Sinopsis
Una aventura con tintes románticos, momentos entrañables, y un
conjunto de jeroglíficos que nos ha dejado la historia y las mentiras
de la iglesia para reconstruir la profecía del Argamedon.
Una lucha entre un hombre casi común, José de Nazaret, engañado por su
fe, contra un Dios que le robó todo cuanto quería, a su hijo y a su
mujer. ¡Dos mil años esperando la batalla final merece que sepamos la
verdad!
Salvar al mundo, recuperar el amor, y descubrir el misterio de nuestra
existencia, ¡sólo estará disponible para ti!
El novelista Carlos Nevado con su 5º Libro vuelve a asombrar al mundo
con un manuscrito,
que hará temblar las puertas del cielo, y remover las cenizas del
infierno.
José Vs Ratzinger Z ¡HEIL DIOS!
Juan Carlos Nevado Sendarrubias
Prólogo
¡Es oportuno, ahora!
Si me faltaran teorías, no rezagaré, el tiempo me enseñó a
encontrarlas día a día.
Si el cielo se nubla y enferma, si se gasta y nada llega, me denegaré
a voluntad de haber vivido.
No me siento sentido, no encuentro acaecido ahora en estado de
milenios divididos en intervalos de un girar terrenal haberlos tenido.
Veinticuatro horas en la reserva, la recamara malgastada, será
trasmutada por una nueva, una que acabe, que no pueda denegar a
constancia interesada de la conformidad pírrica del empeño por
disponer de la huida en esta perseverancia.
De nuevo un día perdido, solo son pasos que descuento hasta que mi
teoría acelere, crezca hasta convertirse de un delirio real, sólo será
cuestión de esperar en la eternidad. Esa es mi mentira, mi absoluta
realidad.
Así en engaño me enredo en franqueza de autenticidad.
Sin mancillar el corte de los rayos de sol se figura su presencia.
Debe haber un proverbio ideal, se le ha debido figurar andando, al
fijarse en sus pasos profanando al sol en sus directrices lineales. En
esta reciente mañana, los cristalinos rayos llegan traspasando la
vidriera de colores que asoman desde el exterior del edificio,
temiendo resignados que dentro fenece su viaje que partió hace más de
ocho minutos desde el gran astro universal, la piedra angular que
emite la fuente de la vida, ¡o copérnico mintió!
Asomando un nuevo día, callados golpean radios refulgentes contra la
materia construida.
Y anda, y al hacerlo corta la línea de su sprint final de trescientos
mil kilómetros por segundo, sin que ese candor pudiera en ningún
momento asomar aquejándose, pidiendo paso en su desesperado tropiezo
secular.
Así teorías, como romeos escondidos yerro en la vida.
Si fijara metas nada intentaría, si clavara en mi memoria tu mirada,
todo cambiaría.
Si hasta ayer no supe que era el perder los hoy, si te lograra
encontrar y saltar al mañana.
Si ayer no fue ayer, si ayer quedó recóndito en miles de algo sujeto a
una medida temporal, inocua transitoria en su propio rebujo. Debo
palidecer de reencontarme para lograr simplemente ser un paso a hoy en
mi ser.
Está lista, es mi ridícula idea pequeña, debo darme mas prisa. Sin
embargo me maldigo como oración de misa, la alocada dependencia de
desganada risa, de que mi sueño, cuando llegues ante mí me avisaras,
dame un toque a mi cabeza...
Y crecido en la existencia de la mentira, sólo recreativo y siendo una
ficha en una miserable partida, nunca debo parar o moriría, la fábula
forjada, en mi mente demente vacía. ¿De que valdría? Esos cantos, esos
ruegos, esos llantos, de rescatarte de ese cielo en que tú creías.
Y si la crisis me niega llegarte a buscar, doy vuelta, doy puerta, no
dejo que se posicione a estacionar, que el mundo en un hoy se detenga
¿Y que importará? Yo seguiré siempre tu estela en mi soñar, mis
recuerdos me vuelven de ti sonar al despertar.
Y si todo marcha bien, reviviré. Y si fuera retenido, no andara hoy mi
sien, pondré freno, romperé el desconsuelo y lo intentare otra vez, en
un nuevo hoy.
-Dime José, ¿qué ayer querías?
-¡Por María, jamás me rendiría!
Capítulo I Reencuentros
A modo compulsivo, los pasos le llevan por el pasillo del parisino
hotel Madeleine. Unos metros atrás dejó su habitación numero impar
313. No es supersticioso, no tiene excentricidades, se asemeja nítido
caminar a desganas por pasear. Aun medio dormido recién levantado,
vestido arreglado en una moda pasajera, la actual presente. No está
afeitado, no sigue estilos, un poco de dejadez se aprecia en barba de
dos días. Hace stop ante el ascensor. Golpea el botón, o casi, ya que
faltando un centímetro del roce se enciende el indicador de haber
pulsado. Nada que argumentar, detalles insignificantes, reseñas
incontables desechables. El elevador desciende y él siente una extraña
sensación en su interior. Un hormigueo que no responde a nada
subjetivo, su incierto cautivado lo desconoce.
En su bajada hace ¡Alto! en la tercera planta, y las puertas del
montaseres se abre.
Ante las personas que lo ocupan se encuentra él fuera, a media zancada
del paso. Al intentar subir uno de los individuos de dentro le corta
arrogante el acceso, al poner de barrera su brazo- Está completo -
tajante y con muy poco talante lo dice.
Sin prestarle importancia ni atención acepta denegando entrar. Pequeña
mueca de pasotismo, una bajada de ojos en vertical, un mordisco en los
labios, presionadas arrugas en sus frentes detallan una historia
marcada de misterio. No es fácil describirlo, la efemérides le da su
propia magullada identidad.
Las puertas se cierran irreversiblemente. Imán detallo, que catapulta
su mirada hacia las pupilas de la chica, que no había dejado de
observarle desde que apareció tras la puerta del ascensor.
Gesticulando, abriendo los labios intenta, parece decir algo. Sordas
las intenciones quedan al cerrarse por enteras a la bajada. Inútil
ante la adversidad, hasta el gran salto del día de mañana, ha llegado.
¿Preparado? Coherentemente... Aplastantemente...
Cosquilleo siente como cuando...
...La contempló por primera vez. La plaza de Ataner, el mercadillo de
Barusel, estaba a rebosar. De puesto en puesto labiaba las cosas
grandiosas que los vendedores enseñaban. Desde collares coloridos
traídos desde las lejanas rutas orientales, meras llegadas a sus oídos
por medio de mercaderes que se encontró alguna vez, hasta la mas linda
seda que observara nunca. El espectáculo beduino de pitones bailando
al ritmo de la melodía de un músico orientaba a los reptiles con
percusión.
Era su primera visita a una gran ciudad, y se sentía mareado de tanto
alboroto. Razonaba que era mas difícil moverse entre congéneres
semejantes a él, que sortear su rebaño de ovejas.
Chispó algo que sólo él sabe y le hizo mirar hacia atrás. En el puesto
de frutas sirviendo una jovencita regañaba con una vieja que gruñía,
quien sabe porqué desconcertante y estúpida razón.
Imán rebelo, le hizo mirarle, armonizaron bellas almas idiotas, y no
hicieron otra cosa por mucho tiempo. Rompió la violencia, el fuego en
el cuerpo, la ingenuidad de la doctrina, la sutura que cedió...
- ¿Quieres una? -Le ofreció una cereza ella, que atenta, que secuaz de
él le acompañaba en su cruce de mirada.
- Si, -él aceptó. Así lo quiso y se lo hizo saber...
Reaccionando, baja la escalera rápidamente, flotando entre la gente a
la carrera por el templado hall del "Madeleine"
Sale desde las puertas giratorias a la calle. Mira izquierda, mira
derecha, recibe un empujón fortuito de un individuo que abandonaba el
hotel, haciéndole rodar sobre la acera.
Rápidamente hace un revuelo por situarse en pie. La busca y la ve al
fin cuando ella entra en un coche lujoso negro, abrigándola de la
corriente de calle, cerrando al mundo exterior su gracia, el porte de
esa expresión que acaba José de recoger. En décimas quebrantó reglas
de lo que era en su contar un día, si hoy alambicado de lo que él
trató por saltar, hasta ella en un mañana llegar. Que confuso
expresarme en un tiempo que no tiene medida concreta, variable en
sentimientos dimensional y ordenarlas. Traducida del Arameo la modera
en nuestro lenguaje comprensible a, apenas una marca de extensión de
veinte metros de longitud a su alcance. Tras ponerse en marcha el
vehículo, se pierde por la gran avenida lejos de su haz de
visibilidad.
Una fuerza invisible le paraliza en su tanteo de echarse a correr tras
ella. Atempera sus ansias con afán de velocidarse y se amuela
girándose hacia la entrada del hotel.
-¿Conoce la identidad de la señorita de negro que acaba de salir? -Le
pregunta dirigiéndose al botones galardonado de ellos por toda la
guerrera.
-No conozco su nombre caballero. Llegó esta mañana con el príncipe
Masín -dijo el estirado y escuchimizado muchacho amablemente, con
simpleza.
Dudativo, revuelto desequilibrado entra de nuevo en el hotel. Se
dirige a la cafetería, al punto donde se encaminaba desde el principio
cuando salió de su habitación y esperaba el ascensor, antes que fuera
desviado por el encuentro inesperado.
Como anunciando su llegada guiña el ojo a una mujer madura que le
esperaba. En la empalizada de los cincuenta anos serenaba sus
extendidas y progresivas arrugas de la piel con una mirada juvenil,
adolescente en la ingenuidad de sentir sentimentalismo, por la persona
que ansiosa esperaba ver. Se levanta revulsiva y le abraza
cariñosamente. Su bienvenida hace entrever la complicidad del tiempo
que han estado sin verse.
-Me has hecho esperar mucho... tanto tiempo sin saber de ti.
Ambos se sientan, llegados del momento de la bienvenida.
Flor, que era el nombre de la mujer está entusiasmada de verle -¿Cómo
estás José?
Así se llamaba él. Era un nombre, una etiqueta identificativa. Tenía
tantas a lo largo de su existencia que no cabria redamar en una taza
de poleo menta, ni en las leyendas contadas en tertulias de copa y
café. Pero a él le gustaba que le llamaran de este modo, él se auto
proclamó reconocido como José. De esta forma lo decidieron sus padres
de corazón que tuvo...
-Ella está aquí, flor -inflexiona respondiéndola.
La mujer se detracta de echarse para atrás cuando lanzaba su espalda
sobre el respaldo alertada por una noticia que recoge, de la que en su
vida aguardó confiada en que José le transmitiera alguna vez.
Manifiesta percibir quien es ella, no carece necesidad de nombrarla,
su misterio no es un callado secreto. Perpetua presencia residió en
los márgenes que José extendía, en su vivir.
-La he visto, hace un momento -le induce José a escucharla. Su
raciocinio alterado examinaba, comprendido de sí mismo sin medio a
experimentar una conclusión firme al acertijo.
-¿Es posible? -Asombrada de lo que oía le decía ella expresándose
-Es seguro -afirmaba José.
Le cuenta, sin muchos detalles, al no haberlos lo anteriormente
sucedido. Su trazeo de palabras le muerden la garganta, aprisiona
nudos ficticios al expresarse. Maneja meditar ligado a narración, y
más... proceder a desatarse y enlazar cabos sueltos. Gira disimulado
su cabeza hacia la barra del bar.
- A las dos, ese es el príncipe Masín-. Señalaba apuntando con la
vista José. Se deducía la inspección que llevaba a aquel hombre que
aludía, con la mirada a fondo.
- ¿Cómo lo sabes? -Le preguntaba. Aun se sorprende, aun ella, ya
conocedora de las capacidades de sus poderes. Él los hacía llamar
habilidades, tributos naturales, bienes gananciales de secuencias de
trucos de instintos, ardid de idiosincrasia de propia personalidad. No
tenia méritos, no era más que mecanismos para distinta era,
inadmisible lucrarse inhumanamente del privilegio de ventaja. Ataques
de paz, salvaguardia contra el mal. ¿Pero qué mal?
Perjuicios de injusticias de achaques de maldad, padecimiento de
dolencia en la enfermedad y en la perdida, injusticia del estrago bajo
la atenta decisión partidista del destino, la vileza del mandamiento
de iniquidad al daño, la infamia que envuelve la verdad, la malignidad
de la mentira, todo eso, y todo más, todo lo demás. El bien del mal,
el mal del bien. Sin parodias, sin entrelazados pictogramas lleva el
agobio en su designio. Sostener la noción de conocer lo desconocido.
Extranjero al pensamiento del mundo discierne en rebeldía saber que no
existe el mal como tal, únicamente sustentado por el antagónico bien.
¿Qué evidencia tiene el bien? Sino el uso sectario de servirse del
mal. Ying o Yang demasiado mitológico e irreal, tan simple como que se
concibe el mal por el mismo productor que el bien. Intereses unánimes
de un mal bien...
Leyendo los labios, repite José lo que suelta el príncipe Masín a su
acompañante-. "No es un problema, cree que no hay nada que temer.
Simplemente es un espantapájaros asustado por temores de cuervos, que
huye sin saber que va directo al fuego. ¡Nos marchamos! Llévame a la
mansión, y..." -Masín se da media vuelta cortando la narración de
José, dejando la frase en acción construida, medio dictada. El
príncipe se marcha junto al hombre al que hablaba, que aparentaba ser
un súbdito guardaespaldas de él por su pose.
José se fijó en la sombra que proyectaba la llave que colgaba de la
mano del príncipe Masín,
Una pequeña mancha sin forma para cualquier mediocre vista, de
cualesquiera ojos que ven lo que nos hacen dejarnos ver. Ágil, decide
pronto como maniobrar, no hay tiempo para dilucidar...
- Sigue al príncipe, intentaré buscar algo en su habitación. La 457,
iré allí, quizás tengamos suerte y tope con algo interesante.
- ¿Cómo... -Flor le preguntaba asombrada como sabía el número de
habitación.
-Schissss, esto no es ningún juego, pequeña flor. ¡Vamos! -Parco
entendía flor el estado de
José para liturgia triviales. Respetando contenía sus preguntas y
entendiendo que la aparición de la mística ella, es un antes y un
después en la vida de ambos, el santiamén abordado impactaba nuevas
direcciones que tomar. Entereza, determinación y firmeza en el ruego
de José.
Flor deja el lugar y José inicia la misma situación. Tras salir ambos
del bar se despide José momentáneamente de ella acariciándola la mano,
apretándola le impulsa ánimos en su tarea. El se marcha a su cometido,
prefiere y lo hace subir por las escaleras. Cauteloso reflexiona cada
detalle a su paso, correlativo el pensamiento le sigue hasta llegar a
la habitación 457. Ingenuamente gira el pomo. ¡Está cerrado!, y en un
detalle fraccionario de un tira y afloja, la muñeca susurrando un clic
a la cerradura, sin suponer ningún problema, la tima.
Primera vista de entrada, notando el cuarto sobradamente maqueado para
haber pasado alguien allí la noche. Excesivamente temprano para que lo
hallan limpiado. José llevaba dos días instalado en el hotel y
verificaba que el servicio de habitaciones pasaba mucho más tarde que
la hora que actualmente era.
Segundo detalle, los cajones vacíos y el MiniBar, rebosante de bebidas
repleto.
Cree haber sido alquilada para una reunión, que puede haber ya
finalizado, ¿Pudiera ser entre ella y el príncipe Masín? No lo
manifestaba como cierto, ya que el botones le había deducido que al
venir ambos juntos esta mañana y no por separados no tendría mucho
sentido dar valor a este juicio. Echa la vista en los cajones del
aparador obre macizo, mordido en un esquinazo por un patente mordisco
canino. ¡Igualmente vacíos! Revolotea entre las sabanas y demás ajuar
del dormitorio, en el armario empotrado sobre la pared. Cierra
pausadamente, cuando uno de sus instintos le para. Escucha pasos en el
pasillo acercándose. Entra ligero en un cuarto interior, escondiendo
su presencia de quien se aproxima. El ronquido del pasador le acierta
su despierta alarma que tuvo. Cuatro fornidos hombres se meten en la
habitación, bruscos transgrediendo el sigilo que serenaba la única
presencia de José, tal cual fuera un enser más de la estancia en el
lugar.
-No sé por qué debemos hacerlo aquí -hablaba fuerte uno de los sujeto
recién llegado. Apalancaba su cuerpo tosco, apoyándose sobre la pared.
-Porqué lo decidió él. No confiaba en otro sitio en venir, y porqué
así lo quiere el príncipe -le contestaba otro, sentado sobre la cama
replicando molesto le preguntara cosas ya confirmadas de antemano. Su
temple no distanciaba en cuerpo y rostro a aquel que había preguntado.
En serio, los cuatro individuos eran parientes próximos en contextura.
Su anatomía física semejante les valía premio a ser hombres duros.
José tras la puerta no deducía la complexión de ellos, ni le merecía
interés. Apreciaba su hablar burdo, y por lo poco que había podido
escuchar se orientaba a que la cita que presumía no había dado aun
lugar. La espera en el cuarto podría ser larga, descontaba a las dudas
pertinentes.
-Ya, yo sólo quería decir...
-Se paga por el trabajo, no por discurrir -preciso detalla enérgico
otro de los hombres. Acercándose a un bol de frutas toma una manzana,
mordisqueándola seguido.
Llaman a la puerta. El mismo que mordisqueaba la pieza de postre abre
apareciendo un hombre mermado, menudo comparado con la constitución
que rasgaban los cuatro instalados que prevalecían en la habitación.
José escuchaba lo que decían, y confiaba en que no entrara ninguno en
el cuarto donde se cobijaba
-Soy el padre Gaudi -se presentó el recién llegado. Vestido como tal,
calco la imagen a la idea de quien podría ser. Más ellos sabían
perfectamente quien era, causaba ese dato el motivo de estar allí
aguardándole.
Desde arriba, desde la cabeza que le separaba en talla el sujeto que
le abrió, ofreciendo con la palma de su mano entrar le hace pasar,
mientras muerde otra vez la fruta de la pasión. Amor a primer mordisco
parecía.
El menudo personaje, parece nervioso. Encorva la estrecha espalda, y
el largo cuello. Sus ojos hambrientos de luz se esconden en su
pequeñez, agotados de horas de fatiga de múltiples lecturas.
-¿Dónde está...? -Rogaba en palabras, conocer el paradero del
interesado innombrado.
-Nos ha manifestado que le disculpe su ausencia, no ha podido acudir.
De hecho nos ha mandado a nosotros para cerrar el trato.
-¿Trato? No había ninguno. Yo sólo...
Uno de los gorilas le corta su explicación.
Bueno, era un juego de palabras. Trato, tema, pico. ¿Que más da? Ya sé
que es un chiste malo, pero tampoco soy un tipo gracioso, ni lo
intento. Entendámonos mejor, Masín pasa de ti y nosotros te vamos a
liquidar, ¿entiendes?
El hombre reaccionaba sistemático a un modo flemático, su nerviosismo
le entramaba su hablar y carecía del poder de explanarse tras lo oído.
-¿Cómo..? No entiendo... Yo...
-Ni falta que hace -remataba, o premataba con su vocablo otro de los
asistentes a la breve reunión según se columbraba.
Tras la puerta José guarecido, oye el tañido del gatillo de un arma de
fuego presionado, y actúa antes de que sea demasiado tarde. De un
puntapié pasaporta la puerta destrozándola, lanzándose en avalancha
contra quien había tras ella. El hombre que había encañonado a la
incipiente víctima cae rodando al suelo sepultado.
Atónitos quedan todos tras observar la inopinada escena, y sin
incurría, son hombres de acción encallecidos a lo impredecible, y
reaccionan inmutables en resulta.
Prenden maniobra tratando apresarle. Salta uno de los corpulentos
hombres sobre José, que le desvía con un toque y le sacude sobre el
costado, extrayéndole el aire. Su cara porta queja de aflicción,
reventando al caer.
Los otros dos malvados arremeten a la vez. El efecto sorpresa ha
cesado, el reconforte de aventajarle en número les hace fuerte, pero
estos hombres, pobres desgraciados no saben quien es su
contrincante...
Es José, José de Nazaret, el padre del elegido. El pastorcillo
valiente que escuchó una voz, que fue manejado a falsía. Ha hartado
por mil infiernos, ha habitado miles de años, ha progresado medrando
su fuerza, ha experimentado lo sabido y escarmentado lo desconocido.
Un experto en artes marciales, un maestro en la lucha cuerpo a cuerpo.
Todo el arte de la ciencia de las técnicas de combate utilizadas desde
los tiempos mas ascentros reposan en su ser. Aun más, el poder de ser
un semidiós mal llamado, un espíritu superior en discordia, un quejado
llanto poder le hace prácticamente inmunerable. No es inmortal, sólo
es un morador del tiempo eterno.
¿Cuál ha sido el cometido a lo largo de la vida?
Buscarla... sin descanso.
¿Cuál ha sido su vomitivo a lo largo de la vida?
Buscarle... su respiro. Vindicar el odio sin reparo, hasta que cese
sin aliento callado.
Todas esas muertes vanas. Ninguna tiene justificación, ninguna sirvió
para nada.
Sus manos también están manchadas, mestizas entre el color de su piel
y la sangre derramada del horror de batallas. Ya acostumbrado, no
horroriza el matar, sus ojos no destilan, no parece, no lo acepta,
pero él no creó este mundo. No quiere ser el Dios que marque las
pautas, que evangelice una doctrina. Todo fue un error, un fracaso de
razas ya por réquiem anunciado desde el germen divino.
De sendos golpes preciso José acaba con los dos contrincantes,
dejándoles inconscientes.
-He visto a un cura huir corriendo por el pasillo cuando llegaba -le
dice flor, que desde el corte de línea de habitaciones había
contemplado la última parte de la lucha.
-¿Te sorprende? De todas maneras sabemos su nombre, quizás le
necesitemos.
Se agacha sobre uno de los derrotados contrincantes, desgarrándole la
camisa ve tatuado sobre el corazón una cruz roja.
-Los de siempre sacerdotes rojos. ¡Legionarios de Cristo! -comenta
José.
-Este no -dice pequeña flor-. Quitándose del medio hace descubrir ante
los ojos de José, el merchandising del caído, una cruz negra tatuada
sobre el corazón.
José receloso titubea. Inmenso en duelo mental, se aproxima hacia el
gran ventanal de la habitación. Su enésimo sentido le hace cerrar el
ojo por un reflejo que rebota del edificio contrario. ¡No hay tiempo!
Como un resorte da un salto mortal hacia atrás, en el instante en que
una bala atraviesa el ventanal atentando contra él, bailando el sitio
donde estaba hace un segundo José, incrustándose en cuadros. Y hace un
nuevo esfuerzo para superarse, barriendo sobre Flor se arroja
tirándola al suelo, cuando un segundo disparo señalaba el camino de la
muerte de ella.
José agarra del brazo a Flor y salen a trompicones de la habitación al
pasillo- ¡Vamos, corre¡
Flor no dice nada, solo obedece las indicaciones de José bajando por
las escaleras hasta llegar a la salida del hotel a la calle, pero él
antes de salir la asegura -. ¡Cuidado! Puede estar esperando el
francotirador nuestra salida -tras advertir sale primero e intenta
refugiar a Flor detrás suya, y mira hacia arriba por la tanda de
bloques de la acera contraria, buscando al probable enemigo. Hay una
cubierta tranquilidad traicionera, parece ser el actuar cesación que
no está. ¡Mentira! Observan salir presurosos del edificio de enfrente
a varios matones trajeados. Huyen intentando enlatarse entre la gente
que envasan la calle. La estridencia de sirenas de coches patrulla se
idéntica en la escabullida
Se paran dos vehículos policiales a su altura. Emergen de su interior
los dos ocupantes dándoles el alto. Sin mirar atrás José y Flor se
emergen en una boca de metro. Notan al aliento acosador detrás, saltan
las taquillas de peaje y a la carrera ruedan por la escalera sorteando
a los andantes por los pasillos hasta el anden. Fuerzas especiales
próximas están sobre ellos rifando topetazos entre los viandantes en
su marcha. En progresión, pocos metros detrás se les acercan cada vez
mas. Llegan al muelle de mercancía humana, y se lanzan sobre el convoy
que reposaba cargando pasajeros in extremis, antes de que cierre las
puertas eluden las barricadas fronterizas en ciernes.
Sus perseguidores llegan ya demasiado tarde, ¡cerrado!, ya está
vendido todo intento. Furiosamente golpean sobre el vagón, amenazando
saca uno de ellos una pistola sin espacio de exactitud a encañonarle,
perdiendo campo de visión dejan atrás el peligro... Inminente..
escurriéndose como sardinas en aceite
José se apoya en la barandilla suspirando. Flor se tiende sobre él
buscando seguridad.
-Tranquila, ya los hemos despistado -le dice, la alimenta con
palabras, la consuela acariciándola el pelo.
José mira a su alrededor, pocos usuarios hay en el vagón.
Un punky enganchado a un Walkman desechando de adentro para afuera,
una anciana con un cachorro de perro reposando en sus manos, y un
ejecutivo con un maletín que lo agarra confinado.
Al fondo tirado escabroso sobre la puerta de emergencia, un seboso
hombre de camiseta blanca de tirantes marcando celulitis le mira.
Macarrón desviado de ser sardina en tomate. Tras unos segundos de
déspota y vacilante mirada, escupe desafiante al suelo, y se da media
vuelta, reclinando el hombro sobre la pared. Animal demental marcando
territorio.
A Flor le sujeta José sus dos manos e intenta razonar lo sucedido en
la habitación del hotel.
De nuevo, desde lejano desdice lo mas antiguo de su vida, la
reminiscencia de detalles que hubo que negar.
Vlasenica, Croacia, años 1941. El polvo credo fascista pesa menos al
aire frío, se empolvora por el rostro. Las piernas cruzan aceleradas
las calles, los tacones de morteros silban conglomerado sin cuidado.
No hay manera de acallar ese miedo que grita, desencajando la
exculpación, que lloros por decir "yo no... a mi no...". Los por favor
como una permuta de ser un visado están privados, vetados por
autoritaria contundencia seca, sesgan palabras que aun no fueron ni
iniciadas en pensamientos, o debieron permanecer en espera de repetir
memez, abortan, por impedimento beatífico.
Tropas de asalto atrincheran los intentos de gente que huye a la
desesperada, diezmada su confianza otros se cobijan en su hogar, de
poco vale tal amparo. Lugareños, por impulsos salvaguardan socorrerse
en el templo de oración, desamparados desconocen a cobijarse el árido
destino que les depara.
Desbendecida la iglesia alejada del catolicismo es tapiada, y enviada
al infierno mas terrenal. La quema es sobrecogedora, los gritos, los
signos, los paganos que buscaban guarida comparten con ortodoxos la
fechoría de los soldados.
¿Soldados? Ejercito conducido por franciscanos, por la iglesia
católica, por el vaticano, por el gran Dios.. ¡Heil Dios!
Incipientes empalados niños yerguen en suelo de arena en la plaza del
pueblo. Una niña se escurre antes de ser brocheada, y su cautivador no
persiste en la enferma degeneración fisiológica. Apunta su rifle a la
impura criatura, porque quien más que menos que una fulana de tres
años no sería para haber sido sentenciada por aquel brazo emisario de
Dios y de la patria croata.
Suena el disparo, enunciando la muerte, desviada es. La bala gira
sobre si misma, sobre el aire sin avanzar. La niña mantenida en el
suelo mira como si se tratara de un juego de magia. El soldado la
descarta, evoca a la brujería.
Tres Croatas cercanos fascistas a la escena se acercan, se miran e
inquietan. Se insta uno mediando en la oscilación parar satánica
visión. Con la culata de la metralleta toza la bala torbellina,
rasgando la parte del arma se la traga. Se oye rodar la munición hacia
la cámara, y tras chocar con otro proyectil explota cegando al
soldado, quemando su rostro, ¡salvaja en gritos auxilio!
Sus compañeros tienden a ayudarle, dos de ellos le arropan con una
capa deseando aliviarle. El otro servidor del grupeto, encendido de
miedo arranca la anilla a una granada de mano, y parece no bastarle.
Amputa una segunda arandela a otro explosivo, y se la pasa de brazo,
aportando ambas su contundente arrojos de peligro hacia la niña.
-Eres una pequeña zorrita, ¡eh! ¡To...
Antes de que la impulse hacia ella, algo para su propósito. Algo es
alguien, aparecido de no se sabe dónde, nadie le vio. Se interpone
entre el soldado y su objetivo agarrando sus brazos, con una inmensa
fuerza aprieta hasta que el combatiente deja caer una mina al suelo
mientras la otra la abandona abriendo su mano cayendo justo debajo, en
la palma del recién llegado. La agarra, sin dilación antes de que
pudiera explotar, la engancha sobre la nuez del quinto de la fuerza
regular de Nezavisna Drzava Hrvatska" (Estado Independiente de
Croacia) y le arroja a varios metros, hacia donde están los dos
soldados que auxiliaban al cegado, antes de que obren contra él. La
explosión secciona la vida que contenía mitigada en ellos.
Varios soldados se reaccionan ante él venidos por otras calles. José
recoge del suelo una ametralladora de asalto y nutre la muerte de
cadáveres de los malditos soldados etnocidas.
Un blindado hace cabida en la plaza. José lanza en forma de disparos
picaduras de mosquitos para el tanque que los recibe, hasta que acaba
con toda la munición de un arma que robó a uno de los soldados caídos.
José mira a la niña, -calma, ahora vuelvo a por ti -ella no entendía
las palabras de aquel extraño lenguaje extranjero, pero parecía
comprender en parte.
El carro de combate apunta hacia él. En su carrera por desviarlo José
es disparado por un obús que es burlado en un reducto de esquivo. La
niña detrás de un metro de muro asoma su cabeza, escondiendo su cuerpo
detalla curiosa lo que ve.
El cañonero del tanque encarga un proyectil, que otro militante
ideológico da postura e introduce en el cañón. José encuentra un bidón
de gasolina, y lo arroja a un carro de juguete que quedó abandonado en
la calle por algún chiquillo, y subido de auge se lanza dirección al
blindado, tal fuera un monoplaza. De la inercia de la apenas
desnivelada cuesta, recoge al vuelo, mejor expresado al ras de suelo,
una de las granadas que intentaba el militar tirar a la niña y quedó
en espera de sentenciar la acción.
La agarra y la tira al aire dibujando una parábola. El peso hacia el
suelo conduce el mismo tiempo que impulsa su cuerpo hacia el tanque.
Anclando un puntapié en la tabla él cae de costado y rueda a un lado,
y esta, la tabla, embolsa una línea ascendente despegando del suelo,
elevándose hacia el aparatoso vehículo.
La mina detona sobre el artilugio, estallando fuerte y seco sobre el
tanque, dejándolo inservible y con sus ocupantes asfixios.
José corre buscando a la niña, la encuentra enseguida- ¡hola!. -Ella
cautelosa agarra el pedazo de muro derrumbado, donde se ocultaba, como
si fuera un escudo invulnerable. José recoge una flor del suelo y se
la ofrece. -¡Soy tu amigo, pequeña...!
-¡Pequeña flor, sigo siendo tu amigo, y sigo estando a tu lado! -Le
dice José que compartió el presente narrado, y el pasado recordado.
-Gracias -dice ella.
- Spasibo, suena dulce en la niña tras recoger la flor.
- Ne zachto, moya podruga.
-¿Gde naxodyatca tvoi roditeli?
-Etim ytrom soldatu prishli k nam domou i mama spryatala menya v
shkafy .Kogda ya vushla, ix yge ne bulo. "Los soldados vinieron a casa
esta mañana y mama me escondió en una cesta. Cuando salí no
estaban"(Traducido de la lengua de origen eslavo).
José oye ruido de columnas de tropas ligeras acercarse. Se agacha a la
altura de la niña y le dice- ¿Quieres que juguemos a un juego? -Ella
asiente con la cabeza-. Vamos a hacernos invisible, para que no nos
encuentren y darles una sorpresa a quien viene, ¿quieres?
-Si -dice ella.
Él La agarra de la mano dirigiéndose a una casa que tenia la puerta
derrumbada.
-Quédate aquí dentro, yo vuelvo enseguida.
-¿Dónde vas? -Le pregunta curiosa la chiquilla.
A por un regalo, pero no tienes que salir para conseguirlo.
-Está bien, seré buena -aprobaba, con la finura de un rasgo inquieto y
complaciente. Fiada, el conseguir el premio sin alimento que ya
aspiraba ser suyo, en la desconfianza que el miedo le engullía.
La pequeña entró en la casa y José marchó rápido hasta donde estaban
los Croatas recién abatidos. Con el fusil que recupera del suelo,
punza la bayoneta que piqueta al tórax de uno de los militares
degradado a compuesto orgánico, arrancándole el corazón de un tirón
estragónico. Y de vuelta, pareciendo carnicero callejero, portando
carne mufada en ganchera, suspendida cuelga en marcha rápida hacia la
casa donde dejó a la niña. Al llegar se detiene a la entrada y en la
pared restriega el corazón dibujando una señal nazi que elogia que han
cumplido la misión en ese renegado hogar. Arroja el fusil, junto al
órgano descompuesto detrás del tejado y se entromete sin llamar en el
interior.
No encuentra a la joven chica, y teme que halla huido. Dentro de la
vivienda el polvo aísla la poca visibilidad que entra por los
orificios de las arrinconadas, a base de telas, ventanas. Intuido se
arrima a una espuerta de mimbre y levanta el tapete que lo cubría,
donde se ocultaba la pequeña.
-Ya he vuelto -le dice.
-¡No me he movido de aquí, como me dijiste! -La pequeña aprecia que ha
cumplido lo acordado.
-¡Si, tú has ganado! -Intentaba animar a la niña, que a pesar de que
José la endulzaba con tacto en su propósito, estaba dañada por lo que
había visto en el pueblo.
José se dio cuenta de que poco más allá había una esportilla, de igual
parecido al cesto donde se quedó esperando la niña, pero esta tenía
dos asas, y en comparación con la otra un trapo tapaba lo que hubiera,
de haber algo, que evidente parecía porque el cesto anchaba por lo que
guardaba.
-¿No será una amiga tuya? -Preguntó José a la pequeña, señalando la
esportilla.
-¡No! -Dijo ella-, pero hay... -dio unos pasos hasta el segundo cesto,
que era un poco más grande que el otro, y donde podría haberse metido
de estar vacío, y destapó la incógnita-. ¡Manzanas! Fue una suerte
encontrar algo de comida, porque no se apreciaba que hubiera nada
comestible por allí.
La horas abandonan el día, y pasan lenta, muy lentamente para dar
tiempo a José y la chica que cuida él, de que el pueblo sea despejado
por el ejército regular Croata. José no se atrevía arriesgar a la niña
a un fuego cruzado, a dos S.
El cesto de manzanas va bajando su grosor, aumentando el que estaba
vació de los centros de las frutas que los alimentan. Desde la
perspectiva de estar sentados en el suelo, a lomos apoyados en la
pared, el cesto interpreta estar escondida una cobra adentro. Una
serpiente venenosa carnívora que enroscada en sus dos metros de
altura, buscaría el movimiento de la danza de una flauta, o la boca
ensuciada al desnudo del néctar privado de Eva.
La niña formal, alejaba su carácter risueño y bulliciosa de la
formalidad que le era habitual, y reposaba en estado de espera, sin
saber exactamente que plazo se debía aguardar, y a la calma en
paciencia de qué tendría que ocurrir. Movió de un pellizco de su mano
la cazadora de José llamando su atención. Al mirarla, ella le recordó-
. ¿Y mi regalo?
-¡Es verdad, no te lo había dado! -Le dijo sonriente- . Pero no creas
que me he olvidado, está aquí, pero antes de dártelo te voy a contar
un cuento, ¿quieres?
-Si, por favor, -le pidió la niña, gustosa de la proposición que le
hizo José- Me gusta los cuentos mucho! -Abarcaba sus brazos en un
gesto marcando cuanto era ese mucho.
"Para la gata Gatruska era un día especial. Había alcanzado la
madurez, ya no era una niña, lo que significaba que pronto abandonaría
el lugar donde vivía con sus padres para trasladarse a uno nuevo, con
el gato al que se uniera para formar un hogar con la celebración
previa clásica antes obligatoria.
La ceremonia era esperada con deseo vehemente por las gatas que se
encontrasen en este paso que dar, y también, claro, por los gatos. Una
vez al año se celebraba una fiesta en el pueblecito donde vivía
Gatruska. A medianoche se juntaban en un solar amplio, lejos de
curiosos humanos, todos los gatos de aquel pueblo. El sitio elegido
era un sitio abandonado, lejos de las casas donde vivían los hombres,
para no molestarles, y ellos libres, divertirse toda la noche, sin
interrupciones.
Durante esa fiesta los jóvenes gatos y gatas solteros que ya tenían la
edad precisa para considerarse lo suficientemente responsables para
formar una familia, que no para amar, porque todos sabemos que el amor
no tiene edad, y a veces era normal, que muchos gatos y gatas
esperasen este día para por fin alcanzar el sentimiento que le ligaba
a otro ser durante mucho tiempo previo, anterior.
La costumbre habitual era que las gatas que se fueran a prometer
llevaran en su frente, una flor de adorno. No una cualquiera, sino una
elegida por sus padres, aunque lo normal era que las escogieran sus
madres, ya que tenían mejor gusto y más dedicación en el rito que los
gatos machos. Así, durante la fiesta, cuando lenta y dulce la música
cambiase a romántica los gatos harían la petición del honor de bailar
con la gata que hubieran elegido, siempre que esta, claro, aceptada.
En este momento se podía considerar pedida la gata, y el baile con su
gato simbolizaría el enlace entre ellos.
La flor jugaba un privilegiado apunte en el culto de la formalidad, ya
que muchos gatos y gatas no se conocían, otros si, y en secretas
miradas ya habían compartido lo que vendría en la pedida, pero lo
frecuente era que no se hubieran tratado. Para estos gatos imprecisos
de no conocer con anterioridad a su amor, decidir con quien debían
juntarse era difícil elección, a veces mucho más aun. No era un
concurso, ni intentar llevarse el gato más fuerte, o la gata con menos
bigote. Lo que buscaban era estar seguro de que apegado al sentimiento
del amor fuera el verdadero.
Hubo ocasiones, ¡normal!, que tras una pedida poco después algunas
parejas de gatos comprendieran que no sería sensato unirse en verdad
eternamente y que se habían equivocado. Desde el momento de la pedida,
había un intervalo de tiempo hasta que viviesen juntos, donde ambos,
gata y gato, se veían todos los días como si fueran amigos para
conocerse bien y mejor, antes del paso definitivo, de vivir solos.
Cuando ocurría esto, debía dejarse transcurrir para estos gatos y
gatas un año, para acudir nuevamente a la fiesta de la pedida. Como un
año es mucho tiempo, y aun más estar con quien ames, ya que es el
tiempo que no tendrá fin, surgían dudas, y debía tenerse mucha
seguridad a la hora de la pedida. A veces cuando gatos o gatas
dudaban, permanecían quietos, sin los gatos pedir el compromiso, y las
gatas sin aceptar el baile, a pesar de que deberían aguardar durante
doce meses otra tentativa. Y es aquí donde la flor hacía su grandeza
en el rito. En la noche, iluminada por luna llena reflejaba su corola
en los rostros de las gatas, haciéndolas delicadas mininas, a los ojos
de los gatos.
En este día tan representativo, a Gatruska le habían entregado sus
padres la flor que llevaría a la fiesta de la noche. Era una flor
realmente bella, preciosa. Los padres de Gatruska estaban realmente
satisfechos de lo hermosa que se veía. Gatruska se miró en un cristal
la flor sobre su cabeza y se sintió enormemente emocionada. Sus padres
la abrazaron y la flor quedó en un lugar fresco a la espera de que
transcurriera el gran día, para llegar a la esperada noche. Sin
embargo, Gatruska era una gata nerviosa, y la espera le resultaba muy
molesta. Ella ya se imaginaba en el solar mostrando la belleza que
tenía y reflejaría la flor. Se acercaría el gato que ella ya amaba
desde hace tiempo, al dirigirle su mirada y bailarían. El felino que
le gustaba lo conocía de verle por la ciudad. Ella cambiaba de rueda
para verle al pasar, y levantaba su peso a poca altura para que no
pinchara, a la vista del vehículo donde maquinaba su empeño. A veces
le descubría y la risa ronroneaba entre ellos dos. Pero esto a
Gatruska no le daba seguridad de que él sintiera lo mismo por ella,
que lo que ella sentía hacia él.
Imaginando como sería la pedida, y queriendo interpretar su
naturalidad, se atrevió arriesgándose sin pensar a que pasara algo, a
coger la flor del lugar donde reposaba descansando para la noche, y se
fue con ella al bosque, camino hacía el río.
Al llegar al borde del caudal, colocó la flor en la cabeza y presumió
su rostro en la corriente de agua continua. Embelesada fijaba la vista
al bailarle el agua, sin que desembocara en más ocurrencias. Notó y
vio en el reflejo que una mariposa reposaba sobre la flor que adornaba
la cabeza de Gatruska. Le molestó la sospecha de que estropease la
flor, y con la pata se la quiso quitar de en medio, sin que se fuera.
Agitó la cabeza para que se decidiese el insecto alejarse, y así pasó,
pero fue al riesgo de ver como la flor caía en dirección al río.
Cuando Gatruska lo observaba como caía la flor hizo todo el esfuerzo
posible para recuperarla sin dañarla, pero no pudo, y finalmente la
flor cayó al agua. La atolondrada gata permanecía en la orilla, ¡no
sabía nadar! Y sólo pudo quedarse arañando sus gestos al ver como la
flor se separaba dejando agua de por medio.
Tendió la vista hacia la mariposa que cerca aun de ella, le enviaba a
culpabilidad de lo que había pasado, y se entretuvo en despreciar
sentidos al animal volador, para atribuirle el castigo al delito que
se había cometido. Con las zarpas bien afiladas, quería atrapar a la
mariposa, engancharla con las uñas. La mariposa no era tonta y viendo
el peligro de las intenciones de la gata, y sus ojos de combate feroz
procuraba escapar de las uñas curvas de los golpes que asistía el
felino al aire. Sin llevarse el gato al agua, descarada la perseguía.
Puso tanta actitud de entrega para alcanzarla, que durante largo
periodo la persiguió por el bosque sin otro propósito que dañarla por
lo mal que se sentía. No reparó la distancia que había recorrido tras
la mariposa, y que se alejaba demasiado de la parte del bosque donde
sabía perfectamente que no debía entrar, por ser comprometida la
ventura de exponerse al peligro que suponía ir más allá de la zona
marcada para su especie. Omitió alertada razonamiento, cuando fue
demasiado tarde el saber que no era una posibilidad sino ya una
certeza el fallo que había cursado al llegar allí. La mariposa quedaba
atrapada en un similar nombre al de ella, un cazamariposas. Al entrar
por el aro, quedó apresada en la red de gasa de tergal. El cazador
apresó sin posibilidad de escape al insecto volador, quedando
adormecida bajo la asfixia de la red, y la observaba para ver como
era, y su sorpresa no fue minúscula- ¡Es una paradisea galatea! -
Exclamó.
El individuo parecía estar bastante contento de su cacería, pues se
marchó con la reciente captura. La gata que se encontraba en medio del
paso del sujeto, alterada de que la que iba a ser su presa para
castigarla fuese engatusada por un hombre, no le convencía, ni
reparaba su malestar. Al pasar al lado de ella el hombre interpuso
interjección- ¡zape! Y Gatruska se apartó, y a gatas se ocultó entre
caños para divisar como el hombre se iba con la mariposa que había
acosado largo rato.
Gatruska ya no era una niña y sabía lo que le esperaba a la mariposa,
y en parte pensó para conformarse de su actuación de que se lo tenía
merecido, pero Gatruska, aunque traviesa no era mala. Le venía el
pesar de que si la mariposa cayó presa fue a causa de perseguirla
ofuscada, y que si se buscase culpable hallaría irresponsable sus
actos, al coger la flor, al perderla al río, a desear esquivar su
propia negligencia y echarla sobre la mariposa.
Siguió arrastrada entre la maleza por donde se dirigía el trampero de
vuelos. Este llegó a una casa de campo, abrió la valla, y fue a su
encuentro un perro, de raza pitbull. El hombre le apartaba con una
mano al animal para que no causara daño a su captura y se encerró en
la casa, cerrando la puerta y dejando al perro fuera en el patio. El
arisco animal estaba encadenado. Una cadena le sujetaba a la pared, de
la casa de madera en una argolla metálica. Gatruska quería entrar
dentro del patio para ir a la casa, pero la cadena del perro era muy
larga, tanto como que antes llegó hasta casi la entrada de la valla, ¿
y porque lo iba a negar?, ya no era momento de negar nada, le daba
miedo. ¡Mucho miedo!
Gatruska rodeó la valla discreta, se coló por un agujero por la parte
trasera y se encaramó a la ventana de un lateral de la casa ojeando
que estaba pasando.
El hombre tenía a la Mariposa dentro de un bote de cristal,
secuestrada, con el único favor de unos agujeros para mantenerla
fresca. Encima de la mesa parecía tener un instrumental médico, cosas
que Gatruska jamás había visto, pero comprendía que hacían pupa ¡Mucha
pupa! El hombre si sabía como se llamaban e iba en alto haciendo la
lista de lo que preciso necesitaba, o según encontraba y molestaba lo
apartaba a un lado -. Cajas entomológicas, Aguja enmangada, Pinza,
Alfileres, Etiquetas engomadas. Pero... Pero... Este ejemplar es
grandioso, y merece algo especial, un enmarcado de oro. -Miró el reloj
y pensó en alto-. ¡Voy a comprar uno para ti, amiguita! ¡No te vayas a
ir! -Dijo jovial, sin detenerse en darse ni él mismo una respuesta y
se fue fuera de la casa, cerrando seguro con llaves. Gatruska le veía
agazapada, casi en el esquinazo del lateral con el frontal de la casa.
El hombre cogió su vehículo que tras sacarlo fuera de la valla y
ponerla de nuevo en su sitio, se fue.
El perro intentaba seguirle durante toda esta fase antes de marcharse,
pero el hombre no se lo llevó, y volvió sobre el porche a tumbarse y
dormir un rato, para no estar aburrido sin saber que hacer.
Gatruska debía de aprovechar la ocasión de que el hombre no estuviera
en la casa para liberar a la mariposa, ¿Pero cómo hacerlo? Buscó
alguna entrada, algún agujero por los laterales, por la parte trasera,
pero no encontró por donde acceder. Se subió de un salto a la ventana
del otro lado de la casa a la que estuvo antes, y quedó angustiada
intratable para numerar al ver sobre la pared mariposas que colgaban a
cuadros bajo cristales.
"El coleccionista lepidóctero" Ella no sabía que era eso, ni que
significaba esas palabras que daría un entendido. A la comprensión de
entenderlo la gata sentenciaba ser asesino de mariposas, por capricho
puro.
Tenía que ayudarla ya, antes de que fuera imposible, y había de
hacerlo sin dilación. Confundida pensaba, y se puso a meditar todo
cuanto antes ignoró para que no hubiera pasado esto. Al llegar junto a
la valla, al principio, cuando siguió al hombre hasta aquí pudo ver
una abertura cerca de la puerta de la casa, suficiente para pasar
ella, pero estaba el perro al acecho vigilando sobre el patio, y de
cogerla, podría hasta devorarla. Parecía muy peligroso, y los
colmillos que tenía la aterraban de haberlo presenciado antes.
Y Gatruska pensó, pensó, y desgarrando una idea la puso en práctica.
Se tiró al patio, el pitbull se puso en pie, desprevenido por sorpresa
de no haberla visto acercarse. Se repuso firme, atrevido la miraba,
enseñándole su dentadura y esgrimiendo se servía de su gruñir para
apoderarse del terror para paralizar a la gata. Salió hacia ella,
sacudiéndose de encima las malas pulgas del perro prendió a la carrera
seguido por el loco animal, que en vueltas le vaciló llevándole entre
los dos postes que sujetaban el porche, que al girar sobre ellos se
enroscaba la cadena, y ya cuando el perro le costaba trabajo moverse
se metió entre los dos palos, que el perro también al hacerlo quedó
enganchado al intentar volver sobre sí, por debajo cuando la gata
Gatruska echó para atrás su cuerpo.
El perro tonto, peligro de muerte, ahora rechinaba molesto de su
torpeza el estar atrapado, doblemente pillado entre las cadenas que le
retenían desde el principio.
Gatruska se metió por el orificio para entrar dentro de la casa, y
saltó a la mesa. Sacó a la mariposa del bote de cristal y la agarró
sin causarle daño con su pata, para evitar que asustada emprendiera un
vuelo a la nada, sin salida.
Se la llevó fuera de la casa, más allá de la valla y la puso en
libertad al llegar al bosque. La mariposa estaba recelosa, porque
aunque la gata le había calmado al llevársela de la casa presa, el que
se lo dijera no calmaba su temor. Cuando entendió que era verdad
serenó, la gata le maulló disculpas por lo que había hecho al ponerla
en lata del cazador, y su rabia por lo que ocurriría por perder la
flor.
Gatruska se despidió feliz de haber hecho bien, pero triste de las
pocas ganas de fiesta que le quedaban para salir trasnochada por
pensarlo, y regresó sin flor a su hogar.
Durante la noche, el baile para la pedida se anunciaba por la música
romántica que se escuchaba. Las gatas lucían las flores para la
ocasión, excepto una que deslumbraba su rostro de negro y verde, como
miel de luna bajo floral, vivo de entusiasmo doraba el camino hacia el
cuello. Todos, gatos y gatas quedaron admirados por aquel asombroso
adorno que aquella gata reflejaba. Pero a ella, a Gatruska no le
interesaba el perderse en miradas ajenas, sólo se rendía ante una,
hacia el gato que ella amaba y que fue a su encuentro para pedirle su
amor. Al acercarse a su lado, le dijo. Tu flor es maravillosa- , ¿Cómo
se llama? -La gata le sonreía sin rebelar que la flor no era tal, sino
la mariposa que actuó en su favor colocándose en su cabeza la
acompañaba en esta noche mágica"
José le pidió la flor a la niña, que remolinaba por el eje que
sujetaba el tallo. Cogió un corazón de una manzana del cesto pequeño
restregándola suave a la yema de la planta. Abrió la palma de la mano
de la pequeña y la bañó de polen al voltear la flor sobre la parte
inferior de la retoña, la acercó a un filo de luz que escasa entraba
por la ventana, y esperó. La niña le hacía gracia el juego pero no
pensaba que fuera para nada, cuando por el orificio desde la calle
atravesando la rota cortina apareció una mariposa que se posó en el
néctar de la mano de ella, bebiendo en reposo.
Era un momento alegre, pero la verdad fue distinta. Cuando abandonaron
el hogar conoció la destrucción, los muertos por toda la región, la
negación a encontrar a sus padres por la sádica guerra en los Balcanes
y lo peor es que aun le tocaba por perder. El afecto propiciado por su
pronta edad de lo que tuvo que ver y sentir estaba imborrable.
Terribles momentos, secuelas quedaron adheridas en su consciente de
inconsistencia vivida.
- ¡Ustasha, sacerdotes negros! Su orden fue fundada por el gobierno
Croata pro Nazi y el clero-fascista durante la segunda guerra mundial.
Su labor fue llevar al Vaticano el botín que robaban a sus víctimas.
Este dinero fue usado para proteger y enviar a los criminales de
guerra a Sudamérica - le comentaba en un metro del mundo José.
-No hace mucho escuché en la TV algo de un nuevo juicio que habían
formulado contra la iglesia los descendientes de las víctimas.
¡Perdona, sigue! -le dice pequeña flor a ver a José encendido,
destellando rabia por su expresión de tener que describir a los
Ustasha, los mismos que quemaron todas las raíces familiares de Flor.
"De 1941 a 1945, los Ustasha exterminaron a más de 700.000 serbios,
gitanos y judíos tras saquearles las propiedades. A los judíos de
Zagreb le hicieron a la fuerza dar el pago de 1 kilo de oro para
comprar su propia persona, y por el encarecimiento de una vida no aria
acabaron en los campos de exterminio. La Iglesia Católica compartía
intereses con los Ustasha, los sacerdotes católicos gestionaban las
conversiones en masa de serbios entre tanto que los franciscanos
extendían antisemitismo. Varios altos oficiales de la Iglesia fueron
juzgados y condenados por crímenes de guerra.
En 1943, acordaron con la sucursal religiosa el envío del sacerdote y
coronel etnicida Ustasha Draganovic a la sede con entidad en Roma.
Llegó como representante de la Cruz Roja croata y sirvió en un
seminario clandestino de Monjes Croatas. Ayudó proveyendo a los
criminales de guerra pasaportes falsificados de la Cruz Roja, y con la
invención del Ratline, la línea de las ratas, aligeró los trámites de
aduanas en un carril de huida fundado por sacerdotes católicos. Los
Ustasha lograron evadirse gracias a la plana mayor del Vaticano, y se
ocultaron frecuentemente en países centro y sudamericanos con
trayectoria y gran potencial clero-fascista.
Los inmensos ajusticiamientos civiles por los Ustasha fueron
habituales, las víctimas eran degolladas, a veces despedazadas y se
colgaban pedazos de carne en carnicerías con un cartel que rezaba-
Carne humana- . Los crímenes ejecutados por los católicos levantaron
el nivel del mar por fosas comunes. En panazimo fascinaban con orgías
nocturnas clavando clavos al rojo vivo debajo de las uñas y
salándolas, cortando todas las partes humanas concebibles compitiendo
por el reconocimiento de quien era el mejor degollador. Quemaron
iglesias ortodoxas llenas de gente, empalaron niños en Vlasenika y
Kladany, cortaron narices, orejas y arrancaron ojos. El apoyo del
Vaticano hacia los Ustasha durante la guerra no era ningún secreto".
José para en seco su explicación. Teja su ira de la incomprensión de
esta injusticia, como mísera saber que es una cualquiera del total que
ha tenido que recorrer en su vivir.
Pequeña flor le comenta-. Me acuerdo que dijeron que la iglesia
insistía en que no tenían nada que ocultar y al mismo tiempo se
rehusan a cooperar con los investigadores negándoles la entrada a los
archivos...
-¿Por la famosa regla de los 75 años? -Abreviaba preguntando José el
motivo de la negación.
-Sí, así es. 75 años de espera para que la iglesia publique sus
documentos -se articulaba el rostro de flor confusa, despechada
reflejaba su queja.
-¿Cómo fue que no seguiste a Masín? - Le preguntó José.
-No hubo necesidad, oí que iría a la cena que iba a celebrar el
arzobispo Silfredo Rocco veleta. Además conseguí la dirección de su
residencia.
- ¡Buena chica! Allí quizás esté ella. He de ir a buscarla, la
necesitamos a nuestro lado.
- ¿La necesitamos o la necesitas? -Preguntaba flor manifestando
reticencias sin caer en la mordacidad. Puede no sea buena idea.
-Flor, dos milenios sin ella, me han hecho descubrir eso que dicen que
querer es mas fuerte que tener. Lo que se avecina antes o temprano es
la batalla definitiva contra Dios, y ella podría equilibrar la balanza
a nuestro favor.
Recuerdos... ¡Esa balanza está trucada, seguro que nos engañáis! -
bramaba la anciana mujer ante nosotros. La cereza en mis manos, la
mirada en su fuego, mi voz rompió el hielo eterno de la edad glaciar
que entumeció nuestros momentos.
-Está muy buena -la dijo a ella.
-Pero si no la has probado -le detalló su comentario.
-Eh, sí. Sugería a que tiene buena pinta -espontáneo trocó la
conversación-. ¿Me podrías indicar donde hay un zapatero en Jerusalén?
Mis alpargatas están destrozadas del fatigado camino que me trajo a la
ciudad. ¿Sabes, donde está...?
-¡Niña, hazme caso!, me quejaré a los guardias y os cerrarán el
puesto.
-¡Tome! -La chica le entregó varias piezas de fruta a la anciana,
mientras esta las guardaba avariciosa, bajando el tono de voz, no
confundida regañaba ahora para ella. Al fin dio por finalizado su
descontento y se marchó.
-Confió en que no siempre sean así contigo.
-¿Esto? Esto es siempre así, que si las engañamos, que si son
pequeñas, que si son grandes, que si son muy verdes, que si...siempre
es así. Volviendo a la ayuda que le había solicitado el muchacho le
dice - ¿Sabes donde está la Torre Antonia?
-Yo, es que.. ¡No! -Acertó a dar con la respuesta.
-Ya, ¿eres nuevo en la ciudad y no sabes como moverte?
José afirmó con un gesto.
-Me has caído simpático. Espera. ¡Nehemias, salgo un momento a
descansar!
-Vale María, cuidado con el mal vino -sonreía el hombre campechano que
había tras el puesto de frutas.
-Bueno, vente conmigo, que te voy a llevar hasta el zapatero -le
indicaba con la mano la muchacha que le siguiera al chico despistado
que acababa de conocer.
- Yo no quisiera molestar.
-No molestas, necesitaba salir o me hubiera vuelto loca. Eres como un
salvador, a tu modo eres como un mecías.
-¿El mecías? Por el camino a la ciudad, me contaron los viajeros cosas
sobre su aparición.
-Sí, hay mucha fe en él -le contaba y percataba desinterés por este
tema en él- ¿tú no...?
-Yo es que...
-Ya, ¿que aquello que no puedes ver, no puedes creer?
-No, no así, incluso adopto al revés. A veces siento como si mi vida
estuviera marcada por alguien que me indica los caminos a seguir. Una
fuerza extraña que me ayuda a elegir, es muy extraño explicarlo, no
podría decirlo de un modo mejor.
-Quizás seas el elegido -le hacia caritas la chica en sonrisas. José
no decía nada, parecía pensar, o simplemente callar-. Ya sabes, los
textos, de... "que llegará un buen día y salvará a nuestro pueblo del
mal y..."
-Sólo soy un humilde pastor -inocente nombraba llaneza sobre sí mismo.
-Por algo se empieza. Ser pastor de ovejas o de personas no debe
dispar mucho, ¿no piensas así?
Albur casual, le detuvo unos segundos juzgar estas palabras tan
opuestas a tan igual pensamiento que reflexionó apenas minutos atrás.
Como si fuera matriz, copia de ideas repentinas, pura suerte eventual
corrige.
-"Bienaventurados los hombres de buena voluntad, que hacen su camino
labrando su futuro. El hombre que mira desde arriba caerá más alto,
sin embargo el que mira desde abajo le lloverán piedras. Mirar de
igual a igual, de tú a..."
Los dos jóvenes miraban a aquel hombre que elevado sobre una piedra
consignaba designios de proezas que lograr. La chica mostraba de nuevo
sus sonrisas con gestos sonrientes a José, ¿Qué, pugnando por quitarte
el sitio?
El muchacho callaba. Su timidez tajante firmaba su seco hablar, aun
afluía intenciones de hacerlo-.
Yo no, no, no seria capaz de hacer lo que él hace. Con mis ovejas soy
feliz, estoy regusto.
No sé como actuar ante los hombres, eso debe ser el fruto de vivir
rodeado de animales.
-¿De dónde eres?
-Soy de una aldea cercana a Nazaret, en el valle de Galilea, somos muy
pocos allí, apenas hay muchedumbre y menos chi... chicas como...
como... -y retraído cesa disimulando su mirada que le dirigía. Ahora
proseguían otra dirección.
-¿Cómo Como? Normalmente sentada -carcajeaba dulcemente.
-No te burles de mi, por favor -A brío de ruego dijo impulsivo.
-Si no me quería reír de ti, sino contigo. Oh pobrecito si te has
puesto colorado como un tomate.
-¡Pero no me lo digas que es peor! -El muchacho en parte enojado y en
mucho avergonzado acelera el paso, y camina un metro por delante de
ella para simular el tomate y la burla.
La chica le sigue, entonando una melodía que José escucha en
simpatías.
-"La mañana tenia un revés, era parte de mí haber sido sin querer,
un chico que encontré, lo lastimé..."
José miró atrás y le simbolizó con una seña que callara. Ella seguía
recitando, sin hacerle caso.
- "Creo que le dolió, más una piedra no fue la que le
tiré..."¡Izquierda, Izquierda, gira a la izquierda! -Voceando le
indicaba a José el camino que debía marchar, que recorrían juntos pero
separados.
-"...Y él dijo ¡Ay! Y yo le tendré que decir perdón, perdón, te lo
dice mi corazón...
-¡Schsss! -Chispeó José tras pararse mostrándole su ruego-. Cállate
por favor, te perdono, pero no me hagas esto, que es mi primer día en
la ciudad. ¡Ah, que difícil es esto!
-¿El que? -Preguntó ella.
-¡Todo!
-¿Todo el qué?-Insistía la chica en preguntarle
-¡No, solo tú!
-¿Yo? ¿Porqué me dices eso? -María, que era el nombre de la chiquilla
agachó la cabeza haciéndose dolorida.
-Yo no quería decir eso.
-Pero lo has dicho.
-Si, discúlpame.
-Lo ves, no era tan difícil, perdonado -ella le sonríe, mostrando su
disimulo de haber estado enfadada.
José, ya no sabe que hacer, si llorar o reír, y se decide por lo
segundo.
-¿Estas así de loca por tu trabajo?
-¿Quién sabe? Quizás si, quizás no, y quizás... ¡quizás no lo sé! -Le
sonríe, como si se tratara de un pez hinchado sus carrillos de aire-.
Ahí está la zapatería, tengo que volver al puesto, me ha gustado tu
media compañía.
-Yo... yo...
Su yo volvió a la era actual, la instantánea del pasado le trasladó
regresando al tiempo presente.
José mostró su palma de la mano hacia arriba, diciendo- ¡Es hora de
que llegue mi Maríaposa!
Toca la frente de flor y le envía un mensaje filtrado mental. Ella
sonríe.
-Pareces un caudillo. "Hasta que la tenga".
-Hasta que la tenga... para ser suyo -dice encejando, poniéndose
melancólico.
-¡Eh, que vamos a ganar! ¡Somos los buenos! -Advertía flor.
-Sí, pero sólo lo sabemos nosotros -reflexionaba José.
-Y Dios no está con nosotros, le guiñó el ojo pequeña flor ;)
El convoy enlazaba pasando las paradas, encasilladas a los registros
horarios, igual que la vaga independencia de la gente en sus
rutinarias pistas. Torpes formas de itinerarios, sin más cambio que el
adelanto o retraso de una unidad fraccionada por 60. Quizás se note
por algunos una mayor presencia policial en las estaciones. Quizás si,
quizás inmersos en la forma pactada de desinterés en la travesía, el
recorrido sea parejo a lo grabado en pausa anterior. Los cruces es la
enumeración. Los cruces de línea, los cruces de estaciones, los cruces
de cuerpos, los cruces de miradas, cortas, vanas, tediosas enlazan.
Pequeña Flor y Gaudi ya no están en el metro, del Vía Crucis
descabalgaron, pasaron hace mucho de las paradas.
Capítulo II Desconocida
La sonora refriega de pájaros cantando es obvia, del alejamiento de
los grandes edificios. Las calles anchas, las rondas circulan la zona
residencial embellecida por bastante vegetación. Incitante a la
quietud, la armonía va a la derecha de la paz que tranquiliza el
sosiego de estar fuera de lugar. Excitado del apetito que le despierta
de avivar el ahora del ayer José ha llegado a la mansión. Estimulado
lo tiene todo acordado, encontrar a María. Salta el muro de la
residencia señorial, y evita que suene la alarma trucando el hilo del
infrarrojo. En una interfase dirige el rayo de vigilancia con una onda
sin mediación en dos puntos de la línea recta, en el encuentro de él
al pasar está viciado el renglón de intercesión, y la centinela de
alerta en celo de la mansión la burla, de entrada.
Desenvuelto en el jardín se mueve hacia la casa.. Por la zona que ha
entrado no hay nadie que le impida avanzar hacia ella, y dar si le
viera allí el aviso de su interrupción en el recinto. No sabe a qué
puede enfrentarse ni a cuantos, pero por sentido humano le hace ser
precavido. Traído el encuentro esta mañana en el hotel con los
emisarios de fe y la ulterior escapada por el transporte subterráneo
presume que de estar María no estará sola, sino bien protegida.
Se cuela por la ventana de la habitación baja que da a la parte del
jardín por donde llegó, espacia sus pasos procurando no hacer ruido, y
percatar si hubiera personas cerca saberlo.
Busca, rastrea los rincones, los salones, los distintos cuartos. La
mansión a la luz contemplada sería definida por un palacete disimulado
del estilo renacentista, porque elementos de distintas épocas habitan
la decoración, que desinteresada, non grata purga José para llegar a
su María. Oye una voz femenina débilmente. Al acercase al esquinazo
del pasillo donde la había escuchado tiene que evitar ser visto por un
guarda que está situado en puerta de entrada de una de las
habitaciones de la residencia, oyendo presumiblemente peticiones al
estudiar su lenguaje de gestos afirmando. Puja apostando que la figura
que delante del hombre, al que ve medio lateral al dorso y ante la
puerta niega más vista, pueda ser ella. No transcurre largo lapso
antes que el esbirro se marche, al lado opuesto de donde está José.
Cuando desaparece de su vista José se traslada impávido en su
propósito, agitado su corazón removido, azorado en querer. Del todo
parado, del presente estado, del pasado tratado, del todo dolido, del
áspero vivido, del honor caído, acaba llegando por quereres.
Valiendo porte de saqueador abre la puerta sigiloso, y la cierra al
igual cauteloso más entrar, sellando íntima cualidad de ser privada la
visita, de extraños a cada huella impresa al andar se reconoce como
suya en seguirle los pasos.
La habitación está dividida en dos zonas. La que está José, la
entrada, que a modo de recibidor sitúa tres centros de sofás que
rodean en corrillo a una mesa. La rendija que se deja al cierre de
fondo entreabierta desvela la otra ración del cuarto y una sombra en
fragancia. Se dirige José hacia allí, y la encuentra a ella por
inherencia colocando unos libros sobre la mesa sin darse cuenta de que
la estén observando, ni tampoco advertida como la abertura de la
porción de la habitación es comida al abrirse a puerta abierta.
José tiende desprestigio. Vil bellaco se ayuna la alegría de verla,
lamentándose se hace sentir ante María al sujetarla a traición de
espaldas por la boca.
-No grites por favor -a norma de suplica en plegaria le reza-. No voy
a hacerte daño -de este modo indigno le ruega.
Ella en su cabida de la descompresión no está muy católica, se
manifiesta protestante. En su redención brama.
Un vigilante de la mansión cercano al lugar de donde se escuchaba
altercado, alertado por los gritos de María entra decidido en la
habitación, sin que dé tiempo a José a hacerse oír ante ella.
Viendo el custodia a un hombre desconocido frente a la mujer a la que
este ya había soltado al entrar, tosca en su voz- ¡Alto, no intentes
nada! -Sin sonar como advertencia ni calificativo apropiado a su
petición, ya que sin que José moviera músculo en su cuerpo, el recién
llegado, ¡sin bajarla, en guardia!, levantaba su lanza y la movía
intentando alcanzar a José en el pecho. José pudo agarrarla sobre el
palo de madera inmovilizándola antes de que le tocara. Se giró en 180
grados y de una patada certera anestesió al secuaz mandándole a
dormir, después de estar de guardia toda una tensión. Dejando caer al
suelo, arroja la lanza deseando no intimidarla.
-Soy José, ¿no te acuerdas de mí María? -Dirigiéndose le ora, le
implora festejando ante sus ojos el poder tener tangible las
aspiraciones de dejar de ser visionada. Y en duelo de desideratum
abrazarla sin morderla, como un amor que te abandonó, su rechazo es
sagrado para intentarlo. Que te dijo no... que te olvidó.. quiere y no
sabe como, "¿cómo como?" Recordaba revolucionario impreciso, se tiende
preso embriagado, y aprieta para adentro.
-¿Cómo sabes mi nombre? -Le pide explicaciones ella.
-El te ha hecho olvidar -sin detallar, lo dice desanimado, encuna su
pena.
-Has sido enviado por el diablo -consiente pensadilla de encontrar
rápida explicación a los malos sueños que figura José.
Él le enseña una cadena-, ¿era tuya, no eres capaz de recordarlo, ni
de mí? -Quitándosela del cuello se la ofrece con la mano extendida en
suma sumaria, a su mar de días.
- ¡Apártate de mi vista, Satanás! -De un manotazo tira de su mano la
cadena besando la imagen que deposita el suelo.
Aparece en escena, sin advertir lo que ocurría dentro de la habitación
la figura del cardenal Ratzinger. Descubre al guardia tumbado, la
confrontación entre José y María, y se interpola entre ellos para
mediar por la mujer.
José en su sensación no explica el comportamiento del impronunciado
alemán, el emisario de Cristo toma una conducta desconcertante.
Entrante decidido no dice nada, y desafiándole intercede entre él y
María.
José hace ademan de burlar al obispo con un rápido movimiento no
computable para la vista humana, sin embargo Ratzinger le para en seco
poniéndose delante. De esta forma José interviene comprensible lo que
predecía anteriormente, que Ratzinger no es quien representa,
mostrando al momento exacto un poder inexplicable.
De nuevo intenta llegar hasta María, pero Ratzinger le agarra el
brazo, obligándole a ceder en su intento. Haciéndole una llave derriba
al obispo contra el suelo, que ágil al caer impulsa sus piernas con
los pies empujando a José dos metros atrás.
María ya ha salido de la habitación durante la trifulca. A través del
ventanal ve acercarse a varios hombres de la guarda real del príncipe
armados por el jardín, que deberían permanecer en el edificio
adyacente que parecía un cobertizo. Oye ladridos de perros y la sirena
que le anuncia espontáneamente ¡Alarma! Un descuido y Ratzinger se
agarra a él, mientras dice- ¡Deja a María en paz!
José se siente sorprendido por el cáliz que ha tomado el rumbo de las
cosas. Con María huida ante su vista, varios hombres a punto de entrar
ante él, esto no sería mucho contratiempo, pero la inevitable realidad
de sentirse incapaz de hacer frente a Ratzinger le hace modificar sus
planes iniciales.
-Bonita palabra de tu boca, ¡paz Dios! -Ya que José por un remoto
momento pensó que era una función del Obispo.
-Estás equivocado José, yo no soy Dios.
-Entonces adiós -sujetándole las manos le retiene de espalda, dándole
una patada le desplaza y aprovecha para abandonar la pelea,
desistiendo de buscar nuevamente a María, antes de que el reconocido
prelado pueda frustrar su huida
Segundos de meros instantes, y varios vigilantes entran en los
aposentos de María.
-Monseñor disculpe, la señora nos advirtió de que un extraño había
entrado aquí.
-No está aquí, ya se fue.
-Buscaremos por la mansión, por seguridad. Haciéndole reverencia se
marchan -apostillando-. Le avisaremos si diéramos con el extraño.
Dejan a Ratzinger en su celebración de un ritual pagano de
pensamientos lúdicos, diciéndose- No es un extraño, no es un extraño -
ensimismado piensa para que no fuera ministerio.
Fuera de la mansión, en una calle cercana alejada del perímetro de la
residencia del príncipe para no levantar sospecha, una furgoneta
ocupada por pequeña flor espera la llegada de José, en su regreso de
la misión. Hace tiempo que se fue y nerviosa atesora nerviosismo en la
trama del destino. Oye ruido descubriendo a través del retrovisor a
dos guardias del príncipe portando metralletas en mano. Puede apreciar
que señalan al vehículo y como se acerca a ella uno de ellos, mientras
el otro espera a unos veinte metros atento a la requisa a la que su
compañero se dirige.
Pequeña flor discurre rápido, buscando en la guantera arremolina el
surtido de objetos que hay esparcidos a mediana orden, hasta dar con
una vieja pistola Tokarev. La saca, la engancha firme sobre el pecho
tras quitarle el seguro. Cierra los ojos momentáneamente para recoger
fuerzas para emplear el arma de fuego, y espera la inevitable visita
del soldado. Voltea la puerta abriéndose a la derecha, concordia mente
con su pulso y encañona allí, para aliviarse de que quien aparece,
sustituto del peligro, es amigo.
-¡Vámonos! -Acierta a decirle el hombre de nombre José, a la esperada
ganas de alejarse de allí por parte de flor, que guardando la pistola
donde estaba y encendiendo el motor arranca en segunda haciendo
ruedas. Al girarlas puede ver a través del espejo a dos guardias
caídos sobre el asfalto.
-¿Están muertos? -Pregunta flor.
-¿Qué más da? -Responde José drástico. Le impresiona en parte escuchar
flor estas palabras tan duras por parte de él. Sabe perfectamente,
ambos lo saben, que matar o no, no es una cuestión de elegir ética o
religión, ni decidir entre salvación o condena sin doble evaluación.
