia psíquicas

y viceversa, explicando complejas situaciones emocionales con daños cerebrales precisos.



Es obvio que el autor hace un salto cualitativo desde la patología cerebral, con daño del tejido

conectivo y celular, a la patología psíquica en donde nadie ha demostrado ni puede demostrar

daño neurológico alguno. Es el mismo salto cualitativo que se hace al estudiar el

comportamiento animal y referirlo al ser humano.



Desde el punto de vista de la epistemología científica y de la lógica formal, saltos cualitativos

sólo sirven para hacer metafóricas aseveraciones, siempre cuidándose de saber que se habla

en el lenguaje de la metáfora y no de la realidad consensual. Decir que la adolescencia en una

metamorfosis y que el niño es un gusanillo, que antecede al capullo adolescencial para parir

una mariposa, es una metáfora poética para explicar las diferencias estructurales y

cualitativas de cada uno de los estadios del desarrollo humano. Pero asegurar que el niño es

un gusano real y que el adulto es una mariposa de verdad, con alas y todo, es caer en el delirio

y la locura. Ni hablar de volver a toda la civilización "corteza cerebral": "..el triunfo del arte,

de la civilización y la cultura son frutos de la neocorteza". (Pg 30)



Equiparar patología cerebral a estados de la mente, solo se puede aceptar metafóricamente.

Hablando en el lenguaje cibernético, es como tratar de explicar a través del "hardware" de mi

computadora los contenidos de este artículo y que una falla en el "sofwarwe" es la que me

hace criticar al señor Goleman.



Con todo el respeto que nos merecen las ciencias neurológicas, a los mentalistas no nos

interesa si la psiquis queda en el cerebro, en el hígado, en los genitales o en grueso artejo del

pie derecho. Ese es problema de los neurólogos, si a bien tienen perder el tiempo, buscando

los conceptos en las células. Como dijo mi sobrino en un ataque de envidia, cuando su madre

cargaba tiernamente a mi hijo, "juguemos a que, cada niño con su mamá".





Pero volviendo a Goleman, impresiona en su libro, la presencia sistemática de las emociones

primarias, de su desequilibrio y referencia continua, lineal y aburrida, a la amígdala, al

sistema límbico y a la corteza cerebral. Salta a la vista la ausencia total de un cuidadoso

estudio de los afectos y los vínculos. Hablar de emociones y no hablar de afectos y vínculos

es lo mismo que reducir el lenguaje a las palabras, sin hablar de frases o de conceptos.

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Sería más completo, complejo y realmente psíquico, el hablar de una inteligencia afectiva o

de una inteligencia vincular. Referirse sólo a la emoción, hace corto y plano el planteamiento.

Al definir las emociones como "impulsos para actuar, planes instantáneos para

enfrentarnos a la vida que la evolución nos ha inculcado" (Pg 24), restringe a un área mínima

del funcionamiento psíquico su divagar conceptual. Dar el salto cualitativo de reducir la vida

afectiva, vincular, cognitiva, de aprendizaje y creatividad a su expresión física emocional, es

lo mismo que reducir la psiquis a un fenómeno cerebral.



Volvemos nuevamente a la crítica más evidente y es la falla epistémica en la concepción de la

totalidad psíquica. No olvidemos que las emociones son el resultado de un proceso y no su

causa. Reducir las consecuencias a las causas, es otra falacia intelectual. Percibimos pues, la

negación, escisión u omisión voluntaria del tema afectivo y vincular, reduciendo éste a fallas

en el aprendizaje de las emociones.



Su reduccionismo le lleva a tomar los afectos, reducirlos a emociones y luego éstas a un

problema cerebral: "Es posible que el talento para la introspección psicológica dependa del

mismo circuito" (Pg. 76) (Circuito prefrontal) "Un análisis detallado de la preocupación

crónica, sugiere que tiene todos los atributos de un asalto emocional de tono menor". (Pg 88

- 89)



Hablando de los que llama "represores" o personas que tienen bloqueo para las relaciones

afectivas, caracteres esquizoides o "imperturbables", dice: "Cuando las palabras fueron

presentadas al hemisferio derecho, los imperturbables les llevó más tiempo pronunciar una

respuesta..." "En resumen, carácter imperturbable de estas personas parece deberse a un

mecanismo nervioso que retrasa o interfiere la transferencia de información perturbadora".

(Pg 101)



Refiriéndose a lo que llama "empatía": "Brothers señala la amígdala y sus conexiones con la

zona de la corteza visual como parte del circuito cerebral clave en el que subyace la

empatía". (Pg 130)



Con respecto a los abusadores o gentes de "moral psicopática": "Una posible base fisiológica

de la psicopatía humana se ha mostrado en dos sentidos, que sugieren la participación de

sendas nerviosas al cerebro límbico". (Pg 137) O "una irregularidad en el funcionamiento

de la amígdala y los circuitos relacionados" (Pg 138)



Hasta aquí lo neurológico.



