ECOLOGIA DE SISTEMAS URBANOS
Raúl Montenegro,
Titular de Biología Evolutiva Humana, Universidad Nacional de Córdoba
Centro de Investigaciones Ambientales, Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño, Universidad Nacional de Mar del Plata
Una publicación del Programa Editorial Codirector: arq. Héctor Echechuri
del Centro de Investigaciones Ambientales Secretaria administrativa: Srta. Romina Rampoldi
marzo de 2000 equipo de investigadores:
Edición y compaginación: Guillermo Bengoa arq. A. Allen / arq. G. Bengoa /
Copyright by Raúl A. Montenegro. Inscripto en el Registro Nacio- lic en antropología M. Burmester /
nal de la Propiedad Intelectual. Hecho el Depósito que marca la lic. en ecología R. Ferraro / arq. J. Garamendy / arq. H.
Ley 11.723. Prohibida su reproducción por cualquier vía o proce- Goyeneche /
dimiento sin previo acuerdo escrito con el autor y poseedor del lic en ecología M. Malvarez / arq. L. Navarro / arq. P. Nigoul
Copyright. Derechos reservados. cartógrafa A. Olszewski / lic. en geografía M. Sagua /
equipo docente del GADU
UNIVERSIDAD NACIONAL DE MAR DEL PLATA lic. en antropología L. Bartolomé / lic. M. I. Bertolotti/ dr. M.
J. B. Alberdi 2695 Craviotto /
(7600) Mar del Plata arq. E. J. Fernández Figueroa / arq. F. Garay / arq. D. Kullock / lic.
ARGENTINA M. Lacabana / dr. E. Leff / ing. C. Lizana / lic. R. Montenegro /dr. J.
Tel: (0323) 492-1700 Morello / lic. G. Oliva /
fax: (54) (0223) 492-1705 lic. N. Prudkin / lic. C. Reboratti / lic. M. Robirosa /
Rector: ing. Jorge D. Petrillo
Vicerrector: dr. Armando Abruzza. El CIAM en un Centro de Investigación de la Facultad de
Arquitectura, Urbanismo y Diseño que desarrolla, con marcado
FACULTAD DE ARQUITECTURA, URBANISMO Y DISEÑO carácter interdisciplinario, tareas de investigación, docencia y
Funes 3330 (7600) Mar del Plata prestación de servicios en la temática ambiental del desarrollo
Decano: arq. Manuel Torres Cano urbano y regional. En el campo de la formación de recursos de
Vicedecano: arq. Juan Garamendy nivel superior el CIAM ofrece, desde el año 1994, la Maestría en
Gestión Ambiental del Desarrollo Urbano, destinada a profesiona-
CENTRO DE INVESTIGACIONES AMBIENTALES les vinculados al tratamiento y resolución de problemas y pro-
Funes 3330 (7600) Mar del Plata yectos ambientales en el ámbito local, tanto desde la esfera
tel/fax: (0223) 475 39 46 pública como privada. Cabe destacar que, a diferencia de otros
correo electrónico: programas formativos de carácter internacional, esta Maestría
ciam@mdp.edu.ar pretende, manteniendo un alto nivel científico, abordar las
http: www.mdp.edu.ar/UA/arquitectura/maestrías/ciam/index/htm problemáticas locales de la región donde está inserta la
Universidad Nacional de Mar del Plata. La Maestría GADU
pertenece a la Red PNUMA Latinoamericana de Formación
Director: Ambiental Superior. Esta Maestría ha sido acreditada por
arq. Roberto J. Fernández CONEAU con la categoría "C".
Las Maestrías de la
Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño
Hasta el año 1994 la FAUD / UNMdP no contaba con ningún programa permanente de postgrado. Existían sí cursos aislados, en general de
actualización profesional, que si bien eran de satisfactorio nivel, no constituían un currículum coherente.
En ese momento se detectó, a través de una encuesta de demanda organizada por Universidad Abierta de la UNMdP, que el interior de la
provincia tenía necesidad de capacitar en la temática general de la Gestión Ambiental del Desarrollo, a toda una gama de funcionarios y técnicos
que trabajaban tanto en instituciones públicas (municipalidades, institutos provinciales) como privadas (cooperativas, bancos). A raíz de eso, se
diseñó la primera de las Maestrías de la FAUD, en Gestión Ambiental del Desarrollo Urbano, que con un amplio abanico de alumnos, tanto
disciplinar (hay arquitectos, geógrafos; ingenieros, biólogos sociólogos, etc.) como regional (provenientes de Mar del Plata, Olavarría, Tandil,
Buenos Aires, Bahía Blanca, Santa Fe, Paraná, La Plata, Tres Arroyos, Balcarce, etc.) se viene dictando desde 1994.
Sobre la base de esta experiencia, desde 1996 se trabajó en la redacción y elaboración de otras dos propuestas de postgrado que cubrieran
sendos déficits detectados en la región:
El primero era la carencia de profesionales que estuvieran capacitados para gestionar formas alternativas de vivienda y mejoramiento del hábitat
que hoy día no se enseñan adecuadamente en la currícula de grado, en ninguna Facultad.
El segundo déficit era la ausencia casi total de profesionales que estuvieran capacitados para intervenir en las acciones de gestión, preservación
e intervención en el patrimonio arquitectónico-urbano de las ciudades y pueblos de nuestra región.
En resumen, el programa de Maestrías de la FAUD apunta a solucionar tres déficits en la oferta de profesionales para la resolución de problemas
concretos de la región. Estos tres temas-problema no son exclusivos del campo de acción de la Facultad de Arquitectura, por lo que se ha decidido
trabajar con postgrados interdisciplinarios. Las tres problemáticas seleccionadas son:
* Carencia de capacitación y actualización en los problemas de la Gestión Ambiental del Desarrollo Urbano de parte de los profesionales y
organismos técnico-políticos regionales y municipales.
* Carencia de capacitación en los egresados de la Facultad de Arquitectura en particular y de la UNMdP en general en los problemas derivados
de las nuevas formas de gestión de la vivienda y el hábitat, generados por los cambios socioproductivos y la desaparición del Estado Benefactor.
* Carencia de capacitación de los profesionales de la región en las nuevas técnicas y enfoques sobre la gestión, preservación e intervención en
el patrimonio arquitectónico-urbano, que afecta no solo al acervo cultural sino incluso a las actividades económicas, como el turismo.
1
La inscripción registrada en las sucesivas ediciones de las tres Maestrías, ha demostrado su factibilidad y el interés existente a nivel regional por
este tipo de tareas académicas. Durante 1999, además, las dos de las tres Maestrías han sido categorizadas por CONEAU como "C" y la restante,
como "B"
Desde 1998 se dicta también una Carrera de Especialización, de tres cuatrimestres de duración, en Higiene y Seguridad en la Construcción.
LA MATERIA:
Dentro del marco general de esta Maestría, la materia “Ecología de sistemas urbanos” está ubicada al principio con el objetivo de brindar apoyo
teórico desde una disciplina específica al proceso de construcción de un “saber ambiental” que constituya más que la suma de aportes
parciales. El contenido de esta materia es el siguiente:
1. Nociones de ecología urbana.
Ecosistemas, marco general del funcionamiento ecosistémico. Ecosistemas urbanos. Los asentamientos urbanos en cuencas regionales de
energía /materia. Relaciones ecosistémicas entre redes de asentamientos. Relaciones entrada/salida de energía y materia de un asentamiento
urbano respecto de su contexto territorial.
2. Manejo de ecosistemas urbanos:
Modelos. Características cualitativas y cuantitativas de los flujos de energía y materia de un asentamiento urbano y su entorno. Funcionamiento
ecosistémico de los asentamientos urbanos. Sistemas de información y modelación. Diagnósticos y pronósticos. Caracterización de
problemáticas ecosistémicas específicas: demandas de energía, oferta de alimentos, generación de desechos, funcionamiento de cuencas
hídricas urbanas.
EL MODULO
Este módulo está dividido en seis capítulos, que, manteniendo coherencia entre sí, barren un espectro más amplio que el estrictamente incluido
en el programa de la materia, extendiéndose en cuestiones de gestión ambiental.
El primer capítulo describe la historia de los problemas ambientales, tomando toda intervención del hombre sobre la naturaleza como una
posibilidad de conflicto y analizando críticamente la situación actual.
El segundo capítulo se adentra en la naturaleza de las crisis ambientales, intentando una caracterización adecuada de las mismas a través de
cuatro enfoques distintos.
El tercer capítulo, mucho más operativo, describe un modelo posible de análisis para la participación y gestión de problemas ambientales: el
“CIGEP”: Comunidad, Investigación, Gestión, Educación, Producción.
El cuarto capítulo, el más “científico”, hace una ajustada y precisa introducción a nociones generales de ecología, mientras en el quinto capítulo
se realiza el mismo trabajo de sìntesis con respecto a la ecología urbana.
Por último, el sexto capítulo hace una introducción a problemas de gestión ambiental de ciudades, destacándose la descripción del caso de la
Ciudad de Córdoba. Es de hacer notar la calidad de este análisis, ya que sin transformarse en una “manualística” hace una enumeración de
preguntas relativas a distintos problemas ambientales que es esclarecedora del tipo de situaciones que se dan en el manejo ambiental de
ciudades.
EL AUTOR.
Con un vasto currículum en la investigación y la docencia en temas de ecología (es profesor titular de Biología Evolutiva de la Universidad
Nacional de Córdoba) el lic. Montenegro participó también en la gestión pública relacionado con la gestión ambiental de la provincia de
Córdoba.
Las dificultades encontradas en la actuación pública estatal lo volcaron a una activa participación en ONGs vinculadas con el medio ambiente,
siendo hoy día presidente de una de ellas, Fundación para la Defensa del Ambiente (FUNAM), gestión que por su dinamismo lo llevó a obtener
el premio Global 500 de Naciones Unidas.Ha publicado decenas de artículos científicos y de divulgación y algunos de sus trabajos han sido
precursores en la aplicación de teorías sobre ecología urbana a casos locales .
ECOLOGIA DE SISTEMAS URBANOS
Raúl Montenegro
Módulo correspondiente a la materia M2
" Ecología de Sistemas urbanos"
INDICE
Introducción 7
Capítulo 1: Historia de los problemas ambientales 10
1.1.Evolución de los problemas ambientales. Períodos. 10
1.2.Historia de los problemas ambientales 11
1.3.Genocidios humanos y ambientales 16
Capítulo 2: Naturaleza de las crisis ambientales:
cuatro síntesis introductorias
2.1.Primera síntesis: naturaleza de la crisis ambiental.
2.2.Segunda síntesis:causas de la crisis ambiental.
2.3.Tercera síntesis: soluciones a la crisis ambiental.
2.4.Cuarta síntesis: cuando un trozo de aire y bosque valen más que cien
televisores y una central nuclear
Capítulo 3: los distintos actores de la Gestión Ambiental:
El modelo CIGEP. Desarrollo y estado actual de las ciencias, la gestión y los
movimientos no gubernamentales.
3.1.de las disciplinas a la administración. Descripción del modelo.
3.2.Breve análisis de algunos compartimientos del modelo
Capítulo 4: nociones de ecología general
4.1.Origen del término ecología
4.2.Ecología. Definiciones actuales
4.3.El planeta visto como un ecosistema.
4.4.Diversidad ecológica y evolución.
4.5.Naturaleza del fenómeno vida.
4.6.Fuentes de energía.
4.7.La energía solar y la vida.
4.8.Noción de ecosistema
4.9.Los ecosistemas ajustables
4.10.Los tipos actuales de ecosistemas: concepto de ecosistema en mosaico.
Capítulo 5: Nociones de ecología urbana
5.1.La ciudad y sus relaciones con el ambiente
5.2.Algunos conceptos fundamentales en ecología urbana.
2
5.3.Principales problemas ambientales de los ecosistemas urbanos
Capítulo 6: Introducción a la Gestión Ambiental de Ciudades.
6.1. Primer paso
6.2. Segundo Paso
6.3. Tercer paso
6.4. El sistema de Información Ambiental
6.5.Diseño de una caso: el observatorio del agua. Cuestionario Guía.
Referencias
INTRODUCCION
Las crisis ambientales se desarrollan y combinan en todas las regiones y países de la Tierra con características propias. Algunas crisis son
violentas, como la explosión del reactor 4 en Chernobyl (1986) o los incendios de Galápagos o (1994). Otras son insidiosas, como la rápida
contaminación de los ecosistemas con plaguicidas, residuos industriales y basura. Todas tienen sin embargo un factor en común : surgen
porque nuestras actividades no se adaptan a las reglas básicas de la supervivencia terrestre. Para vivir y poder seguir viviendo como especie
humana es indispensable que nuestros actos y productos sean social y ecológicamente digeribles, tanto en calidad como en cantidad, y que
paguemos puntualmente nuestras cuotas sociales y ecológicas. Cuando no lo hacemos sobrevienen a plazo variable esas crisis.
La digeribilidad de nuestros actos y productos ha sido violentamente alterada con las revoluciones industriales y el consumismo. Utilizamos los
suelos olvidando que fueron el producto de los bosques que tenían encima y que nosotros talamos, o descargamos dióxido de carbono a una
tasa muy superior a la que pueden fijar los ecosistemas acrecentando así, peligrosamente, el efecto invernadero. Este proceso adquiere
características especiales en los ecosistemas urbanos. Las ciudades suelen degradar los ambientes circundantes, incluidos otros
asentamientos humanos, cuando les extraen materiales para construcción, energía, fibras y alimentos (impacto por extracción); sobrecargan y
hacen entrar en cortocircuito los ecosistemas circundantes con sus residuos (impacto por adición) y alteran la calidad de vida intraurbana con
patologías ambientales y sociales (impactos hacia adentro). Cómo cambiar esta estrategia?.
Por un lado, replanteando nuestros estilos de vida, marcados hoy por el consumismo feroz, la violencia, la injusticia, el egoísmo generacional y
el corto plazo; por otro lado, reconstruyendo nuestros códigos de comportamiento entre seres humanos, y entre nosotros y la naturaleza
(desarrollo sostenible). El punto de comienzo puede ser la persona, la familia o el barrio, luego la ciudad y el mismo país. Aunque existen
distintas instancias, jurisdicciones, mecanismos y responsables, el verdadero desafío está en la participación. Esto es, en el diseño de
mecanismos que permitan reconstruir esos estilos de vida y códigos con la opinión de todos los sectores.
Los principales obstáculos son la falta de información y la cantidad de participantes en estos procesos. Pero los errores resultantes de técnicas
autoritarias e inconsultas justifican el cambio. Uno de esos ámbitos de cambio es el de la Gestión Pública del ambiente. Precisamente, para
contribuir al proceso de gestión participativa elaboramos este ensayo que pretende, con el tiempo, crecer hasta la estatura de manual. Su
principal motor ha sido el original Postgrado Semipresencial en Gestión Ambiental del Desarrollo Urbano (GADU) de la Universidad
Nacional de Mar del Plata, y sus destinatarios los gestionadores del ambiente urbano. Al cuerpo del texto, que se irá ampliando con el tiempo y
nuevas experiencias, lo complementamos con varios apéndices prácticos. Desde FUNAM aprendimos, a golpes de aciertos y errores, que no
es conveniente confiar ciegamente ni en los científicos, ni en los técnicos ni en los políticos, y que la sociedad, pese a sus problemas de
acceso a la información, guarda siempre las mejores ideas. El desafío es cómo llegar a esas ideas.
Fruto de un libro leído y de varios viajes al este de Africa recompaginé una vieja historia, muy posiblemente Kikuyu. En una pequeña aldea
situada cerca de Mombasa, al este de Kenya, vivía un anciano brujo que almacenaba todo el conocimiento de la Tierra. Cada uno de los
habitantes acudía a su choza para preguntarle cómo se fabricaba un buen cuchillo, un techo de paja o una red para pescar. Con el tiempo
muchos de los aldeanos guardaron celosamente esa información y no la devolvieron, como era costumbre, al anciano brujo. El que necesitaba
un cuchillo, por ejemplo, ya no podía hacerlo y debía pagarle muchos granos por su fórmula al pillo que la retenía. Los conflictos, peleas y
egoísmos se multiplicaron de tal forma que el viejo brujo decidió recoger toda la información que el había diseminado. Para ello esperó la
noche, se introdujo sigilosamente en cada choza, tomó todos los conocimientos y los guardó en una pequeña tinaja de barro que llevaba
colgada de su pecho.
Regresó hacia su choza, y luego, bajo la luna llena, se encaminó hacia un lejano grupo de palmeras para ocultar la tinaja. Su hijo, preocupado
por la salud del anciano, lo siguió en silencio y a cierta distancia. El viejo brujo, ya al pie de la palmera más alta, comenzó a treparla con gran
dificultad. La tinaja que colgaba sobre su pecho hacía muy difícil el ascenso. Su hijo, preocupado por el esfuerzo que hacía su padre, no pudo
contenerse y le gritó «padre, coloque la tinaja en su espalda». El viejo brujo le hizo caso y razonó , con perplejidad, que aún teniendo todo el
conocimiento del mundo entre las manos siempre podía aprenderse algo más. Ya más aliviado continuó su camino hasta la copa de la
palmera. Pero cuando estaba a punto de ocultar para siempre la tinaja pensó en lo que había sucedido, cambió de idea y la arrojó hacia el
suelo con toda su fuerza. Esta se rompió en mil pedazos y su contenido se desparramó generosamente. Desde entonces, dice esta vieja
historia africana, todo el conocimiento quedó distribuido entre todos, y la sabiduría sólo se puede alcanzar uniendo los pedazos que tienen las
mariposas, las rocas, el suelo, las flores, los niños, el viento y los ríos. Algo similar ocurre con la gestión ambiental. Sólo es sustentable y
socialmente útil cuando considera todas las piezas de la realidad, por difícil que esto sea (1).
CAPITULO 1
HISTORIA DE LOS PROBLEMAS AMBIENTALES.
1.1. Evolución de los problemas ambientales. Períodos.
Formular una definición de problema ambiental es difícil. Cualquier actividad viviente produce impactos. Las termitas construyen gigantescos
nidos de tierra dura, los herbívoros consumen pastizales, y todos los mamíferos, por ejemplo, descargan excrementos, orina y dióxido de
carbono. Si ese impacto es digerible por el ecosistema no lo clasificamos como un problema. Pero si la magnitud del impacto desborda la
capacidad natural de neutralización, o si el impacto introduce situaciones y elementos negativos absolutamente nuevos, como el plutonio 239 o
las latas de aluminio, entonces lo caratulamos como problema ambiental.
Durante la evolución de la Tierra ocurrieron numerosos problemas ambientales cuyas consecuencias todavía se detectan. Los yacimientos de
petróleo, por ejemplo, son grandes basurales líquidos que se originaron hace millones de años durante graves disturbios ecosistémicos y
geológicos. Muchas especies que por mutación o deriva genética iniciaron experimentos biológicos novedosos, escapando de los mecanismos
entonces vigentes de control, desencadenaron consecuencias negativas para el ambiente y para su propia supervivencia. Esto ocurrió quizás
con especies de saurios prehistóricos. En otros casos los problemas ambientales fueron el resultado directo de erupciones volcánicas, caída de
meteoritos o choque con fragmentos de cometas.
Durante los últimos 100.000 años de historia distinguimos tres períodos principales de problemática ambiental por causas humanas cuya
secuencia se ha repetido en diferentes regiones de la Tierra pero con fechas y duraciones variables (2).
(a) Período preagrícola. Extendido hasta hace unos 10.000 años, tiene un historial poco conocido de impactos previos a la adopción de las
técnicas agroproductivas. Numerosas culturas preagrícolas casi no dejaron rastros ambientales de sus actividades. Esto demuestra que eran
mayoritariamente digeribles para los ecosistemas que ocupaban. Pero como lo expresó muy claramente Deleage «ninguna civilización fue
ecológicamente inocente» (3).
(b) Período agrícola preindustrial. Comparativamente al anterior es un período corto. Iniciado hace 8.000-10.000 años se extendió hasta
mediados del siglo XVIII -en Gran Bretaña- o hasta más tarde en otros países. Esta etapa comenzó con las primeras revoluciones agrícolas y
3
urbanas, cuyas actividades acrecentaron los impactos ambientales de nivel local y regional. Los excedentes productivos permitieron la
hiperconcentración de personas y actividades (ciudades), un mayor crecimiento de la población humana y la subsecuente expansión de
fronteras agropecuarias. Actualmente zonas remotas y aisladas de la Tierra todavía mantienen estas culturas agrícolas preindustriales (2).
(c) Período industrial. Este breve y denso período enmarcado por tres revoluciones industriales se extiende hasta el día de hoy. En Gran
Bretaña por ejemplo comenzó en el siglo XVIII, mientras que en Argentina recién se instaló hacia el siglo XIX. Coincide con la segunda
revolución urbana y la aparición, por primera vez en tiempos humanos, de impactos ambientales de escala global. Su primera revolución
industrial, así denominada por Toynbee, generalizó la mecanización y la producción en masa. Su segunda revolución, disparada por la
asociación entre combustibles fósiles y motores de combustión interna, inició la megadescarga de dióxido de carbono que un siglo más tarde
provocaría sobrecalentamiento y cambios climáticos. Su tercera revolución, que ligó el producto de las dos anteriores con el «boom»
informático, aceleró y magnificó los problemas ambientales, e introdujo riesgos absolutamente novedosos. Entre ellos la amenaza de guerra
nuclear y química a gran escala, la «fabricación» de nuevos elementos como el plutonio 239 y la acumulación de residuos tóxicos
transgeneracionales (2).
1.2. Historia de los problemas ambientales.
En la Grecia del período agrícola preindustrial Platón (428-347 AC) escribió en su Critias o Diálogo Político : «Lo que ahora son sus
montañas, eran montes cubiertos de fértil tierra. Los pedregosos llanos de la actualidad fueron terrenos dotados de rico mantillo; había
frondosos bosques, de los que aún quedan rastros visibles. Ahora hay montes de Atica que sólo pueden alimentar a las abejas, pero que no
hace mucho estaban dotados de espléndidos árboles (...). La comarca se sentía orgullosa de los extensos prados para apacentar ganado. El
agua caída durante todo el año no se perdía como ahora, que corre por la desnuda faz de la tierra para desaparecer en el mar, sino que
penetraba hasta el seno del suelo (...) y descargaba luego el sobrante de las alturas en forma de manantiales y ríos de abundante caudal» (4).
Varios siglos más tarde el escritor hispanorromano Lucio Anneo Séneca (4-65 DC), nacido en Córdoba (España) pero miembro de la corte de
los emperadores Calígula, Claudio y Nerón se refería así a la ciudad de Roma : «cuando me alejo de sus humeantes chimeneas, que en sus
efluvios lanzan todos los pestilentes venenos de sus infiernos, siento un cambio en mi disposición» (5).
Durante el período preindustrial los mayores impactos de las sociedades se concentraron sobre los bosques. La desorganización hídrica jugó
un rol muy importante en el debilitamiento de las civilizaciones mesopotámicas, en particular como consecuencia de la erosión del suelo tras la
deforestación y sobrepastoreo de las altas cuencas del Tigris y del Eufrates. Los imperios babilonio y asirio no lograron detener la colmatación
de la gigantesca red de irrigación de la Baja Mesopotamia. Comenzó entonces un lento declinar que se prolongó hasta la destrucción de los
canales de irrigación por los invasores mogoles en el siglo XI (3).
Las crisis de las selvas y de la ecosfera también jugaron un rol decisivo en el derrumbe de algunas civilizaciones mesoamericanas. La
degradación de los ecosistemas forestales y del ciclo del agua habría producido la repentina caída de la civilización Maya en el actual
Departamento del Petén en Guatemala y en Honduras. Su sistema agrícola «milpa» con cultivo de maíz sobre zonas quemadas y posterior
barbechado de cuatro a ocho años habría arruinado su base productiva. Ya en la América colonial los herederos del conquistador Cortés
desarticularon la gestión hídrica de la cuenca de México que había sido muy bien administrada por la sociedades prehispanas, produciendo
efectos desastrosos(3). También existen antecedentes tempranos en China, donde la deforestación arrasó numerosas regiones como
consecuencia directa e indirecta de la expansión de la frontera cerealera. Joseph Needham constató su gravedad en las tierras altas del
Shaanxi y del Gansua a partir del siglo XVI. Pero la destrucción de los bosques en los valles altos es mucho más antigua. En la cuenca del río
Amarillo se remonta a los primeros siglos del Imperio. Esta crisis fue quizás una de las razones del lento deslizamiento de la civilización china
del noroeste hacia el sudeste entre el período de los Tang y de los Song. Este último habría alimentado su notable desarrollo urbano y naval
con la explotación de las reservas madereras de las montañas del sur y con la importación de maderas del Japón. Ashead identificó en China
otra crisis prolongada de energía entre los años 1400 y 1800 (3).
En la región del Mediterráneo musulmán se registró una creciente falta de madera a partir del Siglo VII, coincidente con el «boom» urbano (6).
En Europa la deforestación se acrecentó en la alta Edad Media, sobre todo en su zona Central y Atlántica. En Alemania la selva herciniana
tenía según los autores Romanos una extensión equivalente a sesenta días de marcha. Pero a partir del siglo VI comenzó a reducirse. El
apogeo de la deforestación se sitúa en Europa Occidental entre la mitad del siglo XI y el fin del siglo XIII. Las primeras crisis ecológicas
comenzaron a vivirse a partir del siglo XIV (3).
A partir del siglo XVI se registra tanto en Gran Bretaña como en Holanda una crisis grave y prolongada de la madera. Esta crisis se extendería
luego a otros países del continente. No es casual que el reemplazo de los combustibles vegetales por combustibles fósiles comenzara en Gran
Bretaña, pues fue el sitio de la primera gran escasez. Entre 1500 y 1700 la faltante de madera marcó dramáticamente la época isabelina y la
de los Stuart (3).
Además de las grandes talas para alimentar los hornos de producción de hierro (siglos XI a XII), también se registró en Europa una intensa
deforestación de la cuenca del Arno en el siglo XIV y la extinción de especies animales por causas humanas, en particular desde el siglo XVII.
Fenómenos similares se registraron en otras regiones del planeta. : la tala de bosques en el Japón del período Meijí o la extinción en 1681 de
un ave no voladora como el «dodó « en la isla de San Mauricio (2).
América del Sur no fue una excepción en materia de extinción de especies animales. Durante el siglo XVI los españoles cazaron con ferocidad
las chinchillas de la zona andina hasta su casi total exterminio, en territorios que hoy corresponden a la Argentina, Bolivia, Perú y Chile (7) (8).
Estos trastornos preindustriales, excepto la desaparición irreversible de especies o la desertificación extrema, pudieron ser superados con
cierta rapidez gracias a la todavía intacta capacidad de los ecosistemas naturales para amortiguar excesos. En muchos casos esta
recuperación fue resultado de la nociva «técnica de fuga». Esta técnica consistía en abandonar lo destruido tras una sucesión de explotaciones
que incluían la caza de gran número de animales de piel y la posterior deforestación, luego cultivo intensivo hasta el agotamiento de los suelos
y finalmente inicio de esta misma cadena en otro sitio virgen. Si el poder autocicatrizante de los ambientes permanecía viable, y el tiempo sin
ocupación era suficiente, los daños se reparaban por ecosucesión. Pero si el impacto era masivo y grave la recuperación podía demorarse
varias generaciones humanas.
Con algunas variantes los primeros colonizadores alemanes de Espíritu Santo en Brasil utilizaron la «técnica de fuga». Tras una roza
sistemática de la selva cultivaban intensivamente la tierra hasta agotarla, acontecimiento que sucedía a los 15 años de trabajo
aproximadamente. Compraban entonces nuevos terrenos de bajo costo y reiniciaban el ciclo (8).
La conquista europea de América y la explotación colonial de Asia, Africa y Oceanía disimularon por «fuga» el impacto ambiental que se venía
produciendo en Europa y sus colonias más antiguas. La mayor presión del cultivo portugués de caña de azúcar por ejemplo, estaba
concentrada antes del siglo XVI en las islas de Madeira, las Azores y Cabo Verde. Allí el cultivo se hacía bajo riego con una secuela de tierras
agotadas. Pero desde el establecimiento de la primera plantación portuguesa en Capitanía de los Ilheus (Brasil), las distorsiones ambientales
se repartieron entre aquellas islas y el continente sudamericano. La singular selva costera del nordeste brasileño sucumbió mayoritariamente
durante este proceso. Nuevamente la ampliación de una frontera agrícola hacía olvidar que los recursos naturales renovables como el suelo
tienen un límite, pasado el cual deja de serlo (8).
Pero, y este es un hecho significativo, las posteriores revoluciones industriales no hicieron surgir una problemática nueva. Simplemente
agudizaron situaciones que ya tenían numerosos antecedentes históricos negativos. La tecnología magnificó entonces a partir del siglo XVIII
una serie de procedimientos y conductas ecodegradantes : erosión, contaminación, deforestación, defaunación y vaciamiento de recursos
mineros. Kneese (9) cita al respecto un episodio ejemplificador de la triste historia ambiental londinense ocurrido en pleno siglo XIV. Es decir,
cuatrocientos años antes de que los primeros inventos de la industria textil contribuyeran a la revolución industrial.
En esa época los carniceros, que ocupaban una zona de Seacol Lane, cerca de la prisión de Fleet, arrojaban todos sus efluentes al entorno
sin ningún tipo de tratamiento. Una crónica real, refiriéndose al problema, expresaba : «A causa de la matanza de animales de gran tamaño
cuya sangre corre por las calles y cuyas entrañas son arrojadas al Támesis, el aire de la ciudad se ha corrompido e infectado en grado sumo;
de ahí que se produzca un hedor nauseabundo y abominable y que quienes viven en la mencionada ciudad o han residido en ella padezcan
4
enfermedades y muchos otros males» (10) (9). Tres siglos después se publicaba en Londres, en 1661, uno de los primeros trabajos específicos
sobre contaminación : Fumifugium (5).
Durante la industrialización o «tercer período» las fallas humanas de convivencia hombre-hombre y hombre-naturaleza se diversificaron,
acrecentaron y agudizaron. Tres acontecimientos sucesivos, brevemente mencionados al comienzo de este capítulo, actuaron como
detonantes. Primero la mecanización y el «factory system» originado en la Gran Bretaña de mediados del siglo XVIII (Primera revolución
industrial de A. Toynbee). Segundo la posterior utilización a gran escala del petróleo y otros combustibles fósiles, la generalización del uso de
la electricidad y los motores a combustión interna, más toda una serie de productos y procedimientos derivados de la creciente interacción
«entre ciencia y técnica, laboratorio y fábrica» (Segunda revolución industrial de G. Friedman) (24). Tercero la aplicación a gran escala de los
controles automáticos, la informática, las telecomunicaciones y el perfeccionamiento en las técnicas de elaboración masiva (Tercera revolución
industrial de San Pedro) (11).
Esta secuencia se contagió a la mayor parte de los países de la Tierra con distinto ritmo y en distintos tiempos. En este contexto los enclaves
coloniales primero y sus sucesores las naciones independizadas después, actuaron como verdaderas fuentes irradiadoras de las tres
revoluciones.
El Buenos Aires del siglo XIX, por ejemplo, ya vivía los problemas ambientales derivados de una industrialización incipiente cuando apenas
habían pasado 400 años desde el descubrimiento español de América. Los saladeros urbanos, de los cuales había según Armaignac unos 15
en 1868, arrojaban sus efluentes al Riachuelo de los Navíos sin tratamiento previo. Ello incitó al diario La Nación para describirlo, en febrero
de 1871, como «una inmensa capa de materia en putrefacción. Su corriente no tiene ni el color del agua. Unas veces sangrienta, otras verde y
espesa, parece un torrente de pus. Hasta cuándo inspiraremos el aliento y beberemos la podredumbre de ese gran cadáver tenido a espaldas
de nuestra ciudad? (12) (2).
Era evidente que los problemas ambientales de Argentina ya eran percibidos en el siglo XIX, si bien esa percepción no era generalizada.
Manuel Belgrano fue uno de los más agudos observadores ambientales de esa época. En el «Correo de Comercio» del 9 de junio de 1810
Belgrano describió la acción depredadora de sus conciudadanos : «por todas partes que se recorra en sus tres reinos, animal, vegetal y
mineral, sólo se ven huellas de la desolación, y lo peor, es que continúa con el mismo furor, sin pensar ni detenerse a reflexionar sobre las
execraciones que merecemos de la posteridad, y que ésta llorará la poca atención que nos debe. Se supo que la lana de vicuña, pieles de
chinchilla, de nutria, de cisne eran objetos de valor; inmediatamente se tocó a destruir sin consideración a los tiempos oportunos, y llegar en el
que no existan frutos tan apreciables, no obstante que parezca paradoja a los que, sin meditar, creen que son inacabables» (13) (8).
Con respecto a la deforestación Belgrano escribía en el mismo Correo : «Parecieron los bosques como el inmenso mar respecto de la corta
población que teníamos, y aún tenemos, si se atiende a los grandes territorios que poseemos, y sin atención a las consecuencias, no hay
estación que sea reservada para los cortes, estos se ejecutan a capricho, y hemos visto a los montaraces dar por el pié un árbol frondoso, en
lo más florido de la primavera, sólo por probar el filo del hacha; de modo que causa el mayor sentimiento al observador, ver tantos árboles
muertos a cuya existencia había siglos que concurría la naturaleza : se presiente ya lo detestable que seremos a la generación venidera, si en
tiempo no se ponen remedios activos para que los mismos propietarios no abusen de sus derechos pensando sólo en aprovecharse del
producto presente». Agrega luego que su declamación «es contra la general propensión que existe para destruir y la ninguna idea para
conservar, reedificar, o aumentar lo que tan prodigiosamente nos presenta la naturaleza» (13) (8). Sus conceptos pioneros continúan vigentes,
lamentablemente, en la Argentina del siglo XX.
Pero las revoluciones industriales, además de introducir nuevos factores de presión sobre los ecosistemas y sus poblaciones indígenas,
también perfeccionaron y expandieron las «técnica de fuga». A la destrucción de selvas de lluvia para el cultivo de plantas de exportación como
por ejemplo té y caucho, se le agregó en el siglo XX la transferencia de depósitos de residuos tóxicos y la migración de industrias peligrosas
(14). Esta globalización de los problemas sociales y ambientales es la característica más notable del actual período industrial.
1.3. Genocidios humanos y ambientales.
El período agrícola preindustrial no sólo estuvo marcado por la creciente destrucción de ecosistemas. Las guerras de conquista y las
invasiones hicieron desaparecer grupos humanos completos que en muchos casos habían desarrollado algún tipo de ajuste con su ambiente.
Avances, retrocesos y extinciones étnicas marcan desde su comienzo la evolución humana. Retrospectivamente la eliminación de grupos
indígenas adaptados, o el paulatino reemplazo de sus culturas por otras de mayor impacto ambiental, provocó en casi todas las regiones del
planeta pérdida irrecuperable de buenos modelos de convivencia hombre-ambiente. Este capítulo es uno de los más controvertidos de la
ecología humana.
Las sucesivas oleadas conquistadoras que generaron y sufrieron casi todas las regiones de la Tierra no sólo exterminaron poblaciones
indígenas locales. También introdujeron procedimientos e instrumentos muchas veces nocivos para los ecosistemas ocupados. En América la
mayor parte de los genocidios fueron conducidos por europeos y sus descendientes. En la Argentina del siglo XIX, por ejemplo, las matanzas y
enfermedades ya habían extinguido cinco importantes grupos indígenas : Tonocotós, Lule-Vilelas, Comechingones, Sanavirones y Chaná -
Timbúes. Otros siete estaban en acelerado proceso de extinción : Yámanas, Onas, Pehuenches, Huarpes, Diaguitas, Omaguscas y Atacamas.
Finalmente, cinco grupos sufrían confinamiento y procesos de «incorporación» : Araucanos, Guaykurúes, Mataco-Mataguayos, Tehuelches y
Collas (15).
Sería ingenuo sin embargo, excluir a los propios grupos indígenas y sus rivalidades de este proceso de interconquista y sometimiento. Los
Chiriguanos ocuparon Bolivia en el año 1400 y penetraron en la Argentina hacia el siglo XVI por ejemplo. Hacia los años 400 y 900 DC los
Lule-Vilelas invadieron territorios Diaguita, y a partir de 1480 comenzó la penetración bélica del imperio incaico en el noroeste argentino (15).
Al igual que en la conquista española estos movimientos, de menor envergadura, también produjeron pérdidas y ganancias en las relaciones
hombre-ambiente. Su menor impacto se debió a que las culturas no habían desarrollado todavía tecnologías complicadas ni tenían acceso a
grandes fuentes de energía. Contemporáneamente los movimientos de invasión y poder continúan en la ex-Yugoeslavia en Europa y en varios
países africanos, como por ejemplo Ruanda, donde las parcialidades Hutu (84% de la población) y Tutsi (15%) continúan destruyéndose
ciclicamente. Ambas ocuparon en sucesivas oleadas migratorias lo que fuera territorio pigmeo (1% de la población ruandesa actual). Según
Eros Borile y otros sacerdotes italianos, entre abril y mayo de 1994 los enfrentamientos entre Hutus y Tutsis produjeron la muerte de 1.5
millones de hombres, mujeres y niños (16).
El precio de estos reemplazos violentos fue y sigue siendo muy caro en términos tanto sociales como ambientales. Las nuevas poblaciones, ya
sea en América, Africa u Oceanía debieron y deben aún reconstruír su relación con los ecosistemas ocupados. Este proceso no siempre es
exitoso. El bosque chaqueño de Argentina, que convivió con los Guaykurúes, Mataco - Mataguayos, Chiriguanos, Chaná y Lule-Vilelas
hasta el siglo XVIII, no soportó en cambio la agresiva cultura neo-europea. La mayor parte de los bosques de maderas duras fueron
arrasados en los siglos XIX y XX por empresas extranjeras primero (como The Forestal Argentine) y por deficientes proyectos locales de
desarrollo después. En 1994 FUNAM denunció que la empresa Australian Argentine Agriculture S.A., presuntamente Argentina pero con
mandatarios ingleses, pretendía desmantelar 50.000 hectáreas de bosque de quebracho en Santiago del Estero para producir parquet y
carbón, cultivar eucaliptos en su lugar y criar ganado (17).
Lo paradójico en esta lucha de estrategias es que los invasores menos adaptados pero bélicamente más eficientes, como los europeos,
exterminaron poblaciones indígenas con siglos de buena convivencia hombre-ambiente. La diferencia entre estas estrategias fue claramente
expuesta por el cacique Seatle de la tribu Suwamish. Su grupo vivía sobre tierras que hoy corresponden al estado de Washington. El entonces
presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, interesado en las tierras Suwamish, le había comunicado al jefe Seatle su oferta de compra.
Este le respondió en 1855 con una carta de palabras enraizadas y claras. Al comienzo expresa : «Cómo podéis comprar o vender el cielo, el
calor de la tierra?. Esta idea nos parece extraña. No somos dueños del aire ni del centelleo del agua. Cómo podríais comprarlos a nosotros?.
Lo decimos oportunamente. Habéis de saber que cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada
playa arenosa, cada neblina en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto con su zumbido son sagrados en la memoria y la experiencia de mi
pueblo. La savia que circula en los árboles porta las memorias del hombre de piel roja».
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Luego el alegato indígena defiende las flores, el venado, el águila, el caballo, los ríos y la tradición Suwamish. Con palabras simples Seattle
recuerda que todo pueblo, para vivir, necesita de vida a su alrededor. También advierte sobre el destino sombrío de aquellas naciones que,
parafraseándolo, no pagan sus cuotas ecológicas. «Esto lo sabemos, continúa Seattle : la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre
pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida; es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo. Lo
que ocurre a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra. Lo sabemos. Todas las cosas están relacionadas como la sangre une a una familia» (19).
Esta carta, difundida originalmente por la Organización de Estados Americanos (OEA), se popularizó en todo el mundo y contribuyó a explicar
el estilo de vida de las poblaciones más adaptadas y la incongruencia de las invasoras.
Las palabras del cacique Malopara son el equivalente argentino de la carta escrita por el jefe Seattle. Menos conocidas, fueron difundidas por
Molina y Montenegro en 1985 (18). En 1649 el sacerdote Diego de Rosales había cruzado la cordillera de los Andes con la misión de «pacificar
tribus». Llegó a la estepa patagónica desde Chile por encargo del entonces gobernador, Antonio de Acuña y Cabrera. Rosales reunió a los
caciques en un parlamento general. Cumplida su misión redactó un detallado informe, en el cual dejó especial constancia del discurso
pronunciado por el cacique Malopara ante sus pares : «Desdicha nuestra ha sido el haber nacido Puelche, por ser una gente que vive vida
común con las bestias y tiene semejanza con las fieras; aquí hemos nacido y aquí nos hemos criado; y como no sabemos de otro mundo este
nos parece el mejor y en él estamos bien hallados. Vivimos vida común con las bestias por no haber conocido a Dios, ni haber tenido quien nos
dé noticias de El hasta ahora, y porque no aspiramos más que a vivir (...). Y no tenemos otro modo de sustentar la vida que las bestias, porque
nuestras tierras (...) por ser tan cálidas, que el sol con fuertes rayos las abrasa, no dan fruto ninguno de los árboles ni producen semillas que
avarientas se las guarda o estériles la consume». Después de exponer la dramática situación en que vive su pueblo el cacique Malopara dijo :
«No hemos apetecido reinos, tierras, ni señorío, ni hacienda, oro, plata, galas ni arreos; que la vida humana se contenta con poco cuando no
está mal contenta ni ambiciosa. Y así nunca hemos hecho la guerra, ni pretendido ampliar nuestro señorío, ni aumentar nuestras haciendas.
Las que tenemos las llevamos con nosotros siempre, nuestra habitación es el campo, nuestras viviendas unas casas de pellejo o unas cuevas»
(18) (19). Suwamish y Puelche ya desaparecieron como grupos, pero la sociedad argentina, en promedio, despliega esfuerzos mínimos para
asegurar la supervivencia de los otros grupos remanentes. Un modelo que con matices se repite en numerosos países de la Tierra.
CAPITULO 2
NATURALEZA DE LA CRISIS AMBIENTAL: CUATRO SINTESIS INTRODUCTORIAS
2.1. Primera síntesis : naturaleza de la crisis ambiental.
La economía tradicional continúa considerando a los recursos naturales como inagotables; esta es la base del mítico crecimiento exponencial.
Con cuestionable persistencia se sigue midiendo el progreso de un país por su producto bruto interno (PBI) y los distintos indicadores de
«crecimiento económico», olvidando que ese crecimiento se logra a expensas de la naturaleza y de la propia especie humana.
La humanidad y muy especialmente sus poblaciones industrializadas son hoy un importante factor de alteración geológica, biológica y
climática; el hombre desagota pantanos, destruye la capa estratosférica de ozono, hace desaparecer especies e introduce al ecosistema
compuestos químicos que la naturaleza jamás conoció (DDT, plásticos, plutonio 239, latas de aluminio etc.). En promedio pareciera
desconocer u olvidar que sus poblaciones dependen del mantenimiento de un cierto arreglo ecológico para sobrevivir, y que la estrategia de
adaptar el medio a sus necesidades en lugar de adaptar sus necesidades a las restricciones ambientales tiene un límite. Si se destruye la
biosfera más allá de ciertos valores una de las especies víctimas puede ser el Homo sapiens.
La excesiva densificación urbana de la población -en la Argentina por ejemplo más del 80% de sus habitantes vive en ciudades de distinto
tamaño- agrega nuevas causas de inquietud, en particular con respecto a la sensibilidad pública (pieza clave del problema ambiental). Muchas
veces el habitante de una ciudad ignora peligros como la contaminación del aire por amianto y plomo porque ambos contaminantes no son
perceptibles, y si los conoce, generalmente no suele relacionarlos con sus propias actividades. El agravamiento de las crisis urbanas y la
educación ambiental vienen mejorando sin embargo este cuadro de situación. No sucede lo mismo con aquellos impactos que produce la
ciudad sobre otros ecosistemas alejados, ya sean asentamientos humanos, agroecosistemas o bien ecosistemas naturales.
La urbe industrial produce el deterioro del ambiente con su demanda exponencial de materiales y energía (impacto por extracción) y con su
descarga de residuos (impacto por agregación). Pero el hombre urbano medio, que pasa del 80 al 90% del año dentro de la ciudad o sus
vecindades, ha perdido ya el contacto y la capacidad de reconocer fuera de ella los impactos ecológicos que producen sus propias actividades.
Del mismo modo que la guerra a distancia redujo los análisis causa-efecto entre víctimas y victimarios, el consumismo a distancia le ha quitado
al ciudadano común la posibilidad de comprobar cómo lo que usa y descarta afecta negativamente la naturaleza. Peor aún, le es cada vez más
difícil discernir entre un ambiente «natural» y otro degradado por sobreexplotación.
Este problema se agrava con cada nueva generación de habitantes urbanos. Para el niño que habita toda su vida en una ciudad, sin contactos
con la naturaleza extraurbana, hecho común para millones de niños de la calle en todo el mundo, sólo existen vivencialmente los ecosistemas
urbanos y sus piezas. Para los niños que sí pueden entrar en contacto con ambientes extraurbanos la situación admite variantes. El caso más
generalizado sin embargo es el de niños que interactúan con ambientes alterados (zonas erosionadas o con rebrote de bosques talados por
ejemplo), y con ecosistemas productivos (cultivos, campos ganaderos). Para ellos no es posible comparar lo que había antes (ecosistemas
naturales) con estos nuevas arreglo ecológicos que los reemplazan.
Surgen entonces nuevos parámetros de «normalidad» ambiental, que incluyen desde biotopos desnaturalizados e insalubres hasta países
enteros transformados en ciudades, cultivos y campos ganaderos. Son necesarios por lo tanto sistemas de educación ambiental que
internalicen cuáles son los tipos de organización ecológica que el ser humano necesita para sobrevivir. Sin estos modelos adecuadamente
socializados la protección del ambiente y el desarrollo sostenible son quimeras (2).
Lo expresado permite una primera definición importante. La ecología, el ecologismo y la administración del ambiente no tienen por objetivo final
preservar una especie determinada o un paisaje particular por el atributo de la especie o del paisaje en sí mismos. Su prioridad absoluta es la
protección y la supervivencia de la especie humana, para lo cual deben asegurar la conservación de importantes superficies y volúmenes de
ecosistemas naturales poco disturbados, o lo que es igual, «mosaicos» donde ciudades, agroecosistemas y ecosistemas naturales se
equilibren (2).
2.2. Segunda síntesis : causas de la crisis ambiental.
Cabe preguntarse porqué el ser humano, que es una de las 30 millones de especies vivas que estimativamente habitan la Tierra, desarrolla en
promedio una estrategia suicida (64). Como cualquier otra especie somos un experimento sin seguro de vida. Básicamente nuestras máquinas
vivientes persisten gracias a la interacción de información genética (contenida en las redundantes copias de ADN del cuerpo), información
cultural endosomática (almacenada en los sistemas nerviosos) e información cultural extrasomática (la que contienen nuestros símbolos,
objetos y artefactos, y las bibliotecas y sistemas de computación por ejemplo). De ese conjunto los dos universos más notables son la
información cultural endosomática, posible gracias sobre todo a la corteza cerebral, y su resultado, la exosomática. En esto somos un
experimento.
La tremenda capacidad de almacenaje y transmisión no genética de información nos identifica entre los restantes primates vivientes. No somos
algo peor ni mejor, sólo un experimento donde la velocidad de cambio cultural es muchísimo mayor que los diminutos cambios biológicos.
Evolucionamos por lo tanto en una compleja interacción de genes, cultura y ambiente. La mayor parte de las especies vivas contemporáneas
no han desarrollado esta variante, sino , muy por el contrario, estrategias más conservadoras. Aparentemente nuestra evolución cultural es tan
rápida y desordenada que los desfasajes crecen. El primer desfasaje se da entre nuestras actividades y la capacidad de la Tierra para
digerirlas. El segundo desfasaje se da entre nuestras capacidades orgánicas y las presiones a que las someten nuestras culturas
industrializadas. El tercer desfasaje se da entre nuestras estructuras sociales tradicionales y las que resultan de los dos desfasajes anteriores,
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lo cual produce guerras, violencia y patologías sociales. Como todo experimento evolutivo, el premio es la supervivencia. Pero este sólo se
alcanza si la población humana se adapta a la Tierra y a sus restantes especies vivas. En este momento esa adaptación es insuficiente.
2.3. Tercera síntesis : soluciones a la crisis ambiental.
Para evitar que nuestro experimento como especie sea un fracaso deberíamos reorientar drásticamente las actuales estrategias de vida. Ello
exige la recompaginación, por ejemplo, de prioridades, aportes científicos, tradiciones, creencias populares, políticas, comportamientos y
objetivos. Los criterios siguientes, algunos de ellos controvertidos, pueden ayudar a construir el andamiaje de esas nuevas estrategias.
Primero, Homo sapiens no tiene asegurada su permanencia sobre la Tierra. Durante la evolución biológica numerosos experimentos
terminaron abruptamente como especies extinguidas y fósiles. Segundo, la naturaleza puede fracturarse por nuestra causa, y esa fractura -si
es muy grave- podría eliminar la mayor parte de nuestra población en los próximos cientos de años o aún menos. Tercero, la humanidad ha
desarrollado sistemas propios y altamente eficientes de autodestrucción, y esos sistemas -sobre todo armamento nuclear, químico, biológico y
convencional- todavía están activos. Cuarto, los indicadores ambientales muestran que la fractura de los ecosistemas de los cuales
dependemos aumenta logarítmicamente. Quinto, los indicadores sociales acompañan este desvío, y la pobreza, la injusticia, la intolerancia y la
violencia crecen sostenidamente. Sexto, la mayor parte de las sociedades humanas están desarrollando culturas hiperconsumistas cuyas
actividades degradan el ambiente por extracción y por descarte de residuos. Séptimo, aunque estas estrategias despilfarradoras e
insostenibles son dominantes, también existen estrategias de vida, por ahora minoritarias, que son de menor impacto ambiental y sostenibles.
Octavo, la población no puede seguir creciendo a tasas tan altas como las actuales. Noveno, el actual impacto ambiental está siendo
producido tanto por las minorías que consumen a gran escala como por las mayorías poblacionales con consumos de subsistencia. Décimo, la
situación real del planeta es crítica; el hombre no puede hablar de autosuficiencia en una Tierra donde mueren de hambre 15.000 personas por
día, ni cuando se registran crueles guerras civiles e internacionales por la posesión de recursos limitados, incluido el poder. Onceavo, la mayor
parte de las tecnologías y procedimientos «de punta» se introducen salvajemente en la sociedad sin pruebas previas, y sus costos negativos
son pagados por las generaciones actuales y futuras. Doceavo, la humanidad tiene herramientas y posibilidades para revertir sus actuales
estrategias destructivas aunque con márgenes muy escasos de tiempo. Treceavo, la ciencia y la tecnología no son panaceas universales e
infalibles; muy por el contrario, han generado directa e indirectamente la mayor parte de los problemas ambientales contemporáneos.