Sin embargo José ahuyenta ser un déspota evitando ajusticiar a todos
sus enemigos, ya que desde los escalafones de abajo, no son mas que
entes de zombis atrofiados en mentes envueltas en el engaño, creyendo
en una doctrina impuesta. La esclavitud es tomada como liberación, el
arrodillarse y someterse es voluntad apremiada en aplausos de fiestas
santas, muchas de las cuales no tuvieron otro interés que
cristianizarlas ante la repulsa de renunciar el populacho a ellas. Si
sirvieran de ejemplo no se nombrarían a Fiestas de San Juan, donde es
el único santo del que se celebra el nacimiento y no la muerte. La
Iglesia al ver que era imposible suprimir estas fiestas hace una
excepción y le conmemora el día de su nacimiento, porque fue
santificado en el vientre de su madre y vino al mundo sin culpa, y los
demás mortales nacen necios pecadores por haber bebido sangre de sus
madres, intercambiando placenta en su neutro planeta, dejando al
popular adulterar el solsticio de verano tomando posesión la
fecundidad de la verbena, San Juan. Porque fue imposible erradicar las
ancestrales celebraciones solares. ¿E insólita no hubiera ejecución,
¡Por Dios!, que conviniera a mismo día fiesta con muerte a la santidad
carta? Sus actos obras de adoración, sus pecados la mano que mece a
los renegados a demonios, denegados de la obra divina de vida, de la
misma que ellos retiran bendecidos. Rescatados del abismo adoctrinan a
criaturas, de lo afeo les hacen creer en la buena fe de ver como son
en su ser. Ser o no ser, es elección suya, y así también lo piensa
José, y él no desea elegir. Y matar José matará, pero no liberará. No
es un Dios, ni un exterminador. No es un salvador, ni el que todo lo
creó, sólo desea ser tan solo lo que imaginaria siendo yo...
Poco más adelante, pequeña flor gira torciendo por completo la
dirección de la furgoneta tras ver que un camión ocupa todo el ancho
de la calzada al estar descargando un contenedor. Al volver atrás, uno
de los caídos guardias se ha levantado, y ante la inminente vuelta del
vehículo apunta con su arma de repetición hacia ellos.
Pequeña flor vacila en que hacer, y José turbado, ¿de qué más da?
¡Nada da igual! Como hombre, tiene su ira y la comparte. Antes de
calibrar que hará pequeña flor, toma la decisión tensionando la pierna
y pisa enérgicamente el pedal de velocidad, revolucionando el motor.
Tal fuga de furia de llamas de dragón acelera el transporte hacia el
hostil hombre, que no rige entre apuntar y levantar la vista
viéndosele venir la furgoneta. Le impacta en su cuerpo, despidiéndole
acaba con el finiquito de su trabajo, metros allá.
Pequeña flor acompañada de nervios, encendida de la escena desacelera
su ritmo. Sin dejar de apretar a fondo marcha abandonando el lugar de
auto, su comparar viendo la nervadura de José es escasa. Las muestras
de horror, de guerras, de muerte ha sido frecuente en su vida desde
niña, y no es precisamente una Teresa de Calcuta, aunque impresiona lo
que ha visto. Ya te dice que si, y aun hace hincapié, la nervatura de
José irradia como díscolo de firmamento.
Le conoce desde siempre, desde los primeros recuerdos. Considerado
como un padre, después como un amigo, y a cierto modo un hijo, es un
todo en ella. Si tuviera que venerar, sería sin duda todopoderoso
Jesús. Mitificarle sería lo más justo, la estima no tiene fronteras en
su amor. Y nota desasosiego, una confusión que José no puede esconder
allá en donde su talón de Aquiles se descubren sentimientos, ¡en sus
ojos! Su mirada es el punto débil, donde ella es capaz de leer cada
movimiento de sus alegóricos ánimos. Ahora muestra aflicción, y no
puede más, y le pide que lo comparta con ella- ¿Qué ha pasado José,
que pasó en la mansión?
-No me ha reconocido... no sabe quien soy... Yo no...
-Debes inferir, y dar tiempo al tiempo. Sabes de lo que es capaz el
veneno católico, y más en ella como madre de la fe, el idolatrismo del
propio Dios la emana.
-Por favor flor, no me hables más de tiempo -recela y castiga lo que
escucha.
-Yo...
-Lo sé flor, perdóname -lanzándose su propio castigo se maldiga-.
Tienes razón, y no lo aceptaré ¡jamás!, sólo o sólo que todo duele.
Flor no le debe hacer falta mirar a José para entender su callar
repentino tras la frase, y que el mareo tiende a descolocar sus
formas. Hacia el limbo parte, allá donde desgana una salida hacia la
que ir, ya que allí no hay luz, no existe camino, donde murió su
último amigo, por medio de miedo se alimenta, por odio se vela, y de
queja se respira. Y tal disconformidad, no levanta más que desazón de
condenarte eternamente, de no escapar, cuando sin salida te advierten
que sin luz, sin amigos, te retienen sin sentido donde no hay que
marchar. Está allá donde le colocaron pastoral, donde el amor remató.
A lo interior se le escucha- "Demostraré valor, nunca más amor en el
paredón, sólo, y una taza de café..." -Inconsciente tararea una
canción creada en su conmoción, la única sublevación que presume
podría cumplir un adjetivo. Creador de su deseo, si de reflexionar no
se consigue, si por sufrirlo no se atiende, por conmiseración sería
una batalla perdida, y al rezo una estupidez, no hay forma humana de
tener el querer, e inhumanamente en su yo, percance daño.
Si no es fácil desde hoy, tendrá el mundo que recapacitar que son
milenios los instrumentos de segundos de movimientos en sueños que
evitó en sus adentros ser, una presencia suya que seguirá por la vida.
Si única fue siempre la postura, el deforme de cambiar sería
inservible, y lactante mama de Tesón. Ahora que la vio la fuerza es
sublime, de su ordenación no entiende que es una ultima sensación. A
su modo, del biocompuesto encuentra demonios en cielos "sin blue". Su
vida se disculpa así, hablando claro de María y cuanto esté que todo
se suprima.
El cielo no importaría pararlo en instantes a riesgo de vida truncada
por ese color que desvaneció, y debate- ¡Oh cielos, yo jamás te borré!
-Es el lamento de una obsesión. E imagina esa fantasía tenerla al
lado, como el sol que diera alegría, en su rostro enseña de la sonrisa
que le encolore.
Al verle en su caso es escaso saber lo que ha de pensar de él. En
nulidad matrimonial debe recitarla palabras hacia su virtud -¿Donde
estás ahora amiga María mía? Si todavía no lo sabe, no renegará por
serla fiel. Sus palabras, resonarán de tormento, eco del pensamiento.
Su mirada reflejará en apostólicos hombres, guiños en inesperado
encuentros.
Como aquello de ti, como todo, como solo tú-. ¡Ahora dime, dime,
dime!, ¿dónde estás amiga mía? Dios te condenó María, vacía eres en
repulsa. El infame creo contigo mi castigo. Desgraciada entre todas
las mujeres, maldito el provecho de tu vientre. Condenada María, madre
ilusa de la divinidad, no concede perdón por ellos fracasados
inocentes, nunca y jamás en toda nuestra muerte hasta que llegues a
encontrarnos en nuestra vida.
-¡No eres de ellos, y te daré un stop de retorno a mi! -Somete ante su
propia aprobación José.
-Flor, hay algo más. En la mansión estaba el cardenal Ratzinger y me
ha hecho frente. Tenía un nivel de fuerza elevado, tanto que me hizo
frente, hasta diría que mas pero se sentía retenido.
Flor ajena a cualquier interpretación no decía nada. Al fin pregunta-,
¿quizás Dios le halla delegado poderes como otras veces ha hecho?
-La explicación me apabulla, no acepso a que a un Obispo pueda darle
Dios ese tipo de poder, no es su papel-. No se -dice José -no se -
repite.
María después de la calma, ya apartado cualquier personaje de estancia
en la habitación revuelve con ella. Reflexiona de pie sentido común a
qué había llegado lo de antes, y le cuesta el iniciar pensarlo. Libra
por apartar la mirada de la cadena que José le había ofrecido y omite
resignarse, sucumbe ante el impulso que le induce a obrar mal,
recogiendo del suelo caído la fruta del árbol prohibido. Le vienen
detalles de cuando el que fue su marido se la entregó a su hijo y se
asusta de cualquier acople de interpretarlo. Abre un cajón del tocador
y recluye la cadena de eslabones enlazados, por condena a grilletes de
presidio, sin derecho de amparo de libertad de expresión.
El príncipe Masín ha llegado tras saber que un intruso había entrado
en su palacete. Directo va en busca de María. Golpea la puerta y abre
sin espera -¿Qué ha ocurrido aquí? -Interpeló que aclarase las dudas
que traía tras el aviso de la indignante incursión del desconocido
forzando la mansión.
María le cuenta asustada lo ocurrido sin dar nombre de hombre, detalla
lo poco que hubo allí de repentino.
-El mal es fuerte -concilia Masín-. Debemos tener fe.
-Si -resignada dice María sin calibrar nada más.
En la mansión las tinieblas no existen, eso sería una malformada
metáfora diabólica. El juego del movimiento, cabalgando como un gato
en la noche saltando sobre la luna, y a este lado daría pena
divertirse. No son mas que procesos incorrectos de una mente
desquiciada.
¡No, no, y mil veces no! En la mansión se respira quietud, negando en
mayor grado un fantasma absurdo de haber existido alguna inquisición.
Es una benévola casa, malévola lo impide libre.
¿De qué entorno es, esta reflexión?
De una inventiva de que los hombres no fueron mediadores buenos.
Sabiendo, reconociendo paso a paso la historia, este mundo de
contraparidas, en donde no se puede encontrar trazos de
confrontamientos, cuando la búsqueda del saber era cosa de herejes, de
míseros brujos retando al sol en su movimiento. De la eternidad muerta
de Eva y Adán, justo hemos de pagar por saciar bajadas de hemoglobina,
de los azucares de fructosa envenenatada. Y si librarse por clero,
porque tú me lo digas ¡Oh señor, elígeme! ¡Elige tu por mí!, porque
sólo merezco vivir si te da en ganas, si has tenido un buen día... me
comprenderás.
En la mansión cerrada a canto, han dado por finalizada la búsqueda de
los intrusos, tras haber descubierto fuera los cuerpos sin vida de dos
esbirros suyos. En la habitación de María está el príncipe Masín y el
cardenal Ratzinger, uno de los príncipes de la iglesia que se recluirá
dentro de unos días junto a la realeza eclesiástica en la ciudad
pontificia para deliberar elegir a un nuevo rey católico, tras el
duelo oficial por el funeral del antiguo patriarca, fallecido o
rendido por Dios hace dos vueltas terrenales. La clave bajo llave está
en el cónclave ¡Annuntio vobis Gaudium magnum... habemus papam! ¡Urbi
et Orb!!, ¡Tenéis nueva papada!, a la explicación de abultamiento
carnoso anormal que se forma debajo de la piel, daños colaterales de
la buena vida, efectos secundarios de buen tratado. Ambos hombres
hablan de lo acontecido. Los semblantes exaltan inquietud en María,
que sentada desea olvidar lo pasado. Tan inesperado inadecuado
momento, desoportuno, rompiendo un millón de ayunos. No sabe qué, no
quiere pensar ni relatar. No detalla nada que dudar, que fastidie
interpretación, acaece de voluntad, se deja llevar.
-Acompañadme -acercándose a María le pide Ratzinger. Esta expresiona
¡Nada!, exactamente. Su aire regulado desatiende los ojos con que el
obispo la indaga, queriendo encontrar un fallo que resorte. Aspaviento
en el interior la turba temerosa, rechazándose de continuar pensando,
pensando y sintiéndose que engaña al detener sus impulsos de
preguntar. Corcha hilos de cabos retorcidos y echa un velo a callar
acompañando al hombre de Dios a otro aposento. Como le solicitó, va en
camino.
Descorcha indecisiones a filásticas ¿Qué es el camino? No razona, el
desconcierto la invade, una alteración agarra su calma. Manejada de
hilos desea cesar su revuelo. La tierra se pierde a lo lejos de su
vista, el pasillo ancho se desplaza, el ruido de las palabras del
obispo comentándole ciertas notas enajena su retirada del verbo a
adjetivo. Se desplaza del camino, -¿y qué es mi camino? -Desorientada
se pregunta ella. Tantas interpretaciones se retuercen, desbordada
parece alejarse de la vía de tierra, de su recorrido rutea sin topar
la dirección que le lleve a algún lugar. Se resuelve su meta volante
cuando los dos se detienen junto a la entrada de uno de los aposentos
de la residencia del príncipe Masín. Ratzinger pasa sin llamar,
seguida de María a rebujo.
Al entrar, la radiación de luz infinita que dimana sin principio ciega
suave la vista, y nítido se rebaja la claridad hasta un ambiente
natural. La figura eternizada, escondida a la humanidad, tan conocida
por los dos personajes se descubre. Muriéndose la curiosidad de
describirlo, atempera las ganas de un nuevo encuentro. Sin dilación
les habla con resonancia, rebotando el eco en la habitación.
-Hijos míos, son tiempos difíciles. Siempre lo ha sido, y llevar la
cruz supone un largo camino de espinas.
María siente estas palabras tal si se crucificara ella misma,
encaminándose de remordimientos se axioma sin comprenderlo su impedido
insensato pulso.
-La muestra que nos ha tocado vivir aquí mismo, nos da una prueba más
de que el mal no tiene intermedio por conseguir su fin -anunciaba a
los llegados, la afirmación del dogma desde el principio del fondo.
Providencia calla y el cardenal Ratzinger se dirige a él, confirmando
las palabras del propio Dios.
-La consistencia y perseverancia conseguirá lograr el mundo que
deseamos.
Se interrumpe su hablar llegando la quietud. El lugar da instancia a
la relajación, a desahogarse, a calmar ánimos y ser sinceros. María no
puede evitarlo, sin retenerlo a través de un gas de la verdad,
cuestiona en propia indecisión.
-¿Porqué Dios, porqué se dirigió ese hombre a mí presencia, que quería
de mí?
Dios retiene su respuesta, haciéndose rogar, y pide a Ratzinger su
abandono de la habitación - Por favor déjanos solos mi fiel alumno -le
clama mirando al cardenal que se inclina mostrando respeto, y torna
irse de su marcha de la reunión. Al dar vuelta atrás enuncia postura
de superhéroe o supervillano con la capa agitada al viento, ¿pero
cuál? María lo distingue, pero ella no está para acometidas de
trapicheos ligeros.
Quedan María y el mandatario de ella solos en la habitación. María
durante estos últimos casi dos mil años le ha servido incondicional a
Dios, abanderada de la fe, el máximo estandarte de sus palabras en la
tierra. Dios utilizaba varios organismos de estructura simple que
fueran portadores del mensaje confiando una autentica programación de
la metrópolis. Ella sin rivalizar el poder que cada uno de los papas
han configurado la máxima estancia en el programa vaticano, es la
máxima que traslada la santidad por el mundo. Los papas vienen y van,
ella siempre ha estado a su lado desde el principio sin dudar, sin
esperar nada a cambio, ¿o quizás sí? Momentos de reflexionar...
-¿Sabes quién era la tentación que te ha visitado? -Le pregunta Dios a
una María insistente de meditaciones.
-Dios, me esquivo de encontrarle respuesta noble, no creo conocerle
pero...
El instructor curiosea en María, y tras llegar de la profundidad de la
luz se hace estar al lado. El le suaviza la frente conteniendo un
toque divino, María sigue explicándose-. Sin embargo tenia la
apariencia de un ser que hace años am.. amenizó mi vida.
-No receles, sólo es una visión de un ensayo constante. El diabólico
trama perversidad donde más nos puede afectar. La pretensión de ese
ser con apariencia humana la desdeño, y tras un alarde bellaco su
finalidad querer confundirte y sabe si ponerte en contra mía.
María, virtuosa discípula siempre representaba esas palabras divinas
como eran transmitidas, y hoy veleidad en rebeldía destripaba esas
uniones de letras, recreo de saltos de consonantes rodeadas de
históricas vocales y asimilaba de Dios ser el interprete de su propia
idea. Ya atrevida preguntó- ¿No podría ser que sea él mismo tras
condenar por el averno?
Dios no intuía ninguna destemplanza en la consulta de María. Ligero lo
tomaba a duda de adolescente, aunque no era normal que nadie ni por
supuesto ella las presentaran..
-En esta ocasión no -sin darle importancia respondía dando respuesta a
la desorientación que tenía la mujer.
Ella no conforme, osada le sugería procaz a Dios- ¿Estás seguro Dios
Mío? No quiero poner en tela de juicio tus palabras y me arrepiento si
al expresarme cometo sacrilegio, pero si él no llegó posiblemente al
reino de los cielos, ¿no podría vivir en su cuerpo eterno con Satanás?
-¡María! -Aceleró Dios la voz en primer momento. Rebajó su iniciado
vocinglero y discreto prosiguió su réplica-. No debes crearte
suposiciones. Belcebú regodearía en tu conjetura. Su júbilo de dicha
aumenta, en cada hipótesis deleite.
Dios retrocede retirándose de su presencia como humo al viento. A
espaldas se desplaza en dirección al fondo, citándole unas ultimas
líneas-. Fe María, fe, todos los demonios se vencen de esta manera.
La mujer sale de la habitación citada de vacilaciones, la lectura en
resumen son creencias no resueltas. No tuvo más nunca que actual,
especular, que en ningún modo más ahora dudó jamás, ¡Ahora y en la
Hora de Nuestra Muerte!
Una oración de una carta que nunca alcanzó trasmitida por Dios a ella,
y de su parte a los humanos. Jesús es una plegaria incesante, y Dios
no le da descanso en su encomienda de retirarse de este mundo, de
acercarse a su hijo, de reencontrarle de esa huida que tras la muerte
no ha llegado el día de reunise. Y ahora él... y el vacile transgresor
prosigue.
La puerta cerrada de la habitación que reunía anteriormente a Dios y
María, gime por el agarre de su empuñadura marcando la acción de
abrirse, nombrando la entrada del recién llegado.
Ratzinger entra y valúa ante Dios el insospechado suceso, con la
aparición de José.
-Hemos de acabar con él -de entereza se manifiesta ante Dios.
-No supone ninguna amenaza, lleva jugando por los siglos pero está
sólo.
-Pero señor, hoy se ha acercado mucho a María, y si consiguiera....
-El no puede hacer nada. De ella no conseguirá nada, porque es mi
instrumento, ¡igual que tú!, ¡igual que todos! Si él vive es porqué le
regalé la vida, quizás ha llegado el momento de vetarle de compartir
el mundo, pero sabes querido hijo que tenemos una misión más
importante, y no podemos desviar nuestras fuerzas en su búsqueda.
Ahora no es el momento, pero pronto llegará su hora, a todos les
llegará. Ahora retírate y con la decisión firme que te hace gala,
devota.
Ratzinger se ausenta, y la reserva de mutismo cerca el recinto.
En otro lado, enemistado con el anterior también se mantiene una
charla. Mas apaciguada entre ellos, pero no mas serena en la énfasis
de la importancia.
Flor examinó accediendo a los archivos del ayuntamiento desde su
ordenador, a que parroquia pertenece el padre Gaudi, era la iglesia de
la alma en pena. Junto a José ha ido a buscarle allí, por si acaso
dieran con él.
Flor hace rato que entró a la capilla. La iglesia desde fuera era
modesta, contraria al visto del templo de oro de cualquier pueblo
edificado entre casas mediocres. El gobierno eclesiástico formaba la
multinacional en franquicias, llegando y construyendo su todo a fe
donde no lo logró la coca cola.
Entretanto José guarda almas en la espera. Nota por la desfachatez de
las formas, presentarse junto a la puerta de la iglesia un monovolumen
de lujo tintado con los cristales oscuros. La velocidad que traía por
la venida y posteriormente el estacionarlo descarado privando el paso
de cebra a su normalidad cuando había espacio suficiente para
aparcarlo bien, abre una pequeña certeza de tener mucha prisa,
silenciada por no salir nadie del vehículo y/o ser los ultra católicos
legionarios de Cristo, rivalizando monetariamente con la banda del
Opus Dei. No cree que vengan a donar parte de su recaudación diaria
del programa "ayuda por un kilo". Su cartera de valores hecha de
donativos particulares confundidos en la letra grande de limosna a
cotizaciones de especulaciones, de comisiones innegables, subvenciones
otorgadas por los partidos más populares, de una derecha encubierta
centralizada al don del dinero donde no hay tendencias, no existe giro
a la zurda, diestra se compensa por tránsfuga de capitales, y al señor
partidario del parlamento negociado. Dios es un negocio al alza, las
acciones se cambian de manos limpias, protegidas por la santa sede
patronal, por las leyes, por el mutismo, incluso por presidente de
organizaciones republicanas gubernamentales tomateras. La corrupción
está blindada, la razón del mundo, en la vanguardia separatista del
país se compra.
La luz apagada del sol hace ademán de retirarse del día. La calle es
transitada alegre, el flujo de ajetreo se renueva de los ir y venir,
la disparidad de los individuos distrae la espera.
La afluencia a la iglesia es constante a cuentagotas, José se detiene
en cada una de ellas.
Quisiera no pensar, pasar del tema religioso, sin que la obsesión le
indujera a permitir parcial cada situación. La repetición de escenas
fervorosas, las insistencias de peticiones, ruegos, deseos de
creyentes, y la suya propia cae en redundancia.
Desenchufado de una recontra, su causa no iza ningún estandarte. No
mueve antenas copadas de medios, no existe la campaña de
desinformación, no atrapa prisioneros. Los enemigos de él ni siguieran
saben que lo son. Aquellas personas que irrumpen la casa del señor, él
los ve, algunos, muchos ya con el techo de su vida alcanzada, a las
puertas de retirarse. Planear que los tiempos ha cambiado, que la
religión descrece, que el fin vendrá a cada nueva generación
reduciendo los fieles o ser válida para una tapadera socioeconómica
politizada sería un error inmenso, una absurdidad tremenda.
La religión excusa la finalidad del misticismo de Dios. Cristianos,
musulmanes, mormones, tibetanos, la diferencia depara en detalles,
Fariseísmo que al cesar renacería en necedades o en disparates.
Humanos ataviados en vidas simples, se empeñan en salvar almas de
pecaminosos cuerpos. Sentenciados a la condena de Dios, alimentándose
de sus miserables existencias.
José despabila de representaciones teatrales cómicos-dramáticas cuando
pequeña flor baja las escaleras que rige desde la puerta de la entrada
de la iglesia a la calle. La mujer al acercarse al monovolumen lo
rodea para cruzar, y distrae su mirada de lo que piensa. Memoriza la
matricula y prosigue hacia su automóvil. Al llegar no encuentra a José
en el asiento de copiloto. Disimula en su intento de buscarle, con
ojos en la espalda desde los monos descalabrados acechan como se
desplaza. Sin girar la postura abre la furgoneta, y se pierde unos
segundos en tonterías, ganándose el tiempo para discurrir que hacer.
-No mires atrás -oye desde el trasero de los asientos delanteros,
donde se resguarda José. Lo puede ver por el retrovisor torciendo la
mirada, pero inmediato lo evita en su disimulo.
-Haz que te vas, sin detenerte. No digas nada, pueden notar que
hablas.
Pequeña flor arranca el automóvil y sale a la carretera. Se cruza en
el paralelo sentido con el monovolumen donde perceptivos la mirada
dirigían sus ocupantes a la retirada de la mujer, por la vía de dos
carriles. Tras pasarles, pocos metros más adelante José le señala con
su voz-. Metámonos en ese callejón, desde allí no podrán vernos.
Flor cumple la sugerencia de José y sigue sus indicaciones. La noche
aterriza sobre la poca luz que hay del día antes que se vaya
definitivamente. Conculca las intenciones de cotilleos, y la
vigilancia se torna hacia los inquisidores que protegían o
interpretación libre se enclaustraban confinando el lugar santo.
Flor se dirige a José para hablarle, mirando por el retrovisor no le
ve en la parte trasera. Él le habla desde el asiento derecho
causándole sorpresa a la mujer. Ella dice- No hagas eso, por Zeus.
-Ja, muy bueno. Por Zeus u Odín.
-U Odín de Zeus -da la vuelta pesuña flor.
Frívola la conversación retira la tensión apilada desde la temprana
mañana. La noche ha cercado al día, y le embosca para apoderarse de
sus dominios despedidos de tiempo especifico que preciar.
Pequeña flor trajina un ordenador portátil en la parte de atrás del
vehículo tras pasarse desde la parte delantera. Jesús cuida vigilando
la iglesia y la supervisión que aparcada seguía allí. A la vez,
cotillea a intervalos la búsqueda en la red de pequeña flor. Ella le
está contando lo acontecido en la parroquia.
-Los fieles me han contando que no han visto venir hoy al Padre Gaudi,
y de la monja que te he hablado, que me había dicho que no podía
atenderme hoy al estar enfermo, la noté exaltada.
-Quizás tome mucha cafeína -dijo José.
-¡Sí, o micebrina con redbull! -añadió Flor. José la miraba y sonreía,
volviendo a su vigilancia para no perderse en algún despiste-. En
serio José, creo que ella sabe donde está. Puede que en la iglesia
escondido ¿no? -Se preguntaba poniendo alguna posibilidad a su
encuentro.
José no contestó, no sabía si cabría esa opción de hallarse en la
parroquia refugiado el cura.
-¡Vualá¡ -Elevó la voz Pequeña Flor, entusiasmada por hallar lo que
indagaba en el ordenador.
-¿Qué has encontrado? -Le preguntó José.
-He entrado en la base de datos de tráfico y he dado con la placa de
la matrícula de la furgoneta que está esperando. Y no te vas a
sorprender, verás que no, está a nombre de Rocco veleta.
-¡El Obispo! -Ellos mantienen su mirada, sobre el semblante afirman
incorporando sin comprendio, aparte de la trama de la intriga.
Sin dar tregua para cábala irrefutables, José ve salir a una monja de
la parroquia, y se lo hace saber a pequeña flor-. ¡Está saliendo una
religiosa!
Con el barro revestido en las ruedas esperaban en el vehículo
Un pésimo centímetro es capaz de destruir un mundo, quebrar una luna,
y recorrer la vida para llevarla al límite del frío inexplicable.
Una bala lo pudo con todo, y saló al ser de José en humedad sumergida.
Le llegó a su flor la alergia del mundo pasada de humano a humano,
pistola en mano contagia inmunes bronquios por respirar impensable
paz.
En los pequeños detalles se esconde lo más grande. Atacada niña, la
sobresalía tanta sangre que su corazón tallaba XL.
El genocida infantil cargaba de nuevo pasando su fuego a senior.
Eléctrico motor José detiene la afluencia de recursos, apunto de nuevo
¡asesino! Devuelve atestado por la boca esperma de una hilera de
tejidos de rata hinchada por la cloaca del vomito. Son dos cámaras de
aire que se pinchan, pulmones salidos de padre que acaban desinflado,
y separado por no respirar, merecido le consumen al Croata.
José despoja la cubierta, a pecho, y con la camisa quitada procura
inmovilizar la incontrolada sangre que no se detiene en la retención
del torniquete.
La flor se manchó teniéndose del color del corazón. José aspiraba para
que no se secara al sol.
-¡Es con quien hablé, la hermana margarita! -La novicia está
motorizada. Abre un coche gastado por los años y se marcha del
cuadrante que José y Flor pueden llegar a ver desde donde están. El
monovolumen mafioso que esperaba en descansillo ruge el motor, se
encienden las luces conduciéndola detrás del coche de la monja, lo que
hace que José y flor se unan en su persecución como pista válida,
empezando la casería del juego del gato y el ratón, cerrando la
comitiva.
Alejándose por las calles de las grandes avenidas tras dejar una vía
rápida, la monja tuerce hacia una zona más cerrada, además estrecha.
La zona residencial aparece desértica casi de gente y coches
circulando, y la línea imaginaria que pende el equilibrio que forma su
mediatriz se alarga, guardando separación de no ser descubiertos. Los
circulantes de ABC conjuran restringiéndose conminarse de pronto.
La lentitud de la monja al conducir rumorea que busca aparcamiento.
Hallándolo fácil, lo señala para aviso de quien venga detrás. Los
ocultos seguidores se detienen cobijándose en la oscuridad, y salen
del encubrido transporte tres hombres siguiendo sus pasos.
El vehículo donde viene José y pequeña flor retiene su carrera,
calibrando una separación comedida.
José balanza la táctica de forma arbitraria, soportando él todo su
peso-. Espera aquí, pequeña flor. Ahora sabemos si es una pista falsa
-José sale a la calle, y abre la puerta seguido más cerrarla, pidiendo
prudencia a Flor-. Te lo digo en serio, no te muevas de aquí, ¡y si te
descubrieran vete no me esperes!
Tras un nuevo cierre José simula ser un paseante más, en esta calle un
paseante casi único. Logra ver a la monja entrar en un portal antes de
perderla de vista, y a pocos metros de ella los tres presuntos
legionarios de Cristo la igualan entrando en el edificio.
Al aproximarse al monovolumen de sus antecesores perseguidores, José
calibra si ocuparse de los ocupantes que hubiera o librarse rápido
esquivándoles e ir tras la monja.
El discreto silencio se ha adueñado de la calle. No es menos cierto
que esto duda segundos, la quietud se anega tras el escollo golpear
contra el espejo retrovisor derecho, haciéndolo añicos, de una piedra.
Sobresaltados salen los ocupantes delanteros del automóvil, gritando-,
¿qué pasa, qué ocurre? ¡Demonios! -Consigue decir el que bajó por la
parte del copiloto al ver venir un objeto hacia él, antes de descubrir
que es la punta de una bota, más el resto que ya no vería al sufrir un
puntapié del salto que había dado José hacia él, reservándose
contrarréplica a- ¡No a los Demonios!
Antes de que pueda hablar el conductor que ha bajado por su lado, y
estaba sacando su arma de la empuñadura de piel que llevaba en el
pecho, José voltea sobre el capó de la furgoneta, girándose en pleno
revuelo le sacude una patada en los morros acallando las intenciones
que en giro brusco conducía. Este pierde el equilibrio por el impacto
tambaleándose hacia atrás, a la vez que de la parte trasera del piloto
un tercer hombre que permanecía en el interior del vehículo sale
esgrimiendo una pistola. José se escuda agarrando al piloto golpeado,
deteniendo su caída se impulsa junto a él al sentido contrario,
cayendo de espaldas y delante viniéndosele encima el inconsciente
cochero, rebatiendo el desafío de la acusación que le apuntaba el otro
sicario, reprobado detiene en su cuerpo los impactos de bala. José en
su caída, acerca su mano al brazo del ya muerto esbirro a torpeza de
su compañero, y sujetando la pistola que se desprendía de los inertes
dedos insensibles, deriva en un disparo que disgrega las intenciones
de su opresor deteniendo en seco el recorrido de su execrable
existencia
Oculto tras la furgoneta pequeña flor no eleva toda la visión que
tranquilice la lucha que ha contemplado en parte. A flor de piel
alivia tensión, al poco puede ver que José sigue en pasos corriendo
veloz hasta el portal entrando, dejando en la calle tras un pausado,
vuelta a la calma.
Recién llegado, echando iniciativa recoge la idea de plantearse la
situación más acorde. Remiendos a tantas luchas sacando conclusas
recompensas, de personas concretas, de dañar insignificante a Dios o a
sus fanáticos ultras, sabe que son idioteces en lo que representaría
una batalla real contra su enemigo.
Está dureza de juego ante amalgamados hombres sin don. Religiosos,
mercenarios, mixtos o autárquicos. La dura entereza se hace
insoportable tras batallas diarias, por existencia acecha en la
búsqueda insistentemente, por fraude de traiciones indignado de la
verdad, cada liza le hace perder algo más en su condición de humano,
de su menguada mitad humana.
En la quinta planta, el hombre que custodia el piso en forma de cura,
escucha en la puerta unos golpes discretos. La llamada es retenida en
la puerta, dilatante.
-Abra padre Gaudi, soy yo, la hermana Margarita -Anuncia quien es para
convencimiento del hombre interior, que abriendo sus puertas deja
pasar a la conocida providencia. Más abrir, le arrojan a cuerpo a la
novicia y sin dar uso a la razón entran los tres hooligans seguidores
de la monja, arropando juntos hacia dentro.
El padre Gaudi descorazonado palidecía de volver a repetirse la misma
escena que le había abrigado a retirarse a escondidas del peligro que
le seguía. La hermana Margarita no omitía la fuerza de su credo ante
los presentes.
Uno de los corpulentos hombres que la atentaba le instigaba. -Reza
cuanto quieras hermanita, que Dios hoy juega en campo contrario.
Otro de los personajes inspeccionaba la morada que escasa limitaba su
confort a una habitación, una cocina de un fogón, un cuarto de baño
enclenque sin baño, más que con un plato de ducha y la sala donde
estaban todos, que parecía haberse tirado unos tabiques para juntar
salón con habitación, al dividir la mitad del piso sólo en este
espacio. De uno de los armarios empotrados sobresalía lo que parecía
una sabana de lo que estaba recubriendo, el colchón de Sor margarita.
Eran detalles insignificantes, despreciables cuando la importante
tensión sometía toda la emoción fuera del cotilleo absurdo de rumorear
explicaciones detalladas, tales como un vaso de agua sobre el armario,
enjuagado de un producto limpiador de una dentadura postiza, que por
cierto, no estaba. Y era fácil buscar en qué boca chirriaba, y de la
cueva que formaba su concavidad escupía caridad en sintonía de
milagros. Cantidad de reseñas de huecos de rellenos, de mal comida o
de caries, empastes de que la han pillado en jaque, que se erosionan
en detalles.
-Limpio, no hay nadie más -advirtió el marujo que buscó por la
vivienda desprotegida.
-Ok, se acabaron los rezos -anunciaba el fin sin escape para los dos
religiosos, a manos de otros hermanos de fe más traviesos.
Exageradamente maliciosos si la censura omitiera negarlo.
De escalones acelerados ya ha llegado José a la quinta. En el pasillo
manifiesta una puerta abierta que le invita a descubrir donde están
sin embozo. En la entrada del rellano se detiene haciendo constar su
presencia, observando el cáliz de la situación, viendo a tres hombres
guardando en paralelo su similitud de coordenadas. Más atrás está la
hermana Margarita, y el padre Gaudi, que ya lo conocía, de haberle
visto en brevedad por la mañana.
El hombre que parecía el jefe de grupo encañonaba con la extensión del
brazo a los dos profesadores católicos. Giró sobre José, este
permanecía parado. Todos, excepto el apuntador retenían moverse, y
hablar- ¡Llegas tarde, la fiesta ha terminado! -Dijo. El brazo de él
seguía extendido, y José se preparaba para el disparo de la pistola
que llevaba puesto silenciador, pero sin embargó paró en seco lo que
se preveía. El sujeto articuló a la inversa volviendo a sus fueros de
origen, y echó fuego del arma contra el sacerdote. La hermana
Margarita se interpuso entre el objetivo recibiendo el impacto del
proyectil.
En ese instante, si de la comparación de una partida de ajedrez fuera,
en pausa, cambió de canal a una melé de rugby. El que había disparado
no volvió a disparar contra el padre Gaudi, que permanecía arropado
cubierto en su mayor parte por el cuerpo que se le iba a la monja
Margarita. Tiró como un juguete de cuerda hacia el lado de José,
dispusiéndose a dispararle. Los otros dos compañeros intentaban sacar
sus armas que permanecían guardadas, ya que la aparición de José les
había pillado por sorpresa y se habían relajado al apresar al cura,
que debido a su indefensión no les causaba ni risa para preocuparse.
El macabro personaje disparó, pero encontró el punto perdido en el
hueco del descansillo, que tras la puerta se había alejado de su
intención de acabar con José. Este había rodado sobre el suelo, y
llegado en gracia se metió entre las piernas del hombre a su espalda,
la cual ya había de nuevo doblado, queriendo ahora sí, acabar con el
padre Gaudi. La monja ya descansando sobre el suelo frío, descontaba
su presencia y el escudo que le supuso al padre Gaudi anteriormente.
José retuvo la intención al colérico hombre. Agarrándole el brazo
logró desviar el proyectil, asestando el disparo contra su compañero
que a la izquierda intentaba apuntar a José, dando de lleno sobre el
cuerpo, caía postergado. De un manotazo abierto sobre el cuello José
sacude a su confrontario un topetazo en la nuca quitándole la
consciencia. Coaccionado a su derecha, chepudo en su intento de
erguirse, saca su pistola el tercer asaltante, el único que quedaba en
pie de ellos. Antes de conseguir levantar el revólver, de una patada
que le impuso José hace nacerle alas al arma, volando fuera de su
alcance. Al retornar José de su medio salto el equilibrio se pierde,
enredado sus pies al posicionar sobre la alfombra le arruga su firme
pose. Tendiéndole una emboscada al azar, cae.
De este aprieto se aprovecha el supervivido intruso, que saca de su
espalda un gran machete afilado que llevaba envuelto en una cartuchera
especial para guardarlo. Le da la vuelta, y sujeta el filo con
determinación de arrojarle el arma blanca. José perdida la situación
agarra rápido una manzana que junto a otros despropósitos se habían
caído, en la entrada que interrumpió el vacío que compartía el padre
Gaudi hasta el presente lance, que maduraba por el suelo
Sujetándola aparándose en legítima defensa, consigue detener el puñal
que le acaban arrojando, al clavarse sobre la pieza de fruta que
actuaba de cáscara baluarte. José contraataca, y desde el suelo le
plancha una llave para hacer caer al impresionado contrincante. Puede
levantarse de inmediato al igual que José que elevando la pierna le
etiqueta, colocándosela debajo de la barbilla arrastrándole medio
metro, cuerpo entero hacia atrás contra el tabique ejerciendo una
fuerza brutal le sujeta y eleva del suelo, presionándole el cuello
hasta que cesa su anhelo de recoger insistentemente oxigeno que se le
escapaba.
José tras acabar con el último legionario comprobado al arranque de
tirón de camisa, se acerca al padre Gaudi, que sentado sobre el suelo
guardaba el cadáver de la hermana Margarita. Perceptivo de lo que
había pasado, no encontraba una posición a la que acogerse, perdido en
todo este asunto del deseo que tenían de darle muerte.
-¡Hemos de irnos de aquí, pronto vendrán más! -le informaba en
frecuencia modulada al sacerdote que arrugaba su cara, cuando para él
se había detenido la transmisión de señales que escuchar. Ver allí la
hermana postrada, los cuerpos también perdidos acompañándoles por el
pavimento de esos hombres que instantes escasos habían intentando
matarle, y ahora esa voz consejera de un hombre desconocido, que si,
que le había salvado dos veces, no sabe como encajarlo en el tiempo
presente.
-Y no podré retenerles indefinidamente en su empeño de asesinarle -
prosiguió su insistencia José, con una frase tan rotunda que el cura
se lo tomo como un hecho real, práctico, válido actualmente.
Se levantó diciendo- ¡Vayámonos¡ -a un modo pausado acompañando sus
pasos. José salió por delante vigilando la entrada por si hubieran
llegado más contrincantes, pero allí no había nadie más. El silencio
impuesto inhabitado a voluntad dejaba carente el vació del pasillo.
Se dirigió de nuevo al sacerdote, que de pie observaba el plante de la
escena sin inclinarse por salir definitivamente del piso-. Ya no
podemos hacer nada por ella -le comentó agarrando suave el brazo del
Padre Gaudi, queriendo aportarle entereza
Dándole la razón en oculto silencio, el hombre apagado salió de la
casa y bajaron escaleras hasta el portal. José nuevamente conspiró una
posible encerrona de que le esperaran, y se escurrió fuera a la calle,
asegurándose que no corrían peligro.
A la pequeña distancia seguían por los suelos los esbirros, tumbados
por coma mortal. Oyeron de inmediato sirenas de policía que anunciaba
la pronta venida al lugar. José quiso hacer un gesto llamando la
atención de Flor, pero esta ya habiendo visto a ambos hombres salir
del edificio había ido a su encuentro. Deteniéndose sobre ellos les
instan en una de esas dependencias que sobraban al caso-. ¡Subir,
rápido!
José iniciaba entrar por la puerta derecha delantera, cuando el padre
Gaudi sugirió-, ¿no deberíamos esperar a la policía? Se encargaran de
ellos y...
José se detuvo sin entrar en el vehículo. Sujeto sus brazos al techo,
dio vuelta a la cabeza y se dirigió raudo con sus palabras al
intranquilo y confundido sacerdote-. ¡Ellos son la policía! Si quiere
vivir padre -diciéndolo de una forma que le resultaba a José forzada a
calidad de que considerase su confianza en él, añadiendo-, no intente
buscar una razón. Si se queda no obtendrá respuestas, sólo la muerte.
El padre Gaudi, que en básico se había sentado en su decisión de
esperar a la fuerza de ley al oír sus bocinas, la serena explicación
de José le instigó de tal manera, que dándole todo un acertijo era
justo lo necesario para decidir acompañarles.
José ya había entrado en la furgoneta, notificó a Flor la muerte de la
monja y andaba sentado dispuesto a irse. El padre Gaudi abrió la parte
trasera y dijo en humor negro-. Espero que no halla que echar
gasolina, no me he traído la cartera..
José y pequeña flor se miraron y sin malevosidad carcajearon en reposo
ante la expresión tan insospechada que había tenido el clérigo-. No se
preocupe Gaudi, y no evite distenderse. El peligro de hoy ha cesado de
momento.
Algo que cura insignificante no podía calmar religiosamente. Parecía
tenderle un alivio contenido el que la resolución de su tranquilidad
no había llegado. No era sólo los intentos de matarle, no era todo lo
que consistía en él, ahora ya había muerto una persona a costa de
salvarle la vida y era tembloroso no poder cesar revivirlo.
La furgoneta iba por las calles alejándose del punto donde se encontró
el trance, en el piso de la monja. Las sirenas ya no se escuchaban, y
el derroche de evitar hablar aguantando la huida ya cansaba en todos.
Rompió pequeña flor el himen del sigilo-. Padre, ¿dónde estaba, esa
era su casa? -Ellos no lo sabían, quizás tenían puesta su creencia en
que no, pero flor aparte de querer saberlo segura, buscaba complicidad
para formar un diálogo.
-¡No!, era la vivienda de la hermana Margarita. Pobrecilla, era tan
buena. Me refugié en su casa tras lo que pasó esta mañana en el hotel
-No dio detalles de lo que había pasado allí, ya que había visto a
ellos dos, a José en la habitación y a pequeña flor cuando huía en la
misma planta, donde había encontrado el infortunio de su sentencia.
Gaudi inició una de las tantas dudas que se le amontonaban, y varias
donde ambos acompañantes que le antesaban en el vehículo estaban de
por medio-. ¿Vosotros quienes sois? -Preguntó buscando un poco de luz
al sin sentido.
- Yo soy Flor.
- Pequeña flor -sugiere José.
-Y él es José- le da réplica ella.
-¿O pequeño José? Se dice el padre Gaudi, sin esperar comentarios.
-Bruuff -Flor se parte de risa al oír esto, mientras José se lo toma
simpáticamente.
-Ésta podría ser su oportunidad de cambiar de profesión -le sugería a
José dirigiéndose al cura.
Dejar los votos por el reality show.
-Sinceramente, estaba en proceso de descolmugarme y dejar el
sacerdocio. Soy teólogo, si, así es como me considero.
-¿Quiere decir que ya no pertenece a la familia católica? -Le preguntó
Flor.
-Bueno yo... -se retiene primer momento cautelando que decir y
prosigue- a todos los niveles sigo siendo sacerdote, pero desde hace
tiempo mi labor está encaminada en otro sentido que no comparto con la
Iglesia. Sigo sí, quizás de forma egoísta por la oportunidad de poder
ayudar a otras personas, que estando fuera sin hábitos no conseguiría.
-Menos mal, decía flor. Sino a ver como convencer a un sacerdote de
José.
Gaudi no comprendía de que hablaba, siquiera si se trataba ese José
del mismo hombre que le había ayudado a librarse de sus opresores.
Trasladó su indecisión a ella preguntándoselo-, ¿José, pequeño José? -
Señalándole al hombre que le había rescatado..
-¡No, Gaudi! Soy solo José, sin pequeño.
Flor no aguantaba más, y se reía sin poderlo retener. José la miraba y
se sentía salpicado de risa, de tanta que hasta a él le hizo sonreír.
-Ah perdón Don José, usted disculpe mi torpeza.
-Nooooo, esto va a peor -Pequeña Flor que aun no había detenido la
risa del anterior comentario cómico de Gaudi, detuvo el coche entrando
en un camino que encontró en la carretera, escondiendo la furgoneta de
presencia de miradas ajenas. Flor no era apática a la última
valoración oral de Gaudi y no titubeaba en reírse.
Ella Apagó el motor, restreñando el ruido. Las luces ocluyeron su
mirar, quedando en stand by dormían.
Desde luego la coyuntura que obligaba a haberse unido a aquellos tres
personajes en el día de hoy daba por sentado que la carga de pesar era
mal sostenida, y en cambio ante una intervención inoportuna de Gaudi
se retornaba por y aunque fuera instantánea perecedera, hasta su
caduco momento ocurrente, sobre todo para flor, que le había entrado
el baile de san vito.
José explicaba clases de parvulario cívico.
-Usted Gaudi. Ella -señalándola- Flor, y yo José, sólo José, no es tan
difícil.
-Lo he entendido -advertía el cura sin ánimos de debatir, concienciado
de no darle importancia si había habido alguna expresión inapropiada-
No piensen que soy un estúpido. Ya lo tengo claro, tú José, y ella
flor, o chiquita flor -dijo con templarte adusto.
-Eh, pero bueno -se rebelaba flor de lo oído.
-Excúsame hija, era mi forma de quitarme el miedo que tengo.
Dispénsame, me reprocho yo mismo de ser tan infantil.
-Nada, ha sido divertido -oxígeno nitroso alertado por fuego sacudía,
y mediaba de ser singularidades espontáneas sin trasfondo.
-Gaudi, ¿porqué han intentado matarle? -Intentaba José averiguar lo
que estaba ocurriendo, perdiéndose la fugaz relajación.
El rostro del padre se serenaba en querer hablar, respondía su
semblante en no poder explicar muy bien el suceso- ¿No sabéis vosotros
el porqué? -Contrapreguntaba.
José y flor le miraban y no negaron. Esperaban que el párroco les
diera la respuesta, y él distinguía en la callada negación de ellos
que lo confirmaba ese apunte.
El padre intentó sacar algo que exponer, pero se le notaba reticente a
desvelar cualquier dato que no debiera. No se encontraba del todo
seguro, pero sabía al completo que ellos le habían ayudado a salvar la
vida, y si no fuera por la intervención precisa de José, ahora no
estaría destejiendo cuerdas que sujetaban el puente hacia la única
salida despejada. Era un riego adentrarse y caer, pero el obstáculo es
que le habían empujado ya parcialmente atravesarlo, impulsándole de un
modo agresivo. Sin ser atrevido no decide, tan único pasaje se supone
que hasta cruzarlo por inercia se debe, se sigue.
-Yo... -iniciaba en un gran monosílabo su idea que le pedían ambos
personajes que acababa de conocer un rato antes. Yc... - parecía tener
una respiración sibilante o querer volver a la estrecha sobresaliente
monosílaba, pero aceleró en su pasar y saltó en él, conjuntándose a la
vez con nuevas palabras-, no puedo confirmar el porqué de atentar
contra mí. Es cierto que intuyo que debe ser... -amagó a medias y
prosiguió su explicación-. por el desc... -renovó su parada en espera,
y se encaminó sin vuelta atrás al desnudar los cabos que agarraban la
entrada del reforzado portón-, descubrimiento que hice, pero no
entiendo que por ello desearan mi...
José le detuvo para ayudarle en la travesía.- ¿Qué descubrimiento? -le
solicitó que hablara de ello.
Gaudi se escurría entre los tablones. Miró atrás, y la pasarela no
tenia ya entrada. Era perecer o seguir y sortear lo que hubiera que
venir. Se instaló en su continuar agarrando la mano que le tendía
José.
-Una profecía que concierne al mundo religioso, y en global a la
humanidad.
Flor se dirigía a José evaluando lo que había oído, dándole
explicación a su entender-. ¿Las profecías no han sido instrumento del
pasado? Hace siglos que no hay nada relevante en la forma de actuar de
él.
-Sí, tienes razón, pero dejemos que nos diga. Gaudi por favor,
cuéntenos qué tiene de misteriosa esa profecía
-Bueno, sería muy largo de explicar, y necesitaría mis apuntes para
poder dar una visión correcta de ella, aunque se puede simplificar en
una fecha histórica precedida por otras que ya ha habido que dará con
un eventual suceso sin precedente.
-¿No se tratará -le preguntaba flor- de la profecía de los papas,
donde el último de la lista sería ´"Petrus Romanus", y alude a la
destrucción de la ciudad de las siete colinas?
-¿La profecía de Malachy? -Curioseaba en pregunta-respuesta rápida
José.
-San Malachy -Detalla Gaudi, corrigiendo lo que no era un fallo de
José, sino su actitud de anular nombrar santos donde no los hay.
-Sí -dice Pequeña Flor-. Circulaba el rumor por internet...
-El viejo bastado irlandés -denigrando interrumpió José los detalles
que daba la mujer.
Gaudi alzaba su miraba impactado, no acostumbrado a este reproche
malsano hacia personas religiosas.
-Es verdad que existe, ejem, esa profecía, que le fue otorgada por uno
de los propios papas a instancia del mandamás, pero el muy ignorante
apenas sabía leer, ya que mintió en su congregación haciéndose pasar
por escribano, y malinterpretó los escritos que le dieron para formar
la leyenda de los futuros papas -narraba José cuanto sabía.
El padre Gaudi se sorprendía del tema que se hablaba. Le resultaba
insólito los comentarios de José de temas que él, no ya como católico
donde debería aceptarlos ciegamente, sino como historiador de
religiones le obedecían familiares. Ahora separados enemistados, la
historia era su debilidad y la causa de encontrarse desvalido de la
desgracia recogida en la última cosecha del día-. ¿Cómo sabe eso amigo
José, porqué cree que San Malachy interpretó mal la profecía que tuvo
durante su visita a roma?
-No lo creo, lo sé, créame Gaudi, lo sé.
Sin mojarse, a Gaudi no le pareció convincente la respuesta de un José
precavido de la intemperie. Ya que él en cambio pasaba sobre suelo
mojado de un puente escurridizo, lluvioso se añadía a su tarea
difícil. Entendió que había sido sincero con sus compañeros de
travesía, pero sin embargo de ellos no conocía nada, ningún dato que
permitiera poder juzgarles, o al menos adjetivizarles. Así se lo hizo
saber a ambos.
-Creo que deberíais contarme como sabíais que iban a intentar matarme.
Yo he revelado en parte confiando en vosotros, pero necesito lo mismo
que me pedís, respuestas, que ahora me aquejan mi cabeza de tremendas
dudas. Lo necesito -no dijo más, aceptando que ellos habían entendido
perfecto su postura.
-Está bien, sincerémonos. Yo soy José, José de Nazaret, lucho contra
Dios, busco a María. Esta mañana seguía su rastro y me tropecé con
usted en la habitación cuando le iban a despachar. Después le hemos
buscado para que nos pudiera dar una explicación al porqué, de lo que
había pasado. Y nada más. Bueno, y pequeña Flor me acompaña, pero no
tema, ella es normal.
-Si -acepta ella-, así que la kriptonita no me hace nada.
El presbítero ordenaba cuanto había escuchado. En primera instancia
tomaba a José sus palabras por loco, en segunda de cómico, y de vuelta
a la sensación de que aquel hombre estaba chiflado le hizo entender
los complejos.
-¿Estáis locos o qué intenciones tenéis para engañarme de este modo
tan vil?
José agarró el brazo a Gaudi, y este, ambos, partieron en una
retrospectiva que José proyectaba de un momento vivido anteriormente.
Era una de las habilidades que podía conseguir. Cierto modo no era lo
que los ignorantes pensarían como un gran don, un poder absoluto,
simple sólo le valía para volver a vivir su vida si era preciso.
Si olvidar es difícil cuando se quiere, cuando la vida está grabada es
imposible desprenderse de ella. A voluntad él podía regresar, y al
igual uniéndose a otra persona seguirla en el viaje al pasado... en un
retorno de ida y vuelta válido para ocasiones. Ahora José trasladaba a
Gaudi a un recuerdo profano en las entrañas de su mente.
En primeras, revive la escena en la habitación del hotel tras la
puerta. El propio Gaudi oye sus palabras, recorre la escena de José
luchando con los malvados hombres que se encontraban en la sala, los
disparos, los asesinos caídos, y se fija en la cruz roja de uno de
ellos. Se agacha intentando tocarla temeroso, descubriendo que sólo es
una capa en la cinta del tiempo. Una figura que ve, que oye, y siente
tan natural como estar allí sin poder participar. Un espíritu
revelado, velando la película de José. Ve su propia huida, y el
posterior encuentro de pequeña flor llegando por el pasillo hacia la
habitación.
Inmediato saltan en el recuerdo en el frescor del tiempo para
trasladarse a uno histórico, la condenación a la crucifixión de su
hijo Jesús de Nazaret, ajusticiado bajo mandato del procurador romano
Poncio Pilato. José no puede aguantar ni el mínimo comienzo y vuelven
a la realidad, Gaudi impactado recobra la mesura. Ecuánime no concibe
entenderlo, esto tan irreal que seduce de auténtica realidad. Sensato
no es momento de tirarse a ilusiones-. ¿Qué me has hecho José, has
usado hipnosis conmigo?
-¿Eso has sentido, o únicamente eso piensas?
El clérigo procuraba serenarse, y elucidar sentido común-. Esto no es
posible -ese fue su argumento.
-¿Y ahora qué me dices, estás seguro que estás despierto? -Preguntaba
al párroco.
Gaudi lo interpretaba como un deseo de intentar confundirle, pero no
cayó en la táctica que empleaba José-. ¡No, ahora estoy aquí,
despierto, y dueño de mí mismo!
-¿Y como aclaras eso? -Le señalaba hacía él, hacia sus piernas.
Gaudi se miró, y desde las pantorrillas hasta su calzado brillaba,
estando envuelto de polvo.
Manchado con la misma énfasis que tras una caminata donde se recibe
los deshechos menudos del camino de arena y se engancha barro en el
calzado, él lo llevaba refregado. Polvareda de gravilla, nubes de lodo
le impregnaban.
-¿Cómo es posible? -Se decía. José le aclaraba su perplejidad.
-Cuando salto a un recuerdo, el llevarlo a cabo tiene una tasa. En mi
memoria no se pierde, o mejor dicho, estará como en cualquier persona,
pero al querer reemprenderlo como el que hemos tenido no será
recuperado igual, se habrán perdidos detalles -como un filme,
celuloides quemados se desecan, extrayéndole la savia la remembranza
seca-, y por ello ese polvo que tú tienes es capa de mis momentos que
ya no rebrotarán, ¡como este polvo!
José abre la palma de la mano, que desde que llegó del tránsfugo viaje
perpetuaba cerrada resistiéndose a la pérdida de su existencia
elemental.
Abriéndola la deja caer como reloj de arena, irremediable irreparar su
angustia compartida junto a Gaudi, de Jesús.
Quieto en la gran noche Flor y Gaudi obedecían el instinto de dejar
pasar un respiro al alma, al que José tendía un pulso coetáneo,
simple, eterno. Se dio media vuelta, y se encaminó allá hacia la línea
de arboles que entre la espesura y la poca luz que regaba la luna se
perdía su silueta.
El padre Gaudi, sintiéndose castigo y amigo de haber revivido de
instantes pasados y actualmente perdidos de José, tan duros, tan
espectaculares, irracionalmente humanísticos se preocupaba de su ida.
Se interesó alzando la voz- ¿José, a donde vas?
-Una voz acelerada gritona, le llegaba desde la maleza-. ¡Voy a mear!
Gaudi se quedó pillado, avergonzado en parte, no sin saber más si de
la pregunta o de la respuesta.
Flor enmascara su boca tapándola con la mano, sin poder no mediar en
el rostro un simulo de su gracia.
Al poco volvió José. Flor y Gaudi permanecían en silencio, cosa que no
esperaba José, pero la incomoda desligada ultima pregunta le llenó de
rubor al cura. Ya pasó y ahora parecía estar meditando en su cabeza,
calibrando sus propias ideas.
-Imagino que lo que le he contado y ha visto le habrá asombrado -
comentaba José.
-No estoy acostumbrado a que la gente sea tan flanca conmigo a la hora
de hacer a sus necesidades.
El padre le contestaba a su escaso entender que José hablaba de algo
contrario a lo que preguntaba, puesto que se encomendaba en sus
pensamientos haciendo cábalas. José miraba a Flor gesticulando con los
hombros como no entendieron lo que quería decir, y esta ya, en
disimulo total se dio la vuelta mirando a otro lado haciéndose la
desinteresada para esconder su risa.
-José creyó entender, o sin exactitud detallaba a Gaudi-. Me refería a
saber quien soy, y..
-Sí, desde luego, y me gustaría saber tantas cosas de usted, que me
podrían interesar. Ya pienso en las maravillosas confirmaciones que me
podría dar a mis estudios.
El cura hablaba como estudioso matemático complejo, parecía no
alterado de algo tan enormemente sorprendente, de haber conocido a
José Se lo tomaba de forma natural, y no ya por ser un, o un ex medio
religioso como anticipó el mismo, pero no era normal esta falta de
desinterés inicial. A José no le molestaba, era singular el trato.
-José -el sacerdote se inclinó en una duda hacia él, pero no era la
que pensaba por donde podía ir-. Reparé en la habitación de una cosa
que me había llamado peculiar mi atención. Uno de los hombres que
había aporreado en la pelea llevaba una Svástica
-¿Se refiere a la cruz roja tatuada que llevaba?
-Sí, pero era una cruz envuelta en el símbolo...
-Esos símbolos eran normales en los Ustasha, eran religiosos nazis.
-¡Ustasha! -Reaccionó sorprendido Gaudi-. Pe... pero si los Ustasha se
extinguieron con el paso de los tiempos, sólo deberían quedar
auténticos ancianos que hallan sobrevivido.
José buscaba la forma de explicarle el hecho de que los Ustasha
estuvieran presentes en esta época, cosa que él también deslumbraba
como chocante. Podría responder en parte a la existencia en el tiempo
de estas temerosas personalidades, y hacerlo era complejo, era
esclarecer todo o casi todo el revuelo de la religión, de Dios, del
cielo y la tierra, de la vida y la desvivida desviva.
Créame que yo también me he asombrado de su reaparición, ya hace tanto
que no sabia nada de ellos, pero tenga conciencia que no
desaparecieron. Tras la guerra mundial ejercieron algunas operaciones
fastuosas.
¿Cómo... -Gaudi se urdía en el conocimiento. Risa cínica que aplaca la
religión, oprime cualquier suspicacia en la búsqueda de la duda, de
las teorías, de la verdad.
-¿Cómo cuál? -Seguía la tendida pregunta iniciada de Gaudi, José-.
¡Kennedy! - coordinaba queriendo convencer rápido-. Después otras
penetraciones más calladas, pero desde los años 80 apenas se han
registrado incursiones de movimientos, que sepa al menos de ellos, y
ya los daba por una red desmantelada y sus combatientes reclutados en
otras organizaciones
Gaudi se lo tomaba despacio. Demasiadas sensaciones se hacinaban, para
dar cabida a un tenso debate como a él gustaría. Debe omitirlas de
momento, aunque era difícil para él.
-¡Kenendy, es increíble! -reflejaba su sensación Gaudi.
-Nosotros no sabíamos que intentaban asesinarle. Cuando me encontró en
la habitación estaba buscando alguna pista que me dijera algo de la
presencia de María en el hotel.
-¿María... qué María? -Preguntó de no saber de quien se trataba. Ipso
facto, dictada la pena de excomunión se echó la mano a la boca
descorazonado-, ¡María! ¿María Inmaculada? -Averiguaba saberlo en su
irresolución.
-¡María, mi María! -era su suponer. No hace falta ser un escogido, un
diestro de visualizaciones mágicas ni etéreas, para descubrir el ánima
de José sensible ante la nula incruenta de pensar en ella. No es una
falta caer en su pensamiento, no es un error, más maldito corazón que
late, que presume de amor, del negado perdido poderío de sentirse a
escasos niveles vivo.
¡Retenido!, exclama en la lejana existencia vagando mordaz de amenazas
seguidas, de locuaces interveniencias. Las déspotas contiendas, la
aborrecible calamidad que su mundo le tilda faltándole a su
sinceridad, y él tan solo quisiera ser normal, ser vurgal natural, un
callado sin quejarse ni que gritar, un renegado adorador de
estropicios, de hipocricio, todo cambiarlo... por tenerla a su lado.
¡Su María! Sus autoritarias palabras de dueño de una mujer es lo único
que le queda, que pueda considerar suyo. Ni ella está, ni el amor que
siente que le resta, ni los recuerdos que cieno le agarra sus pasos
ciego, ni el bosque que simula existir de un día estar allí, no anima,
en la castiga diaria de ser tan sólo él, él y su María. Si fuera amor
sería un consuelo en un restriego perdido, pero omnipresente la llama
más allá de aquella persona a la que se ama.
-"Esa es mi María -se señala-. Aquella que me nubla, envuelta de almas
pasajeras reprime mi existencia.
Aquella perdida niña de mis ojos, la que ahora lloro, la que me ignora
en sus despojos. Aquella sonrisa viva, la que concede que se adueñen
hombres sin nombre, de su cuerpo efigie, como soberana zorra
libertina, que inocente exculpa los santos demonios que conozca. Y
fumarada de orgullo que revoque el derrotero sentido de que tú, dueña,
elegiste tu fracasado camino, engañada yo no te dejo porque sigo
siendo yo mismo. Y ángeles no lloran por la desdicha, alucinógenos
vuelan al rumbo que no encuentro, porque ya no te tengo".
José vuelve del viaje, del que tiende acercarse, y prende de nuevo
coraje. Le preguntó interesándose por su aparición esa mañana en la
habitación del hotel a Gaudi, procurando encontrar mayor significado
al estancado derrochismo de calibrar el cómo del porqué que le
consternaba- ¿Porqué fue esta mañana al hotel? ¿Cómo había quedado
allí con el príncipe Masín?
-Yo no conozco al príncipe Masín, había quedado con el Obispo rocco.
Este dato, pasaba de ser insignificante a eludir la responsabilidad de
los actos de terrorismo católico, y de nuevo una vez más, hacia su
propia etnia.
Flor comentó-, Gaudi, los hombres que le intentaron matar esta noche
eran esbirros del príncipe Masín. Y el auto que utilizaron para seguir
a la hermana Margarita pertenece al Obispo rocco.
Gaudi Reflexionó, incrédulo atribuyó una teoría incierta-. ¿Los
hombres del príncipe han matado al Obispo?
-No precisamente. Mejor pensar que él le pasó la información de su
encuentro a Masín, y este debía cumplir la liquidación del contrato
que tuvieran negociado.
En parte Gaudi dudaba de esa cábala, conocía al Obispo desde hace
años, y mantenía un trato respetuoso, sin llegar al amiguismo. Le
consideraba un hombre con ideas duras, conservadoras, y a la vez en el
máximo expresionismo de su cargo.
-¿Porqué en el hotel con el Obispo, un poco extraño, no? -deducía
preguntando Flor.
-Yo no pensé eso ya que me informó que tenía una cita importante allí,
y podríamos vernos antes de su reunión en el mismo hotel para poder
tratar lo que concernía.
-¿Y era...? -Preguntaba José. Y seguido ingirió una segunda pregunta-,
¿Tenía que ver con el Príncipe Masín?
-¡No! -Seco y rotundo apuntaló-. Ya he dicho que no conocía al tal
príncipe de donde sea. La reunión tenía que tratar de la profecía que
antes anticipé. Como pensé que era de absoluta necesidad contar lo que
había encontrado, llamé al Obispo por teléfono, y le conté brevemente
mi hipótesis. Era tarde casi medianoche, y me tendió la ocasión de
vernos a la mañana en el hotel. No hay ninguna reseña significativa
que pueda decir.
-Excepto qué nos explique a nosotros la profecía -daba por buena esta
posibilidad José.
-¿La de Petrus Romanus? -Inquirío Pequeña Flor, ya que antes se había
quedado en el aire saber si se relacionaba con este vaticinio.
-No se trata de eso -dijo Gaudi. Pensó para adentro un pis pas, y los
obsequió con lo que ellos estaban esperando.
-Para explicarlo correctamente sería necesario ir a mi casa y coger
todos los apuntes que tengo. Aunque temo que eso sería imposible que
fuéramos allí, si han conseguido seguir a la hermana Margarita habrán
dado con el paradero de mi casa.
-¡Sin duda es lo primero que habrán hecho! -le confirmaba José.
-Entonces debemos desecharlo, estarán esperándome.
-Si fuese necesario podríamos intentarlo. Ir, y ver como está el
panorama. Es fácil que halla únicamente algunos esbirros allí, pero es
mejor comprobarlo -le sugería José.
-De poder os podría explicar que he conseguido descifrar, sería una
lástima perder todo mi trabajo si aun no lo está -Gaudi decaía en su
disposición de ser optimista al pensar en la eventualidad enorme de
que hubieran robado su investigación.
José le echó una mano por el hombro, animándole- Vamos a ver esa
profecía -de esta frase se estimaba y se aprobaba ir a donde vivía el
católico de derecho, y problemática polémica sin resolver de hecho.
Capítulo III - La profecía Z
La medianoche llegó hace rato. En el proceso de relaciones de igualdad
de noches sin luz y días sin sombras interfiere la complejidad de los
elementos no respetando formas. Sombras al acecho y luces provocadoras
de energía propia, limitadas por tiempo.
-Es al final de esa calle -advierte Gaudi desde la parte trasera de la
furgoneta que conduce Pequeña Flor, y a su lado José. Ellos van por
una calle amplia de cuatros carriles, dos en cada dirección, que ahora
se hace inmensa de ancha por la fluidez en la carretera-. ¡Allí, la de
la puerta verde! -avisa señalando con el brazo el dueño de la
vivienda, de donde se encontraba su hogar. En el trecho que falta
antes de llegar a ese punto, pueden localizar como un coche cercano
está presenciando los movimientos que puedan llegar desde la casa de
Gaudi, al estar aparcado delante suya. Se prevé a cierta vista quienes
serán.
-¡Gaudi! -le nombra José.
-¿Sí? -Contesta este
-¿Su casa tiene entrada trasera? -Le pregunta seguido.
-¡Sí! -Veloz le responde el hombre, que llevaba colgando religioso en
su cuerpo los mismos hábitos desde esta mañana en el hotel.
-Está bien, ¡para aquí Flor! -la furgoneta se detiene siguiendo la
indicación de José. Dirigiéndose a sus acompañantes le muestra las
demás instrucciones para que todo marche bien-. Id por detrás y entrar
dentro de la casa sin encender las luces. Yo ahora iré, en cuanto vea
a nuestros visitantes si están en la lista de invitados.
Su amiga acierta con la cabeza confirmándole la petición de José. Este
baja de la furgoneta, prosiguiendo su camino separado que conducirá al
punto de encuentro. Flor rodea la calle, donde antes de girar debió
pasar por donde estaban los hombres que custodiaban en coche la casa
de Gaudi, sin que interpretaran nada extraño cuando les rebasó delante
de ellos. Al estar en una vía de tránsito, el pasar de los coches era
lo más normal.
La furgoneta se frena en una zona tranquila. Bajan Gaudi y pequeña
Flor entrando por la parte posterior de la casa como habían acordado.
Guiándose con el tacto al estar las luces apagadas, apartando caer se
mueven despacio precavidos de hacer ruido, del que si pueden escuchar
provenir de otra habitación. Se contiene cualquier decisión que
realizar por parte de ellos, cuando de pronto las luces de la sala
donde se hallan se han encendido. Pueden respirar más distendidos sin
cambios bruscos de ritmos al saber que era José quien había quebrado
la dominada tranquilidad-. Tenemos un rato. Tenían sensores de calor
para saber en todo momento si alguien entraba en la casa -les
anunciaba a Pequeña Flor y Gaudi, José en el explicado encuentro,
llegado a este otro ahora mismo.
La vivienda está revuelta, el estropicio es descomunal, es lo primero
que pueden advertir al andar por la casa. La longitud dilatada del
pasillo divide las distintas estancias, todas sacudidas por el
destrozo que encuentran en cada mirada nueva. Los peores de los
temores de Gaudi se han confirmado, ¿O quizás no? -¡Ahora veremos si
se han encontrado lo que andaban buscando! -Coge nervio Gaudi en la
incertidumbre más intranquila y rápido marcha dirigiendo a sus nuevos
amigos hasta un armario empotrado.
Al mover la puerta que estaba fragmentada, hallan cascarones de rotos
estropicios del espejo interno, de los distintos estantes, y lo que
queda de una escultura de ébano. José y pequeña flor entendían que
allí había oculto Gaudi sus anotaciones y fueron encontradas al estar
ausente ¡de nada!, todo el armario. Para estimularles, generoso Gaudi
los sorprendía al subirse encima del cuello de la menguada obra
esculpida que representaba un guerrero, que decapitada cabeza cuadrada
rodaba por los despojos, y abrió el techo, empujando para arriba y
después para dentro la madera, para enseñarles-. ¡El trastero!
Gaudi buscaba con los dedos al lado opuesto de la tapa que hacía de
techo y tiró abajo una escalerilla de cuerdas un tanto rara, que
parecía ser hecha propiamente casera por él. Llevaba peldaños de
madera frágiles de confianza, de poder venirse abajo al escalarla.
-¡Vamos Arriba! ¡Allí tengo to.. o lo tenía! -Humilde no apuesta Gaudi
con lo que se va encontrar.
Al subir, es seguido por José primero y después, ayudándola este
último desde lo alto a su pequeña Flor en la tentativa de unirse a la
expedición, consiguiendo alzarla hasta el desván.
Gaudi ya ha hecho luz, y se alegra enormemente sin ocultarlo al
encontrar todo a salvo y sano, tal cual lo dejó.
-No han estado aquí -comentaba-. En esta cueva, como la llamo, es
donde guardo las cosas más importantes que tengo -seguía detallando-
De coste material no tengo nada apreciable, pero hay un gran valor
enriquecedor y sin precio académico en libros, objetos históricos y
mis estudios que desempeño. En este barrio hay que tener cuidado,
todos me conocen pero es mejor estar prevenido y no dejar al demonio
la posibilidad de tentarle, por eso utilizo este lugar desde hace años
para encerrarme al estudio de mi dedicación.
El trastero no era tan pequeño como se podría creer desde abajo,
ocupaba unos veinte metros cuadrados, y lo que más destacaba sin dudas
aparte del polvo, eran los libros. Decenas se albergaban compartiendo
el lugar además con una mesa de escritorio, un flexón, una bombilla
despojada del calor de una lámpara que colgaba solitaria, raquítica
sobre tres hilos de conducción eléctricos, una pizarra, un par de
armarios para el reposo de los libros, y algunos objetos sin meterlo
fijos en una redacción acorde que pintaba en varios, todo cuanto lucía
por el desnudo globo de vidrio que daba una luz adecuada y generaba
múltiples manchas de perfiles negro monocolor de sombras.
-Como podéis ver -señalándoles la pizarra- aquí esta el quid de la
situación -le muestra partidario de que reconozcan en los recargados
eslóganes, invertebrados que ecuacionaban.
-Si, ahora lo tengo clariiisimo - vocalizaba sarcástica flor.
-Gaudi, explíquenos qué significa toda esta fase, no somos adivinos.
Perdón, perdón, desde luego. Rebuscando entre la historia hallé
indicios de una quimera juntando fragmentos de retablos históricos,
datos perdidos, otros encubiertos disimulados, olvidados e incluso
secuestrados por la propia iglesia, que gracias a mis privilegios
otorgados por el Obispo rocco he podido tener acceso a ellos.
-Para que podáis entenderlo de un modo fácil todo se basa y parte de
la cruz como si fuera un camino, marcando pasos por el mundo de hechos
singulares. Teniéndote aquí José sería de gran ayuda tu colaboración
para confirmar mis conclusiones -detallaba Gaudi el interés de que
interpretaran bien sus conclusiones.
Supongamos que la cruz es una Z -les seguía explicando a José y Flor-,
distingue apuntando y señala tres fechas trascendentales con medida en
su principio, rellano y final. Y aun más, como una ecuación lineal,
cada barra de la Z, o siguiendo la cruz en paralelo distinguirían unas
segundas fechas históricas, ¿Vais entendiendo?
-No. -no -le dijeron ambos oyentes.
Bien -dijo Gaudi. Se acercó al encerado y dibujó una cruz. Sobrepuso
trazando por encima una letra Z y a la vez detallaba el avance por
cada paso que daba-. Fecha 1 inicio de la Z, fecha 2 final de la línea
de arriba de la Z, fecha 3 principio barra central, fecha 4 final de
la barra central, fecha 5 comienzo de la barra inferior, y fecha 6
final de la barra inferior.
