Jorge Salort y la belleza oscura
Sol Garcidueñas
“…y deja que te aconseje: no ames al sol ni a las estrellas, ven,
baja conmigo al reino de la oscuridad.”
Goethe
Para Max Bense1 la definición y el análisis de lo bello tienen por finalidad una indagación de la
correalidad. Belleza es el término que la estética reserva para designar el concepto ontológico
de la correalidad. Siendo así, la belleza supera la realidad, sin embargo puede subsistir en la
medida en que la realidad –que es el sostén de ella- exista y esté presente.
Coincidimos en que el interés de lo bello en lo real es esencial, la pérdida de ese interés
significa la anulación de la obra de arte, pero por otra parte no se hace más bello por
mediación de lo feo, sin embargo es innegable la coexistencia de lo bello y lo feo con todas sus
concepciones y subjetividades. Ello exhibe la personalidad creadora de Jorge Salort, quien en
su obra pictórica es capaz de evocar la exquisitez de las “obscenidades” del Bosco2 o de
Breughel3 en el marco de la inmoralidad moralizadora.
Y es que la enorme capacidad discursiva de Jorge Salort es inteligente, académica y bella, a
grado tal que sorprende y deleita en el placer por la descomposición de un ser vivo en forma
de cráneos o por los cuerpos inertes que caen presa de las fuerzas elementales, a las que
dominaban en vida; fiel a la idea de que el arte nos regresa a la vulnerabilidad de la condición
humana, con la influencia de Bacon4 y la constante reflexión sobre la fragilidad del ser con su
placentera figuración expresionista.
Así la belleza oscura de Jorge presenta su visión del hoy y ahora capaz de transgredir el
concepto de la perfección humana para mostrar a un buen gobierno –que sin duda aborda
otros recursos visuales diferentes a los de Ambrogio Lorenzetti5- en torno a la metáfora
coloquial del “cerdo” con sus Angelitos negros, Ciudadanos distinguidos, Ostro picta, No os
doy la espalda y La caida; el infierno no solo es ético y religioso, es también estético… y milita
en el señalamiento de condiciones humanas.
Y en esta breve reflexión propiciada por la colección que en esta muestra se exhibe, no pasa
desapercibida una imagen: la lectura del estado devorando a sus ciudadanos… ¡como en
Saturno devorando a su hijo de la Quinta del Sordo! ¿Ironía?, ¿sátira? o ¿humor negro?
Pero las evocaciones al hombre y su historia no paran. Para ello basta poner atención en
creaciones como Monigote, Composición con dientes, Tres cabezas, Resurrección en bola,
Totem, Danza (Gólgota), veinticuatro y veinticinco testigos presenciales y Espetado que nos
rememoran la fuerza del poder en el siglo XVIII, en donde “El cuerpo fue esencialmente la
superficie en la que se inscribieron los suplicios y las penas; el cuerpo estaba hecho para ser
enjuiciado y castigado” i, así, la obra de Salort habilita la analogía de los castigos sobre el
1
1910, Strasburgo- 1990, Stuttgart (Alemania).
2
Hieronymus Bosch, Paises Bajos, 1450 - 1516
3
El Viejo c. 1525 Bruselas (Bélgica) - 1569
4
Dublín, Irlanda, 28 de octubre de 1909 – Madrid, España, 28 de abril de 1992
5
De la escuela sienesa. C. 1290 - 1348, Italia.
cuerpo durante la época de la santísima inquisición y el actual “ajuste de cuentas”, presente a
lo largo de nuestro “libre y soberano” territorio nacional.
En otras de sus obras como El beso, Banquete, Mamífero, Cabeza de puerco, Cráneo, Diálogo,
Nomás son cuatro docenas, nos presenta escenas en las cuales nos invita a concebir el
desenlace de algunas narraciones visuales de Delacroix6, que permiten al espectador imaginar
el final de historias como la de Sardanápalo y sus mujeres que se suicidan y queman para
evitar la victoria del enemigo sobre sus “propiedades” –sus carnes, su territorio y sus valores-,
sin esperanza de libertad.
Admiramos y aceptamos la belleza inherente en la irregularidad de los cristales, en la infinita
metamorfosis, la gradación cromática, el placer del olvido y el dolor de la nostalgia, la
búsqueda de la belleza ideal y con ello la imperfección estética como en los cíclopes y sátiros,
las pinturas de Polignoto7, los crímenes más horrendos en las tragedias griegas y en la misma
Medusa –en el marco de la perfección del cuerpo humano a imagen de los dioses-. Con las
bases de este discurso, las Cariátides y gárgolas de Jorge, nos recuerdan el equilibrio, la
fortaleza y belleza intimidante de la arquitectura gótica, en donde la gárgola pudiera
adelantarse a su época, anunciando el rostro de la miseria eclesiástica de nuestro siglo.
Horror, dolor, sufrimiento, tormento, nostalgia, martirio, placer, angustia y comicidad recorren
la razón y el espíritu de épocas que hacen propias ciertas formas de expresión de su carácter
específico, habituándose a ellas; tal vez de esto dependa la consonancia con su impronta, tal
vez a ello se someta la definición de belleza convencional, a su tiempo y espacio.
Ideas ambulantes en universos paralelos… la belleza ha sido y es, pero los conceptos son
calibrados por el momento y sus circunstancias. Hoy, la obra oscura de Jorge Salort recrea
espacios irreconocibles e inesperados, con una paleta de libertad lumínica y contrastes de
angustia y placer.
Toda obra de arte suscita divergencias, dijera el filósofo español José Ortega y Gasset: a unos
les gusta, a otros no; a unos les gusta menos a otros más. Lo que resulta innegable es el deleite
de esta visita al reino de la oscuridad en donde muchos nos encontramos……sin reconocerlo,
aún.
Corrección de estilo: LCC David Vázquez Licona
i
ya para el siglo XIX, con la consolidación del capitalismo industrial, “el cuerpo dejó de ser aquello que debía ser reformado y
corregido, es entonces que el cuerpo se cualifica para trabajar, para ser productivo”.
Yo no sé que prefiero hoy en día: ¿ser productivo a costa de pagar impuestos o ser torturada?
6
Charenton-Saint-Maurice, Francia, 26 de abril de 1798 - París, 13 de agosto de 1863
7
Pintor griego de mediados del siglo V a. C., hijo de Aglaofon.