Catorceavo, todo cambio debería basarse en ciencias responsables y comprometidas con la realidad, sistemas de máxima difusión de la
información disponible, administraciones participativas, prohibición del secreto y de la discrecionalidad en instituciones públicas, equidad,
tolerancia, desarme y democracia.
Las estrategias de vida basadas en estos criterios privilegian la autorregulación humana, el desarrollo sostenible y sobre todo el balance
compensatorio entre ecosistemas naturales (p.e. bosques, lagos, pasturas silvestres), los ecosistemas productivos (p.e. cultivos, plantaciones
de árboles de crecimiento rápido, ríos eutróficos) y los ecosistemas consumidores (p.e. ciudades, metrópolis, megalópolis).
En el campo de la gestión pública y privada este complicado proceso de cambio de estrategia involucra varias etapas, entre ellas : (i)
Búsqueda y sistematización de la información que ofrecen las diferentes disciplinas actuales, organizaciones y grupos sociales; (ii) Diseño,
prueba y puesta en práctica de modelos de gestión ambiental (legislación, administración, política) y (iii) Educación ambiental activa. Nuestro
objetivo es dar elementos de estos tres campos. Hemos desarrollado un texto central, resultado de la experiencia del autor en estos temas, que
se puede complementar con anexos prácticos.
2.4. Cuarta síntesis : «Cuando un trozo de aire y bosque vale más que cien televisores y una central
nuclear».
En 1993 el Círculo Sindical de la Prensa de Córdoba (CISPREN) convocó a especialistas de distintos campos para que expusieran sobre las
incertidumbres y certezas del siglo XXI. Participaron Miguel Rojo, Omar Hefling, María Luisa Cresta de Leguizamón, Luis Heredia, Pedro J.
Frias, Raúl Montenegro, Ricardo Gargantini, Ana María Ianni, Jorge Fraschetti y Manolo de la Fuente. El resultado fue un capítulo de la
revista «Umbrales. Crónicas de fin de siglo». Por ser una síntesis de lo discutido en esta introducción transcribimos textualmente el ensayo de
Montenegro (20) sobre ambiente. Al igual que los otros aportes fue guiado por tres preguntas : Qué reflexión le merece el desarrollo de la
historia del hombre en este final de siglo?. Cuáles fueron los avances y retrocesos de la humanidad hasta hoy?. Cómo imagina el mañana a
siete años de ingresar al siglo XXI?. Estas fueron las respuestas.
«La evolución reciente del hombre comenzó hace unos cuatro millones de años. Nuestra especie se conformó tal cual la conocemos hace
500.000 años. La primera revolución agrícola ocurrió hace 10.000 años. Durante todo este largo período crecieron moderadamente las
poblaciones, en particular después de que se «inventaran» los cultivos, y las culturas se hicieron gradualmente más complicadas. Pero la
primera revolución industrial quebró la historia. Mientras el origen del hombre actual se sitúa en Africa, en las tierras de Olduvai, los
megacambios culturales y poblacionales se iniciaron en la Europa del siglo XVIII. Hasta ese momento, y con algunas excepciones lamentables,
como la deforestación en la Europa de los siglos XI y XIII, lo que tomaban las sociedades de la naturaleza era reemplazado por esa misma
naturaleza, y lo que el hombre devolvía como residuos no era demasiado tóxico. Aún éramos una humanidad digerible, pero con tendencias
peligrosas. A la primera revolución industrial, marcada por las máquinas a vapor, le siguió la asociación de combustibles fósiles y motores a
explosión para llegar, más recientemente, a la revolución informática.
Se lanzó así una carrera despareja donde un parte de la humanidad accedía a «progresos» tecnológicos cada vez más sofisticados, y donde
otra parte, mayoritaria, apenas sobrevivía al hambre, las enfermedades y la pobreza extrema. Mientras hoy un ciudadano de Nueva York
consume en promedio 270.000 kilocalorías por día en todo concepto (desde alimentos hasta transporte), un aldeano pobre del nordeste del
Brasil o un «saheliano» de Africa apenas consumen 3.000 kilocalorías por día (2). Mientras hogares de la franja «privilegiada» se van llenando
de computadoras personales, en las tierras resecas de Somalía tienen más chances de sobrevivir aquellos que manejan fusiles AK 47.
Mientras algunos arquitectos trasnochados diseñan edificios puentes y pirámides de vidrio, los Yanomami del Amazonas mueren masacrados
por buscadores de oro y malos funcionarios públicos.
Este es el mosaico del siglo XX. Los 1.000 millones de habitantes más ricos del mundo consumen la mayoría de los recursos y generan la
mayor cantidad de residuos. Los 1.000 millones de habitantes más pobres apenas sobreviven, y uno de cada diez de sus niños muere antes de
los 5 años. El número de personas que padecen hambre crónica en todo el mundo aumentó de 460 millones en 1970 a 550 millones en 1990,
y se prevé que alcance los 600-650 millones en el 2000. La brecha continúa y se agrava. Tanto los menos que consumen escandalosamente,
como los muchos que consumen poco contribuyen así , de distinto modo, a la crisis única del planeta. Los cambios negativos que sólo
afectaban localidades o regiones enteras se han transformado en problemas globales, como el cambio de clima, la desertificación o la merma
en la capa estratosférica de ozono.
El siglo XX muestra por lo tanto una Tierra social y ambientalmente despareja, con todos sus mecanismos de control casi desbordados. La
esperanza ciega en la tecnología estalla cada tanto como la central nuclear de Chernobyl, y la cuna misma de la «civilización occidental» toma
champagne mientras se apalean extranjeros en Berlín o se degüellan niños inocentes en Bosnia. El modelo iniciado en la Inglaterra del siglo
XVIII prosigue frenético pero a elevados costos sociales, ecológicos y de futuro. Si hay algo que caracteriza a los últimos 50 años de este siglo
es la creciente generalización de sus modelos de vida despilfarradoras, poco sustentables y dañinos. Ya se trate de la ex-Unión Soviética, de
los Estados Unidos o de Kenya, el modelo, a escala, se repite, copia y crece. Se cree erróneamente que la naturaleza es proveedora
inagotable de bienes y que recibe mansamente todo tipo y cantidad de residuos. Las cifras de la realidad muestran que este modelo del use y
descarte, tan falso como las botellas de gaseosa desechables, es efímero y perjudicial para la humanidad. La extracción excesiva está
haciendo entrar en cortocircuito los ecosistemas. La basura atmosférica, dióxido de carbono más otros gases de invernadero, está cambiando
drásticamente el clima de la Tierra. El modelo del progreso tradicional tiene una grave falla. Pero demasiada gente, atareada en perseguir
dinero y prestigio, nuevos contratos y tarjetas de crédito, descuida su reparación. El agujero por lo tanto crece.
Concluir que la suma de avances humanos neutraliza necesariamente sus efectos negativos es una falacia. Tal vez pueda ser parcialmente
cierto para una parte de la humanidad. Tal vez. Pero la miseria, las guerras, el armamentismo, el tráfico de especies vivas y la generalización
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de la droga delatan esa falla. El discreto placer de las compras y de la publicidad nos han hecho olvidar, a nosotros, a esa «minoría» de 1.000
millones de seres humanos, que si el desarrollo no es sustentable el futuro está hipotecado. Muy tarde hemos aprendido (aprendido?) que
ciertos avances crudos, como la energía nuclear o la ingeniería genética, desprovistos de contexto y de límites, son la más salvaje forma de
retroceso.
A siete años del siglo XXI seguimos sobreviviendo, unos más, otros menos. Los creadores de fantasías continúan imaginando puentes sobre el
océano Atlántico, colonias terrestres en Marte y al Amazonas transformado en un gigantesco lago para turistas. Otros seres humanos, más
realistas, miden con temor las señales de crisis aguda. Más grave aquí, menos grave allí . Pero grave en promedio e ineludible. Esta es la
marca del siglo XXI. Cada segundo se agregan 3 nuevos seres humanos, 97 millones cada año. En China y la India hay 600 millones de
bicicletas inofensivas, y en todo el mundo una cantidad similar de automóviles tóxicos. En los próximos 30 años se perderán de 15.000 a
50.000 especies vivas por año, esto es, de 40 a 50 especies por día. Lo trágico es que las sociedades humanas, para poder seguir viviendo,
necesitaron y necesitarán de una organización ecológica mínima, con océanos más limpios, bosques extensos y tierras protegidas, todos
objetivos prolijamente ignorados en los últimos 50 años. Claro está que se están produciendo cambios importantes y ejemplos altamente
satisfactorios de desarrollo sustentable en muchas poblaciones y regiones de la Tierra. La Convención de Washington sobre tráfico de
especies vivas y el Protocolo de Montreal para proteger la capa de ozono son buenos casos de avance.
Pero la realidad grande, la realidad mayor, sólo muestra avances cosméticos. Una cosmética que disimula la explotación atroz del hombre por
el hombre mismo, con millones de niños trabajando de sol a sol. Una explotación humana de la naturaleza y una destrucción inadmisible de
futuros que no nos pertenecen. Este es el camino nada nuevo, nada original, que se transitará el 1 de enero del año 2000.
Existen posibilidades de cambio?. Teóricamente sí . Muchos de esos cambios, como los que se despliegan hoy para reducir el smog de la
ciudad de Córdoba o la putrefacción del lago San Roque, serán el resultado de situaciones límite. Otros cambios serán el fruto de nuevos
sistemas educativos y de nuevos líderes, menos ciegos y arcaicos que los actuales.
Lo que no cambiará , lamentablemente, es el mosaico social y ambiental de la Tierra. Ningún indicio anuncia cambios drásticos. Muy por el
contrario, es previsible un agravamiento de los conflictos por recursos cada vez más escasos, ya se trate de agua, suelo, techo o alimentos.
Las armas se seguirán fabricando y usando, y los Chernobyl se multiplicarán. La Tierra se hará cada vez más pequeña en su viaje hacia los
10.500 millones de habitantes del año 2110. Pero a medida que las crisis se escalonen, y crezca la conciencia de que algo funciona mal en los
alegres estilos de vida del siglo XX, las explosiones de esperanza y solución se multiplicarán. Las próximas batallas, las más feroces y
decisivas, se librarán entre seres humanos de costumbres sencillas, y seres humanos devoradores de riquezas, ecosistemas y futuro.
Lamentablemente, hoy casi todos somos, de una u otra forma, parte activa de este último grupo de devoradores. Pero nos estamos dando
cuenta. Y esto es tremendamente importante. Algún día, por ahora lejano, las mayorías comprenderemos que la ignorancia es una de las
tantas formas de la sabiduría, y que unos minutos bajo el cielo azul y con la cara al viento valen más que mil años de compras en un Shopping
Center. Ese día habremos quebrado otra vez la historia» (20).
CAPITULO 3
LOS DISTINTOS ACTORES DE LA GESTION AMBIENTAL: EL MODELO CIGEP
Desarrollo actual de la Ciencia, la Gestión y los Movimientos No Gubernamentales
Como las distintas sociedades humanas evolucionaron a distinto ritmo en función de su aislamiento e intercambios, y de sus avances y
retrocesos territoriales, fue definiéndose en toda la Tierra un complejo mosaico de asentamientos humanos. Aunque en los últimos 200 años
las revoluciones industriales aumentaron en forma geométrica los intercambios entre países, regiones y asentamientos de todo tipo,
persistieron innumerables combinaciones originales de sociedades y ambientes. Cada país es hoy un mosaico de ambientes donde interactúan
los ecosistemas «balanceados» (ecosistemas nativos), los ecosistemas productivos (agropecuarios por ejemplo) y los ecosistemas urbanos,
típicamente consumidores, desplegando la más variada gama de estrategias de relación hombre-ambiente. Como por otra parte esta
heterogénea estructura de naciones y sociedades se conformó independientemente de las zonas ambientales, de las zonas étnicas y de las
limitaciones ecológicas, fue creciendo un abanico de crisis. Mientras esas crisis se vivían localmente y eran absorbidas o neutralizadas
localmente, el conjunto continuó ofreciendo una falsa imagen de sustentabilidad. Actualmente todo el modelo está en problemas, tanto a nivel
local -la más pequeña de las aldeas- como la Tierra en su conjunto. El cambio climático global y la destrucción progresiva de la alta capa de
ozono son lamentables ejemplos de este proceso (21).
La gestión ambiental de una ciudad, una nación o la Tierra en su conjunto busca revertir esta tendencia suicida. Lamentablemente, como el
problema es altamente complejo, las soluciones también lo son. Hay por lo tanto dos grandes universos interactuantes : la matriz ambiental
sobre la cual se han expandido y retraído nuestras comunidades, modificándola, reemplazándola o incluso conservándola; y la matriz de
asentamientos humanos con sus distintas culturas, códigos y artefactos. La gestión ambiental está íntimamente ligada a la existencia de esos
códigos, que intentan autoregular las interrelaciones hombre-ambiente balanceando miles de variables. La dificultad estriba en que muchas de
esas variables son persistentes, como por ejemplo la codificación genética de nuestro sistema nervioso central o la definición de algunas
Figura 1. Modelo CIGEP (no formal) con cuatro grandes bloques que interactúan : Sociedad especializada (SOE), Sociedad
(SOC), Hechos-Información y ONGs-Medios. Según Montenegro (2) (26).
pautas de conducta humana, y muchas otras cambiantes e incluso efímeras, como las modas de consumo o la evolución de los lenguajes
escritos.
Pese a esta dificultad los códigos han ido perfeccionándose y hoy podemos enfrentar la realidad con un moderado optimismo. El peor error sin
embargo es la simplificación y el análisis de partes aisladas. La ciencia, recortada del contexto, puede ser tomada como «esencialmente
buena», cuando en realidad ha sido la responsable de generar también nuestros peores problemas. Pese a ello necesitamos de la ciencia (tal
vez una ciencia con mucho más ética y responsabilidad social que la actual). Similares diagnósticos podríamos hacer para cada uno de los
múltiples compartimentos de la sociedad contemporánea, ya se trate de gobiernos, empresas, religiones o fábricas. La base misma de un buen
sistema de gestión del ambiente debe asentarse por lo tanto en el adecuado conocimiento de la realidad total, no de sus fragmentos. La mejor
aproximación es un modelo de esa realidad, un modelo que pueda ser alimentado, perfeccionado, y que funcione permanentemente. Para ello
diseñamos el modelo CIGEP. Más allá de sus errores e imprecisiones constituye una buena herramienta de trabajo. No podemos abordar aquí
todos sus compartimentos y subcompartimentos por falta de información, de tiempo y de espacio . Pero quedan lanzados sus principales
fundamentos y operatoria. Deliberadamente hemos hipertrofiado el análisis de algunas Cajas del sistema, como el de Ciencias del Ambiente,
por cuanto suele ser uno de los menos abordados y conocidos. Otras Cajas sólo son mencionadas y no se describe su contenido en detalle. La
tarea queda abierta.
3.1. De las disciplinas a la administración. Descripción del modelo.
El modelo CIGEP (Comunidad, Investigación, Gestión, Educación, Producción Fig. 1) resume los principales compartimentos de la cuestión
ambiental. Dos grandes bloques interactúan entre sí: el de la Sociedad (Bloque I, SOC) y el de la Sociedad Especializada (Bloque II, SOE),
interconectados por los Sub-Bloques III, Hechos/Información y IV, Organizaciones intermedias/Medios. Aunque la separación entre estas dos
sociedades es arbitraria, ayuda a visualizar el conjunto y su funcionamiento. Sus límites físicos, relativos, pueden ser un país, una ciudad o un
caserío rural. El gran CIGEP nacional es así una colección interrelacionada de CIGEP menores, locales, vinculado a su vez con los CIGEP
equivalentes de otros países. No pretende modelar toda la realidad, sino simplificar sus componentes más notables para poder abordar así
con mayor comodidad las relaciones entre ciencia, gestión ambiental, educación, actividades productivas y comunidad.
3.1.1. En el gran bloque de la Sociedad Especializada se distingue un primer encolumnamiento de cajas correspondientes a las ciencias
(Investigación, Columna A). Lamentablemente la interacción entre ciencias, realidad y prioridades humanas continúa siendo muy pobre.
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Normalmente la investigación científica suele asociarse con las universidades, pero este concepto ha cambiado drásticamente en los últimos
años; tanto las empresas como las ONGs también investigan con excelentes resultados y a veces con mayor independencia. Entre los cuerpos
disciplinarios vinculados con el tema de este trabajo elegimos las Ciencias del Ambiente (Caja 1), las Ciencias de la Gestión (Caja 2), las
ciencias de la educación (Caja 3), las Ciencias Sociales (Caja 4, que incluyen el estudio de la conducta individual y comunitaria) y «otras
Ciencias» (Caja 5).
Cada una de ellas admite a su vez varias divisiones menores. La Caja 1, Ciencias del Ambiente, comprende la Ecología «biológica» (Subcaja
1.1); la Ecología Agrícola o Agroecología (Subcaja 1.2); la Ecología Urbana (Subcaja 1.3); la Ecología Geográfica (Subcaja 1.4); la Ecología
Social o Humana (Subcaja 1.5) y el Sanitarismo (Subcaja 1.6). En cuanto a la Caja 2, Ciencias de la Gestión Ambiental, comprende tres
compartimentos : Ciencias de la Política Ambiental (Subcaja 2.1); Ciencias de la Legislación Ambiental (Subcaja 2.2) y Ciencias de la
Administración Ambiental (Subcaja 2.3).
El conjunto integra un llamado conocimiento científico (CONCI, Columna A). Sus productos intelectuales, que pueden o no tener valor
adaptativo para la sociedad, engrosan el conocimiento científico (autocrecimiento) o son utilizados prácticamente. Una caja de interfase
(Bloque B) define la particular relación de la ciencia (Caja 6) con la tecnología (Caja 7), o más específicamente, su interacción con actividades
productivas, de servicios, de gestión e incluso educativas. Esta vinculación es cada vez más estrecha en las sociedades contemporáneas.
Lamentablemente la mayor parte de los esfuerzos y presupuestos de la ciencia de interfase se dedican a la investigación y desarrollo de
armamentos.
Mientras que la Ecología «biológica» es una interciencia bastante definida (Subcaja 1), el Sanitarismo -por ejemplo- se mueve en el campo de
la interciencia y de la interfase al mismo tiempo (relación ciencia/tecnología/necesidades humanas, continuum entre Subcaja 1.6 y Caja 7). Las
disciplinas de Gestión por su parte tienen una naturaleza francamente híbrida; estudian las complicadas y a veces efímeras convenciones entre
conocimiento científico, cultura, política y demandas sociales. Por esta razón no suelen aplicar a rajatabla el método científico (continuum entre
Caja 2 y Caja 7). En cuanto a las Ciencias Sociales coexisten en su seno desde líneas con discutible basamento científico, pasando por «áreas
intermedias» hasta corrientes muy sólidas y controvertidas como la Sociobiología, desarrollada a partir de los importantes trabajos de Edward
O. Wilson (continuum entre Subcaja 1.4 y Caja 7) (22).
Los productos de la Columna B permiten identificar problemas, proyectar soluciones y sobre todo, elaborar niveles o sistemas de referencia (lo
que es «normal», o lo que es socialmente aceptable). Aunque este tema es analizado posteriormente, la «deriva cultural» suele darse con
intensidad en algunos campos de la investigación básica o libre y de la investigación orientada, donde sus aportes, eventualmente asociados al
poder político y a la tecnología, pueden derivar en incorporaciones de muy alto riesgo como el armamento químico y nuclear («turbulencias»
del Bloque B). Con preocupante frecuencia la ciencia de interfase alimenta procesos tecnológicos que se despliegan sin los debidos estudios
previos de impacto ambiental. Aunque resulte escandaloso, en 1994 se desconocen los efectos sanitarios del 80% de los productos químicos
utilizados por la humanidad (23). La ciencia de interfase ha oscurecido además las responsabilidades y los límites éticos. Entre el otorgamiento
del Premio Nobel a Paul Muller por haber sintetizado el DDT y la prohibición de este pesticida 25 años más tarde miles de personas murieron o
quedaron inválidas, además de registrarse trastornos ecológicos que nunca se evaluaron con precisión. Desde la tragedia pública del
medicamento Talidomida y del caso del DDT, denunciado en la década de 1960 por Rachel Carson en su libro «Primavera silenciosa», los
controles sociales no se han acrecentado significativamente. Una parte del «establishment» científico fue transformándose así en el enemigo
silencioso de la salud y del desarrollo sostenible. Falta sin embargo una discusión abierta sobre este tema.
Para reducir y de ser posible eliminar las componentes negativas de la interrelación hombre-ambiente es necesario reemplazar o atenuar
conductas despilfarristas y de alto impacto por otras sustentables. El producto positivo de la Interfase de Investigación Orientada (Columna B)
permite la elaboración de proyectos, tanto en el campo de la Producción (Caja 8) y de los Servicios (Caja 9) como en los de Gestión Pública
(Caja 10) y de Educación (Caja 11), ocasionalmente destinados a lograr ese cambio. Tanto un buen proyecto de ley ambiental como otro de
planta de tratamiento de líquidos cloacales mediante lagunas de estabilización son ejemplos clásicos de proyectos blandos. Debemos señalar,
sin embargo, que todo proyecto debe someterse a un estudio previo de impacto ambiental integrado o EIA, aún los más inocentes.
Lamentablemente este encolumnamiento también incluye los proyectos que no se consultan con la sociedad. El «vicio de las torres de marfil»
adquiere aquí una de sus dimensiones más preocupantes. Desde el proyecto de industrias de productos inútiles o tóxicos hasta el de
gigantescas autopistas, edificios puente y monstruosas obras de cemento, su generación continúa gozando de máximas libertades sociales. Se
pasa del proyecto a la ejecución sin consulta. El secreto que rodea a las reparticiones públicas y las dictaduras aceleran estos mecanismos y el
diseño de verdaderas aberraciones sociales. Uno de los ejemplos más notorios en Argentina es el Plan Nuclear, que desarrolló proyectos y
ejecutó obras de alto riesgo sin EIA serios y sin consultas públicas.
El siguiente encolumnamiento corresponde a otra área de interfase donde se practica el Planeamiento (Columna D). En cada una de sus Cajas
internas (Sistemas de Producción privada y pública, Caja 8; Sistemas de Servicios privados y públicos, Caja 9; Gestión pública, Caja 10 y
Educación pública y privada, Caja 11, todas representadas numéricamente en la columna D) se programa o no en el tiempo, en el espacio, con
las estructuras públicas o privadas y con la gente, la ejecución de obras y acciones, y su ajuste con lo existente y lo previsto para el futuro. Los
estudios previos de impacto ambiental de cada proyecto (EIA), que incluyen su consulta pública, y el planeamiento, deberían estar
indisolublemente asociados. Lamentablemente su práctica es aislada.
Todo proyecto o conjunto de proyectos adquieren en esta etapa de planeamiento una nueva envergadura que también debe ser evaluada y
consultada públicamente. Aunque este tipo de consulta no está demasiado generalizada en los organismos oficiales de Argentina, su práctica
es todavía menos frecuente a nivel privado. En este proceso de planificación suele aconsejarse que cada meta produzca, además de su aporte
al objetivo general, un resultado en sí misma (Morello, 1980). Frente a interrupciones imprevistas de un plan general, que incluye normalmente
numerosos programas y proyectos, esta técnica asegura, siquiera, el logro de metas parciales.
El último encolumnamiento del Gran Bloque I SOE reúne las actividades de ejecución de proyectos, ya sean obras, productos o servicios
(Columna E). Esta caja comprende una repetición de las Cajas contenidas en los encolumnamientos C y D : Sistemas de producción privada y
pública (Caja 8); Sistemas de Servicios privados y públicos (Caja 9), Gestión pública (Caja 10) y Educación pública y privada (Caja 11), sólo
mencionadas por su número de Caja en la columna E del gráfico.
En la Caja de Sistemas productivos privados y públicos quedan involucradas, por ejemplo, las actividades industriales y agropecuarias. Son
las industrias y establecimientos agrícolas en pleno funcionamiento. En la Caja de Sistemas de Servicios privados y públicos figuran, por
ejemplo, las actividades bancarias, los comercios, el sistema de salud, los servicios públicos de Bomberos y Policía o la recolección municipal
de residuos domiciliarios.
En la Caja de Gestión Pública destacan la Política, la Legislación y la Administración ambientales, mayoritariamente públicas (aunque en
numerosas oportunidades también participan ONGs, Caja 14). Incluye desde instrumentos de ordenamiento (leyes, decretos, ordenanzas
vigentes) y estructuras directamente relacionadas, como las Secretarías de Medio Ambiente o los Tribunales, hasta las gerencias de los
servicios públicos que mencionamos para la Caja anterior (Caja 8). En la caja de Educación Pública y Privada , por fin, quedan comprendidas
las tareas de enseñanza ambiental formal, no formal e informal (Caja 11), diseñadas para cambiar actitudes poblacionales mediante la
explicación, clara o no, de los procesos ambientales.
En su complejo metabolismo participan, cada vez con mayor peso las Cajas 14 (Organizaciones intermedias) y 15 (Medios : radio, televisión,
diarios, revistas), ambas pertenecientes al bloque IV. Esta educación no se limita sin embargo al campo ecológico sino que enseña también las
reglas de juego social en esta materia (derechos, obligaciones, ética). Obviamente se alimenta con «outputs» procedentes de las distintas
ciencias, del campo de la gestión, de la producción, de los servicios y de la propia comunidad.
3.1.2. El gran bloque de la sociedad (SOC) comprende tres cajas principales, la del conocimiento social, CONSO (Caja 16), la de Actividades
domésticas (Caja 17) y la de Conductas individuales y colectivas (Caja 18). El sistema CONSO es el equivalente popular del conocimiento
científico (CONCI).
Estos dos grandes bloques, el de la Sociedad Especializada (SOE) y el de la Sociedad en sentido amplio (SOC) interactúan, y de ello resultan,
o no, influencias mutuas. Entre ambos puede considerarse que el uso ha establecido una zona de interfase muy particular donde se ubican el
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bloque III, de los Hechos (Caja 12) y la Información (Caja 13), y el bloque IV, dominado por las Organizaciones intermedias (Caja 14) y los
Medios de comunicación social (Caja 15).
En lo que hace al funcionamiento del modelo CIGEP debemos aclarar que las interrelaciones entre bloques, columnas y cajas pueden seguir
patrones absolutamente erráticos e incluso impredecibles. Muchos aportes científicos pasan directamente a la fase de aplicación masiva sin
ningún tipo de planeamiento, y el conocimiento empírico de la sociedad (CONSO) puede mantener pautas sociales aunque haya sido
demostrada técnicamente su nocividad (por ejemplo poda de árboles o quema de hojas).
3.1.3. Cada ciudad y cada población -asentamiento rural, caserío- desarrolla un modelo a escala del CIGEP. Estos modelos interactúan a su
vez entre sí con pautas que les son propias (la normativa y costumbres de cada localidad por ejemplo), y a través de pautas compartidas que
incluyen desde un sistema judicial federal hasta el sistema educativo común y los programas de televisión nacionales.
Existe así un CIGEP a nivel Argentina de muy alta complejidad que se interrelaciona a su vez con CIGEP nacionales de otros países. Dicha
interconexión, aumentada con los sistemas de comunicación internacional (canales de cable por ejemplo) torna particularmente difícil el
conocimiento y la predicción de sus componentes.
Aunque la educación formal trabaje con eficiencia a nivel local, es muy difícil contrarrestar los modelos de conducta individual y comunitaria
impresos por la televisión extranjera, o resistir los embates de la publicidad. Desfasajes, mejoramientos y crisis pueden comenzar por lo tanto
en cualquier bloque, columna o caja del CIGEP; por ejemplo en los encolumnamientos de la ciencia y de la ciencia de interfase, ya sea por falta
de investigadores o investigación en áreas ambientales de alta prioridad social, ya sea por un exceso de presupuesto en áreas como la
investigación bélica. Los cambios también pueden comenzar en la interfase de los medios de comunicación cuando ingresa al bloque IV y se
dispersa luego en forma masiva información útil (buenas normas de convivencia hombre-ambiente, por ejemplo) o al contrario, cuando se
disemina información sin valor adaptativo (hiperviolencia, consumismo feroz, modelos prefabricados de felicidad, distorsión de la realidad). El
modelo CIGEP, más allá de su simpleza y arbitrariedades, marca con nitidez la necesidad de enfoques integrados y realistas. Si la gestión
pública y las actividades privadas no asumen con seriedad este desafío, las soluciones serán cosméticas e incluso contraproducentes (21).
3.2. Breve análisis de algunos compartimentos del modelo.
Por la naturaleza misma de este trabajo no es posible «clarificar» el contenido de todas las cajas negras que tiene el modelo CIGEP. Hemos
elegido por lo tanto un conjunto arbitrario de compartimentos pertenecientes a los Grandes Bloques I, II y IV.
3.2.1. Ciencias del Ambiente (Caja 1).
Este universo complejo integra, arbitrariamente, la Ecología tradicional o «Ecología biológica», la Ecología Agrícola o Agroecología, la
Ecología Urbana, la Ecología Geográfica, la Ecología Social o Humana y el Sanitarismo (Ingeniería Sanitaria o Ambiental, Química Ambiental,
Seguridad e Higiene en el Trabajo etc.). Su sola enumeración muestra solapamientos y refleja desarrollos muchas veces aislados e incluso
contrapuestos.
Todas estas disciplinas y linajes más o menos autónomos, desde la ecología biológica y social hasta el sanitarismo, han desarrollado su propia
capacidad de investigación científica y acumulado valiosa información. Persiste sin embargo una cierta sectorización y hasta mezquindades
manifiestas entre ellas. Cada linaje forjó su propia interdisciplina, muchas veces en forma estanca, con lo cual se ha ido perdiendo en visión
holística y precisión. Esta aislación relativa ha llevado en muchos casos a contraposiciones graves e incluso antipatía entre disciplinas. Es un
lugar común el ataque al conservacionismo de los sectores biológicos o al pragmatismo económico y de corto plazo de la ingeniería sanitaria
(cf. el trabajo «Pasado, presente y pluscuamperfecto del medio ambiente» escrito por Wolman en 1971) (25).
La ecología de síntesis o ecología total ha perdido terreno en este proceso, por cuanto se torna difícil definir los límites de cada linaje y los
puentes interdisciplinarios. Tal cual lo precisamos más adelante, es posible que en base a este mosaico impreciso y turbulento sea necesario
construir una nueva ciencia. Hasta el momento podemos distinguir un universo de disciplinas donde la componente humana ha sido excluida o
recortada (ecología biológica, sobre todo ecología de ecosistemas «balanceados» o naturales), y otro universo donde se practica la
demoecología humana en sentido amplio (ecología social, agroecología, ecología urbana, sanitarismo etc.). Si bien puede argumentarse que
intermitentemente se arman equipos e instituciones interdisciplinarias (p.e. equipo Mesarovic-Pestel para la «Humanidad en la encrucijada»;
equipo Meadows-Meadows para los «Límites del crecimiento» o equipo Goldsmith-Allen-Allaby-Davell-Lawrence en «Proyecto para la
supervivencia»), su gravitación es mucha veces efímera. O queda condicionada a la pirámide de mandos profesionales -con vértice en
disciplinas no siempre sistémicas- o a los intereses político-económicos que dominan, con creciente frecuencia, el modelado multivariable de la
realidad. Después de estos experimentos las disciplinas y los operadores de esas disciplinas suelen retornar a sus divisiones, feudos y
antipatías (2).
Estas ciencias ambientales pertenecen al grupo de las «ciencias descriptivas» que estudian y describen la realidad (ya sea la estructura y
funcionamiento de los ecosistemas, ya sea la estructura y funcionamiento de una sociedad tribal). Fotografían o filman con distinto grado de
precisión las realidades. Usan a su vez, como auxilio y apoyo, las «ciencias instrumentales» (matemáticas o informática por ejemplo y sus
derivados tecnológicos) y como objeto de estudio y como circunstancia la propia realidad. Su producto es información, o bien información y
tecnología. La tecnología es una realidad alterada o recreada por la cultura humana (un microscopio, un nuevo organismo obtenido por
manipulación genética, una laguna de estabilización, o una planta compacta para el tratamiento de líquidos cloacales). Ciencias y ciencias de
interfase participan activamente de este proceso (ver el modelo CIGEP). Dicho conjunto es producido, operado y mantenido o destruido por
operadores. Cada operador puede ocupar un solo rol en el modelo CIGEP (investigadores de tiempo completo del ecosistema de Chaco
Serrano), o bien ocupar secuencial y rutinariamente distintas cajas del modelo (profesionales que son al mismo tiempo investigadores,
docentes y funcionarios públicos, por ejemplo). Todo ello complica las operaciones y hace menos predecibles los resultados. Existe por lo tanto
un cierto desorden de disciplinas y también un universo desordenado de operadores (profesionales, técnicos, investigadores etc.). Será muy
difícil investigar los ecosistemas, conocerlos, manejarlos y practicar el desarrollo sustentable si no se logra una cierta coherencia al interior y
entre los bloques A y B del modelo (Fig. 1) (2) (26).
(a) Ecología tradicional o biológica (Caja 1, Subcaja 1.1).
La Ecología tradicional o «biológica» surgió inicialmente como una rama de las ciencias naturales que intentaba relacionar los organismos
vivos con su medio, ligando para ello áreas de conocimiento mantenidas hasta ese entonces en un relativo aislamiento. Este comienzo de la
ecología como ciencia -ubicado a mediados del siglo XIX- estuvo prácticamente alejado de los grandes problemas ambientales que en esa
misma época empezaban a tornarse Críticos, como la aguda contaminación del Támesis en Londres o la tala irracional de bosques en
América Latina.
Este período tuvo como principales centros de desarrollo el continente europeo (Gran Bretaña, Alemania, Austria, Francia por ejemplo), y en
territorio americano, los Estados Unidos. Aunque las investigaciones pioneras difirieron en objetivos y procedimientos, los primeros
naturalistas-ecólogos intentaron desentrañar el funcionamiento de «sistemas» naturales utilizando criterios biológicos, físico-químicos y
climáticos. El título de un trabajo publicado por Forbes en 1887 resume adecuadamente esta búsqueda : «El lago como microcosmos»; la
alusión al sistema era evidente (27).
Esta integración fue muy lenta y dificultosa, pero el desarrollo explosivo y simultáneo de varias disciplinas complementarias aceleró su
encuentro en el siglo XIX. En poco más de cien años numerosos investigadores habían dado a luz criterios tan importantes como la
clasificación estandarizada de los seres vivos (C. Linnaeus), la hipótesis sobre el desplazamiento horizontal de las placas continentales (A.
Wegener) y la teoría evolutiva (C. Darwin, A.R. Wallace). En cuanto a la interdisciplina, base de la ecología contemporánea, tuvo uno de sus
orígenes, según Margalef, en los viajes científicos que se realizaron alrededor del mundo en el siglo XIX. Estos viajes forzaron la coexistencia
prolongada de muchos especialistas y el contacto crítico de sus disciplinas, procedimientos y teorías. Los resultados de expediciones como las
del navío Challenger (1872-1876) o la del Beagle, que condujo a Charles Darwin, todavía se consultan y sirvieron de punto de partida para
numerosas teorías.
El desarrollo de la ecología europeo-estadounidense, que sirvió de base para el desarrollo posterior de la ecología en otras regiones como
Argentina, fue particularmente complejo. Jean-Paul Deleage construyó una matriz de relaciones históricas que puede servir de base para
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reconstruir su evolución. En la base reciente, situada a fines del siglo XVIII, Deleage destaca tres aproximaciones principales : la físico-química,
con nombres como los de Priestley, Lavoisier, De Saussure, Fourier y muchos otros; la poblacional, con Linneo, Malthus y Verhulst, y la
botánica, con Reaumur, Lamarck, Candolle y Humboldt. Ubica las raíces de la ecología en 1850, su nacimiento en 1900, el desarrollo de la
ecología moderna hacia 1930 y lo que el denomina ecología planetaria en las décadas de 1960 y 1970. Aunque se puede disentir con su
clasificación, identifica nueve linajes contemporáneos : Climatología, Ecología global, Ciclos Biogeoquímicos, Ecología de las poblaciones,
Ecología genética, Ecología sistémica, Fitosociología, Biogeografí a y Ecología del paisaje (2) (28).
Aunque en este desarrollo histórico la ecología acuática se anticipó a la terrestre, incluso con una mayor vigencia de la interdisciplina, se
fueron delineando las bases para que surgiera la «ecología total». Esta última, también llamada ecología de síntesis, comenzó a practicarse
hacia 1930 para alcanzar su máximo desarrollo en las décadas recientes. Nombres clásicos de este período son Elton, Pearse, Chapman, Mac
Fadyen, Clarke, Mac Arthur, los Odum, Margalef, May, Hutchinson, Lack, Lindemann, Tansley y muchos otros. Pese a esta visión holística,
continuaron coexistiendo linajes ecológicos más estrechos e incluso aislados. Esta diversidad es casi imprescindible, por cuanto los macrosis-
temas de la ecología total sólo pueden ser construidos con información procedente de campos menos amplios. El sistema, sin embargo,
continúa siendo caótico, aún hoy.
La idea totalizadora era indispensable, no sólo porque un lago y un pastizal funcionaban en base a todos sus componentes, o porque estos
integraban a su vez sistemas ecológicos más complejos, sino también por la evidente interdependencia, por ejemplo, de los países y sus
ambientes. Como expresan Mesarovic y Pestel (1975) «En otras épocas de menor complejidad se habrían podido considerar por separado los
diferentes aspectos culturales y económicos del globo, incluida su incidencia en el desarrollo tecnológico y el ambiente natural. En la actualidad
muchos de estos fenómenos se han hecho interdependientes». Tal redimensionamiento de una parte de la ecología ha complicado los
estudios, ya que se requiere ahora mucho más personal, información y horas de computadora para llevarlos adelante. Pero se ha ganado en
exactitud y poder de predicción. Y la ciencia, según Hoyle, vale por lo que predice.
Pero como acota Mac Fadyen : «La ecología se ocupa de las interrelaciones que existen entre los organismos vivos, vegetales o animales, y
sus ambientes, y estos se estudian con la idea de descubrir los principios que regulan estas relaciones. El que tales principios existan es una
suposición básica -y un dogma- para el ecólogo. Su campo de investigación abarca todos los aspectos vitales de las plantas y animales que
están bajo observación, su posición sistemática, sus reacciones frente al ambiente y entre sí y la naturaleza física y química de su entorno
inanimado. Debe admitirse que el ecólogo tiene algo de vagabundo reconocido; vaga errabundo por los cotos propios del botánico y del
zoólogo, del taxónomo, del fisiólogo, del etólogo, del meteorólogo, del geólogo, del físico, del químico y hasta del sociólogo. Invade esos
terrenos y los de otras disciplinas establecidas y respetadas. El poner límites a sus divagaciones es realmente uno de los principales
problemas del ecólogo y debe resolverlo por su propio interés» (2) (28).
Esta delimitación disciplinaria es muy difícil. De hecho la ecología es interpretable, metafóricamente, como una gran ameba bien definida en su
centro por áreas dogmáticas (cuerpo teórico) y difusa o cambiante en sus bordes, donde se asientan las áreas superpuestas con otras
materias. Esta ameba no debería crecer indefinidamente; allí donde la componente biológica general es reemplazada por componentes
antropológicas o sociológicas o químicas puede existir una frontera.
Entre los cuerpos mejor definidos figura la ecología de base biológica, que se dedica al conocimiento profundo de los ecosistemas generales y
de sus unidades ecológicas menores. Se la suele denominar «Ecología» (ver más adelante). La mayor parte de las vertientes actuales
definidas por Deleage entran dentro de este universo (desde la Ecología del paisaje hasta la Ecología Global, pasando, por ejemplo, por la
Fitosociología y la Ecología de poblaciones). Como resultado de la interdisciplina que le dio origen persisten por lo tanto en su interior
numerosas variantes, que pueden clasificarse como autoecológicas (interrelaciones individuo/ambiente) o demoecológicas (interrelaciones de
una o varias poblaciones con el ambiente), y más raramente, como sinecológicas (interrelaciones y funcionamiento del sistema completo). La
arcaica pero operativa separación entre ecología animal y ecología vegetal es un claro ejemplo de esta sectorización disciplinaria (cf. las
publicaciones periódicas «Journal of Animal Ecology» de Gran Bretaña o «Ecology» de Estados Unidos) (2) (28).
En nuestro país Kusnezov, Morello, Adámoli, Braun, Rapoport, Luti, Feldman, Bonetto, Olivier, Soriano, Cabrera, Ringuelet y muchos otros
contribuyeron al desarrollo de la ecología produciendo trabajos, formando personal e incluso creando centros de investigación como INALI
(Santa Fe), IBM (Buenos Aires), CECOAL (Corrientes), IADIZA (Mendoza) y CERNAR (Córdoba). Sus aportes, la multiplicación de estudios
ecológicos tanto dentro como fuera de las Universidades argentinas y la voluntad pionera de algunos organizadores, Luti y Morello entre otros,
promovieron la creación de la Asociación Argentina de Ecología, cuya primera reunión se realizó en Vaquerías, Córdoba, en abril de 1972 (30).
Esta Asociación que hacia fines de la década de 1980 contaba ya con más de 600 miembros, en su mayoría de Universidades, nucleó sectores
predominantemente biológicos. Pese a este cerramiento la Asociación Argentina de Ecología fué delineando desde su inicio un tímido puente
entre la ciencia y las prioridades sociales. Se comprende entonces porqué la primera reunión científica se realizó conjuntamente con el Primer
Seminario Latinoamericano de Problemas Ecológicos. La controversia, sin embargo, continúa, y se repitió -a gran escala- durante el Primer
Congreso Latinoamericano de Ecología que se realizó en Montevideo (Uruguay) en 1989. Seis años después de su creación la revista de la
Asociación, «Ecología», continuaba reflejando esta separación y el peso mayoritario de sectores biológicos. De los 27 trabajos publicados en
su número 3, un 63% trata sobre ecología vegetal, un 33% sobre ecología animal y un 4% (un único trabajo) sobre enseñanza de la ecología
(1978). Esta relativa uniformidad temática puede correlacionarse con una cierta uniformidad del universo de profesiones, dominado por
biólogos, zoólogos, botánicos, ingenieros agrónomos y sus equivalentes (28) (26).
Pese a ello el proceso de la ecología «biológica» sirvió de base, tanto en Argentina como en otros países, para que otros sectores
disciplinarios iniciaran ramales complementarios más o menos independientes. Este origen común puede comprobarse en la afinidad
terminológica que emplean, por ejemplo, la ecología vegetal (cf. Weaver & Clements, 1950) y la ecología social (cf. Hawley, 1966) (32) (33).
(b) Ecología Agrícola o Agroecología (Caja 1, Subcaja 1.2).
La Agroecología o Ecología Agrícola es una disciplina que se dedica al estudio y manejo de recursos naturales de interés socioeconómico y la
gestión de ambientes productivos. Aunque la superposición con la ecología biológica es importante, se viene desarrollando con creciente
independencia, sobre todo en las Facultades de Ciencias Agropecuarias y de Ingeniería de los Recursos Naturales Renovables. Al igual que la
Ecología Urbana estudia ecosistemas cuya simplificación se mantiene artificialmente.
(c) Ecología Urbana (Caja 1, Subcaja 1.3).
(i) Consideraciones generales.
Otra disciplina reciente, la ecología urbana, ha ido fusionando criterios de la ecología biológica, los metabolismos urbanos, la economía y el
planeamiento físico (1960-1970). Ayres, Kneese, Dansereau, Berry y sobre todo Boyden, de la Urban Biology Unit, de Australia, sentaron las
bases de esta demoecología humana que continúa desarrollándose con cierta fuerza. Lamentablemente el mismo carácter estanco o
semiestanco anotado para otros linajes, como el biológico y el de la ecología social, también se observa aquí (cf. el «Journal of Urban
Ecology» de Holanda). Es evidente, sin embargo, la mayor apertura de la ecología social, de la agroecología y de la ecología urbana a los
problemas socio- ambientales.
(ii) Breve historia de la ecología urbana.
Internacionalmente la ecología comenzó a ocuparse de la ciudades en 1950-1960. Aunque hubo numerosos estudios previos sobre revolución
agrícola y revolución urbana, contaminación, demografía e incluso metabolismo de ciudades, como los de Wolman por ejemplo, su análisis
sistémico recién se consolidó en la década siguiente. Una de las iniciativas más importantes fue el lanzamiento del Programa MAB de
UNESCO, cuyo Proyecto 11 se dedicó específicamente a los ecosistemas urbanos (1971). Entre sus productos más interesantes figura la serie
de trabajos sobre la ciudad de Hong Kong dirigidos por Stephen V. Boyden y su equipo de la Universidad Nacional de Australia (publicaciones
de K. Newcombe, J. Kalma, S.E. Millar, A.R. Aston, M. Johnson y S.V. Boyden, 1975 a 1977). El libro «Environment, power and society» de
Howard T. Odum fue otro hito importante (34). Publicado en 1971 introdujo el método de los circuitos para analizar ecosistemas urbanos. Sus
conceptos, fundamentales en ecología humana, no fueron sin embargo lo suficientemente difundidos . En la misma década apareció el primer
Journal of Urban Ecology en Holanda, auspiciado por INTECOL y dirigido editorialmente por R. LaNier de la Universidad de Wisconsin (1975).
El urbanista argentino Jorge E. Hardoy integró su entonces primer «Editorial Advisory Board».
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Otro acontecimiento internacional clave fue Habitat, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Asentamientos Humanos que se desarrolló
en Vancouver, Canadá, en 1976. Su proceso preparatorio y resultados promovieron un vasto movimiento alrededor de la cuestión urbana, no
siempre organizado ni riguroso. Numerosos trabajos de recopilación, como el editado por Pierre Laconte ese mismo año, intentaron reflejar el
notable flujo de estudios y publicaciones que rodearon a la conferencia (35) (36).
Los modelos de Hong Kong, Frankfurt y Roma se han transformado así en clásicos de ese período inicial (37) (2).
En Argentina los primeros estudios ecosistémicos de una ciudad se condujeron desde la Municipalidad de Córdoba, donde fue creada en 1973
el Area de Ecología Urbana (38). Sus investigaciones permitieron definir las componentes de los ecosistemas consumidores, un termino con
que se designó entonces a las ciudades industriales, y cuáles eran sus relaciones internas. También contribuyeron a cuantificar las biomasas
urbanas, el intercambio de materiales y la interacción con otros ecosistemas. «Sinecología del ecosistema urbano Córdoba. La ciudad como
caja negra : entradas y salidas» fue uno de los trabajos pioneros publicados en Argentina sobre el tema (39).
La academización de estos aportes se inició en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, donde funcionó la
Cátedra-Seminario de Ecología Urbana y Regional como parte del Curso Superior de Planeamiento entre 1977 y 1983, y en la Escuela de
Salud Pública de la Universidad Nacional de Córdoba, donde se dictaron los Cursos de Postgrado sobre Ecología Humana entre 1978 y 1985
(40). Desde estas Cátedras se enseñó ecología urbana y se mostró cuál era su importancia para la administración ambiental de las ciudades.
En 1976 se realizó en Buenos Aires el Primer Congreso sobre la Ciudad y su Medio Ambiente precedido, en 1975, por el Primer Simposio
sobre Ambiente y Salud que organizó la Academia Nacional de Medicina. Aunque de temática heterogénea contribuyeron al encuentro de la
ecología con la ciudad y sus problemas ambientales (41).
Otro hito fundamental en Argentina fue el «Seminario sobre Ambiente y Urbanización» que organizó el CEUR en 1981, y que coordinara Jorge
E. Hardoy. Allí se enfrentaron, por primera vez en forma orgánica, los controvertidos aportes de la ecología urbana local con campos
tradicionales y no tradicionales del urbanismo. La posterior aparición del Boletín sobre Medio Ambiente y Urbanización, cuya edición continúa
desde el IIED en Buenos Aires, viene ofreciendo un importante foro para la discusión de estos temas. La Ecología Urbana, sin embargo, no ha
organizado suficientemente sus principios ni se ha introducido con fuerza en carreras universitarias clásicas como Biología, Ingeniería Civil o
Arquitectura y Urbanismo, al menos en Argentina (2) (26). Tampoco tiene la suficiente prioridad como campo de investigación en los sistemas
oficiales de apoyo (CONICET por ejemplo). Existen sin embargo varias líneas actuales de trabajo, operadores y centros de estudio en nuestro
país, e incluso funciona el Sub Comité MAB 11 ligado a la Secretaría Permanente del Comité MAB- UNESCO de Argentina.
(d) Ecología Geográfica (Caja 1, Subcaja 1.4).
Varias líneas de trabajo, independientes en general de las Ecologías tradicionales, concentraron sus estudios sobre el ser humano y dedicaron
su atención a ecosistemas fuertemente influenciados o construidos por el hombre. En el ámbito de la geografía autores como Barrows, Buttler,
Sauer, Stoddart y George iniciaron el análisis de estas relaciones a nivel de asentamientos humanos. Nuestra geografía argentina, con
entidades tipo GAEA y OIKOS perfeccionaron un no siempre tenido en cuenta sistema de información geográfica (cf. las publicaciones de la
«Asociación para la promoción de los estudios territoriales y ambientales» y de la «Asociación Argentina de Estudios Geográficos»). Pero pese
a sus numerosos puntos en común, el linaje geográfico y la ecología biológica apenas han iniciado el intercambio de sus respectivos aportes
(2) (28).
(e) Ecología Social o Humana (Caja 1, Subcaja 1.5).
En el ámbito de la sociología y la antropología se originó la ecología social o humana. Este linaje, relativamente autónomo, se consolidó con
los trabajos de Galpin, Burguess, Park, Mac Kenzie, Hoyt, Sorre, Hawley y más recientemente con los de Duncan, Schnore, Gibbs y Martin.
Lamentablemente la nueva disciplina hipertrofió con cierta frecuencia las variables sociales, descuidando el análisis de otras componentes y
funciones del ecosistema. Esto puede comprobarse en la recopilación efectuada por Theodorson en 1974 (42). Aunque algunas corrientes
siguen esta tendencia cerrada, el cambio ya comenzó . Una de las integraciones más interesantes se viene registrando en Uruguay, en el
Centro Latinoamericano de Ecología Social (CLADES). Es por ello que, paralelamente al Primer Congreso Latinoamericano de Ecología, se
desarrollaron en Montevideo seminarios con fuerte contenido social (1989). Los sectores más conservadores de la ecología «biológica»
reaccionaron entonces contra esta necesaria y experimental superposición de linajes. Las críticas del coordinador de la red de ecólogos
«Spaidera», Jorge Rabinovich, atacaron precisamente la alta diversidad de temas del Congreso y su presunta disparidad en nivel científico.
Lamentablemente, es muy posible que de estos choques surjan más divisiones que encuentros.
(f) Sanitarismo (Caja 1, Subcaja 1.6).