-La cruz no tiene barra inferior -aclaraba Flor.
-En este caso es la tierra que la sujeta argucia. ¿Entendéis esto? -le
reflexionaba Gaudi la posición de este valor.
En respuesta simbolizaron sin mencionar palabra que le seguían de
entrada, pero sólo vacío entrante sin llegada.
Ahora José esto es una teoría de apoyo, ya que según mis cálculos
necesito la fecha tres y cuatro, la de la barra central para darle
sentido, y no se tiene certeza de que homólogo en la cruz existiera la
correspondiente forma, en modo de barra inferior, o también conocida
por pie de descanso. Es cierto que no fue hacia el siglo X donde nos
dice las escrituras que aparecen las primeras cruces que tengan esta
forma, y son en cruces eslavas. Siento preguntarte esto José, pero
sería importante saber si la cruz de Jesús tenía... -paró dejando que
la frase no esputara en tremendas la arrogancia dañina. No hacía
falta, sus contertulios comprendían lo que Gaudi inquiría.
José en su recuerdo veía la tormenta de terror de aquel día. El
sustento mediano por querer salvar a Jesús, su rabia sujetada por
vecinos y amigos, ante la atenta mirada de centuriones romanos.
-Las crucifixiones nunca tuvieron punto de apoyo -pudo decir José.
-No me esperaba eso -Gaudi encajaba mal este hecho, ya que su
concreción del trayecto central no encajaba y se divorciaba la
constructiva pieza de seis puntos.
José asaltado de oídos no escuchaba lo que le decía. Inmerso en su
memoria seguía relatando, contando con intrínsecos detalles lo que
ocurrió-. La angustia de Jesús era tan penetrante que su pie derecho
clavado torció la parte floja de la cruz cuando empujó un pie hacia
abajo, mientras le clavaban el otro. Desencajado el hueso, partido,
balanceando sin punto de sostenimiento se colgó al pie izquierdo.
José se arrimó a la pizarra y obtuvo una tiza al arrancarla de los
dedos de Gaudi, que utilizó para sombrear sobre la cruz envuelta en la
z que se había representado antes en el tablero. Los pies de Jesús,
los dos que unidos torcidos hacia la derecha, creaba la barra inferior
de la cruz y fratricida lo que se podía considerar pie de apoyo,
cuando el puntal peculiar que le sostenía se lo daba su propio pie que
aguantaba machacado al otro.
José subrayó esta recta con tal ímpetu que levantó chispas la pizarra.
Por un momento Gaudi se atrevería a proclamar que ese fluir era sangre
lineal, que acababa apagado fuego al contacto de perder el oxigeno que
de tanta concentración se debatía en especie, en puntos concretos.
José examinando añadía-. La cruz eslava tiene una barra extra superior
-la rayó de forma tenue al dibujo de la cruz Zeta.
Gaudi se aproximó con la manga de la camisa y la borró-. Si, si, pero
no interviene en el enigma. Esta línea sólo representa lo que siempre
se ha considerado, la réplica de la que plantó el Apóstol San Andrés
cuando mirando hacia el norte, sobre las montañas del Cáucaso,
vaticinó que una gran Iglesia se levantaría en aquella dirección. San
Andrés de este modo se convirtió en el profeta de la Iglesia Eslava-
Bizantina, que para mí detalla que esta profecía es una intervención
final eclesiástica.
-Andrés no sabía ni cual era el norte, pero en fin... -denegaba José
tributos de santo.
-¿Pero no era pescador? -Le preguntaba Gaudi, mientas flor columpiaba
su mirar en el equilibrio de los dos hombres que manejaban la
conversación. Ella, combinaba en piedra su postura casi inmóvil.
-Pecador un rato, pescador lo que podía pillar -comentaba deshonrando
las memorias que Gaudi supiera transmitida por la secta religiosa.
El menudo hombre no quería perderse en detalles ni entrar en una
confrontación de hechos que solo fueron posibles mitos, ante su
postura imparcial desde hace mucho en temas de leyendas
reflexionarias, a las cuales no entregaría su alma ni aceptando
pondría cuerpo en tierra a disposición de la recalcada verdad
ecuánime, y prosiguió contando-. Si entendéis esto continuaré.
José le detuvo ante una duda que creaba-. Nos hablas de la Z contando
esos 6 puntos de apoyo, ¿y no podría ser que fuera la barra vertical
la línea imaginaria de lo que representa la inclinación de la Z y el
pie de apoyo de la cruz la barra inferior? Si fuera así a su favor,
omitiendo que es la tierra el punto 5 y 6.
-Ya razoné eso hace mucho, pero calculando los desfases de tiempo no
cuadraba, y ahora con lo que acabas de contarme no hay duda de que
encaja perfectamente la hipótesis que presumo al conjunto de la dicha.
Dejadme un momento que os lo explique cuanto tengo por favor -el
hombre invocaba la atención de ellos-. El proyecto Z surte del
sustento de distintas fuentes conjuntadas, para lograr formar un mapa
que estaba repartido en acciones ejercidas de distintas épocas.
-Disculpa Gaudi. ¿Esto lo sabe alguien más? -José quería conocer este
apunte.
-¡No!, a nadie he precisado mi alegato. Y ahora por favor no me
interrumpáis hasta que desarrolle mi razonamiento, después me
preguntáis todo cuanto no comprendáis -de nota breve se mencionó a la
petición requerida.
José plagió recogiendo un gesto religioso, al pedirle disculpas.
Agarrándose las manos como forma de rezo se las llevó al rostro
simbolizando respeto y silencio.
-Como decía, son multitud de años estudiando teología e historia del
arte lo que me llevó de un apunte a otro, y a otro, etc..., enroscando
una secuencia en cadena. Un hecho importante que clama luz al asunto
es lo que el matemático griego Euclides comentó, y esto fue 300 años
antes de la era cristiana. Escribió los elementos, representando allí
los cinco postulados. Siglos después, el matemático alemán Bernhard
Riemann en 1859, redactó una conjetura sobre la distribución de los
ceros, conocida como de la función zeta de Riemann Z(s) -Gaudi
subtitulaba cuantos números complejos redactaba sobre el tablero del
encerado-, y constituye uno de los problemas abiertos más importantes
de las matemáticas contemporáneas. En sus conclusiones se podían sacar
distintas secuencias que encajan en la profecía de la Z.
La función zeta de Riemann Z(s) está definida para todos los números
complejos s =/ 1 y adquiere ciertos ceros "triviales" para s = -2, s =
-4, s = -6, ... El indicio de juicio de Riemann hace referencia a los
ceros no triviales sosteniendo: "La parte real de todo cero no trivial
de la función zeta de Riemann es 1/2.
Por lo tanto los ceros no triviales deberían encontrarse en la línea
crítica 1/2 + i t donde t es un número real e i es la unidad
imaginaria".
José y flor se dividían entre ellos la raíz nula de tener completa la
tabla del problema que les planteaba Gaudi. En la cuantiosa
explicación se podía detectar lo que quería expresar, pero ya cuando
entraba en ecuaciones, en números complejos, en ilimitadas sumas y
restas infinitas, quedaba una claridad sin amperios suficientes de
precisión, multiplicándose las ganas de preguntar. El resultado era
igual a que Gaudi seguía la explicativa solución del desarrollo.
-La función zeta de Riemann Z(s) está definida para todo número
complejo s con parte real > 1 -decía y enmarcaba ajustes de lo dicho
en la pizarra. Por momentos parecía elevarse a la máxima potencia sus
detalles-. En la región{s en C: Re(s) > 1}, esta serie infinita
converge. Bernhard Riemann extendió esta función a todos los números
complejos s con s =/ 1. Esta es la función objeto de la hipótesis de
Riemann.
Gaudi paró en seco, notando que se le iba la interpretación del
razonamiento-. Disculpad este embrollo de números, no puedo negar que
me entusiasma.
Ellos veían a Gaudi en el éxtasis del séptimo cielo cuando hacia
adelante contaba sus números, recobrándoles los adornaba de relación
propia. Emisores de renglones con formas definidas, objetos
simbolizando valores propios, y ahora de la profecía en espera... o en
marcha.
-Recapitulando todo lo anterior os inicio más comprensible cuanto sé.
Existen tres fechas y otras tres secuénciales en paralelo que coincide
con la función zeta de Riemann, o casi. ¡Veamos! El nacimiento de
Jesús fecha 1, la muerte de Jesús fecha 2, el ataque a pearl haword
fecha 4, y la ubicación 6 que dará con el exacto momento de la fecha
crucial más importante, ¡El Apocalipsis! Y aquí vienen los peros, no
he hallado todavía la fecha 3 o 5, y es que con encontrar una más
tendría preciso a casi toda seguridad lograr decir la fecha del
Apocalipsis, o quizás necesitase las dos para determinar la fecha fija
o en el peor de los casos variable en su rango. Hasta ahora encaja
todo cuanto he sacado.
-¿Porqué no puede ser una fecha concreta? -Rompió Flor la obediencia
cáustica, del voto del silencio.
-Sencillamente porque la teoría de la Hipótesis de Riemann nunca ha
podido ser demostrada.
Esto ocasionó un malestar en José y flor al atender ellos que la
teoría ni siquiera era una, sino una conjetura basada en otra. Era
turbio interpretarlo de cualquier modo.
-No me miréis así -encarrilaba Gaudi un deseo de amparar confianza-.
Euclides de Megara ha sido puente, -y en su concordancia, reblandecía
cuando meditaba de cruzar la plataforma para contarles lo que
consiguió descifrar, que este si era el vinculo del pontón que le une
a la tierra firme, el que fortifica y confirma los pies donde pisa. En
su metáfora anda-, para las matemáticas, y además de ser un magnifica
herramienta de conceptos deductivo ha sido elevadamente valioso en
muchos campos del conocimiento, por ejemplo en la química, la física,
la astronomía, y numerosas ingenierías. Sin duda en el terreno de las
matemáticas es una valiosísima herramienta. Inspirados por la euritmia
de la exposición de Euclides, en el siglo II se formuló "la teoría
Ptolemaica del Universo", según apuntaba que la Tierra era el centro
del Universo, y los planetas, la Luna y el Sol daban vueltas a su
alrededor. Bueno, olvidar este punto -procuró ignorar lo último
expuesto, prevaleciendo que la idea de este comentario no era muy
saludable por razones obvias.
-¿De esto hay algo que queráis preguntar? -Gaudi dejaba que
inquirieran sobre el tema que trataban.
Flor reseñó-. Una total que no sé ni como empezarla -expresaba
confusa.
-¿Que opinas José? -Gaudi quería conocer lo que pensaba él, de cuanto
había dado a entender hasta ahora.
-¿Tú reflexión, sólo parte del indicio del conocimiento especulativo
de Euclides? -Basó su entendimiento en preguntar
-¡No, no, no! Lo he tomado como un fundamento, pero podría y os haré
detallar...
-¡Más números no, por favor! -Flor no pudo evitar callar su corto
regaño.
Gaudi la miraba sintiéndola aburrida, aunque quizás pensaba que su
intelecto no era capaz de asimilar estas complicadas ecuaciones. Se
revolvió ignorando el séquito y se dirigió reflexionando la respuesta
a la pregunta de José.
-Es una tela de araña, que sigue un cartabón preciso...
-Que sin embargo no has logrado dar con el término -le pausó José la
réplica de continuidad que llevaba Gaudi, el cual no esgrimió
comentario alguno. La búsqueda de intentar explicar su teoría de la
profecía, era preciso concienciarla desde distintas latitudes para
llegar a ella. Detallarlo en minutos el trabajo de cuantiosos años era
enormemente insostenible.
-Lo que sí sabemos, es que sea o no exacta esta hipótesis tiene que
inducir un nexo que considere peligroso la iglesia en ella. El querer
matarle por ello convence a creerlo firmemente, a no ser que halla
algo que aun no nos halla contado -le echó el sonda para averiguar
toda la verdad de Gaudi.
Este resolvió el asunto expuesto en voz alta-. ¡No hay nada más, lo
juro! -Sé sinceraba, al menos parecía en sus gestos definirlo acorde-.
¡Lo juro por Dios y por José! -En estimulo de realce comentó.
Flor esquivó mirar a José, ya que era una mujer de risa fácil, y
tentadora en ese momento la dicha ignoraba el no reír. José seguía sin
exactitud atinar si estos comentarios de Gaudi eran inercia de su
personalidad sin intencionalidad o más bien dando un punto irónico.
Una fuerza impulsora se presentó sin duda a prender indecisión sobre
un matiz pasado por válido. José necesitaba confirmarlo, y preguntó a
Gaudi -Los tiempos que has utilizado para la ecuación Z, si es
correcto que la llame así -Gaudi gesticuló que si, que estaba bien la
forma de definirla-, ¿están hechos a partir de fecha de la era actual
cristiana o has corregido los años diferenciales que lleva la era
presente?
El teólogo matemático, historizaba lo que él intuyó de la pregunta de
José-. Con referencia a las fechas fueron delimitadas anotando con el
nacimiento de Jesús, año 0 D.C, muerte de Jesús año 35 D.C, y así...
-Pero entonces es preciso que sepas que es erróneo los cálculos, ya
que Jesús nació 6 años antes del año cero.
-¿Estás seguro de ello? -Gaudi pedía que le reafirmara esta
corrección, ya que era fundamental.
- Seguro -rotundo José afirmaba en su secuencia.
-Esto demuestra lo que se ha rumoreado en tantas ocasiones -admitía un
Gaudi pensativo. Caminante se dirigió a la estantería, y rebuscó entre
las decenas de libros que se apilaban sin jerarquía. Los estantes
intentaban guardan un orden, pero era fatigoso el deseo por la contra
de tomos atrincherados tapándose entre ellos, y otros que se elevaban
en torres con formas desobedientes.
Rascó entre estos últimos y consiguió dar con el que buscaba. Lo
desenvolvió del polvo que le editaba sacudiéndolo sobre sus lomos.
Buscó entre las paginas y dijo-, "Jesús no nació, como suele decirse,
en el año primero de la Era Cristiana. El sabio benedictino Dionisio
el Exiguo, que en el año 533 empezó por vez primera a contar los años
a partir del nacimiento del Señor, sustituyendo la antigua numeración
que partía de la fundación de Roma, se equivocó en 6 años»(302). Él
hizo coincidir el 1 de enero el año uno, con el 1 de enero del año 754
de la fundación de Roma, en vez de escoger el 748 que hoy se considera
como exacto. Por lo tanto, debemos colocar el nacimiento de Cristo
seis años antes de la Era Cristiana"-. ¿Es así José?
-Ya se me hace difícil memorizar a Dionisio, al calendario Romano y a
sus restos de muertos -respondió severo, rehusando la sensación que
normalmente encajaba José, de la forma de dialogar de Gaudi. Esta vez
era al revés, el historiador matemático no podía medir si su hablar
era una expresión simbólica o una quejada mofa de sublevación antes
sus propios hitos históricos, como dejados muertos en el tiempo
permanecen para ser rescatados o sepultados definitivamente-. Date
cuenta -continuaba elucidando José-, que la historia y sobre todo la
historia religiosa está carcada de mentiras, de incorrecciones, de
fechas y lugares que ni fueron ni estuvieron presentes. Otras
modificadas a pulso de un escribano a su suerte o a permuta de monedas
de oro que enaltecieran al que fuera su pagador. Lo que sí puedo
asegurar es que fueron 6 años antes.
-Tu alusión muda mis apuntes -afirmaba Gaudi-. Se volvió hacia la
pizarra aun con el libro en la mano del que citó a "benedictino".
Sintió que le estorbaba y se lo entregó a Flor, e inició una continua
sesión de numerología desfilando ante sus invitados, con cambios de
guión, ataques en adelanto a planos a tres, bajadas contenidas,
subidas en contraataque. Reseñas que esperaban en circulo ser tomadas
como botín de conjunto, dependía de sus factores de potencia.
Binomios, que por termino común eran elevados, atascados en cuadrados
parapetados tras un segundo grado era su oportunidad, pero acababan
borrados por el plano tangente, la concordancia era un ir, venir, y
esperar. El valor de la incógnita se despejaba.
- Tengo el punto 4 y resuelto el... ¡No puede ser! -fallaba en error
la conclusión de Gaudi.
-¿Qué no puede ser? Preguntaron indistinto Flor y José.
-La fecha que nos da el punto 5, el 20 de abril 2005
-¡Es dentro de una semana, sorprendente! -Decía Flor.
-Y yo vaticinaría que ese día será elegido el nuevo sucesor de la
iglesia -apostaba José en su pensar de cálculo rápido
Gaudi, seguía mientras tanto voceando para sí cuentas de última hora,
y se detuvo al oír lo que había comentado José-. ¡El cónclave! -Tienes
razón, no puede ser de otro modo, o eso espero yo también.
-¿Cuál es la fecha resultante seis, del Argamedon? -Provocó Flor
llegar a la parte más esperada.
-No lo sé -se aseguró Gaudi en avisarlo sin demora.
-¿Cómo que no lo sabes? ¿Pero...pero esto que es? Esto no es serio -
parecía entrar Flor en el juego de comentar para luego tener que
deducir comentarios rítmicos o impulsivos sin doble identidad. No lo
dejó en esa posibilidad y preguntó con una duda más importante que
discernir-. ¿No es una regla de tres? Si tienes todos los demás
puntos, por evidencia debe saberse cual es el punto sexto -certera
proclamaba.
No, Flor.- ¿Te puedo llamar de otro modo? Me siento un poco incomodo
llamándote de esta manera.
-¡No! -Le rotundizó ella con el semblante en espera de lo que
realmente le preocupaba-, A no ser que quiera bautizarme de nuevo -
comentó bajando la autoritaria respuesta que hizo al instante de
llegada la pregunta sin tiempo a reaccionar mejor.
-Escúsame, no quería ofenderte y respeto tus...
José le inducía virilla. -¡Gaudi, por favor!, no nos desviemos en
trivialismos.
-Ah si, disculparme de nuevo -Se captaba en su forma de actuar al
hablar, que era un hombre propicio a la consideración y costumbre de
pedir perdón, sin conocerse si más a los mortales o a frutos actos con
destinos para acogerse en el cielo. -No es como comentas Flor. Todo
son conjunciones, faltan directrices, y falta no olvidemos el punto
tres.
-Pero si antes.. -Flor intentaba comentar que previamente se sabía,
pero el teólogo le respondió previo saltándose este paso.
-Los puntos han cambiado, las modificaciones al igual. Los puntos 1 y
2 continúan en litigio. El tres se pierde, perdón -volvió a excusarse-
al no haberlo comentado antes si era el momento apropiado, y el cuatro
aparece en sustituto del tres modificado.
-¿No puede existir otra forma más elocuente de que fueran otras fechas
y estas...? -José, cierto dudaba de la profecía, que en su conjunto no
le parecía descabellada, pero si quizás las fechas. El proceso de
entenderlo correcto de cómo había sido calculado era una posibilidad
indudable.
-¿Estuvieran erróneas? -Se afirmaban por los demás esta percepción.
Gaudi se sentía desganado de no estar arropado de aprecio, y figuraba
animarse para razonarles. -Como os he dicho todo son conjeturas, y sin
embargo estas nuevas fechas, me dan más razón incluso que antes en mi
desarrollo de la procedía Z, con la aparición del punto cinco que
probable sea la elección del nuevo papa. Y logrado de mérito es el
punto cuatro, ya que es justo y milimétrico el que razonaba con los
anteriores plazos como tres. Idéntico ideado como jeroglífico que deja
detalles para engañar, porque el concordar el mismo día en dos
posiciones de espacio diferentes basados en una formula con unas
variantes mínimas, no entraría en un infinito de posibilidades de que
resultase equivalente. El punto cuatro nos da la fecha 26 noviembre de
1941, que es el ataque y preciso al pearl haword.
Tanto datos precisos como imprecisas confusiones de toda la trama,
embrollaba y se seguía con interés por José y Pequeña Flor, que
estaban dispuesto a escuchar hasta el resuelto último punto. Sobre el
rescatado anterior comentario de Gaudi se complicaba más tanta
maquinación por descifrar.
-¿Y porqué es tan importante este antecedente de guerra en la
profecía? El dato es llamativo, pero es uno más, uno de tantos en los
anales de la historia. ¿Qué relevancia tiene en la idea de esta
conjunción? ¿Qué tiene que ver en sí con la religión? -le envió Flor
una pila de metralla cargada para responder.
-Flor, José -guiaba Gaudi sus palabras indicándoselas a ellos dos,-
quizás no me he explicado coherente. Es que pensar, que os estoy
contando en resumen detalles que han sido años y años de estudio, de
dificultoso trabajo en la recolección de búsquedas de documentos,
muchos de los cuales estaban con los precintos adjuntos clasificados.
El análisis desde varios campos científicos distintos, para que pueda
resolver una certera causa de lo que en sí sería una representación
inverosímil de iluminar detallada. A tu pregunta te digo Flor, que la
profecía no está únicamente ligada a la religión. También interviene
por ejemplo la doctrina del álgebra y el simbolismo, especialmente de
la cruz, o representada en la vida mundana como una Z, Zeta el final,
da escalofríos de pensarlo así. Sin ignorar que proviene del alfabeto
romano que la derivó de una letra griega, la cual tenía su origen en
un jeroglífico egipcio, que como número representa 2000, lo que nos
lleva a nuestro tiempo actual casi milimétrico si descontamos los 6
años de avance que presumía erróneos. Ya os veo con intención de
preguntarme si esa sería la fecha 6 de la profecía, el año 2006 -a
flor se le había subido a la cara por lo visto esa idea al gesticular
sorpresiva, pero fue por un momento nada más, para acabar al escuchar
a Gaudi- y la respuesta es que no, ya que no entra en ningún parámetro
más que en este recuento fácil. Creo que es una treta para desviar la
atención, no imagináis la cantidad de acertijos mordaces he tenido que
desmentir para no arruinar en un punto sin salida la profecía Z. Ahora
os intentaré explicar la relación del punto cuatro.
La batalla de pearl harbor fue bautizada como operación Z. Para
empezar, ya os dais una semejanza de su intervención con tal
designación. No sólo esto, sino que las propias fechas que hay desde
el origen del preparativo, su forma de tramitar la batalla, el ataque
final, es una propia si aislamos únicamente estos datos a la teoría
ptolemaica. Designada por su autor alejandrino Ptolomeo, la teoría
testimonia que el centro del universo era la Tierra, y que los
distintos elementos celestiales, inclusive el Sol, giraban en torno a
nuestro planeta. Obviando esta abominación y fijándonos exclusivamente
en una de sus cartas astrales las fechas son las coordenadas
minuciosas de ataque a pearl hadword. Toda su obra está inspirada por
la armonía de la presentación de Euclides. Cuando menciono toda dejo
insistencia que sólo de las cosas que nos han quedado reseñadas de sus
avatares, ya que escribió un libro que a lo largo del periodo del
tiempo en el mundo se perdió. Es cuanto puedo contaros, sobre lo que
podría ser el nefasto día final.
Gaudi se persigna, José le mira, quisiera sonreír como simpatizando en
su ironía. Sin embargo ese gesto tan simple y desafiante, merma
vanidad de simplificar el deseo.
Perdona José, es la costumbre. Tu aparición es dar una entrada precisa
para certeza de lo que estaba averiguando, y no obstante, me siento
traicionando mis creencias religiosas, si tuviera que llamarlas de
algún modo. Una cosa es la Iglesia y otra Dios.
-No quiero confundirte, ni intentar que creas nada distinto, sólo
reflexiona lo que te ha pasado esta mañana, ¿quién te ataco? No eran
propios cristianos de tu fe los que querían acabar contigo?
-Debe de existir alguna razón para todo esto.
-¿Una lógica?
Gaudi no sabe que responder, tanto lo que le pasó por la mañana como
la presencia ahora de un hombre que decía ser mas que menos que José,
José de Nazaret, opaca caracteriza su definición de todo el porqué.
-Discúlpame José me supera este ensayo de mi fe, no estoy preparado
para ello -ahora mismo Gaudi se había transformado del fugitivo
religioso al fiel testigo de la credulidad del dogma.
-¿Quién más que una persona de fe como tú para poderlo entender? ¿Qué
has hecho con tu vida?
-¡Prepararme!
-¿Prepararte o perderla? -José atacaba sin compasión.
-¡Prepararme sirviendo a Dios!
-¿Para?
-Para enseñar su doctrina y ser fiel merecedor de su gracia.
-Bien, te has ganado una excedencia al cielo. Ahora Gaudi te pido que
olvides lo que te ha enseñado la Biblia y la propia iglesia.
-¿Es esto una prueba?
-No, solo quiero compartir un retablo de verdad
-Yo he sido siempre un buen cirstia...
-Gaudi por favor, no seas una marioneta, ¿no sabes hablar sin un
contexto religioso?
Hiriendo su sensibilidad, que es justo lo que buscaba, el perturbado
hombre se ausenta de las cosas preparando tal capricho de José, y le
cuenta su ser personal.
-¿Quieres saber mi opinión sincera? -José confirma apoyando su
decisión-. A lo largo de mis años he sentido inconveniencias terribles
que todo fuera vano, que sirvieran estériles los deseos para poseer
capacidad de poder dispensar ayuda al mundo y a su gente. Miles de
seres sufriendo día a día, con o sin razón. Y no es una gracia divina
la misericordia... -dejaba su cábala sin pregunta por que sabía que no
existía respuesta.
-"Dreams dreams dreams" -tarareaba José en su cabeza. No sea un
parecer de ignorar lo que estaba escuchando de Gaudi, lo que él quiere
es su fundamento de recogerse integro a la sinceridad. La belleza de
la verdad siempre se la cuestionó y hace mucho que decidió ser
imparcial, y no desvelar excepto ocasiones imperiosas su propia
identidad. No se puede estar preparado para romper un sueño, ¿qué
castigo es mayor que destruyan tu fe? ¿Cuál es el delito que ha
cometido una persona por creer en una quimera? No es posible que él
sea el dueño de la seguridad que abra cada ser a la ponencia verídica.
Si destrozase un sueño, ¿qué le quedaría a quien vivió en sus
márgenes? Tan frágil, cada persona es una mísera gota minúscula sobre
la faz de la tierra. ¿y qué diferencia hay entre esa ridícula gota y
tu oceánico mundo devoto? ¡Nada! Humanos, seres marcados al hierro
frío del vacío existencial, inperfecionados con la capacidad de
razonar, de sentimentalizar la gloria y la miseria. Tan sencillo que
se dificulta descifrar esta presencia de razonar, y debe adecuarlo en
siglos, para darle formar y decidir que es peor conocer una posible
realidad que vivir en tus mas absurdos engaños, muchos impuestos por
propia voluntad.
"¿Pero quien es él? Es una ironía, el perdón al pecado original por el
deshonor y derecho a nacer.
Es una metáfora, la noche que abraza la oscuridad.
Es un extraño, donde su naturaleza está engañada al mundo.
Es la llave, de la puerta a un rumbo que se detiene por soñar girar".
-¿Exactamente, que le contó al Obispo al respecto del este asunto?
Cambió de tema José, ya hastio de todos los apuntes recogidos de la
anterior materia.
-Él conocía desde hace años mis estudios históricos, matemáticos, y
astrónomos en menor medida. Cuando le llamé la pasada medianoche le
dije que había resuelto prácticamente el enigma a una investigación en
la que estaba inmerso, de esto no sabía él nada antes -aclaraba Gaudi-
,que se trataba de una profecía que partía de la cruz y concluía como
final en el Apocalipsis. No entré en concreciones esperando a la
mañana, por lo que desconoce al completo cualquier detalle básico.
Ha sido una suerte que no hallan dado con el trastero -aspiraba
satisfecho añadiendo al comentario.
-Demasiada -apuntillaba José.
-¿Qué quieres decir?
-Que es muy extraño que hallan estado en la casa y no hubieran dado
con este lugar.
-Quizás las prisas -ponía de pega Gaudi-. ¿Aunque prisas para qué? -Se
negaba él mismo aquella justificación e ideó una nueva posibilidad-.
Vosotros lo habéis visto que no era tan fácil encontrar el escondrijo,
¿no? -Miraba a sus compañeros de historia buscando aceptación de
posibles.
-¡Gaudi, tenemos que irnos de aquí! Pronto vendrán nuevos esbirros
cuando intenten sin resultado contactar con los guardias que vigilaban
la casa- apercibía José proponiendo que no permanecieran más segundos
descontando allí, ¿especulaciones?
Gaudi aceptaba su petición-. Necesito llevarme unas cuantas cosas -
advirtió.
-Dese prisa, y procure coger sólo lo imprescindible y con certeza
saber que será del todo imposible volver aquí.
Gaudi reunió un par de libros, varias hojas sueltas documentadas, y
anotaciones personales. Ya dispuesto con los deberes hechos, aceptó
irse. Los tres tras haberse apagado la luz del trastero, lo dejaron
desértico de presencia de vida, y bajaron por la escalera temblorosa a
la planta baja.
José solicitó a sus acompañantes que esperasen dentro de la casa
mientras él iba a echar un vistazo por el vecindario. Salió por la
puerta trasera y volvió a los pocos minutos por la misma entrada,
tiempo que permanecieron Flor y Gaudi expectantes sin hacer menciones,
más que leves tendencias de frases cotidianas de queja.
-No hay peligro, salgamos-aseguró José y se dirigieron todos a donde
se ubicaba la furgoneta, que de nuevo Flor poniéndose al volante los
trasladaba de sitio. Con el cruce de calles cogieron la autopista,
para salir fuera de la ciudad. Durante la travesía Gaudi interesado
preguntó-. ¿Dónde vamos? Si se puede saber -alargó su frase dejando
nota de no desear parecer indiscreto.
-A un lugar seguro, no se preocupe -le tranquilizaba Flor.
Para su acomodo José le extendió la respuesta-. Vamos a la casa de
Flor, o mejor dicho a su laboratorio. Allí estaremos a salvo, ellos no
conocen ese lugar.
-¿Laboratorio de qué? -Fisgón ahora sí, curioseaba Gaudi.
-Flor es Química Bióloga e investiga distintas vías para una solución
que hasta el día no hemos dado con ella.
Gaudi hizo un inicio de preguntar, pero no dijo nada para no resbalar
en la indiscreción, tampoco hubo falta José se apresuro a saciar su
intriga.
-Matar a Dios -le comentó la causa de la investigación y pasó a
detallarle otros aspectos más del preciso lugar mezclando cosas
distintas. Su naturalidad al expresarse era amena - Ya verá como le
gusta el sitio, hay diversos objetos históricos que por lo que creo le
fascinará.
-Lo único que hacen es amontonar polvo. Si por mí fuera los subastaría
por Internet ahora que está de moda -se entremetió Flor quejándose.
-¡Oh, qué aberración! -protestaba Gaudi por el despropósito que
acababa de escuchar. Pararon un momento sus palabras delirando y
sujeto en la curiosidad preguntó- ¿Y de qué épocas son los objetos que
tenéis, son muy antiguos? -se cortó un segundo su hablar para implicar
una nueva pregunta- ¿Y Para qué Matar a Dios? Hizo conveniente conocer
más rasgos sobre la connivencia, del delito que se confabulaba.
-Hay objetos que adquirí por mi vida de trotamundos, de roma, Egipto,
Hispania, algunos de ellos con bastantes siglos.
-Y algunos milenios -especificaba Pequeña Flor- sacando la punta de
lanza. A ella no le producía una satisfacción la recolección de esos
objetos antiguos e inservibles, donde al opuesto, Gaudi era un fervor
incondicional. Para José en un termino medio eran resultados de
detalles pasados cronológicos, y detallado más elocuente, de su
constituida biografía.
Gaudi se entusiasmaba goloso como un niño esperando un regalo, el
llegar a su destino para descubrir los hallazgos que se le presentaba.
-Pregunte Gaudi sin temor, le veo excitado -Tras las conversaciones
que han mantenido los tres al trato dado entre ellos y las propias
observaciones de Gaudi queriendo rebajar a un lado su parte
profesante, al dirigirse a él sus nuevos amigos le tratan con el
nombre únicamente. Su nombre, sin calificaciones fervorosas. Esto
podría valer para Pequeña Flor, porque en José de siempre, era una
trasvase difícil que se dirigiera él de una forma más ortodoxa en
otras circunstancias. La antipatía hacia todo lo relacionado con la
doctrina del clero chocaba con el trato respetuoso con el que humilde
disponía invariable hacia los demás, predicando el ejemplo del
respeto.
-José, te agradezco tu voluntad -Gaudi agradecía-. Déjame darte las
gracias por haberme salvado la vida e intentar protegerme. A ambos os
doy gracias infinitas -hizo esta mención también hacia Flor,
mirándola.
Ella le hizo un saludo militar, sin apartar la vista de la carretera.
Gaudi seguía esforzándose en que le entendieran lo que él estaba
sintiendo-. Es tan repentino que halla pasado a la vez todas estas
cosas tan grandes, que para mi monótona vida se sobrecoge sujetar el
impulso. Imagino que para vosotros mi vida será ridícula.
-Gaudi, ninguna lo es -contrarrestaba José.
-Sí, sólo cómica -dejó suelto Flor, dando la nota de humor para restar
importancia al desencanto de Gaudi de sentirse inferior a ellos.
-Llevaba tantos años tratando conjunciones, hipotéticas profecías, que
al inicio era una quimera de un sueño astral. Ahora lo descubro, y en
doble sentido soy el valedor de malos augurios. El descubrir que la
profecía acaba con un mal mundial, y desearía denegar esta
posibilidad, que estuviera equivocado. ¡Y me han intentando matar ya
por dos veces!, y estas circunstancias me disgustan en la acomodada y
tranquila vida que llevo. Luego aparecéis vosotros, y descubrir que
eres José ¡José! Es inconcebible por mucho que lo admita. No quiero
ser brusco -se serenaba tras declararlo efusivo.
-No, no, tranquilo, sigue por favor -Le pedía José siguiendo con
interés las palabras de Gaudi.
-Ahora tengo en mi cabeza preguntas por doquier, de esas dudas
terrenales que siempre se sienten, de hechos históricos que se han
cuestionado, de otros misterios jamás encontrados, y no sé ni si
debería respetuosamente preguntarlos, y quizás peor, aun el merecer
saberlo.
José apreciaba esas palabras de tal pureza, que le encomendaba en un
prestigio de considerarlo verdad-. No retengas tu deseo ni temas
preguntar, yo estoy dispuesto a escucharte.
-Escena ganadora para los Óscar -bromeó Flor-. José en el papel de su
vida reclama infranqueable la amistad entrañable de los desprotegidos.
-Te voy a dar -dijo e hizo José zarandeándola el pelo.
-Eh, profesionalidad, que estoy conduciendo -le pedía cordura ella,
más como excusa de que no la chinchara.
Fue un momento bastante grato para los tres, por un instante
compartían una sensación que emanaba simpatías. Gaudi después de las
risas recogió el testigo de José, y comenzó a preguntarle cuantas
cosas se le ocurría mientras marchaban a la casa de Flor. La gran
ciudad se quedaba atrás, al igual que la noche. El día a un tercio de
la noche alferecía nítidamente. Se vislumbraría la ciudad por la nube
de impureza que la coronaba, de los habituales malos humos.
José Fue contestando a casi todos los requerimientos de Gaudi,
exceptuando pasar por alto algunos detalles dolorosos o que pensara
que no fuera correcto implicarlos para una persona y que curvara en
una meditación dolorosa e irrecuperable. Contó sobre su existencia, el
paso del largo periodo de vida por el mundo narrando acontecimientos
fabulosos a los oídos de Gaudi, y también de Flor, que prácticamente
conocía todo, absolutamente todo de José.
Le informó de lo que él sabía de Dios y su poder, de la patraña
inventada para conseguir movilizaciones en masas idólatras. Gaudi se
satisfacía de cuanto iba conociendo y por él podría pasar semanas
recopilando anales tan enriquecedores, pero persuadió para convencer a
José que estaba complacido.
Hubo después de esto un momento de perdida de cadencia para proveerse
la conveniente relajación, que muda paraba tan extensa conversaciones.
Por los cristales, como niños amaban los amarillentos campos de
girasoles que les acompañaba en su recorrido.
Tras la interrupción extendida se animó de nuevo a hablar.
-¿Te puedo preguntar por qué te hiciste cura? -Se dirigió José a un
Gaudi mucho más sereno que cuando lo habían encontrado exaltado por el
peligro que le acechaba.
-Pues me da algo de vergüenza contarlo -calló levemente para acabar su
indecisión y reanudó la respuesta- fue por una chica.
-¡¿De verdad?! -Flor no se lo esperaba y se exclamó su frase al
preguntarle
-Sí, yo era muy joven. Era la primera vez que me enamoraba, y me causó
tanto trauma el que me rechazara aquella chica, que me metí en un
convento. Perfectamente en ese momento me hubiera alistado voluntario
si hubiera sido preciso, meterme en una secta satánica, hacerme hippie
o a saber el qué hubiera sido capaz por ella, y después por olvidarla.
Así empezó todo, después me acomodé, y al estar allí pude proseguir y
renovar con bríos nuevos mis estudios que llevaba del colegio, y eran
una pasión para mí, el álgebra y la astronomía. Más tarde hice mis
votos, y hasta ahora.
Contándolo así da la impresión que era una fachada escondida, y quizás
si, pero yo creía en Dios, creía en su obra y quería trasmitirla y
conseguir un mundo mejor.
-Como las misses, comentaba Flor.
-¡Sí! -aprobaba -, ¡No! -Rectificó cambiando donde dijo, sonriendo-.
Mi necesidad estaba cubierta, y mi vida quizás por inconsciencia, por
falta de carisma o de egoísmo de deseos propios encaminaban a ayudar a
otras personas, e ir de la mano de Dios era una garantía. Tras el
tiempo a no ser que uno sea un creyente compulsivo, un farisaico o un
beneficiario te haces preguntas. Preguntas no contestadas, y peor aun,
preguntas donde las respuestas conseguidas no se aceptan.
Mi alejamiento fue progresivo. Reconozco que en mi puesto, en mi labor
que ejercía me sentía a gusto, pero denegaba de lo que la iglesia y su
institución fomenta, y el amar a Dios se alojó en una duda inmensa, en
una pregunta de las que jamás tuve respuesta.
José se inclinó hacia Flor y le chistó con un gesto, como en clave
pidiendo que no dijera nada ahora. No era momento de cortar la
sensibilidad y sinceridad que Gaudi reportaba.
-Quizás otros verían un aprovechamiento personal el seguir en la orden
eclesiástica, y la propia iglesia no toleraría mi actitud. Incluso
vosotros es justo que decidáis que soy un cobarde.
-No seas tan duro contigo mismo -deseaba José estimular la negativa
aceptación que inducía Gaudi de sí mismo-. He conocido muchos hombres
en mi existencia, multitud de religiosos, y bastantes dirigiendo un
mando como el que tú tienes. El creer o no creer ni siquiera yo podría
justificar que es ecuánime, que es lo ideal. Las creencias deberían
tener una base real, que sin embargo es justo por lo que son ideadas,
por la falta de esa realidad que se anhela. El valer o no para una
persona en concreto sería algo muy, muy personal. Yo no lucho contra
eso Gaudi, mi guerra es contra Dios, la manipulación, la iniciativa de
querer apoderarse de personas, de almas, de sentimientos, de un futuro
que no llegará de un presente inútil, y con estas palabras vuelvo a
caer en mi propia duda, de si creer o no es correcto. Yo batallo
porque las personas sean capaces de decidir sus propios deseos
veraces, su propia creencia. Tener la oportunidad de que esas personas
hundidas en países pobres, enfermos, sentenciados por políticos y
religiones, en general sustentada por la voluntad de Dios tengan su
propia oportunidad de decidir después como serian. Si estúpidos o
bondadosos, si broncos o tranquilos, si vivirán un día más, sin
esperar a que llegue un trago de agua con el tiempo.
El tema para José le dolía. La injusticia que deportaba en sus siglos
no lo lleva agusto. El sentenciar que el 90% de la humanidad es
destruida por un 10% de un planeta sediento de maximisarse, de crecer.
Y tan solo ni el 1% es quien tiene poder de decidir, y de ahí, solo el
0,1% la voluntad justa para plantearse los cambios, o los medios que
perdurarán en línea, para que después 1, 2, o 3 personas encandile el
destino del mundo, y como rúbrica Dios induce y juega, apostando a
todos a su favor.
Con la medianoche avanzada llegan a su destino. La habitación
presentada a Gaudi le invita a descansar sobre el lecho de la cama. Él
lo acoge con toda la energía que le queda, pero una cosa es descansar
y otra dormir. Los miedos transitan irremediable por la mente, robando
el sueño claman desembocando en repeticiones inamovibles.
Capítulo IV Imborrable
Igual, repetida escena, cansina en la misma idea, similar narración a
idéntico intento.
La ruidosa riña de aves entonando se manifiesta, apartadas de la urbe
de abarrotadas viviendas. En rúa "sin número" 5, se llega del aledaño
sector 3, poblado de majestuosos chalets y casas palacete, ornadas de
arbustos regalando puro aire. Incitada inquietud le agobia, al caminar
recto al contingente que histérico le abre pasos, llegando al lugar.
Explicado antes de acostar sus sueños si alguien pudiese reconocer su
despierto arrimar, él anoche negó más que el arzobispo a José, que le
animó a ir a donde ya ha llegado. ¡A la mansión! Estipulado lo tiene
todo establecido. ¡Encontrar a María! Salta la vista al muro de la
residencia señorial, y evita su temblequeo, con decisión.
Llama más llegar al soportal. Claustrofóbico deposita el retiemble que
va debajo de la sotana, colegiado para evidencia.
-¿Sí, que quiere?- solicitó una voz lacónica a través del portero
mecánico.
-Soy el padre tenario y recalo la petición de solicitar audiencia con
el príncipe Masín.
-El príncipe no recibe visitas, sino han sido gestionadas previamente.
-Lo entiendo, buen hermano. Sin embargo si hiciera un enclave en su
labor samaritana le ruego amparase mi deber de verle. Sólo comuníquele
que vengo a instancia del Obispo Rocco.
Se hizo un intervalo callado, para oírse seguido-. Espere un momento.
-Que Dios le bendiga -comentó a continuación Gaudi haciendo un papel
frívolo de cura sin cura.
Gaudi guardó espera. Tenue, considerando que por medio de las cámaras
del exterior supervisaban su asistencia, degustaba la columnata del
pórtico sin derribarse de su tranquilo actuar.
Al cabo de unos minutos acudió un individuo plantado en los dos
metros, que pudo ver llegar antes de que abriera la verja de entrada a
través de la separación de los barrotes. Aquel hombre le solicitó que
le acompañar prefijando por delante el camino, por el espacio abierto
y porticado de su interior.
Entrando en el edificio se le hacía difícil rechazar de golpe de vista
los cuadros que engalanaban la mansión. Su guía le redirige a una de
las habitaciones de la planta baja dejándole sujeto a una nueva
dilación de encontrase con Masín-. Espere aquí. El príncipe Masín le
atenderá en unos minutos. Si necesita alguna cosa hágamelo saber.
-Gracias hijo, no se preocupe por mí, esperaré con gusto la llegada
del príncipe
-De acuerdo -el hombre que le acompañó se marchó dejando a Gaudi en la
permanencia de aquella suntuosa sala.
-"Esperare con gusto su llegada", ni que fuera la cenicienta -escuchó
al fondo del pasillo el comentario del hombre que acababa de
marcharse, que se lo estaba diciendo a otro que acababa de llegar a su
lado. A Gaudi le salió una sonrisa sagaz.
-¡Bajemos a la Bodega a por provisiones! -escuchó la resonación por el
pasillo, antes de que dejase el sonido abandonarse ante la llegada de
su contrario.
Sin parárselo, ya no hay nada que pensar. Sale de la sala donde
prorrogaba su espera y se encamina por el pasillo cauteloso hacia las
escaleras que estaban cercanas a la sala de parada. Al fondo se
prendía otra escalera más, que detalló por si era preciso una escapada
por algún posible importuno. Era difícil el escapar si fuera preciso,
nada mas se hacía el valiente en pensarlo, no en llevarlo a cabo.
Siguiendo las orientaciones que le comentó José busca la habitación
donde debe encontrarse María, si permanecía aun en la residencia.
Mientras pasaba cada metro se le urgía cualquier subterfugio.
Necesitaba un plan, una mentira piadosa si le veían visitando aquella
zona. No se le ocurría nada, pisaba sus ideas en cada paso por
encontrar cualquier tontería que sirviera, ¡y la encontró a ella!
Llamó previamente a la habitación cuarta a la izquierda de la
escalera, la que le indujo José como válida, y correcto fue. Entró más
tocar la puerta, sin esperar permiso, único era un gesto, un detalle,
una evasiva.
-¿María? -No encontraba palabras válidas de cómo mostrarse. La
adoración le introdujo un parón en su determinación de hallarla, y
descubrirle a lo que había venido.
-¿Sí padre, me conoce? -Lo siento, pero yo no os recuerdo.
-No, no me conocéis. -Gaudi se persigna ante ella arrodillado, besando
su mano como señal de respeto, y deslumbrado ante su imagen. Mientras
la sujeta, al tacto María recibe un mensaje que José le había
trasmitido previamente escondido en sus carnes.
El hilo conductor que era Gaudi, trasladaba la misiva que José la
enviaba a ella.
María atemorizada quisiera gritar pidiendo auxilio, pero señero
tiembla sintiéndose angustiada, falsa de un delito de desobediencia a
su credo, del mandamiento fidedigno a la cruz y a Dios. Y más al
contrario, tentadora de la verdad parece omitir su intolerancia
desatendiendo este aspecto y se deja seducir por el comunicado de
José.
Remembranzando el remoto pasado lejano José le evoca, la convoca para
que su espíritu se haga perceptible ante su alusión extendida que
comienza...
Indefinido e indiferente año A.C.
-Corazón, corazón, ¿cómo quieres que sea el sueño de tu vida? -
preguntaba María en las murallas de Jericó.
-Mi sueño quiero que sea real -confiado respondía José.
-¿Cómo de real? -retaba en su saber esta chica tan risueña, dejada de
preocupaciones adormecía en letargo su sonrisa pronunciada espabilando
a la llamada de José se levantaba, con la fuerza de un ciclón
-Tanto como mientras permanezcas a mi lado. Si irreal fuera tu no
presencia, mas que pena mi ilusión perecería en mis ansias por que
pudiera existir.
-Si es real no puede ser un sueño -le susurraba adelantándose a las
siguientes palabras de José ella, acercándole sus labios al oído, le
recitaba de brisa calmada y apacigüe.
-¿Quién necesita soñar? Un pez no sueña con volar, su sueño es el mar,
¿y como puede un pez idealizar dormido con lo que ya tiene? Ese soy
yo, sueño contigo. Quizás no me entiendas, pero si ningún pez
naufragaría en su mar porque es su medio de esencia, yo sé como me
salvo cuando sueño contigo María. ¡Como ahora!
Y si... -le iniciaba María un regaño, de un negativo posible irreal
-¿Si no estuvieras aquí? Ya no nadaría, ni volvería a la tierra.
Relleno de plomo me hundiría, y tan ligero es mi mundo que refutaría
reflotando, y el agua me llevaría inmóvil en mi inofensivo pataleo,
estéril sobre el mar. La contracorriente me arrastrará, la marea me
ladea, mi mirada tangente al sol me irritan los ojos de sal y choco
contra el acantilado donde el agua me tira, me suelta, me amaga, me
lleva del viento del norte, me empuja de nuevo contra las rocas
interminables, y me vuelvo en duelo contra el muro. ¡Y no! -Dice y
calla José.
-¿Y nooo? -Inocente Pregunta María, picada en el cebo arrojado por
José.
¡Y no! Y no tengo miedo al choque. Si tus brazos me agarran braceare,
y si mis piernas me flagelan me remolcare a tus sentidos preguntando
tierra adentro a cada codo, me reitero esperando tu encuentro. Y si
mis ojos se cerraran de la arena del desierto, abriré mi pensamiento y
me acercará hasta ti el viento, si persisto llegaré, cuando abra los
párpados de momento. Y si las noches perdieran sus días, miraría a las
estrellas, en la línea que me iluminen me dirigiré, porque si alzas
tus manos, el oasis surgirá en la cúspide de mi cansado andar del
desierto helado.
-No sé que decir -esterilizaba María sin poder repararlo su piel. El
bello se levantaba de las palabras escuchadas. No es fácil disimular
sus ganas de sentirse ligera como un sueño y llegarle a José como
dueño de su cuerpo, como reino dispuesto a ser conquistado deja
ciudadela abandonada a sus brazos.
-Tu sueño ha sido concedido -le besa la frente, despertándole del
mundo le traslada en la gloria de la divinidad.
José cierra los ojos, visionando su alegría está a punto de
evolucionar, y de su narrativo pez hacer un salto al vuelo, y echarse
a volar entre las nubes.
María recobra el presente, y debe sentarse. Gaudi la suelta tras
ayudarla a tomar asiento. Escalando a medida 1:1 a levantarse Gaudi
sigue pareciéndola una emisaria simbólica. El céfiro de su aura es
palpable, y la convierte en una adoración ante sus ojos, admirándola
como Diosa, como virgen inmaculada despoja y derrocha en la vista de
quien la ve, por esa incombustible luz que la prende circundando la
figura del adorado perfil.
María tienta hablar indecisa-. ¿Entonces...?
-Mi señora, no hable -Gaudi le muestra una página, abriendo una Biblia
de bolsillo que se había sacado de su uniforme de Dios. Con el dedo
pulgar, prende la imagen de una postal que muestra astuta escondida
entre las hojas del ejemplar, indicándole la iglesia de Saint-Germain
des Pres, e infiere que le acompañe en la resulta, al sentar su dedo
brújulo por la imagen deteniéndose como señal inequívoca sobre el
reloj del campanario, que marcaba por siempre instantánea parada al
tiempo, las 14.50 h.
La mujer colige lo que entraña esta mímica exégesis. Mira y no habla,
no asienta, tampoco niega. Pura mira, cautivada aparenta recoger del
legado su enviado.
-He de irme -clama que comprenda su brusca apariencia, y dando pasos
atrás venerándola la deja en su habitación.
Al marcharse de allí, una vez estaba en pasillo más salir de la sala
que compartió la presencia de María, oye pasos acelerados, y voces
clamorosas. No desecha que deben haber dado cuenta de su deserción de
la sala que le impusieron cautelar para el encuentro con el príncipe
Masín.
-Rápidamente se aproxima al cuarto de aseo y se cuela dentro. No sin
miedo, ni el condicionante de quedarse por voluntad propia retenido
sin salir, le echa coraje. De pundonor, y la elevada moral que debe
mostrar aparece en el corredor de la planta, tras cerrar rotunda la
puerta del lavabo, dejando nota de su estar allí.
Cuando marchaba hacia la escalera por la que había subido rodea la
cintura mirando atrás con decisión, sin nervios que atempere
resquicios de sospecha. Ve a uno de los guardias privados quieto
mirándole, y hablando por un comunicador privado, lo que será
delatando sin mitigar su paradero. Dicho y hecho, casi sin espera, por
la escalera sale hacia él un hombre, que pudiera ser el Príncipe junto
a otro guardia de seguridad de la Mansión.
-¿Padre, que hace aquí? Le estábamos buscando, ¿pero qué le ha pasado?
-Hablaba quien se suponía ser el príncipe Masín.
El temple de Gaudi recelaba, manejando una pose de angustias ante lo
que mostraba. Empapado de agua pelo y rostro se le relacionaba en
disimulo con un apósito tapando uno de los agujeros de su nariz. El
hábito hace al monje y también mojado pinzaba exagerando la causa
católica al bulo
-Ruego me disculpen. Sufro a menudo de hemorragias nasales, y tuve que
venir raudo a refrescarme y cortar la sangre.
El hombre que le había preguntado por el hecho, y el que le acompañaba
no decían nada. Miraban el rostro mojado de Gaudi sereno, con buenas
dotes de escondidas, y cansado. Ajetreado proseguía en la explicación
el cura ante sus vistas.
-No me dio tiempo de preguntar dónde estaba situado el servicio, y
busqué con atrevimiento, ya que al contemplar su alfombra egipcia
seria vandálico y una autentica expoliación haberla manchado.
-Si, soy un ferviente admirador de rarezas antiguas. Tengo algunas
colecciones interesantes de la era egipcia y anteriores ¿Por
casualidad es usted aficionado al arte antiguo?
Parecía haberse templado la incertidumbre que le reinaba, y ese
dialogo sencillo le hacía ganador de haber funcionado su estrategia.
-Oh no no -se excedió rápido Gaudi negando su apreciación por el arte
vetusto mordiéndose sus gustos y la atrayente incitación a charlar
sobre la materia-. Sólo que me pareció que la alfombra era muy
parecida a una que se halla en el museo egipcio de la ciudad del
vaticano. Eso me pareció recordar de cuando estuve visitando toda la
institución de nuestra gran amada iglesia. Aunque quizás estoy
engañado y la confundiera por otro lugar, mi memoria no es una de las
virtudes de las que Dios me poseyó -recalcó no dando importancia a su
entender de arte, ni intuirle nada que le hiciera pensar.
-Debe ser otra semejante, esta es una pieza única que adquirí en una
subasta de arte - revelaba ser él el dueño y por consiguiente
vaticinar su rango. La relación de la alfombra ya lo sabía Gaudi, que
lo utilizó concurrente para dar a la mentira distracción de inocencia.
Seguido preguntó Gaudi al hombre con el que mantenía la charla, -¿es
usted el Príncipe Masín?
-Que torpeza la mía, discúlpeme padre mi descortesía.
Gaudi le extendió la mano mostrando su saludo, y el príncipe le hizo
una reverencia que Gaudi no presumía.
-Acompáñeme por favor -le ofreció cortés Masín que le siguiera-.
Puedes retirarte -dijo a su guardia personal, que cumpliendo el
mandato se fue acelerando el paso bajando las escaleras. Igual
hicieron ellos dos con más calma, en una discreta conversación nimia.
Cuando llegaron a la planta baja el príncipe le introdujo en la sala,
la misma a cual había sido su comitiva más entrar en el caserío. Cerró
las puertas velando por una discreta conversación, y afable y sin
dilación requirió consultarle su visita.
-¿Cuál es el propósito de solicitar verme?, me trae noticias de parte
del Obispo Rocco según me han dicho -adelantó parte de la respuesta en
su introducción.
-Exacto, como usted ha mencionado. Él me encargó tácitamente que
acudiera a informarle si durante el viaje de su mitrado a la santa
sede, diera con el paradero del sacerdote Gaudi -noticia verdadera que
él mismo conocía hace días de la intención de viajar en este día por
parte del Obispo, donde confiaba que quizás el príncipe estuviera al
tanto.
Al príncipe Masín le surgía un interés inmediato ante lo que
escuchaba, sin aludir si conocía la ausencia del Obispo Rocco en la
ciudad. -¿Sabe donde se encuentra ahora? -Interpelaba solicitando
prontitud de conocer esta necesidad.
El sacerdote se hizo de rogar-. Vino a verme muy temprano. Le encontré
intranquilo, tan sucio que parecía haber pasado la noche a la
intemperie, al menos me impresionaba pensarlo del aspecto tan
desaseado con el que se presentó en mi casa.
-¿Está allí ahora? -demandaba o prácticamente interrogaba al
presentado por párroco, el encontrarle a su propio él, que camuflado
formaba ser otra persona.
-No -comentó para saciar el ímpetu del príncipe-. Me habló de que le
habían atacado unos hombres durante una reunión con el arzobispo
Rocco, e intranquilo por si le hubiera pasado algo a nuestro prelado
hube de llamarle para tranquilizar y aliviarme de encontrarse bien.
Más él, me advirtió que renegara de lo que dijera el hermano Gaudi,
pues estaba al tanto de que sufría bajo el castigo del averno de
crisis nerviosas, y que estaba bajo tratamiento. Yo traté de hacerle
entrar en razón para acudir a un especialista pero él se negó y se
marchó de mi casa sin preciar el intento de ayudarse. El Obispo me
antepuso el deber de acudir en su socorro si diera donde estaba para
poder ponerle en su mano y llevarle a algún centro psiquiátrico para
que le trataran en estos momentos difíciles para nuestro indefenso
capellán.
-Entiendo, y ahora...
Gaudi, ya renegó el espacionar su ejercicio de teatro y manejó
llevarle al énfasis final.
-Apenas media hora hace, que me llamó diciéndome que estaba en Gare de
Lyon y se marcharía a Dijón si conseguía billete, sino quizás se
trasladara a Gare du Nord para coger el tren que partiera hacia Lille,
pues tenía familia próxima a la frontera con Bélgica, aunque se temía
que ya fuera tarde para encontrar embarque y tendría que coger un
autocar regular.
Ante la multitud de datos que recibía, el príncipe predicaba
desoriento en los postulos de encontrar a Gaudi.
-Siento no poder ser preciso, pero siguiendo el mandato del Obispo me
debo a contarle cuanto me dijo.
-¿Dijón, y Lille, no mencionó algún otro lugar? -Preguntaba el
príncipe Masín descartando más posibilidades.
-No, solamente los que le he enumerado. Lille por la familia, y de
Dijón me insinuó sin tomarle en serio que iba por tocar la lechuza de
la suerte, ¿conoce la historia? -Se daba un nuevo ajuste de perderse
en pormenores.
-¿La lechuza que hay en una de las iglesias de Dijón, que la tienen
desgastada de manosearla?
-Si -dijo el sacerdote.
-Claro, ¿quien no conoce la leyenda?
-Eso es cuanto le puedo decir, no sé si le servirá de ayuda para
encontrarle por su bien, ya que me temo que este hombre en sus
condiciones no sé de lo que es capaz. ¡Dios mío, ayúdale a encontrar
el camino! -Argucia su papel postrándose al cielo su favor.
-Le agradezco enormemente su ayuda, padre...
-Padre Notorio -recordaba al príncipe que se quedó a medias buscándole
el nombre.
-Gracias padre Notorio -se esforzó el príncipe Masín en agradecerle
seguido nuevamente su colaboración.
-Si no interfiere en necesitar de mí, debo marcharme para continuar
mis tareas diarias. La obra de Dios es continua y no hay descanso -
dijo el delator de Gaudi solicitando su retirada.
-Sí, padre, puede ir bendecido por Dios -Gaudi se distanciaba cuando
el príncipe le paró en seco-. ¡Espere un momento! -Gaudi no quería
referir a qué debía esta acción y a la suerte esperó para ver qué
ocurría.
-¡Tome! -el príncipe se sacó del bolsillo una cartera, y de ella una
tarjeta de visita que se la entregó al religioso-, por si acaso se
pusiera de nuevo en contacto el padre Gaudi con usted, me puede llamar
a este número de teléfono, para no tener que hacerle venir de nuevo y
alejarle de sus quehaceres.
El disfrazado zorro de Gaudi se la guardó sin caricaturizar una
cruzada Z, acompañándole en un gesto aceptando el recado del príncipe
se despidió de él. Nuevamente el príncipe Masín atento tomó su mano de
forma serena en saludo.
El padre se acercó a su nuca y le comentó en voz baja -entre nosotros,
el Padre Gaudi siempre me ha dado la impresión de estar algo
desequilibrado -le soltó de su boca precisando, y también de su mano
que agarraba tenaz el príncipe y se fue.
La soledad cautiva en su virtud araña rasgos, trazas insignificantes
con forma única de torearlas y liberarse de la capa maciza que
envuelve el carisma. Se puede evitar pensar, sólo es decisión de
conjugar el verbo rezar, pidiendo por mí, por ti, por él, por
nosotros, por vosotros y por ellos.
-Oro, y no deseo que deslumbre recordar a esa quinceañera niña de
quinta esencia que aborda de audacia la evidencia.
Suplico, ante el mas grande que sentencie mi inquilina sumisión, y me
avergüenzo de pensar que tribunal debe juzgar lo máximo. En un último
momento paro, ¿cómo digo esto?, ¿cómo lo retengo lo que trata de
salir?, ¿no es acaso mío? ¿Porqué debo castigarme por quien fui, por
lo que es, y a lo que intento ahora dudoso dilucidar que siento?
Adoro, siguiéndole en un complementario destino nunca visto, ¿y que me
pasa María? Tengo reflexión de borracha del vino, sagrado, no vaciles,
sé firme, no tropieces, eso es lo que él quiere, ¿pero quien de ellos?
A quien yo elegí tengo reverenciado honrando sea ahora o no de mi
gusto, a quien quise lo deje por vacile quizás asiento que así fue, y
ya nunca dudé que se acabó, que mi vida salió, por mi fe yo tal vez le
maté. ¿Qué fe es la que destruye el amor? ¿Qué feo me hace sentir mi
deseo? Y mi extremo de necesito... me detiene. La labor que se
construye edificó en... ¡Mejor calla María! No pienses nada, ha sido
un día turbio, ¡pero no lo entiendo!, ¡y lo quiero entender! ¿Qué hago
cuando lo que dije aprobando infinito se traduce en un mundo destinado
al apego de mí darle todo por cero? Y en esa nada es la que no ha
cambiado el planeta, por cuanto dije, hacia lo que hice, por renunciar
¡A TODO!
Imploro, y me hago daño. El peso de mis lágrimas harán que el mundo
esté triste, y me debo a mis hombres socorrerles, a mis hermanos, a
mis niñas del mal, ¿pero quien le ayudará a él en su oceánico mar al
que yo arrojé? Le endose a su cuello la losa tirándole al fondo. No
puedo ni negarlo ni confundirme de no arrepentirme, de hacerle
destruido a sus sueños de ser tan sólo él.
Ruego me perdones, porque sé que no estuve contigo ayer. Y embarqué
dejando a nado pacto de la devoración mis emociones. Y remé ignorando
el mirar atrás porque no podía soportar verte allí alejado, encharcado
y hundido, profundo flotando agarrado a un letrero, con mi nombre
llamándome.
Rezo, en contra tuya por que no estuvieras en mi cabeza, porque no me
hubieras encontrado, porque no hubieras existido, porque no me
perdones jamás, porque yo no lo haré, por intencionalidad víctima te
dejé sin auxilio, sin amparo, porque yo en mí nunca supe como dejarte
de amar. Y pienso en mi castigo, del que llevo en mis adentros sin
nadie saberlo.
En sus aposentos María, loca, quitándose la vida a lagrimas pierde sus
sentidos. Las confusas ideas que inundan su cabeza la dejan podrida,
estancada séptica. Quiere esconderse, ¡pero si ya estaba escondida!
Quiere olvidarle, ¡pero si ya fue olvidado! Quiere morir, ¡pero si ya
le mató! Y la alternativa, la que seduce en forma de vida no merece
más que llorar por cuanto daño hizo sin piedad, tan rebajada a quimera
de puta barata que se vendió por una adoración al mundo del señor.
Pesada, envuelta en penitentes siglos con la fuerza malgastada, llega
tras urdirlo al cajón de su coqueta. El momento perpetua ganándose el
perdón, interpretando que si pasasen dos mil años más llorándole
quizás podría tener un voto de derecho para recordarle sin ultrajar su
memoria. Si pondera su castigo, se detiene a cada momento
maldiciéndose. Esfuerzos coyuntural para desplazar materiales de entes
inanimados. Cava liberando, encontrando de su descanso letal de sus
miles de días sepultados de la luz el medallón que le encontró José.
Y ya no vuelve a decidir que está mal o que está bien, ya no es dueña
de sí misma, ella parte al pasado de recuerdos, viaja transportándose
en una memoria desplazada temporal en su mente, va sin saber cuando
regresara.
Revive después de morir Jesús, como se apareció Dios en su casa...
-Bendita María -embauca templar la desdicha de una madre.
Ella, mujer rota, ahorcada en sus desfogados respiros, incapaz de
evitar la muerte presente en sus venas. Cacho de su cuerpo
sentenciado, arrancado de las vísceras.
Dios -arrodillada invoca respeto hacia su figura, tendiendo
explicaciones que no calmaran, ¡nada lo hará!-, una madre debería
morir en su lecho rodeada de su familia. No es justo, los hijos deben
sobrevivir a sus padres y no al revés. Elegiste mal Dios Todopoderoso,
es a mí a quien tenían que haber ajusticiado, yo soy la portadora
de...
-Levántate María, he de hablarte -le solicita Dios, partiendo la
venida de la frase, que no su sentimiento resquebrajado, destrozado a
medio día sin sentido. Plañendo, y en cada gota menuda que rezuma la
arde el ácido derretido de sus tripas, revolviéndola dentro de sus
senos deplora destilando furia mal concedida entre ella y la poca vida
que la acompaña. Tormento de angustias en su calvario presume su deseo
de poder coexistir donde fuera, donde estuviera su ser, el que ella
forjó de su cuerpo de mujer.
María hace ademán de querer hablar, de preguntar, de quejarse, y no
hay firmeza. Débil aguanta sin poder el peso del suplicio, y calla
tras sus primeras palabras sintiéndose avergonzada e indigna de llevar
su queja al altísimo.
-Veo en tu rostro la fatiga del dolor, más no te escondas en tu
frigidez. Jesús está conmigo, descansa con el pecado de la humanidad,
y atiende mi necesidad a los mandatos divinos que le hacen
maravillosamente apreciar con gran resignación su muerte. Yo te pido
lo mismo María, y debo rogarte que si crees en mi de corazón vengas
también y te deje salvar de las impurezas.
-Yo aceptaré cuanto me digáis mi señor, soy una humilde sierva
vuestra, mi vida no me pertenece -envuelta en el apuro, el tránsito
del crimen hacia ella misma le valdría, lo aceptaría si por ello
pudiera alcanzar el don de la purificación, de serenar el deceso que
la sujeta queriéndola llevarla de partida.
-Escúchame bien María, tú eres la madre del salvador. Hiciste el
milagro milagroso -redundó adulación, ganándosela en sus sosegadas paz
de palabras- realizado tu papel en el mundo, trayendo en tu cuerpo
celestial al elegido por mí para esta ardua tarea.
-Perdonadme mi Dios, debo confesados que Jesús.... -distante,
renqueante burla seguir adelante en su confesión, atenuada debe mediar
para depurar la limpieza de la que está manchada.
-¿Temes que eres indigna por como fue engendrado?
María humilde mira al suelo, humillada deshonra angustia, corseteada
de manos a su desnudo figurado cuerpo flagelándose, se siente
condenada a un pecado culpable.
Dios blande su posesivo verbo, el que él en siete días creó. Se sirve
en su empeño de robarle sus destrozado ánimo María, la impureza de ese
acto que no deje paso al autocastigo, tu cuerpo esta bendecido por tu
propio hijo, expulsado en su comunión hijo mío se convirtió al igual
que tú. Jesús fue elegido para salvar a todos los hombres sobre la faz
de la tierra, y tú María, debes aceptar ser la madre del salvador,
pero para ello necesitas... una cosa... debes tener fe, es lo único,
fe. Ahora busca en tu corazón y sin vacilaciones ni temores dime si la
tuya se mantiene
María vela su mirada germinando el arrinconado suelo, y medio ojo
ocular levantado viendo nada mas una luz allá donde Dios le
engatusaba. La llama que cubre al señor no daña a María, la deidad
bendecida del compromiso que la pide abocan sinceridad y se echa como
atenuante su caída de la tierra al suelo, la que bañan sus sollozos
ojos, bajo el mismo suelo preciado del río Jordán que baña la mancha
de su culpa al comulgarse, desluciendo del impregnado flujo manchado,
penetrada en la transgresión de la pasión del amor de José.
-Me rebosa mi señor la perdida de mi hijo, y en cambio siento
reconfortamiento en vuestras palabras. Soy fiel mi gran Dios. Os creo,
os amo, y sé que obráis con la mejor de las intenciones, aunque no
alcance a comprender quizás todo, yo os seguiré siempre al lado que
mandéis. Encomendar mi alma a vuestra petición, que acatará en la
fidelidad de querer cumplir la misión de santificados.
-Requiero que dejes tu casa María y vengas conmigo continuando mi
senda segura leal. Jesús ha abierto la luz a los obcecados hombres
incrédulos, pero dispongo que tú, como madre del elegido prediques mi
ejemplo a imagen y enseñanza e invoques mi nombre por el bien de la
cristiandad. En esta tierra áspera que creé hay imperfecciones,
demonios que quieren estropear la pureza, devorar la bondad codiciando
materialismo, omitiendo mandatos, matando, demonios que existen en el
infierno, y en la propia tierra María. ¿Qué sirve ser Dios si el
diablo se adueñara de aquellos hombres y mujeres viciados, rota sus
dogmas, que no hallan seguido el recorrido correcto? Debemos ayudarles
a imponer un mundial orden de bienestar, y debes ayudarme, María, ¡Te
pido por Jesús le veneres, que creas en mi y me acompañes!
Detallar el comentario de Dios de una forma imparcial, alejado del
arbitrario sentimiento hacia la religión sería temeroso, por lo que
callo no levantando el espíritu. Omito ser acarreador de lo que no
comprendo, de lo que no veo, de lo que no soy capaz de decidir, cuando
eligen por mí deben llevar la razón, puntualizo, decide tu por mí,
votos de confianza, en mi esperada esperanza te adueñas de mí, en una
simbólica alianza.
-De corazón me seguirás siempre, sin mirar atrás, sin arrepentirte. La
fe te guiará por encima de las cosas, ¿por los siglos de los siglos? -
Dios erige el brazo confiando en María su mano, mientras la luz que le
predecía se expande, y logra aceptada ver la cara de Dios, que
sobrecogida niña indefensa se postra a sus ojos.
María se levanta- os seguiré mi señor, por los siglos de los siglos -
aferra la mano de su salvador y entra en el aro de luz blanca
envolviéndoles. Al instante medido que José entra en el hogar,
pudiendo ver la tiniebla de la parte final de la escena. Y una fuerza
increíble le hace detenerse, paralizado le niegan el paso del deseo de
llegar a su mujer.
-¡María! -la grita pero esta no escucha, sólo sentida en la intención
del conato de mirar atrás, pero valiente y firme no tantea a la par
que la luz se va cerrando entre Dios y ella.
-Por favor Dios, te llevaste a Jesús, no te lleves María, llévate a mi
pero no a ella, por favor, por favor te lo ruego mi señor -José
imploraba.
Dios le oye, apenas el rostro de él se le puede ver en la casi
desvanecida y degradada luz que habitaculaba en el interior de la
casa, y este le sonríe a José. ¿Una sonrisa?, ¿qué tipo de sonrisa es
esta, que hace sentir a José traicionado en la desgracia? Rota su
doctrina, se siente humillado, burlado, secuestrado en una efímera
voluntad de seguir en el mundo en preguntas contradictorias en las
respuestas dadas.
-¿Qué ha sido de este Dios, que obra a su voluntad? ¿Con qué derecho
ejerce su posesión sobre las personas? ¿Es justo que decida el bien y
el mal?, ¿es real un acto de sabiduría ejercer la muerte a un fiel
cristiano como era María? ¿Es en verdad un buen padre el que castiga a
sus hijos por el propio derecho de serlo? ¿Qué persona, que Dios puede
dar la vida y quitarla a su antojo? Esto no es un Dios, es un déspota
bellaco. ¿Cómo puedes querer un mundo bello cuando doctrinas dolor,
perjurio, arrepentimiento propio, a tu albedrío dar el cielo y quemar
al infierno al que tenga dudas, dudas de qué? ¿De ser un pecador por
haber nacido? ¿Por querer saber? ¿Por comer una estúpida manzana? Eres
el peor de los emperadores romanos, el peor de los Dioses del mundo,
un tirano que matas, ¡y yo te maldigoooooo! -grita, sajando rabia.
Para José no estaba ya a su alcance el poder verlo que toda su ira es
escuchada por María, donde permanece sin partir pareciéndola una
demostración de fe, confinada en la confianza de Dios que la observa y
susurra. -Que tus ojos y oídos no te engañen María, ¿ves a José? No
debes sentir ninguna sensación de encono por él. Las personas de
buenas se destruyen solas ante la adversidad, ¿cómo ser merecedores
del descanso eterno y de mi gracia cuando se me cuestiona mi bondad
divina? Por eso María, tenemos un largo y tedio camino que recorrer de
espinas para oler las dulces rosas de cada ser.
La mujer presa de la incertidumbre recuerda mitigada por el tiempo lo
que sucedió la última vez que le vio al que fuera su esposo.
Minimizados detalles pasan veloz intensos en su rememorar. Tras dejar
Judea, su casa y a José, seguir el camino de Dios dando fuerza ante
todas las instituciones de la iglesia, obispos, sacerdotes, Sumos
Pontífices, y algunos hombres incluso encomendándoles rectitud en el
camino de la salvación o exigiéndole cristiandad para realizar actos
incomprensibles que podían ser paradójicos, sin plantearse meditarlo,
aborreciendo la mentira que se cursaba en la envenenada vida mundana,
perdonando actos impuros, reviviendo a la gente de sus temores,
alejando aquellas posiciones materialistas en palabras, y siendo una
ministra de la fuerza política de Dios... por la eternidad... con la
fuerza del espíritu santo...