El otro concepto básico es que el niño, en los primeros años de vida, adquiere su "inteligencia

emocional" en un aprendizaje a través de sus padres y en el preescolar. Esto le daría ciertas

capacidades que le permiten el control de su mundo emocional. Define éstas como

"confianza, curiosidad, autocontrol, relación, comunicación y cooperatividad", todo esto

aprendido en " un programa de educación de los sentimientos". (Pg 229) Insiste en que "las

habilidades emocionales como el control del impulso y la interpretación exacta de una

situación social pueden aprenderse" haciendo énfasis en "la capacidad de retrasar el

impulso" (Pgs 106 - 107) o "postergar la gratificación y contener la autoimpulsividad" (Pg

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64) Todo esto porque "la inteligencia académica no ofrece prácticamente ninguna

preparación para los trastornos -o las oportunidades- que acarrea la vida" (Pg 56)



Todo esto está dirigido a afirmar que el éxito en la vida depende del "control emocional"

que se de a cualquier actividad, haciéndola más adaptada y eficiente, más práctica y

socialmente aceptada. Esto estaría por encima de la habilidad en sí, incluyendo la capacidad

intelectual medida por el I.Q., "que giran en torno a una estrecha franja de habilidades

lingüísticas y matemáticas". La "inteligencia social" es en últimas lo que permite "que a la

gente le vaya bien en el aspecto práctico de la vida". (Pg 63)



En la Pagina 64 propone con Stenberg y Salovey, que la inteligencia "hay que reinventarla

en función de lo que hace falta para alcanzar el éxito en la vida" ampliando el espectro de la

inteligencia emocional a:



1) Conocer las propias emociones

2) Manejar las emociones

3) La propia motivación

4) Reconocer emociones en los demás

5) Manejar las relaciones



Impresiona el que luego de hacer una amplia visión organicista del mundo emocional, en

donde vemos un estilo francamente reduccionista, dé un salto cualitativo hacia la influencia

del entorno cultural para el aprendizaje y control de las emociones. Obviamente, para

permitir este paso, hace un puente con su afirmación de que "el cerebro en notablemente

sensible y aprende constantemente" (Pg 65). Sin embargo, uno termina sin entender cómo

aprende ya que no hay una verdadera conceptualización metodológica de su propuesta, salvo

una serie de recomendaciones de un sentido común ramplón que están regadas por todo su

libro, salpicado de anécdotas amenas y de un profundo discurso moralista.



Su obra deja ver la falta de rigor en el método, rigor que ha caracterizado a los estudiosos de

la psicología y del psicoanálisis. Se percibe en ella la ausencia de sistematización en su

recorrer conceptual y la casi total falta de enunciación de una fuerte teoría, susceptible de una

falsación, como diría Karl Popper. Por eso nos atrevemos a afirmar que el señor Goleman,

desde la filosofía se metió a "aprendiz de brujo", en relación con la perspectiva neurológica, y

se asoma tímidamente a la ciencia psicológica, demostrando, amén de su entusiasmo crítico

al modelo intelectual tradicional, una profunda "falta de ignorancia" (Cantinflas)



Solo el desconocimiento justifica algunas afirmaciones como las extraídas al azar de su obra,

plagada de aseveraciones temerarias y con un tinte sensacionalista, propio mas bien del

amarillismo periodístico que de la seriedad científica. Veamos algunas perlas:



"..el concepto de inteligencia emocional es nuevo." (Pg 54) A esto nos gustaría agregar:

"vino viejo en odres nuevas", dándole el mérito de haber adicionado la palabra inteligencia, a

toda la seria investigación emocional que durante los últimos cien años, han hecho el

psicoanálisis y otras disciplinas de lo psíquico emocional, como serían todo tipo de

psicoterapias, incluyendo al mismo conductismo y a la psicología sistémica.

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Pero en la página 14 hace la siguiente afirmación: "La ciencia psicológica sabía poco y nada

de los mecanismos de la emoción". Esta perla, referida a los años 70 u 80 aproximadamente,

hecha por tierra todas las investigaciones profundas y exhaustivas que sobre emociones se

habían realizado hasta el momento y de las cuales, la bibliografía a citar se vuelve

interminable. Y que tal esta otra (..a finales de los 60....las emociones seguían siendo un

terreno vedado"). (Pg 61)



Sobre la catarsis, el primer método experimental freudiano de finales del siglo pasado,

afirma: (Pg 87) " Este ha sido planteado desde la década del 50, cuando los psicólogos

empezaron a probar los efectos de la catarsis..." ¡Freud y Breur deben estar muy

sorprendidos en sus tumbas!



Cuando habla sobre la melancolía, es triste ver que todos los tratados dinámicos sobre

melancolía, duelos y depresión, comenzando por "Duelo y melancolía" de Freud y la enorme

cantidad de investigación y serias técnicas de manejo de los tanatólogos, no son citadas,

reduciendo el tratamiento de los estados de tristeza y depresión a una medicación psiquiátrica

y consejos insustanciales, hasta llegar a decir que "rezar si uno es muy religioso, es bueno

para cualquier estado de animo, sobre todo para la depresión". (Pg 99)



Sin embargo, queremos darle el mérito de haber "alborotado el cotarro" alrededor de algo que

era preocupación académica, investigativa y clínica, de muchos trabajadores de la mente.

Aquí obviamente incluyo los más poderosos mentalistas, los educadores.



Siempre hemos pensado que el concepto de inteligencia tradicional, con franca preferencia

por lo conceptual abstracto, el aprendizaje memorístico y lo lógico matemático, había dejado

de lado el mundo de lo social afectivo y las capacidades adaptativas, cosas que en última

instancia, promueven la aparición en la vida de la felicidad y el éxito, componentes que

resumen en mucho el paradigma del hombre actual, en el modelo político de la democracia.



La inteligencia de la democracia, es una inteligencia humanística que debe tener en cuenta el

concepto de desarrollo de potencialidades de cada individuo, permitiendo que todos logren

privilegiar sus funciones más descolladas y así llegar a tener una alta estima de sí mismos,

una sensación de vida plena y el éxito suficiente para su felicidad.





GUILLERMO CARVAJAL M.D.


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