La interacción entre ingeniería, medicina preventiva, química, ecología biológica y demanda de soluciones para problemas ambientales que
afectan la salud permitió el desarrollo del sanitarismo. Dos hitos marcan la evolución nacional de este linaje, la creación de la Escuela Superior
de Sanidad «Dr. Ramón Carrillo» en Santa Fé (Universidad Nacional del Litoral) y el Instituto de Ingeniería Sanitaria fundado por Trelles en la
Universidad de Buenos Aires. Más orientado a la medición de impactos y sobre todo a la solución tecnológica de ciertos problemas
ambientales, este ramal ha sido en nuestro país el principal gestor de los estudios sobre contaminación del aire, agua y suelo (cf. Actas del III
Seminario Técnico sobre Contaminación Urbana, Buenos Aires, 1972). La ingeniería sanitaria o ambiental y otras ramas afines, como la
química ambiental y la seguridad e higiene en el trabajo son disciplinas típicamente de interfase (ver el modelo CIGEP). Conservan sin
embargo, al igual que las otras ramas ya descritas, una cierta aislación; esto puede comprobarse por ejemplo en las Actas de los Congresos
Argentinos sobre Saneamiento, o en la publicación periódica CARIS que lanzara el Centro Argentino de Referencia en Ingeniería Sanitaria y
Ciencias del Ambiente (Buenos Aires).
(h) Ecología, ecologismo y ambientalismo.
La ecología es una ciencia que estudia la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas. Como toda disciplina utiliza el método científico
para obtener sus dogmas (principios, leyes). Existe sin embargo una notable confusión actual entre los términos ecología, ecologismo y
ambientalismo.
Ecología es la ciencia que construyen los ecólogos y otros especialistas de distintos campos (biólogos, ingenieros agrónomos, bioquímicos,
físicos etc.). Los sinónimos ecologismo y ambientalismo en cambio no designan ninguna ciencia. Ambas palabras definen el movimiento
heterogéneo de ideas, objetivos, actitudes y personas que se dedican a proteger el ambiente y en la medida de lo posible, a promover el
desarrollo sustentable. Los ecologistas y ambientalistas que son parte de este movimiento no deben ser confundidos con los ecólogos.
Muchos principios de la ecología son utilizados por el ambientalismo, pero la ecología -como muchas de las ciencias humanas- dista de ser
una disciplina ambientalista y comprometida con la realidad. Tampoco ha logrado desarrollar una ética plena en sus objetivos, prioridades y
experimentos. Sería ingenuo pretender que un ecólogo o un biólogo son automáticamente ambientalistas. En la mayoría de los casos estos
dos roles no coinciden. Existen sin embargo muchos ecólogos que militan en el campo del ambientalismo y que actúan como «intérpretes»
entre la ciencia con sus reglas y la sociedad con sus problemas. Este proceso está enriqueciendo ambos universos, pero a un ritmo muy lento.
Todavía existen prejuicios muy marcados en ambas partes.
El principal elemento de conflicto que se registra hoy entre la ecología y la realidad es el tiempo disponible. Nuestra especie debe conocer lo
más rápidamente posible cómo funcionan los ecosistemas para poder predecir sus estados y administrarlos. Lamentablemente los «objetos de
estudio», los ecosistemas, están siendo destruidos a ritmo exponencial. La ecología con sus métodos rigurosos no es lo suficientemente rápida
ni eficiente como para cumplir con este rol en los tiempos disponibles. La tecnología de alto impacto, por otra parte, complica aún más este
cuadro «enriqueciendo» la realidad con miles de compuestos químicos diferentes, innumerables mutantes de laboratorio y grandes accidentes
como el de Chernobyl.
Se ha ido generando así, más por necesidad que por convicción, una ecología expeditiva que agiliza sus procedimientos con el máximo rigor
posible. Esta ecología ya no es una ciencia neutral y ciega. La realidad establece necesidades y la ecología expeditiva intenta satisfacerlas. En
proyectos de alta complejidad como los conducidos por el Instituto de la Biodiversidad de Costa Rica (INBio), la evaluación del bosque lluvioso
sería imposible sin el trabajo de parataxónomos por ejemplo. La ciencia libre se transforma de este modo en una ciencia con prioridades,
tiempos y objetivos muy claros.
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En este proceso campos otrora separados se han ido superponiendo hasta constituir un universo todavía vago, el de la Ciencias del Ambiente
o Ciencia Ambiental. Esta Ambientología balbuceante integra conceptos, principios, técnicas e información procedentes de la Ingeniería
Sanitaria, de la Informática, de la Etnología y la Antropología, de la Sociología, de la Psicología, de la Ecología, de la Química y de la Física
entre muchos otros. Su objetivo ya no es solamente la obtención de la verdad a través del método científico, sino también la supervivencia de
la especie humana, el mejoramiento de la calidad de vida y el desarrollo sostenible. En esta nueva ciencia los modelos de estudio,
experimentación y predicción están orientados por los problemas urgentes de la sociedad. Por ello mantiene puentes cada vez más firmes con
universos altamente pragmáticos como la administración, la legislación, la política y la educación ambiental.
Colateralmente la Ambientología podrá internalizar una nueva ética de los investigadores y de la investigación, haciéndolos más responsables
de sus actos.
Lamentablemente esta revolución todavía no alcanzó otras disciplinas y científicos, que amparados en la supuesta neutralidad del
conocimiento continúan desarrollando armas de destrucción masiva como los agentes VX y la bomba de neutrones, o derivando recursos
escasos hacia investigaciones de neto corte personalista. Si bien la cuestión genera controversias y es opinable, el trágico cuadro de situación
de la Tierra y de la mayor parte de sus habitantes exige un replanteo urgente de la ciencia y de la tecnología tradicionales.
3.2.2. Ciencias de la Gestión Pública (Caja 2).
Las ciencias que analizamos antes describen cómo funcionan los ecosistemas e incluso proveen información para su manejo y desarrollo
sustentable (continuum entre Subcajas 1.1. a 1.6 y Caja 7). La gestión ambiental trata de hacer realidad, con obras y acciones, esa
sustentabilidad (Bloques C, D y E del modelo CIGEP). Es necesario sin embargo, para que esta gestión práctica sea efectiva, que se utilicen
los mejores instrumentos, técnicas y procedimientos. Este rol referencial es desempeñado por las disciplinas de Gestión (Caja 2) y de
Educación (Caja 3). Al igual que las Ciencias del Ambiente, operan con bastante aislación entre sí, y por supuesto, lo que es muy grave, sin
demasiado contacto con las Ecologías. La Caja 2 de Gestión incluye, como ya se describió más arriba, tres ramas disciplinarias : Política
Ambiental, Legislación Ambiental y Administración Ambiental.
(a) Ciencias de la Política Ambiental (Caja 2, Subcaja 2.1).
Las disciplinas de Política Ambiental, muy poco desarrolladas, estudian la relación entre posibilidades de gestión técnica, posibilidades de
decisión política y contexto social, además de otras relaciones. La turbulencia en los modelos de conducta social dificultan actualmente el
estudio de las políticas tanto públicas como privadas, algo similar a lo que ocurre con las Ciencias del Ambiente, donde la destrucción de
ecosistemas es mucho más rápida que la capacidad de análisis científico y manejo.
(b) Ciencias de la Legislación ambiental (Caja 2, Subcaja 2.2).
(b.1) Consideraciones generales.
Entre las dificultades que enfrenta esta disciplina en Argentina figuran la coexistencia de distintas jurisdicciones (Nación, Provincias y
Municipios más el ámbito Internacional) y el complejo y habitualmente impredecible sistema de generación de normas (Caja 10 en los Bloques
C, D y E). Uno de los mayores vacíos, además del faltante de instrumentos o su desactualización, es la ausencia de interrelación entre
instrumentos legales de las distintas jurisdicciones. Persiste asimismo, en muchos casos, una gran desarticulación entre las normas vigentes,
la capacidad de la administración y el cumplimiento efectivo de aquellas. Tampoco es adecuada la coordinación entre estas normas
ambientales y las normas no ambientales o de relación indirecta, como por ejemplo, paquete Mercosur, promoción industrial o inversiones
extranjeras. El sistema actual es por lo tanto altamente caótico.
(b.2) Algunos hitos importantes.
En 1972 la UICN, a través de Burhenne, Guilminne y Kennedy construyó un sistema de información y clasificación de la legislación ambiental.
Esta institución todavía sigue vigente y tiene su base en Bonn (Alemania) (2) (28). Aunque en Argentina existían con anterioridad trabajos de
investigación e instrumentos legales sobre recursos específicos (aguas superficiales, minería, caza, forestación, etc.), la noción de derecho
ambiental recién comienza a perfilarse hacia fines de la década de 1950. Cano, Pigretti, Abad, Meehan y muchos otros fueron los primeros en
abordar el derecho ambiental con criterios integradores, no solamente recursistas. Un hito en este proceso fueron los relevamientos legales
contenidos en la obra «Evaluación de los Recursos Naturales de la Argentina» que dirigieron Guillermo Cano y Juan Figueroa Bunge. El
proyecto, decidido por el Consejo Federal de Inversiones en junio de 1960, permitió la publicación de 9 tomos con información básica sobre
geomorfología, recursos geológicos, suelo y flora, recursos hidráulicos superficiales, recursos hidráulicos subterráneos, recursos minerales,
recursos ictícolas y flora acuática, fauna y recursos generales (2) (28).
Los estudios sobre derecho y administración del agua, conducidos entre otros por el INCYTH y el INELA, este último de Mendoza, aportaron
numerosos conceptos e instrumentos clave para la legislación y administración de los recursos naturales. Las Primeras Jornadas Argentinas de
Derecho y Administración Ambientales de 1974 marcaron un verdadero hito en materia de intercambio de experiencias e información. También
fueron importantes los aportes de la Sociedad Argentina para el Derecho y Administración del Ambiente y los Recursos Naturales (SADARN),
fundada en 1977, y los de su heredera, la organización no gubernamental FARN (Fundación Ambiente y Recursos Naturales); entre los
productos más importantes de la gestión conjunta Guillermo Cano-Pedro Tarak destaca la primera revista de derecho ambiental publicada en
Argentina : «Ambiente y Recursos Naturales» (1984).
(c) Ciencias de la Administración Ambiental (Caja 2, Subcaja 2.3).
Comprende las disciplinas que investigan cuáles son las mejores estructuras orgánicas de manejo del ambiente: posición en organigramas de
alta complejidad; estructuras internas; interrelaciones; manuales de procedimientos y cursogramas administrativos; armonización de recursos
humanos, de equipamiento y financieros, y relaciones con el soporte legal, por ejemplo. También incluyen el estudio de los modelos de
planeamiento de manejo de los ecosistemas y recursos (planeamiento ambiental) y su inserción en macrosistemas de planeamiento. Para
observar los resultados de un estudio sobre políticas, administración y planeamiento ambientales, confrontar el trabajo «Plan de desarrollo
metropolitano de Córdoba. Documento preliminar» coordinado por Montenegro & Montenegro en 1981 (43).
La vinculaciones entre legislación y administración ambientales pueden analizarse en su actual contexto disciplinario revisando los trabajos de
Edmunds & Letey («Ordenación y gestión del medio ambiente», 1975) o Cano («Derecho, Política y Administración Ambientales», 1978) (44)
(45).
3.2.3. Gestión Pública del ambiente (Caja 10 + Subcajas).
(a) Política Ambiental (Caja 10, Subcaja 10.1).
En Argentina hoy predominan modelos de política ambiental cosmética; las decisiones son por lo general superficiales y se acompañan de
notables movimientos propagandísticos. Mientras se pretende desde el gobierno Nacional atraer inversión extranjera en el sector minero
invocando «escasas regulaciones ambientales en comparación con los países del Norte» (1993), por ejemplo, al país se lo presentó como
«líder en materia ambiental» durante la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro (1992).
Por otra parte, muchas de las medidas «ambientalmente correctas», como los servicios de red cloacal y las lagunas de estabilización para
tratamiento, no son tan impactantes, en términos relativos y de imagen pública, como grandes obras visualizables tipo autopistas, puentes,
estadios y monumentos. Ello condiciona en gran medida las políticas ambientales, en particular cuando el sistema social cuenta con procesos
electorales muy frecuentes y altamente mediatizados. Aunque las Plataformas Partidarias elaboradas con anterioridad a esas elecciones son
verdaderos contratos públicos, no existe un mecanismo social generalizado para auditarlas. Comenzó sin embargo, en particular desde las
ONGs, la presentación de propuestas y el contralor de los compromisos políticos asumidos por los gobernantes electos; FUNAM y el Consejo
de ONGs Ambientalistas de la provincia de Córdoba elaboraron por ejemplo su «Propuestas sobre ambiente dirigida a los Partidos Políticos y a
sus Candidatos Presidenciales», con 30 capítulos y 144 proyectos (46). Otro antecedente muy interesante fue el «Documento de la Asociación
Argentina de Ecología a los partidos políticos» que publicó y distribuyó esta organización típicamente académica (47).
Crisis similares se observan también en las políticas ambientales del sector privado, que con frecuencia suele cambiar su imagen mediante
campañas publicitarias, pero sin introducir correctivos de fondo en sus procesos productivos o de provisión de servicios (el «greening» de la
economía de los autores de habla inglesa).
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Otra característica saliente de las políticas ambientales públicas en Argentina es su estanqueidad e incluso secreto; los mecanismos de
consulta con organizaciones intermedias y ciudadanos son generalmente muy pobres o adaptados a las necesidades del poder político.
Numerosos colapsos en la relación ciudadanos/dirigentes públicos derivan, precisamente, del traspaso de información oficial clasificada a la
opinión pública.
También es frecuente una notable permeabilidad de los tomadores de decisión a proyectos de origen extragubernamental. Esto suele alterar
drásticamente las políticas vigentes. En algunos casos se trata de adopciones lícitas, por ejemplo copia de alguna medida tomada en otra
ciudad o país, pero en numerosos casos resultan de ligazones poco claras entre empresas (vendedoras de un producto u obra) y poder
político, ya sean mandos medios o altos funcionarios. También es usual la incorporación de profesionales que utilizan el aparataje público para
concretar sus obras, sorteando para ello los distintos mecanismos internos y externos de control. Su conjunto genera con demasiada
frecuencia verdaderas aberraciones edilicias e incluso estructurales.
(b) Legislación Ambiental (Caja 10, Subcaja 10.2).
En la Argentina la partición de atribuciones públicas entre la Nación y la Provincias parte del siguiente principio : las Provincias, preexistentes a
la Nación, y por ende depositarias originales del poder, han constituido a ésta, delegándole a tal fin determinadas atribuciones jurídico-públicas
por Constitución Nacional. Existen, asimismo, materias en relación a las cuales Nación y Provincias pueden ejercer funciones concurrentes
(cuando las Provincias habiendo delegado funciones en la Nación, se reservan atribuciones). Las Provincias, a su vez, deben asegurar el
«régimen Municipal» dentro de su jurisdicción y reconocerles a las comunas las atribuciones que a ellas les competen (55). El ambiente
argentino y sus problemas ha sido, pues, legislado desde este modelo de jurisdicciones, al cual se le sobreimprimen los compromiso
internacionales aprobados por el Congreso de la Nación (Convenciones, Tratados, Protocolos etc.).
La Nación se ha manejado tradicionalmente con un bloque desarticulado de leyes, decretos y reglamentos específicos. Uno de los primeros
instrumentos que prohibió la descarga de líquidos cloacales e industriales fue la Ley Nacional 2797 de 1891. Algunos de sus instrumentos
derivados, como el Decreto 33.425 de 1944 y la Ley 13.577 de 1949 regularon luego directa e indirectamente la contaminación hídrica. La
fijación de parámetros de calidad de efluentes significó un notable avance en este campo. El siguiente paso fue la aprobación, en 1978, del
Decreto 2125 que reglamentó las cuotas de resarcimiento por contaminación.
En materia de contaminación del aire fue pionera la Ley 22.284 de 1973 de «Preservación de los recursos del aire». Conforme a su Artículo 1
declaraba «sujetas a las disposiciones de la presente ... todas las fuentes capaces de producir contaminación atmosférica ubicadas en
jurisdicción Federal y en las provincias que adhieran a la misma». Su Capítulo V trataba la innovadora constitución de «Comisiones
interjurisdiccionales» y su Anexo II fijó, por primera vez en Argentina, criterios federales de calidad de aire y condiciones para declarar sus
estados de alerta, alarma y emergencia. Otro instrumento contemporáneo, la Ley Nacional 19.487 de Seguridad e Higiene en el Trabajo,
introdujo criterios de resguardo para los trabajadores y fijó niveles admisibles de contaminación en ambientes laborales. Este conjunto de
normas singulares se completaba, en la década de 1970, con instrumentos sobre agroquímicos, Parques Nacionales, energía nuclear, control
de la erosión o fauna que operaban aisladamente. Faltaba y continúa faltando en la actualidad una normativa integrada y coherente.
En 1994 Argentina todavía carece de una Ley Federal del Ambiente; al primer proyecto de Ley de Ordenamiento Ambiental de 1977 lo
sucedieron numerosas iniciativas, todas fracasadas. Frente a este vacío la reciente aprobación de la Ley Nacional de Impacto Ambiental fue
revolucionaria (1993). Lamentablemente el presidente Carlos Menem la vetó, y hoy se la intenta reemplazar con un proyecto procedente del
Ministerio de Economía (1994). Para desempantanar esta situación las organizaciones ambientalistas FUNAM y Mayu Sumaj, conjuntamente
con el Consejo de ONGs de la provincia de Córdoba, están intentando organizar un Congreso Nacional de Entidades para elaborar un proyecto
consensuado de Ley Federal del Ambiente (56).
La misma situación descrita para la Nación se ha venido registrando al interior de las Provincias y Municipios, esto es, abordaje desintegrado
de la cuestión ambiental, multiplicidad de normas, en su mayoría desarticuladas, y reflejo de este caos en la estructura administrativa y en las
tareas de control. Entre las normas singulares y clásicas figuran los Códigos Provinciales de Agua y las leyes particulares sobre contaminación
hídrica (por ejemplo Ley 5695 de la provincia de Buenos Aires y Decreto-Ley 4560 de la provincia de Córdoba, este último aprobado en 1955).
Similar análisis puede hacerse a nivel de Municipalidades. Estas han normado el uso del ambiente con dos tipos generales de instrumentos:
directos e indirectos. Los directos, antes de la década de 1970, solo comprendían una o más ordenanzas dedicadas a la regulación de temas
críticos como ruidos molestos y vibraciones, emisión de negro de humo por vehículos nafteros y gasoleros, residuos sólidos, espacios verdes,
arbolado, vertido de líquidos sobre la vía pública etc. Entre los ejemplos de esta variante merecen citarse la Ordenanza 4977 de 1965 sobre
«represión de ruidos molestos», pionera a nivel nacional, que elaboraron G. Fuchs y J. Meehan, y la Ordenanza 33.291 de 1977 sobre control
de la contaminación en la ciudad de Buenos Aires.
Dados los dispares niveles técnicos de las diferentes comunas, estas baterías desarticuladas incluían -e incluyen- desde regulaciones
obsoletas y con muy escaso fundamento técnico hasta normas modelo que se contagiaron entre Municipalidades. En general fueron las
ciudades capital de cada provincia, y dentro de éstas las con municipios de mayor autosuficiencia y apertura quienes alcanzaron mejores
niveles de legislación ambiental. La nociva atomización temática, traducida en atomización operativa e incoherencia, dejó sin cubrir numerosos
problemas. Esta crisis «de cuestiones no normadas» es común a la Nación y todas las provincias. Incluso temas tan importantes como el
derecho de los consumidores sólo recientemente han comenzado a debatirse.
Entre los instrumentos municipales indirectos, los Códigos Urbanísticos y afines, más sus Planes Reguladores, continúan normando el uso del
suelo y la localización de actividades; los Códigos de Edificación la calidad edilicia y ocasionalmente el impacto ambiental de la construcción, y
las normas bromatológicas la calidad de productos para consumo humano. Lamentablemente no suelen considerar las cuestiones ambientales,
ni se coordinan con ordenanzas y reglamentos especiales. Ello contribuye a que, aún existiendo Direcciones de Planeamiento o similares,
predomine el crecimiento desordenado de las ciudades con altos impactos ecológicos. Esta falla, asociada a la tradicional toma de decisiones
sin consulta pública, explican el agravamiento de innumerables patologías urbanas.
El desarrollo de una incipiente legislación ambiental argentina, más integrada, comenzó a perfilarse en proyectos provinciales de Ley.
Guillermo Cano, por ejemplo, elaboró la codificación del régimen legal de los recursos naturales para la provincia de Jujuy en 1958 y el de la
provincia de Corrientes en 1982. Su codificación de 1958 rompió con una tradicional consideración por separado de los recursos. En la década
de 1970 Meehan, Galera, Buchinger y otros establecieron en Córdoba las bases técnicas para una Ley Provincial sobre Recursos Naturales
Renovables (1972), que luego materializaron en forma de anteproyecto. Lamentablemente no prosperó, pero permitió -en la década de 1980-
que se formulara y aprobase la Ley Provincial de Areas Naturales.
Pero es en las Municipalidades donde se concretaron los avances integradores. Los primeros instrumentos legales sobre ambiente, ya no
sobre «recursos naturales» únicamente, fueron desarrollados por Montenegro (1977, 1979) y Montenegro & Vergara (1980, 1981) en tres
comunas argentinas; como resultado de esta tarea se produjeron los primeros códigos ambientales de amplio espectro (Corrientes, aprobado;
Córdoba, aprobado con modificaciones; Salta, proyecto). Su estrategia incluía tres niveles de complejidad decreciente : (a) una Ordenanza de
Protección Ambiental o norma «madre», con la creación de institutos clave, como la obligatoriedad de los estudios de impacto ambiental y el
Consejo Municipal del Ambiente con representantes gubernamentales y no gubernamentales; (b) un conjunto de Ordenanzas especiales sobre
«Prevención y control de la contaminación ambiental», «Arbolado y espacios verdes públicos», «Manejo y tenencia de animales», «Areas
naturales protegidas», «Canteras y otras actividades extractivas», «Transporte de sustancias peligrosas», «Residuos sólidos domésticos»,
«Residuos peligrosos y patógenos» etc. y (c) un tercer nivel integrado con los respectivos decretos reglamentarios. El conjunto conformaba un
Códigos Municipal del Ambiente.
La primera norma integrada, el llamado «Reglamento de Protección Ambiental», fue aprobada por la Municipalidad de Córdoba mediante
Ordenanza 7104 el 5 de junio de 1980. Lamentablemente el Departamento Ejecutivo le hizo algunos recortes injustificados al proyecto original
de Montenegro. Con posterioridad, en 1982, pero en base al texto completo, la Municipalidad de la ciudad de Corrientes aprobó su «Código de
Protección Ambiental» (Ordenanza 1176). Este proyecto, elaborado desde FUNAM, fue utilizado luego como modelo por otras comunas. En
forma independiente en tanto, la Municipalidad de Buenos Aires aprobó en 1983 su Ordenanza General sobre Protección Ambiental.
14
Entre las normas indirectas más innovadoras merecen citarse los Códigos de Planeamiento Urbano-Ambiental, como el aprobado a comienzos
de la década de 1980 para el Gran Resistencia. Lamentablemente este instrumento se mostró poco adecuado para enfrentar las crecidas del
Río Negro y del riacho Barranqueras (57).
La integración temática en normas provinciales es mucho más reciente. Martí, Orgaz y Montenegro, tomando como base, entre otras, la Ley
del Ambiente de Venezuela (en cuya elaboración participara Guillermo Cano) y las Ordenanzas municipales integradas de 1980-1983,
elaboraron la primera Ley del Ambiente efectivamente integrada de Argentina. Esta Ley Provincial, la 7343 aprobada por unanimidad en 1985,
fue además pionera al establecer la obligatoriedad del estudio previo de impacto ambiental (EIA) y crear un Consejo del Ambiente con
representantes gubernamentales y no gubernamentales. Pese a los errores de toda norma innovadora, parte o la totalidad de su contenido han
sido utilizados para construir distintos instrumentos legales en todo el país.
También en la década de 1980 se iniciaron los primeros recursos de amparo desde ONGs y personas indirectamente afectadas por el uso de
productos ecotóxicos y otras acciones depredadoras; Kattan, Schroeder y Brailovski fueron pioneros al accionar desde Buenos Aires contra la
captura de toninas en el mar Argentino (Recurso de Amparo) y contra el herbicida-desfoliante 2,4,5-T (Demanda). Según Guillermo Cano el
Acto Interlocutorio de marzo de 1983 y el posterior fallo definitivo de mayo del mismo año, que prohibió a una empresa japonesa extraer 14
toninas overas, fueron «un hito para la legislación ambiental argentina» (48).
Otros dos campos de innovación legal fueron el de las Reformas Constitucionales provinciales, y el de adhesión a los nuevos tratados
internacionales, como por ejemplo la Convención sobre Patrimonio de la Humanidad que nos permitió incluir Cataratas del Iguazú en el listado
de la UNESCO (1984), la Convención de Washington (CITES), o el Protocolo de Montreal para la regulación de sustancias ozonolíticas (1987).
Entre los aportes más interesantes de la Constitución de la provincia de Córdoba de 1987 figura el reconocimiento de los intereses difusos. Su
Artículo 53 indica que «La Ley garantiza a toda persona, sin perjuicio de la responsabilidad del Estado, la legitimación para obtener de las
autoridades la protección de los intereses difusos, ecológicos o de cualquier otra índole reconocidos en esta Constitución».
En 1994 se inicia, además, la reforma de la Constitución Nacional en Santa Fe. Esta reforma, que incluye entre sus Constituyentes a un
representante del movimiento ambientalista no gubernamental, Juan Schroeder de Fundación Tierralerta, abrirá una amplia discusión sobre su
contenido ambiental. El «Foro Global 500» de premiados por Naciones Unidas, sección Argentina, remitió una propuesta de 10 temas para ser
incorporados en la nueva Constitución (58). El 14 de junio solicitamos que : «Reconozca e instrumente el derecho de los ciudadanos a un
ambiente sano, equilibrado, sin contaminación, equitativo y sustentable» (punto 1); «»Explicite que los ciudadanos gozan del derecho a la
acción y a la participación popular para la defensa y mejoramiento del ambiente» (punto 2); «Establezca el desarrollo sostenible -capaz de
satisfacer las necesidades presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras- como objetivo» (punto 3); «Declare de interés
nacional la protección de los ecosistemas nativos de la Argentina y su biodiversidad» (punto 4); «Institucionalice los intereses ecológicos o
difusos, y las figuras de delito y de amparo ecológico» (punto 5); «Establezca el libre acceso de las personas e instituciones a la información
que posean los organismos públicos» (punto 6); «Declare la obligatoriedad de los estudios previos de impacto ambiental para obras públicas y
privadas, y prohiba la introducción en Argentina de todo material o producto prohibido en otro país, así como el ingreso de cualquier tipo de
residuo» (punto 7); «Reconozca la identidad cultural de las poblaciones indígenas y su derecho a conservar tierras, tradiciones y creencias»
(punto 8); «Reconozca explícitamente los derechos de los consumidores y la obligación de que se les informe pormenorizadamente sobre la
naturaleza, composición, uso y riesgos de cada producto o servicio» (punto 9) y «Declare el compromiso de reverdecer las ciudades argentinas
y de crear nuevos centros urbano-ecológicos para las presentes y futuras generaciones» (58).
(c) Administración Ambiental (Caja 10, Subcaja 10.3).
En Argentina pueden distinguirse claramente dos períodos en materia de Administración. El primero, caracterizado por la creación y
funcionamiento de organismos que se dedicaron a temas específicos o bien recursos naturales. Por ejemplo, la tradicional Dirección Nacional
de Saneamiento y la Administración de Parques Nacionales en el nivel federal; las Direcciones Provinciales de Aguas, Bosques, Fauna o
equivalentes, y las Direcciones de Control Bromatológico y Ambiental en los municipios. Aunque funcionaban aisladamente unas de otras,
incluso dentro de la misma jurisdicción, fueron formándose numerosas redes entre organismos del mismo tipo, como por ejemplo Saneamiento
Ambiental o Fauna. Este es el caso del gubernamental ECIF, Ente Interprovincial Coordinador de la Fauna.
Tras la reunión de Estocolmo de 1972 la institucionalización de los organismos de ambiente se hizo más abarcativa. En 1973 se creó la
Secretaría de Estado de Recursos Naturales y Medio Ambiente Humano de la Nación, y se la designó a Yolanda Ortiz para conducirla. El
antecedente inmediato de esta creación fue el Discurso girado por J.D. Perón a la Conferencia de Estocolmo, un documento tan interesante
como poco conocido, incluso para los miembros del Partido Justicialista al que pertenecía Perón. El oportuno encuentro del entonces
presidente con Yolanda Ortiz completó el proyecto, y ella se transformó así en la primera Secretaria de Ambiente del país. Comenzaba a
generalizarse el uso de la palabra «ambiente» o «medio ambiente». Su trabajo, pionero e insuficientemente reconocido, permitió armar un
primer equipo de trabajo con miembros de organismos que ya existían y nuevos profesionales. Durante el gobierno militar se le redujo el rango
y enfrentó varias mutaciones. En 1976 se transformó en Subsecretaría de Ordenamiento Ambiental como parte de la Secretaría de Estado de
Obras y Servicios Públicos (SEOSP). Entre sus acciones de la década de 1970 figuran la integración de la «Comisión Nacional para el Control
de la Contaminación de los recursos Hídricos» (CONACORH); la creación del «Comité Nacional del Programa MAB de UNESCO; la formación
de la «Comisión para la Conservación y Mejoramiento del Recurso Aire» (CONAIRE) y la constitución del «Fondo Nacional de Ordenamiento
Ambiental» (FONOA). Este último realizó estudios urbano-ambientales en las ciudades argentas de Presidente Roque Saénz Peña y Gran
Resistencia (Chaco), Formosa (en la provincia homónima) y Bernardo de Irigoyen (Misiones). El organismo federal pasó a depender luego del
Ministerio de Salud Pública y Medio Ambiente, y durante el gobierno de Raúl Alfonsín mutó en Comisión Nacional de Política Ambiental. Ya
durante el gobierno de Carlos Menem se recreó la Secretaría de Recursos Naturales y Medio Ambiente, y existe un proyecto para
transformarla, previa reforma constitucional, en Ministerio. Lamentablemente no se institucionalizó la consulta con las ONGs en ninguno de
estos períodos. Más aún, el recientemente creado Consejo Federal del Ambiente (COFEMA), en cuya iniciativa original participara FUNAM
(1987), excluyó de sus deliberaciones a las organizaciones intermedias (Córdoba, 1994).
A nivel provincial el ambiente ha sido tradicionalmente administrado por una multiplicidad de organismos con escasa o ninguna coordinación
entre sí . Esto se observó y continúa observando en la Nación pese a la creación de superáreas de ambiente. Entre las áreas provinciales
clásicas figuran las Direcciones de Saneamiento; de Hidráulica; de Obras Sanitarias; de Caza y Pesca, y hasta los Institutos de Vivienda o sus
equivalentes. Siguiendo modelos nacionales post-Estocolmo se fueron creando dependencias más abarcativas en sus denominaciones como
la Dirección de Ordenamiento Ambiental en la provincia de Misiones (1978) o la Dirección de Ordenamiento Ambiental del Patrimonio Turístico
en la provincia de Córdoba (1981).
La jerarquización institucional del tema recién comenzó a manifestarse hacia mediados de la década de 1980. Entre los organismos
provinciales que fueron pioneros figuran la Subsecretaría de Gestión Ambiental de Córdoba, creada en 1983, y el Ministerio de Ecología y
Recursos Naturales de Misiones, constituido en 1985. En 1986 se realizó en Córdoba la Primera Reunión Nacional de Organismos
Provinciales de Gestión Ambiental, seguido de un segundo encuentro en Río Negro.
Pero es en las Municipalidades argentinas donde persistieron con mayor fuerza las estructuras tradicionales. Existen así Direcciones,
Departamentos, Divisiones o Secciones de «Control Alimentario y Ambiental», «Espacios Verdes», «Higiene Urbana», «Medicina Preventiva» y
«Planeamiento Urbano» -las denominaciones y roles varían. Son muy poco frecuentes, en cambio, los organismos ambientales de amplio
espectro. Uno de los primeros entes de este tipo que se creó fue la Dirección de Ecología Urbana en la Municipalidad de Córdoba, en 1975
(hoy disuelto) al que se le agregó la Dirección General de Ecología y Saneamiento de la Municipalidad de Buenos Aires en 1978. Pero su
creación no fue acompañada, por lo general, con basamentos legales integradores ni fusión de organismos existentes. Este proceso recién ha
comenzado. La Municipalidad de Córdoba, por ejemplo, creó su primera Subsecretaría de Medio Ambiente en 1994, veinte años después de
que se creara el Area de Ecología en su Dirección de Planeamiento Urbano (1974).
El surgimiento y operación de los cuerpos voluntarios que actúan como auxiliares del sector público tienen su propia historia. Si bien antes de
las décadas de 1980 y 1990 ya se habían creado desde los gobiernos provinciales cuerpos de defensores de la fauna y de extinción de
incendios (Guardafaunas Honorarios; Bomberos Voluntarios), ello en base a leyes Nacionales y Provinciales, el primer Cuerpo de Defensores
15
Honorarios del Ambiente, con funciones mucho más amplias se constituyó en Córdoba en 1985. Actualmente cuenta con más de 2.000
defensores acreditados, en su mayoría miembros de ONGs y ciudadanos independientes (91). La misma Ley 7343 del Ambiente que lo creó
introdujo otra institución pionera, el Consejo Provincial del Ambiente, con representantes gubernamentales y no gubernamentales. También se
institucionalizó la obligatoriedad de los estudios previos de impacto ambiental, que son aprobados o rechazados, precisamente, por ese
Consejo. Aunque de funcionamiento amplio y democrático entre 1983 y 1987, posteriormente se gubernamentalizó en exceso y fue cada vez
más influenciado por los intereses políticos de turno (1988- 1994).
Idéntica estrategia se trasladó, con matices propios, a las municipalidades. En la comuna de La Granja, en Córdoba, se dictó el Primer Curso
para Guardafaunas Municipales Honorarios (1990). Posteriormente se crearon cuerpos voluntarios para la defensa del ambiente con funciones
cada vez más amplias. La Municipalidad de Córdoba, por ejemplo, puso en funcionamiento su Cuerpo de Guardambientes Honorarios en 1993
(92). En cuanto a la misión de contralor ambiental desde los propios gobiernos, se formaron cuerpos especiales como las Patrullas
Ambientales dependientes de la Policía, tal el caso de Córdoba, e incluso Brigadas Ambientales en la Municipalidad de Córdoba, con
inspectores especializados que recorren las calles en bicicletas y otros vehículos (1993-1994). Estos sistemas han sido complementados con
Servicios de Emergencia Ambientales, como el creado por la Subsecretaría de Gestión Ambiental de la provincia en 1986, o la reciente línea
de teléfono 105 habilitada por distintos municipios de Argentina en conjunto con la empresa Telecom. La línea 105 de Córdoba fue inaugurada
en el mes de junio de 1994.
A nivel intergubernamental, la Conferencia de Estocolmo fue seguida de la creación del Programa de las Naciones Unidas para el Medio
Ambiente (PNUMA), cuyo primer Director Ejecutivo fue Maurice Strong de Canadá . También se agregaron áreas de ambiente en otros
organismos de Naciones Unidas y se robusteció la estrategia, incipiente en la década de 1960-1970, de los acuerdos, convenciones y
protocolos internacionales. En la década de 1980 la Comisión Brundtland produjo su influyente informe «Nuestro Futuro Común», que con
posiciones positivas, innovadoras e incluso contradictorias preparó el terreno para la Conferencia Mundial sobre Ambiente y Desarrollo de
Naciones Unidas que se realizó en 1992. En 1991 se creó la fase piloto del GEF, Global Environment Facility, el primer mecanismo financiero
multilateral para el financiamiento de actividades ambientales (Banco Mundial/ PNUMA/PNUD). Aunque controvertido y sometido en exceso a
influencias gubernamentales y del Banco Mundial constituye una nueva herramienta. Otra institución interesante, aunque por el momento de
escaso peso relativo, es la Comisión para el Desarrollo Sustentable que se integró tras la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro (CSD). Desde
la creación del PNUMA en la década de 1970, que se asoció indirectamente a la formación del Centro Internacional de Enlace del Medio
Ambiente (CEMA), una de las primeras coaliciones internacionales de ONGs, la participación de las entidades no gubernamentales creció
sostenidamente. Tanto las negociaciones sobre convenciones y acuerdos como la preparación de reuniones internacionales, tal el caso de la
propia Cumbre de la Tierra, fueron influenciadas por las ONGs. Continúa sin embargo a nivel gubernamental e intergubernamental una cauta
aproximación al movimiento de organizaciones intermedias. El proceso, pese a estas dudas y a rechazos gubernamentales ocasionalmente
violentos, no tiene retorno. El rol influyente y fiscalizador de las ONG continúa creciendo.
3.2.4. Organizaciones intermedias (Caja 14).
Este compartimento comprende el complejo movimiento de organizaciones intermedias. Incluye desde sindicatos (Subcaja 14.1) hasta ONGs
(14.2). Arbitrariamente, también engloba a los partidos políticos (Subcaja 14.3). Las religiones y sus estructuras forman parte de la Caja 9,
Sistemas de servicios públicos y privados (Bloque C, D y E).
(a) Sindicatos (Caja 14, Subcaja 14.1).
En Argentina los Sindicatos han privilegiado tradicionalmente las reividicaciones salariales y en menor medida -aunque esto varíe con las
agrupaciones- la seguridad e higiene en el trabajo. También existen, sin embargo, antecedentes más o menos aislados en los cuales se
incorporó la variable ambiental y macroambiental. En 1988 por ejemplo FUNAM tuvo a su cargo el dictado del tema «El ambiente que nos
rodea» en la conferencia organizada por la Federación Internacional de Trabajadores de las Industrias Metalúrgicas, de la cual forma parte el
SMATA (FITIM, San Luis, 1988). Otro antecedente importante fue la participación de la Confederación General del Trabajo, Regional Córdoba,
en la Subcomisión de Medio Ambiente del Consejo Económico y Social del gobierno provincial. Las CGT desempeñó un rol clave en la
elaboración de criterios para controlar la mina de uranio de Los Gigantes, en el análisis de las industrias químicas de Río Tercero y en el
diseño de una propuesta para recuperar ambientalmente la cuenca del lago San Roque (1984-1987). También se integró al Consejo del
Ambiente de la provincia de Córdoba, donde interactuó con gobierno, ONGs y otras entidades intermedias.
Tanto en Argentina como en otros países la principal fuente de conflicto es la posición de las empresas frente a presiones oficiales y privadas
que exigen la instalación de sistemas anticontaminación, o la adopción de procedimientos no degradantes. Es común el traslado de esas
presiones al ámbito sindical, donde se genera el dilema protección del ambiente-colapso de la fuente de trabajo, o libre contaminación-pleno
empleo. Se generan entonces tensiones muy fuertes entre los sindicatos, ONGs y autoridades públicas. Aunque el diálogo entre sectores
puede y de hecho reduce notablemente estos conflictos, numerosas situaciones extremas tienen poco margen de negociación.
En otros casos, la movilización surge de los propios obreros, como ocurrió durante el gobierno militar de Augusto Pinochet en Chile; los
mineros de la mina de cobre de Chuquicamata y sus familias se movilizaron contra la contaminación de las fuentes de agua potable por
arsénico. Tras una larga y dura confrontación lograron que la empresa colocara sistemas de retención de arsénico, evitando su deposición en
los faldeos andinos (93). Un excelente documento que analiza estos problemas y contradicciones fue coordinado por A. Woiscnik y publicado
en España por la Unión General de Trabajadores : «Política ambiental, economía y empleo» (49).
(b) Organizaciones no gubernamentales, ONGs (Caja 14, Subcaja 14.2).
Sería muy difícil rastrear la evolución internacional de estas estructuras, que por definición no son lucrativas ni dependen de los gobiernos. Nos
limitaremos por lo tanto al caso Argentino. Las ONGs incluyen un vasto universo de entidades que van desde un Club Social y Deportivo,
pasando por asociaciones de maestras jardineras o martilleros públicos hasta ONGs de ambiente y ONGs de desarrollo. Algunas carecen de
sustento legal, como las asociaciones de hecho, mientras que otras son asociaciones o bien fundaciones con personería jurídica; pueden ser
simples (de primer grado) o bien entidades de mayor grado (federaciones, confederaciones). Por ser de bien público sus beneficios recaen
sobre la sociedad, no sobre sus miembros y directivos (al menos en teoría).
En Argentina las primeras ONGs de ambiente se iniciaron hace casi un siglo asociadas a recursos naturales o finalidades bien circunscriptas.
Este es el caso de una de nuestras ONG pioneras, la Asociación Ornitológica del Plata (AOP). Hacia fines de la década de 1970 existía en
Argentina sólo un pequeño universo desarticulado de ONGs, entre ellas la Asociación Amigos de los Parques Nacionales, Fundación Vida
Silvestre Argentina, Asociación Argentina Contra la Contaminación del Aire y el Comité Córdoba para la Conservación de la Naturaleza
(CONACO). También entidades de base académica, como la Asociación Argentina de Ecología creada en 1972, y organizaciones que sin
tener un nombre específico ya estaban desarrollando la cuestión ambiental en su seno, como la Academia Nacional de Ciencias Médicas en
Buenos Aires.
El «boom» de las ONGs de ambiente tuvo su primera oleada hacia fines del último gobierno militar y coincide con el resurgimiento de la
democracia en 1983. FUNAM por ejemplo se creó en agosto de 1982. Este fue un coletazo nacional tardío de la Reunión de Estocolmo
concretada 10 años antes en Estocolmo (Suecia) y de la Conferencia de Vancouver sobre Asentamientos Humanos. Muchas de las nuevas
entidades estuvieron ligadas a la búsqueda de soluciones para problemas urbanos. Además de ONGs dedicadas a un recurso determinado,
como fauna o bosques, comenzaron a formarse ONGs de medio ambiente en sentido amplio. También se inauguró un contacto directo de las
organizaciones ambientalistas con la prensa. Al hito original lo marcaron el diario La Voz del Interior de Córdoba, con 130.000 ejemplares de
tirada, y FUNAM, que desde el 23 de octubre de 1983 y hasta mayo de 1988 publicó las páginas de ecología en el suplemento dominical. Cada
entrega, de dos hojas tabloide, era presentada con el logo y nombre de la fundación. Otros diarios de Argentina también comenzaron a publicar
páginas ecológicas por su propia cuenta, como «Tiempo Argentino» de Buenos Aires. Una de las periodistas pioneras fue María Teresa
Morresi. También durante la interfase militar-democrática ONG como la Fundación Tierralerta iniciaron las primeras acciones legales contra
empresas y contra reparticiones públicas responsables de degradación ambiental.
16
La demanda contra el herbicida 2,4,5-T y el Recurso de Amparo contra la caza de toninas fuero verdaderos hitos en el movimiento
ambientalista de Argentina (1983-1984). La labor del Abogado Alberto Kattan, responsable directo de ambas acciones, fue no solamente
pionera sino también exitosa y multiplicadora.
En 1984 FUNAM elaboró el primer «Directorio de las ONGs Ambientalistas de Argentina», que catalogó unas 300 entidades (50). En
septiembre de 1984 se creó el Consejo de ONGs ambientalistas de la provincia de Córdoba, y poco tiempo después deliberó en Alta Gracia la
«Primera Reunión Nacional de ONGs Ambientalistas». Al encuentro asistieron más de 80 ONGs y 300 representantes. Si bien hubo con
anterioridad encuentros preparatorios en Misiones y Santa Fe, la reunión de Alta Gracia presentó a la sociedad un movimiento que ya
comenzaba a organizarse.
En sus deliberaciones se perfilaron dos estrategias de funcionamiento. Por un lado un proyecto orgánico, que propiciaba la constitución de
Consejos en cada provincia, con elecciones y secretarías coordinadoras rotativas, y por el otro una red horizontal. Aunque no se llegó a un
acuerdo definitivo, ambas estrategias se pusieron en marcha. Sucesivamente se crearon Consejos, Federaciones o Foros en otras provincias,
como Santa Fe, Tucumán, Mendoza por ejemplo. También comenzó a funcionar la Red Nacional de Acción Ecologista, RENACE. En Córdoba
el Consejo de Organizaciones Ambientalistas pasó de una decena ONGs miembros en 1984 a 64 ONGs en 1994. Su estructura ha sido una
de las más abiertas y persistentes.
En 1986 comenzaron las negociaciones de Greenpeace para abrir una oficina en Buenos Aires. Los primeros contactos fueron mantenidos por
Georgina Gentile y David Mac Taggart, entonces «Chairman» de la organización internacional. En 1988 se lanzó oficialmente la primera oficina
de Greenpeace en el Tercer Mundo, con Melvyn Gattinoni de Presidente, Raúl A. Montenegro de Vicepresidente (que mantenía sus funciones
en FUNAM), Hugo Castello de Tesorero, y David Mac Taggart y Remy Parmentier como miembros de número del Consejo de Administración.
Con un toque federalista, la ceremonia de lanzamiento de Greenpeace tuvo lugar en las oficinas de FUNAM en Córdoba, en 1988, y se repitió
posteriormente en Capital Federal. Greenpeace y Amigos de la Tierra (Friends of the Earth) fueron la inauguración de un puente asociativo con
las ONGs internacionales más poderosas. También durante la década de 1980 se acrecentó la participación argentina en redes internacionales
de ONGs contra los plaguicidas (PAN), la desertificación y el tráfico de residuos peligrosos, y en redes que promovían la agricultura orgánica,
las tecnologías blandas y el desarrollo sustentable. A partir de 1987 se concretaron en Argentina las primeras marchas públicas en defensa del
ambiente y contra la energía nuclear. Convocadas por Greenpeace y FUNAM y con la participación del creciente movimiento ambientalista,
gran cantidad de manifestantes, en su mayoría niños y adolescentes, recorrieron las calles de Córdoba (1987 y 1988). Su impacto en la prensa
institucionalizó una nueva forma de participación. Se sucederían luego otras marchas igualmente exitosas, como la de Santa Fe -organizada
por el Centro de Protección a la Naturaleza de esa provincia- hasta llegar a la que fue la más importante, la Marcha por el Ambiente de Villa
María. Co-organizada por las ONGs FUNECA y Grupo Arbol de esa ciudad, conjuntamente con el Consejo de ONGs Ambientalistas de
Córdoba, movilizó más de 3.000 personas que marcharon 15 cuadras y lanzaron un enérgico petitorio nacional de 10 puntos (junio de 1994).
Su notable impacto en medios de todo el país dio un nuevo impulso a las ONGs y sus reivindicaciones.
FUNAM, como miembro directivo del Centro de Enlace del Medio Ambiente con base en Kenya, integró el Comité de 19 miembros que co-
organizó la primera Cumbre Mundial de ONGs en París, «Raíces del Futuro», a la que asistieron 900 ONGs de todo el mundo (diciembre de
1991). Esta fue la conferencia no gubernamental más importante en el camino hacia Río de Janeiro. Su documento «Ya Wananchi» continúa
siendo fuente insustituible de consulta. FUNAM, FARN y otras organizaciones argentinas ocuparon posiciones clave en este proceso y fueron
acreditadas por Naciones Unidas ante UNCED como «ONGs observadoras» (1990-1992). Argentina estuvo así en el nacimiento del «Comité
Facilitador» de UNCED (específicamente FUNAM) y en la mayoría de sus conferencias preparatorias.
En abril de 1992 PANAVI de Alta Gracia y FUNAM co-organizaron, con el auspicio del CEMA y del PNUD, la «Primera Reunión Conjunta de
ONGs de Ambiente y ONGs de Desarrollo» hacia la conferencia de Río de Janeiro (Alta Gracia, Córdoba). El directorio que se utilizó tenía
registradas 1.200 organizaciones no gubernamentales. Los más de 200 asistentes, en su mayoría líderes de asociaciones civiles, concretaron
un acercamiento pionero entre las dos vertientes más importantes del movimiento no gubernamental de Argentina.
La segunda oleada de creación de nuevas ONGs coincidió en Argentina con este proceso preparatorio de la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre Ambiente y Desarrollo (UNCED en inglés, CNUMAD en castellano). La Cumbre de la Tierra, a la cual asistieron 118 Jefes de
Estado y Primeros Ministros deliberó entre fines del mes de mayo y mediados de junio de 1992 en Riocentro. Al concluir la conferencia este
proceso de génesis de nuevas ONGs continuó y se mantiene en la actualidad. El mayor éxito de UNCED fue su cobertura de prensa y el
mensaje, implícito, de que los máximos líderes reconocían la importancia del ambiente y el desarrollo (aunque sus compromisos fueran
definitivamente pobres). Quedaron así planteadas una «Carta de la Tierra» con 27 principios, un programa de acción (la Agenda 21), dos
convenciones (Cambios Climáticos y Biodiversidad), criterios para la protección de los bosques, un Fondo Mundial para el Ambiente (el GEF,
sobreviviente de su fase piloto) y una Comisión de Desarrollo Sustentable (CSD).
La contraparte no gubernamental de la Cumbre de la Tierra fue el «Foro Global 94» montado por las ONGs brasileñas y el Centro para Nuestro
Futuro Común en Flamengo Park. Entre sus numerosas reuniones, que incluyeron al «Foro de la Mujer» y encuentros de nacionalidades
indígenas, destacó la Audiencia Mundial de Niños y Líderes en la que debatieron un panel de 21 niños procedentes de todo el mundo y Albert
Gore, actual Vicepresidente de los Estados Unidos. Esta audiencia formó parte de la «Campaña Internacional La Voz de los Niños» que dirigen
FUNAM de Argentina y Campaign for Environment and Development de Noruega con el auspicio de UNICEF. Cubierta por medios de prensa
de toda la Tierra, la Audiencia y su «Llamado de los Niños» fueron la culminación de un trabajo que se desarrolló en 42 países con más de
600.000 niños (1990-1992) (51).
En Río de Janeiro no sólo se consolidaron redes existentes de organizaciones, sino que se crearon nuevas coaliciones. Entre ellas
EarthAction, una red con más de 1.000 ONGs dedicadas a influenciar negociaciones internacionales, y el «Foro Global 500» que reúne a todos
los premiados por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). En ambas FUNAM ocupó la representación de
América Latina y el Caribe (1992) (52). Si bien UNCED institucionalizó el rol de las ONGs a nivel internacional, un proceso más declamativo
que real, su proyección en Argentina fue pobre. Previo a la Conferencia de Río nuestra Cancillería organizó numerosas reuniones preparatorias
de las que participaron ONGs y organismos de gobierno; esta valiosa iniciativa estuvo a cargo del Ministro Raúl Estrada Oyuela (1991-1992).
Muchas de las propuestas que presentó FUNAM en esos encuentros para enmendar el proyecto de Convención de Biodiversidad fueron
adoptadas por la Nación (1991). Lamentablemente el acercamiento se interrumpió en Río debido a las públicas diferencias que tuvieron
miembros del gobierno nacional. Una vez concluidas UNCED y el Foro Global 94 la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de la
Nación sólo creó canales cosméticos de participación. Persiste por lo tanto en 1994 una amplia vertiente de ONGs que critican abiertamente la
gestión federal.