Poder hacer nacer palabras nuevas lo crea como un don torpe a su
entendimiento, para sólo ella, asumida la muertemente imagina que
deriva al intenso escalofrío desvivar, al condenar riacho muerto,
viciando vaciando seres quesaran futuros de nada, secos de vidamente,
lo divide sin caer debidamente. No está bien, lo sabe, pero es solo
suyo, sin derecho a que entren nadie en sus juros, a no ser que lo
aceptes y lo entiendas, desde que lo admiras ella sudicirá la
poseadilla en desantológico pillada por ser amiga, torpe si, ¿pero no
la ves que está perdida? ¡Dale un abrazar!, ¡dale mis ganas de que
vuelva a ser ella un alma de alegrar!, tan María como puedas tu
secarla las cruzadas lagrimas. ¡Sal andino!, saca tu tierra peregrino
y santa tu Coránada de la reconquista de tierra de María.
Capítulo V La Svástica Comunista
Se respira sosiego, un hervido sentir de tranquilidad. La frescura del
templo aligera el pesar de la carga de los inquilinos que se acercan
penitentes dejando su mercancía. Traficantes al tributo que le
salvaconducten de virtud, postergando los vicios que manchan su hoja
de ruta.
Ética vanguardistas de adoradores a la pureza de la nobleza que eximen
su propia moral, de sopesar que el fallo se resuelve con la petición
del perdón que solicitan, eximirles por marrar conscientemente en su
mundo habitado de siete capitales pecaminosas.
El estado de la soberbia, el principal, utilizado para el discrimine
de la vanagloria, la que quizás inconsciente la iglesia depara en sus
propios santos, la jactancia de la rectitud de ser menos dañinos el
humo de una fumata que el revelo de 'La Stampa' homosexual, basura de
mentes atrofiadas. El fausto que contradice en ornamentos de oro los
santos lugares, el propio botín de guerra expoliado en la tenencia.
Altanería desdeñando despreciativo a quien ose contrariar sus tesis,
quien reconoce santos por dos presuntos milagros de curas de niños en
la hipocresía, ¿ya que cuantos enfermaron, cuantos murieron tras ser
tocados por su manual miembro santificado? La presunción de
infanticidio, acallada por golpe del aforado primer estado, la
petininacia a la desobediencia civil, a la ley de cuando la violación
del precepto no nace del desprecio sino de otra causa y considerando
la materia y las circunstancias del caso, puede ser considerada una
falta menor. Hijos de un Dios menor, nacidos sin nombre que dar a su
progenitor, llámele tío pues padre será obsequiado por los demás
feligreses, y en la paidofilia, no es un trastorno, que atrevimiento,
es una atracción lingüística a moralmente superada, y es que si
hubiera de existir un presidio para localizar a los derivados de la
práctica llegada a realidad de psiquiatría serían enviados a lugares
donde el mundo supiera de ellos. En la Peste Negra, los leprosos con
cencerro al cuello se les aislaban en Lazaretos, a los ignorados por
Pío XII, se los recreaban recluidos en campos de consumiciones
consumadas, de expiración limitada, dejándolo caducar no le es
reconocido. En la transgresión de la vida infantil, ¿no deberían ser
enclaustrados y ponerle una vestimenta oscura como señal de su
impureza, y larga, escindiendo su vergüenza?
La ambición de ser el único, el Dios verdadero.
El estado de Acidia, en su pereza el más metafísico, La repugnancia y
la aversión por dañarme, por no querer ser tu esclavo. Que no, que no
me gusta que me digan que nací pecador, ni que puedo o no comer, ni a
quien debo querer, y cuando decida que esta, la desesperación mía que
despremia mi vida y me haga verme en la pusilanimidad y cobardía de lo
que tu piensas, la inconsistencia debe equilibrar que no, que no es
justo que mi vida se acabe, que yo no soy dueño de ella para decidir
cuando tener su fin, pero si hubo que alguien en La ociosidad me dio,
¿me regaló?, ¿me jodió?, con la condena a la vida sin preguntarme, sin
yo ser consciente de decidir por mí, si a esta tu vida quería yo
venir. La curiosidad o desordenado prurito no da derecho, y si deberé.
El estado de la lujuria, ¿no fue separatista de esquerra del primer
estado, ¿allá en la parte septentrional colindando las llanuras de la
hipocresía? "appetitus inorditatus delectationis venerae".
Perdónenme no quiero crear la tercera república, ni en el tercer
testamento de ningún nuevo estado colonizador, ni adicionar en un
aslato, más sólo como inútil reflexión, el gozo prohibido donde
prevalece una finalidad preestablecida, única y clara., la
reproducción y la perpetuación de la especie. Pero Dios mío, formula
secreta, maravillosa e inocente para reproducción asistida con mando a
mano. Que toque el hombre cien veces con su dedo índice el ombligo de
la mujer que ama recíproca, y que en su esencia de transmutar el amor
sea rápida, pues no veo en mi mundo, no el que se escribe, ni se
cuenta, ni siquiera en este donde se reproducen, el amor sostenido, la
fidelidad. ¡Oh cielos!, que engañosa es mi diabólica mente, ¿mas como
puedo negar a los hombres respectos a las mujeres?, que la mayoría son
presas simbólicas de la fiebre. Pues si señor, tenía usted razón, que
la lujuria es un estado depositado, ¿pero medio vacío o medio lleno de
fingidos? Se quieren, por joderse.
Rompo el saco, La avaricia, cuarto estado, y menos mal que reza "El
crimen de la avaricia no lo constituyen las riquezas o su posesión,
sino el apego inmoderado a ellas". Y siete reyes tiene el estado, que
no país combatiendo juntos aliados, el fraude, el dolo, el perjurio,
el robo y el hurto, la tacañería y la usura.
El estado de la Gula, vomita sangre de Cristo, barra libre de cuerpo
de mal estomago dolido a hostias. Más no comas en ayuno, más mejor no
ayunen treinta millones de personas, y como hay que dar ejemplo,
tampoco comer ni cenar, sacrificarse hasta cesar exiliados de la vida,
por un pan que no tentó, ya que entre sus manos no alcanzó.
El estado de la ira, "Appetitus inordinatus vindictae", el
maquiavelismo "Porque si Dios no perdonó a los ángeles delincuentes,
sino que amarrados con cadenas infernales los precipito al tenebroso
abismo, en donde son atormentados y tenidos como en reserva hasta el
día del juicio, si tampoco perdono al antiguo mundo, bien que preservó
al predicador de la justicia divina, Noé, con siete personas, al
anegar con el diluvio el mundo de los impíos en su clamor; si
reduciendo a cenizas las ciudades de Sodoma y Gomorra, las condeno a
la indignación del desolamiento, poniéndolas para escarmiento de los
que vivirán impíamente" en notte di sabato. - 2 Pedro 2:4-6
La contumelia dicha y hecha sobre el antisemitismo vaticano, la
blasfemia de Pío XII que instituyó Cáritas para dar escape sin
sospecha hacia Sudamérica a nazis con paradero en secreto de
confidencia profesional. También se desvío a sus aliados utilizando el
pasaporte de Cruz Roja Internacional. La riña, "Pío XII no excomulgó a
ningún nazi, siquiera a Hitler, pero si expulsó a todos los comunistas
de cualquier país de la faz de la iglesia católica". ¡Heil Dios!
El último, el estado de la envidia "tristia de bono alteriusin quantum
est diminutivum propiae gloriae et excellentiae", La mentira de Dios,
la traición de Dios, la intriga de la profecía continua... ¡El espurio
debe claudicar!
María, anunciada por vuelos de palomas negras cristalizadas en
pergaminos del vidriado de las ventanas irrumpe en la parroquia. Las
palomas acechan, María escabechada réproba su venir.
Cementerio el lugar, habita de almas sin cuerpos acercados al mundo
que emerge fuera en la calle, en la ciudad, en la vida real. Anda
despacio e intranquila escondiendo su rostro, como estrella del pop se
oculta bajo un velo del mismo color que su vestido negro, que combina
correteando con rayos blancos que traspasan los ventanales al
prolongarse a recorrer la iglesia.
El sonido de los tacones despierta el sepulcro habitado, donde las
gárgolas observan petrificadas, dirigidas por el taconeo de un andar
femenino los pasos creyendo crear una trama de novela negra, a Grace
Kelly tras el velo, y al mafioso acabando antes con el párroco dentro
del confesionario esperándola. Sus inmoralidades inmortales en tan
aburrida casa rentara por Dios le fricciona para hurgar escenas
fantásticas, mas esta no, dentro del confesionario está el sacerdote,
no ha habido previo ningún muerto y sus frescos cuerpos de piedra
reciben el aire corredizo en las alturas de la bóveda
-Padre, he de liberar mi angustia, pero temo que no sea el lugar
correcto -tras reposar en el asiento, toma palabra confesora.
-"Extra Ecclesia nulla salus", fuera de la Iglesia no hay salvación -
invocaba una voz tras los orificios, que abstracta formaba posterior a
María una imagen confusa del párroco.
Ella se ausenta, le impide hablar su polémica sensación de qué está
bien, si el estar allí ahora disponible a dialogar con flaqueza, o
arrodillada condescender de la gracia infinita del amo del universo.
-¿Porqué ese mutismo, hija mía? Estás entre amigos
-Es difícil explicarlo -asesora bondad al responder la voz femenina
que respiraba embriagado el sacerdote.
-No debes temerte nada. Abre tu corazón, y cuéntame que sientes, ¿qué
te aflige?
Leyéndola el pensamiento le inspira dando causas para llegar a su
indecisión. En su corazón cerrado por raíces trepadoras muertas la
sujetan, impidiendo liberarse abiertamente. Arrinconada prendida por
destellos de un láser invisible han hendido la suficiencia para
dosificar la evasión.
-Padre, yo soy cristiana, llevo... -hace un retardo en su hablar, el
gotero se satura y prosigue-. Llevo mucho tiempo creyendo en Dios, y
en su obra divina. A mi instancia soy una sirviente incombustible de
nuestro adorado Señor, pero...-cautela ante la liberación de fluidos,
tomando su tiempo para formar su cuerpo-, ahora ha aparecido un hombre
del pasado y me ha hecho surgir una duda.
-¿De qué exactamente?
-De mi fe cristiana, tan espiritual como existencial
-¿Y cuál es el motivo para lograr tensionar la inseguridad en tu Dios?
El te ama, a todos nosotros nos adora como hijos.
-La razón es que no se si es correcto, el carácter periódico de la
propia iglesia me obliga a hacer, a actuar sin sentido convaleciendo a
la impunidad momentos que parecen enojos de maldad.
-Hija mía, los caminos de Dios son difíciles de entender a veces, pero
él nos guía en nuestros temores a....
-¿Y cuándo te estrujan al viento chocando contra lo que halla, sin
darse cuenta que una cometa no puede, no va a soportar las tormentas?
Tan harta ahora basto, y una pesada carga como castigo de algo que no
he hecho me aprisiona.
-No debes desfallecer María, los que nos marca Dios tiene su
explicación mas elocuente si entendemos su obra y recapacita...
María al oír su nombre de las manos del cura comete que el padre la
conoce, pero no la podido reconocerla.
-¿José? -Pregunta incrédula, pensando que pudiera ser él-. ¿Eres José?
-Pregunta de nuevo.
Rota las ligas que la aprisionan los músculos, se libera en los gritos
de extremaunción del silencio teñido del sacerdote. Avisándola, la
unción la halla en inminente peligro de muerte, a uno y único segundo
que las campañas retumben la parroquia, como señalizando la señal de
lo que contiene después, en los siguientes.
Cuestionada de que algo pasa, tiende por inercia su cabeza a la
derecha bajándola, oyendo en su trasiego girar el zumbido de un
extraño cuerpo que le araña el oído al pasar a escaso momento de su
destino final, que era la frente de ella. Mira a su espalda
descubriendo lo que le parece un puñal con forma de estrella ninja
clavada sobre la madera del confesionario.
María se siente explosivamente alterada, no contiene sentido aquello,
no reflexiona y como instinto felino sale temerosa asustada de allí.
El cura sale también de la caja de madera y muestra desafiante a María
un puñal extraño de doble filo, que pudiera ser el mismo que la atacó
recuperado por el sacrílego hombre, que ella no clarifica más que un
cuchillo buscando su cuerpo.
María paralizada grita coincidiendo con el cantar continuado de
campañas señalándola su criminología, que amortiguan capturando los
chillidos que emite huérfana de aire, en la pesadilla descrita que
ahoga su querer correr y gritar. La apresan la zozobra de echarse a
perseguir el fondo del pasillo hasta la salida de la iglesia. Su
fuerza al clamar apagó toda su energía, derrochada tiende una
oportunidad al homicidio. En la parroquia no hay nadie, solo están
ellos dos. El cura, coincidiendo en su perfil asesino se acerca a dos
pasos de María, que indefensa no sostiene más que una mirada de
espantada como protección de que se aleje, el resto del cuerpo ya no
le pertenece, ni casi se siente.
Las cosas no suelen llegar solas, y a una bella dama no se la debe
hacer de rogar en una cita.
Muchas veces lo motivos tienen una explicación, que sencillo, ¿qué
hace María allí? Buscándole... Esperándole... Deseándole ver llegar...
La presencia en el lugar atiende la demanda precisa, y rompe la escena
atajando el crimen que las gárgolas en sus alturas saboreaban de un
espectáculo humano, por fin, tras el tedio impuesto pegados al cemento
por opresores cautivadores, dejándose adueñados por seres de carne y
huesos. Un cáliz bordea el cielo del cosmos que le separa desde la
tierra que retiene, hasta su estrella mariática. La estela de un
segundo movimiento detrás del cáliz le persigue. Un copón que en la
extensión universal del lugar dando alcance a su modelo de juego se
fusiona en una mininova, que sin detener su marcha machaca la mano del
capellán que se desprende del arma que agarraba. Tras el impacto está
aturdido, aqueja un gran dolor, que no le impide tras caer al suelo
del impacto arrastrarse hacia el filo que ve del puñal con el que
quería agredir a María, e intenta volver de nuevo a ello. Lo agarra
con su otra mano, malsana yerra por hierro candente al rojo vivo. El
objeto de lucha irradiaba fuego tras el impacto con la mininova que ya
había sido reducida a enana blanca.
La demanda precisa atiende en el lugar la presencia.
Las cosas no suelen llegar solas, y a una bella dama no se la debe
hacer de rogar en una cita.
Muchas veces lo motivos tienen una explicación, que sencillo, ¿qué
hace María allí? Buscándole... Esperándole... Deseándole ver llegar...
Estancada detenida, porque el sol reconocido por él seguía
permaneciendo quieto, inmóvil al movimiento de toda constelación que
desbordaba contorneándola.
El lisiado sacerdote mira hacia el lugar de origen de los meteoros y
se encuentra la figura de José, que de un salto severo se sube al
altar retumbando los cimientos, las columnas de Pompeya tiemblan bajo
sus pies. José busca con su mirada algún objeto del altar, y de un
golpe de talón arroja la patena que halla a sus pies, lo eleva de un
puntapié y usando telequinesis se lo lleva directo a la careta del
falso judas. Este impulsivo se tira al ras del suelo, donde permanecía
herido intentándose levantar. José baja de su status y se encamina
hacia el letargado criminal, que nebuloso ante el encuentro con el
hombre que protegía a María consigue ponerse en pie y salir alma que
lleva el diablo huyendo, arrojando cualquier tentativa de combatir.
Renqueante agarra la mano que soportó el golpe del cuerpo único de
Cristo, ligeramente al tener quemada la palma de la otra mano.
José llega al presente de María y le separa una línea invisible, en
espera de una aprobación se detiene en la puerta de acceso a la Tierra
Prometida. Él cumplió su pacto y consiguió derribar la muralla de
Jericó.
Si hubiera que evangelizar la descripción para el realce de la
historia de los pueblos venideros, encontrar un discípulo, un profeta,
o un novelista sería remoto hallarlo, no podrían, no son merecedores
de tal derecho.
Si se pudiese encontrar en un remoto hombre del mundo animal un
momento estremecedor, uno donde sintió que todo dependía de algo
externo a su control como..., que vueltas para reconocer lo que es
amor. Existencias buscando, existencias deseando, existencias
expulsadas a la condena del desasosiego. Existes y no te halla más que
en extintos sueños. En la pesadilla de sus días le duele el no
tenerte, no saber de ti, ni un hola en tu boca, ni una hora en un
encuentro milenario, ni en una ola que cabalgue hasta ti o le trague
definitivo en el augurio que ya piensa que es tiempo, sólo tiempo,
nada más que cuestión de contar que fallecido guarda reseco. Y en las
noches le trasladan sus repetidas ganas, subconsciente le hace
cociente de que estas ahí a un paso, a un espacio, a un presente que
te encontrará cuando al fin despierte, y al llegar el día te persigue
y no te logra. -Te predico, te elijo, te pido, te predije, te extrañé,
te impuse sobre mí, y por mas que deseo y mas te quiero, soy un fruto
más hecho vano en su caída. Sin descanso los engaños rebusco,
hallándote en la deuda de la huella perdida-. Sólo habría que
reconocer el amor y sobraría tan burda descripción... de escritor
mediocre, de chapucero aventurero, de historiador medianero
inmerecedor del amor callo, me aparto, y dejo espacio al reconocido
amor...
-Gracias por venir María. Ante todo no te asustes, no quiero hacerte
ningún mal, yo...
-No temo José, me reconforta estar contigo -susurra levantando las
palabras, intenciones. Al vuelo las recoge José adueñándoselas, sin
que se traslade y prosperen lejos. Apasionados corazones de piedra se
esfuerzan por escuchar, sensibleros resbalan gravilla por asomarse y
sentirse conquistados. Embelesados, arrebatados, extasiados,
cautivados los sentidos de románticas gárgolas petrifican absorta sus
emociones.
José tiembla. El cuerpo que cubre sentido ser, no contiene el almamoto
que invade los confines donde circula sus sensaciones. Dos mil años
sin ella no es tiempo, es la aborrecidad inmóvil del abatimiento. Que
complicado sería explicarlo, así que deja de callar tan insensata
definición, y piensa un recóndito amor.
No es un tecnócrata ni lo necesita. El nada más que es un espíritu
desunido a su mitad que deambulaba disgregada por la tierra, alejada
aquejaba cada paso por no poder guiarle, cada presentimiento por no
poder decidirle, y a cada respiro, porque cada medio era veneno
infectado de un mundo y medio perdido.
Dos mil años y no sabe que decir, no tiene nada guardado, todo se le
fue escurriendo, sólo le queda para mostrarle él. Mira a María y sólo
puede hacer una cosa, la más impura de las que pudiera imaginar en sus
interminables reencuentros cotidianos que le atormentaban. Dos mil
años sin objetivo para hallar en su busca, desaparecida las
expresiones, ahora llorando aparecen.
No tiene ganas de hablar, no quiere recordar, esperaba ilusa ilusión
en su interior, la vio pasar a cada segundo y es imposible, te lo
jura, dos milenios y sin nada en que creer mas que en esa mirada que
le volviese a brillar en la oscuridad, en un abrazo tras una sombra
renaciendo en la noche que desatienda la eterna lobreguez. Hoy es un
nuevo día alejándose la oscura y eterna noche, encendiendo una vela
tras una ventana ella le avisa de la señal, de que la puerta de Jericó
está abierta. El agotado guerrero vuelve a casa, le duele la espalda
de cargar con tantos sueños muertos, sin haber sido incapaz jamás de
abandonarlos en medio del camino, echado sobre él le pesaban. Sus pies
sangran, de pasos recorriendo el mundo, de cardinal a cardinal
luchando en pedestales camino, en vueltas envueltas en la decisión de
regresar, y corre derrochando la sangre del desamor perdida.
María le mira sin creerse la vuelta del furtivo soldado de Dios. Y
ella desertora de tan sólo y único amor que le entregó todo sin
preguntar, que mataría por ella, que la salvaría si la encontrara en
los cautivados mandamientos irrumpiendo por los siete estados
capitales, matasombra fustiga la llama para que no se apague ¡Jamás!
Puede seguirle y lo quiere, lo desea, es su propia voluntad. Le agarra
de la mano y se la aprieta, es estigmatizada con presión sus milenios.
José aun cerrando los ojos, no para de inundar sobre la iglesia la
prisión que mantuvo alejado de ella, y desoye decir nada. Y ahora
mágico, el exclusivo poder que desearía tener es borrar el tiempo,
deshacer marcha atrás. Si un segundo sin ella fue rotundo, en la rota
y cambiada alianza desdeñando venganza, ¿de esta manera cómo pudo
vivir? Que sus mundos no se calmen en siglos. ¿Y que fue amor? -No
puedo no tenerte, solo quiero estar contigo María, que soy yo mas que
un rayo de pensamientos, un trueno de sentimientos. Déjame acercarme,
no me prives de ti, la separación por mandato de Dios la vida sin
amor, ¿la vida que es? Sin ti, nunca supe contestarla- alisaba José en
su cautivo cuerpo.
-Estoy aquí José, estoy aquí contigo, apriétame fuerte, tanto que me
duela saber que es cierto.
Es inevitable recordar para José, traumatizado, loco de enojo desnuda
sus manos sin que pudieran sostener las de ella.
Tras desaparecer María con Dios, José se pierde. Denegando de la vida
deja pasar las horas deseando que acabe todo, que no sea desgracia más
el contar los años en vano resentido. Sin secuestro no muere, ni
envejece. Ellos, tanto María como José desde que aproximadamente
tuvieron a Jesús, en su piel no progresaba la edad, convencidos que
era un regalo de Dios por el hecho de salvaguardar al electo niño,
profeta de Dios. Y tras su muerte, y el pasar de los años presumía en
su desconocimiento ser un castigo del mismo Creador.
Pero los peligros a la muerte antes o mas tardes vienen, peligrosos
alcances de hojas afiladas, de caídas fortuitas, de mordeduras
venenosas, y su cuerpo inmune no reconoce el deceso. Burla la muerte
sin explicación, y los años se convierten en lustros, en décadas, en
siglos. Y él sigue vagando postrado a la falta necesidad de luchar por
la vida, a la misma que desprecia.
Poco a poco José manifiesta que sigue sin envejecer, no muere y se va
haciendo mas fuerte, descubriendo poderes. Intentando pasar
desapercibido en el tiempo se acordona el calloso deber de encontrar a
Dios, Mordido en su sien, molido a despojos, movido por desprecio
busca en cualquier batalla su vendetta.
En La batalla de Nicópolis. Meses antes, 30 de abril de 1396, fecha de
expedición de cruzados. Partiendo dejaron Dijon ambicionando expulsar
a los turcos de los Balcanes, liberar a Constantinopla, pasar al Asia
Menor e ir sin rodeos hacia Tierra Santa para la reconquista de
Jerusalén y el Santo Sepulcro.
Fecha del recuerdo, El 25 de septiembre de 1396 para combatir dejando
Nicópolis atrás a regreso de cobardes, la caballería francesa avanzaba
a la batalla, donde quedaban en rezaga alemanes y el rey de Hungría
Segismundo, el cual pidió ayuda a los franceses años antes para formar
la cruzada contra los infieles.
Los ejércitos de la cristiandad y del Islam luchaban. José se había
unido como soldado por dinero al ejercito otomano, la paga era buena,
y su ansia de destruir a los aliados de la cruz se sujeta con un odio
mayor, que cualquier antipatía que pudiera tener por su impersonal
ejercito. No rezaba arrodillado ni besaba el libro sagrado. ¡No Hay
Dios fuera de Alá! ¡No Hay Dios fuera de Alá! -canturreaban los
islámicos esperando en envite. José no desgreñaba gritos, tenso
esperaba sesgar vidas en nombre, ¡de Jesús y María!
Con el primer encuentro, los caballeros franceses reducieron a polvo
la horda de contención campesina que conformaba la delantera del
Sultán Bayazid. Pasados por encima, los cruzados superaron la primera
línea de defensa enemiga y embistieron contra la infantería islámica,
sin sopesar en retenerse del aluvión de flechas que los escudos de
franceses adiestrados rezaban en alto por derecho canónico. Rebasados
los estratégicos turcos de a pié fueron vencidos, y huyeron derrotados
hasta la tercera línea, la de los sipahis, el cuerpo de caballería
turca. Crucial se discutía si provisional el ataque detenerlo para
reagrupar las distintas tropas que habían quedado exponencialmente
separadas o acabar arrasando por el espoleo del clamor del éxito
cosechado. En la recogida, no hubo vuelta atrás.
Atrás a la vez se sucedía, que los restos de la primera y segunda
línea turca, con la rápida llegada de algunos sipahis, se habían
organizado y se abalanzaba sin impedimento al reducto de Segismundo y
sus aliados que asomado asombraba desconcertados. Irremediable, se
asistió a una desbandada impetuosa de caballos descabalgados que eran
plan de la caballería de reserva. Los transilvanos y valacos creyeron
que se trataba del preludio del escape y se retiraron de la
conflagración. Aun en detrimento, Segismundo lograba mantenerse sin
retroceder.
Las flechas cruzaban a campo abierto el cielo, el mismo que existe
para mutuas religiones. Compartiendo el mismo aire, la misma tierra,
hasta los mismos nombres venerados se enfrentan excusándose en cambios
desconocidos. Una flecha del enemigo cristiano atenta al punto donde
José sitúa su cuerpo apóstata. Moviéndose rápido se desplaza para que
no de en su blanco e intenta agarrarla impetuoso, y escandalizado la
retiene.
Por un instante se siente majestuoso, sólo por un instante. Suelta su
mano de la flecha y esta permanece quieta, parada en el tiempo,
sujetada en el aire, inconcebible para su pensamiento.
Pero no es lo único que ha sido inmovilizado. En el campo de batalla
todo ha sido detenido formando un sueño desatino, revuelto duda que
está pasando, sintiéndose incompetente no presume qué ha ocurrido.
Anda entre los hombres, mezclados entre islámicos y los europeos,
cruzados de franceses, alemanes, valacos, transilvanos, navarros,
españoles, bohemios, polacos y húngaros. Amalgama misceláneo entre
reposados muertos y embestidos vivos, aun con los delatores rostros
desvirgadores, arremetiendo sus espadas. Las patas inmóviles de
caballos a trote, en pleno salto, o yaciendo derribados son sostenidos
para una alteración que no calcula, ni sabe entenderlo.
Todo quieto, todo muerto, ¡o casi! La visión de la sombra de una
silueta hace girarle.
-¡José, no pensaba encontrarte aquí! -le habla la voz de un ser
aparecido en la clandestinidad de la partida de batalla detenida.
-¡Dios! -se sorprende fragoroso de reencontrarle.
-De esta manera me llaman.
-¿Aun sigues vivo escoria? -amenazante no silencia su sentir.
-¿Te Extraña? -si soy Dios, tendré que vivir siempre -le deducía sin
mostrar aprecio al desprecio de José.
-Igual soy yo Dios, ¿o no ves que llevo siglos aquí?
-Jajaja -Dios reía gravando incisiones onduladas sobre la arena seca
del suelo-, también dicen los testigos que moisés lo has vivido.
-Y matusalén, y crecen disparates, se dicen muchas tonterías en este
mundo de ignorantes.
-¿Y porqué no creer que hallan vivido siglos o lo sigan estando?- le
consultaba curioso el conocer su explicación, el presunto amo de la
densidad imaginable.
-Porque a ambos les vi morir y bien jóvenes, su instrumentación es un
falo de mentiras.
-Jajaja -Dios reía sin preocupaciones enfrente de José, a unos metros
escasos le magnificaba la pose desde la altura, al estar en lo alto de
la ladera. -lo que si tienes razón es que es un mundo de ignorantes,
me digna aunque no creas poder hablar al fin con alguien mas logrado.
-¿Logrado? ¿Para que crear hombres menospreciando la vida ajena? Mira
a tu alrededor, ¿estos hombres que llevan tu emblema y lucha por tu
religión, que propósito cumplen hoy aquí?
-La misma que todos, adorarme.
-¿Para lograr que fin? -preguntaba sin aceptar lo que no podía
comprender ¿Su muerte, como murió mi hijo? –Y lo que comprendía, no lo
aceptaba.
-Jesús no murió en vano, no estaba predestinado su sacrificio, pero
fue su vida y su muerte la que ha servido para llegar a estos seres
tan descarriados.
José seguía sin encontrar respuestas. Dogma, dogma, maldito dogma de
no ser capaz de dar claridad al tema. Confuso, sectario, limitado a
acontecimientos orquestados, a escrituras turbias, renegadas de la
ciencia y del sentido común. -¿Y para que sirvió? ¡Dime y no te
escondas! ¿Para que me arrebataste a mi hijo? Jamás te lo perdonaré
-Jajaja -reia Dios con soberbia- ¿Tu a mi no me vas a perdonar?, ¿no
has leído las escrituras?, -me pareces algo desviado del camino recto
jajaja -seguía carcajeándose de los entremeses dialécticos de un José
airoso, hostil y a pesar de su insistente descaro, edificaba su rostro
una percepción de estar acabado, hastío, repugnado de Dios y de sí
mismo.
-¿De qué te ríes bastardo? -su ineficaz empeño en una contienda donde
sabía que tenía perdida de antemano, le daba el suficiente valor para
bravatear a José.
-¿Eso si tiene gracia -le dijo Dios con una sonrisa mordaz.
José no preguntó, no inquirió al no encontrar sentido para expeler
"¿El qué?"
-Pobre ingenuo -respondía Dios a una pregunta nunca formulada. El
desdén era manejador de anteceder su supremacía y cortarle cuando
apreciara acabar con la destemplanza de José, que él bien sabía que
podría morir en cualquier instante. Hado donde no le importaba este
final, que anduvo buscando hace ni se acuerda, pero si hace memorar
que se siente persistente y le acomete. Dios prosigue su monserga-.
Eres igual al resto, envuelto en tus cimientos de ignorancia. Hay
tantas cosas que no sabes que solo son teorías en tu cabezita ¿Qué te
hace diferente, que te hace creer mejor que todos los demás? Por
seguir una fe que desconoces, que tú mismo te creas, tú eres igual
persistiendo alargarla aun desconociendo la verdad.
-Yo no conozco la verdad, pero sé diferenciar donde está la mentira
-¿Tu dudas que yo sea el creador? -serio reposando altivez preguntaba
seco, imponiéndole ardua contestación a José.
Este callaba pausado, dudativo que contestar. -Me importa poco eso -
respondió al fin-, solo es una facha, fachada recalca.
-Jajaja facha -la risa de Dios colindaba los ecos del recinto de
batalla, que los hombres petrificados de no estarlos hubieran sido
alarmados ante tal carcajeo, incluso en su estado José dudaba que no
pudieran oírle esa malévola risa siniestra, y mantuvieran la
inconsciencia voluntaria de posar en escondite inglés.
-Quería decir fachada -modifica José en lo que dijo explicándolo.
-¡No, no, no! -Le corregía Dios en sintaxis-. Has dicho una palabra
que aun no ha nacido pero surgirá hallándose en un tiempo futuro, si
Dios quiere jajaja -la risa de este ser llamado Dios no estremecía a
José pero le ensombrecía, le hacia palidecer entre la arrogancia y su
ya traída cólera de sentimientos del pasado hacia él.
-Entonces José no te importa que sea tu creador, ¿tampoco estimas tu
vida que no deseas arrepentirte de tus malos pensamientos, no tienes
miedo a mi cólera?
-Si quisieras matarme ya me hubieras matado, que valor no puedo dar a
mi vida de deseo de vivir, sin piedad no la temo.
Dios se pone receloso y serio, cambiando el temperamento grita-. ¿No
temes al purgatorio? -Chocándole la severidad de las palabras, era
tal, que el quieto revivir detenido de cuanto acontecía alrededor de
la pausada batalla, hizo la arena cercana a José saltarle como
estampida de camellos a la carrera, arañándole la cara y purgando la
vista enojosa al entrarle en los ojos.
-Tormenta del desierto sin luz y sin agua en la vida, ¿qué hay que
temer después, cuando no tienes cuerpo?, ¿qué dolor se puede infringir
a un alma que has renunciado a tenerla? -enfrentándose de un modo
inerte le mostraba como era su ser.
-Nadie es dueño de su vida, no repitas una necedad de tal índole. Peca
contra sí mismo el que se quita la vida o se mutila, la pone en
peligro sin necesidad, se embriaga y el que por desesperación se desea
la muerte -le arremetía su quinto mandamiento.
-¿En la autocracia del imperio tirano? -Niego de esas leyes, y reniego
de ti. Me empalaga tu catecismo, mátame si así deseas o mejor muérete
al igual que hiciste con mi hijo -apuntillaba José a la espera de
aceptar las ultimas frases que diría en una tierra maldita que pisaba,
pero no tanta como la tierra santa de la que alejó.
Algo enojado por el desplante, osaba jactándose deducir que intentaba
provocarle, pero Dios apenas siente ese ímpetu de bravosidad, y sin
temor hace lo que sabe que más le molesta a José, lo que no desea y
vuelve a reír-, jaajaja. Mejor te voy a contar cierta verdad, que ha
sido rotundo secreto en el transcurso de tu existencia. ¡Jesús no era
hijo tuyo!
-¿Qué, repite eso? Mejor no menciones atreverte a una calumnia rellena
de desvergüenza, no ensucies el buen nombre de María, pues ella era
una mujer fiel, ejemplar, no la nombres miserable, y no mancilles su
estampa y ultrajes a mi propio hijo de mí. No te lo consiento, ten
dignidad, al menos ten un valor en tu degradada religión.
-¿Lo que no puedes ver, no puedes creer no? -Le preguntaba confiándole
en su saber respuestas desveladoras-. Jesús no es hijo tuyo y lo puedo
afirmar ciertamente. Yo no tengo ninguna determinación en querer
convencerte, tú no eres nada, sólo un pasatiempo encontrado en medio
de muchas nadas, así que evalúa lo que te digo, porque hallarás la
verdad en mis palabras.
-¿Con qué derecho te atreves, como puedes asegurar tal infamia? -
Presumía José contar con la rotundidad, inquiriendo dilucidar la razón
de esa noticia.
-Lo sé, porque Jesús era hijo mío.
José escuchaba preso del escuchar de palabras tediosas. Hasta ese
momento nada consistía su existencia, un recuerdo, mejor, dos
recuerdos llevaba en sus muslos cargando por los siglos, Jesús y
María. No quería creer a Dios, de hecho no le creía, pero el saber su
afirmación, sus deseos de seguridad, encontraban luchas en la escucha
de crecidos temores, y un paso hacia atrás enseñaba ausencias de
comprensión.
Puede apreciar como Dios experimenta en sus ojos una álgida y
repentina escalofriante maldad encaminada a dañar, pero no a José, ¿a
quien entonces? No sabe a donde arroja su destilada malicia de general
inmoralidad.
-¿Te acuerdas José de cuando aparecí ante ti por primera vez y te
envié al desierto a que fueras digno de mí? ¡Claro que puedes
recordarlo! En ese preciso momento mientras tu te deleitabas mirando
estrellas yo me aparecí a María, y creo que sobran los detalles para
confírmate que María engendró un hijo mío, y no precisamente por la
obra del espíritu santo -restregaba Dios a José este hecho indigno.
-¡No! ¡Mientes! -María aun creyendo en ti no hubiera depositado su
cuerpo a tu disposición.
Dios transmuta su aspecto. La imagen de la cara se planta sobre José
haciéndose pasar antes sus ojos como si fuera el propio reflejo de él
sobre un cristal-. Existen muchos métodos de persuasión, apercibía a
José el modo con el que consiguió engañar a la ingenua María,
haciéndose pasar por su Marido.
-¡Nooooo! -José se arrodilló sobre la arena sin darse cuenta de sus
actos, donde seguía del todo el inmóvil medio a su alrededor. Con
furia cerró sus puños sobre la arena congelada, que inmovilizara desde
que se paró el absoluto ver seguía en cuadro estancada sin dividirse
los granos, formando un cuerpo único, tosco, sin resentirse al andar
José sobre ella, no reflejaba las huellas. Y ahora él sin tenerlo en
cuenta la cogía arrancándola del suelo como arena normal, como la que
era y había sido siempre, e igual se le acababa escapando entre sus
puños. José no percibía este hecho, que Dios si, y se fijaba algo
sorprendido, y sin nada inquietarle.
-Debo reconocer que María aun pasándome por ti no estaba dispuesta a
transcurrir con su destino, creo que no pude disimular tu dulzura
jajaja.
-¡Bastardo! -los escasos granos de arena que aun permanecía en las
manos de José, tras levantarse se lo arrojó a Dios- ¡te mataré! -La
arena irrumpió sobre la entidad de Dios que estaba a su alcance. A
pocos metros se tanteaba la conversación, y más parecía ser piedra por
la potencia que impelió José al tirárserla. Apenas Dios lo siente,
pero este hecho no era predecible para él, la capacidad de este ataque
era insospechado para el rey de los hombres cristianos.
Enojado todopoderoso, arroja una ráfaga de viento a José arrastrándole
al suelo con empuje, y lo petrifica, dejándolo lúcido a lo que pasaba
e inerte al movimiento, evitándole maniobrar expedito.
José angustia, su cara aparenta tener autosuficiencia a la rigidez del
cuerpo, y la boca libre al indagar su ocurrir acude a la sublevación-
¿porqué, porqué a ella?
-¿Porqué? Pobre inconsciente, si aun no lo comprendes seguirás vivo,
esa es mi escuela y tu deber de vida.
-Jamás te perdonare que mataras a Jesús y a María.
-¿María muerta? -Dios se le vino que José había hecho su propia
lectura de cuando María se fue con él- Claro, no lo sabes, -deducía el
mismo Dios la comprensión a lo que acababa José de decir- María vive,
aunque para ti está muerta.
Esta reseña causa parada en el tiempo parado, y la doble
incongruencia, de haber asistido tediosos siglos sedado a la idea de
que María no vivía, que tras llevársela Dios la habría dado muerte,
ahora recibe, tras el propio culpado, confesión de desmentir la
ejecución de ella..
En el mundo muerto donde circula, en el recorrido quieto que permanece
todo a su alrededor, recobra vida tras amortiguar la revuelta
cambiada, como formula de dos negaciones es una afirmación que se
apercibe. Quiere saber más sobre María e improvisa la decisión de
exigirlo saber. No hay tiempo, no del parado, ni del revivido, ni del
aceptado o predestinado, el tiempo lo ha denegado Dios, en su ultima
intervención.
-Allí vienen los servios -alerta.
José observa llegar un regimiento numeroso de servios que parecía dar
una avanzada ventaja a favor del ejercito otomano. Inmerso en su
propia lucha no comprendía que al fondo, esos hombres si tuvieran
posibilidad de moverse, y lo asombroso es que eran enemigos de Dios,
los cuales este los había recibido con buenos ojos. Se quedó aturdido
ante la secuencia inquiriendo a Dios la nulidad de su comprendio entre
la arena que se levantaba, pues ya volvía todo a sucederse en vivo.
Los hombres, los caballos, cada gota de sudor, arena y sangre
secuenciaban milimétrico segundo al anterior detenido tiempo, como si
jamás hubiera permanecido inamovible. Este le miró, y sin sentir dijo-
Hay que perder batallas para ganar la guerra. --fue lo último que se
escuchó y solo José parecía oírlo. Nadie a su alrededor daba cuenta de
la dejada última presencia de Dios sobre la tierra, para
posteriormente el desinteresado desvanecerse.
La historia contaría, que en el momento determinante apareció un
regimiento de 1500 servios comandados por el déspota Esteban
Lazarevich, que odiaba a los húngaros más que a los propios otomanos.
Estos servios, que componían el ejército de Bayazid en calidad de
vasallos, decidieron la contienda.
De retorno consciente a la iglesia, aferrado a María le reanuda al
presente. José le cuenta dosificando, acontecimientos vividos,
situaciones esperadas, reencuentros de soñados sentimientos plasmados.
Pormenores de la justa, inquietudes de esta contienda bíblica es
clavada satánica.
María, escucha entre ilusionada de afectos y recelosa de quejas que se
sientan en dudas, pero no es aquella María que aparece tan firme en
los textos sacros. Ella se ha planteado tantas manifestaciones,
doctrinas contradicciones, y solo su fe le hacia no dudar de lo que
estaba bien o mal. Veleta ingeniada al viento soplado por las manos de
Dios.
José recoge del suelo el extraño puñal con el que anteriormente, el
canalla de la facción más ultra de la religión católica había atacado
a María, Ustasha o legionario de Cristo restaba ahora repercusión
desenmascararle. Con el puñal en las manos alcanza traducir sentido,
la parecida simétrica a los bocetos que vio en la casa de Gaudi. A
primer instante, se semejaba a una simple Svástica, pero extraña en su
forma. Nunca había visto algo así, y eran muchas las cosas que ha
podido contemplar en su material esencia.
Se la guardó en el bolsillo y tiró de María llevándosela con la
voluntad de ella afuera del templo maldito, al cielo abierto del
exterior, del mundo al que se le escapó hace... ¡Un día eterno!
Capítulo VI El desangre
-La Svástica es una doble Z en su geometría, y significa bienestar y
en algunas culturas mil Dioses. Eso tiene mucho significado, porque
son en distintas religiones donde aparece este símbolo mítico. Hay
bastantes similitudes entre ellas y relacionadas con lo que nos
concierne, parece estar diseñadas por un mismo cartabón o copiadas de
unas a otras -explicaba Gaudi a José, Pequeña Flor y María.
Después de lo transcurrido en la iglesia José se dirigió con María a
la casa de campo de Flor. La recién llegada ha estado descansando unas
horas, y después ha conocido a sus amigos de aventura. Sería ridículo
no aceptar lo cautivo que eran las impresiones de todos por María.
Gaudi, un teólogo desmesurado, un idolatra de la historia, un fanático
de las religiones, y un traidor evadido de las filas cristianas.
Pequeña Flor, tenía desde su tierna infancia adoración por esta mujer,
que no era su santificado la causa, sino la brillantez, la dulzura con
que José la detallaba al mencionarla, festejando el común ordinario.
Preparativa, de la hermana perdida que jamás dejó de buscar junto a
José, en su empeño hasta conocer su paradero.
Gaudi dibujaba de pie en un cuaderno diferentes ilustraciones de
Svásticas mientras explicaba las aclaraciones aceleradas, de tantas
cosas conjuntas que pensaba y quería trasmitir a los demás, que
alrededor de él circundaban la mesa de reunión.
-En el cristianismo la Svástica simbolizaba el poder de Cristo y esta
sin lugar a dudas tiene tendencia a una Svástica utilizada en la edad
media para representar a los cuatro apóstoles y en medio a Jesucristo,
sin embargo casi descartaría ser de la época donde se utilizaban por
lo que todos podemos apreciar como hecho asombroso, que es la hoz y el
martillo. El simbolismo presume de maniático, pero no podemos ignorar
que no es un capricho. La explicación es imposible deducir, nunca
antes se había conjuntado una unión entre una Svástica con toda la
apariencia hitleriana firme unida a la representación del comunismo.
Si esto hubiera pasado hace siglos, se pensaría sin dudar que se
tratara de brujería, de Belcebú en forma de contagio simbólico, y
ahora no sé que deducción darle. No puedo entenderlo, lo siento, pero
no tengo respuestas a este svasticograma.
-¿Y de las figuras entalladas que aparecen sobre el objeto, puedes
decirnos algo? -preguntaba pequeña Flor.
Gaudi aportaba cuanto sabía-. Los cristianos sincretizaron esta
iconografía representando al tetramorfos, símbolo de los cuatro
evangelistas: El león San Marcos, el águila Santiago, el toro de San
Lucas y el hombre de San Mateo. Las esculturas tetramórficas usadas
comúnmente en los pórticos románicos daban al nuevo creyente una
sensación de continuidad con los viejos ritos paganos.
Flor que había escaneado la figura encontrada por José, inquieta
buscaba en archivos oficiales desde su ordenador portátil por si
hallara algún indicativo que sirviera para desentrañar el enredo
encontrado.
-Creo que he encontrado algo -señalaba atenta Flor. Dobla la pantalla
enseñando lo que acababa de ver a los demás-. Es la iglesia de Iglesia
Sta. María de Azogue, en un pequeño pueblo de España -decía mientras
mostraba la imagen capturada de la red.
-Podríamos ir allí -sugería Gaudi, puede que nos sirviera de ayuda si
encontrásemos alguna otra representación, si descartamos que sea
casual la conjunción de la Svástica con esta iglesia.
-¿Tu crees? -Preguntaba José. Gaudi callaba de no saber la respuesta
que dar.
-Esa pared parece diferente -dijo María acercando el dedo al
ordenador, tanto que inexperta postró su huella en la pantalla. Rápida
apartó la mano creyendo que podría perderse la imagen en la sacudida.
Pequeña Flor se detiene buscando una explicación a la interesante
alusión de María, y dada la comenta-. Tienes razón, obedece a que fue
reconstruida tras el terremoto de Lisboa en 1755, dice aquí-
subrayando la información del amplio texto que la página dictaba. Flor
no se detiene y rebusca exactos, detallada precisa la minucia
separando rápido lo bardo y encuentra algo interesante que menciona-.
Aquí hay unas ilustraciones hechas antes del terremoto -la página web
muestra distintas visiones desde ángulos distintos, realizadas desde
cada punto cardinal.
-¿Esto que es? -advierte María señalando una hebra desgastada en una
de las estampas.
-Parece ser alguna grieta abierta en la pared. Ya se apreciaba que no
estaba en buenas condiciones.
-¿Se puede ampliar la imagen? -preguntó María, seguida por una
corazonada.
-Si claro, -respondía Flor que se acercó al lateral del laboratorio y
encendió una pantalla grande que tenía enlazada a su ordenador. La
imagen mostrada en el portátil aparecía tal cual en el monitor
encendido-. Intentaré aumentarlo sin perder la calidad -comento
pequeña Flor.
La imagen crece, se multiplica la escala de la foto que se va haciendo
a golpes de pixel más grande. La definición se va perdiendo y se
detiene la dilatación, para todos por sorpresa quedar atónitos tras
comparar las grietas que la pared mostraba con la Svástica, pues el
distintivo de la hendidura es ideograma perfecto de la representación
de la hoz y el martillo de la manifestación comunista. Tal encarnación
a la idea de tenerlo en la mente, asustaba.
Todos apreciaban nítido el emblema, y no quebrantaron la mudez que se
acentuó tras el hallazgo.
El sosiego es disimulado con Gaudi echándose las manos a la boca no
creyéndose la igualdad de la imagen que veía y la Svástica que tenían
a su lado- creo que tenías razón Gaudi, será mejor ir allí y
profundizar sobre el terreno -apreciaba José la formulación antes
creada por el otro hombre de viajar a España.
-¡Flor! ¿Has podido examinar el objeto que encontré en la iglesia? -
Cambió de tercios José, convaleciente de la euforia del escenario de
la Svástica hallado.
-Si, José -dijo en una pesada carga. Aparentaba al menos al decirlo,
mirando fijamente a sus tres compañeros-. La he analizado y he
encontrado hechos fascinantes. Las puntas están hechas de un material
que no existe en la tierra, una aleación parecida mezcla al titanio y
al diamante pero con una características muy peculiares. Con frío
alarga como una cuchilla su composición, con calor se dilata y expulsa
microorganismos cortantes que en espiral se abren camino. Si
analizamos la biología molecular de la pieza existen dos grandes
moléculas diferenciales, que como he dicho parecen ser diamante una, y
titanio otro. La comparación no es válida, y es más un acercamiento a
que lo entendáis. Antes he dicho que era un combinado, pero lo que
quería decir es que son dos capas sobrepuestas autónomas que están
unidas por unos vasos conductores que son capaces de arrastrar de una
a otro en indiferente ordenamiento distintos materiales, en variantes
fases. Se arma configurado según la temperatura a la que se halle al
contacto que pinche.
Para mí es fascinante, porque las posibilidades de desarrollar
aplicaciones serían novedosas con estos materiales. Todo lo que he
probado, lo distribuye sin problemas. Y si esto os parece inaudito
¡esperad!- Pedía pequeña Flor algo de paciencia.
Las imágenes de la pantalla grande va cambiando según cambia
impresiones rápida Flor, de su acelerada y aun así, precisa
investigación-. Y a su vez, el contenido que lleva estos canales es
sangre rodando en tubos de venas moleculares.
-¿Más? -preguntaba, por si alguno de los presente quería hacer alguna
intervención de lo escuchado hasta ahora. Ninguno opuso duda, pues la
incertidumbre era la dilación de cualquier trámite para conocer nuevas
impresionantes anotaciones.
-La sangre al ser liberada tras el corte por la punta desarrolla una
molécula, que la Svástica crea en una película destructiva e
infranqueable de defender. Lo curioso, lo más raro es que actúa
preferentemente sobre la sangre procedente de una rama genética
similar, quiero decir, un familiar. He comparado esta sangre con la
tuya José y una muestra que saqué antes a María y proviene de una cepa
muy similar a la suya. Sin lugar a dudas y si siguiera una correlativa
jerarquía paralela a la sangre humana aseguro que es de un familiar de
María. De Jesús podía ser a estar en una línea descendente de
progenitura, y no conocerse ningún descendiente más. Las caras de
María y José se probaban al pasarse sus miradas, desconcertados por el
apunte que se estaba detallando-. Guardando la estructura de ser de la
misma raza la de José y María a su vez con la sacada de la Svástica
puedo confirmar que es variable respecto a la tuya José, y no ejerce
ningún parecido que pueda considerase bastión tuyo.
José entendía que la sangre era de Jesús, hijo de María pero no suyo.
Desde hace siglos, eternos siglos lo llevaba en su mente esa duda que
apesadumbraba contra él, y la esperanza de que su premisa pudiera
fallarle, y haberle mentido Dios. No fue así y ahora confirmado sentía
lo que mantuvo día a día, que Jesús es su hijo, sea de su sangre o no,
y nada conseguirá hacerlo dudar.
María sospechosa, alarmante desgranaba cabezazos al aire buscando
respuesta de la pregunta que le engullía, ¿quien era el padre de
Jesús? José sostenía a un metro con la mirada a María, quería
hablarla, y explicarle lo que jamás le fue rebelado.
Yo... -principiaba José a contar, pero María no esperaba respuestas
que le hicieran un daño desvirgador. Aquejaba templanza de soportar
solo verdades de pureza, no dejaba acercarse el daño que intuía. Tiró
el vaso que sostenía en sus manos y salió corriendo. Explosionó el
estallido al suelo de cristales frágiles, de lagrimas de eternidad, de
gotas de un hielo forjado. Su suelo le había estampado contra la
figura esencial, que sostenía un ser resbaladizo. Causante la base de
la tierra se le acercó, y en mil estropicios tuvo que estallar. No era
un alma de metal, solo vidriado nada más, gotas que caen de un hielo
derretido llegado de las estrellas al desierto. Bautismo al entrar en
la tierra, permanente no cesa su caída. Sin aguantar no se sostiene
firme, y al llegar se arenoga.
José sale en su busca, corriendo al consuelo que serene la
incomprensión, la injuria de la verdad. Eufemismo de un ayer turbio,
impotencia de la esterilidad al llegar al jardín que ve en María,
agarrando una rosa por el tallo. Algo tan hermoso que cede a su
fuerza, incapaz de tacto no la destroza, ella deja que las espinas la
claven en piel. Su cuerpo estático presenta a la luz un fatal gesto,
del camino gotear por la palma de su mano de la perforación del
aguijón de la pequeña flor que la dañó.
José lo tolera en mal medida, un prestigio de actos desobedientes a la
sinrazón de que María tiende un pulso a suerte, a muerte. A suerte de
ser derrotada por el engaño, a muerte de conseguir devolver la vida a
esa rosa que yacía tendida en el jardín. José la agarra, quisiera
callar su llanto, su angustia que él llevó por siglos que María acaba
de descubrirlo, y sabe, y lo sabe, que duele, que muerde, que quema,
que angustia, por mas astucia que empeñe, no hay más que darle todo de
su parte. Y sus brazos respondan y que abracen, que jamás cedan, y
reconocidos sostenidos siempre en él crea.
-¿Cómo, José, como eres capaz de mirarme?, te fallé, y te y me
traicioné -angustiaba desordenes.
-¡Noooo! No María, tú no tienes la culpa.
-¿Quién fue José, tú lo sabes? Dímelo, ¿fue él, fue él? -María
enloquecida parecía desvanecerse de la rabia que impulsaba en
serpentinos ladeos cuerpo y brazos.
-Si María, si -José no podía negarlo, ni decir más. La abrazaba, la
sostenía a la vida, no calmaba su caída del cielo a la tierra, por mas
que bañara esta tierra consumida, de agua que amortiguara el impacto.
-¡Noooooo!, me violaron José, ¡nononononono! Dios me violo. ¡No!,
¡no!,¡no! ¡Nooooooooooo...!
María bailaba en llantos, movía el cuerpo restregando las espinas por
su vida. Las de rosa en una palma, y las de las uñas de la otra mano
que abrazaba a José se clavaban hasta su intrínseca alma. La espalda
de José rasgó y sangre de una taimada herida se exhibía, acompañaba
como ser uno a la del recorrido de María. Si la sangre fue la herida,
la brecha de la humillación, seguía un itinerario que recorría el
tiempo narrando los pasos. De la sangre surgió hijo bastardo de José,
de la sangre se adueño en el día de hoy la acalorada verdad sobre
María desconocedora de ella, y de la sangre en mano, en espalda, en
mente, en alma, en vida y en muerte arrastraba, se atravesaban,
enlazaban un destino que no debía haber empezado, un flujo caído de un
afluente abierto por la mano no natural que provocó despliegue, su
desvío de la vital naturaleza que llevaba esa sangre al mar, del que
José podía rescatarla con su red. Él pescaría y la serenaría en agua,
que haría renacerla una vez mas, como cada día, una nueva brisa que
movería su alma al viento, y no llegó, en desvío la sangre afluyó
entre las rocas, perdiéndose regaba en el camino sembrándolo de
esporas al irse secando la tierra, convirtiéndola en maldita. Y no
llegó a ningún mar, porque sangre muerta se quedó en sus adentros, en
su ser, en Jesús. Y maldita sangre que corre por sus venas, intentaría
ahora escupir toda, y que transfundiera por el mar que José le
arrimaba. Sangre invicta a la muerte, sangre perdida en su suerte,
sangre bendita restregada en la frente. Sangre, sangre en su
desangre...
Torniquete despechano, remiendo efímero, cuenta las gotas que empapa
la gasa, satura y clama brotar a chorros. Cuanto tiempo pasó apretando
José sobre la herida inservible mediar, los cálculos no son de tiempo
pues son temporales, no son de a continuación pues no son
secuenciales, son de sentidos, pues son sentimientos, y debo, lo
aclaro, que estimo en timo el amago de creer resultado de alivio, pero
es mi deber, pues todo se basa en qué uno ha intentado por querer.
Tullida, tras elevada propia conmiseración, tras larga a su pesar
conmoción, apacigua indolándose, y acude de los brazos guiados por
José a la sala donde estaba pequeña Flor, y Gaudi.
Es poco creativo, y automático el querer saber su estado, el de María
por parte de sus nuevos amigos. Estúpido, es un decir ¿Cómo estas, te
encuentras bien? Un poco de estilo les sobra para callarse la inútil e
inservible terquedad de preguntas necias y al menos, en esta vez, y
porque esta escena es única, y nadie se podrá adueñar de ella, actúan
a su modo, al que les han creado, a esforzados corazones de pura
autentica amistad, donde el amor es prioritario, cuando el mundo
muerde como zombi los cerebros, pueden aun ser personas, las que
tienen que ser.
Pequeña Flor la arropa en un abrazo, la embolsa uniéndose a su
necesidad de compartir el momento. Gaudi por su parte se aproxima, y
retraído quiere expresarle su ánimo de confianza, y la da un apretón
de manos, no de señor sino de señorío, de darle cuanto necesite de él,
y es qué ¿Cómo está? Todos los sabemos, entonces no digamos pamemas
como idiotas.
Los momentos pasan, hay que proseguir, aunque se pudiera detallar
momentos terriblemente angustiosos de ternura camuflados en delirios,
amoríos de nunca acabar y dolor de nunca regresar, pero debe seguirse
sin parar, el peligro inminencia en la cúpula de eminencias.
Diatriba pasada que vuelve a llegar, invectiva alejada de la sátira
nos acercan a la realidad, a la cruel y despiadada despreciable
realidad, lo quedamos o no.
Pequeña Flor hace de goma, entrando en liza de lo que intentaba
explicar hasta la eclosión de María. Prosigue su explicación, y
razona-, la sangre de Jesús provocaría en ti María un coagulo si
hubieras sido pinchada por la esvástica junto a la alineación del
material recientemente descubierto, aunque de la manera que me
contaste que te lo arrojaron, ya de por sí su corte sería casi mortal
por el troceo de inquisidora mordedura de cuchillas. He estado
realizando distintas pruebas con sangre de ambos, y a la de José le
afectaría pero no para ser capaz de matarle, más bien aturdirle. Es
como si la sangre de un familiar fuese capaz de matar a los suyos,
pero no a otros.
María aun retraída, iniciaba hablar. Su tanteo le hace decir unas
palabras en tono bajo que nadie oye. Alza la voz para expresarse de
nuevo-. ¿Lo que has dicho, quiere decir en cierta forma como si
nuestra sangre no fuera humana, algo como que perteneceríamos a otra
especie, quizás ni terrícola? -exponía interrogante, mientas se lo
preguntaba ella misma al pensarlo.
-Así es -decía Flor, abierta.
-¿Y os lo tomáis tan natural, no os impresiona? -extrañaba María la
pose de Flor, y de los demás, a los que miraba esperando algún
comentario lógico.
Gaudi al ser mirado se apresuró para decir- Yo soy nuevo, yo no sé
nada de esto, que me lo expliquen a mí también -solicitaba uniéndose a
la petición de María
José resumió las dudas explicando-. No es que no nos sorprenda -
advirtió- lo único es que era una posibilidad que teníamos y nunca
hemos descartado. Basándonos en lo que sabemos, en la autenticidad,
¿de qué hechos concluyentes disponemos? Tú y yo, llevamos viviendo más
de dos mil años, no envejecemos, somos aparentemente inmortales. Yo,
tengo recursos de capacidades que ningún mortal es capaz de conseguir,
ni poderlo obtener de una u otra forma. No sé si tú has tenido alguna
sensación en este sentido y algún poder que hallas ejercitado.
-Poder, poder no, sólo minucias de comportamientos, aunque siempre no
he inducido a querer conocerlos, por..., pero te entiendo lo que
quieres explicarme -decía María, cambiando en último momento en su
frase el porqué de conocer más allá si tenía capacidades, foráneo no
era el motivo.
-Como digo, de nosotros podemos negar que somos humanos, a no ser que
estuviéramos dotados por un poder concedido ¿gracias a una divinidad,
a una patología genética? ¿Quizás proveemos de una raza incluso
anterior a los seres humanos, o puede que vengamos de otro planeta, o
únicamente seamos conejillos de indias creados para ser estudiados? No
quiero volverte loco María, ni tampoco a ti Gaudi -el sacerdote
permanecía atento sin mencionar palabra, predispuesto a todo cuanto se
dijera escuchar sin plantear nada.
-Lo que siempre hemos sabido ha sido nulo -proseguía José en su
intervención- y tus dudas actuales han sido las mías en un rodar
continuo. Acuérdate Flor, cuantas veces hemos tratado este tema -Flor
asentaba gesticulando-. Lo del ADN hace ya mucho que lo sabíamos, que
mi sangre no era precisamente comparable a un ser humano, pero lo que
ha averiguado Pequeña Flor hace reivindicar la tesis de que tú y Jesús
formáis parte precisa de lo que es externo a la raza humana, sin
olvidar que él -José no pronuncia el nombre de Dios, pero naturalmente
todos saben de quien se trata esa tercera persona singular - es
indudable que humano no es, y que su poder es descomunal a comparación
nuestra, y más...-hace un silencio, mientras todos, o particularmente
María y Gaudi esperan el continuar de José pareciendo que va a
desvelar uno de los misterios desconocidos- en el siguiente capitulo -
acaba diciendo embromado ante el desconocimiento popular.
Capítulo VII La muerte de la cruz
Dejándose llevar José y María los recuerdos son innegables, el
palpitar de sus corazones trasmiten como ondas, rebotándoselas entre
ellos. La nulidad de absorberlo libera emociones, demasiada
dependencia del verano que nunca llegó, del maldito abnegado año 35
D.C. Acalorado quema en sus interiores, la separación y unión entre
cuerpo y alma.
Excavaciones milenarias prosiguen en su historia, buscando la verdad.
No es tarde, se ha esperado mucho por volver y estar unidos como
siempre fue.
Hace calor, carboniza este enrarecido clima tan suyo, que si te alejas
de él te sientes extraviado de haber perdido el terreno. Desterrados,
cuerpos malogrados incendiados, calcinan al contacto en esta maldita
tierra santa. Tierra única, punto de partida de guerras étnicas
multinacionales. Tierra pisada estéril con recursos falsos, donde al
excavar fuera donde fuese hallarían pozos, oleoductos de sangre
milenaria de cuerpos de 0 a 100, de cuerpos airados, de cuerpos
odiosos, de cuerpos vengativos, vengados, luchadores, rendidos,
esclavos pasionistas definidos hasta indefinidos, todos traicionados
por un único Dios que les escucha a la izquierda del nulo cero con el
les oye.
José y María simulan, todo el patio de arena está atrincherado de
agujeros. Tantos equipos buscando trozos del pasado sin darse cuenta
que el futuro se le escapa y forman parte del un presente indolente,
subestimando donde medir su exactitud de afincarse en los mundos
personales de cada arqueólogo donde profesan antigüedad. Profanadores,
blasfemados por los vivos, maldecidos por los muertos. Historiadores,
del salón del oeste al salón de té. Salam Aleikum, cuadrilla árabe de
pico y pala, pagada al precio de dólares americanos, de expediciones
"madre en usa", otras propias del reino patente hebreo y del estado
registrado de Israel, comprado por deuda de guerra, asumida por
quilates que se reparten por partes.
Territorio subastado, robada fe de sacrificados arrojos, por la
nulidad de adueñarse de la autentica verdad, la que pasaron por el
lugar destrozando no uno, sino milenios de millares de Dioses
individuales. Dioses grandes de miradas profundas, Dioses enfermos
palidecientes, Dioses pequeños, tanto que nunca lograron a mediar
palabra. Salam Aleikum, "que la paz sea con vosotros" reza, ya que el
pueblo palestino sin papeles, ilegalizado del propio territorio actúa
como ladrón de su cosecha, como vampiro de su vino, y no parara por
punto final, seguro puede que ni coma, porque asquea y vomita de
mortales legitimados por "dios" para borrar a los auténticos Dioses
que existen, las personas.
David, asirios, babilonios, macedonios, seleúcidas, romanos,
bizantinos, árabes, cristianos, saladino, mamelucos, otomanos,
británicos, todos partieron parte a pequeñas minúsculas. El oro pagado
al precio de vidas aniquiladas en el exterminio judío, ¿pero cuantos
ejecutores hay?, ¿cuántas vidas reconocidas para un documental?,
¿cuántas incapaces anónimas? No vale un voto ni un euro, no tienen oro
negro, solo fe, sus vidas no depende de ellos y están arrendadas,
aparceros por viles salteadores imperialistas.
La Basílica del Santo Sepulcro, iniciativa de desayuno obligado
preescolar en periodos fascistas de atrofiar la enseñanza por delante
de las leyes de la física, las reglas de las matemáticas, el lenguaje
comprensible, la historia repetida, la lectura rizada indecisa, la
religión de calla o palo, de pagas por meterla a mano ¿A qué nos
dedicamos hoy? ¡Viva Dios, Viva América! Matadores de nativos,
odiadores de patrias sin barras ni estrellas. La Explanada de las
Mezquitas, ¿o debíamos decir la diezmada voluntad de
ultraterritorionalistas? El Muro de los Lamentos, hecho que quedó del
templo para enjuague mental de los sacerdotes, y duda es la vida,
tanto que por pensar en lo malo porque lo bueno no acude, no llega a
mentes salteadas de vocíferos infectos de apoderarse de almas
impropias. Y si casualidad, urinarios del templo quedasen en pie como
único resquicio construido, ¿podría ser dueño escogido de las nuevas
veneradas plegarias? Purificación de las minerales sedimentadas, y
biopsia al santo óxido rojizo, formado en la superficie del hierro,
por la acción del aire húmedo. Bebe de sus órganos, de las entrañas
purgadas.
Dejando críticas para debates parciales de excremento humano a quien
discute de la autenticidad de dios, María y José han ahondado donde
fue enterrado Jesús. José, tras su asesinato se llevó a su hijo a
escondidas de donde debía descansar, para tener la serenidad que no
tendría de otro modo.
José ha cavado por dos veces su propia tumba, extrayendo tenencias que
sobre tierra han permanecido en la memoria. María profundiza excavando
junto a él sin detenerse en el presente. Escarbando limpian
concienzudamente hasta el cimiento de la ofensa.
En túmulo reposa Jesús. Su imagen está momificada, descompuesta.
Etéreo simplificar cautivas impresiones. María soslaya su pelo, la
melena ladea apartada de rostro protegiendo sencillez, de extraños.
Tímido en la humildad, no conlleva majestuosidad, sencillo como fue,
amado como sigue siendo por sus padres.
Su niño descansa en parte, asienten ambos en el dudo cargar cargante
que la cárcava es traumática, y si descansasen junto a él, no sería un
premio, sería lo más justo, lo más suyo, lo más natural.
Entrañable, entre María y José compinchan afectos. Invocar recuerdos,
memorizados aluden no ser algo nuevo, son parte de los días, y cada
uno tiene veinticuatro horas al evocarlo, sin esquivarlo al segundo.
José simula no intentarlo, pero debe y prosigue su aparente error
parado. Le clava a Jesús una aguja, pero carece de savia en los
tejidos. La paradoja del destino gasta a malas ganas por hacer las
cosas, y ahora será Jesús el elegido para llevar la Svástica hasta la
muerte a ¡Heil Dios! Pensándoselo, y sin mediar decidirlo José acomete
un abanderillado al corazón de Jesús para extraerle la sangre, y
satisfacer la necesidad. María prefiere no mirar, traumática no coloca
donde agarrarse ni dispone suelo donde apoyarse. No acierta donde
encontrar aire que la serene.
Profana el tiempo pasado y arrastra a José en él. Al agarrarse le tira
al remoto lejano ocurrido.
Las manos de Jesús sostenían la eternidad, un medallón que le regaló
su Madre lucía abandonado de respaldo. Los cuervos sobrevolaban el
rumor de carnunidada, el olor putrefacto era llevado en el viento, los
comensales divisaban atentamente su oportunidad. Hace ya tiempo tuvo
que haber llegado a ejercer como panteón de morada, para nutrirse de
parásitos despojos. La fatiga de trasnochar la realidad descubriendo
vil miseria, sincera enemistad de siglos hacia el pueblo judío, hacia
religiones distintas, desee el autoritarismo hacia los pobres
misioneros de paz sembraban vidas pasajeras en un ideal eterno.
-¡Tolle, tolle, crucifige eum! ¡Quítalo, quítalo, crucifícalo!
El Grito no era sordo, el espanto del dolor lo notaba el sol, sudando
rayos miraban hacia el lugar donde se ocultara el día, para no ver
este horror. Momentos antes, días anteriores Jesús fue apresado por
los romanos, ajusticiado por orden de Pilatos, condenado a la
crucificación -¡Madre, no lloréis!, soy un esclavo, un enviado de la
fe divina. Mi existencia es suya, él me dara un nombre, él me hizo
hombre, recordad que debéis perdonad a quien me hizo mal, ya que Dios
a conciencia lo indujo. Creed en mis palabras, soy la voluntad de mi
Dios.
Recuerdos compartidos entre María y José representaban cercanos,
fulgían en ellos, y cada uno a su vez expresaba los suyos propios.
Los de José le hacían a Jesús parecer en sus palabras antes de morir
podría comprender que fue el propio Dios quien le mató, de forma
indirecta. Su pensar es muy subjetivo, una reflexión interpretada a su
modo, como tantas, como antes, como siempre, como ahora no conoce la
extendida realidad, pero reconoce donde está la mentira y todavía
queda una búsqueda en sus días, una que guardar....
Los gritos de los clavos eclosionaban lejanos recuerdos, de todas
aquellas cosas que vuelven a esta tierra testigo de horror. Otros
tiempos que dejaron huella en la humanidad, ella cómplice involuntaria
del autentico culpable de su desdicha. Esos días que vuelven empañado
en arena que se mete en los ojos sin dejar paso a mirar atrás a
aquellos momentos felices que no volverán, aquellos años que Jesús,
José y María no le importaba que nadaran en arena los días, ya que al
anochecer la luna iría a descansar, y ellos cansados del día rogarían
por uno nuevo, insignificante y enriquecedor, ¿dónde está el sentido
de ese amor? Si, llámalo amor, a la unión, al deseo de fortificar su
familia, de cubrir con una manta de buey a su hijo del fresco
atardecer.
¿Dónde está la explicación a miles de años, ser baluarte, bandera
nodriza de una paloma blanca, emisaria de un corrupto engendro que
jugó a ser Dios? ¿En quien confió solemne con palabras de misa le
engañó? No tentada, no quiso saber que significado tenia su redacción
de un reino que nunca se acercó, ni a él ni a un hijo que paciente por
verle esperó, para cubrirle del frío amanochecer.
El percutor mudo percata de existencia en el exterior. José decide
asomarse, y sin necesitarlo se detiene cuando pretendía salir fuera de
la tumba, volviendo hacia atrás. -Tenemos compañía María -anuncia.
-Que comience la fiesta -acepta preparada la invitación. José le
instruyó del ritual con el que posible se hallaran inmersos durante su
travesía. El postit explicativo de enemigos dispuestos a todos, donde
la nada ya es morir sin contemplación, deseosos de su deber cristiano.
Fuera, más de una decena de hombres armados hasta la mochila
ceremonian en concilio a la espera a que salgan a su visita sorpresa.
Llegados en un santiamén prevenidos de algún modo por Corpus Christi,
rodean estratégicamente el cementerio. Hoy Dies Natalis, día natal, no
volverán muchos a encontrar un nuevo amanecer, el que Dios hace
aparecer creando cada día tras la noche. Día natal, el día de la
muerte del que vivió, santamente matasellan su día del nacimiento al
Cielo. No leyeron la letra borrada, las vírgenes bienvenidas no se las
darán, dispusieron entregadas en el preludio, la introducción a la
existencia. La nula necesidad de transcurrir por este mundo de
pruebas, ellos han sorteados todas las tentaciones expresadas, puros
laicos 100%, el pueblo de Dios contra el pueblo de la tierra,
ejerciendo de juez parcial el criterio hemisférico de mente abstracta
En calma áspera se espera sucediéndose heterogénea austera,
aguardándola sacudiéndose aliviada complacida. Entre manos dispares,
sin que se las resbalen de pudor diversas Svásticas boomerang aguardan
ser meneadas, para correrse degustando sangre impregnada
Calma... mucha calma... Una perturbación sorprende la quietud del
ambiente. Viene de las catacumbas, husmeando la salida. Sosegando
subjetivos alternan los hombres despertando excitación, contando la
llegada para meticulosidad para sí mismos, tres... dos... uno... De la
tumba sale una rata, la calentura descarga calma... intranquila.
¡Cero! De saltos prodigiosos se personan José y María surcando la
empalizada de la troposfera. Extienden sus brazos orquestando armas
que vibran al viento.
-¿Queréis fe? Criogénizar la mia -alecciona José intenciones
Si quien pretende dar una sorpresa, encubierto agazapado esconde las
pulsaciones aceleradas al sentir asombro que la confusión ha sido
variara, la recibe ahora histérica. Las venas bombean deprisa, en la
pista se presenta la pareja dispuesta demostrando no acallarse.
Las balas de las escopetas y rifles de asalto de José y María, que
transportaban en la bolsa de contrabando en la que llegaron aquellas
armas esperando lo sospechado, en cobertura rifan boletos
sentenciados, tras coches, árboles y lapidas. Los hombres semi ocultos
esperando pasar el aguacero tocan ahora su turno, y tras asaltar el
tiempo de reposo dirigen sus ametralladoras surfeando de proyectiles
el soplo corriente, hacia ambas figuras universales.
Ambos, José y María respectivamente acometen saltos diagonales,
cambiando sus posiciones en volteretas inverosímiles. No es preciso
pararse a reconocer que las balas de estas armas no se podrán
considerar convencionales, y estarán especialmente hechas para causar
frenadas o acabar mortales llegado al fin.
Dos esvásticas peregrinan el cielo sajando explicaciones. Azorando el
vuelo, dirigen cuerpos oscilantes a por María. Ella esquiva una,
escorando el torso. La segunda se avecina con miramiento fijo a su
cabeza. La ve tan cerca que podría peinarla, la siente tan próxima que
arropa en su ropaje tempestad de susurros de muerte. Sin vacilación,
José de una palomita llega antes de que el arma se incruste en la
frente de María y lo lanza en formación recogiendo desgarres a su
pase. Tres sacerdocios sentenciados en día de duelo, caen ante las
cuchillas de la Svástica.
Los caídos no pueden seguir, pero los combatientes emisarios de Dios
son feroces, y no lo esconden. No tienen miedo a perecer en destino
sin sucumbir los propósitos. Cuatro sacerdotes se emplazan ante ellos
y a una distancia comedida de unos seis metros enseñan sus Svásticas
amenazantes, blandiendo engañadas de tratarse navajas y las arrojan
simultáneas a José y María.
-Dame la mano- apalabrando da figura en idea formal José al agarrar a
María en acuerdo, y se teletransportan unos metros mas allá del punto
donde las destructoras armas debían cercenar. Descartada la parada
prevista, siguen su camino clavándose en el pecho de uno de los
religiosos enemigos, que retorcido cae. Otras dos Svásticas son
maniobradas a voluntad de José, que zigzaguean en el aire vagando
hasta cuajarse en robos los cuerpos combatientes de la cruz,
puliéndoles ultima respiración al sorbo de una pajita que lo emitiera.
Uno de los sacerdotes de los cuatros que atacaron en este último
envite se dirige al todoterreno que estacionaba cerca de él-. ¡Vamos,
dale! -Le gritaba al compañero que estaba en la parte final del
vehículo, que conducía entre sus manos una ametralladora pesada. Al
grito dado vaciaba sus disparos siniestros por doquier. José y María
se encogían, tras la losa diluviaba decenas de casquillos a escasos
centímetros de ellos.
José llama un favor a María- Crea un aura!
-¡¿Qué?! -recelosa le extrañaba tal antojo de José, de duda lo pasaba
a broma sin sentido.
Opuestamente a 180º del todoterreno, había llegado un nuevo carro de
asalto, un semioruga modificado proveniente casi con toda probabilidad
de los utilizados por el ejercito israelí décadas antes, que hacia
dejarles cogidos a grandes claros. Al soltar la lona asoma en el
vehículo acorazado otra torreta igual que la que estaba disparando a
José y María.
-¡Confía en mí! -le arrima José a María el deseo.
María sin encontrar significado, da manera a lo que dice José. Ella
crea un aura, y se sorprende tras abrir los ojos que encerrados a la
visión abstrajeron lo que acaecía, de la transformación que ha hecho
José de su creación. Lo ha ensanchado creando un escudo-. ¡Levántate,
vamos María! -Tras el aura reconvertido en defensa avanzan consentidos
del rocío que se condensa de impactos resbalando gotas de proyectiles
a la vertical de la protección, mientras otras balas remontan en
retroceso a origen tras el choque contra la defendida muralla.
En uno de los rechazos, la munición secesionista acaba con la
vivacidad del que descargaba el chapurreo, que regaba la demarcación
del terreno con pólvora de guerra. El conductor atrevido sale apuesto
voluminoso del vehículo, pero frágil mide el suelo su masa antes de
llegar a la ametralladora. Disminuyendo, caído al peso desciende el
organismo de su entidad. Desde el otro terreno, José oye como silba la
encañonadura de otra arma pesada.
-¡Ahora, gírate! -señala José. El y María así lo hacen, chocando las
balas que les llegaban de traición, los cuerpos de los asaltantes
Sin proceso al descanso se acercan varios vehículos más y reforzando
el ataque un helicóptero cubriendo el espacio aéreo. Dejando titubeos
José agarra a María, y situándose encima de la tapa de una
alcantarilla perdida de una calle adoquinada, empieza emerger hacia
arriba-. Agárrate María.
-¿Sabes José que sufro de vértigo? -en su nerviosismo le comentaba
ella.
-Eso se quita mirando abajo -María mira y se siente alterada, a punto
de desmayarse.
José debe agarrarla con sujeción violento, antes de que pierda el
firme y a un mal paso resbale a la nada cayendo- No hablaba en serio
María, te daba conversación.
María aturdida farfullaba -no has cambiando nada, sigues siendo el
mismo de siempre.
-¿Por? -preguntaba él.
-No, por nada, por nada, tu conduce -aliviaba en té de palabras
hervidas su mareo María, que se dejo rendida de la emoción de vértigo
caer a los brazos de José.
Anclado en el aire, el helicóptero buscaba el lugar donde estaban
ambos personajes. Los perdieron de vista al volver en un giro, y ya no
lo encuentran desconociendo el despegue de ellos. No hace falta
esperar mucho, tras una insospechado topar ante sus propias narices
los descubre. Al lado de la puerta, los dos ocupantes traseros del
aparato desconfían de la aparición. La boca de uno de los adeptos fan
a la cruz ansia modo de caverna a inquietudes de comprender
sorprendido lo que estaba viendo, inseguridad que aprovecha José para
yuxtaponerse a su lado y precipitarle fuera de la nave tirando de él,
aposentado desde la alcantarilla. Quitándole peso que lastre, José le
ayuda del estorbo del fusil, que lo coge prestado para guardarle un
¡PANG! al otro soldado que se acercaba hambriento, con malas
intenciones de comerles a bocados haciéndoles picadillo con una hoja.
Sin corte, le salió cargador tragarse una bala por la boca sin
masticarla antes, y a efecto soluble e instantáneo cae a plomo con el
estómago al vacío.
Abandonando la tapa de despegue entran dentro del helicóptero,
ayudando José a su compañera íntima a recostarse en un lado. El
prosigue su empuje llegando hasta la zona de control del aparato.
Sacude sin saludar una patada al copiloto que le había percatado su
presencia e intentaba levantarse para hacerle frente. Contra el suelo
a la contra, merendando la suciedad del suelo le tiran de los hombros
la camisa, estrechándole para ceder zurcido acaba expulsado, echado
mísero a la calle, punzado de un hilo aloja en el descenso sobre un
olivo. Asustado, antes de la llegada del nuevo inquilino un gato que
no deseaba bajar, armado de uñas fuertes, aguda arañándole el rostro
decidiéndose devaluar ingrávido al cambio de notoriedad, mientras el
hombre caído del cielo se encarama y no soltaba el árbol, viendo la
larga separación de llegar abajo seguro. En terreno llano, llegaban
algunos vehículos rodando deprisa, ante sus vistas los sucesos sobre
el aire.
Desde el asiento desocupado, José daba un decigramo ultimátum en la
espalda al piloto, que le miró. José le da opción- ¿Te bajas o te
bajo?
Una vuelta de respiración después- ¡Ahhhhh! -Gritos en la altura y el
piloto cae a la otra zona del olivo que asentaba a su compañero
acompañándole. Agarrándose cada uno por un lado de la rama del mismo
árbol empieza a ceder fruta prematura ante el peso de ambos
inclinándose mínimamente.
Los vehículos recién llegados hilvanaban a la altura el armamento,
zurciendo a balazos el cacho de aire sin tierra que elevaba al
helicóptero por encima. Estaban por la labor de rellenar de plomo el
pespunte que efectuaban a mira de ojo. Antes que imperar un zurcir a
remiendos de bala José corta, bordado de realce hacia el relieve de
las nubes.
-¿María, estas bien? -Gritaba José desde el asiento del piloto que
había destronado y ocupado.
-Sí, estoy mejor. ¡Mira José! -le señaló a voz al llegar a la cabina.
-No te preocupes por el helicóptero María -creyendo que se refería al
que les llegaba a lo lejos de la policía israelí.
-¡No, no es eso lo que me inquieta!. Es... -la mano fuera de cuartel
buscaba señalizar un punto-. ¡Ahí! -le fija a dedo sobre el cristal
donde mirar.
-¿El mosquitooo? -Apresura José disparatado, cuando el trazo que
señalaba la mujer se agigantaba.
-Peeroooo que mosquito mas gordo, ¡esto es un mosquitón! -Exageraba
José al definir como crecía.
Moviendo urgente los mandos del aparato, haciendo un rectificado en el
aire José evita el choque del misil que venia certificado hacia ellos.
Siguiendo el ataque recto, encamina hacia el olivo donde seguían
presos a media voluntad los dos hombres sujetos a la rama, que rota
cede ante el peso de los esbirros para su suerte. Cayendo, ceden
espacio para que el torpedo pase rasando el árbol sin chocar, y
prosiguiera estrellando ante un todo terreno al llegar a zona de
impacto, que secundaba la permanencía de la persecución iniciada en el
cementerio tras los huidos.
-¡Es un jet José, es un jet! -Aceleraba convulsionada María en su
etapa de nociones de medio desmayos.
-Sí, coge aire -le pedía José. No era una forma de responder, daba una
petición de lo que ideaba hacer.
-¿Qué? -Le preguntó ella eligiendo que era capaz de cualquier cosa.
José no lo vuelve a repetir, de un looping lanza el helicóptero a las
alturas. María encara rostro de maquillaje blanquecer
-Aguanta María -haciendo un tonel avanzado elude un doble torpedo y la
anima entregándole conversación-. ¡Tengo una idea, quédate aquí!
-Vale -dice María -sin mucho animo de hablar- aquí te espero.
José ha desaparecido del pájaro de acero cuando ella levanta la cabeza
buscándole. De golpe María reflota del síncope estando nueva- ¡Pero si
yo no sé dirigir el helicóptero!
En su mente José le hace llegar un misil inteligente teledirigido-
Posdata, esta puesto el piloto automático, vuelvo en un segundo -María
se lo toma frío en el ambientado caliente, pensando que José sirve en
broma destemplada la indebida precaución.
El jet se había colocado enfrente del helicóptero, con aspecto
decidido le tiraba por las ganas hacerle llegar un cohete certero sin
paliativos. Desafiante el piloto del ave de fuego dirigía la mirada
hacia donde creía estar todas sus presas. Al tener el sol dándole en
los morros no llegaba atravesar la retina del pajarito indefenso,
atenuado condenado por decreto real del halcón de metal.
El golpeo provocativo aposta sobre la cabina del avión hace que el
aviador quede prendado a la vista, al ver que un hombre, José, está
adherido al ala. Profeta- ¡Cuidado, que voy!- Dentro de su caparazón
se retuerce sus garras de pelea haciendo ademán de encontrarlas
retráctil en un pliegue. Las saca reconvertidas en una pistola
automática de mira precisa para despejar el cristal. Abierto a
llevarle en alas de victoria extiende el brazo hacia donde está José.
Este utilizando su poder telequinético conmueve en la llama a un
mechero e incipiente antepone en moverse a ralentí un bolígrafo
saliendo derramando quema de tinta negra, rubricando impulso sobre el
botón de salto de expulsión. Repitiendo ejemplo de uso, sillín y
piloto saltan por los aires perdiéndose en el horizonte, mientras José
reconduce el avión bajo un estado de fuego lento ser llevado por las
olas del viento, al baño María.
Regresa a por su sueño real, y con tacto la desplaza saltando en
seguro del helicóptero al avión, dejando al aparato anterior regalado
a ras del suelo ante la atónita mirada de niños palestinos, que
disfrutan simulando ser ellos contraataque Torá. Pedido medio equipo
bueno a pares, los nones hoy tocan al bando del barrio enemigo su ley
llegada por designios de totalidad a la revelación. El génesis
antipalestino, el éxodo de casas por lo visto de propiedad levíticas.
Deuteronomio traducidos del tetrisgramatón ¡Por Yahveh¡ Sólo ellos,
los niños lo pueden ver, antes de ser secuestrados sus cerebros. Por
eso no mutilan el aparato lapidándolo, por ello no matan adosados de
metralla, recrean exclusiones las jugadas disputadas de héroes
escolares, con huesos de dioses frágiles y mortales.
-Vamos María, vamos a España -le invita José al país mediterráneo. El
tour iniciado en Israel les lleva intercontinental a tierra de
herencia islámica reconquistada por cristianos. Al-Andalus sigue en
mente beréber a contiendas estratégicas encima de tableros. Deber de
mente que sigue la escala estival. ¡España¡
Entretanto, unas horas más tarde que acabase la aventura de sus
compañeros en Israel, Gaudi y pequeña Flor no se han olvidado, y se
encuentran atareados en la iglesia de León determinando lo que hasta
ahora es nada que se asemeje a lo que andan registrando. Desde hace
una hora cachearon fuera antes y tanto después como ahora dentro, sin
dar remoto acercamiento a ninguna reválida.
Con tanto estudio de la Iglesia acaban sin más ganas de continuar el
informe académico. Flor aparta la atención, calzando jugar a saltos
las baldosas blancas que revestía el suelo de la iglesia compaginadas
a peleas con baldosas grisáceas, y atrae la de Gaudi, que se fija en
los saltos de extensión, y da creatividad a lo que ha sacado de su
imaginación según parece. Busca altura para verlo mejor desde otro
ángulo, y no le basta haberse subido a uno de los bancos de la
iglesia, que ya vacía por la hora tardía se recogían fieles a sus
casas. Apañado, dejando el decoro asciende arrodillado a la pila
bautismal e hincando los pies para aguantar del tirón se los pasa por
la piedra. Los brazos le aúpan en "oles de torero que te pilla el
toro" a las barras que enrejan a buen recaudo una precisada luz
ambiental. Asido, tomado con fuerza la sujeción, entre barrotes se va
para arriba apuntalando las manos sobre los esquinazos de la columna,
y haciendo frente al pavimento cara a cara confronta sus
aseveraciones. Lo que la vista le da es el uso Cociente.
-¡Ahí esta! -dotado de alborozo, suscitaba incoar la espera resuelta.
Pequeña Flor no sabía de que iba el acierto que usaba Gaudi. El hombre
contaba los cuadrados formales que dibujaban la superficie de la
iglesia. Lo que veía lo tenía ya aprendido de haberlo visto en la
catedral de Amiens, provincia cercana a París. Sin duda era un
parecido alertador, y una cosa no cuadraba. En Amiens el suelo
simétricamente entrelazaba Svásticas. Aquí al igual, exceptuando que
además de las cruces con brazos, transversal cortaba la fraternidad
geométrica de todas las Svásticas una invertida a Z. Bajó de la pila,
sucia, corrida de polvo se flotaba las manos satisfecho. La dicha se
la tiró a qué lado debía dirigirse de la señal que la letra señalaba a
pies juntillas, y ordenó que debe conocerse el principio para llegar
al resolverse un final. Fue hipnotizado a la parte noroeste, la
tachadura gris y negra ante los mismos colores de raza, cambiando
combinación de convicciones alargaba enredadera por la pared hacia la
narcosala que lo ocultaba detrás, donde se donaba a encendidas velas,
alivio que procura preocupaciones insatisfechas, al encendido reposo
de apagarse consumidas.
Ante la pantalla táctil, arrancaba crucigrama a llamas.
Agarró un cirio y enardecía seleccionadas casillas encendiendo
motores, cilindro de cera plegaba fuego a velas. Al abordaje la flota
ideaba la táctica, en un ataque enrojecido al aire avivaba la Z del
Zentriufismo, y sonó, calculado metódico a tecla. Languidecía el
momentáneo visto bueno, improvisado de aplauso al disparatado
casillero con una unitaria letra correcta válida de respuesta.
-¿Has oído? -le comentaba pequeña Flor ajena al entendimiento de
Gaudi.
-¡Si! -le confirmó él-. Pero no sé de donde ha venido el ruido.
-¡Me parece que llegaba de allí -pudo apreciar Flor.
Eso creía también Gaudi que lo confirmaba señalando con el dedo índice
de su mano cerrada aquella dirección-. ¡Sigamos las baldosas de esta
formidable Z!
Pequeña Flor ahora acertaba a comprender parte de lo que había hecho
Gaudi-. ¡Sí, vayamos a ver al Mago de Z! -daba cierta espectacularidad
cómica al detalle.
La parte de la horizontalidad del dibujo finalizaba sin concluir la
raya, al pasar a un escalón de tarima. Dejando liberaciones, no era
más que a ojo añadirle los metros que le faltaran, revisando la
primera horizontal, para matizar llegar en redondeo al altar, justo a
la mesa consagrada al culto. Por insano gaje de oficio, Gaudi se
acercó detrás de la devota encimera blanca piel de naranja cubierta de
formica, y sorprendió lo que se estaba trajinando a escondidas. El
sonido seco y corto abrió al lado de las cajoneras una puerta que
estaba simulada sin pomo ni nada que pudiera parecer lo que simulaba
abiertamente.
Flor contigua agachó la cabeza para tender la vista, e inesperado
soportaba ser apretada cafre de los pechos hacia atrás. Del meneo cayó
al suelo,
-¿Qué estáis haciendo aquí? -El párroco local de las liguillas
inferiores del vaticano los había encontrado merodeando irreverentes
el altar. Gaudi que quedó aturdido de golpe le sobrevino un ostión del
padre, religioso le precipitó encima de la mesa despertándole a
consecuencia. Los elementos simbólicos de la mesa rodaron alrededor.
Gaudi quiso ponerse en pie pero recibió un nuevo revés que le dejo
planchado sobre la tabla de meditación, almidonado listo para el
sacrificio a los dioses. Pequeña Flor apresuraba rehacerse del
zarandeo agarrando la pierna de quien le atacó, pero recibió por
insolente una patada en el estomago que la dejó deshecha, a punto de
echar las tripas. El cura homologado no podía reflensar rápido, se
hacía lío para hablar correcto, y decidió acabar con dudas de quienes
serían matándoles.
Puesto de pie a la altura de Flor, la amargaba poniéndose encima de
ella con cada pie a un lado del cuerpo de la rendida mujer, que la
miraba desde abajo. El cura osciló su brazo sacando de la cintura una
pistola, sin salida para escape Flor no dudaba que era la terminación
de un rito frenético.
-¡Deme las ultimas bendiciones, padre! -le confesaba Flor como última
petición.
El cura prudente no soportó subestimarla y rechazó retardar el balance
de cuentas, antes de echar el cierre al gatillo que maullaba dominado
entre las manos.
Sin dejarla de apuntar la sedujo masoquista la posición de amo
reinante. Con el otro brazo alcanzó haciéndola flexible una cruz que
quedaba a salvo en la mesa de combate, y proclamó- Besa la cruz porque
es tu último minuto de vida -en puro arrojo la envió a la cara de
Flor.
Ella se tapó la cara con la mano para que no le golpeara, y pudo a la
vez que sujetarla erguirse y en una abdominal clavarle la punta de la
cruz de acero en las partes del indigno y censurado sacerdote.
Abarrotando sangre del miembro apuesto de Dios era de cajón tras
chuparle la punta del crucifijo, la necesidad de vivir se escurría en
el charco rojo que formaba su propia corrupta naturaleza. Resbaló
hacia atrás, golpeándose de cabeza no alcanzó la meta.
Flor se levantó dolida, notaba apego al pietazo que recibió
exteriormente- ¡Con un minuto me sobra imbécil, qué pocas películas
has visto! -cabreada no le quedaba más que enviarle de remite con
destino rechazado sus señas personales.
Balanceó a Gaudi, animándole a cargarle despeje a su impercepción de
lo pasado ya tratado.
-¡Ohhh! -me duele la cabeza -sacudía Gaudi consciente de que le habían
tumbado.
-¡Y a mí el estomago! -no le callaba Flor, si era cuestión de
quejarse.
Gaudi emprendió levantarse cauteloso viendo al párroco asesino,
asesinado de estampa navideña diabólica.
-¿Qué ha ocurrido? -preguntó; y cuando lo hizo disputaba como hacia
esa tontería, de lo que se reflejaba por sí en obra tan encomiada.
-Por la parte que le condujo a la muerte ha sido homenajeado con la
cruz ganada
-Querrás decir Cruz Gamada -corregía Gaudi, incipiente de recuperar su
nitidez.
-¡Ganada, ganada! -desmentía tal distinción- Antes de que nos atacara
he podido lograr ver que bajaban a un pasadizo -acudía al momento que
precisaba la situación de ellos allí, refiriéndose a la abertura que
practicaba la mesa, sin confundirse- ¿Es capaz de continuar o prefiere
quedarse aquí? -intentó ser práctica para proceder como actuar.
-¡Estoy casi bien! ¡Dont´t worry, be happy! -comentó el hombre. Hecho
y derecho con el pecho para adelante era muy expresivo al responder.
-¡Entonces Vamos! -pidió sin dulzura Flor.
-¡Espera por favor, hemos de esconder al muerto! -comprendía Gaudi de
hacerlo antes de irse.
-¿Para qué? No podemos limpiar toda esta sangre -Flor razonaba siendo
más precisa.
-La sangre se puede disimular con vino, y viendo que este se ha
derramado -le invitaba a que mirara ella la mesa-, podemos -paró de
hablar y recolectó la bebida de la uva que en el copón milagrosamente
quedaba, bebiéndoselo- que se crea que lo es.
Sujetado por cada brazo llevaron al confesionario al condecorado a do
de pecho, dejándole en secreto dentro.
-¡Ala! -ahí te quedas castigado por malo -impartía Flor enseñanzas de
ciclos deontológicos
Con el paquete entregado impotente y estéril de plena satisfacción,
Flor y Gaudi se cuelan para adentro de la gruta que empezaba detrás de
la mesa del altar. Ella abre la batida portadora de una linterna de
gran potencia, y menos mal, porque el pasillo es irresistiblemente
oscuro, y se pierde toda visión en el transporte del ángulo que no
embarca en su dirección. La estrechez del ancho se cronometra en
décimas de segundo, en la separación de los hombros a dos pulgadas de
la pared, y un peinado punk de quedarse lacrado al techo. La igualdad
equivalente del común denominador da 1,10 metros a la corta, y la
multiplicación de las fracciones comunes, 1,80 en perpendicular al
plano de paso, que sustrayendo la resta topan en metro cerrado con una
puerta.
Se murmuran de cara a un despacho. Intenta acceder y lo consigue, no
esta cerrado con llave.
La sala ceñida no deja selección a muchas maniobras, lo que en parte
también ayuda a no estirar desmesura para guardar secretos que andan
buscando. En la compostura, Gaudi fisga entre un archivador del
reducido despacho del mes en IKEA, y pequeña Flor en los cajones de
una mesa de escritorio de mesura casta metódica.
Gaudi puntea entre medio centenar de carpetas, pasándolas al descarte
al ver las portadas que no le atraen. Llamativa rasca sensatez hacia
una al ver la gráfica un escudo pontificio, que hace cama de reposo a
un apreciable manuscrito, que los saca con cáscara. La holografía la
repasa con cortinas corridas por encima y decide guardárselo dentro de
la camisa, para proseguir la indagación.
Pequeña Flor le llamó su atención- ¡Gaudi mire! -Él miró hacia donde
estaba la mujer que le tendía en sus manos un objeto egipcio, en
concreto era un pequeño Anj. Se acercó a la muestra de Flor, lo cogió
acercándolo a la vista, y-... ¡Fantástico! ¡Increíble! ¡Sublime! -
Gaudi no descartaba halagos relatando confianza de éxito. El grabado
era idéntico al ideograma de la representación de la imagen que
encontraron de la puerta derruida de la iglesia y a la Svástica del
martillo y la hoz. Aguando la fiesta oyeron voces muy cercanas-
¡Apague la linterna! -pidió Flor a Gaudi, que apretó con juicio el aro
de luz ahorcándolo para hacerle callar, hasta que le dio el tiempo
libre para descansar de su bochornosa faena. Flor atragantó a la
entrada del cuádruple despacho de metros cuadrados, y asomó la vista
por la puerta abriéndola mínimamente. Procurando asegurar su
anonimato, cogía el agarrador sin soltarle del cuello para que no
estornudara.
Clarificaba luz por el conducto que les había traído a la sala, y como
el fluido del destello iba cediendo apagándose por completo. Gaudi se
aproximó a Flor, si dar un cuarto al paso se aceptaba poner separación
a la diferencia de acercarse, curioso para conocer de qué diablos era
el sucedáneo que la empalagaba a la vista.
-He apreciado una luz a mitad del pasillo, y después ha cesado de
alumbrar repentinamente. Debe de haber una falsa pared -miraba Flor, y
sin separarse -. ¿Ha encontrado algo más?
-No -le cuchicheó el hombre a su lado, evitando ruidar-. No hay nada
más aquí que sea importante, podemos irnos -reseñó.
Dejaban a espaldas la habitación y linearon el túnel avanzando
redomados, desconfiados ante la adversidad del peligro.
-Por aquí se perdió la luz -comentó Pequeña Flor al sitio que daba por
cierto
Gaudi recurría a la llave de contador, tras tantear la pared-. Debo de
encender la luz, no se puede ver nada así.
-¡Esta bien, espere! -Dando el acierto a la solicitud de su compañero
la mujer decidía que deben afrontar el riesgo que supone seguir
adelante, pero rebajado a la décima de la cuarta parte. Sacó de sus
bolsillos una caja de cerillas y ardió una, intentando disimular mejor
con una luz más débil. La rodeó sobre si misma, en la búsqueda de una
señal que posibilitara la entrada a otro nivel del pasadizo donde
ahora estaban inmersos.
-¡Allí hay algo! -advirtió, creyéndolo ver Gaudi. La cerilla se apagó,
dejándoles al ceder de la mano enfrascados en el oscurantismo del
enigma.
Flor consiguió encender otra cerilla y dirigió la llama hacia donde le
indicó Gaudi. Arañando la brillantez esculpió sacando a la luz un
saliente entallado, de aplique daba escudos de armas al mudo pasaje de
contención
-Mire Gaudi, detrás hay corriente -la llama no resistía el empuje del
aire y se echaba para atrás recelosa de miedo.
-Para entrar debe apretarse algún resorte, quizás... -el lacónico
cuerpo de la segunda cerilla ignora el empleo esforzado, y acaba
rendida en la lucha. Instante que no discierne ni amedrenta a Gaudi,
que fijo en interés se lanza con las manos apretando con un dedo de
cada mano el escudo de armas del emblema, que cediendo atrás lo
aprovecha en la negrura de la ceguera para abrirse una inexplorada
senda. Y se dirige como quid salvador al pueblo que le sigue a Flor
puntillas, que tras él marcha por las escaleras que aparecen del
milagro hecho por el nuevo Moisés.
¿Y qué despreciable argumentación puede justificar estas palabras?
Sacadas de libros sagrados, no de relatos literarios, ¿o fueran los
mismos entonces? Memorizaba viniendo a su pensamiento ideales
cronológicas de enredos.
La presencia innegable de la reducción de la mujer al papel de
posesión comprado por policías regentadores de prostíbulos, la
condonación implícita de la esclavitud, y las leyes de venta de
indulgencias pontifican el edicto a plazo sin vencer de una opaca arca
perdida en una cuenta "offshore" suiza a buen rendimiento, con
titulares eclesiásticos.
"1. El eclesiástico que incurriere en pecado carnal, ya sea con
monjas, ya con primas, sobrinas o ahijadas suyas, ya, en fin, con otra
mujer cualquiera, será absuelto, mediante el pago de 67 libras, 12
sueldos.
"2. Si el eclesiástico, además del pecado de fornicación, pidiese ser
absuelto del pecado contra natura o de bestialidad, debe pagar 219
libras, 15 sueldos. Mas si sólo hubiese cometido pecado contra natura
con niños o con bestias y no con mujer, solamente pagará 131 libras,
15 sueldos.
"3. El sacerdote que desflorase a una virgen, pagará 2 libras, 8
sueldos.
"4. La religiosa que quisiera alcanzar la dignidad de abadesa después
de haberse entregado a uno o más hombres simultánea o sucesivamente,
ya dentro, ya fuera de su convento, pagará 131 libras, 15 sueldos.
"5. Los sacerdotes que quisieran vivir en concubinato con sus
parientes, pagarán 76 libras, un sueldo.
"6. Para todo pecado de lujuria cometido por un laico, la absolución
costará 27 libras, 1 sueldo; para los incestos se añadirán en
conciencia 4 libras.
"7. La mujer adúltera que pida absolución para estar libre de todo
proceso y tener amplias dispensas para proseguir sus relaciones
ilícitas, pagará al Papa 87 libras, 3 sueldos. En caso igual, el
marido pagará igual suma; si hubiesen cometido incestos con sus hijos
añadirán en conciencia 6 libras.
"8. La absolución y la seguridad de no ser perseguidos por los
crímenes de rapiña, robo o incendio, costará a los culpables 131
libras, 7 sueldos.
"9. La absolución del simple asesinato cometido en la persona de un
laico se fija en 15 libras, 4 sueldos, 3 dineros.
"10. Si el asesino hubiese dado muerte a dos o más hombres en un mismo
día, pagará como si hubiese asesinado a uno solo".
El mas aclamado de todos, el Papa León X, máximo corrupto de leyes con
ofertas 2x1 hasta fin de existencias terrenales.
Los descarríos, la pedofilia, afeminados, lesbianismo, perversiones
monosexuales, e inmoralidad a infinito más exculpos de amen son
congénitas parroquiales. La protección violadora de la prohibición
explícita de adorar que se manifiesta en los textos bíblicos fue
presunta de impura casualidad.
Y arrastrando de incestos, sus primos judíos ortodoxos mandan
versículos por stop.
"No hagas amistad con el habitante del país que visites, no sea que
llegue a ser una trampa para ti. Más bien destruye sus altares,
quiebra sus estatuas y corta sus árboles sagrados" (Éx. 34.12).
Dejando enfermedades mentales eclesiásticas descendían inquietados de
dificultad por la escalera. La balaustrada era de madera oscura, se
denotaba al poco detalle al ir resguardado en la oscuridad allá donde
la sombra fenece y no conoce vida. Los peldaños eran de piedra, y se
agradecía que no fueran también amigo del mismo tronco que la
pusilánime barandilla aquejada de estilo hipocondríaco, y es que
resfriado a la humedad que azotaba haría un chirrido estruendoso,
alérgico a pisotones.
En el descenso del camino, se abría el pasaje del temor para dar con
un complejo chiringuito artesanal. Sobre el techo, se proveía luz con
modernos focos que iluminaban una cueva amplia en la apreciable
intensidad, donde a la vista daban cuenta de hasta media docena de
personas, hombres todos tal como afirma democrática jurisprudencia, y
la mayoría atenuados bajo capas de sacerdotes.
Gaudi que bajaba primero torció el cuello queriendo expresar lo que
veían. Pequeña Flor le miró sin detenerse, y le empujó de sobra sin
apreciar retroceder en la marcha adelante.
La cueva podría tener a vista pesada unos cien metros cuadrados, que
cuadrada no era la forma cabal que mas se ajustaba al sitio. Aparte
nacían y descendían varios pasillos sin enumerar, donde no podrían
calibrar proporción.
Depreciando el último escalón se apean de la travesía descendente, y
se ocultan agachándose con soltura dinámica acogidos tras cajas de
madera, evitándoles ser pillados.
Advierten que los individuos que aposenta la cueva tienen el garbo
para no ser meros mercenarios de Cristo, ¡Ustashas| -estima marcada
Flor.
Asentados, esperando en reserva de cautela dejan que pase el
transcurrir del flujo de los contendientes.
Aprovechan un parón relajado para moverse lateralmente detrás de una
carretilla elevadora, que alzaba en parada de batería cajas
empaquetadas de una altura de más de dos metros. Por el desagüe del
palé tienen indubitable manifiesto, que hace poderosamente llamar el
interés de ambos, secuestrados por el reparo circunspecto. De una
singular máquina iban saliendo producidos en cadena crucifijos por el
tubo de descarga. Las cruces de souvenir de D.C. troqueladas o creadas
bajo otro significado abogan por una cinta transportadora donde van
cayendo los crucifijos al salir del torrente mecánico, mientras un
gancho de acero agarra en la avenida del carril de canalización las
piezas enviándolas para su embalamiento en cajas de cartón. Auténtico
taller clandestino, pero no cuaja, esto no son recuerdos hechos en
bodegones, aquí venden muerte, y el precio para conseguirlo lo
desconocen Pequeña Flor y Gaudi, analizando el trabajo que se
desempeñaba en aquel lugar sombrío. Encapotados, cubiertos de nula
idea siguen agazapados, no les vale más consuelo por ahora. Lo más
raro es contemplar el mecanismo que fabrica las cruces. En el tubo de
carga de la tolva, el material que echan es extraño total, que ni
siquiera a primer pensamiento podría deducirse que fuera el material
que han bautizado como raenio, el que encontraron en la Svástica
asignada a María. Este es un elemento transparente, una combinación de
parecer agua en aire, y carbón. Tan incongruente como perturbador.
Pronto encuentran algunas respuestas al desacorde mental.
-¿Qué tal están saliendo? -Preguntaba interesado uno de los secuaces
recién llegado al sujeto que estaba al aparente cargo de la maquina
originaria de la producción en cadena de la confusión.
-Va bien, la producción marcha según se marcó.
El hombre que había preguntado desnutre del transportador mecánico una
pieza y se va con ella a la dirección donde estaban Flor y Gaudi. El
tipo, por fortuna para ellos antes de llegar a su encuentro se desvía
por un pasadizo, y Flor decide que es momento de salir del atolladero
y buscar más respuestas al estigma que les predecía seguir al
distinguido fulano, como dueño y posible confesor de respuestas
sobrenaturales.
Ellos dos, hacen esfuerzo por seguirle sin ser desenmascarados, para
liberar el propósito de los crucifijos. El reclutado sacerdote se ha
detenido ante una mazmorra desvirtuada. Toscos travesaños desfigurando
quitan hierro de condición humana a un hombre de aspecto desnudo,
agotado del presidio donde le tenían retenido acusaba estar derrotado.
Molido de esfuerzo estaba prendido a grilletes, y desgañitaba
compasión.
El sacerdote abrió la jaula, y entró dentro sin temor.
-Creería que la santa inquisición fue cosa del pasado -en la presencia
comentaba pequeña Flor.
-No, no, esto no tiene nada que ver -decía Gaudi en voz de baja,
inquietante sus ganas de saber lo que estaba ocurriendo allí,
expresaba agitado de ansiedad.
El supuesto sacerdote Ustasha dentro del calabozo instigaba malestar
al cautivo sin buscar ninguna finalidad, más que el propio lacerante
despreciativo incordiar. Sujetaba la cruz que trajo de la cinta
magnética y la emprendió dirigiéndola al prisionero evocando unas
oraciones partidarias del latín sin ser concisa, que Gaudi transcribe
mentalmente haciéndose recordar. Todo quedaba ahí, en palabras en
medio de la oblación, cuando a las pocas dudas idiotizar como del
crucifijo salía un rayo metalizado cristalino que desahuciaba la vida
del preso, mientras a la inversa el objeto en forma de cruz tendía a
llenarse de una sustancia que no se podía descifrar de que estaba
compuesta la masa. Huella impresa de la pasión estupefaciente, un algo
inexplicable para Gaudi y Flor.
-Tu fe era buena, -oían decir al individuo que ya había acabado,
condenando al penado. Satisfecho porteó fuera de la jaula conduciendo
marcha atrás a pie, por la gruta subterránea que le había traído.
Pequeña Flor y Gaudi no negaban mirarse sorprendidos sin amasar muy
bien que había pasado, y sin despejarse prosiguieron al sacerdote
acompañándole en rastreo. El individuo que les precedía se detuvo, y
alojó el crucifijo arrojándolo sobre una recipiente. Despegado al
acomodo vuelve a reiniciar la marcha que llevaba. Pequeña Flor y Gaudi
se entretienen, dejando escapar en su seguimiento al cruel asesino, a
la hucha donde depositó la cruz especialmente tratada.
Poderoso les llamo la atención e hizo quedarse allí, el contemplar que
el frasco de la cruz estaba pluralizado al repleto de mismas e
idénticas singularidades. Todas cambiadas en género de lugar, eran
desemejantes a las que se estaban produciendo en la maquina que vieron
al principio de la galería. Si se trataba de una mina era
incuestionable compararlo, lo único que el elemento era pretendido por
algo más codicioso que el dinero, y no pergeñaba valor real
suficiente.
La diferencia de estas piezas con las antecesoras no era en
apariencia, una metalizada capa las envuelve alteradas por una especie
de campo magnético. Flor cleptómana enfermiza de lo pasado, a cobro se
oculta uno de los crucifijos, Gaudi seducido al palpar las cruces, les
ofrecían la tentación de apoderarse personalmente con alguna. No dio
tiempo a que se decidiera, insospechadamente Gaudi es agarrado de los
morros por un brazo sin dejarle que pueda maniobrar. Pequeña Flor
agarra una brida de la mesa que adueñaba la mesa cercana a ella, y se
da la vuelta intentando defenderse con mas coraje que esperanza.
Pero no hace falta, es José quien estaba sujetando a Gaudi.
-Schhh, -entrante chispea guiñándole el ojo a Flor. Gaudi se alivia a
darse cuenta que era José y libera un aliento de sosiego al sentirse
redimido.
-¿Cómo has llegado tan rápido aquí? -le preguntó Flor a José.
-Cogimos un vuelo directo -le contestó.
-Ya, seguro -renqueando en la respuesta que le había dado José gruñía
Gaudi.
-¡Alto! ¿Quiénes sois, que hacéis aquí? -sin dejarse que se apretaran
las manos se dirigió a ellos alzando la voz uno de los habitantes
establecidos en la caverna.
-Somos de congregación alahajá -dijo José abreviando excusas.
El hombre que los preguntó, diluido en interpretaciones exégesis
permanecía retenido en el pensamiento del entendimiento, hasta que
otro sacerdote le despertó del sosiego medievo.
-¡Es un infiel, deténle! -le gritaba su compañero. Desde las alturas
que le situaba una escalera de dos plantas los deslumbraba por encima
de ellos, y pensando rápido cambió orgulloso de orden-. ¡Mátale!
¡Mátalos a todos! -sentencia, finalizando su intervención.
El sacerdote que había sorprendido a los intrusos, junto a un nuevo
sujeto que había llegado alertado por el griterío empujan lanzando los
rayos de sendos crucifijos sobre ellos.
José desconoce que es pues acaba de llegar, pero no apremia reparo
para ahora comprenderlo. Lanza al aire la mesa contigua a ellos,
haciendo de contención detiene el primer envite.
-Cuidado José -advierte Gaudi-. Esos rayos quitan la energía del
cuerpo, matando a quien lo reciba.
-Mas o menos -recalca Flor, queriendo destacar que era una valida casi
compuesta.
Se deslizan en pasos hacia atrás con los rayos lanzándose sobre ellos.
Procurando cubrirse de ellos José los detiene con cualquier cosa que
encuentra a mano o a pie, poniéndolos de escollo que dificulte la
progresión de los radios lumínicos.
Rebatidas sus intenciones de escabullirse chocan contra una gruta
cerrada. Sin vía de escape, la salida está cerrada de par en par
-¡No hay escapatoria! -Pequeña Flor lee en alto el pensamiento de los
tres.
José miraba hacia el tapón de ruta, todos lo hacen queriendo encontrar
un posible escape, que ineficaz haciendo frente común, asumen. Flor se
apañaba en que actuara el crucifico del que se había incautado en la
previa.
Sus enemigos fortalecidos aumentaban el cerco empequeñeciendo la
parcela rival, con una docena de efectivos que no se sabía ni de donde
llegaban. Los aparentes Ustasha hostigaban enviando una y seguidas
después más veces sin cesar los rayos luminosos hacia ellos
comprometiendo la integridad.
Flor rumia -es inútil, no sé como hacer funcionar esto -comentaba de
la cruz que había arrebatado antes.
-¡Déjame a mí! -le pidió Gaudi. Cuando se la pasaron embaucó en latín
las palabras que escuchó anteriormente en la tortura, y se seguía
sufriendo de la ineficacia de poderlo manejar.
-¡De todas formas parece tener limitada su fuerza! -reflexionaba Flor.
Efectivamente tenía razón. Los esbirros que atacaban con aquellos
cacharros, desechaban tras varias descargas contundentes su arma al
suelo, y utilizaban una cruz nueva, recién salida de fábrica. Urdía el
ingenio sin convencimiento, de la creencia sin juicio de ser
monocargadores no recargables al vacío, una vez utilizados.
José amortiguaba el intenso asedio proyectando un escudo que parece
medio aguantar, aunque no es todo lo poderoso para asegurarlo. La
energía de los crucifijos pereciendo en su culminación son
inmediatamente sustituidos por otros de refresco, y el acoso atacante
no limita en ninguna ocasión la intensidad de la embestida.
El empuje no cesa del fusile de rayos, y negando fulminante el brío de
la arremetida se gastan casi por completo los envíos de rayos. -¡Traed
más! -Gritó uno de los combatientes antagonistas al agnosticismo. De
esta detención de una baja munición se aprovecharon los perseguidos
para reponer conjuntas ideas.
-¿La bebida vertida de la fiesta es cosa vuestra? -Preguntó José.
-¿Qué fiesta? -no comprendía Gaudi de que estaba hablando.
-De la sangre a la entrada.
-No, si ya me dijo Flor que era difícil disimular...
-¿Qué fuera vino? Lo parecía, pero su sabor me lo desconfió.
Gaudi sospechaba mal, y se hacía sumiso al maquiavélico accesible de
José.
Este amansó -¡A ver si vas pensar que me la bebo, pero su olor es
terminante!
-¿Y María? -Gaudi, ferió pregunta de fructífera practicidad.
-Se quedó fuera, estaba algo mareada del vértigo de la travesía -decía
sin que pudiera presentar ninguna ayuda.
-¿Y si atacaras ahora José? Podríamos pasar entre ellos los tres con
el escudo -daba de posibilidad Flor.
-¡No me atrevo!, podría entrar un rayo y dar, sobre todo a vosotros.
-¡Entonces debes intentarlo tu sólo!, José, debes irte y escapar -
razonaba Flor.
Gaudi daba la misma aceptación -Creo que si, ¡es lo mejor!
-¡No! -Súbito rechazaba lo que entendía ser intolerable en las
difíciles circunstancias en la que estaban negociando los términos de
rendición Flor y Gaudi.
-¡Escúchame José, nosotros no podemos hacer nada, y esto se va ir
complicando, y como tú...
-¡Mírame Flor! ¡No! ¿Me oyes bien? ¡No! Pensemos otra forma de escapar
¡los tres!
Cabezón de primera, dejó perdida la ocasión de irse y ganó la
confianza en luchar por sus amigos.
Los sacerdotes sin perderse en charlas habían llegado tutelados con
cajas repletas de crucifijos humeantes, radiantes de capa metalizada y
arrojaban nuevamente sus rayos sobre los tres arrinconados.
-No sé si podré contenerlos mucho tiempo -José quería ser sincero, a
pesar de que tal vez debería medir más las palabras que podrían
molestar la sensibilidad de los que le rodeaban-, podría llamar a
María aunque no sé si me escuchará, ni si nos sería de auxilio.
El socorro de José da síntomas de agotamiento, debilitándose se
deteriora cediendo ante los continuos rayos que le llegan lanzados por
los sacerdotes. José, que receloso no quería involucrar a María, teme
que sea la única esperanza de liberarles, y teme también de que sea
una encrucijada mortal para todos.
-¡Llamaré a María! -se decide, regañando entre los dientes.
-Creo que ya no hace falta -dice pequeña Flor. La aparición repentina
de María rapta toda mirada hacia el techo. Su irrupción acoge los
ímpetus del lugar, con entrada violenta ha llegado en un estallido
sobre la techumbre. Bajando en espiral cabeza abajo remolina lanzando
soberanas dosis de hojas planas distribuidas cortantes de la Biblia
minúscula reclutada del piso de arriba, que maniobran en su pecho de
magia magnética. Batallando bajo pose de bibliotecaria, única e
irrepetible, despeña con mucho corte a los sacerdotes que indagaban
asomados a lo alto los anchos movimientos de María, con medio folio
fuera de la impresión general el resto del cuerpo lo atraviesan por
mirones.
Haciéndoles pose de frente caen bajo prosa los contrincantes, del
reverso de la que en deriva sonríe a José. Cabizbajo los sacerdotes
van sucumbiendo al atrevimiento de sacar la jeta. Acongojados por la
contraofensiva de José, desligado del aislamiento mana y emerge
solapazos a sus enemigos a mano de palos, nunca mejor dicho.
Gaudi y pequeña Flor se habían quedado turbados mirando a María
sorprendidos, y contenidos por si podrían ser útiles sin tirarse a la
ruina absoluta.
Despejado el encuadre de la opresión, los Ustasha se echan para atrás
no queriendo quedarse acompañando a sus compañeros ya ateridos,
curvados por el frío suelo
María va yendo al final donde seguían Flor y Gaudi, que permanecían
estáticos sin decidir si salir ya o no -¡Vamos! -dice-, ¿a qué
esperáis? -dándoles la decisión moderados por ella, ellos salen al
salto del interruptor.
Cabeza abajo María les da la salida- ¡Agarrados a mí! -Gaudi y pequeña
Flor se sujetan firmes cada uno a un brazo de ella- ¡Vámonos! -Da la
señal y los tres levantan el vuelo hacia el techo.
Contemplar a María es tarea empeñosa. De tenerla por criatura dócil,
descomunal ha variado en el conocimiento que se tenía por propia y
extraña. Y ahora es ella quien quiere ser, sin que nadie la mande
trabajos forzados. El peso que soporta es ínfimo, la fuerza de
semidiosa libera a Flor de compararla con la conocida por antigüedad
de José.
Con mención a él tras haber llegado María junto a sus refugiados
arriba a la otra planta, José en solitario salta sobre la mesa central
del almacén y en el largo tablero se adelanta en carrerilla.
Prosperando a galopada lanza a puntapié una jarra metálica de cerveza
que molestaba en el recorrido, hacia un Ustasha que llegaba al frente.
Partiéndosela en la cabeza, deja seco el recipiente y húmedo borracho
acostado en el suelo al soldado sacerdocio del golpetazo. Con arrebato
brinca de ímpetu hacia el agujero del techo, conforme lo atraviesa
reposa sobre la base del suelo de la planta base de la engañosa
Iglesia.
-José mira a María sorprendido y orgulloso-, ¿tú no tenias vértigo? -
Le pregunta.
-Ya ves, la evolución de las especies, ¿o no te gusta este cambio?
-Me gusta me gusta -afirma y conforma José repitiéndose las palabras.
En constante éxodo del pueblo perseguido, los Ustasha a trompicones se
les oye llegar hacia ellos. Sin dar ninguno de los cuatro una voz de
carraspera, sin sugerir escape y partir veloz, sincronizados van hacia
la salida de la iglesia. La huida es un instinto humano, sin negarlo
en el momento de peligro.
Gaudi que había salido primero por la puerta giraba hacia la
izquierda, y postró su decisión José que tras él le detuvo-. ¡Por aquí
no! -le confirmó arrimando su brazo de camarada.
Flor que venia detrás ya había adelantado a ambos tras la parada, y al
mover la cabeza por lo que escuchaba de José también se detuvo,
teniendo el temple sereno miraba a su amigo eterno.
-¿Qué pasa, Flor? ¡Poshli tovarich!
María que era la ultima en salir mostró el camino verdadero de la
salvación-. ¡Es por aquí! -"Así, los últimos serán los primeros y los
primeros serán los últimos".
Todos la siguieron esclavos de la devoción por la vida. José hizo
acopio de ganar tiempo cerrando las puertas de madera de la iglesia.
Apoyó su dedo pulgar en la cerradura fundiendo transigente al metal.
El plomo del pestiño era liquido caliente, templario rejuntaba la
puerta sellándola.
Al lo rápido velados por la luna tienen que entenderlo, y precavidos
sería poco para el asombro de Gaudi y pequeña Flor al mensurar el jet
de donde vinieron María y José.
-¿Qué, no os gusta? -les sonreía José.
-¡Es un avión! -Gaudi exclamaba sin dudar apenas.
-¡Ya os lo había dicho! -le comentó José. -¡Venga, subamos antes de
que vengan los malos! -Una regaña leve para menguar el carácter
monstruoso porteado en capítulos que se vuelven en cada era solar
pesadez, repitiéndose clásicos tendenciales.
"Los buenos" escalan por la nave ocurrentes de irse más pronto que
tarde de la clausurada velada santa. Cuando han contado "cuatro"
tornan el vuelo alejándose sin odiar la despedida. A estas alturas no
les sorprende ver salir diminutos puntos de la iglesia, "matamarcianos
en red". Con las cuatro vidas intactas siguen la partida a remolque,
estando a la altura de las circunstancias.
De vuelta a París vuelan pasando por el desfile de nubes, sin contar
el aire fresco en las que andan metidas las ignoran.
Tras indicar al piloto automático las coordenadas que debe seguir sin
despistarse, José decide ir hacia la parte trasera del transporte. Sus
demás compañeros reposan e intercambian información sobre lo vivido
recientemente en ambas aventuras.
Los tres hacen un rápido parar, y acercan su mirada azarados hacia
José al verle junto a ellos, alertados por no haber nadie pilotando.
-Tranquilos, está controlando el mecánico suplente para que nos lleve
a casa.
Los tres cortan precisas atenciones hacia él y siguen en su charla.
José se distrae de tanta tensión acumulada, y se recosta al abrazo de
uno de los sillones que ofrecían deseo de poseerlo.
-Y eso es lo que pasó -oye decir de boca de Gaudi. Parecía que ya
había acabado el pase completo a la explicación, y con tanta faena
desde temprana hora no le apetecía ni preguntar el qué había contado.
Corrompido de bostezos, persuadía quedarse a dos velas por deseo
propio
Gaudi se movió hacia José no queriendo dejarle al margen de la
sociedad-. Le estaba comentando a María como dimos con los explosivos
crucifijos. -Gaudi acabó su desaborida declaración y retornó su hablar
a ambas mujeres presentes.
-También lo curioso fue encontrar- José paró la secuencia, despertado
aposta no conciliaba ya acomodarse de segundas escenas, y cambió de
plató-. ¿Y qué fue, como disteis con las cruces?
Gaudi volvió hacía él, dejó su mente ocupada pensando y rectificó su
anterior aclaración- Perdón perdón si, te cuento- explanándose sin
dejar recodo por conocer a sesión continua. Recostado al suave relax
del sillón, José visualizaba las medidas descripciones que daba Gaudi
junto a la ayuda estimada de Pequeña Flor, aportando detalles de la
película. María como simple concurrente de la ya sabida trama callaba.
El arte del filme no era difícil imaginarlo, la interpretación que se
daba era merecedora del atento interés del suspense.
-El relieve de la cabeza del Anj como veis tiene la misma figura que
ya vimos en la Svástica y en la propia pared derruida de la iglesia de
Azogue. Como ya os estuve afirmando no existe que se sepa públicamente
algo que se parezca, aunque fuera remotamente. ¿Y ya qué decir de la Z
central? -En el relieve del objeto egipcio bajo la hoz y el martillo
lineado en svástico fecundaba una raspadura en Z- ¡Nada, ninguna
reseña sobre esta Svástica Anj! Una Svástica comunista enrolada en una
Anj, parece un juego macabro.
-Algo debe significar -definía Flor.
-Sí, ¿Pero el qué? Creo que hay algo que se me escapa cada vez que lo
repaso -creaba Gaudi progreso de que hay que investigarlo más a fondo.
-¿El Anj realmente es de la época egipcia o es sólo simbolismo? -quiso
conocer José.
Gaudi iba a contestar, pero Flor le gano la baza respondiendo antes a
la lógica pregunta de María
-A la prueba hecha del carbono 14 que he comprobado con el equipo
portátil no miente, y nos cuenta que puede tener bastantes siglos
antes de cristianizarse la era antigua, que sacaría de margen a las
civilizaciones egipcias -era una cuestión que meditaron sin darse
ninguna presumible certeza.
-¿Cómo os financiáis? -daba interés hacía nueva inquietudes María al
ver por ejemplo aquel fabuloso aparato portátil analizador de ADN que
no sabía su valor, y se le hacía difícil añadirle ceros a alguna
numeración.
-Mejor no preguntes, no te gustaría saberlo.
-¿Tan malo es? -se asustaba Gaudi de imaginarlo.
-Bueno, malo -sin perderse en la razón- según se mire -apreciaba Flor,
¿o no José?
-Lo único malo y también beneficioso para nosotros es que todo es
libre de impuestos -explicó dándole más vueltas para hacerse pensar la
forma en que era. José, ya cansado de estar sentado se levantó y
describió más correcto lo que le llegó pedido de duda.
-Mendigando a la puerta de la Iglesia.
-Ja, muy bueno José -reprochaba quedándose sin conocer la verdad
Gaudi.
-¿Habéis visto a los pobres que piden en la Iglesia? Pues ellos son
nuestros recaudadores.
-¡Estas de broma! -se afirmaba Gaudi.
-¡No, así es! La Iglesia da mucho dinero y como parásitos nos
alimentamos del huésped religioso.
¿Hablas en serio José? -era ahora María la que aun no terminaba de
tenerlo seguro, por si se trababa de una guasa.
Flor le confirmó -Reclutamos a nuestra gente, nos hacen de
informadores y cobradores a la vez.
¿Y, y cómo lo hacéis? Me refiero ¿a qué como contactáis con esa gente?
-María se sentía con ganas de conocer más.
-Fácil "¿Buscas dinero fácil?", con anuncios en periódicos, todo a
través de contactos virtuales, llamadas telefónicas.
-¿Y cómo qué la Iglesia no lo sabe? Con centenas de personas -miles-
aclara Flor- con miles de personas haciendo ese trabajo. Yo no lo
sabía -cuenta María,- pero se me hace difícil de esconder algo así
-Sí lo saben, ¿quién crees que es nuestra competencia económica? Lo
que no saben es quien está detrás. Todo está muy bien organizado para
llevarles a distintos nombres, diferentes empresas, cuentas opacas, y
aun llegando a toda esa información no les interesa removerlo mucho al
estar ellos metidos igual en el negocio.
-¿Pero montar una tapadera tan grande es demasiado para vosotros? -
seguía María consultando recelosa.
-Efectivamente, es un trabajo encomiable, pero no estamos solos. Hay
mucha gente detrás que daría la vida y desgraciadamente la han dado
por ayudarnos.
-¿Y cómo esas personas os siguen? -María parecía poco precisa en no
acabar las preguntas.
-¿Con fe? -respondía ironizando José. ¿No preguntas por qué, no
quieres saberlo María? -le pasaba la pelota a ella que escondía
hablar, y es que José no cedió el testigo de fe- Por infé, por desfé,
por haber sufrido a cuerpo algún horror por Dios a ellos o a sus
allegados. Por culpa del engaño religioso, por bendecidles en la
putrefacción de sus esperanzas, de haberle llevado a la muerte en vida
sin más espera que no haber nacido.
María no resistió el empuje tan duro de José, no aguantaron sus ojos
cansados de mirar tan de cerca a su chico rudo, con mal genio, y los
cerró para que no saltara a la vista el desparrame que podía empapar
desconcierto.
José le llegó, molesto del modo de ser sus maneras y la abrazó sin
dejar soltar ninguna palabra que dañara a su sueño dorado.
Para no perderse en emociones Gaudi introdujo algo que se le había
pasado por alto, y comentaba levantando la voz para que estuvieran
pendientes de él.
-¡Escuchad! - Hay curiosidades que podemos comparar y nos ayudará a
aclararnos. El Anj es a nuestro tiempo una cruz, aunque para algunos
egiptólogos lo han detallado como un lazo, otros en cambio han creído
que podría ser la parte superior de una sandalia y también están los
que opinan que representa un cordón umbilical anudado. En las pinturas
egipcia se han hallado representaciones del Anj en la boca o en la
nariz de los muertos y de los dioses, queriendo aportar la afinidad un
soporte de vida.
-¿Un respirador nasal? -preguntaba Flor.
-¡Aliento vital! ¡Fuerza vital imperecedera! -era claro Gaudi
definiéndolo.
José se acercó a la mano de él antes de que siguiera narrando más
hechos. Le retiró el Anj y lo puso de frente a la cara de la cruz que
se habían traído de la Iglesia. La pareja formaban gemelos en
similitud exceptuando la cabeza de Anj, en forma y medida encajaban
como estar paridas por igual maestro hacedor.
-¡La madre del cordero, si son iguales! ¡Perdón, es la emoción! -
rescataba Gaudi sus impulsos más humanos. Todos sonrieron,
especialmente María que estaba cierto lado apagado de un intenso
debate tenido antes con José.
-¿Y si estuvieran hechas las cruces con el mismo fin que los Anj?
-¿Para dar la vida? No es precisamente lo que nos estaban
concediéndonos los Ustashas allá en la Iglesia.
-¿Y si...? -María quería comentar algo pero le pareció tan ridículo
que no lo aportó.
¿Qué, María? Dinos que piensa.
-Nada, era si... nada, una tontura -lo entendía sin decirlo.
-¡No te lo calles por favor, cualquier cosa nos puede valer para
ayudarnos! -le solicitaba Gaudi.
-Qué lo diga... Qué lo diga... - canturreaba Flor, y Gaudi y José en
patio de colegio acompañaba infantiles el estribillo-. "Qué lo diga,
qué lo diga"-, todos pedían en cantos.
-Está bien, sois como niños -sonriendo les decía.
-¿Y sí en vez de dar la vida su propósito fuera lo contrario?
¡Quitarla!
-¿Quitarla? -No le parecía a José muy cómoda esa presunción de María.
-Ya os dije que era una tontería.
-¡No no, tienes razón María, podría ser! -Agradaba Gaudi con este
nuevo enfoque. El rayo de la cruz quitaba la energía del cuerpo y dio
muerte al hombre que vimos de conejillo de indias, y lo que jamás se
pensó, que un Anj hiciera la misma labor en su época.
José, achuchó un beso en la mejilla sonrojada a posteriori de María.
-¿Me lo das por lo qué he dicho?
-¡Sí! ¡Es una excusa perfecta para poder acercarme a ti!
María y José, José y María, se obsequiaban alternos yacimientos de
agrados.
Parecía tener buena aceptación el comentario de María considerándolo
de esta otra practica, y recitándolo como ya fue mirado tantas veces
el Anj por Gaudi, lo que se le ausentaba lo tenía delante de sus ojos,
la Z-. ¡Diossss! -Reclamó el grito pero no la presencia, sino la
ausencia oculta- La profecía me había nublado en los últimos tiempos
quedándome fijo en los periodos trascendentales, e ignorando que todo
parte de mucho más antes. Creo que quizás toda la forma de entender la
religión cristiana ha sido desviada igual que los cepos de plastelina
para averiguar la profecía, distinto camino hecho para proteger el
verdadero. La Z, la misteriosa Z la tenemos aquí en el Anj, y yo era
incrédulo de crear una relación en esa civilización, pero lo que nunca
se me pasó por la cabeza es que el origen de la letra Z está
encontrado en la escritura jeroglífica egipcia, donde se representaba
mediante el dibujo de un carro según algunos, o el de una hoz según
otros pocos. ¿Y esta hoz no será la referencial para la que aparece
como embuste comunista? El martillo es otro desorden sin base
científica, ¿pero el dislate de la hoz, la Svástica, la Z y la
profecía no lo son?
José desnutría el rebuscado desvarío del deseo vivo. Loco se respiraba
arcanos, misterios reservados para no ser conocidos. Enajenado
calculaba inmensas perdiciones arcaicas, y nadie llegó a vaticinar que
las traspasadas fronteras del segundo milenio pudieran hacer
cosquillas de destrucción envuelta en incomprensión.
Ido, en eventual vesánico no imagina, y en cambio presiente el desvelo
futuro del pasado.
Sólo miraba al cielo cuando llovía, como tonto reprimido para agachar
la cabeza por el peso de las gotas. Condenado en la tierra las nubes
se reían de su estancia, de cada paso escupía sus tacones barro,
encaminado de cabeza seguía sin fin al paso previo.
-Los fenicios la llamaron zain, "arma" -enredaba o tal vez aclaraba
con más detalles que iba dando Gaudi-. En el alfabeto griego es una
especie de cetro, ¡de arma!
Contando lo realizado, acaecidos derrochan producción de
particularidades.
-Tendremos que esperar a llegar al laboratorio, a ver que puedes sacar
Flor -le señala en mirada hacia ella, movimiento el objeto a descifrar
que levanta entre las manos, como una carga pesada de maldad.
-Lo que sí pueda ayudarnos es el manuscrito que encontré en los
archivadores del subterráneo de la Iglesia -decía Gaudi mientras
intentaba sacárselo debajo del jersey, donde resistía rapto sin
permiso de ser mostrado. Con el revuelo se me olvidó de que me los
había guardado- la excusa era poco inventiva y sonaba a cierta, tanta
como que lo era. Cómplice Pequeña Flor se solidarizaba junto a él-. Yo
tampoco me acordaba. ¿Contenía algo interesante para traerlo? -
Preguntó desligándose de ser coautora de todo lo que tratara el tema
códice.
-Más que el manuscrito que no detallé por falta de luz, fue como
podéis ver por el escudo pontificio que llevaba. La carpeta es
reciente, años, décadas, no más, y el escudo no respeta ninguno de los
papas de este último siglo, y tampoco de ninguno en concreto.
Flor que parecía tenerle manía a Gaudi procuró no hablar y esta vez
guardó su frenesí de vitalidad. Gaudi no pensaba que le tuviera
tirria, aunque si que era muy impulsiva, lo mismo que le pasaba a él a
veces como ahora, que quería concienciar lo referente- No es que me
sepa de Memoria todos los escudos papales para listarlos, pero si que
este no lo había visto nunca.
¿Será de algún religioso inferior? -pensaba José consultándolo.
-¡No creo! ¡Mirad! -dijo, pero sin enseñar nada-. Tiene figura de
cáliz, que es la forma más utilizada en la heráldica eclesiástica de
los papas.
-¡Déjame ver por favor! -le pidió cortés María a lo que no puso
oposición Gaudi, dejándole la carpeta con lo que contenía sin soltar
en prenda. Lo colocó asentándolo sobre un sillón y en cuclillas lo
exprimió-. Este escudo se parece al que tiene el obispo Ratzinger
-¡Ratzinger! -Sacudió la venida de su nombre en alto.
-Si, pero sólo en parte, no es igual del todo. De esto estoy segura
porque lo vi hace unos días cuando me hospedaba en casa del príncipe
Masín, y Ratzinger estaba también invitado para una congregación que
tuvo lugar en París.
Pequeña Flor se acercó al ordenador, que comunicaba con la red por vía
satélite, y encontró fácilmente lo buscado-. Aquí tenemos el escudo de
Ratzinger como obispo, y...- hizo un leve espera cuenta atrás- ¡Aquí
el escudo anterior como arzobispo de Munich y Freising!
Los cuatro miembros tripulados pegaban latigazos al cuello para
comparar las imágenes virtuales con la física y el parecido llegaba
traídas por las miradas. Ciertos simbolismos predecesores estaban en
la nueva composición, y otros echados por concilio ecuménico se cubre
de impositivo jurídico, ilusismo iuspositivismo, afinando.
-La disposición de las piezas de los escudos parecen seguir un mismo
patrón -dejaba Gaudi su opinión. Los comentarios de los demás les daba
la razón al participar en el coloquio ordenado por historia no común.
Gaudi quería llegar a la parte donde no había estado más que un
entrar, mirar y cerrar. La carpeta que estaba en manos de María
almacenaba más de lo mismo, y era hora de saberlo.
-¿Miramos que hay? -consideró a María que cediera para devolverle los
papeles.
Ella sin tenerlo en cuenta abrió la carpeta sacando el manuscrito.
Cuando lo manoseó, delicado condicionó que no tocaba hacerle este
papel, e inconsistente se lo entregó a Gaudi que buscando intimidad se
lo llevó a escondidas para estudiarlo apartado de lo demás. No era por
disimulo, su careto importaba tendencia de seguirlo aliciente.
-¡Estupendo! Esto esta muy bien, pero si... ¡Ahá, aquí está! -
Desdeñaba frases como conversador loco, atraído al estudio del
ocultismo. Todos querían saber que pasaba, ¿cuál era tan maravilloso
interrogante que entusiasmaba a Gaudi? La intriga que presenciaban de
él rondaba a su cercanía.
Flor, muestra de exculpación, en sigilo le preguntó-. ¿Que dice?
Gaudi que estaba a ras del papel esculcándolo no dijo nada. Tampoco se
giró, e hizo un tentempié de espera con un gesto de su mano levantando
pidiendo un plis. En un tris se levantó, con el escrito se fue hacia
el frontal del avión, y lo colocó a la altura de los pensantes
sujetándolo con un click imantado sobre la puerta de la despensa de
aluminio.
-No sé por donde empezar. Esto que leo es un tremendo salto histórico
que culmina el más grandioso deseo de saber, y es nada más que el
comienzo de lo que parece escapar a nuestro alcance. Da certeza de mi
desvelación de parte de jeroglífico y lo que comentaba José, de ser su
vida no terrestre.
-¿Entonces...? -Se apresuró a saber José lo que intuía.
-Advierto que esta hoja escrita en un griego inusitado está
incompleta, debe corresponder a un tomo, y por lo que relata diría que
se integra en el libro escrito en antaño dado por desaparecido de
Ptolomeo.
Ptolomeo fue un matemático griego...
-Nos hablo de ello en su casa -le ahorraba Flor la explicación
repetida.
-¿Ah sí? Entonces si, eso es, así es -afirmaba entusiasmado de enviar
ya formado el cuento a otra parte, de palabras que recopilaba, de
aciertos en tiros de conocimiento, en las impresiones diversas se
recomendaba un estimulo de la perseverancia.
-Cuenta la llegada de seres provenientes de otros planetas, de Dioses
que regían en aquellos tiempos acá en la tierra, y de un Dios que
veneraban en Egipto los esclavos e incluso los faraones. Indica un
cúmulo de potencia que se servirá para detener el fin del mundo cuando
llegue, para conseguirlo con las siguientes tablas que... ¡y no dice
más!
-¿Quiere decir...? -quedaba en la duda María pretendiendo saber más.
-¡Lo que dice! -Se expresaba Gaudi tajante. El mismo intuyó que su
respuesta era tan seca que desconsiderada a la opinión siguió
contando-. Interpretarlo como todas las escrituras tiene sus vicios y
sus posibles errores, pero esto que dice es un poderoso manuscrito
jamás visto por la fuerza pública.
-¿Y qué valor tiene de autenticidad? -quería María asegurarse de que
fuera tan real como que fuera seguro total.
-Sólo hay que ver como está redactado, el lenguaje, el papel hecho de
hoja cortadas para formar un tomo. Relata datos históricos ya sabidos
que citan unos 400 años antes de la nueva era que concuerdan con lo
que al menos creemos sucedió. Si lo que mencionas que fuera un ardid
con el propósito de conseguir cierta finalidad escapa ya a lo que
puedo sacar de aquí.
Entonces -se dirigía a él ahora pequeña Flor-, ¿por lo que está
grabado se presume conocimiento de que hubo vida extraterrestre en
aquella época?
-Al menos eso creyeron, otra cosa diferente es que se tratasen de
seres ilegítimos manipulándolos a voluntad. No debemos dejar atrás que
los faraones eran para el pueblo llano dioses.
-Quizás podría referirse a Dios, ¿pero el manuscrito habla de seres
no? -administraba Flor esta dosis de apreciación.
-Si, si -confirmaba Gaudi. No pone números pero cita a varios.
-Déjame que le eche un vistazo el carbono 14 -pidió como buen hacer
Flor.
Las preguntas detuvieron el deseo de aparecer quedando en tensión
transitoria callarse, pero fue nula no idearlas donde discurrían en la
incertidumbre mental.
-Si os preguntáis si el resto del libro estaba allí en la iglesia lo
dudo, al menos donde guardaban los documentos no vi nada más, pero no
encuentro significado a que estuviera esta hoja suelta en un archivo.
-Cómo tú dices, era un libro desaparecido, tal vez sólo exista esta
hoja, ¿no lo crees así?
-Dudar o creer José, es una respuesta difícil de decidir, tú lo sabes
bien. Toda la vida se ha confiado que el libro estaba perdido, ahora
encuentro esta hoja y no puedo arriesgarme más que en suposiciones.
Debe servirse que es lo único que queda del escrito o está repartido
en algún lugar diferente el resto, puede que aun peor, en distintos.
No lo sé.
-No te preocupes -rebajaba con ánimos la desganada respuesta de Gaudi
por no ser eficaz en la ayuda que se precisaba.
Repentina pasajera trasmitió José un detalle-. Esta Lámina no ha sido
arrancada del libro, si os fijáis ha sido cortada, ¡Y mirad! -José
prensaba su dedo cerca donde señalaba, sin tapar el sitio del que
detallaba- Hay un valle, como si hubiese sido cortado por unas tijeras
en dos cortes.
-¡Es verdad! -opinó María, que aplaudía con entusiasmo junto a los
demás en su cara la oportuna exploración de José.
-¿Podrías saber con exactitud como fue realizada la separación del
tomo Flor? -le preguntó su amigo del alma.
-Podría intentarlo, y compararlo con la base de datos de materiales e
instrumentos cortantes. Si fuera un corte reciente seguro, si es de la
época de Tutankamon desde luego que no quedará ni maldición si tuviera
-realizaba esta explicación para responder a José-. Me parece que voy
a tener bastante trabajo cuando lleguemos. ¿Quién me va a pagar las
horas extrasssss? -presumían sus palabras ironía.
-Flor, pequeña Flor, ¿no compensaría ese trabajo un masaje que
cautivara tus tensiones, y aliviara el estrés que carga sobre tus
hombros? -Seducía en palabras mientras sus brazos agarraban la zona
del cuello de ella, que a remolque relajada farfullaba con los ojos y
la boca cerrados. -Shiinnn
María miraba, no era un hecho de insegura pero se sentía pobre idiota
en medio del intrépido masajista, y no pudo remediar su sensación -
¡Eh, que yo también quiero un masaje! -dándole lleno que no eran celos
sino el gusanillo de la envidia.
-¡Y yo! -Confirmaba Gaudi que también necesitaba relajarse.
José pudo sonreír a todos, ante tantas peticiones.
Sonó un chirrido por los altavoces del avión-. Es el ávido de que
estamos cerca de casa, voy a la cabina a preparar el aterrizaje -
salvado por la campaña se escaqueaba del empleo que le demandaban.
-¿Y dónde piensas hacerlo? Le preguntaba Gaudi a José.
-No sé, improvisaré -respondió José y se fue a buscar los controles
del aparato.
-Si, si, tan tranquilo me quedo yo con ¡el efecto improvisación!
-Je, je es usted una persona llena de humor, le dijo José en la
despedida que ya había cursado al puente de mando. Gaudi miró a
pequeña Flor y María que sosegaban tranquilas en los sillones, sin dar
apuesta a que estuvieran o no despiertas, para haber preguntado si lo
que decía José era sólo broma o no. Curiosa interpretación opuestas al
contrario de posiciones justas iguales.
José descendió el avión y tiró del tren de aterrizaje para ir
resbalando hasta el hangar, que era lo estrictamente amplio para
aparkinarlo.
La introspección en el rato libre equipara pensamientos de actos a
sentimientos. La emoción contenida en un saco de pulgas con mal
avenidas vecinas termitas, provocan agitación de voracidad por comer
en escape infructuoso las vigas de maneras metálicas.
Cada par a dos pares, cada impar a cuatro individuales, y carentes de
una unión particular se encartaban de ser testigos elusivos a
encausados directos.
El pensamiento de hacer espera tanto tiempo prorrogando en meditados
actos, no relega lo que se aceptó como paréntesis hasta la hora de la
causa llegar. Por cansino sentimiento la tardanza era un desgaste
constante, mucho de lo que no hubo se perdió sin llegar a formar, en
alguna parte.
Tras el descanso necesario vuelven a reunirse los cuatro compañeros de
escapada, tirando a bloque dando todo. Repuestos, enteros de fuerza
van a tope. Hablando en grupitos de dos, por un lado Flor y María, por
otro sin perder rueda de lo que hablaban José y Gaudi esperando entrar
al relevo, cada uno en su parte magistral.
Se hace un parón general tras el rodaje fácil y encaminan el primer
escollo importante, la quebrada de la cruz.
Flor lleva la voz cantante. Ha analizado la ruta que le quedaba y ha
aparecido una energía cósmica que fluye variopinta, dando parte de
ello a los demás, de la dificultad a la que se enfrentan.
-Tenía razón María. Este crucifico está creado con la intención de
retener energía para después liberarla.
-¿Qué energía es la que pueden absorber de un hombre? -dejaba Gaudi su
duda.
Hubo un renglón en blanco, para satinar la correlación intervenida.
-¡El alma de los hombres! -Alguien saltó primero, y se repitió de boca
en boca.
-¡Y transformar esa energía en otra! -daba la nota concordante Flor al
estudio más imaginativo.
-¿En cuál? -le preguntaba José sin andarse con chiquitas
-No lo sé, pero sea cual sea en una inmensa. Yo he sido incapaz de
movilizarla para compararla científicamente, excepto usándolo como si
fuera un arma nuclear atómica o pura gasolina, y por su quema es
excepcional. El alcance puede estar distorsionado, pero poco.
-Para que luego digan que no hay energía sustitutoria al gasoil -dijo
José irónico.
-¡José! -le atontó María que no era esta etapa de risa.