Otro rasgo distintivo de la década de 1990 fue la notable presencia de las ONGs en los medios de prensa, un fenómeno que continúa con
fuerza en la actualidad. Campañas nacionales como las iniciadas por FUNAM contra la caza sin cupo de iguanas, los incendios, la tala de
bosques de quebracho en Santiago del Estero y contra la construcción de una cuarta central nuclear, todas ampliamente cubiertas por medios
nacionales, provocaron y continúan provocando no sólo importantes debates sino también cambios (1992-1994). En este proceso las
controversias entre Municipios y ONGs continúan siendo las más frecuentes. Tanto los choques de opinión entre la Fundación Vida Silvestre
Argentina y la Municipalidad de Buenos Aires por la Reserva Ecológica de Costanera Sur como el reciente escándalo por la instalación de una
planta incineradora de residuos patológicos en Salto e Inés Indart (Buenos Aires), proyectos que fueron finalmente cancelados, muestran el
creciente poder e influencia de las ONGs. Su mayor aporte ha sido el de concientizar y ofrecer herramientas a los ciudadanos para que se
organicen y defiendan sus derechos. La exitosa reunión organizada por FUNAM para que los pobladores de Colonia Tirolesa difundieran
públicamente el uso indiscriminado de plaguicidas se inscribe en esta metodología de trabajo (1992). Paradójicamente, mientras crece su rol
público, la situación económica de las ONGs tiende a ser crítica e incluso desesperante. Pese a la mayor internacionalización de sus
actividades, pocas ONGs ambientalistas de Argentina reciben apoyo externo de organismos como SIDA, NORAD o la C.E.E. En cuanto a los
gobiernos locales, a diferencia de lo que ocurre por ejemplo en Canadá o Noruega, prefieren no apoyar organizaciones que critican sus
actividades o que movilizan a la opinión pública. Cuando deciden conceder algún aporte económico, los funcionarios públicos de turno piensan
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con demasiada frecuencia que las ONGs recipientes quedan obligadas a silenciar sus críticas. Este concepto erróneo irá cambiando a medida
que se profundice en Argentina la práctica democrática y la ética.
2.4 . Conductas individuales y colectivas (Caja 18)
Esta caja, pese a su importancia es habitualmente descuidada. La tradicional falta de consulta de los Sistemas de Gestión Pública demuestran
lo dicho. Como lo marca muy claramente el Gran Bloque I, SOC existe una clara interrelación entre el Conocimiento Social (CONSO, Caja 16),
las Actividades Domesticas (Caja 17) y las Conductas (Caja 18).Un modelo no formal de referencia se encuentra en el trabajo Introducción al
Estudio de la conducta Humana ,publicado en 1989 (53)
CAPITULO 4
NOCIONES DE ECOLOGIA GENERAL
4.1.Origen del término Ecología.
Parece haber sido empleado por primera vez a mediados del siglo XIX. Aunque en una carta con fecha 1 de enero de 1858 el naturalista Henry
David Throreau citaba a un colega que estaba “aún en Concord, ocupado en la botánica, ecología etc.”, sólo más tarde habría de definirse su
alcance. Hacia 1870 el Biólogo alemán Ernst Haeckel escribía el siguiente trozo : “Entendemos por Ecología el conjunto de conocimientos
referentes a la economía de la naturaleza, la investigación de todas las relaciones del animal con su medio inorgánico y orgánico, incluyendo
sobre todo su relación amistosa y hostil con aquellos animales y plantas con los que se relaciona directa e indirectamente (54).
4.2. Ecología. Definiciones actuales.
Ecología es el estudio en el tiempo de todas las interrelaciones entre los organismos y el medio o entre los componentes bióticos (con vida) y
abióticos (sin vida) de un cierto espacio. También el estudio en el tiempo de todas las interrelaciones entre un sistema de baja entropía (=
físicamente menos probable) y un sistema predominantemente antrópico o “desordenado” en un cierto espacio. Más sintéticamente, “ecología
es la ciencia que estudia los ecosistemas”.
La ecología puede hacerse a distintos niveles de complejidad según varíe el tamaño, estructura y componentes del espacio considerado; estos
niveles, por razones operativas y didácticas, pueden tomar los siguientes nombre: (a) ecología del sistema solar; (b) ecología del planeta tierra
y (c) ecología de los geo- e hidrosistemas (= ecología terrestre y acuática respectivamente). Si hacemos intervenir las estrategias desplegadas
por el hombre, junto a la “ecología” de los ecosistemas naturales en todos sus tamaños podemos distinguir, además, una ecología de los
ecosistemas productivos (cultivos p.e.) y una ecología de los ecosistemas consumidores (ciudades p.e.). También puede hacerse la ecología
de sistemas circunscriptos por tubos de ensayo, balones de vidrio y cápsulas espaciales, en cuyo caso hablamos de ecología microcósmica.
Comúnmente, la ecología de los ecosistemas productores en todas sus categorías suele llamarse “Ecología Agrícola” o Agroecología, y la de
los sistemas consumidores “Ecología Urbana”.
Hablamos de “Ecología Regional” cuando el sistema -por ejemplo el antiguo y homogéneo Espinal de la provincia de Córdoba- se halla
reemplazado en parte por otros dos tipos de ecosistema, y analizamos el conjunto en su nueva organización. O cuando por razones prácticas
estudiamos éste mosaico de ecosistemas (los naturales, los urbanos, los rurales) en un espacio delimitado políticamente; p.e. el Departamento
Punilla en Córdoba o el conjunto de las provincias del noroeste argentino) (2) (26) (28).
En cada caso o espacio se aplican las definiciones que citamos al comienzo, pero el número de variables involucradas y todo el sistema
analizado en general van haciéndose progresivamente menos complejos; basta comparar el tamaño del sistema solar con el de un lago : la
diferencia es obvia. Desde luego, cuanto mayor y más complejo es el espacio analizado menor es la posibilidad de conocer y manejar todas
sus variables. Pensemos por ejemplo que algunos estudios de nuestro planeta criticados por su excesiva simplicidad requirieron el auxilio de
hasta 100.000 relaciones fundamentales, como ocurrió en el modelo regionalizado multinivel de Mesarovic y Pestel (59).
Dentro de cada nivel de análisis (un planeta, una ciudad, un lago) caben dos variantes operativas; si estudiamos con una cierta ecuanimidad
todas las especies vivas de un sistema ecológico y sus interrelaciones con el ambiente interno y externo, hacemos sinecología. El énfasis del
investigador no está puesto “a priori” en ninguna especie determinada. Supongamos ahora que tras ese estudio llegamos a la conclusión de
que tal o cual especie dominante es clave para el funcionamiento global; al investigarla en detalle y con relación al resto del sistema (ambiente
en general, plantas o animales en particular) hacemos demoecología porque ponemos todo el énfasis en la población de una única especie.
Qué sucede cuando nos estudiamos a nosotros mismos?. En este caso practicamos la Ecología Humana.
Encontramos distintas definiciones de Ecología Humana en disciplinas biológicas, geográficas, sociológicas, médicas o sanitaristas. Es
conveniente por lo tanto delimitar su alcance real.
En casi todos los casos la ecología humana -como queda indicada por su nombre- se hace con un criterio predominantemente demoecológico:
es tal población de Homo sapiens dentro de tal sistema. Obviamente esta demoecología puede practicarse a distintos niveles de complejidad:
una ciudad (Ecología Humana Urbana, o Ecología Urbana); un ecosistema productivo (Ecología Humana Rural, o Agroecología) e incluso
nuestro planeta (Ecología Humana Terrestre). Si estudiamos en cambio un individuo con relación al ambiente, la investigación pasa a ser
dominio de la Autoecología Humana.
4.3. El planeta Tierra visto como un ecosistema.
Básicamente podemos distinguir tres tipos de sistemas generales: sistemas abiertos, que intercambian material, energía e información;
sistemas cerrados, que sólo intercambian energía e información, y sistemas aislados (una concepción teórica) que no intercambian ni energía
ni materiales ni información. Aunque el planeta Tierra es un sistema abierto, a los fines prácticos lo consideramos como cerrado porque retiene
sus materiales y el ingreso de materia externa es poco significativo (exportamos satélites e importamos, involuntariamente, restos de
meteoritos). La variable denominada “información” es una convención arbitraria -porque materia y energía son información, por ejemplo- pero
dadas las características de los sistemas fuertemente antropizados, como las ciudades por ejemplo, es conveniente crear una categoría
especial. En una ciudad, por ejemplo, ingresa información de alta complejidad vía ondas de radio, señales de televisión, publicaciones y
personas, y este ingreso -y egreso- requiere de una consideración aparte.
Figura 2. Diagrama de la biosfera. Se ve claramente que comprende apenas una película de la superficie terrestre, donde
interactúan los factores bióticos y abióticos en sentido amplio. Según Odum (34).
La Tierra es un planeta subesférico, un geoide, donde la vida sólo ocupa una película superficial. La Tierra tiene vida, pero no toda la Tierra. La
vida es un fenómeno material minoritario en volumen y peso si lo comparamos con el volumen y peso del planeta. Másicamente la vida es una
rareza de la superficie. Esa película, verdadera zona de contacto, incluye una porción de atmósfera (envolvente gaseosa), una porción de
litosfera (las tierras emergidas y sumergidas, o substrato sólido) y una porción de aguas superficiales y subterráneas (envoltura líquida disconti-
nua). En ese medio ecotonal o de borde entre sistemas gaseosos, líquidos y sólidos se da el fenómeno biótico, caracterizado por unidades
vivientes sólidas (individuos) que pertenecen a poblaciones de especies o coespecies. Estos individuos -una bacteria, un árbol, un ser humano-
son en la práctica inclusiones discontinuas que nacen, se reproducen y mueren en la delgada película superficial de la Tierra.
No hay por el momento especies vivas hechas de gas o de líquido, sólo un total, estimado, de 30.000.000 de especies vivas predomi-
nantemente sólidas, complejas, que pueden tener además en su interior materiales en fases líquidas o gaseosas. Un virus como el de la papa
es una simple molécula “seca” de ARN (ácido ribonucleico) mientras que un ser humano, con miles de millones de células vivas, frescas, es un
“sólido” en el que más del 80% corresponde a moléculas de agua.
Para definir al ecosistema terrestre La Mont Cole creó el termino “ecosfera”. Dentro de los límites de esa ecosfera -término excesivo dado que
la vida, recalcamos, es sólo un fenómeno de superficie- las formas vivas interrelacionadas constituyen la biosfera, termino introducido por
Vernadsky, y los elementos culturales generados por el hombre -su “metabolismo externo”- la tecnosfera.
18
4.4. Diversidad biológica y evolución.
Podemos definir lo que comprende el fenómeno vida analizando las formas actuales, los restos fósiles y algunos conceptos nuevos en ecología
teórica. Utilizaremos para ello los criterios discutidos por Montenegro (64) (65). La unidad más simple y visible de operación es el individuo de
una especie, que puede ser tan pequeña como un bacilo de Koch o tan complicado como un adulto de ballena azul; la segunda unidad de
operación es una población continua o varias poblaciones más o menos aisladas de esa especie, y la tercera unidad es la especie misma, que
engloba a la población total. Sólo tres características son comunes a los seis reinos de formas vivas que nosotros reconocemos en la
actualidad: (a) la presencia simultánea de ADN (ácido desoxirribonucleico) y ARN (ácido ribonucleico), dos moléculas encargadas de codificar
el mensaje genético, o bien la presencia excluyente de ADN o ARN; (b) la operación de un “programa de vida/muerte” característico de cada
especie, el genoma, que está contenido, precisamente, en esas macromoléculas de ácidos nucleicos, y (c) la capacidad de cada individuo
para poder generar, vía sexual o asexual, otro individuo o descendiente con similares características.
Agregando un gran grupo a la clasificación de Whitakker (1969) consideramos que los seres vivos actuales pertenecen a seis Reinos: (a) Virus,
organismos sin estructura celular y con aproximadamente 1.000 especies; (b) Monera, Reino que comprende por ejemplo a las algas
verdeazuladas, bacterias unicelulares y espiroquetas, sin membranas nucleares, sin plástidos y sin mitocondrias, con unas 4.800 especies; (c)
Protista, un grupo complejo integrado por euglenoides, algas verde amarillas, dinoflagelados y protozoarios por ejemplo, provistos de
membrana nuclear y mitocondrias, con 30.800 especies conocidas; (d) Fungi (hongos), con 69.000 especies; (e) Plantae (plantas) con 275.000
especies (248.000 de plantas verdes y 26.900 de algas), y (f) Animales con 1.032.000 especies (60) (61).
Este universo está sobrepresionado en la actualidad por las actividades humanas, que han desencadenado un espasmo de extinciones.
Paradójicamente, mientras la biodiversidad “natural” de especies disminuye por esta causa, el ser humano provoca un aumento de la
biodiversidad “indeseable”. Entre sus principales causas figura la descarga al ambiente de materiales radiactivos y el uso reciente de radiación
gamma para esterilizar alimentos, objetos y barros cloacales. Para esto último la CNEA ha desarrollado en Argentina su sistema PIBA, con
fuentes de cobalto 60, que irradiarán los efluentes de plantas convencionales de tratamiento; la primera PIBA, que se construirá en San Felipe
(Tucumán), podría irradiar hasta 100.000 toneladas anuales de barros cloacales. Decidida sin que se analizase el impacto mutagénico,
constituye una nueva fuente de riesgo microbiológico.
Tanto las partículas alfa y beta como la radiación gamma, que son “residuos” del decaimiento de los radioisótopos, pueden dañar los
organismos vivos de tres formas: (a) destruyendo directa o indirectamente una parte o la totalidad de cada célula e incluso tejidos;
(b) alterando el programa genético de las células somáticas, que pueden perder así sus mecanismos de autocontrol de la división (mitosis
desenfrenadas, cáncer) y (c) provocando mutaciones hereditarias en los microorganismos acelulares, o en las células sexuales de los
organismos más complejos como el hombre (88). Cuando estos organismos sobreviven al cambio de su material genético (ADN, ARN) y se
transforman en mutantes “viables”, entran activamente al ecosistema, donde pueden transmitir su nuevo carácter a las nuevas generaciones, o
desaparecer por selección natural. Entre los virus y otros microorganismos muy simples la modificación genética inducida por radiación puede
originar nuevas cepas e incluso nuevas especies.
Además del posible impacto de estos mutantes sobre la biodiversidad natural, que es una consecuencia poco evaluada de la contaminación
radiactiva, existe el riesgo de que se desarrollen “nuevos” microorganismos patógenos para el hombre (virus, bacterias). La generalización del
uso de las tecnologías nucleares, con descarga masiva de radioisótopos, ha iniciado un experimento mutagénico a gran escala cuyas
consecuencias son biológicamente impredecibles. La descripción modelizada de este riesgo fue presentada por Montenegro durante la
Conferencia Internacional sobre Víctimas de la Radiación que co-organizó FUNAM en Berlín (1992) (89).
Las fuentes de riesgo -materiales radiactivos y radiación- se han multiplicado geométricamente. A las fuentes naturales, que también tienen su
participación en la mutagénesis, se le han agregado el fall-out por explosiones nucleares de prueba (series de la década de 1960), la descarga
de residuos radiactivos al ambiente (incluidas emisiones rutinarias de las centrales nucleares), el uso indiscriminado de radioisótopos como
trazadores, la sobreconcentración de materiales radiactivos en cadenas alimentarias, la generalización de los depósitos acuáticos y terrestres
de materiales radiactivos de baja-media actividad, el uso de fuentes gamma para irradiación (caso PIBA por ejemplo) y los accidentes como el
de Chernobyl. Repasaremos ahora dos ejemplos de fuga rutinaria y accidental.
Figura 3. Esquema, en cajas negras, de como la vida o la ecosfera en general funcionan gracias al flujo de energía
proveniente del Sol. Según Montenegro (141).
Ejemplo 1. La central nuclear de Embalse, provista con un reactor Candú 3 de origen canadiense, contamina rutinariamente el agua y el aire
de los ecosistemas circundantes con “bajas” dosis de materiales radiactivos. La primera difusión pública nacional de estas emisiones fue hecha
por la Subsecretaría de Gestión Ambiental de la provincia de Córdoba en diciembre de 1987 (148). Entre los nucleidos descargados al agua
figuran: Tritio 3, Zirconio 95, Cesio 137, Cromo 51, Niobio 95, Cesio 134, Cerio 144, Gadolinio 153, Iodo 131, Rutenio 106, Rutenio 103, Cerio
141, Cobalto 60, Antimonio 125, Bario 140 y Manganeso 54. La fuga rutinaria de Tritio 3 al lago de Embalse fue por ejemplo de 1.294.22 Curies
en el trimestre julio-agosto-septiembre de 1987. En cuanto al aire éste recibe -entre otros- la descarga radiactiva de Xenón 133, Xenón 135,
Tritio 3, Kriptón 85 m, Kriptón 88, Niobio 95, Zirconio 95, Cerio 144, Rutenio 103, Cerio 141, Antimonio 124, Antimonio 125, Cobalto 60, Hierro
59, Iodo 131 y Plata 110 m. Las mayores “actividades” descargadas en ese mismo trimestre correspondieron a Xenón 133 (1.520.00 Curies),
Xenón 135 (946.30 Curies), Tritio 3 (331.96 Curies), Kriptón 85 m (92.68 Curies) y Kriptón 88 (79.18 Curies). Lamentablemente la vida media
del Cesio 137 es de 30.17 años, y la del Tritio 3 de 12.32 años, lo cual significa que estas “bajas” emisiones se van acumulando sin que se
conozcan sus efectos biológicos (148).
Ejemplo 2. La tabla siguiente compara la descarga de material radiactivo, medida en Bequerels (Bq), de los accidentes de Windscale en Gran
Bretaña (1957), Three Mile Island en Estados Unidos (1979) y Chernobyl en la ex-Unión Soviética (1986).
Descarga (Bq) Núclido principal
Windscale 7 x 10 I 131
TMI 3 x 10 Xe 133
Chernobyl 2 x 10 I 131
Cs 137 (*)
(*) Además de una mezcla de productos de fisión, entre ellos Zr 95, Nb 95, Mo 99, Ru 103, Ru 106, I 132, Te 132, Cs 134, Ba 140, La 140, Ce 141, Ce 144, Pu 238, Pu 239, Pu 240, Am
241 y Cm 242. Fuente : Clarke, R.H. 1987. Dose distribution in Western Europe following Chernobyl. In “Radiation and Health” (94).
El accidente del reactor 4 de Chernobyl eliminó aproximadamente del 3 al 10% del núcleo (corazón combustible) sometiendo miles de
kilómetros cuadrados de ecosistemas de todo tipo a fall-out radiactivo (95). Cómo afectó y está afectando a las especies vivientes?. Cuál es la
magnitud del proceso mutagénico?. Cuánta biodiversidad “indeseable” se viene incorporando por su causa y otras fuentes anteriores?.
Lamentablemente no lo sabemos.
Del total de especies clasificadas (1.412.600 especies) y sin clasificar aún (28.000.000 a 29.000.000 estimativamente), el 90% corresponde a la
Clase Insecta (62) (64). Según Myers, que utiliza una cifra estimada total menor de 5.000.000 de especies vivas, 1/5 parte corre riesgo de
desaparición antes de fin de siglo (63) (64). Utilizamos por lo tanto en este trabajo una cifra estimada, confiable, de unas 30.000.000 de
especies vivas.
Cada especie tiene, tal cual lo dijimos, su propio programa de vida/muerte. Este programa tiene en cada población, de acuerdo a las variantes
genotípicas que contenga, valores extremos de expectativa de vida que van desde 0 a “n” años. El valor promedio de “n” en algunas
poblaciones humanas es de 60 años, mientras que el “n” de las sequoias estadounidenses se ubica en varios miles de años.
La muerte, tabulada genéticamente, asegura un “corte” en los individuos de cada especie y la posibilidad de que sean reemplazados por otros
individuos de esa misma especie. De este modo se van probando nuevas combinaciones individuales (recombinantes genéticos e incluso
mutantes), lo cual aumenta la posibilidad de que cada especie se adapte a un ambiente por lo general inestable y cambiante. No debemos
olvidar que ninguna geomorfología terrestre ni condición climática es definitiva. En 50 millones de años, por ejemplo, las masas continentales
de América del Norte y América del Sur estarán seguramente separadas (84). Mientras que la noción de vida y muerte es muy clara entre los
19
grandes mamíferos y plantas vasculares, no lo es tanto entre los virus hipersimples, como el viroide de la papa. Cuál es su expectativa de
vida?. Tienen mecanismos autodestructivos como los organismos más complicados?.
La muerte individual es una consecuencia directa de la muerte “programada” por los genes (decadencia de base genético-hereditaria), por una
ligazón de genes con enfermedades o accidentes traumáticos (muerte celular por apoptosis) (86) o por causas externas no genéticas
(accidente mortal instantáneo o muerte provocada por un animal de presa). Sin estos mecanismos el fenómeno de adaptación resultaría
imposible. Es el precio que paga cada especie para ir ajustándose a los cambios, precio que puede implicar su mantenimiento con escasas
modificaciones en el tiempo, su transformación en otra especie (porque no hay especies definitivas) o su extinción. Desde este punto de vista
la clasificación de organismos vivos actuales (taxonomía) es un ejercicio transitorio porque la evolución orgánica y ambiental no se detienen.
En los organismos que tienen capacidad nerviosa para desarrollar culturas muy complicadas, como los mamíferos en general y el ser humano
en especial, a la transmisión genética de información se le agrega la transmisión cultural, extragenética, que puede aumentar o disminuir,
según los casos y situaciones, la capacidad adaptativa de la especie (53) (87).
El motor de la evolución es la variación genética, generalmente pequeñas, que sufren los individuos y por lo tanto sus poblaciones y la especie.
Ya sea por recombinación del material genético existente (esto es sin creación de nuevos “genes”), ya sea por mutación genética o por deriva -
una fuente estadístico poblacional de variación- cada nueva generación de cada especie lanza sus nuevos “modelos” para prueba. Estos
prototipos no son enteramente genéticos, sino que resultan de la interacción del genoma (de los genes) con el entorno. Es por ello que los
denominamos fenotipos; la realidad aprueba o desaprueba fenotipos, y a través de ellos los genes. Si el ambiente no ha cambiado, sobre-
vivirán aquellos individuos que más se parezcan a los progenitores. Si el ambiente sí ha cambiado, sobrevivirán aquellos que tengan nuevos
caracteres aptos para esa nueva circunstancia. Cuando al banco de información genética se le suma el complejo banco de la información
cultural (ver Anexo), y existe tanto recombinación como mutación en ambos universos -éste es por ejemplo el caso del ser humano- el juego
evolutivo es mucho más complicado e impredecible pero operan los mismos mecanismos generales de selección natural. Existen sin embargo
algunas imprecisiones en el concepto tradicional de especie. Para organismos muy complejos y con simbiosis de tipo liquénica (coexistencia
obligada hongo-alga) o pre-liquénica (simbiosis no tan avanzadas) proponemos el uso del término coespecie. Homo sapiens por ejemplo no
es una especie aislada; para sobrevivir cada individuo convive con una biota intestinal, bucal e incluso epidérmica. La especie real es esta
asociación, y lo que evoluciona es el conjunto. Algo similar sucede entre las termites (Orden Isoptera) y las vacas domésticas, cuya
supervivencia depende de protozoarios descomponedores de la celulosa que viven en su sistema digestivo. La discretización de la vida
muestra por lo tanto numerosas variantes que complican la naturaleza del proceso evolutivo. La selección no actúa solamente “sobre” la
macroespecie, en este caso el hombre o la vaca, sino sobre sus fenotipos pluriespecíficos. El antiguo término coevolución se aplica
perfectamente a tales procesos; cuando una coespecie desaparece arrastra consigo no sólo un programa genético, sino varios programas
asociados.
4.5. Naturaleza del fenómeno vida.
La vida, ese fenómeno de superficie que se da en nuestro planeta, es sinónimo de orden y complejidad. Ese orden es mayor en un bosque
natural y menor, por ejemplo, en un desierto con escasos rastros de actividad biológica. Recordemos que a mucha menor escala que el
ecosistema, aún el viroide más simple es notablemente más complicado y “ordenado” que un cristal de cuarzo o fluorita.
Pero la mayor parte de los procesos naturales tienden al desorden (un estado por otra parte físicamente más probable en el universo). Como al
desorden lo podemos equiparar al concepto de “entropía”, decimos que la vida -por oposición- es una forma de entropía “negativa” o
neguentropía (2).
La vida se muestra por lo tanto como un fenómeno altamente inestable pese a la persistencia virtual que podíamos deducir hace algunos
siglos. Basta confrontar la magnitud de las extinciones prehistóricas con la dimensión del genocidio que conduce actualmente la sociedad
industrializada. La biodiversidad, en número de familias, creció lentamente del Cámbrico al Ordovícico, se mantuvo con oscilaciones fuertes del
Silúrico al Pérmico, y volvió a crecer lentamente entre el Jurásico y fines del Terciario. Durante estos 600 mil millones de años se registraron,
según Wilson, cinco grandes extinciones en masa: una al comienzo del Silúrico, otra hacia fines del Devónico, dos muy importantes al
comienzo y al final del Triásico, y una quinta, también significativa, hacia finales del Cretácico, hace menos de 50 millones de años (61). El
hombre está iniciando el sexto espasmo (61). Provocará un mayor número de extinciones que los episodios del Triásico o del Cretácico?. No lo
podemos predecir con exactitud, pero las actuales tasas de deforestación (17 millones de hectáreas por año) y desertificación (6 millones de
hectáreas por año), más una población agregada anual de 93 a 98 millones de personas, permiten afirmar que mucho antes del 2100 la Tierra
casi no tendrá soporte vital diverso (datos del PNUMA, 1994).
Para que esta vida inestable se mantenga el sistema biológico debe gastar cantidades enormes de energía. La misma proviene por lo general
de una fuente externa al sistema -el Sol- cuyo flujo unidireccional entra a la ecosfera para ser parcialmente fijado, transducido y finalmente
disipado. La vida, en consecuencia, “retrasa” o “lentifica” la predecible degradación de la energía (2).
La vida es un estado complejo y variable de la materia, aparentemente de baja probabilidad en el Universo conocido, que surge y persiste en
tanto se den ciertas condiciones dentro de ciertos espacios. Estas condiciones (temperatura, presión, componentes químicos disponibles,
radiación solar ionizante, matrices materiales etc. a determinados valores) se dieron en la Tierra hace unos 3.800-3.900 millones de años,
continúan en la actualidad -obviamente con cambios- y seguirán dándose, muy posiblemente, en los próximos millones de años. Podemos
prever sin embargo que dada la evolución del Sol -actualmente una estrella amarilla- el destino inexorable de la Tierra será su muerte térmica.
Esto es, el paso de ese estado altamente improbable que es el planeta con vida, que conocemos en la actualidad, a ese otro estado con
mayor probabilidad que es el planeta frío y que nunca llegaremos a conocer. Al producirse la biogénesis original hace unos 3.900 millones de
años, sus productos vivientes -protorganismos- estaban adaptados a las condiciones dominantes en ese momento. Lo mismo puede
interpretarse hoy: nuestra biomasa actual y su biodiversidad también están adaptadas a las condiciones ecológicas dominantes. Entre ambos
momentos -separados por varios miles de millones de años- la evolución permitió un sucesivo ajuste de la vida a entornos cambiantes; fueron
quedando en el camino todas las estructuras y estrategias (especies, coespecies) que no adaptadas a los nuevos ambientes. Esta
potencialidad de adaptación tiene sin embargo fronteras muy nítidas. Existen dos límites de temperatura por encima de los cuales la vida, tal
cual la conocemos hoy, sería imposible.
Por un lado está el límite de los valores excesivos -varios miles de grados centígrados- que impiden mantener edificios moleculares complejos,
y por el otro las temperaturas demasiado bajas, que si bien favorecen una mayor estabilidad molecular, disminuirían notablemente la velocidad
evolutiva. De allí que la vida, con sus actuales mecanismos, deje de funcionar o se colapse mucho antes de ciertos extremos, como por
ejemplo +3.000 grados o -270 grados centígrados. Existe sin embargo para este segundo límite una posibilidad especulativa de que las
temperaturas en disminución favorezcan una complejización lenta de la materia (66).
Cuál será el futuro de la ecosfera actual?. La vida, estructurada tal cual la conocemos, depende fundamentalmente del Sol. Parafraseando al
Jefe Seattle, de la tribu Suwamish, lo que le ocurra al Sol le ocurrirá a la Tierra. La estrella amarilla Sol mantendrá sus actuales condiciones
durante 5.000 o 6.000 millones de años más (enfriamiento lento?). Durante esta fase la vida terrestre podría ir complicándose gradualmente,
tanto en calidad (mayor biodiversidad) como en cantidad (biomasa) si la temperatura sufriera un paulatino y poco significativo descenso. Para
que esto suceda no deberían registrarse grandes disturbios externos (factores alogénicos, choque con trozos de cometa por ejemplo), ni
tampoco graves crisis internas como la extinción en masa por causas humanas (factores autogénicos). Ocurrirá entonces lo que Sagan
denominó “el último día perfecto”. Cuando todo el hidrógeno central del Sol haya reaccionado formando helio, la zona de fusión del hidrógeno
irá migrando lentamente hacia el exterior. Se formará así una cáscara en expansión de reacciones termonucleares, que llegará hasta el lugar
donde las temperaturas son inferiores a diez millones de grados centígrados. Entonces la fusión del hidrógeno se apagará. Mientras tanto la
propia gravedad del Sol contraerá su núcleo rico en helio haciendo aumentar las temperaturas y presiones internas. Los núcleos de helio
quedarán apretados más densamente, y la “ceniza” se convertirá en nuevo combustible, disparando una segunda ronda de reacciones de
fusión. Este proceso, que generará carbono y nitrógeno, le permitirá brillar durante un tiempo limitado (67).
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Nuestro “nuevo” Sol, bajo la influencia combinada de la fusión del hidrógeno en una delgada cáscara lejos del interior solar, y de la fusión del
helio a muy alta temperatura en su centro, comenzará a expandirse y enfriarse. El Sol quedará convertido entonces en una gigante roja, que
según Sagan “envolverá y devorará” a los planetas Mercurio y Venus y muy probablemente también a la Tierra. Los casquetes polares se
derretirán y los océanos terrestres -si todavía existen- inundarán la mayor parte de las tierras que estén emergidas. El exceso de vapor
aumentará la nubosidad, y posiblemente se acreciente el efecto invernadero local. Llegará un momento en que los océanos entrarán en ebulli-
ción, la atmósfera se evaporará y se perderá en el espacio, y una catástrofe de proporciones inmensas e inimaginables asolará nuestro planeta
(67).
El Sol, en su agonía, pulsará lentamente, expandiéndose y contrayéndose, hasta disparar su atmósfera al espacio en forma de una o más
cáscaras concéntricas de gas. Los restos del Sol, proyectados en su nebulosa de planetas -la Tierra incluida- serán una pequeña estrella
caliente. Miles de millones de años más tarde esa estrella se convertirá en una enana blanca, degenerada, que se enfriará hasta su estado
final, el de una enana negra y oscura (67).
Si la vida logra sortear los obstáculos alo-autogénicos y llega con cierta diversidad al último día perfecto de la Tierra, su única posibilidad de
supervivencia es un acomodamiento a la fase caliente. Lamentablemente, su estructura actual no permite abrigar demasiadas esperanzas (a
menos que nuevas líneas evolutivas hayan permitido el desarrollo de organismos con proteínas más resistentes a la temperatura, por ejemplo).
Pero la catastrófica expansión de la gigante roja eliminará seguramente toda forma organizada de la materia. Después de las fases pulsátiles y
durante la larga fase de enfriamiento, podría originarse nuevamente vida?. De suceder, tomaría direcciones evolutivas muy distintas de las
actuales?. Como fenómeno terrestre “de cola” podría pensarse en una biomasa independiente del Sol -de la estrella caliente y de la enana
blanca- que emplease fuentes alternativas de energía (2).
Ahora es posible resumir el proceso bioevolutivo. La vida terrestre habría tenido uno o varios orígenes puntuales hace 3.800-3.900 millones de
años. Dicho fenómeno no es reproducible en la actualidad, aunque tal vez hubo algunas posibilidades de repetición en el Precámbrico (?).
Luego de originada y establecida la vida se habría consolidado y perpetuado sin nuevas biogénesis. Ello permite identificar la siguiente
secuencia: (a) Hace más 4.000 millones de años las condiciones alogénicas eran tan extremas y calientes que no fue posible la biogénesis.
Hubo sin embargo una importante quimioevolución que preparó el terreno, fabricando los primeros compuestos orgánicos (organogénesis)
(68); (b) Hace 3.800-3.900 millones de años se dieron condiciones alogénicas particulares, de ocurrencia general muy poco probable, bajo las
cuales se produjeron uno o más episodios de biogénesis. Entre esas condiciones probiogénicas destacamos una supuesta atmósfera
reductora, intensa actividad eléctrica y masiva penetración de radiación ionizante (sobre todo radiación ultravioleta procedente del Sol).
También es posible que haya existido una fuerte radiación local (partículas alfa y beta, radiación gamma) procedente de materiales inestables.
Otra hipótesis liga la biogénesis con colisiones de la Tierra y fragmentos de cometas; Oró cita por ejemplo cita un valor de +100 choques para
los 5.000 millones de años de nuestro planeta; (c) Bajo nuevas condiciones alogénicas, sobre todo más estabilizadas a partir del Cámbrico, el
fenómeno biótico se afirmó, radió y creció en diversidad sin nuevas biogénesis. Estas condiciones todavía persisten hoy (2).
La vida, como fenómeno ordenado, puede iniciarse y seguir, quizás, diferentes caminos químicos. En nuestro planeta se originó, básicamente,
a partir de compuestos que contenían carbono, oxígeno, hidrógeno, nitrógeno, fósforo y ciertos metales, y durante la evolución se fueron
incorporando -en distintas proporciones- casi la mitad de todos los elementos de la Tabla Periódica de Mendeleev (los llamados elementos
biófilos o bioelementos). Pero en otros sistemas solares y planetas la vida podría haberse desarrollado con otra arquitectura química de base,
con silicio en lugar de carbono por ejemplo. En este caso los organismos (organismos?) podrían haber sido más traslúcidos o transparentes
(?). En todo caso la característica común en cualquiera de estas estrategias sería su notable orden interno, asociado quizás a un rango bas-
tante estrecho de temperaturas, por ejemplo entre -100 y +100 grados centígrados.
Claro que esta especulación deriva de la situación que conocemos en la Tierra, donde la vida activa -salvo excepciones- se da entre -60 y +60
grados centígrados, e incluso menos. Las excepciones locales incluyen árboles que resisten en Siberia temperaturas de -60 grados o menos y
bacterias que sobrevivieron en estado latente, durante varias semanas, inmersión en aire líquido a -185 grados. Hacia el otro extremo, existen
bacterias muy simples, presentes en manantiales calientes, que pueden desarrollarse a temperaturas de 75 grados centígrados y que logran
sobrevivir incluso varias horas de exposición a 120 grados (66) (2). Este diminuto rango contrasta con las temperaturas más frecuentes en el
universo conocido, que oscilan desde varios miles de millones de grados en el centro de las estrellas hasta unos -240 grados centígrados en el
espacio interestelar (66). Reduce esto la posibilidad de ordenamientos similares en otros planetas y sistemas solares?. Quizás sí.
En este esquema sobre la vida caben algunas reflexiones finales. Con nuestros actuales conocimientos no avizoramos grandes cambios
alogénicos a largo plazo. Grandes plegamientos, choques con cometas y megasismos parecen poco probables dentro de este plazo (varios
miles de años). En consecuencia, la ecosfera y su mosaico de ecosistema necesitaría ajustes mínimos para sobrevivir con su actual
organización ecológica.
Pero el hombre industrial está provocando tales movimientos de energía y de materiales, sin contar con la posibilidad de un holocausto nuclear,
que los mismos ya han empezado a cambiar el clima e incluso aumentado la penetración de radiación ultravioleta B y C. Irónicamente nuestra
fuerza, comparable ya a la alogénica, a un choque con un fragmento de cometa, puede alterar gravemente el mismo sistema del cual
dependemos. El sobrecalentamiento terrestre por efecto invernadero es una clara señal de alarma. Esta es por lo tanto una nueva perspectiva
evolutiva, la que resulta de los “filtros” que la propia especie humana le está aplicando a la vida (2). A diferencia quizás de las cinco grandes
extinciones masivas del pasado -la última ocurrida hace 50 millones de años- “nuestro” proceso biodestructor se está completando en menos
de tres siglos (!).
4.6. Fuentes de energía.
La ecosfera, esta delgada capa superficial donde interactúan los componentes bióticos (vida) y los abióticos, necesita para funcionar de una
entrada constante de energía. A la ecosfera “ingresan” tres flujos: la energía solar, la energía del sistema interaccional Sol-Tierra-Luna (STL) y
la energía terrestre. La primera desde “afuera”, la segunda de origen complejo y la tercera “desde adentro”. Todas contribuyen,
respectivamente, con 173.000 x 10 elevado a la 12 vatios/año (Sol); 3 x 10 a la 12 vatios/año (sistema interaccional Sol-Tierra-Luna) y 32.3 x
10 a la 12 vatios/año (geotérmica, nuclear, gravitacional). De todas ellas, la más importante es la que tiene su origen en el Sol (69).
4.7. La energía solar y la vida.
Las dos energías con menor aporte en vatios, tanto la del sistema STL como la terrestre, son tangenciales. Aunque interactúan con el
fenómeno vida, su importancia es insignificante comparada con la Solar. Este último flujo es indispensable. Aunque nuestro planeta sólo
intercepta algo menos de l/50.000.000 parte de toda la energía producida por el Sol, es suficiente -y de hecho excesiva- para mantener todos
los ecosistemas.
Del total de energía solar ingresante a la Tierra, 1/3 parte se pierde por reflexión, sobre todo como radiación de onda corta, y 1/3 se transforma
directamente en calor, para disiparse finalmente como radiación infrarroja de onda larga. El tercio restante -más precisamente un 23%-
interviene en los procesos de evaporación y precipitación, quedando transitoriamente almacenada en el agua y en el hielo. Finalmente también
se va hacia el espacio como radiación infrarroja de onda larga. La conexión directa entre el Sol y la vida se establece mediante un delgadísimo
hilo de energía: el escaso 1 a 5% de toda la energía solar que llega a nivel del suelo y es efectivamente captada por las plantas verdes.
La naturaleza de la radiación procedente del Sol es compleja. Incluye, básicamente, (a) Luz ultravioleta (longitud de onda: 0.3-0.4 u). Dañina
para el organismo cuando ingresa con exceso o en sus porciones de mayor contenido de energía (B, C); es detenida en su mayor parte por la
capa estratosférica de ozono; (b) Luz visible (longitud de onda: 0.4-0.75 u). Es captada por las plantas verdes durante el proceso de la
fotosíntesis, y (c) Radiación infrarroja (longitud de onda: 0.7-10 u). Es la fracción típicamente termógena del espectro solar (2).
Para medir la radiación que cae se emplean los solarígrafos; su expresión puede hacerse en gcal (gramo-calorías) o kcal (kilo-calorías) por
unidad de superficie (cm2, m2) y unidad de tiempo (segundo, minuto, día, año). La duración de la insolación se registra con los heliógrafos.
Suele admitirse como valor medio para nuestro planeta un ingreso de 2 gcal/cm2.min (constante solar). La única porción del espectro solar
21
íntimamente asociada con la vida es la visible. El resto del espectro actúa en forma indirecta o tangencial (factores biocomplementarios), ya
que la porción infrarroja es responsable del movimiento del gran motor atmosférico y de la temperatura superficial de la Tierra (2).
La vida es mantenida por lo tanto a través de un delgado hilo de energía. La luz llega a las plantas y estas la absorben con una eficiencia del
0.1%. Esto implica que la mayor parte de la radiación incidente se pierde o no es capturada. La secuencia de pérdida puede observarse en un
ejemplo dado por Golley (70). En un prado de Michigan llegan a nivel del suelo 4.71 x 10 elevado a la 8 cal/m2.año, pero la vegetación sólo
utiliza para fotosintetizar 0.05 cal/m2.año. El resto de la radiación incidente se pierde por reflexión y evaporación
Las plantas verdes capturan por lo tanto una fracción mínima de toda la energía solar ingresante al planeta. Esa energía, de naturaleza
radiante, es convertida durante la fotosíntesis en energía química. Para mantener dicho proceso todas las funciones vitales de un vegetal
gastan 1/3 de la energía capturada en respiración (pérdida de calor). Transferida al resto de la cadena alimentaria (herbívoros, carnívoros,
descomponedores) esa energía puede mantener otros organismos que no poseen esa capacidad de convertir energía radiante en química, y
materiales inorgánicos en materia viva (autotrofos). Esa cadena va degradando la energía captada inicialmente y se termina allí donde no hay
más energía disponible (consumidores finales) (2).
Pero mientras la energía fluye unidireccionalmente a través de las redes alimentarias -degradación lenta- los materiales circulan.
Metafóricamente es como si la energía del Sol, captada por las plantas verdes, hiciera girar la rueda de los materiales. Esta rueda donde los
materiales pasan cíclicamente de estados muy simples a estados muy complejos como la vida y viceversa, está integrada por los mismos
organismos y por las sustancias biófilas del medio inerte (2).
El planeta Tierra es por lo tanto un esferoide donde predominan los materiales inorgánicos en todos los estados, pero que tiene una delgada
película superficial de masa viva entramada con masa inerte. Esa masa viva, con elevado orden interno o neguentropía, absorbe parte de la
radiación solar ingresante y la va eliminando luego muy lentamente en sus complejas redes alimentarias. Como “efluente” de esta actividad
biológica superficial queda calor, calor que se disipa finalmente al espacio externo. Puede suceder sin embargo un almacenamiento prolongado
de energía química que distorsione el balance de entrada y salida de energía. Este desbalance se produjo en el pasado cuando se formaron
las grandes cuencas petroleras que hoy explotamos. Mientras que su constitución demandó miles de años, ya extrajimos y liberamos una
buena parte de esas reservas en apenas cien años.
Lamentablemente esta liberación no incluye solamente la energía residual de su conversión (calor), sino también compuestos de carbono que
estuvieron atrapados en la corteza terrestre durante millones de años (CO2). Esta liberación masiva, peligrosa y descontrolada ha desbordado
la capacidad de absorción y neutralización de la Tierra.
4.8. Noción de ecosistema.
El ecosistema es la unidad de trabajo de la ecología. Este termino, introducido por Tansley en la década de 1930, circunscribe “unidades”
ambientales donde se cumplen determinadas condiciones, entre ellas: (a) tener una cierta fisonomía o estructura distintiva y con límites, por
ejemplo un bosque de algarrobos blanco y negro, o un lago de montaña; (b) tener componentes bióticos, (c) tener componentes abióticos y (d)
que esos componentes bióticos y abióticos interactúen entre sí y contribuyan a mantener la primera condición (a) de homogeneidad y
superficie/volumen acotados. Siguiendo a Odum (27) la interacción mencionada antes como punto (d) implica que en un área determinada
existen flujo de energía, una cadena o trama alimentaria, diversidad biológica e intercambio de materiales entre partes vivas e inertes. El con-
cepto es por lo tanto arbitrario y hasta cierto punto irreal, pero permite modelar la realidad (ecología) y si es necesario, diseñar y aplicar
mecanismos de intervención (gestión).
En un ecosistema distinguimos los siguientes elementos estructurales: (a) Un soporte, matriz o espacio físico donde interactúan los elementos
del ecosistema, por ejemplo fondo sólido-agua-aire en un lago, o suelo-aire en un bosque chaqueño; se trata de un complejo biótico-abiótico;
(b) Un flujo de energía, por ejemplo radiante o calórica; (c) Sustancias inorgánicas que intervienen en los ciclos de materiales, como por
ejemplo carbono, nitrógeno y agua; (d) Compuestos orgánicos que enlazan lo biótico y abiótico, por ejemplo metano y urea; (e) Poblaciones de
especies vivas, organismos, y (f) condiciones físico-químicas generales muy complejas de cada matriz o sitio, definidas por la temperatura, la
humedad o la velocidad del viento en un ecosistema terrestre (variables climáticas en superficie y bajo el suelo) o la temperatura, luminosidad,
salinidad, pH y presión en un ecosistema acuático (“clima” del agua). Los organismos vivos, que pertenecen a los seis reinos ya descritos,
pueden pertenecer -por sus roles ecológicos- a una o más de las siguientes categorías tróficas: (a) Productores, autotrofos o “transductores” de
energía (en su mayoría plantas verdes), únicos capaces de fabricar alimentos a partir de sustancias inorgánicas y radiación solar; son los
capturadores oficiales de energía, y (b) Consumidores o heterotrofos que ingieren otros organismos y partículas orgánicas. Estos últimos
suelen dividirse arbitrariamente en macroconsumidores o “cazadores” de organismos/células vivientes (corzuela “cazadora” de pasto, virus
cazador de bacterias y células vivas, jaguar cazador de roedores), y microconsumidores o “cazadores” de protoplasma muerto (entre ellos
hongos y bacterias descomponedores). Los items (b), (c), (d) y (f) son típicamente abióticos; el item (e) es biótico, y el item (a) un complejo de
interfase biótico-abiótico.
Existe un séptimo componente arbitrario (g) que debe circunscribirse por razones operativas. Nos referimos a los elementos culturales de las
actividades humanas: infraestructura edilicia, infraestructura vial (recordemos que los caminos atraviesan casi todos los ecosistemas
terrestres), infraestructura bélica, transporte, máquinas, herramientas, sistemas de comunicación, depósitos de residuos y símbolos
culturales, entre otros. Dichos elementos forman parte del “metabolismo externo” del hombre e integran, en un sentido muy amplio, la
tecnosfera.
La Tierra es el ecosistema mayor, y hasta ahora, el único que conocemos porque si bien la vida es factible en otros sitios del universo, en otros
sistemas solares por ejemplo, todavía no los hemos detectado. Al interior de la Tierra es posible distinguir dos grandes divisiones o grupos de
ecosistemas: los terrestres y los acuáticos, donde predominan -respectivamente- las matrices sólido-gaseosas y líquido-gaseosas.
La tradicional división de la Tierra en continentes y grandes masas oceánicas ofrece una primera clasificación interesante. Dado que ambos
poseen matrices muy diferentes con formas vivas adaptadas a esas matrices, pensemos en los árboles y las ballenas por ejemplo, además de
ser unidades ambientales bien definidas también actúan entre sí como ecosistemas barrera. El ecosistema terrestre Americano, por ejemplo,
tiene a su vez tres ecosistemas terrestres menores, el ecosistema Norteamericano, el Mesoamericano (América Central) y el Sudamericano.
América a su vez está asociada por el norte al gigantesco ecosistema Asiático-europeo. Otros ecosistemas terrestres masivos son el Artico,
Africa, Australia y el Antártico. Sus dimensiones varían desde la masividad Asiático-Europea, pasando por islas como Madagascar, hasta la
pequeñez de roquedales aislados en el océano Pacífico.
Los ecosistemas de agua, divididos mayoritariamente en salados y dulces, y cuya zona de borde o contacto con los terrestres son las costas
de inundación (mareas, crecientes) ocupan la mayor parte de la superficie de la Tierra. Entre los ecosistemas de agua salada, que cubren un
total de 354 millones de kilómetros cuadrados, el mayor de todos y la unidad ambiental más grande del planeta es el ecosistema Pacífico-
Atlántico. Mientras los ecosistemas terrestres Americano, Artico y Asiático-Europeo tienen sus mayores vías de contacto por el norte, los
gigantescos ecosistemas líquidos del bloque Pacífico-Atlántico tienen sus principales vinculaciones por el sur. Entre los salados de menores
dimensiones figuran por ejemplo el Mar Mediterráneo, que tiene contacto directo con el Atlántico, y el Aral, de 68.700 km2 de superficie, ya
aislado dentro de un ecosistema terrestre. Al interior de los ecosistemas oceánicos existen además ríos de agua salada, las corrientes marinas,
que sin tener la definición estructural de los ríos terrestres configuran verdaderas unidades ambientales todavía poco conocidas.
El otro universo de ecosistemas líquidos está constituido por los lagos y ríos de agua dulce. Los ríos son ecosistemas alargados cuyas masas
de agua se desplazan por un estuche sólido (los cauces), manteniendo un estrecho contacto con los ecosistemas terrestres que atraviesan. El
ecosistema del río Amazonas por ejemplo mide 6.280 km. de largo desde sus nacientes en el Ucayali hasta su desembocadura en el
ecosistema Pacífico-Atlántico. Tiene un caudal medio de 100.000 m3/seg, con máximos de 200.000, y un ancho que varía entre unos pocos
metros en las nacientes y 325 Km en la desembocadura. Los ríos pueden ser cerrados -cuando no salen de los límites insulares o
continentales, el Salí-Dulce en Argentina por ejemplo- y abiertos cuando vuelcan sus aguas en los ecosistemas salados (el Amazonas o el
Paraguay-Paraná-Plata). Estos últimos transportan materiales de desgaste de los ecosistemas terrestres a los océanos y mares.
22
En cuanto a los lagos y otros ecosistemas equivalentes, en su mayoría de agua dulce, el líquido no se desplaza a gran velocidad como en los
ríos y permanece por lo tanto más tiempo en la cubeta. Mientras los ríos son siempre alargados y con costas paralelas que no suelen tocarse,
los lagos tienen costas -límites- subcirculares o subovoidales que generalmente se unen. Al igual que los ríos, de los cuales se forman, su
funcionamiento está estrechamente ligado a los ecosistemas terrestres.
Estas son las grandes unidades ecológicas de la Tierra, pero al interior de cada una hay unidades menores -otros ecosistemas- que también
pueden ser delimitados. Antes de que se iniciaran las revoluciones industriales era más sencillo identificar estas “unidades”’ fruto de la
evolución reciente. En estos ecosistemas el rol alterador del ser humano era todavía pequeño pese a los disturbios preindustriales que se
registraron, y que ya fueron descritos al comienzo de este trabajo. Cuáles eran las características salientes de estos ecosistemas
preindustriales?. Tenían alta diversidad biológica y ecológica, gran capacidad de autorregulación y adaptación, y alta estabilidad estructural.
Dentro de ciertos límites lograban una cierta contención de los materiales (compensación de entradas y salidas materiales), y la mayor parte de
la energía fijada se degradaba “in situ” (compensación de entradas y salidas de energía). En este proceso la biomasa podía aumentar -
complexificación del ecosistema- o disminuir, e incluso podía ajustarse a un ritmo cíclico. También podía crecer la “captación” biológica de
energía y retardarse su disipación, o podían disminuir ambas. En promedio estos ecosistemas actuaban como ecosistemas balanceados, con
un valor P (producción, vinculado a la energía radiante efectivamente captada por las plantas verdes), prácticamente igual al valor R
(respiración, calor disipado por el ecosistema). Lo que es actualmente muy difícil de determinar es la superficie y volumen de un ecosistema
balanceado donde se cumplan estas “condiciones”. Desde un punto de vista teórico, tal definición es un cuento de hadas. Pero por razones
prácticas y no necesariamente reales, hemos utilizado algunos criterios fisonómicos para circunscribirlos.