Él, acostumbrado a que nadie le pusiera los pies sobre la tierra
firme, sin que le empujasen palabras con fuerza a la dirección
correcta se equivocaba con fácil decisión de ir por libre hasta donde
llegase, para no acabar como empezó, y dejarlo intacto sin disputarlo.
La idea tonta de pensar que cuanto más sepas menos importa la cosas,
que si se llegara a ser Dios haría que no importara nada y se pasaría
del todo.
-Por cierto, el manuscrito puede tener entre 19 y 25 siglos, un
abanico centenario muy abierto pero sin duda lo importante es saber
que es real, o usando el copy paste por entonces -Flor resolvía
términos breves explicando la fase de la prueba del carbono 14 por
escrito, enseñando el documento del impreso del resultado-. He podido
dar con el filo que seguramente cortó la hoja del libro -cambiaba de
ritmo en plena ascensión a la identificación con codos y señales de la
cruz-. Asombrada me quedé, pero llevamos en continuos tirones
encontrando valiosísimas nuevas conclusiones, que de por sí una sola
sería el estudio de muchos años -sin esperar si le seguían sus
compañeros, ella tiró para adelante-. El corte fue realizado por un
abrecartas, algo rudimentáriamente común y que no da más pista que
pudiera identificarlo más exacto. El filo del corte indica que puede
tener varios siglos de antigüedad por la oxidación del hierro
desprendida en la analítica, pero no se decide por haberse cortado
hace tanto, parece mas reciente al estudio hecho. ¡Ahí algo más! -
marcando los tiempos, Flor daba los concernientes cambios de
desarrollo. En cadena, la asimilación aguantaba maltrecha las acciones
fortuitas-. Que nos dice donde puede haberse hecho el corte, o al
menos donde estuvo esa hoja alguna vez.
Todos esperan pacientes las explicaciones de Flor, cada nuevo logro
era unir una pieza más al rompementes.
-Percaté en la inspección de la hoja un cuerpo distante separando los
puros comunes que podría tener de huellas digitales, cuerpos filosos
como cabello etcétera, y el genosensor electroquímico encontró una
estructura de lino. Aislando esta referencia, saqué que contiene
sangre del grupo AB, que la tela posee quizás ente mil y tres mil años
de antigüedad, siento no poder ser más exacta en este apartado, e
irradiación instantánea de protones con la combinación del deuterio,
presentes en la materia orgánica y formados por un protón...
-¡Y un neutrón!-. Adelantaba Gaudi el final de la combinación de la
formula.
-Y un neutrón, así es- complació Flor el alcance de la comprensión por
Gaudi de lo que ella estaba hablando.
-¿Y? ¿Y qué quiere decir? -Preguntó María que junto a José esperaban
más detalles de aquella significación, aunque a él no le hacía
extraños los comentarios sobre alguna de las cosas que se estaban
dando salida, y que en cambió al igual que ella se sorprendió tras
escuchar lo siguiente de Flor...
-Que tiene la misma composición que la sabana blanca -matizó.
La extrañeza destacaba tras conocerse el alcance de aquella
especulación.
-¡La Real Sabana blanca es un cuento, no es lo que quisieron dar a
entender! -se pronunciaba padre de la conciliación en espíritu
resuelto.
-¡Tiene razón José, nunca existió la sabana blanca, era propaganda! -
apuntaló María aportando valor a lo que había dicho momentos antes él.
-¿Tú sabias eso María, y quizás...? -Gaudi quería preguntar, pero no
se atrevió arrojarse atrevido a marcar la indecisión de cosas que hizo
plantearle Dios, que él se había discutido durante el paso del mundo
ante su vida.
María delicada, raspaba motivos-. Si lo que quieres saber es si
conocía mentiras, las había. Crédula no era importante razonarlo, por
ejemplo si la sabana santa no era real lo primordial era el mensaje
que proporcionaba, que en aquellos momentos daría siempre como cierto-
. Inequívoco Gaudi asentía irrefutable de entenderlo al sentirlo en
lejano auténtico.
-A pesar, no siendo de método el que han querido hacer creer su
naturaleza de haber cubierto el cuerpo de mi hijo Jesús, parece estar
ligada a ser un misterio que podrían unirse al raenio y a la Svástica
comunista, ¿no? -compensaba las afirmaciones y las interrogaciones.
-También es cierto que puede haber sido manipulada toda la información
del estudio sobre la Sabana Blanca que parecía estar hecha de
imparcialidad, aunque era antes de saberme ignorante de lo que estaba
pasando, el pensarlo. Ahora sabiendo y teniendo en mis manos el
raenio, la Svástica de la hoz y el martillo no pongo fronteras a los
limites de nuestro o debo decir más específico, mi desconocimiento -
maquillaba Gaudi el rostro de cómo se miraba.
-¿María, tú has visto la Sabana Blanca? -le preguntó José.
Ella respondió manifestándose sincera en la confianza de la charla-.
Sí, algunas veces, y tengo que admitir que varias ocasiones me paré
buscando lo que su imagen me decía, ¡buscando a mi hijo!¡ A nuestro
hijo! -Rectificó y aposentó alargando su brazo para que José le
ayudara a sostenerla en la palpable evidencia de consternación.
José se impulsó hacia el necesario bienestar que solicitaba María, a
la que premió de sosiego.
-¿Y donde está ahora la Sabana Blanca? -Le pidió José sin parecer
trueque, dominándola de frente la cubría su mirada por entera,
privándola de la vista de Gaudi y Flor a su espalda.
-En el sitio más protegido del mundo ¡En los archivos secretos del
vaticano! -Tan tangible era la reacción de todos como verdadera la
causa, privar la precipitación de veredicto a condena inasequible de
modo de hallarla en contienda.
Capítulo VIII El condenado Vaticano
Aeroporti di Fiumicino e Roma. Sin bultos el equipo formado por Gaudi
y José han desembarcado del directo vuelo de París con llegada 13:45 a
la capital Italiana. El sol pega fuerte en la calle, ¿esto quiere
decir algo? No todo tiene sentido o explicación, ni da significado
para repercusión.
-¡Taxi signori!
-¡No grazie! -apartaba José al taxista que se ofrecía a la carrera,
que no alcanzaría ni los 20 años.
-Puedo llevarles donde quieran signori. Mejores monumentos molto
bello, ¿Vaticano tal vez, o degustar los mejores espaguetis de Roma?
Ristorante Toscano Parlante
-¿Se come bien allí? -interesado José gastronómicamente parecía haber
cambiado de decisión.
-Sì signori, meraviglioso quello migliore, amo suo espaguetis, el
ristorante è della famiglia.
-¿Quiere comer buen hermano pasta Italiana antes de continuar nuestro
camino espiritual? -Le arrimaba José las ganas a Gaudi.
-No me importaría, es que no lo había dicho pero tengo un hambre
atroz.
-¡Buon signori, por aquí per favore -el joven muchacho les dirigía
hasta su transporte privado. Al llegar abrió cortés la puerta trasera
para que entraran, y salió pitando.
El Taxi transitaba por las congestionadas vías romanas.
-¡Signore, coja una guía para conocer más detalles del trayecto! -
decía desde la dirección, el conductor.
José sacó del espinazo del asiento delantero un sobre, que contenía
dos pasaportes- las vistas son estupendas -comentó.
-Si van al museo no se darán cuenta de las buenas falsificazioni de
algunos immagini, sono opere d'arte -detallaba el joven italiano.
-Seguro que pasan por originales- comentó José, para después preguntar
¿Qué tiene de especial el menú Toscano Parlante?
-Il mio papa è morto, ahora yo sigo el negocio della famiglia. Hoy
hago un favore a un amigo que trabaja en la Ciudad del Vaticano.
-Siento enormemente la pérdida de su padre, añoraré las veces que
visité su restaurante -dijo José entristecido de lo que había
escuchado. Repuso la conversación tras el reposo muerto de la noticia
que le llegó-. Me ha dicho que tiene un amigo en el Vaticano, ¿es
difícil entrar allí? A trabajar me refiero.
-Está muy seleccionado el acceso, pero si se acercan pueden pedir,
conociéndole, una estancia. Hay vacante un puesto en el servizio alla
notte -las referencias eran perfectas para José, que entendía correcto
cuanto decía el ragazzo-. Si quieren ir al Vaticano es mejor ir ya,
hay grandes esperas para pasar y llegar a tiempo.
-Sí mejor -confirmaba José.
El joven romano les llevó dejándoles a las puertas del infierno, que
estaba restringida para merecedores.
-¡Ciao Signore, fortuna! -les deseaba el muchacho.
-¡Ciao, grazie mille! -se despedía José.
-José, tengo una gran pregunta que hacerte. ¿Qué pasó con los
espaguetis?
-Jaja -José reía de la gran preocupación de Gaudi- Tranquilo,
encontraré algo para comer mientras te colocas en la entrada.
El hambriento hombre hizo caso a José que se marchó a un puesto
cercano donde adquirió unos paquetes de comida de pasta hecha para
llevar y un par de bocadillos de calamares. Al volver advirtió a
Gaudi- los bocadillos son para la noche, no te lo comas ahora por
favor - aunque no era lo mismo que haber ido al restaurante, no hacían
ascos a la comida que tenían.
El paso se hacía largo de cola ante el santo sepulcro. Infinita fe la
que la mueve, lenta resguardada en el amparo de la creencia súbita.
Gente llegada de todas partes de ambos hemisferios, distinta piel,
distinto idioma, desiguales caracteres y en paz descansan su devoción
por el santo oficio.
La paz radical es la que hace de regreso a José ante la vergüenza de
la humildad que recogen sus ojos. La sencillez de botas desgastadas de
peregrinos sangrándoles llagas secas sus gargantas, llenas sus pupilas
vaciantes a ráfagas, igual a la explicación de la palabra, "tiempo que
dura el menguante de las mareas". Ya ha entrado la luna llena por el
horizonte, dictando que la bajamar de hoy será en máximas.
Los coches han circulado sin parar durante la jornada y siguen
saliendo a la llamada de la selva, a pesar de que el sol se halla ido
del día. Abundantes personalidades llegan, santifican, vienen, dan su
pésame, van teñidos de bendiciones, para seguir el orden mundial como
hasta hoy sin parar por un nombre, avances empujados por mártir.
Se detienen ojos, antes los BMW de grandes cilindradas que conducen
los obispos que acuden al consorcio. Estudiada la rima para repetirla
en la junta de accionistas para elegir un nuevo presidente
corporativo, la administración depende de su política, continuista o
ultra conservadora, fundamentalismo extremista o fascismo capitalista
burgués.
Hombres de poca creencia que incitan a decenas de millones a tenerla.
La fe ni se crea ni se destruye, sólo se transforma, de reformas de
negaciones, de símiles de dolor, de misiles de terror, de esperanza
descorazonada, de corazones desesperanzados, de espera se ruega en
espera apremia, en muerte se recompensa en espera...¡Banal demora!
Respetuosa baja la noche enfundado la calle de negro, luto por el
muerto difunta serenata al viento, adagio, "Cantata de la Ascensión",
al primer soplo del aire es una fantasía coral que rastrea como tal
serpiente venenosa en el triste color, disimulando sus anillos rojos,
negros y amarillos. Contraste el aire y el viento enlazan una lucha
por conseguir en dueto las trompas y el continuo. Por no haberse
consumado aún el reino de Cristo, el ser humano no tiene derecho a ser
representado con trompetas, reniega la corriente de aire orquestada.
¡Hasta siempre!, hubo que poner muestras a Dios, crearle pies de apoyo
para justificarle. Encomendados a lo grande-, "Estoy listo, ven a
buscarme", -escucha el movimiento las palabras de un polaco enfilando
tenor. En medio de las cuerdas que hacen transitar viajera
penitencias, las campanadas suenan. ¡Dong! ¡Dong! ¡Dong! ¡Dong! ¡Dong!
¡Dong! ¡Dong! ¡Dong! ¡Dong! ¡Dong!
El reino de Dios por fin ha hablado en aparecido esperado. La aria se
convierte en un sereno recitativo de susurros fracasados al viento-.
"Calla alma audaz, y no intentes comprender el misterio" -musita Polka
Miseria al lado, ¿fuera de una voz, fueran alisios? ¡Fue recibido! El
dúo del polaco tenor y su mujer dramatizando contralto, con amor
corroen su continuo acompañamiento. Ensillan en canon y luego al
unísono una plegaria que es como el comentario sobre las palabras
finales del recitativo- "Ningún ser humano logrará escudriñar la
potestad divina". Mandato de Dios ofuscando las pruebas del crimen
imperfecto. La serpiente coral conclusa se aleja. Calladas las
campanas, las voces congregadas, los instrumentos siervos obedecen,
esclavos ante la ilustración, de estrofa final regalan su alma- "Jesús
mi alegría"-. ¡Y tu condena Dios! -se despide en el retenido enclave,
que amenaza José para su fuero interno.
Gaudi llega a la cadena humana. La vigilia del abuso religioso, exceso
de mente carnal caducada privada por atrofiada cuaresma. Hijos de mala
madre pensarían que piensan, padres de buenos hijos aceptarían
menester porque Dios lo ha querido.
-Los museos abren a las 8:45 horas, la cúpula de la basílica a las
8:00 horas, la basílica a las 7:00, las tumbas de los papas a las 7:00
horas. He comprado antes como dijiste dos entradas, aunque como ves
pone la fecha de hoy.
-¡Está bien! No importa- Sin dar acentuaciones dice José a Gaudi que
le daba los horarios previstos de salida-. Es aun temprano, descansa.
-Me sentaré a tu lado si me lo permite amigo mío -dijo e hizo Gaudi
aceptando que José sentara de buen ver la decisión, comenzando hablar
en Latín para no huir palabras a oídos ajenos.
-Querido José, Flor me contó algunos hechos de tu vida ya que me
intrigaba. Espero que no te lo tomes a mal, ni creas que es cotilleo.
-¡Ya!, ¿sólo interés profesional? -José le devolvía las palabras en la
misma lengua. Hacia bastante que no hablaba, y muy poco le costaba
seguirlo en el idioma nativo del imperio donde ahora repasaban en
historias próximas.
Gaudi no dijo nada más, pensando que José estaba molesto.
-¡Eh Gaudi! No hablaba en serio. Claro que puedes preguntarme lo que
quieras, menos si me gustan las Navidades y el portal de belén, que si
te gustan las anécdotas Belén era una prostituta de Jerusalén y
ejercía en el portal donde acudían los auxiliares romanos-. Le arrimo
confianza del recelo que parecía en principio.
-Gracias José. He estado pensando mucho en todo lo que ha ido
sucediendo desde que os conozco, y sigo muy confuso en tantas cosas.
¿Tú sabes qué necesidad tiene Dios de haber creado este teatro? ¿Lo
sabes José? -preguntaba sin distraer sus ganas de conocer.
-Tal vez todo sea tan sencillo como alegar que el mismo que iguale al
circo romano, por diversión. -Hizo retén en el descansillo para
intervenir sin reservas-. ¿Qué puedo decir? Un no te diría que no sé
nada, y el mostrar un certamen por el enigma detallo demasiadas
hipótesis... El privilegio del poder supremo, el control sobre la
humanidad, decisión a satisfacción sádica. Juega Gaudi, siempre lo ha
hecho, juega con todos nosotros en un macabro tablero real. Coloca sus
figuras tratando cruel su rol ingenioso.
¿Nunca te has figurado la representación de lo divino por
extravagancia? Lo inmaculado en blanco, y el sacerdocio en negro. La
iglesia está sostenida por los pobres, ¿no sería más lógico dar la los
recursos para paliar la hambruna? Todo sigue igual que desde el primer
recuerdo que tuviera de mi vida. Puerta de Jericó, Basílica de san
Pedro, todo es igual, las mismas mentes retorcidas.
-¿Pero se han hecho progresos, no lo crees? La gente es más libre, la
paz cada vez es mayor, la gente tiene un bienestar...
-¿Encubierto?
-...mayor civismo -le pillaba a Gaudi el paso cambiado el último
dicho.
-¿Cinismo? No Gaudi, nada ha cambiado ¿Progreso, qué progreso, de qué
progreso me hablas?
Indiferente se vaga por cajas cuadradas viendo lo que ocurre a una
esquina de tu casa, a unas horas para llegar donde esté la falta de
arroz, a la toma de sobra sabida de artillería donde reina un
dictador.
¿Progreso? En el último siglo las víctimas por guerras han superado
todos los números incontables, jamás hubo tanta muerte, tanta
desolación. Dos guerras mundiales, una cagada de un pájaro destruyendo
Hiroshima. ¡Enola gay! -dijo estas dos palabras José en
desconsideración con el habla del pueblo norteamericano, usurpado por
indios de las tribus forasteras buscadas por delitos crónicos
europeos. Sindicaron una nación desterrando sin pago por la vida a sus
natales naturales, copularon esclavitud para formarse una profesión
USAda libre-, hasta a broma de diarrea mental suena si no fuera real.
Más de 1.300 millones de personas viven sin agua potable, el 40% de la
humanidad no dispone de servicios sanitarios, 840 millones sin comida.
Cada día mueren de hambre en el mundo cien mil personas, 30 mil son
niños de menos de cinco años de edad. 50 mil de enfermedades que
pueden prevenirse. 4 millones de mujeres, mayoría niñas se venden como
esclavas al año. 27 millones de mujeres obligadas a prostituirse, la
gran puta de la vida sigue siendo igual Gaudi. Él le escuchaba
perplejo, siendo un necio impotente de poder decir algo, de poder
rescatar una cifra, una subsistencia. Que barata es la vida, más que
una llamada de socorro, más que una trago de agua, más que un chicle
pegado al culo del mundo para disimular que no existe debajo de la
mesa lo que no quedemos ver ni tocar. La mesa infla contaminada de
goma contagiada por unos y por otros, hasta dar tanto asco que se dé
por perdida, eludiéndola la confirman, y se ocultan en el carrillo del
globo que aun se mastica.
José había hecho trizas, pulverizando la piedra caliza que había
recogido del suelo. Nula su posibilidad al rescate de superhéroe, le
mataba por dentro.
-¿Y Dios tiene la culpa de ello? -Preguntó Gaudi queriendo saber que
opinaba su amigo.
-¿Dios? Dios es el proxeneta de la vida, el traficante de almas, el
vendedor de papelinas mentirosas, el narcotraficante de la droga
religiosa, el capo homicida. ¿Y culpable?
¡Es aclamado por su pueblo! Pero no es sólo él, a veces me cuesta
creer, ¡creer!, que palabra tan ridícula en mi vida, seguir confiando
en que lo que quiero tiene un merecido bien. Lo que ocurre en el mundo
está sostenido por los mismos hombres, que se destruyen unos a otros,
y yo dándome de defensor por las luchas perdidas a manos del
indefenso, y estimo, si esa persona desamparada en idénticas
circunstancias de su opresor actuaría como él, y me pesa Gaudi, pensar
eso por lo que llevo vivido.
-Hay que dar un voto de confianza, que al menos puedan elegir su
destino cada persona -era la postura que le mostraba Gaudi a como
pensaba.
-Por eso sigo, por eso creo, por el credo a la humanidad aun confío en
que llegue a ser así. Pero las palabras no son gestos, son rituales de
conformismo. Los datos que te comentaban tan fáciles de suprimir.
Hablemos del hambre, si solo se aportara un 5% de las riquezas de cada
uno no existiría el no poder comer 800 millones de personas. Y cuando
me digo que me siento decepcionado, no hablo de cientos de personas,
ni defraudado con miles de ellas, son tantas que conforman aceptando
lo que hay imberbes al sentimiento, me anulan.
-Hay gente buena en el mundo José, hay de todo. Quizás el problema es
querer que todo sea perfecto y eso jamás pueda ser. Igual que existen
manzanas maduras, existen otras con gusanos. Las personas somos
iguales, incluso piensa que sólo necesiten un empujón para ser
mejores.
-También me he explicado tantas veces "quizás estén dormidas",
amaestradas a la resignación de someterse a que otros deben actuar
antes que ellos. Y todo gira, y cabreado pido lógica, ¿Cuánta
sensibilidad se derrama viendo "La lista de Bambis" y cambiamos de
canal exasperados desmoralizando a la realidad?
-Puede qué la gente necesita esperanzas y no más carga, la vida no es
fácil para nadie.
-Hablas como Pío XII ante la negación de dar ayuda a los judíos en la
segunda guerra mundial. Pasó aquí hace años, aquí mismo. Es patética
mi actuación, ¿a que sí? -se sopesaba el inseparable enfado que le
irritaba.
Gaudi dejó que siguiera expresándose José sin decir él nada-. Me
permito la capacidad de decidir lo qué está bien y está mal, lo que
debería ser, lo qué deberían ser, lo que deberían hacer. Me tomo el
privilegio de decidir por los demás, ¿qué me separa de ser autócrata?
-No José, no es eso. Tienes la razón, muchos te la darían, pero
humildemente te digo algo que si puede ser recogido de la Biblia
aunque nos pese. Somos ovejas y necesitamos un pastor que nos guíe,
nos perdemos fácilmente y necesitamos valores. Creencia en virtudes,
estimar que tiene un significado lo que se hace abortando que sea una
inutilidad. Una persona que le conduzca los primeros veinte pasos.
-Gaudi, yo fui pastor, y me niego a pensar que tenga alguien que
llevar a los hombres por el sendero. No Gaudi, no son animales, no son
animales, son personas.
-¿Qué diferencia hay José? -Le discutía a su amigo apoyando la mano en
su hombro, confiándole su cariño.
-No lo sé, sinceramente Gaudi, no lo sé, jamás lo he podido entender,
pero un 5, sólo un 5%, tan sólo un 5% -repetía José no queriendo
aceptarlo, la frustración no se la puede permitir, al menos hoy.
La charla les lleva de zancadas por varios cuartos. La huella del
rastro son palabras de arrestos, a los minutos sugestionados en
adelante puestos a la hora de la verdad, por tiempo oportuno.
José saluda al hombre que iba posterior a ellos disimulando que
volverán por la mañana, que se va al hotel junto a su amigo del
camino, y ambos personajes abandonan la fila.
Al llegar a los urinarios del ala norte se detienen por aguante de
José y entran en ellos. En los escalones de bajada chocan con un
hombre fondoso de camiseta blanca mojada. Llevaba la divisa roja de la
escudería ravioles, y los sonrió a su pase por boxes.
Los servicios están admisibles de ver, sin encarrilar una
recomendación para un amigo. El tumulto ordenado por masiva afluencia
de gente ha desbordado las previsiones, y se pormenoriza en la
indigestión de uno de los señores roca, que no puede tragar más y
desboca línea de saturación al derroche del hombre.
José revisa que no halla nadie en los retretes. Al comprobarlo se para
en el último con las intenciones entendidas-. ¡Venga Gaudi! -Este, sin
decidirse no quiere dar un la resbalón en suelo mojado para nada. José
le señala con dos dedos al interior, puede que halla algo escondido,
piensa. José le constata aquella agudeza-. ¡Hemos de entrar por aquí!
Gaudi se acercó y no encontró la diferencia con los demás. Miró arriba
y nada reseñable. Un cuarto de espacio quedaba hueco, por si los
peros. Miró abajo y largó la vista pasajera, ¡mejor no mirar! Aguantó
a que José conociera el panorama y se lo presentara. Estando preparado
José levanto la tapa del depósito de agua, y vertió el sólido de la
comida que llevaba en las manos. Hacia fuera enganchaba las amarras de
un cordel a la bolsa de plástico, que a su manejo ataba los dos
bocadillos. Tiró de la cadena, esperó a que se llenase la cisterna y
volvió a tirar. El exceso de comida, por abuso desniveló el agua
subiéndolo del límite normal y sobrante se desvió por una cañería de
nivel superior que la distribuía por una canalización secundaría, que
jamás se podría pensar para que servía. El elemento líquido era la
llave para que un artilugio por escaso margen abriera la parte desde
el water hasta el esquinazo del fondo derecho. José empujó la baldosa
de la pared, para dentro enseñaba un paso subterráneo pendiente en la
bajada. Del agua se sacó esa conclusión.
-¡Entremos! -Afinó José con señuelo para ir adelante.
Cuando Gaudi conmoviéndose acertó las palabras, -¡Vamos allá! -empujó
a la pared para volver a tapar la hendidura por donde se colaron. Al
cerrarse, parecía que el pasadizo que inauguraban estaba agregado de
oscuridad, pero no era así, una leve claridad se despegaba desde las
lejanas honduras.
Bajaron cautelosos, la visibilidad era suficiente para no desviarse,
aunque tenue e inepta para salvaguardar sus movimientos de tropezar
con alguna piedra o lo que la imaginación pudiera hacerles creer sin
crearlo.
Llegaron hasta abajo, dejando su descenso. La terminal anticipaba a
las alcantarillas que procesaba los residuos del vaticano, nunca mejor
dicho, pero posible destacado escrito. El vino muerto navegaba fuera
del cuerpo para desembocar tras el cauce de la fiesta del concilio. El
trámite de tripas de langostinos que vomitaron hartos, en la orgía del
banquete. La desmesura es un don, el festín un señor, y el cuerno
clavado de púrpura superior riéndose de un chiste converso.
Oyen ruido, convergen en que son pisadas acercándose a donde se
encuentran ellos. El tambor de las zancadas afianza que provienen de
alguien o puede que de varios individuos a un ritmo de nueva usanza.
No se sostiene al rutinario procedimiento de comprobación de túneles
por la guardia Suiza, y pensar que fueran otras personas sin rango por
estos lares, lo declaraban descabellado. El ruido se justificaba con
gran poder de ser visto, primero en sombra, por el paso ante la luz de
una de las bombillas que abastecía al túnel. La aparición, tirado para
adelante del perfil larguirucho sobre el suelo dibujado en
desplazamiento, sombreaba con su silueta la incógnita de que podrían
haber sido descubiertos.
Eso pensaba Gaudi a la sombra, resguardado estaban ellos entre lámpara
y lámpara que se cuidaban de desenmascaran de poco en poco al
subsuelo, para no formar mala sombra. Ante ellos en carne y hueso se
encontraba a cerca de cinco metros de diferencia un guardia suizo, que
podían detallarle a mano hasta la sombra de ojos. Gaudi se inclinó por
hacerse el valiente e inventó, haciéndole sombra al inoportuno
anticipante. Con voz decidida le dijo -¡Detente, o te disparo! -
Guardaba una mano en su pantalón de algodón, componiendo el
encubrimiento de una pistola.
-¿A Sms´s? -mostraba el apuntado de cabeza hacia el bolsillo de Gaudi,
siguiendo los ojos la dirección allí.
Gaudi entendió que no podía haberlo engañado. Se Fijó en que el foco
de carga de su móvil lucía intermitentemente, y en la transparencia
del pantalón al apretarlo con la mano transpiraba
Perdida la improvisación, apretó con más fuerza el móvil para
sacárselo y dar un certero golpe a un guardia que seguramente le
pararía en la distancia que les separaba con la lanza que portaba.
José que en modo silencioso evitaba enviar cualquier vibración, su
tono sonó polifónico al tiro a tres bandas respondiendo al saldo
unísono, para apresurarse a coger el móvil antes de que Gaudi
descolgase su golpe. José pudo retener antes que su compañero
contestara sin preguntar quien era al uniformado, que retuvo la espera
a tres que Gaudi no intuía de la extraña reacción de su amigo.
José se adelantó un paso y se abrazó al robusto soldado, que
congratulado no exageraba estar del lado de él..
-¡Salutacion, no quería asustados! - les propinó cordialidad.
-¡Tranquilo! -Confirmaba José que ya poco importaba. Bien que a Gaudi
le hubiese gustado saberlo de antemano, aunque fuera a base de una
llamada a cobro revertido que salía a recogerles.
-¡Gaudi, este es Markuss! Un viejo amigo, y de quien oíste hablar que
nos ayudaría en el vaticano.
-Los amigos de José son mis amigos -le ofreció la mano el recién
desconocido.
-Yo soy muy amigo de José, ¡y más con esa lanza! -le afianzó con su
mano un saludo de tanto gusto
-Es una figura decorativa, donde esté un kalashnikov que se quiten
estas cuchillas de afeitar -la planta desenvolvía a un hombre
belicoso-. ¡Debéis seguidme, no tenemos mucho tiempo para la visita
guiada!
-Tenemos que ir a los archivos secretos, ¿cómo lo ves? -José cuidaba
los modos para así atenerse sin malentendidos.
-¡Tiene tres niveles de seguridad para pasar, no hay descuido para
llegar allí. Acabo de salir de control y en mi paseo debo confirmar
ante la puerta el que me abran desde el centro de mandos. El problema
será para salir. Mi guardia acaba en 20 minutos cuando vuelva a la
sala y deje la tarjeta de entrada. Me escurro las neuronas pero no
puedo hacer mucho después.
-¿Si dijeras que has extraviado la tarjeta de pase? -sugería José.
-¡Para nada! El acceso se acciona introduciendo una tarjeta en cada
puerta a desactivar, y otra desde control, y sólo hay 5 segundos de
separación para que se valide. Será algo más complicado, pero
confiemos en que se pueda.
-Digo yo que podríamos hacerlo a la fuerza bruta. Ir a ese centro y
apoderarnos del control -era la ocurrencia de Gaudi por ahora.
-¡Nada, eso no! -Negaba Markuss ese intento-. Para pasar hay una zona
de descompresión para dejar las armas. Ningún guardia puede pasar a
control portándolas. No se puede esconder, son detectables, y se
revisa como norma a través de cámara. Mi propósito es volver a por
vosotros a la sala de archivos secretos con la excusa de haber
olvidado algo, pero no confiéis mucho. Lo mejor es esperar a la nueva
ronda dentro de hora y veinticuatro minutos e inmovilizar al guardia
que vaya allí.
-¿Una hora y veinticuatro minutos? -se preguntaba Gaudi dudoso.
-Sí, es una validación para tener horarios cambiados cada día -
explicaba Markuss sus motivos.
-¿Pero cómo podemos salir si se necesita el paso de llave desde
control? -todo era cuestión de conocerse con seguridad en la práctica
tarea programada, definía José el perfil de lo que pensaba.
-¡Sí, os explico, pero acelerar el paso! -lo decía Markuss con gran
interés en forzar la marcha.
Para llegar a los archivos secretos hay que pasar tres puertas, las
dos anteriores son salas intermedias. Cuando yo u otro vigilante ronda
la primera puerta se detecta en el panel un pitido acústico, el
guardia hace una seña a la cámara dando el ok. En ese momento desde
control entran su tarjeta de paso, y hay 5 segundos para introducir la
tarjeta. Si no se hace hay que esperar 15 minutos, por motivos de
seguridad.
Cuando se pasa la primera sala, en la segunda puerta hay que hacer lo
mismo, y en la tercera igual. A cada nivel se dejan uno o dos minutos
en pasar de uno a otro. Las salas se miran por encima, al ser
rectangulares sin columnas no hay que ir mirando cuidadoso. Para
salir, si esperáis a otro vigilante tendréis que reducirle. Hay un
ángulo muerto desde la entrada a la última sala, que te dará José
décimas para que cierre quien vaya y te hagas con él. Cogeréis el
walkie del compañero y diréis clave 34, recordar, clave 34, significa
que necesita que acuda un vigilante para algo sin importancia. Cuando
llegue os hacéis con él, os cambiáis de ropa y salís los dos como si
fuerais ellos. ¿Entendido?
-Comprendo, ¿pero para acceder ahora contigo no nos verán las cámaras?
-Cuando salí de control dejé reproduciéndose una grabación de una
antigua ronda mía.
Por eso las prisas, aparte de que no puede variar mucho el tiempo
medio en la ronda, estamos sujetos a la cinta de vídeo. Como aparezca
yo en imagen y no estemos allí la fastidiamos! De lo demás no tenéis
que preocupados, está inutilizado al completo el sistema de detención
de presión, olfativo, y calor corporal e implícitamente la red
infrarroja vibracional. Las cámaras están congeladas pero volverán a
funcionamiento en la siguiente tanda de vigilancia, menos la de los
archivos secretos para dados el escape de salir. ¡Vamos más deprisa
por favor, tenemos cuatro minutos!
Markuss aceleró más la ya intrépida descarga de pasos. Gaudi y José le
seguía al hombre que les guiaba adelantado por la ruta nocturna del
vaticano. El delgado compañero de José se preguntaba, ¿para qué había
comprado dos entradas, cuando tenían alguien dentro que les iba a
mostrar gratis las dependencias?- ¿Tú amigo es de confianza? -Le
preguntó a José.
-¿Markuss? -Daría la vida por mí, no temas.
-¿Cómo entró en el cuerpo de seguridad de la Santa sede? -se interesó
Gaudi preguntando respecto al compañero que acababa de conocer.
-No fue muy difícil, cumplía todos los requisitos. Católico, suizo,
varón inferior de 30 años, más de 1,74 y con título de Escuela
Superior.
Dejaron sumidero repelente atrás y más de 200 segundos por pasillos y
habitaciones para llegar a la primera puerta, según comentaba Markuss
ya en plena carrera-. Alli está, ¡corred!, no nos queda tiempo. -desde
el panel contemplaron la muestra en imagen de Markus, pero no sonó el
pitido como que estaba en la inserción. Iban a llamarle por el walkie
cuando la luz resolvió a favor y zumbó un pitido por el altavoz de la
correspondencia. El vigilante que estaba al mando de la dirección
golpeó sobre la luz diciendo -seguro que es un aparato japonés,
siempre a destiempo. -aportaba como buen medidor suizo la apreciación.
Metió la tarjeta de control y sonó la puerta donde estaban Gaudi,
José, y Markuss que pasó su tarjeta de seguridad. La puerta se pudo
abrir con prescripción.
-¡Justo a tiempo! -dijo tras poder abrir. Recorrieron la primera sala
despacio, ya no había prisa y había que esperar un par de minutos. Una
vez pasada la hora cautelar se repitió la imagen, el sonido, y la
puesta en llaves de cómo fue en la primera puerta, y mismo
procedimiento ante la tercera para llegar a su objetivo. Más entrar
les acompañó a una zona próxima al lado izquierdo hacia el fondo y les
indicó. ¡No os mováis de aquí cuando entre el siguiente turno, será
cerca de 1 hora y 24 minutos, recordar! -Gaudi amaestraba al reloj
para que avisara del horario.
-¡Te agradezco enormemente lo que estás haciendo! -mostraba José
gratitud por su parte.
-¡Tonterías! ¿Quién tiene que dar las gracias más? -le devolvía
Markuss la pelota. Sin tiempo se fue hacia la puerta, y procedió a su
salida. La puesta en marcha de la hora seguía contando a cada segundo.
El archivo secreto del vaticano, los anales de la historia bajo llave.
Secretos sumarios de gestos nefastos de la iglesia para ser
abandonados, contradicciones a actuaciones autoritarias al estudio del
canon de la iglesia católica de milagros en pretextos para tener su
glorificación a cualquier acción. No importa santo oficio de trabajar
para comer, pero si el verídico muestreo de vino convertido en divino,
o saludable jamón con forma al corte del rostro de Dios, e ineptitud
de tacos a repartir en la ración de comida imprescindible para llegar
a una nueva mañana.
La sala es enorme. En dos pisos literas literales literarias franjan
en dos laterales-. Antiguo y nuevo testamento -diferencia Gaudi. Los
textos de palabras separados por escalerillas en distintos paneles
para cruzar de consonante consonancia a paseante de asonante. Librería
barata catalogada por ciencia-ficción de la Biblia en religión a
callados muertos reales nigromantes, de letra grande en plenitud del
diario de vivir. Pasatiempo destructivo del Cantar de los Cantares, de
Hechos de los Apóstoles. Epístolas de filemón, mortal de los
Sapienciales, de cómica inquieta en conspiración contra las sagradas
escrituras. Diccionario expositivo de más que vencedores del corredor
celestial viviendo la gran comisión de la santa inquisición, a
pecadores en las manos de un Dios encabronado. Hubo un borrón aposta
airado para que soplara contra las hogueras de su condena. La acción
del espíritu santo es la breve historia de excusa resumida de la
iglesia cristiana, las obras esenciales de grandes lideres de la
iglesia. Desenmascarado de la guerra espiritual, rompiendo las
maldiciones en la victoria sobre la oscuridad de los espíritus
malignos con forma de credo, predicaciones del manual de ministros de
pescadores de salmones domingueros. Tesoros en vasos vanos, embarro de
bosquejos de puntos y de pones. La sanidad dicina de una pasión santa
de un arma en busca del poder, responsable ante el Dios soberano la
cruz confrontando las postetades de la oración, de las palabras ¡A
muerte!, contra los enemigos del imperialismo de Dios. Derribando
fortaleza contra las huestes enemigas que de relato del lado bello del
mal, milagros en nombre de Satanás, del nuevo cometido de su maestro
Dios confiándole para la campaña en cultura de crear un mundo hostil.
Muerte de siembra, siembra de Dios. Aguas refrescantes para vivir sin
fruto devoto de lleno espíritu. Instrucciones prácticas de coacción,
de libertad de expresión, de santuamigos, de dar el mayor legado
dinámico, la doctrina sin preguntas de respuestas de formulario.
¡Cuidado con las falacias! Engañadores espirituales procuran atraer al
laico de Dios, manosea José entre sus manos, del confiscado fraude al
que se sometió para afirmar la armonía de los evangelios, el
comprendio manual portavoz tras firmar so pena de muerte, que fue
inducido por Belcebú, bajo amenaza de festejo medieval castillos de
fuegos artificiales, con la muchedumbre en la plaza mayor esperando el
pregón del sermón que limpie al hereje de no engañar la verdad más,
sin que lo manejen debe aceptar a Dios o ¡A muerte!
Propones homilética y supones homilia la instrucción de versículos
desalmados, en salmos desvirtuados. Diccionario enjaular de los
tiempos bíblicos. ¡Miserables Testigos! ¡Aceptar a Dios¡ ¡Y a muerte!
¿Simplemente estúpido o narcotizado de secta? Las buenas nuevas
inconversas solamente por gracia de Dios que dejó completa provisión
al hombre de la salvación, con una ración de suelo y una cuota con
premio al vencimiento de cielo de tasas elevadas, interés inmejorable
del que trae de serie imaginable, estofado canino.
¿Cuál es la diferencia entre la gloria del cielo que espera hogar
celestial, y la condenación a la demora por tierra firme de misioneros
sin misiones? Predicadores en mansiones, propagadores de bendiciones,
evangelizadores asaltantes de tu porción del estafado camino.
Una pasión santa, teología básica de los dóndes sin los dones del
espíritu santo y la deidad de Dios. El esbozo histórico de las grandes
controversias cristológicas, el adversario contra el mudo mundo, la
insuficiente carna y Luzbel en las tinieblas de papel del mudo diablo
alado, cortada la lengua por el jefe aliado para que no consiga
pronunciar verdad que desmentir. El discípulo amado del ministerio
apesta eólico abandonado sobre las alas al viento. El tabernáculo del
burdel, de la taberna de profetas enunciando borderías. Canalladas
fueron escritas por creer, por premio al azar, por consideración
mandataria divina venciendo en tierra de gigantes al huracán de la
fragmentación grupal. Confiando aunque la vida duela en tiempo de
adversidad, hechos reales de autores compartiendo la soberanía de
Dios, la bibliagrafia tras el reconocimiento de santo terco, su
entenderle en sus momentos malignos, con estimación de apego. ¡Eh, soy
Dios! Título de adoración, y escritor cambiado a timonel de galenas,
moviendo a reos devoradores de chicha ¡Punto, punto, coma! Frases
rítmicas ¡Punto, punto, no comas! Frases descritas, apreciadas al
involuntario altruismo de remar donde la embarcación real está echada
a dos manos, para utillaje en navíos de paz de vela blanca, con remos
en filo para cambiar la enseña por oficio a pirata, navío de batalla
para apoderarse de nueva testa, no miento. Mollera de enseña, sesera a
media asta en señal de cráneo bruto, como colofón de condecoraciones
de dos huesos blanquecinos. Darse cuenta ¡Bandera Pirata! De hambre
oculta, que patraña decía "como distinguir entre los distintos
apetitos y cómo satisfacer los más ocultos que son los del espíritu",
sin duda coartada notas de la libreta de un pavo con halcón de buche
que comensal a pollos jóvenes sin cabeza.
Cubo evangélico desenmascarado, el plan maestro de la evangelización
de la inhumanidad de Dios, él escogió los clavos y los cabritos
cánones cabrones. Hermenéutica lumbrera en su camino explorando el
génesis, la magnificencia del templo de personajes de glamour de la
Biblia hills enseñando a los niños valores inmorales, difamo alrededor
de la mesa por no obedecer antes de decir si, reflexión por querella
del gozo del infiel comprometido, Cristocéntrico, carabina del
conflicto creador, todopoderoso consolador estimulante conforta el
cuerpo y el alma del intranquilo, bajo la perspectiva de lo que el
hombre proteo desea de la mujer.
"Si el esclavo tiene esposa (que fue dada por el patrón), luego de
seis años el esclavo quedará libre pero la esposa y los hijos que haya
tenido con ella serán del patrón" (Éx. 21.4).
"Si un hombre vende a su hija como esclava, ésta no podrá recuperar su
libertad como la recuperan los esclavos varones" (Éx. 21.7).
"Si dos hombres pelearan entre sí y la mujer de uno de ellos se
acercara para librar a su esposo de los golpes del otro, alargara la
mano y agarrara a éste por los testículos, sin piedad harás cortar la
mano de la mujer" (Deuteronomio 25.11). Presentes de la forma no
popularizada en los mandamientos a escondidas como los pensamientos de
aquellos machos machotes de palizas a perras, a patadas a puercas, a
viciada femenina del pollo vaciada de sus sesos. Valientes cobardes,
religiosos inmorales, hombres mujeriegos instruidos anormales, amorfos
de prohibidos abortos de padre confesores, y tras el desvío cura al
cantar del gallo. Para que el amor no se apague, comparte la batalla
de cada hombre joven de cinco discípulos contra uno se convierte en
uno contra todas, para mediar en guerrillas de posesión de misionero,
en uno a solas contra princesas premiadas de furcias. Destapa el
frasco de las esencias y entrega su néctar vertido en la boca, ya
sabes cual le gusta más. Su contenido del equilibrio, del trabajo
carcelario a la soltura de las muñecas sumisas por esposas.
No todos, intento que dijo después de reescribir escena de ponerse de
pie, en el papel parece mejor, si tienes fe en cada oración. Con
intención hizo de esquivo al tentador, sabiendo que no era amor de
verde hierba se revolcó, su falda inmaculada blanca pura se manchó.
Apretarse el botón sin decir ni a Dios, agachar la cabeza y la boca
cerrar, todo el daño hace efecto inmediato, casparina de ácido hacia
ti salídico.
El placer traspasado dura un segundo tal vez, para dejar a cambio el
dolor que no destempla de estación. Jamás ya corrió, pues las vías
atentadas impedían el paso del tranvía, y allí sola quedó en manos de
Dios. A miradas la cabeza aparta, cien pasos alejadas de la calle de
buongiorno bambina. Bebiendo llora, y de espaldas calla. Nadie
alrededor le roba la mirada de unas gracias en desgracias de todas por
nada.
Temarios distintos de polígrafos del convencimiento de la creencia de
las ordenes. ¿Cómo enriquecer su vida sin dinero? Responda al ideario
folleto novelista de su esperanza. Héroes de la fe, corramos con los
gigantes, acreciente el fallo que hay en usted. Cómo desarrollar la
perversión, el balón sin inflar, la afluencia de humo y la
provocación. ¿Provocador? Disputero del Dios que está en tejado, a
patada que reviente cuando baje le devuelva al cielo. El diácono
inferior del nuevo travestido, es la guía del erudito. El lado
positivo del fracaso es el poder de aliarse con la iglesia, éxito
diario del liderazgo extremo. Seamos personas sin vergüenza. Visión
400, misión de cómo crear grupos de células integristas en la iglesia
con pastores y laicos, top secret, precintado por sello de la Cámara
Apostólica. ¿Cómo llegar a ser una mujer de ovación? Experimenta el
gozo que viene de vivir a la manera que agrada al Tribunal Supremo, al
fruto del jardín oscuro da las gracias y ama al restriego de Dios con
todo tu cuerpo, al abrigo del calientísimo explora las profundidades
de los bolsillos del omnipotente impotente, y búscale el propósito
apasionado. "¿Dónde estás? ¡Te amo! La lamo ¡Fláccido! Me engañaste
tras la puerta mi carácter de mujer virtuosa". El poder de la esposa
que llora, elástico fresco para madres estiradas enfrentándose a la
realidad junto al ministerio que un católico no es egoísta, comparte
en el monasterio con todo el ministerio la dicha de ser mujer, esclava
de casa adornada. Las mentiras que las mujeres creen no serán las
mías, para comenzar la verdad derrama tu recelo por tu ego en celo.
Mujeres llenas de desgracia, ¿Cómo llegar a ser la mujer de excelencia
que Dios diseño? Facilitándole ser una ramera de robot, dos palabras
en su voz ¡Sí señor!
Cada duda de himnos y cánticos. Tela dura, tapa el descrédito de
letras vendidas por robos a bobos. Una torta así de grande dame madre
por palabrear, sólo soy un corderito tullido, los secretos de la mala
uva de David en la vid dejados atrás de cosecha de almas, el remanente
comando asesina las flores del amor y marca Armagedon, el remanente
poseído del sacrilegio. Los ángeles guardaron silencio engañadores.
José, el libro, nos muestra el corazón y la mente de un hombre formado
en el crisol del rechazo, de la soledad, de la privación y de las
falsas acusaciones. José, el verdadero, abre la palma de su mano y la
aprieta sobre el tomo cargado de rabia, inmortalizando corruptos
actores Hollywoodenses. No es el teatro chino sino el "Memorial
Vaticano". José deposita en su estante la divulgación, insatisfecho de
la lectura. Prólogo, menospreciándola se vuelve de espalda.
Gaudi en atracción fue hacía el libro, lo sacó y no notó nada extraño
en apariencia, pero lo ponderaba eso sí, ligero. Lo abrió y encontró
las paginas troqueladas por la marca estampada de la palma de mano de
José, que había dejado hueco completo todo su interior. Enmarcaba su
acuñe en vacío el contorno de las hojas que hacían de cuadro al
emborrado del libro. "Escribir poesías no es fácil porque es necesario
comunicar con cristianas palabras lo que siente el corazón", sin
embalaje que honra a su Dios, ¡Qué sublime idiotez!
Sin corazón, muerto escribe poesías un Mesías.
Decía algo así, como que si venias el órgano apocado reviviría
y si le traes quinina, lo mantendrías.
Pero amputaron, por su enfermera no llegar,
dejó plaza libre lista para algún pájaro con alpiste,
Que canta boyante, por ser lo más importante.
Poeta inconsciente ya no entiende nada su mente.
Trovador en preparatoria de sueño, sopor profundo componiendo
Rapsoda de letargo, recitador en estado de reposo de versos inactivos
y en la nulidad religiosa catatónica atractivos. Colapso de juglara,
decaimiento brusco del agudo cante grave paralización malabar,
insuficiencia respiratoria para contar el cantar. En coma la
sensibilidad poética, no existe corazón, nubla cielo y huye de la
tormenta hacia el calor, al de las palabras que suturan las heridas de
Dios sin rendición. Faltar con agravios, criticar injuriando, queda
cuerda para rato.
Teatro de títeres. El arrepentimiento de la iglesia al rapto de
señales de su venida del príncipe que hubo de venir. Iglesia y secta,
bajo la seducción de la cristiandad. La clonación humana patentada por
el jerarca. A pesar de todo Dios sigue siendo un desconocido, tantos
documentos, anotaciones, manifiestos, apuntes de misivas de mensajes
¿La respuesta de la iglesia? ¡Titulares de arrebato imperativo!
Ligero de equipaje con actitud de vencedor, ya está dispuesto a ser
nuestra nada. Avergonzados del evangelio rebeldes protestantes,
escupen al rostro de Dios. Camino al calvario, al morir walkirias te
llevarán al paraíso de Valhalla creciendo a través del conflicto
cuando un enemigo ataca, el desafío de servir, el ayuno escogido por
Dios, el beso del cielo, el dador de sueños. El trueno apacible del
poder de la cruz en el resto de tu vida al sacrificio de punto cruz y
raya, del valle de los huesos secos en busca de paz en el ojo de la
tormenta. "Espíritu santo tengo hambre de ti", ética cristiana, fe mas
allá de la razón. Iglecrecimiento imbecilidad integral, la fuente de
aspirada fortaleza con enfoque en el reino de la Iglesia. El campo de
batalla más allá a la cumbre de la mente con pasos dentro de las
aguas.
Por si lo querías saber promesas eternas para ti, promesas
inspiradoras de que Dios Satanás no es mito, date seguridad eterna
señor "¿en qué puedo servirte?" Sin santidad nadie le verá sobre el
yunque controlado temperamentos transformados, que todavía remueven
piedras de un amor que puedes compartir a fuego santo, de una fe
sencilla con una vida con pleno propósito venciendo al adversario.
¿Tiempo del fin, o fin del tiempo? A su Decisión José cerrando
vademécum-... ¡Tiempo de resolver!
Habían repasado el tema durante 40 minutos, y no sabían explicar la
respuesta a la cuestión que se planteó.
Gaudi asciende la mirada al techo de la biblioteca, la tapa del
sarcófago de libros retiene su atención. Va caminando cerrando los
ojos a dispar, y dobla replegando los dos tras los párpados. Inquieto
señala sobre la lámpara central de la fila india que forman todas
halógenas, menos esta que tiene forma de cruz de aluminio inclinada
180 grados. Gaudi se dirige al centro de la sala, justo debajo de la
contradictoria lámpara. José se ha acercado también viendo como Gaudi
se inclina sobre el suelo. La baldosa forma una imagen del vaticano
con el número romano MCMXXIX, sin aportar nada más sensato que
evaluar. Gaudi reputó de nuevo arriba a la lámpara, y siguió cambiando
la vista abajo pensando.
José no entendía muy bien lo que estaba maquinando su amigo, y dejó
que hiciese libre su pensamiento antes de preguntar-. 1.929 fue el año
de la creación del estado de la ciudad del vaticano, gracias al pacto
de letrán -arrojaba sus primeras interpretaciones el estudioso
ilustrado.
-¿Sí, y? Preguntaba José para intentar en la respuesta razonar lo que
Gaudi quería dar a entender.
-Ese año también hubo un eclipse solar, que confirmó las teorías de
Albert Einstein. "Los fotones es pura energía que se mueve a la
velocidad de la luz". Einstein sugirió en 1911 que un fotón con una
energía específica, determinada por su frecuencia o longitud de onda,
posee una masa equivalente. Esto vino determinado por la famosa
ecuación de Einstein, E = mc2, que indica que la masa y la energía son
equivalentes. Por tanto, como las partículas materiales, los fotones
se ven afectados por la atracción gravitatoria de los grandes cuerpos,
lo que hace que se modifique su trayectoria. Una consecuencia de este
concepto es que los rayos de luz que pasan cerca del Sol cambian su
trayectoria debido a su campo gravitatorio. Así, las estrellas, fijas
aparentemente en una parte del cielo, cerca del Sol aparecen en
posiciones diferentes a las que realmente ocupan. Sin embargo, eso no
se puede comprobar normalmente, ya que el Sol impide observar las
estrellas que están cerca de él en el cielo. Por tanto, solamente se
podrá comprobar este fenómeno durante los eclipses de Sol, ya que es
entonces cuando las estrellas que están cerca del Sol se hacen
visibles.
Al principio, Einstein pensó que la solución de Fridman no era
realista. Pero en 1929, el astrónomo estadounidense Edwin Hubble
anunció un descubrimiento que habría de revolucionar todas las
concepciones sobre el Universo. Hubble descubrió que las galaxias se
alejan unas de otras, con una velocidad proporcional a su separación,
¡tal cómo lo había predicho Fridman! Si miramos las luces de la sala
parecen usar la misma densidad que las estrellas.
José intentaba seguir el caso práctico para acertar en el ejemplo que
le mostraba Gaudi, que añadió-. ¿Cuántas luces hay? ¡Diez! ¿Cuántos
planetas básicos a la vista tiene la vía láctea? ¡Diez! ¡Y allí
tenemos al sol! -Exclamó emocionado. Todo el techo era una plataforma
que arrojaba rayos alumbrando la habitación, más las lámparas que la
acompañaban no permitía verlo, por el espejo que creaba-. ¡El centro
es la tierra!, ya que siempre ha sido la creencia de la iglesia, Dios
y tierra, el centro del universo -era el pronóstico de Gaudi.
-¿Estás seguro? -preguntó José de tal liosa lección de medios enteros.
-Sólo es teoría -lo dijo tan sencillo y claro, que José lo entendió
dejándolo en adecuado.
-Entonces según esa solución, para poder ver las estrellas correctas -
Debe haber un eclipse total-, Abrevió para dar la respuesta Gaudi
décimas antes de que José confirmara la propuesta -. debe apagarse la
luz.
José alzó su mano, de la estantería que adosaba contra la pared cerca
de ellos se desprendieron un par de decenas de libros, buscando
auxiliarse de su sitio concedido eclosionaron al aire lejos de la
madriguera. José atrapó uno al vuelo robándole una página, le pegó
mitad del chicle que masticaba, y la lanzó al techo donde quedó
colgando pegada. Las demás hojas de los libros hicieron ídem y se
arrojaron cortándose las franjas al ir enloquecidas hacia luz
tapándola, mientras las portadas caían delicadamente a los pies de
ellos sin causar al oído levantamiento. En el ascenso, se cubrió todo
el campo del techo de retoñas hojas, cesando la fuente de luz que
emitía.
José rompió de la chaqueta de Gaudi un botón triangular, lo tiró con
efecto hacia el cable de la plataforma que lo torció con agresión,
rompiéndolo lo desunió. Dejando desnuda la comunicación de
electricidad hacia el planisferio, provocando que cesara la luz y
quedando sólo las de la hilera de lámparas, que indistintas expedían
unidades de ondas rojas prolongadas al suelo menos una que la mandaba
perpendicular, para detenerse en minúsculo color fuerte contra la
estantería. José y Gaudi subieron de nivel para ir hacia donde el haz
del foco acabó exportado.
Fueron molestados por la entrada del sonido que escuchaban de un abrir
de puertas. Alguien había entrado en la cámara anterior, y era
cuestión de medio minuto que llegaran a la sala del archivo secreto,
si era el propósito. No se era capaz de meditar que se quedarán allí
la persona o las personas que portaban el aviso de llegada, ni ir
fondo del ángulo muerto
Fuera de sitio, zapatos irrumpen golpeando contra el suelo la tabla
sujeta a la calma. La puerta metálica, tanto en la hoja como en el
marco recubierta artesanalmente con duelas de madera antigua, avanza
su apertura tras el desbloqueo de la cerradura de alta seguridad.
Sujetando el bombín acorazado llegan dos guardias suizos. Desde la
puerta el que precede, las pisadas detiene.
José y Gaudi acurrucados encima de la entrada de la puerta, en la
cavidad de apenas un madero de ladrillos hacen pie sujetos a la pared,
evitando ser vistos se retiene la tirantez del oprimido listón a punto
de resquebrajarse y expeler astillas del tronco en su caída.
Si dieran un paso más los guardias les descubrirían. El lugar
tranquilo esconde lo ocurrido hace instantes allí. Las hojas que
empapelaban el techo habían vuelto a sus libros y de enlace a la
estantería de origen. José se percató que una hoja, la que había
adosado el chicle, seguía en el techo apurando desprenderse tras la
orden del retorno. La que adjuntaba la goma de mascar quedó en tierra
de nadie, y no salió precitadamente a no encontrar camino fiable. El
libro del que había salido descompensado se colocó al revés, con el
lomo hacia adentro del mueble esperando las últimas palabras. Gaudi
reflexionaba irónico de que fueran punto y final por ello. La fuerza
del libro tras anunciar José la retirada aclamaba su llamada con toque
de zafarrancho de descanso.
José no quiso actuar hacia ningún lado. Se confiaba presenciando como
el libro se agitaba en su estrechez, con los demás del estante
haciéndole la lectura imposible, la diana causaba conferencia no
aceptada. La cubierta del tomo usando la misma línea de espacio que
sus vecinos libros, y la solapa que esgrimía tonos cortos, ligeros
incesantes de sonido apocado en su ridiculez de terreno para soltar
fuertes castañuelas de abrir y cerrar como desease, pero la hoja no se
daba por perdida, se desunía desnudándose de su entorno y quería
regresar a la tierra. Navegaba desligándose de su atadura y cedía ante
la presión con don, con donoso en su donaire que apretaba la goma, que
ya no intentaba extender las medidas preservativas haciendo caso omiso
a José parecía estar del lado vaticano. En su rectitud cedió,
rebotando severa como era inconfesable contra el íntegro techo caía
traviesa.
-¡Espera, ya lo he encontrado!, ¡estaba aquí! -Era la voz de Markuss
que a su queja de regresar para recoger un descuido le obligaron a
cambiar hora, y llevarse a otro vigilante. No pudo hasta ese momento
en que el otro guardia le secundaba sin saberlo, poniéndose delante de
la cámara pudo tirar el guante blanco que venía buscando, antes de que
entraran en el archivo secreto. Markuss presenció una hoja como
excitada caía insinuándose. Su compañero sujetaba el pomo a espalda de
la gravedad del papel que se estaba manejando, y cerró la puerta sin
admitirlo a tramite de cacheo. Tras el gatillazo de la pareja, el
coito interruptus aplomaba.
La hoja desvirgaba por los aires cayendo sin discreción, manchada de
rojo olía a fresa que de la goma quedó su alocada presencia. Caía y se
detuvo en las manos de José cuando los guardias ya habían dado pasos
atrás, no queriendo ver la desvergüenza que ruborizaba en líneas la
página de su realización.
Volvieron a donde estaban en el preámbulo. Libros vaciados con hojas
colocadas en pósters de plataforma, las luces bajadas, el haz rojo
cautivando escena, y José y Gaudi entregados.
Pegaba la costura del fulgor rojo en un tomo a grosso modo estrecho.
Gaudi lo sacó, vio y enseñó a José que no era el libro que buscaban de
Ptolomeo, lo que al principio les desilusionó, pero a la vez resultaba
interesados en saber que trama reflejaba el mismo y que luz podía dar
a este arsenal de ignorantes de luminosidad.
Era un fascículo más que un libro, y ponía en texto grande "MCMXXIX
Ciudad Del Vaticano", el anverso venía despoblado. Lo abrieron
esperando encontrar alguna clave y sólo hallaron una página con una
fotografía del plano del vaticano, que era sin duda el acuerdo que
habían llegado para la demarcación de la ciudad del vaticano por el
pacto de Letrán.
-¡Aquí no hay nada José! ¡Esto es un fraude! -Dijo desconcertado
Gaudi.
-¡No lo creo Gaudi! Esto es semejante a cuando querían matarte, no
sabias que fuera por ello, y ahora igual, esto -señalaba la onda que
generaba la lámpara hacia donde estaba el libro-, lo demuestra.
-¡Si si, no pongo en duda eso!, pero...
-¿Pero quizás hubiera antes otro libro que ahora no esté? Se
preguntaba José, casi dándole la razón a Gaudi.
-¡Eso es José! ¡Estaba donde no ahora está! -El enredo hacia añicos el
pensamiento de cómo tratarse la postura.
-¡Qué idiota somos José! -Gaudi se dio y regaló un espoletazo.
-¡Gracias por la parte que me toca! Le aceptaba José.
-¡No, no! ¡Si lo somos! ¡Mira José! Los templos del vaticano a vista
de ave son iguales que la cuchara de la constelación de la osa mayor
donde se encuentra Mizar, la estrella doble, la estrella Z.Y es ahí
donde falta el edificio que aquí señala,.
-¿Y cual es? -le pregunta José.
Gaudi impulsa su andar al plano del vaticano que adormece actual en la
pared, y a vista de pájaro muestra la foto a José. -¡No tiene más
sentido! -Decía-. ¡Mira, y traza la recta de los edificios! ¡Son los
jardines, y siguiendo la verticalidad es donde estamos nosotros! ¡Esto
es infarto demoniaco!
-Hay algo que se nos pasa por alto -prestaba José encauzarlo
convencido.
-Hay amplias perspectivas, está la fecha MCMXXIX, la cuchara de la
constelación de la osa mayor, la estrella zeta, el...
-¿Qué peculiaridad tiene esa estrella? -Preguntó José.
-Zeta es la nomenclatura de Mizar la segunda estrella de la cuchara.
Es una estrella doble, su compañera es Mizar 2 que sólo puede verse a
través de un telescopio.
-¿Y no te suena a casual eso de que sólo se pueda ver a través de un
acertijo?
-Si, ¿pero desde donde mirar? Aparte no tenemos lentes, precisaba
Gaudi angustiado.
-No creo que sea todo tan literal. A ver, 1929 ¿no puede ser una
posición, una coordenada?
-Podrían ser tantas cosas, de combinaciones no...
-Creo que ya lo tengo. -José detuvo el negativo contar de palabras a
Gaudi, que le prestó toda la atención.
José sin conciliar el posible dilema satisfecho, se afinaba entre sus
bolsillos buscando algo-. ¿Te queda alguna moneda?
Gaudi se sacó dos euros de su pantalón y se lo ofreció a José, -¿Para
qué la quieres?
-Para comprarte una estrella -le sonrío en su nula explicación.
José sacó la otra mitad del chicle que aun masticaba, y echó a suerte
la moneda arriba. Tendía el valor del cambio en su propio mecanismo de
rotación a dar vueltas sobre sí misma. Tan deprisa y voraz era que
atravesó la pantalla que formaba el espejo de la pared haciendo un
corte perfecto en la operación idéntico a la composición de la moneda,
que bajaba al suelo suelto en metálico y en efectivo la pieza
devuelta. La moneda se situó sobre la cortadura que hizo en su volver
tras el rebote del techo, y unía sus bordes con los de la incisión
soldándose con el chicle. Antes, ante el brutal impacto soltó un
meteorito de papel, igual tamaño, igual forma que moneda daba la cara
a estrella metálica, pero cayó hacia lo alto. Era la primera vez que
Gaudi veía llover hacia arriba.
José le encendió de su mente en pausa-. Aquí tienes tu estrella doble.
Gaudi loco de adivinar esperaba conocer cual era el propósito de este
acto de empeño. José inclinó el recorte del espejo redondo colocándolo
al borde de la librería. Esto sorprendió a Gaudi, que lo desplazó al
detalle que prensaba sin cavilar sobre la base del estante por dentro
justo donde pegaba el rayo, pero al ponerlo a su modo el espejo
enviaba el rayo que provenía de arriba a un lugar remoto, en ocasión
perdida.
-¡No Gaudi, nos seas impaciente! El hombre retiró sus zarpas, al ser
recriminado por José y saber que no era lo que se proponía en idea.
Volvió a levantar José la moneda colocándola de nuevo frente al borde.
Si no corregía el cuerpo dejándolo de lleno junto al anaquel no
llegaba al rayo, se quedaba corto, así que en perfecto ubique tocando
desde fuera del estante ligeramente con la parte baja del espejo,
llegó correcto el rayo para ajustarse a la lente metálica, reflejando
la luz espectroscópica hacia otro parte de la sala.
-¡Sujeta aquí Gaudi! ¡Procura no mover el espejo! -le pidió José ayuda
en su colaboración.
Gaudi Sujetó, y José fue hacia donde apuntaba el cruce de luz. La
estría roja iluminaba hacia un estante, puntual al lado derecho. No
cuadraba llegando en concreto a ningún libro, en zona desahuciada
paraba. Parecía un contratiempo, uno más para ellos y quizás la
ruptura de tanto miramiento de descifrar cuando pudieron estar
equivocados, o al menos en esta última jugada de José. Él, observó que
en el estante había seis libros, pero por la magnitud que dejaba en su
apalancamiento podía y faltaba uno más para cuadrar. Los demás
estantes tenían esta notabilidad, libros ordenados sin apenas huecos.
En ninguno de los que había visto y ahora echaba otra vista
comprobándolo lo tenían. Sacó todos los que enfilaban en la garita del
estante a la izquierda de la luz que pegaba al lado, dejándolos sobre
el suelo-. ¡Gaudi, dirija la luz hacia el interior del cajón! -
Advertido por José, Gaudi le complació con imperfecciones mareando el
rayo en la apariencia de mostrar el juego de la lente reflejando
tratarse de rayos de sol. Cuando pudo aguantar el pulso, la estantería
despejada se cubría de presencia luminiscente. José entonces pudo
echar la mirada al interior bajando su cuerpo para colocarse a la
altura del estante, y descubrió una forma acuñada en el dorso del
cajón. Parecía un escudo del vaticano, y es que la luz no era completa
para tratarlo de certificar. Lo que sí se daba por bueno era un
agujero pequeño, minúsculo, en el centro del emblema. José rebuscó
entre sus bolsillos, no más monedas porque ya tenía lo que necesitaba,
y lo que buscaba y encontró era un bolígrafo. Lo introdujo para
presionar sobre el orificio pero no servía, este era más canijo.
Decidió que había que sacarle punta, entonces retiró el recambio de la
tinta e intentó en segundas conseguir que encajara. El tamaño ahora si
era aceptado, y empujó ejerciendo la presión suficiente que hizo
descubrir un botón de anclaje en boca del ojal del hueco encontrado.
Sonó a destensor y el lado derecho interior del estante se abrió,
dejando de libre extracción de datos a la vista un libro, tan secreto
como empolvado de festividad. El libro había permanecido encubierto
detrás de la estantería, ajustado en el punto donde el rayo les indicó
previamente la localización.
-¿Es él libro? ¿Es el que buscamos? -Le pedía Gaudi saberlo, lo
necesitaba colocado al remate alternativo de la sala.
-¡Compruébalo! - José hizo ademán de tirárselo. Gaudi le respondió-
¡Nooooo! -el grito escandalizó al templo, tanto que se ruborizó. Fue
deprisa, sin pararse, irritado de voz para aceptar gustoso el libro
que le mostraba José, y lo contagió de detritus rebuscando entre las
páginas dando garantía que efectivamente era el tomo que habían estado
intentar localizar.
-¡Sí José, es él! ¡No me lo puedo creer! -Dijo entusiasmado- ¿Crees
que habrán oído mi grito? -Dijo arrepentido.
-¡Sí! -Contestó José con aplomo.
Nula era ya la advertencia de José, porque la alarma ajetreada de
confluencia arrimaba cercana. En la antecámara al archivo secreto,
veinte guardias suizos llegaban con metralletas y pistolas de asalto
haciéndoles de parapeto para cuando saieran los intrusos. No existe
ninguna estrategia nueva, deben seguir el protocolo jurado, matar el
cuerpo y después preguntar para salvar el alma.
La sala anterior es una cámara espaciosa, destinada a la función de
ser un obstáculo más para llegar al archivo secreto si se obvia y no
relega el enorme valor monetario de los lienzos, simples retratos
adueñados para consumo irracional, del pillaje por angelitos con
tenedores de punta láser.
Piezas de la colección circense de la pasarela romana, titiriteros
llamativos de ejercicios de gladiador, de espectáculos elevados de
agilidad, de piruetas cambiadas por las existentes metralletas, y
acrobacias de moda medieval primaveral. Payasos multicolor, oriundos
de alguna cantonada. Mercenarios sedentarios por mil euros mensuales,
y cada reducción de gasto militar será empleado en salvar miles de
vida en equivalencia. Hoy habrá recorte de personal, reducción de
presupuesto militar. ¡Hoy se hará colecta!
La puerta de la cámara secreta se abre. A los soldados elite del
vaticano no les tiembla el pulso, conjugados al desconocimiento del
miedo, conciliados esperando en la puerta...
¡Crédulos! Los fantasmas vuelven del "Sacco di Roma", en nuestros días
en el saqueo del vaticano hallarán la recompensa de la muerte
sirviendo. ¡Su cruz ha llegado mártires!
Estampida de libros salen volteadores, como mariposas al viento
arremolinadas provienen del interior secreto para mudar, formando
oleadas en vuelo horizontal se lanzaban tomos directos el volumen de
su significado ¡Armada invencible, nada los podía detener!
Bombardeaban en picado, comisionaban contra los enemigos, les abatían
y formaban cimas sobre sus perdedores cuerpos. El ulular de los
disparos de los contrariados guardias topaban en los libros que
detenían las balas acogiéndolas en sus senos.
Reducidos a nada, de lleno han pasado cuerpo trasero a tierra. Con la
batalla acabada en el primer asalto salió José, y tras él Gaudi detrás
presenciando la lona del panorama escuchado tras páginas escritas.
Centenares de libros sepultaban a los guardias, algunos heridos y
otros muertos bajo el manto de textos.
Gaudi empezaba a maniobrar, para arrastrarse en las colinas y laderas
que se habían formado para llegar a la primera de las tres salas, pero
José le retuvo- ¡Espera, déjame que abra el paso!
Gaudi se quedó quieto esperando que José encabezada la expedición de
vuelta, pero José no se movía. Elevó los brazos subiéndolos en
vertical despidiendo la original fuerza de su ser, imantando de
energía la sala. Era imposible el desplazar a aquellos hombres
enterrados vivos, su poder no era tal. El no podía mover ni desplazar
a seres vivos, las habilidades de las que disponía le limitaban, pero
si podía empujar objetos y en eso consistía su concentración. Luchando
interiormente regaba el ambiente, los libros iniciaron un temblequeo
de moverse desplazándose. Lento y rigurosa parecía empresa difícil
mover el volumen de no sólo los libros, sino al freno de las personas
tapadas que sumidas ejercían su descanso sin poder reaccionar
atrapadas en el soterramiento. Bastión fortificado de superación por
José que parecía insatisfecho de sus límites, conseguía con todo amor
propio el empuje de los libros abriendo una hendidura central, los
distribuía a izquierda y derecha formando un gran surco.
Gallardo, consiguió mover toda la masa amontonada dejándola agrupada
en dos grupos colaterales. José inició el paso, y Gaudi le siguió sin
dilación- Vamos Moisés, yo te sigo- confirmó Gaudi diciendo lo que tal
escena le parecía.
-Aun quedan 80 prosélitos -contaba José números reales a la cartilla
de catequesis. La Guardia Suiza estaba compuesta por cien soldados,
cuatro oficiales, 23 mandos intermedios, 2 tamborileros, un capellán y
70 alabarderos, que eran los portadores de la alabarda, la arma
tradicional de madera con punta de lanza que se escuda como arma
ceremonial.
Gaudi y José no se detienen en cuentos de catetos catequistas y pasan
lanzados desde la última de las tres salas al pasillo de entrada. Un
contrincante que viene en su contra se lanza con la lanza intentado
penetrarles. De susto la para José tirando de un brazo sin que puede
moverla el soldado, a la vez que con los nudillos apretados ejerce un
puño en su cara, que partiéndole la nariz cae. Golpea palma en mano
contra la barra de madera de la lanza, partiéndola, viendo venir a
otro lacayo que le apunta carne de cañón, se la tira salvaje
barriéndole del medio.
Agarra el arma retenida por el oriundo cantonés helvético al paso.
Caminan ligero casi a trote ellos dos, discrepando con los
combatientes que llegan a galope. Las balas se esparcen de un costado
a otra ala, los guardias vaticanos que se presentan a la llamada del
deber van cayendo ante semejantes por un enemigo ardor sin armadura,
sin alarde, con su cuerpo como sortilegio brama asignando intrépidos
ritmos de golpes, y balas agitadas a chupadores de credo, como
monstruos en la noche son combatidos con todo el bien que le ha sido
designado para tal propósito.
El cazador está dentro de la cueva de las alimañas. El portador de la
profecía de la liberación se ha infiltrado en el campamento base de la
reina madre. La predicción la creó él, la jura de la toma de la ciudad
prohibida la prometio él, y juró a muerte por Dios que le mataría. Hoy
acabará con sabandijas que le cubren su palacete, renacuajos
saltarines en la charca más suntuosa. Racionar en el temple de su
auspicio equivale a asignar a cada soldado una única muerte sin
ensañamiento, sin exasperar el dolor en él, deliberadamente enmienda
la duración del tiempo que se les acaba a los fieles mercenarios de
mil euros de crédito en su convencimiento, eliminados como lo que
fueron, fe de erratas. ¡Exterminados!, en el fuero de sus cuerpos,
competentes privilegiadas ratas mordiendo del queso suizo, del alijo
del tráfico ilegal de corrupción, del transito de influencias al
movimiento lícito del género de mercancías. Lechones cuajados,
apostillan en el archivo público de José su inspección espontánea de
final previsible, fecha de caducidad ¡Hoy!
A cada metro de terreno aparecen nuevos guardias suizos dispuestos a
detener a los entrometidos sin derecho beatíficador, sin éxito en sus
más que codiciados deseos. La ofrenda floral de José no está ligada a
las creencias populares, burladas por los aterradores profesadores de
la fe, fervorosos acuden a la llamada de la iglesia, a la ceremonia
del sacrificio ofreciendo su cuerpo y sangre, fiel entregados a las
precisas palabras. Dádiva floral de José, que no regala flores sino
dona a la vida ¡muerte!, que acumula interesado el dinero no embolsado
de donativos caprichosos de respeto, para dirigirlos al lecho de los
que no tienen para mamar pecho, para las que se los arrancaron, y a
los que no se les parte por decir, ¡Ayuda! ¡Me muero por no comer,
envíame el fruto del grano! -de culo van.