Un ejemplo de ecosistema “balanceado”, con las salvedades que apuntamos antes, es el ecosistema del Bosque Chaqueño, que definimos a
partir de la Provincia Biogeográfica Chaqueña de Cabrera y Willink (71). Hace más de un siglo comenzaba en Bolivia y Paraguay y se
prolongaba hasta el centro de Argentina. Obviamente estaba conectado con los ecosistemas vecinos (Provincias Biogeográficas de las
Yungas, del Monte, del Espinal y de la Selva Paranense) y a través de ellos con ecosistemas “lejanos” (Provincias Biogeográficas del Cerrado
y de la Caatinga por ejemplo) por cuanto no existen fronteras absolutas entre unidades ambientales.
Más allá de que cumpliera o no estrictamente la definición de ecosistema balanceado, el Chaco estuvo funcionando con altos valores de
diversidad biológica, estabilidad y autoajuste. Lo mismo podemos asumir, arbitrariamente, para todos los ecosistemas terrestres de
Sudamérica: Amazónico, del Cerrado, Paranense, de las Yungas, Pacífico, Venezolano, de la Sabana, Atlántico, del Páramo, de la Guayana,
de la Caatinga, del Espinal, del Monte, Prepuneño, Pampeano, Chileno, de la Guajira, Altoandino, Puneño, Patagónico, del Desierto,
Subantártico e Insular (71). Aunque el ser humano y sus diversas etnias estuvieron ligados durante miles de años a estos 24 grandes
ambientes y sus ecosistemas líquidos asociados, sobre ellos y sobre los restantes ecosistemas “balanceados” de la Tierra las revoluciones
agrícolas e industriales produjeron notables cambios de estructura (desde hace 10.000 años hasta la actualidad, con la mayor parte del
impacto concentrado en los últimos dos siglos). La simplificación ecológica, a veces violenta e irracional, fue desde entonces el rasgo distintivo
de la estrategia agrícolo-industrial. A modo de cuña primero y luego como realidades masivas y extensas, los ecosistemas simplificados -
cultivos y ciudades- empezaron a dominar. Hoy la antigua distribución de ecosistemas “balanceados” está desdibujado por el mosaico de
actividades humanas. En la provincia de Córdoba, por ejemplo, el ecosistema del Espinal ya desapareció y fue reemplazado por cultivos y
campos para la ganadería. Sólo queda, como remanente de la estructura anterior, el suelo y los organismos que sobrevivieron al cambio. Los
bosques de algarrobo blanco y negro ya no existen, ni tampoco el complejo ecosistema que fabricó ese suelo.
Los ecosistemas pueden clasificarse energéticamente utilizando el cociente P/R, donde -tal la cual lo describimos antes- “P” es la producción o
energía radiante efectivamente captada por los autotrofos, y “R” la respiración o pérdida de calor tras la degradación energética, ambas
medidas en un ecosistema acotado durante un tiempo “t”. Distinguimos entonces tres grupos principales:
(a) Ecosistemas balanceados. En ellos el cociente P/R tiende a uno o es igual a uno. Son típicos de este grupo los ambientes “masivos” de
Bosque Subantártico en Argentina, que se extienden desde Neuquén hasta Río Negro, o bien cualquier otro ecosistema poco disturbado de
Sudamérica (ver la lista de Provincias Biogeográficas de Cabrera y Willink) (71).
(b) Ecosistemas productivos o agroecosistemas. En ellos el cociente P/R tiende a ser mayor que uno. En este grupo se ubican los cultivos, las
plantaciones monotípicas de árboles y los acuacultivos, e incluso los lagos y ríos fuertemente eutroficados. El desfasaje entre energía radiante
y energía calórica se debe a que la energía química, resultado de la fotosíntesis local, se exporta como tal (fibras, granos, carne por ejemplo), y
se degrada (es respirada) fuera de sus límites.
(c) Ecosistemas consumidores o urbanos. El cociente P/R tiende a ser menor que uno. En este grupo se ubican los grandes asentamientos
humanos, ciudades, metrópolis y megalópolis. También definen unidades similares los grandes hormigueros de cortadoras, por ejemplo
especies de Atta y Acromyrmex. El desbalance entre energía radiante efectivamente captada y energía calórica se debe a las grandes
“importaciones” de energía química. El valor “P” es mínimo porque las ciudades tienen una biomasa fotosintetizante insignificante, y el valor “R”
está sobredimensionado tanto por la afluencia de energía química procedente de ecosistemas agrícolas y “balanceados” como por la quema de
combustible fósil (que procede de ecosistemas ya extinguidos). Lo que no se degrada hasta calor en los sistemas proveedores -bosques
naturales, cultivos- sufre este proceso en los asentamientos humanos densos e industrializados. De allí que las urbes sean verdaderas islas de
calor.
Las dimensiones mínimas (superficie, volumen, densidad ecológica) que debe tener un ecosistema para ser “balanceado” son materia de
discusión, y al mismo tiempo, el principal problema práctico de la ecología contemporánea. Tales dificultades surgen del carácter arbitrario de
su delimitación (el cuento de hadas al que aludíamos más arriba). Tanto el proyecto “Minimum Critical Size of Ecosystems” (MCS) como su
derivado posterior el “Biological Dynamics of Forest Fragments Project”, conocido como proyecto Lovejoy, intentan responder a la pregunta :
cuánta tierra es necesaria para sostener el 99% de las especies de la selva amazónica por varios cientos de años? (61). Iniciado en 1979 tiene
prevista su terminación el próximo siglo.
Para mejorar la concepción teórica y práctica de la “dimensión mínima”, Montenegro desarrolló hacia fines de 1980 el criterio de “ajustabilidad”
de los ecosistemas (“A”) y definió cuáles eran las variables que regulaban esa capacidad (64) (72) (80). En este caso la superficie, volumen y
densidad ecológicas -introducidas como variables líderes- no están vinculadas solamente con el presupuesto balance de materiales, sino con
la capacidad de un ecosistema así definido para mantener su estructura en el tiempo.
La formulación de este concepto requiere una anotación previa sobre las variables de superficie, volúmen y densidad ecológica. Desde FUNAM
hemos venido insistiendo sobre la necesidad de avanzar más allá de los criterios de superficie/biomasa y biodiversidad (64). Los ecosistemas
tienen una superficie, expresada por ejemplo en metros o kilómetros cuadrados, y una biomasa o masa viva referida a esa superficie. Pero los
ecosistemas no sólo se desarrollan “lateralmente”, sino en forma tridimensional. Aunque esto es evidente para los ecosistemas acuáticos, su
tratamiento ha sido descuidado en los terrestres. Estos últimos tienen (a) desarrollo “lateral”; (b) en altura (por encima de la superficie) y (c) en
profundidad, por debajo del límite que separa el soporte sólido del atmosférico (suelo).
La neguentropía ha ido conquistando nuevos espacios hacia arriba, tal el caso de la Selva Paranense en Argentina, que llega hasta los 30 m
de altura, y hacia abajo en la Estepa Pampeana, donde el suelo puede tener varios metros de profundidad. Penetró igualmente en los sistemas
de cavernas sin luz, donde sobreviven ecosistemas dependientes del ingreso de energía química. Por tratarse de una expansión ecológica, no
solamente biológica, lo que ocupa cada vez más espacio es el conjunto, es decir, el ecosistema. En el caso particular de la Selva Paranense
de Misiones su estrategia evolutiva fue superficial porque el suelo rojo, un típico Oxisol, tiene notables limitaciones físico-químicas y estructura-
les. La vida “creció” en altura y mantuvo en profundidad un capital mínimo de información. Todo lo contrario sucedió en la estepa Pampeana,
donde la mayor parte del carbono orgánico y buena parte de la información biótico-abiótica quedan contenidos en el suelo -un Chernozem- por
debajo de la superficie. Parabólicamente la selva es superficial en Misiones y “subterránea” en las provincias con estepa Pampeana, donde el
suelo es el equivalente ecológico de gruesos troncos y densos doseles.
Con otras estrategias la vida también conquistó mayores volúmenes al interior de los mares. En lugar de grandes árboles y selvas se
desarrollaron allí, evolutivamente, productores primarios de dimensiones microscópicas -fitoplancton por ejemplo- y extensas redes de algas
flotantes. El mayor éxito se alcanzó en las zonas de costa y de aguas ricas en nutrientes (zonas de “up welling de Perú y Somalía por ejemplo)
23
donde predominan cadenas alimentarias medianas y cortas respectivamente. En océano abierto la conquista ha sido más difícil pero se
generalizó a toda la zona fótica, desde dónde sus cadenas alimentarias largas llegan incluso hasta zonas profundas y sin luz solar.
Los manglares -desde la tierra firme- y los arrecifes de coral -desde las profundidades someras- son otro mecanismo de conquista y de
aumento volumétrico. Los corales lograron incluso hacer salir estructuras permanentes por sobre la superficie del mar. También vienen
formando, desde hace miles de años, innumerables ecotopos nuevos de alta biodiversidad. Los mangles de madera dura, tan amenazados en
todo el mundo, lograron el efecto inverso, esto es, ocupar el agua salada con mallas de troncos y raíces. Es el “bosque” penetrando
tímidamente en los ecosistemas de agua.
Figura 4. Ecosistema en mosaico. Originalmente la totalidad de la superficie/volúmen era ecosistema ajustable, pero las actividades humanas
lo “simplificaron”. Su nueva organización incluye ecosistemas productivos (agricultura, ganadería, silvicultura) y ecosistemas urbanos, que
coexisten en precario equilibrio con los remanentes de ecosistema ajustable (bosques y pasturas naturales, ríos sin degradar etc.). El sistema
se mantiene con ingresos de energía y materiales y genera salidas, mayoritariamente residuos que alteran su propio funcionamiento y el de
ecosistemas circundantes. Según Montenegro (2) (112) (64) (65).
Este criterio de “volumen” de los ecosistemas, muy complicado en ambientes de bosque, donde resulta de integrar en ese volumen la
conquista “hacia arriba y hacia abajo” de la superficie, requiere de un criterio complementario, el de densidad ecológica. Un cultivo
monoespecífico de pinos, por ejemplo, tiene mayor “volumen” que una superficie equivalente de ecosistema balanceado de Monte. Pero
mientras que el primero es incapaz de sostenerse indefinidamente por sí mismo, el segundo sí tiene la propiedad de autoperpetuación. La
variable que marca esa diferencia es la diversidad, ya sea la biodiversidad clásica, ya sea la noción de ecodiversidad que introdujo Montenegro
(64). En consecuencia, la densidad ecológica resulta de relacionar la variable “volumen conquistado” con la variable “diversidad”.
La organización y ajustabilidad de un cierto ecosistema, en símbolos “A”, es función de la información biótica, que comprende por ejemplo la
diversidad genética, la diversidad cultural y la diversidad específica (“ib”); de la información abiótica, por ejemplo composición físico-química y
estructura de la atmósfera, de los suelos y de las masas hídricas (“ia”); de la geodiversidad, que incluye los distintos soportes y matrices del
ecosistema (“gd”); de la diversidad macro y microclimática (“cd”); de la superficie del ecosistema (“s”); del volumen del ecosistema (“v”); de la
densidad ecológica del ecosistema (“de”); de la aislación (“l”) y del tiempo (“t”). Esta ajustabilidad “A” se obtiene mediante un cierto arreglo de
especies en un cierto espacio y tiempo gracias a la propiedad “pieza de rompecabezas” (83). Cada especie viva es algo así como una pieza
única de rompecabezas que se puede ubicar en todo espacio que la albergue, pero que sobrevive sólo cuando contribuye a armar la “figura”
de ese espacio (ecosistema); la naturaleza como soporte ofrece numerosos “espacios” para una misma pieza de rompecabezas, y los arreglos
y desarreglos dependen del movimiento de las piezas (64). En fórmula:
A = f (iba, ya, gd, cd, s, v, de, l, t)
Una especie cualquiera y sus operadores, los individuos, se “fija” allí donde sus ofertas y demandas coinciden con las ofertas y demandas del
ecosistema. Esta es la base con la que se han construido los sistemas ecológicos. Cada ecosistema es el resultado de este juego, donde el
conjunto de especies que se adaptan entre sí y con el ambiente le confieren determinados valores de ajustabilidad, esto es, de adaptación a
los cambios alo y autogénicos. Evolutivamente los ecosistemas han eludido el desarrollo de sistemas centralizados de gobierno (no hay
presidentes ni parlamentos); la administración ecológica natural se hace por prueba y error, con “piezas de rompecabezas” que se mueven,
prueban, sobreviven o desaparecen. Existe así un nivel de ajuste a los cambios que se logra con el material genético y la información cultural
existentes, ello gracias al “rompecabezas biológico”, y un segundo nivel que se consigue con mutación. Especies como el paraíso, Melia
azedarach, son muy interesantes. Es oriunda de ecosistemas asiáticos, pero penetró exitosamente en el ecosistema del Espinal, por ejemplo
en el Parque Nacional del Palmar. Era una “pieza de rompecabezas” que llegó desde la matriz asiática y pudo hallar un espacio adecuado en
la matriz argentina. Hoy es vista como una plaga y sus ejemplares son meticulosamente aserrados por los Guardaparques, pero se trata,
quizás, de una “nueva” especie para el Espinal. Todo ecosistema sólo está cerrado para quien no tiene las llaves de la supervivencia, y esa
llave no es exclusiva, por cierto, de quienes lo habitan (64).
4.9. Los ecosistemas ajustables.
4.9.1. Redes alimentarias y flujo de energía.
La energía entrante a un ecosistema, ya sea radiante (Sol) o química (materia orgánica de importación) mantiene las cadenas de alimento o
redes tróficas, esto es, la serie de organismos vivos relacionados por el acto del “comer y ser comidos”. Las cadenas alimentarias contienen:
(a) Un nivel trófico o alimentario “P” (estrato autotrófico), llamado de los productores primarios. Por ejemplo, la arboleda y los pastizales de una
sabana; (b) Un nivel trófico “C1”, llamado de los consumidores primarios o herbívoros. Por ejemplo, los insectos fitófagos (comedores de
plantas) en un bosque, o las vacan en un campo ganadero; (c) Un nivel trófico “C2” llamado de los consumidores secundarios o “carnívoros de
primer orden”. Por ejemplo las culebras y los osos hormigueros que devoran insectos fitófagos; (d) Un nivel trófico “C3”, llamado de los
consumidores terciarios o “carnívoros de segundo orden”. Por ejemplo las aves que se comen a las culebras del ejemplo anterior, o los
mamíferos que pudiesen predar sobre los osos hormigueros, y (e) Un nivel trófico anexo “D”, llamado de los descomponedores. Son los
encargados de atacar el protoplasma muerto o los productos de desecho de todas las formas vivas, y de transformar estructuras y moléculas
complejas en moléculas simples. Por ejemplo hongos y bacterias desintegradores, pero también organismos mayores (2). En un ecosistema
ajustable las cadenas alimentarias no suelen ser lineales ni tampoco tan simples como lo expuesto más arriba. Es común que una especie
pertenezca a varios niveles tróficos; el hombre -por ejemplo- actúa como herbívoro al comer pan de centeno o lechuga, y como carnívoro al
consumir carne de vaca o pescado. Esto complica notablemente las relaciones del sistema, a punto tal que es más apropiado hablar de
“redes”, “mallas” o “tejidos” alimentarios (2).
Las plantas verdes captan la energía solar y fabrican materiales vivos con sustancias inorgánicas (fotosíntesis). De dicha conversión -energía
radiante transducida en energía química- resulta una “Producción Primaria Bruta” o PPB. Parte de este producto, un 50%, se destina al
automantenimiento de las plantas verdes (respiración) y el resto, conocido como “Productividad Primaria Neta” (PPN) al sostén de los restantes
niveles alimentarios (heterótrofos). Los integrantes de esta última serie -herbívoros, carnívoros, descomponedores- viven a expensas de los
autotrofos y de su PPN, sin excepción. De algún modo los consumidores actúan como parásitos obligados de los productores.
La energía fluye a lo largo de la red y se disipa en cada paso del “comer y ser comido”. La vida, gastando energía de alto y mediano orden (la
contenida en la molécula adenosín trifosfato por ejemplo, ATP) logra “extraer” el desorden de sus estructuras y mantener así la condición de
entropía negativa. Entre las tareas de alto costo que deben desplegar los organismos desde hace millones de años está la de sobrevivir en una
atmósfera oxidante. Usando un criterio general introducido por Slobodkin, digamos que de nivel en nivel trófico la pérdida durante cada
transferencia es del 90%, lo cual equivale a una eficiencia baja del 10%. Por ejemplo: si hay disponibles 1.000 kcal para “n” superficie/volumen
y “n” tiempo en el estrato autotrófico (PPN), los herbívoros solo asimilan 100 y los carnívoros -que se comen a estos últimos- apenas 10 kcal.
Esta ineficiencia reduce la extensión de las cadenas alimentarias a 4 o 5 eslabones (2). Una forma gráfica, la pirámide energética, nos permite
ubicar mejor estos criterios.
Figura 5 . (a) Representa el diagrama en “Y” del flujo de energía. Arriba, H-C, la vía del pasto; abajo la de los detritos (D-C). P
= productores; H = herbívoros; C = carnívoros; D = descomponedores. (b) Pirámide de la energía: en la base los autotrofos. (c)
Diagrama simplificado del flujo de energía. Los círculos con barras indican pérdida de calor (respiración). Según Montenegro
(2) inspirado en Odum (27).
Describiremos para ello los resultados ya clásicos de un estudio realizado por H.T. Odum en Silver Springs (Estados Unidos). En la base de la
pirámide -donde se representa a los productores- se obtienen 20.000 kcal/m2.año a partir de la conversión de energía radiante en energía
química vía fotosíntesis. Un poco más de la mitad de esta producción bruta se gasta en respiración (para bombear el desorden) y el resto
queda disponible como producto neto (PPN). El segundo peldaño de la pirámide, ubicado por encima del correspondiente a las plantas verdes,
engloba a los herbívoros. Estos sólo asimilan unas 3.000 kcal/m2.año, de las cuales algo más de la mitad se disipa como respiración y el resto
queda como producción neta (producción secundaria neta). En el tercer escalón, hacia arriba, los carnívoros del primer orden asimilan unas
400 kcal/m2.año; de ese total 3/4 partes se gastan en respiración y 1/4 parte queda como producto neto. En el cuarto y último escalón están
24
representados los carnívoros de segundo orden. Ellos sólo asimilan unas 20 kcal/m2.año, 2/3 de las cuales se gasta en respiración, quedando
el resto como producción neta (54) (2).
Esta pirámide refleja estrictamente los principios de la termodinámica. La energía, desde dónde se capta en la base hasta su vértice, se disipa
gradualmente en forma de calor (energía de bajo orden). Aunque también puede utilizarse para representaciones piramidales el peso vivo o
biomasa y el número de individuos, ambas exageran el papel de los grandes herbívoros y carnívoros (pirámide de biomasa) o de los pequeños
organismos (pirámide de los números). La energética, en cambio, siempre muestra un mismo tipo de estructura, que se estrecha
inexorablemente hacia arriba, hacia la región de los consumidores finales (2) (27).
Desde el punto de vista de la energía ingresante a los ecosistemas ajustables o balanceados, los hay de dos tipos fundamentales. Aquellos
dónde predomina el ingreso químico (materia orgánica importada) y aquellos donde predomina la utilización directa de la entrada radiante
(energía solar). El primer caso se da, por ejemplo, en algunos lagos y cavernas, y a otro nivel, en la mayor parte de los ecosistemas urbanos
(2). En estos últimos predominan los heterótrofos junto a un “stock” poco significativo de autotrofos (plantas verdes). En el manantial de Root
Springs por ejemplo, Teal midió una entrada de energía química -detritos- 3 veces superior al ingreso energético por vía fotosintética, esto es,
2.350 contra 710 kcal/m2.año respectivamente (72) (2). Obviamente los ecosistemas “heterotróficos” son particularmente sensibles a las
alteraciones de los ecosistemas que les proveen energía química y materiales. Si un lago pequeño tiene cadenas alimentarias dependientes de
un bosque periférico cuyos residuos aprovechables caen al agua, sufrirá fuertes disturbios cuando este bosque desaparezca por completo. Tal
consideración es extrapolable a otros tipos de ecosistemas, como por ejemplo los consumidores que ha construido el hombre (ciudades,
metrópolis, conurbanos, megalópolis). Cuando se producen “cuellos de botella” en el suministro de energía y de materiales que provienen de
otros sistemas ecológicos -en particular agroecosistemas- pueden entrar en crisis e incluso colapsarse (2).
Desde el punto de vista del flujo de energía y de sus vais de paso, podemos distinguir también dos tipos principales de ecosistemas. Aquellos
donde la mayor parte de la energía captadas por las plantas verdes pasa en forma de residuos a los organismos detritívoros, y aquellos donde
el flujo mayoritario se transfiere directamente del nivel “P” a la cadena del pasto (planta viva-herbívoro-carnívoro) (2).
En los ecosistemas de tipo “pasto” existen, entre los autotrofos que fijan la energía y los carnívoros que se mantienen con ella, un nivel
intermedio constituido por las especies herbívoras, comedoras de vegetación no muerta. Un ejemplo de ecosistema donde predomina este tipo
de vía es la sabana y numerosos ecosistemas acuáticos. En los ecosistemas de tipo “cadena de los detritos”, en cambio, la mayor parte de la
energía química almacenada por las plantas verdes se transduce ya muerta (detritos) a los descomponedores y luego al resto de la cadena
alimentaria. Las pluviselvas tropicales ejemplifican bien este tipo de ecosistema, ya que se reciclan mayoritariamente en superficie gracias a la
tarea asociada de vegetación y descomponedores
Para ejemplificar gráficamente estos dos flujos de energía, Odum introdujo los diagramas en “Y”. Las ramas divididas llevan el aporte
autotrófico a los dos destinos posibles: por un lado a la serie del pasto (herbívoros, carnívoros) y por el otro a la serie de los detritos
(descomponedores, carnívoros) (27) (2).
4.9.2. Ecosistemas ajustables: el nicho ecológico y la biodiversidad.
Cada ecosistema tiene muchas especies con sus respectivas poblaciones, distribuidas en los distintos niveles tróficos de la red alimentaria.
Semejante diversidad y coexistencia no sería factible si no existiera un mecanismo de aislación ecológica. La “exclusión competitiva”, principio
fundamental de la ecología contemporánea, cumple este cometido. Cada una de esas especies suele mantener un rol trófico propio que está
codificado, por lo general, en sus genes (genoma), y que se ha fijado evolutivamente (2).En un pequeño ecosistema ajustable o balanceado
por ejemplo, todas las plantas verdes ocupan el mismo nivel en la cadena alimentaria (el “P” de los productores primarios). Pero aunque su
papel general es similar -captar energía radiante, hacer masa viva con materiales inorgánicos- suelen distinguirse ecológicamente unas de
otras.
FIG 6:Relaciones generales entre el número de especies (S) y el número de individuos por especie (N/S).La mayoría de las comunidades en
equilibrio (línea continua)contienen unas pocas especies comunes y dominantes y muchas especies con pocos individuos cada una (las
especies raras). Un ambiente físico riguroso, la misma contaminación u otras tensiones tienden a aplanar la curva como lo muestra la línea
punteada. Redibujado de Odum (27)
La especie “a” por ejemplo capta la luz en la porción más alta del bosque y la especie “b”, en cambio, en la parte más baja. Otra especie “c” en
lugar de hallarse fija al suelo emplea como sostén las ramas de otros vegetales, y utiliza los suministros de luz disponibles en su piso. Estos
caracteres, por ejemplo, las diferencian. Pero tienen además otras necesidades y demandas, algunas muy generales y otras más o menos
exclusivas. Esa oferta (“O”) y demanda (D) propias de cada especie define su rol en el ecosistema, rol denominado “nicho ecológico” o
“econicho” (“NE”). En fórmula:
NE = f (O, D)
Cada especie tiene por lo tanto su propio nicho ecológico NE en cada ecosistema. El nicho ecológico de cada especie está definido, según
Hutchinson, por “n” variables que conforman un hipervolumen. Entre las variables de oferta “O” se encuentran el dióxido de carbono que
produce, su propia biomasa (que puede ser alimento para otros), los residuos líquidos, los residuos sólidos y hasta su superficie o espacios
como hábitat para los demás organismos. Entre las variables de demanda “D” figuran el alimento que consume, el espacio para vivir, los
materiales que requiere para su nido, el oxígeno o la luz. Desde una perspectiva general existe el nicho ecológico de un individuo (“NEi”), el
nicho ecológico de una unidad subpoblacional, una familia por ejemplo (“NEf”), el nicho de cada una de las poblaciones aisladas entre sí que la
integran (“NE N1”, “NE N2” ... “NE Nn”) y el nicho ecológico de la especie (“NE S”) (2) (72). Para su medición es posible considerar a la
especie, a la población, a la subpoblación, a la familia o al individuo como una caja negra con entradas y salidas de materiales, energía e
información (72).
La aislación ecológica ha permitido una diversidad máxima (muchas especies) en un espacio limitado con una “fricción” o competencia mínima.
Recordemos que de los ya clásicos experimentos de Gausse se desprende que las especies no podrían coexistir si ocupasen el mismo nicho
ecológico. Existen sin embargo numerosas superposiciones parciales, toleradas por el ecosistema, que no afectan el armónico funcionamiento
del conjunto de especies (2).
Las hormigas cortadoras simpátridas -especies que habitan el mismo lugar- dan un buen ejemplo de cómo, evolutivamente, especies próximas
han repartido evolutivamente sus papeles para coexistir a bajo costo bélico en un espacio limitado. En el ecosistema del Chaco Serrano de
Córdoba, por ejemplo, conviven con más frecuencia tres especies pertenecientes al género Acromyrmex.
Los trabajos de Bucher & Montenegro demostraron que mientras A. heyeri corta monocotiledóneas verdes y A. striatus recoge material seco
bajo el sol, A. lobicornis corta y recoge dicotiledóneas en ambientes sombreados. Esta aislación ecológica hace que la fricción competitiva
sea despreciable. Las tres especies citadas, y en general las pertenecientes a los géneros Atta y Acromyrmex, usan el material que cortan y
recogen -sobre todo hojas, flores y frutos- para mantener hongueras subterráneas de las cuales se alimentan (73).
Figura 7. La figura muestra el ciclo biogeoquímico (círculo sombreado) sobrepuesto a un diagrama simplificado de la energía.
Se aprecia el movimiento circular de los materiales (aquí antihorario) en contraste con la corriente energética de sentido único.
Ese flujo unidireccional captado por los autotrofos (plantas verdes) y sucesivamente explotado por los heterótrofos (herbívoros,
carnívoros) hace “girar” la rueda de los materiales. En símbolos : Pg = producción bruta o PPB; Pn = producción neta o PPN; P
= producción secundaria y R = respiración. Redibujado de Odum (27).
Cada especie (“S”) está asociada por lo tanto con un nicho ecológico determinado (“NE”). Cada especie y su población definen así un nicho
que se acomoda al ecosistema (o no), y coevoluciona con los restantes nichos ecológicos. A esta diversidad de especies, característica de
cada ecosistema, se la denomina diversidad específica (“ed”). Los otros dos tipos de diversidad son la cultural, “ud” -no genética pero asociada
a la diversidad específica, parcialmente asimilable al fenotipo- y la diversidad genética, “td”. Esta última define el total de variantes genéticas
individuales que hay en cada población (genomas). En una población de una especie dada hay tantos genotipos o genomas como individuos
vivos. Cuanto mayor es la población, mayor es el número de genomas disponibles. Dicha variación “V” es producida por recombinación del
material genético existente (“R”), deriva genética (“DG”), y mutación (“U”); esta última agrega caracteres novedosos que no estaban presentes
en el “pool” previo de genomas (2). En fórmula:
25
V = f (R, DG, U)
La diversidad específica (“ed”), la diversidad cultural (“ud”) y la diversidad genética (“td”) conforman un universo mayor, el de la llamada
biodiversidad o diversidad biológica (“B”). La diversidad ecosistémica, ocasionalmente considerada como parte de la noción de biodiversidad,
queda excluida. En fórmula:
B = f (ed, ud, td)
Dado que cada especie está asociada con un nicho particular, podemos decir que la unidad activa de evolución son los nichos -los nichos
coevolucionan- y que esta evolución refleja, a través de los fenotipos, el universo de genomas disponibles. Los éxitos y fracasos evolutivos de
esos nichos ecológicos -resultado de la selección natural- definirán un nuevo universo de genomas, esto es, el nuevo abanico de programas
genéticos disponibles.
Cómo es el “orden” de la biodiversidad específica al interior de un ecosistema balanceado?. Si relacionamos el número de especies de un
ecosistema (“S”) con la cantidad de individuos por especie (“N/S”) podemos obtener una curva hueca -en realidad una hipérbola más o menos
equilátera (27). Esta curva representa la situación en ecosistemas con buen nivel de ajustabilidad como la Selva Paranense en Misiones, el
Bosque Subantártico en Chile y la Argentina o los arrecifes de coral en el Pacífico. Su gran complejidad, asociada con cadenas alimentarias
largas, aumenta las posibilidades de retroalimentación negativa. Este control de los desvíos no sólo reduce las oscilaciones internas y confiere
mayor estabilidad al sistema; dentro de ciertos límites también lo hace más resistente a las invasiones biológicas y otras convulsiones
generadas desde afuera (2).
En la curva a que aludíamos, del total de especies presentes un porcentaje relativamente pequeño es abundante (especies dominantes) y un
porcentaje superior, por el contrario, es raro o poco frecuente. Esto permite extraer dos conclusiones: la mayor parte del flujo de energía y del
ciclo de los materiales suele estar monopolizado por el pequeño grupo de las especies comunes, y la gran cantidad de especies raras (con
pocos individuos cada una) suele condicionar la diversidad específica, “ed” (27) (2).
Cuando el ecosistema es controlado por factores predominantemente físicos, baja su diversidad y la curva es más aplanada. Estructuras
inestables de este tipo son frecuentes en regiones semiáridas o en ambientes excesivamente contaminados (ríos que se utilizan como cloacas
superficiales o cultivos sobretratados con pesticidas). Allí donde los costos de conservación antitérmica son elevados, un desierto por ejemplo,
queda menos energía disponible para la diversidad. Casi todos los esfuerzos están centrados en mecanismos que puedan asegurar máxima
adaptación (resistencia a la sequía o a la contaminación, mayor poder reproductivo etc.).
En general una alta diversidad biológica suele asociarse a la mayor estabilidad del sistema. La hiperdiversidad y la mayor densidad ecológica
permiten mantener más cómodamente las estructuras y funciones logradas evolutivamente. Una diversidad menor o mínima, por el contrario,
es sinónimo de inestabilidad y escasa resistencia a las crisis. Esto ocurre -por ejemplo- en los agroecosistemas. Resultado de la práctica de
simplificación ecológica, esto es, del acortamiento de las cadenas alimentarias y del mantenimiento de biodiversidades mínimas y protegidas,
los ecosistemas productivos exigen elevados costos de mantenimiento. Su destruida estabilidad natural se reemplaza con regadío, variedades
vegetales resistentes, plaguicidas y fertilizantes. Como lo indicó muy bien Odum, su supervivencia sólo es posible con subsidios externos de
energía (27) (2). Dado que la simplificación continúa destruyendo ecosistemas ajustables, y que sobre sus suelos se expanden la agricultura de
subsistencia, la agricultura industrial “sucia” y la urbanización, el capital terrestre de biodiversidad disminuye a ritmo logarítmico.
En el pasado también hubo crisis importantes como las glaciaciones, que se desarrollaron por lo general con cierto gradualismo. La crisis
actual en cambio es rápida, acelera lo que Wilson denomina el “sexto espasmo de extinciones masivas” y da muy poco tiempo para los
reajustes evolutivos. Aunque la vida y su abanico de genomas resistentes finalmente se reacomoda pagando precios muy altos, como lo hizo a
fines del Cretácico, el problema en especies como la nuestra es que para seguir sobreviviendo necesitamos de arreglos ecológicos muy
complejos, no tramas vivientes simples.
En un ecosistema ajustable o balanceado las especies raras constituyen un importante caudal genético de reserva que podría darle,
eventualmente, nuevas posibilidades de supervivencia. Supongamos que un bioma de bosque queda repentinamente sometido a la
anaerobiosis (falta de oxígeno). Como entre el ejército de las especies raras y de las comunes existen muchas que sobreviven en este tipo de
ambiente, el ecosistema tiene otra oportunidad para sobrevivir, aunque con una nueva estructura y funciones. La selección natural parece
favorecer ecosistemas balanceados y con alta diversidad, bien adaptados para resistir las condiciones alogénicas hoy dominantes.
4.9.3. Ecosistemas ajustables: ciclo de los materiales.
Entre los componentes vivos e inertes de la ecosfera existe un activo intercambio de materiales. Este movimiento es mantenido, básicamente,
por la corriente de energía que circula a través de las cadenas alimentarias. De toda la Tabla Periódica de los elementos de Mendeleev, hasta
el uranio, los organismos vivos actuales utilizan aproximadamente la mitad; algunos son empleados en grandes cantidades como el carbono, el
hidrógeno, el oxígeno y
el nitrógeno, y otros en cantidades moderadas o mínimas, como por ejemplo el vanadio. Cada uno de esos elementos cumple ciclos más o
menos definidos en la biosfera. Para abordar su análisis es conveniente dividir cada ciclo, o disponibilidad total de un elemento dado, en dos
compartimentos: el pozo depósito y el pozo de intercambio (27). El primero se halla más o menos alejado de los organismos, como sucede con
los depósitos fosfáticos semienterrados, mientras que el segundo -la parte activa- va de los autotrofos a los heterotrofos y de estos
nuevamente al depósito. Esto sucede con el fósforo “móvil” (2).
Tomando como base la organización de la ecosfera, es posible dividir los distintos ciclos biogeoquímicos en dos grupos fundamentales: los
tipos gaseosos cuyo depósito está en la atmósfera o en la hidrósfera, y los tipos sedimentarios con depósitos en la litosfera.
Cada ciclo tiene una cierta capacidad para amortiguar las perturbaciones; esta capacidad es mayor en los ciclos del carbono, nitrógeno y
oxígeno -a causa del gran depósito atmosférico- pero menor en ciclos sedimentarios como los del fósforo o del hierro (27). Lamentablemente
las revoluciones industriales y las culturas humanas de alto consumo han acelerado excesivamente el movimiento de materiales. Una buena
parte es descartada e inmovilizada en los asentamientos urbanos, donde la demanda continúa e incluso crece, provocando altas tasas de
extracción en los ecosistemas proveedores. Este despilfarro, cuyas primeras consecuencias se advierten en sustancias críticas, está tornando
acíclicos los ciclos más estables. Hay exceso de algunos elementos y escasez en otros. El caso más dramático es el del dióxido de carbono,
por cuanto su producción -desbalanceada con la quema de combustibles fósiles que lo aprisionaron durante millones de años- supera
visiblemente la capacidad de los ambientes naturales para fijarlo. Baja aceleradamente el “stock” vivo (árboles por ejemplo) y merma
geométricamente la capacidad oceánica de amortiguación, lo cual provoca una megaconcentración atmosférica de CO2 Esta molécula,
asociada con otros gases como el vapor de agua y los clorofluorocarbonos, incrementa el efecto invernadero.
Los ecosistemas ajustables o balanceados, por ejemplo, deben soportar un exceso de residuos prácticamente indigeribles -como los plásticos
o el plutonio 239- y la sobrecarga de compuestos “conocidos” como los fosfatos y nitratos, e incluso las alteraciones climáticas derivadas del
efecto invernadero. La eutroficación cultural de ríos y lagos es consecuencia precisamente del vuelco descontrolado de líquidos cloacales y
aguas de escorrentía contaminadas con abonos fosfatados, nitrogenados y restos de incendios. Un equivalente de la simplificación de bosques
balanceados con cultivos industriales se produce en las aguas cuando la contaminación orgánica e inorgánica crece exageradamente.
Disminuye la ecodiversidad general y el sistema se hace peligrosamente frágil.
La magnitud de estos movimientos de materiales depende de un complicado juego entre reacciones físico-químicas y biológicas. Durante la
evolución terrestre la cantidad y calidad de los ciclos debió ajustarse a las posibilidades reales de ecosistemas y organismos para traficar,
movilizar e incluso aislar elementos. Es muy posible, incluso, que la evolución haya ido incorporando progresivamente más y más sustancias
elementales. Los ciclos continúan siendo uno de los mecanismos más importantes para el mantenimiento de la vida sobre el planeta.
Neguentropía y ciclos están indisolublemente ligados. Pero si la estrategia de coexistencia con los ciclos se quiebra, como está sucediendo en
la actualidad, la supervivencia humana y la de muchas otras especies se vuelve difícil.
4.9.4. Ecosistemas ajustables: regulación y evolución.
Los ecosistemas ajustables, al igual que sus poblaciones y organismos, pueden, dentro de límites bastante generosos, autoconservarse y
autorregularse. Mediante mecanismos homeostáticos adquiridos por prueba y error (evolución), cada sistema puede resistir el cambio y
mantener intacta su capacidad de ajuste. Utilizan para ello un control que funciona en base a retroalimentación (feedback)
26
Para el desarrollo y supervivencia de las poblaciones es indispensable una retroalimentación positiva que acelere los desvíos y un control, la
retroalimentación negativa, que los contrarreste (27). Los ecosistemas, montados evolutivamente con piezas poblacionales vivas y piezas
abióticas, siguen aproximadamente este mismo modelo. Si bien la ecosfera comprende toda la película superficial de la Tierra, y se mantiene
con mecanismos homeostáticos generales, existen ecosistemas de menor tamaño cuya homeostasis es semiautónoma. Esto permite la
coexistencia de unidades ambientales que si bien están conectadas entre sí, pueden llegar a funcionar aisladamente “n” tiempo, aún cuando
las unidades vecinas hayan sido totalmente destruidas. Este mecanismo ha permitido la supervivencia de la vida organizada pese a las
glaciaciones y otros disturbios. Cada ecosistema semiautónomo no sólo puede sobrevivir, sino que actúa, incluso, como principio “cicatrizante”
y radiador de nuevas conquistas ecológicas. Lamentablemente no conocemos para todos los ecosistemas cuál es su volumen y densidad
ecológica “críticas”, esto es, hasta dónde puede disturbárselos sin que pierdan su capacidad de recuperación y reconquista. Lo más probable
es que tengan gradientes complejos, no límites absolutos y definidos, y que a menor volumen y densidad ecológicas la recuperación y
supervivencia sea más lenta y difícil. Las investigaciones de Wilson sobre la biogeografía de islas refuerzan indirectamente este modelo. Hoy
resulta evidente que la especie humana está escapando -transitoriamente- a los mecanismos de control. Muchos aspectos de su cultura -falta
de planeamiento, consumo irracional de recursos, producción desmedida de residuos tóxicos, guerras- evidencian un exceso de
retroalimentación positiva. Estos desvíos están alterando así, muchas veces de forma irreversible en tiempos humanos, la capacidad de los
ecosistemas para mantenerse como autoajustables. Sólo la retroalimentación negativa urgente y masiva podrá revertir este proceso de
simplificación y descontrol. La difusión de conceptos ecológicos, el uso de tecnologías reciclables y la legislación ambiental son ejemplos de
retroalimentación negativa (2).
Cuando los ecosistemas que hemos clasificado como ajustables mantienen volúmenes y densidades ecológicas mínimas suelen ser más
resistentes y estables. El mismo mecanismo que permite el avance del ecosistema sobre ambientes “nuevos” (conquista, o usando
terminología clásica para los ecosistemas terrestres, sucesión primaria), permite reparar destrucciones parciales que se hayan producido en su
interior. Los vaciamientos provocados por una explosión sobre la superficie de un lago o por un incendio en un ecosistema de bosque pueden
ser reparados vía reconquista o sucesión secundaria. En este caso las especies más resistentes del ecosistema, especies pioneras, invaden
primero el área disturbada y van creando condiciones propicias para las sucesivas oleadas de especies conquistadoras hasta que se recons-
tituye una estructura ecológica similar a la preexistente. En el ecosistema de la Provincia Antártica sus bosques fríos tienen especies pioneras
recias, como la caña colihue, que reconquistan ambientes disturbados. Su equivalente en la Selva Paranense es el ambay, cuyo follaje verde
blanquecino y reflectante marca las zonas que están siendo recuperadas.
Variables físicas como la sequía extrema y las inundaciones suelen disturbar cíclicamente algunos ecosistemas, produciendo mortandad en
sus poblaciones, daños y simplificación en sus estructuras. Con tiempo y sucesión secundaria -lateral desde las porciones intactas, vertical
desde la “información” edáfica- vuelven a reconstituirse. En muchos casos el ecosistema está adaptado a estos cambios y adquiere un
comportamiento pulsátil. Ello sucede por ejemplo en el ecosistema de Bosque Chaqueño en Argentina, que “pulsa” tras inundaciones y fuego
con pastizales, o la Sabana del este de Africa, también regulada por el fuego. Ambos arreglos ecológicos han “internalizado” sus propios dispo-
sitivos de supervivencia, adoptando evolutivamente -por ejemplo- especies resistentes al fuego y al agua, o especies con poblaciones
retráctiles que les permitan enfrentar exitosamente los disturbios cíclicos y predecibles. Dentro de ciertos límites estos mismos mecanismos
sirven también para sobrellevar disturbios impredecibles, como la tala para expansión de fronteras agropecuarias o la praderización de zonas
forestales. Si las “heridas” ambientales no son demasiado graves ni profundas, la autocicatrización ecológica permite algún tipo de reconquista.
En 1991 introdujimos el concepto de memorias ecológicas para poder describir el poder de cicatrización de los ecosistemas terrestres. Las
memorias ecológicas (“M”) incluyen obviamente a los propios organismos (cuyas especies pioneras son la avanzada de la cicatrización), a la
atmósfera (que mantiene una cierta estructura y composición química, memoria atmosférica “MA”), y al suelo (que mientras no sea
violentamente disturbado en profundidad conserva una cierta estructura, compuestos químicos y organismos, memoria edáfica “ME”). Al
producirse destrucción en superficie (decapitación del ecosistema), la reconquista es lateral vía especies pioneras y “desde el subsuelo”
gracias a la memoria edáfica, que incluye fauna, microrganismos, semillas viables y complejos de raíces y tallos que pueden crecer
nuevamente. El tipo de suelo que desarrolló cada ecosistema durante cientos a miles de años puede ser fundamental para los procesos de
cicatrización ecológica; actualmente se considera que existen en la Tierra unos diez órdenes de suelos y por lo menos siete mil series distintas.
Su particular organización -memoria edáfica, ME- puede ser pobre como en los Entisoles, que son suelos inmaduros, o más compleja, como
en los Spodosoles de los bosques fríos. En nuestro país los suelos tipo Molisol de la estepa Pampeana, ricos en materia orgánica, horizontes y
formas vivas, tienen una alta capacidad de almacenamiento de información biológica y abiótica -mayor “memoria”- mientras que Oxisoles como
los misioneros, rojos, antiguos e intensamente meteorizados, casi sin horizontes, apenas disponen de “memoria”: de allí que la Selva
Subtropical Paranenese, que crece sobre ellos, se recicle mayoritariamente en superficie. Cuando la vegetación del ecosistema se decapita
con roza y fuego, la mayor capacidad de “memoria” de los Molisoles por ejemplo asegura una recuperación más rápida. Mientras que en los
suelos lateríticos -Oxisoles- la mayor parte del carbono orgánico está en las plantas vivas, en los Molisoles e Histosoles está acumulado
mayoritariamente dentro del suelo. Es como si en la estepa Pampeana el bosque fuera “subterráneo”.
Aunque tradicionalmente se ha utilizado el término clímax para designar un supuesto estado de máxima diversidad y estabilidad de los
ecosistemas balanceados, su existencia real está cuestionada (2). Los ecosistemas alcanzan el volumen y densidad ecológicas que les
permiten las condiciones tanto internas como externas y no tienen estados absolutos ni definitivos. Su propia evolución y la de ecosistemas
vecinos generan permanentemente turbulencias que van desde la mutación de genes al interior de un individuo hasta la aparición de nuevas
especies o la modificación sustancial del arreglo ecológico. Despliegan así una estrategia en “piezas de rompecabezas”, donde el juego entre
las especies que logran entrar, las locales que cambian y aquellas que desaparecen, y entre todas éstas y el ambiente, crea constantemente
nuevos estados y combinaciones.
Esos estados pueden ser fisonómicamente similares en tiempos sucesivos t1, t2, t3 ... tn, o pueden mostrar diferencias notables. En el
ecosistema de Chaco Serrano en Córdoba, por ejemplo, sus bosques de “coco” (Fagara coco) y “molle” (Lythraea molleoides) sufren la
explosión poblacional del “clavel del aire”, Tillandsia sp. Cada vez más árboles y arbustos están cubiertos por esta epífita que produce daños
mecánicos sobre ramas y reduce por obstrucción el ingreso de luz y la fotosíntesis. Aunque no se ha demostrado experimentalmente cuál es la
causa, creemos que está ligada a una mayor disponibilidad atmosférica de nutrientes (154) y al cambio climático global (CCG). En promedio la
temperatura de la Tierra creció desde 14.9 grados centígrados en 1970 a 15.3 grados en la década de 1990. El sobrecalentamiento está
modificando el clima y habría influenciado la corriente del Niño. Esta última, conocida por su sigla ENOA -El Niño Oscilación Austral- es un
fenómeno cíclico que se registra en el Océano Pacífico. En esa zona se produce un calentamiento transitorio de las aguas superficiales y se
atenúan o incluso invierten los vientos alisios. El sobrecalentamiento terrestre y el CGC habrían hecho durar más tiempo la anomalía. Empezó
en agosto de 1991 y debió finalizar en 1992. Pero la temperatura del océano Pacífico recién comenzó a normalizarse en 1993. Durante este
siglo la anomalía del Niño nunca duró tanto tiempo. Es parcialmente responsable de la mayor sequía en Indonesia, Australia del norte, Africa
oriental y nordeste del Brasil, y ha incrementado las lluvias en la franja occidental de América del Sur. Córdoba habría sufrido sus efectos.
Hubo un récord de 117 días sin lluvia en 1993, y sus medias de precipitación crecieron, según datos de Ediberto Moliner, de 742 milímetros en
1983 a 840 milímetros anuales en 1992. Esta alteración, poco perceptible para el ser humano, estaría provocando cambios en la dinámica
interna de los ecosistemas, y el “clavel del aire” sería una de esas consecuencias (74).
Un ecosistema cualquiera sufre por lo tanto cambios permanentes, usualmente sutiles, y muestra en su interior distintas variantes que no
necesariamente desembocan en el estado más complicado y tradicional.
Del mismo modo que existe un mecanismo programado de muerte en los individuos de las especies vivas, es posible inferir que, quizás,
funcione un mecanismo equivalente, no genético directo, en los propios ecosistemas. Verdaderos superorganismos, los ecosistemas tienen su
edad -que supera en miles de veces las máximas edades de los organismos vivos conocidos- y probablemente también una muerte
semiprogramada, más difusa y no tan clara como las muertes individuales. Ello permitiría que sus ecosistemas “hijos” sobrevivan o sucumban
ante los cambios del ambiente general. Estos “hijos” se desarrollan al interior del ecosistema ocupando porciones más o menos extensas.
Algunos, la mayoría, reproducen las organizaciones ecológicas antiguas; otros son recombinaciones novedosas de especies y ambientes. La
27
selección natural, que actúa sobre el conjunto -desde individuos hasta ecosistemas- aprobará las estructuras mejor adaptadas a las
condiciones dominantes. Podemos ejemplificar esta hipótesis con el bosque Chaqueño de Argentina; si la gran región del Chaco semiárido
sufre un corrimiento general hacia la mayor humedad, sus porciones orientales mejor adaptadas a esta condición -un “hijo” del ecosistema-
tendrán altas probabilidades de supervivencia y se expandirán. Hasta puede hacerse minoritaria en superficie y volúmen ecológico la vieja
estructura, y “morir” ecosistémicamente.
Actualmente, ecosistemas de alta biodiversidad sucumben ante ecosistemas urbanos y agropecuarios. Pese a esta victoria transitoria de la
simplificación, muchos ecosistemas ajustables están conquistando ambientes donde las condiciones físicas y químicas hacían dificil el asen-
tamiento de vida organizada. Este avance puede observarse muy claramente en las Salinas Grandes que comparten las provincias de
Córdoba, Santiago del Estero y Catamarca. El bosque chaqueño ocupa lentamente las salinas precedido por avanzadas salino-resistentes, los
“jumeales”. Mediante fotografía aérea es posible advertir los anillos internos de conquista (los jumeales) y los anillos externos de bosque
semiárido rodeando la gran isla de sal (2).
4.9.5. Ecosistemas ajustables : noción de ecodiversidad. Desaparición de especies.
El criterio de biodiversidad es insuficiente para definir los distintos tipos de diversidad que coexisten al interior de un ecosistema. Es por ello
que introdujimos la noción de ecodiversidad durante la reunión internacional sobre biodiversidad y legislación ambiental que organizó en 1991
la UICN (La Haya, Holanda) (80). La ecodiversidad, diversidad ecológica, o diversidad de ecosistemas “E” resulta de la interacción entre tres
sistemas : la geodiversidad (“gd”), la diversidad climática (“cd”) y la diversidad biológica (“bd”). En fórmula :
Ecodiversidad, E = f (gd; cd; bd)
4.9.5.1. Geodiversidad.
La geodiversidad “gd” incluye todos los soportes estructurales de la vida, como por ejemplo atmósfera, hidrosfera, litosfera y sus componentes
de menor escala (estructuras geológicas, estratos, compuestos químicos). Es función de cuatro subdiversidades principales : (a) diversidad
topográfica o topodiversidad (“pd”), que describe los geomorfismos de las superficies de contacto entre litosfera-atmósfera, litosfera-hidrosfera
e hidrosfera-atmósfera; (b) diversidad biotópica o biotopodiversidad (“bpd”), que representa la compleja oferta en microambientes de los
organismos vivos -tomados como soporte, el tronco de los árboles por ejemplo- y sus estructuras o productos, como los arrecifes de coral, los
grandes nidos de termites y las viviendas humanas; (c) diversidad química o quimiodiversidad de los soportes atmósfera, hidrosfera, suelo y
litosfera (“qd”); incluye su composición química, orgánica e inorgánica; (d) diversidad de estructura de las matrices, por ejemplo estratos de la
atmósfera y de un lago, u horizontes de los suelos (“md”) y, finalmente, (e) diversidad de las características de flujo y persistencia de las
matrices,por ejemplo regularidad hídrica, regularidad de ascenso y descenso de mareas, variación diaria de las capas de inversión térmica de
la troposfera (“jd”). En fórmula
Geodiversidad, gd = f (pd; bpd; qd; md; jd)
La geomorfología de detalle de las tierras emergidas continentales e insulares (“pd”) es una componente básica de los ecosistemas, por cuanto
resume la “oferta” en soportes con distinto relieve, pendiente u horizontalidad. Los ecosistemas del norte de Israel, en Galilea, suelen tener por
ejemplo roquedales intraerosionados (rocas con cavidades) que ofrecen nutrientes y abrigo para numerosos organismos. Esta variante de la
superficie aumenta así la disponibilidad de sitios para la vida (81). Cuando el ecosistema balanceado se ha desarrollado sobre una particular
diversidad topográfica del terreno, esta es una variable de importancia para la supervivencia del conjunto; la tendencia del ser humano a
rellenar pantanos, aplanar relieves e incluso simplicar cuencas hídricas completas disminuye esa oferta y amenaza la integridad de numerosos
ecosistemas. Los violentos disturbios ambientales provocados entre 1951 y 1959 por las obras de canalización en el Hula Valley, al norte de
Israel, son un claro ejemplo de esa estrategia simplificante. Sólo recientemente, en 1964, comenzó una revisión de las obras para impedir que
desaparezcan ecosistemas únicos y se creó la Reserva de Hula, y en 1971 la Nature Reserve Authority lanzó su plan de recuperación del viejo
mar y de los pantanos (81).