A José se le acaba la munición de la metralleta y la arroja en marcha
a la cabeza de un reventado tras el vestigio, enemigo. Un contingente
de unos diez soldados se echan sobre él, con la intención y única de
santificarlo, para laicos entiendan que santificándolo será
dedicárselo a Dios. ¿Algo que objetar? ¡No creo que no! ¡José arremete
bárbaro!, y lucha ante preparados hombres de gimnasio con palmos de
metros combatidos en tatami, igual casi que José, pero él conoció y
luchó sobre antiguas colchonetas hechas de pajas en el campo abierto,
sin agua, sin viento, sin dudar bregaba allá en la divisoria del nuevo
horizonte, del nuevo testamento, y durante muchos siglos más durante y
después que relatar.
Era poco menos que julio, camino de insurrección, en injurias alzadas
se escuchaba la vulgaridad de gónadas, sobre mercantiles afanadores de
lucro sacado en la contienda. Bravatas esforzadas en que fueran
escuchadas, soberbio afanaban edictos de ley acongojantes por tenerlos
siempre en la boca su despreciable lucidez, de mentirosos enojados por
pillarles a descubierto de la impureza de su corrupto mando. Don
Alonso dícese Guzmán el bueno, de hijo ilegítimo, de capitán de reyes
católicos, Alfonso X, Sancho IV y con apoyo moro por estado
soberanista del Rey de Marruecos. Y prefirió el sacrificio de su hijo
Pedro antes que rendir la plaza de Algeciras. Osado desafió tirando
del asediado castillo el cuchillo con el que su incesante conquistador
le provocaba, e irritado este, degolló al joven ante la insulsa y
arrogante mirada del Juez de arbitraje.
José tuvo una reacción desmedida, sin poder transigir aquel miserable
condolerse, la sarta en deshonra le claudicó tan ruin veneno de
culebra de arroyo escapada al desarrollo de un malogrado pinar. Una
rivalidad de tantas que se avergüenza de haberla vivido. Observando
como Guzmán el bueno despreciaba a su propio hijo, y como el enfermizo
Don Juan maniatando a su propio paje que era el hijo de don Alonso, le
degolló. Para no contento, mandar cortar su cabeza y catapultarla al
castillo.
José enfermado de lo poco en la nada que entendía renegaba de la
supremacía deletreada por humanos. Un padre que dejaba matar a su
propio hijo, mientras otro villano mataba a un sirviente suyo simple
por el hecho de ser del discrepante padre.
Insubordinó su espada, empuñándola cuajó cuantas cabezas a su filo se
acercaron, y descabalgó a zenetes de sus estribos al amputarle
piernas. La sangre regó el árido trozo de tierra donde inspeccionaba
el grupo superior de la octava de infantería de Guzmán el bueno. Su
acabado pusilánime, y la reconquista de sus bríos por ser más
auténtico, sin ideal acampar a sus anchar y buscar su mundo, estaba a
decenas de años de ser encontradas en la batalla de Nicópolis.
Uno a uno acabó con toda una legión de su propio ejército. Este
momento fue interpretado desde el castillo como hora de salir a
defender la ciudad. Jinetes Hispanos atacaron el campamento pero José
no tenía amigos, y aquel que se cruzara era doblado por su endemoniada
espada.
Se dirigió a Pedro, que a pesar de que José divisaba alejada la
amistad en su norma con los demás hombres, había presenciado gran
nobleza en diversos gestos de aquel paje, hijo del propio dueño de la
plaza a conquistar. Se retuvo a su yaciente vida, y le dio un beso en
la frente participando de alguna manera que él sería quien lo
apadrinara como su hijo en la muerte, al no haberlo tenido aquel
muchacho en vida. Le arrancó el puñal, y se levantó aun mirando lo que
quedaba en el destierro del suelo. Compuso su mirada hacia la almena
del castillo, donde permanecía Don Alonso, y le envió de vuelta a casa
el puñal. Habría más de 200 metros de diferencia, pero la distancia no
le imposibilitó que derramando el cuchillo sangre del hijo caído en su
vuelo acabada clavándose en la armadura del rey, justo en el corazón
que no merecía tener. El armazón que cubría a Don Alonso defendió ser
atravesado en defensa del cuerpo, pero sí fue al menos suficiente para
que un centímetro le hundiera debajo de su piel, cicatriz que le quedó
afrenta el resto de la vida. José, violento cruel, arrojaba su fiereza
descomunal sobre oponentes adversarios, e ignorados benimerines de su
división...
Ahora igual, atroz arremetía tan cruel que si se viese le daría miedo
su propio yo, de cómo contendía ante los seguidores de la hincha
vaticana, que Gaudi en sus cuentas matemáticas le decía a su espalda-,
"28" -soldados sentenciados, más los 20 que habían quedado apuntados
en la reserva de los libros. Los rayos vaticanos perdían luces por
truenos presenciales de José.
Se oyó de improviso fuertes explosiones, varias consecutivas sin que
parase la embestida de José, pero si los refuerzos que acudían de
guardias suizos que disminuyeron en venir. Tras librarse de la última
hornada combativa parece que pueden pararse, y no en su caminata, sino
de maniobrar decidir como salir de allí. Habían llegado a un punto
donde partían diferentes canales, uno de ellos era sin duda de donde
habían venido, ¿pero cuál? Y no sonaba absurdo no saberlo, ya que
aparecían exactamente los mismos túneles desde el frontal, que el
reverso de donde se pusieran Gaudi y José. Y no solo esto, aparte
cuando entraron no pudieron tomar señal para su salida, porque en
ambas paredes que delimitaban lo que podría describirse como una zona
central, el punto x de los canales tenía sendos tabiques de entrada,
cada una calcada.
Mediaron en su decisión acertar en la dirección por donde huir, y
antes que optaran una voz les hacía mirar hacia donde les estaban
chispeando. Era Markuss, el guardia suizo amigo de José.
-¿Ha ido todo bien? -Preguntó más llegar a su nivel los dos hombres
que fueron a su encuentro.
-Sí Markuss, hemos conseguido encontrar lo que buscábamos, espero que
sea suficiente.
-¡Me alegro! -Sonrió profundo Markuss a sus dos compañeros de fatiga.
-Vayamos por aquí, os conduciré a una salida segura. Con las
explosiones desconcertaremos a la Policía Italiana que se concentrará
en documentar las inmediaciones del Vaticano -les entregó a cada uno
una linterna para alumbrar el camino. Era lógica la certeza de que
Markuss le llevaría fuera del Vaticano, en territorio italiano.
Por el túnel viajaron adelante sin apenas comentar nada. Tras una
próspera marcha, Markuss la detuvo al llegar a una bifurcación.
-Ir por aquí -mencionó el infiltrado guardia suizo-, por el camino de
la izquierda -hablaba intermitente por la carrera que se habían dado-.
¡Escuchad bien!, cuando lleguéis al final del corredor sobre la pared
encontraréis una argolla, ¡Tirad de ella, y os dará la salida! -Se
detuvo para coger aire y siguió explicándoles-. Yo he de volver,
dentro de diez minutos sonará la tercera carga de explosivos para
distraer a los carabineros italianos en vuestro escape. -José asintió,
le agradeció agarrándose a Markuss de los antebrazos, conservando
durante un segundo el parón del tiempo. Sosteniendo las cinturas de
José y Gaudi, Markuss le dice a este un favor último-. ¡Cuida de José!
-Gaudi aceptó honrado este cariñoso mensaje que le daban.
Markus se dio media vuelta y marchó acelerado distanciándose de ellos
dos. A los pocos segundos las miradas de ellos que retenían su
retirada hacia atrás dejaron de divisar al soldado suizo.
-¿Porqué ha vuelto y no viene con nosotros? -Preguntaba Gaudi- ¿No
correrá peligro...? -De carrerilla le hacia llegar sus dudas a José,
temeroso de qué le pudiera pasar.
-No temas por él, sabe cuidarse. Ahora va a causar un poco de revuelo,
y liar a los carabineros. Un poco más tarde saldrá del vaticano,
quedarse después de lo de hoy sería muy arriesgado. -José paliaba en
parte la sensación que tenía al respecto Gaudi, y le animaba apoyando
hombro en brazo. Al hacerlo José percibió la sensación de miedo que
tenía no por él, era miedo en general por todos y más por Markuss.
José también recelaba, pero debía continuar-. ¿Estás cansado? -le
preguntó a Gaudi.
-Puedo seguir -Le contestó a José, no queriendo lastrar para nada el
escape.
-¡Vamos entonces! -Dijo José, y de nuevo los dos marcharon ligeros a
la carrera por el túnel guiados por las linternas de gran potencia que
portaban, sin tensión a que pudieran tropezar.
Los pasos retumbaban al pisar, haciendo que el silencio hablase. Hacia
la otra recta Markuss había llegado a la banda intermedia de los
túneles donde recogió a los hombres que acababa de dejar, tras guiarle
por donde escapar. Se sobrecoge al hallar de frente al candidato a la
presidencia vaticana, Ratzinger. El guardia del vaticano le saluda
oficialmente, y al hacerlo sin que pudiera verle venir es atacado con
brazos en cruz perdiéndole la vida de un suspiro. El cardenal recoge
su alma, tras matar al cuerpo que moraba en él, con su crucifijo.
Entretanto José y Gaudi sin tener conocimiento han llegado al final
del túnel, y buscan la argolla que les menciono Markuss cuando aun
vivía, sin que ellos puedan saber lo que acaba de pasar. La encuentran
medianamente fácil, que sin conocer que está pasaría desapercibida al
estar cubierta a la pared por una capa de oscurez total, del mismo
tono rojo amarillento del túnel para su disimule. Tiró José de ella y
una abertura se abrió, concediendo la medida necesaria para que
pasaran sin agobios. En este momento midieron sin grado de escala un
corrimiento de tierra, únicamente era la sensación al encontrarse en
la cámara caliza. Ellos saben que el estupor obedece a la tercera
carga de explosivos, de la cual ya estaban advertidos.
Zigzean en el pasadizo que se estrecha cual fuera un embudo, y en la
parte trasera encuentran otra gárgola, que al tirar de ella José debe
hacer la abreviación de contradecir términos y reverenciar empujando.
Al mover la piedra hacia afuera se maquilla para ellos la luz del
manto de estrellas en el púlpito de la anochecida noche. Con la
acalorada marcha Gaudi y José, ambos hombres saltan del agujero donde
encuentran a tierra firme, en apenas un metro de separación ya van
respirando aire fresco del que llenan sus pulmones, del contaminado
aroma de la roma industrial.
Entre paredes orbiculares con varios metros crecidas en su desarrollo
pueden divisar el cielo, pero ahora están pillados en un laberinto que
Gaudi no retiene en querer conocer su lugar-, ¿dónde estamos?
José no desembaraza respuesta de inmediato, y le da a Gaudi la
libertad de pensar que lo desconoce-. Menudo asunto padre- bascula
para incitarle a recibir una respuesta condicionada a la eucaristía
particular, pero José salía del círculo vicioso de entre las paredes
en un desplazamiento por un surco radial, diciéndole-, ¿de verdad no
sabes dónde estamos?
Gaudi salió seguido con alta sugestión. La circunferencia que les
aprehendía era monumental, una plaza de gigantesca relevancia llena de
fieras célebres en antaño centraban su apogeo, hoy decadentes felinos
rugen maullando las ruinas de -El coliseo- Pronuncia Gaudi hallando
sentido por sí mismo en su inconfundible respuesta.
No necesita esta vez que confirme José la apreciación, porque certero
lo sabe que eran las ruinas del Circo Romano.
Prestando gran afición por el Monumento cede al empuje de José y al
propio esperado por él de secuencial el presente, en un rato al futuro
con latidos y respiración calmada en bostezos-. ¡ Arrivederci
Vaticano! ¡ Presto ritorno Coliseo! ¡Ciao Roma!
A pesar de la hora, hay bastante gente por las calles al ser festivo,
y se juntan los foráneos turistas a la fiesta papal. Las sirenas de
coches de policías y bomberos no resulta ocasional para ellos dos, que
en plaza de España toman un café dejando que se escape los minutos
antes de dejar la ciudad. Sonámbulos caminantes calmados de cafeína
cogen un taxi no registrado y les lleva a la estación de cercanías a
las afueras de roma.
Con el billete en reserva, y el engañado equipaje de dos maletas
consignadas automáticamente por algún amigo familiar en la propia
estación, atrapan el tren de camino Roma-París. Estaba planeado
rehusar cogerlo en Roma que estaría atascada de incertidumbre y
subirse en subsiguiente intervalo al destino Francia, sin sospechas.
Capítulo IX Ptolomeo & Ptolomeo
En el coche-cama. Gaudi se había acomodado en que la vida transcurría
en tres días. Uno se pasaba durmiendo, otro soñando, y el tercero
cansado de malos sueños se prefería estar dormido descansando a la
repesca. José llegaba de refrescarse, enjabonado de suprimidos
negativos-. ¿No está viendo el libro? -Le pregunta a Gaudi.
-Me da un poco de temor lo que pueda encontrar y prefería que
estuvieses aquí. Creo que era meritorio que te enterases según lo
viéramos juntos.
-Te lo agradezco Gaudi. ¿Está escrito en griego no? -le preguntó.
-De lo poco que ojeé en la librería, el texto estaba redactado al
igual que la hoja que encontramos en León no exactamente en la lengua
común, parece desviada a un dialecto de raíz griega -pausó y pronunció
la incumbencia- ¿Vamos allá! -Quizás no lo preguntó, y tomaba la
decisión de entrar en la historia.
Para José con pocos precedentes habitaba la opulenta falta de
conocerse, desde sus orígenes.
Gaudi revisaba el libro leyendo para él deprisa, saltando páginas
adelante y atrás, y razonándolo lento en acampadas intermitentes para
digerir el calado intestinal que le apretaba según leía. Para José, la
más pronta explicación era haberse entregado a voluntad el tiempo al
libro, de lo lento que pasaban los siglos esperando propiamente dicho
conocerse.
-¡Pero esto no puede ser! -Actuaba Gaudi excitadamente sorprendido.
-¿Qué ocurre? -preguntó preocupado José de lo que se pudiera haber
hallado.
-No concordaba las fechas, los lugares, los nombres y tanto que este
libro no es de Claudio Ptolomeo.
-¿Entonces nos equivocamos de tomo? -Volvió a preguntar José,
realizando el desmedido pensar que habían fracasado en su actuación en
el vaticano.
Su acompañante lector pasaba el dedo entre líneas, traduciendo lo que
decía.
-No José, este es el libro que queríamos. -Mira- le lleva de la mano a
una pagina del tomo y no encuentran perdida la falta una hoja. -Es la
que encontramos en la iglesia de león. ¡Este es el libro! Pero no está
escrito por Claudio Ptolomeo sino por ¡Ptolomeo I Sóter!
-¿El qué fue rey de Egipto? -Respondió en pregunta José ante tal
revelación.
-Sí -afirmó monosílabo-. Aquí detalla en principio parte de sus
guerras al lado de Alejandro Magno cuando era general de sus tropas,
incluso menciona brevemente cuando vivía en la infancia en Macedonia.
Por eso este inestable griego, allí hablaban un dialecto similar. Por
lo que parece son crónicas de su vida, una especie de diario, y
siempre habla en pasado. Así que serían una especie de memorias.
Gaudi miraba a José tras contarle estas apreciaciones. Los dos se
estudiaban, y podían decir tantas cosas que no dijeron nada. Tenían
tantas dudas que obviaron el preguntar, y actuaban las respuestas que
podría dar ahora este libro que indicasen las acertadas. Gaudi volvió
a fijarse en la lectura y continuó narrando según derivara, contando
los números de las páginas- Ptolomeo I Sóter curiosamente también
tenía un libro desaparecido -dio este detalle a José y continuó en la
forzada realización de incorrecciones paradigmas.
-Nos menciona la tierra, donde fue descubierta por seres superiores de
otro planeta. Dejaron a un dirigente para enseñarles, aprender y
experimentar. En los últimos siglos este ser se creyó un Dios
impartiendo injusticia en su parcialidad. Decididos que era el momento
de controlar su mal desempeño en nuestro mundo descargo de funciones,
se podría traducir como deshabilitarle de su cargo. Llegaron del mundo
lejano a por él, para llevárselo y diera cuenta en su planeta de
origen. El que se denominaba Rey de los humanos fue con ellos con un
presente para su pueblo natal. Un arca, un recuerdo troyano del pueblo
de Egipto por considerarles sus grandes amigos, y se invito a
trasladarlo en un barco volador. Debe querer referirse a una nave -
dejaba su pequeña corrección Gaudi.
-Cuando llegaron al mundo originario le condenaron por su apagada
solidez en los mandatos que debía obedecer en su hacer en el mundo
humano. El condenado se rebelo, ayudado por hombres de la tierra que
viajaron preconcebidos polizontes en el arca. ¡Fíjate en el dibujo! -
le mostró la imagen que enseñaba el libro.
-¡Es una copia del mitológico caballo de Troya! -apreciaba José más
verlo.
-Copia o no, lo utilizaron para sorprenderles. Sigo -paró de parloteo
exquisito y se concentró en leer-. Conseguimos huir en un barco
vola.., ¡en una nave!
-¡Para! -le detuvo José-. ¿Has pronunciado conseguimos?
-¡Sí! -ratificó Gaudi.
-Entonces uno de los hombres que viajaron el arca era el propio
escribano que nos lo entalla de su puño.
-¡Si! -sin condicionarse Gaudi por este aporte que se apreciaba fácil,
lo dejo de corto para seguir transcribiendo la historia escrita-.
Alejándose por barco de vuelo a la Tierra se trajeron adrede por
ocurrencia premeditada dos niños -ahora si Gaudi paró dando prioridad
a la llegada de su pensamiento-. ¿Hablará de Ti y de María?
José compartía prominente la misma ocurrencia, que para darla como
sensata preguntó convincente -¿Qué edades tenían esos niños? ¿Hace
fechas de cuando fue?
Gaudi pasaba página para responder a lo que obedecía-. Menciona niños
de leche hablante, quiere decir menor de seis años y mayor de tres.
José no tomaba esta respuesta como cierta para hacerse acreedor de ser
él uno de los niños que se mencionaban, al haberse memorizado
recuerdos de su niñez, ahora ya extinguidos por distintas edades
vividas.
-La fecha de cuando viajaron entre planetas no la indica pero
sabiendo, o presumiendo que Ptolomeo I Sóter vivió siglo tres A.C.
debe guardar cierta simetría -aportaba Gaudi-. Antes de escapar, por
mandamiento del Dios humano que les anticipó donde y como,
consiguieron inutilizar los parámetros de seguimiento del planeta de
origen para interrumpir la localización de la nave y llegar a la
tierra. Al volver se sirven de la inoperancia en origen para desplazar
la tierra-. ¡José! Aquí habla de que la tierra permanecía quieta, y
ahora no me especules que era un dicho por la ignorancia. Te cuento
que dice, que se localizaba en otro apartado espacial. Hubo
inexcusable por fuerza mayor que trasladar el planeta antes de que
enviaran barcos de guerra para castigar al insurrecto y liberar el
secuestro de los niños. Nuestro Rey del cielo desvió la tierra
poniéndola en otros mundos, en giro medido con otras estrellas ante un
gran astro de luz, ¡El sistema solar! -afina Gaudi al entenderlo-. Así
pudo disimular este planeta, y formó un escudo que impedía verlo en su
giro al camuflarlo detrás de una estrella que distorsionaba si llegara
algún seguimiento del planeta de origen o de cualquier mundo exterior
al que respiramos. ¡La estrella zeta! -acierta en decidirlo, y muestra
a José un gráfico de una constelación que estaba dibujada en el libro.
-¡Es la osa mayor!
-¡Exacto! Y la estrella que brilla con más fuerza, concuerda en la
posición con la estrella zeta, ¡la estrella Mizar! Parece aclarar que
esta estrella junto a una doble, debe habla de Mizar 2, actuaban de
espejo si alguien miraba hacia la tierra desde otro destino sólo
salían espacios de la nada, un vacío apropiado para engaño profundo.
-¡Qué filósofo te pones con tu griego!
-¡No, no! Lo dice aquí, bueno, mas o menos -pillado por sus palabras
sonreía a José, y acude sin dejar solo al hueco a la apertura del
libro que encierra por un dedo, ¡todo!
Al pasar de hoja se detiene explicativo por lo que muestra-. Parece
por la forma una especie de observatorio astronómico o una piedra de
sacrificio -la ilustración antojaba un circulo de piedras-.
Está descrito que era el puente para viajar a la estrella que tenía el
motor impulsor de energía del mundo en caso grave. Fue dispuesta por
el visitante legítimo para administrarla, sin conocerse la totalidad o
parcialidad que usó, y ante una nueva amenaza se conmutaba la clave
credencial. Se accedería grabando el criptograma con las inscripciones
establecidas secretamente por los visitantes estelares. ¡Y están aquí,
son estas! -cuádruples ojos fijan la inscripción a representar.
Eran cinco líneas de caracteres equidistante. La primera-, está en
latín ¡Cero!- acertó José.
-La segunda es una cifra griega, ¡35! -anunciaba Gaudi.
-La tercera es árabe -transleía José- creo que dice 26 11 1941.
-¡La fecha del ataque a pearl haword! -certificó Gaudi.
La quinta -José dejaba sin intentar corregir la frase cuarta, que al
igual que la sexta eran ideogramas sin fundamento conocido-, no sé en
qué lenguaje está escrito.
-Va a ser... ¡Indouropeo! ¡2004 2005! ¿Dos años correlativos? -dudaba
de haber ajustado bien.
-¡Es una sola referencia Gaudi! ¡20 abril del 2005! -era acertada la
afirmación.
-Y se cierra el jeroglífico de arranque, ¡clavándolo con una Z! -decía
Gaudi, aceptando que había mas cosas interesantes que contar, aun no
fueran números-. El hombre que hace el grabado en la piedra -según
observaba en el manuscrito- parece llevar, mejor dicho ¡es una
Svástica! ¡La Svástica comunista era el sello de unión del otro mundo
qué sólo las dos familias que pactaron el cierre de seguridad
conocían! -cogía carrerilla para leerlo del tirón- Me han colmado
José, lo digo con toda la apología que pueda expresar de aspiraciones
por saber.
José callaba reteniendo recopilar cada detalle. Tan disparatada
síntesis para oídos religiosos, enjuiciarían malas dotes para hacernos
chantajistas de amerroneas celulares del cerebro, por anomalía
depravada carente de complementariedad anorgasmica.
-¡Qué locura! -intentaba decir algo de lo que no sabia como
explicarlo-. Una coordinación perfecta en su momento, con claves
numéricas de distintos idiomas -o surgidos del mismo -alternaba José
por si acaso-. Las frases tercera y sexta deben ser signos de los
visitantes espaciales, y aunque no sepamos que cifra son no nos hace
ya falta. La grabación hay que hacerla tal cual es en cada lenguaje.
¡Lo tenemos José! ¡Tenemos todas las claves! ¿Pero a cual entrada se
referirá para acceder a la estrella de energía? Hay varios monumentos
prehistóricos con ese aspecto, y eso en el caso de que no halla
desaparecido el expreso.
-¡Ese es nuestro trabajo Gaudi, descubrirlo! ¡Nos jugamos la vida en
ello!
Gaudi siguió metido hasta la retina confiando en expandir la realidad.
-Cambiando de contenido, el Anj lo utilizaba Dios para recuperar la
vida, ¡no!, la energía a otros dioses menores. Cuando dice dioses
menores podría tratarse de individuos como tú -sin preguntar le decía
a José.
-¡No lo descartaría! Lo del Anj tal como nos dijo María era cierto.
Tiene un sexto sentido.
-¿Por ella o por ser Mujer? -invitaba Gaudi a la cuestión.
-Por las dos cosas -admitía José en respuesta.
Gaudi reemprendió al caso- Nos impresionan en esta imagen de Anj el
enterramiento junto a los difuntos.
-Deberían funcionar como un transmisor entonces.
-¿Pero después que ocurrió? Pasada la civilización egipcia no se
prosiguió con el rito.
-¡No lo sabemos! Si seguimos pensando que Dios robaba la energía de
los cuerpos, la pudo haber sustituido o perfeccionado por cualquier
otra cosa, y la cruz irrumpió en esa etapa de tramite no lo olvidemos.
Ahora sería la versión 2.0
-¿Versión 2000? -calibraba Gaudi.
-Hablaba más bien de una actualización de su programa malicioso.
-Como un virus -alertaba Gaudi.
-Como un troyano estratégicamente insertado socialmente antes del
inicio. ¡Somos colmenas de energía para él! Campos de exterminios para
adueñarse de nuestras almas y utilizar su poder, y de donde más
consume es del mercado negro.
-Pues si que es bicho malo el asunto -daba doble inocencia granuja
Gaudi en su frase.
-Hay algo que tienes que tener seguro, y es que no hay que
menospreciarle ya que corremos el riesgo de morir todos.
-No tengo miedo a la muerte José, ¿cómo puedo temer lo que no conozco?
¿Tú sabes...?
-No Gaudi, no puedo explicarte que ocurre cuando se muere, y es mejor
así. La absurda espera conociendo el final es un definitivo morir en
vida, mejor hacer esperarla rebosante de ella- daba consejo, que no
práctica de maestría José.
Definieron centrándose en la explicativa conclusiones masificadas
-Así ha estado siempre descartada la existencia de este libro, que
permanecido sellado para la humanidad Es un peligro para ellos por
toda la información trascendente que abarca -era un detalle hábil que
daba Gaudi.
-Tal vez Dios hizo que le escribiera la biografía, o guardar el pin de
acceso a la energía.
-¡Push! No te creas que no, hay aspectos que son narrados de boca de
otro, y no sé separar si fue para que lo redactara Ptolomeo, o se lo
apropió para después plasmarlo a su letra. Y bueno, lo que quería
comentarte volviendo a la mención del tiempo que ha estado oculto el
libro, es que entiendo que fue pasando de padre a hijo por distintas
generaciones de Ptolomeo, al menos una, ya que al final hay, si
centras aquí la vista lo verás -enseñaba a José donde mirar- una parte
escrito con distinto pulso, no soy grafólogo pero diría que es
distinto tipo de letra, y se nota en el grosor con el que se ha
escrito.
-Tienes razón Gaudi, parece que es como dices.
-Pues déjame decirte que lo que cuenta es que tras desviar el planeta
Dios apagó bastante su fuerza y casi absoluto desapareció para
reponerse de energía. Los niños que vinieron del mundo lejano fueron
sacrificados al llegar a la edad adulta tras haber tenido relaciones
obligadas con humanos. De cada uno de los extranjeros estelares se
obtuvo un hijo, en un caso un niño y en otro una niña, que alguien
raptó del palacio real para que no corrieran el mismo favor que sus
ascendientes.
En segundo preámbulo, la inyección de apetencia usual de embriones
inhalaba examinar aplicaciones madres y padres de José y María,
asesinados por Dios. Y ellos, niños de laboratorio piramidales, sus
lados de triángulos se juntaron en un solo extremo, Jesús.
-Lo más duro espera siempre al final -abroncaba Gaudi dando por
terminado el libro.
La balada triste se dejaba escuchar por ambos lados. En el exterior no
se tenía forma de contar, en el interior, lo que se lleva dentro
permanecerá por siempre muerto.
La música melódica engañosa le hace sentido de sufrirlo, aunque calle,
no se tendrá ya más tarde apacible, nada.
Lo tenía todo para hacer su poca inventiva canción. Una estación de un
tren del que se escapó, un amor que se prometió, una tristeza de
libro, y una María que no podrá superar asomarse con los ojos cerrados
al infierno que trasluce ante las persianas de los párpados. La misma
estrofa para cada rosa, y la suya personal le hace dedicárselo muy
mal.
Buscando un momento para cambiar de tema, como no te metas nunca te
dejarán-. ¿Para qué querías que comprase las entradas del Museo? -
aprovechaba Gaudi con justificación pasar a un punto aparte.
-Por si acaso hubiéramos tenido que esperar a que abriera y salir como
turistas -le daba la pauta razonable.
-Pues me debes 24 euros, que lo sepas -le simpatizaba Gaudi, que tenía
otra pregunta reservada- ¿Cómo supiste lo de la inclinación del
espejo?
-En 1929 hubo un gran acontecimiento que dejamos pasar, el crack de la
bolsa de Nueva York que formó una línea a la baja, en caída libre.
-Gaudi se asombraba de la causa- ¡Yo jamás hubiera atinado con ello!
-¡Tú has dado con todo, eres el enemigo numero uno de la iglesia! -Le
señalaba José.
Rendidos por la Roma vaticana detienen la charla requisados por el
cansancio, acostándose en las literas que disponían. La sucesión de
sueños dispersan plantaciones irreales, terciando la tregua del
descanso la curva del pestillo de la puerta del vagón parece virar.
Suspendida la lentitud de abrir los ojos, se avivan conectándose tras
la rota cadena del sueño. José incumple una ordenanza, dejarse
sorprender.
-Soy tu amigo José, sólo quiero hablarte -la mano prescribe lo que
dice la voz que le habla al faltar a las palabras, arrestando la boca
con susto y violentando a que quedara echado sobre la litera.
Desengañado de amistad José se azuza para quitarle de en medio
directamente, sin rodeos. Sin más no poder, echándole de su lado
consigue respirar con la mira puesta en su amistoso enemigo-
¡Ratzinger!
-¡Eres muy rencoroso José! ¡Además tengo algo que darte! -Gaudi
reposaba quieto dormido ¡o muerto!, en rápido pensar no dejaba José de
suceder reflexiones. Ratzinger se aprovechó de esa confianza para
engañarle. Sacó lo que sí se podía esperar de él, una Svástica
comunista para cortar por lo sano aquel vínculo esporádico e inseguro.
El mal trato que le sacudía Ratzinger enviándole fortuito el arrojo de
enajenación, privaba de una nueva oportunidad de hacer las paces. José
no quiso liarse en recoger el presente de Ratzinger, y se fue con la
cabeza bien alta atrás. Evitó el encuentro, pero desalentado del
incidente por el golpe que se le vino encima, se hacia daño
rompiéndose en la cabeza parte donde detenían sus sueños, un madero en
el tabique. La Svástica marcó a su lado izquierdo la despedida.
Cuando abrió los ojos, sensitivo relacionaba haber sido un apurado
sueño, empero detenía una corrección el listón de madera donde soñó
que impactaba la Svástica. Había en el sitio una raja profunda, y era
desidioso decir que si, que ya estaba antes. No la había visto, pero
por ello no creería que hubiera sido la presencia de Ratzinger allí
real y se hubiera marchado de haberlo sido sin matarle volviendo a
llevarse el arma. El sueño profundo le tendía una reclusión de la
orientación.
Se levanto y oía como Gaudi roncaba. Se pidió un trago de agua, y se
sirvió salir al pasillo para despejarse. La postal que emitía las
ventanas del tren era de catálogo a pasos deprisa, sujetados por
postes inacabables por el circuito de variación.
La óptica pescaba en la noche luces para distinguir cruces con
niveles, avisado era previsor de andarse siguiendo las señales. A la
parte derecha del vagón vio salir del penúltimo compartimento a un
cura siguiendo la misma dirección. En esta ocasión, es cierto que por
la muerte del anterior papa y la preparación para nominar el sucesor
en el futuro, cónclave la asistencia de seleccionados alistados
soldados rasos de Dios a la ciudad del vaticano. Al caso usual de
ordinario, le despierta suspicaz aligerando preguntarse dónde irá.
Había un servicio en el esquinazo del vagón a la izquierda, y la
cafetería también siguiendo el mismo curso en el primer vagón, en
puertas a la locomotora, que andaría aparte cerrada. Decidía antes de
preguntarse otro qué, atestiguar registro por vocación achuchado por
el traqueteo.
-16B -era el camarote por donde salió el sospechoso, puntúa José sin
prisas.
El sacerdote desmandaba sin suspensión las siglas de la interrumpida
establecida de no fastidiar la segregación de la unidad
constitucionada indivisible incorpórea.
Uno tras tres más, se desliza con calzado de tanqueta aferrando
huellas, fondeando la patria europea al sondeo de ministro
eclesiástico de la derecha conservadora, añorando doctrinas
totalitarias nacionales. Vistiendo de gala su traje de faena, compañía
"camicia nera" del diseñador mussolini, catarsis en la reserva de
cuarto al llegar al último vagón, el de mercancías.
El sacerdote echaba horas extras, polifacético empleado de Dios,
hermano político, soldado piadoso, almacenista fervoroso, y ahora
practicante de contable y aprendiz creyente de monos incubados en seis
días. -Una, dos, tres, cuatro, cinco, y seis, ¡correcto! Se agranda al
comprobar que están todas las cajas que transporta garantizando el
buen aporte a la comunidad.
Al techo colgado de pies haciendo dotes de vigor se columpiaba José,
que había escalado por el exterior del tren, cotilleando al pasajero
achaque del noctámbulo que no tenía cura para dejarle dormir con
pequeños angelitos.
El viajero doblado del crónico trabajo abandonaba la postura molesta
que le ocupaba, y dejó la jornada infernal para retirarse a descansar.
La puerta de salida de entrada se cierra, la de entrada de salida se
abre por José, presentando honores.
-Provisto de atención, en dos trancadas acordona las cajas visitadas
expuestas para hacer balance. Levantando provisional por tirón de
nervio una tabla de la primera, que hacia contrapeso para las otras
metía el ojo, sin tener oportunidad de magrear tocaba renunciar.
Picado, iba de cabeza el brazo y rascó ente la tabla abierta para
revisarla dentro. Cargado por tope sacó la mano, la abrió a la vista y
eran crucifijos como los que le atacaron los supuestos Ustashas en
león. Invadido por nutridos amuletos del mal se le calló en condena
cuando los acunaba en su mano.
Con la custodia moral bajo su habito personal, había regresado el
sacerdote para la revisión que se le paso por alto sin fichar.
Nublado, equivocado de contemplar la evolución de las especies- ¡Es
mentira, no es posible! -encontrar un hombre allí-. ¿De dónde ha
llegado? -¡Malditos eslabones! ¡Monos tenían que ser para que no
escucharan a Dios!
-¡Llamaré al revisor! -no tiene más recurso que el pataleo, bocaza de
amenazas por denunciar al estar sometido al analfabetismo racional.
-¡Creo que no! -Reprimiéndole José paraliza su acción, deteniendo la
continuidad de la insustancial palabra de tutela. El hábito del cura
rasgado de pavor se lanza a por un crucifijo dilapidados imprudentes
por el suelo.
José no acierta al creer que lo armará para atacarle, y al contrario,
busca defensa pidiendo ruegos para que no le hagan daño.
-¡Nadie me puede salvar! ¡Confío en Jesús hoy! -José iba a trenzarle
la cara por nombrar lo que no tenía que decir, habiendo sido enseñado
mal por un foro de familia católica protestaba cuanto le venía en
gana, pidiendo respeto por su entendimiento verdadero. Cruzado de
bruces se cruza crucificado por un crucifijo que se activa y le sorbe
la vida de caramelo desgastado de emporio.
El clérigo sin energía, agotado, se rinde al descanso eterno. José ya
no puede hacer nada por él, ni a favor ni en contra. Teme acercarse a
la cruz homicida, tras haber comprobado que atacó al propio sacerdote
sin tener ninguna explicación. El pequeño arma recupera su estado tras
haber pasado por el encendido vitaminado del alma que se embuchó y
aceptado por el riesgo lo recoge, por la enigmática necesidad.
Descamisa al difunto accidentado por su trabajo para calificarlo de
Ustasha o sacerdote rojo. En blanco asiste al pecho, y no hay cruz que
marque un signo de inscripción para escombrar. El asomo de no tener
contraseñas cuela atender que no era afiliado a alguna de las fuentes
más corruptas y sanguinarias del derecho católico, y no debía conocer
el poder de los crucifijos. Le levanta para limpiarlo a la vista, y
dando fe de testaferro el río recibe la herencia del cuerpo con sus
pertenencias guardadas en varias cajas, por el trasvase de José desde
el puente de la descansada vida.
Quizás no era un mal hombre discute José sin incumbir inclinaciones
cordiales a la rama del árbol donde se saca pócimas de cianuro por
aleluyas.
No tiene palabras de ocasión, revendida toda facultad transige sin
llegar a conocer nunca en palabras lo que siente demostrar. Arruinadas
esquelas no sirven a un Dios decirle que descanse en paz, escasean los
remedios, pura dolencia manchada por juramentos inacabados.
José de marcha al tren, arranca la vuelta a su vagón. Al entrar el
sueño de Gaudi le cuchichea-, ¿de dónde vendrá?
José acopla recopilando cuanto ha estado haciendo y lo demuestra en
esquema ambiguo.
El tren transporta armas succionadoras, y se ha cargado, vendimiando
los jugos, un religioso -lo decía aposta, al opinar José que estaba
arropado en irreflexivo Gaudi.
-¡No pasa nada, hay muchos curas! -estropeó lo que pensaba José de él.
Se reordenó cuando iba a darle más singularidades al darse media
vuelta Gaudi sin retardarlo no prorrogarse en hacer ronco su discurso,
quedando aplazado el caso cuando despertaran ambos en buenas ganas
-¡Buenas noches! -La luz huye asustada del ronquido de Gaudi.
El revisor golpea el sueño a las puertas de los buenos días-. Quedan
50 minutos para llegar a París caballeros -les devuelve los billetes y
sigue repartiendo saludos madrugadores con el pasaje en la mano.
Es primera hora para la capital, y los preparativos de llegada no
aguardan para prevenir aceptarlo. Los pasajeros revisten el tren, los
pasos se encuentran en hora punta, y los w.c. con retención. Muchas de
las puertas cerradas a la noche, se despejan airadas abiertas.
José simula ejerciendo de mirador de ventura, colando la vista por la
rallada numerología 16B. Hay que guardar la espera, una pareja anciana
recoge a última hora bolsas y maletas del número elegido para buscar
premio. Al despejarse el coche-cama del frustrado en su carrera
católico, recibe para él por extravío una cartera que pertenecía al
susodicho.
Apeados del tren, el tumulto es generalizado. Los espigados gendarmes
franceses dan la terrosidad que atrae su seguridad. Un pastor Alemán
que en correa lo rigen, amiga la mirada en José. Es instintivo, él
comprende al perro perfectamente.
Ya en la calle andan despreocupados, cuando una furgoneta gris
metalizada les arrincona a la pared subiéndose al bordillo. A las
puertas averiguan que es Flor saludándoles-. ¿Os gusta como he toneado
la furgoneta?
-Me parece que se dice tunear -enmendaba Gaudi.
-Eso he dicho -apreciaba Flor-.¿Bueno qué, os gusta? -se sentía con
ganas de que la puntuaran,
-¡A mí sí! -aprobó José-. ¿Y esto a qué se debe?
-El otro día viendo los todoterrenos que llevaban los cristianos..., y
ya sabes, la envidia es muy mala.
-Tú eres peor -le contrariaba José amigablemente. Subió al renovado
vehículo, y de rebote le aplacó un beso en la cara.
La marcha alegre ponía la primera para callejear hasta que cogieran
ritmo, y cambiar en A6
-Lo del Vaticano sería cosa vuestra -sospechaba Flor.
-Nosotros no hemos hecho nada, ¿qué ha ocurrido? -era José el que
comentaba y preguntaba negando todo los cargos que le imputaran.
-Poca cosa, varias explosiones dentro de la comarca de los santos, y
un caos enorme.
-¡Yo la única comarca que conozco es la de Frodo! -exageraba José su
argumento.
-Imaginar a la gente que espantada quería salir fuera, y la policía
vaticana cerró las puertas en la frontera con el argumento de rastrear
a los responsables.
-¡Qué patético! - dijo José molesto de chorradas católicas.
-¡Lamentable! -expresionaba Gaudi-. Nosotros nos fuimos por fortuna
antes -era sincero al comentario.
-¿Y María? -preguntó José sin esperar. Su importancia se lo merecía.
-Se quedó allí. Quiso acompañarme pero preferí que no, por si la
detectaban, y patento que algo debe de estar pasando, he visto
bastante agitación religiosa por la estación.
José manejaba la cartera sacerdotal. -debe ser por el comunicado
oficial del Vaticano, ¡Toma Gaudi, lee! -le desvió un albarán para que
lo leyera.
-St-Germain-des-Prés 600 unidades, Notre Dame 600 unidades, Sainte
Chapelle 300 unidades, St-Eustache 500 unidades, La Sorbona 500
unidades, La Madeleine 600 unidades, Sacre Coeur 500 unidades, St-
Augustin 400 unidades. Es una redacción de entregas a distintas
Iglesias de París,
-¿De qué? -preguntó la mujer.
-¡De crucifijos Anj! -respondió Gaudi- ¡Están armando las casas del
señor D! -no era extraño que él lo supiera. Aunque anoche estaba
atolondrado cuando José tuvo el desenlace con el religioso, a la
mañana antes de llegar a París le había contado lo pasado.
-¿Qué es eso del Anj? -desconocía Flor.
José le dio la explicación coherente sobre el objeto egipcio, y lo
relacionado al libro de Ptolomeo. Para no repetirse luego con María,
no lo describió al detalle dejándolo para cuando estuvieran reunidos
los cuatro. Tres marchaban por la carretera, y el complemento era una
cuidando su espíritu en armonía.
María se preparaba para darse un baño de satisfacción, acompañada de
Pachebell, que la emboba en su canon "di mayor". El disfrutar de
simples placeres sin fustigarse la piel, de pecaminos hace murmurarla
en melodía de seducción.
Tolerada al agua, templada de nervios aparta el albornoz, regalando al
ensueño de su dorso cautivadas estrías de beatificación.
Entra en el agua sin bendecidse, cuando oye un ruido que la inquieta.
Mira sin salir que es la ventana golpeando al viento, y cierra a los
frescos aires la puerta del plato de rodaje del baño. Y se conmovería
de trailer en suspense si mostrara público, y se temblaría de miedo si
fuera el gígolo de lectura que acompaña antes de dormir debajo de la
cama, donde permanece hasta que se comprueba que se oculta cuando lo
imaginas, del susto que no le llega a María por la vista. Al vaho de
ser el espejo de la mampara sintetizado había formado una T mayúscula
de terror. El signo de la cruz marcaba territorio.
Pachebell del asombro salta de pletina. El Rock daba acordes
sustanciales de vivencias.
-¿Con esta música puedes pensar José? -le extrañaba a Gaudi.
-La escucho para no pensar -acoplado con estilo le razonaba.
-Bueno, con lo que me habéis contado parece que ¡vamos a por todas! En
estas presidenciales vamos a botar a Dios -satirizaba satanizada
Pequeña Flor.
-Si salgo elegido tú serás la ministra de Tecnología y ciencias de la
Información. Para ti Gaudi la secretaría de educación, o si prefieres
la de religión -ironizaba José.
-Muy gracioso, me quedo con la de educación -práctico era su debate-.
¿Y para María? - pedía favoritismo para convenir la cámara de los
inusuales.
-¡Asuntos sociales! Pero tendrá que hacerlo mejor que hasta ahora -era
el discurso solidario de José. Conciliador de diálogo abierto hasta
las cuatro -Y punto- en boca.
Con poca broma se ganaba puntos de Kilómetros, 53,6 y habían llegado a
la hora de almorzar.
María salió corriendo para recibir a José, y le adelantó un beso de
degustación celestial. El telón se echaba para abandonarse ellos dos
al resto del mundo.
Al paso de los minutos de camino a la hora, seguían metido de lleno
emparejando sus asuntos.
-Me contó Flor como la encontraste, y los años que la mantuviste
congelada hasta poder hacer un transplante de corazón seguro -
comentaba María.
-¡Ya sabes porqué es tan dura, lleva hierro de cosecha en la sangre! -
deseaba José quitar dramatismo al pasado donde fue trágico tener a la
niña criogenizada.
-Te admira y quiere enormemente.
-¿Si hablara con ella me diría lo mismo de ti? -bromeaba José.
-No hace falta. Tú sabes lo que siento, lo que siempre he sentido.
José parece mostrar que sí, y un pretexto le retiene en la ranura.
María le agarra la mano, le quiere hablar, lo necesita, expresar
¡Todo!
-Sé José que te fallé cuando te dejé en Jerusalén, y eso siempre
estará ahí. Y no me digas lo típico de que yo no puedo comprender lo
que pasaste, porque en el mundo que recorrí me faltabas a cada
decisión, no sabía que camino seguir, y sólo obedecía sin tener que
creer si era si o si era no. María a José, José a María eran suyos el
mismo sentir.
María bajó las defensas y brotaban chispeos por mirada. No era un
espejo, en falta contemplaba tendido en aguacero los nubarrones
consternados en la tormenta que encerraba en chaparrón a José, que le
habían paseado por la tempestad sin amainar flojera. Y ella, que le
remolcaba agarrada a una palma sanada incompleta no conseguía detener
como se abnegaba. Tuvo que lanzarse al agua fría, que no porque fuera
sospechada era más fácil atreverse al ser de absoluta realidad, con la
necesidad de ir hasta aquel punto donde le dejó antediluviano.
"¿Pero quien le ayudará a él en su oceánico mar al que yo arrojé? Le
endose a su cuello la losa tirándole al fondo. No puedo ni negarlo ni
confundirme de no arrepentirme, de hacerle destruido a sus sueños de
ser tan sólo él".
Ella gritaba al odio en un suave y dolorido sonar-. "¡Perdóname José!
¡Perdóname José! Ruego me perdones, porque sé que no estuve contigo
ayer, y embarqué dejando a nado pacto de la devoración mis emociones,
y remé ignorando el mirar atrás porque no podría soportar verte allí
alejado encharcado y hundido, profundo flotando agarrado a un letrero,
con mi nombre llamándome". Eran gritos no escuchados por nadie. María
no abrió la boca para decirlo, pero aterradores alaridos huecos
dirigidos a la tierra la levantaría, arrojados al espacio a la luna
desplazaría, y enviados a un hombre le mataría de fobia de lo que es
amar, o le reviviría de descargas eléctricas de darle lo que es amor
en el enconado resentimiento.
Encontrado José arrastrado, despojado de piel le cubre el menosprecio
desaire. Sumido de agua, tendía sobre un islote de madera suavizando
al tacto el nombre manchado de tanto pronunciar, desgastado en el
tiempo sonaba en la locura del alejado piélago donde surcaban gotas de
las profundidades marítimas del océano, de la arrojada lluvia, ¿De
lágrimas? ¿Qué lágrimas pueden echar unos ojos que quedaron ciegos
mirando, besando el nombre de ella en unas letras? No eran lo que
ahora José sacudía mojado, era agua que tuvo que tragar en su
desesperada tierra perdida que pisar, bulimia de la salada saciedad
arrojaba tras llenarse ansias de ansiedad, gula de la amarga lluvia
ácida devuelve deformada de vapor que humedeció las entrañas
quemándole fósil.
María remaba cuanto podía a su rescate para llevarle a tierra firme, y
ya decidida se lanzó al foso del pozo y se fletó a José. Corrompidas
emociones ondeaban en sensaciones de intencionalidad, obsesión de
lamentos despegaba de José mancha negra de carburante, chapapote se
despedía del casco que retenía la cicatriz de él, que jamás, a pesar
de inútiles parches retuvo el terror poseso. Dolor, frustración,
cualquier entumecimiento se despide, abierto el engañado obstruir
libera al agua toda pena que le desconsuela, y María propia dueña de
él le serena, en brazadas de nada le llena, precisa centrifuga
separando los meridianos goteos mezclados de lo que es propio él y de
ella.
Mientras tanto se le va, el estado de un suspiro de un beso que María
le da le alivia. Atento refresca, oxigena su inconsistente naturaleza,
para él le llega de libre libero regazo hasta el alma, libido
incontenida será la mezcla única de fluidos que desean compartir, en
pelea por paletear en su unificaciones de dialécticas lenguas reman en
saliva, besos sacudiendo espuma en la cavidad de la boca, mordiscos
intencionados, restriegas de labios que reportan el vicio verdadero de
amar. Estrechando el espacio, se abrazan cuerpo con cuerpo burlando la
estupidez de retener hacia donde la marea les arrojó. ¡Secos!,
corazones anatomizan la bienvenida al estrujo de las carnes, alas
sensibles enumeran vuelos en lo que giran al cerrar sus ojos. Y por
poco que quieran, eso tan sólo que quieren, es eso único que algunos
mortales afortunados al sentirlo antes del efímero roto lo bautizaron
como ¡Amor Eterno!
Horas que pasaron al pasado por presentes dejados de comida, de
cambios de ropa, de aseo, y ya por sentado reunidos intercambiando
impresiones.
-Creo que debo responder yo a esa pregunta -anunciaba Gaudi a lo que
se había formulado, que ya dicho dijo a continuación-. He transcrito
del manuscrito que antiguamente Dios canalizaba así su fuerza, y ahora
gracias a este nuevo instrumento puede absolver toda la energía vital
de cada alma, ¿Con qué propósito?
Con el libro de Ptolomeo Gaudi sospechaba que lo que intenta es
apoderarse de las almas del mundo, pero solo actúa en las que tienen
fe extrema aférrima.
-Si nos cernimos a lo estrictamente documentado en estos textos, Dios
usaba y necesitaba esa energía para su preponderancia, un poder
cósmico inigualable. Pensaría a deducir que no tendría mucho mas que
José o María sin la energía que depura de cada alma. Ahora con el
poderío de extensión en el mundo como refleja el armamento de
crucifijos en distintos lugares podría dar lugar a que Dios necesitara
una mayor energía, y me temo que mas que necesitar la use con un
propósito terrible, ¡destruir la especie humana!
-Pero si aniquilara de modo apocalíptico, ya no tendría semillas para
más energía en el futuro -exponía Flor.
-Quizás no exterminaría a toda la raza, y jugaría en dos variantes.
Una adquirir el mayor poder posible y dos, advertir a la minoría que
quedara como que todo fue un castigo divino por una vida trivial de la
sociedad actual, pensándolo a este lado -definía-. ¡Como Sodoma y
Gomorra! -ejemplarizaba mirando a José.
-A mi no me mires, yo no había nacido. Quizás si tienes razón, o
quizás todo eso es una fábula...
-¿Fábula?, ¿a estas alturas? -le recriminaba un poco Gaudi la
ingenuidad de José.
-¿No existe alguna forma de neutralizar ese poder? -Preguntaba María,
instigadora de la neutralidad sin tener que luchar ni sufrir.
-Temo que no, la única destruir a Dios directamente -hablaba José-. De
todas formas podría existir una oportunidad tanto para luchar contra
él como para evitar los rayos de los crucifijos si conseguiríamos...
-¡Llegar a la fuente del poder! -respondía Gaudi en apoyo a lo
posible.
-¡Tenemos las claves, pero no el sitio!
-¿Te apostarías algo? -jugueteaba Flor la indecisión de José.
-¿Has...? -José no dijo lo que se apreciaba. Flor había encendido la
pantalla general y mostraba la imagen grabada como zona mágica por el
libro de Ptolomeo.
-He comprobado todas las construcciones megalíticas y no he hallado
ninguna que sea semejante, guardando las distancias 100%, Después,
gracias a la ayuda de Gaudi que se ha estado comiendo el coco -con la
mano él le restaba importancia que no era un logro suyo y devolvía la
concentración en lo que seguía narrando Flor- se ha ecuacionado las
distancias de las piedras representadas en el libro por el número pi,
pero no con el verdadero. Ha sido con el de Claudio Ptolomeo, que se
usaría coincidiendo la fecha del libro con su base matemática para
acordar el gráfico, o lo que le diferencia de Fibonacci 23,56 partes
por millón, y la obra coordinada por exactitud de reforma es la de
Stonehenge.
Flor dividía la pantalla para colocar una foto reciente del
prehistórico megalito y compararla a misma escala con la del libro. La
semejanza era evidente, ignorando algunas piedras menores que se
trasladó por hurto con los años. Sobrepuso las dos imágenes en una, y
no quedaba duda, ¡idénticas similitudes!
Nació la nueva era, la de la meditación. Stonehenge creaba inmensas
sensaciones, muy distintas y tan unidas entre los cuatro.
Capítulo X Stonehenge
Anclaje, y llegan tirados por parapente adiestrado por José y María,
para dar en clave la decisiva fundamental a esta tierra. Fría, verde,
zona inhóspita alejada de actual, el campo abierto retiene historia
pasada con mucho valor y honor, de gente que entregó su vida por un
ideal, y otros por quitar ese bien.
Caídos al complot en un anillo rodeado de un terraplén y un foso que
marca una circunferencia de algo más de 100 metros de diámetro. En el
interior del talud hay 56 agujeros, llamados "Agujeros de Aubrey". En
los extremos de dos diámetros que entrelazan el monumento se
encuentran dos rocas menores y dos montículos, entre los cuatro
componen "las cuatro estaciones". Se hallan de cabeza camuflados por
el césped otras dos circunferencias de agujeros en el suelo, conocidos
de exterior a internos por agujeros Y y Z respectivamente, en Aubrey y
en el mundo entero. Pertenecen al número de piedras del insigne
círculo de Sarsens, rodeada en formación caravana de defensa
comanchera en treinta metros de diámetro por treinta megalitos de
arenisca grisácea.
La circunferencia está dividida en 30 partes iguales. La altura del
dintel (4,925) es igual al sexto del diámetro del círculo.
Interiormente se encierra el círculo de "piedras azules". Adentrando
en el círculo de Sarsens se descubre una herradura formada por cinco
trilitos, un avance adelante y otra herradura más pequeña de piedras
azules, y llegando al meollo se tropieza con la "Piedra del Altar".
Ellos se encuentran empedrados maquinando como hallar el llavín para
abrir la puerta misteriosa, tachando verosimilitud de dar con la
elemental que sirva. Al acercar la Svástica cerca de los trilitos las
piedras rugían el genio retenido.
-¡Deben de ser los puntales para abrir el portón! -Gritaba José.
-Gaudi trazaba el jeroglífico de Ptolomeo dividido en cinco líneas, de
los cuales tres eran números y dos los desconocidos signos, y como
apuntaba el libro encontrado, de solución se cerraba con una Z. Al
comprobarlo se desvanece de golpe en la piedra toda la escritura.
-Puede que halla una específica para aceptar la combinación -era la
sugerencia de María.
El prisma del cielo se iba cambiando a flash de película rápida. En
color del segundero dan segundos en días de entrada y salida por
estacionales trimestrales, las nubes se congregan, se dejan ver
recopilación de soles, ida al sol de vuelta la luna. Figurado de
paranoia se acaba la tira mostrada al tiempo que se detiene.
-¿Qué era eso? -Gaudi no se paraba para preguntarse la sucesión de
ciclos mundanos vistos.
-¡No sé! -alarmaba José no pudiendo disipar la turbación.
-¡No me gusta esto! Siento ser la negativa del grupo -decía María
instruyendo cuidado.
Flor serenaba la auto negatividad de María y particularizaba el
aumento de lo que era un síntoma colectivo.
-María tiene razón, hay algo que no marcha bien y no es cosa nuestra,
nosotros no hemos provocado nada -se preservaba el acaso mea culpa de
ellos con absolución demostrada.
A toda vela desplegaba Flor en su portátil conexión a Internet
buscando entre sus mediciones favoritas de alteraciones sísmicas,
militares, pasantes espaciales, cualquier noticia, y encontró miedo. -
¡Es terrible, el eje de la tierra está inclinado!
-¡No puede ser! -se cantó en más de un timbre de voz distintos
desmentidos.
Pequeña Flor comprobaba la trayectoria con la ayuda de los satélites.
-¡Está confirmado! Girado 23,5 grados al sol.
-¡La posición del solsticio de verano! -clamaba alocado Gaudi.
El equipo informático recibe una alerta- ¡Merde!, con esto no
contábamos -repele Flor lo que encuentra, tan impresentable repulsiva
como manifiesta.
Pasa a primer plano un avance extraordinario de la CNN, y sube el
altavoz para que todos oídos aguanten lo desagradable que se
transmite.
-"Las últimas noticias que tenemos es que son ya cinco ciudades con
Dusserdof las que han sido bombardeadas, presentado todas ellas
ataques aéreos escalonados. Las primeras fuentes no pueden concretar a
quien se pueden atribuir estas matanzas de civiles. Se oye hablar a
los ciudadanos, hecho que no podemos confirmar, haber visto
alienígenas lanzado bombas sobre las ciudades sin ningún objetivo en
concreto. Recordamos que el primer conocimiento tuvo apenas hace 23
minutos en un mercado callejero de Hensilki, y después han ido
sucediéndose el mismo modus operandi de ataque sobre núcleos de
poblaciones en las ciudades de San Francisco, Barcelona, Moscú y
Varsovia. ¡Tenemos ya las primeras imágenes de los atacantes! Se la
mostramos...
Lo que se da en la pantalla es la terrorífica imagen del horror.
Fuerzas enemigas seguidas por ataques aire-aire de cazas de combate
americano no consiguen vulnerar el blanco, al causarle impacto. Tras
el fuego, sale de la nube de la explosión un jinete en el cielo
cabalgando en una montura de animal con aprieto de unicornio,
desplegando bolas incendiadas que naciendo de su cuerpo las propulsa
abajo, a lo parece ser que buscando en la diminutez de la altura donde
discurre gran actividad de personas. La cámara recoge la colisión al
llegar al estancado puente de la ciudad de San Francisco que se
precipita al agua quemado sus agarres de sujeción.
El comentarista veleta de asombro y se queda sin palabras dejando muda
la imagen, que en primer plano se acerca al terrorista aéreo. El
detalle detalla un demonio alado, blanco, vecino anudado de rojo sobre
un unicornio pintado al matiz de la nieve.
-¡Es un arcángel! -Afirma Gaudi conocerle por los textos, antes de ser
lo último que se transmite. Desde la insolencia de conocer la verdad
en el estudio técnico, es cohibida demostración total de terminación
por protestas. Se quedan sin cobertura televisiva, no hay ninguna
señal, han cortado el hilo de vida de la emisora con la relación por
lo que se puede entender.
Los ojos del mundo en cambio reciben testimonio bíblico. Los asesinos
de Dios crean confusión caótica en la globalidad del planeta. Los
distintos ejércitos internacionales intentan eludir los ataques con
sus mas imponentes armas, que derrotadas no les conduce para sacarlos
del plano de la esfera celeste. Un escudo invisible vela por estos
ángeles menores de la jerarquía angelical, chocando contra ellos
implícito una bomba nuclear autorizada desde La India rebota
destrozando en su caída una parte de Islamabad. Creyendo que es un
fuego del fronterizo país, Pakistán responden armamento nuclear en
Nueva Delhi. El informe de los americanos les llega tarde al país
islámico, donde sólo notificarán una disculpa, por ciento y pico de
miles de muertes. Repartida conciencia desnutrida a poco toca nada.
El caos mundial es tan temerario que la gente enloquecida desatina
angustiada en su sensación de ser los últimos minutos del perdido
futuro, cualquier lugar es abusado sin contenerse la esquizofrenia. En
una iglesia católica en pleno parís decenas de fieles tiran abajo la
puerta de la catedral de Notre Dame, que estaba a la orden del obispo
peleada por cerrojo. Los enloquecidos parisinos asustados piden
clemencia-. ¡No tengáis miedo, es solo una prueba de fe. Dios está con
nosotros y Dios nos salvará, y nos llevará a la vida eterna... -el
clérigo sucumbe entre los brazos de sus fieles, se cae por un disparo
de parte innoble ejercitado a cinco metros por un veterano combatiente
de la dura vida, uniformado de repartidor de correos. ¡Hoy se envía
spam a muerte masiva!
-Yo no he hecho nada... para que me lleve Dios -se reparte el
mensajero-. Yo no he hecho nada -les sirve a las demás personas
angustiadas que abarrotan y circunscriben al sacerdote venido a
tierra.
Una de las mujeres recogía el libro que apretaba el perdido católico y
la emprendía a golpes contra el suplicante hombre, que entre los demás
le desconsuelan del todo y le acogen a reveses para que aligere el
bulto de la pistola, ante la avalancha humana que frustra en él sus
propios temores y vergüenza de lo que acaban de ver, por desaprobación
de una ambiciosa alianza popular.
Segundos fuera todo lo malo se pega, y acto seguido las nocivas
acciones se pagan. De una cruz cohibida entre demasiados desconocidos,
incontrolable los amiga abrazando sus almas y besándoles listos sus
cuerpos para la muerte.
Escenas tan terribles desnutren una civilizada humanidad allá donde la
hubiera. En los senderos mas inquietantes del mísero día a día, no
parece valer aquello de estar acostumbrado a la limpieza negra por un
Dios racista.
Cada arena minúscula sortea para que no le trague el agua del mar, no
la emborrone y sea mojada, inundada por el flujo que engulla mar
adentro...
-Mar adentro me llamas, mar adentro voy con ganas.
Mar adentro sé que no hay nada, carencia que temer en tus aguas
renaceré
Mas adentro, no me entretengo y no temo.
Mas pecador, me vuelvo en tu paz de nuevo pescador,
Del consuelo que me arropes con tu amor.
Mar adentro, mas adentro,
Tierra adentro me reitero, esperando tu encuentro.
Llévame Dios... llévanos a todos a tu lado por favor. ¡Arrepentidos
hombres de buen corazón -desde la azotea de un edificio a la altura de
quince pisos se dejaba la garganta un hombre que unía una mujer por
derecho de mano, dirigiéndose abajo como un repentino y esporádico
Mesías se arrojan ambos contra el asfalto, dando a lo que imitar.
El caos anárquico de las calles por las innumerables ciudades, de
distintos lugares recónditos del planeta dicta de broma de mal gusto
alentada por los Cruzados de Dios, que publican ostentados en su brazo
ser ángeles de la doble Z.. Unos verdes pubescente neonazis de San
Petersburgo felicitan a uno de los asaltantes de la guardia roja.
Habían visto por televisión su linaje, y recibidos por una bola de
fuego les firmó festejándoles la alegría eslava.
En los menhir no han escapado al tiempo- ¿Qué significado tiene esto?
-preguntaba María.
-Están siguiendo el dictado del Apocalipsis con una escuadra -precisa
Gaudi.
Y al momento de callar les llegaba comprometiéndoles un arcángel
surcando el cielo aéreo. Los ha visto y va a por ellos.
-¡Destruirá el Crómlech, tenemos que apartarle de aquí! -reclamaba
Gaudi predilección de voluntad por preservarlo a cualquier valía.
Instintivo se echó a correr campo abierto, de costo se ofreció barato
a cambio de una pizca de renta sin calcular en tiempo y en vida.
-¡Vuelve aquí! -le pedía perdida de su favor Flor.
María se resbaló por la hierba tan deprisa como se superaba para
llegar a neutralizar a Gaudi e hilarle con un aro intercesor que
instrumentaba lineal sin cartabón. José inflaba por su parte un escudo
protector ante la hipérbole canica de fuego que manejaba el arcángel
en su confección, y para no excluir que Gaudi y María estuviesen
vendidos por tan flojo arancel de escolta, iba a su ayuda.
-Flor, ponte detrás de mí -José esperaba en la distancia cubrirles a
todos. La fogata del obús neumático explanaba al sacudir la banda
fronteriza entre la vida y la muerte, haciéndole retroceder de
arrastre- A ir marcha atrás José combustionaba ardoroso al tener la
coartada de haber tapado con suficiencia a María y Gaudi que no habían
cogido ningún rasguño. El arcángel tras descargar tiró para arriba sin
importarle el resultado parcial de la consecuencia de su apoderado
episodio.
-Ya ha pasado Flor. ¿Pequeña Flor? -insiste José convencido en
llamarla, ella no responde-. ¿? -le pregunta en silencio sin
respuesta-. ¡! -Exclama abatido, perdedor de un nuevo amor.
Cortada la raíz de la vida, sin respiración, sin aire, sin el caudal
del sol su tacto se mancilla, no huele a primavera, no encarrila en
cara una bocanada de candor. Su pequeña Flor balanceaba entre los
brazos de José. No puede sostenerse por su propia base, tronchada su
raíz ¡partieron!, ¡dejaron la tierra muerta! Las palabras se
retuvieron desecadas, la piel fría de la helada que antepuso al fuego
que quemó cerraron ojos, que cojos miraban aun en la nada de la ya
perdida indivisibilidad de sumar y seguir, de volver con ganas a
emerger legañas en rutinarias mañanas. La pequeña Flor comparecía...
nunca supo decidirse que Flor fue. Si fuera rosa, de los vientos la
llegarían del horizonte al rescate, si fuera jazmín, los pedúnculos
del sustentáculo del labio rojo de carmín ahora sonreiría, pero afirmó
ser margarita deshojada, que él bordaba maquinando invención cada
pétalo para coserla a la vida, al que de un Dios salido de putas le
daba una patada volándola sin rumbo.
Nubes grises, detrás de su perfil llueve en la calle-, no me hagas por
favor salir de ti. Me mojaré al alejarme, dejaré todo al azar -
llegaron en un momento las nubes rugiendo al viento, tanto retorno
imperecedero reteniendo que jamás llegase este instante.
Se acabó, se mojó, se anegó. Caña rota-, y solo yo caminaré hacia el
intento de salvación.
Y se mojó, entre la lluvia se marchitó. Y se alejó, entre la niebla se
perdió. Y se dejó, su suerte a los duendes.
¡Y si, ahora es el irrevocable momento oportuno las descripciones!
-Porque tú ya no estás, porque nunca volverás, ¡Por qué!... ¿Por
queeeé?
Por inconsciencia me detallo en lagrimas, por el espejo quebradizo la
boca simulada erge lamentos obstinados encuadrar, para formar lo que
nunca verán, ya que pasados de vueltas, salidos del eje, lo que hubo,
lo que se usurpó no se puede devolver cuando de mis manos intenté
retenerlo inútilmente, del despoje de mi mundo. Pero no soy Dios, no
me creo que estuviera en mi decisión, cuando llega la despedida me
enloquece, tanto te acompañé a la salida, frustrado en el borde del
precipicio destiento por acorralarme. Cada reflejo es un ultraje, y
para no perderme sigo deciento en las descripciones, de vidriados de
lunas rotas que no soportan mi cara descompuesta, del castigo de verme
así. Y no me quedarán al corte rastros de cicatrices tatuadas en mi
piel, de estreno muda nueva disimula dermis de muestra, pero debajo
las heridas moran, aunque nadie las pueda al mirar escocer. ¿Cómo
fueron travestidas? Arrancándomela a tiras, y funde una nueva capa de
base de ácido de lagrimas, el epitelio tejido por capas y espadas, por
muertos queridos que se unen yuxtapuestos me quemo en mis adentros, y
ya no respiro, solo emito bocanadas de soplos de quejido.
Y a cada regalo de tu tiempo junto a mí que se fue, cada obsequio de
cara a ellos me imploran lloros por volver, y en uno me reviento, en
dos maldigo, y a la de tres me enfundo mi alma al revés y odio todo lo
que me haga recordar, que quisiera en vendetta bastarda acabar con mis
propias manos, dejarlo acabado a ese Dios consentido muerto.
Y están en tragedia cada ser que se entregó a la causa porque yo le
animé, y no les dejaré en un nulo recuerdo, en indultos de acabado
disimulo, porque no consigo revelar la imagen latente en mi mente,
pero con potestad desvelo lo que impide mi sueño de tenerles,
desentrañar lo que estaba oculto. Por sentirles en vida, encarrilo sus
memorias...
Golpe en la sien, para recordar. "¡Suerte, no va más! ¡Calla
insensato!, escucha el relato que el destino erigió".
Vuelven a sonar las campañas, ya es medianoche. No se notará si andas,
tus huellas en suelo arrendado no perdurarán. Tanta suciedad de sangre
venosa que lavar, tanta falsedad, en el color de la niebla la linfa se
incorpora incolora.
Y sólo será una cuestión más, un ego personal, centro toda la
ansiedad. Solitario se verá, es costumbre ya, todo o nada, ¿de qué
dependerá? Señero se notará, sin necesidad en la falta de costumbre
por cambiar. Y vacío, en sólo sinónimos sólo tan vulgar, el viento
decidirá, en que lugar cara o cruz caerá. La cara por volver, la cruz
de Dios tomar el dominio de tu regreso.
Sobre la ciudad templos de oro, y en defensa calles de penuria de
guerra, de morfina inquilina, de rezos embargados, de soldados
atrincherados de la guarnición sin comida, hambrientos del último
bocado de hace dos días de carne de caballo desclasificado.
Campanas suenan, la puerta cerrada siempre queda al toque, de no
dejados pasar. Quizás mañana podáis escalar con ganchos, en puenting
columpiar la ruleta que gira el caldero del aceite hirviendo. Las
flechas confiscadas al plano por carnes de huesos, o músculos en
armaduras presos. Lanzas rotas, degollina que brota, en el campo
contrincantes eliminados por fuera del juego de un dardo incendiado.
La baraja que reparte defunciones desde la torre ya se comió anteayer
al caballo, hoy sólo quedan peones que devorar, y el propósito roe, se
recrea en el pasatiempo de sumar matanzas para historias de terror de
los orgullos de asesinatos festejar.
Frío, o tiemblas sin mimos al distante lejano apego del cariño, hace
que no puedas dormir. Se rumorea que la rebelión interna no se tardará
en cursar, tú lucharás, tu espada a la batalla se unirá, tu vida una
más, en rifa te la jugarás.
Paralelos imaginarios, ejércitos apostados en rodillas se contemplan
separados por castillo que hace de papel, de señal en un terreno, de
llave de entrada, el que representa fingir con destreza que es la
máxima a la mínima restriega, hipotecada de por vidas.
Día arbitrario en pie, trompetas suenan que abren ¡Ya!, la partida.
Los gritos anuncian la lucha por ganar, la sangre que correrá, de
cuerpos que caerán al foso del pantano al lecho del eterno descanso.
Heraldos en la bandera que portas en la triunfal campaña consigues la
honra, si ni siquiera saber cuantas águilas lleva.
Sobre apostar al nacer nadie te dice con tu cuerpo no has de jugar,
¿qué importa en la hora de la verdad? Todo o nada fue siempre tu
bandera, partida se quedó en la arena. Los halcones desayunaron
águilas, tu apuesta se perdió tras la puesta de sol, y deploro por tu
siesta alegre, sabiendo que despiertos en vela los dejaste a ellos
para siempre.
Golpe en mi sien, para no olvidar, que hubo una vez en algún lugar
sangre y dolor por lograr un mundo mejor. Amigos a mi lado entregando
su savia hermanados por ayudar a liberar la libertad, en llamadas de
fuego clamo por dar las gracias, por darme consistencia para guerrear
sin saber donde íbamos a parar. A tu lado yo luché porque en la
intrepidez te encontré, a mi lado creciste porque en mi creíste, y no
te, y no os defraudaré, y en los restos mis palabras clamaran justicia
por reconocerte. Tú en mí no te pierdes, te memoro, y en tu lecho te
incordio para dar a conocer al mundo de ti, que la recompensa será
justa dártela si la serena paz de tenerla no se retrajera. La señalo,
la marco en delirios, la retrato en pintadas que encuadro, en la
retina diapositiva me acuerdo perfecto de nuestros encuentros.
Embarcan sentimentalismos de tantos amigos perdidos, me tendieron la
mano, "simple sin comillas" simple, mejor, obraron el prodigio del
milagro, en lucha, ofreciendo sus presentes por vencer para sus hijos
un futuro que ellos presentían ausentes.
Acuerdos de firmas, de campos de paralelos 38, pueblos se extinguían,
y en la batalla hombres caían sin compasión, sin justificar un metro
por ganar, un nombre de un reino por cambiar, una forma de puerta a un
estilo de cultura de templos religiosos por reformar. Por tu lengua
que no te entienden te despellejaron, por tu color distinto fuiste
esclavo del trashumante delirio, como ganado vendido por señores
ganados vencidos ante vosotros puercos rendidos. Escucho el filo de tu
risa acondicionada de la pérfida alzada de iza, de bandera pasó a
nudillos, a cuellos acorbatados de cuerdas ajusticiados, por
revendedores de daño, de alquilados déspotas sin mediar sonrisas,
enseñando fobia de desprecio fueron el precio al pago de un nulo
juego, que en tablas ha seguido perpetuo, todos perdiendo fichas en el
tablón, retirándoles la combinación del color por la presencia negra
de la ausencia de luz.
Y era de día, y me acuerdo de ti mujer esperando a tu hombre,
incansable aguerrido corazón en un puño que junto a la puerta su
venida jamás sonreía, a la espera de la llegada estabas con el corazón
a pecho a descubierto... rechazando el concluir de noticias
anunciándola de su amor sucumbir
Y era de noche... y no me suena esto a cualquiera de mis reproches,
porque ella sólo sabía llorar de sol a sol en la reglada frustración,
regalada por una hueste sin entrañas que le partió al frente, se le
encogió corazón de nombre hombre, corazón de apellido como el de tu
hijo, corazón que suena en tu vientre a su ritmo, corazón de piedra te
adueñó, de su regalo de vencedor...
Pasando los días se envejecía, sin conocer la alegría. Cortes en la
piel, y las manos viejas te ves, grito al viento, no puedes, deseas,
se acabe ese instante. Tanto orgullo en el mundo, tanta muerte, ¿para
qué? Para los fines de tres, treinta y tres jeon de viudedad por que
no vuelvas a ponerte corazón sonriente en pie.
Y ellos se fueron, no todos pudieron volver como me prometieron,
alzados de convicción dieron su sí por lo que ellos querían dar, por
un mundo mejor, por ti que un día no habrás conocido ni esta vida, ni
sabrás de mí ni de ellos, sueños dueños del reino que tu tienes bajo
tus pies.
Y desgarrarás toda tu ira en lagrimas perdidas, sin saber que ellos no
fueron libres de ese placer, y tuvieron que pagar esa emoción con
sangre en sus manos y un ultimo adiós... de su estirpe se extirpó, de
su sangre desangró, de su linaje sin herencia apadrínalo.
Ido de rabia y de cólera se tiende José hacia arriba, clama al
arcángel, que inflexible no media entre decisiones de uno ser mas
importante que otro en cundir la tierra de inmolados. José le llama
con intención para que regrese contra él, y conseguido, a la carga
atrae con montura arrojándose a tumba abre fácil, aventajando un haz
de calor pernicioso. José quemado de ceja a ceja no pestañea, deja en
frío que se acerque la calorífica digestión y lo detiene en sus manos.
El arcángel sorprendido quedó atañido y le costaba rectificar al
vuelo. Sigue línea recta al suelo en perpendicular a él, poco antes de
llegar a abrazarle se remonta, y es cuando José le devuelve la pelota
de calor que aislada en él se había desarrollado en bola helada de un
chispeante azul cándido, deslucido por un color tan oscuro que si la
muerte tuviera uno no daría referencia al negro, seria al que José
había transformado la bola roja de calor. Lanzándola al ente
espiritual le hace rodar al suelo. No se queda esperando y va a por
él. Cuando le tiene a mano lo levanta como si fuera un niño y le rompe
el espinazo sentándolo en su rodilla. No le basta, y al suelo el
asesino tallado con un pie José grapa el cuello y con el derecho bota
una patada que le arranca la cabeza.
Gaudi y Flor atentos están ya cerca de él. Transcurrió tan deprisa el
empalme de hechos que les costó seguir a José, que afectado decidía-
¡Tengo que detener a todos los engendros antes de que destruyan la
tierra.
Yo... -María quería exponerse a su lado.
-No María, no me servirías de mucho. Mientras tenéis que conseguir
descifrar la clave de entrada al portón, puede que dependamos de ello
al final. No te preocupes por mí, mato y vuelvo -Le monta un beso en
los labios y se da con el unicornio salvado, pasaje al cielo-. Llévame
a donde estén los demás -anima al animal agasajando en lindezas la
crin. Tirita en los ojos y dibuja un mapa en su cabeza con las
variantes del caballo volador, añadiendo al cóctel las fuentes de
calor del planeta. -¡Te equivocaste creando demonios Dios, si ha de
existir uno para ti lo vas a ver acabar... te!
Con una furia emergida de miles de años José está dentro de rabia
incontrolable. Mareando la ira de cataclismo, despedaza apogeo de
revivir una y siempre toda experiencia anulada, cortejada de
impotencia. Mantea barriendo en el cielo impurezas, sembrando su
parterre íntimo discurre ya a la extraordinaria velocidad que la
criatura que la aúpa puede alcanzar. Vuelan literalmente impulsada por
José.
Da alcance a un miliciano de tercera jerarquía, no da frase para
ningún entretenimiento. De un salto tremebundo viniendo desde atrás
José se arroja en caída libre al esperpento género terroritario.
Enmendado de severidad por José, el arcángel sin cupo de actuar no
subsana del cuello que le cruje, y se enmarrona a la vista del cielo.
Ángel caído a la tierra, reparando deformidad fustiga réprobo al
suelo.
En la región del Lazio remedando antiguos presagios de historia, Roma
es acorralada de llamas por dos pirómanas extensiones del Creador,
haciendo horas extras a dueto. Con estado independiente, el vaticano
es protegido por invisibilidad a cualquier imbécil de dar gracias a
Dios de milésimo portento.
A través de la atmósfera irrespirable balsámica de olor a azufre, en
picado arribando por alto llega velocidado un meteoro sin mediaciones
de parar lo que los arcángeles han infringido en alguna estreñida
versión de risa, descatalogada al componer irremediable testigo de
ofuscación que es un modo de ser humano con dúplex cabalgaduras.
Alzada, erguida con cada pie en sendos unicornios pisa a fondo,
desbocando lleva a mano las riendas de brillante de luz. José expanda
los brazos y entrona a respectivos monstruos amaestrados con el reino
de los cielos.
Tribu de que no son nada, vienen enrolados disciplinas castrenses
migratorias, alertados por la ruptura del grupo. Ya han dejado el olor
del viento unos cuantos por un hombre rebelde, que no deja conforme
que la nada le robe su acabe. Cinco execrantes le vienen cercanos a
por él, José modifica el buscarlos y ahora les lleva a su aire, lejos
de poblaciones habitadas. Por el franco de la derecha llega división
de sostén, por el frente columnista de soporte reforzado otro feto
inhumano sale a por el insumiso hombre, que al tenerle cerca le
consigna salva. Respetando por su honor José se inclina al lomo del
unicornio. El clonado aborto de Dios profiere bramidos- ¡Prietas a las
filas!, intensamente al descarrío de tenerle ileso de peligro. José
restablecido de animal, echa un lazo de fuego gélido y ata de un
exhibicionista rodeo a la cruda feria, no curada de espanto le aplica
una rígida contracción correccional. Destituido relegado de su asiento
se revolca afinado por firmamento. La correa que amarra a la cintura
se troca en cabo de soga, al partirse en dos el deforme espécimen
asado por el azote glacial de la cuerda. Con flojedad empuña sin alma
y con gran parte de su ausencia perdida, sin entresijos, el cordel que
espoleado guillotina todos los impropios enganches, dejándolo holgado
de gravedad.
Gaudi y María a miles de Kilómetros se afanaban marcando en piedras la
inscripción del criptograma a punta de Svástica. Todas iban cayendo
borradas en la cuenta a la negativa aceptación de las escrituras.
Contagiados de incredulidad no sabían programar público el secreto.
-Puede que ya no esté la piedra concreta que necesitamos -se rendía
Gaudi hecho polvo, tocado por la china que se había metido en la
plantilla de los pies.
-Las piedras son lo de menos, se podrían mover. Cuando crearon esta
entrada ya contaría que el material usado era inerme perecedero al
tiempo, o eso espero -recelaba María de repente- ¡Tiene que ser algo
distinto a como lo estamos haciendo y tiene que estar aquí!
Se pegó contra el menhir cansada al destino que le atrajo, o ella
atrapó la dicha al colocarla en mano al jeroglífico. Tapaba con los
dedos la horizontalidad de los primeros caracteres de la frase
tercera, redactada de los signos indescifrables. La fortuna que hizo
no dar al enter tras acabar de marcar el pictograma le daba una
ventana de ayuda.
Estrelló la Svástica lineal por el ecuador imaginario de los símbolos
de la tercera y quinta frase. La separación de territorios dejaba
boquiabierta la lingüística. A dos partes del trazo, arriba y abajo
conjugaban textos. En la parte alta seguía siendo ininteligible el
contexto, pero abajo Gaudi leía en indoeuropeo la tercera frase de
izquierda a derecha-. "La voluntad de la unión progresará nuestra
concordia" -y en la quinta separada por mano de María-. "Dos mundos,
dos espíritus diferentes, juntos somos uno. ¡Esta es mi llave! ¡Estas
mis palabras! Que la Z lo enZelle para siempre".
No quedaba más que hacer una X transformativa a una Zelle para encajar
las contraseñas.
Se arrió un muro cristalino con dos circunferencias de luz separadas
por un radio de dos metros. La que tenían delante iluminaba extendida
a la pérdida de la vista humana, y si hubiera mediación comprobarían
como viajaba a casi una centena de años luz, a la plasmada por los
astrónomos ¡Estrella Mizar! ¡Estrella Zeta!
María estaba preparada para partir, era notable demostrar que lo
sentía. Gaudi tampoco podía negarlo. Se movieron adelante pero pararon
en seco, no sabían el paso correcto, un último pedrusco aguardaba por
pulir.
Alterado en estado alejado de este mundo latía croando la vibración
que producía la luz tan de cerca al notar la Svástica. Estaban así a
una sandez de conseguirlo, para ojos que no puedan llegar a donde
estén ellos ahora, deberían pensar que están a un palmo de
transportarse.
María, poco conformada de aguantar la salida nula, derrite la Svástica
mentalmente. Cuajándola líquida, quedando las arterias del plasma
interior flameada sin desangrarse a la herida abierta del órgano
necesario, en mano la vierte a una palma permeable. Se esponja el
raenio por debajo de la piel entre la dermis y la epidermis, reptil
transborda gimiendo visible por las crestas papilares y los surcos
intercapilares, dando diversiformes desviaciones, empalmes,
convergencias, interrupciones, fragmentos surcaban "in crescendo" al
estirar y contraer su impresión dactilar.
Al contacto con la zancadilla de entrada, posa los poros de las
huellas digitales en una capa invisible de aire, dejando un vaho
inalterable de la impresión del dactilograma, y se moldea una vuelta
de mejora al seguro dispositivo ingreso de admisión.
-Faltan más conexiones -aseguraba Gaudi-. Una más -se remangó y
ofreció el brazo al poste de la barricada. María aceptó la petición
del chanchullo que se traía entre manos y le suministró raenio. El
montaje de las gotas batía en crecido infiltración de goteras con
forma y dimensiones variadas, peinaba crestas y cortaba surcos.
Gaudi decantó por retratar su rúbrica al compás debajo de la de María.
Por la otra cara se dibujaba nada más que una fijación de lo que tenía
que ser una inexorable palmada de éxito, pero ayudado por el calco, el
triunfo al menos divulgaba chivatazos. El hombre trajinaba sudor en
mano, hasta activar la aclamación prosperando al prólogo-. No es
suficiente- se enfadaba de pecar sin exceso por defecto.
¡Y clack! María pintó un tripartito apropiado al oportunismo. Agitando
la membrana de la Svástica, dio noción al brazo partido de la derecha
de la bestia matada por José (atraida insinuante al tirón partiendo
cualquier denegación), volcando raenio a las yemas de la falange de
los dedos.
Tolerando medias mangas de santo y seña, el portón valla el corro
menguante de los menhir formando un disco, sacudiendo centelleos en
órbita. Un reflejo de olas ondeando transversales mostraba Stonehenge
sin ningún menhir, ni dintel, nada, ninguna piedra se visualizaba a
cámara rápida.
A la hora del acceso, ya rebrotada taquilla censurada se pierden Gaudi
y María la exclusividad por las malas artes. Se han iniciado en la A
para llegar a la Z, y no queda más que desistir al desahogo al ver
como llegan desde el cielo a por ellos un pelotón de arcángeles
engarzados en blancos unicornios. Hay dos que se diferencian, uno
negro montado por Ratzinger y otro rojo llevado despiadado por Dios,
que hostiliza en una guerra no declarada al centro de la curva cerrada
donde se aseguraban a la defensiva María y Gaudi. Vapuleado por
singular, se desmorona el resguardo que les respaldaba.
¿Qué hacer sin saberse la respuesta? ¿Adelante? Puede ser mortal.
¿Marchar Atrás? Atrás, mejor no regresar ¡jamás! Arriba Dios,
Ratzinger, y monstruosos arcángeles demostrativos de arruinar vidas
dejan los sueños asesinados por un puñal en las entregadas ganas de no
volver a despertar. Alejándose de la realidad abandonan cualquier hizo
o dijo, que torne en una maldad miento.
María toca el redondel de la lumbre templada de luz dispuesta
aventurarse, y se capea olvidando la parte de tierra de la que partió
para juntarse en un nuevo mundo. ¡La estrella Mizar! ¡La estrella Z!
Gaudi se aunó a este lado del portón, habían ganado unos segundos,
¿pero para qué? En un amén la erupción de Dios será repentina.
María aun no compuesta del todo dejó algo suyo en la tierra. Retrasó
la mano para recoger el plasma de Jesús y llevaba algo en la sangre,
el raenio que había configurado la Svástica. Cortando el paso entre
mundos se zanjaba en dos, junto al cuerpo del arcángel que intentaba
pasar, quedando en tierra casi todo menos la extremidad a donde quería
llegar y no consiguió al extremo límite.
Con el portón desvanecido Dios arroja un cableado elixir de
temperamuerte derrumbando uno de los menhir a ceniza.
A este lado de la estrella Z, para los recién llegados parece que todo
es igual, un círculo de menhir rodean el centro de la piedra angular
de entrada. Están contadas tan precisas que al salir del medio no
calibran que se encuentran en la cima verde de un despeñadero feroz.
-¿No estamos en la tierra? -se preguntaba Gaudi.
-¡Creo que no! Decía envolvida María al mirar.
La masa de la gravedad era réplica a la de la tierra, el aire era
limpio y se podía respirar, aunque era extraño porque pesaba. A cada
bocanada de respiro entraba gotas sólidas minúsculas que hacían
cosquillas por la nariz.
Gaudi aplaudió y al mirar la mano tenía aire orgánico de mínimas
burbujas que se desvanecían solas, a su vez María cazaba por su puño
este impropio aire de naturaleza desconocida. El producto era igual,
aire comprimido que se perdía como si fuera arena en caída, con la
diferencia que desaparecía. Polvo de estrella, era la peculiar forma
de entender la química.
La luz llegaba en ondas magnéticas, y no era uniforme. Pegaba claridad
en algunos sitios y entre pasos oscuridad, repetida y
desconcertadamente. No tenía mediación práctica, por poco o por mucho
pasaban de la noche al día. No era sólo esto, sino que en la
perpendicular la luz tocaba varios puntos de un cuerpo donde en otros
no era posible llegar.
-Parece que estamos detrás de una persiana -comentaba María sin
sentido a este fenómeno.
-Creo que la explicación puede ser más sencilla de lo que vemos. El
aire -agarró un poco para soltarlo- es irrealmente compuesto y ligero.
Tal vez por alguna razón que desconozcamos se pegue a una capa alta o
baja de lo que podíamos asemejar con la atmósfera terrestre. Esos
pozos de nubes -señalando al espacio exterior- diría que es un
conjunto sólido de este aire, pegado o en movimiento por lo que
parece. Aunque discúlpame María todo esto que te cuento son teorías de
un charlatán sin ningún carácter científico que lo avale.
María le entregó un gesto de que estaba con él en esa particularidad
hasta que se demostrase lo contrario- ¿Y ahora aquí qué hay que hacer?
-confundida no acertaba en el procedimiento.
-El libro de Ptolomeo no da instrucciones a partir del portón,
deberemos estimular nuestra intuición y hallar lo que se guardaba con
tanta fascinación, lo digo pero... ¿Adónde iremos ahora? Esto es un
desierto sin brújula para nosotros -entrañaba Gaudi preparando la
incertidumbre arraigada.
María no estaba de acuerdo, y destacó apuntando un sitio. Gaudi se
arrimó a donde estaba ella y presenció la cúspide de lo que parecía
una pirámide. Al estar la colina por delante tapaba la certeza.
Fueron allí, no podían tardar en descubrir si era la dirección
correcta a tomar.
Era difícil moverse por las corridas velas del planeta. Molesto en los
ojos daba de mínimo para ir cuidándose en un ascenso por el sendero de
sobrasada petrificada que llevaban. La temperatura al igual que la luz
era contradictoria, un frío próximo a los diez grados peleaba de calor
con los cerca de cuarenta que apuntaba donde daba de lleno la luz.
-Los que vivan de vivir alguien aquí, deben ser inmunes al resfriado -
decía Gaudi. Y es que la exposición ambiental era radical, bastante
inhóspita para una vida terrestre pero no descartada para otras formas
distintas.
La duda era participativa para ambos, y Gaudi lo aplicaba en voz-
¿Habrá vida en este planeta? -sin tener en cuenta la respuesta María
narró los pasos atrás-. Hasta ahora no hemos vistoooooo ¡Ahhhhh!
-Gritó del susto que se había llevado. De cara, un nativo a grandes
rasgos similares a los terráqueos se paseaba de frente. Quiso remediar
para que no se transmitiera el contagio del sobresalto nervioso,
tocando el hombro del hombre que estaba sobre ella pero le traspasó
doblemente. Primero no pudo palpar cuerpo al atravesarlo y consecutivo
el lugareño la pasaba a través sin tacto. Un espíritu que no se
detuvo, y del que María consciente recapituló despierto al fijarse en
la mirada que la echó.
María y Gaudi quedaron al lapso circunstancial del que se iba aquel
hombre por el sendero. translucido más que diáfano. No se dejaba ver a
través de él nada, pero su masa era abusada sin moléculas de cohesión.
-¡¿Era un fantasma?! -de los nervios María dudaba cuanto decía ser
posible.
-En este mundo tal vez tengan distinta composición que la humana. Lo
que ya tiene menos lógica es que no se extrañara a vernos. Al menos
podemos consolarnos de que si no se puede tocar, también no pueda
invertir el atributo que lleva, o no, a saber -echaba quinielas a lo
tonto sin saber qué era lo acertado.
...A las puertas del portón, rodeada de maldad de la buena, se instiga
al mundo perdido. De la mano de Dios recupera raenio que llevaba en
plaquetas acoplada la sangre de Jesús, en su descomposición plantada
en la hierba.
El jefe del clan sujeta al brazo a uno de los no hombres de su
séquito, con la condescendencia del capataz Ratzinger. Al forajido
elegido le injertan absorbiéndolo, gota a gota que le sube desde el
suelo raenio. Como pasó hace rato con María y José, a este endemoniado
angelito tiene ahora la misma naturaleza flotante por debajo de la
piel.
Dios canalizaba de antemano, por la presencia ocular que necesitaba
más de una palma digital. Tan rápido como pensamiento hace fraccionar
la base de la mano del arcángel en tres finas lonchas, que se
colocaron en Zeta en la compuerta para el paso.
El portón generó la bienvenida a la clave circulando el espejo de
mareas onduladas.
-Lávate las manos para que no se te infecte!
-¡Si no es nada! -se recapacitaba Gaudi de la recomendación de María.
El hombre se había hecho un corte insignificante al resbalar en
terreno mantecoso, e intentar sujetarse al caer para no perder la
tierra se la clavó.
Se acercó al arroyo para limpiarse, y menos asombro que de primeras,
aunque sí espectador fotográfico comprobar que el agua no era líquida.
Se explicaba en una pureza pareja al aire, al sostenerla en el hueco
de su mano en gotas sólidas.
-Como le hubiera gustado a Flor ver esto -resentía en el ánimo al
pensarlo.
María daba sin decir lo mismo al pensarla.
-¿Qué estará pasando en La Tierra, y dónde estará José? -no eran
preguntas para María, se esperaba la respuesta a la vuelta.
José está entretenido por varias legiones de arcángeles que intentaban
atajarle. Luchando por supervivencia el instinto implantado a los
destructores celestiales han llegado a la llamada de la manada, para
desesperar al peligro que le ataca.
El hombre rodeado por la mayoría a la que se enfrenta deja de ver
aeropista. Los continuos giros y cambios de frecuencia direccionan la
improvisación que acaba planeando.
Al calor de quintales de fuego que le persiguen, se retira con la
montura en la profundidad vertical al lago Titicaca, que le deglute
sin oponer reticencia. Sumergido al anexo de bolas caloríficas de
grasa combustible caídas a por él, se desvanecen en las mediaciones de
la vista de los gángster empleados de Dios, que a pocos metros
grapados al aire esperan encontrar el cuerpo, o en mayor medida el
alma de José.
Las criaturas no dan para más, aunque no comprendan de lo que se trata
si se sobreentienden que se han puesto muy pesados a la comba, y ahora
en la cuerda de la longitud del contorno del perímetro, esperan
circulando al corro de la patata.
Se equivocaron en los parciales, a los tiempos, no son tan bravas como
se venden. Se quedaron frías, ensopadas desprevenidas por la tromba de
agua. José al enlagonarse había retenido la onda de rebote, la sujetó
llevándola al epicentro de los cuerpos esféricos incendiados que le
seguían, las apareó y por petardo rompió aguas en una ducha fría
creciente que pilló pálidos, a los pardillos enrojecidos enredadores.
José que se nutría de la subida de capacidad del agua, llevaba el
empuje del unicornio traspasando lo que ninguno pudo evitar, que se
les colara de caño entre los sensores rabos que eminenciaban al acabe
del lomo enchufado, por la presión del caudal.
Los ángeles no se iban a quedar fríos, insatisfechos de nadar y
guardar la ropa. Un fósforo de emergencia los había encendido
preparándoles para la borrasca, y la que fue máscara en presencia
exterior, se quemaba por entera finura enseñando el demonio que
llevaban camuflados en pamplinas de santo.
Mas peligrosos que nunca formaron decididos por todos, acabar con el
prohumano antes que ahora, mejor que ya, decir ¡muerto ya!
A los batallones diocesanos con instrucciones clara de hundirle, los
tripulada galgo José en la dirección de la tormenta, que en programa
en abierto descargaban las nubes lluvia. José calado hasta los huesos
valía de carnada de cebo para abarcar la red que ningún tiburón de las
alturas ondaba receptor. El reclamo estaba abordado, y José comprendió
tendiendo los brazos en alto en uno sólo, para instalarlo como antena
móvil para hacerles llegar el mensaje desde el cielo.
Lo que estaba por llegar no se hizo esperar, un trueno lo avisaba.
Caído como un rayo, tanto que era fiel vivo, se incurrió en José, que
con la templanza convencida daba auge al intento que seguía a la
sequía ocular de sus adversarios.
Extendió el brazo izquierdo con forma L, de novato del cielo, y con el
derecho en disimulos dedos que estaban pegados, al aire conducía
atrás. Tensionándo los estiraba sin perder la unión comunicativa entre
diestra y zurda. Soltó tirantez, y adelante una chispa al soplo del
viento encendía de la insustancia una flecha incendiada de
electricidad, que descargaba fundiendo los plomos al tocar a la panda
de los engañosos seres, fulminándolos instantáneamente.
Los restantes arcángeles de la muerte inflexibles anodinos no miraban
la escapatoria, y no se les volvió a presentar. José sprintaba
enflechando en ristras a los apurados infelices. Satinados
santificados de luz, sería la más próxima de sus satanificada vida que
apagaban al bufido por mal pagadores de sus pecados.
Visto y no visto se publicó al cielo tantas luces que celebraban
fiestas patronales de santa jodida del tenebroso. Se clausuró el
torneo de rivalidad, no quedaba más por hacer, y ahora le esperaba en
la siguiente fase un contrincante más duro de roer que las aladas
ratas que fulmigó.
El unicornio ligado a José aguantaba en carrera. La cabeza del héroe
mundial flaqueaba de instintivos desconfíos. Recorría el planeta otra
vez en busca de María. El egoísmo apartado de estar a su lado para el
bien global le provocaba una angustia negativa. El equilibrio le
atiborraba elocuente si el mundo era más importante que ella, que era
su único mundo.
Desechaba pensar, pero no lo podía escaquear, estaba ahí. Acechaba
mirar al aproximarse a Stonehenge, no la podía ver, no estaba allí. No
se encontraba ni ella ni Gaudi, en su lugar un centurión luminiscente
partía al infinito, que ya se sabía por otros que era la estrella
Mizar. Hasta no estar cerca no lo pudo apreciar, y es que a media
distancia simulaba su aparición siendo indetectable en nula opacidad.
Al círculo ondulado le habían hecho un pase triunfal entre las piedras
a Dios. Algunas estaban volcadas, apartadas a un lado, prudente podría
imaginar lo ocurrido. E inseguro inquieto, conteniendo desgarre fue
directo a la corredera luz entrando a matar sin bajarse de la montura,
saliendo a escaramuza en la estrella Zeta.
El forcejeo con la fibra centrífuga le despedía sin control. Le costó
esquivar un dolmen al que del hormiguero le picó en la pierna, pero no
le pudo parar. El oxígeno le llegaba con inexactitud de eficiencia,
pero no le detuvo, la negra sombra y la clara luz le intentaban
engullir cada parte correspondiente en su adicción, pero no le separó.
María no estaba allí esperándole, y no pararía hasta hallarla.
La cúspide que adornaba la colina, cercana descubría una construcción
de naturaleza artificial. Eran monumentos hechos por seres cerebrales,
y lo que iba de relleno era la importancia de tenerlos a un centenar
de metros de los ojos a María y Gaudi. ¡Estaban retenidos,
capturados!. Era claro que Dios estaba detrás de la operación, y esta
vez no estaba sólo. Le acompañaba el enigmático Ratzinger y bastantes
arcángeles bestiales que andaban en las cercanías, con un aspecto
mucho más portentoso que los que había combatido. La raza de estos
ángeles podían llegar superior, por ser ascendidos a querubines
fácilmente. No era predilecto ni mencionarlo el qué fueran lo que
deberían ser, cuando José los moliera a polvo.
Estacionado entre matorrales, le sonaba a su espalda la rotura de una
rama en el suelo. Cuenta los libros satánicos que al volverse un Judas
vendiendo a Dios estaba allí.
Su aspecto era humano, pero ya no le quedaban por hoy acciones de
creer bien, y se preparó para cogerle antes de que abriera la boca.
El hombre que se hallaba en la historia por omisión no indicaba por
donde iba a salir, si correr, gritar, o atacar. Permanecía quieto, y
nada más sentirlo a la tercera presencia que se unía en la viñeta,
paralizado. Un arcángel que eran tres cuerpos al de ellos los había
localizado en la espesa vegetación.
Por ser tercer consistente no considerado agrado, quiso darle José un
leñazo con el tronco que ladeaba entre ellos, y en la pretensión se
quedó, no pudo levantarlo. Se empeñó tanto en removerlo de cabeza
porque no se levantaba, que recibió por descuido un golpe del último
aparecido en la contienda, que había estimado tirársele encima. Cuerpo
a cuerpo peleaban. El contundente físico de su competidor era una
lucha dura contra él. A la fuerza.mental también sacaba
contrariedades, y es que no podía ejercerla para detener la gigantesca
musaraña que le superaba por creces múltiples de masa muscular.
Se intentaba como se podía separar uno de los brazos de la bestia que
le ahogaba, y parecía escollo costoso. No se rendía ni a la de tres, y
le pegó un codazo en la cara primero y tras ello un zurdazo de lleno
en el estómago (o lo que tuviera donde diera), que el gusarapo de
tripas fuera apartaba la monstruosidad atorado.
Separado de él, tan mala pata tuvo que se cayó en la cuenta maestra
para el arcángel, que copiando la idea iniciada por José tomó a lo
bruto roído de raíces el tronco, y colocándoselo a lo largo lo paraba
para ajusticiar a José de un tenedorazo.
Picante, aun quieto con pocos recursos el ángel gemía y no de placer,
a no ser que fuera hermafrodita necrófilico. Se arrodilló sin ser la
hora del rezo. Se tumbaba, cansado de la vida que le mataba. Detrás,
con una estaca fina de gruesa partida estaba el espontáneo que le
había ayudado.
El profundo alarido de la bestia inhumana llamó sospechosamente el
celo de los demás seres de la camada, que estaban a lo que caía.
También había llegado la grave aguda desgañitada a odios de Dios y
Ratzinger, pero ellos tenían otras preferencias. Dios ordenó a los
subalternos que inspeccionaran qué ocurría. No se separó de la celda
de castigo, y continua prospecionaba la construcción que estaban
creando varios reencargados apóstoles. Con tablas de troncos
levantaban una estructura que al estar iniciada no tenía esqueleto.
Serraban con sus uñas los maderos para encajarlos a la arquitectura
que les demandaban. Resbalaba líquido lechoso al extraer el tronco de
algunos árboles, y de cara evidenciaba erupción. No debieron tomar
corticoides para aminorar los efectos del látex.
Varios esculpidos deformes cupidos fueron a donde oyeron el grito del
rezario. José quería liberar a su amor, a su amigo, acabar con Dios y
quien se interpusiera en su deber sagrado, pero el embarazo a frenar
era múltiple. No tenía la Svástica para delitonarle, y juicioso de lo
que había sufrido con sólo uno de los mostrencos dudaba que hacer. El
nativo no esperaba a que recapacitara decidido y tampoco a la llegada
de los grandes peligros. Le indicó a José que le siguiera, el gesto
era significativo de lo que le indicaba, atrapadamente descrito. José
no pudo más que seguir al hombre por si pudiese obtener ayuda de él
para recuperar a los suyos.
Bosqueó por los páramos, que atrás apisonaban para expurgar el terreno
de malas hierbas. El hombre misterioso le llevaba al paso que debía
seguirle. Se introdujeron por el reducto cóncavo de un árbol frondoso,
dispuesto de conejera.
José odiaba muchas cosas, y la fobia de entrar en un sitio oscuro y
estrecho no le estornudaba tanto repelús que el desconocer el dónde,
aunque la lógica le indicara que el interior de la corteza estaría
hueco de serrín, para poder ocultarse al pensar de las cabezas de los
demonios descerebrados.
Estaba más lejos de la realidad el escondrijo. Gatearon más de
cuarenta metros en un reducido túnel que parecía haber sido excavado,
limpiado y asegurado.
José había perdido al hombre al que secundaba en la salvación, y es
que el pozo lateral había cesado. La estrecha mina había pasado a una
imponente y reducida ciudad subterránea, a la que la montaña se
convertía en sus extramuros. En un elevador doméstico les llevaba
abajo.
La metrópolis quedaba a la apariencia de estar anclada en el pasado.
De tendencia antaña, el aspecto definía a una cultura extinguida ya en
la tierra. José prestaba la sabienda de pensar que la civilización de
este planeta estaba a años luz de la tierra.
Al detenerse a la base se bajaron del montículo-. ¡Vo vange! -eran las
primeras palabras pronunciadas de aquel hombre. José lo tradució por
el movimiento de la mano que decía- "ven, vamos, sígueme". José no
tenía otro propósito que este y caminaron por las calles llegando a
una zona urbana.
Los habitantes subterráneos eran de piel rosada pálida, aceptable por
vivir en cueva sin exposición prolongada al sol. La época anidaba
retrospectividad, la ropa que vestían enrolaban relatos de griegos,
romanos, macedonios o sucedáneos. No era igual a ninguno de los
componentes detallados, pero servían referenciales a José al paso
amplio de la palabra. Lo que les desconcertaba era que los lugareños
no se fijaran más en él, al ser extranjero de patria. ¿Estarían
acostumbrado a la presencia humana, habría terrestres allí, o ellos lo
eran para no preguntarse más afinidades?
Una mujer que se le abalanzó sin darle recado para apartarse, le
atravesó cuerpo inocua. El recibimiento por José fue inventado, no
tenía apropiado como reaccionar.
Tenía que comprobarlo. Tocó al hombre que le guiaba y era de carne y
huesos, o si no era así si que era sólido. Con el repaso morfológico
de José le miró sin pararse y volvió a mencionar-. ¡Vo vange!
La experiencia que atravesaba él no sabía dónde iba a parar. Tan sólo
pensaba en regresar a por María y Gaudi. Al cruzarse con otros
ciudadanos de la ciudad encantada, premiaba comprobar de uno en uno
como eran cuerpos trasparentes. No todos, y se diría que se sorprendía
mas cuando uno era habitado de carne, que los espectros sin organismo.
Lo que era otra incomplexión fue como las personas, si hubiera que
denominarlas de alguna manera, al pasarse una atravesando otra
quedaban trabados en goma de mascar. Esto duraba un mínimo hecho y era
peculiar, difícilmente explicable.
No se pasaron por más detalles, para entrar en un edificio con amplias
columnas embebidas. Encontrarlos por otras edificaciones que habían
repasado era sencillo, pero las que estructuraban el habitado palacete
calibraba tener una categoría que no se podía pensar en rápido.
El hombre que le socorrió le arrastró con voluntad a la cámara oval
central. Era amplia, un órgano rector amplio de la sociedad. Casi una
centena de personas se hallaban ocupando los asientos en gradas
semicirculares.
En mayúscula subió el tono de los que debatían en la unísona
generalización al verlos llegar. Dos hombres que ocupaban de pie la
exposición enfrente respecto a los asientos, cambiaron con
preocupación la charla de audiencia reservándola para el que había
traído hasta esta sala a José.
El eco que rebotaba hervía sin tiempo a coacción. Tenía el fuego en la
lumbre a las amistades familiares, y extendía que había desaprovechado
los minutos.
Ocho segundos antes de decidir largarse su rescatador se intentaba
comunicar con él-. ¡Lai maune! -se afanaba en dedicar esfuerzo
interpretario.
El idioma del nativo era tan distinto a cualquiera de los comúnmente
conocidos que quedó sin entender que quería expresarle en su decir.
-¡Raihy Vualk! -afinó cambiando de palabras, y el expósito se
convirtió en un párrafo entero que le dirigía a los otros dos
individuos que permanecían al lado.
-¿Raihny vuelka? -sondeó José.
-¡Raihy Vualk! -repetía el hombre misterioso. ¿Vas yunge?
-¿Vos yange? Brien
-¡Brien!
En un entendimiento inatendido por José, acababa pareciendo un
intercambio de palabras.
¿Puedes entenderme? -le preguntaba directo a José, que le llegaban
expresas. En la cabeza secundaba un recuerdo que nunca pensó que lo
tuviera.
-¡Vas runge mild! ¿Me entiendes mi niño? ¡Claro que sí! ¡No llores más
mi niño! ¡Mamá siempre estará aquí contigo!
La que hablaba no era la madre auténtica que la había adoptado, la voz
del pasado pertenecía a la madre que le había parido. Era la primera
vez que se acordaba de ella, nunca la recordó, si es que fue hasta
siglos después de nacer saber que existía, y ahora la encontraba
repentinamente dentro de él.
-¡Sí! Al principio no pude entender vuestro lenguaje -respondía José
al anfitrión de la velada ceremonia.
-Antes utilicé nuestro idioma autóctono. Con el que estoy hablando es
el lenguaje transmitido por los originarios. ¿Tú eres uno de ellos? -
le preguntó.
José poco asemejaba con quien le estaba comparando- No sé quienes son,
yo vengo de la Tierra.
-¿La Tierra? ¿La estrella azul con un astro gigante de luz y uno
pequeño blanco muerto que se diferencia en la oscuridad viéndose
entero , y otras veces sólo partes?
-¡Sí! El astro de luz es el sol, y la pequeña la luna, que oculta
parte de ella por la rotación, por el movimiento alrededor del sol.
El hombre con el que conversaba elevó la voz para dirigirse a los
demás asistentes. Lo anunció en su idioma paterno, pues José no lo
entendió. La resonancia embalaba el recinto, lo que les hubiera dicho
les levantó de sus asientos.
-¡Nosotros somos de la tierra! -manifestó a José el parlamentario con
la inmensa complejidad que generaba-. ¡Háblanos! Todos conocemos el
lenguaje originario -le solicitaba.
José apalabraba en acuerdo con delicada constancia, repeticiones,
rectificados y expresiones enrevesadas que se quedaban en una zanja
sin dar pujanza por consensuales.
Resumió en alto como había llegado, con qué intención, y varios
conceptos generales sobre Dios, los arcángeles, la profecía, y el
rescate ineludible que procedería.
Entre los tres hombres que ocupaban la parte baja de la cámara al lado
de José, llevaban la voz cantante del coro. A la inversa detallaron a
José hechos insoñables para él, que era la previa para conocerse
mejor.
Contaron que su pueblo era antiquísimo, de una civilización de la
tierra. Sus especificaciones confirmaba que se trataba del querido
planeta azul.
-Nuestro pueblo se llama atgants -dijeron.
-¿Atgants? -nunca había escuchado este nombre José, y no lo
relacionaba. Quedaba muy lejos en sus tiempos.
-Al idioma originario quiere decir Atlántida -le dijeron tan natural
que no ocupó nada.
-¿Atlántida? -Se daba José inquietud de repetirse al conocer tal
conocimiento-. ¡Estamos en la Atlántida! -se sumergía del zambullido
mediático que traía la noticia.
La Atlántida, el continente perdido, buscado en épocas por los
"diálogos" que escribió el filósofo griego Plantón donde escarbaba en
qué moró a este mágico pueblo un cataclismo que les hundió bajo el
mar. Un enigma apoderado por los humanos en busca del dorado, que
nunca prestó atención. ¿Descenderían los griegos de los Atlantes?,
¿quizás Plantón tuviera alguna conexión especial con ellos? Deprisa
atendía que el filósofo enunció que se había sumergido esta
civilización, y era erróneo. No le quedaba más sentido para hallarlo,
y seguía esperando que hacer respecto a la ayuda esperada a María y
Gaudi. La razón que retenía su marcha era comprender que con el
conocimiento sería la única utilidad para ilegitimar a Dios y
derrocarle.
Los hasta ahora nativos, y desde siempre Atlantes seguían detallando
ajustándose carismáticos. La interesante conversación que se mantenía
actualizaba a José precedentes de historia naciente creciente.
La Atlántida era un pueblo rudimentario, vivían cordiales con el fruto
de la agricultura, la pesca y el ganado en una isla. Intentando
acercar más por donde podría estar situada en la tierra, pero los
datos que aportaron no eran firmes para reconocerlos.
Fueron visitados por una raza superior de otra estrella, con un
progreso avanzado en sabiduría, armamento, y poder tanto mental como
en materiales propiciados para consideradas ayudas. Los visitantes les
entregaron parte de ese conocimiento para el progreso Atlante, y quedó
uno de ellos para conocer la forma de vida en la Tierra y administrar
bien esa fuerza concedida.
El pueblo renovó grandioso. Sin perder el equilibrio cordial y humilde
que siempre les caracterizó la vida mejoró en las ramas de la
sociedad. Instrumentos nacidos para facilitar un mejor y más rápido
trabajo con menor esfuerzo, nuevas virtudes de conocer la escritura a
través de números y símbolos, prevenir y curar enfermedades, poder
trasladarse mas rápido. Se construyó barcos capaces de llegar a otros
reinos donde jamás habían estado.
El administrador que cuidaba de ellos exploró nuevas culturas fuera de
la Atlántida. Viajó a distintos lugares y al agasajo le recibían
creyéndole un Dios.
Fue en este momento cuando la vida pacífica de los Atlantes cambió. El
administrador haciéndose pasar por el creador de toda existencia
creaba una religión para su adoración. En la Atlántida cambió el
status (José traducía al toque personal), quería que le idolatraran.
Ellos conocían su procedencia, eran humildes pero orgullosos, y
preferían no tener privilegios que estar a la dicha de la voluntad de
rebajarse a la supremacía absolutista.
Tuvieron ataques consecutivos durante grandes épocas por la conquista
de la Atlántida por reinos exteriores. No reconocieron que eran
enviados por el propio administrador para arrasarles, y quedar inmune
de cargos ante los suyos si eran exterminados de una forma natural.
Resistieron todos los intentos de entrar a la isla, el poder que les
habían entregado en tutela los visitantes era inmenso, y los ejércitos
que le atacaban tenían algún tipo de potencia no natural, pero escasa
para superarles.
Fueron reconvertidos en guerreros de una paz duradera (parecía
adornaba teatral ciertos comentarios).
Se acabó en un instante su historia, un tornado les arrasó y se los
llevó por un interminable viento impetuoso giratorio junto a la isla a
este mundo, tan distinto al que tenían. Tuvieron que adaptarse
refugiándose debajo de la superficie, lo que fue la Atlántida
terrestre estaba fuera. No había mares, el agua de los ríos manaba y
volvía acabarse en el mismo suelo.
Cuanto decían a José, les fraternizaba de haber sufrido al igual que
él represalias por el mismo verdugo. En la inmensidad de la punta del
iceberg, al bajar el agua rayaba que la masa de hielo flotante era
diamante de mantequilla cristalizada.
Cuando el tornado azotó, la mayoría de los Atlantes murieron al
desprenderse cuerpo y alma, les quedó la energía que llevaban
propalados por los originarios. La definición trababa que eran los
espíritus que vivían sin descanso (José ya tenía respuesta a los
fantasmas que halló por la ciudad). Los que estaban en la cámara
llegaron con vida, con cuerpo y sin alma a este mundo. Era tan anormal
recibir la ilación de las tres variaciones que se desviaba de la
facultad de pensar concreto al correcto de que un Atlante era Alma,
Cuerpo y Energía. No comprendió mal y los fantasmas tenían nada más
que Energía, ¿y los del montón restante no tenían Alma? (José dejó que
precisaran).
Sólo menos de doscientos de los cientos de miles aguantaron el
recorrido. Los que veía en cuerpo no conservaban alma, y al morir
renacían tras largos periodos de invida. Era una regeneración
voluntaria del poder que retuvieron, siendo la única capacidad que
tienen permitida en esta estrella. Las demás que disfrutaban en la
tierra estaban invalidadas por la entramada configuración del sistema
de este mundo, que desimantaba las dotes originarias.
En la tierra se comunicaban con los originarios a través de puertas de
piedra, pero el administrador la hizo desaparecer. En la estrella
Mizar les ha sido eternamente imposible poder llamarles, y acabaron
por callar. Tampoco pudieron volver al mundo inicial. El portón no
contenía cerradura, estaba abierto, pero sin alma no se conseguía
regresar.
Recapitulando lo vivido e invivido por los Atlantes había llegado al
fin del inicio. Dios llegó a la tierra como amigo y se convirtió en
conquistador, creando la religión para provecho determinado. José era
descendiente en mitad de aquellos a que llamaban originarios. Pudo
hasta sentir la memoria de su madre olvidada por la historia, y le
hizo crecer repasando el nacimiento.
José disponía de los naipes precisos, debía desenterrar los comodines.
-Dios debe haber venido a destruir el surtidor de energía que puede
hacerle parar según la profecía. ¿Sabéis dónde se encuentra ese poder?
-¡No hay ninguna aquí! Sólo la que trajimos, y carecemos de que
nuestra energía cósmica pueda ser utilizable. ¡Es ineficaz! La
profecía debe estar equivocada.
-¡No puede ser! -negaba José que fuera así. -¿Para qué iba haber
venido entonces si no hay más energía que.. -compilaba inventario de
los datos del manuscrito y las extensas coincidencias que había tenido
en los encuentros de hallar las claves. Agrupó estos hechos, más
cruces aspiradoras de almas, más la construcción que estaban creado
los arcángeles ¡y se encontró engañado! ¡No existía enigma! ¡ERA UNA
TRAMPA!
-¡Estáis en peligro! ¡Dios está aquí por vosotros, para quitados
vuestro poder y usarlo en la tierra!
Los Atlantes se lo pensaron y no lo aprobaban, o no querían suponer
que se estuviera en lo cierto. José quería entrarles en razón -En la
tierra es capaz de robar la energía humana, el alma. Aquí hará lo
mismo con vuestra energía. No se contuvo los comentarios escépticos
por los pobladores Atlantes.
José atendía que como ellos, él tampoco había podido usar su tributo
natural desde que había llegado a la estrella Mizar. No se le quitaba
de la cabeza una pregunta- ¿Por lo tanto Dios tampoco tendrá poder
aquí?
-¡Tampoco!
-¡Entonces he de irme! A quienes amo me necesitan, y la protección de
la tierra ya sólo está confiada en mi. Si Dios alcanza lo absoluto
será el fin de la raza humana.
-¡Te matarán si vas! Incluso sin poderes tiene una legión de guerreros
monstruosos.
-¡Prefiero morir por lo que quiero, que cruzarme de brazos resignado!
-A los Atlantes les molestó el ser indirectamente ejemplarizados
-¡Yo iré contigo, no tengo nada que perder! -había calado las palabras
de José en el primer Atlante que vio con vida-. Será interesante ver
de nuevo a nomadó, que es el nombre verdadero del que se cree un Dios.
¿Alguien más vendrá? -Gritó a las tribunas.
El pabellón se decantaba al silencio para camuflarse, y las quejas de
excusar por razones de razonar.
-¡Vámonos Ya! ¡Siempre fuimos unos cobardes y no habéis escarmentado!
-era aplacador con los propios suyos aquel hombre que encontró en José
un motivo por el que luchar, por el que vivir, o tal vez por el que
morir. Cualquier combinación era mejor que la intacta resignación,
integra de conformismo.
Dejaron a los demás perdiéndose como habían estado milenariamente, en
palabras.
Capítulo XI José vs Ratzinger
-¡Vamos por aquí! -El Atlante que se llamaba Iniger según se había
presentado en un minuto previo, le llevó a un salón armamentístico.
Las armas eran reliquias, y poco intensas para una ofensiva
complaciente, pero mejor que al desnudo poder disponerlas.
José aceptó coger un par de hachas y un sable de hoja curva, que se
iba ensanchando desde la empuñadura. El Atlante eligió una vara de
medio metro, de hierro hueca con corte recto afilado.
Equipados, salieron disimulada con matorrales a la superficie por una
cueva, esta vez si del tamaño para no tener que raptar. No le habían
contado, no hubo tiempo para más lecciones, si en esa estrella
habitaban otras especies, o únicamente se ocultaban del exterior por
el variante clima.
Con gran rapidez recorrían el tránsito que les distanciaba, hasta que
llegaron al campamento de Dios. Presenciaron temerosos que la sospecha
de José formaba cuerpo. Habían construido una cruz de madera, con más
o menos siete metros de altura. Estaba acabada y los arcángeles que
remataban la realización del trabajo iban bajando.
Ratzinger echaba la vista a la construida cruz apreciando estar bien
apuntalada, y golpeaba con el pie en la parte baja para sostenerlo.
Dios estaba caminando desde allí a la poca separación a donde tenían
atrapados en lianas a Gaudi y María, cercados por dos arcángeles que
cuidaban no pudieran tener voluntad propia de decisiones.
José ponía voz a las palabras sin sonido que llegaban de labios de
Dios, de lo que estaba diciendo a los prisioneros.
-Escrita está y escrita y vivida se volvió. El sexto ángel derramó su
copa sobre el gran río Eufrates; y sus aguas se secaron para que fuera
preparado el camino para los reyes del oriente. Y vi salir de la boca
del dragón, de la boca de la bestia y de la boca del falso profeta, a
tres espíritus inmundos semejantes a ranas; pues son espíritus de
demonios que hacen señales, los cuales van a los reyes de todo el
mundo, a reunirlos para la batalla del gran día del Dios Todopoderoso.
... Y los reunieron en el lugar que en hebreo se llama Armagedón.
Nadie saldrá de Argamedon hasta que se este consumada la palabra de
Dios.
-¿Acertáis en descifrar el acertijo? Ah mi María, que difícil es
mantenerse fiel. Lo que se cree cambia de la noche a la mañana, ¿a qué
sí? -Ella intentaba desligarse de las ataduras y le resultaba
imposible. Cerrada su boca al igual que Gaudi no podía expresarse, y
la única manera era el rencor que se mordían los ojos.
-¿Y tú Gaudi? Como el escrito te menciona, el falso profeta, que memo
con "tu profecía" ¿Ya te has dado cuenta que fui yo quien lo planeó?
Os conduje a las claves para que dierais con las que me faltaban, la
tres y la cinco no existen, las falseé. De hecho ninguna clave ha
existido, era un método práctico cambiar la escritura engañosa de la
entrada al portón por ecuaciones numéricas para darla como pasatiempo.
Me ha costado demasiado milenios la espera que acaba hoy. No os
sintáis mal de que era algo personal, como esta profecía hay miles
confabuladas a lo largo de la eternidad para que alguien pudiera
resolverla. ¿Ahora os estaréis preguntando por qué el libro decía que
el portón se abría para salvar al mundo del Apocalipsis? Una mala
transcripción gramatical aposta, bien descrito diría que se abriría
para engordar el poder de dirigir, mutado a los tiempos actuales
destruir al mundo.
Ratzinger humilde siervo se acercó a él, y le comunicó el precepto
cumplido- Mi señor, ya está preparada la plataforma.
-¡He de dejaros para siempre! -Dios se marchó con su mano derecha
hacia la cruz.
José había oído cuanto imaginaba, y tenía que actuar sin el remedio
garantizado para cubrir todo el mal que acechaba. Aparte de los dos
arcángeles que custodiaban a José y María, en la cruz había otros
cuatros y con lo dispersados elevaba la cuenta a más de treinta.
-¿Está seguro de querer hacerlo? -volviéndose le preguntaba al Atlante
la confirmación de lo que iba emprender!.
-¡Estoy contigo!
-¡Entonces, hasta la muerte!- Salieron con la mecha encendida en las
venas con destino al grupeto de cinco arcángeles que guardaban los
unicornios para el recorrido a la tierra. El nuevo amigo de José lanzó
por la vara de hierro al aproximarse un dardo mortal que erradicó a un
diabólico del quinteto. José con la hoja de cortar en la boca, hizo
volar las hachas de sus manos para cuajar el ímpetu de dos ángeles
póstumos. Estaban tan cerca de los que quedaban en pie que llegaron a
luchar tan de cara que podían esputarles. José agarraba firme el sable
al salto de llegarle a su contrincante, que expectoró los ojos al
hacerle la raya en medio de la cara. El último velador de la montura
acababa clavado por la vara de hierro que el Atlante la utilizó como
pincho.
Se habían hecho con las primeras unidades de infantería por sorpresa
en la unicorneriza, y subieron ambos vencedores a sendos cuadrúpedos,
el Ring tocaba el decisivo combate.
A la misma estancia, la cruz comenzaba a girar la noria de sustancias
redamadas en su conducto por los arcángeles cofrades determinados por
la autoridad de Dios. Vertían a una trituradora crucifijos que habían
traído desde la tierra, eran los que estaban atiborrados de almas
robadas. Al echarlo se despedazaba a un lado la madera inútil, y al
canal mecánico entraba el molido flujo del alma humana.
El humano-originario y el humano-atlante deflagraban al vuelo golpes
de sable y vara en el corrillo de anestesiados arcángeles
insensibilizados por expediente de maula.
Dios puso orden al regimiento de su clamor-. ¡Detenedle Amorfo de
fetos! -al menos él los reconocía.
Con la postura decidida del equilibrado paralelo que dominaba su Jefe
guerrearon a por los dos seres inferiores que le discutían su lustrosa
raza ariabótrica.
El orden mundial prevalecía en este a la lógica común, los primeros en
llegar fueron los primeros en caer. Circunvalando daban la signatura
precisa para autografiarles a sablazos y varazos. Cayendo siete
arcángeles, pero el reto daba coletazos al tirar primero al Atlante
Iniger de su montura y después matar de un trinchete el unicornio que
llevaba José.
Quedaron en el suelo, y aunque a la cofradía le faltaba la bocanada
para exhalar bolas de fuego no lloraban, ahora no les llovía la nube
amargadora de Dios. Se copaban acotando en la división de los
diecisiete un cerco 0, a ellos I y I, para conformarles con abrazo de
garras en un 8 y dejarles facturados en el negativo balance de que no
se pudrieran cuadrar una nueva acción.
Dejando a las mascotas infernales para la carnaza, Ratzinger no se
separaba de Dios ayudándole en la ingesta propagación en el
embotellado crucifijo, que estaba en ese momento llegando a la
vertical por un principal segundo rebaje después de haber pasado y
repasado el contorno del armatoste por dos veces.
Al llegar a lo alto del poste vertical evaporó humo translúcido
cristianizado de la cruz, y se esfumaba al hervir al llegar a
determinada altura. De inmediato los efectos se notaban en la
población de la estrella Mizar. A los fantasmas sin cuerpos al
contacto del aire rociado de la incoherente combinación, les sacudía
su energía, porteándola a la cruz dejaba sin presencia a los
espectros, no se continuaba nada en ellos. A los Atlantes les
desembolsaban al igual la energía que estancaban en el pozo de sus
cuerpos, y la entregaba para someterla de vuelta a la gran cruz de
madera.
El pueblo de la Atlántida estaba siendo saqueado como advirtió José, y
notaban disipados como se les iba algo que tenían en esencia sin poder
hacer uso de la fuerza. Quitando la potencia de la resistencia su
fisiología no producía ningún efecto.
José y su compañero de armas plegaban cortes a los arcángeles con
tenacidad, pero el grosor y el número aventajado de sus enemigos
estaba a punto de dejarles sin combustible.
Un arcángel fregando al aire su zarpa arrancó la vara a Iniger, y le
agarró enseñándolo a lo alto el trofeo al que se había hecho
merecedor. ¡Sin milagros el Atlante esta muerto! José no podía
socorrerle al estar prendido de alimañas salvajes que tabicaban su
intento de llegar a por el hombre exhibido.
El milagro en lenguaje Atlante llegó traducido en solidaridad,
camaradería de entrega filántropa.
Un grupo, que era prácticamente la totalidad del pueblo enfabulado en
el tiempo habían acudido al frente de batalla, tomando la decisión
antes de que le hubieran extorsionado la energía de los originarios.
Cuando se produjo tal ruindad estaban a la cabeza de vista de la
guerra, intervenida de vivacidad. Llegaron con aviso de entrada al
campo, la corneta al viento se ejercitaba de una lanzada a la caja
torácica del arcángel petulante que mantenía trabajando los bíceps el
arresto del condenado, que poniéndole en cuadro lo sentaba preparado
para la foto. La cabeza salió cortada por el filo de José, que llegó a
tiempo para no perderse un momento light, dejando a la camarilla
infernal los ojos rojos ante el negativo revelado de la escena.
El avasallo era contundente agradecido por José, y Iniger que ya se
sentía por todos que no se obtendría de él más expresiones se
manifestaba junto a su pueblo reivindicando morir con libertad.
Al ver como estaban en inferioridad numérica, Ratzinger le metía prisa
a Dios, que apuraba las últimas gotas de la energía cósmica Atlante
más la fuerza natural de almas humanas, que la cruz había en líquido
exprimido, y concentrado se apresuró de la urgencia al estar cohibido
por la situación de acogerse a un plan vitalicio.
-¡Coge a María, nos la llevaremos! ¡Será nuestro aval!
Ratzinger obedeció sin formular comentario, su figura era
descaradamente inapreciable que asustaba. Levantó a María y la alforjó
sobre un unicornio de los varios que andaban desperdigados (no estaban
las cosas para elegir), él se montó con ella para ahorrar energía de
buscar otra plaza libre. Dos Atlantes de la avanzadilla se acercaban
veloces a donde estaban para detener su escapatoria. Dios sacó del
árbol la Svástica que habían registrado y reservado al cacheo de
María, y la arrojó fracasando a su paso el de los dos subversivos.
Reprendiendo a los cuerpos de sanción les atravesaba dejándoles
muertos, y la mala educación que sometió a la Svástica se detenía en
una tercera víctima marginal, en Gaudi, al que habían dejado tirado de
lado.
Dios apeó a un arcángel, empleado el unicornio dejándole al designio
del amado jefe, y se marchó tan rufián con su preferido guardián, y
María tendida a la desobediencia que intentaba hacerse rodar.
José corría pero no llegaba a tiempo de impedir que se fueran, y
pagaba al arcángel descalzado el enfado colectivo de su viaje al
paraíso estrellar. Secuestrado por el árbol vio a Gaudi herido. Se
acercó y le deslió de la boca el bozal que le impusieron. Gaudi se
mareaba de ver la sangre del su pecho, y José se aprovechó para
quitarle sin que se diera cuenta la Svástica. La perdida era basta,
pero minimizada al freno de haber pasado por dos capas de contención.
El combativo habitante de Mizar que había luchado a su lado llegaba
junto a él con otros paisanos. En la lucha central tenían acuartelados
a los arcángeles para disponer darles boleto de partida.
-He de parar a Dios antes de que llegue al portón! -afirmaba José
decidido. Echó una mirada a Gaudi, a lo que Iniger entendió como
deber-. No te preocupes, nosotros nos ocuparemos -por este lado más
cómodo, José se subió para salir en marcha.
-¡Mira, han ido por la lluvia de la ceguera! Debes cuidar de que no te
toquen o desaparecerías -le prevenía.
-¡Gracias! -no dijo más José. No había tiempo para dedicarse halagos,
o sensiblería. Dios se había marchado con María, si cruzaba al mundo
terráqueo jamás podría detenerle, e indudable se cerraría el paso a
nivel de los dos mundos quedando atrapado para siempre aquí.
Esforzando al animal legendario le llevada sofocado, a reventar. La
ventaja que les sacaba de adelanto se reducía, y es que sin saber que
era la masa negra que aparecía por el camino que habían tomado,
tragaba a un arcángel junto al animal que arrastraba engullendo a los
dos. La lluvia de agujero negros ralentizaba la carrera precipitada
por ganar el viejo mundo. Del grosor de ventanales se movían
lentamente, cometas de oscuridad imbatidas a la carrera tortugosa.
José vio como se tragaba al infeliz ser, y se arrojó sin achicarse al
circuito revuelto de obstáculos, necesitaba recuperar terreno de su
mala salida. De una arrancada espectacular, cogió al rezagado arcángel
de los fugados, y de un puntapié le sacó fuera de la montura
guardándole en el cajón negro, que se comió el miedo demoniaco.
Las décimas se reducían por vuelta de manteo de riendas, y remontaba
al arcángel que le cerraba el paso para llegar a los jefes de fila. El
gregario componente malicioso del equipo, fortuna en los
entrenamientos que se habría dado, se creía le garantizaría la
victoria. Se pegó a José para desbocarle, y echo la garra para atrás
para ganarse de laurel del ímpetu alejarle de la pista, a vía muerta.
Pero le costó torcida la acometida, porque el inútil había alargado el
brazo al agujero negro detrás suyo, que le tomó la mano. Se miró
atontado lo que le faltaba, aparte de seso, sin conocerse donde
estaba. Tenía un corte seco, como si nunca hubiera estado la parte
abandonada.
José a falta de puntos que darle, en vez de la mano le dio de pie.
Haciendo un ejercicio de potro gimnástico, volteaba en la montura para
endosarle de una patada una llave que sacó en la curva de la ventana
oculta su cuerpo.
Dios se percataba de que José estaba muy próximo, sin refugiados en
medio más que su general Ratzinger para retenerle. El portón estaba
cercano, a menos de una milla de rebasar la línea de entrada y dar
vencedor del mundo a Dios. La mancha negra de aceite la habían pasado
y la velocidad exageraba a tope las revoluciones del corazón de los
cuadrúpedos.
Se estaba llegando tan deprisa a la puerta de piedras, y José no
llegaba alcanzar a ninguno de los dos escapados, que iban de cabeza
sin mirar atrás. Sólo tenía una baza, montó en la mano la Svástica y
apuntaba. No se decidía a quien tirársela, sólo podría detener a uno,
con mucha suerte. Fijó a Dios y en el punto de mira estaba María, no
podía perderla de nuevo. Desvió su intención hacia Ratzinger, y ella
tumbada turbada con las manos atadas señalaba con el dedo a Dios como
blanco limpiador preferencial. José seguía apuntando a Ratzinger y
deseaba a única vez recuperarla, pero presentía que ella no le
disculparía que hubiera sido egoísta, y hubiera elegido quedarse
únicamente con el amor, y perderse al resto del mundo. La decisión que
debía tomar era la más difícil de su vida, renunciar a lo único que le
importaba por ser ella la que se lo pedía. Retener al amor, o librarse
de Dios y continuar el camino separados por un mundo invisible, una
puerta cerrada entre los dos que no se podría pasar una vez cruzada la
separación de dejarla en paz con su alma y desecha al sentir que ya no
estará nunca donde sea su aquí. Cambiante a los tiempos de moda los
nombres de los hombres, ¿cuál será su destino?, que le harán pasar de
brazos ganada de cuerpo, perdida de alma. Sin espero en el desconsuelo
de lo mantenido en recuerdos que en Zeta donde se es, ¿qué le quedará
de ella sin ser capaz de repudiarse, y ser inmortal al tiempo de
despedida que le entregó para desprecio?
Inoportuna conciencia la hablaba del comienzo del fin.
-Si te faltan teorías, no te preocupes, hay tantas como días,
Como romeos escondidos andan en la vida,
Perdidos, ¿y ellos dónde miran?
Si fijaran metas nada harían,
Si clavaran en ti tu mirada, todo cambiaría.
Estas lista pequeña, date prisa.
Nunca pares o moriría, la fábula forjada, en mi mente demente vacía.
¿De que valdría?
Esos cantos, esos ruegos, esos llantos, ese cielo en el que tú creías.
Dime María ¿A quien querías?
Sacrificado te rendiría.
¡¡NO PUEDO PERDERTE!! -Con la entrada en la mano besaba al unicornio
de despedida, pegaba un azote al bello animal bajándose al vuelo, y
lanzaba la Svástica a sus carnes. Le destripó en la locura, y las dos
cabalgaduras adelantadas en reciprocidad retrocedían al instante, por
consenso sintieron torturados en uno el indomesticable sufrimiento. No
resignaron los gritos al dolor y se detuvieron revelándose de riendas
que hizo tirar de la montura a los tres ocupantes.
Dios era el peor parado al haberse frenado contra un dolmen del
circulo central a metros insignificantes de partir. Ratzinger había
ido a parar cerca de donde se detuvo la Svástica. Algo lastimado de
los huesos fue a cogerla, pero José, que no se había quedado atrás
grabando en la retina la secuencia, llegó intrépido para apartarle por
puñetazos. María que seguía atada, caída entre las piedras no parecía
haber sufrido excesivo el percance.
Pero Dios, a pesar de la contusión estaba apunto de conseguirlo. Daba
el primer paso hacia la tierra, desviando la extremidad izquierda de
la pierna le acompañaba el brazo al entrar en el torbellino
luminiscente. En la última jugada se había hecho con la victoria, pero
quedaba aun el suficiente segundo para que al filo de la muerte la
Svástica le seccionara el tronco dejándole talado. Se arqueaba
haciendo una flexión, perdiéndose del resto del organismo divino
parecía estar sujetado por los intestinos para no caerse. José pudo
pararlo antes de que abandonara la estrella Zeta.
Ratzinger aun aturdía del mamporro que se le había entregado a mala
conciencia, José fue a buscar a María antes de hacerse tarde, pero
antes de que pudiera desatarla la vista se giraba hacia la puerta de
embarque. La cintura desligada de Dios se cosía maciza recuperando el
original estado. Cuando entró en el marco de su grandiosidad, por
entero vivo, enojado lanzó un rayo permanente a José que le levantó
dejándolo crucificado contra el dolmen más cercano. Dios sin partir
estaba de vuelta, permanecía en Mizar su contorno, excepto el pie
izquierdo que mantenía fuera de la circunferencia ondulada de luz, con
la huella pisando la tierra.
De este modo podía ser conductora su energía sin suspensión, que había
hecho gala arrojando contra la piedra por fuerza ilimitada a José.
María se removía para librarse de las ataduras, y Dios la sentó a un
dolmen anillándola con un aro de luz el pecho y con otro la boca, del
rayo afluente con el que principalmente neutralizaba a José. Por lo
que se entendía, Dios tenía bastante rabia para que pudiera hablar la
mujer. Repuesto por el corte que le habían dado, ya no pensaba
únicamente en irse lo más aprisa posible, ahora se concentraba en
odio.
Con clavos de luz martilleaba a José por debajo de las muñecas, entre
los dos huesos del antebrazo; el cúbito y el radio, para no
desgarrarle la parte muscular y cayera de inmediato. Quería que
sufriera lentamente, sin conocer que dos mil años llevaba incrustado a
carne viva el dolor-. Insensato, ¿qué intentabas? No eres nada.
Estabais a la caza de una solución para matarme, organizados como boy
scouts, sin saber que desde el principio os manejé a conciencia. ¿Cómo
crees José que encontraste a María? ¿Y la profecía de nuestro esmerado
traidor aventurero Gaudi? Leo en tus ojos -hablaban en José- ¿Cómo es
posible que no halla muerto, si tenía la Svástica la sangre de Jesús?
Ratzinger ya se había despejado del golpe y andaba centrándose en lo
que ocurría-. Fuisteis muy listo hallaron la fórmula para introducir
la sangre de Jesús e intentar matarme, pero nuevamente os perdisteis
en creencias. ¡Jesús era tu hijo!
La noticia se recibía con un respiro que no desintoxicaba la silueta
que se había creado por poros de dolencia.
-¿Porqué? -se autopreguntaba irónico Dios-. Los padres de vuestros
padres -hablaba tanto de José como de María- construyeron esta
estrella-almacén y eran los únicos que conocían como acceder si fuese
necesario una segunda vez, aunque creo que ya habéis sacado muchas
conclusiones a lo detective y sobra comentarios. A sus hijos que
fueron vuestros padres me vi obligado a traérmelos a la Tierra para
sacar de sus genes las claves, pero no hubo manera. La transmisión era
genética, al igual que os la pasaron a vosotros aunque lo ignoréis.
-Cuando nacisteis escapasteis por "coincidencia humana" de algún
alevoso humano, pero fue muy fácil encontrados y vigilados.
Curiosamente, como predestinado estabais hecho una para otro, al igual
que vuestros padres que era juramento el unirse antes de que llegaran
aquí.
Mientras Dios contaba la historia alborozaba al ver a José sufriendo
por doble, ante la cruz y sobre sus palabras. No era una llamada a
darle una oportunidad el quedarse allí y que se improvisara por
infravalorarles una posible consecuencia en su contra. Eso sólo pasa
en las películas, dar palabras para que te maten, nada podía hacer un
mal papel, todos estaban ya repartidos. Dios a pie de la tierra tenía
toda la energía dispuesta de los Atlantes más la de los humanos para
destruir si quisiera la estrella Mizar en un amago de chasquido de
dedos. Únicamente disfrutaba y echaba tripas afuera por algún motivo
especial toda la parafernalia ante sus derrotados enemigos.
-La ejecución de Jesús estaba provocada porque podría conseguir tanto
poder como yo al ser engendrado por vuestra genética. La ocurrencia
para acabar con él fue la corona de espinos hecha del mismo material
que la Svástica, pero su muerte no fue tan predeterminada como puedas
pensar. Es cierto que intenté matarle antes, pero fue por otro motivo.
Miraba a María sin tentarle dar ningún paso en contra de la tierra que
pisaba. -De donde provengo nuestras mujeres sólo pueden quedar
embarazadas una única vez, por eso quise ser yo quien la fecundara de
forma natural -argucia malévolamente- su óvulo.
María tenía ganas de meterse debajo de tierra, pero no le dio esa
satisfacción a Dios y le miraba a los ojos.
-Extrañamente la gestación fue múltiple, venían dos hijos de camino,
uno mío y otro tuyo José -con tantas historias de por medio era
reminiscente a creer a Dios, ¿pero para qué iba a mentirle? -Quise
acabar con Jesús antes de que naciera produciendo un aborto en María,
pero maté a mi propio hijo.
Dios enconaba al acordarse, e intentó mitigar la abominación del mal
recuerdo-. ¿Nunca te contó María lo del aborto espontáneo? ¿No? ¡Si en
el fondo es una santa, siempre reservándose su dolor!
José miraba a María para que no se sintiera sola en la mal dicha que
él, abatido al dolor, colgado de brazos con el cuerpo que le tiraba
hacia abajo, poco podía aliviar. Los clavos de luz iban desgarrando
lentamente la carne de los antebrazos, y los huesos de las muñecas
frenaban el descenso acelerado.
Ella no podía mirarle, no quería hacerle más daño del que ya se hacía
sentir.
-Una triste historia que se perdió el mundo. Ahora ya no me queda nada
más que contados. Bueno si, mi interés por recuperar la energía de los
Atlantes es para destruir al que fue una vez mi pueblo. Voy a ir a
visitarle desde la tierra, y formaremos, quitar el mos por favor, un
nuevo sistema de unión, una vez acabe con ellos. Pero vosotros no os
preocupéis por lo que pase, no estaréis allí para verlo, ni aquí.
Vuestra energía como la de los Atlantes la tengo yo. Cuando muera
vuestro cuerpo dejareis de existir. ¡La inmortalidad se acabó! -Paraba
su extenso resumen de descargos para correctiva sentencia.
-¡Vámonos Ratzinger! Z ya ha pasado a mejor vida, está muerto para
siempre -Dios acabó la cesión de rayo que retenía a José y a María. A
él, al arrancarle los clavos de luz se tambaleaba agonizante al suelo,
ella rastreaba para llegarle como pudiese para sentirle la piel.
-¡Espera que recoja tu fruto mi Dios! -comentaba Ratzinger agachándose
a por la Svástica caída del último lanzamiento de José.
Agradecido dios tanteaba el rostro sádico. Se apartó a los ojos de los
infelices que quedaban tirados, y les demostró de espaldas la salida
para traspasar el portón, por definitivo y no tener que volverse
arrepentir.
Ratzinger, el discípulo consagrado por Dios, su elegido para la
santidad, se lastimaba incomprensible. El mismo se cortó en las venas
con la Svástica, y al quite cuando Dios se codificaba casi al completo
se-, ¡NO ES VERDAD! -la incrustaba al reverso del latigazo enviado,
recorriendo el hiperespacio exterior y el lánguido cuerpo interior de
Dios. La magnanimidad que llena las malas artes a la muerte le flojea,
se marea, y cae cimentando entre la base de la tierra y de la estrella
que rebrilla.
La obertura del diluvio ocurría en los dos planetas por consecuentes.
Del descubierto desmontado Dios, desvanecía los millares de millones
de almas capturadas en vida. Y aun siendo ya consumidas en energía
para su uso pérfido, quedaban los cartuchos de cada una con pozos
aglutinados de darle de cara al nombre de la personalidad.
A cuentagotas se llovía honorando a los muertos, liberando toda la
carga no usada en la existencia. En la tierra eran lágrimas lo que
llegaba del cielo, en Zeta eran gotas de sangre lo que caía. Al igual,
la energía de los Atlantes volvía a ellos, merecedores de
reencontrarse. María y José si la tenían no estaban en condiciones de
uso, al ser planeta maldito para aprovecharlo.
José estaba menguado sin fuerzas, María que ya escapó de las ramas que
la contenían, le abrazaba para no perderle.
Ratzinger se acercó a ellos, y se inclinó para hablar. José que no
podía ni con su alma, le distorsionaba su imagen, María cansada del
camino duradero de espinas no disponía de ganas de seguir luchando.
Abrazaba fuerte a José, porque esta vez si iría con él hasta el final.
-¡No tengas miedo Madre, soy el espíritu santo!, por los siglos de los
siglos...
Daría que pensar, sin renunciar a los detalles que expliquen
estilistas la conversión del modo terráqueo al mundo religioso se
presenta la duda elocuente, ¿quiénes somos? Por esmero no concibo la
propia idea sea real, y matemática enredosa suma por continuar hacia
delante. Se presume inquietud, anulo mi afán por presentir quienes
somos, y me preocupare por turnos preferenciales.
Estos pensamientos, vagan cercanos a José agravado, María diezmada, y
Ratzinger fuera de tono al alejarse hacia el portón. Anhelos por
ignorar respuestas que despuntan la realidad, acondicionado y entre
todos los cuerpos y mentes las sensaciones se vuelven palabras,
estando impresionadas de puños en gotas de letras de sangre.
Particular, cede los intervalos de mutismo. Dios destronado por
Ratzinger, angustia el propósito de qué hará. Aparte de la humanidad,
en el preciso instante que mira a los sentidos adversarios sin ceder
gestos que reflejen cualquier decisión. Atenuante, embelesado, recoge
la Svástica con que sacrilegió parricidio. Transitorias se han ido
preguntas del momento, al ver un rostro desanimado en los ojos de
Ratzinger, José acoge el dolor como suyo. La tristeza que deporta
necesita una mano amiga, que le dé la bienvenida a la vida. Buen
adicto a las cargas multipersonales, ahora sabe que comparte lo que es
sufrir, y vocifera en tristeza lo que le demuestra ser humano.
La densidad del globo, aletargado como el despertar del invierno de un
oso, buscará una vez más consuelo que acopiar, antes que sentirse mal.
La verdad, ¿de verdad importa? La mentira piadosa reconforta en el
frío intenso. Sin cariño de un abrigo, te ruego adorado sol me des tu
calor, aunque me quemes no ceses de cegarme. Mis ojos de ti no
apartaré, no me dejes en la noche gritando el origen de la luz.
¡Guíame hasta allí para olvidar que sin ti me perdí!
Los Atlantes pagaron su ignorancia en castigo, los moradores del
planeta de origen se aproximarán roto el espejo intermedio hasta el
punto que señalen como guerra o como paz, para que conozcan la
realidad. ¡La distinta doblemática realidad!
El mundo viaja por el tiempo del espacio, perdido en los confines.
La tierra descolocada, gira sin conocer cual fue su principio, y sin
fin, de momento que señale el final.