4.9.5.2. Diversidad climática.
La diversidad climática “cd” suele referirse casi exclusivamente a los ecosistemas terrestres y en forma tangencial a los acuáticos.
Estrictamente, esta diversidad es mensurable en todos los tipos de ambiente. Es función de : (a) diversidad climático-atmosférica en las
interfases relieve terrestre-atmósfera, “relieve” acuático-atmósfera y ecotono acuático-terrestre; sus variables clave incluyen radiación solar,
temperatura, humedad relativa, presión del aire, dirección e intensidad de los vientos y precipitación (“dca”); (b) diversidad climática de los
suelos, intimamente asociada al universo anterior en los ecosistemas terrestres (“dcs”), y (c) diversidad “climática” de las aguas, donde -por
ejemplo- los vientos de superficie tienen su equivalente estructural en las corrientes marinas. En el “clima” acuático variables clave son, por
ejemplo, la presión del agua, la temperatura y el ingreso de luz solar (“dcq”). En fórmula :
Diversidad climática, cd = f (dca; dcs; dcq)
En la interfase del relieve terrestre y la atmósfera cada ecosistema balanceado tiene diferentes microclimas. Si se trata de un ecosistema bajo
y de escaso volúmen como el de la Estepa Patagónica, con vegetación arbustiva y en “cojín”, su disponibilidad de microambientes
(biotopodiversidad, “btp”) y microclimas es menor que en un ecosistema 40 a 60 veces más alto y de mayor volúmen como el Paranense. En
este último la selva ha conquistado el espacio aéreo con una maraña de troncos rígidos que elevan las copas fotosintéticas a diferentes alturas,
lo cual crea innumerables subuniversos climáticos (microclimas). Estos ecosistemas por otra parte, ya sean bosques calientes o bosques frios,
amortiguan mejor las condiciones climáticas extremas.
4.9.5.3. Diversidad biológica.
La diversidad biológica o biodiversidad “B” incluye la disponibilidad u oferta biótica de la Tierra, que comprende unas 30.000.000 de especies y
sus respectivas poblaciones. Su fórmula, descrita precedentemente, incluye las variables diversidad específica “ed”, diversidad cultural “ud” y
diversidad genética “td”.
(i) La diversidad específica “ed” mide la cantidad de especies vivas (ver el punto sobre biodiversidad), mientras que la diversidad genética “td”
es igual al número de individuos (genomas individuales) que tiene cada una de esas especies. A mayor número de individuos, mayor es la
diversidad teórica de genomas. La relación no es sin embargo estrictamente lineal. Cuando asociamos el número de individuos de una especie
con la distribución de esos individuos sobre el mosaico actual de ecosistemas conformamos el criterio de diversidad ecogenética.
Presuponemos para ello que el juego evolutivo ha favorecido los genes más adaptados a cada uno de esos ambientes. Esta aproximación es
muy interesante. Cuando la población de una especie cualquiera se distribuye sobre cinco distintos tipos de ecosistemas, y en cada uno de
ellos hay ajuste de los individuos al entorno, su valor de diversidad ecogenética es alto; cuando esa misma población ocupa un único
ecosistema homogéneo, dicho valor es bajo.
La evolución del poblamiento humano en la zona centro de Argentina ofrece un caso típico. Previo a la colonización hispana, el Chaco Serrano
estaba habitado por indígenas Comechingones, y el Chaco de Llanura del norte de Córdoba y el Espinal por Sanavirones. Ambas poblaciones
tenían sus propias diversidades ecogenéticas. Pero el número de individuos no era alto, sobre todo porque sus sistemas productivos tenían
aparentemente pocos excedentes. Desaparecidos tras la invasión hispana, fueron reemplazados por poblaciones de raza Mediterránea que
introdujeron las revoluciones agrícolas e industriales de gran escala, aumentando los excedentes agrícolas y favoreciendo el crecimiento
demográfico. Aunque las nuevas poblaciones europeas superaron en número las antiguas poblaciones indígenas, es muy posible que la
diversidad ecogenética -importante durante la fase precolombina- haya disminuído (?). Desde esta perspectiva toda extinción de grupos
indígenas es una tragedia genética y evolutiva, por cuanto elimina información quizás útil para la supervivencia del conjunto. Aunque el tema
tratado aquí requiere de mayor discusión y datos experimentales, es evidente, a priori, que una subpoblación que convivió en el mismo
ambiente por varios miles de años, y lo sobrevivió exitosamente, tenía genotipos bien adaptados.
(ii) La diversidad cultural (“ud”) asume distintas características en diferentes especies vivas. La “cultura” es toda información endosomática y
extrasomática que codifican los seres vivos, y que no se transmite hereditariamente. Mientras que los genes no transmiten caracteres
adquiridos, la cultura -un fenómeno típicamente Lamarckiano- se alimenta precisamente con este mecanismo. La cultura, “C”, tiene valores
generalmente acotados y mínimos en especies donde los programas de conducta están fuertemente influenciados por los genes, como en los
insectos. Una obrera de hormiga cazadora “tiene” cultura, esto es, su sistema nervioso aprende -por ejemplo- las características físicas de su
28
territorio. Pero su patrón de comportamiento es tan rígido, y la capacidad de desarrollo cultural tan pequeña, que el modelo de conducta se
repite casi sin cambios generación tras generación.
La dimensión cultural comenzó a tener más importancia en los mamíferos, y dentro de estos, entre los Primates. La adquisición evolutiva de la
neocorteza le permitió al ser humano incrementar logarítmicamente el ingreso, el almacenamiento y la transmisión de información
endosomática no hereditaria. A medida que el proceso evolutivo humano prosiguió, la revolución de la neocorteza fue complementada con la
revolución del metabolismo externo, esto es, con utensilios, objetos, símbolos gráficos, escritura, libros, bibliotecas y computadoras. Cada
grupo humano fue desarrollando así, en activa interacción con su ambiente, un “pool” de genomas y un “pool” asociado de culturas individuales
y colectivas (los fenotipos o fenomas). A la información endosomática se le agregó la cada vez más importante y cuantiosa información
exosomática (119). En consecuencia no sólo existe una diversidad de genomas (“td”), sinó también una importante diversidad de culturas
individual/colectivas (“ud”). Desde un punto de vista evolutivo y de nuestra propia supervivencia, a la tragedia que implica la pérdida de grupos
indígenas de nuestra misma especie, que desaparecen junto con genes quizás vitales para alguna contingencia, la extinción de culturas implica
el “borrado” definitivo de conocimientos, pautas de convivencia, sonidos y memorias, tan importantes como los mismos genes.
Otro criterio importante, equivalente al de diversidad ecogenética o ecogénica, es el de diversidad ecocultural (“eud”). Cuanto mayor es el
número de individuos de una especie dada, mayor es el contenido de información cultural. Pero si este universo de personas vive en un único
tipo de ecosistema, es predecible que su diversidad cultural sea menor que la de esos mismos individuos y de esa misma especie distribuídos
por ejemplo sobre cuatro distintos ecosistemas. Entre los muchos problemas que derivan de la actual concentración urbana figura la
homogeneización de los patrones culturales y la menor “fricción” o interacción con ecosistemas balanceados e incluso productivos. Esto reduce
las posibilidades de ajuste hombre-naturaleza, y hasta explica -siquiera en parte- la pasividad con que se acepta la destrucción masiva de
ecosistemas extraurbanos.
4.9.5.4. Extinción masiva de especies.
La extinción de especies es un fenómeno evolutivo asociado a la que permite, en general, la supervivencia de nuevas especies más
adaptadas. Lamentablemente, los procesos de extinción también suelen arrastrar especies que habían desarrollado un buen ajuste con el
ambiente. La naturaleza, que produce con frecuencia “malos prototipos” debe pagar precios a veces muy caros. La especie humana es uno de
esos prototipos fallados o por lo menos con grandes problemas. Esto se desprende del análisis de sus sociedades durante los últimos 300-400
años, y del tremendo impacto que se generalizó a partir de la primera revolución industrial y de la segunda revolución energética. Ha
comenzado así, en pleno siglo XX, un ecocidio a gran escala que simplifica ecosistemas, crea desiertos y extingue especies que nunca
clasificamos. En este proceso, existen extinciones más graves que otras?.
Las especies son modelos a prueba con combinaciones de caracteres (geno-fenomas) que varían desde una total exclusividad -por ejemplo
familias, géneros y especies con “modelos” morfológicos apenas compartidos por unas pocas especies- hasta “modelos” que se repiten con
variantes mínimas en cientos o miles de especies. Es importante para el proceso evolutivo conservar esas familias, géneros y especies con
caracteres únicos?. La respuesta no es sencilla, por cuanto la misma especie que hoy es un presunto “relicto”, aparentemente poco adaptado,
puede ser la especie dominante cuando ocurran cambios ambientales en el futuro. Conservar estas rarezas es quizás un mecanismo
adaptativo tan necesario como dificil de mantener. Sus genes son colecciones de respuestas para preguntas que en muchos casos todavía no
se han formulado, o que quizás nunca se formulen.
La característica saliente del actual espasmo de extinciones es su velocidad. La destrucción de las selvas tropicales es una de las vias
indirectas para estimar esta desaparición de especies, ya que se puede aplicar la fórmula general :
zS=CA
Donde “S” es el número de especies, “A” es la superficie donde la especie vive, y “C” y “z” son constantes que varían de un grupo de
organismos a otro, y según los lugares (61). Según Wilson, para calcular la tasa de extinción de especies la variable “C” puede ser ignorada;
“z” es lo que cuenta. En la gran mayoría de los casos el valor de “z” cae entre 0.15 y 0.35. El valor exacto depende de tipo de organismo que
se considera y del habitat en el cual se lo encuentra. Cuando las especies tienen una alta capacidad para dispersarse de un lugar a otro, “z” es
pequeño; las aves tienen un valor de “z” pequeño y los caracoles de tierra y las orquídeas, por ejemplo, un valor de “z” alto. Cuanto mayor es
“z”, mayor será la probabilidad de que las especies con esta característica desaparezcan al ser destruído su habitat (61).
En 1989 se destruyeron 142.200 km2 de selva tropical a una tasa promedio de 27 ha por minuto (82). Esto implicó una declinación, para el
conjunto combinado de selvas de lluvia del 1.8% por año, valor que puede ser razonablemente asumido para la década de 1990. Con el valor
típico de “z” de 0.30 el área reducida cada año podría reducir el número de especies en un 0.54% por año, mientras que con z = 0.35 la
extinción crece al 0.63%. Wilson, tomando deliberadamente cifras muy conservadoras, esto es, un valor de “z” mínimo (0.15), descartando
invasión y sobrepastoreo, asumiendo un bajo número total de especies de 10.000.000 y atribuyéndoles amplio rango de distribución calculó la
tasa de extinción. Aún con estas precauciones, seleccionadas dentro de un contexto optimista, 27.000 especies desaparecen cada año, lo cual
equivale a 74 por día y 3 especies por hora. Las actividades humanas han aumentado así entre 1.000 y 10.000 veces las extinciones que se
registraron en el pasado; “claramente nos encontramos, indicó Wilson, en el medio de una de los grandes espasmos de extinción de la historia
geológica” (61).
Según Myers (82), que consideró para la tierra un total de 5.000.000 de especies vivientes, 1/5 parte corre riesgo de extinción antes de fin de
siglo. Si bien la mayoría de la desapariciones de especies se producirá sin que siquiera las hayamos clasificado, es importante determinar -
volviendo al planteo original- cuáles son las desapariciones más graves. A priori podemos definir dos áreas críticas :
(a) Especies que pertenecen a ecosistemas cuya localización y características físicas tienen escasos equivalentes. Su criticidad está
relacionada con la noción de diversidad ecogénica, ya descrita.
(b) Especies cuya estructura somática (“modelo”) es rara o poco frecuente. Si bien lo correcto sería hablar de especies “cuyo nicho ecológico”
es raro, la realidad nos muestra que además de desconocer la mayor parte de las especies vivientes -hay 1.412.600 especies clasificadas y de
28 a 29.000.000 sin clasificar- nuestra ignorancia es todavía mayor en materia de nichos. De allí que utilizáramos una via indirecta para
aproximar el grado de gravedad de una desaparición. El criterio seleccionado por Montenegro, presentado en el Primer Congreso
Latinoamericano de Ecología en Uruguay (1989), fue el taxonómico (64). Desarrolló así la siguiente fórmula :
dT = a T/ST x 10.000
Donde “d” es un valor de incidencia de la desaparición de una especie en el taxón “T”, “a” es una especie del taxón “T” y “S” el número total de
especies de ese taxón, pudiendo ser “T” un género, una familia u otra categoría taxonómica. Asumida como importante la conservación de una
máxima diversidad de especies, también sería clave la de una máxima diversidad de géneros, familias, filos y reinos. En este contexto la
extinción ecosférica de una especie del modelo biológico Coleoptera (para T = un orden de Insecta), con 280.000 especies conocidas y un
valor dT (orden) = 0.03, sería evolutivamente menos impactante que la desaparición de una especie del modelo biológico Embioptera, con 200
especies conocidas y un valor dT (orden) = 50. Cuanto mayor es el valor “dT”, menor es la diversidad específica y la posibilidad de que los
“modelos” existentes puedan hacer sobrevivir su estrategia
Cuando tomamos como universo “T” a las clases , el valor “dT” para Insecta contrasta con los restantes grandes grupos. Para la clase
Mammalia dT = 2.50; para la clase Amphibia dT = 2.38; para la clase Reptilia dT = 1.58 y para la clase Aves dT = 1.11, mientras que para
Insecta dT = 0.01, esto es, una cifra 250 veces más pequeña que la correspondiente a los mamíferos. Numéricamente y prescindiendo de los
respectivos valores poblacionales, podemos hipotetizar que cuanto más bajo es el número de especies de un mismo “modelo” general,
Amphibia por ejemplo, y una o más de sus especies desaparecen, menor es la posibilidad de que las restantes especies puedan reconstituír la
diversidad previa. Puede darse el caso extremo de que sólo quede con vida una única especie de un filo; si se extingue desaparece su modelo
general, que pudo o no ser importante para las futuras condiciones ambientales del planeta. Actualmente existen filos “frágiles” como
Phoronida, animales marinos parecidos a gusanos que secretan un tubo correoso protector, con apenas 60 especies, y filos fuertes como Arth-
ropoda, con 874.400 especies conocidas. Numéricamente al menos, los artrópodos tienen mayor posibilidad, frente a las extinciones masivas,
de mantener su “modelo” general de organización, caracterizado por esqueleto externo de quitina (exoesqueleto), extremidades articuladas y
hemoceloma.
29
Cuando una especie “fugada” como la nuestra ha iniciado uno de los espasmos de extinción en masa más importantes de la historia terrestre, y
nuestra supervivencia depende -irónicamente- de que se mantengan ecodiversidades máximas, cada desaparición es un riesgo. No sólo
estamos extinguiendo especies manifiestamente exitosas en sus ambientes, sinó también especies raras y de desconocido nicho ecológico.
Hoy existen filos como Brachiopoda que ya venían perdiendo especies, y de cuya decadencia no somos responsables (unas 200 especies
vivas conocidas y 3.000 extintas). Es grave para nuestro futuro la posible desaparición de estas últimas 200 especies de braquiópodos?. Es
grave para nosotros la estimada desaparición actual de 27.000 especies de distintos grupos por año?. Definitivamente sí.
4.10. Los tipos actuales de ecosistemas. Concepto de ecosistema en mosaico.
4.10.1. Los ecosistemas ajustables retroceden.
A nivel terrestre y acuático la vida está organizada en forma de ecosistemas interrelacionados. Pese a esta interdependencia muestran una
cierta autonomía que asegura la supervivencia del conjunto. Hace más de 10.000 años e incluso hasta hace tres siglos por lo menos,
predominaban sobre las tierras emergidas y en las aguas superficiales los ecosistemas de tipo ajustable o balanceado, con cocientes
energéticos P/R tendientes a 1 (más sus etapas sucesionales y sus “hijos”). Los ecosistemas ajustables, que popularizamos desde FUNAM
con el nombre de ecosistemas naturales, retrocedían o avanzaban en función de los factores auto- y alogénicos dominantes. Por lo menos en
los diez siglos que precedieron a las revoluciones industriales y agro-industriales, no hubo especies que se evadieran espectacularmente del
sistema regulado.
La especie humana, su neocorteza y las sociedades comenzaron la primera gran “fuga” o evasión -transitoria como toda evasión- hace 10.000
años. La fuente de energía fue la agricultura, una nueva estrategia de cadenas alimentarias cortas y controladas descubiertas y desarrolladas
en varios sitios de la Tierra (?). La segunda fuga comenzó más recientemente, y estuvo ligada al uso indiscriminado de los depósitos de
combustible fósil primero (siglos XVIII-XIX) y de combustibles nucleares luego (década de 1940 en adelante). Semejante acceso a fuentes
energéticas de magnitud acceleró la complexificación de las sociedades y culturas, magnificó los desvíos (retroalimentación positiva) y creó
una falsa noción de independencia de la naturaleza y sus mecanismos. La evolución reciente de las culturas humanas estuvo ligada por lo
tanto a la simplificación ecológica y a la expansión de ecosistemas tan sencillos como inestables e indigestos. La antigua organización
ecológica del planeta comenzó a cambiar, y hoy encontramos en el medio mismo de ese cambio.
Gracias a estudios de ecología terrestre, de limnología y de ecología marina es posible reconstituír cómo era la organización de los
ecosistemas ajustables antes de que se les introdujeran cambios extensos y profundos.
En la provincia de Córdoba, por ejemplo -una división política arbitraria- coexistían, fundamentalmente, los ecosistemas de Chaco Serrano y de
Llanura, de Monte, del Espinal y de la Estepa Pampeana, más varias decenas de ecosistemas acuáticos de agua dulce y algunas lagunas
saladas (entre ellas Mar Chiquita o Mar de Ansenuza). También es posible reconstruír los límites recientes de los ecosistemas
latinoamericanos, tarea que encararon Cabrera y Willink en 1970-1980 (71). Esos modelos fueron violentamente alterados en los últimos
trescientos años. En la provincia de Córdoba uno de sus ecosistemas autóctonos, el bosque del Espinal por ejemplo, ya ha sido decapitado y
sólo quedan relictos insignificantes. La única memoria parcial que persiste -con vacíos y grandes alteraciones- es el suelo (Molisoles), dedicado
ahora a la agricultura, la ganadería y el sostén de ciudades. La misma amenaza se cierne sobre la Estepa Pampeana, prácticamente
desaparecida, y el Chaco Serrano.
Figura 8. Evolución de un ecosistema balanceado de bosque (primera figura de la izquierda). Después de ser gradualmente simplificado
mediante tala, cultivo y asentamientos humanos (figuras del centro) se transforma finalmente en un ecosistema en mosaico, con un ecosistema
urbano, un ecosistema productivo y un “relicto” de ecosistema balanceado (última figura de la derecha). Según Montenegro (2).
Hace unos 10.000 años los diferentes ecosistemas de bosque cubrían el 34% de todas las tierras emergidas del planeta. Dos siglos atrás ese
porcentaje se redujo al 32%. Pero a partir de 1950 la tala y roza crecieron de tal modo, que en la actualidad sólo resta menos de un 26% con
cobertura. De este total, a su vez, sólo un 12% mantiene ecosistemas boscosos intactos. El resto son unidades empobrecidas y de magro
crecimiento secundario (75).
En Argentina Foulon y Cozzo estimaron las superficies que tenían a comienzos de la década de 1960 tres ecosistemas de bosque ya
sometidos a algún tipo de tala. El ecosistema de las Yungas ocupaba 3.470.000 ha (1.500.000 en Salta, 980.000 ha en Jujuy, 990.000 ha en
Tucumán); el Chaqueño cubría 29.945.000 ha (once provincias) y el ecosistema Paranense 2.275.000 hectáreas en la provincia de Misiones
(76).
Este total incluía fachinales y áreas muy degradadas. Montenegro por su parte calculó para Argentina la tasa de deforestación entre 1939 y
1986 (76). Entre 1940 y 1955 la superficie boscosa descendió en 29.383.000 ha, a un valor promedio de 1.958.866 ha por año. Entre 1955 y
1963 esa merma fue de 1.560.000 ha, con una disminución promedio de 195.000 ha por año. Entre 1963 y 1986 la superficie boscosa total se
redujo en 21.740.000 ha a un valor promedio de 945.217 ha por año. Globalmente, y en sólo 46 años (1940-1986), Argentina perdió estimati-
vamente el 41.24% de su superficie de bosques nativos. De continuar la tasa de destrucción histórica -con una hipótesis de deforestación de
1.000.000 ha/año- Argentina perdería la totalidad de su patrimonio forestal en el año 2024. Aunque tales cifras ignoran por simplificación la
existencia de áreas naturales protegidas actuales y potenciales, lo cierto es que muestran una realidad dura y muy grave (77).
Mucho menos definidos que los ecosistemas terrestres, los oceánicos también están sufriendo los impactos del “boom” humano. En el proceso
de generar la mitad a 1/3 de la producción global de oxígeno, los océanos contribuyen a regular uno de los principales gases de invernadero, el
CO2. Gracias a la “”bomba biológica” el CO2 penetra en las capas superiores donde el fitoplancton y otras plantas marinas lo utilizan para
fabricar azúcares simples. Si bien el 90% del carbono es reciclado a través de sus cadenas alimentarias, una porción llega hasta las
profundidades del océano como “lluvia de detritus”. Allí la materia orgánica es oxidada y depositada como dióxido de carbono disuelto en
corrientes submarinas muy profundas. Estas corrientes lentas tardan más de 1.000 años en llevar nuevamente el carbón a la superficie (78).
En la actualidad las actividades humanas, al quemar combustibles fósiles y quemar bosques, agregan 7.000 millones de toneladas de carbono
a su ciclo cada año; una mitad ingresa a la atmósfera y 1/3 parte es retenida por los mares (79). Consecuentemente, los océanos tienen 20
veces más carbón que el almacenado en todos los bosques y biomasa terrestres. Si se rompe la porción marina del ciclo, y éste comienza a
liberar grandes catidades de CO2, puede accelerarse a escala geométrica el efecto invernadero (77) (78). Lamentablemente, el mismo modelo
destructivo que opera a nivel de ecosistemas terrestres también se despliega a nivel oceánico. Este desmanejo ha hecho que el valor
prehistórico de ingreso de nutrientes al mar se duplique, y que los sedimentos descargados se tripliquen. Este cuadro es agravado por otros
impactos negativos también en aumento, como el mayor ingreso de radiación ultravioleta B y C por debajo del “agujero” de ozono Antártico,
que altera las redes tróficas superficiales, y la caza indiscriminada de mamíferos marinos. La ballena azul pasó de una población histórica de
200.000 a sólo 2.000 ejemplares, y la foca de Juan Fernandez de 4.000.000 de individuos a unos 600 supervivientes (década de 1980) (79).
Como la contaminación y la depredación se concentran mayoritariamente en ecosistemas marinos de costa, con alta diversidad en matrices de
menor superficie y volúmen, sus efectos se potencian.
4.10.2. Hacia el ecosistema en mosaico.
El caracter dominante de los ecosistemas ajustables o balanceados comenzó a romperse a medida que las revoluciones industriales se
expandían sobre la Tierra. Las sucesivas fuentes de energía, tanto bióticas como fósiles y nucleares, alimentaron este escape simplificador.
Surgió entonces un nuevo tipo de arreglo ecológico, por cuanto los antiguos ecosistemas terrestres -en mayor medida que los acuáticos al
comienzo- empezaron a ser parcialmente reemplazados por estrategias ambientales con bajísimo poder autoajustable “A”. Los ya descritos
ecosistemas productivos y urbanos lideraron este proceso. Se configuraron entonces “nuevos” ecosistemas en mosaico, donde coexisten los
agroecosistemas, que explotan el “suelo fósil” (con valores P/R > 1); los ecosistemas productivos o asentamientos humanos -menores en
superficie pero mayores que los productivos en altura y volúmen, con valores P/R 230.000-270.000 kcal/hab.día- y de subsistencia en el otro (recolectores pobres con E2 + E4 < 3.000
kcal/hab.día). Incluso dentro de una misma ciudad los cinturones r-estrategas (ciudadanos marginados, franja de pobreza urbana) tienen
nichos muy pequeños, y los sectores f-estrategas (sectores de ingresos medios y altos) nichos mayores. Es predecible por lo tanto que los
nichos sigan su expansión, pero a diferentes velocidades en distintas regiones y grupos. En esta carrera la mayor parte del incremento se
concentrará, seguramente, en los nichos urbanos. También es predecible el colapso de los más consumidores y degradantes (119).
Técnicamente es posible referir los nichos a distintos segmentos de una misma especie. Identificamos así los siguientes : (a) Nicho ecológico
específico, promedio para la especie y que refleja las variaciones tanto subpoblacionales como estacionales; (b) Nichos ecológicos
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subpoblacionales de esta especie; (c) Nicho ecológico familiar, promedio para los integrantes del grupo y que refleja las variaciones
estacionales, y (d) Nicho ecológico individual. Hasta es posible identificar nichos ecológicos ecosistémicos, esto es, nichos delimitados por
asociaciones acotadas de organismos vivos y ambiente (2) (119).
5.2.5. Conducta humana y deriva cultural.
El conocimiento del comportamiento humano es fundamental para predecir la evolución del ecosistema en mosaico, racionalizar el crecimiento
de los nichos ecológicos y encarar tareas de gestión ambiental. La conducta humana resulta de la interacción entre numerosos factores, en
parte genéticos y por lo tanto heredables, y en parte fenotípicos, transmisibles por via cultural (mecanismo no genético). Esa conducta no
puede explicarse por lo tanto excluyendo una de las dos familias de variables. Investigadores de líneas tan distintas como Konrad Lorenz,
Robert A. Hinde y B.F. Skinner han señalado con frecuencia que no existe una frontera definida entre lo heredado y lo adquirido (111).
Desde la Cátedra de Biología Evolutiva Humana de la Universidad Nacional de Córdoba Montenegró elaboró un modelo conceptual de la
conducta humana (112). El modelo (Figura 17) consta de tres Grandes Bloques designados como “Individuo” (A), “Sociedad” (B) y “Resto del
ambiente” (C). El primer Gran Bloque “A”, Individuo, está subdividido en otros dos bloques menores : “Cuerpo” (A1) y “Cultura individual” (A2).
El cuerpo del individuo -Bloque “A1”- comprende tres universos arbitrarios : genes e información genética (Caja A1a); soma e información
somática (por ejemplo el desarrollo muscular adquirido, o el acostumbramiento orgánico a cierta ritmicidad alimentaria, Caja A1b) y el sistema
nervioso central asociado a la información cultural endosomática (Caja A1c). Estos dos últims compartimentos interactúan entre sí. Dada la
compleja estructura del sistema nervioso, sus operaciones entrelazan la información adquirida (cultura) y las pautas hereditarias (juego entre
tallo encefálico, complejo R, corteza y percepciones ambientales por ejemplo). La información cultural endosomática es uno de los rasgos más
característicos de la especie humana, y principal promotor del crecimiento de sus nichos ecológicos (112).
La cultura individual -Bloque “A2”- es externa al cuerpo del individuo, y proyecta físicamente la información cultural endosomática que contiene
su sistema nervioso central. Al interior del bloque hay dos Cajas que interactúan entre sí : la Caja 7, que incluye todos los elementos y espacios
culturales del individuo, como por ejemplo objetos utilitarios y simbólicos, espacio para dormir y territorio extradoméstico, y la Caja 8, que
nuclea arbitrariamente la información exosomática contenida en forma escrita (libros por ejemplo), audiovisual (video, discos) y digital o
analógica (bases de datos en sistemas de computación). Los aparatos de teléfono, fax, correo electrónico, televisión y radio actúan como
canales de comunicación que funcionan en un único sentido (televisión por ejemplo) o en ambos sentidos (teléfono). El funcionamiento del
Bloque “A2”, verdadero núcleo de crecimiento de los nichos ecológicos flexibles, conforma el llamado metabolismo externo de un individuo. Es
aquí donde se gasta la mayor parte de la energía disponible, se “demoran” numerosos materiales y se generan residuos de todo tipo.
El segundo Gran Bloque “B”, Sociedad, tiene dos compartimentos internos que interactúan entre sí. El Bloque “B1” comprende a todos los
habitantes del asentamiento humano en que vive el individuo modelizado por el Bloque “A”, incluídos sus metabolismos externos. Los
contactos entre ambos universos -el individual y el colectivo- se formalizan de distintas maneras (relaciones directas, indirectas o via medios de
prensa), sobre diferentes lugares urbanos y en distintos tiempos. La turbulencia informativa es una de las características más notables de las
ciudades industrializadas. Sistemas de difusión masiva como la radio, la televisión, los diarios y las revistas son canales muy fuertes de
contacto, unidireccional, entre sectores minoritarios de la sociedad (emisores) e individuos (receptores). Estas tecnologías, a las que se suman
la educación formal, no formal e informal, homogeneizan muy rápidamente las culturas urbanas.
Lamentablemente el mecanismo de deriva cultural favorece la adopción de modelos hiperconsumistas, políticos, industriales o religiosos que
no han sido “seleccionados” socialmente, y que carecen de valor adaptativo para la especie humana. En cuanto al Bloque “B2” incluye los
elementos, espacios culturales e información exosomática de orden público. La Caja 9 aglutina por ejemplo teatros, legislaturas, sitios de
esparcimiento, comercios, industrias, clubes deportivos, seccionales de policía, monumentos, calles, transportes públicos y otras componentes
típicamente comunitarias. La Caja 10 por su parte concentra la información cultural exosomática de la comunidad, que incluye desde códigos
escritos (constituciones, leyes, decretos, resoluciones, reglamentos, estatutos, reglas) hasta bancos muy complejos de información (bibliotecas,
bases de datos de reparticiones públicas etc). “B” es la matriz social en la que se mueve el individuo.
Finalmente un Gran Bloque “C” modeliza el ambiente, donde interactúan ecosistemas balanceados (Caja 12), productivos (Caja 13) y urbanos
(Caja 14). Desde una perspectiva estricta “C” comprende a los dos Grandes Bloques anteriores, pero estos han sido arbitrariamente separados
para mejorar la comprensión del sistema.
El universo “C” abarca grandes unidades, como bosques, lagos o parques públicos, y las componentes abióticas de cada ecosistema
(temperatura, humedad relativa, presión atmosférica, vientos etc.). Es la matriz ambiental que contiene a la matriz social.
Figura 17. Modelo de la conducta humana. Según Montenegro (87) (112).
La conducta humana -representada por el Subsistema II- es el resultado de la interacción entre los Grandes Bloques “A”, “B” y “C” del
Subsistema I.
Las actuales crisis ambientales y sociales delatan fallas graves en los sistemas de conducta humana. La mayoría de los modelos
contemporáneos de organización social -desde los llamados capitalistas hasta los socialistas- abundan en desvíos (retroalimentación positiva)
y se muestran francamente incapaces para diseñar estrategias correctoras (retroalimentanción negativa). Si a esta falla la colocamos en un
escenario como el actual, donde la capacidad de carga del planeta disminuye y la población aumenta, con consumos per capita disparados, el
panorama resulta sombrío. La mayor parte de los cambios que se necesitan suelen ser adoptados tras graves crisis, y sólo en contadas
oportunidades mediante procesos interactivos y de consulta. La causa principal de todos los problemas está radicada en los modelos de vida
de las personas actuales, modelos básicamente no sustentables y efímeros. Una parte minoritaria de la humanidad defiende a cualquier precio
el “nicho” que ha logrado -aunque sea de tremendo impacto socio-ambiental- y otra parte, la mayoritaria, cuyos “nichos” son de subsistencia o
casi muerte, desea alcanzar los “nichos ecológicos” del mundo industrializado. Desde las guerras hasta la generalización del uso de drogas
adictivas, pasando por la venta de bebés o la corrupción público-privada son síntomas y al mismo tiempo mecanismos de un experimento que
nosotros consideramos fracasado. La actual estrategia humana de los nichos en expansión es demasiado peligrosa y no funciona a largo
plazo.
Pese al panorama general, que es definitivamente sombrío, podemos generar retroalimentadores negativos que reduzcan al menos un poco la
pendiente de las exponenciales. Si no lo hacemos a gran escala, o demoramos la toma de decisiones y los cambios, actuarán los
retroalimentadores “naturales” que, como lo expresó Margalef, son mucho más dolorosos. Muchos de estos retroalimentadores “naturales” ya
están en marcha.
Visto este modelo, es interesante formularse las siguientes pregunta : cuáles son los mecanismos que permiten la fijación social de conductas
sin valor adaptativo?. Es posible actuar sobre ellos para reducir los errores y aumentar así nuestra posibilidad de supervivencia?. Nosotros
creemos que la “deriva cultural” es uno de esos mecanismos perversos. En el campo de la genética de poblaciones se estableció la validez del
efecto Sewall-Whright, o principio de los pequeños números, que explica mediante un formuleo estadístico muy sencillo como microfragmentos
poblacionales -unas pocas parejas de una especie conquistando una isla por ejemplo- pueden asentarse y fijar caracteres no adaptativos. Este
mecanismo, llamado deriva genética, es una de las fuentes de variación e incluso de especiación en el proceso evolutivo.
Este embudo estadístico tendría su equivalente en la cultura humana. Cavalli-Sforza (1971) así como Cavalli-Sforza y Feldman (1973)
sugirieron que en la evolución social humana el equivalente de una mutación (genética) importante es una nueva idea. Si es aceptable y
ventajosa, la idea se extenderá rápidamente. De lo contrario, disminuirá su frecuencia y caerá en el olvido. Esta es la “deriva tradicional”.
Wilson en su “Sociobiología” introdujo otro criterio muy interesante, el de “deriva social”, al que definió como la divergencia aleatoria en el
comportamiento y sistema de organización de sociedades o grupos de sociedades. El termino “aleatorio” significa aquí que las diferencias en
el comportamiento no son resultado de una adaptación (22).
Sobre esta base y el análisis de algunos comportamientos humanos típicamente no adaptativos, como el desarrollo de armas biológicas y
químicas de destrucción masiva, desarrollamos la noción de “deriva cultural” (2) (145). Este mecanismo se refiere a una estructura social y de
toma de decisiones que involucra a muy pocas personas (ultraminorías) y cuyas “innovaciones” se fijan e incluso diseminan sin debate
social. Esas personas y sus ideas son equivalentes a los fragmentos poblacionales de dos o tres parejas de organismos que invaden una isla.
39
En este caso las ideas se transforman en decisiones mayoritariamente no adaptativas. El proyecto Manhattan es clásico; una élite
gubernamental y científica decidió y desarrolló en los Estados Unidos un plan nuclear bélico de emergencia que detonó el primer artefacto
nuclear (Alamo Gordo en Nuevo México) y fabricó las dos primeras bombas de fisión para bombardeo, “Little Boy” y “Fat Man”, lanzadas luego
sobre el Japón en agosto de 1945. La sociedad no intervino, pero quedó automáticamente incorporada a una estrategia bélico-militar que se
contagió a otros países y que continúa expandiéndose. En algunos casos las decisiones secretas tratan de mantenerse como tales, y solo
salen a la luz tras filtraciones o escándalos. En otros casos las decisiones se toman en grupos muy cerrados y luego se institucionalizan
públicamente via los medios masivos de comunicación.
Muchas decisiones gubernamentales caen dentro de esta categoría. Los dispositivos institucionales públicos y privados que promueven e
incluso “amparan” el secretismo, ya sea el de los decisores, ya sea el de élites técnicas, son responsables de verdaderas aberraciones sociales
y ecológicas.
Obras como la presa de Assuan en Egipto, la descarga de residuos radiactivos al mar, el envío de cargamentos tóxicos desde los países
industrializados al Tercer Mundo, el armamento químico y biológico, los planes nucleares y la bomba de neutrones son ejemplos patéticos de
“deriva cultural”. La mayor parte de los problemas que enfrenta hoy la humanidad se deben a decisiones y productos que tuvieron un origen
inconsulto, cerrado y elitista. Lamentablemente la “deriva cultural” es observable en todo tipo de instituciones; cada vez menos personas
deciden sin prueba social por mayorías silenciosas (2).
5.3. Principales problemas ambientales de los ecosistemas urbanos.
5.3.1. Tendencias y problemas.
El análisis de la cuestión urbano-ambiental es dificil por tres motivos : (a) Varían sus tamaños poblacionales absolutos. Nuestro país posee, por
ejemplo, situaciones urbanas extremas : desde una megalópolis en formación a lo largo de los 400 km del eje industrial Paraná-Rio de la Plata,
donde un 2% del territorio concentra el 45% de la población argentina, hasta microasentamientos humanos sobre ecosistemas balanceados de
Puna (117). (b) Varía la estructura organizativa al interior de cada centro. Sus diferentes culturas y arreglos sociales definen numerosos
modelos de consumo-descarte. Es predictible hallar patrones de consumo mucho mayores en Río Cuarto (Córdoba) y menores, por ejemplo,
en Pampa del Infierno (Chaco). Finalmente, (c) varían los ecosistemas en mosaico sobre los cuales se localizan los asentamientos humanos y
varían las interrelaciones que mantienen las ciudades, los agroecosistemas y los ambientes balanceados. Existen así en Argentina ciudades
identificadas con la Estepa Patagónica, como Neuquén, y ciudades ligadas al Chaco Serrano, como La Cumbre en Córdoba.
Figura 18. Crecimiento de la población humana entre el año 8000 A.C. y 1974. Se distinguen claramente un período
preindustrial de crecimiento lento (8000 A.C.-1750 D.C.) y otro “industrial” de crecimiento explosivo (1750-1974). En este
período, que representa el 0.02% de la historia humana, acaeció el 80 % de todo el crecimiento registrado en un millón de
años. En línea llena la población, en línea punteada la tasa de crecimiento. 1 billón de autores sajones : 1.000 millones.
Redibujado de Coale, cf. (141).
A esta diversidad de situaciones es preciso agregarle la escasa disponibilidad de estudios confiables. La ecología urbana, como disciplina,
apenas está desarrollándose en nuestro país, donde debe superar no solamente la rigidez del estado y de otras ciencias, sinó también las
falsas controversias que plantean aquellos técnicos -muchos de ellos urbanistas- que no tienen formación ambiental. El siguiente listado es una
aproximación a las tendencias que se observan en las ciudades; su combinación varía tanto como los grados de conflicto, y en muchos casos
algunas ciudades se comportan exactamente al revés de la tendencia descrita. Sirve empero para orientar el modelaje de la realidad urbana.
(i) Tendencia a maximizar la concentración de habitantes en espacios mínimos, particularmente intensa desde que se introdujo el sistema de
construcción vertical (torres). Tendencia a la densificación poblacional y a que las ciudades actúen como centros atractores de migrantes,
sobre todo rurales. Gran crecimiento de su población total y según las ciudades, aumento de las subpoblaciones marginadas (villas miseria,
cantegriles, pueblos jóvenes, favelas, mocambos). Durante el período 1970-1980 el aumento de la población que vivía en ciudades y pueblos
con más de 2000 habitantes tuvo en Argentina un crecimiento 25% superior al de la población total del país. Al finalizar la década de 1990
Argentina es una de las más naciones más urbanizadas de la Tierra (117).
(ii) Tendencia a maximizar la cantidad de información por unidad de superficie. Incluye desde la endosomática de los habitantes urbanos hasta
la extrasomática de sus bibliotecas y sistemas de computación. Las ciudades son centros de alta turbulencia intelectual. Las actuales redes de
comunicación social -que incluyen televisión satelital, televisión local, radio, diarios, publicidad callejera etc.- maximizan los flujos, conectan
realidades urbanas distantes y homogeneizan a gran velocidad las culturas ciudadanas. Tanto la elevada densidad de información como la
rapidez de los intercambios acceleran la generación de nuevas ideas y el reemplazo de pautas culturales.
(iii) Tendencia a la renovación excesivamente rápida de los edificios, incluso antes de que termine su vida útil. Abuso de la libertad de diseño.
(iv) Tendencia a que la estructura urbana se adapte a los vehículos automotores y su desplazamiento, en desmedro de la calidad de vida
humana. Avance de playas de estacionamiento secas sobre espacios libres y verdes.
(v) Tendencia hacia el uso de estructuras, materiales, símbolos, adornos y procedimientos constructivos que no ahorran energía y que están
poco adaptados a las condiciones climáticas dominantes. Uso excesivo de metales reducidos, paredes verticales y ángulos rectos, todo lo cual
“disminuye” su resistencia ambiental y aumenta los costos de mantenimiento.
(vi) Tendencia de sus habitantes a la especialización. Ello asegura una cierta separación “ecológica” de las ocupaciones, separación que
aumenta la eficiencia de cada tarea y evita la competencia severa. Esto implica la introducción del axioma de Grinnell-Gause a nivel
intraespecífico y urbano, ya sugerida por Darling y Dassmann (114).
(vii) Tendencia a que la correlación entre el número de tareas (S) y la cantidad de individuos por ocupación (N/S) defina una curva cóncava,
semejante a la de diversidad biológica en ambientes naturales (27). Hay por lo tanto una gran cantidad de personas dedicadas a un pequeño
número de funciones (por ejemplo amas de casa, alumnos primarios) y muchas “profesiones” con pocos miembros cada una (por ejemplo
ecólogos, filatelistas).
(viii) Tendencia de sus habitantes a la sectorización social, facilitada por jerarquías decrecientes de poder, desigualdades económicas y
culturales, distintos niveles de consumo de bienes y energía, entorno y tipos de trabajo (clases sociales, subsistemas culturales). Tendencia a
la injusticia social y al incremento de las patologías urbanas (corrupción, violencia racial, religiosa y política, drogadicción, “maffias”).
(ix) Tendencia a depender del transporte a combustible fósil para abastecerse de materiales y de energía, ya que la concentración de
habitantes en puntos fijos las aleja de las fuentes proveedoras (muchas veces distribuídas al azar). Las ciudades actuales son petróleo
dependientes.
(x) Tendencia a la producción en masa y al descarte. Las ciudades y los ecosistemas circundantes no suelen establecer sistemas de reciclado.
La mayor parte de la producción industrial (tecnología de uso doméstico, transporte, símbolos culturales) no se autoperpetúa ni autorregula y
es construída con recursos naturales en base al deterioro -directo o indirecto- de los ecosistemas.
(xi) Tendencia hacia una progresiva disminución de los espacios verdes, tanto en superficie como en diversidad florística. Escaso significado
de la flora autóctona. En general las especies nativas de ciclo poco conocido son reemplazadas por unas pocas especies exóticas de
crecimiento rápido, por ejemplo Ulmus pumila y Melia azedarach. Tendencia hacia el reemplazo de especies de gran porte que impiden la
visualización de fachadas por especies de menor volúmen.
(xii) Tendencia de los habitantes urbanos a proteger una cierta flora y fauna domésticas : gramíneas para césped, monocotiledóneas y
dicotiledóneas con flores llamativas o de aspecto agradable, aves y mamíferos (por ejemplo perro, gato).
(xiii) Tendencia al empobrecimiento de la fauna urbana autóctona, aunque sus nichos sean complementarios de las actividades humanas.
Falta de información y prejuicios suelen provocar la eliminación intradoméstica de especies insectívoras útiles como la hormiga colorada,
Solenopsis saevissima y la “araña patas largas”, Pholcus phalangioides.
(xiv) Tendencia a favorecer involuntariamente el crecimiento poblacional de especies no protegidas, generalmente bien adaptadas al
funcionamiento urbano, tales como virus, bacterias, hongos, “malezas vegetales”, roedores, murciélagos e insectos domésticos. Estas especies
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tienen nichos ecológicos con demandas que coinciden, por lo general, con las ofertas ambientales “creadas” por el ser humano. Este es el caso
de las cucarachas (Blatella, Blatta, Periplaneta) y de las ratas (Rattus spp).
(xv) Tendencia al uso intenso de biocidas (insecticidas, rodenticidas, molusquicidas, herbicidas etc.) para el abatimiento poblacional de
especies que utilizan los alimentos y los residuos humanos.
(xvi) Tendencia general a que se reduzca el poder de ajustabilidad “A” de los ecosistemas urbanos, crisis que se asocia con cadenas
alimentarias muy cortas, baja diversidad biológica e ineficiencias de todo tipo. Tendencia a la inestabilidad extrema.
(xvii) Tendencia de sus habitantes a ignorar, generalmente por falta de información, el deterioro del habitat urbano y de las comunidades
bióticas circundantes. Acostumbramiento a la convivencia con ambientes deteriorados.
(xviii) Tendencia de los habitantes urbanos al enriquecimiento cultural del habitat, de la conducta reproductiva, de la alimentación, del trabajo y
del tiempo libre (el nicho ecológico flexible en sentido amplio). Muchas de estas pautas agregadas carecen de valor adaptativo y son por lo
general lucro-dependientes. Tendencia al almacenamiento de objetos y bienes, e incluso de residuos.
(xix) Tendencia al aumento del “home range” individual (territorio). Este territorio es resultado de sumar las áreas intradomésticas, el área
urbana de “traslado” y el área laboral entre otras posibles. Cuanto más grande es la ciudad, mayores son los territorios individuales. Esto
reduce la percepción y el conocimiento detallado de cada ambiente, y provoca mayores gastos de energía (transporte, alimentación, pérdida de
tiempo).
(xx) Tendencia a la agudización de ciertos problemas sanitarios (enfermedades, epidemias) como consecuencia de la mayor densidad
poblacional, del uso concentrado de materiales-energía y de una deficiente práctica de prevención. Fenómenos usuales y de magnitud como
los movimientos interurbanos e internacionales de personas han logaritmizado este problema. La gran biomasa humana ofrece por su parte un
nicho de grandes dimensiones para las especies parásitas y parasitoides, tanto internas (por ejemplo Trypanosoma cruzi o Toxoplasma
gondii) como externas (por ejemplo Pediculus).
(xxi) Tendencia de de los habitantes urbanos a ocupar espacios vitales progresivamente más pequeños y desnaturalizados (por ejemplo
viviendas unifamiliares, departamentos). Tendencia a la conformación de sectores urbanos con distinto tipo y calidad de viviendas. Desarrollo
de asentamientos marginales.
(xxii) Tendencia al crecimiento urbano anárquico, favorecido por la introducción de pautas lucrativas, escaso altruísmo y en general, por
ausencia de criterios de sustentabilidad ambiental (tenencia monopólica de la tierra, especulación, egoísmo).
(xxiii) Tendencia a que los mecanismos urbanos de administración pública funcionen por “compartimentos estancos” y sin perspectiva
sistémica.
(xxiv) Tendencia a que los recursos de propiedad común sean menos cuidados que los bienes particulares. Esto es válido no solamente para
edificios y parques públicos, sinó también para recursos compartidos como el aire, el agua, el suelo, la flora, la fauna y los paisajes.
(xxv) Tendencia hacia la impermeabilización general de la piel “urbana”. Las técnicas de urbanización y pavimentación impiden los procesos
generales de infiltración y evapotranspiración.
(xxvi) Tendencia a la creación de cuencas y subcuencas hídricas dentro de la trama urbaba, por lo general no previstas. Tanto la topografía
modificada como las vias de comunicación y otras estructuras, interrelacionadas, determinan una pluricidad de los regímenes de escorrentía.
Este proceso genera inundaciones urbanas que erosionan la infraestructura vial.
(xxvii) Tendencia hacia la desertificación de áreas intraurbanas por deforestación, desmalezado y quema, lo cual favorece la erosión eólica e
hídrica del suelo. La falta de vegetación y los microdesiertos aumentan a su vez la escorrentía.
(xxviii) Tendencia hacia el empobrecimiento en la disponibilidad de agua superficial y la menor oferta en rios y arroyos con caudal “normal”.
Las bajantes no naturales, resultado de sobreconsumos de agua, alteran los pulsos hídricos y reducen su capacidad autodepurante.
(xxix) Tendencia hacia la reducción en la disponibilidad de agua subterránea por extracción desmedida e irracional. Usualmente los criterios de
uso suelen ignorar el modelo de funcionamiento de la hidrogeología urbana.
(xxx) Tendencia hacia la disminución de oferta paisajística y creciente deterioro e incluso destrucción del patrimonio histórico-cultural.
(xxxi) Tendencia hacia la alteración de suelos urbanos, costas de rios y playas marinas por extracción de arena y otras rocas de aplicación.
Pueden modificar incluso el curso de los rios.
(xxxii) Tendencia hacia la formación de microclimas urbanos que se alejan de los “óptimos de bienestar” para el ser humano. Fenómenos
como el sobrecalentamiento, la escasa ventilación e incluso el “smog” son ejemplos de microclimas urbanos indeseables. Fenómenos críticos
de “smog” se registran cuando concurren, entre otros, los siguientes factores : (a) Prolongadas inversiones térmicas de superficie; (b) Falta de
viento (calmas); (c) Efecto esponja de la estructura edilicia y de los corredores urbanos, que retienen porciones contaminadas de atmósfera; (d)
Elevada emisión de contaminantes y (e) Topografía cóncava (en fondo de valle por ejemplo).
(xxxiii) Tendencia a la producción de residuos de todo tipo, tanto energéticos (ruido, calor, radiación) como materiales (líquidos, sólidos y
gaseosos). Practicamente todos los sectores activos descargan efluentes. Ello produce contaminación intraurbana, contaminación de
ambientes cerrados o semicerrados y exportación de contaminantes (migración horizontal, migración vertical).
(xxxiv) Tendencia hacia el empobrecimiento de la calidad de las aguas dulces superficiales (rios, lagos) y de las aguas costeras marinas.
Aumento de su diversidad en compuestos químicos no tradicionales. Eutroficación por exceso de nutrientes, como por ejemplo fósforo y
nitrógeno. Aumento de la contaminación microbiológica.
(xxxv) Tendencia hacia la afectación de la calidad hídrica subterránea. Contaminación con materiales orgánicos y microorganismos, e incluso
con residuos industriales. Cuando existen varias capas hidrogeológicas, el mal sellado de los pozos de extracción puede provocar la
contaminación de acuíferos profundos. La irracional técnica de la inyección de líquidos cloacales por tubos está sobrecontaminando las aguas
freáticas.
(xxxvi) Tendencia hacia la pérdida de calidad de las atmósferas urbanas por sobrecarga con contaminantes gaseosos y particulados e incluso
energéticos (ruido, calor, radiación). Los contaminantes tanto primarios como secundarios la alejan de perfiles (criterios) considerados
“normales”. Incremento de la diversidad física y química de la atmósfera urbana; reducción del tenor de oxígenos en ambientes cerrados y
semicerrados.
(xxxvii) Tendencia hacia la sobrecarga de los suelos urbanos con líquidos cloacales (pozos negros) y con residuos sólidos, tanto domésticos
como industriales. Estos residuos pueden estar distribuídos o concentrados en superficie, e incluso hallarse enterrados a distintas
profundidades. Los enterramientos sanitarios -una técnica de alto impacto ambiental- sustrae gran cantidad de materiales de los ciclos y los
concentra en “celdas” subsuperficiales que pueden contaminar las aguas subterráneas (por ejemplo via migración de metales pesados) y el
aire (con metano, con otros gases).
(xxxviii) Tendencia a generar situaciones de riesgo por contaminación radiactiva (presencia de reactores nucleares de potencia, reactores
experimentales, fábricas de dióxido de uranio etc.) y por contaminación electromagnética (cables de alta tensión, generadores eléctricos). En
algunos casos este riesgo se suma al “natural”, por ejemplo zonas con valores altos de radiación de fondo (cuencas hídricas y playas con
arenas monacíticas).
5.3.2 Análisis de casos.
(a) Merma de espacios verdes y de árboles urbanos.
La superficie de parque urbano decendió en Córdoba de 2.63 m2/hab en 1949 a 1.83 m2/hab en 1965 y a 1.62 m2/hab en 1970. Posterior-
mente la creación del Parque San Martín permitió aumentar este valor hasta 2.36 m2/hab. Tanto la reciente parquización de la costanera del rio
Suquía como la creación de nuevos espacios verdes incrementó ese valor. La disponibilidad de arboleda vial en cambio sigue siendo crítica,
sobre todo en el área central; en 1976 esta zona tenía solamente 1 árbol cada 16 habitantes. La situaciónm apenas ha mejorado en 1994. En
cuanto a los barrios, Valeiras et al. determinaron valores muy bajos en Villa Paez y un sector de barrio Alto Alberdi; en 100 manzanas
relevadas se constató la presencia de solamente 982 árboles, es decir, algo menos de 10 árboles por manzana. Cruzados estos datos con la
población la cifra de árboles por habitante resultó mínima : 0.03 arb/hab (115). La gestión municipal 1993-1994 ha plantado ya más de 50.000
árboles en veredas barriales y plazas.
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Entre los problemas recientes figura el creciente reemplazo en Córdoba de especies forestales de gran porte por especies de copas
pequeñas, la poda pese a su ilegalidad y la tala de árboles para facilitar la visualización de fachadas. Es importante, en todo plan de aumento
del verde urbano, asociar intimamente la forestación en hileras, la mayor cobertura vegetal de plazas y plazoletas, la “canterización” (que
puede ser mantenida por particulares y empresas), la praderización de “peladares”, los parques con especies exóticas, los parques autóctonos
y el verde privado. En Córdoba se creó por ejemplo en 1985 la Reserva Ecológica del Suquía, que tiene 64 ha con remanentes de ecosistemas
de Chaco Serrano y Espinal.
La vegetación urbana de 1, 2 o 3 estratos -pastizal, arbustal, arbóreo- reduce la contaminación por partículas (calles arboladas suelen
mantener atmósferas con 3.000 núcleos sólidos/litro y calles sin árboles 12.000 núcleos/litro); amortiguan a ciertos volúmenes el ruido de baja
frecuencia; fijan dióxido de carbono; descargan oxígeno; aumentan la infiltración y retienen el suelo impidiendo la erosión hídrica y eólica (de
allí que no deban desmalezarse en forma irracional los terrenos baldíos); crean microclimas menos extremos (franjas parquizadas con 50 m de
ancho pueden abatir las altas temperaturas en 2-3 grados centígrados; las especies caducifolias dan sombra en verano y permiten la insolación
de veredas en invierno); proveen espacios ecológicos para que vivan dentro de la trama urbana otras especies; producen alimentos, principios
medicinales y especias, y ayudan a mantener “sucursales” de la naturaleza al interior de la ciudad. Una hectárea de vegetación urbana con 3
estratos y 5 hectáreas de superficie foliar fija 900 kg de dióxido de carbono cada 12 horas y descarga, en ese mismo tiempo, 600 kg de
oxígeno (2).
(b) Contaminación del suelo.
El suelo urbano se contamina con residuos sólidos y líquidos que descartan, principalmente, las viviendas e industrias.
La contaminación del subsuelo con líquidos cloacales es más intensa en las ciudades que carecen de servicios de desague cloacal o que
tienen cobertura parcial. Sobre 618 localidades de Argentina con más de 1.000 habitantes 160 poseían red cloacal en 1975. De las 15.022.319
personas que habitaban estas 160 ciudades, un 45.6% eran efectivamente servidas. Según Planas solamente un 29.3% de la población
argentina tenía acceso en 1975 a colectoras cloacales (116). En 1985 esa cobertura descendió al 27% (117). Ello significa que un 70% de los
habitantes urbanos descargan sus líquidos cloacales al subsuelo. Este hecho es grave porque la “calidad” de los efluentes domiciliarios incluye
cada vez más aditivos químicos.
En 1988 el 62.4% de la población del conurbano bonaerense no tenía acceso a la red cloacal (en promedio). Dicho porcentaje era del 30% en
la ciudad de Córdoba y del 22% en ciudad de La Rioja. Lamentablemente la sobrecarga de residuos líquidos se acrecienta en ciudades
turísticas, donde la población en tránsito supera en factores de 10 o más veces la población residente (picos estacionales de verano, o de
verano-invierno). En San Carlos de Bariloche viven 45.000 habitantes estables, mientras que la población turística anual llega a las 500.000
personas (1980) (117). Algo similar sucede en las ciudades turísticas de Villa Carlos Paz en Córdoba y Mar del Plata en Buenos Aires, que han
provocado una masiva contaminación microbiológica y orgánica del subsuelo y de las masas de aguas con las cuales están conectadas (el
lago San Roque en Villa Carlos Paz y la costa Atlántica en Mar del Plata).
El otro factor de presión son los residuos sólidos. Mientras que en Estados Unidos la generación promedio de basura domiciliaria es de 2-3
kg/hab.día y en Europa occidental de 1.5-2 kg, en América Latinaese valor fluctúa entre 0.3 y 1 kg/hab.día. En Argentina el promedio indica
entre 0.6 y 0.7 kg/hab.día, con notables variaciones entre ciudades. Mientras los habitantes de área metroplitana de Buenos Aires generan 1.1
kg de basura diaria, la segunda ciudad del país, Córdoba, produce exactamnente la mitad (117).
Aplicando un valor promedio de producción de 0.63 kg?hab.día (derivado de cifras de recolección), nuestro país desechaba 17.647 ton diarias
de basura en 1980, esto es, algo más de 12 toneladas por minuto (118). Aunque varias localidades emplean rellenos sanitarios y otras técnicas
equivalentes de “aislación” de la basura -no de tratamiento- predominan ampliamente los vaciaderos a cielo abierto. En una encuesta realizada
por la Dirección de Saneamiento Ambiental de la provincia de Entre Rios se determinó que 36 municipios recogían un total de 126 ton/día de
basura, con un máximo de 23 ton correspondiente a la ciudad de Paraná; en todos los casos los residuos se volbierto (1968) (118). Un estudio
similar realizado en la provincia de Córdoba mostró que la basura recogida en 14 ciudades totalizaba 512 ton/día en 1968, y que el 86% de
esas localidades tenía basurales abiertos. De estos últimos un 57% sostenía criaderos de cerdos (Dirección de Saneamiento Ambiental, 1968)
(118).
Cabe acotar, enfáticamente, que tanto los enterramientos sanitarios como los basurales a cielo abierto contaminan el suelo, las aguas
subterráneas y el aire. El enterramiento sanitario es una técnica de coyuntura que tiene por objetivo reducir la contaminación superficial y los
riesgos sanitarios de superficie, pero que no resuleve el problema de la basura. Numerosos sanitaristas continúan pregonando las bondades
de este sistema por razones económicas de corto plazo. Pero la realidad de los ecosistemas y la naturaleza misma de la basura urbana, cada
vez más compleja y contaminante, exige una via distinta. En lugar del enterramiento es necesario reorientar el sistema completo de descarte,
recolección y destino final.
Una alternativa sustentable incluye: primero, desincentivar la producción de embalajes complejos e innecesarios; segundo, reducir la
producción de basura en la fuente (los hogares por ejemplo); tercero, maximizar la reutilización y la recirculación intradoméstica; cuarto,
diseñar y generalizar sistemas municipales de reciclado, ya sea con separación previa por los vecinos y descarte unifamiliar, o bien mediante
uso de contenedores barriales para plástico, vidrio, papeles y otros rubros, y quinto, construír plantas o sistemas municipales de recuperación
máxima de basura. Esta tecnología -que cuenta con numerosas variantes- implica la separación mecánica de materiales valiosos o recircu-
lables (orgánicos no biodegradables, orgánicos degradables e inorgánicos) y el compostificado de la materia orgánica. El método Indore,
desarrollado en la India, es un buen procedimiento para la transformación aerobia de restos orgánicos (118). Proyectos piloto con muy buenos
resultados se están desarrollando en la localidad de Villa Giardino , en el Valle de Punilla -el proyecto TROU- y en la ciudad de Córdoba (1993-
1994).
Los residuos industriales riegosos y los materiales radiactivos de descarte son otra fuente importante de contaminación del suelo, y por
extensión del agua superficial y de las aguas subterráneas. Son ya clásicos los casos de contaminación producidos por vertederos de
sustancias químicas en Río Tercero, en Córdoba (Duranor-Petroquímica), y por depósitos de cromo en Don Torcuato, provincia de Buenos
Aires (empresa Cosmocolor S.A.)
El problema no se limita sin embargo a desechos locales. Greenpeace y la Fundación Tierralerta denunciaron dos proyectos para la
introducción de residuos químicos procedentes de Italia y los Estados Unidos (Caso Altyd S.A.; Caso Eximar Limitada) (14). El proyecto Altyd
preveía la construcción de una planta para la termodestrucción de residuos que incluían policlorobifenoles, policlorotrifenoles,
policloronaftalenos, hidrocarburos aromáticos, solventes y sustancias de laboratorio no identificadas. Afortunadamente el gobierno de la
provincia de Chubut rechazó la propuesta (14).
En materia de residuos radiactivos la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) tiene un nutrido historial de irregularidades. Al caótico
funcionamiento del Complejo Uranífero de Los Gigantes que operó la empresa Sanchez Granel Ingeniería S.A. entre 1982 y 1989, y cuyos
sólidos radiactivos todavía estan inadecuadamente almacenados en las Sierras Grandes de Córdoba, se le agregó -en esa misma época- el
escándalo de las fosas del Centro Atómico de Ezeiza. CNEA construyó allí tres trincheras, cada una de las cuales tenía 10 metros de ancho,
30 metros de largo y 2.5 metros de profundidad.
En estas excavaciones, rellenadas con arena, grava y suelo se volcaron efluentes radiactivos de baja actividad a través de un sistema de
cañerías de distribución. El proyecto ignoraba los efectos de contaminación en el suelo y preveía que los residuos radiactivos, al arribar a los
acuíferos, ya habrían decaído su actividad. La realidad mostró todo lo contrario. Pese a que un informe previo del Instituto Nacional de Ciencias
y Técnicas Hídricas (INCYTH) previó esta posibilidad de contaminación en 1985-1987, la inyección continuó (14).
Figura 19. Crecimiento de la ciudad de Córdoba. Lento al comienzo, se tornó explosivo entre 1960 y 1970 (cf. 141).
(c) Contaminación de aguas superficiales.
Dado que en Argentina la mayor parte de las ciudades se asentaron junto a rios y lagos importantes, estos recibieron el tremendo impacto de
sus efluentes contamindos. Las principales fuentes de descarga son viviendas, plantas de depuración de líquidos cloacales, industrias,
reactores nucleares y terrenos incendiados. En 1975 los líquidos del 76.5% de la población servida en Argentina por redes cloacales se vertía a
las distintas masas receptoras de agua sin tratamiento. El rio Suquía a su paso por Córdoba, el Arenales en Salta, el rio Salado en Junín, el rio
42
Tercero en Bell Ville y Villa María, el arroyo Langueyú en Tandil y el rio de la Plata en Capital Federal, por ejemplo, muestran síntomas de
degradación aguda. Baste recordar que en la ciudad de Córdoba, segunda urbe de la Argentina, 100 bocas industriales descargaban 28.000
m3/día de efluentes sin tratar al rio Primero en 1977, y que aguas arriba -en las subcuencas Cosquín y San Antonio- eran vertidos 580 m3/día
de efluentes cloacales e industriales, en su mayoría crudos (118). Crisis similares se registran en el lago San Roque, junto a la ciudad de Villa
Carlos Paz, y en el lago Nahuel Huapí en la provincia de Río Negro (117) (118). Puede afirmarse que los principales ecosistemas hídricos de
Argentina han perdido poder de ajustabilidad (“A”) en la mayor parte de sus recorridos. Bajantes abruptas en la diversidad biológica natural,
oxígeno disuelto cercano a cero, sobrepoblación de especies oportunistas y alta diversidad de contaminantes son su nuevo perfil urbano.
(d) Contaminación del aire.
El origen de la contaminación del aire es atribuíble a un gran número de fuentes, entre ellas vehículos, incineradores, industrias, quema urbana
de hojas etc. Lamentablemente no existen series completas y confiables de medición. Entre las ciudades con algún tipo de registro figuran
Buenos Aires, Córdoba y Tucumán. En esta última los niveles detectados de óxidos de nitrógeno son bajos (promedio : 0.012 ppm, 1978)
(118). Comparando los estudios que realizamos para Córdoba en 1976 con los registros de 1982 a 1988 la concentración de dióxido de azufre
subió aproximadamente 6 veces, esto es, un 600% (115). En cuanto al polvo en suspensión (comparación 1976/serie 1981-1982) su
concentración creció 3 veces, es decir, 300% (115). Los valores de polvo en suspensión muestran picos positivos en otoño-invierno, cuando se
tornan frecuentes las inversiones térmicas de superficie (por ejemplo 106 ug/m3.24 horas promedio en junio de 1976). En cuanto a los valores
de polvo precipitado son muy altos durante todo el año (promedio para 1976 : 35.6 ton/km2.30 días). Pero la atenuación del rigor otoño-invernal
ha reducido recientemente la magnitud y duración de las inversiones térmicas.
Figura 20. Modelo de la contaminación del aire. Según Montenegro (115).
En Córdoba los vehículos a nafta y gas-oil descargaron estimativamente a la atmósfera, en 1973, unas 72.621.6 ton/año de contaminantes, a
un promedio de 198.9 toneladas diarias. Diez años después volvimos a realizar los cálculos, y estimamos una descarga de 287 toneladas por
día, de las cuales un 90% correspondía a vehículos nafteros (120). Los trabajos conducidos por el Ministerio de Bienestar Social y ADEFA
(1978) mostraron que las concentraciones de dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno en el microcentro de la ciudad de Buenos Aires estaban,
en general, por debajo de niveles internacionales de referencia; sólo el monóxido de carbono escapaba a esta definición. Pero al igual que
Córdoba sus valores de polvo sedimentable eran muy elevados. Mientras que uno de esos niveles de referencia indica como “tolerable” 5
ton/km2.30 días, los promedios anuales del período 1972-1976 correspondientes a 17-18 estaciones de muestreo de la ciudad de Buenos
Aires oscilaron entre 8.3 y 10.7 ton/km2.30 días
Los vehículos son la principal fuente contaminante en las grandes ciudades de Argentina. Las industrias suelen ocupar el segundo lugar. Por
ser fuentes fijas producen efectos de radio corto que se manifiestan con mayor nitidez en áreas pequeñas a muy extensas de la trama urbana.
Cuando la ciudad tiene una alta densidad de industrias químicas, como Río Tercero en Córdoba, los conflictos dejan de ser barriales para
transformarse en urbanos. Cada ciudad tiene casos tipo de industrias no controladas, como por ejemplo fábricas de cal y cemento en Córdoba,
Malagueño y La Calera, industrias textiles en Corrientes o complejos petroquímicos en Río Tercero y Campana.
La micrometeorología urbana puede diluír los efectos -cuando el viento traslada la contaminación de un lugar a otro- o puede agravarlos.
Considerar la dilución “natural” como mecanismo de tratamiento es un engaño socio-ambiental. Toda ciudad debe tener un criterio técnico de
calidad del aire, que tiene que ser conservado, y un criterio de emisión que considere no solamente a las fuentes aisladas sinó también a las
fuentes en conjunto (adición contaminante, sinergización contaminante). Entre los factores que agudizan la contaminación del aire figuran :
primero, inversiones térmicas de superficie, cuyos tapones de aire caliente reducen la migración vertical de contaminantes (inversiones por
anticiclones estancados o por pérdida de calor a nivel del suelo); segundo, la localización de la ciudad en fondo de valle, lo cual reduce su
ventilación lateral; tercero, una topografía edilicia que cree efecto esponja, esto es, edificios altos continuos y corredores que “atrapan” la
contaminación; cuarto, falta de vientos (calmas); quinto, congestión urbana, que aumenta el tiempo de funcionamiento de los vehículos por
unidad de espacio recorrido; sexta, crecimiento accelerado del parque automotor privado e ineficiencia del sistema de transporte colectivo, y
séptima, proximidad de otras localidades contaminadoras. Desde la perspectiva del “barrido” de contaminantes podemos distinguir entre
ciudades bien ventiladas, como Bahía Blanca o Buenos Aires, y ciudades poco ventiladas, como Córdoba o Salta (118). Un modelo de
compartimentos que incluye estas y otras variables fue realizado por Montenegro para la Municipaliodad de Córdoba (Figura 20). Su ajuste,
alimentación y manejo puede auxiliar la toma de decisiones públicas (115).
CAPITULO 6
INTRODUCCION A LA GESTION AMBIENTAL DE CIUDADES.
La gestión ambiental involucra la política, administración y legislación de un espacio jurisdiccional o interjurisdiccional dado. En Argentina el
espacio jurisdiccional básico es la Municipalidad. En él la distancia real entre ciudadanos y administradores es mínima, al contrario de lo que
sucede -por ejemplo- en el ámbito federal. Ya se trate de municipio urbano o de partido, las decisiones públicas y el poder de policía se aplican
sobre un Ejido o territorio legalmente definido. Entre los documentos constitutivos para esta función figuran las “Cartas orgánicas Municipales”.
Otros dos niveles más complejos de gestión pública son el provincial y el nacional. Pero entre el Municipio o el Partido, y la Provincia, puede
existir una estrategia intermedia de administración, la metropolitana. En Francia por ejemplo se creó la Comunidad Urbana de Lyon que
aglutina a 55 municipios. Aunque cada jurisdicción municipal ejerce allí sus potestades, acordaron en conjunto una institución supramunicipal
que centraliza, por ejemplo, la cuestión ambiental.
Esta experiencia es particularmente interesante. Francia posee un total de 36.000 municipalidades (la provincia de Córdoba más de 270) cuyo
parcelamiento arbitrario dificulta por ejemplo la administración de ecosistemas compartidos, e incluso encarece la realización de obras pública.
Entre los aglomeramientos que más sufrían esta desarticulación figuraban Bordeaux, Lille, Strasbourg y Lyon. Se inventó entonces la figura de
la Comunidad Urbana. Creada por Ley del 31 de diciembre de 1966 e implementada el 1 de enero de 1969, recibió primero el apelativo
“Courly” (Comunidad Urbana de Lyon, 1971) y fue rebautizada en 1990 como “El Gran Lyon”. Se alineó así, terminológicamente, junto a con-
glomerados como el Gran Manchester, Gran Londres y Gran Filadelfia. No tiene sin embargo valor jurídico (125).
El Gran Lyon tiene un presupuesto de 1.100 millones de dólares (1994) y una administración de 5.200 personas. Está organizado alrededor de
un Consejo de la Comunidad, un Ejecutivo y un Presidente. El Consejo cuenta con 140 miembros designados por los Concejos Municipales de
cada una de las 55 comunas (Concejos Deliberantes). La cantidad de habitantes de cada comuna define el número de representantes ante el
Consejo; 42 municipalidades tienen por ejemplo una sola banca, mientras Lyon ocupa 46. Este cuerpo determina y orienta las políticas
“comunes” del Gran Lyon. Sus miembros son generalmente los propios intendentes y Consejeros delegados (Concejales). Se reúne diez veces
al año en sesiones públicas, cada una de ellas dedicada al tratamiento de un centenar de temas. La preparación de estos temas está a cargo
de 15 comisiones permanentes. El Ejecutivo tiene un presidente. 24 presidentes -cada uno de ellos encargado de un área en particular- y 5
Consejeros delegados (Concejales). Los vicepresidentes también presiden las comisiones permanentes del Consejo (125).
Entre las funciones que le han sido delegadas al Gran Lyon figuran dos universos : por una parte el urbanismo y el habitat (esquema director,
planes de ocupación del suelo, alojamiento social, renovación urbano-territorial), y por la otra los servicios públicos esenciales (transporte,
estacionamiento, agua potable, colecta y tratamiento de líquidos cloacales, residuos sólidos domiciliarios, prevención y combate de incendios
etc.). Cinco de las vicepresidencias están directamente relacionadas con ambiente : “Lucha contra incendios y prevención de riesgos”,
“Limpieza”, “Agua y tratamiento de líquidos cloacales”, “Sistemas de recolección de residuos sólidos y disposición final” y “Ecología urbana y
medio ambiente” (125).
Entre los logros más importantes de esta estrategia metropolitana figuran la aprobación, por unanimidad, de la “Carta de ecología urbana del
Gran Lyon” con un plan de acción 1992-1995, y la reciente puesta en marcha del Observatorio de Cambios Ecológicos (OCEGLY) (122) (124).
La medición continua de la contaminación del aire atmosférica está a cargo de una estructura mixta, el Consejo de Coordinación para el
Control de la Contaminación Atmosférica de la Región Lionesa (COPARLY). Esta entidad, que provee de datos al Observatorio del Gran Lyon,
43
fue creada en 1979 por gobiernos locales, ONGs e industrias. La información de todos los captadores automáticos se telecanalizan hacia un
ordenador central. Este ordenador ensambla cada 15 minutos las mediciones procedentes de 74 dispositivos dispersos en 33 lugares (124). La
COPARLY, además de disparar su “Procedimiento de Preservación de la Calidad del Aire” cuando las condiciones meteorológicas son muy
desfavorables, informa rutinariamente a la población cuáles son los índices de contaminación atmosférica via Minitel (Código “Meteo”, Palabra
llave “Pollu”). Aunque esta iniciativa del sur de Francia tiene sus defectos, es un valioso modelo de referencia. Por esta causa FUNAM conectó
institucionalmente a la Municipalidad de Córdoba con la Courly (1994), y ha creado, como mecanismo de seguimiento, un acuerdo de trabajo
entre ONGs francesas y la Fundación para la defensa del ambiente (126).
En junio de 1994 la Municipalidad de Córdoba complementó su proceso de descentralización interna, actualmente en marcha, con una
convocatoria para que las comunas del Area Metropolitana discutan mecanismos de trabajo conjunto. Esta estrategia tiene puntos en común
con la iniciativa Courly, y con la de otras áreas metropolitanas de Argentina, América Latina y Europa.
Frente a este necesario proceso de gestión, la realidad de las municipalidades argentinas varía desde comunas con accionar irrelevante o
“accionar cero” hasta municipalidades que cuentan con áreas ambientales de alto rango como las de Buenos Aires y Córdoba. El proceso -
lamentablemente- sigue siendo más cosmético que profundo y estructural. El siguiente modelo de acción proporciona elementos para que una
o varias municipalidades encaren la gestión del ambiente. Cualquiera sea el universo de comunas, es indispensable que se enfoque la gestión
con una perspectiva metropolitana o de “zona”, evitando la clásica consideración de las ciudades como islas.
El primer problema a resolver es “quiénes” se hacen cargo de este proceso. Ya se trate de municipalidades sin antecedentes en el tema, ya se
trate de municipalidades con varias dependencias ambientales dentro de su organigrama, es fundamental que se constituya un equipo
interdisciplinario y que se evite el sesgo de las profesiones clásicas (arquitectos, arquitectos urbanistas, ingenieros). Es importante además que
el equipo integre miembros “ajenos” a la administración, como por ejemplo representantes de ONGs y de otras entidades sin fines de lucro, y
queden habilitados canales de contacto con la gente y con los medios de prensa que recogen opiniones ciudadanas.
La estructura que resumimos a continuación presupone que no hay intentos previos de gestión ambiental. Para formalizar este esquema
utilizamos como caso la ciudad de Córdoba y como referencias su primer Plan de Desarrollo Metropolitano (PLANDEMET), el proyecto de
observatorio ambiental OBA y OBA-HIDRO que realizamos para la municipalidad de Córdoba (1994) y otras experiencias que condujimos en
distintas comunas de Argentina (Salta, Corrientes, Tigre).
El primer trabajo abarcó dos universos, un mosaico discreto de ecosistemas con varias localidades que tienen relación directa con la ciudad
capital (el Area Metropolitana de Córdoba) y un espacio más pequeño, el Ejido Municipal de la ciudad (43) (121) (143) (144) .
Los diferentes espacios jurisdiccionales del Area Metropolitana (Municipalidades, Provincia) se superponen a un mosaico de ecosistemas;
existe por lo tanto un mosaico administrativo, arbitrario, y un mosaico ambiental, ambos sin ningún tipo de relación entre sí. Esta es casi una
constante en el desarrollo urbano de Argentina. Como lo expresara muy claramente Hardoy, las ciudades argentinas se formaron, crecieron y
se consolidaron sin tener en cuenta las características físicas del lugar original de asentamiento (117).
6.1. Primer paso.
Se define el área total sobre la cual se trabajará. En base a una matriz de relaciones de la ciudad de Córdoba con centros vecinos delimitamos
un Area Metropolitana que comprende 28 centros poblados más la ciudad de Córdoba. Esta última, con sus 576 km2 de superficie, es el área
legal de intervención (Ejido Municipal cuadrado de 24 km de lado).
El mosaico del área Metropolitana, del cual “toma”un importante fragmento el Ejido Municipal, comprende : (a) Ecosistemas balanceados y sus
derivados con algún tipo de alteración (los bosques, arbustales y pastizales de Chaco Serrano del oeste; los algarrobales relictuales del Espinal
al sur; los tributarios sin degradar del rio Suquía); (b) Ecosistemas productivos en sentido amplio (los campos para ganadería del norte; los
cultivos sin riego del sur; los cultivos irrigados de Córdoba y Colonia Caroya), y (c) Ecosistemas consumidores (con un total de 29 asenta-
mientos humanos, escalonado desde el más pequeño, Cuesta Blanca, con 124 habitantes, hasta el mayor, la ciudad de Córdoba, con 990.007
personas en l981 (43) (121).
Todos ellos contienen subsistemas y elementos aislados que integran el pastrimonio ambiental de las jurisdicciones intervinientes. Tanto el mal
uso como la sobrecarga de sus recursos naturales y culturales ha hecho mermar dicho patrimonio. Tres ejemplos confirman esta pérdida :
(a) Los bosques serranos, una prolongación en “cuña” de la Provincia Biogeográfica del Chaco, ha desaparecido prácticamente de las
márgenes de arroyos y rios en las proximidades de los centros turísticos (por ejemplo Río Ceballos, Unquillo). Este deterioro reduce la oferta
ambiental de interés turístico.
(b) El desmanejo de los suelos irrigados que se extienden al sur de la ciudad de Córdoba ha provocado fenómenos locales de salinización. En
consecuencia han descendido allí los niveles de productividad y se han perdido recursos edáficos de ubicación estratégica.
(c) La emisión estimadade de casi 73.000 toneladas anuales de contaminantes al aire, procedentes de vehículos automotores, se ha asociado
a las inversiones térmicas de superficie y a la topografía en fondo de valle para desmejorar en otoño-invierno la calidad de la atmósfera. Esta
alteración afecta la salud, reduce la visibilida y el paso del sol, deteriora los bienes y afecta el paisaje urbano.
Cuadros similares pueden observarse en otras Municipalidades y Provincias del país; con caracteres propios la degradación se muestra como
el resultado de una histórica falta de ordenamiento y manejo sustentable de las actividades humanas.
6.2. Segundo paso.
Se identifican los sistemas susceptibles de ser protegidos o mejorados. Este relevamiento -generalmente rápido- conduce a la definición
preliminar y jerarquizada de áreas de interés o acción. Básicamente orienta la posterior inversión de esfuerzos. Esta búsqueda debe ser guiada
por algunos criterios principales. El “Plan de Desarrollo Metropolitano”, con anterioridad a su etapa de diagnóstico, definió cuáles eran los
espacios críticos :
(a) Espacios cuya degradación afecta directa o indirectamente la salud pública por estar modificados sus criterios de calidad de agua, aire,
suelo y alimentos. Por ejemplo ecosistemas acuáticos en contacto con ciudades y fuentes aisladas de contaminación (lago San Roque y
afluentes, rio Suquía, rio Ceballos); localidades con problemas puntuales o masivos de contaminación del aire (La Calera, Malagueño, Yocsina,
Córdoba); aguas subterráneas (por ejemplo Córdoba), suelos con basurales abiertos y cultivos tratados con pesticidas.
(b) Espacios cuyo deterioro hace peligrar la oferta ambiental de interés turístico. Por ejemplo pérdida de recursos paisajísticos urbanos y
extraurbanos por crecimiento desordenado de loteos, localización y expansión de canteras, tala y quema de bosques de Chaco Serrano,
distorsión de visuales con propaganda etc. (las sierras al oeste del Area Metropolitana, y a menor escala, los ambientes de localidades como
Carlos Paz y Unquillo).
(c) Espacios cuyo desmanejo reduce los niveles de producción primaria y el “capital edáfico”. Por ejemplo campos agro-ganaderos y
explotaciones silvo-pastoriles que disparan fenómenos de erosión biológica (cultivos de impacto), erosión hídrica de suelos (“cárcavas”,
erosión laminar), salinización y alcalinización (ecosistemas productivos de la zona serrana y cultivos de la llanura oriental del Area
Metropolitana, “cinturón verde” de la ciudad de Córdoba, plantaciones artificiales de pinos y eucaliptos).
(d) Espacios cuyo deterioro produce la pérdida de regularidad en los modelos hídricos e hidrogeológicos. Por ejemplo cabeceras de cuenca
sometidas a tala, fuego y sobrepastoreo (afluentes al lago San Roque : San Antonio, Los Chorrillos, Las Mojarras, Grande-Cosquín; subcuenca
Río Ceballos; rio Suquía) y zonas con sobreutilización de vertientes y acuíferos.
(e) Espacios cuyo deterioro implica la desaparición de ambientes balanceados -con un alto valor de ajustabilidad “A”- y de recursos naturales
renovables únicos (por ejemplo especies de la fauna y flora nativa), y que son necesarios para el funcionamiento del Area Metropolitana. Por
ejemplo ecosistemas del Chaco Serrano y remanentes del Espinal; ecosistemas acuáticos con escaso disturbio (cabeceras de cuenca).
(f) Espacios con un alto grado de desertificación y deterioro visual. Incluyen áreas con canteras abandonadas y activas (curso bajo del rio
Suquía en la ciudad de Córdoba, rio Cosquín); bolsones intraurbanos (casi todas las localidades), ejes viales interurbanos, ejes dentro de cada
ciudad y faldeos quemados y erosionados (laderas cercanas a Villa carlos Paz por ejemplo).
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(g) Espacios cuyo deterioro o particular ubicación se asocian a posibles catástrofes, en particular deslizamientos de tierra, inundaciones,
accidentes químicos y grandes incendios. Por ejemplo cabeceras de cuenca altamente desertificadas que tienen asentamientos humanos en
su parte baja, o localidades con barrios situados dentro de líneas de ribera y sobre paleocauces.
Estos “espacios críticos” se delimitan convenientemente en mapas y planos, y se identifican las áreas de problema para cada uno de ellos. El
ejercicio, fundamental, produce una primera versión de la “Carta ambiental” del Area Metropolitana, o si se trabaja a menor escala, del
municipio.
6.3. Tercer paso.
Una vez identificados los espacios y las áreas de problema es preciso tener información lo más precisa posible sobre ellos. Este paso implica
la utilización simultánea o escalonada de tres procedimientos : (a) Recorridos expeditivos de campo para enmarcar el trabajo; (b) Búsqueda,
ordenamiento y procesado de la información secundaria existente. Por ejemplo empleo de datos observados sobre fluviometría del rio Suquía
(127); sobre vegetación (128) o sobre contaminación urbana del aire y morbilidad respiratoria (129), y (c) Conducción de estudios para
completar los vacíos de información, y si corresponde, puesta en marcha de sensores continuos. Este item incluye evaluaciones temporarias,
evaluaciones semipermanentes -como por ejemplo catastro de la población de árboles urbanos sobre veredas- y evaluaciones continuas
(monitoreo de la contaminación del aire).
Esta evaluación cruzada permite conocer no solo el comportamiento de los ecosistemas y sus partes, sinó también sus respectivas
capacidades de carga para sostener viviendas, turistas, industrias o ganado vacuno. Dos ejemplos extraídos del diagnóstico realizado para el
PLANDEMET clarifican la utilización del criterio de capacidad de porte.
(a) En el borde occidental del Area Metropolitana de la ciudad de Córdoba sus ecosistemas terrestres, de topografía acentuada, poblados con
bosques, arbustales y pastizales serranos, son frágiles y por lo tanto muy sensibles al disturbio humano (tala indiscriminada, fuego, ganadería,
agricultura, turismo, minería). Debería ajustarse la promoción del turismo a su capacidad de resistencia ambiental, mayor en verano-otoño y
menor en invierno-primavera, y desalentarse en cambio las actividades intensivas de alto impacto ambiental (tala, minería de superficie). Cabe
recordar -respecto del turismo y la posible sobrecontaminación de rios o lagos con materia orgánica- que en invierno las masas de agua son
menos importantes, tienen un metabolismo más bajo y su capacidad autodepurativa es menor.
(b) En el sector sudoeste del Ejido Municipal de la ciudad de Córdoba las aguas subterráneas son de mala calidad en un 69% de las muestras
(130). Ello determina baja capacidad de carga para albergar asentamientos humanos desprovistos de agua corriente (tipo Obras Sanitarias,
actualmente DIPAS). Cualquier proyecto de ocupación debería condicionarse a la instalación previa de una red de distribución de agua potable.
En otro sector urbano, el barrio de Nueva Córdoba, en el área central, la multiplicación de torres ha desbordado la capacidad de la red para
abastecer de agua a los vecinos en horarios picos y estaciones de alta demanda, como verano. En este caso la capacidad de carga ha sido
alcanzada. Si no se la respeta, son previsibles colapsos, protestas y merma en la calidad de vida.
6.4. El Sistema de Información Ambiental (SIMA).
El Plan de Desarrollo Metropolitano (PLANDEMET) utilizó instrumentos tradicionales de trabajo. Sus limitaciones y márgenes de error eran por
lo tanto muy grandes. Hoy se utilizan procedimientos y tecnologías más eficientes, como el Sistema de Información Ambiental (SIMA),
altamente informatizados y con sensores de todo tipo distribuídos en la realidad metropolitana.
En 1994 y a solicitud de la Municipalidad de Córdoba elaboramos un prototipo de SIMA y le anexamos un cuestionario para facilitar el montaje
de un observatorio del agua (OBA-HIDRO). El SIMA consta de tres subsistemas : (a) un Subsistema de observatorio ambiental, OBA; (b) un
subsistema BADYM de bancos de datos y (c) un subsistema POA de política ambiental (137).
6.4.1. El subsistema OBA : Observatorio Ambiental.
Comprende un conjunto de recursos humanos y técnicos para monitorer permanentemente la realidad. A este conjunto se lo denomina
Observatorio Ambiental (OBA). Incluye herramientas muy valiosas, como los Sistemas de Monitoreo de Información Ambiental (SMI) y los
Sistemas de Evaluación de Opiniones Ciudadanas (SMOC). Debe recalcarse que Observatorio Ambiental no hace referencia a la medición de
variables solamente ecológicas, sinó también a las sociales y de otro tipo, como por ejemplo vial, presupuestaria o cultural. Mediante el SMOC
por ejemplo se puede conocer la percepción ciudadana de los problemas y sus prioridades, y cuáles son sus propias propuestas e indicaciones
(137).
6.4.1.1. Siguiendo a Borcosque (138) y Montenegro (137) es posible identificar tres grandes bloques “alimentadores” del OBA. Ellos son : (a)
Información del medio natural; (b) Información del medio construído y (c) Información derivada. Aunque el corte entre estos “grupos” es
arbitraria, facilita la programación y el diseño de los registros. Cada uno de estos bloques incluye las variables principales que se detallan a
continuación :
(a) Información sobre el medio natural. Primer nivel : delimitación de los ecosistemas consumidores o urbanos (Eu), de los ecosistemas
productivos o agroecosistemas (Ep) y de los ecosistemas naturales o balanceados (En). Segundo nivel : medición de las variables bióticas y
abióticas en cada uno de estos tres universos. Tales variables son :
(i) Variables abióticas vinculadas con la hidrosfera. (i.1) Información hidrográfica : cuencas de cursos de agua naturales y artificiales de agua
dulce (lóticos), cuencas de lagos y lagunas de agua dulce (leníticos o lénticos), mares y océanos relacionados; (i.2) Información hidrológica :
aforos, rutas de nieve, características físico-químicas y series de caudales en masas de agua dulce; mareas y características físico-químicas
en aguas marinas y oceánicas; (i.3) Información hidrogeológica : napas, características físico-químicas, registro de pozos y caudales, variación
de la napa freática y depleción por consumo excesivo en aguas subterráneas.
(ii) Variables abióticas vinculadas con la litosfera. (ii.1) Información sobre suelo y subsuelo en continentes e islas : información edafológica,
geológica, geomorfológica (relieve de medio natural y construído, topografía urbana); (ii.2) Información sobre suelo y subsuelo en costas
marinas y oceánicas, y en los fondos permanentemente cubiertos por aguas de mar : información pedológica, geológica, geomorfológica.
(iii) Variables abióticas vinculadas con la atmosfera. (iii.1) Información meteorológica : pluviometría, nivometría, termometría, higrometría,
inversiones térmicas, vientos, presión atmosférica, insolación; (iii.2) Información sobre clima y cambios climáticos; (iii.3) Características físico-
químicas y criterios de calidad observados en la atmósfera.
(iv) Variables bióticas. (iv.1) Información sobre las poblaciones humanas : demografía; (iv.2) Información sobre los seis grandes reinos de
organismos vivos : Virus-Viroides, Protista, Monera, Hongos, Plantas verdes y Animales; (iv.3) Información sobre las asociaciones de
organismos vivos y el soporte abiótico : bosques, matorrales, pastizales, cultivos, rios, lagos, costas marinas y oceánicas.
(b) Información sobre el medio construído. Esta se obtiene para cada uno de los tres tipos de ecosistema coexistentes en la metrópolis
(Ecosistema consumidor o urbano propiamente dicho, Ecosistema productivo o agropecuario perimetropolitano y Ecosistema natural o
balanceado). Incluye los siguientes tipos principales de información :
(i) Uso del suelo, incluídas las costas fluviales (residencial, comercial, industrial, institucional etc.); (ii) Uso superficial de las aguas costeras;
(iii) Infraestructura vial; (iv) Infraestructura energética (plantas de generación eléctrica, red de distribución eléctrica) y de aprovisionamiento de
combustibles sólidos, líquidos y gaseosos (estaciones de servicio, proveedoras de combustibles); (v) Infraestructura de provisión de agua pota-
ble; (vi) Infraestructura de servicios de limpieza y cloacales (recolección de residuos, barrido metropolitano, vertederos; recolección de líquidos
cloacales, plantas de tratamiento primario, secundario y terciario de líquidos cloacales etc.); (vii) Infraestructura educativa; (viii) Infraestructura
sanitaria; (ix) Infraestructura administrativa; (x) Infraestructura de seguridad (policía, bomberos); (xi) Infraestructura de comunicaciones; (xiii)
Infraestructura religiosa; (xiv) Infraestructura cultural, de esparcimiento y verde urbano (forestación urbana de calles, plazas, espacios verdes
menores); (xv) Transporte público y transporte privado, tránsito, consumo de combustible y descarga de contaminantes.
Es muy importante lograr definir para cada sector metropolitano con un uso del suelo dominante (USD), por ejemplo residencial o industrial, el
balance cuali-cuantitativo de sus entradas y salidas. Por ejemplo : entradas (demanda) de agua potable, alimentos perecederos, alimentos no
perecederos, energía eléctrica, combustibles fósiles, combustibles no fósiles etc. y salidas de liquidos cloacales, basura sólida discriminada o
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no, contaminantes aerodispersables etc. Ello permite definir no sólo su rol sinó también su impacto. A nivel metropolitano, su integración
permite definir las entradas y salidas generales del sistema en materia de energía, de materiales y de información (2).
(c) Información derivada. Esta información, que es el resultado del cruce entre distintos elementos y realidades de cada área metropolitana,
incluye los siguientes tipos principales :
(i) Socio-sanitaria y habitacional (vivienda, hacinamiento, epidemiología, nutrición, riesgos sanitarios); (ii) Socio-educativa (niveles de
alfabetización y de educación formal, participación en procesos educativos sistemáticos, asistemáticos y parasistemáticos); (iii) Socio-cultural
(modelos de consumo per capita, modalidades de consumo, datos calendarios sobre eventos públicos, sistemas religiosos, participación
comunitaria etc.); (iv) Socio-deportiva; (v) Económica general (niveles de ingreso de los distintos sectores poblacionales, sistema fiscal); (vi)
Calidad de vida de los distintos sectores poblacionales; (vii) Finanzas metropolitanas (presupuesto, recursos para los distintos programas); (viii)
Opinión pública (percepción poblacional de las cuestiones sociales y ambientales, propuestas de los ciudadanos, prioridades de los
ciudadanos); (ix) Administrativa metropolitana (flujogramas y datos de los procesos administrativos, sistemas de incentivos y desincentivos,
catastros, comportamiento de la población respecto de las normas vigentes y estadística de sanciones aplicadas etc.); (x) Legislación (normas
locales, nacionales e internacionales que se aplican; criterios establecidos en esas normas, por ejemplo de aire, suelo y agua y de evaluación
de impacto ambiental; proyectos legislativos); (xi) Información pública (sistema de medios de comunicación masiva, flujo de noticias, canales
de contacto de los distintos sectores metropolitanos etc.); (xii) Educación formal, no formal e informal (incluído el sistema educativo que
dependa de las jurisdicciones metropolitanas); (xiii) Riesgos e influencias de jurisdicciones adyacentes al área metropolitana (por ejemplo
jurisdicciones vecinas con sistemas fiscales más laxos, o con instalaciones altamente peligrosas, o con establecimientos que contaminan más
allá de sus límites territoriales); (xiv) Disturbios ambientales y (xv) Catástrofes (incendios, inundaciones, deslizamientos de tierra, terremotos,
“tsunamis”, plagas masivas, accidentes químicos y nucleares etc.) .
Los Disturbios ambientales (punto xiv) incluyen una larga lista de información (indicadores), entre ellos :
(xiv.l) Contaminación del aire; (xiv.2) Contaminación de las aguas superficiales y subterráneas; (xiv.3) Contaminación de las aguas costeras y
oceánicas; (xiv.4) Contaminación del suelo; (xiv.5) Contaminación de los alimentos; (xiv.6) Alteración y destrucción de los paisajes; (xiv.7)
Alteración y destrucción de espacios verdes públicos, incluído tala y mutilación de árboles (plazas y parques); (xiv.8) Alteración y destrucción
de ecosistemas naturales situados dentro del área metropolitana; (xiv.9) Alteración y destrucción de cuencas hídricas; (xiv.10) Alteración y
destrucción de costas marinas y oceánicas; (xiv.11) Sobre explotación de suelos, extracción de áridos y erosión; (xiv.12) Uso indiscriminado
de plaguicidas; (xiv.13) Alteración y destrucción del patrimonio cultural e histórico; (xiv.14) Alteración y destrucción de la fauna; (xiv.15)
Alteración de la geomorfología y (xiv.16) Impacto de tecnologías públicas y privadas sobre la salud pública.
6.4.1.2. Entre los instrumentos disponibles para medir y sistematizar las mediciones o evaluaciones figuran el Sistema de Monitoreo de
Información Ambiental (SMIA) y el Sistema de Monitoreo de la Opinión Ciudadana (SMOC). El SMIA emplea, además de sistemas de sensores
de recolección (estadística general de rutina), también sensores remotos (por ejemplo para medir la contaminación del aire y variables
meteorológicas asociadas, crecidas de rios, fall-out radiactivo). La fotografía aérea y las imágenes satelitarias son otros dos instrumentos clave
del sistema.En cuanto al SMOC, también denominado en Córdoba “Observatorio de opiniones”, funciona -al igual que el SMIG- con métodos e
instrumentos combinados. Entre ellos los sistemas de encuesta regulares y asistemáticas (encuesta con diseño estadístico), y la más original,
mediante distribución de microcuestionarios y posterior recolección de respuestas en sitios de alta concentración pública (por ejemplo
mercados, shopping centers, teatros, cines, estadios deportivos etc.). Estos cuestionarios, titulados “Mejoremos la ciudad entre todos”,
solicitan al vecino que marque los principales problemas ambientales de su barrio y de su metrópolis, cuáles son a su juicio las mejores
soluciones para esos problemas y le dejan un espacio para la emisión libre de opiniones sobre cualquier otro problema o asunto. El
cuestionario puede ser firmado o anónimo. Otro instrumento auxiliar es la recopilación, normalizada, de las cartas de lectores de diarios y
revistas y la sistematización de opiniones ciudadanas emitidas por radio y televisión. Sin embargo, el más trascendente y original es el de los
microcuestionarios para ciudadanos, una idea original de la Fundación para la defensa del ambiente de Argentina, FUNAM (141).
6.4.2. El subsistema BADYM : Base Dinámica de Datos y Modelos.
Comprende el conjunto de bases de datos, instrumentos y modelos para almacenar e interrelacionar toda la información aportada desde el
Observatorio Ambiental. Al conjunto se lo denomina Base Dinámica de Datos y Modelos (BADYM). Esta parte del sistema no solo modela la
realidad, sinó que simula y ejercita todo tipo de situaciones y escenarios con datos reales y virtuales. Entre sus instrumentos más importantes
figuran el Sistema de Información Geográfica (SIG) y el Análisis de Sistemas Ecológicos (ASE). La Base Dinámica de Datos y Modelos,
BADYM, también incluye por ejemplo el catastro de proyectos realizados y sin realizar, la legislación vigente y proyectada y la lista de
decisiones públicas (137).
Cada área metropolitana debe tener un sistema centralizado con todas las bases de datos de las distintas jurisdicciones intervinientes. Estas
bases de datos deben estar informatizadas al máximo y deben poseer sistemas duplicados fuera del área donde se centralizan para enfrentar
accidentes.
Entre los sistemas de sistematización y cruce de información más utilizados en la actualidad figura el SIG, Sistema de Información Geográfico.
Los SIG, desde su concepción, son estructuras complejas cuya función primordial es el proceso de información relativa al espacio. Dos
elementos básicos le dan forma. Por un lado, el soporte técnico de los equipos (hardware) y por el otro, el soporte lógico del manejo de la
información, que viene dado por rutinas o conjuntos de rutinas que realizan determinadas funciones orientadas al cumplimiento de los objetivos
de diseño del sistema. El SIG comprende un Subsistema para información básica, un Subsistema de control y apoyo, un Banco de datos
geográficos y y Subsistemas de Aplicación. Entre los sistemas en marcha en América Latina pueden citarse, por ejemplo, el SIG aplicado en
Santiago Metropolitano (Chile) y el de la Municipalidad de Córdoba en Argentina (138).
Otro valioso instrumento es el de análisis de sistemas ecológicos (ASEC), originalmente desarrollado para ecosistemas naturales y luego
adaptado, sucesivamente, para ecosistemas productivos y urbanos. Esta línea de trabajo se ha enriquecido además con los megamodelos de
la Tierra. Tanto “Los límites del crecimiento” de Meadows & Meadows como sus derivados posteriores, el modelo de la Fundación Bariloche, el
modelo multinivel de Mesarovic & Pestel y las sucesivas reformulaciones del Club de Roma aportaron sustanciales novedades metodológicas e
instrumentales para el cruce de variables y la predicción (2). También contribuyeron los estudios sobre ecología urbana conducidos desde el
Programa “El hombre y la biosfera” de UNESCO (MAB). Entre los más relevantes aportes de su Proyecto 11, ya citados en este trabajo,
figuran los estudios que condujo Stephen Boyden sobre la ciudad de Hong Kong, y las modelaciones urbanas de Roma y Frankfurt. Dentro de
esta linea de trabajo la ciudad de Córdoba, interpretada como caja negra, tiene ya dos evaluaciones de sus principales entradas y salidas de
materiales para 1973 y 1983 (39) (102).
Otra componente importante del BADYM son las “Cuentas del patrimonio natural” de las zonas metropolitanas (CUPAN). Aunque la mayor
parte de las experiencias disponibles están referidas a países y regiones dentro de cada país, por ejemplo las de Francia, Indonesia, Tanzania,
México y Chile, su metodología es perfectamente aplicable a las metrópolis. Una aproximación a este tema puede consultarse en el trabajo de
la CEPAL “Inventarios y cuentas del patrimonio natural en América Latina y el Caribe” (139).
El montaje y la operación centralizada de todos estos dispositivos constituye la Base Dinámica de Datos y Modelos (BADYM). Su
funcionamiento permite elaborar por ejemplo modelos predictivos de los efectos de la contaminación del aire sobre la morbi-mortalidad
respiratoria via modelos matemáticos simples (uso de regresión lineal múltiple), o enfrentar paquetes altamente complejos de datos y montar,
via el Sistema de Información Geográfica, valiosos atlas ambientales por ejemplo. El gran desafío es cómo hacer coexistir diferentes bases de
datos e instrumentos de interacción sin perder flexibilidad y rapidez. Igualmente crítico es el grado de complejidad aceptable para ciudades de
distinto tamaño. En este contexto una de las tareas más importantes es la consolidación de una Red BADYM entre distintas metrópolis para el
intercambio de datos, experiencias y para la interconexión de sus sistemas.
6.4.3. El subsistema de Política Ambiental (POA).
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Comprende el conjunto de pre-proyectos y de pre-decisiones derivadas de la interacción entre esos bancos de datos, modelos y resultados,
incluídas las opiniones ciudadanas, por una parte, y los criterios de los técnicos y decisores públicos, por la otra. A este conjunto se lo
denomina Política Ambiental (POA). De su juego con variables difusas, como el contexto político, surgen las decisiones finales.
En síntesis, el Sistema de información ambiental SIMA está constituído por tres componentes principales : el Observatorio Ambiental (OBA), el
Banco Dinámico de Datos y Modelos (BADYM) y los paquetes de pre-proyectos y pre-decisiones o política ambiental (POA).
6.5. Diseño de un caso : el Observatorio del Agua (OBA-HIDRO). Cuestionario guia.
Una de las componentes del subsistema de Observatorio Ambiental (OBA) es el hídrico. El cuestionario que detallamos a continuación,
aplicable a cualquier tipo de ciudad -mediterránea o costera- ayuda a formular el modelo de referencia. Fue elaborado originalmente para la
reunión de la Asociación Mundial de Grandes Metrópolis que se realizó en Japón (140). El término “metrópolis” alude aquí a una ciudad de
gran tamaño, no a un área metropolitana.
6.5.1. Disponibilidad y situación actual de los recursos hídricos.
(a) Aguas dulces superficiales.
(a.1) Recursos disponibles. Características. Cuáles son los cursos de agua que atraviesan la metrópolis?. Nombres, y para cada uno de ellos :
longitud; profundidad máxima; ancho mínimo, máximo y medio; caudal medio anual y mensual (Q en m3/seg). Cuáles son los lagos ubicados
total o parcialmente dentro del área metropolitana?. Nombres, y para cada uno de ellos : superficie (total y correspondiente a la metrópolis);
profundidad máxima, mínima y media; afluentes y caudal de los mismos (Q en m3/seg); volumen de almacenamiento total del o de los lagos y
variación anual de este volúmen si la hay. Existen sistemas de captación y almacenamiento de agua pluvial?. Cuál es el volúmen anual
disponible?.
(a.2) Recursos disponibles. Cuencas hídricas. Cuál es la superficie de la o las cuencas hídricas respectivas (tanto de los cursos de agua como
del o de los lagos)?. Qué porción de esa o esas cuencas están situadas dentro de la Metrópolis? (indicando valores absolutos y relativos). Si
las masas de agua se hielan : durante cuanto tiempo permanecen con superficies congeladas?.
(a.3) Usos del suelo. Cuáles son los usos dominantes del suelo en esa o esas cuencas hídricas? (por ejemplo, indicando porcentajes para uso
agrícola, urbano etc. referidos a la superficie total). Cuáles son sus usos dominantes en la porción metropolitana de esa o esas cuencas?. Cuál
es el uso turístico en estos ambientes y en los humedales?. Cuáles son las áreas dedicadas a esta actividad, y qué tipo de turismo se
practica?. Cuánto es el número de visitantes por año a esas áreas?.
(a.4) Ecosistemas presentes. Cuál es el estado de los ecosistemas naturales en esa o esas cuencas? (indicando por ejemplo superficie de
cobertura boscosa, de matorrales o de pastizales y sus relaciones con la superficie total). Cuáles son sus áreas más degradadas si las hay, y
cuál es su superficie?.
(a.5) Calidad de los recursos. Indicadores físicos, químicos y biológicos. Cuál es el perfil físico-químico y biológico de cada uno de los cursos
de agua y lagos citados en el punto 4.1.1.2. Puede tomarse como referencia la lista orientativa de variables que se detalla a continuación :
Turbidez, Color, Coliformes totales, Coliformes fecales, DBO 5, Materiales flotantes, Grasas y aceites, Colorantes artificiales, Sustancias que
comunican gusto u olor; Sustancias potencialmente perjudiciales (Amonio, Arsénico, Bario, Cadmio, Cromo, Cianuro, Cobre, Plomo, Estaño,
Fenoles, Flúor, Mercurio, Nitrato-N, Nitrito-N, Selenio, Zinc, Sustancias tensioactivas que reaccionan al azul de metileno, Aldrin, Clordano,
DDT, Dieldrin, Endrin, Heptacloro, Epóxido de heptacoloro, Lindano, Metoxicloro, Toxafeno, 2,4-D, 2,4,5-T, 2,4,5-TP, Organofosforados y/o
carbamatos, Otros). Aunque muchos de los productos citados están prohibidos desde hace años en distintos países, sus residuos todavía
pueden encontrarse. Existen variaciones anuales significativas en estos perfiles?.
(a.6) Calidad de los recursos. Especies vivas. Cuáles son las especies vivas características de el o de los cursos de agua y del o de los lagos
citados en el punto 1.1.1?. Funcionan como ecosistemas disturbados, poco disturbados o pristinos?. Cuál es el grado de eutroficación cultural
de cada una de las masas de agua?.
(a.7) Fuentes de contaminación. Cuáles son las principales fuentes de contaminación orgánica, microbiológica e inorgánica en cada una de
estas masas de agua?. Para cada masa de agua : Poseen un listado de esas fuentes?. Poseen una clasificación de las fuentes de
contaminación en función de sus efluentes (calidad y cantidad)?. Qué número está bajo control permanente?.
(a.8) Jurisdicciones. Cuál es la jurisdicción de la metrópolis sobre cada uno de estas masas de agua?. Si la jurisdicción no alcanza a toda la o
las cuencas, cuál es la respectiva superficie bajo jurisdicción metropolitana?. Cómo se ejerce el control? (si corresponde) : cuántos inspectores
realizan este control y con qué tecnología se realizan los controles?. Cuál es la infraestructura de laboratorio para procesar las muestras de
control y las muestras de perfilado de cada masa de agua?.
(a.9) Criterios de Calidad y Criterios de Vuelco de Efluentes. Si la Metrópolis tiene jurisdicción : Cuáles son los Criterios de Calidad de Agua
para cada uno de los cursos y lagos citados en el punto 1.1.1?. Existen criterios diferenciados para distintos usos, por ejemplo para
abastecimiento público, para uso estético, para contacto primario, para contacto secundario, para alimentación de especies de interés humano,
para irrigación, para abastecimiento industrial, para navegación ?. Existe un único Criterio de Calidad?. Cuáles son los Criterios de Descarga
de Contaminantes para cada uno de esos cursos de agua?. Existe un único criterio o muchos criterios?.
(a.10) Catástrofes. Cuáles son los mayores riesgos de catástrofe en esas masas de agua y sus cuencas? (por ejemplo crecientes de rios,
deslizamientos de tierra y barro, accidentes químicos y nucleares con derrames sobre rios y lagos etc.). Se cuenta con sistemas de prevención
y atenuación de catástrofes?. Cuáles son los encargados y cuáles los sistemas de alerta, alarma y emergencia?. Cómo se administran las
cuencas hídricas intraurbanas, y cuáles son los mecanismos disponibles para enfrentar crecientes e inundaciones?.
(a.11) Humedales. Existen humedales relacionados con esas cuencas hídricas?. Cuál es su o sus superficies?. Están protegidos?. Qué tipo de
ambientes y biota albergan?.
(a.12) Normas legales. Cuáles son los instrumentos legales que regulan la administración de estos recursos y de sus cuencas?. Cuál o cuáles
son los organismos metropolitanos o de otra jurisdicción que intervienen?. Si se trata de masas de agua compartidas con otros países : si
existen, cuáles son los acuerdos de administración ?.
(a.13) Actividades acuáticas. Cuáles son las actividades permitidas y no permitidas en los cursos de agua y en los lagos?. Por ejemplo :
embarcaciones a motor, canoísmo sin motor, pesca etc. Cuáles son los organismos encargados de realizar los controles de estas actividades?.
(a.14) Utilización actual de los recursos hídricos. Qué caudal (Q en m3/seg) es utilizado de cada curso de agua y de cada lago?. Cuál es la
discriminación de ese volúmen utilizado?. Cuánto se destina a potabilización para consumo humano, cuánto para irrigación y cuánto para otros
usos? (especificarlos).
(a.15) Tratamiento del agua y distribución. Uso humano. Qué volúmen de agua es utilizado para consumo humano y por lo tanto es sometido a
tratamiento?. Qué tipo de tratamiento se le aplica al agua? (por ejemplo con filtración lenta y desinfección; tratamiento convencional; planta de
ozonificación etc.). Cuál es la capacidad de tratamiento por unidad de tiempo?. Existen épocas con crisis de suministro?. Cuáles son esas
épocas?. Cuál es la calidad promedio del agua distribuída por red?. Indique una situación promedio. Existen porciones de la red donde el agua
se contamina?. Cuál es la dotación promedio en l/hab.día?. Qué cantidad de población total y relativa recibe agua tratada?. De qué tipo es la
red de distribución y cuál es su estado?. Con qué frecuencia se limpia la red?. Existen medidores domiciliarios?. Qué cantidad absoluta y
relativa de población es servida con medidores residenciales, industriales y de otro tipo?. Existen restricciones para el uso de piletas de
natación?. Qué tipos de controles o sobretasas se aplican en este caso?. Existen grifos de provisión de agua para sectores barriales sin red
domiciliaria?. Qué valores absolutos y relativos de población tienen acceso a este tipo de fuente?. En el caso particular de aguas pluviales :
Qué tipo de tratamiento se les aplica?. Qué valores absolutos y relativos de población usan este tipo de fuente?.
(a.16) Tratamiento del agua. Uso industrial. Qué volumen de agua es diferencialmente utilizado para uso industrial?. Qué porcentaje del agua
potabilizada para uso humano se utiliza con fines industriales?. Existen sistemas industriales de recirculación del agua con sistemas
intermedios de tratamiento?. Qué volúmen de agua se logra con estos sistemas?. Qué tipo de incentivos y desincentivos maneja la metrópolis
para favorecer el ahorro de agua?.
(b) Recursos hídricos subterráneos.
47
(b.1) Recursos disponibles. Características. Cuántas napas de agua subterránea existen en el área metropolitana?. A qué profundidades se
encuentran?. Cuál es su producción promedio? (si acaso se las utiliza como fuente). Existe una zonificación en base a las características de las
distintas napas?. Existen sistemas de realimentación antrópica de los acuíferos?.
(b.2) Recursos disponibles. Cuencas hidrogeológicas. Cuál es la superficie estimada de las cuencas hidrogeológicas?. Qué porción de esas
cuencas están situadas dentro de la Metrópolis?.
(b.3) Ecosistemas presentes. Cuál es el estado de los ecosistemas naturales sobre las cuencas hidrogeológicas? (indicando por ejemplo
superficie de cobertura boscosa, de matorrales o de pastizales y sus relaciones con la superficie total). Cuáles son sus áreas más degradadas
si las hay, y cuál es su superficie?.
(b.4) Calidad de los recursos. Indicadores físicos, químicos y microbiológicos. Cuál es el perfil físico-químico y eventualmente biológico de cada
una de las napas citadas en el punto 1.2.1?. Puede tomarse como referencia la lista orientativa de variables que se detalla a continuación :
Turbidez, Color, Conductividad (tenor salino), Coliformes totales, Coliformes fecales, DBO 5, Materiales flotantes, Grasas y aceites, Colorantes
artificiales, Sustancias que comunican gusto u olor; Sustancias potencialmente perjudiciales (Amonio, Arsénico, Bario, Cadmio, Cromo,
Cianuro, Cobre, Plomo, Estaño, Fenoles, Flúor, Mercurio, Nitrato-N, Nitrito-N, Selenio, Zinc, Sustancias tensioactivas que reaccionan al azul de
metileno, Aldrin, Clordano, DDT, Dieldrin, Endrin, Heptacloro, Epóxido de heptacoloro, Lindano, Metoxicloro, Toxafeno, 2,4-D, 2,4,5-T, 2,4,5-
TP, Organofosforados y/o carbamatos, Otros). Aunque muchos de los productos citados están prohibidos desde hace años en distintos países,
sus residuos todavía pueden encontrarse. La lista es deliberadamente extensa, por cuanto numerosos acuíferos, particularmente la napa
freática, están recibiendo inyección de líquidos cloacales e industriales clandestinas en muchas ciudades del mundo.
(b.5) Fuentes de contaminación.4.1.2.5. FUENTES DE CONTAMINACION. Cuáles son las principales fuentes de contaminación orgánica,
microbiológica e inorgánica en cada una de estas napas de agua?. Poseen un listado de esas fuentes?. Han clasificado las fuentes de
contaminación en función de sus efluentes (calidad y cantidad)?. Qué cantidad está bajo control permanente?. Como aseguran la estanqueidad
entre napas como consecuencia del mal sellado de pozos?.
(b.6) Jurisdicciones. Cuál es la jurisdicción de la metrópolis sobre los recursos hidrogeológicos?. Cómo se ejerce el control? (si corresponde) :
cuántos inspectores realizan este control y con qué tecnología se realizan los mismos?. Cuál es la infraestructura de laboratorio para procesar
las muestras de control y las muestras de perfilado de cada acuífero?.
(b.7) Criterios de Calidad y Criterios de Vuelco de Efluentes al Subsuelo. Si la Metrópolis tiene jurisdicción : Cuáles son los Criterios de Calidad
para las distintas napas de aguas subterráneas citadas en el punto 1.2.1?. Existe un único Criterio de Calidad?. Cuáles son los Criterios de
Descarga de Contaminantes al subsuelo para evitar la contaminación de la napa freática?.
(b.8) Catástrofes. Cuáles son los mayores riesgos de catástrofe hidrogeológica? (por ejemplo explotación exagerada de los acuíferos y
hundimiento del terreno; merma aguda de la producción; contaminación masiva de los acuíferos con materiales tóxicos o radiactivos). Se
cuenta con sistemas de prevención y atenuación de catástrofes?. Cómo se administran las cuencas hidrogeológicas intraurbanas, y cuáles son
los mecanismos disponibles para enfrentar la explotación y contaminación excesivas?.
(b.9) Normas legales. Cuáles son los instrumentos legales que regulan la administración de estos recursos y de sus cuencas?. Cuál o cuáles
son los organismos metropolitanos o de otra jurisdicción que intervienen?. Si se trata de cuencas hidrogeológicas compartidas con otros países
: Si existen, cuáles son los acuerdos de administración ?.
(b.10) Utilización actual de los recursos hidrogeológicos. Qué caudal (Q en m3/seg) se extrae de cada una de las napas de agua subterránea
mencionadas en el punto 1.2.1?. Cuál es la discriminación de ese volúmen utilizado? : cuánto se destina a potabilización para consumo
humano, cuánto para irrigación, cuánto para industrias y cuánto para otros usos? (especificarlos). Cuál es el número total de perforaciones que
existen, y cuáles son sus valores máximo, mínimo y máximo de producción?.
(b.11) Tratamiento del agua y distribución. Uso humano. Qué volúmen de agua subterránea es utilizado para consumo humano?. Se somete a
tratamiento?. Si la respuesta es afirmativa : qué tipo de tratamiento se le aplica al agua?. Cuál es la capacidad de tratamiento por unidad de
tiempo?. Existen épocas con crisis de suministro?. Cuáles son esas épocas?. Cuál es la calidad promedio del agua distribuída por red?.
Indique una situación promedio. Cuál es la dotación promedio de agua subterránea en l/hab.día?. Qué cantidad de población total y relativa
recibe agua subterránea cruda o tratada?. De qué tipo es la red de distribución y cuál es su estado?. Con qué frecuencia se limpia la red?.
Existen medidores domiciliarios?. Qué cantidad absoluta y relativa de población es servida con medidores residenciales, industriales y de otro
tipo?. Existen restricciones para el uso de piletas de natación alimentadas con agua subterránea?. Qué tipos de controles o sobretasas se
aplican en este caso?. Existen grifos de provisión de agua subterránea para sectores barriales sin red domiciliaria?. Qué valores absolutos y
relativos de población tienen acceso a este tipo de fuente?.
(b.12) Tratamiento del agua. Uso industrial. Qué volumen de agua subterránea se utiliza en la industria?. Qué tipos de tratamiento se le
aplican?. Qué porcentaje del agua subterránea tratada para consumo humano se utiliza con fines industriales?. Existen sistemas industriales
de tratamiento y recirculación del agua?. Qué ahorro de agua subterránea se logra con ellos?.
(c) Aguas marinas y oceánicas.
(c.1) Recursos disponibles. Características. Cuántos kilómetros de zona costera corresponden a la metrópolis?. Cuál es su modelo de ascenso
y descenso de mareas?.
(c.2) Usos del suelo. Cuáles son los usos dominantes del suelo en esa franja costera? (por ejemplo, indicando extensión y porcentaje sobre el
total para uso portuario, forestal, urbano etc.). Cuál es el uso turístico en estos ambientes?. Cuáles son las áreas dedicadas a esta actividad, y
qué tipo de turismo se practica?. Cuánto es el número de visitantes por año a esas áreas?. Existen canteras costeras para la extracción de
rocas de aplicación?.
(c.3) Ecosistemas presentes. Cuáles son los ecosistemas terrestres presentes en las franjas costeras? (ecosistemas naturales, ecosistemas
productivos, ecosistemas urbanos). Qué tipos de ecosistema natural se desarrollan en zona costera y cuál es su estado?. Existen ambientes
terrestres protegidos ?. Cuáles son las áreas costeras más degradadas si las hay, y cuál es su extensión?. Cuáles son las características de
los ambientes de ecotono, esto es, de contacto entre los ecosistemas terrestres y los marinos y oceánicos?. Cuáles son los ecosistemas
marinos y oceánicos que interactúan con las franjas costeras?.
(c.4) Calidad de los recursos. Indicadores físicos, químicos y microbiológicos. Cuál es el perfil físico-químico y biológico de las aguas marinas y
oceánicas?. Puede tomarse como referencia la lista orientativa de variables que se detalla a continuación : Coliformes totales, Coliformes
fecales, pH, Sustancias tóxicas o irritantes, Sustancias que sedimentan formando depósitos indeseables, Materia flotante, Sustancias que
producen color, olor y turbidez, y Sustancias en condiciones tales que facilitan la proliferación de biota no deseada (7).
(c.5) Calidad de los recursos. Especies vivas. Cuáles son las especies vivas características de la franja costera?. Los ecosistemas terrestres
costeros : funcionan como ecosistemas disturbados, poco disturbados o pristinos?. Cuáles son las especies vivas características de las aguas
costeras?. Sus ecosistemas marinos y oceánicos : funcionan como ecosistemas disturbados, poco disturbados o pristinos?.
(c.6) Fuentes de contaminación. Cuáles son las principales fuentes de contaminación orgánica, microbiológica e inorgánica de las aguas
costeras y de alta mar?. Poseen una clasificación de las fuentes de contaminación en función de sus efluentes (calidad y cantidad)?. Qué
cantidad está bajo control permanente?. Que incidencia tiene la contaminación marina desde buques y petroleros?. Cómo se controla este
último tipo de contaminación?. Existen acuerdos con organismos navales del país?.
(c.7) Jurisdicciones. Cuál es la jurisdicción de la metrópolis sobre la zona costera y sobre las aguas marinas u oceánicas?. Si la jurisdicción
existe : cómo se ejerce el control?. Cuántos inspectores realizan este control y con qué tecnología se realizan los controles?. Cuál es la
infraestructura de laboratorio para procesar las muestras de control y las muestras de perfilado de las aguas saladas?.
(c.8) Criterios de Calidad y Criterios de Vuelco de Efluentes. Si la Metrópolis tiene jurisdicción : Cuáles son los Criterios de Calidad de Agua
marina y oceánica?. Existen criterios diferenciados para distintos usos, por ejemplo para uso con contacto primario, contacto secundario y
propagación de especies de agua sala
da?. Existe un único Criterio de Calidad?. Cuáles son los Criterios de Descarga de Contaminantes para las aguas costeras y alta mar?. Existe
un único criterio o muchos criterios?.
48
(c.9) Catástrofes. Cuáles son los mayores riesgos de catástrofe en las zonas costeras y en las aguas marinas y oceánicas? (por ejemplo
huracanes, tifones, terremotos, “tsunamis”, accidentes químicos y nucleares y derrames petroleros de magnitud). Se cuenta con sistemas de
prevención y atenuación de catástrofes?. Cuáles son los encargados y cuáles los sistemas de alerta, alarma y emergencia?. Cómo se
administra la zona costera y sus aguas?.
(c.10) Normas legales. Cuáles son los instrumentos legales que regulan la administración de las zonas costeras y de las aguas marinas y
oceánicas?. Cuál o cuáles son los organismos metropolitanos o de otra jurisdicción que intervienen?. Si se trata de masas de agua
compartidas con otros países : Si existen, cuáles son los acuerdos de administración ?.
(c.11) Actividades acuáticas. Cuáles son las actividades permitidas y no permitidas en las zonas costeras ?. Por ejemplo : embarcaciones a
motor, canoísmo sin motor, pesca etc. Cuáles son los organismos encargados de realizar los controles de estas actividades?.
6.5.2. Disposición actual de los líquidos residuales.
(a) Vertido al subsuelo. Qué volúmen de líquidos cloacales e industriales se descarga mensual y anualmente al subsuelo?. Qué cantidad de
personas sobre el total metropolitano practica la descarga cruda o semitratada con cámaras sépticas?. Existen sistemas de pozos ciegos y de
entubamiento para la descarga?. Cuáles son las zonas de la metrópolis que soportan mayor impacto?.
(b) Red cloacal y tratamiento en plantas. Qué volumen de líquidos cloacales se colecta mensual y anualmente para su tratamiento en una o
más plantas?. Qué numero de personas sobre el total metropolitano están servidas por la red colectora cloacal?. Qué características tiene la
red de colecta y cuál es su estado?. Cuál es el tipo de tratamiento que se aplica a los líquidos cloacales? (por ejemplo lagunas aerobias,
anaerobias o facultativas; plantas con tratamiento primario, secundario o terciario). Qué volúmen de líquidos tratados se vuelca a los cursos de
agua, al mar y al subsuelo o se destina a riego?.
(c) Vertido al mar y al océano. Qué volúmen de líquidos cloacales e industriales se descarga mensual y anualmente en las aguas costeras
saladas?. Qué cantidad de personas sobre el total metropolitano es servida con colectoras que vuelcan sus líquidos crudos cerca de la costa o
en alta mar?.
6.5.3. Patrones actuales y futuros de consumo de agua y de demanda de tratamiento de líquidos cloacales.
(a) Agua potable y cruda para distintos usos. Cuánta agua potabilizada consume mensual y anualmente la población metropolitana actual?.
Que porcentaje de población sobre el total tiene acceso al agua potable?. Cuánta de esa población utiliza agua potabilizada procedente de
fuentes superficiales y de fuentes subterrámeas?. Cuánta de esa población total no tiene acceso al agua potabilizada? (por ejemplo consumo
de agua cruda de canales, rios y lagos). Cuál será la demanda futura de agua potabilizada (asocie en la medida de lo posible población
creciente con consumo creciente de agua). Cuál es la relación entre esta demanda y la oferta real de recursos hídricos e hidrogeológicos?.
Cuánta agua cruda o potabilizada se utiliza para riego en quintas y cultivos perimetropolitanos?. Cuánta agua cruda o potabilizada se emplea
en la industria?.
(b) Tratamiento de líquidos cloacales e industriales. Qué volumen de líquidos cloacales es colectado mensual y anualmente por el sistema
cloacal?. Qué porcentaje de población sobre el total tiene servicio de colección cloacal domiciliaria?. Cuántas plantas de tratamiento de líquidos
cloacales operan, y cual es su capacidad real de tratamiento?. Cuánta de esa población total no tiene acceso al servicio?. Cuál será la
demanda futura de colectoras cloacales y de capacidad de tratamiento? (7).
(c) Riesgos sanitarios. Cuáles son los principales riesgos sanitarios que sufre la población con provisión de agua potabilizada y colectora
cloacal; la población con provisión de agua potabilizada y sin colectora cloacal, y la población sin acceso al agua potable y sin servicio de
cloacas?. Cuáles son las principales enfermedades de transmisión hídrica en el área metropolitana?. Cuál ha sido la evolución epidemiológica
de estas enfermedades?. Cuáles son los valores de morbi-mortalidad por enfermedades hídricas y por contaminación química?.
6.5.4. Economía de los recursos hídricos.
Cuál es el costo de mantenimiento del sistema de provisión de agua potable y de tratamiento de líquidos cloacales para el total del área
metropolitana y per capita?. Cómo crece ese costo con la mayor contaminación de las fuentes de provisión y con la mayor complejidad química
y biológica de los líquidos residuales?. Cómo se cubren los costos actuales, esto es, cuáles son las fuentes de recursos para cubrirlos?. Existe
déficit?. Cuál es su magnitud?.Cuál es la participación del financiamiento internacional en el sistema de operación y mantenimiento actuales?.
Qué porcentaje del total de gastos es cubierto con fondos procedentes de los usuarios?. Cual es el sistema de tarificación del agua potabili-
zada y de la colección de líquidos cloacales?. Cuál es el costo previsto para la ampliación de ambos servicios?.
Cuál es la incidencia de los sistemas de recirculación de agua en el menor consumo y en los costos de tratamiento de aguas?. Cuál es la
evolución prevista de las dotaciones per capita y de los patrones de consumo de agua?. Cuál es el resultado de la medición del consumo de
agua potable y de las descargas cloacales asociadas como método para un cobro justo del servicio?. Cuál es el costo de mantener en buenas
condiciones las fuentes de provisión de agua?. Cuál es el costo de la administración correcta de las cuencas hídricas y de las zonas costeras?.
Cual es el presupuesto metropolitano dedicado a tratamiento del agua, al tratamiento de líquidos cloacales, a otras tareas de saneamiento
hídrico y a la administración de cuencas?. Cómo se discrimina ese gasto?. Cuáles son los montos destinados a personal, bienes de consumo y
bienes de capital?. Qué porcentaje del presupuesto metropolitano total se destina a este sector, y cuánto es el gasto promedio por habitante y
por año?. Qué incentivos y desincentivos se utilizan para reducir el consumo excesivo y alentar el ahorro y la recirculación hídrica?.
Cuarto paso.
Este paso es una separación arbitraria del anterior. Concentra la recopilación, tradicional, de datos e información sobre la propia
administración. Aunque se trabaje con un único municipio, es importante extender esta recopilación al total de comunas del Area Metropolitana.
Entre los universos principales figuran : (a) Políticas ambientales (documentos síntesis, proyectos, plataformas partidarias sobre ecología y
medio ambiente); (b) Legislación sobre ambiente y legislación indirectamente relacionada con su gestión (normas vigentes, anteproyectos
elaborados; ambitos municipales, provinmcial, nacional e internacional); (c) Organismos dedicados a la gestión ambiental en sentido amplio y
organismos relacionados con este tema (organigramas, funciones, personal, capacidad técnica, presupuestos, poder de policía, reseña de
actividades); (d) Relaciones interjurisdiccionales e intersectoriales sobre ambiente (acuerdos y otras concertaciones sobre control, estudios o
proyectos de obras) y (e) Sistemas de planeamiento y plan municipal de acción para todos los sectores (vigentes, proyectados).
Quinto paso.
Se entrecruza la información de los dos pasos anteriores, tanto la estrictamente ambiental como la información que describe el cuadro
situacional de las comunas en materia de política, legislación, administración, acuerdos y planeamiento/planes de acción. También se
incorporan todos los proyectos con cierto nivel de coherencia que se hubieran identificado e incluso desarrollado durante los pasos anteriores.
Este quinto paso es un verdadero laboratorio de ideas. La apertura del proceso garantiza no sólo una mayor diversidad de iniciativas, sinó
también menores márgenes de error. La evaluación de impacto ambiental (EIA) debe aplicarse sin embargo a cada proyecto y a sus posibles
entrecruzamientos. Este conjunto permite constru;ir el sistema de planeamiento ambiental, que puede incluír -por ejemplo- los siguientes
capítulos principales : (a) Diagnóstico; (b) Listado prioritado de problemas (listado general y listado para cada espacio del Area metropolitana),
mas listado asociado de soluciones (todo debidamente codificado y referido al banco de datos); (c) Prognosis, con desarrollo de una alternativa
“tendencial” (ajustada a lo que sucede) y de una alternativa “normada” o intervencionista, de mayor costo político, económico y social; (d)
Propuestas concretas (formulación de políticas, objetivos, metas, programas y proyectos, formulación de presupuestos asociados); (e) Crono-
grama y mecánica de consulta del “sistema”, tanto a nivel gubernamental como no gubernamental; (f) Ajuste del “sistema” como resultado de la
consulta; (g) Formulación del plan de acción definitivo; (h) Implementación e (i) Monitoreo y evaluación para introducir cambios al “sistema”.
El punto (d), Propuestas, debe ser formulado a dos niveles, uno técnico (con bases de datos muy complejas, “Documento total”) y otra general,
en forma de publicación ágil, bien presentada y abierta al cambio (“Documento síntesis”). Ambos constituyen la primera versión de una “Carta
del Ambiente” o “Carta de la ecología” de los municipios que integran el Area Metropolitana, o de la comuna que encaró el proyecto. Una vez
concluídas las fases (e) y (f) de discusión y ajuste se elaboran las versiones finales. En el caso particular de la “Carta de Ecología Urbana del
Gran Lyon” fue sometida al Consejo de la Comunidad Urbana y aprobado por unanimidad (122). Un agregado didáctico muy importante es el
plano o mapa -según sea la escala que se use- que sintetiza la carta.
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En el Plan de Desarrollo Metropolitano de Córdoba este sistema incluyó un conjunto muy complejo y extenso de propuestas. Sugirió por
ejemplo la creación de seis reservas ecológicas a nivel de Región Metropolitana (Los Paredones-La Isla, Characato-Los Mogotes, Cuchicorral,
El Zapato, Candonga-Tres Cascadas, Ongamira-Sierra de Copacabana-Uritorco); cinco reservas ecológicas a nivel de Area Metropolitana (Los
Condores-Los Hornillos, Los Quebrachitos, Pan de Azúcar, El Diquecito, Montecristo-Piquillín) y dos reservas en el Ejido Municipal de la ciudad
de Córdoba (El Infiernillo, Pajas Blancas). Entre las propuestas urbanas figuraron la protección y mejoramiento ambiental de 22 corredores
terrestres y fluviales (1981). Muchos de estos proyectos ya han sido concretados, como por ejemplo la Reserva Hídrica de La Quebrada en Rio
Ceballos y la parquización de la costanera del rio Suquía en Córdoba.
Sexto paso.
Es la fase de implementación de los proyectos. Solo resumiremos aquí dos casos, legislación ambiental y órganos de administración.
(a) Legislación ambiental. En base a los errores y aciertos de nuestras experiencias municipales diseñamos el siguiente modelo.En primer
lugar, es necesario actualizar las ordenanzas vigentes sobre ambiente, derogar las obsoletas, rescatar los proyectos que tienen valor y cubrir
los vacíos. En segundo lugar es conveniente compaginar todos los productos del paso anterior en un Código Ambiental. En tercer lugar deben
identificarse los instrumentos municipales que tienen relación marginal o indirecta con la cuestión ambiental, y tratar de reducir sus posibles
impactos negativos. Este es el caso, por ejemplo, del Código Urbanístico y del Código de Edificación. También es importante revisar el Código
de Faltas y la Ordenanza Impositiva. En cuarto lugar y cuando se trabaja a nivel de Area Metropolitana debe compatibilizarse todo este proceso
-referido a un único municipio- con los paquetes normativos y orgánicos de las otras comunas. El “Código Ambiental” tiene las siguientes partes
:
(i) Ordenanza madre sobre ambiente. Ordena al estado municipal y a los particulares en todo lo relacionado con el uso del entorno. En la
Municipalidad de Córdoba se promulgó a tal efecto el “Reglamento de Protección Ambiental” (Ordenanza 7104/80), que excluyó -
lamentablemente- un capítulo completo de nuestra propuesta original (144). Su proyecto, redactado en el intervalo 1977-1979, nos permitió
desarrollar las ordenanzas madre sobre ambiente para la Municipalidad de Salta primero y Corrientes después (aprobada) (132) (133). La
elaboración de la Ley del Ambiente 7343/85, derivada de estas experiencias municipales (150), nos permitió retroalimentar un nuevo proyecto
más completo que presentamos a la Municipalidad de Tigre (135). Este instrumento, de 85 artículos, tiene la siguiente estructura :
Disposiciones preliminares (Título I); Del objeto y ámbito de aplicación (Capítulo I); Del interés Municipal (Capítulo II); De los bienes jurídicos
protegidos (Capítulo III); Disposiciones generales (Título II); Disposiciones especiales (Título III); De las aguas, los suelos y la atmósfera en
sentido amplio (Capítulo I); De las aguas (Capítulo II); De los suelos (Capítulo III); De la atmósfera (Capítulo IV); De la flora (Capítulo V); De la
flora en sentido amplio (Sección I); De la flora en peligro de receso o extinción (Sección II); De la fauna (Capítulo VI); De la fauna en sentido
amplio (Sección I); De la fauna en peligro de receso o extinción (Sección II); De los paisajes (Capítulo VII); De la contaminación ambiental
(Capítulo VIII); De la contaminación en sentido amplio (Sección I); De la contaminación de las aguas (Sección II); De la contaminación de los
suelos (Sección III); De la contaminación de la atmosfera (Sección IV); Del impacto ambiental (Capítulo IX); Disposiciones orgTítulo IV); De la
administración ambiental (Capítulo I); Del órgano de aplicación Capítulo II) y De los procedimientos (Título V). Esta norma incluye, como figuras
originales, la obligatoriedad de los estudios de impacto ambiental, establece como autoridad de aplicación una Secretaría de Medio Ambiente
(Artículo 59) y crea el Consejo Municipal del Ambiente con representantes gubernamentales y no gubernamentales. Funda además el Servicio
Municipal de Defensa del Medio Ambiente y el Cuerpo Honorario de Defensores del Ambiente (Artículo 64) (135). Dos de sus figuras, el
Consejo y el Cuerpo de Guardambientes, ya fueron creados en la Municipalidad de Córdoba.
(ii) Ordenanzas sectoriales. Entre las normas de mayor relevancia, complementarias de la “Ordenanza madre” y de su reglamento, figuran:
Ord.sobre prevención y control de la contaminación (un proyecto elaborado por FUNAM está vigente en las Municipalidades de Rio Tercero y
Alta Gracia); Ord sobre Obligatoriedad del Estudio de Impacto Ambiental para obras públicas y privadas (EIA); Ord sobre áreas naturales
protegidas; Ord sobre canteras y otras actividades extractivas de alto impacto ambiental; Ord. sobre Residuos domiciliarios, patógenos y
peligrosos; Ord sobre agroquímicos; Ord. sobre Regulación del manejo, tenencia y cría de animales domésticos, y Ord. sobre espacios verdes
públicos y forestación vial (2).Otra ordenanza sectorial importante es la de declaración de zona no nuclear. Frente al riesgo de estas
actividades, que incluyen desde minas de uranio hasta reactores de fisión, ciudadanos, legisladores y concejales han consolidado un
movimiento internacional de “zonas no nucleares”. Hasta agosto de 1992 la organización “Nuclear Free America” tenía contabilizados 5
tratados de zonas no nucleares, 26 naciones no nucleares y 4.536 municipalidades y comunidades no nucleares en todo el mundo. La primera
comuna argentina que se autodeclaró no nuclear por ordenanza fue El Bolsón en Rio Negro. Desde entonces el número de municipalidades no
nucleares creció sostenidamente, particularmente en la provincia de Córdoba (134). De allí que el III Encuentro Nacional de Municipios No
Nucleares se realizara en la ciudad de Villa María del 17 al 19 de mayo de 1993. En octubre de 1992, y como consecuencia de tareas
clandestinas de prospección de uranio en el valle de Traslasierra, en Córdoba, se generó un notable movimiento comunitario de oposición.
FUNAM, que fue invitada para explicar los riesgos de esta actividad minera, elaboró a pedido de las organizaciones locales -que incluían desde
ONGs hasta cámaras de comerciantes y hoteles- un proyecto de ordenanza de declaración de zona no nuclear. El proyecto, de 12 artículos,
ingresó a los distintos Concejos Deliberantes del valle de Traslasierra y hacia fines de noviembre de 1992 ya había sido aprobado por
ordennza en 8 municipios (134). El mismo instrumento continúa circulando. Entre las comunas que se autodeclararon más recientemente como
zonas no nucleares figuran Rio Ceballos, Alta Gracia y La Cumbre. Hasta agosto de 1992 Argentina contaba con 49 zonas no nucleares, de las
cuales 2 son provincias completas (Tierra del Fuego por Constitución y Corrientes por Ley), y 47 municipalidades. Hacia fines de 1993 este
total ascendió a 63 y continúa creciendo (134).
La ordenanza sobre labelado municipal es otra norma innovadora. Al primer proyecto lo desarrollamos en 1993 para alentar actividades
productivas y de servicios que fueran sustentables. En la Municipalidad de Córdoba, destinataria de esta iniciativa de FUNAM, no era posible
aplicar otros mecanismos más directos como el impositivo. El proyecto crea una institución, la del labelado, y una autoridad de aplicación. Ese
label o sello identifica al producto o actividad como sustentable y de impacto ambiental mínimo. La ordenanza fija cuáles son los requisitos que
tiene que tener una empresa industrial o de servicios para optar al labelado. Se requiere declaración jurada sobre naturaleza de los insumos,
procedencia de los mismos, procesado, seguridad e higiene en el trabajo, características del producto o servicio, riesgos y destino final.
Aunque la opción al labelado es voluntaria, todos los gastos de cotejado y confirmación de las declaraciones juradas están a cargo de los
presentantes y la autorización municipal tiene una duración máxima. No hay renovación automática. El beneficiado puede incluír el label -que
es una “marca” o sello estándar diseñado por la comuna- en todos sus productos o servicios, conforme a la reglamentación. De este modo se
alientan las actividades sustentables a través de un mecanismo indirecto y de libre acceso (136).
(iii) Decretos reglamentarios correspondientes a cada una de las ordenanzas citadas.
(b) Administración del ambiente. Es fundamental correlacionar permanentemente el desarrollo de la normativa legal con la capacidad
administrativa del municipio. De acuerdo al tamaño y posibilidad financiera de las comunas deberían crearse organismos ambientales de la
máxima jerarquía posible (ya sean Direcciones, Subsecretarías o Secretarías). En todos los casos el principal cuello de botella son los recursos
humanos. Cuando no fuera posible crear organismos -este es el caso de las municipalidades muy pequeñas- puede formarse a personal
idóneo. FUNAM promueve, al respecto, los cursos “in situ” y los cursos a distancia. La interesante experiencia formativa de los Eco-Consejeros
Comunales que encaró Bélgica es un buen punto de partida. Aunque por razones de inercia burocrática resulta dificil centralizar áreas
desconectadas entre sí, como “Control Ambiental” y “Espacios Verdes”, esta unificación es impostergable. Nuestra experiencia nos ha
mostrado que los organismos ambientales colocados dentro de organismos de planeamiento es inconveniente. La situación óptima es una
dependencia directa del Departamento Ejecutivo. En todos los casos el organismo ambiental debe dar máxima prioridad al Consejo Municipal
del Medio Ambiente, por cuanto permite a las partes discutir temas espinosos y controvertidos en un marco institucional. Desafortunadamente
las comunas de Argentina, las administraciones públicas provinciales y la Nación eluden el trabajo con ONGs y otras entidades intermedias.
Dado el creciente peso de las ONGs, estrategias aperturistas son beneficiosas para toda la comunidad.Si existe consenso entre los municipios
de un Area Metropolitana es conveniente que se asocien en “comunidades”, pues éstas no les quitan poderes ni potestades, y muy por el
contrario, mejoran la coordinación y reducen los costos de obras comunes. Con la coparticipación financiera de todos los municipios puede
crearse entonces una Autoridad o Consejo que siga el modelo del Gran Lyon o bien caminos institucionales más simples. Inicialmente puede
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limitarse a la coordinación efectiva de acciones y normas, pero a medida que se ajusten las relaciones intermunicipales la “comunidad urbana”
puede incorporar instituciones de monitoreo y manejo ambiental. En el caso particular de la provincia de Córdoba se han desarrollado Comités
de Cuenca que involucran de distinta manera a las municipalidades. Estas instituciones -útiles por definición pero muy ineficientes en la
práctica- no funcionaron adecuadamente, son demasiado sensibles a los intereses político-partidarios y se han mostrado hostiles a las ONGs.
Séptimo paso.
Monitoreo y evaluación del sistema de gestión que se ha implementado. Sus resultados permiten ajustar y reprogramar el plan de acción
(“Documento total”).
REFERENCIAS
(1) Montenegro, R.A. Anotaciones de distintos viajes a Africa (1985, (29) Kusnezov, N. 1967. La Ley de la desigualdad del desarrollo.
1989, 1990, 1991 y 1992). Acta zool. Lilloana, vol. 21, pp. 123-251.
(2) Montenegro, R.A. 1991. La ciudad como ecosistema : bases para (30) En la organización de la Primera Reunión de la Asociación
el desarrollo de una ecología urbana. Ed. Instituto de Ecología de Argentina de Ecología participaron, entre otros, estudiantes
Córdoba, Serie Documentos de Trabajo, DT/1, 62 p. adscriptos a la Cátedra de Ecología Animal (Universidad Nacional de
(3) Deleage, J.P. 1992. Histoire de l’Ecologie. Ed. La Decouverte, Córdoba). El autor de este trabajo, por ejemplo, elaboró el logotipo de
Paris, 330 p. la Asociación (Sol, hoja y pez en sucesión vertical) (1971-1972).
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(16) Cables de la Agencia Telam, EFE y Reuter (1994). estos cursos permitió el desarrollo de muchas de las ideas tratadas
(17) Montenegro, R.A. 1994. Conferencias de prensa nacionales e en esta publicación.
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(21) La primera versión de este modelo fue elaborada por R.A. G. y otros. 1983. Documento de la Asociación Argentina de Ecología
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(27) Odum, E. 1973. Ecología. Ed. Interamericana, México, 639 p. (1990-1992).
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51
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(56) Los responsables de la inicitiva son Susana Tibaldi (Mayu (88) Graeub, R. 1992. The Petkau effect. Ed. Four Walls Eight
Sumaj), Raúl A. Montenegro (FUNAM) y el Consejo de Windows, N. York, 231 p.
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(57) Montenegro, R.A. 1983. El estado del ambiente en los ecosis- (90) Thevenin, R. 1961. El origen de los animales domésticos. Ed.
temas urbanos de Argentina. Ed. FUNAM, Córdoba, 25 p. EUDEBA, Buenos Aires.
(58) El documento fue elaborado conjuntamente por Jorge Cappato (91) La mayor eficiencia y expansión del “Cuerpo de defensores
(Premio Global 500 1992); Raúl A. Montenegro (Global 500 1989); honorarios del ambiente”, creado por la Ley 7343/85, se debe en la
FUNAM (Global 500 1987); Miguel Grinberg (Global 500 1988) y actualidad al infatigable trabajo de Luisa B. de Remonda. Pese a
Walter Fontana (Global 500 1991). cierta reticencia gubernamental, ella ha logrado multiplicar los cursos
(59) Mesarovic, M. & E. Pestel. 1975. La humanidad en la encruci- de formación. También lanzó campañas para la conservación del
jada. Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 261 p. suelo y del agua con la ayuda del Cuerpo de Defensores (1994).
(60) Whitakker, R.H. 1969. Science, vol. 163, pp. 150-160. Luisa B. de Remonda es además Vicepresidente de FUNAM.
(61) Wilson, E.O. 1969. The diversity of life. Norton Ed., N. York, 424 (92) Montenegro, R.A. 1993. Conferencia sobre ecología en el
p. Este libro y “Sociobiología” -del mismo autor- proporcionan una de Primer Curso de Guardambientes Municipales organizado por la
las perspectivas más lúcidas y novedosas desde que se publicara “El Municipalidad de Córdoba.
origen de las especies” de Charles Darwin. (93) El relato de lo sucedido en Chiquicamata fue obtenido de
(62) Wolf (1989) citado por Montenegro (1989) (64). obreros que participaron en la movilización. El contacto se realizó
(63) Myers (1985) citado por Montenegro (1989) (64). durante la conferencia dictada por Raúl A. Montenegro en el
(64) Montenegro, R.A. 1989. Ajustabilidad de los ecosistemas y “Encuentro Sindical Argentino-Chileno sobre Condiciones y Medio
pérdida de información biótica. Actas 1er. Congr. Latinoamericano de Ambiente de Trabajo” organizado por SMATA y la Federación
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(68) Utilizamos los neologismos “quimioevolución” (evolución Colchester, pp. 265-271.
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(82) Cf. Myers (1985) (63) y Montenegro (1989) (64). humana. Ed. FUNAM/Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, 10
(83) Esta imagen es convergente con la desarrollada por E.O. Wilson p.
en 1993 (61). (113) Colinvaux, P. 1981. El destino de las naciones. Una inter-
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52
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realizado para la Municipalidad de Córdoba, Contrato Municipalidad Este proyecto le fue solicitado a FUNAM tras la conferencia pública
de Córdoba (duración 3 meses), mimeo, 3 vol. que dimos en Villa Dolores (Traslasierra). Cuatro días después ya se
(116) Planas, A.C. 1978. Saneamiento básico en la República hallaba circulando en los Consejos Deliberantes.
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(126) En mayo de 1994 se realizó una entrevista formal entre (146) 1980. La coexistencia de poblaciones que despliegan estra-
FUNAM y el Vicepresidente de la Comunidad Urbana del Grand tegias “r” y “f”. En : “Introducción a la ecología urbana”, Inédito,
Lyon, C. Pillonel. Este último y Raúl A. Montenegro compartieron mimeo, 12 p. Cf. (141).
además un panel técnico sobre problemas urbanos en Europa, Africa (147) Subsecretaría de Planeamiento de la provincia de Córdoba.
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(SIMA) y sus subsistemas (OBA, BADYM, POA) y desarrolla un caso (152) Morello, J. 1980. Comunicación personal.
de observatorio, el OBA-HIDRO. (153) Ayres, R.U. & A.V. Kneese. 1973. La polución y la calidad del
(132) Montenegro, R.A. 1979. Propuesta de normas sobre protec- medio ambiente urbano. En : “La calidad del medio ambiente
ción, defensa y mejoramiento ambiental en el ecosistema urbano urbano”, H. Perloff Ed., Ed. Oikos-Tau, Buenos Aires, pp. 43-81.
Corrientes. Estudio e Informe para el Consejo Federal de Inver- (154) Luti, R. 1994. Comunicación personal.
siones, Buenos Aires, mimeo, 54 p.
(133) Montenegro, R.A. & R. Vergara. 1980. Anteproyecto de
Código de Protección al Ambiente para la Municipalidad de Salta.
Estudio e Informe para la Municipalidad de Salta, mimeo, 39 p.
PUBLICACIONES DE LA MAESTRÍA GADU
en la serie LIBROS: Enrique Juan de Dios Fernández Figueroa, correspondiente al
“La ciudad verde: Manual de Gestión Ambiental Urbana" seminario S3"Problemas de historia urbana y regional”. (edición
Roberto Fernández, correspondiente a la materia M1"Teoría y 1998, 148 páginas)
Metodología de la Gestión Ambiental del Desarrollo Urbano”. (edición “Economía ambiental regional y urbana”
1998, 393 páginas) María Isabel Bertolotti, correspondiente a la materia M11 del mismo
“Problemas de la historia urbana y regional. Algunos aspectos" nombre.(edición 1998,100 páginas)
“Un camino articulador entre el saber y la gestión: la Evaluación
de Impacto Ambiental”
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Héctor Echechuri, correspondiente a la materia M11 del mismo “Desarrollo Urbano Sustentable”
nombre. Adriana Allen volumen complementario correspondiente a la
“Planificación Ambiental Urbana”, materia”Teoría y Metodología de la Gestión Ambiental del Desarrollo
David Kullock correspondiente a la materia M6"Planeamiento Urbano”.(98 páginas)
Ambiental de asentamientos urbanos” (76 páginas) “Funciones del sistema periurbano: el caso de Buenos Aires”
“Gestión Ambiental de infraestructura y servicios urbanos”, Jorge Morello correspondiente a la materia M10 “Manejo de
Alfredo Garay correspondiente a la materia M8 del mismo agrosistemas periurbanos” (36 páginas).
nombre.(120 páginas) “Aplicación de los Sistemas de Información Geográfica (SIG) a
“La gestión ambiental” la gestión ambiental”
Miguel A. Craviotto, correspondiente al seminario S3 “Derecho Carlos Lizana correspondiente a la materia M12 del mismo nombre.
Ambiental aplicado a los asentamientos humanos”. “Algunos contenidos regionales, ambientales y urbanos en
“Introducción a la ecología urbana y a la Gestión Ambiental de economía”
ciudades”, Miguel Angel Lacabana, correspondiente a la materia M11
Raúl Montenegro correspondiente a la materia M2 “Ecología de “Economía Ambiental Regional y Urbana”(edición 1996,170 páginas)
Sistemas Urbanos” (144 páginas) “Educación ambiental”
“Teoría ambiental del territorio” Guillermina Oliva correspondiente a la materia M9 del mismo
Carlos Reboratti correspondiente a la materia M3 del mismo nombre. nombre.
(180 páginas). en la serie VIDEOS:
“Base ecológica para el manejo integrado de recursos Se dispone de videos de todas las clase magistrales y algunos de los
naturales”, talleres dictados en el marco de la Maestría. Estos videos, existentes
Nora Prudkin, correspondiente a la materia M5 “Manejo integrado de en la Videoteca del CIAM, se prestan para su copia o utilización
recursos naturales a nivel urbano y regional”(164 páginas) pedagógica.
“Organización y gestión comunitaria”, En coedición con Editorial Espacios:
Mario Robirosa correspondiente a la materia M7, del mismo “Territorio, Sociedad y Desarrollo Sustentable: estudios de
nombre.(184 páginas) sustentabilidad ambiental urbana.”
“Ordenamiento territorial y sistema de ciudades” R. Fernández, A. Allen, M. Burmester, M. Malvarez, L. Navarrio, A.
Juan A. Roccatagliata. correspondiente al seminario del mismo Olszewski, M. Sagua, Buenos Aires, 1999, 374 pág.
nombre. OTRAS PUBLICACIONES DEL CIAM:
“Sobre la articulación de las ciencias en la relación sociedad- “El observatorio Ambiental: estudios de sustentabilidad
naturaleza” ambiental urbana.”
Enrique Leff correspondiente al seminario S4 “Epistemología y R. Fernández, A. Allen, M. Burmester, M. Malvarez, L. Navarrio, A.
metodología de la investigación” Olszewski, M. Sagua, Mar del Plata, 1999, 374 pág.
Páginas interiores impresas en "Grafiel", San Martín 3495
Tapas impresas en Centro del Copiado, Bel grano y San Luis
Armado y pegado en la Imprenta de la UNMdP, a cargo de Hugo Tadini
Se terminó de imprimir en marzo de 2000. Programa utilizado: Word 8
Tipos utilizados: Frutiger black, bold y oblique tamaños 8, 9 12 y 18 pts
Se agradece la colaboración del Programa Editorial de la
Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño
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